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Ampuero, Pablo - Un diálogo transformador. El Caso de los Buenos Hombres y la Filosofía Oriental

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¿Influencia pedagógica ente China y Europa en plena Edad Media? Pareciera descabellado, pero parece ser más plausible de lo que podríamos imaginar.
¿Influencia pedagógica ente China y Europa en plena Edad Media? Pareciera descabellado, pero parece ser más plausible de lo que podríamos imaginar.

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Trabajo expuesto en las I Jornadas de Historia y Educación, organizadas por el Taller de Historia y Educación de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Valparaíso

. Viña del Mar, 6 de Abril del 2009

UN DIÁLOGO TRANSFORMADOR. ENSEÑANZAS DE LA FILOSOFÍA DEL LEJANO ORIENTE Y LOS MOVIMIENTOS DE REFORMA EN LA CRISTIANDAD OCCIDENTAL ENTRE LOS SIGLOS XII Y XIV. EL CASO DE LOS BUENOS HOMBRES. Por Pablo Ampuero Ruiz Resumen En el presente trabajo se postula que la herejía de los buenos hombres fue influida por aspectos teóricos y metodológicos de algunas escuelas filosóficas del lejano oriente, generándose una síntesis entre el evangelismo cátaro y los elementos enseñados por la cultura oriental, lo cual, se presenta como una pedagogía entre dos macro espacios geopolíticos.

I. Introducción Resulta difícil tratar de conciliar la influencia del pensamiento del Lejano Oriente en los más importantes procesos reformistas de la cristiandad occidental hacia el ocaso del período medieval europeo, sin embargo, en un intento por superar las polvorientas aseveraciones de la historiografía tradicional, es que esta investigación adquiere su sentido. El desarrollo de una cultura milenaria, aguerrida, poderosa y especializada, como la china, la india o la nipona –a modo de ejemplos –amparó en su alero a una serie de pensadores que configuraron las creencias y religiones que por años dominaron el Lejano Oriente. Confucianismo 1, Taoísmo, Budismo, Mozismo, y así, una serie de escuelas de pensamiento que interactuaron, por la ribera del Chang Jiang (Yangtsé), por las costas del Mar Oriental, por el monte Fuji o en el caudal del Ganges. Estas escuelas alimentaron los espíritus de hombres y
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Originalmente la escuela de Confucio se llama rujia, que significa escuela de los letrados.

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mujeres que, por medio de la introspección, encontraban la explicación y la fuerza necesaria para afrontar una realidad que muchas veces les fue adversa. Desde crisis geográficas hasta despóticos gobernantes, las filosofías del Lejano Oriente mantuvieron vivos esos espíritus de autoconocimiento redentor y fortalecedor. Esta cosmovisión, desde un principio, fue atractiva para las mentes occidentales. Sin ir más lejos, la fascinación de Marco Polo, o de los enviados, diplomáticos y religiosos, que desde el siglo XII documentaron las maravillas del Asia Oriental, son un vivo ejemplo del interés que suscitaban estas tierras y sus expresiones culturales. Es producto de este interés que se abrieron y fortalecieron las relaciones comerciales y políticas, cada vez más extensas. La Ruta de la Seda, la de las Especies, las navegaciones, el intercambio diplomático y religioso, en fin, un diálogo pedagógico constante, del cual se tienen remotos antecedentes, pero que en el medioevo se ve potenciado, por un lado, por la propia capacidad comercial, política e intelectual que desarrolló el Imperio Chino, y por otro, por la expansión musulmana, que funcionó como intermediaria de tecnología e ideas entre China y Europa. En el presente trabajo se sostiene que hubo una admiración y un diálogo intelectual permanente, por tanto una influencia importante, que se tradujo en una enseñanza teórica y metodológica, desde el lejano Oriente hacia algunos movimientos cristiano-reformistas de Occidente entre los siglo XII y XIV, cuya expresión más importante sería la herejía de los cátaros. La argumentación se ha estructurado a partir de una revisión y análisis de bibliografía especializada, correspondiente a estudios históricos de importantes autores modernos y contemporáneos como a los libros básicos de las escuelas filosóficas orientales consideradas. En este sentido, se propone una explicación histórica a las curiosas e intrigantes coincidencias, gnoseológicas y prácticas, entre la herejía de los albigenses y algunas escuelas filosóficas chinas.

II. El Mundo Medieval. Occidente Europa superó la crisis del año 1000 con un problema de proporciones: la degradación del clero. Tal como lo evidencia Jan Dhondt en La Alta Edad Media,
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“Al examinar el destino de la Iglesia durante los siglos X y XI, debe partirse de la circunstancia de que los seglares dotados de un cierto poder otorgaban a su arbitrio las altas dignidades eclesiásticas –y sentencia –bajo varios papas del siglo X el Vaticano llegó a poder compararse casi con un enorme burdel”2.

Esto es prueba de un mundo que comienza a degenerarse, de un Occidente que vivió el colapso de su ideal de civilización, muy claro en lo que nos aproxima Georges Duby:
“La cristiandad latina sueña en una edad de oro, en el imperio, es decir en la paz, el orden y la abundancia. Este recuerdo obsesionante se vincula a dos lugares insignes: Roma –aunque Roma en esa época es marginal, más que a medias griega –y Aquisgrán, nueva Roma”3.

El ideal de prosperidad con que se alimentaba el pensamiento de Occidente se enfrenta a una realidad contradictoria. Por un lado, aspira a la unidad, a la paz, al orden y a la abundancia del Imperio, de la civilización, pero, por otro, la realidad de la Europa hacia el año mil “es lo que llamamos la feudalidad”4. Esta es la nueva distribución del poder, ya no el Emperador, sino el señor, “aquel a quien se ve, a quien se oye, a quien se toca, con quien se come o se duerme” 5. Es un espacio disgregado, desordenado, descontrolado. En palabras de Duby, “el siglo XI europeo está mandado por ese sistema de valores, fundado enteramente en el gusto de rapiñar y de dar, en el asalto”6. En este contexto Occidente vio necesario nuevas formas de ordenamiento social. Movimientos rectificadores comienzan a surgir al paso de la renovación eclesiástica. Desde la Iglesia, la Reforma Gregoriana, que desde el siglo XI patrocinó un vuelco hacia el poder espiritual, a recuperar a sus fieles, como nos señala Mitre, “el incremento del número de parroquias está en relación directa con el impulso de la evangelización o, en el período del que ahora tratamos, con la expansión demográfica”7; y desde los monasterios, aparece Cluny, elemento aglutinador, la orden, que buscaba un encuadramiento en base a la “vuelta estricta al espíritu y la letra de la regla de San Benito, marcada por la castidad, la obediencia y la estabilidad”8. Como consecuencia de estos fenómenos, surgen nuevas instituciones ordenadoras, características de la Europa bajo-medieval, la Paz, la Tregua de Dios y la Cruzada.

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Dhondt (1971: 234). Duby (1986: 15). 4 Ibíd. (1986: 17). 5 Ibíd (1986: 17). 6 Ibíd (1986: 19). 7 Mitre (1992: 193). 8 Ibíd (1992: 193).

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Esa fue la solución que encontró el mundo eclesiástico al desorden que enfrentaban, a la Querella impuesta por los emperadores germanos, a la degradación del clero y a la expansión demográfica, sin embargo, hubo otras formas que buscaron hacer frente al espíritu jerárquico y degenerado de la Iglesia, y así surgen las herejías. Fenómeno que no le era ajeno, ya que “desde fecha temprana, y al compas de la progresiva definición del dogma, la Iglesia conoció la aparición de distintas opciones doctrinales”9. Las principales herejías provinieron del Oriente bizantino. Potencia política y militar, heredera de la administración romana, centro cultural, puerta obligada a los recursos del Mar Negro, punto de inflexión entre Occidente y Oriente, uno de los lugares culmines de la Ruta de la Seda, ese era Bizancio, “un territorio que por el lado del mar goza de la posición más favorable que se pueda imaginar, tanto para las necesidades de defensa como para la prosperidad de los habitantes, mientras por el lado de tierra se halla en una posición muy desafortunada” 10. Es en este espacio donde, por la interacción multicultural generada, aparecen alternativas gnoseológicas, algunas de las cuales tuvieron repercusión por toda Europa, configurando importantes movimientos heréticos que amenazaban la soberanía de la Iglesia. Oriente Al otro lado del mundo, “a comienzos del siglo VIII, el mundo asiático estaba controlado en su mayor parte por el Islam y el Impero chino de los Tang, ambos en pleno apogeo”11, sin embargo, era un espacio bastante inestable, producto de las continuas invasiones que sufrían los Imperios. Por un lado, la India. La invasión musulmana, que desoló el norte del territorio fue un claro impedimento de la reunificación del Imperio, sin perjuicio de aquello, “la vida económica fue bastante próspera, con un artesanado numeroso y activo, una vida urbana intensa y una agricultura sin apenas transformaciones, que producía trigo, arroz, caña de azúcar, frutas, hortalizas y algodón”12. Por lo que, aun sin un Estado unificado, el florecimiento cultural estuvo a la orden del día, ya sea a partir del fortalecimiento del budismo, como a través del diálogo multicultural generado por la invasión islámica.

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Mitre (1992: 197). Polibio (1970: 399). 11 Claramunt (1992: 121). 12 Ibíd. (1992: 127).
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En otro espacio, el Japón, se consolidaba la fuerte influencia de la cultura china. Tal como nos dice Claramunt, “la continua penetración de influencias chinas impulsó la evolución de la sociedad japonesa; el budismo se introdujo a partir de 587 y el sistema imperial se diferenció del chino en que no preveía cambios de dinastía” 13. Es así como, paulatinamente, se comenzó a desarrollar en el Japón, un modelo descentralizado, diferenciado del chino, implementando un modelo feudal, en manos de los samurái, quienes cumplían los postulados del código de honor bushido. En cuanto a la realeza, estaba supeditada a los shogun, líderes militares que constituían un poder político paralelo al de la administración imperial. Finalmente, el Imperio Chino, espacio en el que se pretende hacer hincapié. Las bases filosóficas de dos de las escuelas más importantes de oriente, a saber, rujia y daojia, surgieron en el Periodo de los Reinos Combatientes (475-221 a.n.e), de aquí que surgiera un Kong Qiu, inspirado en el ideal ordenador del mundo de la dinastía Zhou, o un Laozi, con su ideal de la sociedad perfecta, sin conflictos. Estos pensadores crearon escuela, las cuales, especialmente la Confuciana, se vieron anexadas al poder y a la administración del Imperio. En el espacio chino se vivieron continuas fracciones suscitadas por el surgimiento de poderes locales, por lo que debemos considerar como muy importante que “en su periodo inicial, la dinastía Song del Norte tomó algunas medidas para fortalecer el poder centralizado y prevenir la repetición del separatismo de las regiones locales” 14. Esta relativa estabilidad permitió que China se desarrollara con mayor fuerza, llegando incluso a inventar el papel moneda en tiempos del emperador Zheng Zong (998-1022). Sin lugar a dudas, China florece aún más con la instauración de la dinastía mongola, fundada por Jinggis Khan (Gengis Khan), los Yuan (12791368). Bajo esta dinastía se genera un diálogo multicultural, de convivencia entre musulmanes, cristianos, budistas, taoístas, y tantos otros, en palabras de J. K. Fairbank, “esta diversidad de creencias reflejaba el cosmopolitismo del mundo multiétnico mongol, en el que incluso la cristiandad nestoriana del Asia Central contaba con devotos al interior de la familia gobernante”15. Cabe resaltar que los mongoles, no muy numerosos, no se caracterizaban por ser letrados precisamente, por lo que “utilizaron personal del Asia Occidental (turcos uigures, árabes e incluso algunos europeos como Marco Polo) […] y también a funcionarios ruzhen de origen
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Claramunt (1992: 125). Colección China (1984: 63). 15 Fairbank (1996: 154).

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chino del derrotado imperio Jin” 16. Claramunt rescata algo importante respecto a este periodo, a su juicio, “el común denominador de todas las invasiones fue el asombroso poder de absorción e integración que la cultura china ejerció siempre sobre los invasores” 17, por lo que es absolutamente plausible que mongoles, musulmanes, budistas y cristianos cargaran con elementos propios del pensamiento chino hacia otros espacios geográficos, culturales, sociales, económicos y políticos. Resulta determinante señalar que “durante las dinastías Song y Yuan se obtuvieron importantes éxitos en los terrenos cultural y científico” 18, desarrollándose y difundiéndose los tres grandes inventos: la imprenta, que bajo la dinastía Song ya estaba muy desarrollada, estimulando miles de mentes con interesantes lecturas y enseñanzas, “la impresión con tipos móviles fue introducida en Corea, Japón, Egipto y Europa y marcó una notable contribución al desarrollo de la cultura universal” 19; la pólvora, que fue descubierta por los alquimistas de la antigüedad, utilizada bélicamente por la dinastía Tang y mejorada por la Song, dando espacio a flechas de fuego, lanzallamas, cañones, explosivos, etc., y llegó a Europa en manos de los árabes; y la brújula, que los chinos ya utilizaban con maestría, sin embargo, fueron los árabes y persas, “que viajaban constantemente en buques chinos, aprendieron el uso del compás de navegación y lo llevaron a Europa”20 En síntesis, lo que se pretende evidenciar es que mientras en Occidente se vivía una degeneración del ideal de sociedad, y, a su vez, se degradaban cada vez más las prácticas de la Iglesia o del Estado, en China se vivía un florecimiento cultural y político que llegaba a ser envidiable para el mismo Marco Polo. De aquí que ya existiese un intenso y constante diálogo entre Oriente y Occidente, que, perfectamente, pudo significar una pedagogía entre macro espacios geopolíticos en torno a las nuevas ideas de mundo y de orden social.

III. Los Buenos Hombres y el Lejano Oriente.

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Fairbank (1996: 158). Claramunt (1992: 121). 18 Colección China (1984: 74). 19 Ibíd. (1984: 74). 20 Ibíd. (1984: 75).

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No es objetivo de este trabajo justificar el carácter oriental de los buenos hombres, sino aproximar una explicación histórica al surgimiento de movimientos de carácter dualista y gnóstico en un escenario de conflictos de dogma. En este sentido, abocarnos a la historia del catarismo implica considerar una de las más aceptadas explicaciones que existen: su origen maniqueo. El maniqueísmo fue creado por Mani (216- c.277), Persa que funda un movimiento religioso dualista, que enfrenta al cristianismo hasta el siglo VI. Los principales herederos directos del maniqueísmo fueron los paulicianos. Los paulicianos eran considerados seguidores de Pablo de Samosata (200- c.273), obispo de Antioquía (260). También tienen una visión dualista y lograron fortalecerse en el Imperio Bizantino en el siglo VIII. Desde Bizancio emergen sus herederos, los bogomilios. El bogomilismo, fundado por un predicador disidente del siglo X, Bogomilio, se desarrolló con mayor fuerza entre los siglos IX y XI en Bulgaria, y se convirtió en un movimiento insurgente contra la nobleza local y la jerarquía eclesiástica. Los principales continuadores del trabajo bogomilio fueron los cátaros, que se desarrollaron principalmente en el Languedoc (Francia) y en el norte de Italia, sin embargo, a juicio de Le Goff, a los cátaros se “les permitió extenderse por una gran parte de la cristiandad y poner en peligro a la iglesia, al catolicismo y a la sociedad feudal” 21. Los cátaros han sido considerados herederos del maniqueísmo, perdido durante mucho tiempo en Occidente, pero vivo aún en Oriente desde su llegada en tiempos de la dinastía Tang (589-618). Sin embargo, hoy se tiende más a resaltar su carácter de purismo cristiano que su vinculación al maniqueísmo, porque, como veremos, los buenos hombres fueron muy disciplinados en sus justificaciones dogmáticas. El elemento característico del pensamiento albigense es el dualismo. Para ellos habían dos creaciones, una buena y otra mala: “la primera creación, obra del Dios verdadero, era incorruptible y eterna; la segunda, en cambio, era obra del diablo, y contenía todas las cosas vanas y corruptibles”22, por lo que el mundo material tenía un carácter negativo. Esto llevaba a que consideraran que “sólo el espíritu había sido creado por Dios, la carne procedía del diablo que era o un ángel rebelde (dualismo mitigado) o un dios del mal con poder igual al del Dios
21 22

Le Goff (1971: 173). Dalmau (2007: 70).

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bueno (dualismo radical)” 23. A este respecto, es particular que el dualismo cátaro sea tan similar al dualismo taoísta, como nos explica Soublette:
“la suprema manifestación de la dialéctica universal es el par Cielo y Tierra. Entre ambos está el hombre y sobre todos está el Tao. Hay un Tao del Cielo y un Tao del hombre. El Tao del Cielo es otro modo de nombrar el sentido de mundo. El Tao del hombre tiene un sentido peyorativo, como un comportamiento no ajustado al Tao.”24

Lo cual podemos complementar con una de las frases de El Camino de Chuang Tzu:
“Cuando el cuerpo duerme, el alma está envuelta en Uno. Cuando el cuerpo despierta, las aberturas empiezan a funcionar”25

En este sentido el Uno es el Tao, el Camino, que es libre para las almas, pero en “la dirección hacia el Ser conduce a contemplar los límites espaciales” 26. Cabe resaltar que el Tao, planteado por Lao Tse, tiene “el sentido de un ser inefable, trascendente, que es principio del universo y que corresponde a todo lo que en el plano teológico puede ser llamado „ser supremo‟”27. En consecuencia, el sentido cátaro de dos elementos opuestos, comparables a lo que Kong Qiu denominó principios del Ying y el Yang, se conforman dos seres supremos, opuestos, cuya complementariedad gesta al mundo, a la espiritualidad del alma, en eterna perfección, y a la materialidad de los hombres, siempre en el vaivén de su corrupción. Otro aspecto fundamental del pensamiento albigense es la metempsicosis. El pensamiento sobre la reencarnación ha sido una particularidad característica de Oriente desde siempre, sin embargo, parecía haberse perdido en Occidente, o, al menos, haberse convertido en la transubstanciación más que en la propia metempsicosis. Los cátaros sostenían que Jesús había venido a salvar a los hombres, cuya condición necesaria era lograr ser perfectos, sólo así lograrían la salvación, sin embargo,
“en el caso de que no alcanzaran a recibir el consolament28 en el momento de su muerte corporal, se verían obligados a dar vueltas de un lado para otro consumidos por el fuego de Satanás y no obtendrían un momentáneo reposo hasta que lograran encarnarse en otro cuerpo para vivir una nueva existencia”29

23 24

Le Goff (1971: 174). Lao Tse (2007: 11). 25 Chuang Tzu (1999: 22). 26 Lao Tse (2007: I). 27 Ibid. (2007: 23). 28 Único sacramento aceptado por los albigenses, que consistía en una “especie de bautismo que se realizaba mediante el antiguo rito cristiano de la imposición de manos”. (Dalmau 2007: 72). 29 Dalmau (2007: 71).

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Lo que se evidencia aquí es la reinterpretación de las enseñanzas metempsicóticas del budismo y del hinduismo, lo cual supera las visiones escatológicas que buscaban explicaciones más allá de la muerte, ya que ésta plantea una vuelta a la vida, como en el Dharma. Finalmente, un tercer aspecto de confluencia es la práctica religiosa de los cátaros. Dalmau nos dice que antes de la persecución de que fueron objeto, los cátaros “vivían en casas abiertas en el corazón de los pueblos y ciudades, muy al contrario de la práctica católica de la vida monástica”30. Esta mezcla con su sociedad los llevó a lograr gran aceptación en el pueblo, explicable con el ejemplo de Jesús, que se mezclaba entre los excluidos del poder, sin discriminación. Pero también nos puede recordar a la historia del buey y el cocinero del príncipe, o a la del nadador que es Uno con la corriente, es decir, un maestro que es en la sociedad, que no escapa de ella, que se confunde entre el común de los mil seres bajo el Cielo, que se mueve como pez en el agua, aspecto que para Creel tiene mucha resonancia en el pensamiento de Mao Zedong31. Es conveniente resaltar que los buenos hombres son esencialmente evangélicos a la vez que dualistas, y que procuraban un vuelco irrestricto al cristianismo más puro, sin embargo, a mi parecer, éstos, en conocimiento del modelo de orden aplicado en el extremo Oriente, generaron una síntesis, teórica y metodológica, que los llevó a poner en cuestión al cristianismo de su presente, enriqueciéndose a sí mismos con postulados del taoísmo y otras filosofías de Oriente, que los llevaron a ser uno con la corriente, presentando una alternativa de sociedad. Ideas que caminaron por las rutas comerciales de la Seda y de las Especies, que navegaron en las extensas expediciones chinas, que se enseñaron en Universidades chinas (las que recibían alumnos bizantinos sin problema alguno), o que fueron con sus maestros de viaje por España, Francia, Italia y otros reinos.

30 31

Dalmau (2007: 73). Vid. Creel (1953).

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IV. Reflexiones Finales. El mundo hacia la baja medievalidad europea se encontraba, por el lado Occidental, enfrentando serias complicaciones demográficas, políticas y espirituales. Una civilización frustrada, un clero degradado, un cristianismo indefinido aun, un Imperio Germano que le declaraba la guerra y un pueblo con incertidumbre, que mientras más crecía en número, no aumentaba en fieles, por lo que la Renovación Eclesiástica fue inminente. La Iglesia dispuso la Reforma Gregoriana, buscando centralizar y re-evangelizar a través de sus parroquias, mientras que los monasterios comenzaron, con Cluny, a configurarse como estructuras panfeudales, desarrollando otras formas de evangelización y control social. Por el lado Oriental, tenemos un espacio ordenado, interactuando entre sí, que incluso, tras las invasiones mongolas puede acomodarse y funcionar, estableciendo una de las dinastías más productivas de la historia China, la Yuan. Esto se debe a la capacidad pedagógica de la cultura china, que logró sinizar a los bárbaros. Este proceso es el producto de siglos de trabajo en las escuelas filosóficas orientales, las cuales, ora en la India, en el Japón, o en la China misma, fueron punto de origen de modelos espirituales, formas de gobierno, métodos de control social, etc. Consideremos, por ejemplo, que el Confucianismo y el Taoísmo hasta hoy perduran como verdades espirituales y, por sobre todo, políticas 32. La configuración de estos espacios no nos debe ser ajena, ya que el diálogo entre ambos ha sido permanente y constante. En este sentido, es muy plausible, que la respuesta occidental a la Renovación Eclesiástica, las herejías, hayan sido influidas y potenciadas por las filosofías lejano-orientales, ya que era ese espacio geográfico, el único paradigma de civilización, de orden, paz, abundancia y unidad, que existía y se aspiraba. Por lo que, por mar o por tierra, Oriente le enseñó a Occidente sobre cómo percibir el debacle de los tiempos, como llevarlo, como interactuar con su pueblo, y, lo más importante, lo enriqueció con los milenios de experiencia gnóstica y política que ha vivido ese Oriente que siempre sentimos tan lejano.

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Vid. Gernet (2005: 90-98) y Creel (1953)

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Bibliografía. CHUANG TZU [Trad. Thomas Merton]. 1999. CLARAMUNT, Salvador; et. al. 1992 (1° Ed.). COLECCIÓN CHINA. 1984. CREEL, Herrlee. 1954 DALMAU, Antoni. Noviembre 2007. DHONDT, Jan. 1971. DUBY, Georges. 1986. FAIRBANK, John King. 1996. GERNET, Jacques. 2005. LAO TSE [Trad. Gastón Soublette]. 2007. LE GOFF, Jacques. 1971. POLIBIO [Trad. Genaro Godoy A.]. 1970. El Camino de Chuang Tzu. Editorial Debate. Barcelona. Historia de la Edad Media. Editorial Ariel. Barcelona. La Historia. Ediciones en Lenguas

Extranjeras. Beijing. El Pensamiento Chino desde Confucio hasta Mao Tse Tung. Alianza. Madrid. La Herejía de los Cátaros. En: Historia National Geographic (47).Barcelona. La Alta Edad Media. Editorial Siglo XII. Madrid. Europa en la Edad Media. Editorial Paidós. Barcelona. China, una nueva historia. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile. El Mundo Chino. Editorial Crítica.

Barcelona. Tao Te King. Editorial Cuatro Vientos. Santiago de Chile. La Baja Edad Media. Editorial Siglo XXI. Madrid. Las Historias de Polibio de Megalópolis. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile.

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WILHELM, Richard [Trad.] 2006

I Ching. Editorial Sudamericana. Buenos Aires.

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