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Presencia y Ausencia de La Figura Femenina

Presencia y Ausencia de La Figura Femenina

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Published by: Natalia Alejandra Gonzalez Sanchez on Apr 05, 2011
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Según lo investigado en los puntos anteriores, vemos como en el desarrollo del
pensamiento, una constante que tiende a no desaparecer, es la relación humana con lo
divino, pues finalmente aunque se llega a un tipo de pensamiento racional,
inevitablemente éste se termina vinculando con los aspectos divinos. Por ello creemos
necesario profundizar un poco más en este proceso, que implica pasar de la creencia en
múltiples divinidades a una de carácter único, cuya racionalidad encuentra su
justificación en el proceso creador, el cual obedece a unos tiempos lógicos que
aparentemente no se hallan en el politeísmo.

Cabe destacar que desde esta perspectiva, no se interpreta este paso como una
etapa superior en las creencias humanas, puesto que en alguna culturas igualmente, el
monoteísmo convivió y convive con el politeísmo, lo que nos indica que un modelo o
diseño de creencias no tiene que ser necesariamente excluyente del otro, pese a que
algunas corrientes religiosas buscan imponer lo contrario.

En aquel sentido señalar un proceso politeísta que tiende a una conclusión
monoteísta desde el punto de vista que se instauró en Occidente, es probablemente uno
de los tantos errores que ayudan a configurar el eurocentrismo, puesto que al igual que
otras variables considerar la adoración de un solo dios como un hecho evolutivo,
tendiente a un estado superior, es pretender colocar a unas civilizaciones por sobre otras,
en ello no se consideran otros procesos en la formación de la cultura religiosa y el
paganismo es visto como una costumbre primitiva.

Para este estudio se considerarán los hechos más relevantes que acompañan esta
aparente evolución y desde una perspectiva crítica observaremos paulatinamente los
elementos que explican aquel error eurocentrista.

Por otro lado, el acercamiento que hacemos del politeísmo al monoteísmo, se
realiza sólo bajo la perspectiva del monoteísmo cristiano, que es la religión más cercana
a nuestro estudio. No es de interés para este tratado indagar el cómo se construyen otros
monoteísmos como el Budismo, Hinduismo, Islamismo u otros.

Situándonos en los hechos históricos, se calcula que hace unos diez mil años los
seres humanos se fueron agrupando y asentándose en las llanuras fértiles, con lo cual
comenzaba a concluir una etapa de nomadismo. El asentamiento permitió que en poco
tiempo se fueran descubriendo las maneras de cultivar la tierra, criar ganado, modelar y
cocer la greda. Lo anterior favoreció el crecimiento de aldeas que dieron origen a
alrededor de cinco centros de civilización, Egipto, Caldea, China, India y
Centroamérica.

Es evidente que no surgieron todas al mismo tiempo, pero lo común en ellas es
que luego de un largo periodo de nomadismo, logran estos grupos humanos asentarse,
para comenzar procesos semejantes en todos los sentidos, que luego irán distinguiéndose
a partir de características que irán fundamentándose principalmente en los aspectos
culturales.

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Desde el punto de vista religioso en la construcción del monoteísmo occidental,
Caldea será un punto básico, pues desde allí, según el relato surgirá Abraham, quien se
constituye en el primer guía de los cristianos.

Aquel lugar se distinguió por un sistema de riego altamente perfeccionado,
construcción en tabique cocido, posesión de un sistema de escritura, leyes y
administración centralizada.

Egipto por su parte tenía avances semejantes, pero además se caracterizará por la
construcción de grandes templos en honor a sus dioses, así como también Pirámides que
guardaban los restos de sus Faraones. Situaciones similares se dan en otras
civilizaciones, como la China, la India y las de Centroamérica.

Regresando al Medio Oriente, las civilizaciones más cercanas serán las ya
referidas Caldea y Egipto, pues por razones geográficas se encuentran mucho más
cercanas y bastaba cruzar la zona que con posterioridad conformaría Palestina, para
provocar el encuentro.

Cabe destacar que el desarrollo material de ambos lugares no significó
necesariamente desde el punto de vista religioso un desarrollo espiritual que permitiera
acercarlos a la verdad y justicia propuestas por el Cristianismo. En ellas se idolatraba a
diversos ídolos, había esclavos y se tenía una mirada altamente despectiva respecto de la
mujer, al verla como una simple sierva del varón.

En este sentido podemos establecer, además, que la visión cristiana se ocupará de
negar y rechazar otras prácticas espirituales, calificándolas de paganas, desconociendo
en ello otras verdades mítico-religiosas, más allá de los hechos que hoy calificamos de
injustos como son la esclavitud o la discriminación femenina de la cual también hará
una práctica el Cristianismo.

Se cree que dieciocho siglos a.C., varias tribus nómadas partieron con sus
rebaños desde Caldea a Egipto, eran altamente numerosas con lo cual y transcurrido el
tiempo algunas de ellas se hicieron con el poder, durante varios siglos. La historia
denominó a sus jefes como los “reyes pastores”.

Entre aquellas tribus se encontraban las hebreas, teniendo una de éstas, por jefe a
Abraham, cuyo recorrido comienza cuando la divinidad le asegura que tendrá como
recompensa la pertenencia de todas las naciones de la tierra.

Entre los muchos preceptos que deberán ir cumpliendo los cristianos será el de
liberar a los seres humanos de las supersticiones paganas, del temor y del egoísmo, con
lo cual en aquel momento en que todavía la ley superior se encontraba en la voluntad del
emperador, aquello primeros cristianos, sufrirán por esta causa, una fuerte persecución
que se prolongará por alrededor de tres siglos.

A su vez, la posterior decadencia del imperio romano, no se daba sólo en
términos materiales, sino que también espirituales. Las antiguas creencias se
encontraban en crisis con lo cual muchos comenzarán a ver en el cristianismo una
posible salida de salvación, al punto que el emperador Constantino, en el año 315, pide
ser bautizado, dando cabida a que los futuros gobernantes también fueran cristianos, de

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este modo se acaba la persecución a la Iglesia y muy por el contrario, ésta comienza una
etapa de significativa protección, con lo cual se constituye en la principal fuente
espiritual, aun cuando debe mantener su lucha contra el paganismo.

Aquella relación inevitable entre el mundo pagano y el mundo cristiano igual
constituía una debilidad espiritual desde la cristiandad, por que además los emperadores
cristianos no diferían mucho de sus predecesores, ya que así como habían sido la suma
autoridad en la religión pagana, también querían dirigir a la iglesia, nombrar y controlar
a sus obispos, proteger la fe y someter a las conciencias.

Por otra parte salir de la clandestinidad, les significó a estos grupos, involucrarse
con el mundo, de manera que debieron aprender a conciliar la cultura con la fe y
responder a las preguntas que los pueblos se formulaban En este tipo de reflexión y
desarrollo de respuestas, posteriormente se destacará San Agustín.

Dentro de los puntos más difíciles que se le plantean a la fe, se difundió un error,
que colocó a la iglesia en un verdadero peligro. Dicho error se conoce como el
“arrianismo” y consiste en que por evitar dividir el Dios único, los arrianos negaban que
Cristo fuera el hijo, igual en divinidad que el Padre y lo veían sólo como el primero
entre los hombres y entre los seres de toda la creación.

Los emperadores arrianos designaban obispos arrianos, sin embargo tal cual lo
había prometido Jesús, el Espíritu Santo mantuvo la fe del pueblo cristiano en Cristo
Hijo de Dios, retrocediendo con ello, el error.

Los cristianos buscaban la perfección y la Iglesia ya no era esa comunidad
fervorosa de antaño o del tiempo de los mártires, por eso comenzaron a agruparse en
comunidades austeras y exigentes, aisladas de la vida cómoda, así surgieron los monjes
y ermitaños, con sus opciones lograron mantener el ideal cristiano.

La caída del imperio romano, pareció el fin del mundo, situación que describe
Juan en el Apocalipsis, pero la iglesia no pereció en este hecho y muy por el contrario
descubrió la posibilidad de evangelizar y educar a los pueblos que se habían
empobrecido con la invasión bárbara. Sin embargo aun cuando se concentró en ello del
mismo modo fue penetrada por la corrupción y supersticiones paganas.

La parte oriental del imperio resistió a las invasiones bárbaras en los territorios
de Turquía, Grecia, Siria y Egipto. Esta parte de la iglesia llamada Griega u Ortodoxa y
que luego evangelizaría a Rusia, se apartó poco a poco de la parte occidental, ocupada
por los bárbaros y animada por la iglesia de Roma. Así hubo dos iglesias diferentes,
tanto por la cultura, el idioma, como por las prácticas religiosas. Detenidos en las
diferencias la iglesia oriental se apartó del Papa sucesor de Pedro en Roma.

Las divisiones sucesivas que van afectando a la Iglesia y sobre las cuales no
seguiremos ahondando en este trabajo, tienen una diversidad de raíces, sin embargo la
más significativa dice relación con el modo bajo el cual, se va concibiendo el poder de
ésta, sobre la población.

El encuentro inevitable entre lo pagano y la veneración a un solo dios no se
asume como algo propio de las transiciones religioso-culturales y existe una intención

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preconcebida de eliminar el paganismo, teniendo como fundamento el que, no reconocer
a un único dios, induce al ser humano al pecado propio de un estado salvaje.

Paralelo a lo anterior y de acuerdo con Eva Figes, el Dios que se configura, es un
dios a imagen del hombre, como sexo y cuyo carácter patriarcal también estaba presente
en el conjunto de mitos que envuelven y construyen la religión grecolatina. (Figes,
1972)

Así desde Zeus, el mundo occidental se va trasladando a la creencia monoteísta
imperante hasta nuestros días. Esta situación se extenderá con posterioridad a América
Latina, relación que haremos más adelante.

Por el momento bastará comprender que el proceso descrito anteriormente no es
sólo una sucesión de hechos en distintos periodos, mas bien, en el se conjugan una
multiplicidad de factores desde tratar de convencer a los individuos del mensaje divino a
partir de la palabra, hasta someterlos por la fuerza a dichas creencias, para que así vayan
retrocediendo en su paganismo y supersticiones.

1.2.1 Monoteísmo y Patriarcado

Tal cual referíamos anteriormente, desde esta perspectiva hablar de monoteísmo
es hablar ya, de un sistema patriarcal, pues tras una breve mirada a la construcción de la
religión cristiana, con sus diversas variables nominativas, se suma que ésta se fundará a
partir de un gran profeta, cual es Abraham.

La sucesión de este hombre, será un conjunto de otros tantos que irán
cumpliendo poco a poco el plan propuesto por Dios, plan que a último momento
podríamos decir que falla, en tanto y en cuanto, toda la historia pasada no sirve para que
el profeta más importante sea reconocido finalmente por el pueblo escogido.

Si dicho pueblo no pudo reconocer al “verdadero” profeta Jesús y aún esperan
su llegada, podríamos interrogarnos ¿por qué el mensaje se introduce con tanta fuerza en
la otra parte de la población y se extiende por todo el mundo? ¿dónde estuvo el error, o
de qué modo esa otra parte de cristianos, aprovechan la oportunidad para hacerse con el
poder eclesial, vengando así la discriminación de la cual son objeto, durante siglos en
tanto no son los elegidos?

Las respuestas podrían dar origen a otro estudio, por el momento nos
conformaremos con saber, que la línea patriarcal que se extiende hasta Jesús en una
primera parte y luego mediante la jerarquía representada a través de Papas y Obispos,
ayudan a fortalecer la imagen de un dios no sólo todopoderoso, sino que además y
fundamentalmente con claras, precisas y definidas características masculinas.
Desapareciendo así las de orden femenino, que sí se encuentran presentes en otras
manifestaciones religiosas de tipo más holístico; cultivadas en otras regiones del mundo,
pero que del mismo modo en etapas previas también lo estuvieron, en el mundo
occidental, siendo poco a poco transfiguradas.

El principio femenino es un hecho inevitable en cualquier cultura, él surge en
parte de aquella condición que la ambición masculina no ha podido usurpar, como hecho
físico, cual es la maternidad, pero probablemente no por que no lo haya deseado, si no

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porque no le ha interesado de manera prioritaria, dado que ésta misma es uno de los
elementos básicos sobre los cuales se fundamenta la opresión de la mujer.

En el mito cristiano, aquel principio femenino se irá acomodando de manera
incondicional a la estructura que va teniendo dicho relato, la creación que en otros mitos
se asociaba a la mujer o a un ser andrógino, se constituye en el libro del Génesis en un
proceso ejecutado por una figura masculina, que se toma su tiempo para un mejor crear
y así en una semana termina una obra que incluye a la pareja humana, cuya
desobediencia, incitada por la mujer será castigada eternamente.

Aquellas alegorías, producen estereotipos humanos que hasta el día de hoy los
encontramos presente. El dueño del paraíso terrenal, será un hombre que viene a ser
interrumpido en su comodidad, por una mujer que no logrará resistirse a las tentaciones
de las cuales es objeto y que por ende ser transformará en un ser débil y de pocas
capacidades.

Adán, suponemos, es creado como primera figura para custodiar el jardín
terrenal, pero no lo consigue; por ello, también será castigado, sin embargo el castigo
que él sufre le abrirá grandes posibilidades a través de la historia.

En la mitología grecolatina también es cuestionada la presencia femenina en los
grandes jardines y del mismo modo será expulsada de ellos, así nos encontramos por
ejemplo con la destrucción del jardín de Hera, llevada a cabo por Hércules en acuerdo
con Zeus.

El dominio femenino a partir de la maternidad provoca miedo en el otro sexo,
pues la mujer es vista como un ser creador y mágico en tanto el hombre no descubre que
yaciendo junto a ella se da la procreación. Descubierto este fenómeno el hombre
reconocerá la importancia de él para este proceso y por ende comenzará a ejercer su
dominio otorgando a la mujer un papel de mera vasija.

La confirmación de esto nos la da Malinowski, citado por Figes, quien señala
que en una isla de Trobiand, había una sociedad donde la gente desconocía por completo
la relación entre el acto sexual y la paternidad, creyendo los isleños “que los espíritus de
la muerte, tras pasar algún tiempo en otra isla, regresaban en forma de espíritus
infantiles sobre maderas flotantes y penetraban en el interior de las mujeres mientras
estas se bañaban”.
(Figes, 1972: 38)

El que los hombres tomen conciencia de esta situación, les permite proyectar un
nuevo poder, los hijos son de él y eso posibilita una nueva perspectiva en el tiempo que
antes no había sido contemplada, como por ejemplo el, que ese hijo sea de él y que por
ende ningún otro hombre haya poseído a su mujer.

Se proyecta así el sentido de la propiedad que trascenderá a la obtención de
tierras y bienes materiales, en consecuencia también el sentido de inmortalidad en tanto
hay una prolongación de sí mismo. Mirada la mujer como una vasija el hombre descubre
para sí mismo una nueva concepción de poder, mientras que ella será portadora de hijos
que prolongarán la condición masculina y la condición material.

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Este fenómeno se representa claramente en el Antiguo Testamento, setenta
generaciones definidas por hombres habrá desde Abraham hasta Jesús, en ellas las
mujeres en el caso de ser infértiles serán reemplazadas por concubinas, con la
aceptación resignada de la esposa estéril, o en su defecto se producirá la anunciación
milagrosa de hacerlas fértiles a los setenta años como es el caso de Sara y Raquel.

La mujer como podemos ver es usada para dar cumplimiento al plan y si bien
sirvieron en edad adulta para procrear hijos especiales, se requería de una joven para la
procreación del hijo de Dios, que no del hombre, como es el caso de Jesús, ya que si éste
hubiese sido fecundado en una anciana se habría generado una problemática desde la
perspectiva cultural, no menor, pues es evidente que una mujer mayor no contaría con la
pureza para fecundar aquel hijo único entre los hijos o por lo menos en ella no se podría
demostrar el verdadero padre, en tanto haya perdido la virginidad de acuerdo a los
cánones de aquel tiempo.

Este es un principio que todavía hoy se encuentra presente, pues si la mujer no es
virgen no puede asegurar, ante los demás y especialmente en una relación conflictiva
quién es el verdadero padre de su hijo, lo único que la puede favorecer hoy en día es una
prueba científica que se conoce como el ADN, la cual garantizaría la verdadera
paternidad.

Antes de este avance científico, millones de mujeres a través de la historia,
debieron sufrir la humillación de ser cuestionadas respecto del origen de su embarazo.
Ejemplos podríamos dar múltiples que van desde hechos reales hasta otros reflejados en
leyendas, como es el caso del sur de Chile, donde nos encontramos con la historia del
Trauco, un ser monstruoso, pero que a pesar de ello tiene el poder de encantamiento
sobre las mujeres jóvenes atrayéndolas al bosque, haciéndolas suyas y dejándolas en
estado de embarazo, explicándose así, durante décadas, la procreación en mujeres
solteras y donde no se registran hombres que se hagan responsables.

Retomando al relato bíblico, nos encontramos, con una imagen de mujer que
junto con alcanzar la benignidad divina para embarazarse, representa y es culpable
desde el principio de los males que aquejarán a la humanidad.

Así en el relato del Génesis, referido a la creación, se explica por que causa son
expulsados del Paraíso Terrenal siendo la principal responsable, ella, que tentada por
una serpiente accede al conocimiento del bien y del mal.

Al igual que Pandora, Eva deberá cargar la perdida de la gracia divina, Adán
también será castigado, pero como referíamos en otro párrafo, este castigo le traerá
productivos beneficios, que tendrán que ver por una parte con el empoderamiento del
mundo público y por otra con el desarrollo del conocimiento que se irá depositando
paulatinamente en sus manos.

En los escritos apócrifos, Jehová tuvo que realizar dos tentativas previas a Eva,
pues según lo investigado, podemos deducir, que para el cristianismo es necesario
reforzar, por una parte la imagen de una mujer responsable de todos los males, pero a su
vez también producir un modelo de mujer sumisa, con la cual se pudiese identificar la
mujer común y corriente, por ello entonces en estos relatos de adopta el demonio
babilónico-asirio, Lilith o Lilu para convertirlo en la primera esposa de Adán.

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“El párrafo que sigue pertenece al Yalqut Reubeni, colección de comentarios
cabalísticos del Pentateuco recopilados por Reuben ben Hoshke Cohen, en Praga, en el
siglo XVII:

Dios entonces modelo a Lilith, la primera mujer, exactamente de la misma
manera que había formado a Adán, pero utilizando suciedad y heces en vez de polvo
puro. De la unión de Adán con esta diablesa, y con otra de su calaña llamada Naamah,
hermana de Tubal Caín, surgieron Asmodeo e innumerables demonios que todavía
atormentan a la humanidad. Muchas generaciones más tarde, Lilith y Naamah
asistirían al juicio de Salomón disfrazadas de rameras de Jerusalén”
(Figes, 1972: 44)

De este modo, si buscamos el origen del patriarcado en las fuentes mítico-
religiosas, no cabe duda, que en todos estos relatos encontraremos una clara forma de
apropiación del poder, por parte del sexo masculino.

De acuerdo a esta hipótesis, se entiende que el patriarcado habría sustituido un
orden primigenio de carácter matriarcal, a través de un héroe civilizador, que en Europa
se representa mediante Zeus y posteriormente tras todos los héroes proyectados en la
Biblia.

En otros mitos, como por ejemplo en los aborígenes del Amazonas se evoca “la
vagina dentada de la mujer todopoderosa primitiva que el héroe vence al arrancar esos
peligrosos dientes (mitos cuna y guajiro). Otros afirman que sólo la mujer poseía las
técnicas de cazar y pescar y los poderes mágicos de fecundación. Los varones eran
desdichados y estaban oprimidos. Por ello decidieron arrebatar ese saber y ese poder
con engaños. Lo consiguieron al descubrir los genitales femeninos y dejar embarazada
a la mujer otrora poderosa (mitos letuama y macuna)”.
(Puleo et al, 1995: 37)

Lo anterior como ya señalábamos, ha significado el planteamiento hipotético
sobre un matriarcado originario, sin embargo aquello aún no termina de confirmarse,
optando algunos por suponer que tales relatos obedecen a un modo de justificar el orden
imperante, en tanto poseyendo las mujeres el poder, no supieron administrarlo,
intentando demostrarse esto especialmente a través del Cristianismo.

Por otra parte, ya en el año 1673 Poulain de la Barre, buscó esbozar una
hipótesis, respecto de la dominación masculina, en la cual el filósofo se imaginaba “una
aurora de la humanidad en la que hombres y mujeres eran “simples e inocentes” y se
ocupaban por igual del cultivo de la tierra y de la caza. Pero al sentirse más fuertes y
más grandes, y al estar desprovistos de los inconvenientes del embarazo, los hombres
establecieron poco a poco la dependencia femenina”.
(Puleo et al, 1995: 38)

Otras situaciones como la diversificación de los roles a partir de la
reestructuración de la familia, también habrían contribuido al desarrollo de la estructura
patriarcal, entre estos cambios, además, se deben considerar los hechos de guerra que
empujan a los hombres a enfrentarse con otros, mientras las mujeres deben quedarse
para proteger a los hijos. Sobre otras teorías respecto del patriarcado volveremos más
adelante.

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CAPITULO II

DE LA DIOSA COMO TOTALIDAD
A LA DIOSA COMO PARTICULARIDAD

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