Leopold Von Ranke

Historia de los Papas

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Leopoid Von Ranke Historia de los Papas
f,A estas alturas una Historia d e los Papas, y, además, de Ranke? Como quien dice, una historia sobre un tema que ha sido capital en losMestinos humanos, pero ai que Ia misma historia íe habría consumido ei tuétano de su actualidad, y escrita por un "gran" historiador, pero "superado ", ya que no por otra cosa, por Ia corriente de los anos y su acarreo marginal de materiales. Epur si muove!..., o se mueven, mejor, ei terna y ei autor. Ya se sahrá, \a se está sahiendo, ei influjo extraordinário que ei papado ha ejercido en Ia marcha de los acontecimientos actuales. Para bien o para mal, ya se sabrá, pero extraordinário de todos modos por Ia desproporción que guarda con Ia verosimilitud que le concedia Ia mente contemporânea. Y en cuanto ai autor, tranqüilamente podemos decir que no ha nacido todavia otro que le haya podido enmendar Ia plana, aunque varias le hayan sido corregidas en ei detatle. Los grandes historiadores son, a su manera, como los grandes artistas: insuperables, incomparables, y hay que volver siempre a ellos como a maestros de educación humanista para contrarrestar, entre otras cosas. Ia acción un poço deSábrida de los filósofos. Y los grandes historiadores se engendran y cidminan con ei tema que Ia época en que viven les seiiala y ningún tema le podia indicar ei siglo X/x a Ranke con más ahinco que ei de Ia comprensión de Ia obra dei papado en Ia historia moderna citando se está debatiendo desesperadamente en Ia defensa de los últimos vestígios de Ia donación constantiniana, que condenara Dante con tanta ira. Si losjuicios se desbordan entre ei parangón épico y herodotiano que establece Dilthey y Ia condición dei narrador desenvuelto y agradable que le concede Betiedetto Croce, tenetnos que buscar nosotros ei equilíbrio entre Ias atracciones de su manera luminosa y humana de comprender los acontecimientos. Ia angustia cultivada por ei afán de penetrar en Ias fatalidades bienhechoràs dei poder y los asomos de decepción con que nos amaga Ia mano amorosa que va colocando venerablemente cada época en "relación inmediata con Dios"pero esquiva en su temblor Ia energia necesaria para ponerlas a todas en relación disparada hacia Ia hechura definitiva dei hombre. •

SECCIÓN DE O B R A S DE HISTORIA

HISTORIA DE LOS PAPAS EN LA ÉPOCA MODERNA U

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1'iiiik-i.i aliciou ni ali-máii. IK34-1X36 Segunda edición en alcmán, (última revisada por ei autor) 1874 Primera edición en espaflol, 1943 Undécima reimpresión, 2004

Ranke, Leopold von Historia de los papas en Ia época moderna / Lcopold von Ranke ; trad. de Eugênio fmaz. — México : FCE, 1943 629 p.: ilus. ; 24 x 17 cm — (Colec. Historia) ISBN 968-16-0909-3 I. Cristianismo 2. Papado — Historia I. fmaz, Eugênio, tr. II. Ser III. t IX BX1304 R2818 Dewey 262.13 RI98h

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D. R. © 1943, FONDO DE CULTURA ECONÔMICA

Carretera Picacho-Ajusco 227; 14200 México, D. F.

ISBN 968-16-0909-3
Impreso en México • Printed in México

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PRÓLOGO

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Todo ei mundo conoce ei poderio de Roma en Ia Edad Antigtia y en Ia Media; también en los tiempos modernos se ha visto ei renacimiento de su império mundial. Después de Ia decadência que experimento en Ia primera mitad dei siglo xvi, ha podido constituirse otra vez en ei centro culminante de Ia fe y dei pensamiento de Ias naciones románicas y ha llevado a cabo osados intentos, no poças veces afortunados, para dominar de nuevo ai resto. Esta época, Ia de un poder espiritual-temporal renovado, su rejuvenecimiento y desarrollo internos, su progreso y decadência, es Ia que pretendo describir, por Io menos a grandes rasgos. Empresa esta que; si bien puede resultar fallida, ni siquiera podría fiaberse intentado de no haber tenido ocasión de utilizar unas fuentes desconocidas hasta ei momento. Mi óbligación primera será referirme a ellas. En otra ocasión trabajé los documentos berlineses. Pero Viena, por ejemplo, es mucho más rica en esta clase de tesoros. Además de su fundamental esftritu alentán, Viena presenta un elemento europeo: costumbres y lenguajes múltiples se dan cita en Ias clases altas y en Ias hajas y ya Itália se anuncia con Ia mayor viveza. Los colecciones de documentos ofrecen también un caracter amplio. Nos hablan de Ia política y dela posición mundial dei Estado, de sus viejas relaciones con Espana, Bélgica, Lombardía, de Ias frecuentaciones vecinales y eclesiásticas con Roma; todo ello de una manera directa. Siempre gustó esa ciudad dei acarreo y Ia posesión. Ya solo por esto Ias primitivas colecciones de Ia Kaiserlich-Kõniglichen Hofbibliothek poseen un gran valor. Más tarde se han enriquecido con colecciones traídas de fuera. Se compro en Módena una colección de volúmenes parecidos a nuestras Informazioni,- procedente de Ia casa Rangone, y en Venecia los inapreciables manuscritos dei Dogo Marco Foscarini; encontramos entre ellos los flanes dei propietario para Ia continuación de su obra literária, crônicas italianas de Ias que no se halla huella alguna en otra parte. También se enriquecia aquella biblioteca con una densa colección de manuscritos histórico-políticos procedentes de los papeles dei príncipe Eugênio, que este excelente estadista había reunido con gran perspicácia. Se hojea ei catálogo con ávida esperanza: jqué alegria, ante Ia inseguridad que ofrece Ia mayoría de Ias obras impresas de historia moderna, tropezar con tanto testimonio inédito! jTodo un porvenir de trabajo fará el estudioso! 7

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PRÓLOCO

Y, no obstante, unos poços pasos nias allá, Viena nos ofrece todavia sorpresas majores. El archivo imperial contiene, como es fácil presumir, los documentos más importantes y fidedignos en Io que se refiere a Ia historia alemana en general, y también a Ia historia italiana. Después de vários avatares Ia mayor parte de los archivos venecianos ha vuelto a Venecia, pero una cantidad no insignificante de documentos venecianos se encuentra todavia en Viena: despachos originales o su copia; extractos de los mismos para ei servido político, conocidos con ei nombre de "rubricarias"; relaciones, no poças veces en ejemplar único, de gran valor; registros oficiales de Ias autoridades; crônicas y diários. Las noticias que ofrecemos sobre Gregorio Xlll y Sixto V proceden en su mayor parte dei archivo de Viena. Nunca ensaharé bastante Ia Uberalidad con que se me ha permitido ei acceso a él. S e r á esta ocasión de agradecer en detalle, las muchas ayudas que se me han dispensado Io mismo en casa que fuera. Sin embargo, para hacerlo siento cierto reparo, no sé si con razón. Tendría que citar demasiados nombres y entre ellos algunos muy importantes: mi agradecimiento cobraria así cierto aire de vanagloria y un tràbajo que tiene todos los motivos para presentarse con modéstia se revestiria de una aureola que no le iria muy bien. Después de Viena mi intención se encaminó preferentemente a Venecia y a Roma. En Venecia las grandes famílias tenían Ia costumbre, cosi todas, de instalar junto a Ia biblioteca un gabinete de manuscritos. Es natural que se refieran con preferencia a cuestiones tocantes a Ia República: relatan Ia participación que Ia casa ha tenido en los asuntos públicos y se conservaban como documentos familiares para instrucción de las nuevas generaciones. De estas colecciones privadas se conservan todavia algunas, a las que me fué permitido ei acceso. Muchas más se perdieron en Ia catástrofe dei afio 1797 y a partir de entonces. Si se ha conservado más de Io que era de presumir, se Io debemos a los bibliotecários de San Marco, que en ei naufrágio general procuraron salvar iodo Io que permitían las posibilidades dei Instituto. De hecho^esta biblioteca conserva un respetable tesoro de manuscritos, hnprescindibles para Ia historia interna de Ia ciudad y dei Estado y de importância, sin duda, para Ia historia europea. Pero no hay que cifrar demasiadas esperanzas. Se trata de un haber relativamente nuevo, surgido accidentalmente de colecciones privadas, sin que domine ningún plan de conjunto. No tiene comparación con las riquezas dei archivo público, tal como está organizado hoy en dia. En ocasión de una investigación acerca de Ia conjuración dei ano 1618 describí ya ei archivo veneciano y no es menester que me repita. Por Io que se refiere a Ia parte romana tenía que apoyarme sobre todo en las relaciones de los embajadores que volvtan de Roma. Pero deseaba poder utilizar también otras colecciones, porque no es posible evitar las lagunas, y este archivo, a fuerza de tantos traslados, ha padecido algunos perdidas. Pude juntar cuarenta y ocho relaciones acerca de Roma: Ia más antigua, dei ano 1500; dieciséis dei siglo xvt; veintinueve dei xvn —una serie cosi completa, con solo algunas interrupeiones—; ocho dei XVIII, muy instruetivas. En Ia mayoría de los casos pude utilizar ei original. Contienen una gran cantidad de noticias inte-

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resantes, trasiego de una visión directa, que parecían perdidas con Ia vida de los coetáneos, y fueron las que me dieron Ia idea y ei ânimo para una exposición de largo alcance. Para su corroboración y ampliación solo en Roma, como es natural, podrían encontrarse los médios. lEra de esperar que se permitiera Ia libre entrada, para descubrir los secretos dei Papado, a un extranjero que, además, tenta religión diferente? Acaso Ia presunción favorable no era tan infundada, pues ningtina investigación puede sacar a flote algo peor de Io admitido ya sin base y que ei mundo considera, sin más, como verdadero. Sin embargo, no puedo alardear de que las cosas sucedieran como yo esperaba. He tomado noticia de los tesoros dei Vaticano y utilizado, para mis fines, toda una serie de volúmenes, peto ia libertad que yo deseaba en modo alguno me fué concedida. Afortunadamente, se me abrieron otras colecciones que permitían tina información, si no completa, por Io menos autêntica y suficiente. En los tiempos dei apogeo de Ia aristocracia —principalmente en ei siglo xvn— en toda Europa las famílias de rango que intervenían en los negócios públicos conservaron también una parte de Ia documentación. Acaso en ninguna parte ai grado que en Roma. Los familiares dei Papa, que siempre dispusieron dei poder, legaron a las casas principescas que ellos fundarem una gran parte de los documentos públicos que cayeron en sus manos en ei período de su administración. Esto formaba parle dei haber de una família. En los palácios que erigieron, por Io general en las habitaciones de arriba, había siempre unas salas reservadas para libros y manuscritos, que solían ser llenadas dignamente como Io habían hecho los antepasados. Las colecciones privadas, en este caso, son, en cierto respecto, colecciones públicas, y ei archivo dei Estado se dispersa, sin extraneza de nadie, en las casas de las diferentes grandes famílias que tuvieron intervención en los negócios. Así como ei excedente dei patrimônio público enriquecia a los linajes papales, y Ia galeria vaticana, aunque excelente por su selección de obras maestros, no puede competir, sin embargo, en riqueza e importância histórica, con algunas galerias privadas, como Ia Borghese y Ia Doria, así también los manuscritos conservados en los palácios Barberini, Chigi, Altieri, Albani, Corsmi resníícm de inestimable valor para Ia historia dei Papado, dei Estado papal y de Ia lglesia. Establecido no hace mucho ei archivo público, es importante en cuanto a Ia Edad Media por su colección de "vegestos"; seguramente, tina parte de Ia historia de ese tiempo se esconde aqui para ser descubierta, fero, en Io que a mi se me alcanza, creo que no aportará gran cosa para Ia época moderna. Este archivo, si no he sido enganado, resulta insignificante ante Ia riqueza de las colecciones privadas. Como es de suponer, cada una de ellos abarca en especial ei período en que gobernó ei Papa de Ia família respectiva; pero como los familiares siguieron desempenando un papel importante, y como ocurre que cualquiera se empena en continuar y completar una colección ya iniciada y esa tarea no resultaba muy difícil en Roma, donde se había originado un comercio literário de manuscritos, ninguno de los archivos privados deja de poseer noticias preciosas de tiempos anteriores y posteriores. La más rica de estas colecciones —a consecuencia de herencias importantes tom--

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PRÓLOGO

bién en este respecto— es Ia Barberiniana; Ia Corsiniana, desde un principio, se organizo con ei mejor critério de amplitud y selección. Tuve Ia suerte de poder utilizar estas dos colecciones y otras de menor importância, en ocasiones con absoluta libertad. Pude cazar todo un botín insospechado de materiales seguros y pertinentes. Correspondência de Ias nunciaturas, con Ias instrucciones que les acompanan, relaciones, descripciones vivas de vários Papas, tanto menos precavidas cuanto que no se escribieron pensando en ei público; descripciones también de cardenales de nota, diários oficiales y privados, explicaciones de acontecimientos y circunstancias, vistobuenos, consejos, informaciones sobre Ia administración de Ias províncias, sobre su comercio e industria, cuadros estadísticos, presupuestos de gastos e ingresos. En su mayor parte documentos desconocidos, redactados por hombres que poseían un conocimiento vivo dei tema y tan dignos de confianza que, si bien no dispensan dei examen y Ia crítica analítica, nos ganan como solo pueden hacerlo los testimonios de coetáneos bien enterados. Entre estos documentos, ei más antiguo, utilizado por mi, se refiere a Ia conjuración de los Porcari contra Nicolás V; sobre ei siglo xv cayeron en mis manos otros poços; en ei siglo xvi los testimonios se van haciendo más densos y numerosos a cada paso; a todo Io largo dei XVII, época en Ia cual tan poço conocemos de seguro sobre Roma, nos acompanan informaciones tanto más preciadas; por ei contrario, disminuyen en cantidad y en valor a partir dei xvm. EI Estado y Ia corte habían decaído también de su rango. Pienso examinar con detalle estos documentos romanos y venecianos con propósito de recoger todo Io que todavia me parezca interesante y que en ei curso de Ia presente historia he tenido innecesariamente que sacrificar. Porque, dada Ia masa enorme dei material que se presenta a los ojos en tantas hojas escritas o impresas, se le imponen ai relato forzosas limitaciones. Un italiano, un romano o un católico seguramente abordarían ei asunto de otra manera. Su veneración o, acaso, tal como están ias cosas en Ia actualidad, su ódio teniría Ia exposición, sin duda alguna, de colores brillantes y, en muchos pasajes, podria ser más circunstanciado, más eclesiástico, más local. L/n protestante, un alemán dei Norte, mal podria competir con ellos. Mantiene una actitud de indiferencia frente ai poder papal y tiene que renunciar de antemano ai calor que Ia simpatia o ei ódio pudieran prestar ai relato y que servirían acaso para impresionar ai público europeo. También en Io que se refiere a este o aquel detalle eclesiástico o canónico nos encontramos bastante distantes. Pero, en compensación, se nos ofrecen otros puntos de vista que, si no me equivoco, pueden pretender un caracter histórico más puro. {Qué es, ciertamente, Io que en Ia actualidad puede prestar interés ai poder papal? No relación alguna con nosotros, ya que no ejerce ninguna influencia importante; tampoco preocupación de nuestra parte, ya que los tiempos en que algo podíamos temer han pasado y nos sentimos seguros.' Solo puede interesarnos su desarrollo histórico y su acción
1 Esto fué Io que escribí ei ano de 1834, en una época en que reinaba, o ai menos parecia reinar. Ia paz entre Roma y Alemania. El prólogo aqui reproducido, e incluso tal vez ei libro mismo, contiene Ia expresión dei ambiente de esta época. Pero, j cuanto ha cambiado todo desde entoncesl Al preparar, cuarenta afios dcspués de su aparición primera, Ia sexta edición, rne encuentro con que Ia lucha, calmada cntonces, ha estallado de nucvo en llamas. Huelga decir que

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sobre Ia historia universal. El foder papal no ha sido tan inmutable como se pretende. Si prescindimos de los princípios que condicionan su existência y a los que no puede renunciar so pena de hundirse, ha sido removido internamente en no menor grado que otro poder cualquiera por los avatares que ha sufrido Ia humanidad europea. Lo mismo que han cambiado los aconteceres de Ia historia y una nación u otra ha ejercido ei predominio y se ha movido Ia vida toda, así tanibién ei poder papal, sus máximas, sus empenos, sus pretensiones han experimentado metavwrfosis esenciales y, sobre todo, su influencia ha sido afectada por los mayores câmbios. Si seguimos siglos arriba Ia pauta de tantos nombres ilustres, desde Pio 1, en ei n, hasta nuestros contemporâneos Pio VU y Pio VIU, recibimos de pronto Ia impresión de una continuidad ininterrumpida. Pero no hay que dejarse enganar; en realidad, los Papas de Ias diferentes épocas se diferencian no menos que Ias dinastias de un reino. Para nosotros, que nos bailamos ai margen, Ia observación de estos câmbios ofrece ei máximo interés. En ellos vemos una porción de Ia historia general, dei total desarrollo universal. No solo en los períodos de predominio indiscutible sino, y acaso de inanera más marcada, cuando fuerzas contrarias actúan, como en los tiempos que pretende abarcar este libro, en esos siglos xvi y XVII, en que contemplamos ai Papado en peligro, pero recobrándose y hasta ganando poder durante algún tiempo, retrocediendo de nuevo y bordeando una nueva decadência, tiempos en que ei espírita de Ias naciones occidentales se ocupa de preferencia en cuestiones eclesiásticas y en que ese poder, abandonado y atacado por algunos, sostenido y defendido con renovado ardor por otros, se afirma indiscutiblemente con significación universal. Este es ei punto de vista requerido por nuestra situación y en ei que este libro trata de colocarse. Comienzo recordando Ia situación dei poder papal a comienzos dei siglo xvi y en ei curso de los acontecimientos que llevaron a esta situación.

no por eso se ha cambiado ni una tilde en ei libro, pero no me cs posible ocultar tampoco que ha empezado una nueva época dcl Papado. No he podido sino indicar por medio de rasgos generalcs ei desarrollo de esta, conservando siempre ei punto de vista objetivo que trate de mantener desde ei principio, pero me pareció conveniente dirigir mi atención hacia ei actual pontificado en ese mismo sentido. Con arreglo a esto no he podido repetir ei titulo original de Ia obra por ei que esta se vinculo a otra publicación que se limitaba a los siglos xvJ y xvn, sino que escogi un título más amplio.

LIBRO PRIMERO

INTRODUCCIÓN
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I. ÉPOCAS DEL PAPADO
1) EI cristianismo en ei Império romano Si contemplamos ei âmbito dei mundo antiguo en los primeros siglos nos encontramos con un gran número de pueblos independientes. Viven ai borde dei Mediterrâneo, allí hasta dcnde llegan Ias noticias dei mar: diferenciados, en limites angostos, formando Estados libres y muy particularizados. La independência de que gozan no es solo política, pues en todos ellos se ha originado una religión local; Ias ideas de Dios y de Ias cosas divinas tienen fuerte sabor local; se reparten el mundo divinidades nacionales con los atributos más dispares; Ia ley a que obedecen los creyentes se halla unida indisolublemente a Ia ley dei Estado. Se puede decir que a esta íntima unión dei Estado y Ia religión, a esta libertad doble, apenas limitada por leves obligaciones que dimanan dei parentesco de Ias estirpes, corresponde Ia parte mayor en Ia formaeión de Ia Antigüedad. Se hallaba encenada en limites estrechos pero, dentro de ellos, podia desenvolverse plenamente, abandonada a sus impulsos, una existência despreocupada y juvenil. Todo esto cambio profundamente ai surgir el poderio de Roma. Todas Ias autonomias que llenan el mundo se van doblegando y desaparecen una trás otra. De pronto Ia tierra se desnuda de pueblos libres. En otras épocas los Estados se derrumban porque se deja de creer en Ia religión, mas esta vez el sojuzgamiento de los Estados es el que acarrea Ia decadência de Ia religión. Fatalmente, a consecuencia dei domínio político, confluycn todas Ias religiones en Roma: pero £qué significación podían guardar una vez arrancadas ai suelo que les dió vida? La adoración de Isis tuvo acaso un sentido en Egipto porque divinizaba Ias fuerzas naturales tal como aparecían en Ia tierra, pero en Roma se convirtió en un culto idolátrico desprovisto de sentido. Además, ai entrar en contacto Ias diferentes mitologias, el resultado no podia 13

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INTRODUCCIÓN

ser otro que Ia lucha y liquidación mutua. No es posible imaginar un filósofo que hubiera podido allanar sus contradicciones. Pero tampoco, en este caso inverosímil, se habría dado satisfacción a Io que ei mundo necesitaba. Por mucho que sintamos Ia desaparición de tantos Estados libres, no podemos negar que de sus escombros surgió una nueva vida. Al ceder Ia libertad cayeron también los limites de Ias angostas nacionalidades. Las naciones habían sido sojuzgadas, conquistadas, pero, a Ia vez, reunidas y fundidas. El âmbito dei Império coincidia con ei supuesto perfil de Ia tierra, y sus habitantes se sentían como una sola raza. El gênero humano empezó a darse cuenta de su unidad. En este momento dei mundo nace Jesucristo. Su vida transcurrió callada y escondida. Curaba enfermos, conversaba con unes pescadores, que no siempre le entendian, hablándoles en parábolas acerca de Dios. No tenía donde reclinar su cabeza. Pero desde ei punto de vista secular, que es ei nuestro, podemos decir que nada más inocente y poderoso, sublime y santo se ha dado en Ia tierra que su vida y su muerte; en cada palabra que sale de sus lábios aletea ei espíritu de Dios; palabras, como dice'Pedro, de vida eterna. El gênero humano no guarda en su memória nada que, ni de lejos, se le pueda comparar. Puede ser verdad que los cultos nacionales albergaran un elemento religioso efectivo, pero Io cierto es que, por entonces, se había perdido por completo; no conservaban ya sentido alguno y, así, ei Hijo dei Hombre, ei Hijo de Dios se presentaba frente a ellos como Ia relación eterna y universal de Dios con ei mundo y de los hombres con Dios. Cristo había nacido de un pueblo que se había distinguido como ninguno por ei rigor exclusivista de su ley ritual, pero ai que cupo ei mérito incomparable de haber mantenido energicamente desde un principio ei monoteismo. Claro que no dejaba de ser una religión nacional pero en este momento recibe una significación muy distinta. Cristo acaba con Ia ley. dándole cumplimiento; ei Hijo dei Hombre se presenta también como senor dei sábado; Dios descubre ei contenido eterno de unas formas que un entendimiento tosco no había comprendido bien. De ese pueblo, que hasta entonces se había apartado de los demás por una insuperable limitación de creencias y de costumbres, surge, con toda Ia fuerza de Ia verdad, una fe que llama a todos y a todos acoge. Se anuncia ei Dios de todos, ei que, como dice Pablo a los atenienses, ha hecho de una misma sangre a todas las gentes que pueblan Ia tierra. Como hemos dicho, los tiempos estaban maduros para tan sublime ensenanza: existia un gênero humano que podia recibirla. Como un rayo de luz, dice Eusebio,1 ilumino toda Ia tierra. En poço tiempo se expande desde ei Eufrates hasta ei Oceano Adántico, por ei Rin y por ei Danúbio, hasta los confines dei Império. Aunque era una doctrina inocente y bondadosa, es natural que encontrara fuerte resistência en los cultos existentes, apegados a las costumbres y necesidades de Ia vida, a todos los viejos recuerdos, y que ahora trataban de adaptarse a Ia constitución dei Império.
i Hist. eccls., n, 3.

ÉPOCAS DEL PAPADO

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El espíritu político de Ias viejas religiones tantea en busca de una nueva forma. El conjunto de todas aquellas autonomias que poblaron ei mundo, su riqueza total se había dado en galardón a uno solo. No había quedado más que un solo poder, que no dependia sino de si mismo y Ia religión reconocía este hecho ai tributar ai-emperador honores divinos. Se le levantaron templos, se le ofrecieron sacrifícios, se juro en su nombre, se celebraron sus fiestas y sus estatuas ofrecían asilo. El culto rendido ai gênio dei emperador fué acaso ei único de caracter universal en todo ei Império.2 Todas Ias idolatrias coincidían en esto, que era su apoyo. Este culto dei emperador y Ia doctrina de Cristo ofrecían cierta semejanza frente ai conglomerado de Ias religiones locales; pero también se enfrentaban en términos antagônicos. El emperador concebia Ia religión en ei aspecto mundano, vinculada a Ia tierra y a sus bienes, que le habían sido donados, como dice Celso; todo Io que se posee a él se debe. El cristianismo concibe Ia religión en Ia plenitud dei espíritu y en Ia verdad ultraterrena. El emperador junta Estado y religión; ei cristianismo separa Io que es de Dios de Io que es dei César. Cuando se sacrifica en honor dei emperador, se confiesa Ia servidumbre más profunda. Aquella unión de religión y Estado, que en otros tiempos había representado Ia independência, significaba ahora ei remate de Ia servidumbre. Fué un acto de liberación que ei cristianismo prohibiera a sus fieles sacrificar en honor dei César. El culto dei emperador llegaba tan solo a los confines dei Império, supuestos confines de Ia tierra; ei cristianismo estaba destinado a abarcar de verdad Ia tierra, todo ei gênero humano. La nueva fe trataba de despertar en todas Ias naciones aquella primitiva conciencia religiosa que se supone ha precedido a Ias diferentes idolatrias, de evocar, por Io menos, una conciencia pura, no enturbiada por ninguna relación con ei Estado, y se enfrento así con este poder universal que, no contento con Io terrenal, queria también someter Io divino. De este modo ei hombre se convirtió en un elemento espiritual, haciéndose de nuevo independiente, libre y personalmente insojuzgable; ei mundo recibió nueva vida y fué fecundado para nuevas creaciones. Era ia oposición de Io terreno y Io espiritual, de Ia servidumbre y Ia libertad, de un morir paulatino y de un vivo rejuvenecimiento. No es lugar aqui para que describamos Ia larga lucha de estos princípios. Todos los elementos vivos dei Império romano fueron arrastrados por Ia nueva corriente, empapados con Ia esencia cristiana y Uevados por ei gran camino dei espíritu. Por si solo, dice Crisóstomo, se extinguió ei error de los ídolos.8 El paganismo se le figura como una ciudad conquistada cuyos muros se han desplo2 Eckhcl, Doctrina numorum veterum, P. n, vol. vm, p. 456; cita un pasaje de Tertuliano (Apol., c. 28) dcl cual parece dcducirse que Ia veneración dei César fué, a vecej, muy viva. 8 Xóyo; slç tòv itaxctQiov lia[5úí.uv xol xa-tà 'IouXiavoü xal jipòç lEM.»yvaç: Chrylostomi Opp., ed. Paris, li, 510.

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INTRODUCCIÓN

mado, cuyos mercados, teatros y edifícios públicos son presa de Ias llámas y cuyos defensores acaban de sucumbir. Sobre los escombros se yerguen todavia unos poços viejos y unos niiios. Prcnto desaparecen también estas figuras postreras y comienza una transformación sin ejemplo. En Ias catacumbas surge ei culto de los mártires. En los mismos emplazamientos en que fueron adorados los dioses olímpicos, con Ias mismas columnas que sostuvieron sus templos, se levantan los santuários en hcnor de aquellos que habían ultrajado a los ídolos y habían sido castigados con Ia muerte. El culto, que tuvo sus princípios en los yermos y en Ias prisiones, conquisto ei mundo. A veces nos ascmbra que ei edifício mundano de los paganos, Ia basílica, se haya convertido en ei lugar dei culto cristiano. Acontecimiento que encierra algo muy significativo. El ábside de Ia basílica contenía un augusteo,4 donde se guardaban Ias imágenes de los CésaTes que habían recibido honores divinos. En su lugar, como podemos verlo todavia hoy, se coloco Ia imagen de Cristo y de los apóstoles; donde estuvo ei emperador dei mundo, con atributos de Dios, se encuentra ahora ei Hijo dei Hombre, ei Hijo de Dios. Las divinidades locales se disipan y desaparecen. En todos los caminos, en las abruptas alturas, en lcs puertos y gargantas, en las techumbres de las casas, en ei mosaico de los suelos se contempla Ia cruz. Victoria decisiva y completa. Como en las monedas de Constantino vemos ei lábaro con ei monograma de Cristo sobre ei dragón derribado, así sobre Ia paganía derrotada se levanta ei nombre venerado de Cristo. También en este aspecto se nos ofrece Ia ilimitada significación dei Império romano. En los siglos de su apogeo quebrantó Ia independência de las nacicnes y aniquilo aquel sentimiento de suficiência que Ia particularidad significaba. Pero en sus últimos tiempos ha visto salir de su regazo Ia verdadera religión, Ia expresión más pura de una conciencia común, que excede con holgura los limites de su Império, Ia conciencia de Ia comunidad en un solo Dios verdadero. Podemos decir que, en virtud de este acontecimiento, ei Império justifico su propia necesidad. El gênero humano se había percatado^e si mismo y había encontrado su unidad en Ia religión. Esta religión recibió dei Império romano su forma externa. Los sacerdócios paganos tenían caracter de ofícios civiles; en ei judaísmo incumbia a una tribu Ia misión espiritual. El cristianismo se diferencia porque constituye ei sacerdócio una clase especial, formada de rruembros que ingresan en ella libremente, consagrados por Ia imposición de .manos, apartados de todos los afanes dei mundo para entregarse a los negócios espirituales y divines. La Iglesia se desenvolvió ai principio en formas republicanas que van desapareciendo a medida que Ia nueva fe va dominando. El clero se destacará cada vez más frente a los laicos. Según me parece, esto ocurrió no sin cierta necesidad interna. La Uegada dei cristianismo vino a liberar Ia religión de los elementos políticos. Esto implica ei establecimiento frente ai Estado de una clase sacerdotal separada, con una constitución propia. Separación de Ia Iglesia y ei Estado, que
* Tome este date de F.. Q. Visconti: Museo Pio-Clementino, vn, p. 100 (ed. de 1807).

ÉPOCAS DEL PAPADO

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representa, acaso, ei acontecimiento mayor y de mayores consecuencias de los tiempos cristianos. El pcder espiritual y ei temporal pueden encontrarse muy juntos y hasta constituirse en estrecha comunidad, pero su coincidência total solo excepcionalmente y por breve tiempo puede darse. Las relaciones mutuas entre estos dos poderes constituyen uno de los factores más importantes de toda Ia historia. Pero este estamento sacro tenía que copiar en su constitución Ia dei Império. En correspondência con Ia jerarquía de Ia administración civil, se constituyó Ia de los obispos, metropolitanos y patriarcas. No pasó mucho tiempo sin que los obispos romanos se arrogaran Ia supremacia. Es una suposición inocente pensar que han gozado de un primado indiscutible en los primeros siglos o en cualesquiera otros, si es que pensamos en un reconocimiento universal de Este a Oeste. Pero es cierto que ganaron muy pronto un prestigio que les hizo destacarse sobre las demás potestades eclesiásticas. Ivluchas circunstancias favorecieron ei hecho. Si por todas partes Ia importância de Ia capital de província repercute en Ia autoridad dei obispo de Ia misma, en mucho mayor grado habría de ser este el caso en Ia capital de todo ei Império, cuyo obispo llevaba su nombre.6 Roma era una de las sedes apostólicas más veneradas; en ella había corrido Ia sangre de Ia mayoría de los mártires; durante las persecuciones, los obispos de Roma se habían conducido con especial bravura y, a menudo, se sucedieron en el puesto, en Ia persecución y en Ia muerte. Por otra parte, los emperadores consideraron conveniente favorecer Ia formación de una gran autoridad patriarcal. En una ley que ha sido decisiva para el domínio ejercido por el cristianismo, Teodosio el Grande ordena a todos los pueblos que de él dependen se sometan a Ia fe que San Pedro predico a los romanos.8 Valentiniano III prohibió a los obispos de Ia Galia y de otras províncias que se apartaran de las costumbres seguidas sin el consentimiento dei obispo de Ia Ciudad Santa. Bajo los auspícios dei César surgió así el poder dei obispo de Roma. Pero esta circunstancia política significo, a Ia vez, un limitación para ese poder. Si no hubiera habido más que un solo emperador, el primado universal podría haberse mantenido. Pero Ia división dei Império Io hizo imposible. Mal podían los emperadores de Oriente, tan celosos de sus derechos eclesiásticos, favorecer Ia expansión dei poder dei patriarca de Occidente dentro dei âmbito de sus domínios. También en este caso Ia constitución de Ia Iglesia correspondió a Ia dei Império. 2) El Papado se alta con el reino franco Apenas tuvo lugar este gran cambio, apenas sembrada Ia reJigión cristiana y establecida Ia Iglesia, ocurren nuevos acontecimientos universales: el Império romano, que durante tanto tiempo venció y conquisto, se veia a su vez atacado, invadido y vencido por sus vecinos.
8 Casauboni, Exercitatíones ad annaícs eccksiasticos Baronii, p. 260. • Codex Theodos., xvi, i, 2: Cunclos populos quos clementiae nosfrae reg/r temperamenfnm, iii h/i voJumus relig/one versar/, qu.im divínuni Pefriim Aposlo/um tradidisse Romanís re/ígio usque mine ab ipso insinuara declarai. También Planck menciona el Edicto de Valentiniano en: Gcschicnfe iler christíich-kirch/iciien Gcsc/Jsdiaftsvcr/assung, i, 642.

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INTRODUCCIÓN

En ei cataclismo general también ei cristianismo resultó conmovido. En los grandes peligros los romancs se acordaban todavia de los mistérios etruscos y los atenienses pensaban que Aquiles y Minerva podrían salvarlos; los cartagineses impetraban ai gênio celeste; pero se trataba de perturbaciones pasajeras. El edificio de Ia Iglesia se mantiene firme mientras ei Império se derrumba en Ias províncias occidentales. Pero, como es natural, también Ia Iglesia conoció momentos de angustia y se vió ante una situación tctalmente nueva. Una nación pagana se apoderó de Bretana; los reyes arrianos conquistaron Ia mayor parte dei Occidente; en Itália, y ante Ias puertas de Roma, los longobardos, viejos arrianos, siempre vecinos peligrosos, fundaron un poderoso reino. Mientras los cbispos de Roma, acosados por todas partes, se esforzaban —y, en verdad, con toda Ia sagacidad y tenacidad que desde entonces les es peculiar— en conservar su senorío cuando menos en su demarcación, ocurre un desastre todavia mayor. No solo conquistadores, como los germanos, sino poseídcs por una fe fanática y orgullosa, contraria radicalmente ai cristianismo, los árabes se desparraman por Oriente y Occidente, conquistan ensucesivos ataques ei África y en uno solo Espana, y Muza proclama su intención de marchar hasta Itália a través de los Pirineos y de los Alpes, para plantar ei estandarte dei profeta en ei Vaticano. La situación en que se encontro ei cristianismo occidental era tanto más peligrosa cuanto que en ese momento se agitaban furiosas Ias disputas de lcs iconoclastas. El emperador de Constantinopla se había adherido a un partido distinto que ei Papa de Roma; más de una vez trato de asesinarlo. Los longobardos se percataron pronto de cuán favorable les era esta situación. Su rey Aistulfo se apoderó de províncias que hasta entonces habían estado sometidas ai emperador, se aproximo a Roma y exigió de Ia Ciudad Eterna ei pago dei tributo en senal de sometimiento bajo terribles ainenazaSy No era posible encontrar ayuda alguna en todo ei ^undo romano contra los longobardos y mucho menos contra los árabes salvajes que en aquella época empezaban a dominar ei Mediterrâneo y amenazaban ai cristianismo con una guerra a muerte. Por fortuna, ei cristianismo no se encerraba ya en los confines dei mundo romano. Hacía tiempo que había traspasado Ias fronteras siguiendo su destino original. Por ei Oeste había entrado en los pueblos germânicos y se había constituído ya en médio de ellos un poder ai que no tenía más que acudir ei Papa para encontrar aliados dispuestos contra toda clase de enemigos. Entre todos los pueblos germânicos, ei franco, ya en su primer levantamiento en Ias províncias dei Império romano, se había hecho católico. Esta conversión le había madurado para grandes progresos. Los francos encontrarem aliados naturales tín los súbditos católicos de sus enemigos arrianos, los burgun1 Anastasius Bibliothecarius: Vitae Ponfi/icum; "Vita Stephani III", ed. Paris. p. 83, Fremens ut leo pesH/eras minas Romanis dirigere non desinebat, assetens omnes uno gladio iugulari, nisi suae sese subderent difiom.

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dos y visigodos. Muchos milagros, nos dice Ia leyenda, favorecieron a Clodoveo: San Martin le sefialó ei camino a través dei Vienne por médio de una perra; San Hilário le precedia en su marcha asumido por una columna de fuego. No es demasiado atrevido suponer que estas leyendas representan Ias ayudas que los indígenas prestaban a un compaiiero en Ia fe, cuando aquéllos "anhelaban" su victoria, como dice Gregorio de Tours. Así fortalecido en sus comienzos con êxitos tan grandes, este sentir católico fué refcrzado por otra circunstancia especial. El Papa Gregorio ei Grande vió una vez en ei mercado de esclavos de Roma a los anglosajones, que le llamaron Ia atención y le hicieron pensar en Ia conveniência de evangelizar Ia nación a que pertenecían. Jamás un Papa tomo decisión de resultado más fecundo. Con Ia doctrina cristiana se promovió en Ia Bretana germânica una veneración por Roma y Ia Santa Sede como no se encontraba en parte alguna. Los anglosajones iniciaron sus peregrinaciones a Roma; mandaban a los jóvenes para que se instruyeran en Ias cosas divinas; ei rey Offa introdujo ei dinero de San Pedro para ayuda de los peregrinos; Ia gente de rango marchaba a Roma para morir en Ia Ciudad Santa y poder ser recibida mejor por los santos dei cielo. Parece como si esta nación hubiera traspasado a Roma y a los santos cristianos Ia vieja superstición germânica de que los dioses se hallan más cerca de un determinado lugar que de otro. A esto se afiadió algo más importante, pues los anglosajones contaçiaron de esta manera de pensar Ia tierra firme y los domínios francos. El apóstol de los germanos fué un anglosajón. Lleno dei fervor de su nación por San Pedro y sus sucesores, Bonifácio prometió ai comienzo de su apostclado someterse fielmente a los mandatos de Ia Santa Sede, promesa que cumplió con ei mayor riçor. La Iglesia germânica fundada por él recibió así un extraordinário sentido de obediência. Los obispos tenian que prometer solemnemente mantenerse sometidos hasta ei fin de sus dias a Ia Iglesia romana, a San Pedro y a sus sucesores. Pero no solo convenció a los germanos. Los obispos de Ia Galia habían estado manifestando cierta independência de Roma. Bonifácio, que llegó a presidir algunas veces sus sínodcs, encontro ocasión para marcar también con sus ideas esta porción occidental de Ia Iglesia franca; a partir de él, los arzobispos gaios recibieron ei palio de Roma. Y ei sometimiento de estilo anglosajón se extendió así por todo ei âmbito dei reino franco. El poder franco se había convertido en ei centro de todo ei mundo germánico-occidental. En nada le perjudicó que ia vieja casa real, Ia dinastia merovingia, se hundiera por los crímenes más atroces; su lugar fué ocupado por otro linaje de hombres, de voluntad poderosa y de fuerza terrible. Mientras los otros reinos se desmcronaban y ei mundo estaba a punto de convertirse en una propiedad de Ia espada muslime, esta dinastia, Ia de Pipino de Heristal, que después recibió ei nombre de carolingia, presentó Ia primera y decisiva resistência. Al mismo tiempo favoreció Ia evolución religiosa que iba teniendo lugar. Desde muy temprano encontramos a Ia dinastia eti muy buenas relaciones cor

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Roma, y Bonifácio trabaja bajo Ia protección de Carlos Martel y Pipino ei Breve.8 Piénsese un momento en Ia posición dei poder papal en ei mundo. Por un lado, ei Império de Oriente, en decadência, débil, incapaz de defender ei cristianismo contra ei Islam y de asegurar sus propios domínios italianos contra los longobardos y, sin embargo, con pietensiones de intervención soberana en los asuntos eclesiásticos. Por otro, Ias naciones germânicas, Uenas de vida, poderosas, vencedoras dei Islam, sometidas a Ia autoridad de que tenían menester con toda Ia frescura de su entusiasmo juvenil y Uenas de fervor generoso. Gregorio II se daba cuenta de Io que había ganado. "Todos los países de Occidente —escribe lleno de seguridad ai emperador iconoclasta León Isáurieo— dirigen sus miradas a nuestia humildad y nos tienen por un Dios sobre Ia tierra." Sus sucesores se iban percatando cada vez con mayor claridad de Ia necesidad de apartarse de un poder que no les ofrecía protección alguna y que solo les imponía oblígaciones: Ia sucesíón dei nombre y dei Império de Roma no podia atarlos. Así, pues, volvían su mirada ai lugar de donde unicamente podían esperar alguna ayuda. Entablaron una alianza con los Senores de Occidente, con los príncipes francos, alianza que se fué haciendo más estrecha con ei tiempo, aporto a ambas partes ventajas considerables y se desenvolvió de tal modo que llegó a revestir una significaçión de primer orden en Ia historia universal. ( Cuando ei joven Pipino, no satisfecho con Ia réalidad dei poder monárquico, quiso también poseer ei título, sintió que le era menester un refrendo superior, y ei Papa se Io ofreció. A cambio, ei nuevo rey prometió defender 'Ia Santa Iglesia y Ia República de Dios" contra los longobardos. Pero a su ceio no ie bastaba Ia mera defensa. Muy pronto obiigó a los longobardos a entregar los territórios italianos arrebatados ai Império de Oriente, ei Exarcado. Parece que Ia justicia reclamaba que los hubiera devuelto a su dueão ei emperador, y en este sentido recibió Pipino alguna indicaciónyLa contestación suya fué que "no había salido a combatir por ei bien de un hombté, sino movido por su veneración a San Pedro, para ganar así ei perdón de sus pecados".9 Deposito Ias llaves de Ias ciudades conquistadas sobre ei altar de San Pedro. Este fué ei fundamento de todo ei poder temporal de los Papas. Con tan animosa colaboración se fué desenvolviendo Ia alianza. Carlomagno alivio por fin ai Papa de Ia vecindad de los príncipes longobardos, desde largo tiempo fastidiosa. Él en persona dió muestraí de Ia más profunda sumisión: llegó a Roma, subió de hínojos los escalones de San Pedro, hasta llegar al pátio donde le aguardaba ei Papa, a quien confirmo Ia donación de Pipino. Por su lado, ei Papa se mostro ei amigo más fiel; Ias relaciones dei obispo de Roma con los obispos italianos facilitaron a Carlom^no ei sometimiento de los longobardos y Ia adscripeión de este reino al sujo.
8 Bcinifarii Epistolae; "tp. M, ad Dmidem çpisc." Sine patrocínio principis Francornm nec popuhim regerc nec pres&yferos veí diaconos, monaçhos vel ancílhs dei defendere possum, nec ipsos paganorum rifus et sacrilegia idolorum in Germania sine ülius mandato et timore... 8 Anastasius: affirmans etiam sub juramento, quod per nuilius hominis íavorem sese cerramini saepius dedisser, nisi pro amore Petri et venia dclictorum.

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Pronto ei curso de los acontecimientos conduciría a êxitos mayores. En su propia ciudad, donde Ias facciones se cornbatían con fúria, no podia ei Papa sostenerse sin Ia protección de fuera, y Carlomagno volvió a Ia Ciudad Santa con este fin. El viejo príncipe aparecia nimbado de gloriosas victorias. En largas guerras había sometido uno trás otro a todos sus vecinos y casi había llegado a agrupar a todas Ias naciones cristianas romano-germánicas; ]as había conducido a Ia victoria contra ei enemigo común; se había hecho duefio de todas Ias comarcas sometidas a los emperadores de Occidente en Itália, en Ia GaJia y en Germania, y disponfa de todo su poder.10 Es cierto que estos países se habían convertido desde entonces en un mundo diferente, pero ^excluía ello Ia dignidad suprema? Pipino había recibido Ia diadema real porque a quien tiene ei poder corresponde ei honor. También esta vez ei Papa se decidió cn favor dei rey. Lleno de reconocimiento y necesitado de una protección permanente, coronó a Carlos con Ia corona dei Império de Occidente en aquel dia de Navidad dei ano 800. Así tuvieron cumplimiento los acontecimientos iniciados con Ia invasión de los germanos en ei Império romano. El lugar de los emperadores romanos de Occidente Io ocupa ahota un príncipe franco y ejerce todos los derechos correspondientes. En Ia donación de los territórios ai sucesor de San Pedro vemos Ia ejecución de un acto de suprema autoridad por parte de Carlomagno. Su sobrino Lotario nombra a los jueces y anula Ias confiscaciones llevadas a cabo por ei Papa. El Papa, jefe supremo de Ia jerarquía eclesiástica en ei Occidente romano, se ha convertido en un miembro dei Império franco. Se aparta dei Oriente y poço a poço cesa de lecihii acatamiento. Hacía tiempo que los emperadores griegos le habían arrebatado su base patriarcal en Oriente.11 En cambio, Ias iglesias de Occidente —sin exceptuar Ia longobarda, a Ia que se Uevaron Ias instituciones de Ia franca— le prestaban una audiência que nunca había conocido. Al acoger en Roma Ias escuelas de los frisones, sajones y francos, con Io que Ia ciudad comenzó a germanizarse, entro en Ia combinación de elementos germânicos y románicos que ha constituído desde entonces ei caracter dei Occidente. Su poder echa raíces en un suelo vírgen en los momentos más angusciosos, y cuando parecia ahocaào a Ia ruina se afirma por largo tiempo. La jerarquía creada dentro dei Império romano se vierte en Ia nación germânica; aqui encuentra un campo infinito para una actividad siempre creciente, en cuyo curso se desarrolla hasta Ia plenitud ei núcleo de su propia substancia. ftfzXj,.'.líí.etol0^
1° Así entiendo los Annales Laureshamenses: ad annum 801. Visum est et ipsi apostólico Leoni —ut ipsum Carolum regem Francorum imperatorem nominare debuissent, qui ipsam Romam tenebat, ubi semper Caesares sedere so/iti erant, et reliquas sedes quas ipse per Italiam seu Galliam nec non et Germaniam tenebat (probablemente queria decir: ipsi tenebant): quia deus omnipotens tias omnes sedes in potestatem e/us concessit, ideo justum eis esse videbatur ut ipse cum dei ad/utorio— ipsum nomen haberet. U Nicolás I se lamenta de Ia perdida dei poder patriarcal de Ia Sede Romana per Epirum veferem Epirumque novam atque fílyricum, Macedonhm, Thessaliam, Achaiam, Daciam ripensem Daciamque mediterraneam, Moesrarn, Dardaniam, Praevalim, y de Ias perdidas dei patrimônio en Calábria y Sicilia. Pagi (Critica in Annales Baronii, in, p. 216) pone junto a este escrito otro de Adriano I dirigido a Carlomagno; de este último resulta que tales perdidas fueron ocasionadas por Ias Inchas de los iconoclastas.

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3) Relación con los envpeTadores germânicos. Formación indejjendiente de Ia jerarquía Dejemos transcurrir vários siglos para detenernos en ei punto a que nos conducen y, desde él, proyectar una mirada de conjunto. El Império franco ha caído y ei germânico surge poderoso. Nunca ei nombre alemán ha tenido mayor valimiento en Europa que en los siglos x y xi, bajo los emperadores sajones y los primeros emperadores sálicos. Vemos a Conrado II dirigirse desde Ias fronteras orientales -—donde ei rey de Polônia ha tenido que sometérsele y entregarle una fracción de su reino, y donde ei duque de Bohemia ha sido condenado a prisión—- hacia ei Oeste, para asegurarse Ia Borgona frente a Ias pretensiones de los senores franceses. Los vence en los llanos de Champagne; a través dei San Bernardo acuden en su auxilio sus vasallos italianos; se hace coronar en Ginebra y congrega su dieta en Solothurn. En seguida le encontramos en Ia Itália meridional. "En Ia frontera de su império —dice su cronista Wippo—, en Capua y Benevento, ha resuelto Ias discusiones con su palabra." Enrique III reino con no menos poder. Pronto Io encontramos en ei Escalda y el Lys, vencedor de los condes de Flandes, y en Hungria, a Ia que obliga durante cierto tiempo a prestarle pleito homenaje, más allá dei Raab, hasta que le dan el alto los elementos. El rey de Dinamarca le visita en Merseburgo. Uno de los más poderosos senores de Francia, el conde de Tours, se le ofrece como vasallo, y Ias crônicas espanolas cuentan que exigió a Fernando I de Castilla, príncipe victorioso y lleno de poder, que le rindiese acatamiento como supremo senor feudal de todos los reyes cristianos. Si preguntamos ahora qué fuerza interior sostenía este poder expansivo que pretendia Ia supremacia europea, nos encontramos con gue encerraba un importante elemento religioso. También los gejmanos conquistaban mientras convertían. Con Ia Iglesia, marchaban sus fronteras a través dei Elba hacia el Oder y a Io largo dei Danúbio; los monjes y los sacerdotes precediercn ai influjo germano en Bohemia y en Hungria. Por esta razón Ias autoridades eclesiásticas disfrutaron de un gran poder. Los obispos y abades obtuvieron en Germania derechos condales y a veces ducales más allá de sus propios domínios, y no se describen Ias posesiones eclesiásticas como radicadas en lcs condados sino que, por el contrario, son los condados los que radican en los obispados. En Ia Itália alta casi todas Ias ciudades estaban sometidas a los vicecondados de sus obispcs. Seria un error creer que Ias autoridades eclesiásticas han ganado con esto una autêntica independência. Como Ia promoción para Ias dignidades eclesiásticas correspondia ai rey —Ias fundaciones solían enviar el anillo y el cetro dei dignatario fallecido a Ia corte, que los volvia a ceder de nuevo—, era hasta una ventaja para los príncipes conceder atribuciones temporales ai hombre de su elección, ccn cuya fidelidad debían contar. A pesar de Ia resistência de Ia nobleza, Enrique III coloco en Ia sede de Milán a un plebeyo, de cuya fidelidad estaba seguro; Ia obediência que más tarde encontro en Ia Itália dei Norte se debió en gran parte a esta manera de proceder. Así se explica que, entre todos

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los emperadores, fuera Enrique III ei más generoso con Ia Iglesia y, ai mismo tiempo, quien defendiera con mayor vigor ei derecho de promover los obispos.18 También se tenía cuidado en que Ias donaciones no se sustrajeran ai poder dei Estado. Los bienes eclesiásticos no estaban exentos de los gravámenes públicos, ni siquiera dei deber de vasallaje. A menudo encontramos obispos que conducen a sus hombres a Ia guerra. Y se puede comprender Ia ventaja que suponía poder nombrar obispos como ei arzobispo ue Bremen, quien ejercía Ia máxima autoridad espiritual en los reinos escandinavos y sobre Ias diversas estirpes de los vendos. Siendo ei elemento eclesiástico tan importante en Ia organizaeión dei Império germânico, se comprende Ia importância que había de revestir Ia relación que ei emperador mantuviera con ei jefe supremo, con ei Papa de Roma. Lo mismo que en ei caso de los emperadores romanos y los sucesores de Carlomagno, ei Papado guardo estrecha relación con ei emperador germânico. No se puede dudar de su situación política subalterna. Es verdad que antes de que ei Império cayera de manera definitiva en manos germânicas, cuando era gobemado por jefes débiles y vacilantes, los Papas ejercieron actos de suprema autoridad. Pero desde ei memento en que los poderosos príncipes germanos se arrogaron Ia dignidad imperial fueron de hecho, aunque no sin resistência, tan senores dei Papado como los carolingios. Otón ei Grande protegió con mano de hierro ai Papa que había elevado a Ia Sede 13 y sus hijos siguieren su ejemplo. Como Ias facciones romanas se levantarem de nuevo y se apropiaron Ia dignidad papal, manejándola como un interés de família, comprándola y vendiéndola, se hizo necesaria una intervención superior. Es sabido con qué energia Ia llevó a cabo Enrique III. Su sínodo de Sutri depuso a los Papas intrusos. Luego de colocarse ei anillo patriarcal en ei dedo y haber recibido Ia corona imperial, serialó a su discreción quién había de ocupar Ia Sede. Se sucedieron cuatro Papas germanos, todos nombrados por él; ai vacar Ia Sede, los delegados de Roma, así como los enviados de los otros obispados, se presentaban en Ia corte para recibir ei nombramiento dei sucesor. En esta situación le convenía ai emperador mantener ei prestigio dei Papado. Enrique III fomento Ias reformas que emprendieron los Papas nombrados por él, y ei aumento consiguiente de autoridad no provoco su receio. El hecho de que León IX, contrariando Ia voluntad dei rey de Francia, convocara a un sínodo en Reims, nombrando y deponiendo obispos franceses y recibiendo ia declaración solemne de que ei Papa era ei único primado de Ia Iglesia entera, no podia sino satisfacer ai emperador mientras él pudiera disponer de poder sobre ei Papado. Era congruente con Ia pretensión de primacía que trataba de afirmar en Europa. La misma relación que se aseguraba con respecto a los
12 Ejemplos de esta severidad se encuentran en Planclc: Cesehichte der chrisHich-kirchlichen Gese/ischa/tsveríassung, 01, 407. 13 En Goldast, Constitutt. ImperiaJes, i, p. 221, encontramos un instrumento (junto con los Scholien de Dictrich von Nicm) segun ei cual ei derecho de Carlomagno a elegir su propio sucesor y a nombrar cn ei futuro los Papas romanos se traspasa a Otón y a los emperadores germânicos. Pero sin duda alguna este instrumento es una invención.

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nórdicos a través dei arzobispo de Bremen, podia asegurársela sobre Ias otras potências de Ia cristiandad a través dei Papa. Pero en esto se encerraba un gran peligro. La organización dei estamento eclesiástico en los domínios germânicos y germanizados se había convertido en algo muy diferente a Ia que presentaba en los rcmánicos. Se le había atribuído una gran parte dei poder político; disponía de poder principesco. Hemos visto que dependia dei emperador, de Ia suprema autoridad secular, pero iqué podia ocurrir cuando esta autoridad cayera en manos débiles, si ei jefe de Ia Iglesia, triplemente poderoso: por su dignidad, objeto de Ia veneración general, por Ia obediência de los fieles y por su influencia sobre otros Estados, aprovechara ei momento oportuno para enfrentarse con ei poder real? La situación se mostraba propicia en vários aspectos. El poder eclesiástico albergaba en si un principio propio, antagonista de ese gran influjo secular, principio que debía manifestarse en cuanto se sintiera con fuerzas suficientes. Según creo, había también una contradicción en ei hecho de que ei Papa, que cjercía ei máximo poder espiritual, tuviera que estar sometido por tcdas partes ai emperador. Otra cosa hubiese ocurrido si Enrique III se hubiera decidido a proclamarse cabeza de toda Ia cristiandad. Como no sucedió esto, es natural que cn un momento de confusión política ei Papa se viera impedido, por su sumisión ai emperador, de aparecer plenamente como ei padre de todos los fieles, como correspondia a su dignidad. En esta situación sube a Ia Silla de San Pedro Gregorio VII. Gregorio es un espíritu osado, tenaz y de largo alcance; sistemático, podríamos decir, como una construcción cscolástica; imperturbable en Ias consecuencias lógicas y muy diestro ai mismo tiempo en eludir con Ia mejor apariencia contradicciones verdaderas y fundadas. Vió ei camino que llevaban Ias cosas, capto en ei trajín de ia vida cotidiana sus posibilidades históricas, y decidió emancipar ai poder papal de Ia tutela imperial. Una vez que se propuso este fin, echó mano sin contemplaciones de todos los médios necesarios. La resolución que- inspiro a los concilios de que en ei futuro jamás ninguna dignidad eclesiástica podría ser atribuída por una autoridad secular, tenía que chocar con Ia esencia misma de Ia constitución imperial, porque esta descansaba sobre Ia unión de Ia organización eclesiástica y Ia secular: ei vínculo Io representaba Ia investidura y significo tanto como una revolución que se arrebatara este derecho ai emperador. Es claro que Gregorio VII no hubiera pensado'en tal cosa de no haberse dado cuenta de Ia descomposición dei Império germânico durante Ia minoridad de Enrique IV y dei levantamiento de los pueblos y príncipes germanos contra este emperador. Encontro aliados en los grandes vasallos. También ellos se sentían oprimidos por Ia supremacia dei poder imperial y trataban de liberarse de él. En cierto sentido ei mismo Papa era uno de los grandes vasallos dei Império. Así se comprende que ei Papa declarara a Alemania império electivo —ei poder de los príncipes crecía de este modo en gran manera —y que los príncipes no se opusieran cuando ei Papa se libro dei poder imperial. En Ia misma lucha de Ias investiduras sus ventajas iban a Ia par. El Papa estaba muy lejos

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de querer designar por si mismo a los obispos y dejó ei nombramiento a cargo de los cabildos, en los que Ia gran nobleza germânica ejercía ei máximo influjo. En una palabra: ei Papa tenía a su lado los intereses de Ia aristocracia. Pero, a pesar de estos aliados de marca, jqué guerras más largas y sangrientas costó a los Papas Ia conquista de su libertad! Desde Dinamarca hasta Ia Apulia, dice ei salmo dei Ano Santo, desde Ia Carolingia hasta Hungria, ei Império ha vuelto sus armas contra sus entranas. La lucha entre ei principio espiritual y ei temporal, que antes se entendieron tan bien, enzarzó a Ia cristiandad en fatales altercados. Los Papas tuvieron que abandonar a menudo Ia Ciudad Eterna y contemplar como ocupaban Ia Sede los Antipapas. Por fin consiguieron ei triunfo. Después de muchos siglos de sumisión y otros más de lucha indecisa, se había logrado de manera definitiva Ia independência de Ia Santa Sede y su principio. De hecho los Papas gozaban de una posición magnífica. La clerecía estaba completamente en sus manos. Es digno de notar que los Papas más enérgicos de este período fueron todos benedictinos ai igual que Gregorio VIL Al introducir ei celibato convirtieron a todo ei sacerdócio en una espécie de orden monástica. El obispado universal que se arrogaban guardaba cierto parecido con ei poder de un abad cluniacense, que era ia única autoridad abacial en su orden. Y así estos Papas pretendían ser únicos obispos de Ia Iglesia. No sintieron escrúpulo alguno para intervenir en Ia administración de todas las dióccsis.14 Sus legados fueron equiparados por ellos con los viejos procónsules romanos. Las potências estatales iban decayendo mientras se constituía este orden que obedecia a una sola cabeza, que estaba organizado apretadamente y se extendía por todos los países, poderoso por sus riquezas territoriales y dominador de todos los aspectos de Ia vida. Ya a comienzos dei siglo xn ei preboste Gerohus pudo decir: "Llegarán las cosas ai extremo de que los ídolos de oro dei Império se derrumbarán y todo reino mayor se romperá en cuatro principados: entonces Ia Iglesia estará libre y no oprimida, bajo Ia protección dei Sumo Sacerdote coronado."15 Poço falto para que no se cumpliera Ia profecia. Porque en realidad, íquién era más poderoso en Inglaterra en ei siglo xm, Enrique III o aquellos veinticuatro sefiores que tuvieron durante cierto tiempo ei gobiemo en sus manos? ^Y quién más poderoso en Castilla, ei rey o los "altos homes"? No parecia necesario ei poder de un emperador después que Federico había otorgado a los príncipes dei Império los atributos esenciales de Ia soberania territorial. Se puede decir que solo ei Papa disfrutaba de un poder amplísimo y unitário. Así ocurrió que Ia independência dei principio espiritual se trasmutó muy pronto en una nueva espécie de supremacia. Llevaban a ello ei caracter temporal-espiritual que dominó Ia vida toda y ei curso de les acontecimientos. Cuando países durante tanto tiempo perdidos, como Esparia, habían sido recobrados dei mahometismo y ganadas ai paganismo
14 Uno de los puntos principales, acerca dei cual quicro citar un pasaje de una carta de Enrique IV dirigida a Gregorio (JVÍansi Concil, n. col/ecfio, xx, 471). Recfores sanetae ecc/essiae, vide], arch/episcopos, episcopos, presbyteros. sicut servos pedibus tu/s caJcasti. Como vemos, ei Papa tuvo en esto de su lado Ia opinión pública: In quorum concu/catione tibi favorem ab ore vuJgi comparasti. 15 Schroeckh cita este pasaje en Kirc/iengeschichte, Part. 27, p. 117.

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y pobladas con pueblos cristianos províncias como Prusia; cuando Ias mismas capitales de Ia religión griega se sometieron ai rito latino y cientos de miles se alistaban para Ia reconquista de los santos lugares, nada tiene de extrano que gozara de un prestigio inmenso ei sumo sacerdote, que intervenía en todas estas empresas y recibía Ia obediência de los sometidos. Bajo su dirección y en su nombre se expandían Ias naciones occidentales en innumerables colônias como si fueran un solo pueblo y trataban de aduenarse dei mundo. Por Io tanto, no puede extraíramos que también en ei interior ejerciera una autoridad indiscutible y que un rey de Inglaterra recibiera dei Papa su reino como feudo, que un rey de Aragón Io pusiera a disposición dei apóstol Pedro y que Nápoles fuera cedido por ei Papa a una dinastia extranjera. Asombrosa fisonomía ofrece esa época, que nadie todavia nos ba presentado en su plena verdad. Es una combinación extraordinária de disensión interior y de brillante expansión hacia fuera, de autonomia y obediência, de mundo espiritual y secular. Sorprende ei caracter contradictorio dei fervor religioso. A veces se recoge en Ia abrupta montaria, en ei bosque solitário para entregarse por completo a Ia contemplación divina, renunciando a todos los goces de Ia vida en espera de Ia muerte; o, en médio de los hombres, se empena con entusiasmo juvenil en acunar en formas penetrantes y magníficas los mistérios vislumbrados, Ias ideas que le alimentan. Pero junto a esto encontramos esa otra fuera que ha inventado Ia Inquisición y que blande Ia terrible espada de Ia justicia contra los herejes: "A nadie —dice ei caudillo contra los albigenses— de cualquier sexo, edad o rango hemos perdonado, sino destrozado a todos con ei filo de Ia espada." A veces ambos aspectos se concentran en un solo momento. A Ia vista de Jerusalén los cruzados se apean de sus caballos y se descalzan para llegar como verdaderos peregrinos a Ias Santas Murallas; en médio de los combates más fieros, se creen asistidos dei auxilio de los santos y de los ángeles. Pero apenas escaladas Ias murallas se entregan ai saqueo y Ia matanza: én ei emplazamiento dei Templo de Salomón degollaron cuatro míf sarracenos, quemaron a los judios en sus sinagogas y mancharon de sangre los santos lugares que venfan a adorar. Contradicción inseparable de todo Estado religioso y que constituye su prcpia esencia. 4) Contraste entre los siglos xiv y xv En algunos momentos se siente uno tentado a indagar los planes dei gobiemo divino dei mundo, Ias fases de Ia educación dei gênero humano. Con todos sus defectos, ei desarrollo que acabamos de delinear fué necesario para que arraigara bien ei cristianismo en Occidente. Era muy difícil hacer que se empaparan con Ias ideas dei cristianismo aquellas almas nórdicas, ariscas, dominadas por antiquísimas supersticiones. Era menester que Io espiritual tuviera durante cierto ticmpo ei predomínio para que Ia levadura prendiera por completo en ei alma germânica. A Ia vez se verifica entre ei elemento germânico y ei románico Ia unión sobre Ia que descansa ei caracter de Ia Europa posterior. Existe una comunidad dei mundo moderno, que se ha considerado

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siempre como fundamento principal de toda su formación, en Ia Iglesia y en ei Estado, en ias costumbres, en Ia vida y en Ia literatura. Para que esto se produjera, Ias naciones occidentales tuvieron que componer alguna vez un solo Estado universal. Pero en ei inmenso curso de los acontecimientos no pasó de ser un momento. Una vez logrado ei cambio, necesidades nuevas operan otra vez. Anuncia una nueva época ei hecho de que los idiomas nacionales cuajaran casi por ei mismo tiempo. Poço a poço, pero de manera incontenible, se filtran en todos los campos de Ia actividad espiritual y paso a paso le disputan ei terreno ai idioma de Ia Iglesia. La universalidad se retrae y en ei campo abandonado por ella crece una nueva particularidad de sentido superior. El elemento eclesiástico había domenado Ias nacionalidades y ahora, transformadas, estas discurren por un camino nuevo. No parece sino que todo ei afán de los hombres, que transcurre insignificante ^y que escapa a Ia observación, se halla sometido ai curso poderoso e inconteríible de los acontecimientos. El poder papal fué cosa que Ias anteriores circunstancias reclamaban, pero Ias nuevas le eran contrarias. Como Ias naciones no hábían tanto menester dei impulso dei poder eclesiástico, pronto le ofrecieron resistência. Sentían en si Ia fuerza de su independência. Vale Ia pena de traer a recordación los hechos más importantes en que se manifiesta este nuevo sesgo. Como es sabido, fueron los franceses los primeros que hicieron frente de manera decidida a Ias pretensiones dei Papa. Con unanimidad nacional se opusieron a Ias bulas de excomunión de Bonifácio VIII y en cientos de documentos todas Ias clases declararon su adhesión a Ia actitud de Felipe ei Hermoso. Les siguen los alemanes. Cuando los Papas atacan ei Império con ei mismo coraje de antes, aunque este ni de lejos mantenía ei antiguo poder, los príncipes electores se allegaron a orillas dei Rin, reuniéndose en sus sitiales de piedra dei campo de Rense, con ei propósito de acordar una medida general para reafirmar "ei honor y Ia dignidad dei Império". Pretendían declarar solemnemente Ia independência dei Império contra toda intervención dei Papa. Pronto les siguió Ia misma resolución de todas Ias fuerzas, emperador, príncipes y príncipes eclesiásticos, y se enfrentaron unanimemente ai poder temporal dei Papa.16 Inglaterra no se hizo esperar mucho. En ninguna otra parte gozaron los Papas de mayor influencia ni administraron más arbitrariamente los benefícios; cuando Eduardo III se nego a pagar ei tributo prometido por reyes anteriores, ei Parlamento se adhirió a él y le aseguró su apoyo. El rey tomo sus medidas para precaverse contra otros abusos dei pcder papal. Vemos como una nación trás otra se afirman en su independência y unidad; ei poder público nada quiere saber de otra autoridad superior; tampoco cn ei pueblo encuentran aliados los Papas. Príncipes y estamentos rechazan resueltamente sus intervenciones.
18 Licet /uris utriusque. En Olcnschlaeger, Staalsgeschichte des roemischen Kaiserthums in der ersten Haelfte des Mten Jahrhunderts, n» 63.

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INTRODUCCIÓN

Mientras tanto ocunió que ei Papado cayó en confusión y debilidad, Io que permitió a Ias potências occidentales, que hasta entonces no habían buscado más que afirmarse, influir a su vez sobre él. Ápareció ei cisma. Obsérvense sus consecuencias. Durante largo tiempo dependió de los príncipes nombrar uno u otro Papa según su conveniência política, y ei poder espiritual no disponía de médio alguno para acabar con Ia confusión que solo ei poder temporal podia dominar. Cuando se celebro una reunión con este objeto en Constanza, no se voto por cabezas como antes, sino por Ias cuatro naciones y a cada una de ellas le fué posible decidir en reuniones previas a quién había de dar su voto; juntas destituyeron un Papa y ei recién elegido tuvo que celebrar concordatos con cada una de Ias naciones, concordatos cuyo contenido ya venía anticipado por Ia conducta seguida. Durante ei concilio de Basilea y Ia nueva disensión, algunos reinos se mantuvieron neutrales y solo ei esfuerzo de los príncipes consiguió impedir ei nuevo cisma.17 Nada podia ocurrir que fuera más favorable ai predomínio dei poder temporal y a ia independência de cada reino. De nuevo ei Papa goza de gran prestigio y dispone de Ia obediência de todos. El emperador le servia de escudero; hubo obispos, no solo en Hungria sino también en Alemania, que se decían por Ia gracia de Ia Sede apostólica;18 en ei Norte se seguia recogiendo ei dinero de San Pedro; afluían peregrinos de todos los países en ei jubileo dei ano 1450 y un testigo compara su llegada con enjambres de abejas y con bandadas de pájaros. Pero, a pesar de todo, no habían vuelto los tiempos pasados. Para convencerse de esto basta con recordar ei ceio de los cruzados y comparado a Ia frialdad con que se recibió en ei siglo xv ei llamamiento para una resistência común contra los turcos. Era mucho más urgente defender Ia propia tierra contra un peligro que avanzaba irresistible, que rescatar ei Santo Sepulcro. Con Ia mayor elocuencia habló Eneas Silvio en Ia Dieta y e l monje Capistrano en Ias plazas de Ias ciudades, y los cronistas nos cuentan Ia impresión producida en ei ânimo de los oyentes, pero no sabemos qije nadie acudiera a Ias armas. Los Papas hicieron los mayores esfuerzos. Uno equipo una flota; otro, Pio II, aquel elocuente Eneas Silvio, acudió, sòbreponiéndose a su enfermedad, ai puerto donde debían reunirse los que estaban en mayor peligro. Queria estar presente, según sus palabras, para hacer Io único que le era posible: elevar sus brazos ai cielo como Moisés. Pero ni los ruegos, ni Ias advertências, ni los ejemplos sirvieron de nada. Había pasado Ia época de aquella juvenil cristiandad caballeresca y a ningún Papa le fué posible resucitarla de nuevo. Eran otros los intereses que por entonces movían ai mundo. Después de largas luchas intestinas los reinos de Europa se consolidam El poder central domina Ias facciones que hasta entonces habían puesto en peligro ei trono y cobija a todos los súbditos en única obediência. Muy pronto se empezó a minar ei poder estatal dei Papado, que Io queria dominar todo y que en todo intervenía. El principado se alzó con mayores pretensiones.
11 Declaración dei Papa Félix, cn Georgius, Vita Nícoíai V, p. 65. 18 Constanza, Schwcrin, Fuenfkirchcn. En Schroeckh, Kirchengeschicnte, t. 3J, p. 60.

ÉPOCAS DEL PAPADO

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Muchas veces se figura uno ai Papado gozando de un poder casi ilimitado hasta Ia Reforma, pero Ia realidad es que los Estados se habían arrogado no pequenas atribuciones en los negócios eclesiásticos durante ei siglo xv y comienzos dei xvi. En Francia, Ias, intervenciones de ia Santa Sede fueron esquivadas en su mayor parte ccn Ia Pragmática Sanción, que estuvo vigente más de médio siglo. Es verdad que Luis XI, poseído de una falsa piedad, que tanto más le podia cuanto más le faltaba Ia verdadera, hizo concesicnes, pero sus sucesores recuperaron con ventaja Io perdido. Se dice que Ia corte de Roma alcanza de nuevo aquel poder antiguo cuando Francisco I celebra su concordato con León X. Es verdad que ei Papa recibió de nuevo Ias attnatas. Pero, en cambio, tuvo que renunciar a otras muchas cosas, entre Ias príncipales ai derecho, en favor dei rey, de promover los obispados y otros altos benefícios. Es innegable que Ia Iglesia galicana perdió sus derechos, pero no tanto en favor dei Papa como dei rey. El principio que Gregorio VII quiso imponer ai mundo fué abandonado sin gran dificultad por León X. En Alemania Ias cosas no podían ir tan lejos. Los acuerdos de BasiJea, que cn Francia se convirtieron en Ia Pragmática Sanción.19 En Alemania, donde también se aceptaron en un principio, resultaron moderados por ei Concordato de Viena. Pero tampoco esta moderación ocurrió sin alguna contrapartida de Ia Santa Sede. En Alemania no bastaba entenderse con ei jefe dei Estado; era menester ganarse a los diversos estamentos. Los arzobispos de Maguncia y Tréveris obtuvieron ei derecho de disponer de los benefícios vacantes que correspondían ai Papa; ei elector de Brandeburgo adquirió Ia facultad de promover a los três obispos dei país; otros estamentos menos importantes, Ias ciudades de Estrasburgo, Salzburgo y Metz, consíguieron también ciertas ventajas.20 Sin embargo, no se acalló con esto Ia oposición general. En ei afio 1487 todo ei Império se opuso a un diezmo que ei Papa quiso introducir.21 En ei afio 1500 Ia autoridad secular le retuvo ai legado dei Papa dos tercios de ia cantidad aportada por Ia venta de indulgências, cantidad que dedico a Ia guerra contra los turcos. Sin necesidad de concordato alguno, ni de Pragmática Sanción, se llegó en Inglaterra a resultados mayores que los derivados de Constanza. Enrique VII tcnía ei derecho de nombrar un candidato para Ias sedes episcopales vacantes. No le basto con tomar en sus manos ei fomento de los intereses eclesiásticos, sino que dispuso de Ia mitad de Ias annatas. Cuando, después de esto, a comienzos dei reinado de Enrique VIII, Wolsey adjunto a sus otros cargos oficiales Ia dignidad de legado, ei poder espiritual y ei temporal aparecieron conciliados
!9 Se reconoce Ia relación pof Ias siguientes -palabras de Eneas Silvio: Piopter decreta tlasiliensis concilii intei sedem apostolicam et nationem vestiam dissidium coepit, cum vos iih prorsus (enenda dicetetis, apostólica veio sedes omnia rejicciet. Iraque luit deniqne compositio façta —per quam a/iqua ex dectetis- concilii- praedícti recepfa videnlur, a/iqua rejecta. En Epístola ad Martinum Maierum contra murmur gravamims German/cae nationis, 1457. En Müllcr, Re/chsragstlieatrum unfer Friedrich III, m, p. 604. 2 » En Schroeckh, Kircliengeschichie, t. 32, p. 173; en Staats- und Rcchtsgeschichtc de Eichhom, t. ni, pif. 472, n. c. 21 En Müller, Reichstagsthealrum, vi, p. 130.

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INTRODUCCIÓN

en cierto modo, pero antes de que asomara ei ptotestantismo se acometió una violenta confkcación de gran número de monasterios. Tampoco los países meridionales se quedaron atrás. También ei rey de Espafia podia nombrar los obispos. A Ia Corona estaban vinculados los grandes maestres de Ias ordenes militares; y ella, que había establecido Ia Inquisición y Ia dominaba, disfrutó de muchas atribuciones y derechos de orden eclesiástico. Fernando ei Católico se opuso no poças veces a Ias autoridades papales. En no menor grado que Ias ordenes militares espaiiolas, eran patrimônio de Ia Corona Ias portuguesas de Santiago, de Avis, de Cristo, a Ia que habían correspondido los bienes de Ia orden dei Temple.22 El rey Manuel consiguió de León X no solo Ia terceia parte de Ja cruciata, sino también ei diezmo de los bienes eclesiásticos, con ei derecho expreso de distribuirlos a su buen placer. Por todas partes, tanto en ei norte como en ei sur, se trataba de limitar los derechos dei Papa. El poder estatal buscaba Ia participación en Ias rentas eclesiásticas y Ia distribución de Ias dignidades y benefícios. Los Papas no ofrecieron una resistência seria. Trataron de conservar todo Io que pudieron, pero fueron cediendo. Lorenzo de Médicis, en ocasión de un altercado entre Fernando, rey de Nápoles, y ei Papa, dice que aquél no pondrá ninguna dificultad en prometer Io que sea, pero que luego, en ei momento dei cumplimiento, se verá Io que siempre se ha visto en estas contiendas entre Papas v reyes.23 Hasta Ia misma Itália habia llegado este espíritu de oposición. Se nos cuenta de Lorenzo de Médicis que siguió en estos asuntos ei ejemplo de los grandes príncipes y no cumplía de los mandatos papales más que aquello que le venía en gana.24 Seria un error no ver en estos empenos más que actos de pura arbitrariedad. La inspiración religiosa había cesado de dominar Ia vida de Ias nacicnes europeas en Ia medida de antes: ei desarrollo de Ias nacionalidades y Ia formación de los Estados marcaban poderosamente su fuerza. Por Io tanto, era necesario que Ia relación entre ei poder temporal y ei espiritual sufriera un cambio profundo. Y hasta en los mismos Papas se notaba una gran mudanza.

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II. LA IGLESIA Y EL ESTADO PONTIFÍCIO A COMIENZOS DEL SIGLO XVI 1) Engrandecimiento dei Estado de Ia Iglesia Piénsese Io que se quiera de los Papas de los primeros tiempos, Io cierto es que siempre tuvieron a Ia vista grandes intereses. Tuvieron que cuidar de una
22 "Instruttione piena delle cose di Portogallo ai Coadjutor di Bergamo, nuntio destinato in Portogallo". MS de Ia Informationi politiche, que se halla en Ia KoenigJichen Bibliothelc de Berlín, t. XII. León X ototgó a Ia orden este patronato: contentandosi il re di pagare grandíssima composifrone di detto patronato. 23 Lorenzo a Juan de Lanfridinis. Fabroni Vita Laurenrii Mediei, n, p. 362. 24 Antônio Gallus (de rebus Genuensibus: Muratori script. R. It. xxm, p. 281) dice de Lorenzo: regum ma/orumque principum contumacem Jicentiam adversus romanam ecclesiam sequebatur, de juribus poníificis nisi quod ei videretur nihiJ permittens.

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religión perseguida, tuvieron que luchar con el paganismo, propagar ei cristianismo en los pueblos nórdicos y establecer una jerarquía eclesiástica independiente. Ccnstituye uno de los títulos de Ia dignidad humana el afanarse por ejecutar algo grande y este ímpetu animo también con fuerza a los Papas. Pero los nuevos tiempos habían amortiguado aquellos entusiasmos. Se había dominado el cisma y había que avenirse a Ia imposibilidad de provocar una empresa colectiva contra los turcos. En esta coyuntura, ocurriá que eJ Papa persiguió con más decisión que nunca los fines de su principado temporal, dedicándole toda Ia tenacidad de que era capaz. Desde largo tiempo el siglo estaba poseído por este espíritu. "Antes, declaraba un orador en el Concilio de Basilea, era de cpinión que seria bueno separar por completo el poder secular dei poder espiritual. Pero he aprendido que Ia virtud sin poder es algo ridículo y que el Papa de Roma sin el patrimônio de Ia Iglesia no seria más que un siervo de los reyes y los príncipes." Este orador, que gozo de tanta influencia en Ia asamblea que decidió Ia elección de Papa a favor de Félix, considera que no es nada maio que un Papa tenga hijos que le puedan prestar ayuda contra los tiranos.1 Un poço más tarde, se ocuparon en Itália de otro aspecto de Ia cuestión. Parecia muy bien que un Papa sacara adelante su família: más bien se tendría sospecha dei que así no Io hiciera. "Otros —escribió Lorenzo de Médicis a Inocencio VIII— no han esperado tanto para querer ser Papas y tampoco se han preocupado mucho por el honor y Ia buena conducta que Su Santidad ha mantenido tanto tiempo. Ahora Su Santidad no solo tiene excusa delante de Dios y de lcs hombres, sino que esa conducta honorable pudiera serie reprochada y atribuída a otros motivos. El ceio y Ia obligación fuerzan mi conciencia a recordar a Su Santidad que ningún hombre es inmortal y que un Papa tiene tanta importância como él quiera dársela: no puede hacer objeto de herencia Ia dignidad que posee, y solo a los honores y los favores que distribuya a su gente podrá llamar propiedad suya." a Estos eran los consejos dei hombre considerado como el más sensato de Itália. Estaba interesado en el asunto, pues había casado a su hija con el hijo dei Papa, pero jamás podría haberse expresado de manera tan desenfadada si no fuera algo comente en el gran mundo una opinión semejante. Concuerda con esto que por el mismo tiempo los estados europeos arrebataron ai Papa una parte de' sus atribuciones y que él comenzó a enredarse en empresas estrictamente seculares. Se sentia príncipe italiano antes que nada. No hacía mucho tiempo que los florentinos habían vencido a su vecino y queJa família de los Médicis había fundado su poder sobre ambos; el de los Sforza en Milán, el de Ia casa de Aragón en Nápoles y el de los venecianos en Lombardía habían sido logrados y consolidados violentamente, en tiempos no borrados todavia de Ia memória de los hombres; {por qué no había de abrigar el Papa Ia esperanza de establecer también un gran poder en aquellos dominios
1 Un extracto de este discurso se encuentra en Schrocckh, Kirchengeschichte, t. 32, p, 90. 2 De un escrito de Lorenio (sin fecha, pero probablcmcnte dei ano 1489, va que habla en el dei quinto afio de pontificado de Inocencio) en Fabioni, Vira Laurcntü IJ, 390.

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considerados como patrimônio de Ia Iglesia pero que se hallaban sometidos a toda una serie de jefes independientes? Con deliberada intención y efectivos resultados comenzó ei Papa Sixto IV a caminar en esta dirección; Alejandro VI Ia prosiguió de manera poderosa y con êxito extraordinário; Júlio li oriento esta política de forma inesperada y permanente. Sixto IV (1471-1484) concibió ei plan de fundar en los bellos y ricos llanos de Ia Romana un principado a favor de su sobrino Girolamo Riario. Las demás potências aliadas italianas se disputaban ya Ia supremacia, cuando no Ia posesión, de estos territórios y, en cuestión de derechos, sin duda que ei Papa podia hacer valer uno mejor. Pero ni en fuerzas estatales ni en recursos bélicos estaba todavia a Ia altura de Ia empresa. No le preocupo demasiado poner ai servido de sus propósitos todo su poder espiritual que se hallaba por endma de todo Io terreno por naturaleza y destino, rebajándolo así ai plano de las confusas contiendas dei momento. Como eran los Médicis, sobre todo, los que se le cruzaban en ei camino, se vió comprometido en las pugnas florentinas, desperto Ia sospecVia de que estaba enteiado de Ia conjuración de los Pazzi y dei asesinato ejecutado por estos ante ei altar de una catedral, y se habló de Ia complicidad dei Padre de los creyentes. Cuando los venecianos cesaron de apoyar Ia causa dei sobrino, ai Papa no le basto con abandonados en una guerra a Ia que él mismo les había empujado, sino que llegó ai extremo de excomulgarlos mientras seguían en ella.3 Su estilo dentro de Roma no fué distinto. Los enemigos de Riario, los Colonna, fueron perseguidos por él encarnizadamente; les arrebato Marino; mando prender ai protonotario Colonna en su propia casa, para llevarlo prísionero y ejecutarlo. La madre acudió a San Celso en Banchi, donde se hallaba ei cadáver; alzó por los cabellos Ia cercenada cabeza y grito: "Esta es Ia cabeza de mi hijo; esta es Ia lealtad dei Papa. Prometió que si le entregábamos Marino dejaria en libertad a mi hijo; ya tiene Marino, y en mis manos está también mi hijo, pero muerto. jMirad, así cumple ei Papa con su palabra!"4 "* Hazanas como esta eran necesarias para que Sixto íV lograra Ia victoria sobre sus enemigos de dentro y fuera dei Estado. De hecho consiguió que su sobrino fuera senor de Imola y Forli; pero no cabe duda que, si su prestigio secular ganó mucho en Ia ocasión, perdió mucho más su dignidad espiritual. Hubo un intento de convocar un concilio contra él. Pero pronto Sixto IV seria superado. En ei ano 1492 sube a Ia Silla de Pedro Alejandro VI. Alejandro no había pensado en todos les dias de su vida más que en gozar dei mundo, vivir alegremente y dar satisfacción a todos sus deseos y ambiciones. Fué para él ei colmo de Ia felicidad poseer, por fin, Ia suprema dignidad eclesiástica. Esta satisfacción parecia rejuvenecerle por dias, a pesar de Io viejo
S Sobre Ia guerra con Ferrara han sido publicados en Venecia, en ei afio de 1829, los Commentarü di Marino Sanuto; en Ia p. 56 se hace alusión a Ia defección dei Papa. Refiriéndose a los discursos dei embajador veneciano, dice: Tutri vedranno, aver noi cominciato questa guerra di volontà dei papa: egíi perd si mosse a rompere Ia lega. * Alegrctto Alegrctti, diar; Sanesi, p. 817.

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que era. Ninguna idea molesta duraba de un dia a otro. Lo único que le preocupaba era lo que pudiera serie útil, Ia manera de enriquecer a su hijo con dignidades y Estados; jamás ningún ctro pensamiento le entretuvo demasiado.5 Solo este propósito se hallaba en Ia base de todas sus alianzas politicas, que tan gran influencia ejercieron en los accntecimientos históricos; un factor importantísimo de Ia política europea era Ia cuestión de como ei Papa habría de casar a su hijo y como lo dotaria y enriqueceria. César Borgia, ei hijo de Alejandro, siguió Ia carrera de Riario. Comenzó en el mismo tramo: su primera hazana consístió en expulsar de Imola y Forli a Ia viuda de Riario. Con cordial desenfado prosiguió su tarea, y lo que aquél no había hecho más que intentar o iniciar, él lo llevó a cumplimiento. Considérese el camino escogido. Lo podemos trazar en poças palabras. El Estado pontificio era presa de Ia disensión a causa de los güelfos y de los gibelinos, de los Orsini y lcs Colonna. Como los otros Papas, como el mismo Sixto IV, Alejandro y su hijo se aliaron ai principio con uno de los dos partidos: el güelfo de los Orsini. En virtud de esta alianza pronto pudieron con sus enemigos. Expulsaron a los Sforza de Pesaro, a los Malatesta de Rímini, a los Manfreddi de Faenza y se apoderaron de estas ciudades poderosas y bien amuralladas, fundando en ellas un importante poder. Pero apenas lograron todo esto y acabaron con sus enemigos, se volvieron contra sus amigos. En esto se distinguió el pcder de los Borgia de los anteriores, que siempre habian quedado prisioneros de Ia faccióri a Ia que se habian adherido. César Borgia, sin empacho ni vacilación, ataco a sus aliados. El duque de Urbino, que le había apoyado hasta entonces, fué rodeado por una red sin que se diera cuenta, y apenas pudo escapar de ella, convirtiéndose en un fugitivo en su propio país.6 Vitelli, Baglioni, capitanes de los Orsini, quisiercn mostrar que eran capaces de resistência. Decía César: "Está bien enganar a los que son maestros de todas Ias traiciones." Con una crueldad bien calculada, los atrajo a su trampa y sin piedad alguna se deshizo de ellos. Luego de haber domenado así a los dos partidos, ocupo su puesto: a los partidários, nobles de rango inferior, los atrajo y los cclocó a sueldo; mantuvo en orden los territórios conquistados apelando ai terror. De este modo vió satisfecho Alejandro su deseo más vivo: los barones dei país aniquilados y su casa en camino de establecer en Itália una gran dinastia hereditária. Pero tuvo que sentir, a su vez, êl poder de Ias pasiones desatadas. César no queria compartir con ningún familiar ni favorito su poder. Asesinó a su hermano, que se cruzaba en su camino, haciéndolo arrojar ai Tíber; en Ias escaleras de palácio fué acometido por orden suya su cunado.7 La mujer y
6 Relationc di Polo Capel/o, 1500. MS. * En Ia gran crônica manuscrita de Sanuto, en todo el tomo cuarto, se encuentran afin mis datos interesantes sobre César Borgia, y también algunas cartas escritas por él, dirigidas a Venecia en diciembre de 1502, y ai Papa. En esta última firma: Vrae.Stis.humiJ/imus servus et devotissima fartura. 1 Diário de Scbastiano de Branca de Telini, MS. Bibl. Barbeiini, n ? 1103. Enumera Ias atrocidades de César dei modo siguiente: 0 piimo, il /ratei/o che si chiamava /o duca di Gandia, lo fece buttar in fiume: tece ammazzare Io cognaro, che era figlio dei doco di Calábria, era lo piu bello jovane che mai si vedesse in Roma: ancora fece ammazzare Vitellozzo delia città di casreJto

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Ia hermana cuidaban dei herido; Ia hermana le preparaba Ia comida para tener seguridad de que no seria envenenado. El Papa puso vigilância en Ia casa para proteger dei hijo ai yemo. Precauciones de Ias que se reía César. Solía decir: "Lo que no ha pasado ai mediodía puede pasar por Ia noche." Cuando ei príncipe se encontraba convaleciente entro en su cuarto, hizo salir a Ia mujer y a Ia hermana, y llamó a su verdugo, que estrangulo ai desgraciado. No le interesaba demasiado Ia persona dei Papa, en ei que no veia más que un instrumento de su propio poder. Mato ai favorito de Alejandro; Peroto, cuando este se guarecía bajo ei manto pontificai: Ia sangre le salto ai Papa en Ia cara. César tenía Roma y ei Estado pontifício bajo su poder. De bella figura, de fuerzas que le permitían en Ias fiestas de toros cercenar de un golpe Ia cabeza dei bruto, generoso hasta Ia magnificência, voluptuoso, manchado de sangre, Roma temblaba ante su nombre. César necesitaba dinero y tenía enemigos: todas Ias noches aparecia gente asesinada. Todo ei mundo callaba y nadie hahía que no temiera le llegara su vez. Al que no le alcanzaba ei poder le destruía ei veneno.8 Solo un punto había en ia tierra donde todo esto fuera posible. Este punto era aquel donde coincidían Ia plenitud dei poder secular y Ia suprema instância espiritual. Este es ei centro ocupado por César. También Ia degeneración tiene su perfección. Muchos familiares de los Papas habían intentado cosas semejantes, pero nadie llegó tan lejos. César es un virtuoso dei crimen. iNo fué acaso una de Ias tendências fundamentales dei cristianismo en sus orígenes hacer imposible un poder semejante) La suprema dignidad eclesiástica debía servir ahora para hacerlo viable. No era menester Ia predica de un Lutero para ver en todas estas historias Ia más perfecta contradicción dei cristianismo. Pronto se empezó a decir que ei Papa preparaba ei camino ai Anticristo y que cuidaba d^ Ia instauración dei reino satânico y no dei reino de Dios.* y No intentamos describir en sus detalles Ia historia de Alejandro. Como consta por testimonio cierto, se propuso una vez eliminar por médio dei veneno a uno de los cardenales más ricos, quien pudo sobornar con regalos, promesas y ruegos ai jefe de cocina dei Papa. La pócima destinada ai cardenal fué ofrecida ai Papa y así murió dei veneno que él había preparado para otro.10 Después
et era lo piu valenthuomo che fuste in quel tempo. Llama ai scflor de Faenza lo piu bcllo /iglio dei mondo. • 8 He afiadido ai cúmulo de noticias existentes algunas tomadas de Polo Capello. En caso de muerte de personas importantes, en seguida se penso en envenenamientos causados por cl Papa. Sanuto esciibe sobre Ia muerte dei cardenal de Vcrona: Si judica, sia stato attoscato per tuorli le faculta, perche avanti ei spirasse ei papa mando guardie attorno Ia caxa. 9 Una hoja volante, MS, de Ia crônica de Sanuto. 10 Successo de Ia morte di Papa Alessandro. MS. Ebenda. Cf. Analect. n' 4. Sé pcrfcctamcnte que hacc poço se puso en duda ei envenenamiento porque los diários silencian ei heclio y porque lo ignoran los' relatos privados o públicos de aqucllos dias. Pero incluso estos, hablan de aquella cena en casa dei cardenal Adriano, donde se dice que empezó Ia cnfctmedad que fui mortal a los poços dias. El cardenal Adriano liabló explicitamente con cl historiador Giovio de intentos de envenenamiento que le amenazaban también entonces (Cf. Romanische und germanische Ccschichte, p. 21?). Scgún mi opinión, no hay ninguna razón de peso para negar ei envenenamiento frente a ia afirmación unanime de los contemporâneos. Entre los relatos sobre este licclio. Ia infotmación citada más arriba me parece Ia mas fidedigna por su tono y contenido.

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de su muerte, los resultados de todas sus empresas fueron muy otros de los que se había imaginado. Los familiares de los Papas esperaban siempre hacerse con principados hereditários, pero, en general, con Ia vida dei Papa acababa también ei poder de sus parientes, que desaparecia en Ia forma que había venido. Si los venecianos dejaron hacer a César Borgia, ello tenía sus motivos, y uno de los más admisibles nos Io revela ei juicio que expresaron sobre los acontecimientos: "Todo esto es humo de pajas; a Ia muerte de Alejandro volverán ias cosas como estaban." u Pero esta vez se enganaron. Sucedió un Papa de apariencia muy contraria a los Borgia, pero que prosiguió sus empresas, aunque en otro sentido. El Papa Júlio II (1503-1513) tuvo Ia enorme ventaja de encontrar ocasión de poder satisfacer por vias pacíficas Ias ambiciones de su linaje: le proporciono Ia herencia de Urbino. De este modo, sin ser perturbado por sus familiares, pudo entregarse a su pasión guerrera, conquistadora, innata en él, que Ias circunstancias dei momento y el sentimiento de su dignidad encendieron violentamente; pero fué en provecho de Ia Iglesia, de Ia Sede apostólica. Otros Papas habían tratado de procurar principados a sus sobrinos e hijos, pero Júlio II concentro toda su ambición en el engrandecimiento dei Estado de Ia Iglesia. Hay que considerarlo como fundador dei mismo. Comenzó a actuar en médio de Ia confusión más extremada. Habían regre*ado todos los que pudieron escapar de César: los Orsini y los Colonna, los Vitelli y los Baglioni, los Varani, los Malatesta y los Montefeltri; por todas partes surgian los antiguos partidos, que se combatían hasta en el Borgo de Roma. Se ha comparado a Júlio con el Neptuno virgiliano que emerge con tostro sereno sobre Ias ondas y aplaca su tumulto.12 Fué Io bastante artero para dcshacerse de César Borgia y quedarse con sus castillos, arrogándose el ducado. Supo meter en cintura a los barones que entorpecían sus proyectos y cuido muy bien de que no pudieran echar mano de los cardenales en calidad de jefes, pues cn Ia ambición de estos podría haber semilla para Ias viejas disensiones. Arremetió sin más contra los que le negaban obediência.13 Sus artes llegaban ai punto de hacer que un Baglione, que se había vuelto a apoderar de Perugia, ie sometiera a los limites de una subordinación legal; sin prestar Ia menor resistência, Juan Bentivoglio, ya viejo, tuvo que retirar dei magnífico palácio que erigió en Bolonia aquella inscripción de que tanto se había vanagloriado. Dos ciudades que habían sido siempre tan poderosas conocieron el poder directo de Ia Sede apostólica. Sin embargo, Júlio II estaba todavia lejos de su meta. La mayor parte de los costas dei Estado pontifício se hallaba en poder de los venecianos. No estabun dispuestos a devolverlas de buen grado y Ias fuerzas bélicas dei Papa eran
11 Priuli Cronaca di Venezia. MS. Del resto poço stimavano, conoscendo che questo acquisto, (lie all'hora faceva il duca Valentinois, sarebbe foco di paglia, che poço dura. ia Tomaso Inghirami en Notizie intorno RafaeJe Sanzio da Urbino. de Fca, p. 57. 1* Maquiavclo, Príncipe, cap. xi, no es cl único en advcrtirlo. También en Jovius, Vira fumpeji Columnae, p. 140, se quejan los noblcs romanos durante el pontificado de Júlio II: piiiicipcs urbis famílias souto purpurci galeri honorc pertinaci pontificum iivore privari.

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inferiores. Es de comprender que ei ataque a estos territórios produjera conmoción en Europa. £podía su osadía llegar a tanto? Con sus muchos anos, ccn ei desgaste acarreado por los avatares de su larga vida, por los rigores de Ia guerra y de Ia huída, por todos sus excesos, este anciano no conocía, siri embargo, ei miedo ni Ia vacilación. A su edad, conservaba Ia gran cualidad varonil: un valor indomable. No le preocupaban mucho los príncipes de su tiempo porque se sentia superior a todos ellos y esperaba alzarse con Ia ganância en ei alboroto de una lucha general. Cuidaba siempre de tener dinero, para poder aprovechar ei momento favorable con tcda su fuerza. Como dijo un veneciano acertadamente, queria ser amo y senor en ei juego dei mundo.14 Con impaciência espero ei cumplimiento de sus deseos, pero mantuvo Ia mayor cautela. Si se busca Ia clave de su conducta, se encuentra que sentia Ia necesidad de proclamar su propósito, de prohijarlo y gloriarse de él. El restablecimiento dei Estado de Ia Iglesia se consideraba por entonces como una empresa famosa y hasta religiosa. Todos los pasos dei Papa se encaminaban a esta meta y tcdos sus pensamientos estaban animados de esta idea v templados por ella. Acudió a Ias combinaciones más atrevidas, poniendo en ello toda su voluntad y presentándose hasta en ei campo de batalla; en Mirandola, conquistada por él, entro por Ia brecha a través de Ias heladas trincheras y, como no había desgracia que le arredrara, sino que, por ei contrario, parecia darle nuevas fuerzas, consiguió Io que queria: no solo arrebato sus territórios a los venecianos, sino que en Ia lucha necesaria conquisto Parma, Plasencia y Reggio, fundando un poder como nunca había poseído Papa alguno. La hermosa región desde Plasencia hasta Terrafina le rendia pleno acatamiento. Quiso aparecer siempre como un libertador y así trato a sus subditos con bondad y prudência, granjeándose su simpatia y sumisión, No sin temor contemplaba ei mundo tanta pcblación, militarmente dispuesta, obediente ai Papa. "Antes, dice Maquiavelo, ningún barón había, por modesto que fuer^, que no despreciara ei poderio papal; ahora hasta ei rey de Fraijcia Io respeta."

2) Secuhrizaáón de Ia Iglesia Es natural que toda Ia organización eclesiástica tuviera su parte, colaborara y se dejara arrebatar en Ia nueva dirección emprendida por los Papas. No solo Ia dignidad suprema sino también Ias demás fueron consideradas como patrimônios seculares. El Papa nombraba cardenales a su antojo, ya para agradar a un príncipe ya —cosa no rara— por dinero. En estas circunstancias no era de esperar que estuviera a Ia altura de su misión espiritual. Sixto IV otorgó a uno de sus sobrinos uno de los cargos principales: Ia penitenziaria, a Ia que incumbia una gran parte de Ia concesión de dispensas. Amplio sur facul14 Sommario de h relation di Domenigo Trivixan. MS. II papa voJ csser il dominus et maistro dei jocho dei mundo. También existe una segunda relación de Polo Capello, dei afio 1510, de Ia cual hemos leproducido aqui algunas noticias. Fiancesco Vettori, Sommario dei/' istoria d'/talia, dice de él: Júlio piú /ortunato che prudenle, e piu animoso che íorte, ma ambiticso e dcsideroso di grandezza oltra a modo.

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tades y Ias reforzó con una bula especial, declarando que cualquiera que dudara de Ia legitimidad de tales disposiciones pertenecía ai grupo de lcs renitentes e hijos dei mal.15 El resultado fué que su sobrino considero ei cargo como un beneficio cuyos ingresos trato de aumentar en lo posible. Por esta época, los obispados se otorgaban por todas partes con una gran intervención de Ias autoridades civiles, tomando en consideración intereses de família o Ia voluntad de Ia corte, y distribuyéndolos en concepto de sinecuras. La cúria romana trataba de sacar ei mayor provecho posible de tcda clase de nombramientos. Alejandro recibió annatas dobles y estipulaba dos o três diezmos, lo que representaba algo parecido a una venta. Las tasas de Ia cancillería crecían de dia en dia; su cúmulo provoco protestas, pero Ia revisión se encomendaba generalmente a lcs mismos que las habían fijado.16 Por cualquier certificado expedido por Ia dataria había que entregar una determinada suma. Los altercados entre los príncipes y Ia cúria no se referían, por lo general, más que a estas cuestiones de dinero. La cúria trataba de sacarles ei mayor jugo y cn cada país procuraba defenderse de Ia mejor manera. Fatalmente este caracter dominó todos los grados de Ia jerarquía. Se solía renunciar ai cbispado pero reteniendo Ia mayor parte, por lo menos, de los ingresos y, a veces, Ia colación de los párracos diocesanos. Se burlaba Ia ley que prohibía que ei hijo de un clérigo recibiera el cargo dei padre ni que nadie pudiera disponer de aquél por testamento. Como cualquiera podia llegar a ser coadjutor si no ponía reparo en Ia suma, se predujo de hecho una efectiva heíencia de este cargo. Es natural que con este sistema padeciera el cumplimiento de las funciones cspirituales. Me atengo en esta breve descripeión a las observaciones hecbas por prelados bien intencionados de Ia cúria romana. "jQué espectáculo para un cristiano que se pasee por el mundo cristiano: desolación de Ia Iglesia; los pastores han abandonado a sus rebanos y los han entregado a mercenários!"1T En todas partes eran los incapaces, las gentes sin vocación, no sometidas a prueba alguna, las que escalaban los puestos de Ia administración eclesiástica. Como los titulares de los beneficies no pensaban sino en encontrar los gestores más baratos, pudieron disponer de candidatos entre los frailes mendicantes. Con cl título desacostumbrado de sufragáneos los tuvieron los obispados y con el título de vicaries las parroquias. Ya de por si las ordenes mendicantes gozaban de privilégios extraordina1S Bula dei 9 de mavo de 1484. Quoniam nonnul/i iniquitafís filii, ehtinnis et prt'inaciae mie spiritu assumpto, potestatem ma/oris poenitent/arii nostri —in dubium revocare— praesumunt —<lccet nos adversus tales adhibere remedia, etc. BcVitium Romantim, ed. Cocquelincs. ni. p. 187. 18 Reformationes cancellariae aposlo/icae. Smi. Dni. Nri. Paulí ífl, 1540. MS. de Ia Biblioteca Barberini en Roma, n* 2275. Enumera todos los abusos introducidos desde Sixto y Alejandro. Las quejas de Ia nación alemana se refieren, especialmente, a estos "nuevos hallazgos" y cargos de Ia Cancillera romana. J 14, J 38. 1T Consilium de/eeforum cardinaJium et a/iorum praelatorum de emendanda ecc/esia. Smo. Dno. Pau/o J/I ipso jubente conscriptum anno 1538, que fué publicado ya entonces con frecuencia, y que es importante porque denuncia el mal de un modo riguroso e indudable cn Ia medida en que se daba en Ia administración. Este documento, aun mucho despues de su publicación, quedo en Roma en las colecciones de documentos manuscritos de Ia cúria.

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rios. Sixto IV, franciscano, los aumento de buen grado. Les fueron concedidas licencias para confesar, dar Ia comunión y los óleos y enterrar en los conventos con ei hábito de Ia orden. Licencias estas que aportaban prestigio y provecho, y los desobedientes, es decir, los párrocos que pudieran molestar a Ias ordenes por Ia cuestión de Ias herencias, fueron amenazados con Ia perdida de sus cargos.18 Como Jlegaron a gobernar hs obispados y hasta Jas parroquias, se comprende Ia enorme influencia de que disponían. Todos los altos cargos y dignidades, ei disfrute de sus rentas, estaban en manos de Ias grandes famílias y de sus partidários, de los favoritos de Ia corte y de Ia cúria, pero Ia gestión efectiva corria a cargo de los mendicantes. Los Papas les protegieron en esta tarea. Fueron ellos los que manejaron ei asunto de Ias indulgências, que tal empuje recibió en esta época; fué AJejandro VI quien declaro oficialmente que Ias indulgências libraban dei fuego dei infierno. Pero también Ias ordenes se habían mundanizado. Apenas se puede imaginar Ia intriga dentro de ellas para alcanzar los altos cargos. jQué ceio, en épocas de elecciones, para deshacerse de los contrários! Cada cual procuraba ser enviado como predicador o como vicario y a este propósito no se escatimaba ei pufial ni Ia espada y tampoco ei veneno en ocasiones.10 Por otra parte, se traficaba con Jas gradas espirituales. Alquilados por poço dinero, los mendicantes se hallaban ai avio de Io que saliera. "jAy, exclama un prelado, quién me hace llorar! También los firmes han caído y Ia viíia dei Sefior está devastada. Si solo ellos se hubieran hundido seria un mal, pero soportable; mas como atraviesan toda Ia cristíandad como Ias venas ai cuerpo, su hundimiento traerá Ia ruina dei mundo." 3) Dirección espiritual Si pudiéramos abrir los Jibros de Ia historia tal como ha tenido lugar, y si ei pasado pudiera hablarnos como Ia naturaleza, jauántas veces percibiríamos en estas decadencias que tanto lamentamos Ia nueva semilla' escondida, y veríamos surgir Ia vida de Ia muerte! Si lamentamos esta mundanidad de Ias cosas religiosas, esta corrupción de Ia organización eclesiástica, también tcnemos que pensar que dificilmente ei espíritu humano hubiera podido emprender sin este desorden una de esas direcciones gloriosas que le son peculiares. Por muy llenas de sentido, ricas y profundas que sean Ias creaciones de Ia Edad Media, "no podemos negar que encontramos en su base una concepción dei mundo fantástica y alejada de Ia realidad de Ias cosas. Si Ia Iglesia se hubíe1* Amplissimae gratiao et privilegia fratriim minorum convcntiiaüum ordinis S. Francisci, quae proprere» mure inagnum nimciipanhir, 31 de agosto de H74. Bu/larium Roín., ni, 3, 139. A los dominicos se les ototgó una bula parecida. Durante cl concilio de Lctrán dei afio 1512 se hablo muclio de este maré magnuni: pero cs más fácil —o ai menos Io era en aquella época— otorgar privilégios que suprimirlos. 2» En una importante inlonnación de C.iiaífa a Clemente, que aparece en Ia Vira di Paolo IV tan solo de un modo incompleto y deformado, se dice sobre los conventos: Si vierie ad hoinicidi non solo col veneno, ma abertamente col coítelJo e con Ia spada, per non dire con schiopctti.

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ra sostenido en su fuerza íntegra también hubiera mantenido aquel sentir. Pero su postración dió lugar a Ia libertad de los espíritas, que iban a orientar los acontecimientos en una dirección completamente nueva. El horizonte que durante aquellos siglos médios encerro sin salida a los espiritus era angosto y limitado y solo ei conocimíento renovado de Ia Antigüedad hizo posible su ruptura, para que apareciera una perspectiva más ancha, alta y profunda. No es que los siglos médios no hayan conocido Ia Antigüedad. La avidez con que los árabes, a los que ei Occidente debe importantes aportaciones en el campo científico, reunían y asimiíaban Ias obras de los antiguos, no tiene mucho que envidiar ai fervor de los italianos dei siglo xv, y el califa Al Mamun bien se puede comparar con Cósimo Médicis. Pero notemos Ia diferencia que, a mi parecer, es decisiva aunque parezea pequena. Los árabes solían traducir y a menudo destruían los originales y, como mezclaban en Ias tradueciones sus propias ideas, ocurrió que Aristóteles, por ejemplo, fué teosofizado, que Ia astronomia se convirtió en astrologia, que esta se aplico a Ia medicina. De este modo, contribuyeron no poço a Ia formación de aquella fantástica visión dei mundo de que hemos hablado. Los italianos, por el contrario, leyeron y aprendieron. De los romanos pasaron a los griegos y Ia imprenta propago los originales por el mundo en ejemplares innumerables. El Aristóteles autêntico desplazó ai arabizado y de los textos no corrompidos de los antiguos se aprendieron Ias ciências, Ia geografia de Ptolomeo, Ia botânica de Dioscórides, Ia medicina de Galeno e Hipócrates. Pronto se disiparon Ias fantasias que hasta entonces habían poblado el mundo. Exageraríamos si dijéramos que en este tiempo existia un espíritu científico independiente y que se descubrieron grandes verdades y se crearon grandes pensamientos. Se trataba de comprender a los antiguos y no se pensaba en superarlos; su influjo no se debió tanto a Ia herencia de su actividad científica cuanto a Ia imitación. En esta imitación reside uno de los factores más importantes en el desarro1 o de aquella época. 1 Se competia con los antiguos en Ia bella expresión. El Papa León X fué uno de los grandes fomentadores de esta tendência. Leia a su séquito Ia bien escrita introdueción a Ia Historia de Jovio, pensando que nada semejante se liabía escrito después de Tito Livio. Si recordamos que favoreció a improvisadores latinos, podremos imaginar como le arrebataria el talento de un Vida, que era capaz de describir el juego de ajedrez en sonoros hexámetros latinos. Mando llamar de Portugal un matemático que dictaba sus lecciones en elegante latín y queria que se ensenara en esa lengua Ia jurisprudência y Ia teologia Io mismo que Ia historia eclesiástica. Pero no era posible permanecer en este estádio. Por mucho que se tratara de imitar Ia dieción de los antiguos, no por eso se abarcaba todo el âmbito dei espíritu. Había algo de insuficiente, y muchos se daban cuenta de ello. Así K vino en Ia idea de imitar a los antiguos en Ia lengua materna, consideránC dose con respecto a ellos como los romanos con los griegos. No se quiso com-

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petir ahora en detalles, sino en todo ei vasto campo de Ia literatura y se puso manos a Ia obra con osadía juvenil. Por fortuna, ei lenguaje llegaba a tomar por entonces bastante cueTpo. Los méritos de Bembo no residen solo en su latín estilizado ni en sus muestras de poesia italiana, sino en sus esfuerzos, coxonados por ei êxito, de prestar a Ia lengua materna corrección y prestancia y de sometería a regias fijas. Esto es Io que en él celebra Ariosto: era ei momento oportuno y sus ensayos sirvieron de ejemplo de su doctrina. Consideremos ahora ei grupo de los que recibieron este material, preparado con tan sabia imitación de los antiguos y que había logTado una incompatable flexibilidad y elegância, y podremos observar Io siguiente. No se daban per contentos con una imitación demasiado estrecha. Ningún efecto producían tragédias como Ia Rosmunda, de Rucellai, que había sido escrita según ei modelo de los antiguos, ai decir de los editores, ni poesias didácticas como Ias Abejas, dei mismo autor, que desde un principio remitían a Virgílio y se servían de él de mil maneras. La comedia se mueve ya cen más desembarazo, pues tenía que vestirse con \os co\oies y los caracteres de Ia actualidad por Ia naturaleza dei asunto. Sin embargo, casi siempre le servia de base una fábula antigua o una pieza de Plauto,20 y ni escritores tan dotados como Babbiena y Maquiaveío han podido legrar para sus comédias ei reeonoeimiento pleno de Ia posteridad. En obras de otro gênero tropezamos a veces con cierta contradieción en sus partes constitutivas. Así, produce extrano efecto en Ia Arcadia, de Sannazzaro, Ia prosa prolija y latinizante junto a Ia sencillez, intimidad y musicalidad dei verso. No hay que extrafiar que ei propósito no se lograra por completo a pesar de todo ei empefía. Se ofreció un gran ejemplo y se llevó a cabo un intento de una fecundidad sin limites, pero ei elemento moderno no se desenvolvia con completa libertad dentro de Ias formas clásicas. El espíritu fué dominado por una regia extrínseca y no por ei canon de su^propia naturaleza. Pero £era posible ei logro a base de imitación? Existe ei efecto dei modelo, de Ias grandes obras, pero es un efecto dei espíritu sobre ei espíritu, y hoy estamos todos de acuerdo en que Ia forma bella debe educar, formar, despertar, pero nunca sofocar. La obra serprendente había de venir cuando un gênio partícipe en los esfuerzos de Ia época tanteara una obra en que Ia matéria y Ia forma se apartaran en Ia Antigüedad y en Ia que se diera campo libre a Ia fuerza interna. La épica está en este caso y a ello debe su originalídad. Como matéria, se disponía de una fábula cristiana de contenido espiritual heróico. Los caracteres
20 Marco Minio, entre otras muchas cosas interesantes, cuenta a su scfior una de Ias prímeras reptesentaciones de una comedia en Roma. Escribe, ei 13 de marzo de 1519: Finifa dita festa [se retiere a! Carnaval] se ando ad una comedia, che fece ei reverendmo. Cibo, drwe i stato bellissima cosa Io apparato tanto superbo che non si potria díre. La comedia tu quesfa, che fu tenta una Ferrara e in dita sala fu (ata Ferrara preciso come Ia è. Dicono che Monsignor Revmo. Cibo venendo per Ferrara e volendo una comedia li fu data questn comedia. F, sta tratta par*e de li Suppositi di Plauto e dal Eunucho di Terenzío mo/fo bcllisima. Se trata sin dtida de los Suppositi de Ariosto. pero, como vemos, no menciona cl nonibrc dcl autor, ni ei título de Ia obra, sino tan solo Ia procedência <Se esta.

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más nobles se presentaban con trazos grandes y fuertes y se disponía de situaciones, aunque no fueran muy desarrolladas. También existia ]a forma poética surgida inmediatamente en e\ habla popular. A todo se aftadió Ia tendência de Ia época a apoyarse en Ia Antigüedad y ei efecto fué conformador, humanizadot. |Cuán diferente ei Rinaldo de Boyardo, noble, modesto y lleno de una alegre actividad, dei hijo de Haymon de Ia vieja leyenda! Lo fabuloso y gigantesco se había transformado en algo comprensible, gracioso, atractivo. También Ias viejas leyendas sin afeite poseen atractivo en su sencillez, pero cuán otro ei placer de sentírse arrebatado por Ia música de Ias stanzas de Ariosto y caminar de aventura en aventura conducido por u n espíritu sereno! Lo feo y lo deforme se ha transformado en algo con perfil, forma y música. 21 Poças épocas suelen estar preparadas para Ia recepción de Ia pura belieza de Ia forma y solo unos cuantos períodos afortunados poseen este don singular. 'I;ti cl período que corre desde fines dei xv a princípios dei xvi. N o me seria posible describir ni a grandes rasgos aquel cúmulo de bazanas artísticas. Me itrcvería a sostener que lo más bello que ia época moderna nos ba traido en urquitectura, escultura y pintura pertenece a cse breve período. Su tendência no es ei razonamiento, sino Ia práctica y ei ejercicio. La fortaleza que erige ei príncipe, Ias notas marginales dei filólogo tienen algo de común. Debajo de todas Ias creaciones de esta época encontramos ei mismo fundamento bello

I y sólido.
No bay que olvidar que cuando e\ arte y Ia poesia trabajan con asuntos I religiosos no dejan de influir en ei contenido. La epopeya que actualiza una l leyenda sagrada tiene que elaboraria de algún modo. Ariosto se vió obligado H despojar a sus fábulas dei trasfondo que les acompanaba en Ia leyenda. En otros tiempos Ia religión tomaba tanta parte como ei arte mismo en | lus obras de los pintores y los escritores. Pero desde e\ momento en que cl arte [lintió ei hálito de ia Antigüedad se desligo d e Ias ataduras de Ias representacio| ítes religiosas. Podemos damos cuenta de este fenômeno siguiendo a Rafael •flo por ano. Si se quiere, se puede reprochar esto, pero parece que era neceMtio que interviniera ei elemento profano para que ei desarrollo iniciado alcanlura su esplendor. (Y no es significativo que un Papa se decidiera a derruir Ia vieja basílica H | San Pedro, metrópoli dei orbe cristiano, cada una de cuyas piedtas estaba IBnlífícada y en Ia que los siglos habían ido acumulando los monumentos veneI Wbles, para levantar en su lugar un templo ai estilo de Ia Antigüedad? El propósito era puramente artístico. Las dos facciones cn que se dividia por entonCQt. ei mundo artístico, tan predispuesto a Ia disensión, se pusíeron de acuerdo b convencer a Júlio II de que acometiera Ia empresa. Miguel Ânocl desea Un digno emplazamiento para ei sepulcro dei Papa que ha proyectado magní•cnmcnte, de manera grandiosa, como ei Moisés que acaba de cincelnr. Bra• u n t e todavia urge más. Queria realizar su atrevido pensamiento de erieir una p Imnaiiún dei Panteórv montado sobre columnas colosalcs. Muchos cardenales
ül He tratado etc dcsafroítttr esto en mi fr.ihijo "Znr Gcscliichic der italianischcn Poesic" (AMuiidlungcti der K. Alndcrnic der Wissenschafteii, Bcrlín, 1855.

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se oposieron y hasta parece que Ia oposición era bastante general, pues todo templo antiguo es centro donde convergen muchos scntimientos personales, y, en grado extremo, este era ei caso en ei santuário supremo de Ia cristiandad.22 Pero Júlio II no estaba acostumbrado a tomar en cuenta objeciones; sin más contemplaciones, mando derribar Ia mitad de Ia vieja iglesia y él mismo coloco Ia primera piedra de Ia nueva. De este modo se yerguen en ei centro dei culto cristíano ias mísmas formas en que se había expresado tan adecuadamente ei espíritu dei culto antiguo. Sobre Ia sangre de los mártires, en San Pietro de Montorio, eonstruvó Bramante una capilla con todo ei estilo sereno y alado de un períptero. Esta contradicción se manifiesta en toda Ia vida. Sc iba ai Vaticano no tanto para rezar en ei santuário dei Aposto], como para poder admirar en ei palácio de los Papas Ias grandes obras dei arte antiguo, ei Apoio de Belvedere, ei Laoconte. También por entonces se le propuso ai Papa provocar una guerra contra los infieles, según nos cuenta en un prólogo Navagero;23 pero no piensa en ei interés cristiano de rescatar ei Santo Scpulcro, sino que espera que ei Papa podrá encontrar los manuscritos griegos, y acaso también los romanos, que se habían perdido. León X vive en médio de toda esta plenitud de esfuerzos y creaciones, de espíritu y de arte, gozando en ei esplendor mundano de Ias dignidades eclesiásticas. Se le ha querido disputar ei honor de que su nombre presida Ia época y es posible que sus méritos no alcancen a tanto. Pero lo cierto es que fué él quien tuvo más êxito. Creció en médio de los elementos que constituían aquel mundo y su espíritu estaba dotado de Iibertad y sensibilidad bastantes para fomentar su florecimiento y gozarlo. Si se complacía tanto en los trabajos latinos de los imitadores directos, menos podría dejar de participar en Ias obras independientes de sus coetáneos. En presencia suya se representajon Ia primera tragédia y Ias primeras comédias en idioma italiajjo, a pesar de Ias resistências provocadas por Ia escabrosidad de los asuntos, procedentes de Plauto. Apenas hubo una que no fuese ei primero en veria. Ariosto era un conocido de Ia juventud; Maquiavelo ha escrito expresamente para él más de una vez; Rafael cubrió sus habitaciones, galerias y capillas con los ideales de Ia belleza humana y de una existência exquisita. Sentia pasión por Ia música, que por entonces era cultivada con fervor en Itália, y todos los dias resonaban en Ias paredes dei palácio los ecos musicales. El Papa acompafiaba en voz baja Ias melodias. Quizá todo esto no sea más que una espécie de voluptuosidad espiritual, en todo caso Ia única digna dei hombre. Por otra parte, León X era un hombre bondadoso y de simpatia personal; jamás —y para ello se valia de Ias expresiones más indul22 De Ia obra no publicada de Panvinius, De rebiis ansiqiiis roonorabü&iis et de praeaianíia basilicae S. Perri ApostoJornm Principis, etc, cita Fea en Noíizie intorno Ra/ae/e, p. 41, ei siguicntc pasajc: Qua m re [en cuanto a Ia nueva construcción] adversos pene habuit cunctorum ordinutn íioinincs et pracserfim cardína/cs, non quod novam non cuperenr basihcam magníficenrissimam extrui, sed quia anfiquam totó terranim orbe venerabifem, fot sancrorum sepulcris aiigusfissi mam, tot celebenimis in ea gestis insignem fundirtis deieri ingemiscaiif, 23 Naiigerii Praefatio üi Ciceronis orationes, t. i.

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pentes— negaba algo, aunque era irhposible concederlo todo. "Es un buen hombrc, muy generoso y de buen natural, dice de él uno de esos embajadores perspicaces; si no le empujaran sus familiares, evitaria Ias equivocaciones." "4 "Es un nombre docto, dice otro, amigo de los doctos, y ^ambién religioso aunque le gusta vivir." 2!l Es verdad que no siempre mantuvo ei decoro papal. En ocasiones •bandonaba Roma, con pesar dei maestro de ceremonias, no solo sin Ias vestiduras, "sino, Io que es peor, calzando botas", como anota ese maestro en su diário. Pasaba el otono en diversiones rústicas: Ia cetrería en Viterbo, Ia caza dcl ciervo en Cometo; en el lago de Bolsena se entregaba ai entretenimiento de In pesca; luego pasaba una temporada en Mallana, que era su residência favorita. Le acompaiiaban para animar el séquito talentos fáciles e improvisadores. A Ia entrada dei invierno volvia a Ia ciudad. Esta crecía por entonces y en poços •ftos Ia población había aumentado en un tercio. El artesanado sacaba su provecho, el artista su gloria y cada quien su seguridad. Nunca Ia corte estuvo más •nimada, más agradable y espiritual. Ninguna suma era bastante grande para )as fiestas religiosas o mundanas, para los juegos y el teatro, para regalos y dona«Ciones: no se reparaba en gastos. Se recibió con alegria Ia noticia de que Juliano de Médicis y su joven esposa iban a residir en Roma. "Alabado sea Dios, le Mcribió el cardenal Bibbiena, porque aqui no nos falta más que una corte de clamas." Hay que condenar los vicios de Alejandro VI, pero no hay reparo que oponer a Ia vida cortesana de León X. Sin embargo, hay que admitir que no Mtuba muy a tono con Ias exigências de un jefe de Ia Iglesia. La vida encubre facilmente Ias contradicciones, pero cuando se reflexionaia y te fijara Ia mirada sosegada sobre cilas, no tenían más remédio que hacerse Hptdentes. No se podia hablar en estas circunstancias de un sentido y de una convic> inii netamente cristianos. Más bien se produjo un ânimo contrario. Las escuelas filosóficas comenzaron a disputar sobre si el alma racional, •material e inmortal, era Ia misma en todos los hombres, o si no seria también Mortal. Esto último afirmaba el más famoso filósofo de entonces, Pietro PomBoiiuzzo. Se comparaba a si mismo con Prometeo, cuyo corazón devoro el buitre jmr haber robado el fuego a Júpiter. Pero con todos sus dolorosos esfuerzos, con Ioda su agudeza, no llegó a otro resultado que a afirmar: "Cuando el legislador .declara que el alma es inmortal Io hace sin preocuparse mucho de Ia verdad." 2" No hay que pensar que este sentir fuera exclusivo de poços o se mantuMra en secreto. Erasmo se asombra de Ia cantidad de blasfêmias que oye; entre
3< Zorzi, Per ií papa, non voria ni guerra ni fatiche, ma quesfi soi Io intriga. -" Marco Minio, Re/azionc. E docto e amador di docti, ben religioso, ma voi viver. Le llama Iftoim persona. a» 1'omponazzo abriga sobre el particular serias dudas, Io cual se puede deducir, entre otraj • t i » , d e un extracto de cartas papales de Contelori. Petrus de Mantua —se dice cn él— asseruit MiU"l anima rationalis secundum própria philosophiae et mentem Aristote/is sit seu videatur mortalis, Kfltru determinationem concilii Lateranensis: papa mandat ut dictus Petrus revocet: a/ias contra •Num procedatur, 13 Junii 1518.

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otras cosas se le quiso demostrar, apoyándose en Plinio, que no hay ninguna diferencia entre ei alma de los hombres y Ia de los animales.27 Mientras ei pueblo caía en una superstición casi pagana, que buscaba Ia salvación en los actos dei culto, Ias clases superiores se orientaban por ei camino de Ia incredulidad. Grande fué el asombro de Lutero cuando llegó a Itália. Una vez acabada Ia misa los sacerdotes proferían blasfêmias que eran su mayor negación. Era de buen tono en Ia alta sociedad discutir los fundamentos dei cristianismo. No se pasaba por un hombre distinguido, dice el padre Antônio Bandino,28 si no se tenían opiniones absurdas sobre el cristianismo. En Ia corte se hablaba todavia en broma de los princípios de Ia Iglesia católica y de los pasajes de Ia Sagrada Escritura; se sentia menosprecio por los mistérios. Se ve como todo está condicionado y como una cosa trae otra: Ias pretensioncs eclesiásticas de los príncipes, Ias seculares de los Papas; Ia decadência de Ia institución eclesiástica, el desenvolvimiento de una nueva dirección espiritual. Hasta que, por último, se halla minado en Ia opinión pública el fundamento mismo de Ia fe. 4) La oposición en Alemania Es muy notable Ia posición que Alemania adopta en este desarrollo espiritual. Tomo parte en él, pero desviándose. Mientras en Itália había poetas como Boccaccio y Petrarca que fomentaron el estúdio de Ias humanidades y animaron a Ia nación en este sentido, en Alemania el movimiento surgió de una hermandad espiritual: los Jerónimos de Ia vida cn común, hermandad unida en el trabajo y el retiro. Uno de sus miembros era el profundo místico Tomás de Kempis, y en su escuela se formaron todos los hombres que, atraídos a Itália por Ia luz de Ia literatura clásica, volvieron luego para expandiria por Alemania.29 M No solo los comienzos fueron diferentes en ambos países, sino también el desarrollo. / En Itália se estudiaron Ias obras de los antiguos para instruirse en Ias ciências; en Alemania se fundaron escuelas. Allí se buscaba Ia solución de los grandes problemas dei espíritu humano, ya que no en forma independiente, por Io menos a Ia zaga de los antiguos; aqui los mejores libros se dedicaron a ia ensenanza de Ia juventud. A los italianos les encantaba Ia belleza de Ia forma; se comenzó por imi27 Burigny, Leben des Erasmus, i, 139. Citaré aqui todavia de Pablo Canensius, Vifa Pauli //, Ias siguientes frases: Pari qiioque diiigentia e médio romanae curiae nefandam nonnul7ortim juvenum sectam sce/estamque opinionem substulit, qui depravatis nioribus asserebant nostram lidem orthodoxam potins quibusdam sancrorum asturiis quam veris reruin testimoniis subsistere. En el poema E/ Triunfo de Cariomagno, de Ludocivi, se advierte un materialismo muy desanollado, como vemos por Ias citas de Daru cn cl tomo 40 de Ia flistoire de Venise. 28 cn Caracco'io, Vifa [MS] de Paulo A'. Jn quel tempo non pareva fosse galantuomo e buon corfegiano colui che de'dogmi deila chiesa non aveva quaJche opinion errônea ed herética. 20 Mcincrs tiene el mérito de liabcr sido cl primero en descubrir esta gencalogia de Ia Revius Davcnfria iifttsfrafa. Lcbensbcschrcibmigen berúhmtcr Macnner aus den Zeiten der Wiederherstei/ung der Wisscnschaffen, n, p. 308.

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tar a los antiguos y, como dijimos, se llegó a producir una literatura nacional. En Alemania estos estúdios tomaron un sesgo religioso. Conocida es Ia fama de Reuchlin y de Erasmo. Si preguntamos cuál es ei mérito principal dei primero encontraremos que escribio Ia primera gramática hebrea, un monumento dei que espera, Io mismo que' los poetas italianos, "que será más duradero que ei bronce". Con esto hizo posible ei estúdio dei Viejo Testamento; pero Erasmo se aplico •1 Nuevo: Io hizo imprimir en griego, y sus paráfrasis, sus notas, tuvieron una influencia mucho mayor de Ia que él mismo esperaba. En Itália Ia dirección emprendida se iba apartando de Ia Iglesia y hasta oponiéndose a ella, y algo parecido ocurrió en Alemania. Allí se filtro ei libre l pensamiento en Ia literatura, libre pensamiento que no puede ser reprimido de I manera completa, y desemboco en algunas ocasiones en Ia más resuelta increI dulidad. También una teologia profunda, surgida de fuentes desconocidas, I había sido puesta de lado por Ia Iglesia, pero nunca pudo ser sofocada. Esta I teologia se sumo en Alemania a los esfuerzos literários. Es digno de destacar I en este aspecto que, ya en ei ano 1513, los hermanos bohemios iniciaron una I âproximación a Erasmo, aun cuando este llevaba una dirección completamenI te distinta.30 Y de este modo Ias cosas marchaban en ei siglo a un lado y otro de los Alpes en oposición a Ia Iglesia. Abajo de los Alpes Ia ocupación eran Ia ciência y Ia literatura, y arriba los estúdios religiosos y Ia teologia profunda. Allí ei niovimiento era negativo e incrédulo, aqui positivo y creyente. En un lugar desaparecia ei fundamento de Ia Iglesia, en ei otro se restablecía. En una parte plnaban Ia burla y Ia sátira y ei sometimiento a Ia autoridad; en Ia otra, Ia grandad y ei resentimiento, y se llegó ai ataque más osado que jamás había sufrido lu Iglesia. Se considera como una cosa accidental que este ataque comenzara con ei trrifieo de indulgências, pero hay que comprender que ei tráfico con Ia cosa más íntima, representada por Ia indulgência, ponía de relieve de Ia manera más tajante ei punto doloroso de Ia mundanización de Io espiritual y por esto aquel negocio se presentaba en Ia más aguda oposición con los conceptos que se habían Ido formando en Ia teologia alemana. De viva religión interior, empapado de Jos conceptos de pecado y justificación tal como habían sido expresados en los libras de Ia teologia alemana, reforzado con Ia lectura árida de Ia Biblia, un lombre como Lutero por nada pudo haber sido removido tan profundamente como por ei asunto de Ias indulgências. El tráfico con Ia remisión de los pecados lenía que revolver precisamente a quien, partiendo de Ia idea dei pecado, había cobrado conciencia íntima de Ia relación eterna entre Dios y ei hombre y halii.i podido, de ese mode, comprender mejor los Libras Sagrados. Al principio se opuso a cada abuso en particular, pero Ias resistências mal fundadas y puntillosas con que tropezó le fueron llevando más lejos; no tardo en descubrir Ia conexión que aquel abuso guardaba con toda Ia decadência de Ia Iglesia. Era un temperamento ai que nada amilanaba. Ataco ai Papa con
•"' Fuesslin, Kiichen- und Ketzergeschichte, ir. p. 82.

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temerária osadía. El contradictor más valioso salió de Ias filas de los más decididos defensores dei Papado, los mendicantes. Como Lutero puso de manifiesto con Ia mayor energia y claridad Ia distancia a que se hallaba de su esencia ei poder de Roma, como dió expresión a Ia convieción de todos, como su oposición —que no había desarrollado aún sus elementos positivos— complacía también a los incrédulos, y como, por otra parte, ai contener aquellos elementos, daba satisfacción ai anhelo de los creyentes, sus escritos ejercieron una influencia enorme: en un momento cundieron por Alemania y por ei mundo entero.

III. COMPLICACIONES POLÍTICAS. RELACIÓN DE LA REFORMA CON ELLAS La tendência secularizadora dei Papado había provocado un doble movimiento: uno, prenado de un futuro sin limites, dentro dei mismo campo eclesiástico, que iba camino de Ia decadência; otro, de naturaleza política. Los elementos cuya pugna habían conjurado los Papas se hallaban todavia en estado de fermentación y requerían un desarrollo posterior de Ias circunstancias. Estos dos movimientos, su acción recíproca, Ias contradieciones que despertaron, han dominado durante siglos Ia historia dei Papado. Nunca un príncipe o un Estado deben figurarse que les venga algo de provecho que no se Io deban a si mismos, que no se Io hayan conquistado con sus propias fuerzas. Mientras Ias potências italianas trataron de vencerse Ias unas a Ias otras con ayuda de naciones extranjeras, habían comprometido Ia independência de que gozaron durante el siglo xv y habían ofrecido ei propiq» país a los extranjeros como trofeo de victoria. Es menester recornocer ia gran parte que en este asunto corresponde a los Papas. Habían conquistado uíi poderio como nunca Io poseyó Ia Sede apostólica, pero no Io habían conseguido por si mismos: se ]o debían a los franceses, a los espanoles, a los alemanes y a los suizos. Sin su alianza con Luis XII, César Borgia no hubiese logrado mucho. Y, por muy grandes que fueran Ias intenciones de Júlio II y heróicos sus esfuerzos, sin Ia ayuda de espafioles y suizos no hubiera alcanzado gran cosa. Por otra parte, no era verosímil que los que decidieron Ia victoria no trataran de disfrutar dei predomínio que ella traía consigo. Ya Júlio II se dió cuenta dei peligro y tuvo el propósito de mantener a los muy fuertes cn una espécie de equilíbrio y de servirse de los menos poderosos, los suizos, a los que pensaba manejar. Pero Ias cosas sucedieron de muy otra mancra. Se formaron dos grandes potências que, si bien no se disputaban el domínio mundial, si por Io menos el rango supremo en Europa; eran potências a Ias que ningún Papa podia hacer frente, y que lucharon por Ia hegemonia en tierra italiana.

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Comenzaron los franceses. Poço después de ocupar Ia Sede León X atraMsaron los Alpes, con más poder que nunca, para conquistar de nuevo a Milán m audillados por ei juvenil y caballcrcsco Francisco I. Todo dependia de si los ituizos le harían resistência o no. Por esto ia batalla de Marinán es tan importante, pues los suizos fueron derrotados por completo y no volvieron a ejerccr cn Itália ninguna influencia independiente desde ese momento. El primer dia Ia batalla quedo indecisa y en Roma se enccndieron fogatas de victoria ai recibir Ia noticia prematura dei triunfo de los suizos. La primera noticia dei êxito de los franceses ai dia siguiente Ia recibió Ia embajada de Vcnccia, que mantenía relaciones con ei rey y ayudó no poço a Ia victoria. Muy Wr manana se dirigió ei embajador ai Vaticano para comunicar ia noticia ai Papa. Sin acabar de vestirse se presentó este en Ia audiência. "Su Santidad, dijo cl embajador, me dió ayer una mala y a Ia vez falsa noticia; hoy, en cambio, le traigo una buena y verdadera. Los suizos han sido derrotados." Leyó Ias Mrtas que acababa de recibir, que procedían de personas que ei Papa conocía de Ias que no podia dudar. 1 El Papa no oculto su espanto. "iQué va a ser de iwotros y hasta de vosotros?" —"Esperamos buenas cosas para ambos". —"Setor embajador, replico ei Papa, debíamos arrojamos a los brazos dei rey y peIrlc misericórdia." 2 Con esta victoria los franceses ganaron ei predomínio en Itália. De haber wechado Ia coyuntura ni Toscana ni ei Estado pontifício, tan fáciles de moa rebelión, les hubieran opuesto mucha resistência y habría sido difícil ira los espafíoles sostenerse en Nápoles. "El rey, dice a este particular FrancisVettori, podría ser senor de Itália." jCuántas cosas dependían en este mornto de León X! Lorenzo de Médicis solía decir de sus três hijos, Juliano, Pedro y Juan: "El Imcro es bueno, ei segundo un atolondrado y ei tercero, Juan, es listo." Este cero era ei Papa León X, y se mostro en esta terrible situación a ia altura de •I circunstancias. Contra ei consejo de sus cardenales, se dirigió a Bolonia para hablar con rry.'1 Allí celebraron ei concordato por ei que se repartieron los derechos de Ia Jjlrsia galicana. También tuvo que entregar Parma y Plasencia, pero pudo íjurar Ia tormenta, convencer ai rey de que se retirara y mantenerse en Ia icsión de sus domínios. Se comprende Ia gran suerte que esto significaba para ei Papa si consi• t r n m o s Ias consecuencias que Ia mera proximidad de los franceses trajo con•g<> Es admirable que León X, después de Ia derrota de sus aliados y de haber • t n i d o que ceder porciones de território, fuera capaz de asegurarse dos provinl Summario de Ja relafione di Zorzi. E cussi desmissiato venne fuori non compilo di vestir. Hltor disse- pater sante, eri vra. sanlà. mi dette una cattiva nuova e falsa, io Ja daro ozi una Ifll o vera, zoe Sguizari ê rotíi. Las cartas procedian de Pasqualingo, Dandolo y otros más. * Domine orator, vedcrcino quel fará il re christmo. e ei meferemo in le so man dimanMo misericórdia. Lui, orator, disse: pafer sanfe, vosfra sanlita non avra ma/ alcuno. • Zorzi. Quesfo papa è savio e praticho di sfato e si penso con li suoi consnllori di venir Charsi a Bologna con vergogna di Ia sede. (ap.): molti cardinali, tra i qual il Cardinal HaItaii», Io disconse/ava: pur vi volse andar.

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cias recién conquistadas, acostumbradas a Ia independência y con mil motivos de descontento, Siempre se le echó en cara su ataque a Urbino, un principado en ei que su propia familia había encontrado refugio durante ei destierro. El motivo fué que ei duque de Urbino había tomado dinero dei Papa y le traicionó en ei momento decisivo. León decía que "si no Je castigaba por ello apenas habría en los Estados de Ia Iglesia barón de poço más o menos que no le hiciera frente. Había recibido ei pontificado con prestigio y así Io queria mantener". 4 Pero como ei duque tenía un apoyo secreto en los franceses y aliados en ei Estado y en ei mismo colégio de cardenales, Ia íucha era peligrosa. No era tan fácil expulsar ai aguerrido príncipe; hubo momentos en que ei Papa se vió desesperado por Ias malas noticias, y parece que hubo un complot para envenenarlo aprovechando ei tratamiento que llevaba de una enfermedad. 5 Pudo ei Papa defenderse de sus enemigos, pero ya se ve cuán difícil era su situación. El hecho de que su partido hubiera sido derrotado por los franceses repercutió en Ia ciudad y hasta en palácio. Entretanto se había consolidado Ia segunda gran potência. Por muy asombroso que parezca que un mismo príncipe mande en Viena, en Bruselas, en Valladolid, en Zaragoza y en Nápoles e incluso en otro continente, ei caso es que uno llegó a esta posición por un entresijo de intereses familiares apenas notado. Este apogeo de Ia casa de Áustria, que agrupaba naciones tan diferentes, constituye uno de los mayores y más trascendentales câmbios que ha experimentado jamás Europa. Desde ei momento en que Ias naciones se distanciaron de su punto central, sus circunstancias políticas Ias imbricaron en un nuevo sistema. El poderio de Áustria se enfrento ai predomínio de Francia. Mediante Ia dignidad imperial, Carlos V gozo de derechos legales de soberania por Io menos en Lombardía. A propósito de este asunto italiano se abrieron Ias hostilidades sin más tardar. Como hemos dicho, los Papas creyeron que conseguirían Ia plena independência con ei engrandecimiento de su Estado. Anora se yeían situados en médio de dos potências muy superiores. Un Papa no era cosa tan poço importante como para poder permanecer neutral en Ia lucha de Ias dos, ni tampoco Io bastante poderoso como paia decidii con su apoyo Ia suerte de Ia pelea, así que tenía que buscar un remédio en ei hábil aprovechamiento de Ias circunstancias. Parece que León X se expresó una vez en ei.sentido de que no era menester, una vez llegado a un acuerdo con un pajtido, abandonar Ias negociaciones con ei otro. 0 Una política tan equívoca nacía de Ia posición que ocupaba el Papa.
* Franc. Vettori (Sommario delia slotia d'ltalia), que conoce muy bien a los Médicis, da esta exposición. El defensor de Francisco Maria, Giov. Batt. Leoni (Vita di Francesco Maria) cuenta algunas cosas (pp. 166 ss.j que se aproximan mucho a esto. r Fea, en Notize intorno RaraeJe, p. 35, nos cuenta Ia sentencia contra los ties cardenales, > tomada de Ias actas dcl consistorio; esta sentencia habla expresamente de su inteligência con Francisco Maria. 8 Soriano, Re/atione di 1533. Dicesi de/ Papa Leone, che quando il aveva fatfo lega con aicuno prima, soleva dir, che pero non si dovea restar de trattar cum 7o a/tro príncipe opposto.

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Pero, en serio, dificilmente podría dudar León X qué partido le era más conveniente. Aunque no le hubiera interesado demasiado Ia reconquista de P.irma y Plascncia ni halagado Ia promesa de Carlos V de colocar a un italiano i n ri gobierno de Milán, todavia había otro motivo, a mi entender, de caracter (|i'( isivo. Tenía que ver con Ia religión. En todo ei período considerado por nosotros nada babía más dcseable para los príncipes enredados con Ia Santa Sede que provocar una oposición religiosa. Cnrlos VIII de Francia no tuvo mejor ayuda contra Alejandro VI que ei dominu .mo Savonarola en Florcncia. Cuanclo Luis XII perdió toda esperanza de lli);ir a un arreglo con Júlio II convoco un concilio en Pisa y, aunque no tuvo im exilo, parcciólc a Roma asunto muy peligroso. Pero £cuándo tropezó ei • M con un enemigo más atrevido que Lutero? Su mera existência tenía ya iin i gran significación política. Este aspecto tuvo en cuenta Maximiliano y no hcnnitió que se hiciera violência a Lutero y Io recomendo especialmente ai •Hncipe elector de Sajonia: "Alguna vez Io podemos necesitar." Por momentos • c i í a Ia influencia de Lutero. El Papa no pudo convenccrle, ni intimidarle, ni •Dner Ias manos sobre él. N o se crea que León X ignorara ei peligro. jCuántas • c e s intento atraer a los talentos que le rodeaban a este campo de Ia lucba! Pero mina también otro médio. Así como tenía que temer que tan peligrosa oposición hlcru protegida y fomentada si se ponía frente ai emperador, caso de aliarse '"ii ei podia esperar su ayuda para impedir Ia renovación religiosa. • En Ia Dieta de Worms dei ano 1521 se trato de Ia situación política y reliMa. León concerto con Carlos V una alianza para Ia reconquista de Milán. ei mismo dia en que se celebro ei acuerdo se fecho también Ia interdieción Lutero. Es posible que este acto estuviera inspirado, además, por otros tivos, pero nadie podrá creer que no guardara estrecha relación con aquel to político. No se hizo esperar mucho tiempo Ia doble victoria de esta alianza. Lutero fué encerrado en ei castilío de Wartburgo. 7 Los italianos no quecreer que Carlos Io había dejado marchar por cumplir con su palabra: o se dió cuenta, decían, de que ei Papa tenía miedo a Ias enseíianzas de Itcro, queria mantenerlo amagado con esta amenaza." 8 Sea de ello Io que •uicra, cl caso es que por un momento Lutero desapareció de Ia escena: en •arto modo estaba fuera de Ia Iey y, en todo caso, ei Papa había hecho fun•nnnr contra él una medida contundente.

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Mientras tanto Ias armas imperiales y pontifícias obtenían êxitos en Itália, •nrdenal Júlio de Médicis, hijo de un tio dei Papa, andaba en Ia guerra v en Milán conquistada. Se decia en Roma que ei Papa pensaba otorgarlc ucado. No encuentro prueba suficiente de esto y creo difícil que ei emper se aviniera facilmente. De todos modos, Ias ventajas conseguidas eran
1 Se acía que Lutero babla mticrto: se contaba como babia sido asesinado por los papislas. vicini (Isloria dei concilio <li Trenlo, I, cap. xxvm) deduce de Ias cartas de Alcander que fia causa los núncios se liabian bailado cn peligro de nmcrtc. " Vctlori: Cario si escuso di non potór prOtcJcrc pio o/Ire rfcpeffO a/ sa/vocondofro. ma ffifu tu clic conoscendo che il papa remova luolto di qitctM docttina dí I.uriicro, ío vo//c fenerc i|Hcslo íreno.

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grandes. Habían sido recobradas Parma y Plasencia, habían sido alejados los franceses, y era inevitable que ei Papa ejerciera una gran influencia sobre ei nuevo duque de Milán. Nos encontramos en un momento importantísimo. Comienza un nuevo desarrollo político y también un gran movimiento religioso. Un momento en ei que ei Papa podia imaginarse dirigir ei primero y contener ei segundo. Era todavia Io bastante joven como para poder confiar en un aprovechamiento de Ias circunstancias. jSorprendente y falaz destino de los hombres! León X se hallaba en su villa Malliana cuando le llegó Ia noticia de Ia entrada de los suyos en Milán. Se entrego a los sentimientos correspondientes ai término feliz de una empresa. Complacido, asistió a Ias fiestas organizadas por su gente con tal motivo y hasta muy entrada Ia noche de aquel dia de noviembre anduvo paseando de un lado a otro de su habitación, entre Ia ventana y Ia chimenea.9 Un poço fatigado, pero animoso, llegó a Roma. No habían terminado todavia Ias celebraciones de Ia victoria cuando fué atacado por mortal enfermedad. "Rogad por mi, decía a sus servidores, que todavia os puedo hacer dichosos." Amante de Ia vida, le había llegado también su hora y no tuvo tiempo de recibir Ia comunión ni los santos óleos. Así, de repente, en plena juventud, en médio de Ias mayores esperanzas, murió "como se marchita Ia amapola".10 El pueblo de Roma no podia perdonarle que se hubiera marchado sin los últimos sacramentos ni que dejara todavia deudas después de haber gastado tanto dinero. Acompanó su cadáver con insultos. "Como un zorro, decían, te has deslizado; has gobernado como un león y te has marchado como un perro." u Por ei contrario, Ia posteridad ha bautizado un siglo y una gran época de Ia humanidad con su nombre. Hemos dicho de él que fué una criatura feliz. Después de haber resistido Ia primera desgracia, que no tanto le toco a él como a otros miembros de su família, Ia suerte le fué llevando de placer en placer y de êxito en êxito. Las contrariçdades le ayudaron a seguir avante. La vida se/deslizó en una espécie de embriaguez espiritual y de perpetua satisfacción de sus deseos. A ello contribuía ei que fuera de buen natural y generoso, capaz de instruirse y muy agradecido. Estas cualidades son los dones más bellos de Ia naturaleza y de Ia fortuna, que poças veces se alcanzan por ei esfuerzo y que condicionan ei goce de Ia vida. Los negócios no le perturbaron mucho. Como no se preocupaba por los detalles, sino que los abarcaba en grande, no tuvieron para él pesadumbre
9 Coppia di una lettera di Roma alJi Sgri. Bolognesi a di 2 Dcbr. 1521 scritta per Bartholomeo ArgileUi. Se cncuentra en ei tomo 32 de Ia obta de Sanuto. La noticia llegó ai Papa ei 24 de noviembre, ai Benedicite. La tomo por un augurio especialmente bucno. Dijo: Questa é una buona nuova che havete portato. Los suizos empczaron cn seguida a disparar salvas de alegria. El Papa lcs rogo que se calmaran, pero en vano. 10 En seguida se1 habló de veneno. Lettera di H/eronymo Bon ai suo barba a di 5 Dec, en Ia obra de Sanuto. Non si sa certo se'l ponte/ice sia morto di veneno. Fo aperto. Maistro Fernando /udica sia stato venenato: alcuno de li a/tri no: è di questa opinione Mastro Severino, che Io vide aprire. dice che non è venenato. 11 Capitoli de una lettera scritta a Roma 21 Dec. 1521. "Concíudo che non c morto mai papa cum peggior /ama dapoi è Ia chiesa di Dio".

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solo contribuían a poner en actividad Ias más nobles facultades de su espíritu. ;• or Io mismo que no les dedicaba todas Ias horas dei dia, fué posible acaso que los manejara con más desparpajo y que, en todos los momentos de confusión, supiera captar Ia idea directriz y salvadora. La orientación más acertada procedia de él. En sus últimos momentos todos los empeflos de su política desembocaban en ei triunfo. Hasta podemos considerar como una suerte que muriera entonces. Se preparaban otros tiempos y es difícil presumir que hubiera podido ofrecer una resistência afortunada ai disfavor de los mismos. Sus sucesores sintieron toda Ia gravedad dei cambio. El cónclave se aiargaba. "Senores —advierte ei cardenal Médicis, a quien liabía puesto en espanto ei regreso de los enemigos de su família a Urbino y a Perugia, hasta ei punto que temia también por Ia suerte de Florencia—, veo que de todos los aqui reunidos ninguno puede ser Papa. Os he propuesto três 0 cuatro nombres y habéis rechazado todos, y ei que vosotros me proponéis tampoco yo Io puedo aceptar. Tenemos que buscar alguno que no este presente." Asintiendo, se le preguntó en quién pensaba. "Nombrad, exclamo, ai cardenal de Tortosa, hombre honorable, entrado en anos, a quien todos tienen por ionto." 1 2 Se trataba de Adriano de Utrecht, 13 antiguo profesor de Lovaina, maestro de Carlos V, cuya simpatia le había valido ei nombramiento de gobernudor y ei capelo cardenalicio. El cardenal Cayetano, que por Io demás no per^enecía ai partido de los Médicis, se levanto para aprobar Ia propuesta. ^Quién [nubiera creído que los cardenales, acostumbrados desde siempre a tener en cuenta su provecho personal en Ia elección, se iban a poner de acuerdo sobre Una persona extrana, un holandês que poços conocían y dei que nadie podia esperar ventaja alguna? Se dejaron convencer por Ia recomendación. Una vez hecha Ia cosa, no sabían muy bien como había sucedido. Estaban muertos de mii'do, dice uno de nuestros informadores. Se dice también que habían pensado que Adriano no aceptaría. Pasquino se burlaba de ellos: Io presentaba como |IKiceptor y a los cardenales como colegiales que había que meter en cintura. La elección no pudo recaer en persona más digna. Adriano gozaba de u n a fuma intachable: justiciero, piadoso, activo, nunca se le vió más que con una lib r a sonrisa en Ia boca, siempre de intenciones limpias, un verdadero sacerdote. ,4 jQué contraste ai entrar en ei escenario en que León X había llevado
12 Leltera di Roma a di 19. Zener., en Ia obra de Sanuto. Mediei dubítando de li casí suoi, Ito Ia cosa fosse troppo ita in /ongo, delibero mettere conc/usione, et havendo in animo questo . luiillc. Derttisense per esser imperiaJissimo disse: etc. 13 Asi se nombra en una caria dei afio 1514, que se encuentra en Caspar Burmannus, Adria• * •- V( sive ana/ecra histórica de Adriano V/, p. 443. En documentos de su pais se Uama Mcyster >• An.ii'i> Florisse von Utrecht. En documentos más recientes se le ha Hamado a veces Boyens, porque in padre firmaba Floris Boyens, pero esto no significa sino liijo de Bodewin y no cs apellido (l|iinn. Cf. Burmann, en Ias anotaciones a Moringi, Vita Adriani, p. 2. i* Liíerae ex Victorial directiva ad Cardinaíem de Flisco, en ei t. 33 de Ia obra de Sanuto, li deteriben dei modo siguiente: Vir est sui tenax: in concedendo parcissimus: in recipiendo nullus .mi ririisimus. /n sacri/icio cotidianus et matutinus est. Quem amet aut si quem amet nulli expionluni ira non agitur, /ocis non ducitur. Neque ob pontificafum visus est exultasse: quin constat 1 |dh•ifer illuni ad e/us famam nuntii ingemuisse. En Ia colccción de Burmann se encuentra un IfiiiiT.iriiini Adriani, de Ortiz, ei cual acompafió ai Papa y le conocía muy bien. Este asegura, |> 323. no haber notado jamás nada rcprobablc en él y que fué un espejo de todas Ias virtudes.

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una vida tan magnífica y pródiga! Se conserva una carta de él en que dice que preferia servir a Dios en Lovaina que ser Papa. 15 En ei Vaticano continuo su vida de profesor. Le caracteriza muy bien (y por esto Io contamos) que trajera consigo a su vieja sirvienta, que siguió como antes ocupándose de los trabajos de Ia casa. Tampoco cambio nada en otros aspectos de Ia vida. Se levantaba muy temprano, decía su misa y se ponía a trabajar en sus asuntos o en sus estúdios, que interrumpía con Ia sóbria comida dei mediodía. No se puede decir que le fuera ajena Ia educación dei siglo; era aficionado ai arte holandês y apreciaba cn Ia crudición ei timbre de Ia elegância. Erasmo confiesa que fué ei primero que le defendió contra los ataques de fanáticos escolásticos.16 Pero Ias inclinaciones casi paganas que dominaban en Roma le desagradaban y nada queria saber de Ia secta de los poetas. Nadie con más empeno que Adriano VI —que conservo su nombre— podia desear Ia corrección de los abusos de que adolecía Ia cristiandad. El avance de los turcos y Ia caída de Belgrado y de Rodas le animaron especialmente en ei propósito de restablecer Ia paz entre Ias potências cristianas. Aunque había sido preceptor dei emperador, adoptó en seguida una posición neutral. El embajador imperial, que esperaba arrancarle una dcclaración favorable para Ia nueva guerra, tuvo que abandonar Roma sin haber conseguido nada. 17 Cuando se le comunico Ia noticia de Ia perdida de Rodas, miro ai suelo, no dijo una palabra y suspiro profundamente. 1H El peligro de Hungria advertia de mucho. Temió por Itália y por Roma. Todo su empeno se centraba en conseguir, si no una paz inmcdiata, por Io menes un armistício por três anos, para entretanto llevar a cabo una campana general contra los turcos. También estaba dispuesto a tomar en consideración Ias rcclamaciones de los alemanes. Nadie pudo habersc expresado con mayor rigor contra los abusos que reinaban en Ia organización eclesiástica. "Sabemos —dice en su 'instrucción' ai núncio Chieregato, enviado por él a Ia Dieta— que desde hace tiempo han ocurrido muchas indignidades en Ia Santa Sede: abusos en matéria espiritual, excesos de poder: todo se ha convertido cn maldad. Desde Ia cabeza ei mal se ha corrido a los miembros; desde ei Papa a los prelados; todos nos hemos desviado y no hay nadie que haya hecho cl bien, ni uno solo." Y prometia cumplir como un bucn Papa: favorecer a los virtuosos y a los capaces, acabar con los abusos, si no de una vez, si poço a poço; despertaba Ia esperan/a de una reforma tantas veces pedida de Ia cabeza a los pies. 19 Pero no es tan fácil hacer retornar ei mundo a los carriles. Por muy grande
15 A Florindo Ocm Hyngaerdcn: Vitoria 15 cie Fcbr., 1522, cn Bnrmann, p. 398. 1" Erasmo dice do él, cn una de sus cartas: libct sclio/astids disciplinis /averct, satit tamen aequus in 'bonas litcras, Burmann, p. 15. Jovius cuenta eomplacido cuún útil fui, para él, con Adriano, su faina de sciipíor annafium valdc elcjj.-us, sobre todo porque no era poeta. 17 Gradcnigo. cn Relatioiie, noiubra ai virrey de Nápoles. Cirolamo Negro, cn aiyas Lelícre di principi, t. i. se ballan algunas cartas bastan'.e interesantes sobre aquella época, dice. p. 109, de |uan Manuel: Se parti mezo dispcrato. 18 Negro, dei relato dei secretario veneciano, p. 110. 10 ínslrnctio pro te Francisco CliCRp.it", etc, se baila, entre otios, también <n Rcinaldus, t xr, p. 563.

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que sea Ia buena voluntad de uno solo, no aleanza ni con mucho. El abuso tiene i.iiccs demasiado profundas y crece con Ia vida misma. Lejos de que Ia caída de Rodas incitara a los franceses a buscar Ia paz, pensaron, por ei contrario, que esta perdida proporcionaria ai emperador un nuevo quehacer y concentraron sus intenciones contra él. No sin que Io supieum aquellos cardenales en quienes más confiaba Adriano, estableeieron algunos lontactos en Sicilia y atacaron Ia islã. El Papa se vió entonces obligado a celebrar una alianza con ei emperador, dirigida principalmente contra Francia. Tampoco a los alemanes se les remediaba mucho con Io que se llamaba una reforma de Ia cabeza a los pies. Y esta misma reforma era ya muy difícil, por no decir imposible. Si ei Papa pretendia invalidar decretos de Ia cúria en los que notaba cierlo aire de simonía, tampoco podia hacerlo sin lesionar los derechos bien adquiridos de aquellos cuyos cargos se apoyaban en los decretos y que, por Io general, habían sido comprados por ellos. Si intentaba un cambio en matéria de dispensas matrimoniales y trataba 'I' limiar algunos impedimentos, se le hacía ver que Ia disciplina eclesiástica • 0 podia sino padecer y debilitarse con ello. Para corregir ei abuso de Ias indulgências, a gusto hubiera restablecido Ias Mejas penitencias, pero Ia Penitenziaria le hizo observar que, en su intento de j;.ni,ir a Alemania, corria ei riesgo de perder a Itália. 20 Como vemos, a cada paso que daba se veia rodeado de mil dificultades. A esto se anade que en Roma se encontraba en un ambiente extrano, que imposible dominar por Io mismo que no Io conocía ni comprendía sus impii! os internos. Había sido recibido con alegria: se contaba que iba a reparU r unos 5,000 benefícios vacantes y todo ei mundo esperaba algo. Pero jamás • ) Papa escatimó más en esta matéria. Adriano queria saber a quién confiaba • I puesto y administro ei negocio con Ia mayor escrupulosidad, 21 defraudando •itKlias esperanzas. El primer decreto de su pontificado consistió en suprimir B t derechos a dignidades eclesiásticas que habían sido concedidos y hasta retiro • f g o s ya atribuídos. Es natural que ai publicarse en Roma ei decreto se hiciera • n muchos enemigos. Hasta su llegada se había gozado en Ia corte de una cierta lil» ii.ul de palabra y de escritura que él no estaba dispuesto a tolerar. 22 Dada • rxhausta situación de Ia caja pontifícia y. Ias necesidades crecientes, se vió ^Higado a estableccr algunos nuevos impuestos, Io cual se considero intolerable • f l ti, que tan poço gastaba. Todo ei mundo estaba descontento. Se dió cuenta V i io no dejó de influir en él. Empezó a desconfiar un poço más de los • u k m n s ; los dos holandeses, a quienes permitia asomarse a los asuntos, Enke-

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\ ü > 1". Sarpi, Historia dei concilio Tridcntino, cd. de 1629; cn ei primer libro encontramos < &IH11 cxposición excelente de Ia situación. tomada de un diário de Cliicrcgato. '.'l Ortiz, Itiricrarium, cap. xxvm, cap. xxxix, muy fidedigno, dice: ciim provisiones et alia modi testis ociilatus inspcxcrini. M I.cttere di Negro. "Capitolo dei Berni": i.' quando un segue il libero costume Di tfogani scrjiciido e di cantara, Lo rninaccia di /ar buttare in tiume.

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fort y Hezius, ei primero datario suyo y ei segundo secretario, no los comprendían ni entendían a Ia corte, y él mismo tampoco podia abarcarlo todo; además, queria seguir estudiando, y no solo leer sino escribir; no era muy accesible y los asuntos fueron demorándose y se trataron con torpeza. Así ocurrió que en los asuntos generales más importantes no se hizo nada. Comenzó de nuevo Ia guerra en Ia Itália superior. En Alemania volvió a agitarse Lutero. En Roma, que por Io demás fué víctima de Ia peste, ei descontento se apoderó de Ias gentes. Dijo una vez Adriano: "jCuán importante es, aun para ei mejor hombre, ei ticmpo en que nace!" Todo ei dolor de su situación está contenido en esta sentencia. Con razón ha sido inscrita en su sepulcro en Ia iglesia alemana de Roma. No es posible atribuir unicamente a Ia personalidad de Adriano que ei tiempo de su pontificado no conociera ei êxito. El Papado se hallaba envuelto por grandes fatalidades mundiales que hubiesen dado mucho que hacer también a persona más templada para los negócios y más conocedora de hombres y de médios. Entre los cardenales, ninguno había que pareciera más a Ia altura de Ias circunstancias que Júlio de Médicis. Bajo ei pontificado de León X había llevado Ia mayor parte de los asuntos, en especial Ia pesadumbre dei detalle. También con Adriano había conservado cierta influencia.23 Esta vez no dejó escapar Ia oportunidad y adoptó ei nombre de Clemente VII. Con mucho cuidado evito los inconvenientes que se habían producido con sus dos antecesores: Ia irresponsabilidad, ei despilfarro y Ias costumbres frívolas de León X, así como Ia oposición en que se coloco Adriano con respecto a Ias tendências de Ia corte. Todo se deslizo razonablemente; por Io menos su acción era intachable y llena de moderación;2* Ias ceremonias pontificales se llevaban a efecto con sumo cuidado, Ias audiências se ajendían incansablemente a Io largo dei dia y Ia ciência y ei arte gran fomentados en Ia dirección que habían emprendido, Clemente VII estaba muy e/iterado. Con Ia misma perícia que sobre cuestiones filosóficas y teológicas, se podia ocupar de asuntos de mecânica y de construcciones hidráulicas. En todo manifestaria extraordinária agudeza, penetraba en Ias cuestiones más embrolladas hasta ei fondo y a nadie se podia oír que hablara con mayor tino. Ya durante León X se había mostrado Júlio de Médicis insuperable en ei buen consejo y en Ia realización prudente. , El buen piloto se prueba en Ia tormenta. Se hizo cargo dei Papado en una situación escabrosa aun si solo tomamos en cuenta los problemas dei principado italiano. Los espanoles eran los que más habían coadyuvado ai engrandecimiento y consolidación dei Estado pontifício y habían vuelto a colocar a los Médicis
23 Relatione di Marco Foscari, grandíssima reputatione e governava 24 Vetori dice que desde hacía superbo, non simoniaco, non avaro, devoto. 1S26; dice de él con il Papato et havia piu 100 anos nunca había non 7íbidinoso, sóbrio referencia a aquella época: Slava con zente a Ia sua audientia che il papa. sido Papa un hombre tan bueno: non nel victo, parco nel vestire, religioso,

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en Florencia. En esta alianza con los Papas, con Ia casa de los Médicis, fueron progresando en los asuntos italianos. Alejandro VI les había abierto Ias puertas de Ia Itália inferior; Júlio II les había introducido en Ia Itália central; con el otaque a Milán, Uevado a cabo conjuntamente con León X, se habían hecho duenos de Ia Itália superior. El mismo Clemente les había ayudado en esta ocasión. Existe una instrucción dirigida por él a un enviado suyo en Ia corte cspanola, en Ia que cuenta los servicios prestados a Carlos V y su casa. A él se debe, sobre todo, que Francisco I no hubiera seguido hasta Nápoles en su primera entrada; a él que León X no se opusiera ai nombramiento de emperador de Carlos V y que derogara ia vieja constitución que prohibía que ningún rey de Nápoles fuera ai mismo tiempo emperador; a pesar de todas Ias prometas de los franceses, favoreció Ia alianza de León X con Carlos V para Ia reconquista de Milán, y en esta empresa arriesgó Ia fortuna de su família, Ia de sus •migos y su propia persona; había puesto el Papado en manos de Adriano VI y entonces no había casi diferencia en que fuera nombrado Papa Adriano o el mismo emperador.25 No quiero examinar en Ia política de León X cuánto fué obra de los consejeros y cuánto dei Papa, pero Io cierto es que el cardenal Médicis estuvo siempre de parte dei emperador. Una vez llegado a Papa ayudó también a Ias tropas imperiales con dinero, víveres y concesión de gracias espirituales, y una vez más debieron Ia victoria a su ayuda. Tan íntima era Ia relación entre Clemente y los espanoles, pero, como Ocurre no poças veces, con los êxitos de su alianza se produjeron abuses extraordinários. Los Papas habían ocasionado el orto dei poderio espanol pero nunca se Io •ropusieron deliberadamente. Habían arrebatado Milán a los franceses, pero no quisicron entregaria a los espanoles. Más de una guerra había tenido lugar por Causa de que Milán y Nápoles no estuvieran en Ia misma mano;26 y como entonCcs los espanoles, duefios de Ia Itália meridional desde hacía tiempo, se afirmaban Cada dia más en Ia Lombardía y demoraban el reconocimiento de Sforza, se Brodujo en Roma cierto descontento e impaciência. Clemente se sentia personalmente defraudado y ya en aquella instrucción Vemos que no siempre se había considerado bien pagado por sus servicios como Étnlenal: se le seguia haciendo poço caso. Contra su consejo expreso, se emprenttió el ataque a Marsella en el ano 1524. Sus ministros —Io dicen ellos mismos— 'tjmían cada vez mayores desconsideraciones con Ia Santa Sede y no veían en los •pafioles más que afán de domínio e insolencia.27 El curso de los acontecimientos y su propia posición personal parecieron ligar a Clemente a los espanoles con los vínculos de Ia necesidad y de Ia voluntad. iFcro ahora se le presentaban mil motivos para menoscabar el poder a cuyo esta|Slt'cimiento había coadyuvado y oponerse a él.
H8 ínstruttione a/ Card. reverendmo. di Farnese, che íu poi Paulo I/í, quando andd Icgaío •PVinperafore Cario V doppo il sacco di Roma. nu Se dice explicitamente en esta instrucción: el Papa se mostraba dispuesto a hacer también que no le gustaba: purche ío stato di Müano restasse ai duca, a/ quaJe etíetto si erano /arte tutte glicrre d'ltalia. 8T "M. Giberto datario a Don Michele di Silva". Letfere di principi, i, 197 b.

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D c todas Ias empresas políticas quizás sea Ia más difícil Ia de abandonar una línea seguida hasta cl momento y hacer ineficaces êxitos en cuyo logro se ha tomado parte. Esta actitud importaba mucho. Los italianos se daban ttiity bien cuenta de que se trataba de una euestión con trascendencia de siglos. En Ia nación había cuajndo un gran sentimiento común. Creo que influyó cn ello sobremanera Ia educación artística y literária, cn Ia que Itália se adclantaba tanto a Ias demás naciones. También Ia política y Ia ambición de los cspanolcs se hacían insoportables tanto para los dirigentes como para ei común dei pueblo. Con mezcla de desprecio y cólera se miraba a estos extranjeros semi bárbaros, duefios dei país. Todavia Ias cosas estaban cn un punto twie podia permitir ei desentenderse de cllos. Pero no había que perder de vista que. de no oponerse con todas Ias fuerzas dc Ia nación, Ia derrota supondría Ia perdición para siempre. Me gustaría trazar Ia descripeión completa de los acontecimientos de este período, dc Ia lucha entera dc Ias fuerzas soliviantadas. Pero tengo que contentarme con destacar los momentos más importantes. Se comenzó cn 1525, y parecia cosa bien pensada, con un intento de atraerse ai mejor general dei emperador, que se hallaba muy descontento. N o se podia esperar cosa mejor que arrebatar ai emperador, con su general, ei ejército que le servia para dominar a Itália. No se quedaron cortos en promesas, entre Ias que no falto Ia de una corona. Pero se había cakuhào ma] y ]a fina astucia, tan segura de si misma, fracasó de modo rotundo ai tropezar con una matéria ruda. El general, Pescara, era italiano de nacimiento pero de sangre espanola, no hablaba más que espafiol ni tampoco queria ser otra cosa; no había participado de Ia cultura italiana, sino que toda su formación se Ia debía a los libros de caballería espanoles, que no respiraban más que lealtad y fidelidad. Por naturaleza se oponía a una empresa nacional italiana. 28 Apenas se le bizo Ia propuesta se Ia mostro a sus camaradas y ai emperador, y ei intento sirvió tan solo para que Fernando de Pescara inquiriese entre los italianos e inutilizase todos sus planes. , Por esto mismo —pues Ia confianza mutua se batia quebrantado de mancra definitiva—, se hizo inevitable una lucha decisiva con ei emperador. Por fin cn ei verano de 1526 vemos a los italianos poner sus propias fuerzas a Ia obra. Los milaneses se han levantado contra los imperiales y un ejército veneciano y otro pontifício corren en su ayuda. Se tiene. Ia promesa de un auxilio suizo y se está en inteligência con Francia e Irjglatcrra. "Esta vez •—dice ei confiado ministro de Clemente VII, Gilberto— no está en juego una pequena venganza, un puntillo de honra o una ciudad; esta guerra decide Ja libertad o Ia eterna osclavitud de Itália." No duda dcl êxito. "Las generaciones venideras tendrán envidia de no haber vivido en nuestro tiempo y no haber podido paris Vctlori dice dc él Ias pcores (fitas! Era snpcrbo olfre Riojo, invidioso, ingrato, avaro,
venenoso e crudcle. senza religione, senta Immaiiità, nato próprio per dislruggcre 1'Italia. También Moione dijo cn una ocasión a Gmcciardini que no existia liombrc más infiel y maligno que Pescara (llist. ti'Itália, xvi, 476), pero sin embargo le hino hs proposicionet No cito estos inícios como ciertos: tan solo dcmucstraii que Pescara no manifesto bacia los italianos sino hostilidad r ódio.

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ticipar en una dicha tan grande." Espera que no sea necesaria Ia ayuda de los príncipes y los soldados extranjeros. "Solo para nosotros será Ia gloria y ei fruto tanto más dulce." so Con estos pensarnientos y esperanzas emprcndió demente Ia guerra contra los espanoles. 3 " Fué su idea más osada y grandiosa, peto también Ia más desdichada y catastrófica. Los asuntos dei Estado y los de Ia Iglesia se hallaban mczclados incxtricublemente. El Papa parecia descuidar por completo Ia cuestión alemana. Y esta fué una de Ias primcras repercusiones. En ei momento en que Ias tropas de Clemente VII se adentraron por Ia Itália superior en julio de 1526, se reunia Ia Dieta en Espira para adoptar una rcsolución definitiva sobre los abusos eclesiásticos. No era muy natural que ai wrtido imperial, a Fernando de Áustria, que representaba ai emperador, le mportara mucho sostener ei poder papal arriba de los Alpes cuando abajo era atacado peligrosamente por los ejércitos dei Papa. No olvidemos que ei mismo Fernando tenía sus ojos puestos en Milán. Por mucho que se hubiera pregonado antes, 31 solo Ia guerra abierta con ei Papa hizo que desaparecieran todas Ias consideraciones que se pudieran tener por él. Jamás Ias ciudadcs se cxprefaron con mayor libertad ni los príncipes instaron con maycr vigor a que se tomara una resolución; se presentó Ia proposición de quemar los libros en que te contenían los nuevos princípios y de tomar como regia única Ia Bíblia; pcro HO se Ilegó a un acuerdo. Fernando dirigió una comunicación a l:i Dieta cn cuya vírtud se dejaba a Ia libre disposición de los estamentos ei comportarse Cn matéria de religión tal y como cada uno pudiera responder ante Dios y ei imperador, es decir, según su albedrío. Comunicación en Ia que ei Papa no es nombrado ni una sola vez y que puede ser considerada turno cl cc.micnzo «í<• Ia verdadera Reforma, como Ia instirución de una nticv.i iglesia en AJemunia. En Sajonia, en Hcsse y los países vecinos se llegó a dar este paso sin gran vacilación. La existência legal dei partido protestante se basa sobre todo en cl acuerdo de Espii» dei afio 1526. May que reconecer que este estado de ânimo de Alemania fué también decisivo para Itália. Faltaba mucho para que todos los italianos cstuvieran entuliusmados con Ia obra común y para que estuvíeran unidos tan siquiera los «pie tomaban parte cn ella. El Papa, tan espiritual y tan italiano de sentimien|os, no era hombre para ser arrebatado por Una causa, como exigia Ia situación. Su sagacidad pareció perjudicarle a veces. Sabia, más de Io que era conveniente, que era ei más débil, y todos los peligros se anunciaban a su ânimo y le conlundían. Existen unas dotes inventivas cn Ia vida práctica que captan Io sencillo en los asuntos intrincados y se deciden con seguridad por Io hacedero v •mveniente. Estas dotes le faltaban. 3a En los momentos más decisivos se le veia
"» '"G. M . C i b e r t o a) vescovo di V c m l i " . Lcttcrc * " Foscari dice: Qucllo ia a presente di volcr /ar lliin pcrelii ama Francesi. : " l.as insiruccioncs dei empciador que inspir.inm 1126, época cn q u e cl Papa ami no había celebrado : ''-' Soriano, Kclatioiic di J53?. le cnCncntra: core efí principi, i, p, 192 a. lega con Francía, (a per ben sim e <rit.ilia, cierto temor a los protestantes son <!< niar/o sn abaliza con Krancia. frigidiíjiilio: cl tpia/c U le Beatne. S. esser

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tNTRODUCClÓN

titubear, vacilar y pensar en ahorros de dinero. Y como los aliados no cumplieran con su palabra, ni de lejos logro los êxitos que se prometia. Las tropas imperiales se mantenían todavia en Lombardía cuando en noviembre de 1526 Jorge Frundsberg atravesó los Alpes con un ejército de lansquenetes para decidir Ia lucha. Todos eran luteranos, empezando por ei caudillo. Llegaron para vengar ai emperador en ei Papa. A su desleal tad se había atribuído Ia causa de todas las desgracias, Ia guerra inacabable entre cristianos y las victorias de los turcos, que por entonces andaban por Hungria. "Si llego a Roma —decía Frundsberg— colgaré ai Papa." La tormenta arrecia y ei horizonte se angosta. La gran Roma, que si está llena de pecados, también resplandece por sus nobles empenos, por su espíritu y por su cultura, por sus obras de arte insuperables, que ei mundo jamás habia contemplado, tesoro ennoblecido por Ia impronta de un espíritu que irradia por j todas partes, se ve amagada por Ia catástrofe. Una vez reunidas las tropas alemanas con las imperiales, las bandas italianas se dispersan ante ellas y ei único ejército que todavia subsiste les sigue de lejos. Como ei emperador hace tiempo i que no paga a su ejército, tampoco puede, si es que quiere, imponerle otra dirección. Marcha bajo las banderas imperiales, pero es empujado por su propio ímpetu devastador. El Papa espera negociar todavia y trata de someterse, de Uegar a un arreglo, pero ei único médio que le pudiera salvar —entregar ai ejército ei dinero que reclama— o no quiere o no puede emplearlo. {Tratará de oponerse seriamente por las armasí Hubieran bastado 4,000 hombres para cerrar ei paso de Ia Toscana, pero ni siquiera se hizo ei intento. Roma contaba acaso con 300,000 hombres aptos para llevar las armas; muchos de ellos conocían Ia guerra; con sus espadas habían peleado en las facciones y se vanaglo- I riaban de grandes hazanas. Pero para hacer frente ai enemigo, que representaba una verdadera calamidad, nunca se pudo conseguir sacar de Ia ciudad más de 500 hombres juntos. El primer ataque acabo con ei pc€er dei Papa. Dos horas después de Ia puesta dei sol dei 6 de may"b de 1527 entran los imperiales a Ia ciudad. El viejo Frundsberg no estaba ya con elloá: cuando no encontro Ia debida obediência tuvo un ataque de apoplejía y quedo enfermo; Borbón, que condujo ei ejército después, había caído en los primeros intentos de escalo; y una muchedumbre de soldados indisciplinados, desprovista de jefes, sedienta de sangre, endurecida por largas privaciones y enfurecida por su mismo oficio, cayó sobre Ia ciudad. Jamás presa más rica estuvo en manos de tropas más violentas y nunca se conoció un saco más continuado y espantoso.33 El esplendor de Roma ilumina los comienzos dei siglo xvi: representa un período admirable dei espíritu humano. En estos dias se apago su brillo. El Papa, que queria libertar a Itália, se vió sitiado en Sant-Angelo y hecho
ditara di non vulgar timidilà. non dirò pusilanimità. II che pero parmi áver e trovate comunemente iii Ia natura fiorentina. Questa timidità causa che S, Sà è molto irresoluta. 83 Vettori: La uccisione non fu moita, perche rari si uccidono quelii che noa si vogliono difendere, ma Ia preda fu inestimabile in danari contanti, di gioie, d'oro e d'argento lavotato, di vestiti, d'arazzi, paramenti di casa, mercantie d'ogni sorte e di taglie. Que no era culpa dei Papa sino de los habitantes y los llama: superbi, avari, homicidi, invidiosi, libidinosi e simuiatori. Dice que una tal población era incapaz de resistir.

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irisionero. Se puede afirmar que con esta gran victoria se estableció de manera ndiscutible ei predomínio de Espafia en Itália. Un nuevo ataque de los franceses, muy prometedor en sus comienzos, !r»casó tan por completo que se dispusieron a renunciar a todas sus pretensiottt sobre Itália. No menos importante fué otro acontecimiento. Todavia no había sido conBUistada Roma, pero basto que se viera ei camino emprendido en su dirección por ei condestable de Borbón, para que en Florencia los enemigos de los Mediei» se aprovecharan de Ia confusión dei momento y arrojaran de nuevo a Ia l.imilia dei Papa. Casi le dolió más a Clemente Ia perdida de su ciudad que I de Roma. Con asombro se observo que volvia a reanudar relaciones con los nperiales después de tan duros agravios. Se avino a esto porque veia en los esíftoles ei único médio de hacer volver a Florencia a sus familiares y partidários. 0 pareció más tolerable soportar ei predomínio dei emperador que ei triunfo • los rebeldes. Cuanto peor les iba a los franceses, tanto más se acercaba a los ipanoles, y cuando aquéllos fueron totalmente derrotados celebro con estos ei cuerdo de Barcelona. Cambio de tal modo su política que se sirvió dei mismo Jército que había conquistado a Roma y le había tenido sitiado tan largo tiempo tra rescatar su ciudad paterna. Carlos V era más poderoso en Itália que cualquiera otro emperador desde ||Mila muchos siglos. La corona que recibió en Bolonia volvia a cobrar su plena Wgnificación. Milán le obedecia no menos que Nápoles y, por ei hecho de haber •Mtablecido a los Médicis en Florencia, pudo ejercer influencia sobre Ia Toscana Uurante toda su vida; el resto se alio con él o se le sometió. Tuvo reducida a lllulia de una punta a otra con Ias fuerzas conjuntas de Espafia y Alemania, Mon sus armas victoriosas y con sus prerrogativas de emperador. Así acabo Ia guerra italiana y, desde entonces, Ias naciones extranjeras no •twn cesado de mandar en Itália. Veamos ahora como se desenvolvieron Ias •Uestiones religiosas, en tan íntima conexión con Ias politicas. Cuando el Papa se avino a Ia supremacia espafiola esperaba cuando menos ^ k este emperador poderoso, tenido por católico y devoto, le ayudaría ai restaBUccimiento de su autoridad en Alemania. En uno de los artículos de Ia paz de Hurcclona se hablaba de esto. El emperador prometia trabajar con todas sus Ifurr/.as para reducir a los protestantes-y parecia decidido a ello. Los enviados protestantes que le visitaron en Itália recibieron de él una respuesta poço halacfta. En su viaje a Alemania, en el ano de 1530, algunos miembros de Ia ria que le acompanaban, y especialmente el legado, cardenal Campeggi, plauron unos proyectos atrevidos y muy peligrosos para Alemania. Existe una comunicación dei legado ai emperador, en tiempos de Ia Dieta Augsburgo, en que pone de manifiesto aquéllos planes. En honor a Ia verd, y aunque a desgana, diré algunas palabras. El cardenal Campeggi no se contentaba con lamentarse de los desordenes Igiosos sino que se fijaba especialmente en Ias consecuencias políticas, en mo Ia nobleza había decaído con Ia Reforma en Ias ciudades, como los prín-

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cipes eclesiásticos o seculares no encontraban debida obediência y como Ia falta de respeto rozaba ya Ia majestad dei emperador. Despucs expone Ia manera de hacer frente a Ia situación. El secreto de su política no es muv hondo. No seria necesaria más que una alianza entre cl emperador v los príncipes bien dispuestos; se intentaria luego ganarse a los adversos mediante promesas o amenazas; pero i q u é hacer con los obstinados? Se tiene ei derecho "de extirpar esta planta venenosa con ei hierro y ei fucgo". : " Lo más importante es confiscar sus bienes seculares y eclesiásticos, en Alemnnia tanto como en Hungria y cn Bohemia. Porque con los herejes se puede hacer esto. Una vez aplicada esta medida, se establece Ia Santa Inquisición para que siga indagando y proceda contra los rebeldes como en Espana se ha procedido contra los marranos. Además, se pondrá en entredicho Ia universidad de Wittcnberg y se declarará por indigno de Ia gracia imperial y pontifícia a quienquiera estudie en ella. Se quemarán los libros de los herejes, se devolverán a los claustros los monjes que les abandonaron y en ninguna corte se tolerará ningún hereje. Pcro lo primero es una demostración de mano fuerte. "Aunque Su Majestad se limite a los jefes principales —dice ei legado - podrá arrebatarles una gran suma de dinero que, por otra parte, es muy necesaria para luchar contra ei turco." Este es ei sentido dei proyecto, estos sus princípios básicos.35 En cada palabra alientan Ia opresión, Ia sangre y ei despojo. No hay que extrafiarse de que en Alemania se esperara lo peor de un emperador que tenía tal séquito y de que los protestantes deliberaran sobre cl estado de nccesidad en que se les colocaba. Por fortuna. Ia situación no bacia temible tal intento. El emperador no era, ni con mucho, tan poderoso como para poder llcvar .1 cabo cl proyecto. Erasmo lo puso de manifiesto de manera convincente. Y, BUn de Iv.iberlo sido posiblc, dificilmente hubiera tenido voluptad para cllo. Por naturalcza era bien intencionado, reflexivo v lento, más bien que lo contrario. Y cuanto más de cerca los veia, los acontecimientos lc tocaban más Ia fibra scnsible de su alma. Sti clcclaración a Ia Dieta decía que queria oíi Ias diferentes opiniones, ponderadas y tratar de llcgar a una verdad cristiana. Estaba, pues, muy lejos de aquellas intenciones violentas. Ni aquel que tienda a sospechar de Ia pureza de Ias intenciones humanas puede poner en dnda lo siguiente: que no era ventajoso para Carlos apelar a Ia violência. <;Es que cl emperador se iba a convertir cn un ejecutor de los decretos pontifícios? ilba a ser él quien sometiera a los enemigos que les Papas —este y los venideros— se creasen? Adcmás, no estaba muy seguro de Ia amistad dei poder papal. *• Se a/cutri vc lie fnsscro, che d/o no/ voglia, li qnaíi obstinatamente perjeverassero in questa diabólica via, qiielh (S. M.) polti infllere h mano ai /erro et a/ foco et radilitns c.xtirpare questa nula vcnenos.i pianta. "•'• Se osaba llamar a un tal esboro una mslruccinn: /nilrucl/o dala Caesari a reverendmo, Canipfggii) in dieta Auçiislana Ií?0. r.nrnnlrc cl acta, autínlica sin duda alguna, cn una biblioteca '"mana, junto con otros docunicntos de Ia época.

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Las circunstancias presentaban una oportunidad favorable y no tenía más que cchar mano de ella para que su supremacia se robusteciera todavia más. No voy a discutir aqui si con razón o sin ella, pero ei caso es que se penliiba ^eneralmente que solo un concilio eclesiástico podría resolver Ia cuestión. I ns concilios gozaban de crédito por Io mismo que los Papas no se mostraban iBUiy prepicios y todas las oposiciones tuvieron Ia pretcnsión de que se convocafnn. En ei ano de 1530 Carlos V Io pensó seriamente y prometió un concilio U breve plazo. Los príncipes en disputa con Roma nada podían desear mejor que un •poyo eclesiástico, de suerte que en estas circunstancias Ia propuesta de Carlos j contaria con las más poderosas asistcncias. Se hubicra convocado a su instância, •clebrado bajo su influencia y las conclusiones serían aprobadas por él. Estas >'i lnsiones marcarían una dohle dirección, pues se referirían tanto ai Papa 'mu a sus enemigos y Ia vieja idea de una reforma en Ia cabeza y en los miem|os hubiese tenido realización. jQué predomínio hubicra acarreado tal suceso poder temporal y sobre todo ai emperador en persona! Era algo razonable e inevitablc si se quicre, pero además en armonía con interés dei emperador. Pero nada más peligroso podia ocurrirles ai Papa y n su corte. Tengo Ia rueba de que cuando se empezó a pensar en serio en ei concilio bajaron conierablemente de precio todos los cargos enajenables de Ia corte pontifícia. 30 :ir este dctalle se puede comprender Io que significaba para ei estado de cosas bitual. Pero Clemente VII tenía también en contra dei proyecto consideraciones lipo personal. Como no era hijo legítimo, como no había llegado a Ia suprema plgnidad por caminos completamente limpios y como había emprendido una 9»tosa guerra movido de fines personalcs, utilizando las fuerzas de Ia Iglesia kntra Ia pátria —cosas todas cie las que bien se podia pedir cuentas a un Hlpa—, es natural que síntíera un temor justificado, y asf, como dice Soriano, i'l Papa eludia en Io posible hasta Ia mención misma dei nombre de concilio. Y aunque no rechazó de manera tajante Ia propuesta, cosa que no podia • i r r si queria preservar el honor de Ia Sede apostólica, no podemos hacernos H ^ o n c s acerca de los sentimientos que abrigaba. j->?J";:X3«I / í 6 C ° ' ° 5 Ccdió, se sometió, pero manifesto con energia las razones que desaconsc• h i i i i aquclla iniciativa; expone de Ia manefa más viva todas las difieultades • Pfligros que van vinculados a un concilio y, por otra parte, más que duda lei exito.37 Pone como condiciones Ia colaboración de todos los demás prínci•»«, el sometimiento provisional de los protestantes, condiciones que pareccn •jplliinas dentro dcl sistema papal, pero que las circunstancias haccn ya impoBhli •-. <;Cómo se podia esperar que se pusiera a Ia obra en el plazo fijaclo por el
'"< "I.ettcra anônima alVarcivescovo Pimpincllo" (Letferc di principi. m. 5): C/f ufíícii solo n l.i fama de/ concilio sono invi/iti tanto che non se nc trovano aemri. Scgún vco, t.iinbidn mvicini cita esta carta, m, 7, 1; pero no si por quí rar.ón Ia atribmc a Sanga. • H "P. c. airimperatorc: di man própria di papa Clemente". Lctrere di principi. n, 197: Al T • I I I I Í J I ncssnn Irimcdh) c p/u perico/oso c per parlor/r ni.iggiorí nia/i Itlcl concilio) qti.int/o non •H nino /c ikhite circonslamrc.

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INTRODUCCIÓN

emperador, no de una manera aparente y con meras demostraciones, sino en forma decisiva y seria? Muchas veces ei emperador le ha reprochado que su vacilación fué Ia responsable de todas Ias calamidades posteriores. Sin duda alguna presumia poder esquivar Ia fatalidad que se le venía encima. Pero esta le sujetó como suele. Cuando Carlos V volvió en ei afio 1533 a Itália, todavia lleno de Ias impresiones y de los proyectos de su estância en /Memania, le insto de palabra —se reunió con ei Papa en Bolonia— y con gran vehemencia a que convocara ei concilio que tantas veces había reclamado por escrito. Las opiniones contrarias chocaron: ei Papa se mantuvo firme en sus condiciones y ei emperador le hizo ver Ia imposibilidad de Ias mismas. No había manera de ponerse de acuerdo. En los Breves decretados en esta ocasión se pueden percibir ciertas diferencias. En unos ei Papa se aproxima más que en otros a Ia opinión dei emperador.38 Pero, de todos modos, tendría que volver a anunciar ei concilio. Si no queria cegarse, no podia dudar que, ai retorno dei emperador, que habia ido a Espafia, ya no podría defenderse con meras palabras y que ei temible peligro que representaba para Ia Sede apostólica un concilio celebrado en aquellas circunstancias, caería todo sobre él. Era una situación en que ei titular de un poder, cualquiera que sea, puede ser cxcusado muy bien cuando adopta una resolución equivocada para sentirse más r.eguro. El emperador era politicamente prepotente y aunque ei Papa estabi resignado, muchas veces tenía que resentir a qué situación había llegado. Le ofendió en extremo que Carlos V decidiera las viejas disputas de Ia Iglesia con Ferrara en favor de esta última; hizo como que Io aceptaba, pero se quejó ante sus amigos. Más seria se puso Ia cosa cuando este monarca, dei que se hnbía esperado Ia sujeción rápida de los protestantes, se elevaba, por ei contrario, con motivo de los desordenes surgidos, a un predominio sobre Ia Iglesia no cenocido desde siglos y ponía en peligro ei prestigio espiritual de Ia Santa Sede. {Tendría que abandonarse por completo en manos dei emperador, efitrcgándose a su merced? En Bolonia mismo tomo Ia resolución. En ocasiones diversas Francisco I había ofrecido ai Papa alianzas políticas y familiares. Clemente las había rechazado siempre, pero en ei apuro de ahora se acordo de ellas. Expresamente se nos asegura que ei motivo verdadero por ei cual Clemente escuchó esta vez ai rey de Francia fué Ia cuestión dei concilio.39

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38 Sobre las negociaciones de Bolonia enconlramos buenís datos en uno de los mejores capítulos de Pallavicini, lib. m, cap. xn, procedentes dei aicbivo dei Vaticano. Alude a esta diferencia y cuenta que rcsultó evidente después de abiertas negociaciones. En efecto, encontramos en cl escrito a los estamentos católicos (Rainaldus, xx, 659, Hortledcr, i, xv) Ia repetición de las condiciones de una participación general: ei Papa promete dar cuenta dei êxito de sus esfuerzos; respecto a los puntos propuestos por los protestantes, se dice, explicitamente, en ei 1 artículo 5: quod si forsan aliqui príncipes velint tam pio negotio deesse, nihilominus summus Ds. nr. procedet cum saniori parte consentiente. Parece que es a esta diferencia a Ia que alude Pallavicini, aunque nos habla aún de otra desviación. 39 Soriano, Relafione 1535. 1/ papa ando a Bologna contra sua voglia e quasi sforzato, como di buon logo ho inteso, e fu assai di cio evidente segno che S. Sà, consumo di giorni cento in tale viaggio il qualc potea far in sei di. Considerando diinque Clemente questi tali casi suoi e per dire cosi Ia servitú nella quale egli si trovava per Ia matéria dei concilio, Ia quale Cesare non lasciava di stimolare. cominciò a rendersi piu facile ai christianissimo. E qtiivi si trattò 1'andata di Marsilia

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En consideración a los peligros eclesiásticos a que tenía que hacer frente, ic veia obligado ahora a lo que, con toda seguridad, no se hubiese decidido por miras puramente políticas, a saber: a restaurar ei equilíbrio de Ias dos grandes potências y a mostrarse igualmente amable con ellas. Al poço tiempo Clemente celebraba una entrevista con Francisco I. Tuvo lugar en Marsella y se llegó a Ia más estrecha alianza. Lo mismo que en aquellos peligros florentinos ei Papa consolido su amistad con ei emperador casando a un hijo natural de este con una de sus sobrinas, así ahora desposó a su joven tobrina Catalina de Médicis con ei segundo hijo dei rey. En aquella ocasión lemia a los franceses y a su influencia directa en Florencia; ahora lo que temia era ai emperador y sus intenciones de celebrar un concilio. Tampoco se esforzó por disimular sus propósitos. Poseemos una carta suya • Fernando I en Ia que le confiesa no haber tenido êxito en su empeíio de hacer participar a todos los príncipes cristianos en Ia idea dei concilio; ei rey Francisco I, con ei que habló, no consideraba oportuno ei momento para tal reunión V no queria tomar parte en ella; él, por su lado, albergaba todavia Ia esperanza de conseguir en otra ocasión una acogida mejor de los príncipes cristianos.10 |No me explico como se puede dudar de Ias intenciones de Clemente VII. ToUavía en su último escrito dirigido a los príncipes católicos de Alemania repite l.i condición de una participación general y, como declara que tal participación <\ imposible, deja ver sus verdaderas intenciones de no cumplir con lo prometido.41 Su alianza en Francia le dió ânimo y pretexto para ello. No puedo conwencerme de que ei concilio hubiera llegado jamás a celebrarse bajo su égida. Pero no fué solo esta Ia consecuencia de aquella alianza. Otra más se desircndió inmediatamente, inesperada pero de gran importância, en especial para Os alemanes. La combinación que se produjo en esta confusión de intereses temporales ly espirituales era muy extrana. Francisco I se hallaba entonces en Ias mejores líelaciones con los protestantes y ai ponerse ahora tan cerca dei Papa lograba Incluir en cierto modo a los protestantes y ai Papa en ei mismo sistema. Nos damos cuenta de Ia fuerza política que correspondia a Ia posición tomada por los protestantes. El emperador no podia pensar en someterlos ai Papa |in más; antes bien, se sirvió dei movimiento para tener a aquél en razón. Poço jl poeo se puso de manifiesto que tampoco ei Papa deseaba verlos entregados a Ia clisireción dei emperador y, por esto, su alianza con los mismos no fué impreincditada, pues esperaba valerse de su oposición contra ei emperador, dándole • este nuevo quebradero. Ya entonces se observo que ei rey de Francia hizo creer ai Papa que los |TÍ.'IS notables príncipes protestantes dependían completamente de él y le dió a entender como les convenceria para que renunciaran a Ia idea dei concilio.'12

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I Iniieme Ia pratica dei matrimônio, essendo gia (a nipote nobile et habile. Antes, ei Papa huWlru invocado, como excusa, su origen y su edad. 10 20 de mano de 15J4. Pallavicini, in, xvi, 3. i *1 Soriano. La Sertà. Vra. dimque in matéria de/ concilio può esser certíssima ede dei canto l | Clemente fu fuggita con tutti li mezzi e con tutte le vie. <3 Sarpi, Historia dei concilio Tridentino, lib. i, p. 68. Soriano corrobora, aunque no todo.

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INTRODUCCIÓN

Pcro, si no nos equivocamos, estas connivcncias fueron todavia más estTCchas. Poço dcspuós de su entrevista con ei Papa, Francisco I celebro una rcunión con ei landgrave Felipe de [lesse. Se pusieron de acuerdo para restaurar ai duque de "VViirttcmberg, que babía sido depuesto por ia casa de Áustria. Francisco I premetió entregar dinero. En una campana corta, con sorprendente rapidez, ei landgrave puso manos a Ja obra. Es cierto que debía penetrai en los territórios austríacos: 4:1 en general, se sospechaba que ei rey pretendia atacar de nuevo Milán pot cl lado alemán. 44 Una nueva pista nos ofrece Marino Giustiniani, por entonces embajador veneeiano en Francia. Asegura que este movimiento alemán fué convenido por Clemente y Francisco en Ia rcunión de Marsella; anade que no estaba fuera dei plan bater llegar estas tropas a Itália, para Io que trabajaría secretamente ei Papa. 45 Seria un poço ligero tomar esta afirmación como fidedigna, a pesar de ia seguridad con que se expresa, pues son menester otras pruebas. Pcro aunque no Ia aceptemos a ojos cerrados, pone de manifiesto un extrano fenômeno. ^Quién Io hubiera sospechado? En ei momento en que ei Papa y los protestantes se combaten con un ódio acerbo, y se lincen una guerra religiosa que parte a) mundo en dos. los encontramos unidos por Ia fuerza de intereses políticos idênticos. Así como en Ia confusión de Ias disputas italianas nada le fué tan pernicioso ai Papa como Ia doblcz d e su política, demasiado sutil, en los asuntos propiamente religiosos le trajo frutos tedavía más amargos. Amenazado en sus territórios, ei rey Fernando se apresuró a celebrar Ia paz de Kacfan, entregando a Württenberg y entrando en alianza con ei landgrave. Eran los dias más felices de Felipe de Hesse. Como había restablecido en sus dcTechos a un príncipe alemán despojado, Ia hazana le convirtió en uno de los jefes más prestigiosos dei Império. Pero había logrado, a Ia vez, otro exito decisivo. Esta paz contenía una cláusula muy importante para Ias cuestiones religiosas: ei tribunal dei Império no aceptaría ninguna/lemanda sobre los bienes eclesiásticos confiscados. rf
gran parte de Io que dice Sarpi: El embajador Soriano dice: Avcnda fatto credere a Clemente che c/a S. Kí. Chma. dipendessero que/li Sti. principalissimi e capi delia /attione luterana —si che almeno si fuggisse il concilio—. Y solo esto me atrevo a afirmar. «a En Ia instrueción a sus enviados a Francia, de agosto de 1532 (Roínmcl, l/rkundcnbuch 61) st excusa de dass wir nit furtzugen, den Koenig in sêmen Erb/andcn anzugrei/cn. *• Jovius, Historiae suí temporís, lib. xxxn, p. 129; Paruta, Stoiia Venez., p. 389. <4 Relatione dei claríssimo M. Marino Giustinian eí Kr. Venuto iambasciator ai christianissimo re di Francia dei 1535 (Archivio Venez.). Francesco tece I'abocçamento di iMarsilia con Clemente, nel qual vedendo loro che Cesare stava fernio —conchiusero il movimento dclle armi in Gcrmania sotto pretesto di voler metter il duca di Virtenberg in casa: nel quale se íddio non avesse posto Ia mano con il mczzo di Cesait, il quale ali' improviso e con gran ptestezza senza saputa dei Xmo. con Ia retitution dei ducato di Virtenberg íece Ia pace, tutte queí/e gentí ven/vano in Itália sotto il favor secreto di Clemente. Crco que encontraremos algún dia datos más exactos sobre esto. En Ia obra de Soriano liaílamos aún Io siguiente: Di tutli li desideiii (dei ic) s'accommoàò Clemente con p.irule t:ili che Io facevano credere, S. S. esser disposta in tntto alie sue voglie, senza pero /ar provÍMone ali una '" scriítnra. No se puede negar que se trataba de una empresa italiana. El Papa pretendia kibirla rccuazaáo, non averc bisogno di moto in Itália. F,\ ICT 1c había liicho que se ínantuviesc tranqüilo: trin le ni.ini actorte ncllc maniche. Probablenicnte afirniahan los franceses Io que ntcatwn U«i italiano!! <!e mnilo que ei embajador en Francia resulta más positivo que cl embajador ui Roma. Pero aunque cl Pipa dijera que no necesitaba ningún niovimicnto en Itália, \emos ni.li! poro cxiluvc esta afirmación un imniimtnro en Alcinania.

COMPLICACIONES POLÍTICAS. LA REFORMA

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No sé de ningún otro acontecimiento que haya tenido tanta influencia para ei triunfo dei nombre potestante como Ia hazana dei landgrave. Esa cláuMila referente ai tribunal representa Ia garantia jurídica dei nuevo partido y I reviste extraordinária importância. Sus efectos no se hirieron esperai. Creo que podemos considerar Ia paz de Kadan como Ia segunda gran época en ei levaniumiento de una fuerza protestante en Alemania. Después de apenas haber [ hecho progresos durante cierto tiempo, comenzó a expandirse de manera putnte. Württemberg, tescatada, se reformo sin más. Le siguieron en seguida R províncias alemanas de Dinamarca, Pomerania, Ia marca de BrandenburR go, Ia segunda rama de Sajonia, una rama de Braunscbweig, ei Palatinado. En I ti término de poços anos Ia Reforma se extendió por toda Ia alta Alemania y se Mfirmó para siempre en Ia baja. El Papa Clemente estaba enterado y hasta hahía consentido quizás en una Mmpresa que llevó tan lejos y apresuró Ia separación. El Papado se encontraba en una posición falsa, insostenible. Sus tendenlios seculares babían provocado ei apartamiento que fué ocasión de tantas rebeldi;is y apostasías; pero Ia continuación en Ia misma linea y Ia insistente conUsión de intereses espirituales y temporales llevaron Ias cosas ai extremo. También ei cisma de Inglaterra depende de esta circunstancia. A pesar de RI declarada enemistad por Lutero y de su íntima unión con Ia Sede apostólica, • notable que Enrique Vlll amenace a Ia Santa Sede con innovaciones ecle•iticas, 46 ya en Ias primeras diferencias, en asuntes puramente políticos, que Rirgcn a comienzos dei ano 1525. Por ei momento se dejó todo a un lado y ei Wy se entendió con ei Papa en contra dei emperador, y cuando Clemente se •Kontraba sitiado en Sant-Angelo y abandonado de todo ei mundo, Enri|Ut- VIII hailó Ia manera de hacerle líegar un socorro. Por esta razón, Clemente •ttía acaso por él más afición que por ningún otro príncipe.47 Después salió I relucir ei asunto dei divorcio dei rey. No se puede negar que, todavia en ei HtV> 1528, ei Papa, si no le aseguró una solución favorable, se Ia liizo ver como ^ktflile "tan pronto como los alemanes y los espaüolcs sean expulsados de ItaHL",4" Ya sabemos que ocurrió todo Io contrario. Los impe-riales se afianzaron ^ H verdad y vimos como se entendió Clemente con ellos. En estas circunstanHlai tan diferentes no podia dar satisfacción a una esperanza que, por Io demás, B*> había sido más que ligeramente sugerida.49 Apenas celebrada Ia paz de

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16 Wolsey había escrito, de un modo amenazador, che ogni província doventarà Lufherana, • M esta que podemos considerar como Ia primera manifestacion de Ia separación de Roma dei • N t i estatal inglês ("S. Giberto ainiintii d'Inghilterra": Lettere di principi, i, p. 147). *T Contatini, Refatione di 1530. Io asegura explicitamente. También Soriano, cn 1533, diceí WÁ»t.!i.i S. Santità ama et era con/unetissimo prima. Declara rotundamente que Ia intención dei rey H 4 * Blvorciarsc era una paz/ia. IH lie los despachos dei doctor Knight de Orvicto, dei l" y 9 de enero de 1528; Herbert, Mlllr nf Henry VIII, p. 218. W Sc vc claramente toda Ia situación por los siguientes pasajes tomados de un escrito dei Bjjfctrliitio dei Papa, Sanga, d«\g\do a Campc^gi, Viterbo, 2 de septiembtc de 1528, momento en Hlli' había fracasaclo Ia empresa napolitana (exilo a) que se alude en h carta) y Campcggi tenía B Inlcnción de marcharse a Inglaterra: Come vostra Sign. Revma. sa, tenendosi N. Signore obíigaH|HIIIIII come Ia a qiiel Screnmo. re, nessuna cosa è si grande delia quale non desideri compiacerli. Mia Imogna ancora che sua Beatitudine, vedendo l'imperatore vittorioso e sperando in questa vittoria

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DSTRODUCCIÓN

Barcelona llegó ei proceso a Roma. La mujer de Ia cual se queria divorciar era tia dei emperador y un Papa anterior había declarado expresamente válido ei matrimônio. Tan pronto ei asunto entrara en Ia jurisdicción correspondiente de Ia cúria y habida cuenta dei influjo dei emperador, no se podia dudar de cuál iba a ser Ia sentencia. Así Ias cosas, Enrique VIII se encaminó, sin más, por Ia via en que antes había pensado. Se mantuvo tan católico como antes en Io fundamental, pero su asunto, que en Roma se enredo tan claramente con consideraciones políticas, desperto en él una oposición cada vez más viva contra ei poder temporal dei Papado. Cada paso que se daba en Roma en perjuicio suyo era contestado por él con una medida contra Ia cúria y se iba emancipando cada vez más de ella. Cuando en ei afio 1534 se pronuncio Ia sentencia definitiva, no Io penso mucho tiempo y declaro Ia separación completa de su reino y ei Papado. Los vínculos que ataban todavia a Ia Sede apostólica a Ias diversas Iglesias nacionales eran tan débiles ya, que bastaba Ia decisión de un príncipe para que su reino, se separara de aquélla. Estos acontecimientos llenan los últimos anos de Clemente VII. Le fueron tanto más amargos porque no estaba exento de culpa y sus desgracias revelaban una dolorosa conexión con sus cualidades personales. Las cosas se ensombrecían dia por dia. Francisco I amenazaba de nuevo con caer sobre Itália y afirmaba que había recibido Ia anuência verbal, ya que no escrita, dei Papa. El emperador, no aguantando más palabras demoradoras, urgia con Ia mayor energia Ia convocatória dei concilio. Se afiadieron desgracias familiares: luego de todos los esfuerzos que había costado ei sometimiento de Florencia, tuvo que ver ei Papa oómo sus dos sobrinos se disputaban ei senorío de Ia ciudad y se combatían acerbamente. Las preocupaciones, el temor a Io que había de venir —dolor y tortura secretos, dice Soriano— le llevaron ai sepulcro.50 Hemos dicho de León X que fué afortunado. Clemente, acaso mejor que él —por Io menos más libre de faltas, más activo y hasta jnás sagaz— fué, si consideramos todo el conjunto de su acción y,omisión, menos afortunado. Seguramente, el más fatal de todos los Papas que se ha# sentado en Ia Silla de Pedro, hizo frente a Ia superioridad de fuerzas enemigas, que le acosaban por todas partes, con una política vacilante, pendiente de Ias probabilidades dei momento, política que acabo por hundirle. Vió como se tornaban en todo Io contrario aquellos propósitos de crear un poder político independiente a que se entregaron sus antecesores más ilustres. Tuvo que contemplar como aquellos mismos a quienes queria arrebatar Itália aseguraban por siempre su domínio sobre ella. La separación de los protestantes fué ensanchándose ante sus ojos y todos los médios que empleó tuvieron el efecto contrario. A su muerte, Ia Sede
non trovarJo alieno delia pace —non si precipiti a dare aH'imperatore causa di nuova rottura, /a quaie Zeveria in perpeíuo ogni speranza di pace: oftre che ai certo metteria. S. Sà. a íaoco et a tota/e eccidio tutto ii suo stato. (Letfere di diversi autori Venetia, 1556, p. 39.) 50 Soriano: L'imperatore non cessava di sollecitar il concilio.—S. M. Clirístma. dimandò che da S. Sà. ii íussino osservate le promesse essendo ie condifioni postre ira /oro. Pcrc/o S. Sà. si pose a grandíssimo pensiero, e íu questo do/ore et a/fanno che Io condusse alia morte. II do/or fu aceresciuto da/ie pazzie dei Cardinal de Mediei, il quale allora piu che mai intendeva a rinuiitiare il capello per Ia concurrenza alie cose di Fiorenza.

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OOMPLICACIONES POLÍTICAS. LA RBFORMA

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npostólica quedo con ei prestigio disminuído y sin ninguna autoridad espiritual D temporal. Aquella Alemania dei Norte, que había sido tan importante para ei Pupado, cuya conversión en tiempos lejanos había ayudado a fundar ei poder ilc los Papas en Occidente, y cuya revuelta contra ei emperador Enrique IV le presto tan grandes servicios para ei establecimiento de Ia jerarquía, se había rebelado ahora contra él. Alemania ha prestado ei servicio imperecedero de haber restaurado ei cristianismo en Ia forma pura de los primeros siglos, de haber redfscubierto Ia verdadera religión. Con esta arma era invencible. Sus conviecioI|U's se abrieron paso entre los países vecinos. Llegaron a Escandinávia; contra [1B intención dei rey, pero ai amparo de Ias medidas tomadas por él, se extendieIfon por Inglaterra; en Suiza, con poças modificaciones, se labraron una exis•encia segura; penetraron en Francia, y hasta en Itália y en Ia misma Espana Encontramos huellas suyas en tiempos de Clemente. Se expanden cada vez más. I n estas convíceiones vive una fuerza que a todos arrebata. La lucha de los inIrcses espirituales y temporales en que se coloco ei Papado parece haber sido bpuesta para procurar a aquellas convieciones su perfecto senorío.

I E N Z O S DE R E G E N E R A C I Ó N EL C A T O L I C I S M O

EN

No es hoy cuando Ia opinión pública empieza a ejercer influencia en ei mundo: en tcdos los siglos de Ia Europa moderna ha representado una fuerza importante. Difícil adivinar de donde surge y como se forma. Tenemos que consideraria como ei producto peculiar de nuestra vida común, como Ia expresión más inmediata de los movimientos internos y de los câmbios de esa vida. Brota de fuentes ocultas y de ellas también se alimenta: sin necesidad de grandes razanes, mediante convencimientos arbitrários, se apodera de los espíritus. Solo en sus perfiles más amplies muestra una concordância consigo misma, mientras que, ai extenderse en infinitos círculos mayores y menores, es transformada de modo peculiar y diverso. Como se está enriqueciendo de nucvos conocimientos y experiências, como siempre se dan espírjtus independientes, que, si bien están influídos por ella, no se dejan arrebatar sencillamente por su comente, sino que reaccionan con energia, se halla çemprendida en un proceso de metamorfosis incesante: escurridiza, multiforme, es más una tendência dei momento que una doctrina fija. A menudo, no hace sino acompanar ei acontecimiento que Ia provoca, y se forma y se desenvuelve con él; en ocasiones, cuando se le enfrenta una voluntad inflexible de Ia que no puede hacerse duena, se encabrita con brio de violenta exigência. Hay que reconocer que, por Io general, posee un buen olfato para Io que es necesario y para Io que falta, pero, en Io que se refiere a Io que fuera menester pener en obra, es obvio que no puede tener clara conciencia por su propia naturaleza. Así ocurre que en ei curso dei tiempo con frecuencia se transforma en su contraria. Ha establecido ei Papado v ha contribuído a su liquidación. En los tiempos que estamos estudiando, alguna vez fué totalmente profana pero, por Io general, religiosa. Ya nos dimos cuenta de como se inclino hacia ei protestantismo en toda Europa y ahora vamos a ver como en una gran parte de ella se vistió de otros colores. Comencemos por mostrar como Ia doctrina protestante empezó haciendo brecha en Ia misma Itália.

ASOMOS DE PROTESTANTISMO EN ITÁLIA

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1) Asomos de protestantismo

en Itália

L»s sociedades literárias ejercieron en Itália un influjo incalculable, no solo tin su propio domínio sino también en ei desarrollo científico y artístico. Solían *gruparse unas veces alrededor de un príncipe, otras en torno a un sábio despi ido o ai amparo de un particular rico y aficionado a Ias letras y, en ocasiones, en libre aseciación de iguales. Las más valiosas son Ias que han surgido de Una manera espontânea y nada formal de las necesidades inmediatas. Seguitemos sus pasos con ei mayor gusto. Por ei mismo tiempo en que comenzaba ei movimiento protestante en Ale•Uinia aparecieron en Itália círculos literários de cierto tinte religioso. Así cemo bajo Ia égida de León X ei tono de Ia alta sociedad Io daba Ia itln y hasta Ia negación dei cristianismo, en los hombres mejor dotados, en los B crapapados de Ia educación dei siglo, se produjo, sin renunciat a esta eduión, un movimiento contrario. Nada tiene de extrano que se buscaran unos tros. El espíritu humano necesita Ia coincidência, o por Io menos Ia desea, si se trata de convkciones religiosas, cuyo fundamento es un profundo limicnto de comunidad, entonces esa necesidad se hace incontenible. Ya cn tiempos de León X se nos habla de un oratório dei amer divino, mdado por unos cuantos varones eminentes en Roma, para Ia edificación en •nún. En ei Transtèvere, en Ia iglesia de San Silvestre y Dorotea, no lejos |1 lugar donde se creía había habitado ei apóstol Pedro y habían tenido lugar | l primeras ccngrcgáciones de cristianos, solían reunirse aquellos varones para tir Ia misa v cl sermón y practicar ejercicios espirituales. Eran unos cincuenta •rsenta. Se encontraban entre eHos Contarini, Sadolet, Giberto, Caraffa, que fiiiron todos a cardcnales, Gaetano da Thiene, que ha sido canonizado, LippoiBno, escritor religioso de gran fama e influencia y ctros hombres famosos. El (troco de aquella iglesia, Julian Bathi, servia de centro de Ia reunión. 1 A pesar dei lugar de reunión, no hay que imaginarse que Ia dirección de c movimiento fuera muy opuesta ai protestantismo, por cl contrario, en cierto Utido le era similar. Cuando menos, su propósito era ei de hacer frente a ia etidencia general de Ia Iglesia mediante Ia renovación de Ia doctrina y de punto de donde habían arrancado también Lutero y Melanchton. Se ipcnía de gentes que después tuvieron opiniones muy varias pero que por tonces coincidían en un mismo propósito.' Pcro pronto se anuncian tendências más determinadas y diversas. Una parte de Ia sociedad romana Ia encontramos, luego de algunos anos, Venccia.
i Ho tomado esta infnrmacion de Caracciolo. Vita di Paolo IV. MS. Oncí poclii hnnmini I lidic cd cruditi prclati che çrano in Roma in que/ (empo di Leone X, vedendo Ja città di Roma k l t o ií resto d'/taíia, dove per Ia vicinanza alia sede apostólica doveva piu /iorire 1'osservanza euere cosi maltrattato ií culto dii ino —si unirono in un'oratorio chiamafo dei divino amore Manta di loro per /are quivi quasi in una torre ogni s/orzo per giiardare le divine leggi. ílo, Vita Ca/etani Thienaei (AA. SS. ed. n) c. i, 7-10, repite Io mismo, y aun Io desarrolla to aqui no cucnla sino cincuenta miembros. La Historia clcricornm rcgularium vulgo Theatiilc (oscph Silos Io corrobora cn varias ocasiones: pasajes reproducidos cn cl "Comentarius " a Ia Vita Ca/ctani.

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COMIENZOS DE REGENERAClÓN

Roma había sido saqueada, Florencia conquistada, Milán era ei escenario perpetuo de bélicas tropas y, en esta ruina general, solo Venecia se había mantenido incontaminada de extranjeros y de soldados y sirvió de asilo común. Allí se encontraron los dispersados intelectuales romanos, los patriotas florentinos, expulsados para siempre de su pátria. En estos últimos se manifesto —como nos informan ei historiador Nardi y ei traductor de Ia Biblia Bruccioli— un fuerte movimiento religioso en ei que no poça parte correspondia ai influjo de Ias ensefianzas de Savonarola. Otros refugiados, como Reginald Poole, que había abandonado Inglaterra para sustraerse a Ias innovaciones de Enrique VIII, tomaron también parte en ese movimiento. En sus huéspedes venecianos encontraron una benévola acogida. En Ias reuniones celebradas en Ia casa de Pedro Bembo en Padua Ias discusiones se referían mayormente a matérias doctas, ai latín ciceroniano. Los temas tratados eran más hondos en casa dei erudito Gregorio Cortese, abad de San Giorgio Maggiore en Venecia. En los jardines de San Giorgio coloca Brucelli algunos de sus diálogos. No lejos de Treviso tenía Luigi Priuli su villa, de nombre Treville.2 Es uno de esos caracteres venecianos finamente cultivados, que hoy todavia tropezamos, Iíeno de serena simpatia por los sentimientos generosos y capaz de una amistad desinteresada. Aqui Ia ocupación constante eran los estúdios y los diálogos en matéria religiosa. Encontramos ai benedictino Marco de Padua, varón de gran piedad, con seguridad ei padre espiritual de Poole. Podríamos considerar como jefe de grupo a Gaspar Contarini, de quien nos dice Poole que nada le era desconocido de Io que ei espíritu humano descubre por indagación o Io que Ia gracia divina le comunica y que, además, estaba ornado de todas Ias virtudes. Si queremos saber cuál era Ia idea fundamental que a estos hombres aunaba, nos encontramos con Ia doctrina de Ia justificación, Ia misma que con Lutero dió toda su fuerza ai movimiento protestante. Contarini escribió un tratado sobre Ia cuestión, que Poole no sabe como ensalzar. "Tú h^s sacado a relucir —le dice— esa piedra preciosa que Ia Iglesia tenía escondida." Y ei mismo Poole nos dice que ei tratado, en su sentido más profundo, no ensefiaba más que esta docrina; Io alaba por haber sacado a luz esta "verdad santa, fecunda, imprescindible".3 Al círculo de amigos que le rodeaba pertenece M. A. Flaminio. Vivió durante cierto tiempo con Poole, y Contarini quiso llevárselo a Alemania. Véase con qué resolución predicaba aquella doctrina. "El Evangelio —nos dice en una de sus cartas4— no es otra cosa que Ia feliz nueva de que ei hijo encarnado de Dios, vestido de nuestra carne, ha dado satisfacción por nosotros a Ia justicia dei Padre Eterno. Quien en esto cree va ai reino de Dios, disfruta de Ia remisión de sus pecados y de criatura carnal se convierte en espiritual, y de hijo de Ia cólera en hijo de Ia gracia. Vive en Ia dulce paz de Ia certeza." Apenas podia expresarse uno en términos más ortodoxamente luteranos.
2 Epistolae ReginaJdi Poli, ed. Quirini, t. n. Diatriba ad epístolas Schelhornii CLXXXIII. 3 Epistofae Poli, t. m, p. 57. * "A Theodorina Sauli, 12 de Febrero de 1542". Lettere vo/gari (Raccolta dei Manuzio) Vinegia 1553, a, 43.

ASOMOS DE PROTESTANTISMO EN ITÁLIA

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Esta creencia se propago como una tendência literária sobre una gran parte de Itália.5 Es notable observar como de pronto Ia disputa en torno a una opinión, ue hasta entonces solo en ocasiones fué discutida en Ias escuelas, se apodera e un siglo y Io llena, reclamando Ia preocupación de todos los espíritus. En fl siglo xvi Ia doctrina de Ia justificación provoca los mayores movimientos, Ias más agudas disensiones y Ias más patentes transformaciones. Para compensar Ia mundanización de. Ia institución religiosa, que casi había perdido por completo Ia relación inmediata dei hombre con Dios, se tenía que apoderar de los espíritus esta cuestión trascendental, que encierra ei mistério más profundo de •quella relación. Hasta en Ia misma Nápoles, divertida y alegre, Ia doctrina se extendió llcvada por un espanol, Juan de Valdés, secretario dei Virrey. Por desgracia ic han perdido los escritos de Valdés, pero conservamos un testimonio muy cierto de Io que le achacaban sus enemigos. Hacia ei ano 1540 comenzó a circular un librito Del beneficio de Cristo que, según Ia noticia que nos da Ia Inquisición, "se ocupaba de manera halagadora de Ia justificación, aminoraba ja importância de obras y méritos, Io atribuía todo a Ia fe y, como este era preci(lamente ei punto que chocaba a muchos prelados y frailes, se extendió mucho". Se ha preguntado muchas veces por ei autor de este opúsculo. La noticia inquiliiorial Io senala circunstancialmente. "Era un fraile de San Severino, un discípulo de Valdés, y Flaminio Io reviso."6 Así, pues, se atribuye ei libro a un discípulo y a uh amigo de Valdés; tuvo un êxito extraordinário e hizo popular durante cierto tiempo Ia doctrina de Ia justificación en Itália. La ten(dencia de Valdés no era exclusivamente teológica, Io que es natural si tenemos eu cuenta que ejercía un importante cargo público; no fundo secta alguna y su libro surgió de una ocupación liberal con ei tema dei cristianismo. Con alegria

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B Entre otros, ei escrito de Sadolet a Contarini (Epistolae Sadoleti, libro ix, p. 365) sobre Uu comentário a Ia epístola a los romanos, es particularmente interesante: in quibus comentariis, di< r Sadolet, mortis et crucis Christi mysterium totum aperire atque illustrare sum conatus. Pero Contarini no quedo completamente satisfecho con este comentário, ni tampoco era absolutamente dr Ia misma opinión. Sin embargo, promete incorporar a Ia nueva cdición una explicación inequí«iii .i sobre cl pecado original y Ia gracia: de hoc ipso morbo naturae nostrae et de reparatione Llllutrii nostri a spiritu sancto racta. * Schclhom, Gerdesius, incluso Tiraboschi, y otros más atribuyeron este libro a Aonius falcarius, cl cual dijo en un discurso ante ei Senado de Siena, en 1542: Bx Ciisti morte quanta fwiimoda lint allata humano generi cum hoc anno Tüsce scripissem etc. El compêndio de los inMiusiclores <mc encontre en Ia Vita di Paolo IV, MS, de Caracciolo, Io expresa dei modo siguiente: [õiirl libro dei beneficio di Christo, íu il suo autore un monaco di Sanseverino in Napoíi discepolo •fl Va/des, fu revisore di detto libro il Flaminio, íu stampafo molte volte ma particoíarmente a BodeiM de mandato Moroní, ingannò rnolti, perche trattava delia giustiíicatione con do/ce modo Ria hcrcticamentc. Aqui se trata de un buen testimonio que se halla en contradicción con otro tesllnnmio. Peio ya que Ias palabras de Pairará» no designan aquel libro de tal modo que no pueda Hmdindirse con otro de título y contenido parecidos, y ya que Palearius dice que en aquel mismo IO" se ocupo de él, mientras que ei compêndio de los inquisidores se expresa de un modo incquí| tom y afiade: quel libro íu da rnolti approbato, solo in Verona fu conosciuto e reprobato, dopo BtftJ anni fu posto nelfindice, me vi obligado a considerar como errônea Ia opinión de aquellos [tniilitos, y aeí tener que seguir Ia información de los inquisidores. No puedo negar, sin embargo, •iir cllos también han podido equivocarse. El libro se ha buscado en vano en su lengua original, ei _Kliino, pero ha sido traducido ai francês, y dei francês, en los afios setentas dei siglo xvi, ai inglês. | | i l i última traducción: The benefit of Chrisfs death se ha vuelto a encontrar en Ia cdición de

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COMUENZOS DE RECENERAClÓN

pensaban sus amigos en aquellos hermosos dias que habían gozado con él en ei Chiaja y en ei Pcsüippo, allí, cerca de Nápoles "donde Ia naturaleza se complace y sonríe en su magnificência". Valdés era un caracter dulce y afable, con nervio espiritual. "Una parte de su alma —decían de él sus amigos— bastaba para animar su débil y magro cuerpo; y Ia mayor parte de ella, aquella su inteligência límpida, Ia empleaba siempre en Ia contemplación de Ia verdad." Gozo de extraordinária influencia entre Ia nobleza y los doctos de Nápoles y también Ias mujeres participaron vivamente en este movimiento religioso y espiritual. Nos enccntramos también con Vittoria Colonna. A Ia mucrte de su esposo Pescara se entrego por completo ai estúdio. En sus poesias Io mismo que en sus cartas encontramos una moral autêntica, una religión sincera. Cuán bellamente consuela a una amiga sobre Ia muerte de su hermano, "cuyo espíritu apacible encontro Ia verdadera paz eterna: no tiene que lamentarse, pues ahora puede hablar con él sin que su ausência, como otras veces, le impida ser escuchada poi él".7 Poole y Contarini se encontraban entre sus amigos de confianza. No puedo creer que se sometiera a Ia práctica de ejercicios espirituales de estilo monacal. Con ingenuidad nos dice de ella Aretino: "Su idea no es que Io importante consista en no abrir los lábios, en cerrar los ojos y en vestir ropas ásperas, sino en Ia pureza dei alma." También Ia casa de los Colonna, propiamente Ia casa de Vespasiano, duque de Palliano, y de su esposa Julia Gonzaga, que pasaba por ser Ia mujer más bella de Itália, simpatizaba con este movimiento. Un libro de Valdés estaba dedicado a Julia. Pero también en Ia clase media Ia doctrina tuvo gran resonancia. La noticia de Ia Inquisición se nos antoja un peco exagerada, cuando nos dice que se adherían a aquélla três mil maestros de escuela. Pero, aun rebajando, jcuán grande no debió ser su influencia sobre Ia juventud y ei puçblo! Y no debió ser menor Ia aceptación que obtuso en Módena. El obispo Morone, muy amigo de Poole y Contarini, estaba a su favor/per su recomendación expresa se imprimió ei librito Del beneficio de Cristo y fué repartido en numerosos ejemplares. Su capellán, don Girolamo da Módena, era ei presidente de una academia en que prevalecían los mismos princípios.8 ' De tiempo en tiempo se ha solido hablar de los protestantes en Itália y hemos citado algunos nombres que suelcn aparecer en esta circunstancia. Ciertamente que en estes hombres habían echado raieis algunas de Ias opiniones que llegaron a imperar en Alemania. Trataban de fundar su doctrina en ei testimonio de Ia Escritura y en Ia euestión de Ia justificación andaban muy cerca
1638 y fui reimpresa hacc unos anos por Ia Rc/igious tracts Socicty. Pero no ha sido decidida Ia euestión liligiosa sobre su autor, tnquirc not oi lhe aiithor, reza ei prefacio, lie is unknown. Lo mismo que entonces, también ahora se destino ei librito a Ia cdificación imncdiata. 1 Letlcte rolgari, i, 92. Letterc di divc/si autoii, p. 604. Sobre todo Ia priwcra cs una colección muy útil. 8 En Schclhorn, Amoeniratr. liíerar, t. xn, p. 564, se hallan reproducidos los articu/i contra Moronum, editados por Vcrgerio cn ei ano 1558, en los que tampoco faltan aqucllas acusaciones. He tomado Ia información más exacta dei compêndio de los inquisidores.

A S O M O S DE P R O T E S T A N T I S M O E N

ITÁLIA

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«Ir Ia concepción luterana. Pero no podemos decir que sostuvieran esta conceplión en todos los dcmás campos, porque ei sentimiento de unidad de Ia Iglesia cru demasiado profundo, tenían muy metida en su alma Ia veneración por ei l-Papado y muchos usos católicos coincidían demasiado ccn Ia manera de ser jwiional para poder apartarse de eJJos facilmente. Flaminio concibió una explicación de los salmos cuyo contenido dogmátiI co ha sido aprobado por escritores protestantes, pero también este autor se traiIclona en Ia dedicatória, en Ia que denomina ai Papa "guardián y príncipe de Ioda santidad, lugarteniente de Dios en Ia tierra". Giovan Battista Folengo atribuye Ia justificación unicamente a Ia gracia y hasta habla dei provecho de los pecados, Io que no está muy lejos dei efecto Hpcivo atribuible a Ias buenas obras. Con vehemencia disputa contra Ia coniian/a cn los ayunos, frecuentes oraciones. misa y confesión, y hasta en ei iiuicrdocio mismo, en Ia tonsura y mitra. 0 Sin embargo, murió tranqüilamente • los sesenta anos de cdad en ei mismo convento de benedictinos en que había fcgrcsado a los dieciséis.10 Cosa no muv diferente ocune con Bernaròino Ochino. Scgún sus palabras, lesde un principio fué su profundo anhelo "llcgar ai paraíso que se gana por U gracia de Dios", lo que lc llevó a ingresar en Ia orden franciscana. Su ceio |ra tan fucrte que pronto se entrego a Ias rigurosas disciplinas de los capuchiEn ei capítulo terecro, y luego en ei cuarto de esta orden, fué elegido li In i.il, cargo que ejerció a satisfacción de los padres y hermanos. Sicndo su uda tan rigurosa —ibà siempre dcscalzo, dormia sobre los hábitos, nunca behió Mim, aconsejaba ei voto de Ia pobreza como ei médio mejor de alcanzar Ia perhii'ión— se fué convenciendo cada vez más dei principio de justificación por gracia, principio que propago con vehemencia en ei confesonario y en ei lÚlpito. "Le abri mi corazón —dice Bembo— como lo haría delantc de Cristo M iiií como si nunca hubicra estado cn presencia de un hombre más santo." A ||l sermones afluían de otras ciudades, Ias iglcsias resultaban pequenas y Bpdos, sábios e ignorantes, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. se aplacaban • p n sus palabras. Su hábito áspero, su larga barba que lc llcgaba hasta ei p?cho, H M cabellcs grises, su pálido rostro enjuto y Ia debilidad producida por sus ayuk i i . olislinados le daban figura de santo. 11 j Pero hubo una íínca dentro dei catolicismo que no fuc alcanzada por Ias Hiicvas opiniones. En Itália no se cntabló Ia lucha con cl sacerdócio ni cl moBpcato y se estaba muy lejos de atacar ei primado dei Papa. Per ejemplo, jcómo • l i Poole podría llcgar a tal punto si precisamente había huido de Inglaterra T | l i i "<) verse obligado a venerar en ei rey ai jefe de Ia Iglesia inglesa? Con Itloncl Vida, discípulo de Vergcrio, opinaban que "en Ia Iglesia cristiana cada |n<> tienc su oficio: cl obispo Ia cura de almas de sus diocesanos, a quienes rte que guardar dcl mundo y dcl demônio; ei metropolitano tienc que cuidar

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• Ad Psaím. 67, f. 246. Se encuentia un cxlracto de estas cxplicacioncs cn Ccrdcsíus, flaí/a ItiBla, pp. 257-261. i' Thiuini /fistorâe ad a. 1559. i. 473.
1 Bovcrio, Annaíi di /rali minori Cjpuccini, i, 375. Craliani, Vfc de Cnnimeiidone. p. 143.

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que los obispos cumplan con ei deber de residência y los metropolitanos, a su vez, están sometidos al Papa, a quien se encomienda ei gobierno general de ia Iglesia, que deberá realizar con santo espiritu. Cada cual debe administrar su oficio".12 Estos hombres consideraban Ia separación de Ia Iglesia como ei mayor mal. Isidoro Clario, varón que mejoró Ia Vulgata con ayuda de otros trabajos protestantes y Ia acompanó de un prólogo que fué sometido al expurgo, advertia a los protestantes en un escrito especial que se apartaran de tal proceder. "Ninguna corrupción puede ser tan grande que pueda justificar Ia separación de Ia sociedad santa. ^No seria mejor restaurar Io que se tiene en lugar de confiarse por traer cosas nuevas con ensayos inciertos? Hay que pensar tan solo en Ia manera de mejorar Ia vieja institución y depuraria de sus defectos." En ei mismo sentido opinaban también muchos de los partidários italianos de Ias nuevas doctrinas. Así, Antônio dei Pagliarici, de Siena, que pasó por ser ei autor dei libro Del beneficio de Cristo, Camesecchi, de Florencia, que fué considerado como su partidário y propagandista, Giovan Battista Rotto, de Bolonia, que contaba entre sus protectores a Morone, Poole y Vittoria Colonna, que encontro médios para auxiliar con dinero a los partidários más pobres, Fray Antônio de Volterra y, en casi todas Ias ciudades, algún hombre importante. 18 Se trataba de una opinión resueltamente religiosa, pero eclesiásticamente moderada, que abarco al país entero y Io agito en todos sus círculos. 2 ) Intento de una reforma interior y de una con los protestantes reconciliación

Se atribuye a Poole Ia declaración de que ei hombre tiene que darse por contento con Ia convicción interior, sin preocuparse demasiado de si en Ia Iglesia se dan errores y abusos. 14 Pero ei primer intento de reforma surgió precisamente dei lado en que él estaba. Acaso ei hecho más famoso de Paulo III, í o n ei que marco su subida al solio pontifício, fué que nombró cardenales a unos cuántos varones eminentes sin otra consideración que su mérito personal. Comenzó con ei veneciano Contarini y parece que este hizo Ia propuesta de los restantes. Eran hombres de costumbres intachables, con fama de sábios y piadosos, conocedores de Ias necesidades de cada país: Caraffa, que residió mucho tiempo en Espafía y en los Países Bajos; Sadolet, obispo de Carpentras en Francia; Poole, fugitivo de Inglaterra; Giberto, que luego de haber participado en Ia dirección de los asuntos generales, administro en forma ejemplar ei obispado de Verona; Fede12 "Ottonello Vida Dot. al Vescovo Vergerio"; Lettere vo/gari, i, 80. 18 Nuestra fuente sobre esto ha sido ei extracto dei compêndio de los inquisidores: Bologna, reza este, fu en molti perico/i, perche vi furoní heretící princípa/í, ira quaJi fu un Cio Ba. Rotto, il quaíe haveva amicizia et appoggio di persone potenrissime, come di Morone, Polo, Marchesa dl Pescara, e raccogiieva danari a tutto suo pofere e gli comparativa tra gii herefici oceulti e poveri che stavano in Bo/ogna, ab/urò poi nel/e mam dei padre Sa/merone (dei jesuíta) per ordine de) legato di Bologna. (Compend. foi. 9, c. 94). Y así pasa revista a todas Ias ciudades. 1* Pasaje de Atanagi, en M'Cric, Re/ormation in italien, p. 172 de Ia trad. alemana.

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ligo Fregoso, arzobispo de Salerno; casi todos, como vemos, miembros dei oratório dei amor divino, y vários orientados por aquella tendência religiosa que propendia ai protestantismo. 15 Estos fueron los cardenales que prepararon un proyecto de reforma eclesiástica por orden dei Papa. Fué conocido por los protestantes, que más bien Io tomaron a mofa. En efecto, ellos habían ido un poço más lejos, pero no se bucde negar que para Ia Iglesia católica revestia una importância extraordinária |uc desde Roma misma se atacara ei mal que un Papa achacaba a otros, como I ilicc en ei preâmbulo: "que con frecuencia escogieron servidores no para (prender de ellos cuál era su deber, sino para que les declararan lícito Io que ecían", y que semejante abuso dei supremo poder se consideraba como Ia Mente más abundante de perdición. 18 Pero no paro aqui Ia cosa. Se conservan unos opúsculos de Gaspar Contarini en que combate encarnizadamente sobre o aquellos abusos que aportaban ganâncias a Ia cúria. El uso de Ias comiciones, es decir, Ia concesión de gracias espirituales mediante dinero, Io Iara simoníaco y digno de ser considerado como una espécie de herejía. Se sideró improcedente que se hicieran reproches a Papas anteriores. "^Por qué hemos de preocupar tanto dei nombre de três o cuatro Papas y no más bien mejorar Io que está corrompido, y ganarnos así buena fama? Seria demasiado ir que se defendieran todos los actos de todos los Papas." Ataca vigorosantc ei abuso de Ias dispensas. Considera idolátrico afirmar, como solía hacer(|ue cl Papa no debe seguir ocra norma que su voJuntad en ei establecimiento en Ia derogación dei derecho positivo. Vale Ia pena que le escuchemos en este nio. "La Ley de Cristo es una ley de libertad y prohibe esa tan grosera servímbre que los luteranos han comparado a Ia cautividad de Babilônia con murazón. ^Pero es que puede llamarse propiamente gobierno aquel cuya regia In voluntad de un hombre, voluntad que por naturaleza es propensa ai mal y ivida de infinitas pasiones? jNo, todo dominio es un domínio de Ia razón! fin es asegurar Ia felicidad de aquellos que le están sometidos, ofreciéndole médios adecuados para sus fines. También Ia autoridad dei Papa es un donio de ia razón: Dios 5a ba atribuído a San Pedro y sus sucesores para que duzean a Ia vida eterna a los rebanos confiados a su cuidado. U n Papa debe r que ejerce ese dominio sobre hombres libres, y no tiene que mandar, hibir o dispensar a su libre arbítrio, sino según Ia regia de Ia razón, de los «ndamientos divinos y dei amor: una regia que todo Io refiere a Dios y ai •jor bien común. Porque no es Ia arbitrariedad Ia que establece Ias leyes itivas. Estas se dan cuando se acomodan ei derecho natural y los mandarmos divinos a Ias circunstancias y solo a tenor de estas normas y Ias exigenR inexcusables de Ias cosas pueden ser modificadas." "Su Santidad —exclama tiy,icndose a Paulo III— se cuide de no apartarse de esta regia. No te orientes
I» Vita Reginaldi Poli, cn Ia edición de Ias cartas de este por Quirini, t. I, p. 12. "Florebclli ft Vita Jacobi Sadoleti commcntarius", en Epp. Sadofeti CoJ. 1590, vol. 3. l6 Sc trata dcl Consilium delecrorum Cardinal/uin et aliorum prae/atorum de emendanda Jciiu, ai que ya aludimos. Firmado por Contarini, Caraffa, Sadolct, Poolc, Fregoso, Giberto, llc»c y Alcander.

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a Ia impotência de Ia voluntad, que escoge ei mal, ni a 1 sirve ai pecado. Entonces serás poderoso y libre, y de csa manera se hallará contenida en tu vida Ia república cristiana." " Como vemos, es un intento de establecer un Papado racional, tanto más notable cuanto que parte de Ia misma doctrina sobre Ia justificación y Ia voluntad libre que sirve de base a Ia separación protestante. No es que Io sospechemos por tratarse de Contarini, sino que Io dice expresamente. Declara que ei hombre se inclina ai mal y esto procede de Ia impotência de Ia voluntad, que, ai orientarse ai mal, se halla comprendida más cn pasión que en acción, y solo se liberta por Ia gracia de Cristo. Reconoce así ei poder papal, pero reclama de él que se oriente hacia Dios y ei bien general. Contarini prcscntó sus escritos ai Papa. En noviembre de 1538, en un sereno dia, marcho con él a Ostia. "En ei camino —escribe a Pocle— nuestro buen viejo me tomo a un lado y habló conmigo a solas sobre Ia reforma de Ias composiciones. Me dijo que tenía ei opúsculo escrito por mi y que Io habia leído por Ia manana. Yo había perdido todas Ias esperanzas, pero ha hablado conmigo tan cristianamente que me naccn nuevas de que Dios hará algo grande y no dejará que Ias puertas dei Infierno prevalezcan sobre su espíritu." , 8 Es fácil comprender que Ia empresa más difícil que se podia afrontar era Ia de una honda corrección de los abusos, ya que había de afectar tantos derechos y privilégios personales y tantas viejas costumbres. Pero ei Papa Paulo parecia cada vez más resuelto. Así, nombró comisiones para Ia puesta en práctica de Ia reforma 1U de Ia Câmara, dei tribunal de Ia Rota, de Ia Cancillería y de Ia Penitenciaria; y llamó de nucvo a Giberto. Aparecieron bulas de sentido reformador; se hicicron preparativos para un concilio general, tan temido y esquivado por ei Papa Clemente, y contra ei que Paulo 111 tenía también motivos de caracter privado. iQuc ocurriría si Ias reformas tuvieran lugar, se renovada Ia corte romana, se cortaran los abusos y ei mismo dogma del^que partió Lutero sirviera de principio a una renovación de Ia vida y Ia doctrina? iNo/scría posible entonces una reconciliación? Porque hay que tener en cuenta que los protestantes se fucron apartando de Ia unidad de Ia Iglcsia solo poço a poço y con renuencia. Muchas cosas parecicron posibles y no poços tenían puesta su esperan/.a en Ias conversaciones religiosas. El Papa no podia consentir en ellas, desde ei punto de vista teórico, ya que se trataba de resolver cuestiones de religión, en Ias que pretendia cl conocimiento supremo, y que no se rcsolverían sin ingerência dei poder secular. £ bien es verdad que se resistió, acabo por ceder y envio sus delegados.
17 C. Contarini Cardinalis ad Paulum III P. M. de polcstate pontificis in compositionibus' Imprcso por Roccabcrti, Bibliolhcca Pontifícia Máxima, t. xm. En mis manos se encuentra además un Tr.ictatus c/c compositionibus datarii Revmi. D. Casparis Contarem', 1556, que no lie podido encontrar imprcso cn ninguna parte. 18 "Gaspar C. Contarcnus Rcginaldo C. Polo. Ex ostiis Tibcrinis XI Nov. 1538". (Epp. Poii ii, 142). l» "Acta consistorialia" (6 de agosto de 1540) cn Rainaldus, AnnaJes ecc/esiastici, t. xxi p. 146.

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Procedió con mucha cautela, escogiendo siempre gente moderada, gente que estuvo en sospecha de protestantismo en ocasiones posteriores. Además, Ia [instruyó razonablemente en cuanto a su condueta política. Así, por ejemplo, cuando en ei ano 1536 envio a Alemania a Morone, ttxlavía joven, no olvido de recomendarle "que no hiciera deudas, que parará rn Ias posadas senaladas, que se vistiera sin lujo y sin pobreza y que visitara l IHN iglesias, pero sin ninguna afectación hipócrita". Tenía que personificar Ia •iforma romana, de Ia que se hablaba tanto: se le recomendaba una dignidad pnoderada por Ia serenidad. 20 En ei ano 1540 ei obispo de Viena dió un paso [•xlrcmo. Pretendia que se propusiera a los neocreyentes los artículos de Lutero de Melanchton declarados heréticos y que, sin más, se les preguntara si estain dispuestos a renegar de ellos. En modo alguno ei Papa hizo ninguna indición en tal sentido a su núncio. "Antes se dejaría matar, según tememos —deque abdicar de esa suerte," 21 No quiere sino ver un rayo de esperanza cn cuanto aparezea, mandará una fórmula no vejatoria que ha sido redactada i por varones prudentes y dignos. "jSi estuviéramos ya en ese momento, apenas tendríamos que esperar!" Nunca los dos grupos estuvieron más cerca que en Ias conversaciones de Itisbona dei afio 1541. Las circunstancias políticas eran excepcionalmente apicias. El emperador, que queria servirse de las fuerzas dei Império en una jlcrra contra los turcos o contra Francia, apenas deseaba otra cesa. Escogió entre teólogos católicos a los varones más moderados y sensatos, Gropper y Júlio flug. Por otra parte, ei landgrave Felipe se hallaba en buenas relaciones con •tlstria y confiaba en recibir ei mando supremo en Ia guerra que se preparaba. II emperador contemplo con alegria y admiración su entrada en Ratisbona, íntado en un soberbio potro. Por ei lado protestante se presentaron ei pacífico Jtyer y ei flexible Melanchton. Ya Ia elección de los legados por ei Papa nos muestra en qué grado deseael êxito de las negociaciones; entre ellos se encuentra Gaspar Contarini, tan ^mprometido en Ia nueva dirección que había ganado a Itália y quien había •hajado en Ia redacción dei proyecto de reforma general. Ahora Io vemos en momento propicio y en un puesto todavia más importante, en médio de dos inienes y partidos que se dividen ei mundo, con Ia misión y esperanza de conInrlos. Puesto este que nos autoriza, si es que no nos obliga, a considerar más i • |' n io su personalidad. Mcsser Gaspar Contarini, ei hijo mayor de una família noble de Venecia kir traficaba con Levante, se había dedicado a los estúdios de filosofia. No deja I lencr interés ver como los emprendió. Decidió dedicar três horas ai dia a ns estúdios, ni un minuto más ni uno menos, y siempre comenzaba con un M» y estudiaba cada disciplina hasta ei final, sin jamás saltar de una a otra. 22
I» ínstruetio pro causa fidei et conci/ii data episcopo Mutinac 24. Oct. 1536 MS. II Instrticriones pro Revmo. D. cp. Mutincnsi apostólico núncio inter/uturo convenfui GerIIIIII Spirae 12. Ma/i 1540 celebrando.- "Tiniendum est atque adeo ccrlo scicndiim, isfa quac iii ilicu/is pie et prudenter conlinentur non solum íretos silvo conduclu esse eos tecusafuros, II cliain ubi inors praesens immineret, illam potius praeelecluros". « Joannis Casac Vita G. Contarini": en /o. Casac Moniincntis latinis. cd. Hal. 1708, p. 88.

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N o se dejó embaucar por Ias sutilezas de los intérpretes de Aristóteles, y le parecia que nada había más agudo que Ia falsedad. Mostro ei más claro talento y, todavia, mayor solidez. N o se preocupaba mucho por ei ornato de Ia frase y se expresaba con sencillez y justeza. Se desarrolló gradualmente con el mismo orden sencillo con que Ia naturaleza trae una estación trás otra. Cuando en su juventud fué acogido en el consejo de los Pregadi, que era el senado de su ciudad, no osó hablar durante mucho tiempo; hubiera querido j tener algo que decir, pero no encontraba fuerzas, hasta que se decidió por fin I una vez y habló no muy graciosamente ni con demasiado ingenio, ni tampoco | con pasión y viveza, pero de manera tan sencilla y sólida que se ganó Ia consideración de todos. Le habían tocado tiempos muy movidos. Vió como su pátria perdia sus dominios y ayudó a recuperados. Cuando Carlos V hizo su primera entrada en Alemania, fué enviado como embajador y se dió cuenta de los comienzos de Ia j escisión eclesiástica. Acompanó ai emperador a Espafia cuando Ia nao Victoria ] volvia de dar Ia vuelta ai mundo; 2 3 que yo sepa, fué el primero en resolver el I mistério de que el barco llcgara un dia más tarde de Io que marcaba su libro ] de bitácora. Intervino para conciliar ai Papa —ai que fué enviado después de I ia conquista de Roma— con el emperador. Testimonios luminosos de sus ob- ] servacioncs penetrantes sobre el mundo y de su razonable amor pátrio los en- ] contramos en el librito sobre Ia constitución de Venecia —una obrita muy I bien informada y concebida— y en Ias "relaciones" autografas de sus embajadas 1 que encontramos desparramadas aqui y allá.24 En el ano 1535, un domingo en que se hallaba reunido el Gran Consejo I y Contarini —que entretanto había ido ocupando los más importantes cargos— I se sentaba ante Ias urnas electorales, llegó Ia noticia de que el Papa Paulo, a I quien no conocía y con el que no mantcnía ninguna relación, Ife había nombrado j cardenal. Todos se apresuraron a felicitar ai soqírendido Contarini, que no Io I queria creer. Aluise Mocénigo, que hasta entonces hat>ía sido su adversário I en los negócios públicos, proclamo que Ia República perdia su mejor c i u - 1 dadano.- 5 Esta feliz nueva, tan honrosa, ofrecía, sin embargo, para él otro aspecto I menos agradablc. ^Tendría que abandonar su libre pátria, que le había distin- I guido con los honores máximos y que le permitia un campo de acción donde I poder alternar con los jefes dei Estado, para ponerse ai servido de un Papa I apasionado y no limitado por ninguna ley? ^Habría de abandonar su República, 1 cuyas costumbres se acomodaban tan bien a Ias suyas, para competir en el lujo J y el esplendor de Ia corte romana? Fué Ia consideración dei ejemplo que el 1
23 Bcccatcllo, "Vita dcl C. Contarini" (Epp. Poli, ni), p. cm. También existe una edición t especial, peto esta ha sido tomada de Ia colección de cartas y cuenta el mismo número de páginas. J 2J La primera (relación) cs de 1525, Ia otra de 1530. Sobre todo aquélla tiene gran impor-j tancia para Ia primera época de Carlos V. No lie podido descubrir rastro de cila ni en Viena ni en I Venecia. Kn Roma descubrí un cjcmplar, v nunca hc vuclto a ver otro. 25 D.inicl Bárbaro a Doincnico Venjcjo; Lellcie volgaii, i, 3.

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, mcnosprecio de una dignidad tan alta significaba en tan difíciles tiempos, Io que B movió a aceptar' ei nombramiento. 26 Todo ei ceio que hasta entonces había dedicado a su pátria Io volcó ahora rii los negócios generales de Ia Iglesia. A menudo tuvo enfrente a los cardeMalcs, que encontraban extrano que un recién llegado, un veneciano, tratara I reformar Ia corte romana, y también tuvo en contra ai Papa en ocasiones. B n n vez se opuso ai nombramiento de un cardenal. "Ya sabemos —dijo ei B i p a — como se navega en estas águas: no les gusta a los cardenales que otra • m i n a sea elevada a Ia misma dignidad." Herido, repuso Contarini: "No creo Bu*' ei capelo cardenalicio constituya mi mavor honor". Un este momento se nos manifiesta también en Ia dignidad y modetación • su ânimo con ei rigor, sencillez y energia de siempre. La naturaleza no priva ni ai organismo más sencillo dei adorno de su eslendor, de ia flor de su apogeo, en Ia que aiienta y se comunica su existen, Un los hombres es ei sentir producto de todas Ias fuerzas superiores de su u y a él debe su conducta moral y, su figura, Ia expresión con que nos iin. Esta era en Contarini una expresión dulce: verdad interior, honesta nlidad y, en especial, una profunda convicción religiosa que ilumina y hace li".<> ai hombre. Contarini se prescntó cn Alemania imbuído de este espíritu de modera, de acuerdo con los protestantes en los más importantes puntos de doctrina, Miaba dar término a Ia división con una regeneración de Ia misma llevada ||DO desde esos puntos de vista y con ei propósito de acabar con los abusos. | <;Pero acaso aquélla no había avanzado demasiado y no habían arraigado | excesiva fuerza Ias opiniones divergentes? No quisiera contestar cn este
Mii>'iiii>.

Oiro veneciano, Marino Giustiniani, que salió de Alemania poço tiempo • t de Ia Dieta, y que parece que observo escrupulosamente Ia situación, conbrnba posible Ia conciliación.-7 N o serían necesarias más que unas poças lersiones importantes. Y senalaba Ias siguientes. "Ul Papa no había de pre• e r que se le considerara como representante de Cristo también en h secular; • a que poner sustitutos a los obispos y sacerdotes ignorantes y viciosos, sustim intachables en su vida y capaces de instruir ai pueblo; no se toleraria ei bi( 10 de Ias misas ni Ia acumulación de benefícios ni ei abuso de Ias compobnes, y Ia violación de Ias leyes dei ayuno se castigaria con penas suaves; si llilorizaba Ia comunión en ambas espécies y ei matrimônio de los sacerdotes, Wguro se acabaria en seguida con Ia disensión alemana, se obedeceria ai m cn los asuntos espirituales, se permitiria decir misa, se aceptaría Ia confey hasta se reconocería Ia necesidad de Ias buenas obras como fruto de Ia {•li Ia medida en que derivaran de esta. Como Ia escisión debía su orioen ) :ibusos, podría acabarse con aquélla acabando primero con estos." N Recordamos en este momento que ei landgrave Felipe de Hesse había dem Casa, p. 102. I Rc/azione dcl clarmo. Aí. Marino Ciuslinian Kavr. (rifornato) dal/a /egazione Ji Cermania | Peidinando :e di Rommi. Bibl. Corsini, Roma, núin. 481.

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clarado ya en ei ano anterior que se podria tolerar ei poder temporal de los obispos en cuanto se encontrara un médio para asegurarse de una buena gestión espiritual, y en cvanto a Ia misa, se podria Uegar a un acuerdo si se permitia Ia comunión en Ias dos espécies.'-8 Sir» duda bajo determinadas condiciones, Joaquín de Brandeburgo se declara dispuesto a reconocer ei primado dei Papa. Entretanto Ia aproximación seguia también por otro lado. El embajador dei emperador repetia que era menester ceder por ambas partes hasta ei punto en que fuera compatible con ei honor de Dios. También los no protestantes hubieran visto con gusto que se hubiera despojado dei poder espiritual a los obispcs que se habían convertido en verdaderos príncipes, traspasándolo a superintendentes, si en Ia cuestión de Ia aplicación que hubiera de darse a los bienes de Ia Iglesia hubiese prevalecido un sentido general de innovación. Se empezó ya a hablar de cosas más bien neutras, que se harían o dejarían de hacerse, y hasta en los electorados eclesiásticos se organizaron rogativas por ei êxito de Ias negociaciones. No queremos discutir Ias posibslidades y perspectivas que ofrecía este negocio; de todas maneras era algo muy difícil. Pero de haber una mínima esperanza, era obligado ei intento. Por eso se desperto de nuevo uft gran deseo de trabajar por Ia conciliación, deseo a] que se anudaion Ias mayores esperanzas. Me pregunto si también ei Papa, sin ei cual nada podia lograrse, se hallaba dispuesto a ceder, y en este punto es muy interesante un pasaje de Ia "instrucción" entregada a Contarini.29 No se le concedieron los plenos poderes que reclamaba ei emperador. El Papa tenía miedo de que los alemanes presentaran peticiones que ningún legado ni ei mismo Papa pcdría conceder sin Ia asistencia dei consejo de otras naciones. Pero no por eso repudia de antemano Ias negociaciones. Hay que ver primero, decía, si los protestantes se ponen de acuerdo con nosotros en Ias cuestiones de principio, per ejemplo, sobre ei primado de Ia Sarjta Sede, sobre los j sacramentos y otras cuestiones. Acerca de estas "otras cuestiones" ei Papa no se| expresa con demasiada claridad. Senala como tales lo/]ue ha sido admitido.] de acuerdo con Ia Sagrada Escritura o con Ia tradición constante de Ia Iglesia.i) cosas conecidas para ei legado. Y anade que sobre esta base se puede intentarl] llegar a una inteligência sobre todas Ias cuestiones en litígio.80 No se puede dudar que esta manera incierta de expresarse fué delibera28 Escrito dei Iandgrave cn Rommel, (Mundenbueh, p. 85. C"f. ei escrito dei obispo d«1 Lunden, Seckcndorf, p. 299. "Contarini ai Cl. Farnese, 1541, K April" (Epp. Poli, p. cciv) EH Iandgrave y cl príncipe clçctor pidicron ei matrimônio de sacerdotes y Ias dos espécies; aquél se muestra mis intransigente Cn cuanto a Ia cuestión dei primado y este cn cuanto a Ia doctrinJ de missa quod sit sacrificiiim. 20 ínslructio dita Revnio. Cl. Contareno in Cermaniam legato d. 28 mensis Januarii IS1I sJ, encuentran manuscritos de t lla en muchas bibliotecas; impresa en Quirini, Epp. Poli, nr, ccucxxvtJ . ..3" YidcKlum imprimis esf an Protestantes et íi qui ab ecc/esiae grêmio c?e/ecerunf, in prínA cipns nobiscmn conveiuaiif, cu/nsmodi est hujus sanetae sedis primatus tanquam a deo et sa/vafoni nostro instilutus, sacrosanetae ecclesiae sacramenta, et alia quaedam quae tiim sacrarum JitterarunU antonl.itc tmii universa/iis, ecclesiae perpetua observatione hactenus observata et comprobata t"uei« et tibi nota esse bene scimus, quibus statim initio admissis omnis super aliis controversiis concordij tentaretur, Dcbcmos tener presente Ia posición, sumamente ortodoxa, inflexible por naturaleza, de un Papa, para advertir cuán gran importância tiene una tal rnanifcstación.

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iln: Paulo III queria probar hasta donde llegaba Contarini y queria tcner Ias iniiinos sueltas para ei momento de Ia raüficación. Al principio dejó ai legado [«Irrta libertad de acción. Claro que le hübiera costado mucho esfuerzo conseini que los intransigentes de Ia cúria aceptaran Io que se acordara en RatisDiin, que no podia ser a su plena satisfacción, pero Io primero de todo era conjiuir Ia avenencia de los teólogos reunidos. La tendência mediadora era todavia |1 UM,ido vaga para poder ser designada con un nombre: solo cuando se apoiru cn algún punto firme, ya logrado, podría pretender un mayor valimiento. Las negociaciones empezaron ei 5 de abril de 1541; se puso como base de ttUfión un proyecto de origen imperial, aceptado por Contarini después unas iígeras modífícacíones. Ya en este momento creyó conveniente ei legado purarse un tanto de su "instrucción". El Papa reclamaba, en primer lugar, ei onocimiento de su primado. Contarini vió muy bien que con esta cuestión, propia para encender Ia pasión en los ânimos, podia fracasar en sus comientoda Ia empresa. Y, así, consiguió que entre los artículos presentados a dis(fón figurara en último término ei referente ai primado dei Papa. Le pareció |l hacedero comenzar con aquello en que él y sus amigos se aproximaban los protestantes, y en los que se tocaban puntos importantísimos que afectaa los fundamentos de Ia fe. Tomo mucha parte en las díscusiones pertiltcs. Asegura su secretario que nada se acordo por los teólogos católicos, ni .cumbió una tilde, sin antes consultarle.31 Morone, obispo de Módena, y Imaso da Modena, maestro dei Sacro Palácio, que estaban con él en ei artículo • e n t e a Ia justificación, le apoyaron.32 Fué un teólogo alemán ei que opuso mayor díficultad, aquel viejo contradictor de Lutero, ei doctor Eck. Pero flpdo a discutir punto por punto ei famoso artículo, se vió obligado a hacer Jttuciones que se juzgaron satisfactorias. De hecho hubo acuerdo y —jquién I hübiera sospechado!— en breve tiempo, sobre los cuatro importantes artículos |íca de Ia naturaleza dei hombre, dei pecado original, de Ia redención y de Ia É/ficación. Contarini aceptó ei punto principal de Ia doctrina luterana, a Jt, que Ia justificación de los hombres no resulta dei mérito, sino tan solo li fc; por su cuenta, anadió que esta fe tenía que ser viva y activa. Melanchcconoció que esta era precisamente Ia doctrina protestante.33 Atrevidaiptc afirma Bucer que en los artículos discutidos se hallaba comprendido Io que es necesario para vivir beata, justa y santamente delante de Dios y los hombres".34 Igual contento se manifiesía en ei otro lado. El obispo de ijiiil.i califica de santa Ia controvérsia y no duda de que traerá consigo Ia reconBdón de Ia cristiandad. Con alegria se enteraron los amigos de Contarini de »lii donde se había Uegado. "Cuando me he enterado de Ia coincidência de ]as nioncs —le escribe Poole—, he sentido un bienestar que ninguna armonía

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* ' Beccatcfli, Viía dei Cardinal Contarini, p. cxvn. \ M Pallavicini, iv, xrv, p. 433, de las caitas de Contarini. »» "Melanchton a Camcrar. 10 de Mayo" (Epp., p. 360): Adsentiuntur justifican homines J *t (iiiidem in eam senteníiam ut nos docemus. Cf. Planck, Gcschichte des protestantischen jfbrijnffs, ni, n, 93. ** Todas las gestioneS y escritos, para Ia comparación de Ia religión por su majestad imperial, lutados ao. 1541 por Martinum Bucerum, en Hortleder, Libro r, cap. 37, p. 280.

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musical me hubiera producido. No solo porque veo aproximarse Ia paz y Ia unanimidad, sino porque estos artículos constituyen ei fundamento de toda Ia fe cristiana. Parece que tratan de diferentes cosas, de Ia fe, de Ias obras y de Ia justificación, pero sobre esta última se apoya el resto, y te felicito, y doy gradas a Dios, de que los teólogos de ambas partes se hayan puesto de acuerdo sobre esto. Esperamos que quien ha comenzado tan piadosamente Io terminará dei mismo modo."35 Según creo es este un momento de importância esencial para Alemania y también para el mundo entero. En cuanto a Alemania: los puntos tratados albergan Ia intención de cambiar toda Ia constitución espiritual de Ia nación y de dotaria frente ai Papa de una posición más libre, a salvo de sus intervenciones seculares, e independiente. Se hubiera afirmado de este modo Ia unidad de Ia Iglesia, y con ella Ia de Ia nación. Pero los efectos hubiesen trascendido mucho más. Si el partido moderado, ai que se debe Ia tentativa y Ia dirección, se ganara el mando en Roma y en Itália, ia Iglesia católica cobraria en el mundo entero un aspecto bien diferente. Ahora bien; un resultado de estas proporciones no se obtiene sin enconadas luchas. Lo que se acordara en Ratisbôna tenía que ser aceptado, de un lado, por el Papa, y de otro, por Lutero, a quien ya se había enviado una embajada. Ya aqui se presentan Ias primeras dificultades. Si bien en el primer momento no se mostro dei todo contrario. Lutero derivo pronto a Ia sospecha de que el enemigo maquinaba un engano y de que todo aqueJIo no era más que un simulacro. No podia convencerse de que también en el otro lado Ia doctrina de Ia justificación hubiera echado raíces. En los artículos de coincidência no veia sino algo artificial, compuesto de dos opiniones diferentes y él, que se sentia siempre en médio de Ia lucha dei cielo y el infiemo, olía aqui los manejos de Satán. Aconsejó vivamente a su senor, ei príncipe ele/tor, que se abstuviera de visitar Ia Dieta. "A él es precisamente a. quien busca el demônio." 30 En verdad, Ia presencia y Ia aprobación dei elector hubjeran significado mucho. Entretanto estos artículos habían llegado a Roma. Hicieron mucha impresión. Los cardenales Caraffa y Marcello extranaron Ia declaración sobre Ia justificación y costó mucho trabajo a Príulí aclararles su sentido.37 Pero ei Papa no se pronuncio tan resueltamente como Lutero. El cardenal Farnesio escribió ai legado que Su Santidad ni aprobaba ni desaprobaba el acuerdo. Pero todos los que lo habían visto opinaban que sus palabras <podían haber sido más claras en el supuesto de que su sentido estuviera de acuerdo con Ia fe católica.
85 "Polus Contareno. Capranicae 17. Maji 1541". Epp. Poli, t. m, p. 25. Tambiín son inte» icsantes Ias cartas de aquel obispo de Aquila, en Rainaldus, 1541, núms. 11 y 12. Se creía que si solo se pudiera llegar à iun acuerdo en cuanto a Ia comuníón, todo Io demâs se arreglaría facilmente. Id unuin est quod omnibus spem maximam facit, assertio Caesaris se nuílo pacto nisi rebus bene composit/s discessurum, atque etiam quod omnia scitu consiiiisque revmi. legati in colloquio a nostrii theologis tractantur ei disputantur. S« Corpus Rei., tv, p. 397. Lutero a Juan Federico en Ia colección de Wette, v, 353, 377. ST Me parece injustificable que Quirini no comunicara por completo Ia carta de Priuli, que tuvo en sus manos, sobre estas circunstancias.

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INTENTO DE REFORMA INTERIOR

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Pero, por muy fuerte que fuera esta oposición teológica, no era Ia única nl quizá Ia más influyente. Surgió otra dei lado político. Una reconciliación como Ja proyectada dotaria a Alemania de una gran Unidad y de un poder extraordinário ai emperador que se pudiera servir de illii."8 En ei caso que se celebrara un concilio, ganaría en toda Europa un presH^O incomparable como jefe dei partido moderado. Como es natural, se alzaron II cnemistades habituales. Francisco I se sintió amenazado de manera directa y no descuido sabotear unidad buscada. Se lamento vivamente de Ias concesiones hechas por ei |ndo en Ratisbona.39 "Su conducta desarma a los buenos y aumenta ei atrelicnto de los maios; a fuerza de hacer concesiones ai emperador, se va a llegar lejos que no haya manera de arreglar ei asunto. Se hubiera hecho bien en Jchar eJ consejo de los príncipes." Aparentaba que el Papa y ia Iglesia Kuhan en peligro. Y prometió defenderlos poniendo en juego su propia vida [todas Ias fuerzas dei pais. Por otra parte, se desperto en Roma un receio diferente dei que provenía Ias preocupaciones en matéria de fe. Se observo que ai abrir ei emperador Ias liones de Ia Dieta, en el momento en que anuncio Ia celebración de un concilio lieral, no anadió que era el Papa a quien incumbia su convocatória. Se creía Icontrar indícios de que el emperador se arrogaba para si este derecho. En los •Culos de aquel acuerdo celebrado con Clemente VII en Barcelona, se tropecon un pasaje que parecia orientado en esa dirección. Y ino decían de ltinuo los protestantes que era ai emperador a quien correspondia convocar | concilio? Al emperador no le era muy difícil hacerles concesiones cuando su Intiija coincidia con Ia doctrina de ellos de medo tan patente.40 Esto encerraba l Migro mayor de una escisión. Entretanto los ânimos empezaron a agitarse también en Alemania. Giusjlínni asegura que el poder que el landgrave había adquirido a] colocarse a I peza dei partido protestante desperto en otros Ia idea de lograr algo parecido locándose ai frente dei partido católico. Un concurrente a Ia Dieta nos inforque los duques de Baviera eran enemigos de todo arreglo. También estaba contra el príncipe elector de Maguncia. En una carta personal ai Papa, le íía cn guardiã contra un concilio nacional y contra cualquier clase de con*" Sicmpre existió un partido imperial que defendió esta tendência. Y en ello reside, entre ii cosas, todo el secreto de Ias negociadores emprendidas por el arzobispo de Lunden. Este Ma liccho ai emperador Ia siguiente indicación: che se S. M. volesse tolerare che i Lutherani ««em ncJ/i ioro errori, disponeva a modo e voíer suo di tutta /a Germania. Instruzione di ffa III a Montepu/ciano, 1539. También ahora deseaba el emperador Ia tolerância. 19 Habló sobre cl particular con el núncio pontifício en su corte: "II Cl. di Mantova ai Cl. Mitini", cn Quirini, m, ccLXXVin: Loces 17 Maggio 1541. S. Ma. Chma. diveniva ogni di urdcnre nel/e cose delia chiesa, le quali era risoluto di voíer difendere e sostenere con tutte le N me e con Ia vita sua e de'figliuoli, giurandomi che da questo ii moveva principalmente a i questo ollicio. Granvella, por el contrario, tenla otras informaciones: m'aí/ermò, dice Contarini mm carta a Farnesio, ibidem, CCLV, con giuramento havere in mano lettere dei re christmo., il $h tciive a questi principi protestanti che non si accordino in alcun modo e che lui aveva voluto |K 1'opinioni /oro le quaíi non spiacevano. Según estas informaciones, Francisco I habria intrii en ambos bandos contra Ia reconciliación. «» "Ardinghello al nome dei Cl. Farnese ai Cl. Contarini 29 Maggio 1541".

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cilio que hubiera de celebrarse en Alemania: "habría que conceder demasiadas cosas".41 Encontramos también otros comunicados en que católicos alemanes se j quejan ante ei Papa de Ias ventajas que está cobrando ei protestantismo en Ia i Dieta, de Ia transigência de Gropper y Pflug, y de Ia ausência de los príncipes católicos en Ias conversaciones.42 En una palabra, en Roma, en Francia y en Alemania, entre los enemigos de Carlos V y entre los en verdad o en apariencia católicos celosos, se levanto una fuerte oposición contra Ia actitud conciliadora dei emperador. En Roma se observaba Ia extraordinária confianza dei Papa con ei embajador francês y se decía que pretendia casar con un Guisa a su nieta Vittoria Farnesio. Como es nautral, estos movimientos tenían que repercutir vivamente en los teólogos. El doctor Eck se adbirió ai punto de vista de Baviera. "Los enemigos dei emperador —dice ei secretario de Contarini—, Io mismo dentro de Ale- ; mania que fuera de ella, que temen su grandeza en ei caso de que consiga Ia unión de toda Alemania, empiezan a sembrar Ia cizana entre los teólogos. La envidia de Ia carne interrumpió ei coloquio."43 Dada Ia dificultad dei objeto en discusión, nada tiene de extrano que no se llegara a ningún acuerdo en los ' restantes artículos.44 Es injusto achacar Ia culpa exclusivamente a los protestantes o recargarla sobre ellos. Muy pronto, ei Papa dió a entender ai legado, como firme decisión de su voluntad, que, ni publicamente ni como particular, debiera dar su aquies- j cencia a ningún acuerdo en ei que no estuviera contenida Ia opinión católica \ en palabras inequívocas. Roma rechazó resueltamente Ia fórmula con que Contarini trataba de conciliar Ias diversas opiniones sobre ei primado dei Papa y Ia autoridad de los concilios.45 El legado se vió obligado a hacer declaraciones que parecían contradecir otras suyas anteriores. Con ei fin de conseguir algo, ei emperador deseaba, cuando menos, que se mantuvieran provisionalmente Ias fórmulas aprobadas de Jos primeros artícu- 1 los y que se tolerasen Ias restantes divergências, mientras tanto. Pero ni Lutero I ni ei Papa estaban dispuestos a ello. Se comunico ai cajdenal que ei Colégio en ] pleno había acordado no aceptar de ningún modo Ia tolerância en puntos tan | esenciales. Después de tan grandes esperanzas y tan felices augurios iniciales, volvió j Contarini sin haber conseguido arreglar Ias cosas. Hubiera deseado acompanar l ai emperador a los Países Bajos, pero le fué negado. En Itália pudo recoger los J
•41 Lilerae Cardinafis Moguntini, en Rainaldus, 1541, núm. 27. 42 Anônimos se encuentran también en Rainaldus, núm. 25. De qué lado procedian, resulta 1 claro, ya que se dice en ellos de Eck: unus duntaxat peritus theoJogus adhibitus est. Conticnçn j muchas insinuaciones contra ei emperador: nihil, se dice en ellos, ordinabitur pro robore ecclesiae.l quia fimetur, il/i (Caesari) displicere. 43 Beccatelli, Vita, p. cxoc. Hora i/ diavoío, che sempre a/Ie buone opere s'attraversa, íece 1 si che sparsa questa famp delia concórdia che tra catholiei e protcstanfi si preparava, gh' invidi I delrimperatore in Germania e fuori, che )a sua grandezza temevano quando tutti gli Alemani fusser&A stati uniti, cominciarono a seminare zizania tra que"i theologi colíocutori. 44 El coloquio se interrumpió ai llcgar ai artículo sobre Ia comunión. Contarini insistió en J conservar Ia concepción de Ia transustanciación; en una reunión convocada especialmente, los pro- j testantes deeidieron no aceptar esta concepción. 4B "Ardinghello a Contarini", Ibid., p. ccxxiv.

NUEVAS ORDENES

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comentários que se esparcieron desde Roma por todo ei país sobre su conducta | ms supuestas concesiones. Era Io bastante generoso para que ei fracaso de ! menciones tan nobles le doliera tanto más hondamente. La opinión católica moderada había tenido en él un valedor de altura. rtro, como esa opinión no logro sacar adelante sus propósitos universales, se le njuntcaba Ia cuestión de si, a partir dei fracaso, podría simplemente sostenerse. LT"Ua tendência grande lleva consigo Ia misión ineludible de hacerse valer, de •nponerse, y pronto le amenaza Ia ruina completa si no logra prevalecer. 3) Nuevas ordenes religiosas ctanto se había desarrollado otra dirección, cercana en sus orígenes a Ia acabamos de describir, pero que se fué apartando de ella poço a poço, y Jque también su propósito era de reforma, Ia proyectaba en franca oposición i cl protestantismo. Cuando Lutero rechazó el sacerdócio católico en su principio y concepto, levanto en Itália un movimiento que trato de restaurar ese principio y de Itarle nuevo prestigio con una disciplina rigurosa. Por ambos lados se percade Ia corrupción de Ia instituciõn eclesiástica, pero mientras en Alemania pontentaron con Ia abolición dei monacato, en Itália se trato de rejuvenecerlo; Intras allí el clero rompia con muchas ligaduras, aqui se pensaba, por el conBo, en restablecerlas con más rigor. Arriba de los Alpes se emprende un lino completamente nuevo; abajo se repiten intentos que ya fueron ensayacn otros siglos. Porque desde siempre Ia organización eclesiástica había propendido a Ia illarización y, con frecuencia, había vuelto a recordar sus orígenes y tratado ' trstaurarse. Ya los reyes carolingios se vieron obligados a someter ai clero regia de Chrodegang, a ia vida en común y a Ia disciplina. A los claustros tao les servia Ia regia sencilla de Benedicto de Nursia; a Io largo de los x y xi, vemos congregaciones disciplinadas con regias especiales, según Bodelo de Cluny. Ello repercutió en el clero secular y, con Ia introducción celibato, fué casi sometido a Ia forma de una regia monástica. Cuando apalas ordenes mendicantes se hallan en estado de profunda decadência , estos institutos religiosos, a pesar dei gran impulso que Ias cruzadas supuIII para los pueblos, ai punto de que los caballeros y senores sometieron su Inización guerrera a Ia forma de Ias regias monásticas. En sus comienzos, H ordenes mendicantes coadyuvaron sin duda alguna en el restablecimiento rji lencillez y rigor primitivos, pero ya hemos visto como también ellas se Dmpieron y secularizaron finalmente hasta constituir uno de los factores Itlpules de Ia corrupción eclesiástica. Ya a partir dei ano 1520, y cada vez con mayor viveza a medida que el Htantismo hacía progresos en Alemania, se hizo sentir Ia necesidad de una ft reforma de los organismos eclesiásticos en los dos países no afectados por I movimiento. Ahora en una y después en otra, se manifesto esta tendência li mismas ordenes.

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COMIENZOS DE

RECENERACIÓN

A pesar de Ia vida recoleta de Ia orden de los Camaldulenses, Paulo Giustianini encuentra que se halla tocada de Ia corrupción general. En ei afio 1522 fundo una nueva congregación que recibió ei nombre de Monte Corona, de Ias montafias donde tuvo su sede más prestigiosa.4' Três cosas considera necesarias Giustiniani para ei logro de Ia perfección espiritual: soledad, votos y reclusión de los monjes en diferentes celdas. En sus cartas nos habla con especial agrado de estas pequenas celdas y ermitas, que todavia encontramos en Ias cúspides de Ias montafias en médio de un paisaje solitário que parece convidar ai alma a elevarse a Ias alturas y a conservar un profundo sosiego.47 La reforma de estas ermitas se extendió por todo ei mundo. Entre los franciscanos, en los que acaso Ia perdición babía penetrado más • profundamente, se intento también una nueva fcrma después de Ias muchas que habían sido ensayadas. Los capuchinos pretendían restablecer Ias instituciones dei primer fundador, Ia misa de medianoche, los rezos a determinadas ? horas, Ia disciplina y ei silencio, es decir, todo ei rigor de vida dei instituto j primitivo. Hace sonreír Ia importância que ponían en pequefias cosas, pero no se puede negar que en ocasiones se portaron bravamente, como por ejemplo en Ia peste de 1528. Pero con una reforma de Ias ordenes no se conseguia mucho porque ei clero secular se mantenía muy lejos de Io que reclamaba su misión. Por Io tanto, una reforma efectiva tenía que abordar este problema. De nuevo tropezamos con miembros de aquel oratório romano. Dos de ellos —varones, a Io que parece, de caracteres muy contrários— iniciaron Ia obra. Del uno, Gaetano da Thiene, apacible, tranqüilo, dulce, de poças pala- , bras y entregado a los deliquios dei éxtasis religioso, se decía que deseaba reformar ei mundo pero sin que se supiera que él estaba en ei mundo.48 Del otro, Juan Pedro Caraffa, violento, colérico, vehemente, fanático, nos ocuparemos después con mayor detenimiento. Él mismo reconocía que sentia su corazón tanto más oprimido cuanto más se dejaba llevar por sus deseos de refcrma, y que no encontraba tranquilidad sino cuando se abandonaba a Dios, viviendo en Ia tierra dentro de un mundo celestial. Así, coincidieron en Ia necesidad dei retiro, que a uno le pedia su naturaleza y ai otro se le presentaba como un ideal, y también en Ia inclinación a Ia actividad religiosa. Convencidos de Ia urgência de una reforma, se unieron para fundar un instituto, que lleva ei nombre de orden de los teatinos, cuya misión era, a Ia vez, Ia contemplación y 1 trabajar por ei mejoramiento dei clero.49

40 Es preciso fijar Ia fecha de Ia fundación a partir de Ia redacción de Ia regia, después de j haberse dejado Masacio a Ia nueva congregación en 1522. Monte Corona fué fundado por Basciano, sucesor de Giustiniani. Helyot, Histoiic des ordres monastiques, v, p. 271. 47 "Lettera dei b. Giustiniano ai vescovo Teatino", en Bromato, Storia di PaoJo JV, Lib. iu. J 19. 4* Carraciolus, Vira S. Ca/erani Thienaei, c. ix, 101. In conversatione humi/is, mansuetus, modestus, pauci sermonis —meminique me iJ/um saepe vidisse inter precandum Jacrymanfem. Le describe muy bien ei testimonio de una sociedad religiosa en Viccnza, que se halla Ibid., c. i, n. 12. 49 Carraciolus, ibid.t c. u, $ 19, define su propósito: clcricis, quos ingenti popu/orum exirio improbiras inscitiaque corrupissent, elencos a/ios debere sulíici, quorum opera damnum quod iJli per pravum exempJuin mtuiisscnt sanaretur.

NUEVAS ORDENES

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Gaetano pertenecía a los protonotari partecipanti, cargo a que renuncio, (V Caraffa, titular dei obispado de Chieti y dei arzobispado de Bríndisi, renuncio Ittmbién a ambos. 60 En unión de dos amigos íntimos, miembros como ellos dei I Oratório, profesaron sus votos solemnemente ei 14 de septiembre de 1524." El làe pobreza llevaba ei anadido de que, además de no poseer nada, tampoco I fcubrían de mendigar, sino que esperarían Ias limosnas en ei convento. Después Iflr una breve residência en ia ciudad, ocuparon una modesta casa en ei monte Vlncio, en Ia Vigna Capisucchi —de Ia que más tarde se haría Ia Villa MédiIflk - y que, no obstante estar enclavada dentro de los muros de Roma, disfru|t*l>.i de una completa soledad. En ella vivieron en Ia pobreza prescrita, dedicados • cjercicios espirituales y ai estúdio, sefialado ai detalle, de los Evangelios, [OHiulio que se repetia mensualmente. Después descendieron a Ia ciudad y coB t n z a r o n a predicar. No se presentaban como monjes, sino como clero regular: eran sacerdotes • n votos monásticos. Su propósito era fundar una espécie de seminário para ei Bem. El breve de su fundación les autorizaba a admitir clero secular. No se ^fcusieron forma o color de hábito determinado, detalles que se fijarían según • costumbre dei clero de Ia localidad. Las ceremonias dei culto Ias celebrarían H p arreglo a los usos dei país. De este modo, se libraban de muchas ataduras ^^fcias de los frailes y declaraban expresamente que ni en Ia vida ni en ei ser^ • o divino podia obligar a Ia conciencia costumbre alguna; 5 2 pero querían tregarse ai oficio clerical, Ia predicación, Ia administración de los sacramentos, Cuidado de los enfermos. Entonces se volvió a ver en Itália algo que ya no era acostumbrado: sacer• w que se presentan en ei púlpito con Ia capucha y Ia cruz. Primero en ei Itorio y luego, a menudo, en misiones callejeras. Caraffa mismo predico con |uclla elocuencia caudalosa que no le abandono nunca. En su mayoría gentes I Ia noblcza que conocían los goces dei mundo, él y sus compafieros comenH>n a visitar los enfermos en las casas y en los hospitales y a asistir a los moKindos. Restauración de los deberes sacerdotales que revistió gran importância. Esta mVn no se convirtió en un seminário de sacerdotes, pues para eso no fué nunca llnntc numerosa; pero se constituyó en u n seminário de obispos. Con ei tiemI, se convirtió en una orden aristocrática y, así como desde sus orígenes se obITVii que los nuevos miembros son de origèn noble, así también se ha solido taucrir después, en ocasiones, pruebas de nobleza para ser admitido. Se compele que ei plan primitivo de vivir de limosnas, pero sin pedirlas, no era posi1 sino en tales condiciones.

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"'> De un escrito dcl datario pontifício dei 22 de septiembre de 1524 (Lettere di principi, i, I), resulta autenticamente que ei Papa se habia negado durante largo tiempo a aceptar Ia renunIII. n volendo privare queí/e chiese di cosi buon pastore). Solo cedió al fin ante las reiteradas Mlim de Caraffa. li Kl acta sobre ello se encuentra en ei commentariiis praevius AA. SS. Aug. n, 24°. M Regia de los teatinos en Bromato, Vita di Pao/o IV, Lib. nr, J 25. Nessuna consuetiidine, tin modo di vivere o rito che sia, tanto di queile cose che spettano al culto divino e in quafuni>i.ido /.innosi in chiesa, quanto di queile che peí viver commune in casa e fuori da noi si Hftrio praticare, non permetiamo in veruna maniera che acquisfino vigore di procetto.

COMIENZOS DE * S C H N B * A C I 6 N
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Se íL YJSÍ* 'T" votos monásticos. Í m Í t Ó e s a N * * » de aunar los deberes I sacerdotales con los "? ^ T t Desde 1521 Ia Itália superior está a?r»t,j Ia devastación, hambre y enfermedades Zl *". ^ ^ " ^ "AU Y f" los huérfanos en peligro de perderse c Z l r T ^ ™ 1 ^ ' " n í l • t . i„ j „ • J - i P°ral V espiritualmente, relizmente, 1 junto a la desgracia se despierta Ia compa*;,^ n i • /->• i n/i- • .", •_ i i / i i , x o n - Un senador veneciano, (jirolamo Miam, recogio los ninos que Ia huida h a u a 1 k 1 , , . ,, x j i I ? u • , ia nevado hacia Venecia, acogiéndolos 1 en su casa; los anduvo buscando por Ias úia- c u e r i e a lia C1 •áadi i s m i • d mucho caso de Ias protestas de su cufiada v l J , ° " l » V ^ 7 I „„„„ . , , . i , . ' endio la plata v la tapicena de la I casa para proporcionar a los ninos habita™/ n •i ' •i o~„ » „ c A J J- J • •• ° Y vestido, comida v ensenanza. I roço a poço tue dedicando a esta mision r(Vai„ ' . .» ,'.«• ' ,• ~,k. »«J~ ~ D - _ ei L i r i u a su actividad. l u v o un gran êxito, 1 sobre tcdo en Bergamo. El hospital fundado r, ,i r i J i MO i/ , . » , , r por él fué tan socorrido, que esto le I dio animo de extender su obra a otras v , u ritiA , , r . , i.,.,,», i x, „ . _ uades v asi tueron surgiendo otros 1 hospitalesen Verona, Brescia, Ferrara, Ckim,. . , . . , • ' n - r " t> -nI r mo , > Milán, Pavía, Gênova. Por ultimo, I íngreso con unos amigos en una congrega,,;*,,n n .* • i , , 1 1 1 1 • ° que se llamo Somarca, organizada ue ° segun ei modelo de los teatinos, v Q ao*,,,, ,^ , , . , o ? I JJI ° ., , , ., - , i i , s r u Paba elencos reeulares. Su hnahdad 1 esencial era Ia educacion. Iodos los hr™;. , i • ,. • i_us ., , 1r„ Pttales que administraba reabieron I n una organización comun. "' Lo misrno que cualquier otra ciudad lMl - , , ., , , , , ^ i r ' v l lan conoeió todos los desastres que acompanan a la guerra en los trecuentes sit.„ s . T r • i •J J J i c s i i i J ° V conquistas por unos y otros. La I hnalidad de los fundadores de la orden a e, , ' . " T i , j T • E • .1 » , . . , . , . , , los barnabitas, Zaccana, 1'erran y | Morigia, tué aminorar estos males y h a c P r f. i j » .: I • - ° •• i . i j - • r " e n t e a ]a consisuiente descomposi- i cion mediante la ensenanza, la predicaciór, , , . • ,,° , • -, , , . .. * , n V ei eiemplo. Una crônica milanesa nos cuenta con que admiración se seguia *,,,, i „ , , ,i .„ ^ ,. , i , " o r ias calles a estos sacerdotes, vestidos I con sencillez, con su birrete redondo, la f.dQD e i . . . . , . . i _j „. . ., , o A za inclinada, v de pareia íuvcntud todos. Vivian en comunidad en San A»v,k„ . ' ., ' ., , UDrn , T i . T n i/ sio. Los protegió especialmente Ia condesa Lodovica I orella, que vendió su 1e r ,„ . A S^ i j„l , ,. , , ?. ~. . . . . n 1Be n c i a paterna, (Juastalla, empleando ei dinero en buenas obras."4 lambien lc» u_ ^ . , , • >, 1 D , * arndbitas adoptaron Ia r torma de clér rigos regulares. / Pero por mucho que hicieran estas cm, i i i ... ., r , , r. ^, , , , ^"ngresaciones dentro de su campo, la limitacion dei hn, en ei caso de los bah>~ví i i- • - j i j--JÍ na . i i . bitas, o la limitacion de los médios impuesta por Ia naturaleza de Ias cosas, C n m „ , , i .. • j'„_ r ., , , , r. i • m ° en ei caso de los teatinos, impedian una acción de largo alcance. Son admiraW«» .—•_ • J i ., , ° . , «oies porque su espontâneo naeimientti es expresion d e una hierte tendência H u P -: .* . K. . - r q e . , •i .1 . Y ,. ... sirvió infinitamente para ei restablecH miento dei catolicismo, pero eran meneste rr „ , S j u „ r J P , , •. i , °txas fuerzas para poder hacer frenta r a Ia marcha atrevida dei protestantismo. Por una via similar, rpero en forma ;„,. , ,. , . , „ '"esperada y pecuhansima, se desarrol llaron estas r fuerzas. ' r

53 Approbafio socielatis tain ceclesiasficarqm _ . , erigendum hospiialia pro subventione pauperum O I K 1 " s e c " , a r i u m pe"onarum, nuper inrtitutae * mo fin se halla, en algunos silios, vinculado con T a n o r u , n e t inulierum convertitarum (este_ ÚM de 1540. Buliarium Cocque/ines, iv, 173. Vemos ^ ' P " m e r o ) . Bula de Paulo 111, dcl 5 de )unM diciembre de 1568, que solo entonces hicieran lcjj; „ l a b u l a d e P , ° V ' fn/nnetum nobis, dei 6 de 5* Crônica de Burigozzo de Custodc: Contin.. 1 ^ l o s miembros deesta congregación * uac ' ó n de la Stona di Milano, iv, p. 88, de Vetn,

IGNACIO DE LOYOLA

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4) Ignacio de Loyola •ntrc Ias sociedades caballerescas dei mundo solo Ia espanola había conservado figo de su fermento religioso. La guerra con los moros que prosiguió en África •penas terminada en Ia península, Ia vecindad de los moriscos sojuzgados, con M que se sostuvo continuamente Ia hostilidad religiosa, Ias campanas aventufft Contra los infieles de Ultramar, mantuvieron este espíritu. Libros como ei lis de Gemia, llenos de una bravura leal, ingênua y entusiasta, idealizaron rasgos. Don Inigo López de Recalde,65 ei hijo menor de Ia casa de los Loyola, cido en ei solar de sus mayores entre Azpeitia y Azcoitia, en Ia província de lipúzcoa, de una de Ias famílias más nobles dei país, "parientes mayores" —ei de ellas solía ser invitado por un escrito especial a prestar acatamiento [ley—, criado en Ia corte de Fernando ei Católico y en ei séquito dei duque Najera, estaba animado de ese espíritu. Perseguia Ia gloria de Ia vida cabafiica: los bermosos caballos y Ias armas resplandecientes, Ia fama de bravura, [•venturas de duelos y amores le atraíán como a cualquier otro joven, pero fcbicn Io religioso se hacía sentir en él vivamente, y canto un romance caballeal primero de los apóstoles.66 Probablemente habríamos visto su nombre entre los de otros muchos novalientes a los que Carlos V ofrecía oportunidades para destacar, si no huhi sido por una desgracia que le ocurrió en ei ano 1521 en Ia defensa de Pamiia contra los franceses, en Ia que fué herido con herida doble en ambas ias. Aunque era tan resistente que mando abrir dos veces sus heridas, sin reacción que cerrar ei puno en ei momento de mayor dolor, se curo de !• manera. Le gustaban los libros de caballerías, sobre todo ei Amadts, y mientras se uba se entrego a Ia lectura de Ia vida de Cristo y de algunos santos. Fantástico por naturaleza, cerrado ei camino de una carrera que le augumayores triunfos, obligado a Ia inactividad y excitado por los padecimien| ie encontro en ei estado más extrano dei mundo. Los hechos de San Frani y Santo Domingo, que se le presentan con toda ia gloria de Ia fama religiosa, •ncitan a Ia imitación, y a medida que los va leyendo se siente con fuerzas competir con ellos en renunciamiento y rigor.07 De seguro que estas ideas [dlsiparon ante otras más mundanas. Se imaginaba como había de buscar en Ia Jiiil a Ia dama de sus pensamientos —no una condesa ni una duquesa, sino más alto—, con qué palabras bellas y graciosas se dirigiria a ella, como le
»* Asi rezan Ias actas judiciales; ei hecho de que no se sepa como le vino ei nombre de •lilc no prueba nada contra Ia autenticidad de este nombre. Acra Sanctorum 31. Julii. Comjtfanut praevius, p. 410. I M Maffei, Vita Ignarii. I W líl acta antiquissima, a Lodovico Consalvo ex ore Sancfi excepta, AA. SS. I. I., p. 634, nos jlliyc sobre ello de un modo autêntico. Loyola penso una vez: Quid, si ego hoc agerem quod Wk ftanciscus, quid si hoc b. Dominicus? Y luego: "de muchas cosas vanas que se le ofrecían íl«t>ta": precisamente aquel honor que pensaba rendir a su dama. "Non era condesa ni duquesa, ' lia tu estado más alto que ninguno destas". Confesión singularmente ingênua.

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demostraria su devoción y qué demostraciones caballerescas llevaría a cabo en su honor. Así divagaba su mente de una fantasia en otra. Pero cuanto más se demora su curación y menos resultados promete, Ias fantasias religiosas van prevaleciendo. No creemos ser injustos con él si pensamos que le ayudó en este cambio Ia idea de verse poço a poço en Ia imposibilidad de restablecerse por completo e incapacitado para dedicarse a Ia guerra y a Ia vida caballeresca. Por otra parte, tampoco ei trânsito era tan violento como pudiera imaginarse. En sus ejercicios espirituales, cuyo origen se pone siempre en relación con Ias primeras ideas de su despertar religioso, se figura dos ejércitos, ei de Jerusalén y ei de Babilônia, ei de Cristo y ei de Satanás; en uno todo Io bueno, en otro todo Io maio, y los ve aprestados para ei combate. Cristo es un rey que anuncia su voluntad de someter a todos los países infieles. Quien quiera alistarse en su ejército tendrá que alimentarse y vestir como él, sufrir Ias mismas penalidades y sostener Ias mismas vigílias, y solo en tal medida participará en Ia victoria y en ei botín. Ante Él, Ia Virgen y toda Ia Corte Celestial, cada cual prometerá seguir fielmente ai Caudillo, compartir con él todas Ias asperezas y servirle en una pobreza verdadera, espiritual y corporal.68 Figuraciones tan fantásticas facilitaron Ia transición de Ia caballería mundana a Ia celestial. Porque esto era Io que perseguia: una caballería cuyo ideal estaba representado por Ias hazafias y renuncias de los santos. Se aparto de Ia casa paterna y de sus familiares y subió a Montserrat, y no en expiación de sus pecados ni empujado por una necesidad propiamente religiosa, sino —como él mismo ha dicho— con ei anhelo de realizar hazanas tan grandes como Ias que dieron gloria a los santos: para someterse a penitencias tan fuertes o mayores que Ias de ellos y para servir a Dios en Jerusalén. Velo sus armas ante una imagen de Ia Virgen Maria, Io que significa una vigilia militar distinta de Ia caballeresca, pero que recuerda expresamente ei Amadís,M que nos describe tan ai detalle los ejercicios de Ia vela de armas dei caballero; pasó^a noche rezando de hinojos o en pie, con su bastón de peregrino ^iempre en Ia mano; se despojo dei hábito de caballero con que había venido y vistió 1# áspera estamena de los ermitanos, cuyas celdas solitárias se hallaban enclavadas en Ia pelada roca. Después de haber rendido confesión general, no se encaminó directamente, como Io pedia su propósito de dirigirse a Jerusalén, a Ia ciudad de Barcelona —parece que temia ser reconocido en ei camino—, sino que marcho a Manresa para luego andar hacia ei puerto, después de nuevas penitencias." Le aguardaban otras pruebas. El camino iniciado como por una espécie de juego se había hecho dueno de él y le imponía su gravedad. En una celda de un convento de dominicos se entrego a Ias más rudas penitencias: a medianoche se levantaba para orar, pasaba siete horas diárias de hinojos, se disciplinaba três veces ai dia. Estas pruebas a veces le apesadumbraban tanto que dudaba si podría
68 Exercitia spirituaJia: secunda hebdom. Contemplatio regni /esu Chiisti ex simiiitudine regis teneni subdifos MIOS evocantis ad beJíum, y olros pátrafos. 58 Acla antiquissima: Cum mentem rebus iis re/ertam habereí quae ab Amadeo de Cauía consciiptae et ab cjus generis sciiptoiibus [Io cual es una extrana equivocación dei redactor, ya que Amadis no es probablemente ningún escritor] nonnuiJac iüi similes oceunebant.

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uguantarlas toda Ia vida; pero Io más grave era que notaba que no conseguia «rrcnarse. En Montserrat había pasado três dias para hacer una confesión general de toda su vida, pero no creía haber hecho bastante. La repitió en Manresa, trayendo a colación pecados olvidados y buscando escrupulosamente verdaderas nimiedades, pero cuanto más cavilaba más penosas eran Ias dudas que le •cometían. Creía que Dios no le queria recibir, que no estaba justificado ante Él. En Ia vida de los santos padres había leído que una vez Dios fué movido t gracia por Ia abstención de todo alimento y se mantuvo de un domingo a otro lln probar bocado. Su confesor se Io prohibió y él, que de nada en ei mundo ii iií.i tan alto concepto como de Ia obediência, siguió ia indicación. En ocasiones | e disipaba su melancolia como un pesado manto que se desliza por Ias espaldas, pero pronto volvían Ias pertinaces torturas. Le parecia como si toda su vida no lubiera sido sino una fábrica de pecados. Hubo momentos en que le entro Ia tcntación de tirarse por Ia ventana.60 Sin querer le viene a uno a Ias mientes Ia situación penosa a que veinte Iftos antes se había visto arrastrado Lutero a causa de dudas semejantes. No ri.i posible colmar por Ias vias ordinárias de Ia Iglesia los anhelos religiosos de ini.i reconciliación plena con Dios que se hiciera patente en Ia conciencia; no era •nsible para Ia insondable profundidad de un alma atormentada consigo misma. I ICI salieron de este laberinto por caminos muy diferentes. Lutero llegó a Ia •Ctrina de Ia reconciliación con Cristo sin necesidad de Ias obras y, a partir me esta creencia, empezó a comprender Ias Escrituras, en Ias que se apoyó con firmeza. No sabemos que Loyola estudiara Ias Escrituras ni que ei dogma le liii icra impresión alguna. Como vivia con sus emociones internas, con Ias ideas oiii" le venían de dentro, unas veces se creía en manos dei buen espíritu y otras flel maio. Por fin se dió cuenta de ia diferencia. El espíritu bueno era alegria y (onsuelo para ei alma y ei maio le fatigaba y atemorizaba.61 Cierto dia pareció Brspcrtar de un sueno. Vió con claridad que todos sus tormentos no eran más que tretas dei demônio. En este momento se decidió a terminar de una vez pii.i sicmpre con toda su vida pasada, a no abrir de nuevo Ias viejas heridas. No fué tanto un apaciguamiento como una decisión. Más una decisión que l|r toma porque se quiere, que una convicción a Ia que se somete uno. No necesita fdr Ia Escritura porque descansa en ei sentimiento de una conexión directa con ei ferino dei espíritu. A Lutero no le hubiera bastado esto, ya que rechazaba toda Inipiración, toda visión, pues consideraba a'todas, sin diferencia alguna, como •rtcstables: buscaba Ia palabra de Dios sencilla, escrita, indubitable. Por ei iniiinirio, Loyola vivia en sus fantasias y visiones. El más entendido en religión
*0 Maffei, Ribadeneira, Orlandino y todos los demás, liablan de estas tentaciones. Pero ei MIH iimcnto más autêntico Io constituyen siempre Ias actas que proceden dei mismo Ignacio. DesIpllir su estado, por ejemplo, en ei siguiente pasaje: Cum his cogitationibus agitaretur, fentabafur lltrpr graviter magno cum impetu ut magno ex foramine quod in cejíu/a erat sese dcjiceiet. Nec [iriri.il foramen ab eo Joco ubi preces fundebat. Sed cum videret esse peccatum se ípsum oce/dere, Miiiiui c/amabat: domine, non latiam quod te offendat. k 01 Una de sus observaciones más originales y personales, cuyo principio atribuye él mismo a MU* fantasias durante su enfermedad. En Manresa se convirtió para él en certeza. Se encuentra muy Rrorrollada en los ejercicios espirituales. Aqui encontramos regias dctalladas/ad motus anúnae quos H/versi excitant spiiitus discernendos, ut boni solum admittantur et pelíantur maJi.

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le pareció aquel anciano que le anuncio en médio de sus torturas-que Cristo se le apareceria otra vez. Al principio no Io comprendió, pero pronto creyó haber visto a Cristo y a Ia Virgen con sus propios ojos. En Ias escalinatas de Santo Domingo, en Manresa, quedo parado y sollozando porque, en ese momento, creía contemplar ei mistério de Ia Santísima Trinidad.62 No habló en todo ei dia de otra cosa y era inagotable en comparaciones. Repentinamente se le alumbró en símbolos místicos ei secreto de Ia Creación dei mundo y vió en Ia Hóstia ai Dios y Hombre. Un dia caminaba por Ias márgenes dei Llobregat hacia una lejana iglesia. Al momento de sentarse y fijar su mirada en Ia corriente, se sintió arrebatado por una comprensión plástica de los mistérios de Ia fe y se levanto como si fuera otro hombre. Ya no tenía necesidad de ningún testimonio ni de ninguna palabra escrita. De no haber existido estos, hubiera afrontado Ia muerte sin pestanear por Ia fe que siempre había sido suya.08 Una vez senalados los fundamentos de una evolución tan peculiar, de esta caballería de Ia abstinência, de esta resolución de fervor y ascetismo fantásticos, no es necesario seguir paso a paso Ia vida de lnigo de Loyola. Marcho a Jerusalén con Ia esperanza de trabajar para ei fortalecimiento de los creyentes y Ia conversión de los infieles. Pero esto último no le era posible en su ignorância, sin companeros y sin poderes. Su propósito de permanecer en los Santos Lugares fracasó ante Ia resuelta negativa de Ias autoridades eclesiásticas de Jerusalén, que tenían para ello una expresa autorización pontifícia. Al volver a Espana tuvo que afrontar muchas persecuciones. Cuando comenzó a e^parcir sus enseíianzas, y a dar a conocer los ejercicios espirituales que se le habían ocurrido entre tanto, cayó en sospecha de herejía. Seria un extrarío embite dei azar que Loyola, cuya Compaíiía dió siglos más tarde tipos de alumbrados, hubiera mantenido relaciones con una secta de este nombre.64 Y no se puede negar que los alumbrados de entonces en Espana, entre los que se le sospechaba, mantenían opinionesj que guardaban cierto parecido con sus fantasias. Disgustados con Ia veneración por Ias obras dei cristianismo de entonces, se entregaron ai deMquio interno y cre-! yeron contemplar ei mistério —se referian muy" especialmente ai de ia Santí-j sima Trinidad— en una iluminación inmediata. Lo rnlsmo que Loyola y susj secuaces, ponían como condición de Ia absolución Ia confesión general y acon-^ sejaban sobre todo Ia oración interior. No me atreveria a afirmar que Loyola no mantuvo contacto alguno con estas opiniones. Pero tampoco se puede sostener que hubiera pertenecido a Ia secta. De ella se distingue, más que nada, por-! que así como Ia secta ponía Ias exigências dei espíritu rriuy por encima de todos j los deberes comunes, él, por ei contrario, antiguo soldado, declaraba Ia obedien-1 cia como Ia suprema virtud. Todo su entusiasmo y toda su profunda convieción ] los sometió a Ia Iglesia y a sus potestades. Mientras, todas estas persecuciones y obstáculos produjeron un resultado
«2 "En figura de três teclas". «3 Acta antiquissima: Ws visis haud mediocriter rum confirmatus est [en ei original: "y le djeron tantas confirmaciones siempre de Ia fe"], ur saepe etiam id cogirarir, quod etsi nul/a scripturaj Diysteria i/Ja fidei doceret, famen ipse ob ea ipsa quae viderat statuerer sibi pro his esse moriendum. «* También a Láinez y Borja se hizo este reproche. Llorente, Hist. de l'inquisition, m. 83. Melchor Cano les Uamaba incluso alumbrados, los gnosticos dei siglo.

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decisivo para su vida. En ei estado en que se encontraba, sin instrueción alguna y sin fundamentos teológicos, sin ningún apoyo político, es seguro que hubieia transitado sin dejar una profunda huella. Dicha grande que consiguiera en Espúria unas cuantas conversiones. Cuando se le trata de imponer que estudie cuatro anos de teologia en Alcalá y en Salamanca, antes de que pueda empezar a tmsenar acerca de ciertos dogmas dificiles, se le fuerza a escoger un camíno •n ei que poço a poço se abrirá un campo insospechado a su anhelo de activi• l.iil religiosa. Se dirige a Paris, donde está Ia universidad más famosa dei mundo. Los estúdios se presentaban dificultosos puesto que para poder ser admitido •1 estúdio de Ia teologia'15 tuvo que pasar antes por Ia clase de gramática, ya fmpezada por él en Espana, y por Ia de filosofia. Pero cuando meditaba sobre Ias pulabras o trataba de analizar los conceptos lógicos caía en los deliquios de profundo sentido religioso que acostumbraba a unir a aquéllos. Es grandioso que ignacio considerara estas inspiraciones como obra dei demônio, que trataba de Bstraerle dei camino emprendido y, así, se sometió a Ia disciplina más rigurosa. Si bien con los estúdios se percataba de un mundo nuevo, no por eso se lejó desviar de Ia dirección espiritual y de su afán de comunicación, Fué en Paris irecísamente donde hizo Ias primeras conversiones importantes y de significaiión para ei mundo. De los dos camaradas de estúdios en ei colégio de Santa Bárbara, uno, ei idre Faber de Saboya —hombre que se había criado entre los rebanos de su idre y que una noche, bajo ei cielo abierto, tomo Ia decisión de dedicarse a Dios a los estúdios— no fué difícil de ganar. Repitió con Ignacio —que este nomc llevaba Inigo en ei extranjero— ei curso de filosofia, e Ignacio le revelo sus rincipios ascéticos. Le ensenó a combatir sus faltas, no todas a Ia vez, sino una «pués de otra, y a ganar Ias virtudes también por su orden. Le acostumbró a Ia (nfesión y a Ia comunión frecuentes. Trabaron íntima amistad e Ignacio comirtía con Faber Ias limosnas que en abundância le venían de Espana y de lundes. Más difícil se presentaba ei caso con Francisco Xavier, natural de Pamlona, que anbelaba anadir a Ia serie de sus gloriosos antepasados, senalados por :hos de guerra a \o largo de quinientos anos, ei nombre de un sábio. Era Ixlto, rico, lleno de espíritu, y tenía ya entrada en Ia corte. Ignacio no descuido f mostrarle ei bonor que pretendia y de bacer que los demás también se Io ndieran. Le procuro cierto público para su primera lección. Una vez amigos, p dejó de producir sus efectos naturales ei ejemplo y ei rigor de Ignacio. A Kuvicr y a Faber los convenció para que hicieran los ejercicios espirituales bajo • u dirección. No tuvo muchos miramientos y los hizo ayunar três dias y três •IKIICS; en ei inviemo más crudo —los coches corrían sobre ei Sena congelado— ^ilx-r aguantó. Cobro total ascendiente sobre los dos y les comunico sus penImicntos.69
1 «» Scgún Ia más antigua crônica de los jesuítas, Chronicon breve, AA. SS. J, í, p. 525, Ignacio ptnvo en Paris de 1528 a 1535. Ibi vero non sine magnis molestiis et persecutionibus primo gram^•jalicac de integro, (um philosophiae ac demuni theo/ogico síudio sednlam operam navavif. 90 Orlandinus, que escribió también una vida de Faber, obra que no vi, nos da en su gran Historiae societaí/s Jesu, parte i, p. 17,. más detallcs sobre ello que Ribadeneira.

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La celda dei colégio de Santa Bárbara asume una significación histórica enorme mientras estos três jóvenes proyectan planes de una fantástica religiosidad y preparan empresas que ni ellos mismos sospechan a donde van a conducirles. Consideremos ahora los factores en los que descansará Ia expansión posterior de esta alianza parisina. Luego que se les juntaron algunos espaficles: Salmerón, Láinez, Bobadilla, para los que Ignacio se había hecho imprescindible por su buen consejo o por su apoyo, se dirigieron un dia a Ia iglesia de Montmartre. Faber, ya sacerdote, dijo Ia mísa. Prestaron ei voto de castidad y juraron dedicarse ai término de sus estúdios, en total pobreza, a cuidar de los cristianos y a convertir a los sarracenos en Jerusalén y, caso de que fuera imposible llegar a quedarse en los Santos Lugares, ofrecerse ai Papa para ir a donde les mandara, sin retribución ni conàición alguna. Así Io prcmetieron y luego comulgaton. A continuación prometió también Faber y comulgó. A Ia vuelta tomaron un refrigerio en Ia fuente de Saint Denis. Alianza de jóvenes: fervorosa pero no muy comprometedora, trabada por Ias ideas primeras de Ignacio, con Ia variante única de que pensaba en Ia posibilidad de no poderlas llevar a cabo. A comienzos dei afio 1537 los encontramos en Venecia con otros três companeros más y con Ia intención de emprender ei viaje. Ya hemos visto algunos de los câmbios que sufrió Loyola: de una caballería mundana pasa a Ia caballeria celestial; es presa de Ias tenraciones más terribles, a Ias que escapa con uti ascetismo de tipo fantástico; ahora se ha hecho teólogo y fundador de una sociedad entusiasta. Por último, sus propósitos se orientan de manera definitiva. La guerra entre Venecia y los turcos, que rompe entonces, le impide Ia salida y pospone Ia idea de Ia peregrinación; en ese momento encuentra en Venecia una institución que podríamos decir que le abre de verdad los ojos. Durante una temporada Loyola frecuenta a Caraffa y habita en ei convatito de los teatinos establecido en Venecia. Sirve en los hospitales gbbemadcs por Caraffa y en los que hacía practicar a sus novicios. Es verdad que Ia ordên de los teatinos no le satisface por completo; habló con Caraffa sobre algunos câmbios que serían convenientes y parece que con este motivo rifíeron.67 Pero ya esto nos indica cuán profunda impresión hizo sobre él. Vió una orden de sacerdotes dedicarse con ceio y rigor a los ofícios propios dei clero secular. Se daba cuenta de que si tenía que abandonar su proyecto de marchar a Jerusalén", como cada vez parecia más claro, y dedicarse a Ia cristiandad Occidental, tampoco él podría seguir otro camino. Con sus eompaneros, recibió Ias sagradas ordenes en Venecia. Comenzó a predicar en Vicenza con três de sus camaradas, después de cuarenta dias de oración. EI mismo dia, a )a misma hora, aparecieron en distintas calles y, subidos sobre unas piedras, agitaron sus sombreros, llamaron a Ia gente y comenzaron a predicar penitencia. Èxtrafios predicadores, harapientos y demacrados, hablaban una jerigonza incomprensible, mezcla de espafiol e italiano. Permanecieron por
67 Sachinus: cujas sit autoritstis quoâ in b. Cajetani Thienaei vita de beato Ignatio traditur, habla ai dctalle, y antes que Orlandinus, de esta circunstancia.

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csos lugares hasta que hubo pasado ei afio que habían decidido esperar. De aqui marcharon a Roma. Al separarse, pues querían hacer ei viaje por diferentes caminos, esbozaron Ias primeias regias, para poder observar cierta uniformidad de vida estando apartados. iQué habrían de contestar si se les preguntaba por su ocupación? Se les ocurrió que Io mejor seria declararse soldados en Ia guerra contra Satán y, de acuerdo con Ias viejas fantasias militares de Ignacio, acordaron titularse Compaiiia de Jesus, Io mismo que una compaiiia de soldados lleva ei nombre de su capitán.88 En Roma Ias cosas no se presentaban ai principio muy fáciles. Todas Ias ventanas, dice Ignacio, parecen cerradas. Una vez más, tienen que ser absueltos de Ia vieja sospecha de herejía. Pero su gênero de vida, su ceio en Ia predicaeión y en Ia ensenanza y ei cuidado de los enfermos, les atrajeron muchos simpatizantes. No poces de ellos querían entrar en Ia Companía, y pudieron pensar en Ia [Institución formal de Ia misma. Habian prometido dos votos y ahora ei tercero: obediência. Por Io mismo wue Ignacio ponia esta virtud por encima de todas, Ia Companía queria exceder cn ella a todas Ias demás ordenes. Ya era mucho que eligieran un general para toda Ia vida, pero no les bastaba, y anadieron Ia obligación "de hacer todo Io que les mandara ei Papa, de ir a cualquier país de turcos, paganos o herejes, M que fueran enviados, sin hacer objeciones, sin poner condiciones ni pedir retriloución, sin demora". • jQué contraste con Ias tendências de Ia época! Mientras ei Papa encontraba iBor todas partes resistência y defección y no podia esperar sino ei incremento de Mta, se formaba aqui una companía de voluntários, llena de ceio, que se ponía Exclusivamente a su servido con ei mayor entusiasmo. Sin peligro alguno, pudo •Br aprobada ai principio —en 1540— bajo ciertas condiciones, y más tarde —en 11543— sin condición alguna. Mientras tanto Ia Companía dió ei último paso. Se reunieron seis de los •nas antiguos camaradas para elegir ai jefe, ei cual, como rezaba ei primer pro^fteto entregado a] Papa, "distribuiria los grados y los cargos a su discreción, Mancaria Ia constitución con Ia asistencia de los miembros, pero seria ei único • a r a mandar en todas Ias demás cosas, y en él habría de honrarse a Cristo como ^•isente". Por unanimidad salió elegido Ignacio que, como escribió Salmerón B h su boletín, "los había engendrado a todos en Cristo y criado con su leche".69 Ya tenía Ia Companía su forma. Era una sociedad de clérigos regulares: Hiicansaba en una fusión de deberes clericales y monacales; pero se diferenciaba H | turno grado de Ias otras sociedades de este gênero. Los teatinos habían abandonado ya ciertas obligaciones menores, pero los
"x Ribadcneira, Vita brevior, cap. xn, observa que Ignacio escogió este nombre: ne de suo •Viiiine diceretur. Nigroni explica ei nombre de socieras dei modo siguiente: quasi dicas cohoitcm • n t i-enturiam quae ad pugnam cum hoslibus spiritua/ibus conserendam conscripta si'. Postquarn • M vilanique nostram Christo Domino nostro et e/us vero ac íegitimo vicario in terris obtuleramus. • trza Ia Deliberatio primorum patrum. AA. SS. i. i., p. "163. I "• Suf/ragium Salmeronis.

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jesuítas fueron más lejos.70 No les basto con renunciar a todo ei indumento monástico: prescindieron de todos los ejercicios de comunidad que en los conventos absorbían Ia mayor parte dei tiempo y, entre otras cosas, de Ias obligaciones de coro. De esta suerte pudieron dedicar todo ei tiempo y todas sus fuerzas a los deberes esenciales. No a uno solo, como los bamabitas —aunque cuidaron también de los enfermos, porque esto favorecia su prestigio—, ni tampoco bajo condiciones limitadoras, como los teatinos, sino con toda su alma. En primer lugar Ia predkación: cuando se separaron en Vicenza se comptometieron a predicar ai pueblo preocupándose más de producir impresión que de brillar por su elocuencia, y esta fué Ia regia que siguieron. En segundo lugar, Ia confesión, pues con ella se tiene mano para dirigir y dominar Ias conciencias; los ejercicios espirituales, que les habían agrupado alrededor de Ignacio, ofrecían una gran ayuda. Finalmente, Ia instrucción de Ia juventud, y para ello quisieron obligarse por una cláusula especial de sus votos y, si bien esto no tuvo efecto, Io recalcaron expresamente en Ias regias de Ia Companía. Ante todo les interesaba Ia gene-^ ración joven. En una palabra, renunciaron a todo Io accesorio y se dedicaron de lleno a los trabajos esenciales, efectivos y prometedores de influencia. De los empefios fantásticos de Ignacio había salido una obra perfectamente práctica; de su conversión ascética, una institución calculada con un sentido < político mundano. Sus esperanzas fueron más que colmadas. Tenía en sus manos Ia dirección ilimitada de una Companía que asimiló una gran parte de sus intuiciones y dió.j cuerpo reflexivo a sus convicciones religiosas, ganadas por él con gênio y por; accidente; una Companía que no llevó a Ia práctica su plan de cruzada un poccn vano, pero que emprendió Ias misiones más lejanas y fecundas y, sobre todo, una Companía que tomo a su cargo Ia cura de almas, que él había recomendado,! en proporciones que no podia sospechar, y que le prestaba una obediência a Ia! vez militar y religiosa. Antes de estudiar Ia rápida acción de Ia Gímpanía debemos explicar una de Ias más importantes circunstancias que condicionaron !Íu triunfo. 5) Primeras sesiones dei concilio tridentino Ya vimos ei interés que había por parte dei emperador para convocar ei concilia] y para evitarlo por parte dei Papa. En un aspecto tan solo un concilio de laí Iglesia podia ofrecer a este algo favorable. Para que Ias doctrinas de Ia Iglesia] católica se pudieran formular con una celosa energia y pudieran cundir, ersfl necesario eliminar Ias dudas que sobre diversos puntos habían surgido dentrcí dei seno de Ia misma Iglesia. Solo un concilio podia llevar a cabo esta tarea com
70 En esto se distingiien de los mismos teatinos. Didacus Payva Andradius, Orthodoxarunaj Êxpl/calt., Lib. i, foi. 14: llli (Theatini) sacrarum aeternartimque rerum mediationi psalmodiaeqtin porissimum vacant: isti vero (Jesuitae) cuni divinorum mysteriorum assídua contemplatione, docew dae plebis, evangelii anipíificandi, sacramenta adrninistrandi arque reliqua omnia apostólica muncra con/ungunt.

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iutoridad indiscutible. Lo importante era convocarlo en ticmpo oportuno y inantcncrlo bajo Ia influencia dei Papa. Peso sobremanera ese gran momento en que los dos partidos religiosos se •nroximaban más que nunca en una opinión media moderada. Como dijimos, | I Papa sospechaba que ei emperador pretendia convocar ei concilio. En este •Momento, asegurado de Ia lcaltad de los príncipes católicos, no perdió ticmpo • u r a tomarle Ia dclantera. En médio de Ia agitación se decide a convocar un con•ilio ecumênico, acabando con todas Ias vacilaeiones.71 Se le comunico a Conta[flni y, a través de él, ai emperador; se iniciaron Ias gestiones con toda seriedad y, I malmente, Ias convocatórias. Al ano siguiente los legados dei Papa se enpicntran en Trento. 72 También esta vez se presentaron nuevos obstáculos: ei número de obispos k e s e n t e s era exiguo, Ia época demasiado enredada en guerras y Ias circunstancias mu dei todo favorables. Hubo que esperar hasta diciembre de 1545 antes de que • inaugurara ei concilio. Por fin, ei anciano remiso encontro que había llegado i'l momento. | No otro podia ser mejor que aquél en que ei emperador, viéndose amenalo en su prestigio imperial y en ei régimen tradicional dei país con los progredel protestantismo, se había deeidido a combatirlo con Ias armas. Como :sitaba de Ia ayuda dei Papa no podia hacer valer sus pretensiones con Ia ••ma fuerza que lo hubiera hecho en un concilio celebrado cn otras circunsii ias. La guerra tenía que absorberle, y, como Ia fuerza de los protestantes permitia predecir Ias vicisjtudes de Ia campana, tanto menos podia él urgir reforma con Ia que hasta entonces había estado amenazando a Ia Santa Ic. Además, también en este punto supo adelantársele ei Papa. El emperador Igió que ei concilio comenzara por Ias reformas y a los legados pontifícios les Meio un triunfo ei acuerdo que decidia que trataran a un tiempo Ia reforma los dogmas; 73 de hecho se comenzó por ei dogma. Como ei Papa se daba cuenta de qué cosa podia perjudicarles, arremedo con que importaba. Lo decisivo para él era fijar los princípios discutidos. Había |C ver ahora si de aquellas tendências que se aproximaban ai protestantismo, lia ser absorbida alguna que otra dentro de ias formulaciones católicas. El concilio, que trabajó muy sistematicamente, se ocupo en primer lugar de rcvelación y de Ias fuentes que proporcionan su conocimiento. Ya en este uno se escucharon algunas vocês que se orientaban hacia ei protestantismo. jbispo Nachianti de Chiozza nada queria saber fuera de Ia Biblia; en ei Evanse baila escrito todo lo necesario para nuestra salvación. Pero se encontro
' t "Ardinghello ai Cl. Contarini 15 Giugno 1541", en Quirini, m, CCXLVI: Consideraro che h concórdia a Chrisriani è suecessa e Ia toíeraníia [Ia cual se había propuesto en Regensburgo, i .|M( fué rechazada por ei consistorio de cardenalcs] è illccitissima e damnosa e /a guerra dií/ip r pcricolosa, —pare a S. S. che si ricorra aí rimedio dei concilio.—Adunquc—S. Beatitudine i lírlcmiinato di levar via Ia prorogatione delia suspensione dei concilio e di dichiararlo e con•lifo quanto piu presto si potrà. Tü Llcgaron ei 22 de noviembre de 1542. '" Un recurso propuesto por Thom. Campeggi, Pallavicini, vi, vn, 5. Por lo demás, fui prelada, desde ei principio, una bula de reforma, pero esta nunca se publico. BuIIa reformationis l/i popae III concepra non vulgata, primum edidit H. N. Ciausen. Havn. 1829.

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con una gran mayoría enfrente. Se acordo poner en ei mismo rango de Ia Sagrada Escritura a Ia tradición no escrita, surgida de Ia boca de Cristo y transmitida con Ia asistencia dei Espíritu Santo hasta los últimos tíempos. En cuanto a h Bíblia, ni siquiera se remitió ai texto original. Se reconoció Ia Vulgata como traducción autêntica y solo se tuvo en cuenta que había de ser impresa con ei mayor cuidado en Io futuro.74 Sentadas así Ias bases —no sin razón se dijo que se había andado Ia mitad dei camino—, se llegó ai principio clave de Ia justificación y Ias doctrinas conexas. En esta discusión se concentraba ei mayor interés. No eran poços en ei concilio los que tenían una opinión no muy díspar de Ia protestante. El arzobispo de Siena, ei obispo de Ia Cava, Giulio Contarini, j obispo de Belluno y, con ellos, otros cinco teólogos, fundaban Ia justificación i unicamente en los méritos de Cristo y en Ia fe. La caridad y Ia esperanza eran j Ias companeras de Ia fe, y Ias obras Ia prueba misma y no otra cosa, pues eíj fundamento de Ia justificación era unicamente Ia fe. En un momento en que ei Papa y ei emperador combatían a los protestantes con tcdo ei poder de Ias armas, {como se podia pensar que un concilio celebrado i bajo los auspícios de ambos diera acogida ai principio fundamental de donde] derivaban aquéllos toda su doctrina? En vano pedia Poole que no se rechazaraj una opinión porque Lutero Ia sostuviera. Los ânimos se enconaron. El obispo I de Ia Cava y un fraile griego vinieron efectivamente a Ias manos. No era posiblej que ei concilio entrara ni siquiera a discutir seriamente una expresión tan inequívoca de Ia opinión protestante y, por esto, Ias discusiones giraron en torno —loj que tampoco deja de tener importância— de Ia opinión mediadora que repre^j sentaron Gaspar Contarini, ya fallecido, y sus amigos. Presentó esas opiniones ei general de los agustinos, Sepirando, no sin antes advertir que no sostenía Ias opiniones de Lutero sino Ias de dos de sus más famojj sos contradictores, por ejemplo, Pflug y Gropper. Suponía/una doble justifica+j ción:T5 una interna, inherente, por Ia cual dey pecadores nos hacemos hijos dei Dios, también grada pura y no merecida, que actúa en obras, que se patentizal en virtudes, pero que no es capaz de llevarnos a Ia gloria de Dios; Ia otra es Ia' justificación por el mérito de Cristo, atribuída a nosotros, imputada, que suplffl todas Ias deficiências totalmente y nos hace beatos. Esto era Io que había enseba fiado Contarini. Dería este que si nos preguntamos sobre cuál de Ias dos justifi-j caciones debemos apoyamos, sobre Ia que nos inhiere o "sobre Ia que nos es impu tada por Cristo, el hombre piadoso contesta qué solo podemos confiar en là\ última. Nuestra justificación no es sino primeriza, imperfecta, llena de insufil ciências; Ia justificación por Cristo es verdadera, perfecta, Ia única grata a los ojos de Dios y solo pensando en ella se puede creer en una justificación ante É1.71
1* Cone. Tridentini Sessio IV: in publicis /ectionibus, disputationibus, praedicationíbus et expositionibus pro authentica habeatur. La Vulgata había de publicaise mejotada, posthac no conM pletamente como dice Pallavicini, quanto si potesse piu tosto: vi, 15, 2. ™ "Parere dato a 13 di Luglio 1544". Citado por Pallavicini, vm, xi, 4. T6 Conta/eni rractatus de /ustificatione. Pero no se debe ai principio, como fué también mi caso, consultar Ia edición veneciana dei afio 1589; en esta se busca en balde este pasaje. Todavia en 1571 aprobó Ia Sorbona aquel tratado tal como era; en Ia edición de Paris de este ano se

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Aun en esta forma modificada —pero que conservaba ei núcleo de Ia IIIM irina protestante y podia haber sido aceptada por los adherentes de este cre• I• > - Ia opinión fué verdaderamente combatida. Caraffa, que ya le impugno en otra ocasión en Ias negociaciones de Ratis)na, se hallaba ahora entre los cardenales a los que estaba confiada Ia vigilanlu dei concilio de Trento. Presentó un tratado suyo sobre Ia justificación en ei uc combatia vivamente opiniones semejantes.77 A su lado se agruparon los pitas. Salmerón y Láinez se habían procurado ei discreto privilegio de hablar d ei primero y otro ei último. Eran dos varones doctos, vigorosos, en ei esplenI de Ia edad y llenos de ceio por Ia causa. Aconsejados por Ignacio para que aceptaran ninguna opinión que pudiera significar una innovación,78 se opuiii ion todas sus fuerzas a Ia doctrina de Sepirando. Láinez parecia combatir i con un libro que con Ia palabra. La mayor parte de los teólogos estacon él. Sin embargo, aquella distinción de Ias justificaciones fué admitida por contradictores, pero afirmando que Ia justificación imputada quedaba abfoida en Ia inherente: o sea, que ei mérito de Cristo se aplica y comunica ditumente a los hombres mediante Ia fe; claro que hay que edificar sobre Ia tificación de Cristo, pero no porque completa Ia nuestra sino porque Ia proc Aqui estaba Ia clave. Según Contarini y Sepirando no se podia sostener ei rito de Ias obras. La otra opinión mantenía ei valor de Ias obras. Era Ia vieja trina de los escolásticos de que ei alma, revestida con Ia gracia, ganaba Ia vida Irna.79 El arzobispo de Bitonto, uno de los padres más doctos y elocuentes, Itinguió una justificación provisional, dependiente de los méritos de Cristo, (diante Ia cual ei hombre se libra de Ia condenación, una justificación postela autêntica, que depende de Ia gracia infundida en nosotros. Decía ei jlipo de Fano 80 que en este sentido Ia fe no era más que Ia puerta para Ia justiMiión, pero que no habia que permanecer en ella, sino andar todo el camino. Aunque parezca que estas opiniones se aproximan mucho, en el fondo se illui en perfecta oposición. También el luterano exige el renarimiento inteW sefiala el camino de Ia salvación y afirma, como consecuencia, Ias buenas , Iras, pero Ia gracia de Dios se deriva exclusivamente de los méritos de Cristo. Por Contrario, el concilio de Trento acepta también los méritos de Cristo pero les ^ibuye Ia justificación unicamente cuando producen el renacimiento interior Con él, Ias buenas obras, que son Ias que Importan. El hombre queda justifico cuando, por los méritos de Ia Pasión de Cristo, por Ia gracia dei Espíritu (lio, se siembra en su corazón el amor de Dios y vive en él; convertido en un ligo de Dios, el hombre avanza de virtud en virtud y se renueva de dia en dia.
•tntra integro. Pero en 1589 cayó bajo Ia censura dei gran inquisidor de Venecia, Fra Marco idlui, el cual no se contento con suprimir algunos pasajes, sino que Io transformo según el dogma pado. Uno se asombra ai encontrar en Quirini, £pp. Poli, ra, ccxrrr, Ia colación. Es preciso • Lu estas violências injustificables para explicarse un ódio tan amargo como el que abrigaba Sirpi. TT Bromato, Vita di PaoJo IV, t. n, p. 131. t i Orlandinus, vi, p. 127. T» Chcmnitius, Examen concilii Tridentini, i, 555. ao Scssio VI, c. vil, x.

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Al cumplir con los mandamientos de Dios y de Ia Iglesia, prospera, con Ia ayuda de Ia fe y mediante Ias buenas obras, en Ia justificación conseguida con Ia gr cia de Cristo y resulta cada vez más justificado. La opinión de los protestantes fué apartada así de Ia católica y se hizo imposible Ia mediación. Ocurría esto cuando ei emperador lograba Ia victoria en Alemania y los luteranos se sometían por todas partes, prosiguiendo aquél con ei propósito de someter a los rebeldes que todavia quedaban. Los defensores de Ia opinión mediadora, ei cardenal Poole, ei arzobispo de Siena, habían abandonado ei concilio con pretextos diferentes: 81 en lugar de poder instruir a los demás en su fe, tenían que tener cuidado de no verse atacados y condenados. Con esto se había vencido Ia dificultad mayor. Como Ia justificación ocurre dentro dei hombre y en un desarroUo continuo, no puede ei hombre prescindir de los sacramentos, con los cuales comienza su camino o Io prosigue, o Io recobra una vez perdido.82 Por Io tanto, no era difícil conservar los siete sacramentos en su forma tradicional y referirlos ai fundador de Ia fe, ya que Ias doctrinas de Ia Iglesia de Cristo no se comunican solo por Ia Escritura sino mediante Ia tradición.83 Como es sabido, estos sacramentos abarcan Ia vida entera cn todas sus etapas y asientan Ia base de Ia jerarquía eclesiástica, ya que esta interviene en todos los momentos de Ia vida. Y como no solo significan Ia gracia, sino que Ia comunican, llevan a perfección ei vínculo místico dei hombre con Dios. Se busca apoyo en Ia tradición porque ei Espíritu Santo asiste sicmpre a Ia Iglesia; se aceptó Ia Vulgata porque Ia Iglesia romana, por especial gracia divina, está preservada dei error; esta asistencia dei elemento divino explica que ei principio de Ia justificación haga presa en ei hombre mismo y que Ia gracia vinculada a los sacramentos le sea participada paso a paso y abarque su vida y su muerte. La Iglesia visible es ai mismo tiempo Ia verdadera, Ia llamada invisible. Fuera de su âmbito no puede reconocer ninguna existência religiosa. 6) La lnquisición /

Para propagar estas doctrinas y reprimir Ias contrarias se tomaron Ias medidas convenientes. Tenemos que volver una vez más a los tiempos de Ias conversaciones de Ratisbona. Cuando se vió que no se llegaba a ningún acuerdp con los protestantes y que en Itália empezaban Ias disputas sobre los sacramentos y Ias dudas sobre ei fuego dei infierno, y que además asomaban otras opiniones peligrosas para ei rito romano, ei Papa preguntó un dia ai cardenal Caraffa qué médio le aconsejaba para poner remédio ai mal. El cardenal le repuso que no veia otro que ei de
83 Por Io menos Jiubíera sido un extrsão azar que una enfermedad extraordinária los hubiera imposibilitado de regresâi a Trento. Polo ai Cli. Monte e Cervini 15 Sett. 1546. Epp., t. rv, 189. Esto hizo mucho dano a Poole. Mendoza ai Emperador Carlos 13 Jul. 1547. "Al Cardinal de Inglaterra le haze danno Io que se ha dicho de Ia justificación". 82 Sessio VII. Prooemium. 88 Las discusiones sobre ei particular nos son contadas por Sarpi, Historia de? concilio Tridenrino, p. 241. (ed. de 1629). Pallavicini no nos ofrece sino datos insuficientes.

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una Inquisición general, y a su opinión se adhirió Juan Âlvarez de Toledo, carilenal arzobispo de Burgos. La vieja Inquisición dominicana había desaparecido hacía tiempo. Como quedo encomendada Ia elección de inquisidores a Ias ordenes monásticas, ocurrió no poças veces que estos participaban de Ias opiniones que tenían que combatir. En Espafia se habían alejado de Ia antigua forma instituyendo un supremo tribunal de Inquisición para ei país. Caraffa y Álvarez de Toledo, ambos dominicos viejos, de sombrio sentido justiciero, fanáticos de un catolicismo puro, rigurosos cn sus vidas, inflexibles en sus opiniones, aconsejaron ai Papa ei establecimiento de un supremo tribunal de Inquisición según ei modelo de Espafia y dei que habían de depender los demás. Así como San Pedro, decía Caraffa, venció a los primeros herejes en Roma, así su sucesor debía dominar todas Ias herejías dei mundo en Roma.84 Los jesuítas se gloriaban de que Loyola había apoyado ia propuesta mediante un escrito especial. La bula que Io fundaba se expidió ei 21 de julio de 1542. Nombra a seis cardenales, entre los primeros Caraffa y Toledo, comisarios de Ia Sede apostólica e inquisidores generales dentro y fuera de Itália. Les da atribuciones para nombrar en todas Ias localidades que les parezca clérigos con poderes delegados, para decidir Ias apelaciones contra Ias decisiones de estos y para proceder sin intervención de los tribunales eclesiásticos ordinários. Todo ei mundo, sin excepción, sin reparo de rango o dignidad, estará bajo su jurisdicción; los sospechosos serán puestos en prisión, los culpables castigados con Ia vida y sus bienes confiscados. Solo se les fija una limitación: ellos son los que dcben condenar, pero a los culpables que se conviertan podrá agraciarlos solo ei Papa. Harán todo Io que este en su poder para que los errores esparcidos por Ia comunidad cristiana sean reprimidos y extirpados.85 Caraffa no perdió un momento para poner en ejecución Ia bula. No era un hombre rico, pero no por eso espero a que Ia Câmara apostólica le proporcionara los médios: alquiló una casa, arregló con sus propios médios Ias habitaciones de los funcionários y Ias prisiones; Ias proveyó de cerrojos y fuettes candados, con tormentos, cadenas y cuerdas y todo ei resto de implementos de tortura. Nombró comisarios generales para los diferentes países. El primero en Roma fué su propio teólogo, Teófilo di Tropea, cuyo rigor pronto sintieron cardenales como Poole. La biografia manuscrita de Caraffa nos dice que ei cardenal se había sefial.ulo Ias siguientes regias, entre Ias más importantes: 88
"primera: en cuestiones de fe no hay que esperar un momento sitio obrar con Ia mayor energia a Ia menor sospecha; 84 Bromato, Vira di Paoío IV, Libro vn, 5 3. 85 Licet ab initio. Deputatio nonnui/orum S. R. E. Cardinalium generalium inquisirorum luereticae pravitatis 21 Julii 1542. Cocquclines, w, i, 211. 86 Caracciolo, Vita di Paolo IV MS, cap. vru. Haveva egli quesle infra scritte regole tenute dl lui come assiomi verissimi: Ia prima, che in matéria di fede non bisogna aspettar punto, ma «ubito che vi c qualche sospelto o indicio di peste herética /ar ogni sforzo e violenza per estir|Milj(a, etc.

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"segunda: no hay que tener contemplaciones con ningún príncipe ni prelado por muy altos que estén; "tercera: hay que proceder con ei mayor rigor con aquellos que tratan de defenderse bajo Ia protección de u n gobernante; solo si confiesan habrá que tratarlos con dulzura y piedad paterna!; "cuarta: frente a los herejes, y especialmente frente a los calvinistas, no habrá lugar a ninguna tolerância".

Como vemos, todo es rigor, y rigor implacable, hasta que se obtiene Ia confesión. TerribJe en un momento en que Ias opiniones no estaban totalmente desarrolladas, en ei que muchos trataban de hacer compatibles Ias ensenanzas profundas dei cristianismo con Ias instituciones de Ia Iglesia establecida. Los más débiles cedieron y se sometieron; los fuertes fué entonces cuando se decidieron por Ias opiniones perseguidas y trataron de sustraerse a Ia violência dei poder. Uno de los primeros fué Bernardino Ochino. Se venía observando que había aflojado en sus obligaciones monacales; en ei afio 1542 sus sermones desconcertaban. De manera resuelta sostenía que solo Ia fe justifica y, apoyándose en un pasaje de San Agustín, proclamo: "^El que te creó sin contar contigo no te salvará también de igual modo?" Sus explicaciones sobre ei fuego dei infierno no parecían muy ortodoxas. EI núncio de Venecía Ie prohíbíó predicar durante unos dias; fué llamado a Roma, y ya había Ilegado a Bolonia y a Florencia cuando decidió huir, quizá por temor a Ia Inquisición recién establecida. El historiador de su orden87 nos cuenta como ai llegar a San Bernardo se detiene todavia y recuerda todos los honores que le ha rendido su bella pátria, los innumerables compatriotas que le recibieron llenos de esperanza, que le escucharon con entusiasmo y, agradecidos y admirados, le acompanaron hasta su casa; sin duda un orador pierde más que cualquier otro hombre ai abandonar Ia pátria. Pero, a pesar de sus afios, Ia abandono. Entrego a su acompanante ei sello de su orden, que hasta entonces había Uevado consigo, y se dirigió a Gii!ebra. Todavia sus convicciones no eran muy firmes y cayó en conEnsión extraordinária. Por Ia misma época abandona Itália Pedro Mártir Vérmigli. "Rompi de una vez con tanta hipocresía y salve mi vida dei peligro que Ia amenazaba." Le siguieron más tarde muchos de los discípulos agrupados alrededor de él en Lucca.88 Celio Secundo Curione espero ai peligro más de cerca, hasta que apareció Bargello en su busca. Curione era un hombre alto y fornido. Con ei cuchillo, se abrió paso entre los esbirros, salto sobre un caballo y sahó ai galope. Se dirigió a Suiza. ' Ya antes se habían producido movimientos en Módena y ahora se renovaron. Se acusaban unos a otros. Fílíppo Valentín escapo a Trento y también a Castelvetri le pareció prudente guarecerse por cierto tiempo en Alemania. Porque por todas partes en Itália se desato Ia persecución y ei terror. El ódio entre Ias facciones ayudó a los inquisidores. jCuántas veces, después de tan87 Boverio, Annali, i, 438. 88 Un escrito de Pedro Mártir a su comunidad abandonada, en ei que expresa sa sentir de que haya a veces ocultado Ia verdad, en Schlosser, Leben Beza's und Perer jvfartyrs (p. 400). Muchos datos se encuentran en los libros arriba citados de Gerdesius y M'Cric.

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to tíempo de andar buscando inutilmente una oportunidad para vengarse, se acuso ai enemigo de herejía! Ahora los frailes fanáticos podían manejar libremente sus armas y condenar a perpetuo silencio a aquel grupo de gentes ilustradas a quienes su formación literária había conducido hacia cierta tendência religiosa; eran dos partidos que se odiaban cordialmente. "Apenas si es posible —proclama Antônio dei Pagliarici— ser cristiano y morir en Ia cama."89 La academia de Módena no fué Ia única disuelta. También se clausuraron por orden dei virrey Ias academias napolitanas, fundadas por los Seggi, que se dedicaron en un principio a los estúdios, pero que pasaron pronto a Ias disputas teológicas con arreglo ai espíritu de Ia época.90 Toda Ia producción escrita estaba sometida a Ia más estricta vigilância, El afio 1543 ordeno Caraffa que, en adelante, ningún libro se imprimiria sin licencia de los inquisidores, cualquiera que fuese su contenido, y fuera viejo o nuevo; los libreros debían presentar los índices de sus libros a los inquisidores y no podían venderlos sin su permiso, los aduaneros de Ia àogana recibieron Ia orden de no dejar pasar ningún envio de libro manuscrito o impreso sin presentarlo antes a Ia Inquisición.91 Poço a poço se llegó ai índice de libros prohibidos. Lovaina y Paris ofrecieron los primeros ejemplos. En Itália Giovanni delia Casa, persona de confianza de los Caraffa, hizo imprimir en Venecia ei primer catálogo que comprendía unos setenta números. Con más detalíe aparecieron catálogos en Florencia (1552) y en Milán (1554) y ei primero se reimprimió en 1559 en Roma en Ia forma entonces adoptada. Contenía escritos de cardenales y Ias poesias dei mismo Casa. Y no solo los impresores- y los libreros se vieron obligados por Ias nuevas leyes, sino que era también obligación de conciencia de los particulares denunciar Ia existência de libros prohibidos y colaborar en su destrucción. Con un rigor increíble se pusieron en práctica estas medidas. Si bien ei libro De! beneficio de Cristo se había extendido en muchos miles de ejemplares, también es verdad que desapareció por completo y que no hubo ya manera de encontrarlo. En Roma se encendieron hogueras con ejemplares recogidos. En todas estas actividades ei clero se servia de Ia asistencia dei brazo secular.92 Vino bien a los Papas que poseyeran un domínio tan importante donde podían ofrecer ei ejemplo para ser imitado. En Milán y en Nápoles no se había de oponer ei Gobierno, que había tenido ei propósito de introducir Ia Inquisición espafiola. Solo Ia confiscación de los bienes se prohibió en Nápoles. En Toscana, Ia Inquisición era accesible a Ia influencia secular, merced ai legado que supo procurarse ei duque Cósimo; pero Ias hermandades fundadas por
8» Aonii Paleari Opera, ed. Wetsten, 1685, p. 91. 11 Cl. di Ravenna ai Cl. Contarini: Epp. Po/i, m, 208, ya invoca este motivo: Sendo quella città (Ravenna) partialissimanè vi limanendo ntiomo a/cuno non confarn/naío di questa maechia delle íattioni, si van voluntieri dove Foceasion íolferisce carricando i'un 1'alrro da inimki. 00 Giannone, Storia di Napoli, xxxn, cap. v. 81 Bromato, vn, 9. »2 También otros poderes seculares se adhiercn a sus esfuerzos. Fu limediato, se dice en ei compêndio de los inquisidores, opportunamente dal S. Of/icio in Roma con porre in ogni città valenti e zeJanti inquisitori, servendosi anche talhora de secolari zelanti e dotti per a/uto de/la fede, come, verbi grafia dei Godescalco in Como, de/ conte Aíbano in Bergamo, dei Mutio in Mi/ano Questa risolutione di servirsi de'secolari íu presa perche non íoli moltissimi vescovi, vicarü, fratí e preri, ma anco molti deH'istessa inquisitione erano herefici.

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aquélla produjeron muy mal efecto. En Siena y cn Pisa se arrogó más derechos de los que lc correspondían frente a Ias universidades. En Venecia, ei inquisidor estaba sometido a cierta inspección secular. En Ia capital, desde abril de 1547, tenían asiento en ei tribunal cie Ia Inquisición três nobili venecianos. En Ias províncias ei rettore de cada ciudad —que a veces se hacía acompanar de doctores y, cn casos difíciles, sobre todo si se trataba de personas de rango, hacía intervenir en primer lugar ai Consejo de los Diez— tomaba parte en Ia pesquisa. Pero todo esto no impedia que cn Io csencial se pusieran en práctica Ias ordenes de Roma. Y de este modo fueron sofocados en Itália los gérmenes de Ia divergência religiosa. Casi toda Ia orden de los franciscanos se vió obligada a retractarse. La mayor parte de los partidários de Valdés hubo de hacer Io mismo. Los extranjeros, los alemanes, concentrados en Venecia a causa dei comercio o de los estúdios, disfrutaron de cierta libertad, pero los nativos tuvieron que abjurar de sus opiniones y fueron destruídos sus lugares de reunión. Muchos huyeron y tropezamos con estos fugitivos en todas Ias ciudades de Alemania y Suiza. Los que ni cedieron ni pudieron escapar, fueron víctimas dei castigo. En Venecia fueron sacados en dos barcas ai mar; entre ellas se colocaron unas tablas donde se agrupo a los condenados; en ese momento los remeros de ambas barcas empezaron a remar en dirección contraria; Ias tablas cayeron ai mar y los desdichados se sumergieron con ei nombre de Jesus en los lábios. En Roma los autos de fe se celebraban en toda regia delante de Santa Maria alia Minerva. Muchos huían de pueblo en pueblo, con mujer y ninos. Los podemos acompanar un rato pero desaparecen de pronto: probablemente han caído en Ias redes de los implacables perseguidores. La duquesa de Ferrara —que de no haber existido Ia Icy sálica hubiese sido Ia heredera de Ia corona de Francia— no estaba protegida por su nacimiento ni por su rango. Su mismo esposo era un enemigo. "No hay nadie —dice Marot— ai que pueda quejarse; entre ella y sus amigos están Ias montanas y Ias lágrimas se mezelan en su vino." ^ 7) Desarrollo de Ia orden de los jesuítas AI curso de los acontecimientos, cuando los enemigos son eliminados por Ia violência, los dogmas consolidados conforme ai espíritu dei siglo y ei poder eclesiástico vigila Ias opiniones con armas infalibles, Ia orden de los jesuítas se va abriendo camino en estrecha conexión con ese aparato. No solo en Roma, sino en toda Itália, su êxito es, extraordinário. Fundada Ia Companía con ei pensamiento puesto en ei pueblo, fué en Ias clases altas donde tuvo acogida. En Parma es protegida por los Farnesios: 93 Ias princesas practican los ejercicios espirituales. Láinez explica ei Evangelio de San Juan a los nóbtli en
93 Oilandinus se expresa de un modo extraílo. Et c/vitas, dice en su obra, n, p. 78, et prívati quibus fuisse dicitur alíqua ciim Romano pontífice necessitudo, supplices ad eum /iferas pro Fabro reíinendo dederunt. Como si no se supieia que Paulo III tuvo un híjo. Por Io demás, más tarde, con motivo de una oposición contra cl clero de tendências jesuítas, se introdujo Ia Inquisición en Parma.

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Vcnecia y, con Ia ayuda de un Lippomano, puede en 1542 poner ya los cimientos dei colégio de jesuítas. En Montepulciano, Francisco Estrada obtuvo tal influencia entre algunas de Ias personas de más viso de Ia ciudad, que le acompanaron a mendigar por Ias calles; Estrada llamaba a Ia pucrta y sus acompanantes recibían Ias limosnas. En Faenza, si bien es verdad que Ochino había influído mucho también, lograron un gran ascendiente, de suerte que pudieron acabar con rencillas seculares y fundar sociedades para ei auxilio de los pobres. No hago más que citar algunos ejemplos. Se hallában presentes en todas partes, se ganaban partidários, fundaban escuelas y arraigaban. Pero por Io mismo que Ignacio era espanol y partió en su obra de ideas espanolas, y que sus discípulos más ilustres fueron también espanoles, Ia Companía en que este espíritu había cuajado tuvo cn Ia península ibérica todavia mayor êxito que en Itália. En Barcelona se ganaron ai virrey Francisco de Borja, conde de Gandia; en Valencia ia iglesia no podia cobijar a todos los oyentes de Araoz y se le construyó un púlpito ai aire libre; en Alcalá, Francisco Villanueva, aunque enfermo, de humilde origen y sin muchos conocimientos, junto pronto muchos partidários; de aqui y de Salamanca, donde comenzaron en 1548 con una modesta casa, los jesuítas se extendieron por toda Espana.94 También fueron bienvenidos cn Portugal. De los dos jesuítas que se le enviaron a petición suya, ei icy dejó que uno marchara a Ias índias Orientales —Xavier, que conquisto allí cl nombre de apóstol y de santo— y ai otro, Simón Roderich, Io retuvo consigo. En ambas cortes los jesuítas se hicieron querer. Reformaron por completo Ia corte portuguesa y en Ia espafiola fueron confesores de muchos grandes, dei presidente dei Consejo de Castilla y dei cardenal de Toledo. En ei afio de 1540 Ignacio envio a unos jóvenes a estudiar a Paris. La Companía se extendió desde aqui a los Países Bajos. Faber tuvo ei mayor êxito cn Lovaina: dieciocho jóvenes, ya bachilleres o maestros, se le ofrccieron para ir con él a Portugal, abandonando casa, universidad y pátria. Se le vió también cn Alemania, y de los primeros en entrar en Ia orden fué Pedro Canisio, que en esc dia cumplía sus 23 afios, y que después le presto tan grandes servidos. Gomo es natural, este êxito rápido tenía que influir de mancra poderosa en cl desarrollo de Ia constitución dei instituto. Esta influencia se desenvolvió de Ia «iguiente mancra. Ignacio escogió a unos poços entre sus primeros eompaneros para formar con ellos los profesores. Le parecia haber poços hombres que, a Ia par de gozar de una gran cultura, fueran buenos y píadosos. Ya en los primeros proyectos presentados ai Papa manifiesta su intención de fundar colégios en una u otra universidad para Ia formación de Ia gente joven. En número inesperado tuvo gente como Ia que apetecia, que formaba Ia clase de los escolásticos frente n los profesos.05 Pero pronto se dió cuenta de un inconveniente. Como los profesos, merced ul cuarto voto que los distinguía, se obligaban a contínuos viajes para servir ai
»* Ribadcneira, Vita Jgnatií, cap. xv, n. 214, cap. xxxvm, n. 285. 9" "Pauli III facultas coadjutores adinittcndi d. 5 lunii 1546": ita ut ad vota servanda pro •o tempore quo tu, tili praeposife, et qui pro tempore fuerint cjnsdcm soc/efatis praeposite, eis in ministério spirituaJi veí tempora/i utendum /udicaveritis, et iion ultia astringaiitur. Coipus institutorum, i, p. 15.

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Papa, resultaba contradíctorio encomendarles colégios y otros establecimientos que no pueden prosperar más que con una residência constante. Pronto Ignacio creyó necesario instituir una tercera clase, Ia de los coadjutores, también sacerdotes, con formación científica, dedicados expresamente a Ia juventud. A mi parecer, propia y exclusiva de los jesuítas, es esta una de Ias fundaciones más importantes en que descansa ei esplendor de Ia Compafiía. La Compafiía pudo entonces asentarse en cualquier localidad, ganar ascendiente y dominar Ia ensefianza. Lo mismo que los escolásticos, los coadjutores no prestaban más que los três votos, y de manera sencilla y no solemne. Esto quiere decir que, de haber intentado abandonar Ia Compafiía, hubieran caído en excomunión. La Compafiía podia, aunque en casos muy determinados, expulsados. Pero hacía falta algo más. Estas clases habrían visto interrumpidos sus particulares estúdios y ocupaciones si hubieran tenido que preocuparse de ganar Ia vida. Los profesos vivían de limosnas en Ias casas; los coadjutores y los escolásticos tendrían ingresos comunes en los colégios. De su administración —que no podia incumbir a los profesos, quienes tampoco podían disfrutar de aquéllos—, así como dei cuidado de todas Ias cosas exteriores, se encargaron unos coadjutores especiales, que también prestaban los três votos pero que tenían que contentarse con Ia idea de que servían a Dios con esa su ocupación lega ai servir de sustento a una sociedad que estaba dedicada a Ia salvación de Ias almas. Esta organización suponía una jerarquía que, en sus diversos planos, sujetaba a los espírítus con mayor rigor." Si repasamos Ias leyes que fué recibiendo Ia Compafiía nos damos cuenta de que ei propósito principal que le sirve de guia es ei de apartarse y singularizarse con respecto a lo habitual. El amor a los familiares se condena como debilidad carnal.97 Quien abandona sus bienes para entrar en Ia Compania, no los cederá a sus parientes, sino que los repartirá entre los pobres.98 Una vez dentro, ni se recibe ni se escribe una carta que no sea leída por ei superjor. La Compafiía quiere ai hombre entero y pretende dominar too^as sus inclinaciones. También quiere tener parte en sus secretos. Ingresa cgn una confesión general. Debe proclamar sus faltas y también sus virtudes. El superior le fija un confesor y se reserva Ia absolución de aquellos casos de que conviene este enterado.99 Le interesa esto para conocer a los que están a sus ordenes y poder utilizados a discreción. Porque ei lugar de todas Ias motivaciones que en ei mundo incitan a Ia acción, lo ocupa en Ia Compafiía Ia obediência, Ia obediência pura y simple, sea
96 Su base Ia constituyeron los novicios, los huéspedes, los indiferentes, de los que se fotmaron Ias diferentes clases. 97 "Summarium constitutionnm", J 8, en ei Corpus institutorum societatis /esu. Antverpiae 1709, t. i. En Orlandinus, m, 66, se hace gran elogio de Faber porque este, después de algunos aflos de ausência, llegó a su ciudad natal en Saboya y tuvo ei valor de no detenerse en ella. 98 Examen generaíc, c. iv, J 2. 99 Prescripciones que se encuentran en particular en ei Summarium constitutionum, J 32, J 41, y en ei Examen generale J 35, $ 36 y en Ia Constitutionum Pauli ///, cap. i, n. 11, U/i casus reservabantur, se dicc en esta última, quos ab eo (superiore) cognosci necessarium videbittir aut valde conveniens.

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lo que quiera Io mandado.100 Nadie debe solicitar un grado distinto dei que tiene ni apetecerlo: ei coadjutor lego, caso de que no sepa, no tiene que aprender sin permiso a leer ni a escribir. Se debe dejar guiar con total negación dei juirio propio, en ciega sumisión ai superior, como una cosa inanimada, como un bastón obedece a quien lo empuna. Porque en ei superior actúa Ia providencia divina.101 Se puede imaginar ei poder concentrado de esta suerte en un general esccgido de por vida, que no tiene que reridir cuentas a nadie y a quien se obedece con tal obediência. Según ei proyecto de 1543, los miembros de Ia orden que se encuentren con ei general en un mismo lugar serán llamados a consejo hasta para los asuntos más nimios. El proyecto de 1550, aprobado por Júlio III, dispensa ai general de esta obligación, ya que dependerá de su discreción llamar o no a consejo.102 Solo le es obligado ei consejo para cambiar Ia constirución o para clausurar casas y colégios ya fundados. En todo lo demás dispone de poder absoluto para gobernar Ia Companía. En Ias diversas províncias cuenta con asistentes, pero que no tratan de otros asuntos que aquellos que él les encomienda. Nombra a discreción a los superiores de Ias províncias, colégios y casas, acepta y expulsa, dispensa y castiga: dispone de una espécie de poder papal en pequeno.108 Podia presentarse ei peligro de que ei general, investido de estos poderes, se apartara de los princípios de Ia Companía. En este sentido se le sometió a cierta limitación. Acaso nos parezca no tener Ia importância que le debió asignar Ignacio ei hecho de que Ia Companía o sus diputados dispongan sobre ciertas exterioridades, sobre Ia comida, ei vestido, Ia hora de dormir y sobre toda Ia vida cotidiana;104 de todos modos algo significa que se le arrebate ai titular dei máximo poder aquella libertad de que goza ei hombre más modesto. Los asistentes, que no eran nombrados por él, le vigilaban. Había un admonitor especialmente nombrado y los asistentes podían convocar una congregación general que podia deponer ai general en caso de graves violaciones.
100 Escrito de Ignacio, "Frattibus societatis Jesu qui sunt in Lusitânia", 8 Kal Ap. 1553, J 3. 101 Constitutiones, vi, 1. Ef sibi quisque persuadeat, quod quí sub obedientia vivunt, se ferri ic regi a divina providentia per superiores res suos sinere debent, perinde ac cadáver essent. También existe otra constitución, vi, 5, según Ia cual parece que también puede mandar cometer un pecado. Visum est nobis in domino —nul/as constitutiones, dec/arationes veZ ordinem ul/um vivendi iojse ob/igafionem ad peccatum mortaíe vef venia/e inducere, nisi superior ea in nomine Jesu •hristi vel in virtufe obedientiae jubeat. Se queda uno consternado ai lccr, esto, porque cs lo más lógico y natural referir ea ai peccatum morta/e vel vtfnia/e, de modo que ei superior bien puede ordenar Ia comisión de un pecado. Pero Ia opinión general no ha admitido este sentido. La constitución se vincula con Ia declaración de Ia regia dominica según Ia cual se autorizo a los priores praecepta lacere quae transgressores ob/igabunt non solum ad poenam sed etiam ad mortaíem cuJ«m, Se habla aquf de ordenes cuya violación implica una culpa interna. Del mismo modo tamièn ei general de los jesuítas puede imponer obligaciones con Ia condición de que quien Ias rompe le hace culpable de uno u otro pecado. Pero siempre resulta una autorización extraordinária. Entre l". dominicos esta constituía más bien una mayor severidad de Ias regias de Ia orden, mientras que entre los jesuítas se convirtió en una parte de Ia obediência incondicional que ei general estaba •utnri/ado a exigir. 102 Ad/utus, quatenus ipse opportunum /udicabif, /rafrum suorum consilio, per se ipsum ordin«ndi et /ubendi quae ad dei gloriam pertinere videbuntur, jus totum habeat, se dice en Juíii III etmlirwatio instituti. los Constitutiones, rx, rn. 104 Schcdu/a Ignatii AA. SS. "Commentatio praevia" n. 872.

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COMIENZOS DE RECENEÍUCION

Esto nos lleva un poço más lejos. Si no nos dejamos despistar por Ias expresioncs hiperbólicas con que los jesuítas han pintado este poder, y consideramos su efectividad en ei desarrollo expansivo de Ia Companía, tendremos ei siguiente cuadro. El general tiene ia dirección suprema y, sobre todo, Ia vigilância de los superiores, cuya conciencia conoce y a los que distribuye Ias funciones. A su vez, los superiores disfrutaban de igual poder dentro de su círculo y, a veces, Io hacían sentir con más fuerza que ei general. 105 Los superiores y el general mantenían entre si una espécie de equilíbrio. El general debía ser enterado sobre Ia persona de todos los miembros de Ia Companía y aunque, como es natural, no había de intervenir más que en casos muy espcciales, de todos modos le correspondia Ia inspección suprema. Pero, por otra parte, una comisión de profesos le inspeccionaba a su vez. H a habido también otras instituciones que, siendo un mundo dentro mundo, han desvinculado a sus miembros de todos los lazos con el exterior y los han apropiado imbuyéndoles un principio nuevo de vida. Esto era también Io que se proponía Ia Companía, pero le es peculiar que se aduena por completo de Ia persona a Ia vez que fomenta el desarrollo individual. Por esto los factores que entran en juego son Ia personalidad, Ia sumisión y Ia vigilância recíproca. Todo cllo formando una unidad cerrada y perfecta, con nervio y dinamismo. Por esta razón ha subrayado el poder monárquico y se somete a él por completo, a no ser que su titular traicione los princípios. Con Ia idea de Ia Companía está de acuerdo que ninguno de sus miembros pueda investir una dignidad eclesiástica. Porque con ella tendría que ejercer funciones y encontrarse en circunstancias que imposibilitarían toda vigilância. Por Io menos ai principio este requisito se cumplió con rigor. Jay no queria ni podia aceptar el obispado de Trento y cuando Fernando I, que se Io había ofrecido, desistió de su deseo a instigación escrita de Ignacio, este mando celebrar una misa solemne y un Tedéum. 1 0 0 Otro factor Io tenemos en el hecho de que, así como Ia Címpanía eludió Ia pesadumbre de Ias ceremonias litúrgicas, tambiéíf se aconsejó a los miembros que no exageraran en cuestión de prácticas religiosas. (2on ayunos, vigílias y penitencias no se debe debilitar el cuerpo ni robar mucho tiempo ai servicio dei prójimo. También en el trabajo habrá que guardar medida. El potrillo inquieto no solo debe ser espoleado sino frenado también: no hay que armarse de tantas armas que luego no se pueda con ellas ni abrumarse con tanto trabajo que padez ca el espíritu en su libertad. 107 Se ve como Ia Companía, ai mismo tiempo que" dispone de sus miembros como propiedad suya, procura el máximo desarrollo de los mismos que sea compatible con sus princípios. De hecho, todo esto era necesario para dar abasto en Ias difíciles faenas a
105 Mariana, Discurso de Jas enfermedades de Ia compafiía de Jesus, cap. xi. 1U0 Extractado de Ludovico Consalvus, liber memoria/is quod desistente rege S. Ignatius indixcrit missas et Te deum laudamus in gratiarum actionem. Commcntarius praevius in AA. SS. Julii VII, n. 412. 107 Constitutiones, v. 3, I. "Epístola Ignatii ad fratres qui sunt in Hispania". Corpus Znstitutonim, in. 540.

DESARROI.LO DE LA ORDEN DE LOS JESUÍTAS

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<|iie se había dedicado. Como sabemos, estas eran Ia predicación, Ia ensefianza y Ia confesión. Con su peculiar estilo, los jesuítas se dedicaron de preferencia a estas dos últimas. La ensefianza estaba en manos de aquellos literatos que, después de haberse dedicado a los estúdios con un espíritu profano, habían dado en una tendência espiritual no muy agradable a Ia corte de Roma y que por último se considero rcprobable. Los jesuítas se impusieron como tarea desplazarlos y ocupar su puesto. En primer lugar, fueron más sistemáticos: organizaron Ias escuelas en clases que iban siguiendo ei mismo espíritu desde los comienzos hasta Ia etapa superior; además, se preocuparon por Ias costumbres y por Ia educación de Ia gente; ei poder estatal les protegia y Ia ensefianza.era gratuita. Si Ia ciudad o el príncipe tundaban un colégio, no necesitaban pagar los particulares. Les estaba prohibido a los jesuítas pedir o recibir retribución o limosnas y !a ensefianza era Rrautita, Io mismo que Ia predicación o Ia misa; dentro de sus iglesias tampoco había cepos de limosnas. Como son los hombres es natural que todo esto les valicra de mucho, si tenemos en cuenta que trabajaron con êxito y con ceio. No lólo se ayudó a los pobres sino que también se alivio a los ricos, nos dice Orlandini. 108 Observa el êxito extraordinário. "Vemos a muchos de los que brillan poi Ia púrpura cardenalicia, que hace poço se sentaban en los bancos de nuestras escuelas; otros, están en el gobierno de Ias ciudades y de los Estados; hemos laçado también obispes y consejeros suyos, y hasta otras congregaciones religioias se han nutrido de nuestros alumnos." Como es fácil imaginar, sabían Ia mancra de atraerse los mayores talentos. Se constituyeron en un cuerpo de maestros que, ai extenderse por todos los países católicos, presto a Ia ensefianza el color religioso que conservo desde entonces, afirmo una unidad rigurosa en disciplina, método y doctrina, y ha ejercido una influencia incalculable. Esta influencia Ia reforzaron ai dedicarse a Ia confesión y tomar en sus manos Ia dirección de Ias conciencias. Ningún siglo más propicio ni más necelitado de ello. El libro de Ias constituciones les sefiala que "sigan un mismo método en Ia forma y modo de dar Ia absolución, que se ejerciten en los casos de conciencia, que se acostumbren a una breve manera de preguntar y que tengan preparados los ejemplos de los santos, sus palabras y otro gênero de ayudas para cada clase de pecado". 109 Regias, como puede verse, a Ia medida de Ias necesidadus de los hombres. Pero también otro factor les ayudó en el êxito extraordinário con que Ias pusieron en práctica, êxito quê representa una expansión de su espíritu. Es admirable el librito de los ejercicios espirituales que Ignacio no solo proyectó, sino que elaboro en todos sus detalles. 110 Con él logro sus primeros y posteriores discípulos, y por él sus partidários se pusieron en general a su dispo108 Orlandinus, Lib. vi, 70. Sc pudicra hacer una comparación con Ias escuelas conventuales de los protestantes en Ias que también llcgó a predominar por completo Ia tendência clerical. S. Xturm en Ruhkopf, Geschichte des Schuíwesens, p. 378. Todo depende de Ia diferencia. 109 Regula sacerdotum, $$ 8, 10, 11. 110 Porque, según todo Io que se ha escrito en pro y en contra, resulta claro que Ignacio tuvo «mio modelo un libro parecido de Garcia de Cisneros, pero Io más original parece proceder de ê\ mismo. Comm. praev. n. 64.

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COMIENZOS DE REGENERACIÓN

sición. Su acción fué incesante, acaso mayor porque se recomendaba oportunamente en momentos de zozobra interior y de necesidad personal. No es un libro de ensenanza sino un incentivo para Ia propia reflexión. "El anhelo dei alma —dice Ignacio— no se satisface con una colección de conocimientos sino por una propia visión interior." m Provocaria es Io que se propone. El ejercitante explica los puntos de vista y ei ejercitando tiene que colocarse en ellos. Antes de dormir y después de despertar, concentrará sus pensamientos en ellos y rechazará de si esforzadamente todo Io que les es extrafio. Las puertas y Ias ventanas cerradas, de rodillas y tendido en tierra, lleva a cabo Ia meditación. Comienza percatándose de sus pecados. Considera como los ángeles fueron arrojados ai infierno por un solo acto de voluntad; y por él, que ha cometido mayores pecados, han impetrado los santos, y ei cielo y las estrellas, los animales y las criaturas se han puesto a su servido, y para librarse ahora de Ia culpa y no ser condenado eternamente, implora a Cristo crucificado y escucha su respuesta, y entre los dos se desarrolla un diálogo como entre un amigo y otro amigo, entre un servidor y su sefior. Trata de edificarse con ei recuerdo de Ia Historia Sagrada. "Veo como Ia três personas de Ia Santísima Trinidad contemplan toda Ia tierra llena de horr bres destinados ai infierno; como deciden que Ia segunda persona encarne para redimidos; veo todo ei âmbito de Ia tierra y en un rincón Ia cabana de Ia Virgen Maria, de Ia que proviene Ia salud." Por momentos va avanzando en Ia Historia Sagrada: actualiza las acciones en todos sus detalles, según las diversas categorias de lcs sentidos: se deja campo libre a Ia fantasia religiosa, suelta de las ataduras de Ia palabra; se sienten y se besan los vestidos y las huellas de los santos personajes. De esta exaltación de Ia imaginación, con ei sentimiento de cuán grande es Ia dicha de un alma que ha sido llenada con las gracias y virtudes divinas, se vuelve a Ia consideración dei propio estado. Si hay qjie escogerlo, este es ei momento, según las apetencias dei corazón, gemendo ante los ojos ei fir único: salvarse por Ia gloria de Dios y con Ia idea de hallarse presente ante Dios y todos los santos. Si no hay que escoger estado, se medita sobre Ia propia vida: las frecuentaciones, Ia vida doméstica, los gastos necesarios y Io que hay que dar a los pobres, y todo como se quisiera tenerlo hecho en ei momento de Ia muerte y sin otro pensamiento que Ia gloria de Dios y Ia salvación propia. Treinta dias se dedican a estos ejercicios. Se alternan Ia meditación sobre Ia Historia Sagrada y sobre las circunstancias personales, Ia oración y Ia resolución. El alma está de continuo tensa y en movimiento. Finalmente, ai representarse Ia providencia de Dios, "que en sus criaturas trabaja activamente por los hombres", se piensa todavia estar en presencia dei Altísimo y de sus santo y se le pide Ia dedicación a su amor y honra: se le brinda Ia libertad, se le ofrece Ia memória, ei entendimiento y Ia voluntad, y así se cierra con Él ei pacto de amor. "El amor consiste en ia comunidad de todas las facultades y bienes" Dios distribuye sus gracias ai alma en recompensa de su entrega.
l l l Non enim abundanfia scienthe, sed senstis et gusíus rerum interior desidcrium animar repJere so/et.

DESABROLLO DE LA ORDEN DE LOS JESUÍTAS

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Nos basta con esta idea somera dei libro. Su composición está calculada en forma que si bien permite ai pensamiento una actividad interna, Io acosa también en un estrecho círculo. De Ia manera más perfecta cumple con su fin, que es ei de una meditación dominada por Ia fantasia. Es tanto más certero cuanto que se apoya en experiências personales. Ignacio ha incorporado a los ejercicios los momentos vivos de su despertar religioso y de sus progresos espirituales desde los orígenes hasta ei ano 1548, en que los aprobó ei Papa. Se dice que ei jesuitismo ha sabido aprovechar Ias experiências de los protestantes y esto puede ser verdad en algún punto. Pero consideradas Ias cosas en conjunto Ia oposición puede ser mayor. Frente ai método discursivo, demostrativo, fundamentador y polêmico de los protestantes, Ignacio presenta un método conciso, intuitivo, que conduce a Ia visión, un método que cuenta con Ia fantasia y trata de culminar en decisiones repentinas. Así, cobro una significación y eficácia extraordinárias aquel elemento fantástico que le animo desde un principio. Pero como también era soldado, con ayuda de su fantasia religiosa había formado una compafiía, escogiendo hombre por hombre, instruyéndoles individualmente para sus fines y poniéndola ai «ervicio dei Papa. Este ejército se extendió ante sus ojos por toda Ia tierra. Al morir Ignacio contaba Ia Compafiía trece províncias, sin incluir Ia de Roma.112 Una inspección somera nos sefiala donde estaba ei nervio de Ia organización. La mitad mayor de estas províncias, siete, radicaba en Ia península Ibérica y en sus colônias. En Castilla contamos diez colégios, cinco en Aragón y otros tantos en Andalucía. El progreso era todavia mayor en Portugal, pues se contaba con casas de profesos y novicios. Casi se habían hecho los amos de Ias colônias portuguesas. En Brasil operaban veintiocho miembros de Ia Compafiía y en Ias índias Orientales, desde Goa ai Japón, unos cien. Se hizo un intento con Etiópia, a donde se mando un provincial y se abrigaron Ias mayores espei m/as. Todas estas províncias de habla espafiola y portuguesa fueron regidas por un comisario general, Francisco de Borja. La influencia máxima corresponde ai país en que habían surgido Ias primeras ideas dei fundador. No muy • ia zaga le iba Itália. Había três províncias de habla italiana: Ia romana, directamente sometida ai general, con casas de profesos y novicios, ei colégio romano y ei germânico instituído especialmente para los alemanes por consejo dei cardenal Morone, pero que no prospero por entonces: Nápoles pertenecía a esta província; Ia de Sicilia, con cuatro colégios terminados y dos en preparación (cl virrey, de Ia Vega, fué quien llamó a los primeros jesuítas. Mesina y Palermo compitieron para fundar colégios y de estos salieron los restantes); y, finalmente, Ia província propiamente italiana, que comprendía Ia Itália superior, con cliez colégios. En otras naciones su êxito no fué similar: por doquier encontro In oposición de protestantismo o de tendências cercanas a él. En Francia no contaba más que con un solo colégio y, aunque respecto a Alemania se habla de dos províncias, estaban en sus puros comienzos. La de Ia Alemania alta se componía de Viena, Praga e Ingolstadt, pero estaba en situación precária; Ia de Ia
lia En ei afio de 1556. Sacchinus, Historia societatis Jesu. p. n, sive Lainius, desde ei principio.

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COMIENZOS DE REGENERAClÓN

baja debía comprender los Países Bajos, pero Felipe II no había reconocido todavia allí a los jesuítas una existência legal.113 Este rápido crecimiento de Ia Companía era indicio dei poder que ei futuro le reservaba. Y tiene Ia mayor importância que lograra tan poderoso influjo en Ias dos penínsulas, es decir, en los países propiamente católicos. 8) Conclusión Frente a los movimientos protestantes que iban prosperando por momentos, hemos visto como se produjo dentro dei catolicismo un nuevo movimiento en torno ai Papa. ,. Como aquéllos, este también encuentra un motivo en Ia secularización de Ia Iglesia o, mejor dicho, en Ia necesidad nacida por esta circunstancia en los espíritus. Ambos movimientos se aproximan ai principio. Hubo un momento en Alemania en que no se estaba todavia decidido a renunciar por completo a Ia jerarquía, ei mismo en ei que Itália se inclinaba a introducir reformas racionales en ella. Pero este momento se esfumó. Mientras los protestantes caminaban cada vez con mayor osadía hacia Ias formas primitivas de Ia fe y de Ia vida cristianas, apoyados en Ia Bíblia, en el otro lado se decidió mantener y renovar Ia institución eclesiástica desarrollada a Io largo de los siglos, insuflándole nuevo espíritu y rigor. Allí el calvinismo evolucionó en un sentido todavia más anticatólico que el luteranismo; con consciente anímadversíón, se elimino aqui todo Io que de cerca o de lejos olía a protestantismo y se le hizo frente con resolución. Así, dos manantiales surgen vecinos en Io alto de Ia montaiia y cmprenden direcciones contrarias ai verterse r laderas diferentes. por

LIBRO

TERCERO

LOS P A P A S A M E D I A D O S D E L S I G L O XVI
El siglo xvi se caracteriza sobre todo por ei espíritu de creación religiosa. Hoy vivimos todavia en ei antagonismo de Ias convicciones que por entonces se abrieron paso. Si pretendiéramos senalar con mayor exactitud el momento de significación histórica universal en que tuvo lugar Ia separación, ese momento no habría de coincidir con Ia entrada en escena de los reformadores, porque Ias opiniones no se perfilaron en seguida y se abrigo Ia esperanza de una conciliación durante mucho tiempo. Pero en el ano de 1552 todas Ias tentativas en este sentido estaban totalmente agotadas y Ias três formas dei cristianismo occidental habían cobrado su aspecto duradero. El luteranismo era más riguroso, más agrio y cerrado; el calvinismo se separo de él en los artículos más importantes, habiendo pasado antes Calvino por un luterano; enfrente de los dos, el catolicismo adquirió su forma moderna. Y, a partir de los princípios asentados, se fueron formando três sistemas teológicos con Ia pretensión de desplazarse mutuamente y someter ai mundo. Parece que Ia dirección católica, que pretendia sobre todo Ia renovación de Ia Iglesia establecida, habría de tener tarea más fácil en su expansión. Pero su ventaja no era mucha. También estaba rodeada y presionada por otras fuerzas seculares, como Ia ciência profana y Ia convicción teológica disidente, y se presentaba más bien como matéria de fermentación. Era caso de preguntarse si seria capaz de dominar los elementos en cuyo centro había nacído o si seria vencida por ellos. La primera resistência Ia encuentra en los Papas mismos, en su persona y en su política. Ya hicimos observar como un sentir profano había hecho presa en los jefes de Ia Iglesia, había provocado Ia oposición y fomentado en tan gran medida el protestantismo. Había que ver ahora en qué medida el movimiento rigorista llegaría a dominar y transformaria este estado de espíritu.

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LOS PAPAS A MBDIADOS DEL SIGLO XVI

En Ia historia de los Papas que vamos a considerar ahora, me parece que Ia cuestión principal reside en ]a oposición de esos dos princípios, de Ja política tradicional y de Ia necesidad de llevar a cabo una reforma interior profunda. 1) Paulo III En Ia actualidad se presta a menudo demasiada atención a los propósitos y a Ias influencias de altos personajes, de príncipes y de gobiemos, y su recuerdo no poças veces padece con Ias culpas de todos, pero también ocurre que a ellos se atribuya Io que es mérito de Ia generalidad. El movimiento católico estudiado per nosotros en ei libro anterior comienza bajo ei Papado de Paulo III, pero seria un error ver en este Papa a su iniciador. Se dió muy bien cuenta de Io que ei movimiento significaba para Ia Sede romana, y no solo dejó que tuviera lugar sino que Io estimulo en muchos aspectos. Pero podemos decir, sin preocupación alguna, que ei espíritu de ese movimiento no formaba parte dei suyo. Alejandro Farnesio —este era ei nombre de Paulo III— era un hombre de mundo en no menor grado que otros antecesores suyos. Se lia formado por completo en ei siglo xv —había nacido en ei aho 1468—. Estúdio en Roma con Pomponio Laetus y en Florencia en los jardines de Lorenzo de Médicis, y se apropió Ia erudición elegante y ei sentido artístico de aquella época, sin ser ajeno tampoco a sus costumbres. Su madre considero conveniente una vez mantenerlo prisionero en ei castillo de Sant'Angelo y, cuando pasaba Ia precesión dei Corpus, aprovechó un momento de descuido para deslizarse por una cuerda y escapar. Tenía un hijo y una hija naturales. A pesar de todo, y en edad relativamente joven, pues aquella época no se asustaba por gran cosa, fué nombrado cardenal. En su condición de tal, mando construir los más bellos palácios romanos, los Farnesinos. En Bolsena, donde radicqfca su patrimônio, construyó una viüa que ei Papa León encontrójo bastante atractiva para visitaria unas cuantas veces. A esta vida magnífica junto él /(trás actividades. Desde un principio penso en ia suprema dignidad y le caracteriza bastante que Ia tratara de alcanzar mediante una neutralidad completa. Las facciones francesa e imperial se repartían Itália, Roma y ei colégio cardenalicio. Se cendujo con tal cautela, con tal sagacidad, que nadie podia decir con qué partido simpatizaba más. A Ia muerte de León, y todavia más a Ia de Adriano, estuvo a punto de ser elegido Papa. Le enfadaba ei recuerdo de Clemente'VII, que le había sustraído doce anos de Papado que le pertenecían. Por fin, en octubre de 1534, a los cuarenta afies de cardenal y setenta y siete de su vida, vió colmados sus deseos.1 Ahora le afeçtaban de otro modo las grandes contradieciones dei mundo contemporâneo: Ia disputa de aquellos dos partidos, en médio de los cuales acaba, de crearse una posición tan importante; Ia necesidad de lucha contra los protestantes y Ia alianza secreta que por razones políticas mantuvo con ellos: Ia inclinación natural, debida a Ia situación de su principado italiano, a debilitar ei
* Onuphrius Panvinius, Vita Pau/i 111.

PAULO III

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poderio espanol, y ei peligro que inhería a cada una de estas tentativas; Ia necesidad urgente de una reforma y Ia poço deseable limitación dei poder papal, que parecia su consecuencia. Es admirable como pudo transcurtir su política en médio de tantas exigências contradictorias. Paulo III tenía maneras agradables y acogedoras. Rara vez un Papa ha sido más querido en Roma. Es magnífica aquella elección para cardenales de cuatro personajes extraordinários, sin conocimiento de los interesados; este proceder generoso está muy lejos de aqucllas pequenas consideraciones personalcs que cran Ia regia. Pero no solo los nombró sino que les reconoció una desacostumbrada libertad, soportando que le contradijeran en ei consistorio y animándoles para una discusión sin reservas.2 Pero si respetaba Ia libertad de los demás y les dejaba gozar de Ias prerrogativas de su cargo, no era menor ei empeno que ponía en mantener Ias suyas. Cuando ei emperador se le quejó de que hubiera hecho cardenales a dos nietos suyos en temptana edad, tepuso que haría Io que sus antecesores, y había ejemplos de ninos de pecho hechos cardenales. En cuestión de nepotismo parecia exceder tedo Io conocido. 3 Lo mismo que otros Papas, estaba decidido a obtener principados para sus familiares. N o es que todo lo demás lo subordinara a este propósito, como un Alejandro VI. No se puede decir esto, porque pensaba seriamente en promover Ia paz entre Francia y Espana, en someter a los protestantes, luchar contra los turcos y reformar Ia lglcsia; pero tampoco descuidaba, ni mucho menos, Ia presperidad de su casa. Al proponerse tantas metas contradictorias y ai mezclar finalidades públicas y privadas, se vió forzado a adoptar una política cautelosa, morosa y mantenida siempre a Ia expectativa. Lo que le importaba era Ia ocasión, Ia cembinación de circunstancias que él trataba de provocar con parsimonia para, rapidamente, tomar el asunto por el punto más ventajoso. Los embajadores encontraban difícil tratar con él. Les extranaba que no diera muestra alguna de falta de valor y que, sin embargo, rara vez se le hiciera tomar una decisión. Por el contrario, él era quien trataba de sujetar a los de2 En el ano 1538 habló Marco Antônio Contarini ante el senado veneciano sobre Ia corte pontifícia. Desgraciadaiiicntc no lie podido encontrar'este discurso en el arcliivo veneciano ni en mnguna parte. En un MS. sobre Ia guerra contra los turcos de aquella época, con el título Trc libri del/i coinmcnrari dcl/a guerra J537, 38, 39, que se halla cn mis manos, encuentro un breve extracto de él, dei cual tome el dato citado más arriba. Disse de/ stato dcJfa corlc, che mo/ti anni MI.MI/1 íi prclati non erano síaíi in que/Ia riíorina di vila ch'eran aílora, e clie Ji cardina/i havevano Jibcrtá maggiore di dire /'opinion /oro in consistoro ch'avesser avuro gia mai da gran tempo, e che di cio ií ponteíicc non solamcjitc non si do/eva, ma se n'era studiaíissimo, onde per quesía ragione li poteva sperare di giorno in giorno rnaggior riforma. Considero che tra cardina/i vi erano tali nomini celebeirimi che per opinione comniuiie it mondo non n'avria altietanti. 3 Soriano, 1535. E Romano di sangue et è d'animo mo/to gagliardo: stima assai J'ingiurie Che g/i si fanno, et é inc/inatissirno a far grandi i suoi. Varchi (íslorie /iorentine, p. 636) nos liahla dei priincr secretario de Paulo. Mcsser Ambrogio, "que pudo todo lo que queria y queria todo lo que pudo": entre otros muchos rcgalos recibió una vez sesenta jofainas de plata con sus |iirros. "^Y cónio cs posible —se preguntaba Ia gente entonces— que con tantas jofainas no pueda conservar Ias manos limpias?

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LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

más, de sonsacarles una palabra comprometedora, una garantia irrevocable, mientras, por su parte, se escurría. Este rasgo se manifestaba también en cosas de poça monta, pues era poço aficionado a decidir o prometer algo de antemano, porque le gustaba guardar manos libres hasta ei último momento y, claro, este estilo lucía sobre todo en los asuntos de peso. A veces, había dado una noticia, una información, pero en ei momento en que se queria aprovecharla Ia negaba, porque pretendia ser siempre dueno de Ias negociaciones.4 Como dijimos, pertenecía a Ia escuela clásica y, en latín y en italiano, buscaba siempre Ia expresión elegante y escogía y pesaba cada palabra, cuidando dei contenido y de Ia forma. Las palabras salían quedas, con perezosa cautela. Con frecuencia no se sabia a qué carta quedarse con él. A veces, de lo que decfa se creía conveniente deducir que su opinión era Ia contraria. Pero con este procedimiento no se hubiera acertado siempre. Los que le conocían mejor habían observado que, cuando se proponia llcvar a cabo algo, ni hablaba dei asunto ni aludia a las personas con las que tuviera relación.5 Lo que se sabia de fijo era que, una vez adoptada una decisión, no cejaba en cila. Esperaba poder realizar todo lo que se proponia, si no en seguida, en otra ocasión, en circunstancias diferentes o por otras vias. No contradice los rasgos de un caracter de tan largo alcance, de tan circunspecta mirada y de ponderación tan recôndita ei que, además de las potências terrenales, tomara en cuenta también las celestíales. En Ia época era común Ia creencia en ei influjo de los astros sobre el resultado de las actividades humanas, y Paulo III no asistió a ningún consistorio importante ni emprendió viaje alguno sin escoger antes el dia y sin consultar las estrellas.8 No se llegó a un acuerdo con Francia porque no existia conformidad alguna entre el dia dei nacimiento dei rey y el dei Papa. A lo que parece, este Papa se sentia en médio de mil influjos contrários, no solo de las potências de Ia tierra sino también de las celestíales, de las constelaciones, y a tenor de su naturaleza se propuso tener en cuenta unas fuerzas y otras para esquivar su desgracia y aprovechar su favor y, así, poder navegar seguro en médio de los escollos hasta arribar a puerto. Examinemos como trabajó en este sentido y si fué 'feliz en Ia empresa, si consiguió dominar efectivamente el juego de tantas fuerzas antagônicas, o si estas pudieron con él por el contrario.
•* En Guill. Ribier, Lettres et Mémoircs d'Etat, Paris, 1666, se encuentran muchas pruebas de estas negociaciones y de su caracter desde 1537 hasta 1540, a través de los despachos de los embajadores franceses. Las describe de un modo directo Matteo Dandolo, en Relafione di Roma 1551 de 20 Janii in senatu, MS. que se baila en mis manos. II negotiare con P. Paolo íu giudicato ad ogn'un dif/icile, perche era tardissimo nel par/are, perche non voleva mai proferire parola che no fusse elegante et exquisita, cosi nella volgare come nella latina e greca, che di turre tre ne faceva professione [no creo que haya negociado con frecuencia en lengua griega], e mi aveva scoperto di quel poço che io ne intendeva. E perche era vecchissimo, parlava bassissimo et era jonghissimo, ne volea negar cosa che se gli addimandasse: ma né anche (volea) che I'uomo che negotiava seco potesse esser securo di havere havuto da S. Sa, il si piu che il no, perche lei voleva starse sempre in Tavantaggio di poter negare e concedere: per il che sempre si risolveva tardissimamente, quando vo/ea negare. 6 Observaciones dei card. Carpi y de Margarthen: "que sou —dice Mendoza— los que más pratica ticnen de su condición". « Mendoza: "Es vertido Ia cosa a que ay muy poços cardcnales, que conciertcn negócios, aunque sea para comprar una carga de lefia, sino es o por médio de algún astrólogo hechizero." Sobre el Papa mismo encontramos ali £ las particularidades más indudables.

PAULO m

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Consiguió en sus primeros anos una alianza con Carlos V y los venecianos contra los turcos. Insto con vehemencia a los venecianos, y se levanto otra vez Ia esperanza de ver Ias fronteras cristianas desplazarse hasta Constantinopla. Pero Ia renovada guerra entre Carlos V y Francisco I constituía un obstáculo peiigroso para cualquier empresa. El Papa no escatimó esfuerzo alguno para allanar Ia enemistad. La entrevista de los príncipes en Niza, a Ia que asistió, fué su obra. El embajador veneciano, que también estaba presente, no encuentra palabras bastantes para loar ei ceio y Ia paciência mostrados en esta ocasión por ei Papa. Después de grandes esfuerzos, y solo en ei último momento, cuando amenazó con marcharse, consiguió que se llegara a Ia firma de un armistício.7 Lo utilizo para trabajar en Ia aproximación de ambos monarcas, aproximación que parecia destinada a convertirse en confianza. Mientras ei Papa cuidaba así de los negócios generales, no por eso descuidaba los suyos propios. Se observaba que entretejía ambos intereses y que lo liada con ventaja para los dos. La guerra contra ei turco le proporciona ocasión iara apropiarse de Camerino. Esta ciudad estaba a punto de aliarse con Urbino; a última Varana, heredera de Camerino, se hallaba casada con Guidobaldo II, que subió ai gobierno de Urbino en ei ano 1538.8 Pero ei Papa declaro que Camerino no podia ser heredado por mujeres. De buena gana los venecianos hubieran apoyado ai duque, cuyos antepasados habían estado siempre bajo Ia protección de Venecia y servido en su ejército; también ahora se pusieron de su parte, pero tenían reparos a consecuencia de Ia guerra. Temían que ei Papa llamara en su auxilio aí emperador o ai rey de Francia y veían muy bien que, caso de ganar ai emperador, tanto menos podría hacer este contra los turcos; si ganaba a Francia, Ia paz de Itália se veria en peligro y su situación seria más precária y solitária;9 con ei peso de estas consideraciones abandonaron a su suerte ai duque, y este se vió obligado a entregar Camerino, que ei Papa cedió a su sobrino Octavio. Porque ya entonces su casa cobraba poder y prestigio. jCuán provechosa fué para él Ia reunión de Niza! Mientras trabajaba en cila consiguió dei emperador Novara y sus domínios para su hijo Pier Luigi, y Carlos V decidió casar a su hija natural, Margarita —después de Ia muerte de Alejandro de Médicis—, con Octavio Famesio. Podemos creer ai Papa cuando nos asegura que no por eso se había pasado definitivamente ai partido dei emperador. Por ei contrario, deseaba entablar con Francisco I relaciones no menos íntimas. También ai rey le interesaba y por eso le prometió en Ia entrevista de Niza un príncipe de Ia sangre, el duque de Vendôme, para su nieta Victoria.10

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1 "Relatione dei Cimo. M. Niccolo Tiepolo dei convento di Nizza", Informar. poJit. VI (Bibl. Berlin). Existe también una edición vieja de esta relación, reproducida en Du Mont, iv, n, con un titulo algo distinto. 8 Adriani Istoiie 58 H. 3 Se cnentan Ias delibeiaciones en el comentário ya citado sobre Ia guerra contra los turcos, cl cual cobra por ello un interés social. 10 "Grignan, Ambassadeur du roi de France à Rome, au Connetable". Ribier, i, 251. Monseigneur, sadire Sainteté a un merveilleux désir du mariage de Vendôme: car il s'en ett entiérement declare a moy, disant que pour estre sa niece unique et tant aimée de luy, ü ne désiioit apres le bien de Ia Chrestienté autre chose plus que voir sadite niece mariée en France, dont ledit teigneur (le roí) luy avoit tenu propôs a Nice et apres Vous, Monseigneur, luy en aviez pule.

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Paulo III se sentia feliz con esta alianza con Ias dos famílias más poderosas de Ia tierra, le halagaba ei honor que para él representaba y habló de ello en ei consistorio. También su ambición espiritual se veia halagada por Ia postura pacificadora, mediadora, entre Ias dos potências, adoptada por él. Pero estos negócios no se desarrollaron de modo perfecto. Se cstuvo muy lejos de conseguir algo contra los turcos, y Venecia tuvo que aceptar una paz desventajosa. Francisco I retiro aquella su promesa y, aunque ei Papa nunca perdió Ia esperanza de llevar a cabo una alianza de família con los Valois, Ias negociaciones se fueron demorando. La inteligência entre ei emperador y el rey, que él había conseguido, parecia consolidarse cada vez más y el mismo Papa llegó a estar celoso de su obra, puesto que se quejaba de que, siendo^í ei autor, los favorecidos le olvidaban;" pero pronto se disiparon Ias esperanzas y Ia guerra prendió de nuevo. El Papa abrigo entonces otros propósitos. Siempre había solido decir a sus amigos, y hasta se Io había dado a entender ai emperador, que Milán pertcnecía a los franceses y que había que devolvérselo cn justicia. 12 Poço a poço abandono esta opinión. Se conserva una propuesta de] cardenal Carpi, que gozaba de su mayor confianza, cuyo tono es muy diferente. 13 "Ei emperador —se dice en elía— no debe pretender ser conde, duque o príncipe, sino solo emperador, y no debe tener muchas províncias sino grandes vasallos. Su fortuna se eclipso cuando se apoderó de Milán. N o se le puede aconsejar que Ia devuelva a Francisco I, pues no haría sino aumentar con eso Ia avidez de tierra de ese rey, pero tampoco debe mantenerla en su posesión.' 4 Si tiene enemigos es porque se sospecha que trata de apoderarse de territórios extranjeros. Si desvanece esta sospecha, si cede Milán a un duque, entonces Francisco I no encontrará ningún partidário, en tanto que el emperador tendrá consigo a Alemania y a Itália, sus banderas se desplegarán en Ias naciones má apartadas y su nombre —podemos decir— se hará inmortal." Si el emperador no ha de abandonar Milárf a los franceses ni retencrl; para si, c quién había de ser el agraciado con el ducado? Âl Papa no le parecia impropio, como solución media, que ese ducado fuera a parar a su nicto, yerno dei emperador. Ya Io había dado a entender a algunas embajadas. En una nueva entrevista con ei emperador —en Busseto, en 1543— presentó Ia propuesta formal. Los pensamientos dei Papa apuntaban muy alto, si es cierto que se proponía también casar a su nieta con cl heredero de, Piamonte y Saboya: sus
Jl "Gtígnan 7 Mars 1539". Ribicr, i, 406. "Le cardinal de Boulogne au roi 20 Avri] 1539". ífc/d., p. 443. El Papa le dijo qu'il esloit íort estonnc, veu Ia peine et travai! qu'il avoit pr/s pour vous appointer, VOIIS et 1'Empeicut, que vous /e laissiez ainsi arriere. 12 También M. A. Conlarini Io confirma cn su rclación. 13 Discurso dcl Rmo. Cie. di Caipi dei 1543 [tal vez ya un afio antes] a Cario V Cesare dei modo dcl doininare. Bibl. Corsini n" 443. U Se Ia M. V. dello Mato di Milano íe usasse cortesia, non tanto si spegnerebbe quanto si accendercbbc 'a sele sua: si cbe e rncglio di anuarsi di qucl dncato contra di lui.—V. JvJ. ha d» esser carta, cbe, non per alíctlionc clie altri abbia a qticsto ore, ma per interesse particolaro, e Ia Certnania e T/talia, sinche da tal sospctto non saranno iiberate, sono per sostentare ad ogni Io poteie Ia poteulia di Fiattcia.

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nietos hubieran dominado a ambos lados dei Po y de los Alpes.18 En Busseto se negocio seriamente sobre Milán y ei Papa abrigaba Ias más vivas esperanzas. El gobernador de Milán, marquês dei Vasto, ganado a su favor, bastante crédulo y magnificente, apareció un dia, con bien preparadas palabras, para conducir a Margarita a Milán como su futura Sefiora. Se dice que Ia negociación falló por algunas pretensiones excesivas dei emperador.16 Pero me parece que ei emperador no hubiese estado dispuesto en ningún caso y a ningún precio a abandonar un principado tan importante a Ia influencia extranjera. Ya, sin más, Ia posición adquirida por los Famesio era peligrosa para él. Entre Ias províncias italianas dominadas por Carlos o sobre Ias que ejercía influencia, ninguna había en Ia que ei gobierno no se hubiera establecido o, por Io menos, consolidado per médio de Ia violência. En Milán, en Nápoles, en Florencia, en Gênova y Siena, por todas partes había gentes descontentas ciiyo partido había sido vencido, y Roma y Venecia estaban llenas de refugiados. A pesar de su estrecha relación con ei emperador, los Farnesio no descuidaron entenderse con estos partidos que seguían siendo poderosos por Ia importância de sus jefes, de sus riquezas y de sus partidários, a pesar de haber sido sometidos. El emperador se hallaba a Ia cabeza de los vencedores y los vencidos buscaban amparo en ei Papa. Infinidad de hilos secretos los unían entre si, y se mantuvicron cn conexión visible o secreta con Francia. Constantemente elaboraban nuevos planes y se proponían nuevos golpes. Unas veces pensaban en Siena, otras cn Gênova, otras cn Lucca. jCuántas veces ei Papa trato de obtener un apoyo de Florencia!' Pero en ei joven duque Cósimo tropezó con ei hombre que le podia hacer frente. Con áspera seguridad, Cósimo se expresa en estos términos: "El Papa, ai que le han salido bien tantas empresas, no abriga otro deseo más vivo que ei de hacer algo también en Florencia, de arrebatar ai emperador esta ciudad, pero irá ai sepulcro con estos deseos." " En cierto aspecto ei emperador y ei Papa se enfrentan como jefes de dos lacciones. Si ei emperador ha casado a su hija con un pariente dei Papa h ha hecho para tenerlo a recaudo, para consolidar su situación cn Itália. Por su lado, cl Papa trata de utilizar su alianza con ei emperador para menoscabar un poço su poderio. Pretendia realzar su casa bajo Ia protección dei emperador y con Ia
16 Dandolo, Rchtione di Francia 1545: si i dubitato, che S. Stà. fosse per tener con Cesare lli queste Iraftationi massime a beneficio de ií dtica di Savog/ia, coi qua/c gii voJcva dar Ia nepote. Rn Francia tuvieron lugar manifestaciones violentas -por cllo (gagliarde paro/e). 1« Pallavicini niega rotiindamcntc estas negociaciones. También, según Io que dice Muratori (Anna/i d'lralia, x. n, 51), aun se pudicra dudar. Este se apoya cn historiadores que bien han podido escribir según Io que oycron decir. Pero de importância decisiva cs un escrito de Girolamo Cuicciardini a Cósimo Mediei, Crcinona 26 Giugno 1543, que se encuentra cn ei Arcliivo Mcdícco cn Florencia. Et rtifsmo Cranvclla habló de <íi. S. Mà. mostrava non esser aliena, quanefo per Ia parle de/ papa fussino adcnipiute le larghe offerfe cíie eran state pwtcTte dal duca di Castro sin a Gênova. No sé cuáles han podido ser Ias proposiciones, pero eran demasiado fuertes para cl Pana. Icgún Gosscliui, secretario de Fcrrante Gonzaga, cl emperador temió, ai marcharse che in volgendo eg/i le spaJ/e (i Farnesi) non pensassem ad ocupar/o (Vita di Don Ferrando, p. iv). De un liiodo dctallado y ameno habla de cllo también una biografia napolitana, aún sin publicar, de Vasto, que se ltalla cn Ia Biblioteca Chigi cn Roma. 1T Escrito de Cósimo encontrado en ei archivo de los Médicis, Data dei ano 1537. A! papa POn c restara altra vog/ia in quesfo mondo se non disporre di questo stato e levarío dal/a divotionc íif/l imperatore, etc.

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ayuda de sus enemigos. De hecho, existe todavia un partido gibelino y otro guelfo. Aquél a favor dei emperador, este dei Papa. En eJ afto 1545 volvemos a encontrar a los dos caudü/os en amistosa conversación. Como Margarita se hallaba embarazada, ia perspectiva de contar pronto en Ia família con un descendiente dei emperador, inclino a los Famesio hacia Carlos V. El cardenal Alejandro Famesio fué a buscado a Worms. Es una de Ias embajadas más importantes de Paulo III. El cardenal venció Ia desgana dei emperador. Trato de justificarse y justificar a su hermano de algunos reproches, pero de otros pidió ei perdón, prometiendo que en Io sucesivo todos serían hijos y servidores obedientes de Su Majestad. Contesto ei emperador que en ese caso él también los trataria como a hijos. De aqui pasaron a negócios más importantes. Se pusieron de acuerdo sobre Ia guerra contra los protestantes y sobre ei concilio. Convinieron que este se celebraria en seguida. Si ei emperador se comprometia a llevar sus armas contra los protestantes, ei Papa le aseguraba por su parte Ia ayuda con todas sus fuerzas y tesoros, "así tuviera que vender su corona".18 En ese mismo ano se inauguro ei concilio. Ahora vemos con chiidad por qué tuvo lugar, por fin, ei acontecimiento: en ei afio de 1546 se inicia ia guerra también. El Papa y ei emperador se alían para aniquilar Ia Liga de Esmalcalda, que dificultaba ai emperador ei gobiemo de su Império no menos que ai Papa ei de ia Iglesia. El Papa entrego dinero y envio tropas. El propósito dei emperador era aliar ei poder de Ias armas con Ias negociaciones de paz. Mientras reprimia Ia desobediência de los protestantes mediante Ia guerra, ei concilio debía allanar Ias divergências religiosas y dar entrada a reformas que hicieran posible a los protestantes Ia sumisión. La guerra se deslizo con mayor fortuna de Ia esperada. Al principio se hubiera creído que Carlos V estaba perdido, pero supo resistir Ia situación más peligrosa, y, al finalizar ei afio 1546, toda Ia Alemania alta estaba en sus manos y Ias ciudades y los príncipes se le fueron entregando a porfía; p*areció llegado ei momento en que, vencido ei partido protestante e*n Alemania, se pudiera rescatar para ei catolicismo todo ei norte. iQué hizo ei Papa en este momento? Llamó a sus tropas, que estaban sirviendo al emperador, y con Ia excusa de que se había desarrollado una epidemia traslado ei concilio, que tenía que cumplir ahora con su cometido y comenzar su actividad pacificadora, de Trento —donde había sido convocado por solicitud de los alemanes— a Bolonia, su segunda capital. No es muy dudoso Io que le movió a ello. Una vez más Ias tendências políticas dei Papado entraron en competência con Ias espirituales. Nunca hu18 Nos informa acerca de Ia embajada de un modo autêntico ei mismo Granvella. Dispaccio di Monsignor di Cortona a/ Duca di Fiorenza, Vormatia 29. Maggio 1545. (Granvella) mi concíuse in somina ch'eJ cardinale era venuto per giustificarsi d'alcune calumnie, e supplica S. M. che quando non potesse interamente discolpare rattioni passate di Nro. Signore sue e di sua casa, el/a si degnasse rimetferle e non ne tener conto. Expose dí piu, in caso che S. M. si risoJvesse di sbattere per via d'arme, perche per giustitia non vi vedeva quaji jnodo alcuno, li Luterani, S. Beatirudine concorrerá con ogni somma di denari.

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biera deseado ei Papa que Alemania entera fuera vencida y sometida ai emperador. Había calculado Ias cosas de otro modo. Seguramente creyó que ei emperador conseguiria algunas ventajas para Ia Iglesia católica, pero como él mismo confiesa,18 tampoco dudó de que tropezaría con numerosas dificultades y complicaciones, que le proporcionarían a él una completa libertad para proicguir sus fines. El destino se burlo de sus previsiones. Ahora tenía que temer —y Francia se Io advirtió en seguida— que este poderio dei emperador repercutiera en Itália y que muy pronto Io sintiera él mismo en Io espiritual y en Io temporal. Pero, además, crecieron también sus preocupaciones con ei concilio. Ya le estaba pesando 20 y había pensado en disolverlo, pero los prelados simpatizantes con ei emperador, envalentonados por Ia victoria, dieron unos pasos atrevidos. Bajo ei nombre de censuras, los obispos espafioles presentaron algunos artículos que significaban un menoscabo dei prestigio papal y, así, parecia inevitable Ia reforma tan temida por Roma. Parece extrano, pero no deja de ser verdad: en ei momento en que toda Ia Alemania dei Norte temblaba ante Ia perspectiva de un restablecimiento dei poder papal, ei Papa se sentia como aliado de los protestantes. Manifesto su alegria por Ias ventajas dei elector Juan Federico frente ai duque Maurício; su mayor deseo era que aquél se pudiera también sostener frente ai emperador; y a Francisco I, que ya trataba de concertar una unión mundial contra Carlos, le •consejó expresamente "que apoyara a aquellos que no estaban todavia vencidos".21 De nuevo le. pareció verosímil que ei emperador, tropezando con Ias mayores dificultades, tendría todavia mucho que haeer. "Cree esto —dice ei embajador francês— porque Io desea." Pero volvió a equivocarse. La fortuna dei emperador hizo que todos sus cálculos se volvieran contra él. Carlos V venció en Mühlberg y se llevó prisioneros a los dos caudillos dei partido protestante. Ahora podia dedicar mayor •tención que nunca a los asuntos de Itália. H J P ( J * \t£, £\o La conducta dei Papa le indigno de Ia manera más profunda. Penetro sus Intenciones. "El propósito de Su Santidad desde un principio —escribe a su embajador— ha sido embarcamos a nosotros en esta empresa y dejarnos luego en Ia estacada."22 La retirada de Ias tropas pontifícias no tenía mayor importância. Mal pagadas y, por Io mismo, de no muy lúcida disciplina, no habían servido para mucho. Pero ei traslado dei concilio si. Ia tenía, y muy grande. Sorprende también esta vez como Ia disensión entre ei Papado y ei Império, provocada por Ia posición política de aquél, vino en ayuda de los protestantes. Se hubiera

1» "Charles Cl. de Guise au roy 31 Oct. 1547" (Ribier, u, p. 75), después de una audiência con ei Papa, este invoca Ias razones que motivaron su participación en Ia guerra alemana: Aussi I dire franchement qu'il estoit bien mieux de 1'empescher (1'empereur) en un lieu dont ii pensoit qu'aisemenr il ne viendroit a bout. 20 "Du Mortier au roy 26 Avril 1547". ]e vous asseure, Sire, que pendant il estoit à Trente, c'etíoit une charge qui íe pressoit íort. 21 "Le même au même". Ribier, i, p. 637. S. S. a entendu que le duc de Saxe se trouve íort, dont e//e a te/ contenfement, comme celuy qui estime Je commun ennemy estre par ces moyeru • • fí-nti d'executer ses entreprises, et connoist-on bien qu'i/ seroit utile suosmain d'entretenir ceux >|iii /iiy resisfent, disant que vous ne sçauriez faire dé"pense p/us utile. 22 Copia de h carta que S. M. scriviò a Doo Diego de Mendoça a xi de Hebrero 1547 aos.

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dispuesto de los médios para someterlos ai concilio, pero como ei mismo concilio se había dividido —los obispos partidários dei emperador quedaron en Trento—, y como no se podia tomar ningun acuerdo válido, no era cosa de forzar Ia adhesión de nadie. El emperador vió como Ia parte esencial de sus planes fracasaba por Ia defección de su aliado. N o solo insistió en que ei concilio volviera a Trento sino que dió a entender que iria a Roma para celebrar allí ei concilio. Paulo III se rehizo: "El emperador es poderoso —decía—, pero también nosotros podemos algo y tenemos algunos amigos." En este momento cuaja Ia tan negociada alianza con Francia. Horacio Farnesio se desposa con Ia hija natural de Enrique II y no se escatima médio alguno para ganar a los venecianos hacia una alianza general. Todos los refugiados se agitaron. En momento oportuno estallaron revueltas en Nápoles, apareció un delegado napolitano pidiendo protección ai Papa para sus vasallos de Ia localidad y hubo cardenales que le aconsejaran dar este paso. Nucvamcntc se enfrentan Ias facciones italianas. Con tanto mayor encono cuanto que los caudillos respectivos rinen también con frecuencia. A un lado, los gobernadores de Milán y de Nápoles, los Médicis en Florencia, los Doria cn Gênova. Como centro de todos ellos, Don Diego de Mcndoza,' embajador dei emperador en Roma, que dispone de muchcs partidários gibelinos. Al otro lado, ei Papa y los Farnesio, los emigrados y descontemos, un nuevo partido de los Orsini y los partidários de los franceses. La parte dei concilio que se quedo en Trento, en favor de los primeros, y Ia que marcho a Bolonia, de los segundos. El ódio con que se miraban los dos partidos estalló por fin violentamente. Su estrecha relación con cl emperador Ia había utilizado ei Papa para ganar Parma y Plasencia, en calidad de ducado enfeudado a ia Sede apostólica, para su hijo Pier Luigi. No podia proceder con Ia falta de escrúpulos de un Alejandro VI o de un León X en iguales circunstancias. En compensación, puso Camerino y Napi a disposición de Ia Iglesia. Mediante un cálculo de los gastos que Ia vigilância de aquellos puestos fronterizos ocasionaba, "as tasas con que había de contribuir su hijo y los ingresos provenientes de,los territórios devueltos, trato de demostrar que Ia Iglesia no sufría perjuicio alguno. Pero tuvo que hablar personalmente con cada cardcnal, sin lograr convencer a todos. Algunos se opusieron abiertamente, otros dejaron de asistir ai censistorio en que se discutió ei asunto y se vió en ese dia a Caraffa girar una visita solemne a Ias siete iglesias."3 Tampoco ai emperador le gustó, pues por Io menos hubiera deseado que se hubiese transferido ei ducado a su yerno Octavio, a quien también pertenecía Camerino. 24 Dcjó pasar Io hecho porque necesitaba de Ia amistad dei Papa, pero nunca consintió, pues conocía demasiado bien a Pier Luigi. Todos
"Quanto mas yva cl diclio [próspero suceso] adclantc, mas nos confirmávamos cn ercher que fuese verdad Io que antes se havia savido de Ia intencion- y inclinacion de S. S., y Io que se dezia [cs] que su fin havia sido pot embaraçar nos en Io que estávamos y dexarnos cn cllo con sus fines, dcsiiíos y p'aticas, pero que, nunque pesasse a S. S. y a otros, esperávamos con Ia ayuda de N. S., aunque sin Ia de S. $., guiar esta impresa a bucn camino". *» liromato, Vita di PaoJo IV, n, 222. M Las ncgociacioncs sobre esto resultan claras Icycndo cl escrito de Mcndoza dei 29 de novicinbrc de 1 547. El Papa dice haber dotado a Pier Luigi, porque esto fué Io que prefirieron los cardenales: y "haviendo de vivir tan poço como mostrava su indisposición".

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los hilos de Ia secreta trama de Ia oposición italiana los tenía ei hijo dei Papa cn sus manos. No se pone en duda que supo de Ia acción de Fiesco en Gênova y que auxilio en ei Po ai violento caudillo de los emigrados florentinos, Pietro Strozzi, en un momento de peligro, después de su fracaso en ei ataque a Alil.in, salvándolo. Hasta se sospechaba que tenía sus miras puestas en Milán. 25 Un dia ei Papa, que se sentia con buena estrella y seguro de conjurar todas Ins tormentas que le amagaban, se hallaba en Ia audiência de buen humor: contaba Ias buenas fortunas de su vida y se comparaba, en este aspecto, con cl emperador Tiberio. En ese mismo dia, su hijo, a quien habían ido a parar todas «us ganâncias, ei favorecido en verdad por su fortuna, era asesinado por unos conjurados en Plasencia. 26 Los gibelinos de Plasencia, agraviados y excitados por Ias violências dei l duque, que figuraba en Ia estirpe de los príncipes de mano dura de Ia época, y que había tratado de sujetar a Ia nobleza, fueron los autores de su muerte; por entonces todo ei mundo creía que Ferrante Gonzaga, gobernador de Milán, habia tomado parte en ei asesinato, 27 así que Io podemos dar por bueno. EI biógraI'i de Gonzaga, su secretario de confianza en aquellos dias, asegura, tratando de cxculparlo, que ei propósito fué ei de hacer prisionero y no ei de matar ai Farnesio.28 En algunos manuscritos encuentro Ia indicación —que no puedo ituscribir sin más— de que ei emperador tuvo conocimiento de Io que se tramaba. I " cierto es que Ias tropas imperiales se apresuraron a tomar posesión de Plairncia, haciendo valer los derechos dei Império sobre Ia ciudad. En cierto sentido [ern Ia réplica por Ia defección dei Papa en Ia guerra contra Ia Liga de Es•nalcalda. La situación que se creó no tiene par. Se creía saber que ei cardenal Alejandro Farnesio había dicho que no había más remédio que matar a algunos ministros dei emperador y, como no cabia | hncer uso de ia violência, había que buscar ei remédio en ei arte. Mientras los •ministres tomaban sus precauciones para ponerse a salvo dei veneno, se prendió • n Milán a unos bravucones corsos de los que se obtuvo Ia confcsión, no sé si fnlsn o verdadera, de que habían sido comprados por los familiares dei Papa con •ti objeto de asesinar a Ferrante Gonzaga. Lo cierto es que Gonzaga se encole[ri/ó cie nuevo. "Tenía —decía— que asegurar su vida como pudiera y no le ipuiliba más remédio que deshacerse, por si o por otros, de dos o três de sus fcimigos."M Mendoza opina que, en este caso, se asesinaría a todos los espaflnlcs de Roma, se incitaria secretamente ai pueblo y se trataria luego de excusar ei liccho con Ia fúria incontenible dei populacho.
'-'K Gossclini, Vita di Fcrr. Gonzaga, p. 20. Scgni, Storie Fiorentine. p. 292. " > fVfcridoça aí Emperador 18 septiembre 1547: "Gasto Ia mayor parte dcl tempo [de aquel < tn contar sus felicidades y coinpaiarse 3 Tiberio imperador". ü? Coniperturn habermis Fcrdinandum ase aurorem, dice cl Papa en ei consistorio. E.ttrait clu htljijtoirc temi par N. S. Pcre, en un despaclio de Morvillicr, Vcnisc 7 sept. 1547. Ribicr, n, 61. ÜH Gossclini, p. 45. Nè i'iniperarore nè D. Fernando, como di natiira niagnaniiiii, consentirono alia morte dcl duca Pier Luigi Farnese, anzi fecero ogni opera di salvarjo comandando in i.ililà a congiurati che vivo il fenessero. 21) Mendoça a/ Emp. "Oon Mcrnando procurara de asegurar su vida como mejor pudicre, hcnndo a parte dos o três de estos o por su niano o por mano de otros."

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No era posible pensar en una conciliación. Habrían querido valerse para ello de Ia hija dei emperador, pero esta no se encontraba a gusto en Ia casa de los Farnesio, despreciaba a su esposo, mucho más joven que ella, revelaba sin tapujos ai embajador sus malas cualidades. Dería que preferia cortar Ia cabeza a su hijo que pedir algo a su padre que pudiera desagradarle. Tengo ante mi Ia correspondência de Mendoza con ei emperador. Difícil i seria encontrar algo comparable ai ódio profundo, contenido y patente de los | dos partidos que rezuman estas cartas. Traslucen un sentimiento de arrogância | que se ha ido enconando con amargor, un desprecio que no deja de ser precavido y un receio como ei que se mantiene frente a un malvado contumaz. Si ei Papa, en médio de esta situación, queria buscar amigos y apoyo en alguna parte, solo Francia podia suministrárselos. En presencia dei embajador francês, le encontramos explicando largamente a los cardenales Guisa y Farnesio Ias relaciones de Ia Sede apostólica con Francia. "Ha leído en libros antiguos —decía—, ha oído en su tiempo de car- j denal y Ia experiência misma le ha ensenado que Ia Santa Sede se ha encontrado | con poder y prestigio siempre que ha mantenido alianza con Francia y, por ei contrario, ha padecido perdidas cuando no ha sido ese ei caso; no podia perdonar ] a León X ni a su antecesor Clemente ni a si mismo que se hubieran puesto ai- J guna vez a favor dei emperador, pero ya estaba decidido a unirse a Francia por 1 siempre. Esperaba vivir tcdavía Io bastante para dejar Ia Sede apostólica en I disposición favorable ai rey de Francia; queria hacer de él uno de lostmayores j monarcas dei mundo y su propia casa se le vincularia indisolublemente." 80 Su propósito no era otro que establecer una alianza con Francia, con Suiza y Venecia, ai principio de caracter defensivo, pero de Ia que él mismo decía no ] ser sino Ia puerta para una ofensiva.31 Los franceses calculaban: sus amigos ] unidos les procurarían en Itália un domínio tan grande como ei que poseía ei I emperador; ei partido de los Orsini estaba dispuesto a consagrarse ai rey de Francia en cuerpo y alma. Los Farnesio pensaban que en ei domínio de Milán j podían contar con Cremona y Pavía por Io menos; los emigrados napolitanos prometieron poner en pie de guerra 15,000 hombres y entregar en seguida | Aversa y Nápoles. El Papa tomo gran parte en todos estos asuntos. Da a 1 conocer a los franceses ei ataque que se prepara contra Gênova. Nada tenía j que oponer si había que establecer una alianza con ei Gran Khan o con Argel para apoderarse de Nápoles. Acababa de subir ai trono de Inglaterra Eduardo VI y ei Gobierno estaba en manos de los protestantes, pero ei Papa no deja por eso de aconsejar a Enrique II que haga Ias paces con Inglaterra, según dice "para poder llevar a cabo otros proyectos en beneficio de Ia cristiandad".82
30 "Guise au roy, 31 oct. 1547". Ribier, n, 75. 81 "Guise au roy, 11 nov. 1547". Ribier, n, 81. Sire il semble au pape a ce qu'il m'a dH, qu'il doit commencer a vous fair declaration de son amitie' par vous presenter luy et toute sa maison: et pource qu'iíj rTauroient puissance de vous faire service ny vous aider a offenser si vous premierement vous ne íes aidez à defcndre, ii luy a sembJé devoir commencer par Ia ligue defentive, laqueíle il dit estre Ia vraye porte de Tofíensive. También es instructiva toda Ia correspondência que sigue. 32 "François de Rohan au roy 24 Février 1548". Ribier, m, 117. S. S. m'a commandé de vous faire entendre et conseil/er de sa part, de regarder les moyens que vous pouvez tenir pour vout

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Así de violenta era Ia enemistad dei Papa con ei emperador, así de estrecha lu alianza con los franceses y tan grandes sus esperanzas; sin embargo, jamás llegó a firmar ei acuerdo, nunca se decidió a dar ei último paso. Los venecianos se asombran. "El Papa ha sido atacado en su dignidad, ofendido en su sangre, despojado de ias porciones más preciadas de su patrimônio; tendría que establecer esa alianza a cualquier precio, y, sin embargo, después de tantas ofensas, le vemos dudar y vacilar." Por Io general Ias ofensas suelen provocar resoluciones extremas, pero hay [caracteres en que esto no ocurre, que siguen calculando en ei momento en que |ft sienten más profundamente heridos, no porque ei sentimiento de venganza sea ! menos fuerte en ellos, sino porque Ia conciencia que tienen de Ia superioridad drl enemigo se sobrepone a todo. Domina en ellos ei cálculo que consiste en Ia revisión dei futuro y Ias grandes contrariedades no les sublevan sino que les Bccn cobardes, taimados y débiles. El emperador era demasiado poderoso para que pudiera temer algo serio los Famesio. Prosiguió su camino sin reparar en ellos. Protesto de manera llemne contra Ia sesión dei concilio en Bolonia declarando nulas de antemano actas de los acuerdos. En el ano 1548 publico ei ínterim en Alemania. Y inque ai Papa le pareció intolerable que el emperador prescribiera normas fe y se quejó vivamente de que los bienes de Ia Iglesia fueran abandonados tus actuales poseedores —ei cardenal Famesio aíiadía que veia en el Ínterim siete a ocho herejías—,33 no por eso se inmutó el emperador. Tampoco en el hunto de Plasencia dió su brazo a torcer. El Papa exigia el restablecimiento Ia situación y el emperador afirmaba su derecho por parte dei Império. El Pipa se refirió a Ia alianza de 1521 en Ia que se garantizaba esa ciudad a Ia Je apostólica y el emperador aludió a Ia palabra "investidura", por Ia que Império mantiene derechos soberanos. Replico el Papa que en este caso Ia ilabra se tomaba en un sentido distinto dei feudal y el emperador ya no discutió lis, pero declaro que su conciencia le prohibía devolver Plasencia.34 Con gusto hubiera el Papa acudido a Ias armas, y se hubiera alistado ai de Francia, levantando a sus amigos y a su partido —en Nápoles, Gênova, ena, Plasencia y hasta en Orbitello se notaba Ia agitación de sus partidários—, • gusto también se hubiera vengado con un golpe inesperado, pero temia Ia liperioridad dei emperador y, sobre todo, su influjo en Ias cuestiones eclesiás|cas; temia que se convocara un concilio que se declarara contra él e incluso

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•Wttrc en paix pour quelque temps avec les Ang/ais, afin que n'estant en fant d'endroits empeché I Vim» puiss/ez pJus íacilement erecurer vos desseins et entreprises pour ie bien puWic de Ia ^ttitílicnlé. M "Hazer intender a V. M. como en el intetim ay 7 o 8 heregias". Mendoza 10 junio 1548. Ias Letteie de/ commendarorc Annibal Caro scritre ai nome dei Cl. Farnesc, Ias cuales son reiinl.is en general con gran reserva, se encuentra (r, 65) un escrito ai cardenal Sfondrato referente Ínterim en el que se dice que "el emperador había dado lugar a un escândalo en Ia cristiandad, [que hubiera podido hacer algo mejor". N "Lettcre dei Cardinal Famese scrite ai vescovo di Fano, nuntio all'impcratore Cario". Inforllioni politiche xix, y algunas instrueciones dei Papa y de Famesio, ibid., xn, revelan estas negoones, de Ias que solo pude tratar los puntos más importantes.

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Ie depusiera. Dice Mendoza que Ia acción de los corsos contra Ferrante Gonzaga le habia insuflado todavia más miedo. Sea como sea, ei caso es que supo contenerse y disimular su cólera. A los Farnesio no les desagrado que ei emperador se apoderara de Siena, pues esperaban que se les entregaria como compensación de sus perdidas. Con esta ocasión se hicieron Ias propuestas más extranas. "Si ei emperador se aviene —se dijo a Mendoza—, ei Papa volverá a llevar ei concilio a Trento y no solo lo conducirá a gusto dei emperador —por ejemplo, reconociendo soleninemente su derecho sobre Ia Borgoría— sino que nombrará a Carlos V sucesor suyo en Ia Silla de San Pedro. Pues —decían—, Alemania tiene un clima frio e Itália caliente y para Ia gota que padece ei emperador los países calientes son más sanos." 35 No quiero decir que pensaran en ello seriamente, ya que ei viejo Papa creía que ei emperador moriría antes que él, pero vemos por qué caminos tortuosos, apartados dcl curso ordinário de Ias cosas, orientaba ei Papa su política. No escaparon a los franceses Ias negociaciones dei Papa con ei emperador. Conservamos una carta dei condestable Montmorency, llena de indignación, en Ia que habia claramente de "hipocresía, mentiras, de golpes traicioneros" que los de Roma asestan ai rey de Francia.38 Finalmente, como ei derecho sobre Plasencia no solo se disputaba a su casa sino también a Ia Iglesia, para hacer algo y por lo menos ganar un punto firme en todo este altercado, decidió entregar ei ducado a Ia Iglesia. Era Ia primera vez que emprendía algo contra ei interés de su nieto, pero no dudaba que este lo aceptaría a gusto. Creía disponer de una indiscutida autoridad sobre él y así habia hecho su elogio y manifestado su contento. Pero habia una diferencia: en otras ocasiones habia perseguido siempre Ia ventaja patente de su nieto mientras que ahora queria realizar algo que le perjudicaba.37 Quiso evitar ei golpe de manera indirecta. Se le dió a entender que ei dia fijado para ei consistorio era nefasto; ei cambio con Camerino, que se le daria en compensación, significaria para Ia Iglesia una perdida, y se argumento con les motivos utilizados por él en otra ocasión. Con todo esto no hacían más que demorar Ia acción, pero no podían impediria: ei comandante de Parma, Camillo Orsino, recibió Ia orden dei Papa de mantener Ia ciudad a nombre de Ia Iglesia y de no entregaria a nadie, cualquiera que fuese. Después de esta declaración, que no dejaba lugar a dudas, los Farnesio no pudieron contenerse. De ningún modo querían dejarse arrebatar un ducado que les colocaba ep ei rango de los príncipes independientes de Itália. Octavio intento apqderarse de Parma contra Ia voluntad dei Papa, con astucia o con violência, y solo Ia habilidad y decisión dei nuevo comandante hizo abortar Ia tentativa. Cabe imaginarse los sentimientos que en ei ânimo de Paulo III provocaria este incidente. Su nieto, ai que
35 El caidenal Gambara hizo esta propuesta a Mendoza, con ocasión de una reunión secreta cn una iglesia. Al menos dice "que havia scripto ai papa algo desto y no lo havia tomado mal". 30 "Le connestable au roy 1. Sept. 1548" (Ribier, n, 155). Le pape avec ses ministres VOUJ ont /usques-icy usé de toutes dissimu/afions, /esqueíles ils ont depuis quelque temps voulu couvrir de pur mensonge, pour en/ormer une vraye meschancetí, puisqu'// /aut que ;e J'appel/e ainsi. 37 También Dandolo asegura que estaba firmemente decidido. S. S. era ai tutto volta a restituir Parma alia chiesa.

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había dedicado todas sus preferencias, por cuyo bien se había comprometido nnte el mundo, se volvia contra él al final de sus dias. Ni siquiera ei fracaso de su tentativa hizO cejar a Octavio. Escribió al Papa que si no volvia a recobrar Parma, celebraria Ias paces con Ferrante Gonzaga e intentaria conquistaria con Ias armas imperiales. Y, de hecho, Ias negociaciones cen el enemigo mortal de su casa habían progresado mucho: fué enviado un correo al emperndor con proposiciones secretas.88 El Papa se lamento de haber sido traicionado por les suyos: sus acciones eran de tal índole que de ellas se seguiria Ia muerte dcl Papa. Lo que le hirió más profundamente fué el rumor de que él tenía conocimiento secreto de Ias maquinaciones de Octavio y también una parte en ellas que estaba en flagrante contradieción con sus palabras. Dijo al cardenal de Este que nada en su vida le había dolido tanto, ni Ia muerte de Pier Luigi ni Ia Ocupación de Plasencia, pero que el mundo veria claramente cuáies eran sus [intenciones.39 Le cabia el consuelo de que, por lo menos, el cardenal Alejandro Furnesio no había participado en Ia conjura y se hallaba totalmente entregado |ft él. Pero se dió cuenta poço a poço de que también él, que gozaba de toda su («onfianza y que tenía en sus manos el canamazo de los negócios, estuvo entendo dei asunto y en pleno acuerdo. Este descubrimiento le quebrantó. El dia Me Ias animas (2 de noviembre de 1549) confio al embajador de Venecia su imargo sufrimiento. Para distraerse un poço, se dirigió al dia siguiente a su Vigna i n Monte Cavallo. No encontro reposo. Mando llamar al cardenal Alejandro, lurgió Ia disputa y el Papa se enfureció de tal suerte que le arrebato a Alejandro el capelo de Ias manos y se lo arrojo al suelo.40 La corte supuso que vendría ii n cambio y que el Papa alejaría al cardenal dei gobierno de los negócios, fpeno no pudo llegar a esto. Aquella violência de ânimo a los ochenta y três [âftos pudo con él. En seguida se sintió enfermo, para morir a los poços dias: el |I0 de noviembre de 1549. En Roma todo el mundo acudió a besar sus pies. Era tan querido como ediado su nieto, y se le tuvo compasión porque había •ufrido Ia muerte por causa de aquel a quien más servidos había rendido. Fué un hombre lleno de talento y de espíritu y de penetrante sagacidad, colocado en el puesto más importante. Pero jcuán insignificante aparece un mortal de talla ante Ia historia universal! En todos sus planes y accienes está «do y dominado por Ia tensión de Ia época, que él desconoce; por sus tendências momentâneas, que a él se antojan eternas. Las circunstancias personales y a b a n particularmente, dándole tanto quehacer y Uenando sus dias —si a
I» Gosscllini, Vifa di Ferr. Conzaga, p. 65. 10 "Hippolvt Cardinal de Ferrare au roy 22. Oct. 1549". Ribier, n, 248. S. S. n>'« asseuré ir cn sa vie eu chose. dont e/Ic air fant receu d'ennuy, pour 1'opinion qu'e)Je craint qu'on c prendre que cecy ait este de son consenfement. *0 Dandolo: í/ Revmo. Farnese si risolse de non voler che casa sua restasse priva di Roma « K ne messe a/Ja forte.—S. S. accortasi di questa contraoperatione dei Revmo. Farnese me Ia •MUtlicò ii di de'morti in gran parte con grandíssima amarifudine et il dl dietro Ja matlina per frinpo se ne ando alia sua vigna di monte Cavallo per cercar transfuílo, dove si incolero per tal iiiuv.i con esso Revmo. Farnese.—Cli /u trovafo tutto 1'interiore nettissimo, d'haver a viver ancor i|iw/c lie anno, se non che nel core tre goecie di sangue agghíacciato [lo cual es tal vez una equi•ocución] giud/casi da/ moío dei/a co/era.

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veces de satisfacción- con tanta frecuencia de desenganos y amarguras que acaban por consumirle. Y mientras muere, los acontecimientos siguen su curso. 2 ) Mio lll. Marcelo U Una vez durante ei cónclave, cinco o seis cardenales se reunieron junto ai altar de Ia capilla. Hablaban de Ia dificultad de encontrar un Papa. "Nombradme a mi —decía uno de ellos, ei cardenal Monte—, y ai dia siguiente os hago favoritos mios en ei colégio de cardenales." "Me pregunto si debemos nombrarlo", decía otro, Sfondrato, cuando se separaron. 41 Monte pasaba por violento y colérico y tenía poças perspectivas porque su nombre era ei que menos sonaba. Sin embargo, fué elegido (7 de febrero de 1550) y en recuerdo de Júlio II, de quien había sido camarlengo, adoptó ei nombre de Júlio III. En Ia corte imperial ei nombramiento es recibido con alegria. El duque Cósimo fué quien más trabajó en ei resultado. En ei cenit de Ia fortuna y ei poderio, en que por entonces se encontraba ei emperador, era un buen remate que subiera por fin a Ia Silla de Pedro un Papa propicio, con ei que se podría contar. Parecia como si los negócios públicos fueran a tomar otro sesgo. Al emperador le importaba mucho que ei concilio volviera a reunirse en Trento y creía poder obligar a los protestantes a concurrir a él y someterse. El nuevo Papa acudió con gusto a cumplir este deseo. Llamó Ia atención sobre Ias dificultades inherentes ai asunto, no sin avisar que no queria se tomara su indicación como un pretexto, no cansándose de asegurar Ia verdad de Io contrario, pues siempre había obrado sin reservas y pretendia seguir en el mismo camino. Fijó Ia reanudación dei concilio para Ia primavera de 1551 y declaro que no celebraba pacto alguno ni ponía condiciones. 42 Pero no se había logrado todo con Ia buena disposición dei Papa. Octavio Farnesio había recobrado Parma por un acuerdo de los cardenales en el cónclave que trajo a Júlio III. No sucedió esto contra Ia voluntad dei emperador, pues ambos negociaban desde hacía tiempo, y se abrigaron ciertas esperanzas en el restablecimiento de buenas relaciones. Pero como el emperador no podia decidirse a entregarle también Plasencia, sino que retuvo además los territórios que Gonzaga había ganado en los domínios de Parma, Octavio mantuvo un espíritu belicoso frente a él. 43 Después de tantos agravios recíprocos, no era posible que albergara otra cosa que ódio y receio. De.cía que se trataba de arrebatarle también Parma y de deshacerse de él, pejo sus enemigos no se saldrían con Ia suya en ninguno de los dos casos.44
41 Dandolo, Relatione 1551: Questo revmo. di Monte se ben súbito in consideratione di ogn'uno, ma ali'incontro ogn'uno parlava tanto delia sua cólera e subitezza che ne passo mai che di pochissima scommessa. 42 "Lettere dei Nunzio Pighino 12. e 15. Ag. 1550". in//. poíif., xrx. 43 Gossellini, Vita di Ferr. Gonzaga, y Ia justificación de Gonzaga contra Ia acusación de liaber causado Ia guerra, que se halla en el tercer libro, explican de un modo autêntico el giro que tomaron los acontecimientos. 44 "Lettere delli Signori Farnesiani per Io negotio di Parma". In/ormat. pol. xix. Lo arriba citado proviene de un escrito de Octavio al cardenal Alejandro Farnesio, Parma, 24 de marzo de 1551.

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Es cierto que Ia muerte de Paulo III había desprovisto a sus nietos de un #ran apoyo, pero también Ios había libertado. Ya no les era menester tomar en consideración Ios intereses generales de Ia Iglesia y solo Ios propios les servirían de pauta. Así, Octavio podia dirigirse sin cuidado alguno ai rey de Francia, Enrique II. Lo hizo en un momento en que podia esperar ei mejor resultado. Lo mismo que en Itália, en Alemania pululaban Ios descontentos. Lo que d emperador había realizado y lo que todavia se temia de él, su actitud religiosa y política: todo le había granjeado numerosos enemigos. Enrique II podia osar lu reanudación de Ios planes antiaustríacos de su padre. Abandono Ia guerra contra Ios ingleses y pacto una alianza con Ios Farnesio. En primer lugar, tomo I o su servido Ia guarnición de Parma. Pronto aparecieron en Mirandola tropas Irancesas. Las banderas de Francia flotaban ai viento en ei corazón de Itália. Júlio III se mantuvo firme ai lado dei emperador en estas nuevas complica[ciones. Consideraba intolerable que "un miserable gusano como Octavio FarIncsio se sublevara contra ei emperador y contra ei Papa". "Es nuestra voluntad l«—declaro a su núncio— embarcamos en ei mismo barco que ei emperador y confiamos a Ia suerte que él corra. A él, que tiene Ia visión y ei poder, abandoInamos Ia decisión a tomar."45 El emperador se decidió por ei desplazamiento linmcdiato y violento de Ios franceses y sus partidários. En seguida vemos mar> li ir juntas Ias tropas pontifícias e imperiales. Cayó en sus manos una impor[ tnnte fortaleza en Ios domínios de Parma, que fueron devastados por entero, y ••mbién cercaron a Mirandola. Pero no era posible contener con estas pequenas escaramuzas ei movimiento, Originado en Itália, pero que se había extendido por toda Europa. La guerra MHitalló en todas las fronteras que separaban Ios domínios dei emperador y dei rey l e Francia y también en ei mar. Cuando por fin Ios protestantes alemanes se iinivron con tos franceses, supuso e]to un contrapeso más grande que ei de Ios Italianos. Tuvo lugar ei ataque más decidido que jamás conoció Carlos. Los franceses aparecieron en ei Rin y ei príncipe elector Maurício en ei Tirol. El viejo Vencedor, que había sentado sus reales en Ia zona montafiosa entre Itália y Ale 'mania para amagar las dos regiones, se vió pronto en peligro, derrotado y a Minto de caer prisionero. Inmediatamente repercutió Ia situación en Ios asuntos de Itália. "Nunca bubiéramos creído —decía ei Papa— que Dios nos habría de probar de esta •Ucrtc."4B En abril de 1552 tuvo que avenirse a firmar un armisticio con sus Htmigos. Se dan a veces desgracias que no son totalmente ingratas para Ios homrs. Ponen término a una actividad que ya empezaba a contrariar las propias clinaciones. Y prestan un motivo legal, una exculpación luminosa a Ia resodòn de abandonaria.
<S "Julius Papa III manu própria: Instruttione per voi Monsignor d'Imola con l'imperatore; Átimo di Marzo" (Informar, polir., xn). También explica Ia razón de esta unión esrrecha: non lf ilícito alcuno humano, ma perche vedemo Ia causa nostra esse con S. Mà Cesiiea in tutti li brf e massimamente in quel/o delia religione. «« "Al Cl. Crescentio 15 Abril 1552".

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Parece que Ia desgracia ocurrida ai Papa es de este gênero. Con desagrado veia como su Estado se llenaba de tropas y sus cajas quedaban vacías, y creyó encontrar motivos para quejarse dei embajador imperial.47 También ei concilio le había venido a preocupar. El concilio tomo un cariz más inquietante después de Ia aparición de los delegados alemanes, a los que se había prometido una reforma. Ya en enero de 1552 se quejaba ei Papa de que se le queria menoscabar Ia autoridad y Ia intención de los obispos espanoles seria, por un lado, someter a servidumbre a los cabildos y, por otro, sustraer a Ia Sede apostólica Ia colación de todos los benefícios, pero no estaba dispuesto a tolerar que, con ei título de abuso, se le quitara Io que no era tal, sino una atribución de sus facultades esenciales.48 No le pudo desagradar demasiado que ei ataque de los protestantes disolviera ei concilio y se apresuró a decretar su suspensión, viéndosfl libre de este modo de numerosas reclamaciones y disgustos. Desde entonces, Júlio III no se entrego ya de manera seria a actividades políticas. Los habitantes de Siena se quejaron de que ei Papa, a pesar de ser originário dei país por parte de madre, había apoyado ai duque Cósimo en su propósito de someter Ia ciudad, pero una investigación judicial posterior ha demostrado Ia falsedad de esta acusación. Por ei contrario, Cósimo tenía más bien motivo para quejarse. El Papa no impidió que se reunieran y armaran en sus domínios los emigrados florentinos, los más acendrados enemigos de su aliado. | Delante de Ia Porta dei Popolo ei extranjero visita todavia Ia villa dei Papa Júlio. Reviviendo aquella época, sube Ias espaciosas escaleras hasta llegar a Ia galeria, desde donde puede contemplar toda Ia anchura de Roma, a partir dei Monte Mario, y ei meandro dei Tíber, Júlio III se entrego a Ia construc-j ción de este palácio y ai ornato de su jardín. Él mismo trazó ei primer proyecto, que nunca estuvo listo, porque todos los dias tenía nuevas ocurrencias y deseos que ei constructor tenía que apresurarse a llevar a Ia práctica.19 Aqui vivia ei Papa sus dias, olvidado dei mundo. Favoreció bastante a sus familiares; ei j duque Cósimo les cedió Monte Sansovino, de donde procedían, y Novaraj ei emperador; él les confirió ias dignidades dei "Estado pontifício y Camerino. I Cumplió con Io prometido a su favorito y le hizo cardenal. Era un joven ai que había tomado carino en Parma. Le había visto una vez atacado por un mono, portarse con bravura y serenidad; desde entonces se encargo de su educación| y le mostro una afección que, desgraciadamente, fué todo su mérito. Júlio III deseó su prosperidad y Ia de los demás familiares, pero.no se mostro propicio a verse enredado en complicaciones por causa de eUos. Como hemos dicho, Ia
47 "Lettera dei Papa a Mendoza 26 Dec. 1551". (Inf. pol. xrx): "Sea dicho jin orgullo: No nos cs mcnester ningún consejo, nosottos mismos pudiéramos dar conscjos; pero Io que cs menester es ajuda". 48 "Al Cl. Crescentio 16 Gcnn. 1552". Exclama: non sara vero, non comportaremo mai, prima lassaremo ruinare il mondo. 40 Vasari. Boissard habla de su extensión de entonces: occupat fere omnes col/es qui ab urbe ad pontem Milvium protenduntur —describe su esplendor y cita algunas inscripeiones, p. e. honesta voluptarier conetis fas honestis esto, y, sobre todo, Dehinc próximo in templo Deu ad divo Andreae gratias agunto [yo entiendo, los visitantes] vitamque et saiu tem Júlio I/I Pontefici Máximo Balduino ejus fralii et eorum íamiliae universae plurimam et aeternam precantor. Júlio murió ei 23 de marzo de 1555.

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placentera vida en su villa le bastaba. Dió fiestas ritu cáustico, que a veces hacía ruborizarse. En los y dei Estado tomo Ia parte que era ineludible.

con su espíla Iglesia

Ahora bien, estos asuntos no podían prosperar mucho en tal forma. La pugna entre Ias dos grandes potências católicas iba cobrando cada vez un cariz más peligroso. Los protestantes alemanes se habían librado de su sumisión dei ano 1547 y se mantenian más firmes que nunca. Ya no era posible pensar en Ia cacareada reforma católica y el porvenir de Ia Iglesia romana se presentaba bastante oscuro. Como hemos visto, dentro dei seno de Ia Iglesia habia surgido un riguroso movimiento que supo condenar energicamente el estilo peculiar a tantos Papas. iNo volveria a renovarse con Ia elección de un nuevo Papa? La personalidad de I este importaba mucho; por eso tan alta dignidad dependia de Ia elección, para 1 que se colocara a Ia cabeza un hombre que respondiera ai sentir dominante en Ia Iglesia. A Ia muerte de Júlio III es cuando, por primera vez, el partido extremista cobra influencia en Ia elección papal. En su conducta poço digna, Júlio III se había sentido cohibido muchas veces por Ia presencia dei cardenal Marcello I Carvini. Este fué el elegido con el nombre de Marcelo II el 11 de abril de 1555. Durante toda su vida mantuvo una conducta decidida e intachable: Ia reforma de Ia Iglesia, ante Ia cual vacilaban los demás, Ia encarnaba él en su persona. Por eso desperto Ias mayores esperanzas. "Había pedido —dice un contemporâneo— que viniera un Papa que supiera limpiar Ias bellas palabras iglesia, concilio, reforma, dei desprestigio en que habían caído y mis esperanzas parecían cumplidas y mi deseo convertido en realidad con esta elección." 50 "La opinión que se tenía de Ia bondad y de Ia sabiduría incomparable de este Papa •—dice otro— reavivo Ias esperanzas dei mundo; si hay alguna ocasión, ahora lera posible que Ia Iglesia extinga Ias opiniones heréticas, acabe con los abusos I y Ia vida corrompida, y recupere su salud y su unidad."51 Con este sentido comenzó Marcelo. No permitió que sus parientes vinieran a Roma, introdujo mucha^ economias en el presupuesto de Ia corte y parece que redactó un memorial de Ias mcjoras que había de implantar en Ia organización eclesiástica; en primer lugar, trato de restablecer en su autêntica solemnidad el culto divino, y ' todos sus pensamientos se concentraban en el concilio y Ia reforma.62 En el aspecto político adoptó una posición neutral, con Ia que se dió por satisfecho el emperador. "Sin embargo —dicen aquellos contemporâneos suyos—, el mundo no estaba a su altura." Y le aplican Ias palabras que Virgílio dirigió a otro MarL ceio: "El destino no quiso sino exhibirlo." Murió a los veintidos dias de su pontificado. No podemos hablar de Ia influencia de un pontificado de tan breve dura| ción, pero ya Ia elección y el comienzo de Ia administración muestran qué tenso "Seripando ai vescovo di Fiesole". Lettere di principi, m, 162.
M Lettere di principi, m, Ml. Habla aqui el mismo editor. M Petri Polidori de vjta MarceJíi li opmmeararius 1744, p. 119.

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dencia ganó predomínio. En ei cónclave siguiente salió también t 22 de mayo de 1555 era nombrado Papa ei más riguroso de todos 1 Juan Pedro Caraffa.
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Muchas veces nos hemos ocupado de él. Es ei mismo que fundo Ia orden de los teatinos, restableció Ia Inquisición y promovió tan energicamente en Trento Ia consolidación dei viejo dogma. Si existia un partido que reclamaba Ia restauración dei catolicismo en todo su rigor, Ia Silla de San Pedro estaba ocupada ahora no por un miembro de ese partido, sino por uno de sus fundadores y caudillos. Paulo IV contaba ya con setenta y nueve afios. Pero su mirada penetrante conservaba todo ei fuego de Ia juventud; era alto y delgado, de rápido andar, todo nervio. Así como en su vida diária no se sometía a ninguna regia y a menudo dormia de dia y estudiaba de noche —y jay dei criado que entrara en Ia habitación sin que él hubiera llamado!—, también en Io demás se guiaba dei impulso dei momento.68 Pero estos impulsos le orientaban según un sentir formado a Io largo de su vida y convertido en segunda naturaléza. No parecia conocer otro deber ni otra ocupación que ei restablecimiento de Ia vieja fe en su esplendor antiguo. De tiempo en tiempo suelen formarse caracteres de esta clase, con los que tropezamos todavia alguna vez. Han comprendido Ia vida y ei mundo desde un solo centro y su tendência individual y personal es tan poderosa, que todos sus puntos de vista se hallan completamente dominados por ella; hablan sin descanso y conservan siempre cierta frescura; expresan sin césar sus opiniones, que se van desenvolviendo en ellos con una espécie de fatalidad. Adquieren máxima significación cuando vienen a ocupar un puesto en que su actividad depende simplemente de su opinión, y ei poder y Ia voluntad coinciden. jQué no se podría esperar de Paulo IV, quien nunca; había guardado contemplaciones y había impuesto siempre su oninión con extrema violência, ahora que se hallaba en Ia cúspide! M El mismo estaba sprprendido dei lugar a que había Hegado, pues nunca había hecho Ia menor concesíón a ningún cardenal ni dejó sospechar en él más que un extremado rigor. Por eso no se creía elegido por los cardenales, sino por Dios mismo, y llamado a cumplir sus intenciones.55
58 "Relatione di M. Bernardo Navagcro (che fu poi cardinajc) alia Serma. Pepca. di Venetia tomando di Roma Ambasciatore appresso dei Pontcfice Paolo IV 1558". Se encuentra en numerosas bibliotecas italianas, y también en Ias Jnformatione po/ifiche. en Berlín. La complessione di questo pontefice è colérica adusta; ha una incredibil gravita e grandczza in tutte ie sue azioni et veramente pare nato ai signoreggiare. 54 Se puede suponer que su manera de ser no agradaba a todo ei mundo. En ei Copitoio ai re di Francia, Aietino le desciibe dei modo siguiente: Caraffa ipocrita infingardo Che tien per coseienza spirituaie Quando si mette dei pepe in sul cardo. 05 Relatione de/ Cimo. M. A/uise Mocenigo K. ritomato daila corte di Roma 1560. (Arch. Venez.) Fu eietto pontefice contra i) parer e credere di ogn'uno e forse anco di se stcsso, coma S. S. própria mi disse poço inanzi morissc, che non avea mai compiaciuto ad alcuno, e che se un

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"Prometemos y juramos —dice en Ia bula con que inaugura su pontificado— cuidar en verdad para que se ponga en obra Ia reforma de Ia Iglesia universal y de Ia corte romana." El dia de su coronación Io serialó con mandatos referentes a los conventos y a Ias ordenes religiosas. Envio inmediatamente a Esiana a dos frailes de Monte Cassino, para restablecer allí Ia decaída disciplina, nstituyó una congregación para Ia reforma, comprendiendo três departamentos, cada uno compuesto de ocho cardenales, quince prelados y cincuenta varones doctos. Los artículos que habían de ser discutidos, y que se referían a Ia promoción de cargos, fueron comunicados a Ias universidades. Como se ve, se puso j u Ia obra con gran seriedad.56 Parecia que Ia tendência eclesiástica que hacía ticmpo había ganado Ias zonas bajas, se apoderaba también dei Papado e ins[ pirata los desígnios de Paulo IV. Pero había que preguntarse qué posición iba a tomar en los movimientos I universales. No es tan fácil cambiar Ias grandes direcciones adoptadas por una potência, porque poço a poço se han fundido con su esencia propia. Por ia naturaleza de Ias cosas, tenía que ser un àeseo dei Papado tratar de •istraerse a Ia supremacia espanola y ahora era un momento en que ello volvia u parecer posible. Aquella guerra que vimos surgir de Ia revuelta farnesina fué Ia irás desdichada de Ias emprendidas por Carlos V. Se hallaba en apuro en los Países Bajos; Alemania se había separado de él; Itália ya no le era fiel, y ni llquiera podia confiarse en los Este y los Gonzaga. Él mismo se hallaba agotado , y enfermo. De no pertenecer ai partido dei emperador, no sé si otro Papa hu['Dicra resistido ia tentación que Ia situación ofrecía. Esta era especialmente fuerte para Paulo IV. Había visto a Itália con Ia 1'lx'rtad que gozo en ei siglo xv (había nacido en 1476) y su alma anoraba este fecuerdo. Comparaba Ia Itália de entonces con un instrumento de cuatro cuer• l.r. bien acordado. Las cuerdas eran Nápoles, Milán, Ia Iglesia y Venecia, y Blldecía Ia memória de Alfonso y de Ludovico ei Moro, "almas desdichadas y perdidas —decía— cuya escisión destruyó esta armonía".57 A partir de entonces los espanoies se a]zaron con ej senorío de Itália, situación a Ia que no pudo •vtnirse. La familia Caraffa pertenecía ai partido francês y muchas veces había tomado las armas contra los castellanos y catalanes; todavia en 1528 se había aliado con los franceses y fué Pedro Caraffa quien aconsejó a Paulo III <|ii<' se apoderara de Nápoles durante las révueltas de 1547. A este ódio partiflarista se vino a juntar otro. Caraffa había afirmado siempre que Carlos V había favorecido a los protestantes por celos contra ei Papado y achaco ai empet "Ir Ia culpa dei progreso de este partido.88 El emperador Io conocía muy bien. Le expulso una vez dei Consejo formado para Ia administración de Nápo-

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MrdinaJe gíí avea domancíafo quaiche grafia g/i avea sempre rísposto aHa ríversi rrè mti compactalii/o, onde disse: io non sn come mi habbiano elerto papa e concludo che Iddio faccia Ij poiitefici, »« Bromato, Vita dl Paolo ÍV, Lib. DC, J 2, J 17 (n. 224, 289). B7 Infelici quelle anime di Alfonso d'Aragona e Ludovico Ouça di Milano, che fumo li primi i t tuastarono cosi nobíl instrumento d'|ra/ia. En Navagero. M "Memoriale dato a Annibale Rucellai Sett. 1555". (/nformat. pol. xxiv). Chiamava libe. Minite Ia mi. S. Cesarc» /aurore di hiretíci e scismatici.

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les y no permitió que llegara a tomar posesión de sus cargos eclesiásticos napolitanos, y en alguna ocasión le pasó aviso a causa de algunas declamaciones suyas en ei consistorio. Como puede imaginarse, Ia resistência de Caraffa se hizo con esto más violenta. Odiaba ai emperador como napolitano y como italiano, y también como católico y como Papa. Junto a su ceio reformadof, no conocía más pasión que este ódio. Apenas había tomado posesión dei pontificado —no sin cierto orgullo cuando vió que los romanos le erigían una estatua por dispensarlos de ciertas tasas e importar trigo, y cuando recibió, con ei fasto de una corte regida por aristocratas napolitanos, Ias embajadas que se apresuraban a rendirle acatamiento—, y j ya se vió enredado en mil disputas con ei emperador. Ya este se había quejado ante los cardenales partidários suyos de Ia elección que había tenido lugar; sus partidários celebraron reuniones sospechosas y algunos de ellos se apoderaron en ei puerto de Civitavecchia de unos barcos que les habían sido arrebatados por los franceses.59 El Papa entro en furor. Hizo prisioneros a los vasalios dei emperador y a los cardenales de su partido que no pudieron huir, y confisco sus propiedades. Pero no le basto esto. Celebro Ia alianza con Francia, por Ia que Paulo III nunca había podido decidirse. Decía ei Papa que ei emperador pretendia acabar con él por una espécie de fiebre espiritual; pero ahora se iba a j decidir a un juego franco y queria libertar a Ia pobre Itália de Ia tirania de los espanoles con Ia ayuda dei rey de Francia, esperando ver a dos príncipes franceses en Milán y Nápoles. Pasaba Ia larga sobremesa bebiendo ei negro y espeso vino volcánico de Nápoles60 —ei Mangiaguerra— y despotricaba de Io lindo contra esos cismáticos y herejes, condenados de Dios, casta de judios y marranos, desperdícios dei mundo, y otras cosas por ei estilo que decía de los espanoles.81 Pero se consolaba con los versículos de Ia Biblia: caminarás sobre serpientes, pisotearás leones y dragones; había llegado ei momento en que ei emperador Carlos y su hijo recibirían ei merecido por sus pecados; él, ei Papa, iba a ser ei ejecutor: libertaria a Itália. Si no se le escuchafca, si no se le queria hacer caso, algún dia se diria que un viejo italiano, tan cerca^de Ia muerte que le hubiera sido mejor descansar y prepararse a bien morir, tuvo planes tan sublimes. No es menester examinar ai detalle Ias negociaciones que llevó a cabo
69 "Instruttioni e lettere di Monsignor delia Casa a nome dei Cl. Caraffa, dove ti contiene d principio delia rottura delia guerra fra papa Paolo IV a l'iniperatore_Carlo V 1555". También I en Ias fnformat. po/., 24. 80 Navagero: L'ordine suo è sempre di mangiare due volte ü" giorno: vuol esser servito mo/to delicatamenle, e neJ principio de/ ponteficato 25 piatti non bastavano: bebe molto piu di quel/o che mangia: il vino è potente e gagliardo, negro e tanto spesso che si polria quasi tagliare, dimandasi mangiaguerra, che si conduce de/ regno di Napoli: dopo pasío sempre beve ma/vagia, che i suoi chiamano iavarsi i denti. Stava a mangiare in publico come g/i a/tri pontefici sino a/J'u/tima , indisposilione, che /u riputata morta/e quando perdette Vappetito: consumava qua/che volta tre hore di tempo dal sedeze ai /evarsi da mensa entrando in varii ragionamenti secondb /'occasione ef usando mo/te volte in que/ ímpeto a dir mo/te cose secrete d'importanza. «l Navagero: Mai par/ava di S. Ma. e de/Ja natione Spagnoia; che non g/i chiamassa cretici, scismatici e maledetti da dio, scme di Giudei e di Mori, feccia de/ mondo, dep/orando )a miséria d"ira/ia, che fosse asfretra a servire gente cosi ad/etfa e cosi vi/e. Los despachos de los embajadorej franceses estin llenos de tales manifestaciones violentas, por ejemplo los de Lansac y de Avançon. (Ribier, n, 610-618.)

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inspirado por estas ideas. Cuando los franceses, a pesar de un acuerdo convenido um cllos, llegaron a un armistício con Espana,62 envio a Francia a un sobrino luyo, Carlos Caraffa, que consiguió atraerse a los diferentes partidos que se disputaban ei poder —los Montmoiency y los Guisa— y a Ia esposa y Ia amante dei rey, para provocar una nueva ruptura de hostilidades.63 En Itália logro un tudo aliado en ei duque de Ferrara. Se pretendia un cambio completo de Ia lituación italiana. Los refugiados florentínos y napolitanos pululaban por Ia cuii.i. pues parecia llegado ei dia de su triunfo. El fiscal pontifício formulo una tcusación contra ei emperador Carlos y ei rey Felipe que implicaba una excoiiniiiión de estos dos monarcas y una dispensa a sus súbditos dei juramento de fidelidad. En Florencia se afirmaba tener Ias pruebas de que también Ia casa de los Médicis estaba condenada a Ia perdidón.64 Todos se aprestaban a Ia guerra y se ponía una vez más en cuestíón ei curso íntegro dei siglo. Pero jqué camino más distinto dei que se esperaba tomo ei Papado! Los [impérios reformadores se pospusieron a los guerreros y estos trajeron consigo resultados bien contrários. Se vió a quien había condenado con ei mayor ceio, y hasta con propio peligro, ei nepotismo como cardenal, entregarse de Ueno a él como Papa. Su Sobrino, Carlos Caraffa, que había llevado siempre una vida bárbara y escandalosa de soldado65 •—ei mismo Paulo IV deda que su brazo estaba manchado de sangre hasta ei codo— fué hecho cardenal. Carlos había encontrado maneia de captar ai débil anciano: se habia dejado sorprender implorando ante un 11 iu-ifijo con muestras de desesperado arrepentímiento.'* Pero Io decisivo fué I que ambos coincidian en ei mismo ódio. Carlos Caraffa, que habia servido a Ias Ordenes dei emperador en Alemania, se quejaba de que este le habia pagado con su desvio. El hecho de que se le arrebatara a un prisionero por ei que espeiiba un gran rescate y de que no hubiera podido tomar posesión de un priorato tn Malta para ei que ya estaba nombrado, le colmaron de rencor y de deseos de Venganza. Esta pasión suplía ante ei Papa a todas Ias virtudes. No sabia como •nsalzarlo y aseguraba que jamás Ia Sede apostólica habia dispuesto de un aarvidor más capaz. No solo le cedió Ias sumas de los negócios seculares, sino también de los espirituales, y vió complacido que se consideraba a su sobrino como ei donante de Ias mercedes que se distribuian. De sus otros dos sobrinos no hada ei Papa gran caso, hasta que coinddieII Muy característica es Ia descripeión que hace Navagero de Ia incredulidad que mostraron |1 principio los Caraffa. Domandando io ai pontefice et ai Cl. Caraffa, se havevano awiso alcuno dflle rregue [de Vaucelles], si guardorno I'un 1'altro ridendo, quasi volícssero dire, si como mi dliie anche apertamente il Pontefice, che questa speranza dí tregue era assai debole in lui, e nondimeno verme I'awiso il giorno seguente, il quale si come consolo tutta Roma cosi diede tanto tffvaglio e tanta moléstia a! papa et ai cardinaíe che noa Io poterono dissimulare. Diceva il papa lhe queste rregue sarebbero Ia ruína dei mondo. • I Rabutin, "Mémoires", Collect. univer»., t. 38, 358. Principalmente Villars, "Mémoires",

PU., t. 35, 277.
«« Cussoni, Relatioue di Toscana. 08 Babon, en Ribier, u, 745. Villars, p. 255. •• Bromato.

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ron con Ia hispanofobia dei tio. 67 ^Quién hubiera esperado Io que hizo? Declaro que con frecuencia se habia desposeído de sus castillos a los Colonna, perpétuos rebeldes contra Dios y Ia Iglesia, pero que no se habia sabido conservados, y que ahora los encomendaria a vasallos suyos que los supieran defender. Los repartió entre sus sobrinos, nombrando ai mayor conde de Pallianó y marques de Montebello ai más joven. Los cardenales guardaban silencio y miraron ai suelo cuando ei Papa les manifesto su voluntad. Los Caraffa abrígaron los proyectos más atrevidos. Las hijas habrían de entrar en Ia família, si no dei rey de Francia, por Io menos dei duque de Ferrara. Los hijos esperaban apropiarse por Io menos de Siena. Alguien que bromeaba sobre ei gorro incrustado de pedrerías de un hijo de Ia casa, recibió Ia corrección de Ia madre de los sobrinos dei Papa: era ei momento de hablar de coronas. 68 De hecho todo dependia dei êxito de Ia guerra que acababa de estallar y que no presentó muy buen cariz desde un principio. Después de aquella acusación dei fiscal, ei duque de Alba pasó dei domínio napolitano ai de Roma. Le acompanaban los vasallos dei Papa, que se daban cuenta de Ia situación. Nattuno expulso Ia guamición pontifícia y llamó a los Colonna. Alba ocupo Frosignone, Anagni, Tívoli en Ia montaria, Ostia en Ia costa, y cerco a Roma por ambos lados. El Papa confio ai principio en sus romanos. Él personalmente, habia pasado revista a las tropas. Desde Campofiore, pasando por delante de Sant'Angelo, que saludaron con salvas, llegaron a Ia plaza de San Pedro, donde estaba ei Papa a Ia ventana con sus sobrinos. Componían 340 filas de arcabuceros, 250 de picas, cada fila de nueve hombres, bien equipados, ai mando de nobles capitanes; cuando los abanderados pasaron por delante, ei Papa dió su bendición. 69 Todo parecia muy bonito, pero estas gentes no eran muy aptas para defender Ia cíudad. Cuando se supo que los espafioles se encontraban tan cerca, bastaba un falso rumor, un grupo de jinetes, para que se produiera tal confusión que no habia manera de encontrar a nadie en su puesto. El Papa tuvo que buscar otro apoyo. Pietro Strozzi le llevó las tropas fjue habían servido en Siena, rescató Tívoli y Ostia y alejó ei peligro inmediato. Pero era una guerra extraria. En ocasiones parecia como si las ideas, que mueven los acontecimientos, que constituyen los fundamentos ocultos de Ia vida, se enfrentaran visiblemente. En un principio, ei duque de Alba pudo haberse apoderado de Roma sin gran dificultad; pero su tio, ei cardenal Giacomo, le recordo ei mal fin que tuvieron todos los que habían tomado parte en ia conquista de Ia Cíudad Eterna por ei condestable de Borbón. Como buen católico, ei de Alba condujo Ia guerra con extrema prudência: combatia ai Papa pero sin césar de venerarle y solo queria arrebatarle Ia espada de las manos; no tenía ei menor deseo de ganar
«7 Ertractuí processus Cardinalis Caraffae. Simíliter dux Palliani deponit, quod donec se declaravit contra imperiales, papa eum nunquam vidif grato vuJtu et bono óculo. «8 Bromato. J", 16- u. 236. Literalmente: non esser quel tempo da parlar di berette, mj di corone. 69 Diário di Cola Calleine Romano dei rione di Trastevere dall'anno 1521 fino alfanno 1562. MS.

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Ia fama de conquistador de Roma. Sus tropas se lamcntaban de que habían MÜdo a combalir contra una vaporosa niebla que molestaba y no había manera de apresarla ni de sofocarla en su fuente. (Y quiénes eran los que defendían ai Papa de tan buenos católicos? Los más eficaces eran alemanes, todos protestantes. Se burlaban de Ias imágenes cn los caminos y en Ias iglesias, se reían de Ia misa, violaban los ayunos y cometían otras mil barbaridades que, cada una de por si, hubiera merecido Ia K.'na capital de parte dei Papa. 70 Y hasta tropiezo con que Carlos Caraffa celeiro una inteligência con ei gran caudillo protestante, ei margrave Alberto de Brandeburgo. Las contradicciones no podían resaltar con mayor relieve. A un lado, ei Kntido católico riguroso, que por Io menos dominaba ai caudillo, jcuán lejos Ititaban de él los tiempos borbónicos! Al otro, las tendências mundanas dei Papado ante las que Paulo IV había sucumbido también, a pesar de haberlas Condenado tanto. Y, así, ocurrió que sus fieles le atacaban y que los que se habían apartado de él le defendían; aquéllos mostraron en ei ataque su sumisión mientras estos, ai protegerle, le mostraban animadversión y menosprecio. La lucha comenzó propiamente cuando asomó Ia ayuda francesa dei otro ]tdo de los Alpes: 10,000 hombres de infantería y una caballería menos numerosa pero también considerable. Los franceses hubieran preferido dirigirse contra Müán, que creían menos defendida, pero tuvieron que seguir ei impulso hacia (Nápoles insuflado por los Caraffa. No dudaban estos de encontrar numerosos partidários en su pátria: pensaban en ei poder de los emigrados, en ei levantamicnto de su partido, si no en todo ei reino por lo menos en los Abruzos, por Aquila y Montorio, donde los partidários de Ia família paterna y de Ia materna habían conservado siempre una gran influencia.

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De una manera o de otra tenían que dispararse las fuerzas concentradas. Con demasiada frecuencia se había manifestado Ia oposición dei poder papal «outra ei predomínio espafiol, para que en esta ocasión no estallara abiertamente. El Papa y sus sobrinos estaban decididos a todo. Caraffa no solo llamó en MI auxilio a los protestantes, sino que hizo también Ia propuesta a Solimán II iurn que cejara en su campana húngara y se arrojara con todo su poder sobre ns dos Sicilias.71 Apelo a Ia ayuda de los infieles contra ei rey católico. En abril de 1557 las tropas pontifícias cruzan Ia frontera napolitana. El I Jucvcs santo lo senalaron con Ia conquista y saqueo cruel de Compli, Ilena de riquezas propias y de otras que allí se habían resguardado. Inmediatamente, el dr Cuisa pasó el Tronto y sitio a Civitella. Pero encontro el reino bien preparado. El de Alba sabia muy bien que no

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70 Navagero: Fu riputata Ia piu eserciíata gente Ia Tedesca [3 S O hnti, pero otros MS. indiO | Un cifras diferentes], e piu atta alia guerra, ma era in tutto Luterana. La Cuascona —era tanto •folente, tanto contro í'onor delle donne et in torre Ia robba— gli offesi maledicevano publicarlinite chi era causa di questi disordini. 71 Sus confesiones en Bromato, Vifa di Paoh TV, t. n. p. 369. Por lo dcmás, también sobre li Riicrra se encuentran buenas informaciones en Ia obra de Bromato. No oculto este que las tomo | palabra por palabra de un manuscrito muy extenso de Nores, que se refiere a esta guerra, y que H encuentra muy frecuentemente en las bibliotecas italianas.

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tenía que temer ningún movimiento mientras fuera ei más fuerte en ei país. En ei parlamento de nobles recibió un importante donativo; Ia reina Bona de Polônia, de vieja estirpe aragonesa, que había llegado hacía poço con muchas riquezas a su ducado de Bari, y que odiaba cordialmente a los franceses, puso a su disposición médio millón de escudos; se aduenó también de los dineros eclesiásticos que tenían que ir a Roma y hasta echó mano dei oro y Ia plata de Ias iglesias y de Ias campanas de Benevento.72 Pudo fortificar todas Ias plazas napolitanas y todos los puestos fronterizos romanos que estaban en su poder, y juntar, ai viejo estilo, un. considerable ejército de alemanes, espafioles e italianos. Formo también centúrias napolitanas ai mando de Ia nobleza. Civitella fué defendida valientemente por ei conde Santafiora, que había movido a los habitantes a participar en Ia batalla y que rechazaron un asalto. Mientras ei reino de Nápoles resistia de esta manera y no mostraba sino lealtad por Felipe II, dei lado de los atacantes se produjeron vivas disensiones entre franceses e italianos, entre Guisa y Montebello. Guisa se quejaba de que ei Papa no cumplía ei tratado celebrado con él ni le prestaba Ia ayuda prometida. Cuando ei duque de Alba apareció con su ejército en los Abruzos a mediados de mayo, considero Guisa conveniente levantar ei sitio y repasar ei Tronto. La guerra se traslado de nuevo a terreno romano. Era una guerra en que se avanzaba y retrocedia, en que se ocupaban ciudades y se volvían a perder, pero una vez conoció una batalla de importância. Marco Antônio Colonna amenazaba a Palliano, que le había sido arrebatada por ei Papa, y Giulio Orsino acudió con víveres y tropas de refresco. I Iabían llegado a Roma 3,000 suizos, bajo ei mando de un nativo de Unterwalden. El Papa los recibió con alegria, regalando a sus capitantes cadenas de oro y títulos de nobleza. Hablaba de Ia legión de ángeles que le había enviado Dios. Giulio Orsino acaudilló estas tropas y algunas orras italianas de a pie y de a caballo. Marco Antônio le cerro ei paso. Fué una batalla ai estilo de Ias que conocieron Ias guerras italianas entre 1494 y 1531. Tropas pontifícias e imperiales, un Colonna y un Orsino; como tantas veces, a los suiabsse enfrentaron los lansquenetes alemanes bajo ei mando de sus últimos caudillos de^ama, Caspar von Felz y Hans Walter. Una vez más los viejos enemigos luchaban por un asunto en que les iba bien poço, pero no por eso dejaron de pelear con su proverbial bravura.73 Por último, àicen los espafioles, Hans Walter, grande y fomiào como un gigante, se arrojo en médio de una companía de suizos con Ia pistola en una mano y Ia espada en Ia otra, cayendo sobre ei abanderado, dei que se deshizo de un disparo ai costado y un poderoso tajo en Ia cábeza; toda Ia companía se arrojo sobre él, pero sus lansquenetes acudieron a tiempo. Los suizos fueron totalmente derrotados. Sus banderas, en Ias que en grandes letras se leia "Defensores de Ia fe y de Ia Santa Sede", mordieron ei polvo. Su jefe no pudo volver a Roma más que con dos de sus once capitanes.
72 Giannone, ístoria di Napoli, Lib. xxxin, cap. i. No solo Gosseimi, sino también M.imbrino Rosco, DeJ/e historie dei mondo, Lib. vn, iclatan esta guerra detalladamente y con buenai fuentes; otros atribuyen a Ferrante Gonzaga gran parte en Ias hábiles medidas que tomo Alba. 73 Las circunstancias particulares de este pequeno encuentro Ias tomo de Cabrera, Don Felipe Segundo, Lib. ra, p. 139.

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Mientras tenía lugar esta pequena guerra, en Ia frontera de los Países Bajos se enfrentaban los dos grandes ejércitos. Fué Ia batalla de San Quintín. Los espanoles obtuvieron Ia victoria más completa. En Francia se sorprendían de que los espanoles no atacaran Paris, que hubieran conquistado facilmente.74 "Espero —escribía por entonces Enrique II ai de Guisa— que ei Papa liará por mi, en Ia necesidad en que me veo, tanto como yo hice en Ia suya."75 íQué ayuda podia esperar Paulo IV de los franceses cuando más bien eran estos los que se Ia pedían? Guisa declaro "no haber ya cadenas que le pudieran tetener más tiempo en Itália",70 y se apresuró a acudir con sus tropas en auxilio de su rey. En este momento los espanoles y los Colonna volvieron contra Roma, sin que nadie les pudiera oponer resistência. Una vez más, los romanos se vieron umenazados por Ia conquista y ei saqueo. Su situación era tanto más desesperada cuanto que no temían menos a sus defensores que a los enemigos. Durante muchas noches mantuvieron iluminadas Ias ventanas y Ias calles y se Cuenta que una tropa de espanoles, que hizo una exploración hasta cerca de Ias puertas, retrocedió espantada; pero Io que los romanos buscaban con ese procedimiento era ponerse en guardiã contra Ias violências de los soldados pontifícios. Todo ei mundo despotricaba y deseaba cien veces Ia muerte dei Papa, y pedia que se permitiera Ia entrada dei ejército espaüol mediante un convênio formal. Hasta tal punto dejó ei Papa que llegaran Ias cosas. Solo se avino a Ia paz cuando vió su empresa totalmente fracasada, vencidos sus aliados, ei Estado ocupado por los enemigos en su mayor parte y Ia capital amenazada por legunda vez. Los espanoles concluyeron Ia paz con ei mismo sentido que habían llevado Ia guerra. Devolvieron todos los castillos y ciudades de Ia Iglesia y hasta se promeüó a los Caraffa una compensación por Palliano, que habían perdido.77 El de Alba llegó a Roma: con gran veneración besó los pies dei vencido, ei cnemigo jurado de su nación y de su rey. Dijo que jamás había temido rostro de hombre como ei dei Papa. Pero por muy ventajosa que pareciera esta paz para ei poder papal, relultaba decididamente contraria a sus empenos. Se puso fin a todas Ias tentativas de liberarse dei predomínio espano), que ya no volvieron a renovarse • Ia antigua manera. En Milán y en Nápdles ei dominio de los espanoles se mostro inconmovible. Sus aliados eran más fuertes que nunca. El duque Cólimo, ai que se pretendió arrojar de Florencia, había ganado sobre ella Siena y poseia un poder independiente importante; con Ia entrega de Plasencia, tueron ganados los Famesio a Felipe II; Marco Antônio Colonna se había hecho con un gran nombre y restaurado ei viejo prestigio de su estirpe. No tuvo más remédio ei Papa que acomodarse a Ia situación. Le había tocado Ia
1* Monluc, Mémoires, p. 116. TS "Le roy à Mons. de Guise" (Ribier, n, p. 750). 7« "Lettera dei duca di Palliano ai Cl. Caraffa. in/ormat. polit., xxn. TT En cuanto a Palliano, se celebro una convención secreta entre Alba y ei cardenal Caraffa; Krrcta no solo para ei público, sino para ei mismo Papa (Bromato, n, 385).

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vez a Paulo IV y podemos imaginar Io penoso que seria para él. Alguien hablaba de Felipe II como de un amigo y ei Papa exclamo: "jSí, mi amigo, ei que me ha tenido sitiado y ha buscado mi perdición!" Frente a extranos Io comparo un dia con ei hijo pródigo dei Evangelio, pero en ei seno de lá\ confianza ensalzaba a aquellos Papas que habian pretendido hacer emperadores a los reyes de Francia. 78 Su ânimo seguia siendo ei mismo, pero Ias circunstancias le acosaban: ya no tenía nada que esperar y no digamos que emprender, y hasta ei lamentarse debía hacerlo en secreto. Es inútil tratar de resistir a Ias consecuencias de los acontecimientos colmados. Después de cierto tíempo, repercutíeron sobre Paulo IV con un efecto que es de Ia mayor importância Io mismo para su gestión que para ei cambio operado en su caracter. Su nepotismo no se basaba en ei egoísmo familiar que distinguió a Papas anteriores, ya que favoreció a sus sobrinos porque apoyaran su batalla contra Espana y los consideraba como sus naturales auxiliares en ia contienda. Como había terminado esta. desapareció su interés por ellos. Sobre todo si no ha | sido ganada en forma muv legal, cualquier posición destacada tiene necesidad de êxitos. El cardenal Caraffa. pensando sobre todo en ei interés de su casa por conseguir Ia compensación por Ia perdida de Palliano. aceptó una cmbajada ante Felipe II. Al volver de ella sin haber obtenido gran cosa. se vió como ei Papa le trataba cada vez con mayor frialdad. Pronto no le fué posible ai cardenal disponer dei séquito de su tio como hasta entionces, reservando ei acceso a los amigos íntimos. A oídos dei Papa llegaron también malediceneias que pudieron reavivar Ias impresiones penosas de tiempos pasados. El cardenal enfermo una vez y ei Papa le visito inesperadamente; se encontro con unos cuantos indivíduos de Ia peor fama. "Los viejos son desconfiados —dijo— me he dado cucnta de cosas que me abren de nuevo los ojos." Como vemos, bastaba Ia menor chispa para que estallara ei incêndio. Un suceso insignificante Io provoco. En ei Afio Nuevo de 1559 se produjo un tumulto callejero en ei que un joven cardenal. ei favorito de Júlio III, cardenal Monte, había sacado ei punal. El Papa Io supo a Ia manana siguiente y le disgustó que su sobrino no le hubiera dicho una palabra. Espero unos dias y, por fin, dió rienda suelta a su cólera. La corte, ya por otra parte impaciente a Ia espera de câmbios, se alborozó con este signo de desgracia. El embajador florentino, que había sido ofendido mil veces por Caraffa, se apresuró a ir ai Papa con Ias más amargas quejas. La marquesa delia Valle, también una parjente, a Ia que no se quiso permitir Ia entrada, encontro ei médio de colocar en ei breviario dei Papa un billete en que se contaban algunas acciones feas de los sobrinos: "Si su Santídad desea conocer más detalles, escriba su nombre debajo"; Paulo IV firmo y es de suponer que no faltarían Ias informaciones. Con ei ânimo tan mal dispuesto acudió ei Papa ei 9 de enero a Ia reunión de ia Inquisición. Habló 7» "I/cvcsqne iVAngoulesme au roy 11 Juin 1558", Ribier, n, 745. El Papa habría dicho: que votis Sire rTcstiez pas pour degenerer de vos predecesseurs, qui avoient toujouts este conservateurs et defcnsetirs de ce Saint siege, comme au contraire que /e roy Philippe tenoit de race de te vou/oir rainer et confondre entierement.

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de aquel tumulto callejero, increpó violentamente ai cardenal Monte, amenaznndole con castigarle, y no cesaba de exclamar: jreforma!, jreforma! Aquellos curdenales que, por Io general, solían callarse, cobraron valor. "Santísimo Padre interrumpió ei cardenal Pacheco— Ia reforma tenemos que empezarla en nosotros mismos." Eí Papa guardo silencio. La frase le habia llegado al alma y liis convicciones que fermentaban en su interior se presentaron decididas en su I conciencia. Dejó sin acabar ei asunto Monte y se retiro a su habitación consumido de ira. N o pensaba sino en sus sobrinos. Después de haber mandado I que no se diera cumplimiento a ninguna orden dei cardenal Caraffa, le retiro H. i rcdenciaíes; ei cardenal Vitellozzo Vicelli, que llevaba fama de conocçr lios secretos de Caraffa, tuvo que jurar que revelaria todo Io que sabia, y • inullü Orsino fué Ilamado de su residência campestre con ei mismo fin. El •Tudo rigorista, que durante largo tiempo habia contemplado con indignación |os manejos de los sobrinos, se alzó ahora. El viejo teatino don Hieremía, que teiiía fama de santo, pasó largas horas en Ia câmara dei Papa y este se enteró de cosas que jamás hubiera sospechado y que le produjeron espanto y horror. Se impresionó tanto que perdió ei apetito y ei sueno y diez dias los pasó enferiin i y con fiebre. Admirable que un Papa, con una gran violência interior, •ofocara Ia atracción de sus familiares: por fin, estaba decidido. El 27 de enero Convoco un consistorio y con vehemencia expuso Ia mala vida de sus sobrinos •y protesto ante Dios, ei mundo y los hombres no haber tenido Ia menor noticia, de haber sido enganado siempre. Los depuso de sus cargos y los desterro, junto con sus famílias, a lugares distintos. La madre de los sobrinos, anciana de setenta anos, vencida por los achaques, sin culpa personal, se postró a sus ies cuando entraba en Palácio; él, profiriendo duras palabras, siguió adelante. •lego también Ia joven marquesa Montebello desde Nápoles; encontro su palácio cerrado y en ninguna hospedería quisieron alojaria; anduvo en Ia Boche lluviosa buscando hospedaje, que le fué negado, hasta que por fin pudo fmllar acomodo en una fonda apartada, que no habia recibido orden alguna. Inutilmente se ofreció ei cardenal Caraffa para ser puesto en prisión y rendir cuentas. La guardiã suiza recibió orden de no permitir ei paso ni a él ni a n.iilie que de alguna manera hubiese estado a su servido. El Papa hizo una llnii a excepción. Retuvo consigo al hijo de Montorio, a quien queria y al que habia nombrado cardenal a los dieciocho anos. Los dos juntos rezaban Ias • t o a s . Pero jamás ei joven podia nombraf a los desterrados ni pedir algo por ellos. No podia siquiera mantener comunicación con su padre. La desgra(cia que habia caído sobre su casa le afectó más hondamente, y Io que le estaba Vedado expresar en palabras se hizo presente en su rostro y en su figura.79 iSe puede pensar que estos acontecimientos no repercutirían en ei ânimo dei Papa? Parecia como si nada le hubiera acaecido. Ya en aquel consistorio en que pronuncio Ia sentencia con poderosa elocuencia y Ia mayoría de los cardenales |e sintieron consternados, no parecia estar afectado, y pasó, sin más, a tratar de

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TB En Ia --!-ra de Pallavicini, pero, sobre todo, en Ia de Bromato, se encuentran suficientes I liiliirinaciones sobre esto. En nuestras Xnformationi de fierlín, t. viu, se halla además, un "Diário

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otros asuntos. "En médio de câmbios tan repentinos —se decía de él— de nuevos ministros y servidores, se mantiene firme, obstinado e inflexible; no siente compasión alguna y parece como si no conservara recuerdo algumo de los suyos." Ahora se entregará a otra pasión muy distinta. \ Este cambio tiene una importância definitiva. El ódio contra los espafioles, Ia idea de poder convertirse en ei libertador de Itália, habían conducido a Paulo IV a empresas seculares, a otorgar a sus familiares territórios de Ia Iglesia, a promover a soldados suyos a Ia administración de negócios eclesiásticos, a enemistades y a derramamientos de sangre. Los acontecimientos le obligaron a renunciar a estas ideas y a sofocar aquel ódio y así, poço a poço, se le fueron abriendo los ojos a Ia conducta reprobable de sus familiares y se desentendió de ellos con un sentido justiciero vehemente, después de una fuerte lucha interior. Desde ese momento volvió a sus viejas intenciones de reformador y empezó a gobemar como se sospechó ai principio que empezaría gobemando. Y con ia misma pasión con que había llevado ia enemistad y ia guerra condujo Ia reforma dei Estado y, más que nada, de Ia Iglesia. De arriba abajo, los negócios seculares se encomendaron a manos nuevas. Perdieron sus puestos los viejos Podestà y gobernadores. Tal como se llevó a cabo este cambio no dejó de tener, en ocasiones, algo de extraordinário. En Perugia, ei nuevo gobemador se presentó de noche y convoco a los Ancianos, sin esperar ai dia, les mostro sus credenciales y les ordeno prender inmediatamente ai gobemador antiguo, que se hallaba presente. Desde tiempos inmemoriales fué Paulo IV ei primer Papa que rigió sin familiares. En su lugar encontramos los cardenales Carpi y Camillo Orsino, que ya con Paulo III habían gozado de mucha influencia. Con ei cambio de personas entro también un cambio en Ias maneras y sentido dei gobiemo. Se ahorraron sumas considerables y se rebajaron los impuestos. Se instalo un buzón, cuyas llaves guardaba ei Papa y en ei que cada persona podia depositar sus quejas. El gobemador hacía comunicaciones diárias. Se administro con ei mayor escrúpulo y sin ninguno de los viejos abusos. Áunque ei Papa, entregado a otras empresas, no había perdido nunca de vista ia reforma de Ia Iglesia, ahora se dedico a ella con toda su alma y sin) otra preocupación por delante. Introdujo una mayor disciplina en Ias iglesias; prohibió toda mendicidad, hasta Ias limosnas recogidas por los sacerdotes para Ia misa; suprimió Ias imágenes impropias. Se grabó un mcdalla con su efígie y con Cristo arrojando a los mercaderes dei templo, pesterró de Ia ciudad y dei Estado a los frailes que habían abandonado ei convento. Obligó a Ia corte a observar ordenadamente los avunos y a celebrar Ia Pascua con Ia comunión. Hasta los cardenales tuvieron que predicar de vez en cuando. También él predico. Trato de extirpar muchos abusos de caracter lucrativo. Nada quiso saber de dispensas matrimoniales ni de su precio Toda una serie de puestos, que hasta entonces habían sido vendidos, entre ellos los Chiericati à% Carne
d'alcune attioni piu notabili nel pontificato di Paolo IV 1'anno 1558 sino alia sua morte" [desde ei 10 de Sept. de 1558], que no conoce ninguno de los dos primeros autores y que, siendo piuducto de obsetvaciones personalcs, me ofreció nuevas informaciones.

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ral0 serían otorgados en adelante según méritos. También impuso Ia dignidad y decência eclesiásticos en Ia colación de cargos eclesiásticos. Aquellas Tecesse, todavia en uso, por Ias que uno cumplía con Ias obligaciones y otro se quedaba con los derechos, rio fueron toleradas por él. También tuvo Ia intención de devolver a los obispos muchos de los derechos que les habían sido arrebatados , y considero muy reprobable Ia avidez con que todo se retenía en Roma.81 Pero no se contento con Ia cirugía. Trato de rodear de gran pompa al culto. El revestimiento de Ia Capilla Sixtina y ei monumento de Jueves Santo roceden de él.82 Le ilusionaba ese ideal dei culto católico moderno, lleno de ignidad, devoción y magnificência. Como él mismo pregonaba, ningún dia dejó pasar sin que se publicase j ilguna orden destinada aí restablecimiento de Ia pureza original de Ia Iglesia. En muchos de sus decretos se reconocen los rasgos de los ordenamientos a que más tarde había de otorgar su sanción ei concilio de Trento.83 Como era de esperar, también en esta dirección mostro aquel caracter inflexible que era su natural. Entre todas Ias instituciones favoreció a Ia Inquisición, que había restaulido. Muchas veces dejó pasar los dias destinados a Ia signatura y al consisOrio, pero jamás los jueves en los que se reunia ante él Ia congregación de Ia nquisición. Queria en estos asuntos mano firme. Le sometió nuevos delitos ] le otorgó ei derecho cruel de aplicar Ia tortura para ei descubrimiento de los «ómplices. En él no había excepción de personas y Ias gentes más encopetadas ueron llevadas ante ei tribunal: cardenales como Morone y Foscherari, que labían sido empleados antes para examinar ei contenido de libros importantes "mo, por ejemplo, los Ejercicios espiritucdes de Ignacio, fueron llevados a prisión porque ei Papa empezó a dudar de su ortodoxia. Instituyó Ia fiesta de •nto Domingo en honor de este gran inquisidor. De esta suerte fué prevaleciendo en ei Papado Ia dirección religiosa rigurosa y restauradora. Paulo rV pareció olvidar que había tenido otras preocupaciones. El reClierdo de los tiempos pasados había desaparecido en él. Vivia entregado a Ias Informas y a Ia Inquisición; dictó leyes, encarceló gentes, excomulgó y presidio iiiiins de fe. Finalmente, cuando le postró Ia enfermedad —una enfermedad • u c también hubiera acabado con Ia vida dè un hombre joven— llamó a los Mirdenales, encomendo su alma a sus oraciones, y a su cuidado Ia Santa Sede

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M Caracciolo, Vita di Paolo IV, MS. los menciona particularmente. El Papa dijo: che simiJi QlUài d'amministratione e di giustitia conveniva che si dassero a peisone che ii facessero, e non ^ ^ M t r l i a chi avesse ocassion di volerne cavare il suo danaro. I »» Bromato, n, 483. i M Mocenigo, Relatione di 1560. Nelíi officii divini poi e nelle ceremonie procedeva questo I p , l , e ' ' c e c o n • s n t * graviti e devotione che veramente pareva degnissimo vicario di Gesu Christo. I H*"e cose poi delia religione si prendeva tanto pensiero et usava tanta diligencia che maggior non ^ P poteva desiderare. i •» Mocenigo: Papa Paolo IV andava continuamente facendo qualche nova determinatione e •Forma, e sempre diceva preparare altre, acciò che restasse manco occasione e menor necessita di /ar

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y Ia Inquisición. Intento incorporarse, pero le fallaron Ias fuerzas y cayó muerto (18 de agosto de 1559). En esto, por Io menos, son más felices Ias naturalezas apasionadas que los caracteres débiles: sus convicciones Ias ciegan, pero tambiénMas aceran y ' haccn invencibles. Pero ei pueblo no podia olvidar tan de prisa como ei Papa Io que bajo él había sufrido. N o le podia perdonar Ia guerra que había traído a Roma y no i era bastante compensación haber alejado a los odiosos sobrinos. A su muerte se reunieron unos cuantos en el Capitólio y acordaron que había que destruir su sepulcro por los danos que había hecho a Ia ciudad y ai mundo. Otros saquearon el edifício de ia Inquisición, le prendieron fuego y maltrataron a los corchetes dei tribunal. También se quiso asaltar el convento de los dominicos en Minerva. Los Colonna, Orsini, Casarini, Massimi, todos ellos ofendidos mortalmente por Paulo IV, tomaron parte en estos tumultos. La estatua que se había erigido en su honor fué arrancada de su pedestal, hecha pedazos y Ia I cabeza con su triple corona arrastrada por Ias calles.84 jQué feliz hubiera sido el Papado de no haber conocido más reacción que esta contra Ias empresas de Paulo IV! 4 ) Observaciones sobre el desarrollo dei jrrotestantistno durante Papado de Paulo IV el

Ya hemos visto como aquella disensión de] Papado con el poder imperial espafiol contribuyó, quizá más que ninguna otra cosa, ai establecimiento dei protestantismo en Alemania. Sin embargo, no se supo evitar una segunda escisión que ejerció todavia una acción más amplia en círculos mayores. Como primer momento podemos considerar Ia retirada de Ias tropas pontifícias dei ejército imperial y el traslado dei concilio. Pronta se manifesto Ia importância de estos hechos. Ningún obstáculo•'mayor conoció el intento de sojuzgamiento de los protestantes que los tejemanejes àé Paulo III en aquella ocasión. Pero solo después de su muerte tuvieron sus actos consecuencias históricouniversales. La alianza con Francia a que llevó a sus familiares ocasiono una guerra general. Una guerra en Ia que no solamente los protestantes alemanes lograron una victoria memorable por Ia que se libraron para siempre dei concilio, dei emperador y dei Papa, sino en ia que, además, Ias nuevas opiniones, favorecidas de una manera directa por los soldados alemanes que luchaban por ambos bandos
84 Mocenigo: Viddi il popo/o correr in fúria verso Ia casa di Ripetta deputara per le cose deJCinquisitione, melter a sacco turra /a robba ch'era dentro, si di vittualie come d'altra robba, che Ja maggior parle era de/ Revmo. Cl. Alessandrino sommo inquisitore, trattar maíe con basíonate e ferile tutti i ministri dci/'inquisitione, levar Io scritture gcllandole a refuso per Ia strada e finalmente poner /oco in quella casa. / frafi di S. Domenico erano in tanfodio a que) popolo che in ogni modo volevan abbriiciar il monastero delia Minerva. Dice que Ia mayor culpa en esto Ia tuvo Ia nobleza. Además, en Pcrugia tuvieron lugar tumultos parecidos.

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B, indirectamente, por el tumulto bélico que impedia una vigilância rigurosa, se propagaron por Francia y los Países Bajos de manera poderosa. Sube a Ia Sede Paulo IV. Se dió cuenta dei sesgo que tomaban los acontecimientos y prctendió ante todo restablecer Ia paz. Pero, con ciega pasión, se comprometió en Ia lucha. Y, así, ocurrió que él, el fanático violento, que odiaba y perseguia ai protestantismo, fué quizás, entre todos los Papas, quien más contribuyó a su fortalecimiento. Recordemos su acción en Ia cuestión inglesa. La primera victoria de Ias nuevas opiniones en aquel país no fué completa y bastaba un encogimiento dei poder estatal, el simple hecho de que subiera ai trono una reina católica para que el Parlamento decidiera someter de nuevo Ia Iglesia ai Papa. Pero este tenía que proceder con ticnto, pues no podia declurar Ia guerra a ias situaciones creadas ai amparo de Ias innovaciones. Júlio III vió esto muy bien. Ya el primer delegado dei Papa observo 85 cuán vivo era el Interés por los bienes eclesiásticos confiscados y Júlio tomo el sábio acuerdo Be no urgir su devolución. De hecho, el legado dei Papa no pudo pisar suclo Inglês antes de haber ofrecido suficientes garantias a este respecto. Era Ia base de toda Ia eficácia de su acción. 80 Tuvo, también, el mayor êxito. El legado era nuestro conocido Reginald Poole, el más apropiado entre todos los hombres He su época para trabajar por el restablecimiento dei catolicismo en Inglaterra. Limpio de intenciones por sobre toda sospecha, comprensivo, moderado, bienuisto de Ia reina, de Ia nobleza y dei pueblo como nativo de buena cuna. El xilo excedió a Ias esperanzas. La subida de Paulo IV se senaló con Ia llegada de embajadores ingleses que aseguraron ai Papa Ia obediência dei país. Paulo IV no necesitaba conquistar esta obediência sino tan solo manteiii iLi. Veamos Ias medidas tomadas por él en esta situación. Declaro deber ineludible Ia devolución de los bienes de Ia Iglesia, pues su liuumplimiento acarreaba Ia condenación eterna. También mando rccolectar Uc nucvo el dincro de San Pedro. 87 Además de esto, ^podía darse algo más liiipiopio para llevar a perfección Ia conciliación que el combalir apasionadaK l t e a Felipe II, que era también por entonces rey de Inglaterra? Tropas inlesas tomaron parte en Ia batalla de San Quintín que tanto significo para Itau. Por último, persiguió ai cardenal Poole, a quien no podia soportar, y lc Irspojó de su dignidad de legado, cuando ningún otro podia serio cen más •ovecho para Ia Santa Sede, y puso en su- lugar a un fraile, llcno de anos y de achaques, pero de opiniones más extremadas. 88 De haber querido el Papa Impedir Ia obra de Ia conciliación no habría podido proceder de manera más

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Httera.
I «5 Lc-ttcre di Mr. Hcniico Nov. 1553, en un MS., con el título: Letfere e negofi.ili di Polo, • l contiene todavia más elementos interesantes para esta historia. Sobre Ia negociación cf. PallaKlni, xm, 9, 411. M No tuvo reparo en reconocer a los propictarios hasta entonces. L/tlerae dispensatoriae C)/s. foll Concilia M. Britanniae, rv, 112. "T Vivia entonces entregado a estas ideas. Publico su bula: "Rcscissio alienationum" (Bnlh, ív, 4, 319) en Ia que anulo todas Ias enajenaciones de los antiguos bienes de Ia Iglesia en ml. * n También Goodwin, Annalei AngJiae, etc., p. 456. >

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Nada tiene de extrafiQ que en seguida de Ia rápida e inesperada muerte de Ia reina y dei legado se hicieran valer Ias tendências contrarias con mayor fuerza. Las persecuciones que Poole había condenado, pero que habían sido permitidas por sus obcecados enemigos, tuvieron no poça parte en ello. Sin embargo, Ia cuestión se le volvió a plantear de nuevo ai Papa. Había que pensarlo tanto más cuanto que esta vez iba incluída Escócia, También en este país los partidos religiosos se hallaban en una lucha enconada y Ia dirección que tomaran los acontecimientos en Inglaterra fijaria su porvenir. Fué muy importante que Isabel, que en modo alguno se mostraba dei todo protestante en sus comienzos,89 comunicara ai. Papa su ascensión ai trono. Se habló, por Io menos, de su casamicnto con Felipe II, cosa que, por entonces, parecia muy verosímil. Nada mejor, ai parecer, podia esperar un Papa. Pero Paulo IV no conocía ia moderación. Dió una respuesta insolente ai embajador de Ia reina Isabel: Antes que nada, dijo ei Papa, debía someter sus pretensiones ai juicio de él. No se crea que fué solo ei espíritu sistemático de Ia Sede Io que le movió a ello. Había también otros motivos. Los franceses, por receio de poder, querían impedir aquel matrimônio. Supieron halagar ai hombre piadoso, ai teatino, e hicieran ver ai Papa que Isabel era protestante en ei fondo de su corazón y que aquel casamiento nada bueno podia traer consigo.00 Los que mayor interés tenían en ei asunto eran los Guisa. Cuando Isabel fué rechazada por Ia Santa Sede, Ia hija de su hermana, Maria Estuardo, delfina de Francia y reina de [ Escócia, se convirtió en pretendiente de Ia Corona de Inglaterra. Los Guisa abrigaban Ia esperanza de poder mandar, en su nombre, en los três reinos. De hecho, Maria Estuardo adoptó ei emblema inglês y firmaba sus edictos contan-| do los anos de reinado en Inglaterra e Irlanda. En los puertos escoceses sé\ hacían preparativos de guetra.91 Aunque Isabel no hubiera tenido ninguna inclinación.protestante, es seguro que las circunstancias Ia hubieran empujadp en esa dirección. Dió ei paso con Ia mayor resolución. Logro un Parlamento con maioria protestante02 me-l diante ei cual se introdujeron en poços meses todos los câmbios que han dejado impreso su sello a Ia Iglesia anglicana. Como es natural, este sesgo de los acontecimientos afectó a Escócia. Ante los progresos dei partido franco-católico se levanto un partido nacional-protestante. Isabel no vacilo un momento en aliarse con él. El mismo embajador espanol Io considero conveniente.98 El pacto de Berwick cqn Ia oposición escocesa valió a esta Ia supremacia. Antes de que Maria Estuardo penetrara en ei reino tuvo que renunciar ai título de reina de Inglaterra y confirmar acuerdos de un
89 Todavia Nates, Mcmoris oi Burgh/ey, n, p. 43, encuentra sus princípios religiosos at íirrt Tiahle to some âoubs, 90 Información extrafia de Thuanus. 91 En Forbes, Transactions, p. 402, una "Responsio ad petitiones D. Glasion et episc. Aquilani", de Cecil, que destaca muy vivamente todos esos motivos. 92 Neal, History of the Puritans, i, 126: The court took such measures about elections U seldom fail o/ success. 93 Camdcn, Rerum Ang/icaium annales, p. 37.

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1'utlamento de orientación protestante, entre otros, uno que prohibía Ia misa Imjo pena de muerte. Àsí, pues, Io que aseguró para siempre ei triunfo dei protestantismo en Ia Gran Bretana se debió, en buena parte, a una reacción contra ias pretensiones francesas favorecidas por ei Papa. No quiere esto decir que los impulsos internos de los protestantes depen^ieran de tales sucesos políticos, pues tenían un fundamento bastante más hon<)•'. pero ei caso es que, por Io general, los factores que gobemaron ei comien• d desarrollo y Ia decisión de Ia lucha coincidieron exactamente con Ias inmplicaciones políticas. También tuvo mucha influencia en Alemania una medida de Paulo IV. )mo se opuso a Ia transferencia de Ia corona imperial por su vieja animadrsión a Ia casa de Áustria, obligó a Fernando I a cuidar con más ceio que iies su amistad con los aliados protestantes. Desde entonces fué una unión § príncipes moderados de ambos bandos Ia que gobernó a Alemania y bajo uya acción se llevó a efecto ei traspaso de Ias fundaciones eclesiásticas de Ia •ja Alemania a Ia administración protestante. Parece que ningún dano ha experimentado ei Papado en que de un |odo u otro no hayan tenido participación sus empenos políticos. Si en este momento paseamos desde Roma nuestra mirada por ei mundo, is daremos cuenta de cuán grandes fueron Ias perdidas suíridas por Ia fe catóa. Se habian separado los países escandinavos y Ia Gran Bretana; Alemania 1 protestante casi en su totalidad; Polônia y Hungria estaban fuertemente itadas; Ginebra convertida en un centro tan importante para ei Occidente y mundo románico como Wittenberg Io era para ei Oriente y los pueblos gerínicos; y en Francia, como en los Países Bajos, se levantaba un partido bajo bandera protestante. La fe católica contaba con una sola esperanza. En Espana y en Itália Ias ininaciones disidentes fueron reprimidas y se produjo una opinión restauradora rigor eclesiástico. Y, a pesar de que ei gobierno de Paulo IV le fué tan vantajoso, sin embargo, esta orientación llegó a prevalecer en Ia corte romana cn ei Palácio Vaticano. La cuestión que se planteaba ahora era si sabría «ntenerse y si, en ese caso, ei mundo católico podría afirmarse de nuevo uniise. 5) Pio IV cuenta que cierto dia, en un banquete de cardenales, Alejandro Farnesio tregó una corona a un muchacho que improvisaba con Ia lira para que se Ia nitiera a aquel de los presentes que iba, ei primero, a ser Papa. El muchacho, )vio Antônio, más tarde varón famoso y cardenal, se acerco a Giovanni Ângelo heis v le dedico ia corona cantando sus alabanzas. Este Médicis fué ei cesor de Paulo con ei nombre de Pio IV. 94
04 Nicius Erythraeus cuenta esta anícdota cn ei artículo sobre Antoniano: Pínacotheca, p. 37. Pftnibién Mazzucnelli Ia repite. La elección tuvo lugar ei 26 de diciembre de 1559.

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Era de origen modesto. Su padre Bernardino se había trasladado a Milán y había logrado amasar una pequena fortuna mediante arrendamientos de tierras dei Estado. 05 Pero los hijos tuvieron que valerse por si mismos; uno de ellos, Giangiacomo, que entro en Ia milícia, presto sus primeros servidos a un noble; ei otro, nuestro Giovani Ângelo, se dedico ai estúdio pero en condiciones muy precárias. La suerte le visito en esta forma singular. Giangiacomo, arriscado y dinâmico por naturaleza, se ofreció ai gobernador de Milán para eliminar a un enemigo suyo, un vizconde conocido por Monsignorin. Una vez realizado ei crimen, los inductores quisieron deshacerse dei instrumento de que se habían servido y enviaron ai joven ai castillo Mus, en ei lago de Como, con una carta ai casteílano encomendándole que matara ai portador. Giangiacomo entro en sospecha, abrió Ia carta, vió Io que se le preparaba y se decidió ai punto. Escogió unos cuantos companeros seguros, se sirvió de Ia carta para procurarse ei acceso y logro apoderarse dei castillo. Después, se comporto como u n príncipe independiente y desde su fortaleza tuvo en constante jaque a milaneses, suizos y venecianos. Por fin, adoptó Ia cruz blanca y entro ai servido dei emperador. Fué nombrado marquês de Marignano y condujo ei ejército imperial hasta Ias puertas de Siena. 96 Era tan astuto como osado, de buena estrella en todas sus empresas y sin compasión alguna. Como algunos campesinos quisieran pasar víveres a Ia ciudad, él mismo los abatió con su bastón de hierro; no había un solo árbol de Ias cercanias dei que no colgara algún rústico y se contaron hasta 6,000 entre los que él mando matar. Conquisto Siena y fundo una bien prestigiada casa.

Con él prospero también su hermano Giovanni Ângelo. Se hizo doctor y ganó fama de jurista; compro un cargo en Roma. Gozaba ya de Ia confianza > dei Papa Paulo III cuando ei marques caso con una Orsino, hermana de Ia esposa de Pedro Luis Farnesio. 07 Poço después fué nombrado cardenal. Desde ese momento Io encontramos ocupado en Ia administración de Ias ciudades pontifícias, en Ia dirección de Ias negocíaciones políticas y, más de una vez, como comisario de Ias tropas dei Papa. Se mostfo diestro, sagaz y bondadoso. Pero Paulo IV no Io podia soportar y una vez arremetio contra él en ei consistorio. Médicis creyó prudente abandonar Roma. En los banos de Pisa o eltl Milán, donde construyó mucho, supo mitigar los sinsabores dei destierro con ocupaciones literárias y también con bucnas obras que le valieron ei nombre de padre de los pobres. Acaso Ia oposición en que se encontraba con respecto a Paulo IV contribuyó, más que nada, a su elección. Esta oposición era bien marcada.
95 Hieronymo Soranzo, Re/ationc di Roma. Bernardino padre B. S. /u stinuta persona di somma bontá e di gran industria, ancora che fusse nafo in povero e basso stato: nondimeno venuto habitar a Milano si dicde a pighar datii in aífito. 80 Ripamonte, Historias urbis Med/o/ani. Natalis Comes Ilist. 97 Soranzo: Nato 1499, si dottorò 1525, vivendo in studio cosi strettamente che in Pasqiu suo medico, che stava con lui a dozena, I'accommodò un gran tempo de) suo servitore e di qua/cha , a/fra cosa necessária. Del 1527 compro un protonofariato. Servendo ií Cl, Farncse [Ripamonte recuerda su buena relación con ei mismo Paulo III] co/la piu assídua diJigenza, s'andò mettendo^ inanzi: eb be diversi impieghi dove acquistò nome di persona integra e giusta e di nafura officiosa. EI matrimônio dei marquês tuvo lugar con promessa di /ar Jui card/naie.

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Paulo IV, noble napolitano de Ia facción antiaustríaca, fanático, fraile e Inquisidor; Pio IV, advenedizo milanés, unido estrechamente a Ia casa de Áustria a través de su hermano y de unos parientes alemanes, jurista, amante de Ia Vida y con sentido mundano. Paulo IV mantuvo un porte altivo y pretendia Biostrar dignidad y majestad en Ia menor de sus acciones; Pio IV era todo bontlad y condescendência. Cada dia se le veia por Ia calle, a pie o a caballo, casi un acompanamiento y hablando afablemente con todo ei mundo. Se le puede honncer si se leen los despachos venecianos.98 Los embajadores le encuentran twribicndo y trabajando en una sala fria; se levanta y empieza a pasear con los; o en ei momento en que se dispone a ir hacia ei Belvedere y, entonces, se • .li.: sin abandonar ei bastón, escucha Io que tienen que decirle y anda ei .mino cn su companía. Por Io mismo que alterna con esta sencillez quiere que le trate con tacto y consideración. Cuando los venecianos le proponen una Jución ingeniosa, se alegra y Ia alaba entre risas; aunque es muy favorable a • austríacos, le fastidian Ias maneras inflexibles y despóticas dei embajador ipunol Vargas. No le gusta que le aburran con detalles, pero cuando uno se ncreta a Io importante y general entonces se puede tratar con él. Se vuelve usivo y confiesa como, por naturaleza, odia cordialmente a los maios y ama Ia Iticia. No herir a nadie en su libertad, portarse con bondad y amistad con do cl mundo; piensa trabajar con todas sus fuerzas en favor de Ia Iglesia y I" i.i cn Dios poder hacer algo. Nos Io podemos representar vivamente: un niiano corpulento, bastante ágil todavia para llegar antes de Ia salida dei sol IU villa campestre, con cara apacible y ojos despiertos; le placen Ia conversafelón, Ia mesa y Ia broma; recién restablecido de una enfermedad, que se consiItró grave, monta a caballo, se dirige a Ia casa donde vivió como cardenal y x- Ias escaleras valientemente mientras exclama: "jNo, no! No queremos Bhorir todavia." Un Papa de este ânimo, con tanto amor a Ia vida y tal sentido mundano MU i üdecuado para gobemar Ia Iglesia en Ia difícil situación en que se hallaI? ([No era de temer que se apartara dei camino emprendido por su anteceI cn los últimos anos? Acaso su naturaleza propendiera a ello, pero los hechos dcsarrollaron de modo bien distinto. Pcrsonalmente no le gustaba gran cosa Ia Inquisición y le reprochaba Ia nuvi monacal de su procedimiento. Poças yeces, si acaso, visito Ia Congregailón, pero tampoco se atrevió a intervenir en ella. Decía que no entendia de hto, que no era teólogo y le dejó todo ei poder que había recibido de Paulo IV." Hizo un gran escarmiento con los sobrinos de Paulo IV. Como es de suuniH-r, los excesos cometidos por ei duque de Palliano aun después de Ia muerte H i tu tio —mato por celos a su propia mujer— facilitaron el juego de los eneImi^os de los Caraffa, sedientos de venganza. Se les formo un proceso bien
*8 "Ragguagli dell'ambasciatore Veneto da Roma 1561. De Marco Antônio Amulio (Mula)". •Ipfmniat. polit., xxxvu. | í» Sorano: Se bene si conobbe, non esser di sua satisíatione il modo che tengono g/'inquisitori proccdcre per 1'ordmano con tanto rigore contra gl'inquisiti, e che si hscia intendera che piu piaceria che usassero tcrmini da cortese genti/uomo che da /rate severo, non di meno non ardisce «on vuolc mai opponersi ai giudicii loro.

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lamentable. Fueron acusados de los crímenes más espantosos, de robôs, asesinatos, falsificaciones y, además, de gobierno despótico y de engano constante de aquel pobre anciano que se llamó Paulo IV. Conservamos su defènsa, que no está trazada sin ciertas apariencias de justificación.100 Pero sus acusadores pudieron más. Después de haber escuchado Ia lectura de Ias actas en ei consistorio desde por Ia mafiana hasta Ia noche, el Papa pronuncio sentencia de muerte contra el cardenal, el duque de Palliano y dos parientes cercanos, el conde Aliffe y Leonardo di Cardine. Montebello y otros pudieron escapar. El cardenal temia, a Io sumo, el destierro, pero en ningún caso Ia pena de muerte. Cuando le fué comunicada Ia sentencia —una mafiana, estando todavia en el lecho— y ya no le cupo duda ninguna, se cubrió con Ias sábanas durante unos momentos, se levanto, junto Ias manos y exclamo aquellas dolorosas palabras que todavia hoy escuchamos en Itália en casos de desesperación: "jQué se va a hacer! j Paciência!" No se le permitió confesar con su confesor ordinário y, ai nuevo que se le envio, tuvo, como es natural, muchas cosas que contarle y por eso Ia confesión duro bastante. "Monsignore, termine usted —le advirtió el policia—, que tenemos otras cosas que hacer." Así acabaron estos familiares. Son los últimos que ambicionan principados independientes y promueven grandes movimientos históricos con sus particulares fines políticos. Nos encontramos con ellos desde Sixto IV: Girolamo Piiario, César Borgia, Lorenzo de Médicis, Pier Luigi Farnesio y los Caraffa, que son los últimos. Más tarde ha habido también nepotismo, pero con un sentido diferente. Después de una ejecución tan ejemplar, £cómo podia pensar Pio IV en permitir a los suyos violências ai estilo de Ias que él había castigado en los Caraffa de manera tan terrible? Como hombre por naturaleza animoso, queria gobernar por si mismo y los asuntos más importantes los decidió según su critério y más bien se le reprochaba que buscara poços apoyos. A psto se afiadió que aquel de entre sus sobrinos ai que podría habej ayudado en el mejor de los casos, Federico Borromeo, murió a temprana edad. El írtro, Carlos Borromeo, no era hombre para ser honrado con honras humanas, pues nunca Ias hubiera aceptado. Carlos Borromeo jamás considero su relación con el Papa y, por ende, con los negócios graves, como un derecho que le otorgara ciertas libertades, sino como una obligación, a Ia que se entrego con el mayor ahinco. Modéstia y* aplicación fueron sus maneras; sin fatiga se dedico a -Ias audiências y, com minuciosidad, a Ia administración dei Estado. Formo un colégio de ocho doctores dei que se ha derivado después Ia Consulta. Asistía ai Papa. Es el mismo que después ha sido elevado a los altares. Ya por entonces se mostraba en toda su nobleza e inocência. "No se sabe de él otra cosa —dice Girolamo Soranzo—I sino que está limpio de toda mancha; vive tan religiosamente y da tan buen ejemplo que ni los mejores pueden pedir más. Digno de Ia mayor alabanzaj
100 En Ia obra de Bromato se encuentran, tomadas principalmente de Nores, informacionei detalladas sobre estos sucesos. En Ias Informar, encontramos además Ias cartas de Mula, p. e., 19 de julio de 1560, Exfractus processus cardinaíis Cara/fae, y El suceso de /a muerte de los Cara/M con /a decJaraciòn y el modo que murieron. La morte de) Cl. Caraffa (Bibli. Venccia, vi, n. 39) ei el MS. que consulto Bromato además de Nores.

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porque, en Ia flor de Ia edad, sobrino de un Papa y disfrutando de su favor, viviendo en una corte donde se puede procurar toda suerte de placeres, lleva, «in embargo, una vida tan ejemplar." Su única expansión era ver reunidas por Ia tarde algunas gentes doctas. Las conversaciones comenzaron por Ias letras profanas, pero pronto se pasó de Epicteto y los estoicos, que Borromeo, Joven todavia, no menospreciaba, a las cuestiones religiosas.101 Si algo se le reprochaba no era falta de buena voluntad, de aplicación, sino, acaso, de talenin, sus servidores se lamentaban de que tenían que prescindir de los grandes Ifivores que acostumbraban recibir de anteriores familiares. Las cualidades dei sobrino suplían Io que los rigurosos podían echar de menos en ei tio. En todo caso, se siguió en ei camino emprendido, los negócios espirituales y temporales se llevaron con ceio y circunspección y ia reforma |ué continuada. El Papa advirtió publicamente a los obispos su deber de residência y se vió en seguida a algunos que volvían a ocupar sus puestos, después de besarle los pies. Las tendências rigoristas habían prevalecido en Roma y ya ii" era posible que ei Papa se desviara de ellas. El sentido mundano de este Papa no perjudicó a Ia restauración dei Mentir religioso riguroso, y, además, tenemos que anadir que contribuyó muItho, por otro lado, ai aplacamiento de las disensiones promovidas dentro dei Unindo católico. Paulo IV creía obligación de un Papa tratar de someter ai emperador y a I n reyes y, por esta razón, se mezcló en tantas guerras y altercados. Pio IV se •ió mejor cuenta dei error cuanto que habia sido cometido por un antecesor myo frente ai cual se sentia en contraposición. "Por esto hemos perdido a ^In^laterra —exclamo— que pudimos haber conservado si hubiéramos apoyado • •|(M- ai cardenal Poole; por esto se ha perdido Escócia también, y, durante Ia •erra, las doctrinas alemanas han penetrado en Francia." Él, por ei contrario, Brsca Ia paz por encima de todo. Ni siquiera contra los protestantes está dis•uesto a hacer Ia guerra y ai embajador de Saboya, que trata de lograr su apoyo pura un ataque contra Ginebra, le interrumpe con frecuencia: £"Pero qué •empos son estos para que se le hagan a él tales proposiciones? De nada se •ene tanta necesidad como de paz."102 Le gustaría estar a bien con todos. Con mrilidad otorga los favores eclesiásticos y lo hace con tacto y moderación si Ill^ima vez tiene que negarse. Está convencido, y así lo manifiesta, de que ei I""d i dei Papa no puede mantenerse sin Ia autoridad de los príncipes. La última época de Paulo IV se caracterizo porque todo ei mundo catóMliii reclamaba de nuevo ei concilio. Es seguro que Pio IV solo con grandes [dlficultades se podria haber sustraído a esta exigência. No podia, como sus min cesores, poner Ia excusa de Ia guerra, pues por fin Ia paz reinaba sobre la Europa. Y hasta para él mismo era urgente tal medida, puesto que los nceses amenazaban con un concilio nacional que facilmente podia provocar
mi Son las Nocfes Vaticanae, las que menciona Glussianus, Vita CaroJi Borromei, i, iv, 22. 102 Mula: 4 de febrero de 1561. Pio le rogo de dar ei informe: che havemo animo d» sfare puce, e che non sapemo niente di questi pensieri dei duca di Savoia, e ei maravigfiamo che vada rando qiiestc cose: non è lempo da fare 1'impresa di Ginevra ne da far gencraii. Scrivete che no constanti in questa opinione di star in pace.

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un cisma. Pero, a decir verdad, tengo que anadir que, además de todas estas circunstancias, existia su buena voluntad. Escúchese como se expresa: "Queremos ei concilio, Io queremos sin duda, Io queremos todos. De no quererlo podríamos escudamos ante ei mundo con mil dificultades, pero más bien nuestro deseo es acabar con ellas. Hay que reformar Io que tiene que ser reformado, también en nuestra persona y en nuestras propias cosas. Si albergamos alguna otra intencíón que Ia de servir a Dios, que Él nos castigue." A menudo parece como si los príncipes no le apoyaran Io bastante para una empresa de tal envergadura. U n a manana ei embajador veneciano le visita en su lecho, donde se hallaba postrado por Ia podagra; le encuentra ocupado con sus pensamientos. "Tenemos buenas intenciones —exclama— pero estamos solos." "Me dió compasión —dice ei embajador—, verle en Ia cama y escuchar Io que decía: estamos solos para sostener una carga tan pesada." Pronto se puso manos a Ia obra. El 18 de enero de 1562 se reunieron tantos obispos y delegados en Trento que se pudo reanudar de nuevo ei dos veces interrumpido concilio. El Papa tuvo Ia mayor intervención en ello. "Es cierto —dice Girolamo Soranzo, que no estaba ai lado dei Papa— que Su Santidad mostro en ei asunto todo ei ceio que se podia esperar de un tan gran pastor y nada ha descuidado que pudiera conducir a una obra tan santa y necesaria."

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6 ) Las últimas sesiones dei Concilio de Trento

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jCómo había cambiado ia situación dei mundo desde Ia primera convocatória dei Concilio! El Papa no tenía que temer ahora que un emperador poderoso utilizara Ia rcunión para dominar ai Papado. Fernando I no poseía poder alguno en Itália. Tampoco había que temer errores graves sobre puntos esencialcs dei dogma. 103 Como ya se había puesto de manifiesto en las primeras sesiones, c-1 dogma, aunque no formulado por completo, dominaba ya sobre una gran parte dei mundo católico. No era posible pensar seriamente en una unificación con los protestantes. En Alemania habían adquirfBo una jrosición muy fuerte, de Ia que no era posible desalojados; en ei Norte, Ia nueva orientación religiosa se había fundido con ei poder estatal y Io mismo estaba ocurriendo en Inglaterra. El Papa, ai declarar que ei nuevo concilio no era más que una continuación dei anterior y ai acallar las vocês que se levantaron en contra de este critério, renuncio a tales esperanzas. ^Cómo podían los protestantes libres adherirse a un concilio cuyas resoluciones anteriores habían condenado ya los artículos más importantes de su credo? " , 4 Con esto Ia eficácia dei Concilio se limitaba de antemano ai mundo, tan consíderablcmente disminuído, de las naciones católicas. Su propósito tenía que concentrarse en componer las dife10» Así considero Fernando I ei asunto. "Litterae ad Icgatos 12 Aug. 1562", en Lc Plat: Monum. ad. Iiisí. cone. Tridenfini, v. p. 452. guiei eniin attinct —disquírere de Jiis dogmatibus, de quibus apud omites non solum príncipes, vertim criam privatos homines catliolicos, nu//a mine penitus existit disceplario? 104 La cansa principal dei escrito de recusación de los protestantes: Causae cur ciccíores príncipes aiiiqiie Aiigusíanac confessioni ndjimcti status recusent adirc concibum. Le Plat, iv. p. 57. Dcstacan ya cn cl primer aviso las palabras omni supensioiie subiara. Rccucrdan Ia condenación que sufrieron anteriormente sus princípios y explican ai detallc quae maJa sub ca confirmatione lateant.

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tencias surgidas entre estas naciones y Ia suprema autoridad eclesiástica, en formular ei dogma en algunos puntos que no habían sido fijados todavia, y MIIHC todo, en dar término a Ia reforma interior ya iniciada y prescribir normas disciplinadas de caracter general. Pero también esta tarca se mostro muy dificultosa y pronto se originaron |us más vivos altercados entre los teólogos allí reunidos. Los espanoles plantearon Ia cuestión de si Ia obligación de residência de (bispos en sus diócesis era de derecho divino o solo de derecho eclesiástico. • I t c í a una disputa ociosa puesto que, por todas partes, se reclamaba ei deber residência. Pero los espanoles sostenían de una manera general que ei poder .copai no era emanación dei poder papal, como se pretendia en Roma, sino su origen descansaba inmediatamente en Ia institución divina. Con esto on en ei nervio de toda Ia organización eclesiástica. Aceptado ese principio, mbiera restablecido Ia independência de Ias potestades eclesiásticas suballas, cuya dominación habían cuidado tanto los Papas. Estando en Io más » de Ia discusión, llegaron los delegados dei emperador. Sorprendcn los tulos que presentan. "También ei Papa —reza uno— tiene que humillarse iiendo ei ejemplo de Cristo y someterse a una reforma en su persena, en su go y en su cúria. El concilio debe reformar ei nombramiento de los carde:s y ei cónclave." Fernando solía decir: "Si los cardcnales no son buenos no van a elegir un buen Papa?" Para Ia reforma pretendida por él queria •U<* sirviera de base ei proyecto dei Concilio de Costanza, que allí no pudo •evarse a efecto. Las resoluciones debían ser preparadas por Ias diputaciones l e las diferentes naciones. Además pedia: que se autorizara Ia comunión cn dos espécies y el matrimônio de los clérigos; dispensa dei ayuno para algunos sus súbditos; institución de escuelas para los pobres; depuración de los breVlurios y santorales; un catecismo inteligible; himnos religiosos en alemán; refarma de los conventos, entre otras cosas "para que sus grandes riquezas no se PMplcaran de manera tan desastrosa".105 Como vemos, proposiciones todas muy
105 Pallavicini, xvir, i, 6, omite casi por completo estos postulados. Son molcstos para él. I ii efecto, nunca han sido conocidos cn su forma autêntica. Los tenemos ante nosotros en três nliuliis. Un extracto se encuentra en P. Sarpi, Lib. vi, p. 325, e, idénticamente, aunque en latín, Kainaldi y Goldast; un segundo, más extenso, cn Bartolomé de Martyribus, el tercero, más pleto, cn Schelhorn. No concuerdan bien. Mc he atenido a Io que se encuentra en Schclhorn. i (|uc cn las ediciones anteriores hubiesc sido muy deseablc una información de Viena, y una tal ii| nación se encuentra justamente aliora en Ia gran colección de documentos para Ia historia dei (•un [lio de Trento, de Sickel, y cn un artículo que Io completa en el tomo 45 dcl Archiv fiir dilinc/i. gesch. Por las actas icproducidas allí dcl gabinete dei emperador Fernando I conocemos lii npmión moderada, acertada, de este príncipe, de acuerdo con las tendências alemanas gcnerales. l i primera instrueción a sus embajadores en Trento, dei 1° de encro de 1562, tal como está escrita, .mu lioy Ia atención. Es esta trabajo dei vicecanciller Seld, ayudante dcl emperador y muy llilhil cn el maneio de Ia pluina. Pero tampoco esta instrueción contienc Io que buscamos, que es cl lliiin.iili) "libelo de reforma" de Fernando, un proyecto que fué resultado de muclias consultas, y ()MP contienc Io que ya hcnios leído en Shclhorn. No se creyó necesario repctirlo por entero, sino que I líiivtii Ia indicación de las diferencias poço importantes con respecto ai manuscrito autógrafo. Sickel Um li.ibla con ceio cscrupuloso, en el artículo citado, sobre su origen. Be cllo resulta que Io misino i|in li instrueción primera, también cl libelo de reforma lia de considerarse como manifiesto dcl |iiiiil.i medio, pero católico aún, que insistia cn una aproximación a los protestantes en Alemania. También se han utilizado los proyccros de Jnlio Pflug. Su cnnteniclo será importante para lb> épocas posteriores a esta, c incluso, si no nos equivocamos, para hoy dia.

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importantes y que suponían una transformación honda de Ia Iglesia. En cartas reiteradas urgia ei emperador su discusión. \ Por fin, se presentó también ei cardenal de Lorena con los prelados franceses. Se adhirió a todas Ias propuestas alemanas. Reclamaba, sobre todo, Ia comunión en Ias dos espécies, Ia administración de los sacramentos en el idioma materno, Ia instrucción y Ia predicación durante Ia misa y Ia autorización para cantar en francês los salmos, cosas todas de Ias que se esperaba el mejor resultado. "Tenemos Ia seguridad —dice el rey— de que Ia autorización de Ia comunión en Ias dos espécies aplacará a muchas conciencias inquietas, reunirá de nuevo con Ia Iglesia a províncias enteras que se han separado de ella y será uno de los médios mejores para acabar con los distúrbios en nuestro reino." 10 * Pero los franceses trataron además de reponer los acuerdos de Basilea y abiertamente sostenían que el concilio era superior ai Papa. Los espanoles no estaban de acuerdo con Ias pretensiones de alemanes y franceses; repudiaban con Ia mayor vehemencia Ia comunión en Ias dos espécies y el matrimônio de los clérigos y no era posible que el concilio llegara a una concesión en estas matérias: solo se logro pasar que el Papa pudiera autorizarlos; pero hubo puntos en los que Ias três naciones se enfrentaron a Ias pretensiones de Ia cúria. Consideraban intolerable que solo los legados dei Papa dispusieran dei derecho a presentar propuestas. Como además estos legados tenían que recoger Ia anuência dei Papa a todas Ias resoluciones que se hubieran de adoptar, les parecia esto un agravio a Ia dignidad dei concilio. Porque de esta mancra, dccía el emperador, había dos concilios: uno en Trento y"| otro, el verdadero, en Roma. Si en estas circunstancias se hubieran decidido Ias opiniones por naciones se habría llegado a acuerdos muy particulares. Como no ocurrió esto, Ias três naciones, aun tomadas juntas, quedaron siempre en minoria. Eran mucho más numerosos los italiairt>s, acostumbrados a sostener sin muchas preocupaciones Ia opinión de Ia cúria, de Ia cual dependia Ia mayoría. El encono encendió a ambas partes/Los franceses bromeaban diciendo que el Espíritu Santo venía a Trento en Ia valija. Los italianos hablaban de Ia peste espaíiola y dei mal gálico que iban contagiando a los] fieles. Como el obispo de Cádiz Uegó a decir que hubo obispos famosos y Padres de Ia Iglesia que no habían sido nombrados por ningún Papa, los italianos comenzaron a gritar, pidieron su expulsión y rfablaron de anatema y] herejía. Los espanoles devolvieron Ia papeleta, acirsándoles a su vez de herejes. 107 En algunos momentos se formaron tumultos callejeros a los gritos dej jEspafia! j Itália! y se vió correr Ia sangre en Ia ciudad de Ia paz. No tiene nada de extrano que transcurrieran diez meses en una ocasión sin que se celebrara ninguna sesión y que el primer legado tuviera que disuadif,
108 "Mcmoiie baillé .i Lc Plat, iv, 562. 107 Pallavicini, xv, v, exeat; alii Aiiatfiema sit; ad tuvo lugar el 8 de encio de Mr. le Cl. de Lorraine, quand il est parti pour aller au concü". 5. "Paleotto Acta": A/ii praeíati íngeminabant cíamantes. Exeat quos Granetensis conversus respondit: Anathema vos estis. Mendham, 1566.

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ul Papa de trasladar ei Concilio a Bolonia: "áQué se iba a decir si ei concilio, lejos de llegar a su conclusión regular, tenía que ser disuelto?"108 Pero una disolución, una suspensión o un simple traslado, en ei que se penso con freBucncia, hubieran sido muy peligrosos. En Roma no se esperaba nada bueno. Br consideraba que un concilio era una medicina demasiado fuerte para ei debilitado cuerpo de Ia Iglesia, que no haría sino arruinaria por completo junio con Itália. "Poços dias antes de marcharme, a princípios dei afio 1563 •-nos cuenta Girolamo Soranzo—, me dijo el cardenal Carpi, decano dei Colégio y varón verdaderamente circunspecto, que había rogado en su última tniermedad a Dios que le concediera Ia gracia de Ia muerte para no ser testigo drl derrumbamiento y entierro de Roma. También los demás cardenales de Bota se lamentan sin césar de Ia desgracia, pues ven claramente que no hay •ivación para aquélla si no es con Ia intervención especial de Ia mano de |)ms."109 Pio IV temió que fueran a caer sobre él todos los males que orros Papas habían visto cernirse con Ia idea dei concilio. Supone una idea elevada que sea una asamblea de sus prelados Io único •ue pueda socorrer a Ia Iglesia cuando corren tiempos difíciles para ella y ha i. miriido graves equivocaciones. "Sin presunción ni envidia, en santa humil•ad, en paz católica —dice San Agustín— debe deliberar una tal asamblea: •on una mayor experiência abre Io que estaba cerrado y saca a Ia luz dei dia b que estaba oculto." Pero se estaba muy lejos de alcanzar este ideal en los •rimeros tiempos. Hubiera sido necesaria una pureza dei sentir, una independência de influencias extrafias que no parece acordada a los hombres. jPero ttuánto más difícil alcanzarlo ahora en que ia Iglesia se halla imbricada con el Ettndo en tantas situaciones contradictorias! Si, a pesar de todo, los concilios •o/.aron siempre de gran prestigio y fueron reclamados con tanta frecuencia V esperados con tanta impaciência, se debió sobre todo a Ia necesidad de poner il poder de los Papas. Pero ahora parecia confirmarse Io que estos siempre li ili!,m sostenido: que en tiempos de gran confusión una asamblea de Ia Igle. lia cs más apropiada para aumentar aquélla que para ponerle remédio. Todos HM italianos participaban de los temores de Ia cúria. "O el concilio —decían— [le continua o es disuelto. En el primer caso, si entretanto muere el Papa, los ullramontanos dispondrán dei cónclave según sus intenciones y en dafio de | li.ilia, y tratarán de limitar Ias facultades dei Papa de suerte que no sea mucho más que un simple obispo de Roma, y arruinarán los cargos y toda Ia cúria. I, por el contrario, es disuelto sin resultado alguno, los fieles se sentirán deuudados y los dudosos se encontrarán en grave peligro de perderse dei todo." Si contemplamos Ia situación, parece imposible que en el seno dei Concilio

108 "Lettera dei Clc. di Mantua, legato ai concilio di Trento, scritta ai papa Pio IV li 15 «nn. 1563." Quando si havesse da dissolversi questo conci/io —per causa d'a/tri e non nosfra—, i piaceria piu che Vra. Beafitudine íusse restata a Roma. 100 Li Card/nali di maggior autoritâ dcploravano con tutti a futte í'ore ia íoro miséria, ia qua/e (mano (anto maggiore che vedono e conoscono assai chiaro, non esservi rimedio alcuno se non •»«licl/o che piacesse dare a) Sr. Dio con Ja sua santíssima mano! Cerco non si può se non temere, I inucle cl mismo Soranzo, Sermo. Príncipe, che Ia povera Itália afflitta per aítre cause habbi ancox I • irntire aff/ittionc per qnesto particularmente: Io vedono e Io conoscono tutti i sav/.

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se pudiera producir un cambio de Ias opiniones dominantes. Frente a los legados dirigidos por ei Papa, y los italianos que dependían de él, estaban los prelados de Ias otras naciones que se apoyaban en los embajadores ;de sus príncipes. No se podia pensar en ninguna conciliación, en ningún arregio mediador. Todavia en febrero de 1 5 6 3 n o Ia situación parecia desesperada; todo era discórdia y cada partido mantenía con obstinación sus puntos de vista. Pero si tenía ei valor de ver Ias cosas tal y como eran, se presentía Ia posibilidad de salir de este laberinto. Era en Trento donde chocaban Ias opiniones, pero su origen estaba en Roma y en los diversos príncipes. Si se queria obviar Ias dificultades había que acudir a Ia fuente. Pues que Pio IV había dicho que ei Papado no podia mantenerse sin asociarse a los príncipes, este era ei momento de hacer buena I Ia máxima. Una vez abrigo Ia idea de acomodarse a Ias exigências de Ias diferentes cortes y darles satísfacción sin acudir ai concilio. Pero hubiese sido una medida a médias. Su misión no podia ser otra —pues tampoco existia otro médio— que llevar a cabo ei concilio de acuecdo con Ias grandes potências. Pio IV se decidió en este sentido. A su lado tenía ai cardenal Morone, ei de mayor prudência política. Había que empezar con ei emperador Fernando ai que, como sabemos, se habían adherido los franceses y ai que también Felipe II tomaba en consideración como sobrino suyo que era. Morone, que acababa de ser nombrado presidente dei Concilio, pero que pronto se convenció de que nada se podia conseguir en Trento, acudió en abril de 1563, sin acompanamiento de ningún otro prelado, a entrevistar ai emperador en Innsbruck. Lo encontro desanimado, enfadado y molesto; estaba convencido de que en Roma no se buscaba ningún mejoramiento serio, y decidido a procurar ai Concilio su libertad. 111 Le era menester ai legado una habilidad extraordinária, ^ \ nuestro tienv po diríamos diplomática, tan solo para aplacar ai yidignado monarca. 112 Fernando estaba malhumorado porque sus artículos/de reforma habían sido pospuestos sin que se presentaran efectivamente a discusión; ei legado pudo convencerle de que, no sin justificación, se había considerado peligroso someterlos a una discusión en regia, pero que, sin embargo, Ia parte más importante de los mismos había sido admitida y hasta acordada. El emperador se quejó además de que ei Concilio fuera dirigido desde Roma y que se ma-

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n o En un escrito dei obispo de Fünfkirchen se recomienda Ia suspcnsión dei concilio. Praestat etenim omniiim indicio consilium hoc cum aliqua spe futurae concordiac et reíbrmationis suspendi, quam sine omni íructu atque etiamcum lotais bonae spei iactura orbisque magna perturbatione claud" ac úifeiiciter vel certe inftuctuose íiniii. (Sickel, 427.) 111 También es interesanle para este tema: Rehtione in ser. falta dal Comendonc ai Sri. legati dei concilio sopra le cose rirratle da)l'imperatore 19 Febr. 1563. Pare che pensino trova modo e forma di haver p/u parte et autorità nel presente concilio per stabiíire in esso tutte le lon giuntamente con li Fiancesi. 112 El documento más importante que he podido encontrar sobre Ias negociaciones tridentina es Ia relación de Morone sobre su embajada: es breve, pero muy instractiva. Ni Sarpi n* Pallavicini están enteradoS de ella. Reíatione sommaria dei Cl. Morone sopra Ia legatione sua Bibl. Altieri, en Roma, vn, F. 3.

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nejara a los legados por médio de instrucciones; Morone observo, y no le fallulia razón, que también los embajadores recibían instrucciones de sus capitales y tenían indicaciones nuevas continuamente. Morone, que yá desde largo gozaba de Ia cortfianza de Ia casa de Áustria, lulió con bien de esas aclaraciones delicadas; disipó Ias malas impresiones perlonales dei emperador y trato de llevar Ia discusión a aquellos otros puntos cn disputa que habían provocado los más grandes altercados en Trento. No trn de opinión que se cediera en Ias cosas esenciales ni que se debilitara Ia mitoridad dei Papa: "Lo que importaba —decía— era ponerse de acucrdo sobre flqucllas disposiciones que ei emperador creía que le darían satisfacción, sin • u c con ellas se menoscabara Ia autoridad dei Papa o de los legados." 113 El primero de estos puntos era ei de Ia iniciativa exclusiva de los legados Uuc se afirmaba ir contra Ia libertad inherente a un concilio. Reponía MoroKe que no convenía a los príncipes conceder Ia iniciativa a todos los prelados. [No le había de ser muy difícil convencer ai emperador. Era fácil que, en caso Re goxar los obispos de esta facukad, pronto presentarían proposiciones cuyo • n t i d o seria contrario a Ias pretensiones y derechos de los Estados. Era patente • confusión que habría de originarse con una concesión semejante. Sin embarC", también se queria complacer en cierta medida los deseos de los príncipes V cs admirable Ia solución encontrada. Prometió Morone presentar como propoUciones Ias que los embajadores le entregaran a este fin y, caso de que no lo Bjcicra él, los mismos embajadores podrían hacerlo en su lugar. Transacción i i i que caracteriza ei espíritu que poço a poço iba imperando en ei Concilio. l<is legados ceden una vez ai renunciar a Ia exclusividad de Ia iniciativa, no tiinio cn favor de los Padres dei Concilio como de los embajadores. 114 De lo que M sigue que solo los príncipes se benefician de una parte de los derechos • u v , por lo demás, se reserva ei Papa. Un segundo punto rezaba que Ias diputaciones que piepaiaian Ias rcsoluir. habrían de reunirse por naciones. Morone observo que así había sucel l d o siempre, pero que se trataria de cumplir con más exactitud cn este extremo, ipucsto que era deseo dei emperador. Se llegó ai tercer punto, ei de Ia reforma. Fernando reconoció, por fin, que Bnbfa que evitar Ia expresión de una reforma dei Papado y también Ia vieja ptiestión sorbónica de si ei concilio está o no sobre ei Papa; en cambio, Morone
113 Fu necessário trovare temperamento tale che paresse aJJ'irnperatore di essere in alcuno liiiiiln satisíarto et insieme. non si pregiudicase a/i'autorità dei Papa nè de'Jegati, ma restasse il MDiitihb neJ suo possesso. 114 "Summarium eorum quac dicuntur acta inter Caesaream Majestatem et iluslrissimum liKliinlcin Moronum", en Ias aetas de Torellus, también en Salig. Gesehichte des (ridentinischen i liiums, m, A. 292, lo expresa dei modo siguiente: Ma/. S. sibi reservavit vcl per médium Hhtmmii ícgatonim, vei si ipsi in fioc giavasentur, per se ipsum vei per ministros suos proponi Tcngo que confesar que no hubiera podido deducir facilmente de este texto que tuvo lugar Uni negociación, tal como Ia relata Morone, aunque de verdad Ia implique. En Ia Duplica S. C. m i i cn Ia obra de Sickel, 499, Ias palabras son Ias siguientes: ut et Rmi. D. /egaii nomine Mtis. H j/iuriirnque catholicorum regum et principum ea quae hisce ad conservandam catho/icam reli|IIIIIÍ-III in regnis et doininiis suis necessária videntur et de quibus ipsi Rmi. D. Jegati você vel •(r/pto in/ormabantur proponanf.

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prometió una reforma verdadera en todos los demás aspectos. El proyecto que presentó a este particular alcanzaba ai mismo cónclave. Una vez resueltas estas cuestiones capitales facilmente se pusièron de acuerdo sobre Ias accesorias. El emperador renuncio a muchas de sus exigências y dió instrucciones a sus embajadores de mantener buenas relaciones con los legados pontifícios sobre todo. Después de conseguir este arreglo Morone volvió a Itália. "Cuando se supo en Trento —nos dice él mismo— ei buen acuerdo dei < emperador y se percataron de Ia inteligência existente entre sus embajadores y] los dei Papa, ei Concilio empezó a cambiar de aspecto y a ser mucho más tratable." A esto coadyuvaron otras circunstancias. Los espanoles y los franceses se habían peleado por ei derecho de precedência de los representantes de sus reyes y, a partir de este momento, coincidie-j ron muchas menos veces. Además, se habían iniciado gestiones especiales con ambas partes. La misma naturaleza de Ias cosas obligaba a Felipe II a buscar una inteligência. En gran parte su poderio en Espaiia se apoyaba en intereses eclesiásticos] y tenía que procurar, sobre todo, tenerlos a mano. La corte de Roma sabia nmy bien, y ei núncio de Madrid Io decía a menudo, que una clausura apacible dei Concilio era tan deseable para ei rey como para ei Papa. Los prelados espanolejj habían protestado en Trento contra ei gravamen de los bienes eclesiásticos, q u d representaba una parte importante de los ingresos dei Estado; ei rey quedo I preocupado y rogo ai Papa que impidiera discusiones tan desagradables. u fl iCómo iba a ocurrírsele, en estas circunstancias, trabajar en favor de Ia iniciativa] de sus prelados? Por ei contrario, trato de sujetarlos un poço. Pio IV se quejó de Ia oposición violenta y continua que le hacían los espanoles y ei rey le prometió] apelar a médios que pondrían término a aquella desobediência. En una palabra, ei Papa y ei rey se dieron cuenta de que sus intereses eran los mismos. Debieron de tener lugar otras negociacicnes. El Papa se arrojo por completo em brazos dei rey y este prometió solemnemente venir en ayjida dei Papa con todas Ias fuerzas de su reino en cualquier momento de necesidad. Los franceses también se aproximaron por su lado. Los Guisa, que ejercían | en Francia tan gran influjo sobre ei Gobierno y en Trento sobre ei ConcilioJ fueron orientando su política en una dirección cada vez más católica en amboij campos. Se debe a Ia transigência dei cardenal de Guisa, que se reanudanin Ias sesiones dei Concilio después de una suspensión de diez meses y después da ocho aplazamientos. Pero se trataba de llegar a una unión más estrecha. Guisa presentó Ia proposición de un encuentro de los príncipes católicos poderosos, dei Papa, dei emperador y de los reyes de Francia y Espaiia. 110 Marcho a RomaJ para tratar dei asunto y ei Papa no encontro palabras bastantes para loar "ell ceio cristiano dei cardenal por cl servicio de Dios y Ia tranquilidad pública,! no solo en Ias cuestiones dei Concilio, sino también en otras que se refieren ai
115 Paolo Ticpolo, Dispaccio di Spagna 4 Dec. 1562. 11» lnstrultione dala a Mons. Cario Visconti mandato da papa Pio IV a// re caíl. per dei concilio di Tfento (ultimo Ottobie 1563). Bibli. Barb. 3007.

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klcncstar general". 117 Esta reunión en proyecto hubiera complacido mucho |1 Papa y, a cuenta de ella, envio embajadas ai emperador y ai rey. No solo en Trento sino en Ias cortes y mediante negociaciones políticas, fueron obviando .Ias dificultades más importantes y allanando obstáculos para a terminación dichosa dei Concilio. Morone, que trabajó mucbo, se supo ii.ir personalmente a los prelados, dedicándoles todo ei honor, alabanza y •PC que pretendían. 118 Puso de manifiesto Io que puede conseguir en Ias ciristancias más difíciles un hombre inteligente y hábil, que comprende Ia lluación y se propone un fin adecuado a ella. A él sobre todo tiene que agrar Ia Iglesia ei término feliz dei Concilio. El camino estaba allanado. "Ahora se podían abordar —dice él mismo— lificultades inherentes a Ias cosas." Todavia aguardaba una resolución Ia vieja disputa sobre Ia necesidad de residência y el derecho divino de los obispos. Durante mucho tiempo los espalcs se mostraron inconmovibles en sus princípios y, todavia en julio de 1563, declaraban tan infalibles como los diez mandamientos, y el arzobispo de Brnnada pretendia prohibir todos los libros en que se afiimaba Io contrario; 119 10 ai redactarse el decreto consintieron en que su opinión no fuera expresada. dicron por satisfechos con una redacción que les permitia en Io futuro seguiria ntcniendo. Este caracter equívoco es, precisamente, Io que Láinez alaba el decreto. 120 Lo mismo ocurrió con Ia otra disputa acerca de Ia iniciativa: iprvponenegatis. El Papa declaro que cada asistente ai Concilio debía pedir y ir lo que le competia pedir y decir según los viejos concilios, pero se guardo y bien de emplear Ia palabra "proponer". 121 Se encontro un arreglo que ifizo a los espanoles sin que ello significara que el Papa cediera lo más imo. Una vez que desapareció el apoyo supuesto por Ias tendências polítii, se trato no tanto de decidir sobre Ias cuestiones que habían ocasionado enconadas disputas cuanto de esquivadas mediante habilidosas compoíldas. Con este estado de ânimo es natural que fueran resueltos con mayor facirlnd otros puntos menos graves. Nunca el Concilio había avanzado tan rápiH7 "II beneficio universale". Lert. dí Pio IV 20 Ott. 1563. li» Li prelati. dice el mismo Morone, accarezzali e stimafi e lodati e gratiati si fecero piu lliiliili. Martin Pérez de Ayala, que se opuso hasta el último momento, está indignadisimo con dcfccción general: "Todo lo havia ya vencido el cardenal Moron con sus artes ansi ai cl. de itrnii como ai arzobispo de Granada como otros siete o ocho que ai principio estubicron bien |H Im cosas dei bien comun." Llama a Morone "hombre doblado" y crec que también a él había •Uriulo halagarle (De su autobiografia, en Ia Vida de Vií/anueva, n, p. 420). 110 Scriltura nel/e lettere e memorie dei núncio Visconti, II, 174. HO E/iu verba in uframque partem pie satis posse exponi. Paleotto en Mendham, Memoirs • •' llic council of Trent, p. 262. Fué propuesta Ia siguiente redacción: episcopos esse a Christo insri(oii pero se prefirió: esse hierarchiam divina ordinatione institutam, quae constai ex episcopis, ihytcris et ministris. Era inútil que algunos propusieran ordinatione pecuiiari, u otros institutione. Kiipo Mendoza de Salanianca atribuye el êxito ai proceder cuerdo dei cardenal Morone. En Immcva, II, p. 427. mi Pallavicini, 23, 6, 5.

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damente. Los importantes dogmas sobre ei sacramento dei orden, sobre ei de j matrimônio, sobre Ias indulgências, sobre ei purgatório, sobre ei culto de loí | santos, y Ias disposiciones reformadoras más importantes que acordo\el Conci-1 lio, se concentran en Ias três últimas sesiones dei ano 1563. Tanto para una» como para otras resoluciones se compusieron Ias congregaciones con miembros de cada país. El proyecto de reforma se discutió en cinco reuniones especia-1 les, una francesa, con ei cardenal de Guisa, otra espanola, con ei arzobispo de Granada, y três italianas. 122 Sobre Ia mayoría de Ias cuestiones se llegó facilmente a una inteligência y dos únicas propuestas ofrecieron todavia dificultades: Ia de Ia exención àm los cabildos y Ia de Ia acumulación de benefícios, en Ias que volvieron a jugar gran papel los intereses. La primera afectaba sobre todo a los espanoles. Los cabildos habían perdido algunas de Ias libertades extraordinárias de que gozaban. Guando se trato de recuperarlas, ei rey intento, por su parte, limitadas todavia más; puesto que <1 promovia los obispos, en sus manos estaba ampliar sus facultades. El Papa, potJ ei contrario, estaba en favor dei cabildo. Su sumisión incondicional ai obispo hubiera menoscabado su influencia sobre Ia Iglesia espanola/ Una vez ma. chocan aqui Ias dos grandes tendências y Ia cuestión es cuál de Ias dos sacará] mayoría. El rey era muy fuerte en ei Concilio y su embajador supo alojar a uni delegado enviado por los cabildos para defender sus derechos, pues tenía tantail mercedes eclesiásticas a distribuir que había de pensado antes quien quisiera] renir con él. En Ia votación oral ei resultado fué favorable ai cabildo. Obsér-1 vese ei rodeo que hicicron los legados pontifícios. Acordaron que, por esta vez, los votos se dieran por escrito, pues solo Ias declaraciones verbales eram cohibidas por Ia presencia de tantos partidários dei rey, pero no Ias votaciones] escritas que los legados recibicron en sus manos. Y, en efecto, con este proce-j dimiento, consiguieron una mayoría importante en favor dei Papa y de los cabildos. Apoyados en este resultado y valiéndose de Ia mecliación de Guisa,] entablaron nucvas conversaciones con los prelados espanoles quienes, por fin, j se dieron por satisfechos con una ampliación de sus facultades mucho más pe-[ quefia que Ia que pretendían. 1 - 3 Todavia más importante para Ia cúria era ei segundo artículo referente a Ia acumulación de benefícios. Desde siempre se había hablado de una reforma dei cardenalato y había muchos que pretendían ver e n j a decadência de este instituto ei origen de todos los males; precisamente los cardenales eran losj que con frecuencia juntaban un gran número de benefícios, y se trataba de poner coto a esto mediante ei rigor de Ia ley. Se comprende Io poço agradable
122 Las mejures informaciones sobre esto se encuentran allí donde nadic Ias buscaria: en Ü C Vira di Palestrina, de Baini, i, 199, procedentes de correspondências autênticas. También ei diário' de Servantio, que utilizo Nfendham (p. 3(H), alude ai asunto. 123 Tampoco consultando Sarpi, vnr, 816, se ve cl asunto muy claro. Muy a punto ia cxplicación autêntica de Morone: L'.irfico/o dcí/e canse c de/J'esscnzioni de canon/ci íu vinto secondo M domanda degli oJtramontani: poi /acendosi contra Vuso che li padri tutti dessero voti in inscritm /urono mutate rnoltc sentenfie c íu vinto iJ contrario. Si venne ai fin alia concórdia che si vale nei decretti, e fu mezzano Lorena, che gia era tornato da Roma, tutto additto aí servitio di 3J Beatitudine et alia fine de/ concilio.

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ijue había de ser para Ia cúria cualquier innovación en este sentido; se temia ya cl tratar seriamente dei asunto y por cso se eludió. También es muy particular Ia solución propuesta por Morone. Presentó juntas Ia reforma dei carclcnalato con los artículos sobre los obispos. "Poços se dieron cuenta —nos dice— de Ia importância dei asunto y de esta forma se sortearon los escollos." El Papa consiguió de esta suerte conservar Ia corte romana en su forma tradicional y también se mostro dispuesto a abandonar Ias reformas pedidas bor los príncipes, tal como se pensaba, ccdiendo así a indicaciones dei emfccrador.124 En realidad aquello parecia un congreso de paz. Mientras Ias cuestiones He importância subordinada fucron preparadas por los teólogos hasta recibir Ia forma de resolución general, Ias cortes negociaban sobre Ias grandes cuestioJlcs. Los mensajeros iban sin césar de un sitio a otro y se pagaba una conceMUII con otra.

Al Papa le interesaba terminar pronto. Los espanoles se resistieron durancierto tiempo, pues Ia reforma no les parecia bastante, y ei embajador espaol hizo ademán una vez de que iba a protestar. Pero como ei Papa se declaro itpuesto a convocar en caso necesario un nuevo sínodo, 125 como preocupaba dea de Ia posibilidad de una vacante de Ia Sede sin estar clausurado ei poncilio, y como cada quien estaba ya cansado y queria marcharse a su casa, los espanoles tuvieron que ceder ai final. En Io esencial estaba vencido ei espíritu de oposición. Precisamente en su Último período ei Concilio mostro Ia mayor sumisión. Se avino a pedir ai Papa IIii i cnnfirmaeión de sus resoluciones y declaro expresamente que todos los Mccrctos de reforma, cualesquiera fueran los términos en que se expresaran, lialnin sido redactados en ei supuesto de que no padeciera con ellos en Io más mínimo ei prestigio de Ia Sede apostólica.12" Cuán lejos se estaba por entonces In Trento de aquellas pretensiones de Costanza y Basilea sobre Ia superioridad • I - concilio. En Ias aclamaciones redactadas por ei cardenal de Guisa, con «1 mu' sc puso término a Ia sesión, se reconoció especialmente ei episcopado unittrsal dei Papa. Había Hegado, pues, a feliz término. El Concilio, reclamado con tanta Mlicmencia, eludido durante tanto tiempo, disuelto dos veces, sacudido por Imitas tormentas, en grave peligro en su tercera etapa, se clausuraba ai fin con |N unanimidad dei mundo católico. Se comprende que ei 4 de diciembre de • 563, ai reunirse por última vez los prelados, se sintieran conmovidos y dicho• » . Los hasta entonces enemigos, se congratulaban mutuamente, y se vieron •«rimas en los ojos de muchos ancianos. Mas si fueron menester tanta flexibilidad y tanta destreza política para Mm eguir este resultado, t n o podemos preguntarnos si no padeció de este modo • I Concilio en Ia eficácia de su acción?
IM El que no se llcgara a una severa reforma de Ia cúria, de los cardenales, dei cónclave, dcimlio exactamente de Ia omisión de Ia reforma de los príncipes. Extractos de una correspondência p H» legados, en Pallavicini, 23, 7, 4. i»n Pallavicini, 24, 8, 5. • >•> Scssio XXV, c. 21. •"

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En los tiempos modernos, si no en todos, es ei de Trento ei concilio más importante. En dos grandes momentos se hace patente su importância. / El primero, dei que ya hablamos, durante Ia guerra esmalcáldica. Después de diversas oscilaciones, ei dogma se aparto por completo dei sentir protestante. Sobre Ia doctrina de Ia justificación, como entonces quedo establecida, se levanto todo ei sistema de Ia dogmática católica, tal como se mantiene hasta hoy. El segundo momento, también considerado por nosotros, es ei verano y otono dei ano 1563. La jerarquía fué reorganizada en Io teórico desde Ia base por los decretos sobre ei sacramento dei orden y prácticamente por Ias medidas de reforma. Estas reformas fueron y siguen siendo muy importantes. Los fieles fueron sometidos a una firme disciplina eclesiástica y, en caso necesario, a Ia espada de Ia excomunión. Se fundaron seminários y se cuido que los nuevos sacerdotes se formaran en ei temor de Dios y en rigurosa disciplina. Se puso orden en ei asunto de los párrocos, en Ia administración de los sacramentos y en Ia predicación, y también se sometió a cânones Ia actividad de los frailes. Se reforzaron Ias obligaciones de los obispos, especialmente lá! inspección dei clero, según los diversos grados de su dignidad. Revistió una gran importância que los obispos se comprometieron solemnemente a observar los decretos tridentinos y a someterse ai Papa, mediante una profesión de fe firmada y jurada. Pero en modo alguno fué realizado aquel propósito de limitar ei poder dei Papa que ai comienzo también tuvo cabida en ei Concilio. Por ei contrario, salió de Ia lucha ampliado y reforzado. Como conservo ei derecho exclusivo de interpretar Ias resoluciones dei Concilio, en su mano estaba determinar Ias normas de fe y costumbres. Todos los hilos de Ia disciplina reorganizada se juntaban en Roma. La Iglesia católica se dió cuenta de sus liitíitaciones; no se ocupo para nada de los griegos ni dei Oriente, y repudio ai protestantismo con innumerables anatemas. En ei catolicismo anterior se había guarecido un elemento de protestantismo que ahora era compelido para siempre. Pero, ai limitarse, se concentraron Ias fuerzas y todo ei sistema se rehizo. Solo a través dei entendimiento y ei acuerdo con los príncipes católicos más importantes se pudo llegar tan lejos. En esta alianza con los principados descubrimos una de Ias condiciones más importantes de todo ei desarrollo posterior. Guarda cierta analogia con Ia tendência dei protestantismo a reunir los derechos principescos y los episcopales. Poço a poço se fué promoviendo este curso entre los católicos. Pero se comprende que aqui se encerraba Ia posibilidad de nuevas dísensíones, aunque ai princípio nada había que temer. Una província trás otra acogió los decretos dei Concilio. Precisamente por esto corresponde a Pio IV una significación histórica universal, pues fué ei primer Papa que renuncio a sabiendas a Ia tendência de Ia jerarquía a contraponerse al poderio de los príncipes.

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Con ei êxito dei Concilio creyó haber dado fin a Ia obra de su vida. Es cxtrano que cediera también ia tensión de su ânimo con su clausura. Se creía nbscrvar que descuidaba ei culto, que comia y bebía muy a gusto, que se com•Ucia demasiado en ei fausto de Ia corte, en fiestas magníficas y cn construciKiiics costosas. Los rigoristas senalaron Ia diferencia entre ó\ y su antecesor, y W quejaron abiertamente. m Pero no había que temer ninguna repercusión. Se había afirmado en ei catolicismo una tendência que no era ya posible hacer retroceder ni siquiera fnntcncr. Una vez que el espíritu despierta, cs imposible prescribirle el camino. • d a desviación de Ia regia, aun Ia más insignificante, por parte de aquellos Cjiu" rienen que encarnaria, provoca los sintomas más alarmantes. Este espíritu de rigorismo católico fué peligroso inmediatamente hasta para gl inismo Papa. En Roma vivia un tal Benedetto Accolti; católico exaltado que hablaba iempre de un secreto que Dios lc había comunicado y que el iba a revelar, y, para demostrar que no mentia, caminaria sobre una hoguera ante el pueblo bnvocado en Ia Piazza Navona. Su secreto consistia en el conocimiento anticipado de que se iba a producir k breve plazo una unión entre Ia Iglesia griega y Ia romana y esta Iglesia cató|cu unificada sometería a los turcos y a todos los apóstatas; el Papa seria un iinbre santo, que alcanzaría Ia monarquia universal e impondría sobre Ia tierra única justicia perfecta. Estas ideas le poseían fanáticamente. Le parecia que Pio IV, cuya mundanidad se alejaba tanto de su ideal, no '0 apto para tan magnífica empresa. Y Benedetto Accolti creía estar llamado ir Dios para libertar a Ia cristiandad de este jefe incapaz. Se propuso matar por si mismo ai Papa. Encontro un companero a quien guró ias bendiciones de Dios y los favores dei futuro santo monarca. Un dia decidieron. El Papa venía en médio de una procesión, ai alcance, sin sospe.1 ni defensa alguna. Accolti, cn lugar de ir sobre él, empezó a temblar y demudó Ia color. El Uito de un Papa tiene algo que debe impresionar a un católico tan fanático. Papa pasó por delante sin que nada oeurriera. Pero otros habían observado a Accolti. El companero, Antônio Canossa, era un caracter muy consecuente y si ahorà se dejaba convencer para realizar icción en otra ocasión, luego se sentia en Ia tentación de denunciarse a si o. No callaron dei todo. Por último, fueron apresados y condenados a erte. 128
1 ST Paolo Ticpolo: Doppo che questo (ij concilio) hcbbe fine, Jiberato da una grande solleKÜrie iattosi fermo e gag/iardo nelTaiiforilà sua, incominciò pin libcranienrc ad operarc conforme lira inc/inalione e pensicri.- onde /aci/mente si connobbe in Jtii animo piu tosto da príncipe che Qdctse ío/amente ai farto suo, che di pontefice che avesse rispcflo Ia beneficio e salufe deg/i l Panvinius observa Io mismo. lSft Tomo estas noticias, que no pude encontrar en ningún otro lugar, de un manuscrito de Biblioteca Corsini de Roma, mim. 674, con cl título: Antônio Canossa. Questo c il somniario mia depositione per /a cual causa io moro, quale si degnerá V. S. mandarc alli miei sri. padre «dre. Pio murió el 9 de diciembre de 1565.

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V a m o s q u é espíritus se a g í t a b a n en a q u e l l a m o v i d a e t a p a . A p e s a r d e t o d o Io q u e P i o I V h a b í a h c c h o por Ia r e c o n s t r u c c i ó n d e Ia Iglesia, h u b o m u c h o s a los q u e e n modo a l g u n o les pareció bastante y abrigaban m u y distintos proyectos.

7 ) Pio V P e r o los partidários dei rigorismo t u v i e r o n p r o n t o u n êxito i n e s p e r a d o . F u é ele-} gido u n P a p a ai q u e p o d í a n c o n t a r e n t r e sus filas: P i o V . N o q u i e r o r e p r o d u c i r Ias noticias m á s o m e n o s ciertas q u e ei libro sobre los cónclaves y a l g u n o s cronistas d e a q u e l t i e m p o n o s t r a n s m í t e n sobre Ia elcccíón. jj T e n c m o s u n escrito d e Carlos B o r r o m e o q u e aclara b a s t a n t e . " D e c i d i [y es c i e r t a j q u e t u v o ei mayor influjo sobre Ia elección] n o p r e o e u p a r m e d e n a d a t a n t o c o m o ,1 d e Ia religión y d e Ia fc. C o m o c o n o c í a Ia p i e d a d , Ia v i d a i r r c p r o c b a b l c y l a j s a n t i d a d dei e a r d e n a l d e A l e j a n d r í a , creía q u e n a d i e podría regir mejor que> él Ia república cristiana, y a c o n s e g u i r esto d e d i q u e todo mi e s f u e r / o . " , 2 Ü N o s e ' podia esperar otra cosa d e u n h o m b r e dei s e n t i d o eclesiástico d e C a r l o s Borro-'! m c o . Fefipe I I , q u e h a b í a sido g a n a d o a favor dei m i s m o e a r d e n a l por su crnba-i jador, a g r a d e c i ó e x p r e s a m e n t e a B o r r o m e o su participación en Ia elección. 1 '"' Se' ercín necesitar un hombre cemo ei elegido. L o s p a r t i d á r i o s d e P a u t o JV, q u ô j h a s t a este m o m e n t o se h a b í a n m a n t e n i d o t r a n q ü i l o s , se Ias p r o m e t i e r o n m u j H feliees. C o n s e r v a m o s cartas d e ellos. " V e n i d , v e n i d confiados a R o m a — e s c r i t o ] u n o — sin p e r d i d a d e t i e m p o , p e r o con toda h u m i l d a i : D i o s n o s h a v u e l t o O tracr a P a u l o I V . " M i c h e l c Ghislieri — d e s d e ahora P i o V — d e o r i g e n modesto, n a c i d o e n e f l afio 1504 e n Bosco, n o Icjos d e A l e j a n d r í a , e n t r o a los c u a r e n t a a n o s e n u n corlfl v e n t o d e d o m i n i c o s . S e e n t r e g o e n c u e r p o y alma a Ia p o b r e z a y Ia p i e d a d m o n a ^ j cales exigidas por su o r d e n . D e s u s l i m o s n a s n o g u a r d o ni siquicra Io s u f i c i e n t e ] para hacerse u n m a n t o ; c o n t r a los calores dei v e r a n o aconscjjjha c o m e r p o ç o y a u n q u e era confesor d e u n g o b e r n a d o r d e M i l á n s i e m p r e c a m i n a b a a p i e y c o f l j su saco a Ias e s p a l d a s . S i e n s e n a b a , Io h a c í a con p r e c i s i ó n / y b u e n a g a n a ; si tenía' j q u e g o b e r n a r u n c o n v e n t o c o m o prior, era riguroso y a h o r r a d o r y a m á s d e u n o j le arregló s u s d e u d a s . El d e s e n v o l v i m i e n t o d e su p e r s o n a l i d a d c o i n c i d e con los a n o s e n q u e t a m b i é n en Itália Ia d o c t r i n a tradicional l u c h a b a con los brotes d e p r o t e s t a n t i s m o . S e p u s o dei l a d o d e Ia vieja d o c t r i n a ; d e treinta tesis sostenídas por él en 1543 en P a r m a , Ia mayoría se refiere a Ia a u t o r i d a d d e i P a p a y g j o p o n e a Ias n u c v a s o p i n i o n e s . P r o n t o se le e n c o m e n d o u n p u e s t o d e i n q u i s i d o r . S u gestión a b a r c a b a l o c a l i d a d e s e s p e c i a l m e n t e peligrosas: C o m o y B é r g a m o , 1 8 1 ' ! !-'!' "Clis, Borromcus llcnrico Cli. Infanti Portugalliac Romae d. 26. Fcbr. 1Ç66". Glussiani, Vita C. Borroroci, p. 62. C. Ripmnonti, Historia mbis Medio/ani, Lib. XII, p. 814. |;f " Lo encuentro en un Dispaccio di Soranzo ambre. in Spagna. Non essendo conosciufe le qua/ifà di S. Si. da .qwcsto Strmo. :c, mentre era in cardina/ato, ií detto commendator (Luigi Rec/iicsc;is. Coimii. maggiof] sempre (o /aiidrt mo/ío, predicando questo soggeto esser degno dfl ponliíicato, con il che S. St. si mosse a dargli ordine clic con ogni suo potere Ji desse hvore. Y con eslo pierde valor Ia historieta que cuenta Oltrocchi en Ias notas a Giussano, p. 219. La elección tuvo lugar cl 8 de encro de 1566. 1*1 Puolâ lic-polo. Rc/a?ione di Roma in tempo di Pio ÍV et V. In Bergamo Ji fn /evato per forza dj//e prigioni dei rnonastero di S. Domenico, dove aIJora si so/evano mettere i rei, un

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[en Ias que no se podia evitar ei trato con suizos y alemanes; Ia Valtelina, que GMaha sometida a Graubünden. Dió muestras en esa ocasión de Ia obstinación • dei valor de un fanático. Algunas veces fué recibido a pedradas a Ia entrada de I bmo; a menudo, para salvar su vida, se tuvo que guarecer de noche en los [albergues de los campesinos y hubo que huir como un fugitivo, pero no se dejó •redrar por ningún peligro. El conde delia Trinita le amenazó con arrojarle a un Kr/o y contesto que ocurriría Io que Dios quisiera. Estaba tambíén enredado Ia Iucha de Ias fuerzas religiosas y políticas que agitaban por entonces a ítala, Como ei partido por ei que luchó salió victorioso, prospero él también. Fué Dinbrado comisario de Ia lnquisición cn Roma tf, poço después, Paulo IV decía ic I ri Michele era un gran servidor de Dios y merecedor de grandes honores: nombró obispo de Nepi —pues queria sujetarlo para que, cualquier dia, no se i Itara a Ia tranquilidad dei convento 132 — y en 1557 le hizo cardenal. Ghislieri lintuvo su rigor en su nueva dignidad y también su pobreza y su sencillez; i Ia a su eompanero de habitación que tenía que figurarse que vivían en un ivento. No pensaba sino en sus práctícas piadosas y en Ia lnquisición. En un hombre de este temple creían ver Borromeo, Felipe II y todo el ri ido extremista, Ia salvación de Ia Iglesia. Los romanos no estaban quizá tan ütentos. Pio V se dió cuenta y decía: "Tanto más me cchatán de menm cuarv muera." Gomo Papa seguia viviendo con todo cl rigor monacal; no dejó de practicar fayuno cn toda su amplitud ni se ponía ningún vestido de traza fina; 133 a me• 0 decía misa y todos los dias Ia oía; pero cuidaba que sus prácticas religiosas le distrajeran demasiado de los negócios públicos; no hacía siesta y se levan• muy temprano. Si dudáramos de Ia profundidad de su rigor religioso ten• m o s una prueba en el hecho de que no creía que el Papado favorecia su J.KI, ni le ayudaba en nada a Ia salvación de su alma y a alcanzar Ia gloria dei MÍso. Pensaba que sin el auxilio de Ia oración no hubiera podido sobrellevar carga. Saborcó hasta el fin de sus dias )a dicha de una piedad ferviente, única [a que era capaz, piedad que a menudo se deshacía en lágrimas y le dejaba Ia Ihvicción de haber sido escuchado. El pueblo se arrebataba ai verlo en Ia proceSn descalzo y descubierto, con Ia expresión pura de una piedad sincera, con sus Brgis barbas blancas como Ia nieve; no rccordaban jamás que hubiera habido in Papa tan piadoso y contaban que su solo aspecto nabía convertido protestante Iira también bondadoso y campechano ytrataba a sus viejos servidores con nayor confianza. Y cuando aquel conde delia Trinita se le presentó como ujador, le dirigió, ai reconocerle, estas hermosas palabras: "Mira como Dios ila ai inocente", y no le guardo ningún rencor. Era caritativo y tenía una lista ns menesterosos de Roma a los que hacía socorrer según su condición social.
i|i,i/c herético, nominato Giorgio Mondaga [otro nombre para el índice de los protestantes (un gr.in per/colo suo e de'l>ati. Nel/o medesima città poi travagfiò assai per /orrnare •«cesso contra i/ vescovo aliora di Bergamo. IAS Catcna, Vila di Pio V, obra de Ia cual liemos tomado Ia mayor parte de Ias informaeiot.nnbién contiene aquélla. Pio V mismo Ia reficre a los embajadores venecianos. Mich. |rimio, Pablo Ticpôlo, sepiín óstos cuentan, cl 2 de octuore de 1568. Inn Catcna. Tiepolo: Ne mai ha iascialo /a camisia di rassa, che come frafe incominciô di Itlire. Fa le oralioni diVotissimamenle et aJcune volte coJJe íacrime.

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Caracteres de este tipo son humildes, abnegados e infantiles, pero si se les irrita y ofende se provoca en ellos una cólera violenta e implacable. Corisideran como ei más alto deber suyo Ia realización de sus ideas y ei desacato les indigna y subleva. Pio V sabia muy bicn que había caminado siempre en linea recta. Esta rectitud lc había llevado hasta el Papado y le llenaba de una confianza en si mismo que le colocaba por encima de cualquier consideración. Era cxtremadamente obstinado en sus opiniones. Se veia que ni Ias mejores razoncs le podían hacer desistir. La contradicción le encolerizaba facilmente, encendía su rostro y le hacía proferir Ias expresiones más violentas. 184, Como entendia poço de los asuntos dei mundo y dei Estado y se dejaba impre+l sionar más bien por cosas accesorias, rcsultaba difícil entenderse con él. En Ias relaciones pcrsonales no se dejaba llevar por Ia primera imprcsión,' pero si formaba una vez una opinión, buena o mala, de alguien, ya nada leí liaria cambiar.1311 En todo caso, antes creería en un cambio para mal que para bien,] porque Ia mayoría de los hombres le era sospechosa. Sc observo que nunca aminoraba Ias penas a los criminales, antes ai contrario, hubiera descado por Io general que fueran más duras. • No le basto con que Ia Inquisición castigara los crímenes rccicntcs, sino quef incito a Ia indagación de crímenes viejos en diez y veinte anos. Si en una localidad se habían aplicado poços castigos, no por eso Ia consideraba como pura, pues Io atribuía ai abandono de Ias autoridades. Podemos ver con qué rigor vigiló Ia disciplina eclesiástica. "Prohibimos —dice' en una de sus bulas— que cualquier médico que asista a un enfermo postnvj do en Ia cama, Io visite más de três dias seguidos si no recibe un certificado do* que el enfermo ha confesado sus pecados." , s o En otra bula establece sancione* por Ia profanación dei domingo y por sacrilégio. Para Ias gentes de rango Ias penil son pecuniárias. "Pero un hombre ordinário, que no puede cagar, Ia primí r i vez será expuesto un dia dclante de Ias puertas de Ia iglesia, con Ias manos atada» a Ia espalda; Ia segunda, será azotado a través d e l a s calles; Ia tercera, se le tala-' drará Ia lengua y será enviado a galeras." Este cs cl estilo general de sus disposiciones y muchas veces hubo de advertírselc que no trataba con ángclcs sino con hombres. 137 No le contienen consideraciones, ahora tan necesarias, con Ias potenci; seculares; Ia bula In Cocna Domini, de Ia que se quejaron desde el primer m « mento los príncipes, no solo Ia volvió a publicar sirio que Ia reforzó con nueve

134 Jntormationc di Pio V (Bibli. Ambrosiana, Milano F. D. 181). La S. Sà. naturalmen c gioviale e piacevofe, se ben per accidente pare di aJtra dispositione, c di qui viene che voJon tícri onestamenfe r.igiona con Mr. CirilJo suo maestro di casa, il quale con le sue piaccvo/c/. essendo htioino dextro et accorto diJetfa S. Beatitudine e sempre proíitta a se sfesso et altri. 13.r> Infonn.ifione di Pio V. E piu dificultoso di íasciar in cattiva impressione che ia buoiu, e massimaiiiciifc di quede persone clic non ha in pratica. 1 Supra gregem doiniiiicimi. Buli. iv, li, p. 281. W 137 En Ias Inrbrniatioiii po/itiche, xn, se encuentra, por cjemplo, una "Epístola a N. !• Pio V nella quale si esorta S. S. tolera rcgli Ebrei c le cortcggiane", de un cierto Bcrtano. I.ot Caporioni rogaron ai Papa Ia última tolerância. El Papa contesto que preferia abandonar Roma a hacer Ia vista gorda.

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implementos. En ellos parecia negar a los gobiernos ei derecho a establecer nuevos tributos sobre los bienes de Ia Iglesia. Se comprende que estas intervenciones violentas fueran seguidas de sus naturales consecuencias. No solo que nunca se pudiera dar satisfacción a Io que un hombre de semejante rigor pedia ai mundo, sino que también se le ofreció una resistência deliberada y se origino gran descontento. Tan devoto como era 1'Vlipe II, una vez tuvo que recordar ai Papa que no tratara de probar Io que es Ciipaz de hacer un príncipe puesto fuera de si. Esto Io resentía e] Papa hondamente. Mucbas veces se sentia desgraciado [fciijo Ia tiara. Decia que estaba cansado de vivir y que, como procedia sin consiili i.i< ión de personas, se había granjeado muchos enemigos y no experimentaba m.is que disgustos y persecuciones desde que era Papa. Pero sea como quiera, y aunque Pio V no podia, como ningún otro hombre, l a r satisfacción a todos, Io cierto es que su condueta y su manera de sentir ejerMrron un influjo incalculable en sus contemporâneos y en ei desarrollo de Ia Iglesia. Después de que habían ocurrido tantas cosas por ei propósito de provocar • n a orientación religiosa más exigente, después que hubieron sido tomadas Rntns resoluciones para que esa orientación llegara a imperar, era menester un ipa como este para que tal movimiento religioso pudiera no solo ser anunciado todos sino también llevado a Ia práctica. Su ceio, Io mismo que su ejemplo, Icron en este sentido extraordinariamente eficaces. Por fin se vió que Ia tan cacareada reforma de Ia corte tomaba cuerpo, Unquc no fuese en Ia forma proyectada. Se redujeron extraordinariamente los Istos dei presupuesto dei Papa; Pio V necesitaba poço para él y a menudo solía Dcir que quien quiere gobernar tiene que empezar por si mismo. Sus servidores Uf, según él creía, le habían sido fieles toda su vida por pura afición y no por Iperanza de recompensa, fueron atendidos por él sin excesiva generosidad y sus imiliares desatendidos como por ningún Papa. Doto modestamente a su sobrino bnclli, a quien había hecho cardenal unicamente porque se le había dicho que ru necesario para mantener una relación mejor con los príncipes, y cuando una ti. Ronelli llamó a su padre a Roma, obligó ei Papa a este a que abandonara \ ciudad en Ia misma hora y noche de su llegada; no quiso que ei resto de sus Imiliares pasara dei nivel de Ia clase media y jay de quien tuviera algún troIczo, así no fuera más que una mentira! N o habría obtenido su perdón y seria lejado por él. Se estaba bien lejos de aquel nepotismo que durante siglos repre|litó un papel tan importante en Ia historia de los Papas. Mediante una bula foliibió Pio V en Io futuro cualquier dotación con no importa qué posesión de Ia llcsia y bajo no importa qué título o excusa; amenazaba con ei destierro a quien I ptreviera tan solo con ei consejo, e hizo que todos los cardenales suscribieran lia prohibición. 138 Persiguió con ceio los abusos y se obtuvieron de él poças llprnsas y menos composiciones; a menudo limito ias indulgências concedidas br los antecesores. Ordeno a su auditor general ei procesamiento de todos los fluibipos que no residieran en sus diócesis y que se presentasen propuestas para
L I.W Pfohibitio a/ienandi et infeudandi civitates et loca S. R. E. Admonet nos: 1567 29 Mart.

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Ia dcposición de los desobedientes. 139 Bajo severas penas, mando a todos los párrocos que se mantuvieran en sus iglesias parroquiales y que se oéuparan dei I culto, y revocó Ias dispensas que en este sentido hubieran recibido. 140 También trato de restablecer ei orden en los conventos. Por un lado les confirmo Ias exenciones de impuestos y otras cargas, como, por ejemplo, Ia de alojamiento militar; ! no queria que se les perturbara en su tranquilidad, pero prohibió a los frailes ! confesar sin ei permiso y ei examen dei ordinário y, con cada nuevo obispo, debían repetir ei examen. 141 Ordeno rigurosa clausura, también para Ias monjas. N o siempre recibió alabanzas por ello. Se elevo Ia queja de que imponía regias más rigurosas que aquellas a Ias que uno se había comprometido; algunos se desesperaron y otros huyeron. 142 Estas medidas Ias puso en ejecución por primera vez en Roma y en ei Estado , pontifício. Obligó a Ias autoridades eclesiásticas y civiles a Ia ejecución de sus ' disposiciones eclesiásticas.143 Él mismo procuro que Ia administración de justicia [ fuera rigurosa e imparcial. 144 No se contento con advertir a los magistrados en ] particular, sino que celebraba una audiência pública con los cardenales cada ; último miércoles de mes, en Ia que todo ei mundo podia presentar sus quejas j contra los tribunales. Por Io demás, era incansable en tener audiências. Desde J muv de manana se sentaba en su silla y recibía a todo ei mundo. De hecho, este j ceio trajo consigo una reforma total de Ias maneras romanas. "En Roma —dice,' Pablo Tiépolo— Ias cosas marchan ahora de otra manera. Los hombres se hana hecho mucho mejores, o Io parecen por Io menos." Poço más o menos ocurrió algo parecido en toda Itália. Por todas partes coincidió Ia publicación de los decretos dei concilio con ei reforzamiento de fl disciplina eclesiástica y se presto ai Papa una obediência como ninguno de suM antecesores había disfrutado. El duque Cósimo de Florencia no tuvo reparo alguno en entregado los acusados por Ia Inquisición. Carnesecchi, uno de los literatos aue habían participado en los primeros movimientos dei protestantismo en Itália, había sal ido bien hasta entonces, pero ya no le valieron su prestigio personal, Ia reputación ] de su família ni los vínculos con Ia casa reinante y, atado, fué puesto en manos de Ia Inquisición romana para ser quemado vivo. 145 Cósimo se hallaba totalmente, entregado ai Papa. Le apoyó en todas sus empresas y accedió a todas sus recla-ví maciones eclesiásticas. En recompensa, ei Papa se sentia movido a nombrarle gran duque de Toscana y a coronarle con este rango. Eja más que dudoso cl
" 9 Cuin nuas: 1566 10 funii Buli., iv, II, 303. / 140 Cupicntcs: 1568 8 Julii. Ib., iv, m, 24. H l Romani: 1571 6 Aug. Ib., iv, m, 177. 142 Ticpolo: Spesse voílc nel dar rimedio a quclche disordine incorre in un'a/fro maggio procedendo niassimainente per via degli estrcmi. 143 Buli. iv, in, 284. 14 i fnforniafionc de//e qualitá di Pio V e del/e cose che da quelíe dependono. (Bibl. de lín). N'el conferire le gratie iion si cuia deííe circonsranze, secondo che a//e voltre sarebbe neces! per qufl|sivpg/w rispelto considerabi/c, nè a requisition d'a)cuno Ja giustiíia si lia punlo alter; ancora che sií senza dar scandalo e con csempio d'alrri ponte ficipofesse /are. Soriano encuentra • no otorga ninguna gracia sin advertências: ii che mi parse próprio ií sfi/o de'coníessori, che fan una gr.ui riprensione a/ penitente, quando sono per assoíverío. 145 1567. Cantini, Vita di Cósimo, p. 4Í8.

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(trecho de Ia Santa Sede para una medida semejante; Ias costumbres dei príncipe Kl .mdalizaban con razón, pero Ia sumisión a Ia Santa Sede demostrada por , "Mino y Ias rigurosas instituciones eclesiásticas que introdujo en ei país, pare,ii i"ii ai Papa un mérito superior a todos. Los viejos enemigos de los Médicis, los Famesio, competían con ellos en p»u dirección, y también Octavio Farnesio ponía todo su honor en dar cumpli• nio, a Ia menor senal, a Ias ordenes dei Papa. Con los venecianos sus relaciones no eran tan buenas. No eran tan enemi> . de los turcos, ni tan indulgentes con los conventos, ni tan bien dispuestos con < Inquisición como él deseaba. Pero se guardo muy bien de romper con ellos. I parecia "que Ia República estaba fundada sobre Ia fe y se había mantenido tmpre católica y era Ia única que se había conservado libre de Ia inundación | los bárbaros. El honor de Itália descansa sobre cila"; y declaro que Ia amaba. •mbién es verdad que los venecianos hicicron por él más que por ningún otro |pu. De otro modo nunca hubicran procedido, en Ia forma que Io hicieron, ii i I pobre Guido Zanctti de Fano, quien, habiendo sido sometido a pesn i por virtud de sus opiniones religiosas y huído a Parma, fué entregado ír ellos ai Papa. Pusieron bastante orden en ei clero de Ia ciudad, que desde leia tiempo no se preocupaba demasiado de los cânones eclesiásticos. Tierra Icntro, Ia Iglesia de Verona fué reorganizada de Ia mejor mancra por Mattco jiberti. Con su ejemplo ha querido mostrar como debe vivir un verdadero Mspo11" y sus disposiciones han servido de modelo a todo ei mundo católico, arque ei concilio tridentino Ias acogió una trás otra. Carlos Borromeo mando |ntar su retrato para tener siempre presente su proceder. i Pero Ia influencia dei mismo Carlos Borromeo fué todavia mayor. Con Rins Ias dignidades y cargos que poseía —entre otras cosas era penitenciário liivor—, y a Ia cabeza de los cardenales, donde le había colocado su tio, pudo |brr logrado en Roma una posición brillantísima. Pero renuncio a todo, kn objeto de dedicarse a sus funciones eclesiásticas en cl arzobispado de lilán. Se entrego a ellas con verdadera pasión. Viajaba continuamente por | diócesis y ninguna localidad había donde no htibiera estado dos o três |»TS; se desplazó a Ias montaflas más altas y a los valles más apartados. Genellimnte, le había precedido un visitador y él llegaba ya con su informe; Io lipeccionaba todo con sus propios ojos y fijaba los correctivos e implantaba M mejoras.147 De igual modo dirigió ai clero y se celebraron seis concilios prollicialcs bajo su presidência. Además, era incansable en sus deberes sacerdollis. Prcdicaba y decía misa y, durante dias enteros, daba Ia comunión, ordeiiln sacerdotes, asistía a Ia toma de hábito de Ias monjas y consagraba (trtivs. La consagración de un altar exigia una ceremonia de ocho horas y se ucntan 300 consagraciones. Muchas de sus intervenciones se refieren a Io xinior, especialmente restauración de edifícios, unificación dei rito, exposi'•* "Pctri Francisci Zini, bom pastoris cxcmplum ac specimen singulare ex Jo. Matthaeo ciln cpiwopo expresstim atque propositum". Escrito en 1556 y destinado, ai principio, a Ingla|fti Opera C/bcrti, p. 252. 117 G/us.rânm de vita et rcbns gestis S. Carofi Borromaei Mcdioí., p. 112. habla muy detaOincnlc sobre cl r/tns visitationis v todas Ias demás cosas.

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ción y adoración dei santo sacramento. Pero Io principal es Ia rigurosa disciplina a que sujetó ai clero y con Ia que a este se sometieron a su vèz Ias poblaciones. Conocía muy bien los médios para hacer cumplir sus ordenes. En los domínios suizos visitaba los sitios venerados, repartia regalos entre ei pueblo y sentaba a su mesa a Ias personas de viso. Pero también sabia componérselas con los que se le resistían. El pueblo de Valcamonica le espero para que le diera su bendición. Pero como hacía tiempo que no pagaba los diezmos pasó de largo sin mover ei brazo ni mirar a nadie. La gente quedo impresionada y se avino a cumplir con ei viejo deber. 148 A veces tropezó con una resistência más obstinada y enconada. Como quíso reformar Ia orden de los humíííados, enojo en tal forma a los miembros, que habían entrado en ella para disfrutar de sus riquezas en una vida sin compromiso, 149 que trataron de asesinarle. Pero nada le fué más provechoso que este atentado. El pueblo creyó ver uri milagro en su salvación y empezó desde este momento a adorarle. Como su ceio era puro, constante y no estaba enturbiado por fines terrenos, y como en Ia hora dei peligro, en los dias de Ia peste, mostro un cuidado incansable por Ia salud dei cuerpo y dei alma de sus diocesanos, como no respiraba sino abnegación y piedad, creció su influjo de dia en dia y Ia ciudad de Milán cobro un aspecto nuevo, "Como íendré que alabarte, beDísJroa ciudad —exdamaba Gabriel Paleotto ai término de Ia gestión de Borromeo— admiro tu santidad y religión; veo en ti una segunda Jerusalén." A pesar de toda Ia mundanidad de Ia aristocracia milanesa, tales alabanzas entusiastas no pueden dejar de tener algún fundamento. El duque de Saboya felicito solemnemente ai arzobispo por ei êxito de sus esfuerzos. Trato de asegurar sus medidas para ei futuro. Una congregación se ocuparia de mantener Ia uniformidad dei rito; y una orden especial —Ia de los oblatos, formada de clérigos regulares— se comprometió ai servido dei arzobispo y de su Iglesia; los bamabitas recibieron nuevas regias y se ocuparon desde entonces, primero en Milán y después en todos los lugares donde se íntrodujeron, en auxiliar a los obíspos en su cura de almas. 150 Instituciones que recuerdan, o repiten en pequeno, Ias romanas. También se fundo un Colégio suizo para Ia restauración dei catolicismo en Suiza, como había un Colégio germânico en Roma para Alemania. Con esto ei prestigio dei Papa no hacía sino aumentar. Borromeo, que recibió un breve papal con Ia cabeza descubierta, implanto ia misma sumisión para su Iglesia. Mientras tanto Pio V ganaba en Nápoles una / influencia extraordinária. En ei primer dia de su pontificado había llamado a si a Tomaso Orsino da Foligno, para encomendarle Ia visita reformadora de Ias iglesias romanas. Una vez terminada, le nombró obispo de Strongoli y le envio con Ia misma misión
n » Ripamontf, Historia urbis Medio/ani, en Graevius, n, i, p. Ç64. Por Io demás, toda Ia segunda parte de Ia historia de Ripaniontc está dedicada a Carlos Borromeo (lib. XI-XVII). 14» Poseían juntos noventa y cnatro casas de Ias cualcs cada una hubicra podido alimentar a' cien hombres, pero tenian tan poços inienibros que a cada dos les tocaba una casa. La orden fué disuclta y sus riquezas luego beneficiaron a Ias fundaciones de Borromeo y también a los jesuítas. 150 Ripaniontc, p. 857, da los nombres de los primeros fundadores, que son: Bcccaria, Ferraria y Morigia. Giussano, p. 442, indica los nombres ordinários.

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ti Nápoles. Seguido de este pueblo tan devoto, llevó a cabo Orsino su visita en Ia capital y en una gran parte dei reino. Es verdad que ni en Nápoles ni en I Milán lc faltaron ai Papa altercados con Ias autoridades reales. El rey se quejó , lie Ia bula In Coena Domini y ei Papa nada queria saber dei exequatur; para Iqucl Ias autoridades eclesiásticas hacían demasiado; para este Ias autoridades MUIIS demasiado poço y, constantemente, liubo friceiones entre ei virrey y el l i r / o bispo. En Ia corte de Madrid, como dijimos, muchas veces habia disgusto y el confesor dei rey se quejaba abiertamente. Ambas potestades atribuían Ia fcâyor culpa a los funcionários y consejeros de Ia otra. Pero no se produjo lingún rompimiento. PersonaJmente guardaron relaciones de confianza. Una viv, que aquejó una enfermedad a Felipe II, Pio V elevo sus manos ai cielo y togo a Dios que librara ai rey de ]a enfermedad; rogo ai Senor que le quitara finos anos para cederlos ai rey, cuya vida era más importante. Espana fué regida completamente en el sentido de Ia restauración ecle•lústica. El rey dudó un momento si acogería Ias resoluciones tridentinas sin más y, por Io menos, hubiera limitado a gusto el poder dei Papa para conceder •ispensas en contradieción con aquéllas, pero el caracter religioso de su mo•urqiiia se oponía a cualquier intento de esta clase y se daba cuenta que tenía IK' evitar aun Ia apariencia de cualquier diferencia seria con Ia Sede apostóca si queria estar seguro de Ia sumisión de sus súbditos. Los decretos dei •oncilio fueron anunciados por doquier y se dió cumplimiento a sus disposi•niies. Prevaleció Ia dirección dogmática más rigurosa. Carranza, arzobispo •c Toledo, primado dèl país, que habia sido miembro dei concilio de Trento y que, con Poole, era el que más habia trabajado por Ia restauración dei catoIcUmo en Inglaterra bajo Ia reina Maria, no pudo sustraerse a Ia Inquisición • pesar de sus títulos. "No me he propuesto otra cosa —decía— que combatir WÊ hercjía, y Dios me ha ayudado en esta tarea. Yo mismo he convertido a •unos extraviados; he mandado desenterrar los cuerpos de algunos principales fcrrjeí y hs he mandado quemar; católicos y protestantes me Jian proclamado •riincr defensor de Ia fe." Pero esta protesta, tan indudablemcnte católica, no i r valió contra Ia Inquisición. Se encontraron en sus obras dieciséis tesis en Ias • l i e parecia aproximarse a Ias opiniones de los protestantes, sobre todo por •> que se reficre ai problema de Ia justificación. Luego de haber sido mantenido lurgo tiempo cncarcelado en Espana y torturado con Ias vicisitudes dei proceso, luc 1'nnducido 1 Roma, Io que le pareció una gran fortuna, pues así era arre 1 •atado a Ias manos de sus enemigos; pero tampoco aqui pudo evitar el juicio 11 1 Bondenatorio. *

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Si esto sucedió con un hombre tan relevante y en un caso tan dudoso, Utl comprenderá que poço inclinada estaria Ia Inquisición a tolerar disidencias Inncgablcs en personas de más o menos, Io que no fué dei todo raro en Espaíln. El rigor extremado con que se hahían estado persiguiendo Ias opiniones mídüizantes y mahometanas, se volvió ahora contra los protestantes, y los •li los de fe se sucedieron unos a otros, hasta que ya no quedo ninguna simiente
L l l l Llorcnte dedico a este suceso três largos capítulos de su historia de Ia Inquisición. Hisfoirc M /'inijnisílion, ni, 183-315. >

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viva. A partir dei ano 1570, no vemos casi más que extranjeros juzgados a causa de protestantismo por Ia Inquisición. 152 En Espana ei Gobíemo no favorecíó a los jesuítas. Se decía que Ia mayoría era judeo-cristiana, y no de pura sangre espanola o eompuesta de cristianos viejos, y se le atribuía Ia idca de vengarse algún dia de todo ei mal trato que estaba recibiendo. Por ei contrario, en Portugal llegaron muy pronto los miembros de Ia orden a gozar de un poder casi ilimitado, y gobernaron ei país en nombre dei rey Sebastián. Como también en Roma, bajo ei Papado de Pio V, gozaban de crédito, utilizaron Ia autoridad de que disfrutaban en cada país a tenor de Ias inspiraciones de Ia cúria. Y de este modo Pio V dominó en Ias dos penínsulas como nunca había dominado ningún antecesor suyo; por todas partes entraron en vigor Ias disposicioncs de Trcnto; todos los obispos juraron Ia Professio fidei, que contenía un resumen de los princípios dogmáticos dcl Concilio; ei Papa Pio V dió a conocer ei catecismo romano, en ei que se desarrollaban aquéllos; anulo todos los breviarios que no emanaran expresainente de Ia Santa Sede o tuvieran una"'' tradición de doscientos anos, y dió a conocer otro nucvo, concebido según Joí" más viejos breviarios de Ias iglesias de Roma y deseando que se extendiera poíl todas partes; 153 tampoco olvido Ia publicación para uso general de un misai nucvo "según Ia norma y ei rito de los Santos Padres"; 104 los seminários se lleh»*| ron, los conventos fueron reformados de verdad y Ia Inquisición velaba con rigofl implacable por Ia unidad e intangibilidad de Ia fe. Esta misma política es Ia que establece una estrecha relación entre todos ct-j tos países y Estados. Mucho contribuyó en ello que Francia, entregada a Ia guej rra civil, desístíera de sus víejas diferencias con Espana o no Ias hiciera valer conj Ia misma fuerza. Los distúrbios franceses tuvieron también otros efectos. D * los acontecimientos de una época emergen siempre unas cuantas conviecione» políticas generalcs que Uegan a dominar prácticamente ei mundo. Los prín^ cipes católicos tenían ei convencimiento de que un Estado se malbarata desdi ei momento en que permite câmbios en Ias ideas relígipsas. Si Pio IV había dicíio que Ia Iglesia no se podia soscener sin los príncipes, ahora eran los prín<] cipes los convencidos de que su inteligência con Ia Iglesia era también de necafl sidad. Sin césar les predicaba esto Pio V. Y de hecho vió como este m u n d a cristiano meridional se agrupaba alrededor de él para una empresa común. El poder turco seguia prosperando cada vez más; .dominaba ei MedilB rráneo y sus ataques a Malta y luego a Chipre mostraban cuán seriamentí| pensaba en una conquista de esas islãs, hasta entonces invictas; desde Hungria y Grécia amenazaba a Itália. Pio V consiguió que los príncipes católicos sd dieran cuenta dei peligro y, con ocasión dei ataque a Chipre, le asaltó Ia idca de trabajar por una alianza que fué propuesta por él a los venecianos, por un lado, y a los espanoles, por otro. "Cuando recibí autorización para entrar cn
152 M'Cric, líistory oi the progress and suppresion of the reformafion in Spain, p. 336. 1.13 Rcjnotís iis quac aíiena et incerta essent. Quoniam nobis: 9 /ulii 1568. 1M CoJ/atis omnibus ciim vefustissimis nostrac. Vaticanac bibliothecae aliisque undique con•juisitis emendatis afgue incorruptis codicibus.

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ncgociaciones y se Ia comunique a él —nos dice ei embajador veneciano— levanto sus manos ai cielo, dió gracias a Dios y prometió dedicar todo su espíritu y Iodos sus pensamientos a esta empresa." lr ' : ' Le costo mucho trabajo allanar íos .obstáculos que se oponían a una unión de Ias dos potências marítimas; Ias resliintcs fuerzas de Itália Ias atrajo en seguida y él mismo, que no tenía dinero, mi barcos, ni armas, encontro médios para enviar galeras pontifícias a Ia flota liliada; tuvo parte en Ia elección dei almirante, don Juan de Áustria, cuya scd de gloria y picdad supo inflamar ai mismo ticmpo. Y, así, tuvo lugar en Lepanto lu batalla más dicbosa que han conocido los cristianos. El Papa estaba tan ab•orto por esta empresa que, ei dia de Ia batalla, le pareció contemplar Ia victoria ni una espécie de arrebato. Conseguida esta, le creció Ia confianza en si misiini y se atrevió con proyectos mayores. En unos cuantos anos esperaba poder •ciliar completamente con cl poderio de los turcos. Pero no sóío medió en empresas tan gloriosas. Su religiosidad era tan exicliisivista y despótica que distinguió con su ódio más violento a los cristianos B r olra confesión. jQué contradieción que Ia religión de Ia inocência y de Ia Buinildad persiga a Ia verdadera picdad! Pio V, educado cn Ia ínquisición, •Cgado a madurez con sus ideas, no encontraba contradieción en ello. Si trato • J extirpar con ceio infatigablc los restos de disidencia que todavia podían HcmUrarse en los países católicos, persiguió también con enconado ahinco los protestantes ya emancipados o que todavia se encontraban cn lucha. No tl«» ayudó con una pequena fucrza a los católicos franceses, sino que, ai cauIIIo que los mandaba, ei conde Santafiore, le hizo Ia indicación extraordinaI de "no coger ningún hugonote prisioneio y matai «imediatamente a todo que cayera cn sus manos". ir '° Guando estallan los distúrbios en los Países (jos, Felipe II duda de como tratar a Ias províncias y ei Papa le aconseja Ia •rrvención armada. Su razón era que, cuando se negocia sin ei apoyo de II armas, se reciben leyes, pero, con ias armas en Ia mano, se prescriben. Aproi Ias medidas sanguinárias dei duque de Alba y bendijo su sombrero y su kgn. No se puede demostrar que conociera los preparativos de Ia noche de mi Uurtolomé, pero ha cometido acciones que no permiten dudar que él hubieI nprobado Ia matanza, Io mismo que su sucesor. jQué mezcla más sorprendente d e sencillez, arrogância, rigor personal, •negación religiosa y áspera exclusividad, .de ódio violento y persecución tlt^iicnta) Con este ânimo vivió y murió Pio V . 1 " Viendo venir Ia muerte, visito tini vez más Ias siete iglesias "para despedirse —como él decía— de tan santos Ignres"; besó três veces los últimos escalones de Ia Scala Santa. LIna vez había fiunetido emplear para una empresa contra Inglaterra los bienes de Ia Igle"15 Soriano: Haviita Ia riso/uíione —andai súbito alia audienza, benche cia di noite ei 1'hora BOimoda et S. Si. travagliata per Ji accidenti seguifi que? giorno per )a coronatione dei diica di Inrrn/a ed ií protesto deJi'ambasciatore Cesareo: (contra) e coiimiunicato ia commissione ciic IWvu, S. Sa. si aiíegrò tutta. i 160 Catena, Vita di Pio V, p. 35. Pio si doíse dei conte che non havesse il conunlUiriito di lui osservato d'ammazzar súbito qiialunquc herético gli fosse venuto alie niani. F IS7 Murió ei 1' de mayo de J 572.

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sia, cálices y cruces inclusive, y, además, ir en persona a dirigiria. Se le presentaron unos católicos arrojados de Inglaterra y dijo que deseaba d,ar su sangre por ellos. Sobre todo hablaba de Ia Liga, para cuya feliz continuación dejó todo preparado, y para ella fué también su última limosna.158 Los espírirus de sus empresas le acompanaron hasta ei último momento. No dudaba de su prosecución feliz y creía que, en caso necesario, Dios haría surgir de Ias piedras ei hombre que híciera falta. Su perdida se sintió más de Io que él mismo se había figurado, y ahora que estaba constituída una unidad, se contaba con una fuerza cuyos impulsos interiores debían proseguir ei camino emprendido.

138 ínrormatione de.Tir./ermiÜ di Pio V. Havendo in w i Jtania in una casietrma 1? m. se. per donare e /are eicmosine di sua mano, due giomi avanli sua morte fece chiamare ií depositaria de/ía cameia e Jevafii, dicendo che sarieno boni per /a iega.

LIBRO CUARTO

ESTADO Y CORTE .. A E P O C A D E G R E G O R I O X I I I Y D E S I X T O V
Con fuerzas rejuvenecidas y agrupadas de nuevo, ei catolicismo se enfrenta ai mundo protestante. Si queremos comparar los dos mundos, Ia ventaja grande dei catolicismo reside en que cuenta con un centro, con una cabeza que puede dirigir sus movimientos en todas direcciones. El Papa no solo logro reunir Ias fuerzas de todas Ias potências católicas para una empresa común, sino que contaba además con un Estado piopio, }o bastante fuerte para poder contribuir a cila con algo esencial. El Estado pontifício se nos presenta ahora con una significación nueva. Había ido estableciéndose a medida que los Papas trataron de asentar su Estado con Ia pretensión de procurar ei rango principesco a sus famílias o de crearse para si mismos un prestigio entre Ias potências dei mundo, especialmente entre los Estados italianos. Pero ni una cosa ni otra había sido conseguida por ellos en Ia medida deseada, y ahora se había hecho imposible para siempre reanudar estos esfuerzos. Una ley pontificia prohibió Ia enajenación de Ias pc•esiones eclesiásticas y los espafioles eran demasiado poderosos en Itália para poder competir con eilos. Pero contra esto tenemos que ei Estado se había convertido en un apoyo dei poder espiritual. Con los médios financieros que ofrecln fué importante para ei desarrollo general. Antes de proseguir debemos de txaminar un poço ai detalle su administración, tal y como se fué formando poço a poço en ei transcurso dei siglo xvi.

I. A D M I N I S T R A C I Ó N D E L E S T A D O P O N T I F Í C I O Los Papas habían recibido una región bien situada y rica. La "relaciones" dei siglo xvi no encuentran palabras bastantes para ensal/11 Ia fertilidad de Ia región. Los hermosos valles que rodean a Bolonia, por toda

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ia Romana hasta ia Apeninos, regalan su grada y su fertilidad. "Viajábamos —dicen los embajadores venecianos de 1522— de Macerata a Tolentino por Ia comarca más bella; colinas y valles llenos de trigo y no otra cosa se veia en treinta millas a Ia redonda y no encontramos ni un palmo de tierra que no estuviera labrado; parece imposible recolectar tanto grano y no digamos utilizado." La Romana producía anualmente 40,000 stara de granos más de Io que necesitaba. Había una gran demanda con Ia que se abastecia Ia región montaiiosa de Urbino, Toscana y Bolonia y 35,000 stara tomaban todavia ei camino dei mar. Mientras que de Ia Romana y de Ia Marca se abastecia a Venecia, 1 desde Viterbo y ei Patrimônio eran abastecidos, en ei otro mar, Gênova generalmente y a veces Nápoles. En una de sus bulas dei afio 1566, ensalzaba Pio V Ia gracia divina que ha hecho que Roma, que en otros tiempos no podia subsistir sin importar trigo, no solo tiene ahora de sobra, sino que está en condiciones de exportar a los países veeinos y a los extranjeros, en Ia tierra y en ei mar. 2 Se calcula Ia exportación de trigo dei Estado pontifício en ei ano de 1589 en un valor anual de 500,000 escudos.3 Algunas localidades eran famosas por productos espccialcs: Peru fia por cl cánamo, Facnza por ei lino, Viterbo por ambos, 4 ! Cescna por un vino que pasaba Ia mar, Rímini por ei aceite, Bolonia por sus venados, y Ias vides de Montefiascone eran conocidas en todo ei mundo. En Ia Campana existia una clase de caballo no muy inferior ai napolitano, y haciai Nettuno y Terrafina había Ia más hermosa caza, a veces de jabalí. No faltabaní los lagos ricos en pesca y se contaba con salinas, minas de alumbre y canteraa de mármol. Todo Io descable para Ia vida parecia darse en abundância.

Tampoco se estaba apartado dei comercio dei mundo. Ancona conocía un comercio florccicnte. "Es un lugar hermoso —dicen aqucllos embajadorejn de 1522—, lleno de mercaderes, en su mayoría griegos y turcos, y se nos aseguró que algunos de cllos hicicron ei pasado ano un negocio por valor de 500,000 ducados." En ei ano 1549 encontramos asentadas iJDscicntas famílias/ griegas, con iglesia propia, todas comerciantes. JE1 puerto está lleno de caraJ belas de Levante: armênios, turcos, florentinos, gentes/de Lucca, venecianosJ judios de Oriente v Occidcnte se hallan presentes. Las mercancías con Ias quty aqui se trafica consisten en seda, lana, cuero, plomo de Flandes, panos. Aumento ei lujo, subían los alquileres de las casas y se tomaba a servido médicoaj y maestros en mayor número y con mejor sueldo que antes. 5 Pero más que Ia iniciativa y actividad comercialcs" de los habitantes dei

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1 Badocr, Relacione 1591. La amistad de Ia Romana se basaba en Ia convieción quanto irn-j poria /a vicinítà di questa citli per ben vendere per 1'ordinario le íoro biade, vim, ftütti, gnadi et alfre cose, riportandone aífinconíro bom danaii. 2 "Jurisdictio consulum artis agriculrurae urbis", 9 Sept. 1566. BulJar. Cocqucl., iv, n, 314. 3 Giovanni Gritti, Re/ationc Í5S9. La Romagna e )a Marca sola si mette clic alcnne voítei abbia mandato ÍIIOTÍ 6om. mbbh Oi grano e piu di 3om. di menudi. 11 paese di Roma e Io st.ito di 7à deli' Alpi quasi ogni anno somniinisfra il viver a/ paese di Gênova ed altri Juoghi ciiconviciilfj onde de/ uscifa di grani e di biade delío slato ectíesiastico si tien per cosa certa clie ogni anno entri in esso valsente di 500in. se. almcno: nè aH'incontrò ha bisogno di cose di /uori se non di poço momento et in poça stima, clie sono specierie e cose da vestirsi di nubili e persone principali. * Vovage de Montaigne, n, 488. 5 Saracini, Notizie istoriche deiJa cita d'Ancona. Roma 1675, p. 362.

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listado pontifício, se nos pregona su valor, que a veces nos es presentado en ms diferentes matices. Los peruginos son muv alerta en ei servicio; los romaIIOILS valientes pero descuidados; los espoletinos ricos en tretas de guerra; los Ixiloneses bravos pero indisciplinados; los de Ia Marca aficionados ai pillaje; |os faentinos capaces, sobre todo, de contener un ataque y de perseguir ai enetnigo en su retirada; para maniobras difíciles, los forlivesinos, y para ei manejo do Ia lanza, los habitantes de Fermo. 0 "Todo ei pueblo —dice uno de nuestros ienecianos— es diestro para Ia guerra y bárbaro por naturaleza. Tan pronto tomo han abandonado su país pueden ser empleados para cualquier hecho de • l e r a , y Io mkmo para siüos que para batallas en campo abierto; soportan iiui facilidad Ias penalidades de Ia campana". 7 Venecia reclutaba sus mejores •Opas de Ia Marca y de Ia Romana y por esto Ia amistad con ei conde de Urbino cru tan importante para ia República; encontramos siempre a su servicio capiluncs procedentes d e esas regiones. Pero se decía que allí había capitanes para (todos los príncipes dei mundo y se recordaba que de allí había salido Ia companía de San Jorge, con Ia que Alberico de Barbiano había destruído a los fcercenarios extranjeros y renovado Ia gloria de Ias armas italianas; era Ia misrrr.i casta de gentes que contribuyeron tanto en su dia a h íundación de] ímkn-rio romano. 8 En los tiempos modernos se ha justificado menos una alabanza liin extraordinária. Sin embargo, Napolcón, que se sirvió de esta gente fuera Bcl país, Ia prefiríó con mucho ai resto de Ias tropas italianas y a una buena parte de Ias francesas. Todas estas regiones abundosas y estas poblaciones tan bravas se hallaban tometidas ai poder pacífico y espiritual dei Papa. Vamos a examinar ahora jen sus rasgos generales ei tipo de Estado que con estas bases se desarrolló. Como ei Estado italiano en general, descansaba en una limitación más o menos fuerte de Ia independência municipal, que se fué desarrollando por Moquier en ei curso de los siglos. Todavia durante ei siglo xv, sentados en sus asíentos de piedra delante de Ia puerta dei ayuntamiento, los priori de Viterbo tomaban juramento ai wdestà que les era enviado por cl Papa o su representante. 9 Cuando en ei ano 1463 Ia ciudad de Fano se sometió directamente a Ia Siilc apostólica, Io hizo bajo condiciones: no solo Ia autonomia por siempre, ílíio, además, ei derecho de elegir •podestà propio sin necesidad de confirmaimii; exención por veinte anos de toda clase de cargas nuevas; el privilegio He Ia venta de Ia sal, y otros derechos parecidos. 10 Ni siquiera un déspota como César Borgia pudo evitar conceder privile* Landi, Quacstiones Forcianae, Neapoli, 1536: un libro lleno de buenos datos sobre Ia situai mu de entonces en Itália. 1 Soriano, 1570: Quanto a soldafi, è comniune opinione che ne//o stíto delia Mesa siano i U|Uori cli tutto il resto d'ItaJia, anzi d'Europe. » Lotenzo Priuli, Re/afione 1586: Lo stato pieno di viveri per darne anco a popoíi vicini, pleno di huomini beliicosi. Nombra a los Genga, Carpana, Malatesta. Pareno tutti questi popo/í nafi *t ol/evati nel/a miJitia. E mo/to presto si metferia insieme mo/to buona gente toecando i/ llinbiiro. 9 Feliciano Bussi, Jstoría di Viterbo, p. 59. JO Amianí, Memorie istotiche delia citta di Fano, t. n, p. 1.

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gios a Ias ciudades que componían su domínio. Concedió a Ia ciudad de Sinigaglia ingresos que hasta entonces habían pertenecido ai príncipe. 11 En cuánto mayor grado tuvo que hacer esto Júlio II Io comprenderemos si consideramos que ambicionaba aparecer como un libertador de Ia tirania. Él mismo recordo a los peruginos que había pasado los anos floridos de su juventud entre sus muros. Cuando expulso de Perugia a Baglione, se contento con llamar de nuevo a los desterrados, devolver su poder a Ia pacífica magistratura de los priori, aumentarles ei sueldo a los profesores de Ia universidad y no toco para nada Ias antiguas libertades. Mucho tiempo después esta ciudad seguia tributando poço más que unos cuantos miles de ducados y, todavia bajo Clemente VII, encontramos un cálculo de cuántas tropas podia poner en pie de guerra, Io mismo que si fuera una comunidad totalmente independiente. 1 Tampoco Bolonia se hallaba más sometida. Junto con Ias formas, ha conservado también muchos atributos esenciales de su independência municipal. Administraba libremente sus ingresos, mantenía sus propias tropas y ei legado dei Papa estaba a sueldo de Ia ciudad. Júlio II conquisto Ias ciudades de Ia Romana en Ia guerra con Venecia. Pero ninguna fué adscrita sin que le reconociera Ias condiciones limitadoras o le concediera determinados privilégios; siempre se apelo después a Ias capitulaciones celebradas entonces. La situación de derecho público en que se encuentran Ia designan con ei título de libertad eclesiástica.13 Si abarcamos en su totalidad ei Estado formado de esta suerte, veremos que nos ofrece una gran analogia con ei veneciano. Tanto en uno como en] otro ei poder estatal había permanecido hasta entonces en manos de los mu-| nicipios, que se habían sometido por regia general y mandaban a otras comunidades más pequenas. Estas municipalidades gobernadoras se pusieron en) Venecia bajo ei domínio de los nobili, sin perder por ello completamente suj independência y bajo condiciones exactamente determinadas. En ei Estado de Ia Iglesia quedaron sometidas a ia cúria. Porque, Io mismo que en Venecia Ia nobleza, Ia corte constituía una comunidad. Durante Ia prímera mitad] de este siglo Ia dignidad de prelado no era necesaria para los cargos más inv( portantes y, así, encontramos vicedelegados seculares en Perugia y parece sen regia en Romana que sea un presidente secular quien presida Ia administración; los laicos adquirieron a veces el mayor poder y un prestigio indiscutible, como ocurrió con Jacobo Salviati bajo Clemente VII; pero también formabar» parte de Ia cúria, puesto que entraban en el séquito dei Papa y, por Io tanto, eran miembros de aquella corporación; pero Ias ciudades empezaron a preferitl los gobernadores eclesiásticos y a pedir prelados, porque les parecia más hon-j roso obedecer a altas dignidades eclesiásticas. Comparándolo con un principado alemán y con su estruetura estamental, un principado italiano parece despro-j visto a primera vista de toda forma jurídica. Pero, en realidad, también aqui
11 Sicna, Storia di Sínigaglia. App. n. vi. 12 Soriano, ReJatione di Fiorenza 1533. 13 Ranaldus Io menciona, aunque muy brevemente. Sobre Ravena H/cronymi Rubei Hislorúw rum Ravennatum, lib. vm, p. 660.

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existia una notable articulación de diversos estamentos: los nobili de una ciudad frente ai poder dei Estado, los cittadini en relación a los nobili, Ias comunidades sometidas frente a Ias principales, los aldcanos frente a Ia ciudad. Lo ejue llama Ia atención es que casi en ninguna parte de Itália se produjeron instituciones de tipo provincial. En ei Estado pontifício hubo reuniones proVinciales a Ias que se da ei importante nombre de parlamentos, pero algo debía de haber en estas reuniones que no se compaginaba con Ias costumbres y cajláctcr de los italianos, puesto que jamás ejercieron influencia alguna. De haberse desarrollado por completo Ia constitución municipal, para lo uc tenía posibilidades y basta parecia estar en camino, hubiera representaii, con Ia mayor fuerza —en virtud de Ia limitación dei poder dei Estado, Sracias a los derechos, y ai gran poder de Ias comunidades, y a Ia pluralidad • los privilégios particulares— ei principio de estabilidad, es decir, un derecho público fijado mediante atribuciones particulares y Ia recíproca limitación. En Ia constitución de Venecia se llegó muy lejos en este sentido, pero •Bucho menos en ei Estado pontifício. Esto obedece a ia diferencia originaria de Ias formas de gobierno. En venecia es una corporación hereditária y autônoma Ia que se considera titul.ii de los derechos públicos. Frente a esto, Ia cúria romana es demasiado faióvil, pues entran indivíduos nuevos después de cada cónclave y los paisanos Mc los diferentes Papas cobran cada vez una gran participación en los nego(Ki,. La elección para cualquier cargo administrativo en Venecia tenía lugar i ii Ias mismas corporaciones, mientras en Roma dependia de Ia discreción dei Papa. Allí los gobernantes estaban contenidos por leyes rigurosas, por una vigilância estrecha y por un control corporativo; aqui, Ias personas que administran están retenidas menos por ei temor ai castigo que por Ia esperanza de avance, que depende mucho dei favor y buena voluntad, y, así, queda mayor | campo abierto a su actividad. Además, desde un principio ei gobierno papal había estipulado para si 1111,1 posición más libre. En este aspecto tenemos un ejemplo ilustrador si comparamos Ias circunsInncias romanas con Ias venecianas. La comparación es fácil en ei caso de [ I'acnza, que poços anos antes de entrar bajo ei poder dei Papa se había somela In a los venecianos y celebro capitulaciones con ambos. 14 En Ias dos ocasiones estipulo, por ejemplo, que no se introduciría ningún nuevo impuesto sin su me ptación por Ia mayoría dei Gran Consejo de Faenza. Los venecianos lo concedieron sin mas, pero ei Papa agrego Ia siguiente cláusula: "Siempre que, iicu motivos importantes y razonables, no le plugicra otra cosa." No quiero •laminai ai detalle este tema, pero por todas partes se ve lo mismo y bastará con otros cuantos ejemplos. Los venecianos habían concedido, sin más, que 1 Iodos los juicios criminales serían de Ia competência dei yoãestà y de su cúria; Papa hizo Ia misma concesión en términos generales, pero puso una excepón: "En delitos de lesa majestad y otros crímenes parecidos, que pueden

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14 Historie di Faenza, iatica di Giu/io Cesare Tonduzzi, Faenza, 1675, contiene Ias capitu;ioncs concluídas con los venecianos, p. 569, y Ias otoigadas por Júlio II en 1510, p. 587.

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provocar un escândalo público, participará Ia autoridad dei gobernador." Se ve como ei gobierno papal, desde u n principio, se reserva una intervención más fuerte de su soberania. 15 N o se puede negar que esta actitud era muy favorecida por Ia otra parte. En Ias ciudades sometidas Ias clases médias, los burgueses, aun viviendo de sus rentas, los comerciantes y los artesanos, se mostraban pacíficos y obedientes, mientras los patrícios y los nobili, que tenían en sus manos ei gobierno municipal, se hallaban en perpetua agitación. No ejercían ninguna industria y se ocupaban muy poço de Ia agricultura y tampoco les importaba mucho Ia alta cultura ni Ia destreza en Ias artes de Ia guerra; su vida estaba Uena de disen* siones y enemistades. Todavia subsistían los bandos de güelfos y gíbelinos. Lat últimas guerras, que unas veces favorecieron Ia victoria de un partido y otraí d e otro, fueron nutriendo Ia disensión. Se conocía a todas Ias famílias q u é formaban en uno u otro bando. En Faenza, Ravena, Forli, mandaban los gibeli-i nos, en Rímini los güelfos, pero en cada una de esas ciudades subsistia ei partido contrario; en Cesena e Imola estaban equilibrados. Y bajo Ia tranquilidad aparente y exterior se hacían una guerra secreta y cada partidário no pensaba sino en perseguir a su enemigo, en no dejarle prosperar. 16 Los caudillos disponían de gentes de Ia clase más ínfima, decidida a todo, bravucones a Ia espera de dueno y que buscaban a aquellos de quienes sabían que estaban temerosos de que sus enemigos les prepararan algo o que trataban de vengar una ofensa; estaban díspuestos en todo momento a cometer un crimen por dinero. Con esta continua cizana ocurría que, ai no consentir un partido ai otro ei ejercicio dei poder, ni confiar en él, Ias ciudades no podían afirmar con tanta fuerza sus privilégios. Cuando llegaba a Ia província ei presidente o efi legado, no se le preguntaba si estaba dispuesto a observar ias leyes municipales sino que se trataba de saber con qué partido simpatizaba. Apenas se puede decir en qué grado se alegraban los favorecidos y cuán turlíados se hallaban; los defraudados. El legado debía tener mucho cuidado. Las personas destacadas de Ia localidad se le agregaban con facilidad, trataban/de complacerle, mos-l traban un gran ceio por ei interés dei Estado y consentían en todas las medit das tomadas para su fomento; pero todo esto Io hacían, con frecucncia, para, ganar su confianza y poder perseguir con mayor eficácia ai partido odiado.17,] La situación de los nobles en ei campo era un poço diferente. Por Io general eran pobres pero generosos y ambiciosos, de suerte"que mantenían casa')

15 Cuáles fueron los médios que utilizo. Io indica Paulo III, diciendo (1547): Ceux qui viennent nouvei/ement au papat viennent pauvres, obíigés de promesses, et ia depensc quiís íoní pour s'asscurer dans /es íerres de /'eg/isc monfe p/us que le proíit des premieres annécs. "Lc cardív' nal de Guise au roy de Francc", Ribier, n, 77. 10 Re/atione delia Romagna (Bibl. Alt.): Li nobi/í hanno seguíto di mo/te persone, delh ' qua/i afcnne voire si vag/iono ne'conseg/i per conseguire quaíche carica o per se o per a/íri, pef I potere vinecre o per impedire alValtri quaíche richiesta: ne'giudicii per provare et aícuiie voJM per fcstificare nellc inimicitic per íare vendetfe, ingiurie: alcuni ancora a Ravenna, Jniofa e Faen/aj usavano di conrrabandare grano. ít Rchtionc di Monsrc. Revmo. Ciov. P. Chisilieri ai P. Gregorio X/i/, (ornando eg.'í daí] presidentato di Romagna. De Tonduzzi, Historie di Faenza, p. 673, resulta que Gliirilicri llcgó"1 a Ia provincia en 1578.

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íbieita y gastaban más de Io que podían casi sin excepción. Tenían partidários cn Ias ciudades, de los que se servían a veces para cometer actos contra Ia ley. IVro su empeno mayor consistia en mantener buenas relaciones con sus campcsinos, de los cuales Ia mayoría poseía también un pedazo de tierra, que no merecia ei nombre de riqueza. En los países dei Sur se tiene en cuenta ei prestigio de Ia cuna y Ias prerrogativas de Ia sangre, pero Ia diferencia entre lus clases no es ni de lejos tan grande como en los dei Norte; no excluía una •itrccha confianza personal. También estos barones convivían con sus campesinos en un sistema de subordinación fraternal, y no se podia decir si los Viisullos obedecían y servían con mejor voluntad que sus senores les prestaban •yuda; había algo de patriarcal en Ia relación que les unia. 18 Esto se debía, bntre otras razones, a que ei senor queria evitar de cualquier manera que sus Ifúbditos recurrieran ai poder dei Estado. No queria saber gran cosa de Ia loberanía senorial de Ia Sede apostólica. Que ei legado pretendiera arrogarse l.i tegunda instância y a veces Ia primera, no Io consideraban estos feudatarios como un derecho sino, más bien, una coyuntura política desgraciada, que Mtnría pronto. Además tenemos aqui y allá, principalmente en Ia Romana, localidades Míticas completamente libres. 19 Se trata de grandes linajes; senores en su •ropia aldea, todos armados y especialmente diestros en ei empleo dei arcabuz, por Io general bastante rudos. Se les puede comparar con Ias comunidades •bres griegas o eslavgs, que conservaron su independência con los venecianos I que lucharon por recobraria con los turcos, tales como los encontramos toItvía hoy en Candía, Morea y Dalmacia. En ei Estado pontificio se arrimaron | Ias diversas facciones. Los Cavina, Scardocci y Solaroli eran gibelinos; los Mumbelli, Cerroni y Serra, güelfos. Los Sena tenían en su dominio una colina que servia de asilo para todos los que habían cometido algún desaguisado. LIH más fuertes de todos cran los Cerroni, que se extendían hasta los domínios porentinos. Se habían dividido en dos ramas, los Rinaldi y los Ravagli, que Hiiintenían una enemistad perpetua, a pesar de su parentesco. Conservaban •nu espécie de relación hereditária, no solo con Ias famílias más distinguidas l i Ias ciudades, sino también con abogados, que apoyaban a una facción u 01 M en sus altercados. En toda Ia Romana no había ninguna família tan podeBin que no hubiera podido ser perjudicada facilmente por estos rústicos. Los trrnccianos tenían siempre a su servido a uno u otro de los caudillos, para •II.ir seguros de su asistencia en caso de guerra. Si todos estos habitantes se hubieran entendido le hubiera sido difícil a M prelados romanos hacer valer ei poderio de Roma. Pero sus disensiones •restaron fuerza ai Gobiemo. En una "relación" de un presidente de Ia Rokuna ai Papa Gregorio XIII, encuentro Ias palabras siguientes: "Es difícil alternar cuando ei pueblo está demasiado unido, pero, si se halla dividido,
1* Relalione del/a Romagna: Essendosi aggiusrali gJi uni aWhumorc deg/i altri. I 1* Los campesinos acababan de librarse dcl dominio de muchas ciudades. Ghisilicri: Scossi da Ml liogo e recati quasi corpo diverso da queJIe ciftá (p. cj. Forli, Cescna) si governano con certe »o leggi separate sotto il governo d'un protertore eiefro da /oro medesimi, U qua/i hanno ampJis|M tutorità di far le resoJutioni necessário per li casi occorenli aJ/i contadini.

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entonces es fácil." 20 Además, nos encontramos con que se formo en estos países un partido favorable ai Gobierno. Se trataba de gentes de paz que deseaban tranquilidad, de aquclla clase media en que no habían penetrado Ias faceiones. En Fano formaron una unión que se denomino santa; se vieron obligados a unirse, como se nos dice en el acta de fundación, "porque toda Ia ciudad está infestada de robôs y asesinatos, y se encuentran en peligro no solo aquellos que se hallan mezclados en Ias luchas, sino también los que comen su pan con cl sudor de su rostro." La alianza Ia celebraron juramentándose en Ia iglesia, como hermanos a vida y muerte, a mantener el orden en Ia ciudad y a destruir a los que Io perturbaran. 21 El Gobierno les protegia y les otorgó el derecho a llevar armas. En toda Ia Romana los encontramos bajo el nombre de jracifíci y poço a poço forman una espécie de magistratura plebeya. También entre los campesinos ei Gobierno tiene sus partidários. Los Mambelli apoyan a Ia corte dei legado. Perseguían a los bandidos y vigilaban Ias fronteras y esto les proporciono bastante prestigio entre sus vecinos. 22 Por otra parte, vinieron a favorecer ai Gobierno los celos vecinales, Ia oposición entre el campo y Ia ciudad y otras disensiones internas. Y, así, en lugar de Ia legalidad, tranquilidad y estabilidad a que debía haber llegado esta constitución en razón de su idea, encontramos: una graii agitación de Ias facciones, de Ia que se aprovecha el Gobierno; el contrapeso de Ias municipalidades, cuando consiguen entenderse; en una palabra: violência en favor de Ia lcy y violência en contra de ella. Cada uno mira hasta donde puede llegar. Ya con León X, los florentinos, que tenían en sus manos Ia mayor parte dei Gobierno, hicieron valer los derechos de Ia cúria de manera muy sensible. Se vió a los enviados de Ias ciudades llegar uno trás otro a Roma con el objetoj de que se atendieran sus quejas. Rávena declaro que preferia entregarse a l o i turcos que continuar con un Gobierno semejante. 23 La vacante de Ia Sede Ia aprovechaban a menudo los viejos senores y esfuerzo le costaba ai nuevo Papa desalojados. Ya es un cardenal, un familiar dei Papa^ un príncipe vecind quien trata de arrogarse el gobierno de una u otra ciudad mediante una suma entregada a Ia Câmara. Por eso Ias ciudades mantienen agentes y embajadores en Roma, para que tengan conocimiento inmediato de cualquier plan de esfflf índole c impedir así que se llcve a ejecución. En general suelcn lograrlo. Perfl] en ocasiones se ven en el trance de apelar a Ia fuerza contra Ia autoridad papal y hasta contra Ias tropas pontifícias. Casi en todas jas historias de estas ciuda20 Gliisilicri: S/ccome li popofo disimito facilmente si domina, cosi diíficilmenfc si regge q u a n d o è froppo unito. 21 Es como )a Hcrmnndad. Amiani, Mcmoric di F a n o , ti, H 6 , nos da su lema, bnsado cn un refrán: Beati paci/ici, quia filii dei vocabtiiifur. De esle lema tal vez provenga cl nombre que t u v » en otras ciudades. 22 Scgún Ia Rc/afionc de Ja Romagna, también se llamaban, por su residência, h u o m i n i d.i Schicío: huomini, dice esta rclación, che si fanno mo/to riguardare.- sono Gue/fi: h coile di R o í magna si è valtifa dci/'opera íoro molto iitiiincnrc, massime in havere in mano banditi et in ovvianl| al/e fratidi che si fauno in estrarre bestiami daí/e montagne. 23 Marino Zorzi, Re/atione di 1517. Le terre di Romagna è in gran combtisfíone e desordine: li vien fatia poça /usfitia: e hii nrator ha visto ta/ x man di oratori a/ cardin.il di Mediei, cll#| negotia íc /acende Jamentandosi di mali portamenti lanno quelli rettori íoro.

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i «les encontramos un ejemplo u otro de una ruda oposición. El verano dei ano L 1521 hubo en Faenza una espécie de batalla callejera entre los suizos dei Papa I Lcrón y los habitantes de Ia ciudad. Los suizos pudieron reunirse en Ia Piazza JKTO los ciudadanos bloquearon todas Ias salidas de Ias calles que desemboca[pun en ella y aquéllos tuvieron que darse por satisfechos con que se les abriera una salida y se les dejara marchar sin dano. Faenza ha celebrado después ese • li.i durante largos anos con fiestas religiosas.24 Jesi, ciudad no muy importante, Ittivo ei valor de atacar en su palácio ei 25 de noviembre de 1528 ai vicegoI" rnador, que reclamaba ciertas demostraciones de honor que los vecinos le nr^iban. Se unieron ciudadanos y campesinos y se tomo a sueldo a cien albaBícses que se hallaban en Ias proximidades. El vicegobernador emprendió Ia lundu con todos sus funcionários. "Mi pátria —dice ei cronista de esta ciudad, (por Io demás católico muy piadoso—, que recobro así su primitiva libertad, cordó celebrar este dia todos los anos a costa dei erário público." 2 5 Como se comprende, Ia consecuencia de estos actos no podia ser otra ue castigos y sojuzgamientos mayores. El Gobierno aprovechaba estas ocasiom para arrebatar sus viejas libertades a ciudades que conservaban importantes Bstos todavia y someterlas así completamente. Como ocurrió esto, nos Io ensenan los casos notables de Ancona y PelUgia. Ancona solo pagaba ai Papa un tributo anual. Fué pareciendo más insuIcicnte a medida que aumentaban sus ingresos. En Ia corte de Roma se Jalculaban estos en 50,000 escudos y se consideraba intolerable que Ia nobleza kal se los repartiera entre si. Como Ia ciudad se sustrajo a nuevos tributos r se apoderó de un castillo que pretendia, esto ocasiono un franco rompiniinio. Véase como los Gobiemos hacían valer sus dcrechos ya por cntonces. «m funcionários dei Papa recogieron todo ei ganado de Ia comarca anconitana mi.i compensar Ia suma que importaban les tributos. A esto se llamaba reKialias. Pero Clemente VII no se dió por satisfecho con esto. Espero una ocaJon favorable para proclamarse senor efectivo de Ancona. Y preparo ei mo Bento con no poça malícia. Mando construir una fortaleza en Ancona bajo Ia excusa de que, estando •1 poder turco en gran adelanto en todo ei Mediterrâneo, después de sus êxitos en Egipto y en Rodas, muy pronto se habría de arrojar sobre Itália. J ü u é peligro no seria para Ancona, que ya tenía en su puerto una serie de onreos turcos, si no estuviera protegida por obra alguna! Mando a Antônio .Bnngallo construir Ia fortaleza. Los trabajos se efectuaron con Ia mayor rapidez, y pronto fué ocupada Ia fortaleza por una pequena guarnición. Era ei momento que esperaba ei Papa. En este punto Ias cosas, en septiembre de 15^2, apareció un dia ei gobernador de Ia Marca, Monsignor Bernardino delia purha, sacerdote, pero de temple guerrero, con un ejército de consideración, que pudo reunir gracias a Ia malquerencia de Ias localidades vecinas, se hizo
2< Tonduzzi, Historie di Faenza, p. 609. ü5 Baldassini, Memorie istoriche deWantichissimi città di Jesi. Jesi, 1744, p. 256.

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dueno de una de Ias puertas, llegó ai mercado y avanzó con sus tropas a palácio. En él vivían, revestidos con los signos de Ia máxima dignidad, los "ancianos" bacia poço elegidos por insaculación. Monsignore delia Barba entro con ; su séquito militar y les declaro sin ambajes que "ei Papa queria tener el:j gobiemo ilimitado de Ancona en sus manos". No era posible oponer ninguna resistência. Los nobili jóvenes hicieron venir a toda prisa dei campo a sus leales, pero iqué se iba a hacer, si Ias tropas dei Papa eran superiores s i n disputa con Ias nuevas fortificaciones? Los ancianos no querían exponer Ia | ciudad a los peligros de ia destrucción y ei saqueo y se sometieron a ia fatalidad; Los ancianos abandonaron ei palácio y, a poço, apareció ei legado dei Papa, Benedetto delle Accolti, ei cual había prometido a Ia Câmara 20,000; escudos anuales en calidad de derechos por ei gobiemo de Ancona. Toda ia situación cambio. Hubo que entregar Ias armas y fueron desterrados sesenta y cuarro nobili prestigiosos. Se reorganizo ia administración,, una parte de los cargos se otorgó a los no nobles, a los habitantes de Ia comarca y Ia justicia ya no se administro con arreglo a los viejos estatutos. jAy dei que se levantara contra estas disposiciones! Algunos principalei fueron sospechosos de conspiración y, en seguida, encarcelados, encadenados.1 y ejecutados. Al dia siguiente, en médio de Ia plaza dei mercado, se extendüí un tapiz sobre ei que se tendieron los cuerpos de los ajusticiados, colocándose una antorcha junto a cada cuerpo. El espectáculo duro todo ei dia. Es verdad que Paulo III alivio un tanto Ia situación, pero ei sojuzgamiento continuo, pues estaba muy lejos de querer restablecer Ias viejas 1 bertades.2* Por ei contrario, se sirvió dei mismo Bemardino delia Barba para acaba con ias de otras ciudades. El Papa había elevado ei precio de ia sal en una mitad. La ciudad de Perugia se creía autorizada, por sus privilégios, a oponerse a ^ s t a medida. E Papa pronuncio Ia interdieción y los ciudadanos, reunidos en Ia iglesia, eligieron una magistratura de "veinticinco defensores". Qepositaron Ias Havei 1 de Ias puertas ante un crucifijo colocado en Ia plaza. Ambas partes se apresta-' ron a Ia lucha. El hecho de que una ciudad tan importante se levantara contra cl senorío dei Papa produjo una agitación general. Hubicra tenido consecuencia^ notables de haber existido por entonces en Itália una guerra. Pero, como todo estaba en paz, nipgún Estado podia prestar Ia ayuda cn que Perugia había pensado,' Si bien Ia ciudad no dejaba de tener cíerto poder, no era este, sin embar» go, de proporciones suficientes para hacer frente a un cjército como cl qutt reunió Pedro Luis Famesio, de 10,000 italianos y 3.000 espanoles. El Gobiernq de los veinticinco se mostro más violento que conciliador. N i siquiera tiivicroa dinero para pagar a Ias tropas que puso a su disposición Baglionc. Su únio aliado, Ascanio Colonna, que también se opuso ai gravamen, se contento coi retirar ganado de los domínios eclesiásticos, pero no dió una ayuda seria.
28 Saracini, Not/z/e istoríche deila città d-Ancona, n, xi, p. 355.

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Al poço tiempo, ei 3 de junio de 1550, Ia ciudad tuvo que entregarse. Vestidos de duelo, con sogas ai cuello, aparecieron sus diputados ante ei pórtico de San Pedro para impetrar, a los pies dei Pontifice, su gracia. El Papa les concedió esta, pcro no les devolvió sus libertades, y desde enlonees se acabaron todos sus privilégios. Bcrnardino delia Barba llegó a Perugia para arreglar Ias cosas como en l i i i o n a . Fueron entregadas Ias armas, retiradas Ias cadenas con Ias que se solían " n.ir Ias calles, se allanaron Ias casas de los veinticinco, que habían podido •m.ip.ir, y, entretanto, en ei lugar que habitaron los Baglione, se constmyó una fortaleza que los ciudadanos tuvieron que pagar. Se les nombró magis•IUIOS. Su nombre senala ya su finalidad: conservadores de Ia obediência H Ia Iglesia. Otro Papa les devolvió más tarde el título de priores, pero ninguno I r los viejos privilégios.27 Entretanto Ascanio Colonna fué vencido también por el mismo ejército • desalojado de sus plazas fuertes. \ Con golpes tan afortunados, el poder dei Papa en su Estado aumento • i h d e m e n t e : ni ias ciudades ni los barones dei campo se atrevieron ya a hamr\r frente; los municípios libres se fueron sometiendo unos trás otros y pudo ptili/ar todos los recursos dei país para sus fines. Veamcs como llevó a cabo esto.

II. LA H A C I E N D A PAPAL que importa, en primer lugar, es que nos hagamos presente el sistema de hacicnda papal, sistema que no solo es importante para su Estado, sino para i Europa por el ejemplo que estableció. Si se ha observado que Ias actividades cambistas en Ia Edad Media deben lincipalmente su desarrollo a Ia naturaleza de los ingresos papales que, siencobrables en todos los países, habia que mandarlos desde todos ellos a Ia iria, tampoco hay que descuidar que el sistema de Ia deuda pública, que finalmente nos afecta a todos y condiciona todo el tráfico, también se desarro)or primera vez de manera sistemática en el Estado de Ia Iglesia. Aunquc fueran muy fundadas Ias quejas contra Ias extorsiones que se nitió Roma durante cl curso dei siglo xv, también es evidente que dei monlc Ias mismas muy poço llegó a manos de los Papas. Pio II disfrutó de Ia liencia general de Europa y, sin embargo, una vez tuvo que limitarse su séquito, por falta de dinero, a no hacer más que una sola comida diária. 200,000 ducados que necesitaba para Ia guerra en preparación contra los ws, tuvo que pedidos prestados. Rcvelan cuán pobre era en realidad Ia Dnomia de Ia casa aquellos médios mezquinos de que se servían algunos
'J1 Mariotti, Memorie istoriche cívili ed ecclcsiastichc delia città di Perugia c siio contado, II(IJ, 1806. relata estos sucesos. i, p. 113-160. de un modo fidedigno y dclallado. También más iinlc hacc alusión a cllos. p. cj. cn t, m. p. 634.

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Papas para obtener de un príncipe, obispo o gran maestre, con un asunto en Ia cúria, algún pequeno regalo, por ejemplo, un caliz de oro repleto de ducados o algunas pieles.28 Entraba dinero, si no en Ias cantidades extraordinárias de que se habla, si en cantidades considerables, pero, ya en Ia corte, se filtraba por miles de manos. Era absorbido por los cargos que, desde hacía mucho tiempo, se solía enajenar. La mayoría de esos cargos se basaban en emolumentos y Ia industria de los funcionários disponía de un campo bastante libre. El Papa no recibía de todo ello más que ei precio de venta, en caso de vacante. Si ei Papa queria emprender alguna acción costosa no le cabia más remédio que apelar a médios extraordiarios. Por eso tenía tanta afición a los jubileos e indulgências, pues Ia generosidad de los fieles le proporcionaba así un ingreso limpio. También había otro médio de fácil uso. Para hacerse con una suma importante, le bastaba con crear nuevos cargos y venderlos. Gênero especial de empréstito por ei que Ia Iglesia pagaba intereses bien crecidos y que estaba en uso bacia mucho tiempo. Según registro autêntico de Ia casa Gbisi, en ei afio 1471 había unos 650 cargos enajenables, cuya renta se calculaba alrededor de los 100,000 escudos.29 Casi todos son procuradores, registíadores, abreviadores, corredores, notarios, escribanos y hasta recaderos y conserjes, cuyo número creciente hacía subir cada vez más los costos de una bula o de un breve. Y esto era Io que les interesaba, porque, por Io demás, Io que tenían que hacer no era gran cosa. Se comprende que los Papas que a continuación mencionamos, que tanto se mezclaron en Ia política europea, hayan tenido que apelar con frecuencia a un médio tan cômodo de llenar Ias cajas. Sixto IV utilizaba para esto ei consejo de su protonotario Sinolfo. Instituyó de pronto colégios enteros, cuyoí puestos fué vendiendo por unos cuantos cientos de ducados. En esta ocasión aparecen títulos singulares, por ejemplo, un colégio de cj^n jenízaros, que eran nombrados por 100,000 ducados y podían ^mbolsarse Ias rentas de bulas y annatas.30 Notariados, protonotariados, procuradurías jen Ia Câmara, todo Io vendia Sixto IV y con tanto ahinco que se le tuvo por fundador dei sistema. Por Io menos, se hace habitual a partir de él. Inocencio VIII, que en sus apuros llegó hasta empenar Ia tiara, fundo un nuevo colégio de veintiséís secretários a 60,000 escudos y un montón de otros cargos. Alejandro IV nombró ochenta escribanos de breves, de los que cada uno tenía que pagar 750 escudos, y Júlio II afiadió cien escribanos de archivo, al»mismo precio.
28 Voigt, "Vocês de Roma sobre Ia cúria pontifícia en ei siglo xv" (Srimmen aus Rom ttebci c/en pacpstlichen l/o/ ini /iien/zchnfen /alirhundert) en Fr. von Raumer, Hislorische Taschenbuch, 1833, contiene muclias informaciones sobre ello. Quien tenga a mano cl libro Schlcsxn vor unrf scíl dem /ahie 1740, encuentra en él, 11, 483, una sátira bastante buena sobre ei abuso de los regaios cn cl siglo xv: Passio domini papac secundum marcam auri et argenti. 20 C/i uííicii mu antichi. MS. Biblioteca Chigi N. II. 50. Son 651 cargos y 98,340 escudos fin a)/a cre.ifione rli Sisto IV. Tan no es cierto Io que dice Onuplirius Panvinus, que Sixto IV fué cl prinicro cn venderlos: p. 34S. 30 EntTC cllos se encontraban también stradioti y mamelucos, pero más tarde fucron suprimidos. Adstipulatorcs. sine quibus milhe possent confiei fabu/ae. Onuphrius Panvinius. Según d registro uíficii antichi esta creación liabría producido tan solo 40,000 ducados.

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Pero Ias fuentes de donde estos centenares de funcionários recogían sus Ingresos no eran inagotables. Ya hemos visto como todos los Estados cristianos •tentaron limitar estos efectos de Ia corte romana. La gestión de los Estados Coincide con los momentos en que los Papas se ven obligados a hacer gastos [extraordinários por Ias grandes empresas en que se han embarcado. Guando Júlio II adscribió Ias annatas a los citados escribanos les anadió li ihgana y Ia caja pública. Instituyó un colégio de ciento cuarenta y un pie• e n t e s de Ia annona, que fué dotado totalmente con Ia caja pública. Los •eedentes de los ingresos dei país los dedico a conseguir empréstitos. Esto es |II que en este Papa llamaba más Ia atención a Ias demás potências: que podia •acerse con dinero como queria. Y, en gran parte, su política descansaba en • t e hecho. Pero todavia mayores necesidades que Júlio tuvo León X, no menos enrelado en guerras y más pródigo y dependiente de sus familiares. "Era tan imBosible —dice Francisco Vettori de él— que ei Papa pudiera tener nunca mil lucados juntos como que una piedra remonte por si misma ei vuelo." Se le Kiisaba de que había consumido ei tesoro de três Papas: ei de su antecesor, |rl que había heredado un importante tesoro, ei suyo propio y ei de su suce|0r, ai que dejó quebrantado de deudas. No se contento con vender los cargos M existentes, pues sus numerosos nombramientos de cardenal le aportaron lutuas importantes y prosiguió con gran denuedo Ia costumbre ya iniciada de Urnr nuevos cargos,. con Ia sola finalidad de venderlos. Él solo creó más | r 1,200.31 El mistério de todos estos •portionarii, scudieri, cabalieri di San Pietw, n i nino se llamen, es que tienen que pagar una suma por Ia que cobran inteIfws durante toda su vida. Su cargo no tiene ninguna otra significación que fmlwlsar intereses y disfrutar de alguna pequena prerrogativa. En rcalidad, Do se trata sino de una renta vitalícia. León X saco de esos cargos más de 900,000 escudos. Los intereses, muy importantes, pues representaban por ano |a octava parte dei capital, 32 se cargaron, en una cierta parte, a una pequena porción de Ias rentas eclesiásticas, pero en su parte mayor fueron cargados a IIIS tesorerías de Ias províncias recién conquistadas, es decir, a los excedentes de Ias administraciones municipales, a Ias minas de alumbre, a Ia venta de Ia inl y a Ia dogana en Roma. León X aumento ei número de cargos hasta dos inil quinientos cincuenta y sus ingresos anuales se estimaban en 320,000 escudos, que pesaban a Ia vez sobre Ia Iglesia y ei Estado. Por muy reprobable que nos parezea esta prodigalidad. ei Papa León se I ii incitado por ei hecho de que, de momento, tenía más efectos ventajosos c|iii' daninos. Si Ia ciudad de Roma prospero tanto en esta época en parte ihiibía que agradecerlo a esta gestión monctaiia. Ningún lugar había en ei munido donde se pudiera colocar ei capital tan lucrativamente. Mediante Ia
81 Sommario di /a rchtion di M. Minio, 1520: Non ha confanti, perche e liberal, non sa Iruii danari: poi Ji Fiorcntini. fche) si fanno c sono soi parenli, non li lassa mai aver un soldo: r ihti Pjorentíra è in gran ódio in corte, perche in ogni cosa è Fiotentini. ( ü2 Los 612 Portionarii di ripa —aggunli ai collcgio dei presidenti— pagaron 236,200 y reciI binou anualmente 38,816 ducados: los 400 Cavalicri di S. Pictro pagaron 400,000 y recíbicton I lil.dlO ducados ai afio.

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masa de nuevas creaciones de cargos, Ias vacantes y Ias transferencias se creó un movimiento en Ia cúria que ofrecía a todo ei mundo Ia posibilidad d e prosperar facilmente. También se consiguió que ei Estado no se viera en Ia necesidad de crear nuevos impuestos. Sin duda, ei Estado pontifício entre todos los de Itália, y» Roma entre todas Ias ciudades, contaban con ei menor número de impuestos. Ya antes se había acusado a los romanos de que mientras Ias demás ciudades sostenían a sus Senores con fuertes empréstitos y pesadas gabelas, ei Papa leshacía ricos. Un secretario de Clemente VII, que describió poço después el« cónclave que eligió a este Papa, expresa su extraneza de que ei pueblo romanojj no este más entregado a Ia Santa Sede, ya que sufre tan poço de los tributosJ "Desde Terrafina hasta Piacenza —exclama— posee Ia Iglesia una grande yl bella parte de Itália y su domínio se extiende ancho y distante y, sin embargo,] países florecientes y ciudades ricas, que sostendrían con sus tributos grandes ejércitos bajo otro Gobiemo, apenas pagan ai Papa de Roma Io suficiente par» sufragar los gastos de Ia administración." 83 Pero, por Ia naturaleza de Ias cosas, esta situación solo podia durar mientras hubiera excedentes en Ia caja pública. Ya León X no puder hacer frente M todos sus empréstitos. Aluise Gaddi le había adelantado 32,000 escudos, Benj nardi Bini 200,000; Salviati, Rodolfi y todos sus servidores y familiares, hicieJ ron Io posible para procurarle dinero; de su generosidad y juventud esperaban todos ellos restitución y brillante recompensa. Su muerte repentina los arruino.' Como se pudo dar buena cuenta su sucesor, dejó Ias cajas vacías. El ódio general que acompanó ai pobre Adriano se debió a que, en Ia gran necesidad de dinero en que se encontraba, acudió ai remédio de imponer Uffl tributo. Importaba médio ducado por hogar.34 La impresión fué tanto peot») por Io mismo que no había costumbre. Pero tampoco Clemente VII pudo evitar ei establecer nuevos impuestos indirectos. Se echaba Ia culpa ai cardenal Armellin, considerado como su inventor; cl mayor descontento Io produjo ei porfazgo de consumos, pero no hubo otro remédio. 35 La situación era tal que hubo de écharse mano de otras ayudas bien distintas. I Lista ahora los empréstitos se disfrazaron bajo Ia forma de cargos enajcnables y fué Clemente VII, en ei ano de 1526, en aquel momento decisivo en que se armaba contra Carlos V, quien se acerco a Ia forma pura dei empréstito.
33 Viancsius Albergatus, Commenfarü rerum sui temporis (no es más que una descripeión dei cónclave): Opulcntissimi popuíi et ditissimae urbes, quae si alterius dilionis essent, suis vectigalibus vcl magnos exercitus alere possent. Romano pontilici vix tantum tributum pendunt quantum in praetorum magistratutimque expensam suíficcie queat. En Ia Relación de Zorzi, 1517, se calculan, según una indicación de Francisco Armellin, los ingresos procedentes de Perugia, Spolcto, Ia Marca y Ia Romana juntos cn 120.000 ducados. De cllos Ia mitad fué asignada a l.i câmara papal. Di que) somma ia mità è per terra, per pagar i legati ef altri officii, c a/fra mifà lia il papa. Dcsgraciadamcntc se encuentran en Ia copia de esta relación, en Sanuto. no poças crrnlas. 3* "Hieronynio Negro a Marc Antônio Michcli. 7 Abril 1523". Lettere di pr/ncipi, i, 114. 35 Foscari. Kelationc 1526. E qualchc mtirmurafíon in Roma eriam per causa de) cardinal Armellin. qual fruova ntiove invention per trovar danari in Roma. e /a metter nove angarie, e fint\ chi porta tordi a Roma cl altre cose di nianzar paga tanto: Ia qual angaria importa da duc. 2500.

IIACIENDA P A P A L

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Con ei cargo, ei capital se perdia a Ia muerte si Ia familia no Io volvia a l|di|uirir de Ia Câmara apostólica. Clemente recibió a préstamo un capital de • 0 , 0 0 0 ducados, que no tenía unos intereses tan altos como suponían Ias intas de los cargos, aunque siempre eran de consideración ( u n 10 %) y se tnnsmitían a los herederos. H e aqui ei Monte non vacabile, ei Monte delia ir/i". Los intereses se cargaron a ia dogana. El Monte ofrecía una buena gamiii.i. pues se permitió a los acreedores tomar parte en Ia administración de Ia OHmia. Pero esto quiere decir que nos nos hemos alcjado de Ias vicjas formas, montistas formaron un colégio. Unos cuantos empresários pagaron Ia suma Câmara y Ia distribuyeron luego entre los miembros dei colégio. ^Podemos decir que Íos acreedores dei Estado, en Ia medida en que disliiii.ni de un derecho a los ingresos generales, ai producto dei trabajo de todos, IfK.in, por ello, a toner una participación mediata en ei ejercicio dei poder? Io menos así parecia comprenderse ei asunto en Roma, y los prestamistas ic avenían a entregar su dinero sin alguna forma de tal participación. Como veremos, fué esto ei comienzo de operaciones financieras cn gran
fiila.

Paulo III Ias prosiguió moderadamente. Se contento con rebajar los intees dei Monte clementino; como pudo asignar ingresos a menos intereses In, también, hacer subir ei capital casi en una mitad. Pero no instituyó i' un nuevo Monte. Es posible que Ia creación de seiscientos cargos nuevos Mimpcnsara de esta moderación. Pero Ias medidas que han hecho famoso nombre en Ia historia financiera dei Estado pontifício fueron otras. Ya vimos los resultados que produjo Ia elevación dei precio de ia sal. 1'uvo cjue renunciar. En su lugar, y con Ia promesa expresa de derogarlo, inlujo ei impuesto directo de "subsidio". Se trata de aquel impuesto directo DIIInido por entonces en muchos países meridionales, que encontramos en Ipiina con ei título de servido, en Nápoles con ei de donative y cn Milán |>n ei de mensuale, y con otros títulos en otros lugares. En ei Estado pontifício K introducido por três anos y fijado en 300,000 escudos. Se estableeió Ia • t e (orrespondiente a Roma y a Ias províncias, y se reunieron los parlamentos •Vinciales para hacer ei reparto por ciudades. Estas, a su vez, Io volvieron a llMiiluiír entre Ia ciudad y ei campo. Todo ei mundo debía contribuir. La llil.i decía expresamente que todos los súbditçs seglares de Ia Iglesia romana, «un los eximidos o privilegiados, incluídos marqueses, barones, feudatarios y jncionarios, tenían que entregar su parte para esta contribución. 38 No se pago sin una viva protesta, sobre todo cuando se vió que iba proMândose de três en três anos, sin que se derogara jamás. Pero tampoco llegó J»(T cobrada por completo en ningún caso.37 Bolonia, a Ia que se había fijado ilni , nota de 30,000 escudos, fué Io bastante avisada para eximirse de una por todas con una suma global. Parma y Plasencia fueron traspasadas y no
In Bailar. En cl aflo 1557 declara cl embajador francês: La debilite efu revenu de 1'eglisc Kstado), doní e//e n'avoi't poinf ma/ntenant -fOni. escus de rente par an de quoi eííe puisse pt tstat. Ribier, i, 69. Bula Dcccns esse censemus: 5 Scpt. 1543. Buli. Cocq., rv, i, 225.

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ESTADO Y CORTE

pagaron más. Fano nos ofreee un ejemplo de Io que pasó en otras ciudades. Bajo Ia excusa de que su cuota era excesiva, Ia ciudad se nego durante cierto tiempo a pagaria. Paulo III decidió perdonarles Ias cantidades vencidas, pero j bajo Ia condición de emplear una cantidad igual en Ia reconstrucción de sus i muralias. Más tarde siguió aplicándose una tercera parte de su cuota a este.] fin. A pesar de ello, generaciones sucesivas se han quejado de Ia cuantía exce- j siva de Ia cuota; también se quejaron sin césar Ias comunidades rurales, por Ia porción que Ias fijaba Ia ciudad, e intentaxon sustraerse a Ia obediência ] dei consejo municipal; mientras este defendia su autonomia, ellas con gusto sei hubieran entregado ai duque de Urbino. Nos llevaría demasiado lejos entrar.] en ei detalle de estos pequenos intereses. Bástenos con saber que dei subsidio] apenas si se cobro más de Ia mitad. 38 En ei ano de 1560 se estima su importes total en 165,000 escudos. Pero a pesar de todo, este Papa aumento los ingresos dei Estado de manera extraordinária. Bajo Júlio II se calculan en 350,000 escudos anuales, con Lcóna en 420,000 y con Clemente VII, en ei afio 1526, en 500,000. Poço después de Ia muerte de Paulo III, en un registro autêntico que ei embajador venecianoJ Dandolo se procuro de Ia Câmara, se estiman en 706,473 escudos. Sin embargo, los sucesorcs no encontraron gran mejoría. Júlio III se queja en una de sus instruccipnes de que su sucesor le ha cnajenado todos los ingre-í sos —sin duda con cxclusión dei subsidio, que no podia ser cnajenado puestoj que estaba fijado para três anos, por Io menos nominalmente— y de que, ade-l más, le ha dejado una deuda flotante de 500,000 escudos. 39 A pesar de ello, cuando Júlio III se compromete en una guerra contra los J franceses y los Farnesio, se enreda en Ias mayores complicaciones. AunquM los imperialcs le ayudaron con una suma no insignificante para aquellos tiemposJ todas sus cartas están llenas de lamentos. "Pensaba recibir de Ancona 100,00(1 escudos y apenas si ha recibido 100,000 bajoechi; en lugar de los 120,000 es-j cudos de Bolonia solo 50,000; inmediatamente después de Ias promesas hechafl por banqueros de Gênova y de Lucca estas harfsido retiradas; ei que tiene un centavo Io guarda y no quiere exponerlo." 40 N o había más remédio que apelar a medidas especiales si queria mantener su ejército. Se decidió a fundar un nuevo Monte y Io hizo en una forma que después ha sido imitada. Estableció un nuevo derecho cobrando dos carlin sobre ei rubbio de narina; después de todas Ias mermas le llegaron a él 30,000 escudos, cantidadj que destino a pagar los intereses de un capital que tomo a préstamo y así] fundo ei Monte delia farina. Notemos como esta operación financiera se aseme-J
38 Bula de Paulo IV. Cupicntes indemmtati: 15 Abril 1559. BuJ/ar. Cocq., rv, i, 358. Exa»| lio causantibus diversis exceptionibus iiberlatibus et immunitatibus a so/utibne ipsius subsidH diversjs coinmuniíaíibtis et iinivcrsiratibus et particularibus personis nec non civitatibus terra oppidis et íocis nostri síatus eccíesiastici concessis, et iactis díveisanim portíonum e/usdem subsidü donationibus seu remissionibus, vix ad dimidium summae Ireccntorum millium scutorum hujufinodi ascendit. 38 "Istruttione per voi Monsignore d'Imola: ultimo di Marzo 1551". Informationi poíirt che, t. XII. 40 U papa a Ciovamb. di Monte. 2 Abril 1552.

HACIENDA PAPAL

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i a Ias anteriores. Así como antes se crearon cargos eclesiásticos y se les retriiliyó con los ingresos crecientes de Ia cúria, con ei solo fin de poder vender pios cargos y tener a mano Ia suma que hacía falta en ei momento, así se Niimcntaron ahora los ingresos dei Estado mediante un nuevo impuesto dei • u c se servia unicamente como masa de intereses para pagar un gran capii 'I que no se hubiera podido obtener de otra manera. Todos los Papas posteriores hicieron Io mismo. Unas veces estos Monti eran, como ei clementino, Hon vacabili; otras vacabili, es decir, que con Ia muerte dei acreedor cesaba ia Bligación de pagar intereses, pero entonces estos eran más altos y Ia organi• ii iii colegial de los montistas se acercaba más a Ia figura de los cargos. PauIV instituyó ei Monte novennale deFrati sobre Ia base de Ia contribución que obligó a Ias ordenes regulares. Pio IV impuso un quatrin por libra de • t e y utilizo sus ingresos para fundar un Monte fio non vacabile, que aporto 170,000 escudos. Pio V cstableció un nuevo qitatrin sobre Ia libra i carne e instituyó ei Monte lega. Si consideramos este desarrollo en su conjunto se nos revela Ia importandel Estado de Ia iglesia. ^Cuáles son Ias necesidades que obligan a los Ipas a adoptar este gênero particular de empréstitos que supone un gravamen directo de su país? Por Io general se trata de Ias necesidades dei catolicismo general. Una vez que acabaron los dias de Ias tendências puramente políi n, ya no se piensa más que en Ias puramente eclesiásticas. Casi siempre ei 'Mui de nuevas operaciones financieras reside en Ia necesidad de ayudar a potências católicas en su lucha contra los protestantes o en sus empresas Jntra los otomanos. Por eso ei Monte fundado por Pio V se llama Monte gfl, porque ei capital que aporta se aplica a Ia guerra contra los turcos que Papa emprende en unión de Espafia y Venecia. Este sesgo se acentua cada más, y todo movimiento europeo afecta ai Estado de Ia Iglesia en esa m u . Casi siempre tiene que acudir a un nuevo gravamen para sostener intereses eclesiásticos. Por esta razón era tan importante Ia posesión de su lltado para poder afirmar Ia posición eclesiástica de los Papas. Pero no se contentaron solo con los Monti, sino que siguieron apelando los viejos médios. Continuamente crearon nuevos cargos o caballerate, con •Ivilcgios especiales, ya sea que Ias remuneraciones se cubrieran a Ia par Ipn nuevos impuestos o que Ia depreciación notória dei dinero aportara sumas Tbortantes a Ia Câmara.' 11 Así ocurrió que los ingresos de los Papas —después de una pequena baja jon Paulo IV, debida a sus guerras— crecieron continuamente. Todavia con bulo remontaron hasta 700,000 escudos; con Pio se estimaban en 898,482 pcudos. Paulo Tiépolo se asombra de que en ei afio de 1576, trás una ausência íueve anos, hayan aumentado en 200,000 escudos, llegando hasta 1.100,000. H r r o Io extraordinário, aunque no pedia ser de otra manera, es que no por eso k l Papas recibían más. Con los impuestos aumentaron también ias enajenaHoncs de Ias rentas. Se calcula que Júlio III enajenó 54,000 escudos de renta

t

I *> De este modo se hallaban Iiacia 1580 muchos luoghi di monte a 100 cn vez de 130: los •JUIIos de los vacabili se rebajaron de 14 a 9, Io que constituyó un gran ahotio.

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y Paulo IV 45,960, en tanto que Pio IV, que apelo a toda clase de médios, hasta 182,550. Con él ei número de los cargos enajenables se elevo a cuatro mil quinientos, como es natural con exclusión de los Monti, que no se contaron entre los cargos.4- Y Ia suma de Ias cnajenaciones llegó a 500,500 escudos, pero siguió creciendo, pues en ei afio 1576 llcgaba a 530,000. Y aunque los ingresos aumentaron mucho, Ias enajenaciones importaron casi Ia mitad.43 Los registros de Ias rentas papales de Ia época ofrecen ún cuadro extraordinário. Después de indicar a cada renglón Ia suma a cuya entrega se había obligado ei arrendatário —los arrendamientos rústicos se celebraban por \& regular por nueve anos—, se senala qué parte se ha enajenado de ella. Por ejemplo, Ia áogctna de Roma suministró ei ano de 1576 y los siguientes Ia respetable suma de 133,000 escudos, pero de ellos 111,170 estaban ya asignados^ y todavia sufrían otras retracciones, de suerte que Ia Câmara no recibía más de 13,000 escudos. Algunas gabelas sobre trigo, carne y vino se cancelabarw por completo, pues estaban asignadas a los Monti. De varias cajas provinciales»" denominadas tesorerías —que ai mismo tiempo tenían que sufragar los gastos de Ia província—, por ejemplo, Ias de Ia Marca y Camerino, no entro un solo bajocco en Ia Câmara apostólica. Y eso que a menudo se lesagregaba ei subsidio. Se hicieron tan fuertes asignaciones a cargo de Ias minas de alumbre» de Tolfa, en Ias que antes se confiaba más que en otra cosa, que sus ingresosl disminuyeron en unos cuantos miles de escudos.44 Para los gastos de su persona y de Ia corte ei Papa descansaba preferentemente en los ingresos de Ia dataria, que eran de dos clases, unos, más bien' eclesiásticos: composiciones, determinados pagos en virtud de los cuales Ia dataria consentia algunas irregularidades canónicas, como reservas, ei paso de un beneficio a otro, etc. Paulo IV los acortó mucho merced ai rigor con que procedió,45 pero volvieron a aumentar poço a poço. Los otros ingresos tenían'1 más bien caracter secular. Se producían en casos de vacantes y nuevas transfe-' rencias de Ias caballerate, cargos y puestos enajenables en los Monti vacabilú y fueron creciendo a medida que crecieron estos. Pero Jjacia 1570, ambas claseyi de ingresos juntas cubren apenas Ias necesidades diárias de Ia casa. El Estado de Ia Iglesia se vió en una situación nueva con esta marcha. Así como antes pregonaba ser ei Estado italiano con menos gravámenes, aliora no iba a Ia zaga de los demás y hasta los sobrepasaba;48 l o s h a b i t a n t e s s e , q u e j a b a n a b i e r t a m e n t e . D e Ia vieja i n d e p e n d ê n c i a m u n i c i p a l a p e n a s q u e d a b é ' n a d a . L a a d m i n i s t r a c i ó n se h a c í a c a d a v e z m á s r e g u l a r . L o s d e r e e b o s p ú b l i c o s

42 Lista degíi ufíicii de/Ja corte Romana. 1560. Bibl. Ghigi N. u, 50. Muchos otros Índice» de diferentes anos. *8 Tiépolo calcula que se emplearon además 100,000 escudos para sueldos, 270,000 para castillos y nunciaturas, de modo que ai Papa lc qucdaban 200,000 libres. Hace Ia cuenta de que los Papas con cl pretexto de sus necesidades para Ia guerra turca, tuvieron 1.800,000 escudos de ingresos, mientras que en rcalidad habían gastado para este fin tan solo 340,000. ** P. e. Entrara delia reverenda camera apostólica sotto il ponti/icato de N. S. Gregorio XIII fatta ne»'aiino 1576. MS. Gothana, n. 219. 45 Según Mocnnigo, 1560, produjo Ia dataria antes entre 10,000 y 14,000 ducados por mej. Bajo ei pontificado de Paulo IV estos ingresos oscilaron entre 3,000 y 4,000 ducados. «« Paolo Ticpolo, Reíatione di Roma in fempo di Pio IV e Pio V, dice ya: L'impositione

GRECORIO XIII

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Con frecuencia se solían ceder a los cardenales y prelados que estaban en favor ' que sacaban así bastante partido de Ia situación. Los paisanos de los Papas, os florentinos con los Médicis, los napolitanos con Paulo IV, los milaneses con Pio IV, disfrutaron de los mejores puestos. Pio V acabo con esto. Aquellos favoritos nunca habían administrado por si mismos, sino que dejaron ei cuidado • algún doctor júris;47 Pio V utilizo a estos doctores, pero ei provecho que llia a parar a los primeros se Io reservo para Ia Câmara. Todo era más ordenado 1 regular. Se había instituído una milícia y había reclutados 16,000 hombres; 'ío IV creó un cuerpo de caballería ligera; Pio V disolvió ambas instituciones: liquido Ia caballería y dejó Ia milícia abandonada a su suerte; toda su fuerza •rmada no llegaba a quinientos hombres, de los cuales, trescientos cincuenta nran en su mayoria suizos, y residían en Roma. Si no hubiera habido que deIfcnder Ias costas contra los ataques de los turcos, Ia gente hubiera perdido Ia [costumbre de Ias armas. Esta población bélica parecia querer hacerse pacífica. I M Papas deseaban gobernar ei país como un gran domínio cuyas rentas se rmplcaran principalmente en cubrir Ias necesidades de Ia Iglesia, aunque rn parte sufragasen los gastos de Ia casa. Ya veremos como en este aspecto tropezaron todavia con grandes difiíultades.

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III. LA ÉPOCA DE GREGORIO XIII Y DE SIXTO V 1) Gregorio X1I1 Crcgorio XIII —Hugo Buoncompagno, de Bolonia— que había prosperado Bino jurista y en los negócios dei mundo, era alegre y amante de Ia vida por naiuralcza; tenía un hijo, bien es verdad que anterior a su ingreso en ei sacerdócio, pero de todos modos habido fuera de matrimônio y, aunque desde enbnces llevó una vida regular, nunca fué, sin embargo, un tipo rigorista, y mi. bien le desagradaba Ia manera severa; parecia querer inspirarse48 más rn ei cjemplo de Pio IV, cuyos ministros volvió a reponer, que en ei de su •mediato antecesor. Pero con este Papa vemos lo que puede un sentir que lia llcgado a prevalecer. Cien anos antes "hubiera regido como un Inocen•0 VIII todo lo más, pero en este momento ni siquiera un hombre de sus condiciones se pudo sustraer a Ia tendência rigerista que- dominaba en Ia
lj;li-sia. «l/.i \t.ito ccc/csiastico è gravezza quasi insopportabi/e per essere per diversi alrri conti molto I if;i;r.iv'.ifo; —d'alienare piu entrate delia cíiiesa non vi è piu ordinc, perche quasi turre F entrate Hffrte si frovano gia alienatc e sopra I'incerto non si trovar/a chi desse danari. *1 Ticpolo, ibid. Qua/chc governo o Icgatione rispondeva sino a tre, quatro o forse setle I niila c piu scudi. J'anno. E quasi tutri a//egramen(e ricevendo il denaro si scaricavano dei peso • drl governo coí metrerc un doffore in iuogo loro. ** Se espero que iba a gobernar de manera distinta de Ia de sus antecesores: mifiori quaI dum hominumque captui accommodatiori ratione. Cominentarii de rebus Gregori X1I1 (MS.

•ibl. Alb.)

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ÉPOCA DE GREGORIO XIII Y SIXTO V

Existia en Ia corte un partido que se había impuesto como meta principal mantener aquel rigor. Se trataba de jesuítas y teatinos y de amigos suyos. Se cita a los monsignori Frumento y Corniglia, ai valiente predicador Francisco Toledo, ai datario Contarell. Pronto cobraron ascendência sobre ei Papa, con tanta mayor rapidez cuanto que trabajaban juntos. Le hicieron ver que ei prestigio de que gozo Pio V se debió sobre todo a su conducta personal; en todas Ias cartas que le mostraban no se hablaba de otra cosa sino dei recuerdo de Ia santa vida dei difunto, de Ia fama de sus reformas y de sus virtudes. Impedían que le llegara cualquier manifestación en sentido contrario. A Ia ambición de Gregorio XIII le dieron un matiz eclesiástico.49 Le tentaba mucho favorecer a su hijo y elevarlo a Ia dignidad de príncipe. Pero con los primeros favores que le demostro, haciéndole castellano de Sant'Ângelo y gonfaloniero de Ia Iglesia, sus amigos le plantearon una cuestiónj de conciencia. Durante ei jubileo de 1575 no permitieron que Giacomo permaneciera en Roma y, solo pasado este tiempo, consintieron su regreso, y esoJ porque ei disgusto dei joven ponia en peligro su salud. Gregorio caso a su hijo y permitió que Ia república de Venecia le nombrara nobili50 y ei rey de Espafia general de su guardiã. Pero siempre Io mantuvo muy sujeto. Cuando una vea| se permitió liberar de Ia prisión a un compafiero de universidad, ei Papa le desterro de nuevo y estuvo a punto de desposeerle de todos sus cargos. La esposa Io impidió postrándose a sus pies. Pero, de todas maneras, volaron sus esperan*] zas por mucho tiempo.51 Solo en sus últimos anos Giacomo tuvo influenciai sobre su padre, pero tampoco en los negócios importantes dei Estado ni de unj modo absoluto.62 Cuando se le rogaba que interviniera con ei Papa se encogíal de hombros. Si esto ocurría con ei hijo, mucho menos podrían esperar otros familiares un favor irregular o una participación en ei gobiemo: nonu/ró cardenales a dos| sobrinos suyos; también Pio V había hecho algo parecido, pero ai tercero, que no pretendia menos, se nego a recibirlo en audiência y/Te obligó a alejarse en efl término de dos dias. También ei hermano dei Papa se había figurado que había | Uegado ei momento de disfrutar de Ia dicha recaída sobre Ia casa; llegó hasta Or-1
49 Relatione delia corte di Roma a tempo di Gregorio XIÍI (Bibl. Corsini 714) 20 Fcbr. 1574; muy instructiva sobre este punto. El autor dice de Ia persona dei Papa: non è stato scruptiloso nô dissoluío mai e le son dispiaáute le cose mal ratre. ' o La República de Venecia tuvo con ese motivo Ia cucstión delicada de determinar su origcn. Se ha elogiado como prueba de Ia habilidad veneciana ei que se le llamó Signor Giacomo Boncompagno, "estrechamente relacionado con Su Santidad". Fué esto un recurso dei cardcnal Como. Cuando se habló de este asunto, ei embajador prcguntó ai ministro si era conveniente llamar a Giacomo hijo de Su Santidad. S. Sgri.i. /l/mo. prontamente, dopo avere sensato con mo/te paro/e il /a/to di S. Si. che prima che havesse a/cuno ordine ecc/esiastico generasse questo figliuolo, disse: che siipotrebbe nominarlo per il Sr. /acomo Boncompagno Bologhese strettamenta I congiimto con Sua Santirà. Dispaccio Pao/o Tiepolo, 3 Marzo J574. 81 Antônio Tiepolo, Dispacci Agosto Setf. 1576. En un despacho dei ano 1583 (29 de marzo) se dice: il Signor Giacomo non si lascia intromettere in rose di stato. *2 Solamente en estos últimos renglones se expresa Ia opinión, muy arraigada, que encuentro, p. cj., también en Ias memórias de Richelieu: prince doux et benin fut meilleur faomme que bon pape. Se verá en cuán limitada medida es esto cierto.

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vlcto, pero se encontro con un enviado de Ia corte que le ordeno regresar. Las Jégrimas le saltaban a los ojos y no podia resistir ei deseo de marchar a Roma, Bero una segunda orden le obligó a regresar a Bolonia.83 En una palabra, no se puede achacar a este Papa ei haber fomentado ei otismo ni haber favorecido a su família ilegítimamente. Cuando un carderecién nombrado le dijo que estaba agradecido a Ia casa y a los familiares Su Santidad, golpeó este los brazos de Ia silla, y exclamo: "A Dios y a Ia ita Sede tenéis que estar agradecido." Así, estaba dispuesto a afirmar Ia tendência religiosa. No solo trato de lar Ia piedad de Pio V, sino de excederia.54 Los primeros anos de su pontido decía misa três veces a Ia semana y Ia dei domingo nunca dejó de iria. El cambio de su vida no solo era irreprochable, sino edificante. Jamás un Papa ha cumplido con ciertos deberes de su cargo con más fideI M !. Tenía listas de personas de todos los países dignas de ser elevadas ai itcopado y se mostraba muy enterado cuando se le hacía alguna propuesta. ei mayor cuidado procedia en Ia promoción de estas altas dignidades. Sobre todo procuro fomentar una buena ensefianza eclesiástica. Con gran lierosidad apoyó a los colégios de jesuítas. Hizo importantes donativos a Ia lia de los profesos en Roma: compro casas, cerro calles y les asignó rentas |ru dar ai colégio Ia forma que hoy conserva todavia. Se penso en veinte lias y en trescientas sesenta celdas para los estudiantes; se le llamaba seminade todas las naciones. Para indicar que ei propósito era abarcar ai mundo Itcro, en su apertura se pronunciaron veinticinco discursos en diferentes idioy cada uno con su inmediata traducción latina.58 El Colégio Germânico, idado con anterioridad, estaba en peligro por falta de recursos y ei Papa le" lió 10,000 escudos de Ia Câmara apostólica, además dei palácio de San Jinar y las rentas de San Stefano de Montecelio. Hay que considerar a :gorio como autêntico fundador de este instituto, dei cual han salido ano afio camino de Alemania apóstoles dei catolicismo. También fundo un legio inglês y le doto de médios. Sostuvo los colégios de Viena y de Gratz tu propio pecúlio y no había ninguna escuela de jesuítas en ei mundo que gozara en una forma u otra de su generosidad. Por consejo dei obispo de jtlu fundo también un colégio griego. Se admitirían muchachos de trece a leiséis anos y no solo de países que estuvieran bajo Ia soberania cristiana, como Inrfú y Candía, sino también de Constantinopla, Morea y Salónica. Tenían liestros griegos; vestían ei caftán y ei birrete veneciano; se les quiso educar )inplctamente a Ia griega y no debían olvidar que habrían de volver a su Hria. Había que permitirles su rito Io mismo que su idioma y serían instruídos
M EI buen hombre se queja de que ei pontificado de su hemiano le era más perjudicial que |0, porque le obligaba a gastos mayores de Io que importaba Ia subvención de Gregorio. , M Seconda reiazione deli'ambasciatore di Roma Cimo. M. Pao/o Tiepolo Cavre. 3 M.iggio pi. NeJ/a religione ha tolto non solo d'imitar, ma ancora d'avanzar Pio V: dice per ('ordinário llicno tre volte messa alia settimana. Ha avuto particolar cura delle chiese, focendole non solo • rabriche et altri modi ornar, ma ancora colla assistência e frequentia di preti accrescer nel li" divino, M Dispaccio Donato li Genn. 1582.

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en Ia fe según los princípios dei concilio en que se unifican Ias Iglesias griega y latina.56 En esta preocupación por todo ei mundo católico cuenta también Ia reforma dei calendário. Era un deseo dei concilio tridentino: Io hacía riecesario Ia desviación de Ias grandes fiestas de su relación, fijada por resoiuciones conciliares, con Ias épocas dei ano. Todas Ias naciones católicas tomaron parte en esta reforma. Un calabrés poço conocido, Luigi Lilio, ganó renombre inmortal ai ofrecer métodos fáciles para acabar con ei desorden. Su proyecto fué comunicado a todas Ias universidades, entre otras Ias de Salamanca y Alcalá, y de todas partes llovieron aprobaciones. Una comisíón en Roma, cuyo miembro^ más acriVo y enterado era ei alemán Glavius,57 Io sometíó a una nueva invés-; tigación y resolvió en definitiva. En Ia empresa tuvo gran parte ei erudittW cardenal Sirleto. Se trabajó con cierto mistério, pues no se mostro a nadíe ei j nuevo calendário, ni siquiera a los embajadores, hasta que fué aprobado potij Ias diversas instâncias.58 Gregorio Io dió a conocer solemnemente. Ensalza< Ia reforma como una prueba de Ia inconmensurable grada de Dios a favor de Ia Jglesia.58 Perc no todas Ias actividades de este Papa fueron de naturaleza tan pa-j cífíca. Le causaba desazón que los venecianos celebraran Ias paces con ei turcoJ seguidas de un armistício de Felipe II. Si hubiera dependido de él, jamás se hubiera disuelto Ia Liga que ganó Ia batalla de Lepanto. La actividad dei PapaJ se ensancha con los distúrbios de los Países Bajos y de Francia y con Ias díscu-J siones de Jos partidos en Aiemania. Era incansable en sus pioyectos contra los protestantes. Las revueltas que Ia reina Isabel tuvo que dominar en Irlanda fueron animadas casi siempre desde Roma. El Papa no ocultaba que queríaw emprender una acción general contra Inglaterra. Ano trás afio sus nuncioM hablan de esto con Felipe II y con los Guisa. No dejaría de tener interésjj abarcar en conjunto todas estas tentativas, a menudo desconocidas por aquellod cuya perdición maquinaban y que, por último, condujeron ai episódio de Ia Armada Invencible. Gregorio XIII puso ei mayoí empeno en todas estas nego-, ciaciones. La Liga en Francia, que fué tan peligrosa prara Enrique III y para] Enrique IV, tiene su origen en las relaciones de este Papa con los Guisa. Es verdad que Gregorio XIII no apesadumbró mucho ai Estado con sus familiares, pero, por Ia naturaleza de sus empresas, tan amplias y tan costosaw tuvo que echar mano en gran medida de los recursos públicos. La expedicióry no muy importante, de Stuckley, que fracasó en África, le costó una suma] considerable. A Carlos IX le envio una vez 400,0Cfo ducados, conseguidos cory impuestos indirectos en las ciudades dei Estado. A menudo auxiliaba con sumas] de dinero ai enrperador y ai gran maestre de Malta. Pero también sus activida*! des pacíficas exigían gastos importantes. Se calcula que las ayudas para losj
«« Dispacáo Antônio Tiepolo 19. Marzo 1577: accio che /afio maggiori possano afíerrionat»-1 mente e con li verità imparata dar a vedere ai suoi Greci /a vera via. 57 Erythraeus: in quibus Chrisíophorus C/avius principem iocum obtinebat, 68 Dispaccio Oonato 20 Dec. 1582. 2 Giugno 1582. Elogia ai cardenal como un huomOi veramente di grande Jitteratura. 6» Bula dei 1J de febrero de 15S2, J 12. Bullar. Cocq., rv, 4, 10.

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estúdios de jóvenes le costaron 2.000,000.eo Mucho le debieron suponer también los veintidós colégios de jesuítas que le debíau su nacimiento. Dada Ia situación de Ias finanzas dei Estado —que nunca contaba con uri I excedente disponible a pesar dei aumento de los ingresos— debió encontrarse leon frecuencia en dificultades. Poço después de ser nombrado Papa los venecianos trataron de animarle hora un empréstito, Con atención creciente escuchó Gregorio Ia propuesta deliilluda dei embajador y cuando se dió cuenta de Io que este pretendia, exclamo: "Senor embajador, estoy perdiendo ei tiempo. La congregación se reúne •odos los dias para procurar dinero y no encuentra ningún médio efectivo."61 La administración pública de Gregorio XIII era ahora importante. Se •abía llegado a condenar Ias enajenaciones y Ia imposición de nuevos tributos, t>ii( s se cayó en Ia cuenta de Io peligroso y corrupto de un sistema semejante. Ifcri-gorio encomendo a Ia congregación que le procurara dinero, pero no raeMliintc concesiones eclesiásticas ni con nuevos tributos, ni tampoco con Ia ena•nación de Ias rentas de Ia Iglesia. iQué otro médio se podia encontrar? Son nota.bíes Ias dísposicíones adopíilas y sus efectos. Gregorio XIII, que seguia siempre un concepto jurídico absoluto, pareció icontrar que ei principio eclesiástico disponia de muchos derechos que no mia más que hacer valer para que aportaran nuevos recursos.62 No le preocup a respetar los privilégios que se le cruzaran en su camino. Sin consideración guna, anulo ei derecho de los venecianos a exportar trigo en condiciones ivorables de Ia Marca y de Rávena. Decía que estaba dispuesto a que los «ranjeros pagasen tantos impuestos como los nativos.63 Como no se sometieron i seguida, mando entrar en su almacén de Rávena., subastar Io que se encon•ra y meter en Ia cárcel a los propietarios. Pero esto no era mucho, solo lílalaba ei camino por ei que estaba decidido a marchar. Mucho más imporiitc* íaé que le pareció percibir ia existência de ciertos abusos entre ia aristokm ia de su país, abusos con los que queria acabar en provecho de Ia caja Bíblica. Su comisario en Ia Câmara, Rodolfo Bonfigliuolo, le presentó un •fuyecto con una extensa ampliación y renovación de los derechos feudales, Mi en Ia que no había pensado apenas. Considero que una gran parte de los u •uillos y bienes de Ias baronías dei Estado pontifício habían revertido ai '•jw, unos por h estinción de los derecho habientes, ottos por no pagar I icntas a que estaban obligados.64 Nada podia parecerle más oportuno ai
'"i Cálculo de Baronius. Posscvinus en Ciacconiuj Vitae Ponti/icum, iv, 37. Lorcnzo Priuli ll< iilu que gasto anualmente 200,000 escudos en opere pie. Los más autênticos y detallados sobre *r punto son los extractos de Ias relaciones dei cardenal de Como y de Musotti que comunica loquei ines ai final de los Annali de Maffei. »i Pispaccio 14 Mano J57J. Es una congregatione deputata sopra Ia provisione di danarí. I M Maffei, Annah di Gregoiio XIII, i, ]04. Calcula quç eJ Estado pontificio solo tenía 10,(100 escudos de ingresos libres. •8 pispaccio Antônio T/epofo 12 Aprií 1577. "i Pispaccio A. Tiepoío 12 Genn. 1579. II commissario delia camera attende con moita dili|tlti.i a ritrovare e rivedere scritture per ricupírare quanto dalli pontefici passati si è stato obligato ilullo in pegno ad alcuno, e vedendo che S. Si, gli assentisse volontieri, non Ia spargna o porta iprllo ad alcuno.

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Papa, que ya había adquirido bienes parecidos por extinción de línea o por dinero. Se puso en seguida a Ia obra. En Ias montanas de Ia Romana arrebato Castelnovo a los Isei de Cesena y Coreana a los Sassatelli de Imola. A los Rangone de Módena se les confisco Lonzano en una bella colina y Savinano en Ia | llanura. Alberto Pio entrego voluntariamente Bertinoro, para evitar ei proceso con que le amenazaba Ia Câmara, pero esta no se dió por satisfecha, pues le arrebato también Verucchio y otras localidades. Fué presentando Ias rentas todos los dias de San Pedro, pero no se le aceptaron más. Esto ocurrió en Ia Romana. Pero así se procedió también en Ias demás províncias. No solo se echá| mano a los bienes con cuyas obligaciones feudales no se cumplía; existia»! otros, en poder de los barones, que estos habían recibido en hipoteca; su origem jurídico estaba olvidado ya y venían pasando de mano en mano como propie-<| dad libre enriquecida de muchas mejoras; ahora se les ocurrió ai Papa y a su comisario Ia conveniência de resolver Ias hipotecas. De este modo se hicieronj duefios dei castillo Sitiano, depositando Ia suma de 14,000 escudos, que ni cora mucho representaba ei valor de Ia finca. El Papa puso demasiadas esperanzas en estas acciones. Creía ganar méritos para ei cielo si conseguia aumentar los ingresos de Ia Iglésia, sin apelar a nuevos tributos, tan siquiera en 10 escudos. Calculaba satisfecho que los ingre-J sos dei Estado pontificio habían aumentado en 100,000 escudos en poço tiempffl y por vias legales. Aumentan, así, Ias posibilidades de abordar empresas contrai los herejes e infieles. En Ia corte Ia mayoría prestaba su asentimiento. "Esta Papa se llama alerta [esto significa Gregorio] —decía ei cardenal de Como—i quiere estar alerta y recobrar Io suyo."98 Pero en ei país estas medidas produjeron otra impresión entre Ia aristo-| cracia. Muchas grandes famílias se vieron de pronto despojadas de una posesión que consideraban de todo derecho. Otras se sentían amej>azadas. Todos los dias se examinaban viejos papeles en Roma y s/ encontraban nuevos derechos que hacer valer. Pronto, nadie se sintió seguro y muçhos se decidieron a deA fender sus bienes con Ias armas antes de contestar ai comisario. Uno de esto» feudatarios le espeto ai Papa: "Si de todos modos hay que perder, por lo menos se siente cierto gusto cuando uno se defiende." Por ia influencia de Ia nobleza sobre los campesinos y sobre los nobili de Ias ciudades vecinas, se produjo efervescência en todo-ei país. Se anadió que ei Papa, mediante unas medidas mal calculadas, también infligió serias perdidas a algunas ciudades. Entre otras cosas había subido los derechos aduaneros de Ancona, creyendo que ei aumento recaería sobre los comerciantes y no sobre ei país. Con esto hizo un dano a Ia ciudad dei que ya no pudo reponerse; ei comercio se alejó repentinamente. De poço sirvió qua Ias tasas fueran retiradas y que los ragusanos recobraran sus viejas libertades.
65 Dispaccio 21 Ott. 1581. Sono molti anni che Ia chiesa non ha havuto pontefice di questo nome Gregorio, che secundo Ja sua etimologia greca vuol dire vigilante: questo che è Gregorio « vigilante, vuol vigilare e ricuperare il suo, e li par di far un gran servitio, quando ricupera alcunt cosa, benche minúna.

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Las consecuencias fueron inesperadas y extranas. La obediência, y más en un país tan pacífico, reposa siempre en una suInisión voluntária. Pero los elementos de agitación no estaban eliminados sino Unicamente reprimidos; solo Ia hegemonia dei Gobiemo los mantenía ocultos. Pero tan pronto como cedió en un punto Ia subordinación, esos elementos lubieron a Ia superfície y se presentaron con ímpetu de lucha. El país parecia recordar de pronto que durante siglos había sido muy guerrero, aficionado a las •rmas e independiente en médio de sus luchas de partido. Empezó por menosBreciar ei gobiemo de curas y doctores y volvió ai estado de ânimo que era 11 suyo natural. No es que se produjera una oposición, una revuelta contra ei Gobiemo, bero ya era bastante que por todas partes empezaran a resurgir los viejos partidos. Toda Ia Romana apareció de nuevo escindida por ellos. En Rávena los Rasponi y los Leonardi, en Rímini los Ricciardelli y los Tignoli y en Cesena •M Venturelli y los Sassatelli. Es decir, con ei nombre viejo, gibelinos y güellos, pues si bien los intereses en pugna habían cambiado mucho, los nombres •urgieron de nuevo. A menudo los partidos poseían cuarteles especiales o se ••bían hecho duefios de diferentes iglesias. Llevaban pequenos distintivos: los •üelfos, Ia pluma a Ia derecha dei sombrero, los gibelinos, a Ia izquierda;M L división penetro hasta Ia más pequena aldea y nadie hubiera perdonado Ia Vida ni a su hermano de pertenecer este a Ia facción contraria. Algunos se des^Icieron de sus mujeres por ei asesinato para tomar mujer de una família que •erteneciera ai mismo partido. Los pacifici no servían ya, entre otras cosas porue ei favor había hecho entrar en esta corporación a gentes de menos valia, as facciones administraban justicia dentro de si mismas. A menudo declaraban mocente ai que había sido condenado por los tribunales papales. Irrumpieron tn las prisiones para libertar a sus amigos, y a sus enemigos los buscaban también en ellas; a veces se veían ai dia siguiente sus cercenadas cabezas exbucstas en Ia fuente de Ia plaza.87 Como ei poder público era tan débil, montones de foragidos formaron pequenos ejércitos en Ia Marca, en Ia Campana y en todas las províncias. A su cabeza iban Alfonso Piccolomini, Roberto Malatesta y otros jóvenes |K mnecientes a las famílias más distinguidas. Piccolomini se apoderó dei ayunlarniento de Monte-abboddo; mando buscar a todos sus enemigos y los hizo ijrtutar ante los ojos de sus madres y esposas; tan solo de Ia familia Gabuzio murieron nueve. Mientras tanto, sus secuaces bailaban en Ia plaza. Cruzo lodo ei país con ínfulas de Sefior; en los dias aciagos se hacía pasear delante dr su tropa en un litera. Aviso a los habitantes de Cometo que se dieran prisa > recoger sus cosechas, porque iba a quemar los sembrados de su enemigo r Mino Orsino. Él personalmente se comporto con cierto honor: arrebato a un

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"O En las Relatione delia Romagna se encuentran las diferencias neJ tagliar dei pane, neí «ligersi, iii portare il pennacchio, fioeco o fiore ai capello o aWorecchio. •t En ei MS. Sixtus V Pontiiex M. (Bibl. Altieri, Roma) se encuentra Ia descripeión detaH.i'1.1 de esta situación.

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mensajero Ias cartas, mas no toco ai dinero. Pero tanto más ávidos y rapaces se mostraron sus companeros. De todas partes acudían a Roma los delegado* de Ias ciudades en busca de ayuda.68 El Papa aumento su fuerea armada y diò> plenos poderes ai cardenal Sforza, mayores de los que nadie hàbía poseído de»* de los tiempos dei cardenal Albornoz. No solo debía proceder sin tener en cuenta los privilégios, pero ni siquiera Ias normas jurídicas ni Ias formas de proceso alguno y con manu regia.69 Giacomo Boncompagno salió ai campo yi consiguió dispersar Ias partidas, limpiar ei país de ellas, pero volvió a instaurara* ei anterior estado de cosas en cuanto Ias fuerzas se alejaron. Una circunstancia especial coadyuvó en este desorden. El Papa, que a menudo fué tenido por demasiado bondadoso, había tomado muy en serio tanto sus derechos principescos como los eclesiásticos.7*! No tuvo reparos con ei emperador ni con ei rey de Espana, ni considerariam alguna con sus vecinos. Y no solo con Venecía se enzarzó en mil cuestionesJ sobre ei asunto de Aquileya, sobre Ia inspección de sus iglesias, etc. —los enw bajadores no aciertan a describir Ia indignación dei Papa cuando se le habla* de estos asuntos, ei resentimiento de que da muestras—, sino también con Toscana y Nápoles; Ferrara fué tratada sin contemplacíones; Parma acababai de perder grandes sumas en sus pleitos con ei Papa. Todos estos vecinos se alegraron ai ver ai Papa embarullado con Ias revueltas y, sin gran disgustoJ acogieron a los bandidos en sus países para soltados, a Ia primera ocasión, sobre ei território pontifício. El Papa les rogo inutilmente que desistieran. Les parecia un poço extrano que no guardando Roma consideración alguna a nadie, ahora Ia pidiera para si.71 De este modo Gregorio no pudo dominar a sus rebeldes. No se pagaba>l tributo alguno y ei subsidio no Uegó. En todo ei país se produjo un desconten4 to general y hasta algunos cardenales se preguntaban si no seria mejor adhe-j rirse a otro Estado. ^ No era posible pensar en continuar en estas circunstancias con Ias medidas adoptadas por ei comisario de Câmara. En djciembr&de 1581 ei embajadod veneciano comunica de modo expreso que ei Papa ha suspendido todos los proJ cesos en matéria de confiscaciones. Tuvo que sufrir que Piccolomini se presentara en Roma y le hicicra llegar]
«8 Dispacci Donato dei 1582. fl9 Breve, para Sforza, reproducido en los Dispacci. Omnimodam facultarem potcsfafem)| auetoritatem et arbitrium contra quoscunque bannitos facinorosos receptatores fautores compIicMj et sequaces etc. nec non contra communitafes universitates er' civitates terras et castra et a/ioj cu/uscunque dignitatis vel praeeminentiae, Barones Duces et quavis autoritate fugentes, et extra/udicía/iter et /uris ordine non servato, etiam sine processu et scripturis, et manu regia ilibsquo omnes et singulos puniendi tam in rebus in honis quam in personis. 10 Ya en 1578 Io advirtió P. Tiepolo. Quanto piu cerca d'acquistarsi nome di giusto, tanto | piu Io perde di gratioso, perche concede mo/to meno gratie estraordinarie di que! clie ha fatio altro pontefice di molti anni in qua: —Ia qoaí cosa, aggiunta a7 mancamento ch'è in lui di certí ofíici grati et accetti per Ia difficoltâ massimamente naturaíe che ha nel parlar e per le pochissinJ parole che in ciascuna oceasione usa, fa ch'eg'i in gran parte manca di quel/a grafia appresso le persone. TI Dispaccio Donato 10 Seft. 1581. E una cosa grande che con non dar m.ii satisfationi nissuna si pretende d'avere da altri in quello che toeca a/la íibertà de/Jo stato suo corrcntemenMf ogni sorte d'ossequio.

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mu petición de absolución. 72 Le corrió un calosfrío cuando leyó ei documento, cnn toda Ia larga serie de crímenes que tenía que perdonar, y Io dejó sobre Ú» mesa. Pero se le decía: de três cosas una; o su hijo Giacomo morirá a manos tlr Piccolomini, o este tendrá que ser muerto por Giacomo, o no hay más (irmcdio que absolver ai bandido. Los confesores de San Juan de Letrán dcclararon que, aunque no querían romper con ei secreto de confesión, podían •ciir por Io menos que iba a ocurrir una gran desgracia de no hacerse algo. A Ipdo esto se anadía que Piccolomini estaba protegido por ei gran duque de Toscana, como se dejaba ver por ei hecho de que vivia en ei palácio de los Médicis. Por fin, con gran dolor de su corazón, se decidió ei Papa y firmo •1 breve de absolución. Pcro no por esto se restableció ei orden. Su propia capital estaba infestada bandidos. Las cosas llegaron ai extremo de que tuvo que intervenir Ia mailratura municipal de los "conservadores" para que fuera obedecida Ia policia li Papa. U n tal Marianazzo rechazó ei perdón ofrecido: "Le era más ventajo—decía— vivir como bandido, pues tenía mayor seguridad." 73 El anciano Papa, cansado de Ia vida y débil, elevo Ia mirada ai cielo y :lamó: "Te levantarás, Senor, y te apiadarás de Sión." 2) Sixto V linda como si en todas estas revueltas se escondiera una fuerza secreta capaz agitar y dirigir a los hombres. Mientras en ei resto dei mundo los principados o las aristocracias iban nsmitiendo su seiiorío de generación en generación, ei principado eclesiástitenía de particular que se podia ascender a él desde los estratos más bajos ]a sociedad. De ellos salió un Papa dotado de Ia fuerza y ei temple necesa• para poner término ai caos. Muchos habitantes huyeron a Itália con los primeros êxitos de los o t o |lnos en las provincias de Iliria y de Dalmacia. Se les vió llegar, sentarse por Mpos en Ia ribera y elevar sus brazos ai cielo. Entre estos fugitivos se hallaba bablcmente un antepasado de Sixto V, Zanetto Peretti, de origen eslavo. Y, mo ocurre con los refugiados, ni él ni sus descendientes, que residieron en liuHalto, pudieron ufanarse en su nueva pátria de una suerte especial. Pierlltili Peretti, padre de Sixto V, tuvo que abandonar Ia ciudad a causa de sus ilidas y solo por su matrimônio estuvo en situación de arrendar un huerto en íte a Maré, en Fermo. Lugar extraordinário donde, en médio de Ia vegetam, se descubrieron las ruínas de un templo de Ia Juno etrusca, de Ia Cupra. ) faltaban los frutos dei sur, pues Fermo disfrutaba de un clima más suave r ei resto de Ia Marca. Aqui le nació a Peretti un hijo, ei 13 de diciembre 1521. Poços dias antes había tenido un sueno en ei que, ai dolerse de las
11 Donato 9 Apiil 1583'. 1/ sparagnar Ja spesa e Tajsícurar B Signor Giacomo, che /o desiâeI, cf il fuggir Coccasione di dísgustarsi ogni di piu per questo con Fiorenza si come ogni di wniva, ha fatio venir S. Sà. in quesfa risoíutione. TJ Che ii viver fuoruscito J'intorni piú a conto e di maggior sicuríà. Grcgorio gobemó desde li de mayo de 1572 hasta ei 10 de abril de 1585.

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muchas desgracias que le habian aqúejado, fué consolado por una santa voz que le aseguró que tendría un hijo que seria Ia felicidad de su casa. Con toda Ia vivacidad de una mentalidad softadora, ya de por si inclinada a Ias zonas de Io misterioso, con una confianza exagerada por Ia necesidad, concreto su esperanza dándole ai hijo ei nombre de Félix.74 Comprenderemos Ia situación en que se hallaba Ia família si recordamos, por ejemplo, que ei muchacho cayó una vez en un estanque en ei que su tia lavaba Ia ropa y fué ella quien le saco; que tenía que vigilar Ia fruta y guardar los cerdos; aprender a leer en Ia cartilla que los chicos, que tenían que atravesar ei campo para ir a Ia escuela, le dejaban ai volver de ella, porque ei padre no contaba con cinco bajocchi sobrantes para poder pagar Ia mensualidad ai maestro. Por fortuna, Ia família tiene un pariente franciscano, Fra Salvatore, que se ablanda hasta pagar ei gasto de Ia escuela. A ella fué Félix, con su zoquete de pan, que comia todos los dias junto a Ia fuente, que le regalaba su líquido. A pesar de circunstancias tan precárias, Ias esperanzas dei padre pasaron ai corazón dei hijo y cuando este entro a los doce anos —todavia ningún concilio tridentino había prohibido votos tan tempranos— en Ia orden franciscana, conservo su nombre de Félix. Fra Salvatore le trato con severidad, empleó Ia autoridad de un tio que a Ia vez representa ai padre. Sin embargo, le envio a Ia escuela. Frecuentemente Félix estudiaba sin haber cenado, a Ia luz de una lintema en ei claustro y, cuando esta se apagaba; junto a Ia lámpara que luría en Ia iglesia ante ei Sagrario. Ningún rasgo se nos describe que delate en él un especial entusiasmo religioso o una profunda inclinación científica; solo sabemos que hizo rápidos progresos, tanto en Ia escuela de Ferno como en Ias escuelas y universidades de Ferrara y Bolonia, adquiriendo los grados acadêmicos con Ia mayor loa. Especialmente se desarrolló en él un talento dialéctico. Se apropió en alto grado de Ia habilidad monacal para tratar confusas cuestiones teológicas. En ei afio de 1549, en un congreso general de los franciscanos, en ei que se celebraron también concursos literários, disputo con gran habilidad y presencia de ânimo con Antônio Pérsico, de Calábria, que había ganado mucha fama en Perugia.75 Este triunfo le proporciono cierto prestigio y ei protector de Ia orden, cardenal Pio de Carpi, se le aficionó mucho. Pero su verdadera fortuna le viene de lado muy distinto.
7* Tempesti, Sloria de/Ia vita e geste di Sisto V, 1754, consulto ei archivo de Montalto sobre ei origen de su héroe. Las aseveraciones de Tempesti son confirmadas* y ampliadas por Huebner, Sixte V, i, 204. Un documento autêntico constituye Ia Vita Sixti V, ipsius manu emendata, MS, de Ia Bibl. Altieri de Roma. Sixto nació cum pafer Ludovici Veccnii Firmam' hortum excoleret, mater Dianae nurui ejus perhonestae matrona? domestica ministeriis operam daret. En edad muy avanzada, esta Diana pudo presenciar ei pontificado de Sixto. Ânus senio confecta Roman delem vo/uit, cupida venerari eum in summo rerum humanarum fastigio positum, quem oJitoris sui filiam paupere victu domi suae natum aluerat. Por Io demás pavisse puerum pecus et Picentes memorant et ipse adeo non diffitetur ut etiam prae se ferat. En Ia Biblioteca Ambrosiana, R. 124, se cncuciitra F. Radice de/J'origine di Sisto V, información con fecha dei 4 de mayo de 1585, que no dice sino cosas insignificantes. 7S Si-tus V Pont/fex Maximus: MS. de Ia Biblioteca Altieri. Eximia Persicus apud omnes /ate fama Perusiae philosophiam ex Te/esii píacitis cum publice doceret, novitate doctrinae tum primam nascentis navitiim ingenii Iumcn mirifice illustrabat. Montaltus ex universa theo/ogia excerpfas polifiones cardinali Carpensi inscriptas tanta cum ingenii laude defendit ut omnibus admirarioni lucrit.

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El afio de 1552 predico Ia cuaresma en Ia iglesia de los Santos Apóstoles de Roma, con ei mayor aplauso. Sus sermones eran vivos, ricos en palabras y fluyentes, sin alardes retóricos, llenos de orden y de lenguaje claro y agradable. Un dia, con Ia iglesia repleta, se detuvo en médio dei sermón, a Ia costumbre de Itália y, luego de descansar un momento, empezó a leer Ias cédulas con Ias ücostumbradas peticiones y ruegos, cuando he aqui que tropezó con una que había sido encontrada sellada en ei púlpito y que contenía cosa muy diferente. Sc hallaban sefialadas en ella Ias tesis principales sostenidas en sus sermones por Peretti, especialmente Ias que se referían a Ia doctrina de Ia predestinación, y junto a cada una escrito con grandes letras: jMientes! Peretti no pudo disimular por completo su asombro; se apresuró a acabar y, una vez llegado a [casa, mando ei papelito a Ia Inquisición.76 Muy pronto se le presentó en su celda ri Gran Inquisidor, Michel Ghislieri. Comenzó ei riguroso examen. Más tarde lha contado muchas veces Peretti ei temor que le infundió Ia presencia de este Lhombre, con sus severas cejas, ojos hundidos y rasgos muy marcados en su rosItro. Sin embargo, se repuso, contesto bien, sin caer en ningún renuncio. Cuand > ei Gran Inquisidor vió que ei hermano no solo era inocente, sino muy < Instruído y firme en Ia doctrina católica, se volvió otro hombre, le abrazó entre lágrimas y llegó a ser su segundo protector. Desde entonces Fra Felice Peretti se mantuvo decididamente ai lado dei tnrtido extremista que iba ganando terreno en Ia Iglesia. Entabló Ias más estrechas relaciones con Ignacio, Felino y Filippo Neri, que después asumieron halo ilc santidad. El hecho de haber encontrado resistência en su orden, que trato de [leformar, y de haber sido expulsado una vez de Venecia por sus cofrades, aumen|tó su prestigio ante los representantes de Ia nueva tendência que había subido . 1 poder. Fué introducido ante Paulo IV y Uamado a consejo en casos difíciles. 1 ^Trabajó como teólogo en Ia congregación para ei concilio de Trento y como uponsultor en Ia Inquisición; tuvo gran parte en Ia condenación dei arzobispo ÍCarranza y no escatimó ningún esfuerzo para encontrar en los escritos de los «protestantes los pasajes adoptados por Carranza en los suyos. Se ganó por completo Ia confianza de Pio V, que le nombró vicario general de los francis[Cunos expresamente con Ia intención de autorizarle a Ia reforma de Ia orden. [Peretti procedió con energia: destituyó a los comisarios generales que disponían dei poder supremo de Ia orden; restauro Ia vieja constitución, por Ia que ese poder pasaba a manos de los provinciales, y puso en práctica Ia inspección más rigurosa. Pio V vió cumplidas con creces sus esperanzas, y considero su dcbilidad por Peretti como una espécie de inspiración divina. Sin hacer caso t\v Ias murmuraciones, le nombró obispo de Santa Ágata y cardenal en ei fino de 1570. También se le atribuyó ei obispado de Fermo. Ya poseedor de Ia púrpura Cnrdenalicia, Peretti volvió a su país, allí donde en su infância había cuidado
7» Relato dei mismo manuscrito..Jam priorem orationís partem exegerat, cum oblatum líbelluin • frilgnat ac racitus, up populo sumiriam exponat, legere incipit. Quotquot ad eam diem cathoJicae íídeí dogmata Montaltus pro concione affirmaraf, ordine co/lecta continebat singu/isque id tantum ."Mcli.it. literis grandíoribus: Mentiris. Comp/icatum diíigenter libellum, sed ita ut consternatíoiiis ItiMiirestus multis esset, ad pectus dimittit, orationemque brev ipraecisione paucís absolvit.

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Ia fruta y ei ganado de su padre; pero todavia no se habían colmado Ias esperanzas de este ni Ias suyas propias. Muchas veces se han relatado Ias supuestas intrigas dei cardenal Montalto —así se llamaba ahora— para llegar a cenir Ia tiara: Ia humildad con que J se presentaba y su mismo simulado aspecto enfermízo, encorvado, tosiendo y j arrastrándose con un bastón. Pero se adivina, en seguida, que en todos estos ] relatos no hay mucho de verdad, pues no es esta Ia manera de lograr Ias supre- \ mas dignidades. Montalto vivia tranqüilo, con economia y aplicación. Todo su placer con- j sistía en plantar árboles y vifías en su vinedo —visitado todavia hoy— de Santa i Maria Maggiore, y en hacer algún favor a su pátria. En Ias horas de trabajo, ] le ocupaban Ias obras de San Ambrosio, que edito en 1580. Aunque Ias elaboro I mucho, su manera fué un poço arbitraria. Por Io demás no fué tan inocente! como se ha dicho; ya una relación dei ano 1574 nos Io describe como erudito I y agudo, mas también como astuto y maligno." Pero mostraba un extraordina- j rio domínio de si mismo. Cuando fué asesinado su sobrino, ei esposo de Vittoria} Accorambuona, fué ei primero en pedir ai Papa que desistiera de ias pesqui-J sas. Esta conducta, que asombró a todos, ha contribuído quízá más que nada j a abrirle Ias puertas dei Papado. Como se achaco ia culpa dei asesinato a uno de los más próximos parientes de Ia casa Médicis, a Paulo Giordano Orsini, se pen- I só que Montalto había renido para siempre con esa casa. No se podia creer que I los Médicis pudieran pensar en elevar ai pontificado a un hombre que en ese I caso estaria en situación de vengar ei agravio sufrido. Sin embargo, esto fué Io que sucedió. Desde hacía tiempo ei gran duque de Toscana mantenía relaciones amis- | tosas con Montalto; su hermano, ei cardenal Fernando de Médicis, nos dice
77 Un Discoiso sopra i soggetti papabi/i, durante ei pontificado de/ Gregorio XIII dice de Montalto: La natura sua, fenuía terribiíe imperiosa et arrogante, non li può punto conciliare /a grafia. Vemos que, como cardenal, tuvo Ias mismas características que como P3pa. Gregorio XIII j decía a menudo a los suyos: caverent magnum ilíum cinerarium. Famesio le vió acompafiado de los dominicos, Traiii y Justiniano, que también se liacían sus esperanzas. El autor de Sixfus V P. M. le hace decir: Nac Picenum hoc jumentum magni/ice olim exiliet, si duos ilhs, quos hinc atque ií/inc maie ferf, carbonis saccos excusserit, y afiade que precisamente a causa de esta esperanza se habíi | casado Ia Accorambuona con cl sobrino de Sixto. Por Io demás, cl gran Duque Francisco de Toscana j tuvo gran parte cn esta elección. En un despacho dei embajador florcntino Alberti, dei 11 de mayo de 1585 (Roma Filza n. 36) se dice: Vra. Aítezza sia so/a que/ia che come conviCne goda il frutto\ deWopera che cila ha fatia [se trata de esta elección] per avere questb Pontefice amico e non altro | se ne faccia be/Io. En otro despacho florentino se dice: II papa replica, che il gran duca aveva [ mo/te ragioni di desidcrargli bene, perche egli era come quel agricoltore che pbnta un /rutto che ha poi caro insieme di vederío crescere et andare avanti lungo tempo, aggiungendoli che egli era stato quel/o che dopo il Signor Iddio aveva condofta quesfopera, che a lui solo ne aveva ad aver ob/igo, e che fo conosceva, se ben di queste cose non poteva parlar con ogn'uno. Como vemo», j ocurrió algo muy diferente detrás de bastidores, de Io que poço o nada «abemos. Así escribí en ei afio de 1837. Desde entonces ei barón Huebncr dedico a este asunto amplios estúdios y publico en su Sixte-Quinte (1870) un relato detallado sobre ei cónclave, relato documentado en un gran nu- ! mero de actas de archivos de los más diversos países. Resulta de este relato que ei hermano dei | Gran Duque de Toscana, cl cardenal Fernando de Médicis, dirigió y decidió Ia elección. Sobre todo es importante un informe que rindió este último a su hermano, en ei mismo dia de Ia elección (24 de abril de 1585), n, 459. De este informe tomo los datos que intercalo cn esta última edición, y por Io que se distingue esta de Ias anteriores. La elección tuvo lugar cl 24 de abril de 1585.

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como, entre todos, se había fijado desde un principio en Montalto.18 Por Io demás, Ias mejores perspectivas estaban a favor dei cardenal Farnesio, sobrino de Paulo III, decano dei colégio, querido por ei pueblo y emparentado con ei rey de Espana. Pero los Médicis, casi en abierta enemistad con los Farnesio, en modo alguno querían que fuera Papa. En esta actitud les acompanaba ei cardenal Este, tan emparentado con Ia casa de Francia como Farnesio con Ia espanola. Pero en esta elección no existió Ia oposición entre Espana y Francia. Felipe II no estaba por Farnesio y era muy pequena Ia influencia dei embajador francês en Roma. La mayor influencia política sobre ei cónclave derivo de Ias relaciones entre Ias grandes famílias italianas. Los Médicis y los Este estaban contra los Farnesio. Y, para no perjudicar Ia causa de Montalto, Fernando de Médicis no solo tuvo que disimular su inclinación por él sino negaria; pues ei prestigio de Farnesio era tanto que podría haber logrado Ia exclusión de Montalto en un principio. Para este plan de Fernando nada fué más ventajoso que aquella ruptura entre Montalto y Ia casa de los Médicis que se consideraba como permanente. El Farnesio no rechazó de antemano a Montalto porque no podia creer que los Médicis le fueran a apoyar. Sin ser perturbado por Farnesio, ei cardenal Fernando pudo utilizar secretamente su prestigio y su talento práctico, que siempre le fueron reconocidos, en favor de su propósito. Como siempre, los cardenales se hallaban divididos en facciones, según los diferentes Papas que les habían nombrado y cuyas criaturas eran. Ganó en primer lugar ei cardenal Altemps, uno de los sobrinos de Pio IV, hijo de su hermana, Chiara, y a cuyo alrededor se agrupaban los cardenales de este pontificado. Altemps temia que en Ia lucha de los partidos llegara a Papa ei más odiado de sus colegas, Ceneda. Para excluir a este acogió, después de pensado, Ia propuesta de Médicis, con Ia condición de que se le reconociera ei mérito de Ia elección y se le asegurara ei favor dei futuro Papa. Después Fernando se dirigió ai sobrino de Pio V, ei cardenal Alejandrino, ai que seguían Ias criaturas de aquél. Pero entre los favorecidos por este Papa se contaba también Montalto. Alejandrino aceptó ei nombre de este último con alegria. No quedaba sino ganar además a los numerosos cardenales elevados a Ia dignidad cardenalicia por ei último Papa. El jefe de ellos, cardenal San Sixto, no quiso dcclararse por él, pero no dominaba por entero a su grupo y fué ganado por Médicis un buen número de gregorianos, precisamente los sobrinos dei último Papa. Este resultado se le comunico a San Sixto, advirtiéndole que Ia elección suldría adelante tanto con su concurso como sin él, así que considero prudente adheriíse. Ni ei mismo Farnesio se atrevió a oponerse. Por consejo dei eardenal Médicis, Montalto se mantuvo tranqüilo y, aunque estaba enterado de toda Ia elección, tuvo lugar esta sin ninguna intervención suya. Cuando los cardenales se reunieron ei 24 de abril en Ia capilla, fué elegido no por escrutínio, sino, como se decía, por adoración. Sabia todo Io que debía ai cardenal Médicis y le anuncio que él seria su hijo preferido. El cardenal Fernando rogo ai nuevo Papa que no pusiera en ningún cargo importante a partidário alguno de los
58 Io haveva sempre havuta h mira mia a Montalto principalmente.

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Farnesio, a Io que accedió;79 en Ia reorganización que se siguió, ei cardenal tuvo gran intervención. También se tuvo en cuenta ai cardenal Altemps.80 Se tomaron medidas especiales en favor de Paulo Giordano, y también se penso ) en otros. El nuevo Papa declaro que los familiares de los Médicis eran también familiares suyos. En Ia elección, no solo se tuvieron en cuenta Ias destacadas | cualidades de Montalto, su gran fama, sino también, como se dice en ei relato | veraz dei acto, su relativa juventud, ya que tenía sesenta y cuatro anos y era | de una complexión sana y robusta. Todo ei mundo reconocía que en Ias cir-1 cunstancias reinantes era menester ante todo un hombre vigoroso. Así vió colmados sus deseos Fray Félix. Tenía que producirle un sentimiento varonil y digno ei ver satisfecha una ambición tan alta y legítima. Se le represento todo en su interior, donde alguna vez creyó descubrir un destino muy alto. Escogió como lema: "Oh Dios, tú eres mi protector desde ei seno J de mi madre." En todas sus empresas se creyó protegido por Dios. Elevado a Ia Sede, declaro su resolución de acabar con los bandidos y malhechores. Y si no tuviera | fuerzas bastantes para ello, Dios le enviaria sus legiones de ángeles.81 Se puso a Ia difícil tarea con resolución y cálculo. a) Extermínio de. los bandidos.—El recuerdo de Gregorio le contraríaba I y no podia proseguir Ia ejecución de sus medidas. Despidió Ia mayor parta | de Ias tropas con que se encontro y disminuyó en una mitad los alguacjles. Pero se decidió ai castigo ejemplar de los culpables que cayeran en sus manos. 1 Hacía tiempo que estaba prohibído llevar armas cortas, especialmente cierta clase de pistolas. Cuatro jóvenes de Cora, próximos parientes, fueron. | sorprendidos llevando tales armas. Al dia siguiente se iba a celebrar Ia coronai] ción dei Papa y se quiso aprovechar Ia coyuntura para pedir gracia por ellos. | Sixto contesto: "Mientras yo viva, todo criminal morirá."82 El mismo dia se vió | colgados de Ia horca los cuerpos de los cuatro desgraciados, en ei puente dei Ángel. " Un joven transtiberino había sido condenado a muerte por haberse resistido a los corchetes que le querían quitar su asno. Todo ei mundo se compadecia ai ver ai pobre mucbacho, llorando, cuando era conducido ai lugar del[ suplício por tan pequena falta. Se hizo presente ai Papa Ia juventud dei muchacho. "Le voy a regalar unos cuantos anos de los mios", dicen que fué su contestación. El caso es que Ia sentencia fué cumplida. Estos primeros actos de Sixto V atemorizaron a todo ei mundo y prestaron una gran fuerza a sus disposiciones.
7» Mi rispose non esser conveniente servirei di chi non volesse bene a casa nostra. 80 Lo que se menciona en Tempesti, i, 78, de Ia vita Sanfonas, no concuerda sino mal con Io que cuenta ei cardenal Médicis. 81 Dispaccío Piiuli 11 Maggio 1585. Discurso dei Papa en ei consistorio. Disse di due COM che lo fravagJiano, ia matéria delia giustitia e delia abondantia, alie quali voleva attender con ognj cura, sperando in dio che quando li mancassero li a/uti proprii e forasfieri, li mandcrâ tante legioni di angeli per punir li malfattori e ribaldi, et esoftò li cardinali di non usar le loto franchigie n*I| dar ricapito a tristi, detestando il poço pensier dei suo predecessor. 82 Se vivo facinorosis moriendum esse.

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Los barones y los municípios fueron advertidos para que limpiaran de bandidos sus territórios y sus ciudades; ei dano que produjeran estos bandidos tendría que ser reparado por ei senor o ei municipio en cuyos domínios ocurriera cl hecho.88 Era costumbre poner precio a Ia cabeza de los bandidos. Sixto V ordeno que este precio no fuera pagado en adelante por Ia Câmara sino por los parienIcs dei bandido y, en caso de ser pobres, por Ia comunidad de su procedência. Queria provocar ei interés de los senores, de los municípios y de los familiares en favor de sus fines. Y también trato de despertar ei interés de los bandidos. Prometió a quien entregara vivo o muerto a un companero, no solo Ia igracia para él, sino también para unos cuantos amigos que podría designar. Y OÍrecía encima un prêmio en dinero. Después de tomadas estas disposiciones y haberse experimentado su riguWosa ejecución en unos cuantos ejemplos, Ia persecución de los bandidos cobro f n seguida otro cariz. Fué una dicha que muy pronto se diera con unos cuantos cabecillas. Al Papa le quitaba ei sueno saber que Prete Guercino, que se titulaba rry de Ia Campana y que una vez se permitió prohibir a los vasallos dei obispo • li- Viterbo que obedecieran a su Senor, continuara ejerciendo su profesión: Bacia poço que había llamado Ia atención con nuevas hazanas y saqueos. "Pidió • Dios —dice Galesino— que librara ai Estado de Ia Iglesia de este forajido." A Ia manana siguiente corrió Ia noticia de que Guercino había sido prendido. Nu cabeza, cubierta con una corona dorada, fué expuesta en Sant'Angelo; ei que Ia entrego recibió Ia recompensa de 2,000 escudos y ei pueblo alabó ia buenu justicia de Su Santidad. A pesar de todo, un tal delia Fará se atrevió una noche a llamar a Ia Porta Salara para, después de pronunciar su nombre, decir a los guardianes que le abrieron que transmitieran sus saludos ai Papa y ai gobernador. Sixto V ordeno a los familiares que le entregaran ei sujeto, bajo pena de muerte. K o pasó un mes y cayó Ia cabeza de Fará. A veces era algo más que justicia Ia que se hacía con los bandidos. En Urbino se habían reunido treinta de ellos en un monte; ei duque hlw> pasar por Ias proximidades recuas de mulas cargadas de víveres. Claro que no dejaron pasar Ia presa. Pero los víveres estaban envenenados y todos los bandidos murieron. Nos dice un cronista de Sixto V que ei Papa tuvo una trim satisfacción ai recibir Ia noticia.84 Un dia, en Roma, padre e hijo eran llevados a Ia muerte, a pesar de que li i' i.in protestas de inocência. La madre se cruzo en ei camino y pidió que se detuviera un momento Ia comitiva, pues podia demostrar en aquel momento Ml inocência de los suyos. El senador se nego. "Como tenéis avidez de sangre »- exclamo ella— os quiero dejar satisfechos", y se arrojo desde una ventana • li I Capitólio. Entretanto los desgraciados llegaron ai lugar de Ia ejecución. C»da uno queria ser ei primero en sufrir Ia muerte: ei padre no queria ver
88 Buli., t. rv, p. rv, p. 137. Bando en Tempesti, i, DC, 14. 84 Memorie dei ponte/icato di Sisto V: Ragguagliato Sisto ne prese gran contento.

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morir ai hijo, ni ei hijo ai padre. El pueblo gritaba movido por Ia piedad. El bárbaro verdugo se enfureció con Ia inútil demora. N o había aceptación de personas. El duque Juan Pepoli, de una de laM primeras famílias de Bolonia, pero que había tomado gran parte en Ia vida bandolera, fué estrangulado en su prisión y ei fisco incauto sus bienes y m dinero. N o pasaba dia sin ejecución. Por todas partes, en los bosques y en loa] Hanos, se encontraban postes coronados de cabezas. El Papa alababa a aquelloí de sus legados y gobemadores que le enviaban bastantes cabezas. Hay algo dej barbárie oriental en esta justicia. Los bandidos no alcanzados por ella caían víctimas de sus compafieros. Las promesas dei Papa los habían dividido, nadie se fiaba de nadie y se mataban unos a otros. 85 Apenas había pasado un ano y Ia agitación en ei Estado de Ia Iglesia había sido contenida, cuando no sofocada en su fuente. En ei ano 1586 t e n e i mos Ia noticia de que los últimos caudillos, Montebrandano y Arara, harfj sido muertos. El Papa se sentia muy complacido cuando los embajadores que le visita-] ban le comunicaban que, ai atravesar ei país, habían encontíado paz y tran-H quilidad por todas partes. 88 b ) La administracián.—Lo mismo que los abusos que combatia ei Papa reconocían otro origen además de Ia falta de vigilância, también ei êxito que| obtuvo se debió a Ia entrada en vigor de otras medidas. A veces se considera a Sixto V como ei único fundador dei orden en ei Estado pontifício, se le atribuyen instituciones muy anteriores a él y se le designa como financiero consumado, como estadista libre de prejuicios y cornei restaurador de las antigüedades. Era de esas naturalezas que hacen impresióiB en Ia memória de los hombres y en cuyo nombre prenden íácilmente relato* fabulosos y magníficos. Pero si bien no fué esta Ia entera verdad, siempre queda Ia de que administración se revelo como admirable. En cierto aspecto con un sentido contrario a Ia gregoriana. Gregorio fué en sus medidas generales riguroso, efcctivo y unilater pero pasó por alto los casos particulares de desobediência. Por lo mismo qt por un lado, lesionó intereses que se levantaran contra él, y, por otro, dfi que prevaleciera una lenidad sin igual, dió ocasión aj desorden incontenible se le vino encima. Sixto V, por ei contrario, era implacable en los ca particulares y manruvo ei cumplimiento de sus Jeyes con un rigor que bordea los limites de Ia crueldad. En cambio, en lo que se refiere a las medidas ge rales le encontramos suave y conciliador. Bajo Gregorio Ia obediência no ar
85 Disp. PniiJi, dei 29 de funio de 1585. Li íuoiusciti s'ammazzano fun 1'aJtro per Ja piovisi dei nevo breve. H Vita Sixíi V i. m. em. Ka quies ei franquif/iras uf in urbe vasta, in hoc conventu nation O in tanta peregrinorum advenammque col/uvie, ubi tot nobi/ium superbae eminent opes, nemo teriuis, tam ab/ectae fbrtunae sit qui se nunc sentiat co/usquam injuriae obnoxium. Según Cualtcriu Vira Sixti V, este Papa aplico ei lema: lugit ímpias nemine persequente.

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vivhaba y Ia resistência no perjudicaba. Con Sixto V había que temerlo todo in caso de resistência, y todo se podia esperar también si se estaba en buenos li iminos con él. Nada podia favorecer mejor sus intenciones. Desde un priniipio acabo con ei descontento que su antecesor, por causa de sus pretensiones eclesiásticas, había provocado en los Estados vecinos. Declaro que un Papa tlrbe conservar y aumentar los privilégios que corresponden a los príncipes. Devolvió a los milaneses, por ejemplo, ei puesto en Ia Rota que les había arrebutado Gregorio XIII. Se mostro muy contento cuando los venecianos le prektaron ei proyecto de un breve que resolvia a favor de ellos Ias pretensiones • ii il asunto de Aquileya. Estaba decidido a revocar aquella cláusula molesta Uc Ia bula In coena domini. Disolvió Ia congregación sobre jurisdieción eclefctósiica, de donde procedia Ia mayoría de Ias disputas.87 Cierto que esta mediilii encierra algo muy particular, puesto que una de Ias partes hace caducar •crichos que están en disputa. El rey de Espana mando ai Papa un escrito • c propia mano comunicándole que había ordenado a sus ministros en Milán y eu Nápoles obedecer Ias prescripeiones dei Papa no menos que Ias suyas kopias. Sixto V se conmovió hasta Ias lágrimas por ei hecho de que ei mayor fconarca dei mundo le honrara de esta manera a él, un pobre fraile. Toscana • mostro sumisa y Venecia satisfecha. Estos vecinos tenían ahora una política Buy distinta. De todas partes se le enviaban bandidos que se habían refugiado ||sando Ias fronteras. Venecia impidió a los bandidos ei regreso ai Estado de Ia blcsia, y a sus barcos que recogieran fugitivos ai tocar en Ias costas de aquel itado. El Papa estaba encantado. Decía que no Io olvidaria y que estaba lunuesto a dar su cabeza y su sangre por ella. Así pudo acabar con los ban•os porque en ninguna parte recibían acogida ni ayuda. I No cumplió tampoco con Ias rigurosas disposiciones de Gregorio en favor | Ia Câmara. Después de haber castigado a los feudatarios culpables trato de inarse ai resto. Unió a Ias dos grandes famílias, Colonna y Orsini, mediante «trimonios entre si y con los de su propia casa. Gregorio había arrebatado lltillos a los Colonna; Sixto puso orden en su hacienda y hasta les hizo adenios.88 Caso a dos sobrinas nietas con ei condestable M. A. Colonna y con | duque Virginio Orsini, respectivamente. Les cedió una dote igual e iguales ivores, y arregló su disputa de precedência reconociendo siempre ai más anino de los presentes ei primer lugar. Hacía una gran figura donna Camilla, l lurmana dei Papa, en médio de su familía, con tan nobles yernos y nie! casadas. K Sixto gustaba de repartir privilégios. Con respecto a Ia Marca se mostro como un paisano bien intencionado. Irvolvió a los de Ancona algunos de sus antiguos privilégios; erigió en Maceii.i un tribunal supremo para toda Ia província e hizo nuevas concesiones ai

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H 7 I.orenzo Priuli, Rehtione 1586. E Ponteíice che non cosi leggiermente abbraccia íe quereíe j B l i principi, anzi per íuggirle ha Jevata /a congregatione delfo giurisdittione ecclesiastica (en otro H | | I I I dice que principalmente por consideración con Espana) e sfima di potere per qitesfa via Knrludcr con maggior facilita le cose e di sopportare con manco indegnità quel/e che saranno ^Mll.iic secretamente da Jui solo. | HH Dispacci degii ambasciatore estraordinarü 19 Ott. 25 Nov. 1585.

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colégio de abogados de Ia misma. Fermo se convirtió en arzòbispado, Tolen- f tino en obispado, Ia aldea Montalto, donde habían vivido sus padres, Ia con- I virtió en ciudad y obispado mediante una bula: "Porque —dice— allí comenzó, entre buenos auspícios, nuestra carrera." Ya como cardenal había fundado una escuela y como Papa instituyó en Ia universidad de Bolonía ei colégio Montalto, para cincuenta escolares de Ia Marca, de los que ocho procedían j de Montalto y Ia pequena Grotte a Maré presentaría dos.88 También se determino a convertir en ciudad a Loreto. Fontana le hizo ver Ias dificultades: "No te preocupes, Fontana, más difícil me fué decidirmél que Io ha de ser ponerlo en práctica." Se compro una parte de Ia tierra a los recanatesos, se llenaron hondonadas y se allanaron colinas. Se trazaron Ias ca-| lies y fueron animados los municípios de Ia Marca para que edificaran una casa cada uno. El cardenal Gallo puso nuevos funcionários en Ia Santa Capillil de Loreto y de este modo dió satisfacción ai Papa en su patriotismo y en su devoción por Nuestra Senora de Loreto. También presto atención a todas Ias demás ciudades de Ias demás províncias. Tomo disposiciones para contener ei incremento de sus deudas y limito sus enajenaciones y cargas. Mando inspeccionar ei estado de sus cajas y se dicel que Ias ciudades empezaron a prosperar de nuevo gradas a sus disposiciones.8*] Fomento Ia agricultura. Emprendió Ia desecación de Ia Chiana de Orvie-1 to y de los pântanos pontinos. Estos últimos los visito en persona: ei Fiunt* Sixto, Io mejor que se ha hecho hasta ei tiempo de Pío VI, fué idea suya. También se ocupo de Ia industria. Un tal Pedro de Valencia, ciudadano | de Roma, había decidido montar unas fábricas de seda. Es característico de este Papa que acudiera en ayuda dei industrial con una ordenanza detallada.'] Ordeno plantar moreras en todo ei Estado, en todos los valles y colinas, allí donde no se dieran cereales, y senaló cinco moreras por cada rubbio de tierrol y amenazaba a los municípios con sanciones pecuniárias irnportantes en caso de negligencia.81 También trato de fomentar k industria de Ia lana "parâj que los pobres —decía— puedan ganar algo"; ai prime/ empresário le auxilio con una suma de Ia Câmara a cambio de Ia entrega de una determinada cantidad de pano. Seríamos injustos con los antecesores de Sixto V si atribuyéramos exclu89 También corltó, dentro de Montalto, Ias localidades vecinas, Vita Sixti V, ipsiiis mano emendata. Porcu/am Patrignorum et Mintenorum, quia Montalto haucT ferme Iongius absunt qiiui» ad te/i /acfum et crebris af/iiiitatibus inter se et commcrciis re/um oninium et agrorum <juadam| communitate con/unguntur, haud secus quam patriae partem Sixtum fovit semper atque diiexit, omniaque iis in commune est elargitus, quo pauiatim velut in unam coaleseerent civitatem. 90 Gualtcrius: Ad ipsarum (universitatum) stafum cognoscendum corrigendum constituía dum quinque camerae apostolicae clericos m/sit. También cn Ias Memorie se observa Ia utilidaj de estas instituciones. Con le quali provisioni si diede principio a rihaversi le communità de/Io stato ecclesiastico: le quali poi de tutto ritornorono in piedi: con quanto 1'istesso provedimeflfl perrezionò Clemente VIII. 91 Cuni sicut accepimus: 28 Ma/i Í58<>. Buli. Cocq., rv, 4, 218. Cualterius: Bombicinani sericam lani/iciam vitrcamque artes in urbem vel induxit vel amplificavit. Ut veio serica ars ít*-\ quentior esset, mororum arborum seminaria et plantaria per universam ecclesiasticam ditionrin /.cri praccepit, ob eamque rem Maino cuidam Ilcbieo ex bombicibus bis in anno iruetum ••! tericam ampli/icaturum sedulo pollicenti ac recipienti máxima ptivilcgiã imperíivit.

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llvamente a este miras de tal índole. También Pio V y Gregorio XIII favore•eron Ia agricultura y Ia industria y lo que caracteriza a Sixto no es ei haber indado un camino completamente nuevo, sino ei haber procedido por él con biayor rapidez y decisión. Por eso quedo su memória en ei recuerdo de los hombres. L Cuando se dice que fundo Ias congregaciones de cardenales no hay que Éntenderlo a Ia letra. Las siete más importantes —Ia de Ia Inquisición, Ia dei Índice, Ia de Concilios, Ia de Obispos, Ia de Congregaciones religiosas, Ia plgnatura y Ia Consulta— existían ya. Y en ellas no se descuidaron por completo los asuntos dei Estado, pues Ias dos últimas entendían de justicia y admifciitración. Sixto V decidió agregar otras ocho congregaciones, de las que solo los se ocuparían de asuntos de Ia Iglesia,92 una con Ia fundación de nuevos bbispados, y otra con los asuntos de las tradiciones eclesiásticas. Las otras seis te disiribuyeron determinadas ramas de Ia administración: annona, construci iiiii de caminos, derogación de impuestos gravosos, construcción de naves de iuerra, imprenta dei Vaticano y universidad de Roma.93 Vemos con qué poço Ultema trabajó ei Papa este asunto y en qué forma pone ai mismo nivel inteNscs pasajeros e intereses generales. A pesar de todo, su obra fué aceptada y se a mantenido durante siglos con poças modificaciones. Levanto ei prestigio dei cardenalato. Tenían que ser hombres excelentes, I costumbres intachables, de palabra segura, norma para Ia vida y ei pensaIcnto de los demás, sal de Ia tierra, luz en candelero.04 Pero no se crea, por to, que procedió siempre en los nombramientos de manera concienzuda. En «vor de Gallo, ai que hizo cardenal, no supo decir otra cosa sino que era su idor, a quien queria por muchos motivos y que, una vez en un viaje, le bió muy bien.95 Pero también impuso una regia que, si bien después 0 se ha observado siempre, por lo menos se ha pensado en ella. Fijó ei micro de cardenales en setenta: "Lo mismo que Moisés escogió setenta ancianos cl pueblo para tener consejo con ellos." También se ha atribuído a menudo a este Papa ei haber acabado con ei potismo. Pero las cosas, vistas de cerca, tienen otro aspecto. Ya con Pio IV, > V y Gregorio XIII fueron de poça monta los favoritismos con los sobrinos. i este sentido, si alguien merece una alabanza especial es Pio V, quien connó expresamente las enajenaciones de tierras de Ia Iglesia. Como décimos, ei IjM) antiguo de nepotismo había acabado mucho antes de Sixto V. Con los
02 Congregation de sacri riti e cerimonie ecc/csiastiche, dclle provisioni consistoriali: a questa twlJc appartenesse Ja cogniíione dclJe cause dell'erettione di nove cattedrali. 03 Sopra aiJa grascia et annona —sopra al/a fabrica armamento e mantenimento delia galere lopra gli agravi dei popolo —sopra le strade acque ponti e confim' —sopra alie stamperia VatiMII.I |dió ai primer propietario de Ia imprenta eclesiástica habitación en ei Vaticano y 20,000 esfuilns para diez afios] —sopra 1'università dello studio Romano. 04 Bulla: Postquam verus ille: ? Dic. 1586. Buli. M., rv, iv, 279. 0B Ya que Sixto no tolero ninguna otra oposición, sufrió Ia que se expresaba en los sermones. 1 |csuita Francisco Toledo dijo cn uno de los suyos que era pecado, por causa de servidos perulcs, dar a alguien un cargo público. Non perche, continuo, uno sia buon coppiere o sealeo, li commette senza nota d'imprudenza o un vescovato o un cardinalatto. Gallo había sido jefe cocina. (Memorie dei pontificato di Sisto V.)

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Papas dei siglo siguiente se constituye de nuevo, pero en otra forma. Hubo siempre dos sobrinos favorecidos, uno de ellos cardenal, que se encargaba de Ia administración suprema de los asuntos espirituales y temporales, y ei otro, seglar, casado con ventaja, dotado con bienes raíces y con Loitgfi» di Monte, fundaba un mayorazgo y una casa principesca. Si preguntamos ahora cuándo se introdujo esta forma nos encontramos con que se fué estableciendo poço a poco, pero que inicio su marcha con Sixto V. El cardenal Montalto, ai que ei Papa queria tiernamente y con ei que solía moderar su habitual violência, fué admitido en Ia Consulta y participo en Ia política exterior, y su hermano Míchele, hecho marquês, fundo una casa bien dotada. Pero si se piensa que de esta forma Sixto introdujo un gobierno nepotista, Ia equivocación es total. El marquês no ejerce influencia alguna y ei cardenal tampoco muy importante.96 Lo contrario hubiera contradicho ei sentir dei Papa. Sus favores tienen algo de ingênua confianza, le proporcionan una base de buena voluntad pública y privada, pero nunca abandona Ias riendas, siera-1 pre gobierna él mismo. Aunque parezca favorecer Ias congregaciones y de hecho invita a que se le hable con franqueza, pierde Ia paciência y se indigna] tan pronto como alguien le contradice.97 Imponía su voluntad con gran obstinación. "Con él —dice Giovani Gritti— casi nadie tiene voz de consejo y no digamos de resolución."98 A pesar de todas aquellas manifestaciones de favo» personal a Ias províncias, su administración es penetrante, rigurosa y autoritária. Pero estos rasgos se acentúan en ei aspecto financiero. c) Hacienda.—La casa Chigi en Roma conserva un pequeno libro de memórias dei Papa Sixto V que este fué escribiendo cuando fraile.09 Se hojea con ei mayor interés. Ha ido sefialando cuidadosamente todas Ias ocurrenciail importantes de su vida, donde ha predicado Ia cuaresma, qtfé encargos ha recíbido y cuáles cumplido, libros que posee y «cuáles han sido encuadernadolj por separado y cuáles juntos, y, finalmente, toda st/ pequena economia de fraile. Así leemos, por ejemplo, como su cuiíado Bautista le compro doce ovejas, como pago primero doce florines y luego dos más y veinte boloncsas, de suerte que eran propiedad suya; ei cufiado Ias tenía consigo participando en Ia mitad de Ias utilidades, como era costumbre en Montalto. Y así prosigue ei libro. Se ve como lleva cuenta de sus pequenos ahorros, como van subiendo poco a poco hasta juntar unos centenares de florines. Se siguen estos detalle»] con interés y agrado, pues revelan ei mismo sentido administrativo que poco después mostrara este franciscano en Ia administración dei Estado de ia Igle-j sia. Su sentido dei ahorro es una cualidad de Ia que se gloria en cada bula
98 Bentívoglio, Memoríe, p. 90. Noa aveva quasí a/cuna partec/patíone neí governo. 97 Gualterius: Tametsi congregationibus aliisque negotia mandarei, iíla tamcn ipse cognc* cere atque confieere consuevit. Diligentia incredibilis sciendi cognoscendique omitia quae a rectoribus tubis, provi-iciarum, populorum omnium, a ceteris magislratibus scdis aposto/icae agcbantllfc 98 Gritti, Relatione. Non ei è chi abbi con lui voto decisivo, quasi ne anche consultivo. 99 Memorie autografe di papa Sisto V.

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cuando se presenta Ia ocasión y en muchas inscripciones. En verdad, Papa nl^uno administro con tanto êxito ni antes ni después de él. Al ocupar Ia Sede se encontro con Ias cajas exhaustas, y se queja amargamente dei Papa Gregorio que había consumido una buena parte de Io corresiBundiente ai pontificado anterior y ai suyo.200 Tenía tan mal concepto de él que Hiimdó decir misas a su nombre, pues le vió en suefios padeciendo en ei Purgatório. Las rentas se hallaban empefiadas hasta ei mes de octubre próximo. Razón de más para procurar llenar las cajas. En esto sobrepujo todas las Mpcranzas. Cuando su pontificado no contaba más de un afio, en abril de Í5H6, había reunido ya un millón de escudos de oro, en noviembre de 1587 1 n segundo millón y un tercero en abril de 1588. Esto representa más de cinco 1 pillones y médio de escudos de plata. Cuando tuvo apifiado ei primer millón, I" deposito en ei castillo de Sant'Angelo, dedicándolo a Ia Virgen Maria, Ma• de Dios y a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. "No solo vigila —dice en bula— Ia marejada en que a veces oscila Ia navecilla de Pedro, sino tamtn las tormentas que amenazan de lejos: ei ódio dei hereje es implacable, ei tieroso turco, Assur, él azote de Dios, amenaza a los creyentes, y Dios, en que confia, le indica a veces que tiene que vigilar también de noche Ia Casa I Padre. Sigue el ejemplo de los patriarcas dei Antiguo Testamento, los cuaI conservaron siempre una buena cantidad de dinero en el Templo dei Seir." Como es sabido, fijó rigurosamente los casos en que seria permitido sermo de este tesoro. Son los siguientes; para una guerra por Ia conquista de los tntos Lugares, para una camparia general contra los turcos, en caso de ham! o d e peste, en caso de peligro de que se pierda una província dei orbe tólico, cuando el enemigo ataque el Estado de Ia Iglesia o cuando haya que conquistar una ciudad que pertenezca a Ia Sede apostólica. Conminándolos n Ia cólera de Dios Todopoderoso y Ia de los apóstoles Pedro y Pablo, obliga lus sucesores a que se atengan a los casos prescritos.101 Dejernos por el momento de ocupamos dei valor de estas disposiciones preguntemos qué médios empleó Sixto para reunir un tesoro tan sorprenite para aquellos tiempos. No era una aglomeración de puros ingresos; el mismo Sixto ha dicho a ;nudo que Ia Santa Sede no cuenta de estos por más de 200,000 escudos.102 Tampoco hay que atribuído a sus ahorros. Los ha hecho: redujo el gasto su mesa a seis paoli por dia; suprimió en" Ia corte muchos empleos inútiles; lujo las tropas; pero no solo poseemos el testimonio dei veneciano Delfino ru saber que todo esto no disminuyó los gastos de Ia Câmara arriba de
100 Vira e successi dei cardinal di Santaseverina. MS Bibl. Alb. Mentre g/i parlavo dei Iri;io de'níofiri e di quel degli Armeni, che havevano bisogno di soccorso, mi rispose con quali/teratione, che in castello non vi erano danari e che non vi era entrara, che ii papa passato mangiato ii ponteficato di Pio V e ii suo, dolendosi acremente dello stato nel quale haveva (o h sede apostólica. 101 Ad clavum: 21 Apr. 1586. Cocq., rv, rv, 206. 102 Dispaccio Giitti 7 Giugno 1586. El papa censuro a Enrique III por no haber ahorrado i teniendo 14 millones de ingresos. Con addur 1'esempio di se medesimo nel governo dei ponIcnli), che dice non haver di netto piu di 200,000 se. aII'anno, battuti li interessi de'pontefici •ali e le spese che convien fare.

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150,000 escudos, sino que ei mismo Sixto calculo una vez los alivios que debía a Ia Câmara en 146,000 escudos.103 Con todos sus ahorros, los ingresos no pasaron nunca de 450,000 escudos, según sus propias palabras. Apenas le llegaban para sus construcciones, y mucho menos para su colosal tesaurización. Ya vimos Ia economia especialísima que se instituyó en este Estado, aquel aumento de los impuestos y de Ias cargas sin que, por ello, aumentaran los ingresos netos, aquella variedad de empréstitos valiéndose de Ia venta de| cargos y de los Monti, aquel creciente gravamen dei Estado por Ias necesidades | de Ia Iglesia. Se comprenden los efectos enojosos que tenían que acompanar | a un sistema así, y si tomamos en cuenta Ias alabanzas, tan abundantes, que sei han dedicado a Sixto V, debemos figuramos que supo acabar con ei mal. Por] eso sorprende que siguiera sin consideración alguna ei mismísimo ca mino: consolido en tal forma este gênero de administración financiera que ya no pudo ser contenido. Una de sus fuentes más importantes era Ia venta de cargos. En primer[ lugar, subió ei precio de muchos de ellos. Ejemplo: ei cargo de tesorero de laj Câmara. Hasta entonces había sido enajenado por 15,000 escudos y él Io ven-í dió a un tal Justiniano por 50,000; habiéndole nombrado cardenal, volvió a vender ei cargo a un tal Pepoli, por 72,000; cuando este fué hecho también cardenal, aparto Ia mitad de Ias rentas dei cargo, 5,000 escudos, y Ias asignóa a un Monti, y, a pesar de esta merma, pudo revender todavia ei cargo pó» 50,000 escudos de oro. En segundo lugar, empezó a vender cargos que antesij se habían estado concediendo sin más: notarías, fiscalías, puestos de com is a rio general, de solicitador de Ia Câmara, de abogado de los pobres; a veces en pre*j cios muy altos, como, por ejemplo, ei de comisario general en 20,000 escudos [ y Ias notarías en 30,000. Por último, creó una gran cantidad de cargos nuevos,] algunos muy importantes: tesorería de Ia dataria, prefectura de Ias prisionesj veinticuatro referendariatos, doscientos caballerate, notarías en Ias localidades] principales dei Estado; estas Ias vendió todas juntas. , Le produjo esta gestión una cantidad muy importante: 608,510 escudos oro y 401,805 escudos plata; un total, pues, de millón y médio de plata;10^ pero pensemos en qué grado no habría crecido ei mal, si ya antes los cargos^ enajenables eran una lacra dei Estado —como sabemos, implicaban una parti-] cipación en los derechos públicos, en razón dei présfamo, derechos que se hacían valer con todo rigor contra los obligados a^ pago, sin atender ai cumplimiento de Ias funciones—. De aqui vino que se considerara ei cargo como una posesión que otorgaba derechos y no como una obligación que imponía deberes. Además, Sixto aumento extraordinariamente los Monti. En esto excedió a todos sus antecesores, pues creó três Monti non vacabili y ocho vocabili. Ya vimos que los Monti se apoyaban siempre en nuevos impuestos. Tam103 Dispaccio Badoer 2 Giugno 1589. 104 Cálculo dctallado que se encuentia en un manuscrito sobre Ia hacienda romana durante ei pontificado de Clemente VII. (Bibl. Barberina, Roma.)

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poço Sixto V pudo encontrar otro médio, a pesar de que tal principio le repug. linha. En ei consistorio, cuando habló por primera vez a los cardenales de una Unvcrsión dei tesoro, ei cardenal Farnesio le dijo que su abuelo Paulo III tuvo liil intención, pero que considero que no seria posible sin aumentar los imjinustos y por ello desistió. Sixto le contesto con violência. La insinuación de • I'•• un Papa anterior había sido más prudente, le indigno. "Eso se debe —reÍUM) —a que en tiempo de Paulo III había unos cuantos grandes derrochalorcs que, gracias a Dios, no hay entre nosotros." Farnesio se sonrojó y calló.1015 fero Ias cosas ocurrieron como él Ias había previsto. En ei afio de 1587 SixV ya no se paro en barras. Cargo con nuevos impuestos a ofícios ínfimos; )Í ejemplo, ei de aquellos que arrastraban con bueyes y caballos Ias barcazas, irriente arriba dei Tíber, y a artículos de primera necesidad como Ia lena y Ias Intas de vino. Empeoró Ia moneda y, como se origino un pequeno tráfico de lucro en cada esquina a consecuencia de ello, aprovechó Ia ocasión para vender autorizaciones ai efecto.100 Favoreció a Ia Marca, pero perjudicó ei comercio Ancona con un nuevo derecho dei 2 por ciento sobre Ia importación. La indus|a, que apenas empezaba a animarse, le proporcionaba un beneficio indirecto Io menos.107 Le aconsejaba estas y otras operaciones un judio português apelado López, huído de Portugal por miedo a Ia Inquisición, que gozaba de Ia >nfianza dei datario y de Ia senora Camilla y que logro ganar también Ia dei fipa. Después de Ia respuesta que dió a Farnesio ningún cardenal se atrevió oponérsele. Una vez que se hablaba dei citado impuesto dei vino, dijo Albano Bérgamo: "Me parece bien todo Io que Su Santidad dispone, pero me paCcría mejor que no le agradara este impuesto." Y de esta suerte Sixto logro tantos ingresos nuevos que pudo aceptar de los \onti un empréstito de três millones y médio de escudos oro, exactamente |,424,725, con los intereses correspondientes. Reconozcamos que esta gestión hacendística tiene algo de incomprensible. Mediante nuevos impuestos y nuevos cargos se grava ai país de manera luy pesada; los cargos se nutren de emolumentos, cosa que no puede sino ibar Ia marcha de Ia justicia y de Ia administración; los impuestos recaen Jbre ei comercio en general y sobre ei comercio ai detalle, y tienen que perju|cor su movilidad. {Y para qué sirven los ingresos? Sumemos Io que los Monti y los cargos han aportado, y tendremos casi Ia Inia tesaurizada en Sant'Ângelo: cinco millones y médio de escudos, en reali10B Memorie de/ ponte/icato di Sixto V. Muíatosi per (anto nel volto mentre Farnese parlak, ínto piu tosto che grave gli rispose: Non e maraviglia, Monsignore, che a tempo di vostro ti non si potesse mettere in opera il disegno di /ar tesoro per Ia chiesa con Tentrate e proventi iliiuni, perche vi erano di mo/ti e grandi scialaquatori [palabra que gustaba mucho de emplear], [qtiu// non sono dio grafia a tempi nostri: notando amaramente /a moltitudine di figh' e íigiie e tpiili d'ogni sorte di questo pontefice. Arrosi a/quanto a quel dire Farnese e tacque. mu Se obtenía en cambio por un viejo Càiíio, aparte de 10 Ba/occhi, que él había acuflado, mplcmento de 4 a 6 Quatrin. 107 Un buen ejemplo de su administración (Le sfesse memorie): Ordinò non si vendesse seta Moita o tessuta in drappi nè iana o panni se non approbati da o/ficiali creati a tal efíetto, nè riírassero senza /icenza degü stessi: inventione uti/e contro alie íraudi, ma molto piü in pró illu camera, perche pagandosi i segni e le licenze se n'imborsava gran danaro dal pontefice. Tampndría ser en provecho de Ia industria.

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dad un poço más. Todas Ias empresas que han dado fama a este Papa podrí» haberlas llevado a cabo con ei monto de sus ahorros. Se comprende que se junten y ahorren los excedentes, y que se emita un empréstito para cubrir una necesidad dei presente es también Ia regia, pero ei] algo extraordinário que se tomen empréstitos y se impongan cargas para ence4| rrar un tesoro en un castillo con vista a necesidades futuras. Y, sin embargo, esto es Io que ei mundo ha admirado más en ei Papa Sixto V. Es cierto que Ias medidas de Gregorio XIII tuvieron algo de odiosas y violentas y produjeron repercusiones desagradables. Pero, aparte de esto, me parece que de haber conseguido que Ia caja pública pudiera prescindir de nua* vos impuestos y empréstitos, hubiera producido un efecto muy beneficioso, y ei Estado de Ia Iglesia habría conocido un desarrollo mejor. Pero a Gregorio le falto en sus últimos aríos Ia energia necesaria para Uevar adelante su pensamiento. Energia es Io que no le faltaba a Sixto. Su tesaurización mediante empréstitos, venta de cargos y nuevos impuestos, no hacía sino aumentar Ias caw gas, y ya veremos Ias consecuencias más tarde. Pero que consiguiera Io que con| siguió, ofusco ai mundo y dió ai Papado un nuevo prestigio momentâneo. En médio de Estados que en su mayoría padecían por falta de dinero, los Papas tuvieron una mayor confianza en si mismos con Ia posesión dei tesotCB y un prestigio extraordinário ante terceros. En realidad este tipo de administración pública concuerda muy bien con ei sistema católico de Ia época. Al concentrar todas Ias fuerzas financieras dei Estado en Ias manos dei primer jerarca de Ia Iglesia, convierte a éstè en un órgano perfecto dei poder eclesiástico. Pues ipara qué otros fines se podia emplear este dinero sino^ara Ia dcfensa y propagación de Ia fe católica? y Sixto V vivia en médio de proyectos que tendían a es/ meta. A veces, se referían ai Oriente y a los turcos; más a menudo, ai Occidente y a los protes* tantes. Entre los dos sistemas, ei católico y ei protestante, estalló una guerra en Ia que los Papas tuvieron parte muy activa. En ei libro siguiente nos ocuparemos de ella. Detengámonos todavia un momento en Roma, que supo ejercer de nuevo su acción sobre ei mundo.

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ch) Construcciones de Sixto V.—Por tercera vez se nos ofrece Roma, también exteriormente, como Ia capital de un orbe. Conocida es Ia magnificência y grandeza de Ia antigua Roma y, a travei de Ias ruinas y de Ias leyendas, hemos tratado de hacérnosla presente de mil maneras. También Ia Edad Media merece un esfuerzo parecido. Era magnífica aquella Roma, con Ia majestad de sus basílicas, ei culto de sus catacumbas, ei patriarcado de los Papas; en ella se conservaban los monumentos de Ia cristiandad primitiva, ei palácio de los Césares, todavia magnífico, que pcrte-

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necia a los reyes germânicos, los castillos que linajes independientes habían podido mantener en médio de tantas potestades. Esta Roma medieval había decaído como Ia antigua durante Ia estância de los Papas en Avignon. Cuando Eugênio IV volvió a Roma, en ei afio de 1443, estaba convertida •n un poblacho de pastores y en nada se diferenciaban sus habitantes de los labradores y pastores dei campo. Hacía tiempo que se habían abandonado Ias colinas y se vivia en Ia parte liana, en los meandros dei Tíber; en Ias estrechas Cnlles no había pavimento alguno, y los balcones y Ias arcadas, que sostenían I .r..i con casa, Ias ensombredan todavia más. El ganado andaba suelto. Desde S.in Silvestre hasta Ia Porta dei Popolo todo era tierra cultivada y pântanos •onde se cazaban patos silvestres. El recuerdo de Ia Antigüedad casi había desaparecido. El Capitólio era montana para Ias cabras y ei Foro prado para Itts vacas. Se enredaban Ias más extranas leyendas en los poços monumentos que Wavfa se mantenían en pie. La Iglesia de San Pedro corria ei peligro de deumbarse. Cuando Nicolás recobro Ia obediência de toda Ia cristiandad, contando n Ia riqueza aportada por los peregrinos que acudieron ai Jubileo, concibió idea de adornar a Roma con edifícios tales que quienquiera Ia viera tuviera iic pensar que se hallaba en Ia capital dei mundo. Pero no era esta obra de un solo hombre y los Papas han venido colabondo en ella durante siglos. No voy a referir ai detalle los esfuerzos de cada uno, que encontramos méritos en Ias crônicas de su vida. Por sus logros Io mismo que por su conste, Ias dos épocas más importantes son Ia de Júlio II y Ia de Sixto. Con Júlio II fué renovada por completo Ia ciudad baja en Ia margen dei Ibcr, hasta donde se había extendido Roma. Despues que Sixto IV hubo unimejor Ias dos partes a ambos lados dei rio mediante aquel sólido y sencillo ente en ei Travertino que todavia lleva su nombre, se empezó a construir un lado y otro con ei mayor afán. En ei lado exterior dei rio, Júlio II no se ntcntó con Ia construeción de Ia basílica de San Pedro, sino que renovo mbién ei Palácio Vaticano. En Ia hondonada entre Ia construeción vieja y villa de Inocencio VIII, el Belvedere, coloco Ias Logias, una de Ias obras tjor pensadas que puede imaginarse. No lejos de allí sus primos, los Riari, tu tesorero mayor, Agostino Chigi, competían por quién habría de construir más bella casa. Sin duda que Chigi se llevó Ia palma: construyó Ia Farnen, admirable de situación y adornada por el pincel de Rafael. En el lado terior dei rio debemos a Júlio II Ia terminación de Ia Cancillería, con sus Wftile de proporciones tan puras, sin duda los pátios más bellos dei mundo ;• cardenales y nobles trataban de imitarle: Farnesio, cuyo palácio se ha gado Ia fama de ser el más perfecto de los palácios romanos por su magnífica trada; Francisco de Rio, que presumia dei suyo diciendo que se mantendría pie hasta que Ia tortuga hiciera el recorrido de Ia tierra; los Médicis, cuya In albergaba todos los tesoros dei arte y de Ia literatura; los Orsini, que adorou también su palácio de Campofiore por dentro y por fuera con estatuas

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y cuadros. El forastero no siempre dedica Ia atención que merecen a los monumentos de esta bella época, en que se intento igualar a Ia Antigüedad en torno a Campofiore y a Ia Plaza Famesina. Emulación, gênio, esplendor, bienestar general: todo concurria. Como Ia población aumentaba, se construyó también en ei Campo Marzo, en torno ai mausoleo de Augusto. Todavia se construyó más con León, pero ya Júlio tuvo ocasión de trazar Ia Lungara ai otro lado dei rio y, enfrente, en ei lado de acá, Ia Strada Julia. Todavia se ve Ia inscripción en que los "conservadores" celebran que haya trazado y abierto caminos nuevos, "adecuados a Ia majestad dei senorío recién adquirido". La peste y Ia conquista mermaron otra vez 4a población, y Ias agitaciones bajo Paulo IV infligieron a Ia ciudad nuevos danos; solo después pudo recuperarse y creció también su número de habitantes con Ia obediência renovada dei orbe católico. Ya Pio IV había pensado en construir en Ias colinas abandonadas. En Ia Capitolina construyó ei palácio de los "conservadores"; en Ia Viminal Miguel Ángel erigió sobre los escombros de Ias termas dioclecianas Ia iglesia de SantaJ Maria degli Angeli; Ia Porta Pia, en ei Quirinal, lleva esculpido su nombre.10*! También Gregorio XIII edificó en este lugar. Pero todos estos esfuerzos eran inútiles mientras Ias colinas padecieran de falta de água. A esto pone remédio Sixto V. Dentro de Ia ciudad misma, debe su fama singular entre los Papas a haber hecho frente a esta necesidad, trayendo Ias águas por colosales acueductos. Lo hizo, como dice, "para que estas colinas, qum todavia en los tiempos cristianos lucían magníficas basílicas, que gozan de ui»| aire sano, de una situación preciosa y de un bello panorama, pudieran ser de| nuevo habitadas". "Por esta razón —aiiade— no nos hemos arredrado poin dificultad alguna ni por los gastos." Desde un principio dijo a los arquitectotj que su deseo era fabricar una obra que pudiera ponerse a Ia altura de Ia Roma| imperial por su magnificência. Desde una distancia de veintidós millas par^ tiendo dei agro Colonna, a pesar de todos los obstáculos, hizo traer Ia Acua\ Martict, en parte bajo tierra y en parte sobre altas arcadas. Con gran contento pudo ver ei Papa elevarse ei chorro de estas águas en su Vigna y todavia Ias llevó hasta Susana, en ei Quirinal, y Ias bautizó con su propio nombre, Acua Felice. Y con no menor complacência hizo esculpir en Ia fuente Ia figura de Moisés haciendo brotar ei água de Ias penas.110 Para ei barrio y para toda Ia ciudad Ia obra fué muy beneficiosa. La Acua Felice pródiga en veinticuatro horas 20,537 metros cúbicos de água y alimenta veintisiete fuentes. Así se comenzó a construir de nuevo en Ias alturas. Sixto V animo a ello
108 OpuscuJum de minbilibus novae et vetais urbis Romae editum a Francisco Aibertino J '515, principalmente en Ia segunda parte de este, de nova urbe. 100 Luigi Contarini, Antichità di Roma, p. 76, elogia sobre todo los esfuerzos de Pio IV, S'eg/i viveva ancora -f anni, Roma sarcbbe d'edi/i'cii un a/tra Roma. HO De Tasso poscemos "Stanze all'acqua felice di Roma" (Rime, n, 311). Allf describe como ei água corre ai principio en oscura via y luego asciende alegremente hacia Ia luz dei sol, para V W a Roma tal como Ia vió Augusto.

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con privilégios especiales. Allanó ei suelo en Trinitá de'Monti y puso los cimicntos para Ia escalera de Ia Plaza de Espafia, que constituye Ia comunicación más próxima entre Ia ciudad baja y esta altura.111 Aqui construyó Ia Via Yvlice y ei Bordo Felice, y abrió Ias calles que hoy todavia conducen por todas partes a Santa Maria Maggiore. Su intención era unir todas Ias basílicas con • --I.I mediante anchas y grandes vias. Los poetas cantan que Roma parece duplicar su población y busca sus viejos albergues. Pero no solo por ei hecho de construir en Ias alturas se diferencia Sixto V di* los Papas anteriores. Tuvo también proyectos muy contrários a los de otros [Papas. Con una espécie de fervor religioso se contemplaban en ei tiempo de Lión X Ias minas de Ia vieja Roma, pues en ellas se entraba en contacto con _U chispa divina dei espiritu de Ia Antigüedad. Aquel Papa penso sobre todo «•li Ia conservacíón "de aquello que todavia quedaba de Ia vieja madre de Ia ima y Ia grandeza de Itália".112 Sixto V estaba muy lejos de pensar así. Este franciscano no tenía sentido mo de Ja belleza de hs minas anúguas. El Septizonio de Severo, obra maivillosa que se había conservado a despecho de todas Ias vicisitudes de los impôs, tampoco halló gracia ante él. Lo derribó y algunas columnas Ias llevó San Pedro.113 Era tan animoso para Ia destmcción como afanoso en Ia consjcción. Todo ei mundo temia que Ia destmcción no encontrara limites. El Irdenal Santa Severina cuenta que le pareceria increíble de no haberlo vivido mismo. "Pues se vió que ei Papa se inclinaba a Ia destmcción completa de antigüedades romanas y, un dia, un grupo de nobles romanos vinieron virle y le rogaron que hiciera lo que estuviera en su mano para apartar a Su itidad de ideas tan extravagantes." Se dirigieron a este cardenal, que eníces llevaba Ia fama de ser ei más fanático. El cardenal Colonna se puso su parte. La respuesta dei Papa fué que, entre Ias antigüedades, queria Cubar con ias odiosas, pero que ei resto, si lo necesitaba, lo restauraria. jHay Mi imagínarse qué es lo que a él le pareceria odioso! Tenía ei propósito de
111 Gualterius: Ut viam a fiequentioribus urbis locis per Pineium collem ad Exqui/ias comIIIKIII srruerct, Princium ipsuin coJIein ante sanctissimae Trinitatis tcinplum hiimi/iorem fecit et |l|«nlis rhedisque peivium reddidit sca/asque ad feniplum i/Jud ab utroquc poitae Jatere commoprrpiilcrasque ad modum extruxit, e quibus /ucundissímus in totam urbem prospectus est. 11- Pasajes dei conocido escrito de Castiglionc a León X: Lettere di Castiglione Padova w9o, p. 149. Sin embargo, no puedo encontrar en esta' carta nada sobre un plan de exeavaeioT|l kistcmáticas de Ia ciudad vieja. Me parece evidente que constituye un prólogo para una Hcrípcion de Roma con un plano: constantemente se refiere a esta descripeión y a este plano: niiy probablc que ei prólogo estuviera destinado a un trabajo de Rafael. Esto resulta claro I lodo de Ias expresiones concordantes dcl conocido cpigraina sobre Ia muerte de Rafael, y Inín de esta carta. Por ejemplo, vedendo quasi il cadavero di quelía nobi) pátria cosi míseraItnlr lacerato y urbis Jacerinn ferro igni annisque cadáver Ad vitam revocas. Esto significa (liulilcuicntc una rcconstrucción, pero solo cn idea, en descripeión. Esta opinión no invalida i lu cscncial los puntos de vista expresados hasta ahora, sino que los determina más estrecha•nlc. Podemos suponer que ei trabajo ai que Rafael se dedico en los últimos aiíos de su vida, mkt bastante avanzado. Es posiblc que los documentos y ei plano hayan llegado a Fulvius, que •Vil probablemcntc gran participación en los trabajos de investigación. n ; i Gualterius: Praecipue Severi Septizonü, quod incredibüi Romanorum dolore dcmolien|in curavií, coíumnis marmoribusque usus est, passimque per urbem cavcae videbaniur unde W9I omnis gencris effodiebantur.

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denibar por completo ei sepulcro de Cecília Metella, que era ei único resto importante de Ia época republicana y, por Io demás, admirable. No sabemos cuánio ha desaparecido bajo su ceio demoledor. Apenas si podia tolerar que siguieran en ei Vaticano ei Laoconte y ei Apoio de Belvedere. Tampoco le agradaban Ias antiguas estatuas con que los ciudadanos romanos habían adornado ei Capitólio. Llegó a decir que derribarí* todo ei Capitólio si no se alejaba aquellas estatuas. Había un Júpiter Tonanttf entre Minerva y Apoio. Apoio y Júpiter tuvieron que ser trasladados, pues no aguantaba más que Ia Minerva. Sixto queria que esta Minerva representara^ a Roma, pero Ia cristiana. Le quito Ia lanza y le puso una enorme cruz en Ia mano.114 Con este sentido fué restaurando Ias columnas de Trajano y de Antonino. Saco de Ia prímera Ia uma que, según se decía, contenía Ias cenizaá dei emperador. Dedico una de Ias columnas a San Pedro y Ia otra a San Pablo, cuyas estatuas se enfrentan en Io alto, por encima de Ias casas de los hombres, desde entonces. Creía así labrar un triunfo a Ia fe cristiana sobre ei paganismo.115 Tenía tanto empeiio en montar ei obelisco de San Pedro porque "deseaba ver sometidos a Ia cruz los monumentos de Ia gentilidad en aquellos mismo» lugares en que otra vez los cristianos sufrieron muerte en Ia cruz".116 Fué en verdad una magnífica empresa, pero Ia llevó a ejecución con su peculiar manera: una mezcla muy particular de violência, grandeza, pomptf| y fanatismo. El construetor, Dominico Fontana, que había prosperado desde simple albanil bajo su protección, fué amenazado con castigos si Ia empresa no salíaj bien y se danaba ei obelisco. La tarea era difícil. Primero había que arrancado de su planta, en ia sacristía de Ia vieja iglesia de San Pedro, reclinarlo sobre ei suelo, trasladado ftf nuevo emplazamiento y volverlo a empinar. Se comenzó Ia obra con Ia idea de hacer algo cuva fama quedara pata siempre. Los novecientos trabajadores empezaron oyendo misa, confesando y1! comulgando. Entraron en ei lugar dispuesto para ei trabajo, que estaba rodeado por una cerca. El maestro se sento a cierta altura. El obelisco se hallabaj revestido de esteras y tablones, sujetos por argollas de hierro. Treinta y cinco malacates estaban .dispuestos para poner en movimiento ej enorme aparato, qual habría que elevar luego con unas poderosas cuerdas, de cáfiamo. De cada uno tiraban dos caballos y diez hombres. Una trompeta dió Ia serial. El primei tirón dió excelente resultado y ei obelisco se elevo sobre su base, en Ia quA venía descansando desde hacía mil quinientos anos; con ei segundo tirón había
114 Un pasaje de Ia Vita Sixti V ipsius manu emendara, reproducido en )a descripeión de Roma, i, p. 702, de Bunsen. 115 Así Io considera, entre otros, J. P. Maffei, Hisforiarum ab excessu Gregoríi XÍIÍ, lib. V p. 5. 118 Vita Sixti V i. m. e.: ut ubi grassatum oi/m suppliciis in Christianos et passim tixao ciuces, in quam innoxia nario sublata reterr/mis cruciatitbuj necaretur, ibi supposita cruci et ill cnwis versa honorein cuirumque ipsa impietaris monumentü cernerentur.

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subido 2 3 ^ palmos, y fué sujetado en firme. El maestro de obras podia contemplar como Ia enorme mole, con ei revestimiento de un peso superior a un irtillón de libras romanas, le obedecia. Se registro con cuidado ei momento, 30 Ir abril de 1586, hacia ias tres de Ia tarde, después de veinte horas. Desde astillo de Sant'Angelo se dió Ia senal de júbilo y todas Ias campanas de Ia Jad comenzaron a repicar. Los obreros llevaron en triunfo ai maestro, entre vidres incesantes, paseándolo en torno a Ia cerca. Siete dias más tarde se reclinó ei obelisco con no menor habilidad y fué trasladado sobre rodillòs a su nuevo emplazamiento. Luego de pasados los ineses de calor se intento enderezarlo. El Papa escogió para esta hazana ei 10 de septiembre, un miércoles, dia ue siempre había sido dichoso para él, víspera de Ia exaltación de Ia Santa Iruz, en cuyo honor se levantaba ei obelisco. También en este dia los trabaidores se pusieron a Ia obra encomendándose antes ai Senor, y cayeron de Inojos ai entrar en ei cercado. Fontana había tomado sus precauciones, no sin iner en cuenta Ia última erección de un obelisco descrita por Ammiano Marílino. Pero llevaba Ia ventaja de ciento cuarenta caballos. Se considero como na suerte que ei cielo estuviera cubierto ese dia. Todo fué a pedir de boca. Uon tres grandes tirones se movió ei obelisco y una hora antes de Ia puesta lei sol entraba en su pedestal, a Ia espalda de los cuatro leones de bronce que •recían sustentado. El júbilo popular fué indescriptible y ei Papa sintió Ia layor satisfacción, pues llevar a cabo Ia obra había sido deseo de muchos anteliores suyos, en muchos escritos se hablaba de ello y él, por fin, había logrado accrlo. En su diário anota que ha realizado Ia obra más grande y difícil que •ya imaginado nunca ei espíritu humano. Hizo grabar medallas, recibió poetas alusivas en todos los idiomas y pasó comunicación a Ias potências extranfcs.m Es sorprendente Ia inscripeión en que ei Papa celebra como ha arrebatado Ke monumento a los emperadores Augusto y Tiberio y Io ha dedicado a Ia Iruz. Hizo construir una cruz que llevaba dentro un trozo de Ia supuesta veridera cruz de Cristo. Esto pone de manifiesto su mentalidad: los monumen^ H i dei paganismo debían servir para Ia exaltación de Ia Cruz. Se dedico con toda su alma a Ias construeciones que había planeado. Él, que era un pastor y que había pasado su juventud en ei campo, amaba Ias ftldades y nada queria saber de vacaciones campestres, pues —decía— su deslanso consistia en ver muchos tejados. El mayor placer para él eran sus consIrucciones.
117 Gritti, en los Dispacci dei 3. 10 Maggio, 12 Luglio, 11 Ottobre, trata de esta erección. \A Vita Sixti V ipsius manu emendata describe bastante bien Ia impresión. Tenuirque universae Wtltii óculos novae et post 1500 amplius anno relatae rei spectacu/o, cum aut sedibus su/s tulvim toí/eret molem, uno tempore et duodenis vectibus impulsam et quinis trícenis ergatis n cqui bini homines deni agebant in sublime datam, aut cum suspensam inde sensim deporf extenderetque humi junetis trabibus afqne ex his ingenri composita fraha quae /acentem Ittret, aut cum suppositis cy/indris ísunt hae ligneae coJumnae teretes et volubiles) quaternis I>I: IÍIS protracta paulatim per editum et ad altitudinem basis cui impoiieiida erat excitatum aggerem Kiir mídique egregíe munitum incederet, denique cum iterum erecta librataque suis reposita Mbus est.

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Miles de brazos tenían ocupacíón constante y nínguna dificultad Ie arredraba. La basílica de San Pedro carecia de cúpula y los maestros de obra calculaban diez anos para terminaria. Sixto estaba dispuesto a dar ei dinero, pero también queria ver ia obra con sus propios ojos. Puso ai trabajo 600 obreros, sin interrumpirlo de dia ni de noche, y en vein tidos meses toào estaba íisto. Pero no pudo contemplar Ia colocación dei tejado de plomo. Su violência no conocía limites en obras de esta envergadura. Los restos de Ia patriarquía papal en Letrán, nada insignificantes y de extraordinário) ínterés, restos arqueológicos de Ia dignidad que él mismo revestia, los mando | allanar también para edificar en su lugar ei Palácio de Letrán, que no eid necesario, y que ha ganado una fama un poço equívoca como uno de los pri-J meros ejemplares de Ia regularidad monótona de Ia arquitectura moderna. La relación que se mantenía con Ia Antigüedad había cambiado por completo. Antes se trato de competir con ella en belleza y gracia de Ia forma; ahora en empresas colosales. En ei más pequeno monumento se veneraba antes cl espíritu antiguo; ahora se pretendia, más bien, borrar sus huellas. Se perseguia una sola idea ante Ia que palidecian todas Ias demás. La misma que habíffl ganado predominio en Ia Iglesia y había convertido ai Estado en órgano suyoJ Esta idea dei catolicismo moderno penetra por todas Ias artérias de Ia vida en sus direcciones más diversas.
í

3) Cambio de Ia orientación espiritual Porque no hay que creer que solo ei Papa estuviera poseído por este espíri«| tu. En todas Ias ramas predomina, a fin de siglo, una dirección opuesta a ia que marco su principio. Un rasgo importante es Ia postergación dei estúdio de Ia Antigüedad, que ai principio fué punto de partida. En esta época tenemos también en Roma a un Aldus Manutius, nombrado profesor de retórica. Pero/ ni para su griego ni para su latín se encontraron muchos devotos. A Ia hora de clase se le veiai pasear ante Ia puerta de Ia universidad con algunos de sus discípulos, los úni>| cos en los que desperto interés. AI comienzo dei siglo los estúdios de griego prosperaron de manera increíble. A fines dei mismo no conoce Itália ningúnl helenista famoso. Pero no quiero senalar esto como decadência, pues, en cierto aspecto, se halla en conexión con ei avance dei desarrollo científico. S.; antes se busco )a ciência àirectamente en hs antiguos, ya no era esío posible. Por un lado, ei material ha aumentado enormemente. Veamos si no. Ia cantidad inusitada de conocimientos de historia natural que, por ejemplo, pudo acumular un Ulises Aldrovandi a través de los esfuerzos de su largi vida y de todos sus viajes, y comparémosla con Ia de cualquier antiguo. Intento hacer una obra completa en su museo y cuando le faltaba ei modelo natuií Io sustituía por una copia; cada pieza contaba con su descripción detallada,] Los conocimientos geográficos excedían a los de los antiguos en términoi

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Increíbles. Por otro lado, se desarrolla una investigación a fondo. Los matemáticos trataron ai principio de llenar Ias lagunas dejadas por los antiguos. Así, por ejemplo, Commandin creía que Arquímedes había leído o quizá concebido •Igo sobre ei centro de gravedad, que estaba perdido. Esto fué motivo para Investigar Ia matéria misma. La ocasión condujo mucho más lejos v ei mismo contacto con los antiguos servia para emanciparse de ellos. Se hicieron descubrimientos que perforaban ei horizonte de los antiguos y abrían nuevos caminos a futuras investigaciones. Preferentemente se dedicaron con ceio inusitado ai conocimiento de Ia naturaleza. Se vacilaba todavia entre Ia aceptación dei mistério de Ias cosas y Ia Investigación osada y explicativa de los fenômenos. Pero Ia dirección científica •alio triunfante ai fin. Se había hecho ya un intento de clasificar racionaluirnte ei reino vegetal y en Padua vivia un profesor a quien se denominaba Colón dei cuerpo humano. Por todos lados se intentaba ir más lejos. La Itncia no se hallaba encerrada ya en Ia obra de los antiguos. Si no me equivoco, Ia consecuencia natural tenía que ser que ei estúdio I Ia Antigüedad, para ei que Ia dedicación no podia ser tan plena en virtud dei )jeto, no ejerciera Ia acción que antes ni en cuanto a Ia forma. En Ias obras de los estudiosos se perseguia Ia acumulación de material, princípios de siglo, Cortesius, a pesar de Ia ingratitud dei tema, había transitido Io esencial de Ia filosofia escolástica en unas obras clásicas eleganteente escritas y llenas degrada y donaire. Ahora, un Natai Conte expone un unto, ei mitológico, que hubiera permitido su manejo esplêndido, en unos llúmenes indigestos. Este autor escribe también una historia y ias sentencias in que adorna su libro Ias deriva casi siempre de los antiguos, citando ei liaje, pero le falta todo sentido para una exposición jugosa. A los contempoIneos les parecia bastante con amontonar en masa ei matéria] de hechos. Se jcde decir que una obra como los Anales de Baronius, despojada de toda rma —está escrita en latín, pero sin huella alguna de elegância ni en Ia más lignificante expresión— hubiera sido inconcebible a princípios de siglo. Al mismo tiempo que en los esfuerzos científicos y, todavia más, en Ia •na y en Ia exposición, se abandona ei camino de los antiguos, en Ia vida i Ias naciones se producen câmbios que ejercen una influencia incalculable i todos los empenos literários y artísticos. La Itália republicana, entregada a si misma, y en cuyas circunstancias «uliares se basaron los progresos anteriores y ei espiritu que los animo, se linde ahora. Desaparece Ia libertad e ingenuidad de Ias reunion.es de Ias (ntcs de espiritu. Recuérdese que se íntroducen los títulos. Ya fiacía ei afio ) 1520 algunos ven con disgusto que todo ei mundo quiere hacerse llamar Iflor y se atribuye esto a Ia influencia espanola. Hacia ei ano de 1550, ciertas •nadas fórmulas honoríficas desplazan ia sencillez de cartas y conversaciones. i fines de siglo los títulos de marquês y duque están de moda v todo ei mundo busca; todos quieien sei "Su Excelência". Podría pensarse que no era cosa mucha importância, pero téngase presente que si todavia hoy esta institución icuada sigue siendo eficaz, como no habría de serio en ei momento en que

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surgió. Pero en todos los aspectos Ias relaciones son más rigurosas, fijas y cerradas. Se acabo para siempre Ia alegre despreocupación primera y ei caracter directo de Ias frecuentaciones. Resida Ia causa donde quiera, sea un cambio que tenga sus raíccs en Ia naturaleza dei alma, ei caso es que en todas Ias aportaciones que asoman ya a mediados dei siglo, respira otro espíritu y Ia sociedad, tal como vive y cii esencia es, presenta otras necesidades. De todos los fenômenos que seflalan este cambio quizás ei más caraetfl rístico sea Ia elaboración a que somete Bemi ai Orlando enamorado, de Beyardo. Es Ia misma obra y, sin embargo, es completamente diferente. Ha de* aparecido todo ei encanto y Ia frescura dei poema original. Si nos fijamos un poço nos daremos cuenta de que ei autor ha puesto por todas partes, en lugar de Io individual, Io universal; en lugar de ia expresión despreocupada de una naturaleza bella y viva, una espécie de decoro social tal y como Io reclamar» por entonces —y Io reclamará más tarde— ei mundo italiano.118 Acerto dei todo y su obra fué recibida con ei aplauso general, de suerte que Ia rcelaboración desplazó ai poema original. jCon cuánta rapidez había tenido lugar ti cambio! No habían transcurrido todavia cincuenta afios desde Ia primem edición. En Ia mayoría de ias aportaciones de Ia época podremos notar este cambio | fundamental de tono, esta vena por donde circula otra sangre, otro espíritu. I No es precisamente Ia falta de talento Io que hace tan insípidos y aburri* dos los grandes poemas de Alamanni y de Bernardo Tasso, por Io menos ei da| este último. Es que su concepción es fria. Siguiendo los deseos de un pública no muy virtuoso en verdad, pero si grave por Io menos, escogieron héroei intachables: Bernardo ei Amadís, dei que dice el joven Tasso: "Dante hubiera retirado el juicio reprobatorio sobre Ias novelas de caballería de haber conocido| el Amadís de Gaula o de Grécia, pues tan llena se halla esta^figura de nobleza y | caracter." Alamanni reelaboró Giron le courtays, espejo de todas Ias virtudeíl caballerescas. Su propósito expreso consiste en mostra/ a Ia juventud con ese ejemplo como se resisten el hambre y Ia vigília, ei frio y el calor, como se manejan Ias armas y como se hace justicia a todo el mundo y se le muesttd piedad, y como es menester perdonar a los enemigos. Como con esta intenciótt didáctico-moral proceden a Ia manera de Berni y sustraen a Ia fábula deliberadamente su base poética, sus elaboraciones resultan demasiado profusas y| muy secas. ^ Parece como si Ia nación hubiera consumido el caudal de representaciones poéticas que le había suministrado su pasado, Ias ideas que le venían de Ia Edad Media, y ni siquiera Ias entendia ya. Buscaba algo nuevo, pero ni los gênios creadores querían presentarse ni Ia vida ofrecía material fresco. La prosa —significativa por naturaleza— sigue siendo espiritual, cáüda, flexiblej y graciosa hasta mediados de siglo. Lo mismo que a Ia poesia le ocurre ai arte. Perdió aquel entusiasmo que en un tiempo le habían insuflado los temas religiosos y, poço después, tambiéaj
118 Trato de explicar esto más detalladamente en Ia memória acadêmica citada arriba.

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profanos. Solo los venecianos parecían conservar algo. A partir de Rafael iiicn todos sus discípulos, con excepción de uno solo. Al copiarle, se pierden lu bclleza fabricada, en Ias actitudes teatrales, en Ia gracia afectada, y sus M nos revelan ei estado de ânimo frio y prosaico con que han sido proyecs |i. Los discípulos de Miguel Ángel tampoco hicieron cosa mejor. El arte biu perdido Ia brújula y había abandonado Ias ideas que antes procuro íirnar en bellas formas, conservando tan solo Ias exterioridades dei método. En estas circunstancias, alejados ya de Ia Antigüedad, sin deseo de imitar formas y sustraídos a su ciência —ai mismo tíempo ei arte y Ia literatura ^eftan Ia vieja poesia nacional y Ia representación religiosa—, se produce Ia vn restauración de Ia Iglesia, que se apodera de los ânimos, con su voluntad B ella, y produce un cambio total en ei mundo literário y artístico. IVro, si no me equivoco, Ia Iglesia ejerció una acción muy diferente sobre Ciência que sobre ei arte. La filosofia y Ia ciência en general volvieron a vivir una época importanI Después que había sido restaurado ei autêntico Aristóteles, en filosofia, como 'irió en otros tiempos, comienzan a alejarse de él y se avanza hacia una expli"ón libre de los problemas últimos. Es natural que Ia Iglesia no fomentara tendência. Ella fijaba los princípios supremos en forma que no cabia discuti. Pero si los partidários de Aristóteles habían profesado a menudo opiniones lícristianas, naturalistas, algo semejante era de temer de sus adversários. Como * uno de ellos, pretendían comparar los dogmas tradicionales con Ia escritura léntica de Dios, ei mundo y Ia naturaleza de Ias cosas. Empresa cuyo resultaiio se podia prever y en Ia cual se podría tropezar con descubrimientos o errores de peligroso contenido y que, por Io mismo, Ia Iglesia impidió. nque Telesio no pasó de Ia física, permaneció toda su vida en su pátria chica; impanella vivió como fugitivo y conoció ei tormento; ei más profundo de os, Giordano Bruno, verdadero filósofo, después de muchas persecuciones I M is odiseas, fué tomado a cuenta por Ia Inquisición porque, según se dice il proceso, "no solo como hereje sino como heresiarca ha escrito algunas cosas Tintes a Ia religión que no son nada decentes".119 Llevado a Roma, se le
li» En un manuscrito vcneciano que se encuentra en ei arcliivo de Viena bajo Ia rubrica iiiii.i V.spositioni 1592 28 Sctt., se halla ei original dcl protocolo sobre Ia entrega de Giordano llli". Ante ei colégio aparcecn cl vicario de los patriarcas, ei padre inquisidor y ei asistente de c|nriciun, Tomás Morosini. El vicario expone: li giorni passati esser stato ritenuto e tuttavia lnviirvi neile prigioni di questa città depurate ai servido dei santa ufíicio Ciordano Bruno da Ma, imputato non solo di herético, ma anco di heresiarca, havendo composto diversi íibri nei quali Khnido assai Ia regina d'ínghilterra et altri principi heretici scriveva alcune cose cor.cernenti il fticular delia religione che non convenivano sebene egíi parlava filosoíicamentc, e che costui era pltuta, essendo stato primo Frate domenicano, che era vissuto molfanni in Ginevra et Inghiífu c che in Napoli et altri luoghi era stato inquisto delia medesima impntatione: e che essendosi puta a Roma Ia prigionia di costui, Io «limo. Santa Severina supremo inquisitore haveva scritto il.ilu ordine che fusse inviato a Roma —con prima sicura ocasione. Ahora ha llegado tal ocasión. I reciben Ia contestación en seguida. Después de Ia comida aparece de nuevo ei Padre Inquisidor |w urge muclio, ya que Ia barca está para salir. Pero los savj contestaram che essendo Ia cosa di talento e consideratione e le oecupatione di questo stato molte e gravi non si haveva per alhora luto fare risolutione. Así que Ia barca hubo de salir esta vez sin ei prisionero. No he podido imtrar un documento que pruebe que fueron negociaciones posteriores Ias que motivaron su •dera entrega.

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condeno a ser quemado vivo. ^Quién se hubiera sentido en esta atmosfera con fuerzas suficientes para seguir Ia libre inspiración de su alma? De los innova- I dores de este siglo solo uno, Francesco Patrizi, obtuvo grada en Roma. También había atacado a Aristóteles, pero solo en ei sentido de que sus princípios eran I contrários a los de Ia Iglesia y ai cristianismo. En oposición con ei pensai I aristotélico, trato de encontrar una autêntica tradición filosófica, a partir dei I supuesto Hermes Trimegisto, en Ia que pretendia encontrar una explicaciónl más dará dei mistério de Ia Santísima Trinidad que Ia que ofrecían los escritos de Moisés; trato de renovar esta tradición filosófica y reemplazar con ella Ia j aristotélica. En todas Ias dedicatórias de sus obras hablaba de su propósito, d a l Ia utilidad y hasta de Ia necesidad de ponerlo en práctica. Es un espíritu sin«l guiar, no carente de sentido crítico, pero solo para aquello que rechaza y no para Io que acepta. Fué atraído a Roma y ganó gran prestigio en razón d a l aquellas características de su trabajo que favorecían a Ia Iglesia, pero no p o r l Ia acción de este, que fué pequena. Por entonccs los estúdios filosóficos andaban mczclados con Ias invesê^B gaciones físicas y de historia natural. Todo ei sistema de ideas estaba puestol en cuestión. Los italianos de esta época están poseídos por una gran pasióml buscar, penetrar, adivinar osadamente. iQuién podría decir a donde hubieranl Ilegado? Pero Ia Iglesia les marco una raya que no tenían que pasar. Y jay de I aquel que no obedeciera! Si Ia restauración dei catolicismo ejerció un efecto inhibidor sobre | H ciência, indudablemente con ei arte y Ia poesia ei efecto fué contrario. l ^ H faltaba un contenído, un tema vivo, y Ia Iglesia se Io dió. En cl ejemplo de Torcuato Tasso vemos en que grado Ia renovación de 1|^H religión se apoderó de los ânimos. Su padre había buscado ya un héroe moral* I mente intachable, pero él dió un paso adelante. Otro poeta de Ia misma é p o ^ H escogió Ias Cruzadas como tema, "porque es mejor tratar ^ristianamcntr un argumento verdadero que buscar un poço de gloria cristiana en uno fanj^H seado", y Io mismo hizo Torcuato Tasso, que no DUSCÓ a/su héroe en Ia fábula, I sino en Ia historia, y un héroe cristiano. Godofredo es más que Eneas: cofl^H un santo, está fatigado dei mundo y de Ia gloria pasajera. La obra hubia^H resultado muy prosaica si ei poeta se hubiera contentado con presentarnos cl personaje, pero Tasso manejo, ai mismo tiempo, ei aspecto sentimental y fe( voroso de ia religión, lo que entona muy bien con ei mundo feérico, cuyoi I abigarrados hilos entreveró en su trama. El poema, es en ocasiones un poço I largo y tampoco Ia expresión está conseguida en todo él; pero resulta Ileno da fantasia y de sentimiento, de sentido nacional, de verdad honda, cualidades I todas con Ias que Tasso se ha ganado Ia simpatia y Ia admiración de sus nacio*l nales, conservándolas hasta hoy. Pero jqué contraste con Ariosto! La poesia s a l había apartado antes de Ia Iglesia, pero Ia rejuvenecida religión había vuelto á I someterla. No lejos de Ferrara, donde Tasso concibió su poema, en Bolonia. se p t f ^ | duce poço después Ia escuela de los Caracci, que significo un cambio total I en Ia pintura.

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Si preguntamos en qué consistió este cambio oiremos hablar de los estúdios anatômicos de Ia academia de Bolonia, de su imitación ecléctica, de Ia ••biduría de sus maneras artísticas. Ciertamente es un gran mérito ese ceio con |qur trata de acercarse a su manera a los fenômenos de Ia naturaleza. Pero no menos importantes me parecen los temas que escogieron y en qué forma los pataron. Ludovico Caracci se ocupa mucho dei Cristo ideal. No siempre, pero si veces, como en ei caso de Ia Vocación de Mateo, consiguió representar ai "mbre dulce y grave, lleno de verdad y de calor, de gracia y majestad, en rma que ha sido tan imitada. Caracteriza su manera de sentir Ia forma que procede cuando imita. Sin duda tiene presente Ia Transfiguración, de ífael, pero ai utilizar sus motivos aiiade uno de su cosecha: hace que Cristo teve su mano doctoral hacia Moisés. La obra maestra de Agustín Caracci es ei San jerónimo, un anciano "óximo a morir, que no puede moverse ya y que busca con ei último aliento Sagrada Forma que se le ofrece. De Aníbal Caracci podemos decir que repite en sus obras más famosas ei to ideal de Ludovico, pero en otro plano. En ei Ecce Homo de Ia Villa hese, vemos ai Cristo en pasión, con fuertes sombras, piei transparente y ágrimas. Admirable y vigorosamente juvenil hasta en Ia misma frialdad Ia muerte, se nos presenta en Ia Pieíà, una obra en que ei triste suceso es tido y expresado de manera nueva. Aunque estos maestros trataron también temas profanos, dedicaron especial lención, como vemos, a los religiosos; en este caso no es solo ei mérito exteT r Io que les hace valer, sino que, penetrados vivamente de su tema, este O onifica ya algo para ellos. Precisamente es esta tendência Ia que diferencia a Ias escuelas. Aquel kall.izgo de Agustín en su representación de San Jerónimo es trabajado por Bomenichino con tan feliz aplicación que llega quizá a superar ai maestro m\ Ia diversidad dei conjunto y en Io perfecto de Ia expresión. Pero también su [0 personal va en Ia misma dirección. Me parece magnífica su cabeza He San Nilus, mezcla de dolor y meditación; sus profetisas se nos presentan Brnas de juventud, de inocência y de hondura. Su gusto era mezclar, contrafconrr Ia delicia dei cielo con Ia tortura de Ia tierra, como en ei caso de Ia Mado• dei Rosário, Ia madre celestial, llena de gracia, con ei hombre menesteroso. Guido Reni acierta también con este contraste en algunos momentos, por Ijnnplo, cuando pone frente a Ia Virgen resplandeciente de eterna hermosut<i, santos que son demacrados monjes. Guido tiene nervio y concepción propia. li Judith es magnífica, llena de los sentimientos de victoria y de reconociIcnto a Ia ayuda dei cielo. ^Quién no conoce sus Madonas encantadoras y sta un poço vaporosasí También para sus santos creó un ideal sentimental fervoroso. Pero todavia no hemos caracterizado Ia peculiaridad entera de esta direcn. Ofrece otro aspecto menos atractivo. Los hallazgos de estos pintores pacn a veces algo extranos. El hermoso grupo de Ia Sagrada Família, por ejem-

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pio, es representado una vez con San Juan, que besa ei pie dei Nifio Jesus, o aparecen los apóstoles para presentar sus condolências a ia Virgen y esta parece que se prepara a enjugarse Ias lágrimas. Muy a menudo se present» Io horrible sin piedad ninguna. En Ia Santa Inés dei Domenichino vemos sal-' tar Ia sangre bajo Ia espada; Guido pinta Ia matanza de Herodes en todo su horror; Ias mujeres abren sus bocas para gritar, los centuriones despedazan a Ias' criaturas. Se es otra vez religioso, pero con una gran diferencia. Antes Ia representación era ingenuamente sensual y ahora tiene algo de barroca y violenta muyi a menudo. Nadíe se negará a reconocer ei talento dei Guercino. Pero jqué San Juan ei que vemos en Ia galeria Sciarra! Con anchos brazos nervudos, colosales; rodillas, sombrio y, sin embargo, entusiasmado, no se podría decír si su entu«j siasmo es terreno o celestial. Guercino nos presenta a San Pedro mártir en ei momento en que Ia espada hiende Ia cabeza. Junto a aquel duque de Aquitanía revestido por San Bernardo con ei hábito, presenta a otro monje que con») vierte a un escudero, y se siente uno como imbuído de un fervor religioso. No queremos averiguar ahora en qué medida se traspasan Ias fronteras dei arte con estos procedimientos a veces idealizantes, a veces ásperos y antiij naturales. Baste Ia observación de que Ia Iglesia se aduenó por completo de Ia nueva pintura restaurada. La animo con un hálito poético y con los fundaJ mentos de Ia religión positiva, pero Ia imprimió ai mismo tiempo un caráctea eclesiástico y dogmático-modemo. Más fácil le habría de ser esta tarea en Ia arquitectura, que estaba directamente a su servido. No sé si alguien ha investigado en Ias obras modernas Ia línea que conduce desde Ia imitación de Ia Antigüedad hasta ei canon en») contrado por Barozzi para Ia construeción de Ias iglesias y que se ha conservado en Roma y en todo ei mundo católico desde entonces. La agilidad y Ia libro) genialidad con que empezó ei siglo se han convertido también en gravedad, v pompa y devota magnificência. Solo de un arte se podia dudar si habría de someterse o no a los propósitos de Ia Iglesia. Hacia mediados dei siglo xvi Ia música se había perdido en Ia más alambicada artificiosidad. Cadências sostenidas, proporciones, imitaciones, acrósticos y fugas hacían Ia gloria dei músico. Ya no importaba ei sentido de Ias pala-J bras y encontramos toda una serie de misas de aquel tiempo compuestas segúnj ei tema de conocidas melodias mundanas y Ia voz humana se trataba solo como instrumento.120 Por Io tanto, nada tiene de extrafio que ei concilio tridentino se opusiera a Ia introdueción de estas piezas de música en Ias iglesias. Como consecuenciof de Io tratado en sus sesiones, nombró Pio IV una comisión para que informara^ sobre si se habría o no de permitir Ia música en Ia Iglesia. No se estaba muy seguro dei sentido de Ia resolución. La Iglesia reclamaba sentido en Ias palabras
i 2 * Giuseppe Baini, Memorie sror/co-crilíche delia vita e dei/e opere di Giovanni P/cr Luigt dí Palestrina, Roma, 1S28, facilita Ias informaciones que utilicé.

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y coincidência de Ia expresión musical con Ias mismas; los músicos afirmaban IIC esto no era posible según Ias leyes de su arte. Estaba en Ia comisión Carlos urromeo y, dado ei sentir riguroso de este jerarca de Ia Iglesia, era muy fácil 1 ei acuerdo fuera algo duro. Afortunadamente, apareció una vez más en ei momento oportuno ei homlui que hacía falta. Entre los compositores que había entonces en Roma estaba Pier Luigi Mestrina. El riguroso Paulo IV le había expulsado de su capilla porque estaba casalo, y desde entonces vivia retirado y olvidado en una pobre casucha entre los Inedos de Monte Celio. Era un caracter que no harían doblegar Ias circunsliuias precárias. Se dedico a su arte con tal devoción en Ia soledad, que dió llula libre y original a Ia fuerza creadora que llevaba dentro. Así escribió Ias Irnentaciones que todos los anos se dejan oír ei Viemes Santo en Ia Capilla éxtina. Quizá jamás músico alguno ha comprendido con más espíritu ei sentido jfundo de un texto, su significación simbólica y" su conexión con ei alma y li Ia religión. Así, pues, nadie más capaz que él para ensayar si este método podría tamHlén ser aplicado a Ia obra más amplia de su misa. La comisión mando 11aItrle. Palestrina se dió cuenta de que se trataba de una prueba y que de Ia mista podia depender Ia vida o Ia muerte de Ia gran música. Se puso a Ia obra con forzado empeno. Escrita de su mano se ha encontrado Ia frase: "Senor, ilulina mis ojos!" Los dos primeros ensayos le fallaron hasta que, en momentos felices, fué miponiendo por fin Ia misa conocida con ei nombre de Misa dei Papa Maria, con Ia que excedió todas Ias esperanzas. De una melodia sencilla, puede impararse, sin embargo, por su riqueza con misas anteriores; los coros se sepain y se vuelven a reunir y ei sentido dei texto es expresado de manera insupeible; ei Kyrie es sometimiento, ei Agnus humildad, ei Credo majestad. El Papa Io IV, ante ei cual fué cantada, estaba entusiasmado. La comparo con Ias is celestes que ei apóstol Juan pudo haber oído en su éxtasis. Con este gran ejemplo único Ia cuestión estaba decidida y se abria un imino por el que han ido apareciendo Ias más bellas y conmovedoras obras, III para aquellos de otra fe. jQuién podrá escucharlas sin entusiasmarse! urece como si Ia naturaleza hubiera cobrado tono y voz, como si hablaran |os elementos y el rumor de Ia vida rezara en libre armonía, ora meciéndose eoino el mar, ora remontando jubiloso hasta el cielo. Y en este sentimiento ioi.il el alma es transportada hasta el éxtasis religioso.

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El arte que acaso se había separado más de Ia Iglesia fué precisamente el se le acerco más que ningún otro. Nada más importante para el catolicisTambién él, si no nos equivocamos, había incorporado ai dogma Ia visión rior y el entusiasmo fervoroso. En los libros más eficaces de contrición y Hlilicación dan el tono fundamental. Los temas preferidos por Ia pintura y Ia

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poesia eran ei sentimiento religioso y ei arrobo. La música representaba ale más directo, acucioso, irresistible que cualquier otro arte y algo más puro en reino de Ia expresión ideal. Por eso se apoderó d e los ânimos. 4) La cúria De este modo todos los elementos de Ia vida y dei espíritu habían sid transformados por Ia nueva tendência eclesiástica, y Ia corte de Roma, en que concurrían todos aquéllos, cambio también mucho. Ya con Paulo IV se empieza a notar. El ejemplo de Pio V fué de gran efecto y con Gregorio XIII ei cambio saltaba a Ia vista de todos. "Ha supuesto mucho para Ia Iglesia —dice V. Tiépolo— que vários Papas, uno trás otro r | hayan llevado una vida irreprochable, pues todos los demás se han hech mejores o han tomado por Io menos ei aspecto de tales. Los cardenales y lc prelados oyen misa con frecuencia y evitan todo Io que pudiera ser chocante en su manera de vivir. Toda Ia ciudad ha abandonado Ia antigua despreociw pación de costumbres y maneras y es ahora mucho más cristiana que antesj Se puede afirmar que Roma no está muy lejos de Ia perfeccióri asequible a Ia naturaleza humana en cuestiones de religión." N o es que Ia corte se compusiera nada más que de gente beata y gazmo-| fia, pues se reunían en ella personas destacadas. Es que estas se habían aproJ piado también en un alto grado de sinceridad aquel sentir eclesiástico de tonoi extremista. Observémosla tal como se presenta en Ia época de Sixto V y encontrare-l mos a no poços cardenales que habían tomado una parte muy activa en los] asuntos dei mundo. Gallio de Come, que había dirigido ei gobierno en calidadl de primer ministro durante dos pontificados, y que tenía ei talento de dominar con docilidad, llamaba ahora Ia atención empleando sus grandes ingresos cn fundaciones eclesiásticas. Rusticucci, poderoso ya con Pio V, de gran influencia todavia con Sixto V, varón lleno de agudeza y de bondad, laborioso, era tanto más cuidadoso e irreprochable en sus costumbres cuanto que había puesto sus miras en Ia tiara. Salviati, que se hizo famoso por una administración ejemplarj de Ia ciudad de Bolonia, era irreprochable y sencillo también, y más riguroso que grave. Santorio, cardenal de Santa Severina, ei hombre de Ia Inquisición, que gozaba ya desde mucho de una influencia directora en los negócios eclesiásticos, era obstinado en sus opiniones, rigurosp con sus senadores, duro con sus parientes y más todavia con los extranos, inabordable. En oposición cal él, Madruzz, que siguió siempre Ia política de Ia casa de Áustria, tanto Ia espanola como Ia germânica, era denominado ei Catón dei colégio, pero rrutt bien en alusión a su sabiduría y a su virtud que no a sus intervenciones (< n sorias, pues era h modéstia misma. Todavia vivia Sirlet, que era, sin dudã entre todos los cardenales, ei más sábio y poligloto: una biblioteca ambulantol —como solía decir Muret— pero que, cuando abandonaba los libros, llamab» a los muchachos que llevaban en invierno su carga de lena ai mercado para instruirles en los mistérios de Ia fe y comprarles después Ia carga; era de buen

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ni.i/ón y de humor afable.121 Ejerció una gran influencia ei ejemplo de CarBorromeo, cuyo recuerdo poço a poço se iba convirtiendo en Ia fama dei •..mi<>. Federico Borromeo era por naturaleza excitable y violento, pero Uevaba pii.i vida religiosa siguiendo ei ejemplo de su tio, y no se dejó alterar por Ias I minimizas que le afectaron no raras veces. Agustino Valier es ei que más re•Ucrda a Carlos Borromeo. Era un hombre de naturaleza tan noble y pura Hi.inio extraordinária era su sabiduría, que no seguia más que los dictados de conciencia y que presentaba Ia figura de un obispo de los primeros siglos i sus muchos anos. Siguiendo el ejemplo de los cardenales, se forma ei grupo de los prelados : les asisten en Ias congregaciones y que están llamados a ocupar algún dia puestos. Entre los miembros dei tribunal supremo, los auditores de Ia Rota, destaI i dos de caracteres opuestos: Mantica, que vive entre libros y papeles, sirM an sus obras jurídicas ai foro y a Ia escuela y acostumbra a expresarse con ^bricdad y sin circunloquios; Arigone, que dedica más tiempo ai mundo, a corte y a los negócios que a los libros, se distingue por su buen juicio y su Ixibilidad. Los dos igualmente afanados por conservar fama de irreprochailcs y piadosos. Entre los obispos de Ia corte se destacan los dedicados a Ias hinciaturas: Torres, que tuvo una gran parte en Ia conclusión de Ia Liga de V contra los turcos; Malaspina, que cuido los intereses de Ia Iglesia en |emania y en el Norte; Bolognetti, a quien se encomendo Ia difícil visitalinn de Ias iglesias venecianas. Todos habían ascendido por su destreza y ceio :1 servido de Ia religión. Un lugar destacado correspondia a los doctos; BeJarmino, profesor, graii iiini, el primer polemista de Ia Iglesia católica y a quien se atribuye una fida apostólica; otro jesuita, Maffei, que escribió Ia historia de Ias conquistas Kinuguesas en Ia índia, especialmente desde el punto de vista de Ia expansión cristianismo en el Sur y en el Oriente, y también una vida de Loyola idactada con cuidadosa prolijidad y sopesada elegância; m algunos extranITUS: el alemán Clavius, que aunaba su ciência profunda a una vida pulcra Btie gozo dei respeto de todos; Muret, francês, el mejor latinista de su époque, después de haber explicado durante mucho tiempo Ias Pandectas en |na forma original y clásica —era tan ingenioso como elocuente— recibió Ias Irdcnes ya entrado en anos, se dedico a los estúdios teológicos y dijo misa todos kk dias; Azpílcueta, canonista espanol, cuyas respuestas eran consideradas como tiii oráculo en Ia corte y en todo el mundo católico: se habia visto muchas forces ai Papa Gregorio XIII detenerse durante horas delante de su casa para •onvcrsar con él; sin embargo, no tuvo a menos prestar los servidos más humilpet cn los hospitales. Entre todas estas personalidades destacadas logro una gran influencia
121 Giaconius, Vitae Paparum, m, p. 978. Se encuentra aqui también Ia inscripción dei seMlcio de Sirleto, cn Ia que se le describe como eruditorum pauperumque patronus. En Cardella, norie storiche de'cardinali, se hallan tan solo en italiano Ias noticias que Giaconius reunió. lüü Vita /. P. Maíieji Sciassio auctoie. En Ia edición de Ias obras de Maffei, Bcrg. 1747.

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Felipe Neri, fundador de Ia congregación dei Oratório, gran confesor y cura de almas. Era bondadoso, alegre, severo en Io importante, condescendiente en Io accesorio. Nunca mando, sino que daba consejos y rogaba. Nunca ensenaba, sino que conversaba. Estaba dotado de un talento especial, necesario para dars* cuenta de Ias diferencias entre Ias almas. El Oratório surgió de Ias visitas qu« se le hacían, de Ia adhesión de ciertos jóvenes que se consideraban discípulos suyos y que deseaban vivir con él. El más famoso entre ellos es ei analista de Ia Iglesia, César Baronius. Felipe Neri reconoció su talento y le comprometió a explicar historia de Ia Iglesia en ei Oratório sin que él mostrara ai principio mucha inclinación.123 Este trabajo Io prosíguió Baronius durante treinta anos. Cuando le hicieron cardenal siguió levantándose antes de Ia salida dei sol para trabajar aquella matéria; comia con sus companeros en Ia misma mesa y toda su( persona emanaba humildad y entrega a Dios. Lo mismo que en ei Oratório, siguió manteniendo Ia más estrecha amistad con Taruji, que había ganado mucha fama como predicador y confesor y daba Ias mismas muestras de temofj de Dios; su amistad duro hasta Ia muerte y fueron enterrados uno junto a otroJ Un tercei discípulo de Felipe fué Silvio Antoniano, que mostraba una ten» dencia literária más libre y se ocupaba de trabajos poéticos. Más tarde, cuand» un Papa le encomendo Ia redacción de sus breves, ejecutó Ia tarea con Ia rnejoá gracia literária; se distinguía por Ias más dulces maneras, por su humildad y afabilidad y por su franca bondad y religión. Todo lo que en esta corte fué destacándose, en política, administracÜB estatal, poesia, arte, erudicíón, llevaba ei mismo sello. jQué gran distancia Ia que le separa de Ia cúria de comienzos dei sigla en Ia que los cardenales hacen Ia guerra ai Papa, los Papas cinen espada y Ia corte y Ia vida apartan de si todo lo que les recuerda su misión cristiana! Lm cardenales llevan ahora, por decirlo así, una vida conventual. El cardenal Tosco tuvo alguna vez Ias mejores perspectivas, pero no llegó a Papa sin embargo, y ello se debíó sobre todo a que se había acostumbrado a usar unas cuan»| tas expresiones lombardas que chocaban a Ia gente, fyú de exclusivo y dr sensible era ei espíritu público. Pero no ocultemos que, como en Ia literatura y en ei arte, también en l.i vida se desarrolló un aspecto menos simpático para nuestra sensibilidad. EmJ piezan de nuevo los milagros, que hacía tiempo no se habían mostrado. En San[ Silvestre una imagen de Ia Virgen empezó a hablar, 4o que impresionó ai pueblo de tal manera que muy pronto Ia región desjerta alrededor de Ia iglesit se llenó de edifícios. En Rione de'Monti apareció una imagen milagrosa de li Virgen en un henar y los habitantes dei lugar consideraron este hecho comO^ muestra tan patente dei favor dei cielo que se resistieron por Ias armas cuando se trato de llevarla. Sucesos parecidos encontramos en Narni, Todi, San Scverino y se difunden cada vez más por todo ei orbe católico desde ei Estado df Ia Iglesia. También los Papas celebran cada vez más canonizaciones, abandonadas durante tiempo. No había muchos confesores tan cautos como FelijJÍ
J2» Gallonius, Vita Philippi Nerái. Mog. 1602, p. 163.

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fclrri, se fomentaba una basta religiosidad por Ias obras y Ia idea de Ias cosas |(lvinas se mezclaba con fantásticas supersticiones. Así, por Io menos, se podia tener Ia seguridad de que también en Ia masa I había producido una sumisión completa a Ias prescripciones de Ia religión. Pero Ia misma naturaleza de Ia corte traía consigo que, junto a los afanes jligiosos, se agitaran también los mundanos. La cúria no era solo una institución eclesiástica, pues tenía que gobernar fe) listado e, indirectamente, una gran parte dei mundo. En Ia medida en que Iguien participaba de este poder ganaba prestigio, bienes de fortuna, influent.i y todo aquello que suele ser tan solicitado por los hombres. No era posible lie Ia naturaleza humana hubiera cambiado tanto que se entregara ahora a] • 0 afán religioso después de su porfía en ei mundo societário y político. ti|ní le ocurría Io mismo que en Ias demás cortes, solo que con un aspecto •iiv particular, de conformidad con ei suelo especial sobre ei que florecía. Entre todas Ias ciudades dei mundo era Roma Ia que por entonces conta« prnbablemente con más población flotante. Con León X llega a más de 0,1 )üü almas; bajo Paulo IV, de cuyo rigor huyen todos, baja a 45,000; inmelatumente después de él, y solo en unos cuantos anos, vuelve a subir a 70,000, i n Sixto V pasa de 100,000. Pero Io sorprendente es que los verdaderos jlbitantcs no guardan ninguna proporción con esta cifra. Era más bien una (Wivivencia larga que una ciudadanía y podia ser comparada con una feria, 9n un congreso, sin permanência ni fijeza, sin los lazos de sangre que atan. Cuántos venían a Roma porque en su propio país no salían adelantc! Unos Mn espoleados por Ias heridas de su orgullo y otros empujados por una ambiKIII sin limites. Muchos encontraban en Roma Ia mayor libertad y cada cual pscaba Ia manera de salir adelante y hacer carrera. La ciudad tampoco tenía unidad, pues los conterrâneos formaban grupos fcrcntes y se podían observar muy bien Ias diferencias de los caracteres najmies y provincianos. Junto a los lombardos ávidos d e aprender, vemos a los rnovcscs, que pretenden conseguirlo todo a fuerza de suerte, y a los venecia0s, acostumbrados a descubrir los secretos de los demás. El florentino ahorraftr y charlatán; ei habitante de Ia Romana que, con una listeza instintiva, lliica descuida su propio provecho; ei napolitano, pretencioso y amigo de Ia fcrcmonia. Los nórdicos se muestran sencillos y tratan de pasario bien, y hasta I mismo Clavius oyó bromas sobre su doblé desayuno, siempre bien servido; M franceses se mantenían separados y muy apegados a sus costumbres; con Ia Mima y Ia capa, los espanoles, llenos de pretensiones y de ambiciosos propósitos, llraban de arriba abajo a todo ei mundo. Cada cual encontraba allí algo deseable. Se contaba como se le preguntó n dia a Juan XXIII que por qué iba a Roma, y él contesto que porque queria fr Papa, y efectivamente llegó a serio. También Pio V y Sixto V habían Uemlo a Ia máxima dignidad desde Ias capas más humildes. Todo ei mundo •rcía capaz de todo y ponía sus esperanzas muy alto. A menudo se observo entonces algo que es perfectamente cierto, a saber: ut" Ia prelatura y Ia cúria tenían algo de republicanas. En efecto, cada cual

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podia pretenderlo todo y se podia Uègar a Ias dignidades más altas desde loil comienzos más humildes. Sin embargo, esta república tenía una constiiución muy cxtrana y es que ai derecho de todos se enfrentaba ei poder absoluto dl uno solo, de cuyo arbítrio dependia toda merced y toda promoción. Y ^quiém] era éstc? Era aquel que salía victorioso en Ias luchas de Ia eleccíón papal mel diante una combinación imprevisible. Hasta entonces poço importante, recibw de pronto Ia plenitud dei poder. Tanto menos había de propender a negar su personalidad cuanto que vivia con ei convencimiento de haber Ilegado a Ia suprema dignidad por Ia acción dei Espíritu Santo. Por Io general, daba comienzo a su gestión con un cambio total. Cambian los legados y los gobeg nadores en Ias províncias. En Ia capital había unos puestos que bencficialxm siempre a sus familiares. Y aunque también ahora ei nepotismo se halla cond tenido, cada Papa protege a sus viejas amistades y a sus parientes. La cosa cs tan natural, que tampoco deja de vivir con ellos. El secretario que sirvió durante largo tiempo ai cardenal Montalto, fué también secretario dcl Papa Six• | to V. Las gentes dei mismo partido hacian carrera con ellos. En todos los aspectos, en las esperanzas de Ia gente, en los accesos ai poder y en las d í g n n dades eclesiásticas y seculares, cada entrada de un nuevo Papa significaba un cambio completo. "Es como si en una ciudad —dice Commcndone— se desplazara ei castillo dei príncipe y todas las calles tuvieran que ordenarse de nuevo; muchas casas tendrían que ser derruídas, ei camino tendría que atraJ vesar a veces un palácio y se verían surgir nuevas calles y pasadizos." DescnH ción bastante certera de Ia violência dcl cambio y de Ia relativa estabilidad de Ia reorganización inicial. Es claro que esto tenía que producir una situación muy peculiar. Este cambio ocurría con relativa frecuencia, pues los Papas cenían M tiara con mucha más edad que los príncipes Ia corona. A cada momento se podia producir Ia nueva situación y pasar ei poder a otras manos, de suertd que se vivia en una espécie de perpetua loteria, con Ia imprevisibilidad da| esta, pero también con su incesante atizamiento cfé esperanzas. Salir adelante, ser favorecido en Ia carrera como uno descaba: todo depen-1 dia dei favor personal, y, teniendo en cuenta Ia extraordinária movilidad dei factor "influjo personal", Ia ambición calculada tenía que adquirir una forma adecuada y tomar caminos nada comunes. En nuestra colección de manuscritos tropezamos con toda una serie de indicaciones acerca de como hay que comportarse en esta corte.-12* Me parece digno de ser observado como se las maneja cada cual para ei logro de sus ambiciones. La plasticidad de Ia naturaleza humana es inagotable y, cuanto más circunscritas las circunstancias, tanto más inesperadas las formas que adopta. N o todos pueden recorrer ei mismo camino. El que no tiene bienes de fortuna habrá de acomodarse a servir. Los príncipes y los cardenales mantiencn
l--f P. c. fnstnitfione a/ signor Cardinal di Mediei, de/ modo come si deve governarc nc/la corte di Roma.—Avvcrt/meiiti alVillmo. card/na/ Montalto sopra iJ modo co/ qua/e si possa e debbi ben governarc come cardina/e e nepote dei papa. ín/orm. XII Avvertimenti politici ei níi/issiiiii per /a corte di Roma: 78 frases muy discutiblcs: Inform. XXV. Lo más importante: Discorso ovef| ritratto delia corte di Roma di Mr. /(/mo. Coimnendone. Codd. Rang., Viena, XVIII.

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Invía aquellas reuniones libres de caracter literário. Si uno necesita entrar en mundo tratará primcro de ganarse ei favor dei amo. Hay que haccr méripcnctrar en sus secretos, ser imprescindible. Se aguanta todo y Ia injusticia Inda se apura interiormente. Es fácil que, con ei cambio de Papa, se levante CMrclla de alguien cuyo brillo se extienda hasta sus servidores. La suerte BC y se va, Ia persona permanece. ()tros procuran un cargo modesto que, desempenado con ceio y activií, puede darles cierto prestigio. Seguramente que aqui, como en cualquier j Estado y en cualquier otra época, es desagradable tener que pensar prij|0 en ei provecho y después cn ei honor. I Los ricos están en mejor posición. De los Monti, en los que participan, les "H todos los meses una renta segura; compran un cargo con que entrar en |»clatura y, de este modo, no solo se aseguran una existência independiente, p que pueden desplegar su talento en forma brillante. Al que tiene, a ése tlc da. En esta corte es doble ventaja poseer algo, porque Ia poscsión recae, en jmo término, en Ia Câmara, de suerte que ei Papa mismo tiene interés i|iic ei rico prospere. i No es tan necesario "pegarse" ai séquito de un grande: un partidismo Piorado más bien podría danar ei porvenir si Ia suerte no favorece ai senor. Io que hay que tener mucho cuidado es en no agravíar a nadie. Esta pre"ción se extrema hasta los más finos detalles. Se guarda uno, por cjemplo, mostrar a nadie más honor dei que le pertenece; igualdad de trato con nus de diferente rango seria desigualdad y podría producir mala impresión. iiipoco de los ausentes se habla nunca mal, no solo porque, una vez salida palabra de Ia boca, escapa a nuestro poder y vuela a no sabemos donde, sino fiiue son los menos los que gustan de u n examinador impertinente. Se hace uso moderado de los propios conocimientos, cuidando de no abrumar a (lie. Se evita traer una mala noticia, porque una parte de Ia penosa impren recae sobre ei mensajero. Pero, por otra parte, tampoco hay que callar masiado, de suerte que se trasluzea Ia intención. De estas precauciones no se libra ei que prospera, aunque lleguc a carn,il; por ei contrario, tiene que extremadas en ei nuevo círculo. {Como se a revelar que se consideraba a alguien dei Colégio como poço digno para Riir ai Papado? Ninguno había tan modesto que no pudiera recaer en él Ia ción. Lo que más importa ai cardenal es ei favor dei Papa. La fortuna y ei stigio, Ia buena disposición y servicialidad de los demás, dependen de él. Pero V que procurárselo con mucho cuidado. Acerca de los intereses personales Papa se guarda un profundo silencio, pero no se escatima ningún esfuerzo averiguados y orientarse por ellos. Solo a los sobrinos habrá que alabar cada momento y hacer encomios d e su fidelidad y talento, porque esto, por a general, les agrada. Para enterarse de los secretos de Ia família dei Papa sirve uno de los frailes, que entran más adentro de lo que uno se sospeso capa de religión. Ante Ia eficácia y movilidad de Ias relaciones personales, los embajado-

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res se ven obligados a mantener una inspección vigilante. Como un buen piloto, ei embajador percibe por donde sopla ei viento, no escatima dinero para tener buenas infonnaciones y una buena noticia le puede compensar todos los gastos si, por ejemplo, le seriala ei momento oportuno para una negociación.l Si trata de presentar un ruego ai Papa se Ias arreglará para complicar insensiblemente algunos intereses de este. Trata, ante todo, de ganar ascendência sobre sus familiares y de convencerles que de ninguna otra corte podrán espdJ rar tanto en cuanto a riquezas y duradera grandeza. También trata de asegiM rarse el favor de los cardenales. A nadie le prometerá ei Papado pcro a muchod les entretendrá Ias esperanzas. No se entregará a ninguno pero, aun a los do ânimo adverso, les hará algún favor de vez en cuando. Es como un cazadoi que muestra Ia carne a sus halcones, pero solo les da a morder poço y cspaciadamente. Así viven y se tratan cardenales, embajadores, prelados, príncipes y potafl tados públicos y privados; muy ceremoniosos, pues Roma es el suelo clásI^H con mucha oficiosidad y servilismo, peio egoístas de punto a punto, anhelanMfl siempre de alcanzar algo, de llegar a un puesto, de aventajar a los demás. Es extrano como Ia pugna por Io que todos desean: el poder, el honH Ia riqueza, el placer, que en otras partes despíerta enemistades y provoca rifilfl aqui aparece recubierta por el servilismo. Se halagan Ias pasiones de los ( H más, de que se tiene conocimiento por uno mismo, para obtener Ia satisfacdH de Ias propias. La continência está apretada de deseos, y Ia pasión avanM cautelosa bajo su coraza. Vimos Ia dignidad, Ia gravedad, Ia religiosidad que prevalecían en Ia a f l te, y ahora vemos su aspecto mundano: ambición, codícia, hipocresía y astudfl Si se quisiera cantar una alabanra de Ia corte romana habría que referi^M ai primer aspecto; si quisiéramos combatida nos limitaríamos ai segundo. Pero, si nos elevamos a una observación pura y sín prejuicios, encontraremos que ambos aspectos son igualmente verdaderos y hasta igualmente necesarios, pod Ia naturaleza de los hombres y por ia situacíón de ias cosas. El desarrollo histórico que hemos estado considerando hizo valer como nunca Ia dignidad, Ia limpieza y Ia religión. Constituye el principio que inspira a Ia corte, y su posición en el mundo descansa en él. Como es natural, tienen que prosperar en primer lugar aquellos cuyo caracter corresponde mejof a esta exigência; si el sentir público no tuviera esta eficácia^ no solo se contraindicaria, sino que acabaria por deshacerse. Pero el hecho de que a Ias cuali-J dades espirituales se hallen vinculados tan directamente los bienes de Ia for tuna, constituye el enorme atractivo dei espíritu de este mundo. No podemos poner en duda Ia autenticidad dei sentir imperante, tal como a menudo nos lo describen nuestros más atentos y competentes informadorej. Pero jcuántos que no hacen sino acomodarse para llegar con ia apariencia! jCuántos otros en los que Ias apetencias puramente mundanas se entretejen en lo profundo con Ias espirituales! Ocurre con Ia cúria lo que con Ia literatura y el arte. Parecia que ia Iglfl sia lo había perdido todo y de su mismo seno habían salido direcciones qu*

237 iluban con ei paganismo. Mediante aquel desarrollo histórico universal ai r nos hemos referido, ei principio sustantivo de Ia Iglesia se restablece de ívo, reanima Ias fuerzas de Ia vida y matiza toda Ia existência de otro color, ué diferencia entre Ariosto y Tasso, entre Júlio Romano y Guercino, entre |ii|X)nazzo y Patrizi! Entre estas dos generaciones hay toda una gran época, i-mbargo, tienen también algo de común y los postreros entran en contacto 1 los primeros. También Ia cúria ha reafirmado Ias viejas formas y conser|o mucho de su vieja naturaleza. Pero esto no impide que ei espíritu que nniu ahora sea nuevo. Lo que este espíritu no ha podido transformar por 'nplcto, o asimilárselo por lo menos, lo ha animado con su impulso. Al considerar Ia mezcla de los diferentes elementos recuerdo un especlo de Ia naturaleza que acaso me sirva para evocaria simbolicamente. Iin Temi contemplamos ai Nera deslizarse sosegadamente entre bosques lideras desde ei lejano valle. Por ei otro lado, ei Velin se precipita impenmente entre rocas, hasta derrumbarse en magnífica catarata espumosa e Ticente; inmeditamente confluye con ei Nera y le comunica su movimiento. i.nlas y espumosas, con impetuosa velocidad, Ias confundidas águas projtn su curso. De igual manera ei nuevo espíritu de Ia Iglesia católica ha prestado nuevo tu a todos los órganos de Ia literatura y dei arte y de Ia vida misma. La es ai mismo tiempo devota e inquieta, religiosa y bélica: por un lado de dignidad, pompa, y ceremonia; por otro, calculadora, con un ânsia tenible de domínio. Su piedad y sus proyectos ambiciosos, que descansan Ia idea de una ortodoxia exclusiva, coinciden. Por esto intenta sojuzgar undo una vez más.

LIBRO

QUINTO

LA C O N T R A R R E F O R M A , P R I M E R 1563-1589

PERÍODO!

Percatarse de Ia conexión que guardan Ias circunstancias particulares con generales en Ia historia de una nación o de una potência es una de Ias tar más difícil cs. La vida particular se desarrolla según Ias leyes propias, sobre sus p r o p j fundamentos espirituaies, y se desplaza igual a si misrna a través de Ias é ^ | cas. Pero de manera incesante se halla también bajo influencias de c a r á c t ^ general que actúan poderosamente en ei curso de su propio desarrollo. Podemos decir que ei caracter de Ia Europa actual descansa en esta offl sición. Los Estados, los pueblos, se hallan separados desde siempre pero corm prendidos en una comunidad indisoluble ai mismo tiempo. No existe ninguni historia nacional en Ia que Ia historia universal no haya desenjpenado un gral papel. La sucesión de Ias épocas es tan necesaria en si misma, tan universalme^ te abarcadora, que hasta ei más poderoso Estado no aparece con frecuencia siu como un miembro de Ia totalidad, asumido y dominado por los destinos de ést. Quien haya intentado u n a vez representarse Ia historia de un pueblo como u todo en su conexión interna, quien haya intentado contemplar su transcurM se habrá dado cuenta de Ias dificultades que surgen de esta situación. En ld distintos momentos de una vida que se desarrolla también percibimos Ias dift rentes corrientes de Ia historia universal. f Pero a veces ocurre cn ei cambio de los tiempos que es una u otra potend Ia que anima ei movimiento universal y encarna destacadamente su principie Entonces toma tan activa participaeión en ias acciones dei siglo, y se pone af conexión tan viva con todas Ias fuerzas dei mundo, que su historia se ensanch en cierto sentido hasta convertirse en historia universal. En un momento parecido se nos presenta ei Papado después dei condia de Trento. Conmovido en Io más íntimo, resquebrajados los cimientos de su exisffl cia, tuvo fuerza para reafirmarse y rejuvenecer. En Ias dos penínsulas meridic
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SITOACIÓN DEL PROTESTANTISMO

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•les había logrado eliminar todas Ias tendências enemigas, atraído hacia si to5* los elementos de Ia vida, y los había impregnado de su espíritu. Ahora |l ibe ei propósito de sojuzgar de nuevo a los que se le habían apartado. Roma ronvicrte otra vez en una potência conquistadora; desde Ias siete colinas con©c proyectos e inicia empresas Io mismo que en Ia edad antigua y en los siglos
lios.

No conoceríamos mucho de Ia historia dei Papado restaurado si nos mantuirnmos en médio de él. Su significación esencial se pone de manifiesto en ia çlón que ejerce sobre ei mundo. Comencemos por hacernos presente ei poderio y Ia posición de sus adrios. 1) Situación dei •protestantismo hacia 1563 Ita ei momento de Ias últimas reuniones dei concilio tridentino, Ias opiniones estantes habían avanzado de manera incontenible al otro lado de los Alpes los Pirineos, y su sefiorío se extendía ancho y lejano sobre naciones germás, eslavas y románicas. En los reinos escandinavos se habían afirmado con tanta mayor fuerza cuanque su penetración coincidió con Ia fundación de nuevas dinastias y Ia reBnización de todas Ias instituciones dei Estado. Desde un principio fueron n acogidas, como si guardaran un parentesco secreto con ia manera de ser ional. El fundador dei luteranismo en Dinamarca, Bogenhagen, apenas si erta a decir con qué entusiasmo se escuchan los sermones "también los dias lubor antes dei alba y los dias de fiesta durante todo ei dia".1 El luteranisxtiende hasta los últimos confines. De Ias Feroe no se sabe casi como hicieron protestantes, tan rápido fué ei cambio.- En ei afio de 1552 son venus los últimos representantes dei catolicismo en Islândia; en 1554 se funda ohispado luterano en Viborg; predicadores evangélicos acompafian a los pretos suecos a Ia lejana Laponia. Gustavo Wasa, en ei afio de 1560, recomiencon graves palabras en su testamento que sus herederos conscrven Ia doctrina ngélica en sus descendíentes y no permitan ninguna otra falsa. Se hizo coníón para ei trono.3 También al otro lado dei Báltico ei luteranismo había logrado un sefiorío ipicto, por Io menos entre los habitantes de habla alemana. Prusia ofreció primer ejemplo de una gran secularización; y cuando fué imitada por Livonia cl ano de 1561, Ia primera condición para someterse a los polacos fué Ia de iiicnerse en Ia confesión de Augsburgo. Por su relación con estos países, cuvo |U'ulo con ei Reich descansaba en ei principio protestante, les fué imposihle los reyes jagellones oponerse a aquella condición. Las grandes ciudades de Prusia polaca fueron confirmadas en Ia práctica dei rito luterano mediante iiuicias especiales de los afios 1557 y 1558. Todavia más expresos eran los Viícgios conseguidos poço después por las pequefias ciudades, pues estaban
• Relación D. Pomcrani 1559 Sabb. p. visif. en Mueller, Enidecfctem Staafscabinct, 4, p. 365. í Mucntcr, Kirchengeschichte von Danemark. m, 529. I Tcsfamentum re/igiosum Gustavi /, en Baaz, Jnventarium ecclcs/ae Sueogqth., p. 282.

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más expuestas a los ataques de los poderosos obispos.4 También en Ia autêntica Polônia Ias ideas protestantes habían ganado a una gran parte de Ia noblezaJ dando satisfacción ai sentido de independência que Ia misma constitución dei Estado nutria en ellos. Se solía decir: "Un noble polaco no está sometido n! rey: ^por qué ha de estarlo ai Papa?" Las cosas llegaron a tal punto que hubo protestantes que ocuparon sedes episcopales y, todavia en los tiempos de Segismundo Augusto, componían los protestantes Ia mayoría dei senado. Este prín* I cipe era católico sin duda: todos los dias oía misa y los domingos cl sermón, y cantaba ei Benedictus con ei coro. Cumplía con Ia obligación de confesión y comunión, esta bajo una sola forma. Pero no parecia preocuparle demasiado Io que creyeran las gentes de Ia corte y dei país, y no estaba dispuesto a amargar» los últimos anos de su vida con Ia lucha contra una opinión tan poderosa. 5 1 Por Io menos en las regiones húngaras vecinas no convenía ai Gobiernoj provocar una resistência. Jamás pudo Fernando I oblígar a Ia Dieta húngara a que tomara acuerdos en contra dei protestantismo. En ei ano de 1552 fué elegido un luterano como conde palatino; y hasta se tuvieron que haccr concel siones a Ia confesión suiza en ei valle de Erlau. Sicbenbürgen se separo pod completo y, mediante un acuerdo formal de Ia Dieta, se confiscaron cn ei a n d de 1556 los bienes eclesiásticos, reteniendo Ia princesa Ia mayor parte de los diezmos,. Y e n este momento volvemos a Alemania, donde Ia nueva forma religioafl surgida dei espíritu original de Ia nación, afirmada a travos de largas y peligrosaal guerras, conquisto para si una existência legal y estaba a punto de incorporara* los diferentes países. En este aspecto se había avanzado mucho. El protestantismo no solo dominaba en Ia Alemania dei Norte, donde había nacido, sino que se había extendido mucho más. Inutilmente se le opusieron en Franconia los obispados. En W ü r z b u í M y Bamberg se había pasado ai protestantismo Ia rnayor parte d^ Ia nobleza y do los funcionários episcopales, Ia mayoría de los magistrados y burgueses de Ias ciudades y Ia masa de Ia población rural. En Bamberg podemos senalar por cada parroquia rural un predicador luterano. 6 La administración, que estaba casi tod» en manos de los estamentos, seguia Ia nueva corriente; estos estamentos llevaban| su propia vida comunal y fijaban las contribuciones. Los tribunales estaban cn sus manos y Ia mayor parte de las sentencias reza en contra de los intereses católicos.7 Los obispos no tenían mucho poder y quien todavia "con Ia vieja lealtajj alemana y francónica" respetaba en ellos ai príncipe (/ no podia sufrirlos, sin embargo, cuando les veia presentarse con sus vestiduras eclesiásticas y su arrogância. En Baviera ei movimiento prosiguió con no menor vivacidad. La gran ma* Lcnguicli, Nachrichf von der Refigionsacnderung in Preusscn, antes de Ia parte IV de Ia liii tona de Prusia, $ 20. 5 Re/atione di Polônia de/ vescovo di Camcríno, hacia 1555. MS. de Ia Biblioteca ChiâB A mo/ti di questi [los que viven cn Ia corte] comporta c/ie vivano como li piacc, perche si v f H rhe S. Mnestà c tanto benigna che non vorria mai far cosa che dispiacesse ad a/cuno, ed io vorrcí che nef/e cosse delia re/igione fosse un poço piú severa. " Jacck trata especialmente de este tema cn Ia parte II y III de su historia de Bamberg. 1 Gropp, "Disscrtatio de statu rcligionis in Franconia Lutheranismo infecta". Scriptorel Wirceb., i, p. 42.

SITUACIÓN DEL PROTESTANTISMO

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•Ui Li de Ia nobleza se había pasado al protestantismo y una buena parte de Ias lililiidcs simpatizaba con él. El duque tuvo que hacer concesiones, por ejemplo u Dieta de 1556, de esas que en otras partes habían dado paso a Ia confe|òn de Augsburgo y que también habrían de hacerlo en su território. Tampoco duque se hallaba muy distante, pues alguna que otra vez escuchó a un predidor protestante.8 En Áustria Ias cosas habían ido mucho más lejos. La nobleza estudiaba en Bflttcnberg y todos los colégios estaban llencs de protestantes. Se calculaba |c quizá nada más que Ia treintava parte de Ia población permanecia siendo (ólica y poço a poço se fué estableciendo una constitución estamental que des(isaba en princípios protestantes. Metidos entre Baviera y Áustria, los arzobispos de Salzburgo no pudieron fcntener a su país en Ia vieja fe. No permitieron Ia entrada de ningún predid<>r protestante, pero no por eso dejó de manifestarse claramente ei sentir de \ habitantes. En Ia capital Ia gente no iba a misa y no se observaban los ayunos los dias de fiesta. Cuando los predicadores de Ias localidades austríacas estan muy lejos, Ia gente se edificaba en casa con ei sermonario de Spangenberg. i l,i montaria no se contentaban con esto. En Rauris y Gastein, en St. Veit, •ttweg y Radstadt, Ias gentes pedían cáliz para comulgar y, como no se les cia caso, dejaron de comulgar y de mandar a sus hijos a Ia escuela. En Ias igleH lolía ocurrir que se levantara un aldeano y le gritara al predicador: "jMien\\" Los aldeanos se predicaban entre si.9 No hay que maravillarse de que se riuaran en Ia soledad de los Alpes opiniones fantásticas y peregrinas al fijar culto que debía corresponder a Ias nuevas convieciones. Comparada con esta situación, aparece como una gran ventaja que en los fcniinios de los príncipes electores eclesiásticos, en ei Rin, Ia nobleza gozara de jependencia bastante para procurar a sus súbditos una libertad que ei Senor irsiástico no les podia garantizar. La nobleza renana había aceptado ei protesilismo muy pronto y no permitia Ia intervencíón de los príncipes en sus sefio*, ni siquiera en matéria religiosa. Por todas partes en Ias ciudades existia •bién un partido protestante. Con repetidas peticiones Io vemos agitarse en ílonia; cn Tréveris era ya tan fuerte que mando llamar a un predicador de Giibra y Io sostuvo a pesar dei príncipe elector; en Aquisgrán luchaba por Ia suKmacía y en Maguncia Ia gente mandaba a sus hijos a Ias escuelas protestantes, ir ejemplo, a Nüremberg. Commendone, que andaba en ei afio de 1561 por Icmania, no encuentra palabras para describirnos Ia dependência en que están M prelados de los príncipes luteranos y su condescendência con ei protestantis•o 1 " Le parece observar en sus consejos secretos Ia presencia de protestantes, ri partido más violento.11 Y se asombra de que los tiempos no estén muy a Vor dcl catolicismo.
* Sitzinger cn Strobcl, Beitrage zur Literafur, i, 313. > I 0 líxtracto de una felación dei canónigo Guillcrmo de I rautmannsdorf, dcl afio 1555. en •llcr. Crônica de Salzburgo, vi, p. 327. [ 1» Giatiani, Vie de Commendon, p. 16. 11 De'piú arrabbâti hereíici —Mi è parso che il tempo non habbia aportafo aJcun giova(til". Commendone, Reiarione deJJo síato delia religione in Germania: MS. Vallicell.

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En Westfalia pasaba otro tanto. El dia de San Pedro toda Ia poblaci^B estaba ocupada con Ia cosecha y no se tenía cuenta de los dias de ayuno. I.n Paderbom ei Consejo municipal mantuvo con un ceio extremado su confesiól protestante; en Münster más de un obispo pasó por luterano y Ia mayoría de los curas se habían casado; ei duque Guillermo de Cleve se mantuvo católico pero en su capilla se comulgaba en Ias dos espécies; Ia mayor parte de sus consejeroH eran manifiestos protestantes, y ningún impedimento esencial se oponía a Ia práctica evangélica. 12 En resumen, en toda Alemania, de Este a Oeste, y de Norte a Sur, ei p t H testantismo gozaba de un predomínio indiscutible. La nobleza se le había entreJ gado desde un principio; Ia burocracia, ya entonces numerosa y con prestigio! había sido instruída en Ia nueva doctrina; ei pucblo nada queria saber de ciertotl artículos de fe como, por ejemplo, ei purgatório, ni de ciertas ceremonias com(É Ias peregrinaciones. Ningún convento podia sostenerse, nadie se atrevia con Ias santas relíquias. U n embajador veneciano calcula hacia ei ano de 1558 que era Alemania solo Ia décima parte de Ia población se mantiene en Ia antigua fe. i Nada extrano que Ias perdidas dei catolicismo en riquezas y poder fueraní creciendo. En Ia mayoría de los obispados los canónigos, o se habían entregado a Ia nueva doctrina o eran tíbios e indiferentes. iQué les podría contenea cuando Ia ocasión se presentara, de postular a protestantes como obispos si ello les parecia ventajoso? La "paz religiosa" decretaba que un príncipe eclesiástico perdia ei cargo y Ias rentas si abandonaba Ia vieja fe, pero se pensaba que no por eso un cabildo que se hubiera hecho protestante se veria impedido de e l e g i un obispo también protestante; ya era bastante si Ias dignidades eclesiásticas no se convertían en hereditárias. Así ocurrió que un príncipe brandenburguéJ recibió ei arzobispado de Magdeburgo, un príncipe de Lauenburgo ei de Brcmen, y un príncipe de Brunswig ei de Halberstadt. Los obispados de LübecM Verden, Minden y Ia abadia de Quedlinburgo pasaron a ma/ios protestantes. En no menor grado continuaron Ias confiscacjones de bienes eclesiástiâB Veamos, por ejemplo, Ias perdidas que en poços anos padeció ei obispado <fl Augsburgo. En ei ano de 1557 se le arrebataron todos los conventos de Wurtenw berg; en 1558 los conventos y parroquias dei condado de Oettingen; d e s p i » de Ia "paz religiosa" los protestantes de Dünkelsbühl y Donauwerth adquiricron ei mismo rango y bienes que los católicos, y en Nõrdlingen y Mcmmingen tuvieron predomínio; en estas ciudades los conventos —entre otros Ia rica precefl toría de San Antônio en Memmingen— y Ias parroqu)as se perdieron definitiva mente para ei catolicismo.14
12 Tcmpesti, Vira di Sisto V, en ei Anônimo di CampidogJio, i, xxm. Da mo/t'anni si coi^Ê nicara con ambe li espécie, quantunque iJ suo capei/ano g/icn'havesse par/ato indiiccndolo a comum carsi cosi neiJa sua cape/íá segreta per non dar mal esempio a'suddili, En un escrito de Ia c o l e o t ^ | de documentos de Münster, i, xxi, se dice, caracterizando así igualmente ai obispo de MüniM y a Ia corte de Cleve:' Wi/helmus episcopus [\V. von Kcttler] reJigionem scinihirhcranani /
aula fuiiacensi.

13 Cf. mi trabajo: "Ueber die Zeiten Ferdinands I und Maximilians II", llist.-poj. Zcirschri/f, i, pp. 269 ss. S. W., vii. p. 40. 1* Placidus Braun, Geschichte der Bischoe/c von Augsburg, t. m. 533, 53 5, et. sqq. De bueJ nai fcicntcs.

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Se afiade a esto que tampoco Ias perspectivas dei futuro le eran muy Wugüefias. También en los centros de ensefianza, es decir, en Ias universidades, había Hinfado Ia opinión protestante. Aquellos antiguos paladines dei catolicismo, "c habían hecho frente a Lutero, o que se habian dado a conocer en Ias convcrsias religiosas, habían muerto o eran ya muy ancianos. No habían surgido nibres jóvenes que pudieran reemplazaríos. En Viena hacía veinte anos que ingún alumno de Ia universidad había tomado Ias ordenes. En Ingolstadt, tan "Macadamente católica, no se encontro, para los puestos importantes que habían 0 ocupados siempre por clérigos, ningún aspirante adecuado.15 En Colônia, liudad fundo un colégio y cuando se tomaron Ias disposiciones pertinentes vió que ei nuevo regente era protestante.10 Con Ia intención expresa de por un freno a Ias opiniones protestantes, ei cardenal Otto Truchsess fundo una cva universidad en su ciudad de Dillingen; floreció unos anos gracias a unos •ntos destacados teólogos espanoles, pero no se encontro en toda Alemania gún católico capaz de sustituirlos una vez que se marcharon. Los protestanpcnetraron también aqui. Por esta época casi todos los maestros eran protestes y toda Ia juventud se sentaba a sus pies y respiraba con los primeros udios el ódio contra el Papa. 1 Esta era Ia situación en el norte y en el este de Europa: el catolicismo bía sido completamente desplazado en muchos sitios y en todas partes vencido despojado. Y mientras trataba de defenderse, en el oeste y en el sur se le ;sentaban enemigos todavia más peligrosos. Porque Ia oposición de Ia concepción calvinista con Ia doctrina romana es iii ho más fuerte sin duda alguna que Ia de Ia luterana y precisamente en Ia époijiie tratamos dominó los espíritus con fuerza irresistible. Se había originado en Ias fronteras de Itália, Alemania y Francia y se había esparramado por todas partes. En el este, en Alemania, Hungria y Polônia, rmaba ya un elemento importante, aunque subalterno, dei desarrollo pro•tante, y en el oceidente de Europa se constituye en poder independiente. ' Así como los países escandinavos se hicieron luteranos, los britânicos se cicron calvinistas, pero Ia nueva Iglesia desarrollo en ellos formas contrapues. En Escócia, donde había cuajado en lucha con el Gobierno, era pobre, polar, democrática, y con tanta mayor fuerza llenaba los ânimos de un ardor cncible. En Inglaterra había progresado en" alianza con el Gobierno y era a, monárquica, suntuosa, y se daba por satisfecha si no se hacía oposición a su iii". l's claro que Ia primera se hallaba muchísimo más cerca dei ejemplo de GiItbra y dei espíritu de Calvino. La nación francesa había acogido Ias doctrinas de su compatriota con toda li viveza propia de su caracter. A pesar de todas Ias persecuciones, Ias Iglesias •flinccsas siguieron el ejemplo de Ginebra y celebraron un sínodo en el afio • o 1559. El embajador veneciano Micheli no encuentra en el afio de 1561 nin11 Agrícola, Historia provinciae societalis Jesu Germaniae superioris, i, p 29. 16 Orlandinus, Historia socictatis Jesu, t. i, lib. xvi, n. 25. Hu/us novae hursae regenj, quam rliniim praefecerant, /acobus Lichius, Lutheranus tandem apparuit.

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guna província que este libre dei protestantismo y três cuartas partes dei reind rebosan de él —Bretana y Normandia, Gascuna y ei Languedoc, ei Poitou, l.i Turena, Ia Provenza y ei Delfinado—. "En muchos lugares de estas provincial se celebran asambleas, se predica y se toman disposiciones siguiendo ei ejempM de Ginebra, sin hacer caso de Ias prohíbiciones reales. Todo ei mundo ha adop^1 tado esas opiniones y, Io que es más asombroso, los clérigos mismos; no solo1 sacerdotes, frailes y monjas —poços conventos hay que estén libres dei todo—| sino los propios obispos y muchos de los prelados más distinguidos." "Vuestrtf magnificência —le cuenta a su Dogo— puede estar convencido de que, excep»1 tuando ai pueblo común, que sigue visitando con fervor Ias iglesias, todos lot| demás se han apartado, especialmente los nobles; los jóvenes de menos de cuarenta casi sin excepción. Pues aunque muchos de ellos van todavia a misa, Io hacen por cubrir Ias apariencias y por temor; si estuvieran seguros de no sen observados, abandonarían Ia misa y Ia Iglesia." Cuando Micheli Ilegó a Ginebraf se dió cuenta de que, inmediatamente después de Ia muerte de Francisco II, salieron cincuenta predicadores a diferentes ciudades de Francia; le asombra| ei prestigio de que goza Calvino y Ia cantídad de dinero que le Hega para ayudar a los miles de personas que se han refugiado en Ginebra.17 Considera ímprescindible que se conceda a los protestantes franceses Ia libertad religiosa o, por Io menos, un ínterin, según se expresa, si no se quiere provocar una matanza general. Poço tiempo después, en virtud de una petición de una comisión de los Estados, recomendada por los miembros más perspicaces dei Gobierno y aprobada por ei Parlamento después de una larga y dificultosa discusión, sei publico ei edicto de enero de 1562 que reconocía Ia existência legal, si bien con sensibles limitaciones, dei protestantismo en Francia y garantizaba a sus fiele» Ia paz dei reino. Todos estos câmbios en Alemania, en Francia y en Inglaterra tenían que influir necesariamente en los Países Bajos. Entre los motivos qi^e movíeron a Carlos V a Ia guerra de Esmalcalda, uno de los principales fué que Ia simpatia de que gozaban los protestantes alemanes en los Países Bajo^-le hacía cada díaj más difícil ei gobierno de estas provincías, que eran un miembro tan importante] de su monarquia. Al tiempo que sometía a los príncipes alemanes evitaba un,' levantamiento en los Países Bajos.18 Sin embargo, ni todas sus leyes, que fueronJ aplicadas con rigor extraordinário, ni todas Ias ejecuciones que se llevaron a cabo) en número increíble, especialmente en los primeros anos de su sucesor —se calcuil ló que hasta 1562 fueron ejecutados treinta y seis mil protestantes, hombres yy
17 Micheli, Rchtione delle cose di Francia í'anno 1561. Da poi che /u conosciuto che cot, mettere in prigione e col casíigare e con /'abbruciare non solo non si emendavano, ma si disordiA navano piú, tu deíiberato che non si procedesse piü contra a/curio, eccetto che contra quelli ch<( andavano predicando, seducendo e /acendo pubhcamenfe le congregat/one e le assemb/ee, e gli alta si hssasscro vivcrc: onde ne furono Jiberati e cavati di prigione di Parigi e di tutte ie aJtre feri^ dei regno an grandíssimo numero, che rimasero poi ne/ regno praticando Hberamcnte e paríandOI con ogn'uno e gloriandosi che aveano guadagnato ia lite contra í Papisti: cosi chimavano e chia*1 mano iJ ioro adversarii. 18 Una opinión muy fundada, según me parece, dei enviado florentino de entonces en Ia cortei imperial.

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njcres19— pudieron impedir ei avance de Ias opiniones religiosas. Lo único ,ic ocurrió fué que estas opiniones se acercaron cada vez más ai calvinismo èlncés y no ai luteranismo alemán. A pesar de todas Ias persecuciones, en ei |IV> de 1561 se constituye formalmente una Confesión: se establecen Iglesias l^iin ei modelo de Ginebra; los protestantes, ai vincularse a los fueros locales i\ MIS defensores, se hacen con una base política que no solo les podrá salvar, pito darles en ei porvenir significación dentro dei Estado. En estas circunstancias despierta en Ias viejas oposiciones contra Roma una luiva fuerza. En ei afio de 1562 fueron reconocidos formalmente por Maxiliano II los Hermanos Moravos y aprovecharon esta ocasión para elegir en ei •mo ano en su sínodo un gran número de nuevos sacerdotes, que se calculan CÍento ochenta v ocho.-0 En ei afio de 1561 ei duque se ve obligado a otorgar pcvas franquicias a Ias pobres comunidades waldenses de Ia montaria.21 Hasta rincón más olvidado de Europa Ia idea protestante extiende su fuerza anilldora. Es inimaginable ei domínio que ha conquistado en un período de cuapvila anos. Desde Islândia hasta los Piríneos, desde Finlândia hasta Ias alturas los Alpes italianos. Ya sabemos que también ai sur de los Alpes se produjeron 1 na vez movimientos análogos, que se extendieron por todo ei campo de Ia 1 rsia latina. El protestantismo había afectado a Ia mayoría de Ias clases altas n los personajes que participaban en Ia vida pública. Naciones enteras lo ibían aceptado con entusiasmo y Estados enteros habían sido transformados.22 tanto más de admirar cuanto en modo alguno se trata de una pura oposición, una mera negación dei Papado, de un emanciparse de él, sino que, en alto Jo, es algo positivo y representa una renovación de Ias ideas y los princípios cristianismo, que dominan Ia vida hasta lo más recôndito dei alma.

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2) Fuerzas combativas dei Papado Jkírante largo tiempo ei Papado y ei catolicismo mantuvieron ante estos avances •tia actitud defensiva, pero de retroceso, y tuvieron que pasar por muchas cosas. Ahora todo cobra otro aspecto.
ll> En una rclación sobre Espafia de 1562, probablemente de Paolo Tiépolo, que se balia en «icliivo vencciano, se dice: t/na grandíssima parte di quei paesi bassi i guasta e corrotfa da queste love opínione —e per tutte le provisioni c/ie si abbiano íatte e per h morte data a mo/te migliara NOmeni (che da setfe anni o poço piu in qna, per que! che mi è stato a/fermafo da persone ume i;).iíi di que'paesi, sono stafi moiti di giustitia piu 36m. fia homení e dorme) non so/arnente jioii) si e rimediato, ma, etc. 20 Rcçenvolscii ecclesiae Slavonicae, i, p. 3. '•ti Leger, Hisfoire des églises Vatidoises, u, p. 38, reproduce estos privilégios. « Así se considero esta perdida también en Ia misma Roma. Tiépolo, Relatione di Pio JV e V. prfondo solamenfe di que/li [popoli] d'Europa che non solo obedivano lui [ai papa] ma ancora lgimano in tutto i titi e le consuetudini delJa cbiesa romana celebrando ancora li o//icii ne/la llfjn.i (atina si sa che TJnghilterra, Ia Scolia, Ia Dania, Ia Norvegia, Ia Suetia e fina/mente tutti B puni settentriona/i si sono aíienati da lei: Ia Germania è quasi tutta perduta, /a Bohemia e Ia Pn>'<"ii.i si frovano in gran parte infette, li paesi bassi delia FiandrJ sono cosi corroti che per IÍIIM I/HI che vi si sfoizi dar loto il duca d'Alva, diííicilmente ritorneranno alia prima sanità, e Mbialiiicnre ia Francia per rispefto di questi mal humori è tutta ripiena di con/usioni, in modo che • o n pare che sia restato altro di sano e di sicuro ai ponte/ice che Ia Spagna e 17falia con alcune i K * c isole e con quei paese che è dalla Serta. Vra. in Dalmatia et in Grécia possedufo.

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trnrcían a Ia Iglesia católica, por todas partes había príncipes eclesiásticos yu infriado ceio podria ser encendido de nuevo, y en muchas partes ei protesiliMiio no había penetrado todavia en Ia masa de Ia población. La mayoría de hohlación en Francia, como también Ia de Hungria 'M y Polônia, se mantenía jplini, y Paris, que ya por entonces ejercía una gran influencia sobre Ias demás dndcs francesas, no había sido afectada por Ia novedad. En Inglaterra una jnn parte de Ia nobleza y de los municípios era católica, y en Irlanda Ia tojdiul dei pueblo de origen irlandês. En ei Tiro], en los Alpes Suizos, ei protesllsrno no había encontrado eco. Tampoco en ei pueblo bávaro hizo muchos Vetos. Por Io menos ei cardenal Canisius compara a tiroleses y bávaros con tios tribus de Israel "únicas que habían permanecido fieles ai Senor". Requen una explicación más circunstancial determinar por qué factores internos bosticne esta firmeza, esta adhesión inconmovible a Io tradicional en poblanes tan diversas. En los Países Bajos se repite este fenômeno con Ia población
liin.i.

Y ahora ei Papado adquiere una nueva posición por Ia que puede sujetar fclcmente estas fidelidades. Aunque también experimento câmbios, tuvo Ia ipreciable ventaja de mantener Ias exterioridades dei pasado, Ia cosrumbre de obediência. Los Papas consiguieron en ei concilio, felizmente terminado, y I se había pedido con ei propósito de cercenar su autoridad, que esta se aumen• y cobrara un influjo mayor sobre Ias Iglesias nacionales. Además, abandori'U Ia política secular con que habían estado revolviendo hasta entonces a li.i y a toda Europa; con toda confianza y sin reservas se apoyaron en Espana i orrespondieron a Ia dedicación de esta. El principado italiano, ei Estado •lanchado, servia sobre todo ai fomento de Ias empresas eclesiásticas, y toda Ia lesia católica se beneficio durante cierto tiempo de los excedentes de su admiItración. Fuertes en si mismos, fortalecidos todavia con partidários poderosos y con a idea remozada, los Papas pudieron pasar de Ia defensiva, en Ia que habían nido que refugiarse hasta entonces, ai ataque, un ataque cuya marcha y viciludcs serán objeto preferente de este libro. Tenemos ante nosotros un escenario enorme. La empresa se inicia ai mismo ^lempo en diversos lugares y habremos de dedicar nuestra atención a Ias regiones lltias diferentes dei mundo. [ La acción eclesiástica se halla entreverada con impulsos de tipo político; se iresentan combinaciones que abarcan ai mundo entero y bajo cuya influencia a conquista se logra o fracasa. Tanto más presentes habremos de tener los grandes giros de los acontecímientos mundiales cuanto que a menudo coínciden con |Jos resultados de Ias luchas religiosas. Pero no podemos permanecer en Io universal. Las conquistas espirituales, en mayor grado todavia que Ias seculares, no pueden tener realización sin Ia presencia de acogedoras simpatias nativas. Habremos de sumergirnos en Io hondo

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2 * A no ser que hubiese sido más bien ignorância, como supone Schwendi: En fngar/e fout »i( ronftis/on et misère: ils sont de ia pius pait Hugenots, mais avec une extreme ignorance d» peupíe. Schwendi au prince d'Orange. Àrchjves de ia maison d'Orange-Nassau, i, p. 288.

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Hemos considerado ei desarrollo interno en virtud dei cual ei catolicisOB comienza a reponerse. Podemos decir, en conjunto, que saca de si mismo nuffN fuerza, que regenera ei dogma a tenor dei espíritu dei siglo, y que provoca mu reforma que corresponde, por Io general, a Ias exigências de los contemporâneo! No deja prosperar Ias tendências religiosas que se agitan en los países mcridÍM nales hasta ei punto que se conviertan en enemigas, sino que Ias acoge y dominM vitalizando de esta suerte sus propias fuerzas. Solo ei espíritu protestante. hafH entonces, había llenado de tríunfos Ia escena dei mundo y había arrastrado I"'. ânimos; ahora se le enfrenta otro espíritu que, contempladas Ias cosas desde Ia altura, es tan digno de respeto como él, pero también directamente contrario, y que de igual modo tratará de apropiarse dei ânimo de Ias gentes y de enardeflfl Ias para Ia acción. La Iglesia católica restaurada se asegura primeramente Ias dos penínsulai) meridionales. No fué tarea dei todo fácil: Ia Inquisición espanola se junto a Ia romana, renovada, y todos los brotes de protestantismo fueron sofocados violenta mente. Pero, ai mismo tiempo, Ias direcciones de vida interior que cl catolicismJ restaurado atendió y se aseguró con preferencia eran muy poderosas en esos paM ses. También los príncipes se sumaron a los intereses de Ia Iglesia. Fué muy importante que ei más poderoso de ellos, Felipe II, se mantuvi^B tan resueltamente unido ai Papa. Con ei orgullo de un espano] para ei que cl catolicismo intachable era signo de pureza de sangre y de noble origen, rechaM todas Ias opiniones contrarias. Sin embargo, no fué un movimiento puramente) personal ei que le animo en su condueta política. La dígnidad real presentaH en Espafia, desde siempre, y en especial por disposiciones de Ia reina Isabel,| cierto color eclesiástico: en todas Ias províncias ei poder real estaba reforzado por un complemento de poder eclesiástico; sin Ia Inquisición no hubieran podida ser gobernadas; en Ias posesiones americanas ei rey se presenta sobre todo comal propagador de Ia fe erístíana y católica; esta era Ia idea que unia a todos los países en su obediência. Por eso no podia abandonaria sin peligro^ La expansiónJ de los hugonotes por ei sur de Francia produjo gran preocupación en EspaM y Ia Inquisición se creyó obligada a ejercer una vigilância ^oble. "Aseguro a Vuestra Magnificência —escribe ei embajador veneciano cl 25 de agosto de 156j| a su príncipe— que no hay que desear para este país un gran movimiento relW gioso; hay muchos ya que anhelan un cambio de religión."23 El núncio) opinaba que Ia contínuación dei concilio, reunido por entonces, es asunto quel no debe importar menos ai rey que ai Papa. "Porque Ia obediência que ei rey en cuentra, todo su gobierno, dependen de Ia Inquisición. S) esta perdiera su prew tigio, estallarían revueltas en seguida." Por ei solo hecho de que este príncipe dominara en los Países Bajos d sistema meridional pudo ejercer una influencia directa en toda Europa; pero tampoco hay que pensar que todo estuviera perdido en ei resto de Ia cristiandad.J Todavia e] emperador, los reyes de Francia y de Polônia y los duques de Bavíera
23 Dispaccio Soranzo Perpignan 28 Maggio. Essendo in qoesta província [Spagna] molli UgO-\ notti quasi non osano mostrarsi per Ia severíssima dimostratione che qui íanno contra. Dnbitano che non si mettano insieme, essendone molti per (uífa ia Spagna.

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de los intereses de los diversos países para darnos cuenta de los movimíentos in»| ternos que han favorecido los propósitos romanos. Nos encontramos ante una riqueza y una variedad de acontecimientos y manifestaciones de vida que casi tememos que no nos sea posible abarcarlos de una sola mirada. Es un desarrollo que descansa en fundamentos parejos y que,J en ocasiones, culmina en grandes momentos, pero que ofrece en sus manifestaciones una variedad infinita. Comencemos por Alemania, que es donde ei Papado empezó a experimentar grandes perdidas y donde ia lucha entre los dos princípios tendrá ahora su má* destacado escenario. A Ia par conocedora dei mundo y llena de ceio religioso, empapada dei sentido dei catolicismo moderno, fué Ia Companía de Jesus Ia que presto e n Alemania a Ia Iglesia romana los mejores servidos. Veamos su acción. 3 ) Las frimeras escuelas de jesuítas en Alemania

En Ia Dieta de Augsburgo dei ano 1550 Fernando I tenía junto a si a su confe» sor, ei obispo Urbano de Laibach. Uno de los poços prelados que no se habían dejado perturbar en su fe. En su ciudad, subió ai púlpito a menudo para adveífl tir ai pueblo que se mantuviera en Ia fe de sus mayores y recordarle aquello de un solo rebano y un solo pastor. 2 5 ,Por entonces se encontraba en AugsbuiM ei jesuíta Le Jay, que llamó Ia atención con unas conversiones. El obispo Ur* bano Io conoció y supo por él de los colégios que los jesuítas habían fundada en varias universidades. Como en Alemania Ia teologia católica se hallaba en tan gran decadência, aconsejó a su Senor que fundara en Viena un colégio) semejante. A Fernando le entusiasmo Ia idea y en Ia carta que sobre ei particular dirigió a Ignacio de Loyola 26 expresa su opinión de que ei único médio de mantener en Alemania Ia doctrina de Ia Iglesia consiste en proporcionar a lagj jóvenes generaciones maestros católicos, doctos y piadosos. Pronto se tomaron Ias medidas oportunas. En ei ano de 1551 llegarotí trece Jesuítas, entre ellot) ei mísmo Le Jay, a los que Fernando dió casa, capilla y pensión, hasta que, muy pronto, los adscribió a Ia universidad y les encomendo Ia visitación de Ia misma.1 Muy pronto les vemos en Colônia. Hacía unos cuantos anos que estaban aqui, pero sin mayor suerte, y hasta se les había obligado a vivir separados. Solo en ei ano de 1556 aquel colégio administrado por un regente protestante les ofre-J ció ocasión para afirmar su posición. Existia un grupo en Ia ciudad que tenifj] puesto todo su empeno en conservar católica Ia universidad, y los protectorefl de los jesuítas atendieron ei consejo de estos de que les entregaran aquélla. EstH grupo Io constituían ei prior de Ia cartuja, ei provincial de los carmelitas y, sobrtl todo ei doctor Juan Gropper, que fué organizando convites a los que acudíanj los cíudadanos más influyentes para ir trabajando su voluntad ante unos vasod de víno, según Ia vieja costumbre alemana. Por fortuna para los jesuítas, • encontraba entre los miembros de Ia orden un Juan Rhetius, natural de Colônia,
85 Valvassor, Ehre des Herzogthums Krain. Parte ir, lib. vn, p. 433. 2ô Reproducido en Socher, Historia provinciae Austriae societaris Jesu, i, 21.

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Família patrícia, a quien podia ser confiada Ia regência dei colégio. Pero se l/o con algunas limitaciones, pues se prohibió expresamente a los jesuítas introicir en él Ia vida claustral, como era costumbrc cn los suyos.-' Por entonces también ponen pie en Ingolstadt. Las tentativas anteriores l>ían fracasado, especialmente por Ia resistência de los miembros jóvenes de Ia liiivcrsidad, que no querían verse postergados en las clases particulares que im•iiitían por ninguna escuela privilegiada. Pero en ei afio de 1556 —cuando • I duque parecia encaminado a hacer fuertes concesiones a los protestantes. h i n o dijimos— a los consejeros católicos les pareció necesario procurar algo sólip para Ia preservación de Ia fe. Estaban empefiados, especialmente cl canciller ijailcus Hund, varón que trabajó con tanto ceio en Ia conservación como en estúdio de las condiciones eclesiásticas antiguas, y ei secretario dei duque, Itique Schwigger. Ellos hicieron que se llamara de nuevo a los jesuítas. El 7 julio de 1556, dia de San Willibaldo, entraron dieciocho en Ingolstadt, y escoiron este dia porque San Willibaldo era considerado como ei primer Ispo de Ia diócesis. Tropezaron con muchas dificultades en Ia ciudad y en Ia liversidad, pero las pudieron vencer poço a poço, gracias al mismo apoyo a debían su llamamiento. Desde estas três metrópolis se esparcieron los jesuítas por todas partes. Desde Viena a todos los territórios austríacos. Fernando 1 les llevó en ei aiío 1556 a Praga y estableeió allí un Pedagoghnn, preferentemente para Ia juud noble. Él mismo envio sus pajés al colégio y por Io menos Ia fracción ,i nobleza bohcmia de sentir católico, los Rosenberg y Lobkowitz, recibió a ulcn con buena voluntad y Ia brindo protección. Uno de los personajes |és importantes de Hungria era por entonces Nicolás Olahus, arzobispo de JMII. S U nombre indica que procedia de Ia Valaquia. Su padre, Stoia, con |otivo dei espanto que le había producido ei asesinato de un vaivoda de su faia, Io había ofrecido a Ia Iglesia y en este camino prospero de Ia manera líis feliz. Ya con los últimos reyes de su pátria presto oficio de secretario y fué [hiendo después en ei servido dei partido austríaco. Ante Ia decadência gene? catolicismo en Hungria veia en ei pueblo que todavia no se había apar1 Iclo por completo Ia única esperanza de conservado. Pero también aqui faltain maestros de opiniones católicas. Para formados fundo en ei ano 1561 un ;gio de jesuítas en Tyrnau, otorgándole una pensión de sus propias rentas; mperador Fernando les regalo una abadia. Cuando llegaron los jesuítas se || ili.i celebrando una reunión dei clero de Ia diócesis, y su primer trabajo con|tlió cn tratar de ganarse a los sacerdotes y párrocos húngaros para sustraerlos kiis heterodoxos maestros, por los que se inclinaban. Fueron llamados tamlín a Moravia. Guillermo Prussinowski, obispo de Olmütz, que había conocido In orden durante sus estúdios en Itália, fué quien les invitó, y un espanol, Inriado Pérez, fué ei primer rector de Olmütz. Estudiaron ei idioma dei país, imiodaron a sus costumbres y tuvieron êxito. Pronto les encontramos también Hrünn. 28
»f Sacchinus, Hist. sociefafís Jesu pars. n, n: 105. 118 Un obispo posterior, Stanislaus Pawlowski, se lamenta en una carta al general de los jesuítas

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Desde Colônia Ia Companía se extendió por toda Ia Renania. También en Tréveris, como dijimos, ei protestantismo había encontrado partidários y provocado efervescência. El arzobispo Juan von Stein decidió emplear moderado» castigos contra los renuentes y contrapesar ei movimiento especialmente por ei lado doctrinal. Mando llamar a los dos presidentes de Ia escuela de jesuítas de Colônia para que vinieran a Coblenza, y les expuso su deseo de que mandara! algunos miembros de Ia orden para, como dijo, "mantener en su deber a lofj rebanos que le habían sido confiados, más por Ia advertência y Ia ensenanza amistosas que por Ias armas y Ia amenaza". Se dirigió también a Roma y pronto] se llegó a un acuerdo. Desde Roma se le enviaron seis jesuítas y el resto llegé de Colônia. El 3 de febrero de 1561 inauguran su colégio con gran solemnidad y los jesuítas se encargan de Ia predicaeión en Ia próxima Cuaresma. 29 Los dos consejeros secretos dei príncipe elector Daniel de Maguncia, Pedro Echter y Simon Bagen, cayeron en Ia cuenta de que solo Ia ayuda de los jesuítaí podría valerles para recuperar Ia universidad de Maguncia. A pesar de Ia resistência que les opusieron los canónigos y los habitantes, establecieron un colcgid de jesuítas en Maguncia y una preparatória en Aschaffenburgo. La Companía fué penetrando cada vez más en Renania. Muy deseable^H pareció asentarse en Espira, en parte, porque entre los asesores dei tribunal de Ia Câmara había tantos preclaros varones cuya influencia seria conveniente M nar, y, en parte, para poder combatir de cerca a Ia universidad de Heidelbergj que gozaba de Ia mayor fama en el mundo acadêmico protestante. 30 Poço a poço se fueron filtrando. En seguida probaron suerte a Io largo dei Maino. Aunque Francfort afl completamente protestante, esperaban conseguir algo durante Ia feria. Esto lie vaba su peligro y tenían que cambiar todas Ias noches de albergue para no tal hallados. En Würzburgo, estuvieron más seguros y fueron mejor recibidos " Parece como si el aviso dirigido por el emperador Fernando en Ia Dieta de 155B a los obispos, para que extremaran sus esfuerzos por Ia conservación de Ia Igla 11 católica, hubiera dado sus frutos en este progreso brillante^de Ia orden. DesdJ Würzburgo se trasladaron a Franconia. Entretanto se les habían abierto también Ias puertas dei Tirol. Por deafl de Ia hija dei emperador se trasladaron a Innsbruck y, de allí, a Hall, en MIS inmediaciones. En Baviera contínuaron progresando. En Munieh, a donde UM garon en 1559, se encontraron todavia mejor que en Ingolstadt y Ia reconocienS como Ia Roma alemana. No lejos de Ingolstadt se creó otra gran colônia. Pai» retornar Ia universidad de Dillingen a su finalidad primitiva, se decidió el cara nal Truchsess a despedir a todos los profesores y poncr Ia fundación en manoi)
(7 de junio de 1 587) de que Pérez haya recibido otro destino. Llama a Ia Moravia una Provincial hacreficorum mo/il/onibus ntí.vime e.xpos/ta. La cualídad que pide posean los que allí quiercn logm algo cs: comitas et discreta in agendo prudenfia. -'« Browcrus, Anna/es Trevirenses, t. n, lib. xxi, 106-125. 30 Por ejcmplo, dice Ncuser cn su carta credencial ai emperador turco, que él cs maestro j | predicador en Hcidelberg, "lugar donde actualmente se reúnen los sábios de toda Ia Alemanil J Arnold, Ketzcrhist., II, 1133. 31 Gropp, Wirzburgischc Chronii der Jelzteren Zeiten, parte i, p. 237.

PRtMEBAS ESCUELAS DE JESUÍTAS EN ALEMANIA

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os jesuítas. Se llegó a un acuerdo formal en Botzen entre comisarios alemae italianos dei cardenal y de Ia orden. El ano 1563 llegan los jesuítas a lingen y toman posesión de Ia universidad. Cuentan muy complacidos como •irdenal, ai hacer poço después una entrada solemne en Dillingen de regreso in viaje, se dirigió especialmente a los jesuítas entre todos los que acudieron rei ibirle, les alcanzó Ia mano para que Ia besaran, les saludó como a hermavisitó sus celdas y comió con ellos. Los protegió como mejor pudo y les ínfió una misión en Augsburgo. 32 Fué un avance extraordinário ei de Ia Companía en tan breve tiempo. 1551 no poseía todavia ninguna residência firme en Alemania y en 1566 íca Baviera y ei Tirol, Franconia y Suabia, una gran parte de Renania y itria; había penetrado en Hungria, Bohemia y Moravia. Su acción no pasa ilvertida: ei ano de 1561 asegura ei núncio que "ganan muchas almas y itan un gran servido a ia Santa Sede". Es Ia primera impronta antiprotes^ • t e duradera que recibe Alemania. Trabajan con preferencia en Ias universidades. Su ambición se cifraba en • m p c t i r con los protestantes. Toda Ia instrucción de Ia época descansaba en ei •liuilio de Ias lenguas clásicas. Las cultivaron con ardor y, muy pronto, se em• f t n a creer en algunos si tios que los maestros jesuítas podían ser colocados a • por con los restauradores de estos estúdios. También cultivaron otras ciências: n m c i s c o Koster ensenó en Colônia Ia astronomia de modo tan agradable como mtructivo. Pero Io principal, como es natural, eran las disciplinas teológicas. Leis jesuítas ensenaban con Ia mayor aplicación, aun durante las vacaciones, y J>l\ieron a introducir las controvérsias sin las cuales, como decian, toda ensenancs muerta. Estas controvérsias públicas, muy ordenadas y nutridas, eran concradas como las más brillantes que se habían conocido. Muy pronto Ia gente decía en Ingolstadt que Ia universidad, por Io menos en Ia facultad de teoloII podia competir con cualquier otra universidad alemana. Aunque en sentido •trario, Ingolstadt llegó a ejercer Ia influencia de Wittenberg y de Ginebra. Con no menor empeno se dedicaban los jesuítas a dirigir las escuelas latinas. |n:i de las tesis más discretas de Láinez era que había que poner buenos maesen las clases inferiores de gramática. Las primeras impresiones que un íbre recibe son las que más pesan en su vida. Pretendia, con clara visión. Ia gente que se había ocupado de esta instrucción modesta debía pensar en licarse a ella toda Ia vida, porque solo con ei tiempo se aprende un oficio difícil y se logra Ia conveniente autoridad. En este aspecto los jesuítas hiciemilagros. Se veia que Ia juventud aprendia más con ellos en médio ano que i otros durante dos, y hasta los mismos protestantes retiraron a sus hijos de lejacolegios y los entregaron a los jesuítas. También se ocuparon de Ia instrucción de los pobres y de los párvulos y Ia catequesis. Canisius redactó un catecismo que llenaba Ia necesidad de doctrinos con un sistema de claras preguntas y respuestas. Esta ensenanza se administraba con aquel sentido de devoción fantástica ilc caracterizo a Ia orden de los jesuítas desde un principio. El primer rector
•a Sacchinus, pats n, lib. vm, n. 108.

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d e Viena fué un cspanoi, Juan Victoria, varón que senaló su entrada en I Companía, en Roma, atravesando todo ei Corso durante los Carnavales, vestifl con un saco, dísciplinándose, hasta que Ia sangre le broto por todas partfl M u y pronto los muchachos que iban a Ias escuelas de los jesuítas se senalaroí porque en los dias de vigília se abstenían de Ias viandas prohibidas, que sus j H dres aceptaban sin reparo. En Colônia era un honor llevar ei rosário. En TTH veris se reanudó ei culto de Ias relíquias, cosa a Ia que nadie se atrevia hatfl muchos anos. Ya en ei afio de 1560, Ia juventud de Ingolstadt que asistía Ê Ias escuelas de jesuítas, iba en peregrinación a Eichstãdt formando filas, para Ml fortalecida en Ia confirmación ''con ei rocio que rezuma ei sepulcro de SaáH Walpurgis". Esta mcntalidad, insuflada en Ia escuela, se fué extcndicndo m « diante Ia predicación por toda Ia población. } le aqui un caso como quizá no se haya producido otro en forma semejdH en Ia historia de] mundo. Cuando un nuevo movimiento espiritual se apodera de los hombres se d l f l siempre a personalidades de gran caracter o a Ia fuerza arrebatadora de i<UH nuevas. Pero aqui se consigue ei efecto sin ninguna gran produeción espirinlM Los jesuítas eran muy sábios y también piadosos a su manera, pero nadie so| atreverá a decir que su ciência se anima por una sacudida libre dei espíritâ^B que su piedad surja de Ia profundidad y de Ia ingenuidad de un ânimo sencillci Son Io bastante sábios para tener fama, para inspirar confianza, para formai y conservar discípulos, pero no buscan más. Su piedad no solo Ics salva de todl reproche moral, sino que, positivamente, es sorprendente y no puede ponerti cn duda: esto les basta. Ni su piedad ni su sapiência se mucven en un c a n f l libre, ilimitado, no hollado todavia. Pero tienen algo que los distingue: ei i f l todo riguroso. Todo está calculado porque todo tiene su finalidad. Ni antes nl) después se ha dado en ei mundo una unión semejante entre ciência sufieieníl y ceio incansable, entre estúdio y persuasión, entre pompa y ascetismo, entre expansión por todo ei mundo y unidad de los puntos de vista directivos. EraB laboriosos y fantásticos, conocedores dei mundo y Ilenêfs de entusiasmo; pcrsonail decentes a Ias que uno se acercaba con gusto; sin ningún inferes personal; una trabajaba por otro. N o es de admirar que consiguieran Io que consiguieron.fl Los alemanes tienen que hacer una consideración especial llegado este p i » to. Como dijimos, Ia teologia papal casi había desaparecido en Alemania. Lol jesuítas aparecen para restauraria. èQuiénes eran estos jesuítas que Ilegaron a Alemania? Espafioles, italianos, de los Países Bajos y, como durante mucho( tiempo no se conoció ei nombre de Ia orden a que perténccían, se les UamabftJ "curas espafioles". Tomaron posesión de Ias cátedras y encontraron discípulos que asimilaron sus doctrinas. De los alemanes nada han recibido, pues su doei trina y organización estaban conclusas antes de que penetraran cn ei país. Haw que considerar Ia marcha de Ia orden dentro de .Alemania como una nueva afl ción de Ia Europa románica sobre Ia germânica. En suelo alemán vencicron a los alemanes y les arrebataron una parte de su pátria. Sin duda que también se debaj esto a que los teólogos alemanes, ni se entendían entre si ni eran tampoco cs píritus Io bastante generosos para tolerarse mutuamente contradieciones de poça

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Ma, Defendían Ias tesis extremistas y se combatían con implacable encono, morte que los todavia no convencidos dei todo quedaban perplejos y así se prcparaba ei camino para que pudieran ser ganados por una doctrina muy i'"i.ida, que no dejaba ei menor resquício para ia duda. 4) Se inicia Ia Contrarreforma en Alemania [pesar de todo, también es verdad que los jesuítas no hubieran podido triunfar facilmente sin Ia ayuda de los ejércitcs occidentales, sin ei favor de los prínü dei Império. Io ocurrido con Ias cuestiones teológicas se repite con Ias políticas. No Inibia llegado a tomar Ias medidas por Ias que Ia constitución dei Império, rquica por naturaleza, se pondría a tono con ia nueva situación religiosa. El Itado de Ia "paz religiosa", tal como había sido entendida ai principio e irpretada después, fué una nueva ampliación de Ias soberanías territoriales los países. Conocieron estos, también en Io tocante a Ia religión, un alto J o de autonomia. Y Ia actitud religiosa que adoptaja un país dependia de "nvicción dei príncipe y de su inteligência con los estamentos. Parecia esta una disposición que habría de favorecer ai protestantismo, cn definitiva fué de ventaja para ei catolicismo. Aquél ya estaba establecuando esta disposición entro cn vigor, mientras este se fué estableciendo Jyándose en ella. Ocurrió ello primeramente en Baviera y debemos detenernos a considerar 0 ocurrió por Ias enormes consecuencias que trajo. En Ia Dieta bávara disputan desde hace tiempo príncipes y estamentos, duque se halla siempre falto de dinero, cargado de deudas, obligado a Vos gastos y forzado continuamente a llamar en su ayuda a los estamentos. 'I, en compensación, exigen concesiones, de caracter religioso sobre todo. ria que en Baviera se iba a producir una situación como Ia que se daba Áustria desde hacía tiempo: una oposición legal de los estamentos contra ei or —oposición apoyada a Ia vez en Ia religión y en los privilégios—, a no que este último acabara por pasarse ai protestantismo. Sin duda fué esta situación ia que motivo más que nada ei llamamicnto los jesuítas. Puede ser que sus doctrinas impresionaran personalmente ai lue Alberto V, pues una vez confesó que todo Io que él sabia acerca de icy de Dios Io había aprendido de Hofáus y de Canisius, ambos jesuítas. (u también intervino otro factor. Pio IV no solo advirtió ai duque que cual(cr concesión religiosa habría de menguar Ia obediência de sus súbditos,33 que no se podia negar dada Ia situación de los príncipes alemanes, sino rcforzó su aviso con una gracia especial, cediéndole una décima parte de Ibicnes eclesiásticos. Al tiempo que con esta medida le hacía independiente )H aprobación de los estamentos, le mostraba qué ventajas podría sacar de su za con Ia Iglesia de Roma.
I* l-cgationes paparum ad duces Bavariae. MS. de Ia biblioteca de Munich. Prima legatio 1563. 'li-Sua Ce/s/tudo Jl/ma. absque sedis apostoíicae autorirate iisnm calicis concedaf, ipsi príncipii I pfurimum decedcret de ejus apud súbditos auforilate.

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Lo que había que ver ahora era si ei duque podría dominar Ia oposición religiosa de sus estamentos. Acometió esta obra en una Dieta celebrada en Ingolstadt en ei ano <H 1563. Los prelados estaban con él y se puso a trabajar Ias ciudades. Sea quM Ias doctrinas dei catolicismo, restaurado gracias a Ia actividad de los jesuítaij que se metían por todas partes, hubiesen ganado terreno en Ias ciudades, espM cialmente entre los dirigentes de sus Consejos, sea que se tuvieran cn c u e n t o otras consideraciones, ei caso es que aquéllas desistieron de reclamar, como lo habían hecho hasta entonces celosamente, nuevas concesiones religiosas, y dicron su aprobación sin reclamar nuevas franquicias. Quedaba Ia nobleza. Dev ilusionada, amargada, abandono Ia Dieta v se sefialaron ai duque Ias amcnM zadoras palabras que algún otro noble había dejado escapar; 34 uno de los in.is conspicuos, ei conde de Ortenburgo, que se arrogaba para su condado una independência discutida por los demás, se decidio a introducir Ia confesióiÉ evangélica en sus domínios. Pero, con esto, tuvo ei duque Ias mejores armai I en Ia mano. Sobre todo cuando en uno de los castillos tomados por él sorpr^B dió una correspondência entre noblcs bávaros que contenía algunas indisifl ciones, tratándole a él de faraón empedernido y a su Consejo de Conscjo <!rsangre contra los pobres cristianos, y otras expresiones semejantes que se i n | H pretaron como indícios d e ' u n a conjura. Esto le sirvió para llamar a ren^f cuentas a todos los mièmbros de Ia nobleza que le habían hecho frente. 88 • puede decirse que ei castigo que les impuso fuera duro, pero le sirvió para • fines: excluyó a los complicados de Ia Dieta bávara. Como constituían Ia únici oposición existente entonces, se encontro amo y senor de sus estamentos, ^ H ya no volvieron a tratar cuestiones religiosas desde ese dia. Al momento se vió Ia importância que esto tenía. Desde hacía tiempOyH duque Alberto había reclamado celosamente dei Papa y dei Concilio p e r m B para introducir Ia comunión en Ias dos espécies; Ia sucrte dei país parecí^j^H pender de esta medida. Por fin recibió Ia autorización en abril de 1564, p | f l iquién lo iba a decir?, ni siquiera Ia publico. Las circunstancias habían ctjH biado y un privilegio que le separaba dei catolicismo riguroso le pareció ^ H perjudicial que útil; ciertos municípios de Ia Baviera baja, que insistie|H violentamente en Ia petición, fueron obligados a mantenerse tranqüilos. 30 Al poço tiempo no había en toda Alemania un príncipe más dccidJ^B mente católico que ei duque Alberto. Con ei mayor empeno se propuso J^B catar por completo su país para ei catolicismo. Los profesores de Ingolstadt tuvieron que firmar Ia profcsión de fe, p u f l cada siguiendo las prescripciones dei Concilio. Todos los funcionários dei ^M que dcbían jurar atenerse a una indudable ortodoxia católica. Si alguien ú negaba era despedido. En Ia baja Baviera, adonde habían sido enviados akfl nos jesuítas para Ia conversión de los habitantes, no solo los predicadores, | H
34 "Gcschiclite Erfalmmg iind Bcricht der ungebuehrlichen aufruchrisclicn Redcn halbefnfl Frciberg. Ceschiclifc der baierischen Landsíaende. n, 352. *5 Mnschberg, Ceschichrc des /lauses Ortenbtirg. p. 390. 30 Adlzreiltcr, Annaies Boicae gentis, n, xi, n. 22. AJbcrtus cara indiiJgcnfiam júris > ! |U blici in Boica esse nohiit.

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os los que se mantuvieron en Ia fe evangélica, tuvieron que vender sus nes y abandonar ei país. 37 Y así se procedió en todas partes. Ningún marado se hubiera atrevido a tolerar a los protestantes, pues él mismo se exponl más duro castigo. Con esta renovación dei catolicismo Ias modernas formas dei mismo pasadc Itália a Alemania. Se hizo un índice de libros prohibidos, se los rebusco lis bibliotecas y se hicieron hogueras con ellos. Por ei contrario, se favoreció lihro católico v ei duque no dcjó de animar a los autores ortodoxos, pues ii traducir e imprimir Ia historia de los santos de Surius. Se dedico Ia mayor In ión a Ias relíquias, y San Benno, dei que nada se queria saber en otro alemán, en Misnia fué proclamado solemnemente patrón de Baviera. La hitectura y Ia música fucron Ias primeras en adoptar ei nuevo gusto de Ia jtiia restaurada. Se fomentaron, sobre todo, los institutos de los jesuítas, • tenían a su cargo Ia educación de Ias nuevas generaciones. I Los jesuítas no encontraban palabras bastantes para cantar Ias excelências I duque, Hamándole segundo Josías y nuevo Teodosio. Pero queda una cuestión. Por Io mismo que Ias soberanías territoriales se amplían cuando }os prín. protestantes adquieren intervención en cuestiones religiosas, seria sordente que los príncipes católicos vieran limitado su poder por Ia renovado Ia autoridad de Ia Iglesia. No es de extranar que se tomaran precauciones en este sentido. Los Papas Ton muy bien que solo por mediación de los príncipes podían conseguir, en principio, Ia conservación de su poder en decadência o ei recobro dei perRo; no se hacían en esto ninguna ilusión y toda su política se endereza a ltcndcrse con los príncipes. l;.n Ia instrueción entregada por Gregorio ai primer núncio que envio a •viera se declara esto mismo sin grandes ambages: "El deseo más ardiente de li S.intidad consiste en rcstablecer Ia disciplina eclesiástica decaída, pero ve, niismo tiempo, que tiene que unirse a los príncipes para alcanzar una fina«d tan importante. Por su piedad se ha conservado Ia religión y solo con su (ii).i se podrán restablecer Ia disciplina eclesiástica y Ias costumbres." s x Y, asi, Papa traspasa ai duque Ia facultad de expulsar a los obispos que no cumn y de poner en ejecución Ias resoluciones de un sínodo que había sido me]) cn Salzburgo; Ia de advertir ai obispo de Regensburgo y a su cabildo Conveniência de instituir un seminário; en una palabra: le transmitió una i u de superintendência eclesiástica. Y consulta con ei duque si no será ípvcnicnte instituir seminários para ei clero regular, como existen ya para ei fcul.ir. El duque se muestra conforme. Pero también pide, por su parte, que
I »T Agrícola, P. I. Dec. m, 116-120. • I.cgatio Crcgori XIIJ. 1575: S. S. in eum curam incirinbit qua ecc/csijstica disciplina /am •lie in Gcrmania collapsa a/iquo modo instauretur, qiiod cum antecessores sui aut neg/exerint aut jlrr attigerint. non ram bene quam par erat de republica christiana méritos esse animadvertit: (diungcndos sibi ad faíe tantumque opus catholicos príncipes sapientissime statuit. El legado. de Dartolomé de Poma, promete expresamente: Suam Sanctitatem nihil unquam praeterniissuram quod est c re sua [ducis Bavariac] aut fiíiorum.

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los obispos no se inmiscuyan en Ias prerrogativas de los príncipes, ya sean l.r. tradicionales u otras nuevas, que ei clero sea mantenido en orden y discipllfl por sus superiores. Encontramos edictos en los que ei príncipe considera I a conventos como bienes de Ia Câmara y, en consecuencia, los somete a una ul ministración secular. Si ei principado protestante se ganó en ei curso de Ia Reforma atribuffl eclesiásticos, ahora le ocurrió Io mismo a] principado católico. Lo que en un caso se hizo frente ai Papado, ahora se hace de acuerdo con él. Y si los p i f l cipes protestantes colocaban a sus cadetes como regentes postulados en 1 abadias evangélicas vecinas, los hijos de los príncipes católicos llegaron a Ia < H nidad episcopal. Desde un principio prometió Gregorio ai duque Alberto n» omitir nada en favor suyo o de sus hijos y, en poço tiempo, vemos a d o é f l estos en posesión de Ias mejores prebendas y a uno de ellos llcgar poço a poço a Ias dignidades máximas dei Império. 89 Además de esto, Baviera cobro una gran importância por Ia p o s i d f l adoptada. Defendia un gran principio que iba ganando terreno. Y los prínfl pes alemanes católicos de menor categoria, vieron en Baviera durante cierti tiempo su jefatura. En Ia medida que se íò permitia su poder ei duque se apresuró a t d H blecer ia doctrina católica. Apenas cayó en sus manos ei condado de H t t f l hizo salir a los protestantes, tolerados por ei último conde, y restableeió ei rito y ia confesión católicos. El margrave Filiberto de Baden-Badcn pierde Ia vidd en Ia batalla de Moncontour. Su hijo Felipe, de diez anos de edad, es e d u f l do en Munich en Ia fe católica, bajo Ia tutela dei duque Alberto, No csperJ a lo que habría de hacer ei joven margrave cuando llcgara a gobernar, sino que mando inmediatamente a su maestre de campo, duque de Schwarzenbsfl y ai jesuíta Jorge Schorich, que ya habían trabajado en Ia baja Baviera c c f l virtiendo gente, para que volvieran católica a Badcn por <los mismos procedi mientos. Los habitantes protestantes quisieron aponer mandatos imperiales, quino fueron tenidos en cuenta, y los delegados continuaíbn su obra, como relata con satisfacción ei cronista de los jesuítas, "haciendo libres ei oído y ei anima de Ia gente sencilla para que recibiera Ia doctrina celestial". Esto quiere dei ir ue alejaron a los predicadores protestantes, obligaron a los frailes no muy orlo oxos a abjurar de sus errores, nombraron para Ias escuelas superiores y ele mentales maestros católicos y expulsaron a los seglares"que no quisieron some terse. En un espacio de dos anos —1570, 1571- 4 - todo ei país cs de nucvo católico.40

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39 Incluso Pio V moderaba sus severos princípios frente ai duque de Baviera, Tiépolo, R t f l tione di Pio JV e V. D'a/tri principi seco/ari di Gcrmania non si sa chi a/íro vcraim cattolico che i/ diica di Baviera: però in grati/icarione sua i) ponte/ice ha concesso che il íigliuoM che di gran lunga non ha ancora Veta determinara dal concilio, habbia il vescovato FrinsigaflH cosa che non è da hli sfaía concessa ad altri. 4<> Sacchinus: pars. m, lib. vi, n. 88, lib. vn, n. 67. Agrícola: i, iv. 17-18. El Papa C M H debidaniente ai duque por ello. Mira perfunditur laefilia, se dice en aquclla ctnbajada, cum ff^H il). Sertis. Vrae. opera et industria marchionem Badcnsem in religione citlioJica cc/uc.iri, ad qiioff accedit cura ingens qii.iin adbibiiit í« coniifatu de ífag ut catliclica lides, a qua tmpitei deíecerw^Ê Kstitoàtiit,

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Mientras esto ocurría en ei campo secular un movimiento parejo se prole, todavia con una necesidad mayor, en ei eclesiástico. I Los príncipes alemanes eclesiásticos eran, en primer lugar, obispos, y los j)ns no descuidaron un momento en hacer valer en Alemania ei aumento poder sobre los obispos que les correspondia por Ias decisiones dei Conii.

Como primera providencia, fué enviado Canisius, con ejemplares de Ias jluciones dei Concilio, a Ias diversas cortes eclesiásticas. Los fué pasando r Maguncia, Tréveris, Colônia, Osnabrück y Würzburgo.41 Los honores Kl.iles con que fué recibido fueron animados por su actividad. El asunto se •t<> a discusión en Ia Dieta de Augsburgo de 1566. [ l'ío V temia que ei protestantismo presentara nuevas peticiones y obtun nuevas concesiones, y había indicado a su núncio que, en caso necesario, ntara una protesta amenazando ai emperador y a los príncipes con arreba"s todos sus derechos. Creía llegado ese momento.42 El núncio, que veia cosas de cerca, no Io creyó así. Comprendió, por ei contrario, que nada ii que temer. Los protestantes estaban divididos y los católicos, por suerte, J os. Se rcunían frecuentemente con ei núncio para acordar medidas comuCanisius, de fama intachable, muy ortodoxo y sagaz, gozaba de gran diente sobre Ias personas. No había que pensar en ninguna concesión y esta Dieta Ia primera en que desarrollaron una resistência victoriosa los cipes católicos. Las advertências dei Papa encontraron eco y en una reunión rada de los príncipes eclesiásticos se aceptaron provisionalmente las resoiones de Trento. Desde ese momento comienza una vida nueva para Ia Iglesia católica de bania, Poço a poço se van publicando esas resoluciones en los sínodos proi [ales; se crean seminários en las sedes episcopales, siendo ei primero, según ii. (1 colégio Willibaldinum, fundado por ei obispo de Eichstádt.43 La prekiiin de fe fué firmada por altos y bajos. Es muy significativo que lo mismo kedicra en las universidades. Según una disposición propuesta por Láinez •probada por ei Papa, y que entonces se puso en vigor en Alemania debido M ipalmente ai ceio de Canisius, no solo no se repartiria ningún cargo, sino m III|IULC) orado alguno, ni siquiera en Ia facultad de medicina, sin Ia firma ktvia de Ia professio fiâei. Según mis noticias, Ia primera universidad que klrtxlujo esta condición fué Ia de Dillingen y las demás siguieron poço a poço. lonicnzaron las inspecciones de las iglesias, y los obispos, que hasta entonces . 1 .li ii dado muestras de bastante descuido, se senalan por su ceio y devoción. 1 Sin duda uno de los más ardientes entre ellos era Jacobo von Eltz, que dei f\i\ 1567 hasta 1581 fué príncipe elector de Tréveris. Había sido educado en Ia i disciplina lovainense y sus empenos literários estuvieron consagrados dessiempre ai catolicismo. Había redactado un martirológio y oraciones parn
«l Madcrus, de vila P. Canísii, lib. n, c. n. Sacchinus, ni. D, 22. *- Catena, Vita di Pio V, p. 40, publica un cxttacto de Ia instrueción. Cratiani, Vita Comdoni, lib. ni, c. II. *'•> Falkenstein, Nordgauiscbe AJterthuemer, i, 222.

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Ias horas canónicas. Tuvo gran parte con su antecesor en Ia entrada de m jesuítas en^ Tréveris y les encomendo, llegado a príncipe, Ia visitación de i J parroquias. Hasta los maestros de escuela tuvieron que firmar Ia profesión >ln fe. Se introdujo una rigurosa disciplina y jerarquía en ei'clero, siguiendo e l f l píritu metódico de los jesuítas. Cada mes ei párroco debía informar ai d e c i f l y cada trimestre este ai arzobispo, y los que se resistían eran alejados sin Shfl Se imprimió para cada diócesis una parte de Ias disposiciones tridentinas j H dieron a conocer para su cumplimiento; se publico un nuevo breviario p f l acabar con todas Ias diversidades de rito. La jurisdicción eclesiástica fué i f f l ganizada con rigor por Bartolomé Bodeghem von Delft. La alegria mayor cia arzobispo parecia ser que alguien volviera dei proteslantismo. En tal caso, n f l ca dejaba de enviarle su bendición.44 A este deber propio de Ia dignidad eclesiástica, a esta relación con R o j H se anaden otros motivos. Los príncipes eclesiásticos tenían Ias mísmas r a z a H que los seculares para rescatar a sus poblaciones a su religión, y quizá m a y ^ H ya que una población que se inclinara ai protestantismo podría presentarles t ^ | mayor oposición, en virrud de su caracter eclesiástico. Vemos actuar este factor importante de Ia historia alemaria precisam^M en Tréveris. Lo mismo que otros senores eclesiásticos, los arzobispos de T r d f l ris estaban desde siempre en altercados con su capital. En ei siglo xvi se a ^ H ei elemento protestante y se ofrece una obstinada resistência a Ia jurisdicflH eclesiástica. Jacobo von Eltz se vió obligado a sitiar Ia ciudad. Salió v e n o ^ H y consiguió entonces dei emperador una decisión favorable. Con ella o b l i ^ H los burgueses a Ia obediência secular y religiosa. Hizo todavia otra cosa, que tuvo una influencia general: en ei ano de l^M excluyó definitivamente a los protestantes de Ia corte. Esto tenía mucha i m ^ | tancia, sobre todo para Ia nobleza, que dependia en su carrera de Ia corte.^H este modo se le cortaron todas Ias perspectivas de futuro y es posible que ^ H chos se vieran impelidos a volver a Ia vieja religión. También ei vecino de Tréveris, Daniel Brcndel, príncipe elector de Mil guncia, era muy católico. Contra ei consejo general de los que le rodeaban, | H tableeió Ia procesión dei Corpus y oficio en ella. Nunca había dejado de a c i » a vísperas. De todos los asuntos, siempre ponía en primer lugar los eclesi^H cos y entre sus consejeros áulicos mostra ha preferencia por los católicos Cel^H Los jesuítas encomian los favores recibidos de él, que rriandó ai Colégio ^ H mánico de Roma algunos pupilos.45 Pero no se sentia dispuesto a ir tan | H como Jacobo von Eltz. Su ceio religioso no deja de ofrecer cierta ironia. Cua^H introdujo a los jesuítas, muchas de sus gentes le hicicwn óbservaciones en C^Ê tra: "jCómo! jme tolerais a mi, que no cumplo con mi obligación como e i ^ H bido, y no queréistolerar a gentes que cumplen tan bien con Ia suya?." 40 No m nos dice cuál fué su contestación a los jesuítas que lc pedían Ia extirpa<^H completa dei protestantismo en ei país. Cuando menos tolero luteranos y calví
* Browcrus, Amia/es Trevirenses, n, xxn, 25: nuestra fuente principal y más fidedigna t^M 45 Serarius, Mogiint/acarum rcriim, lib. v, cn ei párrafo sobre Daniel principalmente, ^ H vra, xi, xxn, xxiu. 46 Valeiandus Sartorius, en Serarius, p. 921.
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01 ns cn Ia ciudad y en Ia corte y hasta ei rito evangélico en algunas localida; " pcro cllo se debió probablemente a que no se sentia con bastante fuerza nplastarlo, porque en una región apartada de su domínio, donde no le ameRnban vecinos tan poderosos y bélicos como los condes palatinos dei Rin, dió cambio pasos más decididos. El restablecimiento dei catolicismo en Eichfeld obra suya. El protestantismo se había instalado con ei favor de los nobles ubía penetrado hasta Heiligenstadt, a pesar de Ia abadia que poseía ei patrodc todas Ias iglesias, e incluso había un predicador luterano. La comunión rccibía en Ias dos espécies, y una vez solo doce burgueses distinguidos tomala comunión de Pascua según ei rito católico.48 Por este mismo tiempo, afio 574, apareció ei arzobispo en Eichfeld, acompanado de dos jesuítas, para nr a cabo una visita de iglesias. No apelo a medidas muy violentas, pero si laces. En Heiligenstadt expulso a los predicadores protestantes y fundo un Igio de jesuítas. No excluyó a ningún consejero pero, mediante una pequena i nl.i afiadida ai juramento de toma de posesión, por Ia que cada uno se Iguba a obedecer ai príncipe elector en asuntos religiosos y civiles, impidió ei futuro Ia entrada de protestantes. Lo más importante fué ei nombranto de un superintendente decididamente católico, Leopoldo von Stralendorf, I no tuvo reparos en reforzar con su propia autoridad Ias medidas moderadel Sefior y que hizo prevalecer en Ia ciudad y en ei campo Ia doctrina iln a en una administración sostenida durante veintiséis afios. Sin tomar i In nta Ia oposición de Ia nobleza expulso dei país a los predicadores protnntes y puso en su lugar a los discípulos de Ia nueva escuela de los jesuítas. Ya otro príncipe eclesiástico había dado ei ejemplo en estas regiones. En Ia abadia de Fulda Ia práctica evangélica había sido tolerada por seis des y también ei último abad, Baltasar von Dembach, llamado Gravei, prolió cn su elección —ei afio de 1570— hacer lo mismo. Ya sea que ei favor lc mostro Ia corte pontifícia estimulara su ambición, que viera en ei restacimicnto dei catolicismo ei médio de acrecentar su insignificante poder, o c realmente se produjera en él un sincero cambio de opinión, ei caso es que fué mostrando poço a poço no solo adverso ai protestantismo, sino enemigo. imó a los jesuítas. No conocía a ninguno ni había visto un colégio, así que c|iic le decidió fué Ia fama de ellos, Ia descripción que le hicieron unos disiilns dei colégio de Tréveris y también acaso Ias recomendaciones de Daniel ndel. Los jesuítas acudieron con gusto y Maguncia y Tréveris fundaron una residência común; ei abad les dió casa y escuela y les asignó una penftn, y él mismo, que no era muy culto, tomo lecciones.49 El abad tuvo díficultades con ei cabildo, que en modo alguno había aproel llamamiento y algo tenía que decir en cuestiones de esta índole. Pero
<T Lamcntacioncs de Roberto Turner, ei cual buscaba a un Bonifácio y encontro tan solo a un cípcm politicum. Seraríus, p. 947. «» Joh. Wolf, Ceschichte und Beschreibung von Heiligenstadt, p. 59. «u Reiffenbetg, Historia socictatis Jesu ad Rhenum iníeriorem, i, vi, n, aumenta aqui los datos Snccliinus (m, vu, 68) tomando como base un tratado dei jesuíta Feuder, rcdactado para él. lado protestante: "Quejas de Ia ciudad de Fulda y de Ia nobleza dei obispado dcl mismo brc", cn Lehmann, de pace re/igionis, n, a, 257.

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pronto arremetió también con Ia ciudad, aprovechando para ello Ia mejofl ocasión. El párroco de Fulda, que hasta entonces había predicado Ia doctrina e v a f l gélica, retorno ai catolicismo y comenzó de nuevo a bautizar en Iatín y a dar Ia comunión en u n a sola espécie. Acostumbrados ya ai rito evangélico, los habiJ tentes no quisieron someterse y pidieron ei alejamiento dei párroco. Como es natural, ei abad no hizo caso. No solo se practicó rigurosamente ei rito católico en Ia catedral, sino que en Ias demás iglesias se expulso a los predicadoreB evangélicos, que fueron substituídos por jesuítas. El abad cambio sus consejeroí y funcionários protestantes por otros católicos. Fué inútil que Ia nobleza protestara; ei abad Baltasar, contrariado, les fl puso que esperaba no pretenderían indicarle como tenía que gobernar ei p f l que Dios le había encomendado. Algunos príncipes imperiales poderosos lfl enviaron una embajada para que suspendiera sus innovaciones y alejara a ^M jesuítas, pero no se inmutó Io más mínimo. Al contrario, amenazó a los noblea Se arrogó una espécie de dependência imperial directa que debía ser muy limB tada si ei soberano eclesiástico pretendia imponer Ia obediência religiosa. Fué así como se levanto en Alemania con renovadas fuerzas un c a t H cismo que parecia ya vencido. Los más diversos motivos colaboraron: Ia religiáfl y Ia doctrina, que volvieron a extenderse, Ia reforzada disciplina eclesiás^H consecuencia de Ias resoluciones de Trento, y, sobre todo, motivos de políticfl interior. Saltaba a Ia vista cuánto más poderoso podia ser un príncipe si H súbditos seguían también su credo. Al principio, Ia restauración eclesiástica^! hizo firme solo en algunos puntos, pero estos ofrecían una perspectiva inmensB Había de tener Ia mayor importância que no se opusiera ninguna resister^B importante ai proceder de los príncipes eclesiásticos. Con Ia "paz religiosa" y q H diante una expresa declaración imperial, se trato de dar seguridades a Ias c o i ^ B nidades protestantes radicadas en los domínios eclesiásticos. I*os príncipes e ^ H siásticos pretendían ignorar tal declaración y en^modo alguno se p r e o c u p í ^ H de ella. El poder imperial no era Io bastante fuerte y áecidido para t o m a i f l imponer un acuerdo tajante. Ni siquiera en Ia Dieta imperial prevalecierofl^B energia y unidad necesarias. Los câmbios más importantes transcurriei ruido, sin apenas ser percibidos, sin que fueran registrados en Ias crônicas, c o H si no pudiera ser de otro modo. 5 ) La violência en los Países Bajos / en Francia Mientras Ias empresas católicas cunden tan decididamente en Alemania, i f l piezan a actuar también en los Países Bajos y en Francia, aunque con un C l f l muy diferente. La diferencia fundamental reside en que existe en estos países un f u 4 H poder central que tiene una participación muy activa en ei movimiento, ^ H dirige Ia acción religiosa y es afectado directamente por Ia resistência. Por eso Ia situación presenta una mayor unidád y ei empciio mayor dfl nexión y fuerza.

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Sabido es a cuántas medidas hubo de acudir Felipe II a comienzos de su llnado para instaurar una obediência total en los Países Bajos, pero tuvo que nbandonándolas una trás otra, a excepción de Ias que atanían a Ia afirmación pi catolicismo y de Ia unidad religiosa, que mantuvo con ei más implacable r. Mediante \a insútución de nuevos aizobispaàos y obispados cambio por •nplcto Ia constitución eclesiástica dei país, y no se conmovió ni presto oídos •linguna reclamación por derechos violados. Estos obispados cobran una importância doble por Io mismo que ei concide Trento ha reforzado extraordinariamente Ia disciplina eclesiástica. Desj|ís de pensarlo un poço, Felipe II acogió los decretos dei Concilio y los mando phlicar en los Países Bajos. La vida, que hasta entonces había encontrado «lios de moverse sin una gran coerción, ahora estaria sujeta a una rigurosa lilancia y sometida a Ia estrechez de una forma de Ia que estaba a punto de pprcnderse. A esto se anaden Ias sanciones penales, que los Países Bajos conocieron con ei Gobierno anterior, y ei ceio de los inquisidores, atizado constantebnte por ei nuevo tribunal de Roma. Los habitantes de los Países Bajos trataron de mover ai rey para que mo tara los castigos y pareció en algunos momentos que iba a acceder a ello; hasta [duque de Egmont creyó, durante su estância en Espana, haber recibido seguJndes en este sentido. Sin embargo, era difícil hacerse ilusiones. Ya hemos visto Itcriormente como ei sefiorío de Felipe II descansaba en gran parte en ei factor •csiástico y, de haber hecho conccsiones a los Países Bajos, le hubieran sido lidas también en Espana, donde jamás podría otorgarlas. No olvidemos que K>re él pesaba asimismo una imperiosa necesidad. Pero, además, eran los tiemen que Ia exaltación a Ia Sede y Ias primeras actuaciones de Pio V habían ivocado un nuevo ardor en todo ei mundo católico; también Felipe II sentia I atracción especial por este Papa y presto ei mayor eco a sus admoniciones. M Icababa de rechazar ei ataque de los turcos a Malta y los devotos v los enellgos de los Países Bajos pudieron aprovechar Ia impresión producida por Ia Ictoria, como sospecha ei príncipe de Orange, para animar ai rey a una actua4n enérgica.50 Lo cierto es que se publico un edicto a fines de 1565 que sobreliaha en rigor a todo lo conocido. Se aplicarían integramente Ias sanciones establecidas, se harían cumplir i* «soluciones dei Concilio y de los sínodos provinciales posteriores y solo los (iiisidores conocerían de los delitos religiosos. Todas Ias autoridades fueron Bcrtidas para que prestaran su ayuda. En cada província un comisario vigilau ei cumplimiento dei edicto y comunicaria de três en três meses ei informe >rrcspondiente.51 Se ve claro que se intentaba introducir con esto un gobierno eclesiástico, no como ei de Espana, por lo menos como ei de Itália.
»0 El príncipe sospecha de Granvella. Cf. su escrito en los Archivos de Ia maison d'OrangeIMu, i, 289. 81 Strada según una fórmula dei 18 de diciembre de 1565, lib. rv, p. 91.

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La reacción inmediata fué que cl pucl>lo se levanto en armas, se dcstqfl zaron imágenes y en todo ei país estalló furiosa revuelta. Llegó un momento! en que ei poder público fué obligado a ceder, pero Ias violências comprometi»! ron Ia finaYidad que se perseguia, como suele ocurrir, pues ios habitantes mode-l rados y tranqüilos se espantaron y se aprestaron a ayudar ai Gobierno. La GoM bernadora obtuvo Ia victoria y, luego de hacerse duefia de Ias localidades rebeldes, pudo someter a Ios funcionários y a Ios feudatarios dei rey a un jur.i mento por ei cual se obligaban a mantener Ia fe católica y a luchar contra l<>\ herejes. 52 Pero ai rey no le pareció bastante. Es ei momento en que le ocurre Ia d^Ê gracia de su hijo don Carlos, y nunca fué tan riguroso e inflexible. El PapaJ por su parte, le advierte que no haga ninguna concesión en menoscabo dei catolicismo y ei monarca le asegura que "no permitirá que en Ios Países Bajoá queden raíces de una planta tan maligna y está dispuesto a perder Ias provinciaB o mantener en ellas Ia religión católica". 63 Después de haberse dominado l,i rebelión y para realizar su propósito, envio a su mejor general, ei duque de A l b J con un ejército de primera clase. Tratemos de abarcar Ias ideas capitales que inspiran ei proceder dei áU que de Alba. \ Estaba convencido de que en Ios movimientos revolucionários de un p f l se puede conseguit todo si se acaba de una vez con Ios caudiííos. El que C a » Ios V, después de tantas y tan grandes victorias, hubiera sido poço menos que expulsado de Alemania, se debió a que perdonó Ia vida a Ios enemigos que CM yeron en sus manos. A menudo se ha hablado de Ia inteligência entre franl ceses y espanoles en Ia reunión de Bayona de 1565 y de Ios acuerdos a q u i llegaron: de todo Io que sobre el particular se cuenta, Io cierto es q u e f l duque de Alba pidió a Ia reina de Francia que se deshiciera de Ios caudillol hugonotes de Ia manera que fuese. Lo que en aquella ocasiór> aconsejara cs natural que no tuviera inconveniente en aplicado ahora. Felipe II había puesll a su disposición unos poderes en blanco con su firma. El primer uso que hizd de ellos fué encarcelar a Egmont y Horn, de Ios que se sospechaba que fuenm Ios culpables de Ia rebelión anterior. "Sacra Majestad católica —comienza l.i carta dirigida ai rey en esta ocasión, carta que parece demostrar que no tenía ninguna orden expresa para ei caso—, después que he llegado a Bruselas me he procurado Ios informes necesarios en Ios lugares debidos f he tomado a buenl recaudo ai duque d e Egmont, y también he mandado_,encarcelar ai duque de Horn y a algunos otros." 54 ^Por qué razón condeno a muerte a Ios presoi|
»2 Brandt, Histoirc de k ré7ormation des Pays-bas, i, 156. 58 Cavalli, Dispaccio di Spagna, 7 Ag. 1567. Rispose ii ze, che qaanto alie cose delia religi^M S. Stà. stasse di buon animo, che owero si han da perder fufti quei stati o che si conserverà fltj ejsi h vera catlo/ica re/igione, nê compoiteri che vi ri/nanghi, per quanto poírà /ar Jui, afcunM radice di mala pianfa. 04 Dispaccio di Cavalli 16 Sett. La hasta entonces Regente se quejó ai rey sobre Ia dctencláH El rey contesto que él no Ia había ordenado y para probarlo ensenó Ia carta de Alba, de Ia ^ H se nos comunica cl pasaje que le sirvió de prueba, y que dice: Sacra catot/ica Maesia, da poi ch'm gionsi in Bruse/íes, pigliai le information da chi dovea deJ/e cose di qua. onde poi mi snn . dei conte di Agmon e íatto ritener il conte d'Orno con aíquanti aítri. Sara hen che V. M. per h 1

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uno siguiente? No por ia convicta culpabilidad surgida dei proceso, pues rcsponsabilidad más bien parecia ser Ia de no haber impedido Ia rebelión c Ia de haberla provocado. Tampoco por orden alguna dei rey que dejara a lireción dei duque ia ejecución de }os presos. El motivo íué ei siguiente: Uíivn entrado en ei país algunos grupos protestantes que nada habían conk i d o de importância, fuera de su pequena victoria en Heiligerlee, donde i iii un famoso capitán dei rey, ei duque de Arenberg. En su escrito ai moM íca dice ei de Alba que ha observado que ei pueblo se ha agitado con este •dente y ha aumentado su resistência, y por eso ha considerado oportuno n.ir a Ia gente que no Ia tiene temor, quitándola a Ia vez Ias ganas de busla libertad de los presos mediante nuevas revueltas: así ha tomado Ia deciji de mandados ejecutar en seguida. Los nobles varones, cuyo crimen conio cn defender Ias libertades tradicionales dei país, y en los que no se pudo ubrir delito alguno, cayeron víctimas de Ias consideraciones momentâneas una política implacable y no de un principio de justicia. En ese momento [duque de Alba se acordo de Carlos V, cuyos errores no deseaba repetir. 50 Como vemos, ei de Alba era cruel por principio. ^Quién habría de entrar gracia ante ei terrible tribunal que instituyó con ei nombre de "Trial de los tumultos". Gobernó Ias províncias con encarcelamientos y ejecuIHS, demolió Ias casas de los condenados y confisco sus bienes. Con los fines ig/osos, perseguia también los políticos, y ya ei viejo poder de los Estados tcnía significación alguna; Ias tropas espanolas invadieron ei país y en Ia Vá mercantil más importante establecieron su ciudadela. Con una obstinan sin igual, insistió ei de Alba en ei cobro de los odiados tributos y en pana —pues también de allí saco sumas importantes— se preguntaban qué 10 que hacía con tanto dinero, El caso era que ei país obedecia: nadie reisió; desapareció toda huella de protestantismo y los emigrados fronterizos mantuvieron tranqüilos. "Monsignore —decía durante estos sucesos un consejero secreto de Feli11 ai núncio—, ^estais satisfecho con ei comportamiento dei rey?" El núncio nicstó: "Muy satisfecho." El mismo Alba creía haber realizado una obra maestra. Y no sin ciertciprccio miraba ai Gobierno francês, que no sabia hacerse duefto de Ia situan cn su propio país. En Francia se había producido una fuerte reacción contra Ias concesiones gales hechas ai protestantismo.
leito ordini ancor lei che sia fatto 1'istesso di Montigni [que se hallaba en Espafia] e suo adiu"íe di esmera. Se sigtiio a esto Ia detención de Montigny. I>» Cavalli nos facilita ei 3 de julio de 1568 también este escrito extractado. Es, si cabe, aún I intcrcsante que c) anterior. Capito qui 1'awijo deJJa giustitia faita ài Fiandia contra dj qutlJi Vfri signori prigioni, intorno alia quale scrive il D. d'Alva, che havendo facoltà di S. M. di /ar rtcciitione o soprastare secondo che havesse rJputato piu espediente dei suo servitio, che pero IIIIK/H li popoli un poço aíterati et insuperbiti per Ia morte d'Arenbcrg c rotta di quelli Spagnoli. vm giudieato tempo opportuno e necessário per tal ef/efto per dimontrsr di non temer di íoro úi 1I0 11/ciino, e poner con questo tenore a molti levandoli Ia speranza di tumultuar per Ia loro Iibe(liiiic, e luggir di cascar neII'errore neí quale incorse l'in7peratore Cario, il qual per tener viv> «emin e Langravio diede oceasione di nova congiura, per Ia quale S. M. íu caecíata con poça inl.l delia Germania a quasi delVimpcTO.

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Partió de los grandes senores, que no estaban dispuestos a permitir un j apartamiento tan grande dei sistema tradicional de fe y de vida, ni queríaai tarnpoco dejar manos libres ai Gobierno que entonces regia. Consiguieron hacerce con él mediante ia persuación y Ia violência y mudaron Ia política seguw por otra que acarreó conflictos sangrientos. Los protestantes disponían también de caudillos poderosos y resueltos qu« contestaran a Ia violência con Ia violência. Pero debido a Ia estrecha relación de los intereses religiosos con Ias faccio] nes dei Estado y de Ia corte, ei estallido de Ia guerra civil no podia ser ventajo» para ei progreso dei nuevo credo. Mientras los partidários de Ia Reforma se mantuvieron tranqüilos, todo pareció favorecerlos. Pero cuando para sosiencr-1 se, y arrebatados, además, por sus caudillos, acudieron a Ias armas y cometicron violências, secuela lamentable de toda guerra, cuando, si se nos permite Ia expresión, los "cristaudinos" se hicieron hugonotes, perdieron ei favor de Ia opfr nión pública. "íQué clase de religión es esta —se preguntaba Ia gente—, cuando ha mandado Cristo robar ai prójimo y derramar su sangre?" Desde un principio, Ia población de Paris se puso ai lado dei regente católico, incitas sin duda por ai actitud orgullosa y amenazadora dei príncipe de Conde, jefl de los hugonotes. Toda Ia población apta para llevar Ias armas fué organizadl militarmente y puesta ai mando de capitanes católicos. Los miembros de Ia unM versidad y los dei Parlamento, que comprendía Ia numerosa clase de los aboí gados, tuvieron que suscribir una fórmula de fe estrictarhente católica. Todad Ias instituciones de Ia vida ciudadana presentaban un cariz antiprotestante. Al amparo de este cambio, los jesuítas echaron pie firme en Francia. Enw pezaron muy modestamente y tuvieron que contentarse con colégios en BillonJ y Tournon, que Ies procuraron dos senores eclesiásticos devotos suyos. Eran | lugares alejados dei centro dei país, en los cuales no era posible hacer nada importante. En Ias grandes ciudades, sobre todo en Paris, ençontraron mu decidida resistência por parte de Ia Sorbona, dei Parlamento, dei arzobispado, porque todos temían verse perjudicados por los privilégios y ei espíritu de Ia orden. Pero se ganaron ei favor de católicos celosos y, especialmente, de Ia COM te, que no se cansaba de recomendados "por su vida ejemplar, por su doctrin;i pura, de modo que muchos que se habían separado han sido vueltos ai rodil y ei Oriente y ei Occidente conocen ia efigie dei Senor gracias a sus esíui i zos".DB A esto se afiadió aquel cambio de opinión pública y, ,así, pudieron afÍM marse y conseguir, en ei ano de 1564, ei derecho a ensenar. Ya habían puestd ei pie en Lyon. Por suerte o por mérito, ei caso es que pudieron presentara con unos cuantos talentos brillantes. A los predicadores hugonotes enfrentara! Edmundo Augier, nacido en Francia, pero educado en Roma a Ia sombra dflj Ignacio, y dei cual parecen haber dieho los protestantes que hubiera sido <I más grande orador dei mundo de no llevar los ornamentos católicos. Con Ia
86 En un manuscrito de Ia Biblioteca de Berlin. MSS. Call. n. 75. se encuentra, entre otrod] ei siguiente documento: Deiiberations et cortsuJtations au parfament de Paris touchant I'estabiiJW»| ment des Jesuites en France, en ei cual están contenidas principalmente Ias embajadas de Ia C^H ai parlamento en favor de los jesuítas: in/racta et feroeia pecfora, se dice en estas, g)a<)io lidei acutfl penetrarunt.

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lubra y con Ia pluma producía Ia mayor sensación. En Lyon fueron venci; por completo los hugonotes, sus predicadores expulsados, destruídas sus Irsias y sus libros quemados. Los jesuítas, por ei contrario, recibieron en ei o de 1567 un magnífico colégio. También contaban con un profesor excetc, Maldonat, cuya explicación de Ia Biblia atraía en masa a Ia juventud. sele estas capitales cruzaron ei país en todas direcciones, se establecieron en plosa, en Burdeos, y en todas partes donde se presentaron aumento ei número romuniones católicas. El catecismo de Augier conquisto ei aplauso general, rs en solo ocho anos se vendieron en Paris 38,000 ejemplares.07 El espíritu católico de los franceses volvió a rebrotar con toda su energia esta oposición contra los hugonotes. Cuando estos, por temor de correr una rte parecida a Ia de los neerlandeses, acuden de nuevo a Ias armas y consi-n un edicto de pacificación favorable, una gran parte de Ias ciudades fran"• se nego a ejecutarlo; en Ias províncias se fundaron asociaciones entre los rsos estamentos para Ia conservación de Ia religión católica, asociaciones que Itaban amenazâdoras tambión para ei propio Gobierno si no era de Ia misma nión. Pero Catalina de Médicis, furiosa por ei nuevo levantamiento de los gonotes, estaba dispuesta a hacer sentir su autoridad. El ejemplo dei duque Alba mostraba todo Io que se puede alcanzar con una voluntad firme. El bn no cesaba de advertir a Ia corte que no permitiera que aumentara Ia osadia los rebeldes, y afiadió a sus advertências una autorización para enajenar bienes fciásticos, enajenación que proporciono ai tesoro un millón y médio de libras.58 nio un afio antes Ia gobernadora de los Países Bajos, Catalina de Médicis ifiitó a Ia nobleza francesa Ia fórmula de un juramento en virtud dei cual In que renunciar a toda unión acordada sin conocimiento dei rey.50 Exigió Vposición de todos los magistrados sospechosos de Ias ciudades. En septiemde 1568 declaro a Felipe II que no toleraria ninguna otra religión que Ia lica y comenzó Ia guerra. El bando católico, en su totalidad, Ia emprendió con un ardor extraordinaA petición dei Papa y también por impulso propio, ei rey de Espafia envio os franceses tropas bien preparadas, ayuda que los franceses acordaron acep• Pio V mando hacer colectas en su Estado y pidió a los príncipes italianos cstablecieran impuestos especiales. Él mismo envio ai otro lado de los Alpes pequeno ejército con Ia orden de matar a todo hugonote que cayera en manos. También los hugonotes apretaron los dientes. Llenos de ceio religioso, veían os soldados pontifícios ai ejército dei Anticristo. Tampoco dieron cuartel les falto ayuda extranjera. Sin embargo, fueron totalmente derrotados en contour. |Con qué alegria exhibió Pio V en San Pedro y San Juan de Letrán Ias eras conquistadas que se le enviaron! Abrigo Ias más atrevidas esperanzas.
Se encuentran estas informaciones en Ia obra de Orlandinus y de sus continuadores, pars. i, VI, n. 30. ii, iv, 84. iii. m, 169 ss. Juvcncio, v, 24, 769, facilita una biografia de Augier. •» Catcna, Vila di Pio V, p. 79. El juramento en Scrranus, Commentarii de sfatu religionis in regno Galiiae, m, 153.

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En estas circunstancias es cuando excomulga a Ia reina Isabel. Y hay morneM tos en que le halaga Ia idea d e poder dirigir personalmente una acción contfll Inglaterra. Pero Ias cosas no llegaron tan lejos. Como tantas otras veces, también ahora se produjo en Ia corte de Franofl un cambio de opinión que origino gran alteración en los asuntos más importanJ tes, aun estando fundado sobre circunstancias personales de poça monta. El joven rey Carlos IX disputaba a su hermano ei duque de Anjou, q f l había dirigido Ia batalla de Moncontour, ei honor de vencer a los huj y de apaciguar ei reino. Su séquito atizaba este sentimiento, pues también I tenía celos dei séquito de Anjou. Temían que ai honor siguiera ei poder. S H solo no se saco gran provecho de Ias ventajas obtenídas sino que muy pronteJ frente al partido católico riguroso que rodea al de Anjou, se forma en Ia corte I un partido moderado, que mantiene una política contraria. Celebra Ias pace»! con los hugonotes y llama a Ia corte a sus caudillos. En ei ano de 1569 loa franceses, en unión con ei Papa y con Espana, habían tratado de derribar a In reina de Inglaterra, y en ei verano de 1572 los vemos aliados a esa reina para arrebatar los Países Bajos a los espanoles. Pero era este un cambio demasiado brusco, dernasiado poço preparaM para que pudiera madurar. Le siguió Ia explosión más.- violenta y, al final, Ias cosas volvieron a recobrar ei aspecto de antes. El caso es que Ia reina madre, Catalina de Médiciá, mientras participa con ardor en Ia política y en los planes dei partido dominante, que halagaba sus intereses por Io menos en parte —en cuanto pensaba colocar en ei trono de InglaJ terra a su hijo más joven, Alençon— está preparando, sin embargo, todo Io con«j cerniente a Ia ejecución de un golpe muy contrario. Hizo todo Io que estaba. de su parte para que los hugonotes vinieran a Paris y, aunque muy numerosos, | fueron rodeados y retenidos por un populacho fanático, muy superior en número y militarmente organizado. Con bastante claridad, dió a entender al Papa cuáld eran sus intenciones. Pero, aun de haberlo dudado, Ias circunstancias que se concitaron en ese momento Ia hubieran determinado. Los hugonotes se ganaJ ron al rey y parecían tener mayor ascendiente que Ia madre. Esta ya no dudóJ ante ei peligro personal de Ia situación. Con ei poder irresistiblc y m a g i a que ejercía sobre sus hijos, desperto en ei rey todo su fanatismo latente: le bastaba una palabra para que ei pueblo se levantara en armas, y Ia pronuncio.) Cada uno de los hugonotes más destacados fué asignado a su enemigo personal. Catalina dijo no haber deseado más que Ia muerte de seis personas y que solo' de ellas se hacía responsable, pero el caso es que murieron cerca de 50,000. °°( Los franceses superaron de este modo Ia hazana de los espanoles en los Países Bajos. Lo que estos fueron realizando poço a poço con cautelosa reflexiól y bajo formas lcgales, ellos lo llevaron a cabo sin forma alguna, en el ardor dc| Ia pasión y con Ia ayuda de masas fanatizadas. El resultado pareció ser el mis* mo. N o quedo ningún caudillo en cuyo nombre pudieran agruparse los dispcr-l
W Mc icficro aqui por razones de brevedad a mi trabajo sobre Ia Noche de San Bartolomé, en Ia ílisr. poj. Zcitschritt, ir, 581 y XII. 97. S. W.

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hugonotes. Muchos huyeron, muchísimos más se entregaron. En todas partes lha de nuevo a misa y los sermones se hallaban concurridos. Con satisfacción ervó Felipe II como se le imitaba y mejoraba. Ofreció a Carlos IX, que ha| conquistado ei derecho ai título de muy cristianísimo senor, Ia fuerza de su jeito para el término feliz de su empresa. El Papa Gregorio XIII celebro ei lln mediante una procesión solemne a San Luigi. Los venecianos, que no pare\n tener en el asunto interés especial, expresaron su satisfacción en Ias comui iones oficiales a sus embajadores por "esta gracia de Dios". Pero ^es posible que atentados tan sangrientos puedan ser eficaces? ^No ín en eontradicción con el secreto profundo de Ias cosas humanas, con los ncipios misteriosos e inviolables que operan en Io hondo dei orden eterno dei ndo? Los hombres pueden cegarse pero no perturbar Ia ley dei orden cósmico iritual sobre Ia cual descansa su existência. Rige con Ia misma necesidad que su marcha a Ias estrellas. 6) Resistência de los protestantes en los Países Baios tronem y Alemanta nseja Maquiavelo a su príncipe que lleve a efecto rapidamente Ias crueldanecesarias, una trás otra, y que vaya dando a conocer su gracia poço a poço. Parece como si los espanoles quisieran seguir a Ia letra este consejo, como ie hubieran percatado de que ya habían confiscado bastantes bienes y cortado «antes cabezas y que había llegado cl tiempo dei perdón. El ano de 1582 embajador veneciano en Madrid está convencido de que el de Orange será rdonado si pide gracia. EI rey acoge bondadosamente a los diputados de los •es Bajos llegados para pedirle que revoque el tributo dei diezmo y hasta agradece sus gestiones. Había decidido llamar ai de Alba y mandar un gornador de mano más suave. Pero era demasiado tarde. A consecuencia de aquella alianza franco-inglesa c precedió a Ia San Bartolomé, estalló Ia rebelión. El de Alba creía haber iminado, pero Ia Iucha empezaba propiamente entonces. Venció ai enemigo .mias veces se le presentó en campo abierto, pero encontro una resistência Uc le f ué imposible doblegar en Ias ciudades de Holanda v Zelanda, donde había "intrado más el movimiento religioso y el protestantismo se había organizado maneia más efectiva. Cuando en Ia ciudad de Harlem se acaban todas Ias provisiones —hasta Ia lerba que crece entre Ias piedras— los habitantes acuerdan seguir combatiendo, n mujeres y ninos; es verdad que Ia discórdia de Ia guarnición les obligó a ndirse, pero mostraron por Io menos que se podia resistir a los espanoles. En kmar, en el momento en que el enemigo estaba ante Ias puertas, se decidieron pnncrse de parte dei príncipe de Orange, y Ia defensa fué tan heróica como resolución. Nadie abandono su puesto, ni aun estando gravemente herido: te estas murallas fracasaron los ataques de los espanoles. El país cobraba Imito y un nuevo coraje animaba los corazones. Los de Leyden declararon uc, antes que entregarse, preferían comerse el brazo izquierdo para, entretan-

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to, poderse defender con ei derechó. Adoptaron Ia osada resolueión de apela» a ia ayuda dei mar y rompieron los diques. Ya estaban a punto de ser avasa* liados, cuando ei viento dei noroeste aumento ei nivel dei mar unos cuantos pies, arrojando ai enemigo. También los protestantes franceses se habían rehecho. En cuanto se dieron cuenta de que, a pesar de Ia hecatombe, su Gobierno vacilaba y adoptaba medidas contradictorias, se aprestaron a Ia defensa y comenzó de nuevo Ia guerra., Lo mismo que Leyden y Alkmar se defendieron Sanserre y La Rochela. Las mujeres compitieron en valor con los hombres. F u é Ia época heróica de] p r o testantismo occidental. A las crueldades cometidas por los príncipes más poderosos, o consenti<B por ellos, se opuso en innumerables puntos una resistência indomable que núvj gún poder podia quebrantar y cvyo origen secreto estaba en lo bondo de h con> vieción religiosa. N o es nuestro propósito describir los incidentes de Ia guerra en Franci>| y en los Países Bajos; nos apartaria demasiado dei centro de nuestro tema y, por lo demás, Ja guerra está deseríta en muebos hbros. Lo importante es que los| protestantes resistieron. E n Francia, en ei afio de 1573 y en anos sucesivos, ei Gobierno tuvo quql avenirse varias veces a celebrar tratados con los hugonotesj en los que se n renovaban las viejas concesiones' En ei ano de 1576 ei poder dei Gobierno se ha desmoronado en los P a í s » Bajos. Como las tropas espafiolas, que no eran pagadas, se habían rebelado, iodai las províncias volvieron a entenderse: las que permanecieron fíeles con las de fertoras, Jas en su mayor parte católicas con Ias totalmente protestantes. Lm Estados Generales se hicieron cargo de Ia administración y nombraron c a p i t a r » generales, gobernador, magistrados, y ocuparon las plazas fuertes con sus propíS tropas v no con las dei rey. 81 Se concluyó Ia alianza de Game, en Ia que las províncias se comprometieron a arrojar a los espafioles. El fey envio a su herj mano, que podia pasar como nativo dei país, pára que los gobernara como lo había hecho Carlos V. Pero don Juan no fué reconocido antes de aceptar las reclamaciones que se le presentaron. Tenía que dar por buena Ia pacifioación de Gante y licenciar Ias tropas espafiolas. Apenas se movió un poço, obligada! por Ia tensión de las circunstancias, todo se puso contra él, fué declarado enemigo dei país y los jefes de Ias províncias llamaron a otro príncipe en su lugaíj El principio dei poder local prevaleeió sobre ei principesco y lo nacional triunfo sobre lo espanol. Necesariamente estos acontecimientos trajeron también otra consecucncia^1 Las províncias dei Norte, que habían llevado Ia guerra y hecho posible, por lo tanto, Ia situacíón actual, tuvieron un natural predomínio en matérias de guetm y de administración y esto produjo que Ia relisión reformada se extendiera pai todos los Países Bajos. Penetra en Malinas, Brujas e Ipres; en Amberes se dis^ tribuyen las iglesias por confesiones y los católicos tienen que contentarse a vecflj con ei coro de Ia iglesia, ya ocupada; en Gante Ia tendência protestante se con81

Sc ve con particular claridad ei giro que tomaron las cosas en Tassis, m, 12-19.

RESISTÊNCIA DE LOS PROTESTANTES

funàió con ei movimiento de los burgueses y cobro supremacia. En Ia pacificación se había garantizado Ia antigua situación de Ia Iglesia católica, pero ahora los Estados Generales publicaron un edicto que permitia Ia misma libertad a •mbas confesiones. Por todas partes, hasta en Ias províncias más católicas, se produjeron brotes protestantes y se podia esperar que ei protestantistno saliera Victorioso. Y he aqui Ia posición dei príncipe de Orange. Hasta hace poço exiliado y necesitado de gracia, ahora es duefio de un poder bien fundado en Ias províncias dei Norte, gobernador de Brahante, todopoderoso en los Estados Generales, está reconocido como jefe y caudillo por un gran partido político-religioso que va ganando terreno, y mantiene una alianza estrecha con todos los protestantes de Europa y. más que con nadie, con sus vecinos los alemanes. Porque también en Alemania se opuso a Jos ataques de los católicos una resistência protestante, que ofrecía buenas perspectivas. Encontramos esta resistência en negociaciones de caracter general, en Ias frruniones de Jos príncipes ehetores y en Ja Dieta imperial, aunque en esta no conduce a ningún resultado por Ia naturaleza de los asuntos alemanes. Como bl ataque concentra sus fuerzas en los diversos países, Ia resistência se aviva Rambién en ellos. Como vimos, Io más importante se cocía ahora en los senoríos eclesiásticos. [Apenas existia uno donde ei príncipe no hubiera intentado restablecer ei impeWo católico. El protestantismo contestaba con Ia pretensión, no menos ambii ciosa, de arrogarse ei principado eclesiástico. En ei afio de 1577 Gebhart Truchsess ocupa ei arzobispado de Colônia. [El hecho ocurrió principalmente por Ia influencia persona! dei conde Nuenar pobre ei cabildo, y este gran protestante sabia muy bien a quien recomendaba. r.n realidad no fué necesarío, como se ha dicho, que Gebhart conociera a Agnes Von Mansfeld para que mostrara inclinaciones anticatólicas. En su entrada soJcmne en Colônia, cuando le sale ai encuentro cl clero cn procesión, no baja dei caballo para besar Ia cruz, como es tradicional. Se presentó cn Ia catedral Vestido de soldado y tampoco le gustó celebrar misa pontificai. Desde un prinI ei pio se mantuvo en contacto con ei príncipe de Orange; sus consejeros más Importantes cran calvinistas;"'- no tuvo reparo alguno en hacer hipotecas para [pagar tropas; trato de asegurarse a Ia noblcza y, entre los grêmios de Ia ciudac), lavoreció ai grupo que empezaba a oponerse a' Ias prácticas católicas. Todo iha 'encaminado a su propósito, que manifesto más tarde, de eonvertir cl principado pclesiástíco en un principado secular. Gebhart Truchsess era entonces católico, por Io menos exteriormente. Los obispados vecinos de Westfalia y de Ia baja Sajonia cayeron cn manos protestantes, como ya dijimos. Tuvo especial importância el caso dei duque Enrique de Sajonia-Lauemburgo. Aunque muy pvcn todavia y bucn luterano, había [lido postulado para el arzobispado de Bremen, después para cl obispado de Osnajbrück, y, en 1576, para el de Paderborn.0'1 En Münster tenía un gran partido,
«2 Maffcí, Ánnafí <!i Gicgoiio XI11, t. t, p. 331. *3 Ilamclmann, Otdcnburgisclics Cluon/kon, p. 436.

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y todos los miembros jóvenes dei cabildo estaban a su favor. Solo gracias a m u mtervención directa de Gregorio XIII, que declaro nula una renuncia que • había tenido lugar, y gracias también a Ia seria resistência de católicos celosOM se pudo impedir su nombramiento. Pero tampoco se bubiera podido nombrtB a otro obispo. Facilmente se ve ei auge que podia tomar Ia opinión protestante en Renalfl y Westfalia, donde ya estaba bastante extendida, cuando los jefes eclesiásdH respiraban de igual modo. Para que los protestantes conquistaran Ia suprerq^B bastaba üna combinación feliz, u n golpe afortunado. Esto bubiera tenido una gran repercusión en toda Alemania. En Ia fl^H babía para los obispados Ias mismas posibilidades que en Ia baja y Ia resiste*|^B estaba lejos de ser dominada en los países en que había comenzado Ia ^ H tauración. Bien sintió esto ei abad Baltasar de Fulda. Cuando de nada sirvieron^H indicaciones de los príncipes vecinos ni Ias quejas ante Ia Dieta imperial, V^M abad proseguía sin contemplaciones su obra restauradora acudiendo de pucblcB en pueblo con ei objeto de imponerla, estando en Hamelburg un dia de vera^H de 1576 con ese propósito, fué acometido por sus noblcs y encerrado cn su cai^J Como todos estaban contra él, como los países vecinos veían con gusto Io s u ^ H dido y ei obispo de Würzburgo hasta ofreció ayuda, se vió obligado a renunc^B ai gobierno dei país." 4 ' Tampoco en Baviera ei duque Alberto consiguió facilmente Io que se p ^ H ponía. Se quejó ai Papa de que sus nobles preferían renunciar ai sacramentflfl que recibirlo bajo una sola forma. Todavia mucho más importante fué que, en los países austríacos, ei p ^ H testantismo iba alcanzando cada vez mayor poder legal y reconocimiento. B l f l Ia dirección sensata de Maximiliano II no solo consiguió una posición firrríd cn Ia propia Áustria arriba y abajo dei Ens, sino que también ^ e extendió i n todos los demás territórios. Apenas ei emperador había rescatado cl condad" de Glatz de sus senores hipotecários los duques de Baviera/(ano de 1567), se I vió que los nobles, los funcionários, los estamentos y Ia mayoría dei puchlol jngresaban en Ia confcsión evangélica; ei comandante Hans von Pubschü^B instituyó, por si mismo, un consistorio protestante, con ei que fuó más allá de Io que hubiera deseado ei emperador. Poço a poço los estamentos lograron un alto | grado de autonomia; era Ia época de mayor florecimíento dei condado, Ias ml nas prosperaban, Ias ciudades eran ricas y afamadas, Ia npbleza culta y, por todal I partes, se poblaban los yermos con aldeas. 05 La iglesia de Albendorf, a Ia que I todavia hoy acuden peregrinos para besar una vieja imagen de Ia Virgen, hacía I sesenta anos que era regida por párrocos protestantes; UG unas décadas despir.
,; i Schannat, Historia Fu/dens's pais. m, p. 268. Sobre todo cs interesante ei csaito dei J ^ H ai Papa Gregorio, dei 1" de agosto de 1576, que provícne dei archivo dei Vaticano. ClamanH^B dice este de Ias amenazas de sus cnemigos, nisi consentiam ut administratio ditionis rneae episcopal tradatur, non aíiter se me ac canem rabidum infer/ecíuros, tum Saxoniae et IJ.issiae príncipes m meirm gregem immissuroí. W Joscpli Kocgler, Crônica de Cíafz, t. i, cuaderno 2, p. 72. El autor fué párroco católico, I y su tri.bajo cs muy cuidadoso y útil. <> De 1563 a 1623. Descripción documentada de Albendorf (fragmento publicado a n t c r w l " menlc a esta crônica), p. 36.

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rontaion en Ia capital tan solo nueve burgueses católicos frente a trescientos Ingélicos. N o liay que extraiiar que ei Papa Pio V abrigara una antipatia Crcta contra ei emperador, y, cuando una vez se habló de su guerra contra los jjri"<>s, confesó que no sabia realmente a qué parte le deseaba menos Ia victo»."7 En estas circunstancias ei protcstantismo penetro incontcnible en los tcrrii > interiores de Áustria, en los que ei emperador no ejercía una soberania s iccta. En ei ano de 1568 había en Krain veinticuatro párrocos evangélicos ícn Ia capital de Estiria no había más que un católico en ei Consejo de 1571. Io es que los protestantes hubieran encontrado un apoyo en ei senor dei país, | nrchiduque Carlos —quien, por ei contrario, introdujo los jesuítas y los apoyó todas sus fuerzas—; es que los estamentos eran evangélicos."8 En Ia Dieta, Mide se discutían los asuntos administrativos y los de defensa dei país junto III los religiosos, tenían predomínio y regateaban cada una de sus aprobaciocon concesiones religiosas. En ei ano de 1578 ei archiduque tuvo que conilir en Ia Dieta de Bruck en ei Muhr ei libre ejercicio de Ia confcsión de ||gsburgo, no solo en los domínios de Ia nobleza y de los senores, donde por ru parte no podia impedirlo, sino también en Ias cuatro ciudades principales Grar, Judenburgo, Klagenfurt y Laibach. 08 Así pudo organizarse ei proteslltismo en estos países, Io mismo que eií los imperiales. Se instituyó un millterio eclesiástico protestante, se intento establecer un orden eclesiástico y jlar según ei modelo de Würtemberg; en algunos sitios, por ejemplo en St. B i t , se excluyó a los católicos de Ias elecciones ai Consejo; 70 no se les permitió H r funcionários territoriales; circunstancias todas bajo cuyo amparo Ias opiniones Tpitcstantes prevalecieron en estas regiones, tan cercanas a Itália. Al impulso • d o por los jesuítas se opuso ei contragolpe correspondiente. i Se puede considerar que en ei ano 1578 ei protestantismo domina en todas u provincias austríacas de idioma alemán, eslavo y húngaro, con Ia única excep Sn dei Ti rol. Como vemos, cn toda Alemania ei protestantismo se opone ai avance dei molicismo con una resistência afortunada y con avances contrários. 7) Antagonismos en ei resto de Europa ftoca asombrosa en que, con parejas perspectivas de alcanzar ei predomínio, luHon entre si Ias dos grandes tendências religiosas.' La situación ha cambiado profundamente. Antes se trato de llegar a un •lerdo: en Alemania se intento Ia conciliación; en Francia fué iniciada; en los piiíscs Bajos formulada, y pareció realizarse durante cierto tiempo, ofrcciéndose fectivamente en algunos lugares ei ejemplo de una práctica tolerância. Ahora,
Tiépolo, Relatione di Pio I V e V . Todavia afiade: Jn propósito dc//a morte dei príncipe di «gna apertamente disse il papa haveria sentita con grandíssimo dispiacere, pcrclic IIOII vorria che lluti dei re catlolico capitassero in mano de-Tedcschi. 08 Socher, Historia societatis /esu provinciae Austriac, i, iv, 166, 184. v, 33. 08 Súplica a Su Majcstad Imperial Romana c intcrccsión de los tres principados y tierra, I ' lunaini, de pace religionis p. 461; constituye un documento que rectifica Ia exposición de hcvcnhillcr, Ann. Ferdinandei I, 6. 1" Hcrmann cn Ia Kaemtnerischen Zeitschri/t, 1, p. 189.

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los contrários se enfrentan definidos y con ânimo adverso. Por toda Europa parecen desafiarse y vale Ia pena examinar Ia situación que se forma en los ano»l 1578 y 1579. Empecemos por ei Este, con Polônia. También en Polônia habían entrado los jesuítas y los obispos trataron <fl fortalecerse con ellos. El cardenal Hosius, obispo de Ermeland, estableció un c f l legio para ellos en Braunsberg ei ano de 1569, dei que salieron muchos otroJ En Pultusk, en Posnania, fijaron residência con Ia ayuda dei obispo. Al obispfll Valeriano de Wilma le pareció excelente poderse adelantar a los luteranos lima nos, que querían fundar una universidad, estabieciendo un colégio de jcsuítaÉ en su sede episcopal. Entrado en anos y lleno de achaques, queria adornar susl últimos dias con esta obra; ei ano de 1570 le llegan los primeros miembros de Ia Companía. 71 También aqui Ia consccucncia de estos empenos fué que los protestari^| tomaran medidas para mantener su poder. En Ia Dieta de 1573 lograron impflfl ner un acuerdo en virtud dei cual nadie podría ser ofendido o danado a c a u « de su religión. 72 Los obispos tuvieron que someterse. Con ei ejemplo de ^Ê revueltas en los Países Bajos se les mostraba ei peligro que envolvia una nejH tiva; los reyes que sucedieron tuvieron que jurar este acuerdo. El ano de 1SH se había suspendido cl píigo dei diezmo a Ia Iglesia y ei núncio afírmaba q u d H número de párrocos había disminuído en mil doscienros con esa medida. S instituyó también un tribunal supremo, cornpuesto de clérigos y laicos, ,{^M decidia de todos los litigios eclesiásticos; en Roma estaban asombrados de q u d H clerecía polaca hubiera consentido tanto. En Suécia se manifiesta Ia lucha en no menor grado que en Polônia v tM Ia forma más peculiar. Afectaba directamente a Ia persona dei príncipe, p ^ H era esta persona ia que se disputaban. En iodos los hijos de Gustavo VVasa —"ia ralea dej rey Gustavo", coflflj decían los suecos— encontramos una mezcla.extraordinaria de hondura y obs 1 tinación, de religión y crueldad. / lil más instruído de todos ellos era ei mediano, Juan. Las disputas religfl sas le tocaban de cerca porque estaba casado con una princesa católica, Catáj^H de Polônia, que compartió con él Ia prisión, en cuya solcdad recibió a mcni^H los consuelos de un sacerdote católico. Estúdio los Santos Padres para form^H una idea dei estado primitivo de Ia Iglesia; le gustaban los libros que habldj^H de Ia posibilidad de una unión religiosa y estas questiones las fué rumiando en su interior. Cuando llcgó a ser rey se aproximo todavia más a Ia Iglesia Q ^ B liea. Introdujo una liturgia imitada de Ia tridentina. Los teólogos sueco^H dicron cuenta, con asombro, de que no solo había introducido los ritos, j^Ê también algunas doctrinas discriminadoras de Ia Iglesia católica. 73 Como p ^ H
71 Sacchinus, Historia sncietatis fesu, pars. n. lib. vm, 114. Pars. m, Iib, i, 112, lib.fl 103-108. Posscvin: ex co/íegio [BrunsbcrgcnsiJ coí/egia rc/iqua Sarmaíiae Livonia: Traussylva^H piodictnnt, 7- Fcdro, Hcnr/cus I icx Poíonormn, p. 114. '•'• En d "Jndiciuin praedicatorum Holnicnss. de ptiblicata liturgia", cn Baaz, InreotM^M ecc/esiarum Sucgoíli, p. 393, todas estas doctrinas están enumeradas.

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Ir muy útil Ia intervención dei Papa con Ias potências católicas en su guerra i llusia, y especialmente con Espafia en ei asunto de Ia herencia materna de esposa, no tuvo inconveniente en enviar a un grande de su reino como emndor a Roma. Permitió secretamente que llegaran a Estocolmo unos cuantos »iimeros jesuítas procedentes de los Países Bajos y les encomendo una im;innte institución de ensefianza. 1 Ie aqui un signo de Ias grandes esperanzas que, como es natural, se abrigacn Roma: Antônio Possevin, uno de los miembros más hábiles de Ia Comia de Jesus, fué escogido para que intentara seriamente Ia conversión dei IJuan. 1.1 afio de 1578 se presentó Possevin en Suécia. El rey no estaba dispuesto fder en todos los puntos. Pedia Ia autorización dei matrimônio de los cléri\ ei cáliz para los laicos, Ia misa en Ia lengua materna, Ia renuncia de Ia *i;i a los bienes confiscados y otras cosas por ei estilo. Como Possevin no n plenos poderes para proceder, prometió tan solo comunicar ai Papa estas liones, y entro de lleno en Ias cuestiones dogmáticas. En este punto tuvo clia más fortuna. Después de unas cuantas conversaciones y un tiempo para |(xionar, ei rey se declaro dispuesto a bacer Ia profesión de fe según Ia fórmuidentina. Confesó y le preguntó Possevin si en Ia cuestión de Ia comunión "metia al critério dei Papa; Juan respondió que si y, en seguida, Possevin le l.i absolución. Parece como si esta absolución hubiera sido ei deseo más vivo rey. Había mandado matar a su hermano, es verdad que con Ia anticipada bación de sus estamentos, pero ei caso es que Io mando matar y de Ia mamas terrible. La absolución pareció tranqüilizar su ânimo. Possevin rogo los que convirtiera por completo ei corazón de este príncipe. Se levanto y y se arrojo a los brazos de su confesor: "Como a ti, así abrazo yo Ia fe una por siempre." Recibió Ia comunión según ei rito católico. I Después de acabada su tarea tan brillantemente, Possevin se apresuró a cr, comunico sus noticias al Papa y, bajo sello de secreto, a los grandes parcas católicos. No faltaba más que tomar en consideración Ias peticiones rey, de Ias cuales bacia depender ei restablecimiento dei catolicismo en su , Possevin era un hombre muy diestro, persuasivo, lleno de talentos de neJnxlor, pero se había figurado un poço apresuradamente haber llegado ai fin. pués de Io que le babía contado, ei Papa Gregorio no considero necesario ~r ninguna concesión y, por ei contrario, exigió dei rey una entrada libre hiondicional a Ia Iglesia. Entrego al jesuíta para ei segundo viaje los escriiiili-t uados y Ias indulgências para todos los que se convirtieran. Entretanto, ei partido contrario no se había dormido. Habían llegado alar,ns cartas de príncipes protestantes, pues Ia noticia corrió inmediatamente toda Europa. Chytrãus dedico al rey su libro sobre Ia confesión de AugsX y había hecho cierta impresión en ei erudito Senor. Los protestantes pio perdieron ojo sobre él. Llega de nuevo Possevin, no como Ia vez anterior con traje civil, sino vesde jesuíta y con un montón de libros católicos. Ya su presentación no hizo .i impresión. Estuvo vacilando un poço antes de presentar Ia respuesta dei

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Papa, pero no podia demorarse y se Ia mostro al rey en una segunda au< <iQuién osará penetrar en ei secreto de un alma que oscila, de un alma incdfl tante? El orgullo dei monarca podia sentirse herido con una respuesta tan n<fl tiva; también estaba convencido de que no le seria posible alcanzar nada < i Suécia sin Ias concesiones propuestas por él, y n o estaba dispuesto, por n f f l dei mundo, a jugarse Ia corona por causa de Ia rcligjón. La audiência fué d ^ H siva. En ei mismo momento mostro ei rey al enviado dei Papa su descontenfl Exígió a los maestros jesuítas que dieran Ia comunión en Ias dos espécies, flj díjeran misa en sueco y, cuando se negaron a obedccerle —otra cosa les M imposible—, les nego Ia ayuda que les venía prestando. Cuando al poço tufl po abandonan Estocolmo no Io hacen, como dicen, por causa de Ia peste. fl se recataron de atizar Ia iniciada aversión los grandes dei reino, de sentir p« testante, el hermano más joven dei rey, Carlos de Suedermanland, que se i n naba al calvinismo, y los embajadores de Luebeck. Solo en Ia reina y, cuand murió esta, en el heredero dei tron.?, encontraron los católicos un apoyo y m esperanza. Pero el poder estatal fué fundamentalmente protestante por el tietfl inmediato. 74 En Inglaterra acontece esto mismo, pero en proporción creciente, conj reina Isabel. Es verdad que habia puntos de apoyo diferentes, pues en el xm abundaban los católicos. No solo Ia población irlandesa se m^ntuvo en Ia ÍÊ fe, sino Ia mitad de Ia población inglesa acaso, si no más, segdía siendo católl N o deja de ser extrano que los católicos ingleses se sonietieran a Ias leyes m testantcs de Ia reina Isabel en los quince primeros afios de su reinado. Presta el juramento que se les pedia, a pesar de que se oponía tajantemente a Ia SM ridad pontifícia, visitaron Ias iglesias protestantes y les parecia haber h e i bastante si se mantenían en contacto y evitaban Ia sociedad de los protestante Pero en Roma se tenía Ia seguridad de su lealtad interior. Se estaba co vencido de que bastaba una ocasión, una pequena ventaja paja que todos 1 católicos dei país se lanzaran a Ia resistência. Ya Pip V habia deseado derrdfl su sangre en una empresa contra Inglaterra. Gregorio XIII,/]ue nunca abandor Ia idea de una tal empresa, pretendia servirse dei valor y dei prestigio extrao dinarío de don Juan de Áustria. Expresamente envio a Espana, para ganfl
74 Me estoy ateniendo en toda esta exposición a Ias relaciones de los jesuítas, aim no ut zadas, por Io que veo, tal y como se encuentran en amplio extracto cn Sacchinus, Hist. M tatis Jesa, pars. iv, lib. vi, n. 64 76 y lib. vn, n. 83-111; Theincr, Schwedcn und seine Stflfl zuffl heiligen Stuhl, libro pletórico de soeces insultos, que despierta más bien Ia compasión qul interés, contiene al comienzo, sin embargo, los originalcs de Ias relaciones extractadas por SacchU al menos en parte y fragmentariamente, Io mismo que algunos otros documentos útiles. Enl escrito al cardenal de Como, Possevin censura sobre todo Ia prctensión dei rey di haver imagn un mc/./.o di conciliaie h chiesa et ridurla in meg/ior ordine, che non era; e pero ia chiama innB dicendo ch'egJi segue 'a triorirante e Ja pacifica; Io cual, claro, es completamente opuesto 9 pretensiones de Roma. 78 ReJatione de/'presente stato d'/nghilterra, cavata da una lettera scritta di Londra etc., • 1590 (hoja volante impresa) concuerda exactamente en este punto con un pasaje de RibadtH de schismate, citado ya por Hallam, The constitutional history oi England, i, p. 162, y (H duda su fuente. Si permetfevano giuramenti imp/i contra 1'autorità de/ía sede apostólica e q n cor) poço o nissun scrupulo di conscienza. Aliora tutti andavano comunemente aiie sinagoí:1 eretiei et alie prediche loro menandovi li /ipli et famiglie: —si teneva aflora per segno distim sutticicnte venirc alie chiese prima degli cietici e non parfirsi in compagnia /oro.

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tey Felipe, a su núncio Sega, que había estado en los Países Bajos ai lado don Juan. Pero estos grandes proyectos fracasaron, unas veces por Ia aversión dei rey Ins propósitos ambiciosos de su hermano y ei temor a nuevas complicaciones loliticas, otras por obstáculos de índole distinta. Y hubo que contentarse con 1 tentos menos brillantes. El Papa Gregorio dirigió su mirada hacia Irlanda. Ic lc dió a entender que no existia ninguna nación más católica que Ia irlan•a, pero que ei Gobierno inglês Ia maltrataba cruelmente, Ia despojaba, Ia liantenía deliberadamente encizaíiada y en estado de barbárie, y Ia oprimia en ils convieciones religiosas, y que, por Io tanto, estaba dispuesta a ponerse en pie guerra en cualquier momento, bastando para ir en su ayuda con unos cinco hombres que conquistarían en seguida toda Irlanda, pues no hay ninguna kítalcza que pueda sostenerse más de cuatro dias.70 El Papa se dejó convencer In dificultad. Por entonces se paseaba por Roma un refugiado inglês, Thomas Puckley, aventurero por naturaleza, y que poseía ei arte de abrirse paso entre gente y de inspirar confianza. El Papa le nombró camarlengo suyo y marjlés de Leinster, y gasto 40,000 escudos para poner a su disposición barco y •uipo. En Ia costa francesa se uniria a una pequena tropa que un refugiado •andes, Geraldin, había conducido allí, también con ei apoyo dei Papa. El rey Htlipe, que no tenía ninguna gana de empezar otra guerra, pero a quien no •igustaba que se diera quehacer a Ia reina Isabel en su propia casa, aporto •mbién dinero.77 En lugar de dirigirse a Irlanda, Stuckley se dejó convencer Bt manera inesperada para' tomar parte en Ia expedición dei rey don Sebastián nl África, donde acabo su vida. Geraldin tuvo que aviárselas por si solo: des•nbarcó en julio de 1579 y, efectivamente, consiguió algo. Se apoderó dei perle que domina ei puerto de Smervic —ya ei conde de Desmond se había itado en armas contra Ia reina— y una agitación general ganó Ia islã. Pero, imv pronto, una desgracia siguió a otra, culminando con Ia muerte de Geraldin una escaramuza. Tampoco ei conde de Desmond podia sostenerse, El apoyo i'l Papa no era bastante fuerte y los dineros que se esperaba faltaron. As$, los fcglcscs obtuvieron Ia victoria y castigaron Ia insurrección con una crueldad tellble: hombres y mujeres fueron metidos en los pajares y quemados en ellos, los Mnos estrangulados y se arraso Monmouth. En Ia región arrasada sento sus Inlcs Ia colônia inglesa. Si ei catolicismo queria alcanzar algo en este reino, ei intento había de (ttlizarse en Ia misma Inglaterra; claro que aqui Ias circunstancias pedían otra m. Para que Ia población católica no se pasara ai otro lado había que acudir su socorro por Ia via espiritual.
T6 Diseorso sopra i7 regno d'7rlanda c delia gente che bosigneria per conquistado, falto a prrgnrio XIII. Biblioteca de Viena, Fuggerische Handschrifren. Se declara que ei gobierno de Ia |nn cs una tirania: lasciando il governo a ministri Ing/esi, i quali per arriechire se sfessi usavano llln l.irte delia tirannide in que) regno. come trasportando le comodita dei paese in Inghilterra •Mando il popolo contra le leggi e privilegi antichi, e manfenendo guerra e lattioni tra i paesani in ii volendo gli Inglesi che gli habitanti imparassero Ia dif/erenza fra il viver libero a Ia servirá. 77 Secún ei núncio Seea en su Relatione compendiosa (MS. de Ia Bibl. de Berlín) 20,000 Ridos' altre mercedi fece iate ai barone d'Acres, ai signor Cario Buono et altri nobili Inelesi che no in Madrid, ch'egli spinse andare a questa impresa insieme col vescovo Lionese d'/rlanda.

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Guillermo Allen tuvo Ia idea de reunir a los jóvenes católicos que se mflfl tenían en ei continente por razón de estúdios y» con Ia ayuda especial dei Papd Gregorio, fundo un colégio para eilos en Douay. Pero ai Papa no le pareci bastante. Queria mantenerlos más ai alcance de su mirada, en un lugar menoi peligroso que este Douay en los inquietos Países Bajos, y fundo un coI< li inglês en Roma, que doto de una rica abadia y traspasó a los jesuítas en En este colégio no era admitido nadie que no se obligara a volver a Inflfl terra ai finalizar sus estúdios y predicar allí Ia fe católica. Solo con este o b j ^ | se instruía a los alumnos. En ei religioso entusiasmo provocado por los s | H cicios espirituales de Ignacio se les presentaba- como modelo a imitar ei g^Ê apóstol que Gregorio ei Grande había enviado a los anglosajones en tiemjfl lejanos. Algunos de más edad se adelantaron. El afio de 1580 cios jesuítas i r » ses, Person y Campian, marcharon a su pátria. Constantemente persegui^H con nombres supuestos y disfrazados, llegaron a Ia capital y de allí partieron, uni para Ias províncias dei Norte, otro para Ias dei Sur. Preferentementc se a ^ H garon en Ias casas de ]os lotes católicos. Su llegada era anunciada prevíamenli pero había que tomar Ia precaución de saludarlos en Ias puertas como cxtranjJ ros. En Ia habitación más retirada estaba ya preparada Ia capilla adonde e j H conducidos; allí estaban reunidos los miembros de Ia família; ei misioneroj^B permanecia más de una noche. Por Ia tarde preparaba y corjfesaba a Ia geí^H a Ia manana decía Ia misa y, dada Ia comunión, seguia ei sermón. LlegajH todos los que se mantenían católicos, a veces en gran número. Con ei aftfl tivo dei mistério se volvia a anunciar de nuevo Ia religión que había d o m i n a i en Ia islã desde novecientos afios antes. Se celebraron sínodos secretos. I^B primero en una aldea cerca de Londres; después se puso una imprenta en « H casa solitária de un bosque próximo y pronto se vieron aparecer escritos cat^H cos redactados con toda Ia habilidad que presta Ia práctica de Ia controvérsia W a veces, no sin cierta elegância; hacían tanta mayor impresión cuanto que n origen era más recôndito. El resultado inmediato dé todo fué que los católicdl dejaron d e asistir a los servicios protestantes y de cumplir con Ias Icyes eclm siásticas de Ia reina, y que dei otro lado Ia controvérsia se hizo más virulenfll y Ia persecución más firme. 79 Tal era ei sistema de Ia corte romana y de los jesuítas. Cuando PossewB tuvo que abandonar Suécia sin haber conseguido nada, propuso y consiguB que se erigiera en Braunsberg, junto ai colégio, un seminário para jóvenes d d Norte, en su mayoría suecos, de los que él mismo Uevo una buena parte, pari! de este modo influir en Ia gente de Ia tierra. Se fundo en Wilna un seminaridj para jóvenes livonios y rusos y en Clausenburgo otro para húngaros. La corlj romana garantizaba una determinada ayuda, por Io menos por los quince primei>>s anos, y Gregorio XIII declaro que ningún dinero estaba mejor empleado. , í
78 La relación de los jesuítas en Sacchinus, pars iv, lib. vi, 6; lib. vil, 10-30 Ia POdá^B comparar en este punto con los relatos de Camden, Rerum Britannic, t. i, p. ?15. 79 Aparte de Sacchinus, Carnpiani Vita et marryrium. Ingolstadt, 1584. 80 Possevinus, Brunsbergensis seminarii historia, en Theiner, Scínveden, etc, n, p. 322. Elflfl todo Io que ya habian Hevado a cabo los jóvenes, de regreso a su pátria por circunstancia fortm

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to encontramos seminários ingleses en Francia y en Espafia. El Colégio uno era )a metrópoli de toàos estos institutos. 1'1 resultado inmediato fué que allí donde ei principio de Ia restauración lica no poseía fuerza suficiente para alzarse con Ia supremacia, hizo que ntrastes se manifestaran en forma más tajante y enconada. Esto Io podemos notar también en Suiza, aunque en este país hacía tieme cada cantón disfrutaba de autonomia religiosa y estaban ya acalladas isiones que solían producirse de cuando en cuando sobre Ia constitución Federación y sobre Ia interpretación de Ias disposiciones religiosas de Ia pública.81 'ero en este momento entran los jesuítas. Invitados por un jefe de los ias suizos de Roma, llegan en 1574 a Lucema y encuentran buena acogida •Vtula, especialmente por parte de Ia família Pfyffer.82 Luis Pfyffer puso • t a disposición dei colégio de los jesuítas Ia cantidad de 30,000 florines; •bicn debieron contribuir Felipe II y los Guisa y no falto Gregorio XIII, pues ^ B M médios para Ia creación de una biblioteca. Los habitantes de Lucerna B t n muy contentos. En un escrito dirigido ai general de Ia orden le ruegan • no retire a los Padres de Ia Compafiía que habían llegado: "Les importa • que nada ver que su juventud es bien instruída en buenas ciências y espeBnvnte en Ia piedad y en Ia vida cristiana." Le prometen no escatimar esI Bos, bienes ni sangre para servir a Ia Compania en todo Io que pudiera H

Al mismo tiempo tuvieron ocasión de demostrar su renovado ceio católico |in asunto importante. r La ciudad de Ginebra había entrado bajo Ia protección especial de Berna I htsiba de atraer a esta unión a Solothurn y a Friburgo que, si no en Io reli10, por Io menos en Io político se habían mantenido junto a Berna. Lo conI (icron con Solothurn. Una ciudad católica tomo bajo su protección ei hogar I Pprotestantismo occidental. Gregorio XIII se asustó y empleó todos los me• para retener Friburgo por lo menos. En esto le ayudaron los de Lucerna. I nnbajador de Ia ciudad junto sus esfuerzos con los dei núncio. Friburgo Blólo renuncio a aquella alianza, sino que llamó a los jesuítas y, con Ia ayuda • Papa, se monto también un colégio. 1 Entretanto se deja sentir Ia acción de Carlos -Borromeo. Tenía conexiones •crentemente en los cantones waldenses. Melchor Lussi, alcalde de UnterBdcn, pasaba por amigo especial de él; Borromeo mando algunos capuchinos, | | liicieron impresión, sobre todo en Ia montaria, por su vida rigurosa y sencim< M"KIIUI" ubique caíhoiicae lidei igneni incenderunt et in parentibus afque aííinibus quaquaver• IJIUC ícrrne sepultae catho/icae re/ígíonís semina jacebanl excitaverunt. [»1 Sin duda Ia más importante de cilas se referia a Ia suerte dei partido evangélico que se había Ido cn Locarno, sobre lo que informo F. Meyer según documentos autênticos. Los cantones limites se sometieron en 1555 a Ia interpretación en sentido católico dei artículo litigioso y perton que se obligara a los habitantes evangélicos a abandonar su pátria. Desaparecen completah li ii n ei ano de 1580. m Agrícola, 177. •• "Literae Lucemensium ad Everardum Mercurianum", Sacchinus, Historia socieratis /eiu, m, MS.

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lia; luego siguieron los discípulos dei Colégio Suizo, que él había fundado d este propósito. Pronto se sintió esta influencia en todas Ias relaciones públicas. En ei o t o f l de 1579 los cantones católicos establecen una alianza con ei obispo de Basilea, en Ia que no solo le prometen protegerle en su religión, sino también traer • sus propios súbditos, pasados ai protestantismo, "a Ia verdadera fe católica". [M disensión se muestra más fuerte que hacia tiempo. Llega un núncio pontifício) y en los cantones católicos se le rinden los mayores honores mientras en los pro«j testantes es escarnecido e insultado. 8 ) Decisión en los Países Bajos Así estaban Ias cosas. Con Ia forma que había cobrado en Itália y en EspafiJ el catolicismo restaurado había llevado a cabo un poderoso ataque sobre fl resto de Europa. En Alemania había hecho conquistas bastante serias y en mia chos otros países había avanzado sin duda, pero provocando una fuerte resisti™ cia por todas partes. En Francia los protestantes se hallaban seguros por ampltJ concesiones y por su fuerte posición político-militar; en los Países Bajos tenjfl predomínio y dominaban en Inglaterra, en Escócia y en ei Norte. En PolojH habían conquistado importantes leyes a su favor y una gran influencia c n l asuntos generales dei reino. En todos los domínios austríacds se hallaban fre{fl ai Gobierno, equipados con los viejos privilégios cstamentalcs de província. I n Ia baja Alemania el asunto de Ias fundaciones parecia cambiar decididamenB a su favor. En esta situación revestia gran importância el resultado que se obtuvierj^B el sitio en que se acababan de tomar de nuevo Ias armas: en los Países B a l H Era imposiblc que el rey Felipe II intentara repetir medidas fracasadas i H vez y, además, tampoco hubiera estado en posibilidad de hacerlo. Su fortuna fué haber encontrado amigos y que el protestantismo tropezara en su mu u marcha con una resistência inesperada e invencibleT Vale Ia pena que nos dl tengamos un poço, dada Ia importância de los acontecimientos. Por una parte, en Ia totalidad de Ias províncias desagradaba a todo el n u H do ver tan poderoso al príncipe de Orange, por Io menos a Ia nobleza waloitfl Bajo el reinado de Felipe, especialmente en Ias guerras con los franceiB esta nobleza había acaudillado tropas y los jefes más destacados, a los quftfl pueblo acostumbraba seguir, habían conquistado cierta independência y p i ^ H El régimen de los Estados Generales los postergaba; no recibían Ia paga ^Ê regularidad y, por el contrario, el ejército de los Estados se componía princ^H mente de holandeses, ingleses y alemanes, que gozaban de Ia mayor confiaJ^B en su calidad de protestantes seguros. Guando los walones entraron a formar parle de Ia "pacificación de Gantfl se figuraron que con ello ganaban una influencia directiva en los asuntos gflfl rales dei país. Pero ocurrió más bien Io contrario. El poder cayó casi exclulj^H mente en manos dei príncipe de Orange y de sus amigos de I Iolanda y J Zelanda.

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Junto a Ia resistência personal que esto produce, tenemos otros factores de llirácter religioso, Sea cual fucre Ia causa, ei caso es que ei movimiento protestante había buontrado poço eco en Ias províncias walonas. Los nuevos obispos habían tomado posesión de sus cargos tranqüilamente. ,/iisi tcdos ellos eran hombres muy efectivos. En Arras estaba Francisco de lli hardot, que se había impregnado de los princípios restauradores en ei condiu de Trento, y ai que no se puede alabar bastante Ia feliz reunión de soli»/. y fineza y Ia erudición en sus sermones y ei ceio religioso con ei conoeimiendel mundo y Ia vida.84 En Namur, Antônio Havet, dominico, acaso menos íimccdor dei mundo, pero que también había sido miembro dei concilio y traijuba con ei mismo empefio incansable para imponer su princípios.85 En Saint piicr, Gerardo de Hamericourt, uno de los más ricos prelados de todas Ias preIricias —abad, ai mismo tiempo, de Saint Bertin—, que se dedico con devoción haecr estudiar a Ia gente joven, a fundar escuelas y que instituyó con sus Dpios fondos un colégio para los jesuítas en los Países Bajos. Bajo estos y jerarcas, ei Artois, Henao y Namur, mientras Ias demás províncias padecían tumultos de Ia guerra, se hallaban libres de Ia fúria de los iconoclastas,80 de írte que, en estas regiones, no se hicieron sentir con tanta fuerza Ias reacciones ;luque de Alba.87 Los acuerdos dei concilio de Trento fueron explicados (ntroducidos sin mayor tardanza en concilios provinciales y en sínodos dioce',. Desde Saint Omer y, todavia más, desde Douay, ei influjo de los jesuítas • extendía poderosamente.' Felipe II había fundado una universidad en Douay pru ofrecer a sus súbditos de lengua francesa ocasión de estudiar en ei país. fcrmaba parte de Ia cerrada institución religiosa que pretendia imponer por todas Brti-s. No lejos de Douay está Ia abadia benedictina de Anchin. En los dias In que Ia mayor parte de los Países Bajos conocía Ia fúria de los iconoclastas, ei Éil de Anchin, juan Lentailleur, practicaba con sus monjes los ejercicios espitliíilcs de San Ignacio. Impresionado por estos ejercicios, acordo fundar en Ia ||cva universidad con Ias rentas de Ia abadia un colégio para los jesuítas, (lcj;io que fué inaugurado en ei afio 1568, gozo en seguida de cierta indepen|lKÍa de Ias autoridades universitárias y se desarrolló pronto de manera extraorInuria. Ocho afios después se atribuye sobre todo a los jesuítas ei esplendor li universidad, hasta por Io que respecta a los estúdios literários. No solo ei Megio de los jesuítas se ve coneurrido por una juventud piadosa y laboriosa que también los demás colégios han prosperado por Ia competência; gracias ilcgio de jesuítas se ha podido dotar a Ia universidad de excelentes teólogos I Indo cl Artois y ei Henao de curas de almas.88 Poço a poço este colégio se
"4 Gazct, Histoire ccclesiastique des Pays-Bas, p. 143, le encuentra sitbtile et solide en doctrihrrvcux en raivons, r/che en senlcnces, copieux en d/scotirs, poly en son langage et grave en acniuis surtout i'e\ce/iente pieté et vertu, qui relu.soit en sa vie, rendoit son oraison persuasive. H.i Havcnsius, De crectione novorum episeopatuum in Be/gio, p. 50. *« lloppcr, Recucii et memória/ des troubles des Pays-Bas, 93, 98. ,»1 Scgún VigJii coninientarins rerum actarum super impositione deciini denarii, en Papenbreclit, Kta, i, i, 192, les fué impuesto ei diczmo con Ia garantia de que no seria cobrado con rigor. »* Testimonium Thomae Stap/etoni (dei rector de Ia universidad), dei afio de 1576. linus, Plurimos ex hoc patnim coi/egio [se llama co/legium Aquicintense] Artesia et Hannon:'a

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convierte en el centro del catolicismo moderno para todas las comarcas circuM vecinas. En el año de 1578 las provincias walonas pasan por muy católtyH entre los contemporáneos, según se expresa uno de ellos.88 Pero lo mismo que las pretensiones políticas, la situación religiosa se h a l H ba amenazada por el predominio de los protestantes. En Gante el protestantismo había adquirido una forma que en la a c t u a f l dad designaríamos como revolucionaria. N o se habían olvidado las viejas libdH tades conculcadas por Carlos V en 1539 y los excesos del duque de Alba habíala provocado terrible indignación: el populacho era de carácter violento, iconocM—B y muy rebelde contra los sacerdotes. De todas estas circunstancias se supien™ servir dos atrevidos oradores, Imbize y Ryhove. Imbize pensaba fundar u | H república y soñaba que Gante podría ser una nueva Roma. Empezaron su óbxM cogiendo prisionero a su gobernador Aschot y a los obispos y jefes católicos de las ciudades vecinas que se habían reunido con él; restablecieron la antigua constitución, claro que con algunas modificaciones que les aseguraban el poderí atacaron los bienes eclesiásticos, disolvieron los obispados y se incorporaron/^H abadías, convirtiendo los hospitales y conventos en cuarteles. Trataron lucgfll de extender esta revolución entre los países vecinos por el poder de las a r m a s H Entre los jefes prisioneros había algunos de las provincias walonas. I f l tropas de Gante entraron en el dominio walón, los protestantes empezaroj a agitarse y, a resultas del ejemplo de aquella ciudad, las pasiones populjl res se fundieron con las religiosas. En Anas estalló un movimiento contra el Consejo; los jesuítas fueron expulsados en Douay contra la voluntad d e l Consejo por un movimiento popular, es verdad que sólo por catorce días, peíB ello significaba ya un gran éxito; en Saint Omer pudieron mantenerse los jesuíl tas bajo la especial protección del Consejo. Los magistrados en las ciudades, la nobleza en el campo y la clerecía se sintieron en peligro ante la amenaza de que se produjeran acontecimientos de] indudable naturaleza destructora como los de Gante. Nada tiene, pues, de efl traño que en esta situación buscaran protegerse de cualquier manera. Enviaron sus tropas, que devastaron terriblemente los dominios de Gante, y después trataion de asegurarse un vínculo político más firme que el que suponía su relaciói con los Estados Generales de los Países Bajos. Si se considera la política de don Juan de Austria en los Países Bajos pare™ que n o consiguió nada y que su paso por allí no dejó rastro ni le produjo a éS satisfacción personal alguna. Pero si se examina más de cerca su situación, lo que hizo y lo que se siguió de su acción, hay que atribuirle —si hay que atribuirla a alguien— la fundación de los Países Bajos españoles. Trató durante ciertd| tiempo de acomodarse a la "pacificación de Gante", pero la actitud de indepea dencia que adoptaron los Estados, la situación del príncipe de Orange, mucho
pastores multos scho/a nosfra theoJogos optime institutos et compararos accepif. Siguen aún mucha más loas que podemos suprimir tranquilamente, ya que Stapleton mismo era jesuíta. 88 Michiel, Reiatione di Francia: // conté [el gobernador del Henao] é catfoiichissmo, come i tutto que/ contado insieme con que/ d'Artoes, che Ji é propinquo. 90 Van der Vynkt, Geschichte der Nieder/ande, t. II lib. v, sec. 2: probablemente el párrafo más importante de todo el libro.

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ts poderoso que el Gobernador general, y el encono recíproco de ambos bandos, na ron la ruptura. Don Juan se decidió a emprender la guerra. Sin disputa, la contra la voluntad del rey, pero era inevitable. Sólo con ello podía consey consiguió conquistar un dominio que reconociera de nuevo la soberanía aola. Dominaba todavía en Luxemburgo, ocupó Namur y se hizo dueño de «ina y de Limburgo después de la batalla de Gemblours. Si el rey quería !>rar su soberanía sobre los Países Bajos no había de ser mediante un acuerdo los Estados Generales, imposibles de tratar, sino medíante un sometimiento jual de los diferentes países por medio de acuerdos o por las armas. Este klmo camino emprende don Juan y sus primeros pasos despiertan las mayores tranzas. Reanimó las viejas simpatías de las provincias walonas por la casa I Borgoña. Tenía a su lado dos hombres de gran eficiencia: Pardieu de la Jtte, gobernador de Granvelinas, y Mateo Moulart, obispo de Arras.01 Estos fueron los que dirigieron con gran celo y afortunada destreza las bciaciones convenientes después de la temprana muerte de don Juan. De la Motte se sirvió del creciente odio contra los protestantes. Consiguió las guarniciones de los Estados fueran alejadas de muchas plazas fuertes por bccha de su protestantismo, que la nobleza del Artois acordara y pusiera en etica la expulsión de todos los reformados en el mes de noviembre. Mateo ^ulart trabajó por una completa conciliación con el rey. Comenzó su obra con ii.i procesión especial por la ciudad para implorar la ayuda de Dios. Lo que ¡proponía no era fácil, pues en ocasiones tenía que poner de acuerdo a personas •¿os intereses chocaban. Se mostró incansable, sutil y flexible y se salió con puya. Alejandro Farnesio, sucesor de don Juan, poseía el talento de la persuasión lo ganarse a las gentes e inspirarles confianza. Con él estaba Francisco uirdot, sobrino del obispo del mismo nombre, un hombre —dice Cabrera— pipicaz en diversas materias, práctico en todas y capaz de dirigir un asunto cualquier clase; también estaba Sarrazin, abad de Saint Veast, un gran político , sus apariencias tranquilas, muy ambicioso tras su aspecto humilde, que sabía «tigiarse ante todo el mundo, según lo describe el mismo Cabrera.92 No es menester que describamos al detalle la marcha de las negociaciones Ita su resultado final. Bastará con señalar que, por parte de las provincias, el interés de su conseríción y el de su religión les llevaba al lado del rey. Por parte de éste, tampoco | descuidó nada de lo que podían producir la influencia eclesiástica y la negociafin liábil unidas a la benevolencia renovada del príncipe. En abril de 1579 entró unido del rey Manuel de Montigni, que el ejército vvalón reconocía como cau|lo. Le siguió el conde de Lalaing: sin él nunca se hubiera ganado al Henao. mímente, el 17 de mayo de 1579 se celebró el tratado en el campamento de cstricht. Pero el rey tuvo que aceptar algunas condiciones. Representaba el
•1 Que fueron ganados durante el gobierno de Don Juan se deduce de los dos pasajes siguienI», Strada, H, i, p. 19: Pardiaeus Mottae dominus non rediturum modo se ad regís obedicntiam, rli.iiii quamplures secum tracturum, iam pridem significara! loanni Austríaco. 2' Tassis: Epúuin Atrebatensem, qui vívente adhuc Austríaco se regí conciliarat. M Cabrera, FeJípe segundo, p. 1021.

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tratado un restablecimiento de su poder, pero con limitaciones muy serias. N i solo promctió licenciar a todos los extranjeros de su ejército y servirse solo ài tropas neerlandesas, sino que confirmo en sus puestos a todos los funcionai^B nombrados durante Ia revuelta. Los habitantes se obligaron a no permitir l.i| entrada de ninguna guarnición sin que los Estados dei país tuvieran antes c o i f l cimiento. Las dos terceras partes de] Consejo de Estado se compondiían de g^Ê tes comprometidas en las últimas revueltas. A este tcnor son los demás a r t í c J los. 03 Las províncias recibieron una autonomia que nunca babían disfrutadal Representa esto un giro de los acontecimientos de significación genejM Hasta ahora en toda Ia Europa occidental se había tratado de conservar o^Ê restaurar ei catolicismo mediante Ia fuerza, y ei poder principesco intento, B^Ê esta excusa, conculcar por entero los derechos de las províncias. EI catolicisnjB se ve obligado ahora a seguir otro camino. Si queria restablecerse y mantençj^B solo podia hacerlo de acuerdo con los Estados y otorgando privilégios. Pero si mucho se había limitado ei poder real también había ganado bafl tante: volvieron a su obediência aquellos países en los cjue se había fundadfl Ia grandeza de Ia casa de Borgona. Alejandro Farnesio condujo Ia guerra e f l tropas walonas y, aunque marcho lentamente, siempre fué en progreso. En l^M se apodera de Courtray, en 1581 de Tournay y en 1582 de Oudenarde. Pero con esto no se había decidido todavia Ia cuestión.- Precisamentt^B unión de las províncias católicas con ei rey podia ser Io que impulsara a lai províncias nortenas, protestantes en su totalidad, no solo a apretar su a l i a n J sino a independizarse por completo dei rey. Por necesidades de csclarecimiento vamos a aludir a ia historia general d l los Países Bajos. En todas las provincias se daba ei viejo altereado entre leis dl rechos provincialcs y ei poder dei príncipe. En los tiempos de Alba este p o d « logro predominar en un grado que no había conocido antes, pero no pudo d^Ê servar a Ia larga este predomínio. La pacificación de Gante nos muestra en ^ H grado conquistaron los Estados su supremacia en ei gobierno. En este a s p ^ H las provincias dei Norte no tenían ventajas sobre l a s s e i Sur y ambas hubicrafl fundado una sola república neerlandesa de haber sido concordes en Ia r e l i g ^ B Como hemos visto, Ia disensión religiosa ocasiono Ia política. Lo primero ^ H sucedió fué que las provincias católicas volvieron a ponerse bajo Ia protcccióÉ dei rey, ai que más que nada les unia Ia afirmación de Ia fc católica; de aqti|| se siguió que Ias provincias protestantes acabaran por emaneiparse totalmenlB dei rey después de haberse afirmado tanto tiempp en Ia lucha. Si designamos I unas provincias como sometidas y a las otras como república no hay que c i j H que Ia diferencia en ei interior fuese muy grande en un principio. También I n provincias sometidas mantuvieron sus privilégios con cl mayor ardor. Tampocfl las provincias republicanas podían eludir una institución análoga ai poddl real: Ia dei Gobernador. La diferencia mayor residia en Ia religión. Solo en este campo Ia lucha se manifesto en sus puros contrastes y acontecimientos caminaron a su culminación.
83 Tassis, lib. v. 594-405, expone este convênio con toda amplitud.

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Por entonces Felipe II había conquistado Portugal y cuando piensa en nueempresas animado por Ia dicha de una adquisición tan grande, los Estados Jones se sienten dispuestos a permitir ei regreso de Ias tropas espafiolas. 1'ueron ganados Lalaing y su esposa, que siempre había sido gran enemiga los espanoles y había contribuído a Ia expulsión de los mismos. Toda Ia MZa walona siguió su ejemplo. Se estaba convencido de que ya no era posique volvieran Ias sentencias y crueldades dei de Alba. El ejército ítalo-espa,, <|ue ya había sido alejado una vez, regresado otra y vuelto a ser alejado, via de nucvo. La guerra se hubiera prolongado indefinidamente solo con Ias ns neerlandesas, pero aquellas tropas aguerridas, disciplinadas, superiores, •Micron Ia contienda. Si en Alemania sen Ias colônias de jesuítas, compuestas de espanoles, italiay algunos neerlandeses, Ias que restablecen ei catolicismo mediante ei dooy Ia ensefianza, en los Países Bajos tenemos un ejército ítalo-cspanol que ura a Ia opinión católica Ia supremacia de Ias armas unido a los soldados nes. No podemos menos de ocupamos en este momento de Ia guerra, porque one ai mismo tiempo ei avance de Ia religión. En julio de 1583 fué conquistado en seis dias ei puerto y Ia ciudad de piquerque, en seguida Nieuport y toda Ia costa hasta Ostende, y Dixmuydcn umes. En seguida Ia guerra muestra su caracter especial. En Ias cuestiones polís los espanoles se muestran indulgentes, pero en cosas de religión son im"ubles. No había que pensar en que tolcraran a los protestantes, no ya una lia, pero ni siquiera un culto privado. Todos los predicadores que fueron haos murieron ahorcados. Se hacía a conciencia una guerra de religión. En fio sentido, teniendo en cuenta Ia situación, era acaso Io más sagaz. De los testantes nunca hubieran obtenido una sumision completa mientras que, con procedimiento tan enérgico, se iba recogiendo a los habitantes católicos país. Estos católicos se empezaron a mover por si mismos. El bailío Ser> de Steeland entrego ei país de Waes; Hulst y Axel se entregaron por si; K Uy pronto Alejandro Farnesio era Io bastante fuerte para pensar en un ataque IMS grandes ciudades, ya que tenía en su poder Ia comarca y Ias costas. Tuvie* que entregarse una trás otra: en ei mes de abril Iprés, después Brujas, final> ;ntc Gante, en Ia que Imbize fué partidário de Ia reconciliación. Se reconoron condiciones tolerables a los municípios, conservándoles en su mayor parte R privilégios, pero los protestantes fueron expulsados sin piedad y Ia condición ás importante era siempre que volvieran los clérigos católicos y que se abrieran nucvo Ias iglesias ai rito católico. Pero con todo no se había llegado a una situación definitiva y segura en ftlo viviera ei príncipe de Orange, que sostenía Ia resistência y mantenía Ia ranza hasta en los vencidos. Los espanoles habían puesto su cabeza a precio en 25,000 escudos y en Ia Ible agitación en que se hallaban los ânimos no habían de faltar quienes nsaran en ganarse esa suma.

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Lcs movían a Ia vez Ia codicia y ei fanatismo. No sé de blasfêmia rtunH que Ia contenida en los papeles dei vizcaíno Jáuregui, que le fueron recogidoi cuando su atentado contra Ia vida dei príncipe. Llevaba consigo, a modo d l amuletos, oraciones en las que se imploraba en favor dei crimen Ia gracia <1<1 cíelo, Ia que encarno en Ia figura de Jesus, y hasta ofrecía que, una vez ccfl sumado, repartiria Ia recompensa en Ia siguiente forma: a Ia Virgcn de Bayoill un manto, una lámpara y'una corona, a Ia de Aránzazu una corona, y a Crista Nuestro Senor un rico velo. 94 Por suerte fué aprehendido este fanático, peto otro andaba de camino. Desde ei momento en que ei príncipe fué declarado^B Maestricht fuera de Ia ley, un borgonés que allí se hallaba presente, BaltasM Gerard, tuvo Ia idea de atentar contra él. 95 Las ilusiones de fortuna y fama quf se hacía, caso de que le saliera bien, y Ia gloria dei martírio que en caso contri rio se prometia, ideas en las que le había fortalecido un jesuíta de Tréveris^^B le dejaron reposar un momento hasta que se decidió a ejecutar ei hecho. Se mW sento ai príncipe como un fugitivo y, así, encontro acceso y momento favcH ble. En julio de 1584 mato ai de Orange de un tiro. Fué aprehendido, p f l ninguna tortura le arranco ni un suspiro y no hacía más que repetir que d e f l haberlo conseguido volveria a hacerlo. Mientras rendia su último alientoW Delft bajo las maldiciones dei pueblo, en Herzogenbusch los canónigos cdfl braban su hazafia con un solemne T e Deum. 'Iodas las pasiones se hallan en plena efervescência; pero ei impulso d f l prestan a los católicos es más fuerte, pues les lleva á ia victoria. De haber vivido ei príncipe, seguro, se crcía, que hubiera encontrado t f l dios para hacer levantar ei sitio de Amberes, como había prometido. A M H no había nadie que Io hiciera por él. Pero Ia acción contra Amberes era tan vasta que también Ias otras ciuáfl des importantes dei Brabante se encontraban directamente amenazadas. I'!|| príncipe de Parma lcs corto Ia provisión de alimentos. La pjimera en entiej^H fué Bruselas. Cuando esta ciudad, acostumbrada a Ia abundância, se vió a l f l nazada por ei hambre, se produjeron divisiones queyllevaron a Ia r e n d i d S Luego cayó Mecheln y finalmente también Amberes tuvo que entregarsdW fracasar ei último intento: Ia ruptura de los diques. A estas ciudades brabanzonas, Io mismo que a las flamencas, se les tilH garon las condiciones más benignas; Bruselas fué dispensada de Ia contrflH ción y Amberes recibió Ia promesa de que no se llevaría a Ia ciudad ningtlfl guarnición espanola y que no se trataria de reconstruir Ia ciudadela. Solo U M
94 Contemporary Copy of a vow oi cerfain prayers found in the íorm oi an amu/et tnlfl Jaureguy; en Ia coleccíón de Lord Egerton. "A vos, Scfior Jesus Christo, redemptor y salvador dl inundo, criador dei cielo y de Ia tierra, os offrczco, siendo os servido librarine con vida desjpfl de haver effcctuado mi deseo, un belo muy rico." Y asi continua. 95 "Rclatione dei suecesso delia morte di Giulielmo di Nassau príncipe di Orange e éM\ tormenti patiti dei generosíssimo giovane Baldassare Gerardi Borgognone", en Iníf. poliU., *>V^H tienc algunas inforniacioncs que no coinciden con las comentes. Gerardi, Ja cui madre è di MUM sone, d'anni 28 incirca, giovane non meno dotto che eloqüente. Abrigo este propósito duiriB siete anos y médio. O/ícrendosi dunque Toportunità di portar íe fcttere dei dnca d'Alansone ti Nassau, essendo gia luí gentiJhuomo di casa, aifi 7 Lug/io un'hora e mezzo dopo pranzo, uscendH príncipe delh tavo/a, scargandoii un archibugetto con tre paiJe gíi colse sotto /a zinna manca e |'l íece una ferita di due diri, coJ/a quaie rammazzò.

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i>;ación hacía Ias veces de todas: habría que restablecer iglesias y capillas illnmar de nuevo a los curas y frailes expulsados. En esto ei rey no cedia un Mio. En todo acuerdo era esta, como él decía, ia primera y última condición. Única gracia a que se avino fué que permitió a los habitantes ei plazo de II nos para convertirse o vender Io suyo y cbandonar ei domínio espanol. También los tiempos habían cambiado mucho. Antes ei mismo Eelipe II II icnido sus reparos para conceder permiso de residência a los jesuítas, atas y expulsados muy a menudo. Regresaron como consccuencia de los sucede Ia guerra, pero bajo Ia decidida protección dei poder político. Ya los csio eran muy buenos amigos de Ia Compania y ei mismo Alejandro, que " tomo confesor a un jesuíta, veia en Ia orden un médio excelente para r ei país médio protestantizado ai catolicismo y cumplir así con Ia misión cipal de Ia guerra." 0 La primera localidad a que volvicron fué también Ia era que se conquisto, Courtray. El párroco de Ia ciudad, Juan David, n conocido a los jesuítas durante su destierro en Douay. Vuelve ahora, para ingresar inmediatamente en Ia orden y advertir ai pueblo en su sermón Bcspedida que no prescindiera de Ia ayuda espiritual de Ia Compania. EI J>\o se dejó convencer facilmente. Entro a Ia ciudad el viejo Juan MontagLque había introducido Ia Compania en Tournay y que tuvo que huir en Ms ocasiones, para volver y dejarla asentada para siempre. En cuanto Brujas lés se entregaron, llegaron los jesuítas, y el rey les cedió un convento que "n sido abandonado durante Ias revueltas. En Gante se dedico a los jesuítas Asa dei gran demagogo Imbize, dei que había partido todo el dano ai catoinc- En su entrega los habitantes de Amberes pretendieron poner como lición que no recibirían a otra orden que aquella que ya vivia allí mismo do Carlos V, pero no les fué satisfecho este deseo y tuvieron que admitir jesuítas y entregarles el edifício que habían poseído antes. Cuenta esto el lista de Ia orden muy complacido, y observa como un favor especial dei 0 que se recibiera el edifício libre de cargas cuando había sido abandonado o de ellas. Entretanto, había pasado por diversas manos y fué restituído más. Tampoeo Bruselas pudo sustraerse a Ia suerte general; el Consejo de Çludad se declaro dispuesto, el príncipe de Parma concedió un auxilio de Ia ', real y pronto los jesuítas se hallaban instalados de Ia mejor manera. El pcipe les había concedido solemnemente el derecho a poseer bienes inmue1 bajo Ia jurisdieción eclesiástica y de servirse libremente en estas provinI de los privilégios de Ia Santa Sede. No solo los jesuítas gozaron de su favor. El afio 1585 llegan unos capu'nus y, a seguida, les compra una casa en Amberes. Hicieron impresión en rnes hermanas y fué menester un mandato expreso que prohibiera a otros ii< iK anos adoptar Ia reforma capuchina.
W Sacchinus (Pars v, lib. iv, n. 58): Alexandra et privari ejus consi/ii viris ea sfabat senrentia, bliucjiic recipiebatur ex haereticis civitas, continuo fere in eam inmitti societatem debere: va/ere id ui! pietatem priva tem civium tum aá pacem tranquiillilatemque intelJigebant. Según Ia Imago n Kculi fué esta también Ia voluntad dcl rey, qu> recens dafis de hoc argumento /iteris ducem cura monuerat ut societatis praesidio munire satageret praecipuas quasque BeJgii dvitesta: afirlonci suficientemente comprobadas por los hechos.

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Todos estos establecimientos fueron desarrollando poço a poço Ia m a j f l influencia y convirticron a Bélgica, que había sido mcdio protestante, cn uno de los países más católicos dei mundo. También cs innegable que bicieron I» suyo para ei fortalecimiento dei poder real, por Io menos en los primeral tiempos. Con este resultado se hizo cada vez más firme Ia opinión de que no cofl venía permitir en un Estado más que una sola religión. Es uno de los princípios fundamentales de Ia política de Justus Lipsius. Dice Lipsius que en cosa de religión no es pcrmisible ninguna gracia ní descuido; Ia gracia verdadjH consiste en no tenerla y para salvar a muchos no había que reparar en a l e f l a unos cuantos. Principio que en ninguna parte encontro mejor acogida que en A H mania. 9 ) Continua Ia Contrarreforma en Alemania N o hay que olvidar que los Países Bajos seguían siendo todavia una pon cr dei império germânico. Como es natural, los acontecimientos desarrolladosHJ esos países tenían que ejercer una gran influencia en los asuntos alemanflj Inmediatamente después se decide Ia cuestión de Colônia. No habían vuelto todavia los espaiioles ni había conquistado ei catollHJ mo grandes ventajas cuando ei príncipe elector Truchsess de Colônia se dfl cide, en noviembre de 1582, a entrar en Ia Iglesia reformada y a tomar m u j n sin por ello renunciar a su dignidad eclesiástica. La mayor parte de Ia nohflfl estaba con él; los condes de Nuenar, Solms, Wittgenstein, Wied, NasiflJ todo ei ducado de Westfalia, eran evangélicos. El príncipe elector entro eü^Ê ciudad de Bonn con ei libro en una mano y Ia espada en Ia otra y apaflH Casimiro dei Palatinado con un ejército respetable para intimar a Ia cit^H de Colônia, ai cabildo y a] arzobispo, que se le oponían. En todos los asuntos de Ia época vemos a Cste Casimiro; siempre flfl dispuesto a montar a caballo y blandir Ia espada, siempre cuenta con belicoH partidas de ânimo protestante. N i lleva Ia guerra con Ia devoción exigida poi u n a causa religiosa, pues siempre tiene presente su personal provecho, ni t^Ê poço con Ia firmeza o Ia ciência que a él se le oponían. También esta i f l devasto toda Ia comarca de su enemigo, pero no hizo nada. 07 N i logro e f l quistas ni supo procurarse ayuda de Ia Alemania protestante. Por ei contrario, los poderes católicos juntaron todas sus fuerzas. El Pafl Gregorio no abandono cl problema a Ias dilaciones de un proceso en Ia c u r i a l dada Ia urgência dei caso, le pareció suficiente un simple consistorio de ca|flj nales para decidir asunto tan importante como ei de despojar de su digni<Mj arzobispal a un príncipe elector de Alemania. 98 Su núncio Malaspina se a f l a suró a ir a Colônia y, aliado a los miembros doctos de Ia díócesis, consigflj no solo excluir dei cabildo a los indecisos, sino elevar a Ia Sede arzobispal a^fl
"7 Isselt, Historia bclli Coloniensis, p. 1092. Tota fiac aestate nihil hoc exercitu dignum M 88 Maffci, Annaíi di Gregorio X//I, n, xu, 8.

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Incipe de ia única casa todavia completamente católica: ei duque Ernesto Baviera, obispo de Freisingen. 90 En esto aparece un ejército alemán cató'l'i> reclutado por ei duque de Baviera, no sin algún subsidio dei Papa. N o Üiuidó cl emperador de amenazar ai conde palatino Casimiro con ponerle ;rr.i de Ia ley y mando un escrito conminatorio a sus tropas que tuvo ei JCtO de disolver su ejército. Ya Ias cosas en este grado, aparecen también los .moles. En ei verano de 1583 habían conquistado Zuetphen y ahora cuatro 1 veteranos belgas penetraban en ei arzobispado. Gebhard Truchsess sucuma tantos enemigos: sus tropas no querían servir contra ei mandato expreso emperador; su fortaleza principal se entrego ai ejército hispano-bávaro y él 0 que huir y buscar refugio en ei príncipe de Orange, dei que había orado que le prestaria ayuda como paladín dei protestantismo. Como se comprende facilmente, este acontecimiento ejerció Ia mayor inrncia en Ia reafirmación dei catolicismo por ei país. Cuando empezó Ia Jtíición, Ia clerecía dei arzobispado dió rienda suelta a Ias divisiones que 1 on en su seno; el núncio expulso a todos los miembros sospechosos; en medcl tumulto guerrero se estableeió una iglesia de jesuítas y no hubo más proseguir una vez conseguida Ia victoria. Truchsess había expulsado ai clero lico de Westfalia y ahora este vuelve con los demás fugitivos y recibe Ias yores muestras de honor. 100 Los canónigos evangélicos quedan excluídos cosa inaudita, no vuelven a cobrar sus emolumentos. Es verdad que los nunl | tuvieron que proceder, con cierta indulgência aun con los mismos cató1 a; el Papa Sixto Io sabia muy bien y, entre otras cosas, recomendo a su leio que no pusiera en práctica Ias reformas que considerara necesarias si tenía Ia certidumbre de que satisfacían a todos; pero con tan cautelosas ncras se llegó insensiblemente ai fin propuesto y los canónigos, por muy le que fuera su origen, volvieron a cumplir sus funciones eclesiásticas en Ia cilral. La opinión católica encontro u n apoyo poderoso en el Consejo de lonia, que tenía enfrente a un partido protestante. Este suceso victorioso tenía que repercutir en los demás domínios eclesiásis y en Ia vecindad de Colônia todavia se ayudó de un accidente especial, tieí Enrique de Sajonia-Lauenburgo —que hubiera seguido el ejemplo de bliard de haber este tenido êxito—, obispo de Paderborn y Osnabrück, obispo de Bremen, salió un domingo de abril de 1585 a caballo para ir a Ia csia y, ai regreso, cayó dei caballo; aunque era joven y vigoroso y aunque parecia haber sufrido ninguna herida importante, falleció, a consecuencia Ia caída, en el curso dei mes. La elección que tuvo lugar resultó muy favo•|>le ai catolicismo. El nuevo obispo de Osnabrück firmo, cuando menos, Ia fesión de fe 1 0 1 y el de Paderborn, Teodoro de Fuerstenberg, era un católico
00 Escrito de Malaspina ai duque Guillermo de Baviera, cn Adlzrcitter, n, xu, 295. Quod plcfonmtis, dice en Ia carta, impetrav/mus. um "El príncipe elector Ernesto —dice Khevenliiller— ha restaurado Io mismo Ia religión 'lica que el gobierno secular, según Ia antigua tradición." 101 Según Strunck, Anna/es Padcrbornenses, p. 514. Bernardo de Waldcck había mostrado Uriormcnte inclinaciones protestantes, se había mantenido neutral durante Ia agitación que tuvo en Colônia y se adhirió a Ia confcsión católica. Chytracus (Sajonia, 812) no Io contradice.

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riguroso. Ya como canónigo se había opuesto a su predecesor y en 15S0 ss adelante un acuerdo que exigia Ia condición de católico para Ia entrada en cabildo; 102 había hecho venir a unos jesuítas y lcs había encomendado Ia ú dicación en ia catedral y Ia ensenanza en Ias clases superiores dcl gimnasj esto último bajo Ia condición de no llevar los hábitos. Como obispo le t mucho más fácil proscguir Ia tarea. Los jesuítas ya no tenían que disimular \ presencia; ei gimnasio se les entrego a Ias claras y a los sermones se afiai Ia catequesis. Tuvieron mucho que haccr. El Consejo de Ia ciudad era prot^ tanto y entre los burgueses apenas había católicos. La cosa no era diferenf en cl campo. Los jesuítas comparaban a Padcrborn con un campo seco e ^ que Ia labor es penosa y no ofrece fruto alguno a Ia postre. Finalmente, yai veremos más tarde, a comienzos dei siglo xvn se salen con Ia suya. También para Munster aquel accidente mortal tuvo gran importai» Como los canónigos jóvenes estaban por Enrique y los viejos contra él, no ha podido tener lugar ninguna elección. El duque Ernesto de Baviera era pos lado para príncipe elector de Colônia, obispo de Lieja y, también, de Munst El católico más resuelto dei cabildo, ei decano Reisfeld, consiguió que fu elegido y, de su propio bolsillo, fijó un legado de 12,000 táleros para un cole; de jesuítas que habría de fundarse en Munster. A poço, murió. En ei ano 1587 Uegan los primeros Padres. Encuentran resistência entre los canóni los predicadores y los habitantes, pero ei Consejo y ei príncipe les protegenj sus escuelas demuestran su eficiência, pues ai torcer afio cuentan ya con r alumnos. En ei ano de 1590 logran una posición independiente mediante u cesión graciosa de bienes eclesiásticos por parte dei príncipe. 103 El príncipe elector Ernesto es también obispo de Hildesheim. Aunq J aqui su poder es mucho más limitado, le sirve para procurar Ia recepción de i jesuítas. El primero que llega a Ia ciudad es Juan Hammer, nativo de ella padre vivia todavia—, educado cn Ia fe luterana, pero lieno dei ceio de neófito. Predicaba con una gran lucidez y consiguió algunas conversiones llantes; poço a poço fué afirmando su posición y los jesuítas tienen en I lild heim casa y pensión en ei ano de 1590. Ya observamos cuán importante fué ei catolicismo de Ia casa de Bav^ también para Ia baja Alemania. Un príncipe bávaro aparece en muchos o* pados como ei autêntico sostén. Pero esto no quiere decir que este príncipe fuera muy.celoso y devoto. "• nía hijos naturales y se penso alguna vez que iba, a hacer Io mismo <| Gebhard Truchsess. Resulta interesante ver con que precauciones le trata Papa Sixto. Tiene mucho cuidado de que no sepa que ei Papa está e n t e " de sus desordenes, que los conoce muy bien, porque, en ese caso, habría q
102 Bessen, Geschichte von Paderborn, n, 123. En Rciffenberg, Historia provinciae ad Rhen inferiorem, lib. viu, c. i, p. 185, hallamos un escrito dei Papa Gregorio XIII diiectis íiliis canoii et capitulo ecc/esiae Paderbornensis, dei 6 de febrero de 1584, en ei que hace cl elogio de oposición: "así estaba bien; contra un mayor ataque, una mayor resistência; también él, cl llevaba en su coiazón a los Padres de Ia Compafiía de Jesus". 103 Sacchinus, pars. V. lib. vm, n. 83-91. ^Rciffcnbcrg, Historia provinciae ac) Klicmiiii íeriorem, i, ix, vi.

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Irilc advertências que podían inclinar facilmente ai obstinado príncipe a im una decisión enojosa.1"'' los asuntos alemanes no podían ser tratados como los neerlandeses. Era ItcMiT guardar consideraciones personales delicadísimas. | Aunque ei duque Guillermo de Cleve se mantenía exteriormente católico, [política era, en conjunto, protestante. Acogía y protegia refugiados protes•rs y a su hijo juan Guillermo, celoso católico, le mantuvo alejado de los pcios. Facilmente se hubiera intentado en Roma aprovechar ei disgusto (iguiente y tratado de fomentar Ia oposición de este príncipe. Pero Sixto V [demasiado sagaz. Solo cuando ei príncipe insiste, tanto que ya no se puede ,r sin agravio, se decide ei núncio a celebrar una entrevista con él, en Ifldorf, y eso para darle consejos de paciência. No queria ei Papa que recii ei toisón de oro, pues ello podría despertar sospechas y tampoco se dirigió Itumente ai padre en favor dei hijo; cualquier relación de este con Roma era disgustado a Ia corte; solo mediante una intervención dei emperador, 'ovida por él, busco para ei príncipe una posición digna de su rango; indico juncio que pasara por alto algunas cosas, como si nada advirtiera. Este procauto y delicado de una autoridad todavia reconocida no dejó de produefecto. El núncio fué ganando influencia y, cuando los protestantes taron en Ia Dieta unas peticiones, sus observaciones fueron principalc Ias que ocasionaron Ia repudiación de aquéllas. 105 Y, así, en una gran parte de Ia baja Alemania, si bien ei catolicismo no • sido restablecido todavia, por lo menos se había consolidado y fortalecido ti11 momento de gran peligro. Logro una ventaja que podia convertirse en lio total con ei correr dei tiempo. 1 n Ia Alemania alta se produce un desarrollo parecido. | Ya tratamos de Ia situación de los obispados de Franconia. A un obispo de'lo podia ocurrírsele muy bien utilizaria para Ia adquisición de un poder herejtio. Es muy probable que Júlio Echter von Mespelbronn —que, muy joven Sprcndedor de caracter, fué obispo de Wurzburgo en 1573— vacilara un Jento sobre Ia política a seguir. I Participo activamente en Ia expulsión dei abad de Fulda y es imposible li intención que guiaba ai cabildo y a los estamentos de Fulda, que se enIcron con él, fuera muy católica. Precisamente ei restablecimiento dei llusmo fué Ia acusación mayor que le hicieron ai abad. El obispo se ganó I r io ei disgusto de Roma y Gregorio XIII le ordeno que entregara Fulda. jrl momento en que Truchsess pronunciaba su separación. El obispo Júlio bvi i lió Ia ocasión para dirigirse a Sajonia y llamar en ayuda, contra ei Papa, lil' de los luteranos; mantuvo estrecha relación con Truchsess y este se •u l,i ilusión de que ei obispo de Wurzburgo seguiria su ejemplo. El deleM de aquel arzobispo lauenburgués de Bremcn anuncia esto complacido I M-nor.'00
m* Tcmpcsti, Vita di Sisto V, t. i, p. 354. p.-> ftid., p. 359. fO* Eicrito de Hermann vou der Decken (Beckcn es piobablemente una errata) dcl 6 de h e de 1582, en Schmidt-Phiseldeck, Historischen MisceHaneen, i, 25: Auí des Legaten

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En estas circunstancias es difícil decir Io que hubiera hecho ei obispo I lio de haberse podido sostener Truchsess en Colônia. Pero una vez que Gebhá fracasó tomo Ia dirección contraria, lejos de caer en Ia tentación de imitar! Acaso ei colmo de sus deseos hubiera sido constjtuirse en Senor de >aís. (O era, en ei fondo de su corazón, un católico celoso? Fué discípulo os jesuítas, educado en ei Colégio Romano. El caso es que en ei ano I f llevó a cabo una visita de iglesias sin par hasta entonces en Alemania. toda Ia fuerza de una voluntad resuelta Ia realizo personalmente. Recorrió ei país acompanado de algunos jesuítas. Visito prímero GmÊ den, de allí marcho a Arnstein, Werneck y Hassfurt y lucgo de distrito en dl trito. En cada ciudad convoco ai alcalde y ai Consejo confiándoles su ideaif acabar con los errores protestantes. Fueron alejados los predicadores y sustituí por discípulos de los jesuítas. Si un funcionário se negaba a practicar ei o católico era cesado y ya había católicos que estaban a ia espera. Pero tamb1' los particulares fueron obligados a ir a misa, pues no les quedaba más opci que Ia misa o ei destierro. Si consideran que Ia religión dei príncipe es un e entonces tampoco deben tener participación en ei país. 107 Fué inútil que los países vecinos mosttaran su disgusto. El obispo J solía decir que no le preocupaba lo que estaba haciendo, sino ei haberlo hf tan tarde. Los jesuítas le prestaron Ia máxima ayuda. Llamaba Ia atención, s i todos, ei Padre Gebhard Weller que, solo y sin atadillo, iba a pie de pueblo pueblo a predicar. En ei ano de 1586 catorce ciudades y mercados, más de d' cientas aldeas y cerca de 62,000 almas fueron rescatadas para ei catolicismo. quedaba más que Ia capital de Ia diócesis y ei obispo empezó a ocuparse de en marzo de 1587. Comenzó por convocar ai Consejo e institmó por c barrio y parroquia una comisión para escuchar en audiência a los burgueses Ia villa. Así se supo que Ia mitad era de opinión protestante. Muchos, toda fíojos en su fe, se somecieron en seguida y Ia comunión de Pascua, organir 1 y servida por ei obispo en Ia catedral, estuvo concurridísima. Otros resistic más tiempo y algunos prefirieron vender lo suyo y marcharse. Entre ellos cuat consejeros. Éjemplo fué este que ei vecino más próximo, ei obispo de Bamberg, | apresuró a imitar. Conocído es Goesweínsteín, en ei valle Muggendorf, a dor» todavia hoy llegan peregrinos, a través de abruptos senderos, entre magnífi bosques y gargantas procedentes de todos los valles circunvecinos. Existe allí antiguo santuário de Ia Trinidad que estaba desierto por entonces. Cuando obispo de Bamberg, Ernesto von Mengersdorf, llegó a visitarlo en 1587, ei es táculo le llegó ai alma. Inflamado por ei ejemplo de su vecino, se declaro

Í

Anbringen und Werbunge hat Wirzburgensis ein IcJcín Bcdenken gcbeiíen, und hat zur Stii seine P/erde und Cesinde /assen fertig werden, ivollen aufsitzen und nach deni llcrrn Churl, Sachssen teitten und Hye Churf. C. úber solliche des Papsts uncrhorle Jniportunitet —k/agen- • um tadt, huiff und Trost anhaften—. Der Herr Chur/ürst [de Colônia] hatt grosse Ilo(tmin| hochgedachten Herrn Bíschofíen, dass f. F. Cn. veihoffcntlich dem Papsíe werde abíallcn. 107 Biografia dei obispo Júlio en Gropp, Chronik von Wuerzburg, p. 335: es ward ili angesagt, sich von den Acmtein und BefehJen zu drossen und ihr I/aiisvvescn ausser dein Stifl suchen. Utilizo esta biografia aqui también en general y junto con ella particularmente C/irisíop Mariani Augustani Encaenia et Tricenna/ia Juliana, en Gropp, Scriptt. Wirceb., t. i.

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o .1 hacer entrar a sus súbditos en Ia verdadera religión y a que ningún peo le impidiera cumplir con su deber. Ya veremos qué en serio tomo esta lón su sucesor. Pero mientras en Bamberg andaban todavia en preparativos, ei obispo Juproseguía su obra. Se reorganizaron todas las viejas institucíones. Las cereliias en honor de Ia Virgen, las peregrinaciones, las cofradias de Ia Asunción lu Virgen, dei Nacimiento de Ia Virgen y otras muchas, revivieron y se funfrm otras nuevas. Las procesiones inundaban )as calles y ei repique de las íip.mas avisaba a ]a gente Ia hora dei Angelus.108 Se volvieron a reunir reli|«\ que fueron reinstaladas en los lugares de devoción. Se ocuparon de nuevo Conventos y se edificaron iglesias por todas partes, contándose hasta trcsciencntre las que mando edificar ei obispo Júlio. El viajero las puede reconocer IUS altas torres puntiagudas. La gente se percata a los poços anos, con gran " bro, de Ia transformación que ha tenido lugar. "Lo que antes —exclama apologista dei obispo— se tenía por supersticioso y hasta deshonroso, ahora se lidera santo, y lo que hasta hace poço se tomaba por ei evangelio se viene liderando ahora como engano." i en Roma se había esperado un êxito tan lisonjero. La obra dei obispo Uevaba cierto tiempo en marcha antes de que ei Papa Sixto supiera algo a. Después de las vacaciones otonales de 1586 se le presentó ei general de uitas Acquaviva para darle a conocer las nuevas conquistas de Ia orden. estaba encantado. Se apresuró a comunicar ai obispo su reconocímiento. ncedió ei derecho a ocupar los benefícios vacados en los meses reservados, él mismo sabría mejor que nadie a quién recompensar. Y Ia alegria dei Papa fué tanto mayor cuanto que Ia información de Acquacoíncidió con noticias parecidas de las províncias austríacas, especialmente: Estiria. En ei mismo ano en que los estamentos evangélicos de Estiria consiguen iituerdo de Ia Dieta una independência tan grande que pueden compararse los estamentos austríacos —que poseían su propio Consejo religioso, sus tintendemes y sínodos y una constitución casi republicana— se produce mbío. Tan pronto como Rodolfo II recibió Ia pleitesía se dieron cuenta las gentes Cuán diferente era de su padre; pracficaba los actos de devoción con todo y, con asombro, se le vió tomar parte en las procesiones, aun en lo crudo \ invierno, con \a cabeza descubierla y ei cirio en Ia mano. Este ânimo dei senor y los favores que otorgó a los jesuítas empezaron a íocupar y hasta a producir reacciones violentas, propias dei tiempo. En una "ii i rústica cerca de Viena, pues no se había permitido a los protestantes tener feii iglesia autêntica en Ia capital, predicaba ei flaciano Josué Opitz con toda l>;isión que caracterizaba a su secta. Cuando, como de costumbre, se puso a
!M Julii Ep-scopi statuta juralia, en Gropp, Scriptt., t. i. Su sentido es que ei movimiento Whul que emana de Ia supiema cabeza de Ia Igksia de Cristo, se transmite desde arriba hacia o a todos los miembros dei cuerpo. Véase p. 44^: de capitulis rural/bus.

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hablar contra los jesuítas y Ios curas, "y trono contra todos los horrores dcl Papa«l do", más que Ia conviecion de sus oyentes provoco su cólera, de suerte que ai I salir de Ia iglesia "hubieran destrozado con sus manos a cualquier papista", c o n f l dice un contemporâneo. 100 Pero ei resultado fué que ei emperador se propí^B prohibír Ias reuniones aquellas. Cuando se noto esto, se disputo acaloradamer^H ei pro y ei contra y ei noble a quien pertenecía Ia finca profirió algunas a n H nazas. Está ai Uegar ei dia dei Corpus Christi dei ano 1578. El emperador t e r f l decidido celebrar Ia fiesta con Ia mayor solemnidad. Después de haber oído m í H en San Esteban, comenzó Ia procesión, Ia primera después de mucho t i e m d f l sacerdotes, frailes, grêmios y, en su centro, ei emperador y los príncipes. J 4 H fué acompanado ei Santísimo Sacramento. Pero pronto se vió Ia irritación p j H ducida en Ia ciudad. Cuando Ia procesión Uegó ai mercado de aldeanos h u f l necesidad de desalojar algunos tenderetes para dejarle sitio. No hizo falt.i más para que se provocara un tumulto general. Se oyeron gritos de: jHerflH sido traicionados! jA Ias armas! Los típles y los curas abandonaron ai Santísil^B los alabarderos se dispersaron y ei emperador se vió en médio de una multitud( vociferante. Temió un ataque a su persona y echó mano a Ia espada; los p ^ H cipes le rodearon con ella desenvainada. 110 Podemos suponer que este i n c i d d H habría de impresionar hondamente ai grave príncipe, aficionado a Ia majesxH y dignidad espafiolas. El núncio aprovechó Ia oportunidad para hacerle ver oi peligro de Ia situación; Dios mismo le senala Ia necesidad de cumplir con H promesas hechas ai Papa. EI embajador espanol coincidia èn Io mismo. M u c h i í veces ei provincial de los jesuítas, Magius, había aconsejado ai emperador pari que tomara medidas enérgicas: ahora fué escuchado. El 21 de junio de 157B dirigió ei emperador una orden a Opitz conminándole a abandonar Ia < iuchul con todos sus auxiliares d e Ia iglesia y de Ia escuda a Ia salida dei sol de aqufll mismo dia y todos los territórios patrimoniales dei emperador en ei término df| catorce más. El emperador temia un levantamiento y tuvo preparada gente ai mada. Pero ,;cómo habrían osado levantarse contra ei príncipe que, por Io mel nos, tenía a su favor Ia letra de Ia ley? Se contentaron con açompanar a los defl terrados dando muestras de Ia mayor condolência. 111 A partir de este dia empieza en Áustria Ia reacción católica que va cobran-' do ano trás ano fuerza y efectividad. Se había concebido ei plan de extirpar ei protestantismo primeramenH en Ias ciudades imperiales. Las ciudades de más allá dei Enn«, que veinte anefl antes se separaron dei estamento de los caballeros y sefiorps, no podían oponcr de hecho ninguna resistência. En muchos lugares fueron expulsados los pastorí evangélicos y su lugar ocupado por católicos, y se hicieron rigurosas indagacid nes entre los particulares. Conservamos un formulário con arreglo ai cual se examinaba a los sospechosos. Un artículo reza: jCrees tú que es verdad todfll
109 I>. Jor»c Kdcr que, claro es, era un adversário: Extracto de su advertência en RaupMH Evang. Oesfrcich, n, 286. 310 Maffei, Annaíi di Gtegorío XIII, t. i, p. 281, 335, sin duda de las relaciones dei nundfl H l Saccliinus, pars. iv, lib. vi, n. 78: Puder rc/erre, quam excimfes sscriíegf.-s omuique ( j H cratione digníssimos prosecuta sit numírosa muítitudo quotque benevolentiae documenfis, ut v i
iucic ui.ih gravitas acstimarè possít.

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| |n que Ia Iglesia romana ensefia en doctrina y costumbres? ^Crees tú —reza pilii) - que ei Papa es Ia cabeza de Ia Iglesia apostólica única? No se queria (Icjar ninguna duda. 112 Los protestantes fueron alojados de los ofícios municiinlcs y ningún burguês no católico fué admitido en adelante. En ]a universidad Io Viena cada doctorando tenía que suscribir Ia profesión de fe. Para Ia ensemi/.a se dispusieron formulários católicos, ayunos, visitas de iglesias y el uso K lusivo dei catecismo de Canisius. En Viena se recogieron de Ias librerías los i bros protestantes que eran llevados en grandes montones al pátio dei palácio ti obispo. En los muelles se examinaban Ias cajas y se confiscaban los libros y btumpas que no fueran muy católicos.113 Pero, con todo, el êxito no fué total. Es verdad que en poço tiempo se resluraron trece ciudades y mercados en Ia baja Áustria y que se habían rescatado posesiones eclesiásticas hipotecadas, pero Ia nobleza mantenía una fuerte bsición. Las ciudades dei tratado dei Enns se hallaban en estrecha relación in cila y no cedieron a ninguna tentación. 114 Sin embargo, como se comprenf, muchas de estas medidas tuvieron un alcance general al que nadie podia lutracrse y que repercutió directamente en Estiria. En cl momento en que el archiduque Carlos está dispuesto a hacer conce|Diu's se produce Ia reacción católica en tantos lugares. Sus pares no Io perdon.iii.in. Su eufiado el duque Alberto de Baviera le hizo ver que Ia "paz religiole autorizaba a imponer a sus súbditos Ia religión propia. Aconsejó al archiiiique tres cosas: que ocupara con católicos todos los puestos, especialmente en srte y en el Consejo secreto; que en Ia Dieta fuera separando unos de otros diversos estamentos, para dominar mejor cada uno; finalmente, que se pulera en buenas relaciones con el Papa y le pidiera que le enviase un núncio, gorio XIII, por si mismo, se apresuró a ayudarle. Como sabia muy bien que liaria falta dinero y que esta necesidad era Ia que le empujaba a hacer concernes, acudió al mejor medio para independizarle de sus gentes: en el ano de pKO le envio Ia suma, para aquella época muy importante, de 40,000 escudos epositó en Venecia un capital todavia más importante dei que podia servirse archiduque en caso de que estallaran revueltas en el país a consecuencia de sus lliípcnos católicos. Animado por el ejemplo, por las advertências y por ayudas importantes, el Inliiduque Carlos cambio completamente de actitud a partir dei ano 1580. En este afio adjunto a sus antiguas concesiones una explicación que bien [jiiiide considerarse como una revocación de las mismas. Los estamentos le ins[IIIHHI para que las conservara intactas y pareció un momento que un ruego tan jliumildc produciria su efecto; 115 pero, en Io sustancial, se mantuvo en las meHliliis anunciadas y empezó a expulsar predicadores protestantes. El afio 1584 fué decisivo. En Ia Dieta de ese ano se presentó el núncio
na Artículos de confesión papalcs, austríacos y bávaros, en Raupach, Evang. Oestieich, n, 307. 113 Klievcnhillcr, Ferd. Jahrb., i, 90; Hansitz, Geroiania sacra, i, 632. i u Raupach, K/cine NachJesc Ev. Oestr., ív, p. 17. 115 "Según su congênito caracter de príncipe alemán, suavisimo", dice Ia Supplication de [mJrcs países.

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Malaspina. Ya había conseguido separar a los prelados de los estamentos secufafl a los que siempre solían unirse. Con ellos, los funcionários ducales y los c n licos dei país, establece una estrecha unión que encuentra en él su centro. H < J entonces Ias cosas habían ocurrido como si todo ei país fuera protestante, pfl ei núncio supo constituir un fuerte partido en favor dei príncipe. De ofl modo ei archiduque era inconmovible. Se mantuvo en Ia idea de extirpar cl pnf testantismo de sus cíudades y sostuvo que Ia "paz religiosa" le otorgaba todavu mayores derechos, también sobre Ia noblcza, derechos que se 1c obligaría hacer valer si se le ofrecía resistência y entonces queria ver quién se le mostifl íebeldc. Aunque estas declaraciones tenían un tono tan resueltamente antijT testante, Ias circunstancias eran tales que pudo llcgar tan lejos como antes <M sus concesiones. Los estamentos no pudieron negar su aprobación, reclamH por otras consideracíones. 110 Desde esc momento comien/a Ia contrarreforma cn todo ei domínio a r f l ducal. Sc ocupan con católicos Ias parroquias y los Consejos de Ias ciudadH ningún habitante debe visitar otra iglesia que Ia católica ni mandar a sus h f l a otras escuelas que Ias de ese credo. Las cosas no transcurrieron siempre pacificamente. Los párrocos católica y los comisarios dei duque fueron a veccs insultados y expulsados. El m l H archiduque estuvo en peligro durante una caeería; por Ia región circulo ei ruffl de que había sido encarceiado un predicador de las cercanias: cl pucblo acud en armas y ei pobre predicador perseguido tuvo que ponerse delante para jfl reger contra los aldeanos ai ingrato senor. 117 Pero las cosas siguicron su curi Sc emplearon los médios más rigurosos. El cronista pontifício los resun^B poças palabras: confiscación, destierro, serio castigo de cualquier rebelde. • príncipes de Ia Iglesia que poseían algo en Ia comarca ayudaron a las autoridadi civiles. El arzobispo de Colônia, obispo de Freísingen, cambio ei Consejo oU~ ciudad, Lack, y castigo a los protestantes con Ia cárcel o con saflcioncs pecuníl rias; ei obispo de Brixen quiso implantar en su doihinio, Veldes, un n u e v j parto de tierras. Estas tendências se extendieron por todos ios domínios austrl cos. Aunque ei Tirol había permanecido católico, ei archiduque Fernando descuido someter a Ia elerecía de Innsbruck a una rigurosa disciplina e hizo qu todo ei mundo recibiera Ia comunión; se estableeicron escudas dominicalcs pai ei pucblo. El cardenal Andreas, hijo de Fernando, mando jmprirnir catccismi y los repartió entre Ia juventud escolar y Ia gente indocta. 118 Pero en las r e a nes donde había penetrado el protestantismo no se contentaron con mcdidl tan suaves. En el condado de Ia marca Burgau, que había sido adquirido hacl poço, y en el gobierno rural de Suabia, cuya jurisdieción se hallaba en disput) procedieron por completo como el archiduque Carlos en Estiria. El Papa Sixto no se cansaba de ensalzar estos hechos. Proclamaba que l<i
" 0 Valvassor, Ehte cfcS /íerzogthunis Ktain, posce buenas y amplias infonnaciones sobre tfl estas cosas. Particularmente importante, sin embargo, cs para nosotros Maftci, cn los AnnaJi Gregor/o XIII, lib. rx, c. xx, lib. xin, c. i. Tcnía sin duda ante sus ojos Ia información dei nuCM l " Khevenliiller, Anna/es Ferdinandci //, p. 523. U8 Puteo en Tcmpcsti, V/fa di Sisto V, t. i, 375.

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incipes austríacos eran Ias columnas más firmes dei cristianismo. Especialnte dirigió los breves más encomiásticos ai archiduque Carlos.118 La adquiión de un condado fué considerada en Ia corte de Gratz como una recompensa Ina por los muchos buenos servidos prestados ai cristianismo. En los Países Bajos Ia orientación católica pudo afirmarse de nuevo, gracias cialmente a que fué respetando los privilégios. No ocurrió Io mismo en mania. Por ei contrario, los sefiores territoriales ampliaban su soberania y poder en Ia misma medida en que lograban favorecer Ia restauración eclética. El ejemplo más asombroso de cuán estrecha era Ia relación entre ei cr eclesiástico y ei político, y de hasta qué extremo se llegó en este punto, 10 ofrece ei arzobispo de Salzburgo Wolf Dietrich von Reitenau. Los viejos arzobispos, testigos de Ias agitaciones dei tiempo de Ia Reforma, icontentaron con publicar de vez cn cuando un edicto contra Ias innovaciones, imponcr algunos castigos y hacer algunos intentos de conversión, pero siem"usando médios suaves, paternales y leales", como dice ei arzobispo Jacobo.120 Pero ei joven arzobispo Wolf Dietrich von Reitenau es muy diferente. é elevado a Ia sede de Salzburgo en ei ano 1587. Había sido educado en ei lcgio Germânico de Roma y le animaban Ias idcas de Ia restauración eclética .en su primer ardor. Además había visto los comienzos brillantes de Ia linn de Sixto V y sentia admiración por él. Por otro lado, suponía para un estímulo especial ei hecho de que fuera cardenal su tio, cl famoso Altemps, cuya casa residió largo tiempo. Él ano 1588, ai regreso de uno de los vários jes que hizo a Roma, se decidió a llevar a Ia práctica los proyectos surgidos nquel ambiente. Exigió a todos los habitantes de Ia capital Ia profesión de fe tólica. Algunos se demoraron y concedió unas semanas para que Io pensaran, ro cl 3 de septiembre de 1588 ordeno su salida de Ia ciudad y de Ia diócesis 11 término de un mes. Solo este mes y otro que concedió atendiendo a sus irgos, tuvieron para vender sus bienes. Además, debían entregar ai arzobispo i porción, y cederlos tan solo a aquellas personas que le tueran gratas.121 flunos, muy poços, prefirieron renegar y tuvieron que hacer pública expiación Ia iglesia, con un cirio en Ia mano, pero Ia mayoría se marcho y entre ella se nt.iba Ia gente más rica de Ia ciudad. Esta perdida no le preocupo ai príncipe, feia haber encontrado Ia manera de compensaria con otras medidas. Ya había unicntado seriamente los impuestos, Ias tarifas de aduana y Ia contribución |lmi'spondiente a Ia sal de Schellenberg y Hallein; convirtió ei subsidio contra M turcos en un impuesto regular introduciendo nuevos impuestos sobre ei coniiinn de vino y sobre derechos reales. Tampoco le preocuparon mucho Ias liberliles tradicionales. El decano de los canónigos se suicido, se cree que enloqueliln por Ia perdida de los derechos dei cabildo. Todas ias disposiciones dei r/obispo sobre Ia obtención de Ia sal y, en general, sobre Ia minería, pretendíar
11» Extracto dei Breve en Tempesti, i, 203. ISO También se publico un documento más severo bajo ei nombre de lacob, pero solamcnte dea ||íi <lc haber tenido que dejar ia administración en manos de un coadjutor. 1 J 1 Mandato de reforma, en Goeckingk, Vo/Jlommene Emigrationsgeschichte von denen ai i Krzbisthuin Sa/zburg vetriebenen Lutneranern, i, p. 88.

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LA CONTRARREFORMA DE 1563 A 1589

menoscabar Ia autonomia de estas explotacioncs, pasándolo todo a su Cámarl En Alemania no existe en todo este siglo ningún otro ejemplo de un sisttffl fiscal tan desarrollado como este. El joven arzobispo había traído consigo l.i ideas de un principado italiano. Conseguir dincro le pareció Ia tarca primofl|H de toda gestíón pública. Había tomado como modelo a Sixto V y queria, c a él, disponer de un Estado sumiso, católico y tributário. La cxpulsión de aquaB burgueses de Sal/burgo considerados por él como rebeldes le complació. M a | H derribar Ias abandonadas casas y edificar en ellas palácios ai estilo romanqH l.o que más le gustaba de todo era cl boato. A ningún extranjero le huojH negado caballeresca hospitalidad; visito Ia Dieta imperial con un sequitofl 400 hombres. En ei ano de 1588 no contaba más de 29 anos y, lleno de aud^H y ambición, tenía puesto su pensamiento en Ias más altas dignidades cclesiást^B Lo mismo que ocurre en los principados eclesiásticos y seculares ocurre, a cuanto es posible, en Ias ciudades. Los burgueses luteranos de Gmuenden se quejan amargamente de h a f l sido excluídos de los registros de Ia villa. En Biberach se sostenía todavííB Consejo que ei comisario dei emperador Carlos V había instituído con ocaj^H dei ínterim. Toda Ia ciudad era protestante y católico solo ei Consejo, é H mantuvo cuidadosamente apartado a todo protestante. 123 Los protestantei^M Colônia y de Aquisgrán sufrieron lo indecible. El Consejo de Colônia d e c l f l haber prometido ai emperador y ai príncipe elector no tolerar más religión d f l Ia católica y castiga a veces ei hecho de escuchar un sermón protestante, ^ H cárcel y multas. 124 También en Augsburgo los católicos llevan Ias riendas. C i j H do se introduce ei nuevo calendário se producen disiurbios; en cl afio de l 5 8 é H expulsado ei superintendente evangélico, luego once pastores de una vez y f i l ^ l mente un grupo de obstinados cíudadanos. Por razones parecidas ocurre lo m i i H en Ratisbona ei ano 1587. Las ciudades pretenden arrogarse los derecfW^B reforma y hasta algunos condes y senores, algunos caballeros dei Império 0 ^ 1 vertidos por algún jesuíta, pretenden lo mismc/V emprenden en sus pcqufi|B domínios Ia restauración dei catolicismo. Fué una reacción enorme, y los avances dei protestantismo se convierlB en retroceso. La predicación y Ia ensefianza colaboran en esta operación, V^Ê mucho más las ordenes de Ia autoridad y Ia violência. Así como en olra ocasión los protestantes italianos v atravesando los AldM se habían refugiado en Suiza y Alemania, ahora, fugitivos alemanes en numera mucho mayor huyen de Ia .Alemania Occidental v meridional hacia Ia n ó r d f l y oriental. También los belgas huyen a Holanda. Era una gran victoria c a l íica que se iba desplazando de país a país. los núncios, que por entornes comienzan a residir regularmente en n l mania, dirigen y acrecientan Ia victoria.
122 Zauncr, Crônica de Saizburgo. parte vn, constituye aqui nuestra fuente mis ' Esta parte fué elaborada según una biografia coctinca dei arzobispo. 123 Lehmann, de pace re/igionis, n, 268, 480. 124 Lehmann, 436, 270.

C O N T I N U A LA C O N T R A R R E F O R M A E N

ALEMANIA

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Conservamos una memória dei ano 1588 dei núncio Minuccio Minucci l,i que encontramos los puntos de vista que orientaban ia acción. 125 Se dedicaba una atención preferente a Ia ensenanza. Se queria que Ias Ivcrsidades católicas estuvieran mejor dotadas y contaran con mejores profers; solo Ia de Ingolstadt estaba provista de médios suficientes. Como estaban ns;is, Io más importante eran los seminários de jesuítas. Opinaba Minuccio | r no había que pensar tanto en formar grandes sábios y profundos teólogos hio buenos y activos predicadores. Acaso Io más necesario y conveniente es hnmbre de conocimientos mcdios, que no picnsa en llegar a Ias cumbres de Ia kiduría y hacerse famoso. Esta misma idea quierc que rija en los establecibutos italianos destinados a católicos alemanes. En cl Colégio Germânico jli.ibía estado dando ai principio una diferencia de trato a Ia juventud bur• a y a Ia noble, y Minuccio Minucci encuentra reprobable que se haya Indonado Ia costumbre. N o solo ei aristocrata se resiste a acudir ai Colégio |ue cn los mismos burgueses se despierta Ia ambición, que dcspués no k d e ser satisfecha, de aspirar a altos cargos, Io cual perjudica a Ia buena admiJrución de los puestos inferiores. Además, se trato de formar una tercera intermedia, Ia de los hijos de los altos funcionários que, según Ias coshbres dcl siglo, habrían de tener luego Ia mayor parte en Ia administración Jius países respectivos. El Papa Gregorio XIII se ocupo de esto en Perugia In Bolonia. Como vemos, estaban ya bien marcadas por entonces Ias diferen|s entre Ias clases que hoy dominan ei mundo alemán. Lo que más interésaba era Ia nobleza. A ella, sobre todo, encomienda ei ^uio Ia conservación dei catolicismo en Alemania. Como Ia nobleza alemana Juba de un derecho exclusivo sobre Ias fundaciones eclesiásticas, defendia a U^lesia como patrimônio suyo. Por eso se opone a Ia libertad de religión en Ias llsdicciones eclesiásticas: 1 2 ' temia ai gran número de príncipes protestantes que lii.m de arrogarse para si los benefícios eclesiásticos. Por esta razón había cuidar a Ia nobleza. No se Ia debía molestar con Ia ley de Ia singularidad los benefícios; de todos modos, ei cambio de residências tenía sus ventajas, j e s Ia nobleza de diferentes províncias se reúne para defender a Ia Iglesia. •nipoco había que tratar de poner los cargos en manos de burgueses; unos pautes doctos son muy útiles en un cabildo, como se había visto en Colônia, no se provocaria Ia ruína de Ia Iglesia alemana si se querían extremar Ias cosas Wte sentido. Entonces surge Ia cuestión de en qué medida es posible rescatar los domillus que se habían pasado por entero ai protestantismo. El núncio se halla muy lejos de aconsejar ei empleo de Ia violência. Los m ipês protestantes le parecen demasiado poderosos. Pero existen otros médios

l-ü Discorso dei molto ilustre e revmo. Monsignor Minuccio Minucci sopra i/ modo di resfituirc tMtUilica rciigione in Aiemagna, 1588. MS. Barb. l!M Sobre todo cn Ia Alemania superior. Z/esempio deí/a suppressione ddfalrre [de Ia parte lorj ha awertiti i nobiii a metter cura maggiore neíla diícsa di queste, concorrendo in cio tanto K liei quanto li catto/ici, accorti già, che ne/1'occupationc dclli principi si Jcva a Joro et a'postcri [wxT.iiiza dclfutile che cavano dai canonicati e degli altri benc/icii c che possono pretendere dei uvjfo mentre a'canonici resti libera i'eiettione.

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de Ias cuales se puede echar mano y que permiten realizar poço a poço tfl fin deseado. E n prímer lugar, considera necesario mantener Ia buena inteligência enljH )os príncipes católicos, especiaímente entre los de Baviera y Áustria. Todavia subsiste Ia unión de Landsberg que había que renovar y ampliar hasta acoflfl en ella al rey Felipe de Espana. {No seria posible ganarse de nuevo algunos príncipes protestantes? D u r t f l te mucho tiempo se había creído notai en ei príncipe elector Augusto de Sajoi^B una inclinación al catolicismo y, valiéndose de Ia mediación bávara, se h a l f l hecho algún intento con Ias majores precauciones, pero todo fué inútil porqu*! Ia esposa dei príncipe, Ana de Dinamarca, se mantenía firme en su creeraM luterana. El ano 1585 muere Ana. Este dia no fué solo de liberación para t f l amenazaàos calvinistas, sino que ios católicos ío aprovecharon para tratar de a c f l carse al príncipe. Parece que en Baviera, que hasta entonces se había resisti^H se sienten dispuestos a dar ei paso, y ei Papa Sixto tiene ya preparada Ia arjH lución que enviará al príncipe elector. 127 Pero ei príncipe Augusto muere an^fl de que se haya conseguido nada. Ahoia se fija Ia mirada en otro príncipe: L ^ H conde palatino de Neuburgo, en ei que se creía ver un despego hacia todos ^ B intereses contrários al catolicismo y cierta circunspección con los curas católi^H que se encontraban en su território ocasionalmente. También se piensa en O^Ê Hermo IV de Essen, hombre docto y amigo de Ia paz, que en ocasiones hsd^H aceptado ia dedicatória de pubíicaciones católicas. Tampoco se descuido a ciet^f figuras de Ia alta nobleza nortena, como Enrique Ranzau, en ei que