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LATERCERA Viernes 7 de enero de 2011

Cultura&Entretención

RRAlfredo Méndez ganó el tercer lugar, con fotos de fruta en descomposición.

RR Nos estamos ahogando es la foto del ganador, Cristián Campos, sobre la contaminación con bolsas plásticas.

RR Segundo lugar: María de los Angeles Fernández.

Exhiben obras ganadoras en concurso de fotografía y medioambiente
R Las imágenes de los ganadores y

Denisse Espinoza Millones de litros de petróleo se usan cada año para fabricar millones de bolsas de plástico. Sólo en España, sindicado como el principal fabricante en 2007, se producen cerca de 10.500 millones de bolsas. De ellas, el 1% es reciclado, mientras el resto va a parar directo al medioambiente, donde demoran más de 100 años en descomponerse. Un problema que ya alarma a los gobiernos del mundo: desde la semana pasada, Italia prohibió el uso de bolsas plásticas en tiendas comerciales. El fenómeno de contaminación mundial es retratado en Nos estamos ahogando, imagen tomada por el periodista y fotógrafo Cristián Campos, que resultó ganadora del segundo concurso de fotografía organizado por

finalistas del concurso organizado por Radio Zero se exponen hasta el 29 de enero, en Galería Animal.

Radio Zero y Galería Animal. Centrado en problemáticas medioambientales, el certamen se tituló Tu mundo, tu casa, y la ceremonia de premiación se realizó anoche, en la galería ubicada en Alonso de Córdoba, donde también se inauguró la exposición que reúne a los ganadores junto a los 16 finalistas. La muestra estará abierta hasta el 29 de enero. En septiembre de 2010, Radio Zero inició una campaña para disminuir sus emisiones de carbono. Asesorados por Marcelo Mena, director del Centro de Sustentabilidad de la Universidad Andrés Bello, la empresa midió sus huellas de CO2, para luego disminuir y neutralizar sus niveles de contaminación: “Desde hace un tiempo que el tema ‘verde’ ha tomado protagonismo dentro de los contenidos de la radio.

Nuestro compromiso es hacer, más que decir cosas. Por eso decidimos que el tema medioambiental fuera el centro de nuestro segundo concurso fotográfico”, cuenta el director de Radio Zero, Gonzalo Pavón. Más de 200 personas participaron en la convocatoria, que invitó a fotógrafos profesionales y aficionados de todo el país y donde los ganadores fueron premiados, cada uno, con una cámara marca Sony Alpha de última tecnología. El jurado estuvo compuesto por la fotógrafa María Gracia Subercaseaux, el director de galería Animal, Tomás Andreu, el artista visual Arturo Duclos y Marcelo Mena, de la Universidad Andrés Bello. El segundo lugar fue para la fotógrafa aficionada María de los Angeles Fernández, con la obra Setenta veces

siete: un díptico intervenido digitalmente, donde muestra dos casas, una en un clima desértico y otra bajo la nieve, que reflexionan sobre el calentamiento global. El tercer lugar fue para el fotógrafo profesional Alfredo Méndez, cuya obra retrata comida en descomposición.“Este concurso es una muy buena oportunidad para que aficionados muestren todo su talento. Los tres ganadores comparten una obra fotográfica muy buena, al mismo tiempo que trabajan con mensajes muy poderosos. El primer lugar toca un tema candente y su forma de expresarlo es muy clara y precisa. Creo que de eso se trata el arte y el objetivo de este concurso: despertar emociones en la gente”, señala la presidenta del jurado, María Gracia Subercaseaux. b

Q

ue nadie venga a eludir la figura literaria de Leonardo Sanhueza. Los que no han leído su traducción de Catulo, titulada Leseras, ni sus libros de poemas ni sus crónicas, prólogos, ensayos y reseñas, es hora de que se pongan al día. No se pierdan a quien es, sin duda, una de las personalidades más talentosas y auténticas que ha producido este país en el ámbito intelectual en mucho tiempo. Conocí a Sanhueza hace 10 años, cuando gozaba de la merecida y precoz fama de ser uno de los más pulcros editores de la plaza. Este prestigio se cimentaba en su publicación de Kavafis íntegro, la magnífica versión de Miguel Castillo Didier de la obra del poeta griego. Sanhueza también había editado un conjunto de entrevistas a Jorge Teillier, que dieron bastante qué hablar. Era curioso: delgado como varilla, astuto y sonriente, conversador ágil, no había tema que tomara en serio y desconociera. Además, lucía

su acento huaso con orgullo. En sus frases desplegaba un humor cáustico y una falta de énfasis que no estaban reñidos con el trabajo obsesivo al que se entregaba como editor. Me contó esa vez, sin hacer el menor aspaviento, que era geólogo de profesión, pero aclaró de inmediato que estaba más interesado en la gramática que en la explotación de minerales. Noté que disfrutaba de su posición distante, excéntrica, ajena a las modas y lejana de las premuras que subyugan a los que intentan ganar un puesto en la carrera literaria a punta de codazos y méritos. Sanhueza, por entonces, había publicado en España el libro de poemas Tres bóvedas, donde procesa los detalles que constituyen su pasado. Evoca atmósferas, personajes y paisajes del sur, yuxtaponiendo imágenes con fragmentos narrativos y recursos líricos. Su caso, por supuesto, no es el de un explorador de los vericuetos de la melancolía con añoranzas de un paraíso per-

TIEMPO DE LECTURAS

EL INVESTIGADOR DE LA PERPLEJIDAD
Matías Rivas
Director de Publicaciones de la UDP.

dido; por el contario, en sus versos la conciencia del poeta y sus circunstancias históricas son propias de un extraño que habita una realidad cifrada. La escritura de Sanhueza se expandió hacia la prosa con envidiable soltura e ingenio: con las columnas que publica en Las Ultimas Noticias armó el libro Agua perra, pero su jugada más riesgosa y central es la publicación del conjunto de poemas que compo-

nen La Ley de Snell, verdadero acontecimiento que hay que elogiar sin afectaciones. Logra en este volumen una poesía clásica en sus mejores atributos y moderna en su fluir alucinado. Abunda en ella una levedad filuda e irónica. Son poemas en los que se suceden escenas y referencias, observaciones y metáforas. En cada texto reúne diversas capas de sensibilidad comprimidas en un lenguaje ajustado. Sanhueza

se detiene con atención en las sensaciones de desasosiego, cuyo reverso es la muerte o la demencia diaria. Atrapa las esquirlas incómodas que se agolpan en la memoria y que luego se convierten en vibraciones raras, en inquietudes. Alumbra e indaga esas zonas vulnerables, desde lo nimio y delicado, hasta lo crudo y espectral. Encontramos en La ley de Snell una metafísica de la vida cotidiana, en la que la perplejidad tiene un espacio cardinal. Prueba de ello es el poema Moraleja: “Hasta las cosas más importantes/ no valen su peso en oro./ Pero siempre logramos pasar./ Y si no pasamos es porque la historia/ ha concluido o ya no cuenta. Eso es lo normal./ En cada pasada salimos un poco maltratados,/ se nos queda una lonja, a veces un brazo entero,/ una viruta de piel (la pálida caspa a contraluz)/ si andamos con la buena estrella. La clave es/ pasar y olvidarse de la rebanada. El resto/ es cuestión de costumbre. Tiempo y costumbre”.

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