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Este documento es parte de una recopilación -hecha por SOCHITRAN- de noticias, reportajes, artículos, cartas y editoriales aparecidas(os) en algunos

medios,
recogidas(os) desde un poco antes de la implementación del TRANSANTIAG0 hasta fines de Diciembre de 2007 que están relacionadas(os) con el Plan. La
utilización de este documento para cualquier otro fin sólo puede ser autorizada por su fuente.

El Mercurio, Versión Digital 19 de diciembre de 2007


Jueves 20 de diciembre de 2007

Informes sobre el Transantiago

La ciudadanía tiene a su disposición dos informes que analizan con cuidado las
causas y los responsables del desastre del Transantiago. El primero -resultante
de la investigación de la Cámara, que aprobó ayer el informe de la mayoría
concertacionista en la comisión respectiva- es un estudio serio y global de los
orígenes del Transantiago, de los cambios que sufrió el proyecto original y de
quiénes fueron los responsables de ellos. Esos cambios disminuyeron los
beneficios esperables del proyecto, con las consecuencias de una merma del
bienestar social y un déficit que este mes supera los 45 millones de dólares. El
segundo informe, de un grupo de especialistas en ingeniería de transporte, es
más técnico y también más duro en su lenguaje.

Esos informes dejan en claro la responsabilidad política de dos presidentes y de


diversos ministros. Hubo una falla institucional básica, pues un proyecto
interministerial requería un responsable con espaldas políticas para actuar frente
a los ministros sectoriales, así como con acceso e influencia sobre el Presidente.
De otra forma -como ocurrió-, los ministros se preocuparían prioritariamente de
sus áreas respectivas: Hacienda, de las finanzas; MOP, de las concesiones
urbanas, y Vivienda, de la construcción de éstas. La ausencia de tal figura
durante el desarrollo del proyecto explica la falta de recursos que lo aquejó
permanentemente, así como su precaria relación con el Metro. Este último
poseía un presidente del directorio con ascendiente sobre el Presidente de la
República, pero el segundo de los cinco coordinadores del Transantiago declaró
en su renuncia que lo hacía debido a su "falta de atribuciones".

Este déficit de recursos hizo que se adoptaran medidas "premeditadas" (según


el informe de los ingenieros de transporte), pero, en realidad, forzadas por
decisiones económicas erróneas. Esto explica que el plan original se deteriorara
progresivamente e incurriera en más y más debilidades conceptuales. Dado que
debía autofinanciarse, se redujo el número de buses y se aumentó su tamaño, lo
que disminuyó la frecuencia de pasadas por hora y, en consecuencia, la calidad
del servicio. El plan original, que tenía por meta preservar aquella fracción de la
población que utilizaba transporte público -lo que requería mejorar su calidad-,
derivó en un proyecto en que el Metro y los buses tenían horas de punta con
congestión máxima: seis pasajeros por metro cuadrado, en régimen.
Este documento es parte de una recopilación -hecha por SOCHITRAN- de noticias, reportajes, artículos, cartas y editoriales aparecidas(os) en algunos medios,
recogidas(os) desde un poco antes de la implementación del TRANSANTIAG0 hasta fines de Diciembre de 2007 que están relacionadas(os) con el Plan. La
utilización de este documento para cualquier otro fin sólo puede ser autorizada por su fuente.

Ambos informes consideran corresponsables del desastre a la empresa de


consultoría externa y a sus consultores principales en transporte. Recibieron
varios millones de dólares en contratos para desarrollar el modelo, y trabajaron
desde el comienzo en conjunto con los técnicos en el Ministerio de Transportes.
Por su prestigio profesional, tenían gran influencia en éste, ya que muchos de
sus especialistas habían sido sus alumnos. Sin embargo, nunca hicieron
públicas sus opiniones sobre los resultados que arrojaban sus estimaciones, que
cada vez preveían peores resultados. En su descargo, señalan que advirtieron al
Gobierno de los malos pronósticos de sus modelos, pero esto no justifica que,
olvidando su responsabilidad para con la sociedad, mantuvieran silencio público
acerca de los problemas de diseño del Transantiago que detectaron.

El informe no omite la responsabilidad del ministro de Transportes que aprobó la


puesta en marcha del proyecto: tuvo un año para estudiar sus deficiencias y
podría haberlo retrasado -a un elevado costo para el erario y su carrera política-,
pero no aquilató la magnitud de las consecuencias para la población. Con todo,
ambos informes tienen el mérito de contribuir a aclarar la situación y aportar
algunas propuestas de solución que, tal vez, alivien el padecimiento de los
usuarios en el futuro.

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