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INTRODUCCIÓN.

Tradicionalmente la filosofía se ha concebido como una reflexión humana distinta
a la que se efectúa en el ámbito del conocimiento científico; y debido en parte al
tremendo avance de las ciencias en su búsqueda de una explicación para casi
todo lo que existe, son estas con el apoyo de la tecnología, y no la filosofía, el
referente último al que recurren las personas para hacerse una idea del mundo, la
sociedad y el ser humano.

A pesar de lo acertadas y útiles que puedan ser las explicaciones científicas sobre
lo real, no son las únicas ni tampoco las más significativas, pues también
contamos con la versión proporcionada por los artistas, los filósofos y los teólogos.
Por otro lado muy pocas vece3s en la historia cuestionamos el contenido,
orientación y fundamentación real e ideológica de las diversas disciplinas
científicas, sus presupuestos, conceptos y paradigmas centrales.

Que la ciencia se haya convertido en paradigma del saber no significa que por
medio de ella, como pretenden muchos, podamos llegar a una comprensión
unitaria y absoluta de la realidad; principalmente que, tal y como lo ha denunciado
la filosofía postmoderna, el contexto histórico en el que nos encontramos demanda
tomar conciencia de que ya no vivimos en el mundo unitario, en términos
culturales. Por lo contrario, la experiencia inmediata de la mundialización o
globalización nos lleva a experimentar un mundo de fragmentación, de
heterogeneidad y pluralismos. Y es a este tipo de realidad que la filosofía
contemporánea debe atender para lograr reubicar en una perspectiva adecuada la
búsqueda de su objeto de reflexión.