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EL COLOR DE LA SOSPECHA
EL MALTRATO POLICIAL A PERSONAS INMIGRANTES
EN EL BARRIO DE SAN FRANCISCO (BILBAO)

Informe elaborado por:

Beatriz Díaz y Javi Fantova

A partir de la información recogida por el equipo de trabajo compuesto por:

Marian Albiz
Fermín Barceló
Fernando Bilbao
Gallaye Dia
Beatriz Díaz
Javi Fantova
Miren Ortubay
Elixabete Venero

Bilbao, Marzo de 1998
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Hay que luchar en todos los frentes
de la libertad.
Cuando los nazis fueron a por los comunistas
yo me libré, porque no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas
yo no dije nada porque no era socialdemócrata.
Cuando fue el turno de los católicos
yo no protesté porque no era católico.
Cuando se llevaron a los judíos
yo no me moví porque no era judío.
Cuando vinieron a por mí
no había ya nadie para protestar.

Martin Niemöller

Este informe se publica en un momento en que están surgiendo diversas iniciativas -con amplio
respaldo social- que están denunciando públicamente la existencia de malos tratos policiales a
personas inmigrantes en Bilbao, especialmente aquellas que viven o pasan parte del día en el barrio
de San Francisco.

Quienes conocemos esta realidad como vecinas y vecinos del barrio, como personas que
colaboramos en actos de denuncia pública, como amigas y amigos de muchas personas que sufren
las consecuencias de las agresiones policiales o como parte de grupos que desde hace años
trabajamos por mejorar la vida de estas personas... pensamos que es muy necesario contar con un
documento que dé voz, razón y sentimiento a esta realidad y a nuestras demandas en torno a ella.

Sabemos que se trata de un tema difícil de plantear, un tema delicado y poco aireado, un tema
sobre el que existen muchos rumores y pocas fuentes claras, sobre el que se evita hacer
declaraciones rotundas; un tema que tiene como contexto una situación social muy conflictiva, de
cansancio y dolor para muchos vecinos y vecinas del barrio de San Francisco.

Por eso mismo creemos que hace falta palpar esta situación desde una visión cercana a quienes la
viven y más contextualizada que la que suelen ofrecer tanto los cuerpos policiales como los medios
de comunicación. Y queremos que este material sirva como de punto de partida para la reflexión y
para un debate social más abierto y fundamentado.

Muchas personas han participado y animado la elaboración de este informe. Su publicación ha sido
posible gracias a los testimonios aportados por cincuenta y dos personas que nos han hablado con
temor y esperanza de su vivencia del maltrato policial.

Gracias también a amigas y amigos, que de manera desinteresada nos han ayudado con su trabajo
profesional: Carlos corrigiendo un primer borrador y regalándonos sus palabras; Marilu e Isabel
haciéndose un huequito para revisar y corregir la última versión; Amaia traduciendo al euskara;
Pepelu y Juantxo robando tiempo al tiempo para maquetar y hacer llegar a imprenta; Sergio
diseñando la portada; Inma y Lourdes imprimiendo y fotocopiándonos borrador tras borrador.
Gracias a muchas personas y organizaciones que de manera anónima han hecho la aportación
económica necesaria para la edición del informe y a tantas otras que con su aliento y su voz han
acompañado la andadura de estas páginas.
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ÍNDICE

EL ORIGEN DE LA INVESTIGACIÓN

PREPARANDO LA INVESTIGACIÓN
1. Planteamientos de partida............................................................................................
2. El acercamiento a las situaciones................................................................................
3. Descripción de los testimonios.....................................................................................

EL CONTEXTO DE LA INVESTIGACIÓN
1. Las políticas migratorias................................................................................................
2. El barrio de San Francisco............................................................................................
3. Presencia de extranjeros en el barrio de San Francisco...............................................
4. Medios de comunicación

“... Y SE PUSIERON A PEGARME”
(El curso de la actuación policial)............................................
1. El color de la sospecha (Violaciones en la actuación inicial)........................................
2. La autoridad incuestionable (Cuando se reacciona ante la arbitrariedad)....................
3. “La verdad la hacen mentira” (Actuaciones de soporte)...............................................

LA TRAMA DE LA IMPUNIDAD
(Las violaciones de los derechos humanos y sus mecanismos de implantación y ocultamiento)
1. La continuidad de lo hechos (La casualidad en tela de juicio)........................................
2. La participación silenciosa (Mecanismos que crean y mantienen la impunidad).............
3. La impunidad en acción (La puesta en marcha de los mecanismos)..............................

“ALGO HA CAMBIADO DESDE AQUEL DÍA”
(Efectos del maltrato policial)........................................................................................
1. “Yo estaba perdiendo dinero” (El impacto en las condiciones de vida) .......................
2. “El miedo nos está matando” (El miedo a sufrir nuevas agresiones)...........................
3. “No me llaman persona” (El ataque a la identidad).......................................................
4. “Estoy pensando en volverme a mi país” (Las expectativas de futuro).........................
5. “La mayoría de la gente ya no les ve como antes” (El impacto en la imagen de la policía)

“CLARO QUE PUEDO HABLAR”
(Enfrentando las situaciones)........................................................................................
1. “Yo no callaba” (La lucha por la dignidad)....................................................................
2. “Tú no eres un juez” (La defensa de los derechos)......................................................
3. “Yo puse la denuncia” (Vía judicial y denuncia pública)................................................
4. “La rabia que tenemos contenida” (Enfrentando situaciones límite).............................
5. “La gente te anima a resistir” (La fuerza del grupo)......................................................

“ESTO NO VA A QUEDAR ASÍ”
(La reparación debida)...................................................................................................

BIBLIOGRAFÍA................................................................................................................
ANEXOS..........................................................................................................................
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EL ORIGEN DE LA INVESTIGACIÓN

Es posible también que algunas de las páginas que siguen carezcan no ya de una
presunta asepsia, que nos parece un engaño ideológico, sino incluso de aquella fría
objetividad que se suele recomendar en el mundo académico. Nos queda como
explicación el hecho de que muchas de ellas han sido escritas al calor de los
acontecimientos (...) Son estas vivencias las que permiten adentrarse en el mundo de
los oprimidos, sentir un poco más de cerca la experiencia de quienes cargan sobre
sus espaldas de clase siglos de opresión y hoy intentan emerger a una historia nueva.
Hay verdades que sólo desde el sufrimiento o desde la atalaya crítica de las
situaciones límite es posible descubrir.

Ignacio Martín Baró

El escándalo de los hechos

Algunas personas que trabajamos o vivimos en el barrio de San Francisco de Bilbao, desde hace
tiempo teníamos conocimiento de violaciones de derechos fundamentales por parte de funcionarios
policiales hacia algunos inmigrantes: personas a las que se les golpea o detiene sin ninguna
explicación, personas a las que se propina palizas, tratos vejatorios, robo de dinero o pertenencias...

Casi todos estos hechos afectaban a personas africanas con pocas posibilidades de defensa (poca
influencia social, difícil acceso a los organismos públicos de denuncia y mayores dificultades
personales por cuestión de idioma o situación laboral) y algunos habían sido transmitidos a través
de una relación personal de varios años en la que se había logrado confianza y credibilidad, o a
través de una mayor cercanía de algunas/os miembros de ONGs a la realidad del barrio.

Cada vez se conocían más situaciones, porque también afectaban a personas mejor situadas o más
reconocidas en el barrio, a personas negras de nacionalidad española, incluso a trabajadoras/es de
las propias asociaciones de defensa de derechos humanos: esto podía significar que la actuación
era cada vez más indiscriminada.

Lo imperativo de una respuesta

Son claras las dificultades que estas personas afectadas tienen para sacar a la luz esas acciones,
no sólo porque no tienen canales para contarlos, sino porque hay actores sociales (entre los que se
encuentran algunos policías, jueces o medios de comunicación de masas) que los ocultan
parcialmente, los distorsionan o no los reconocen públicamente.

Por otra parte, además de ser un tema poco conocido por nosotros mismos y casi oculto a la
sociedad en general, algunas personas y organizaciones sociales sentíamos que hasta el momento
no habíamos puesto suficientemente en juego nuestro compromiso y nuestra capacidad de presión
respecto a esta situación y que era necesario dar un paso en esta dirección.

Así pues, nos hemos ido sensibilizando en la medida en que vivíamos todo esto que pasaba a
nuestro alrededor, a medida que nos encontrábamos con personas conocidas que nos contaban el
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maltrato que habían padecido, que nos transmitían su perplejidad, su rabia o sus temores... El
escuchar, el conocer de cerca las situaciones, el palparlas en la calle día a día, nos iba acercando
en silencio al escándalo. La indefensión, la impotencia de mucha gente, nos llevaba a buscar
urgentemente salidas. Por ello nos pusimos en contacto para ver qué tipo de apoyo se podía dar
desde las diversas organizaciones y grupos a las personas afectadas y a la corriente de acciones y
de solidaridad que iba surgiendo en torno a ellas.

Había que dar, por tanto, una respuesta a esta situación. Primero, sacar a la luz todas estas
situaciones y vivencias que estaban siendo ignoradas: denunciar la realidad de los maltratos, que
esta sociedad supiese lo que estaba ocurriendo en su seno. Que las personas afectadas sintiesen
solidaridad y apoyo. Y a partir de aquí presionar para que terminasen estos malos tratos.

Sumando esfuerzos

Un acercamiento fundamentado en una recogida de testimonios entre inmigrantes afectados podía
ayudar a conocer el alcance de la situación, a objetivarla (sabiendo que también otras personas y
colectivos sufren malos tratos policiales, queríamos atenernos a las peculiaridades de la actuación
hacia este grupo). Podía ser más adelante un vehículo de comunicación con diversas instancias
sociales, a fin de informar, de convencer y de sumar voluntades para exigir el fin de estas prácticas
y la reparación de este daño social. Podía ayudar a estrechar más los lazos entre la gente que de
uno u otro modo vive estas situaciones, abrir y fortalecer los canales de denuncia y acercar el
trabajo de las organizaciones e instituciones a la gente.

Desde esta sensibilidad se formuló una propuesta inicial de investigación que se compartió entre
diferentes ONGs de la Coordinadora de Apoyo a Inmigrantes y diversas asociaciones y personas del
barrio de San Francisco, así como con el Ararteko (Defensor del Pueblo). A partir de esta propuesta
creamos un grupo de trabajo entre cuatro personas del barrio (una de ellas afectada por el maltrato
policial, otra representante de una ONG y también afectada), otras dos representantes de ONGs y
dos del Ararteko, con el objetivo de recoger información. La labor de este grupo ha sido recoger
testimonios de personas que han sufrido malos tratos durante el año 1997. La recogida de
testimonios posteriores a esa fecha así como el análisis de la información y la elaboración de este
informe son responsabilidad de quienes lo firmamos.

En el tiempo en que se constituía el grupo que elaboró este informe, algunas de las personas
afectadas, así como vecinas, vecinos y organizaciones de apoyo estaban dando pasos: se habían
denunciado algunos hechos, se había ganado algún juicio (ver anexo I), algunas organizaciones
convocaban ruedas de prensa, había reuniones donde surgían propuestas de acción. En el
momento en que este informe acaba de escribirse, existe un amplio movimiento de grupos sociales
y vecinas/os del barrio que están realizando diversas acciones de denuncia de las agresiones
policiales en San Francisco (ver anexo VII).

Este estudio, por tanto, no nace solo. Se enmarca en el contexto de una respuesta social que exige
que los responsables políticos y policiales asuman la responsabilidad por el maltrato, y pongan
medios concretos para evitar que continúe y se dé una reparación a las personas afectadas y a la
sociedad en general. Este informe quiere también ser un aporte en el esfuerzo por promover apoyo
social y ofrecer solidaridad a las personas afectadas. En una sociedad y en un país en los que con
frecuencia se condicionan las acciones a intereses políticos particulares queremos ser
transparentes: el objetivo de este informe no es otro que denunciar una realidad que está teniendo
unas implicaciones graves para parte de nuestra comunidad y que exige ser expuesta, clarificada y
reparada públicamente.
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La estructura del informe

El informe consta de diversas partes con un elemento central: rescatar las vivencias de la gente y
situarnos como sociedad y como personas ante ellas. Estos son los distintos capítulos:

Preparando la investigación: donde fijamos nuestra posición personal y política, y las
implicaciones que ésta tiene para la metodología. Después explicamos cómo hemos hecho la
recogida de la información (criterios y fuentes que usamos), cómo la hemos analizado y el tipo de
información que hemos recogido.

El contexto de la investigación: donde aportamos un contexto local -el barrio-, humano -las
personas inmigrantes que viven en el barrio- y social -legislación, instituciones, grupos de ayuda y
medios de comunicación- para entender los testimonios y el análisis de los mismos.

En los siguientes apartados incluimos la información recogida y analizada, poniendo en primer plano
el testimonio directo y presentando las experiencias de malos tratos en diversos aspectos y niveles
de análisis:

“...Y se pusieron a pegarme”: donde comenzamos con el señalamiento de los hechos, ubicándolos
de forma que nos permita contextualizarlos y entender su alcance y el significado que tienen para la
gente.

La trama de la impunidad: donde presentamos la interrelación de los hechos, en un sistema en el
que toman una significación más amplia.

“Algo ha cambiado desde aquel día”: donde señalamos las consecuencias del maltrato policial en
las personas afectadas y en su entorno.

“Claro que puedo hablar”: donde recogemos algunas formas en que la gente responde y hace
frente al maltrato policial, y las consecuencias de estas actitudes.

“Esto no va a quedar así”: donde apuntamos algunas ideas sobre la necesidad de la reparación
pública del maltrato y las características de esta reparación.
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PREPARANDO LA INVESTIGACIÓN

Sé traidor al Imperio si es necesario,
y rebelde a los decretos del Cielo,
pero fiel a ti mismo, a la Luz que está en ti,
porción de sabiduría y de divinidad.
Amin Maalouf

1. PLANTEAMIENTOS DE PARTIDA

Nuestro planteamiento de trabajo se fundamenta en dos cuestiones nucleares:

En primer lugar, con este trabajo queremos rescatar, recuperar voces, vivencias de la gente que
directamente está siendo maltratada. Porque creemos que otras versiones como los discursos
oficiales, a pesar del gran despliegue de medios de comunicación (portavoces casi exclusivamente
de la versión oficial) y de que estén en boca de personas con elevado estatus social, no son más
verdad que los testimonios directos de personas que han vivido hechos dolorosos y lesivos para su
vida, aunque no gocen de un estatus social, de un apoyo económico y político o de un dominio de
los idiomas de nuestra sociedad. En un mundo en el que una mentira repetida hasta la saciedad -
mediante toda la maquinaria de persuasión al alcance de algunas personas y grupos- se convierte
en verdad, queremos dar valor, cualificar, poner en su lugar el testimonio directo de la gente que ha
sufrido esas situaciones.

En segundo lugar, lo que nos mueve a realizar esta investigación es el intento por ayudar a
personas que tienen nuestra credibilidad y merecen nuestra confianza y apoyo, a través de un
estudio sistemático que pueda respaldar sus denuncias y el intento de mejorar su situación.
Estamos con gente que ha tenido experiencias fuertes, gente que tiene una necesidad de
reconocimiento y de reparación. Recoger testimonios es, por tanto, un paso más en el intento de
solidarizarse, de buscar salidas conjuntas, porque nuestro reto es acompañar el dolor y la lucha de
la gente.

2. EL ACERCAMIENTO A LAS EXPERIENCIAS

2. 1. La recogida de la información

Criterios para recoger la información:

A. Se acordó recoger testimonios entre personas conocidas, que a su vez nos remitirían a otras
personas. No es fácil contar estas vivencias, como tampoco lo es ganarse la confianza para que las
cuenten. No tenía sentido, por lo tanto, realizar una recogida masiva ni despersonalizada, que fuese
otra fuente de tensión para la gente. Asimismo el saber con quién hablábamos y que esta persona
supiese con quién hablaba, aseguró la transparencia de los testimonios. El propio trabajo del grupo
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y los acontecimientos en el barrio (campaña de denuncia contra las agresiones policiales)
permitieron más cercanía a las personas afectadas, que en los últimos meses aportaron más
testimonios. Este mayor conocimiento mutuo ha dado más fidelidad a la información recogida.

B. Nuestro acercamiento se dirigió hacia el trasfondo de la situación, de los acontecimientos: una
lesión de la dignidad personal y de los derechos humanos básicos, unas vivencias...
independientemente de que la persona maltratada fuera capaz de reproducir con detalle los hechos
o de darles el nombre apropiado. Esta situación contrasta en muchas ocasiones con los
planteamientos legales y judiciales, que individualizan el hecho sacándolo de su contexto, no
considerando como verdad aquello que no puede ser demostrado mediante pruebas aceptadas
como tales por el propio sistema.

C. Esto nos llevó a pensar en una recogida no centrada únicamente en los hechos ni preocupada
por la cantidad de datos -aunque exigente en rigurosidad y credibilidad-, conscientes de que no se
trataba de conocer la incidencia del maltrato policial (ni su proporción en el conjunto de las
actuaciones policiales), sino de manifestar su existencia, de darle nombre y rostro y medir su
alcance. Queríamos hacer visible todo el entramado del maltrato: desde los mecanismos que había
en su puesta en práctica hasta el impacto que tenía en la vida cotidiana y en el futuro de las
personas afectadas.

D. La información que íbamos a obtener podía ser hecha pública o mantenerse confidencial. Puesto
que la seguridad de la gente es prioritaria, ha sido importante actuar con discreción y habilitar
medidas de seguridad para un uso correcto de dicha información y para guardar su anonimato, si
éstas lo deseaban.

E. La gente nos iba a contar cosas delicadas, en ocasiones difíciles. Las situaciones de maltrato o
menosprecio que vive generan unos sentimientos, miedos, frustraciones, etc., que pueden estar
más o menos superadas y el momento de la entrevista puede ser la primera vez que las verbalice o
analice. La entrevista, por tanto, no podía ser algo frío, en la que el único eje fuese recoger datos.
En ocasiones, la dinámica de la conversación nos llevó a dejar por momentos a un lado el papel y el
bolígrafro o a continuar el diálogo aunque la cinta se hubiera acabado. Por ello fue muy importante
organizar el espacio de la entrevista y establecer una relación de confianza.

F. Nosotros éramos parte activa de la comunicación en la entrevista. Conscientes de que
deseábamos que nos hablasen de igual a igual, planteamos la entrevista como un espacio de
presentación, donde podíamos ofrecer algo como institución o como personas, y generar
expectativas, asegurar una retroalimentación, aclarar u ofrecer información, saber nuestra opinión si
la piden o recibir una crítica.

Un aspecto que atraviesa toda esta recogida de información es el de los plazos: queríamos que el
fruto de esta investigación saliese con relativa rapidez. Si este informe iba a acompañar a otras
iniciativas no podíamos prolongar mucho en el tiempo su elaboración. Era importante acompasarse
al tiempo social y de reivindicación, en el contexto de unas violaciones que con urgencia era
necesario denunciar y tratar de detener.
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Fuentes de información:

Planteamos la entrevista y la observación participante como fuentes fundamentales de recogida de
información. La investigación se ha basado en el testimonio directo y en los aspectos de vida
cotidiana y social en el barrio.

A. La entrevista

Personas entrevistadas
-Personas cercanas a ONGs que se habían acercado alguna vez para hacer alguna denuncia, que
habían participado en clases de castellano, etc.
-Personas cercanas a miembros del grupo de trabajo, conocidas desde hace tiempo por convivencia
en el barrio, con las que había cierto vínculo personal.
-Personas cercanas a espacios de encuentro del barrio (tiendas, bares...).
-Personas conocidas de todas las anteriores.
Hay mucha gente a la que no hemos llegado, personas que por su situación (relación con el tráfico
de drogas, condiciones de vida muy precarias) no conocemos o no tenemos capacidad de acceder a
ellas.

Contenidos recogidos
En principio, se han recogido testimonios de hechos vividos en el barrio de San Francisco:
denunciados o no; percibidos por las personas que los cuentan como maltrato, independientemente
de que sean o no denunciables; vividos directamente o vistos por testigos, vividos o vistos en 1997 y
enero y febrero de 1998, al menos uno de los que relate la persona (otros hechos que relate podían
haber sido vividos antes de 1997). Al hilo de los hechos hemos recogido comentarios, sentimientos y
opiniones.

Cómo organizamos la entrevista
Buscando la coherencia con todos los aspectos metodológicos comentados, planteamos una
entrevista semiestructurada, donde la persona marcara el curso de la misma. Nuestra postura fue
la de escuchar e ir planteando cuestiones al hilo de lo que la gente comentara. Muchas personas
tenían necesidad de hablar, y dada su situación y el tipo de agresión que habían sufrido focalizaban
su discurso en determinados temas (por ejemplo, una persona no entiende por qué no le pidieron
los papeles o por qué le acusaron de traficante). La entrevista estaba abierta a estas situaciones,
para que la gente se sintiera reconocida.

Cómo recogimos la información
Se registró la información grabando y transcribiendo la entrevista, si la persona entrevistada estaba
de acuerdo, o tomando notas durante y después de la entrevista. Estas notas se vertían en un guión
estructurado en tres apartados: descripción de los hechos, impacto en la persona, sus condiciones
de vida y opiniones, y propuestas de futuro (ver anexo II).

Mecanismos de confidencialidad y seguridad
-La persona a entrevistar escogió el lugar de la entrevista.
-No se apuntó explícitamente el nombre de la persona ni otros datos que pudieran identificarla.
-Se guardaron en lugar seguro las entrevistas grabadas, los testimonios y las notas escritas.
-No se apuntó información delicada que no tuviese que ver directamente con el asunto, y respecto a
esto, se tuvo también máxima discreción al comentar cuestiones en el grupo o pasarnos
información.
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-No se incluyó el código de la entrevista ni otros datos en las citas usadas en el informe, si cotejando
varias citas y conociendo de cerca el contexto de las actuaciones esa persona podría ser
identificada.

B. Observación participante

Durante seis meses (de septiembre de 1997 a febrero de 1998), se realizó observación participante
por parte de cuatro miembros del grupo de trabajo, vecinos del barrio desde hace años, fijando
especial atención en la actuación policial y en la vida cotidiana de la gente afectada, recogiendo sus
vivencias y opiniones respecto a la actuación policial. Día a día se tomaba nota de todas las
observaciones y discursos relevantes que estuvieran relacionadas con estos aspectos. Esta
observación ha constituido el eje de validación y contraste de la información recogida en las
entrevistas, y de contextualización fundamentada de toda la información y el análisis posterior.

C. Otras fuentes

Otras fuentes de información complementarias han sido algunas reuniones grupales con afectados y
con ONGs en el marco de las diversas iniciativas de denuncia por el maltrato policial y en el marco
del trabajo habitual de las ONGs, entrevistas personales con miembros de ONGs y recogida de
información en prensa y televisión.

2. 2. Análisis de la información

Sólo se escogió información completa, fiable y/o contrastada con otros testimonios o con la
observación participante en la calle y lugares de trabajo de las personas afectadas. La información
difusa, anecdótica o que no era posible contrastar se ha descartado. Hecha esta selección la
información se codificó y agrupó siguiendo los apartados comentados anteriormente -descripción de
los hechos, impacto en las personas y propuestas de futuro-. A partir de estos grandes grupos
establecimos categorías utilizando los siguientes criterios:

- La tipología o caracterización de los hechos (si es un insulto, un golpe, una amenaza...).
- El modo y actitud: cómo se desarrollan los hechos (cómo aborda el policía, cómo se le
responde...).
- La frecuencia: hechos o efectos relatados como frecuentes, relatados repetidamente por varias
personas o contados con una naturalidad que induce a pensar que son comunes.
- El momento en que se desarrollan los hechos.
- La causalidad: hechos o conductas que son origen o consecuencia de otros (por ejemplo, un
abordaje irrespetuoso que genera una protesta).
- La relación bidireccional: hechos que son a la vez causa y consecuencia uno de otro.
- La concordancia: hechos que se presentan habitualmente asociados.
- La gravedad: hechos o conductas con fuerte impacto, relatados de manera especial o dándoles
relevancia.
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Para analizar de forma global los hechos y actitudes y sus consecuencias, hemos buscado la
interrelación entre las diferentes categorías, obteniendo un sistema donde todos los elementos
están interrelacionados, que nos ayuda a entender el impacto y el significado que tienen para la
gente estos hechos y actitudes vejatorias.

3. DESCRIPCIÓN DE LOS TESTIMONIOS

Se han recogido testimonios de 52 personas. Entre ellas, 39 hablan en primera persona. Los
testimonios se refieren a 63 hechos en total. El número real de personas afectadas es difícil de
concretar pero es, en cualquier caso, mayor que el número de hechos analizados. Algunas personas
hablan de varios hechos vividos o conocidos. En muchos casos tenemos referencia de un mismo
hecho por varias personas, lo que ha facilitado el contraste del mismo.

Tenemos referencia directa fiable de otros 15 hechos violatorios de los que no ha sido posible
recoger testimonios porque la persona que conoce los detalles no reside ahora en el País Vasco,
porque tenía miedo a ser identificada o a las repercusiones de contarlo, o por la limitaciones
materiales y temporales del grupo de trabajo.

Las personas que han contado o a quienes se refieren los testimonios son mayormente hombres de
entre 17 y 62 años (la mayoría de ellos entre 23 y 50 años), procedentes de África (Marruecos,
Angola, Zaire, Senegal, Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial, etc). Casi todos los afectados por las
violaciones o los hechos son negros/as, menos en cuatro situaciones. También hay algunas mujeres
que cuentan hechos vividos por ellas mismas.

Algunas personas que han contado vivencias tienen nacionalidad española, otras tienen permiso de
residencia, otras son solicitantes de asilo y refugio, otras tienen documentación en trámite de
renovación o solicitada y en espera de respuesta, y otras no tienen documentación actualizada.

Muchas personas que relatan hechos trabajan en la venta ambulante o tienen comercios en el
barrio, otras trabajan temporalmente en la recogida de fruta, otras son estudiantes, otras viven con
ayudas sociales y trabajos informales esporádicos y otras trabajan como empleadas de hogar. En
algún caso el relato se refiere a personas que participan en el tráfico de drogas ilegales.

Casi todas las situaciones se dan en el barrio de San Francisco (en concreto en la calle San
Francisco) o inmediaciones, salvo ocho, que se dan en el Casco Viejo o en la ciudad de Bilbao.

En una mayor proporción de hechos están implicados funcionarios de la Ertzaintza y en una menor
de la Policía Municipal aunque, como veremos más adelante, cualitativamente la actuación es
similar. En varios testimonios la persona no sabe si el o los funcionarios eran de la Policía Municipal
o de la Ertzaintza. En la mayoría de las situaciones la policía actúa uniformada y en pareja o grupo,
y en varios casos referidos actúa de paisano.

Hay más proporción de hechos que se refieren a los últimos nueve meses, aunque en conjunto el
marco temporal de los hechos concretos abarca desde enero de 1997 hasta la misma fecha de
escritura del informe, y el marco contextual de la actuación parte de tres años atrás.
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Queremos aclarar que, en los testimonios citados en el informe, hemos corregido exclusivamente
expresiones lingüísticas en aquellos casos en que se daban dificultades de comprensión del
testimonio. Asimismo, no siempre hemos incluido datos personales o de contexto, con el objeto de
que el informe sea fácil de leer y entender y por los aspectos de confidencialidad antes apuntados.

Por último, es importante subrayar que los datos numéricos no son los que más recuerda ni lo que
preocupa a la gente entrevistada:

Yo me acuerdo de todo lo que me dijeron y me hicieron, pero no de la fecha...

No recuerdo el día... pero bueno, lo más importante es lo que me pasó...
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EL CONTEXTO DE LA INVESTIGACIÓN

1. LAS POLÍTICAS MIGRATORIAS

Partimos en este estudio de la idea de que las actuales políticas en materia de migraciones
adoptadas en los países occidentales no son adecuadas. En un mundo cada vez más
interdependiente y en el que el desarrollo económico desigual entre el Norte y el Sur agrava
inevitablemente las diferencias entre los niveles de vida de los pueblos, la tendencia europea de
controlar la inmigración de terceros países mediante el cierre de fronteras, no sólo no paraliza los
flujos migratorios, si no que produce un sufrimiento innecesario a estas poblaciones con menos
recursos, dificultando la convivencia e integración en las sociedades receptoras. El papel impuesto
por Europa al Estado español de guardián fronterizo en las últimas convenciones (Trevi,
Schengen...) ha provocado la aprobación de una normativa cada vez más restrictiva y la
implantación de una política migratoria enfocada fundamentalmente a dificultar la entrada y
permanencia de extranjeros.

La problemática entrada de extranjeros

La clave para entender el largo y traumático proceso burocrático al que se ven abocados los
inmigrantes al llegar a este país está en la Ley de Extranjería y el Reglamento que la regula (Ley
Orgánica 7/1985 y Real Decreto 155/1996) y la Ley de Asilo y Refugio (Ley 9/1994 y RD 203/1995).
El entramado de estas leyes se caracteriza por una complicada red de requisitos, obligaciones y
prohibiciones que dificultan, confunden y desaniman a la persona a la hora de documentarse.

El efecto claro que produce la aplicación de estas políticas es la apertura de una enorme brecha
entre la legalidad e ilegalidad en la situación cotidiana de la población extranjera, fundamentada en
la posesión de documentación. Dicho de otra manera, se identifica al extranjero documentado con el
extranjero legal y al indocumentado con el ilegal, criminalizando al segundo sin de hecho haber
cometido ningún delito. Esta percepción trae consigo la aceptación por parte de la sociedad
receptora de que cuando se hace visible la inmigración sin papeles es legítima la adopción de
medidas policiales extremadas o medidas fuera del ámbito de los derechos humanos (recordemos
las expulsiones de inmigrantes africanos en verano de 1996).

Lo que parece evidente es que las normativas que pretenden frenar la inmigración en el ámbito
europeo y estatal no evitan que lleguen colectivos de extranjeros a nuestra sociedad y se instalen en
comunidades concretas, como es el caso del barrio de San Francisco en Bilbao. De esta f orma, la
normativa de extranjería revela una vez más su ineficacia al trasladar la problemática de la población
inmigrante a ámbitos territoriales (municipal o autonómico) donde no hay competencia política en la
materia y también evidencia la gran contradicción que provoca la inexistencia de una política
migratoria integradora y coherente.

En el caso español, coexisten simultáneamente una Ley, mal llamada de Derechos y Libertades de
los extranjeros con un Plan para la Integración Social de los Inmigrantes cuyo objeto es ser un
marco de referencia para la Administración central, una propuesta de acción para las Comunidades
Autónomas y Corporaciones Locales y un cauce de participación activa de la sociedad civil en favor
de la integración de la población inmigrante. Sin embargo tanto la ley como el plan olvidan la
situación de las personas que han llegado a instalarse en nuestra comunidad/sociedad y no han
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conseguido documentarse, para ellos no existen medidas que faciliten salir de la marginalidad de la
indocumentación, ni medidas de integración que les contemplen.

Y es que, de nuevo, surge el callejón sin salida donde se encuentran habitualmente los inmigrantes
al enfrentarse ante cualquier trámite cotidiano: hay ayudas para inmigrantes pero se necesita tene r
documentación y al no tenerla no tienen posibilidades de integrarse con normalidad. Con estos
bucles burocráticos y con esta falta de cobertura para la inmigración indocumentada, es
fundamental hacer un llamamiento a normas superiores que deben cubrir esta vacío. La propia
Constitución y la Declaración Universal de los Derechos Humanos deben ser la referencia para el
desarrollo de actuaciones concretas en favor de los derechos de las personas extranjeras.

La problemática residencia de los extranjeros

Cuando un inmigrante consigue alguno de los múltiples tipos de permisos que contempla la Ley de
Extranjería o Asilo, comienza su particular “vía crucis” de trámites y papeleos para no caer en la
indocumentación. Esta complicación solo crea confusión y desánimo y ha provocado que muchos
inmigrantes que habían conseguido permisos de residencia y trabajo no los hayan podido renovar,
cayendo de nuevo en la “ilegalidad”. Igualmente, cuando deciden asentarse en determinados
municipios, a pesar de existir una legislación local que permite el empadronamiento de todas las
personas, nacionales o no, tengan o no regularizada su situación, se ignora esta norma impidiendo
o retrasando los trámites. De este modo, se ocasionan graves perjuicios a las personas a la hora de
acceder a algunas ayudas o paliativos para escapar de la marginación.

Mientras esto no se resuelva y los trámites no se agilicen, no serán posibles ni una integración social
ni una inserción laboral de estas personas. Estas situaciones de angustia e inseguridad les dejan en
la indefensión ante la policía y ante empresarios sin escrúpulos y mafias que los extorsionan, y en
algunos casos pueden verse abocados a la pequeña delincuencia para sobrevivir. Así podemos
explicarnos la situación de algunas personas que viven en San Francisco que, habiéndoseles
negado la posibilidad de un trabajo regulado, buscan soluciones al margen de la legalidad por pura
supervivencia.

2. EL BARRIO DE SAN FRANCISCO

El barrio de San Francisco, hasta hace 10 ó 15 años era una zona muy comercial, habitada por
gente de clase obrera. Se trataba de un barrio con mucho movimiento de dinero y de personas. Las
calles que enlazan San Francisco con Las Cortes eran zona de prostitución y espectáculos. Existía
cierta marginalidad, no marcadamente económica, formada por homosexuales y por personas que
se dedicaban al juego o a la compraventa de objetos robados.

Desde mediados de los años 80, parte de la prostitución pasa a los clubes, se abren nuevos clubes
fuera del barrio, aparecen los travestis en las calles y, por otro lado, este tipo de negocios y los
comercios van decayendo y comienza a traficarse con drogas ilegales, promoviéndose desde los
mismos bares y clubes de prostitución.

Primero el tráfico de drogas es realizado y controlado por payos desde pisos particulares. Pasa
después a manos de grupos gitanos y, muy recientemente se han incorporado muchos inmigrantes
extranjeros, primero magrebíes (argelinos principalmente) y africanos.
16

A raíz del aumento del tráfico de drogas, los vecinos y vecinas perciben una gran impunidad hacia
otros escalones de las redes de tráfico, pues las intervenciones policiales son sólo contra los
pequeños traficantes. Aparece entonces un movimiento vecinal que lucha contra el tráfico y también
contra el abandono de los edificios. Al tiempo de la crisis económica, el barrio va decayendo
urbanísticamente, deja de haber ayudas para mantenerlo o recuperarlo y muchos de sus habitantes
pasan a ser personas paradas o jubiladas con muy bajas pensiones.

Según la mayoría de los dirigentes vecinales los grandes intereses económicos en la zona, por el
potencial urbanizable y su céntrica ubicación, condicionan el estancamiento en la conflictividad
social del barrio. Un ejemplo de ello es que el Plan de Actuación Urbanística no tenía en principio
contemplada la creación de viviendas sociales.

La información aportada hasta aquí la hemos recogido de un trabajo anterior de Esteban y Díaz
(1997).

Actualmente la población del barrio es muy variada culturalmente y por lugares de origen. Esto es
debido a la propia historia del barrio (ya que la emigración, cualquiera que sea su origen, se
fundamenta en flujos y redes de apoyo) y a su deterioro urbanístico, pues los bajos alquileres y
pensiones en edificios inhabitables son más aceptados por personas con bajos ingresos y sin otras
oportunidades de vivienda.

Entre las personas que llevan una o más generaciones en el País Vasco, hay una gran comunidad
gitana. Entre los emigrantes más recientes de la península Ibérica, hay muchas personas de origen
gallego, portugués, cántabro, castellano, etc. Entre los de países no europeos, viven personas de
América Latina (Brasil, República Dominicana, Chile...), el Magreb (Argelia y Marruecos, sobre todo;
también de la RASD, Túnez...), África subsahariana (sobre todo de Senegal, Guinea Bissau,
Guinea Ecuatorial, Zaire y Angola; y también de Egipto, Liberia, Cabo Verde, Gambia, Malí, Etiopía,
Sudáfrica...) y Asia (China, Filipinas, India...).

En general, sus habitantes son de recursos bajos o medios, y muchos son parados (jóvenes y
adultos), y jubilados con bajas pensiones. Las características sociales del barrio hacen que durante
el día sea también habitado por muchos toxicómanos (que vienen aquí a comprar y tomar su dosis
diaria), traficantes que residen fuera del barrio y personas extranjeras que por motivos laborales o
afectivos se acercan aquí.

Echamos de menos nuestra cultura, por eso vamos allí (a San Francisco).
(ETB2, 1997)

La calle , los bares, algunas tiendas y la mezquita (situada en la calle Dos de Mayo) son el principal
espacio de encuentro y relación entre las personas inmigrantes. Por eso son el lugar donde pasan la
mayor parte del tiempo libre. Por otra parte, los alquileres y pensiones, dada su precariedad,
muchas veces no pueden ser espacio de encuentro. Los bares y la calle son también punto de
reunión o distracción de otros vecinos del barrio, sobre todo de los más ociosos (parados y
jubilados) y con necesidad de compañía. Esta situación es la que da lugar a la imagen siempre
poblada de la calle San Francisco (con grupos de personas charlando; esperando a que llegue la
droga o a pasar droga; mirando cómo se produce el trapicheo; esperando a un paisano; hombres
mayores buscando o mirando a las mujeres...), incluso en fechas u horas en las que otras calles se
vacían, como un 24 ó 31 de diciembre por la noche.
17

El ambiente conflictivo del barrio y la imagen parcial y distorsionada que algunos medios de
comunicación ofrecen del mismo (ver apartado 3 de este capítulo) hace que muchas personas no
quieran pasar por él o vivan de forma traumática el verse obligadas a ello por motivos laborales.
Esto sucede también con personas extranjeras que viven fuera del barrio y que recientemente,
sobre todo en los momentos más conflictivos, tratan de evitar pasar por él, llegando a situaciones
tan extremas como dejar de visitar a amistades o no asistir a encuentros cuando se celebran ahí.

Yo no voy más a San Francisco: mucho racismo, mucho policía. Mucho problema... mejor
quedamos en mi casa, o en el Casco Viejo... San Francisco no...

Esto es otro de los motivos por los que el comercio ha decaído y por los que la vivienda (tanto
alquileres como venta de pisos) se abarata. Asimismo, esta imagen del barrio hace que la gente que
pasa por él mire a sus habitantes con mucho recelo y prejuicios, lo que no contribuye a normalizar
la situación.

En el barrio existen varias asociaciones vecinales, de gitanos/as, mujeres, ancianos/as, parados/as,
por la rehabilitación de toxicómanos, antisida, equipos de intervención socioeducativa o comunitaria,
etc. También hay algunas asociaciones que trabajan en Bizkaia, que hacen buena parte de su
trabajo en el barrio o con gente del barrio, como aquellas que se dirigen a las personas inmigrantes
o los propios centros sociosanitarios.

En la calle Hernani existe un centro de la congregación de Siervas de Jesús donde se ofrece
desayuno gratuito a las personas que lo deseen, entre las 8 y las 10 de la mañana, con la única
exigencia de cubrir unos mínimos de convivencia. Por otra parte, hay tres comedores sociales en
Bilbao donde acuden algunas personas que viven en San Francisco: Damas Apostólicas (Indautxu),
Conde Aresti (Zabala) y San Antonio (Irala). En el caso de estos comedores, para asistir es
necesario conseguir una tarjeta a través de Cáritas y renovarla periódicamente.

Hace más de dos años se creó la Mesa por la Rehabilitación de San Francisco, Zabala y Bilbao la
Vieja, donde tienen representación todas las asociaciones ciudadanas, representantes técnicos/as y
políticos/as municipales, foro desde donde se intenta analizar los problemas del barrio y proponer y
sacar adelante posibles soluciones. La valoración que hace la mayoría de las asociaciones sobre
esta mesa es que su efectividad real es muy limitada.

En el contexto del trabajo de la Coordinadora de Grupos por la Rehabilitación de San Francisco,
Zabala y Bilbao la Vieja (que forma parte de esta mesa) se han mantenido varias reuniones con
representantes policiales, convocadas por estos grupos, para exigir que se realice una verdadera
investigación de las redes de tráfico de drogas ilegales y que no se desvíe la actuación hacia la
represión de los colectivos más marginados. También se han mantenido varias reuniones en el
último año, convocadas por mandos policiales, para informar sobre los planes de intervención en la
zona y solicitar la colaboración de las asociaciones en la detección de las personas implicadas en el
tráfico de drogas ilegales.

3. PRESENCIA DE EXTRANJEROS EN EL BARRIO DE SAN FRANCISCO

Este tema merecería un estudio más completo pero, centrándonos en lo que nos ocupa,
presentaremos brevemente lo que más puede ayudar a situar en su contexto los testimonios que
nos han ofrecido.
18

En toda época histórica y en cada lugar donde se produce la emigración (¿qué pueblo no ha
emigrado en algún momento de su historia?) se dan unos rasgos comunes: flujos migratorios, redes
de apoyo, desarraigo, choque cultural, acceso a la vivienda y al trabajo en peores condiciones que
los lugareños, lento proceso de integración o asimilación, cambios en la segunda generación (hijos
de emigrantes nacidos en la nueva tierra), etc. A pesar de ello, en nuestra sociedad, donde la
presencia de los extranjeros originarios de países más pobres que el nuestro es relativamente
reciente, se percibe como un hecho nuevo y desconocido. Por otro lado, la gran variedad de
situaciones que han vivido y viven las personas que han venido a vivir a nuestro país actualmente
supone una dificultad añadida a la hora de conocer y entender su situación.

Con la distancia del tiempo y el espacio, muchos procesos migratorios son entendidos como una
forma de lograr la pervivencia de una comunidad (sobreviviendo a un conflicto armado en el exilio,
continuando o promoviendo la lucha política desde el exterior, manteniendo económicamente a los
paisanos que quedan en su tierra, regresando con dinero e invirtiendo...), y de lograr también el
enriquecimiento cultural y social de las comunidades de origen y de llegada; en definitiva, son
valorados como exitosos. Vistos desde dentro y desde cerca, son vividos como procesos lentos y
dolorosos por los propios emigrantes, y como invasiones o procesos de competencia por una buena
parte de la sociedad de llegada -imagen alimentada por las propias políticas estatales-.

Parte de la conflictividad que supone la emigración de personas de países más pobres al nuestro se
debe a que su simple presencia pone en duda nuestros valores culturales y algunos vacíos y
contradicciones de nuestro sistema legislativo (que cierra fronteras selectivamente, niega derechos
humanos básicos como el derecho a la salud, la educación, la alimentación, la vivienda... y permite
trabajar y ayudar a empujar la economía sin reconocer los mismos derechos laborales que a los
lugareños y en peores condiciones que éstos).

Los autores de este informe entendemos que las migraciones forman parte de procesos históricos y
son condicionados por políticas económicas que trascienden la decisión individual, aunque esto no
anula las decisiones y estrategias personales y grupales (IOE, 1995:251-257).

Venir a vivir a San Francisco

San Francisco es, desde hace décadas (y como ya hemos visto) un barrio de inmigración. Primero
comenzó la emigración interior, procedente fundamentalmente de Galicia. La inmigración extranjera
comenzó a ser notable a principios de los años 80 y aumentó más rápidamente a principios de los
años 90.

La llegada y establecimiento de los emigrantes se produce a través de redes de apoyo formadas por
familiares, paisanos o grupos culturales con afinidades. Esta es la razón de que las personas se
concentren en un espacio concreto. Por ejemplo, entre los africanos empadronados en Bilbao en
diciembre de 1996, el 40% residía en el distrito 5, que incluye entre otros los barrios de San
Francisco, Bilbao la Vieja y Zabala (Ayuntamiento de Bilbao, 1996); porque probablemente, a pesar
de los abundantes conflictos y dificultades que les supone venir a este barrio, cuentan aquí con más
posibilidades y apoyo que en ningún otro lugar (Esteban y Díaz, 1997).

A modo de ejemplo, hay personas extranjeras que viven aquí porque es donde tienen su comercio,
porque es donde viven sus primos, tíos y hermanos, porque es donde pueden pagar un alquiler,
19

porque es donde le han dejado compartir habitación con un paisano o porque es donde se puede
entender en su lengua madre con otras personas (Díaz, 1997: 89-96).

También hay otras personas extranjeras que han hecho el esfuerzo de no vivir aquí, por el estigma
social que eso supone (cuando han vivido en San Francisco, estaban bajo sospecha permanente) o
porque tenían muchos problemas con la policía o con algunos vecinos.

Muchas situaciones que cualquier persona emigrante vive por decidir o verse más o menos forzada
a salir de su país, por estar en medio de una cultura desconocida, por tener un color de piel
diferente al de la mayoría, por la propia legislación de extranjería en el país de acogida... son más
frecuentes o más graves en el barrio de San Francisco. Nos referimos a situaciones relacionadas
con la convivencia intercultural (en el barrio de mayor variedad cultural de Bizkaia), con la
intolerancia (en un barrio donde se superponen muchos problemas y tensiones), los problemas para
adquirir vivienda y los abusos en los alquileres (en un barrio pobre y deteriorado), la dificultad para
acceder a ayudas sociales (en un barrio donde muchas personas tienen necesidad de ayuda y
muchas tienen ingresos por trabajos ilegales). El aspecto más positivo de la vida en un barrio como
el de San Francisco, como ya dijimos antes, es la existencia de redes de apoyo muy fuertes entre
paisanos o grupos afines culturalmente. Explicaremos a continuación algunas de estas situaciones.

La convivencia intercultural

Ser extranjero o extranjera en un barrio donde viven muchas personas extranjeras significa tener
que convivir con gente de muy diferentes y variadas culturas, entre ellas las de la cultura
predominante en el país de llegada. San Francisco es un lugar donde la tolerancia se pone a prueba
de forma más directa, pues es más fácil ser tolerante cuando se vive tranquilo y hay alrededor pocas
personas diferentes a quienes comprender y respetar; y es más difícil cuando se vive entre muchas
culturas desconocidas y en un entorno de dificultades superpuestas, donde quizás uno mismo tiene
problemas para sobrevivir y se siente rechazado.

Desde la cultura predominante, con frecuencia se mira de forma homogeneizadora al diferente, al
extranjero (se habla de “los negros”, “los moros”, “los inmigrantes”...) dejando así de lado las
peculiaridades en cuanto a culturas, lengua, formación, oficio, etc. En realidad, dentro de ese grupo
de personas hay todo un crisol de culturas, algunas de las cuales tienen conflictos entre ellas. Un
ejemplo de ello es el enfrentamiento por razones históricas y políticas entre marroquíes y argelinos o
las relaciones entre países de diferente confesionalidad.

Ciertos conflictos de convivencia vecinal surgen cuando hay un miedo (a veces no asumido) a otras
culturas desconocidas y un intento de autoprotección. La suma de situaciones conflictivas crea un
ambiente tenso en el que salta la chispa de nuevos conflictos o enfrentamientos con mucha
facilidad.

Acceder a una vivienda digna

Una gran proporción de extranjeros (entre otras personas) residen en pensiones. Según Gazte
Ekintza (1996), el 32 % de los locales comerciales del barrio son pensiones declaradas. Muchas
otras no son declaradas, están en peores condiciones de salubridad (se conocen pensiones sin
baño, con ratas, etc) y son más utilizadas por personas que no desean ser localizadas, como
traficantes o extranjeros indocumentados.
20

Otros viven en habitaciones realquiladas o compartiendo habitación con paisanos o amigos
mientras buscan alquiler propio. Las familias viven con más frecuencia en alquileres o viviendas
propias. Otras personas duermen en la calle de forma transitoria o por periodos más o menos
largos.

Entre las dificultades para encontrar alquiler o vivienda dignas están el no tener documentación en
regla algunos, el racismo más o menos encubierto de muchos caseros y caseras, la exigencia de
nómina en algunos casos, o el no tener con quién compartir piso (ver Díaz, 1997: 63-74).

La ayuda social y las asociaciones de ayuda

La mayor parte de las dificultades de supervivencia y necesidades para tener una vida digna se
superan en el ámbito de los lazos de apoyo entre paisanos o personas de culturas o lenguas
comunes. Por eso las culturas y grupos con más tradición de autoayuda se hacen menos presentes
en las asociaciones o servicios de ayuda social. Además, cada colectivo tiene su percepción del
recurso a la ayuda social.

Unos preferimos trabajar en la calle cargando, sudando... y no pedir a (instituciones de
ayuda), como otros. Preferimos ir mal vestidos y trabajar así, que ir con corbata y comer
ayuda de (...)

Desde la experiencia de las propias asociaciones de ayuda y de las personas que piden o a quienes
se les ofrece la ayuda, se valora que algunos canales de ayuda, establecidos para otras personas
marginadas, no han resultado adecuados para este colectivo, en parte porque con frecuencia
ignoran la variedad del mismo y las causas de la inmigración.

Es difícil para muchos grupos y asociaciones de ayuda encontrar una postura de equilibrio en la
que sientan con seguridad que no están promoviendo el tráfico de drogas ilegales, que están
ayudando a quien creen que lo necesita y que no van a ser objeto de acusaciones que dañen su
imagen. Esto es debido a la conflictividad del barrio, el cansancio y la tensión por los problemas
acumulados, la falta de respuestas desde diversos responsables y la presencia cada vez mayor de
traficantes en la calle (muchos de ellos negros).

En diversos momentos de la historia reciente del barrio algunos grupos han mostrado cierto rechazo
hacia las personas extranjeras que viven en el barrio, hacia aquellas que tienen relación personal o
comercial con traficantes o hacia aquellas que son sospechosas de ser traficantes. Este es el caso
de un grupo que logró detener una iniciativa para crear un centro de acogida a in migrantes, o de
otros que han retirado ayudas porque “tienen relación con traficantes” o porque “andan mucho por la
calle San Francisco” .

Desde algunas asociaciones se ha intentado no abordar abiertamente el tema para evitar que
afloren conflictos pero esta actitud no ha resultado útil, ya que el conflicto sigue existiendo aunque
no se conozca de cerca o no se mencione.

En cuanto a otros actores sociales, ocasionalmente en algunos plenos municipales algunos partidos
han preguntado por el aumento de la delincuencia y quejas vecinales por el tráfico y consumo de
droga en San Francisco, sin existir un seguimiento cercano o propuestas claras de actuación.
21

El trabajo

La mayoría de los hombres extranjeros que residen en este barrio se han dedicado desde su llegada
a la venta ambulante en mercadillos, fiestas locales, bares, calles y playas; a veces junto a sus
esposas o hijos mayores. Muchos tienen permiso de residencia y trabajo como autónomos, sobre
todo los comerciantes. Evidentemente, esto sólo es posible para quienes han logrado una mínima
estabilidad en sus ventas (ambulantes o fijas) y un mínimo de ingresos mensuales para cubrir las
tasas de los ayuntamientos, los pagos a hacienda, la inversión en el local y la mercancía... máxime
teniendo en cuenta que estas personas, por el hecho de ser extranjeras, tienen menos posibilidades
de acceder a créditos bancarios.

Las mujeres se han dedicado principalmente a trabajos como empleadas de hogar, cuidado de
niños/as o personas mayores, trabajos en clínicas o residencias privadas, en bares y en clubes. Un
grupo cada vez más numeroso de mujeres marroquíes, que llegan al país después de que su marido
ha conseguido una mínima estabilidad y logrado el visado de entrada por reagrupación familiar,
trabaja atendiendo la casa y a los hijos por una parte y con su marido en la venta ambulante o en
comercios por otra.

Muchas personas no tienen permiso de trabajo porque no tienen la documentación mínima exigida
para esto o porque no han podido acceder a trabajos donde se les ofrezca un contrato. Estas
acceden a trabajos temporales agrícolas en Álava y fuera del País Vasco, a pequeñas tareas a
través de parroquias, o recogida de papel, ropa usada, reparto de propaganda, limpieza de cristales,
venta del periódico La Farola... Y cambian con frecuencia de trabajo y por temporadas no trabajan.

Una proporción cada vez mayor de personas trabaja traficando con drogas ilegales. También hay
personas dedicadas a la construcción, a trabajos profesionales variados (electricidad, mecánica...),
estudiantes de enseñanzas medias y superiores y doctorandos.

Cabe subrayar que la mayoría de las personas extranjeras, entre sus necesidades más prioritarias
incluyen la de mantener o apoyar económicamente a la familia (esposa y/o hijos, padres, tíos/as...)
que queda en su país de origen. Periódicamente envían dinero a sus familias, aunque lo que les
reste para su propia supervivencia sea mínimo.

Otra parte importante de sus ingresos se dedica a las gestiones para conseguir documentación, o
para renovarla o mantenerla al día (pago de abogadas/os, de tasas, solicitud de documentos al país
de origen o embajada correspondiente, viajes para hacer gestiones...).

El tercer grupo de gastos extras consiste en requisitos que las personas de nacionalidad española
no tienen, como son la fianza para dar de alta un teléfono, la necesidad de un seguro de salud
privado para quienes se les niega el derecho a la salud, la vulnerabilidad ante robos y engaños por
parte de muchos profesionales, entre ellos algunos policías y abogados, etc...

Explicaremos con más detalle aquellas tareas en los que actualmente trabajan más proporción de
extranjeros en el barrio de San Francisco: la venta en comercios y venta ambulante y el tráfico de
drogas ilegales.
22

Los comerciantes

En el año 90 se abrieron los primeros comercios de africanos en San Francisco (un senegalés y un
marroquí). En el 92 se creó el tercer comercio y los demás se han instalado a partir de entonces. Su
número ha aumentado progresivamente, sobre todo en los últimos cuatro años, al hilo del aumento
de la presencia de personas extranjeras, del progreso laboral de algunos de ellos y de la
devaluación del precio de las lonjas y el cierre de otros establecimientos.

La mayoría de las personas que los regentan lleva entre 8 y 10 años en el País Vasco o en el
Estado español y algunos de ellos llevan 15 ó 20 años.

Casi todos ellos comenzaron trabajando en la venta ambulante por las calles, bares, playas y
fiestas, más adelante obtuvieron plazas en mercadillos y después han iniciado estos comercios,
probando con diversos productos de venta.

La mayoría de los comercios están llevados por personas de origen marroquí o senegalés (tiendas
de bisutería, bolsos y ropa, de alfombras, peluquería, carnicería musulmana, bares...). También hay
comerciantes ecuatoguineanas, angoleñas, chinos, hindúes (tiendas de alimentos africanos, de
alimentos locales, peluquerías africanas, carpintería metálica...).

Entre las personas que trabajan en la venta es común que se abran negocios donde participan
familiares o paisanos; que se repartan la atención de las plazas del mercadillo y de la tienda entre
varios paisanos; que cuando una persona llega de nuevas, se le acompañe para enseñarle a vender
por la calle; se la ofrezca una cama o una parte de la cama en alquiler o pensión compartida; y se le
garantice la comida y el alojamiento mientras no tiene ingresos propios (ver Díaz, 1997: 41 -62). Esto
sucede porque muchas personas que llevan los comercios tienen tradición como comerciantes en su
cultura de origen (sobre todo, magrebíes y senegaleses), como sucede también con el pueblo
gitano, y tienen unos lazos de apoyo más fuertes que en la cultura local predominante.

De cualquier modo, buena parte de quienes viven de estos trabajos tienen una formación y
experiencia profesional, técnica o universitaria en sus países de origen. Pero la falta de
documentación en regla, de conocimiento fluido del castellano o euskara, de posibilidades de
homologación de los títulos de estudios y de posibilidades reales de acceso a trabajos con esa
titulación siendo personas de países más pobres al nuestro, les ha hecho casi imposible acercarse a
otras salidas laborales (ver Díaz, 1997:29-40).

Los clientes de los comercios de bisutería son, en buena parte, los propios comerciantes
ambulantes extranjeros, que vienen de toda Bizkaia e incluso de Gipuzkoa a comprar aquí parte del
género que venden en calles y mercadillos (por eso llevan con frecuencia mucho dinero en mano) o
que venden en otras tiendas del barrio (otra parte de esta mercancía se compra en diversas
ciudades de Francia o el Estado español, en Portugal o Italia a veces, y raramente en algún país de
origen). Por eso el aumento de la presencia de vendedores ambulantes en Bizkaia es lo que en
parte ha permitido mantener estos comercios. Algo similar sucede con parte de la clientela de las
peluquerías, bares, tiendas de alimentos africanos o carnicería musulmana, aunque también existe
parte de clientela local, que crece a medida que se hace más normal la presencia de estos
negocios.

Muchas lonjas del barrio son empleadas como almacenes por los comerciantes ambulantes, y el
alquiler se comparte entre varios paisanos (grupos de 5, 10 o más personas).
23

Los traficantes de drogas ilegales

Los autores partimos de la convicción de que la propia legislación prohibitiva en torno a algunas
drogas favorece la creación de mafias y redes de tráfico ilegal. En los niveles más altos de estas
redes circula mucho dinero y están implicadas personas de alto nivel social. En los niveles más
bajos de éstas participan las personas con menos posibilidades de acceder a otros trabajos, con
menos recursos sociales, que están dispuestas a arriesgarse, o que no tienen o han perdido los
escrúpulos. La propia legislación prohibitiva es la que provoca la subida de precios de estas drogas,
los robos consecuentes, los ajustes de cuentas, la adulteración e intoxicaciones y muertes
consecuentes, y la imposibilidad de condiciones saludables en el uso de las mismas (por ello existe
una alta incidencia de enfermedades de transmisión sexual, SIDA, hepatitis, tuberculosis... entre
quienes consumen estas drogas).

Como se indicó al principio de este capítulo, las redes de tráfico de drogas ilegales fueron primero
llevadas por grupos de payos y de gitanos, después se incorporaron muchos argelinos, y más
recientemente (hacia 1994) personas de África subsahariana. Con más frecuencia se incorporan
personas cuyos amigos o paisanos están traficando y les dan facilidades para entrar a ello.

Ellos llegan... vienen de Portugal... y aquí ven que sus paisanos hacen eso, y lo hacen; como
yo veo que los míos venden ambulante, y me pongo a vender.

A veces también entran quienes cuentan con menos redes de apoyo, menos paisanos con
posibilidades de ayudarles en el alquiler, comida o acceso a otro tipo de trabajos, en parte debido a
que están indocumentados. Entre ellos, hay quienes aseguran que de tener otras posibilidades
laborales, dejarían de traficar.

Una parte de los vecinos y vecinas del barrio tiene la sensación de que estas personas son quienes
han traído la droga al barrio, aunque otras no lo ven así.

Nosotros vemos el último eslabón de las mafias del tráfico. (ETB2, 1997)

Confundimos los síntomas con las causas. Ahora vemos los síntomas, pero las causas son
otras: cuando entró la heroína al barrio no había negros. (ETB2, 1997)

No todas las personas se incorporan en la misma medida: algunas llevan años trabajando en el
tráfico de drogas; un grupo menos numeroso ha realizado esa tarea de forma puntual (al llegar al
barrio, en los primeros momentos de incertidumbre o abandono o de intentos frustrados de
encontrar trabajo) y después se han desligado. Entre quienes la realizan de manera más o menos
continua, algunos no han pasado de ser intermediarios o de pasar pequeñas cantidades de hachís y
la mayoría se han implicado más.

En cuanto a sus condiciones de vida, hay quienes duermen a la intemperie, en ruinas, en fábricas
abandonadas o bajo puentes, quienes viven en pensiones, alquileres o realquileres con precarias
condiciones higiénicas y quienes viven fuera del barrio en alquileres más habitables.

Algunas personas que trafican son dependientes de la cocaína o heroína, y algunas de éstas
duermen en la calle. Esto es más frecuente entre los grupos que entraron antes en el tráfico, como
gitanos o argelinos, y menos frecuente entre los africanos negros. Su número es bastante escaso,
24

en proporción a los que no lo son, aunque aumenta progresivamente. Según Esteban y Díaz (1997),
su salud física es mejor en comparación con la de la población autóctona, porque llevan menos
tiempo consumiendo, usan menos la vía parenteral (venosa) y tienen más formación. Pero subrayan
que hay dificultades en la derivación de estas personas desde los centros sanitarios del barrio a
donde acuden, a otros centros, para pruebas específicas. También hay dificultades en el proceso
de rehabilitación, por las diferencias culturales y la falta de red familiar y social en estas personas.

Existen posturas variadas en los bares y comercios de la zona hacia las personas que trafican. En
algunos comercios se permite la entrada a cualquier persona, siempre que no trafique dentro del
local. En otros no se permite la entrada a ninguna persona que se sabe que trafica o que se supone
que es toxicómana, independientemente de su aspecto. En otros comercios, ocasional o
permanentemente, se niega la entrada a las personas negras, argumentada con un discurso del tipo
“todos los negros son traficantes”. En cuanto a los comercios de productos y servicios básicos,
normalmente se atiende a todas las personas, sin distinguir su apariencia o su fuente de ingresos.

Yo he aprendido una cosa desde que vivo en San Francisco: si un negro entra en una tienda
a comprar pan o tabaco, es un cliente, y se le llama caballero, ¡eso lo he oído yo! Si luego se
va a tomar algo al bar de enfrente, entonces es un traficante, y se le echa del bar o se le
insulta.

4. MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Hemos revisado las noticias aparecidas en prensa relacionadas con los extranjeros, la policía y los
malos tratos, en San Francisco principalmente. Desde el inicio del trabajo del grupo hasta febrero de
98, hemos encontrado que la mayoría dan detalle de operaciones policiales para detener traficantes,
o de un ingreso en prisión o decisión judicial sobre el tema (casi exclusivamente en el diario El
Correo). Otras noticias, que aparecen de forma puntual son conflictos entre cuerpos policiales,
denuncias de malos tratos por un ertzaina o policía municipal hacia extranjeros o gitanos, ofrecidas
por asociaciones contra el racismo o de apoyo a extranjeros. Estas han sido sucedidas
temporalmente con otras noticias sobre actuación policial contra droga y delincuencia.

No ha habido ninguna información sobre operaciones policiales sin éxito, de detenciones u
operaciones policiales ilegales o desmedidas. Tampoco sobre la frecuente apertura de comercios
por extranjeros en el barrio, que da idea del progreso en la integración de diversas culturas.

Normalmente las fuentes de la información son parciales (en una situación donde hay varios
actores, y por lo tanto varias versiones creíbles). Suelen ser Interior (Ertzaintza) y el Ayuntamiento
de Bilbao (la Policía Municipal). Raramente son asociaciones de apoyo a extranjeros, salvo en las
informaciones ofrecidas en ruedas de prensa o cartas al director, o versiones de asociaciones
vecinales.

Las noticias suelen estar poco contextualizadas para entender o valorar el suceso, y hablan de
hechos puntuales, de los que no suele haber seguimiento. En general, se usa un lenguaje ambiguo
o desmedido, que facilita interpretaciones negativas o erróneas.

Un ejemplo de este lenguaje es el uso del término delincuente en situaciones muy variadas, incluso
para denominar a los propios vecinos que se acercan a mirar el desarrollo de una actuación policial
(El Correo, 1997).
25

Esta forma de presentar las noticias da una imagen del barrio como zona de riesgo y de
delincuencia. De hecho, como se indicó antes, mucha gente no se atreve a pasar por el barrio (y
menos aun desde que anochece) y su única referencia del barrio es la prensa. También da una
imagen de la actuación policial en el barrio como necesaria y efectiva.
26

“... Y SE PUSIERON A PEGARME”
(El curso de la actuación policial)

A cada persona que vive aquí, a cada persona que ves
en la calle, le puedes preguntar. Cada una tiene algo que
contar.
Fátima

Como decíamos al principio, es el escándalo de hechos vejatorios uno de los puntos de partida de
esta investigación. Pero son los hechos en su contexto, los hechos que acompañan unos a otros,
los hechos que la gente entiende y le afectan en su conjunto. A la hora de valorar las actuaciones
policiales, tenemos como referencia la regulación legal en las mismas (ver anexo VIII), ya que es
importante valorar en qué medida las y los funcionarios se atienen a su cometido y en qué
circunstancias se salen de él. Pero no es ésta la única referencia, ya el que una conducta policial
sea o no vejatoria, depende de cómo se pone ésta en ejercicio y aquí hay que tener en cuenta
importantes elementos del contexto. Puede no salirse de los límites legales el cachear a una
persona, pero cuando este cacheo se hace delante de un comercio concreto, se puede estar
señalando ese comercio como sospechoso.

Para presentar estos hechos, por tanto, vamos a utilizar un esquema de categorías que nos ayude a
ubicar las agresiones policiales en su contexto, de tal manera que podamos entenderlas y darles el
significado que pueden estar teniendo para la gente que las sufre. El esquema es el siguiente:

1. El contacto del funcionario con la persona, que es el modo, el momento y el lugar en el que dicho
funcionario aborda a la persona. Sobre este contacto, describimos las violaciones de derechos
ciudadanos básicos que se producen.

2. Las reacciones de los funcionarios policiales cuando la persona afectada responde, cuestiona o
se niega a someterse a las violaciones anteriores, suelen suponer una agravación añadida a las
violaciones anteriores.

La afirmación anterior la hemos constatado porque entre las personas que ofrecen testimonios, la
mayoría ha dado algún tipo de respuesta o cuestionamiento a la forma de abordarles la policía y ha
sufrido graves violaciones después. Ellas mismas u otras personas han vivido otras situaciones en
las que no ha habido este cuestionamiento y han comprobado entonces que la actuación policial era
menos desmedida.

También lo hemos contrastado con nuestra observación en la calle de las actuaciones policiales.
Esta observación, como veremos más adelante, no ha sido obstaculizada por los funcionarios, salvo
en los casos en que su actuación era más desmedida, en los que sí ha sido limitada.

Describimos qué actitudes tienen los funcionarios en estas situaciones, así como el efecto que
producen en la gente. En la detención posterior y conducción a comisaría también recogemos
violaciones que se producen, así como actuaciones que respaldan esas violaciones y consiguen
ocultarlas y evitar su denuncia.
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3. Además de estas violaciones y actuaciones consiguientes, bien en el curso del cacheo, registro,
identificación, detención y estancia en comisaría, bien en un plano general, existen otras
actuaciones cuyo significado e impacto en las personas se entiende en función de su contexto.
Algunas se refieren a las circunstancias de la actuación y otras al modo de informar sobre el suceso
o de denunciar por parte de algunos funcionarios policiales.
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1. EL COLOR DE LA SOSPECHA
(Violaciones en la actuación inicial)

Era como en las películas...

Como hemos apuntado, la actuación inicial es el hecho que se produce en la calle o en locales
privados (bares, restaurantes...), donde uno o varios policías abordan a una o varias personas, con
la intención inicial y aparente de comprobar su documentación o de registrarles. En esta actuación,
hemos encontrado que se producen las siguientes conductas en los funcionarios policiales,
conductas que suponen una flagrante violación de derechos básicos y un abuso de autoridad:

A. Abordar:
Sin dar explicaciones, sin respeto
Usando estereotipos como indicios
Abordar violentamente

B. Registrar:
Hacer quitar parte de o toda la ropa en la calle o en un portal
Hacer vaciar el bolso/bolsa y bolsillos de modo humillante

C. Entrar, registrar, y actuar en locales particulares sin permiso de los propietarios o del juez
Registrar local sin orden de registro
Usar locales particulares para hacer identificaciones o registros

D. Robar (requisar sin dar justificante y no devolver)
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A. “COMO A UN ANIMAL”
(La manera de abordar)

El primer contacto de la policía con la persona, aquél en el que el primero se dirige con
determinadas intenciones --se supone que en cumplimiento de su función-- a la segunda, es muy
importante, ya que marca el escenario en que se va a dar la relación entre ambas.

Es por tanto responsabilidad de la policía el iniciar un contacto limitado a sus funciones y lo más
respetuoso con la persona. Hemos encontrado, sin embargo, conductas contrarias a ambos
aspectos. Que de un coche patrulla de la Ertzaintza se bajen dos funcionarios e increpen a un grupo
de personas que tranquilamente están charlando a la puerta del comercio de una de ellas, se sale
completamente del cometido policial. Que, además, esta actuación se acompañe de insultos y
golpes, se sale del respeto a las personas y del sentido común.

Señalamos a continuación algunas de las conductas más significativas que hemos obtenido del
análisis de nuestra información.

Abordar sin dar explicaciones, sin respeto

En los primeros momentos de la intervención, los funcionarios no suelen dar explicaciones de su
actuación. Esto supone una clara falta de respeto hacia la persona, y evidentemente es interpretado
como una demostración de fuerza.

No me dijeron nada...

Me tratan de mala manera, se me acercan sin más y me dicen, ”oye, tú...” No me dan
explicaciones...

Me trataron como a un animal...

Abordar usando estereotipos como indicios

Tanto en abordajes individuales como en redadas indiscriminadas, es frecuente que el criterio de
selección de la persona sea el color de la piel o el aspecto físico, unido a veces al tipo de ropa,
calzado, etc.

En las redadas que nos han comentado, es el principal criterio empleado.

Bajé a comprar pan. Y llegó la policía, pusieron un cordón, y todos los que estabamos allí...
todos los que éramos negros, nos subieron al furgón. Yo dice, “yo comprar tienda...”, pero no
cuchan.

Ahora hay que tener mucho cuidado en San Francisco. Ellos no diferencian los que están (en
la droga) y los que no. Mira, yo estaba en un bar, allí había de todos, argelinos, moros,
gitanos, negros y blancos. Entra la policía y saca a todos los que tienen la piel así de negra,
como yo. Los que son un poco blancos los dejan. Antes miraban a los argelinos y a los
gitanos también, pero ahora solo a los negros... ¡Y eso no está bien!
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Entraron los ertzainas al bar agarrando a la gente de mala forma, tirándolos hacia la pared.
Algunos blancos que había se marcharon. Al final nos quedamos solos mi amigo y yo. A
nosotros no nos hicieron nada, porque se pensaban que yo era de aquí. Había argelinos, y a
ellos sí los cogieron... Los pusieron en dos filas, unos 20 en una pared, y unos 20 en otra.
“¡Manos arriba y piernas abiertas!”. Hablaban muy nerviosos, y les pegaban en las piernas
para que las abrieran. ¡Era como en los controles nazis contra los judíos!: dos policías pedían
la documentación, dos vigilaban en los extremos de las filas y uno desfilaba arriba y abajo,
vigilando. Les registraron a todos, y les hicieron bajarse los pantalones. Luego se los llevaron
en furgonetas.

Y en muchas detenciones individuales, también.

Me ve bien vestido y ya piensa que gano dinero con la droga...

Yo solo tengo problemas (con la policía) cuando voy con mi amigo negro... nunca más he
tenido problemas.

Nos sobrepasó un coche de la ertzaintza, paró delante y nos gritaron: “eh, vosotros (...) que
nos han dicho que unos chicos de color han robado una cartera” (...) “¿qué pasa?” -les dije-
“¿tenemos pinta de robar carteras?”, “pues claro” -me dicen.

... Y él me explica que me había parado porque me había visto hablar con otro negro...

Este tipo de supuestos indicios se usan también para otros colectivos. Por otra parte, el estereotipo
se refiere también al contexto de la actuación:

Estábamos en el coche, cargando sacos de escombro, yo estaba vestido de obra (...). Pasó
un coche de la ertzaintza, nos vio, y retrocedió. Bajaron y le dijeron a mi amigo,:”oye, tú, qué
tienes en la mano”, él rápidamente les enseñó las llaves, y yo dije: “estamos abriendo mi
coche” , entonces dijeron “vale, vale” y se fueron. Luego mi amigo me explicó lo que había
pasado: “ellos pasan, ellos pasan y miran; miran y ven a un negro y a un chico con pelo largo
y mal vestido; entonces ellos piensan que tú eres yonki; ven a un chico con pelo largo y a un
negro y piensan que es un yonki con un negro; ven un coche, y piensan que están robando
el coche...”

Estos criterios, incluso han sido defendidos públicamente por una funcionaria de la Ertzaintza, que
en unas jornadas abiertas sobre “La protección de los derechos humanos por parte de la policía”
celebradas en Bilbao el 10 de diciembre de 1997 explicó que el vestir zapatillas de deporte caras o
el llevar el periódico “Marca”, unidos al color de la piel y al lugar por donde pasan, son indicios
evidentes de criminalidad.

Sucesos aparecidos en prensa donde un agente de la Policía Municipal denuncia que varios
agentes de la Ertzaintza le dieron el alto cuando iba de paisano y le golpearon antes de que pudiera
identificarse (El Correo, 1997 bis), muestran hasta qué punto puede llegar el carácter indiscriminado
de algunas actuaciones.
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Abordar violentamente

Los funcionarios policiales realizan la toma de contacto, en múltiples ocasiones, de forma violenta,
haciendo muestra de una arrogancia que lesiona la dignidad de las personas.

Otro día estaba hablando por teléfono a (mi país) en una cabina, acababa de empezar a
hablar, y me coge un policía por detrás. Yo le quito la mano del cuello y le digo: “tu no
puedes hacer eso así”. Él me esposa y me lleva a comisaría. Me tienen allí una hora, y me
sacan otra vez.

Me agarraron por detrás, por la espalda, y me colocaron la porra en el cuello, apretándome la
garganta.

Me agarraron por el cuello y me obligaron a abrir la boca.

Me tiraron al suelo, y no me podía mover, porque me sujetaban pisándome con la bota.

No me dejaban moverme, porque uno se puso encima mío.

... y empezaron a dar empujones y porrazos...

A veces se relata que esta violencia está asociada a una actitud nerviosa por parte del funcionario
policial:

... el policía estaba furioso, sudando...

... y la policía no sé qué le pasaba que estaba nerviosa, cogió a mi amigo, le empezó a
mover..

B. HUMILLACIÓN A PLENA LUZ
(La manera de registrar)

Son muy frecuentes los registros, y muchas veces se realizan sin identificar previamente a la
persona, o sin la intención de identificarla. Incluso varias personas afectadas no tenían
documentación en regla, o no la tenían en el momento de los hechos, y en ningún momento se le
pidió.

No preguntan ni documentación ni nada, nada más que: “¡fuera!”

Hacer quitar parte de o toda la ropa

Una actuación relatada como frecuente es la de obligar a desnudarse o hacer quitar parte de la ropa
en plena calle o en un local particular cercano (portal, tienda, bar...). Varias personas relatan con
detalle estas situaciones, y ellas mismas y otras hablan de ello como una práctica muy común.
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En un testimonio se deja ver la distinción realizada entre una persona de rasgos negros y otra de
rasgos magrebís:

A mi amigo le desnudaron del todo, hasta los calzoncillos le hicieron quitar. A mí solo me
registraron los bolsillos.

Los testimonio ofrecidos dejan ver que la práctica no es cuestionada por personas más
desprotegidas y sí lo es con más frecuencia entre otras personas, que en ocasiones logran que los
policías desistan de su intento.

La gente, como no tiene papeles, tiene miedo, y si viene la policía y le dice: “quítate los
pantalones”, pues coge y se los quita.

Me meten en un portal. Querían que me quitase toda la ropa. Yo dije que no. Intentaron
quitarme la ropa a la fuerza. Yo dije que no. “Si me quieres quitar la ropa, habla primero con
mi abogado, y luego me explicáis lo que he hecho para que me quitéis la ropa”. Y al final no
me desnudaron.

A cualquiera nos parecería fuera de lugar observar como unos policías desnudan a una persona
blanca en un portal de la Gran Vía. Hacer habitual una práctica de este tipo -como parece que es
en el barrio San Francisco- aparte de la humillación que supone para la persona, supone una
degradación del propio lugar. Sea o no ésta la intención de los policías, es el efecto que logran este
tipo de prácticas.

Hacer vaciar el bolso/bolsa y bolsillos

Frecuentemente la manera en que se efectúa esta actuación conlleva una humillación de la
persona, que se ve obligada a agacharse en la vía pública.

Me hicieron tirar al suelo, en la calle, todo lo que tenía en el bolso. ¡Ponerlo boca abajo y
dejar caer todo!

Me hacen dejar todo en el suelo, en medio de la calle, luego cuando acaban, tengo que estar
recogiendo moneda a moneda, y él delante mirando, sin ayudarme... ¡qué humillación!

C. EL SEÑALAMIENTO DEL LUGAR
(La manera de actuar en locales particulares)

Registrar local sin orden de registro

En algún testimonio se señala la práctica de registrar un local sin orden de registro.

Entran a registrar sin orden de registro... ¡llevo así tres años!
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Usar locales particulares

Más habitual es la práctica de utilizar locales particulares de manera indiscriminada para actuaciones
que, aunque puedan ser lícitas, se ven de esta forma cuestionadas, por lo que supone de violación
de una propiedad privada y de señalamiento de la misma como lugar sospechoso. Es el caso de las
redadas en bares, y el uso común de la entrada de las tiendas o portales para efectuar registros, sin
previo permiso de sus propietarios.

D. “ESE POLICÍA ERA UN LADRÓN”
(Robar, requisar sin dar justificante y no devolver)

Varias personas cuentan cómo les han robado objetos o dinero. Ha resultado sencillo obtener los
patrones de actuación, ya que se producen de forma muy similar en todos los casos:

Una forma de robar objetos relatada como muy frecuente y generalizada es la que realizan algunos
funcionarios de la Policía Municipal a los trabajadores de la venta ambulante: cuando están
vendiendo sin permiso y les requisan mercancía, estos funcionarios no siempre hacen un recibo
explicitando el contenido y cantidad requisados. Cuando los vendedores vuelven a recogerlo,
pasado el plazo dispuesto o pagada la multa exigida, se encuentran que faltan algunos objetos de
valor. Pero sin un justificante del contenido de la requisación no tienen posibilidad de reclamar ni
denunciar.

A mis paisanos les pasa mucho: no anotan el género que les llevan, ni les da tiempo a
contarlo antes de que se lo llevan, y luego no pueden denunciar...

Otra forma es el robo de dinero directamente en el momento del registro, ya que durante éste
muchos funcionarios revisan el contenido de las carteras y de todas las bolsas y bolsillos. Además, a
veces los funcionarios interrogan a la persona sobre el origen de ese dinero o pertenencias.

Municipal me pregunta que por qué tengo ese dinero si soy refugiado y no puedo trabajar.
Piensa que lo he robado. Me pregunta de quién son esas llaves, le digo que mías, y me dice,
“vamos a tu casa”, y yo le digo que no (...) ¡Si viene a mi casa me roba más! (...) Ese policía
era un ladrón... unos meses antes me registró y me quitó 16.000 pesetas...

En ocasiones se quedan con parte del dinero que llevaba la persona, y en ocasiones se quedan con
todo. Es más frecuente que se queden con todo cuando la actuación se justifica en una acusación
-fundamentada o no- de tráfico de drogas ilegales.

Este tipo de actuación afecta mucho a personas que llevan mucho dinero encima, como los propios
trabajadores de la venta ambulante o agrícolas (sobre todo si en ese momento regresan de su lugar
de trabajo o van a comprar al por mayor); quienes no quieren dejar el dinero en la pensión o
realquiler por seguridad; o personas que trabajan traficando con drogas ilegales.

Cuando pillan traficante que lleva dinero, le quitan. Y no puede denunciar, porque son
traficantes.
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A ninguna de las personas que han relatado robo de dinero por funcionarios, se les ha dado ningún
tipo de recibo o justificante, a pesar de que algunos de ellos les explican que se trata de una
requisación.

“Te voy a requisar este dinero, y cuando puedas demostrar que no lo has obtenido con la
venta de droga, vas al juzgado y te lo devuelven” -le dijo el policía al chico....

En dos testimonios se relata cómo algunos testigos, tras observar que un ertzaina se quedaba con
el dinero de un chico a quien habían registrado y no le habían detenido, increparon al funcionario, y
este devolvió el dinero, lo que indica que el funcionario era consciente de que estaba robando:

En ese momento, les grité: “¿No veis que el dinero es de su trabajo? Si no le habéis
encontrado nada, ¿por qué le robáis? ¡devolvedle el dinero!... ¡he visto lo que habéis hecho y
puedo denunciaros!” Entonces se sacaron el dinero del bolsillo, devolvieron el dinero al
muchacho y se marcharon sin decirle nada.

Oí como le decía eso al muchacho y me acerqué para preguntar: “¿te llevas su dinero?... Y el
muchacho ¿cómo va a volver a pedirlo...? ¿cómo va a demostrar que se lo has
requisado....?” Al final, después de una pequeña discusión, el policía le devolvió el dinero.

Tiene también importancia la actitud de los testigos, que increpan a los funcionarios, cuestionando
su forma de actuar. En algunas ocasiones se logra que el policía detenga la violación. No así en
otras, en las que el propio testigo que ha increpado al policía (y que era africano) ha recibido golpes.

Dado que hablamos de dos cuerpos policiales diferentes, uno de los cuales (el de la Policía
Municipal) está menos presente cuantitativamente, se hace necesario aclarar que en todos los tipos
de actuaciones descritas hasta el momento han participado tanto agentes de la Ertzaintza como de
la Policía Municipal.
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2. LA AUTORIDAD INCUESTIONABLE
(Cuando se reacciona ante la arbitrariedad)

Si te callas, no tienes problemas.

Hay un grupo de actuaciones violatorias por parte de funcionarios policiales que se producen de
forma más o menos sistemática después de la actuación inicial, bien en el mismo lugar donde se
aborda a la persona, o en el curso de la detención y trámites posteriores. Estas actuaciones
producen un efecto de represión momentánea (logran que la persona deje de protestar o acepte ser
vejada), o a medio plazo (logran que no se conozca lo que ha pasado, impiden que se denuncie);
es decir, son violaciones que, además de vulnerar derechos básicos, refuerzan a su vez la
continuidad de otras violaciones. Son las siguientes:

A. Agravar las violaciones anteriores
Insultar
Golpear
No ofrecer auxilio o llevar al hospital (estando herido)
Amenazar
Hostigamiento-persecución
No ofrecer identificación o darla falsa
Llevar al monte
Detener y hacer pasar un tiempo en comisaría sin causa justificada

B. En la detención:
No avisar al tutor (siendo menor)
No dar explicaciones en cada momento
(motivo de detención, a dónde lo llevan, para qué...)

C. En comisaría:
Humillaciones
Amenazas
No ofrecer traductor
No ofrecer abogado
Negar posibilidad de llamar por teléfono
Negar información y visitas a personas cercanas

Todas estas actuaciones, que degradan a la persona afectada, provocan un problema de
impunidad, creando una imagen del policía como autoridad arbitraria que escapa a todo tipo de
control.
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A. LA ESCALADA DE LA VIOLENCIA
(Agravar las violaciones anteriores)

Ante una respuesta, cuestionamiento o negación a aceptar una de las violaciones anteriores --
resistirse a abrir la boca cuando le abordan con violencia por detrás; increpar o preguntar por qué
actúan de ese modo; intervenir en una actuación hacia otra persona, pidiendo que dejen de pegarla
o que la respeten-- los funcionarios policiales incrementan el tono general de sus actuaciones de
muy diversas maneras.

Insultar

“¡Negro de mierda!” -me dice.

Los insultos entendidos en su contexto, logran humillar. El insulto es una manifestación de
prepotencia como demostración de poder. Quien insulta aprovecha su posición de fuerza y apunta a
lo más vulnerable de la otra persona, degradándola y quitándole toda prerrogativa para responder.
Por ejemplo, aludiendo a su situación de inmigrante con el propio insulto, se insinúa que no tiene
derecho a protestar (porque es de otra tierra).

Me dice: “ese negro también lo voy a llevar”. ¡Me llama negro, no me llama persona!

Me dijo: “calla la boca, negro de mierda, aquí solo hablo yo”

“Puta negra, si no estás de acuerdo con lo que hago, vete a tu país” -me responde.

Golpear

Sólo porque preguntaron: “¿por qué no podemos estar aquí?”, se pusieron a pegarles.

Hice todo lo que me pidieron, y sólo porque pregunté por qué contaban mi dinero, me
pegaron.

Les dije: “de todos los coches que están mal, solo os lleváis el mío”, y se pusieron a
pegarme.

Estos golpes incluso son justificados abiertamente por algunos funcionarios como parte de su
posición de fuerza. Estas demostraciones garantizan que las agresiones queden impunes, es decir,
que no tengan consecuencias para el agresor.

“¿Por qué me golpeáis?” -les dije, “porque podemos hacer lo que queremos” -me
respondieron.

En más de la mitad de los testimonios ofrecidos, la gente explica que recibió golpes con la porra, o
puñetazos y patadas, tras haber cuestionado la actuación policial. Hablan de golpes dirigidos a
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lesionar (que en varios casos han provocado contusiones, esguinces, heridas, rotura de brazo,
rotura de pierna, rotura de rodilla, dislocación de mandíbula, cortes en la cara...), y de palizas.

A mi paisano le pegaron... ¡uf, le dieron una paliza...! Él estaba en la calle, ya sabes...
siempre San Francisco... vive en la calle, duerme en la calle. Policía municipal para él, pide
cumentación. Él enfada, insulta policía, entonces ellos cogen, llevan comisaría y pegan....
¡uf... pegan mucho!

La mayoría de las personas que relatan haber sido heridas o lesionadas tienen constancia médica
escrita de las lesiones.

No ofrecer auxilio o llevar al hospital (estando herido)

Una persona relata una experiencia que supone una clara denegación de auxilio por dos ertzainas
ante una solicitud de ayuda para acudir a urgencias, estando en situación grave. Varias más
explican sus experiencias en estos o parecidos términos.

Cuando hay problemas y se les necesita, no están.

La mayoría de las personas que han sido agredidas con resultado de heridas, contusiones, roturas,
etc, relatan que no se les ha llevado en el momento a urgencias: algunas han sido llevadas muchas
horas después, otras han tenido que ir ellas solas al salir de comisaría, y otras han sido llevadas
cuando se han desmayado, estando en comisaría.

Les dije que me dolía mucho (un miembro) y me dijeron: “te jodes”.

Al salir de la comisaría me fui a urgencias yo solo.

Esto supone, para empezar, un gesto de desprecio hacia la persona herida o dañada. Agrava y
prolonga además el propio daño hecho a la personas (una herida, una contusión o esguince no
curada o atendida a tiempo, un dolor padecido innecesariamente que puede calmarse fácilmente,
que es llevado al límite del desmayo y la pérdida de conciencia...). Y en algunas ocasiones logra
evitar que exista constancia médica de las agresiones sufridas, con lo que se dificulta cualquier tipo
de denuncia.

Amenazar

Por los testimonios recogidos y la observación de calle, vemos que las amenazas son frecuentes y
variadas, y forman parte del discurso más elemental de algunos funcionarios.

Una amenaza común es la de más palizas o golpes.

“Tú también vas a cobrar si no te callas” -me dijeron.
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“Negra bocazas, como no te calles te voy a pegar” -me dicen-. “Pues pegadme, si queréis...” -
les digo- “pero no me metáis eso en mi bar”...

Y una amenaza particularmente peligrosa es la de amenazar con meterle droga, lo que supone
criminalizarle y reforzar el estigma de negro-traficante.

“Tienes que callar, si no, nosotros tenemos un bolón de droga. Si tu no callas, nosotros
llevamos a comisaria” -me dicen después de registrarme y quedarse con 10.000 pesetas.

“Si sigues hablando así te quito el dinero” -me dice. Le digo que no pueden (...). Entonces
uno de ellos saca una especie de bola y me amenaza con pasármela y denunciarme.

También amenazar con demostraciones de poder, como dar una versión falsa de los hechos, que
facilite una denuncia de la policía hacia el afectado, de forma que de nuevo se identifica a la víctima
como el culpable de la situación. El propio discurso de algunos policías da a entender una vez más
que saben que sus actuaciones quedarán impunes.

Me dijo: “pues cállate la boca porque si no le decimos al comisario jefe que nos has
amenazado de muerte”. Le contesté: “¿Con qué te he amenazado de muerte?, a ver, dime”.
Entonces me respondió: “Bah, no te preocupes, que a nosotros siempre se nos ocurre algo”

Una persona relata que fue testigo de una actuación policial que le pareció muy grave, y a los pocos
días se realizó un operativo en un local que frecuentaba, donde recibió insultos y se le hizo quitar
parte de la ropa. Esta persona percibió la actuación como una clara amenaza para que no relatara ni
denunciara lo que había observado días antes.

Hostigamiento-persecución

Una de las actuaciones con consecuencias más graves para la persona es el hostigamiento, la
presión policial constante sobre la gente, que se siente así observada, controlada y perseguida sin
motivo evidente, siendo a la vez conscientes del objetivo de esta persecución.

La Policía Municipal y la Ertzaintza me conocen, porque trabajo ahí en un bar, pero lo hacen
(pedir los papeles sin respeto) para rabiarme, para que me moleste y les insulte... para
provocarme.

En algunas ocasiones especialmente graves, ese hostigamiento se ha convertido en ataques
continuados a la misma gente que entra así en un ámbito de persecución y control policial personal
sin acusaciones concretas. Al menos en tres casos relatados se trata de un grupo de situaciones
que se pueden interpretar claramente como hostigamiento y persecución, incluyendo amenazas
reiteradas. Siempre sucede con personas que han denunciado cada una de las precedentes
actuaciones policiales.

En el bar había una chica que trabajaba ahí y lo vio todo... y la amenazaban para que no
dijera nada.
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Dile a tu amigo (... ) que tenga mucho cuidado, porque un día de estos voy a ir a cogerle y le
voy a pegar una paliza que se va a enterar” -le dijeron a mi amigo.
(En el contexto de varias agresiones a una misma persona por la Policía Municipal y la
Ertzaintza y la denuncia sucesiva por parte de esta, dijo esto un funcionario de paisano)

En una ocasión una persona a quien sucesivas veces habían registrado sin mostrar órdenes
judiciales su local, se le ha intentado meter una bolsa de droga. En este caso también existe una
denuncia contra la actuación policial. Esta persona y un familiar cercano han sido detenidos,
amenazados, registrados, innumerables veces, tanto por agentes de la Policía Municipal como de la
Ertzaintza.

El acoso simultáneo por parte de funcionarios de los dos cuerpos policiales es relatado en dos
ocasiones.

“Tú eres el que ha denunciado a nuestro compañero, ¿no?” -me han preguntado hace un
rato los policías.

Este acoso se puede hacer extensible a otros ámbitos, por ejemplo los juzgados, que son un
espacio donde de nuevo se encuentran el agresor y el agredido, un nuevo espacio de demostración
de poder, de intercambios de miradas, de situaciones tensas, un nuevo espacio también para las
amenazas.

Ahora entiendo cuando el policía que apareció en el juicio me dijo a la salida: “tú vas a saber
quién soy yo”...

Tantos ataques, y tan continuados tienen impacto en el colectivo de inmigrantes en general, ya que
crean una sensación de acoso y persecución, de estar constantemente bajo sospecha, de sentirse
atacada. La calle, el barrio, la ven a partir de entonces con ojos diferentes, y se acentúa así su
situación de inseguridad y precariedad.

En el contexto del acoso y el hostigamiento, la libertad de movimiento se transforme en un auténtico
reto, y el ejercicio del derecho a denunciar se convierte en una consigna no real, con lo que es
explicable el alto número de personas africanas que no se atreven a pisar el barrio ni a denunciar.

Mi comunidad, la gente de mi país, está siendo atacada.

Yo creo que alguien quiere quitarme de enmedio.

No ofrecer identificación o darla falsa

Algunos testimonios dan referencia directa de que tras observar o recibir malos tratos, los
funcionarios se negaron a dar sus datos de identificación, a pesar de pedírselos reiteradamente.

Dijeron que no tenían por qué dármelos.
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Esta actitud negativa se lleva a extremos en alguna ocasión en que se relata cómo ofrecieron un
número de identificación falsa.

Un amigo mío no pudo denunciarles, les pidió su número de agente y cuando fue a
denunciar le dijeron que con ese número no había nadie.

Otras personas hablan de esta práctica como algo muy común.

Si te hacen algo, no les pidas la placa, porque no te la van a dar... nunca te la dan, y encima
se van a poner más duros. Trata de memorizar la matrícula del coche, eso es mejor.

Llevar al monte

Un persona relata cómo se negó a ser registrada en la boca, y tras ser golpeada y lesionada por
agentes de la Ertzaintza, la metieron en un coche policial (ella pensó que la llevaban a comisaría), la
dejaron tirada en el monte, y por su propio pie hubo de ir a urgencias a ser atendida.

Detener y hacer pasar un tiempo en comisaría sin causa justificada

Muchas personas que han dado algún tipo de respuesta o negativa ante las arbitrariedades de los
funcionarios que les abordaron relatan haber sido llevadas a comisaría después. Algunas de ellas
han permanecido entre varias horas a tres días en comisaría sin que se les haya dado información
ni sobre motivos ni consecuencias de la detención; a otras se les ha acusado por “resistencia a los
agentes” o “agresiones a los agentes”, ocultando el hecho de que actuaban en defensa de sus
derechos o como respuesta a una agresión; otras han sido acusadas -desvirtuando los hechos- por
falsos testimonios de la policía que los implican en el tráfico de drogas ilegales (ver apartado 3.B. de
este capítulo) o en “insultos graves y amenazas de muerte”.

Les dije que por qué no dejaban al chico... ¡y entonces vinieron hacia mí, me esposaron
hasta hacerme marcas en las muñecas, me tiraron contra el furgón y me llevaron a
comisaría!

B. “NO SÉ POR QUÉ ME HAN DETENIDO”
(Arbitrariedades durante la detención)

En muchas ocasiones la escalada de actuaciones con las que se responde al intento de defensa
activa de los propios derechos -que como vemos es interpretado como resistencia- culminan en la
detención de la persona y posterior conducción a comisaría. En ambos tramos se producen
diversas irregularidades.
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No avisar al tutor (siendo menor)

En una ocasión relatada, agentes de la Policía Municipal hirieron y detuvieron a una persona menor
de edad, la tuvieron en comisaría varias horas, sin llevarla a recibir atención por la herida, y en
ningún momento se informó a sus tutores de ello.

No dar explicaciones en cada momento (motivo de detención, a dónde lo llevan, para qué...)

Muchas veces las personas detenidas no saben qué actuaciones llevó a cabo la policía durante el
tiempo de detención.

No sé por qué me han detenido...

No sé si han puesto una denuncia, yo creo que no...

Esto lo perciben como una humillación más, como una falta de consideración.

Te dejan ahí tirado... como si no existieras. No te hablan, no te miran, no te explican nada...

C. LA DIGNIDAD ENCERRADA
(Vejaciones en comisaría)

Humillaciones

Una persona relata humillaciones como escupirle en la comida que le llevaban, ponerle zancadillas y
darle golpes estando en el calabozo.

Amenazas

Otra persona relata que fue amenazada.

“Si no nos dices la verdad, te quitamos los papeles” -me dicen

No ofrecer traductor/a

Ninguna persona detenida tuvo asistencia de intérprete, a pesar de que muchas de las que nos han
hablado, aunque son capaces de mantener una conversación coloquial o relacionada con su
trabajo, tienen dificultad para entender la jerga policial y jurídica.

Yo casi no entendía lo que hablaban ni lo que me decían.

Me dieron un papel para firmar y lo firmé... pero no entendía lo que ponía.
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En ocasiones la escrupulosidad en los procedimientos no asegura las garantías de las personas
detenidas. Una rápida lectura de derechos a una persona que acaba de ser vejada y que además
tiene dificultades de comprensión, no cumple los requisitos necesarios para que esta persona vea
cubiertos sus derechos.

Un servicio de traducción es un requisito necesario, aunque no suficiente, ya que como decimos, no
sólo hay problemas de comprensión.

No ofrecer abogado/a

Dos personas dicen expresamente que no tuvieron asistencia de abogado/a de oficio.

Negar posibilidad de llamar por teléfono

Tres personas detenidas explican que se les negó la posibilidad de llamada telefónica para
comunicarse con un abogado o a una amistad cercana.

Negar información y visitas a personas cercanas

En tres ocasiones, a quienes se interesaron por la situación de las personas detenidas y acudieron a
comisaría (familiares, novias, paisanos...) se les negó cualquier información y se les impidió la visita.

Respecto a este segundo apartado, los tipos de hechos en los que no tenemos referencia de que
haya participado algún funcionario de la Policía Municipal son: insultos (aunque sí han participado
en amenazas, humillaciones y abordando con prejuicios), negar la posibilidad de llamar por teléfono
desde comisaría y negar visitas a personas cercanas y llevar al monte. En todos los demás tipos sí
ha participado algún funcionario de la Policía Municipal.
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3. “LA VERDAD LA HACEN MENTIRA”
(Actuaciones de soporte)

Yo le dice mi amigo: “no hay que responder. Tienes que dejar que ellos hagan su trabajo... y
si hacen algo malo, no hay que responder”. Porque ellos tienen la fuerza... Ellos, la verdad la
hacen mentira.

Como hemos apuntado al inicio hay otras actuaciones más sutiles, para entender el significado de
las cuales es muy importante tener en cuenta todos los datos del contexto; es decir, no se pueden
interpretar aisladamente. Son las siguientes:

A. La interpretación de la actuación policial
Justificaciones o disculpas personales posteriores

B. La información y denuncia sobre el suceso
Dar versiones distantes y opuestas a la realidad
(en las comunicaciones, partes, denuncias, declaraciones al juez...)
No dar parte de actuaciones ilegales de los compañeros
Realizar una contradenuncia

C. La presión sobre el contexto social
Actuaciones sin luz natural (de noche)
Actitud hacia las personas que observan

D. Retrasar certificados de convivencia

Estas actuaciones tienen un denominador común: tratan de imponer una visión de la realidad, una
interpretación de los hechos -la policial-, sin que quede espacio (en un contexto social de prejuicios
hacia el colectivo de inmigrantes) para otro tipo de interpretaciones. Queremos por tanto aportar
estos elementos de contexto, para mostrar que hay varias formas de entender lo sucedido.
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A. DISCULPEN LAS MOLESTIAS
(La interpretación de la actuación policial)

Algunas actuaciones policiales parecen ir destinadas a aportar una visión particular --la suya propia--
de los hechos que han sucedido. Con estas actuaciones se logra rotular con su interpretación los
hechos que han sucedido.

Justificaciones o disculpas personales posteriores

En cinco ocasiones, al finalizar la actuación, los agentes que participaron en el suceso o sus
compañeros o superiores han pedido comprensión.

Y después de hacerme desnudar por completo en el portal, me dicen: “este es mi trabajo...
ya lo siento... es lo que tenemos que hacer...”

Querían bajar los pantalones del chico que estaba conmigo... pero no... Tenía una bolsa de
ropa, y se la vaciaron (...). Y al final dicen: “muchas gracias, nosotros estamos haciendo
nuestro trabajo”

Este discurso que justifica actuaciones como desnudar a una persona o pararla, registrarla e
insultarla -además sin indicios claros de que haya delinquido-, hace creer éstas forman parte de las
funciones de la policía, y puede así evitar la denuncia por parte de la persona agredida.

En otras ocasiones, en el momento o unos días más tarde, los policías implicados o sus
compañeros han pedido disculpas por lo sucedido.

“Hay que disculpar a los chicos... es que están nerviosos...” -me decía el jefe...

Después de que me pegaron y me tuvieron en comisaría sin razón, vino un policía por mi
tienda y me dijo que él sabía que yo era un buen chico... que todos cometemos errores... que
el policía que me pegó no sabía lo que hacía...

Resulta sorprendente el relato de una persona que fue detenida y puesta en libertad tras 19 horas,
sin que tuviese ningún conocimiento de las diligencias realizadas en ese tiempo.

“Ha sido una confusión” -me dicen...

Evidentemente, estas formas de excusarse, si no van acompañada de medidas que reparen el daño
o eviten que vuelva a suceder, no benefician al afectado: solo sirven para mejorar la imagen del
agresor ante el afectado y evitar su denuncia. En realidad, para la persona afectada estas
situaciones suponen una nueva fuente de tensión.

Estas justificaciones intimidatorias llegan a extremos como este, en el que después del intento de
meter droga en un local comercial, y de la denuncia presentada por su titular, el responsable de la
unidad que intervino en la operación se puso en contacto con la titular para tratar de justificar la
actuación.
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Me llama y me dice, “mira, no te lo tomes así, que sólo estábamos probando a los perros... Y
además en lo bolsa no había droga...”

Insinuando así que la persona agredida exagera la realidad, se la está culpabilizando y tratando de
que retire la denuncia.

B. LA REALIDAD ENMARAÑADA
(La información y denuncia sobre el suceso)

Dentro de estas prácticas de presentar una interpretación de la realidad que ensombrece u oculta la
otra, se realizan por parte de algunos policías actuaciones más activas y complejas que las
anteriores.

Dar versiones distantes y opuestas a la realidad (en las comunicaciones, partes, denuncias,
declaraciones al juez...)

En todas las ocasiones en que se ha tenido posibilidad de conocer la versión ofrecida por los
funcionarios implicados en la violación (partes, comunicaciones, conversaciones en comisaría,
diligencias judiciales...), ésta no tiene casi ninguna coincidencia con las explicaciones de la persona
afectada.

Como me resistí, me pegaron y me esposaron... me llevaron a comisaría. Luego dijeron que
me había quitado el cinturón y les había pegado con él...

Estas versiones con frecuencia establecen alguna conexión entre la persona maltratada y el tráfico
de drogas ilegales. De esta manera se criminaliza a la víctima, mecanismo que sirve de pantalla y
justificación de la actuación policial.

“El sabe muy bien por qué está en comisaría (...) Claro, los vecinos nos pedís que acabemos
con el narcotráfico... y luego venís a defender a vuestros amigos...” -me dijo el policía que le
custodiaba cuando fui a verle a la comisaría.

El chico salió de la tienda y cruzó la calle para ir a su casa... Allí es donde le pararon. “Vimos
que le seguían muchos toxicómanos y el no les hacía caso, haciéndoles señas con la
cabeza...” -dijo el policía municipal en el juicio.

No dar parte de actuaciones ilegales de los compañeros

En varias ocasiones se explica que hay desacuerdos internos o discrepancias entre los agentes,
respecto a la forma de actuación.

“Déjalo... este lleva muchos años aquí y no ha dado problemas...” -le decía un policía al
otro...
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Uno de ellos (de los policías) estaba de muy mala leche, hablando muy mal, con palabrotas...
yo creo que estaba borracho... El otro no decía nada, estaba a un lado sin decir nada...

En comisaría me dijeron que si otra vez me pregunta ese policía, que no le haga caso, que
no le responda.

De este modo, la persona afectada puede crearse la imagen de que solo ese policía actúa de modo
ilegal, y los otros tienen criterios más justos. Pero en ninguna de estas ocasiones se tiene
conocimiento de que los compañeros hayan dado parte de las violaciones cometidas por el otro
agente. Por lo tanto, esto no sirve como medio correctivo de la actuación; ni reparador del daño
realizado; ni evita que el agente actúe así en sucesivas ocasiones; o incluso que en otra ocasión
ambos policías intercambien los papeles.

“Suele haber uno que hace de bueno y otro de malo. Y a la siguiente, el que hacía de malo
hace de bueno, y el otro al revés” -explica una persona que ha sufrido un auténtico acoso por
agentes de los dos cuerpos policiales.

Realizar una contradenuncia

A pesar de que algunas personas agredidas no han denunciado los hechos con la intención de
evitar tener más problemas, algunas de ellas han visto cómo eran denunciadas por la policía,
normalmente por “resistencia a la autoridad” o “agresiones a los agentes” (cuando se trata de
personas que han sido golpeadas o que han resultado con heridas o rotura de un miembro) e
incluso por “insultos graves y amenazas de muerte”.

Esta situación, que se ha dado en varias ocasiones, provoca perplejidad e indignación en las
víctimas.

Cuando fui a hablar con ellos por lo de mi hijo me preguntaron, ”¿vas a denunciar?” Y yo
pensé, bueno, no les voy a meter en líos... si no lo repiten, y ellos me han pedido disculpas,
pues no les denuncio. ¡Y ahora resulta que me citan porque ellos si le habían denunciado!
¡es el colmo! ¿no?

Preferí no denunciar, y ahora me entero de que ellos me han denunciado por agresiones a
los agentes o algo así... estoy muy enfadado... Yo pensaba que podía haber problemas si yo
denunciaba, que si no lo hacía no iba a pasar nada...

Esta práctica de la contradenuncia es muy frecuente, así como uno de los máximos exponentes de
esta manipulación de la realidad. Lo que en muchas ocasiones es una respuesta ante una agresión,
una petición de explicación o una defensa activa de los propios derechos, es reinterpretado por la
policía y rotulado como “resistencia”. Esto supone que el funcionario policial ve cuestionada su
“autoridad” porque se le pide que dé razón de su actuación. De esta manera, se consigue
criminalizar una actitud tan básica como la defensa de la propia dignidad.
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Estas denuncias se entienden como una forma de justificar la detención (que sólo está permitida si
hay sospecha de un delito o motivo de denuncia). A su vez, la detención se entiende como
justificación de la violencia empleada (se resistió a ser detenido: por eso tuvimos que emplear
violencia). La violencia, pues, suele desembocar en una detención, y ésta en una denuncia.

En dos ocasiones, las personas afectadas nos han explicado atónitas que no conocían a los policías
que se han presentado a juicios por denuncias puestas por ellos mismos.

Ese policía no estaba el día que me pegaron. No es el que hizo la denuncia ni tampoco es el
que me pegó. No es ninguno de los que estaban aquel día... Yo no sabía cómo decirlo en el
juicio, porque solo podía responder a las preguntas que me hacían...

Los efectos de esta práctica que hemos denominado “contradenuncia” se ven reforzados por la
diferente respuesta judicial que se da a unas y otras acusaciones. Por un lado, los atestados
policiales dan lugar a procesos que con frecuencia acaban en condenas, ya que la versión policial
se ve avalada por los testimonios coincidentes de varios policías. Sin embargo, las denuncias
contra las actuaciones policiales a menudo se archivan por considerar de entrada que carecen de
base o en el mejor de los casos se tramitan muchos más despacio.

C. LA SOLIDARIDAD SOSPECHOSA
(Presión sobre el contexto social)

Por último, señalamos aquí las actuaciones policiales que se dirigen hacia el contexto social que
rodea el maltrato. Algunas actuaciones van dirigidas hacia el control de este contexto, y se refieren
fundamentalmente a la actitud de la policía hacia posibles testigos.

Actuaciones sin luz natural (de noche)

Una mayor proporción de violaciones se produce por la tarde, noche o madrugada, en horas sin luz
natural, en un barrio donde la iluminación artificial es escasa.

Esto supone que existen menos personas que puedan presenciar esa violación, y la actuación en sí
es menos visible. Por eso algunos testimonios de palizas e intentos por detenerlas son ofrecidos por
testigos que lo han visto desde su ventana o al regresar tarde a casa.

Muchos días, por la noche, veo desde mi ventana a los policías pegar a alguien.

Actitud hacia las personas que observan

Un aspecto de la actuación policial muy revelador es la actitud hacia las personas que ob servan su
actuación. Se ha dado algún caso de cambio de actitud del funcionario policial al ser increpado por
testigos.

Retomando dos hechos en los que un funcionario devuelve el dinero que había quitado, hemos de
suponer que si el funcionario hubiese estado seguro de lo correcto de su actuación, no habría
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devuelto el dinero al ser increpado por testigos. Este es un caso claro en el que los funcionarios
hacían conscientemente algo ilegal, amparados en la ausencia de testigos.

Tenemos referencia directa de varias personas, algunas trabajadoras de ONGs reconocidas, que
apuntan cómo su observación no es obstaculizada cuando la actitud de los funcionarios policiales es
respetuosa con la gente. En otras ocasiones sí se obstaculiza la observación o el intento de recabar
información de las personas afectadas, diciendo a quienes observan que se marchen. No se explica
que intenten evitar la observación cuando estas personas que observan no interfieren en la
actuación policial, a no ser que ésta se salga de los límites de la legalidad y el respeto a la dignidad.

Esta actitud policial de evitar la observación, se ha extendido en alguna ocasión hasta pedir la
identificación y registrar a las personas que observan. De esta forma se criminaliza a la persona
observadora, neutralizando su testimonio.

Le pregunto que para qué cuenta el dinero de la persona que está registrando y me responde
que soy el único vecino que conoce que apoya el narcotráfico. O sea, que como él piensa
que esa persona es traficante no entiende que yo me preocupe por lo que le pasa... y
además, como me preocupo por lo que hace con esta persona, resulta que también yo soy
traficante.

Esto es bastante grave en el caso de trabajadores reconocidos de ONGs ya que precisamente una
de sus labores es velar por los derechos de las personas inmigrantes, y este trabajo no sólo se ve
obstaculizado por funcionarios policiales, sino que se ve asimismo criminalizado.

No entiendo por qué me piden el DNI y me hacen vaciar los bolsillos, por interesarme por lo
que le ha pasado a un ciudadano, así como por la actuación de un funcionario público.
Máxime cuando me he identificado como miembro de (ONG de apoyo a las personas
inmigrantes).

D. “SE ME ACABABA EL PLAZO”
(Retrasar certificados de convivencia)

Incluimos un aspecto de la actuación de la Policía Municipal, que ha salido a través de los
testimonios, aunque no se refiere al Barrio de San Francisco expresamente ni a las actuaciones en
la calle.

Tres personas nos han explicado que, viviendo en la casa donde estaban empadronadas, han
pedido certificados de convivencia (para solicitar el permiso de residencia, o una ayuda social, por
ejemplo) y no se les ha extendido en el plazo señalado. Una de ellas nunca lo llegó a obtener, y otra
lo obtuvo al cabo de seis meses, en la tercera vez que lo solicitó, y después de insistentes llamadas
y gestiones por parte de una asociación de ayuda a inmigrantes.

Yo pedí un certificado, y a los cinco meses todavía no me lo habían dado. Se me acababa el
plazo para presentar los papeles, así que al final los presenté sin el certificado.
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Otras personas que ofrecieron testimonios explican que estas situaciones son muy comunes, y
saben que les ha sucedido a muchos amigos y paisanos

Decir que no... nunca dicen que no... ¡pero tardan un montón!. Tengo paisanos que les han
tardado más de un año...y otros todavía no lo han conseguido...

En una ocasión relatada, el funcionario policial encargado de comprobar que la persona vive en el
domicilio donde está empadronado ha hecho valoraciones sobre la conveniencia de que la persona
que lo solicita reciba la ayuda para la cual le piden (entre otros documentos) este certificado, lo que
supone una clara extralimitación de las funciones de este agente municipal.

De los hechos y actitudes descritos en este tercer apartado, el único del que no sabemos que estén
implicados funcionarios de la Policía Municipal es en limitar las labor de las ONGs.
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LA TRAMA DE LA IMPUNIDAD
(Las violaciones de derechos humanos y sus mecanismos de implantación
y ocultamiento)

Antes de avanzar un paso más, debo afirmar y subrayar: no creo en la teoría
conspirativa de la Historia. Me tomo el trabajo de explicarlo, porque me han
acusado de abrazar precisamente esta convicción cuando señalo que muchas
fuerzas importantes convergen en una única dirección. No es preciso que
conspiren si tienen una misma visión del mundo, aspiran a lograr metas
similares y emprenden pasos concertados para alcanzarlas.

Susan George

Una vez presentados los hechos queremos dar un paso más, antes de pasar al impacto de éstos en
las personas y su entorno. Las diversas características de los hechos (su tipología, la manera en
que se desarrollan, su frecuencia, el momento en que se producen, la relación entre unos y otros,
etc), nos lleva a verlos como un conjunto con cierta coherencia.

Al hablar de esta coherencia en los hechos no queremos entrar en el plano de las intenciones
explícitas. No sabemos si los funcionarios policiales responden o no a un plan, pero se comportan
como si lo hicieran. No sabemos si el y empeoramiento de las condiciones de vida de las personas
inmigrantes (del que hablaremos después) es buscado, pero de hecho los malos tratos policiales
están produciendo esos efectos.

Presentando los hechos en su conjunto y como parte de un sistema, queremos mostrar la
complejidad del asunto y sus dimensiones reales desde el punto de vista de las consecuencia s que
están teniendo en las personas y su entorno.
51

1. LA CONTINUIDAD DE LOS HECHOS
(La casualidad en tela de juicio)

Muchas de las violaciones mencionadas, sobre todo las relacionadas con la actuación inicial son
muy frecuentes (ver apartado 1 del capítulo “... Y se pusieron a pegarme”). Recordemos que la
gente relata hechos similares que han sucedido hace poco y también hace dos o tres años; que un
grupo muy variado de personas nos ha ofrecido referencias de actuaciones muy similares; que en el
propio momento del relato, si había otras personas presentes, alguna de ellas ha confirmado la
frecuencia del hecho descrito.

Esto también significa que no se han producido puntualmente, sino en un periodo de tiempo
continuo y extenso.

Hemos visto cómo cada hecho o actitud descritos anteriormente se produce de un modo muy
parecido siempre que sucede. El hecho de las contradenuncias y el tipo de explicaciones del
funcionario policial para justificar el uso de la violencia son un ejemplo muy claro. Otro ejemplo son
el contenido de los insultos y respuestas humillantes, que se refieren casi siempre a su situación
como personas inmigrantes, a el color de su piel o a su estigma como persona sospechosa.

Se produce, además, en unas circunstancias o en un contexto muy similar. Los casos más
paradigmáticos que constatan esto son todas las violaciones que se han producido en el contexto
de una negativa de la persona afectada a someterse a una humillación o maltrato: en esta situación,
casi todas las personas han recibido en respuesta golpes, insultos, más gestos prepotentes o
amenazas.

Por otra parte, muchas violaciones parecen llevar una intencionalidad, una finalidad. Hemos podido
comprobar en los apartados dos y tres del capítulo precedente, que a través de estas violaciones se
ha logrado evitar denuncias públicas o judiciales, evitar que existan pruebas judiciales, lo cual lleva
a entenderlo como hecho intencionado y permitido -si no explícita, sí implícitamente-, no como
consecuencia casual. Sobre esto profundizaremos más adelante.

LAS VIOLACIONES DESCRITAS, PUES, NO SON HECHOS AISLADOS NI CASUALES. POR EL
CONTRARIO, SE PRODUCEN DE MANERA CONTINUA, CON UNA FORMA Y CONTEXTO
SIMILARES, Y CON UNA APARENTE INTENCIONALIDAD.
52

2. LA PARTICIPACIÓN SILENCIOSA
(Mecanismos que crean y mantienen la impunidad)

La continuidad de estas violaciones, el que puedan producirse una y otra vez de forma similar, se
mantiene por la propia práctica policial tendente a que queden ocultas o sin consecuencias para la
policía las violaciones. Práctica que se sustenta sobre todo en las actuaciones policiales tras una
respuesta de la persona afectada por el maltrato inicial (ver apartados 2 y 3 del capítulo “... Y se
pusieron a pegarme“).

Hemos visto cómo muchos hechos descritos tienen como consecuencia el que no se pueda conocer
o documentar bien lo que ha sucedido, o que se pueda conocer y documentar pero no se denuncie,
o que la propia denuncia quede ensombrecida por una contradenuncia. En algunos casos hemos
visto como este último hecho es expresado como objetivo por los propios funcionarios (con frases
como “si no te callas te meto una bola de droga para poder denunciarte”, o “si no le decimos al
comisario jefe que nos has amenazado de muerte”).

A través de cada uno de estos caminos, el hecho queda, en definitiva, impune -oculto o tergiversado
y por tanto sin consecuencias para el agresor-. Por lo tanto, podemos decir que muchas de las
violaciones descritas constituyen mecanismos que crean y mantienen la impunidad. Decimos
mecanismos porque no se trata, como vimos, de hechos aislados ni casuales, porque se apoyan
unos en otros y porque logran un efecto.

La gente sabe que no todos los policías actúan igual y lo transmite así en sus testimonios. Pero al
mismo tiempo no es concebible que los policías que actúan en los hechos descritos lo puedan hacer
así, y más de una vez, sin que sus compañeros y superiores no tengan algún tipo de implicación,
sea no dando crédito a denuncias públicas y en consecuencia solo dándoselo a la versión de los
agentes implicados, sin una exhaustiva investigación posterior; sea callando a pesar de haber sido
testigo de atropellos por parte de algún compañero; sea dando una cobertura más amplia que
puede suponer conocimiento, silenciamiento y en ocasiones tergiversación de la realidad. En los
compañeros y superiores observamos una actitud habitual de “cerrar filas” dirigida más a preservar
la imagen de la institución que a dilucidar los hechos.

Como dicen Beristain y Riera, “... la impunidad supone el convencimiento de que nada ni nadie
podrá torcer el desarrollo de los acontecimientos fijados por el Poder, y que nada ni nadie pedirá
cuentas por tantos delitos y violaciones. Y en consecuencia, el convencimiento de que el Poder
ejerce un control total y que a la gente no le queda otra cosa que adaptarse y colaborar para
sobrevivir” (Beristain y Riera, 1992:24).

LA CONTINUIDAD DE LAS VIOLACIONES SE SUSTENTA, PUES, EN ACTUACIONES QUE EN
SU CONJUNTO CONSTITUYEN MECANISMOS DE IMPUNIDAD PUESTOS EN MARCHA POR
ALGUNOS FUNCIONARIOS Y PERMITIDOS DE ALGUNA MANERA -SEA POR ACCIÓN U
OMISIÓN- POR SUS COMPAÑEROS Y SUPERIORES.
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3. LA IMPUNIDAD EN ACCIÓN
(La puesta en marcha de los mecanismos)

Retomando una vez más los hechos y actitudes descritas en el capítulo anterior, interpretamos en
qué consisten estos mecanismos de impunidad:

Una violación queda impune cuando no se reconoce, ni se asume ni se toman medidas para con
sus responsables, ni se repara el daño causado a la gente afectada, ni se corrige o previene para
que no suceda nunca más. Es decir, una violación o conjunto de violaciones quedan impunes
cuando escapan al control de la sociedad y del sistema judicial, al tiempo que parte de la sociedad
sigue sufriendo sus consecuencias.

Esto es posible porque el hecho violatorio y las circunstancias en las que se produce, bien no se
conocen públicamente (A) o se conocen pero no se denuncian por vía judicial o se denuncian sin
éxito (B).

A. Cuando se produce una violación por parte de un funcionario policial, su propia actuación y la de
las personas que trabajan con él puede hacer que no se conozca bien el hecho porque:

Falta información
La versión de la persona afectada queda ensombrecida
No existen testigos
Testigos y afectados tienen miedo

B. Cuando se produce una violación, también puede suceder que el hecho llegue a conocerse social
o públicamente, pero no llegue a denunciarse o la denuncia no tenga éxito, porque:

El suceso se presenta como una actuación justa contra un delincuente
No se valoran los indicios que se aportan
El suceso se presenta como un hecho casual o una equivocación
Algunos jueces y fiscales no interpretan con equidad las versiones
Hay miedo a denunciar

Pasamos a explicar con detalle los aspectos que componen cada posibilidad:

A. Cuando se produce una violación por parte de un funcionario policial, su propia actuación y la de
las personas que trabajan con él puede hacer que no se conozca bien el hecho porque:

Falta información:
Hemos visto que normalmente los funcionarios implicados en estas violaciones no dan explicaciones
en cada momento de la actuación, y que si hay detención además no se ofrece servicio de
traducción, y que en ocasiones no se ofrece abogado. Esto hace que muchos detalles sobre la
actuación queden ocultos.

La versión de la persona afectada queda ensombrecida:
Hemos visto cómo las detenciones y denuncias posteriores por “agresiones, falta de respeto o
resistencia a los agentes” logran justificar la violencia empleada (que normalmente no se da como
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consecuencia de la detención, sino que la precede), y logran también dirigir la sospecha hacia la
persona afectada por la violencia, criminalizándola así. Las versiones sobre los hechos ofrecidas
por los funcionarios implicados y por sus superiores parecen orientarse a ensombrecer la versión de
la persona maltratada.

No existen testigos:
Hemos visto que muchas actuaciones se han producido en horas de poca luz; que existe a veces
una actitud hostil hacia los testigos (desde decirles que sigan su camino hasta pegarles, pasando
por pedirles documentación y registrarles). Esto significa que hay menos testigos de lo que está
sucediendo en la calle. Además, los propios compañeros de los funcionarios implicados en
actuaciones ilegales, que pueden ser los testigos más directos, no parecen haber dado parte de
éstas, al menos públicamente.

Testigos y afectados tienen miedo:
Las amenazas consiguen evitar que se conozca lo sucedido. El hostigamiento, que se produce
hacia personas concretas que han denunciado y de forma más difusa hacia el colectivo en general,
son un castigo ejemplar, por un lado, y una llamada de atención velada, por otro, para que no se
hable de los hechos violatorios. Veremos más adelante cómo el ambiente de miedo provocado por
amenazas y palizas desemboca a veces en el aislamiento.

B. Cuando se produce una violación, también puede suceder que el hecho llegue a conocerse social
o públicamente, pero no llegue a denunciarse o la denuncia no tenga éxito, porque:

El suceso se presenta como una actuación justa contra un delincuente
Hemos visto que frecuentemente en las actuaciones descritas se usan estereotipos como indicios, y
cómo esto, junto al propio lugar y modo de registrar, y a las versiones ofrecidas por los funcionarios
policiales, contribuye a estigmatizar ante la sociedad como sospechoso de traficante o delincuente
al colectivo de extranjeros y especialmente a las personas negras.

El estigma, una etiqueta asociada a alguna característica de la persona -en este caso, el color de la
piel-, parece explicar completamente sus acciones. El estigma no distingue a las personas, y hace
pasar a todas por el mismo rasero en función de una imagen social deteriorada. Por efecto del
estigma, todas las personas etiquetadas -en nuestro caso “negras”- pasan a pertenecer al mismo
grupo, pasan a tener las mismas características.

Para quienes lo utilizan y promueven, el estigma es suficiente justificar las actuaciones contra ella.
En el barrio de San Francisco, donde la mayor parte de la actuación policial se encuadra
oficialmente en la “investigación y desmantelamiento de redes de tráfico de drogas”, esta tarea se
convierte, a través de la estigmatización, en el argumento que respalda la represión indiscriminada.

Se esconden en la excusa de la droga para rechazarnos, pero no lo van a conseguir.

Este proceso se apoya también en la aceptación de parte de la sociedad de que un traficante de
drogas ilegales no merece ser respetado en sus derechos y de que nadie va a defenderle cuando
realiza un trabajo ilegal con tantas consecuencias indirectas para la salud pública. Al tiempo, todo
aquel del que pueda sospecharse que es traficante (por el estigma existente), tampoco tiene
derechos.
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Con estos mecanismos también se legitima más fácilmente la actuación violatoria entre la porción de
sociedad que teme la llegada e instalación de grupos de inmigrantes cerca de sí. Por ello los medios
de comunicación tienen una gran responsabilidad al propagar una imagen “alarmista” de la
situación, así como a la hora de “estigmatizar” a determinados colectivos, ya que este tipo de
imágenes a su vez da cobertura al exceso en las actuaciones policiales.

En este contexto, el maltrato es un hecho muy aceptado entre algunos vecinos del barrio
(extranjeros o no), que piensan que el hecho de haber recibido maltrato indica que esas personas
estarían relacionadas con el tráfico de drogas ilegales; otros creen que el maltrato es una forma de
castigar.

Si le han pegado, por algo habrá sido... ya sabes qué gente entra en su tienda... por nada no
le van a pegar...

Yo creo que les pegan a los que venden droga para que no vendan más.

Y hay quienes, formando parte del propio colectivo criminalizado, acaban por asumir la forma de
actuar y los criterios de sospecha de la policía.

No me extraña que les llevaran a comisaría, por la noche siempre se quedan en la calle
hablando con sus paisanos, y en San Francisco no puedes quedarte así, la policía ve a un
grupo de negros y... ya sabes...

Como dicen Beristain y Riera, “estas expresiones, potenciadas y difundidas desde el Poder,
suponen no sólo justificaciones de la situación sino también formas de culpabilizar a las personas
afectadas” (Beristain y Riera, 1992:23).

No se valoran los indicios que se aportan
Hemos visto varios aspectos de la actuación que dificultan o impiden la existencia de pruebas para
presentar al juzgado: no llevar al hospital en el momento de ser lesionado, no ofrecer la
identificación o número de placa, no permitir la existencia de testigos (ver apartados 2 y 3 del
capítulo “... Y se pusieron a pegarme”) o no hacer un justificante en la requisa de mercancía o
dinero.

El suceso se presenta como un hecho casual o una equivocación
Por parte de los funcionarios implicados y sus superiores, se suele negar rotundamente la existencia
de estos hechos, y en el caso de considerar la posibilidad de que algo haya sucedido, se plantea
como un hecho aislado. Algunas disculpas personales que no van acompañadas de ningún otro tipo
de medida, presentan el hecho como una equivocación.

Algunos jueces y fiscales no interpretan con equidad las versiones
Las pocas referencias de que disponemos en cuanto a la actitud de algunos jueces y fiscales
apuntan hacia una falta de sensibilidad por las situaciones que viven las persona maltratadas.
Varias veces hemos constatado que no contrastan realmente las dos versiones ofrecidas o no las
consideran por igual. La presunción de veracidad de que goza el testimonio de agentes policiales en
la vía administrativa se ha extendido a los juzgados: se considera a los policías testigos imparciales
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y objetivos, incluso en los juicios de hechos en los que están claramente implicados (son parte
interesada).

Hay miedo a denunciar
Hemos visto que el hostigamiento y las amenazas se dirigen más expresamente hacia personas que
han denunciado. Hay un miedo real, por tanto, a ser maltratado y humillado de nuevo, porque se ha
vivido el hostigamiento personalmente o en personas cercanas.

Hemos visto y veremos también que el ser tildado de delincuente, el ser marcado por el modo y el
lugar de la actuación y por la versión policial de los hechos, puede provocar pérdida de clientes en el
negocio o pérdida de apoyo social. Esto es muy negativo para la integración social y laboral de las
personas afectadas y es un factor muy tenido en cuenta por las personas cuando valoran la
posibilidad de denunciar.

El miedo a denunciar tiene otras razones muy variadas: a veces se teme ser expulsado o tener
complicaciones con la documentación, se teme ser detectado en un trabajo ilegal, etc.

TODAS ESTAS ACTUACIONES CONSTITUYEN UN AUTÉNTICO ENTRAMADO QUE EN MUCHOS
CASOS IMPIDE QUE SE CONOZCAN PÚBLICAMENTE LOS HECHOS VIOLATORIOS, QUE SE
DENUNCIEN O QUE LA DENUNCIA TENGA ÉXITO. ES DECIR, CREAN Y MANTIENEN UNA
SITUACIÓN DE IMPUNIDAD.
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“ALGO HA CAMBIADO DESDE AQUEL DÍA”
(Efectos del maltrato policial)

Llevo muchos años en este barrio, todo el mundo me conoce. Antes me sentía a gusto, todas
las personas me saludaban, se acercaban a mí. Pero algo ha cambiado desde aquel día en
que me dieron una paliza en plena calle: la gente me apunta con el dedo, me discrimina... ya
no me siento libre...

El maltrato policial no es algo aislado en la vida de la gente. No termina con el hecho vejatorio (los
golpes, el robo o el registro en plena calle) o con el juicio. Todas estas actuaciones repercuten en la
vida cotidiana de las personas y en sus expectativas de futuro.

Asimismo, hay que tener presente que el maltrato no afecta sólo a la persona, sino a su entorno: las
vecinas y vecinos, la comunidad, la sociedad donde ocurren estas cosas también sufre las
consecuencias, reacciona en apoyo o frente a las víctimas, o está influida por el miedo.

En este apartado vamos a hablar del después, del impacto que tiene a medio y largo plazo el
maltrato en las personas y en el entorno en que se desenvuelven, lo que nos ayudará a dimensionar
la importancia de la reparación moral y social de los daños sufridos.
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1. “YO ESTABA PERDIENDO DINERO”
(El impacto en las condiciones de vida)

El tiempo que estuve en la comisaría, y después con la baja médica, mi tienda
permaneció cerrada, con lo que yo estaba perdiendo dinero. Después, hay
algunos clientes que no han venido por aquí, porque piensan que ando en
asuntos de droga.

Los efectos más inmediatos de las actuaciones policiales desmedidas se dejan ver en la vida
cotidiana y afectan a las condiciones en que ésta se desenvuelve.

Hay un efecto directo e inmediato que varias personas, sobre todo comerciantes, señalan: pérdida
de dinero, sea por tener que cerrar durante algún tiempo el negocio (generalmente una tienda o un
bar), o porque se llevan a sus clientes (gente que está comprando en la tienda o consumiendo en el
bar).

Cada vez que la policía se lleva a un muchacho que está comiendo en mi bar, se queda la
comida sin pagar.

Muchas personas detenidas o sobre las que se ha dado una presión policial refieren haber sido
objeto del robo de sus pertenencias por parte de efectivos policiales. Esto lo sufre sobre todo gente
que está en condiciones más precarias, ya que se dedican a la venta ambulante, a trabajos
temporales agrícolas, recogida de ropa y papel, etc. Muchos de ellos andan con cantidades
importantes de dinero, por haberlo obtenido en la venta, o por dirigirse a comprar al por mayor en
algún comercio, para pagar el alquiler, etc.

Acababa de llegar de las fiestas de Logroño, todavía no había pasado por casa y tenía
mucho dinero en el bolsillo...

El robo de estas cantidades supone, por tanto, no sólo la pérdida directa de la cantidad de dinero,
sino perder la posibilidad de invertirlo. Se rompe el circuito en el que se fundamenta su trabajo y su
supervivencia.

Aparte de la pérdida económica, hay una pérdida más prolongada, que tiene que ver con el
deterioro de las condiciones de trabajo. Éste puede venir por diferentes caminos. Por ejemplo, con
los problemas de salud, como consecuencia del maltrato

Como me rompieron el brazo, no puedo viajar a comprar género. Hay días que me duele
tanto que no puedo atender la tienda, y además tengo que gastar dinero en medicamentos
que me alivien el dolor.

Una causa muy común de esta pérdida es la mala imagen que se obtiene tras haber sufrido
maltrato policial, sobre todo dada la fuerte estigmatización social que hay en el barrio hacia los
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extranjeros, y más hacia los africanos, que como hemos visto es alimentada por las mismas
actuaciones policiales.

No entiendo por qué la policía tiene que ponerse a cachear a la gente delante de mi tienda.
Los vecinos del barrio ven que hay policía alrededor de mi tienda, piensan entonces que yo
trafico con droga... ¡así voy a perder clientes!

Así pues, el hecho de que una detención se realice en un contexto de alarma social supone en la
práctica un señalamiento del lugar o establecimientos. Lo que en cualquier otro lugar sería visto
como un hecho entre la persona detenida y la policía que investiga, se convierte aquí en una
acusación implícita al lugar.

A este deterioro en las condiciones de trabajo, acompaña un más general deterioro en las
condiciones de vida. Deterioro que afecta, por ejemplo, a la situación familiar, en los casos en que
las personas afectadas mantienen económicamente a su familia (vivan o no con ella).

Tengo trabajos bastante precarios, con lo que esta rotura de (...) va a impedir que tenga
ingresos durante un tiempo. Mi mujer no trabaja. Tengo hijos pequeños... ¡Se puede usted
imaginar lo que supone para todos ellos esta situación!

Encontramos además múltiples y variadas situaciones en las que la extralimitación de la actuación
policial ha supuesto perjuicios para la persona afectada, sobre todo para aquellas que viven en
situaciones muy precarias. La presión policial sobre los inmigrantes hace que muchas veces una
identificación o un registro tenga consecuencias muy negativas:

Llegó a mi oficina a la hora de cerrar: se había quedado sin comer, porque de camino para el
comedor social le habían parado, le habían pedido la documentación, y tras comprobar que
estaba en regla le había hecho quitarse los zapatos, los calcetines y el jersey. Cuando
acabaron, le obligaron a caminar en dirección contraria a la que se dirigía.

Estas vivencias se agravan por el hecho de observar cómo el funcionario que agredió a la persona
sigue trabajando en el mismo lugar sin que se haya dado ningún tipo de reparación ni cambio visible
en su manera de actuar.

Bien, estoy bien... pero esto es duro... hoy por la mañana, la primera persona a quien he
visto al salir de casa han sido ellos (los policías que le agredieron). No me han saludado, no
me han dicho nada.

En consecuencia, podemos afirmar que los maltratos policiales, están empeorando las ya precarias
y complejas condiciones de vida de mucha gente tanto a nivel material como emocional,
produciendo una vivencia de profundo malestar en las víctimas.

Tenemos mucha tristeza
Te pone mal el corazón, yo no quiero discutir con ellos

Estoy confusa, no sé ni explicar lo que me pasa
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2. “EL MIEDO NOS ESTÁ MATANDO”
(El miedo a sufrir nuevas agresiones)

Tienen miedo, tienen miedo.... Los chicos no quieren contarte lo que les pasó
con la policía porque tienen miedo.

El miedo es un efecto importante en las víctimas de maltrato. El hecho de haber sufrido una
agresión y de observar cómo ésta no se ha visto ni reconocida ni reparada de ninguna manera,
desencadena una reacción de miedo ante futuras agresiones. El miedo es, por tanto, una reacción
defensiva en un ambiente en el que no se percibe ningún tipo de control sobre la actuación policial.

De esta manera, el miedo es un factor que da cobertura al maltrato, dado que mucha gente no
reacciona por temor a las consecuencias. De hecho, sabemos de muchas personas agredidas que
no han ofrecido testimonios por miedo (ver apartado 3 del capítulo “La trama de la impunidad”).

Cuando saben que una persona no tiene documentación y no puede denunciar, lo hacen...
cogen a uno, lo meten en un portal, le quitan la ropa, le registran en medio de la calle, “abre
la boca”... Eso es ilegal, pero el otro no va a ir a denunciar...

Algunas personas son más conscientes que otras del efecto negativo que tiene dejarse arrastrar por
el miedo, tanto por la indefensión que produce como por las consecuencias para la persona
(pasividad, aislamiento, frustración)

El miedo nos está matando, el miedo no nos sirve para nada.

Si yo me echo para atrás, para mí es peor, porque entonces aprovechan porque ven que
tengo miedo.

El miedo no es solo una reacción individual, responde también a una dinámica colectiva. Los
maltratos policiales generan un clima de miedo que afecta a todos los que se pueden sentir de
alguna manera identificados con las víctimas.

Sí, tengo miedo por nosotros. A mí la Ertzaintza me da miedo...

Muchas personas han vivido anteriormente en su país experiencias muy traumáticas, a las que se
añaden en esta sociedad las experiencias de racismo o de maltrato. De este modo, el maltrato
policial supone para muchas de ellas una forma de continuidad con la represión vivida en sus tierras
de origen.

Es duro tener que salir de tu país y que aquí te traten así. No eres persona. Aquí te tratan
como inmigrante.

Los inocentes venimos con problemas en la cabeza, y encima ellos vienen a molestarnos, y
nos dan dolor de estómago. El inocente no ha de pagar por el error de otros.
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Por otra parte, la propia historia de vida de muchas de las personas maltratadas explica la
pervivencia del miedo o del recurso del silencio, así como la actitud con la que algunas viven las
experiencias de represión policial aquí.

Mira, en mi país, muchos años, si tú hablabas política... si tú decías algo, qué piensas, te
mataban. Yo ahora no hablo. Sigo adelante, adelante... y no hablo.

Yo estoy bien... desde que conseguí salir de mi país, estoy bien... y lo demás no me importa,
aquí (en comisaría) no pueden hacerme nada... no hay problema...

El aislamiento

Otro efecto de esta situación de impunidad y miedo que afecta a alguna gente es el aislamiento
como manera de evitar más problemas, de eludir futuros ataques. El aislamiento es, de esta
manera, una reacción defensiva y de supervivencia.

No hablar de ello por temor a las consecuencias y también para intentar quitárselo de la cabeza,
intentar pensar en algo que no sea triste, como sucede en otros ámbitos de la vida de estas
personas: tratar de olvidar algunos aspectos del pasado (a la familia que está lejos o desaparecida,
el tiempo de la cárcel, la tortura, el trabajo en muy duras condiciones...) y del presente (la soledad, la
imposibilidad de obtener documentación o trabajo dignos, etc).

No me gusta hablar de estos temas.

Este aislamiento, refuerza la invisibilización del maltrato: -éste es algo de lo que no se puede hablar-
y la normalización de la agresión -el maltrato se convierte en algo habitual, fuera del control de la
persona-.

Todo esto que nos pasa es normal.

Cuando no se habla de ello, se crea la sensación de que no pasa, y entonces es más difícil abordar
el tema. Este círculo vicioso, crea una situación insostenible para mucha gente (la persona se
refugia en ella misma o se refuerzan sus expectativas negativas y se van hundiendo), ya que no se
abren espacios sociales para compartir y reconocer los hechos, que permanecen la mayor parte de
las veces en el territorio privado.

3. “NO ME LLAMAN PERSONA”
(El ataque a la identidad)

Y yo me pregunto: ¿es que los negros tendremos algo malo?
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La mayor parte de las veces, las personas inmigrantes pertenecen a culturas en las que la identidad
tiene un fuerte componente colectivo, y donde se mantienen unas relaciones basadas en normas de
respeto más formales que en la cultura occidental (por ejemplo en saludos y presentaciones
iniciales). La relación con estas personas por parte de los cuerpos policiales está frecuentemente
mediatizada por los estereotipos sociales y prejuicios sobre las poblaciones de países del sur,
especialmente de África, e ignora unas mínimas formas, lo que es vivido por la gente afectada como
un ataque a su identidad.

Me dijeron: “a ese negro también lo voy a llevar”... ¡no me llaman persona...!

Además, muchas personas tienen una clara conciencia de la dignidad por la que luchan día a día, y
que se han ido ganando a lo largo de muchos años, con gran esfuerzo y trabajo. Recordemos que
estamos hablando de personas que aportan a la sociedad de acogida con su trabajo, sus diversas
culturas y creencias, su convivencia... a pesar de las dificultades y barreras que esta misma
sociedad les crea.

Somos trabajadores honrados, llevamos mucho tiempo aquí.

Algunas de las personas afectadas, también perciben que hay un trato diferencial respecto a
algunos traficantes, lo que lesiona especialmente su dignidad como personas que se sienten
trabajadoras:

... se arreglan con ellos (los traficantes), sacan provecho... y por eso no les tratan mal... Que
si se los llevan se les acaba el negocio... A nosotros, como no tenemos nada que darles, nos
maltratan... Nosotros nos levantamos a las cinco o seis de la mañana para ir al mercadillo y
nos pegan (...) A los traficantes les tratan mejor que a nosotros, y no entiendo por qué.
Nosotros les respondemos y nos detienen (...) Yo lo he comprobado: no les pegan como a
nosotros.

El maltrato policial supone un ataque a la dignidad de la persona. La gente siente que no le tratan
como un ser humano, que le faltan el respeto en lo más básico. Esta es una de las cuestiones que
más duelen y en las que más insiste la gente, poniéndola por encima de otras extralimitaciones, por
muy ilegales que sean algunas de éstas.

Que hagan lo que tengan que hacer para comprobar mi identidad, que me pidan la
documentación todas las veces que tengan que pedírmela... que me registren o lo que sea
para ver si llevo droga... Pero que lo hagan con respeto, con delicadeza... que me digan las
cosas serenamente, sin gritarme... ¡soy una persona...!

Una de las actitudes habituales en la policía que ataca a lo más elemental de la persona, es la
prepotencia, el no dar explicaciones, el no creer ni escuchar a la gente, dirigiéndose a ella sin tener
una mínima consideración. Como ya hemos visto, muchas personas han tenido que oír frases muy
duras y enfrentar actitudes deshumanizadoras.

Nos tratan de tontos, piensan que ni siquiera podemos escribir o recoger su referencia.
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Viene la Policía Municipal, me pide los papeles, me registra, tengo las llaves del coche. Me
pregunta: “¿cómo tienes llaves si no tienes papeles ni carnet de conducir?” Le explico que el
coche es de mi amigo y cuando está fuera yo me quedo con las llaves. No lo cree. Se queda
con las llaves.

Esta experiencia pone de manifiesto que la primera necesidad y exigencia social es el respeto a su
dignidad. La demanda de respeto es generalizada entre la gente que ha vivido estas experiencias
de control u hostigamiento policial.

Hablan de la gente con poco respeto, ¿es que no se dan cuenta de que son personas como
yo y como ellos? “Estos negros...” -dicen- “... está el barrio infectado de negros...”

A mí me parece que esta palabra muy mal. Que no se puede hablar a la gente así “oye, fuera
de aquí”. Así me parece que no se puede hablar...

Es una situación muy embarazosa y muy humillante. Terrible. No es forma de tratar ni a un
perro.

Cogen a uno, le meten en un portal, le quitan la ropa, le registran en medio de la calle, le
dicen: “abre la boca”... tampoco es eso, lo veo mal ... si están luchando contra la droga, me
imagino que tendrán maneras mejores de hacerlo, no humillando.

La estigmatización

La estigmatización es una de las maneras de atacar la identidad con mayores efectos en el tiempo y
con mayores repercusiones en el contexto.

Como hemos visto, el estigma es una etiqueta asociada a alguna característica de la persona que
parece explicar todo lo que hace ésta y justifica las actuaciones de la sociedad, y en concreto de la
policía, hacia ella. El estigma no diferencia a las personas y hace pasar a todas por el mismo rasero
en función de una imagen social determinada; para quienes lo utilizan, el estigma es suficiente para
definir a la persona.

El estigma que identifica “negro” con “traficante de drogas ilegales” -asociando de esta manera la
sospecha de delincuencia al color de la piel- es especialmente negativo y peligroso para la gente
que lo sufre. Para la persona es muy lesivo, muy insultante ser acusada de traficante, es un ataque
a su dignidad; asimismo reduce su seguridad y sus posibilidades de integración social.

Es la mentalidad de ellos, como soy negro, pues tengo que estar haciendo eso (traficar); no
les puedo decir que yo estoy trabajando...

Ellos no pueden identificar en la cara: “ese tiene, aquel no tiene”... Todo negro que ven es
sinónimo de traficante. Tienen que aprender que esto no es así.

No veían nada... ellos estaban convencidos de que yo era un traficante, y no veían nada
más. Tenían mis papeles en la mano... los miraban, pero no veían nada, no se daban cuenta
de nada, estaban nerviosos...
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A mí me insultaron, me trataron muy mal. Me decían: “tú eres una persona muy peligrosa”

Por eso la humillación se percibe de forma especialmente dura cuando es de carácter público, ya
que expone a la persona maltratada a las valoraciones estigmatizadoras de vecinos y viandantes,
con las consecuencias que esto tiene como señalamiento (criminalización de la persona) y
obtención de cobertura (como es negro, y por lo tanto delincuente o traficante, se puede ser
arbitrario con él sin ningún tipo de limitación por parte de la sociedad).

A mí lo que más vergüenza me da... pueden venir aquí, mirar si hay algo sucio.... pero no ahí,
pegar delante de la gente. ¡Pueden matar a una persona con vergüenza!... esto no es
normal...

A mí no me importa que pidan la documentación, lo que sea. Pero el gesto de pasearte por la
calle para que la gente te vea o eso... No llevas nada. Tú trabajas limpiamente. Es lo que me
molesta. Ya se lo he dicho.

La estigmatización de las personas logra señalar el espacio donde viven, y todas las personas que
lo frecuentan son también por extensión estigmatizadas.

“¿Y tú qué haces aquí?” -me preguntan-. “He venido a ver a mi amiga...” -les digo-. “Pues no
deberías andar por esta zona”, ¡eso me dijeron...!

4. “ESTOY PENSANDO EN VOLVERME A MI PAÍS”
(Las expectativas de futuro)

Todas estas experiencias repercuten muy negativamente en las posibilidades de integración y de
estabilidad de las personas afectadas. Unas condiciones tan precarias y un clima social tan adverso
dificultan el que la gente haga planes de futuro. Las personas agredidas tienen que dedicar mucha
energía a defenderse, a sobrevivir.

Un ejemplo de esta adversidad con la que choca la gente, lo tenemos en la extensión de certificados
de convivencia, gestión de responsabilidad municipal de la que ya hemos hablado anteriormente. Un
bloqueo en las extensión del certificado de convivencia supone, por ejemplo, retrasar muchos meses
la concesión de una ayuda de emergencia o la solicitud de una exención de visado... y en muchos
casos una ayuda de emergencia o una exención de visado son ejes alrededor de los cuales gira la
vida de una persona extranjera. Sus posibilidades de integración y estabilidad son condicionadas
por ello.

Estaba estudiando, pero como no me dieron el certificado de convivencia, no me prorrogaron
el IMI (Ingreso Mínimo de Inserción), con lo que tuve que dejar de estudiar.

A todas las personas nos gusta sentirnos acogidas, o al menos respetadas. Nadie deseamos una
sociedad donde nos mandan mensajes de exclusión y menosprecio. El maltrato policial refuerza la
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dinámica de la exclusión y adquiere para la gente el sentido de un mensaje muy claro y contundente
que se recibe con incredulidad

Si lo que quieren es que nos vayamos, que nos lo digan, pero que no nos hagan la vida
imposible...

Van a por nosotros.

¿Por qué me tiene que pasar a mí esto...?

Como consecuencias de ello, incluso algunas personas con trabajo estable y años de convivencia e
integración en el barrio, tras haber sufrido malos tratos se han planteado regresar a su país, aunque
saben que allí no van a encontrar mejores condiciones materiales de vida.

Después de (muchos) años, estoy pensando en volverme a mi país... algo que tenía
completamente descartado...

Parte de la gente vive la situación con poca esperanza o confianza en que las cosas vayan a
cambiar, al comprobar la impunidad en que se mantienen la mayor parte de estos hechos:

Estoy decepcionado, tengo poca esperanza en el futuro.

No tengo fe en las soluciones.

En todo este contexto, el discurso de instituciones oficiales relacionadas con cuerpos policiales en
torno a la integración de los inmigrantes y la multiculturalidad, supone una actitud de doble moral
cuando a la vez se permiten las situaciones antes citadas, que son las que tienen efectos reales
sobre las personas inmigrantes y su entorno social.

5. “LA MAYORÍA DE LA GENTE YA NO LES VE COMO ANTES”
(El impacto en la imagen de la policía)

El maltrato y las agresiones policiales están afectando de manera importante la imagen que tiene la
gente de la policía. Esta imagen está realmente deteriorada en buena parte del colectivo de
personas inmigrantes: sensación de falta de profesionalidad, desconocimiento de sus deberes...

Yo entiendo que deben trabajar, que deben estar en la calle. Pero que miren bien a la gente
y que no se equivoquen. Se están equivocando mucho...

Los policías no han tenido formación adecuada, por eso no hacen bien su trabajo... si su jefe
viniera por aquí unas horas y viera como trabajan...

No conocen la deontología profesional.
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Y la policía, como no sabe, cree que todos los extranjeros no tienen papeles.

Yo pienso que si reciben una orden, esa orden la cumplen, pero ya se pasan un poco, ya
suben más, se desahogan.

Algunas personas refieren sensación de desencanto y decepción respecto a los cuerpos policiales,
hecho a tener en cuenta precisamente cuando hay algunos que recurren o recurrían a la policía en
múltiples ocasiones para enfrentar algunos problemas.

...iba a salir la Ertzaintza y todo eso, y todo el mundo muy contento: “nuestra policía”... la
gente iba a tener su propia policía y ahora, si te das cuenta, la mayoría de la gente que está
aquí ya no lo ve como antes, sabes, que todo el mundo aplaudía...

Llevo más de diez años aquí. Nunca he tenido problemas con los nacionales. Igual tengo
problemas con documentación. Nunca un nacional me insultó así (...) Para mí, el municipal
trabaja mejor que la Ertzaintza...

Se supone que la policía está para ayudar, para proteger... pero si empiezan así... pues yo
ahora les estoy cogiendo asco. No digo a todos... no voy a generalizar, como hacen ellos...
pero los que me han tratado así, sí...

Los policías que trabajaban antes en el barrio conocían a la gente...

Yo pensaba que les quitaban el dinero a los traficantes y luego lo entregaban al juez, pero un
amigo que llevaba droga me explicó que a él se lo hicieron y no... se quedaron con el dinero.
Yo pensaba que aquí no hacían eso. En mi país sí lo hacen, eso lo conozco muy bien.

Vemos pues que este deterioro de la imagen parece más motivado por la experiencia del maltrato y
no por prejuicios previos.

Por otra parte, muchas personas se quejan de relaciones de connivencia o falta de control real del
tráfico de drogas:

... yo he visto como un ertzaina se acerca a un traficante y le pregunta: “¿qué?, ¿hoy vienes
cargado?” y él le dice: “no, hoy no”. Eso lo he visto yo delante mío.

Controlar a los que trafican es fácil. La calle es muy pequeña... ¿cuánto tiempo puede
necesitar la policía para terminar con esto? Es fácil, pero no lo hacen.

Yo creo que con el tiempo que llevan aquí... Me parece que si son unos profesionales
pueden saber los que están metidos en la droga y los que no están metidos en eso.
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“CLARO QUE PUEDO HABLAR”
(Enfrentando las situaciones)

Ellos decían: “tú calla, que no tienes que hablar”, y yo les decía: “¡claro que
puedo hablar!”.

Aunque haya dificultades para conquistar espacios sociales y muchos actores sociales no den
cobertura, hay muchas personas que responden activamente para enfrentar el miedo, el ataque a la
dignidad y la estigmatización, y para exigir que se haga justicia y que exista una reparación del daño
que han sufrido. Estas respuestas son positivas y constructivas, y ponen de manifiesto la fuerza de
la gente y su lucha cotidiana por mantener su dignidad.

También hay posturas pasivas o destructivas para la gente, que muestran las dificultades que
existen para superar las consecuencias negativas del maltrato. Hay también reacciones que están
contenidas, que muestran que hay una necesidad de respuesta que no encuentra su canal de
actuación.

1. “YO NO CALLABA”
(La lucha por la dignidad)

Una forma común de responder es mantener, en el mismo momento del maltrato, la dignidad. Esto
se hace cuestionando, demostrando en todo momento que se es persona y se merece un respeto,
esto es, afirmando la propia dignidad.

Cuando estaban pegando a mi hijo, yo no callaba, yo decía: “¡cobardes, esto es un abuso de
poder!”

“Yo no vendo droga” -les dije.

“Sois los primeros policías que me habéis identificado de esta forma, y no se si el Estado
español os manda comportarse de esta forma” -les digo.

También se mantiene la dignidad no sólo en los momentos de maltrato o tensión, sino en
situaciones cotidianas, en las cuales la policía puede estar “probando” a la gente desde su posición
de fuerza. Esto es algo que se da a menudo, y que acompaña al maltrato más visible. Porque,
como venimos insistiendo, el maltrato es algo más que una paliza: es un clima que se mantiene a
través de múltiples actuaciones que para la gente agredida son nuevas fuentes de tensión y
amenaza, aunque a veces pasan desapercibidas. En estas ocasiones es importante para la gente
mostrarse fuerte, firme.

Si me saludan, no contesto, si estoy en el bar comiendo y me dicen que aproveche, no
contesto. Me insiste: “te he dicho que aproveche”, y no le contesto.
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No voy a perdonar a aquel policía, no me gusta nada lo que hizo.

Y el policía que me lo hizo viene a mi tienda, pero yo no le hablo. El viene a comprar, y yo le
doy lo que me pide, pero no le hablo.

Esta postura no es fácil de mantener y lleva en ocasiones a muchos problemas, ya que su
afirmación puede -y suele- ser interpretada como desacato o beligerancia contra la policía. Como
hemos visto, la raíz del agravamiento de las violaciones y de muchas denuncias por “falta de respeto
a la autoridad” que hace la policía, está en este intento de la gente de mantener su dignidad (ver
capítulo “...Y se pusieron a pegarme”, apartado 2).

2. “TÚ NO ERES UN JUEZ”
(La defensa de los derechos)

El conocimiento y defensa de los propios derechos es muy importante, dado que en muchas
ocasiones la policía se apoya en el desconocimiento que tienen algunas personas sobre los
procedimientos policiales adecuados, o los derechos que se tienen.

Mucha gente reacciona de manera activa afirmándose y haciendo saber que tiene conocimiento de
dónde están los límites de la legalidad.

Como ejemplos, podemos señalar la claridad que muestran algunas personas en cuanto a la
función de la policía, el deber de los funcionarios de dar su número de identificación, el deber de no
hacer registros en la calle o el derecho a ser abordado con respeto

“Tú eres un policía, no eres un juez” -le dije.

“Dame tu número de identificación” -le dije.

Y le digo: “llévame a comisaría si quieres registrarme”.

Se lo he dicho (...) yo le explico (al policía) que no pueden hacer eso, que por lo menos
tienen que esperar a que hable por teléfono, y luego pedirme los papeles, que no me pueden
poner la mano así... le digo: “a mí nadie me pone la mano así...”

También en lo referente al derecho a una defensa por un abogado/a o al derecho a no firmar:

Me meten en un portal (...) “quítate la ropa”, “no” -les digo-, “tranquilo que a mí no me gustan
los tíos” -me dicen-, (...) Intentaron quitarme la ropa a la fuerza, yo dije que no: “si me quieres
quitar la ropa, habla primero con mi abogado, y luego me explicáis lo que he hecho para que
me quitéis la ropa”

“No voy a firmar” -les dije.

Y por supuesto, algo tan básico como la libertad.
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Y él me explica que me había parado porque me había visto hablar con otro negro, y yo le
digo que yo estaba saludando a mi amigo de la tienda de enfrente, y que si quiero hablar con
el otro, pues también... ¡yo puedo hablar con quien quiera...!

3. “YO PUSE LA DENUNCIA”
(Vía judicial y denuncia pública)

Hay personas que utilizan canales de denuncia para buscar una reparación, y otras para defenderse
de nuevos ataques o tratar de detener el hostigamiento. La gente que tiene mejores condiciones
sociales (más ingresos, más documentación, más años de convivencia en el barrio, más
reconocimiento social...) se encuentra en mejor posición para hacerlo.
Yo puse la denuncia por si me pasaba algo, para que quedase constancia de la amenaza.
(...) La abogada me dijo:”a ti si te hacen algo, lo pones, aunque sea algo pequeño. Ya veras
como así dejarán de hacer sus tonterías... se calmaran un poco...”

La postura activa en estas situaciones es digna de reconocimiento, ya que, como hemos visto,
denunciar supone arriesgarse a un incremento de las amenazas y represalias por parte de los
funcionarios implicados en la denuncia, o sus compañeros.

De todas formas, en algún caso se perciben efectos positivos de haber puesto una denuncia.

Esta denuncia hizo seguramente que el policía se calmase. Conmigo están más tranquilos
porque les he denunciado, ya no me paran como la otra vez, ya no tengo tantos problemas
con ellos

En veinte testimonios existe algún tipo de denuncia de las personas afectadas ante instancias
judiciales o el Ararteko por la actuación policial. Casi todas las denuncias se encuentran en curso o
han sido archivadas.

Para denunciar, la mayoría de las personas lo hacen solas o con la ayuda de abogados/as
particulares con quienes tenían relación por otros motivos o que han sido contactados por paisanos
o conocidos. Es necesario resaltar que, hasta ahora, raramente (comparado con el número de
denuncias puestas) se denunciaba a través de asociaciones de ayuda a inmigrantes. Las
asociaciones a través de las cuales se llevan algunas denuncias de malos tratos son CEAR, SOS
Racismo y CITE (ver anexo VII). Casi todas las asociaciones han tenido que ayudar a personas que
tenían problemas para obtener el certificado de convivencia (ver capítulo anterior). Algunas
personas que se han acercado a ONGs para pedir otras ayudas, no se han acercado cuando han
tenido un problema con la policía.

El hecho de que se reciban pocas denuncias en ONGs puede estar relacionado con la percepción
que tienen las personas inmigrantes de las ONGs y su utilidad, así como con las maneras de
trabajar y acercarse a la gente por parte de las ONGs.

En los últimos meses se han hecho llegar varias denuncias al Ararteko, institución que hasta ahora
era prácticamente desconocida en este colectivo. A partir de una denuncia llevada al Ararteko a
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través de un sindicato, se ha empezado a conocer más entre los paisanos de la persona que
denunció, quienes a su vez han dirigido otras denuncias (directamente o mediante esta primera
persona). Vemos pues de nuevo cómo las redes de amistades o familiares son el principal canal de
conocimiento y confianza para llegar a las asociaciones o instituciones.

La existencia del grupo de trabajo que ha participado en esta investigación y la propia recogida de
testimonios (donde se explicaba el objetivo de ésta) también ha permitido el acercamiento y
conocimiento de esta institución y de otras asociaciones.

En cuanto a las personas que no denuncian, explican diferentes razones para no hacerlo, como las
dificultades prácticas, las posibles consecuencias negativas para la persona, la desconfianza en la
justicia, la presión familiar e incluso las creencias religiosas.

Sé que podría haber denunciado, pero como hay que contactar con un abogado, pagarle, y
todo el lío que eso supone... prefiero no hacerlo.

Hay mucha gente que no denuncia... Es que tú denuncias y al final no va a pasar nada...
Pierdes tu trabajo y al final nada. Por eso mucha gente no va a denunciar.

Mi (familiar) me dijo que no denunciara, que así nos quedábamos más tranquilos,,,

Yo soy cristiano, no me gusta hacer mal a nadie, por eso no denuncio. Yo les explico lo que
pienso, les pregunto, quiero que sepan cómo me siento... pero no voy a denunciarles, no lo
he visto necesario.

Es muy importante tener en cuenta que la gente no suele contar con las pruebas documentales que
habitualmente se exigen, por los propios mecanismos de impunidad que hemos descrito.

Evidentemente, existen otras razones que no han sido citadas explícitamente en los testimonios,
como son la dificultad para expresarse y para comprender la jerga jurídica y policial (ya de por sí
complicada para una ciudadano/a cuya lengua madre es el castellano o euskara) en una lengua que
no se maneja con fluidez. Otras razones son el temor a ser humillado de nuevo en el proceso de la
denuncia (es normal que una persona que ha sido humillada trate de huir o de no acercarse a
situaciones que pueden hacerle sufrir más o enfrentarse a más humillaciones) o el temor a que ésta
suponga complicaciones para su precaria situación legal.

Una cuestión central en este asunto, es la experiencia que ha tenido la gente que ha utilizado la vía
judicial. Algunas personas han denunciado alguna vez, y la experiencia les ha resultado
decepcionante, por lo que no han vuelto a denunciar más, ni creen que sirva para algo. Un juicio
perdido tiene consecuencias negativas para la gente, desde económicas, hasta de consideración
social o expectativas de cambio.

A un amigo mío le tiraron al suelo poniéndole la zancadilla y le rompieron parte del género
que estaba vendiendo. Éramos muchos testigos, algunos gente muy importante, con altos
cargos, o directores de grandes negocios... Pero nada, perdimos el juicio, y encima le
hicieron pagar 20.000 pesetas... No hay nada que hacer, el Estado y la policía tienen la
fuerza, ellos van a ganar siempre... Lo mejor, no pensar en ellos, mirar a otro lado. Cuanto
más lejos estés de ellos, menos problemas. Seguir, seguir adelante y un día, cuando ya
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puedes volver a tu tierra, pasas la frontera y dices, “por fin, se acabó todo... todo queda
atrás”... ¡eso es lo mejor!

No voy a ganar el juicio, siempre ganan ellos, no voy a ganarlo...

Otra forma de denunciar es hablar, poner voz a los hechos, ocupando el espacio social. Para las
personas afectadas es muy importante sentir que en lo público no solo circula una versión de los
hechos. Casi todas las personas que han sufrido maltrato lo han comentado a sus amigos y
paisanos. Algunas además lo han explicado en público, aprovechando unas jornadas, una reunión,
un acto público, una entrevista radiofónica... Incluso algunas personas entrevistadas no han dudado
en hablar del tema en voz alta en medio de una calle del barrio.

Si pasan más cosas te vamos a avisar... que lo sepáis... porque esto no puede quedar así...

Pocas personas conocen o tienen acceso a la posibilidad de hacer denuncias públicas a través de la
prensa y otros medios de comunicación.

De todas maneras, en cinco ocasiones ha habido un reflejo en la prensa o TV, por la significación
social de las personas afectadas (dirigentes de asociaciones, personas muy reconocidas) o la
gravedad de la propia violación. Varias denuncias públicas se han realizado dentro de una campaña
más amplia, como intento de ocupar mayor espacio social (ver anexos IV y V).

4. “LA RABIA QUE TENEMOS CONTENIDA”
(Enfrentando situaciones límite)

Muchas veces la gente no tiene soportes ni posibilidades de denuncia. Entonces se sienten
impotentes por no tener posibilidades de expresar o canalizar esa rabia mediante el reconocimiento
público de los hechos o la denuncia judicial. Las reacciones de rabia y agresividad contenida son
reacciones normales como consecuencia de la violencia sufrida y de la impunidad que le acompaña.

... Tampoco tendrían que reaccionar así... porque si yo estoy hablando contigo
tranquilamente, pues te contesto tranquilamente, pero si vienes gritándome, ¿qué voy a
hacer?, yo también voy a gritar... a ver quién grita más de los dos... y es lo que hacen.

Hay muchas personas para las que mantener un autocontrol de sus emociones y su conducta ha
sido importante. Son conscientes de que la situación que ha vivido con la policía no se ha salido de
ciertos márgenes porque han sido capaces de controlarse. No así siempre los funcionarios
policiales, que pueden traspasar los límites más fácilmente y con menos consecuencias.

Si nosotros no tenemos paciencia, si dejamos salir el furor que tenemos por la situación en
nuestro país, con guerras que no se acaban, me podría enfadar con el policía..., ¡pero
entonces él me podría matar!
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A pesar de que hemos visto que en general la gente se contiene, también hay momentos en que se
exterioriza la rabia, lo que parece humano.

Cuando vi que pegaban a (...), no me pude contener, y les empecé a insultar. Ya sé que no
es la mejor de las reacciones, pero en esos momentos... y con toda la rabia que tenemos
contenida, no me salía otra cosa...

Una reacción agresiva puede utilizarse y se ha utilizado a veces como argumento suficiente para
descalificar a la víctima, así como para confirmar lo que se esperaba de ella en función de su
estigma.

Algunas personas expresaron miedo a que las cosas se salgan de contexto y haya reacciones
violentas.

Al final puede pasar algo gordo, ¿sabes? no digo que vaya a pasar, pero, eso... lo que pasó
en Madrid con una dominicana que se llamaba Lucrecia Pérez, que la mató un Guardia
Civil... No digo que vaya a pasar aquí, pero de la manera que van las cosas, empiezas con
una cosa pequeña... y al final, pues ya ves...

Otras experiencias recientes han mostrado cómo las condiciones de marginación social y el maltrato
policial se han asociado a brotes de violencia en la calle. Esos brotes de violencia han justificado
aún más las conductas de exclusión y violencia contra los inmigrantes, siendo, con frecuencia,
duramente reprimidos.

La falta de reconocimiento público, de actuaciones preventivas y de reparación social, como la
justicia, hace también que las tensiones se acumulen. Cuando la gente no encuentra otra salida, o
cuando sucede algo que traspasa todos los límites de la dignidad humana las reacciones pueden
ser imprevisibles. Así lo indica una persona afectada (ver anexo VI), y miembros de asociaciones de
apoyo a inmigrantes.

La gente se va a levantar... El otro día, cuando se desangró en la calle ese chico africano, la
gente comentaba en los bares... estaban indignados... Un día van a saltar, y ese va a ser el
argumento perfecto para que haya más represión, para que justifiquen una actuación más
dura todavía...

Los efectos se acumulan, pasan de una gente a otra, de una generación a otra. La rabia, la
impotencia, son vivencias que calan muy hondo en las personas, que se transmiten en el ambiente.

En mi país, desde niña, viví con el odio que había heredado de mis padres: la guerra causó
en ellos una fuerte herida que siguió desangrándonos. Aquí va a pasar algo parecido. Toda
la ira, la rabia que está acumulando la gente se empieza a respirar en el aire. Tiemblo cada
vez que mi hijo de cuatro años mira por la ventana cómo pegan a alguien y me dice: “¡mamá,
mamá, la policía está matando a un negro!”
73

5. “LA GENTE TE ANIMA A RESISTIR”
(La fuerza del grupo)

Mucha gente saca fuerza de su grupo, de su comunidad, que es el lugar más cercano donde se
expresa apoyo y solidaridad. En algunas comunidades los lazos de apoyo son especialmente
importantes y fuertes, como en la de marroquíes o la de senegaleses (ver capítulo “El contexto de la
investigación”, apartado 3).

Los senegaleses somos una piña, si pegan a uno, pegan a todos.

“Es mi amigo. Por favor, no ha hecho nada. No es traficante ni nada” -les dije.

El sentimiento de pertenencia a una comunidad significa que todos están al tanto de lo que sufre o
vive el resto. Significa también que en una situación de violación de sus derechos, más que en
otras, van a proteger la identidad de su comunidad, van a acompañar a la persona que ha sufrido
este maltrato, van a visitarla con más frecuencia, van a reunir dinero para lo que haga falta...

Me avisaron de que se los habían llevado... fui a visitarles, pero no me dejaron entrar... luego
llamé a (persona del Ararteko)...

Mis amigos estuvieron todo el rato pendientes mientras estuvimos en la comisaría, y cuando
nos soltaron, vinieron a buscarnos al Juzgado.

Es en función de estos grupos y comunidades que se están dando algunas respuestas en las que la
gente afectada es la protagonista, más allá de cualquier tipo de tutela. Las dos principales son las
gestiones para la creación de una asociación con base comunitaria de senegaleses, a raíz de los
maltratos a varias personas, y la movilización de los vecinos y asociaciones que trabajan en el barrio
de San Francisco a raíz de las agresiones a una persona muy reconocida socialmente en el barrio,
donde se considera además la gravedad de la situación por las agresiones de otras personas en los
meses anteriores (ver anexo III).

El papel de grupos de apoyo y ONGs

Uno de los cometidos de los grupos de apoyo a personas inmigrantes es velar por el respeto de los
derechos de las personas inmigrantes. Al mismo tiempo, la policía es un servicio público cuya
obligación es, precisamente proteger los derechos de todas las personas, también de las persona s
inmigrantes, --y con más necesidad por ser un colectivo más vulnerable--. Por lo tanto el trabajo de
estas ONGs y grupos de apoyo se orienta también a controlar que la policía cumpla este cometido,
máxime cuando hay denuncias de que está haciendo lo contrario.

En esta línea, miembros de asociaciones de inmigrantes o contra el racismo han venido
acercándose al barrio a ver cómo actúa la policía, acercándose a los policías en situaciones
concretas, o a la gente que acababa de ser cacheada o registrada, para ver si habían tenido
problemas.

Este acercamiento, como hemos visto anteriormente, ya ha tenido repercusión en la policía (en este
caso la Ertzaintza) que responde a él de manera permisiva, obstaculizadora o criminalizadora, según
74

las circunstancias. Está también repercutiendo en las propias asociaciones, que han podido
escuchar y palpar con detalle la postura y opinión de los agentes en estas situaciones, viendo con
sus propios ojos actitudes como las citadas a lo largo del informe.

Vienen corriendo y me piden la documentación por hablar con uno que acaban de cachear.
Le da igual, yo le digo que soy de (una ONG), y le da igual. Me pregunta por qué estoy
hablando con un negro... me dice que si quiero saber algo que les pregunte a ellos, no al
negro... Si a mí me trata así de mal, ¡imagínate cómo les tratarán a ellos!

Yo me acerco, les pregunto porque están actuando así, me dicen: “¿a ti que te importa?, ¿tú
quién eres?”, yo les digo: “claro que me importa, yo soy el presidente de la asociación (...) y
tengo que velar por la situación de mis hermanos africanos...”

Y repercusión para las personas afectadas, algunas de las cuales comienzan a sentir que alguien
cree en ellos y les intenta apoyar.

Y otro día me para un chico, y yo no le había reconocido, y me dice: “oye, ¿te acuerdas de
mí?, soy al que le querían quitar el dinero... oye, muchas gracias...”

Las actuaciones de personas y asociaciones no sólo pueden suponer una vía de denuncia y presión
pública, sino que de hecho se perciben desde la gente afectada como una forma de solidaridad y de
compromiso que les da ánimo para permanecer y seguir luchando.

Nosotros también tenemos que hablar en público, tenemos que denunciarlo, después de todo
lo que estáis haciendo por nosotros... también tenemos que movernos...

Nosotros lo pasamos mal porque nos trata mal la policía, pero peor lo pasan las asociaciones
y la gente que es de aquí y está tratando de ayudarnos (...) y por eso les acusan y tienen
peleas, eso sí que es fuerte... Yo a veces pienso que si no fuera por eso, yo me habría
marchado a mi país... El año pasado yo pensaba, “me vuelvo a mi país”... Pero la gente te
anima a resistir, y ves que ellos están dejando su trabajo y sus cosas por defenderte, y eso te
da fuerzas para seguir...
75

“ESTO NO VA A QUEDAR ASÍ”
(La reparación debida)

Mientras todos no piensen que todos somos iguales no puede haber solución.
Habría que buscar una solución entre todos. Desde el Gobierno Civil, que
exige la residencia. Sin ella no puedes trabajar, que si el gobierno tal y cual...
Todo es un engaño: cada uno debería poner su granito de arena, pero aquí
todos se pasan la pelota de unos a otros y nadie hace nada.

Como hemos visto, las condiciones para responder son adversas, y todas estas dificultades lleva n a
que la gente tenga mucha cautela y discreción, aparte de miedo para expresar ciertas cuestiones.
Pero también tiene una opinión, una postura: quiere, pide y necesita que se sepa, que salga a la luz
todo esto, y que se tomen medidas para que deje de suceder. Muchas personas están respondiendo
de una manera activa, en busca de hacer valer su dignidad humana.

Llevo muchos años aquí y nunca he tenido problemas. Que no se equivoquen, nosotros no
somos delincuentes. Hay que saber distinguir. Voy a llevar esto hasta el final. No voy a
tolerarlo.

Como hemos visto, la gente quiere que se reconozca su dignidad, que se deje de deteriorar su
imagen con agresiones y falsas acusaciones.

La dimensión de la reparación

Conviene recordar que esto no es algo que puede hacer cada persona individualmente, en su
interior. El maltrato se da en un escenario colectivo, social, no son hechos aislados, individuales.
Esto lo perciben claramente muchas personas afectadas o quienes tienen cada vez más familiares,
paisanos, amigos y conocidos afectados.

Es en este escenario donde han de darse las respuestas para superar los efectos negativos de
estas actuaciones policiales. Cualquier otro tipo de reparación se hace en falso, ya que es este
tejido social el que está rasgado, ya que es en el espacio colectivo donde se pone en juego la
identidad, donde se plasman las imágenes sociales.

La opinión de la sociedad va a contar mucho... la sociedad siempre tiende a aceptarte o a
rechazar... la sociedad, si dice que le gusta esto, pues le gusta; si dice que esto está mal, los
demás empiezan a pensar que está mal... Por eso hay que hacer que la gente sepa lo que
pasa, para que opine...

El maltrato tiene efectos múltiples y diversos que se dejan sentir a largo plazo (como hemos visto en
el capítulo “Algo ha cambiado desde aquel día”). Cualquier reparación ha de tener en cuenta esta
diversidad y sus dimensiones temporales.
76

Las responsabilidades públicas

Hay una responsabilidad pública, política, por todos estos hechos. Sea por acción u omisión, los
responsables políticos y policiales tienen en su haber todos estos hechos señalados... y en su deber
el poner medios para que no vuelvan a ocurrir. La asunción de estas responsabilidad y las
correspondientes medidas correctoras para que nunca más sucedan estos hechos, son un factores
imprescindibles para que se empiecen a curar las heridas.

Me he sentido muy mal, muy mal. Hasta ahora no me lo puedo olvidar, porque eso es muy
fuerte. Para olvidar esas cosas tienes que esperar a ver qué sale del juzgado... Yo estoy
esperando a ver qué sale del juzgado.

La asunción pública de la responsabilidad por todas estas situaciones, ha de ir acompañada de
mecanismos reales de reparación y de cambios significativos, más allá de los discursos y campañas
de imagen.

Estos mecanismos han de mirar al pasado, por un lado (algún tipo de perdón público, de reparación
económica por daños sufridos) y al futuro: establecer medidas correctoras objetivables, evaluables,
que aseguren que no se vuelvan a producir estos hechos y que si se producen se tomarán medidas
concretas hacia sus responsables.

Es necesario un clima que devuelva estas imágenes positivas que le son debidas a la gente. Un
escenario social en el que estas personas puedan jugar el papel que realmente tienen, no el que se
les asigna e impone desde afuera.

El papel de los grupos de apoyo

Como hemos dicho, los grupos de apoyo, tanto de paisanos o culturas cercanas como de ONGs,
tienen un papel importante a la hora de mandar mensajes de solidaridad a la gente afectada, de
estar con ellos, escuchar sus denuncias y testimonios, de que sientan que la impunidad no es total,
que no están solas.

Por una parte, muchas personas tienen sensación de estar quemadas, indignadas; incluso gente
muy discreta, callada en apariencia, que nunca había hablado de esto, no para de hacerlo. El
espacio de la entrevista ha ayudado a esto, pero evidentemente se necesitan espacios mayores y
más prolongados en el tiempo.

Por otra parte, los grupos, ONGs y todas las personas en general tenemos una responsabilidad a la
hora de controlar la función policial, observándola e interpelando cuando veamos que se sale de los
márgenes del respeto a las personas y a sus derechos. Y esto ha de ser reconocido por los
responsables políticos y policiales, y en ningún caso obstaculizado por algún funcionario.
77

BIBLIOGRAFÍA

Ayuntamiento de Bilbao, CIMUBISA. “Población según lugar de nacimiento, sexo y edad” (Tabla 3)
en: Tablas de población. Bilbao, diciembre 1996.

Beristain, C.M. y Riera, F. Finalidades de la represión política: implantar la impunidad. En Salud
Mental: La comunidad como apoyo. Virus Editorial, Barcelona, 1992.

Díaz, B. “A pesar de todo nos quedamos en este barrio”, en Todo Negro No Igual. Voces de
Emigrantes en el barrio bilbaíno de San Francisco. Virus Editorial. Barcelona, 1997 (89-96).
--- “Buscamos vivienda” (pp 63-74).
--- “Empezamos desde cero” (pp 41-62).
--- “Dejamos nuestra tierra” (pp 29-40).

El Correo. Iñigo Domínguez. Seis policías heridos tras verse acorralados por una turba de 300
personas en Las Cortes. Vizcaya, Jueves 26 de junio de 1997, pg. 3.

El Correo (bis). Iñigo Domínguez. Agentes de la policía local bilbaína acusan a la Ertzaintza de ser
un cuerpo político. Jueves 27 de noviembre de 1997, pg. 5.

Esteban, M.L. y Díaz, B. Situación Sanitaria de los inmigrantes extranjeros en el barrio de San
Francisco (Bilbao). EDE-Fundazioa. Bilbao, 1997.

ETB2. Al cabo de la Calle. “¿Movilización vecinal contra la delincuencia o racismo contra los
africanos?”. Donosti, 7 de noviembre de 1997.

Gazte Ekintza-Puerta Abierta. ”Conclusiones y Sugerencias”. En Gazte Ekintza-Puerta Abierta.
Actividad Económica en San Francisco-Bilbao La Vieja. Bilbao, 1996, pp 141-152.

IOE, Colectivo,1995. “Contextos sociales y trayectorias migratorias: implicaciones mutuas”. En:
Presencia del Sur: Marroquíes en Catalunya. Ed. Fundamentos, Madrid, 1995, pp. 251-257.
78

ANEXOS

ANEXO I.
Artículo aparecido en la Revista del Departamento de Promoción de la Mujer en Afrovasca nº 7,
Julio 1997.

ANEXO II.
Guión de la entrevista y recogida de información.

ANEXO III.
Carta de Lilí, mujer que ha sufrido maltrato policial por agentes de la Ertzaintza, a “los agentes
sociales y vecinos afectados” por las agresiones policiales.

ANEXO IV.
Comunicado sobre la “campaña de denuncia a los maltratos policiales”, organizada por personas
afectadas, vecinas/os y grupos del barrio y organizaciones sociales, enviado a los medios de
comunicación (prensa, radio y televisión).

ANEXO V.
Información distribuida en acciones de apoyo en juicios a personas agredidas.

ANEXO VI.
“El barrio va a estallar”. Artículo aparecido en El Correo el 30 de enero de 1998.

ANEXO VII.
Lista de grupos y asociaciones que respaldan la “campaña de denuncia a los maltratos
policiales” organizada por personas afectadas, vecinas/os y grupos del barrio y organizaciones
sociales.

ANEXO VIII. Regulación legal de las actuaciones policiales, por Miren Ortubay.
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ANEXO VII.
Grupos y asociaciones que respaldan la “campaña de denuncia a los maltratos policiales” organizada por
personas afectadas, vecinas/os y grupos del barrio y organizaciones sociales.
-AFRO-VASCA
-A.J.E.T.-ASOCIACIÓN DE JÓVENES ESTUDIANTES Y TRABAJADORES
-A.O.C. (ASOCIACIÓN DE OBJETORES DE CONCIENCIA)
-ARNASATU- EMAKUME KRISTAUEN ELKARTEA- ASOCIACIÓN DE MUJERES CRISTIANAS
-ASKABIDE
-ASKAPENA
-ASOCIACIÓN BIDEGINTZAN-ALDE ZAHARRA
-ASOCIACIÓN CULTURAL INTXISU TALDEA
-ASOCIACIÓN CULTURAL POTTOKA
-ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA R.A.S.D.-SAHARA ERREPUBLIKAKO LAGUNEN ELKARTEA
-ASOCIACIÓN DE PADRES C.P. MUGIKA
-ASOCIACIÓN DE VECINOS BILBAO LA VIEJA
-ASOCIACIÓN DE VECINOS DE SAN FRANCISCO
-ASOCIACIÓN DE VECINOS DEL CASCO VIEJO.BIHOTZEAK
-BAKEAREN ETXEA-WAR RESISTERS INTERNATIONAL
-BAGABILTZA
-BESTALDE
-BILBO ETXEZABAL
-BIZKAIKO EMAKUMEEN ASANBLADA-ASAMBLEA DE MUJERES DE BIZKAIA
-CEAR
-C.G.T.
-CITE-CENTRO DE INFORMACIÓN PARA TRABAJADORES EMIGRANTES DE COMISIONES OBRERAS DE EUSKADI
-COLECTIVO DE LESBIANAS FEMINISTAS DE BIZKAIA-BIZKAIKO LESBIANA FEMINISTEEN KOLEKTIBOA
-COMISIÓN CIUDADANA ANTI-SIDA
-CONSEJO DE COMUNIDADES DE LA IGLESIA EN BIZKAIA
-COORDINADORA DE O.N.G.D.-EUSKADI- G.EE.G. KOORDINAKUNDEA
-C.N.T.
-CRUZ ROJA
-E.H.G.A.M.-BIZKAIA
-EKI
-EMAKUME-ari BURUZKO DOKUMENTAZIOA ETA IKASKETA ZENTRUA- CENTRO DE DOCUMENTAICÓN Y ESTUDIOS DE LA MUJER
-EMAKUME INTERNAZIONALISTAK
-E.S.K.-K.U.I.S.
-EUSKALHERRIKO IKASLEAK-C.M.F.-BILBO
-FUNDACIÓN PAZ Y SOLIDARIDAD-BAKEA ETA ELKARTAZUNERAKO FUNDAZIOA
-GRUPO DE MUJERES SAN FRANCISO-GALTZAGORRI
-HARRESIAK APURTU-COORDINADORA DE ONGS DE EUSKADI DE APOYO A INMIGRANTES
-HERMANAS PASIONISTAS-COMUNIDAD DE BILBAO
-INFORMACIÓN OBRERA
-ITAKA KOMUNITATEA-FRATERNIDAD ESCOLAPIA
-ITURRIBIDE ESKOLA
-KAKITZAK
-KALEGINTZA-ASOCIACIÓN DE LUCHA CONTRA LA EXCLUSIÓN SOCIAL
-KOMITE INTERNAZIONALISTAK
-KONPARSA LEHIOAK
-L.A.B.
-LIKINIANO ELKARTEA
-MANOS UNIDAS
-MÉDICOS DEL MUNDO
-MISIONEROS CLARETIANOS-BILBAO-COMUNIDAD PARROQUIAL
-MISIONES DIOCESANAS-ELIZBARRUTIETAKO MISIOAK
-MOC-KEM (MOVIMIENTO DE OBJECIÓN DE CONCIENCIA)
-MUGARIK GABE
-OPE (OSASUN PUBLIKOAREN ELKARTEA)
-PARROQUIA DE SAN RAFAEL-BLBAO
-PARROQUIA DEL CORAZÓN DE MARÍA Y DE SAN ANTONIO
-PASTORAL SOCIAL
-SHARP
-SORTARAZI-ASOCIACIÓN CLARETIANA PARA EL DESARROLLO
-S.O.S.RACISMO-S.O.S. ARRAZAKERIA
-S.T.E.E.-E.I.L.A.S.
80

ANEXO VIII
REGULACIÓN LEGAL DE LAS ACTUACIONES POLICIALES
Por Miren Ortubay

Las funciones policiales, ya sean de prevención o de investigación de delitos o ilícitos administrativos, inciden
siempre de una forma directa y evidente en la libertad y en los derechos fundamentales de las personas. De
ahí, la inevitable tensión entre el respeto a las libertades individuales y la protección de la seguridad pública
que corresponde a la policía. Como dice Ferrajoli (Derecho y Razón, (1995): 766), la actuación policial se
manifiesta “como „violencia‟, y de ahí proviene su latente ilegitimidad con respecto al paradigma del estado de
derecho”.

Los medios de que se dota a los Cuerpos de Seguridad son medios coercitivos, de forma que la intervención
policial afecta siempre, de modo más o menos intenso a los derechos individuales. Desde este punto de vista
de los medios utilizados, la organización policial forma parte del sistema penal y constituye otra manifestación
del monopolio estatal de la violencia legítima que aquel sistema significa. Sin embargo, a diferencia del
ejercicio de la función penal en sentido estricto -o punitiva-, predeterminado por las leyes, el ejercicio de la
función policial exige, por su propio contenido, un importante margen de discrecionalidad y adaptabilidad a las
circunstancias fácticas. Dicho de otro modo, el problema de fondo -siguiendo al autor citado- es que en nuestra
sociedad se ha producido un desdoblamiento del sistema punitivo: Por un lado tenemos el derecho penal y
procesal ordinario, dominado por los principios de estricta legalidad y estricta jurisdiccionalidad y, a su lado,
“un „derecho penal y procesal administrativo‟, en buena medida competencia de la policía, pero en parte
también de la magistratura y en todo caso dominado por una amplia discrecionalidad administrativa. El primero
es el derecho penal y procesal en sentido propio, (...) , con funciones de represión de los delitos a través de
penas aplicadas „post delictum‟ por vía jurisdiccional; el segundo, no menos relevante que el primero en cuanto
a incidencia sobre la libertad personal, es el derecho penal y procesal de policía, con funciones de prevención
de los delitos y, más en general, de las perturbaciones del orden público, a través de medidas de defensa
social „ante‟ o „extra delictum‟ aplicadas por vía administrativa a sujetos „peligrosos‟ o „sospechosos‟”. Y añade:
“„peligrosidad‟ y „sospecha‟ son, por naturaleza, incompatibles con las exigencias de la legalidad estricta, dado
que escapan a una clara predeterminación legal y dejan espacio a medidas „en blanco‟, basadas en
valoraciones tan opinables como incontrolables”.

Partiendo por tanto, de esta doble circunstancia de la inevitable incidencia sobre los derechos individuales, por
un lado, y de la dificultad para precisar de antemano los límites de las actuaciones policiales, vamos a ver en
primer lugar cuáles son los principios generales establecidos en la ley, para analizar luego las actuaciones más
frecuentes en la práctica: identificaciones, detenciones... Es preciso advertir que sólo se van a contemplar las
actuaciones problemáticas y cuya legalidad o ilegalidad puede depender de las circunstancias concurrentes.
Resulta evidente que conductas como robos, amenazas, insultos, etc, constituyen siempre vulneraciones de
derecho y, por tanto, no pueden ampararse en ningún caso en el ejercicio de las funciones policiales.

1. Principios generales de actuación policial

Como no podía ser de otro modo, las normas básicas que regulan la actuación policial establecen la prioridad
de los valores constitucionales y, en concreto de la dignidad humana y de los derechos inherentes a la
personalidad. Así, la Ley 4/1992, de Policía del País Vasco, incorpora un “Código deontológico” que comienza
afirmando:

“El servicio público de policía se ejercerá con absoluto respeto a la Constitución, al Estatuto de
Autonomía y al resto del ordenamiento jurídico, y al mismo incumbe cumplir los deberes que le impone
la ley, sirviendo a la comunidad y protegiendo a todas las personas contra actos ilegales que impidan el
libre ejercicio de sus derechos y libertades” (art. 28)

Y añade a continuación, en el art. 30:

“1. Los miembros de la Policía del País Vasco actuarán con absoluta neutralidad política e
imparcialidad, y evitarán cualquier práctica abusiva o arbitraria respetando en todo momento los
81

principios de igualdad y no discriminación, y los demás que se consignan en la Constitución y en la
Declaración Universal de Derechos Humanos.

2. (...)

3. En sus relaciones con los ciudadanos observarán un trato correcto y esmerado, proporcionando
información cumplida, y tan amplia como sea posible, sobre las causas y finalidad de sus
intervenciones. Acreditarán su condición profesional siempre que sea necesario y cuando lo demanden
las personas con las que se relacionen en sus actuaciones.”

Por lo que se refiere al uso de la fuerza en sus actuaciones, el art. 34 de la misma Ley establece el principio
básico de proporcionalidad, añadiendo luego las necesarias restricciones a la utilización de las armas, en
particular las de fuego. Como regla general se señala:

“1. En el ejercicio de sus funciones, los miembros de la Policía del País Vasco actuarán con la decisión
necesaria, sin recurrir a la fuerza más allá de lo razonable y rigiéndose por los principios de
adecuación, necesidad y proporcionalidad en la utilización de los medios a su alcance.”

También ha de señalarse que, además de lo dispuesto al final del art. 30.3 sobre la obligación de los
funcionarios policiales de acreditar su condición profesional, el art. 35.1 insiste en que “cuando detengan a una
persona, deberán identificarse debidamente como miembros de la Policía del País Vasco”, lo que, puesto en
relación con el art. 37.1 de la misma Ley -que habla de la responsabilidad personal de los policías-, significa
que el agente requerido deberá proporcionar su identificación personal, esto es, „su número de placa‟.

Las normas mencionadas constituyen el marco en el que debe desenvolverse toda la actividad policial, pero
conviene analizar con más detalle la regulación y también la problemática concreta que puede suscitarse en el
ejercicio de las labores de vigilancia en la calle.

2. Controles, registros, identificaciones...

Tras la aprobación de la Constitución de 1978, se desarrolló una importante discusión doctrinal sobre la
legalidad de las „retenciones‟ y de otras restricciones policiales de la libertad diferentes -al menos
formalmente- de la detención. Sin entrar ahora en la polémica, lo cierto es que la Ley Orgánica 1/1992, sobre
Protección de la Seguridad Ciudadana (LOPSC) -popularmente conocida como „Ley Corcuera‟- ha legitimado
una serie de actuaciones policiales que suponen recortes evidentes de la libertad de movimientos, e incluso,
de otros derechos fundamentales como la intimidad personal. No podemos analizar aquí si estas actuaciones
son un tipo de detención -y por tanto, resultan aplicables las garantías que acompañan a ésta- o si constituyen
una clase diferente de limitación de la libertad, pero lo que parece evidente es que ninguna de estas
intervenciones policiales puede sustraerse a los controles y garantías que derivan de los principios
constitucionales y deontológicos expuestos.

Quizás resulte conveniente partir del propio texto legal, para analizar después cuál es la interpretación que se
está realizando en su aplicación práctica.

a) Controles y registros

Por lo que se refiere a la posibilidad de parar a la gente por la calle y registrar sus pertenencias, el art. 19
LOPSC establece:

1. Los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad podrán limitar o restringir, por el tiempo
imprescindible, la circulación o permanencia en vías o lugares públicos en supuestos de alteración del
orden, la seguridad ciudadana o la pacífica convivencia, cuando fuere necesario para su restablecimiento.
Asimismo podrán ocupar preventivamente los efectos o instrumentos susceptibles de ser utilizados para
acciones ilegales, dándoles el destino que legalmente proceda.
82

En este párrafo, se autoriza a la policía a prohibir la circulación -tanto de vehículos como de peatones- por
algunos lugares públicos, así como a impedir que las personas permanezcan en los mismos. Dichas
limitaciones de la libertad de movimientos sólo se justifican en determinadas circunstancias de alteración de la
paz pública. El problema, sin embargo, es que los conceptos utilizados para definirlas son muy amplios y, por
tanto dejan mucho margen a la interpretación. Lo mismo ocurre con la descripción de los objetos que pueden
ser requisados.

Por su parte, el segundo párrafo señala:

2. Para el descubrimiento y detención de los partícipes en un hecho delictivo causante de grave alarma
social y para la recogida de los instrumentos, efectos o pruebas del mismo, se podrán establecer
controles en las vías, lugares o establecimientos públicos, en la medida indispensable a los fines de
este apartado, al objeto de proceder a la identificación de las personas que transiten o se encuentren
en ellos, al registro de los vehículos y al control superficial de los efectos personales con el fin de
comprobar que no se portan sustancias o instrumentos prohibidos o peligrosos. El resultado de la
diligencia se pondrá de inmediato en conocimiento del Ministerio Fiscal.

De acuerdo con el texto transcrito, la medida de parar a alguien para identificarle y registrar sus pertenencias
sólo puede adoptarse en el curso de una investigación de un determinado hecho constitutivo de delito. Sin
abordar de momento la cuestión de las diligencias de identificación de las personas -reguladas en el art. 20
LOPSC-, el precepto mencionado significa, en principio, que no pueden realizarse registros de vehículos o de
efectos personales dirigidos al descubrimiento de un ilícito administrativo, como pueden ser el consumo de
drogas ilegales o la residencia de una persona extranjera en el país sin la documentación correspondiente. Del
mismo modo, parece que tampoco estarían permitidos los controles que carecen de un objetivo específico y
que se orientan a la investigación de „comportamientos ilegales‟ en general.

La interpretación propuesta es la que surge de la redacción de la ley y coincide, además, con el significado
restrictivo que debe darse a los preceptos limitadores de las libertades individuales. Hay que señalar, no
obstante, que la interpretación que realizan los cuerpos policiales, y que está siendo avalada por los tribunales,
es notablemente más amplia.

Así, por ejemplo, un registro efectuado en un automóvil ocupado por unos jóvenes y en el que se encontraron
cuatro papeletas de heroína, se consideró legal por el Tribunal Supremo (TS) (Sent. de 15-11-94), a pesar de
que el agente de policía reconoció en el juicio que se realizó por casualidad, y que se dirigió a los jóvenes
porque se encontraban en un vehículo estacionado cerca de un bar conocido como lugar de tráfico de
estupefacientes. En la misma línea, varias sentencias (recogidas en la STS de 1-2-95) admiten restricciones a
la libertad que se realizan no para demostrar una sospecha inicial -inexistente- sino con carácter aleatorio, en
una pura labor de muestreo entre personas de apariencia „peligrosa‟. Por lo que se refiere especialmente al
cacheo o registro personal, la sentencia del TS de 7-7-95, dice que la medida puede considerarse necesaria
cuando tiene la finalidad de obtener pruebas de un delito de tráfico de drogas, incluso cuando afecte a
personas que no sean sospechosas de haberlo cometido (el comprador, por ejemplo).

A pesar del recorte de las garantías individuales que supone la jurisprudencia citada, no puede entenderse que
los tribunales justifiquen cualquier registro personal y, sobre todo, cualquier manera de realizar ese registro. En
este sentido, hay que considerar, por ejemplo, que no está permitido desnudar a una persona fuera de los
calabozos policiales. El citado art. 19 LOPSC permite efectuar un control superficial de los efectos personales,
y el desnudo -ni siquiera el parcial- no puede considerarse como un registro superficial. Parece claro que la
actuación de control personal prevista en la norma citada se refiere a lo que se conoce como „cacheo‟, esto es
al acto de palpar manualmente, por encima de la ropa, el perfil corporal de la persona sospechosa, con el fin
de detectar armas u otros objetos peligrosos, o de detectar piezas de convicción o efectos del delito que se
investiga.

Las sentencias mencionadas insisten en que, en todo caso, “la proporcionalidad constituye el eje definidor de
lo permisible”. Desde esta perspectiva, parece evidente que vulneración de la dignidad y de la intimidad
personal que implica el obligar a alguien a desnudarse en un portal en el que puede pasar gente, no resulta
proporcional a la finalidad perseguida. Si hay indicios racionales para sospechar que la persona ha cometido
83

un delito, entonces resulta procedente la detención. Y si no los hay, el registro corporal no es conforme a los
principios de adecuación, necesidad y proporcionalidad exigidos por el citado art. 34.1 de la Ley 4/1992.

En conclusión, los registros personales, muy frecuentes en la actividad policial que se desarrolla en la zona de
San Francisco, deben realizarse sólo cuando sean necesarios, y limitarse como norma general al denominado
“cacheo”, esto es, a la comprobación mediante el tacto de las manos realizado sobre la ropa de que la persona
no porta armas u otros objetos que puedan poner en peligro la integridad física del funcionario policial. Es
decir, debería contemplarse como una conducta de autoprotección más que de investigación sobre la posible
comisión de un delito.

Otra práctica relacionada con el control de los efectos personales consiste en obligar a las personas a vaciar el
contenido de sus bolsillos o bolsos dejando caer el contenido de los mismos al suelo. Aunque la afección del
derecho a la intimidad que este comportamiento conlleva no es tan grave como las ya mencionadas, parece
evidente la falta de respeto, e incluso el trato vejatorio, que esa conminación policial puede suponer. Los fines
de seguridad que -suponemos- esa práctica persigue no se ven mermados por sugerirle a la persona que
muestre sus pertenencias y las vaya depositando en un lugar apropiado (una carpeta de plástico, una
repisa...). Y todo ello, sin perder de vista que ese tipo de control no es lícito en todos los casos, ya que los
registros permitidos por la ley se restringen a “controles superficiales”, destinados al “descubrimiento y
detención de los partícipes en un hecho delictivo causante de grave alarma social”.

Por lo que se refiere al uso de la fuerza en sus actuaciones, el ya citado art. 34 de la Ley 4/1992 establece el
mandato específico de razonabilidad en el uso de la fuerza, así como los principios de adecuación, necesidad
y proporcionalidad respecto a la utilización de determinados medios. En este sentido, y con independencia del
imperativo de juzgar en cada caso las circunstancias concurrentes y establecer así el límite de lo razonable,
parece que la frecuencia con la que las intervenciones policiales en la zona de San Francisco producen
resultados lesivos en los ciudadanos (contusiones, rotura de brazo, de rodilla...) hacen pensar en un clima de
violencia, en el que el recurso a la fuerza va más allá de lo estrictamente necesario.

Conviene también realizar algún tipo de valoración sobre ciertas maneras de abordar a las personas por la
calle cuando se sospecha que tienen droga ilegal en su poder. Según mantiene la policía, actualmente la venta
de droga a pequeña escala se realiza en dosis de forma esférica, envueltas en plástico y termoselladas que,
frecuentemente, se ocultan en la boca. Para evitar que el sospechoso trague la bola y, de ese modo,
imposibilite la obtención del objeto del delito, los agentes policiales se acercan por detrás, agarrándole por la
garganta y haciendo presión.

Recurrir a la fuerza desde el primer momento para abordar a una persona en supuestos en los que no procede
su detención, o con anterioridad a practicar ésta, no parece una actuación adaptada a los mencionados
principios de adecuación, necesidad y proporcionalidad, ni al mandato específico de razonabilidad en el uso de
la fuerza. Ha de tenerse en cuenta que, por la propia dinámica de los hechos, la intervención descrita suele
tener lugar sobre la persona que ha comprado la droga, generalmente para consumirla, lo que no constituye un
comportamiento delictivo.

Desde la perspectiva garantista, esa forma de abordar a los viandantes no es admisible. Sólo en aquellos
supuestos en los que exista el convencimiento racional de que la persona sospechosa acaba de introducirse la
droga en la boca -convencimiento derivado de la propia percepción visual del agente que realiza el registro, o
de otro que lo comunica en ese mismo instante- sería lícito pedirle que abra la boca, pero sin utilizar la
violencia.

En cualquier caso, y en relación con todas las actuaciones mencionadas en este apartado, no puede ignorarse
la obligación genérica de utilizar un trato correcto, proporcionando toda la información posible. Por ello, al
abordar a cualquier persona, los funcionarios policiales han de hacerlo con respeto y ofreciendo una
explicación sobre los motivos de su intervención. La única excepción admisible al deber de informar
previamente a la persona afectada sobre los motivos de la intervención policial sería la de los casos en los que
desde el inicio debe recurrirse a la fuerza, por la urgencia y la gravedad de las circunstancias concurrentes.
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b) Identificaciones

Por su parte, el art. 20 LOPSC regula las diligencias de identificación:

1. Los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad podrán requerir, en el ejercicio de sus funciones de
indagación o prevención, la identificación de las personas y realizar las comprobaciones pertinentes en la
vía pública o en el lugar donde se hubiere hecho el requerimiento, siempre que el conocimiento de la
identidad de las personas requeridas fuere necesario para el ejercicio de las funciones de protección de la
seguridad que a los agentes encomiendan la presente Ley y la Ley Orgánica de Fuerzas y Cuerpos de
Seguridad.

2. De no lograrse la identificación por cualquier medio, y cuando resulte necesario a los mismos fines del
apartado anterior, los agentes, para impedir la comisión de un delito o falta, o al objeto de sancionar una
infracción, podrán requerir a quienes no pudieran ser identificados a que les acompañen a dependencias
próximas y que cuenten con medios adecuados para realizar las diligencias de identificación, a estos solos
efectos y por el tiempo imprescindible.

3. (...)

4. En los casos de resistencia o negativa infundada a identificarse o a realizar voluntariamente las
comprobaciones o prácticas de identificación, se estará a lo dispuesto en el Código Penal y en la Ley de
Enjuiciamiento Criminal

El precepto transcrito ha incorporado al ordenamiento jurídico la figura de la „retención a efectos de
identificación‟. Como ya se ha advertido, no podemos entrar aquí en el debate doctrinal sobre su naturaleza
jurídica. En cualquier caso, resulta evidente que se trata de una restricción de la libertad, sobre cuyo contenido
se ha pronunciado el Tribunal Constitucional (TC) en la sentencia 341/93.

A pesar de la amplitud de la autorización que la ley otorga a la policía para requerir la identificación a los
viandantes, es claro que dicho requerimiento no puede realizarse arbitrariamente. Por el contrario, la facultad
policial está condicionada al cumplimiento de las funciones de prevención y de represión del delito y las
infracciones administrativas. Y la concurrencia de esos motivos deberá explicarse al ciudadano/a afectado/a.
Evidentemente, la necesidad de que exista una motivación y de informar sobre ella no constituye un
mecanismo de control durante el desarrollo de los hechos, pero supone una garantía que puede ser utilizada
con posterioridad para valorar la legalidad de la actuación policial.

De todos modos, más relevante que la facultad de solicitar la identificación, es la posibilidad prevista en el
párrafo 2 del art. 20 LOPSC de conducir a una persona a las dependencias policiales para realizar allí las
diligencias de identificación, cuando ésta no haya podido lograrse en la calle. Resulta clara la mayor incidencia
de esta medida en la libertad personal.

La conducción a comisaría sólo puede llevarse a cabo cuando, además de resultar precisa a los fines de
protección de la seguridad pública, sea necesaria para impedir la comisión de un delito o falta, o al objeto de
sancionar una infracción. A esta condición se añade el requisito de que la persona no haya podido ser
identificada por ningún medio (incluido por medio de testigos).

Sobre este punto, el TC ha matizado en que no se puede llevar a las dependencias policiales a cualquier
persona cuya identificación no se ha logrado, sino exclusivamente a aquéllas de las que “razonable y
fundadamente” pueda presumirse que están en disposición actual de cometer un delito, o que han cometido ya
una falta administrativa. Ha establecido también el citado Tribunal la obligación de informar a la persona
afectada de los motivos concretos que fundamentan el requerimiento para acudir a comisaría.

Por lo que se refiere a la duración de la estancia en las dependencias policiales, la ley lo limita al mínimo
imprescindible, y el TC ha aclarado que ello significa que las diligencias de identificación han de realizarse de
manera inmediata y sin dilación. Aunque tampoco esta expresión es precisa, parece evidente que prohibe los
retrasos o la anteposición de otras diligencias diferentes de las dirigidas a la identificación. En el mismo
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sentido, el Tribunal Constitucional considera tajantemente prohibida la realización de cualquier interrogatorio
que vaya más allá de los datos relativos a la identidad, esto es, los que constan en el DNI. Si la policía
interrogara sobre otros extremos, la estancia se convertiría en una detención ilegal.

Todo lo anterior sería aplicable a cualquier persona, con independencia de su nacionalidad. En el supuesto de
que, siendo necesaria y justificada la identificación de una persona extranjera, aquélla no pudiera realizarse en
la comisaría, lo procedente sería conducirla sin demora ante la Brigada de Extranjería del Cuerpo Nacional de
Policía, sin retenerle en comisaría.

3. La detención policial

La detención consiste en privar de libertad a una persona para ponerle a disposición judicial. El caso más
habitual es aquél en el que existen sospechas de que la persona ha participado en la comisión de un delito y,
mediante su detención, se pretende garantizar el desarrollo del procedimiento penal.

La Ley de Enjuiciamiento Criminal regula los casos y la forma en que se debe realizar la detención en los arts.
489 a 501, y los derechos que asisten al detenido en los arts. 520 a 527. Mencionaremos aquí solamente las
cuestiones básicas o aquéllas que originan más problemas en la práctica.

La Ley comienza aclarando cuándo procede la detención: además de los casos referidos a procesados o
presos que se han fugado, la policía tiene obligación de detener a quien se halle cometiendo un delito o a
punto de cometerlo, así como a la persona sobre la que existan motivos racionalmente bastantes para creer
que ha participado en un hecho delictivo.

En este último supuesto -el más frecuente- la detención debe limitarse a aquellos delitos a los que la ley
asigne una pena grave de prisión (más de tres años), salvo que, a pesar de que al delito le corresponda una
pena inferior, sus antecedentes o las circunstancias del hecho hicieran presumir que no comparecerá cuando
fuere llamado por la Autoridad judicial. Incluso en este caso, se puede evitar la detención prestando una fianza
bastante para presumir que comparecerá ante el juzgado.

En cualquier caso, la ley establece de un modo tajante que no se podrá detener por simples faltas, a no ser
que el presunto reo no tuviese domicilio conocido ni diese fianza bastante, a juicio de la Autoridad o agente que
intente detenerle” (art. 495 LECr). Son faltas las infracciones penales leves, como malos tratos de obra que no
causen lesión, insultos o amenazas leves, o desobediencia o resistencia a agentes de la autoridad también
leves. El problema en la práctica es que hechos que posteriormente el juzgado califica como falta, la policía
los ha considerado como “presunto delito”, de modo que se obvia la prohibición legal de detener por falta. Esta
cuestión enlaza con la planteada anteriormente de negativa a identificarse cuando se es requerido para ello
(art. 20.4 LOPSC). Como norma general, esta conducta difícilmente será constitutiva de delito, dando lugar en
la mayor parte de los casos a una falta. Sobre este particular hay que afirmar que no es lo mismo carecer de
domicilio conocido que no poder demostrar documentalmente cuál es el domicilio... Dicho de otro modo,
aunque una persona que se niega infundadamente a identificarse podría ser conducida a las dependencias
policiales, lo sería únicamente para la identificación y para tomar nota de sus datos, y no como detenida, salvo
que no tenga domicilio ni dé fianza para garantizar que se presentará ante el juzgado cuando sea llamada.

Como se puede observar, la ley concibe la detención como una medida excepcional. Sin embargo, la
utilización en la práctica de esta privación de libertad es notablemente amplia. La presunción de que el
individuo no va a comparecer ante el Juez competente parece ser la norma frente a determinados colectivos
considerados globalmente por la policía como “peligrosos”.

De acuerdo con la ley, la detención deberá “practicarse en la forma que menos perjudique al detenido o preso
en su persona, reputación y patrimonio” (art. 520.1 LECr). Se pretende proteger de este modo tanto la
presunción de inocencia como, sobre todo, la dignidad de la persona detenida.

Por lo que se refiere a la duración de la detención, la ley establece que no podrá prolongarse “más tiempo del
estrictamente necesario para la realización de las averiguaciones tendentes al esclarecimiento de los hechos”.
En todo caso -continúa el citado art. 520.1- “en el plazo máximo de 72 h., el detenido deberá ser puesto en
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libertad o a disposición de la autoridad judicial”. Como puede observarse, para la fijación del plazo de
detención se recurre nuevamente a un concepto jurídico indeterminado, cuya concreción queda al arbitrio
policial. El plazo máximo no puede sobrepasarse en ningún caso, excepto si la detención obedece a la
presunta comisión de un delito relativo a la actividad de banda armada, en que la ley permite que se prolongue
hasta un máximo de otras 48 h. (cinco días en total).
Los derechos que asisten a la persona detenida están recogidos en el art. 520.2 LECr, siendo el primero -o
mejor, el presupuesto- de los mismos el de ser “informada, de modo que le sea comprensible, y de forma
inmediata, de los hechos que se le imputan y de las razones motivadoras de su privación de libertad, así como
de los derechos que le asisten”. Puesto que la detención no puede ser arbitraria, la información sobre los
motivos que la fundamentan es una garantía básica que permite al detenido poder defenderse de las
imputaciones existentes contra él. Con esta finalidad, la Ley obliga a dar información sobre los hechos, no
sobre las calificaciones jurídicas de la conducta. Por ejemplo, no resulta admisible decir a alguien que está
detenido por “tráfico de estupefacientes”; es necesario aclarar la conducta concreta que se le atribuye: “haber
vendido dos bolas de heroína en la calle X”, o “tener en casa medio kgr. de cocaína, distribuida en dosis
preparadas para su venta”. Lo mismo podría añadirse sobre las razones concretas que han motivado la
detención.

Por su parte, el art. 520.2 enumera los derechos irrenunciables que corresponden a toda persona detenida, y
cuya vulneración convierte la detención en ilegal:

“2. Toda persona detenida o presa será informada, de modo que le sea comprensible, y de forma
inmediata, de los hechos que se le imputan y las razones motivadoras de su privación de libertad, así
como de los derechos que le asisten y especialmente de los siguientes:

a) Derecho a guardar silencio no declarando si no quiere, a no contestar alguna o algunas de
las preguntas que le formulen, o a manifestar que sólo declarará ante el Juez.

b) Derecho a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable.

c) Derecho a designar Abogado y a solicitar su presencia para que asista a las diligencias
policiales y judiciales de declaración e intervenga en todo reconocimiento de identidad de que sea
objeto. Si el detenido o preso no designara Abogado, se procederá a la designación de oficio.

d) Derecho a que se ponga en conocimiento del familiar o persona que desee, el hecho de la
detención y el lugar de custodia en que se halle en cada momento. Los extranjeros tendrán derecho a
que las circunstancias anteriores se comuniquen a la Oficina Consular de su país.

e) Derecho a ser asistido gratuitamente por un intérprete, cuando se trate de extranjero que no
comprenda o no hable el castellano.

f) Derecho a ser reconocido por el médico forense o su sustituto legal y, en su defecto, por el
de la Institución en que se encuentre, o por cualquier otro dependiente del Estado o de otras
Administraciones Públicas.

3. Si se tratare de un menor de edad o incapacitado, la autoridad bajo cuya custodia se encuentre el
detenido o preso notificará las circunstancias del apartado 2.d) a quienes ejerzan la patria potestad, la
tutela o la guarda de hecho del mismo y, si no fueran halladas, se dará cuenta inmediatamente al
Ministerio Fiscal. Si el detenido menor o incapacitado fuera extranjero, el hecho de la detención se
notificará de oficio al Cónsul de su país.”

Del precepto anterior deriva la prohibición -y, por tanto, la nulidad radical- de cualquier interrogatorio realizado
con anterioridad a la llegada del abogado. La policía no debe hacer ningún tipo de pregunta, ni siquiera sobre
temas “marginales” o no directamente relacionados con la causa de la detención.
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La propia norma (art. 520.4) advierte que los funcionarios deben abstenerse de hacer recomendaciones al
detenido sobre la elección de abogado, y que comunicarán de forma que permita su constancia al Colegio de
Abogados el nombre del Abogado elegido por aquél para su asistencia o la petición de que se le designe de
oficio. En principio, la asistencia de abogado es irrenunciable, salvo que los hechos que han motivado la
detención sólo puedan ser calificados como delitos contra la seguridad del tráfico (conducción bajo influencia
de bebidas alcohólicas, por ejemplo). Todo lo anterior significa, que el abogado debe estar presente incluso
cuando la persona detenida va a negarse a declarar en comisaría. Los supuestos en los que alguien ha estado
detenido y es puesto en libertad sin que haya sido asistido por un abogado presentan, a primera vista, ciertos
indicios de irregularidad, porque con frecuencia son casos en los que no procedía la detención: bien porque se
trataba de una falta, bien porque no había base para sospechar de la participación del sujeto en los hechos,
bien porque de la naturaleza de éstos y de las circunstancias personales no se podía deducir que la persona
fuese a eludir la presentación ante el juzgado. En todos estos casos la actuación policial se tenía que haber
limitado a tomar los datos de la persona implicada, sin detenerle.

En algunas ocasiones ocurre que la persona detenida relata que ha permanecido durante varias -e incluso
muchas- horas en comisaría y que le han soltado sin haber hecho nada, ni siquiera declarar. Algunas veces se
tratará de los casos expuestos anteriormente, en los que no procedía la detención, pero en otros lo que sucede
es que se han llevado a cabo diligencias y no se ha informado debidamente a la persona afectada sobre éstas,
ni sobre los resultados obtenidos, por lo que la sensación que lógicamente percibe el detenido es de que la
detención ha sido arbitraria.

En los casos de personas extranjeras que carecen de documentación regular, la estancia en comisaría se
puede alargar porque las diligencias para establecer la identidad las realiza el Cuerpo Nacional de Policía, a
veces muy lentamente. Esta práctica que parece contraria a la idea legal de lo que debe ser y durar la
detención, resulta ser avalada -o cuando menos no cuestionada- por algunos jueces de instrucción.

Otra cuestión relacionada con la información al detenido y con la comprensión de lo ocurrido durante la
detención es la referente a la llamada “diligencia de información de los derechos”. Como se ha puesto de
relieve, la ley exige que dicha información se preste “de modo que le sea comprensible” a la persona detenida.
Esta exigencia supone la obligación de adaptar el lenguaje tanto a las circunstancias concurrentes -que
normalmente generan cierto estado de ansiedad- como, sobre todo, al nivel de conocimiento lingüístico, en el
caso de los extranjeros. Los testimonios reflejan que no suele haber asistencia de intérprete en comisaría. Sin
embargo, el conocimiento del leguaje coloquial que algunas personas extranjeras poseen no resulta suficiente
para comprender el significado de los derechos legales, por lo que la ausencia de un intérprete puede suponer
en tales casos la conculcación de los derechos legales.

Por lo que se refiere al derecho de poner en conocimiento de una persona el hecho y el lugar de la detención,
o al de ser reconocido por un médico, no parece que la circunstancia de que se trate de una persona
extranjera implique ninguna particularidad, a no ser la posibilidad prevista en la ley de que el detenido
extranjero quiera que la mencionada comunicación se haga a la Oficina Consular de su país.

Por otra parte, el art. 523 LECr establece el derecho de la persona detenida de recibir visitas de diferentes
personas: desde “un ministro de su religión” o un médico, a “parientes o personas con quienes esté en relación
de intereses, o (...) que puedan darle sus consejos”. Según la ley, estas visitas deben permitirse, salvo que
afecten al secreto y al éxito de la investigación. El problema es que lo que la norma contempla como una
excepción, se ha convertido de hecho en la norma, y muy pocas veces se permiten las visitas en comisaría,
amparándose en que el tiempo que permanecen allí es muy corto. En este tema no se hacen diferencias de
trato por razones de nacionalidad, y la negativa a las visitas es general. No obstante, hay que poner de relieve
que, con frecuencia, el hecho de ser extranjero y, sobre todo, el carecer de documentación regularizada,
puede alargar la estancia en las dependencias policiales, por lo que quizás el criterio para acceder a las visitas
podría ser más amplio.

También puede recordarse a este respecto que el art. 522 LECr establece el derecho del detenido de
“procurarse a sus expensas las comodidades u ocupaciones compatibles con el objeto de su detención (...),
siempre que no comprometan su seguridad o la reserva del sumario”. Aunque, evidentemente, la propia policía
debe garantizar la satisfacción de las necesidades básicas de los detenidos, la disposición citada prevé la
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posibilidad de que éstos dispongan de determinados objetos personales (ropa, objetos de aseo, libros...). Al
igual que se ha comentado con las visitas, la interpretación que los cuerpos policiales hacen de esta norma es
muy restrictiva y, en la práctica la autorización para disponer de objetos personales constituye la excepción.

Esta cuestión enlaza con la de los cacheos y registros personales al entrar en el calabozo. Aunque no hay
ninguna disposición legal que lo ordene, la norma es privar a los detenidos de cualquier objeto que pueda ser
utilizado para agredir a otros o para autolesionarse, entendiendo tal concepto de una forma amplísima. De
hecho, a los detenidos se les retiran todas sus pertenencias, excepto las prendas de ropa una vez desprovistas
de cinturón, cordones, etc. Esta práctica, realizada de modo generalizado, resulta poco respetuosa con la
dignidad humana de la persona detenida, por lo que sería deseable que la justa preocupación por la seguridad
se conjugue con el respeto a la dignidad, realizando en cada caso un análisis individualizado de las
características de la persona, de cara a establecer un juicio racional sobre el riesgo existente de agresiones o
autolesiones.

Conviene hacer, para terminar, una breve mención de la recomendación (de 13-12-96) efectuada por el
Defensor del Pueblo sobre la realización de registros personales y desnudos en comisaría. En efecto, con
frecuencia, los detenidos son obligados a desnudarse íntegramente en las dependencias judiciales al amparo,
precisamente, de la necesidad de detectar sustancias u objetos peligrosos que puedan ocultar, y ello, con
independencia tanto de las circunstancias personales, como del delito que se les imputa. El Defensor del Pueblo
entiende que “la medida de registro personal mediante desnudo integral, con objeto de determinar si el detenido porta
escondido entre sus ropas o en pliegues del cuerpo algún objeto o instrumento, sólo puede efectuarse cuando las
circunstancias de la detención, de la naturaleza del hecho presuntamente delictivo, de la actitud del detenido, o de
otras circunstancias debidamente valoradas por el responsable policial encargado de autorizar dicha práctica, pueda
resolver su adopción justificándola debidamente para su posterior control (...) En consecuencia, la necesidad de evitar
el uso indiscriminado del desnudo integral y, en todo caso, la justificación de la adopción de esta medida, que debe
basarse en criterios de razonabilidad y proporcionalidad, con una motivación sucinta de la misma, hecha por escrito
por el responsable de ser adoptada que permita un posterior control de la misma”

El contenido de esta recomendación, que fue aceptada por el Secretario de Estado de Seguridad del Ministerio del
Interior, debe ser tenido en cuenta también por los cuerpos policiales del País Vasco.

4. Otras actuaciones policiales

Entre las funciones que la Policía Municipal tiene encomendadas fuera del ámbito de la seguridad ciudadana,
han sido motivo de queja las relativas a las requisaciones en el control de la venta ambulante. Bastantes
testimonios denuncian la desaparición o no devolución de algunos objetos o productos decomisados, sin que
haya posibilidad de reclamarlos porque no se les ha proporcionado un recibo detallado.

Por lo que se refiere a la reglamentación de estas actuaciones policiales, la Ordenanza reguladora de Venta
Ambulante de Bilbao, después de definir las infracciones y de atribuir al Ayuntamiento la competencia
sancionadora de las graves, establece lo siguiente en su art. 27:

“1. Con la finalidad de asegurar la eficacia de la resolución que pudiera recaer, la autoridad que ordene
la incoación del expediente podrá acordar la intervención cautelar de las mercancías falsificadas, no
identificadas o que incumplan los requisitos mínimos establecidos para su comercialización. Esta
medida de carácter provisional se adoptará mediante acuerdo motivado, previa audiencia del/la
interesado/a.

2. La autoridad competente para resolver el expediente podrá acordar, como sanción accesoria, el
decomiso de las mercancías falsificadas, fraudulentas o que incumplan los requisitos mínimos
establecidos para su comercialización. El decomiso como efecto accesorio de la sanción se ajustará a
las mismas reglas que ésta”

Aunque nuevamente la norma recurre a conceptos jurídicos indeterminados, puede extraerse la conclusión de
que la intervención cautelar de mercancías sólo resulta procedente respecto a determinados productos
(mercancías falsificadas, no identificadas...), con un objetivo específico (asegurar la eficacia de la posible
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sanción) y, en todo caso, con unos requisitos formales (acuerdo motivado, después de oír a la persona
afectada).

Por tanto, la actuación policial de requisar la mercancía de los vendedores ambulantes no puede ser una
práctica generalizada ante cualquier tipo de incumplimiento y, de cualquier modo, cuando algún agente decida
realizarla no existe ninguna justificación para que la intervención de género no se haga constar en el
documento correspondiente que sirva de recibo al vendedor afectado.