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La consulta popular, Fernando López Romero, Carlos Rojas Reyes. Los conflictos de la “revolución ciudadana”, Mario Unda y Ellis Bethania. El Sumak Kawsay, Floresmilo Simbaña. Homenaje al Negro Chiriboga, Raúl Borja. Los movimientos sociales y los gobiernos de “izquierda”, Rosa Lucero. La resistencia árabe y la estrategia imperial, Alejandro Moreano

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R, revista para un debate político socialista
año 3, número 7, enero-marzo de 2011 quito, ecuador
Cierre de la edición: 25 de marzo de 2011 Los artículos firmados reflejan el punto de vista de sus autores

Ilustraciones: todas las ilustraciones de este número, incluidas la tapa y la contratapa, son grafitis de Jquatro en las calles de Quito.
Correspondencia, colaboraciones, opiniones, críticas, sugerencias, dirigirlas a: R.la.revista@gmail.com Casilla 17-03-856, Quito-Ecuador Comité Editorial: Ellis Bethania Eduardo Castro Fernando López Romero Lucho Moreno Sambonino Elizabeth Rivera Floresmilo Simbaña Mario Unda Editor: Mario Unda

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índice
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“Confíen en mí…”. La consulta en tres escenarios políticos, Precariedad de la política. Consulta popular 2011, El Sumak Kawsay como proyecto político, Los conflictos de la “revolución ciudadana”,

Editorial. Consulta popular: democracia vs. presidencialismo, p. 4

Fernando López Romero, p. 7
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Carlos Rojas Reyes, p. 14

Floresmilo Simbaña, p. 21

Movimientos sociales y gobiernos de “izquierda”. Los casos de Venezuela y Bolivia,
Rosa Lucero, p. 41
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Mario Unda y Ellis Bethania, p. 27

La resistencia árabe y la estrategia imperial, Homenaje a Jorge Chiriboga Guerrero,

Alejandro Moreano, p. 55 Raúl Borja Núñez, p. 64

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Editorial

Consulta popular: democracia vs presidencialismo

Presidente de la República llama a consulta popular con el objetivo de fortalecer el ejecutivo por sobre los otros poderes del Estado, esto pone en evidencia el carácter de la “revolución ciudadana” como un proceso cada vez más centrado en un solo ciudadano. Apelar al pueblo y pedir un voto de confianza para “meter la mano en la justicia” no tiene fundamento constitucional, mucho menos democrático; por lo tanto, las razones son enteramente políticas: demuestra una forma de gobernar cada vez más autoritaria, que tiene la necesidad de manejar todas las instituciones del Estado con el propósito de controlar a la sociedad. Los 180 juicios por terrorismo y sabotaje contra dirigentes sociales defensores de su territorio en oposición a la minería; la criminalización de cualquier protesta social; la persecución judicial en nombre de la majestad presidencial a quien señale al presidente en la calle; la persecución y deslegitimación a dirigentes indígenas, estudiantiles, sindicales; las acusaciones de traidores o de derechistas y oportunistas a quienes discrepen con sus criterios y se planteen en oposición a su proyecto;… todos estos son claros ejemplos de una forma de gobernar que no reconoce ni siquiera el marco constitucional construido en los cuatro años de
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El

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su administración. Entonces preguntamos: ¿qué más estamos dispuestos a permitir los ecuatorianos a nombre de mantener unas cuantas reformas? Prometer al pueblo que con la extensión de la prisión preventiva y limitando las medidas sustitutivas a la prisión; que con la reestructuración de la Función Judicial desde la intervención directa del Presidente de la República; que con la prohibición a las instituciones del sistema financiero privado para tener participación en empresas de comunicación de carácter nacional; que creando una instancia que regule los medios de comunicación, controlada por el Ejecutivo; prometer que con todo esto se vayan a resolver los problemas graves del país como la delincuencia, la injusticia, las deficiencias en los procesos de juzgamiento o las desigualdades sociales es una verdadera demagogia. Las medidas propuestas en la consulta popular buscan tener un impacto ideológico sobre la opinión pública; con este fin no se repara en la violación de derechos y principios establecidos en la Constitución, y a cambio ofrece medidas que ya la historia ha demostrado como ineficaces. Mantener en prisión sin sentencia a personas acusadas, limitar la aplicación de medidas sustitutivas a la prisión (arresto domiciliario, obligatoriedad de presentaciones periódicas ante el Juez, etc.) en casos de delitos no graves solo incrementa la impunidad y la incapacidad de la Administración de Justicia para resolver el problema de la delincuencia, y la crisis del sistema de “rehabilitación social”. La acción de “meter la mano a la justicia” por Presidentes ha sido un mecanismo muy utilizado en el Ecuador. Dos casos tenemos presentes: con el gobierno de León Febres Cordero, en 1984, cuando se desconoció la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia por el parlamento y se impuso otra Corte a su medida; y con la tristemente célebre “Pichicorte” en 2004, impuesta por Lucio Gutiérrez. En ambos casos se cambió de nombres pero se mantuvo el sistema. Sin enfrentar las razones de la violencia, sin cambiar el carácter y el sistema de la Administración de Justicia, no se cambia nada; todo es jugar con las necesidades del pueblo. En cuanto al monopolio privado de los medios de comunicación, la Constitución, en su Art. 312, ya reglamenta la separación de las empresas de comunicación y las instituciones del sistema financiero, por lo tanto lo que no ha existido es una real voluntad política del gobierno para romper definitivamente este monopolio. Considerando, además, que el Estado es uno de los mayores contratistas de publicidad, es fácil entender que las intenciones del gobierno son otras y no la democratización de la información. La normativa para la regulación de la información es suficiente para establecer responsabilidades, ¿no será que el pretendido Consejo de Regulación busque controlar los procesos de comunicación social de los sectores populares? El objetivo de la pregunta que tipifica como un delito el enriquecimiento privado no justificado abre mucha polémica; la argumentación del Presidente dice que es para investigar a algunos empresarios y burócratas que “se enriquecieron de la noche a la mañana”. Si sólo ese fuera el objetivo, en la Constitución ya consta, en el art. 233, el delito de “enriquecimiento ilícito”, pero en cuatro años de revolución ciudadana no hemos visto ningún caso juzgado.
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Introducir en la ley penal el “enriquecimiento privado no justificado” resulta un concepto bastante impreciso; igual serviría para “juzgar” a un empresario que haya amasado fortuna ilegalmente como a cualquier ciudadano (trabajador, comerciante, profesional) que no lleve contabilidad o registro de sus bienes. Si esto es así, estamos ante un proceso de endurecimiento de los mecanismos de coerción del Estado y una anulación de lo social y de la democracia; hablamos entonces de un proceso de des-ciudadanización, donde la capacidad social desaparece para dar paso a un Estado autoritario. No se trata de negar el derecho a la consulta como mecanismo de la democracia, lo que está en juego es defender la posibilidad social de la lucha política en contra de un Estado excesivamente controlador y abiertamente autoritario, que ve a la organización y a la movilización social como amenazas. Nuestra oposición es a los objetivos de Correa para concentrar mayor poder; nuestra oposición es a la criminalización de la lucha social. Hacemos un llamado a organizarnos, a crear procesos colectivos y a votar por el No. ¡No al autoritarismo, No a la criminalización de la protesta social, No a la anulación del pueblo y su capacidad de decisión! ¡No, no, no…, diez veces No! Comité Editorial de la revista

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“Confíen en mí…”
La consulta en tres escenarios políticos
Fernando López Romero

una mirada distinta sobre la Consulta, y acudo al recurso de colocarla en tres escenarios, lo que significa considerar un entramado de relaciones políticas y discursivas para cada uno de ellos. Se asume como discurso, para esta reflexión, no solamente lo dicho, oralmente o por escrito, sino también los gestos, los lugares, los símbolos y las acciones políticas 1. La Consulta ha profundizado las contradicciones entre las distintas tendencias del Movimiento Alianza País, con el progresivo e implacable ajuste de cuentas del líder con sus subordinados. Él es el único que se considera autorizado por la historia, seguramente con bendición papal incluida, para tener “agenda propia”, con el líder máximo como el único con capacidad para desarrollar las iniciativas políticas, y con la subordinación de las otras funciones del Estado a su poder y sabiduría.

Propongo

1No

he querido cargar este texto con referencias de pié de página; asumo que compartimos con los lectores buena parte de la información de sustento. [7]

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En el segundo escenario, se explora la convocatoria a la Consulta en el terreno de la relación entre Rafael Correa con sus fieles, es decir con su importante base electoral. Y en el tercero se ubica a la Consulta por fuera de la base política correísta, catastrada y cuantificada, para pensar en ella en el marco político general de la sociedad ecuatoriana, tanto hacia la derecha del gobierno, como hacia su izquierda.

El 30s y la consulta popular

La convocatoria a la Consulta del próximo 7 de mayo es hija legítima del 30 de septiembre, cuando terminó de configurarse una situación política en la cual la derecha más reaccionaria que se reconoce en Sociedad Patriótica y en los dinosaurios de la represión de épocas pasadas (Lemos, Pazmiño y cía.), se aisló, no solo de una parte considerable de la sociedad, sino que redujo sus posibilidades representar políticamente y ser una real opción de poder para importantes sectores empresariales. El 30 de Septiembre Lucio Gutiérrez se quedó casi solo, sin las cámaras empresariales, sin el apoyo de buena parte de la prensa, y en la vereda del frente de la oposición de derecha, mientras Jaime Nebot, la figura política más representativa de esta tendencia, cruzaba la calle para sumarse al coro de los defensores del “Estado de derecho”. El 30S fue usado también para construir un frente internacional por la democracia, al que han adherido desde Fidel Castro hasta Sebastián Piñera, que ha impuesto el candado jurídico acordado en la decisión de UNASUR de no reconocer a ningún gobierno que sea el resultado de un golpe de Estado. Pero la consulta también es la hija bastarda de la muerte cruzada con la que Rafael Correa amenazó en meses pasados a la Asamblea Nacional, amenaza en la que incluyó a los asambleístas del gobierno, con quienes había tenido choques desde la época de Montecristi, a quienes acusa, cada vez que es necesario, de tener “agenda propia”. Fruto de esto es la separación de Ruptura de los 25 y la derrota política definitiva de la línea participacionista en Alianza País, que contemplan como el Presidente le disminuye poderes al Quinto Poder.

Primer escenario: el líder y su movimiento político

Buena parte de la militancia que confluyó en Alianza País llegó desde las luchas sociales y los colectivos ciudadanos. En ese contingente de la primera hora, es posible reconocer tres grandes tendencias. La de antiguos izquierdistas de distintas coloraturas pero similares trayectorias, que han jugado siempre a saltar con garrocha o caer en paracaídas en los momentos de crisis de los sectores dominantes y hacerse al arranche con pedazos del gobierno de turno. De ellos quedan todavía bastantes, en la Asamblea Nacional y en el Gobierno, como los Rodríguez y los Velasco, pero subordinados completamente a Rafael Correa, sin expresión como tendencia autónoma, y muchos otros, como antiguos comunistas, miristas, alfaristas y socialistas, haciendo el trabajo más sucio en la división de los movimientos y sectores sociales.
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Una segunda tendencia es la de aquellos que estuvieron mucho tiempo ligados a las luchas sociales en las organizaciones populares, los movimientos sociales, la iglesia de los pobres y las llamadas acciones e iniciativas ciudadanas. Esta tendencia puede ser calificada como “participacionista”, por el énfasis que puso en su momento en la organización social y en los mecanismos de participación democrática. El giro autoritario a la derecha que se profundiza cada día ha reducido los espacios para este sector. Nada más lejano a los intereses y la mentalidad de Rafael Correa que algo que se parezca a una democracia participativa, y tampoco quiere que exista mediación alguna en su relación con su electorado. La tercera tendencia, liderada por Alberto Acosta, más cercana a expresiones como Ruptura de los 25 y a personas y colectivos de la clase media tecnocrática, se arropó y expresó en las propuestas del neo constitucionalismo. Para ellos la Constitución Política es la expresión de un nuevo pacto social, por medio del cual podría construirse una nueva institucionalidad y nuevas relaciones sociales. Desde esta perspectiva trabajaron en la Constituyente de Montecristi donde colocaron el acento en el tema de los derechos y las garantías. Rafael Correa tuvo, desde el comienzo, la habilidad para no alinearse con ninguna tendencia en particular, y para usarlas a todas, mientras consolidaba su poder personal en el gobierno y tomaba las decisiones más importantes, en diálogo directo con los grupos empresariales, y en el cálido seno de su más íntimo círculo personal (Mera, hermanos Alvarado, Patiño), que en su inmensa mayoría no proviene de las filas de la izquierda, ni de grupos o colectivos ciudadanos. El disciplinamiento progresivo y sin cuartel en las filas de Alianza País ha hecho que el círculo más poderoso de la Revolución Ciudadana, donde se decide todo lo importante, se estreche cada vez más, mientras crece la lista de los apóstatas arrojados del templo. Esta ha sido la tarea de Doris Solís, quien ha empujado la política de lograr esos consensos unánimes en apoyo a las tesis de Rafael Correa… La primera forma de relación entre las corrientes, tendencias e individuos, y con Rafael Correa, en la euforia constitucionalista, se planteó en medio del entusiasmo y la ilusiones compartidas, como una relación entre pares y compañeros de un proceso; si estas relaciones no fueron completamente horizontales, se desarrollaron durante un tiempo por lo menos en la creencia de que existía algo parecido al centralismo democrático, con el “buró” como representación del mismo, y con un Rafael Correa que declaraba a cada momento no ser otra cosa que un instrumento de la Revolución. En este momento circulaba la tesis de que el gobierno “estaba en disputa”, que sirvió para encandilar e inmovilizar a muchos izquierdistas, ambientalistas, feministas radicales, dirigentes sociales. Posteriormente, esta relación se materializó como una suerte de “división del trabajo” en los distintos espacios o frentes: el Ejecutivo, la Constituyente, la Asamblea Nacional, los gobiernos locales y las organizaciones populares. Aquí se vio claramente que Rafael Correa tenía su
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propio programa e imponía sus iniciativas, dejando a la vera del camino los sueños de perro de tantos izquierdistas acerca del “gobierno en disputa”. Ahora eso ya no existe; las relaciones en el interior de Alianza País son verticales, unidireccionales y de sumisión absoluta. El juicio fallido al Fiscal Pesántez, la elaboración, discusión y aprobación de las leyes, y la Consulta expresan con claridad que Alianza País es solamente un capítulo renovado, corregido y aumentado, de lo que el gobierno ha llamado insistentemente partidocracia. Se trata de una nueva coalición gobernante que es portadora de un proyecto económico primario exportador, importador y extractivista, con un proyecto político modernizador del Estado, en el cual se ha concentrado el poder en manos de un Presidente de la República verticalista y autoritario. Esto elimina la idea de una Asamblea Nacional como espacio de construcción de formas de consenso entre los distintos sectores políticos y sociales. Está claro donde se definen y cómo se hacen las leyes y cuál es el papel de los legisladores gobiernistas.

La relación de Rafael Correa con su base electoral-social, con “el pueblo soberano”, es una relación patriarcal y vertical; concebida y practicada de arriba hacia abajo, en la cual la palabra y los gestos del líder en esa misa de cuerpo presente con homilía incluida que son las sabatinas, es complementada con la mezcla de parábolas, cánticos, epístolas y declaraciones de fe comprometida que emanan durante la semana de los mensajes oficiales, especialmente por la radio y la televisión. Al comienzo de cada semana, y después de la misa mayor de cada sábado, las cadenas nacionales codifican la información, y señalan a los malos y a los buenos del momento en un libreto, que se repite y no parece agotarse. La Consulta es el mejor escenario para reeditar en la mayor escala posible el ritual de adhesión, lo que significa renovar los votos para mantener vigente ese pacto de fe depositada por los de abajo en el de arriba. Estrategia continua que le permite mantener la iniciativa política y extraer legitimidad en el ejercicio continuo de las elecciones tipo plebiscitario; recurso utilizado por otros gobiernos autoritarios de la región, como el de Alberto Fujimori. La convocatoria por parte de Correa a la Consulta, con el mensaje emocionado “confíen en mí”, le otorga un carácter plebiscitario en el cual las preguntas son secundarias, y la discusión sobre su contenido parece destinada solo a ciertos segmentos de la sociedad. Más que en el propio contenido de las preguntas de la Consulta, que han sido sometidas, siguiendo las formas legales, a jueces constitucionales amenazados previamente y por si acaso…; más que en ello, decimos, es necesario reflexionar sobre el uso de las formas presidenciales en la relación con sus votantes. El mensaje más profundo, más íntimo, con mayor complicidad, de Rafael Correa a la población, al “soberano”, es aquel en que le pide depositar la confianza en un Presidente dispuesto todavía a mayores sacrificios, para permitirle que arregle aquellas cosas que están mal. Un
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Segundo escenario: el líder y sus fieles

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Presidente que le pide al pueblo que le ceda su “soberanía” y la deposite en sus manos como un cheque en blanco. La Consulta se presenta entonces como un nuevo episodio del acto repetido de pedir-ordenar que realiza el Presidente, cual padre proveedor, dinámico, incansable, que esgrime sonrisas; ilustrado y pendenciero, que en la mano izquierda lleva la antorcha encendida de la verdad política de ocasión, y en la derecha el paquete, hasta ahora infaltable, de las obras redentoras. De ganar en la Consulta, esta legitimidad política nacida de las urnas le “autorizará” para profundizar el mandato autoritario y verticalista. Enmarcada en esta autoridad paternal, la relación Presidente-electores está planteada como pura reciprocidad: obras materiales y distribución de dinero, a cambio apoyo electoral, confianza y fe. Esta base de apoyo, que hasta el pasado reciente casi siempre votó por la vieja derecha, es impermeable a las críticas, a las denuncias sobre irregularidades, corrupción y autoritarismo del gobierno. En esa relación Rafael Correa despliega un discurso, que se desliza desde el “hasta siempre comandante” y la alegoría nacionalista, hasta los elementos más machistas, conservadores y racistas del rancio y vigente discurso de la dominación. Desde la arenga encendida y el llamado de ese hijo y hermano sincero que muchas mujeres y hombres del pueblo quisieran tener, hasta el uso del lenguaje más furibundo, agresivo, demagógico e irrespetuoso. Rafael Correa ridiculiza, remeda, arremete, provoca, descalifica, amenaza y amedrenta. Se divierte a la vez que pacifica su conciencia. Mientras tanto, favorece a los empresarios con obras de infraestructura como puertos, aeropuertos, carreteras y caminos para abrir nuevas zonas de penetración capitalista, todo esto en el marco de antiguos proyectos diseñados por el Banco Mundial. La relación con “el soberano” no es otra cosa que un nuevo reciclaje, material y simbólico, de la vieja dominación. No existe un diálogo de doble vía entre el mandatario y su base de apoyo; hay cortejo, adulo, simulación compartida. Hay también rasgos de un profundo menosprecio, nacido de una concepción católica conservadora de la moral adquirida en su temprana militancia en los grupos de oración. Este aspecto es el más peligroso de la Consulta: depositar, en nombre de la revolución y de la democracia, las decisiones fundamentales en el líder ungido-elegido-santificado, significa reforzar uno de los rasgos más negativos y conservadores de la conciencia social. Con ese voto de apoyo a “mi presidente”, como dice ya la campaña en marcha a través de los teléfonos celulares, comienza y termina, como en los tiempos de la “larga y triste noche neoliberal”, la democracia revolucionaria correísta: “Yo estoy arriba y me sacrifico decidiendo lo mejor para ti; tú estás abajo dándome tu apoyo; entre tú y yo, otra relación no es posible; y no hace falta…”. Los proyectos de emancipación humana de la época de la modernidad (es decir de la época marcada por el proyecto histórico y cultural que depositó en el ejercicio de la razón la posibilidad para, desde este centramiento, decidir sobre todo: sobre la economía, la política, la cultura, la vida individual y la organización de la sociedad) en sus formas más revolucionarias apelaron a la
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auto organización de los trabajadores constituidos en sujetos de su propia historia. La razón, con su inmenso cargamento de esperanza, se erigía en contraposición de la fe como creencia ciega en fuerzas exteriores al ser humano. “No más salvadores supremos, ni César ni burgués ni Dios, nosotros mismos realicemos nuestra propia redención” son las primeras palabras de “La Internacional”. Mientras la fe, de raíz religiosa, no es sino la confianza ciega en una autoridad exterior a las relaciones sociales, que decidirá por hombres, al final de cuentas incapacitados para razonar y decidir por sí solos. La esperanza fundada en la razón está asociada con la solidaridad, con los colectivos y comunidades forjados en la resistencia. A diferencia de la fe pasiva en el líder que decide por ellos, la esperanza es aquella espera activa y crítica, constituida en el hombro con hombro y en el cara a cara de las relaciones más horizontales que existen en las comunidades y en los movimientos sociales. La esperanza es una mirada puesta hacia adelante. El mensaje presidencial del “tengan otra vez confianza en mí” no alude a ese tiempo de la espera activa, de la praxis humana construida alrededor de los fogones, en los buses de las fábricas, en las esquinas, que camina por las calles, que se forja en las plazas, en los calabozos, en las imprentas clandestinas y en las asambleas, pensando a contra corriente, soñando con los ojos abiertos. La fe política que invoca el Presidente a sus electores se profesa alrededor del televisor, en la pereza mental y en la resignación del así debe ser, el Presidente debe tener la razón, confiemos… No es sino, en escala mayor, otra cosa que la aceptación del Mesías de turno que aparece en las crisis. El discurso de Rafael Correa como apelación a la fe es un llamado a desarmar la conciencia. ¿Dónde quedó la idea de la democracia participativa de la que hicieron su bandera tantos fervorosos correístas de la primera hora? ¿En qué cheque de quincena la abandonó, la mayoría? ¿Por qué ahora, se reduce toda la política al voto del “tengan confianza en mí otra vez, estoy dispuesto a servirles”? ¿Dónde quedan los instrumentos participativos e institucionales santificados por la propia Constitución de Montecristi?

En un tercer escenario, la Consulta plantea también una serie de cuestiones sobre la relación de Rafael Correa con el resto de la sociedad. Contra aquellos sectores de la población ideológicamente conservadores, con los cuales se ha confrontado desde el comienzo, el gobierno pretende otra vez un despliegue de fuerza, que ratifique, en los mecanismos de la democracia formal, quién manda. Pero, sobre esa base, sostiene e impulsa un proyecto que se desliza cada vez más hacia la derecha…, mientras los sectores de esta tendencia se encuentran en plena crisis de representatividad política, con Jaime Nebot sospechosamente estático, con escasa presencia en los temas nacionales, y más bien reducidos a su enclave guayaquileño. El contenido fundamental de la Consulta resulta también un verdadero aprieto para la derecha política tradicional, para la que responder no a las reformas a la justicia resultará algo parecido a negar al padre y a la madre.
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Tercer escenario: los no correístas

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Rafael Correa, quien se apropió de buena parte del programa de la izquierda año y medio antes de que arranque la campaña presidencial, despojaría a la vieja derecha de una de sus banderas más importantes: la seguridad y el uso de la fuerza para apoyar la modernización capitalista. La Consulta es de Correa, pero las principales preguntas son de Jaime Nebot, como rezaba una caricatura en la prensa, resume este enroque político hacia la derecha. Ninguno de los sectores en los que se encuentra organizada la vieja derecha política puede encauzar la posibilidad de un frente común de las derechas en torno a una posición que diga no a todas las preguntas. El escenario de un voto diferenciado significaría también jugar en la cancha, con el árbitro, con la pelota y con las reglas de Rafael Correa. Tampoco parece posible, ni deseable, que la oposición de la derecha y de izquierda confluya en una misma iniciativa política, sobre todo porque las clases económicamente dominantes parecen sentirse a gusto con el Gobierno de Rafael Correa que con un lenguaje de izquierda se ha convertido en la mejor garantía del capital. Esto es evidente en las inversiones a las que ha empujado al Banco del IESS en el sector de la construcción, tradicionalmente dominado por la banca privada, especialmente por el Banco Pichincha. Los proyectos de vivienda, eje de la propaganda oficial en las últimas semanas, se realizan con el dinero de los trabajadores y proporcionan enormes ganancias a las empresas privadas. El Banco del IESS también es el soporte financiero de grandes proyectos de infraestructura y de explotación petrolera. Pero la Consulta también mueve a la sociedad. El escenario de las luchas particulares, característico del período último, está siendo abandonado por los sectores sociales, los movimientos sociales y la izquierda no subordinada, que han retomado la reflexión sobre las tareas comunes y generales. En la historia no hay jamás situaciones cerradas, y las convulsiones del Magreb y del Medio Oriente lo vuelven a demostrar. Si Rafael Correa juega en la Consulta con cartas marcadas, su estrategia también alienta la posibilidad de activar las resistencias sociales que podrían terminar pateando el tablero…
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Precariedad de la política. Consulta popular 2011
Carlos Rojas Reyes

1. Una aproximación a la precariedad social y política

La precariedad en Occidente, más aún en estos momentos de la gran crisis del capitalismo, se expresa en el ámbito del trabajo. Precisamente trabajo precario significa: “…designa en particular el área del mercado laboral en la que no hay reglas fijas para el empleo, el salario y la jornada de trabajo” 2.
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Gerald Raunig: Mil máquinas. Breve filosofía de las máquinas como movimiento social, Traficantes de Sueños, Madrid, 2008, p. 80. [14]

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La crisis tiene como una de sus manifestaciones centrales, el desempleo que en países como España supera el 20%. Y junto con esto, la búsqueda insaciable de trabajos parciales, mal remunerados, sin ningún tipo de protección social. Lejos de permanecer en el ámbito económico de las relaciones laborales, el conjunto de la sociedad adquiere este carácter precario: “… es obligado constatar que el espectro del fenómeno de la precarización se extiende mucho más allá de las condiciones laborales: debido a la revocación del empleo garantizado y estable.” 3 Aún podemos ir más lejos y decir que las condiciones generales de reproducción de la vida humana terminan por ser precarias, desde el trabajo hasta las formas de existencia personal, subjetiva, individual, sin olvidar las que se refieren al deterioro acelerado del planeta por el calentamiento global. La existencia de los seres humanos sobre el planeta se ha vuelto precaria: “…ampliar su sentido hacia las dimensiones biopolíticas de la precarización social y de la vida precaria…” 4 Y sobre todo insistir en que: “La incertidumbre de las condiciones de trabajo, los modos irregulares de vida y la omnipresencia de la precarización hacen que la ansiedad se difunda en todas las situaciones sociales como un problema que ya no es solamente mental.” 5 Una democracia que se asienta sobre este carácter precario generalizado, tiene que relacionarse con una masa cuyos intereses comunes son difíciles de apreciarse, en donde las confluencias son problemáticas y aquello que se logra emprender de manera coordinada siempre es frágil e inestable. Una legimitidad basada sobre la precariedad siempre es provisional; y por esto tiene que rehacerse una y otras, generalmente apelando a la opinión pública, a los mecanismos plebiscitarios, al control cada vez más estricto de los medios de comunicación, a la producción de una ideología que sustente la sociedad capitalista a pesar de su crisis. ¿Cómo hacer política con esta masa precaria que fluye sin contención?: “…dispersión, fragilidad, multitud: no representa una formación unificada, homogénea u ontológica, sino que más bien se distribuye y dispersa en muchos «puntos calientes»; y esto es así no sólo por su debilidad o incapacidad, sino también por su discontinuidad geográfica, por su distribución en el espacio y por la dispersión de su producción.” 6 Entonces, una masa precaria que se caracteriza por una dispersión que dificulta el encuentro en un frente común; y, por otro lado, paradójicamente, una multitud abierta a nuevas propuestas, a oponerse quizás con estrategias de tipo anarquista, que quizás son las únicas que realmente funcionan en la época en la que vivimos. (Aunque este no es el momento, se puede mencionar las campañas de apoyo a Wikileaks con el tema de los papeles del departamento de Estado norteamericano.)
3Ibid., 4

p. 74. Ibid., p. 76 5Ibid., p. 104 6 Id., p. 95.

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“En la actual situación, la dispersión no tiene una connotación claramente negativa, en el sentido de que obstruya todo tipo de trato social. Las condiciones presentes apuntan más bien hacia una situación ambivalente, pues se manifiestan en la falta de comunicación directa y también en las nuevas formas de comunicación que en potencia existen en la dispersión” 7 Por eso se sostiene que: “…el precariado es un monstruo que no conoce el sueño…” y que se halla en un estado de permanente agitación: “Lo que encontramos a propósito del precariado es un devenir, un cuestionamiento y una lucha constantes.” 8 Podemos concluir esta parte citando la consigna de una de las iniciativas de las organizaciones que luchan contra la precariedad: “¡Mayday, Mayday! Sin límites, no la precariedad, derrotemos a la nueva desigualdad.” 9 Nótese la ambigüedad con la que se usa el término: Mayday, que en este contexto es tanto señal de auxilio, de llamado a la lucha como referencia al día del trabajo.

2. La precariedad de la democracia

A pesar de los años de democracia –desde 1979- su consolidación parece cada vez más lejana e incierta. Hemos echado gobiernos abajo solo para ver cómo otros peores tomaban el poder. El gobierno de Correa llega con esta promesa de una democracia y se sostiene todavía en ella, porque las experiencias de tumbar gobiernos están desacreditadas. Sin embargo, la ampliación y consolidación de la democracia no asoma por lado alguno. Por el contrario, como la mayoría de cosas en este país, se contamina de la precariedad que lo atraviesa todo. Esa inmensa masa de trabajadores informales, nombrados estadísticamente como subempleados –casi la mitad de todos los ecuatorianos viven en esa situación- hace que su lógica, que su forma de vida, penetre en todos las esferas. Añádase a esta masa, alrededor de tres millones de ecuatorianos migrantes cuyas condiciones de vida son igualmente precarias: salarios bajos sin beneficios sociales, ilegalidad, sometidos a prejuicios racistas, golpeados por la crisis del mercado laboral norteamericano y europeo. El miedo colectivo se extiende cada vez más: desde la inseguridad en las calles, en las carreteras hasta la fragilidad del empleo, de la subsistencia diaria, del futuro mismo, busca un asidero político en un gobierno que canaliza cada sábado su odio: hay que insultar a alguien para descargar ese inmenso descontento de la gente con todo lo que pasa y que no encuentra responsables concretos. Son esos sectores la base social difusa y al mismo tiempo permanente de un gobierno pequeño burgués, que moderniza el Estado mientras da palazos para
Id., p. 100. Id,. p. 100. 9 Tomado de: http://www.euromayday.org/about.php
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deshacer cualquier organización y movilización social, no importa en dónde se origine. Y que, además, garantiza de la mejor manera la reproducción ampliada del capital financiero. Precariedad de la democracia que se muestra en el anuncio de que habrá tantas consultas populares como sean necesarias. Esto desde luego sería magnífico. En principio estamos a favor de convocar a que el pueblo se pronuncie todas las veces que sean necesarias. Se pretende, ante todo, deshacer los mecanismos democráticos, manipular la constitución, alterarla para someterla a las necesidades inmediatas del poder, cambiar la relación de fuerzas entre los poderes del Estado y negar el valor de lo que el propio sistema ha creado: la maquinaria de la representación, empezando por su Constitución.

Nos preguntamos, con desazón y malestar, por qué los gobiernos democráticos tienden a volverse autoritarios, salvo por contadas excepciones. Las respuestas más radicales suelen vincular estos procesos a las necesidades represivas de control del movimiento de masas que evite la caída del sistema capitalista. Sin embargo, este no es el caso. Se tiene que reflexionar sobre los orígenes de esta otra variante de autoritarismo. Intentemos algunas hipótesis provisionales para el caso ecuatoriano: 1. El gobierno de Correa emerge en el momento de la derrota más profunda del movimiento de masas en nuestro país, cuando el movimiento indígena que había sido el último bastión de resistencia popular sale golpeado políticamente de la coyuntura, sin lograr rehacerse como líder de la nación. Subido sobre esta lógica, Correa se propone terminar por deshacer cualquier trama social organizada incluso aquella que pudiera apoyarle. Por esto, su modo de relación con el movimiento de masas originado en la representación, se traslada rápidamente a la aclamación y sobre todo al vínculo directo con los sectores populares. Sin ninguna mediación ni social ni política, la única manera de aproximarse al pueblo es una forma autoritaria, en la medida en que se apropia del conjunto de la representación social y política, que queda secuestrada en una sola persona. 2. La estructura autoritaria de la sociedad ecuatoriana viene de muy lejos. El presidencialismo si bien se refiere a un tipo de régimen, es en nuestro caso mucho más que eso. Desde el presidente de la república hasta el presidente de la junta parroquial se repite el mismo modelo autoritario, la concentración del poder en una sola persona en detrimento de los mecanismos de representación. La participación es apenas una palabra sin mucho contenido; y cuando efectivamente se da, suceden dos fenómenos: por una parte, los términos de la participación son impuestos desde arriba; y por otra, las decisiones de las bases son ignoradas. Y no solo la estructura social es autoritaria sino el conjunto de la sociedad civil: desde la familia hasta el sistema educativo pasando por las iglesias, que es
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3. Los orígenes del autoritarismo

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en donde se forma la mentalidad autoritaria; hasta los otros espacios pretendidamente más abiertos, como los culturales. El autoritarismo del gobierno –y el hiperpresidencialismo– se levanta sobre esta pirámide autoritaria que atraviesa el conjunto de la sociedad. Hay una lógica perversa en la democracia burguesa: los procedimientos de representación –todas las formas de elección- entregan al representante toda la voluntad popular sin residuo; las formas de expropiación de la soberanía popular parecen ser completas. ¿Qué de extraño hay, entonces, en esa resistencia al poder que penetra por todos los poros de la sociedad ecuatoriana, aunque a veces se manifiesta en un desistimiento, en una permanente huelga de brazos caídos? 3. La precariedad política a lo que me referí ya en el primer punto y que puede resumirse como la exterioridad de más de la mitad de la población a los procesos productivos y sociales formales. 4. El largo desgaste de la democracia burguesa en Occidente que no ha logrado resolver los problemas cruciales de la humanidad, incluyendo a la naturaleza que se encuentra en proceso de destrucción. Y que en vez de ampliarse y profundizarse, se contamina con el autoritarismo –e incluso con inicios de formas fascistas-, como es el caso de Irak, Abu Grahib, el trato a los migrantes e indocumentados. Ciertamente que cabe la pregunta: ¿hasta qué punto este desgaste histórico de la democracia burguesa contamina a nuestra democracia? 5. Inexistencia de organizaciones políticas modernas en su pleno sentido: con mecanismos de representación, vida interna, debate abierto, con una base social debidamente estructurada y formada en una ideología definida.

4. Un modo plebiscitario de gobernar

Hay una serie de debates en el ámbito académico sobre este tipo de gobiernos en América Latina. Una corriente grande sostiene que tienen un carácter populista. Sin entrar de lleno en este tipo polémicas, una de las cuestiones que se tienen que clarificar es la relación de estos gobiernos con las masas. En el caso del gobierno de Correa algunas cosas están bastante claras: el odio feroz a cualquier tipo de organización social y política. Un doble discurso se mantiene casi sin variación desde el origen del movimiento: se triunfa en base de la crítica de la partidocracia y se batalla contra las dirigencias burocratizadas de los movimientos sociales. En este segundo caso, se utilizan los errores de estas dirigencias para golpear y desbaratar a los movimientos sociales. Desde esa perspectiva, ¿cómo construir un partido aunque sea de gobierno, cómo organizar a la base si se ha batallado todo el tiempo contra la partidocracia? Un partido sin partido, en donde hay una sola figura, como en el gobierno, que lo decide todo. Un movimiento en donde la organización de la base social no importa, no está al orden del día, y que a lo mucho se conforma como ser un aparato electoral.
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Y, por otro lado, la imposibilidad de apoyarse sobre una base social medianamente organizada. Quizás aquí yace la diferencia con el populismo, al menos en su versión clásica. El populismo crea mecanismos que penetran profundamente en la estructura social para controlarla desde dentro. ¿Cómo acceder, entonces, a la base social? El gobierno de Correa desde el inicio tiene en los procesos electorales y de consulta uno de sus instrumentos claves. A través de estos rehace su legitimidad, accede no solo “al poder, sino a la gloria”, coloca los procedimientos de aclamación por encima de los de la representación. La consulta popular, más allá de los detalles específicos que se pueden discutir, tiene como finalidad mostrar que todavía tiene la capacidad de ganar cualquier elección que se ponga delante y desprender de allí el máximo poder posible. El modo de gobernar –en términos técnicos: el carácter del régimen–, es un hiperpresidencialismo que se asienta sobre una forma plebiscitaria de gobernar. Aquí hay un vínculo con el autoritarismo que se vuelve una característica cada vez más presente en este gobierno: ya que las masas aprueban todo lo que les consulto, ya que siempre votan abrumadoramente por “mí”, puesto que mi popularidad no baja del 70%, estoy “yo” autorizado a todo, sin importar las estructuras de la democracia. “El Estado soy yo”. Concretamente el gobierno ataca dos frentes: uno que hasta ahora se le escapa y que viene del pasado, que es la justicia; y el otro que no termina por ser derrotado: la prensa. Se trata de reorganizar las cortes proponiendo un mecanismo en donde el ejecutivo directamente y a través de las instancias que controla, tendrá el poder completo. De esta forma, se rehará la justicia a lo largo y ancho del país desde el palacio de gobierno. Quizás en ese momento la democracia haya terminado en Ecuador. Y contra la prensa que sigue pataleando, que constituye todavía un refugio de la oposición burguesa. Una parte de los medios de comunicación ya fueron a aliados del gobierno. Otra todavía está en manos del Estado. Y no se ve por ningún lado aparecer una prensa independiente, alternativa o popular. Así que esta consulta popular se origina tanto en necesidades estructurales del régimen como aspectos coyunturales. Entre estos últimos están los hechos del 30S.

5. Los efectos del 30S

Más allá de las interpretaciones específicas del levantamiento de la policía del 30 de septiembre, se puso de manifiesto que el gobierno, a pesar de su fortaleza, era vulnerable. Aunque hubo pocas probabilidades, hasta era posible su caída. La opinión pública estuvo en contra de cualquier cambio de gobierno de manera mayoritaria. Sin embargo, no se observaron movilizaciones masivas a favor del régimen; y algunas que se organizaron fueron tardías y poco
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importantes. El gobierno rehace rápidamente su apoyo en las encuestas y al parecer “sale fortalecido”. En la medida en que es un gobierno que se sostiene en los mecanismos plebiscitarios antes que en las fortalezas de la representación, el 30S significó un golpe importante. Se desnudó en la contradicción que le atraviesa: un enorme apoyo y popularidad por un lado, y por otro la imposibilidad de la consolidación política y social del proyecto. Al final pudimos ver que tenía pies de barro. La consulta popular planteada por el gobierno también tiene esta finalidad: rehacer en la base social la imagen de “invencible” en cualquier contienda. Necesita de un baño de popularidad, de un gesto masivo de aclamación en las urnas, que borre en los ecuatorianos la memoria del 30S. El 30S le mostró al gobierno que el control de la justicia era insuficiente y que necesitaba su supeditación total; y que a pesar de todo, se le escaparon algunos medios de comunicación, que dieron otra versión del levantamiento policial. Se quiere, entonces, cerrar una brecha abierta que muestra la fragilidad del gobierno, que le hace depender casi exclusivamente de la opinión pública, de las encuestas, de la capacidad de controlar los medios de comunicación y ahora, la justicia.

6. La consulta: una oportunidad para todos

La consulta popular no solo es una oportunidad para el gobierno; es una oportunidad para todos. Se abre un período de politización, de campaña electoral, de posibilidad de incidir sobre el electorado. Aunque será difícil por la capacidad del gobierno de control sobre los medios de comunicación, se puede crear un espacio de educación política de las masas, de reflexión, de cambiar la relación de fuerzas con el gobierno. La justicia, y las cortes, siempre fueron un tema sensible para los ecuatorianos. Algunos gobiernos cayeron al intentar el manipular la justicia. No sabemos en qué medida este elemento sigue presente. Sin embargo, hay que apelar a esa memoria histórica y organizar el discurso en torno a este eje: impedir por todos los medios el secuestro de la justicia por el gobierno de turno. De igual manera, la consulta crea el espacio político para la construcción de las fuerzas políticas hacia la izquierda del gobierno, que se muestren como una alternativa de defensa de la democracia, que impidan que la justicia caiga en manos de la “nueva partidocracia”, en este caso del partido de gobierno.

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El Sumak Kawsay como proyecto político
Floresmilo Simbaña

en ámbitos académicos como políticos. Esta irrupción no se debe únicamente a que forme parte de la estructura normativa de las Constituciones de Bolivia y Ecuador, sino también porque fue uno de los discursos fundamentales que le permitió al movimiento indígena y otras organizaciones sociales enfrentar al neoliberalismo. Pero si queremos acercarnos a una definición, obligadamente tenemos que remitirnos a la memoria historia de los pueblos originarios, pues de ella viene; por lo que es en la combinación de estos dos procesos o tiempos en donde se deben buscar los elementos que nos posibiliten una mejor comprensión. Es preciso tener presente esto para no caer en el común absurdo de mostrar al Sumak Kawsay como una noción más bien cuantitativa, donde se amontonan, como si de una caja vacía se tratase, derechos, políticas, pautas morales y todo lo que se nos ocurra poner para mostrarnos amplios y originales y así asegurar que el Sumak Kawsay es “la satisfacción de las necesidades, la consecución de una calidad de vida y muerte dignas, el amar y ser amado, y el
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El Sumak Kawsay es uno de los conceptos que provoca amplios debates tanto

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florecimiento saludable de todos, en paz y armonía con la naturaleza, para la propagación de las culturas humanas y de la biodiversidad” 10. Este debate está determinado por las circunstancias políticas del proceso constituyente del 2008 y el subsecuente proceso postconstitucional, caracterizado por las políticas adoptadas por el gobierno de la revolución ciudadana para la edificación del nuevo marco jurídico e institucional del Estado y su modelo económico. En él, el movimiento indígena y el gobierno nacional enfrentan sus argumentos y propuestas, que en ningún momento se reduce a “una pelea por celo político”, menos aún por “defender espacios y privilegios” como aseguran funcionarios gubernamentales. Lo que está en juego son visiones distintas de propuestas que permitan enfrentar el modelo capitalista y construir un proceso revolucionario.

Sumak Kawsay vs. neoliberalismo

Desde una perspectiva histórica el Sumak Kawsay subsistió en la memoria histórica de las comunidades indígenas de la región andina como un sentido de vida, una ética que ordenaba la vida de la comunidad. Pero en tiempos de los Estados originarios no solo servía para organizar la comunidad, sino toda la sociedad, incluido el Estado. Ésta última característica, obviamente, no sobrevivió tras la destrucción de los Estados precolombinos con la conquista y la colonia. El Sumak Kawsay fue rescatado y practicado por las familias, el ayllu: la comunidad. Los actuales movimientos indígenas retomaron y reivindicaron este principio como perspectiva ética-civilizatoria. Y es justamente de aquí de donde se toma para su actual elaboración como proyecto político. Durante los años de ajuste estructural, la resistencia anti neoliberal se concentra en la lucha contra los tratados de libre comercio. La movilización cuestiona el discurso neoliberal que se presenta como una respuesta definitiva a la crisis permanente de Latinoamérica mediante la entrada incondicional al mercado mundial y la globalización. Para los neoliberales era el único camino posible para el progreso y desarrollo. Este discurso, además de sus referencias y promesas de libertad y democracia, hacía énfasis en un modelo económico de abundancia y de libre acceso a la modernización tecnológica, de flujo de alimentos, etc. Este discurso es el que el movimiento indígena y campesino tuvo que denunciar y combatir y alrededor del cual desplegó sus propuestas alternativas; elementos para un modelo de economía opuesto a la ofrecida por el neoliberalismo. En el caso ecuatoriano, las propuestas se movieron desde lo económico a lo agrario y desde aquí hacia la soberanía alimentaria y la reforma agraria como condición indispensable para un modelo económico contrario al presentado por el capitalismo. Pero la idea de una reforma agraria como base de la soberanía alimentaria no podía repetir las experiencias de las reformas de los años 60 y 70 del siglo pasado, y tampoco las experiencias realizadas por los
Ramírez Gallegos: Socialismo del sumak kawsay o biosocialismo republicano. En Socialismo y Sumak Kwsay, los nuevos retos de América Latina. SENPLADES, Quito, 2010,p. 61 [22]

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antiguos procesos socialistas. En esta necesidad de nuevas respuestas es que el concepto que subyacía en la memoria y en el espíritu de los pueblos indígenas se transforma en proyecto político: hablamos del Sumak Kawsay. Así es como actualmente el movimiento indígena ecuatoriano promueve su propuesta de construir el Estado Plurinacional, mediante una revolución agraria para el Sumak Kawsay. Estas propuestas: la Plurinacionalidad y el Sumak Kawsay, se desarrollaron al calor de la resistencia contra el neoliberalismo, y su fuerza y asimilación social fue tal que en este nuevo periodo marcado por el gobierno de Rafael Correa, sobre todo en la Asamblea Constituyente, no tuvieron otra alternativa que asumirlos y consagrarlos en la nueva Constitución y en los discursos del gobierno.

El fundamento capital de la filosofía occidental es concebir al ser humano como entidad separada de la naturaleza: una sociedad es más civilizada mientras más alejada está del mundo natural; tener cualquier percepción o relación con la naturaleza como vínculo activo era prueba de su barbarismo. La naturaleza es concebida como contraposición a lo civilizado, a lo humano, a la razón; por lo tanto, hay que controlarla y someterla como mero objeto de dominio y máxima fuente de riqueza. Fuera de la órbita occidental, e incluso dentro de ella, otros pueblos tuvieron, tienen, otras concepciones. Para ellos, para alcanzar niveles altos de civilización necesariamente tenían que estar ligados a la naturaleza, porque no podían entenderse fuera de ella: sociedad y naturaleza eran-son una totalidad; por lo tanto, concebirse “parte de” no es sinónimo de barbarie. Este es el caso de los pueblos originarios de América; para estos pueblos, Abya Yala no era un continente rico en recursos naturales, sino la “tierra de abundante vida”, de ahí que la naturaleza no era un recurso, sino la Pachamana, la “madre” de todo lo existente. El Sumak Kawsay es un concepto construido históricamente por los pueblos indígenas de lo que hoy conocemos como área andina de Sudamérica. Hace referencia a la consecución de una vida plena, un vivir bien; pero, para que esto sea posible, la vida de la naturaleza y de la sociedad deben regirse bajo el principio de la armonía y el equilibrio: “en armonía con los ciclos de la Madre Tierra,… de la vida y de la historia, y en equilibrio con toda forma de existencia” 11. Esto involucra la dimensión social, cultural, económica, ambiental, epistemológica, política, como un todo interrelacionado e interdependiente, donde cada uno de sus elementos depende de los otros; la vida humana no puede pervivir sin la naturaleza. Por eso, dentro del Sumak Kawsay subyace el concepto de Pachamama, que hace referencia al universo, como la madre que da y organiza la vida. Por lo tanto, garantizar el Buen Vivir de la sociedad, implica considerar a la naturaleza como “sujeto”.
Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas CAOI. Buen Vivir-Bien Vivir, Filosofía, Políticas, Estrategias y Experiencias Regionales Andinas. CAOI. Lima-Perú. 2010. Pág. 34. [23]
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Elementos para una conceptualización

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Bajo esta perspectiva, el Buen Vivir, no depende del desarrollo económico, como dicta el capitalismo, mucho menos del crecimiento económico exigido por el neoliberalismo; pero tampoco del extractivismo. Depende de la defensa de la vida en general. Por lo tanto, el Sumak Kawsay no es una referencia moral individual o idea abstracta o bacía, como algunos funcionarios gubernamentales intentan imponer: “El sumak kawsay implica mejorar la calidad de vida de la población, desarrollar capacidades y potencialidades; contar con un sistema económico que promueva la igualdad a través de la redistribución social y territorial de los beneficios del desarrollo”12. Para ellos, el Sumak Kawsay se reduciría a “redistribuir los beneficios del desarrollo”, por lo tanto no sería necesario cambiar de modelo ni destruir las estructuras reales que lo sostienen. Pero algunos son más audaces, pues intentan convencernos que es una referencia moral individual, pues se sustentaría “no solo en el «tener» sino sobre todo en el «ser», «estar», «hacer» y «sentir»: en el vivir bien, en el vivir a plenitud” 13. El Sumak Kawsay, como sistema, del brazo de los derechos de la naturaleza exige una reorganización y nuevos enfoques en el modelo políticoeconómico, lo que transforma a su vez no sólo a la sociedad, sino, y sobre todo, al Estado. No se puede pensar en sostener, o lo que es peor expandir, la explotación petrolera, minera y de otros bienes naturales bajo la promesa de una redistribución y una mayor participación estatal y no darse cuenta de que con ello se sigue debilitando la economía social de los pueblos. En el caso ecuatoriano, el modelo aplicado por la revolución ciudadana está demostrando que en último resultado termina asentándose en la sobreexplotación de la naturaleza, manteniendo el vigor de las economías no productivas (financiera y comercial) y potenciado otras nuevas como los agronegocios y agroalimentos, que son las economías que más dinámica de crecimiento tuvieron en los cuatro años del gobierno de Rafael Correa, concentrados además en dos grandes monopolios. Como es obvio, esta “nueva realidad” agrava los conflictos sociales.

Lo Comunitario en el centro del Sumak Kawsay

Lo comunitario es el elemento capital de la propuesta de la plurinacionalidad, por ende del Sumak Kawsay. Existen por lo menos dos entendimientos de este concepto (y de esta realidad). Por un lado, es visto únicamente como una forma de organización social de un segmento reducido y marginal de la sociedad, básicamente rural, que se adopta como estrategia para acceder a bienes (tierra) y/o servicios (agua potable, vías de comunicación, etc.), pero que es anacrónico e ineficiente para gestionar, administrar y para la reproducción socioeconómica; así que, en última caso, se le reconoce un valor cultural aún vigente. Dentro de este
Ana María Larrea: La disputa de sentidos por el buen vivir como proceso contrahegemónico. Socialismo y Sumak Kwsay, los nuevos retos de América Latina, cit., p. 22. 13René Ramírez Gallegos, ob. cit., p. 61. [24]
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enfoque, no tiene cabida lo comunitario en tanto sistema político, económico, cultural y jurídico. De ahí que el Estado le reconozca un débil respaldo institucional. En el Ecuador, ese fue el pecado original de la legislación. Desde la primera ley de comunas, de 1937, se afirmaba un extendido entendimiento administrativo, con leves referencias a la propiedad y sin ningún reconocimiento de autogobierno social. Con las leyes de reforma agraria de 1964 y 1973, la lógica fue la misma: se hacía una mención abstracta, meramente administrativa de la propiedad comunitaria. Pero en las políticas públicas concretas se promovía el cooperativismo primero, luego la “libre asociación de productores individuales”, que en épocas neoliberales, sobre todo con la Ley de Desarrollo Agrario -1994-, dejó en indefensión a las comunas, que se vieron obligadas a adoptar, o “transformarse” en, otras formas organizativas como medida de subsistencia. Pero esta manera de concebir y “reglamentar” lo comunitario no provocó, a su pesar, el fin de su existencia y de su pertinencia histórica: ni de lo comunitario, menos aún de lo indígena. Aquí, entonces, surge la otra visión, aquella dada por las propias voces de los pueblos indígenas. Según escribe Luis Macas 14, uno de sus dirigentes más destacados, la comuna es una de las instituciones vertebradoras “en el proceso de reconstrucción de los pueblos y de las naciones ancestrales […,] que se han establecido a lo largo de [la] historia y cuya función primordial es la de asegurar y dar continuidad a la reproducción histórica e ideológica de los pueblos indios. Para nosotros”, continúa Macas, “la comuna es la llacta, o el ayllu o jatun ayllu. La comuna es la organización nuclear de la sociedad indígena. Desde nuestra comprensión, la institución de la comuna constituye el eje fundamental que articula y da coherencia a la sociedad indígena”. Como podemos ver, desde este enfoque la comuna y/o lo comunitario no se reducen a un instrumento puntal o circunstancial, sino que va mucho más allá: abarca más ámbitos de la vida, va desde lo material, hasta lo histórico y subjetivo (lo cultural y lo espiritual), “es la base fundamental de concentración y procesamiento cultural, político social, histórico e ideológico”. Siguiendo a Luis Macas, en el espacio comunitario se recrea los siguientes principios: a. La reciprocidad b. Un sistema de propiedad c. La relación y convivencia con la naturaleza d. La responsabilidad social e. Los consensos Estos principios son normas éticas y prácticas de convivencia y de relaciones colectivas e individuales: imaginarios, ideología, el “deber ser”; es el “centro articulador de la cosmovisión indígena” y de la identidad; son parámetros cognitivos, pero también son modelos concretos y defendidos en abierta
14Luis

Macas: “Instituciones Indígenas: La comuna como eje”; en: Boletín ICCI Ari Rimay. Quito. 2000. [25]

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contradicción con el liberalismo capitalista y sus paradigmas de progreso y desarrollo. Por eso el comunitarismo es uno de los principios organizadores del proyecto político de la organización nacional de los pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador, CONAIE. En un importante documento, redactado en 1994 y revisado en el 2007, podemos encontrar la siguiente definición:

Como podemos ver, el Sumak Kawsay no es un concepto que se puede entender por sí mismo, necesariamente está unido al de Plurinacionalidad y éstos se encuentran directamente ligados a lo comunitario, que es la base constitutiva de ambos.

Las Nacionalidades y los Pueblos indígenas históricamente hemos construido y practicado milenariamente el modo de vida comunitario. El comunitarismo es el principio de vida de todas las Nacionalidades y los Pueblos indígenas, basados en la reciprocidad, solidaridad, igualdad, equidad y autogestión. Por lo tanto, para nosotros, el comunitarismo es un régimen de propiedad y sistemas de organización económica y socio-política de carácter colectivo, que promueve la participación activa y el bienestar de todos sus miembros. Nuestros sistemas comunitarios se han ido adaptando históricamente a los procesos económicos y políticos externos; se han modificado, pero no han desaparecido, viven y se los practica en las Nacionalidades y Pueblos indígenas cotidianamente, dentro de la familia y la comunidad. El modelo sociopolítico que propugnamos, es una Sociedad Comunitaria e intercultural. En el nuevo Estado Plurinacional se reconocerá y fortalecerá la propiedad familiar, comunitaria, pública y su economía se organizará mediante formas comunitarias, colectivas y familiares.

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Los conflictos de la “revolución ciudadana”
Mario Unda y Ellis Bethania

Del año 1 al año 4

En los primeros días de 2011 se cumplieron ya cuatro años de la “revolución
ciudadana”, el período de mayor estabilidad política desde 1996. Cada uno de ellos ha ido marcando el recorrido del proceso iniciado en enero de 2007 con la posesión presidencial de Rafael Correa (o incluso antes: en noviembre de 2006, cuando Correa ganó la segunda vuelta presidencial). 2007 fue el año de la Constituyente, año de expectativas y de conflictos con las derechas; detrás de unas y de otros se obscurecieron para muchos las contradicciones que comenzaban a manifestarse con los movimientos sociales (por ejemplo, alrededor de la minería y de la respuesta represiva del gobierno a las movilizaciones). 2008 fue el año de la aprobación de la nueva Constitución, cuando las expectativas comenzaron a mezclarse con las realizaciones y parecía lícito dejar en segundo plano aspiraciones de reformas más profundas para cuidar “lo que se había alcanzado” y tolerar el sacrificio de algunos en aras del
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interés general (por ejemplo, la proscripción de la organización y de la lucha de los trabajadores públicos). 2009 fue el año de la ratificación, la segunda elección de Correa y la promesa de “radicalización de la revolución ciudadana”; pero fue también el año en que la crisis del capitalismo mundial inspiró al gobierno políticas que fueron el inicio de los rumbos por donde iba a caminar la radicalización: por la vera de los intereses generales del capital. 2010 fue el año en que quedaron evidenciados los distintos componentes de su propuesta y su verdadero sentido: un proyecto de modernización capitalista enfrentado a los movimientos sociales; pero también fue el año en que quedaron evidenciadas sus debilidades: los límites políticos de la vía conservadora de modernización, y las debilidades sociales, pues, a pesar de todo, no ha logrado movilizar más que un consenso pasivo en respaldo a su gestión.

2010: el balance del gobierno y algo más

En reunión con su gabinete ampliado, el presidente hizo un balance de los cuatro años de su gestión 15. Lo considera positivo básicamente por tres razones: a) por haber logrado estabilidad política (vinculada a los altos índices de popularidad del gobierno y a una mayor participación del pueblo en continuadas elecciones), b) por haber “recuperado el Estado” (en concreto: sus capacidades de “rectoría”, planificación y control, y la coordinación y coherencia de la acción del Ejecutivo), y c) por haber multiplicado la inversión social. Pero hay un elemento adicional, que no es visible en la autoimagen del gobierno ni en su discurso: durante el año 2010 ha reordenado su campo de alianzas, sobre todo las alianzas sociales. Lo más significativo es el acercamiento con los gremios empresariales, lo que ha podido hacer con ocasión del Código de la Producción, a través del cual el gobierno quiere presentarse como el representante de los intereses generales del capital, ofreciéndole unas adecuadas condiciones para la acumulación. Del otro lado, los gremios empresariales también han comenzado a cambiar su discurso frente al gobierno: de la confrontación inicial, han pasado a señalar que existen diferencias, pero que hay una importante apertura a raíz de la discusión del mencionado Código (vale la pena recordar que el gobierno tuvo siempre cerca a grupos empresariales 16, incluso de los más grandes del país, pero las Cámaras empresariales, hasta mediados del año 2010, se habían ubicado en la oposición, incluso beligerante). Aunque la coyuntura de la consulta popular genere un distanciamiento ahora, el trayecto de las aproximaciones ya ha sido marcado. En cambio, respecto a los movimientos sociales, la confrontación se mantiene, si bien, después del 30 de septiembre, el gobierno ha “bajado el tono” en los discursos; al mismo tiempo, ha comenzado a tratar de organizar su

Al respecto, véase nuestro trabajo “Burguesía «ciudadana», nueva hegemonía, nueva alianza de clases”, en R, número 3 enero-febrero de 2010, pp. 17-29. [28]
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Pedro Rioseco: Ecuador: estabilidad política, rectoría estatal e inversión social, 13 de enero de 2011; en http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id= 254737.
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propia base social, pero siempre tratando de atraerse organizaciones con poca capacidad política, incluso creando algunas desde el propio Estado. El modelo económico sigue en la misma línea: utilizar al Estado y a la inversión pública como motor de la economía; pero esto se combina ahora con la mano extendida al gran capital, lo que finalmente es lógico dentro de la perspectiva de modernización capitalista que propone. La transformación de la base productiva sigue esperando: queda claro que, para el gobierno, la vía para salir de la economía extractiva (petrolera) es la misma economía extractiva (petróleo + minería). Hay quienes sostienen que la economía podría traerle sobresaltos este año, pues todo sigue dependiendo aún del precio del petróleo, lo que es un imponderable de siempre para economías dependientes. El gobierno intenta enfrentar esa dificultad por la vía del endeudamiento (sobre todo con China), de la inversión pública (con herramientas que no se habían utilizado hasta ahora: el ingreso del IESS al financiamiento de las inversiones públicas ha sumado ya cerca de 6.000 millones de dólares, que, comparativamente, significa algo así como un 25% del presupuesto general del Estado) y de la imposición de mayores cargas impositivas. Pero, además, comienza a mostrar algunos retrocesos, como el empeño puesto a la firma de un tratado de libre comercio con la Unión Europea (poco importa que ahora se los bautice como “acuerdos comerciales”). Al mismo tiempo, continúa avanzando la reforma jurídica, aprobándose una serie de leyes que, en principio, se desprenderían de la nueva Constitución. Sólo que la tendencia en todas las leyes sigue siendo fortalecer el control por parte del Estado; dentro del Estado, por parte del Ejecutivo; y dentro del Ejecutivo, todo termina recayendo en las manos del presidente. El gobierno de Alianza País refuerza y extrema la tendencia presidencialista que ha marcado tradicionalmente la política ecuatoriana. Al mismo tiempo, y en consecuencia, la participación se ve desvalorizada. Mencionada tantas veces en la constitución, ahora es apenas un apéndice de la política pública, buena para la consulta y para la “socialización”, pero ni un gramo de capacidad de decisión. El gobierno se justifica diciendo que la democracia participativa no reemplaza a la democracia representativa, sino que la complementa. Y el complemento, como se ve, es desde un rol por entero subordinado. Hay otros “agujeros negros” en la puesta en práctica de la constitución: los derechos de la naturaleza (subordinados a la visión desarrollista que predomina en el gobierno) y la plurinacionalidad, que se reconoce sólo en tanto se subordinen a la visión cultural occidental (o mestiza). En fin: año de conflictos y de sobresaltos, 2010 ha sido igualmente un año de definiciones o, por lo menos, de clarificaciones. A lo largo de estos 12 meses hemos visto cómo se desplegaban, afinaban y afirmaban las líneas de alianzas establecidas por el gobierno y, con ellas, el propio proyecto de la así llamada “revolución ciudadana”. Pero también han quedado de manifiesto las debilidades y limitaciones que lo acompañan.

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Aun cuando el período de Correa no ha sido precisamente calmo, el 2010 puede considerarse como uno de los años más conflictivos. Dos conflictos, sobre todo, fueron reveladores, a su turno, de la línea de despliegue de las tensiones desatadas. El primero, en abril, el conflicto de la ley de aguas; el segundo, en septiembre, la sublevación policial que fue interpretada por el gobierno como un proceso de golpe de Estado. El conflicto de la ley de aguas (o ley de Recursos Hídricos, su nombre oficial) mostró límites políticos de la propuesta gubernamental en tanto propuesta de reforma, y reveló, igualmente, que el límite está situado en su relación con los movimientos sociales, en la medida en que estos tengan capacidad de avanzar así sea lineamientos de un proyecto propio para el conjunto de la sociedad. Por su parte, el 30 de septiembre mostró límites internos del proyecto: por un lado, límites de la reforma estatal; por otro lado, límites en la construcción de su base social. Pero fue también la ocasión para transparentar las modificaciones en la política de alianzas del régimen, un proceso que había venido produciéndose de modo más callado desde noviembre del año anterior, y que ahora pudo salir a la luz. Los conflictos que se han desplegado en el 2010 han continuado por los andariveles en que habían transcurrido durante los años anteriores. Por lo demás, el campo continúa marcado por la relación entre tres actores centrales: por un lado, el gobierno (que ocupa el centro y, por lo general, impone las iniciativas);por otro lado, la derecha (en sus dos caras: la derecha política: los partidos y movimientos políticos, y la derecha económica; los gremios empresariales); y, en tercer lugar, los movimientos sociales. a. los conflictos con la derecha Dividimos en dos segmentos los conflictos del gobierno con la derecha: los conflictos con la derecha política (los partidos y movimientos de derechas, igual los antiguos que los nuevos, igual los “orgánicos” que aquellos que, sin serlo, se postulan como sus mejores defensores 17. a.1 ¿Con la derecha política o con la “oposición partidista”? Al centrarse este conflicto en la Asamblea, el motivo visible está en las leyes y códigos: de Comunicación, de Aguas, de Educación Superior, Cootad (Código de Ordenamiento Territorial). Pero esto, que no es sino una de las manifestaciones de la conflictividad, parece en ocasiones ocupar el lugar central

Los conflictos y las alianzas

Los partidos orgánicos de la derecha son aquellos que han surgido, durante el período abierto con el retorno a la constitucionalidad en 1978, como representación política “natural” de las clases dominantes: el partido Socialcristiano, la Democracia Cristiana, la Izquierda Democrática, el Partido Renovador Institucionalista de Acción nacional (PRIAN), etc., y aquellos que ahora se quieren presentar como “nuevos rostros” ante la crisis de los partidos tradicionales: UNO, Concertación Nacional, Madera de Guerrero, etc. El que se postula como defensor de las clases dominantes sin ser su representante orgánico es, sobre todo, el partido Sociedad Patriótica (PSP) [30]
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dada la importancia que el proyecto de Alianza País le ha dado a las reformas legales 18. Por otro lado, al tocar temas que interesan a diversos grupos sociales, el conflicto legislativo suele combinarse con la oposición fuera de la Asamblea, mezclándose o superponiéndose, sea con la acción de los medios de comunicación (empresarios, gremios periodísticos en cuanto a la ley de Comunicación), sea con las movilizaciones indígenas y campesinas (en cuanto a ley de Aguas), sea con las manifestaciones universitarias (respecto a la ley de Educación Superior), etc. La oposición de derecha ha tratado de aprovechar estas superposiciones para fingir una oposición unificada de todos los sectores políticos y sociales que no concuerdan con el proyecto oficialista. Aunque en cada ley hay aspectos particulares que se disputan, en general el contenido del conflicto se desdobla en dos direcciones: por una parte, en torno al papel del Estado (del Ejecutivo en particular). Por otra parte, una disputa ideológica que, en la Asamblea, se ha batido entre el neoliberalismo que sostienen las oposiciones de derecha y las diversas ideologías que alimentan la propuesta modernizadora que adelanta el gobierno. Las posiciones de izquierda muchas veces no han logrado mostrarse con claridad y autonomía. a.2 Con los gremios empresariales Las oposiciones con la derecha partidista reflejan, en cierto sentido, las oposiciones con un sector de las clases dominantes que hasta ahora se había representado más o menos homogéneamente en ellas. Como se sabe, una vez que se afirmó el modelo neoliberal, la derecha partidista y la derecha económica coincidían en el sentido general de sus propuestas. No obstante, se perciben ahora ciertos cambios, de modo que conviene analizarlas por separado, sin descuidar los vínculos que las unen. En estos meses, la burguesía como clase (o como fracciones de clase) tuvo dos momentos de conflictividad con el gobierno: la ley de Aguas y el Código de la Producción. Durante la discusión de la ley de Aguas el conflicto se presentó con sectores específicos de la burguesía: embotelladores de agua y camaroneros; se pronunciaron también empresarios florícolas y bananeros. El contenido de la disputa se centraba en los artículos del proyecto de ley que podrían limitar el campo de acción de empresas privadas de embotellamiento de agua y ponían un impuesto al uso del agua de mar. El proyecto era defendido en la Asamblea Nacional y ante el público por la Senagua (Secretaría Nacional del Agua). Pero todo fue hasta que Rafael Correa, primero en una entrevista radial en Guayaquil y, a renglón seguido en uno de sus acostumbrados “enlaces ciudadanos” de los sábados, puso las cosas en su sitio: desautorizó públicamente al secretario del Agua y respaldó el punto de vista de los empresarios. En consecuencia, se retiraron los artículos polémicos del proyecto

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En el discurso (y a lo mejor en las creencias) del gobierno las leyes son la vía para reformar el país. Claro que, cuando no ha podido imponerlas, Correa ha descubierto de repente que “no son prioritarias” para su proyecto. [31]

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de ley y se retiró también el secretario del Agua. De todas formas, el proyecto fue congelado al calor de la movilización indígena. Y si las vicisitudes de la ley de Aguas mostraron y reafirmaron el rumbo de los desplazamientos de la “revolución ciudadana”, el tratamiento del Código de la producción muestra que los desplazamientos son simétricos. El proyecto fue negociado durante tres meses por el ministerio coordinador de la Producción con los gremios empresariales. Tras el envío del proyecto del Código a la Asamblea, los dirigentes empresariales lo criticaron, afirmando que el gobierno les daba incentivos con una mano y condicionamientos con la otra, y lo achacaron a la existencia de dos tendencias existentes dentro del gobierno. Pero, sobre todo, resaltan la apertura del régimen a sus planteamientos y la actitud de la ministra Nathalie Cely. Aunque encuentran que el texto enviado no responde plenamente a sus expectativas, delinean una posición menos confrontativa, y se decantan por el lobby parlamentario, sobre todo ante Alianza País. Estos indicios de una nueva conducta política de los gremios empresariales resultan importantes para este análisis porque se hicieron públicos durante e inmediatamente después de los acontecimientos del 30 de septiembre, y muy probablemente guiaron su posición en la coyuntura. Si miramos estos conflictos en la perspectiva del acercamiento iniciado por el gobierno desde noviembre de 2008 con las políticas anticrisis, se verá que se afirman las aproximaciones entre el régimen y los empresarios hacia un terreno de negociación que vele por las condiciones generales que asegure la buena salud de los negocios: seguridad jurídica –es decir, reglas claras y condiciones estables– y ventajas tributarias son las demandas explícitas de los empresarios. Así que estamos ante dos caras de las derechas, y, por primera vez durante el gobierno de Correa, no coinciden las expresiones de sus representantes políticos y de sus representantes económicos, oscilando entre la ideología y el pragmatismo. b. los conflictos con los movimientos sociales Podemos distinguir las confrontaciones del gobierno con los movimientos sociales según su intensidad en el período. Desde esta perspectiva, los conflictos de mayor intensidad opusieron al gobierno con el movimiento indígena y con los trabajadores públicos; mientras que conflictos secundarios mantuvo con maestros, trabajadores de la salud, jubilados y pescadores. En este análisis nos centraremos en los primeros. b.1 Con el movimiento indígena se han producido dos momentos de alta conflictividad, seguido uno del otro y relacionados por los motivos políticos esgrimidos por el gobierno: la ley de aguas y la justicia indígena. El conflicto en torno a la ley de aguas opuso al gobierno con el conjunto del movimiento indígena y campesino. Se desarrolló en abril y mayo, como una secuencia de los enfrentamientos que se habían dado en septiembre de 2009, y que terminó en violentos enfrentamientos en los cuales murió un profesor indígena a causa de disparos de perdigón. En esta ocasión se produjo, por
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primera vez desde el inicio del gobierno de Correa la unidad de la Conaie, la Feine, la Fenocin y las Juntas de Aguas. El contenido del conflicto se centró en el control, el uso y la distribución del agua. El gobierno y las organizaciones indígenas concordaban en la necesidad de establecer una “autoridad única del agua” (establecida en la Constitución), pero divergían en cuanto a la instancia estatal que debía tener primacía: para el gobierno, debía ser el Ejecutivo y, en última instancia, el propio presidente. Los indígenas planteaban que ese rol debía jugarlo el Consejo Plurinacional de Agua (previsto también en el proyecto de ley). Una discusión conexa se refirió, entonces, a la participación, que debía ser decisoria para el movimiento indígena, y apenas consultiva para el gobierno. Entre otras cosas, el conflicto reafirmó la tendencia del gobierno a la concentración de las decisiones en el Estado, en el Ejecutivo, en el presidente. La resolución misma fue conflictiva: por una parte, el movimiento indígena quedó relativamente fortalecido, pues logró la unidad de sus principales organizaciones y detuvo el trámite de la ley (Rafael Correa mismo declaró entonces que la ley “no era prioritaria” para el proyecto de la “revolución ciudadana”). Pero, por otra parte, se ensancharon las brechas que lo separaban de los sectores sociales urbanos debido, sobre todo, a la intensa campaña de deslegitimación y desprestigio emprendida por el gobierno (y, en primer lugar, por Correa); esto se tradujo en un rebrote de sentimientos racistas entre la población. Al mismo tiempo, el gobierno enviaba a la policía y al ejército a reprimir fuertemente las movilizaciones. Acusaciones de terrorismo y sabotaje, indagaciones fiscales e inicios de juicios penales fueron armas utilizadas por Correa contra el movimiento indígena. El conflicto alrededor de la justicia indígena siguió cronológica y políticamente al conflicto sobre la ley de aguas. Cronológicamente, porque se desarrolló prácticamente a continuación, en junio y julio. Políticamente, porque fue desatado por el gobierno buscando revertir la posición ventajosa en que había quedado el movimiento indígena tras el enfrentamiento del agua. Para el efecto utilizó un caso de enjuiciamiento indígena del asesinato de un joven comunero en La Cocha (provincia de Cotopaxi); en un determinado momento, la asamblea de la comunidad dijo que podría ajusticiar a los asesinos, y esa fue la ocasión aprovechada por Correa, que acusó a los comuneros de delincuentes y torturadores, y pidió su enjuiciamiento. El contenido del conflicto, por lo menos el contenido aparente, fue la legitimidad de la justicia indígena. La Constitución del 2008, al declarar al Ecuador una nación intercultural y plurinacional, reconoció la legitimidad de formas de gobierno y de justicia ancestrales. No obstante, en medio de su conflicto con el movimiento indígena, el gobierno demuestra las limitaciones de su comprensión de la plurinacionalidad: un reconocimiento monocultural 19. Las otras culturas, sus formas de autoorganización, su justicia, sus saberes en educación y salud, todo puede ser reconocido, siempre y cuando se sometan a los criterios y parámetros de la cultura dominante. De este modo, el gobierno
Recogemos acá una observación de Boaventura de Souza Santos durante una conferencia brindada en el auditorio de la Senplades en enero de 2010. [33]
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presiona para que la justicia indígena se subordine a la “justicia ordinaria”, mientras que el movimiento indígena lucha para que sean reconocidas de igual jerarquía. El gobierno, iniciador de la confrontación, lanzó una nueva campaña de desprestigio contra el movimiento indígena, rayando en expresiones racistas, presentando a los indígenas como salvajes e incivilizados. Nuevas indagaciones fiscales y juicios cayeron sobre dirigentes comuneros. En ambos casos, el gobierno emprendió una campaña que pretendía separar a las organizaciones y sus dirigentes de las bases: Correa llamaba en sus enlaces radiales a que los indígenas desconozcan a su dirigencia. Y, por otro lado, pretendía separar a la población urbana y mestiza del conjunto del movimiento indígena, con sus reiterados llamados a “defender la revolución ciudadana” contra el movimiento indígena. b2. Con los trabajadores públicos hubieron dos conflictos fundamentales, que se combinaron: la aprobación de la LOSP (Ley Orgánica de Servicio Público), que generó malestar en amplios sectores de trabajadores del Estado, y el despido de varios centenares de trabajadores petroleros, ambos muy cerca del 30 de septiembre, casi superponiéndose. Respecto a la LOSP –debe recordarse que el veto de Correa a los acuerdos a que se habían llegado en la Asamblea Nacional sobre esta ley fue el detonante visible de la crisis se septiembre–, los puntos de debate centrales se situaron en torno a las “renuncias forzosas” de los trabajadores que hubieran sobrepasado los 70 años de edad, renuncias que serían pagadas hasta en un 50% con bonos del Estado; pero, detrás de esto, los trabajadores miraban con temor anunciados despidos masivos para “racionalizar” el aparato estatal. En cuanto al despido de más de 600 trabajadores petroleros, se trata del más reciente episodio de una relación tensa que ha incluido posturas muy críticas de la dirigencia sindical frente al manejo de la empresa petrolera estatal y de varios contratos que ella ha firmado. En este caso, el origen fue una denuncia presentada por el entonces secretario de Transparencia de la Gestión, Juan Sebastián Roldán, que los acusó de “falta de probidad moral” por ser accionistas de Gaspetsa, una empresa constituida en 1999 por los socios de la Corporación de Ayuda Mutua de los Trabajadores de Petroecuador, y que, desde 2002 mantiene contratos por servicios con Petroecuador para producir combustible destinado a los pescadores artesanales de Esmeraldas. No obstante, al momento de constituirse la empresa y firmarse el contrato estaba vigente la ley de modernización y la constitución de 1998 que expresamente animaban este tipo de contrataciones como el componente “participativo” de las privatizaciones: “Los trabajadores o servidores públicos que presten sus servicios en las correspondientes entidades u organismos tendrán derecho a participar en las distintas modalidades de desmonopolización y privatización”, decía el artículo 50 de la ley de modernización 20. Dicho de otro modo, se trataba de convertir a los trabajadores en propietarios accionistas de “sus” empresas…, más o menos lo mismo que ahora propone la “revolución ciudadana”, dicho sea
20http://www.gaspetsa.com/proyectos.html.

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de paso. Los trabajadores, además, reclamaban por el distinto trato que se les da: a los banqueros se les dio un plazo de dos años para que se deshagan de sus acciones en los medios de comunicación; a ellos, “ni un solo día”. Los despidos se tramitaron casi sumariamente en medio de un discurso más o menos escandaloso que achacaba a los trabajadores de corruptos y que se sumó a la campaña de deslegitimación social de organizaciones y dirigentes sindicales, que no han sido pocas durante este gobierno. ¿Lograron expresión política todas esas luchas? Si por política entendemos la presencia parlamentaria, los resultados son modestos y más bien ambiguos. Fue evidente la incapacidad de la izquierda parlamentaria de presentar una posición definida y diferenciada, que la ha dejado muchas veces a la sombra de la hegemonía de la oposición de derechas (donde confluyen desde socialcristianos hasta socialdemócratas). El intento de constituir una suerte de bloque de izquierdas entre Pachakutik y el MPD, diferenciado de la posición de derechas, logró cierta presencia al momento del conflicto en torno a la ley de Aguas, pero fue desdibujándose posteriormente, a medida que la conflictividad se agudizaba. Su posición frente a los hechos del 30 de septiembre fue también bastante triste, hablando de demandas sociales, dejando de lado efectos políticos y juntándose a parlamentarios de la oposición de derecha en declaraciones desafortunadas. Pero si por política entendemos la construcción de un campo de lucha que tiene la capacidad de disputar sentidos de un proyecto de sociedad a nivel (más o menos) general, el balance es diferente. La lucha de los trabajadores públicos no ha rebasado el horizonte de los conflictos particulares; si bien, tanto en el caso de los maestros como en el de los funcionarios, se presentaban aristas del conflicto que podrían poner en cuestión al menos algunos elementos de la propuesta gubernamental (por ejemplo: en el ámbito educativo, una visión tecnicista de la educación y una comprensión administrativa de la relación entre los actores –la lectura burocrática de la evaluación–; o, en el caso de los funcionarios, el sentido del derecho al trabajo y a la organización, la discriminación jurídica de los trabajadores públicos, etc.), lo cierto es que las respuestas de unos y otros se movieron únicamente en el marco del propio discurso gubernamental. En cambio, en el caso de las luchas indígenas el panorama fue diferente. Tanto en el tema del agua cuanto en el de la justicia indígena se encuentra en cuestión el sentido de la posible realización de algunos preceptos constitucionales: la plurinacionalidad, la defensa de la pachamama, los derechos de la naturaleza, el Sumak Kawsay; pero también está en juego el sentido de la participación y de la democracia. Sin embargo, el movimiento indígena ha mostrado debilidades: los modos del debate muchas veces se han quedado en un duelo verbal con Correa, y eso no permite visualizar adecuadamente los contenidos más profundos del conflicto. En síntesis, los movimientos sociales, sobre todo el movimiento indígena, no han visto su lucha social acompañada por una nítida representación política formal, marcándose una distancia que, en cualquier caso, no es de ahora.
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c. Los conflictos pluriclasistas Entre los conflictos del período se encuentran también algunos que podríamos calificar de pluriclasistas. En ellos, el gobierno aparece opuesto a una concurrencia de actores de diverso origen y situación. Con las Universidades el conflicto se relacionó con la ley de Educación Superior (agosto y septiembre) y produjo un acercamiento de las universidades públicas con las universidades privadas (que, por lo demás, expresan por lo general posiciones divergentes). El punto nodal del conflicto se situó en la concepción de autonomía, visiblemente recortada en la versión gubernamental, que somete el quehacer universitario del país al plan nacional de desarrollo y al control directo del Ejecutivo, que domina las instancias que regirán a las universidades. No obstante, en el trayecto el bloque de Alianza País llegó a acuerdos con los bloques de oposición y con las autoridades universitarias para flexibilizar la posición inicial del gobierno, y el proyecto fue aprobado con algunos cambios en la composición de los organismos rectores. Sin embargo, Correa responde vetando parcialmente la ley y dando reversa a los acuerdos. La mayoría de AP no se sostiene en su posición inicial y se allana al veto sin presentarse a discutirlo, de manera que la ley de Educación Superior entró en vigencia “por el ministerio de la ley”. Después, continuaron las movilizaciones de protesta de los universitarios hasta las inmediaciones del 30 de septiembre. d. Los conflictos de la minería Los conflictos de la minería deben tomarse muy en cuenta. Si bien su presencia fue de algún modo secundaria durante 2010, han sido recurrentes durante el gobierno de Correa, sobre todo con comunidades indígenas y campesinas opuestas a la actividad minera en sus territorios, y son una suerte de conflictos “endémicos”: es que, para el régimen, el desarrollo de la gran minería es estratégico, pues supone que de ella pueden provenir los recursos para financiar la transformación productiva que se plantea. En esta ocasión, el enfrentamiento fue con empresarios mineros ilegales, pequeños mineros y trabajadores de la provincia amazónica de Zamora Chinchipe (15 y16 de septiembre). En el discurso, el gobierno se presenta como defensor de la naturaleza contra los destrozos ambientales causados por la minería ilegal (Correa ha sostenido siempre que la pequeña minería es más contaminante que la gran minería). El conflicto se resuelve de modo violento: el gobierno envía miles de efectivos militares y policiales que ocupan la zona de explotación, desalojan a los trabajadores y confiscan maquinarias y herramientas. Además, se inician juicios contra los mineros que resistieron la ocupación militar y policial. La violencia y la excesiva demostración de fuerza represiva han sido una constante en el modo en que el gobierno ha enfrentado estos conflictos. Así que, tomando en cuenta la línea central de la conflictividad minera, podría decirse que el contenido latente es el control de los territorios con potencial minero.

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e. Los conflictos al interior de AP Alianza País no se ha caracterizado precisamente por su fuerza organizativa y por su claridad política; y ha sido evidente, desde aquellos tiempos de la Asamblea Constituyente, que las decisiones son tomadas en el círculo inmediato de la presidencia de la república, restándole poder a todos los demás espacios, tanto de Alianza País como del Estado. En este marco, las discrepancias internas han sido deslegitimadas por Correa desde el inicio de su gestión, calificándolas como “agendas ocultas”. Aparte de la disputa con Alberto Acosta al final de la Asamblea Constituyente, no parecen haber jugado un papel importante en la correlación de fuerzas general; sin embargo, han tenido un rol significativo en la correlación de fuerzas al interior de Alianza País: se han saldado con la derrota de las corrientes más progresistas y democráticas, que han terminado por quedar excluidas, primero de las instancias de dirección real, y finalmente del propio movimiento y del gobierno. Durante el 2010 y lo que va de 2011 se hicieron más visibles los conflictos internos, las vías antidemocráticas de resolución y sus efectos políticos. Han salido a la luz conflictos en torno al accionar de la Asamblea Nacional y de las dos funciones que, se supone, le competen: la legislación y la fiscalización. En abril de 2010, un grupo de cuatro asambleístas de AP planteó un juicio político al fiscal general. En un principio, Correa pareció dejar el asunto en manos del bloque parlamentario, aun expresando que se trataba de algo inconveniente. Pero pronto, cuando los interpelantes no desistieron de su empeño, Correa se pronunció abiertamente a favor del fiscal y utilizó contra los interpelantes el mismo tono que acostumbra usar contra los opositores. Desautorizados y deslegitimados por el presidente los contradictores del fiscal, el juicio político naufragó sin llegar a comenzar. En los meses siguientes, las tensiones entre la presidencia y la bancada oficialista tuvieron ocasión de mostrarse con motivo de la discusión de las leyes de Educación Superior y de Servicio Público. Encabezado por el presidente de la Asamblea, Fernando Cordero, el bloque de Alianza País logró llegar a acuerdos con otras fuerzas parlamentarias en algunos puntos polémicos de ambas leyes. No obstante, mientras todavía se realizaban las negociaciones en busca de acuerdos, Rafael Correa las desautorizó públicamente y anunció que vetaría lo que no se ajustara a sus propuestas, como en efecto hizo. El fracaso de la capacidad negociadora de AP se revela finalmente en el hecho de que los asambleístas que aprobaron las leyes se doblegaron ante el veto de Correa. A inicios de 2011 se vuelven nuevamente visibles los conflictos al interior de Alianza País. El motivo fue ahora la consulta popular con la que Correa y su círculo íntimo pretenden relegitimar al régimen tras las fisuras y debilidades evidenciadas el 30 de septiembre. Las preguntas no fueron consultadas en ninguna instancia orgánica del movimiento de gobierno, ni siquiera en su dirección recién electa el 15 de noviembre pasado, menos aún con el bloque de asambleístas, lo que ponía al descubierto -¡otra vez!– su funcionamiento casi nada democrático. Por lo demás, las preguntas sobre violencia e inseguridad recurrían a los tópicos de la derecha, y aquellas otras referidas a la reorganización de la justicia mostraban claramente los apetitos de
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concentración del poder en el Ejecutivo. En uno y otro caso, ciertos aspectos de la constitución eran pasados alegremente por alto. La falta de espacios para la discusión interna de temas de esta trascendencia llevó al alejamiento, primero de un par de asambleístas y, luego, a la salida en bloque de Ruptura de los 25. ¿Cuáles han sido las vías de resolución de estos conflictos? Los díscolos son llamados al orden, son deslegitimados por “la voz del amo”, que los tacha de traidores, desleales y oportunistas y amenaza por igual a todo su bloque con la pérdida de la representación (la amenaza, en su momento, de la “muerte cruzada”); pierden presencia en la Asamblea, en el gobierno y en AP. En consecuencia, se refuerza el dominio de Correa y del círculo de gobierno. A partir del 30 de septiembre todos cierran filas alrededor del régimen, es decir, alrededor de la hegemonía de Correa; las discrepancias desaparecen de la escena, y los críticos se autolimitan. El nuevo viraje derechista de la consulta muestra los límites y la debilidad de acuerdos basados en la sumisión: a los críticos no les queda más opción de marginarse. Se consolida la vía conservadora de la modernización dejando de lado toda veleidad reformista. Así se presenta, hoy, la línea de conflictividad; y ella atraviesa cada vez con más nitidez: y lo que está en juego son proyectos políticos. Por un lado, dos proyectos de gestión del capital: la neoliberal y la modernizadora. Por otro lado, el proyecto de modernización capitalista enfrentándose a la posibilidad de un proyecto popular. Como dice Luis Macas:
“La resistencia y la vigencia del Sumak Kawsay, al no ser adaptable al sistema actual, es una propuesta para superar este modelo nefasto, y posibilitarnos construir el sistema comunitario. Creemos que no puede incrustarse o incorporarse al modelo de desarrollo actual, ni puede ser un apéndice de este sistema ni de este modelo en crisis. Es la posibilidad de transformar este modelo agresivo, las viejas estructuras del Estado vigente y de construir uno nuevo, desde nuestras manos, del pueblo. Por lo que no se trata de una propuesta para indígenas; es más, consideramos que es una construcción de una opción de vida para todas y para todos, no es una propuesta indígena para los pueblos indígenas, sino para toda la humanidad” 21.

Conclusiones a la luz opaca del 30 de septiembre

Aún se discute si fue un intento de golpe o un movimiento reivindicativo. Como ocurre siempre, es más fácil descubrir los indicios después de que los hechos han ocurrido: existía un descontento entre los policías y los militares por algunas medidas tomadas por el gobierno (como la presencia de ministros de defensa civiles, incluso, al principio, ministras; la unificación de los servicios de inteligencia bajo comando del gobierno; las demoras en la “homologación salarial”, que significa incrementos de salarios, sobre todo para los segmentos de menores ingresos; el “destape” de las violaciones a los derechos humanos en acciones policiales, etc.). De todos modos, el gobierno había tratado de acercarse a los militares y policías, incluso desde el inicio del gobierno: aumentos salariales, mejora de equipos y armamento, entrega del manejo de la compañía petrolera estatal a la marina, entrega de la
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Luis Macas: El Sumak Kawsay, 2011.

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reconstrucción de vialidad al cuerpo de ingenieros del Ejército, etc. Por otra parte, también es cierto que, según se sabía, gente cercana a Sociedad Patriótica andaba cerca de la policía y de los militares haciendo circular rumores, entre otros, sobre una posible desaparición del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas (ISSFA). ¿Fue un intento de golpe, un proceso de golpe, un “golpe premoderno, posmoderno y transgénico” 22? Aunque a algunos les hubiera gustado que lo sea, lo cierto es que no obtuvo el respaldo del alto mando de la policía ni obtuvo el respaldo prácticamente de ninguna unidad importante de las Fuerzas Armadas, más allá de un pequeño grupo en la base aérea de Quito y, finalmente, el comando conjunto de las Fuerzas Armadas, aun con cierto retraso, expresó su respaldo “incondicional” a Correa; es decir, en términos militares no tenía posibilidades de provocar un cambio de gobierno. Tampoco obtuvo el respaldo conjunto de la derecha (aunque la mayor parte de su expresión parlamentaria respaldó a la policía, el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, la figura más importante de esa tendencia, tomó pronto distancias con la medida de los policías). No obtuvo tampoco el respaldo de los grandes grupos de poder económico, que se manifestaron contra cualquier intento de “desestabilizar” la democracia. Y tampoco hubo respaldo en las calles. Pero, por otro lado, el gobierno tampoco logró atraer un respaldo ciudadano masivo, a pesar de las movilizaciones que se reunieron frente a la casa de gobierno y en las cercanías del hospital de la policía, donde estaba Correa “retenido” por los policías. Por eso la crisis se resolvió, de nuevo, por la decisión de las Fuerzas Armadas, que volvieron a ser el actor finalmente dirimente, como en las crisis políticas anteriores (1997, 2000, 2005). El 30 de septiembre reveló, sobre todo, más limitaciones y debilidades de las que se reconocían hasta entonces. La derecha se mostró dividida, desconcertada, escindida entre los aguijonazos de Sociedad Patriótica para forzarla a caminar detrás de sus iniciativas, por un lado, y, por otro lado, las dificultades para dotarse de una representación política orgánica que, al mismo tiempo, sea capaz de desarrollar capacidad hegemónica hacia el conjunto de la sociedad. Por su lado, los movimientos sociales mostraron la profundidad de su crisis política y lo que viene siendo su gran debilidad frente al proyecto modernizador de la “revolución ciudadana”: sometidos a constantes ataques desestructuradores por parte del gobierno, no logran enfrentarlo políticamente, es decir, mostrando a la sociedad el conflicto entre proyectos distintos. De modo que, a veces, algunas organizaciones han cedido a la tentación de aliarse con todos los opositores perdiendo de vista la necesidad de independencia de la propuesta popular. Otras organizaciones, en cambio, se han subsumido en el proyecto del gobierno y han perdido toda capacidad de adelantar una posición aunque sea mínimamente independiente. Pero, detrás de esta manifestación de crisis política, lo que se ventila es la readecuación de los movimientos frente a
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Tal la curiosa definición adelantada por Mario Ramos y Alexei Páez en “El magnicidio perfecto”, Cenae, Quito, octubre de 2010. [39]

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las transformaciones socioeconómicas de su base y una nueva disputa política a su interior entre una tendencia de derechas, procapitalista, y una tendencia de izquierdas que busca mantener un horizonte autónomo y de transformación social profunda. Las debilidades de los movimientos sociales se han visto amplificadas por la pérdida de rumbo de sus presuntas representaciones políticas en la izquierda, incapaces de articular, ni siquiera a nivel parlamentario, al menos la sombra de una posición que se diferencie al mismo tiempo del gobierno y de la derecha. Pero si las debilidades de las derechas y de los movimientos sociales eran hasta cierto punto visibles, lo novedoso fue la evidencia de las flaquezas del gobierno. El gobierno se mostró sin capacidad política de reacción y de iniciativas para enfrentar la crisis y quedaron en evidencia las debilidades del equipo gubernativo. Pero, sobre todo, se mostró que el respaldo de que goza el presidente es, sobre todo, un respaldo pasivo, no movilizable fácilmente. En estas circunstancias, se comprende que el gobierno haga esfuerzos por acercarse cada vez más a los grupos empresariales, reformule explícitamente su marco de alianzas, y procure reafirmar su legitimidad social con lo que ha sido su mejor arma desde un inicio: una nueva elección, es decir, la consulta popular. Y, con todo eso, afirmar el desplazamiento del proyecto político hacia su derecha.
Quito, 14 de enero de 2011

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Movimientos sociales y gobiernos de “izquierda”.
Los casos de Venezuela y Bolivia
Rosa Lucero

gobiernos de Venezuela y Bolivia han sido motejados como revolucionarios, intentando denigrarlos, o se han autobautizado como revolucionarios procurando exaltar su curso de transformaciones. ¿Pero cuál es el carácter de estas transformaciones y qué es lo que estos gobiernos transforman?

Los

En el campo económico ambos gobiernos han nacionalizado los recursos mineros, entre ellos los hidrocarburos, cuidándose de no herir demasiado las susceptibilidades de las compañías transnacionales 23. Las nacionalizaciones se han hecho en los marcos de la ley. En Venezuela se han expropiado compañías
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Transformaciones en la economía

Hasta el 2006 se habla en Bolivia de una vía nacionalista moderada, con flexibilidad para tratar los temas de nacionalización del gas, en las que algunos han visto un debilitamiento de las convicciones nacionalizadoras del régimen, con graves contradicciones en los contratos… (P. Stefanoni, 2007.Revista Nueva Sociedad No.209: 59) [41]

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declaradas en bancarrota, y después de intervenirlas se ha propuesto a sus dueños la copropiedad y la cogestión administrativa con los trabajadores de las empresas, como pago por los gastos gubernamentales, y como una alternativa a la expropiación total. Las reformas agrarias también se han hecho moderadamente, por ejemplo en Venezuela tanto la cantidad de tierra, como su localización, así como el precio a pagar por esta dependen del deseo del propietario para llegar a un acuerdo. Esto no ha provocado mayor revuelo entre los terratenientes pues solamente se han “reformado” aquellas propiedades que evidentemente estaban abandonadas y eran improductivas o las tierras de propiedad estatal, sin cambiar radicalmente las relaciones de propiedad de la tierra. En Bolivia el gobierno emprendió una “nueva reforma agraria” para dar terrenos a los campesinos sin tierra de los terrenos fiscales y latifundios que “no cumplan con la función económica y social 24”. El impulso a la producción interna no ha estado a desnivel de los anteriores gobiernos no “revolucionarios” y no hay políticas de generación de empleo que permitan cerrar las brechas sociales tan presentes en las sociedades de ambos países. Incluso había sectores (moderados) en el MVR, en el año 2001, que propugnan una alianza estratégica con los industriales progresistas y no corruptos de FEDECAMARAS 25. Como una “alternativa económica” Chávez ha lanzado iniciativas desde el ejecutivo para la formación de cooperativas, que en algunos casos, se ha constatado son empresas individuales, las cuales consumen ingentes recursos estatales sin mostrarse aún como una alternativa productiva real, y peor aún como el inicio de un modelo productivo nuevo. Sin embargo de esto, hay una recaudación fiscal más eficiente 26 y un manejo menos excluyente de los fondos Estatales: los ingresos por la venta de hidrocarburos y la recolección de impuestos se han puesto en programas sociales que intentan cerrar la brecha social abierta históricamente en estos países. Pero estos programas de ayuda social son frecuentemente paliativos y no verdaderas soluciones a largo plazo. En el caso boliviano en políticas sociales hay poca innovación y se procede en líneas de continuidad de las políticas de bonos para los pobres de los años 90. En tanto, Evo Morales concibe el modelo de gobierno boliviano con una intervención débil del Estado, que busca poner bajo control Estatal el 30% del Producto Interno Bruto (PIB), es decir restaurar el rol del Estado en la economía después de dos décadas de neoliberalismo.

P. Stefanoni, 2007. Revista Nueva Sociedad No.209: 52 No hay que olvidar que el presidente de FEDECAMARAS Pedro Carmona asumió la presidencia del gobierno tras el golpe del 11 de abril de 2002, y abogaba por retornar a un gobierno de corte neoliberal, mientras los también golpistas AD y CTV mantenían una posición ambivalente a este respecto y se inclinaban por otro tipo de políticas 26 Lo que está en contra de lo muletilla que en América Latina jamás se podrían institucionalizar un sistema de cobro eficiente de impuestos por la oposición de poderosos grupos de intereses económicos. (S, Ellner 2008: 124) [42]
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En suma estos nuevos gobiernos no tienen un modelo de desarrollo económico radicalmente diferente que ofrecer y hasta ahora se han limitado a nacionalizar los recursos mineros, base de la economía de exportaciones primarias, y a administrar honestamente los dineros estatales en pro de las clases menos favorecidas 27.

Transformaciones políticas

Es en el campo político donde se deben buscar las mayores innovaciones de estos gobiernos. La más importante se gesta con la irrupción de los movimientos sociales en la política como fuerza de ruptura y cambio institucional. La democracia representativa de las elites gobernantes y su sistema político de partidos estaba diseñada de forma excluyente; dejando fuera de la participación y la representación a las clases populares, sectores pobres, desempleados o subempleados y campesinos indígenas. En el caso venezolano una gran cantidad de habitantes pobres de barrios marginales y de pequeñas ciudades del interior, no atendidos por las instituciones del Estado, donde subyace un conflicto de clase. En el caso boliviano los campesinos indígenas empobrecidos, excluidos y apartados por prejuicios racistas, que dejaban ver el conflicto etnia-clase en la sociedad boliviana. En el sistema político se supone que los partidos representan los intereses de los sectores sociales que conforman el país, sin embargo el sistema político de partidos de la democracia representativa dejaba fuera, por razones de clase o etnia-clase, a los sectores sociales mayoritarios en número, que no estaban representados y caían fuera del sistema. La crisis del sistema político y crisis económica de las élites tienen su momento culminante en la crisis económica de 1998, cuando se derrumban sus esperanzas que las políticas neoliberales que habían impulsado sean de largo plazo y ayuden a consolidar su dominación en los respectivos países. Las políticas neoliberales, con su aplicación privatizadora de las riquezas minerales, hidrocarburos y minas, y la entrega de las empresas estatales de servicios a manos privadas y transnacionales, habían logrado, como en Bolivia, no solo encarecer los servicios básicos para la población, sino que habían hecho desaparecer sus fuentes de reproducción y trabajo. La ruptura del sistema político tradicional de partidos fue producto del fracaso de estos gobiernos alineados con el neoliberalismo, cuyo manejo irresponsable de los recursos nacionales y su incapacidad para administrar en forma honesta y democrática los dineros estatales llevaron a la quiebra las

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El vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera lo explicó mejor: “El Estado [… es] el primer vagón de la locomotora económica. El segundo es la inversión privada boliviana, el tercero es la inversión extranjera; el cuarto es la microempresa; el quinto, la economía campesina, y el sexto, la economía indígena. Este es el orden estratégico en el que tiene que estructurarse la economía del país” (P. Stefanoni, 2007. Revista nueva Sociedad No.209:51) [43]

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democracias tradicionales que representaban 28, dando paso a un vacío político de poder en medio de fuertes movilizaciones en contra del modelo neoliberal por las condiciones de empobrecimiento extremo de las poblaciones de estos países. Esto trajo como consecuencia la radicalización de posiciones políticas y la polarización social. En Venezuela los militares nacionalistas dieron el campanazo contra los gobiernos de corte neoliberal, y en Bolivia fueron los campesinos indígenas quienes, se opusieron con enfrentamientos violentos con las fuerzas Estatales a la privatización de los servicios de agua potable (guerra del agua) y la privatización del gas natural (guerra del gas). Las exclusiones nacionales históricas de clase y la de etnia-clase habían hecho imposible que las instituciones estatales pudieran incorporar a estos nuevos actores, innovando sus funciones y formas de representación, para poder integrarlos y representarlos. Los movimientos sociales, a su vez, se han organizado y convertido en sujetos políticos en la lucha contra la democracia representativa que los dejaba fuera de toda posibilidad de participación y representación, y contra las instituciones de la democracia liberal que los excluye. Aunque la esfera pública 29 se expande y permea con la irrupción de los movimientos de los clases oprimidas. La innovación institucional ya no era posible en forma gradual 30, debía necesariamente darse una ruptura violenta que provocó desorden y confusión. La pujanza de los movimientos sociales los llevará al poder gubernamental y de esta manera un nuevo discurso y una nueva forma de concebir la política se instalarán en el poder; hay una nueva hegemonía que ha construido su identidad en oposición a la del blanco-mestizo, y sus formas de acción y organización responden a esa oposición identitaria gestante Esta transición violenta genera rupturas que abre espacios de participación para nuevas organizaciones y nuevos liderazgos, sin embargo, hay que anotar que estas rupturas institucionales generan nuevas formas más democráticas que en el transcurso del proceso pueden ser fácilmente asimilables y conciliables con las anteriores instituciones liberales, lo cual señala
En Bolivia por ejemplo “desde los 40… hubo una sucesión de ciclos “liberales” y “nacionalistas” que… fracasaron en refundar el Estado y construir una nación incluyente” (P. Stefanoni, 2007.Revista Nueva Sociedad No.209: 65) 29 En los estados modernos la esfera pública es un espacio teóricamente abierto a la participación de todos los ciudadanos, con elecciones, debates sobre temas de interés público, y un supuesto control ciudadano sobre las acciones del gobierno y el Estado mismo. Sin embargo, este espacio de lo público está copado por los partidos políticos que sirven como mediadores de los intereses de sus representados y el Estado, pero que no logran representar al conjunto de intereses sociales, y disputan este espacio de representación a otros actores como gremios, grupos de interés, ONG´s y movimientos sociales. (Andrade 2005:60) 30 Esta disputa y tensión debería ser resuelta en forma gradual por innovaciones en las instituciones democráticas que abran el espacio de participación, pero en Venezuela, donde las élites económicas y políticas han cerrado la esfera pública y limitado la participación y la innovación institucionales, las contradicciones se han resuelto en una lucha política dirigida a lograr un radical cambio institucional, y esta es la vía que se ha adoptado. (Andrade 2005:60) [44]
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en camino de un nuevo orden, con el germen de un nuevo clivaje entre la democracia participativa y la representativa, lo que explicaré más adelante. Las organizaciones sociales son corporativistas y solidarias al interior de sí mismas; manejan un lenguaje y formas culturales políticas propias para resolver conflictos y llegar a consensos, que no son compatibles con la democracia liberal. Las corporaciones confían en su fuerza y en la masividad de su composición para justificar la toma de decisiones, o incluso imponerlas 31. Esta es la democracia en la cual creen. La democracia participativa, la democracia de la movilización, la democracia de las calles. La contradicción entre democracia participativa y democracia representativa, no se salda sin provocar nuevas crisis y aletargamiento de la dinámica del proceso de innovación. Pronto los movimientos sociales merman el impulso innovador que los ha llevado al poder, y aunque la esfera pública se ha ampliado, las “herencias institucionales” forman una espesa red burocrática, propia de la democracia representativa y sus instituciones, que es difícil de atravesar, aún más cuando no hay propuestas desde los nuevos actores para transformar las instituciones y darle otra forma al sistema político para que acepte las formas de la democracias participativa, respetando la esfera pública como un bien social y común. La nueva hegemonía política cuenta también, para su permanencia, con la falta de iniciativa política de las clases dominantes, que tampoco tienen un modelo político que pueda contener en un solo recipiente a los movimientos político sociales recién llegados y a las formas de representación liberales, es decir no cuentan con un modelo para construir un estado nacional unitario, o mejor dicho, tampoco lo tienen. Entonces, los movimientos sociales aprovechan la paralización involuntaria y momentánea del rival político, que no ha logrado recomponer una propuesta política de oposición democrática, y tampoco está en condiciones de amenazar la democracia de la nueva hegemonía gobernante; tanto por la poca fuerza de su alianza interna como por las condiciones internacionales, más vigilantes del respeto a las democracias legalmente instituidas, y que han sido elegidas por voto mayoritario y popular, que en el pasado. Es de esperar entonces que las innovaciones lleguen en un proceso de ajustes aproximativos. Pese a esto, ya las “herencias institucionales” han hecho mella en los movimientos sociales, la forma de representación corporativa de los movimientos hace que sus delegados estén atados a la base que los elige y los empodera, esto es una democracia horizontal, donde se toman decisiones por consenso y donde la práctica de la tolerancia de las minorías o las disidencias es visto como un peligro para la misma sobrevivencia del proceso. En una palabra están acostumbradas a hacer política para un grupo y no para
En las organizaciones bolivianas se escuchaba la afirmación que no eran necesarias instituciones que garanticen la democratización de la democracia: “Para que necesitamos la Asamblea Constituyente si ya estamos en el Gobierno”, lo cual también muestra la concepción autoritaria de la democracia de los movimientos sociales (P. Stefanoni, 2007. Revista Nueva Sociedad No.209: 61) [45]
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un universo diverso. La misma forma de asociación da la clave para entender esto, están organizados por intereses económicos y defienden intereses sectoriales, o gremiales, no intereses universales 32.

La crisis, su evolución y resolución

En Venezuela, la explosividad social generada por el último gobierno neoliberal de Carlos Andrés Pérez provocará, tras la represión militar del levantamiento urbano conocido como Caracazo en 1989, un gran estupor en la sociedad venezolana y la pérdida de legitimidad de Pérez como gobernante. Ilegitimidad que se agudizará con la aparición en la escena política de un grupo político nacionalista, existente al interior de las de las fuerzas armadas venezolanas, el MBR 200, cuyo líder Hugo Chávez intenta un fallido golpe de Estado, el 4 de febrero de 1992, que lo catapultará al centro del escenario político venezolano 33. Fracasado el golpe, Chávez se entrega dirigiendo una larga alocución a los venezolanos, que fue una llamada a la organización y a la resistencia al proyecto neoliberal y a sus representantes en el gobierno. La posterior prisión, amnistía, exilio y retorno de Chávez, solo servirán para convertirlo en una figura política aún más grande a nivel nacional. Hasta abril de 1997 el MBR 200 mantendrá una política de abstención electoral; cuando cambia el nombre a MVR y corre con Chávez como candidato a la presidencia en las elecciones de diciembre de 1998, que ganan contra la coalición formada por la AD y el COPEI para derrotarlos. Esta polarización política se agudizará en las elecciones especiales del año 2000, cuando el chavismo obtiene un incremento del apoyo en el voto popular de 56% al 60% para aprobar la Constitución elaborada en la Asamblea Nacional Constituyente convocada en el año 1999, y que será la base políticojurídica que le permitirá radicalizar su mandato 34. Chávez sabe, por su formación política y por el apoyo político electoral popular, que su fuerza y la fuente de su legitimidad como presidente es la relación directa con los sectores populares y los movimientos sociales, y ha seguido consecuentemente una línea de comportamiento político que lo pone en directa relación con las masas populares, ha declarado que el gobierno
En opinión de Álvaro García Linera “El Estado es lo único que puede unir a la sociedad, es el que asume la síntesis de la voluntad general y el que planifica el marco estratégico…” que es una posición claramente a favor de la democracia representativa y en contra de la dispersión política de los movimientos sociales. (P. Stefanoni, 2007. Revista nueva Sociedad No.209: 51) 33 Se explica la existencia de este grupo de militares progresistas por las políticas adoptadas por el gobierno contra el aparecimiento de la guerrilla izquierdista en los años 60. Oficiales jóvenes fueron enviados a las universidades venezolanas como una alternativa de formación a la Escuela de las Américas, el contacto con los cursos de ciencias políticas y con los universitarios politizará a estos oficiales. También el grupo de guerrilla encabezado por Douglas Bravo hará trabajo de cooptación militante al interior de las Fuerzas armadas, y por último la vida de grupo clandestino de los miembros del MBR 200, los preparará para alcanzar objetivos con políticas de largo aliento (S, Ellner 2003: 144) 34 …muestra claramente un intenso y turbulento proceso de cambio institucional económico y político que ha abarcado desde el cambio del rol del Estado en la regulación de la economía doméstica, hasta la adopción de nuevas constituciones (P. Andrade, 2005: 21,22) [46]
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nacional está comprometido con el servicio a los pobres y a las clases populares, antes que a ningún otro sector social, y que la gente pobre necesita de su ayuda y atención. Chávez se mira a sí mismo como uno más del pueblo, y ha descrito su relación con las clases populares como la de un pez con el agua. El discurso de Chávez está dirigido a los sectores no privilegiados de la población los cuales son su exclusiva base de apoyo político-social, a quienes ha apelado para obtener los votos que legitimen sus acciones. Hugo Chávez ha recibido el apoyo de los sectores populares, identificados con su discurso revolucionario, su quehacer gubernamental, y además agradecidos con los programas e iniciativas de ayuda social del gobierno chavista. Los movimientos demostraron que su apoyo a Chávez es activo y no solamente de carácter electoral durante el golpe opositor del 11 de abril del año 2002, cuando la movilización de las barriadas pobres de varias ciudades, y también de Caracas que marcharon hasta el palacio presidencial, y que organizaron el cerco a las instituciones estatales y cuarteles militares, posibilitó en gran medida el retorno de Hugo Chávez al poder. La naturaleza pacífica de estas marchas y la autoconvocatoria lanzada por los movimientos sociales refleja el gran compromiso militante de los seguidores de Chávez y la capacidad de movilización del movimiento Chavista. La base de apoyo político que ha mantenido Chávez son el grupo de militares golpistas y progresistas agrupados en el MBR 200, que luego se amplío en la llamada alianza sociedad civil-militares 35 y pasó a nombrarse MVR, los movimientos sociales, y algunos grupos de la izquierda marxista. Al interior de estos grupos se expresan tendencias y concepciones distintas de la política. Los grupos vinculados a los partidos políticos que conocen del juego y estuvieron mezclados en los años anteriores a Chávez en las luchas políticas, saben manejarse en las instituciones estatales, conocen como servirse del clientelismo y de los intereses corporativos para obtener ventajas. A la vez, dentro de estos grupos se expresan dos tendencias, aquellos que conciben la política como un acto de imposición del más fuerte sobre el más débil y otros que la ven como un ejercicio de consensos y políticas de largo aliento, durante las cuales se apela a la persuasión y el diálogo antes que a la imposición y la fuerza. Por otro lado están los verticalistas, que confían en las estructuras partidarias organizadas y disciplinadas para la conducción y la ejecución políticas, y los horizontalistas, que ven en la política el escenario perfecto para la expresión de los movimientos sociales, y la construcción de una democracia participativa desde las bases. Los mecanismos de debate interno en el chavismo faltan y no se ha conseguido una discusión amplia sobre estos temas, quedando al final en mano de quienes están en la esfera más cercana de las decisiones la forma que
Chávez declaro que la alianza civiles-militares fue “la mejor demostración que no se quiere establecer una dictadura militar en Venezuela” (Chávez, Habla el comandante, Pp. 126-7 citado por S. Ellner, 2003: 150) [47]
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orgánicamente el chavismo adoptará para continuar en la construcción del proyecto político alternativo para Venezuela.

En el caso boliviano, Evo Morales, campesino cocalero formado en el sindicalismo campesino, donde hizo trayectoria desde secretario de deportes hasta presidente de las seis federaciones del trópico de Cochabamba, es un hijo de los movimientos sociales, quienes irrumpieron en la arena política boliviana en los enfrentamientos contra las privatizaciones de los servicios básicos (la guerra del agua) y contra la privatización del gas (la guerra del gas). Específicamente el movimiento cocalero se convirtió en un referente político nacional en su resistencia a las políticas de erradicación del cultivo de coca impulsadas por el gobierno con el apoyo de la DEA. En Bolivia la siembra y consumo de coca está ligada a la cultura indígena campesina, donde quien contrae matrimonio debe construir una casa y sembrar un campo de coca. La lucha de los cocaleros por separar, en el imaginario colectivo boliviano, el cultivo de la producción del clorhidrato, pronto adquirió tintes antiimperialistas, sobre todo por la intromisión en los asuntos políticos bolivianos del embajador norteamericano y las campañas de erradicación del cultivo orquestadas por la DEA. A la par, el movimiento cocalero ganaba la simpatía de los bolivianos por las marchas de resistencia y las luchas en las que se enfrentaron tanto a la policía como al ejército bolivianos. Hito importante en el empoderamiento de los movimientos sociales es la creación del Instrumento Político en el año 1995, cuando los cocaleros ya habían consolidado su presencia política. Los congresos sindicales campesinos deciden la creación de los “partidos emergentes” para conseguir proyección política y una prolongación parlamentaria de su acción política, este proceso se materializara en el MAS-IPSP. El MAS nace como resultado de un proceso de ampliación de la democracia y la posterior crisis de ese mismo proceso entre los años 1982-2000; la democracia que en los años 80 fue una promesa de inclusión, fue en los 90 una promesa incumplida, pues la inclusión política sin integración social y económica resultó insuficiente para los sectores campesino indígenas. “La emergencia del MAS es resultado de cuatro factores: la emergencia politizada del clivaje campo ciudad, la crisis del modelo económico neoliberal y la visibilización de la deuda social, la crisis de representatividad de los partidos políticos, en particular la ausencia de partidos de izquierda con alguna solidez institucional; y el proceso de integración política que generaron la municipalización y las diputaciones uninominales. 36” Sobre todo fue importante el proceso de municipalización abierto con la Ley de Participación de 1994 que abrió una etapa de integración política de los movimientos sociales campesino indígenas, reforzada y expandida a un territorio mayor con la definición de circunscripciones uninominales.
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En este contexto ganaron una importancia central las elecciones para la consolidación de la unidad de los sectores bajo el liderazgo cocalero. Así tanto el MAS-IPSP como Evo Morales ganaron presencia pública y Morales pasó a ser una figura política de carácter nacional, montados, tanto el MAS como Morales, en los ciclos de protesta abiertos a partir del año 2000, con la estrategia de tejer una red de organizaciones y lograr la dirección de estas. En estas condiciones de fortalecimiento político, el MAS ganó las elecciones de diciembre de 2005 con el 54% de votos, 6 meses más tarde se impuso en las elecciones para la Asamblea con 51% de votos. Dos años después el gobierno de Evo Morales ganó el referéndum revocatorio con 67% de los votos, y en las elecciones generales de diciembre de 2009 obtuvo un nuevo triunfo con 64%. Estas cifras muestran que se trata de un proceso de construcción de una nueva hegemonía sustentada en una gran fortaleza electoral. La llegada de Evo Morales al parlamento boliviano, como delegado de los movimientos sociales campesino indígenas y como cocalero, representó para el mundo blanco-mestizo más que una afrenta, pues, en su imaginario discursivo racista, Morales no era solo indio, sino además traficante. Esta contradicción indio blanco-mestizo llevó a la destitución del asambleísta Morales por parte de los partidos políticos tradicionales representados en el legislativo y mostró el rostro de intolerancia y exclusión de la institucionalidad democrática boliviana tradicional. Esto, sin embargo, solo impulsó a Morales en su carrera política. Apoyado por los movimientos ganó las elecciones y se instaló en la presidencia para iniciar un gobierno de administración de los recursos estatales y de recaudación fiscal y programas de ayuda social sin precedentes en la historia boliviana. Esto lo hará, sin embargo, en un paradójico proceso de debilitamiento del MAS en su parte constitutiva más importante: el impulso y la participación de los movimientos campesino indígenas. Entre los años 1995-2000 el MAS fue un partido campesino horizontal, un partido indirecto, en el cual las organizaciones son partes constituyentes, y quienes son miembros de estas son además miembros del MAS, es decir no hay un proceso de regularización de la militancia individual, esto llevó a Morales a declarar: “donde funcionan bien las organizaciones no hace falta estructura del partido”. Entre los años 2002-2005 el éxito electoral del MAS lo llevó a centrar su acción en el gobierno y en las urbes, lo que inicia el proceso de tránsito a ser un partido urbano, al cual quieren afiliarse simpatizantes blanco mestizos de forma individual. Es decir, hay una presión para que el MAS se convierta en un partido directo. Pero los individuos y las organizaciones urbanas no presentan la fortaleza de la organización rural, para alimentar y sostener la dinámica anterior de toma de decisiones en asambleas, al modo de los sindicatos rurales. Sin embargo, las necesidades del manejo institucional del gobierno hacen necesarias las incorporaciones de individuos que son pieza clave en gestión gubernamental del MAS, quienes no son miembros orgánicos del partido ni de
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los movimientos sociales, cosa que los lleva a desarrollan relaciones de dependencia con Morales para mantenerse. La falta de mecanismos de debate interno para zanjar esta cuestión llevó a que la decisión quedara en manos de Morales, quien ha acumulado un gran monto de poder 37. Incluso para decidir quienes asumen cargos en la Administración pública. Así, Morales en su calidad de líder, se convierte en árbitro y mediador entre los movimientos sociales, partido y militantes urbanos presentes en el MAS. Esta falta de debate interno, que deja en manos de Morales las decisiones en detrimento del partido, debe leerse como una derrota de los movimientos sociales que al pasar del escenario rural al urbano pierden su peso específico en la toma de decisiones al interior del gobierno, a favor de los “nuevos militantes urbanos” del MAS, que comienzan a desarrollar una estructura distinta en el partido basada en la relación personal con el líder, lo que incrementa la tendencia a la acumulación de poderes en manos de Evo Morales, y por supuesto actúa en detrimento de la democracia participativa impulsada por los movimientos sociales, pues el líder con un pequeño entorno ha centralizado todo el poder en detrimento del partido, léase movimientos sociales. Por último me serviré de las declaraciones del Vicepresidente de Bolivia para explicar la pérdida de protagonismo de los movimientos sociales en el gobierno boliviano. Preguntado sobre la manera de hacer compatibles la democracia representativa con la democracia participativa afirmó: “Un gobierno de movimientos sociales como este va a vivir una tensión entre concentración y socialización de las decisiones. ¿Cómo se valida lo de gobierno de movimientos sociales? Primero, por el tipo de decisiones estratégicas tomadas (…). Segundo, por la forma de selección de los funcionarios públicos, que pasan por el filtro de las organizaciones sociales. Tercero, por la presencia de cuadros de los movimientos sociales en el aparato estatal, que responden a estos movimientos 38”. Había aclarado anteriormente, que Morales aún detenta la presidencia de las seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, a más de haberse convertido en mediador entre las organizaciones, el partido y los militantes urbanos. Esto, evidentemente, es un gran cúmulo de poder en manos de presidente, lo que lo ha ayudado a ser parte en las reuniones en las cuáles las organizaciones seleccionan a los funcionarios públicos que las representarán, esta capacidad de maniobra es una forma de influir y condicionar las decisiones de los movimientos, y por supuesto el prestigio de Morales como líder distorsiona las decisiones que toman. Así Morales ha logrado “consensuar” con los movimientos los nombres de los funcionarios públicos, lo que anula las expectativas democráticas que abrían las declaraciones de García Linera. Por otro lado, no solo esto se “consensúa” con los movimientos, también las acciones e iniciativas del gobierno, por ejemplo el posicionamiento que las
Evo Morales es Presidente de Bolivia, Presidente de las seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, y jefe del partido MAS-IPSP 38 M. Zuazo, 2010: Revista Nueva Sociedad No. 227:128 [50]
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organizaciones adoptan con respecto a las iniciativas gubernamentales también son influenciadas por el ejecutivo y su representante Evo Morales, lo que implica una subyugación de la actividad de las organizaciones a las iniciativas políticas emanadas desde el ejecutivo y el gobierno central boliviano 39. Todo lo anterior da fundamento para afirmar que en Bolivia se asiste a una domesticación de los movimientos sociales, con una participación de estos normada y dirigida desde el Estado, y con una consecuente fragmentación y pérdida de iniciativa de las Organizaciones sociales. Es decir se inicia un nuevo orden en el cual los movimientos sociales perderán su forma de acción política para privilegiar los mecanismos de participación previstos desde el ejecutivo para ellos, institucionalizando la participación de las corporaciones en la toma de decisiones.

Dejé para el final el análisis de la relación entre los movimientos sociales venezolanos y el gobierno de Hugo Chávez, con la finalidad de aprovechar las conclusiones de la domesticación de los movimientos sociales bolivianos, y para poder complementar esto último con el análisis de las corrientes internas al interior del chavismo. La base de apoyo social del gobierno de Hugo Chávez son, por un lado los movimientos sociales urbanos nacidos en la confrontación al sistema político exclusivo impuesto por los partidos tradicionales, AD y COPEI, llamado pacto de punto fijo; las ONG´s con presencia en los barrios urbano marginales, quienes reclamaban un ensanchamiento de la esfera pública y posibilidades de participación y representación política, y por otro los oficiales del ejército venezolano, camaradas de Chávez, organizados desde antes del golpe de 1992 en el MBR-200, que en 1997 dejarían supuestamente de existir para formar el MVR junto a militantes del chavismo de diversa procedencia, MBR-200 luego resucitado por Chávez en el 200l por llamado expreso para ayudar en la construcción de los Círculos Bolivarianos, y combatir las tendencias facciosas al interior del MVR; y varios grupos de militantes de los partidos comunistas y marxistas ilegalizados por el pacto de punto fijo y ahora aliados al proyecto chavista. Como arriba quedó mencionado, los Círculos Bolivarianos se formaron por iniciativa Estatal, y por llamado expreso del líder Hugo Chávez; y pasaron a constituir un movimiento de apoyo al gobierno formado por organizaciones de distinto tamaño y distinto grado de autonomía respecto al gobierno, siendo más notoria esta autonomía en los círculos más pequeños y más antiguos del movimiento. El llamado se hace, tanto en el momento que el gobierno necesita implementar sus programas de reforma social económica, como por la necesidad de superar con esta iniciativa el estancamiento provocado en el MVR
Por ejemplo Morales, en su condición de presidente y jefe del partido, dirigió algunas reuniones cruciales de la CONALCAM, que supuestamente sustancia su frase de –mandar obedeciendo– aunque en realidad el resultado de las discusiones haya sido la imposición del presidente. [51]
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por la lucha interna de facciones partidistas, poco educadas en el tratamiento de disensos y carentes de instrumentos orgánicos partidistas de discusión y resolución interna de diferencias y conflictos. Al llamado de formación de los Círculos Bolivarianos acudieron los habitantes de los barrios marginales, como las organizaciones sociales urbanas, atraídas por la posibilidad de ejercer la democracia participativa en la acción de los Círculos. A partir de 2001 se constata la existencia de 200 mil Círculos con 2.2 millones de participantes, encargados de facilitar el acceso a los programas de lucha contra la pobreza, organización comunitaria y en apoyo a las campañas electorales. Su papel más decisivo lo jugaran durante el 2002 con las movilizaciones que ayudan a protagonizar durante la destitución temporal del líder Chávez. Hasta el 2004 los Círculos se convertirán en uno de los componentes claves de organización del chavismo, sin embargo de lo cual, a partir de esa fecha, se inicia su declive por el interés del gobierno en programas que considera más prioritarios. Pese a ser una organización civil creada por iniciativa gubernamental, los Círculos no recibieron un fuerte apoyo económico, calculándose que solo un 10% de su presupuesto era entregado desde el gobierno y que el resto de su acción se autofinanciaba. Lo cual señala un alto grado de compromiso de sus militantes con el gobierno de Chávez, no obstante también hay que señalar que los Círculos mantuvieron un estrecho vínculo de influencia carismática con Chávez, lo cual mermó su capacidad de decisión independiente y la generación de una identidad propia. Los Círculos Bolivarianos fueron la expresión de la corriente participacionista dentro del chavismo, y su existencia generó luchas internas de las facciones existentes en el MVR, luchas que a mi juicio se saldaron a favor de la corriente dura del chavismo, con la creación, por iniciativa estatal, de las misiones, que son estructuras paralelas a las estatales, destinadas a brindar servicios de salud -Misión barrio adentro-; las cooperativas productivas y la Misión MERCAL, destinadas a la venta de víveres a precios subsidiados por el gobierno, y las Misiones educativas Sucre, Robinson y Rivas. Esta iniciativa copó las expectativas políticas de los miembros de línea dura del gobierno, porque con su trabajo suplantan a las instituciones estatales y privadas de servicios, consideradas ineficientes, desleales al régimen y burocráticas, con la creación de estas Misiones destinadas a brindar atención directa a los sectores populares. Los miembros de la línea dura argumentaron al interior del gobierno chavista que estas estructuras paralelas debían reemplazar las anticuadas instituciones estatales, idea combatida por la tendencia de línea moderada del chavismo, quienes veían la posibilidad un proceso para juntar ambas estructuras en una sola, en un proceso de discusión y consenso. De cualquier forma, el papel de los Círculos Bolivarianos dejó de ser importante ante la llegada de las nuevas iniciativas gubernamentales, y aunque los militantes de los círculos van a ser parte, como núcleo militante, en las nuevas iniciativas impulsadas por el gobierno, formalmente los círculos dejan de ser el referente de organización y participación.
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La iniciativa que más ha movilizado en Venezuela es la de los Consejos Comunales, organismo de vigilancia y acción paralelo a las instituciones estatales, que se encarga de la administración y supervisión de las otras iniciativas estatales: Misiones y Cooperativas. En estos Consejos las decisiones se toman en Asambleas de Ciudadanos, quien controla y asigna el presupuesto destinado a las Misiones y Cooperativas. La tasa de participación en los Consejos es de 8 millones de personas, y ha sido la forma más exitosa del gobierno de incluir a nuevos ciudadanos en sus iniciativas de participación ciudadana. Al igual que Evo morales en Bolivia, Hugo Chávez ha acumulado un gran poder en su persona, es presidente de la República, y líder indiscutido dentro del partido, todas las facciones se refieren a él para legitimarse; además, su relación carismática con las bases, no menos importante, le brinda el apoyo, hasta ahora, bastante efectivo de las masas movilizadas; y por último su condición de líder indiscutido entre los miembros de la antigua logia MBR-200, que han pasado a ocupar cargos importantes en el gobierno, y su alianza con las Fuerzas Armadas, le dan un poder sin parangón. Como se vio anteriormente, los movimientos sociales son convocados y dirigidos por Chávez, hay muy poca independencia y capacidad de acción propia de los movimientos adscritos al chavismo. Además en las condiciones en las cuales funcionan las iniciativas de políticas sociales del gobierno es muy difícil esperar una vida orgánica separada de las demandas del líder. Este proceso de acumulación de poder de Chávez en detrimento de la democracia participativa de los movimientos sociales, se saldó con la creación del PSUV, al cual Chávez llamó el “partido más democrático en la historia venezolana”, y que sustituye al MVR, criticado por su incapacidad para solucionar los problemas de las facciones en su interior, acusado de estar comprometido con actos de corrupción. Sin embargo aún faltan en el nuevo partido mecanismos de crítica y debate internos, para por ejemplo, analizar las fallas de las políticas sociales del régimen, que en el caso de las cooperativas arrojan una pérdida masiva de fondos públicos. En conclusión, los movimientos sociales venezolanos que tuvieron su manifestación más cercana a la democracia participativa en los Círculos Bolivarianos y en los Consejos Comunales, dependieron para su existencia tanto del respaldo político, como de los fondos del gobierno del presidente Hugo Chávez. En suma no son movimientos independientes sino que están sujetos al gobierno, y son una forma de participación normada y legitimada por el Estado. Podemos decir al final que han sido totalmente cooptados por el poder del ejecutivo y son un instrumento para la aplicación de las políticas diseñadas por este. FUENTES Kirk, Hawkins. La organización populista. Los Círculos Bolivarianos en Venezuela. Flacso, sede Ecuador, Quito, 2008. Kirk, Hawkins. Who Mobilizes? Participatory Democracy in Chávez´s Bolivarian Revolution. Miami, University of Miami, 2010.
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Moira, Zuazo. ¿Los movimientos sociales en el poder? El gobierno del MAS en Bolivia. Revista Nueva Sociedad No. 227, mayo-junio 2010. Pablo, Andrade. ¿Populismos renovados? Ecuador y Venezuela en perspectiva comparada. En Constitucionalismo Autoritario. Los… Quito. Centro Andino de Estudios Internacionales. UASB. 2005. Pablo, Stefanoni. El nacionalismo indígena como identidad política: La emergencia del MAS-IPSP (1995-2003). CLACSO. 2002. Pablo, Stefanoni. Siete preguntas y siete respuestas sobre la Bolivia de Evo Morales. Revista Nueva Sociedad No. 209, mayo-junio de 2009. Steve, Ellner. Rethinking Venezuelan Politics. Class, Conflict, and the Chávez Phenomenon. USA, Lynne Rienner Publishers, Inc. 2008 Steve, Ellner. The Constrasting Variants of the Populism of Hugo Chávez and Alberto Fujimori. Cambridge University Press. United Kingdom. 2003.

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La resistencia árabe y la estrategia imperial
Alejandro Moreano

Hubo críticas a las primeras declaraciones de Fidel Castro que no condenaban la represión de Kadafi. Pero, entonces, hace más de un mes, y gracias a su enorme experiencia, advirtió el contenido central del proceso y de la ofensiva mediática imperial: la justificación para una agresión militar de Libia. Los hechos le han dado la razón.

minutos en un Caudron C-630 Simoun n7041, Antoine de Saint-Exupery y André Prevot tuvieron un aterrizaje forzoso en la parte libia del desierto del Sáhara, camino a Saigón para batir un record por un premio de 150,000 francos. Fue allí que, deshidratado y a la deriva, sin ningún sentido de la ubicación, tuvo las alucinaciones que le sirvieron de fábula para El Principito. ¿Habrá imaginado Saint-Exupery que 40 o 50 años después el desierto libio, tan vacío e inhóspito a sus ojos, sería uno de los lugares más ricos de la tierra?
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El 30 de diciembre de 1935 a las 14:45, después de un viaje de 19 horas y 38

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Libia es, en efecto, la mayor reserva comprobada de petróleo de África (44 mil millones de barriles) y uno de los 10 países más ricos en petróleo del mundo, produciendo 1,8 millones de barriles/día de crudo liviano de alta calidad. Posee también 54 billones de pies cúbicos de gas natural. Libia posee además otra gran riqueza natural, los cerca de 12.000 km2 de agua fósil, dulce, del subsuelo y considerada uno de los grandes acuíferos del mundo 40. El régimen libio inició el aprovechamiento del acuífero con la construcción del ambicioso Great Man Made River Project -Proyecto del gran río hecho por la mano del hombre- o GMRA, amplias tuberías para llevar el agua a la costa urbanizada, en particular a Trípoli y Bengazi Libia cuenta además con una gran reserva monetaria internacional, dado el gran superávit comercial que tiene 41. Se calcula en 100 mil millones de dólares, 40 mil de los cuales están depositados en Europa o E.U.

La tragicomedia del nacionalismo burgués

Las similitudes entre los bombardeos e invasión a Irak -en sus dos fases, en 1990-91 y a partir del 2003- y la actual ofensiva imperial sobre Libia son evidentes, tal que fuera conducidas con el mismo guión: una intensa ofensiva mediática que construye la gran justificación para la invasión –amas de destrucción masiva y complicidad con Al Khaeda y el 11 de Septiembre, en el caso de Irak, represión a la insurgencia en el caso actual de Libia- y la demonización de los dos dirigentes, Hussein y Kadafi. La paradoja de la campaña mediática es que ambos fueron convertidos en “enemigos número 1”, a poco de ser grandes amigos de EU y Europa. Mal paga el diablo a sus devotos. La demonización de los “jefes” nubla toda explicación coherente de los procesos. Sorprende que a nivel público se adjudique, incluso por intelectuales prestigiosos 42, el problema a una eventual crueldad intrínseca de Hussein o Kadafi… Los epítetos no se han escatimado: dementes, psicópatas, asesinos en serie, “Calígula”… La crisis del marxismo y su retorno incompleto han hecho y hacen mucho daño al pensamiento social. En los 70, nadie con pretensiones intelectuales se hubiera atrevido a explicar la segunda guerra mundial por la insanía o demencia de Hitler. El discurso imperial sí, por supuesto, con lo cual

40 Los más grandes acuíferos del mundo son: 1. Acuífero de Areniscas de Nubia, con un volumen de 75 mil millones de metros cúbicos. 2. Acuífero del Norte del Sahara con un volumen de 60 mil millones de metros cúbicos. 3. Sistema acuífero Guaraní con un volumen de 37 mil millones de metros cúbicos. 4. Gran Cuenta Artesiana, en Australia, con un volumen de 20 mil millones de metros cúbicos. Ver: Cristian Frers: “La próxima guerra… la guerra del agua”, Novopress, 2008; en: http://es.novopress.info/3346/la-proxima-guerra%E2%80%A6-laguerra-del-agua/. 41 La balanza comercial pasó de 11.642 millones de dólares en el 2003 a 26.394 en 2007 42 Sorprende, por ejemplo, que Robert Fisk, el gran periodista que tanto ha hecho para combatir la prepotencia imperial, define el proceso actual por la demencia de Kadafi o su “crueldad asesina”. [56]

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velaba la participación del gran capital en el nazismo y garantizaba su permanencia 43. El análisis de la evolución de la política de Hussein y Kadafi puede permitirnos comprender el sentido de los procesos y las causas y curso de la crisis del “nacionalismo tercermundista”. Ambos, Kadafi y Hussein, fueron en su juventud miembros de los cuerpos represivos y coloniales. Sin embargo, lograron encaramarse en los procesos de lucha anticoloniales y, sobre todo en el caso de Kadafi, convertirse en dirigente del proceso emancipador. Advino entonces la fase nacionalista de sus políticas que conllevó la nacionalización de los recursos naturales, reformas económicas, aproximación al bloque socialista y a los movimientos de liberación nacional, y proclamas por el socialismo, confirmando la tesis de Marx de que toda clase dirigente de procesos de cambio asume la ideología mundial más avanzada de la época. Mas, una vez consolidada la fase emergente, los dos regímenes empezaron a tornarse sensatos y moderados. Y en determinado momento, cuando la presión imperial aumentó y se tornó peligrosa para la estabilidad de sus regímenes, empezaron a hacer concesiones y progresivamente se tornaron partícipes de una renovada dominación neocolonial. Hussein en los 80 se convirtió en la punta de lanza de la ofensiva yanqui en contra de la revolución islámica, sometiendo a los dos países, Irak e Irán, a una monstruosa guerra de exterminio mutuo que quizá haya sido una de las causas fundamentales de la derrota del nacionalismo tercermundista global de la humanidad, tan boyante hacia los 70 44. Fue entonces que, con “armas de destrucción masiva” proporcionadas por EU, Hussein bombardeó Irán, apoyado a la vez en la ayuda militar israelí, interesado en la destrucción de la potencia militar iraquí. El caso del régimen de Kadafi es muy similar.

Todo el gran capital alemán con la IC-Barben y los Krupp a la cabeza, se imbricaron con Hitler y los nazis. En los laboratorios IG-Farben se elaboraba el temible gas Cyclon B, utilizado en las cámaras para asesinar a millones de seres humanos43. Por su parte, la industria pesada Krupp AG, fue la gran gestora del rearme alemán conducido por Hitler, utilizando trabajo esclavo de prisioneros de guerra, en especial en sus fábricas cercanas a Auschwitz: de los 250 mil obreros en sus dominios, 100.000 eran trabajadores forzados, la mayoría soviéticos que sufrieron de una crueldad inhumana. Amén de los Krupp e IG-Farben, las empresas Flick, Thyssen, AEG, Siemens, Haniel, Banco Alemán, Banco de Dresde, Banco de Comercio participaron de la estrategia nazi, Pero no solo el capital alemán sino empresas yanquis, como la filial alemana de IBM, la Deutsche Hollerith Maschinen Gesellschaft (Dehomag), cuyo primer director, Thomas Watson recibió la Cruz al Mérito del Águila. Junto a la IBM, La Esso, Ford y General Motors, Du Pont, Union Carbide, Westinghouse, General Electric, Goodrich, Singer, Kodak, ITT, IBM, JP Morgan. Ford también recibió la cruz al Mérito del Águila. Sin embargo, ninguno de ellos fue cuestionado. Alguno de ellos estuvo preso en Núremberg, pero la sanción impuesta” hubiera puesto feliz a un ladrón de gallina, según un observador de la época… Poco después, todos fueron amnistiados y sus familias siguen siendo las dueñas de dichas empresas. 44 En los 70, amén de la descolonización del África portuguesa y del ejemplar proceso de Namibia, se dio la emergencia mundial de la OLP, la independencia de Zimbawe, el triunfo sandinista y la revolución islámica [57]
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A partir de fines del siglo pasado, y amedrentado por la presión occidental en torno al asunto Lockerbie, Kadafi dio un vuelco radical en su política. Autorizó jugosos contratos de construcción y petróleo con la Repsol española, la italiana ENI, la francesa Total, la británica British Petroleum; suscribió convenios con el FMI y aplicó políticas neoliberales. El consejo ejecutivo del FMI elogió hace poco a Libia por su “ambicioso programa de reformas” y su “fuerte rendimiento macroeconómico y el progreso en el realce del papel del sector privado”. Amén de consolidar sus ventas de petróleo 45, incrementó sus compras de armas a EU y Europa. Esa política se consolidó a partir de 2003, gracias a la intervención de Tony Blair, y llegó a niveles vergonzosos, como la entrega al Reino Unido de los nombres de los revolucionarios irlandeses del IRA que se entrenaron en Libia y la nómina de posibles colaboradores de Al Qaeda, lo que le valió el reconocimiento de Condoleeza Rice: “Libia y Estados Unidos comparten intereses permanentes: la cooperación en la lucha contra el terrorismo, el comercio, la proliferación nuclear, África, los derechos humanos y la democracia” 46. A pesar de que proponía una OTAN del Sur, en su calidad de secretario general de la Unión Africana, promovió un acuerdo con la OTAN para ampliar sus operaciones militares en Sudan, Somalia y Etiopía. Pero quizá la más infame de las políticas de Kadafi haya sido su política migratoria, sintetizada en el convenio con Berlusconi. “Ya en 2006 Human Rights Watch y Afvic denunciaban los arrestos arbitrarios y torturas en centros de detención libios financiados por Italia”. Farah Anam, fugitiva somalí de los campos de la muerte libios, declaró: «Prefiero morir en el mar que regresar a Libia». 47 La explicación de tales políticas no habría que buscarlas en la inconstancia de su carácter, por supuesto. Expresan las oscilaciones y debilidad de las llamadas burguesías nacionales que comandaron los procesos radicales de la acción contra el sistema colonial. La descolonización de Asia y África discurrió por dos cauces. El primero fue la estrategia de las potencias imperiales, en particular el Reino Unido, que transfirieron el gobierno a las viejas elites de las colonias, gestaron países fantoches como los del Golfo Pérsico, fraccionaron identidades nacionales como la de los kurdos y, en una estrategia de perversidad inenarrable, tejieron una geografía política distinta de la geografía étnica, para crear verdaderos
45 Principales países clientes de exportaciones libias: Italia 32.858.036 Alemania 5.792.137 EU 3.540-204 España 3.488.274 China 3.094.990 Fuente: Un database, COMTRADE. 46 Ver Santiago Alba Rico, Alma Allende ¿Qué pasa con Libia? Del mundo árabe a América Latina, online. 47 Ibíd., El acuerdo Berlusconi-Gadafi de 2003 puede leerse completo en la página de Gabriele del Grande [58]

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“polvorines”, separando identidades étnicas –los pashtum o los somalíes, por ejemplo– en dos o tres países y creando países con diferencias étnicas internas como Afganistán o Irak. El otro rumbo fue el de los movimientos anticolonialistas radicales, gestados con una amplia participación popular pero que, salvo en unos pocos casos, fueron dirigidos por las llamadas burguesías nacionales que incluían a las elites intelectuales. Esos pocos casos fueron los de China o Vietnam, dirigidos por Partidos Comunistas, o el de Cuba que si bien tuvo una composición similar a la Argelia insurgente, se orientó hacia la formación de un Partido Comunista dirigente. Las burguesías nacionales tuvieron el clásico comportamiento descrito por Trotzky para las grandes y pequeña burguesías europeas: revolucionarias en la fase de emancipación, moderadas en la de estabilidad, y reaccionarias, e incluso fascistas, en la etapa de crisis. A partir de su propia especifidad, América Latina exhibe casos similares como los del MNR boliviano, el peronismo argentino y, el más emblemático de todos, el surgido en la revolución mexicana y que tuvo una fase radical con Lázaro Cárdenas, se moderó a partir de Ávila Camacho y entró en una franca derechización y sometimiento a las corporaciones multinacionales y a los Estados Unidos, a partir de Miguel de la Madrid. Tal es la tragicomedia de las burguesías nacionales y la tragedia de los pueblos dirigidos por ellas: hacen concesiones al imperialismo para obtener su apoyo y lo que obtienen es una extrema debilidad, el rechazo de sus pueblos, y, a la postre su derrocamiento por sus nuevos amigos.

La represión de Kadafi: ¿otras armas de destrucción masiva?

Hubo críticas a las primeras declaraciones de Fidel Castro, en los primeros días de la crisis libia, que no condenaban la represión de Kadafi. Pero, entonces, hace más de un mes, y gracias a su enorme experiencia, Fidel advirtió el contenido central del proceso y de la ofensiva mediática imperial: la justificación para una agresión militar de Libia. El tiempo le ha dado la razón. En la invasión a Irak, y sabiendo que eran mentira, la propaganda mediática habló de armas de destrucción masiva y ligó a Hussein con Al Qaeda. Esta vez montó una escena en el imaginario del mundo: una inmensa concentración como la de la Plaza Tahrir, y que era masacrada por bombardeos, fuego de tanque y artillería. Más allá de la política represiva de Kadafi, la imagen era falsa. De hecho no se trataba de Trípoli, donde Kadafi tiene un relativo apoyo popular. Una comisión de la ONU verificó que no hubo bombardeos ni acciones militares de envergadura en la capital libia y Robert Fisk señaló en su primera crónica, a los pocos días de iniciada la rebelión:
“Hay poca comida en Trípoli, y sobre la ciudad caía una apagada y triste lluvia. Corría por la Plaza Verde vacía y hacia abajo por las calles italianas de la vieja capital de Tripolitania. Pero no había tanques, ni vehículos blindados, ni soldados, ni un avión de combate en el aire; sólo unos pocos policías y hombres y mujeres mayores [59]

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Los militares rusos han insistido en que sus satélites no registraron ninguna clase de bombardeo en suelo libio. Y un analista militar de la CNN señaló que Kadafi dejó a la insurgencia extenderse por todo la región de la Cirenaica en el Oeste e incluso aproximarse a Trípoli, porque quería medir sus capacidades para liquidarla en la contraofensiva, tal como estaba ocurriendo hasta la intervención imperial. De cualquier manera la represión del régimen habría sido un total fracaso pues la rebelión se tomó Bengazi y varias ciudades. Sin embargo, el libreto ya estaba escrito tal como lo sigue estando cuando se dice que las fuerzas de Kadafi continúan bombardeando a civiles desarmados que, en los reportajes de la CNN, aparecen con ametralladoras, blindados, tanques e incluso aviones. En cualquier caso se trata de una guerra civil. Conocemos la violencia autoritaria del régimen de Kadafi. Pero el problema no está allí. El problema central es la agresión militar imperialista que viola la soberanía de Libia y se atribuye el derecho de intervenir en cualquier lugar del mundo que ellos decidan. Tiene razón Michel Chossudovsky, director del Centro de Investigación sobre la Globalización en Montreal, Canadá, al declarar indignado:
“Ellos han asesinado a más de 1 millón de personas en Irak, ellos no pueden decirnos que están yendo al rescate de civiles. Es una absoluta estupidez”, concluyó.

caminando por los pavimentos –gente como atontada–. Tristemente para Occidente y para la gente de la ciudad libre de Bengazi, la capital libia parecía tan tranquila como cualquier dictador hubiera deseado” 48.

Si las invasiones imperiales tienen un libreto único que culmina siempre a lo Forrest Gump en ¡bombardear, bombardear, bombardear!, las revoluciones populares siguen también una lógica similar pero que no es maquinación de nadie sino el estallido espontáneo de los pueblos. Una descripción somera de la revolución bolchevique y de la “revolución de los claveles” portuguesa, muestra una lógica común que expresaba su continua profundización: la movilización social fue derrocando gobiernos en una oscilación de derecha a izquierda; gobiernos orquestados sucesivamente desde el poder para intentar contener la revolución. En Rusia, el Zar, el Príncipe Lyov, Kerensky; en Portugal Caetano, Spínola, Costa Gómez y el triunvirato conformado por Costa Gómez, Vasco Goncálvez y Otelo Saraiva de Carvalho. Las masas cantan primero La Marsellesa y luego La Internacional. En ese proceso, la movilización social va consolidando órganos de poder –los soviets rusos, los SUV portugueses– hasta un punto en que la confrontación final es inevitable. En la Rusia del 17, la guarnición de San
“Crónica de Robert Fisk, primer corresponsal en llegar a Libia” The Independent La crónica se presenta así: “Tremenda exclusiva. El diario Independent ha sido el primer medio de comunicación en llegar primero a Libia y como si esto fuera poco el periodista que ha librado temeraria hazaña ha sido Robert Fisk, considerado el corresponsal extranjero más experto en temas de conflictos y uno de los más influyentes en la política internacional”.
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Las “resonancias” de la rebelión árabe

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Petersburgo obedeció al Soviet y no al Gobierno Provisional y precipitó el triunfo de los Soviets. En Portugal, las guarniciones de Lisboa terminaron obedeciendo al Gobierno, en relación a la destitución de Otelo Saraiva de Carvallo, y propiciaron así el triunfo de los “mecheviques”. En Egipto, y sobre todo, Túnez asistimos a esa suerte de revolución permanente. Es lo que Alain Badiou, en un magnífico artículo llama “El comunismo de movimiento”. En esa perspectiva, una revolución que se detiene se muere. Cabe preguntarse entonces: ¿Hasta dónde llega el movimiento en Túnez y Egipto? ¿Se están creando órganos de poder popular? ¿El “derrocamiento sucesivo” de los gobiernos rebasa a las Fuerzas Armadas en el caso de Egipto, rebasa a la diversas constelaciones de la burguesía en Túnez?. Más aún, la pregunta acuciante es ¿Continúa la movilización popular? Creo que aun no podemos contestar estas preguntas, aun cuando tengamos nuestras preocupaciones y alarmas. La intervención imperialista en Libia busca intervenir en el proceso general del mundo árabe para contener y encausar la dinámica revolucionaria desatada en Túnez y Egipto.

Respecto al proceso libio ¿cabe asemejarlo a los de Túnez y Egipto en el marco de las resonancias 49 provocadas por los mismos? Si bien confinado en la Cirenaica y, en particular en la ciudad de Bengazi, la rebelión germinó en su inicio formas populares e insurgentes, comités populares, incluso organizaciones de mujeres, niños y ancianos, que comenzaron a resolver los problemas de la vida en común. Empero, más allá de la dinámica popular inicial, la oposición oficial libia se ha constituido finalmente en torno a dos organizaciones políticas que han formado el Consejo Nacional Libio de Transición (CNLT): el Frente Nacional por la Salvación de Libia, FNSL, y Unión Constitucional Libia. El FNSL es una organización con oficinas en Washington, financiada por el Fondo Nacional para la Democracia (NED) creada por el Pentágono, la USAID, el Departamento de Estado y la CIA, con la participación de figuras como Henry Kissinger, Madeleine Albright, Zbigniew Brzezinski , Wesley K. Clark , y Paul Wolfowitz . La Unión Constitucional Libia, que proclama la restauración de la monarquía, se origina en los sanusí, una vieja cofradía musulmana que proclamó la monarquía con el Rey Idris 50, luego derrocado por Kadafi, y que, al
“Como dice poéticamente Jean-Marie Gleize, “un movimiento revolucionario no se extiende por contagio sino por resonancia. Algo que se forma aquí resuena con la onda de choque emitida por algo que se forma allá”. A esta resonancia llamémosla “acontecimiento”. Ver Badiou, Alain “La chispa que incendia la llanura” Revista Ñ, Buenos Aires, 8-3-11. 50 Los sanusíes son los miembros de una cofradía sufí fundada en La Meca en 1837 por Sayyid Muhammad ibn Ali as-Senussi. Su nieto, Idris I, fue beneficiado por los británicos con el trono [61]
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La oposición Libia: ¿resonancia de Túnez y Egipto o de la CIA?

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parecer, tienen influencia en el movimiento pues muchos de los combatientes exhiben la bandera libia de la época de Idris y que fuera sustituida por la verde de Kadafi. 51 El Consejo Nacional Libio de Transición (CNLT) fue reconocido por Francia y el Reino Unido y ha formado el nuevo gobierno que dirigiría Libia a partir de un eventual derrocamiento de Kadafi. Cabe la pregunta: ¿Tendrán peso e influencia acaso, en el curso de los eventos desencadenados por la invasión imperialista, los comités populares de la insurgencia inicial? Atilio Borón que sostiene el carácter popular y revolucionario de la oposición libia, señaló en días pasados que la intervención de EEUU y los gobiernos europeos tendría por objetivo arrebatarle a esos sectores la dirección de la lucha contra Kadafi para contener el proceso una vez derrocado el régimen y enrumbarlo hacia los intereses imperiales. De hecho, esa previsión ya se está cumpliendo pues si bien los insurrectos rechazaron al principio la intervención extranjera luego se integraron a ella, formaron un gobierno que buscó el reconocimiento de Francia, Europa y EE.UU., y que está ligado a los intereses imperiales, y han saludado eufóricos los bombardeos de la llamada coalición internacional, dirigida por EU., aunque por ahora dicen rechazar la presencia de tropas extranjeras. La oposición Libia es en este momento una parte substancial de la estrategia imperialista y se mueve en su perspectiva. Los bombardeos pretenden debilitar al Ejército de Kadafi para que la oposición, que estaba arrinconada en días pasados, se restablezca y avance rumbo a Trípoli. A la vez, la formación de un Gobierno con su Presidente pretende crear una legitimidad internacional que permita a las fuerzas imperiales intervenir directamente bajo la cobertura de la ayuda humanitaria. No sabemos cuál será el desenlace final del proceso, hoy al parecer empantanado. Pero, un eventual triunfo de la oposición sería el establecimiento de un régimen títere, al modo de los de Irak y Afganistán 52.

del Reino de Libia en 1951. Pro occidental, se mantuvo neutral en la Guerra árabe-israelí de 1967. En 1969 fue derrocado por Kadafi. La fuerza de esta corriente radica en que cerca de la tercera parte de la población libia continúa afiliada a las congregaciones sanusíes. 51 La familia de Idris, ha montado una larga conspiración, desde su derrocamiento y expulsión Una información de la AFP del 26-II-2011 de la AFP, nos dice: “Mohamed Al Sanusi, sobrino nieto del rey libio Idris, derrocado en 1969 por Muamar Gadafi, afirma ser ‘príncipe de Libia en el exilio’ y apoyar a ‘los héroes de la revuelta popular’ contra el actual régimen, dirigido por un ’asesino de su pueblo’ (…). Mohamed Al Sanusi mira con evidente placer la aparición en las manifestaciones de banderas del ex régimen monárquico, negras, rojas y verdes con una media luna y una estrella. ‘Es la bandera de la libertad, de la independencia. Me alegra mucho que se transforme en el símbolo de los jóvenes insurrectos’.” La prensa ha transformando la historia e una crónica hoolivoodense a propósito de la española Ana María Quiñones, esposa de Mohamed Al Sanusi, y se pregunta si habrá “¿una reina española en Libia?”. 52 El retorno de Aristide, derrocado por un golpe militar, al poder en Haití en la punta de las bayonetas yanquis, le puso en sus manos y le quitó toda autonomía desencadenando su derrota ulterior. [62]

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“Un movimiento revolucionario no se extiende por contagio sino por resonancia”, es una afirmación de Jean-Marie Gleize, citada por Badiou. “El Comunismo de movimiento”, desplegado en Túnez y Egipto, empezó a extenderse por todo el mundo árabe y auguraba una marejada social que inevitablemente tendería a asumir un dinamismo revolucionario. Bahrein sufrió el impacto. Pero Bahrein es una pieza fundamental de la estrategia imperial para el control del Golfo Pérsico. La Sexta Flota norteamericana se encuentra frente a Bahrein. Por eso, lo que es malo en Libia es bueno en Bahrein: E. U y Europa han tolerado la represión de la movilización popular que, a escala del tamaño del país, tenía las características de la dinamia de la plaza Tahrid de Egipto. Y lo que es más grave, han tolerado que Arabia Saudita, la más reaccionaria y represiva de las monarquías árabes, y los otros países del Golfo intervengan militarmente para sofocar la rebelión popular de Bahrein. La ofensiva imperial en Libia es parte de una estrategia global en el Medio Oriente para contener la dinámica revolucionaria detonada por los pueblos de Túnez y Egipto, y reencauzarla en el marco de la dominación imperial. Más aún, es la superación de la orientación, las debilidades y los fracasos de la política de Bush. La actual política de Obama es formalmente distinta de la de Bush y muy parecida a la de Clinton en Kosovo: cuenta con la alianza de toda el gran capital europeo, ha incorporado a los temerosos gobiernos árabes, ha subordinado a China y Rusia, y ha asumido una legitimidad sin precedentes con una resolución del Consejo se Seguridad de la ONU. El poder norteamericano en todo su esplendor. Y para evitar suspicacias ha dejado a la Unión Europea un papel muy significativo. De alguna manera, las responsabilidades políticas y militares expresan la realidad económica de las relaciones imperiales con Libia. Italia exporta a Libia e importa de la misma una cantidad 8 veces superior a la de E. U.53. Las principales empresas petroleras en Libia son europeas. Pero, ese poder norteamericano es una apariencia. De hecho, los Estados Unidos han mostrado crisis y decadencia como dictadura planetaria y han debido someterse al imperio del capital multinacional Si una de las bajas de la invasión a Irak fue Imperio, el famoso libro de Tony Negri, la invasión a Libia puede resucitarlo.

La estrategia de la invasión imperial

Principales proveedores de Libia, 2007: Italia, 4.490.605; China, 1.725.164; Alemania, 913.380, Túnez, 697.486; EU, 510.506. Fuente: Un database, COMTRADE. [63]
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Homenaje a Jorge Chiriboga Guerrero
Raúl Borja Núñez

Escribo este recordatorio de homenaje al compañero y amigo, a pocas horas de conocer

de parte de Fidel, su hijo, que la muerte está tocando sus puertas. Por una rara casualidad, sin que yo lo buscara ni esperara, hallé esta mañana a su hijo en la calle, simplemente nos cruzamos en el camino, y entonces me nació llamarle, correr tras suyo, pues él ya había tomado distancia, hacer que se detenga y me reconozca, y pedirle que me ayude a concertar una cita con su padre, pues desde hace algún tiempo atrás tenía el proyecto de hacerle una entrevista larga para absolver muchas preguntas que tengo alrededor del legendario personaje, el Negro Jorge Chiriboga Guerrero, y su época. Entonces su hijo me dijo, lacónico: Raúl, creo que ya no será posible esa conversación, pues… y entonces me contó que su padre estaba a las puertas de la muerte.

El contexto

En 1970 Quito tenía 600 mil habitantes. Al sur, la urbe limitaba con el Camal Municipal aún rodeado de campos de kikuyo verde con vacas pastando por allí y por allá, y un tren modoso que pasaba todas las mañanas rumbo a
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Riobamba echando su vaporoso bocinazo. Al norte de la capital, el Estadio Olímpico era la mayor edificación de una ciudad que limitaba en Chaupicruz o quizás más allá en Cotocollao. Muchas haciendas, la mayoría semiabandonadas, rodeaban a la ciudad que se desperezaba al “progreso” construyendo el primer “centro comercial” en La Carolina. Los extramuros de Quito aún estaban cruzados por quebradillas, limitados por cerros sembrados de eucaliptos, con acequias de agua limpia, bandadas de tórtolas jugando al viento y por allí una que otra pareja de enamorados huyendo de la censura de una sociedad conservadora. En 1970 el Ecuador bullía en política. Gobernaba el Quinto Velasquismo y el país se aprestaba a iniciar la etapa de explotación del petróleo, lo que cambiaría de cabo a rabo al Ecuador y a toda su gente. La agitación estudiantil estaba al orden del día… y de la noche también. Los jóvenes de los colegios gozaban la “luna de miel” del “libre ingreso” a las universidades, y por cien motivos se enfrentaban en las calles con una Policía de sable y tolete, esto hasta bien entrada la noche. En el lenguaje revolucionario de entonces, “a nivel de las masas populares…”, el Partido Comunista Marxista Leninista estaba aprovechado bien “esas condiciones”. El Chivo Echeverría (su legendario Secretario General) dispuso que su militancia apoye desde los predios de la Universidad Central al Comité del Pueblo, la mayor y más novedosa experiencia de movilización social de inicios de esa década, en Quito. 54 En efecto, cada sábado se reunían en el estadio de la Universidad Central miles de familias pobres en asamblea general, en un genuino ritual social y político de gran impacto en el imaginario del conjunto de la sociedad quiteña, misma que se vanagloriaba de tener “una paz franciscana”. La música folclórica de los años 60 -los Inti Ilimani y Quilapallun, Víctor Jara y Jatari... era tocada en altísimos decibeles desde aquel escenario universitario, para encender el ánimo de “las masas”. Carteles dibujados y escritos a puño alzado por la propia gente del Comité del Pueblo aparecían pegados en postes y paredes de viviendas y solares de la ciudad, como fantasmas admonitorios. Las consignas agitativas eran vitoreadas por los militantes del Partido, las banderas rojas flameaban en manos de mujeres de piel tostada, muchas de ellas vendedoras ambulantes de alimentos y bebidas, que animaban la concentración de gente pobre y al mismo tiempo vendían bebidas baratas para calmar la sed “de las masas”. Los niños y niñas de estratos populares jugaban en los alrededores de la Universidad Central mientras sus madres vitoreaban al “doctorcito Carlos Paredes” en un ritual de auténtico delirio, dándole a la concentración política un humano colorido y una pasión sorprendente. En las parroquias del sur de Quito, el ambiente era diferente. Allí primaba una “praxis” de izquierda, menos emotiva, con reflexiones teóricas iniciáticas, y una asistencia cuasi-paternalista entre los vecinos. Eran los grupos de iglesia popular infiltrados por el MIR y la Izquierda Cristiana, eran cientos
54 Antes del Comité del Pueblo hubo en Quito algunas experiencias de obreros organizados para tomarse tierras y construir sus viviendas. Los obreros de La Internacional formaron de ese modo el barrio homónimo, en el sur de Quito.

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de jóvenes -mujeres habían muchas y bellas- influidos por las ideas de Medellín (1968) y las referencias románticas al Che Guevara y a Camilo Torres. Se multiplicaban los “grupos de estudio” que idealizaban el compromiso práctico con los pobres de los barrios: artesanos, muy pocos obreros fabriles, comerciantes minoristas, cargadores de bultos y canastos de los mercados del sur de Quito, muchos de ellos indígenas de Chimborazo y Cotopaxi apenas emigrados a Quito. Los antecedentes de estas comarcas de “hormigas revolucionarias” eran los postulados de la Teología de la Liberación, los estudios sociológicos sobre la pobreza en el continente iniciados por el obispo Helder Cámara en el noreste de Brasil, continuados por Camilo Torres y recreados en la Casa de San Juan, afueras de Riobamba, por el joven Obispo de los Pobres, Leonidas Proaño. La militancia cristiana y la de izquierda revolucionaria leía con avidez y entusiasmo la Teoría de la Dependencia de América Latina, en boga entre los años 60’ y 70’ en las facultades de Sociología y los Partidos de Izquierda, y construía un sincretismo sui géneris entre el ateísmo marxista y el humanismo cristiano, que luego fue santificado por Fidel Castro. En el horizonte regional, desde el Río Grande hasta la Patagonia, brillaba el fulgor de decenas de procesos políticos multi-coloridos, unos denominados “luchas de liberación nacional”, otros, “procesos antioligárquicos”, y el Cono Sur, el más emblemático de todos, el camino al Socialismo a la Chilena. En este contexto bocetado aquí a “brocha gorda” un proyecto insurreccional resultó de la alianza de algunas organizaciones de izquierda revolucionaria del Ecuador. El MIR, Vencer o Morir, una fracción del Partido Socialista Ecuatoriano, retazos de grupos de guerrilleros colombianos refugiados en Ecuador luego de la derrota a la organización liderada por el cura Camilo Torres, y muchos revolucionarios “sueltos”, conformaron en 1969 el Movimiento Rumiñahui, un ensayo guerrillero de vida corta liderado por Jorge Chiriboga Guerrero. El triunfalismo de esas fracciones no pudo con el sentido trágico que marcó huella en la izquierda insurgente ecuatoriana desde los años 60. Recordemos algunas de consignas de la época: ¡Vencer o Morir! … ¡Patria o Muerte, Venceremos! … ¡Patria Libre o Muerte! … En la izquierda insurgente de Ecuador siempre dominó la Trascendencia de la Nada. En sus tertulias, mítines y rituales, si bien románticamente se animaba el valor de la militancia y la temeridad frente “al enemigo” (el Ejército), la constante eran las referencias épico-trágicas a la Guerra Civil Española y la derrota de los Republicanos; el Día del Guerrillero Heroico y el martiricidio de Ernesto Che Guevara; la vida mítica de Los Tupamaros de Uruguay, con Raúl Séndic enterrado en vida en una cárcel de Montevideo; la derrota del Presidente Arbenz en Guatemala y la formación de la guerrilla del M-13 al mando de los legendarios Yon Sosa, Turcios Lima y Trejo, aniquilados por un ejército al mando de rangers de los Estados Unidos; el epílogo trágico y heroico de Manuel de la Puente Uceda, del MIR de Perú... Poco después, esa saga culminaría con el hecho más trágico y heroico de esa generación de revolucionarios: la muerte con honor de Salvador Allende y el final del proceso del Socialismo Chileno… En este contexto conocí de cerca y “corrí video” con Jorge Chiriboga Guerrero.
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Corría quizás el mes de agosto de 1969 cuando le conocí al Negro Chiriboga en particulares circunstancias…. Pero, antes de narrar el primer encuentro, daré un par de datos de contexto: en 1968, el MIR (donde yo militaba) había ensayado implantar un germen de guerrilla rural en los límites de las provincias de Esmeraldas y Manabí, en la región hoy denominada Reserva Mache Chindul. Ese episodio tuvo muchos pasajes interesantes, cuyo relato no voy a descorrerlo ahora, a fin de ir casi directamente al punto de este recordatorio al amigo. Solo diré que la primera incursión que hicimos a esa zona tuvo un inicio y un final abrupto y desgraciado, a consecuencia de un accidente que sufrió el compañero que comandaba al grupo de bisoños guerrilleros, cuando él disparó un viejo fusil Mannlicher de repetición, que hallamos en un rincón de la casa finca donde se nos había dado acogida, y sorpresivamente el proyectil estalló en la cámara del arma y le causó una herida relativamente seria en el ojo y mitad de su rostro. Tuvimos entonces que salir de urgencia de la zona con el compañero herido a cuestas, pues había el riesgo de una grave infección por los restos de la pólvora. Él salió en dirección a Bahía de Caráquez y otra parte del grupo hacia Portoviejo y de vuelta a Quito. En la abrupta retirada supimos que una columna de rangers del Ejército ecuatoriano estaba detrás de nuestras pisadas en la zona, todo lo cual acicateó nuestra huida. Retornamos a Quito y, luego de ciertos avatares trágicos que tampoco narraré en esta ocasión, persistimos con nuestro propósito de organizar una columna guerrillera en algún lugar de la extensa región montañosa, a la época, de prístino bosque húmedo tropical, y que abarca el nor-occidente de Pichincha (río Guayllabamba aguas abajo), la zona de Intag al occidente de Imbabura, el cantón Quinindé, más al oeste todavía, y las “nacientes” de los ríos Sucio y Muisne, colindantes entre el sur de Esmeraldas y el norte de Manabí… A esa extensa región le habíamos dedicado con obsesión de jóvenes que quieren “cruzar el océano en una canoa”, un estudio detallado más que de sus perfiles sociales, de sus características geográficas y topográficas…

El primer contacto

La incursión fracasada que mencioné arriba sucedió en agosto de 1968, y en el trayecto de 1969 seguíamos dándole la vuelta a nuestro propósito guerrillerista, cuando un día, el compañero que dirigía la fracción del MIR radicada en Quito (glosa al margen: el fracaso aquel alimentó más ciertas diferencias graves entre las fracciones del MIR de Quito, Guayaquil y Manabí, alejándolas y cargándolas de resentimientos), me dice: “Vamos a contactar al Negro Chiriboga, con él podremos ingresar a la zona, no por Cojimíes sino por Quinindé y Muisne”. En efecto, a las 8 de la mañana en punto estábamos en el lugar donde el Negro se alojaba cuando residía en Quito, una modesta pensión ubicada en la calle Venezuela, entre Bolívar y Sucre, en el casco viejo de la capital. Era verano, lo recuerdo como si fuese ahora, por el aire frío y seco de agosto, y la luminosidad del cielo azul celeste de esta ciudad. Lo recuerdo
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El primer encuentro

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clarísimo, además, porque yo iba a conocer en persona a un legendario político de la izquierda brava, no-cabezona, como llamábamos entonces a los comunistas, de quien se decía que era bueno no solo en el Congreso, donde actuaba como diputado socialista por Esmeraldas, sino también en las calles, donde se enfrentaba a puño limpio a los caudillos liberales de esa provincia, los Plaza Dañín y sus huestes. Además, se oía, que el Negro Chiriboga organizaba ya una columna guerrillera, montubia y negra, en las montañas de su provincia y hacia el sur donde ésta colinda con Manabí. Esa mañana veraniega, en efecto, Jorge Chiriboga nos esperaba en su habitación de la modesta pensión quiteña, puntual como siempre era, listo ya para salir hacia el Congreso, o sea, vestido de leva, camisa blanca y corbata, más bien desaliñado con esa indumentaria de ciudad, pero más que todo acelerado, o como se diría ahora, algo hiperactivo. Nos invitó a desayunar en la cafetería de la pensión, y mientras cruzábamos algunos datos de los proyectos guerrilleros que teníamos las dos partes, me llamó la atención que él tomaba café negro sin endulzar, pero antes se había puesto en la boca un caramelo de menta de La Universal… costumbre que luego, en el tiempo que estuvimos cerca, la vi repetir con muestras de satisfacción gustativa… además, esa mañana fumaba un cigarrillo a bocanadas, como era propio de él, sin ninguna elegancia citadina, sino dando a entender que estaba “al apuro”, impaciente como era hasta con esos pequeños gustos personales. La conversación de esa mañana no devino nada del otro mundo: intercambiamos alguna información sobre “nuestras” zona de trabajo, por nuestra parte arriba de San José de Chamanga, hasta las cabeceras del río Dógola, mientras que él nos habló del ingreso al mismo lugar por Quinindé caminando hacia occidente. Quedamos en avanzar los estudios de la zona y en retomar pronto los contactos, como en efecto lo hicimos, todo fue de modo desordenado, como librado al azar, él mostrándose un diputado que jugaba a la democracia representativa a la que pretendía llevarla al extremo de su resistencia, y nosotros, un par de jóvenes demasiado impresionados por la experiencia del Che en Sierra Maestra, antes que interesados en sacar lecciones de su fracaso en las quebradas de Bolivia donde encontró su muerte… Entre finales de 1968 y mediados de 1969, yo había estado haciendo similar trabajo de “implantación”, pero en una fase aún más preliminar, sin armas ni nada por el estilo, en la zona de los “nacientes” de los ríos Sucio y Muisne, al sur de Esmeraldas, lugar al que se ingresaba por vía marítima desde el norte, es decir, embarcándonos en el puerto de Esmeraldas y navegando toda la noche en unos barcos pequeños y viejos, que llevaban a Muisne cerdos y alimentos, diesel y pólvora, y retornaban al puerto de Esmeraldas con maderas finas cortadas por los Chachis, y ganado de carne cuidado por los montubios. En efecto, a Muisne en esa época solo se entraba por mar, de allí tomábamos canoa a palanca hasta San Gregorio, y luego a pie o en lomo de mula hasta la Boca del Río Sucio, en plena Montaña de Mache, donde yo trabajaba como “maestro de escuela” con unos 25 niños y niñas de los seis grados, todos juntos casi amontonados en un canchón, donde ellos trataban de aprender a leer, escribir y hacer la regla de tres, y, más que todo, le tomaban el pelo al profesor
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serrano... En verdad, yo no era maestro de escuela, sino un joven de 20 años que fungía de aquello y estudiaba la zona al detalle con su mirada puesta en el proyecto guerrillero. Yo fui a esa zona a reemplazar a otro profesor, ese si hecho y derecho, Luis Salazar, graduado en el Juan Montalvo, que tuvo que salir de la zona forzado por la persecución del caudillo de Muisne (un tal Milton Bucheli, que dominaba la política local hace 40 años, y hasta ahora), todo aquello a raíz de un paro de pequeños productores de banano de exportación que se había hecho a inicios de 1968, liderado por el diputado Jorge Chiriboga, con gran despliegue de apoyo campesino y desborde de violencia, no solo en el cantón Muisne, sino en casi toda la provincia de Esmeraldas. Obviamente, el profesor Luis Salazar (luego lo supe bien) era un cuadro político del Partido Socialista, una persona carismática, un ser valioso que moriría más adelante (a mediados de 1971) en medio de una acción militar cuyo episodio lo narraré ligeramente en su momento. Estos hechos los refiero ahora para decir, concluyendo, que mi aproximación con Jorge Chiriboga había sido anterior al contacto arriba referido, aunque yo no lo sabía y ni siquiera lo intuía. Termino este acto preliminar del relato manifestando que en la Boca del Río Sucio, un recinto de cien personas, conocí a “unos colombianos” que aparentaban ser unos rudos campesinos en medio de la montana, y que luego entendí que también estaban estudiando la zona. Ellos, lo supe después, pertenecieron en Colombia a un grupo guerrillero disuelto poco antes, y habían salido de su país luego de la muerte de Camilo Torres, tomando en Ecuador contacto con el legendario personaje central de este relato. También hice amistad con un hombre negro llamado Carmelo, un personaje de leyenda que se trepaba “a palanca” los ríos Sucio y Muisne, con su canoa cargada de mercadería que vendía a los campesinos de la zona, entre ellos al grupo de indígenas Chachis que habitaban en los “nacientes” del río prenombrado. Más adelante supe que Carmelo era otro militante de altísima confianza del Negro Chiriboga, que no solo trasladaba “mercadería” al corazón de la montaña, y quien con sutiliza e inteligencia estaba estudiándole… “a ese profesor serrano que vivía en la montaña”. Bueno, en verdad éramos dos los “profesores” que estábamos en esa zona, el otro era Oswaldo Núñez, un joven pintor e irredento romántico, también militante del MIR de esa época.

El Movimiento Rumiñahui

Volviendo al punto central de la narración, los contactos de nuestra fracción del MIR con el Negro Chiriboga continuaron con altibajos, mejor dicho, con aceleradas y frenadas, dejándonos a nosotros una sensación de pocos avances reales y muchas fintas de estudio de las partes. Hasta que vino la noticia grande, de sopetón: vamos a integrar (usábamos ese término) a tres organizaciones revolucionarias en un movimiento, todo eso para poner en marcha el proyecto de implantar una guerrilla en la región ya mencionada, cuando no también en otros lugares del país. Las organizaciones eran, la fracción del Partido Socialista liderada por el Negro Chiriboga, el grupo V/M (Vencer o Morir) del poeta Jaime Galarza, y la fracción del MIR radicada en
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Quito, cuya cabeza visible no aparecía en público, pues regla inviolable del MIR era guardar clandestinidad en su accionar, usar seudónimos en la militancia y no conocer el domicilio de otros compañeros. En todo caso, nuestro dirigente superior era Carlos Luna, un bisoño intelectual preparado militarmente en Cuba para responder a las exigencias de la guerra de guerrillas. El proceso de unificación mencionado dio como resultado el brote del Movimiento Rumiñahui, al que en el corto camino que hubo de recorrer, se le sumaron otras fracciones, grupos y personas, entre ellos, cabe destacarlo, el grupo liderado por Jaime Velázquez, un médico colombiano que moriría poco más adelante, en Quito, en otro episodio desgraciado con tintes de delación, digno de un relato aparte de esa coyuntura. Este grupo colombiano no tenía que ver con aquel que mencioné más arriba, y que lo hallé en las montañas de Mache, aunque visto a distancia, los dos eran como primos hermanos: ambos eran colombianos en Ecuador, ambos tenían una sólida preparación militar en guerra de guerrillas, ambos se declaraban prácticos antes que teóricos… y los dos traían en su “portafolio” lo que a nosotros nos faltaba absolutamente: la experiencia de haber luchado en las montañas de Colombia contra el ejército de ese país. El Movimiento Rumiñahui (sobre el cual se puede escribir muchas páginas pues todo está inédito) vivió intensamente y poco. No tiene fecha en su partida de nacimiento, quizás nació como un niño grande antes de mediados de 1970, y feneció a finales de 1972 como un viejo vivido al apuro. En ese corto lapso de existencia el Movimiento Rumiñahui sentó en la “mesa redonda” a tres fracciones que apostaban en el Ecuador de entonces, a lo que se llamaba “una estrategia político-militar”. Atrajo así la atención de movimientos guerrilleros de otros países, principalmente de Colombia, Perú, Brasil, con quienes se tuvo contactos que eran manejados casi exclusivamente por el Negro Chiriboga… El Movimiento hizo algunas intervenciones militares, más que todo en el campo de lo que se llamaba “recuperación económica”, exitosas unas, dislocadas otras, todas conducentes a “la boca del lobo,… es decir, a su destrucción por muerte, cacería, persecución, encarcelamiento y frustración de una parte de sus miembros. El Movimiento Rumiñahui nunca tuvo un Comandante, ni siquiera una auténtica Comandancia colectiva. No obstante, su verdadera (real) dirección estuvo en manos de Jorge Chiriboga. Su mano era férrea pero no tiránica, su dirección era discutida pero no consensuada, su gestión era austera pero concesiva a ciertos arrebatos de temeridad de algunos miembros que enervaron la acción directa sin medir la reacción violenta de las fuerzas de seguridad pública. El Movimiento Rumiñahui planificó en largas noches de debate en cenáculo, pero nunca tuvo un plan estratégico, discutió la política desde su imaginario, pero no contó con un programa que pretenda decirle a la sociedad lo que buscaba alcanzar con su lucha, tuvo una propaganda con estilo más bien austero y tradicional. Para mala suerte de la historiografía, del Movimiento Rumiñahui no queda un documento declarativo, más allá de los ejemplares de un intento de periódico que apenas circulaba por “la rendija de las puertas... De hecho, las tres fracciones del proceso tampoco –creo– hicieron un balance analítico de la experiencia, a pesar de que en cierto modo ésta les atravesó cruda y
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mortalmente, en algunos casos diezmando su pequeña militancia. De la fracción socialista liderada por Jorge Chiriboga hubo que lamentar algunas bajas mortales, entre ellas las de Lucho Salazar y José Basurto. Al uno le conocí en Muisne como profesor de escuela rural, y más tarde en las largas marchas de montaña. Al otro, le conocí antes, en la organización del Primer Congreso de la FESE (Quito, agosto de 1967). Salazar y Basurto fueron muy cercanos a Jorge Chiriboga, y cayeron presos, fueron torturados y acribillados sin proceso judicial por policías rurales que contraatacaron a una acción de recuperación económica que se hizo en una ciudad de la Costa a mediados de 1972. Muchos otros compañeros del Movimiento Rumiñahui fueron presos y pasaron años en la cárcel, en el Penal García Moreno unos, en la Penitenciaría del Litoral otros. De la cuota colombiana, el médico Jaime Velázquez fue el primero en caer sin dar combate, murió en diciembre de 1969 en Quito, a consecuencia de la tortura que le sometió la policía, hecho fatal sucedido así mismo, luego de una acción de recuperación económica y como efecto de una posible delación nunca aclarada. Los movimientos Vencer o Morir y MIR quedaron a la postre muy golpeados, fraccionados, aunque sin bajas mortales como si sucedió con la fracción socialista liderada por el Negro Chiriboga. Después de la experiencia de esos años, intensos y cortos, plagados de violencia, tuvo que transcurrir dos quinquenios para que el Movimiento AVC desenterrara “los fierros”... como solíamos decir en la jerga guerrillera. Este es otro capítulo de la misma historia brevemente narrada más arriba: ¿procesó AVC la experiencia del Movimiento Rumiñahui? Yo creo que lo hizo con ojo tuerto. En suma, el Movimiento Rumiñahui llevó a los hechos sus propósitos, algunos de los cuales apenas estaban siendo hilvanados cuando ya se desató la tormenta y el casquete apenas construido se vino de golpe al suelo. Su paso de una teoría mal digerida sobre la guerra de guerrillas a la práctica de la organización insurgente le cobró factura mortal, o, como se dice, el inventor de fantasmas cayó asfixiado por las manos de sus mismos progéneres. Desatar la acción militar fue su valor, ser liquidado como opción de enfrentamiento de guerra al sistema fue su precio. En ese ínterin, el Ecuador pasó “carros y carretas… Primero, Velasco Ibarra se declaró Jefe Supremo, cerró universidades estatales, encarceló a dirigentes laborales, puso a la orden de los abogados de las empresas petroleras la riqueza del óleo negro que estaba a punto de empezar a ensuciar la Amazonía. En ese gobierno dictatorial civil los militares tomaron a su cargo la “seguridad pública” y persiguieron implacablemente a toda la izquierda, con especial afecto y dedicación, a lo que ellos creían que eran el enemigo interno potencialmente más peligroso: el Comandante Chiriboga y su proyectada “columna guerrillera” en Esmeraldas. A la cabeza de esa represión estuvo el Coronel Alejandro Romo, el líder histórico del Cuerpo de Paracaidistas de Ecuador, hombre cuadrado en la Escuela de las Américas, en Panamá. Subido Velasco Ibarra al tembloroso pódium del poder supremo, sucedió un hecho digno de pieza de teatro bufo: el secuestro del coronel Rohn Sandoval, en noviembre de 1970, al momento Comandante General de la FAE, secuestro
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cometido en una calle del norte del entonces Quito semi-parroquial y cuasipetrolero. La inteligencia militar, entonces, se hizo de la “vista gorda”, o mejor dicho, jugaron a pendejos sobre las causas verdaderas del secuestro: un lío de bragueta del referido aviador contra una dama emparentada con la élite social quiteña, de modo que los sabuesos del G2 pusieron su mirada chueca en la izquierda, inclusive fueron presos algunos comunistas que almorzaban en Palacio, pero de modo especial, buscaron al secuestrado en las filas del Comandante Chiriboga. Las mazmorras del Penal García Moreno se llenaron con militantes de izquierda, más que todo de los partidos que por hacer vida pública (sindical, estudiantil, congresal) no tenían intersticios clandestinos. El Movimiento Rumiñahui salió indemne de los rastrillos militares que se ejecutaban en Quito y sus alrededores, no obstante vivimos algunos momentos de alta tensión, como el asalto a varias casas de seguridad, la incautación de armas y pertrechos militares, la rotura de su aparato de propaganda, la orden de detención contra algunos valiosos compañeros, la tortura y aplicación del “suero de la verdad” (así llamaban al Pentotal Sódico… o sádico, los miembros del G2). En aquella coyuntura del secuestro del coronel Rohn Sandoval recuerdo que una noche circulábamos por el norte de Quito cuatro miembros de la dirección del Movimiento Rumiñahui --¡qué temeridad o qué estupidez la nuestra!, todos en la misma camioneta-- una Studebaker verde manejada por Jorge Chiriboga (al Negro no le gustaba por lo general ceder el volante a otra persona). Éramos: Jorge Chiriboga, Fernando Maldonado, Carlos Luna y yo, cual sardinas en lata en la cabina del vehículo en mención. De pronto, ahí donde se cruzan la avenida 10 de Agosto y la calle Rumipamba, una patrulla militar nos hace el ¡Alto!… ¿Qué hacer?… ¿Huir para que nos persigan y más adelante nos acribillen a ráfaga de fusil? En esas circunstancias el compañero Antonio, como le llamábamos al Negro Chiriboga en el Movimiento, era un cerebro calculador, de pulso sereno, un hombre valiente para saber correr el riesgo hasta el último segundo antes de que se rompa la cuerda. El compañero Antonio paró el vehículo, a su ventana se le acercó el oficial, un militar más bien joven, quizás un teniente, que le pidió las credenciales. El Negro sacó de su billetera una cédula de identidad y una licencia que, por supuesto, tenían otro nombre, presentó cordialmente los documentos al oficial, mientras que cada uno de los acompañantes teníamos nuestras manos en los bolsillos donde llevábamos generalmente nuestras Browning o Veretta 9 mm parabellum. El oficial tomó cierta distancia, leyó las señas de las credenciales presentadas, alzó su mirada al personaje que estaba al volante y luego de unos interminables segundos le dijo: Gracias diputado Chiriboga, siga adelante. Todo el lapso 1971-72 fue de acción, una tras otra, sin autoría política franca. Los “papeles” estaban relativamente distribuidos al interior del Movimiento, en una escena dramática poco perfecta. Era una distribución de ámbitos y roles que obedecía más a un plan militar operativo y táctico, antes que a una estrategia, que no la teníamos. En una suerte de división “natural” del trabajo, la fracción socialista liderada por el Negro organizaba el frente rural, en Esmeraldas básicamente, aunque había contactos en la ruralía de otras
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provincias de la Costa. La fracción socialista se encargaba también de la logística, lo que implicaba organizar el flujo de recursos materiales tanto a las casas urbanas de seguridad, cuanto a las zonas rurales donde se estaba acopiando pertrechos y vituallas para la guerrilla. Mientras tanto, muchos campesinos llegaban a Quito donde algunos militantes mejor capacitados y que pertenecían al MIR les preparaban en el uso de las armas, más que todo en arme, desarme, mantenimiento, balística, explosivos... El MIR tenía también a su cargo ciertas labores de inteligencia, gracias a una red secreta de información tejida con personas jóvenes de la sociedad media-alta de Quito. El Movimiento V/M también hacía labores de información, especialmente de objetivos de posible acción militar. Las tres fracciones hacían propaganda de modo similar aunque con medios bastante tradicionales y rústicos. Por último, por su perfil, la gente colombiana estaba concentrada en la acción militar directa. Todo esto parecía funcionar bien, aparentemente. Nuestros referentes operativos, a modo de modelos de guerrilla urbana, eran los Tupamaros de Uruguay y el movimiento liderado por Carlos Marighella, en Brasil, líder asesinado en 1969 por las fuerzas de seguridad de la dictadura de ese país. Lo que no intuíamos era que estábamos alimentando al monstruo, o creando las condiciones para la turbulencia, procurando esa regla de oro de la guerra que dice que toda acción deviene reacción, en la misma o mayor proporción, fuerza y gravedad. La seguidilla de acciones de 1971-72 fue el preámbulo de la debacle ad-portas del Movimiento Rumiñahui. A finales de 1972 el Movimiento Rumiñahui estaba en desbandada. Algunas células armadas y preparadas para la acción directa perdieron los frenos que a lo militar le imponen la política y la ética, y cometieron actos de injustificable violencia. Algunos de sus dirigentes (Fernando Maldonado, Jaime Galarza, entre los más conocidos) estaban en el Penal García Moreno, en Quito. Otros militantes estaban en la Penitenciaría del Litoral, en Guayaquil. La militancia que restaba de las organizaciones fundantes entró en la clandestinidad total para poder capear la tormenta de manos de policías, pesquisas y militares que buscaban a las huestes restantes del Comandante Chiriboga, como sabuesos con hambre. Unos pocos pudimos salir del país cuando se filtraron nuestras identidades verdaderas a las filas de la seguridad pública y los Jueces Militares Especiales dictaron órdenes de allanamiento y prisión. En mi caso concreto, me fui a Chile por tierra, escapando de la orden de detención dictada por el Primer Juzgado Especial creado por los militares “nacionalistas y revolucionarios” que gobernaban al Ecuador desde enero de 1972. Aquella salida fue rompiendo el cerco policial, gracias a la eficiencia del aparato clandestino de inteligencia del MIR, movimiento que en la batahola pudo conservar casi intactas sus estructuras gracias al secretismo, anonimato, seguridad interna extrema, análoga a la organización de una logia masónica antes que a ala de un movimiento político.

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Al Movimiento Rumiñahui, sin duda, lo lideraba Jorge Chiriboga, no porque él haya dominado más que otras personas “las artes” de la guerra de guerrillas, sino por su personalidad, edad y carisma. Junto a esas cualidades, el Negro Chiriboga tenía lo que nos faltaba a las otras fracciones del Movimiento Rumiñahui: un ascendiente en el campesinado pobre de la provincia de Esmeraldas, aunque también en la población de las barriadas y cerros de esa ciudad. Así, Jorge Chiriboga le ponía al movimiento imberbe un toque de adultez, de energía para la acción, de valor y temeridad para afrontar lo que todos intuíamos que sería el avatar que teníamos por delante: un proceso de enfrentamientos a muerte con los militares y policías, advertidos que estaban, de que se fraguaba un movimiento guerrillero asentado en las montañas de Esmeraldas, liderado por el legendario Comandante Jorge Chiriboga, mitad diputado, mitad insurgente. En realidad, y a pesar de lo anterior, el Movimiento Rumiñahui tuvo una cabeza múltiple, un colectivo compuesto por los miembros delegados de las tres fracciones fundadoras, una suerte de mesa redonda en la que estaban al menos seis personas, dos por cada fracción, tratando de entonar la misma canción en coro. En esas circunstancias pude conocerle mejor al Negro Chiriboga, y pasar del estado imaginario de la leyenda, a la percepción del individuo de carne y mente. Jorge Chiriboga era un ser inteligente e intuitivo, valiente hasta casi la temeridad, espontáneo aunque en su ser interior aparentaba tener siempre un mazo de cartas ordenadas por su mano para jugar en una posible circunstancia, no tanto con un sentido de planificación, cuanto de contingencia esperada como sombra fatal al acecho, dado que vivíamos día y noche el riesgo de un enfrentamiento mortal, a consecuencia de las acciones militares que desarrollábamos, unas preparadas en el contertulio y que jamás llegaron a ejecutarse, otras ejecutadas en realidad y nunca planificadas, quizás como juegos de calistenia que terminaron por agotar a los jugadores. El Negro Chiriboga no era un pensador de la política y la guerra (“la política con otros medios”), sino más bien un “comandante de una tropa bisoña… Un comandante para la acción con pocos arredros teóricos en su carrera política, que había leído algunas obras de Lenin, otras de Mao, unas de Nguyen Giap, obviamente las del Che Guevara, especialmente su Manual de Guerra de Guerrillas y su fatídico Diario en Bolivia. El Negro Chiriboga era un recurridor de la historia, lectura que le apasionaba, en particular, de aquella escrita en las montañas de Esmeraldas por Carlos Concha, o alrededor de este personaje mítico que resistió con las armas a la traición de los liberales, figura e imagen que pesaba en la conciencia del Negro más que el mismo Eloy Alfaro. El Negro Chiriboga era un castrista a “carta cabal”, más bien anclado en la versión épica del líder cubano escrita con fuego en la Sierra Maestra. Todo lo que caía en sus manos escrito o referido a Fidel Castro lo estudiaba el Negro con atención, escribiendo glosas al margen en libros o cuadernillos de páginas amarillas de tanto manoseo. El Negro admiraba al líder cubano sin mencionar para nada el papel histórico del Partido Comunista de Cuba en el proceso revolucionario,
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Perfiles del personaje

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antes y después de enero de 1959, y, más que todo, poniéndole un velo al rol determinante del Partido Comunista de la URSS en la resolución de la “crisis de los cohetes” de octubre de 1962. Al Negro Chiriboga le apasionaba la lectura de los procesos revolucionarios de América Latina, vivos entonces, desde México hasta el Cono Sur, lectura con una lupa moral, es decir referida a la valentía de los guerrilleros como Turcios Lima, Raúl Séndic, Hugo Blanco, los hermanos Peredo, entre otros, poniendo de relieve su decisión, su coraje, su voluntad revolucionaria de ir por esos caminos hasta el final, al martirologio si fuese necesario. En suma de sumas, el Negro Chiriboga tenía en su altar imaginario al Che y su legendaria vida y muerte.

A Chile, y por vías separadas, inclusive desconectados entre nosotros, salimos tres personas del liquidado Movimiento Rumiñahui: Jorge Chiriboga, Camilo Restrepo y yo. ¿Cómo pudo salir por la frontera sur costanera el hombre más buscado por la dictadura militar de entonces? Pues usando el ingenio que le caracterizaba a él, mezcla singular de ciudadano urbano y campesino, de esos que saben cómo engañar al tigre antes de darle jaque mate. Posiblemente corría febrero de 1973 cuando un bus de estudiantes del Colegio Mejía se dirigía por tierra a Chile, con motivo del paseo de fin de la carrera estudiantil. Entre esos jóvenes se hallaba un hijo del Negro Chiriboga, y entre los jóvenes estaba un personaje viejo y ajeno al grupo, que en la lista de pasajeros fungía de profesor del Colegio Mejía. El hombre pasó totalmente desapercibido durante los largos y matadores 4 días con sus noches, que era el tiempo que duraba el viaje desde Quito hasta Santiago de Chile. Ese personaje era el Negro Chiriboga, cortado el pelo a mate, usando unos lentes de culo de botella, sin la placa dental para desdibujar sus mandíbulas y llevando a cuestas en tremendo calor desértico una leva de corte antiguo. Allá en Santiago de Chile, en el país de la Revolución Socialista, Pacífica, Legal y Democrática (¿un imposible real?) nos volvimos a ver con el Negro, a caminar horas por sus calles de estilo europeo, a comer mariscos y cochayuyo en el Mercado Central. Un par de ocasiones nos encontramos en el local de la Sede Centro del Partido Socialista de Chile, y hablamos sobre el proceso intenso y apasionante que nos tocó vivir entonces, cuyo desenlace confrontativo y militar veíamos venir con impotencia. Recuerdo que marchamos por las calles de Santiago en junio de 1973, junto a miles de personas, armadas de picas y grandes banderas rojas, cerrando filas en las huestes de la Unidad Popular de Chile para defender al gobierno democrático de Salvador Allende, esto fue con oportunidad del intento de golpe de Estado activado por los militares como un -ññ”globo de ensayo” para ver hasta donde llegaban los arredros de la izquierda chilena. Producido el golpe mortal del 11 de septiembre, no le vi más al Negro en Chile, aunque supe que estaba en una de las casas de refugio político cuyas puertas nos abrió ACNUR en Santiago. Un dato al término de este párrafo largo: hasta Santiago de Chile había llegado meses atrás el coronel Alejandro
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En Chile, vísperas de un nuevo ocaso

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Romo, mencionado arriba, que con audacia se infiltró entre grupos de exiliados de varios países del continente que estaban en Chile apoyando el proceso en curso, haciéndose pasar como “perseguido por la dictadura de Rodríguez Lara…”, tratando quizás de pescar incautos. De su presencia sabíamos algunas personas, entre ellas el Negro Chiriboga, que seguía cuidándose del militar como en los tiempos del Movimiento Rumiñahui. El coronel Alejandro Romo – creíamos nosotros-- tenía la misión de al menos traerle al Negro Chiriboga de vuelta al Ecuador, en la primera oportunidad que se presentase, pues sin exagerar, él era el hombre más buscado por el Gobierno Nacionalista y Revolucionario de entonces.

El Negro en Suecia y yo en Alemania, viviendo un refugio político a contramarcha de nuestros deseos, y sin embargo, nos dimos ocasión para vernos, mejor dicho, gracias a su generosidad, él nos visitó trayéndonos, más que noticias, el gusto de tenerlo sentado en la mesa, hombre de costumbres sencillas, amigo con gran carisma y veta de conversador, que al caer la tarde fría en Alemania se quejaba por un dolor artrítico en la rodilla, y sin embargo se levantaba a las 4 de la mañana a tomarse su agüita de remedio (le gustaba mucho la hierbaluisa, o, como él la llamaba, “agüita de limoncillo”). Recuerdo que al tenor de la formalidad que guardan los vecinos de un edificio de apartamentos en Alemania, ellos me reclamaron porque mi huésped a las 4 de la mañana se levantaba, hacía ruido en el baño, circulaba por la cocina, usaba el ascensor y salía a la calle, a caminar en soledad, silencio, frío, no sé si para conservar su corazón en buen tono, o para ver salir el sol al este, añorando acaso su Esmeraldas negra, recordando su playa bulliciosa, imaginando sus cerros, extrañando el aroma de café recién pasado con bolón de verde, al mejor estilo de un desayuno negro. La última vez que nos encontramos fue el día siguiente de la caída de Abdalá Bucaram, en febrero de 1996. De sopetón nos topamos en los corredores del Congreso Nacional, donde se respiraba el aire viscoso de la política de coyuntura. Hablamos un rato sobre la contingencia, nos tomamos un tinto en la cafetería del Congreso, tinto con caramelo de menta otra vez, y al despedirnos con un abrazo con golpe de espalda nos prometimos vernos con más frecuencia en adelante... Promesa incumplida por ambas partes. Menos mea culpa. Nunca supe que el Negro estaba poniéndose delicado de salud. Y es que el tronco del árbol añoso sabe esconder sus tejidos gastados por el tiempo hasta cuando lo derrumba un viento. Lo supe esta mañana cuando me encontré con su hijo, Fidel, que me dijo, lacónico y excesivamente tranquilo, que la muerte estaba tocando la puerta de la vieja casa donde moró en Esmeraldas el Negro Chiriboga.
Conocoto, 23 de agosto de 2010

Exilio y final

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Vínculos
Correspondencia de Prensa
Colectivo Militante - Agenda Radical
Gaboto 1305 - Montevideo - Uruguay redacción y suscripciones: germain5@chasque.net

Revista bimensual por una izquierda alternativa. Estado Español.
www.vientosur.info

Revue d'information et d'analyse publiée sous la responsabilité du Bureau exécutif de la IV Internationale.

e

http://www.puntodevistainternacional.org/

Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo

http://www.cadtm.org/Espanol

Movimento operaio
La pagina di Antonio Moscato
http://antoniomoscato.altervista.org

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Vínculos
Izquierda Anticapitalista del Estado Español

http://www.anticapitalistas.org/

Revolta Global. Esquerra Anticapitalista. Catalunya

http://www.revoltaglobal.cat

Partido Revolucionario de los Trabajadores. México

http://www.prt.org.mx

LINEADEFUEGO
comunicación no alineada http://lalineadefuego.wordpress.com/

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circula la tercera semana de mayo de 2011

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número 7

La consulta popular, Fernando López Romero, Carlos Rojas Reyes. Los conflictos de la “revolución ciudadana”, Mario Unda y Ellis Bethania. El Sumak Kawsay, Floresmilo Simbaña. Homenaje al Negro Chiriboga, Raúl Borja. Los movimientos sociales y los gobiernos de “izquierda”, Rosa Lucero. La resistencia árabe y la estrategia imperial, Alejandro Moreano

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