Cuentos del Tolitna

Antología crítica
GANADORES DE CONCURSOS
NACIONALES E INTERNACIONALES
Antologistas
JORGE LADINO GAITAN BAYONA
LEONARDO MONROY ZULUAGA
LlBARDO VARCAS CELEMÍN
.
Universidad del Tolima
2011
1I:[ (j IONAL[S
© Sello Editorial Alma Mal er, 2011
Derechos reservados para es ta edici ón por la Red Alma M<l ter
Primera edici ón en Sello Edih)rü'¡ Alma Mater, febrero de 20n
Bogotá, D. c., Colombi.l
ISBN: 978-958-8545-34-9
Red Alma l\.Ialcr
Luis Enrique Arango Jiménez
Pres idente
Germán Toro Zuluaga
Dir ector Ejecuti vo
[ditor: Sello Editori a l Alma Mater
Gl oria Inés Acevedo ,\rias
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Modernidad, de Arte. Mosc", Z009.
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producción editorial: Tall er de Edición Rocea S. A.
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Contenido
Presentación 11
Introducción 13
Memo
Uva Jammillo Gaitán
29
Entre el melodrama y la denuncia:
"Memo", de Uva }aramillo
Leonardo Monroy Zuluaga
33
Los celos del río
Luz Slella
45
"Los celos del río": tensiones entre
el realismo y el modernis.mo
Libardo Vargas Cel emín
77
Es mejor que te vayas
Eutiquio Leal
89
"Bs mejor que te vayas", de Eutiquio Leal
Leonardo Momoy Zuluaga
107
Cuentos del Tolima
Referencias
CAMUS, Albert. (1985). EL mito de Sísifo. Barcelona:
Alianza editorial.
GARdA MÁRQUEZ, Gabriel. (1983). Todos los cuentos.
Bogotá: Seix Barral Oveja Negra.
NABOKOV, V. (1983). Curso de literatu1'a europea. Barce':'
lona: Bruguera.
RAE. (2001). Diccionario de la lengua española. Madrid:
Espasa.
SEJ>ÚLVEDA GRIMALDO, Jesús ¡ Alberto. (1990). Si la
muerte me la dieras tú. !bagué: Fijao.
ZAPATA, Ángel. (2003). Practica del relato. M"drid: Edi­
ciones Talleres de Escritura Creativa Fl,lentetaja.
214 ¡
Álbum
1
Jaime Alejandro Rodríguez
(1958- )
Con tal de escribír soy
Capaz de sacrificar el universo.
Diario
P¡\UL LÉAUTAUD
Informe a los miembros
de la revista
Quise dirigir un· anónimo, uno de esos pliegos
que nos 1legan con fanta frecuencia a la redac­
ción, pero no estoy tan loco y, además, esa no es
mi manera de llamar la atención. Después pensé
que sería más eficaz escribir una historia en for­
ma de cuento y entregarla al Consejo como un
recomendado para su publicación en la revista.
Analicé muchas otras posibilidades, incluidas la
confesión pública y la reunión secreta con cada
uno de los implicados, pero ]legué a ]a siguiente
determjnación: resulta más conveniente escribir
Ganador del Concurso Distri tal de Cuento José María Verga­
ra y Vergara, Bogotá, 1994.
1215
Cuentos del Toli.tTlil
un informe claro y preciso, jugar limpio y hacer
que todos, sÍ, todos, hacer que tú, Alberto, te de­
tengas un segundo, dejes de calificar cuartillas y
de buscar artículos trascendentes para que escu­
ches, como he tenido que hacerlo yo; obligarte a
ti, Ángela, a emerger de tu mtmdo cuadricuJado,
de las páginas venenosas de tus libros, de tus lec­
turas interminables y fastidiosas para que obser­
ves con atención lo que ahora tengo que decirte;
hacer que tú, Fernando, abandones tu inquina, y
tú, Enrique, y tú, y tú y todos, sí, todos conozcan
el destino final de Ricardo Soler. SÍ/ leyeron bien:
Ricardo Soler ... el peqtieí10 Ricardo, el oscuro y
siempre despreciado Ricardo. No lo recuerdan,
¿verdad? Nuestro compañero de hace ~ n o s años,
el colaborador-nunca-tenido-en-cuenta, el pobre
Ricardo, ese Ricardo, Ricardo Soler. Pero no los
culpo: como la mía, su memoria ha sido estrecha.
Debo aclarar que no transcribo todo. El Dia­
rio persona1/ como la carta, aunque se le desig­
ne un destinatario, ante todo pertenece al que lo
escribe, no a quien v.a dirigido. También quiero
anotar (antes . de entrar en materia) que guardo
junto a mí el é1lbum de fotografías de Ricardo So­
ler; quien desee consultarlo puede hacerlo en mi
casa·; por ahora lo necesito cerca para mantener
viva la memoria del élJnigo, porque pese a todo (a
la tardía lectura del Diario, el hallazgo de terribles
revelaciones y a mi ú.ltima visita, los tres hechos
216 1
Á lbum
centrales de este informe), ella se ernpeña en des­
echarlo de su potestad.
Ahora será mejor empezar por el principio:
Aún no puedo explicarme por qué Ricardo
Soler -el tierno Ricardo, así lo recuerdo-, ese
compañero de tantos años, pequeño y desdeña­
ble a pesar de su fidelidad, me escogió para sus
designios. Digo que aún no lo sé porque, si bien
es cierto -a juzgar por los documentos- que
sentía un especial aprecio hacia mí, yo siempre
pensé que esa actitud era más bien una suerte de
resignada impotencia que lo llevaba a comportar­
se con todo el mundo igual. Quizás existía una
compleja correspondencia de espíritus -inapre­
ciable para mÍ- o tal vez no fue más que un ca­
pricho; no lo sé; ustedes podrán estimarlo mejór.
El hecho es que hace un tiempo Ricardo hizo lle­
gar a mi apartamento un paquete con objetos per­
sonales, incluidos un álbum de fotografías y un
Diario suyo que prometí leer. En realidad, la nota
con que respondí entonces a sus requerimientos
fue escrita sin la emoción, sin la atención, que
. .
sólo ahora ha logrado sobrecogerme. Lo recono,­
co: ni siquiera la noticia de su muerte, pocas se­
manas después de la entrega, cargó de prioridad
aquella urgencia comprensible. Al contrario, el
hecho postergó las escasas intenciones que pude
alojar al comienzo. Ha sido necesaria la extraor­
dinaria intervención del azar para que atendiera
1217
\
Cuentos del Toliula
sus pedid.os. Creo que, de no ser por esa circuns­
tancia, el paquete ni siquiera habría sido abierto;
lo más probable es - como estuvo a punto de su­
ceder- que hubiera ido a parar al basurero mu­
nicipal como tantos otros chécheres del trasteo.
Como en el poema de Paz, Ricardo "Ya y vie­
ne sin ruido por mis pensamientos". Ahora mis­
'.
lllO, al intentar describirlo, las palabras resbalan,
caen sin peso. Es como si mi mente se velara con
borrosas e incoherentes imágenes de su recuer­
do. De su voz, por ejemplo; tan sólo retengo mur­
mullos y sonidos aislados que hacen imposible
la fiel recomposición de su registro. En cuanto aJ
olor; hay uno .que sí permanece en mi memoria:
el de sus chaquetas de cuero (¿has Án­
gela, cuánto te fastidiaba el sonido producido por
sus roces!). ¿Cómo era Ricardo Soler? ¿Cómo, por
otro leido, juzgar su ser, su persona? Resuenan es­
tas tres palabras y me apresuro a anotarlas: "me­
lancólico", "triste", "solitario'l; ecos que provienen
de una perspectiva estrecha e injusta: de quien
siempre ha subvalorado a una persona. He inten­
tado pensar en Ricardo con estas otras: iFsegluo",
I'alegre", "sociable"; pero siento que escapa por
completo ("En verdad no somos I1lás que dimen­
siones angostas / pálidos reflejos de nuestto serO).
Inclusive las fotografías del álbum parecen
complicadas en el asunto. En la mayoría de ellas,
Ricardo exhibe su cara sin decisión. Hay siempre
218 1
Ál bum
una mirada baja y generalmente una de sus ma­
nos oculta la barbilla. El bigote y los lentes grue­
sos le dan aspecto de máscara a su rostro. Su
cuello corto y sus hombros siempre encogidos re­
alzan esa extraña ambigüedad. Así que nada me­
nos eficaz en el ánimo de documer1tar el informe.
Me parece más importante la descripción del
álbum fotográfico. Se trata de tUl libro sorpren­
dente. Está dividido en dos partes. La primera,
la más extensa, está compuesta por una sucesión
más o menos convencional de fotografías familia­
res. Yiejos daguerrotipos de comienzos de siglo,
ajados y amarillentos, intentan desde el principio
certificar un origen honorable: apuestos miUtaresl
bigotudos y cetrinos; elegantesl apretuja­
das sobre fondos artificiosos; postales magníficas
que delatan secretas intenciones de autor; todo un
testimonio de alcurnias enmohecidas. Adelante
se advierten los primeros indicios de la época que
concierne más directamente a Ricardo. El núcleo
familiar se cierra, se depura. Algunos rasgos co­
munes, y sobre todo su presencia constante, reve­
lan una lenta evolución: Ricardo en brazos de una
hermosa madre
l
Ricardo colegial con sus herma­
nos, Ricardo adolescente y solitario, Ricardo mili­
tar alIado de su padre, Ricardo universitario con
algunos compai"ieros. Luego, la asombrosa foto
de su matri.monío (un hecho completamente des­
conocido para todos). Su rostro adquiere entonces
! 219
Cuent os del T'olima
facciones definitivas. Varios retratos de personas
allegadas ocupan abundante espacio: páginas
que dan la impresión de una corta pero annonio­
sa, casi perfecta felicidad. En seguida hay un par
de hojas vacías, con scí1ales de maltrato y restos
de pegante y de papel. Es el final de la primera
parte.
En la segunda (extensión quince páginas),
sólo se encuentran fotografías suyas, es decir,
fotografías donde Ricardo aparece con perso­
nas que nada tienen que ver con su etapa fami­
liar; amigos comunes a nuestro círculo, como si
quisiera probar algún corte radical en su vida.
Fotografías en blanco y negro pese a u11a tom,a re­
reciente. Hay una en la que estamos
los dos, sentados en la banca de un parque ficti­
cio; efecto de estudio que no recuerdo. Es un re­
trato grande, que ocupa toda la página. También
se encuentra la foto que me envió desde París
(debo tener la copia en alguna parte) con esa sor­
prendente y exagerada nota de afecto: "Para Pepe,
amigo que aunque en el crepúsculo, ha querido
aliviar mi vida".
Qui zás todo esto no interese demasiado,
pero creo que les ayudará a refrescar la memo­
ria. Ahora ya debe estar formada cierta in"lag en
de Ricardo. Pues bien, eso me sirve para entrar,
sin má.s rodeo, al objeto central del irtfonne, a mi
aporte p ersonal al caso: relacionar las mIsteriosas
220 I
AlbuIll
fotografías del final del álbum con las notas del
Diario que corresponden. De esta manera ustedes
podrán juzgar con claridad la sustancia de mi ho­
rror; especialmente ahora que, tras la visita, un
elemento insospechado ha complicado la trans­
parencia de mis primeras justificaciones.
Por la mala calidad de su composición, por
el hecho de que Ricardo siempre qparece solo,
porque otros retratos muestran ámbitos inhabili­
tados y por más detalles de carácter técn,ico, pue­
de inferirse que esta extraña serie de fotografías
ha sido trabajada con el dispositivo automá.tico
del obturador; lo cual, a su vez, implica la sole­
dad, sentimiento evidente en estas, sus primeras
notas del 25 de juni?:
PorJi/! he salido y me he dado
cuenta de que la soledad
es más fría y más dura en las calles. He decidido
refugiarme definitivamen.te en mi apartamento.
Las fotografúls señqladas con misma fe­
cha, muestran la sala de trabajo y las calles ado­
quinadas del barrio donde vive, tan vacías y
grises que_causan verdadero espanto (en una de
las fotos, la nota inscrita resulta extremadamen­
te irónica si se tiene en cuenta que está destinada
precisamente a destacar linos de sus orgullos: los
estantes repletos de su biblioteca. El letrero dice:
1221
Cuentos del Tolima
Quel magnifique tapisseríe.
Las fotos del 30 de junio, en cambio, lo
muestran sonriente, en diferentes posturas junto
al escritorio. En el1as, sin embargo, apenas que­
da huella de juventud o de belleza en su rostro, y
la mirada de sus ojos luce distorsionada. El Dia­
rio reza:
Atarearse siempre, siempre trabajar, hacer del ·
trabajo una droga, una compulsión. El pensa­
miento es un narcótico, el yo es un proyecto,
la manera más digné) de adquirir libros es es­
cribirlos ... por lo tanto, yo he comenzado uno.
Un mes después, bajo el título "Finales de ju­
lio", anota en el Diario:
El trabajo de la memoria, ese leerse a uno mis­
mo, provoca el derrumbe del tiempo. Pero es
precisamente en el culmen del desastre, tras
Ja conciencia de la muerte, que surge la mejor
lectura del mundo. Leer el mundo (como leer
un libro) es ir suprimiéndolo.
Leerse a uno mismo, leer al II\undo: destruir
el mundo, destruirse él uno mismo.
Las fotos de "Finales de juLio" lo captan
con una mirada opaca y con la figura fatalmente
222 1
ÁJbum
desaliñada. El bigote está más espeso y descui­
dado. El pelo ha retrocedido y se notan las pri­
meras manchas blancas sobre sus sienes. Aunque
de pie, frente a la ventana, algunas muestran su
cuerpo ya doblado: ¡está hecho un anciano!
Dos meses de silencio para recomenzar el S
de octubre:
La soledad me sorbe y la tristeza me golpea
con su aire más helado. Presiento que hay un
vórtice en alguna esquina del cuarto; un rt;­
moljno que chupa y me atrapa. Embates de
desidia han impedido que prospere con el
ritmo esperado en mí creación. Ha sido ne­
cesaria una y radical actitud: sólo la
inmersión total podrá salvarme. Hago lo que
humanamente puedo.
La única fotografía deIS de octubre contras­
ta, por su talnaño, con la dimensión de la hoja
donde habita solitaria. Es el acercamiento de un
pequeño adorno de su (una- más de las
innumerables miniaturas que pueblan la mesa)
y que Ricardo ha querido destacar también -así
)0 creo-_con la ironía: un diminuto burrito de
madera que lleva colgado al cuello la siguiente
inscripción: "Yo también tengo que entenderlo".
Si no estoy mal fue el obsequio que alguna vez·
el grupo de la redacción de la revista hizo a sus
í 223

Cuentos del Tolima
colaboradores a manera de broma. Tú, Enrique,
podrás confirmarlo.
Varias fotografías, marcadas con diferentes
fechas de octubre y de noviembre, quieren ilus­
trar -seguramente- una de las notas finales del
Diario. En todas ellas aparece un Ricardo ancia­
no y remoto, apenas reconocible, sentado en el es­
critorio -probablemente redactando las notas de
su Jibro- o consultando los volúmenes de su bi­
bHoteca. El desorden de la sala es aterrador, la su­
ciedad ha invadido cada uno de los rjncones y el
deterioro es inminente.
En el Diario de finales de novipIT,lbre, escribe:
Anclado en el pasado, ansío las premonicio­
nes del futuro. Por mOlnentos las he percibido,
como luces o como sorudos; en como
aromas que transmutan en imágenes. Temo, sjn
embargo, ser detenido prematuramente. Quie­
ro conclwr algo. En estos últimos meses he ex­
plorado des'conocidos, he adqu.irido
conciencias diferentes, he descubierto secretos
ininteligibles por otra vía. Pero nada converge.
Flol'o en un mar inmenso sin alcanzar la orilla.
No sé si sigo el rumbo correcto. Ni sé
si hay un rumbo correcto. Siento la asfixia del
ahogado y el dolor de las mutiJaciones. A veces
me agobia el cansancio. Vivo bajo el signo de la
muerte. Pedir más es exigir la divinidad. Creo
224 1
Album
que mi tarea ha sido vana. Creo también que
este esfuerzo sobrehumano de nada vaJe si no
encarna en la palabra. Necesito ser escuchado.
Necesito el amor de mjs semejantes.
Las últimas fotos sólo muestran la desola­
ción de la sala: el escritorio se confunde en medio
de tanto cachivache arrumado. No hay nada en
su sitio. Una inconcebible acumulación de basu­
ra anega la habitación. La Tapicería magnífica ha
sido arrancada. En una foto d_ramática se ven los
tomos completamente despedazados: la destruc­
ción es total. No hay más autorretratos.
En la última página del Diario se consigna
el origi.nal de la carta que Ricardo Soler hizo lle­
gar a mi apartamento con otros objetos persona­
les, incluidos un ált:-.um de fotograJías y un Diario
suyo que prometÍ. leer.
Hay en los diarios una especie de verdad
material siempre fresca, intacta, inmune al paso
del tiempo. Es 1<:> que puede leerse en el Diario de
Ricardo: su verdad, la, verdad de su conflicto, la
evolución y su penoso desenlace. Quizás puedan
leerse así mis propias anotaciones. Tal vez tú,
Ángela, encuentres entre líneas algo que valga la
pena, ¿no crees?
Estoy seguro que cualquiera de ustedes ha­
bría menospreciado la solicitud de Ricardo, ha­
bría pensado en su postura. Porque así lo hice yo:
1225
Cuentos del Tolima
creí que Ricardo sólo posaba con aquel cuento de
su Diario: Cuántas veces discutimos la posibili­
dad de publicar "Diarios literarios" por conside­
rarlos el lado humano del escritor.
Cuántas veces exageramos su validez. Y Ri­
cardo allí, el siempre callado Ricardo, el inca­
paz-de-tomar-la-palabra, el ausente, el invisible.
¿Cómo imaginar la posibilidad' de un Diario real?
¿Tú lo habrías hecho, Ángela? ¿Le habrías dado la
importancia a una carta de Ricardo· Soler? O tú,
Alberto, ¿ q u ~ habrías resuelto en mi lugar? Pero, si
era inimaginable la escritura de un Diario, ¿cómo
dar crédito él la creación de 1Ul libro? Porque al fi­
nal, Ricardo terminó, creándolo· o no, s ~ libro.
Mi reciente traslado de apartamento hizo
que tropezara con su paquete aún intacto; el azar
quiso que leyera su carta de nuevo y el destino
me condujo hasta su casa. :
,.. * *
Se cierra la noche. Marlana, este legajo estará en
la oficina de la redacción. Yo mismo 10 llevaré; irá
conmigo el Diario y el libro. Por ahora el álbum de
fotografías lo necesito cerca para mantener viva
la memoria del amigo, porque, pese a todo, ella
se empeií.a en desecharlo de su potestad. Afue­
ra, los últimos transeúntes intentan apresurar sus
pasos. Quizás Ricardo duerme.
2261
Á1bWll
Al salir de la casa para visitarlo, al subir las
oscuras escaleras que conducen a su departamen­
to, aun al momento de tocar la puerta, presen­
tí sin extrañeza ese "Te esperaba" con que alguien
me invitó a seguir. No me sorprendió; como tmn­
poco el hecho de reconocer, en los ojos del ado­
lescente que abrió la puerta, la joven Inirada de
Ricardo. La entrevista fue corta, casi diría muda.
Al final, recibí de aquellas manos, vigorosas la
obra del amigo: su LlDRO EN BLANCO.
Nota final a la redacción,:
Debo agradecer a Alberto Carrasco la insinua­
ción del título. Según él -siempre tan atento a
esas curiosidades- resulta muy sugerente, dado
que la etimología de la palabra álbum (dellat. al­
bum, blanco) abre y cierra así el relato. También a
él se debe el epígrafe de Léautaud; escritor fran­
cés luenos conocido por sus obras literarias que
poi:" su Diario, donde consigna valiosas luces acer­
ca del proceso de la creación.
Finalmente quiero agradecer a Ángela Ca­
dena su empeño en recomendar este cuento para
su publicación en el próximo número de nuestra
revista: vencidas ya las resistencias de Fernando
GonzáJez.
>1- * *
1227
Cuentos del Tolima
Las páginas de un "Álbum" experimental.
Jaime Alejandro Rodríguez,
1bagué (1958- )
Ingeniero quimico que desertó hacia la Jiteratu­
. ra y se ha convertido en un experto en critica lite­
raria y creación digital. Adelantó su maestría en
la Universidad }averiana y el doctorado en Filo­
logi.a lo obtuvo de la Universidad a Distancia en
Madrid, España. Dirige Narratopeclía¡ lU1a página
virtual de la Universidad Javeriana y ha obtenido
varios premios en 'este campo. Fue ganador del
Primer Premjo de Literatura UCM y en
España en el año 2007, con su novela q;olpe de gra­
cia, lo mismo que una beca de creaóón del Mi­
nisterio de Cultura con su novela hipermedial
Ga17riela infinita.
Ha incursionado también en el género del
cuento donde ha obtenido varios premios. "Ál­
bum" corresponde a un conjunto de cuentos pre­
sentados al Concurso Distrital de Cuento José
María Vergara y en Bogotá en 1994, don­
de resultó ganador de dicho certalnen; fue publi­
cado en el mismo año y posteriormente recogido
en ellíbro Ficción y olvido (2007).
Actualmente es profesor de la Universidad
Javeriana, y alterna su trabajo creativo con el de­
sarrollo teórico de propuestas que buscan esclare­
cer caminos en torno a las nuevas manifestaciones
228 1
Álbum
de la literatura. Algunos de sus textos son los si­
guientes: "El relato digital. Hacia un nuevo arte
narrativo" (2006). "Trece Illotivos para hablar de
cibercultura" (2004). "Para el disfrute y estudio
de las narraciones". "Narratología" (2004). "Pos­
modernidad, literatura y otras yerbas" (2000) .
. "Hipertexto y literatura. Una batalla por el signo
en tiempos posmodernos", CEJA¡ (2000). "Autocon­
ciencia y Posmodernidad". "Metaficción en la no­
vela colombiana" (1995).
"Álbum" resulta ser una muestra de la na­
rrativa experimental de finales del siglo xx. Su
propuesta se inscribe en el concepto de metafic­
ción, de Waugh¡ citado por Patricia Cifre Wibrow
(2005) .como un término que se refiere "... a un
tipo de escritura ficcional que sistemáticam.ente
llama la atención sob.re su propio estatus en tanto
que artefacto a ffn de plantear cuestiones acer,ca
de la relación entre ficción y realidad". Lo ante­
rior presupone un lector competente que parti­
cipe en la del artefacto e incorpore
los contenidos tácitos o que subyacen en el texto.
Lauro Zavala va más allá en su apreciación de la
escritura metaficcional y afirma que lo que 'está.
en juego en ella " .... son las posibilidades y los li­
mites de las estrategias de representación de la
realidad por medio de la convención del lengua­
je cotidiano y los géneros literarios" (1997). En el
caso del cuento "Álbum", el autor lo explicita en
1229
Cuentos de) Tolima
forma permanente, pues se trata de reconstruir
una historia a partir de distintos tipos de texto.
Inicialmente el narrador nos habla de la forma de
presentación del relato:
Quise didgir U{1 anónimo, uno de esos plie­
gos que nos llegan con tanta frecuencia a la
redacción. Después pensé que sería más efi­
caz escribir una hist0ria en forma de cuento
y entregarla al consejo como un recomendado
para su publicación en la revista. Analicé mu­
chas otras posibilidades, incluidas la confesión
pública y la reunión secreta con cada lmo de
los implicados, pero llegué a la sjguiente de­
terminación: resulta más conveniebte escribir
un informe claro y preciso (Rodríguez: 1994).
. Esta explicación es parte central de su pro­
puesta. La estructuración es tan importante como
la anécdota. Rodríguez hace cómplice al lector de
las decisiones previas que ha tomado, las cuales
implican al lenguaje, pues no es fo mismo el uso
de la retórica en un cuento, que el lenguaje deno­
tativo del infonne. Lo anterior inlplica un gran
reto y es el de lograr expandir los límites de un
tipo de texto informativo, hasta convertirlo' en
vector de una historia literaria.
Este informe contiene datos parciales acerca
de la existencia de Ricardo Soler, lID ser anodino,
230 1
Album
invisible para sus colegas periodistas, pero en­
frentado a una desgarradora crisis existencial de
la que intenta hacer cómpUce a un amigo, que re­
sulta ser el narrador. Soler le envía una carta, un
Diario, y un álbum. Le cuenta en la mjsiva que
está escribiendo lUl libro y cuando el narrador
acude a su departamento, recibe Ellib1'O blanco de
parte de un adolescente que tiene los mismos ras­
gos fisicos de Ricardo Soler.
Estos textos le servirán al narrador para in­
tentar comprender el Sentido de la vida de ese
ser desconocido. El procedimiento que utiliza el
narrador para reconstruir la historia es el mis­
mo propuesto por Lauro Zavala para lograr una
de los textos metaficcionales. Se
trata de realizar una lectura fractal que permita
incorporar ".. . elementos provenientes de lnuy
diversos contextos de interpretación" (1997: 70).
Así pues con la lectura y comentarios que hace
el narrador de la carta remisoria, el Diario, y el
álbum, el lector IC?gra tener una aproximación a
una comprensión de esa, cOJnpleja existencia que
arrastra a un hombre hacia su propia muerte,
corno el sacrificio supremo para poder entregarle
a la humanidad un libro que encarne la palabra
que lo redima: "Necesito ser escuchado. Necesi­
to el amor de mis semejantes" (Rodríguez, 1994).
Resultan interesante los mecanismos ficcio­
nales de los que se vale el autor para entregar los
1231
Cuentos de) Tolima
datos esenciales que configuran la existencia de
un hombre atrapado en el lenguaje. Rodriguez
no traiciona en ningún momento el pacto que le
ha sugerido al lector, en el sentido de proponerle
presentar 1m informe, pero este informe contie­
ne una de las formas propias de la metaficción,
como lo es la "autoconciencia narrativa", enten­
dida esta
[ ... ] como la capacidad de auto-reflexión so­
bre el proceso de construcción de ficción (re­
utilización de la realidad) que se realiza al ser
consciente de éste proceso y que el autor del
relato lo deja explícito en el texto. ,Es decir, en
el texto poslTloderno se advierte un entrecru­
ce de ese ficcionar el mundo con el control
consciente de la labor del artista como autor
de la ficción .. (Torres, ·2006).
La lectura de cada lillO de los textos está en­
marcada en las propias reflexiones del narrador,
no sólo por su contenido, sino por la significación
de su lectura en ese empeí10 de reconstruir una
. . vida. Un ejemplo de lo anterior se encuentra al co­
mienzo del cuento; "Debo aclarar que no trascri­
bo todo. El Diario personal, como la carta, aunque
se le designa un destinatario, ante todo pertenece
al que lo escribe, no a quien va dirigido" (Rodrí­
guez, 1994). El narrador también da cuenta en: sus
2321
Álbum
reflexiones de la selección que hace del material
narrativo: "Me parece más importante la descrip­
ción del álbum fotográfico" (Rodríguez) y por
eso la mayoría de pc1ginas se dedican a seguirle
la pista a Ricardo SoJer, a partir de las fotografías
de su álbum, de las cuales se puede colegir el es­
tado de ánimo del personaje:
Rkardo siempre aparece 50]0, porgue otros
retratos muestran ámbitos inhabí]itados y por
más detalles de carácter técnico, puede infe­
rirse que esta extraña serie de fotografías ha
sido trabajada con el dispositivo automático
del obturador (Rodríguez).
El narrador no esconde sus trucos y los en­
trega sin reservas a los narratarios
ros periodistas de la redacción de una revista a
quienes va didgido el informe-, como tam.bién a
cualquier lector.
Pues bien, eso me .sirve para entrar, sin más
rodeos, al objeto central de] informe, a mí
aporte personal al caso; relacionar las miste­
riosas fotografías del. final de] álbum con las
notas del Diario que corresponden. De esta
manera ustedes podrán juzgar con claridad
la sustancia de mi horror (Rodriguez).
1233
, Cuentos del Tolima
Con la explicación de los procedimientos
empleados, el narrador discurre por los hechos
de la historia y efectivamente crea una tensión
que crece con la descripción de cada fotografía y
con las citas que hace del Diario. La soledad y los
sentimientos de orfandad que se visualizan en
una toto del 25 de noviembre, se corroboran con
las palabras de Soler: "Por fin he salido y me he
dado cuenta de que la soledad es más rica y más
dura en las calles. He decidido refugiarme defini­
tivamente en mi apartamento" (Rodriguez, 2007).
La degradación física del personaje (foto­
grafías) se muestra en paralelo con su confusión
mental (Diario). "Ricardo anciano y remoto ape­
nas reconocible, s e n t a d ~ en el escritorio -pro­
bablemente redactando las notas de su libroo
(Rodríguez, 2007), mientras en su Diario se con­
signa su estado de ánimo "Siento la asfixia del
ahogado y el dolor de las mutilaciones. A veces
me agobia el cansancio. Vivo bajo el signo de la
muerte" (Rodríguez, 2007). La interpretación si­
multánea, gracias a la escritura fractal, que hace
el narrador le permiten a este sacar sus conclusio­
nes sobre el resultado final: "Es lo que puede leer­
se en el Diario de Ricardo: su verdad, la verdad
de su conflicto, la evolución y su penoso desen­
lace. Quizá puedan leerse en nlÍs propias ano­
taciones": El <:tutor, a partir de la autoconciencia
narrativa, aswne que el narrador ha cumplido a
234 1
Álbum
cabalidad SU empeño. Mostrar desde diferentes
fragmentos (de textos) la existencia atormentada
de un hombre que flota en el mar inmenso de la
duda, sin hallar orilla.
El informe concluye y el lector infiere que
Ricardo Soler ha muerto hace unos meses y que
es su hijo el que le entrega un ejemplar del Libro
en blanco, y aquí se abren distintas perspectivas
de interpretación, sustentadas en ese titulo po­
Jisémico que puede llevar a considerar, desde la
posibilidad que no existe W1 discurso en é], hasta
la metafórica interpretación de una vida en pro­
cura de encontrarle explicación a su existencia.
La nota final de agradecimiento, a los cole­
gas que intervinieron con sus sugerencias en la
culminación del texto, cierra el artefacto metafic­
cional y a la vez abre las especulaciones sobre si
realmente se ha leído un cuento o un informe.
Con este texto se puede decir que se abren
gra_ndes perspectivas en la narrativa del Tolima.
Si se afirma con suficientes argumentos que fue­
ron Roberto Ruiz y Eutíqrúo Leal, quienes en la dé­
cada del sesenta, incorporaron los mecanismos
de la modernidad narrativa en la región, de igual
manera se puede concluir que es Jaime Alejandro
Rodríguez quien traza el camino de la Posmoder­
nidad narrativa en el Departalnento, no sólo con
sus novelas hipermediales, las cuales son_ pre­
cursoras a nivel latinoamericano del género, sino
!235
Cuentos deJ ToJim"
también con sus cuentos donde está presente el
afán experimental que direcciona su trabajo ha­
cia la lnetaficcionalidad y demás prácticas escri­
turales contemporáneas.
LIBARDO VAJ{GAS CELEMÍN
'.
236 1
Ál bum
Referencias
CIPRE W1BROW, P. Wibrow, 2005). "Metaficción
y Posmodernidad: interrelación entre dos con­
ceptos problen'1áticos". En: Revista Anthropos, Ime­
llas del conocimiento, No. 208 (2005). Barcel.ona, pp.
50-58.
RODRÍGUEZ, Jaime Alejandro (2007). "Álbum". Archi­
vo digHal enviado por el autor al profesor Libar­
do Vargas.
TORRES, Luis Carlos. (2006). "La Posmodernidlld o el
peligroso espacio de percolación de lo banal". En:
Espéculo. Revísta de Estudios Literarios. Universidad
-;=omplutense de Madrid. El URL de este documen­
to es http://www.ucm. es/info/especulo/nume­
r029/d torres.h tml
Lauro (2007). "De la teoría literaria a la mi­
nilicción Posmodema". En: Ciencias Sociais Unísí­
nos, pp. 86-96.
_ ___ ___ (1997). "La metaficción en el cuen­
tohispanoamericano: algunas consideraciones
para su estudio". En: Educación y Comunicación,
pp. 61-70.
!237

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