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LA TRANSICION PARAGUAYA

-APUNTES PARA UNA REFLEXION-

Víctor-jacinto Flecha

Introducción.

El presente trabajo busca motivar una reflexión sobre el proceso político que la República
ha vivido en los últimos cinco años. Para ello se toca algunos aspectos fundamentales
del proceso, como es lo que se entiende por transición, se define el problema del poder y
se describe el proceso. En fin se busca comprender porque nuestra transición se dió en
esa formas, incluidas sus límites, y no de otra manera.

1. La transición como fenómeno político

La transición como concepto de las ciencias políticas define al paso de un sistema


político a otro. Es decir el proceso que gradualemente va modificando la forma de un
estado. Su utilización primera fue hecha por el marxismo para designar los procesos
vividos en algunos paises de Europa oriental, denominando a dichos procesos "
transición del capitalitalismo al socialismo". El proceso de cambio político llevado a cabo
en España con la muerte de Franco, a mediados de la década de los '70, comenzó a
denominarse transición del autoritarismo a la democracia. Los procesos de apertura de
los regimenes militares latinoamericanos recibieron asimismo esta misma denominación.

Los mismos analistas de la transición en América Latina están acuerdo que no existe una
fórmula única para la transición. Cada sociedad crea su propio trayecto hacia la
democracia. Como cualquier proceso socio-político está condicionado por su "elemento"
cultural que podríamos definirlo como el temperamento de cada pueblo. Por otro lado,
depende de la condiciones en que se gesta el proceso. Si la transición nace de una
derrota total por fuerzas absolutamente adversas al sistema gubernamental, la transición
tiene la libertad de instaurar, con hombres nuevos, un régimen político absolutamente
nuevo, como el caso de Nicaragua con la derrota del dictador Anastacio Somoza por las
fuerzas sandinista. En cambio, es diferente cuando el proceso se inicia solamente con un
quiebre parcial del régimen político que hace necesario un pacto entre fuerzas, aún
vitales, del antiguo sistema con fuerzas nuevas, como el caso Chile, Uruguay y
Argentina.

Su suele hablar de "transición pactada" que supone un diseño de la sociedad a la que se


quiere llegar y los métodos de como llegar, teniendo en cuenta ciertas reglas que, en
verdad, no es otra cosa que el resultado de la correlación de fuerzas entre lo viejo y lo
nuevo.
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2. La transición paraguaya

El 3 de febrero de 1989 un golpe de estado militar derrocaba al anciano dictador Alfredo


Stroessner. Desde esa fecha a esta parte el país ha vivido un tiempo de cambios
políticos, que en su apariencia y forma fueron muy dinámicos pero no lo suficientemente
convincentes en cuanto a lo que hacía a cambios de substancias esenciales. El proceso
estuvo sesgado por un conservadurismo estructural histórico muy difícil de combatir
debido a la propias condiciones de la emergencia de la transición.

En Paraguay es fácilmente demostrable que el proceso de la transición no se debió a la


derrota del poder por una fuerza adversa a él, que buscara imponer un modelo
totalmente distinto al que existía, sino más bien fue un quiebre del propio poder existente,
en el que el sector triunfante buscaba capturar, para sí solo, el estado con el objetivo de
imprimirle a éste una forma más distendida, hasta el límite que no modificara el peso de
su poder.

Tampoco el proceso de la transición paraguaya suponía la recuperación de la


democracia substraída anteriormente por poderes fácticos, como en la mayoría de los
países del área, sino que se trataba intentar inaugurar o instaurar la democracia por
primera vez en el país. Es indudable que todo empeño de esta naturaleza obligaba
contar con proyectos alternativos, objetivos claros y vías de prosecución internalizados
en los actores sociales.

El golpe de estado militar que derrocó al dictador fue un hecho acontecido en un


momento en que si bien el modelo totalitario ya ingresaba en un proceso de crisis como
sistema de dominación todavía no se estructuraba, en la imaginaria de la sociedad civil,
una utopía viable, un modelo alternativo al estado
existente.

Si bien, en los últimos años de la dictadura las movilizaciones políticas-sociales por


reivindicaciones democráticas fueron creciendo en número y eficiencia pero aún se
estaba lejos todavía de constituir una fuerza social capaz de revertir el sistema. Por lo
mismo sus reivindicaciones no pasaban de esquemas liberalizadores de instauración de
libertades políticas básicas como ser la amnistía política, la libertad de prensa, el fin de la
persecución por ideas políticas, fin de la tortura como sistema, en esencia, el fin del
terrorismo de estado, elecciones libres y limpias.

Más allá de estas reivindicaciones no existió un proyecto totalizador y articulador del


cambio. La "imaginaria" de la clase política opositora estaba asentada sobre la idea de
que la única dificultad para la democratización del país constituía el dictador.
Desaparecido éste, el proceso posterior debería conducir, inexorablemente, a una
sociedad democrática. Esta visión no tuvo en cuenta a una sociedad conservadora y sin
experiencia democrática, por un lado, y por el otro, que la estructura real del poder en el
Paraguay despasaba ampliamente ya al dictador.
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Entonces, al ser derrotado éste, en vez de analizarse la estructura del poder se comenzó
a hablar de las "trabas" que representaba los "bolsones autoritarios" todavía existentes
cuando en realidad el golpe del tres de febrero solo permitió la emergencia pública de
bolsones democráticos dentro de un mar de conservadurismo social y político y con un
eje de poder, originado en el pasado, con suficiente fuerza y actores diseminados en
toda la estructura del estado, que carecía de voluntad política para el cambio.

3. La transición vista como agenda electoral

Al no existir un modelo alternativo del estado dentro de la imaginaria social y política


tampoco existió una visión del proceso posible para lograr un cambio. Esta situación
facilitó la tarea de los sectores emergentes en el estado para imponer una vía de
transición que no se comprometía con un programa de cambios substanciales en la
estructura del poder mismo.

Esta vía no estaba alejada del pensamiento de que un calendario de contínuas


elecciones, tanto internas como externas, no permitiría a la oposición organizar sus
bases desperdigadas por la represión del estado totalitario y con ello se aseguraría la
fácil victoria del tradicional partido oficialista de la dictadura para que continúe siendo
oficialista durante y después de la transición.

La agenda electoral planteada, a inicio mismo de la transición, por los sustentadores del
poder como los pasos a seguir para pasar de un estado totalitario a un estado
democrático estuvo dado por los siguientes pasos: el primero, las elecciones
presidenciales de 1989, para elegir al que debería terminar el mandato del dictador, el
segundo paso fue la promulgación, en 1990, de una nueva Ley electoral que permitió la
participación de un amplio espectro político y las elecciones municipales (ya bajo esa
nueva Ley) en mayo y junio de 1991 y el tercero fue las elecciones nacionales para la
conformación de la Asamblea Nacional Constituyente, en 1992, para dictar una nueva
Constitución Nacional y por último, como culminación del proceso, las elecciones
presidenciales, en 1993, en que el Presidente de la transición, general Andrés Rodríguez
pudiera hacer entrega el mandato, en lo posible, a un civil.

Refiriéndose a este calendario Carlos Martini planteó en 1992 que la transición


paraguaya era una agenda electoral no negociada pero pautada en forma tácita con
la oposición, por cuanto en ninguna de estas contiendas electorales partido alguno de la
oposición se retiró del proceso e inclusive que dicha agenda ha permitido el surgimiento
de nuevos actores políticos, desde radicales de izquierda hasta ultra-conservadores, que
también convalidaron el sistema.

El problema pendiente de dilucidar dentro de un proceso de transición concebida de tal


manera era el problema del poder. Las elecciones como cambio de gobierno puede
hacer variar las políticas estatales en democracias en funcionamiento pero en países en
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donde recién se intenta construirla y con exiguo peso de tradición democrática el cambio
de gobierno no supone cambio de poder.

4. Las rupturas políticas de la transición

Desde el punto de vista de las rupturas políticas en relación al anterior régimen se


pueden mencionar:

a) el proceso de ensanchamiento de las libertades públicas y una amplía libertad de


prensa. Este hecho podría constituirse en el hecho más transcendente de la transición y
de mayor impacto en la historia paraguaya. Desde la década de 1920 la sociedad
paraguaya no conoció un período tan extendido de libertad como en éste.

b) el propio proceso electoral ha permitido la emergencia, casi por primera vez, de una
incipiente ciudadanía.

Es así que en 1991, en las elecciones municipales, se haya dado el triunfo, en la Capital
de la República, de un movimiento ciudadano independiente y en varias ciudades
importantes del interior, el del opositor Partido Liberal Radical Auténtico. Esto supuso una
ruptura fundamental con las costumbres electorales paraguayas. Surge por primera vez
un electorado capaz de romper el "voto cautivo" del oficialismo. Las elecciones generales
presidenciales, parlamento, gobernadores y juntas departamentales de mayo 1993
volvieron a confirmar esta situación con la mayoría de la oposición en el Parlamento y el
triunfo de varios candidatos a gobernadores opositores.

c) el diseño de una forma democrático de gobierno en la nueva Constitución Nacional


(1992). La actual Constitución garantiza las libertades públicas, descentraliza al estado y
crea las condiciones de amplia participación ciudadana. De hecho es la Constitución más
democrática de toda la historia paraguaya. La cuestión que queda abierta es si ella sola
por sí sola puede ser una garantía al ejercicio de la democracia en tanto que todavía
existe una avidez autoritaria en sectores del poder y en la clase política provenientes de
la etapa dictatorial, a quienes les es muy difícil acostumbrarse a las nuevas pautas, por
un lado, y por el otro, la todavía incipiente organización ciudadana, capaz de garantizar el
respeto al funcionamiento de la democracia.

5. De las dificultades de la transición

a) condiciones estructurales (generales). La instauración de un modelo político


democrático en una sociedad sin referente de experiencia democrática, después
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de décadas de gobiernos autoritaritarios, generaron:

1. La ausencia de una "imaginaria", tanto en las élites políticas como en la sociedad en


general, de un modelo de sociedad que se quisiera construir.

Dentro de la élite intelectual y política existía una percepción de que la única dificultad
para la democratización del país constituía el dictador. Desaparecido éste, el proceso
posterior debería encaminarse, inexorablemente y sin ningún impedimento, a una
verdadera sociedad democrática en funcionamiento.

Esta visión no tuvo en cuenta a una sociedad conservadora y sin experiencia


democrática, por un lado, y por el otro, la real fuerza de la estructura del poder
proveniente de la época dictatorial. Dentro de ese esquema faltaron propuestas
procesuales para la implantación de un plan director que busque la modificación de
pautas de comportamientos en los actores sociales. Más bien, al principio de la
transición, se hablaba de las "trabas" que representaban los "bolsones autoritarios" que
todavía persistían; cuando en realidad, el golpe del tres de febrero solo permitió la
emergencia pública de bolsones democráticos dentro de un mar de conservadurismo
social y político.

Como el golpe provino de las entrañas del poder, por ende muchos de los esquemas,
aptitudes, costumbres pasaron a el nuevo tempo político. La mayoría de los cuellos de
botella de la etapa democratizadora fueron resultados de esta situación. La falta de un
modelo de desarrollo democrático consubstanciado en las élites en general pudiera ser
también resultado de la falta de ávides democrática de una amplia mayoría, que todavía
sigue cautiva en el viejo esquema. El peso del pasado tiene una presencia demasiado
clara y fuerte en todo el esquema de la transición.

2. El hecho que la transición se haya iniciado con un golpe de estado implementado por
sectores políticos-económicos del propio poder anterior dificultó aún más, el de por sí,
difícil proceso de apertura. El poder que ostentaban estos grupos provenía de prácticas
políticas y económicas que se debían necesariamente negar para encaminar la práctica
democrática.

También tiene su origen en esta situación la exigua voluntad política demostrada por
parte del poder ejecutivo para implementar proyectos que posibiliten modificaciones
substanciales debidos a presiones de estos sectores políticos-económicos involucrados
en el golpe inicial.
6. La lectura del proceso.

1989 fue el "año de la esperanza" en que se esperaba cambio radicales de la sociedad y


el estado paraguayos. La mayoría casi absoluta de la población, incluidos los recién
derrocados, estaban convencidos de un cambio. Cambio que, en los sectores populares,
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no tenía forma precisa pero que se manifestaba como un deseo amorfo de mejor vida. El
propio líder del golpe, candidato a la Presidencia de la República, en mayo de 1989, y
primer presidente electo en las libertades del pos-stronismo, el Gral. Andrés Rodríguez,
creía que los problemas fundamentales del Paraguay eran mucho más fáciles de lo que
la vida le planteó después. La reformulación del aparato del estado, la modernización de
la estructura económica, la redistribución de la tierra para los campesinos y otras
medidas fundamentales de modernización del estado y del país estuvieron en la agenda
presidencial como sujetos seguros de cambio. Sin embargo esas medidas fueron
siempre esperadas pero nunca anunciadas y efectivizadas.

El año 1990 se enfrentó entre las dificultades de la modernización y de la


democratización de una sociedad conservadora y la de una acuciante búsqueda de
algunos sectores del partido oficialista a ganar espacios democráticos para asegurar los
cambios: pactos con sectores opositores, por ejemplo, por reivindicaciones democráticas
precisas, el Estatuto Electoral, etc.

En cambio el año 1991 fue el de la derrota de los sectores contestarios en el Partido


Colorado y del reflotamiento de viejos esquemas políticos anteriores pero
refuncionalizados al nuevo proceso. Con ello quedó más claramente definido el
desenlace, los logros y los límites, de nuestra apertura política. Hasta mayo de 1991, en
que se realizaron las primeras elecciones libres municipales, el esquema
democratizador, a pesar de los dificultades y los conflictos, fue ampliándose en forma
persistente y constante. Los resultados electorales de estas elecciones -en donde el
partido oficialista salió derrotado en la capital de la República, ganada por un movimiento
independiente de jóvenes, "Asunción para Todos" y en 45 municipios del interior del país
ganadas por el Partido Liberal Radical Auténtico, perdiendo de esa forma la hegemonía
política mantenida por más de 40 años- constituyó la primera gran inflección del proceso
con lo que se reavivó las percepciones de amenaza en los círculos del poder real. El
nuevo escenario reactualizó el viejo esquema de poder durante la dictadura, cual era la
estrecha vinculación del partido colorado con el estamento militar pero ahora con una
nueva mediación, los intereses del capital, emergido bajo los faldones del estado,
mediante la corrupción durante la dictadura. La estrategia electoral para las elecciones
generales dejó de lado, inclusive, el nombre del partido para transformarse directamente
en "lista 1" y su slogan publicitario no fue otro que "Trabajo en primer lugar". Inclusive se
permitió la vuelta del sector partidario que fue derrocado con Stroessner. La estrategia
dio su resultado. El triunfo colorado fue absoluto en las elecciones para convencionales
de la Asamblea Nacional Constituyente, el 1o. de diciembre de 1991.

La oposición comitió un grave error. Estaba muy segura de su triunfo, teniendo en cuenta
las elecciones municipales, que no se movilizó en forma substancial para dichas
elecciones. Con una marcada mayoría oficialista en la Asamblea Nacional Constituyente
se pensó que la Constitución Nacional sería muy conservadora en términos políticos.
Inclusive algunos analistas pronosticaron el fin de la transición. Sin embargo, las
contradicciones internas del partido colorado permitió la elaboración de una constitución
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democrática.

El año 1992 marcó la etapa del paso de las libertades a una estructuración constitucional
de ellas. En efecto la nueva constitución se ubicó entre el anterior tiempo, que se quiso
superar y corregir y las condiciones especiales de la propia transición. En esta
constitución se ha tenido en cuenta el contrapeso necesario entre los tres poderes del
Estado y se ha creado organismos de mutuo control, inclusive organismos autónomos de
control del ejercicio del poder público institucional. A la fuerte centralización del poder, en
el régimen anterior, se ha instaurado la descentralización de dicho poder. Quedó
plenamente garantizada los derechos individuales políticos. Pero también el año 1992
marcó las luchas internas del partido oficialista. Las candidaturas en pugna, en esas
contiendas, fue de tal magnitud que hasta el presente siguen enfrentados y divididos.

El año 1993 significó antes que nada un año electoral y mostró los límites o la capacidad
del poder como para estructurar su propia supervivencia. Denuncias muy serias ponen
en tela de juicio la total transparencia electoral. Sin embargo, la oposición aceptó dichos
resultados y continúo en el proceso. El año 1993 también se constituyó en un año
histórico. Por primera vez, el Paraguay, se procesó el hecho de que el Presidente del
Ejecutivo tenga una mayoría parlamentaria opositora.

Con este hecho los gestores de la transición suponían el fin de la misma en tanto que
organizaciones políticas de la oposición y sectores sociales señalaban en forma
unánime, que si bien se había dado pasos importantes para la construcción de un estado
de derecho, la transición continuaba.

7. Los ejes del poder

Un grupo de militares entramado con un grupo económico "empresarial" fuerte se


sublevaron, el 3 de febrero de 1989, para derrocar al dictador. Estos se dejaron
"acompañar" por un grupo de civiles del Partido oficialista, el colorado , quien sirvió a
aquellos como agente político y asegurador del consenso interno al golpe. Sobre esta
triada, ya hegemónica durante la dictadura, se comenzó a buscar el nuevo orden.

Los sublevados contra el orden existente plantearon, desde la noche misma del golpe, la
construcción de un "estado moderno y democrático". Sin embargo los acontecimientos
en los últimos cinco años ha demostrado que la estructura de poder no estaba
impregnada de un modelo alternativo que negara de substancia al antiguo régimen.

Una estructura militar acostumbrada a no compartir el poder y solo a "mandar". Un


aparato político, cautivo de aquél, acostumbrado a tener la hegemonía política para la
búsqueda del consensus de la sociedad hacia el estado. Y un empresariado, unidad de
esas dos estructuras, nacido bajo los faldones del estado y que gracias a él ha llegado a
tener una fuerza económica imponderable y ser la verdadera fuente de poder.
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Sin embargo, la libertad de prensa y de palabra, las amplias libertades públicas


comenzaron a ejercer presiones sobre este trípode estructural del poder quienes, en el
transcurso del tiempo, se obligaron a mostrar los límites reales de la democratización.

7.1. La Fuerzas Armadas

Por circunstancias históricas muy especiales las FF.AA. paraguayas se hicieron del
poder político desde la posguerra del Chaco en 1936. Sin embargo, solamente con la
dictadura de Alfredo Stroessener es que las FF.AA. lograron privilegios nunca visto en la
historia política paraguaya. Toda una generación del poder fue educada bajo los signos
de la impunidad. Cadetes militares y policiales eran adoctrinados como si fueran una
casta diferente y que ostentaba mayor poder que el civil.

El sentido de impunidad, toda vez que no tocaran los intereses del más arriba, creó una
sicología muy especial en estos estamentos. Todo les estaban permitido, desde
garrotear a cualquiera, hacerle torturar, despojarle de sus bienes, enriquecerse con actos
absolutamente ilegales, bajo la sombra del poder, hasta cometer los crímenes más
abyectos. Además el dictador lo mantenía totalmente alejados del relacionamiento con la
sociedad civil

Las Fuerzas Armadas, después del golpe de estado, no se ha replegado a sus cuarteles
al contrario ha demostrado un mayor despliegue dentro de la sociedad civil. Abiertas las
compuertas del muro que dividía a los militares de los civiles, aquellos se insertaron,
como estructura, con comodidad dentro de los estamentos civiles y su influencia es aún
hoy mayor sobre las decisiones políticas que anteriormente. Ahora ya no mandan como
antes sino que han refuncionalizado su accionar sobre la sociedad civil.

El militar es un actor presente que dialoga y hace saber a los civiles de sus deseos y
formas de implementarse las múltiples políticas a nivel general, aunque indudablemente
está de por medio, su peso como fuerzas especiales de la sociedad,. en tanto que están
armados. Sus permanentes encuentros con la generalidad de la clase política en actos
oficiales o invitaciones de diputados y senadores a sus propios cuarteles potencializan su
influencia sobre ésta.

En otro nivel, las FF. AA., como estructura, se centra más sobre sí mismas en su interior
sin descontar los conflictos internos, muchos de los cuales tiene origen político y los
deseos de algunos de sus jefes de hacer ampliamente política, sin dejar sus mandos.

En 1992 fueron llevados a los fueros civiles altos jefes militares por hechos de supuestas
corrupción. Aún cuando posteriormente fueron declarados sin pena y culpa el hecho
mismo es simbólico de que dejaron de ser unos "intocables".

Sin embargo, muchos de sus jefes son denunciados abiertamente de introducirse en el


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mundo político, utilizando su posición de ostentar altos cargos. Las denuncias sobre la
intervención de un sector militar en las campañas electorales para Constituyentes y la
presidencia de la República son hechos difíciles de negar. Aún así, algunos analistas
políticos se refieren a que en el poder real se gesta un cambio, el traspaso del poder
militar, como estructura, a otro poder más extendido desde punto de vista social pero
más estrechado desde el punto de vista numérico: el poder mafioso o el poder corrupto,
que es el sector que permeabiliza todo.

7.2. FF.AA./Partido Colorado

La consubstanciación de las FF.AA. con el Partido Colorado data desde el mismo


momento que el Partido se hace el poder, guerra civil de por medio, en 1947. En esa
guerra fue derrotado el sector instucionalista del ejército, que constituía, según fuentes
históricas, el 80 por ciento de las FF. AA. Después del triunfo de las fuerzas
parapoliciales coloradas las FF.AA. son reconstruidas con militantes colorados. Durante
la dictadura de Alfredo Stroessner esta fuerza política se constituyó en prisionera de
estado militar y fue la responsable de lograr consenso poblacional hacia el estado. Su
estructura de partido único, no difería de la estructura totalitaria y verticalista del estado
dictatorial.

El Partido Colorado desde el golpe no logró adecuarse a las nuevas exigencias. Continuó
sumergido en la práctica anterior. Y fue incapaz de lograr alguna articulación de sí
mismo. Desde el golpe, el internismo campeó en su estrado y era difícil no pensar que el
Partido Colorado dejaba de ser el mismo para transformarse en varios partidos.

En este contexto las derrotas sufridas por éste en las elecciones municipales de 1991
movilizó al poder real para asegurarse de que la redacción de la carta magna no
estuviera bajo la tutela absoluta de la oposición y que las elecciones presidenciales de
1993 no fuera conquistada por esa misma oposición. Este poder articuló un plan en que
la Constitución pudiera asegurarle que no fuera intervenida "su conquista social". a las
FF.AA. y a sectores "empresariales".

Con esta campaña, el "empresariado" obtuvo la garantía de conservar su poder y


algunos jefes de las FF.AA. ganaron mayor preeminencia dentro del Partido Colorado.
De ahí entonces que no haya sido raro encontrar la "la presencia oculta" de altos jefes
militares en las múltiples reuniones por encontrar solucionar a la feroz crisis desatada por
supuestas irregularidades de las elecciones de candidato presidencial colorado.

Nuevamente analistas políticos recalcan, en este caso la diferencia de que el partido


colorado constituya un instrumento del poder militar sino que ahora es prisionero del
poder de la corrupción, no importa si ello es militar o civil.
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7.3. Burocracia del Estado

Otro elemento que la clase política no pensó en su imaginaria democratizadora, antes


del golpe del 3 de febrero, es la presencia de la burocracia estatal. Simplemente se
pensaba que desaparecido el régimen un recambio de ella permitiría el acceso a los más
competentes. También en esto la realidad fue más terca de lo que se soñaba. En los
última década se ha visualizado con mayor nitidez la autonomía relativa de esta
burocracia. No era, había sido, el Partido Colorado la surtidora de esta burocracia sino
ésta se "afiliaba" a ella como un esquema simplemente formal para pertenecer a aquella.
Los proyectos y planes de reestructuración de esta burocracia no está teniendo en
cuenta la filosofía política del Partido Colorado sino más bien esta burocracia trabaja
para sí misma. Por otro lado, un sector muy importante de la inteligencia paraguaya
estuvo exiliada de esta burocracia durante todo el régimen estronista. Esto también,
dificulta el éxito de los pocos nuevos, que ingresan en ella, por carecer del
conocimiento de la pompa burocrática.

7.4. La corrupción como esquema de poder.

Los términos Dictadura/corrupción fueron sinónimos en el Paraguay. Los bajos controles


de los otros poderes sobre el autoritarismo del ejecutivo viabilizó en demasía la
posibilidad de la implantación de sistemas de corrupción, toda vez que lo permita el
dictador de turno. La voluntad del dictador fue la ley y la corrupción era parte substancial
de su política de "estabilidad y paz".

En el Paraguay, la población de más de 30 años recuerda que todo comenzó hacia de


los años '50 con el contrabando de wiskys escoceses y cigarrillos americanos. Después
les siguieron los artefactos del hogar, como cocinas, heladeras, televisores para luego
degenerarse en una gama increíble de cosas. Desde el tráfico de estupefacientes hasta
el de armas, desde la simple coima a los funcionarios públicos para que "caminara"
cualquier gestión pública hasta los desvalijamientos del Banco Central, de los entes
públicos, de las "comisiones" en los convenios internacionales, los desfalcos, etc. etc.
etc. Era el "El precio de la paz" como alguna vez sentenciara el dictador a un
diplomático que le señaló el tema.

Este sector económico se volvió poderoso. Invadió todas las estructuras. Algunos
analistas políticos han planteado que este es el sector que permanece detrás del estado
(el poder invisible) y que se opone a cualquier proceso de racionalización estatal. En este
caso se asegura que el poder de la mafia sobrepasa, inclusive, al poder del Estado. El
analista Mariano Grondona plantea dos diferencias en cuanto al concepto corrupción. El
primero denomina actos de corrupción, cuando todavía el estado puede controlar y
corregir la corrupción y estado de corrupción., cuando el estado mismo es el forjador de
la corrupción. El aparato estatal, en este caso, ya no puede controlar la corrupción.

En este segundo ejemplo se encuentra el Paraguay.