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“Año del Centenario de Machu Picchu para el Mundo”

DERECHO DE FAMILIA

TEMA: EFECTOS JURIDICOS DEL MATRIMONIO

INTEGRANTES:

1. Paola Ferrer Chávez


2. Miguel Eduardo Carbonell Sánchez

2011
“El presente trabajo está dirigido a
todas aquellas personas, quienes nos
demuestran el valor de la amistad, en
quienes confiamos, y les tenemos un
cariño y aprecio especial”.
1.-INTRODUCCIÓN:

“Dos noticias: una buena y una mala, la buena: el matrimonio es para toda la
vida. La mala: el matrimonio es para toda la vida”
En los jóvenes, después del noviazgo y enamoramiento, surgen las grandes
interrogantes sobre su futuro en el aspecto familiar: ¿será lo mejor casarme?
¿si convivo con él (ella), podré tomar una mejor decisión sobre lo que quiero
realmente?.....

Muchas personas piensan que el casarse, resulta simplemente papeleos sin


importancia, que el amor que poseen las parejas traspasa todos los
convencionalismos sociales; sin embargo, el matrimonio, lejos de ser un
contrato legal realizado entre dos personas, es un compromiso de mutuo
acuerdo que brinda la protección legal, no solo entre los desposados sino
también hacia los hijos, ya que los cónyuges al igual que “se deben
recíprocamente fidelidad y asistencia” (Art. 287 c.c.).

Ahora, alejándonos de lo legal, resulta algo contradictorio pensar que el


concubinato es lo mejor porque en ello la pareja se “conoce más”. La unión
libre es una señal de duda. Es convivir como cónyuges pero sin compromiso
matrimonial, es una relación “a prueba” y puede acabar en cualquier momento,
sin tantas complicaciones. A la unión libre le falta un elemento: Decisión.

Todo en esta vista, está hecha de decisiones, nada se basa en la inseguridad.


Un buen empresario, cuando invierte su capital, está seguro que el proyecto en
que está invirtiendo le dará beneficios, porque lo ha estudiado, evaluado y
conocido; en un determinado TIEMPO. Lo mismo ocurre cuando se decide
casare, se posee un tiempo necesario para buscar y conocer a la persona con
quien deseamos comprometernos, formar un hogar y tener un familia. El
matrimonio, no se puede basar en inseguridades, mucho menos la unión de
dos personas y dejar su futuro en el juego del “porvenir”.

Las personas que optan por casarse, están seguros no sólo del amor que
sienten por su pareja, sino de querer formar un hogar feliz con ella, ya que el
matrimonio es la unión del hombre y la mujer concertada mediante un
compromiso legal por el cual se ligan en promesa de ayuda mutua, amor,
respeto y fidelidad.

El matrimonio es una aventura extraordinaria hacia el crecimiento y la


madurez. Implica dejar de viajar solo y emprender una expedición
acompañada, escalar la montaña de la vida ayudando a alguien y siendo
ayudado por alguien.

Debemos de entender que el matrimonio es el cimiento basado en la


seguridad y compromiso de amor que no solo se le brinda a una pareja sino
también a los hijos que nacerán dentro de ella.
2.-EFECTOS JURÍDICOS DEL MATRIMONIO:

Jurídicamente el matrimonio es la unión de un varón y de una mujer,


reconocido por el derecho, a fin de hacer vida en común. La ley reconoce esta
unión y le otorga efectos jurídicos a causa de su carácter moral y de su
importancia social.

El estado matrimonial origina una serie de relaciones entre los cónyuges y


entre estos y sus hijos. Dichas relaciones pueden ser clasificados en dos
grandes grupos: Los de orden personal que determinan un conjunto de
deberes y derechos atenientes a la vida en común de los casados y los de
orden patrimonial o económico. Al respecto, Puig Peña dice: “Los efectos
personales del matrimonio de alcance recíproco están constituido por un
complejo de deberes y facultades situados en la persona de cada uno de los
cónyuges, desprendido, por así decirlo, inmediatamente de la naturaleza y
esencia misma de la institución. Son lazos de unión instalada en la misma
pareja, sin trascendencia exterior, y no se conciben sin el matrimonio, ni tienen
otro alcance que dar realidad a los designios fundamentales del mismo”.

Los efectos personales, que produce el matrimonio es la esencia de este, y


debemos de tener en cuenta que los deberes y derechos que nacen en el
matrimonio son recíprocos. Pues en el asado quedó el subyugamiento sobre la
mujer por el varón. Ya que la intervención de ambos en la familia, no se basa
en quien posee tal responsabilidad y punto sino en la mutua participación, en el
desarrollo del hogar, son los dos quienes educan a los hijos, son los dos
quienes dirigen el hogar, son los dos quienes trabajan para el hogar, los dos
son complementarios.

Recordando la doctrina tradicional, en donde el quien tenía el “poder absoluto”


era el marido, nos damos cuenta que el acto de casarse, resultaba para la
mujer, el sometimiento ante otro ser, que lejos de ser la persona con quien
compartiría su vida, resultaba más bien la autoridad a quien “debía respeto”.
Esta teoría, poco a poco disfrazada, ponía a la mujer como esclava del marido,
cuando tenía que ser compañera.

Ya en la actualidad, basándonos en la declaración universal de los derechos


humanos, que consagra la igualdad de los derechos al contraer matrimonio así
como el pacto internacional de derechos civiles y políticos y la declaración
sobre la eliminación de la discriminación de la mujer, podemos decir que la
mujer toma posesión del lugar que por largos años se le fue cohibido, y deja de
estar DETRÁS un hombre, sino al LADO de un hombre; dejó de tener el “deber
de obediencia” para tener el deber de participación en el gobierno del hogar.

Todo esto da lugar a que el matrimonio se convierta en un lugar donde dos


personas que comparten el mismo amor, cumplan con el compromiso que se
han hecho mutuamente.

Los efectos que se produce, nos es porque así lo estipula la ley o norma, sino
que es la naturaleza del matrimonio y la unión por el cual se prometen a ser
esposo, amigos, padres, compañeros. No se basa en “soportar al otro” sino en
compartir con el otro y juntos compartir con los hijos. Ya que el anhelo más
grande del ser humano es un hogar feliz y para esto debemos comprender que
el cariño y la lealtad son conceptos no negociables.

Sin embargo y a pesar de todo ello, en nuestra legislación, persiste todavía


actos basados en la sociedad machista, en que surgió el derecho, si bien la
mujer ya no está obligada a ser representada legalmente por el marido y de
seguirle donde este fijase la residencia; pues nuestro código estipula que a
ambos les compete igualmente fijar y mudar el domicilio (Art. 290 c.c.) entre
otros. Aún, a la mujer, se le concede el “derecho “ de llevar el apellido del
esposo agregado al suyo, y al hijo sólo se le coloca el apellido paterno de cada
cónyuge. Así que no podemos hablar de una completa culminación de un
proceso de evolución hacia la total igualdad jurídica de los consortes.

A.-Relaciones de orden personal o existencial:

1. Los cónyuges se obligan mutuamente por el hecho del


matrimonio a alimentar y educar a sus hijos.
2. Los cónyuges se deben recíprocamente fidelidad y asistencia.
3. Es deber de ambos cónyuges hacer vida común en el domicilio
conyugal.
4. Ambos cónyuges tienen el deber y el derecho de participar en el
gobierno del hogar y de cooperar al mejor desenvolvimiento del mismo.
5. La representación de la sociedad conyugal es ejercida,
conjuntamente por los cónyuges.

B.-Relaciones de orden patrimonial o económico:

1. El derecho del cónyuge sobreviviente a heredar al cónyuge que


fallezca.
2. Antes o después de la celebración del matrimonio los
contrayentes o cónyuges pueden optar libremente por el régimen de
sociedad de gananciales o por el de separación de patrimonios.
3.-DEBERES Y DERECHOS QUE NACEN CON EL MATRIMONIO:

I.-OBLIGACIONES RECÍPROCAS ENTRE LOS CÓNYUGES:

A.-El deber de fidelidad:

Es el deber más importante y está estipulado en el Art. 288, de nuestro Código


Civil.

La fidelidad, más allá de ser el deber que consagra la monogamia, es el que da


mayor fortaleza al débito conyugal. Porque no solo implica la abstención de
mantener relaciones sexuales o actos de afectuosidad excesiva con personas
distintas del otro cónyuge, sino , es la muestra de respeto que se tiene en el
hogar, porque al transgredir este deber no sólo se ocasiona un daño a la pareja
sino también a los hijos que se encuentra dentro de la familia.

La fidelidad es un deber, no sólo recíproco sino también incompensable y


permanente. Porque aparte de ser un deber que exige su cumplimiento por
igual a ambos cónyuges, nadie puede excusarse de su transgresión y es un
deber, que para nuestro código, persiste hasta la disolución del matrimonio.

La fidelidad, es la más grande demostración de amor que se puede brindar al


hogar y a uno mismo, porque demostramos nuestra lealtad para con nuestros
anhelos, sueños, proyectos familiares.

Transgredir este deber nos vuelve personas que no suelen luchar y enfrentarse
a los problemas que en todo matrimonio siempre surgirán. La infidelidad
NUNCA está justificada. Y no es una determinación franca sino una mentira, un
engaño, una doble vida en la que se pretende satisfacer las necesidades de
afecto, devaluando el nivel moral, destruyendo a la familia con la ponzoña de la
deshonestidad.

De hecho, la infidelidad como concepto real no existe. Lo que existe es


COBARDÍA, ya que no es suficiente, ante los problemas, decir lo que sentimos
sino buscar soluciones.

Más allá de que la infidelidad es una causal de divorcio, es la ruptura del


compromiso que en un inicio se hacen dos personas, llega a ser la falta de
decisión, ya que los problemas no se evitan, se solucionan, y cuando se está
en el límite de una situación y después de haber dado todo de sí para
solucionar las diferencias surgidas en el matrimonio, antes de caer y nos
sintamos derrotados, sabremos que habrá alguien que nos espera con los
brazos abiertos, que nos ama, que se siente mal por nuestra tristeza, que
estará a nuestro lado siempre, no importando los giros de nuestra fortuna.

La unión matrimonial, no representa tan solo un medio para lograr la


perpetuación de la especie humana, sino también implica una comunidad de
vida espiritual y material entre el marido y la mujer.
B.-El deber de hacer vida común:

Con arreglo a lo previsto en el artículo 289 del Código Civil, es deber de ambos
cónyuges hacer vida común en el domicilio conyugal. El Juez puede suspender
este deber cuando su cumplimiento ponga en grave peligro la vida, la salud o
el honor de cualquiera de los cónyuges o la actividad económica de lo que
depende el sostenimiento de la familia.

Llamado también “deber de cohabitación”. Este deber se seculariza por ser


recíproca, permanente e indisponible. Porque es el deber que se deben ambos
cónyuges, no esa sino hasta la disolución del vínculo conyugal y porque todo
acuerdo o convenio sobre el pacto que dispense a los cónyuges del deber de
cohabitar sería nulo, salvo algunas excepciones.

El artículo 289 establece que el Juez puede suspender este deber en los
siguientes casos:

1. Cuando su cumplimiento pone en grave peligro la vida, la salud o


el honor de cualquiera de los esposos, tal es el caso de quien contrae
alguna enfermedad contagiosa, una dolencia mental grave o por
razones de conveniencia familiar.
2. Cuando su cumplimiento pone en peligro la actividad económica
de lo que depende el sostenimiento de la familia como es el caso del
consorte que debe apartarse por periodos largos a lugares a los que
no puede llevar al otro cónyuge.

Sin embargo, este deber no solo consiste en compartir un solo techo, o un


simple estado de dos personas que viven juntas en una misma casa, sino que
se extiende a la formación de una comunidad de convivencia. La vida común
en un mismo lecho es el deber más importante de todos pues sirve de base y
de condición a los demás, pues conforman uno de los fines esenciales de la
unión.

En promiscuidad podemos decidir por una separación, y no optar por vivir una
doble vida, en donde tarde o temprano el unido ser que sufrirá será mas pero
el que haya infringido este deber por dar escape a sus problemas sin
embarcarse en la lucha.

El deber de fidelidad es recíproca y aunque antiguamente se consideraba de


mayor gravedad el adulterio de la mujer que el del varón; en la actualidad, se
considera que el adulterio está vedado tanto para el varón como para la mujer.

No obstante, demos dejar de entender que la fidelidad como el hecho de no


traicionar o engañar a la pareja, porque la fidelidad abarca otros puntos como
el de cumplir con el compromiso que hicimos:

La fidelidad es ser consecuente, con nuestro ideal, solo así podremos hablar
de un verdadero deber de “fidelidad”. Que si ambos cónyuges lo transgreden,
su matrimonio se volverá un círculo vicioso de mentiras, venganzas y desamor.
Es allí donde el matrimonio pierde estabilidad. Y el hogar se destruye y se
vuelve en el socavón de la tortura en donde el perdón, la esperanza y la
felicidad se encuentran encerrado en baúles bajo siete llaves que ninguno de
los cónyuges desea abrir para que dichos sentimientos sean liberados y al final
los más dañados son los hijos.

C.-El deber de asistencia:

El artículo 288 del actual código, dispone que los cónyuges se deben recíproca
asistencia. Esta noción asistencial, al igual que la fidelidad, recoge una serie de
presupuesto éticos que sustancialmente podrían sintetizarse en el concepto del
“amor conyugal” y más allá todavía “amor familiar”.

Este deber, más allá de ser una obligación recíproca, es la esencia del amor;
pues no solo comprende la prestación de recursos económicos, denarios o de
especies, sino la mutua ayuda, solidaridad, cuidados, estar prestos a brindar
nuestras fuerzas, cooperación, delicadez y tiempo al cónyuge.

Debemos entender que el matrimonio no se ha de basar en palabras, sino en


nuestros hechos. Comprender que el deber de asistencia es estar presente
cuando nuestro cónyuge más necesita, para compartir a su lado, alegrías,
tristezas poder salir juntos de los problemas que nos han de abrumar, de las
enfermedades que nos han de arremeter.

También, debemos tener en cuenta que la asistencia no solo es un deber sino


también un derecho, que nos brinda seguridad y confianza y cuando todo
parezca ponerse en contra nuestra, cuando caigamos.

Esta convivencia entre los cónyuges, no solo puede basarse en la procreación


de la prole, sino que es un periodo de adaptación, que obviamente puede ser
largo, difícil, doloroso. Pasarán años y las parejas no terminarán de aprender a
convivir como pareja, es complejo pero vale la pena, porque al compartir un
mismo lecho con el cónyuge no sólo se comparte el dolor sino también las
alegrías de los logros, la felicidad de las fechas importantes, la belleza de ver
crecer a los hijos y cuando uno de los cónyuges sienta que todo le parece
venirse abajo, el otro lo apoyará, lo tomará de la mano y le dará fuerzas, como
un amigo sincero en cuyo pecho podrá llevar abiertamente sin vergüenza, ni
temor. Y cuando apaguen la luz después de un día intenso, tendrán a quien
abrazar debajo de las sábanas para quedarse dormidos al calor de su cuerpo.

La fidelidad y asistencia consiguen su fin en el deber de la vida común entre


los cónyuges. Por tal razón, cuando dos personas deciden contraer el vínculo
del matrimonio se comprometen a brindarse amor, respeto, fidelidad y
asistencia.

Y si el deber de asistencia, es estar con nuestro cónyuge, en las buenas y en


las malas, en salud y en enfermedad, acompaña en sus tristezas o alegrías,
brindarle nuestra protección. Pregunto, entonces ¿por qué, el contraer alguna
enfermedad contagiosa, es causal para suspender el deber de cohabitación? y
peor aún ¿ser causal de divorcio?. No es acaso, el deber de asistencia, que se
generó del deber de cohabitación, la muestra de amor y cumplimiento de
nuestro compromiso matrimonial.

Los cónyuges no pueden ser amigos interesados que mientras su pareja es


dulce, afectuosa y está bien, se está con ella pero cuando deja de serlo, se la
deja solo.

La vida común nos lleva a aceptar a nuestra pareja y al mismo tiempo ser
aceptados. En ella la relación avanza en la medida que aprendan a
comprenderse y aprendan que el diálogo es la mejor arma que tenemos contra
la incomprensión y la intolerancia que generan los grandes conflictos dentro del
hogar.

La vida común no puede volverse en el Waterloo de la pareja, sino su refugio


donde se sientan libres, tan comprendidos y amados.

II.-DEBERES Y DERECHOS DEL MARIDO Y LA MUJER:

La sociedad conyugal, como en toda sociedad, es necesario que haya unidad


de dirección.

Antaño, esta dirección era encargada exclusivamente al marido ya que en el


derecho clásico existía una posición de subordinación contra la mujer.

Las mujeres éramos siempre simbólica, lo cual solo tenía el deber de “servir” a
su marido y a sus hijos. Era mancillada y subyugada por largos años sin recibir
el trato y la posición que era suyo. Pese a los postulados igualitarios de la
francesa y a la de Laurent, en el código Napoleónico y en todo aquello que tan
prolongadamente experimentaron la influencia de este. “La mujer debe
pertenecer en cuerpo y alma a su marido”.

El contenido de lo antigua potestad marital, decía que el marido le


correspondía la jefatura o dirección del hogar, y por tanto las atribuciones de
fijar y mudar el domicilio común, de decidir las cuestiones referentes a la
economía del hogar, de autorizar o no a la mujer el ejercicio de cualquier
actividad lucrativa fuera del hogar, y la representación de estos frente a
terceros, y de imponer a la mujer la obligación de agregar a su apellido el de su
marido. También recaía sobre el marido la obligación de proporcionar a la
mujer y en general a la familia, todo lo necesario para su sustento, según las
facultades y situación.

Por el contrario, a la mujer se le daba la obligación de ocuparse personalmente


de los quehaceres domésticos, ayudar y aconsejar a su marido.

Esta concepción de las atribuciones de uno y otro cónyuge se fundaba en la


idea que corresponde al varón, de un lado, la dirección del hogar y de otro, la
obligación de sostenerlo con el producto de su trabajo lucrativo y que por ser
semejante consideraciones, a la mujer le compete ocuparse de las labores
domésticas y la formación de los hijos.
En la actualidad, la mujer recibe los mismos derechos que el varón, como lo
quería Laurent, que la ley tratase al varón y a la mujer en el mismo pie de
igualdad.

La declaración de los derechos de la familia, propuesta por la santa sede,


expresa que “los esposos dentro de la natural complementariedad que existe
entre hombre y mujer, gozan de la dignidad y de iguales derechos respecto al
matrimonio” (art. 2) pero plantea al mismo tiempo (art. 10 inc. b) que “el trabajo
de la madre en casa debe ser reconocido y respetado por su valor para la
familia y para la sociedad.

Nuestro código, a pesar de la enraizada concepción antigua en la sociedad,


tiene la postura moderna y nos dice que “ambos cónyuges tienen el deber y el
derecho de participar en el gobierno del hogar y de cooperar al mejor
desenvolvimiento del mismo. A ambos compete, igualmente fijar y mudar el
domicilio conyugal y decidir las cuestiones referentes a la economía del hogar”
(art. 290 c.c.).

Esto nos da a entender que los cónyuges por ningún motivo cualquier
posiciones jerárquicas, sino que los dos poseen igual rango en el momento de
gobernar y dirigir el hogar para el desarrollo familiar, de igual manera, se deja
de lado la doctrina tradicional, (en la que la facultad de fijar y cambiar el
domicilio familiar le correspondió al marido y la mujer estaba obligada a habitar
con su marido donde quiera que este fije su domicilio), para entrar a la doctrina
moderna, en donde se dispone que ambos cónyuges, les corresponde fijar y
mudar el domicilio conyugal, lo que quiere decir, que si no está de acuerdo la
mujer o el varón, no podrá determinarse la fijación ni el cambio de domicilio
conyugal.

Al igual que el gobierno en el hogar es compartido, la representación de la


sociedad también lo es. Pues en nuestro art. 292 c.c. nos señala que “La
representación de la sociedad conyugal es ejercida conjuntamente por los
cónyuges….”, sin embargo, uno de los cónyuges puede otorgar al otro el poder
para que ejerza dicha representación de manera total o parcial. De igual
manera un consorte puede asumir la dirección y la representación de la
sociedad, sin autorización del otro en los casos que estipula el Art. 294 c.c.

1. Si el otro está impedido por interdicción u otra causa.


2. Si se ignora el paradero del otro o este se encuentra en un lugar
remoto.
3. Si el otro ha abandonado el hogar.

Por todo lo dicho anteriormente, podríamos decir que nuestro código, no


brinda derechos y deberes particulares a cada cónyuge, sino que ambos
comparten deberes y derechos comunes y recíprocos a pesar de que en
nuestro art. 291 c.c. establezca que si un cónyuge se dedica exclusivamente al
trabajo del hogar y al cuidado de los hijos; la obligación de sostener a la familia
recae sobre el otro. Claro está que esto no limita al deber de ayuda y
colaboración que ambos cónyuges se deben en uno y otro campo.
Esta norma pone en un supuesto a ambos cónyuges, sin especificar quien se
debe o un campo quiere al otro.

A pesar de todo esto. La realización individual de los cónyuges no puede verse


limitada, ya que una persona al casarse no se compromete a renunciar a sus
aspiraciones, proyectos y metas que tenían en el ámbito profesional y
académico.

En la aplicación del art. 293 c.c. encontramos esta limitación, porque a pesar
que nos indica que cada cónyuge puede ejercer cualquier profesión o industria
permitidos por la ley, así como efectuar cualquier trabajo fuera del hogar.
También estipula que todo lo dicho anteriormente solo es posible con el
sentimiento expreso o tácito del otro o por autorización de un juez siempre y
cuando lo justifique el interés de la familia.

Esta limitación no puede ser posible porque atenta contra la realización y


desarrollo del cónyuge.

III.-OBLIGACIONES DE LOS PADRES PARA CON LOS HIJOS:

Cuando la pareja decide tener hijos, no solo lo hacen para cumplir con el fin de
perpetuar la especie humana. Sino comprometiéndose con brindarle todo lo
que necesiten.

No es la ley, sino la naturaleza misma que impone a los padres esta obligación.

Generalmente las leyes positivas se limitan a enunciar el derecho alimentario


de los hijos como lo hace nuestro código en su art. 287 c.c., señala que “los
cónyuges se obligan mutuamente por el hecho del matrimonio a alimentar y
educar a sus hijos.

Debemos entender que los hijos, más allá de necesidades materiales,


necesitan afecto, amor, que son la base para su desarrollo y preparación en
esta vida llena de adversidades. La obligación de alimentarlos no cesa cuando
se le da un plato de comida, también se debe alimentar el alma y educarlos, no
quiere decir enviarlos a la escuela sino enseñarles a ser hombres de bien.

Los hijos son en sí la esencia misma de los padres, ya que estos se inclinan
por naturaleza a quererse parecer a sus padres y a hacer lo que ellos hacen. Y
si Ud. cree que la educación de sus hijos resulta demasiado cara, entonces
pruebe con la ignorancia.

El brindarle a un niño un hogar feliz, afecto, amor, confianza, educándolo en


los valores y alimentándolo de los más valiosos sentimientos no solo
cumplimos con una obligación sino con el deber de la naturaleza de nuestro
amor.
Para la ley, la obligación que tienen los padres con sus hijos cesa, cuando ellos
adquieran la mayoría de edad (18 años), pues presumen que ya están
capacitados para enfrentarse independientemente a la vida.

Sin embargo, el deber de padre, nunca cesa, porque los padres, a pesar del
tiempo, siempre estarán a su lado, le seguirán enseñando. Cuando un hijo esté
en un error, su padre estará allí para orientarlo, o cuando sufra una decepción
y sienta desfallecer, su madre estará allí para ayudarlo y consolarlo. Incluso
cuando estos ya no estén en este mundo físico. Y sientan que sus hijos
necesiten de ellos, se presentarán convertidos en sensaciones. Ese es la
verdadera obligación de los padres para con sus hijos.

No basta con traerlos al mundo, con llevarlos a la escuela, con castigarlos, no


basta con comprarle curiosos objetos.

Deben darle más, mucho más, su tiempo, cariño, seguridad, confianza,


educación y sobre todo amor.

El tener un hijo es una responsabilidad, una planificación. Las personas que se


casan, no sólo lo hacen para hacer vida común o para tener a alguien con
quien compartir sino para formar un hogar, una familia. Llena de respeto,
comprensión, armonía. Y las parejas esperan con ansias la llegada de su
primer hijo porque desea llenarlo de amor, educarlo, alimentarlo, protegerlo.

Si bien es cierto que nuestro código tiende a promover el matrimonio también


es protector, sobre todo de los hijos de una familia sea matrimoniales o de
uniones de hecho. La responsabilidad de los padres para con sus hijos no se
limitan al estar casados o no. Los hijos siempre tendrán derechos que los
padres están obligados a cumplir, es por ello que la norma pone como
prioridad el deber de alimentación y educación.

Deberes que todos los que se unen están obligados a cumplir; sin embargo no
solo queda allí las obligaciones, como ya lo había mencionado, los niños deben
de tener a sus padres al lado suyo pero esto no quiere decir que los padres
estén obligados a vivir juntos cuando no lo desean pues esto llevaría a un
hogar hostil y sin base lo cual produciría en un niño grandes daños
psicológicos.

Al referirme que los niños deben tener a sus padres a lado suyo me refiero a
que estos deben de estar pendientes de ellos siempre sin importar que no
convivan diario pero hacerles sentir que ellos les importan y que estarán a su
lado para aconsejarles, protegerlos, educarlos y amarlos.

Los padres deben de entender que sus responsabilidades no comienzan con


una sentencia judicial de alimentos sino que sus responsabilidades empiezan
desde el momento en que se enteran que van a tener un hijo y así sea no
“planificado” desde ese momento adquieren responsabilidades con aquel ser
que el único error que tuvo fue precisamente eso no ser “planificado”
Dejémonos pues de egoísmos e individualismos y tomemos conciencia que
traer un hijo al mundo no se trata de que sean la base del matrimonio o de
equivocarse en la cuenta o porque sea obligatorio para la perpetuación de la
humanidad.

Se trata de tener responsabilidad en nuestros actos y en las consecuencias


que estos traen.

Consecuencias que deben de ser asumidas, sólo se muestra lo maduro que sé


es y cuán importante es para cada uno el concepto de ser padre.

Porque depende de los padres, para que la sociedad se llene de personas


responsables y útiles y poder cambiar nuestra realidad social porque siendo
responsables en la crianza de un niño se podrá decir que hay esperanzas de
cambio.

Sólo así cumpliremos con Dios, nuestro prójimo y nosotros mismos.

4.-MODIFICATORIA LEGUISLATIVA:

A mi parecer debería de ser modificado el art.293 de nuestro código pues, da


a entender que para el desarrollo individual de los cónyuges hay una limitación
que consiste en el consentimiento del otro cónyuge situación que no es dable
sobre todo porque no es necesario después de aclarar que dichas actividades
estén de acuerdo a la ley.
5.-CONCLUSIONES

1. La unión de dos personas, debe de cumplir su fin, más allá de llevar el


estado de “casados”, deben llevar la indeleble marca de “unidos”.

2. Al pensar en matrimonio no debemos dejar de entrar en nuestros


pensamientos la duda e inseguridad, porque si deseamos una familia
feliz debemos de dejarnos de individualismos y emprender el eterno
camino de un compromiso de amor para nuestra pareja e hijos, sólo así
comprenderemos que el casarse, no simplemente da seguridad legal,
sino también espiritual.

3. Porque no podemos tomar el matrimonio como algo sin importancia.


Debemos de estar seguros de que la persona con quien hemos de
formar un hogar es la que hemos elegido. Y dar el bien que todos
poseemos para adquirirlo buscado: TIEMPO.

4. Y sobre todo no podemos dejar que las adversidades que se presenten


destruyan el compromiso al cual nos hemos sometido. Porque la
sociedad depende de una buena relación de pareja con la única arma
que todos posen pero pocos la usan: EL DIÁLOGO.

5. Sólo así evitaremos que más familias sigan destruyéndose y más hijos
sufriendo. Porque es anticuada ya la idea de que la base de la sociedad
es la familia.

6. Comprendamos que LA BASE DE LA SOCIEDAD NO ES LA FAMILIA


SINO LA PAREJA. EL MATRIMONIO ES EL FUNDAMENTO DE LA
HUMANIDAD. SI LOS CÓNYUGES SIGUEN DIVORCIADOSE, LAS
FAMILIAS SEGUIRAN DESINTEGRÁNDOSE Y LA SOCIEDAD
PUDRIÉNDOSE.
6.-BIBLIOGRAFIA:

1. Manual de derecho de familia ……Yolanda Gallegos Canales y


1. Rebeca S. Jara Quispe.
2. Derecho de familia………………….Javier Rolando Peralta Antia.

3. Colección “el ABC de derecho” – Civil.

4. Código civil peruano.

5. La última oportunidad………………Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

6. Juventud en éxtasis; vol. 1 y 2…….Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

7. Colección de pensamientos: Pasos para ser grandes y El libro de la

sabiduría.

8. Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus.