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Susana Rodríguez Barcia: «Una patria, una religión. Consolidación del estereotipo nacional católico en los diccionarios de la RAE (1770-1843)», en Gaviño Rodríguez, Victoriano, y Fernando Durán López (eds.) (2010): Gramática, canon e historia literaria. Estudios de filología española entre 1750 y 1850. Madrid: Visor Libros, Colección «Biblioteca Filológica Hispana», 124.

Susana Rodríguez Barcia: «Una patria, una religión. Consolidación del estereotipo nacional católico en los diccionarios de la RAE (1770-1843)», en Gaviño Rodríguez, Victoriano, y Fernando Durán López (eds.) (2010): Gramática, canon e historia literaria. Estudios de filología española entre 1750 y 1850. Madrid: Visor Libros, Colección «Biblioteca Filológica Hispana», 124.

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XI Una patria, una religión.

Consolidación del estereotipo nacional católico en los diccionarios de la RAE (1770-1843)
Susana Rodríguez Barcia
Universidad de Vigo

INTRODUCCIÓN1

Objetivos, metodología y corpus
En la expresión, reproducción y consolidación de ideologías resulta fundamental el papel que desempeña el discurso como vehículo de comunicación y transmisión de conocimiento. Cada artículo lexicográfico encierra en sí mismo una porción de un discurso más amplio y complejo. Por ello, es posible e interesante, desde el punto de vista metodológico, extrapolar algunas de las técnicas de análisis del discurso al análisis ideológico del diccionario. Pese a la pluralidad de cultos que pasaron por la Península Ibérica a lo largo de la historia, en los diccionarios de la Academia siempre se ha presentado la profesión de fe católica como un aspecto español a ultranza, en definitiva, el catolicismo se ha venido perfilando como la religión panhispánica por antonomasia. Sin embargo, resulta evidente que
Esta investigación se ha realizado con la colaboración del Ministerio de Ciencia e Innovación y se inscribe dentro del proyecto Bibliografía cronológica de la Lingüística, la Gramática y la Lexicografía españolas (1801-1860), con referencia FFI2008-03043.
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en España y en los territorios considerados actualmente dentro de los márgenes del panhispanismo han convivido distintas formas de entender el hecho religioso. Pensemos simplemente en el arrianismo que convivió con el catolicismo en la Hispania visigoda hasta la conversión de Recaredo en el 589, en la religión musulmana que se practicaba en Al-Ándalus entre el siglo VIII y el XV, en los cultos aborígenes americanos, en la presencia del protestantismo en muchas naciones latinoamericanas o, en general, en la pluralidad confesional que se puede observar en nuestros días en cualquier punto del universo panhispánico. Todas estas confesiones fueron tratadas con cierto vilipendio por el diccionario académico en las sucesivas ediciones publicadas durante el período que es objeto de estudio en este trabajo. Partiendo de la hipótesis de que las producciones lexicográficas pueden actuar como elemento de conexión entre una comunidad de conocimiento concreta y la expresión simbólica —y perpetuación de la misma— de unidad y poder latente bajo determinadas definiciones lexicográficas, este estudio persigue como objetivo fundamental caracterizar con precisión las claves de la construcción lexicográfica del estereotipo panhispánico católico a través de los diccionarios publicados por la Real Academia Española entre 1770 y 1843. Asimismo, en este breve artículo también se busca proporcionar un barniz teórico que propicie un análisis del discurso lexicográfico más completo y riguroso. Teniendo en cuenta el período definido, es decir, entre 1750 y 1850, se han elegido para formar parte del corpus de obras sometidas a análisis el tomo publicado de la revisión del Diccionario de Autoridades de 1770 (letras A-B) y los nueve diccionarios usuales publicados desde 1780 hasta 1843 (1780, 1783, 1791, 1803, 1817, 1822, 1832, 1837 y 1843). Las definiciones se han tomado de todas las ediciones y, por motivos de espacio, no se recoge su evolución a lo largo de las mismas ni las obras en las que los cambios ideológicos fueron más destacados (v. Rodríguez Barcia, 2008). Sobre estas ediciones se ha trabajado con profusión, por lo que remitimos también a trabajos como el de Álvarez de Miranda (2000) o Hernando Cuadrado (1997) para conocer mejor las características y corpus de estos diccionarios.
Ideologías e identidad grupal

Puesto que, en esencia, «las ideologías son creencias fundamentales de un grupo y de sus miembros» (van Dijk, 2003: 14), la noción de iden-

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tidad grupal

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parece estar, a priori, íntimamente ligada a ese concepto. De hecho, por ya entendemos el conjunto de rasgos propios de una colectividad que la caracteriza frente a otras y que le confiere un carácter privativo y distintivo. La ideología de la comunidad epistémica española —como la de cualquier otra— tendría como base, por lo tanto, un número indefinido de creencias compartidas y rasgos comunes entre los que se incluiría una forma de entender la realidad religiosa. La cuestión de fondo está en que la religión compartida se identifica sin dificultades con la católica, lo que nos hace pensar que bajo la ideología común de los miembros de la comunidad española se ha establecido una polarización inconsciente entre el y el (van Dijk, 2003: 15). Es decir, por un lado estaría el identificado con el conocimiento verdadero que, a su vez, mantendría una relación directa con el catolicismo; y, por otro lado, se encontraría el identificado con las ideologías, creencias erróneas, que a su vez mantendría un claro vínculo con todas las demás formas de culto no católicas. Y esta idea se ve fortalecida con la solidez que proporciona la unión del grupo frente a otros grupos, cuantitativamente inferiores en cuanto al número de miembros integrantes, dispuestos en una potencial periferia. Como indica van Dijk (2003: 15), casi la totalidad de las ideas ideológicas que aprendemos en nuestras etapas iniciales provienen de la lectura y de escuchar a otros miembros de la misma comunidad epistémica (padres, compañeros, etc.); mientras que, en etapas posteriores, también se adquieren estas ideas a través de los medios de comunicación, los libros de texto y, por supuesto, de los diccionarios. Por lo tanto, el diccionario constituye un soporte extremadamente cercano a la formación durante los primeros años de vida. Evidentemente, cuando la formación está incompleta, la influencia que pueden ejercer los miembros del grupo sobre cada individuo es enorme; sobre todo si pensamos que, con frecuencia, el emisor de un mensaje puede dar por hecho la existencia de creencias compartidas y conocidas. Como señala Pardo Abril (2001: 171), la expresión del poder puede ponerse de manifiesto a través de la acción y de la cognición, de lo que se deriva la posibilidad de afirmar que el diccionario es una herramienta también de poder en cuanto que lo es de conocimiento. La identificación y la voluntad por sentirse integrado orientarán la fijación de un ideario básico que en momentos posteriores del aprendizaje cada miembro del grupo tendrá que mantener o rebatir.
identidad Nosotros Ellos Nosotros, Ellos,

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Comprender, pues, la relevancia que adquiere la identidad grupal en la construcción de las racionalizaciones de la cultura resulta determinante para poder realizar un análisis motivado y razonado de cómo el diccionario referencial en el marco de la lexicografía y de la cultura españolas, el diccionario usual de la RAE, ha podido intervenir en la aprehensión de determinadas nociones relacionadas con la religión. FACTORES QUE DETERMINAN LA PRESENCIA DE IDEOLOGÍA EN LOS DICCIONARIOS DE LA RAE PUBLICADOS EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX Antes de comenzar propiamente el análisis de los mecanismos —posiblemente ejecutados sin tomar conciencia de su repercusión— a los que recurre el discurso lexicográfico académico para ofrecer su particular expresión ideológica de la realidad, hemos de concretar los factores que determinan o condicionan la presencia de ideología en las obras lexicográficas de la RAE. En realidad, estos factores son comunes para todos los diccionarios, pero resultan especialmente interesantes cuando se trata de la Corporación.
La tradición precedente

Indudablemente, hay que buscar la tradición inmediata de los diccionarios que constituyen nuestro objeto de estudio en las fuentes del Diccionario de la lengua castellana o Diccionario de Autoridades. A pesar de que la RAE no valora como referente lexicográfico primordial el Tesoro de la lengua Castellana o Española de Sebastián de Covarrubias (1611), su más cercano antecedente, Hernando Cuadrado (1997: 390) y otros investigadores han demostrado que, en realidad, sí se ha tenido en cuenta este trabajo al abordar la redacción de Autoridades. Pero la necesidad y el deseo de ponerse a la altura de otras potencias europeas motivaron que la institución recurriera en gran medida a fuentes foráneas. Algunos de los diccionarios que le sirvieron como modelo o referente ocasional fueron el Vocabulario della Academia della Crusca (1691, en su 3ª edición), el diccionario monolingüe francés de Richelet (1680), el Dictionnaire de l’Académie Française (1718, 2ª edición), el francés-latino de Danet (1712, reimpresión), el monolingüe francés de Furetière (1725) y el francés-latino de los jesuitas de Trévoux.

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Pero, la ideología que se desprende de una lectura detenida de la obra resultante —un repertorio de aproximadamente 37.600 entradas que llegó a ocupar un lugar central dentro del panorama europeo—, lejos de identificarse con el aperturismo hacia lo foráneo, se concentró en la construcción bien definida de los valores y tradiciones consideradas como españolas por antonomasia. Aunque la tradición extranjera precedente jugó un papel fundamental en los aspectos técnicos, lematización, etc.; los redactores adaptaron las definiciones a su propia realidad a través del filtro de su especial idiosincrasia, en definitiva, la adecuaron a las necesidades surgidas en un momento preciso y en un lugar concreto, la España de la primera mitad del siglo XVIII. Más determinante pudo resultar la herencia ideológica del Tesoro de Sebastián de Covarrubias (1611). Aunque lejano en el tiempo, es posible establecer tras un análisis pormenorizado un paralelismo evidente entre la ideología que trasluce este diccionario y la presente en las primeras obras lexicográficas de la RAE, sobre todo en el tema de la religión. Por lo tanto, resultaría bastante simplista el hecho de limitar la ideologización de las definiciones pertenecientes al léxico de la religión a la corporación académica, ya que las definiciones relativas a realidades propias de la dimensión religiosa en las que se lleva a cabo una modalización discursiva epistémica (presentación del catolicismo como conjunto de verdades inconcusas frente al recelo y reservas que generaban otras formas de culto), deóntica, volitiva y valorativa (apreciativa), en su mayoría, estaban ya presentes en el primer diccionario monolingüe del español, el Tesoro de la lengua castellana o española. Asimismo, algunos recursos tipográficos (letras de mayor tamaño) y ortográficos (ciertas mayúsculas iniciales) también se encontraban en la obra del conquense antes de recogerse en el Diccionario de Autoridades. En definitiva, con esto queremos decir que debemos entender la tradición lexicográfica anterior como una concausa que determina la presencia de ideología en los diccionarios académicos junto con las restantes a las que aludiremos a continuación.

El paradigma científico
Como se ha indicado en repetidas ocasiones, la Academia se funda con el firme propósito de elaborar un compendio de la lengua española a la altura de los publicados en Francia o Italia. Se han apuntado otros

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posibles motores del nacimiento de la corporación, como la lucha contra las aberraciones lingüísticas que habían tenido lugar en las últimas etapas del Barroco, y también el poner freno a la desintegración del idioma debido a la entrada de múltiples galicismos, algo que perturbaba la pureza que se deseaba para el español. Incluso se ha apuntado que la fundación de la Academia pudo ser un intento de restablecer el perdido honor nacional. Todas estas motivaciones pueden ser complementarias, no excluyentes. Recordemos nuevamente las tradiciones de las que parte el paradigma académico para comprender mejor su especial idiosincrasia fundacional (Fries, 1989: 49-55):
Tradición 1: La idea de que las lenguas se desarrollan de manera semejante a los organismos vivos, y la con ella asociada de poder estabilizar la lengua materna (siguiendo el ejemplo de las lenguas clásicas) en el punto supuestamente culminante de su desarrollo mediante una codificación, para poder perpetuarla de este modo por encima de toda posible degeneración. (…) Tradición 2: Pero en lo relativo a la fundación de la Academia Española es particularmente importante la competición lingüística internacional, que surgió como consecuencia de la emancipación de las lenguas vernáculas románicas y que se encontraba marcada profundamente por el denominado «humanismo vernáculo». Este movimiento, nacido durante el renacimiento, está relacionado con la formación de los estados nacionales. (…) Tradición 3: La tradición del cuidado institucionalizado de la lengua. (…) Fue sobre todo, la Académie française la que los fundadores de la Academia Española tomaron como ejemplo (…).

A la luz de estas tradiciones, sobre todo de la primera, y del resto de causas apuntadas, no es difícil comprender que muchas de las decisiones iniciales que tomaron los académicos fundacionales y que constituyeron la base de su paradigma estuvieran dirigidas a la búsqueda de pureza. Con ello se explica también que la vista al pasado, a los Siglos de Oro, como modelo y referente de calidad lingüística resultase fundamental; un referente que también era pujante en lo relativo a la ideología general, pues el mayor esplendor de la nación se encontraba justamente en etapas pretéritas en las que la unión religiosa constituía un baluarte frente a los enemigos del imperio.

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La autoría

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Otra concausa elemental que justifica la presencia de un discurso ideológicamente sesgado en los diccionarios de la RAE es, indudablemente, la condición religiosa, política, social y económica de los que ocuparon los primeros sillones académicos. De esos factores nombrados dependerá su bagaje intelectual, su idiosincrasia, su formación intelectual, sus experiencias vitales, etc.; aspectos todos ellos muy vinculados con la formación de una línea de pensamiento más o menos común. Asimismo, a estos factores hay que sumarles el background cultural común de la comunidad de conocimiento que les sirvió como marco para su desarrollo, una comunidad en la que ya vimos que la identidad grupal jugaba un importante papel. Pues bien, en este sentido hay que señalar que Don Juan Manuel Fernández de Pacheco y Zúñiga (sillón A fundacional) era duque de Escalona y Marqués de Villena, fue el primer director de la Corporación y pertenecía a la rancia nobleza de Castilla. Su hijo, Mercurio Antonio López Pacheco, también noble (Marqués de Villena) ocupó el sillón Q fundacional. Otros nobles miembros de la primigenia Academia eran el Marqués de San Juan, Francisco Pizarro (sillón I); el Duque de Montellano, Don José de Solís y Gante (sillón J); el Marqués de San Felipe, Vicente Bacallar (sillón N) o el Conde de Torrepalma, Don Pedro Verdugo de Albornoz Ursúa (sillón X). Por otra parte, Don Juan de Ferreras (sillón B fundacional) y José Casani (sillón G fundacional) eran miembros consejeros del tribunal de la Inquisición. Gabriel Álvarez de Toledo (sillón C fundacional) fue autor literario de temática religiosa y bibliotecario mayor del Rey. Bartolomé Alcázar (sillón F fundacional) fue religioso, miembro de la Compañía de Jesús. En definitiva, consejeros de la Inquisición, nobles, autores religiosos, etc. constituían el grueso de la Corporación inicial. De ello se desprenden una serie de condicionamientos que, unidos al resto de factores que estamos apuntando, comprometen la neutralidad y dirigen el discurso, como veremos, hacia determinados intereses de unidad religiosa en el catolicismo.
El contexto histórico. Iglesia y estado

Como es bien sabido, el ambiente intelectual, de tertulias y reuniones que propició en España el nacimiento de la Real Academia Española

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en el siglo XVIII estuvo apoyado por las políticas culturales desarrolladas durante el reinado de Felipe V y de Fernando VI. De este último sabemos que, además, renovó la educación superior e impulsó la creación de academias como norma de política cultural. En lo referente al tema de religión y de la manifestación externa de la religiosidad católica, es muy interesante recordar aquí una observación de Caro Baroja (1978: 73) al respecto de la situación en el período que estamos analizando: «en el siglo XVIII el debate es mucho más fuerte de lo que se dice, poniendo de un lado a la aristocracia y a unas clases media y burocrática extranjerizantes, frías y desasidas de lo nacional y de otra a un vulgo populachero y fanatizado». Por lo tanto, el control sobre las clases populares, en definitiva, sobre el grueso de la población, se hallaría en una religiosidad de tipo represivo y afectado materializada en discursos escépticos y críticos en cuanto a las expresiones de fe contrarias a la religión católica. Todo ello contribuiría a alcanzar cierto grado de dominio sobre la población y, por lo tanto, una implicación más que evidente en la vida política. En España, la relación entre la monarquía y la iglesia católica siempre fue muy estrecha. Desde que a mediados del siglo XV el papado confiere la denominación de a Isabel de Castilla y a Fernando de Aragón, el título se fue arraigando en los monarcas posteriores de modo que, como señala Caro Baroja (1978: 157) «para hombres del tiempo de Felipe II (…) la española era la monarquía católica por excelencia y por tanto santa». Y, del mismo modo que algunas de las líneas programáticas básicas del reinado de los Reyes Católicos fueron la unificación territorial y lingüística (pensemos en la conquista de Granada, la incorporación de las Islas Canarias, la asunción del castellano como lengua del reino, etc.); también la unidad fue esencial en lo relativo a la política religiosa (expulsión de los judíos en 1492, conversión de los musulmanes, etc.). Indudablemente, durante esta etapa se forjó la idea de España como un país católico y de esta forma de culto por anreligioso como la propia de los ciudadanos patriotas y tonomasia. Asimismo, también a lo largo de la segunda mitad del siglo XV se evidencia el comienzo de la identificación de patria y catolicismo. Con el reinado de Felipe II se endurecen las medidas represivas con respecto a los que no participan de la fe católica hasta el punto de que a finales del siglo XVI era posible constatar fuera de España una imagen de país de la intransigencia e intolerancia. Como indica Cortés Peña:
reyes católicos de bien

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La política eclesiástica y religiosa protagonizada por Felipe II, aunque sin duda respondió a las circunstancias de su tiempo, se basó, con diáfana continuidad, en la línea marcada por los Reyes Católicos en sus intentos de controlar la Iglesia hispana y de instaurar la unidad religiosa, puntos que los monarcas consideraban decisivos para consolidar la Monarquía que estaban formando (2005: 11).

La quiebra de esta situación represiva y asfixiante no se hizo esperar y, sobre todo durante el siglo XIX, fue habitual la figura del intelectual católico, pero anticlerical o clerófobo (pensemos, por ejemplo, en el catolicismo liberal de Roque Barcia). Aunque el marco histórico descrito dista muchos años de la fundación de la RAE, la institución académica se sitúa sin duda en las posiciones más conservadoras, pues las anteriormente aludidas líneas programáticas de los Reyes Católicos no difieren demasiado del ideario y anhelos de los primigenios redactores académicos. De hecho, algunas ideas de la Ilustración, como la preponderancia de la razón frente a la fe, constituían una seria amenaza para el dominio de la fe católica; por lo que aún más existía la necesidad por parte de las instituciones ligadas al poder político y religioso de reforzar la condición del estereotipo de buen español como buen católico. Además, puesto que la Corporación siempre estuvo vinculada al poder político, no manifestó fisuras en cuanto al modo de plantear el tema religioso en sus diccionarios con absoluto predominio de la fe católica, como así demostrará nuestro análisis. EXPRESIÓN Y CONSOLIDACIÓN DEL ESTEREOTIPO NACIONAL CATÓLICO A TRAVÉS DEL DISCURSO DE LOS DICCIONARIOS ACADÉMICOS
Consideraciones teóricas básicas

Como en cualquier manifestación discursiva y, por extensión, como en cualquier texto, el discurso lexicográfico es susceptible de revelar la posición que mantiene el emisor con respecto al mensaje y a su relación con los destinatarios potenciales. En definitiva, más allá de lo que en otros estudios se han venido denominando puntos de anclaje de la subjetividad o lugares de emergencia del sesgo ideológico, es

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posible trasladar el análisis ideológico de cualquier discurso al análisis de la definición lexicográfica como parte de un texto de mayor dimensión. Eso sí, seguiremos recurriendo a la clasificación de esos puntos de anclaje para realizar el análisis ideológico completo de un diccionario, pues no sólo habría que detenerse en el segundo enunciado de la definición, sino en todos los aspectos relativos a la macroestructura y a la microestructura del repertorio lexicográfico concreto, como el orden de las acepciones, las marcas pragmáticas, las textualizaciones del lema, etc. Pero, centrándonos en ese segundo enunciado de la definición, al igual que realiza Vergara Heidke (2009) al hilo del estudio del infratejido ideológico presente en ciertos textos periodísticos, resulta muy productivo emplear este tipo de análisis para explicar los procesos de marcación ideológica del texto lexicográfico, en este caso de las definiciones de los diccionarios publicados por la Academia entre 1770 y 1843. En general, por modalización entenderemos el modo de manifestación de la toma de postura del emisor frente al propio enunciado, en nuestro caso la definición lexicográfica, y al destinatario a través de distintas marcas lingüísticas presentes en los textos que revelan, justamente, dicha posición. Evidentemente, un texto que presente un número elevado de marcas de modalización ha de ser entendido como un texto subjetivo o impresionista, frente a otros que carezcan de dichas marcas, que serán denotativos u objetivos. Pese a que el diccionario, a priori, debería caracterizarse por ser un texto determinado por la objetividad o, al menos, la neutralidad, ya hemos visto en distintas ocasiones que el simple hecho de constituir un producto intelectual humano determina la falacia de la referida neutralidad. Eso sí, la subjetividad podrá medirse en una línea de mayor a menor grado en consonancia con la presencia mayor o menor de marcas de modalización textual en el segundo enunciado de la definición. Como ya se supone, cuanto más atrás vayamos en la historia de la lexicografía, mayor presencia de este tipo de marcas encontraremos, es decir, diccionarios más subjetivos. El carácter personal de las definiciones fue pasando progresivamente por el cedazo de la neutralidad a medida que se avanzó en técnica lexicográfica y, por supuesto, en sensibilización social. Veamos, pues, cómo se materializan los cuatro tipos fundamentales de modalización (epistémica, deóntica, volitiva y valorativa) en los diccionarios publicados por la RAE entre 1780 y 1843.

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La modalización epistémica
Con modalización epistémica nos referiremos al nivel de adhesión del redactor académico con respecto a la verdad de lo escrito. Como se puede deducir con facilidad, en materia de religión, y en el caso de los redactores académicos, el grado de adhesión al contenido del mensaje será mayor cuanto más cercano sea éste al posicionamiento católico (catolicismo-certeza) y menor cuanto más difiera del mismo (otras formas de culto-probabilidad o dislate). a) Modalización epistémica de certeza La certeza o seguridad en cuanto al contenido de la definición puede materializarse en un texto a través de distintos mecanismos (adjetivos como seguro, cierto, verdadero; adverbios como ciertamente, verdaderamente; uso de la primera persona del plural en verbos y posesivos; etc.). Algunas de estas formas han sido analizadas por KerbratOrecchioni (1986), que clasificó adjetivos como verdadero, bueno o correcto dentro del grupo de los subjetivos evaluativos y axiológicos. Sin embargo, en el discurso lexicográfico no siempre resulta sencillo identificar estas marcas lingüísticas. A veces, las modalización epistémica se materializa a través de elementos in absentia, es decir, ausentes, como las restricciones de significado y contornos en los que se circunscriba la realidad definida al colectivo correspondiente o, incluso, comentarios que maticen ciertas definiciones de carácter metafísico. El grado de adhesión del redactor al contenido expuesto es tal en estos casos que no necesita desvincularse de dicho contenido. Asimismo, se añade a este aspecto el problema de las consideraciones del emisor con respecto al receptor (van Dijk, 2003: 36), pues los redactores académicos dan por hecho que existe un número de creencias compartidas por emisor y receptores entre las que se encuentra la profesión de fe católica, y por ello no incluían en sus primeros trabajos este tipo de marcas. Las afirmaciones categóricas y la presentación de los dogmas de fe católicos como un conjunto de verdades inconcusas o indiscutibles también serán frecuentes en las definiciones caracterizadas por la modalización epistémica de certeza. Veamos en primer lugar algunas definiciones que, en materia de religión, manifiestan certeza por parte del redactor en relación con la información proporcionada:

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DA2 1770 ALMA. s.f. El principio interior de las operaciones de todo cuerpo viviente. Divídese en vegetativa, que nutre y acrecienta las plantas: en sensitiva, que da vida y sentido á los animales: y en racional, la qual es espiritual é inmortal, y capaz de entender y discurrir, e informa al cuerpo humano, y juntamente con él constituye la esencia del hombre, en quien concurren tambien lo sensitivo y lo vegetable. DRAE 1780 CENÁCULO. s.m. La sala en que Christo nuestro Señor celebró la última cena. DRAE 1780 ESPERANZA. s.f. La divina, que es una de las tres virtudes teologales, es una virtud sobrenatural, por la qual esperamos conseguir la gloria, mediante el auxilio de Dios. La humana es un afecto, ó pasion del alma con que esperamos el bien ausente, que juzgamos por conveniente. DRAE 1783 DIOS. s.m. Nombre Sagrado del primer y supremo ente necesario, eterno, é infinito, cuyo ser como no se puede comprender no se puede definir, y solo se puede sacar de sus sagrados oráculos, que es el que es principio y fin de todas las cosas: que crió el universo por su poder, que le conserva por su providencia, que todo pende de su voluntad, y procede de su magnificencia infinita. Deus. DIOS. Entre los Gentiles se dio este nombre, aunque impropiamente, á qualquiera de las falsas Deidades que fingió la idolatría; como el DIOS Apolo, el DIOS Marte. Úsase tambien en plural. Falsus Deus. (…) DRAE 1791 DIOS. s.m. Nombre sagrado del supremo ser, Criador del Universo que le conserva y rige por su providencia. Deus. 2. Entre los Gentiles se dio este nombre á qualquiera de las falsas deidades que veneraban; como: el DIOS Apolo, el DIOS Marte, y como eran muchos, se usaba tambien en plural. Deus. 3. met. (…) DRAE 1783 DOGMA. s.m. Proposicion doctrinal asentada como principio en una ciencia. Divídese en DOGMA católico y DOGMA falso: el católico es aquella verdad de la qual se sirve la Iglesia, como de principio elemental, é innegable, para probar su infalibilidad, y con ella combatir con los hereges destruyendo sus opiniones. El
2 Segunda edición del Diccionario de Autoridades (1770). A lo largo del trabajo, las reproducciones de las definiciones de los diccionarios académicos respetarán la grafía original.

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DOGMA falso es el principio errado, ó supuesto que proponen los hereges para asentar sus sectas. DRAE 1791 DOGMA. s.m. La proposicion que se asienta por firme y cierta, y como principio innegable en alguna ciencia, aunque mas ordinariamente se entiende por este nombre la verdad revelada por Dios, declarada y propuesta por la Iglesia para nuestra creencia, y aun se llaman tambien así las proposiciones fundamentales que los hereges asientan como principios de sus erradas sectas. DRAE 1791 GENTIL. adj. 2. s.m. El idólatra, ó pagano, que no reconoce, ni da culto al verdadero Dios. DRAE 1803 GENTIL. s.m. El idólatra, o pagano que no reconoce ni da culto á el verdadero Dios. (…) DRAE 1791 HACEDOR. s.m. El autor de alguna cosa, el que la fabrica por sus propias manos, y universalmente es atributo que solo pertenece á Dios como autor y criador de todas las cosas. Auctor, fabricator. DRAE 1791 INFIDELIDAD. s.f. 2. Negacion de fe; esto es, no confesar la fe verdadera, ó no conocerla. Infidelitas. DRAE 1837 PROSÉLITO. m. El gentil, mahometano, ó sectario convertido á la verdadera religion. DRAE 1843 SECTA. f. (…) El error ó falsa religion, diversa ó separada de la verdadera y católica cristiana, enseñada por algun maestro famoso; como la SECTA de Lutero, Calvino, Mahoma. Secta.

Este tipo de modalización adquirió tal grado de arraigo en la lexicografía española que se reflejaba incluso en diccionarios realizados bajo otro paradigma y con autores de adscripción ideológica bien distinta a la de los académicos fundadores. b) Modalización epistémica de incerteza La falta de certidumbre en relación con el mensaje, en nuestro caso, con la información recogida en la definición propuesta, puede materializarse desde el punto de vista lingüístico a través de ciertos mecanismos, como ocurría con la manifestación de certeza, pero muy distintos en intención (expresiones con se seguida de verbos que connotan escepticismo o falta de seguridad como suponer, creer, estimar, considerar, preciar, etc.; adjetivos participiales como supuesto; presencia de enunciados impersonales; uso de la tercera persona de plural en verbos; etc.). A través de

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estas estructuras y de la selección léxica de ciertos adverbios, sustantivos y adjetivos (probable, supuesto, falso, supersticioso, etc.) el redactor académico dejará patente su posicionamiento en cuanto al referente real de algunas definiciones relativas a cuestiones propias de opciones religiosas no católicas. A estas alturas ya no será necesario señalar que en una definición pueden conjugarse varias formas de modalización del discurso. Por ejemplo, en la definición de ateísmo encontramos rasgos de la modalización epistémica pero también de la modalización valorativa o apreciativa. Veamos algunos ejemplos:
DA 1770 ATEISMO. s.m. Secta ú opinion impia de los que niegan la existencia de Dios, llamados ateistas. DRAE 1803 IDOLATRAR. v.a. Adorar los ídolos, ó alguna falsa deidad. Idola colere, adorare. DRAE 1791 IDOLATRÍA. s.f. La adoracion, ó culto que los Gentiles dan á las criaturas, y á las estatuas de sus falsos dioses. Idolatria. 2. met. Amor demasiado, desordenado, ó excesivo. Caecus amor idolorum cultui similis. DRAE 1791 JUDAYSMO. s.m. 2. Se toma hoy por la supersticiosa y terca observancia que tienen los Judíos de los ritos y ceremonias de la ley de Moyses. DRAE 1803 IDOLATRÍA. s.f. La adoracion que se da á los ídolos y falsas divinidades. Idolatria. DRAE 1803 PURITANO, NA. adj. que se aplica al herege prebiteriano de Inglaterra, que se precia de observar una religion mas pura. Úsase tambien como substantivo. Puritanus. DRAE 1803 TOLERANTISMO. s.m. Opinion de los que creen que debe permitirse en qualquier estado el uso libre de todo culto religioso. Opinio cultus religios, cujuspram liberum exercitium permittens. DRAE 1843 RELIGION. f. Virtud moral con que adoramos á Dios. Religio. La observancia de las doctrinas y obras de devocion. Religio. Piedad, devocion, virtud, cristiandad. Pietas. Se llama por antonomasia la católica, apostólica romana. Religio. Impropiamente y por abuso se llama tambien el culto y veneracion que tributan algunas naciones á sus falsos dioses. Vana religio; superstitio. (…) SUPLEMENTO DRAE 1817 SEMIDIOSA. s.f. Nombre que la gentilidad daba á aquellas que creia descender de alguno de sus falsos dioses. Semidea.

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La modalización deóntica
Antes de comenzar con el análisis en sí, conviene tener en cuenta que, como indica Caro Baroja (1978: 31) «la teología cristiana se divide en dos partes: una, especulativa, que trata del conocimiento de Dios; otra, práctica, que trata de las virtudes de los hombres y de los vicios contrarios a ellas». Una vez que entendemos esta dualidad de la teología católica es fácil comprender que el discurso lexicográfico que proyectan algunos artículos se caracterice por una modalización deóntica, es decir, relativa a lo que el individuo modelo de la comunidad epistémica española debe y no debe hacer. El verbo deber y las perífrasis de obligación como tener que + infinitivo o deber + infinitivo son muy habituales, en general, en el discurso católico. Como indica Caro Baroja (1978: 45) al comentar aspectos del ideario católico reflejado por los hombres de fe en diferentes sermones, escritos, etc. «sobre todo y por encima de todo, está el Amor de Dios hacia el hombre y que el hombre debe amar a Dios sobre todas las cosas». Por lo tanto, este tipo de modalización ya está presente en diversas modalidades de discurso oral y escrito emitido por católicos, como homilías, sermones, catecismos, etc. Puesto que tenemos clara la diferencia que existe entre definir y adoctrinar, este tipo de modalización no debería adoptarse de ningún modo en los diccionarios. Sin embargo, el dibujo y orientación del estereotipo católico del buen ciudadano español implicaban en cierto modo la presencia de este tipo de elementos. La modalización deóntica en los repertorios académicos también se dividirá, en lo relativo a las definiciones propias del tema religioso, en dos grupos: la que podríamos denominar del deber (identificada con el culto católico), que se concreta en gran medida en la presencia de perífrasis de obligación, y la del no deber (identificada con los cultos no católicos). La segunda de estas formas de orientar el texto conforme a la deontología presentará algunos recursos básicos como la presencia de adjetivos participiales del tipo indebido o estructuras de negación, por ejemplo, del tipo no se debe. Veamos algunos ejemplos:
DA 1770 ADORAR. v.a. Honrar y reverenciar con culto religioso, lo que principal, y propiamente se debe á solo Dios, y por él á la Virgen santísima, á los Ángeles y Santos, á las Imágenes y Reliquias sagradas. (…) DRAE 1791 HONRA. s.f. Reverencia, acatamiento y veneracion que se hace á la virtud, autoridad, ó mayoría de alguna persona. Ho-

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DRAE 1791 IDOLATRAR. v.a. Adorar los ídolos, dar á las estatuas, figuras, ó personas la reverencia, ó adoracion que solo se debe á Dios. Idola colere. DRAE 1803 LATRÍA. s.f. Teol. El culto y adoracion que se debe á solo Dios. Latria. DRAE 1832 RELIGION. f. Virtud moral, con que adoramos y reverenciamos á Dios, como á primer principio de todas las cosas, dándole el debido culto con sumision interior, y exterior muestra, confesando su infinita excelencia. Religio. || (…) La actual observancia de las buenas costumbres y obras de devocion. || (…) DRAE 1817 SUPERSTICION. s.f. Culto que se da á quien no se debe con modo indebido. DRAE 1822 SUPERSTICION. s.f. Culto que se da á quien no se debe ó que se da con modo indebido.

nor. 2. Pundonor, estimación y buena fama, que se halla en el sugeto y debe conservar. Decus, fama. 3. La integridad virginal en las mugeres. Pudor, virginitas. (…)

La modalización volitiva El discurso lexicográfico en el que se evidencia una modalización volitiva presenta ciertos usos de la lengua que revelan una posición del emisor, en nuestro caso el redactor, frente a lo deseable y a lo no deseable en materia de religión. En realidad, la volición remite a un acto de la voluntad, es decir, a la capacidad para decidir y ordenar la propia conducta. No se trata de una manifestación de carácter tan taxativo como ocurría con la modalización discursiva deóntica, se limita a un conjunto de marcas lingüísticas dirigidas a orientar al receptor acerca de las actitudes consideradas por el emisor-redactor como más idóneas y aconsejables. Pues bien, la presencia de adjetivos como bueno o malo con sus correspondientes variantes flexivas resulta una marca indicativa de este tipo de modalización. Lógicamente, y en la línea de lo que estamos observando hasta el momento, las buenas prácticas e ideas se corresponderán con el culto católico; lo que sigue reforzando la idea del estereotipo católico como modelo de conducta. Como recogíamos anteriormente en la cita de Caro Baroja (1978: 31), la teología católica se concretaba en una vertiente especulativa y en una vertiente práctica a modo de manual de buena conducta que, nuevamente, se refleja en muchas de las definiciones de los diccionarios académicos.

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Dentro de este apartado destaca como recurso fundamental la elección de hiperónimos que establecen una clasificación explícita y, obviamente, subjetiva, de los vicios y virtudes humanos.
DRAE 1780 CARNALIDAD. s.f. El vicio y deleyte de la carne. DRAE 1803 LUXURIA. s.f. El vicio que consiste en el uso ilícito, ó apetito desordenado á los deleytes de la carne. DRAE 1817 CASTIDAD. s.f. La virtud que se opone á los afectos carnales. Castitas. CASTIDAD CONYUGAL. La que guardan los casados que no conocen mas muger que la propia. Conjugalis castitas. DRAE 1822 CASTIDAD. s.f. La virtud que se opone á los afectos carnales. Castitas. CASTIDAD CONYUGAL. La que se guardan mutuamente los casados. Conjugalis castitas. DRAE 1817 RAMERA. s.f. La muger que hace ganancia de su cuerpo, entregada vilmente al público vicio de la sensualidad por el interés. Meretrix, scortum. DRAE 1832 RELIGION. f. Virtud moral, con que adoramos y reverenciamos á Dios, como á primer principio de todas las cosas, dándole el debido culto con sumision interior, y exterior muestra, confesando su infinita excelencia. Religio. || La actual observancia de las buenas costumbres y obras de devocion. || (…) DRAE 1843 RELIGION. f. Virtud moral con que adoramos á Dios. Religio. La observancia de las doctrinas y obras de devocion. Religio. Piedad, devocion, virtud, cristiandad. Pietas. Se llama por antonomasia la católica, apostólica romana. Religio. Impropiamente y por abuso se llama tambien el culto y veneracion que tributan algunas naciones á sus falsos dioses. Vana religio; superstitio. (…)

Nuevamente, el arraigo de este tipo de conocimiento cultural se hace patente en otros diccionarios que parten de orientaciones y objetivos muy distintos. Por ejemplo, en el diccionario de Domínguez (1846-1847), que toma como base al diccionario académico pero con una distancia ideológica importante, se constata también el recurso de la elección tendenciosa de hiperónimos en algunas definiciones relativas a las temáticas religiosa y moral, a la que se suma la presencia de adjetivos ponderativos como sublime:

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Piedad. s. f. Virtud edificante y eminente, que mueve é incita á reverenciar, acatar, venerar, honrar y servir á Dios nuestro Señor, á los padres, á los superiores ó maestros, y á la patria. El conjunto de los actos ó efectos de esta virtud; lo mismo que cada uno de ellos relativamente considerados. Religion. s. f. Sublime virtud moral con que adoramos á Dios. || La observancia de las doctrinas, obras y prácticas de devocion. || Piedad, devocion, fervor evangélico, virtud cristiana etc. || (…)

La modalización valorativa
Finalmente, resta tratar de la modalización valorativa o apreciativa que, sin duda, es de las más interesantes. A pesar de que toda modalización del discurso implica una toma de posición ideológica por parte de un emisor, a través de la modalización apreciativa o valorativa el redactor lexicográfico manifiesta su valoración sobre la realidad definida, muestra, en definitiva, el aprecio o desprecio por el objeto definido. Entre los recursos lingüísticos que evidencian la modalización valorativa del discurso lexicográfico podemos encontrar fundamentalmente procedimientos léxicos como la presencia de adjetivos afectivos, ponderativos o evaluativos axiológicos (sean o no formulísticos) y de sustantivos con fuerte carga connotativa (peyorativa o ponderativa) que en ocasiones pueden constituir eventuales hiperónimos; aunque también existen otros procedimientos morfológicos, como el uso de sufijación apreciativa y la presencia de superlativos absolutos. Pese a que este tipo de modalización del discurso lexicográfico está mucho más presente en las obras pioneras de la lexicografía monolingüe española como el repertorio de Sebastián de Covarrubias (1611), el de Esteban de Terreros (1786-1793) o el Diccionario de Autoridades (1726-1739), motivado probablemente por la corta tradición; las sucesivas ediciones que publicó la RAE de su diccionario usual a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX también siguieron presentando ciertos recursos de carácter valorativo, aunque algo más suavizados que en las obras citadas.
DRAE 1803 FATALISTA. adj. El que niega la libertad en el hombre; y en Dios el gobierno del mundo segun las leyes de su infinita sabiduría y providencia. Fati necesitatis DRAE 1803 HEREGÍA. s.f. Error en materia de fe sostenido con pertinacia. Haeresis.

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DRAE 1791 JESUS. s.m. Nombre venerable y dulcísimo que se da á la segunda persona de la Santísima Trinidad hecha hombre para redimir el género humano. Es nombre hebreo, que significa Salvador. DRAE 1791 JUDAS. s.m. El que falta traydoramente al amigo, que se confió de él. Dícese por alusion al Apóstol traydor que vendió á Christo. Proditor, ut judas. DRAE 1791 MAHOMETANO, NA. adj. Lo que pertenece á Mahoma y su detestable secta. Mahometanus. DRAE 1791 MALDICIENTE. p.a. de MALDECIR. El que tiene la perversa costumbre de echar maldiciones. Maledicus. DRAE 1803 NACIMIENTO. s.m. El acto de nacer. Ortus, natalis. NACIMIENTO. Por antonomasia se entiende el de nuestro Señor Jesucristo, que por la salud de los hombres nació al mundo de la purísima Virgen María. Natalis, nativitas Domini. (…) DRAE 1817 NACIMIENTO. s.m. El acto de nacer. Ortus, natalis. NACIMIENTO. Por antonomasia se entiende el de nuestro Señor Jesucristo, que por salvar á los hombres nació al mundo de la purísima virgen María. Natalis, nativitas Domini. (…) DRAE (1803) NEFANDO, DA. adj. Indigno, torpe, de que no se puede hablar sin empacho. Nefandus. PECADO NEFANDO. El de sodomía por su torpeza y obscenidad. Nefandum peccatum. DRAE 1803 PURITANISMO. s. m. La secta y doctrina de los puritanos. Puritanorum secta, doctrina. DRAE 1837 REDENTOR, RA. m. y f. El que redime. || Por excelencia se entiende nuestro Señor Jesucristo, que con su preciosísima sangre redimió á todo el género humano, y le sacó de la esclavitud del demonio. Redemptor, liberador. || (…) DRAE 1832 RELIQUIA. f. El residuo que queda de algun todo. Reliquiae. || La parte pequeña de alguna cosa, como de la cruz de Cristo ó de otra cualquier cosa que tocase á su divino cuerpo ó fuese regada con su preciosa sangre; el pedacito de hueso de algun santo ú otra cualquiera cosa que por su contacto es digna de veneracion. Reliquiae. || (…) DRAE 1822 TALMUD. s.m. Libro de los Judíos, que contiene la tradicion, policía, doctrina y ceremonias, que observan tan rigurosamente como la misma ley de Moyses. Hállanse en él mil extravagancias apócrifas, que escribiéron despues de la dispersion, é hiciéron

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dos recolecciones, una de la escuela de Jerusalen, y otra de la de Babilonia. Talmud Judaorum.

CONCLUSIONES Analizado como una forma más de discurso, el diccionario adquiere una dimensión ideológica, más allá de la lingüística y de la didáctica, como instrumento de construcción y consolidación de tópicos de la cultura a la que se circunscribe su realización y difusión. Como en cualquier otro texto, a través de la modalización —que en el diccionario se lleva a cabo, fundamentalmente, en los prólogos y en el segundo enunciado de la definición— el emisor-redactor categoriza y describe la realidad dejando patente su posición frente a ella. En el caso de la RAE, su condición de referente absoluto dentro del panorama de la lexicografía monolingüe del español le confiere un gran poder como batuta que dirige la orientación ideológica de gran parte de los diccionarios del español publicados a partir del siglo XIX. En el período que ha constituido nuestro objeto de estudio hemos podido constatar unas marcas de modalización discursiva que, al mismo tiempo que constituían el reflejo de un tiempo y de unas circunstancias concretas, también contribuyeron a consolidar y hacer más perdurables algunos aspectos de la cultura española como es la adopción del catolicismo como forma más idónea para concretar la expresión religiosa. El catolicismo, pues, se proyectó desde las estructuras de poder como un elemento más de la identidad grupal nacional, como forma de culto por excelencia o por antonomasia. El resto de religiones quedarían pues, desde las páginas de los primeros diccionarios académicos, relegadas a la consideración de manifestaciones de la fe inconsistentes o, sencillamente, erradas. Esta proyección ideológica se materializó, como vimos a lo largo del análisis, a través de una serie de recursos y marcas lingüísticas que se clasificaron dentro de los cuatro tipos de modalización. Como refleja el análisis, dentro de un mismo enunciado pueden convivir marcas de modalización epistémica, deóntica, volitiva y apreciativa. Por lo tanto, no se trata de recursos excluyentes, sino, normalmente complementarios. El cuadro que cierra este trabajo servirá como síntesis de los procedimientos descritos y, al mismo tiempo, de las ideas fundamentales esbozadas en este estudio. Pero, antes de concluir, es necesario destacar que las

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definiciones recogidas en los diccionarios publicados a lo largo del período analizado, lejos de permanecer de forma meramente residual en las obras actuales de la RAE que siguen tomando como planta el diccionario usual sometido a revisión, perviven inveteradas con similar forma, aunque, eso sí, en menor número. No obstante, no hemos de dejar de señalar aquí el cambio de esta situación en los diccionario realizados de nueva planta, como el Diccionario del estudiante (2005), un intento de discurso neutral que debería marcar una nueva etapa en el quehacer académico.
Categoría MODALIDAD
EPISTÉMICA

Subcategoría
DE CERTEZA

DE INCERTEZA

Ejemplos In praesentia DRAE 1791 GENTIL. adj. 2. s.m. El idólatra, ó pagano, que no –Adjetivos como reconoce, ni da culto al seguro, cierto, verdadero Dios. verdadero. DRAE 1837 PROSÉLITO. m. –Adverbios como El gentil, mahometano, ó sectario ciertamente, verdaderamente. convertido á la verdadera religion. –Uso de la primera DRAE 1780 ESPERANZA. s.f. La persona del plural en divina, que es una de las tres virtudes verbos y posesivos. teologales, es una virtud sobrenatural, por la qual esperamos conseguir la gloria, mediante el auxilio de Dios. In absentia DRAE 1780 CENÁCULO. s.m. –Ausencia de La sala en que Christo nuestro Señor restricciones de celebró la última cena. significado, marcas de ámbito (Rel.) y contornos. –Expresiones con se más DRAE 1791 IDOLATRÍA. s.f. verbos que connotan La adoracion, ó culto que los Gentiles escepticismo o falta de dan á las criaturas, y á las estatuas de seguridad como suponer, sus falsos dioses. Idolatria. 2. met. creer, estimar, considerar. Amor demasiado, desordenado, ó –Adjetivos participiales excesivo. como supuesto. DRAE 1803 TOLERANTISMO. –Estructuras s.m. Opinion de los que creen que impersonales. debe permitirse en qualquier estado el –Uso de la tercera uso libre de todo culto religioso. persona de plural. –Adjetivos subjetivos como falso/falsa.

Recursos

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Categoría MODALIDAD Subcategoría
OBLIGATORIEDAD

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DEÓNTICA

PROHIBICIÓN

MODALIDAD VOLITIVA

DESEABLE

Ejemplos –Verbo deber. DRAE 1803 LATRÍA. s.f. Teol. El culto –Perífrasis de obligación y adoracion que se debe á solo Dios. como tener que + infinitivo o deber + infinitivo. –Adjetivos participiales como debido. –Estructuras negativas DRAE 1817 SUPERSTICION. s.f. con el verbo deber. Culto que se da á quien no se debe con –Adjetivos participiales modo indebido. del tipo indebido. –Adjetivos como DRAE 1832 RELIGION. f. Virtud bueno/buena. moral, con que adoramos y –Hiperónimos como reverenciamos á Dios (…).
virtud.

Recursos

NO DESEABLE

–Adjetivos como
malo/mala. vicio.

–Hiperónimos como

DRAE 1803 LUXURIA. s.f. El vicio que consiste en el uso ilícito, ó apetito desordenado á los deleytes de la carne. DRAE 1791 JESUS. s.m. Nombre venerable y dulcísimo que se da á la segunda persona de la Santísima Trinidad hecha hombre para redimir el género humano. DRAE 1837 REDENTOR, RA. m. y f. El que redime. Por excelencia se entiende nuestro Señor Jesucristo, que con su preciosísima sangre redimió á todo el género humano (…). DRAE 1791 MAHOMETANO, NA. adj. Lo que pertenece á Mahoma y su detestable secta. DRAE 1822 TALMUD. s.m. Libro de los Judíos, que contiene la tradicion, policía, doctrina y ceremonias, que observan tan rigurosamente como la misma ley de Moyses. Hállanse en él mil extravagancias apócrifas (…).

MODALIDAD POSITIVA APRECIATIVA

NEGATIVA

–Presencia de adjetivos afectivos, ponderativos o evaluativos axiológicos (sean o no formulísticos) y de sustantivos con fuerte carga connotativa positiva. –Procedimientos morfológicos, como el uso de sufijación apreciativa y la presencia de superlativos absolutos. –Presencia de adjetivos afectivos o evaluativos axiológicos (sean o no formulísticos) y de sustantivos con fuerte carga connotativa negativa.

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