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Vía Crucis de un proyecto en probeta

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05/19/2011

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VÍA CRUCIS DE UN PROYECTO EN PROBETA

Ana Eliette Mora Castro
Si el investigador británico Robert Edwards, pionero en tratamientos de fertilidad , viviera en Costa Rica, es casi seguro que no hubiera ganado el Premio Nobel de Medicina el año pasado y probablemente el planeta Tierra tendría 5 millones menos de habitantes. Edwards dedicó muchos años a la investigación sobre la fertilidad antes de idear la técnica de fecundación in vitro y , posteriormente, todas las técnicas de fertilización humana que le siguieron. Ese galardón le fue otorgado en reconocimiento de su trabajo de años en pro de dar tratamiento a una condición médica que afecta al 10% de las parejas en todo el mundo, labor que ha resultado en aproximadamente 5 millones de personas nacidas por el método de fertilización in vitro desde el 25 de julio de 1978, fecha en la que -en medio de una gran expectativa- llega al mundo Louise Brown conocida mundialmente como la primera niña probeta. Él y su colega Patrick Steptoe (fallecido en 1988) tuvieron que enfrentarse a la tremenda oposición de la Iglesia, el Gobierno Británico y los medios de comunicación, así como al escepticismo de otros científicos de la época. Con el transcurrir del tiempo, todas estas resistencias sociales fueron vencidas casi en todo lado, aunque como muy bien lo sabemos los ticos, nuestro país se quedó varado en la polémica de hace 33 años y a estas alturas del siglo XXI el tratamiento médico que le ha posibilitado a miles de parejas en el resto del mundo el formar una familia, sigue prohibido por una serie de argumentos sociales y religiosos que han sido respaldados por la Sala Constitucional y la Sala Primera y alcahueteados por el desinterés del Poder Legislativo, que hace caso omiso a una orden de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Sólo Libia y su particular gobierno, nos hace compañía en esa prohibición Primera Estación: Un decreto prometedor es condenado a muerte por la Sala Cuarta. El escenario de la larga agonía que han tenido que soportar cientos de parejas costarricenses deseosas de ser padres, se monta en 1995, cuando el Poder Ejecutivo mediante decreto 24029 regula la realización de la reproducción asistida in vitro y en ese mismo año, un abogado soltero y con accionar religioso rayando en la intransigencia, presenta una acción de inconstitucionalidad ante la Sala IV, señalando que “no sólo la práctica generalizada de esta técnica violenta la vida humana, sino que por las características privadas y aisladas en que se desarrolla, sería de difícil implementación y control para el Estado, que no podría garantizar que se cumpla el procedimiento mencionado”; además, alegó que pretendía defender un bien común y que el decreto contrariaba el derecho a la vida establecido en nuestra Constitución. Con una serie de considerandos legales y morales y a pesar de aceptar que los avances científicos y tecnológicos en el campo de la medicina en general tienden al mejoramiento de las condiciones de vida del ser humano, el 15 de marzo del 2000 la Sala Constitucional

anula el Decreto y frena así cualquier posibilidad de llevar a cabo el procedimiento en Costa Rica, frustrando los planes y sueños de quienes veían en la fecundación in vitro como su único medio para tener hijos. No deja de ser importante señalar que, en los cinco años que transcurrieron entre la interposición de la inconstitucionalidad y el voto anulador, nacieron en nuestro país 15 niños producto de la inseminación artificial. Segunda Estación: Afectados elevan el caso a instancias internacionales. Dada la interpretación de los magistrados de la Sala Constitucional que creen ser dueños de la verdad absoluta y descartan tajantemente la posibilidad de que pueda haber una realidad distinta a la que ellos ven cobijándose en el hecho de que sus decisiones son inapelables en el ámbito judicial costarricense, varias parejas deciden no cejar en su empeño y presentan sus casos ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En enero de 2001 diez parejas demandan al Estado Costarricense y entre los años 2004 y 2007, cinco parejas más presentan peticiones contra lo que la misma Corte denomina en su Informe 156/10 de noviembre pasado “la alegada violación a los derechos humanos que se originó con la sentencia 2000-02306 de 15 de marzo de 2000, dictada por la Sala Constitucional de Costa Rica, que prohibió la práctica de la fecundación in vitro, al declarar la inconstitucionalidad del Decreto Presidencial 24029-S, del 3 de febrero de 1995”. Tercera Estación: Fallo de la Sala Cuarta cae por primera vez; otra interpretación judicial hace renacer la esperanza. El asunto se mueve literalmente a paso de procesión, hasta que en el año 2008 una de las afectadas interpone un juicio contencioso administrativo contra la Caja Costarricense de Seguro Social por negarse a practicarle la fertilización in vitro. El 14 de octubre, mediante sentencia 835—2008, la sección VI del Tribunal Contencioso Administrativo falla a favor de la demandante, aduciendo que “El sustento de tal conducta, lo fue, a entender del señor Auditor Interno y de la Junta Directiva de dicha entidad, los términos del fallo No. 2000-2306 de 15 de marzo del 2000. Sin embargo, tal afirmación carece de sustento. En primer término porque la decisión referida no declaró per se inconstitucional la técnica de fertilización in Vitro en tanto los vicios detectados en el año 2000 al analizar el tema, sean descartados. En segundo lugar... del año 2000 a la fecha, la ciencia y la técnica han tenido un gran avance en este campo, al punto de ser viable la práctica in Vitro con la fecundación de un solo óvulo, en un mismo ciclo reproductivo, sin necesidad de congelamiento, experimentación, destrucción o desecho de embriones. Bajo esas circunstancias, mal hizo la entidad citada, al rechazar la gestión de la actora, incurriendo en un grave yerro al denegarle un tratamiento médico sin antes siquiera valorar las condiciones particulares de la petente.” Pareciera que finalmente se empieza a imponer la cordura, se le ordena a la Caja realizar los exámenes correspondientes y –lo más importante- llevar a cabo el procedimiento de fertilización respetando los lineamientos impuestos por la Sala Constitucional y en caso de

no tener los recursos (alegato sempiterno de las instituciones gubernamentales), conseguirlos para que así brinden a las aseguradas el tratamiento médico que hasta el momento no incluye en los servicios de salud. Mientras tanto, los sectores religiosos católicos y evangélicos, le declaran la “Guerra Santa” a las intenciones de estas parejas de consagrar uno de los derechos humanos fundamentales y que, dicho sea de paso, es muy publicitado por dichos sectores: tener una familia. Curiosamente, para los representantes religiosos, la importancia de la familia como base de nuestra sociedad, se mide de acuerdo con el método en que sus miembros son creados, y tal parece que el monopolio creativo lo ostenta la fornicación. Cuarta Estación: La Caja condenada por el Contencioso, encuentra a la Sala Primera quien de nuevo detiene el sueño. Si una característica distingue a la Caja Costarricense de Seguro Social es su impresionante capacidad de reacción ante cualquier “amenaza” de tener que invertir recursos extra en sus asegurados. Por lo tanto, no es de extrañar que presentara un recurso de casación contra lo dispuesto por el Tribunal Contencioso Administrativo. Nueva decepción para los interesados pues se vuelve a parar la posibilidad de ver legalizado el procedimiento. La demandante habla a los medios y expresa su desencanto por el hecho de que, por razón de su edad, no podrá utilizar el tratamiento aún si la CCSS se lo brindara. Y sorprendentemente, la Sala Primera avala la apelación del ente gubernamental y con un sustento bastante particular como lo es lo manifestado por la demandante, en mayo de 2009 dicta la sentencia 465-F-S1-2009, en cuyo “Por tanto” indica que “Se omite pronunciamiento sobre los agravios de los recursos formulados. De oficio, se declara una falta de interés actual. Se anula la sentencia del Tribunal y, en su lugar, se declara sin lugar la demanda...”. Es curioso cómo en un único sistema judicial puede haber al menos dos interpretaciones para una misma situación: lo que para la Sala Constitucional era de bien común en el año 2000, nueve años después para la Sala Primera es un asunto meramente personal y, por ende, no interesa llevarlo más allá. Quinta Estación: La Comisión Interamericana de Derechos Humanos y su intento de poner orden. Aunque los Tribunales de Costa Rica tengan visiones distintas del asunto, lo cierto es que la Corte Interamericana de Derechos Humanos tiene muy clara la situación. Es por esto, que en agosto del 2010 en su informe Nº 85/10 declara que la Sala Constitucional violó derechos fundamentales, entre ellos el que ejercen las personas de formar una familia. Asimismo, le dio dos meses de tiempo al Estado costarricense para informarle sobre las medidas que adoptaría para “solucionar la situación denunciada”.

Por supuesto que eso puso a correr al gobierno. La Presidenta Chinchilla declaró en su momento que el informe de la Corte prevalecía sobre las decisiones de nuestros tribunales y que habría que crear la legislación correspondiente, pues de lo contrario el país se expondría a ir a juicio. Para esto, a finales de 2010 fue enviado al Congreso un proyecto de ley que abría la puerta a la fecundación in vitro, pero ninguna bancada legislativa lo apoyó e incluso grupos sociales y la misma Defensoría de los Habitantes se opusieron a él; se adujo por parte de sus detractores, que el proyecto era violatorio a los derechos de las mujeres. Como pasa la mayoría de las veces a todo mortal nacido en nuestra querida Tiquicia, a los diputados les llegó la fecha límite sin ley aprobada y ¿cuál fue la fácil solución diputadil? pedirle más tiempo a la Corte para presentar la legislación exigida. Y tuvieron suerte, pues la instancia les otorgó un alargamiento del plazo, el cual vencerá el próximo 31 de mayo. Sexta Estación: ¿En manos de quienes está el futuro del tratamiento de fecundación asistida? Bastante complicado se presenta el panorama, tanto para que el país se zafe de enfrentar un juicio por violación a los derechos humanos, como para que en Costa Rica tengamos a corto plazo una normativa que regule la fertilización in vitro. Aunque 18 diputados presentaron recientemente un nuevo proyecto de ley que según ellos cumple con todo lo recomendado por la CIDH, tal parece que en el Congreso la posibilidad de que dicha legislación se apruebe antes de que se venza el plazo es casi nula. Tan es así, que ya ha habido manifestaciones de algunos legisladores en el sentido de solicitar ante la Corte otro aplazamiento. Pero con todo y esto, el fantasma del enjuiciamiento ya ronda en las cabezas de muchos de nuestros “padres de la patria” y jerarcas de gobierno. Mientras tanto, las parejas que vienen luchando desde hace ya diez años por validar su derecho a procrear con un método fecundación asistida, no se han quedado cruzadas de brazos y más bien, ante el letargo de quienes están obligados a responder a las necesidades no sólo de ellas sino de cientos más, solicitaron a la Corte Interamericana una serie de medidas cautelares entre las que destaca la suspensión provisional de la prohibición hasta que la Asamblea Legislativa apruebe y el Gobierno promulgue la nueva legislación sobre este procedimiento médico, medida muy sana si pensamos que al paso en que se aprueban los proyectos en nuestro plenario, es probable que las señoras inmiscuidas en el proceso tengan que protagonizar la versión moderna de la historia de Santa Isabel y tener su hijo ya entrada la vejez. Sétima y Última Estación: Donde de nuevo aparece la “Guerra Santa” encabezada por el más alto jerarca católico. Es interesante ver, que en momentos en que los escándalos de pedofilia y acoso sexual sacuden a la iglesia católica y los cuestionamientos sobre el origen y destino de sus fondos económicos caen sobre las iglesias evangélicas, ambas olvidan sus “diferencias

irreconciliables” para unirse en un objetivo común cual es negar la felicidad de ser padres a parejas costarricenses. Y como en nuestro cuestionado Poder Legislativo, ambas religiones tienen su representación, ahí es donde más se notan las nada sutiles armas utilizadas en esa lucha: pérdida de tiempo, excusas, atrasos, argumentos sin fondo, con mínimas variaciones que se presentan cada cuatro años cuando los nuevos elegidos del pueblo reciben la dudosa herencia de cargar con un proyecto cuyo nacimiento se gestó hace 33 años –edad en que murió Jesucristo- y que ha sido llevado en una procesión la cual pareciera que nadie desea ser responsable de finalizar, lavándose las manos cual Pilatos modernos. Pero lo que a mi concepto es más impactante es que el propio Papa Benedicto XVI, valiéndose de la devoción católica de nuestra presidenta, le pidió en diciembre pasado que no se legalice una técnica médica como lo es la fertilización in vitro alegando el irrespeto a la vida. ¿Qué nos pasará a los católicos que apoyamos este método? ¿Estaremos en pecado mortal? Permítanme dudarlo; quienes estamos a favor del bien del prójimo, difícilmente estaríamos pecando, al menos en ese aspecto. Lo que sí debemos tener bien en claro es esto: hace más de 40 años, “Un Mundo Feliz” de Aldoux Huxley escandalizó al planeta introduciéndolo en la fascinante sociedad de ficción donde los humanos eran fabricados en laboratorios. Como una pesadilla para fanáticos moralistas y religiosos, Robert Edwards hizo realidad la fantasía, logrando procrear una bebé probeta a finales de los años setenta. De ahí en adelante, la humanidad se vió beneficiada con la posibilidad de acceder a un tratamiento médico que solventara la imposibilidad de concepción y, por ende, hacer de la paternidad algo real; cinco millones de personas son la prueba más fehaciente. Pero esta posibilidad tiene once años congelada en Costa Rica. Como si el tiempo se hubiera detenido, se siguen esgrimiendo argumentos obsoletos con los cuales se pretende obstruir el avance de técnicas que auxilien médicamente a personas que realmente lo desean, no por capricho sino por necesidad. Tal parece que esa oposición puede llegar al extremo de enfrentar al país con un juicio internacional por violentar esos principios humanos fundamentales que se precia de respetar. Ambos aspectos, la legalización de el tratamiento in vitro y la reputación del país, tienen dos enemigos muy bien establecidos: el tiempo y la presión de los grupos religiosos. Una vez más, cuestiones trascendentales están en manos de nuestros políticos quienes a veces – sino es que siempre- hacen caso omiso del bienestar del pueblo al que representan olvidándose de que para crecer una nación debe avanzar y no ceder a la presión de grupos minoritarios para no estancarse. Costa Rica es reconocida a nivel latinoamericano por muchos de sus logros médicos, por lo que la aprobación de normativa que ponga en orden el método de la fecundación asistida debería ser prioridad.

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