Revolución Industrial (Segunda Parte: La mula) Ayer empezamos a contarles cuáles fueron los inventos que provocaron uno

de los más profundos cambios de era de la humanidad: la Revolución Industrial, que se disparó en Inglaterra a partir del siglo XVIII. Y lo contamos a partir de un libro escrito por Martin Hadis con otro propósito. Averiguar cómo pudo surgir el más grande escritor de habla castellana en la Argentina. El libro se llama Literatos y excéntricos: los ancestros ingleses de Jorge Luis Borges. Les dije que realmente el libro, que parece tan sofisticado, me atrapó. Y nos cuenta que Jorge Luis Borges es descendiente de generaciones de ingleses cultos que le trasmiten su legado a través de la abuela venida a la Argentina, la madre de su padre. ¿Quién es el primero, el primer personaje culto de esos antepasados, el primero que se vuelca a los libros y que tiene tantos parecidos con Borges que por momentos parecen calcados? El tatarabuelo. ¿Y en qué ambiente desarrolla su personalidad ese tatarabuelo? En los albores de la Revolución industrial, época de cambios aceleradísimos. Por eso Hadis describe el tiempo que vivía aquel tatarabuelo de Borges y cuenta los grandes inventos que hicieron la Revolución Industrial. La máquina de vapor, que reemplaza a las fuerzas de la naturaleza, los caminos consolidados de piedritas, el macadan, que aumentan extraordinariamente la circulación de personas, de bienes y de ideas. Las máquinas nuevas se multiplican. Y en 1779 Samuel Crompton, que vivía como los antepasados de Borges en el pueblo de Boston, inventó una máquina que llamó “Mula”, que combinaba las funciones de las otras máquinas. Esta nueva máquina de coser permitía usar el algodón local en lugar del importado, y esto hizo que la industria algodonera creciera sin parar hasta el punto de cubrir al poco tiempo todo el condado de Lancashire.

Hadis dice que hasta 1784 estos dos grandes inventos: los motores de vapor y los nuevos telares no tenían ningún vínculo en común. Pero a un clérigo llamado Edmund Cartwright se le ocurrió la idea de unir los dos inventos, y creó así máquinas de tejer que funcionaban con vapor. Retengan que el invento fue de un clérigo. El nuevo invento de la máquina de vapor pronto fue divulgado, y mejorado, y además de utilizarse en las fábricas textiles empezó a ser usarse en las minas. También para impulsar barcos y para mecanizar muchos procesos que antes se hacían manualmente. La producción de cerámica y porcelana fue otra de las industrias que creció gracias a la mecanización y mejora de las vías de transporte. Bueno, pero también fue a partir de entonces que la red de canales fluviales no dejó de abrirse y cruzarse por todas partes. Y esos canales fueron fundamentales para el desarrollo industrial, porque permitieron que las materias primas, como el algodón y el caucho, los cueros y metales, que llegaban desde lugares alejadísimos, una vez que entraban a Inglaterra por los puertos costeros siguieran viaje a través de la red de canales hacia el interior del país. Y también a la inversa, es decir, desde las distintas regiones se enviaban productos terminados a los puertos costeros, para que luego fueran exportadas por todo el mundo. Se disparó todo. Los efectos de la transformación del transporte fueron tan profundos que incluso cambiaron la misma naturaleza del comercio, porque permitieron que se intercambiaran todo tipo de productos entre los países y regiones. Hasta comienzos de la Revolución Industrial, el tráfico de mercancías se reducía a productos de lujo. Pero con el crecimiento de la red de canales artículos mucho más simples fueron exportados, y comenzaron a acceder a ellos no sólo las minorías, sino toda la población. Así, el comercio internacional experimentó un crecimiento astronómico. Entre 1775 y 1800 el valor de las exportaciones británicas se duplicó, y el crecimiento de bienes también acompañó esta expansión a un ritmo nunca

antes visto. ¿Y quieren que les diga una cosa? Por lo menos la mitad de los grandes inventos de la Revolución Industrial fueron hechos, según cuenta Martin Hadis, por los dissenters, los llamados disidentes. Muy bien, los antepasados de Jorge Luis Borges, los que vivieron en ese mundo que giraba a mil por la Revolución Industrial, eran dissenters. En ese ambiente creció el tatarabuelo de Jorge Luis Borges y que, se los adelanto, se parece a Borges en mil cosas, como si uno fuera un calco del otro. El lunes les contamos la tercera parte: el tatarabuelo de Borges.