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EL DIABLO EXISTE

EL DIABLO EXISTE

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Ángel Valadez Jiménez. -
Basta con repasar un poco la Biblia para encontrarse al diablo, su existencia, en todas partes, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Precisamente la victoria, efímera, del diablo en nuestros días es hacer creer que no existe, y como encuentra papanatas progresistas que le siguen la corriente y difunden su no-existencia, sin
base para ello, pues ya hay muchos que no le hacen caso y así hace su agosto, ya que cuando se conoce la existencia de un enemigo, nos preparamos para defendernos de sus ataques, pero si ignoramos la realidad de tal enemigo... nos atacará una y otra vez y daremos palos de ciego sin saber de dónde nos vienen los golpes.
Ángel Valadez Jiménez. -
Basta con repasar un poco la Biblia para encontrarse al diablo, su existencia, en todas partes, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Precisamente la victoria, efímera, del diablo en nuestros días es hacer creer que no existe, y como encuentra papanatas progresistas que le siguen la corriente y difunden su no-existencia, sin
base para ello, pues ya hay muchos que no le hacen caso y así hace su agosto, ya que cuando se conoce la existencia de un enemigo, nos preparamos para defendernos de sus ataques, pero si ignoramos la realidad de tal enemigo... nos atacará una y otra vez y daremos palos de ciego sin saber de dónde nos vienen los golpes.

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DL: MA – 426 - 02 DL: MA – 426 - 02

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Él es homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él: cuando dice mentira, habla como quien es, por ser de suyo mentiroso y padre de la mentira"... (Juan 8, 44)

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PRÓLOGO Basta con repasar un poco la Biblia para encontrarse al diablo, su existencia, en todas partes, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Precisamente la victoria, efímera, del diablo en nuestros días es hacer creer que no existe, y como encuentra papanatas progresistas que le siguen la corriente y difunden su no-existencia, sin base para ello, pues ya hay muchos que no le hacen caso y así hace su agosto, ya que cuando se conoce la existencia de un enemigo, nos preparamos para defendernos de sus ataques, pero si ignoramos la realidad de tal enemigo... nos atacará una y otra vez y daremos palos de ciego sin saber de dónde nos vienen los golpes. Como hemos dicho antes hay muchos pasajes a lo largo de toda la Biblia donde se ve perfectamente que el diablo no es una fantasía, ni un mito, ni una enfermedad mental, sino un ser independiente que razona, que actúa, para nuestro mal, sobre el hombre, a quien odia especialmente, para hacer que se condene, como él lo está por rebelarse contra su Hacedor, Quien lo había hecho muy poderoso: en vez de reconocer estos dones de Dios y agradecérselo, le cegó la soberbia, quiso más y más y se rebeló contra Dios queriendo hacerse igual a Él, y entonces fue cuando fue precipitado al Infierno tanto él como sus seguidores, y hasta el fin del mundo estará haciendo la puñeta a todos los que pueda con tal de que se condenen y no alcancen la bienaventuranza divina. El diablo es un ente real, no ficticio, ni imaginado, ni nada que se le parezca. La existencia del diablo es algo que sale en la Biblia cada dos por tres, y no como enfermedad, ni mito, ni fantasía, sino como un ente negativo, real, pernicioso, que busca la condenación de todos los que le hagan caso. Gran parte de personas escépticas, agnósticas e increyentes, se mofan y chancean al oír hablar del demonio. Lo consideran un tema obsoleto, medieval y como un recurso eclesial, para infundir miedo a espíritus timoratos. Las imágenes antropomórficas que sus padres o educadores les infundieron de pequeños, al hablarles del diablo, las rechazan al presente como un signo de madurez y modernidad... cuando en realidad no iban descaminados nuestros antepasados, aunque se quedaron cortos, muy cortos: el diablo es mucho más monstruoso de lo que jamás podamos imaginarnos: si lo viéramos tal como es, con nuestros sentidos corporales actuales, moriríamos de la impresión: tal es su fealdad, su hedor, su repugnancia... Ha poco el cardenal Jorge Arturo Medina, prefecto para la Congregación para el Culto Divino dijo: "El Demonio ejerce su influjo a través de la mentira, la falsedad y la confusión. Engaña a las personas atenuando el sentido del pecado, esparciendo el relativismo, la incertidumbre y la duda. Engaña haciendo creer que la felicidad está en el dinero, el poder y el placer. Hasta en el narcotráfico y el comercio de armas se pueden ver sus manifestaciones". ¡Señor, no nos dejes caer en tentación y líbranos del Maligno!

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¿QUIÉN ES EL DIABLO?
El diablo, o los diablos, son ángeles caídos de su naturaleza angélica. Dios creó a todos loa ángeles con gran poder y belleza. El que más destacaba era Lucifer, el de mayor belleza y potencia. Tanto que Dios lo asoció a su labor creadora de mundos y universos. Pero Lucifer, lejos de agradecerle a Dios su confianza y magnanimidad para con él, se ensoberbeció en el poder que Dios le había dado y así llegó un momento en que pensó que podía ser igual que Dios, que podía crear y hacer criaturas que lo adoraran como a Dios... Dios entonces le hizo ver lo erróneo de sus pensamientos, y los males que acarrearía con su desobediencia y rebelión, incluido la creación del Infierno y su horror. Pero Lucifer, cegado en su soberbia, pensó que Dios le tenia miedo, y que no quería que le hiciera la "competencia" y desobedeció a Dios, rebelándose contra Él. En esta rebelión, según nos narra la Biblia, arrastró a la tercera parte de los ángeles, que le hicieron caso y lo siguieron en su soberbia y desobediencia a Dios. Miguel, uno de los arcángeles, destacóse, por el contrario, en la obediencia a Dios, en su adoración y acatamiento, por lo que lideró a las dos terceras partes de los ángeles que fueron fieles a Dios. Como dice la Biblia "hubo una gran batalla en el Cielo donde Lucifer y los suyos fueron vencidos y arrojados del Cielo"... perdiendo todos los ángeles vencidos sus poderes y belleza, transformándose en seres monstruosos, hacedores de maldad y de malos pensamientos, y sobre todo, destaca por la gran envidia que tiene del hombre, creado para ocupar los tronos vacíos del Cielo, que habían dejado los diablos: cuando sean ocupados todos estos tronos vacíos por las almas que ase hayan salvado, entonces será el fin del mundo. Si Lucifer y los ángeles caídos hubieran sido un poquito más humilde y listos, se habrían dado cuenta de una cosa: Lucifer era una criatura de Dios. Dios la había hecho, perfecta, pero criatura de Dios, entonces es lógico suponer que quien hace algo tiene más poder que el que ha sido hecho: querer entonces ser igual a Dios es un absurdo. Es como si yo hago una figura de barro, y esta figura se rebelara contra mí, pensando que era más fuerte que yo... Por otro lado implica mucha maldad rebelarse contra Alguien, en este caso Dios, Dados de todos los bienes, de todo poder, de toda belleza: el diablo además de un soberbio y demostrar tener muy malas intenciones, demostró ser un desagradecido. El pecado de soberbia es el más odioso a Dios, por lo que tiene de causa de todos los males.

EXISTENCIA DEL DIABLO
Basta con repasar un poco la Biblia para encontrarse al diablo, su existencia, en todas partes, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Entre los muchos pasajes que hay en la Biblia que hablan de la existencia real del diablo vamos a citar solamente dos donde se ve claramente cómo el diablo es un ser, totalmente independiente y nada de enfermedad mental, ni de mito, ni de fantasía. En (Juan 8, 44) leemos: "Vosotros tenéis por padre al diablo, queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él es homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él: cuando dice mentira, habla como quien es, por ser de suyo mentiroso y padre de la mentira"... Aquí vemos perfectamente cómo Jesús, Dios hecho Hombre, habla de la existencia del diablo como un ser vivo, real, tangible, nada de fantasía, de mitos, ni de enfermedades. En (Mateo 8, 28 – 34) leemos: "Desembarcando en la otra ribera del lago en el país de los gerasenos, fueron al encuentro de él, saliendo de los sepulcros, dos endemoniados tan furiosos, que nadie osaba transitar por aquel camino. Y luego empezaron a gritar, diciendo: ¿Qué hay entre tú y nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá con el fin de atormentarnos antes de tiempo? Estaba no lejos de allí una gran piara de cerdos paciendo. Y los demonios le rogaban de esta manera: Si nos echas de aquí, envíanos a esa piara de cerdos. Y él les dijo: Id. Y habiendo ellos salido entraron en los cerdos; y he aquí que toda la piara corrió impetuosamente a despeñarse por un derrumbadero en el mar y quedaron ahogados en las aguas.

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Los porqueros echaron a huir y, llegados a la ciudad, lo contaron y en particular lo de los endemoniados. Al punto toda la ciudad salió en busca de Jesús, y al verlo, le suplicaron que se retirase de su país". En todo este pasaje evangélico observamos cómo una enfermedad mental, un mito, una fantasía, no pueden entrar en cinco mil cerdos y ahogarlos. No se puede aplicar aquí un sentido parabólico a la narración, porque ni por el texto, ni por el contexto nos da pie para ello ya que se ve claramente que Mateo ha descrito un hecho verídico, tangible, observable para todos. Como hemos dicho antes hay muchísimos pasajes más donde se ve que el diablo es un ente real, no ficticio, ni imaginado, ni nada que se le parezca, pero bastan estos dos pasajes del Evangelio para hacernos ver cómo la existencia del diablo es algo que sale en la Biblia cada dos por tres, y no como enfermedad, ni mito, ni fantasía, sino como un ente negativo, real, pernicioso, que busca la condenación de todos los que le hagan caso.

ENGAÑOS DEL DIABLO
Una treta del demonio - de las menos mencionadas tal vez - es la de la aparente curación. A la común imagen de un ser horrible que siembra el mal evidente, se confronta una realidad más astuta, que siembra el error en un campo aparentemente bello y seguro. Ésto vio el Apóstol, y así curó de su ceguera al pueblo armenio que se hallaba sometido por ignorancia en las garras de Astarté. Cuenta el testimonio San Isidoro, Eusebio y Nicéforo que en una ocasión San Bartolomé Apóstol, habiendo predicado el Evangelio en Licaonia, pasó a la India, y después a la Menor Armenia, y en una ciudad de ella entró en un templo donde era adorado Astarot (también conocido como Astarté). Estaban allí muchos enfermos esperando ser sanados por aquel demonio, el cual, por ser astutísimo, usaba de un engaño con aquella miserable gente, permitiéndolo Dios por sus pecados, y era que cegaba a unos, poniéndoles en los ojos impedimentos para que no viesen, y a otros impedía sus miembros, pies o manos, de la misma forma, y en semejante manera hacía otros males. Después daba orden de que se los trajesen a su presencia en aquel templo, y sus sacerdotes le rogasen los sanase, y quitaba él aquellos ocultos impedimentos, y luego eran sanos. A otros que él no había enfermado, también usando de remedios naturales y medicinas ocultas, por algún breve tiempo los curaba. Había otros enfermos que, por no poder aprovecharse de medios semejantes, se los dejaba como habían venido, echando excusas aparentes de que por culpa de ellos mismos no los sanaban. Además de estos engaños que hacía Astarot, daba también oráculos, avisando de cosas que habían de suceder, y como hablaba a tiento, unas veces acertaba, otras mentía, aunque no le faltaban modos como colorear sus mentiras. Por todo esto era aquel ídolo famoso, concurría a él gente de muchas partes, tenía muchos sacerdotes que hacían con él grandes ganancias, y el mismo rey de aquella tierra, llamado Polemón, lo estimaba en mucho, aunque nunca le había podido sanar una hija que tenía que había enloquecido. Entrando, pues, el Apóstol San Bartolomé en el templo, enmudeció el demonio, y no hizo más cura en enfermo alguno. Habiendo visto esto sus sacerdotes, y que iban a quedarse sin oráculo por este motivo, ni responder a cosa que le preguntasen, acordaron de consultar otro demonio llamado Berit, de otra ciudad cercana. Y preguntándole por qué Astarot no hablaba, el mismo respondió: - Porque Bartolomé, Apóstol del verdadero Dios, entró en esa ciudad y templo, y lo tiene encadenado con cadenas de fuego. Y así, harto tiene que entender en sus duelos, sin tomar cuidado de otra cosa. Y si acaso fuese que vieren al Apóstol Bartolomé que digo, rogadle de mi parte que no venga aquí, para que no me suceda lo mismo que a Astarot. Por esto que dijo aquel demonio se tuvo noticia del Apóstol, y el rey le rogó que curase a su hija trastornada, y era un demonio que se había apoderado de ella, y a tiempo hacía locuras grandísimas: a manera de un perro rabioso mordía y despedazaba todo lo que podía haber a las manos, tanto que era necesario tenerla atada con cadenas. San Bartolomé la hizo desatar y lanzó de ella al demonio, quedando con perfecta salud. Y fue gran consuelo para sus padres. Predicó allí a Jesucristo, y para prueba de lo que predicaba, y la

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ceguedad en que antes estaban adorando a Astarot, llevó al rey y a mucha gente a su templo, donde estaban los sacerdotes de aquel ídolo, y estando callados todos oyóse una voz terrible y espantosa del mismo ídolo, que dijo: - Oh gente miserable y ciega, ¿para qué me ofrecéis a mí sacrificios, que ni soy Dios ni tengo poder alguno, antes estoy atado con cadenas de fuego por los ángeles ministros de Jesucristo, cuyo Evangelio predica Bartolomé, Apóstol suyo? Le mandó que declarase los engaños que hacía en los enfermos que sanaba, y los declaró, por lo cual todos los presentes creyeron en Cristo y echaron sogas a la estatua, derribándola en tierra hecha pedazos, y aparecieron por las paredes muchas cruces hechas por ministerio de ángeles. Vieron asimismo al demonio, que salió del ídolo en figura de hombrecillo negro, con el rostro prolongado y una barba larga, los ojos encendidos como fuego, y echando de ellos centellas, y por las narices lanzaba un humo negro y hediondo. Los cabellos de la cabeza le llegaban hasta el suelo, cubriéndole un cuerpo feísimo y mal hecho. Tenía muchas cadenas de fuego alrededor de sí. Era de tan mala figura que el rey y todo el pueblo que le vio quedaron como atónitos y asombrados. Entonces le ordenó el Apóstol que se fuese al desierto y no apareciese más entre la gente, y él obedeció.

CASOS DE POSESIÓN DIABÓLICA
El caso de los niños de Illfurt (Alsacia) caso fue muy famoso en su época por los sucesos que tuvieron lugar durante los cinco años (1864-1869) en que una familia fue aquejada por manifestaciones demoníacas. Los exorcismos fueron autorizados tres años después del comienzo de las extrañas manifestaciones: retardo incluso providencial, pues de lo contrario no se habría tenido esa abundante recolección de fenómenos, que le da al caso Illfurt un verdadero primado en materia y que tanto bien hizo en su época y sigue produciendo a quien lee la impresionante narración. Sobre el episodio se escribió un libro: "El diablo. Sus palabras y sus actos en los endemoniados de Illfurt, Alsacia; según documentos históricos", escrito por el Padre Sutter en Turín, 1935). Sobre la autenticidad del hecho no se puede razonablemente dudar, los mismos incrédulos de ese tiempo inventaron varias hipótesis, pero no negaron los fenómenos, que todos podían repetidamente observar. Transcribimos algunos trozos para dar una idea de lo que ocurrió. Se trata de dos de los cinco hijos de los esposos Burner, Teobaldo y José, respectivamente de 9 y de unos 8 años cuando comenzó la extraña situación. "Acostados de espaldas, se volvían y se revolvían con la rapidez vertiginosa de un trompo, o se desahogaban golpeando sin descanso, y con una fuerza sorprendente, la cama y otros muebles sin manifestar el mínimo cansancio, por más larga que fuera la golpeadura. El vientre se les hinchaba desmedidamente y daban la impresión de que un balón diera vueltas en su estómago, o que una bestia viva se moviese dentro. Sus piernas se unían una a la otra, como entrelazadas, y ninguna fuerza humana lograba separarlas. En ese tiempo Teobaldo tuvo unas treinta veces la aparición de un fantasma extraordinario a quien él llamaba su maestro. Tenía el pico de un pato, patas de un gato, pezuñas de caballo, y el cuerpo completamente cubierto de plumas sucias. En cada aparición el fantasma sobrevolaba por encima de la cama de Teobaldo, a quien amenazaba con estrangularlo; el niño, en su terror, se lanzaba hacia él, invisible a los demás, y le arrancaba a manotadas las plumas, que luego les echaba a los espectadores aturdidos. Todo esto en pleno día, y en presencia de un centenar de testigos, entre los cuales había hombres serios, para nada crédulos, muy suspicaces, y miembros de todas las clases de la sociedad: y unánimemente fue reconocida la imposibilidad de cualquier engaño. Las plumas producían un olor fétido, y, ¡singularísima cosa!, no se incineraban cuando se las quemaba". Siempre hablaban con voz varonil y sin mover los labios, lo cual causaba enorme impresión "A veces el cuerpo de los pobrecitos se inflaba de modo que parecía que iba a estallar, y vomitaban espuma, plumas y musgo, mientras sus vestidos se cubrían con esas mismas plumas que apestaban toda la casa.

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En la habitación eran atormentados de vez en cuando por olas de calor atroz, insoportable aun en pleno invierno; y a quien se maravillaba de esto, el diablo le gritaba riendo: "¿Soy un buen fogonero, no es cierto? ¡Si vienen a mi casa, no los dejaré sufrir de frío: pueden estar seguros!". Muchísimas eran las ocasiones y los modos de manifestar el odio a lo sagrado, incluso con nombres y apelativos ofensivos e injuriosos. Sin embargo, en esta atmósfera de odio una cosa interesante y singular era la actitud de respeto hacia la Virgen. Se lee en la página 40: "Mientras el demonio injuriaba y se burlaba de las cosas más santas, sin hacer excepción ni siquiera de Dios mismo, nunca se atrevió a insultar a la Virgen; y a alguien que le preguntó la razón, le contestó brevemente: ‘No tengo el derecho. El títere sobre la cruz me lo ha prohibido’. Su furor... llegaba al paroxismo, cuando alguien le echaba agua bendita". Una vez el alcalde echó en los dedos de Teobaldo "unas gotas de agua bendita, e inmediatamente fue atacado por una fuerte agitación, hasta caer por el suelo, arrastrándose, ir a esconderse debajo de la mesa, cuando vio que no podía huir por ninguna parte". El señor Andrés nos dice: "Cuando la monja que les lleva los alimentos deja caer en ellos una gota de agua bendita, o los toca con un objeto sagrado, Teobaldo se da cuenta inmediatamente, aunque esto se haya hecho en la cocina a donde él no va nunca. En ese caso, se acerca al plato con sospecha, mira atentamente los alimentos que le han llevado, y siempre los rechaza diciendo: ‘¡No tengo hambre! Hay porquerías ahí dentro’ o también: ‘Es veneno’. Y para hacerlo comer, hay que llevarle otra cosa. Lo mismo sucede con las bebidas" Si la monja le llevaba a Teobaldo alimentos y bebidas en las que había dejado caer gotas de agua bendita, él rechazaba sistemáticamente tomarlas, cuando no lanzaba contra la pared el plato y el vaso: pero ni el uno ni el otro se rompían". Una vecina de casa, la señora Brobeck, trató una vez de poner agua bendita en una medicina que los dos hermanos tenían que tomar: ‘Vaciaremos todas las botellas de la farmacia, declararon ellos rechazando enérgicamente el remedio, antes que aceptar una gota de agua de la señora Brobeck". ¡En dos noches destruyó las abejas de veinte colmenas que pertenecían al vecino de los Brobeck: todas las abejas habían sido decapitadas! Pero como Satanás se declaró el autor de aquella extraña hecatombe, el señor Brobeck hizo bendecir las colmenas y los nuevos enjambres; y el poder del ángel destructor quedó aniquilado". "Otra vez el maligno se divirtió sacando el fruto de una gran cantidad de nueces que pertenecían a la familia Brobeck: no es necesario insistir en el asombro de todos, cuando vieron esas nueces con la cáscara verde perfectamente intacta y marcada con un pequeño rasguño". Los niños hablaban corrientemente las más variadas lenguas: respondían sin dudar en francés, en latín, en inglés, y entendían hasta los dialectos de Francia y de España. De Teobaldo también se afirma: "Si quería, hablaba perfectamente las lenguas, sin el mínimo error, y a menudo hablaba días enteros en el más puro francés que se pueda escuchar". Muchísimas son las ocasiones en las que los niños manifiestan conocer el pensamiento de los demás, acontecimientos lejanos, objetos ocultos, en fin, todo lo que está oculto al conocimiento normal. Un día, mientras varias personas se encontraban en la habitación, Teobaldo hizo el ademán de tirar las cuerdas de una campana: "¿Por quién tocas a muerte?" se le preguntó. "Por Jorge Kunegel" respondió sin dudar. La hija de éste casualmente estaba presente, y asustada le gritó al niño: -¡Embustero!... Mi padre está bien, y trabaja como albañil en la construcción de un pequeño seminario". -¡Estará muy bien - replicó él - pero debes saber que se ha caído; y si no lo crees, corre a ver!. La pobre muchacha voló a la construcción, y tuvo que constatar que su padre realmente se había caído de un andamio, y se había roto la columna, en el mismo momento en que hablaba Teobaldo. Nadie, en Illfurt, conocía todavía la desgracia. El demonio por medio de los niños "revelaba a menudo acontecimientos sucedidos en el más remoto pasado, y que ninguno de los testigos presentes conocía. Además, predecía muchos días antes, y aun semanas, los acontecimientos futuros: y la exacta realización de sus profecías eran objeto de continuo asombro.
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Se divertía comunicando a los visitantes sus fechorías desconocidas, y reprochando en voz alta sus vicios y sus pecados más secretos, para tener el gusto de verlos escapar, sin preguntar el resto, asombrados y furiosos". A menudo Teobaldo predijo también la muerte de muchas personas. Dos horas antes de la muerte de una tal señora Müller, él se arrodilló sobre la cama, e hizo el ademán de tirar las cuerdas de una campana". Hablaba de acontecimientos de veinte, treinta y hasta de cien años antes con tal evidencia, tal precisión y tal seguridad, que hacía pensar que hubiera sido testigo ocular. A veces se vio a los niños elevados por manos invisibles, con las sillas en las que estaban sentados; después los niños eran lanzados a un ángulo, mientras las sillas volaban a la parte opuesta. Un sólido crucifijo que alguien trató de colocar en el cuello de José, se retorció inmediatamente y tomó la forma de una X conservándola mientras estuvo en el pecho del niño: y un escapulario colocado en sus espaldas voló inmediatamente a lo alto, y describiendo un altísimo círculo fue a caer sobre el casco de un guardián, Werner, que por casualidad había entrado en la habitación. El niño ni siquiera se había movido. Más adelante se dice: "Los niños estaban sentados en una silla. Esta era levantada por el aire por manos invisibles, y luego caía bruscamente. La silla volaba por una parte y el niño por la otra. La madre Burner tuvo que sufrir la misma suerte, un día en que se encontraba cerca de uno de sus hijos: y no sintió el mínimo mal, al caer... Los niños se trepaban a los árboles como si fueran gatos, y podían colgarse de las más pequeñas ramitas sin temor de romperlas". A veces manos invisibles arrancaban las cortinas de las ventanas, y éstas se abrían de par en par con una rapidez vertiginosa, aunque estuvieran firmemente cerradas; a veces el maligno tumbaba y arrastraba aquí y allí en la habitación mesas, sillas y otros muebles: a veces toda la casa era sacudida como por un violento terremoto. Es fácil imaginar que la noticia de hechos tan extraordinarios e impresionantes se difundiese rápidamente por todas partes y acudiese a Illfurt un número cada vez más numeroso de espectadores que después se retiraban con serios propósitos de una vida mejor. Interesante la conversión del guardián Werner, completamente incrédulo, y que después hizo una exacta narración de muchos acontecimientos. He aquí la narración de las dos curaciones tras varios exorcismos: "El demonio con una voz de bajo profundo, lazó un grito formidable. Luego gimió. - ¡Ahora, me veo obligado a ceder! Inmediatamente el niño endemoniado se contorsionó como una serpiente que es aplastada; y luego, un ligero crujido recorrió sus miembros: desnudó lentamente el cuerpo, se alargó, y cayó al suelo como muerto. El demonio había huido. ¡Los testigos de la escena horrible quedaron aterrados! Un momento antes, una rabia que causaba espanto, un rostro desfigurado por la cólera, respuestas declaradas: ahora, un niño inmóvil, que dormirá tranquilamente durante una hora, acostado en un suave colchón. ¡Finalmente ha quedado liberado! Ya no reacciona contra el crucifijo y el agua bendita, y se puede levantarlo y llevarlo a su habitación sin la mínima dificultad. Finalmente, se despierta, se refriega los ojos, mira con asombro a las personas que lo rodean, y que él no reconoce... - ¿No te acuerdas de mí? – le pregunta el padre Schrantzer. -¡Pero si nunca te he conocido! – contestó Teobaldo, muy asombrado. La madre lanzó un grito de alegría sobrehumana ¡Su hijo ya no es sordo, ya no es víctima del demonio, ha sido liberado del monstruo!... Lágrimas de agradecimiento salen de sus ojos, y todos se unen a ella para agradecer vivamente a Dios que ha dado a su Iglesia el poder de vencer al infierno. Madre e hijo vuelven a Illfurt; y la madre, con el corazón lleno de emoción y de alegría, espera con firme fe la liberación de José. Su esperanza se realizaría el 27 del mismo mes. Desde el día en que volvió a su casa, Teobaldo fue de nuevo alegre como antes, y siempre de buen humor. No tenía la más lejana idea de lo que le había sucedido, ni siquiera reconocía al párroco, padre Brey.

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Habiendo llevado de Estrasburgo algunas medallas bendecidas, le ofreció una a José y quedó asombrado al ver que éste la echaba al suelo y la pisoteaba, diciéndole irritado: - ¡Podías conservarla para ti, yo no la necesito! - ¿Será que se ha vuelto loco José, mamá? – dijo Teobaldo, ¡sin saber encontrar otra explicación a un hecho que la madre, naturalmente, se cuidó de aclararle. Respecto de la liberación de José, se lee más adelante: - "Ahora, heme obligado a partir" – gritó el diablo como en un largo mugido; y con ese grito, el niño se echó por el suelo, se contorsionó varias veces, inflando los carrillos, y cayó en un acceso de convulsión, mientras los presentes lo miraban con angustia, sin atreverse a tocarlo. Finalmente se calmó y permaneció inmóvil y silencioso. Le quitaron las correas con las que lo tenían amarrado, sus brazos se aflojaron, inclinó dulcemente la cabeza, y después de algunos minutos se sacudió como uno que se despierta de improviso, abrió los ojos, y se mostró maravillado de encontrarse en la iglesia y rodeado de gente que él no conocía. Al principio de la función el demonio había dicho: - Si soy expulsado, romperé alguna cosa como señal de mi partida. Y cumplió con su palabra. La camándula que le habían puesto en el cuello a José cayó hecha pedazos después de la liberación; y lo mismo sucedió con el crucifijo que le habían colocado en el cuello" Las señales, a las que había hecho alusión, no representan una prueba infalible de la salida del demonio, pues él puede quedarse tranquilo, aún después de haberse desencaprichado con semejantes manifestaciones. Tampoco hay que creer que son necesarias para la liberación, pues no tienen nada que ver con ella * * *

La realidad de la existencia de Satanás y sus demonios es evidente de modo especial hoy en día en las vidas de los que han aceptado sus ofertas, poniéndose en tratos directos con él. Entre ellos, algunos han caído por exaltar su yo y vivir una vida de placer sin restricciones, permitiéndose sexo ilícito, drogas y otras cosas. Hay expiaciones naturales que son válidas y suficientes en algunos casos, sin embargo, no es posible explicarlo todo en un terreno natural. Estos son los casos en que las personas, de modo consciente se entregan a Satanás, o cuando pasan al poder de este reino suyo por medio de encantamientos o lo que ellos consideran pasatiempos inocentes: Mesas danzantes, decir la buenaventura, séances, tablas de ouija, cartas tarot y astrología, para enumerar sólo unos pocos ejemplos. Los que hacen esto están invitando a las fuerzas del mal en sus vidas. Los relatos de hechos ocurridos lo respaldan: En un porche de un edificio de misión, en la India, hay un hombre de pie que tose, señal de que quiere hablar con el misionero. Es uno de los evangelistas y con voz temblorosa informa: - Señor, caen piedras dentro de nuestra casa, piedras espectrales. Cada atardecer, una vez se ha puesto el sol, ocurren estas cosas que asustan. Cerramos las puertas y las ventanas, pero las piedras siguen cayendo. Hace dos semanas ya que ocurre esto. No podemos estar en paz. Señor, ven y ayúdanos. Cuando el misionero llegó a la casa del evangelista, después del anochecer, se enteró de que aquella noche la ocurrencia misteriosa había empezado dos horas antes. Mientras estaban todos sentados en la habitación con las ventanas cerradas, iban cayendo piedras, una tras otra. ¿De dónde venían? Era imposible que vinieran de fuera. ¿Caían a través del techo? El misionero se encaramó con una escalera y dio un vistazo. El techo estaba negro de hollín, a causa de una chimenea abierta. Si las piedras caían a través del techo debían estar sucias de hollín. El misionero las examinó cuidadosamente, pero no halló hollín. Allí se hallaba, un hombre blanco, inteligente, que sabía muy bien que una cosa así era científicamente imposible. Pero la estaba viendo con sus propios ojos, mientras ocurría, y lo mismo los demás. El misionero llamó a todos para que juntos hicieran las devociones vespertinas, escogiendo como tema el primer capítulo del Evangelio de Marcos, que habla de Jesús echando fuera demonios. Durante las devociones todo estuvo en silencio. Después volvieron a caer las piedras de nuevo. El misionero reprendió a los espíritus malignos en el nombre de Jesús, pero no sirvió de nada.

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Finalmente, con el corazón turbado, el misionero se retiró aquella noche. Cristo tenía que conseguir una victoria en aquella casa. Pero, ¿cómo? Tenía que haber algo malo en la vida del evangelista, que diera ocasión a los espíritus malignos para que operaran allí. A la mañana siguiente, el misionero habló con el evangelista sobre su falta de honradez en manejar cuestiones de dinero. El evangelista, redargüido en su conciencia, puso las palabras en su corazón y prometió enmendar sus caminos. Y, ¡oh, maravilla!, en toda la semana no cayeron más piedras. Después, volvieron a caer. Con ello quedaba en evidencia que había algo más tras estos sucesos; y que hasta que finalmente la cosa fuera puesta a la luz y eliminada, el hechizo iba a seguir siendo efectivo y causar disturbios. Pero, ¿qué era lo que había escondido? Cuando el misionero andaba hacia el poblado, un candidato joven para el bautismo le refirió lo siguiente, mientras le llevaba la maleta. Hacía un año y medio aproximadamente, el predecesor del evangelista, que había vivido en la misma casa donde caían las piedras, había llamado al brujo o hechicero del poblado vecino para que curara a su hijo. Una vez terminados los ritos mágicos, enterraron los instrumentos mágicos en el lado este de la casa. Aquella tarde, el misionero fue con el evangelista presente para hallar el lugar en que estaban enterrados los utensilios demoníacos. Después de buscar un rato, encontraron el lugar; desenterraron los instrumentos mágicos, oraron y los destruyeron. Con esto, todo quedó aclarado y las piedras dejaron de caer. Experiencias semejantes de la realidad del poder demoníaco ocurren no sólo en el ambiente pagano de la India, sino en nuestros países llamados cristianos. Aquí tenemos un relato de un hombre que había acudido a Satanás en busca de ayuda. Durante una cruzada evangelística este hombre oprimido por el demonio contó su historia en presencia del pastor, un anciano de la iglesia y su primo. En el año 1935 quería casarse. Ni su prometida ni él podían permitirse los gastos de la vivienda. En una taberna, un conocido le dijo: «Haz un contrato con el diablo pidiéndole 500 marcos y escríbelo con tu propia sangre. Coloca el contrato sobre la mesa a medianoche y llama tres veces en la habitación a oscuras: "¡Lucifer, ven!"» El joven siguió el consejo. Se hizo un corte en el dedo y con la sangre escribió una petición solicitando 500 marcos con la promesa de entregar su alma a cambio. A medianoche llamó tres veces: « ¡Lucifer, ven!» De repente, le entró una sensación extraña. Vio por encima de él un par de ojos rojos relucientes. Luego una mano pálida se acercó a la mesa. El hombre horrorizado encendió la luz. Sobre la mesa había un fajo de billetes de banco, por un total de 500 marcos. El papel que él había escrito desaparecido, pero, había otro pedazo de papel con las palabras: «Preséntate en la encrucijada arriba del pueblo mañana por la noche.» A partir de este momento, el hombre estuvo inquieto. Decidió no acudir a la encrucijada la noche siguiente. Sin embargo, al acercarse el atardecer sintió la compulsión interior de ir, después de todo. Agarró el revólver y se lo llevó en el bolsillo. En la encrucijada había una figura horrible, medio hombre medio animal. Disparó todos los cartuchos sobre el monstruo, que desapareció bajo sus ojos. Pero lo más asombroso para él era que todavía tenía los 500 marcos, y nadie le pidió que se los devolviera, alegando que todo había sido una broma. Pagó la vivienda y se casó. Pero, nunca pudo dejar de temblar por la inquietud que sentía desde que había recibido el dinero. Había ocasiones en que tenía el sentimiento de que lo perseguían las Furias. Empezó a pensar que estaba embrujado, le aparecieron arrugas en la cara y el pelo se le volvió cano. A los cuarenta y tres años, cuando hizo la confesión, parecía un anciano de setenta. Durante la confesión que duró dos horas y media, los cuatro hombres se quedaron sorprendidos porque oyeron que, de vez en cuando, alguien daba con los nudillos en la ventana. Y lo más raro era que, aunque los postigos de madera estaban cerrados (postigos exteriores, se entiende), el ruido no era el ruido sordo de un golpe sobre la madera, sino sobre el cristal. A pesar de su confesión el hombre inquieto no dejó de estar desasosegado. En nuestra parte del mundo hay también relatos sobre el poder e influencia de los demonios en las vidas de algunas personas que no han tenido, realmente, tratos con lo oculto, pero han vivido en una casa en

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que tenían lugar prácticas de ocultismo, y que abrieron el camino para que los espíritus malignos entraran en aquella casa haciendo de ella su habitación y esfera de influencia. Un pastor joven fue trasladado a una parroquia o distrito en que la asistencia a la iglesia era muy reducida. La palabra de Dios significaba muy poco a los aldeanos. En vez de ello, se practicaban toda clase de costumbres supersticiosas: hipnotismo, cartas tarot y curas por hechizos. El pastor no se sentía tranquilo en aquella nueva parroquia. En la casa pastoral se vieron cosas extrañas que no se podían explicar racionalmente. Una y otra vez, la esposa le dijo a su marido que ocurrían cosas raras en la casa, pero el pastor no hacía caso y contestaba sonriendo: - Tonterías, esto son imaginaciones. Una noche, sin embargo, ocurrió algo extraño que lo preocupó a él también. El niño, que estaba echado en su cuna en la habitación próxima a la de los padres, súbitamente empezó a chillar aterrorizado. La madre se lanzó por la puerta abierta que daba al dormitorio de al lado, para calmar al niño, pero se quedó paralizada por el terror y llamó a su marido. Los padres vieron que alguien había quitado los pañales al niño y que éste ahora se hallaba colocado en dirección opuesta en su cuna y en su cuerpo había magulladuras como si una mano le hubiera sacudido de modo recio. Al principio, el pastor pensó que se trataba de una burla pesada. Examinó los pestillos de las ventanas, así como la cerradura de la otra puerta que daba al pasillo, y encendió una lámpara de mano para examinar cada rincón de la habitación. El pañal fue examinado por si había señales de rasguños. Sin embargo, los padres no hallaron nada. La madre acolchó al niño en la cuna y lo calmó. Luego, los dos se fueron a su cama. De nuevo se oyeron chillidos y gemidos de terror. De nuevo, los padres se precipitaron a la habitación adyacente, donde el niño se hallaba en posición invertida en su cuna sin sus pañales. En su cuerpo se veían señales de haber sido agarrado, indudablemente producidas por una mano humana. Desconcertados, los dos se llevaron al niño con ellos a su cama. El marido, procurando hallar una explicación, comentó a su esposa: «¡Al parecer ocurren cosas extrañas aquí!» ...Para entonces ya estaban casi convencidos de que había algo extraño en aquella casa pastoral. Lo que había detrás no lo sabían, pero, secretamente, empezaron a buscar una pista que les ayudara a llegar al fondo de los sucesos desconcertantes. Un anciano de la iglesia les ayudó. En una conversación confidencial les reveló que durante veintiocho años se había reunido en la casa pastoral un grupo espiritista con el antiguo pastor, que hacía experimentos ocultistas… Siempre que los ángeles caídos. Satanás y sus demonios, ejercen su influencia sobre las personas, los atormentan. Y a lo largo de los siglos han podido especialmente ejercer su influencia cuando las personas dan a Satanás y a sus demonios derecho a ponerse en contacto con ellos. La lectura de horóscopos, mesas danzantes, el decir la buenaventura, y la curación por medio de hechizos o encantamientos siniestros que suenan piadosos, son algunos de los medios por los que sucede esto. Cuántas personas hay -incluyendo algunos que se llaman creyentes- que han caído bajo la influencia demoníaca por jugar con lo que ellos consideraron actividades inofensivas. Su número va en aumento hoy día. Parece increíble, pero los registros del Departamento Fiscal de Alemania muestran que, al tiempo de escribir esto, hay dos veces más brujos, palmistas y adivinadores registrados (y no se cuentan los no registrados), que ministros y sacerdotes en el país. En París hay un hechicero por cada 120 habitantes, en tanto que sólo hay un médico por cada 520, y un clérigo por cada 5.000. No es sorprendente que aun entre los creyentes tengamos un porcentaje alarmante que tiene tratos con el ocultismo. Esta gente no puede hallar paz interior. Tienen aversión a la Palabra de Dios y a la oración, y sufren de parálisis espiritual, dudas, temores y depresiones hasta el punto de tener pensamientos blasfemos y considerar el suicidio. Síntomas así deben ser seguidos, pues a veces tienen su origen en prácticas ocultas en su historial personal o el de la familia, como revelan conversaciones con consejeros espirituales. Hay áreas en que es una práctica común, incluso entre cristianos, el hacer uso de tratamientos ocultos cuando sobreviene la enfermedad. Por ejemplo, llevan al niño enfermo a una mujer del pueblo para que lo cure con algún encantamiento. Las consecuencias son serias, pues de esta manera Satanás obtiene derechos a la vida de la persona. Una muchacha de una familia cristiana devota me dijo que, durante una enfermedad grave en su infancia, su madre la llevó a una mujer así, como era costumbre en los alrededores. Según todas
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las apariencias quedó curada, pero, a partir de entonces, fue atormentada por los espíritus malignos. Apenas pasaba una noche sin ser acosada por ellos. Los disturbios que causaban eran tan reales que las lámparas a veces colgaban torcidas; al día siguiente por la mañana, se oían ruidos provenientes de la habitación, o había señales de las experiencias atormentadoras. Y así, esta chica vivía constantemente atemorizada por estos espíritus del mal hasta que consiguió ser librada de ellos por el poder protector de la sangre de Jesús. En los ejemplos anteriores hemos podido dar una ojeada a la realidad indudable de Satanás. Junto con sus demonios, que le siguen los talones, hoy especialmente, está ansioso de reclamar derechos sobre nosotros y ponernos bajo su dominio a fin de destruimos para siempre. Este odio candente de Satanás y los demonios que están enfurecidos para conseguir control sobre nosotros es algo que obliga a todo creyente a entrar en combate espiritual como nunca antes. Hemos de dar la respuesta tomando la ofensiva y luchando verdaderas batallas de fe en nuestras oraciones. Se nos ha dado un arma efectiva para derrotar al enemigo, un arma que nunca falla en dar en el blanco y esquivar sus golpes. Esta arma es la oración de fe, en la que, hablando metafóricamente, lanzamos como un proyectil el nombre victorioso de Jesús a Satanás. Todo el que clama en el nombre de Jesús en fe, confiando en él, el Señor crucificado y resucitado, el Cordero de Dios triunfante, hallará que el enemigo no puede triunfar en sus ataques contra él. Aquí hay materia para aplicar las palabras del apóstol Pablo: «Tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.» (Efesios 6:16). Sin embargo, no basta con invocar el nombre de Jesús una sola vez. El enemigo no suele ceder tan rápidamente. Una guerra consiste en muchas batallas. Si hemos ganado una batalla. Satanás, o el demonio que tenemos asignado, prepara el nuevo ataque. Pero si entonces fallamos en emprender de nuevo la batalla de la fe, porque nos hemos cansado de estar luchando constantemente, estamos perdidos. Entonces ya estamos en manos del enemigo. Todo el que no le resiste es como un soldado que no se defiende cuando es atacado. Sin duda va a ser hecho prisionero. La perseverancia es lo que cuenta en la batalla de la fe. Así que el santo y seña para los últimos tiempos es: «Aquí hay una llamada para la resistencia y la fe de los santos.» (Apocalipsis 13:10). Esta es una fe que persevera en paciencia, que se planta en las promesas de Dios y en la victoria de Jesús en el Calvario y siempre vuelve a usar el arma del nombre de Jesús en palabras como las siguientes: «Jesús ha quebrantado el poder del maligno. ¡El Cordero de Dios ha ganado la batalla!» Hagamos frente a Satán siempre con la victoria de Jesús, alabando el victorioso nombre de Jesús y su preciosa sangre en múltiples maneras. Si no nos cansamos sino que perseveramos en la batalla con fe por nosotros y por otros, alcanzaremos la experiencia de una gran victoria. Cada nuevo ataque de Satanás, así como cada aparente derrota, debe ser un nuevo estímulo para batallar más en oración y fe, de modo que la victoria de Jesús se pueda hacer patente aún en mayor escala. Los prerrequisitos puestos por la Sagrada Escritura no son sólo la paciencia y la fe, sino el guardar los Mandamientos de Dios (Apocalipsis 14:12). En la primera epístola de Juan, la relación entre las oraciones contestadas y el guardar los Mandamientos queda claramente establecida: «Recibimos de él lo que le pedimos, porque guardamos sus Mandamientos y hacemos lo que le agrada.» (I. Juan 3:22). En otras palabras, nuestras oraciones tendrán el poder de vencer las estratagemas de Satanás cuando sean eliminados los obstáculos a la oración, como la desobediencia a los Mandamientos de Dios. Esto significa romper con los pecados e iniquidades que se interponen entre Dios y nosotros e impiden que Él nos conteste las oraciones. Esto no significa, sin embargo, que hayamos de ser sin pecado si queremos que Dios conteste nuestras oraciones en la batalla contra los demonios. Somos pecadores hasta el día que morimos, porque pecamos una y otra vez. Sin embargo, cuando toleramos los pecados que nos asedian, persistimos en ellos, no los aborrecemos, no estamos dispuestos a «arrancarnos el ojo», estamos separados de Dios y no tenemos poder en la batalla de la fe contra Satanás. Todo el que comete pecado voluntariamente se entrega a Satanás bien atado. ¿Podría haber una mayor discrepancia que intentar luchar contra el mal en tanto que servimos todavía al pecado? Satanás se burlaría del hipócrita y le amarraría aún más fuerte. Pero, el que se arrepiente de sus pecados diariamente, los confiesa y es limpiado en la sangre del Cordero va a experimentar que cuanto mayor es la batalla contra el pecado y los poderes satánicos, será mayor la victoria. Esto se aplica de modo especial a nuestra intercesión en favor de la liberación de personas que, debido a haberse implicado en el ocultismo, han quedado bajo el poder de Satanás y no pueden soltarse. ¡Qué
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batalla tenemos cuando intentamos ayudarles a renunciar a todo contacto con los poderes de las tinieblas para que reciban de nuevo a Jesús e invoquen su nombre! Pero al nombre de Jesús, las cadenas del pecado quedan rotas y Satanás huye. Una y otra vez, esto ha quedado demostrado en las vidas de los jóvenes drogadictos que se han visto libres de estos lazos satánicos al invocar el nombre de Jesús. Sí, incluso en los casos de posesión demoníaca siguen válidas las palabras: «Hay alguien que ha destruido el poder de Satanás -Jesucristo en la cruz del Calvario.» Vivía en la China una muchacha que pasó a ser poseída por el demonio. Al regresar de permiso su hermano, un soldado en el ejército rojo, se quedó asombrado al ver el cambio que había tenido lugar en su hermana, vivaracha y hermosa un año antes. Ahora parecía una vieja, miraba con los ojos extraviados, con cara agonizante y deformada. Por sus labios hablaba una voz de hombre: «Sólo hay uno a quien temo, sólo uno, ¡Jesús de Nazaret!» Profundamente turbado, el joven chino procuró seguir la pista de este Jesús de Nazaret, que era el único que podía ayudar a su hermana. Pero, no había nadie en la aldea que lo conociera. Entonces, de repente, recordó un incidente que había ocurrido antes cuando iba camino a su hogar. Debido a que el autobús se había averiado, se vio obligado a detenerse en una comunidad u hogar en que había sido recibido con mucha bondad y le habían hecho sentir como en su propia casa. Cuando estaba a punto de partir, el jefe del grupo le había dicho: «¡Que nuestro Señor Jesús te bendiga! Sigue tu camino, y que su paz sea contigo.» Este joven chino, desesperado a causa de su hermana, viajó toda la noche hasta que llegó a aquella comunidad, porque consideró que éste era el único lugar en que podría hallar ayuda. Dos hombres que pertenecían a esta familia particular de Jesús (uno de los muchos centros en la China del Norte llamados Hogares, o Familias de Jesús) regresaron con él para ayudar a su afligida hermana. Cuando los hombres entraron en la casa para ver a la hermana, desde aquel momento, ésta empezó a delirar más que nunca; la hallaron sentada en el suelo, con las manos entrelazadas con el pelo. Era como un animal herido, medio loca, y con una mirada vacía. « ¿Qué queréis?» dijo la voz que salía de dentro de ella. Los dos cristianos extendieron su mano derecha. «Estás cubierta por la sangre de Jesús; te mandamos en el nombre de Jesús que, tú, espíritu atormentador, tú, demonio sin nombre, salgas de tu víctima. Con la autoridad de Jesús y en su nombre te mandamos que te vayas al instante al lugar que Jesús ha preparado para ti. Allí serás atado para siempre. No puedes regresar. ¡Porque Jesús es el Vencedor!» Con calma y voz firme dijeron estas palabras, una tras otra, frase tras frase. La muchacha se revolcaba por el suelo. Desde su interior contestó la voz de hombre: «Voy, voy,» pero cada vez más débilmente, «Voy, voy...», hasta que la voz se perdió en la distancia. Uno de los cristianos fue a la chica y le puso las manos sobre la cabeza, diciendo «Todo el poder en el cielo y en la tierra pertenece a nuestro Señor Jesús victorioso, y tú estás bajo su protección, hija. Jesús es tu paz para el tiempo y la eternidad. Recibe el Espíritu Santo. Que el Señor te proteja y te guarde de todo mal, y puedas con su ayuda y fuerza proseguir en toda buena obra. Amén.» La muchacha había quedado como muerta. El otro hombre se dirigió hacia ella, y tomándola por la mano, la hizo enderezar diciendo: «Levántate. Jesús es el Vencedor! Aquel a quien el Hijo libertare será verdaderamente libre.» El padre de la muchacha no podía creer lo que estaban viendo sus ojos cuando su hija se irguió y se puso de pie. Después de todos aquellos meses, la expresión de su rostro volvió a la normalidad. Fue como si hubiera despertado de un largo sueño y tratara de recordar algo. Varias veces dio un profundo suspiro. Luego, viendo a su padre entre los presentes, se dirigió a él sonriendo. «Padre,» exclamó gozosa: «ahora puedo respirar otra vez. ¡Estoy de vuelta contigo!» El poder victorioso que posee el nombre de Jesús sobre los poderes de las tinieblas se hizo evidente también en un área de avivamiento, en Indonesia, cuando Pak Oktavianus testificó. El equipo evangelístico de su College Bíblico estaba encontrando gran oposición por parte de un hechicero y bien conocido espiritista, que había demostrado ya sus poderes de magia. Por ejemplo, contaba hasta cinco y una gallina que corría se caía muerta; o bien miraba a un perro en los ojos y se caía muerto, aunque cuando le pidieron que le devolviera la vida no pudo.

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Ahora vino a desafiamos... « ¡Os digo, que puedo hacer que la gente se caiga muerta! ¿Quién tiene más poder, vuestro Jesús o los maestros de magia que me han enseñado a mí? Todo el mundo en el College Bíblico empezó a orar, y el Señor les dio la seguridad de que podían aceptar el reto... En tanto que la comunidad del College Bíblico oraba, el hechicero estaba sentado en mi oficina, frente a frente. «Mirándome directamente a los ojos,» el hombre dijo. «Cuando tú hagas esto, ¡tú también te vas a caer muerto!» Y entonces se quitó las gafas. Sentado frente a él, yo también me quité las gafas y, en el nombre de Jesús, le reprendí: «En el nombre de Jesús, yo ato a las fuerzas del mal en ti. Hoy no tienes ningún poder!» Entonces nos miramos el uno al otro, directamente a los ojos. Y él se cayó al suelo como muerto, su cuerpo rígido, como de madera. Mis hermanos cristianos y yo, entonces, oramos juntos y dijimos: «¡En el nombre de Jesucristo, levántate!» Después de esto se movió algo. Luego se levantó y miraba bizco. « ¡Jesús es realmente el Señor!» tartamudeó. Cuando acabó de recobrar la conciencia de modo pleno, empezó a pensar y dijo: « ¡Pero yo tengo poder todavía! Hace veinte años me colocaron dos alfileres de oro en cada brazo, con objeto de magia... Estos son la fuente de mi poder e influencia...» Este poder me ha permitido moverme sin que nadie me capturara. Los dos alfileres del otro brazo le protegían de ser tocado por las balas o ser apuñalado. A uno de nuestros estudiantes del College Bíblico le dijo: «Saca tu cuchillo y hiéreme.» El estudiante lo hizo, pero el cuchillo no penetró la carne. El hechicero dijo «Todavía tengo poder. ¿Tiene Jesús el poder de sacar estos alfileres de oro de mi cuerpo?» Una vez más oramos. Y el Señor nos dio la seguridad de que Él tenía este poder. De nuevo sentimos que podíamos enfrentamos con las fuerzas del mal dentro del hechicero. Dije: « ¡En el nombre de Jesucristo declaro: estos alfileres deben salir de tu cuerpo!» Los alfileres empezaron a moverse en su cuerpo, y con los ojos vimos cómo salían de su piel. Había muchos testigos. Toda la comunidad de nuestro College Bíblico dio testimonio de que los alfileres habían salido de sus brazos. Cuando salieron los alfileres, cada vez que salió uno, cayó, y su cuerpo quedó tieso como la madera. Entonces lo reavivamos invocando el nombre de Jesús. Al fin reconoció que Jesucristo es realmente Dios. También en África se ha demostrado la victoria en el nombre de Jesús sobre los demonios. En el corazón de Angola había una misionera amiga nuestra, que deseaba que el reino de amor de Jesús resplandeciera en aquel ambiente oscuro. Y por eso fue una gran pena para ella que Ilaque, uno de sus convertidos, siguiera siendo atormentado por las fuerzas del demonio. Los miembros de la iglesia local empezaron a luchar en oración en favor suyo. Para aquel tiempo, nuestra amiga misionera recibió una oración que puede haberle sido muy útil: la Oración de Victoria en el Nombre de Jesús y sus Heridas. Meses después, la misionera nos escribió gozosamente: «...Esta "Oración de Victoria en el nombre de Jesús y sus heridas", me ha sido de gran ayuda en la batalla en favor de Ilaque ha sido liberado, aunque casi habíamos renunciado a creer que ocurriría este milagro. Por medio del nombre de Jesús, este hombre oprimido por el demonio fue liberado y ahora da su testimonio en las reuniones evangelísticas.»

CAUSAS DE LA POSESIÓN DIABÓLICA
Las causas de posesión diabólica quedan al poder que Dios le permite usar, pero hay algo claro: toda persona en pecado mortal es esclavo del diablo y éste puede ejercer con él su influencia, ya de una manera callada, oculta, pero efectiva, o bien de una manera externa, cosa que sólo puede hacer si Dios, para el bien de los demás, se lo permite, para que todos vean alas consecuencias nefastas del pecado. En los distintos

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casos que se han visto de posesión diabólica, la principal manera de atraérsela es el pecado mortal, o practicar el espiritismo, que también es pecado mortal.

PODER DEL DIABLO
"Los poderes del diablo sobre nosotros son limitados porque no es más que un usurpador de la autoridad, que legitima y fundamentalmente pertenece a Dios; y "no puede obligar a pecar". Satanás, aunque derrotado por Cristo, no deja de obstaculizar la salvación con todas sus energías. Alienta el paganismo, la idolatría, la brujería, la impiedad y especialmente la herejía y la apostasía. Los herejes y los cismáticos, que no siguen a la verdadera Iglesia de Cristo, son miembros del ejército de Satanás, son sus agentes en la guerra cósmica contra Cristo". Ireneo sostiene que Cristo es la defensa de los cristianos contra el diablo. El diablo huye cuando se rezan las oraciones cristianas y se pronuncia el nombre de Cristo. Sin embargo, la batalla no ha concluido en absoluto, porque los demonios seguirán poniendo a prueba a los bautizados, con el permiso del Creador, "ya sea para castigarles por sus pecados, ya sea para mejor purificarles, ya sea para adiestrarles en la caridad fraterna" de mutuo sustento en las necesidades espirituales, con el recíproco consuelo y tolerancia; pero sobre todo para mantenerles siempre "vigilantes y fuertes en la fe". (San Ireneo) Santa Teresa de Jesús habla así del poder del diablo: "Pues si este Señor es Poderoso, como veo que lo es, y sé que lo es, y que con sus esclavos los demonios - y de ello no hay que dudar, pues es fe -, siendo yo sierva de este Señor y Rey, ¿qué mal me pueden ellos hacer a mí? ¿Por qué no he de tener yo fortaleza para combatirme con todo el infierno? Tomaba una cruz en la mano y parecía verdaderamente darme Dios ánimo, que yo vi otra en breve tiempo, que no temiera tomarme con ellos a brazos, que me parecía fácilmente con aquella cruz los venciera a todos; y así dije: - Ahora venid todos, que siendo sierva del Señor, yo quiero ver qué me podéis hacer. Es sin duda que me parecía me habían miedo, porque yo quedé sosegada, y tan sin temor de todos ellos, que se me quitaron todos los miedos que solía tener, hasta hoy: porque aunque algunas veces los vía, como diré después, no les he habido más casi miedo, antes me parecía ellos me le habían a mí. Quedóme un señorío contra ellos, bien dado del Señor de todos, que no se me da más de ellos que de moscas. Parécenme tan cobardes que, en viendo que los tienen en poco, no les queda fuerza. No saben estos enemigos derecho acometer, sino a quien ven que se les rinde, o cuando lo permite Dios para más bien de sus siervos, que los tienten y atormenten. Pluguiese a Su Majestad temiésemos a quien hemos de temer y entendiésemos nos puede venir mayor daño de un pecado venial que de todo el Infierno junto, pues es ello así. Que espantados nos traen estos demonios, porque no queremos nosotros espantar con otros asimientos de honras y haciendas y deleites; que entonces, juntos ellos con nosotros mismos, que nos somos contrarios, amando y queriendo lo que hemos de aborrecer, mucho daños nos harán; porque con nuestras mismas armas les hacemos que peleen contra nosotros, poniendo en sus manos con las que nos hemos de defender. Ésta es la gran lástima. Mas si todo lo aborrecemos por Dios y nos abrazamos con su cruz y tratamos servirle de verdad, huye él de estas verdades como de pestilencia. Es amigo de mentiras y la misma mentira; no hará pacto con quien anda en verdad. Cuando él ve oscurecido el entendimiento, ayuda lindamente a que se quiebren los ojos; porque si a uno ve ya ciego en poner su descanso en cosas vanas, y tan vanas que parecen las de este mundo cosa de juego de niños, ya él ve que éste es niño, pues trata como tal, y atrévese a luchar con él una y muchas veces. Plega el Señor que no vea yo de éstos, sino que me favorezca. Su Majestad para entender por descanso lo que es descanso, y por honra lo que es honra, y por deleite lo que es deleite, y no todo al revés; ¡y una higa para todos los demonios!, que ellos me temerán a mí. No entiendo estos miedos: ¡demonio, demonio!, donde podemos decir: ¡Dios, Dios! y hacerle temblar. Sí, que ya sabemos que no se puede mover si el Señor no lo permite. ¿Qué es esto? Es sin duda que tengo ya más miedo a los que tan grande le tienen al demonio que a él mismo; porque él no me puede hacer nada, y estos otros, en especial si son confesores, inquietan mucho, y he

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pasado algunos años de tan gran trabajo, que ahora me espanto cómo lo he podido sufrir. ¡Bendito sea el Señor, que tan de veras me ha ayudado!" Vida (capítulo 25, 20-22). El diablo es como un perro atado: sólo muerde al que se acerca a él en pecado mortal...

EL DIABLO EN LA ACTUALIDAD
Basilea Schlink habla así sobre la actividad satánica en nuestros días: “El mundo de los demonios, de los ángeles caídos, es real de veras, es un hecho que es necesario que conozcamos. Hemos de hacer frente a esta realidad terrible, para que no caigamos insospechadamente en sus manos y seamos sometidos a su tiranía. Hoy en día, Satanás está manifestando su poder en gran escala, tal como las Sagradas Escrituras profetizan con respecto a los últimos tiempos (Apocalipsis 12:12). Con la ayuda de sus demonios halla herramientas dispuestas y voluntarias entre la Humanidad como nunca antes. Sí, las cosas han llegado al punto en que el mismo Satanás es adorado en los países cristianos: aumenta la frecuencia con que se celebran misas negras abiertamente en los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y en otros puntos. Hemos entrado en un período en que Satanás y sus huestes demoníacas están celebrando su apogeo. Las llamadas naciones cristianas están más o menos bajo su control. Ha conseguido inducir a gran parte de la Humanidad a que beba de la copa de la ramera (Apocalipsis 17:4), que está llena hasta el borde de basura sexual y brujería. (Según la palabra griega usada para «brujería» en Apocalipsis 18:23, esto podría interpretarse como una sorprendente alusión a las drogas). Y es la ramera de Babilonia la que, en colaboración con el Anticristo (Apocalipsis 17:3), procura llevar a la Humanidad a la destrucción. En nuestros tiempos vemos que Satanás ha adoptado una táctica nueva y sin precedentes. Desde el período de la Ilustración (siglo XVIII), Satanás ha tenido más o menos éxito difundiendo la creencia de que él no existe. Hasta mitad de los años sesenta, el demonismo estaba envuelto en el secreto. Muchos eran los que no se daban cuenta de sus actividades, que solían tener lugar de modo clandestino. Las prácticas del ocultismo sólo ocurrían bajo el sello del secreto y de noche, a cubierta de la oscuridad. Los amuletos, por ejemplo, eran llevados secretamente. Los hechizos eran echados en secreto. Había innumerables personas que sufrían horrores, sin darse cuenta de que habían sido atacados por fuerzas demoníacas. Por vergüenza o por temor, o bajo amenaza de venganza todo esto era mantenido en la oscuridad. Y, siempre que las personas estaban encadenadas por Satanás, hundidas en el vicio y la depravación, llevaban a cabo sus actividades pecaminosas a escondidas, por ejemplo, en el secreto de un club nocturno. Hoy en día, en cambio, ha sido descorrida la cortina, y la maldad se exhibe abiertamente. Toda la red de vicio y demonismo ha salido a la superficie y es ahora visible para todos. Esto puede tener que ver con el hecho que ahora el «pozo del abismo sin fondo» (Apocalipsis 9:1) ha sido abierto hasta cierto punto. Hemos entrado en los últimos tiempos, época en que la tierra pasa a ser la escena de la batalla apocalíptica: Satanás y sus demonios contra Dios y sus ángeles. Hasta qué punto las fuerzas del mal y el demonismo han salido a la superficie, es evidente por los siguientes hechos. Con libertad completa, las fuerzas demoníacas están vendiendo el sexo desde los grandes medios de comunicación de masas. Se insta a la gente a que den rienda suelta a sus deseos carnales, y echen mano de la pornografía y las actividades sexuales pervertidas -el vino de la inmoralidad, como lo define el Apocalipsis. Además, hay una marea creciente de adicción a las drogas. Son cada vez más y más los jóvenes, sí, niños incluso, que están tomando drogas. Hoy en día, con gran audacia, el mal está levantando su fea cabeza por todas partes. No son ya ciertos cines los que proyectan películas de crímenes espeluznantes y formas depravadas de sexo; ni son sólo los espectáculos del sexo los únicos que lo ofrecen a los que los patrocinan; hoy los demonios están alimentando al pueblo con pornografía soez y violencia brutal en las propias salas de nuestras casas y ante todos los que miran los programas de la televisión. El sexo ha infiltrado no sólo las publicaciones que llamamos lascivas, sino también las revistas serias e informativas, así como los libros publicados por editores bien conocidos. Una vida de libertinaje, libre de toda restricción en cuestiones sexuales, no es lo único que Satanás y sus demonios están ofreciendo a ojos vistas. En el mercado hay algo más, y es proclamado por todas partes como
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«nuevos inventos y conquistas». Bajo el slogan de una «personalidad libre y autónoma» se ha introducido la teoría del hombre independiente de Dios, que establece sus propios standards y ya no reconoce autoridad alguna, ni aun la de Dios. O sea, que pueden desembarazarse del «yugo de los Mandamientos», porque cada uno decide lo que es recto y lo que es torcido. El hombre puede hacer lo que le dé la gana, y cada uno refuerza su yo y gratifica sus deseos. Es verdad, este incentivo ha existido entre la Humanidad desde siempre, pero hasta aquí se hallaba sólo en grupos aislados o individuos. Hoy hay una tendencia mundial a prescindir de los Mandamientos de Dios como algo sin valor, irrelevante, cosa que no había ocurrido nunca antes. El resultado es que las personas se sienten libres para pecar sin que les remuerda nada la conciencia. Habiendo sido sancionadas por la sociedad, las prácticas inicuas como las prácticas homosexuales, ahora pueden ser cultivadas abiertamente y sin sentido alguno de vergüenza; ya no es necesario encubrirlas. Pero, esto significa que Satanás nos ha amarrado a una cadena, porque el pecado y Satanás van siempre juntos. Siempre que pecamos Satanás tiene derecho sobre nosotros, a menos que nos arrepintamos y llevemos nuestro pecado a la cruz de Jesús y nos volvamos de nuestros caminos pecaminosos. Hoy en día, el gran poder de los demonios y la influencia extensa que poseen sobre las personas está de manifiesto y todo el mundo puede verlo, y lo mismo las consecuencias. La gratificación de todo deseo es lo que ofrecen los demonios, pero el resultado es una sensación de vacío y de empobrecimiento del alma. Esta deshumanización de la personalidad explica el incremento del crimen; el número creciente de suicidios; las psicosis del terror. Los que han aceptado la oferta de los demonios - y esto se aplica en especial a nuestros jóvenes- muestran falta de ideales y de iniciativa e incapacidad de hacer frente a la vida. La aceptación de la oferta de los demonios da por resultado, no sólo la vaciedad y el temor, sino una desesperación suma. Estas son las características de la juventud de hoy. Y cuanto más se retraen en el mundo escapista de las drogas, mayor es el abismo de su desesperación. Esta tristeza profunda se puede ver en los muchos que han dado rienda suelta a sus deseos carnales y están regodeándose en la depravación. No sólo son desesperadamente infelices, sino que se vuelven brutales y revolucionarios. Al mismo tiempo que están esclavizados, en ningún modo son seres libres e independientes. No tienen opinión propia, sino que son fácilmente manipulados y siguen a la multitud. ¿Qué es lo que influye en ellos y modela su mente? Sólo hemos de pensar en el aspecto espectral de los pueblos por la noche con la luz azulada, temblorosa de los aparatos de televisión que se filtra a través de las ventanas. Satanás, el enemigo de la felicidad humana, ha conseguido, en gran parte, sus objetivos en nuestros tiempos. Los hombres beben la copa ponzoñosa del sexo y las drogas, que es causa de enfermedades físicas e, incluso, la muerte. Ha conseguido destruir el cuerpo. Consigue igualmente su objetivo de destruir el alma. Embotada, sí, incluso amortecida, por la inmoralidad sexual y ya sin recibir alimento sano, el alma queda reducida a un estado de vaciedad, miseria y desesperación. El espíritu del hombre, su personalidad, es destruido también. Sucumbe al engaño de Satanás y sólo busca fomentar su yo y vivir como «libre, autónomo, y con frecuencia termina con una personalidad fragmentada. Aislado en su yo, languidece en la soledad, el autoempobrecimiento y la muerte espiritual. Desgajado de Dios, le falta el influjo de la vida perdurable, que sólo se halla en Dios; y busca un sustituto, echando mano de las drogas. Una vez más. Satanás consigue su objetivo. Las víctimas de su obra de destrucción, con frecuencia se suicidan o terminan en hospitales mentales. El término «personalidad libre» tiene un halo vacuo cuando pensamos en estas personalidades fragmentadas, confinadas en instituciones mentales. Con todo, y contribuyendo esto al triunfo de los demonios, la gente está ciega a la realidad del mundo demoníaco. Han perdido su capacidad de darse cuenta de los demonios, de modo que éstos pueden operar sin temor alguno de ser descubiertos. La gente está ciega no sólo al poder e influencia de las fuerzas demoníacas, sino incluso a lo feo y odioso del pecado y sus resultados fatales. No echan de ver que todo esto es parte de una campaña del Infierno dirigida por Lucifer, que proclama que es capaz de satisfacer el hambre de vida que tiene la gente. Pero la vida que ofrece es un trago envenenado que ocasiona la muerte. No ven que se les niega el mayor de los goces y lo más precioso que se puede poseer: el verdadero amor, que sólo es reemplazado por la oferta de sexo que les hace Lucifer. Ni ve tampoco la gente que la proposición de Satanás de que se dediquen a un humanismo político-social les roba, en realidad, el verdadero amor fraternal. Porque,
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¿qué amor hay basado en el humanismo político-social? El amor que no tiene corazón. Su objetivo es cambiar la estructura de la sociedad, si es necesario por medio de la violencia, y de esta manera engendra odio, revuelta, asesinato y miseria total. Apaga el verdadero amor fraternal, que muestra un interés cálido y personal por el prójimo, y lo cuida con espíritu sacrificial cuando está en aflicción y necesidad. ¡Qué apropiadas son las palabras proféticas de Jesús para los últimos días!: «El amor de los hombres se enfriará» (Mateo 24:12) La mayoría de la Humanidad, hoy, no se dan cuenta que Satanás los está atrayendo con la promesa de desarrollar una personalidad libre. Esto es un cebo. Desde siempre, Satanás ha sido un mentiroso, y se afana en llevar a la Humanidad a la ruina. Pero el hombre es ciego a las intenciones malvadas de Satanás; no ve que Satanás lo destruye separándolo de Dios. Satanás sabe que Dios creó al hombre para disfrutar de una relación altamente personal con su Hacedor, una relación de amor mutuo. Y sabe que una vez que el hombre está separado de la fuente de vida divina, caerá en sus garras. Deslumbrado por la luz falsa de la mentira, la gente cree que Dios quiere forzarlos a aceptar su gobierno. No se dan cuenta de que Dios les da completa libertad para entregarse a Él o no hacerlo. Dios es amor y anhela el amor, un amor genuino en correspondencia, un amor voluntario. Sí, Satanás descarría a la gente, de modo que no se den cuenta ya de que el amor a Dios y la dependencia de Él, en realidad, les da gozo y los ennoblece. Ya no ven que siempre que el hombre se aparta de Dios, siempre que se pasa de la raya establecida entre la criatura y su Hacedor, e intenta ser igual a Dios, su personalidad se deteriora. Adonde esto lleva finalmente lo podemos ver en el filósofo alemán Nietzsche, que murió loco. La gente no se da cuenta que tras estos nuevos slogans, estas nuevas ideas, la «nueva moralidad», se halla el plan estratégico de Satanás, que en nuestros tiempos parece que se está realizando. La gente no ve el plan diseñado astutamente por Satanás de destruir los preceptos divinos y crear un caos diabólico socavando las leyes y moral de una nación con respecto al matrimonio, la familia, vida familiar, y el comportamiento ético entre los sexos. Parece como si Satanás hubiera hecho un consejo con sus demonios y, con gran furia, hubieran elaborado un plan para nuestros tiempos. Los demonios ya no dedican toda su atención a ciertas áreas restringidas de la vida, donde el pecado había triunfado siempre, por ejemplo, los campos de concentración, el mundo del hampa, los casinos de juego, las reuniones de ocultismo, los decidores de fortuna, echadores de cartas y clubes nocturnos. Ahora han llegado los tiempos en que los demonios inundan toda la tierra y toda área de la vida. Su ataque es en un frente amplio, que lo abarca todo y no se limitan a sectores particulares de la sociedad. Y esto no es todo. Lo que hace tan especial la táctica de Satanás en nuestros días es que los demonios han invadido la Iglesia a fin de destruirla. Han conseguido una posición dentro de la esfera de la Iglesia. Nunca antes, en la historia de la Iglesia de Jesucristo, ha ocurrido una situación semejante. El plan de destruir la Iglesia fue lanzado declarando que el concepto de pecado ha caducado y haciendo a Jesús innecesario como Salvador de los pecadores y Redentor de la Humanidad. Porque se dice que son los males sociales, y no el pecado, lo que es la raíz de las tribulaciones del hombre. Jesús se declara reformador social, y el mundo cristiano en general se ha desviado hacia un socialismo humanista. El énfasis ha cambiado. Para muchos cristianos. Jesús ya no es el centro de sus vidas. Ya no le dan su amor y el honor que le es debido. Su atención se enfoca al hombre, en cambio. No sólo se ha apagado el amor a Jesús en millones, sino que gradualmente están decayendo de la fe y de una vida de discipulado. Los demonios dominan en particular sobre los grupos de iglesia que hablan en términos de un amor fraternal, que no tiene nada que ver con Dios. Últimamente, este llamado amor ha llevado a la glorificación del sexo, porque el sexo se considera como esencial para el cumplimiento de la vida. Es por esto que muchos teólogos justifican el sexo prematrimonial y hacen una apelación para la tolerancia en cuestiones de comportamiento sexual desviado. Incluso los creyentes son engañados hoy por los demonios con su luz deslumbrante y tentadora, que es tomado como la verdadera luz del conocimiento. «Una nueva época requiere una nueva moralidad.» «No podemos esperar ya seguir adheridos a los Mandamientos de Dios en esta nueva época de libertad y autorrealización del hombre.» La restricción de los Mandamientos y todo el concepto de autoridad tienen que ser descartados, de modo que podamos desarrollar nuestro potencial libremente y, así, hallar nuestra
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verdadera identidad. A los creyentes se les hace reaccionar con argumentos de este tipo, incluso desde el pulpito. De modo imperceptible, los demonios están consiguiendo el control de muchos creyentes. Después de adoctrinar a la gente con la idea de que la autoridad ha de desaparecer, toman luego control de ellos, y se ríen despectivamente. Las personalidades libres con derecho a decidir por su propia cuenta, pasan a ser esclavos que tienen que hacer lo que les ordena su dueño. Están sometidas a una autoridad cruel, la autoridad de Satanás. Ahora han de hacer lo que él quiere. Por ejemplo, algunos están bajo la compulsión de tomar drogas, por más que esto les lleve a desórdenes mentales o a la muerte. Han perdido, en realidad, la libertad que Satanás, el mentiroso, les había bamboleado delante de los ojos, como un cebo tentador, hacia nuevas intuiciones y una nueva moralidad. Bajo el gobierno de Dios habían tenido la verdadera libertad. En vez de ser esclavos, habían sido siervos voluntarios de amor, viviendo en una relación altamente personal con Dios, su Hacedor y Padre, que no llevaba a sus hijos a la miseria, la muerte y la ruina, sino que llenaba sus vidas de gozo y felicidad. Ahora son esclavos, Y si no pueden darse cuenta de sus cadenas, y no ven las garras que los atenazan, esto es debido a que niegan y aun se mofan de la existencia de Satanás y sus demonios. Son prisioneros del diablo, que los ha entrampado con sus redes para que hagan su voluntad, como dice Pablo en II Timoteo 2:26. Como todo esto lleva a la desesperación y a la muerte, las personas que hacen frente a la realidad y quieren honrar la verdad, deberían admitir que han caído en esta miseria debido a que se extraviaron al seguir argumentos especiosos, luces falsas y seductoras. Pero, aunque Satanás se halla delante de sus ojos desenmascarado, como mentiroso desde el principio, son muchos los que, aunque normalmente perciben los hechos y ajustan sus vidas en consecuencia para todo, por lo que se refiere a este punto son completamente ciegos. En tanto que en los llamados países cristianos hay millones que están bajo las garras y artimañas de Satanás, hoy en día, en otros puntos está también persiguiendo a los creyentes con redoblada furia, más que nunca. El siglo XX ha visto a más cristianos torturados y muertos por su fe que ningún otro siglo. Satanás y sus esbirros, los ángeles caídos o demonios, están celebrando una cosecha óptima, porque hemos entrado en los últimos tiempos, cuando según profetizó Jesús, ocurrirían todas estas cosas. Porque Satanás y sus demonios saben que este es el capítulo final de la Historia, que precede al retorno de Jesucristo, y esta es su última oportunidad para extender su reino y hacer esclavos a grandes multitudes. Por ello, concentran sus actividades y hacen un esfuerzo máximo para aprovechar el tiempo que les queda. Quieren que entren en su reino muchos súbditos, para que puedan gobernar sobre ellos y atormentarlos. Se puede hacer una comparación con los campos de concentración. Inspirados por el Infierno, los capataces de los mismos se recreaban viendo los cobertizos rellenos de presos, millares de nuevas víctimas, en las cuales podían practicar su sadismo. A la hora de la muerte, los siervos de Satanás van a encontrarse frente a frente con él y sus secuaces los demonios, y contemplarán toda su horrorosa fealdad. Entonces se darán cuenta de la tiranía bajo la cual habían sido puestos al ceder a la tentación y servir a las fuerzas de las tinieblas. Satanás va a atormentarlos como sus esclavos en su reino de horrores, a los cuales se refirió con frecuencia Jesús. En esta vida, además, Satanás atormenta a sus esclavos aunque sólo hasta cierto punto. Incluso así, es una muestra de los tormentos que esperan a los que lo obedecen, en el otro mundo, en el reino de Satanás, donde hay tinieblas y angustia, gemidos y crujir de dientes. Que siempre tengamos en la mente esta realidad aterrorizante, siendo así que vivimos en una edad en que Satanás y sus demonios están realizando su ofensiva máxima.

REFLEXIONES SOBRE EL DIABLO
El diablo es como un perro rabioso atado, puede ladrar, amenazar, pero no puede morder más que al que lo quiere; puede comprometer, pero no puede derribar ni matar. Y pierde la esperanza hasta de persuadir cuando en la tentación ve que el hombre está constante, generoso, alegre y contento.
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Los diablos se alegran cuando pueden apagar o estorbar la alegría espiritual. Cada vez que nos alegramos en Dios, golpeamos al diablo. Con este gozo espiritual nos atraemos la gracia y las divinas luces; vemos los peligros y los evitamos, y nuestros enemigos, descubiertos y ya visibles, emprenden la fuga. Esta alegría interior sólo la encontrarás cuando cumplas los Mandamientos de Dios y confíes en su Divina Providencia, después de poner a Dios en todo lo que haces. * * *

Dios no hace nada sino por nuestro bien, y ni los hombres ni los diablos, pueden hacernos mal alguno sin su permiso. * * *

Es propio de Dios y del espíritu bueno comunicar en sus inspiraciones, a cuantos obran o proceden con sinceridad y rectitud, verdadera alegría y gozo espiritual, y quitarles la tristeza y turbación a que el espíritu malo les instiga. Y, por el contrario, es propio del mal espíritu, valiéndose de sofismas, sutilezas y otros engaños, el luchar a brazo partido contra esta alegría y consolación. * * *

El espíritu malo observa muy detenidamente si el alma es de delicada o relajada conciencia; si es delicada, esfuérzase en afinarla más hasta traerla a exageración y escrúpulos (falsos escrúpulos), para más fácilmente perturbarla y afligirla. Así, pues, cuando ve que el alma no admite pecado mortal ni venial, ni falta alguna voluntaria, ya que no logra, hacerla caer en culpa, se esfuerza por convencerla de que hay pecado donde no lo hay. Mas como sea el alma ancha de conciencia, procura el mal espíritu relajarla más y hacerla más confiada todavía, de suerte que si antes consideraba indiferentes los pecados veniales, ahora hasta los pecados mortales considere como de poco cuidado y si antes hallaba algún reparo en pecar, ahora repare menos o absolutamente nada. Es propio del mal espíritu transformarse a veces en ángel de luz empezar inspirando pensamientos devotos, para concluir sugiriendo sus perversas y dañadas intenciones. Debe, pues, el alma examinar atentamente la serie de los pensamientos que haya tenido porque si en el principio, medio y fin son buenos y tendieran a buen fin, señal es de que el espíritu bueno los ha inspirado; mas si en la serie declina alguno hacia el mal, o separa del verdadero bien o no es tan bueno como aquél que el alma había con antelación resuelto practicar, o le inquieta y perturba, indicio es clarísimo de que tales pensamientos proceden del mal espíritu. Una vez sorprendido el dañado intento del enemigo, conviene que el alma considere la serie de pensamientos que le sugirió bajo apariencias de bien, y que examine desde el principio los modos que el enemigo tomó para arrebatarle poco a poco la tranquilidad y paz interior, hasta salir triunfante con su depravado intento porque aleccionada con esta experiencia, en lo sucesivo se guardará más fácilmente de los engaños del enemigo. (San Ignacio de Loyola). * * *

El diablo, amigo de la tristeza, sabiendo cuánto puede contra él la alegría espiritual se esfuerza por combatirla de todas maneras y por destruirla con falsedad o disminuirla al menos con sutilezas. Cuida, no te engañe. Si cedes a ese autor de la tristeza no se contentará con privarte de los bienes de la santa alegría, sino que viéndote después según su deseo, te agredirá y tentará cuando estés más en peligro. Sea cualquiera la tentación o suceso que sobreviniere, confía en Dios y convéncete de que jamás abandona Él a los suyos, ni loa deja en la estacada. Jesús es el Amigo fiel que nunca falla, Jesús, y la Virgen, nuestra Madre celestial.

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Dios defiende con más empeño lo que es más fieramente atacado por el diablo, y fortifica con mayores defensas lo que más se esfuerza en destruir el enemigo. Animo, pues, ¿por qué temes, si Dios te asiste? Emprende las obras nobles y buenas con confianza y avanza con intrepidez. * * *

¿Sabéis cuál es la primera tentación que el demonio presenta a una persona que ha comenzado a servir mejor a Dios? Es el respeto humano. Santo Cura de Ars. * * *

Es un hecho cierto que el demonio no puede seducir a nadie, si no es aquel que libremente le presta el consentimiento de su voluntad. Casiano. * * *

El alma que venza la potencia del demonio no lo podrá conseguir sin oración ni podrá entender sus engaños sin mortificación y sin humildad. San Juan de la Cruz. * * *

El demonio es un gran perro encadenado, que acosa, que mete mucho ruido, pero que solamente muerde a quienes se le acercan demasiado. Santo Cura de Ars. * * *

El demonio tratará de seducir y apartar el espíritu humano para que viole los preceptos de Dios, oscureciendo poco a poco el corazón de aquellos que tratan de servirle con el propósito de que olviden al verdadero Dios, sirviéndole a él como si fuera el verdadero Dios. San Ireneo. * * *

Para discernir espíritus, nos señalan los Santos las siguientes reglas: Primera. - Se dice propiamente que uno tiene consolación espiritual cuando el hombre es excitado interiormente por alguna moción que enciende el alma en amor divino, ya directamente, como cuando se inflama en amor por simple merced de la bondad divina, ya indirectamente, como cuando se siente movido a amar a Dios por la consideración de la Pasión de Jesucristo. También existe consolación espiritual en cualquier aumento de fe, esperanza y caridad, en toda alegría interna que levante el alma a cosas sobrenaturales o a procurar su salvación y perfección, con tal que le traiga paz en el Señor. Segunda — Se llama desolación espiritual todo lo contrario de lo anteriormente expuesto, como entorpecimiento, conturbación y tinieblas en el alma, una agitación que mueve a desconfianza y es contraria a la esperanza y caridad, y, por último, cierta propensión a cosas bajas e interior tristeza que inquieta y abate el ánimo. Tercera - Sólo es de Dios dar consolación al alma sin causa precedente. Se entiende "sin causa precedente" cuando se da el consuelo sin previa sensación ni pensamiento sobre objeto alguno que pueda atraer al alma al consuelo por sus propios actos de entendimiento y voluntad.
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Cuarta.- Cuando precede motivo de consolación pueden consolar al alma tanto eI buen espíritu como el malo, pero con fines contrarios el bueno, para aprovecharla e inclinarla de bien en mejor; el malo, para dar al traste con su virtud y perderla. Quinta — En tiempo de desolación no se ha de obrar ninguna mudanza, sino que se ha de mantener con fortaleza cuanto se propuso en la pasada consolación. Porque así como en la consolación nos mueve más de ordinario el espíritu bueno que el malo, y hasta las facultades naturales se hallan más expeditas, así por el contrario, en la desolación nos incita más comúnmente el malo que el bueno, y entenebrecidas más o menos nuestras facultades, quedamos casi inhábiles para aconsejarnos. Sexta.- Aunque en la desolación no se debe mudar el propósito precedente, conviene cambiar, sin embargo, nuestra manera de obrar, de modo que pugnemos contra la misma desolación insistiendo más en el orar, examinándonos con más cuidado par humillarnos y confiar en la misericordia divina, ejercitándonos discretamente en mayores actos de caridad y penitencia. Séptima. - Quien anduviere en desolación, tenga presente que, a fin de probarlo, el Señor lo deja sólo con sus potestades naturales y la gracia ordinaria (y aún a veces especial, aunque no sensible) para que, resistiendo a las varias instigaciones del enemigo, muestre su fidelidad y amor; porque con la sola gracia ordinaria, que sin sentirla permanece en él, puede resistir enteramente. Mas aquél que anduviere en consolación, considere como se portará en la desolación venidera, cobre nuevas fuerzas para soportarla y esfuércese en comprender para qué poco vale cuando el Señor levanta la mano y sensiblemente no le ayuda. Finalmente, tanto uno como otro procuren adquirir virtudes sólidas o afianzar las adquiridas para quedar así santificados. * * *

No atiendas al diablo ni a sugestión alguna de las pasiones, porque lo que buscan es engañarte y perderte con razones aparentes. * * *

No te maravilles si te tienta Satanás, porque no tiene otra ocupación que andar en tu derredor para tentarte y en su atrevimiento acomete a todos y los tantea de mil maneras, y, rechazado, no se avergüenza de reembestir, y aún vencido, no desiste de nueva agresión. No te dejes, pues, perturbar, cuando sintieres tentaciones, porque nacen de la malicia del diablo muchas veces, no sólo de tu propia naturaleza caída por el pecado de nuestros primeros padres. Necio en verdad y sin fundamento sería tu proceder si por una tentación del diablo perdieras la paz del espíritu, eso sería colocar tu sosiego a disposición del enemigo que a buen seguro nunca te permitiría disfrutar de él. Dios conoce tu flaqueza y la malicia del diablo, pero también conoce el poder de la gracia y cuánto puedes pon la cooperación de su auxilio, pues Él, que domina a Satanás hasta el punto de no atreverse a acometer sin su consentimiento a unos inmundos animales, Él, que en tanto aprecia tu salvación, no permitirá que te tiente sobre tus fuerzas; antes cuando la tentación arreciare, Él te aumentará la gracia. * * * Sábete que por tres caminos puede llegar el diablo a tu corazón para tentarte; uno exterior, el de los sentidos; otro interior, el del entendimiento, y otro que participa en cierta manera de ambos, el de la imaginación. En cuanto percibieres por cualquiera de estos tres caminos la tentación, tu primer cuidado sea no inquietarte ni turbarte, sino conservar el sosiego del espíritu poniendo la mira en el Señor

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No omitas lo que hayas determinado no omitir por desolación espiritual alguna que sintieres; no dejes ninguna de las buenas obras acostumbradas Mientras la desolación espiritual, la sequedad del espíritu, te cubre, bajo ningún pretexto te preocupes de ella con molestas reflexiones, Permanece sosegado y ora. Tu primer cuidado, pues, sea no inquietarte nunca por mucho que arreciare la desolación. Lo que tú padeces lo padecieron aquellos mismos santos que más perfectamente se asemejaron a Jesús; por esos caminos murieron enteramente a sí mismos y únicamente vivieron para Dios con renovación de vida. En esos momentos puedes ejercitar con pureza esas virtudes y de practicar actos heroicos. No te abatas; lo que parece muerte es vida, pero oculta lo que parece perdición resultará luego la renovación de tu espíritu. Pero advierte, como es el diablo Quien te sugiere la duda sobre tu salvación, pues Dios bien claramente dijo que quería la salud de todos los pecadores; como es el diablo quien te instiga a desconfiar de su misericordia, en la cual, los que esperan no son confundidos, y por la cual, cuantos pidan recibirán lo que pidieron; como, finalmente, es el diablo quien te mueve a no sentir bien de la Bondad divina, cuando con amor infinito lo ordenó todo para tu eterna bienaventuranza. Del espíritu diabólico procede todo lo que es de suyo malo, pues con semejantes engaños jamás tienta Dios a nadie. Cuanto el diablo te sugiriere, devuélvese sin disputar ni trabar con él conversación alguna. Resígnate a la voluntad de Dios, y aunque por la magnitud de la desolación interior te parezca no conformarte con el diivino beneplácito, no te turbe ni te inquietes, antes, confía en Él. * * *

Cuando la tentación viniere por los sentidos, no les permitas sin suficientes motivos exponerse al peligroso objeto de la tentación, sino que con quietud y firmeza procura abstraerte para que en lo posible ni siquiera percibas los sentidos el mal que se les propone. Cuando te cercare la tentación por el entendimiento, no permitas que el enemigo trabe con él ni un solo razonamiento; por muy razonadas y evidentes que parezcan los argumentos del diablo, en cuanto notares que contrarían a alguna virtud, sin más raciocinio deséchalos y saldrás vencedor. Cuando se abriere camino por la imaginación con ayuda de sensaciones, pasadas o nuevamente compuestas allí por el diablo, no consientas que la imaginación se extasíe en tales fantasmas; apártala al punto con resolución y represéntale en su lugar algunos misterios de la fe, como la muerte o el juicio, el Infierno o la Gloria, y mejor todavía, al Hijo de Dios pendiente de la Cruz mirándote y ofreciéndote su Corazón por asilo. Ten muy por cierto, que basta en cualquier tentación apartar simplemente la atención de su objeto, pues, con frecuencia, es tu deber, tanto en tiempo de paz como de guerra, para que la gracia te sostenga en el combate, te anime y te conduzca a la victoria. Si atribuyes la gloria del vencedor a Jesús que fue el primer vencedor y que a nadie cedió su gloria, entonces te protegerá con su escudo, y él mismo peleará tus batallas como guerrero esforzado e invencible; millares de enemigos caerán a tu lado, y más millares de enemigos todavía delante de tu rostro. Enemigo ninguno prevalecerá contra ti. * * *

A quien el mundo comprende, el diablo ataca. * * *

No te contentes con rechazar a Satanás, tira también a dañarlo, lo cual lograrás si con las armas que Dios te presente revuelves la tentación contra el mismo enemigo. * * *

Las tinieblas y todo acto maligno serán vencidos con la oración. Permaneced en oración y seréis auxiliados. * *
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La oración malogra las acechanzas del diablo, no permite que actúe en las almas. La oración del humilde es súplica de amor que, renovada, llega como una ofrenda al Señor. No dejéis que esta flor, que es la oración, se marchite, seguidla constantemente. * * *

Dejad entrar a María en vuestros corazones y un gran cambio se producirá en vosotros. La Virgen es incomprendida por muchos, pero eso no hace que la noche domine al día; Ella mantendrá la Luz y su dominio sobre el enemigo, que se verá aplastado por las fuerzas de Jesucristo. * * *

La destrucción de los hombres la buscan los hombres, porque se convierten en objetos de perdición, cuando caen en las redes de Satanás. * * *

El odio engendra odio y el amor engendra amor. El diablo sólo destila maldad y el amor de Jesús deja paz. * * *

Orando se aleja al maligno, orando se llega a Dios, orando se salvan las almas. * * *

Según Santa Teresa de Jesús el diablo teme a los que se les enfrentan * * *

El alma que no es humilde la engaña el diablo fácilmente haciéndole creer mil mentiras. * * *

Al alma que está unida con Dios el diablo la teme como al mismo Dios. * * *

A puerta cerrada el diablo se vuelve. * * *

Las angustias del espíritu son la pérdida de la devoción, de ahí los grandes ataques para producirla en el alma que lleva a cabo el diablo. En estos casos según Santa Teresa de Jesús, hay que procurar que por la confianza en Dios y la aceptación de la voluntad divina de poner todo de nuestra parte por solucionar el problema que nos angustia, dejemos luego el asunto en manos de Nuestro Señor. Así, el diablo, procurará atacar cada vez menos en este campo cuando vea que siempre sale perdiendo.

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Sin fuerzas se queda el espíritu diabólico cuando rechazamos tentaciones con frente serena y corazón intrépido. Pero si advierte que el hombre tiembla y se desespera, entonces no hay fiera más cruel y dañina que aquel enemigo hasta conseguir el fin de su malvada y pertinaz porfía. * * *

Pobre el que entrega su alma al maligno, ya que entrega su alma a las tinieblas. * * *

La oración es el arma con la que se logran vencer al enemigo satánico. * * *

El maligno entorpece la mente del hombre, la oscurece y la aleja de Dios. Por eso el Señor quiere permanecer en los corazones y que no haya así extravíos. * * *

La Fuerza y el Amor que hay en el Corazón de María, arrasará con la fuerza del mal, esa fuerza que sólo lleva a la muerte. Como Madre le ofrece a sus hijos abrigo y la seguridad que el adversario no penetrará en ellos, si ellos antes se introducen en el Corazón de la Madre. * * *

La oración consuela, defiende al alma del maligno y no permite que el alma caiga en las tinieblas. * * *

"Yo os ofrezco mi Amor y mi Corazón, Fuerza Indestructible. He aquí mi poder, mi gran poder, con él os defenderéis de Satanás, resistiréis a Satanás. Abandonáos en mí y vuestras almas gozarán de Vida Eterna" (Palabras de la Virgen). * * *

Orad y sentid la presencia de Dios y no seréis arrebatados por el enemigo. * * *

La oración es la coraza contra el maligno. * * *

El arma que constituye mayor influencia sobre el mal, es el rezo del Santo Rosario. Con este rezo se ahonda en la vida espiritual, el espíritu crece en amor a Dios y lo aleja así del pecado. Disipa las sombras del espíritu y hace que éste permanezca fiel a Dios. Con la oración se rechaza la tentación del maligno. * * *

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Ábranse los corazones dejando entrar al Señor y no obtendrá Satanás su victoria.

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El enemigo ha sido ya atacado, cerca está su fin y está usando como último recuso la debilidad humana: la soberbia. Pero Dios vencerá. La Madre de Cristo vencerá. * * *

Si los hombres no se fortalecen en Dios, derribados serán por el maligno. Edificáos en la oración y libres seréis de las ataduras. * * *

No os separéis de la oración y no se extenderá el mal. * * *

Acudid a María y Ella os asistirá. * * *

La acción del Espíritu Santo se pone de manifiesto cuando el corazón se abre de verdad a Dios. Él os da una preciosa ayuda, la Madre Celestial, caminaréis según si a Ella os aferráis. No os cobijéis en el desconsuelo, hacedlo en la oración. En la Madre encontraréis consuelo. * * *

María es la Madre que, por caridad, no deja a ningún hijo a la deriva. Ella es la Madre que no desea ser desconocida de sus hijos. Ella quiere defendeos del mal. Ella es la Madre Esperanzadora, la que, con vuestra docilidad, hará posible la Gran Obra de Salvación del Hijo. * * *

Estad en completa unión con la Madre y no os afectará ningún mal. * * *

Los dominios de Satanás buscan extenderse, pero nada teman los hijos que se abandonan en María. Debe crecer esa fe, esa seguridad en María. Lo logrará aquel que rece frecuentemente al Santo Rosario. Orad, el Señor escucha. * * *

Nada malo puede entrar en un alma, si el alma se fortalece en Dios. Es por eso que es tan necesario conocer la Palabra de Dios y orar. Benditos los que profundizan en la Palabra y benditos los que oran. * * *

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En la confianza en María halla Ella el amor de sus hijos; en la docilidad, plena disponibilidad; en la fidelidad, aceptación de la Voluntad de Dios. La Luz sobrepasará las tinieblas. * * *

¡Si todos los hombres se dejaran guiar por la Madre de Jesucristo, Paz habría en su corazón! Los hombres están viviendo en un mundo convulsionado, donde el odio, la violencia y la soberbia lo están dominando. Esto es lo que ofrece el Príncipe de las tinieblas; éste lleva a muchas almas a un total extravío. * * *

Los ángeles luchan denodadamente contra el mal, en todas sus formas, ya que son mensajeros de Dios, criaturas de Dios, espíritus puros, celestiales. Defienden al alma de los peligros del demonio; abren al alma una brecha de Luz en medio de las tinieblas, devuelven la salud del cuerpo y prepara al alma a desear con mayor intensidad la salud espiritual. * * *

Las armas de Satanás son la soberbia, el engaño y la confusión . * * * El diablo es como un perro rabioso atado, puede ladrar, amenazar, pero no puede morder más que al que lo quiere; puede comprometer, pero no puede derribar ni matar. Y pierde la esperanza hasta de persuadir cuando en la tentación ve que el hombre está constante, generoso, alegre y contento. * * *

Los diablos se alegran cuando pueden apagar o estorbar la alegría espiritual. Cada vez que nos alegramos en Dios, golpeamos al diablo. Con este gozo espiritual nos atraemos la gracia y las divinas luces; vemos los peligros y los evitamos, y nuestros enemigos, descubiertos y ya visibles, emprenden la fuga. Esta alegría interior sólo la encontrarás cuando cumplas los Mandamientos de Dios y confíes en su Divina Providencia, después de poner a Dios en todo lo que haces. * * *

Dios no hace nada sino por nuestro bien, y ni los hombres ni los diablos, pueden hacernos mal alguno sin su permiso. * * *

Todo camino que tiene los Mandamientos de Dios como postes de señales, es un camino de amor, va a desarrollar nuestras personalidades y las ennoblecerá. Pero si escuchamos los argumentos de Satanás sobre una personalidad libre, y seguimos su camino, va a llevarnos a la destrucción. * * * El demonio promete siempre más de lo que puede dar. La felicidad está muy lejos de sus manos. Toda tentación es siempre un miserable engaño. Y para probarnos, el demonio cuenta con nuestras ambiciones. La peor de ellas es la de desear, a toda costa, la propia excelencia; el buscarnos a nosotros mismos sistemáticamente en las cosas que hacemos o proyectamos. Nuestro propio yo puede ser, en muchas ocasiones, el peor de los ídolos.
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El diablo existe. La Sagrada Escritura habla de él desde el primero hasta el último libro revelado, desde el Génesis al Apocalipsis. En la parábola de la cizaña, el Señor afirma que la mala simiente, cuyo cometido es sofocar el trigo, fue arrojada por el enemigo. En la parábola del sembrador, viene el Maligno y arrebata lo que se había sembrado. Algunos, inclinados a un superficial optimismo, piensan que el mal es meramente una imperfección incidental en un mundo en continua evolución hacia días mejores. Sin embargo, la historia del hombre ha padecido la influencia del diablo. Hay rasgos presentes en nuestros días de una intensa malicia, que no se explican por la sola actuación humana. El demonio, en formas muy diversas, causa estragos en la Humanidad. Sin duda a través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final. De tal manera que el demonio provoca numerosos daños de naturaleza espiritual e, indirectamente, de naturaleza incluso física en los individuos y en la sociedad. La actuación del demonio es misteriosa, real y eficaz. Desde los primeros siglos, los cristianos tuvieron conciencia de esa actividad diabólica. San Pedro advertía a los primeros cristianos: sed sobrios y estad en vela, porque vuestro enemigo el diablo anda girando alrededor de vosotros como león rugiente, en busca de presa que devorar. Resistidle firmes en la fe.. Para librarnos del influjo diabólico, también ha dispuesto Dios un ángel que nos ayude y proteja. Acude a tu Custodio, a la hora de la prueba, y te amparará contra el demonio y te traerá santas inspiraciones. El demonio es un ser personal, real y concreto, de naturaleza espiritual e invisible, y que por su pecado se apartó de Dios para siempre, porque el diablo y los otros demonios fueron creados por Dios naturalmente buenos; pero ellos, por sí mismos se hicieron malos. Es el padre de la mentira, del pecado, de la discordia, de la desgracia, del odio, de lo absurdo y malo que hay en la tierra. Es la serpiente astuta y envidiosa que trae la muerte al mundo, el enemigo que siembra el mal en el corazón del hombre, y al único que hemos de temer si no estamos cerca de Dios. Su único fin en el mundo, al que no ha renunciado, es nuestra perdición. Y cada día intentará llevar a cabo ese fin a través de todos los medios a su alcance. Todo empezó con el rechazo de Dios y su reino, usurpando sus derechos soberanos y tratando de trastocar la economía de la salvación y el ordenamiento mismo de toda la creación. Un reflejo de esta actitud se encuentra en las palabras del tentador a nuestros primeros padres: Seréis como dioses. Así el espíritu maligno trata de trasplantar en el hombre la actitud de rivalidad, de insubordinación a Dios y de oposición a Dios que ha venido a convertirse en la motivación de toda su existencia. El demonio es el primer causante del mal y de los desconciertos y rupturas que se producen en las familias y en la sociedad. «Suponed, por ejemplo —dice el Cardenal Newman—, que sobre las calles de una populosa ciudad cayera de repente la oscuridad; podéis imaginar, sin que yo os lo cuente, el ruido y el clamor que se produciría. Transeúntes, carruajes, coches, caballos, todos se hallarían mezclados. Así es el estado del mundo. El espíritu maligno que actúa sobre los hijos de la incredulidad, el dios de este mundo, como dice San Pablo, ha cegado los ojos de los que no creen, y he aquí que se hallan forzados a reñir y discutir porque han perdido su camino; y disputan unos con otros, diciendo uno esto y otro aquello, porque no ven». En sus tentaciones, el demonio utiliza el engaño, ya que sólo puede presentar bienes falsos y una felicidad ficticia, que se torna siempre soledad y amargura. Fuera de Dios no existen, no pueden existir, ni el bien ni la felicidad verdaderos. Fuera de Dios sólo hay oscuridad, vacío y la mayor de las tristezas. Pero el poder del demonio es limitado, y también él está bajo el dominio y la soberanía de Dios, que es el único Señor del Universo. El demonio —tampoco el ángel— no llega a penetrar en nuestra intimidad si nosotros no queremos. Los espíritus inmundos no pueden conocer la naturaleza de nuestros pensamientos. Únicamente les es dado columbrarlos merced a indicios sensibles, o bien examinando nuestras disposiciones, nuestras palabras o las cosas hacia las cuales advierten una propensión por nuestra parte. En cambio, lo que no hemos exteriorizado y permanece oculto en nuestras almas, les es totalmente inaccesible. Incluso los mismos pensamientos que ellos nos sugieren, la acogida que les damos, la reacción que causan en nosotros, todo esto no lo conocen por la misma esencia del alma sino, en todo caso, por los movimientos y manifestaciones externas.

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El demonio no puede violentar nuestra libertad para inclinarla hacia el mal. Es un hecho cierto que el demonio no puede seducir a nadie, si no es aquel que libremente le presta el consentimiento de su voluntad. El santo Cura de Ars dice que «el demonio es un gran perro encadenado, que acosa, que mete mucho ruido, pero que solamente muerde a quienes se le acercan demasiado». Con todo, ningún poder humano puede compararse con el suyo, y sólo el poder divino lo puede vencer y tan sólo la luz divina puede desenmascarar sus artimañas. El alma que venza la potencia del demonio no lo podrá conseguir sin oración ni podrá entender sus engaños sin mortificación y sin humildad. La vida de Jesús quedó resumida en los Hechos de los Apóstoles con estas palabras: “Pasó haciendo el bien y librando a todos los oprimidos del demonio”. Y San Juan, tratando del motivo de la Encarnación, explica: “Para esto vino el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”. Cristo es el verdadero vencedor del demonio: “ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera”, dirá Jesús en la Última Cena, pocas horas antes de la Pasión. Dios «dispuso entrar en la historia humana de modo nuevo y definitivo, enviando a su Hijo en carne nuestra, a fin de arrancar por Él a los hombres del poder de las tinieblas y de Satanás». El demonio, no obstante, continúa detentando cierto poder sobre el mundo, en la medida en que los hombres rechazan los frutos de la redención. Tiene dominio sobre aquellos que, de una forma u otra, se entregan voluntariamente a él, prefiriendo el reino de las tinieblas al reino de la gracia. Por eso no debe extrañarnos el ver, en tantas ocasiones, triunfar aquí el mal y quedar lesionada la justicia. Nos debe dar gran confianza saber que el Señor nos ha dejado muchos medios para vencer y para vivir en el mundo con la paz y la alegría de un buen cristiano. Entre esos medios están: la oración, la mortificación, la frecuente recepción de la Sagrada Eucaristía y el amor a la Virgen. Con Nuestra Señora estamos siempre seguros. El uso del agua bendita es también eficaz protección contra el influjo del diablo como dice Santa Teresa de Jesús: “De ninguna cosa huyen más los demonios, para no tornar, que del agua bendita"

LUCHA CONTRA EL DIABLO Hay que orar contra los demonios. Pero, ¿cómo hacerlo? Lo sabremos si tenemos en cuenta que el 13 de Enero de 1863, un alma santa fue favorecida con una visión sobrenatural y le pareció ver a los diablos esparcidos por toda la tierra, causando indecibles estragos. Al mismo tiempo la Madre de Dios le revelaba que había llegado la hora de rogársele que, como Reina de los ángeles, enviara legiones celestiales para combatir y aplastar los poderes del Infierno. Pero aquella le respondió: -Madre mía, siendo Tú tan buena, ¿no podrías enviarlas sin pedíroslo? -No, la oración es una condición puesta por el mismo Dios para alcanzar las gracias. -Entonces, Madre mía, desearía que Tu misma enseñes cómo hay que rezar. Y al instante le dictó la siguiente Oración: “¡Augusta Reina de los cielos y Maestra de los ángeles! Tú que has recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de Satanás, te pedimos humildemente envíes las legiones celestiales para que, bajo tus órdenes, persigan a los diablos, los combatan en todas partes, repriman su audacia y los rechacen al abismo. ¿Quién como Dios? ¡Oh buena y cariñosa Madre! Tú serás siempre objeto de nuestro amor y nuestra esperanza. ¡Oh Santa Madre!, envía los Santos ángeles para defendernos y rechazar muy lejos de nosotros al cruel enemigo. Santos Ángeles y Arcángeles, defendednos, guardadnos. Amén”. Hasta aquí la Oración mariana, que fue enriquecida con 300 días de indulgencia por el papa San Pío X, el 8 de Junio de 1908. Una prueba de lo mucho que esta plegaria iba a lograr contra los diablos fue que, cuando se intentó imprimirla por primera vez, se rompieron por tres veces las maquinarias de la imprenta. Pero, debido al impulso del Venerable Padre Cestac, fundador del Institución de Nuestra Señora del Refugio, esta invocación se difundió entre los católicos del mundo entero, acompañada en todas partes de gracias extraordinarias. No es necesario que nosotros contemplemos lo que pasa en el mundo de los espíritus cuando rezamos
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la aludida Oración. Bástenos saber que se cumplirá fielmente la promesa de la Virgen, sucediendo entonces cosas como la que refiere la Venerable Ana Catalina Emmerick, quien dijo en cierta ocasión: -He visto a la Virgen Santísima pedir que un ejército entero de ángeles viniese a la tierra, y enseguida los veo agitarse y descender sobre la tierra. No olvidemos tampoco, que otra arma poderosísima contra el diablo es el rezo del Santo Rosario.

ÍNDICE ¿QUIÉN ES EL DIABLO? ------------------------------------------EXISTENCIA DEL DIABLO -----------------------------------------ENGAÑOS DEL DIABLO --------------------------------------------CASOS DE POSESIÓN DIABÓLICA -----------------------------------CAUSAS DE LA POSESIÓN DIABÓLICA -------------------------------PODER DEL DIABLO-----------------------------------------------EL DIABLO EN LA ACTUALIDAD ------------------------------------REFLEXIONES SOBRE EL DIABLO -----------------------------------LUCHA CONTRA EL DIABLO ----------------------------------------4 4 5 6 14 15 16 19 29

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