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La Guerra de Los Dioses

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D'os creo al hombre o fue el hombre el que creo a D'os
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LA GUERRA DE LOS DIOSES

LOS MANDATOS BÍBLICOS FRENTE A LA POLÍTICA MUNDIAL

Por Carlos Escudé

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Para Mónica La Madrid, mi mujer, que nunca me cuestionó, este libro que le llena de zozobra

Para Beatriz, colega y amiga que siempre me aconsejo bien, este escrito que le despierta tantas objeciones, inquietudes y temores

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AGRADECIMIENTOS
Este libro es parte del programa de actividades del Centro de Estudios Internacionales y de Educación para la Globalización (CEIEG) de la Universidad del CEMA. Agradezco el apoyo permanente de esa institución y también el del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina. Por otra parte, este escrito se inspira parcialmente en la memoria de Mossèn Jerónimo Biosca, un religioso de la ciudad catalana de Igualada que no privaba a sus bastardos de su apellido ni de la educación requerida para un oficio. Mi rama de los Escudé germinó gracias a sus amores sacrílegos de principios del siglo XVI, hace ya quince generaciones. En el encadenamiento de causalidades casuales que conforma la historia de toda familia, él es el eslabón más antiguo del que mi linaje guarda memoria. Su compulsión a la vez honesta y transgresora nos fue transmitida a algunos de sus descendientes a lo largo de medio milenio. Su vida hizo posible mi existencia y esta obra herética sobre la Biblia es el mejor homenaje para su pecado. En este plano genealógico, agradezco el apoyo logístico de mi amigo egarense Jordi Escudé Armengol, y también el de mis sobrinas Viky y Meche Facio, ejemplares asistentes de investigación. Tampoco puedo olvidar al personal del Arxiu Comarcal de l’Anoia: su directora, Marta Vives, y sus colaboradoras Mari Luz y Dolors Riva. Sin estos aportes jamás hubiera dado con la pista del Padre Biosca, ese venerable antepasado que, con cabal espíritu antinómico, bien merece este libro de regalo. Finalmente, ya para la materia específica de este escrito, muchos amigos me obsequiaron sugerencias y bibliografía, entre ellos Luis Domingo Mendiola y Marilí y Miguel Saguier. Leonor Machinandiarena de Devoto me dedicó una lectura detallada y generosa. Y fue invalorable la asistencia de Rita Saccal, directora de la biblioteca del Seminario Rabínico Marshall Meyer, como también la del personal del Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET). A todos ellos, mi gratitud duradera.

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TABLA DE CONTENIDOS
EXORDIO INTRODUCCIÓN ACÁPITE 1 ACÁPITE 2 ACÁPITE 3 ¿QUÉ NOS DICE DIOS DE SÍ MISMO? EL DILEMA NUESTRA BIBLIA ACLARACIONES PRELIMINARES

PARTE I UNA EXÉGESIS NEOMODERNISTA DE LA TORÁ O PENTATEUCO INTROITO ACÁPITE 1 ACÁPITE 2 ACÁPITE 3 ACÁPITE 4 ACÁPITE 5 ACÁPITE 6 ACÁPITE 7 ACÁPITE 8 ACÁPITE 9 ACÁPITE 10 EL PLANTEO EL GENOCIDIO COMO MANDATO BÍBLICO LA CONCEPCIÓN DIVINA DE LOS DERECHOS CÍVICOS OCCIDENTE FRENTE AL MANDATO BÍBLICO ANTES DEL ADVENIMIENTO PLENO DE LA MODERNIDAD UNA ALIANZA MATERIALISTA UN DIOS QUE EXIGE SER SACIADO CON TUFOS SEDANTES SUPERPODEROSO PERO NO OMNIPOTENTE: LOS LÍMITES DEL PODER DE YAHVÉ EL BIEN, EL MAL, EL ÁMBITO DE LO ESPIRITUAL Y LA SERPIENTE ¿ES EL GÉNESIS MONOTEÍSTA? UNA LECTURA MÁS CIENTÍFICA DE LA CUESTIÓN DEL POLITEÍSMO ALGUNAS CONCLUSIONES EXEGÉTICAS Y NORMATIVAS

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PARTE II UNA PUESTA A PRUEBA DE NUESTROS HALLAZGOS EXEGÉTICOS: ¿HUBO UN GNOSTICISMO JUDÍO? INTRIOTO ACÁPITE 1 ACÁPITE 2 ACÁPITE 3 ACÁPITE 4 ACÁPITE 5 ACÁPITE 6 EL PLANTEO PORQUÉ EL ORIGEN JUDÍO DEL GNOSTICISMO HA SIDO CUESTIONADO EL MANDEÍSMO DOSITEO, SIMÓN EL MAGO Y MENANDRO: EL GNOSTICISMO SAMARITANO LAS PISTAS TALMÚDICAS FILÓN DE ALEJANDRÍA Y LA SECTA DE LOS MAGHARIYYA SOFÍA: LOS ORÍGENES JUDÍOS DEL PRINCIPAL MITO GNÓSTICO

PARTE III PARALELOS ENTRE EL OCCIDENTE DE LOS DERECHOS HUMANOS UNIVERSALES Y LA HEREJÍA GNÓSTICA INTROITO ACÁPITE ÚNICO EL PLANTEO LOS GNÓSTICOS FRENTE A LA HOMOSEXUALIDAD, LA ANDROGINIA, EL PRINCIPIO FEMENINO Y LA MUJER CARNAL CONCLUSIONES LA GUERRA DE LOS DIOSES

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EXORDIO

Para estandarizar nuestra notación de fechas con las de otros escritos de este tipo, denotaremos como AEV (Anterior a la Era Vulgar) a los años anteriores a Jesucristo y EV a los que corresponden a nuestra era. Por otra parte, llamaremos “Biblia judeocristiana” al Antiguo Testamento, que es compartido en su mayor parte por judíos y cristianos. El Dios Padre de la teología católica es el Yahvé de la Biblia judeocristiana. El Nuevo Testamento canónico (NT) remite permanentemente al Antiguo y no se sostiene sin él. Aunque desde el desconocimiento, muchos católicos rechazan el Antiguo Testamento (AT) y creen que su fe se ancla exclusivamente en las escrituras neotestamentarias, esta actitud no responde a la doctrina de la Iglesia. Se asemeja más a la del marcionismo, una herejía gnóstica cristiana antijudía. El vocablo ‘católico’, proveniente del griego katholikos (καθολικός), fue acuñado por San Ignacio de Antioquia precisamente para referirse a la presunta universalidad de la Iglesia, en oposición a la parcialidad ‘marcionista’. Ésta respondía al excomulgado prelado Marción de Sínope, cuya obra Antítesis, hoy perdida, elaboraba sobre el carácter presuntamente irreconciliable de los dos testamentos. Desde que quedó dirimida esa cuestión, la Biblia judeocristiana es el cimiento sobre el que se construyen el Nuevo Testamento y la fe cristiana. En el NT hay pocos pasajes que convocan a la guerra santa, pero hay muchos en los que se evoca la figura del “guerrero divino”, que proviene del AT. Lo que está dicho en la primera parte de la Biblia cristiana no necesita repetirse en la segunda. Eso no quiere decir que esté ausente. Esta cuestión ha sido estudiada por eruditos y a sus trabajos me remito. (1) Por otra parte, aunque en medida menor, el llamado a las armas también está presente en forma explícita en el Nuevo Testamento. Por eso, y para que no haya equívocos, al final del volumen presentamos un apéndice con un pequeño muestrario de incitaciones a la violencia de origen neo testamentario.

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INTRODUCCIÓN ¿QUÉ NOS DICE DIOS DE SÍ MISMO?
Acápite 1: El dilema La Razón retrocede en nuestro mundo y no sólo a causa del extremismo islámico. En un plano filosófico, tres Occidentes coexisten conflictivamente en la primera década del siglo XXI. Por un lado están aquellos que adhieren literalmente a la Biblia judeocristiana. Este segmento de Occidente retrocedió a lo largo de tres siglos frente al embate de la Ilustración. Casi se extinguió, pero hoy ha renacido gracias principalmente a fundamentalistas protestantes que (entre otras cosas) promueven con éxito el creacionismo bíblico. Por cierto, desde hace varias décadas asistimos a un fenómeno opuesto al de los siglos anteriores. El Occidente liberal y secular claudica permanentemente frente a un Occidente religioso y fundamentalista que en varios Estados norteamericanos ha conseguido prohibir la inclusión de las teorías de Charles Darwin en la instrucción escolar. Aunque la ciencia sigue avanzando a raudos pasos en los centros del saber y los gabinetes de desarrollo tecnológico, una cuña se ha interpuesto entre la vanguardia de nuestra civilización y las grandes masas, generando bizarras paradojas. Esta embestida, que desde los valores del Occidente liberal y secular puede juzgarse oscurantista, está anclada en contenidos bíblicos que muchas veces se interpretan literalmente. Por su parte, el Occidente secular se subdivide en dos segmentos reñidos entre sí: el que permanece fiel a las ideas de la Ilustración, y el posmoderno, cuyas concepciones multiculturalistas lo alejan crecientemente del liberalismo original. El conflicto entre estas cosmogonías seculares deviene de un dilema que Occidente parece no querer reconocer ni mucho menos resolver. Si todos los individuos poseemos los mismos derechos, entonces todas las culturas no son moralmente equivalentes, porque hay culturas que no reconocen, ni siquiera en principio, la vigencia de esos derechos universales. Si por el contrario todas las culturas son moralmente equivalentes, entonces todos los individuos no estamos dotados de los mismos derechos humanos, porque hay culturas que adjudican a algunos hombres más derechos que a otros hombres y mujeres. En Estados Unidos, Europa y el resto del “primer mundo”, los intelectuales adeptos a la “corrección política” convencional optan por el camino fácil, afirmando simultáneamente que todos poseemos los mismos derechos y que todas las culturas son moralmente equivalentes. La realidad de democracias multiétnicas y multiculturales hace de este un atajo atractivo. Suponer que la cultura occidental es superior a otras de

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comparable arraigo histórico se ha convertido en una presunción de mal gusto, que para colmo se considera incompatible con la sofisticada ciencia social postmoderna. Pero las dos afirmaciones (de aquí en más, Proposiciones A y B) son contradictorias. La matriz ideológica que heredamos de la Ilustración, que es a la vez liberal y secular, supone que existen derechos y obligaciones individuales que pertenecen a la humanidad como tal. Si aceptáramos la validez de la afirmación opuesta, en algún lugar, en cualquier momento, entonces esta no sería una verdad universal y los susodichos derechos y obligaciones no pertenecerían a la humanidad como un todo. Dicho de otro modo, si la cultura de Arabia Saudí es tan respetable como la occidental, entonces es legítimo que en ese país se lapiden mujeres acusadas de adulterio. En ese caso, las mujeres saudíes no poseerían los mismos derechos esenciales que las occidentales. Si por el contrario, suponemos que las mujeres saudíes son acreedoras a los mismos derechos humanos que las nuestras, entonces la cultura que las manda lapidar por adulterio es éticamente inferior a la occidental. La Modernidad, hija de la Ilustración, afirma sin ambages lo segundo. El multiculturalismo postmoderno, en cambio, rehúsa aceptar que pueda haber unas culturas éticamente superiores a otras. Claramente entonces, hay tres Occidentes en conflicto entre sí: 1. El que adhiere al fundamentalismo, y 2. El secular, que a su vez se subdivide en a. Liberal, y b. Posmoderno, que es relativista y multi culturalista En esta brega, el fundamentalismo bíblico occidental se recupera parcialmente a costa del Occidente liberal y secular. Pero el segmento que arrolladoramente gana posiciones en casi todos los ámbitos es el posmoderno. Por otra parte, aunque las dos cosmogonías seculares mencionadas están en oposición al fundamentalismo bíblico, en términos de su lógica interna el conflicto entre el multiculturalismo postmoderno y el segmento fundamentalista de Occidente es de mayor envergadura que el que impera entre el verdadero liberalismo y dicho fundamentalismo. En verdad, nada hay tan ajeno a los fundamentos judeocristianos como la creencia de que todas las culturas son moralmente equivalentes. Tanto para el Antiguo Testamento como para el Nuevo, la tolerancia religiosa es un gravísimo pecado. Para las escrituras judeocristianas hay una sola verdad y todo lo que se le oponga debe ser reprimido. (2) Por su parte, los verdaderos liberales tampoco creen que las culturas sean éticamente equivalentes. En esto, liberales y fundamentalistas coinciden, aunque diverjan en lo que hace superior o inferior a una cultura. En lo que toca a las relaciones entre los

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individuos y el Estado, la Ilustración nos enseña que hay una sola verdad relevante: la que afirma que todos los hombres y mujeres poseemos los mismos derechos esenciales. Este es el equivalente de una premisa teológica. No acepta excepciones y no se la puede demostrar. Por lo tanto, los verdaderos liberales rechazamos el multiculturalismo relativista en la misma medida en que lo harían los fundamentalistas bíblicos. Las verdades pregonadas por la Biblia y por la Ilustración son diferentes, pero ambas son la antítesis del relativismo postmodernista. Ambas adhieren a un realismo filosófico que supone que hay verdades objetivas que son más que meras construcciones sociales. Además, en el mundo actual las dos retroceden frente al multiculturalismo. Por otra parte, este avance posmodernista beneficia mucho a los enemigos de Occidente. Paradójicamente, el multiculturalismo occidental se ha convertido en el aliado táctico del extremismo islámico, a pesar de que en sus esencias es su enemigo estratégico. Obsérvese que nada hay tan radicalmente igualitario como el multiculturalismo, que a fuer de relativista a todo lo iguala. Y nada hay más absolutista que el extremismo islámico, que pretende imponerle al mundo un orden teocrático. Sin embargo, en la actualidad se plasma una alianza implícita entre este multiculturalismo occidental que iguala moralmente a las culturas, y un fundamentalismo islámico que intenta implantar su mandato presuntamente divino. Los bienpensantes de Occidente parecen creer que hay que ser tolerantes incluso con la intolerancia, si ésta proviene de una matriz cultural histórica. Por este motivo, el multiculturalismo priva a Occidente de las defensas necesarias para luchar de igual a igual frente al extremismo islámico. A la vez, la ideología posmoderna que ha cobrado hegemonía en la prensa occidental, en las grandes universidades y en el discurso político permite vaticinar que el auténtico liberalismo, hijo de la Ilustración, está condenado a eclipsarse por lo menos por un tiempo. Esto es inexorable y no solamente por las limitaciones a las libertades cívicas que suelen acompañar a las situaciones de guerra. Frente al embate simultáneo del fundamentalismo bíblico, del multiculturalismo relativista y de un extremismo islámico que le declaró la guerra santa a Occidente, parece haberse agotado el espacio para el ya añejo ethos de la Modernidad. Que nuestra civilización pueda sobrevivir es en sí mismo dudoso, pero parece imposible que la matriz ideológica de la Ilustración pueda preservar siquiera un grado limitado de vigencia. Por lo tanto, si hemos de contribuir a salvar a Occidente, los verdaderos liberales debemos prepararnos para abdicar de nuestros ideales, por lo menos transitoriamente, cediendo frente a quienes estén dispuestos a llevar a cabo una defensa a ultranza de nuestra identidad histórica, que peligra. La pregunta es entonces ¿quién ha de ser nuestro aliado táctico en esta nueva era de la historia mundial? ¿Los fundamentalistas bíblicos que representan el oscurantismo

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pero que como nosotros están dispuestos a luchar por su verdad? ¿O los relativistas multiculturalistas, más cercanos a nosotros en tanto secularizados, pero a su modo también oscurantistas que suponen que ninguna cultura es superior a ninguna otra? Aliarnos a los fundamentalistas bíblicos implicaría traicionar un imperativo categórico del liberalismo: la tolerancia. Plegarnos a un multiculturalismo secularizado que le hace el juego al extremismo islámico, equivaldría a contribuir a la destrucción de Occidente. Permanecer solos, finalmente, significaría caer en la irrelevancia, y también por omisión contribuir a la extinción de nuestra civilización. Este libro se propone contribuir con información y análisis a la toma de partido de sus lectores. El dilema es terminal. Atestiguarlo y protagonizarlo es un patético privilegio, sin paralelos en toda la historia humana.

Acápite 2 Nuestra Biblia El autor de este trabajo se proclama un agnóstico deísta. Quiere creer en un principio creador pero reconoce la limitación humana para conocer a la divinidad y descree de las presuntas revelaciones con que a lo largo de siglos y milenios las autoridades religiosas de diversos credos han manipulado a las masas y extorsionado a los príncipes. No obstante, la Biblia se ha convertido otra vez (¡y van tantas!) en un texto políticamente relevante. Por este motivo, es necesario prestarle una atención que hubiera sido superflua hacia los años 1800 o 1900, cuando la Razón avanzaba a paso firme. Por otra parte, desde afuera nuestra civilización enfrenta la agresión del extremismo islamista, exportador de un terrorismo suicida hasta hace poco desconocido, cuyo objetivo declarado es la destrucción del Estado de Israel y la recreación de un califato que se extienda desde Pakistán hasta España. Este extremismo se ancla en una civilización hermana de tronco abrahámico. Como recordamos en el acápite anterior, en algunos países donde tiene vigencia una ley islámica basada en el Corán se lapida a las adúlteras y se le corta la mano a ladrones. Y el terrorismo transnacional emergente de ese contexto cultural se apoya también en el libro sagrado de los musulmanes, donde el concepto de yihad, entendido como guerra santa, es un mandato para situaciones especiales que, según algunos de sus fieles, se corresponden con las actuales. (3) En otras palabras, tanto la crisis al interior de nuestra civilización como la guerra contra el segmento extremista de una civilización ajena se vinculan en forma directa a Escrituras sacralizadas y hermanadas por su raíz común. El extremismo islámico (terrorista o no) pone en práctica la Ley Islámica (sharia) en los países donde domina. A su vez, el

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fundamentalismo protestante y católico ha comenzado a imponerle limitaciones a la cultura liberal y secular que hasta hace poco era hegemónica en Occidente. Obviamente, la expansión del ámbito de lo religioso sobre lo público ha llegado mucho más lejos en los Estados musulmanes que entre nosotros. En los países dominados por la sharia, la ley surge directamente del Corán. Irán, por su parte, es una teocracia desembozada. Occidente, en cambio, sigue siendo una civilización esencialmente secularizada, a pesar del aumento de la influencia política de los sectores religiosos en Estados Unidos. No obstante, la Biblia jamás perdió su posición de libro sacratísimo entre nosotros, ni siquiera entre quienes no profesan religión alguna. La mayoría de los juramentos más solemnes la invocan y se sellan sobre ella. Se la puede ignorar pero raramente se la critica. Este dato es la punta de un ovillo sorprendente, que al desenredarse desnuda algunas de las contradicciones más paradójicas de la civilización occidental. Como se documentará en este escrito, nuestros principios cívicos liberales son la antítesis de los valores de esa Biblia judeocristiana que sigue entronizada en el plano de lo simbólico y a la que muchos consideran “palabra de Dios”. Desde el advenimiento de la democracia republicana, los principios en que se asientan nuestros Estados violan los de nuestra Biblia en forma directa. En cambio, en los países islamistas no se violan los valores de sus Escrituras. Los principios proclamados por sus Estados se ajustan a los del Corán. En ellos no hay contradicciones. Desde el punto de vista de la coherencia interna entre Escrituras, legislación y práctica, los países islámicos regidos por una sharia son mucho más consistentes que los nuestros. La nuestra es una civilización cuyo dinamismo científico y cultural emergió de sus segmentos liberales y seculares, que suscribieron los valores de la Ilustración. A la vez, nuestros poderosos núcleos religiosos mantuvieron vigentes unas Escrituras que contradicen esos valores. La Biblia judeocristiana ordena lapidar no sólo adúlteras sino también homosexuales y opositores políticos o religiosos. Además, su prédica del genocidio como mandato de Dios es mucho más extrema que cualquiera de las crueles normativas del Corán. Obviamente, los fundamentalistas judeocristianos no nos imponen el cumplimiento de los mandatos bíblicos más extremos. Por ahora sólo exigen que no enseñemos evolucionismo en los colegios públicos. Pero las Escrituras en que se apoyan son taxativas a la hora de ordenarnos arrasar a nuestros enemigos, tal como hacen los extremistas islámicos con los suyos. El mandato deuteronómico es claro: 20:10 Cuando te acerques a una ciudad para atacarla, primero le ofrecerás la paz. 20:11 Si ella la acepta y te abre sus puertas, toda la población te pagará tributo y te servirá.

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20:12 Pero si rehúsa el ofrecimiento de paz y te opone resistencia, deberás sitiarla. 20:13 Yahvé, tu Dios, la entregará en tus manos, y pasarás al filo de la espada a todos sus varones. 20:14 En cuanto a las mujeres, los niños, el ganado y cualquier otra cosa que haya en la ciudad, podrás retenerlos como botín, y disfrutar de los despojos de los enemigos que Yahvé, tu Dios, te entrega. 20:15 Así tratarás a todas las ciudades que estén muy alejadas de ti y que no pertenezcan a las naciones vecinas. 20:16 Pero en las ciudades de esos pueblos que Yahvé tu Dios te da como herencia, no dejarás nada con vida. 20:17 Consagrarás al exterminio total a los hititas, a los amorreos, a los cananeos, a los perizitas, a los jivitas y a los jebuseos, como te ha mandado Yahvé tu Dios. La contradicción presente al interior de nuestra civilización queda claramente documentada cuando contrastamos este mandato genocida de nuestro libro más sagrado, con lo que mandan los Artículos II y III de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. El primero establece: “Se entiende por genocidio a cualquiera de los siguientes actos, si fueran perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso: a) Matanza de miembros del grupo; b) Lesión grave a la integridad física o mental de sus miembros; c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que acarreen su destrucción física total o parcial; d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en su seno; e) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.” El Artículo III agrega: “Serán castigados: a) El genocidio; b) La asociación para cometer genocidio; c) La instigación directa y pública a cometer genocidio; d) La tentativa de genocidio; e) La complicidad en el genocidio.” Claramente, el texto presuntamente sagrado de la civilización judeocristiana se encuadra en esta definición. Instiga la destrucción de grupos étnicos enteros. Si fuéramos fieles al mandato bíblico tendríamos que abrogar tratados como este... y cumplir con la Ley Divina. Si por el contrario, nos ciñéramos a los valores representados por tales leyes y tratados, deberíamos suprimir el texto bíblico, que es claramente violatorio de la ley. Su mera difusión debería estar penada.

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La Divinidad que presuntamente inspiró el texto sagrado fue precursora de Hiroshima y no sólo aprueba sino que manda que se proceda de ese modo, so pena de pecar contra Él y perder los beneficios de su Alianza. Los occidentales no están conscientes de este mandato porque muy pocos leen la Biblia y casi nadie lo hace en forma independiente. Intermediarios humanos nos ayudan a interpretar la palabra supuestamente divina, siempre desde la premisa de que Dios es bueno. Todo lo que suene malo o perverso se reinterpreta desde este axioma extra-bíblico, que es palabra del hombre. Por cierto, como se verá en este estudio, Yahvé no presume de ser bueno. Hasta 1945, Occidente tampoco, y ese fue quizás uno de los secretos de su éxito. En los hechos, desde Hiroshima nuestra civilización promulgó una moral laica que condena el genocidio. En términos éticos superó con creces el mandato de su Dios. Pero no ha podido ni querido suprimir su tradición bíblica. Por este motivo, Occidente es mucho más contradictorio que la cultura de los islamistas que imponen su sharia. Esa contradicción es el producto de una superioridad: la de haber superado moralmente a nuestras Escrituras, que son por lo menos tan sanguinarios como los de ellos. Occidente no solamente no ha podido sacarse la Biblia de encima sino que desde hace algunos años la influencia de ésta avanza otra vez, cuestionando evoluciones del pasado en temas que se inscriben en el ámbito del saber científico. Mientras tanto, el islamismo radical sigue el mandato yihadista del Corán a pie juntillas. Occidente se debate en sus contradicciones, mientras su enemigo no se impone ningún límite en su guerra santa. Obsérvese que una de las singularidades de la era actual consiste en que, por primera vez en toda la historia humana registrada, desde los ataques nucleares contra Hiroshima y Nagasaki las grandes potencias se han abstenido de usar sus armas de máximo poder destructivo. Esto ha equiparado el poder militar de Estados muy poderosos con el de otros menos poderosos. Nunca antes se había producido este fenómeno. En la Segunda Guerra Mundial, y antes en la Primera, y antes aún en las guerras napoleónicas..., siempre, las grandes potencias pusieron sobre la mesa todo su poder destructivo. Pero a partir de Hiroshima, Occidente (y Rusia también) se civilizaron y humanizaron en lo que fue una verdadera proeza moral. Hasta la terminación de la Segunda Guerra Mundial, Occidente cumplió con el cruel mandato bíblico, pero su progreso ético posterior lo condujo a abandonar las exhortaciones de Yahvé. A la vez, el extremismo islámico no compartió con Occidente este progreso moral y se aprovecha de la actitud humanitaria de potencias nucleares que se comportan como si no lo fueran. Por eso puede librar sus “guerras santas” contra Israel y contra Occidente todo. En el largo plazo, Occidente e Israel estarán perdidos si persisten en esta conducta moralmente superior. Para sobrevivir habría que acudir a la inclemencia a que apela el enemigo. Si se optara por ella la victoria sería inmediata debido a la diferencia abismal de

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poder. Pero si continúa en vigencia el doble estándar por el cual el enemigo apela a cualquier medio de que disponga para atacar, mientras Israel y Occidente se abstienen de usar su poder máximo, entonces el adversario eventualmente tendrá medios nucleares y vencerá. Obsérvese que la paradoja es múltiple y sin precedentes: 1. La creciente vigencia de los textos bíblicos, hacia adentro de nuestras sociedades, nos impone el oscurantismo en la educación (especialmente en lo que se refiere a la evolución de la especie humana) y nos aleja crecientemente del espíritu de la Ilustración, que hizo a la grandeza de Occidente. En nuestros tiempos, como en los de Giordano Bruno y Galileo Galilei, las Sagradas Escrituras tienen un impacto regresivo al interior de la cultura occidental a través de la política. 2. Simultáneamente, en nuestra actitud hacia la guerra y los derechos cívicos hemos abandonado el texto bíblico de una manera radical (aunque sin desnudar su iniquidad, que piadosamente respetamos). 3. En cambio, el islam fundamentalista que nos ha declarado su santa guerra adhiere fielmente al mandato yihadista de sus propias escrituras, de manera que mientras nosotros nos abstenemos de usar la plenitud de nuestro poder, ellos emplean todos los medios a su disposición para derrotarnos. Esto incluye el uso de escudos humanos y de suicidios masivamente asesinos. Porque hemos superado éticamente a nuestras escrituras, llevamos las de perder. Porque nuestros enemigos son fieles a las suyas, llevan las de ganar. Es muy difícil, en estas circunstancias, señalar el rumbo que debe tomar Occidente. Nuestra disyuntiva, agravada por la existencia de grandes arsenales de armas de destrucción masiva, es la más dramática de todos los tiempos: ¿Debemos denunciar nuestras Escrituras, porque violan los principios éticos superiores de nuestra civilización? ¿Debemos regresar a los mandatos bíblicos en nuestra lucha perdidosa contra los enemigos actuales? ¿Debemos implantar un doble estándar explícito, manteniendo la vigencia de los valores occidentales en el ámbito interno, pero regresando a la saña bíblica en nuestra guerra contra los yihadistas o debemos permanecer sumidos en nuestra autodestructiva contradicción actual? No pretendo tener la respuesta. Pero comencemos proveyendo al público los datos que necesita para ir formando su propia opinión. Para eso, aquí acometeremos una

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exégesis neomodernista de los primeros cinco libros de la Biblia judeocristiana, con el objetivo de esclarecer el mandato normativo explícito y la escala de valores implícita del texto que es tenido por sagrado por nuestros religiosos. Como este análisis está inspirado en inquietudes que son de orden cultural y político, se justifica que quien lo lleve a cabo sea un politólogo, no un teólogo. Como en tantas otras ocasiones en la historia de las ideas, estamos en una coyuntura en que es necesario traspasar las fronteras entre disciplinas. Hoy nos toca abordar el cruce entre la política y la teología, como lo hiciera Baruch Spinoza en el siglo XVII. Metodológicamente atacaremos la cuestión desde su raíz. Nuestros fundamentalistas suponen que los primeros cinco libros de la Biblia (idénticos para judíos y cristianos pero conocidos por los primeros como la Torá y por los segundos como el Pentateuco) son la “palabra de Dios” y constituyen el primer ladrillo de la Revelación. Para todos ellos, es lo más sagrado del Antiguo Testamento. (4) El creacionismo, punta de lanza del oscurantismo que crecientemente se impone en nuestra cultura, se fundamenta en el Génesis, el primero de estos antiguos fascículos. Y a medida que recorramos sus versículos y los de los otros cuatro libros de la Torá, desenmascararemos la verdadera escala de valores histórica de nuestra civilización y el tenor del mandato presuntamente divino. Con ese espíritu convocamos a creyentes y no creyentes a un ejercicio intelectual. Durante la lectura de estas páginas los agnósticos deberemos hacer abstracción de nuestro escepticismo y suponer que el Pentateuco es una auténtica Revelación. A su vez, los creyentes deben dejar de lado sus diversos dogmatismos por apenas unas horas, para leer la Torá con independencia de criterio frente a sus pastores, sacerdotes y rabinos. Es sólo por un breve lapso después del cual cada uno podrá regresar a lo suyo. Nadie se hará acreedor al infierno por leer una vez la palabra de Dios sin apelar a las interpretaciones humanas tradicionales. El objetivo inmediato de este ejercicio exegético es dilucidar una cuestión esencial para todos los tiempos pero especialmente para el nuestro. ¿Quién es el Dios del Antiguo Testamento? ¿Cuál es su verdadero perfil, tal como emerge del texto mismo, prescindiendo de las exégesis de autoridades religiosas cuyos dictámenes son apenas palabra humana? ¿Qué nos dice Dios de sí mismo? A la vez, nuestro objetivo último es reflexionar sobre las dos alianzas alternativas que, al interior del Occidente actual, están al alcance de un liberalismo en extinción: el fundamentalismo bíblico y el multiculturalismo relativista. Partimos siempre de la premisa de que el imperativo inclaudicable es la supervivencia de nuestra civilización.

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Acápite 3 Aclaraciones preliminares Las versiones judía y cristiana de la Torá (“la Ley”) o el Pentateuco (“cinco libros”) son idénticas. Judíos y cristianos usan estos vocablos diferentes para referirse a los mismos textos, que comprenden los primeros cinco libros de la Biblia. Estos son los mismos para ambas tradiciones: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, en ese orden. Tanto para judíos como para cristianos se trata de la parte más antigua y sagrada de lo que los primeros llaman el Antiguo Testamento. Sin el Pentateuco, no se sostiene la teología católica, basada en un concepto trinitario de Dios. El Dios del Antiguo Testamento es el Dios Padre del cristianismo a la vez que el Dios de los judíos. Normalmente, cuando un autor usa el término ‘Torá’ está escribiendo para judíos y cuando se refiere al ‘Pentateuco’ lo está haciendo para cristianos. No es el caso de este trabajo, que está dirigido por igual a cristianos, judíos, agnósticos, ateos y gentes de otras tradiciones religiosas. Por ello, aquí usaremos ambos vocablos en forma indistinta, según la conveniencia fonética de cada párrafo y oración. Además, de vez en cuando acudiremos a un vocablo nuevo de cuño propio: el Pentatorot (“cinco leyes”). De esta manera pretendemos evitar toda interpretación sectaria de este escrito. En estas páginas, Torá, Pentateuco y Pentatorot significan la misma cosa. Las diferencias entre la Biblia judía y el Antiguo Testamento católico provienen del ordenamiento de algunos libros posteriores a el Pentatorot, y también de la inclusión de unos pocos libros más tardíos. (5) Estas diferencias resultan principalmente del hecho de que la Biblia católica hereda la tradición de la Septuaginta, una traducción del hebreo al griego realizada entre los siglos III y I A.E.V. por judíos de Alejandría. (6) La copia más antigua del Antiguo Testamento que haya llegado hasta nosotros en lengua alguna es un ejemplar casi completo de esta Biblia griega, conocido como el Codex Vaticanus, que data del siglo IV EV y pertenece al Estado pontificio. Casi igualmente antiguos son el Codex Sinaiticus y el Codex Alexandrinus, copias casi enteras de la misma versión atesoradas por el Museo Británico. La más antigua copia sobreviviente en hebreo, de donde deriva la Biblia judía de la actualidad, es unos 700 años más moderna que aquéllas, de los alrededores de 1000 E.V. Se conoce como Biblia masorética porque fue copiada por los masoretas que agregaban signos de vocalización al hebreo. A diferencia de la Septuaginta que se originó en Egipto, el texto masorético tuvo su origen en Palestina. Hasta recientemente se creyó que los judíos de Alejandría se habían separado del tronco central del judaísmo palestino, cambiando el ordenamiento de algunos libros y agregando otros a su traducción al griego. Sin embargo, los hallazgos de fragmentos en hebreo que coinciden más con la Septuaginta que con la masorética entre los manuscritos encontrados en Qumrán (los famosos “rollos del Mar Muerto”), demuestran que hacia los primeros siglos de nuestra Era existían varias

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versiones del judaísmo, incluso en Palestina. La Septuaginta ha adquirido así más universalidad que antes de ese trascendente hallazgo arqueológico. De cualquier modo, las versiones más actualizadas de la Biblia católica, como la prestigiosa Biblia de Jerusalén que se publica en castellano y en francés, ya no son traducciones de la Septuaginta sino de la Biblia masorética usada por los judíos actuales, aunque reteniendo los contenidos y ordenamientos de la Septuaginta, que son parte de la tradición bíblica de la Iglesia de Roma. Por lo tanto, hoy la convergencia entre católicos y judíos es casi total. En el caso de la Torá las diferencias que subsisten son muy menores y emergen de diferentes criterios de traducción a la lengua vernácula de un mismo documento antiguo en hebreo. No son discrepancias que separen a los diversos cultos sino a los traductores, y de hecho hay una multitud de pequeñas diferencias entre las muchas traducciones judías y cristianas de estos libros. La principal diferencia en la letra impresa de estas Biblias radica en el nombre de Dios. No se trata de una discrepancia entre credos sino de una convención judía que, en función de una normativa posterior, prohíbe o desalienta el uso de los nombres de Dios que de hecho aparecen en los documentos antiguos que han sobrevivido. En este plano, la principal y más frecuente modificación en las traducciones a lenguas vernáculas consiste en reemplazar el Tetragrámaton, YHWH, por Dios, Señor, Adonai, El Eterno o algún otro sinónimo. El texto masorético (el supérstite más antiguo en hebreo) agrega a YHWH la puntuación de vocales, y por eso la Biblia de Jerusalén opta por el vocablo Yahvé, a la vez que otras traducciones cristianas acuden a Jehová y variantes similares. En rigor nadie sabe exactamente cómo se pronunciaba YHWH, pero la modificación judía del texto no responde a este desconocimiento compartido sino a la normativa mencionada. El otro nombre de Dios que se encuentra con frecuencia en la Torá o Pentateuco es Elohim. En este caso, tanto las traducciones judías como cristianas suelen reemplazarlo por Dios, seguramente para no confundir a los fieles, ya que en sentido literal Elohim no quiere decir ‘Dios’ sino ‘dioses’. Deriva de Eloha, que significa Divinidad, siendo Elohim su plural masculino. (7) Su traducción literal podría sembrar sospechas de que la Revelación no se corresponde con una concepción monoteísta. En algunos contextos gramaticales Elohim puede interpretarse como “Dios de dioses”. En otros está abierta la posibilidad de interpretar “los dioses”. YHVH, o sea Yahvé, aparece unas 7000 veces en el Antiguo Testamento. Elohim aparece más de 2300. Hay otros nombres de Dios en la Biblia, menos frecuentes, que según el contexto a veces son remplazados por el vocablo Dios en las traducciones a lenguas vernáculas. El más importante entre ellos es Ēl (‫ ,)אל‬que no debemos confundir con el artículo ‘el’ ni con el pronombre ‘Él’ del castellano. Aparece cerca de 200 veces, casi siempre con un vocablo descriptor: Ēl Sadday (Dios de la Montaña), Ēl Elyon (Dios

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Altísimo), Ēl Olam (Dios Eterno). Y aún otro nombre de Dios es Elah, que aparece unas 70 veces. Con excepción de Yahvé, todos estos nombres derivan del nombre del “padre de todos los dioses” vigente en toda la región del Levante durante largos siglos. (8) En este escrito alternaremos entre Yahvé, Adonai, Dios y Señor según la conveniencia sonora de cada párrafo. Como en el caso del Pentatorot, procederemos de ese modo para que nadie crea que nos dirigimos más a cristianos que a judíos o viceversa, y para privar a todos y cada uno de los judeocristianos de la posibilidad de no darse por aludido y suponer que no estamos hablando de ‘su’ Dios. Por lo demás, ya está claramente establecido por la crítica bíblica contemporánea, tanto católica como judía, que el antiguo compilador de la Torá entrelazó cuatros tradiciones orales diferentes en los textos que nos legó. Se trata de las corrientes conocidas como yahvista, elohista, sacerdotal y deuteronómica, que atraviesan los cinco libros del Pentateuco de una manera frecuentemente desordenada. No obstante, a pesar del consenso entre la mayoría de los entendidos de los diversos credos, los sectores más recalcitrantes de todos ellos se escandalizan frente a esta forma crítica de leer el texto presuntamente revelado. S. David Sterling, por ejemplo, nos cuenta que la publicación en 2001 de la compilación de David Lieber, Etz Hayim: Torah and Commentary, realizada bajo los auspicios del judaísmo conservador, generó una tormenta hacia adentro y hacia fuera de ese segmento de las comunidades judías de países angloparlantes, al introducir conceptos de la crítica bíblica científica a la discusión entre legos. (9) En los hechos la gran mayoría de los judíos observantes y fieles protestantes se abstienen de realizar lecturas críticas de la Biblia, a la que leen de manera fragmentaria en situaciones litúrgicas. La inmensa mayoría de los católicos ni siquiera llega a eso, a pesar de que la construcción teológica de la Iglesia romana, que combina revelaciones de ambos testamentos para construir dogmas como el del Díos trino y el pecado original, depende totalmente de interpretaciones medievales del contenido del Pentateuco. Las anotaciones a la Biblia de Jerusalén son quizá las más útiles para el lector que desee consultar una versión católica en castellano. Para el que desee una versión judía, la Jewish Study Bible publicada en inglés por Oxford University Press es una de las más actualizadas. En castellano, una traducción altamente recomendable de el Pentatorot es la del Rabino Marcos Edery, cuyo aparato erudito es excepcionalmente útil. (10) Lo mismo es cierto de la extraordinaria traducción del Génesis publicada en 2006 por Daniel Colodenco. (11) Pero lo más recomendable es cotejar versiones. Sólo así se capta la cabal convergencia de interpretaciones judías y católicas en torno de los temas que analizaremos en este trabajo. Una de nuestras conclusiones, confesa de antemano, es que la autoridad religiosa judeocristiana siempre interpretó caprichosamente la palabra de Dios. Pero para verificarlo acudamos a ese Verbo.

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PARTE I UNA EXÉGESIS NEOMODERNISTA DE LA TORÁ O PENTATEUCO
“Dios totalmente se hizo hombre pero hombre hasta la infamia, hombre hasta la reprobación y el abismo. Para salvarnos, eligió un ínfimo destino: fue Judas” Jorge Luis Borges: “Tres versiones de Judas” 1944 (12) Introito: El planteo La Torá no nos dice que Dios es bueno. Nos da a entender lo contrario. Para dilucidar quién es el Dios del Antiguo Testamento sin recurrir a las exégesis de autoridades religiosas que parten de esa y otras premisas extra-bíblicas es necesario vencer resistencias. Los agnósticos y ateos deben por un instante dejar de lado el racionalismo que les lleva a sentir que el análisis de un texto antropológico que registra las creencias religiosas de un pueblo primitivo del antiguo Medio Oriente es una pérdida de tiempo si no se realiza con ánimo etnológico o historiográfico. Y los creyentes deben desactivar momentáneamente el mecanismo de defensa que a menudo les lleva a sostener que la Biblia no se interpreta en forma personal porque “es cuestión de fe”. Este argumento, frecuente entre sacerdotes, pastores y rabinos, no se compadece de que la fe del creyente no debiera ser fe en la palabra de presuntas autoridades sobre cómo interpretar la “palabra de Dios”, sino en Dios y en su palabra tal como emerge de las Sagradas Escrituras. A medida que transcurrieron los siglos, las interpretaciones judías y cristianas del Pentateuco se volvieron más simbólicas y sofisticadas. Pero estos contenidos no están en el texto. Son creación de tiempos posteriores. Cuando un cristiano o un judío nos dice que “no hay que leer la Biblia como si fuera un cuentito”, sino acudir a las exégesis autorizadas por las diversas confesiones, nos está pidiendo que traslademos nuestra fe desde el Libro hacia sus intérpretes. Sin embargo, más allá de alguna parábola, la Torá es una narración un poco desorganizada pero bastante lineal. (13) Ese relato, no el de intérpretes humanos, es el que se supone palabra o mensaje de Dios. Para un culto monoteísta, trasladar la fe en Dios a una fe en el hombre que dice saber de Dios debería ser pecado de idolatría. Pero aunque no lo fuera, nuestro ejercicio sólo exige que esta mediatización se interrumpa por un par de horas durante las cuales debemos escuchar a Dios a través de su texto sin recurrir a la sofisticación exegética acumulada durante siglos posteriores por hombres cuya palabra no es divina. El texto es simple. No es un tratado matemático. No requiere una lectura asistida. Procedamos pues. ¿Qué nos dice Dios de sí mismo?

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Acápite 1 El genocidio como mandato bíblico Desde una sensibilidad occidental contemporánea, el primer tema que merece tratarse es el que abordamos escuetamente en la Introducción: el genocidio. Las estadísticas de Adonai son abrumadoras e insuperables. Siguiendo estrictamente la Palabra Revelada y sin dejarnos llevar por calumnia alguna, ni tampoco por interpretaciones apologéticas de su conducta que no son fieles al texto sagrado ni se compadecen de sus víctimas, Yahvé se nos presenta con creces como el mayor genocida de todos los tiempos. Su carrera comienza con el Diluvio universal. El genocidio es intencional. Como se señala en el libro del Génesis, su objetivo estratégico fue matar a todos y a todo con excepción de los elegidos: 6:17 "Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar toda carne que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá. 6:18 Pero contigo [Noé] estableceré mi alianza: Entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo. 6:19 Y de todo ser viviente, de toda carne, meterás en el arca una pareja para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. Pocos versículos más adelante se nos informa que el objetivo fue alcanzado con éxito: 7:21 Pereció toda carne: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganados, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, y toda la humanidad. 7:22 Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme, murió. 7:23 Yahvé exterminó todo ser que había sobre la haz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, hasta las sierpes y hasta las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra, quedando sólo Noé y los que con él estaban en el arca. 7:24 Las aguas inundaron la tierra por espacio de 150 días. Como veremos en otro acápite, en un gesto digno de calificarse humano, nuestro Dios se arrepintió de haber consumado un genocidio casi absoluto. Pero esto no significó abandonar la práctica sino tan solo acotarla a pueblos específicos, sin riesgo para la totalidad de la vida en la tierra. El episodio siguiente fue el Sodoma y Gomorra, supuestos nidos de pecado y abominación frente a los cuales Adonai reaccionó con una violencia equivalente a la de un ataque nuclear, salvando otra vez a sus predilectos:

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19:23 El sol asomaba sobre el horizonte cuando Lot entraba en Soar. 19:24 Entonces Yahvé hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de Yahvé. 19:25 Y arrasó aquellas ciudades, y toda la redonda con todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo. Hasta este momento de la historia del mundo el genocidio era exclusivamente obra de Dios Nuestro Señor. Pero según parece era necesario que los hombres aprendieran a obrar según Su Voluntad y con toda su ejemplar saña. Por ello, so pretexto de una Guerra Santa, la docencia divina indujo a los hombres mismos a la comisión de genocidio. En Números la palabra de Dios nos informa: 31:1 Dijo Yahvé a Moisés: 31:2 "Haz que los israelitas tomen venganza de los madianitas. Luego irás a reunirte con tu parentela." 31:3 Entonces Moisés dijo al pueblo: "Que se armen algunos de vosotros para la guerra de Yahvé contra Madián, para tomar de Madián la venganza de Yahvé. 31:4 Deberéis enviar al combate mil hombres por cada una de las tribus de Israel". 31:5 Entre las divisiones de Israel se reclutaron doce mil hombres equipados para la guerra, a razón de mil hombres por tribu, 31:6 y Moisés los envió al combate, junto con Pinjás, hijo del sacerdote Eleazar, que llevaba consigo los vasos sagrados y las trompetas para lanzar el grito de guerra. 31:7 Atacaron a Madián como había mandado Yahvé a Moisés y mataron a todos los varones. 31:8 Además de otras víctimas, mataron a los cinco reyes de Madián: Eví, Réquem, Sur, Jur y Reba. También pasaron al filo de la espada a Balaam, hijo de Beor. 31:9 Los israelitas tomaron cautivas a las mujeres y a los hijos de los madianitas, y se llevaron como botín todos sus animales, sus rebaños y sus bienes. 31:10 Además incendiaron las ciudades donde ellos habitaban y sus campamentos. 31:11 Luego recogieron todo el botín —tanto hombres como animales— 31:12 y se lo llevaron a Moisés, al sacerdote Eleazar y a toda la comunidad de los israelitas, que estaban acampados en las estepas de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó. (14) Pero henos aquí que esta masacre resultaba insuficiente. El pueblo se había tomado la atribución de acotar la venganza genocida a los varones, salvando a mujeres y niños. Este acto de piedad enfureció a Moisés, que actuaba por cuenta de Adonai. Prosigue el relato sagrado de Números:

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31:14 Moisés se encolerizó contra los jefes de las tropas, jefes de millar y jefes de cien, que volvían de la expedición guerrera. 31:15 Les dijo: "¿Pero habéis dejado con vida a todas las mujeres? 31:16 Fueron ellas las que, por instigación de Balaam, indujeron a los israelitas a prevaricar contra Yahvé en el incidente de Peor, y por eso la comunidad de Yahvé fue azotada por la plaga. 31:17 Por lo tanto, matad a todos los niños varones. Y a toda mujer que haya conocido varón, que haya dormido con varón, matadla también. 31:18 Pero dejad con vida para vosotros a todas las muchachas que no hayan dormido con varón.” Como toda limpieza étnica de esta magnitud trae consigo un botín que hay que administrar, prosigue: 31:25 Dijo Yahvé a Moisés: 31:26 "Tú, el sacerdote Eleazar y los jefes de familia de la comunidad haréis el inventario del botín que ha sido capturado, tanto hombres como animales. 31:27 Después lo repartirás, por partes iguales, entre los combatientes que participaron de la campaña y el resto de la comunidad. 31:28 Reservarás para Yahvé, como tributo de los guerreros que han ido al combate, una vida de cada quinientas, tanto de las personas como del ganado mayor, de los asnos y del ganado menor. 31:29 Esto lo tomarás de la mitad que les corresponda y se lo entregarás al sacerdote Eleazar como reserva para Yahvé. 31:30 De la mitad que corresponda a los demás israelitas, tanto de las personas como de los animales —del ganado mayor, de los asnos y del ganado menor— tomarás una vida por cada cincuenta y se las entregarás a los levitas que realizan tareas en la Morada de Yahvé". Cumplido este trámite, el avance conquistador ordenado por el Dios Padre de la teología cristiana debía continuar. Para ello, ahora el pueblo elegido de Adonai debía deportar masivamente a los cananeos. De lo contrario, Dios dispensaría a su propio pueblo el maltrato que le ordenaba para con los vencidos. La orden es clara y nos llega otra vez del sagrado libro de Números: 33:50 Yahvé habló a Moisés en las estepas de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó: 33:51 “Di a los israelitas: Cuando paséis el Jordán hacia el país de Canaán 33:52 arrojaréis a vuestra llegada a todos los habitantes del país. Destruiréis todas sus imágenes pintadas, destruiréis sus estatuas de fundición, demoleréis todos sus altos. 33:53 Os apoderaréis de la tierra y habitaréis en él, porque yo os doy a vosotros todo el país en propiedad.

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(...) 33:55 Pero si no expulsáis a vuestra llegada a los habitantes del país, los que dejéis serán para vosotros como espinas en vuestros ojos y aguijones en vuestros costados y os oprimirán en el país que vais a habitar. 33:56 Y yo os trataré a vosotros en la forma en que había pensado tratarles a ellos.” Esta es la tónica que signa el comportamiento sanguinario que Adonai impone a su pueblo, al que castigará si es benigno. El precepto de obediencia debida alcanza aquí su máxima consagración. Como lo demuestra también el episodio del sacrificio de Isaac, en el Pentateuco todos los valores morales están subordinados a un principio amoral supremo: la lealtad incondicional al Caudillo. Por cierto, estos genocidios no solamente no constituyen acciones “malas”: ni siquiera son males necesarios. Por el contrario, el pecado capital consistiría en no cometerlos o incluso en morigerar levemente el aniquilamiento del enemigo. En el texto revelado de Deuteronomio este extremismo divino se presenta con aún más elocuencia: 2:31 Yahvé me dijo: "Mira, voy a comenzar a entregarte a Sijón y su territorio. Empieza la conquista. Apodérate de su territorio". 2:32 Sijón nos salió al paso con toda su gente, dispuesto a librarnos batalla en Yahas. 2:33 Yahvé nuestro Dios nos lo entregó y lo derrotamos a él con sus hijos y toda su gente. 2:34 Nos apoderamos de todas sus ciudades y las consagramos al anatema, sacrificando a hombres, mujeres y niños, sin dejar superviviente. 2:35 Nos reservamos como botín solamente el ganado y los despojos de las ciudades conquistadas. Porque las indicaciones de Adonai se siguieron escrupulosamente, el tour genocida continuó triunfalmente: 3:1 Luego torcimos y seguimos camino de Basán. Og, rey de Basán, salió a nuestro encuentro con toda su gente y nos presentó batalla en Edrei. 3:2 Yahvé me dijo: "No le tengas miedo, porque yo lo pondré en tus manos con todo su ejército y sus dominios. Trátalo de la misma manera que trataste a Sijón, el rey de los amorreos que habitaba en Jesbón". 3:3 Efectivamente, Yahvé nuestro Dios entregó en nuestras manos también a Og, rey de Basán, con todo su pueblo, y lo derrotamos hasta no dejarle ni un superviviente. 3:4 Nos apoderamos entonces de todas sus ciudades. Las conquistamos todas, sin exceptuar ninguna: las sesenta ciudades del distrito de Argob, que pertenecía al reino de Og, en Basán.

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3:5 Todas ellas eran ciudades defendidas por altas murallas, puertas y cerrojos, sin gran número de ciudades de los perizitas. 3:6 Y las consagramos al anatema, como habíamos hecho con Sijón, rey de Jesbón, matando en cada ciudad a hombres, mujeres y niños. 3:7 Pero nos reservamos como botín el ganado y los despojos de las ciudades. Después de este periplo de exterminios masivos, exitosamente ejecutados, era necesario dejar instrucciones para el día de mañana. El pueblo elegido de Adonai ya estaba a las puertas de la Tierra Prometida. Por eso, en Deuteronomio la docencia divina presenta al pueblo una normativa de cara al futuro: 20:10 Cuando te acerques a una ciudad para atacarla, primero le ofrecerás la paz. 20:11 Si ella la acepta y te abre sus puertas, toda la población te pagará tributo y te servirá. 20:12 Pero si rehúsa el ofrecimiento de paz y te opone resistencia, deberás sitiarla. 20:13 Yahvé, tu Dios, la entregará en tus manos, y pasarás al filo de la espada a todos sus varones. 20:14 En cuanto a las mujeres, los niños, el ganado y cualquier otra cosa que haya en la ciudad, podrás retenerlos como botín, y disfrutar de los despojos de los enemigos que Yahvé, tu Dios, te entrega. 20:15 Así tratarás a todas las ciudades que estén muy alejadas de ti y que no pertenezcan a las naciones vecinas. 20:16 Pero en las ciudades de esos pueblos que Yahvé tu Dios te da como herencia, no dejarás nada con vida. 20:17 Consagrarás al exterminio total a los hititas, a los amorreos, a los cananeos, a los perizitas, a los jivitas y a los jebuseos, como te ha mandado Yahvé tu Dios, 20:18 para que no os enseñen a imitar todas las abominaciones que cometen en honor de sus dioses: ¡pecaríais contra Yahvé vuestro Dios! Queda claro pues que el pecado no radica en la comisión de genocidio sino en abstenerse del mismo cuando la normativa lo ordena. Es falta gravísima incluso no aniquilar a mujeres y niños cuando las circunstancias indican que tal masacre es voluntad de Adonai. Hasta muy recientemente Occidente fue obediente a estas pautas. El mejor testimonio no es tanto el muy trillado de Hiroshima y Nagasaki, como los menos conocidos bombardeos de las ciudades alemanas de Hamburgo y Dresden, durante la Segunda Guerra Mundial. Lo de Dresden fue entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, después de la Conferencia de Yalta, cuando la guerra estaba en la práctica ganada. Posteriormente, en marzo y abril, fue bombardeada otras dos veces. La ciudad fue arrasada con bombas incendiarias contra la población civil, con el objetivo de ganar la posguerra enviando un

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mensaje tan elocuente que posteriormente ningún alemán osara atacar a las fuerzas de ocupación. Primero se lanzaron grandes cantidades de bombas de alta capacidad explosiva que arrancaron los techos de las casas, poniendo al descubierto las maderas, fácilmente inflamables. Luego vinieron las bombas incendiarias, junto con otras bombas altamente explosivas que frustraban todo intento de apagar los incendios. Cuando el fuego hubo cubierto una gran superficie urbana, se desató una tormenta de fuego auto-sustentada, con picos de temperatura superiores a los 1.500º. El aire caliente de la superficie, más liviano, se disparaba hacia arriba, siendo reemplazado abajo por vendavales de aire menos caliente. Así se generó un infernal ventarrón huracanado que chupaba a la gente y la lanzaba al fuego. Fue un portento digno de Yahvé. Similar fue el anterior bombardeo de Hamburgo, llevado a cabo por la Royal Air Force con el apoyo de la Fuerza Aérea del Tercer Ejército de los Estados Unidos, el 27 de julio de 1943. W.G. Sebald nos cuenta que: “Comenzando a la una de la mañana, diez mil toneladas de altos explosivos y bombas incendiarias fueron lanzadas sobre las zonas residenciales altamente pobladas al Este del Elba (...). Primero todas las puertas y ventanas fueron arrancadas de sus marcos, luego los pisos de los altillos se encendieron con mezclas incendiarias livianas, y simultáneamente bombas de fuego de hasta quince kilos cayeron sobre los pisos inferiores. A los pocos minutos gigantescos incendios devoraban toda la zona, que cubría unos veinte kilómetros cuadrados, y se fusionaron tan rápidamente que apenas un cuarto de hora después de la caída de las primeras bombas todo el espacio aéreo era un mar de llamas que llegaba hasta donde los ojos alcanzaban. Unos cinco minutos más tarde (...) se desató una tormenta de fuego de una intensidad que nadie antes había supuesto posible. El fuego, que ahora ascendía dos mil metros hacia el cielo, capturaba oxigeno de una manera tan violenta que las corrientes de viento alcanzaron fuerza huracanada (...). El fuego ardió así durante tres horas. (...) Detrás de las casas que se derrumbaban, las llamas (...) rodaban por las calles como olas de maremoto a velocidades de más de ciento cincuenta millas por hora, y cruzaban sobre plazas abiertas con extraños ritmos, como cilindros de fuego. El agua de algunos canales estaba inflamada. (...) Distritos residenciales tan grandes que su longitud total de calles ascendía a unos doscientos kilómetros fueron totalmente destruidos. (...) Los refugiados, un millón y medio, se dispersaron por todo el Reich, llegando hasta sus fronteras externas.”(15) El relato nos remite directamente a la Torá. Por cierto, hasta ese momento tan reciente en nuestra historia, Occidente no permitió que una concepción humanitaria extra-bíblica y contraria al mandato de Yahvé pusiera en riesgo su supervivencia y predominio. Pero ahora estamos contaminados por dudas y escrúpulos que son en sí mismos pecaminosos si nos atenemos al texto presuntamente sagrado de nuestra civilización.

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En verdad, la normativa del Deuteronomio se extrapola con facilidad a esta primera década del siglo XXI. Cuando Occidente le exige a Irán que no continúe con su plan nuclear está siendo fiel a la primera fase del mandato, que como vimos instruye: 20:10 Cuando te acerques a una ciudad para atacarla, primero le ofrecerás la paz. 20:11 Si ella la acepta y te abre sus puertas, toda la población te pagará tributo y te servirá. La extrapolación es válida porque exigirle a una nación presuntamente soberana que se subordine, absteniéndose de desarrollar armas poseídas en abundancia por quien pretende imponerle tal limitación, es el equivalente simbólico de servir y pagar tributo. Pero está por verse si Occidente será obediente a este mandato hasta el final. Si como parece, Irán se niega a interrumpir su desarrollo nuclear, ¿cumpliremos con los versículos pertinentes? Son los que ordenan: 20:12 Pero si rehúsa el ofrecimiento de paz y te opone resistencia, deberás sitiarla. 20:13 Yahvé, tu Dios, la entregará en tus manos, y pasarás al filo de la espada a todos sus varones. 20:14 En cuanto a las mujeres, los niños, el ganado y cualquier otra cosa que haya en la ciudad, podrás retenerlos como botín, y disfrutar de los despojos de los enemigos que Yahvé, tu Dios, te entrega. Un auténtico creyente en la Biblia estaría justificado en suponer que, en caso de que Irán rehusara obedecer la orden occidental de interrumpir su proyecto atómico, no realizar un ataque nuclear preventivo sería un pecado contra Dios que conllevaría a la derrota. Mientras tanto, quienes han pecado contra el mandato divino son, claramente, los israelíes, desobedeciendo el precepto deuteronómico aplicable para su caso: 20:16 Pero en las ciudades de esos pueblos que Yahvé tu Dios te da como herencia, no dejarás nada con vida. Lejos de aniquilar a los palestinos que diariamente matan israelíes, el Estado judío infructuosamente intenta acordar una paz que no será permitida por los extremistas que desde Irán financian al Hamas. Su actuación es la antítesis de la que acompañó históricamente a la Iglesia Católica, que mientras tuvo poder jamás hesitó en ejercerlo de la manera más cruenta y efectiva. Por cierto, a diferencia de los israelíes actuales, cuando en 1492 los Reyes Católicos reconquistaron Granada, escucharon la advertencia asentada en Números:

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33:55 Pero si no expulsáis a vuestra llegada a los habitantes del país, los que dejéis serán para vosotros como espinas en vuestros ojos y aguijones en vuestros costados y os oprimirán en el país que vais a habitar. 33:56 Y yo os trataré a vosotros en la forma en que había pensado tratarles a ellos.” La expulsión de moros y judíos de España fue un resonante eco de esta Palabra Divina. Y un auténtico creyente puede suponer, sin falacia lógica excepto la del salto en el vacío de su propia fe, que es porque cumplieron con el mandato divino de limpieza étnica que a partir de entonces a los monarcas españoles les fue tan bien, logrando establecer el primer imperio global de la historia humana. Diferente pero análogo es el caso del nazismo de Adolf Hitler, quien fuera un discípulo casi perfecto pero ineficiente de Yahvé: propuso un pueblo elegido, una estrategia genocida y un concepto radical de la obediencia debida al Caudillo. Si secretamente se inspiró en una lectura literal de la Biblia habrá llegado a la conclusión de que para tener éxito antes era necesario aniquilar al pueblo elegido de Yahvé. ¡Sólo así podría reemplazarlo con blondos teutones! Después de todo, como queda claro en los versículos que anteceden, Adonai abandonaría a su pueblo si éste demostraba debilidad. ¿Acaso no lo cambiaría por otro apropiadamente sanguinario? Porque en tiempos históricos el pueblo judío jamás cometió genocidio. Quizá fue por eso que le fue tan mal. Pero el caso de Occidente en su conjunto es bien distinto. Como consta más arriba, Hitler se enfrentó a unos Aliados que no se quedaban atrás. Los nazis apelaron al genocidio no para ganar la guerra sino para perderla, insanamente eliminando a seis millones de judíos que no los amenazaban. Mientras tanto, sus enemigos se reservaban el arma divina para derrotarlos. Si estas ideas que acabo de engendrar le parecen aberrantes al lector, es porque la Biblia lo es. Si por el contrario, la Biblia es santa, los párrafos que se acaban de leer sólo interpretan con honestidad el mandato que nos legó, sin tergiversarlo con la premisa extra-bíblica de que Dios es bueno. Por cierto, aunque las partes no estén conscientes de ello, existe un estado de guerra natural entre los segmentos cristianos y judíos que creen que el Pentatorot es palabra revelada, y aquellos segmentos de la civilización occidental que levantan las banderas de la Ilustración y los derechos humanos universales. Desde el inicio y como concepto, éstos están contrapuestos a las enseñanzas reveladas de Dios Nuestro Señor. Esta esquizofrenia es la debilidad principal de nuestra civilización. Lo dicho vale no solamente para el genocidio sino para todo lo que hoy conocemos como Derecho Internacional Humanitario. Recordemos lo que los versículos ya citados de Números 31:15-17 nos dicen acerca del tratamiento de los prisioneros de guerra y su parentela: “¿Pero habéis dejado con vida a todas las mujeres? (...) Matad a todos los niños

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varones. Y a toda mujer que haya conocido varón, que haya dormido con varón, matadla también.” En contraposición al texto bíblico, acuda el lector a su memoria o a Internet para recordar lo que prescribe la Cuarta Convención de Ginebra (de 1949), que comprende: - Los convenios para aliviar la suerte de los heridos y enfermos de las fuerzas armadas en campaña y en el mar; - El convenio sobre el trato debido a los prisioneros de guerra, y - El convenio sobre la protección debida a las personas civiles en tiempo de guerra, que a su vez incluye dos protocolos adicionales de 1977 relativos a la protección de las víctimas de los conflictos armados. Este sofisticado andamiaje de Derecho Internacional Humanitario fue elaborado y negociado por Occidente a lo largo de muchas décadas. Representa el opuesto de los mandatos de la Biblia judeocristiana. Regresemos entonces al planteo de nuestra Introducción: - ¿Deben derogarse la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio y los convenios emergentes de la Cuarta Convención de Ginebra o, por el contrario, deben suprimirse por lo menos partes de la Biblia judeocristiana o debemos quizá dejar las cosas como están, sin prestar atención a la más grande contradicción de nuestra civilización? Y más allá de estas disyuntivas de leguleyos, - ¿Cómo debemos tratar a nuestros enemigos: Como Dios manda o como mandan las Convenciones de Ginebra, la Convención contra el Genocidio y otros instrumentos del Derecho Internacional Humanitario, que desconocen la palabra del Dios judeocristiano? - ¿Hemos de apelar al mandato divino para obedientemente aniquilar a los enemigos de Occidente o hemos de ser destruidos, kantianamente obstinados en cumplir con normas presuntamente morales que, según una lectura honesta de la Biblia, son claramente contrarias a la Palabra de Dios? Estas opciones agotan las alternativas lógicas. Pero es casi inevitable que Occidente ignore el problema. Eso acarreará consecuencias gravísimas. Vivimos tiempos en que si un periódico occidental publica una caricatura de Mahoma, los musulmanes queman una o más embajadas europeas. Otrora, frente a tal escalada Occidente hubiera arrasado una ciudad. Pero ahora nos sentimos abrumados por el desconcierto y nos preguntamos “¿en qué nos equivocamos?” Desplazamos la culpa del victimario a la víctima.

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Son ellos quienes tienen la iniciativa. Claro ejemplo es el caso del discurso del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, pronunciado el 12 de septiembre de 2006 en la Universidad de Regensburg, Alemania. Allí el papa Ratzinger citó al emperador bizantino Manuel Paleólogos, quien dijera: “Mostradme qué trajo Mahoma que fuera nuevo, y encontraréis sólo cosas malvadas e inhumanas, como su orden de difundir su fe con la espada”. Previsiblemente, sus palabras suscitaron la ira musulmana, con su catarata de amenazas y desmanes, incluso algún homicidio. Cuando a fines de noviembre de 2006, Benedicto XVI viajó a Turquía, contradijo posturas previas (16) y abogo por el acceso de ese país a la Unión Europea. (17) No puede sorprender. Después de su paso en falso en Regensburg, el Pontífice cobró conciencia de que frente a cualquier declaración que se perciba como una afrenta, la Ciudad del Vaticano puede ser devastada en un instante por terroristas islámicos. No puede defenderse. Antes de Hiroshima y Nagasaki, las calamidades que hubieran recaído sobre Meca, Medina y otros santuarios islámicos en el caso de que musulmanes destruyesen la Santa Sede, hubieran sido de proporciones bíblicas. Pero en estos tiempos, el mismo público occidental repudiaría tal represalia. Se diría: “¡Pero no, qué horror! ¿Qué culpa tiene la gran mayoría de musulmanes moderados por lo que ha pasado? ¿Qué responsabilidad tienen los habitantes de esas ciudades frente a los actos de una minoría extremista?” La asimetría que así se engendra otorga al enemigo una ventaja descomunal. Si Occidente persiste en su moral laica superior, habrá perdido la batalla. Sólo puede sobrevivir si aplica la receta del Pentateuco, que es la de su adversario. Acápite 2 La concepción divina de los derechos cívicos La Torá es taxativa en materia de derechos cívicos. Nada hay más lejano del espíritu del Pentateuco que el concepto occidental de igualdad esencial de derechos entre los hombres. Hay un pueblo elegido y con eso se ha dicho casi todo. Yahvé crea al hombre, pero luego selecciona a sus elegidos a partir de la descendencia de Abrahán (no sus hermanos, que quedan excluidos de la Alianza, con sus descendencias). Entre los hijos de su puntero, el elegido es Isaac, precisamente el que Abrahán estuvo dispuesto a asesinar como prueba de fidelidad. Los hermanos de Isaac también quedan afuera del pacto privilegiado. Y entre los hijos de éste, Adonai selecciona a Jacob, cuyos hermanos también son excluidos de la igualdad de derechos. El segmento de humanidad elegido por Yahvé Dios para el goce de su protección (a cambio de una obediencia ciega muchas veces criminal) se limita a los doce hijos de Jacob y sus descendencias. Son ellos quienes tienen el privilegio de la alianza materialista que reseñaremos en otro acápite, cuya violación reiterada conlleva ni más ni menos que el castigo de comer la carne de sus propios hijos.

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La dimensión de la Torá relativa a la selección de un pueblo que es el aliado de Dios por sobre los demás es conocida y no requiere más comentarios. Pero menos conocido es el detallado principio de divina discriminación que Adonai establece frente a aquellos miembros del pueblo elegido que padecen defectos corporales. No quedan excluidos de la Alianza pero no pueden acercarse al altar de Yahvé Dios pues ello sería lesivo para Su dignidad. Nos dice Levítico: 21:16 Yahvé habló a Moisés y dijo: 21:17 Habla a Aarón y dile: Ninguno de tus descendientes en cualquiera de sus generaciones, si tiene un defecto corporal, podrá acercarse a ofrecer el alimento de su Dios; 21:18 pues ningún hombre que tenga defecto corporal ha de acercarse: ni ciego ni cojo ni deforme ni monstruoso, 21:19 ni el que tenga roto el pie o la mano; 21:20 ni jorobado ni raquítico ni enfermo de los ojos, ni el que padezca sarna o tiña, ni el eunuco. 21:21 Ningún descendiente de Aarón que tenga defecto corporal puede acercarse a ofrecer los manjares que se abrasan en honor de Yahvé. Tiene defecto; no se acercará a ofrecer los manjares que se abrasan en honor de Yahvé. Tiene defecto; no se acercará a ofrecer el alimento de su Dios. 21:22 Sin embargo, podrá comer el alimento de su Dios, las cosas sacratísimas, y las sagradas; 21:23 mas no entrará hasta el velo ni se acercará al altar, porque tiene defecto, para no profanar mi santuario, pues yo soy Yahvé, el que los santifico. La discriminación contra el deforme se agrava en el caso de que el defecto sea sexual: 23:2 El que tenga los testículos mutilados o el pene cortado no será admitido en la asamblea del Señor. Por otra parte, como los pecados de los padres recaen sobre los hijos, en el versículo siguiente nuestro Dios proclama que: 23:3 El bastardo no será admitido en la asamblea del Señor, ni siquiera en la décima generación. Pero no sólo tienen menos derechos los bastardos y tullidos. Adonai también legisla en Deuteronomio que la pena para la novia que no es virgen es la muerte. En cambio, el castigo se limita a poco más que una multa para el marido que la acuse falsamente de no ser virgen:

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22:13 Si un hombre se casa con una mujer y se une a ella, pero después le toma aversión, 22:14 la acusa falsamente y la difama, diciendo: "Yo me casé con esta mujer, y cuando me uní a ella comprobé que no era virgen", 22:15 entonces el padre y la madre de la joven tomarán las pruebas de su virginidad, y las exhibirán ante los ancianos, en la puerta de la ciudad. 22:16 El padre de la joven dirá a los ancianos: "Yo entregué mi hija a este hombre para que fuera su esposa, pero él le ha tomado aversión 22:17 y ahora la acusa falsamente, declarando que no encontró en ella las señales de la virginidad. Aquí están las pruebas de que mi hija era realmente virgen". Y en seguida extenderán la sábana nupcial ante los ancianos de la ciudad. 22:18 Entonces estos tomarán al hombre y lo castigarán 22:19 por haber difamado a una virgen israelita, condenándolo, además, a pagar cien siclos de plata, que entregarán al padre de la joven. Ella seguirá siendo su mujer, y el hombre no podrá repudiarla nunca más. 22:20 Pero si la acusación resulta verdadera y no aparecen las pruebas de la virginidad de la joven, 22:21 la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la gente de esa ciudad la matará a pedradas, por haber cometido una acción infame en Israel, prostituyéndose en la casa de su padre. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. También los hijos desobedientes son reos de muerte según el Código Deuteronómico: 21:18 Si un hombre tiene un hijo indócil y rebelde, que desobedece a su padre y a su madre, y no les hace caso cuando ellos lo reprenden, 21:19 su padre y su madre lo presentarán ante los ancianos del lugar, en la puerta de la ciudad, 21:20 y dirán a los ancianos: "Este hijo nuestro es indócil y rebelde; no quiere obedecernos, y es un libertino y un borracho". 21:21 Entonces todos los habitantes de su ciudad lo matarán a pedradas. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes, y todo Israel, cuando se entere, sentirá temor. Idéntica es la suerte de quien desobedezca a los sacerdotes: 17:12 El que obre presuntuosamente, desoyendo al sacerdote que está allí para servir a Yahvé, tu Dios, o al juez, ese hombre morirá. Así harás desaparecer el mal de Israel. Por otra parte, cualquier atisbo de disenso religioso obliga la sanción de la pena capital. En verdad, así como los genocidios de Adonai lo perfilan como el maestro de Hitler, este segmento de la Revelación sugiere que la Inquisición tuvo inspiración divina:

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13:7 Si tu hermano —el hijo de tu padre o de tu madre— tu hijo o tu hija, la esposa que duerme en tus brazos, o tu amigo más íntimo, trata de seducirte en secreto, diciendo: "Vamos a servir a otros dioses", que ni tú ni tus padres conocieron 13:8 —los dioses de los pueblos próximos o lejanos que están a tu alrededor, de un extremo al otro de la tierra— 13:9 no cedas a sus instigaciones ni le hagas caso. Sé implacable con él, no lo perdones ni lo encubras. 13:10 Tendrás que hacerlo morir irremediablemente. Que tu mano sea la primera en levantarse contra él para quitarle la vida, y que después todo el pueblo haga lo mismo. 13:11 Deberás apedrearlo hasta que muera, porque intentó apartarte de Yahvé, tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud. 13:12 Todo Israel, cuando se entere, sentirá temor, y no volverá a cometerse esta infamia entre ustedes. 13:13 Si de una de las ciudades que te dio Yahvé, tu Dios, para que vivas en ella, te llega esta noticia: 13:14 Gente despreciable de tu misma raza ha logrado seducir a los habitantes de su ciudad, diciendo: "Vamos a servir a otros dioses" —que tú no conociste— 13:15 investiga el caso, examínalo e infórmate debidamente. Y si es verdad que la cosa es así, que se ha cometido semejante abominación, 13:16 pasa sin compasión al filo de la espada a los habitantes de la ciudad, y conságrala al exterminio total con todo lo que hay en ella, incluido su ganado. 13:17 Reúne luego todos sus despojos en medio de la plaza, e incendia la ciudad con todos esos despojos, como un holocausto para Yahvé, tu Dios. Ella se convertirá para siempre en un montón de ruinas y nunca más será reconstruida. 13:18 Y no retengas nada de lo que debe ser consagrado al exterminio. Así Yahvé aplacará el ardor de su ira, se apiadará y tendrá misericordia de ti. Finalmente, para abreviar este catálogo, registremos la pena que en Levítico se impone a los homosexuales: 20:13 Si alguien se acuesta con varón, como se hace con mujer, ambos han cometido abominación: morirán sin remedio; su sangre caerá sobre ellos. Como se lee, el personaje conocido como Adonai por los judíos y Dios Padre por los católicos tenía ideas muy claras acerca de cómo reprimir todo ejercicio de libertad, a la vez que promulgó una detallada legislación que establece que es un grave delito no discriminar contra tullidos, bastardos, mujeres, herejes, profesantes de otros cultos y homosexuales. En este plano como en muchos otros, la Iglesia Católica parece haber sido la mejor discípula de Yahvé, su Dios Padre. Hasta 1983, su Canon 968 dictaminaba que no se

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ordenarían sacerdotes con defectos físicos ni a aquellos nacidos fuera del matrimonio. El listado de deficiencias incluía mutilación, ceguera, sordera, mudez y cojera que requiriese el uso de bastón. También excluía del sacerdocio a los epilépticos y castrados, y a quienes tuvieran pegados los tres dedos externos o dispusieran de un sexto dígito en la mano. Aunque en la segunda mitad del siglo XX era posible conseguir dispensas para algunos de estos impedimentos, este canon fue modificado recién durante el pontificado de Juan Pablo II, gracias al influjo humanitario de la moral cívica extra-bíblica del Occidente secular. No fue el advenimiento de la “nueva alianza”, supuesto beneficio de la llegada del Mesías en la persona de Jesús de Nazaret, lo que humanizó a la Iglesia. Todo lo contrario. El cristianismo sumó su Nuevo Testamento al Antiguo, recopilando un libro sagrado más voluminoso sobre el que prestan juramento testigos, reyes y presidentes. Casi todos los colegios del mundo occidental, incluso los laicos, difunden su contenido entre los niños cristianos. El nuevo Libro no invalida al viejo. Lo complementa. Y a casi nadie le choca que una parte de su contenido viole flagrantemente las leyes occidentales actuales contra la discriminación racial. Por cierto, la Convención Internacional para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, de 1965, condena “toda la propaganda y organizaciones que intenten justificar o promover el odio racial y la discriminación en cualquier sentido”. En su Artículo 4 (a) obliga a declarar “una ofensa punible por la ley toda (...) incitación a la discriminación racial, así como todos los actos de violencia o incitación a tales actos contra cualquier raza o grupo de personas”. Su artículo 4 (b) afirma que los firmantes “declararán ilegales y prohibirán las organizaciones (...) y todas las actividades de propaganda, que promuevan o inciten a la discriminación racial (...)”. Mientras tanto, nuestros niños veneran la palabra sacratísima del Nuevo Testamento, cuyo Evangelio Según San Juan nos dice: 8:38 (Vosotros los judíos) sois de vuestro padre el diablo 8:39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abrahán. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abrahán, las obras de Abrahán haríais. 8:40 Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abrahán. 8:41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. 8:42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. 8:43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. 8:44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo (...).

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¿Qué debemos hacer? ¿Abrogar el tratado y leyes similares, o suprimir este texto? ¿O hacer de cuentas que no pasa nada? Semejante Libro debe ser purgado. Frente a semejante afrenta a la humanidad, el autor de estas líneas no puede posar de indiferente.

Acápite 3 Occidente frente al mandato bíblico antes del advenimiento pleno de la Modernidad Antes de que transformara a la sociedad, la Modernidad fue una moda filosófica. Hasta mucho después de su advenimiento, la Civilización Occidental fue fiel a los mandatos bíblicos. La Ilustración no los extirpó de cuajo porque su prédica tardó en plasmarse en la legislación y las prácticas. Por otra parte, a fin de cumplir con eficiencia el mandato presuntamente divino, hasta bien avanzado el siglo XIX la tortura fue una herramienta legal en los mismos países occidentales que luego la abolieron y quisieron prohibirla en el resto del mundo. No abundaremos en el tratamiento de un tema trillado para los eruditos y también para los visitantes de museos de la tortura instalados en diversas latitudes. Pero como el lector no suele armar sus propios rompecabezas con datos que están a su alcance, recordemos que hasta el siglo XIX, en países como Inglaterra, Francia, España, Italia y Alemania se usaron tecnologías moralizantes como: El desgarrador de senos; El aplasta-cabezas; La rueda para despedazar; La sencilla sierra, que serruchaba a un reo comenzando por sus genitales mientras pendía en el aire atado cabeza abajo con las piernas abiertas; Las pinzas incandescentes, frecuentemente ornadas, diseñadas para arrancar el pene, los testículos y otras protuberancias del cuerpo; Las jaulas colgantes que adornaban las torres de catedrales, donde la carne de reos aún con vida era devorada por aves de rapiña, y La pera anal, bucal y vaginal, cuya fálica cabeza permitía expandir una artística fruta en las concavidades del cuerpo.

Para facilitar la congregación de multitudes, las ejecuciones a menudo se realizaban en el centro de las ciudades. Una de las varias metodologías consistía en que el verdugo despedazara al reo, atado a una rueda, mientras un sacerdote lo bendecía y un artista registraba el hecho para escarmentar. “En la rueda para despedazar, la víctima, desnuda, era estirada boca arriba con los miembros extendidos al máximo y atados a

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estacas. Bajo las muñecas, codos, rodillas y caderas se colocaban trozos de madera atravesados. El verdugo machacaba hueso tras hueso y articulación tras articulación, pero evitando matar al reo. Según un cronista del siglo XVI, la víctima se transformaba en una especie de gran títere aullante retorciéndose, como un pulpo gigante de cuatro tentáculos, entre arroyuelos de sangre, carne cruda, viscosa y amorfa mezclada con astillas de huesos rotos. Después se le desataba e introducía entre los radios de la rueda, que se alzaba en el extremo de un poste. Luego los cuervos arrancarían tiras de carne y vaciarían los ojos hasta que llegaba la muerte, tan ansiada.” (18) Estos métodos eran necesarios para extraer las confesiones que permitían cumplir con el duro mandato deuteronómico al que Occidente fue fiel hasta muy recientemente. Pero la batería de inventos no terminaba aquí. Como la virtud privada era un bien público, también se recurrió a ingeniosos y aleccionadores instrumentos que no conducían a la muerte ni a atroces padecimientos, sino que sólo se proponían humillar al reo. Entre ellos recordemos: El collar para renitentes a misa, de ocho kilos, que en su vida cotidiana debían cargar quienes descuidaban las obligaciones que exige la Iglesia; El collar para vagos, de un peso similar, constituido por dados y naipes gigantes, simbólicos de vicios que se buscaba desalentar; La flauta del alborotador, destinada a plebeyos que llamaban la atención con manifestaciones ruidosas o con opiniones raras como las del presente autor: amordazaba al infame, que era obligado a portar en público una falsa y pesada trompeta que se proyectaba por delante de su boca, y El tonel para borrachos, una suerte de vestido de madera en forma de cono truncado, que cubría al reo desde sus hombros hasta sus rodillas, con el que el reo debía desplazarse en su vida cotidiana.

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Así se disciplinó a los populachos de Occidente. En Inglaterra, una de las principales fuentes de la Ilustración y de nuestros derechos cívicos actuales, existe todavía una institución donde hasta mediados del siglo XVIII se evisceraba públicamente a los criminales: el Surgeon’s Hall. William Hogarth, el primero de los artistas ingleses que lograra ubicarse cerca de la vanguardia de la pintura europea, inmortalizó ese lugar en un grabado de 1751, donde un juez con decorosa peluca preside la ceremonia en que el reo es disecado mientras un perro come de sus entrañas. Aprobatoriamente, en la parte inferior de la lámina el artista agregó los siguientes versos de su propio cuño: “Contemplad la extrema infamia del reo que ni la misma muerte puede aplacar. No encuentra tumba apacible y no tiene amigos su cadáver sin aliento. Arrancada de raíz aquella malvada lengua que diariamente blasfemaba e insultaba.

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¡Esos ojos que brillaban con lascivia impía de sus cuencas extirpados con justicia pía! Su corazón expuesto a ojos fisgones a la piedad no tiene derecho. Pero ¡horror!, de sus mismos huesos se levantará su monumento a la vergüenza. (19) Téngase en cuenta que esto fue muy posterior a John Locke (1632-1704), cuya filosofía aún no se había traducido en las leyes que terminaron superando o violentando, según se mire, el código bíblico supuestamente legado por Dios. Gracias quizás a este disciplinamiento, durante algunas décadas las poblaciones de Europa se civilizaron tanto que no sólo se abolió la tortura sino que en Inglaterra la policía pudo darse el lujo de cumplir su misión desarmada. Pero con el tiempo, ya perdido el miedo, el barniz se ha venido desgastando. Ya en el siglo XXI, muchedumbres de parisinos enardecidos incendian miles de automóviles en una noche. Saben que no habrá castigo. De profundizarse esta tendencia y no mediar un Apocalipsis, es inevitable que tarde o temprano ingresemos una nueva etapa de disciplinamiento, de la mano de nuestra civilización o de la que la suplante. Por otra parte, la posible derrota de nuestra civilización por una subcultura extremista que no duda en apelar a la tortura si un mandato coránico lo exige, plantea una difícil disyuntiva. ¿Mantendrá Occidente su moral cívica extra-bíblica, que prohíbe estos usos? ¿O ha de regresar a las prácticas de antaño, que condonan todo método si sirve para cumplir con los dictados de Yahvé? Sin pretender dar respuesta a la pregunta, parece claro que el respeto de los derechos humanos de terroristas islamistas cuya filosofía se opone por principio a tales derechos, conduce al desarme material y moral de la civilización que desarrolló y entronizó esta normativa. Esta paradójica y gruesa asimetría, que conduce a la derrota, desaparecería instantáneamente si Occidente regresara a sus raíces bíblicas, hacia adentro y hacia afuera. Pero también existe una opción intermedia: la de mantener vigente la concepción occidental de la moral cívica al interior de nuestra civilización, aplicando un estándar diferente sólo en la lucha contra enemigos externos cuya conducta no está inspirada en el código de los derechos humanos universales. Esta es la postura del conocido diplomático y autor británico Robert Cooper, (20) que aconseja que Occidente adopte un doble conjunto de reglas, unas frente a quienes compartan su normativa humanitaria y otras frente a quienes guerreen con otros códigos. En lo que tiene que ver específicamente con la tortura, pueden ser de interés las propuestas de Alan Dershowitz, uno de los abogados liberales más célebres de los Estados

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Unidos. Éste considera que la única manera de defender las libertades cívicas en tiempos de conflicto global es a través de “previsiones crepusculares” vinculadas a leyes de emergencia que limiten dichas libertades. Dershowitz razona que, guste o no, en todas partes se acude a la tortura, y que reglamentarla contribuiría a evitar su uso discrecional, especialmente en las circunstancias actuales. Entre estas previsiones se incluye la reglamentación de la tortura, que en circunstancias de gran peligro podría ser ordenada legalmente por un juez. (21) Tanto la opción extrema de regresar a las raíces bíblicas, como la intermedia, de adoptar dos estándares, uno hacia adentro y otro hacia afuera, aseguraría la victoria de Occidente frente a fuerzas incomparablemente más primitivas cuya ventaja radica en que están libres del corsé de nuestra moralidad laica, a la vez que son fieles incondicionales de los sanguinarios dictados yihadistas de sus propias Escrituras. A la ventaja la damos nosotros, al desoír los feroces mandatos de Yahvé Dios.

Acápite 4 Una Alianza materialista En consonancia con hallazgos anteriores, nuestra exégesis independiente comprueba que la Alianza que Adonai ofrece e impone a su pueblo es estrictamente materialista. Los castigos son materiales y no van más allá de la muerte física. Las recompensas también lo son, estrictamente de este mundo. Esta dimensión del pacto entre Adonai e Israel queda elocuentemente registrado en Levítico. Respecto de las recompensas, la Deidad nos dice: 26:3 Si camináis según mis preceptos y guardáis mis mandamientos, poniéndolos en práctica, 26:4 os enviaré las lluvias a su tiempo, para que la tierra dé sus frutos y el árbol del campo su fruto. 26:5 El tiempo de trilla alcanzará hasta la vendimia, y la vendimia hasta la siembra; comeréis vuestro pan hasta saciaros y habitaréis seguros en vuestra tierra. 26:6 Yo daré paz a la tierra y dormiréis sin que nadie os turbe; haré desaparecer del país las bestias feroces, y la espada no pasará por vuestra tierra. 26:7 Perseguiréis a vuestros enemigos; que caerán ante vosotros a filo de espada. 26:8 Cinco de vosotros perseguiréis a cien, y cien de vosotros perseguiréis a 10.000; vuestros enemigos ante vosotros caerán a filo de espada. 26:9 Yo me volveré hacia vosotros. Yo os haré fecundos, os multiplicaré y mantendré mi alianza con vosotros. 26:10 Comeréis de cosecha añeja y llegaréis a echar la añeja para dar cabida a la nueva. 26:11 Estableceré mi morada en medio de vosotros y no os rechazaré.

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26:12 Me pasearé en medio de vosotros, y seré para vosotros Dios, y vosotros seréis para mí un pueblo. 26:13 Yo soy Yahvé, vuestro Dios, que os saqué del país de Egipto, para que no fueseis sus esclavos; rompí las coyundas de vuestro yugo y os hice andar con la cabeza erguida. Las interpretaciones metafóricas de estos versículos con que nos adoctrina la autoridad religiosa judeocristiana (por ejemplo, que la morada que Adonai promete establecer entre sus fieles es un símbolo de cómo Dios puede anidar en nuestros corazones) parecen una falsificación cuando se atiende a la totalidad gestáltica de la palabra del Señor. La morada es física. Los premios prometidos a cambio del “buen” comportamiento son tan materiales como los genocidios perpetrados contra enemigos diversos. Y respecto del castigo a su propio pueblo si desobedece, Yahvé es igualmente materialista, en un mundo donde no se vislumbra el ámbito de lo espiritual ni la mentada vida eterna del cristianismo. En los versículos siguientes, también de Levítico, amenaza: 26:14 Pero si no me escucháis y no cumplís todos estos mandamientos; 26:15 si despreciáis mis preceptos y rechazáis mis normas, no haciendo caso de todos mis mandamientos y rompiendo mi alianza, 26:16 también yo haré lo mismo con vosotros. Traeré sobre vosotros el terror, la tisis y la fiebre, que os abrasen los ojos y os consuman el alma. Sembraréis en vano vuestra semilla, pues se la comerán vuestros enemigos. 26:17 Me volveré contra vosotros y seréis derrotados ante vuestros enemigos; os tiranizarán los que os aborrecen y huiréis sin que nadie os persiga. Las amenazas proferidas por Yahvé demuestran su inmoralidad. En los versículos subsiguientes de Levítico lanza una escalada frenética, juramentándose a multiplicar las penas emergentes de cualquier infracción con una especie de fórmula matemática: Castigo = f (7n), es decir que el castigo es una función de siete elevado a la potencia de ‘n’, siendo éste el número de desacatos sucesivos en una secuencia temporal. Cada nueva desobediencia multiplica por siete el castigo anterior. No obstante, si a pesar de semejantes penurias subsistiera la rebeldía, Adonai dejará de aspirar los tufos sedantes con que sacia su bestial ira y... ¡los pecadores se comerán la carne de sus hijos! Así lo augura Su Santa Palabra: 26:27 Si con esto no me obedecéis y seguís enfrentándoos conmigo, 26:28 yo me enfrentaré a vosotros con ira, y os castigaré yo mismo siete veces más por vuestros pecados. 26:29 Comeréis la carne de vuestros hijos y la carne de vuestras hijas comeréis. 26:30 Destruiré vuestros altos, abatiré vuestros altares de incienso, amontonaré

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vuestros cadáveres sobre los cadáveres de vuestros ídolos, y yo mismo os aborreceré. 26:31 Reduciré vuestras ciudades a ruina y devastaré vuestros santuarios, no aspiraré ya más vuestros calmantes aromas. 26:32 Yo asolaré la tierra, y de ello quedarán atónitos vuestros mismos enemigos al venir a ocuparla. 26:33 A vosotros os esparciré entre las naciones, y desenvainaré la espada en pos de vosotros. Vuestra tierra será un yermo y vuestras ciudades una ruina. Este parece ser el máximo castigo con que puede amenazar Adonai: en ningún momento sugiere premios o penitencias de orden espiritual o metafísico. No invoca al Infierno porque o bien ya estamos en sumergidos en él, o el Dios del Pentateuco no tiene potestad sobre ese reino. Tampoco ofrece recompensas de vida eterna, cosa que él mismo reconoce no desear para el hombre: por eso impide que Adán alcance el Árbol de la Vida. Ambos árboles atestiguan que hay un ámbito más allá del terrenal sobre el que Yahvé no señorea. No obstante, en términos estrictamente terrenales su Alianza es sumamente valiosa. El mandato divino es muy sencillo: disciplina hacia adentro, ferocidad hacia afuera. El Decálogo, los populares Diez Mandamientos, pertenecen a la esfera de la disciplina interna. “No matarás” a tu prójimo, o sea a tu “próximo”, tu vecino, un miembro de tu pueblo... ¡siempre que no haya cometido alguna de las numerosas ofensas capitales, en cuyo caso hay que lapidarlo sin piedad! Pero al enemigo, Dios ordena aniquilarlo. Y esta fue la fórmula del éxito occidental, por lo menos desde tiempos romanos. Cuando Roma cayó, Europa se sumió en un Medioevo que fue sinónimo de riguroso redisciplinamiento de la población. Después, con la expansión a ultramar comenzada en 1492, la dimensión externa del mandato divino volvió a cobrar importancia y una vez más la disciplina hacia adentro y la ferocidad hacia afuera fue el secreto de su éxito. Como dije en otra parte, desde Hernán Cortés hasta los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki, jamás dudamos. Cumplimos con el mandato de Yahvé y vencimos. Pero después de 1945 una nueva y blanda moralidad, opuesta a los designios de Yahvé, empezó a sembrar dudas y remordimientos. Y desde entonces Occidente comenzó su retroceso, al principio apenas incipiente. Pero ahora, con el embate de un radicalismo islámico que es fiel a las exigencias de sus Escrituras, la decadencia de un Occidente que se resiste a matar aunque esté en peligro resulta cada vez más patente. Mientras tanto su enemigo avanza, fiel a su Dios, con sus fatwas y suicidios masivamente asesinos, aspirando a alcanzar el dominio del arma atómica suprema con que vencerá porque no hesitará en usarla.

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Acápite 5 Un dios que exige ser saciado con tufos sedantes Que nuestro Dios se presenta como antropomorfo está claro. En el acápite anterior casi pudimos oírlo departiendo con Moisés. Huele, camina, se esconde, conversa, sus pasos se escuchan. Esta es la menos controversial de las cuestiones tratadas en esta exégesis. Cualquier niño occidental de edad escolar cree saber que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo que implica que el hombre debe suponerse deiforme o su Dios, antropomorfo. Adonai no solo habla permanentemente en primera persona, sino que en cada uno de sus actos se presenta como un ser corpóreo. Por ejemplo, en el Génesis se lee: 3:8 Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahvé Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahvé Dios por entre los árboles del jardín. 3:9 Yahvé Dios llamó al hombre y le dijo: "¿Dónde estás?" 3:10 Éste contestó: "Te oí andar por el jardín y he tenido miedo, porque estoy desnudo; por eso me he escondido." No obstante, entre gentes ilustradas existe una tendencia a considerar a Dios como un ente abstracto e impersonal. Es probable que tengan razón, pero esa Deidad no es Yahvé. El Dios que esa gente y yo mismo tenemos en mente no es el de la Revelación judeocristiana sino una intuición o inferencia privada, compartida por exegetas oficiales cuya interpretación parte de esta premisa extra-bíblica que no reconocen como tal. Adonai es antropomorfo en su manera de relacionarse con sus súbditos, en las funciones que desempeña y en los sentimientos y pasiones que manifiesta. Pasemos revista a las funciones. En el texto sagrado nuestro Dios se presenta muchas veces como un estadista y no hay que descartar la hipótesis de que, más que auténtica Divinidad, haya sido un gobernante de tiempos remotos con acceso a tecnología muy avanzada. Por cierto, el libro de Números comienza describiéndolo como un burócrata que ordena un censo de su pueblo elegido, a la vez que es un comandante en jefe que prepara el alistamiento de sus tropas. (22) En otros pasajes importantes Yahvé se presenta como un recaudador. (23) Los detalles contables de la construcción de Su templo son objeto de gran atención. (24) Por otra parte, los bienes entregados en Su honor son, en última instancia, para los sacerdotes. (25) Además, como ya sugerimos y se verá con mayor detalle en otro acápite, Adonai es también un eximio tecnólogo que se adelanta a muchos de los milagros de la ciencia moderna, a la vez que transfiere a su pueblo conocimientos útiles para la producción y la guerra. Finalmente, como vimos en los Acápites 1 y 2, nuestro Dios legisla incansablemente: téngase por caso el Decálogo y el Código Deuteronómico.

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Pero lo verdaderamente relevante es que el carácter antropomorfo de Yahvé se manifiesta también en sus sentimientos y pasiones. Comparte con el género humano las más bajas de éstas. Es por ello que no parece serio interpretar los pasajes en que Él se pasea entre sus súbditos como recursos literarios y didácticos. Cuando su pueblo se rebela contra Él, Adonai se regodea en la venganza, tal como se documenta en Deuteronomio: 28:63 Y sucederá que lo mismo que Yahvé se complacía en haceros el bien y en multiplicaros, así se gozará en perderos y destruiros. Por cierto, Yahvé se presenta como una persona de pasiones violentas, al punto de que es necesario “calmarlo” con sacrificios de animales adecuadamente presentados. Por ejemplo, después de haber perpetrado el primer genocidio de la historia humana, el diluvio universal, que fuera descerrajado intencionalmente por el mismo Adonai y que aniquilara a la humanidad entera excepto a Noé y su familia, el atribulado sobreviviente debió “calmar” a su Dios quemando animales “puros”. En Génesis 8:2 se lee: 8:20 Noé construyó un altar a Yahvé, y tomando de todos las animales puros y de todas las aves puras, ofreció holocaustos en el altar. 8:21 Al aspirar Yahvé el calmante aroma, dijo en su corazón: “Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón humano son malas desde su niñez, ni volveré a herir a todo ser viviente como lo he hecho.” Similar es la descripción en numerosos pasajes de la Torá. En Levítico 1, por ejemplo, Adonai se encarga personalmente de dar instrucciones sobre la manera de saciarlo. En este caso, el antropomorfo Dios Padre de la teología cristiana tiene incluso una residencia física, la Tienda del Encuentro. Nos dice la Sagrada Escritura (Levítico): 1:1 Yahvé llamó a Moisés y le habló así desde la Tienda del Encuentro: 1:2 Habla a los israelitas y diles: Cuando alguno de vosotros presente a Yahvé una ofrenda, podréis hacer vuestras ofrendas de ganado, mayor o menor. 1:3 Si su ofrenda es un holocausto de ganado mayor ofrecerá un macho sin defecto; lo ofrecerá a la entrada de la Tienda del Encuentro, para que sea grato ante Yahvé. 1:4 Impondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y le será aceptada para que le sirva de expiación. 1:5 Inmolará el novillo ante Yahvé; los hijos de Aarón, los sacerdotes, ofrecerán la sangre y la derramarán alrededor del altar situado a la entrada de la Tienda del Encuentro. 1:6 Desollará después la víctima y la descuartizará; 1:7 los hijos de Aarón, los sacerdotes, pondrán fuego sobre el altar y colocarán leña sobre el fuego;

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1:8 luego, los hijos de Aarón, los sacerdotes, dispondrán las porciones, la cabeza y el sebo, encima de la leña colocada sobre el fuego del altar. 1:9 Él lavará con agua las entrañas y las patas y el sacerdote lo quemará todo en el altar. Es un holocausto, un manjar abrasado de calmante aroma para Yahvé. A lo largo de toda la Torá estos sacrificios, llamados holocaustos, se realizan con el objeto de generar un humo de olor agradable que complace a Yahvé. Los vocablos “calmante aroma” se repiten convencionalmente siempre que el texto sagrado se refiere al sacrificio de animales. En este punto puede suscitarse confusión o polémica a raíz de algunas interesantes diferencias de traducción en diversas ediciones del Pentateuco. Las versiones judías de la Biblia generalmente traducen los vocablos relativos al aroma, reiterados a lo largo de los cinco libros de la Torá, como “olor agradable”. (26) En cambio, la Biblia de Jerusalén traduce los mismos vocablos como “calmante aroma”. En la página 23 de dicha edición el anotador aclara que la suya es la traducción literal del texto masorético en hebreo, agregando que “este antropomorfismo pasará al lenguaje técnico del ritual”. (27) Nuestro cotejo de versiones sugiere que entre estas dos, la de la Biblia de Jerusalén es la que más se ajusta al texto hebreo (que es el que se usa en sinagogas y hogares desde hace un milenio). Por cierto, en una traducción al castellano de cuño propio, el Rabino Marcos Edery aclara que en el caso de estos vocablos él optó por apartarse del texto hebreo y prefirió la traducción al arameo de Onkelos. (28) En otras palabras, Edery optó por traducir una traducción. La discrepancia registrada entre “grato olor” y “calmante aroma” proviene de esta manipulación. Convierte a Yahvé en un ser un poco menos bestial que el que se presenta en el texto masorético. (29) En efecto, donde la Biblia de Jerusalén dice descarnadamente “calmante aroma para Yahvé”, la traducción de Edery dice “aroma grato ante Adonai”, una construcción mucho más amable pero más alejada del texto en hebreo, que se supone el original. Pero con total rigor y honestidad el rabino registra el origen de la confusión, reconociendo en forma explícita que en este caso se alejó del texto hebreo de donde procede casi todo el resto de su traducción. (30) Estas conclusiones se ratifican cuando acudimos a la versión del Rabino Yagupsky, cuya traducción al castellano del texto masorético en hebreo dice, en Génesis 8:21: “Al aspirar El Eterno el tufo sedante, se dijo a si mismo: ‘Nunca más volveré a ocasionar estragos en el mundo por causa del hombre (...)’”. (31) El cotejo con Yagupsky resuelve todo remanente de duda: “tufo sedante” o “calmante aroma”, más aptas para las fieras de la selva que para los hombres más primitivos, parecen ser traducciones más precisas de los vocablos hebreos que “olor agradable”. Por lo tanto, en este plano el perfil de Dios presentado a través de su Palabra Revelada es no sólo antropomorfo sino también bestial, lindante en zoomorfo.

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Pero en otro plano Yahvé se aleja de las bestias y se acerca a una de las mejores cualidades de la humanidad: la capacidad de arrepentimiento. Está claro en los versículos recién citados que Adonai se equivoca y arrepiente. Después de cometer genocidio, encendido de furia por pecados del hombre que difícilmente fueran tan graves como el de arrasar con toda la vida terrestre excepto la que sobrevivió en el Arca, Yahvé se seda con los tufos del sacrificio ofrecido por Noé y nos dice arrepentido en Génesis 8:21: “Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón humano son malas desde su niñez, ni volveré a herir a todo ser viviente como lo he hecho.” Nuestro Dios resulta así tan conmovedoramente falible que tiene la posibilidad de arrepentirse de su asesino arrebato pasional. (32) No obstante, se indigna cuando infiere que “las trazas del corazón humano son malas desde su niñez.” ¿No es acaso claro que este dios no es un Dios? Pero puede ser nuestro mejor amigo o hermano mayor. Cuando seguimos sus consejos ganamos las guerras. Cuando obedecemos criterios morales superiores a los de nuestra deidad antropomorfa, las perdemos.

Acápite 6 Superpoderoso pero no omnipotente: los límites del poder de Yahvé La Revelación revela que Adonai no es todopoderoso. No pudo impedir que el hombre conociera sobre el Bien y el Mal una vez que hubo comido el fruto del recordado Árbol. Y para impedir que comiera del otro Árbol, el de la vida, Yahvé debió expulsar al hombre del Edén, porque si llegaba a comer de su fruto hubiera sido inmortal a pesar de los designios de esta Divinidad. El libro del Génesis lo registra para toda la eternidad: 3:22 Y dijo Yahvé Dios: "¡He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, en cuanto a conocer el bien y el mal! Ahora, pues, cuidado, no alargue su mano y tome también del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre." 3:23 Y lo echó Yahvé Dios del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde había sido tomado. 3:24 Y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén querubines, y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida. No obstante, la Revelación también revela que Adonai está investido de superpoderes. No es capaz de hacer cualquier cosa ni de impedir todo lo que no le convenga. Pero pudo partir las aguas del Mar Rojo para que su pueblo elegido transitara. Luego las cerró, aniquilando así a los persecutores de los israelitas, tal como se cuenta en Éxodo:

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14:21 Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yahvé hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este que secó el mar, y se dividieron las aguas. 14:22 Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. 14:23 Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos de Faraón, y los carros con sus guerreros. 14:24 Llegada la vigilia matutina, miró Yahvé desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios, y sembró la confusión en el ejército egipcio. 14:25 Trastornó las ruedas de sus carros, que no podían avanzar sino con gran dificultad. Y exclamaron los egipcios: "Huyamos ante Israel, porque Yahvé pelea por ellos contra los egipcios". 14:26 Yahvé dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas volverán sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre los guerreros de los carros." 14:27 Extendió Moisés su mano sobre el mar, y al rayar el alba volvió el mar a su lecho; de modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las aguas. Así precipitó Yahvé a los egipcios en medio del mar, 14:28 pues al retroceder las aguas cubrieron los carros y a su gente, a todo el ejército de Faraón, que había entrado en el mar para perseguirlos; no escapó ni uno siquiera. 14:29 Mas los israelitas pasaron a pie enjuto por en medio del mar, mientras las aguas hacían muralla a derecha e izquierda. La Revelación nos muestra, pues, cuán grande es el poder de Adonai, y también cuáles son sus límites. Domina el ámbito de lo físico como ni siquiera nuestra civilización tecnológica puede hacerlo todavía. Pero si el hombre come del árbol de la vida, será inmortal aunque Yahvé no lo quiera. Adonai no domina el mundo del espíritu. En realidad, nada de lo que concierne a Yahvé ni al Pentateuco es espiritual, excepto los pasajes iniciales del libro del Génesis que documentan el hecho de que Adonai no señorea sobre ese ámbito metafísico. Eso es lo que la palabra de Dios nos revela, no otra cosa. Y como veremos en un acápite venidero, esa fue la interpretación de muchos gnósticos judíos, cristianos y judeocristianos, condenados como herejes por la antigua autoridad sacerdotal judía y masacrados hasta el exterminio por las represiones reiteradas de la Iglesia católica, desde el Concilio de Nicea del año 325 hasta la infame Cruzada contra los Albigenses de 1209-1229. Siempre que pudo la autoridad religiosa se portó como Adonai ordena: genocidamente. En el mundo material Adonai pudo realizar hazañas portentosas en beneficio de sus fieles. Sus maravillas asombraban a aquellas gentes primitivas. Y pudo transferirles tecnología para que tuvieran mayor capacidad para defenderse y para presentarle valiosas ofrendas. Bien se nos informa en Éxodo: 35:30 Moisés dijo entonces a los israelitas: "Mirad, Yahvé ha designado a Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá,

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35:31 y le ha llenado del espíritu de Dios, confiriéndole habilidad, pericia y experiencia en toda clase de trabajos, 35:32 para concebir y realizar proyectos en oro, plata y bronce, 35:33 para labrar piedras de engaste, tallar la madera y ejecutar cualquier otra labor de artesanía; 35:34 a él y Oholiab, hijo de Ajisamak de la tribu de Dan, les ha puesto en el corazón el don de enseñar. 35:35 Les ha llenado de habilidad para toda clase de labores en talla y bordado, en recamado de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino, y en labores de tejidos. Son capaces de ejecutar toda clase de trabajos y de idear proyectos." Por otra parte, la tecnología a veces es imprescindible para sobrevivir. En estas circunstancias también, Yahvé, que parece provenir de una civilización tecnológicamente superior, presta momentáneamente su potencia para que su rebaño pueda salir del paso. A lo largo del Pentateuco se suceden episodios análogos al que sigue, que proviene de Números: 20:2 Como la comunidad no tenía agua, se produjo un amotinamiento contra Moisés y Aarón. (...) 20:6 Moisés y Aarón, apartándose de la asamblea, fueron a la entrada de la Carpa del Encuentro y cayeron con el rostro en tierra. Entonces se les apareció la gloria de Yahvé, 20:7 y Yahvé dijo a Moisés: 20:8 "Toma el bastón y convoca a la comunidad, tú con tu hermano Aarón. Hablad luego a la peña en presencia de ellos, y ella dará sus aguas. Así harás brotar para ellos agua de la roca y darás de beber a la comunidad y a su ganado". 20:9 Moisés tomó el bastón que estaba delante del Señor, como él se lo había mandado. 20:10 Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés les dijo: "¡Escuchadme, rebeldes! ¿Podemos hacer que brote agua de esta roca para vosotros?" 20:11 Y alzando su mano, golpeó la roca dos veces con el bastón. El agua brotó abundantemente, y bebieron la comunidad y el ganado. Resumiendo, la Revelación nos dice claramente aunque entre líneas que los poderes de Adonai están limitados al ámbito de lo material y que Él nada puede en el espiritual. La civilización tecnológica alcanzada por Occidente en siglos recientes parece demostrar que esa Alianza no ha perdido vigencia. La radio, la televisión, la bomba atómica, la conquista del espacio exterior, la computación, Internet, la penicilina, la cirugía cardiovascular, el Viagra: todos estos milagros pertenecen al reino sobre el que señorea Yahvé y a ese ámbito se limitan su Alianza, promesas, amenazas, premios y castigos.

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A la vez, la continuada vigencia de la Alianza parece comprobada también por el éxito de una Iglesia que ha masacrado a todos aquellos que supieron interpretar lo que verdaderamente dicen las Escrituras, que crípticamente desnudan a Yahvé en toda su salvaje y amoral crueldad. Los gnósticos y cátaros, principales víctimas de este celo eclesial, llegaron más lejos que nosotros en su decodificación del texto revelado. Adivinaron que por encima de esta Deidad maligna existe un ámbito espiritual superior. A ese reino pertenecería el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, al que tuvimos acceso a pesar de Adonai, y también el Árbol de la Vida, al que éste nos negó acceso, sabiendo que si desobedecíamos una vez más comiendo del mismo, alcanzaríamos un ámbito espiritual y eterno donde Él no señorea. Acápite 7 El Bien, el Mal, el ámbito de lo espiritual y la serpiente La palabra divina respecto del Edén, con sus dos árboles, es fundamental para cualquier exégesis independiente de la Torá. Una de las primeras enseñanzas del Génesis es que Dios no quiso que supiéramos qué es el bien y qué es el mal: 2:15 Tomó, pues, Yahvé Dios al hombre y le dejó en al jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase. 2:16 Y Dios impuso al hombre este mandamiento: "De cualquier árbol del jardín puedes comer, 2:17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que c omas de él, morirás sin remedio". Según la Biblia judeocristiana, esta fue la primera vez en la historia registrada en que Dios le habló al hombre. Y mintió. (33) O en todo caso profirió una falsedad. Adonai anunció una muerte irremediable que no se concretó. La serpiente, por su parte, sabía que era un bluff y fue veraz: 3:2 Respondió la mujer a la serpiente: "Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. 3:3 Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No coman de él, ni lo toquen, so pena de muerte." 3:4 Replicó la serpiente a la mujer: "De ninguna manera morirán. 3:5 Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal." Tal como lo anunciara el áspid, Dios fanfarroneaba y el hombre no murió, pero no obstante fue expulsado del Paraíso:

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3:22 Y dijo Yahvé Dios: "¡He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, en cuanto a conocer el bien y el mal! Ahora, pues, cuidado, no alargue su mano y tome también del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre." Obsérvese que fue gracias a la serpiente que el hombre se acercó a los dioses, y por ello Yahvé, expresándose con sarcasmo, se aseguró que éste no tuviera acceso a un árbol cuyo fruto permitiría alcanzar cierta inmortalidad, no se sabe de qué tipo. Por cierto, el Génesis nos dice entre líneas que la serpiente es buena, aunque a esto haya que deducirlo, como lo hicieron muchos gnósticos hasta que fueron aniquilados. La vilipendiada víbora parece ser la mensajera del Altísimo, aquel verdadero Dios que imaginaron los herejes para quienes el Creador del mundo material, Yahvé, era apenas un Demiurgo inferior que no pudo evitar que Adán y Eva, por Él creados, recibieran una chispa divina proveniente del mismísimo Altísimo. Fue esta partícula de divinidad lo que les permitió una intuición del verdadero conocimiento. Gracias a esa visión, la bienintencionada incitación del áspid fue bien recibida. El pecado original de la falsa doctrina católica deviene así en virtud original. Al revés de la serpiente, a través de Su Palabra Yahvé se nos presenta como el permanente enemigo de lo Bueno. En el mismo Génesis, muy poco después de la expulsión del Paraíso, tenemos otro testimonio de su malicia en el episodio de la torre de Babel. Aunque es presentada por los exegetas judeocristianos como la manifestación de un pecado de orgullo, en el texto sagrado no hay nada que señale en esa dirección. Lo que sí está claro en la Escritura es que la intención de Yahvé es maligna: 11:1 Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras. 11:2 Al desplazarse la humanidad desde oriente, hallaron una vega en el país de Senaar y allí se establecieron. 11:3 Entonces se dijeron el uno al otro: "Ea, vamos a fabricar ladrillos y a cocerlos al fuego". Así el ladrillo les servía de piedra y el betún de argamasa. 11:4 Después dijeron: "Ea, vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos, y hagámonos famosos, por si nos desperdigamos por toda la haz de la tierra." 11:5 Bajó Yahvé a ver la ciudad y la torre que habían edificado los humanos, 11:6 y dijo Yahvé: "He aquí que todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje, y este es el comienzo de su obra. Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible. 11:7 Ea, pues, bajemos, y una vez allí confundamos su lenguaje, de modo que no entienda cada cual el de su prójimo". 11:8 Y desde aquel punto los desperdigó Yahvé por toda la haz de la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. 11:9 Por eso se la llamó Babel; porque allí embrolló Yahvé el lenguaje de todo el mundo, y desde allí los desperdigó Yahvé por toda la faz de la tierra.

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Hasta las palabras que emergen de la “boca” de Adonai resuenan con maldad y cinismo. Esta implicancia converge con otra de las principales evidencias de la amoralidad de nuestro Dios: el conocido episodio del Génesis en que Yahvé le exige a Abrahán que esté dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac, llevando el concepto de obediencia debida mucho más allá de lo que harían los apologistas de Hitler, los generales de las dictaduras sudamericanas y otras malas yerbas. Antes de ese episodio ya sabíamos que Abrahán era un rastrero. Para que la belleza de su mujer no significara un riesgo, estuvo dispuesto a entregarla en un país extranjero, pidiéndole que se presente como su hermana: 12:10 Hubo hambre en el país, y Abram bajó a Egipto a pasar allí una temporada, pues el hambre abrumaba al país. 12:11 Estando ya próximo a entrar en Egipto, dijo a su mujer Saray: "Mira, yo sé que eres mujer hermosa. 12:12 En cuanto te vean los egipcios, dirán: "Es su mujer", y me matarán a mí, y a ti te dejarán viva. 12:13 Di, por favor, que eres mi hermana, a fin de que me vaya bien por causa tuya, y viva yo en gracia a ti." Esta bajeza no les interesa a los exegetas tradicionales y ni siquiera la señalan como tal. La calaña de Abrahán le es completamente indiferente a Yahvé. Importa sólo que le sea criminalmente obediente. Este es el único principio que Adonai impone. Los mandamientos no son válidos por su valor intrínseco sino porque son ordenados por el Dios. Por eso mismo, si éste le ordena sacrificar a su hijo, Abrahán debe obedecer. Porque éste demostró estar dispuesto al crimen más abyecto con tal de no decepcionar a su jefe, Yahvé dio por cumplido el trámite y relevó a su soldado de la comisión del delito material: 22:1 Después de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abrahán y le dijo: "¡Abrahán, Abrahán!" El respondió: "Heme aquí", 22:2 Le dijo: "Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécelo allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga." 22:3 Se levantó, pues, Abrahán de madrugada, aparejó su asno y tomó consigo a dos mozos y a su hijo Isaac. Partió la leña del holocausto y se puso en marcha hacia el lugar que le había dicho Dios. 22:4 Al tercer día levantó Abrahán los ojos y vio el lugar desde lejos. 22:5 Entonces dijo Abrahán a sus mozos: "Quédense aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allí, haremos adoración y volveremos donde ustedes". 22:6 Tomó Abrahán la leña del holocausto, la cargó sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos. 22:7 Dijo Isaac a su padre Abrahán: "¡Padre!" Respondió: "¿qué hay, hijo?" — "Aquí está el fuego y la leña, pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?"

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22:8 Dijo Abrahán: "Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío." Y siguieron andando los dos juntos. Este engaño asesino se pasa por alto, como si se tratara de un hecho moralmente neutro o incluso positivo. El padre no sólo está dispuesto a asesinar al hijo sino que le tiende una trampa para conseguir su cooperación en el camino al degüello. Una vez más, la catadura moral de su puntero le es indiferente a nuestro Dios. Padre e hijo siguen caminando: 22:9 Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí Abrahán el altar, y dispuso la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y le puso sobre el ara, encima de la leña. 22:10 Alargó Abrahán la mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. 22:11 Entonces le llamó el Ángel de Yahvé desde los cielos diciendo: ¡Abrahán, Abrahán!" Él dijo: "Heme aquí." 22:12 Dijo el Ángel: "No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único." Como si esto no bastara, el pacto mafioso termina de sellarse unos versículos más tarde, cuando se ratifica que por haber estado dispuesto a cometer el crimen más abominable, el puntero de Adonai era acreedor a los máximos favores: 22:15 El Ángel del Yahvé llamó a Abrahán por segunda vez desde los cielos, 22:16 y dijo: "Por mí mismo juro, oráculo de Yahvé, que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu único, 22:17 yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos. 22:18 Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tú mi voz." Está claro que la normativa del Decálogo, en especial el “no matarás”, y todos las demás segmentos de las Sagradas Escritura en que se castiga el ejercicio de la violencia, está enmarcado en este concepto extremo de “obediencia debida”: no matarás mientras Adonai no te lo ordene, pero guay de ti si no matas cuando Yahvé lo manda. Esto es lo que emerge de la lectura del texto. El hecho de que el sacrificio del hijo primogénito haya sido común en el mundo pagano en nada atenúa esta conclusión, en tanto y en cuanto nuestro ejercicio no es antropológico, sino que está dirigido a la desmitificación de la interpretación bíblica de los fundamentalistas actuales, cuya lectura es literal. Quien aboga contra la enseñanza del evolucionismo en las escuelas en virtud de lo que nos dice el Génesis acerca de la Creación, debe aceptar también este concepto mafioso de la obediencia debida.

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Como hemos visto en el Acápite 1, lo mismo vale para el genocidio. No perpetrar delitos de lesa humanidad cuando Adonai exige su comisión es pecado gravísimo que se castiga con la quiebra de la Alianza y sucesiones de desgracias que se multiplican siempre por siete hasta llegar, en el límite, a la maldición que condena al pueblo elegido a comer la carne de sus hijos. Es sorprendente que los defensores de la figura de obediencia debida con que se ha buscado justificar las violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad en el mundo entero, no hayan recurrido con mayor frecuencia a la palabra de Dios para plantear su caso. Más allá de sus tácticas, sin embargo, resulta claro que son ellos los vasallos incondicionales de Adonai y discípulos eximios de Abrahán. A la vez, la vertiente liberal y secular de la Civilización Occidental, que rechaza la justificación de la obediencia debida en la comisión de delitos de lesa humanidad, es enemiga irreconciliable de Yahvé. En verdad, el Pentateuco nos dice muy poco acerca de lo bueno y lo malo: sólo lo suficiente para saber que Dios no quiso que tuviéramos ese conocimiento. Es comprensible, si se considera que Dios exige que Abrahán sea muy mala persona. Dios no quiere que sepamos sobre el Bien y el Mal porque nos exige que cuando sea necesario estemos dispuestos a ser malvados. ¿De qué trata entonces la Torá? Principalmente, nos enseña a triunfar en la guerra con disciplina interna y ferocidad externa. La obediencia debida de Abrahán es parte de esa disciplina.

Acápite 8 ¿Es el Génesis monoteísta? Aunque la crítica bíblica científica ha realizado avances descomunales respecto de muchas de las cuestiones que aquí abordamos, esos hallazgos no son aceptados por los fundamentalistas que se oponen, por ejemplo, a la enseñanza del evolucionismo en las escuelas. Por ello, en nuestro ejercicio trabajamos como si esa crítica científica no existiera: la nuestra es una lectura completamente ingenua de la Torá. Suponemos por un instante que el Pentateuco es palabra revelada que debe tomarse literalmente, para mejor conocer el perfil de ese Dios que nuestros fundamentalistas quieren que nos tomemos en serio. No nos apoyamos en la crítica científica, sospechada por ellos, pero tampoco en los tradicionalistas cuya interpretación viene predeterminada por dogmas que no se desprenden del texto sagrado. Estos axiomas extra-bíblicos son conclusiones anticipadas de la exégesis. Los datos provistos por el texto se fuerzan para que su interpretación no se aleje de lo exigido por una premisa establecida en la Antigüedad tardía y el Medioevo, posterior a la Escritura misma pero anterior a los análisis actuales. Las más importantes de estas convenciones son comunes a todos los credos judeocristianos que sobrevivieron a las persecuciones contra presuntas herejías. De esta manera, la fe del creyente se traslada en forma imperceptible desde Dios hacia la

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autoridad humana. El creyente típico en ningún momento se da cuenta de esta trampa de la que son cómplices, no siempre conscientes, los exegetas católicos, protestantes y judíos. Uno de los principales de estos dogmas compartidos es que el orden divino revelado por el Pentateuco es monoteísta. ¿Es esto verdad? ¿Qué nos dice la palabra de Dios sobre el tema, cuando la leemos sin los preconceptos de un dogma extra-bíblico que conduce a una interpretación forzada? Desde el punto de vista de los objetivos fijados en nuestra Introducción, esta es una cuestión crucial, porque si llegáramos a la conclusión de que la Torá es en realidad politeísta, entonces quienes creen en esta Revelación deberían suponer que nuestro Dios no es el de todos. Como veremos, semejante conclusión tendría proyecciones políticas. Ya hemos apuntado que uno de los nombres de Dios, según la Escritura, es Elohim. No sólo es Elohim un plural que significa ‘dioses’, sino que en un pasaje tan crucial como el de la creación de la humanidad, el Señor se expresa como si hubiera más de un Dios en su entorno. Nos dice el libro del Génesis: 1:26 Y dijo Dios [es decir, Elohim]: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra.” Posteriormente, cuando Dios hubo expulsado del Paraíso a Adán y Eva, vuelve a emplear el plural, como si hubiera muchos dioses: 3:22 Y dijo Yahvé Dios: "¡He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, en cuanto a conocer el bien y el mal!” Esta ambigüedad ha sido usada por los Padres de la Iglesia romana como una indicación antiguo-testamentaria de la existencia de una Santísima Trinidad. Por su parte, el comentarista de la Biblia de Jerusalén especula con que debe tratarse de un plural deliberativo, *o “de excelencia”+ aunque reconoce su desconcierto diciendo que éste es “raro en hebreo”. (34) Pero ninguna de estas interpretaciones se compadece de los numerosos pasajes de la Torá en que Adonai aparece compitiendo con otros dioses. En Éxodo, por ejemplo, se nos dice: 18:10 Y dijo Jetró: "¡Bendito sea Yahvé, que os ha librado de la mano de los egipcios y de la mano de Faraón y ha salvado al pueblo del poder de los egipcios! 18:11 Ahora reconozco que Yahvé es más grande que todos los dioses..."

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En Éxodo también se revela que el “qué dirán” es importante para este Dios, como si Él compitiera contra otras potencias por el favor de los humanos: 32:11 Pero Moisés trató de aplacar a Yahvé su Dios, diciendo: "¿Por qué, oh Yahvé, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo, el que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y mano fuerte? 32:12 ¿Van a poder decir los egipcios: Por malicia los ha sacado, para matarlos en las montañas y exterminarlos de la faz de la tierra? Abandona el ardor de tu cólera y renuncia a lanzar el mal contra tu pueblo.” Por cierto, Adonai compite con otros dioses, como queda patentemente claro también en Éxodo: 34:14 No te postrarás ante ningún otro dios, pues Yahvé se llama Celoso, es un Dios celoso. 34:15 No hagas pacto con los moradores de aquella tierra, no sea que cuando se prostituyan tras sus dioses y les ofrezcan sacrificios, te inviten a ti y tú comas de sus sacrificios; 34:16 y no sea que tomes sus hijas para tus hijos, y que al prostituirse sus hijas tras sus dioses, hagan también que tus hijos se prostituyan tras los dioses de ellas. Más elocuente aún es el testimonio que se nos ofrece en Números: 25:1 Mientras Israel estaba en Sitím, el pueblo se puso a fornicar con las hijas de Moab, 25:2 que lo invitaron a participar de los sacrificios en honor de su dios. El pueblo comió de ellos y adoró a ese dios. 25:3 Israel adhirió así al Baal de Peor, y se encendió la ira de Yahvé contra Israel. 25:4 Yahvé dijo a Moisés: "Toma a todos los jefes del pueblo y empálalos en honor de Yahvé, cara al sol; así cederá el furor de la cólera de Yahvé contra Israel". 25:5 Dijo Moisés a los jueces de Israel: "Matad cada uno a los vuestros que se hayan adherido a Baal de Peor". 25:6 Sucedió que un hombre, un israelita, vino y presentó ante sus hermanos a la madianita, a los ojos de Moisés y de toda la comunidad de los israelitas, que estaban llorando a la entrada de la Tienda del Encuentro. 25:7 Al verlos Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, se levantó de entre la comunidad, lanza en mano, 25:8 entró tras el hombre a la alcoba y allí los atravesó a los dos, al israelita y a la mujer, por el bajo vientre. Entonces cesó la plaga que asolaba a los israelitas. 25:9 Los muertos por la plaga fueron veinticuatro mil. 25:10 Yahvé dijo a Moisés: 25:11 "Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha apartado mi furor contra los israelitas, porque ha demostrado en medio de ellos un celo igual al mío. Por eso yo no acabé con los israelitas, a impulso de mis celos.”

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Este rasgo de la Revelación es persistente. Once capítulos antes de la cita de arriba, en el mismo el libro de Números, Moisés exhorta a Yahvé a no aniquilar a los israelitas, con quienes estaba furioso a causa del incidente de Baal de Peor, porque debía cuidar su imagen de Dios superior ante los egipcios: 14:13 (...) Moisés respondió a Yahvé: "Cuando oigan la noticia los egipcios —de cuyo país sacaste a este pueblo gracias a tu poder— 14:14 se la pasarán a los habitantes de esa tierra. Ellos han oído que tú, Yahvé, estás en medio de este pueblo; que te dejas ver claramente cuando tu nube se detiene sobre ellos; y que avanzas delante de ellos, de día en la columna de nube, y de noche en la columna de fuego. 14:15 Si haces morir a este pueblo como si fuera un solo hombre, las naciones que conocen tu fama, dirán: 14: 16 ‘Yahvé era impotente para llevar a ese pueblo hasta la tierra que le había prometido con un juramento, y los mató en el desierto’. Claramente, este Dios que avanza de día en una nube y de noche en columna de fuego, y que frecuentemente también baja del cielo en una nube (lo que ha hecho suponer a los raelianos que se trató de un extraterrestre que descendía en platillo volador) (35) parece uno entre varios dioses que compiten entre sí. Esta conclusión exegética emerge de la combinación de las evidencias estudiadas: uno de los nombres de Dios es plural; en algunos pasajes cruciales del Génesis Él usa el plural para expresarse, y abundan los versículos que testimonian sus celos frente a otras deidades. En Deuteronomio se vislumbra claramente: 6:14 No vayáis detrás de otros dioses, de los dioses de los pueblos que tendréis a vuestro alrededor. 6:15 Porque Yahvé, tu Dios, que está en medio de ti, es un Dios celoso. La ira de Yahvé tu Dios se encendería contra ti y te haría desaparecer de la faz de la tierra. Y si estos ejemplos no bastaran, los siguientes versos del Cántico de Moisés, en Deuteronomio, poseen innegables resonancias politeístas: 32:8 Cuando el Altísimo dio una herencia a cada nación, cuando distribuyó a los hombres, él fijó las fronteras de los pueblos según el número de los hijos de Israel. 32:9 Pero la parte de Yahvé es su pueblo, la porción de su herencia es Jacob. 32:10 Lo encontró en una tierra desierta, en la soledad rugiente de la estepa: lo rodeó y lo cuidó, lo protegió como a la pupila de sus ojos. (...) 32:12 Sólo Yahvé lo condujo, no había a su lado ningún dios extranjero.

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Este es un pasaje muy singular del Pentateuco en el que aparece un nombre de Dios hasta ahora no mencionado: el Altísimo. La traducción de la Jewish Study Bible dice en 32:8 Most High, adoptando la misma terminología que la católica Biblia de Jerusalén. Las principales traducciones cristianas y judías a lengua vernácula coinciden en emplear aquí este vocablo, diferenciado de Yahvé, el Señor, the Lord o Adonai, que son algunas de las diversas alternativas empleadas para el versículo siguiente, 32:9. Es decir que existe una clara diferenciación entre El Altísimo (32:8) y Yahvé (32:9), lo que nos remite a la hipótesis gnóstica que supone que Yahvé fue el ‘demiurgo’ creador del mundo material, pero que está subordinado a un Dios más alto. Lo dicho es particularmente significativo debido a las discrepancias vigentes en torno de la forma de traducir la cuarta línea de 32:8. El texto masorético en hebreo dice “hijos de Israel” (tal como quedó trascrito arriba) y por ese motivo así es traducido en las biblias judías. En cambio, la católica Biblia de Jerusalén recurre en este versículo a la más antigua Septuaginta (en lengua griega), que dice “los hijos de Elohim”, o sea “los hijos de los dioses”. No obstante, siguiendo la convención universal a judíos y cristianos, los editores de la Biblia de Jerusalén traducen ‘Elohim’ como ‘Dios’, de modo que en la versión católica del versículo se lee “los hijos de Dios”. En la trascripción de arriba opté por la versión del texto masorético porque me parece más consistente con la decisión de la Biblia de Jerusalén de no traducir a lenguas vernáculas desde el griego sino desde el hebreo (a pesar de la mayor antigüedad de los textos supérstites en griego). Por eso se lee arriba “los hijos de Israel”. Pero piénsese cuánto más politeísta sonaría este texto si, partiendo de la Septuaginta, anotáramos en lengua vernácula “los hijos de los dioses” donde dice “los hijos de Elohim”: 32:8 Cuando el Altísimo dio una herencia a cada nación, cuando distribuyó a los hombres, él fijó las fronteras de los pueblos según el número de los hijos de los dioses. 32:9 Pero la parte de Yahvé es su pueblo, la porción de su herencia es Jacob. 32:10 Lo encontró en una tierra desierta, en la soledad rugiente de la estepa: lo rodeó y lo cuidó, lo protegió como a la pupila de sus ojos. (...) 32:12 Sólo Yahvé lo condujo, no había a su lado ningún dios extranjero. El texto así traducido es politeísta. Como existe un dogma compartido sobre el monoteísmo bíblico, no sorprende que todas las autoridades religiosas judeocristianas hayan optado por morigerar sus resonancias de una manera u otra. En cualquier caso, no estamos afirmando que la traducción que acabamos de proponer sea la correcta, sino que todas las traducciones que circulan tienen implicancias politeístas y que hay alternativas legítimas donde esa resonancia se acentúa, convirtiéndose en afirmación.

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En nota al pie de página, la Biblia de Jerusalén aclara puntillosamente las diferencias de traducción con la versión judía. Pero se ve que el comentarista está inquieto por las implicancias de este segmento del Cántico de Moisés, y para neutralizarlas se lanza a una fantasía teológica que está completamente alejada del texto sagrado: “Los ‘hijos de Dios’ (‘o de los dioses’) son los ángeles (Jb 1 6 +), miembros de la corte celestial (v 43 y Sal 29 1; 82 1; 89 7; ver Tb 5 4+); aquí los ángeles custodios de las naciones (ver Dn 10 13+). Pero Yahvé se ha reservado personalmente a Israel, su pueblo elegido (ver Dt 7 6+). Seguimos aquí el griego; el hebreo dice ‘los hijos de Israel’”. (36) Esta rebuscada fantasía es el producto inevitable de una exégesis que parte de una premisa, el monoteísmo, y que luego se ve obligada a forzar la interpretación del texto sagrado para no alejarse de ese punto de partida dogmáticamente obligatorio. De esta manera, la Torá suele interpretarse (tanto por cristianos como por judíos observantes) según las exigencias de premisas teológicas extra-bíblicas, que en realidad representan a la “palabra del hombre” y no a la que es presuntamente divina. Para salvar este problema, los judíos observantes nos dirán que los sabios que interpretaron la palabra de Dios siglos más tarde gozaban de inspiración divina, a la vez que el Vaticano dirá otro tanto respecto de los Padres y Doctores de la Iglesia. Y si quedara alguna duda, el Santo Padre hablando ex cátedra acudiría a su “voz infalible” para eliminar toda ambigüedad. Dios es puesto así al servicio de la autoridad religiosa mundana. Los protestantes no llegan tan lejos, pero para ellos también el resultado de toda exégesis está cantado de antemano: la Biblia es monoteísta y Dios es la fuente de toda bondad, verdad y justicia. Ninguna interpretación puede apartarse de esta conclusión aunque nada hay en el Pentateuco que la respalde. Al tergiversarse el texto sagrado para consolidar la vigencia de estas premisas, se sacraliza la palabra del hombre y se subordina la de Dios. Desde el exterminio de los cátaros, las exégesis bíblicas han sido el patrimonio casi exclusivo de quienes jugaron este juego. Es por eso que casi nadie sabe qué es lo que realmente dice el Libro, y es por el mismo motivo que nuestro ejercicio urge, en tiempos en que el oscurantismo bíblico y coránico crece a paso firme. Por otra parte, para quien suponga que el Pentateuco es realmente Palabra de Dios pero llegue a la conclusión de que se trata de un escrito politeísta, viene de suyo que nuestro Dios es nuestro, no de nuestro enemigo, que le ha declarado a Occidente una guerra santa. En realidad, este es el verdadero mensaje de la Biblia en la actualidad. Es un mensaje que establece la legitimidad de un doble estándar normativo. Una cosa es el Decálogo, que es la legislación divina válida para nuestras relaciones con nuestra gente, y otra bien distinta es el rigor inclemente con que debemos tratar al enemigo, vehementemente legislado en Deuteronomio. La “justicia” debe dispensarse sólo a los fieles de Yahvé. Aunque se puede tomar o dejar, nuestra Biblia sacraliza los dobles estándares.

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Acápite 9 Una lectura más científica de la cuestión del politeísmo Como se mencionó en la Introducción, por la crítica bíblica científica sabemos que el Dios judeocristiano está estrechamente vinculado al Dios supremo de los cananeos, Ēl, que es también uno de los varios nombres con que la Biblia bautiza a nuestra deidad. Por cierto, tabletas cananeas del siglo XIV AEV nos cuentan que Ēl reina por encima de BaalHabad, Dios de la fertilidad. Baal luchó contra Yam-Nahar, dios de los mares y ríos. Ambos vivían junto con Ēl, el Alto Dios. Baal derrotó a Yam con armas mágicas y estuvo a punto de matarlo pero fue salvado por Asherah, esposa de Ēl y madre de los dioses. En este mito, Yam representa lo caótico e indiferenciado. Baal, al derrotarlo, salva al mundo de una regresión a ese estado primigenio. Esta era la religión original de Abrahán, que proviniendo de Ur se habría establecido en Canan entre los siglos XX y XIX A.E.V. Como nos dice Karen Armstrong, en el Éxodo está fuertemente sugerido que el Dios de Abrahán siempre fue Ēl, el Alto Dios cananeo. (37) Los siguientes versículos sugieren que quizás el Dios de Abrahán no fuera el mismo del de Moisés: 6:2 Habló Dios a Moisés y le dijo: "Yo soy Yahvé". 6:3 Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Ēl Sadday; pero mi nombre de Yahvé no se lo di a conocer. Si como nos hemos propuesto, nuestra lectura de la Biblia es ingenua y lineal como la de los fundamentalistas, debemos suponer que Yahvé ya era conocido por su nombre desde los tiempos del nieto de Adán, pues el Génesis nos dice: 4:26 También a Set le nació un hijo, al que puso por nombre Enós. Este fue el primero en invocar el nombre de Yahvé. Por lo tanto, en los versículos citados de Éxodo no estaríamos frente a la Revelación del verdadero nombre de Dios sino frente al uso del nombre de otro Dios. (38) En realidad, tanto de una lectura ingenua pero no dogmática de la Torá como de su crítica científica emerge una visión politeísta. Y si vamos más allá del Pentateuco, nos encontramos con pasajes como el siguiente, del Salmo 82 (81), que dice: Elohim se alza en la asamblea divina Para juzgar en medio de los dioses; Más aún, muchos eruditos están de acuerdo con que la misma idea de una Alianza entre Yahvé y su pueblo no tendría sentido en un contexto monoteísta. Según Armstrong: “Los israelitas no creían que Yahvé, el Dios del Sinaí, fuera el único Dios, sino que en su pacto prometieron que ignorarían a todas las otras deidades y sólo lo adorarían a él. Es muy difícil encontrar una sola afirmación monoteísta en todo el Pentateuco. Hasta los Diez Mandamientos entregados en Monte Sinaí dan por sentada la existencia de otros dioses:

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20.2 ‘Yo, Yahvé, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. 20:3 No habrá para ti otros dioses delante de mí’ (Éxodo). (39) Por razones que corresponden al ámbito de la sociología de las religiones, las autoridades judeocristianas relegaron estas resonancias politeístas al olvido. No obstante, más allá de los complejos procesos sociopolíticos que seguramente intervinieron para producir este olvido, quizás el principal motivo radique simplemente en que Yahvé afirma ser el único Dios. Para un fundamentalista bíblico que no atiende a los matices y contradicciones del texto, eso es más que suficiente. Por cierto, el politeísmo de la Torá es implícito, nunca explícito. No hay mitos politeístas fantásticos como los de nuestros predecesores cananeos. Los antiguos israelitas eran pragmáticos y carecían de los intereses metafísicos de otros pueblos de la región. Por eso, como vimos, la Alianza es un pacto materialista. Y también por eso no hay referencias al ámbito de lo espiritual en el Pentateuco excepto en forma implícita, respecto de lo que está más allá del poder de Yahvé. Sin embargo, si se somete el texto a un cuidadoso escrutinio las inconsistencias son claras y eso no puede sorprender ya que la Biblia emerge del politeísmo cananeo. Pero el politeísmo es inaceptable para un lector textual de la Biblia, ¡porque implica reconocer que Yahvé nos mintió cuando se presentó como el único Dios! (40) En verdad, la Torá parece decirnos a cada paso, aunque de manera implícita, que hay más de un Dios. Y descifrar este misterio es otro de los milagros de libertad interior protagonizados por los gnósticos de todos los tiempos. Para muchos de ellos el Creador del mundo material era una deidad menor. Sin necesidad de recurrir a una crítica bíblica científica que no estaba a su alcance, leyeron el texto sagrado de manera ingenua pero captaron sus inconsistencias y llegaron a la única conclusión posible si se trata realmente de una Revelación: que su protagonista Yahvé es una deidad maligna. Lo que los gnósticos judeocristianos hicieron fue tomar la Biblia y agregarle la parafernalia metafísica necesaria para que su contenido no fuese contradictorio. De ahí sus elaborados mitos, emparentados muy de cerca con las emanaciones personificadas de la Deidad que encontramos en la literatura judía sobre la Sabiduría. (41) Agregaron también condimentos neoplatónicos, estoicos y egipcios a su doctrina, comenzando una de las mayores aventuras del pensamiento en la historia humana. A la vez, porque creyeron en las Escrituras interpretadas a su manera, seguramente intuyeron que estaban condenados a la aniquilación. Ciertamente, si se cree que aunque Yahvé es una deidad menor, es no obstante Creador y Señor del mundo material, viene de suyo que es Él quien gobierna el ámbito físico en que transcurre nuestra existencia mortal. Para triunfar en este mundo hay que obedecer sus mandatos y no otros. La Iglesia le obedeció, masacrando a los gnósticos y sus sucesores cátaros.

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En los tiempos actuales la Civilización Occidental está siguiendo el camino de los gnósticos. Al igual que éstos en su tiempo, es mucho más sofisticada que sus enemigos. Cree haber descubierto una moralidad superior a la de nuestra Biblia y se atiene a ella. Sanciona normativas humanitarias, como las convenciones de Ginebra sobre los prisioneros de guerra, que están directamente contrapuestas al mandato del Dios judeocristiano. Mientras tanto, sus enemigos mortales siguen a pie juntillas sus propios libros sagrados, cercanos al mandato guerrero de Yahvé y completamente ajeno al concepto occidental de los derechos humanos. Acápite 10 Algunas conclusiones exegéticas y normativas Una decodificación independiente y sin preconceptos del Pentateuco revela que no estamos frente a la Palabra del verdadero Dios. La demostración del carácter amoral del texto presuntamente sagrado resultó una operación sencilla, realizada en menos de un centenar de páginas. Resulta asombroso que a pesar de esa transparencia, el Libro siga teniendo predicamento y prestigio entre las masas y las élites. Este dato es un testimonio más de los límites de la razón humana. Aunque después de multitud de sacrificios en católicas hogueras, la Razón pudo prevalecer a la hora de refutar la idea de que el Sol gira en torno de la Tierra, siempre fue sangrientamente avasallada cuando intentó desenmascarar las Escrituras. El último intento histórico fue el de los cátaros en el siglo XIII, principalmente en el Languedoc y Cataluña. Ese desafío culminó con un genocidio digno de Yahvé, donde Santo Domingo de Guzmán desempeñó un papel análogo al que más de medio milenio más tarde le cupiera a Adolf Eichmann. Inocencio III, Führer del fundador de la Orden Dominicana, perpetró entonces una “solución final” avant-la-lettre. En verdad, el ejercicio de estudiar la Torá bajo el supuesto de que se trata de un texto santo nos ha servido para comprobar la falsedad de la premisa misma. Tal conclusión proviene de un análisis de contenido de los dichos de su principal protagonista, Yahvé. Si fuera realmente una Revelación se trataría de la palabra de una Deidad demoníaca: el Demiurgo de los gnósticos. Más probable es que los agnósticos tengan razón, sin embargo, y que simplemente nos encontremos ante un libro de valor antropológico, representativo de las creencias de uno de los tantos pueblos primitivos del Medio Oriente antiguo. No obstante, si así fuera, desnudar su verdadero carácter no dejaría de ser obligatorio, dada la relevancia política del Libro Sagrado del judeocristianismo en estos tiempos en que el oscurantismo avanza de la mano de la Biblia en Occidente y del Corán en Medio Oriente.

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Descartada la hipótesis de que se trata de la Revelación del Dios verdadero, el de la Luz, el Bien y la Justicia, se abren ante nosotros cuatro alternativas para la acción. La primera, por supuesto, es la inacción. Será la de la gran mayoría de los occidentales.

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PARTE II UNA PUESTA A PRUEBA DE NUESTROS HALLAZGOS EXEGÉTICOS: ¿HUBO UN GNOSTICISMO JUDÍO?
“Supe qué hombres desesperados y admirables fueron los gnósticos, y conocí sus especulaciones ardientes” J.L. Borges, 1931 (42)

Introito El planteo Más allá de las numerosas investigaciones científicas que reseñaremos y otras que olvidaremos en este escrito, su autor cree que el gnosticismo debió surgir del judaísmo. Fundamenta esta opinión en la premisa de que un lector independiente de la Torá descubrirá forzosamente que el personaje que allí se presenta como Dios es cruel y malicioso, aunque sus mandatos sean obligatorios para el éxito mundano. Si como creen tantos, la Biblia constituyera una verdadera Revelación, su Sujeto sería una deidad perversa. Parece necesario que en una cultura bíblica algunos acudan a este planteo. Por cierto, entre gentes sofisticadas como los judíos cultos de Alejandría de tiempos de Filón (20 AEV-54 EV), es casi inevitable que surgieran grupos antinómicos que se independizaran de la Torá. En teología, el antinomianismo es una corriente inspirada en la idea de que los miembros de un grupo religioso no están obligados a obedecer las leyes éticas o morales establecidas por la autoridad religiosa. Considerando las características de la Revelación que protagoniza Yahvé y la normativa genocida que nos impone, no sorprendería que hubiera habido judíos antinómicos en círculos ilustrados. Pero mi lectura del Pentateuco no es la única interpretación independiente posible. Supongamos que muchos lectores libres de toda tutela llegaran a conclusiones racionales opuestas a las mías. Aún así, algunos compartirían la percepción de que Yahvé es malvado. Si apenas uno de cada mil lectores independientes llegara a esta conclusión, el brote de algo parecido al gnosticismo sería inevitable entre elementos rebeldes de un pueblo para el cual la Biblia es la Palabra de Dios. Aunque no se sabe con exactitud y certeza documental de dónde provinieron los gnósticos, su origen debió ser judío aunque sólo sea por una cuestión de probabilidades. Extremando la apuesta: 1. Si el Pentateuco presenta las características que he documentado, una rebelión contra Yahvé necesariamente debió gestarse dentro del judaísmo mismo. En la medida en que sus miembros siguieran creyendo que la Torá es palabra revelada, esta rebelión debió postular que Yahvé es el perverso creador de nuestro mundo material, y que más allá de este Demiurgo hay un Alto Dios que no parece muy interesado en los asuntos terrenales.

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Puesta en sus términos mínimos, esta es la solución gnóstica al problema de la iniquidad bíblica. Si mi exégesis bíblica es por lo menos verosímil, una rebelión de esas características debió surgir del judaísmo, porque la suya es la cultura bíblica histórica más antigua. 2. Si no hubo tal rebelión al interior del judaísmo, entonces mi lectura del Pentateuco seguramente está errada, desde el principio hasta el final. Esta es la prueba cuasi-experimental a la que someteremos los hallazgos de la primera parte de este libro. Como mi exégesis del Pentateuco fue anterior a mi relevamiento de los estudios sobre los orígenes judíos del gnosticismo, este examen puede considerarse legítimamente encuadrado en un espíritu popperiano. Pasar la prueba no demuestra la validez de la hipótesis. Sólo la consolida en tanto no fue posible desmentirla.

Acápite 1 Porqué el origen judío del gnosticismo ha sido cuestionado Los nuestros son argumentos a los que raramente apelan los estudiosos del gnosticismo, incluso los muchos que hoy suponen que surgió del judaísmo, porque la mayor parte de ellos profesan diversas confesiones judeocristianas. Su lectura de la Biblia está condicionada por la premisa extra-bíblica de que Yahvé es bueno. No pueden decir que el Dios de la Biblia es perverso sin romper con su propia comunidad. Mal podrían entonces sostener que el surgimiento del gnosticismo en el seno del pueblo de Israel era inevitable, arguyendo que muchos llegarían a mi conclusión de que el Dios bíblico es malvado. Otro hecho que conspira contra un consenso sobre el origen judío del gnosticismo es que los heresiólogos de la Iglesia de los primeros siglos continuamente condenaron a sectarios a los que consideraban ‘gnósticos cristianos’. No ocurre lo mismo en el judaísmo, donde la discusión y condena es mucho más escasa y menos explícita. Esta diferencia dio pie a que casi siempre se hablara del gnosticismo como una desviación del cristianismo, no del judaísmo. (43) Esta diferencia entre judíos y cristianos es esperable. Dado el carácter proselitista del cristianismo, el discurso de los heresiólogos resulta necesario. Los cazadores de herejes estaban ansiosos de encontrar rebaños de ovejas descarriadas por un hombre o mujer ‘perverso’, para acercarles a la ‘verdadera fe’. En cambio, entre los judíos no había cazadores de ‘minim’, como se dice en hebreo. La acusación de herejía se lanzaba sólo cuando una desviación amenazaba a una comunidad judía reconocida y previamente constituida.

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Además, según explica Alan F. Segal, los rabinos talmúdicos que fueron contemporáneos de los heresiólogos cristianos aplicaban una táctica diferente para combatir el “error”. No lo refutaban a la manera de un ensayista sino que aludían a él en el contexto de una polémica entre sabios. De esta manera evitaban hacerle propaganda. Reproducir los argumentos heréticos para demostrar su error puede ser un bumerang: equivale a “abrir la boca para Satán”, como hubieran dicho ellos. Por lo tanto, no existe desde el judaísmo un registro pormenorizado de la herejía gnóstica, como se produjo desde el cristianismo. (44) El método talmúdico es indirecto. Un ejemplo célebre es el de la discusión entre dos de los más grandes rabinos del período tanaico, Ismael y Akiba, activos entre 120 y 140 EV. (45) Cuenta la tradición que sostuvieron un debate técnico acerca de métodos exegéticos. Posteriormente, el redactor del Talmud lo presentó en términos que permitían desacreditar una herejía. Según el talmudista, Ismael criticó el método de Akiba arguyendo que si se lo usa con precisión conduce a la afirmación herética de que el cielo y la tierra son en sí mismas divinidades. Esta creencia, que según parece existió, habría sido uno de los orígenes de las herejías sobre dos o más potencias divinas. (46) Ninguno de los dos suscribía este error. Ismael simplemente lo usó para mostrar el presunto defecto del método de Akiba. Pero con este rodeo, el redactor del Talmud introdujo la herejía a consideración del lector, sin discutirla en sus propios términos y siempre suponiéndola equivocada. Fue una manera de señalar el error sin difundir sus fundamentos supuestamente falaces; una táctica radicalmente diferente de la de los heresiólogos cristianos. Debido a esta forma indirecta de discutirla, la herejía se puso menos de manifiesto en el judaísmo, casi como si no hubiera existido. (47) Hay otros motivos, de menor peso, por los que siguió siendo contenciosa la cuestión de si la herejía gnóstica fue de origen judío. Algunos afirman que no puede haber un gnosticismo judío porque mal puede un judío reducir el Dios de la Torá al papel de deidad menor, para colmo maligna: esa persona no sería judía. Es verdad, pero lo mismo puede decirse de un cristiano. El Dios del cristianismo es el mismo del judaísmo y además el Nuevo Testamento remite permanentemente al Antiguo. Es para este tipo de desviación que se acuñó el vocablo ‘hereje’. Análogos son los argumentos de quienes dicen que el gnosticismo no pudo surgir del judaísmo porque los gnósticos eran anti-judíos. Edwin M. Yamauchi, por ejemplo, dice que los presuntos “sentimientos anti-judíos” de los gnósticos sugieren una incompatibilidad con su emergencia dentro del judaísmo. Aunque algunos gnósticos cristianos como Marción de Sínope fueran anti-judíos, no deben confundirse razones antiyavhistas con sentimientos anti-judíos. Un miembro del pueblo judío puede perfectamente leer la Torá y llegar a la conclusión de que el personaje Yahvé no le gusta. No por eso es anti-judío. (48)

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También talla la cuestión del antisemitismo. La crueldad de Yahvé ha sido utilizada por gente malintencionada como argumento justificatorio de su judeofobia. Aunque no debemos consentir la condena por asociación, muchos estudiosos no quieren correr el riesgo de ser confundidos. No obstante, en este escrito consideramos que el hecho de que algún nazi haya denunciado las perversiones del Antiguo Testamento no debe invalidar la investigación sobre el tema. Por otra parte, el uso de la malicia de Yahvé por parte de cristianos antijudíos sólo fue posible desde el desconocimiento de que: 1. Adonai es el Dios Padre de la teología cristiana, y 2. En el judaísmo rabínico, el Talmud ocupa un lugar análogo al del Nuevo Testamento entre los cristianos. Es el texto que permite obviar a la Biblia. A ésta se recurre poco, principalmente a través de las discusiones talmúdicas. También está presente en situaciones litúrgicas acotadas y para disfrute de algún pasaje poético. Pero en la práctica, desde hace más de un milenio que no es el texto central de la cultura religiosa judía, aunque sea el más sagrado. Así como la mayoría de los cristianos estudia sólo el Nuevo Testamento, la mayoría de los judíos estudian solamente el Talmud, que es posterior al Nuevo Testamento. El verdadero judaísmo, tal como se le conoce hoy, emerge después de Jesucristo. Por cierto, al Antiguo Testamento no sólo lo compartimos judíos y cristianos. También lo ignoramos. Tendemos a circunvenirlo apelando a Libros más modernos. ¿Por qué? Porque es problemático. Los gnósticos hicieron lo contrario: asumieron la maldad de Yahvé. Y los caraítas tomaron por aún otro camino. Dijeron: “Éste es nuestro Dios. Lo tomas o lo dejas. Pero no contamines sus mandatos y enseñanzas con innovaciones talmúdicas, que son palabra del hombre, no divinas.” (49) Los gnósticos fueron masacrados y los caraítas reducidos a una minoría sin consecuencias, mientras el judaísmo rabínico y el cristianismo encontraron maneras de evitar el problema de la iniquidad bíblica a través de Jesucristo y el Talmud. Estos cuatro derroteros diferentes, incluido el de los gnósticos, provienen de un problema planteado por la Biblia judeocristiana. No habrían existido sin ella. Viene de suyo entonces que el gnosticismo debió emerger de una comunidad bíblica. Y esa comunidad debió ser judía, por el simple motivo que el judaísmo sacerdotal precedió al cristianismo.

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Acápite 2 El mandeísmo No todos los gnósticos fueron masacrados. Se salvaron los mandeos. Esta olvidada religión sobrevive en pequeñas comunidades del sur de Irak y de la provincia iraní de Khuzestán, con diásporas sustanciales en Europa, América del Norte y Australia. En total suman unos 70.000 fieles. Conocidos por los musulmanes como ‘sabianos’, los mandeos no reconocen a Moisés, Jesús ni Mahoma. No obstante, reconocen a Juan el Bautista. Por eso a veces fueron mal llamados “cristianos de San Juan” y en la Antigüedad se les conoció también como nazarenos. Hasta hace poco se creyó que el mandeísmo habría surgido entre los siglos II y III EV, en tierras cercanas a su hábitat actual. Pero con el descubrimiento y traducción de fuentes mandeas originales, el panorama se modificó sustancialmente. En 1953, Lady Ethel Stefana Drower publicó Haran Gawaita, un texto que narra el éxodo de los mandeos de Palestina a la Mesopotamia en el siglo I EV (50). A partir de entonces, ella y los demás estudiosos principales del mandeísmo, Rudolf Macuch (51) y Kurt Rudolph, (52) llegaron a la conclusión de que los orígenes del mandeísmo son pre-cristianos y están en Palestina. Aunque la cuestión siguió siendo contenciosa, pronto otros eruditos les siguieron, entre ellos Hans-Martin Schenke, (53) Giles Quispel (54) y Walter Schmitals. (55) Finalmente, con documentos disponibles a partir del descubrimiento del Mar Muerto, Otto Huth hiló más fino, sustanciando la teoría de que tanto los primeros mandeos como (San) Juan el Bautista habrían sido judíos esenios. (56) Según la hipótesis de Schenke, el mandeísmo habría nacido próximo a varias otras sectas judías heréticas de prácticas bautistas. En un segundo momento, sus adeptos habrían llegado a la conclusión de que la Torá es perversa. Condenaron a Moisés, adquirieron una cosmovisión gnóstica y se apartaron del judaísmo en forma definitiva. Mantuvieron sus ritos bautismales y eventualmente se identificaron con Juan, rechazando a Jesús como falso profeta. Perseguidos, finalmente migraron hacia la Mesopotamia. En el camino, plasmaron unas Escrituras dualistas que revelan la primigenia Entidad sin forma cuyas emanaciones engendraron una sucesión de deidades análogas a los Eones de los gnósticos. Surgieron así la Luz y la Oscuridad, un Padre y una Madre cósmicos, hasta llegar al Hombre Arquetípico, que es el creador del Cosmos y del hombre mortal. A su vez, éste está hecho a imagen y semejanza de su divino creador. El alma humana vive en un exilio material y su origen está en la Entidad Suprema a la que eventualmente regresa. Como al adoptar este mito ya habían desechado la Torá, no necesitaban postular un Demiurgo malvado para justificar a Yahvé. Parafraseando a Borges, escarnecer estas vanas fantasías no es del todo difícil. “La buena conversión de esos pesados símbolos vacilantes es lo que importa.” (57) Como en el caso de los gnósticos, los misterios de la fe mandea son sólo para iniciados. El mismo

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vocablo ‘mandeísmo’ remite al gnosticismo, ya que significa “conocimiento de la vida” (Mandā d-Heyyi) en mandaico (una lengua semítica noroccidental de la subfamilia del arameo oriental). Se cree que esta doctrina contribuyó al nacimiento del maniqueísmo persa, cuyo profeta Manés (58) estuvo bajo su influencia y la del mazdeísmo de Zoroastro. (59) Todavía no hay consenso, pero la evidencia apunta cada vez más a un vínculo entre los mandeos y la secta herética judía de los nasorenos, recordada por (San) Epifanio de Salamis. Estuvo activa por lo menos desde el año 100 AEV hasta la rebelión de Bar Kochba de 132 EV. Los hallazgos convergen con la tradición, ya que ‘nasorenos’ fue un nombre alternativo de los mandeos desde tiempos inmemoriales. Según la versión norteamericana del Feine-Behm-Kümmel, un clásico manual alemán para la introducción al Nuevo Testamento: “Los textos mandeos que han sobrevivido son testigos tardíos y deformados de un gnosticismo judío surgido en los márgenes del judaísmo, que debe ser aceptado como el trasfondo espiritual del que emergió Juan el Bautista.” (60) Los únicos gnósticos supérstites serían pues de origen judío. El dato no sorprende, pero dista de ser la única evidencia que indica el origen judío de esta rebelión contra Yahvé. Acápite 3 Dositeo, Simón el Mago y Menandro: el gnosticismo samaritano La evidencia a favor de un origen judío del gnosticismo se expande cuando consideramos los escritos de los heresiólogos cristianos acerca de los primeros maestros gnósticos. Hay consenso en que la lista comienza con Simón el Mago, quien a su vez fuera discípulo de Dositeo. Según la autorizada opinión del Cardenal Jean Daniélou, éste habría sido un esenio samaritano, quizás un “eslabón perdido” entre el pre-gnosticismo de los Rollos del Mar Muertos y el gnosticismo simoniano. (61) Por otra parte, pasando a la patrística, según el testimonio de (San) Justino Mártir el propio Simón habría sido un samaritano del pueblo de Gitta. El “mago” está mencionado en el Capítulo 8 de los Hechos de los Apóstoles, en el apócrifo Hechos de Pedro y en las Seudo-Clementinas. Según Justino, los samaritanos lo adoraban como a un dios. Permanece abierta la cuestión de si, como cree Quispel, Simón era un miembro de la congregación samaritana (una herejía judía), o si era simplemente un pagano de la región de Samaria. (62) También está abierta la discusión de si ya era plenamente gnóstico antes de entrar en contacto con el cristianismo, como cree Ernst Haenchen, o si su gnosticismo vino junto con su superficial conversión. (63)

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Finalmente, el principal discípulo de Simón, Menandro, también era samaritano. Según Justino, en su tiempo (hacia 150 EV) casi todos los samaritanos eran seguidores de Simón y de Menandro. (64) Sumando las evidencias, Daniélou concluye que la gnosis simoniana es un ejemplo de un gnosticismo judío pre-cristiano. Quispel, por su parte, no está seguro de que Simón fuera plenamente gnóstico, pero cree que el judaísmo heterodoxo representado por su doctrina fue el origen del gnosticismo. (65) Acápite 4 Las pistas talmúdicas A principios del siglo XIX el satirista polaco Yitzhak Erter (1792-1851) escribió una versión en hebreo del Fausto, donde el temerario arquetipo de Goethe es reemplazado por un rabino talmúdico gnóstico que porta el apodo “El Otro” (Aher). Éste era el siempre recordado hereje Elisha ben Abuyah, quien entró al Paraíso y vio a Metatrón entronizado, lo que se supone admisible sólo para Dios. Parece que el transgresor exclamó entonces “¡hay dos potencias en el cielo!” Muy sensatamente, quienes lo refutaron explicaron que Metatrón está sentado en un trono porque su función lo exige: el escriba celestial encargado de registrar los hechos y méritos del Pueblo Elegido no podría cumplir su tarea de pie. Así por lo menos lo registra el Talmud Babilónico en Hagiga 15a, en el contexto de un viaje místico al Paraíso de cuatro rabinos, Akiba, Simeón ben Zoma, Simeón ben Azai y el hereje Elisha. El Talmud menciona tres veces más a Metatrón: en Sanhedrin 38b, Avodah Zarah 3b y Yevamot 16b. También aparece en el Tercer Libro de Henoc, un texto hebreo seudoepigráfico. Se trata de una misteriosa figura identificada como el “Tetragrámaton Menor”. En la gematria hebrea el vocablo ‘Metatrón’ es el equivalente numérico de Sadday (uno de los nombres de Dios). De allí que se diga que “su nombre es el de su Amo”. Algunas escuelas judías lo reconocen como el ángel más importante, ocupando un lugar central para los cabalistas. El Zohar lo llama “el Joven”, título que también se le adjudica en 3 Henoc. Está identificado como el ángel que guió al pueblo de Israel después del éxodo de Egipto: una suerte de intermediario entre Dios y el hombre que algunos, herejes entre herejes, han identificado con Jesucristo. No obstante, en la rica angelología bíblica y seudo-epigráfica Metatrón tiene competidores por la primacía, entre ellos el arcángel Miguel, Melquizedek y el “Príncipe de la Luz” mencionado en manuscritos del Mar Muerto. Esta mitología, que procede en forma indiscutida del acervo judío, se presta fácilmente a interpretaciones alejadas del monoteísmo, algunas de las cuales convergen con la idea de que el Creador de la Torá es maligno.

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Ciertamente, por lo menos desde la razonable sátira de Erter existe una animada controversia acerca del papel de herejes judíos en los orígenes del gnosticismo. (66) Uno de sus puntos de partida se encuentra en las múltiples referencias talmúdicas a herejías afines, como esta de las dos potencias en el cielo. Muchos autores de literatura rabínica creían que Dios sólo puede ser el autor del Bien, de donde es fácil saltar a la herejía de que hay otra deidad responsable del Mal. Heinrich Hirsch Graetz, uno de los pioneros del tema, se detuvo especialmente en el pasaje sobre el viaje de nuestros cuatro rabinos, considerándolo un verdadero paradigma de las posibilidades abiertas a sectarios judíos de inspiración helenística. (67) Y Segal no sólo documentó discusiones célebres como las que se adjudican a Akiba e Ismael, que giran en torno de alguna de las versiones de la herejía de las dos o más potencias celestiales. También identificó algún antiguo Tárgum (68) donde el Génesis no comienza con el habitual “En el principio creó Dios...”, sino con un giro original: “Por Sabiduría creó Dios el cielo y la tierra”. (69) En su estudio observa que estos tres vocablos, “en el principio”, frecuentemente se reinterpretaron o reemplazaron para introducir un auxiliar angelical en el proceso de la Creación. Esta operación es la misma de los sistemas gnósticos, donde la Sabiduría (Sofía) o el Conocimiento (Logos) fueron los responsables directos de la Creación o los padres del Demiurgo que engendró el mundo material. (70) Por otra parte, Segal advierte que las herejías judías cercanas al gnosticismo surgieron de versículos de la Escritura que se prestan a interpretaciones heterodoxas incompatibles con una fe monoteísta que supone que Dios es la fuente de toda bondad y justicia. Estos hallazgos convergen con mi hipótesis de que el gnosticismo debió surgir del judaísmo, porque fueron los judíos quienes durante un mayor número de siglos estuvieron expuestos a lo que dice la Biblia. El discreto tratamiento talmúdico de la cuestión de la herejía casi siempre gira en torno de versículos que aquellos rabinos identificaron como “peligrosos”, similares a los que sometimos a escrutinio en la parte exegética de este libro. No obstante, es necesario observar que no todas las herejías sobre dos o más potencias celestiales plantean la idea de que una de ellas es perversa, condición necesaria para llegar al gnosticismo. El antinomismo está presente en un segmento minoritario de las interpretaciones heréticas de las dos potencias en el cielo. Pero el paso es muy corto, y los debates talmúdicos permiten entrever la existencia de minim antinómicos. También debemos tomar el recaudo de señalar que los rabinos del Talmud no siempre apuntaban sus ataques a minim judíos. A veces el blanco de sus críticas eran gnósticos ajenos al judaísmo, y en otras ocasiones eran cristianos. No obstante, como apunta Birger Pearson, parece claro que un porcentaje sustancial del debate rabínico estuvo dirigido contra sus propios herejes. (71)

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En su libro, Segal presenta una tabla que sintetiza sus hallazgos sobre los esfuerzos rabínicos en torno de los versículos peligrosos. Incluye también los pasajes no conflictivos de la Biblia a que acudieron estos religiosos, en su intento de demostrar el error de las interpretaciones heterodoxas. En estas páginas la reproducimos en forma simplificada. También Moritz Friedländer aporta evidencia talmúdica de este tipo. Por ejemplo, una misná de Yohanan ben Zakkai, rabino del primer siglo, admoniza que el tema de la Creación “no debe ser estudiado a no ser que quien lo haga sea un auténtico Sabio”, y que “a quienquiera ponga esta cuestión en su mente” y “no tuviere respeto por el honor del Creador más le hubiere valido no haber nacido” (Hag. 77a). Friedländer y Pearson confluyen en que esta es una típica advertencia contra la diferenciación gnóstica entre un Alto Dios y una deidad creadora inferior. (72) De similar propósito es la midrás que afirma que el mundo nació con una beta (en referencia a la primera letra de la Torá) y no con un aleph, porque en hebreo beta connota bendición y aleph sugiere una maldición: no vaya a ser que los herejes encuentren justificación para la blasfemia de que el mundo fue creado con el soez lenguaje de las profanaciones (Gen. Rab. 1.10). (73) También está la historia de un discípulo del rabino R. Jonathan, que se unió a unos minim en Capernaum que practicaban el amor libre, tal como los ofitas condenados por heresiólogos cristianos. En el relato talmúdico (Eccl. Rab. 1.8.4) Jonathan grita atormentado: “¡¿Es ésta una manera de comportarse para judíos?!” (74) Pearson concluye: “La especificidad de las polémicas midrásicas y talmúdicas contra la herejía no dejan dudas de que existían gnósticos judíos en Palestina, y que por lo menos desde el segundo siglo, sino más temprano, representaron una gran amenaza para muchos círculos judíos.” (75) Por su parte, Segal señala que los debates registrados por los redactores del Talmud parecen haberse originado en Palestina. Pearson concurre. Incluso existen pruebas, documentadas por Manuel Joël, de que los rabinos palestinos del primer siglo conocían el diagrama ofita y combatían a minim judíos adictos a esa herejía. (76) Cuando el centro de la vida judía se trasladó a Babilonia, el desafío planteado por estas creencias parece haberse diluido. Según Segal, a los minim se los apartó con varios métodos complementarios: 1. Excluyéndolos de las sinagogas, 2. Insistiendo en el valor del Primer Mandamiento como refutación de toda interpretación dualista de la Escritura, y 3. Prohibiendo oraciones heréticas en la liturgia.

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Una vez que los rabinos consiguieron que las oraciones fueran apropiadamente monoteístas, herejes y rabinos se separaron por consentimiento mutuo. Los minim siguieron proliferando en Palestina, pero ya apartados de la comunidad judía. (77) Aparentemente, estas prácticas fueron importantes en los siglos formativos del Talmud. Después, la inmensa mayoría de los observantes reemplazó la lectura de la Biblia por el estudio de ese nuevo compendio de reflexiones autorizadas sobre la Biblia. Y así, los versículos peligrosos dejaron de serlo. Con pocas excepciones, la herejía quedó limitada a sectas que ya se habían separado del judaísmo. La conclusión de Segal es que: “La radicalización del gnosticismo fue el producto de una batalla entre rabinos, cristianos y varios otros sectarios de las ‘dos potencias’ que habitaban los suburbios del judaísmo. La batalla fue registrada como un debate sobre el significado de varios segmentos de las Escrituras, entre los cuales se encuentran todas las angelologías y teofanías del Antiguo Testamento, seguidos de cerca en importancia por los plurales usados por y acerca de Dios. (…) Desde un punto de vista rabínico, la polémica estaba justificada por la fácil disposición de los sectarios a diluir el monoteísmo estricto para apoyar tradiciones vinculadas a sus antepasados, héroes y salvadores. Desde la perspectiva opuesta, el intento de establecer un judaísmo ‘normativo’ fue percibido como exclusivista, contribuyendo a la radicalización de las comunidades sectarias. Por lo tanto, es posible decir que el gnosticismo surgió de la polarización de la comunidad judía acerca del status del principal ángel de Dios.” (78) Segmentos bíblicos “peligrosos” (según A.F. Segal, ob.cit., pp. 148-149) a) Evidencia del período tanaico o misnásico (entre 70 y 200 EV) Apariencias contradictorias de Dios - Éxodo 15:3 vs. Ex. 24:10 y siguientes. - Daniel 7:9 y sig., más tarde Ps. 22:2 - Aher y Metatron - Daniel 7:9 s. - Éxodo 24:1 s. - Quizá: Ps. 37:25 . (LXX 36:25) - Ps. 104:31 (LXX 103:31) - Ex. 23:21 Una controversia entre Ishmael y Akiba; El Cielo y la Tierra como potencias divinas:

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Génesis 1:1 Génesis 4: 1 Génesis 21:20 Advertencias midrásicas contra las Dos Potencias: Deuteronomio 32:39 Números 15:30 Prohibiciones litúrgicas en la Misná Deuteronomio 22:6 Muchas potencias en el Cielo; Adán como criatura divina: - Génesis 1:26 Gen. 2:7 etc. - Génesis 19:24 - Amos 4:13 b) Evidencia del período amoraico o talmúdico (entre 200 y 500 EV) ¿Cuántas potencias crearon el mundo? - Génesis 1:26 - Génesis 11:7 - Génesis 35:7 - Deuteronomio 4:7 - 2 Samuel 7:23 - Daniel 7:9 - Génesis 1:1 - Génesis 1:26 - Josh 22:22 - Ps. 50:1 (LXX 49: 1) - Josh. 24:19 - Dt. 4:7 Ángeles y socios divinos - Génesis 1:1 - Génesis 1:1 - Génesis 2:4 Acápite 5 Filón de Alejandría y la secta de los maghariyya Si la herejía se difundió desde Palestina en tiempos talmúdicos, en una etapa previa probablemente haya viajado desde la Alejandría helenizada hacia la Tierra Santa. O no. Las influencias mutuas entre Palestina y la diáspora fueron complejas. Lo cierto es que Filón de Alejandría, filósofo judío helenizado de la generación inmediatamente anterior a Jesús, enseñaba que el cuerpo y el alma irracional del hombre fueron creados por ángeles, no por Dios.

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Filón fue un hombre a la vez piadoso y racional. No solamente no llegó a la herejía sino que la condenó severamente. Pero su razón lo puso siempre en el umbral de la misma. Por ejemplo, reflexionando sobre Génesis 31:13, se pregunta si allí no se hace alusión a la existencia de dos dioses. En su versión actual el versículo dice: “Yo soy el Dios que se te apareció en Betel”. Filón lo transcribe “Yo soy el Dios que se te apareció en el lugar de Dios”, porque Bet-El significa “lugar de Dios”. Por eso, con toda honestidad aconseja una cuidadosa reflexión, coqueteando con la herejía de las dos potencias celestiales. (79) Filón no estaba solo. La secta judía de los maghariyya o magarianos, que siguió activa en el norte de África hasta por lo menos el s. X EV, sostenía que existen tanto un Alto Dios como un creador angelical del mundo, diferenciado del primero. Éstos creían que los pasajes antropomorfos de la Biblia corresponden no a Dios sino a ese ángel creador. Harry Wolfson, un estudioso de estos temas, ha sugerido que la idea gnóstica de un demiurgo puede haberse derivado de esta tendencia del judaísmo, que no obstante su marginalidad se manifestó a lo largo de más de un milenio. (80) Quispel suscribe una tesis similar, asociando la doctrina magariana al gnóstico Cerinto, a quien considera un judío cristiano. Más aún, considera que los magarianos debieron existir en Palestina en tiempos anteriores a Jesús. (81) Aunque el demiurgo compartido por Filón y los magarianos no era perverso, la idea se aproxima mucho a otras más radicales que pueden interpretarse como reacciones contra la iniquidad del Yahvé bíblico. Por otra parte, los hallazgos de la Geniza de El Cairo (1896) y del Mar Muerto (1947) (82) permitieron corroborar a través de fuentes antiguas las crónicas judías caraítas del Medioevo, (83) escritas en arábigo, acerca de los magarianos. Siguiendo a John C. Reeves: “La información sobre los magarianos proviene de cuatro autores medievales, alQirqisani, al-Biruni, al-Shahrastani y Judah Hadassi. A su vez, éstos se basaron en dos fuentes anteriores, en gran medida perdidas: Da'ud ben Marwan alMuqammis, un exégeta del siglo IX que flirteó con el cristianismo antes de regresar al judaismo, y el teólogo musulmán Abu `Isa al-Warraq, un supuesto ‘hereje’ (zindiq) ocasionalmente acusado de simpatías maniqueas. La descripción que brinda el exegeta caraíta Ya'akov Qirqisani sobre los magarianos o maghariyya, quizá la más completa, los ubica en tiempos pre-cristianos, entre las figuras de Zadok (un judío opuesto a los fariseos, autor de tratados legales) y Jesús.” Entre los miembros de la secta, Qirqisani menciona a un “famoso alejandrino” que ha sido identificado con Filón. (84) De esta manera, Filón y la secta magariana quedan ubicados en un lugar próximo al gnosticismo.

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Según Friedländer y Pearson, la trayectoria intelectual que fue plasmando la herejía gnóstica en el judaísmo alejandrino comenzó con la tendencia a interpretar alegóricamente el Pentateuco. Esto condujo a divisiones en la diáspora. Por un lado estaban aquellos que interpretaban la Torá al pie de la letra y por el otro quienes estaban bajo la influencia del neoplatonismo. Éstos argüían que la “filosofía divina” de los griegos se había nutrido en la Ley Mosaica. El propio Filón suscribía esta teoría, sin ser el primero. Tuvo por precursores a Aristóbulo, Seudo-Aristeas y Seudo-Salomón. (85) La principal fuente de donde extraían inspiración teológica era el Timeo. Esta es una extraña obra de la madurez de Platón, un ensayo de cosmología racional influido por las matemáticas pitagóricas que posteriormente, ya en tiempos cristianos, algunos creyeron inspirada por el Espíritu Santo. Pero una cosa era abrevar en Platón y el neoplatonismo para enriquecer al judaísmo con contenidos filosóficos griegos. Otra llegar al extremo de negar la Ley ritual. Filón compartía la tendencia a interpretar el Pentateuco alegóricamente pero condenaba el antinomianismo. Esto está documentado por Friedländer a través del texto de Filón, Sobre la Migración de Abrahán, donde el filósofo polemiza contra los alegoristas que se apartan de la letra de la Ley. Este escrito delata un grave cisma en el judaísmo diaspórico. Sus partes fueron un bando relativamente “ortodoxo” y otro antinómico, rechazado por el filósofo. (86) Según la hipótesis de Friedländer, algunas herejías presuntamente cristianas (como los ofitas, caínitas, setianos y melquizedequianos) provendrían de estos herejes judíos. (87) La afirmación del investigador decimonónico está basada en los contenidos atribuidos a estas sectas y también en los alegatos de heresiólogos. Un ejemplo es el de (San) Filastrio, obispo de Brescia, cuya obra de los alrededores del año 383, Diversarum hereseon liber, menciona a los ofitas, cainitas y setianos como sectas judías que florecieron antes del cristianismo. Lamentablemente, los textos de estos grupos no han sobrevivido. Estos herejes eran antinómicos que veneraban a la serpiente y creían que el mundo material había sido creado por una deidad inferior. Como se infiere de su escrito Sobre la Posteridad y el Exilio de Caín, Filón los conocía antes de la era cristiana. (88) El alejandrino argüía contra ellos en los mismos términos en que, un siglo más tarde, (San) Ireneo de Lyón lo haría contra gnósticos cristianos. (89) Igualmente significativa es su condena de los apóstatas, en De las Leyes Especiales. El contexto allí es el de una discusión sobre Dios y sus Mandamientos: “Si algunos miembros de la nación (israelita) traicionan el honor debido al Uno, sufrirán las penas más gravosas. Han abandonado su deber más importante y su servicio en las huestes de la piedad y la religión. Han elegido la oscuridad a la luz. Han cegado su mente, que poseía en potencia una visión recta. (90)

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También elocuente es que en De la Confusión de las Lenguas, Filón condenara a judíos que rechazaban las leyes rituales y ni siquiera recurrían a la alegoría para denunciar pasajes “objetables” del Génesis. El filósofo retruena indignado: “Aquellos que están disgustados con sus instituciones ancestrales y que siempre se esfuerzan por criticar las leyes, usan pasajes como Génesis 11:1-9 para justificar su apostasía. Esa gente impía dice, ‘¿Aún contemplas a los mandamientos con solemnidad, como si representaran cánones auténticos? Mira, tu libro supuestamente sagrado contiene mitos como los que ridiculizas cuando los oyes recitados por otros.” (91) De manera similar, en Sobre el Decálogo Filón denuncia a quienes “con frenesí estridente publican en el extranjero muestras de su impiedad, blasfemando contra la Divinidad” y generando gran turbación entre los creyentes. (92) Finalmente, cuando en sus Preguntas y Respuestas acerca del Génesis, el alejandrino afirma que “Dios no alberga dudas ni envidia”, parece estar refutando en forma directa un texto gnóstico reencontrado en 1945, El Testimonio de la Verdad, en que se adscriben precisamente estas cualidades al Demiurgo. (93) Todos estos elementos apuntan a la existencia de gnósticos judíos. Según emerge de la investigación de Fiedländer y su reivindicación por Pearson, las doctrinas gnósticas eran toleradas y hasta alentadas por algunos en los círculos ortodoxos, siempre que no atentaran contra el honor y la unidad de Dios. Así surgió una distinción entre una gnosis verdadera y otra falsa. La segunda se caracterizaba por la arrogancia contra Yahvé. Esta distinción parece haber sido común a los judíos de Palestina y de la diáspora alejandrina. (94) Por otra parte, la evidencia sugiere que, más allá de las inclinaciones filosóficas de círculos diaspóricos como el de Alejandría, en Palestina una tendencia a la revuelta teológica debió haber sido potenciada por la decepción provocada por el hecho de que el Mesías no llegara, a pesar de los siglos de dominación sufrida en manos de diversos imperios. Pearson señala que: “El judaísmo es una religión que se toma la historia en serio y que tiene una marcada tendencia al mesianismo. Como tal, es un ámbito natural para el surgimiento de una actitud de revuelta en circunstancias críticas. Hay mucho a favor de la conjetura de que el gnosticismo antiguo se haya desarrollado en parte en el contexto de un mesianismo decepcionado, o mejor dicho en un mesianismo transformado (...). En el período antiguo, un mesianismo transmutado de este tipo se entiende mejor en el territorio nacional, en Palestina misma, que en la Diáspora.” (95)

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De similar opinión es Pheme Perkins: “Parece probable que algunos de esos judíos heterodoxos encontraran el camino a círculos cristianos donde la tradición judía era a la vez aceptada y rechazada. Es posible que fuera en ese contexto donde nació lo que conocemos como la exégesis típicamente gnóstica del Antiguo Testamento. La interpretación esóterica y quizá también la filosófica del Antiguo Testamento se volcaron en contra de esa tradición y su Dios.” (96) Por otra parte, los descubrimientos arqueológicos más recientes también parecen confirmar que la herejía gnóstica estaba instalada entre algunos núcleos judíos de Alejandría y Palestina antes del advenimiento del cristianismo. La metodología empleada por los expertos consiste en identificar tradiciones judías en los textos gnósticos. Pearson dedica el capítulo 3 de su libro a la temática de “Tradiciones Hagádicas Judías en El Testimonio de la Verdad de Nag Hammadi”. Allí encuentra lecciones gnósticas típicamente midrásicas a las que regresaremos más adelante. Esta conjetura sobre el origen judío del gnosticismo se fortalece cuando consideramos que la mitología gnóstica está imbuida de elementos platónicos adaptados a la Biblia. Este es precisamente el tipo de filosofía que los judíos ilustrados importaban y procesaban, adaptándola a su pensamiento religioso. La evidencia es impresionante cuando consideramos el conjunto de ideas que emerge del Timeo. Allí nos encontramos con que el universo ha sido creado por un artesano divino, el Demiurgo, que es eterno pero no omnipotente. Estaba obligado a modelar su creación sobre la base de formas arquetípicas preexistentes. Bastaba con que algunos leyeran atentamente la Torá para que se enteraran de que, como el demiurgo de Platón, Yahvé no es todopoderoso. La coincidencia sería impactante. Además, según Platón el Demiurgo no era el Dios Supremo: había otro por encima de él. Esta idea platónica prevalece en todo el gnosticismo y es probable que los primeros en esbozarla en un contexto de reinterpretación bíblica fueran algunos judíos cultos, que cargaban con una Revelación cuyo protagonista era claramente malvado a la vez que limitado. ¡Platón tiene razón!, habrán pensado estos buenos herejes. Un Dios Altísimo por encima de Yahvé debe necesariamente existir. Finalmente, el ateniense sostenía que el Cosmos era en sí mismo un ser viviente con una mente (nous) y un alma (psyche), a la vez que cada ser humano también estaba dotado de estos atributos. La nous de cada uno de nosotros, agregaba, porta su daimon o chispa divina. ¡El problema de la Biblia quedaba resuelto! La Revelación estaba incompleta. Como el mismo Pentateuco dice entre líneas, no alcanza con saber que Yahvé es el creador de este mundo. Su limitación y su iniquidad nos llevan a poner las miras más allá de Él.

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Montando el platonismo tardío sobre la Biblia todo se tornaba teológicamente admisible. (97) La Escritura sería forzosamente reinterpretada por las gentes más audaces e ilustradas. Bastaba agregarle al libreto platónico la idea de que el Demiurgo es perverso como Yahvé, y que su nacimiento fuera el producto de un pecado contra el Altísimo perpetrado por la Sabiduría, un espíritu superior que es en sí mismo una emanación de aquel Dios que está más allá de dios. Hasta el piadoso Filón consideraba a Sofía una dynamis o potencia divina. Los minim simplemente tomaron esta doctrina y la reformularon de manera más audaz y herética. (98)

Acápite 6 Sofía: los orígenes judíos del principal mito gnóstico Las ideas provenientes de herejías judías que hemos atisbado en acápites anteriores desembocaron en el gnosticismo. Cuando los rebeldes descartaron el Antiguo Testamento, como sucedió con los mandeos y también con el hereje cristiano Marción de Sínope, las viejas Escrituras fueron olvidadas. Pero la mayoría de las veces se rescató el Libro del Génesis, reinterpretándolo. En tales casos, el sistema de creencias emergente se caracterizó por: 1. El reconocimiento de la perversión de Yahvé, 2. La noción de que por encima de Él debe existir un Alto Dios, y 3. La introducción de una instancia mediadora entre Éste y el Demiurgo. (99) En la mayoría de las variantes del gnosticismo esta instancia celestial se llamó Sofía (o sea Sabiduría). (100) Y como veremos, este mito también tiene origen judío. Ciertamente, cuando surgió el gnosticismo la Sabiduría ya era un importante eje de reflexión judía. Incluso estaba convertida en ente personificado, como si fuera un espíritu. Quien más investigó estas raíces fue el jesuita George MacRae. Sin negar un cruce de influencias complementarias de origen griego e incluso egipcio, señaló los numerosos elementos que delatan el origen judío de Sofía. En su trabajo registra abundantes paralelos de los libros de Sabiduría, Proverbios y Jubileos: Sofía es personal. Sofía está íntimamente unida a Dios, siendo su aliento, emanación, reflejo e imagen (Sab vii:25-26). Es la primera de sus creaturas (Prov viii:22). Es su compañera (Prov viii:30). Sofía habita en las nubes (Ecli xxiv:4; LXX Bar iii:29). Sofía fue por lo menos un instrumento en la creación del mundo (Prov iii:19, viii:27-30, etc.).

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Sofía comunica su sabiduría y revelación a los hombres (Sab). Sofía desciende al mundo de los hombres (I Hénoc xlii:2; LXX Bar iii:37). Sofía asciende de regreso a su morada celestial (I Hénoc xlii:2). Sofía está vinculada a una estructura cósmica de siete dimensiones (Prov ix:I). Sofía se identifica con la vida (Prov viii:35; LXX Bar ix:14, etc.) y es ella misma un árbol de la vida (Prov iii:18; cf. I Enoch xxxii:3-6). (101)

Es por estas y otras evidencias que MacRae concluye: “Como se ha dicho muchas veces, la actitud gnóstica proviene de una revuelta, y es una revuelta contra el judaísmo. No obstante, debe concebirse como una revuelta al interior del judaísmo.” (102) O como dice Nils A. Dahl, elaborando sobre paralelos y diferencias entre la Sabiduría judía y la Sofía gnóstica: “En algunos textos se llama Prunichos, la Libidinosa, quedando diferenciada de una Sofía más encumbrada. En muchos sentidos es una variante gnóstica de la Hokmah personificada de la literatura judía de la sabiduría (por ejemplo, Proverbios 8, Job 28, Ecli 24). Pero en mayor medida que su antecesora, la Sofía gnóstica posee los rasgos de una deidad femenina. (…) Es una figura materna, la Madre Universal y también la madre del Arconte, su feto abortado. Se identifica con la Eva Celestial, la ‘madre de los vivos’, y con el espíritu (‘rûah’), que es femenino. Ella es el Espíritu de Dios que se movía en el agua (Gen 1:2b).” (103) En el mito gnóstico, Sofía es elevada al lugar de madre de la deidad menor que creó al hombre y al mundo material. Ella es un espíritu divino, un ‘eón’ femenino, una emanación del Altísimo. Concibió a Yahvé por sí misma, sin el auxilio de un eón masculino. En otras palabras, se clonó. Ese error resultó en un desastre cósmico. Su hijo, que es a su vez nuestro creador, porta otro nombre. El más común de sus apelaciones sustitutas es Yaldaboath. Es un Demiurgo defectuoso, producto de la caída de su madre en el error. Por eso la Revelación que Él protagoniza está incluso equivocada. Pero el hombre que creó porta la chispa divina de Sofía. Y el regreso de Ésta a la plenitud del Altísimo, el Pleroma, posibilita nuestra salvación. Con la incorporación de Sofía, sublime emanación del Dios que está más allá de dios, los gnósticos creyeron haber resuelto el problema de la Creación sin negar los contenidos del Libro del Génesis. Sólo había que completarlo. Por otra parte, el propio Platón había enseñado que el hombre posee una chispa proveniente del Altísimo y que por eso es redimible. Comprendiendo que la Serpiente es buena, no mala, porque al alentarnos a conocer sobre el Bien y el Mal nos comunicó con la Incorruptibilidad, surgieron las sectas ofitas que según los heresiólogos tuvieron origen judío. Veneraban a ese noble pero vilipendiado animal que nos acercó a Sofía: un áspid que quizás fuera emanación del mismísimo Altísimo.

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La salvación metafísica de la humanidad entera, no ya la terrenal y militar del pueblo de Israel, era posible. ¡Y henos aquí que un filósofo ateniense nacido en 429 AEV conocía la solución sin haber tenido acceso a nuestras Escrituras! El resultado sería primero el gnosticismo judío y después el cristiano. Por cierto, ¡hasta el mismo Salvador del cristianismo parecía profetizado en las ideas del ateniense! Esta es una simplificación de la más común de las versiones del mito gnóstico. La Biblia de los judíos de Alejandría, que posteriormente se convertiría en el Antiguo Testamento del catolicismo bajo el nombre de Septuaginta o Biblia de los Setenta, no llega hasta este extremo, pero en dos de sus libros incorpora a Sofía de una manera personificada, típicamente estoica, casi como si fuera una diosa: Sabiduría (104) y Eclesiástico. Para Filón estas serían alegorías poéticas o filosóficas sin ribetes heréticos, pero para todos aquellos que, preocupados por la iniquidad de Yahvé, buscaran reinterpretar el Génesis, era el principio de una audaz aventura teológica. Ciertamente, la personificación de Sofía que allí encontramos es muy similar a la de las escrituras gnósticas recuperadas arqueológicamente en Nag Hammadi. Por ejemplo, el Rey Salomón nos dice en el Libro de la Sabiduría: 7:21 Conocí todo lo que está oculto o manifiesto, porque me instruyó Sabiduría, la artífice de todas las cosas. (...) 7:24 Sabiduría es más ágil que cualquier movimiento; a causa de su pureza, lo atraviesa y penetra todo. 7:25 Ella es exhalación del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Todopoderoso: por eso, nada manchado puede alcanzarla. (...) 8:2 Yo la amé y la busqué desde mi juventud, traté de tomarla por esposa y me enamoré de su hermosura. 8:3 Su intimidad con Dios hace resaltar la nobleza de su origen, porque la amó el Señor de todas las cosas. 8:4 Está iniciada en la ciencia de Dios y es ella la que elige sus obras. A su vez, en Eclesiástico (105) nos encontramos con que Sofía es incorporada al mito etnocéntrico propio de la Biblia judeocristiana: 24:1 Sabiduría hace el elogio de sí misma y se gloría en medio de su pueblo, 24:2 abre la boca en al asamblea del Altísimo y se gloría delante de su Poder: 24:3 "Yo salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como una neblina. 24:4 Levanté mi carpa en las alturas, y mi trono estaba en una columna de nube. 24:5 Yo sola recorrí el circuito del cielo y anduve por la profundidad de los abismos.

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24:6 Sobre las olas del mar y sobre toda la tierra, sobre todo pueblo y nación, ejercí mi dominio. 24:7 Entre todos ellos busqué un lugar de reposo, me pregunté en qué herencia podría residir. 24:8 Entonces, el Creador de todas las cosas me dio una orden, el que me creó me hizo instalar mi carpa, él me dijo: “Levanta tu carpa en Jacob y fija tu herencia en Israel”. Esto no es ni más ni menos que neoplatonismo judío con influencia estoica, incorporado al canon bíblico de la diáspora de Alejandría (aunque no al de Palestina, que resultaría dominante). Es alegoría poética para quien así quiera interpretarlo, pero para quien quiera reinterpretar a la Torá puede ser mucho más. Finalmente, si de la Septuaginta pasamos al Primer Libro de Henoc, un apócrifo judío, crece aún más la evidencia del vínculo entre el judaísmo y los gnósticos. (106) Su Capítulo 42 nos dice: Sabiduría no encontró lugar donde residir; Entonces se le asignó un lugar en los cielos. Sofía se lanzó a establecer su hogar entre los hijos del hombre, Y no encontró lugar donde residir: Sabiduría regresó a su lugar, Y tomó su asiento entre los ángeles. Y la injusticia salió de su habitáculo Ella encontró a quien no había buscado. Y convivió con ellos Como la lluvia en el desierto Como el rocío en una tierra sedienta. Este texto judío (parte del canon de la Iglesia Ortodoxa Etíope que inesperadamente apareció en hebreo entre los Rollos del Mar Muerto) es una descripción poética y tristemente patética de la desesperada situación de Sofía. El texto podría intercalarse en una escritura gnóstica sin desentonar, en alusión al desastre cósmico producido cuando engendró al Demiurgo. Estas evidencias llevaron al Cardenal Jean Daniélou a concluir que: “Las tradiciones gnósticas son la continuación, en el cristianismo, del esoterismo judío”. (107) Conclusiones similares fueron alcanzadas por Walter Schmitals y Jack T. Sanders, que sostienen que la personificación de la Sabiduría típica de la literatura judía es el prototipo de la figura del Redentor Celestial, también típica de la mitología gnóstica. (108)

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Como se ve, los orígenes judíos del gnosticismo, que reinterpreta al Pentateuco usando figuras como la de Sofía, parecen refrendados de muchas maneras. Por ejemplo, son recurrentes los descensos de Sofía al mundo material, presentes tanto en algunos de los hallazgos gnósticos de Nag Hammadi como en los capítulos citados de los libros de la Sabiduría, Eclesiástico y Henoc. En su Introducción a Protennoia Trimórfica, una escritura gnóstica cuyo título en lenguaje lego significa “El Triforme Primer Pensamiento Divino”, John D. Turner arguye que el triple descenso del Pensamiento Primigenio es un derivado de las escuelas helenistas de la tradición judía de la Sabiduría. De allí surgiría la personificación de esta figura y el posterior esclarecimiento de la humanidad, tal como se encuentran en 1 Henoc 42, Ecli 24 y Sabiduría 7-8, y también en Filón. Dice el investigador: “Parece que los dos descensos frustrados de 1 Henoc 42 y el exitoso de Ecli 24 se combinan en un total de tres descensos al mundo inferior, dos de los cuales se traducen en una liberación parcial, conduciendo el tercero al despertar final y a la salvación de todos aquellos que la reciben”. Según Turner este texto perdido y reencontrado pasó por tres etapas y enmiendas: la primera construcción tiene impronta del judaísmo helenístico, la segunda sumó elementos barbelitas (109) y la tercera le incorporó materiales del cristianismo joanneo. (110) Este análisis nos conduce directamente al de James M. Robinson, en la introducción general a su compilación de la biblioteca gnóstica de Nag Hammadi. Según él, son los textos setianos de esa colección los que atestiguan un gnosticismo pre-cristiano: “El mayor grupo de los escritos de este grupo no contiene elementos cristianos en absoluto (Las Tres Estelas de Set, Alógenes, Marsanes, El Pensamiento de Norea); otros contienen apenas algunos motivos cristianos (Zostriano, El Apocalipsis de Adán) o despliegan una pátina cristiana ocasional (Protennoia Trimórfica, El Evangelio de los Egipcios), mientras sólo unos pocos (La Hipóstasis de los Arcontes, Melquizedek, El Apocrifón de Juan) se acercan a lo que se llama gnosticismo cristiano. En ninguno de estos textos se deriva la mitología de una fuente primariamente cristiana. El ingrediente cristiano es tan externo a la sustancia central del texto que uno está inclinado a pensar que fue agregado por un editor, traductor o escriba (...) Sus raíces se encuentran en la especulación judía sobre la Sabiduría (...). Así, uno concluye que aunque el conjunto setiano era útil para los cristianos (como otros textos no cristianos del Antiguo Testamento), derivan de un gnosticismo ‘judío’ no cristiano.” (111) Por otra parte, el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto converge con estas conclusiones porque documentó la pluralidad teológica de los judaísmos del primer siglo. Siguiendo a Robinson:

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“Ese hallazgo fue al conocimiento sobre los esenios lo que el descubrimiento de Nag Hammadi fue a los gnósticos. (...) Ahora sabemos que se trataba de una secta judía que había cortado sus relaciones con el Templo de Jerusalén, retirándose al desierto en Wadi Qumrán. Entendían su situación en términos de la antítesis entre la luz y la oscuridad, la verdad y la mentira, un dualismo que se enlaza hacia atrás con el dualismo persa y hacia delante con el gnosticismo. La historia del gnosticismo, según emerge de la biblioteca de Nag Hammadi, retoma este desarrollo donde lo deja la historia de los esenios documentada en los Rollos del Mar Muerto. Tradiciones místicas judías posteriores, rastreadas especialmente por Gershom Scholem, han demostrado que por extraño que parezca, las tendencias gnósticas continuaron teniendo una existencia clandestina en el contexto del judaísmo normativo.” (112) El tema parece bastante claro. La evidencia documental apunta en la misma dirección que el sentido común. Nuestra hipótesis no ha sido falseada por la prueba a la que fue sometida. Aunque los modelos persa y neoplatónico no hubieran estado al alcance de la mente, algo parecido al gnosticismo tenía que surgir por generación espontánea en el contexto del judaísmo. Dado el problema bíblico de la iniquidad de Yahvé y el hecho sorprendente de que éste no sea omnipotente, algunos hombres libres y honestos tenían que concluir, entre otras cosas, que hay un Dios más allá de Dios y que la Serpiente es buena. Este emergente del sentido común no es ni más ni menos que la solución gnóstica al problema enunciado. Es la única solución posible para quienes sigan creyendo que el Pentateuco es palabra revelada. Coincidente con lo dicho, el hallazgo de Nag Hammadi nos obsequió un texto, El Testimonio de la Verdad, que contiene un conmovedor párrafo señalado por Pearson por su claro estilo midrásico. Allí un maestro razona sobre la perversión del Demiurgo, casi resumiendo nuestro estudio previo de la Torá: ¿Pero que clase de Dios es este? Primero le prohibió maliciosamente a Adán comer del árbol del conocimiento. Y después dijo, “Adán, ¿dónde estás?” Dios carece de conocimiento anticipado, porque [de lo contrario] ¿no hubiera tenido respuesta desde el principio? *Y+ después dijo, “expulsémosle de este lugar, no vaya a ser que coma del árbol de la vida y viva para siempre”. Por cierto que ha demostrado ser un resentido envidioso. ¿Y qué clase de Dios es este? Porque grande es la ceguera de aquellos que leyeron y no le conocieron.” (113) Sin duda que hubo innumerables judíos, tanto en Palestina como en Alejandría y más allá, que sacaron estas conclusiones y se convirtieron en minim antes del advenimiento del cristianismo. Para tal Señor, tal herejía.

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PARTE III PARALELOS ENTRE EL OCCIDENTE DE LOS DERECHOS HUMANOS UNIVERSALES Y LA HEREJÍA GNÓSTICA
Introito El planteo Los gnósticos, que comenzaron a desarrollarse con las “especulaciones ardientes” de sabios judíos rebeldes frente a un Yahvé genocida, se alejaron del mandato bíblico sintetizado en la fórmula “disciplina interna más ferocidad externa”. No fueron disciplinados ni feroces. Fueron masacrados por una Iglesia cristiana que se adaptó con perfección a esa consigna, reemplazando al Pueblo Elegido de Yahvé Elohim, que pecó porque aunque fue disciplinado no fue genocida. Cuando la admirable herejía resurgió bajo la enseña del catarismo, sus cultores fueron aniquilados con más saña aún. En ambos casos, las víctimas eran más cultas y sofisticadas que sus victimarios. En los tiempos actuales, una civilización judeocristiana que, de tan humanitaria, ha superado los mandatos presuntamente divinos engendrando una ética cívica laica y superior, está siendo puesta en jaque por un extremismo islámico que sigue los primitivos mandatos de sus Sagradas Escrituras. Como en el caso de los gnósticos, va a ser avasallada. Hay importantes diferencias entre la reacción gnóstica a la perversión de Yahvé, que aunque herética fue religiosa, y la reacción occidental, que es secular. Pero los paralelos son interesantes, particularmente teniendo en cuenta que nos separan dos milenios. En el caso de Occidente la derrota es segura, particularmente si se tiene en cuenta que en el último medio siglo los países de Europa occidental han alentado una invasión de islámicos que conducirá casi inevitablemente a su conquista demográfica. En 1982 el porcentaje de población musulmana de la Europa de los 15 era de sólo el 1,9%. En 2003 ese guarismo había saltado al 4%. En 2006 las cifras habían crecido cuánticamente: Francia: casi 6 de sus 63 millones de habitantes (10%) Holanda: casi 1 de sus 16 millones (4,8%) Alemania: 3 de sus 82 millones (3,6%) Reino Unido: 1,6 de sus 58 millones (2,8%) España: 1 de sus 43 millones (2,3%) Suecia: 300.000 de sus 9 millones (3%) Suiza: 311.000 de sus 7,4 millones (4,2%)

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A esto se agrega que ya cerca del 50% de estos musulmanes nacieron en Europa y poseen plenos derechos ciudadanos. Su tasa de crecimiento vegetativo es tres veces superior a la de los no-musulmanes. Su población es mucho más joven que la no-islámica. Comienzan a tener hijos a edad mucho más temprana. Una generación se mide en 16 años, contra el doble para la población no-islámica. Para 2015, la población musulmana de Europa se habrá duplicado otra vez, mientras la población no musulmana habrá disminuido en 3,5%. Según las proyecciones menos pesimistas, en 2050 los islámicos representarán el 20% de Europa occidental. Otros cálculos han proyectado una mayoría islámica en Francia hacia 2050. La sensibilidad al peligro no proviene de un chauvinismo trivial ni de una odiosa perversión racista. Como se sabe, esta conquista viene acompañada de permanentes intimidaciones y de un terrorismo transnacional sustentado por suicidios místicos asesinos. Una consecuencia es que las libertades occidentales están cada vez más cuestionadas. La intimidación enciende el miedo a ofender y éste castra la libre expresión. Por eso, después del asesinato del cineasta Theo van Gogh en 2004, emigran de Holanda los artistas que aspiran a expresarse en plenitud. Sin ánimo de abrir un juicio moral, el hecho objetivo es que nada de esto hubiera ocurrido antes de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, cuando las defensas psicológicas y morales de Occidente eran robustas. En tiempos de la Reconquista Española las poblaciones de origen extranjero ya estarían siendo expulsadas de Europa a cualquier costo, en fiel cumplimiento del mandato deuteronómico. Pero ahora no existe ninguna posibilidad de que se acuda a medidas drásticas, porque nos lo prohíbe una ética cívica superior de origen laico, profundamente anti-bíblica, y porque el hedonismo nos impide sacrificar los beneficios de corto plazo de la mano de obra barata. No es el caso de los países musulmanes, de donde las minorías no islámicas han sido persistentemente expulsadas durante el último medio siglo. Tampoco sufrirán invasiones semejantes naciones como Japón, que en otros aspectos se han asimilado a la cultura occidental. Y China no será sometida a una conquista demográfica extranjera, no sólo por el tamaño de su población sino porque no lo consentiría jamás. Sólo en Occidente puede dominar el imperativo categórico autodestructivo de la ética cívica de la Ilustración. Obviamente, el paralelo con los gnósticos es acotado. Son colosales los cambios acontecidos en dos milenios. Además, éstos jamás gozaron de la posición hegemónica que ha detentado Occidente entre 1492 y la actualidad, y por eso no tuvieron, como nosotros, la opción de regresar a una moral cívica más primitiva para vencer. Tampoco tenían muchas alternativas sus adversarios católicos de entonces: pudieron imponerse gracias a que fueron cooptados por el poder imperial de Roma, que hasta Constantino había perseguido a los cristianos.

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No obstante, frente a sus competidores del ámbito religioso, los gnósticos no sólo eran superiores sino que en algunos sentidos se parecían a los occidentales secularizados de los siglos XX y XXI. Perdieron precisamente debido a su carácter más avanzado y progresista. Exploremos algunos de las asombrosas analogías, dignas de admiración y estima.

Acápite Único Los gnósticos frente a la homosexualidad, la androginia, el principio femenino y la mujer carnal La malhadada aventura gnóstica fue revolucionaria por el papel del principio femenino en sus mitologías. También lo fue por el rol de la mujer de carne y hueso, tanto en sus efímeras instituciones religiosas como en su versión de la vida de Jesús de Nazaret. Representó una avanzada feminista hasta ahora no igualada en la civilización occidental y sin paralelos en el mundo actual. En aquellos tiempos, aún dentro de la Iglesia de Roma la imagen de Jesucristo fue a veces andrógina. El propio (San) Pablo, en un pasaje de la Epístola a los Gálatas, cita un dicho que pertenece a una tradición pre-paulina, donde se perfila cierta indefinición sexual: 3:28 Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni varón ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. A propósito de este versículo, cuenta Wayne Meeks que unos veinte años después de la Crucifixión, el hombre o la mujer que presidía una ceremonia de iniciación cristiana anunciaba ritualmente que “en Cristo... no está lo masculino ni lo femenino”. (114) Luego esto se perdió y el predominio masculino fue total, excepto entre los gnósticos. El cristianismo naciente fue muy diverso y la androginia es apenas la punta del ovillo. Hay indicios de que se discutía una posible homosexualidad de Jesús. Tal parece ser el caso de la escuela gnóstica antinómica fundada por Carpócrates de Alejandría en el siglo II. Según (San) Ireneo de Lyón, éste creía que para superar el mundo material en forma definitiva, nuestra alma (que es eterna pero prisionera de un Creador malvado) debe atravesar todas las experiencias posibles. Esto es lo que nos permite regresar al verdadero Dios. Por ese motivo, estos herejes se habrían entregado a todo tipo de excesos. Los carpocracianos decían poseer un retrato de Jesús pintado por Poncio Pilato, y veneraban imágenes de Platón, Pitágoras y Aristóteles. Por su parte, (San) Clemente de Alejandría sostenía que en sus ágapes (como se llamaba a las reuniones de los primeros cristianos) los carpocracianos practicaban el amor libre.

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Según una carta de Clemente encontrada y fotografiada en el convento ortodoxo de Mar Saba por el historiador Morton Smith en 1958, los seguidores de Carpócrates se guiaban por un perdido Evangelio Secreto de Marcos, donde se insinuaba que Jesús era gay. (115) La carta, dirigida a un tal Teodoro, discípulo de Clemente, tilda a los carpocracianos de antinómicos licenciosos. El heresiólogo discurre sobre el Evangelio según San Marcos y dice que su autor escribió un segundo evangelio destinado a aquellos que estaban siendo “perfeccionados”. Clemente instruye a su discípulo que niegue la existencia de esta escritura oculta, agregando que los carpocracianos le introdujeron secciones falsas. Para ilustrar su alegato, transcribe dos de sus párrafos. La hipotética existencia de un Evangelio Secreto de Marcos no es sorprendente si tenemos en cuenta que en sus Evangelios canónicos, Marcos y Mateo reconocen explícitamente que Jesús impartía enseñanzas secretas para sus predilectos, como también lo hace Pablo en su Segunda Epístola a los Corintios. Marcos, por ejemplo, nos dice: 4:10 Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de él junto a los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas. 4:11 Y Jesús les decía: “A vosotros se os ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola, 4:12 a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón”. Mateo repite casi las mismas palabras en 13:10-14, agregando una referencia al Antiguo Testamento: “Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no c omprenderán, por más que vean, no conocerán.” (116) Siendo así, entre el evangelio canónico de Marcos y las noticias que tenemos del evangelio secreto hay un interesante encadenamiento. La posibilidad de un Jesús homosexual emerge de este vínculo. La primera pista se encuentra en el canónico. En la escena del arresto de Jesús, y luego frente a su tumba, hace su aparición un enigmático discípulo joven y semidesnudo. Marcos nos cuenta que cuando prenden al Salvador, en circunstancias en que todos lo abandonan y huyen: 14:51 Lo seguía un joven, envuelto solamente con una sábana, y lo sujetaron; 14:52 pero él, dejando la sábana, se escapó desnudo. Este episodio sólo aparece en Marcos y no alcanzaría para conjetura alguna si no fuera porque en su condena a los carpocracianos, Clemente cuenta que éstos alegaban que la versión secreta del Evangelio contiene la frase gymnon gymnō, que significa “hombre desnudo con hombre desnudo”, que en esa cultura era indicativa de una relación sexual explícita.

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Como arguye Smith, el texto de Clemente por lo menos sugiere que en tiempos muy cercanos a la Crucifixión se discutía la posibilidad de que Jesús hubiera tenido un vínculo romántico o erótico con un joven. En su alegato, el heresiólogo no niega esta relación; sólo afirma que no hubo falta contra la castidad. Niega que Jesús y el joven hayan tenido relaciones sexuales pero no que estuviesen enamorados. (117) Por otra parte, aunque esta especulación resulte osada, consta en el Nuevo Testamento canónico que Jesús violaba las convenciones judías de entonces, hablando abiertamente con mujeres e incluyéndolas entre sus acompañantes. Esto por sí solo ubica al cristianismo primitivo en un plano de superioridad cultural frente a su versión actual. El Evangelio según San Lucas da testimonio de ello. Cuando Marta se queja de que carga con todas las tareas domésticas propias de una anfitriona mientras su hermana María sólo escucha a Jesús, éste le da rotundamente la razón a la segunda, dejando en posición desairada a una mujer que trabajaba para servirle en lugar de escucharle como los hombres. (118) Hay otros indicios en el texto canónico acerca del papel relevante de la mujer, luego denegado por la Iglesia. Por ejemplo, en su Epístola a los Romanos, Pablo nos habla de la “insigne apóstol” Junia, un tema disimulado, soslayado y falazmente interpretado por los exegetas oficiales de tiempos posteriores. (119) En efecto, allí leemos: 16:6 Saluden a María, que tanto ha trabajado por ustedes; 16:7 a Andrónico y a Junia, mis parientes y compañeros de cárcel, que son apóstoles insignes y creyeron en Cristo antes que yo. El caso de esta apóstol-hembra es paralelo al de (Santa) María Magdalena, que figura como apóstol en algunos evangelios apócrifos. Esta apertura mental, para nosotros sorprendente, cambió a partir del Concilio de Nicea y la supresión de los gnósticos. Desde entonces hasta la fecha, con excepción del breve interludio cátaro en el Languedoc y Cataluña entre los siglos XII y XIII, la Iglesia de Roma y sus sucedáneos protestantes se adaptaron a la norma judeocristiana de siempre, que subordinaba a la mujer y no dejaba espacios para la fantasía sexual. Por cierto, a diferencia de lo que ocurrió en Egipto, Babilonia, India, Grecia y Roma, ninguna de las religiones abrahámicas que han llegado a nuestros días posee un simbolismo divino femenino. Como señala Elaine Pagels, aunque los católicos veneran a la Virgen María, ella es para ellos la “Madre de Dios”, pero no “Dios Madre”. (120) Y si bien los teólogos actuales se apresuran a aclarar que no debemos adscribirle un sexo a Dios, el lenguaje cotidiano de nuestras religiones y Escrituras lo tiene por varón. Los teólogos justifican el sesgo machista de la Biblia arguyendo que el docente divino empleó un lenguaje adaptado a las gentes primitivas a quienes comunicó una Revelación que nosotros debemos descifrar. Sin embargo, algunos de los manuscritos gnósticos hallados en Nag Hammadi en 1945, aún manteniendo una filiación judeocristiana heterodoxa, se refieren a Dios como una díada constituida por un elemento

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masculino y otro femenino. Su existencia demuestra que era perfectamente posible generar y transmitir un mensaje menos machista en el Medio Oriente de aquella época. En verdad, las gentes de tiempos romanos eran mucho menos primitivas de lo que suponen los actuales apologistas de las religiones establecidas. Para el gnóstico cristiano Valentino existía un “Padre Primigenio” y un “Vientre Madre del Todo”. Él representaba lo Inefable y lo Profundo, mientras Ella era la Gracia y el Silencio místico y eterno. (121) La Santísima Trinidad del cristianismo trinitario tiene un Padre, un Hijo y un Espíritu Santo: dos Personas masculinas y una tercera que debemos suponer neutra o asexuada, como lo es el vocablo griego neuma de donde proviene. En cambio, el Apocrifón de Juan, una de las escrituras encontradas en Nag Hammadi, nos presenta una Trinidad diferente, compuesta por Padre, Madre e Hijo. El catálogo de deidades femeninas de los manuscritos de Nag Hammadi es extenso y éste no es el lugar para enumerarlas. Baste mencionar un texto ya citado, Protennoia Trimórfica, que consiste en el discurso de un ser divino de sexo femenino. El Pensamiento Primigenio exalta las potencias femeninas de la percepción y la inteligencia, para luego definirse como Madre-Padre: Soy andrógino. [Soy Madre (y) soy] Padre porque [copulo] conmigo misma. Yo [copulo] conmigo misma [y con aquellos que] me [aman], [y] es a través mío que el Todo [se consolida]. Soy el Vientre [que da forma] al Todo haciendo nacer a la Luz que [brilla en] esplendor. Soy el Eón por [venir. Soy] la realización del Todo, es decir Me[iro]tea, la gloria de la Madre. (122) Más elocuente es otro de estos manuscritos, Trueno: Mente Perfecta, un discurso de revelación cuyo sujeto es una deidad femenina no identificada. Se trata de un texto con resonancias estoicas, difícil de clasificar en términos de las tradiciones que lo nutren. (123) Allí se lee: Soy la primera y la última. Soy la que es honrada y despreciada. Soy la puta y la santa. Soy la esposa y la virgen. Soy la madre y la hija. Soy los miembros de mi madre. Soy la estéril y la de muchos hijos. (...) Soy la sabiduría de los griegos y el conocimiento de los bárbaros. Soy aquella cuya imagen es grande en Egipto y carece de imagen entre los bárbaros. (...) Soy aquella que ha sido llamada Vida y a la que vosotros habéis llamado Muerte. Soy aquella que ha sido llamada la Ley y a la que vosotros habéis llamado Sin Ley. (...) Yo, yo no tengo dios y soy aquella cuyo Dios es grande. (124)

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Por otra parte, los gnósticos también enaltecieron el papel de lo femenino en su versión de la vida terrenal del Nazareno. Uno de los testimonios proviene del Evangelio de Felipe, donde se da a entender que Jesús era la pareja de María Magdalena. (125) Felipe da cuenta de la predilección que tenía Jesús por el apóstol-hembra, espiritualmente superior a los demás. La prefería por encima de sus otros discípulos y la besaba, aparentemente en la boca. (126) La propia María de Magdala cuenta, en su evangelio particular, que recibió una revelación privada y secreta de parte del Salvador, y que (San) Pedro le disputaba a ella la primacía, intentando rechazarla con argumentos sexistas. (127) Al concluir su relato, (San) Andrés expresa su escepticismo diciendo que se trataba de ideas muy extrañas. Pedro concuerda con esta crítica. María Magdalena le reprocha la desconfianza, llorando, y Levi (el apóstol San Mateo) intercede sentenciando: “Pedro, tú siempre has sido temperamental. Ahora te veo discutiendo con la mujer como si fuera adversaria. Pero si el Salvador la hizo digna, quién eres tú para rechazarla? Ciertamente el Salvador debió conocerla bien. Es por eso que la quería más que a nosotros. Más te vale estar avergonzado (...).” (128) Esta confrontación entre María de Magdala y Pedro se registra en otros tres de los libros ocultos: el Evangelio de Tomás, Pistis Sofía (129) y el perdido Evangelio Griego de los Egipcios. (130) En Pistis Sofía Pedro se queja de que ésta domina una conversación con Jesús. Urge a Jesús a silenciarla, pero éste le da la razón a ella. María Magdalena le dice a Jesús, en privado, que Pedro odia a “la raza femenina”. Jesús responde que quienquiera que el Espíritu inspire está divinamente ordenado a hablar, sea hombre o mujer. (131) En otro de los manuscritos de Nag Hammadi, El Diálogo del Salvador, se presenta a María Magdalena como una visionaria y quizás el principal apóstol; el que comprendió totalmente las enseñanzas de Jesús.(132) Este documento, que contiene diálogos interesantes entre ambos, es de todos los escritos supérstites del temprano cristianismo el que más explícitamente trata al papel de lo femenino en el proceso de la salvación. (133) Si María Magdalena ocupa un lugar tan importante en la versión gnóstica de la vida de Jesús de Nazaret, no fue menor el papel que cupo a las mujeres en las organizaciones religiosas creadas por estos disidentes del judeocristianismo. Marción de Sínope no sólo ordenaba sacerdotisas sino que también consagraba obispas. El caso de los carpocracianos no es menos interesante. Decían haber recibido enseñanzas de Salomé, Marta y la Mariamme (la madre de Jesús). Esta escuela estaba representada en Roma por una mujer, Marcelina, que había sido consagrada obispa. Cuenta Ireneo que esta réproba era seguida por multitudes de fieles. Orígenes incluso le adjudicó la fundación de una escuela propia. (134)

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Por otra parte, el catálogo de las mujeres que ocuparon posiciones eclesiales notables en los primeros tiempos del cristianismo no se agota con los gnósticos, aunque en la mayoría de los casos pertenecieron a ramas que fueron consideradas heréticas por la Iglesia de Roma, convertida en vertiente dominante gracias a Constantino. Casos de gran importancia fueron los de las profetizas del montanismo, Maximila y Priscila (también llamada Prisca). (135) Otro fue el de Lucila, la matriarca andaluza del siglo IV, que ejerció el poder detrás del trono de la cismática Iglesia Donatista (136) y a quien (San) Optato Milevitano tildara de potens et factiosa femina. (137) Lucila prodigó dinero, compró partidarios e hizo nombrar obispo a Mayorino, su criado, para reemplazar a Ceciliano, el obispo católico de Cartago. (San) Agustín estuvo obsesionado con los donatistas. Les dedicó un salmo, Contra Donatistas, y pidió que fueran condenados a muerte, declarándolos apóstatas. En sus epístolas hay numerosas referencias a doña Lucila, aquella heroína feminista de los primeros siglos del cristianismo. (138) Frente a este panorama que es a la vez tan halagüeño (por lo que el espíritu humano fue capaz de emprender en esos tiempos presuntamente primitivos) y desolador (por la eventual supresión sanguinaria de ese espíritu), cabe la pregunta: ¿Porqué perdieron los gnósticos? Y con o sin gnósticos, ¿por qué perdió la mujer? La respuesta a este interrogante sólo puede ser conjetural. La mejor aproximación es la que ha sugerido Elaine Pagels. Aunque hubo excepciones a la norma, Pagels señala que existieron dos pautas diferentes de actitudes sexuales. Una predominó en círculos gnósticos (y también entre otros herejes) y la otra en ámbitos católicos y ortodoxos: “Dicho de la manera más simple, muchos cristianos gnósticos complementaron su descripción de Dios en términos tanto masculinos como femeninos, con una descripción complementaria de la naturaleza humana. Generalmente se fundamentaron en la versión de la creación de Génesis 1, que sugiere una creación igualitaria (en términos de las relaciones entre los sexos) o (incluso) andrógina. Con frecuencia los cristianos gnósticos proyectaron el principio de igualdad entre hombre y mujer a las estructuras sociales y políticas de sus comunidades. La pauta (católica y) ortodoxa fue marcadamente diferente: describió a su Dios en términos exclusivamente masculinos y típicamente refirió a Génesis 2 para describir cómo Eva fue creada de Adán para satisfacción de éste. Al igual que entre los gnósticos, esto se tradujo en una práctica social: hacia fines del segundo siglo II la comunidad (católica y) ortodoxa llegó a aceptar la dominación de los hombres sobre las mujeres como un orden divinamente ordenado, no sólo para la vida social y familiar sino también para la Iglesia”. (139) Pero estas versiones en conflicto no estaban igualmente dotadas para competir en el mercado de las ideas y prácticas religiosas. Entre las clases privilegiadas del Imperio Romano, la mujer tenía una posición que casi equiparaba la del hombre. Era financieramente autónoma y gozaba de cierto margen de libertad sexual. Instituciones donde la mujer de carne y hueso ocupara funciones importantes podían resultar atractivas

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para ese segmento social. Complementadas por un sistema mítico donde el principio femenino tenía un lugar central, el producto que ofrecieron los gnósticos parece ideal para una civilización progresista y religiosa a la vez: lo que sería el Occidente actual si no se hubiera secularizado. Pero hace dos mil años, el sector que podía sentirse atraído por ese producto religioso, aunque rico e ilustrado, era muy minoritario. Y el cristianismo era proselitista. Entre las clases populares el lugar de la mujer era muy otro. Entre los pobres del Imperio no había demanda para doctrinas y estructuras que no fueran machistas. Por lo tanto, las ideas menos progresistas serían las más exitosas en el reclutamiento de fieles. Y como el poder político cooptó al cristianismo para neutralizar su potencial desestabilizador, era esperable que optara por el modelo capaz de seducir a las multitudes. El Imperio eligió el modelo popular, que era el católico. Y los gnósticos y otros herejes progresistas quedaron subordinados y perseguidos. Perderían los teólogos más esclarecidos, los que estaban conscientes de que el dios del Pentateuco no podía ser otra cosa que un arconte maligno capaz de convertirse en el padre del genocidio. Ganarían los oscurantistas. Perdió la verdad. Triunfó la mentira. Y así se forjó el poder de la Iglesia.

CONCLUSIONES LA GUERRA DE LOS DIOSES
Los musulmanes, en especial los de inclinación fundamentalista, tienden a considerar decadentes a los occidentales actuales. En tiempos de (San) Ireneo de Lyón, durante la tardía Antigüedad, la Iglesia consideró decadentes a los gnósticos. Y en el siglo XIII, en pleno Medioevo, también los cátaros fueron tildados de tales por las hordas del Vaticano. Los primeros acudieron a la batalla bajo el mando directo de Don Pere I de Barcelona, que redactaba en verso sus reales decretos. Los segundos respondieron a la convocatoria de Felipe II de Francia, que no sabía leer ni escribir. En este tipo de lid casi siempre vence el más primitivo, que piensa que el más avanzado es decadente. En el siglo XXI, la civilización judeocristiana está asediada por el segmento extremista de la cultura islámica. Ésta responde al mandato yihadista del Corán, (140) que ordena: Sura 8:12 – Vuestro Señor inspiró a los ángeles: "Yo estoy con vosotros. ¡Confirmad, pues, a los que creen! Infundiré el terror en los corazones de quienes no crean. ¡Cortadles el cuello, cercenadles las puntas de los dedos!"

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Sura 8:65 - ¡Profeta! ¡Anima a los creyentes al combate! Si hay entre vosotros veinte hombres tenaces, vencerán a doscientos. Y si cien, vencerán a mil infieles, pues éstos son gente que no comprende. Sura 9:29 - ¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Alá ni en el último Día, ni prohíben lo que Alá y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente. Sura 9:123 - ¡Creyentes! ¡Combatid contra los infieles que tengáis cerca! ¡Que os encuentren duros! ¡Sabed que Alá está con los que Le temen! Para alentar a los fieles a cumplir con este mandato de proselitismo violento, el Libro del islam promete recompensas en el Más Allá: Sura 3: 169 - Y no penséis que quienes han caído por Alá hayan muerto. ¡Al contrario! Están vivos y sustentados junto a su Señor. Sura 4:74 - ¡Que quienes cambien la vida de acá por la otra combatan por Alá! A quien combatiendo por Alá sea muerto o salga victorioso, le daremos una magnífica recompensa. Sura 4:95 - Los creyentes que se quedan en casa sin estar impedidos no son iguales que los que combaten por Alá con su hacienda y sus personas. Alá ha puesto a los que combaten con su hacienda y sus personas un grado por encima de los que se quedan en casa. A todos, sin embargo, ha prometido Alá lo mejor, pero Alá ha distinguido a los combatientes por encima de quienes se quedan en casa con una magnífica recompensa. Y entre los variados y sensuales premios que esperan en el Paraíso islámico, el Noble Corán informa a sus fieles: Sura 55:62 - Además de esos dos, habrá otros dos jardines, Sura 55:64 - verdinegros, Sura 55: 66 - con dos fuentes abundantes. Sura 55:68 - En ambos habrá fruta, palmeras y granados, Sura 55:69 - en ellos habrá buenas, bellas, Sura 55:72 - Huríes, retiradas en los pabellones, Sura 55:74 - No tocadas hasta entonces por hombre ni genio. Sura: 55:76 - Reclinados en cojines verdes y bellas alfombras. Sura 55:78 - Bendito sea el nombre de tu Señor, el Majestuoso y Honorable! Las buenas y bellas huríes no tocadas por hombre ni genio que aguardan para ser gozadas por fieles reclinados en cojines verdes y hermosas alfombras son, por supuesto, las vírgenes del Paraíso de Mahoma. La tradición dice que a los mártires les tocarán setenta y dos, pero el Corán no dice cuántas corresponderán a cada uno. Sólo informa que allí están, esperando.

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Entre los extremistas que dominan algún país importante y otras tantas organizaciones terroristas, tiene plena vigencia esta normativa y su soborno de ricas recompensas dignas del más acá. No hay contradicciones entre lo que manda Alá y lo que exige la ley terrenal a que están sometidos los súbditos de tales Estados y agrupaciones. Esta es la diferencia fundamental entre la civilización judeocristiana actual y el segmento extremista del islam, que le ha declarado una guerra santa. Occidente posee unas Escrituras que son mucho más sanguinarias que el Corán. Nada en el texto sagrado del islam se parece al mandato deuteronómico (20:16-18), que reiteramos: “Pero en las ciudades de esos pueblos que Yahvé tu Dios te da como herencia, no dejarás nada con vida. Consagrarás al exterminio total a los hititas, a los amorreos, a los cananeos, a los perizitas, a los jivitas y a los jebuseos, como te ha mandado Yahvé tu Dios.” Siempre que fue fiel a este mandato presuntamente divino, como en el caso de los bombardeos de Hamburgo, Dresden, Hiroshima y Nagasaki, Occidente prevaleció. Pero esos tiempos son del pasado. Ahora nuestra conciencia y conducta están atadas a normativas humanitarias éticamente muy superiores pero contrarias a la ley de Dios: entre otras, las convenciones de Ginebra; la de prevención y sanción del delito de genocidio, y la que pretende eliminar todas las formas de discriminación racial. En realidad, si fuéramos coherentes deberíamos prohibir nuestras Escrituras, que violan la ley porque incitan al genocidio y fomentan el odio a los judíos. Mientras tanto, el yihadismo sunita declara que recreará el glorioso califato de tiempos medievales, desde España hasta Samarcanda. El enemigo iraní proclama que va a destruir a Israel. Alimenta el odio e intenta desarrollar armas atómicas, a la vez que extorsiona con un ejército de 40.000 mártires asesinos que supuestamente tiene infiltrados en Europa y los Estados Unidos. Cuando tenga su bomba, la extorsión será nuclear. La vida en la tierra poco importa en la concepción de su teocracia. La disuasión nuclear, que funcionó en la Guerra Fría entre capitalistas y comunistas, no funcionará con ellos. Y no es porque su cultura no sea tan materialista como la nuestra, sino porque su materialismo es proyectado hacia el Más Allá. En su visión, con la muerte sólo se gana. Occidente tiene pocas opciones. Para vencer sólo debe retroceder moralmente y aplicar el mandato de su Dios. Es fácil pero inaceptable. También puede ser fiel a sus principios actuales y abandonar definitivamente a Yahvé, dándole la victoria a Alá. Perderá orgulloso de su moral, como los gnósticos y cátaros, que descubriendo la iniquidad de Yahvé, optaron por declararse súbditos de un Dios que está más allá de dios, que no se interesa por el mundo de la materia. Ese Dios Altísimo se asemeja bastante a la deidad secular de los derechos humanos universales. No sirve para ganar guerras; sólo puede contribuir a perderlas.

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Si tenemos en cuenta todos los factores, incluido el demográfico, es cosa segura que la civilización judeocristiana se dejará vencer. Recordemos que en Deuteronomio 33:55-56, la Biblia judeocristiana también nos enseña qué es lo que se debe hacer con poblaciones poco amistosas de origen extranjero. Nos dice que se los debe expulsar. “Los que dejéis serán para vosotros como espinas en vuestros ojos y aguijones en vuestros costados y os oprimirán en el país que vais a habitar. Y yo os trataré a vosotros en la forma en que había pensado tratarles a ellos.” En siglos pasados obedecimos esta consigna. Pero hoy la repudiamos... no obstante lo cual seguimos jurando por la Biblia y enseñándoles a nuestros niños que este Libro Santo registra la Palabra de Dios. Los contenidos bíblicos revelan no sólo que nuestras Escrituras son más sanguinarias que el Noble Corán. También muestran que la de Yahvé es una tecnología de la victoria mucho más elaborada y contundente que la de Alá, aunque sin su seducción sensual. Pero Occidente abandonó a su Dios. Quienes se cuidan de no tener poblaciones extranjeras masivas, casi como si fueran súbditos de Yahvé, son los saudíes, sirios e iraníes, y en otra región del globo los chinos y los japoneses. La avanzada metodología bíblica es demasiado cruel para nuestros espíritus actuales. Ya no respondemos a Yahvé sino al dios secular de los derechos humanos universales. Eso quiere decir que estamos solos, porque asuntos baladíes como el destino de sus súbditos humanos no son de su incumbencia. Y los occidentales no sólo tienen las manos atadas por su moral laica superior. Además están muy divididos. Recordemos lo dicho en la Introducción a nuestro estudio. Existen tres Occidentes en conflicto entre sí: 1. La minoría liberal secular, que a. Entroniza el principio cuasi-teológico de que todos los hombres y mujeres tienen los mismos derechos esenciales, y b. Supone que las culturas que no han descubierto este principio extracientífico son inferiores en términos de su ética cívica; 2. La bandería posmoderna dominante, que a. Deplora el imperialismo histórico de nuestra civilización, b. Considera que suponer universal al concepto de derechos humanos es una forma disimulada de ser imperialista, y

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c. Sostiene que ninguna cultura con arraigo histórico puede considerarse inferior a otra, aunque sus normas exijan la lapidación de mujeres acusadas de adulterio. 3. El sector fundamentalista renaciente, que adhiere textualmente a la Biblia judeocristiana, aunque por ahora sólo exige que suplantemos a Darwin por el creacionismo en los colegios públicos. El extremismo islámico sabe hacia dónde va en su “cruzada” global. Nosotros no. En cuanto alguno de sus Estados u organizaciones tenga armas nucleares, Occidente estará materialmente perdido. Y antes de que eso ocurra, en los hechos ya ha abdicado. Lo demuestra todos los días, cuando retrocede una y otra vez frente a la extorsión de los combatientes de Mahoma. Comenzamos este libro preguntando qué debemos hacer los liberales frente a las opciones abiertas a nuestra civilización, pero a medida que avanzamos esa pregunta fue retrocediendo hacia el trasfondo de nuestra búsqueda, lentamente perdiendo relevancia. El caso recuerda a la caminata rumbo a la cueva de Zeus emprendida por un forastero ateniense, un ciudadano espartano y un legislador cretense. Siguiendo los pasos de Minos, hijo y discípulo del rey de los dioses, acuden a la morada divina para consultarle sobre cuestiones de derecho. Platón nos cuenta en sus Leyes que durante el largo trayecto, el trío dialoga animadamente sobre el tema que les convoca. Tan intensa y rica es la discusión que el destino queda relegado y eventualmente es olvidado. El diálogo en sí mismo se convierte en la razón de la expedición. La consulta con el dios pierde importancia y el lector nunca se entera si llegaron o no a su otrora intimidante cueva.

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APÉNDICE 1 Muestrario de pasajes del Nuevo Testamento en los que se incita al odio y la violencia
La figura del Guerrero Divino: En el siguiente segmento del Evangelio según San Mateo, un Jesús amenazante y belicoso desciende en una nube, como lo hace Yahvé en el Antiguo Testamento (Números 14:14). El pasaje invoca al profeta Daniel, y además es una cita casi textual de Isaías 13:911, demostrando el carácter orgánico de las relaciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: 24:15 Cuando veáis en el Lugar santo la Abominación de la desolación, de la que habló el profeta Daniel —el que lea esto, entiéndalo bien— 24:16 los que estén en Judea, que se refugien en las montañas; 24:17 el que esté en la azotea de su casa, no baje a buscar sus cosas; 24:18 y el que esté en el campo, que no vuelva a buscar su manto. 24:19 ¡Ay de las mujeres que estén encintas o tengan niños de pecho en aquellos días! 24:20 Rogad para que no tengan que huir en invierno o en día sábado. 24:21 Porque habrá entonces una gran tribulación, como no la hubo desde el comienzo del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás. 24:22 Y si no fuera abreviado ese tiempo, nadie se salvaría; pero será abreviado, a causa de los elegidos. 24:23 Si alguien os dice entonces: "El Mesías está aquí o está allí", no le creáis. 24:24 Porque aparecerán falsos mesías y falsos profetas que harán milagros y prodigios asombrosos, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos. 24:25 Por eso os prevengo. La manifestación gloriosa del Hijo del hombre: 24:26 Si os dicen: "El Mesías está en el desierto", no vayáis; o bien: "Está escondido en tal lugar", no lo creáis. 24:27 Como el relámpago que sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será la Venida del Hijo del hombre. 24:28 Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres. 24:29 Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. 24:30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

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24:31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. El pasaje de arriba es un eco de los siguientes versículos del Libro de Isaías: 13:9 He aquí el día de Yahvé viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores. 13:10 Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. 13:11 Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes. Ejemplos de versículos neotestamentarios que incitan a la violencia: Lucas 22:35 Después les dijo: “Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalia, ¿os faltó alguna cosa?” 22:36 “Nada”, respondieron. Él agregó: “Pero ahora el que tenga una bolsa, que la lleve; el que tenga una alforja, que la lleve también; y el que no tenga espada, que venda su manto para comprar una.” Mateo 10:34 No penséis que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. 10:35 Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; 10:36 y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa. 10:37 El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.

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APÉNDICE 2 Principales heresiólogos que aportaron información sobre los gnósticos
La contribución más importante de estos testigos adversos fue información acerca de escrituras gnósticas perdidas que, más de un milenio más tarde, fueron rescatadas en hallazgos arqueológicos casuales y casi milagrosos, producidos en las secas arenas egipcias. 1. El primer heresiólogo importante que condenó a los gnósticos fue (San) Justino Mártir, en su apología al Emperador Antonio Pío. Esta fue compuesta entre 150 y 155, y allí aborda algunas ideas de Simón el Mago, Menandro y Marción. 2. Le siguió (San) Ireneo de Lyón. Su extensa obra Libros Quinque Adversus Haereses, que sobrevive fragmentariamente, fue escrita durante el reino de Cómodo, entre 180 y 192. Ireneo se concentró en Valentino y sus discípulos Ptolomeo el Gnóstico y Marcos. Según especialistas como Kurt Rudolph y Hans von Campenhausen, la suya es más un catálogo de calumnias que caricaturiza a su adversario que una refutación desde la razón. 3. Luego vino (San) Clemente de Alejandría, quien nació y murió en fechas inciertas entre 140 y 215. Diferenciaba entre una gnosis verdadera y cristiana (la suya) y la de los herejes. En su obra encontramos citas directas de Valentino y su discípulo Teodoto, que han resultado útiles para el estudio del gnosticismo. 4. Del mismo período fue Quintus Septimius Florens Tertullianus, mejor conocido como Tertuliano, el primer padre latino de la Iglesia, que en su vejez también fuera condenado por hereje. Su obra, situada entre 150 y 225, no brinda mucha información concreta sobre los gnósticos a quienes critica. El principal blanco de estas críticas fue Marción, a quien dedicó un tratado de cinco tomos, Adversus Marcionem. 5. También contemporáneo fue (San) Hipólito de Roma, muerto en 235. Su obra Refutatio Omnium Haeresium, compuesta después de 222, fue confundida por largo tiempo con la de Orígenes. Aunque al igual que Ireneo, intentó presentar a los herejes como demoníacos, realizó un interesante esfuerzo por investigar el origen presuntamente helenístico del gnosticismo. 6. Un cuarto de siglo más tarde, Orígenes, muerto hacia 253-254, quien fuera el más heterodoxo y atacado de los padres de la Iglesia, realizó una contribución similar a la de Clemente, citando 48 veces a Heracleón, un discípulo de Valentino. Menos útiles

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resultan sus diatribas de Contra Celsum, donde aprovecha para criticar a los gnósticos en su ataque a un filósofo griego anti cristiano. 7. Con posterioridad al siglo IV el “peligro” gnóstico disminuyó, cesó la producción literaria de este conjunto de “herejías”, y con ellas se interrumpieron los aportes originales de los testigos adversos a nuestro conocimiento de la cuestión. En este período sobresale (San) Eusebio de Cesárea, primer historiador de la Iglesia, muerto en 339, cuya involuntaria contribución consistió en citar a fuentes heresiológicas más antiguas que no sobrevivieron. 8. En el período siguiente no hay aportes nuevos para este estudio excepto a través de vías encubiertas: por ejemplo (San) Efraín de Edesa (306-373), quien compuso himnos con contenidos gnósticos que resultan útiles para comprender el fenómeno en Siria. 9. No obstante (San) Epifanio de Salamis (315-403) catalogó ochenta herejías, veinte de ellas supuestamente pre-cristianas. Su experiencia personal con barbelitas egipcios es su mayor contribución, aunque sospechosa. Su necesidad de catalogar la mayor cantidad posible de sectas, muchas veces sin información, lo aproxima a la fantasía. Caricaturiza a todos los herejes como bestias semejantes a serpientes, cuya obra amenaza la pureza de la fe. 10. Una abreviación del libro de Epifanio, titulada Recapitulatio, sustituyó al original casi por completo y fue la fuente a que acudiera (San) Agustín (354-430) para su propio catálogo de 88 herejías (De Haeresibus). Los aportes originales de éste se concentraron en el maniqueísmo de origen persa, que floreció más cerca de su tiempo. (141) Catálogo sintético de fuentes gnósticas originales disponibles antes de los hallazgos de Nag Hammadi (Luxor, 1945) y Qumrán (Mar Muerto, 1947) Aparte de estos testimonios, hasta el siglo XIX la literatura gnóstica supérstite se redujo a: 1. El Corpus Hermeticum, una colección de textos sincréticos en griego provenientes de Egipto, de los siglos II y III, que nos informa acerca de la proclamación del “tres veces grande Hermes”. Aunque en su conjunto la colección no es gnóstica, hay en ella algunos escritos que responden a una gnosis ajena a la tradición judeocristiana. Por lo tanto, fue menos proclive a la supresión eclesiástica. Fue traducida al latín por primera vez en 1471. 2. El Códice Askewianus, un manuscrito en copto de los siglos IV o V, de indudable origen gnóstico. Pasó del médico inglés Askew al Museo Británico. Este documento incluye

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a Pistis Sofia (“Fe-Sabiduría”), donde Jesús resucitado conversa con discípulos de ambos sexos acerca de la caída y redención de una deidad femenina. Recién hacia 1778 comenzó su estudio sistemático. Su traducción al latín debió esperar hasta 1851. 3. El Códice Brucianus, otro manuscrito en copto de la misma época. Fue legado a la Biblioteca Bodleiana de Oxford por el escocés James Bruce. Traducido recién en 1891, partes del mismo son citadas en Pistis Sofía. También aquí Jesús imparte conocimientos secretos a sus discípulos. 4. Las Odas de Salomón, algunas de las cuales se conocían a través de Pistis Sofía. Probablemente se compusieron hacia el siglo II. En 1909 un estudioso inglés, J. Rendell Harris, descubrió un antiguo manuscrito en siríaco que contiene 40 de los 42 poemas. Éstos ayudan a comprender la interrelación entre la piedad gnóstica y cristiana. (142) 5. La Geniza o tesoro oculto de El Cairo, cuyo hallazgo en 1896 permitió corroborar información acerca de la secta judía de los magarianos. Hacia fines del siglo XIX, a estos manuscritos se sumaron los hallazgos de Oxirrinco, sobre los que se informó por primera vez en 1896. Estos papiros, que fueron a parar al Museo de Berlín, contenían el “Evangelio de María Magdalena”, el “Libro Secreto de Juan”, “la Sofía Jesu Christi” y un segmento del apócrifo “Actos de Pedro”. Debido a adversidades diversas, que incluyeron un incendio que destruyó su primera traducción a principios del siglo XX, estos escritos no se publicaron hasta 1955, es decir una década después de los hallazgos de Nag Hammadi. (143) Fuentes originales supérstites de los cátaros Como en el caso de los gnósticos, los textos sagrados de los cátaros fueron en su mayor parte destruidos en otras tantas hogueras que tenían tanta sed de libros como de hombres. El único texto original que había sobrevivido era el Ritual de Lyón, en occitano. Pero también como con sus predecesores, las cosas cambiaron en el siglo XX gracias a sorprendentes descubrimientos que en otros tiempos de mayor poder eclesiástico hubieran sido destruidos o escondidos. En 1939 emergieron, en una biblioteca de Florencia, el Libro de los Dos Principios (un tratado filosófico-teológico de Giovanni di Lugio, obispo cátaro de la primera mitad del siglo XIII) y una versión más amplia del Ritual de Lyón, esta vez en latín. A partir de entonces, otros varios documentos fueron hallados por Antoine Dondaine, el mismo padre dominico que encontrara los anteriores. Luego, en la década de 1960, el belga Théo Venckeleer encontró un sermón apologético y un comentario sobre el Padre Nuestro, en la biblioteca de Trinity College, Dublín. (144) Finalmente, en 1978 el Evangelio de Judas fue descubierto por campesinos y sacado ilegalmente fuera de Egipto.

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La comunidad científica supo del hallazgo hacia 1983, y el texto fue publicado por la National Geographic Society recién en 2006. En cuanto el poder oscurantista de la Iglesia disminuyó, el impulso humano hacia la luz prevaleció y lo que se quiso suprimir salió a la superficie.

NOTAS
(1) Véase Tremper Longman III, “The Divine Warrior: The New Testament Use of an Old Testament Motif”, Westminster Theological Journal Vol. 44 (1982): 290-307. (2) Por eso, en el Libro de Números se estipula la pena capital para los israelitas que hubieran caído en la apostasía: 25:5 Dijo Moisés a los jueces de Israel: "Matad cada uno a los vuestros que se hayan adherido a Baal de Peor". Y respecto de quienes no pertenecen al pueblo elegido, dice también Números: 33:51 “Di a los israelitas: Cuando paséis el Jordán hacia el país de Canaán 33:52 arrojaréis a vuestra llegada a todos los habitantes del país. Destruiréis todas sus imágenes pintadas, destruiréis sus estatuas de fundición, demoleréis todos sus altos.” A diferencia de lo que ocurre con el resucitado creacionismo, en Occidente se ignora lo que la Biblia dicta en este plano. Esta dimensión de los fundamentos bíblicos sigue en pleno retroceso, a pesar del renacer religioso, y a pesar de que el extremismo islámico, que le ha declarado una guerra santa a Occidente, hace orgullosa gala de su intolerancia. (3) El vocablo yihad remite a un grandioso esfuerzo material y espiritual, que en algunas circunstancias conlleva el desencadenamiento de una Guerra Santa. Aunque las distintas vertientes del islam están en desacuerdo respecto de qué circunstancias ameritan esta actitud extrema, en nuestro tiempo la iniciativa política y militar se encuentra en manos de los extremistas que decretaron una yihad contra Occidente e Israel. (4) Según Marc Zvi Brettler, cuyo ensayo “Torah” encabeza los capítulos eruditos agregados a la Jewish Study Bible de la Jewish Publication Society, publicada por Oxford University Press en 2004, “In Judaism the Torah is accorded the highest level of sanctity, above that of the other books of the Bible” (página 1 del referido volumen). Por su parte, la católica Biblia de Jersusalén (Bilbao: Editorial Descleé De Brouwer SA, 1998) nos dice en su ensayo introductorio al Pentateuco: “Porque Cristo no ha venido a abrogar sino a

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completar (Mt 5 17), el Nuevo Testamento no se opone al Antiguo: lo prolonga. La Iglesia no sólo ha reconocido en los grandes eventos de la época patriarcal y mosaica, en los ritos del desierto (sacrificio de Isaac, paso del Mar Rojo, Pascua) las realidades de la Nueva Ley (sacrificio de Cristo, bautismo, Pascua cristiana), sino que la fe cristiana exige la misma actitud fundamental que los relatos y los preceptos del Pentateuco prescribían a los israelitas”. (5) Restos de cuatro manuscritos arameos y un manuscrito hebreo del libro de Tobías han sido encontrados en una cueva de Qumrán, entre los demás “rollos del Mar Muerto”, demostrando que por los menos en algunas de las variantes del judaísmo antiguo este libro también se leía. Véase el ensayo introductorio a los libros de Tobías, Judit y Ester de la Biblia de Jerusalén (Bilbao: Editorial Descleé De Brouwer SA, 1998), p. 555. (6) Para estandarizar nuestra notación de fechas con las de otros escritos de este tipo, denotaremos como AEV (Anterior a la Era Vulgar) a los años anteriores a Jesucristo y EV a los que corresponden a nuestra Era. (7) Véanse las anotaciones del Rabino Máximo Yagupsky a su traducción del libro del Génesis, Buenos Aires: Editorial Contexto, 1990. (8) Tabletas del siglo XIV AEV nos hablan de Ēl como el Dios supremo de los cananeos, reinando por encima de Baal. Y en el Éxodo se nos dice: 127 6:2 Habló Dios a Moisés y le dijo: "Yo soy Yahvé". 6:3 Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como El Sadday; pero mi nombre de Yahvé no se lo di a conocer. Estos versículos sugieren que quizás el Dios de Abrahán no fue el mismo del de Moisés. Por lo tanto, a través de estos bíblicos nombres de Dios se constata el estrecho parentesco entre las Escrituras judeocristianas y las creencias politeístas de pueblos vecinos a los antiguos israelitas. Véase Karen Armstrong, A History of God, Nueva York: Ballantine Books, 1993, p. 10-12. (9) S. David Sterling, “Modern Jewish Interpretation”, ensayo incluido en la Jewish Study Bible en que se presenta la traducción al inglés de la Biblia masorética realizada por la Jewish Publication Society y publicada en 2004 por Oxford University Press (p. 1919). (10) Los cinco libros están publicados en tomos separados. Buenos Aires: Fundación Cabuli, 1991. (11) Daniel Colodenco, Génesis: El Origen de las Diferencias, Buenos Aires: Lilmod, 2006.

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(12) Jorge Luis Borges, “Tres versiones de Judas”, en Ficciones, 1944, incluido en ob.cit., p. 517. (13) La crítica bíblica científica identifica cuatro tradiciones superpuestas y entrelazadas, en alguna medida contradictorias. No obstante, este ejercicio requiere una lectura tan ingenua como la de los fundamentalistas que quieren prohibir la enseñanza de las teorías de Darwin para suplantarlas con el creacionismo que emerge de una lectura literal del Génesis. (14) Acerca de Números 31, el comentarista de la Biblia de Jerusalén dice. “Texto de composición tardía (sacerdotal), que es una continuación lógica del asunto de Peor y permite introducir las reglas de la guerra santa, el reparto del botín y la partición de la Tierra Santa. (15) W.G. Sebald, On the Natural History of Destruction, New York: Random House, 2003, pp. 26-29. Para la cuestión del bombardeo aliado de blancos civiles alemanes cuando la guerra estaba ganada, véase Hermann Knell, To Destroy a City: Strategic Bombing and Its Human Consequences in World War II, Nueva York: Da Capo, 2003, y Hans Eric Nossack, The End: Hamburg 1943, Chicago: University of Chicago Press, 2007. (16) Jim Bencivenga, "Navigating a clash of civilizations: Examining the new pope's old comments on Turkey's entry into the European Union," Christian Science Monitor, 22 de abril de 2005. (17) “In Reversal, Pope Backs Turkey's Bid to Join European Union”, New York Times, 29 de noviembre de 2006. (18) Descripción obtenida del folleto de una exposición itinerante proveniente de San Giminiano. (19) Traducción de Carlos Escudé. (20) Robert Cooper, Nations: Order and Chaos in the Twenty-First Century, Nueva York: Atlantic Monthly Press, 2003. (21) Véase la entrevista de Ken Gewertz a Alan Dersowitz en la Harvard Gazette del 13 de deiciembre de 2001, titulada “Balancing act: Civil liberties and security”. (22) Comienza el relato: 1:1 En el segundo año después de la salida de Egipto, el primer día del segundo mes, Yahvé dijo a Moisés en el desierto del Sinaí, en la Tienda del Encuentro:

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1:2 “Haced el censo de toda la comunidad de los israelitas, por clanes y por familias, anotando uno por uno los nombres de todos los varones. 1:3 Alistaréis, tú y Aarón, a todos los de veinte años para arriba, a todos los útiles aptos para la guerra, agrupados por regimientos. 1:4 Para ello contaréis con la ayuda de un jefe de familia por cada tribu.” (23) Yahvé recauda primero para sí mismo, como se desprende de los siguientes versículos del Éxodo: 35:4 Moisés habló así a toda la comunidad de los israelitas: "Esta es la orden de Yahvé: 35:5 Reservad de vuestros bienes una ofrenda para Yahvé. Que reserven ofrenda para Yahvé todos aquellos a quienes su corazón mueva: oro, plata y bronce, 35:6 púrpura violeta y escarlata, carmesí, lino fino, pelo de cabra, 35:7 pieles de carnero teñidas de rojo, cueros finos y maderas de acacia, 35:8 aceite para el alumbrado, aromas para el óleo de la unción y para el incienso aromático, 35:9 piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral. (24) En Éxodo Moisés da cuenta del costo de la obra pública: 38:24 El total del oro empleado en el trabajo, en todo el trabajo del Santuario, es decir, el oro de la ofrenda reservada, fue de veintinueve talentos y 730 siclos, en siclos del Santuario; 38:25 la plata de los incluidos en el censo de la comunidad, cien talentos y 1.775 siclos, en siclos del Santuario. (25) En Números el texto sagrado decreta en forma explícita: 18:8 Dijo Yahvé a Aarón: Yo te encomiendo el cuidado de mis ofrendas, es decir, de los dones sagrados de los israelitas. Te entrego todo eso, a ti y a tus hijos, como algo que les es debido, como un derecho irrevocable. Y más abajo: 18:12 Yo te doy lo mejor del aceite, del vino y del trigo, o sea, las partes escogidas que los israelitas presentan a Yahvé. (26) Es el caso, por ejemplo, de la mencionada Jewish Study Bible publicada por Oxford University Press, cuya fórmula es pleasant odor, y de varias traducciones al castellano que he consultado.

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(27) El anotador cita allí Ex 29 18:25; Lv 1 9.13; Nm 28 1, etc., algunos de los numerosos versículos donde estos vocablos se repiten. Véase Biblia de Jerusalén, ob.cit., nota 8(21)a, p. 25. (28) Cuando el arameo reemplazó al hebreo entre los judíos de Palestina y Babilonia, intérpretes fueron convocados para traducir y explicar los pasajes leídos en voz alta durante los servicios en las sinagogas. Con el tiempo, estas paráfrasis orales se registraron por escrito, y fueron conocidos como Targums. Éstos se imprimen en los márgenes de las partes correspondientes de la Biblia hebrea. El de Onkelos, del siglo II E.V., es uno de los más conocidos. (29) En su traducción del Génesis de 2006, Daniel Colodenco lleva a cabo esta manipulación pero la confiesa en nota al pie de página. El erudito usa los vocablos “placentero aroma” en el texto. En la nota aclara: “Algunos traducen ‘fragrante’. Von Rad sigiere que se trata de un ‘aroma apaciguador’, que funciona a modo de un epílogo de la violencia desatada” (p. 73). Como se ve, son muchas las resistencias a traducir a Yahvé con toda la bestialidad con que Él se presenta a si mismo. (30) Libro de Éxodo y Haftarot en versión castellana. Traducción, supervisión y selección exegética del Rabino Marcos Edery, Buenos Aires: Ds’ es mi estandarte, 1984, p 277. (31) Génesis. Versión de Máximo Yagupsky. Dibujos de Ester Gurevich. Buenos Aires: Editorial Contexto, 1990, p. 31. (32) Más allá del Pentateuco, hay varios pasajes bíblicos en los que Yahvé declara arrepentirse. No incursionamos en ese terreno porque nuestro ejercicio se limita a los cinco libros de la Torá. No obstante y a modo de ejemplo, en Samuel se nos dice: 15:10 La palabra de Dios llegó entonces a Samuel en estos términos: 15:11 "Estoy arrepentido de haber hecho rey a Saúl, porque se ha apartado de mí y no ha ejecutado mis órdenes” . Samuel quedó muy perturbado y pasó la noche clamando a Yahvé. Similarmente, en Jonás se lee: 3:10 Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió. (33) Sobre la mentira de Dios, véase el vívido intercambio entre James Barr y Walter Moberly aparecido en el Journal of Theological Studies. En “Is God a liar?”, publicado en abril de 2006 (Vol. 57), Barr responde a una crítica de R.W.L. Moberly, publicada en 1994 (Vol. 45). Este trabajo a su vez apunta a un libro de Barr, The Garden of Eden and the Hope of Inmortality (Londres; SCM, 1992). Antes de ello, en 1988, Moberly

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se había anticipado al tema en un artículo también aparecido en el Journal, titulado “Did the Serpent get it right?” (Vol. 39). (34) Biblia de Jerusalén, ob.cit. , p. 14, nota 1(26)a. Una difusora seria de la crítica científica como Karen Armstrong sostiene que el autor J de la hipótesis documental (es decir, el que recopiló la tradición Yahvista del Pentateuco) no es claro acerca de que Yahvé fuera el único creador del cielo y de la tierra. Armstrong sugiere que el autor E (que recopila la tradición elohista mencionada más arriba) es más monoteísta que J. Véase Karen Armstrong, A History of God, Nueva York: Ballantine Books, 1993, p. 13. (35) La interpretación raeliana es más seria de lo que parece a primera vista. El siguiente pasaje del Éxodo parece surgido de la ciencia-ficción: 33:7 Tomó Moisés la Tienda y la plantó para él a cierta distancia fuera del campamento; la llamó Tienda del Encuentro. De modo que todo el que tenía que consultar a Yahvé salía hacia la Tienda del Encuentro, que estaba fuera del campamento. 33:8 Cuando salía Moisés hacia la Tienda, todo el pueblo se levantaba y se quedaba de pie a la puerta de su tienda, siguiendo con la vista a Moisés hasta que entraba en la Tienda. 33:9 Y una vez entrado Moisés en la tienda, bajaba la columna de nube y se detenía a la puerta de la Tienda, mientras Yahvé hablaba con Moisés. 33:10 Todo el pueblo veía la columna de nube detenida a la puerta de la Tienda y se levantaba el pueblo, y cada cual se postraba junto a la puerta de su tienda. 33:11 Yahvé hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo. Luego volvía Moisés al campamento, pero su ayudante, el joven Josué, hijo de Nun, no se apartaba del interior de la Tienda. (36) Obra citada, nota 32(8) de la p. 234. (37) Véase Karen Armstrong, A History of God, Nueva York: Ballantine Books, 1993, p. 10-12. 130 (38) Las tradiciones elohista y sacerdotal identificadas por la crítica científica retrasarían hasta Moisés el uso del nombre Yahvé. No obstante, según el Génesis, antes de Moisés otros ya usaban ese nombre. (39) K. Armstrong, ob. cit., p. 23-25. (40) Véanse las obras citadas de J. Barr y R.W.L. Moberly. (41) Véase George W. MacRae, S.J., “The Jewish Background of the Gnostic Sophia Myth”, Novum Testamentum Vol. XII.(2), abril de 1970.

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(42) J.L. Borges, “Una vindicación del falso Basílides”, Discusión, 1931, ob.cit., p. 213. (43) De todos modos, los mismos heresiólogos cristianos se refirieron muchas veces a sectas gnósticas judías pre-cristianas. (44) A.F. Segal, Two Powers in Heaven: Early Rabbinic Reports about Christianity and Gnosticism, Leiden: E.J. Brill, 1977, p. 4. (45) Akiba ben Joseph y Ismael ben Elisha fueron sabios rabínicos palestinos del segundo siglo de la Era Vulgar y se cuentan entre los fundadores del judaísmo rabínico. Akiba compiló y sistematizó las tradiciones orales sobre la vida judía, poniendo los cimientos de la Misná. Ismael fundó una escuela rabínica y estableció trece normas para la exégesis del Pentateuco, basadas en las siete reglas de su predecesor Hillel. (46) El cielo y la tierra eran potencias divinas para todas las culturas politeístas de la Mesopotamia. (47) A.F. Segal, ob.cit., pp. 74-83. (48) Véase E.M. Yamauchi, Pre-Christian Gnosticism, Londres: Tyndale Press, 1973, p. 159-161. (49) El caraísmo es una rama marginal supérstite del judaísmo. Fue fundada en la Mesopotamia en el siglo VII por Anan ben David, quien organizó a los judíos antitalmúdicos y consiguió que el Califato estableciera un segundo exilarcado (una organización autónoma de judíos en el exilio) para quienes rechazaban a los rabanitas, partidarios del Talmud. Sus miembros rechazan también la Ley Oral Rabínica, guiándose sólo por una interpretación literal de la Biblia y su Ley Mosaica. Enfatizan el mandato de Deuteronomio 4:2: “No añadiréis a la palabra que yo os mando ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de YHWH, vuestro Dios, que yo os ordeno.” En la actualidad hay unos 50.000. La mayoría vive en Ramle, al occidente de Tel Aviv. Provienen de Egipto, Turquía, Rusia y Europa. En Estados Unidos viven unos 2000, la mayoría cerca de Daly City, California. (50) The Haran Gawaita and the Baptism of Hibil-Ziwa; the Mandaic text reproduced together with translation, notes and commentary by E.S. Drower, Vaticano: Biblioteca Apostólica, 1953. (51) Rudolf Drower, Zur Sprache und Literatur der Mandaer, Berlín y Nueva York: de Guyter, 1976, y “Alter und Heimat des Mandäismus nach neuerschlossen Quellen”, en Theologische Literaturzeitung (82), 1957, cols 401-408.

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(52) Kurt Rudolph, Mandaeism, Leiden: Brill, 1978. (53) Hans-Martin Schenke, “Die Gnosis”, J.Leipoldt y W. Grundmann (comps.), Umwelt des Christentums I, Berlín: Evangelische Verlagsanstalt 1965, pp. 371-415. (54) Giles Quispel, “Gnosis”, en Vox Theologica 39, 1969, pp. 27-35. (55) Walter Schmitals, The Office of Apostle in the Early Church, Nashville: Arlington, 1969, p. 185. 131 (56) Otto Huth, "Das Mandaerproblem - das Neue Testament im Lichte der mandaischen und essenischen Quellen", en Symbolon 3 (1962), pp.18-38. (57) J.L. Borges, “Una vindicación del falso Basílides”, Discusión, 1931, incluido en ob.cit., pp. 214-215. (58) Oriundo de Babilonia, provincia persa en siglo III EV. (59) H-M Schenke, “Die Gnosis”, J.Leipoldt y W. Grundmann (comps.), Umwelt des Christentums I, Berlín: Evangelische Verlagsanstalt 1965, p. 396 y sig., cf. E.M. Yamauchi, ob.cit., p. 122. (60) Introduction to the New Testament, founded by Paul Feine and Johannes Behm. Completamente reeditado por Werner Georg Kümmel, Nashville: Abingdon Press, 1966, p. 159. (61) Daniélou, Jean, The Theology of Jewish Christianity, Londres: Darton, Longman & Todd, 1964, p. 72, y The Dead Sea Scrolls and Primitive Christianity, Westport, Conn: Greenwood Press, 1979, c1958, pp. 94-96. (62) “Gnosis”, en Vox Theologica 39, 1969, p. 32, cf. E.M. Yamauchi, ob.cit., p. 61 (63) E. Haenchen, “Gab es eine vorchristliche Gnosis?”, Zeitschrift für Theologie und Kirche, 49, 1952, pp. 316-349, cf. E.M. Yamauchi, ob.cit., p. 60. (64) Robert McQueen Grant, “The Earliest Christian Gnosticism”, Church History Vol. 22, 1953, p. 87. (65) E.M. Yamauchi, ob.cit., p. 61 (66) Entre sus precursores figuran Nachman Krochmal, More Nevukhe ha-Zeman, Lemberg: Leopoli, 1851; Heinrich Hirsch Graetz (1817-91), Gnosticismus und Judenthum,

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Farnborough: Gregg, 1971 y Manuel Joël (1826-1890), Blicke in die Religionsgeschichte zu Anfang des sweiten christlichen Jshrhunderts, Breslau: Schottlaender, 1880. Posteriormente, Moritz Friedländer (1844-1919) publicó un libro de avanzada desestimado en su momento, Der vorchristliche jüdische Gnosticismus, Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1898. Fue reivindicado un siglo más tarde, ya con espectaculares hallazgos arqueológicos a la vista, por Birger Albert Pearson, Gnosticism, Judaism, and Egyptian Christianity (Minneapolis: Fortress Press, 1990). En el siglo XX la producción bibliográfica es vasta e imposible de citar aquí. Entre muchos otros, merecen recordarse George Foot Moore, Judaism in the First Centuries of the Christian Era: the age of Tannaim (Cambridge: Harvard University Press, 1927) y Gershom Scholem, Jewish Gnosticism, Merkabah Mysticism, and Talmudic Tradition (New York: Jewish Theological Seminary of America, 1960). (67) A.F. Segal, ob.cit., p. 10. (68) Un ‘Tárgum’ es una traducción al arameo de la Biblia hebrea realizada en el primer milenio de nuestra era. Muchas impresiones actuales de la Biblia incluyen Tárgumim célebres (como el de Onkelos mencionado en la sección introductoria de este libro) como complemento del texto en hebreo. (69) La liturgia samaritana retiene esta lectura hasta el día de hoy. (70) A.F. Segal, ob. cit., p. 79. (71) B.A. Pearson, ob. cit., p. 19. (72) B.A. Pearson, ob. cit., p. 16. (73) M. Friedländer ob. cit., p. 69, cf. B.A. Pearson p. 17. (74) B.A. Pearson, ob. cit., p. 17. (75) B.A. Pearson, ob. cit., p. 20.. 132 (76) B.A. Pearson, ob. cit., p. 20. (77) A.F. Segal, ob. cit., p. 152-155. (78) A.F. Segal, ob.cit., pp. 265-266. (79) A.F. Segal, op. cit., p. 159. Los vocablos “que se te apareció” aparecen en la Septuaginta pero no en la Biblia masorética. Por ser alejandrino, Filón usaba la Biblia griega, que no es la de los judíos actuales. La católica Biblia de Jerusalén incluye los

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vocablos adicionales, aclarando al pie de página: “añadido según griego”. La Jewish Study Bible de Oxford dice “I am the God of Beth-el”. En su traducción del Génesis, Daniel Colodenco aporta más información. Su trascripción es la de la Biblia judía actual: “Yo soy el Dios (El) de Bet-El.” Pero en la anotación agrega:: “TgOnq, TgPsJ y LXX traducen: ‘Yo soy el Dios que se te apareciese en Bet-El’, lo que sugiere una versión textual diferente al MT, quizá más antigua.” Hay por lo tanto dos Tárgum en arameo, anteriores a la Biblia masorética, cuya traducción es la de la Septuaginta. D. Colodenco, ob. cit., p. 210. (80) Harry Austryn Wolfson, “The Pre-existent Angel of the Magharians and alNahäwandi”, Jewish Quarterly Review 11 (1960), p. 97. (81) Giles Quispel, "The Origins of the Gnostic Demiurge", en Patrick Granfield y Josef A. Jungmann (comps.), Kyriakon. Festschrift Johannes Quasten, Munster Westfalen: Aschendorff, 1970, p. 273. (82) Una geniza es un tesoro oculto. (83) El caraísmo es una rama marginal supérstite del judaísmo. Fue fundada en la Mesopotamia en el siglo VII por Anan ben David, que organizó a los judíos anti-talmúdicos y consiguió que el Califato estableciera un segundo exilarcado (organización autónoma de judíos en el exilio), para quienes rechazaban a los rabanitas que querían imponer el Talmud. Rechazan también la Ley Oral Rabínica, guiándose tan sólo por una interpretación literal de la Biblia y su Ley Mosaica. Enfatizan en el mandato de Deuteronomio 4:2: No añadiréis a la palabra que yo os mando ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de YHWH, vuestro Dios, que yo os ordeno. En la actualidad hay unos 50.000. La mayoría vive en Ramle, al occidente de Tel Aviv, y provinieron de Egipto, Turquía, Rusia y Europa. En Estados Unidos viven unos 2000, la mayoría cerca de Daly City, California. (84) Véase el texto de John C. Reeves (profesor de la Universidad de Carolina del Norte, Charlotte), “Reflections on Jewish apocryphal and pseudepigraphical survivals in medieval Near Eastern religious traditions”, http://www.standrews.ac.uk/~www_sd/survivals.html (85) B.A. Pearson, ob. cit., p. 12. (86) Friedländer cita las páginas 86-93 de la obra de Filón. Mencionado en B.A. Pearson, ob. cit., p. 12. (87) Los setianos fueron un grupo gnóstico pre-cristiano que se esparció por todo el Mediterráneo y tuvo influencias sobre los tomasinos, valentinianos y basilideanos. Veneraban a Set, el tercer hijo de Adán y Eva, y según todos los indicios, provinieron de una matriz judía. Por otra parte, vale la pena observar que Pearson puso en duda la

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existencia de una secta estrictamente caínita, que supuestamente veneraba a Caín como víctima del demiurgo Yahvé. Caín fue considerado por muchos como el padre de las herejías, lo que llevó a algunos maestros judíos como Filón a llamar “caínitas” a los herejes. A su vez, esto pudo haber confundido a los Padres de la Iglesia, que presumieron la existencia de una secta dedicada a venerar a Caín. B.A. Pearson, ob. cit., p. 23. (88) B.A. Pearson, ob. cit., p. 13. 133 (89) B.A. Pearson, ob. cit., p. 14. (90) B.A. Pearson, ob. cit., p. 22. (91) B.A. Pearson, ob. cit., pp. 20-21. (92) B.A. Pearson, ob. cit., p. 22. (93) B.A. Pearson, ob. cit., p. 22. (94) Los primeros indicios de gnosticismo judío provenientes de testigos judíos adversos, serían del siglo II AEV. Luego Friedländer encuentra referencias entre los más antiguos maestros de la Misná, como por ejemplo Johanan ben Zakkai, un célebre rabino del siglo I EV que condenara la diferenciación gnóstica entre el Altísimo y el Demiurgo creador. (95) B.A. Pearson, ob. cit., p. 28. (96) P. Perkins, The Gnostic Dialogue: The Early Church and the Crisis of Gnosticism, New York: Paulist Press, 1980, p. 18. (97) Para un tratamiento sistemático de la relación entre neoplatonismo y gnosticismo, especialmente en lo que concierne a los documentos hallados en Nag Hammadi, véase Jay Bregman y Rich T. Wallis (eds.), Neoplatonism and Gnosticism, Albany: State University of New York Press, 1992. Sucesivos capítulos de este libro, como el de Stephen Gersh, “Doctrinas Teológicas del Asclepio Latino”, y el de John Peter Kenny, “El Platonismo del Tratado Tripartito”, analizan la relación entre algunos conceptos neoplatónicos y estoicos, y los entes espirituales de los textos gnósticos mencionados en los títulos. (98) B.A. Pearson, ob. cit., p. 13. (99) En realidad, para que una rebelión contra Yahvé desemboque en el movimiento que históricamente se conoció como gnosticismo, también hay que agregar la noción de que la salvación depende de un conocimiento iniciático. En nuestro criterio este

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elemento es secundario, y quizás provino de la necesidad de defenderse de persecuciones. Por ora parte, esa ‘gnosis’ oculta podría consistir simplemente en una lectura de la Torá similar a la que hemos realizado en este libro. El secreto se develaría con sólo descifrar lo que verdaderamente nos dice la Biblia, que (según nuestro planteo) sería lo opuesto de lo que enseña la autoridad religiosa. Una vuelta de tuerca de este estilo está sugerida en algunos pasajes “gnósticos” del Nuevo Testamento. (100) Otras versiones del mito gnóstico apelan a la figura del Logos, o sea el Conocimiento, un concepto vinculado de cerca de la Sabiduría, aunque masculino en vez de femenino. Su genealogía comienza con Heráclito, un presocrático para quien el Logos describía el orden inherente al universo. Hacia los tiempos de Sócrates, Platón y Aristóteles, pasó a representar la facultad de la razón y el conocimiento que los hombres tienen del mundo y sus semejantes. Finalmente, los estoicos lo entendieron como el poder que anima al universo. El mito gnóstico del Logos, menos frecuente que el de Sofía, delata la influencia del estoicismo, complementaria a la del neoplatonismo. Tanto el Logos como Sofía fueron personificados (o hipostatizados, como se dice en la jerga filosófica), pasando a ser tratados literariamente como deidades. (101) George W. MacRae, “The Jewish Background of the Gnostic Sophia Myth”, Novum Testamentum, Vol. 12(2), abril 1970, pp. 86-101. (102) G.W. MacRae ob. cit., p. 97. (103) Véase Nils A. Dahl, “The Arrogant Archon and the Lewd Sophia: Jewish Traditions in Gnostic Revolt”, en Bentley Layton (comp.), The Rediscovery of Gnosticism: Proceedings of the International Conference on Gnosticism at Yale, New Haven, Connecticut, March 28-31, 1978. Volume II, Sethian Gnosticism, Leiden: E.J. Brill, 1981, p. 706. 134 (104) El comentarista de la Biblia de Jerusalén dice (p. 967): “El libro griego de la Sabiduría (...) ha sido reconocido como inspirado a título igual que los del canon hebreo. (...) El autor es ciertamente un judío, lleno de fe en el ‘Dios de los Padres’ (9:1), orgulloso de pertenecer al ‘pueblo santo’ (10:15), pero judío helenizado. (...) Cita la Escritura según la traducción de los Setenta, realizada en ese ambiente: es, pues, posterior a ésta, pero desconoce la obra de Filón de Alejandría. (...) Pero hay mucho contacto entre las dos obras, brotan en el mismo ambiente y no pueden estar muy alejadas en el tiempo. (...) El libro ha podido ser escrito en la segunda mitad del siglo I antes de nuestra era; es el más reciente de los libros del Antiguo Testamento. (...) Dado el ambiente, la cultura y las intenciones del autor, no es extraño que se observen en su libro numerosos contactos con el pensamiento griego. (...) Pero (...) de los sistemas filosóficos, o de las especulaciones de la astrología, no sabe más que un hombre culto de su época en Alejandría. No es ni filósofo ni teólogo, es un sabio de Israel.”

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(105) Aquí lo abreviaremos Ecli. También es conocido como Libro de Sirac. Fue otro de los textos incorporados a la Biblia por los judíos de Alejandría, ausente de la Biblia palestina usada por los judíos actuales. El comentarista de la Biblia de Jerusalén dice (p. 995): “Este libro (...) fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 entre los restos de varios manuscritos de la Edad Media, procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva en Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27 a 44:17 en escritura de comienzos del siglo I a.C. (AEV).” Estos hallazgos demuestran que fue incorporado también por judíos de Palestina, aunque luego no fuera incluido en el canón. (106) El Libro de Henoc o Enoch es un texto apócrifo seudoepigráfico intertestamentario que forma parte del canon de la Iglesia Ortodoxa Etíope. El texto completo proviene de antiguos códices en ge’ez, la lengua litúrgica de esa fe, pero varias partes son conocidas en griego, siríaco, armenio, árabe y latín, habiéndose encontrado también varios fragmentos en arameo y finalmente uno en hebreo en Qumrán. Los especialistas adjudican el texto a varios autores judíos, entre los siglos III y I AEV. (107) Cardenal Jean-Guenolé-Marie Daniélou, S.J., “Judéo-Christianisme et Gnose”, en Aspects du Judéo-Christianisme, Paris : Coloquio de Estrasburgo, 1965, p. 139166. (108) Véanse Walter Schmitals, The Office of Apostle in the Early Church, Nashville: Arlington, 1969, p. 126; y Jack T. Sanders, The New Testament Christological Hymns: Their Historical Religious Background, Cambridge: Cambridge University Press, 1971, p. 96, y también a su Prefacio a la traducción al inglés de Rudolf Karl Bultmann, The Gospel of John; a commentary, Filadelfia: Westmisnter Press, 1971, p. 8. (109) Según Epifanio de Salamis (Panarion/Adversus Haereses) y Teodoreto de Ciro (Haereticarum Fabularum Compendium), los barbelitas o borboritas eran una secta ofita libertina. El vocablo ‘borborita’ proviene del griego ‘borboro’, que significa ‘inmundo’. Epifanio dice que los borboritas estaban inspirados en el setianismo y que en sus rituales incluían el sexo sacramental con copulación homosexual y el consumo de sangre menstrual y semen en la eucaristía. También los acusó de comer los fetos de mujeres embarazadas durante el sexo ritual. Como se trata de testigos adversos, hay que tomarlo con pinzas. La descripción de sus creencias parece emparentarlos con Barbelo, una emanación andrógina de Dios presente en varias cosmogonías setianas. 135 (110) The Nag Hammadi Library, p. 511-512. (111) The Nag Hammadi Library, p. 8.

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(112) The Nag Hammadi Library, p 7. (113) The Nag Hammadi Library, p. 455. (114) Wayne Meeks, "The Image of the Androgyne: Some Uses of a Symbol in Earliest Christianity," History of Religions, 13:3, febrero de 1974, p. 180. (115) Mar Saba es un convento ortodoxo griego próximo al pueblo de Belén. La existencia de la carta fue verificada por otros cuatro estudiosos en 1976, que le sacaron fotografías en colores. El bibliotecario del convento también sacó fotos, que se publicaron en el año 2000. Posteriormente los monjes no permitieron acceso al documento. (116) Ver también Corintios 12:1-6. (117) Véanse los libros de Morton Smith, Discovery and Interpretation of the Secret Gospel according to Mark, Nueva York: Harper & Row 1973 (libro de difusión), y Clement of Alexandria and a Secret Gospel of Mark, Cambridge MA: Harvard University Press, 1973 (estudio académico), y el artículo “Clement of Alexandria and Secret Mark: The Score at the End of the First Decade”, Harvard Theological Review 75 (1982). (118) Lucas 10:38-44. (119) Véase Bernadette Brooten, “Junia. . . Outstanding among the Apostles”, en Leonard J Swidler y Arlene Swidler (comp.), Women Priests: A Catholic Commentary on the Vatican Declaration, Nueva York: Paulist Press 1977. (120) Elaine Pagels, The Gnostic Gospels, Nueva York: Vintage, 1989, p. 48. (121) Existieron grandes divergencias entre diversos seguidores de Valentino acerca de si el vértice de la divinidad es una mónada o una díada. Según Ireneo, para Valentino se trataba de una díada. En cambio, para el autor de la Exposición Valentiniana, uno de los manuscritos hallados en Nag Hammadi, el Todo es una Mónada, masculina. No obstante, su emanación femenina Sofía es la madre del Demiurgo, creador del mundo material. Véase la Introducción a la Exposición, de Elaine Pagels, en The Nag Hammadi Library, p. 481-482. (122) Protennoia Trimórfica 45:2-12, The Nag Hammadi Library, p. 519 (123) Según señalan George W. MacRae y Douglas M. Parrott en la Introducción a Trueno: Mente Perfecta, en The Nag Hammadi Library, p. 295-296. ‘Trueno’ en griego es un sustantivo femenino.

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(124) Trueno, Mente Perfecta 13:16-23, 16:3 9 16:11-25, The Nag Hammadi Library, p. 297 y 299. (125) Evangelio de Felipe 59:6-11, The Nag Hammadi Library, p. 145. (126) Evangelio de Felipe 63:30-37, The Nag Hammadi Library, p. 148 (127) El Evangelio de María Magdalena se encontró en el Códice Akhmin, un texto gnóstico comprado en El Cairo en 1896 pero no fue publicado hasta 1955, después del hallazgo de Nag Hammadi, donde también está. Hay una versión en griego del siglo III y otra en copto del siglo V. A partir del siglo III hay referencias patrísticas a este evangelio, hasta entonces perdido. (128) Evangelio de María Magdalena 10:1-7, 16:18-20 y 18:1-15, The Nag Hammadi Library, p. 526-527. (129) Existen cinco manuscritos de Pistis Sophia. El más conocido está en el Códice Askew, comprado por el Museo Británico en 1795. Hasta el descubrimiento de Nag Hammadi, el Códice Askew era uno de tres códices que habían sobrevivido la supresión de las revelaciones ocultas en occidente y oriente. Los otros dos son el Códice Bruce y el Códice de Berlin. (130) Este evangelio no debe confundirse con el Evangelio Cóptico de los Egipcios, reencontrado en Nag Hammadi. Han sobrevivido escasos fragmentos del Evangelio Griego de los Egipcios. La mayor parte de lo que se conoce del mismo proviene de testigos adversos. (131) Pistis Sofía 36:71-80, cf. E. Pagels 1989, p. 65 (132) El Diálogo del Salvador 139:11-13 (133) Véase la Introducción de Helmut Koester y Elaine Pagels a El Diálogo del Salvador, en The Nag Hammadi Library, p. 244-246. (134) (San) Jerónimo y (San) Epifanio dicen que Marcelina era discípula y representante de Marción en vez de Carpócrates. La mayoría de los expertos interpreta que este fue un error cometido por el primero y copiado por el segundo. (135) Los montanistas tuvieron un gran éxito de reclutamiento en algunas regiones del Imperio y fueron declarados herejes en el año 177. No obstante, siguieron teniendo gran predicamento hasta la oficialización de la Iglesia de Roma, y en algunos rincones aislados sobrevivieron hasta el siglo VIII. En el año 207 consiguieron la conversión a sus filas del teólogo católico Tertuliano (Quintus Septimius Florens Tertullianus). Éste

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había tenido la mayor importancia dentro del catolicismo, siendo quien introdujo el término ‘Trinidad’ y el concepto de “tres personas de una misma sustancia”. Durante su etapa católica, fue uno de los heresiólogos que más severamente condenó a los gnósticos. Su alejamiento fue un duro golpe para la Iglesia oficial. (136) La herejía de Donato de las Casas Negras, nacida en la Argelia actual, no era gnóstica sino que consistía en un exagerado culto de los mártires. En el año 312 él y sus fieles protagonizaron un cisma y formaron una Iglesia separada, disgustados por la elección de Ceciliano como obispo de Cartago, que era objeto de particular animadversión por parte de Doña Lucila. Fueron condenados sin éxito por el Concilio de Amés, en el 314. A pesar de la persecución, no terminaron de desaparecer hasta el ascenso del islam en el norte de África, en el siglo VII. (137) Véase Rose Lockwood, “Potens et Factiosa Femina. Women, Martyrs and Schism in Roman North Africa”, en Augustinian Studies 20 (1989). (138) Veánse especialmente las epístolas 43, 47, 57, 58, 60, 61, 70; 108, 109, 110, 111, 112, 120, en la edición del los Benedictinos de San Mauro. (139) E. Pagels 1989, p. 66. (140) El Corán está dividido en 114 suras o capítulos, que a su vez se dividen en versículos. (141) Véase K. Rudolph Gnosis: The Nature and History of an Ancient Religión, Edimburgo: T & T Clark, p. 10-25, y Hans von Campenhausen, Griechische Kirchenväter, Stutgart, 1967, citado por el primero. (142) Otras fuentes gnósticas que sobrevivieron a la supresión eclesiástica incluyen el “Himno de la Perla”, que es parte de los “Actos de Tomás”, un libro neotestamentario tardíamente declarado herético por el Concilio de Trento (1545-63). Otros Actos Apócrifos de los Apóstoles también contienen conceptos gnósticos aislados. (143) En cuanto a los eruditos que fueron tempranos precursores del estudio del gnosticismo, hay que recordar las obras de Gottfried Arnold (quien en 1699 argüía que a la verdadera historia de la Iglesia hay que buscarla entre los herejes y réprobos); el teólogo protestante Isaac de Beausobre (cuya obra pertinente se publicó entre 1734 y 1739), y Johann Lorenz von Mosheim (quien entre 1739 y 1758 se apasionara por los ofitas). Entre 1818 y 1828, August Neander y Jacques Matter dieron comienzo, respectivamente, a la indagación moderna sobre el gnosticismo en Alemania y Francia. Posteriormente, en 1835, éstos fueron superados por la obra de un gran historiador de la Iglesia, Ferdinand Christian Baur, que representó el verdadero comienzo de la investigación científica sobre el tema. Pero hasta entonces se concebía al gnosticismo principalmente como un sistema

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filosófico vinculado al neoplatonismo. El salto hacia una concepción de la gnosis como parte importante de la evolución del dogma cristiano se produjo recién con la obra de Adolph von Harnack, de 1886. Luego siguió Adolf Hilgenfeld, cuyo libro de 1884 postula que el gnosticismo fue un fenómeno esencialmente no cristiano originado en los samaritanos. Hacia 1907, Wilhelm Bousset intentó explicar la gnosis en términos de una mezcla pre-cristiana de religión babilónica e iraní. Posteriormente, hacia 1926, Richard Reitzenstein profundizó en esta línea de indagación. Con este bagaje, Rudolph Bultmann (1884-1976) regresó al estudio de la compleja trama de relaciones entre el gnosticismo y el Nuevo Testamento. Finalmente, Hans Jonas, un discípulo de Bultmann y Heidegger, publicó en 1934 y 1958 las dos partes de una importante obra, The Gnostic Religion, donde abordó el problema desde el existencialismo, ofreciendo a la vez un panorama completo de las investigaciones hasta esa fecha. Véase K. Rudolph, ob. cit., p. 30-34. (144) Francesco Zambon, comp., El Legado Secreto de los Cátaros, Madrid: Ediciones Siruela, 2003., p. 15-16. En este libro se compendia la mayor parte de estos documentos. La segunda opción, hecha a medida de quienes crean que la Biblia es solo un texto antropológico con proyecciones políticas actuales, es desenmascararla como obra abominable. Desde cierto punto de vista idealista y liberal, no hacerlo sería convertirnos en cómplices de esa abominación, contribuyendo a la verdadera malversación de santidad llevada cabo conjuntamente por Iglesia y Sinagoga a lo largo de las eras. Significaría convertirnos en parte de la matriz de violencia y genocidio que Adonai nos quiso imponer como ideal normativo y que en los hechos se ha adueñado de la historia humana, gracias en gran medida a la autoridad religiosa judeocristiana, que a lo largo de siglos y milenios se comportó como lo hace su Dios en el Libro presuntamente sagrado. Quienes tomen este camino seguramente pensarán anonadados que Yahvé viene triunfando... y a lo grande. Por otra parte, para quienes crean que el Pentateuco es una Revelación satánica también hay dos opciones. Una consiste en denunciar a la Biblia tal como lo haría algún agnóstico liberal, pero desde una premisa deísta. Para este grupo, Adonai sería una entidad demoníaca real a la que se debe combatir. Pero también se puede optar por el camino opuesto. En efecto, la alternativa restante para quienes supongan que la Torá es la Revelación de una deidad menor y malvada consiste en hacerle el juego, acatando las reglas que Yahvé nos propone: disciplina interna y ferocidad externa. Este es el secreto del éxito mundano. Es el verdadero mensaje de la Biblia judeocristiana. Y es una normativa análoga a la que rige la conducta del fundamentalismo islámico, que asoma por ello como futuro vencedor de Occidente.

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Este último camino implica plegarse a los fundamentalistas bíblicos que este escrito comenzó denunciando, pero exigiéndoles que extiendan sus prácticas para incluir también las órdenes de Yahvé respecto del trato que debemos dispensar a nuestros enemigos. En ese caso, desde su nube, Adonai, nuestro aliado, amigo y hermano mayor podrá sonreír otra vez, preparando su columna de fuego para conducirnos a una segura victoria. Hacia Él iremos con nuestro tributo de tufos sedantes, calmantes aromas y olores agradables. Cual nuevos Moisés, nos aproximaremos obedientes a la Tienda del Encuentro dispuestos a seguir su mandato genocida, para demostrarle que es verdadera su opinión de que “las trazas del corazón humano son malas desde su niñez”.

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