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Ángeles Ebrios

Ángeles Ebrios

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(c) ángeles ebrios Juan Eduardo Díaz Derechos Reservados juaneduardodiazc@gmail.com www.juaneduardodiaz.blogspot.com Inscripción N° 129.171 I.S.B.N. 956-8142-10-x Corrección de Textos Diseño y Diagramación Fotografías de Portada : Marcela Küpfer : Cantriac. : Cantriac.

Se terminó de imprimir esta primera edición de quinientos ejemplares el 30 de noviembre del año 2002

IMPRESO EN CHILE / PRINTED IN CHILE

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"...bajo el brazo izquierdo llevo mis v
(c) ángeles ebrios Juan Eduardo Díaz Derechos Reservados juaneduardodiazc@gmail.com www.juaneduardodiaz.blogspot.com Inscripción N° 129.171 I.S.B.N. 956-8142-10-x Corrección de Textos Diseño y Diagramación Fotografías de Portada : Marcela Küpfer : Cantriac. : Cantriac.

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"...bajo el brazo izquierdo llevo mis v

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ángeles ebrios

Juan Eduardo Díaz

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(c) ángeles ebrios Juan Eduardo Díaz Derechos Reservados juaneduardodiazc@gmail.com www.juaneduardodiaz.blogspot.com Inscripción N° 129.171 I.S.B.N. 956-8142-10-x Corrección de Textos Diseño y Diagramación Fotografías de Portada : Marcela Küpfer : Cantriac. : Cantriac.

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"...bajo el brazo izquierdo llevo mis viejas alas (ya grises) que devolveré al hombre grande...”

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angélicas desnudas

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Y llegaré más allá de mis ojos, en la última mirada al final del mar y en el beso que dejé durmiendo en tus labios.

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de mi mundo irreal

esta mujer no lee

poesía
¡Ah! que tus dagas de papel cortan mis manos contaminan mi sangre y excitan envidioso el verso. Maiakovski algún día el roneo de mis libros gastará tu nube arrebatada al hombre, sanguinarias calas negras esperaran fuera de tu nicho y definitivamente la mujer del teléfono lamerá mis labios, desnuda hojeará algún poeta ruso sin leerlo, porque ella no sabe de poemas ni siquiera sabe que hay poetas rusos.

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En mi propio amorío hundí la daga despreciada, las flores negras que tardaron

no te quedes

no serán las mismas.

Ahora es el hombre de letras la mujer desnuda mal tratada gozada hasta dejarla en los huesos moribunda de otros labios pero de un cuerpo.

Y quiéreme... porque te odio porque estoy mudo grítame, porque abandono alcánzame pero al final no te quedes, y tócame.

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Amor que te escondes bajo estos pies ignora el miedo y lo que queda en la sed del alma, sigue hablando tu melancolía continua tu Salomónica danza fúnebre hssss... caliente como me rozas que para ti escribo una vida, me acurruco en tu desplante tu necesidad prohibida. Constancia que me aferras me detienes impúdico que por ti he de quedarme simple, y tal vez quiero que mueras que quedes en tu propio orgasmo que no vuelvas ¡Aléjate de mí! Ordeno que te marches al olvido, destierro de tu cuerpo lésbica de todos tus sueños, siente pues mi ira penetrándote ssiiii... que té cogeré hasta que mueras hasta que llores hasta que por fin me odies.

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te destierro

cuando
Ya verás ángel cuando sea como tú podremos ir juntos a beber cerveza o vino tinto de misa, conocerás a las bellas del café show y podremos acariciar sus escotes meter las manos entre sus sensuales tangas y lamerlas, besarlas hasta engullirnos en ellas babosearlas como perros asoleados con hambre inacabada, y cogerlas follarlas cuantas veces quieras ssiiii... dos, y seguir seguir seguir. tres, cuatro veces

tenga alas

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yo no fui

Basta... no quiero ser más el creador de tus mañanas, cómo crees que yo iba a concebir todo, ingenua sólo soy un poeta, ¡¿aun me crees?! te engañé la vida entera, es que el cielo siempre estuvo encima nuestro las nubes, la tierra el aire ya soplaba yo no fui... Lo sabrás algún día todo estaba aquí cuando llegamos, mi amor ¿tú no entiendes? no existe nada es mentira, todo es mentira.

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Las mujeres que escuchan mientras leo mis poemas, no son como la que gustan a Charles, ellas no suplican porque yo las posea y las

las bellas de Charles

manosee en medio de la lectura, son secretas oyentes a ojos cerrados, perdidas solitariamente entre el resto de las marionetas y los muñecos que dejo como público. Ellas que solo quisieran atraparme entre sus piernas, sacarme la ropa y no besarme en la boca para continuar escuchando mis poemas. Desde acá siento como se excitan y masturban, manchando de flores sus diminutas ropas de encajes y algodones, pero no se atreven a subir al escenario para babosearme y rogar que las posea, porque no son como las bellas de Bukowski; a él ni siquiera lo conocen. Pero aún las escucho y quedan solo los quejidos de una de ellas que espera y se masturba, mientras yo continúo la lectura.

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No preferí los besos lésbicos no soporté los roces vulváticos ni a las féminas incontrolables que alguna vez se quedaron a dormir en mi mente y en mi cama.

Algún día terminaré con mi angustia su mal acostumbrada compañía

dejándome en los huesos y oscureciendo con suavidad mis mezquinas figuras.

Pero yo con sutil cuidado toco los perfumes de las flores más cristalinas las mismas que no me soportan las que no se marchitan y con un pétalo blanco corto mis oscuras venas.

con un
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pétalo blanco

me desnuda de su piel,

Levántate sobre los versos de ayer hoy no he de volver inconsciente bajo tu falda, convéncete... no hay manos tristes en tus piernas sobajadas de secretos y besos envinados, ahora mi áspera lengua chorrea whisky en la herida de tu sexo.

roces
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blanca la
Prostituverante la etérea que no alcanzo su blancura de cuatro noches, náufrago terriblemente, fragante a ramera la doncella muchacha, fémina egoísta, que ojos blasfemos se atreven sin notarse, patiabierta ahora la concubina linfa la perdida sigilosa por muy etérea y son blancos como ella los he visto, pura perdición dice mi madre pero la blanca sabe de memoria el credo y la salve salvadora escasa que alcanza el vicio de su escote.

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Horrible la costumbre de asombrarse cuando ella se desnuda y pasea desde mis labios cuando se acaricia arrancándome gemidos manoseándose y revientan sus pechos en mis manos que son sus manos, hórrido sonrojarse por las mariposas de su vulva florida de su fornicio en el aire, delicias de fragancias que huele a albor, horrible la costumbre de asombrarse cuando cierro mis ojos y en voz alta pienso en ella.

mala costumbre
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Sólo me faltaba quitarle su corpiño pero al desnudarla no supe que hacer con sus incomodas e inquietantes alas.

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angelofilia

Mi decir es al desnudo y la punta de mi lengua con suma urgencia en la comisura superior de tus labios, y tus dedos atrapados porque sí en mí la cabellera del viento que se expande cansada en tus propios jadeos, ya cálida ya ida en tu lecho.

ascua final
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El sugerente silencio de la noche espantó a la joven muchacha que hoy había convencido llevar hasta mi cama, los mirlos de Hank alborotados se burlan de mí como si yo no supiera tratar bien a las muchachas, ellos revolotean dentro de sus jaulas tan grandes que son invisibles más grande que mi cuarto de Gran Bretaña y donde todo pero todo cae dentro de ellas, las jaulas.

jaulas
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todo está dentro de

Hoy por la mañana salí de mi casa que ya no es mi casa, hoy temprano salí decidido a caminar por las veredas de siempre que hasta ahora no conocía, pero mi ángel sin rostro se atreve a consultar qué pasa, lo miro a sus ojos que no tiene, los que solo yo imagino. Sucede que soy poeta –contesto- el ángel toma mi hombro derecho y agachando la cabeza se marcha como compadeciendo a un demente. Ni siquiera pude consultar si lee poemas. Hombre te gustan los poemas –pregunto a Cantriac- pero él, está tan distraído que no escucha, nadie me

mis hadas madrinas

responde, y no hay palabras en mis dos mentes, ni respuestas, es que eso no es bueno, se supone que debería oír voces o a aquellas musas susurrando despacio en mi oído, excitándome para imaginarlas desnudas; yo las creía terrestres tocando mi puerta y presentándose como hadas madrinas, de esas buscadas en el Mercurio, llegando mágicamente en un taxi cargado a la cuenta de los espléndidos servicios que luego mis hadas madrinas cobrarían antes de marcharse. Pero soy tan poeta que no perdería el tiempo escribiendo mientras mis hadas se

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desnudan para inspirarme (según ellas) tal vez escriba algo en sus desabrigadas carnes, entre sus pechos, en sus espaldas o en sus sexos. Yo podría al menos escribir un poema de estas las lésbicas de sudor y gemidos. Es que tal vez no lo he dicho, a veces escribo poemas.

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Criatura escarcha quédate en mis ojos que tu silencio no me basta Acaba de escaparse el sol compadeciéndote de frío Rabioso en tu piel, insolente como una danza de siete velos Lejana y carmesí casi muerta, casi ida en tus labios. Ahora angélica infernal, puedes dejar tus besos pero no olvides tus nuevas alas de papel.

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la angélica desnuda

Sucede que llegue a figurar, que en tu vida nunca lograste conocerme.

te esperé tanto

tiempo

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segundos antes de ser ángel

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quídam
Como si fuera de tu creación salgo de la boca sarcástica del imponente verso sin nombre, sin creencia adorando al débil crucificador como el mismísimo ciego engañado que atesora oh... ¡por Dios santo! que venera a su cínico bastón, arrancado sus propios ojos para hacerse de bien, es la venenosa serpiente erguida del que dependen sus últimos pasos. Ah... Mefistófeles que también es ciega el alma, no te bebas mi sangre solo de un sorbo, que el hombre del bastón se está acercando ya me ha visto a los ojos su reptil mirada, como su presencia sus pisadas me duelen. Y se abre el infierno, que ya me hago ángel, otro más engañado por el hombre, al final soy el que termina el mundo el que cae de las llamas celestiales el último quídam que se queda en la tierra.

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Definitivamente soy del aire oxigeno un soplo tibio, mi pipa advertida cansada ardiente madera hembra blanca tela que nos separa y un cuerpo lento de humo. Viento al aire lanzada la vida misma otra nube flotando, piel de tabaco mi alma al alma y al fin. ¿Por qué me tiemblas? Fuuuuuhh Soy al aire en el aire del aire.

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de humo

Tres pasos al espacio veinte hacia la calle, sin lo segundo es lo primero pero antes nueve milímetros a mi cabeza.

cobarde
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Cuando el hombre grande se distrae los poetas amarran sogas a sus cuellos algunos prueban con sobredosis de nada o de todo otros solo desperdician del aire una bala hasta sus sienes, después de tanto alboroto el hombre despierta de su catastrófico letargo,

también sirven

nadie notó el cambio todo vuelve a la normalidad tan solo con unos cuantos poetas menos.

los autos
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Entre los pasos que he dado

el peso de mi cansancio

se cansan mis ansias temblorosas mi languidez crónica mi valentía repentina y perezosa mis pies embarrados se cansan mi piel, mi carne mis huesos se cansan también los tragos amargos los vasos vacíos las pedradas del cielo la esperanza gastada me cansa. Y me pesa, mi propio cansancio me pesa mi rabia desterrada mis lágrimas secas mi condición sumida en lamentos me pesa ahh... desde mi propia alma y mi propia alma en lo profundo sí me pesa el silencio de mi mente y el mundo me pesa como un Hércules

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en mis hombros me ha de pesar también las ganas.

Y al fin me han de cansar mis pesares y como el luto de un camino me ha de pesar también mi cansancio.

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quedará
Dejaré tendidas mis ansias en el poco sol que ya se escapa mis pies desnudos bajo la cama luego comenzaré a buscar mi sombrero, mi bufanda, el abrigo gris de la mañana, los tristes y gastados bototos, mi vieja corbata de la graduación que no recuerdo, también un pantalón grueso para el frío y la camisa blanca de los domingos. Solo llevaré mi pipa y el poco tabaco que me queda, mis almas cantoras la tinta reseca de mi pluma, el papel amarillento aquel que yace mudo por la nostalgia, una foto de la familia de las antiguas eso sí de cuando estábamos todos otra de los amigos y una de la mujer. Quedarán mis pasos como herencia olvidada

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toda mi poesía algo de Huidobro de Neruda, de Benedetti la música de Zitarrosa quizá mis letrados fantasmas todos los libros que no fueron mi sombra arrepentida mi oscuridad y mi silencio.

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He sido de otras noches tristes, ya me deshice de mi sombra austera, mi aliento definitivamente es de vino y aunque quisiera no me alcanza para morir. He sido triste algunas noches como tantos besos dormidamente ebrios, esperando todo de la fémina egoísta... ...que ya me olvidé ¿sabe acaso que hoy me apago las estrellas con tanto miedo como ayer y que aun si quisiera no me canso de escribir?

En cualquier noche he de ser un dionisiano más vaciando de la copa rigurosa en tinto toda la ambrosia espesa.

triste

dionisiano
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En esta mano empuñada de escribano tengo la espuma triste que robé del mar en mi boca reseca todos los versos mudos de no quedarme, bajo mi brazo izquierdo llevo mis viejas alas (ya grises) que devolveré al hombre grande y en mis pies todos los pasos rotos de caminos interminables.

en esta mano
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nada que hacer
No quiero que mueras, soy un dedo un niño no te mato soy un cuchillo un rezo por tu alma por mi cuerpo todos mis huesos desbocados y son estos mis despojos el nicho vacío estos mis apenados zapatos cerumen de velas apagadas un puñado de mandas pendientes, soy un ángel soy la muerte.

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Al final de todo lloverá, estoy seguro, yo estaré ahí junto a mis memorias con mis sienes en cenizas, mis brazos caídos, mis ojos abiertos, mi cuerpo desnudo y sin frío. Vívidas serán mis edades y en el centro mismo seré de pié, firme, aunque no pueda, aunque me derribe el viento, culminaré proféticamente y me levantaré, gritaré mi alegría irritada mi contento de aún estar, de ser, de persistir en mi razón, mi contaminada demencia, mi fuerza acumulada para ese instante. Mis descendencias perdidas llegarán, los frutos caído, podridos distribuidos por toda la tierra, por todo el Pacífico, por todos los lugares donde estuve y por los que me han de conocer, el sitio donde nací, donde viví, el lugar aquel donde he de esperar ese día, cuando enfrente la tormenta.

cuando ha de llover

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puntual
Que tal si a los treinta y siete me apago de un tiro las ganas esto alguna vez lo dije, talvez no vuelva a beber vino el vermouth ahora me parece mejor sin limón esto si que jamás lo dije, You love me acaba la misma voz de la radio y soy tan puntual como una espera como la muerte, confío que mi ella llegará a tiempo mi reloj ya no servirá me cortaré los brazos y las venas. Pienso: ella no tiene nada importante que hacer por eso hoy llegó puntual.

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que mis huesos cualquier cosa pesa más
Soy un pez ahogándose en mi silencio mis zapatos pesan dos veces lo que es mi cuerpo mis veinticuatro horas que parecen ser más, debo sumar mi cansancio que también es doble todos los días son edades, cualquier cosa pesa más que mis huesos, a veces mis ganas de respirar mi aclarada sombra tan liviana que no aguanto, mis posibilidades a medio tiempo mi pluma casi enmudeciendo, todo es de la suerte todo pertenece al aire incluso mi voz que se va sin ser oída y la muerte que llena mis bolsillos, hasta mi alma pesa más que mis huesos.

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a carlos de rocka

Un tono de intromisión alquimista no me basta es preciso crear mi mundo, puedes seguirme y pasar sobre mí puedes pisotearme noche a noche que creeré en tus versos ya verás cuando me reponga matinal e intrépido, el éter cósmico colmará mis venas y solo en la oscuridad de un beso llenaré tu espíritu la sombra que te obsequia la luna esta muerte que ahora te pertenece

heredades

como el día en que heredaste mi suelo el paraíso de mi testamento y la casa abandonada después del suicidio luego del destierro incógnito que se marca agónico apenas en el último rito antes del silencio.

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(rezagado de sombras de Valparaíso)

En estas noches no se escuchan los trenes como desde la lejana estación de San Bernardo, solo se oyen los ronquidos de barcos que se marchan y algunos que llegan, estoy tan alto que no hay pies sin alas desde aquí parece que el cielo se ha caído en los cerros que parte de él ha escurrido hasta el mar, pero mi otra voz me dice que no es cierto, en el cielo se reflejan las nocturnas luces de Valparaíso.

el cielo se ha caído a los cerros
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Vi todas estas calles a un cuarto de la noche, si digo que la oscuridad es más lenta en tal caso puedo rebuscar en mis bolsillos y seguir un paso continuo,

sí, es un poco más lenta que cualquier otro día a veces logro sin mucho esfuerzo soportarla asiduamente seguir el sentido del transito y al fin inspirar fuerte sin retorno, como el último respiro justo al amanecer con tanto amor como el que puedan soportar mis pulmones.

la noche
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es más lenta que el día

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ángel

a

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muñeca

a antonio silva.

Ah... Que todos los besos son de mis labios. Mírame que son míos estos pechos. Apuesto mi cintura todas mis hormonas. Rubia rabia como me odias. Algún día dejaré que me acaricies como si yo fuera You She.

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Que esta noche esperaré tus jadeos. Lujuria de mis letras, mi habitación sodomita te espera, el sonido de mi sangre al gotear. Ya no me duele tu lo sabes. Aaah... Que no me duele.

analorgía
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Abomino de existir cansada la carne la peluca despeinada reina de la noche todas íbamos a serlo, Gabriela también la fea la lesbia la que envidia mis senos los mejores de toda la noche, yo la que escribe poemas la que danza en el aire la reina, solo yo lo soy aunque todas quisieran serlo.

la reina de la noche
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natural
Ven a buscarme cuando me recuerdes desnudo, yo Penélope de tus amores en el viejo andén de la estación, cuando esté de quince años como a ti te gusta mis pantalones a la cadera sin lápiz labial ni rimel y la áspera barba de la mañana.

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Ya te siento me aprietas fuerte estoy seguro de ti aunque no te veo tienes manos suaves las reconozco. Sé que eres tú. Aaah... espérame aun no por favor aun no.

manos suaves

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Puedo olerte fascinación sentirte entre mis manos, ven descarga en mi garganta tu óleo triste suave tibieza condensada. Sé de otros en donde te quedaste donde fijaste tus ojos albos donde me extrañaste, no estuve y te odio porque te marchas te quedas, porque existimos te odio y sin querer a veces te amo cuando me besas cuando me... Cuanto te amo. hssss

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cuanto te amo

terminal
(hospital parroquial, sala padre hurtado)

En el desorden de entre amores, bajo una sabana blanca me encontré desnudo y sin rostro.

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que mi hermana mejor
Indiscreto lampiño que torpe te vez sin ropa aun así pareces una mina, exquisito desorden que tienen tus hormonas noventa sesenta noventa eres mejor que mi hermana la rica la que nos tocaba cuando chicos la que odio la que usa mi ropa la que aún le gustan los hombres.

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Entre el cielo y el mar, me sumergí desnudo a las sombras de mis tintas, pervirtiendo líneas y ennegreciendo mi sangre.

tinta
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negra

que no somos iguales
Apuesto entera tu ira a que me odias como a la vil puta que aun se acuesta con tu esposo, mírame y desnúdate como yo no somos iguales, a mí me sobra lo que a ti encanta lo que de él te enloquece, y ódialo como a la puta que pudo ser. Ahh... insignificante vulva mal tratada cómo es que te deseo en mí.

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En ningún tiempo diré maestro a la fémina silueta que crea y escribe, la humildad se excita luego y aunque amándome somnoliento al alba es seguro que un día tomará sus labios resecos y me aplastará orgulloso de su magnifica creación.

aprendiz
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si no fuera por eso

Si no existieras si las hembras te alcanzaran si no rozaras mis labios disfrazado de sombra, quizá llegaría a la demencia estancada de los quince años cuando era menos triste y más sano.

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Era en otro instante que debía llegar, no ahora, no podía verme en esta facha, era un secreto, mi secreto, ella era la última que debía saberlo, le dije que jamás me anduviera espiando, a ella le daba su espacio, pero no respetó el mío, no debió hacer eso. No podían cree lo que estaban viendo sus ojos, trate de explicarle, pero no quiso siquiera que me acercara, ella salió corriendo y lloraba alejándose mientras gritaba ¡maricón! ¡estúpido maricón! El muchacho que me acompañaba terminó su vermouth sin limón, con una servilleta limpió la comisura de sus delgados labios, luego me dio un beso y también se marchó.

la espía
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ángel nocturno

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un hombre solo
Un hombre solo una botella de cerveza sola unos cigarrillos un encendedor un montón de ángeles... solos, los tipos de la meza de más allá la manoseada pareja del lado el hombre de la barra el de la entrada... están solos, la gata negra de este lugar el ebrio que lee poemas y yo que desde aquí lo escucho... estamos todos solos.

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manchas de sangre
Sangre de mis dedos ha quedado en moribundos libros de hojas añejas y grises casi un litro de esta hay combinándose con tintas de imprentas descuidadas y nadie lo ha notado, algunas se han quedado en boletines de días miércoles manoseados de vino y sirviendo de posavasos, he notado que esta tinta se borra tristemente dejando bizarros manchones sobre el cuadernillo en que me desangro y es que aun nadie lo ha notado.

66

La gata negra que vive en este bar se revuelca a los pies desnudos de una mesa aun desocupada como marcando el territorio de su nocturno pelaje juguetea con el humo de algunos cigarrillo, todo el bar le pertenece todas las copas vacías las cervezas, los versos son de su tiempo de cada una de sus vidas

a los pies

y de los ebrios danzantes del último trago.

de los ebrios
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Mi existencia a la sombra de los mismos plátanos orientales de santo bernardo junto al fantasmas de los García de la Huerta en su propia casona de América en su propio jardín más grande que cualquier aristocrático jardín, y tan solitario como las ciegas esculturas que lloran por reunirse mal acostumbradas a las galerías de arte.

manifiesto soledad
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Los abrazos de cada fin de año jamás fueron en el mismo lugar ni con el mismo talle, pero siempre mantuve lustrosos mis zapatos nuevos.

he pasado mis respiros arruinando vidas
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Ya no me afeito los días lunes ni siquiera para llegar decente hasta el patio de mi casa, tampoco me afeito los martes ni los miércoles y ningún día de la semana, ya no me afeito.

ya no lo hago
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En ocasiones como esta renuncio a todo a veces me pongo el abrigo añejo de otros días, dejo más de lo mío y el aire en los bolsillos que aun aguantan por no romperse.

en ocasiones
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última partida en mi
En mi última partida dejé a propósito abrazos y besos a quienes me despidieron también me llevé algunas lágrimas con sabor a lluvia, esta vez no he dejado nada tampoco me llevo nada estoy absolutamente solo y ni siquiera está lloviendo.

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Las personas aquí son como las hormigas se amontonan alrededor de sus coloridos equipajes algunos se toman fotografías junto a los familiares y los amigos que quedan. De los andenes siete al once ya no hay buses, del doce se ha marchado un hacia Pucón mientras yo enciendo un cigarrillo sentado frente al andén catorce.

en el andén
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catorce

Entonces los terrenales deseos de la humanidad se quedaron en esta piel que se enciende como cicatrices de fuego y sangre y aparecen flamas entre caminos escoriados que no queman mis encarnizados pasos mas bien me elevan como cascada invertida y me cogen intrépido luego en el siglo treinta cuando la iglesia no existe.

entonces el siglo treinta
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Frente al espejo de medio cuerpo o quizá detrás heme tendido en el aire a un paso del suelo somnoliento casi en espera y sosegado dibujándome en el cristal con la punta de la mirada inquieta tal vez despiadada a veces atrevida en la piel y soy un cuadro colgado en la pared del que cambio los colores y retoco las sombras, pero mi otra voz se asusta: por qué te atreves... cuál estado sería si no respondo, tiemblas como yo lejos de las tibias flores del último vuelo del albatros y del raro olor del ánfora.

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tras el autorretrato

nostalgia de otros tiempos

Yo no sabía que al caminar con mis ojos cerrados llegaría al fondo del mar, a todo su espacio sus huecos, a sus muros su piso adoquinado y a su cielo de cristal.

Fantasmas perdidos son estos los equivocados los mismos tiempos de mis otras vidas, nunca serán iguales.

Semejante cantidad de años inmóviles, son mejores mis pasos de allá atrás de esas nubes que me vuelan de los relámpagos que irrumpen desde el sur y del castigo silencioso para el río solitario.

Quién pensaría que el cielo me ha de castigar si las batallas aun no me han doblado.

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Y en fin, tanto tiempo encima cuanta juventud... ahh... y yo no sabía que al caminar con mis ojos abiertos o con mis ojos cerrados, también tendría que envejecer.

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Es tan sobornable mi nostalgia que solo me basta este manojo de fotografías persuasivas o si quiero podría mostrarle esta de la amada que se fue pero se entristece tanto que es todo sollozos acuosas lágrimas y poco a poco también me hace extrañarla.

sobornable
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nostalgia

perenne apenas
Entonces me quito el reloj olvido todo el tiempo de amarte conservo en silencio desvestido el talle de tu voz carmín y luego estos pasos en lágrimas de ahora y del otro tiempo en que olvidaste tus alas a un costado del camino perenne apenas como el otoño, este invierno que aun acecha.

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Acompáñame que el viento está azul tullido de frío mientras se enciende argavieso el cielo, agazapado bajo el puente junto a mí te aguarda lloriqueando como un niño pero con mis ojos con la pena del mundo y toda mi voz. Que el viento está azul acompáñame ahora yo tengo frío la llovizna se ha quedado ya no me sirven mis alas, y no sé tú no bienes.

esperándote
80

81

angélicas desnudas

atisbo

páginas

de mi mundo irreal. esta mujer no lee poesía. no te quedes. te destierro. cuando tenga alas. yo no fui. las bellas de Charles. con un pétalo blanco. roces. la blanca. mala costumbre. angelofilia. ascua final. todo está dentro de jaulas. mis hadas madrinas. la angélica desnuda. te esperé tanto tiempo.

9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 25 26

segundos antes de ser ángel
quídan. de humo. cobarde. también sirven los autos. el peso de mi cansancio. quedará. triste dionisiano. en esta mano. nada que hacer. cuando ha de llover. puntual. cualquier cosa pesa más que mis huesos. heredades. el cielo se ha caído a los cerros. la noche es más lenta que el día. 29 30 31 32 33 35 37 38 39 40 41 42 43 44 45

82

atisbo
ángel a
muñeca. analorgía. la reina de la noche. natural. manos suaves. cuanto te amo. terminal. mejor que mi hermana. tinta negra. que no somos iguales. aprendiz. si no fuera por eso. la espía.
páginas

49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61

ángel nocturno
un hombre solo. manchas de sangre. a los pies de los ebrios. manifiesto soledad. he pasado mis respiros arruinando vidas. ya no lo hago. en ocasiones. en mi última partida. en el andén catorce. entonces en el siglo treinta. tras el autorretrato. nostalgia de otros tiempos. sobornable nostalgia. perenne apenas. esperándote. 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 78 79 80

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nota del autor los tres poemas que cierran este libro, están dedicados a quien el mal destino cerró sus ojos y calló su voz, Elizabeth Soto.

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