You are on page 1of 4

ELEMENTOS DEL MÉTODO SOCRÁTICO: VI.

PROMOCIÓN DE LA VIRTUD EN LA VIDA COTIDIANA


El método socrático incluye una serie sistemática de preguntas diseñadas para ayudar a
clientes a hacer frente a cuestiones generales de vida, partiendo de su desconocimiento, y realizar
cambios filosóficos en su enfoque. En algunas circunstancias, el este método se centra en ayudar a
los clientes a explorar aspectos de la virtud y el vicio relacionados con sus actuales problemas
psicológicos. El método socrático se centra en cinco virtudes cardinales: la sabiduría, valentía, la
moderación, la justicia y la piedad. Cada virtud se discute a la manera de la psicoterapia
contemporánea. Esto se realiza tanto para la evaluación de las virtudes en general, como para la
evaluación de cada una de ellas. Con ello los clientes pueden realizar importantes cambios en sus
actitudes y comportamientos.
El método socrático puede ser una herramienta útil en psicoterapia. Es compatible con
terapia cognitiva (Beck, Rush, Shaw y Emery, 1979; Beck, Wright, Newman y Liese, 1993), con el
tratamiento racional emotivo (Ellis, 1994; Ellis y Dryden, 1987) y la terapia psicodinámica (Rychlak,
1968). Este método utiliza el cuestionamiento sistemático y el razonamiento inductivo para ayudar
a generar definiciones universales relacionadas con problemas en sus vidas (Overholser, 1993a,
1993b, 1994). Estas definiciones universales ayudan a los clientes a centrarse en las cuestiones
personales con un amplio nivel de conceptualización (Overholser, 1994). En lugar de abordar cada
problema concreto que se plantee, la terapia puede ayudar a los clientes a identificar temas
generales y conectar una amplia gama de situaciones de la vida. Por otra parte, el método
socrático se basa en una actitud general de modestia y escepticismo que evita caer en el
dogmatismo y enfoques directivos (Overholser, 1995). Por lo tanto, el terapeuta guía suavemente
el diálogo pero no ofrece soluciones de los problemas a los clientes. En su lugar, mediante el
diálogo socrático se hace hincapié en estrategias de auto-orientación y mejora de uno mismo
(Overholser, 1996). Informes anteriores sobre los elementos del método socrático han descrito los
procesos utilizados en la terapia. El presente trabajo se centra en contenidos que pueden
proporcionar objetivos útiles para la terapia.
Un aspecto importante del método socrático incluye la comprensión del concepto de virtud
en relación con la vida del cliente. La virtud se centra en cuestiones a largo plazo, tales como lo
bueno de su carácter moral, mientras que el vicio implica un énfasis en las satisfacciones tangibles
inmediatas (Gerson, 1992). De acuerdo con Sócrates, el mal comportamiento se debe a la
ignorancia sobre lo que está en nuestros mejores intereses a largo plazo (MacKenzie, 1981).
Muchas conductas desviadas son guiadas por las reacciones emocionales guiadas por el apetito
(Irwin, 1977). Algunos clientes desarrollan comportamientos desadaptativos ya que simplemente
no se han tomado un momento para considerar seriamente las cuestiones más importantes de la
vida: metas, valores, y la virtud. Para ser eficaz, los clientes necesitan cambiar su comportamiento
diario, así como sus intenciones más duraderas. Se necesita trabajo, esfuerzo y persistencia para
ayudar a los clientes a promover sus actitudes y los comportamientos de todos los días hacia la
virtud (Kekes, 1988).
La virtud incluye nobles intenciones, acciones específicas y los resultados beneficiosos de las
acciones (Dent, 1984). Para ser considerado virtuoso, el comportamiento debe llevarse a cabo
deliberadamente y con conocimiento de sus posibles consecuencias (Wallace, 1978). Simplemente
debemos centrarnos en los comportamientos observados, ignorando las intenciones de la persona
(por ejemplo, una persona rica al donar a los pobres con el fin de obtener una deducción en los
impuestos). Por otra parte, la intención de dañar a otro persona puede ser perjudicial, incluso si
nunca la llevamos a cabo.
Diferentes situaciones requieren diferentes virtudes (Despland, 1985). Sócrates centró sus
debates en cinco virtudes cardinales: la sabiduría, el coraje, la moderación, la justicia y la piedad.
Estas virtudes están estrechamente relacionadas entre sí, así que es difícil sobresalir en una virtud
y carecer por completo de las otras. Expondremos cada virtud en términos de sus componentes y
daremos ejemplos clínicos de cada una de ellas.
Sabiduría.
La sabiduría no es un cuerpo específico de conocimiento (Godlovitch, 1981), pero con ella se
consigue una capacidad de razonamiento general que se utiliza para tomar decisiones basándonos
en información limitada y falible (Birren & Fisher, 1990). Más importante que en encontrar
soluciones inteligentes a los problemas prácticos, la sabiduría se basa en el conocimiento, la moral
y de los objetivos de vida. La sabiduría incluye la comprensión de los actos de carácter moral que
le son perjudiciales a uno (Prior, 1991), porque según el método socrático, la cosa más importante
es vivir una vida buena y noble (Beckman, 1979). Poseer conocimientos técnicos (por ejemplo,
cómo obtener beneficios financieros o de cómo tener éxito en los negocios) no implica la virtud
(Vlastos, 1994), porque los falsos placeres tienen poca duración y beneficio. Sin embargo, sus
beneficios inmediatos puede falsear la apreciación de su valor (Hampton, 1990). Un
comportamiento inadecuado no viene de que los conocimientos técnicos carezcan de la capacidad
de alcanzar metas, sino de tener objetivos erróneos (Stalley, 1986). El dinero y el poder no son ni
buenos ni malos en sí mismos, pero la sabiduría puede guiarlos para ser usados con fines buenos o
malos (Vlastos, 1991). La sabiduría consiste en la capacidad para localizar un valor duradero en la
vida y trabajar en él (Maxwell, 1984).
La sabiduría capacita a una persona para mostrar un excelente conocimiento, juicio y
asesoramiento acerca de los asuntos de la vida en general (Smith y Baltes, 1990). La persona sabia
muestra buen juicio sobre importantes, pero inciertos, aspectos de la vida (Baltes y Smith, 1990).
Los sabios abordan los problemas aceptando que pueden no saber cómo hacer frente a un
determinado problema, pero persisten en el convencimiento de que pueden tratar con él. Por
ejemplo, un cliente adulto que había sobrevivido al accidente de un avión privado, quedó
parapléjico. Cuando se le preguntó acerca de sus reacciones emocionales hacia su lesión,
inicialmente se sintió conmocionado y entristecido. Tras reflexionar sobre ello, sin embargo, fue
capaz de apreciar el hecho de que se había enfrentado la muerte y que había sobrevivido. Más
aún, el cliente fue capaz de ver que aún tenía a su familia y amigos, su personalidad y su
inteligencia. A pesar de que seguía estando incierto de muchos aspectos de su futuro, se sintió
satisfecho consigo mismo y con sus habilidades. A pesar de que su vida estaba cambiado de
muchas maneras, fue capaz de ver las cualidades positivas que todavía estaban presentes. El
diálogo terapéutico puede ayudar a los clientes a cultivar las habilidades necesarias para buscar en
lo más profundo de un trágico evento aún reciente y ser capaz de encontrar sus aspectos
beneficiosos. Este cliente fue capaz de ver cómo su lesión le obligó a frenar su estilo de vida
agitado, a apreciar las cualidades simples de la vida y a valorar profundamente a sus amigos y
familiares.
Un aspecto importante de la sabiduría es la apreciación de los límites del conocimiento de
uno mismo (Meacham, 1990). El uso sistemático de preguntas puede ayudar a descubrir áreas de
la ignorancia y puede ayudar a conducir a los clientes hacia una mayor comprensión de sí mismos y
de sus problemas (Overholser, 1993a). Las respuestas de los clientes están, sin embargo, muy
influidas por el tipo de preguntas que se hacen, (Arlin, 1990). Por ejemplo, un cliente adulto
femenino con depresión crónica informó sobre frecuentes dificultades para llevarse bien con los
amigos y vecinos. Ella era madre divorciada con dos hijos y discutiía a menudo con su ex-marido
sobre la custodia y el sustento de los hijos. Otros pequeños problemas se la presentaron durante
días provocándola fuertes sentimientos de tristeza generalizada, de soledad, de ira y de
resentimiento. Describió como uno de esos problemas una ocasión en la que había declinado una
invitación de unos vecinos de edad avanzada diciendo que así poder pasar el día limpiando su
sótano. En la terapia, cuando se le preguntó: "dentro de diez años ¿en qué cambiará eso tu vida?",
la cliente admitió que no le importaría demasiado. Cuando se le pidió que pensara en 50 años más
adelante y anticipar lo que pensaría entonces, primero respondió sarcásticamente que "al menos,
tendría la casa limpia." Después de reflexionar, contestó que esperaba poder decir que " tenía
muchos amigos y que la gente la apreciaba verdaderamente." Cuando se le preguntó: "¿cuando
tengas 99 años y te encuentres en tu lecho de muerte, que quisieras poder decir de tu vida? ", la
cliente dijo que querría verse a sí misma como "una buena persona." La terapeuta le preguntó:
"¿Qué se necesita para ser una buen persona?" y la cliente dijo querría poder decir que había sido
una buena madre, buena amiga, y una buena hija. Ella comenzó a centrarse en cultivar estas
cualidades generales positivas en vez de dejarse bloquear por nimios desacuerdos con los demás.
El uso persistente de las preguntas ayudó a guiar el diálogo terapéutico fomentando en el cliente
un cambio en el punto de vista de sus circunstancias. Para la mayoría de los clientes, el cambio
cognitivo se produce gradualmente a lo largo de varias sesiones durante las cuales terapeuta y el
cliente confrontan cuestiones relacionadas con la virtud.
La sabiduría se orienta a menudo hacia lo óptimo: hacia consecuencias de largo alcance en
lugar de a ganancias a corto plazo (Birren y Fisher, 1990). La sabiduría requiere una perspectiva
adecuada sobre acontecimientos de la vida tales como ser capaz de diferenciar algo que es
verdaderamente terrible de un pequeño inconveniente. Por ejemplo, una cliente depresiva tendía
a angustiarse con los problemas cotidianos. Después de varios meses de terapia, ella fue capaz de
reducir su estrés emocional y cambio mucho su perspectiva. Un día, mientras trabajaba en casa, se
incendió su secadora de ropa. Ella se disgustó mucho ya que se centró en el tiempo y el dinero
necesarios para repararla. Sin embargo, rápidamente cambió su punto de vista al tener en cuenta
que este suceso no terminó siendo una catástrofe. Se podría haber convertido en una catástrofe si
hubiera sucedido cuando la familia dormía. Ella incluso fue capaz de decir: "Fue bueno que
sucediera", porque ella estaba en casa en ese momento y rápidamente pudo atender el problema
para que no provocara daños a personas u otras cosas. El cliente pudo variar su perspectiva
debido a experiencias similares vividas en el pasado, tales como los daños en el porche y encontrar
a sus hijos a salvo con su ex-marido después de asustarse mucho porque sus hijos tardaban en
llegar. Recurrir a ejemplos de la vida cotidiana de los clientes proporciona muchas oportunidades
para el diálogo terapéutico. Poco a poco los clientes van haciendo el cambio de perspectiva sin la
participación activa de las preguntas del terapeuta.
La sabiduría consiste en el dominio de la razón sobre emoción de manera que las decisiones
del cliente no estén excesivamente influidas por las emociones (Birren y Fisher, 1990), impulsos o
apetitos (Godlovitch, 1981). Por ejemplo, un cliente adulto de sexo masculino estaba hablando de
su ira e irritabilidad frecuentes ante situaciones irrelevantes. Después de varios meses de terapia,
comenzó a experimentar capacidad para distanciarse de problemas y a saber evaluar sus
respuestas emocionales desde una perspectiva más amplia. Él trabajaba como piloto y durante un
vuelo relató que estuvo a punto de tener un accidente, del que escapó a duras penas sin colisión.
Le llevó cuatro días preparar el informe de los acontecimientos para sus superiores.
Desafortunadamente, después de haber escrito extensamente sobre los acontecimientos, perdió
todas sus notas y sufrió una gran frustración por haber perdido esos documentos que tanto
tiempo le había requerido redactar. En La terapia se le hicieron una serie de preguntas
relacionadas con las secuelas que había sufrido y lo que había aprendido de su experiencia. Fue
capaz de detener su reacción emocional negativa diciendo: "Esto es una tontería. Estoy más
molesto por la pérdida de las notas que por casi perder mi vida en el accidente." La sabiduría
permitió que se diera cuenta de problemas ocultos tras las molestias menos importantes. Había
aprendido a dar un paso atrás del problema trivial (perdiendo sus notas) y centrarse en lo
importante cuestión (a punto de morir).
La sabiduría es la única virtud que es buena en sí misma (Briceño & Smith, 1987). Todas las
otras virtudes requieren de una sabiduría moral que las guíe (Devereux, 1977). Este tipo de cosas
como la riqueza, el poder y la fama pueden ser usados para fines buenos o malos. Incluso valentía
y la piedad se puede utilizar destructivamente si van separadas de la sabiduría. Por lo tanto, todas
las virtudes implican sabiduría (Briceño & Smith, 1994).