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AL COLEGIO CON PERÓN Y EV ITA

Por Dolores Pujol y Natalia Susevich

1
Al colegio con Perón y Evita

El libro es portador de la palabra y la palabra es un símbolo. Precisamente


tal ser simbólico es lo que permite a los hombres tener la llave primordial para
abrir las puertas del mundo. De ahí, la importancia de cultivar el hábito de
descubrir las realidades que portan las palabras que contienen los libros.
Mucho más si estas palabras no van a ser sólo leídas, sino estudiadas.
Mucho más si estos libros serán los primeros que se lean, si conformarán la
base de nuestro futuro saber.
Así como Freud sostiene que las experiencias vividas durante los primeros
años de vida marcan nuestra estructura psíquica, y de algún modo el tipo de
personas que seremos, los primeros conocimientos que adquirimos funcionan
como cimientos sobre los cuales construiremos nuestro modo de concebir el
mundo. El presidente Juan Domingo Perón lo tenía claro:
“Que sepan los maestros y las maestras que el recuerdo que los niños tienen de sus
maestros es imborrable; (….) Por eso nada hay para el Gobierno que pueda
compararse con el maestro, porque nosotros sabemos que él tiene en sus manos la
modelación del alma y la voluntad de la infancia, porque nuestra Doctrina Nacional
reconoce en grado sumo el valor del niño para el futuro de la Patria. Porque nosotros
1
sabemos que en cada uno de esos niños, están los ciudadanos del mañana” .
No cabe duda que la escuela primaria es el ámbito, por excelencia, en el
que todos damos los primeros pasos en el largo camino del saber. Por eso, las
palabras que allí se escuchan, los textos que allí se estudian y los valores que
allí se aprenden no son casuales. Los contenidos son programados, y a veces,
también controlados.
El primer cuento que leímos solos o la primera oración escrita con nuestra
letra no son hechos que se olviden fácilmente. Generalmente son tesoros
guardados para siempre en algún cofre de nuestra memoria. Pero si a la
célebre frase “mi mamá me mima”, le sigue la de “Evita me ama”, las cosas
cambian.
El objetivo del presente trabajo es analizar cómo, entre 1947 y 19552 , la
educación estuvo al servicio de la Doctrina del Partido Peronista, cómo se fue
consolidando la pedagogía de ese gobierno en los libros didácticos y cómo se
plasmó en las aulas la propaganda ideológica. En definitiva, cómo la escuela
se convirtió en uno de los medios más eficaces de la peronización de la
sociedad.
Por eso, no debería asombrarnos que en 1954, los niños de primer grado
superior llevaran a la escuela el libro Cajita de música y leyeran un cuento
llamado “El patriota de la ciudad Luz Azul” 3 . Decía así:
«Entre montañas y bosques, a orillas de un lago, se elevaba la hermosa ciudad de este
cuento. Por las noches, cuando la luna y las estrellas se miraban en las quietas aguas,

1
“El maestro en la formación espiritual”, discurso de Perón a los maestros de la provincia de Buenos Aires,
24 de abril de 1953.
2
Si bien Perón llegó a la presidencia en 1945, la presencia de una tendencia partidista en la educación
comenzó a hacerse visible a partir de 1947.
3
Picollo, Nélida Lea, “El patriota de la ciudad Luz Azul” en: Cajita de música, Buenos Aires, Estrada, 1954.

2
un resplandor azul la iluminaba extrañamente. Por eso llamaron a esa ciudad “Luz
Azul”.
Sus habitantes no eran felices. Mucho tiempo atrás, un hechicero los había condenado
a trabajar sin descanso y a sufrir la injusticia.
Cierta noche, mientras un soldado joven y patriota miraba el cielo recamado de
estrellas, la más brillante de todas comenzó a caer.
Siguiendo la vieja costumbre de pedir tres cosas a una estrella, mientras cae, replicó
mirándola con fervor, por tres veces:
-¡Haz que puede salvar a mi pueblo!
Tiempo después, volvió a orillas del lago. Contemplando el cielo se sobresaltó al oír una
voz:
“Soldado, soy el alma de la estrella que viste caer. Porque eres patriota y amas a tu
pueblo sinceramente, te concederé la gracia de salvarlo. Para ello serás presidente y
lucharás contra la injusticia. Ordenarás con todo cuidado la labor que se deberá realizar
durante cinco años. Si la cumples hasta el fin, triunfarás.”
Pasaron cinco años. La ciudad Luz Azul no parecía la misma. Rostros alegres
pronunciaban con devoción el nombre de su salvador.
Agradecidos al que les había devuelto la felicidad, lo eligieron para que los gobernara
nuevamente.
Y el soldado, siguiendo el consejo de la estrella, volvió a ordenar con inteligencia y
amor las obras que realizaría en el segundo quinquenio de su gobierno.
Desde entonces, en la ciudad Luz Azul, reinaron la alegría y la felicidad.
¿Sabes quién es el soldado?»

3
Acerca de cómo el soldado patriota llegó a la ciudad Luz Azul

La revolución del 4 de junio de 1943 llevó al poder al general Pedro P.


Ramírez, ministro de guerra del derrocado gobierno de Ramón Castillo. Fue el
GOU (Grupo de Oficiales Unidos4 ), una agrupación que había sido creada en
marzo de ese año y que estaba formada por oficiales nacionalistas, el que
puso en marcha este golpe militar que no tenía, en realidad, ni un programa ni
un líder. El jefe militar de la revolución fue el general Rawson, quien, como tal,
habría debido asumir la presidencia de facto, pero sus propios compañeros lo
vetaron porque no estaban de acuerdo con algunos de los nombres que él
proponía para ministros.
El general Edelmiro J. Farrell fue designado ministro de guerra por el nuevo
presidente y el coronel Juan Domingo Perón fue nombrado secretario de esa
cartera. Ambos pertenecían al GOU. Para Peter Waldmann, “Perón se destacó
como el oficial de mayor talento político entre los que competían por el poder
y no tardó en convertirse en figura dominante dentro del gobierno militar” 5 .
José Gabriel Vazeilles, por su parte, agrega que “el entonces coronel Perón
manifestó dentro del nuevo gobierno una personalidad y un tipo de acción
intenso, flexible, desprejuiciado e innovador muy apropiado tanto para superar
las condiciones de vacío con las que los militares se hicieron cargo del mismo,
como para canalizar las nuevas fuerzas insuficientemente expresadas en los
partidos polít icos y dar un fuerte impulso al movimiento obrero”6 .
En octubre de 1943 se produjeron cambios en el gobierno que indicaban
modificaciones en la relación de fuerzas. Farrell ocupó la vicepresidencia.
Perón se puso al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión y continuó
como secretario de Guerra. Desde entonces, fue ganando poder y acumulando
cargos. “En tributo obvio a su incorporeidad, los trabajadores conocían el
Departamento Nacional de Trabajo, bajo el mote «cementerio de elefantes».
Pronto, sin embargo, le daría a Perón un tesoro más precioso que el marfil: la
llave de control del movimiento laboral argentino”.7
En marzo de 1944, Ramírez renunció y Farrell se convirtió en presidente. En
poco tiempo, Perón reunió los cargos de vicepresidente, ministro de Guerra,
secretario de Trabajo y Previsión y presidente del Consejo Nacional de
Posguerra.
Ese mismo año, Perón conoció a Eva Duarte. “Él apenas comenzaba a ser
Perón y ella estaba aún muy lejos de ser Evita. Ninguno de los dos debía de
imaginar el papel que ocuparía en nuestra vida política”.8

4
“El GOU fue durante mucho tiempo tan secreto, que nadie podía decir con certeza lo que representaban las
tres letras. Varias interpretaciones incluyen: Gobierno, Orden, Unidad; Grupo Obra de Unificación; Grupo
Orgánico Unificado; y, finalmente, lo que ha sido aceptado como nombre oficial, Grupo de Oficiales Unidos”.
Page, Joseph A., Perón, Una biografía. Primera Parte (1895-1952), Buenos Aires, Javier Vergara, 1984, pág.
61.
5
Waldmann, Peter, “Capítulo IV: Los principales factores de poder” en: El Peronismo 1943-1955, Buenos
Aires, Sudamericana, 1974, Material de Cátedra, pág. 6.
6
Vazeilles, José Gabriel, Historia argentina. Etapas económicas y políticas. 1850-1983, Buenos Aires, Biblos,
1998, pág. 117.
7
Page, Joseph A., Perón, Una biografía. Primera Parte (1895-1952), Buenos Aires, Javier Vergara, 1984,
pág. 80.
8
Sidicaro, Ricardo, Juan Domingo Perón, Colección Los nombres del poder, Buenos Aires, Fondo de Cultura
Económica, 1996, pág. 27.

4
En ese entonces, la CGT estaba dividida en dos centrales. Perón se alió con
una de ellas y desplazó a la otra. Por otra parte, persiguió a los dirigentes
socialistas o comunistas y favoreció a quienes no lo eran, creó nuevos
sindicatos, decretó nuevos estatutos para diversos gremios, estableció
aumentos de sueldos y fijó salarios mínimos. Además, proyectó algunas
normativas importantes aprobadas después como la justicia de trabajo, el
pago de vacaciones y aguinaldo y el sistema de cajas jubilatorias. Creó la
secretaría de Industria y Comercio para promover los intereses industriales,
revocó la Ley de Asociaciones Profesionales, estableció el control de alquileres,
determinó la fijación de precios máximos para los productos alimenticios y
demás artículos de primera necesidad 9 . El seguro contra enfermedad y
accidentes; la organización de servicios médicos, culturales y deportivos y la
sanción del Estatuto del Peón Rural, completaron su labor.
“Los centenares de disposiciones, resoluciones y dictámenes emitidos por la
secretaria de Trabajo y Previsión entre 1943 y 1946, contenían ya todas las
figuras jurídicas y los principios básicos de la política social peronista”.1 0
A medida que crecía la influencia de Perón se advertía que buscaba
apoyarse simultáneamente en el ejército, el movimiento sindical y los
empresarios. Los sectores obreros acogían con satisfacción la inusitada política
laboral del gobierno que los favorecía y el alza de los salarios; pero subsistían
en su seno muchas resistencias de quienes conocían la política laboral fascista.
Los empresarios veían con buenos ojos las medidas de protección a la
industria nacional y las promesas de creación y ampliación del mercado
interno. En el ejército, por su parte, algunos grupos reconocían la capacidad
de conducción de Perón y aprobaban su plan de atraer a los obreros con el
ofrecimiento de algunas ventajas para sujetarlos a los planes del Estado
Mayor; pero otros no tardaron en descubrir el peligro que entrañaba la
organización de poder que Perón construía rápidamente en su beneficio, y
opinaron que constituía una amenaza para las instituciones democráticas. Esta
fue también la opinión de los partidos tradicionales y de los vastos sectores de
clase media que formaron en la “Marcha de la Constitución y de la Libertad”,
nutrida concentración con la que se quiso demostrar la impopularidad del
gobierno y el repudio a sus planes.
En vista de esa situación, la guarnición de Campo de Mayo solicitó al
presidente Farrell que pidiese la renuncia a Perón. Si bien era la misma
guarnición que había llevado adelante la revolución del ’43 y que había sido el
apoyo militar de Perón, estaba ahora presionada por la opinión pública, la
oposición, la embajada norteamericana y los intelectuales de las
universidades. Perón renunció sin resistirse.
Hubo unos días de gran caos, en los que la oposición no acertaba a llenar el
vacío de poder que se produjo. Esto dio tiempo a que se organizaran los
sectores ya definidamente peronistas, los que, con decidido apoyo militar y
policial, se dispusieron a organizar un movimiento popular para lograr el
retorno de Perón.

9
Cfr. Waldmann, Peter, “Capítulo IV: Los principales factores de poder” en: El Peronismo 1943-1955,
Buenos Aires, Sudamericana, 1974, Material de Cátedra, pág. 16.
10
Waldmann, Peter, “Capítulo IV: Los principales factores de poder” en: El Peronismo 1943-1955, Buenos
Aires, Sudamericana, 1974, Material de Cátedra, pág. 14.

5
El 17 de octubre nutridas columnas de sus partidarios emprendieron la
marcha sobre el centro de Buenos Aires desde las zonas suburbanas y se
concentraron en la Plaza de Mayo solicitando la libertad y el regreso de su jefe
que, después de haber estado preso en la isla Martín García, se encontraba
detenido en el Hospital Militar. Acaso sorprendida por el inesperado apoyo
popular que éste había logrado, la oposición no se atrevió a obrar y el
gobierno ofreció una suerte de transacción: Perón quedaría en libertad,
abandonaría la función pública y afrontaría la lucha electoral en elecciones
libres controladas por el ejército. Una vez en libertad, Perón apareció en el
balcón de la Casa de Gobierno y consolidó su triunfo arengando a la
muchedumbre en un verdadero alarde de demagogia.
“Frente a la movilización popular, los sectores castrenses contrarios a Perón
no supieron, no pudieron o no quisieron reprimir. Estos acontecimientos dieron
lugar a muchas discusiones, pero lo cierto era que si sólo estaba en juego la
libertad del controvertido coronel, aceptar la demanda multitudinaria y poner
fin a un arresto que carecía de sustento legal debió parecer la alternativa
menos costosa. La solución fue el problema; pues quedó instituida la presencia
de un nuevo actor político: la multitud movilizada; de un espacio mítico: la
plaza; y de un líder que instauró esa noche su relación carismática.” 1 1
Raúl Scalabrin i Ortiz destacó la presencia de la vieja y de la nueva clase
obrera en el gentío que reclamó la libertad de Perón.1 2 Miguel Murmis y Juan
Carlos Portantiero, en esta misma línea, analizaron la importancia que en el
surgimiento del movimiento peronista tuvieron tanto los obreros “viejos” como
los “nuevos”, en contra de teorías como la de Gino Germani que explicaban el
apoyo de los trabajadores a Perón a partir del aprovechamiento que éste
habría hecho de la falta de experiencia sindical de la nueva clase obrera para
manipularla ideológicamente.1 3
El panorama político del país cambió, pues, desde el 17 de octubre. Hasta
ese momento los partidos tradicionales habían estado convencidos de que el
movimiento peronista era impopular y que la mayoría seguía aglutinándose
alrededor del radicalismo; pero desde entonces comenzaron a convencerse del
arraigo que la nueva política obrera había adquirido. La consecuencia fue la
formación de la Unión Democrática, frente electoral en el que se unieron
conservadores, radicales, demócratas progresistas, socialistas y comunistas
para sostener, frente a la de Perón, la candidatura radical de José P.
Tamborini.
La campaña electoral fue agitada. Perón se lanzó a crear un frente político
vertebrado por el recién creado Partido Laborista1 4 y logró atraer a ciertos
sectores del radicalismo y del conservadorismo y fue a las elecciones en

11
Sidicaro, Ricardo, Juan Domingo Perón, Colección Los nombres del poder, Buenos Aires, Fondo de Cultura
Económica, 1996, pág. 33.
12
Cfr. Sidicaro, Ricardo, Juan Domingo Perón, Colección Los nombres del poder, Buenos Aires, Fondo de
Cultura Económica, 1996, pág. 34.
13
Cfr. Murmis, Miguel y Portantiero, Juan Carlos, Estudios sobre los orígenes del peronismo, Buenos Aires,
Siglo XXI, 1995. (Material de Cátedra).
14
Los dirigentes sindicales que decidieron apoyar a Perón el 17 de octubre fundaron su decisión en “la
razonable apreciación coyuntural pero decisiva de que la derrota de Perón en el seno del gobierno podría
llevar a un retroceso en torno de las conquistas recién logradas y las que estaban por lograrse en los
decretos que Perón había dejado astutamente firmados antes de su dimisión”. Pero, al mismo tiempo,
conscientes de la necesidad de mantener la autonomía del movimiento obrero y habiendo comprobado su
capacidad política, crearon el Partido Laborista. (Cfr. Vazeilles, José Gabriel, Historia argentina. Etapas
económicas y políticas. 1850-1983, Buenos Aires, Biblos, 1998, págs. 121 y 122)

6
compañía de un radical, Hortensio J. Quijano. Lo respaldaba
desembozadamente el aparato gubernamental y lo apoyaban los sectores
fuertes del ejército y de la Iglesia, así como también algunos grupos
industriales que esperaban una fuerte protección del Estado para sus
actividades. Pero también lo apoyaba una masa popular muy numerosa.
“La campaña electoral de un movimiento político sin pasado ni organización
tenía por fuerza que basarse en el atractivo personal y en la capacidad de
arbitraje del candidato a presidente. Su figura se agrandó en relación directa
con la desvalorización de las precarias estructuras partidarias que lo
respaldaban. Lo ayudó en forma notable el Departamento de Estado
norteamericano, al plantear la alternativa Braden o Perón.”1 5
El 24 de febrero de 1946, en las primeras elecciones presidenciales sin
fraude desde 1928, la fórmula Perón-Quijano triunfó en casi todo el país con
1.500.000 vo tos, lo que representaba el 55% de la totalidad de los electores.
En mayo de 1946, Perón anunció en un discurso radial la unificación de
todas las fuerzas que lo habían respaldado en un nuevo partido, el Partido
Único de la Revolución, al cual poco después denominaría simplemente Partido
Peronista. El Partido Laborista terminó por ser disuelto.
Antes de entregar el gobierno, Farrell adoptó una serie de medidas para
facilitar la obra de Perón, entre ellas la intervención a todas las universidades
y la expuls ión de todos los profesores que habían tenido una militancia contra
él. Cuando Perón ocupó la presidencia el 4 de junio de 1946, continuó la
remoción de los cuadros administrativos y judiciales sin detenerse siquiera
ante la Suprema Corte de Justicia. Gracias al incondicionalismo del Parlamento
pudo revestir todos sus actos de una perfecta apariencia constitucional.
Fuera de la legitimidad de su título constitucional, la fuerza del gobierno
seguía consistiendo en el apoyo que le prestaban los grupos de poder: el
ejército, la Iglesia y las organizaciones obreras. Para mantener ese apoyo,
Perón trazó distintas líneas políticas y procuró mantener, el equilibrio entre los
distintos sectores que lo sostenían. Pero el que más le preocupaba era el
sector obrero, en el que sólo él tenía ascendiente y con cuya fuerza debía
contrarrestar la de los otros dos, que sin duda poseían su propia política. De
ahí la significación de su política laboral.
Tres aspectos distintos tuvo ese política. En primer lugar, procuró acentuar
los elementos emocionales de la adhesión que le prestaba la clase obrera.
Tanto su oratoria como la acción y palabra de su esposa estaban destinadas a
destacar la actitud paternal del presidente con respecto a los que vivían de su
salario y a los necesitados. Una propaganda gigantesca y bien organizada
llevaba a todos los rincones de la Argentina el testimonio de esa preocupación
por el bienestar de los “descamisados”. Y cuando se convocaba a una
concentración popular, los discursos del presidente y de Evita adquirían los
matices de una verdadera explosión sentimental de amor por los humildes.
En segundo lugar, se logró establecer una organización sindical rígida a
través de la CGT. Estrechamente vigilada por Perón y Evita, la CGT respondía
incondicionalm ente a los designios del gobierno y transmitía sus consignas

15
Sidicaro, Ricardo, Juan Domingo Perón, Colección Los nombres del poder, Buenos Aires, Fondo de Cultura
Económica, 1996, pág. 35.

7
hacia los sindicatos y los delegados de fábrica que, a su vez, las hacían llegar
a la base.
Finalmente, el gobierno mantuvo una política de salarios altos, a través de
la gestión de convenios colectivos de trabajo. Los patrones trasladaban
automáticamente esos aumentos de los salarios a los precios, con lo que se
acentuó la tendencia inflacionista.
En el ámbito económico, Perón redimensionó y recompuso la actividad
intervencionista del Estado, que a sus funciones tradicionales agregó el papel
de reformador de estructuras y de empresario en ciertas actividades básicas.
Por otra parte, la modificación en la distribución global del ingreso –que
continuó con un alza más marcada de los salarios reales durante los primeros
años del peronismo– tenía que ver con “una política deliberada de ampliación
del mercado interno para continuar con el avance de la industrialización
sustitutiva, así como con la de transferir ingresos del sector agropecuario al
industrial, el rescate de la deuda externa financiera y una casi eliminación de
las remesas de las inversiones de capital” 1 6 .
En octubre de 1946, el gobierno presentó el Primer Plan Quinquenal que
rigió entre 1947 y 1951. Desde el punto de vista social, este plan siguió la
orientación impuesta por Perón en la secretaría de Trabajo y Previsión.
Proponía reformas en la esfera del Estado, en el de la defensa nacional y en el
de la economía. “En lo político, se perseguía el desarrollo material y la
elevación moral, el equilibrio y la defensa nacional. En lo social, se buscaba
evitar la desocupación, elevar el nivel cultural y de vida de los trabajadores.
En lo económico, aumentar la renta nacional, posibilitar la mejor distribución
de la riqueza, absorber los excedentes de materias primas, estabilizar los
precios, poner en actividad modernos y perfeccionados centros industriales. En
lo financiero, la independencia y estabilidad monetaria, la inversión productiva
del ahorro y el fortalecimiento y regulación de los recurso s del Estado”1 7 . De
los 27 proyectos que comprendía, el Parlamento, que prolongó la discusión
durante 1947-1948, sólo aprobó la mitad de ellos.
Graciela Malgesini y Norberto Álvarez señalan que la política económica que
quedó expresada en el plan implicaba “a) la transformación de la estructura
económico -social por la expansión industrial; b) la reducción de la
vulnerabilidad externa mediante el rescate de la deuda externa pública y
privada y la nacionalización de los servicios públicos; c) la elevación del nivel
de vida de la población mediante una redistribución de la riqueza y un plan
general de obras y servicios públicos referidos a sanidad, educación y
vivienda; d) el empleo de parte de las ganancias generadas por los términos
de intercambio muy favorables de los que gozaba el país, junto con las
reservas de oro y divisas acumuladas durante la guerra, para la financiación
del programa; e) el mantenimiento de una política nacionalista frente a los
organismos internacionales de la posguerra; f) amplia movilización de los
recursos nacionales, aceleración de la capitalización industrial, fomento de la
creación de un importante mercado de consumo interno y máxima utilización

16
Vazeilles, José Gabriel, Historia argentina. Etapas económicas y políticas. 1850-1983, Buenos Aires,
Biblos, 1998, págs. 87 y 88.
17
Santos Martínez, Pedro, La Nueva Argentina. 1946-1955, Tomo 1, Colección Memorial de la Patria,
Buenos Aires, Ediciones La Bastilla, 1979, pág. 78.

8
de la fluidez dotada al sistema bancario para independizarse de las
fluctuaciones de la balanza de pagos”1 8 .
En febrero de 1948 el gobierno firmó el Pacto Andes por el cual los
ferrocarriles fueron comprados a Inglaterra “con parte de la moneda
bloqueada en Londres y otra parte a cuenta de las exportaciones argentinas
de carne a Gran Bretaña durante 1948 y 1949”1 9 .
La explotación de los servicios públicos pasó progresivamente a manos del
Estado, creándose en cada caso un nuevo ente descentralizado encargado de
su dirección. Se creó la Dirección Nacional de Gas del Estado. Una de las
principales tareas del organismo fue tratar de sustituir el carbón importado por
el gas nacional, para lo cual se construyó un enorme gasoducto desde
Comodoro Rivadavia. También se formó la Dirección Nacional de Energía que
incluía a YPF. Otros organismo del Estado empresario, en materia de servicios
públicos, fueron: la Flota Mercante y Aerolíneas Argentinas, creada en 1950 y
consolidada a partir de la construcción de nuevos aeropuertos, entre los que
sobresalió el de Ezeiza.
En lo relativo al papel estatal en la industria, se crearon una serie de
unidades, destacándose el conjunto de Fabricaciones Militares y, entre las
sociedades de capital mixto, SOMISA e Industrias Químicas ATANOR. De esta
manera, el Estado pasó a controlar un complejo industrial compuesto por
empresas químicas, farmacéuticas, metalúrgicas, eléctricas, constructoras y
textiles.
Entre enero y abril de 1949 se realizó la Convención Constituyente. A pesar
de que se hicieron agregados de tipo retórico, no se tocó la base misma del
texto de 1853. Lo que se incorporó, porque en última instancia era el
propósito de la reforma, fue la posibilidad de reelegir indefinidamente al
presidente. Además, se suprimió el sistema de electores y se estableció la
elección presidencial en forma directa por el voto popular. De modo que la
Constitución de 1949 estableció un nuevo esquema de poder y la posibilidad
de que Perón pudiera presentarse nuevamente como candidato a presidente
en las próximas elecciones.
En 1948 comenzaron las actividades de la Fundación de Ayuda Social Eva
Perón, que sin duda alguna, fue una institución poderosa tanto en el sentido
político como en el social.
Esta institución se dedicó a la construcción de hogares de tránsito, escuelas
de enfermeras, colonias de vacaciones, proveedurías, comedores escolares,
hogares para ancianos y clínicas de recuperación para niños. Además, dio
origen a la Ciudad Infantil, una minúscula ciudad que los niños podían visitar,
y que se complementó, luego, con la Ciudad Estudiantil, que era un
establecimiento dedicado a los estudiantes de los hogares-escuelas.
“Las inversiones que recibió Evita fueron canalizadas hacia la edificación de
mil escuelas en todo el país y la habilitación de modernas policlínicas en el
Gran Buenos Aires y las provincias del norte y del litoral. Pero su éxito más
espectacular lo constituyó la organización y financiación de los Campeonatos

18
Malgesini, Graciela y Álvarez, Norberto, El Estado y la economía. 1930-1955 (II), Buenos Aires, Centro
Editor de América Latina, 1983, Material de Cátedra, pág. 52.
19
Malgesini, Graciela y Álvarez, Norberto, El Estado y la economía. 1930-1955 (II), Buenos Aires, Centro
Editor de América Latina, 1983, Material de Cátedra, pág. 53.

9
Infantiles Evita, que permitieron a millares de niños calzarse medias y zapatos
por primera vez y ser revisados por un médico”2 0 .
Por otra parte, la Fundación se ocupó de distribuir enormes cantidades de
pan dulce y sidra para Navidad y Año Nuevo, y entregó numerosísimos
juguetes a los niños en la fecha de Reyes.
“La ayuda se prestaba con un gran despliegue publicitario y no parecía
hacerse por pura generosidad, sino por un afán electoralista y como factor de
dominación sobre los sectores necesitados. La Fundación perseguía fines
políticos con miras a mantener viva la adhesión al gobierno de Perón” 2 1 .
La popularidad de Eva Perón había crecido en forma vertiginosa ya desde
1946. Por su voz se expresó, a la vez, un peronismo de valores femeninos y
otro de beligerancia jacobina. En un interesante desdoblamiento, el pueblo de
Perón encontró en ella a la madre de los descamisados y a la agitadora más
belicosa. En los momentos de las mayores presiones políticas, Perón parecía
moderado en comparación con su esposa. Sería difícil discernir si fueron sus
gestos de ruptura o sus desplazamientos en suntuosos salones lo que le ganó
la animadversión de quienes vieron en “esa mujer” el más insoportable
símbolo de los nuevos tiempos o, quizás, el objeto predilecto de su envidia. En
un momento, Evita pareció muy próxima a alcanzar la vicepresidencia y
consagrar de jure su autoridad de hecho. Sin embargo, la resistencia militar
contribuyó a bloquear ese proyecto; el episodio mostró los límites del poder
del peronismo.
La muerte de Evita, ocurrida el 26 de julio de 1952, sirvió para marcar un
hito divisorio entre dos etapas. Cuando media Argentina lloraba por ella, el
proyecto de 1946 llegaba a su fin.
La situación económica había cambiado cuando Perón asumió la segunda
presidencia el 4 de junio de 19522 2 . “Hacia 1950 los límites insitos en la
mecánica de relación entre la subestructura agroexportadora y la
subestructura industrial sustitutiva se pusieron de manifiesto –cuya expresión
más importante fue la comprometida situación del balance de pagos–”2 3 .
Para dar cuenta de la coyuntura, el Gobierno debió formular un Plan de
Emergencia para 1952, que constituyó una etapa intermedia entre los dos
Planes Quinquenales. Los objetivos del nuevo plan eran acrecentar la
producción agropecuaria, orientar el comercio exterior hacia una reducción de
las importaciones, estimular las exportaciones de los productos con saldos
disponibles y promover la austeridad de los consumos, para facilitar el
incremento del ahorro.
A partir del 1º de enero de 1953 comenzó a regir el Segundo Plan
Quinquenal. Establecía preeminencia para la agricultura y ganadería y “fue el
primer síntoma del agotamiento de los avances que significó para la Argentina
el proceso de industrialización sustitutiva y del impulso adicional que le dio el

20
Gambini, Hugo, Historia del peronismo. El poder total (1943-1951), Buenos Aires, Planeta, 1999, pág.
182.
21
Santos Martínez, Pedro, La Nueva Argentina. 1946-1955, Tomo 1, Colección Memorial de la Patria,
Buenos Aires, Ediciones La Bastilla, 1979, pág. 113.
22
Había triunfado en las elecciones con alrededor de las dos terceras partes de los votos. Hay que recordar
que el patrón electoral se había ampliado con la incorporación del voto femenino.
23
Vazeilles, José Gabriel, Historia argentina. Etapas económicas y políticas. 1850-1983, Buenos Aires,
Biblos, 1998, pág. 89.

10
peronismo en su primera época”2 4 . “La doctrina peronista o justicialismo fue
difundida como Doctrina Nacional. Se afirmaba que el máximo objetivo de este
sistema era alcanzar la grandeza de la Nación, armonizando los valores
materiales con los espirituales, y los derechos del individuo con los de la
sociedad”2 5 .
En su esencia, el Segundo Plan Quinquenal “significó una reorientación de
los estímulos oficiales hacia la producción agropecuaria para impulsar las
exportaciones del sector, con modificación de la política cambiaria, un agudo
plan de austeridad para el gasto público, una intensa propaganda destinada a
revertir en parte la redistribución del ingreso a favor del sector asalariado (con
magro efecto) y un fuerte cambio en la actitud hacia el capital extranjero, con
la sanción de la Ley 14.222 en 1953, que flexibilizó los términos de
repatriación de ganancias y otras ventajas sobre la situación anterior” 2 6 .
Las nuevas orientaciones económicas producían satisfacción en los Estados
Unidos, el nacionalismo económico había cedido el paso a la búsqueda de
inversiones extranjeras, en especial en el rubro petrolero.
En 1951 un grupo militar de tendencia nacionalista encabezado por el
general Menéndez había intentado derrocar al gobierno, pero había fracasado.
Los hilos de la conspiración pasaron a otras manos, que consiguieron
conservarlos a la espera de una ocasión propicia.
A partir de 1954, las medidas gubernamentales que afectaban material o
espiritualmente a la Iglesia Católica se multiplicaron y la oposición debilitada y
disgregada encontró un inesperado eje de movilización y de unificación.
Repentinamente, la vieja conspiración militar comenzó a prosperar y se
preparó para dar un golpe que estalló el 16 de junio de 1955. La Casa de
Gobierno fue bombardeada por los aviones de la Armada, pero los cuerpos
militares que debían sublevarse no lo hicieron y el movimiento fracasó. Sin
embargo, la amenaza golpista adquirió nuevo vuelo bajo la dirección del
general Eduardo Lonardi y estalló en Córdoba el 16 de septiembre. Hubo allí
acciones violentas, pero la sublevación general de la marina, que concentró
sus barcos en el Río de la Plata y amenazó con bombardear la Capital, enfrió el
escaso entusiasmo de los jefes aún adictos a Perón. Pocos días después, Perón
entregó su renuncia y marchó hacia el exilio, en espera de la vuelta. Lonardi
se hizo cargo del poder.

24
Vazeilles, José Gabriel, Historia argentina. Etapas económicas y políticas. 1850-1983, Buenos Aires,
Biblos, 1998, pág. 91.
25
Santos Martínez, Pedro, La Nueva Argentina. 1946-1955, Tomo 1, Colección Memorial de la Patria,
Buenos Aires, Ediciones La Bastilla, 1979, págs. 82 y 83.
26
Vazeilles, José Gabriel, Historia argentina. Etapas económicas y políticas. 1850-1983, Buenos Aires,
Biblos, 1998, pág. 91.

11
Titulares y micrófonos bajo control del soldado patriota

“... Evita se había muerto antes de verme campeón. Yo la conocía por


sus fotos de rubia y por los noticieros de cine.” 27

“El general nos envolvía con su voz de mago lejano. Yo vivía a mil
kilómetros de Buenos Aires y la radio de onda corta traía su tono ronco
y un poco melancólico.” 28

El peronismo se consideraba “un nuevo movimiento histórico” de tipo


fundacional, por lo tanto le resultaba esencial la difusión de la nueva doctrina.
Para ello apeló a formas de propaganda, puso en marcha todos los canales del
nuevo sistema circulatorio que permitieran explicar, disuadir o imponer su
propuesta ideológica. Estableció las relaciones estrechas entre el Estado y la
sociedad. En el espacio de la doctrina combinó el Estado, el Partido Peronista y
los sectores de la sociedad civil. Y, como se verá después, la pedagogía
educativa no quedó fuera de ese esquema.
“La mentalidad militar de Perón asignaba los mismos objetivos estratégicos
de la guerra a la política: era necesario derrotar o neutralizar al enemigo”2 9 .
Pablo Sirvén sostiene que Perón basó su estrategia en relación con la
prensa en algunos hechos: suspensiones y clausuras de variada naturaleza a
diarios y revistas contrarios a la línea oficial; establecimiento de oficinas de
prensa que terminaron instituyendo como única clase de información posible la
religión de la gacetilla; acoso legislativo a empresas; creciente influencia y
protagonismo de la Subsecretaría de Informaciones; compra y neutralización
de editoriales; instauración de una verdadera cadena de diarios y revistas
adeptos.3 0
Perón hizo adquirir algunos periódicos ya existentes, fundar otros y agrupar
a la mayoría en un imperio periodístico que al final de su régimen estaba
integrado por 13 editoriales, 17 diarios, 10 revistas y 4 agencias informativas,
todos ellos favorecidos con una onerosa publicidad oficial y alimentados por el
material que se fabricaba en la Secretaría de Prensa y Difusión de la
Presidencia de la Nación dirigida por Raúl Apold.
Cuando Perón llegó a la presidencia en 1946, sólo contaba con un diario
claramente identificado con su línea partidista: La Época. Cuando lo militares
lo derrocaron manejaba una cadena (la sociedad ALEA) integrada por La
Razón, Democracia, El Laborista, La Época y Noticias Gráficas, además de
cinco diario s del interior. Como diarios adeptos, aunque sin formar parte de la
cadena, pertenecían a la vereda peronista los medios de la editorial Haynes (El
Mundo y numerosas revistas), Crítica y El Líder.

27
Soriano, Osvaldo, “Otoño del 53” en: Cuentos de los años felices, Buenos Aires, Sudamericana, 1993,
pág. 16.
28
Soriano, Osvaldo, “Aquel peronismo de juguete” en: Cuentos de los años felices, Buenos Aires,
Sudamericana, 1993, pág. 22.
29
Page, Joseph A., Perón, Una biografía. Primera Parte (1895-1952), Buenos Aires, Javier Vergara, 1984,
pág. 246.
30
Cfr. Ulanovsky, Carlos, Paren las rotativas. Historia de los grandes diarios, revistas y periodistas
argentinos, Buenos Aires, Espasa, 1997.

12
Hacia 1949 ya estaba montado el aparato periodístico del peronismo y
definido y delimitado el territorio independiente. Clarín, La Nación y La Prensa
quedaron fuera del cerrojo comunicacional. Sin embargo, esta última fue
expropiada en 1951.
No se fabricaba papel de diario en la Argentina, había que importarlo, y
tanto las divisas necesarias para pagarlo (sometidas al control de cambio
establecido por el Banco Central) como la distribución de sus existencias
(fijada por decreto) permitían a Perón reducir al mínimo el grosor de las
ediciones de los periódicos desafectos y limitar su tirada. En octubre de 1948,
un decreto fijó en 16 páginas las ediciones de La Prensa y La Nación; en
marzo de 1949 este número fue reducido a 12 páginas3 1 .
“El manejo del papel del diario fue una soga cuyo nudo corredizo apretó el
régimen peronista a lo largo de los primeros años de gobierno, contra la
prensa opositora o independiente”3 2 .
El adelgazamiento de los diarios opositores o independientes fue solo uno
de los varios métodos usados por el Perón para borrar las voces periodísticas
disidentes. La prohibición de enviar por correo los diarios opositores fue un
arma usada habitualmente, así como también las agresiones contra sus
redacciones.
Los dueños de los “broadcastings” estaban en una situación aun más
vulnerable que los de los diario s: eran propietarios de las instalaciones físicas
de sus emisoras, pero no del elemento imprescindible para difundir su
programación. Si los dueños de los diarios dependían angustiosamente del
papel, los “broadcasters” dependían de una onda de emisión de la que eran
concesionarios, no dueños. El papel de diario estaba regulado por el gobierno;
el aire, lo otorgaba o lo quitaba el Poder Ejecutivo.
Además, la radio era el medio de comunicación masiva por excelencia.
Gente que no leía diarios, en el campo o en la ciudad, estaba al tanto de lo
que ocurría en el mundo gracias a ella. Era un formidable instrumento de
modelación de la mentalidad colectiva que tampoco escapó a la estructura
propagandística del régimen peronista. Pues fue Perón quien descubrió la
utilidad política de la radio: con anterioridad, los hombres públicos habían
usado muy excepcionalmente el micrófono. Perón, en cambio, ya desde 1943
se había valido de este medio para cada uno de sus discursos, con la novedad
de hacerlo casi siempre a través de la totalidad de las emisoras del país
obligadas a transmitir “en cadena” con Radio del Estado –después, Radio
Nacional-.3 3
El proceso encabezado por Perón estaba vinculado con otros similares de la
posguerra, cuando estallaron las luchas por la liberación nacional y los
procesos de descolonización, en África, Asia y América Latina. En todos los

31
Esta situación hace comprensible un sombrío chiste que dijo Macedonio Fernández poco antes de morir.
Una amiga advierte que debajo de la cama del enfermo había un insecto. Le pide un diario para aplastarlo.
Macedonio pregunta:
- El bicho, ¿es grande o chico?
- ¿Para qué quiere saberlo?
- Para darte, según sea el tamaño, un diario del gobierno o de la oposición…
32
Luna, Félix, Perón y su tiempo. I. La Argentina era una fiesta, Buenos Aires, Sudamericana, 1984, pág.
121.
33
Luna, Félix, Perón y su tiempo. I. La Argentina era una fiesta, Buenos Aires, Sudamericana, 1984, pág.
136.

13
países se produjeron grandes movimientos y explosiones sociales de tipo
nacionalistas, desde Corea a Vietnam.
El control total de la información, la propaganda oficial y el culto
personalista en la cartilla escolar –objeto de análisis del presenta trabajo- no
puede simplemente ser equiparado únicamente con las formas de propaganda
de los regímenes nazifascistas europeos, incluidos los sistemas autoritario -
conservadores de España y Portugal. La propaganda carismática no fue
patrimonio exclusivo del nazifascismo. La Rusia soviética, especialmente
durante el período estalinista, se caracterizó por un personalismo exaltado y
provocador. Además, si se miran los textos escolares de la época del New Deal
estadounidense, después de la depresión de 1929, se encontrará que las
reformas del presidente Franklin Delano Roosevelt alcanzaron también los
textos estudiantiles.
“La concentración del poder a disposición del estado, una de las premisas
básicas del peronismo, haría imposible la supervivencia de la oposición. La
tentación de usar y abusar de la autoridad para suprimir las divergencias se
convirtió en algo irresistible”3 4 . Mientras que, al mismo tiempo, los ojos y los
oídos de la gente recibían los mensajes continuos del aparato oficial de
difusión.
Planes y proyectos, realizaciones y declaraciones, lemas y loas alimentaban
diariamente la necesidad de información de la opinión. Y, sobre todo, la
imagen de Perón y Evita, a cuyo culto se volcaba todo el poder del Estado. Un
culto que comenzaba en la escuela primaria.

34
Page, Joseph A., Perón, Una biografía. Primera Parte (1895-1952), Buenos Aires, Javier Vergara, 1984,
pág. 246.

14
En las aulas de Luz Azul

“El general Perón era sabio, sonreía siempre y tenía ideas geniales. Así
nos lo habían enseñado en el colegio y lo decía la radio: ¡qué nos
importaban las otras cosas!”35

El vendaval peronista llevó la propaganda partidista y política a los libros


escolares. Para Félix Luna, “la escuela había sido siempre en nuestro país un
territorio neutral, donde no se ejercía ningún tipo de discriminación política,
racial o religiosa (...) El régimen peronista, rompiendo esta tradición, intentó
convertir las aulas en centros de adoctrinamiento.(…) La instrumentación
política de la escuela primaria fue una monstruosidad que ningún argumento
puede justificar” 3 6 .
En 1948, por ejemplo, Adolfo Díez Gómez produjo para editoriales de textos
escolares una serie de libritos comerciales con títulos como La Argentina
milagrosa, Una mujer argentina y otros, que constituían una abierta
propaganda de Perón y Evita en el nivel de la escuela primaria.3 7
Sin embargo, el gobierno no sólo se preocupó por producir un material
escolar que respondiera a sus objetivos propagandísticos, sino que también se
ocupó de modelar la labor de los maestros en las aulas.

Al maestro con cariño…

A partir de 1947 se obligó a los docentes a comentar en clase los discursos


más importantes del presidente y algunos aspectos del gobierno, como el Plan
Quinquenal, el discurso exponiendo la Tercera Posición o la Declaración de la
Independencia Económica3 8 . Además se hizo obligatorio el uso de La razón de
mi vida, el libro de Eva Perón.
Lo exigido a los maestros –como puede verse en los fragmentos de registro
de inspección precedentes–, también constaba en los cuadernillos que la
Secretaría de Informaciones del Estado se encargaba de publicar: “A través de
la enseñanza, el 2º Plan Quinquenal impone que los maestros y los programas
enseñen con sentido nacionalista, y que en la formación de todos los alumnos
esté presente este sentido básico de la Educación.(…) Apoyando al 2º Plan
Quinquenal cumple usted, ciudadano, su deber de argentino”. 3 9
Además, Perón se dirigió a los docentes en múltiples oportunidades, tanto
en actos públicos como a través de material impreso especialmente elaborado,
para marcar las pautas según las cuales los maestros debían transmitir la
“Doctrina Nacional Peronista”.

35
Soriano, Osvaldo, “Otoño del 53” en: Cuentos de los años felices, Buenos Aires, Sudamericana, 1993,
pág. 16.
36
Luna, Félix, Perón y su tiempo. I. La Argentina era una fiesta , Buenos Aires, Sudamericana, 1984, págs.
385 y 386.
37
Cfr. Luna, Félix, Perón y su tiempo. I. La Argentina era una fiesta, Buenos Aires, Sudamericana, 1984,
pág. 386.
38
Ver Anexo.
39
“La educación en el Segundo Plan Quinquenal”, Secretaría de Prensa y Difusión, Presidencia de la Nación,
Buenos Aires, 1953.

15
Es decir, el gobierno daba forma a los contenidos y “guiaba” la manera en
que ellos debían ser impartidos en clase.
“Señoras y señores: no sé si en todos estos años en que nosotros hemos trabajado
buscando llevar al pueblo estas ideas habremos cumplido con nuestros deseos. Pero la
tarea de adoctrinar a la Nación, es una tarea lenta, persistente, de abnegación y de
sacrificio permanente, porque adoctrinar no presupone solamente enseñar sino
también inculcar. Vale decir, no es sólo ilustrar el conocimiento; es también modelar el
alma. Pero para modelar el alma no es suficiente mostrar, es necesario persuadir; es
preciso convencer. Por eso nosotros al crear una doctrina nacional, hemos pretendido
dar al pueblo argentino un alma colectiva, y por la persuasión, que ha de ser lenta y
perseverante, llevar al espíritu de cada uno de nuestros hombres la necesidad de
luchar por valores que suelen ser superiores al poder, a la riqueza o a cualquier otra
superficialidad. Pensamos que en esa inmensa tarea de adoctrinar al pueblo argentino,
para formar sus virtudes, y para establecer los objetivos de conjunto de nuestra acción
y para elevar y enaltecer los valores que la comunidad impone que se valoren y que se
enaltezcan, es menester luchar para formar esa alma colectiva; tarea que debemos
esquematizar en forma de doctrina, a la que, como digo, es necesario conocer,
penetrar y sentir, y alrededor de eso ir creando un espíritu natural que,
consubstanciado con cada individuo y con la colectividad, llegue a formar una mística
alrededor de esa doctrina, mística que indica la necesidad de que esa doctrina sea
respetada y llevada adelante” 40.
“El Gobierno de la Provincia tiene entre sus deberes la orientación del maestro y de la
educación pública, y el Gobierno de la Provincia, siguiendo las indicaciones y directivas
del Conductor de la Nación, pone todo su respaldo moral en apoyo del maestro, y
sepan ustedes que cada vez que entran al aula están hablando y accionando por
delegación de la familia argentina, por profunda fe que el Estado, de esa familia y de
ese pueblo le tiene a sus maestros. Y en representación de ese Estado, de esa familia y
de ese pueblo ustedes están representando en ese momento al más grande de los
argentinos, al general Perón”.41
“En materia de educación, el objetivo fundamental de la Nación será realizar la
formación moral, espiritual y física del pueblo, sobre la base de los principios
fundamentales de la Doctrina Nacional Peronista, que tiene como finalidad suprema
alcanzar la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación, mediante la justicia social,
la independencia económica y la soberanía política, armonizando los valores materiales
con los valores espirituales y los derechos del individuo con los derechos de la
sociedad”.42

Páginas del hada buena y el soldado patriota

Es importante aclarar que no ha resultado fácil reunir los textos de lectura


utilizados durante las dos primeras presidencias de Perón porque en su
mayoría han sido destruidos masivamente por los gobiernos militares
posteriores. Además, no figuran en la Biblioteca Nacional ni en la especializada
Biblioteca del Maestro. Por lo tanto para poder llevar a cabo este trabajo
debimos primero realizar una ardua tarea de investigación para rastrear el
material y recurrir a colecciones privadas.

40
“El maestro en la formación espiritual”, discurso de Perón a los maestros de la provincia de Buenos Aires,
24 de abril de 1953.
41
“El maestro en la formación espiritual”, discurso de Perón a los maestros de la provincia de Buenos Aires,
24 de abril de 1953.
42
“La educación en el Segundo Plan Quinquenal”, Secretaría de Prensa y Difusión, Presidencia de la Nación,
Buenos Aires, 1953.

16
Esta dificultad para obtener los textos originales, tal vez explique en gran
medida por qué todavía el estudio del proceso educativo durante el período
peronista, es una materia pendiente. Por qué hasta el momento no se han
editado demasiados libros que se dediquen seriamente a analizar lo que
ocurrió con la educación en esa época.
Por razones de espacio y pertinencia al objetivo de este trabajo del
relevamiento total de libros de texto que hemos realizado, fue necesario hacer
una selección. Los libros que compondrán nuestro corpus de análisis son los
siguientes:
• Alfaro, Eugenio, Bichitos de luz (para segundo grado), Buenos
Aires, Kapelusz, 1953.
• Arena, Luis, Senda Fragosa (para sexto grado), Buenos Aires,
Estrada, 1955.
• Benarós, León, Alma de América (para quinto grado), Buenos
Aires, Kapelusz, 1955.
• García, Luisa F. de, Obreritos (para segundo grado), Buenos Aires,
Kapelusz, 1953.
• Gutiérrez Bueno, Ángela, Comienza el día (para segundo grado),
Buenos Aires, Estrada, 1954.
• Picollo, Nélida Lea, Cajita de música (para primer grado superior),
Buenos Aires, Estrada, 1954.
• Raggi, Ángela E., Pueblo Feliz (para segundo grado), Buenos Aires,
Luis Lasserre, 1953.
• Robert, Raquel R., Mamá (libro de lectura inicial), Buenos Aires,
Kapelusz, 1953.

El peronismo significó una ruptura en la sociedad argentina y la educación


no estuvo ajena al fenómeno sociopolítico. Sin embargo, la cartilla escolar no
sufrió cambios con respecto a la orientación positivista anterior. Lo que el
peronismo hizo fue sumarle la propaganda de la nueva ideología.
Lo principal de esta nueva pedagogía fue el panegírico de los símbolos y
paradigmas propios: Perón, Evita, las empresas públicas nacionalizadas, el
ahorro popular, el desarrollo industrial, las realizaciones en salud y seguridad
social, el movimiento obrero y los sindicatos. Además, aparecieron de manera
sistemática el obrero industrial, los trabajadores del campo, los empleados y
las clases populares que habían sido ignorados en el imaginario liberal
anterior.
En síntesis, y en palabras del periodista, historiador y abogado Emilio J.
Corbière, “los libros de lectura mantuvieron los mismos temas que tenían
antes, sólo que co n el agregado de los tópicos peronistas (...) y la
propaganda, no sólo exaltadora de Perón y Evita, sino también de los Planes

17
Quinquenales, la Constitución del 1949 y la denominada independencia
económica, entre otros”4 3 .
Por otra parte, las figuras de la madre, el padre, los abuelos y la familia se
mantuvieron presentes. También se veneraba el rol de la maestra. De todas
formas, la imagen de Evita superaba a los dos paradigmas tradicionales de la
mujer (la madre y la maestra).
A partir de lo señalado anteriormente, consideramos que en los libros de
texto escolares existen 4 áreas de énfasis y repetición. Esquemáticamente,
podemos señalar que ellas son:
a) Exaltación y culto a las figuras de Perón y Evita.
La veneración a Perón y Evita se dio a partir de que se les atribuyeron
determinados valores. El trabajo, el sacrificio por el pueblo, la valentía, la
bondad, entre otros, los hacían merecedores de admiración y respeto.
Además, como señala Corbière, “la propaganda del peronismo en los textos
escolares fue bochornosa especialmente después del fallecimiento de Eva
Perón. El culto a la personalidad se acrecentó a medida que las
contradicciones entre el gobierno y la oposición se generalizaban” 4 4 .

Senda Fragosa – Luis Arena – pág. 125

43
Corbière, Emilio J., Mamá me mima, Evita me ama, La educación argentina en la encrucijada, Barcelona,
Sudamericana, 1999, pág. 78.
44
Corbière, Emilio J., Mamá me mima, Evita me ama, La educación argentina en la encrucijada, Barcelona,
Sudamericana, 1999, pág. 87.

18
Obreritos

Luisa F. de García – págs. 24-26

19
Pueblo Feliz – Ángela E. Raggi – págs. 42 y 43

Perón no era un trabajador más, era el “primer trabajador argentino”, se


levantaba antes que nadie para “atender de lleno todos los problemas del
gobierno” y trabajar “sin descanso”. Era digno de ser imitado. Debía ser
imitado. Y los libros no se olvidaban de remarcarlo.
Además, era valiente y no dudaba en luchar contra el “enemigo exterior”
que coartaba nuestra libertad económica. Tampoco vacilaba en administrar
con justicia y dar a cada uno lo que le correspondía, enfrentándose a los
oligárquicos intereses mezquinos. Así, es el creador de la “Nueva Argentina”,
donde todos eran “felices”.
Perón es presentado no sólo como “el líder de un movimiento político, sino
también como el abanderado de una cruzada, como un hacedor de milagros,
como un profeta de una religión vernácula y como un ser sobrenatural”.4 5
Él encarnaba el paradigma de hombre y padre: fuerte, protector, valiente,
honrado, justo y trabajador.
Por su parte, Evita representaba el ideal de mujer y madre: bella, delicada,
elegante, buena, sincera, sensible... una madre dispuesta a todo por sus hijos.
Incluso, hasta “sacrificar su propia vida”. Por eso se destacaba su valentía, su
fuerza, aunque obviamente como toda mujer, manteniendo siempre su lugar
de compañera sumisa, fiel y subordinada a su marido.

45
Sidicaro, Ricardo, Juan Domingo Perón, Colección Los nombres del poder, Buenos Aires, Fondo de Cultura
Económica, 1996, pág. 85

20
Asimismo, hay en los textos una gran insistencia en presentarla como una
princesa salida de un cuento, como un hada benefactora. Y como toda
princesa, como todo hada, debía ser rubia, algo que resaltaban
caprichosamente las ilustraciones y los relatos. Como si el halo de santidad y
pureza que irradiaban sus cabellos ahora dorados, hubiese borrado el recuerdo
de su pasado. Los libros “olvidaban” sistemáticamente que esta mujer había
sido, alguna vez, “una joven actriz de pelo castaño”4 6 .

Mamá - Raquel R. Robert – págs. 8 y 9

Alma de América – León Benarós – págs. 22-23

46
Page, Joseph A., Perón, Una biografía. Primera Parte (1895-1952), Buenos Aires, Javier Vergara, 1984,
pág. 102.

21
Obreritos

Luisa F. de García – págs. 34-36

22
Pueblo Feliz

Ángela E. Raggi - pág. 12-14

23
Tanto Perón como Evita representaban ideales y, por lo tanto, eran
inalcanzables, eran héroes porque se habían consagrado a su pueblo. Habían
puesto su individualidad en beneficio del alma colectiva.
b) La enumeración de la obra política, económica y social del
gobierno en todos los aspectos de la realidad nacional.

Pueblo Feliz – Ángela E. Raggi - págs. 7 / 27 / 62 y 63

24
Bichitos de luz – Eugenio Alfaro – págs. 6 y 7 / 12 y 13

25
Bichitos de luz – Eugenio Alfaro – págs. 41 y 42

Obreritos – Luisa F. de García – págs. 62 y 63

26
Obreritos – Luisa F. de García – págs. 68 y 69 / 108 y 109

27
Obreritos – Luisa F. de García – págs. 119 y 120

Cajita de Música

Nélida Lea Picollo – pág. 48

28
Mamá – Raquel E. Robert – págs. 55 / 78

29
Como se observa hay una especial preocupación por enumerar todos los
logros del gobierno, sobre todo en materia económica y social, así como
también en resaltar las obras llevadas a cabo por la Fundación Eva Perón.

Cajita de Música – Nélida Lea Picollo – págs. 20 y 21 / 23 y 24

30
Cajita de Música – Nélida Lea Picollo – págs. 26 y 27

Mamá – Raquel E. Robert – pág. 19

31
Comienza el día

Ángela Gutiérrez Bueno

págs. 113 y 114 / 43

32
Obreritos – Luisa F. de García – págs. 54 y 55 / 65

33
c) El deber de cada uno de los habitantes de la “Nueva Argentina”.
Perón no se cansaba de repetir que “solamente el trabajo en todas sus
manifestaciones nos va a hacer grandes y dichosos. En consecuencia, lo que
tenemos que formar son hombres y mujeres trabajadores en todas las
actividades de la vida.”4 7 Ese era el primer deber de cada argentino: trabajar.
Pero para que la ecuación fuera perfecta, también había que ahorrar. Así,
trabajo más ahorro daban como resultado la felicidad.
No se debe olvidar que este énfasis en el ahorro fue uno de los puntos
centrales del Segundo Plan Quinquenal.

Cajita de Música Pueblo Feliz

Nélida Lea Picollo – pág. 56 Ángela E. Raggi – pág. 39

47
“Dijo Perón”, discurso de Juan Domingo Perón, Secretaría de Prensa y Difusión, Presidencia de la Nación,
Buenos Aires, 1954.

34
Pueblo Feliz – Ángela E. Raggi – págs. 18 / 29 /78 / 86

35
Mamá – Raquel R. Robert – pág. 64

Comienza el día – Ángela Gutiérrez Bueno – págs. 22 y 23

36
Obreritos – Luisa F. de García – págs. 1 y 2

De estos ejemplos se desprende que “la principal tarea del maestro es la


formación de un hombre útil a la Sociedad y a sí mismo; su principal tarea es
la de educar más que la de instruir. Su sagrada misión consiste en fin, en el
sacrificio de ir transmitiendo lenta y paulatinamente, día a día, al alumno toda
la bondad, toda la ternura que alberga su alma, para que los niños forjen en
las lecciones cotidianas las bases que harán de ellos mañana, hombres probos
y ciudadanos útiles para la Patria”.4 8 Es decir, había que formar “obreritos”.

d) El paralelismo trazado entre el peronismo (y muchas veces el


mismo Perón) y los personajes y episodios de la cultura
argentina.
En primer lugar hay que destacar la incorporación de las fechas importantes
para el movimiento peronista –como el 17 de octubre y el 26 de julio – al
calendario patrio.

48
“El maestro en la formación espiritual”, discurso de Perón a los maestros de la provincia de Buenos Aires,
24 de abril de 1953.

37
Mamá – Raquel E. Robert – pág. 84

Comienza el día

Ángela Gutiérrez Bueno – pág. 79

38
Cajita de Música – Nélida Lea Picollo – págs. 44 y 45

Perón elegía con quien compararse. No lo hacía con Rosas, ni con los
caudillos federales, ni con Yrigoyen. Sus paradigmas eran San Martín,
Belgrano, Sarmiento, Mitre y Rivadavia.

Alma de América – León Benarós – págs. 10 y 11

39
Debe destacarse la forma didáctica en que temas más abstractos o difíciles
de comprender, como la definición de justicialismo, el alcance del Segundo
Plan Quinquenal o la Reforma de la Constitución, eran presentados
consistentemente a los alumnos de la primaria.
Algunos recursos utilizados para esto eran las metáforas, las comparaciones
y la narrativización.

Comienza el día – Ángela Gutiérrez Bueno – págs. 26 y 27 / 30 y 31

40
Comienza el día – Ángela Gutiérrez Bueno – págs. 69 y 70

Obreritos – Luisa F. de García – págs. 93 y 94

41
Alma de América – León Benaró s – págs. 20 y 21 / 148 y 149

42
Alma de América – León Benarós – págs. 180 y 181

Senda Fragosa – Luis Arena – págs. 131 y 132

43
Conclusión

“El general llegaba lejos, más allá de los ríos y los desiertos. Los chicos
lo sentíamos poderoso y amigo. «En la Argentina de Evita y de Perón
los únicos privilegiados son los niños», decían los carteles que colgaban
en las paredes de la escuela. ¿Cómo imaginar, entonces, que eso era
puro populismo demagógico?”49

A lo largo de este trabajo se intentó analizar cómo la peronización que


sufrió la sociedad argentina durante las dos primeras presidencias de Juan
Domingo Perón, alcanzó e invadió las aulas.
Mientras los grandes acontecimientos agitaban la superficie política, más
allá y debajo de ella, el hombre común seguía lidiando con sus problemas,
apasionándose con sus radioteatros favoritos, concurriendo a los cines o a los
teatros, llevando sus hijos al colegio. En estas prácticas, otra historia, la de
todos los días, discurría silenciosamente, pero sin interrupciones, mientras los
dirigentes de los partidos, los militares, los intelectuales, los intereses
empresariales, ocupaban el foro principal de la escena.
Sin embargo, justamente allí, en esa historia de la cotidianeidad, es donde
el adoctrinamiento fue sutil pero significativamente eficaz.
Moldear a la sociedad, modelar las mentes y los corazones es tarea
fundamental de quien pretende abarcarlo todo, poseer la hegemonía total.
Perón tenía una concepción militar de la política, por lo tanto, el control de
todos los frentes era imprescindible. Uno de esos frentes era la escuela.
“Hemos tratado de dar bienestar a la familia argentina para que todos sus hijos estén
posibilitados de ir a la escuela. Hemos dado el bienestar para que esos niños vivan en su
casa en mejores condiciones; para que cuando ustedes, maestros, reciban un niño
alegre, sin dolor, sin miseria, sin necesidades, tengan ante sí una materia prima más
pura y más hermosa para modelar” 50.

Un conductor precisa un pueblo al que conducir. Mejor aún si éste último


está educado para venerarlo y obedecerlo. Niños formados por el peronismo a
través de nociones como las de “comunidad organizada” y “doctrina nacional”,
responderían a ese único modo de pensar que proponían los libros esco lares.
Esa era la idea. Y en gran medida se logró.
Con su gobierno, Perón se granjeó la adhesión de una parte de la población
y el rechazo de la otra. O se lo amaba (y junto con él a Evita) o se lo odiaba:
muy pocos pudieron permanecer indiferentes.
¿Cómo ser indiferentes si todos los recuerdos de la infancia -los dibujos, las
lecturas, los juguetes- estaban ligados a sus figuras? ¿Cómo, si la primer frase
leída fue “Mi mamá me mima, Evita me ama”?

49
Soriano, Osvaldo, “Aquel peronismo de juguete” en: Cuentos de los años felices, Buenos Aires,
Sudamericana, 1993, p. 23.
50
El maestro en la formación espiritual”, discurso del Gobernador de Buenos Aires, Carlos Aloé a los
maestros, 16 de julio de 1953.

44
BIBLIOGRAFÍA

45
Bibliografía

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