REFLEXIONES DEL PARADIGMA HUMANISTA

TS-6, Act. 2 -Trabajo en plenaria

Consideramos al paradigma humanista como una teoría que reconoce al individuo como un ente que se caracteriza por ser diferente en su forma de ser, pensar y actuar con todos los demás. Su preocupación reside en rescatar valores de respeto, solidaridad, libertad, responsabilidad y tolerancia, en una sociedad de consumo que tiende al materialismo, postergando los hábitos esenciales de la convivencia humana. Dentro de nuestra práctica docente rescatamos los siguientes aspectos en los cuales coincidimos con el paradigma humanista :

Maestro: Coincidimos con Rogers (1978) en el sentido de que el maestro debe ser un facilitador de “la capacidad potencial de autorrealización de los alumnos”. Debe generar un ambiente socioafectivo que propicie la comunicación para garantizar el desarrollo de las capacidades y habilidades del alumno. Estamos conscientes que mantener un ambiente coercitivo en el aula es sinónimo de inhibir el desarrollo pleno de los alumnos.

Alumno: Durante la formación docente aprendemos que el desarrollo evolutivo se debe a tres factores: cognitivo, afectivo y social, en estos, el ser humano siempre está aprendiendo, entendemos que la personalidad, se construye en un proceso continuo, que debe ser explicada y comprendida en su contexto interpersonal y social. Coincidimos con Hamacheck (1987) en el sentido de comprender que los alumnos

“son entes individuales completamente únicos y diferentes de los demás”, además debemos reconocer como lo hace Rogers (1978) que los estudiantes tienen “iniciativa, con necesidades personales de crecer…”

Enseñanza: Los postulados de Bugental (1965) y Villegas (1986), que “el Hombre tiene facultades para decidir”, nos sugieren que al tratar de enseñarle al estudiante, es preciso conocer sus expectativas referidas al maestro y a su aprendizaje para ayudarlo a que las logre, ya que el alumno por sí mismo, puede aplicar diversas estrategias de aprendizaje, con el apoyo del maestro, en un ambiente de libertad y autonomía. Estamos de acuerdo en que los contenidos no deben ser inflexibles, tenemos que adaptarlos al contexto sociocultural en donde desarrollamos nuestra actividad educativa, generalmente los contenidos de las asignaturas para ejemplificar situaciones o plantear problemáticas se basan en el medio urbano. La enseñanza no solamente deber ser intelectual, también lo afectivo es susceptible de ser enseñado, para lograr un enfoque centrado en la integridad del alumno, debemos proporcionarle opciones válidas de autoconocimiento, crecimiento y autodecisión personal (Maslow, 1988; Sebastián, 1986). Es necesario que como docentes rechacemos las posturas autoritarias y egocéntricas (Sebastián, 1986).

Aprendizaje: Conforme a los postulados del Humanismo, se le debe dar al alumno la capacidad de dirigir su aprendizaje, permitirle conocer lo que ellos son y que decidan lo que ellos quieran llegar a ser. Ayudarlos a su autorrealización en todas las esferas de la personalidad. Fomentar el aprendizaje significativo y vivencial (Rogers, 1978).

Estrategia Didáctica: Diseñar las actividades educativas tomando en cuenta que los alumnos tienen diferentes formas para aprender , es decir, adecuar las estrategias de enseñanza para los casos que se observan en el aula, es inútil pensar que todos los alumnos van a aprender al mismo ritmo, pero los programas de educación básica y

sus evaluaciones nos someten a una dinámica en donde priorizan el aprendizaje cognitivo, desde luego, esta situación no debe ser motivo de presión, sabemos que no solamente el intelecto es lo más importante en el individuo para la formación de su personalidad, también lo es el desarrollo de sus capacidades, habilidades y actitudes.

Evaluación: Coincidimos en reconocer que el examen escrito no es el único instrumento de evaluación, sino que se debe incorporar a la misma elementos que proporcionen rasgos para conocer el desarrollo social y afectivo de los alumnos. Involucrar a los alumnos en la autoevaluación cualitativa es un ejercicio en donde los valores son determinantes, a todos nos encantaría autoevaluarnos lo mejor posible, aún sabiendo o reconociendo que no lo merecemos, pero se antepone nuestro orgullo y situaciones emocionales que impiden la honestidad, por eso, es un gran reto lograrlo. La práctica de la coevaluación sería formidable, pero no solamente entre alumnos, sino también que el alumno valore al maestro en todos los aspectos, de alguna manera tendríamos información de cómo nos ven, esto contribuiría a fortalecer las relaciones de comunicación y afecto en el aula.

Integrantes: Altamirano Castillo Cuauhtémoc García Martínez José Francisco Medina Rosales María del Carmen

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