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Balance provisional de la contestación europea contra las consecuencias sociales de la crisis

Balance provisional de la contestación europea contra las consecuencias sociales de la crisis

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Este balance provisional del desarrollo de la contestación social a las consecuencias de la crisis económica en Europa, analiza los tres modelos que dicha contestación ha adoptado en Europa hasta el momento.
Este balance provisional del desarrollo de la contestación social a las consecuencias de la crisis económica en Europa, analiza los tres modelos que dicha contestación ha adoptado en Europa hasta el momento.

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Balance provisional de la contestación europea contra las consecuencias sociales de la crisis.

2008-2011
Jesús Sánchez Rodríguez1 31-01-2011

A estas alturas de la crisis podemos hablar de un persistente goteo de medidas en la mayoría de los países de la UE tendentes a reducir el Estado de Bienestar implantado en algunos casos desde hace más de 60 años. La consecuencia social más inmediata y dramática de la crisis fue la pérdida de empleos, más aguda en unos países que otros. Luego aparecieron los déficits fiscales originados por las consecuencias económicas de la crisis, derivados de las ayudas masivas tanto al sector financiero como a otros, y de la pérdida de recaudación fiscal por la contracción de la actividad económica. En esta situación, el alineamiento por los distintos gobiernos con las recomendaciones ortodoxas en economía les llevó a cubrir esos déficits con la emisión de deuda pública en los mercados internacionales de capital. De esta manera, ponían su destino en manos de los grandes especuladores internacionales que, utilizando el argumento de demandar garantías para sus inversiones en deudas y elevar el interés por el capital prestado a gobiernos en dificultades económicas, invertían en deuda pública con un doble beneficio; en principio económico, debido a los altos intereses ofrecidos por las emisiones de deuda de los gobiernos; y luego político, al constituir una hipoteca sobre las decisiones de estos gobiernos, obligándoles a actuar en favor de los intereses de dichos especuladores internacionales. Estos intereses son múltiples: Mantener o mejorar las condiciones de juego bajo las que se había desencadenado la crisis, es decir, mantener la barra libre a la especulación (con inmuebles, energía, alimentos, etc.). Recuperar la respetabilidad del neoliberalismo, claramente hundida al desencadenarse la crisis, con un discurso que continuamente desacredita cualquier otra alternativa y presenta el modelo que les beneficia como el único posible (en una repetición machacona del famoso slogan TINA

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Se pueden consultar otros artículos y libros del autor en el blog : http://miradacrtica.blogspot.com/, o en

la dirección: http://www.scribd.com/sanchezroje

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de Margaret Thatcher2). Y, por último, hacer retroceder las conquistas logradas a lo largo de decenios por la clase trabajadora, reduciendo o desmantelando el Estado de Bienestar, con el triple objetivo de contribuir a recuperar las tasas de beneficio, ampliar las esferas de actuación del capital privado (sanidad, pensiones, etc.), y desprestigiar y desmantelar un sistema que pudiera ser reivindicado como modelo en otras partes del mundo. En definitiva, una estrategia para sacar el máximo beneficio a una crisis que, como lo denomina Naomi Klein, el capitalismo de desastres había desencadenado No es el objetivo de este artículo discutir las otras posibles políticas que se podrían haber seguido, sobre lo que se han escrito multitud de artículos, algunos de bastante calidad. La cuestión es que las políticas implementadas responden al esquema que hemos comentado al principio y ello ha originado una contestación social de la que nos ocuparemos. Cualquier otra alternativa diferente a la recuperación del neoliberalismo, no importa cual fuese la radicalidad de sus propuestas, necesita de una correlación de fuerzas sociales y políticas para llevarla a cabo que no ha existido hasta el momento, y que también contribuye a explicar los tres modelos de contestación en Europa que vamos a analizar.

Tres modelos de contestación social a las consecuencias de la crisis en Europa

Después de tres años y medio de conflictividad social, originada en las consecuencias de la crisis, podemos hablar en estos momentos de tres modelos diferentes seguidos por dicha contestación para el grupo de países que tomaremos en consideración por su importancia para este tema. Para poder entender las diferencias de estos modelos es necesario referirse previamente a tres variables: el impacto de la crisis económica y el tipo de medidas antisociales tomadas por los diferentes gobiernos, la naturaleza política de los gobiernos encargados de tomar dichas medidas, y la tradición del movimiento sindical de cada país. Seguramente también intervengan otras variables, pero estas tres son las más importantes para explicar los tres modelos que vamos a describir. En cuanto al impacto de la crisis, es evidente la diferencia con que ha golpeado a los miembros de la UE. Tenemos el ejemplo alemán dónde sus consecuencias han sido mínimas y, por lo tanto, no ha conocido fenómenos de conflictividad social resaltables.

TINA: There is no alternative. Fue el slogan preferido por Margaret Thatcher para publicitar que el neoliberalismo que su gobierno impulsaba en todo el mundo, junto con el gobierno norteamericano de Ronald Reagan, no tenía alternativa posible.

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Un segundo grupo lo formarían países con una incidencia no dramática, como Francia, donde sin olvidar su impacto, sus consecuencias han sido manejables por sus gobiernos. El tercer grupo es el de aquellos países donde ha sido profundo el impacto de la crisis económica por diferentes motivos, y han sido sometidos finalmente a un ataque especulativo de los mercados, lo que ha provocado, bien la necesidad de un rescate financiero por parte de la UE, como es el caso de Grecia e Irlanda, o siguen estando en una situación crítica con la amenaza de necesitar el rescate, como es el caso de Portugal y España. La profundidad de las medidas antisociales tomadas por los diferentes gobiernos ha estado relacionada de manera directa con la gravedad del impacto de la crisis, del ataque especulativo de los mercados y de la amenaza, hecha realidad en dos casos, de un rescate por parte de la UE. En cuanto a la naturaleza política de los gobiernos de la UE, es necesario constatar en primer lugar la ola conservadora que se ha ido extendiendo por Europa en los últimos años, y cuya consecuencia es que solamente seis de los veintisiete gobiernos de la UE son socialdemócratas actualmente, en tanto que hace una docena de años, cuando la CEE contaba con 15 miembros, 11 gobiernos era socialdemócratas. Pero además viene a coincidir que dos de estos gobiernos de la izquierda moderada son de pequeños países como Eslovaquia y Chipre (éste es un gobierno eurocomunista, no socialdemócrata), uno es mediano, como Austria, y tres gobiernan en países con graves problemas económicos, uno ya rescatado con la ayuda y en las condiciones impuestas por la conservadora UE, Grecia, y dos en el punto de mira de los especuladores internacionales y con amenaza de rescate, Portugal y España. Para completar el panorama debemos señalar que en diferentes elecciones celebradas en los últimos meses, la posición de esta izquierda moderada se ha hecho más inestable. El PASOK griego ha ganado unas elecciones locales y regionales en medio de una gran abstención. El presidente conservador portugués acaba de revalidar su victoria en las urnas en este mes de enero, también en medio de una gran abstención. Y en España, las encuestas dan por ganador en las próximas elecciones a los conservadores, habiendo perdido recientemente la izquierda moderada un gobierno tan importante como el de Cataluña. En contraposición, la derecha sigue ganando elecciones en Europa, que a su vez conoce un preocupante auge de partidos y formaciones xenófobas y de extrema derecha. En cuanto a los comportamientos sindicales, hay dos aspectos a destacar, el primero tiene que ver con la tradición de lucha o de pactos del movimiento sindical, donde podemos contraponer como ejemplos el caso francés y el español respectivamente; y el segundo con la fragmentación del movimiento sindical según las diferentes posiciones políticas o ideológicas, y la tasa de afiliación. Normalmente se suele dar una situación de fragmentación sindical y una identificación con distintos partidos políticos, 3

y no solamente de izquierdas, pero de una manera mucho más laxa que en épocas anteriores, cuando existieron vínculos estrechos entre sindicatos y partidos de izquierda; también han aparecido sindicatos regionales, de cuadros profesionales y sectoriales.

El modelo de contestación social difuso o discontinuo

El primer modelo de contestación social lo podríamos denominar difuso o discontinuo, y ha sido el predominante durante la crisis. Su característica es que ha dado lugar a algunos conflictos, incluso alguna huelga general, pero no ha sido persistente en el tiempo, y por lo tanto han sido conflictos que no han producido desbordamientos, y cuando ha existido este peligro, el cambio de gobierno ha sido utilizado como cortocircuito. Es el caso de Letonia que a principios de 2009 conoció movilizaciones y la caída del gobierno. De Italia, que ha conocido desde 2009 manifestaciones y una huelga general en mayo de 2010, con movilizaciones más radicales de los estudiantes en diciembre de 2010. De Gran Bretaña, con una débil respuesta sindical hasta ahora a los recortes del nuevo gobierno conservador (una manifestación sindical en octubre de 2010 y otra prevista para marzo de 2011), y una contestación más seria también por parte de los estudiantes. De Islandia, cuyas protestas en enero de 2009 llevaron a la caída del gobierno. De Portugal, con una huelga general en noviembre de 2010. De Irlanda, con manifestaciones en noviembre de 2010 contra el duro plan de austeridad impuesto por el gobierno. Con la excepción de Portugal, las movilizaciones se han llevado a cabo contra gobiernos conservadores, han provocado algunos cambios de gobierno como en Islandia o Letonia, pero no han conseguido revertir los planes de recortes, con la excepción de Islandia, dónde el rechazo popular en referéndum a la devolución de la deuda ha llevado a la congelación de las ayudas del FMI, estando en este momento en una situación de impasse sobre su evolución. La situación de los sindicatos en estos países es, como en toda Europa, de un descenso persistente de afiliación, pero se mantienen en un porcentaje cercano al 30%, con la excepción de Portugal que ronda el 20%.

El modelo de enfrentamiento sindical abierto.

El segundo modelo seguido por la contestación social a los recortes sociales decididos por los gobiernos como consecuencia de la crisis le podemos denominar de enfrentamiento sindical abierto. En este modelo, los sindicatos apostaron por un 4

enfrentamiento duro y persistente con el objetivo claro de hacer fracasar los planes de austeridad de sus gobiernos. Solo dos países han seguido este modelo Grecia y Francia, y con dos situaciones muy diferentes. Grecia ha sido el primer país al que la UE ha tenido que acudir a rescatar, después de conocerse que las graves irregularidades del anterior gobierno conservador habían llevado al país a la bancarrota, y de ser objeto de un ataque fondo por parte de los especuladores internacionales. Las ayudas a Grecia fueron condicionadas a un draconiano plan de austeridad que hacía caer en picado las condiciones y nivel de vida de los sectores populares griegos. Además, este plan iba a ser aceptado y puesto en práctica por un gobierno socialdemócrata recién salido de las urnas con un apoyo popular importante. Los sindicatos griegos y la izquierda política que les apoyaban se lanzaron a una movilización que gozaría de un amplio apoyo popular por la gravedad de las medidas de austeridad y recortes sociales, pero con la desventaja de tener enfrente un gobierno socialdemócrata recién elegido y una situación económica que hacía depender al país de las ayudas externas. La primera huelga general tuvo lugar en diciembre de 2008 bajo el anterior gobierno conservador, y tras el asesinato de un joven manifestante, a la que siguió otra más en abril de 2009 contra los planes de austeridad de los conservadores, pero esto no sería más que un preámbulo, y las movilizaciones entraron en un impasse hasta la celebración de las elecciones parlamentarias a finales de septiembre de ese año, que gana ampliamente el PASOK. Inmediatamente el nuevo gobierno comienza a aplicar medidas de austeridad que hace que en febrero de 2010 se rompa la ilusión de las clases populares griegas en que un gobierno progresista al que acababan de votar defendería sus intereses. En febrero comienza la cadena de huelgas generales, acompañadas de manifestaciones, que intentarán frenar la ofensiva antipopular del gobierno socialdemócrata, dos huelgas en febrero, una en abril, otra en mayo, dos en junio, otra en julio. Después de esta ofensiva concentrada de los sindicatos sin obtener resultados, la intensidad decae, solo al final de año habrá dos nuevas huelgas generales en noviembre y diciembre. En noviembre de 2010 se celebraron elecciones locales y regionales, era un test para conocer el impacto político de esta fase intensa de movilizaciones. El resultado fue una muy alta abstención en relación con lo habitual en Grecia, la victoria del PASOK y un débil avance de las organizaciones a la izquierda de éste. El segundo país de Europa donde se ha aplicado este modelo de enfrentamiento sindical abierto ha sido Francia. Bajo un gobierno conservador, el menor impacto de la crisis económica respecto a otros países europeos ha supuesto que las medidas de ajuste aplicadas fuesen de menor intensidad. El cierre de empresas había dado lugar a conflictos puntuales y el primer acto de las movilizaciones se produjo en enero de 2009 en Guadalupe, con una huelga general contra la carestía de la vida. Pocos días después tendría lugar la primera huelga general francesa, acompañada de manifestaciones, que abrirá un ciclo de movilizaciones que irá creciendo hasta alcanzar su clímax en octubre de 2010. Aunque en marzo tendrá lugar la segunda huelga de 5

2009, a partir de ese momento las movilizaciones decaen durante más de un año, pudiéndose decir que Francia se situaba también dentro del primer modelo. Sin embargo en la primavera de 2010, el proyecto de reforma de las pensiones del gobierno Sarkozy va a reactivar las movilizaciones con una intensidad que superara durante algunos meses a la de los sindicatos griegos. Este ataque a las pensiones dentro de una política general europea de endurecer las condiciones para acceder a las mismas y rebajar su cuantía, y que ya había sido aplicado en Alemania sin resistencia no es comparable, ni de lejos, al plan de austeridad aplicado a los griegos, sin embargo los sindicatos franceses van a seguir el mismo modelo de enfrentamiento abierto. Para explicar esta decisión habría que fijarse en las condiciones especiales del movimiento obrero en Francia. Estas condiciones son contradictorias. De un lado la sindicación francesa es una de las más bajas de Europa, con un porcentaje cercano al 10%. Por otro lado, el sindicalismo francés ha mantenido el nivel de combatividad más alto de Europa, estando situado el sindicato mayoritario, la CGT, en las posiciones más a la izquierda, aunque ya no sea tan estrecha la antigua relación con el PCF. Una situación nada habitual en Europa, dónde no suelen ser los sindicatos con posiciones más izquierdistas los mayoritarios. La debilidad en tasas de sindicación es compensada por su nivel militante; y esta tradición de organización y lucha - tanto entre la clase obrera como entre los jóvenes - había conseguido algunos éxitos importantes en los últimos años (en 1995 Alain Juppé tuvo que retirar su proyecto de pensiones, en 2006 Chirac y Villepin tuvieron que retirar su proyecto de contrato de primer empleo), lo que seguramente les llevó a calcular que ahora también podrían hacer retroceder el proyecto de pensiones de Sarkozy. Por tanto, en mayo de 2010 arrancó un ciclo de intensas movilizaciones sindicales con tres características principales, las huelgas generales eran acompañadas con numerosas manifestaciones por todo el país, en realidad el seguimiento de las huelgas no fue muy intenso más allá de los transportes y algunos servicios públicos, pero los sindicatos consiguieron sostener en esos meses unas fuertes movilizaciones en las calles en torno a los tres millones y medio de manifestantes; en segundo lugar los sindicatos consiguieron mantener un elevado apoyo de la opinión pública, a pesar de las incomodidades que las manifestaciones y las huelgas producían, especialmente cuando, en la fase final, intentaron bloquear el país cortando el suministro de combustible; y, finalmente, mantuvieron la unidad sindical, consiguieron el apoyo de toda la izquierda y sumaron al movimiento estudiantil en la misma lucha. Todo un ejemplo de estrategia que, junto a su tradición de luchas, compensó con creces su debilidad de afiliación. En mayo y junio se produjeron dos huelgas generales, y tras el paréntesis del verano, los sindicatos echaron todo el peso entre septiembre y noviembre, antes de que el proyecto de pensiones de Sarkozy se convirtiese en una ley aprobada por el 6

Parlamento. En octubre se realizaron siete huelgas generales, algo insólito en las últimas décadas en Europa. En sectores importantes, sobretodo el relacionado con los combustibles se dio un salto cualitativo con el sistema de huelgas renovables - es decir, que cada 24 horas se decidía su continuación - y el bloqueo de los depósitos de combustibles con el objeto de paralizar el país. Prácticamente se alcanzó el límite donde pueden llegar las movilizaciones obreras dentro de la legalidad burguesa sin entrar en una fase insurreccional. Las comparaciones con el mayo del 68 se hicieron inevitables en ese intenso mes de octubre, porque alcanzados esos niveles de movilización la situación empieza a ser en cierto modo incontrolable y cualquier acontecimiento imprevisto podía romper la estrategia de apuesta elevada pero controlada de ambas partes. Pero el tiempo jugaba en contra de los sindicatos como bien sabían éstos y el propio Sarkozy. La conversión en ley del proyecto por el Parlamento suponía una barrera que los sindicatos no iban a traspasar. Por ello forzaron las movilizaciones en octubre al máximo, y por eso mismo el gobierno conservador aguantó ese mes absolutamente inflexible. La ley de pensiones fue votada por el Parlamento a finales de octubre y ratificada a primeros de noviembre. Las movilizaciones cesaron súbitamente y los sindicatos fueron derrotados en la batalla más importante en Europa a causa de las consecuencias de la crisis, al menos hasta este momento. Es pronto para conocer cuáles serán las consecuencias que se derivarán para la resistencia popular europea a los ataques al Estado de Bienestar de esta derrota francesa. Los precedentes históricos de situaciones parecidas indican que esta resistencia se resentirá de manera profunda por dicha derrota. Veremos si esta conclusión histórica se confirma una vez más.

El modelo de concertación social.

El tercer modelo de contestación social tiene, por el momento, un solo caso de aplicación, el de España. Inicialmente, la actitud de los sindicatos españoles debería situarles en el primero de los modelos. Pero, el modelo finalmente aplicado en España es el de concertación con el gobierno y la patronal, con renuncia a las movilizaciones. Para empezar España es el más grande de los seis países europeos que mantienen un gobierno socialdemócrata. También es el país europeo con más intensa destrucción de empleo durante la crisis, situándose la tasa de paro en más del 20% a principios de 2011, con 4,7 millones de desempleados. Y es, también, el país de economía más grande atacado por los especuladores internacionales, de manera que los poderes europeos ven especialmente preocupante que se llegase a una situación que hiciese necesario su rescate, porque las repercusiones para el euro serían peligrosas. Por ello 7

mismo las presiones europeas para implementar medidas que eviten esa situación son intensas sobre el gobierno español. La aguda destrucción de empleo derivada de despidos y cierres de empresas no produjo ninguna movilización importante, ni siquiera puntualmente por parte de los dos sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, pero sí de los sindicatos nacionalistas que convocaron la primera huelga general en Euskadi en mayo de 2009, evidenciando el desencuentro con los dos grandes sindicatos de implantación estatal. Con posterioridad los sindicatos nacionalistas llevarían a cabo otras dos huelgas generales al margen de CCOO y UGT, en junio de 2010 con ocasión de la regresiva reforma laboral del gobierno y el 27 de enero de 2011, con ocasión, esta vez, de la reforma regresiva de las pensiones. Su incidencia fue menor y su efecto fue sobretodo demostrar el desencuentro total entre dos tipos de sindicalismos en España, uno mayoritario orientado a la negociación y poco proclive a la movilización, y otro minoritario, con la excepción de Euskadi y Galicia, más inclinado a la movilización. A pesar del fuerte impacto de la crisis en España, con sus dramáticas consecuencias en el empleo, en una primera fase el gobierno del PSOE mantuvo un discurso de un optimismo incomprensible, pero se negó a repercutir los efectos de la crisis en los sectores populares. Los dos sindicatos mayoritarios se parapetaron tras el gobierno y asistieron pasivos a la destrucción de empleo que, por ejemplo, en el último trimestre de 2008 supuso 609.100 desempleados más. Sin embargo, como escribí en febrero de 20103, la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles desconfiaban de un gobierno que venía enmascarando y decorando la crisis y sus consecuencias desde antes incluso de su inicio. Y seguía apuntando entonces, que la patronal y la derecha habían iniciado una ofensiva para cambiar el modelo de relaciones laborales existente por otro más favorable a sus intereses, y por hacer retrocede los salarios y prestaciones sociales. Esta ofensiva había empezado a contar a principios de 2010 con un poderoso aliado, el sector financiero internacional de carácter especulativo. Y el resultado fue un brusco giro a la derecha del gobierno de Rodríguez Zapatero, abandonando su discurso progresista para abrazar las tesis neoliberales que se consolidarían en todos los gobiernos europeos, conservadores y socialdemócratas. El giro se traducía en tres medidas importantes, un plan de austeridad de 50.000 millones de euros, una reforma laboral y un ataque al sistema de pensiones. Además de otras medidas como las subidas de impuestos, la congelación de salarios de funcionarios y la reordenación del sistema financiero. Todo ello según las orientaciones de las instituciones financieras europeas e internacionales, y bajo la excusa de calmar a los mercados, es decir, de ceder a las presiones del capital especulativo internacional.

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Jesús Sánchez Rodríguez, La doctrina del shock aplicada en España, Rebelión, 09-02-2010

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Este giro derechista del gobierno del PSOE y las medidas antipopulares implementadas situaban al caso español más cerca del griego que del francés, y los dos sindicatos mayoritarios quedaron al desnudo; ya no podían parapetar su pasividad detrás del gobierno, éste les había dejado al descubierto. Su reacción fue débil, sin convicción. En junio de 2010 convocaron una huelga de funcionarios contra los recortes salariales impuestos, que tuvo una baja participación. Siguieron enfrascados en una negociación sin futuro con la patronal en torno a la reforma laboral, que termino en fracaso y llevó a su imposición legal por el gobierno, siguiendo las tesis patronales, a finales de ese mes de junio. Los sindicatos, frustrados y humillados, después de haber vertido amenazas de huelga general, se vieron obligados a convocarla, pero la retrasaron a finales de septiembre, cuando la reforma laboral era ya un hecho legal consumado por el Parlamento. Su seguimiento fue desigual, no pudiéndose hablar ni de éxito ni de fracaso, su efecto más importante fue que desgasto electoralmente aún más al gobierno según todas las encuestas. Hasta la celebración de esta huelga general, la contestación en España la situaría dentro del primer modelo descrito, pero a partir de ese momento los sindicatos se inclinarán por alcanzar un modelo de concertación, mejor dicho, por recuperar su papel de aliados del gobierno, pero ahora no para sostenerle en sus políticas progresistas, sino para suavizar el contenido de las políticas antipopulares. Este cambio se basa sobre todo en el resultado de la huelga general de septiembre. Su impacto moderado y su ineficacia para modificar la reforma laboral convalidada en el Parlamento confirma a los sindicatos en su convicción de volver a la senda de la concertación. Por otra parte, el mayor desgaste del gobierno, en favor de los conservadores - ratificado con su derrota electoral en Cataluña, a finales de noviembre, en favor de la derecha nacionalista – empuja al gobierno, y también a los sindicatos, a evitar una nueva confrontación. El resultado final, es que el proyecto de reforma de las pensiones del gobierno, en el mismo sentido penalizante para los trabajadores que en el resto de Europa, es fruto de un acuerdo mediante el cual, a cambio de una ligera suavización de sus términos por el gobierno, los sindicatos respaldan socialmente la nueva medida antipopular. Con ello se consolida el nuevo modelo que abre la negociación a nuevos aspectos del programa de reformas neoliberales del gobierno Zapatero. Para visualizar las diferencias entre el modelo de contestación a la crisis en Francia y España nada mejor que referirse a las imágenes evocadas en ambos casos, en octubre pasado, en Francia, se aludía a la repetición de un nuevo mayo del 68; en enero de 2011, en España, los sindicatos evocan la repetición de unos nuevos Pactos de la Moncloa, críticamente recordados por las organizaciones españolas a la izquierda del PSOE.

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Conclusiones.

Los resultados obtenidos, hasta el momento, por los tres modelos de contestación utilizados en Europa por el movimiento sindical para oponerse a las consecuencias antipopulares derivadas de la crisis no han conseguido ni revertir estas políticas, ni la correlación de fuerzas en Europa, claramente favorable a las fuerzas conservadoras. El avance electoral de la derecha, e incluso de la extrema derecha, el giro neoliberal de la socialdemocracia, el débil avance de las formaciones a la izquierda de aquélla, la derrota sindical en Francia, la falta de resultados de las movilizaciones griegas, la posición pactista de los sindicatos mayoritarios españoles, y la discontinuidad de las movilizaciones en el resto de Europa, dibujan un panorama poco alentador para la izquierda en Europa y una situación de retroceso social para los sectores populares.

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