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EL FENÓMENO MULTICULTURAL:

ORIGEN Y FUNDAMENTOS IDEOLÓGICOS*


Auxiliadora Sales Ciges
Rafaela García López

ORÍGENES DEL FENÓMENO MULTICULTURAL

Para entender la educación multicultural e intercultural necesitamos conocer cómo y dónde


surge el fenómeno multicultural tal y como hoy lo interpretamos. La mayoría de los
estudios están de acuerdo en considerar que este fenómeno, social y político, tiene su
origen en una serie de hechos y factores acontecidos en las últimas décadas de este siglo y
que han dado lugar, a su vez, a demandas y reivindicaciones educativas. Entre estos
factores o acontecimientos podrían destacarse los siguientes:

1. Las reivindicaciones sociopolíticas de los años 60: En los Estados Unidos surgió
un fuerte movimiento reivindicativo de la comunidad negra norteamericana para luchar
contra la discriminación social y política y en demanda de la implantación de los derechos
civiles, que se les negaban como ciudadanos. A estas reivindicaciones se sumaron otros
grupos étnicos minoritarios en defensa del reconocimiento institucional de su identidad
sociocultural y de su legítima participación en las instituciones democráticas
norteamericanas. La atmósfera liberal de los años 60 y el aparente éxito del movimiento de
Derechos Civiles impulsó a estos grupos marginados, como también a los movimientos
por los derechos de la mujer, a pedir la reforma de las instituciones sociales, políticas y
educativas para que éstas respondieran a sus necesidades y aspiraciones. Progresivamente,
durante los años 70, tanto los homosexuales, personas discapacitadas, tercera edad, etc., se
han organizado en colectivos para reivindicar sus intereses y eliminar la discriminación
hacia ellos por parte de la sociedad.

La repercusión de estas reivindicaciones por la igualdad de oportunidades sociales,


políticas, económicas, culturales y educativas se dejó sentir también en otros países como
Inglaterra, Canadá, Australia, Países Bajos, etc., donde los grupos étnicos minoritarios
trataron de enfrentarse a la ideología monocultural y asimilacionista que impedía
desarrollar la idea de “pluralismo sociocultural” como fundamento básico democrático. La
educación fue uno de los aspectos en los que se centraron las demandas de estos grupos y
pronto se desarrollaron programas educativos como respuesta a estas presiones
sociopolíticas tanto de los grupos étnicos, minorías lingüísticas, mujeres, grupos
marginados y discapacitados.

2. El auge del factor étnico: El concepto de etnicidad se está convirtiendo en uno de


los factores de presión sociopolítica más importantes de esta segunda mitad de siglo, junto
a los de clases social y género. Frente a la idea, surgida de la Modernidad, de un Estado-
Nación como aglutinador de todos sus miembros bajo los mismo símbolos y estructuras,
los distintos grupos étnicos, como hemos visto, plantean la necesidad de ver reconocidos
sus rasgos culturales diferenciales y de desarrollar satisfactoriamente su identidad,
conseguida bien por ascendencia o por solidaridad, en todo caso percibida concientemente
como diferente a la de otros grupos con los que interactúan. Esta conciencia étnica, unida a
la idea de pluralismo democrático de los Estados actuales es la que ha dado lugar a las
reivindicaciones políticas anteriormente citadas, que han ido conformando la compleja

*
Tomado de Programas de educación intercultural, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1997, pp. 11-19.
realidad multicultural de nuestros días. En los casos en los que los grupos étnicos tienen
también pretensiones territoriales y de autonomía política formal, podemos hablar de una
tendencia nacionalista, como necesidad de conseguir estructuras políticas propias que
defiendan sus intereses sociales, económicos y culturales. De un modo u otro, el factor
étnico forma parte importante de las interrelaciones entre los distintos grupos dentro del
marco de la sociedad multicultural, aunque su peso será ponderado de forma distinta según
la ideología desde la que se interpreta la multiculturalidad.

3. El fenómeno migratorio y la problemática del llamado Tercer Mundo: Desde los


años 60 y 70 los países industrializados, sobre todo Alemania, Francia, los Estados Unidos,
Suecia, Inglaterra, Suiza y Australia, han visto aumentar la población inmigrante de una
manera acelerada, lo que conlleva la necesidad de planteamientos políticos respecto a esta
población crecientemente multicultural. Este contingente de inmigrantes proviene,
fundamentalmente, de las ex-colonias y países del Tercer Mundo, que debido a las pésimas
condiciones económicas de su país de origen llegan a los países desarrollados como mano
de obra poco cualificada y de bajo coste. Este fenómeno, producido por la fuerte
desigualdad económica entre los países ricos y los pobres, tiende a aumentar debido a los
efectos del neoliberalismo económico que acrecienta más esa diferencia y crea el mito del
“paraíso de las oportunidades de los países desarrollados”. Incluso países como España,
Italia o Grecia, que habían sido durante los años 60 predominantemente emigrantes,
reciben ahora un número cada vez mayor de inmigrantes del Este de Europa, a los que se
suman los de origen africano y asiático. Las duras condiciones de vida de los inmigrantes y
la heterogeneidad de su origen sociocultural provocan continuos conflictos en los países de
recepción que deben ser afrontados desde nuevos planteamientos sociopolíticos multi e
interculturales, y suponen un reto educativo ante la diversidad cultural de las sociedades
actuales. Por otra parte, no debemos olvidar que los propios países del llamado Tercer
Mundo se encuentran en un conflicto cultural interno producido por la colonización y
posterior descolonización. Estos países tienen una ardua labor para compensar la
aculturación a la que se les ha forzado, lo que no significa un rechazo absoluto a todos los
valores occidentales con los que han entrado en contacto, sino una elaboración propia de
los mismos que les permita reafirmar su identidad cultural sin dejar de participar en el
concierto mundial. Es responsabilidad moral y política de los países colonizadores facilitar
las estructuras pertinentes para que estos países puedan desarrollarse, según su propio
modelo, en igualdad de condiciones.

El fenómeno migratorio no sólo moviliza a poblaciones en situaciones de privación


económica, a éstas se añaden otras muy diferentes, procedentes de los países de la Unión
Europea y grupos de inmigrantes altamente cualificados, como japoneses y
norteamericanos, hacia los que se muestran actitudes mucho más abiertas y tolerantes, en
virtud de su estatus económico y del prestigio político de sus países de origen. Unos y
otros completan la compleja diversidad interna de toda sociedad multicultural.

4. La interdependencia mundial: La apertura de fronteras, la facilidad y rapidez en


las comunicaciones y la información, y la globalización de los problemas políticos y
económicos hacen cada vez más interdependientes a todos los países del mundo, lo que
exige, a su vez, mayores y mejores relaciones interculturales. De esta interdependencia
surgen también toda una serie de organismos y pactos internacionales en defensa de los
Derechos Humanos (Naciones Unidas, 1948), los Derechos Civiles y Políticos (Naciones
Unidas, 1966) y en contra de las discriminaciones en la enseñanza (UNESCO, 1980), que
proporcionan marcos legales internacionales para defender los derechos de todos los
grupos sociales y culturales en los distintos ámbitos de la sociedad. Esta interconexión
mundial implica, desde planteamientos éticos y morales, la existencia de unos valores
universales, como la dignidad humana, la igualdad, la solidaridad o la libertad, que sirvan
de base para la relación entre las culturas en contacto, frente a las tendencias racistas,
xenófobas y discriminatorias de todo tipo, que son inmorales, tanto a nivel individual
como institucional, puesto que infligen dolor a aquellos que las padecen, por el mero hecho
de pertenecer a otra raza, cultura, grupo social o género.

La actualidad e imperiosidad de estos factores nos hacen entender la importancia que


el fenómeno multicultural tiene en el terreno educativo en las sociedades democráticas y la
necesidad de darle una respuesta pedagógica coherente a las demandas de las minorías y en
consonancia con la evolución social de los últimos años.

FUNDAMENTOS IDEOLÓGICOS
DE LA MULTICULTURALIDAD

El movimiento multicultural, como hemos visto, es ante todo un fenómeno político y


social, de reivindicación de derechos humanos y civiles por parte de todos aquellos grupos
que se sienten discriminados o marginados de la participación democrática ciudadana. Una
lucha por la igualdad de oportunidades frente a los grupos culturales y sociales que
ostentan el poder político y económico. Desde que los grupos marginados materializaron
estas reivindicaciones en demandas específicas, las reacciones desde el ámbito político y
social se han ido sucediendo a lo largo de las últimas décadas. La neutralidad ante este
fenómeno es prácticamente imposible, puesto que hasta la adopción de una postura de
indiferencia política denota una determinada tendencia ideológica frente a la
multiculturalidad.

La evolución que han sufrido las distintas posiciones ideológicas y políticas, desde
las más contundentes a las más conciliadoras, ha dependido de las circunstancias históricas
de cada país, de la propia reformulación de las reivindicaciones y de las relaciones de
poder establecidas entre los grupos dominantes y los grupos minoritarios. Generalmente,
estas tendencias coexisten simultáneamente en una misma área de influencia,
manteniéndose una de ellas como la predominante y las demás como alternativas que van
ganando terreno en los ámbitos de poder y toma de decisión. A menudo, las distintas
respuestas ideológicas recogen elementos de corrientes ya superadas, provocando así una
reformulación hacia posturas más comprehensivas y holistas.

A continuación expondremos las cuatro principales corrientes ideológico-políticas:


asimilacionismo, integracionismo, pluralismo e interculturalismo, que han tratado de dar
respuesta al fenómeno multicultural, desde presupuestos antropológicos, sociales y
políticos diferentes.

Asimilacionismo

La ideología asimilacionista, aunque ha ido formándose desde finales del siglo pasado y
durante la I Guerra Mundial, tuvo su mayor auge a principios de los años 60 en aquellos
países receptores de un gran número de inmigrantes. Pretende, básicamente, la absorción
de los diferentes grupos étnicos y culturales en una sociedad que se supone relativamente
homogénea. Para esta asimilación el único criterio cultural a considerar es el de la cultura
dominante. Parte de la premisa etnocéntrica de que la cultura receptora es superior a las
demás y su afán consiste en emplear todos los mecanismos posibles para que las personas
o grupos culturales minoritarios se adapten totalmente al modelo cultural dominante,
puesto que lo contrario supone una amenaza para la economía y la seguridad del país de
acogida.

Los asimilacionistas creen que la etnicidad no es un factor fundamental de impulso


de las sociedades modernizadas e industrializadas, sino más propio de sociedades en vías
de desarrollo. Se plantea más bien como una disfunción, puesto que las sociedades
avanzadas tienden hacia el universalismo más que al particularismo, mientras que un fuerte
sentimiento étnico provoca divisiones, separatismos y conduce a la “balcanización” de la
sociedad. La diversidad étnica, racial, cultural..., la diversidad en general, se concibe como
un problema que amenaza la integridad y cohesión social y que debe ser reconducida y
compensada hacia planteamientos homogeneizadores que son, precisamente, aquellos que
corresponden a los grupos mayoritarios que controlan el poder político económico,
demostrando así, una vez más, su superioridad no sólo cultural sino incluso biológica. Esta
postura de férrea represión de la diversidad ha conducido a conflictos políticos muy serios,
como se demostró por ejemplo en los Estados Unidos, con el surgimiento de movimientos
de reivindicación de derechos civiles para los grupos minoritarios o con el estallido de los
nacionalismos exacerbados.

Por otra parte, ha resultado infructuosa en su constante intento de asimilar


completamente a todos y cada uno de los grupos étnicos y culturales a la cultura
dominante. De ahí que la ideología asimilacionista, sin renunciar a los presupuestos de
etnocentrismo y compensación, haya moderado sus argumentos, intentando mostrar una
imagen más bondadosa y tolerante desde conceptos como el de la integración.

Integracionismo

Comenzó, así, a desarrollarse una postura de amalgamación más suave, tratando de crear
una cultura común que recogiera las aportaciones de todos los grupos étnicos y culturales
sin que ninguno de ellos se impusiera al resto. Esta idea de aglutinamiento generó en los
Estados Unidos el modelo de melting pot (crisol), sacado de una obra teatral estrenada en
New York en 1908, en la cual se concibe América como una nación en la que todas las
diferencias étnicas se funden en una sola entidad nacional que es superior a todas ellas por
separado. La pretensión es mantener la coexistencia y el equilibrio entre las culturas
minoritarias y ofrecer lo mejor de la cultura dominante para todos. En Gran Bretaña, por
ejemplo, esta idea se plasmó en la creación de un curriculum central (core curriculum)
para todos los alumnos, compaginado con una gran diversificación curricular.

La propuesta integracionista, surgida a comienzos de los años 70, pretende ser un


paso adelante respecto a la ideología de asimilación, puesto que plantea la plena igualdad
de derechos para todos los ciudadanos y trata de promover la unidad a través de la
diversidad, frente a políticas segregacionistas criticadas como claramente discriminatorias
y vejatorias.

El integracionismo se encuentra en una posición ambigua entre la idea progresista de


la lucha por la igualdad de oportunidades y la Teoría de la Deficiencia que acaba
explicando los défícits de las minorías desde los propios estereotipos de éstas. Para muchos
teóricos sigue constituyendo una forma sutil de racismo y una creencia en la superioridad
de la cultura receptora. Reduce el fenómeno multicultural a un problema de déficit cultural
y a igualdad de oportunidades a una cuestión de homogeneización de los modelos
culturales, mostrando poco respeto por la diversidad. El mito del “melting pot” ha
resultado ser una falacia que camufla, bajo ese aparente eclecticismo étnico, la más pura
ideología asimilacionista, puesto que la cultura anglosajona sigue siendo la dominante y el
resto de grupos culturales han tenido que renunciar a sus características étnicas para poder
participar plenamente en las instituciones sociales, económicas y políticas de la nación.
Estos grupos se han resistido a sacrificar su cultura y tradiciones, puesto que entra en
conflicto con los ideales de igualdad y justicia. A menudo la “integración” de ciertos
grupos culturales implica su “desintegración”. Aunque ciertas características sociales e
históricas de Estados Unidos no puedan compararse con las de países de otros ámbitos
como el europeo, sí es cierto que esta ideología asimilacionista, tanto en su vertiente más
dura como en la integracionista más moderada, se ha desarrollado en todos aquellos países
donde el fenómeno multicultural también ha sido patente. De lo que se trata, a toda costa,
es de evitar el conflicto y el desequilibrio social que puedan desestructurar el orden
establecido y mantener las jerarquías de privilegios sociales, cediendo sólo en aquellos
aspectos superficiales que no dañan el status quo.

Pluralismo

Esta tendencia tiene gran aceptación hoy entre los teóricos y surge como rechazo a la
jerarquización etnocéntrica de las culturas y de la afirmación de la diferencia cultural como
positiva. Cada grupo cultural tiene derecho a conservar y desarrollar su cultura en el marco
de la sociedad y a educarse en sus propios valores y conocimientos culturales en igualdad
de condiciones.

En Estados Unidos, muy dados a inventar expresiones muy gráficas, esta fuerte
reacción a la ideología asimilacionista sustituyó la idea del melting pot por la de un nuevo
término metafórico: salad bowl (ensaladera) o fruit salad (macedonia), que describe con
sabor cómo las distintas culturas, como entidades autónomas, pueden contribuir al
enriquecimiento de la sociedad global. Para los defensores del pluralismo cultural la
identidad étnica tiene gran importancia en las sociedades modernizadas, ya que éstas se
han ido construyendo por los grupos étnicos competitivos con intereses políticos y
económicos contrapuestos. Por ello, es necesario que los individuos se comprometan con
su grupo étnico en la lucha por la reforma política y social.

Por otra parte, el grupo étnico es también extremadamente importante en la sociedad


moderna, puesto que proporciona al individuo sus primeras experiencias de relación de
grupo y en él desarrolla su lenguaje, estilo de vida y valores. Le provee de identidad y de
apoyo psicológico. Los pluralistas culturales, al contrario que los asimilacionistas y los
integracionistas no creen que las diferentes minorías culturales sean deficitarias o estén
desestructuradas sólo por ser diferentes a la cultura dominante. Todas las culturas son
valiosas y disfrutan del mismo estatus y validez, y, por tanto, todas tienen el mismo
derecho a desarrollarse en plenitud, para lo cual es aconsejable que disfruten de ciertos
espacios, estructuras e instituciones propias que garanticen sus aspiraciones sociales,
políticas, económicas y educativas para su evolución satisfactoria. Es más, consideran que
el contacto entre culturas se establece siempre en condiciones de lucha de poder y que cada
grupo cultural debe defender sus propios intereses frente a los de otros grupos que tratan de
someterlos, cuando en realidad no existe ningún argumento que justifique la superioridad
de unos sobre otros. Si una cultura quiere conservar sus señas de identidad intactas debe
resaltar y potenciar aquello que le hace diferente de otros grupos y que le identifica con el
propio, con el que se siente comprometido y solidario.

Por un lado, el pluralismo corre el peligro de caer en un exagerado relativismo


cultural que a la larga sigue discriminando a los grupos minoritarios, ya que los aísla en su
cultura y no les facilita medios sociales e intelectuales para participar en ámbitos culturales
más amplios. La defensa del derecho a la diferencia en una sociedad desigual puede servir
de justificación de un segregacionismo igual de racista que el asimilacionismo
homogeneizador que se trata de combatir. Por otra parte, conciben la cultura como algo
demasiado estático y separado de la sociedad; como un conjunto de costumbres, ritos,
tradiciones y valores que permanecen invariables en el tiempo y que no contempla la
heterogeneidad interna de cada grupo (también hay luchas de poder dentro de un grupo
cultural) y niega la posibilidad del enriquecimiento producido por el intercambio y el
mestizaje intercultural.

Interculturalismo

El interculturalismo es la tendencia más reciente y trata de compensar los extremismos a


los que llegan el asimilacionismo y el pluralismo cultural, partiendo de un concepto de
cultura más dinámico y cambiante que permite el intercambio y el diálogo entre los grupos
culturales y su mutuo enriquecimiento. No considera a ninguna cultura superior a otra y
con derecho a dominarla, pero tampoco comparte con los relativistas que todas las culturas
valgan igual. Más bien plantea una continua reflexión crítica de los elementos culturales,
empezando por los de la propia cultura, para ir desterrando todos aquellos valores que
entren en serio conflicto con valores humanos universales que deben ser compartidos por
todas las culturas, por lo que se hace necesario un continuo diálogo sobre los valores
interculturales.

El interculturalismo trata de poner el factor étnico y cultural en su justa medida e


interconectarlo con otros muchos factores que condicionan las relaciones entre los grupos
humanos, como los factores económicos, políticos, de género, de clase social, de edad, etc.
Por otra parte, al considerar la diversidad cultural como positiva, no considerada como un
problema sino como expresión de la riqueza de la especie humana, no se exacerban las
diferencias sino que se buscan los elementos que pueden unir a los distintos grupos y que
permitirán la comunicación y el entendimiento intercultural. Se aporta un concepto de
sociedad abierta en la que cada individuo o grupo de cualquier etnia, raza o cultura puedan
participar en igualdad de condiciones, generando competencias para funcionar tanto en su
grupo étnico, en otros grupos étnicos como en la sociedad y cultura común. Se trata de
individuos no ya biculturales sino interculturales, por cuanto que pueden actuar
perfectamente en culturas distintas. Este planteamiento de mestizaje y enriquecimiento
parte de supuestos de igualdad y justicia social, sin los cuales resulta imposible hablar de la
elaboración dialéctica de una cultura compartida desde el pluralismo democrático. Si el
interculturalismo no es entendido desde unas premisas de estructura social igualitaria y
para el desarrollo de relaciones sociales y políticas entre los distintos grupos más justa y
solidaria, estaremos confundiéndonos de nuevo en el discurso falaz del asimilacionismo
benigno del melting pot.