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Comentario Biblico Del Continente Nuevo 1 Corintios

Comentario Biblico Del Continente Nuevo 1 Corintios

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Sections

  • CAPÍTULO 1
  • CAPÍTULO 2
  • CAPÍTULO 3
  • CAPÍTULO 4
  • CAPÍTULO 5
  • CAPÍTULO 6
  • CAPÍTULO 7
  • CAPÍTULO 8
  • CAPÍTULO 9
  • CAPÍTULO 10
  • CAPÍTULO 11
  • CAPÍTULO 12
  • CAPÍTULO 13
  • CAPÍTULO 14
  • CAPÍTULO 15
  • CAPÍTULO 16
  • CAPÍTULO 17
  • CAPÍTULO 18
  • CAPÍTULO 19
  • CAPÍTULO 20
  • CAPÍTULO 21

5. EL MINISTERIO DE LOS APÓSTOLES (4:1–21)
a. Servidores y administradores (4:1–7)

1Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.
2Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel. 3Yo en muy poco tengo el ser
juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aún yo me juzgo a mí mismo. 4Porque aunque de nada
tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. 5Así que, no juzguéis na-
da antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará
las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. Pero esto, hermanos, lo he
presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pen-
sar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. 7Porque ¿quién
te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras
recibido?

Todo el cap. 4 es una apasionada continuación del trozo anterior. Pablo se siente compelido a aclarar su
posición, sin entrar en detalles, pero usando un lenguaje que llega a ser doloroso más adelante. Salvo, en
cierta medida, el contenido del cap. 9, es lo único que hay de este tipo en la epístola. En la segunda, por l
contrario, a partir del cap. 10, la defensa de su ministerio por parte del apóstol es muy ferviente.
Notemos que comienza con un “así, pues”, es decir, en vista de lo anterior. Ya que todo les pertenece a
ellos y a su vez todo pertenece al Señor, ¿cuál es el lugar que corresponde a los obreros cristianos? La res-
puesta es doble: ante los creyentes, son servidores; ante Dios, son administradores. Desde el primer capítulo
ha estado presente la idea de que son servidores, para demostrar lo ilógico que resultaba dividir la iglesia
usando sus nombres. Ahora Pablo quiere ir un poco más lejos. Es [P. 67] necesario aclarar que aunque él y
Apolos son de los corintios, el dueño de sus vidas y ministerios es nada menos que Dios. Con frecuencia, las
congregaciones se consideran verdaderas dueñas de sus pastores, con autoridad para dictaminar en cual-
quier campo. Pablo lo hubiera rechazado categóricamente. En su fuero íntimo se sentía obligado a darse por
entero a la causa de la salvación y santificación de los corintios, pero al mismo tiempo comprendía que sólo
debía rendir cuentas a Dios.

En ámbitos cristianos hoy solemos usar la palabra “mayordomo” o “mayordomía”. Cuando Pablo usa aquí
el término “administradores”, está recurriendo a ese concepto.
¿Y qué es lo que administra? “Los misterios de Dios”, término que ya ha usado en 2:7.1 Se trata del conte-
nido del evangelio, que sería un misterio para los seres humanos (1 Ti. 3:9) si Dios no hubiera encargado a
algunos que lo administren—de la manera en que un gobernante administra los caudales públicos, por
ejemplo, para que sean del mayor beneficio posible a sus gobernados.

ADMINISTRADORES DESIGNADOS POR DIOS (4:1)
1. Dios los ha escogido.
2. El tesoro a administrar es el mensaje evangélico.
3. Su fin es el bien de quienes están alrededor.
4. El trabajo debe hacerse con fidelidad.

Hay ciertas condiciones para ser un buen administrador: conocimientos, orden, buena relación, sagaci-
dad, y en especial la fidelidad, es decir la honestidad unida a la lealtad. Debemos ser fieles delante de un Dios
que es fiel.2

¿Quién determina, entonces, si un administrador es en verdad fiel? Pablo toma el tema como algo perso-
nal porque había sectores en Corinto que lo ponían en tela de juicio. No nos sorprendamos si ello ocurre
también en nuestro ministerio. En tanto estemos en la tierra, es posible que tropecemos con la ingratitud y las

1 Ver también Col 2:2; 1 Ti. 3:16.
2 Ver 1:9; Dt. 7:9; 2 Co. 1:18; 2 Ti. 2:13; 1 Jn. 1:9.

42

insinuaciones de otros (y por otro lado esa también será nuestra actitud a veces). Aprendamos de Pablo y mi-
remos hacia arriba.

[P. 68] LA OPINIÓN DE LOS DEMAS (4:3–4)
1. Pablo no se dejaba gobernar por ella.
2. No la pasaba por alto; al menos la consideraba “muy poco”.
3. No daba más valor a su propia opinión.
4. Todo era juzgado a la luz de la mente de Cristo.

El apóstol menciona tres posibilidades de juicios de origen humano (v. 3): los corintios mismos (un grupo
organizado en iglesia), algún otro tipo de “tribunal” (cualquier reunión de gente), y su propia conciencia.
No es suficiente tener la “conciencia tranquila”. ¿Coincide el Señor con nuestro dictamen? Pablo no entra
al tema de cómo llega a saberlo, pero indica que en el examen de la carrera realizada se ha esforzado por
buscar la aprobación de Dios a la luz de la Palabra.
Vuelve entonces a dirigirse a los lectores, cada vez con más pasión. El v. 4 declara categóricamente que
nunca deben ponerse en actitud de jueces. Cuando leemos en el capítulo siguiente que sí deben serlo con
respecto a algún miembro descarriado, nos damos cuenta de que aquí no se refiere a la disciplina de la iglesia
sino a considerar si alguien es o no cristiano, o buen cristiano, o buen obrero de Dios. Si no fuera por su tono
enérgico, el plazo que les pone—hasta que vuelva el Señor—parecería una ironía: en ese momento ya nadie
juzgará sino aquel que regresa “para juzgar a los vivos y los muertos” (2 Ti. 4:1; 1 P. 4:5).

CUANDO CRISTO VUELVA (4:5)
1. Aclarará lo que ahora nos resulta oscuro.
2. Hará ver cuál fue la intención íntima de cada uno.
3. Dará a cada cual su recompensa.

Cuando llegue esa hora, ¡qué triviales nos parecerán nuestros juicios! Cuando vuelva el Señor aquellos
que han sido nuestros ídolos exhibirán la pobreza de sus intenciones, mientras que honraremos a muchos a
quienes antes no habíamos prestado atención. Eso debe ocurrir cuando “venga el Señor”. Entre tanto, no juz-
guemos a nadie.

Ahora bien, eso se aplica al caso específico de las fracciones de la iglesia de Corinto. Tanto Pablo como
Apolos habían actuado por amor a [P. 69] ellos y eso era lo que los corintios debían considerar. Las pautas
eran las que él mismo ya había escrito,3 pero no lo habían tenido en cuenta.
La consecuencia había sido que, habiéndose dividido, lo hacían abusando del nombre de los líderes, tra-
yéndoles dolor. Lo irónico es que, al mismo tiempo que Pablo y Apolos se sentían tan poca cosa delante de
Dios, cada uno de esos grupos se sentía más importante que el otro apelando al nombre de sus maestros. Era
un contrasentido que el apóstol tenía derecho a señalar. Como obreros del Señor, cuidémonos de no ser res-
ponsables de una división en la iglesia de Cristo.
Pablo vuelve a usar preguntas retóricas muy enfáticamente (v. 7), lo que se hace más notable por el uso
de la segunda persona del singular cuando en realidad está escribiendo en plural. Es como si dijera: “A ver,
usted, ¿qué tiene de especial? Y usted que está más allá, ¿por qué se cree superior? Y también usted, ¿qué
méritos tan especiales tiene?” Es interesante ver cómo cambia la perspectiva si los interrogantes del v. 7 los
transformamos en afirmaciones.

3 Ver 2:1–8; 3:5, 3:6; 4:1.

43

UN EXAMEN DE NOSOTROS MISMOS (4:7)
1. No tenemos nada que nos distinga o nos haga superiores.
2. No tenemos nada que no nos haya sido dado por Dios.
3. Por lo tanto, no tenemos nada por lo cual enorgullecernos.

Ser del grupo de Pablo no es algo superior a ser del grupo de Apolos, y ser de éste no nos coloca en un
plano superior al de Pedro. En una iglesia, ningún grupo debe considerarse preferido por Dios porque no lo
es. A la vez, ninguna iglesia debe compararse con otra, usando aire de superioridad. Y en un tema que el
apóstol no debía enfrentar en ese entonces, hoy podemos aplicar criterios iguales para las denominaciones.4
El Señor ha usado distintos medios, que pueden ser los primeros métodos, como los de Pedro; los más re-
conocidos, como los de Pablo; o los más novedosos, como los de Apolos. Pero todos son de él, nada provino de
nosotros, y todo es para su gloria.
b. [P. 70] Orgullo corintio y dolor apostólico (4:8–16)

8Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos
también, juntamente con vosotros! 9Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como
postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los
hombres. 10Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles,
mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados. 11Hasta esta hora padecemos hambre,
tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. 12Nos fatigamos trabajando
con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. 13Nos
difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos. 14No
escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como hijos míos amados. 15Porque aunque tengáis
diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evan-
gelio. 16Por tanto, os ruego que me imitéis.

Pasajes como éste nos llegan al corazón: ¡Cómo han sufrido otros por causa del evangelio! Y enseguida
sentimos vergüenza de quejarnos por nuestros propios problemas. Quizá hoy haya quienes puedan hacer
una lista semejante, pero eso sería más bien la excepción.
Cuando el apasionamiento llena el corazón, se suele recurrir a una de dos armas. La primera es el len-
guaje agresivo. Pablo no tenía reparos en usarlo si lo creía necesario, por ejemplo en 2 Co. 11:1 y Gá. 3:1. El
segundo camino es el que utiliza aquí: la ironía.5 Debemos usarla, en especial por escrito, sólo en situaciones
extremas.

En 1:26–28 Pablo enumeró las falencias de los corintios. Ahora repite prácticamente las mismas órdenes.
Se sienten como reyes y Pablo dice que ojalá to fuesen ya que entonces él también compartiría la gloria de ese
resultado. Vuelve sobre ello en los vv. 14 y 15.
Si los corintios se sienten como reyes, ¿cómo se siente Pablo? El cuadro de los vv. 9 y 10 es algo que él se
imagina (“según pienso”) debiera describir su sensación en el mundo. El cuadro parece el de un circo roma-
no, donde los gladiadores eran verdaderos “condenados a muerte”, pues hasta ese límite luchaban. Los más
aguerridos eran presentados al final—como se sigue haciendo hoy con los mejores números—, por eso [P.
71] se “ha exhibido” a los apóstoles “como postreros”.6 En ese sentido se habían convertido en “espectácu-
lo.”7 El orgullo de los corintios por su status espiritual probablemente incluía cierta vergüenza por la falta de
status de Pablo, y por su falta de sabiduría y elocuencia. Pablo y los apóstoles no sólo estaban condenados a
morir, sino que además el espectáculo sería visto por todos. Pablo sería exhibido, para así decirlo, ante todo el
universo, no sólo seres humanos sino también ángeles.8

4 Todas estas distinciones que menciona Pablo no debían existir, de modo que sentirse superior no tenía cabida.
5 Figura literaria que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice.
6 También puede considerarse esta ilustración como si Pablo comparara la arrogancia de los cristianos corintios con los generales
romanos que vencían, y los apóstoles con los cautivos que eran colocados al final de la procesión (“postreros”), y eran condenados
a muerte.
7 El escándalo de la cruz se halla siempre presente en la visión que Pablo tiene de su apostolado.
8 Esta parece ser la razón de la referencia a los ángeles, donde Pablo, más que explicar, da por sentado el concepto.

44

EL OBRERO COMO LUCHADOR (4:9)

1. El que to coloca allí es Dios.
2. Hay que estar dispuesto a todo, aun a la muerte.
3. Puede ser doloroso transformarse en “espectáculo”.
4. De ese modo se da testimonio al mundo entero.

En el v. 10 enumera virtudes de las que se presumían los corintios, y que Pablo les había advertido que no
tenían (prudencia o sabiduría, fuerza, honorabilidad). Paralelamente, los apóstoles eran considerados insen-
satos, débiles y despreciados. El apóstol aprovecha la ocasión para dejar claro que era así simplemente “por
amor de Cristo” (v. 10a). No está diciendo que alguien sea insensato a los ojos de Cristo sino que, por actuar
con una mente que no es la del mundo, éste to considera insensato.
Las dos enumeraciones que siguen también son afligentes. La primera está en el v. 11, donde menciona
cinco aspectos de su sacrificio relacionados con nuestras aflicciones habituales: falta de medios, hostilidad y
falta de vivienda.

En la segunda lista (vv. 12–13) comienza recordando aspectos concretos de su ministerio en Corinto. Allí
efectivamente tuvo que trabajar con sus manos (Hch. 18:13) y allí padeció persecución (Hch. 18:6, 12). El
final es altamente dramático; literalmente, es lo que se llama hipérbole, la [P. 72] mención de lo extremo, y lo
hace no sólo para describir la gravedad de lo mencionado, sino para incluir también todo lo intermedio. ¿Es
que alguien había dicho que Pablo era una “escoria”?9 Quizá esas palabras habían llegado a sus oídos; quizá
sentía que ése era el sentir de algunos.

MOTIVOS PARA DIRIGIRNOS A OTROS (4:14)
1. Debe ser para amonestarlos, mostrarles el buen camino.
2. Nunca debemos desear avergonzarlos.
3. Tienen que sentir que los amamos como si fueran nuestros

hijos.

Pero él no quiere dejar las cosas allí. En dos versículos agrega ideas que hacen retornar el tono afectuoso,
y por primera vez usa una frase tan tierna como “hijos míos amados” (v. 14). Es emocionante compararla
con las líneas anteriores.

En el ejemplo del v. 15 hay un aspecto profundo en cuanto al ministerio cristiano y al lugar que debe
ocupar en la consideración de los creyentes. Apolos, Aquila y Priscila habían ocupado un lugar importante.
como Sóstenes o Estéfanas;10 habían sido verdaderos maestros del nuevo grupo de cristianos. En griego la
palabra es PAIDAGOGOS, literalmente “pedagogos”.11 Podemos llegar a tener muchos maestros que compi-
tan en excelencia. Sin embargo, nadie puede tener más de un padre. El obrero del Señor tiene el privilegio de
traer a la vida a otros “por medio del evangelio”; el uso del lenguaje fisiológico hace más fuérte aún esta
comparación.12 Al mismo tiempo, crea un deber ineludible en todos los cristianos: la lealtad hacia nuestros
padres en Cristo. Hemos de amar, respetar y recordar siempre a aquellos que primero nos presentaron la
verdad, a los que nos llevaron a una decisión de fe y a los que, como quienes plantan una débil semilla, hicie-
ron brotar en nosotros la vida eterna.
[P. 73] Aquí y así termina Pablo el tema de la necesidad de la unidad, que le ha permitido expresar mu-
chas ideas sobre lo que es la iglesia y el ministerio cristiano. Repasando toda esta parte de la carta, encontra-
mos que los obreros del Señor son definidos de distintas maneras.

9 En nuestro lenguaje diario, desecho o basura.
10 Ver 1 Co. 1:16; 16:17; Hch. 18:17; 1 Co. 1:1.
11 Generalmente eran esclavos que enseñaban a los hijos de los ricos, o eran sus escoltas para acompañarlos a la escuela.
12 “Yo os engendré.”

45

LOS OBREROS DE CRISTO
1. Servidores por medio de los cuales creen los hombres
(3:5).
2. Administradores de los misterios de Dios (4:1).
3. Insensatos a los ojos de los hombres presuntuosos (4:10).
4. Padres que han engendrado por medio del evangelio
(4:15).

Antes de pasar a los temas específicos que afligían a la iglesia, quedan aún un par de aspectos prácticos

que mencionar.
c. Un ayundante y un posible viaje (4:17–21)

17Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi
proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias. 18Mas algunos están en-
vanecidos, como si yo nunca hubiese de ir a vosotros. 19Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y cono-
ceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. 20Porque el reino de Dios no consiste en
palabras, sino en poder. 21¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?

En la conclusión del tema, Pablo menciona dos cursos de acción para buscar remedio a los problemas. El
primero era enviar a su ayudante Timoteo como delegado suyo. El segundo, ir él personalmente. Hay situa-
ciones en que sólo un contacto personal es eficaz, un encuentro cara a cara, cuando es posible apelar más a
los sentimientos y a factores que de otra manera no surgen.
Sumamente atareado por la obra en Efeso (donde se producía un bendecido crecimiento y también ciertas
luchas), el apóstol piensa primeramente en que viaje otro como representante. Tenía confianza en Timoteo,
ya que conocía a fondo su modo de pensar y también había estado con él en Corinto. De todos modos, no
tenemos certeza de que realmente haya ido.13
[P. 74] Una de las grandes capacidades de Pablo era la formación de discípulos. La nómina es extensa:
Timoteo, Tito, Filemón (que recibieron sus cartas), así como Epafrodito, Onésimo, Silas, Tíquico, Lucas, Mar-
cos, Onesíforo, Epafras y otros más.

LA FORMACIÓN DE DISCÍPULOS (4:17)
1. Revela la grandeza de alma del maestro.
2. Requiere dedicación de tiempo y afanes.
3. Desarrolla la capacidad para delegar trabajo.
4. Permite ver continuidad y ampliación en la tarea.
5. Demuestra que admitimos que la obra no es nuestra, sino
del Señor.

La explicación que da el apóstol de por qué manda a su ayudante (v. 17a) es por lo que acaba de explicar:
ellos necesitaban un mensaje que, sin dejar de ser claro y enérgico, pudiera demostrar lo que él sentía como
su padre en Cristo. Para transmitirlo, nadie mejor que alguien a quien pudiera calificar como “hijo amado”.

13 Ver 16:10, 11.

46

CONDICIONES DE UN DISCÍPULO (4:17)
1. Su afecto era como de hijo a padre.
2. Era un buen hijo, que merecía ser “amado”.
3. Era “fiel en el Señor”, siguiendo la buena senda.
4. Estaba preparado y listo para cumplir aun misiones duras.

Pablo adelanta algo de lo que Timoteo hablaría: la sans doctrina. Timoteo recordaría que lo que Pablo de-
cía era lo mismo que hacía (“mi proceder”). Es crucial que haya coherencia entre proclamación y conducta
pues si no, ésta puede anular los efectos de aquélla. Además, el apóstol podía decir que su mensaje no se
adaptaba a las circunstancias salvo en cuestiones de método (como ser, predicar en la sinagoga o en una ca-
sa). En cuanto a la esencia, todo seguía siendo básicamente lo mismo. Cuando andaba por “todas partes” o
cuando visitaba “todas las iglesias”, seguía predicando a “Cristo crucificado” y la necesidad de ser “santifica-
dos en Cristo Jesús”.

No obstante, el posible viaje de Timoteo era sólo una primera etapa, pues Pablo declara su intención de
visitarlos. Todo indica que así ocurrió, [P. 75] aunque antes envió al menos otra carta (2 Corintios)—y algu-
nos suponen que también otra, más enérgica todavía.14
La presencia del mismo apóstol inspiraba respeto, ya que la jactancia de algunos se basaba sólo en su au-
sencia (v. 18), y era de suponer que se reduciría cuando tuvieran que repetir en forma personal las acusa-
ciones que estaban haciendo como bandera para divisiones.

CRITERIOS PARA UNA ACCIÓN (4:19–20)
1. Debe ser en el momento oportuno, quizá con urgencia
(“pronto”) (19a).
2. Debe ser con la seguridad de que es la voluntad de Dios.
3. Debe tener una razón clara y precisa.
4. Debe apoyarse en el poder de Dios (20).

Había una lucha en el corazón de Pablo. ¿Debía quedarse en Efeso o distraer tiempo en Corinto? ¿Cuál
era la voluntad de Dios? ¿En qué espíritu debía viajar: “con vara o con amor”?
Su intención era conocer la raíz de los problemas. Palabras ya había recibido muchas, sea por los infor-
mes de Estéfanas o la familia de Cloé, sea por la carta que le habían mandado. Pero eran sólo eso: palabras.
¿Qué había detrás? ¿Era realmente tan grave la situación? Debemos imaginar que sí, ya que se mencionan
cosas concretas. Pero también era necesario saber si bastaba con solucionar algunos pecados específicos (co-
mo los que enfrentará en los capítulos siguientes), o con aclarar temas aislados de conducta o doctrina. Su
preocupación era descubrir si sólo se trataba de un par de perturbadores o si realmente el poder espiritual de
la iglesia estaba amenazado. (Hay razones para suponer esto último.) Pero tal vez Pablo abrigaba la esperanza
de que el fundamento de la iglesia siguiera incólume y todo tuviera solución.
Había una gradación en aquellos que estaban causando inquietud. Primero, era algo interior: su propia
vanidad. Luego pasaba a las palabras, y de allí a lo espiritual: una demostración de poder. Aquí era donde la
aflicción de Pablo llegaba al máximo, ya que ello era contrario a lo que debe ocurrir en el “reino de Dios”.15
El reino de Dios era algo interno, [P. 76] hablaba de vivir para Cristo. Consecuentemente, Pablo no iba a in-
vestigar las palabras sino que iba a examinar el corazón.
Pablo no está amenazando que irá “con vara”—o sea con un palo para pegar a los malos siervos o malos
discípulos que to merezcan—de acuerdo a las leyes y pedagogía de entonces. Al contrario, con dolor explica
a los corintios que to estaban obligando a hacer lo contrario de lo que deseaba.

14 Ver Introducción.
15 Esta expresión, tan frecuente en la Biblia, es usada por primera vez en esta carta. Posiblemente tenga un sentido algo distinto del
habitual en otras partes de la Escritura; aquí pareciera querer indicar el gobierno del Espíritu divino en la congregación (ver 1 Ts.
2:12; He. 12:28).

47

EL OBRERO EN LA IGLESIA (4:21)

1. Actúa con amor.
2. Esto le lleva a tener espíritu de mansedumbre.
3. Para ello requiere el poder de Dios.

El apóstol tenía una forma de actuar habitual y no era su deseo dejarla; por éso sigue usando un lenguaje
afectivo cuantas veces puede. Pero de ser necesario, apelaría a la vara. Algunos podrían alegar que Cristo
sacó a los mercaderes del templo con un azote. Sin embargo, olvidan que fue un breve suceso que ocurrió en
dos ocasiones a lo largo de más de tres años de mansedumbre y paciencia. En Pablo, un hombre que sabía ser
enérgico, encontramos una proporción parecida. El mismo se estaba haciendo la pregunta del v. 21: ¿Es que
me obligarán a cambiar de método y dejar de usar la mansedumbre para apelar a la energía? Se requería
gran entereza espiritual para pensar que en aquellas circunstancias el camino era la mansedumbre.
Así terming esta primera parte del cuerpo de la carta. Inicialmente el apóstol ha enfrentado la situación
de fondo, y pasará ahora a los temas específicos. Si se solucionaba el tema de las divisiones y la falta de uni-
dad, lo demás sería más fácil. Ya al final (4:20) les ha insinuado la solución: menos palabras y más poder del
Espíritu, que surge de la mansedumbre.

48

[P. 77]

PARTE III

PROBLEMAS SOCIALES DE LA IGLESIA
5:1–8:13

1. Un caso de inmoralidad (5:1–13)
2. Pleitos entre creyentes (6:1–11)
3. El cuerpo es del Señor (6:12–20)
4. Problemas relacionados con el matrimonio (7:1–40)
5. La conciencia y la carne sacrificada (8:1–13)

[P. 78] [P. 79]

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