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Libro Curso práctico de Hipnosis y Regresiones; Armando M. Scharovsky

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otro lado de la puerta. Si aún así me dice que no lo ha podido hacer,
me apoyo en su imaginería visual y le digo que vea como su mano se
posa sobre el picaporte de la puerta en cuestión, y que voy a contar
desde uno hasta tres, y cuando cuente tres verá como su mano baja ese
picaporte, empuja la puerta y él la atraviesa.
También suelo decir que cuando atraviese la puerta, se van a
romper las barreras de tiempo y espacio. Y que va a regresar a una
época anterior donde su espíritu habitaba dentro de otro cuerpo, con
otra cara y con otro nombre.

Del otro lado

Yo comienzo siempre por tres preguntas, y en ese orden:
1. “¿Es de día o es de noche?”. Comienzo por allí porque lo primero
que percibe el paciente es si hay luz u oscuridad. Si me dice que no
sabe, le digo que pronto se dará cuenta. No hay que apurarlo. Ya les
he explicado que los recuerdos son siempre una construcción, que
si yo les preguntara que comieron anoche, su mente debería cons-
truir una imagen de donde y con quien lo hicieron, y volver a
imaginar el plato y su contenido.
2. “¿Estás a la intemperie o en un sitio cubierto?”. Ana María me
dijo que estaba en una casa. Si me hubiera dicho que estaba a la
intemperie lo hubiera ampliado averiguando si era en una ciudad o
en el campo.
3. “¿Eres hombre, mujer, o aún no estás dentro de un cuerpo?”. Ella
se ubicó enseguida como mujer, pero muchas veces el paciente dice
que no lo sabe, o que aún no tiene un cuerpo. Yo le digo: “Enton-
ces eres como una cámara cinematográfica
. Puedes recorrer dis-
tancias y atravesar paredes
. Descríbeme el lugar donde estás” .

El paso siguiente entonces es lograr que se ubique a sí mismo. No
siempre esto es inmediato. Como habrán visto yo utilizo el recurso de
contar desde uno hasta cinco para hacer adelantar las escenas, cuenta
que, como ya les expliqué, refuerzo kinestésicamente. Suelo decir en-

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ARMANDO M. SCHAROVSKY

tonces que se va a desplazar a una escena donde hay gente, y que
quizás una de las personas presentes sea él mismo, solo que dentro de
otro cuerpo, con otra cara y con otro nombre.
Pero algunas veces eso no alcanza, y vuelvo a contar para encon-
trar una escena donde se va a ver y se va a reconocer. A veces el
paciente me dice: “Veo a una persona, pero no estoy segura de si soy
yo”.
Y yo le contesto con algo que parece muy loco, pero que a los
pacientes en hipnosis les resulta lógico y comprensible: “Prueba a
meterte dentro de esa persona
. Cálzate su cuerpo como si fuera un
abrigo
. Que tus manos sean sus manos y tus ojos sus ojos... Y dime si
eres tú”.

Le pido que se describa. La actitud general frente a cualquier dato
que le pido es la de no hostigar al paciente: si me dice que no sabe le
contesto que no importa, que está bien. Con una sola excepción.

El nombre

Le pido a mi paciente que me diga como se llama.
Si no lo sabe, le pido que se meta dentro del cuerpo reconocido, y
que busque allí dentro su nombre.
Si aún me dice que no sabe o no lo encuentra, le digo que elija
uno. Que si luego aparece otro, lo cambiamos.
Y si no le aparece ninguno, entonces sencillamente elijo uno cual-
quiera, y le digo, por ejemplo: “Bueno. Yo te voy a llamar María. Si
después aparece otro nombre, lo cambiamos”.

¿Y porqué esta obsesión mía por hallarle un nombre? Se trata de
una técnica de profundización. Fíjense que ella me dijo que se llamaba
Andrea, y que a partir de ese momento, en cada frase yo le agregaba el
“Andrea”: “¿Dónde estás, Andrea?” “¿Dónde vives Andrea?”.
Piénsenlo así: yo tengo enfrente mío a una persona disociada: una
parte de ella es Ana María, una joven mexicana actual de diecinueve
años, y otra parte es Andrea, una mexicana sin padres, de trece años
que llora la muerte de su abuela. Cuando yo le hablo, ¿a qué parte le
estoy hablando? Por eso, cada vez que yo le digo Andrea lo que hago

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