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Amistad Con Dios

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Gracias por este maravilloso diálogo en torno a cómo tener una amistad con Dios. Estoy
pasando un rato fabuloso contigo. Y sólo los primeros cinco pasos: conoce a Dios, confía
en Él, ámalo, abrázalo, úsalo, podrían cambiar las vidas de las personas.

Si. Pero, paciencia. Hay dos más.

Lo sé. Y necesito un poco de ayuda con el siguiente.

Ayuda a Dios.

Sí. Necesito de un poco de asistencia para comprender por qué Tú necesitas ayuda. Yo
creía que Tú eres el que no necesitaba de nada.

No necesito ayuda, pero me gusta tenerla. Facilita las cosas.

¿Las facilita? Pensaba que no había niveles de dificultad en el mundo de Dios. ¿Te

estás retractando?

No, en la Realidad Máxima no los hay. Cuando converso contigo aquí, a menudo uso
términos consistentes con la ilusión humana. Si les hablara siempre en términos consis-
tentes con la realidad máxima, no podríamos sostener una conversación en absoluto. No
lo podrían comprender. Les parece un desafío aún cuando lo hago ocasionalmente.
La dificultad radica en que no tienen palabras para la mayoría de los conceptos que se
deben expresar y que no tienen un contexto dentro del cual colocar aquello para lo cual
no tienen palabras. Es aquí donde radica la dificultad de muchos textos espirituales y
esotéricos. Son intentos por transmitir la verdad acerca de la realidad máxima con una
cantidad limitada de palabras, sacadas de contexto.

Ésta debe ser la razón por la cual muchos textos espirituales y sagrados se ha interpreta-

do en forma errónea.

Tienes razón.

De modo que, dentro del contexto de mi comprensión, ¿cuál era tu intención cuando di-
jiste que contar con Mi ayuda “facilita las cosas”?

Quise decir que te facilita las cosas a ti.
En cierto sentido, así fue. Pero, verás, es aquí donde volvemos a entrar al asunto del
“contexto”. Atravieso hacia el contexto de la Realidad Máxima cuando digo cosas como
ésas. En la Realidad Máxima, lo que te ayuda, Me ayuda a Mí, porque en la Realidad
Máxima, tú y Yo somos uno solo. No hay separación entre nosotros. Sin embargo, en el
paradigma de separación en el que vives, dentro de la ilusión que experimentas, dicha
afirmación no tiene significado.
A lo largo de este diálogo, me he visto en la necesidad de hacer esta transición, cam-
biando de un contexto a otro para explicar cosas que no podrían ser explicadas sencilla-
mente permaneciendo dentro del esquema de tu propia experiencia Terrenal.
Por lo tanto, para ti representa un desafío captar en su totalidad, como lo dijo el mara-
villoso autor Robert Hainlein, mi intención cuando digo “ayuda a Dios”.
Para que puedas comprender esto, primero debes entender lo que Dios intenta hacer.
Debes entender qué tramo.

Creo que lo entiendo. Te creas nuevamente en cada momento del presente. Lo haces en
la versión más grandiosa de la visión más fantástica que jamás hayas tenido acerca de
Quién Eres Tú. Y lo haces dentro de nosotros, como nosotros y a través de nosotros. En
ese sentido, nosotros somos Tú, somos parte del cuerpo de Dios, somos Dios, “vivimos a
Dios”.

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Has recordado bien, amigo Mío. Una vez más, comenzamos a hablar con una sola voz.
Esto es bueno, pues tú serás uno de muchos mensajeros; no sólo un buscador de Luz, sino
alguien que aporta Luz.

¡Y es así como te puedo ayudar más! Puedo ayudar recordando. O, como Tú lo expre-
sarías, “re-cordando”. En otras palabras, convirtiéndome otra vez en parte del cuerpo de
Dios.

Realmente has comprendido. Lo has captado por completo, cada uno de sus matices.
Ahora, puedes ayudar a Dios de la siguiente manera. Vive tu vida de forma deliberada,
armoniosa, benéfica. Estas tres maneras de vivir se pueden lograr usando los regalos que
te he dado: energía creativa, sabiduría gentil y amor puro.
Yo he colocado la energía creativa en todo tu ser y en todo lo que surge de él. Pensa-
mientos, palabras y actos son las Tres Herramientas de la Creación. Una vez más sabes
esto, puedes elegir ser la causa de tu experiencia y no un efecto de ella.
La vida se desarrolla a partir de tus intenciones para con ella. Si estás consciente de es-
to, puedes vivir tu vida de manera deliberada. Las cosas que dices, las expresas de forma
deliberada. Las cosas que haces, las haces deliberadamente.
Cuando haces algo y la gente dice, “¡lo hiciste deliberadamente!” no se trata de una
acusación, sino de un halago.
Todo lo que haces, lo haces a propósito y, a cada momento de tu vida, tu objetivo es, de
hecho, vivir la versión más grandiosa de la visión más fantástica que jamás hayas tenido
acerca de Quién Eres Tú. Cuando usas la energía creativa, le ayudas a Dios a ser más de
lo que Él es y de lo que buscas experimentar de Sí mismo.
Yo he colocado sabiduría gentil en tu alma. Cuando usas este regalo, vives en armonía
con cualquier situación. Tu mismísimo Ser es armonía en sí.
Armonía significa sentir la vibración del momento, de la persona, del lugar o de la cir-
cunstancia que experimentas en la actualidad y mezclarte con ella. Mezclar no significa
coincidir. Significa cantar juntos.
Cuando cantas en armonía, cambias la manera en que se canta la canción entera. Se
convierte en algo nuevo, diferente. Ésta es la canción del alma y no existe una más bella.
Añade sabiduría gentil a tus momentos. Observa cómo los cambia. Observe cómo te

cambia a ti.

Esa sabiduría gentil reside en tu interior. Yo la he colocado ahí y nunca te ha abando-
nado. Convócala en momentos de dificultad y estrés, en momentos decisivos o de enemis-
tar, y aparecerá. Pues, cuando la convocas, Me convocas a Mí. Cuando usas la sabiduría
gentil, le ayudas a Dios a ser más de lo que Él es y de lo que busca experimentar de Sí
mismo.

Yo he colocado el amor puro en todos los corazones humanos.
Es lo que Yo soy y que eres tú. Tu corazón está lleno de este amor que se desborda. es-
ta reventando. Todo tu Ser está impregnado. Está constituido por él. El amor puro es
Quien Eres Tú.

Cuando expresas amor puro, te obsequias la experiencia directa de Quién Eres Tú. Es
el regalo más grande. Aparentemente, les estás dando un regalo a otros, pero en realidad
te lo obsequias a ti mismo. Esto se debe a que no hay nadie más en la habitación. El
amor puro te permite ver la verdad.
Cuando el amor puro es el origen de todos tus actos, vives una vida que resulta benéfica
para todos. Te aseguras de beneficiar a todos con tu presencia. “Generosidad” se con-

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vierte en una palabra importante para ti. De repente, comprendes su significado más pro-
fundo.

Generosidad no sólo implica bondad, también igualdad con el género humano. Te das
cuenta de que cuando vives con base en el amor puro, tú y todos los demás son del “mis-
mo género”. De verdad son familia y, ahora, repentinamente, puedes apreciar que cuando
expresas amor puro expresas esa familiaridad.
Esto es lo que significa ser un espíritu familiar. Es conocer la Unidad con todas las co-
sas. Y cuando, en cualquier circunstancia o situación, usas amor puro, le ayudas a Dios a
ser más de lo que Él es y de lo que busca experimentar de Sí mismo.
Le ayudas a Dios cuando te sirves de Dios. De modo que, sírvete un plato grande.
Sírvete de Dios tanto como lo desees. Pues éste es el alimento de la vida, a través del cual
se nutren todas las cosas.
Toma y come de esto, pues es Mi cuerpo.
Todos ustedes son parte de este cuerpo Único. Y ahora, es momento de recordar.
No te diría esto si no fuera cierto. Ésta es la verdad más grande, palabra Mía/de-Dios.

Nunca he visto tantas palabras acoplarse de esa manera, de forma tan significativa. To-

do es tan… simétrico.

Dios es simétrico. Dios es la simetría perfecta. Hay orden en el caos. Hay perfección

en el diseño.

Ya lo veo. Veo la perfección en el diseño a través de mi vida, incluso en el encarcela-
miento de mi amigo Joe Alton, aunque cuando sucedió estaba conmocionado. Se reveló
que Joe Alton había cometidos algunos delitos menores relacionados con contribuciones
de campaña y pasó algunos meses en una prisión federal de seguridad mínima en Allen-
wood, Pennsylvania.

La lección que aprendí de todo ello, algo que siempre supe pero que había olvidado, fue
que hay algunos santos entre nosotros. Algunos de nosotros hacemos nuestro mejor es-
fuerzo y muchos de nosotros tropezamos y caemos.
Esta enseñanza me ha ayudado a evitar emitir juicios cuando la debilidad de otros se re-
vela a través de sus acciones y cuando yo revelo mis debilidades. No ha sido una tarea
fácil y no siempre he tenido éxito. Pero desde los días de la política en el condado de An-
ne Arundel, siempre lo he intentado. Esa época me enseñó siempre a intentarlo.
Sin embargo, existía otra razón por la que había cruzado en el camino de Joe Alton que
no tenía ninguna relación con esto. En algún nivel, debí haber sabido que necesitaba en-
trenarme para tratar con el público y, para tratar con un gran número de personas, no podr-
ía haber elegido un mejor entrenador.
Joe Alton tenía una comprensión más profunda acerca de la naturaleza humana que nin-
guna otra persona que hubiera conocido. Trabajando con él, primero como asistente de
bajo nivel en la campaña y luego como miembro de bajo nivel en el equipo que trabajaba
para el gobierno del condado, tuve la oportunidad de verlo usar este talento, lo cual cambió
de manera drástica mi propio modo de tratar con las personas.
Adondequiera que iba, Joe siempre era asediado por personas. En reuniones públicas se
arremolinaban a su alrededor, jalándolo y estrujándolo, cada quien solicitando un momento
en privado o sólo deseando llamar su atención. Se acercaban de todas direcciones y nunca
vi a Joe rechazar a una solo persona. No importaba cuán tarde fuera, o por cuánto tiempo
hubiera estado ahí, o cuántas cosas más tenía que hacer después de irse. Siempre miraba a
todos a los ojos y les brindaba su completa atención.

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Una noche, después de una reunión pública, donde yo fungía como conductor, abriendo
camino a través de la muchedumbre en el pequeño trayecto desde la parte delantera de la
habitación hacia el fondo del salón y el auto que nos aguardaba. Cuando finalmente nos
acomodamos en el asiento trasero, volteé a ver a Joe con incredulidad.
-¿Cómo lo hiciste? –pregunté-. ¿Cómo puedes dar tanto de ti? Todas esas personas te
rodeaban, todas deseaban algo de ti.
-En realidad, es muy fácil darles lo que desean- sonrió Joe.
-¿Qué quieren- tenía que saberlo-. ¿Qué tipo de cosas te piden?
-Todos quieren lo mismo.
Lo miré con rostro de interrogación.
-¿No sabes lo que desea toda la gente?
-No –tuve que admitir.
Joe me miró directo a los ojos: -todos desean que los escuchen.
Treinta años después, cuando salía de salas de juntas y de salones de conferencias con
personas acercándose a mí de todas direcciones, recordaría a Joe.
Las personas desean que las escuches y se lo merecen. Han leído tu libro y te han pres-
tado su mente desde la portada al final. Te han dado parte de sí mismos y quieren una
parte de ti, lo cual es justo y es lo que sabía Joe Alton. Es lo que comprendía a fondo. No
estaba regalando nada. Lo estaba devolviendo.
Algunas personas maravillosas me han enseñado eso una vez más durante los circuitos
de conferencias. El autor Wayne Dyer siempre le dice a su público, “Voy a permanecer
aquí hasta que todos y cada uno de ustedes cuenten con un libro firmado y yo haya tenido
la oportunidad de conocerlos”. Lo mismo hacen muchos otros conferencistas. Comparten
su tiempo con la gente. Les devuelven.
Lo que siembres, cosecharás.
Joe Alton también fue el primero en enseñarme ese trozo de sabiduría. Aprendí hace
treinta años en el duro mundo de las campañas políticas, que “aquello que siembres, cose-
charás”.

Una noche, después de un largo y difícil debate, nos encontrábamos muy tarde en el re-
molque. El oponente de Joe había sido implacable en sus acusaciones, había hablado muy
poco de temas importantes para la campaña mientras se había centrado en ataques persona-
les. Cuando regresé al remolque, me dirigí de inmediato a la máquina de escribir. Mis
dedos por el teclado cuando componía una refutación aguda y concisa, según recuerdo,
hacían una reprimenda de elocuencia sin par.
Joe se acercó de forma casual_ -¿Qué escries?
-Tu declaración para la prensa de mañana en respuesta a esos ataques maliciosos –
respondí en un tono de voz que indicaba, “¿qué otra cosa?”
Joe se rió. –¿Sabes que no voy a usar nada de eso, verdad?
-¿Por qué no? ¡Necesitamos contraatacarlo! ¡No podemos permitir que se salga con la

suya!

-Esta bien -accedió Joe-, entonces, ésta es mi declaración ¿estás listo?
Si, pensé para mi interior, ¡ya nos estamos entendiendo, Joe va a expresar esto mucho

mejor que yo.
-Adelante- dije, con los dedos preparados.

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Joe dictó una declaración de una sola oración: -Siento tener que ver a mi oponente
haciéndose esto a sí mismo.
¿Eso es todo? –estallé -¡Eso es todo?
-Eso es todo- Joe repitió.
-Pero ¿qué hay con todas esas cosas que dijo?
-Podemos bajar a su nivel –Joe dijo en voz baja- o podemos elevarnos sobre él. ¿cuál

eliges?

-Pero, pero…
-¿Cuál eliges? –Joe preguntó una vez más.
Mire las páginas que acababa de escribir. Volví a leer los primeros dos párrafos. En-

tonces, la rompí.

-Buena elección- dijo Joe y me dio una palmada en el hombre- maduraste esta noche.

Ahora te quiero decir algo acerca de esta experiencia de vida que quizá no habías nota-

do.

¿Qué?

Cuando usas la información que adquiriste entonces, estás usando a Dios ya que has
toma un regalo que te di y lo has ofrecido al mundo.
¿No lo ves? Esta es más que una anécdota interesante. Fue más que un simple episodio
de la vida. Tu convocaste esta experiencia y ahora la compartes con nosotros por una
razón. Deseas cambiar tu Ser y cambiar al mundo.
Narrar historias de tu vida en este libro es mucho más que satisfacer la curiosidad que
puedieran tener algunos lectores acerca de tu pasado. Tiene como fin provocar que ellos
recuerden lo que también han sabido siempre.
Ahora, ésta es la simetría, ésta es la perfección en el diseño: hace treinta años, le era
evidente a tu alma qué personas, lugares y condiciones te proporcionarían las experien-
cias perfectas que te prepararían para desempeñar tu papel en el mundo cambiante. Tu
alma también sabía que, de elegir esas experiencias, lo que recibieras de ellas tendría un
valor perdurable que nuevamente podrías usar treinta años después.

Vaya.

¿Realmente crees que algo sucede por accidente?
Te lo diré una vez más, hay perfección en el diseño.
Nada ocurre por accidente. Nada-
Nada sucede sin que se genere la oportunidad de producir un beneficio real y perdura-
ble para ti. Nada en absoluto.
Es posible que la perfección de cada momento no sea evidente para ti, sin embargo, es-
to no le resta perfección al momento. No le resta importancia al regalo.

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