HONORE DE BALZAC Esplendores y miserias de las cortesanas

Esplendores y miserias de las cortesanas (Splendeurs et miseres des courtisanes), continuación de Ilusiones perdidas, consta de cuatro partes que se publicaron independientemente en el curso de casi diez años, entre 1838 y 1847. El título general de la obra no corresponde a la totalidad de su contenido, y se le ocurrió a Balzac cuando la novela terminaba con el suicidio de Esther; luego, el tema de la vida galante quedaría rebasado por la prolongación del libro (cuyas partes no se reunieron en un volumen hasta 1855, una vez ya muerto el escritor), y así la más trepidante de las creaciones balzaquianas lleva un título algo impropio, pero sugestivamente folletinesco que no le va mal. Ha transcurrido algún tiempo desde el fin de Ilusiones perdidas, y de nuevo encontramos a Lucien en París y en pie de guerra. Ya no se acuerda de la literatura, ahora quiere triunfar por el engaño, ha perdido las ilusiones, pero no el afán de conquista social. Persigue una boda aristocrática y un título de nobleza, lo cual significa mucho dinero, ya que sin una gran fortuna para invertir en deslumbramientos, nada de lo que se propone estará a su alcance. Aunque sus aspiraciones —ser marqués por gracia real y emparentar con unos duques— nos suenan casi anticuadas, a lo Antiguo Régimen por imprevisoras, pues seguimos en la Restauración y reina Carlos X, pero ya por tan poco tiempo... Junto a él, otra vez la coartada del amor puro, un doble de Coralie, Esther, cortesana por tradición familiar. Porque a este ambicioso no le basta su ambición, también se empeña en tener sentimientos y en ser feliz aunque sea de un modo clandestino, y estas debilidades serán la causa de su derrota. Como le falta voluntad y energía para renunciar a algo, está condenado al amor dividido: de un lado, la belleza, la voluptuosidad, el amor propiamente dicho e inconfesable; de otro, el apellido, la estirpe, la posición, la fortuna, la seguridad. Ambos incompatibles y ambos presentes, haciendo de él un doble falsario del bolsillo y del corazón. Esther, la prostituta regenerada por el amor sincero y sacrificado, es un mito que la posteridad identifica con el personaje de La dama de las camelias, de Dumas hijo. Su función en la obra es despertar nuestras simpatías, y en la primera parte del libro se derrochan esfuerzos para que nos conmovamos. Es bellísima y patética, enamorada hasta la suprema abnegación, pero en esa extraña Magdalena al gusto romántico no se acierta a mezclar en sus justas proporciones la inocencia y el vicio, y su figura tiende a hacerse convencional. Esther, al igual que su amante, superpone una vida deseada a otra vivida que quisiera olvidar, pero uno y otro recaen en un pasado del que no

consiguen liberarse (aunque cuando Esther, empujada por su amor, recupera las antiguas mañas de su oficio y olvida por un rato sus aires de Margarita Gautier, volviendo a ser, por así decirlo, tunanta, se hace más interesante y recobra vida novelesca). Lucien ha ido de los ideales a la corrupción, Esther, al revés, de la corrupción a la pureza, pero para acabar regresando a «los países impuros». A los dos, al adonis de carácter débil y a la cortesana sentimental, les maneja un hombre de temple fortísimo, Vautrin, a quien no tardamos en reconocer bajo los hábitos de Carlos Herrera, el bien nombrado; porque Balzac le describe incansablemente como un ser férreo: «mano de hierro», «corazón de acero», «naturaleza de bronce», «voluntad de hierro», «nervios de solidez metálica», «seré como una barra de hierro», etc. Falsario también por partida doble o triple —como Esther y Lucien—, y además sacrilego, un criminal capaz de todo, la energía y la reciedumbre personificadas. Los personajes de Balzac llevan una avidez insaciable en la masa de la sangre, pero incluso entre ellos Vautrin es un caso único. Su peligrosa vitalidad (estaba «consumido por una fibre de vida») hace su grandeza, es «innoble y grande», deja tan admirado al propio novelista como a nosotros, y los contrastes que Balzac le infunde (va a ser «como una madre» para Lucien, y se describe a sí mismo como «medio mujer») acaban de perfilarle como un titán maligno y arrebatador. Un salvaje dotado de infinitas dotes de seducción, diabólico en el arte de tentar por el halago y por la fuerza. No hay hechura balzaquiana más viva, ni tampoco más terrible. La erudición le presenta como un derivado de Vidocq —primero presidiario y más tarde jefe de la policía—, pero Vautrin está muy por encima de cualquier modelo: pone en práctica el principio de que «la realidad es la idea», y efectivamente la realidad parece doblegarse ante su ímpetu incontenible. Nada puede detener a ese Napoleón del crimen, ansioso de dominio universal, que da a sus servidores el nombre de continentes. Su única debilidad es Lucien, que despierta en él un amor que podemos medir en las trágicas escenas de la Conserjería; amor paterno u homosexual, hondísimo en cualquier caso, que resume una redención imaginaria por la belleza, por ese simulacro de ángel al que domina y sirve a la vez. Asombroso trío que se moverá en un ambiente distinto del de Ilusiones perdidas, que era la novela del París visible, de las apariencias, aunque de escasa solidez, el París que sólo existía como manifestación exterior, por la pluma o por la palabra (periodismo, teatro, literatura, política). Ésta es en cambio la novela de lo escondido, de los misterios, porque ninguno de sus protagonistas puede mostrarse tal cual es, y hay que fingir. Es el París de las tinieblas, indecible y crapuloso, y la acción transcurre engañando y

simulando sin cesar, ocultándose. El libro empieza significativamente en un baile de máscaras, y a partir de ahí todo se desarrolla entre manejos secretos. Al baile de máscaras suceden las páginas sobre la prostitución del barrio próximo al Palais-Royal, un «mundo fantástico» descrito como una visión nocturna y alucinada, una fantasmagoría que se expresa por metáforas, porque «aquí nada es real»; Esther oculta en un pensionado, luego recluida en una casa que alberga sus amores secretos, para convertirse una noche, en pleno bosque, al claro de luna, en la bella desconocida que deslumhra a Nucingen, y acabar enclaustrada de nuevo en otro escondrijo. Esther, la eterna reclusa, desde el burdel al palacete, prisionera de su condición de objeto carnal. El final de la primera parte se publicó en 1843—, en otras palabras, es posterior al terremoto que un año antes había sacudido la literatura novelesca: la aparición de Los misterios de París, de Eugéne Sue. El éxito inaudito de esta obra —muy burda, pero infalible en sus recetas para impresionar al gran público—, dejó boquiabiertos, no sin envidia y rencor, a todos sus rivales, y Balzac, lanzado por la pendiente de los enigmas, los va a hacer cada vez más tenebrosos y chillones. Competirá con Sue en su mismo terreno, si se trata de efectismos, los suyos serán tan melodramáticos como el que más, si al lector le gustan las emociones fuertes, no podrá quejarse. Cuando Nucingen pide ayuda para encontrar a aquella esquiva beldad, Balzac da entrada en la novela a todo un repertorio de peligrosos indeseables puestos al servicio de la ley, ya que trabajan para la policía secreta. Peyrade, Contenson, Corentin, este último con rasgos del histórico Fouché, más sus múltiples sicarios, son otro aspecto de la actividad subterránea de París, otro poder misterioso que contrapesará las andanzas de la banda de Vautrin. Entre ellos se va a librar un despiadado combate (con episodios tan truculentos como el de la hija de Peyrade), y penetramos así en una variante narrativa que bien podríamos llamar, valga el anacronismo, una historia de gángsters. Balzac ve que muchos millares de lectores se interesan por el París maldito, y se dispone a ofrecerles, según sus propios términos, «la poesía del terror»: el hampa, la prostitución, el turbio mundillo de los confidentes, de los chivatos y hombres de la vida airada que apenas se distinguen de los criminales, y que gozan de protección en las altas esferas. Parias sociales, entretenidas, presidiarios, soplones, que rondan la inmensa fortuna de otro ladrón, pero éste de alto bordo y honorable, el banquero Nucingen. Lo que el amor cuesta a los viejos pasa a ser una carrera de atrocidades digna de la

serie negra: asesinatos, secuestros, orgías, sacrilegios, chantajes, trata de blancas, estafas, suicidios... El embrollo es colosal, toda la panoplia de la novela de folletín con su impaciente atropellamiento de peripecias que no da respiro al lector; y tal como exigen las leyes del género, los contrastes han de ser muy abultados; no puede haber términos medios que gradúen la ambientación: o la alta nobleza o la escoria social, los bajos fondos o los círculos más estrictos de la aristocracia, el inframundo o el faubourg Saint-Germain. El faubourg —que se ve exageradamente con una óptica de advenedizo—, en Balzac es un lugar hermético, como hermética es la sociedad de los facinerosos y hampones; son esferas cerradas dentro de París, y su incomunicación con los demás se hace patente en las hablas particulares que les caracterizan. En el faubourg, por ejemplo, se cultivan giros arcaicos que la alta nobleza conservaba amorosamente como signos distintivos, diferenciales, y que Balzac reproduce (el que emplea en una ocasión el duque de Chaulieu reaparecerá en las novelas de Proust). Y en los ambientes canallas son incontables los vocabularios enigmáticos, las hablas secretas, de las que cualquier traductor sólo puede dar una vaga aproximación; Corentin y los suyos se entienden entre sí con un lenguaje casi cifrado, como Vautrin y los que le sirven usan un argot de presidio, para no hablar de las locuciones pintorescas y achuladas de las entretenidas, o de la jerigonza profesional de los hombres de leyes. A todo ello hay que añadir la lengua común deformada por la imitación de un idioma extranjero: el falso inglés que habla Peyrade cuando va disfrazado, o el corrompido francés a la española que emplea el supuesto Carlos Herrera. Pero nada iguala a la jerga germánica de Nucingen (tortura del lector, después de haberlo sido de los traductores), también en el fondo un lenguaje secreto, pero involuntario, y que es casi el más impenetrable de todos. Es el lenguaje del dinero, que Balzac reproduce laboriosamente hasta extremos que van desde el cómico despiste (cuando conversa a solas con su cajero, compatriota suyo, los dos usan la misma jerga, lo cual es absurdo, ya que es de suponer que hablarían en alemán) hasta inesperados quiebros de tono: al escribir una carta Nucingen emplea un francés correcto, pero entonces no reconocemos su voz, el personaje pierde identidad. La lengua tiende, pues, a utilizarse en circuito cerrado, y ello hace que el conjunto tenga un aire de algarabía babélica, y que Balzac aluda en cierto momento a «un texto indescifrable». El París que describe está compuesto por ámbitos particulares muy distintos que parecen desconectados lingüísticamente entre sí, aunque las necesidades de la vida común los interrelacionen. El lenguaje, a escala individual y de cada uno de esos

círculos, sirve más que de comunicación, de defensa, de atrincheramiento, su objeto es marcar distancias, ocultar y engañar. La lengua estalla en códigos secretos, pervierte sus fines naturales y pasa a ser un arma de lucha defensiva, una alambrada social, cuando no una trampa. El libro pinta el estrepitoso choque de esos mundos que conviven mirándose recelosamente entre el miedo, el odio y el desdén; la vida galante y la nobleza, los bandidos y los millonarios, la policía y la magistratura, y concluye en una batalla de truhanes que se aniquilan unos a otros. Por el momento, Vautrin y sus aliados parecen llevar las de perder, sus planes se desbaratan irremisiblemente; como ellos mismos dicen, comentando los hechos en términos de ajedrez, pierden la reina, aunque matan a sus enemigos las dos torres. Los eufemismos disimulan, claro está, muertes verdaderas. A la intriga ha sucedido la violencia total. La tercera parte, Adonde llevan los malos caminos, quizás aún sea más emocionante que la anterior, pero aquí la acción es casi meramente sicológica, hay muy poco movimiento, y todo transcurre entre cuatro paredes; cuatro paredes que encierran, y que pueden ser las del coche celular, las del edificio de la Conserjería —Palacio de Justicia que también sirve de prisión parisiense—, las de una celda o calabozo, o las del despacho de un juez de instrucción, que efectúa los interrogatorios de los detenidos. Porque toda esta parte es exclusivamente policíaca y carcelaria, y no tardará en contársenos una situación arquetípica de novela detectivesca, un problema de «recinto cerrado». Policíaca por la investigación que se lleva a cabo, pero de unas características insólitas que invierten el proceso y el sentido habitual de un relato detectivesco. En primer lugar ya sabemos que los protagonistas son culpables, no hay, pues, sorpresa en este aspecto, y en segundo lugar simpatizamos con ellos. Es decir, que se busca una verdad que el lector ya conoce, y en el fondo lo que deseamos es que esta verdad no se descubra. Se acabará descubriendo por un exceso de celo que se equipara a una torpeza, pero este «error» no tarda en repararse, y los hechos se ocultarán. La moral sale malparada, pero el lector suspira aliviado. Balzac se muestra habilísimo manejando este caso tan irregular, y de él extrae la tensión novelesca que el mismo desarrollo de la historia le impide tener por otras vías más ortodoxas. Gracias al novelista, nos identificamos con los héroes, que no son precisamente ejemplares, y de ahí nuestro temor cuando parece que sus planes se van a estropear, y nuestra admiración por Vautrin cuando finge de un modo magistral ante el juez que le interroga (y la angustia que compartimos con él previendo que Lucien no estará a la altura de las circunstancias); pero al. mismo tiempo es inevitable que un cierto

sentido moral nos haga reprobar conductas tan ruines, y no sólo sufrimos por los protagonistas, sino que además nos desazona desear su triunfo. De este modo, la turbadora ambigüedad de los personajes —objetivamente malos, pero subjetivamente atractivos— pasa de la novela al lector, quien experimenta también la disociación de verse implicado en un dilema muy confuso. Lucien y su mentor no tienen nada de recomendables, pero sus enemigos de la policía son aún más odiosos, la víctima, Nucingen, es un desaprensivo que no inspira ninguna compasión, y ahora la misma magistratura no va a hacer un papel demasiado brillante en la persona del juez Camusot, dominado por su ambiciosa mujer, que es hijo del antiguo protector de Coralie (el destino de los Camusot es ser cautelosamente marrulleros y tontos). Las pesquisas de esta tercera parte complican aún más el pavoroso lío de falsas identidades en el que nos hemos estado debatiendo. La variedad de falsarios que aparece en la novela es infinita, todo el mundo se sirve de máscaras, hay un vertiginoso transformismo de los nombres, la indumentaria, el maquillaje, el habla, toda la novela es un carnaval lleno de seres trucados. Cuántos disfraces, camuflamientos, suplantaciones de personalidad, nombres ficticios, acentos imitados, apariencias engañosas que encubren lo inconfesable; lo inconfesable que suele ser el mal, pero que en algunas ocasiones, como en el caso de Esther, es el bien, para hacer aún más intrincado el laberinto de la novela. Esta parece desembocar ya en un término previsible y lógico, como creemos ver por una cierta simetría que da la sensación de que Balzac se dispone a cerrar el círculo del drama: Lucien es detenido en una carretera, tras su nuevo fracaso, de manera semejante a como Vautrin le salvó de la muerte; y al entrar en su celda cree reconocer el mismo escenario de su primer cuarto en París. También Vautrin ha vuelto a sus orígenes, a su medio natural, la prisión, y Esther abandona este mundo como tiempo atrás Coralie. Todo parece volver de antes, hemos dado la vuelta completa, se acerca el final. No obstante, como también ocurría al término de Ilusiones perdidas, el escritor no se conforma con dar por resuelto el asunto. Cuando todo parecía irremediable —nada mas irremediable, judicialmente hablando, que una confesión firmada— hace intervenir a un Deus ex machina personificado por las grandes damas del faubourg («a la vez madres y amantes», como no podía ser menos tratándose de Lucien), que han escrito al joven cartas imprudentes y apasionadas. Y se repite lo de Ilusiones perdidas, el papel protagonista no tiene la última palabra, se destruye, una decisión enérgica puede rehacer una vida condenada por un trozo de papel. Aunque ya es

demasiado tarde para Lucien, culpable, más que de sus desórdenes y su repetida actividad rufianesca, del imperdonable pecado de ser débil, de tener «alma de mujer». Aventurero un poco pelele, ahora sus flaquezas cristalizan en mito, y la muerte coronará la transformación. Impresionante muerte la suya, sobre la que hay que citar las frases que le dedicó Oscar Wilde: «Una de las mayores desgracias de mi vida es la muerte de Lucien de Rubempré, y nunca he podido superar por entero el dolor que me causó; me atormenta aun en mis momentos de placer, recuerdo esta muerte cuando río.» Pero su desaparición no rubrica ningún final, y la moraleja del libro, si así puede llamarse, se confiará al «hombre de bronce» que ha quedado solo, como un indomable genio de la rebeldía, ante el mundo. La última encarnación de Vautrin recompone en la medida de lo posible los destrozos de las tres primeras partes; a la violencia sucede una cierta frialdad de tono, mientras «el general del presidio» calcula sus jugadas, encargándose de restaurar una apariencia de orden; se llega así a una serie de pactos secretos entre la sociedad y el criminal. La Justicia olvida lo que sabe y no le interesa saber, indulta, se deja engañar, y Vautrin, después de haber perdido la baza mayor y más dolorosa, la vida de su protegido, gana en todos los tableros, y el que se define repetidamente como «el mal social» pasa a ser el jefe de policía. Le vemos hacer las paces con el mundo, pero la maniobra, que es complicadísima, contiene tantos elementos subversivos, que las soluciones que acaban apaciguando ese drama múltiple son más inquietantes que las antiguas amenazas. Vautrin impone una vez más, y con la bendición del propio rey de Francia, su sentido del poder sin límites, su afán de omnipotencia, lo que habría que llamar su real gana. Engaña a unos y a otros, escarnece la ley, salva in extremis a un condenado a muerte, obliga a reconocer al faubourg que las damas más nobles y altivas escriben incendiarias cartas de amor que harían ruborizar a las prostitutas; y consigue el indulto y ocupar el puesto del principal de sus perseguidores, de quien tomará cumplida venganza, ahora en nombre de la ley. Esta última transformación del antiguo forzado se inspira en la biografía de Vidocq, pero Balzac pone en este episodio una acidez que están muy lejos de sugerir las memorias del famoso ex presidiario que llegó a jefe de la policía. Aquí el escritor no sólo se muestra realista y pragmático, de un cruel individualismo que sólo exalta la indómita energía de los más fuertes, los únicos que triunfan, sino que además hace gala de cinismo; el tema del argot se explícita de maneras muy curiosas («la alta sociedad tiene su argot, pero este argot se llama estilo»), y el de la homosexualidad de Vautrin se exhibe ya sin rebozo en diversos pasajes de una cruda insolencia.

y a las que os ruego hagáis presente el recuerdo de vuestro sinceramente afectuoso. pero en seguida baja a la ciudad para rematar su obra de venganza. CARLOS PUJOL A S. ¿Acaso no es natural ofreceros las flores de retórica crecidas en vuestro jardín. primero Rastignac desafiaba a París. Es de veras la paz. y que vos habéis dulcificado cuando erraba bajo los boschetti cuyos olmos me recordaban los Campos Elíseos? Quizá pueda así pagar el crimen de haber soñado con París frente al Duomo. regadas con las añoranzas que me ha hecho conocer la nostalgia. pero sólo después de una existencia fulgurante que Balzac resume lapidariamente en una expresión de la que unos años más tarde se acordaría Baudelaire: «la poesía del mal». que debía terminar con un duelo en el que mataba a Corentin. Cuando tenga varios libros que publicar que puedan ser dedicados a milanesas. Al menos esto era lo previsto al final del libro. El joven dandy se hallaba hasta tal punto absorto en su inquieta búsqueda. muchas máscaras se impresionaron ante la belleza de un joven que paseaba por los pasillos y por el salón con ese aire de las personas que buscan a una mujer retenida en su hogar por circunstancias imprevistas.Por tercera vez en las novelas en que interviene Vautrin. y ahora el hombre fuerte desfallece de dolor. unas veces indolente y otras apresurado. A. los intereses están exaltados y el propio Ocio está en actividad. y la última imagen que nos ofrece de Vautrin es la de un pacífico jubilado. tendré la dicha de encontrar nombres ya caros a vuestros antiguos cuentistas italianos entre las personas a las que estimamos. Balzac renunció a este desenlace. PRIMERA PARTE DE QUÉ MODO AMAN LAS RAMERAS En 1824. de haber suspirado por nuestras fangosas calles pisando las baldosas tan limpias y tan elegantes de Porta Renza. el príncipe Alfonso Serafino di Porcia: Permitidme que encabece con vuestro nombre una obra esencialmente parisiense y meditada en vuestra casa estos últimos días. no lo conocen más que las viejas y algunos de esos notables personajes dados a callejear. en el último baile de la Ópera. El secreto de su andar. DE BALZAC. luego Lucien reconocía su derrota. asistimos a una escena culminante en el cementerio del Père Lachaise. En este inmenso encuentro la muchedumbre observa poco a la muchedumbre. que no se daba cuenta de su . Julio de 1838.

lenta y apresurada. serpentea. un banquero. conocidos tan sólo por los mismos que representan en él un papel. y las máscaras absolutamente obligadas a entrar. no es más inteligible que la Bolsa para un campesino bretón que ignora la existencia del Gran Libro. a este personaje monstruoso. esa multitud negra. En París. para los provincianos. En esto se manifiesta el genio de la nación. La gente que quiere ocultar su felicidad puede ir al baile de la Ópera sin acudir a él. riendo. parecía burguesamente seguro de su velada.éxito: no oía ni advertía las exclamaciones burlonamente entusiasmadas de ciertas máscaras. la ópera debe de ser entonces el palacio de la fatiga y del aburrimiento. salen de allí en seguida. que va. que rodaba sobre sí misma como un tonel. debía de ser el héroe de uno de esos misterios de tres personajes que componen el baile de máscaras de la ópera. otras le habían interpelado. le seguía una máscara asesina. Aunque su belleza lo clasificaba entre esos personajes excepcionales que acuden al baile de la Ópera en busca de una aventura. nadie suele buscar testimonios humillantes. Al joven. Constituye un espectáculo divertidísimo la aglomeración que se forma en la puerta. ni de la jauría que ladra tras de él. y no puede compararse sino a una masa de hormigas en un montón de madera. los hombres con máscaras son maridos celosos que van a espiar a sus mujeres. sube y baja. en la alta sociedad. desde que comienza el baile. unos jóvenes se habían burlado de él. y que todo sea confusión en el baile de la Ópera. viene. las mordaces cuchufletas o las más dulces palabras. Varias máscaras habían señalado ya. el ilustre vestido negro veneciano. las admiraciones serias. como un jabalí perseguido que no se preocupa de las balas que silban a sus oídos. Para éstos. porque para las mujeres que acuden para poder decir: He visto. iba por el camino que le trazaba el joven. gira. Efectivamente. Para cualquier asiduo de la Ópera aquel dominó ocultaba a un administrador. Para unos pocos iniciados hay nociones tan . sin que él lo advirtiera. los diferentes círculos que cpmponen la sociedad parisiense acaban por encontrarse. entre el alud de gente que huye de allí y los que se disponen a entrar. situaciones ambas que resultan igualmente cómicas. y que la esperan como se esperaba la suerte en la ruleta cuando vivía FrascatiJ. receloso ante una infidelidad. para los jóvenes sin experiencia y para los extranjeros. o bien maridos afortunados que no desean ser espiados por ellas. un notario o un burgués cualquiera. un agente de cambio. baja y rechoncha. pero su solidez y su aplomo expresaban un acentuado desdén hacia estas manifestaciones que no parecían tener ninguna importancia para él. con raras excepciones. se reconocen y se observan. los hombres no se ponen disfraces: un varón vestido de dominó parecería ridículo. Aunque a primera vista el placer y la inquietud se muestren con un mismo atuendo.

¿Se trataba acaso de alguna venganza? Al ver aquella máscara que seguía tan de cerca a un hombre afortunado. El joven despertaba interés: cada vez suscitaba mayor curiosidad. y pisaba el suelo clásico del salón con el aplomo de un asiduo de la Ópera. de dónde viene y lo que quiere? —¡Qué joven tan apuesto! Aquí está permitido volverse para verle —dijo una máscara. blanca o verde— que anuncian las delicias preparadas con larga antelación. pues.precisas que pueden leer como si se tratara de una novela divertida en ese libro de magia de los intereses. —Tiene un aire de príncipe —dijo la máscara—. pero no fue capaz de pulirlo. No obstante. que cuchicheando seguía al joven. y que se hizo periodista. . lo que uno hace.. —¿No se acuerda usted de él? —le contestó el hombre que le daba el brazo —la señora Du Châtelet se lo presentó. el amante de la señorita Coralie? —Creía que había caído demasiado bajo para poder alguna vez recuperarse. Esta pareja. su compostura y sus ademanes eran irreprochables. física o moral. ¿Hay alguien que no haya observado que ahí. hay poca diferencia. Para los asiduos. en pleno París. aquel hombre no podía considerarse afortunado. La belleza y la juventud podían disimular en él profundos abismos. el Azar.. fue entonces objeto de una cuidadosa observación por parte de la máscara de anchas espaldas. Según una ley fatal de nuestra época. por otra parte. en quien los asiduos del baile reconocían a una mujer respetable. y seguramente no le viene de aquella actriz con la que vivía. como en cualquier otra zona de París. todo mostraba las huellas de una vida elegante. En él. se da un modo de obrar que pone de manifiesto lo que uno es. como entre muchos otros jóvenes que aspiran a desempeñar sus pretensiones. quisiera conocer a la amante de este Sargine. y que cada día se juegan el todo por el todo brindando sacrificios al dios más cortejado en esta villa real. —¡Cómo! ¿Es aquel hijo de boticario de quien ella se enamoriscó. dígame algo de su vida que me permita intrigarle. entre el más distinguido y mejor educado de los hijos de un duque y par y aquel encantador muchacho que antes se había visto oprimido entre las garras de hierro de la miseria. ya que en tal caso llevaría alguna de las señales convenidas —roja. mi prima supo descubrirlo. y no comprendo cómo puede volver a aparecer en el mundo de París —dijo el conde Sixte du Châtelet. algunos ociosos volvían a contemplar el bello rostro sobre el cual había puesto su divina aureola el placer.

—La señora marquesa le explicará. permaneciendo en esta misteriosa penumbra —dijo con la sonrisa de un hombre que no quiere comprometer una felicidad segura. he de renunciar a intrigarle. con un toro furioso de plata en un prado de sino pie.. saludando a la marquesa con una gracia sin límites. es casi siempre la señal que anuncia una ventana de muy altos vuelos. —En los jóvenes. —Querido conde Châtelet —repuso el joven—. para desesperación de la señora Châtelet. —Dígale usted —añadió Lucien —que ahora llevo de gules. permítame que le presente a alguien que quiere reanudar con usted sus relaciones. ha tomado bajo su protección a este . conservar la única oportunidad que tengo de ser objeto de sus pensamientos. anuncia la mala fortuna. pero estoy seguro que no desaprobará en lo más mínimo una medida que me aconsejó su esposa cuando todavía era la señora de Bargeton. de entre nuestras amigas. asombrada por la impertinencia y el aplomo adquiridos por el hombre a quien antaño había despreciado.. que antes de casarse era una Négrepelisse de Espard. —dijo con viveza Lucien. —Permítame pues. los Rubempré. Ha terminado por conquistar a sus antepasados. a mis enemigos y a los indiferentes: clasifíquese usted donde quiera. Aunque los periódicos hayan publicado este hecho.—Querido señor Chardon —dijo el prefecto de la Charente cogiendo al dandy por el brazo—. la presunción. provocó un nervioso estremecimiento en el prefecto de la Charente.. la recibo tal como me la da usted —replicó Lucien. Una ordenanza real me ha restituido el de mis antepasados maternos. esta persona me ha mostrado qué ridículo es el nombre que me da usted. se refiere a un personaje tan insignificante que no me sonrojo al recordarlo a mis amigos. —Furioso de dinero —dijo Châtelet. —Puesto que me ha reconocido. —¡El muy presuntuoso! —dijo el conde en voz baja a la señora de Espard —. —En cuanto a mí. cuando se deja caer sobre nosotros. —Le doy mi enhorabuena por su cambio de posición —dijo el conde de Châtelet a Lucien. por qué razón este viejo escudo es algo mejor que la llave de chambelán y las abejas de oro del Imperio que hay en el suyo. si no lo sabe usted ya. señora. y no sabría decirle hasta qué punto es usted quien me intriga a mí —le dijo en voz baja la marquesa de Espard. en cambio. —Esta bonita mordacidad. que hizo sonreír a la marquesa. Por esto quisiera conocer a la que.. La marquesa no pudo reprimir un pequeño ademán seco al sentirse — según una expresión inglesa— cortada por la precisión de Lucien. entre vosotros.

Escoja entre la vida y la muerte. El billete anónimo que he recibido es. seguramente le habrán dictado esa impertinencia que exhibe. —¿Qué hay. sin duda. para su seguridad personal. habiéndose dormido en medio de un bosque. se despertara junto a una leona hambrienta. La máscara le apretó la mano para que no terminara la frase: —Actúe pues como si se tratara de él —le dijo. el gesto de maldad de alguna rival. ya sabrá encontrarme. está usted a nuestra merced y nosotros en la impunidad. Tuvo miedo. pero nadie era testigo de ello: en tales ocasiones los hombres más valerosos se abandonan al miedo.... todavía sería más rico que él — respondió el elegante. y pronto encontró a un joven con quien creyó poder hablar con toda franqueza. porque habla de este joven. Silencio y lealtad: de no ser así iré a desbaratar su juego. él es el autor del billete. —dijo como hablándose a sí mismo. como si. y se dejó conducir hacia el vano de una ventana por una mano de hierro de la que le fue imposible liberarse. dejando a la señora de Espard doblemente sorprendida. por eso no podía extenderse en explicaciones delante de él. —Pollito salido del gallinero de mamá Vauquer. . La marquesa no conocía a nadie capaz de desempeñar aquel papel y temió una trampa. Rastignac. que no encajaba fácilmente los insultos. quizá tenga oportunidad de divertirme esta noche. el prefecto de usted es su mayor enemigo. Lucien de Rubempré está protegido por el poder más grande de hoy. sepa usted. ¿Cuál es su respuesta? Rastignac sintió vértigo. —No —le dijo al oído la gruesa máscara. pareció herido por el rayo. —Sólo él puede saber. siguió a cierta distancia a aquel magnífico dandy. que si no se comporta con Lucien como si se tratara de un hermanó amantísimo. Voy a tomar el brazo del duque de Navarreins. Rastignac? ¿Ha visto usted a Lucien? Ha cambiado de piel. El conde Sixte du Châtelet. y puede atreverse. que desfallecía ante la idea de hacerse con los millones del viejo Taillefer cuando lo más duro del trabajo ya estaba hecho. vigílelo. por la Iglesia. El desconocido se alejó. —Si yo fuera tan guapo mozo como él. la máscara misteriosa se colocó entre ella y el duque y le dijo al oído: —Lucien le ama a usted. a quien Lucien había suprimido el ambicioso du con una afectación que hacía pensar en una venganza largamente madurada. Se sentó en un rincón disimulado. devolviéndole la burla al ciento por uno por la manera con que acentuó el monosílabo.. En el momento en que la señora de Espard iba a abordar a su pariente. con un tono ligero de fina burla.hermoso pájaro.

encanto! Veo que estás arreglado. remendado. que los escuchaba—. ¿De dónde venimos? Hemos podido recuperar nuestro puesto gracias a los regalos enviados desde el camarín de Florine. a punto de caer en medio del avispero 4e las víctimas de la época —dijo Rastignac. y cuenta con tan sólidos apoyos que me sentiría muy feliz si pudiera volver a entablar relaciones con él. ha cambiado usted muy rápidamente de opinión acerca de él —dijo el prefecto. con la sapiencia de sus consejos y con la hondura de sus ideas. Andoche Finot era el propietario de una revista para la que Lucien había trabajado casi gratuitamente y que Blondet enriquecía con su colaboración. ¡Bravo muchacho! —le dijo Blondet. trate a Lucien de Rubempré como a alguien que algún día ha de estar en una situación mucho más alta que la de usted. con la salvedad de que el gato de LaJFontaine acabo dándose cuenta de que era engañado. aunque . sus agudezas y sus murmuraciones. negaba su voto al Ministerio. y varios elegantes. Los tres interlocutores se volvieron hacia un rincón donde estaban algunos talentos. —Mi apreciado conde —dijo a Châtelet volviendo a su lado—. si tiene interés de conservar su posición. —Allí lo tienen. —¡Qué hay. Finot y Blondet personificaban a Bertrand y Ratón. —Querido conde —re spondió Des Lupeaulx con aire grave—. intentando así divertirse y pasar una velada agradable. hijo mío. —Querido amigo. —¿Acaso hay opiniones hoy en día? No. desde hacía pocos días. En este grupo de composición tan singular se hallaban personas con quienes Lucien había tenido relaciones en las que la corrección aparente se mezclaba con la maldad de los propósitos y de los hechos ocultos. de mayor o menor celebridad. soltando el brazo de Finot y apretando contra su pecho a Lucien. ¿De qué se trata? —Del señor de Rubempré. y que.Rastignac obró entonces como un millonario asaltado en pleno camino por un bandolero: se rindió. La máscara hizo un ademán imperceptible de satisfacción y volvió a situarse tras los pasos de Lucien. después de cogerlo con toda familiaridad por el talle. no hay más que intereses —dijo Des Lupeaulx. que Rastignac quiere hacerme pasar por un personaje —dijo el diputado al secretario general. —Tan rápidamente como los que están con el Centro y votan por la Derecha —replicó Rastignac al diputado-prefecto que. el señor de Rubempré es un joven de méritos elevados. Esos señores intercambiaron sus observaciones. Lucien. justamente sorprendido.

Finot ocultaba una brutal fuerza de voluntad bajo una apariencia de torpeza. pero. Desgraciadamente. que sin duda alguna es el principio de muchas cosas grandes. dichoso y desdeñoso con dos personas que le habían despreciado a él en otros tiempos. formaba parte del pobre clan de esa gente insigne que puede hacer cualquier cosa para la suerte de los demás y que en cambio no puede hacer nada para la suya propia.fuera consciente del engaño. Era joven. había de seguir siendo esclavo durante mucho tiempo. La necesidad siempre le sorprendía. Estos consejeros admirables demuestran perspicacia y agudeza de ingenio cuando no les acucia el interés personal. bajo una cascara de impertinente necedad refregada de agudeza. como si fuera un diplomático achacoso. ¿acaso puede un poeta romper. se le apreciaba. Lucien actuó entonces de una manera muy habitual en París: se comprometió de nuevo aceptando la mano que le tendía Finot y no rechazando la lisonja de Blondet. era célebre y feliz. de esos Aladinos que se dejan quitar su lámpara de las manos. que ha mojado su pan en el plato del periodismo. Blondet seguía al servicio de Finot. sino la cabeza. por reunir la riqueza que necesita un hombre maduro. los placeres de la vanidad eran en él un estorbo para la práctica del orgullo. o lo moja todavía. Lucien necesitaba en aquel momento para cortar a Blondet. Sabía almacenar lo que iba espigando —ya fueran ideas o escudos —a través de los campos de la vida disipada que lleva la gente de letras y la gente mezclada en asuntos políticos. Como hacen los soldados que no saben emplear oportunamente su valor. Para desgracia suya. como acababa de cortar a la señora de Espard y a Châtelet una clase de valentía que es quizá la más difícil. De ahí lo deshilvanado de sus costumbres y la reprobación de que son objeto por parte de los espíritus inferiores. Sus divertidas paradojas lo justificaban todo. de modo análogo a como una rebanada de pan de un albañil es refregada de ajo. cuando era pobre y miserable. En ellos lo que actúa no es el brazo. era capaz de cenar. está cogido por la cruel necesidad de saludar a los seres que . consiguientemente. como hacía Finot. con dos pretendidos amigos que le han acogido cuando ha estado en la miseria en cuya casa ha recibido hospedaje en los momentos de apuro? Finot. Este brillante condotiero de la pluma. Tomaba a toda la gente a broma y. Su vanidad había triunfado en el encuentro anterior: se había mostrado rico. Blondet compartía sus haberes con el compañero a quien había herido el día antes. Blondet había puesto su fuerza a sueldo de los vicios y de la pereza de Finot. y no se preocupaba. tampoco quería ser tomado en serio. Blondet y él se habían envilecido juntos y habían tomado parte en orgias que no sólo engullían el dinero de sus acreedores. efectivamente. Todo el. beber y acostarse con uno al que iba a degollar el día siguiente.

Lucien no supo qué responder a las zalamerías de Blondet. A la larga. manchada incesantemente por transacciones vergonzosas y reiteradas. —¿Qué tiene pues. —Tengo un partido. los caracteres se reblandecen. para elevarse al rango de gran escritor. además. Con su peculiar agudeza.. Lucien tiene talento. en los ademanes y en el aire de Lucien. los D'Arthez que saben caminar con seguridad entre los escollos de la vida literaria. —Finot. manifestarán su indignidad a su conciencia. querido amigo?. quien. el alma. se rebaja. por otra parte.desprecia. te lo había predicho. —¿Ha heredado usted de algún tío? —le dijo Finot con aire burlón. sino que lo has molido. —He puesto. con estas palabras supo. de sonreír a su mejor enemigo. Todos llegan. Por esto son tan estimables las personas cuyo carácter está a la altura de su talento. se oxidan los resortes de las ideas nobles. al tiempo que aflojaba. a los tontos en un papel cuadriculado— le respondió Lucien en el mismo tono.. Blondet vislumbró no pocos secretos en el acento. Arrepiéntete. pues. al sentir herida su vanidad por la superioridad fingida por el redactor-jefe. —Tengo algo mejor —replicó Lucien. se empieza apro— bándolo y se termina cometiéndolo. Uno se acostumbra a ver cómo se hace el daño y a tolerarlo. Aquel que quería enorgullecerse con sus páginas se desgasta en tristes artículos que. . gozaba de una buena situación mundana gracias a sus relaciones con la condesa de Montcornet. ahí te ves. recobró el sentimiento de nueva posición. relegado por este muchacho. de pactar t con las bajezas más hediondas o de ensuciarse las manos pagando a sus agresores con su misma moneda. y tú no le has cuidado. pedazo de alcornoque —repuso Blondet. tarde o temprano. los talentos se vuelven bastardos y desaparece la fe en las grandes obras. y los goznes de la trivialidad se desgastan y giran por sí solos. pero resultan a la postre folicularios impotentes. cuyo talento ejercía sobre él. —¿Existe el Partido Lucien? —dijo Vernou. como Lousteau o como Vernou. Los Alcestes se convierten en Filintos. volver a apretar la cadenilla de la brida. sus proyectos y sus medios de existencia. Blondet conservaba el ascendiente del corruptor sobre el discípulo y. —¿Acaso tiene el caballero una revista o algún periódico? —repuso Andoche Finot con la impertinente suficiencia que manifiestan los explotadores para con sus explotados. Quería saber los motivos del regreso de Lucien a París. como usted. una seducción irresistible. sonriendo.

¿dónde has robado esta preciosa armilla? Sólo el amor sabe encontrar telas como ésta. incluso el picante de los epigramas. Lucien!. con el vulgar pretexto de haber tenido buena suerte. —Aquí está Bixiou —exclamó Blondet—. late. siguiendo la broma de Blondet. que no pensaba en absoluto en ninguna mixtificación. veo que estáis reunidos en torno a la maravilla del día. ¡Admite al caballero.. que daba en el blanco casi con un exceso de puntería y que sabía cómo arreglárselas cuando se encontraba sin dinero. se trata de una cena: será uno de los nuestros. cerca de la columna junto a la cual se hallaban los supuestos amigos—. —Rastignac —dijo Blondet. Finot me ha echado de su casa por esta noche. lo aseguro —dijo Rastignac. Si estuviera en su lugar —dijo el . señalando a Lucien— siga negándose a cumplir una deuda de honor. Sin él el vino de Champaña se me hace pastoso. por muy Finot que seas! —dijo—. ¿te acuerdas? —dijo Blondet. nos acompañará: no hay fiesta completa sin su presencia. —Él señor de Rubempré es incapaz de hacerlo.—¡De rodillas ante una superioridad que no alcanzarás nunca. —Amigos míos —dijo Bixiou—. ¿A quién? ¡A Carlos X! Amiguito —dijo a Lucien. cogiéndole por un botón de su chaqueta—. en este mismo momento. tace!2 Ahí les dejo. ¿Tendremos un domicilio? En estos momentos necesito conocer las direcciones de mis amigos. —Pero yo no dejo que te vayas sin satisfacer una deuda sagrada que tienes para conmigo: aquella cena. entre los hombres fuertes a quienes pertenece el porvenir. respondo de sus sentimientos —repuso Finot. ¿no debe acaso llegar por tus quibuscumque viis? ¡Ahí está con su excelente armadura de Milán. —Sabe bien lo que nos debe. Así como los dioses se transformaban en asombrosas legumbres y en otras cosas para seducir a las mujeres. y lo encuentro todo insípido. con su potente daga medio desenvainada y enarbolando su pendón! ¡Voto a Dios. A menos que el caballero —añadió con seguridad.. Nuestro querido Lucien repite las Metamorfosis de Qvidio.. —¿Ya no te acuerdas? He aquí en qué reconozco la prosperidad de un amigo: en que ya no tiene memoria. es de los nuestros! Con ese ingenio y esa belleza. un periodista que asciende a la categoría de gran señor merece una buena cencerrada. he puesto en práctica un axioma con el cual se tiene la seguridad de vivir tranquilo: Fuge. cogiendo al joven elegante por el brazo en el instante en que llegaba al extremo del salón. —Amigo mío —respondió Lucien—.. él ha convertido el "cardo" en caballero para seducir. —¿Qué cena? —dijo Lucien con un gesto de impaciencia. bien puede hacerlo. no sé dónde ir a dormir.

una soflama insidiosa en la cuarta página de tu diario! ¡Anunciemos la aparición del libro más bello de la época. Sganarelle y Frontín en la antigua comedia. oh! —exclamó Bixiou en tres tonos distintos y con aire burlón. —¡Vaya. El rat podía tomarlo todo. es la que fue el rat de Des Lupeaulx. Hasta mañana. esos divinos sonetos del Petrarca francés! ¡Elevemos a nuestro amigo al solio de papel sellado que hace y deshace las reputaciones! —Si querías cenar —dijo Lucien a Blondet para deshacerse de aquella pandilla que amenazaba con ir en aumento—. vaya! —repuso Bixiou—. cuentas con el aprecio de la Prensa. con diez columnas de frases ingeniosas. pero que eran habituales a comienzos de este siglo. conocéis desde hace tiempo la fuente de la fortuna del señor de Rubempré —les dijo Bixiou—. les rendirías un centenar de francos.por la noche en el Lointier —añadió rápidamente al ver que se acercaba una mujer. como si se tratara de un memo. siguió a la pareja.implacable satírico. ¿hay algo más necesario que salvar un gran nombre del olvido. Un rat era una especie de paje infernal. la observó con perspicacia y regresó a su sitio con gran satisfacción por parte de todos aquellos envidiosos que deseaban saber de dónde provenía el cambio de fortuna de Lucien. —Amigos míos. me metería contigo en su pequeño periódico. o proporcionar a la indigente aristocracia una persona de talento? Lucien. oh. Con esto. Un rat era . como si reconociera bajo la máscara a la persona hacia la cual se dirigía Lucien—. se aplicaba a las niñas de diez a once años. especialmente de la Ópera. Una de las perversiones olvidadas ya. me parece que no tenías por qué emplear la hipérbole y la parábola con un viejo amigo. El término de rat. un píllete hembra a quien se perdonaban las malas pasadas. que hoy en día ya ha envejecido. Esto merece una confirmación. se adelantó a ella. hacia la cual se apresuró a dirigirse. de la que constituías el mejor florón. —¡Oh. y nosotros te apoyaremos. un breve artículo de primera página! ¡Blondet. comparsas de los teatros. El arquero de Carlos IX! ¡Supliquemos a Dauriat que nos entregue pronto Las Margaritas. —Bixiou —dijo Blondet—. es la de los rats. Pero. Introducía en la vida un elemento de jocosidad. un anfitrión es sagrado veinticuatro horas antes de la fiesta y doce horas después de ella: nuestro ilustre amigo nos invita a cenar. indicando a Finot y Vernou—. ¡Finot. que en manos de los crapulosos eran iniciadas en el aprendizaje del vicio y de la infamia. había que desconfiar de él como de un peligroso animal. como antaño los Scapin.

demasiado caro: no proporcionaba honor. ¿Tan gazmoño es el antiguo gigolo de Coralie? —Estos mil francos —dijo Bixiou— me demuestran que nuestro amigo Lucien vive con la Torpille. Nathan me ha dicho que ha pedido mil francos prestados a Florine. —Y sin todas estas reinas. caballeros. que constituyen el motivo de su actual celebridad? —Blondet adopta un tono demasiado propio de los Débats hablando de Demetrio en el salón de la Ópera —dijo Bixiou al oído de su vecino. ¿qué sería del imperio de los cesares? —seguía diciendo Blondet— Lais y Ródope son Grecia y Egipto. Rastignac unos criados. —dijo Rastignac. —¡Oh. La Torpille no tiene ni un céntimo que dar. nos quita ahora a la Torpille? Al oír este nombre. a la que dejó su herencia. que faltó a Napoleón! (porque la viuda de su Grande Armée es un chiste de cuartel). la moda de los rats se extinguió tan completamente. caballeros!. donde el trono está en cuestión. Propercio sin Cintia y Demetrio sin Lamia. Observen cómo la Dubarry destacó oportunamente en el siglo dieciocho. ya que su madre murió demasiado ostensiblemente en el campo del deshonor. Catulo sin Lesbia. que hoy en día muy poca gente conocía este detalle íntimo de la vida refinada anterior a la Restauración. —¡No es posible! —contestó Finot—. Entre todos nosotros podríamos proclamar una reina. no faltó en cambio a la Revolución. no está estropeada por la instrucción.. —¿Qué pasa? —exclamó Vernou—. Con ella habríamos proporcionado a nuestra época una de esas magníficas figuras asgasianas que caracterizan los grandes siglos. de la ciencia. Du Tillet le habría pagado un palacio. —¡Qué pérdida irreparable para la élite de las letras. Marion de Lorme en el dieciséis. Una tal poesía. no sabe leer ni escribir: nos habría comprendido. Tibulo sin Delia. —¿Cómo es eso? —dijo Blondet—. Des Lupeaulx un cocinero. hay sin duda alguna un trono vacante. Todas son. ¡Yo podría dar a la Torpille una tía. Finot habría . Imperia en el quince y Flora durante la república romana.. intentando defender a Lucien frente a tan odiosas acusaciones. la poesía de los siglos en que vivieron. Lousteau un coche. La Torpille es la única ramera que tiene madera de cortesana. ganancia ni placer. por otra parte. la máscara de formas atléticas dejó escapar un ademán que no pudo retener del todo y que fue sorprendido por Rastignac.. que tuvo a la señora Tallien. del arte y de la política! —dijo Blondet—. hasta que algunos escritores se apoderaron del tema del rat como si se tratara de una novedad. ¡qué le permitió pagar la deuda pública! ¿Qué serían Horacio sin Lidia. Ninon de Lenclos en el diecisiete. ¿Después de haber matado a Coralie. Actualmente en Francia..

Tiene como una varita mágica con la que desencadena los apetitos brutales violentamente reprimidos en los hombres que aún tienen corazón ocupándose de política o de ciencia. De ahí su superioridad. —Estás perdiendo cien sueldos de folletín —dijo Bixiou. esta mujer exalta los placeres de la mesa. la Torpille sabe reír y hace reír. Demostraría tener opiniones. mientras que este precioso rat ha rodado en el fango. de la bebida y del tabaco. A la edad de dieciocho años esta muchacha conoció ya la mayor opulencia. sus dedos dejan caer oportunamente las joyas que llevan. interrumpiendo a Lousteau—. No sería liberal. sabe dar a todas las cosas el tono que precisan. Esta sabiduría de los grandes autores y de los grandes actores es propia de los que han penetrado todas las profundidades sociales. esparcida sobre la Materia. qué pérdida! ¡Debería abrazar a su siglo entero y se limita a hacer el amor con un jovencito! ¡Lucien hará de ella un perro de caza! —Ninguna de las potencias femeninas que has nombrado ha chapoteado en la calle —dijo Finot—. posee el secreto de las onomatopeyas más vivaces y más turbadoras. ¡Ah. En fin.. como su boca las sonrisas. la más mezquina miseria y los hombres de todas las categorías. Entonces el Animal sale de su guarida para refocilarse en los excesos. como hace ella.. Ninon II exhibiría una impertinencia solemne y un lujo aplastante. su jerga está llena de rasgos picantes. de literatura o de arte. la anima y la eleva hasta las regiones esplendorosas del Arte. La Torpille es infinitamente mejor que todo eso: vosotros habéis sido más o menos sus amantes. al Animal que llevamos dentro: "¡sal de ahí!". que se habría hecho ex profeso para la ocasión si hubiera sido preciso. En su casa se habría leído alguna obra maestra de arte dramático prohibida. donde habríamos convocado a los artistas bajo la amenaza de mortíferos artículos. como la semilla del lirio germinando del estiércol. No hay otra mujer en París que pueda decir.. Vernou le habría puesto anuncios y Bixiou se encargaría de sus frases ingeniosas! La aristocracia entonces vendría a divertirse a casa de nuestra Ninon. toda cortesana es por definición monárquica. que hasta entonces había estado observando sin decir palabra—. —Así se ha embellecido y ha florecido —repuso Vernou—. su vestido despliega unas inauditas maravillas.. tiene. ¿Acaso no hay que haber pasado por todo para ser capaz de crear la risa y la alegría que todo lo abarcan? —Tiene razón —dijo Lousteau. es la sal cantada por Rabelais que. pero ninguno de vosotros puede decir que .corrido con los gastos de sombrerería —Finot no pudo reprimir un gesto al recibir esta sátira a quemarropa—.

vais a pedirle un favor. —¡Pues bien! —intervino Bixiou. será un hermoso secretario de embajada —dijo Des Lupeaulx. —Sí. y más abnegada que el mejor compañero de colegio —dijo Blondet —.. —¡Oh!. señalando la máscara a quien Lucien daba el brazo—. —Y dio de comer a Máxime de Trailles cuando era paje —añadió Bixiou. llegó ya a tragarse a dos notarios. como Cáreme. lleno de interés por saber la verdad. vosotros en cambio nunca la cogeréis. es más generosa que un jefe de bandoleros a quien vayan bien las cosas. —Es como su madre.ella ha sido querida vuestra. como Taglioni. tan cara como todos los artistas geniales. a punto de estallar de envidia—. me apuesto una cena. Invoco los recuerdos del señor secretario general y relator. y me comprometo entonces a demostraros que es ella. uniéndose al grupo—.. se le pueden confiar dinero y secretos. —repuso Blondet. —La Torpille es demasiado cara. Des Lupeaulx —dijo Finot—. mirando a Des Lupeaulx—. Pero lo que me movía a elegirla reina es su borbónica indiferencia hacia los favoritos caídos en desgracia.. mayormente por cuanto posee eso que llamamos independencia de ideas.. Finot y Lousteau. —No es necesario cometer ningún crimen de lesa máscara —repuso Bixiou —. la Torpille y Lucien van a volver hacia nosotros cuando lleguen al extremo del salón. demasiado cara —dijo Des Lupeaulx—. aquella máscara es la Torpille. Forzáis su puerta. —Así que ha vuelto nuestro amigo Lucien —dijo Nathan. —Tú eres quien le ha formado —dijo Vernou. ella os puede coger siempre... —Tanto más —repuso Rastignac —cuanto que Lucien es un hombre de talento. —Esther jamás ha tenido este aspecto de mujer respetable —dijo entonces Rastignac... creía que se habría retirado en el Angoumois para el resto de sus días. como Boule. —No hay ninguna duda —repuso Du Châtelet—. como Rafael. —Vamos. dirigiendo su mirada a Blondet. —Acepto la apuesta —dijo Châtelet. el muchacho está hecho para llegar lejos —dijo Lousteau.. a ver si reconoce las orejas del que fue su rat.. La Bella Holandesa habría engullido los ingresos de un arzobispo de Toledo. Estos caballeros han podido comprobarlo más de una vez —añadió. y así se explica la suerte del señor de Rubempré. Apuesto a que se trata de la señora de Sérizy. ¿Ha descubierto quizás algún secreto contra los ingleses? . como Lawrence. —¡Ah! La Iglesia sabe elegir a sus levitas.

—Cuando un joven a su edad se vuelve atinado. Pese a tan amorfo recubrimiento. para aquella mujer no existían ni las diez mil personas. el balanceo de la cintura y la erección de la cabeza. ¿De dónde procede esta llama que irradia de una mujer enamorada y la destaca de entre las demás? ¿De dónde procede esta ligereza de sílfide que parece cambiar las leyes de la gravedad? ¿Es acaso el alma que huye? ¿Tiene la felicidad propiedades físicas? Bajo el dominó se traicionaban la ingenuidad . envejecidos con la experiencia de las depravaciones parisienses. No percibía el roce con los demás. en una mujer que sólo ellos podían identificar. en una mujer enmascarada. no. y el estremecimiento de todo su cuerpo parecía tener como principio los propios ademanes de su amigo. observaban. con la mirada de un tratante que observa un caballo en venta. que hacen irreconocibles a las mujeres. —¡Oh!. en suma. acostumbrados a suponerlo. que envidiaron a Lucien el privilegio sublime de aquella metamorfosis de la mujer en diosa. por igual corrorrtpidos. Estos jueces. éste será siempre un gran señor. como las madonas de Rafael bajo su óvalo dorado. fijaban intensamente su mirada. el delicioso objeto de su apuesta. entregados todos ellos a desenfrenadas ambiciones. todos. los dandys. las peculiaridades del porte y del andar. Ellos y algunos asiduos del baile de la Ópera eran los únicos capaces de reconocer la redondez de las formas. por igual corruptores. los ociosos. lo que hace en realidad es desatinarse: pierde su audacia. se convierte en rentista —repuso Nathan. la llama de su mirada partía de los dos agujeros del antifaz para unirse con los ojos de Lucien. ni una atmósfera cargada y llena de polvo. ha pagado todas sus deudas. experimentaron una impresión tan intensa. lo más fácil de captar para ellos aunque fuera lo más inasible a una mirada vulgar. aquella criatura era una asombrosa creación. el que ofrece una mujer animada por un auténtico amor. La gruesa máscara movió la cabeza en señal de asentimiento. En aquel momento los periodistas. Tanto aquellos jóvenes envejecidos como aquellos ancianos de aire juvenil. es decir. Ya se tratara de la Torpille. pudieron percibir el más emocionante de todos los espectáculos. y siempre habrá en él un nivel intelectual que le colocará por encima de muchos hombres supuestamente superiores —contestó Rastignac. La enmascarada estaba allí como si estuviera a solas con Lucien. el grado ínfimo o el superior de la escala social. bajo el largo manto del dominó negro. de la duquesa de Maufrigneuse o de la señora Sérizy. bajo la capucha y bajo la esclavina. el destello de luz de los sueños felices.—Ha hecho lo que tú no harás por ahora —respondió Rastignac—. a adivinarlo todo. se hallaba bajo la cúpula celeste de los Amores. todos de espíritu superior y cada uno a título distinto.

Bixiou gritó: "¿Esther?" La desgraciada volvió rápidamente la cabeza. abatida como por el rayo. sé mudo como una tumba. Esther dijo una palabra al oído de Lucien en el instante mismo en que sus rodillas flaqueaban. y el grupo se precipitó hacia la muchedumbre como una banda de ratones espantados que desde la orilla de un camino regresan a sus madrigueras. pero era más que escultura —la mayor entre las artes—. Cuando la mujer. se ha vuelto a escapar.. Estoy satisfecho de ti. —No hay duda.. que está por encima del Arte como la causa está por encima del efecto. porque había abandonado todo intento de ocultarse. Se quitó la máscara. aquellos dos seres semejaban esos grupos de Flora y Céfiro cogidos por el talle. reconoció al malicioso y bajó la cabeza como un agonizante que acaba de exhalar el último suspiro. Sólo Rastignac no se alejó más de lo que debía para no parecer que huía de la mirada fulminante de Lucien. Lucien y su bello dominó recordaban aquellos ángeles portadores de flores o pájaros que el pincel de Gian-Bellini ha puesto bajo las imágenes de la Virgen madre. y Lucien desapareció haciendo que se apoyara en su brazo. Voy a mostrarte que no debes haberme visto jamás en ninguna parte. y antes de callarte. has mantenido tu palabra. . y pudo admirar dos pesares igualmente profundos.de una virgen y los encantos de la infancia. Se oyó una risa estridente. que revelan la pericia de ¡os más hábiles escultores. —dijo Rastignac. única persona del grupo que había permanecido allí. Aunque andaban separados. contesta a mi pregunta. —¡Está bien! Esta muchacha es tan atractiva que habría sido capaz de turbar al mismo emperador Napoleón. A partir de ahora. Rastignac siguió con la mirada a aquella bonita pareja mientras quedaba abismado en sus reflexiones. es él. como hace el que oye su nombre. —¿De dónde ha sacado este nombre de Torpille? —le preguntó una voz sombría que le llegó hasta las entrañas. e incluso a alguien aún más difícil de seducir: ¡a ti! —contestó Rastignac mientras se alejaba. y el de la máscara ininteligible. Rastignac vaciló breves instantes al ver que no tenia nada del personaje repugnante a quien había conocido tiempo atrás en la Casa Vauquer. aunque velados: el de la pobre Torpille. y por esto tienes más de un brazo a tu servicio. estuvo a un paso del grupo. abstraída de cuanto la rodeaba. —Cállate. Lucien y aquella mujer pertenecían a la Fantasía. —Un momento —dijo la máscara—. adoptando otra voz—. aparte. si no quieres que te degüelle —respondió la máscara.

no se puede adivinar el aspecto que adquieren por la noche. así como las adyacentes. donde se agolpa una incesante muchedumbre y donde relucen las obras maestras de la Industria. de la calle Neuvedes-Petits-Champs y de la calle Richelieu. Los viandantes son escasos y andan de prisa. apoyado en la columna donde le había dejado la terrible máscara. Aquellas calles estrechas. se siente embargada por un terror mezclado de tristeza al verse en medio de esta red de callejuelas que rodea aquella zona de luz cuyo resplandor se refleja en el cielo. El consejo municipal no ha podido aún tomar ninguna medida para sanear esta gran leprosería. La calle de Langlade. donde hubo en otro tiempo unos molinos. Las tiendas están cerradas. Pasan pocos coches. la salida del pasaje de Saint-Guillaume y algunas esquinas. en definitiva. donde se ejercen actividades equívocas. había sido sacerdote y penitente. que son difíciles de olvidar —le dijo. ya que la prostitución ha establecido en ella desde hace tiempo su cuartel general. La mano de hierro le apretó el brazo para recomendarle un silencio eterno. las sombras parecen animadas. Un frío malsano deja una capa de humedad sobre los hombros de los viandantes. la Moda y las Artes. desdora el Palais-Royal y la calle de Rivoli. que estas callejuelas conserven su aspecto de suciedad. viniendo de la parte iluminada de la calle Saint-Honoré. lencerías que venden agua de colonia. y las que están abiertas tienen mal carácter: un figón sucio y sombrío. Hay rincones siniestros. Rastignac se había confesado a sí mismo. oscuras y llenas de lodo. Se oyen estribillos que surgen . excepto los ojos. se ven surcados por seres extraños que no pertenecen a ningún mundo. Cualquier persona que no conozca el París nocturno. Esta parte de uno de los barrios más refinados de París conservará por mucho tiempo la señal de suciedad dejada por los montones de inmundicias del viejo París. Se dejó conducir al restaurante para comer y regresó a su casa achispado.—El diablo le ha permitido cambiar todo su aspecto. A las tres de la madrugada. las paredes se ven flanqueadas por formas blancas y medio desnudas. aunque taciturno. que no llega a alumbrar ciertas callejas negras. adquieren por la noche una fisonomía misteriosa y llena de contrastes. se han helado para luego fundirse. Des Lupeaulx y Finot encontraron al apuesto Rastignac en el mismo lugar. entre los que destacan la calle de Langlade. según pretende Rabelais. De tarde en tarde un pálido farol deja caer su resplandor incierto y nebuloso. juez y parte. Si se pasa por estos lugares durante el día. Entre los muros y los viandantes se deslizan tocados que andan y hablan. A los torrentes de luz de gas sucede una sombra espesa. Los oídos recogen palabras de esas que. Algunas puertas entreabietas se ponen a reír a carcajadas. Quizá sea bueno para el mundo de París.

los artistas y los prudentes administradores echen de menos las antiguas Galerías de Madera del Palacio Real. El . para salvar la vía pública. quiere decir alguna cosa: cuando es bronco. pero quizás habría que mostrar amplitud de miras y valentía en cuanto se refiere a las combinaciones puramente materiales. El conjunto produce vértigo. a este respecto. no son recomendables por la noche para las familias. La muchacha hundida por los efectos de una palabra en el baile de la Ópera vivía. y en los que cada planta es indicada por un plomo. Puede que los moralistas. en verano frío. Este edificio. ya no tiene nada de humano. se trata de una voz. y las que afectan a los individuos y a su libertad son delicadas. esta extraña naturaleza siempre ofrece el mismo espectáculo: el espectáculo del mundo de fantasía de Hoffmann el berlinés. ¿acaso no es mejor que los paseantes vayan adonde están ellas? ¿Qué ha ocurrido? Actualmente las partes más esplendorosas de los bulevares. acorde con lo difícil que resulta alquilar una casa de características y de situación tan singulares. la luz y los locales. adosado a una casa enorme. pero si se asemeja a un canto. esos lugares de ensueño para ir de paseo. El ruido no es informe. A menudo se oyen pitidos. de poca profundidad y de altura prodigiosa. La administración o la política moderna. La tienda y el entresuelo pertenecían entonces a un hojalatero. lo cual constituye una de las particularidades más horrorosas de París. con sus viandantes. que no tenían escrúpulos en tratar con cortesanas. se parece a un silbido. recibe toda la luz por la parte delantera y se asemeja bastante a una vara de cacatúa. desde hacía uno o dos meses.del pavimento. No hay duda de que las medidas cambiarán con el tiempo. el propietario vivía en el primero y los otros cuatro pisos los ocupaban unas modistillas muy decentes que recibían por parte del propietario y de la portera un trato muy considerado y complaciente. como las del aire. en la calle de Langlade. En cada piso hay un apartamiento con dos habitaciones. Las condiciones atmosféricas están invertidas: en invierno se tiene calor. mal enyesado. algunos pasajes. y. Se accede a ellos por una estrecha escalera pegada a la pared y extrañamente iluminada por unos bastidores que señalan exteriormente su recorrido. Para la mentalidad matemática de un cajero es irreal el recuerdo de lo visto cuando se ha atravesado el estrecho que lleva al barrio decente. donde se estacionaban esas ovejas que van siempre tras las huellas de los paseantes. tiendas y quinqués. más desdeñosa o más vergonzosa que las reinas y los reyes de antaño. los taconazos de las botas tienen un no sé qué de provocador y burlesco. Por último. Pero cualquiera que sea el tiempo que hace. La policía no ha sabido aprovechar los recursos que ofrecen. en una casa de vil apariencia. no se atreve a enfrentarse directamente con esta plaga de las capitales.

que le respondió callando. con el propósito evidente de ocultar su atuendo o su calidad. pero que en cualquier otra persona hubiera parecido ser cuestión de hábito. había dejado la puerta abierta sin pensar que el aire de las dos habitaciones requería una mayor cantidad de carbón para hacerse irrepirable. Se apeó un hombre tapado de pies a cabeza por una capa. La capucha y la esclavina del dominó estaban en el suelo. precarias o carentes de dignidad. que había visto regresar a las dos de la madrugada a la señorita Esther en muy mal estado y acompañada por un joven. de modo que la portera acabó de comprender. con un vigor que sin duda le confería la caridad. La portera quedó entonces plenamente tranquilizada. Esther. La portera sentía no poder ir a averiguar lo que pasaba en el cuarto piso. mejor dicho. Cuando el visitante pasaba por los escalones qué están encima de la garita. y le pareció que el silencio y la calma de la reclusa quedaban claramente justificados. cuyo modelo clásico era el de la cortesana impía. a su regreso de la Ópera. El sacerdote llamó y no tuvo respuesta alguna. la cual. La presencia de un braserillo con carbón ya consumido indicaba lo que había ocurrido durante aquella terrible mañana. sin duda. que no sirven para el comercio y que sólo pueden ser explotadas por industrias desautorizadas. propio de una Magdalena. se detuvo un coche de punto. Se precipitó hacia la segunda habitación y vio a la pobre Esther arrodillada o. ante una Virgen de yeso pintado. la portera pudo advertir que en sus zapatos llevaba hebillas de plata y creyó ver la franja negra de la faja de una sotana. antes de tomar un coche para dirigirse a algún lugar de diversión. La muchacha estaba agonizando. era indicio de la medida en que Esther había estado absorbida por sus últimas reflexiones. el vapor solamente la . y preguntó por la señorita Esther. Un pañuelo empapado de lágrimas probaba la sinceridad de aquel desespero. herida mortalmente en el corazón. puesto que no podía abandonar su garita. Aquel arrepentimiento absoluto hizo sonreír al sacerdote. acababa de deliberar con la modistilla que vivía en el piso superior. le había expresado su inquietud a propósito de Esther: no había oído ningún ruido en su piso. la portera. donde vivía la señorita Esther. con las manos juntas. bajó y preguntó al cochero. lo había dispuesto todo. A las tres de la tarde. La cama estaba deshecha. La pobre criatura. pero aquel sueño era sospechoso. desplomada. Seguramente Esther dormía aún. En el mismo instante en que se decidía a dejar en manos del hijo del hojalatero la guardia de su garita. que era una especie de nicho habilitado en un entrante de la pared. poco hábil para la muerte. De la cera derretida que llenaba la arandela del candelero emergía una mecha. oyó unos débiles suspiros y forzó la puerta con el hombro.destino de este barrio se comprende por la existencia de una cantidad considerable de casas como ésta.

unos borceguíes que despertarían la envidia de una reina. platos de porcelana ordinaria desportillados con restos de la última comida y con cubiertos de metal blanco.había aturdido. tan . y examinaba sus primeros movimientos como si se tratara de algún animal. el aire fresco procedente de la escalera le devolvió gradualmente el sentido de sus males. con un gorro ligero de gasa encima. y a las formas atractivas de la Venus acurrucada que se marcaban bajo el negro de la falda. Su mirada se desplazaba desde aquel cuerpo desmoronado hacia objetos indiferentes con aparente indiferencia. unos horrendos chanclos rotos y unos graciosos zapatitos. sobre cuyos estantes podían verse las papeletas del Monte de Piedad: tal era el conjunto de objetos lúgubres y alegres. la frente inquieta. un empapelado de fondo gris estampado con flores. gastadas y frías. un elegante vestido colgado de un clavo. una mesa tallada de caoba. los labios crispados y la mirada áspera. una canasta llena de patatas y ropa blanca para lavar.canapé sin cojines. reflexiones contradictorias y proyectos siniestros. un chal de Terneaux tapando la ventana. un delicioso sombrero tirado sobre una cacerola. que sorprendían a quien los miraba. un feo armario de luna abierto y vacío. cuyo suelo de baldosas rojas. dos haces de leña empezados. un pequeño. aquellos vestigios de lujo en aquellos recipientes. sin duda. la chimenea llena de utensilios de cocina de la clase más ordinaria. ¿Era aquel espectáculo singular lo que hacía meditar al sacerdote. un ovillo sucio. Una cama de madera pintada. aunque ennegrecido por el tiempo y grasiento. sin ser afectado por la belleza divina de la muchacha. míseros y ricos. aquel ajuar tan apropiado a la vida bohemia de aquella muchacha abatida entre sus ropas deshechas como un caballo muerto entre sus arneses. habría creído que alimentaba sentimientos sombríos y rencorosos. Era. Contempló el mobiliario de la habitación. un marco de piedra con abalorios dispersos y entremezclados con joyas y tijeras. insensible a la deliciosa redondez de unos senos apretados bajo el peso del cuerpo encorvado. bajo la vara rota del carruaje y enredado con las riendas? ¿Pensaba siquiera que aquella criatura descarriada tenía que ser muy desinteresada para consentir en aunar una tal pobreza con el amor de un joven rico? ¿Atribuía acaso el desorden del mobiliario al desorden de la vida? ¿Qué sentía? ¿Piedad. que es la vajilla de los pobres de París. El sacerdote se quedó en pie. y cubiertas con el mismo calicó de las cortinas. absorto en una sombría meditación. espanto? ¿Se conmovía su caridad? Cualquiera que le hubiese visto con los brazos cruzados. no quedaba del todo tapado por una alfombra fea y usada. una única butaca y dos sillas también de madera pintada. guantes blancos y perfumados. modelo antiguo envuelta con cortinas de calicó amarillo con rosetones encarnados.

no le conmovían. —¡Lucien! —dijo ella en un murmullo. desde atrás. mojándole la frente con agua y haciéndole aspirar el vinagre de una vinagrera que encontró en un rincón. Hace tres meses vivía en medio del desorden en que nací. —Cuando se haya repuesto del todo —dijo aquel sacerdote singular— me dirá las razones que le han llevado a cometer su último. La víctima de las depravaciones parisienses vio entonces el atuendo de su salvador y dijo. ofrecía a la mirada la blancura de su nuca. las rameras y los ladrones. y los hermosos hombros de un cuerpo audazmente desarrollado. con la sonrisa del niño que puede tocar con su mano el objeto ansiado: —¡Así que no. en lugar de abandonarme.completamente doblada sobre sí misma se hallaba la agonizante. ni parecía oír las desgarradoras aspiraciones que indicaban el retorno a la vida: fue preciso un sollozo horrible y la espantosa mirada que le lanzó la joven para que se dignara levantarla y depositarla sobre la cama con una facilidad que ponía de manifiesto una fuerza prodigiosa. Aquella atractiva pantomima. el abandono de aquella cabeza que. en una casa de mala nota —dijo el sacerdote. y si hay algún caso de persona de su sexo a la que pueda excusarse de llevar una vida . no levantaba a Esther. sabía todo lo que debe hacerse.me moriré sin haberme reconciliado con el cielo! —Podrá expiar sus faltas —dijo el sacerdote. —Por un capitán. —Siento como si la vida. padre —respondió la joven—. Permítame que me abstenga de contarle nada de mi pobre madre. la mujer no está lejos —dijo el sacerdote con cierta amargura. Era la última de las criaturas y la más infame. este suicidio frustrado.. —¿Se siente mejor? —preguntó el eclesiástico. Estaba allí como en su casa. que las propias Gracias hubieran representado para seducir. crimen. interrumpiendo a su penitente—. afluyera a mí —dijo tras recibir los cuidados del sacerdote y expresándole su gratitud con gestos de la mayor naturalidad. El hombre parecía muy hecho a tales insólitas situaciones. que murió asesinada. —Mi historia es muy sencilla. tierna y flexible. Conozco el origen de usted. dándole a beber un vaso de agua azucarada. Este privilegio de estar en todas partes como en la propia casa sólo es patrimonio de los reyes. —El amor regresa.. justificaba plenamente el sobrenombre de la singular muchacha1. ahora soy tan sólo la más desgraciada de todas ellas.

donde había ido un día de descanso. me fui de allí sin permiso. en la cual vivía entonces una de mis amigas. que me quiere y me respeta como la más virtuosa de las mujeres. que tuvo la generosidad de cedérmela. todo tiene aún arreglo —repuso el sacerdote—. explíqueme sus relaciones con él. —Lucien es Lucien —añadió—.. aunque su reacción era la de una mujer que desde hace tiempo no se sorprende por la brutalidad. en la debida forma.vergonzosa. El amor había irrumpido en mi corazón. y me había transformado hasta tal punto que al regresar del teatro no me reconocía ya a mí misma: sentía horror de mí. donde entonces estaba yo. —¿Viene usted de su parte? —preguntó con una expresión de amor que hubiera enternecido a cualquier otro sacerdote—. para recobrar mis derechos. ¡Oh! Se ha figurado lo ocurrido.. Le conocí por casualidad. como puede comprender. teníamos un día por semana en casa de la señora Meynardie. sino su vida lo que es motivo de inquietud. Lo único que pedía al cielo era . —En una palabra —dijo ella. No omita nada de cuanto se refiere a este joven. el más hermoso de los jóvenes y el mejor de los seres vivos. hace tres meses. Le juro por lo más sagrado. no es su muerte. Vamos. con tal que su fe y su arrepentimiento sean sinceros y no tengan segunda intención. no he sido bautizada ni he recibido las enseñanzas de ninguna religión. le di la dirección de esta casa. Hice una declaración ante la policía. La pobre muchacha temblaba ante el tono brusco del eclesiástico. en cambio. para tachar un nombre ponen unas dificultades exageradas. En vez de decirle dónde estaba. Lucien jamás ha sabido nada de eso. haciendo camisas de veintiocho sueldos para vivir de un trabajo honrado. —Habría podido decir Dios y Lucien —replicó el sacerdote con una sonrisa —. —¿Acaso es jurar dar su palabra sagrada? Bien. Al día siguiente. puesto que no ha tenido ningún buen ejemplo. Me ha recordado usted el objeto de mi visita. —Así pues. —No —contestó—. —Lucien y Dios llenan mi corazón —dijo ella con conmovedora ingenuidad. en la Porte-Saint-Martin. Durante un mes no he comido más que patatas para poder ser buena y digna de Lucien. mi amor ha de parecerle del todo natural. si usted le conoce. desde aquel día he trabajado en este cuarto. —¡Ayi. como una desesperada. sin duda alguna es el suyo. y estoy sometida a dos años de vigilancia. —No se debe jurar. La inscripción en esos registros infamantes están siempre dispuestos a hacerla.

ahí está. Esther hizo un ademán de espanto que vio el sacerdote.. ¡Pobrecito mío! Nos entendemos tan bien. Ayer. Un hombre como Lucien es tan poco frecuente como una mujer sin pecado.. Tendré diecinueve años el mes de abril. no tenía usted hacia su ídolo un amor puro y verdadero. con arrebatos de esos que le hacen llorar. —¿Su velo de inocencia?. la exageración es perjudicial para un verdadero amor. Sólo nosotras conocemos bastante a los hombres para apreciar lo que vale Lucien. Si hubiera experimentado el cambio del que se enorgullece. me reconocieron unos jóvenes que tienen tanto corazón como piedad tienen los tigres. y salvo en las procesiones.que protegiera mi resolución. Pero un ser como él necesita su igual. pero que no conmovió la impasibilidad del confesor. a esta edad se puede ya salir a flote— Me da la sensación de haber nacido hace tan sólo tres meses. —No blasfeme —dijo el eclesiástico con voz suave—. El velo de inocencia que tenía cayó. una pregunta como ésta? —contestó con una esplendorosa sonrisa—. padre. Dice que es poeta. no se puede amar más que a él. pero yo digo que es dios. sus risas me partieron la cabeza y el corazón. conocería las delicias de la castidad y la delicadeza del pudor. así es como lo ha poseído. jamás he visto a Dios.. —dijo el sacerdote—. por curiosidad. nunca he entrado en ninguna iglesia. de espíritu y de ademán!.. De ahí viene mi desgracia.. pero no por el amor en sí mismo. habría usted adquirido las virtudes que constituyen el patrimonio de la adolescencia.. tan cariñoso. lo quiere por usted y no por él. me moriré de pena. ¡Oh. cuando se le conoce. usted que le conoce.. Compré esta Virgen que ahí ve. —¿Qué le dice a la Virgen? —Le hablo como a Lucien. perdón!. creo que aún sería más fácil entenderse con un tigre que con ellos. no está agitada por ese temblor sagrado que inspiran los seres en quienes Dios pone el sello de las perfecciones más adorables: ¿ha pensado usted que lo . No se resiste a un dios. ¿Trató entonces a Lucien con todo rigor? —¿Cómo me hace. puesto que no sé ninguna oración. Nadie puede parecerse a Dios. le dirigía plegarias a mi modo.. Cada mañana he estado rezando a Dios para pedirle que no permitiera jamás que Lucien descubriera mi vida anterior. —Sí. Usted no ama de verdad. No crea que me ha salvado. pero ustedes los sacerdotes no saben lo que es el amor. que son las dos glorias de la jovencita. no sé leer ni escribir. por los placeres temporales que la cautivan. en la Ópera. que tenemos una sola alma. —¿Llora? —De alegría —dijo en seguida—. tan dulce de corazón. ¡Es tan amable. Quisiera ser digna de ser amada por mi Lucien.

que no sabe leer. . —Hija mía —dijo el juez terrible—. pura como la de un salvaje. dar la propia sangre gota a gota. darle todo cuanto desea. —¿Qué calificativo hay que dar a un amor que no es eterno.. aunque sea en perjuicio. y consciente de su degradación.. afluían a su cerebro causándole estragos. A cada frase los sollozos crecientes y las abundantes lágrimas de la desesperada muchacha atestiguaban la fuerza con que la luz se abría paso simultáneamente en su inteligencia. la cosa sería menos grave. Perfeccionarse sin cesar para hacerse digno del ser amado. cuando inspira la vida. Sí. y cuya confidencia reciben los ángeles con sonrisas de felicidad.. que lleva al conocimiento de Dios. con un grito tan sordo y violento que habría arrancado la gracia del Salvador. sacrificarle el amor propio. tener siempre el rostro vuelto hacia él para seguirle sin que él lo sepa. los ángeles aprueban un tal amor. que no nos une. a borbotones. en aquella naturaleza en la que la depravación había sedimentado una capa de fango helado que empezaba entonces a derretirse al calor de la fe. querer lo que él quiere. —¿Acaso podía ser la mujer de Lucien de Rubempré una muchacha que no ha recibido ni el bautismo de la Iglesia ni el de la ciencia. hasta en el más allá. ocultarle incluso los celos atroces que pueda despertar. no dejarse llevar con él ni por el orgullo ni por la cólera..degrada con las impurezas de su pasado. —¿Cuál es? —El amor sin esperanza. con su resonancia de gloria y de infamia? Ha sido usted inconsecuente consigo misma y con la pasión de un día.. la presa futura del suicidio y del infierno? Cada frase era un puñalada que penetraba hasta el fondo de su corazón. adorarle desde lejos. notable tan sólo por el privilegio efímero de una belleza que la enfermedad le arrebatará quizá mañana mismo. dedicarle mil sacrificios secretos. alzando la mirada. en su alma por fin despierta. con la persona a quien queremos? —¡Ah! ¡Quiero ser católica! —exclamó la muchacha. que no puede dar un paso sin que las losas del suelo se alcen para acusarla. cuando conduce a ésta por la senda de la abnegación.. acaso puede ser su esposa este ser envilecido y degradado. un amor así la religión se lo hubiera perdonado.). escribir ni rezar. cuando ennoblece todos los actos con el propósito de alcanzar una perfección ideal. hay un amor que no se declara a los hombres. —¡Por qué no habré muerto! —era el único pensamiento que expresaba de entre todas las ideas que. —¡De un día! —repitió. (si fuera más inconsciente y menos amante. que iba a corromper a un inocente con las horrendas delicias que han merecido el sobrenombre que lleva.

la anchura de su pecho y sus fuertes espaldas eran propios de aquellas cariátides esculpidas en ciertos palacios na medievales italianos que recuerdan imperfectamente las que hay en la fachada del teatro de la Porte-Saint-Martin. había adquirido un aspecto repugnante de roderas deformadas. debido a las infinitas cicatrices producidas por una horrible viruela. pero incluso para los más valientes habría habido más motivos de temor que de esperanza en el aspecto que ofrecían sus ojos. era indudable que sólo bajo los efectos de golpes muy fuertes había llegado a cambiar. Esther sintió una legítima desconfianza. así como el amor . Su tórax de atleta. sus manos de antiguo soldado. pero la niebla la hace indistinta. Miró al sacerdote y sintió que se le removían las entrañas. Las mujeres que han llevado una vida como la que Esther acababa de repudiar con tanta violencia..Se parecen a los críticos literarios de hoy. Su rostro oliváceo y tostado por el sol estaba surcado por una gravedad muy española y por unas profundas arrugas que. Ninguna mirada hubiera sido capaz de descubrir lo que pasaba en el interior de aquel hombre. como le ocurre a cualquiera. llegan a sentir una indiferencia absoluta por las formas exteriores ¡de los hombres. propia del sacerdote que ha dejado de ser cuidadoso de su persona.porque no ofende las leyes humanas ni las divinas y lleva por una senda muy distinta que el de sus sucias voluptuosidades. Aquellas palabras fueron como un trueno que descubre la inminencia de la tormenta. que llegan a sentir asco por todo y sin embargo continúan juzgando. se han acostumbrado tanto a las páginas escritas. han tenido que sufrir tantos desenlaces. que habían sido claros y amarillentos como los de los tigres. en caso de que sea posible que cambie una naturaleza como la suya. ante un peligro inminente y repentino. han hecho tantos artículos sin decir lo que pensaban. ¡con qué acento fueron pronunciadas!). en ciertos aspectos. Al oír esta sentencia horrible cifrada en unas palabras (¡y qué palabras!. han visto pasar tantas de ellas. traicionando tan a menudo la causa del arte en aras de sus amistades o enemistades. La dureza de su fisonomía resaltaba aún más por el hecho de estar enmarcada por una vieja peluca. pueden comparárseles. y que llegan a una profunda despreocupación por las fórmulas artísticas: han leído tantas obras. una peluca repelada de color negro que con la luz adquiría irisaciones rojizas. No hacía falta mucha clarividencia para pensar que lo que le había empujado al seno de la Iglesia eran pasiones muy violentas o accidentes poco comunes. por valiente que sea. han visto tantos dramas. y en los cuales las austeridades y las privaciones habían dejado un velo parecido al que se forma en el horizonte en plena canícula: la tierra es cálida y luminosa. borrosa y casi invisible. que. Hace falta un milagro para que tales escritores produzcan una obra.

el eclesiástico dejó escapar un ademán. y reemprendió el curso primitivo de sus ideas... se sintió como entre las garras de un pájaro monstruoso y feroz que se hubiera abatido sobre ella después de haber planeado un buen rato. perderá la afición para el espléndido destino que se le ha preparado. —Escuche.puro y noble requiere otro milagro para brotar del corazón de una cortesana. temen. rico. —Es cierto. fui yo quien le llevé al baile para intrigarle. y usted me está asesinando! Ante esta exclamación de la inocencia. se concentró en sí mismo. que le arrastre a una vida de disipación. se observaron mutuamente a hurtadillas. besó su sotana con profunda humildad y levantó hacia él sus ojos bañados en lágrimas. que no se sintió amparada bajo un cuidado solícito. ¡Y si no gastara más que dinero!. e hizo una pausa. no habrá sido más que el amante de una mujer impura. sino objeto de un plan preestablecido. reunidos en circunstancias tan singulares.. El tono y los modales de aquel sacerdote. —Es lo bastante hermosa como para que él quiera triunfar en usted a los ojos del mundo. tras haber formado parte por unos instantes del mundo de la elegancia. su fatal reputación ha sumido en el dolor a la familia de Lucien. admirado y lleno de gloria. En la incertidumbre de no saber si se hallaba ante la marrullería del interés personal o ante la unción de la caridad. presa de espanto. entonces se deslizó hasta el suelo. Creyó que se había equivocado. se le figuraron tan hostiles a la pobre muchacha. Durante aquellos instantes. —Yo creía haber hecho mucho —dijo. hija mía. se postró a los pies del hombre. El sacerdote comprendió a la joven sin que la joven pudiera comprender al sacerdote. Seguramente renunció a algún designio que amenazaba a la pobre Esther. En cuanto a usted. los dos personajes. —Somos los médicos de las almas —dijo con voz suave— y sabemos qué remedios convienen a sus enfermedades. . a un mundo desquiciado. ya que hay que estar alerta para poder reconocer la falsedad que procede de los supuestos amigos. dijo con voz alarmada las siguientes palabras: —¡Creía que los sacerdotes tenían la misión de consolar. Pero gastará además su tiempo. que parecía haber salido de un cuadro de Zurbarán. y no sin cierta justificación. como tantos y tantos disolutos que han ahogado sus talentos en el fango de París. mostrarla con orgullo y exhibirla como una especie de caballo de parada. sus energías.. En vez de ser algún día embajador. antes de responder. y. —Hay que perdonar muchas cosas a la miseria —dijo Esther. habría vuelto más adelante a su modo de vida anterior.

son misericordiosos. Si no ha podido romper con la gente que la ha avergonzado esta madrugada en la Ópera. El sacerdote se detuvo. Para llegar hasta el fondo de las calamidades de esta horrible vida. admirando el violento éxtasis de la . Son extremosas en todo. corrompida hasta el tuétano y sorda a la voz del arrepentimiento. El hombre penetró entonces hasta el fondo en la naturaleza humana. de resistir tantas impresiones. llena dé descaro y de astucia. si la hubiera encontrado en la perversión más completa. a juzgar por su aspecto—. Ayer fue usted descubierta. al hallarse privada de la fuerza horrible que la gente corrompida saca de su misma corrupción y al volver a su primitivo ser. Las rameras son seres esencialmente movedizos. frágil y delicado. en interés de la propia Sociedad. en su religión como en su irreligión. la hubiera abandonado en manos de su cólera.porque no hay en usted la fuerza que proporciona la buena educación para resistir el vicio y pensar en el porvenir. han seguido sus pasos y se han enterado de todo. como un verdadero cristiano adora el lodo que irradia. pero guardó una tranquilidad terrible por su fijeza. alarmados por el amor que le inspira usted. Los verdaderos amigos de Lucien. no cede fácilmente. menos aún hubiera podido romper con sus compañeras. con razón. luz divina. que sin motivo pasan de la desconfianza más alelada a la más absoluta confianza. y podía morir como puede perder la vista un ciego operado bajo el efecto de una claridad demasiado intensa. Sépalo. y casi todas se volverían locas si la mortalidad que les es peculiar no las diezmara y si la suerte azarosa no elevara de vez en cuando a algunas de ellas por encima del fangal en que viven. Si hubiera seguido siendo una cortesana engañosa. que sus labios se iluminaron con una sonrisa fija que le daba un aire estúpido. contempló a la muchacha para ver si sería capaz. Al ver aquel documento. me han mandado a usted para sondear sus disposiciones y para decidir su suerte. tan difícil de obtener. en sus alegrías como en sus depresiones. He venido como portavoz del pensamiento benefactor. y aunque tengan el poder suficiente para quitar cualquier dificultad del camino de este joven. pero había vuelto a la inocencia y a la verdad. Aquí tiene esta liberación civil y política. En este aspecto están por debajo de los animales. y esta carta de aviso está fechada hoy: fíjese si son poderosos los que se interesan por Lucien. por casualidad. Esther habría podido fingir. Llenos de espanto. el temblor convulsivo que producen las alegrías inesperadas agitó a Esther de una manera tan ingenua. que la Policía. sacando de su cintura un papel administrativo. y cuyo deseo ha expresado usted con el anhelo de un arrepentimiento sincero — dijo el sacerdote. hija mía: una persona que goza del amor de Lucien tiene derecho a todos sus respetos. habría que ver hasta dónde puede llegar por el camino de la locura sin quedar prendida en ella.

como un niño que tiene en la mente un solo deseo. de Platón. y adivinó de repente el amor de Lucien y lo que debió de haber seducido en él al poeta. puso en obra todas las zalamerías de sus caricias. es la irrupción del Arte en la Moral. le envolvió de ternura y le cubrió con su mirada tan resueltamente que le cogió indefenso. Cogió al sacerdote y le cubrió las manos de besos. apoyó la cabeza contra su pecho. aunque en un santo arrebato de gratitud le aplicó los más dulces calificativos. avergonzada también. de Pompeyo. un anzuelo que prende sobre todo el alma elevada de los artistas. y tan horrendas a los ojos de la gente vulgar. como hizo el "príncipe de Cohti en Nointel. que superaba las invenciones de su Injierno. ¿No se hace uno semejante de algún modo a los ángeles encargados de promover los buenos sentimientos de los pecadores.Torpille en las rodillas del sacerdote. Esther se quedó mirando fijamente el lugar de la cintura donde estaba el papel. Y guardó fríamente la carta en su cintura. ilustradas por el ejemplo de Aristóteles. derramó lágrimas sobre él. avergonzado de haber cedido a la ternura. Semejante pasión oculta. como el recaudador general Bergeret. . En suma. con las expresiones más almibaradas y en tonos diferentes. y le pidió miles de veces. al oír que le decía: —Nunca deja usted de ser una cortesana. La reacción estalló al mismo tiempo que los sollozos. La pobre muchacha miraba el papel con una expresión olvidada por Dante. que le diera el papel. comprendió cuán difícil era resistir a aquel ser cautivador. Tales pasiones. la cual se sentó. besó la basta tela que cubría aquel corazón de acero y pareció que quería penetrarlo. acabó. de Alcibíades. si llega a purificar a un ser como éste? ¡Qué atrayente resulta la tarea de hacer concordar la belleza moral con la belleza física! ¡Qué satisfacción para el orgullo si se consigue! ¡Qué tarea tan hermosa la que no tiene más instrumento que el amor! Tales concordancias. Esther se levantó. se explican perfectamente por la sed de un bello ideal que distingue a los seres creadores. poner un estanque en lo alto de una colina. incomprensibles para la muchedumbre. El sacerdote. de Sócrates. El sacerdote se dio cuenta de cómo había merecido su sobrenombre. apaciguando su ira. no se convierte uno en creador. se fundan en los mismos sentimientos que movieron a Luis XIV a edificar Versalles y que empujan a los hombres a toda clase de empresas ruinosas: transformar las miasmas de un pantano en un cúmulo de perfumes rodeado de surtidores. echó sus brazos alrededor del cuello de aquel hombre. de Cetego. rechazó bruscamente a Esther. finalmente. o el paisaje de Suiza en Cassan. entre otros muchos encantos.

.. haciendo una pausa... —Escúcheme.. en tanto que número apartado de los seres que forman la sociedad —dijo el sacerdote. —Si se siente con fuerzas para dejar aquí a la Torpille —continuó. —¡Los niños pequeños! —repitió la muchacha con voz conmovida. pura y bien educada. —. prosiguiendo impasible—. un pensamiento involuntario. ojalá fuera posible derramar aquí toda mi sangre y tomar otra nueva!. una simple palabra pronunciada en sueños.. ¡Ah..de un modo semejante a como figura en las fichas de la policía. Debe pues comportarse como si fuera una niña. casta. —Por lo menos renunciará a verle —continuó—. no tuvo fuerzas para hablar. Levantó el dedo. una mirada deshonesta. comer pan espolvoreado con ceniza. todo será dulce y llevadero! Caminar con zapatos de hierro candente y sonreír. —¡Ah! —exclamó la pobre muchacha. su madre era judía. olvidará a Lucien. beber ajenjo. —Su futuro depende de su capacidad de olvido. llevar un corsé lleno de púas y conservar la gracia de una bailarina. mataría a la esposa de Lucien. si. el recuerdo de alguna inmoralidad. alzó la mirada hacia el sacerdote e hizo con la cabeza un signo de denegación. al hallar de nuevo al verdugo en la persona del redentor. tampoco fue llevada a la sinagoga: está en los limbos religiosos.. cualquier signo que revele lo que usted sabe o lo que. un gesto cualquiera de impaciencia. La muchacha se calló. Piense en la enormidad de sus obligaciones: la menor palabra. para desgracia suya. aunque no recibió el bautismo. y yo voy a encargarme de que no se parezca ya más a la que ha sido. La llevaré a una casa religiosa donde reciben educación las jóvenes de las mejores familias. de allí podrá salir una joven cumplida. allí se hará católica.. el menor gesto que dejara entrever a la Torpille.. Primero de todo. —¡Sí. que había escuchado cada una de sus palabras como si fuera la nota de una música a cuyo son se estuvieran abriendo lentamente las puertas del paraíso—. hace tres meses. que nacía usted de nuevo.—Hija mía —añadió el sacerdote tras una pausa—. oh. sí padre —dijo la muchacha con una exaltación de santa—. será instruida en la práctica de los ejercicios cristianos y aprenderá la religión. usted. Con estas palabras se le partió el corazón a la pobre muchacha. ha de transformarse enteramente. cualquier omisión. donde están los niños pequeños... ahora debe de sentirse como si hubiera vuelto a la infancia. Si el amor le hizo creer. se ha sabido acerca de usted. .

Le he dicho que ha de ser capaz de salir de la casa adonde la llevaré transformada. saldrá usted furtivamente y cogerá un coche de punto que la esperará en la parte de abajo de la calle de los Frondeurs. en tal caso. y no podía hallar gracia a sus ojos más que por la fuerza de mi amor. le abrazó las piernas y se apretó contra ellas. al atardecer. todo estaría perdido —repuso—. Si la llevara ahora mismo a la casa donde recibirá educación. con un cura. —¿En qué le he ofendido? —dijo la muchacha. —¿Triste? —repuso el sacerdote—. murmurando palabras insensatas en medio de los sollozos que le provocaba la alegría. prohíbale que venga. al levantarse. y. al ver que no he vuelto. El amor todavía no le ha dado fuerza suficiente para enterrar a la prostituta de manera que no pueda reaparecer jamás. —Estaba triste por amar a una mujer como usted —exclamó. Así pues. física y moralmente. Durante estos ocho días. —¿No le ha enviado él hacia mí? —Si durante el período de educación Lucien llegara a verla. que por vez primera desde el comienzo de esta escena. ¿Dijo alguna vez por qué lo estaba? —Nunca —contestó ella. hasta tal punto que ninguno ni ninguna de quienes la conocieron en otro tiempo pueda reconocerla ni hacerle volver la cabeza llamándola por su nombre. estalló en sollozos. besó los zapatos del sacerdote y los regó con sus lágrimas. —¡Sí! Debía de estarlo! —dijo con profunda humildad—. a las siete. hoy domingo. —¿Quién le consolará? —¿De qué le consolaba usted? —preguntó el sacerdote con una voz. Por desgracia. la portera. todos dirían a Lucien que usted se ha marchado. —Este amor ha de darle fuerzas para obedecerme ciegamente. la virtud me ha hecho tan pobre que solamente puedo ofrecerle mis lágrimas. podría ponerse tras su pista. He oído hablar dé una mujer como yo que lavó con perfumes los pies de Jesucristo.Volvió a caer de rodillas. evite a Lucien. muy asustada—. y ésta aún reaparece incluso en los gestos de adoración a Dios. a menudo estaba triste al llegar. Dentro de ocho días. —¿Es que no me ha oído? —contestó con voz cruel—. Sus hermosos y admirables cabellos rubios se soltaron y formaron como una alfombra a los pies de aquel mensajero celestial cuya mirada le pareció sombría y dura cuando le miró. soy el ser más despreciable de mi sexo. me tomará por lo que no soy. busque pretextos. si . Piénselo bien. dentro de ocho días. —No sé. delataba un temblor nervioso.

sí. En Francia no abunda la perfección de conjunto. un lunes por la mañana. no sólo sobre cada una de sus compañeras. suba al piso de alguna amiga. a primeros del mes de marzo de este año. —¡Oh! —exclamó ella—. Los judíos. La armonía del conjunto. yo sabré si le ha vuelto a ver y. ¿Cómo se llama usted? —preguntó al sacerdote cuando le dijo adiós.. encontrar las treinta famosas perfecciones descritas en versos persas grabados. y en cambio hay detalles encantadores. por desgracia mía! La visión de una madre con su hija es uno de los mayores suplicios para nosotras. Esther le tomó la mano y se la besó... y que son necesarias para que una mujer sea hermosa. la patria de la belleza: su madre era judía. enséñeme una verdadera oración antes de marcharse. en su ropa se nota ese no sé qué tan conocido de los parisienses que les indica su condición. sino un ángel que se levantaba después de una caída. es un privilegio de Grecia y de Asia Menor. En un establecimiento famoso por la educación aristocrática y religiosa que en él se da. soy español y me expulsaron de mi país. que la escultura intenta reproducir y que ha reproducido en algunas escasas composiciones. en tal caso. tales como la Diana y la Venus Calipigia. —¡Es muy hermoso! —dijo Esther cuando logró repetir sin ninguna falta estas dos magníficas expresiones populares de la fe católica—. En su aspecto. No era ya una cortesana. para que pueda rogar a Dios. —Carlos Herrera. Estos ocho días le bastan para prepararse unas cuantas prendas decentes y para librarse definitivamente de su aspecto de prostituta —dijo mientras depositaba una bolsa sobre el marco de la chimenea—. Era conmovedor ver al sacerdote haciendo repetir a la muchacha el Avemaria y el Padrenuestro. aunque tantas veces degenerados por su contacto con los demás pueblos. —Pues bien. por los bulevares. ya sabe cómo tiene que estar el próximo domingo —dijo el sacerdote. —¡Oh. ¿No ha visto nunca por las calles. según dicen. levantándose. las pensionistas vieron aumentar su agraciado grupo con una recién llegada cuya belleza triunfó inapelablemente. ofrecen entre sus numerosas tribus ciertos filones en los . Esther procedía de esta cuna de la humanidad. nos remueve los remordimientos que tenemos ocultos en los pliegues de nuestros corazones y que nos devoran. En Francia es muy poco frecuente.. en las paredes del serrallo.viene. sino incluso sobre cada uno de los encantos particulares que en ellas parecían haber llegado a la perfección. a ninguna joven modesta y virtuosa caminando en compañía de su madre?. Sé demasiado bien lo que me falta. por no decir imposible. todo habrá terminado: ni siquiera regresaré.

al deslizarse en el surco circular de abajo. un huevo jflo milagroso puesto en un nido de hebras de seda. Este rasgo maravilloso era el que producía la profundidad del arco bajo el cual se movía el ojo. sus manos. dejarlas. como si rebasara su propio marco. ya que Rafael es el pintor que ha estudiado más y que mejor ha reproducido la belleza judía. Si su vida disoluta hubiera durado tan sólo unos días más. volverlas a coger y llevarlas sin fatiga. Esther. puesto que poseía los treinta encantos fundidos armoniosamente. constituyen el último esfuerzo de la naturaleza. tenía un color cálido de ámbar matizado por venas rojas. [ cuando la luz. Cuando la! juventud reviste con sus tonos puros y diáfanos este hermoso ¡so arco coronado de pestañas a modo de raíces perdidas. Estos pliegues luminosos en que la sombra adquiere matices dorados. atraía repentinamente la atención por un rasgo destacable íen las figuras mejor dibujadas por el lápiz de Rafael. se reúnen allí tesoros de ternura capaces de saciar a un amante y bellezas bastantes para hacer desesperar a un pintor. en que todavía se conserva algo de la flor. aunque aparentemente delicada. que era nerviosa en demasía. Su piel. habría empezado a perder esbeltez. delicada de las membranas. Para un fisiólogo debe de ser digno de consideración la exuberancia de salud y la perfección corporal de un ser como aquél. cogerlas. cabellos que no podían ser tocados por la mano de ningún barbero. su vida irregular le había comunicado ese no sé qué de la mujer. Tenía los pies y los cabellos exactamente iguales a los de la duquesa de Berri.que se ha conservado el tipo sublime de las beldades asiáticas. Cuando no son de una fealdad repelente. eran blandas. Pero más tarde. por lo abundantes. fina como el papel de China. adquiere una tonalidad rosa pálido. Esther se hubiera llevado el premio del serrallo. ya que Esther tenía la estatura mediana que permite manejar a las mujeres como si fueran juguetes. y cuya curva semejaba por su nitidez la arista de alguna bóveda. relucía sin sequedad y era suave sin ser húmeda. ese no sé qué que se manifiesta en el momento en que ya ha pasado la piel suave y tersa de la fruta verde y aún no ha llegado el tono cálido de la edad madura. cuando los dolores hayan arrugado esta red de . cuando las pasiones hayan difuminado estos contornos tan perfilados. por no decir imposible en muchachas muy jóvenes. tienen el esplendoroso aspecto de las figuras armenias. transparentes y blancas como las de una mujer encinta de su segundo hijo. en quien la voluptuosidad hacía las veces de pensamiento. Por una casualidad poco frecuente. este tejido que tiene la consistencia de un nervio y la flexibilidad de la más. eran tan largos que al caer al suelo formaban anillos. El ojo en reposo parece. que tenían una nobleza incomparable. allí dentro. tan justamente famosos. En vez de haber afectado al acabado de las formas o al frescor de la envoltura.

que es objeto de tan afanosa búsqueda. Para convencerse de esta verdad. de ventanas ovaladas. bien puestas y realzadas en los bordes. Esther había vencido al odio. ¿Acaso la naturaleza. Sólo la ternura excesiva de su mirada podía moderar su esplendor. las ovejas de montaña seguirán paciendo separadas. Si se saca de sus respectivos países a ambas especies de ovejas y se las lleva a Suiza o a Francia. de párpados turcos. y no conservaba ninguna huella de las orgías vividas. despertaba la ternura sin asombro. las cuales en los prados de las llanuras donde abunda la hierba pacen apretujadas unas contra otras. era . era fina y delgada. Los orígenes de Esther se adivinaban en el corte original de sus ojos. ha provisto sus retinas de algún tapiz reflector que les permite resistir los espejismos de los arenales. esta maravilla adquirirá una horrible melancolía. Únicamente las razas procedentes de los desiertos poseen en los ojos el poder de la seducción universal. basta hacer extensiva a los rebaños de hombres la observación hecha recientemente sobre los rebaños de ovejas españolas e inglesas. brillaba en los ojos y en la figura de Esther. A cien años de distancia resurge el espíritu de la montaña en los corderos refractarios. ya que una mujer en cuanto tal siempre fascina a alguien. La barbilla. los torrentes del sol y el ardiente cobalto del éter? ¿O quizás ocurra que los seres humanos asimilan. Las variedades animales son el resultado de la ejercitación de tales instintos. aunque se hallen en un prado bajo y espeso. Su mirada no ejercía una fascinación terrible. como los demás. y las voluntades más inquebrantables se fundían bajo su llama. Su nariz. siempre previsora. después de mil ochocientos años de destierro. Su boca roja y fresca era como una rosa sin marchitar. y su mirada y la suavidad de su piel la habían hecho merecedora del terrible sobrenombre que acababa de empujarla hasta el borde mismo de la tumba. El paso de varias generaciones apenas modifica los instintos adquiridos y transmitidos. sino que irradiaba una calidez suave. Todo en ella armonizaba con esas características de la peri de las ardientes arenas. Los instintos son hechos vivos que tienen por causa necesidades. cuyo color era un gris pizarra que con la luz adquiría el tono azulado de las alas negras de los cuervos. de perfil altivo. y en cambio se dispersan en las montañas donde la hierba escasea. análogamente a como el Oriente. Sus ojos guardan seguramente algo del infinito que han contemplado.fibrillas. había asombrado a los depravados de París. mientras que las del llano lo harán juntas aun cuando estén en un monte. algo de los ambientes |lo en los que se desarrollan y conservan durante siglos las pro— ¡piedades que hacen suyas? Esta gran solución al problema de las razas radica quizás en la misma pregunta. como la de los árabes. que parecía estar modelada por un escultor enamorado que hubiera pulido su perfil. Tenía la frente firme.

Cuando una muchacha ha sufrido los males que habían pesado sobre la pobre pensionista y espera una recompensa como la que el español ofrecía a Esther. pues sintieron interés por la secreta desgracia de una muchacha de dieciocho años que no sabía leer ni escribir. Herrera se sorprendió. con ocasión de su primera visita. Aquellas mujeres jamás habían encontrado. La cortesana que había en ella temió ser comprendida. al que no había conseguido poner remedio. y las superioras le felicitaron por su pupila. manifestaba Esther la gracia. besándola en la frente. La transformación fue tan completa que. que para ella significaban lo que para un niño los primeros descubrimientos acerca de la vida. zapatos blancos y guantes blancos. a lo largo de su actividad docente. pero terminaron por admirarlos. que llevaría una cinta de raso blanco. que requerían mucho tiempo para recuperar una forma elegante. Esta frase. Esther interrogaba con discreción a sus compañeras sobre las cosas más simples del mundo. dulzura tan cristiana. Cuando supo que iría vestida de blanco el día de su bautismo y de su primera comunión. Era lo contrario de la escena de Jefté en la montaña. ningún carácter tan amable. semejantes a los de los primeros tiempos de la Iglesia. pese a que parecía que nada en el mundo pudiera sorprenderle. para quien la ciencia y la instrucción eran nuevas. —Es edificante —dijo la superiora. Esther adquirió pronto los ademanes. por fin volvió a encontrar su primera naturaleza. modestia tan auténtica ni deseo tan grande de aprender. de modo que atribuyó aquella horrible melancolía a la alegría que el espectáculo le producía por anticipado. no es extraño que lleve a cabo tales milagros. tenía también en el . y al convento la fiesta de su bautismo. hasta tal punto se habían deformado a causa de las faenas más vulgares de la casa. y en la cabeza un tocado de lacitos blancos. la suavidad de voz. la ingenuidad y la profundidad que distinguen a la maravillosa heroína de Los puritanos de América. lo dice todo. Durante las horas de recreo. Las jóvenes pensionistas empezaron por envidiar tales milagros de la belleza. Un solo detalle. lazos blancos. que repitieron los jesuítas en el Paraguay. Sin que ella misma lo supiera. Le perdonaron su belleza en la medida en que se sentían superiores a ella por la educación. se deshizo en llanto en medio de sus asombradas compañeras. revelaba su condición de cortesana sumida en la pobreza: sus uñas estropeadas. No pasó la primera semana sin que hubieran tomado afecto por la ingenua Esther. Puesto que los hábitos que abandonaba distaban tanto de los hábitos que adquiría como distan el estado salvaje de la civilización. el porte y las actitudes de aquellas muchachas tan distinguidas. y que iba a proporcionar al arzobispo el honor de haber convertido a una judía al catolicismo.blanca como la leche. esencialmente católica.

en que los placeres eran tan horrendos como las desdichas. ¿Sentía la llamada de las calles llenas de barro del París que había dejado? ¿Acaso se aferraban a ella por lazos olvidados las cadenas rotas de sus horribles costumbres y las sentía como sienten los viejos soldados —según dicen los médicos— los miembros que perdieron en la batalla? ¿Habían quizá penetrado hasta el tuétano de la muchacha los vicios y sus excesos. que lo conocía todo. al no ser capaz de adivinarlas. como si el médico y el escritor. Durante el tercer mes la violencia de esta alma virgen. la práctica de la religión. que en una virgen que no sabe nada. y la nostalgia. aunque ambos deseos tengan la misma causa y el mismo objeto. El reposo aliviador y las . un deseo más violento en ella. sino entorpecida por una sorda resistencia cuyas causas desconocía la propia Esther. en lugar de aquella otra vida desordenada. la dulzura de los afectos que inspiraba.corazón un amor que la atormentaba. los trabajos que aprendía. resultó no dominada. Como las ovejas de Escocia. ¿Acaso se producía en su interior un desplazamiento de la fuerza vital que acarreaba ciertos sufrimientos inevitables? Todo es dudoso y oscuro en una situación que la ciencia no se ha dignado examinar por considerar que el tema es demasiado inmoral y comprometedor. Sin embargo. un médico tuvo la valentía de emprender unos estudios que dejó inacabados por culpa de la muerte. sufriría quizá como los enfermos que no conocen la medicina ni la cirugía. y ella. repartida entre trabajos moderados y ratos de recreo. e incluso los esfuerzos que había de desplegar para dominar sus recuerdos. el sacerdote y el político no estuvieran por encima de cualquier sospecha. por ejemplo. el fervor de su santa resolución. quebrantaba a la joven pensionista. Hay en nosotros varias memorias. no podía vencer los instintos desarrollados por la vida licenciosa. el cuerpo y el espíritu tienen cada uno la suya. tenía tanto que olvidar como que aprender. un amor extraño. el ejercicio de las facultades de una inteligencia despertada. Una vida pura y regular. a quien Dios había de perdonar que mezclara el amor humano con el amor divino? El uno había llevado al otro. que volaba con las alas desplegadas hacia el paraíso. las sorpresas de la enseñanza. quiso pacer aparte de las demás. Durante los primeros meses todo contribuía a relegar sus recuerdos al olvido: la novedad de una vida recluida. Quizá la negra melancolía que afectó a Esther y que oscurecía su feliz existencia participara de todas aquellas causas. La alimentación sana y abundante que había sustituido a su anterior y detestable régimen alimenticio no sustentaba a Esther. hasta el punto que las aguas sagradas no llegaban a alcanzar el demonio que se ocultba allí? ¿Era preciso que contemplara a aquel por quien estaba realizando esfuerzos auténticamente angélicos? ¿Era esto preciso para ella. El hecho era extraño. es una enfermedad de la memoria física.

A menudo. Las carpas desmejoraban. con los hombros desnudos. con aguas claras. Su patria infernal todavía ejercía su imperio. provocaban una fiebre cuyos síntomas escapaban a la exploración y a la observación de la enfermera. Un cortesano hizo notar aquella muda oposición que tenía lugar en Versalles. por la noche. cuando la superiora le regañaba por llevar un peinado más presumido de lo que permitía la regla. coqueteaba con los árboles y les decía palabras que no llegaba a pronunciar. el bien y la felicidad que sucedían al mal y al infortunio. En cierta ocasión se sacaron algunas carpas de un estanque cenagoso para ponerlas en un pilón de mármol. se quedaba con los ojos fijos en el crucifijo." Estas palabras expresan toda la historia de Esther. mientras que lo que amaba la conducía a la muerte. ¿en busca de qué? No lo sabía. sin chai. Le gustaba rezar. Había abierto su alma a los resplandores de la religión verdadera. en lugar de las imágenes santas que quería ver. Por fuera era dulce como una virgen unida a este mundo sólo por su figura femenina. En suma. se alzaban ante su imaginación. como una culebra. pero el hombre jamás les contagiará la lepra de la adulación. pese a las órdenes soberanas de una voluntad absoluta. entrecortadas por movimientos nerviosos. por risas inextinguibles. y hubiera estado dispuesta a cortarse el . pero sucumbía al demonio.noches tranquilas. la joven se sentía impulsada a correr por los espléndidos jardines del convento. aquellas noches suyas llameantes durante las cuales dirigía ella las orgías como en el Conservatorio dirige Haheneck una sinfonía de Beethoven. A veces se deslizaba a lo largo de las paredes. lo cambiaba con una encantadora y presta obediencia. por dentro en cambio se agitaba una imperial Mesalina. furiosas y brutales. durante los oficios. pero su llanto era de rabia. corría apresuradamente de árbol en árbol. que recibía sin esfuerzos ni dudas. en sustitución de las fatigas abrumadoras y de las más crueles excitaciones. que su piedad enaltecía el alma. que les daba de comer las migas de la mesa real. "Son como yo —respondió aquella insólita reina—. Ella era la única que conocía el secreto de esta lucha entre el demonio y el ángel. Su director espiritual estaba muy satisfecho. desbreñadas. resultaban tan funestos a Esther cuanto hubieran sido para sus compañeras los desórdenes de su vida anterior. aquellas noches llenas de risas y de lascivia. De vez en cuando. en la capilla. la seguridad que reemplazaba al desasosiego. Lo que odiaba era para ella la vida. Tenía una fe tan ardiente. Los animales pueden ser abnegados. se tiraba desesperadamente en los rincones oscuros. echan de menos sus turbios lodazales. los ojos se le inundaban de lágrimas. En la corrupción la habían implantado y en ella se había desarrollado. todas la admiraban. con objeto de satisfacer un deseo de la señora de Maintenon. pero su cuerpo contrariaba continuamente a su alma.

Ante este peligro. la superiora apeló al padre Herrera. La superiora. que le ofrecería algunas imágenes mundanas. no contestó nada al español y se volvió hacia la superiora. de un modo tan completo que Esther apenas . El padre no quiso que Esther emprendiera el viaje antes de su bautismo y su primera comunión. se sentía muy a gusto entre sus compañeras. —¿Cuánto tiempo falta? —preguntó el médico. tratándose de una muchacha que prefería morir que regresar al mundo de la impureza. lo civil y lo vital. No echaba nada de menos ni deseaba nada. y se salvará —dijo el sacerdote. pero aquel médico desconocía la vida anterior de Esther y no podía sospecharla. y con la Ópera. Aquella nostalgia tenía una gracia conmovedora. Se llamó al médico cuando pareció que el estado de la joven era grave. el sufrimiento no aparecía por ningún lado. Esther era feliz. —Sí. El médico. —Ya habrá muerto —repuso el doctor. Lo religioso domina en España a lo político. halló por todas partes la vida. se transformó y adelgazó. La superiora redujo sus tareas y la tomó bajo su custodia para interrogarla. Se volvió pálida. pues. El español llegó. dirigió a Esther una mirada llena de piedad y ternura. Esther fue conducida por su protector al Rocher de Canéale. aun cuando era religioso y monárquico. —Un mes —contestó la superiora. pero su vitalidad estaba esencialmente en peligro. Aquella muchacha era hermosa como un lirio inclinado sobre su tallo. que había concebido una idea horrible y persistía en ella. el hombre de ciencia declaró al hombre de fe que el único remedio era un viaje a Italia. pero en estado de gracia. advirtió la gravedad del estado en que se hallaba Esther y conversó un rato a solas con el doctor. El mismo día de esta consulta. Las respuestas de la enferma desarticulaban todas las hipótesis. Herrera se disfrazó de militar. pero Esther se negó obstinadamente a prestarse al examen del médico. Después de aquella confidencia. Quedaba aún una manera de aclarar las dudas del sabio. caballero! —dijo. pero el terrible clérigo le cogió entonces por el brazo para detenerle. —¡Ni una palabra. el médico. hizo la prueba de dos maneras: con una cena excelente que pudiera recordar a la muchacha alguna de sus orgías. no se sentía atacada en ninguna parte vital. Fue precisa su aplastante autoridad para decidir a la joven santa a tamañas profanaciones. ya que el deseo de salvarla había sugerido al sacerdote los más insólitos expedientes. —¡Sea pues lo que Dios quiera! —exclamó al salir.cabello si la madre se lo hubiera ordenado. no sabía qué pensar al verla poseída de aquella devoradora languidez. sorprendida por las respuestas de la pensionista.

padre. —Dígame. sus compañeras contemplaban con interés su palidez de hierba marchitada. y la llevó a un palco donde pudiera permanecer oculta a las miradas. . Pienso en él a todas horas. y el cuerpo estaba a punto de ceder. hija mía —le decía el sacerdote—. —Sin embargo. a lo largo de un emparrado que recibía las caricias del sol de abril. como la vez anterior. La pensionista sintió repugnancia por las cenas de su protector y una aversión religiosa por el teatro. y se sumió de nuevo en la melancolía. y cuando usted ha aparecido hace un momento estaba pronunciando interiormente este nombre. la palabra de éste la tranquilizó. no ha dejado de pensar en él. que no entrañaba ningún peligro para una inocencia recuperada de un modo tan completo. El sacerdote calibró este momento con la horrenda sagacidad práctica que antaño ponían en obra los verdugos en su trabajo. Este paliativo. —¿Es su ausencia lo que la abate? Esther no contestó y se limitó a inclinar la cabeza como hacen los enfermos que sienten ya el aire del sepulcro. estremeciéndose de pies a cabeza con un movimiento convulsivo—. tanto la venganza como la caridad. —Ésta ha sido mi única falta. pero. tuvo la precaución de hacer que su acompañante se pusiera un velo. —¿Volverle a ver?. que quiso medir la profundidad de su alma para saber todo cuanto podía exigírsele. Esther se levantó y fue hacia el español con un movimiento que mostraba cuán poca vida quedaba en ella y también cuán poco gusto por la vida. experimentó por segunda vez un sentimiento de desconfianza hacia su protector. su mirada de gacela agonizante y su postura melancólica. sentada en un banco. acogió a la enferma con una sonrisa que expresaba tanto la tristeza como la dulzura. parecía tener frío y buscar allí un poco de calor. "Se muere de amor por Lucien". pronto se mostró insuficiente. se dijo Herrera. Llegó un momento en que aquella pobre muchacha sólo se aguantaba por una fuerza moral.. ¿por qué no me ha hablado jamás de Lucien? —Le había prometido a usted —respondió. a quien éste no debía de utilizar más que para la realización de sus venganzas. que durante su período de vida casi monacal se había acostumbrado a la meditación y a replegarse en sí misma.le reconocía. Esther. El sombrío ministro de Dios. le había jurado que no volvería a pronunciar este nombre. Encontró a su pupila en el jardín.. —Sería volver a vivir —respondió. Aquella pobre gitana. aquella salvaje golondrina herida despertó por segunda vez la piedad de Carlos Herrera. —dijo él.

La pobre muchacha se desplomaba como si la tierra cediera bajo sus pies. no se separarán ya más. su palidez había adquirido un matiz dorado. amable. Esther volvió a resplandecer por unos momentos. Volvió a mostrarse en su auténtica naturaleza de amor. en los ademanes y en la actitud de Esther. —¿Por que ofende usted mi felicidad? ¿Acaso no puedo amar a Lucien y practicar la virtud. como estaría dispuesta a morir por él? ¿No estoy a punto de morir por ambos fanatismos.—¿Piensa usted en él sólo en espíritu? —¡Ah. Herrera le besó la frente por vez primera. vivía de nuevo. —¡Sí. después seréis libres los dos. —¡Los dos! —repitió la muchacha en un arrobamiento de alegría. —Dios es bueno —repuso ella— y lee en mi corazón. Esta escena sorprendió a las pensionistas y a las superioras. porque sus rodillas se doblaron. Había recuperado sus colores. Vencido por la deliciosa ingenuidad que estallaba en la voz. La joven. estoy dispuesta a morir sin volverle a ver y a vivir en cuanto le vea. Dios me juzgará. cuya religiosidad se emparentaba con la de los dominicos. transformada. es preciso. Esta iglesia. Herrera vivía en la calle Cassette. —Los libertinos te habían aplicado un calificativo adecuado: tú seducirás a Dios Padre. cerca de la iglesia de Saint-Sulpice. en la mirada. por la virtud qué me hace digna de él que me ha echado en brazos de la virtud? Sí. y si se cree usted capaz de vivir virtuosamente viviendo para él. coqueta. volverá a ver a Lucien. a la que se hallaba adscrito. El clérigo la sentó sobre el banco. ahora voy a devolverte a tu destino: le volverás a ver. le dijo: —¿Por qué no hoy mismo? —¿Quiere sustraer a Monseñor el triunfo de su bautismo y de su conversión? Está demasiado cerca de Lucien para no estar lejos de Dios. al día siguiente. Era una . que la habían contemplado desde lejos. y les hizo creer que habían asistido a alguna operación mágica al comparar a la Esther de entonces con la de antes. en definitiva. cuando recuperó el habla. Todavía algunos días. el amor no admite esta separación! —¡Hija de raza maldita! Lo he hecho todo para salvarte. pareció resucitar. del todo. zalamera y alegre. —En cuanto haya sido lavada en las aguas del bautismo. El sacerdote tuvo que sostener a Esther. padre. ya no pensaba en nada! —Nunca será de ninguna religión —dijo el sacerdote con un gesto de profuna ironía. cuadraba a este español. de estilo duro y seco. a la que quiero tanto como a él? ¿No estoy dispuesta a morir aquí por ella.

consumiendo tanto tiempo como tabaco. ejemplo de uno de esos genios incompletos que tienen cierta potencia para desear y para concebir —que quizás es lo mismo—. En una vida . Ahí radicaba. Richelieu buscó demasiado tarde alguna hermosa y blanca figura con bigotes para echarla a las mujeres a quienes debía divertir. sabiendo que esta entrega sólo podría ser recompensada cuando fuera restablecido el Rey netto. poeta. resplandeciente de lujo y provista de muchas comodidades. La pereza es una careta ¿en igual medida que la gravedad. pero carecen de fuerza para hacer. de un actor joven y apasionado. siempre de noche y fén algún vehículo. Los viejos. Cumplía sus deberes religiosos en Saint-Sulpice y no salía más que para sus ocupaciones. el decreto real referente a su cambio de apellido. El silencio y la discreción se dan cita en las habitaciones elegidas por los sacerdotes. Lucien y Herrera formaban. El patio de la casa era sombrío. lleno a la vez de orgullo y de vanidad.víctima de la astuta política de Fernando VII. entre los dos. para realizar sus proyectos. y Lucien ocupaba la otra ala. en los que la actividad vital se ha desplazado para trasladarse a la esfera de los intereses. Herrera vivía en un ala del edificio. dio como justificación de su estancia en París su gran afecto hacia Lucien de Rubempré. ya que no es de los que gustan a las reinas. La de Herrera puede describirse en dos palabras: era una celda. el cual había ya conseguido. Aquel comportamiento anunciaba. atentaba contra la causa constitucional. gracias a este afecto. El cigarro español desempeñaba también su papel. sienten a menudo necesidad de una bonita máquina. reinaba de nuevo Fernando VII. Se vio obligado a desterrar a la madre de su señor y a espantar a la reina. escritor. descuidado pero amante del orden. un alma superior. Las dos viviendas estaban a la vez separadas y unidas por una gran sala de recepción. pero Carlos Herrera no iba a reclamar el pago a sus servicios a Madrid. ambicioso. reunía todo cuanto exige la vida elegante de un dandy. La de Lucien. en el segundo piso. vicioso. Protegido de la curiosidad por un silencio diplomático. Herrera vivía desuna manera muy oscura. que sitúa el descanso entre las dos comidas. el secreto de su unión. un político. Le ocupaba una gran parte de su jornada la siesta española. que también es pereza. según la gente. como suelen hacerlo tradicionalmente los sacerdotes dedicados a misiones secretas. Carlos Herrera se había dado en cuerpo y alma a la camarilla en el momento en que las Cortes parecía que no iban a ser derrocadas. tras haber intentado hacerse querer por ambas inútilmente. Le daban sombra unos árboles altos y espesos. llenando así las horas en que París está activo y tumultuoso. La expedición del duque de Angulema había tenido ya lugar. seguramente. cuya magnificencia y cuyo estilo antiguo se adecuaban tanto al grave clérigo como al joven poeta.

a veces victoriosas. Roma. Choiseul estuvo perdido. pero había creído necesario desviarle del insensato amor que el joven guardaba en su corazón por Esther. ¿Podía Herrera comprender lo que es el amor de un poeta? Cuando este sentimiento se ha apoderado. como los holandeses desgastan el diamante con el diamante. desgastado por este duelo para el cual sólo contaba con un capuchino como ayudante. y que creía que Lucien era el hijo natural del sacerdote. en uno de estos grandes hombres pequeños. Por po— ¡deroso que sea un gran político. se haga lo que se haga. que le lanzó demasiado pronto en medio de un mundo en el que el clérigo no quería verle antes de haber terminado de armarlo contra el mundo. tuvo un carácter de dominación muy otro que la de Richelieu. cuando ha inflamado el corazón y penetrado los sentidos. Comía fuera de casa. Después de haber gastado unos cuarenta mil francos aproximadamente. que hicieron huir a la realeza. y la buscaba con obstinación.ambiciosa. como tampoco podía preverse su fin. Obsérvese también cómo la vida de Mazarino. un cabriolé y un til— buri para las mañanas. una berlina para las noches. lo que es la presa para el cazador. pero el servidor de Ana de Austria no cortó ninguna cabeza. Las previsiones de Herrera se habían cumplido: la disipación se había apoderado de su pupilo. de la cabeza. en su época de esplendor. aunque un Cinq-Mars fiel? Nadie podía responder a tales preguntas ni medir la ambición de aquel español. era para él. mantenida tanto tiempo en secreto. Estas preguntas. cardenal italiano. ¿Se había empapado Herrera de estas elevadas doctrinas? ¿Se había hecho a sí mismo justicia antes de lo que lo hiciera Richelieu? ¿Había hallado en Lucien un Cinq-Mars. al no encontrarla. Richelieu halló una oposición entre los grandes señores. cada locura había devuelto a Lucien más ansiosamente a la Torpille. cardenal francés. Carlos era ambicioso por dos: esto era lo que mostraba su conducta a la gente que le conocía. que completó la obra de Richelieu ahogando a la nobleza con cordones dorados en el gran serrallo de Versalles. obedecía a esta necesidad. Mazarino fue rechazado por la Burguesía y por la Nobleza unidas. apuntaban a un misterio horrible que Lucien sólo conocía desde hacía unos pocos días. Una vez muerta la señora de Pompadour. que se hacían los que pudieron echar una mirada sobre aquella unión. el poeta se hace tan superior a la humanidad por el . falleció en la flor de su poder. cada vez más. supo vencer a Francia entera y formó a Luis XIV. Lucien tenía tres hermosos caballos en su caballeriza. y contra ella empleó el hacha. Quince meses después de su aparición en la Ópera. armadas. es obligado tropezar con una mujer en el momento en que menos se espera un tal encuentro. necesita una mujer para oponer a la mujer.

restregada de corrupción más que corrompida: siempre la veía blanca. multiplica sus sensaciones con el pensamiento. Hacia finales del mes de mayo de 1825. tanto en lo bueno como en lo malo. pura y misteriosa. trabajaba. La pasión de un poeta se transforma entonces en un gran poema que muchas veces rebasa las proporciones humanas. El día en que el español se dio cuenta de la palidez de la frente de Lucien. en sus esperanzas. cenaba con Herrera. Por esto un tal amor es un modelo de pasión: tiene un exceso de todo. como el sublime caballero de la Mancha. en sus cóleras. actúa y medita. ¿No sitúa entonces el poeta a su amante a una altura en que las mujeres habitualmente no quieren verse situadas? Convierte a una rústica moza en princesa. y engrandece así la voluptuosidad mediante el majestuoso mundo del ideal. adivinando que él la quería así. había adivinado al ángel que había en el interior de aquella muchacha. necesariamente extremoso en todo. estaba meditabundo. triplica la felicidad presente mediante la aspiración al futuro y la memoria del pasado. hacen como Rafael. Lucien había perdido toda su vivacidad. pero hay otro peligro: cuando encuentran la forma que responde a su espíritu. y no se parece a ninguna de las agitaciones que experimentan los comunes mortales. en sus alegrías. se desliza. frente al amor burgués es como el torrente eterno de los Alpes comparado con los riachuelos de ¡as llanuras.amor como lo era ya por la potencia de su fantasía. Estos bellos genios son tan a menudo incomprendidos. salta. bajo la planta de algún caminante. y confiere a su amor las alas de su espíritu: siente y retrata. vírgenes aún. y mezcla en todo ello los exquisitos goces del alma que lo convierten en el príncipe de los artistas. que a menudo es una panadera. en sus melancolías. Su natural poético. alada. tal como ella se había hecho para él. < hacen como el hermoso insecto. Emplea para sí mismo la varita con la que transforma en seres maravillosos todas las cosas. no salía. mueren junto a la Fornarina. Lucien estaba en este estadio. Su groom se pasaba más tiempo limpiando los tubos de este bonito instrumento y perfumándolos. Debe a un capricho del engendramiento intelectual la rara facultad de expresar la naturaleza por medio de imágenes en las que imprime a la vez el sentimiento y la idea. en que advirtió las huellas de la enfermedad . y que terminan aplastados. leía la colección de tratados diplomáticos. vuela. que cepillando el pelo de los caballos y enjaezándolos con rosas para los paseos por el Bosque de Bolonia. se quedaba sentado a la turca en un diván y fumaba tres o cuatro hukás cada día. que se consumen en falsas esperanzas. y mueren casi siempre como hermosos insectos engalanados para las fiestas del amor por la más poética de las naturalezas. se desgastan en busca de sus amantes ideales. en sus desesperanzas.

Se volvió y vio al sacerdote de pie. sentado en una butaca. Es mucho más propio de tu dignidad y de la mía que me abras tu corazón. pero una mujer de la corte. y se lo devolvía—. tienes en el viejo Herrera a una madre cuya entrega es total y absoluta. poder para ennoblecerla. o cuando están demasiado veladas.. hermosa. Mis pensamientos han seguido la extensión de los tuyos.. —¿Qué más... sus ensueños se disiparon al oír un profundo suspiro.. joven. ¿y qué? —Hijo mío. con los brazos cruzados. amigo mío —dijo Lucien. me aburre. —¡No digas tonterías!. alternativamente. te lo habría dejado libre. para hacer de ella sin escrúpulos un instrumento de fortuna. como tienen los reyes.. —¿Estabas ahí? —dijo el poeta. —Desde hace un buen rato —respondió el clérigo—. pero cuando.. como suelen hacer los fumadores preocupados. por casualidad. deseó ir hasta el fondo de aquel corazón de hombre sobre el cual había asentado su existencia. es un error muy grave.. Había elegido para ti a la señora de Espard..? —Una muchacha inmunda. por lo menos condesa. Amas a una mujer. Hay entre nosotros algo que jamás debiera haber: ¡un secreto! Este secreto dura desde hace dieciséis meses. llamada la Torpille. Lucien comprendió. —¿Cómo puede uno aburrirse teniendo unas esperanzas tan magníficas delante de sí? —Cuando no se cree en tales esperanzas.. corriendo sobre ella el velo del humo perfumado de su tabaco en exhalaciones regulares y prolongadas. dándole la mano. Un bello atardecer en que Lucien. que Lucien había dejado caer.. influyente.en las locuras del amor reprimido.. —dijo el sacerdote—. —Nunca me he tenido por una naturaleza de bronce.. —¿Soy acaso el primero que ha renunciado a la ambición para seguir la pendiente de un amor desenfrenado? —¡Bien! —exclamó el sacerdote mientras recogía el bocchetino del houka. —Sí. no es ni una cosa ni otra. —Lo sé. Amar a una prostituta de la más baja ralea cuando no se tiene. como la tuya. ¿No se pueden conciliar la ambición y el amor? Hijo mío.. y yo me aburro. Comprendo adonde quieres ir a parar. un paraíso y un infierno. contemplaba maquinalmente la puesta del sol a través de los árboles del jardín. . porque nunca te habría pervertido el corazón... te había permitido que tomaras una amante. La vida es para mí.

tiró a la cara del sacerdote el bocchetino de oro y piedras preciosas. seré como una barra de hierro en interés tuyo. sufriré cualquier cosa de ti y para ti. levantándose. —Unos tipos —dijo Lucien. pero no hay que romper el volante con el que acuñamos la moneda. y te he llevado por el camino del poder.. abrumado y mirando al clérigo con un aire estúpido. beso manos muy sucias para hacerte medrar. el individuo en cuestión se levantaba por la noche. te prohibo que te revuelques en los arroyos. y te lo perdono todo. Te lo permito todo menos las faltas que frustrarían tu porvenir. sin perder su terrible gravedad. y medrarás. los que van a la guillotina son unos ángeles. y tenía buen cuidado de dejarle unos restos copiosos. No tienes más que hablar para satisfacer tus pasiones de un día. se sentía dichosa al hacerlo. Lucien.. Esther acabó descubriendo este tejemaneje. Se le había caído la peluca negra.. ¡Me he llevado a la Torpille! —¿Tú? —exclamó Lucien.. He engrandecido tu vida poniendo en ella lo que produce la adoración de la mayoría. interrumpiéndole—. estaba en una situación parecida a la mía cuando me encontraste. él no tenía ni un céntimo. se mostró comprensiva con lo que tenía aquello de humillante. en . y se los comía. —Lucien alzó la cabeza con un movimiento brusco y furioso—. Aunque viril por tu espíritu. he convertido tu falta de tacto para el juego de la vida en un refinamiento de jugador habilidoso. y ya los tienes. el día después de haber visto cómo insultaban a un ser que te pertenecía unos tipos que no quisiera que. —Yo —dijo el español.. Dentro de un tiempo ya no te faltará nada de lo que gusta a los hombres y a las mujeres. —¿Qué has hecho con ella? Te la llevaste el día siguiente al baile de máscaras. ¿Sabes lo que la pobre Torpille ha hecho por tres de ellos? Uno fue durante dos meses su amante: ella era pobre y se buscaba su sustento en el arroyo. eres afeminado por tus caprichos: he pensado cualquier cosa de ti. y le empujó con la suficiente brusquedad para hacer caer a aquel atleta. comparados con ellos. con los brazos colgantes. se iba al armario donde ella guardaba los restos de su cena.. Lucien permaneció en el diván. Llegarás a ser tan grande como ahora eres pequeño. Así pues.—Has deseado los juguetes de la riqueza. el sello de la política y del poder. di mejor unos monstruos. Un cráneo pulido como la cabeza de un muerto hizo recuperar a aquel hombre su auténtica fisonomía: era espantosa. el poeta se levantó. —Sí. —Me la he llevado —siguió el sacerdote. Si bien te abro las puertas de los salones del faubourg SaintGermain. En un arranque de ira animal. Has querido brillar. esto sólo me lo ha revelado a mí.

su coche de punto, al regreso de la Ópera. El segundo había robado, y antes de que se descubriera el robo, ella le prestó la cantidad, que pudo restituir, sin acordarse luego nunca más de devolverla a la pobre muchacha. En cuanto al tercero, le hizo hacer fortuna prestándose a una farsa propia del genio de Fígaro; simuló ser su esposa y se hizo amante de un personaje todopoderoso, a quien hizo creer que era la más candida de las burguesas. A uno la vida, al otro el honor, al último la fortuna, y ¡qué queda hoy de todo esto! Y mira de qué manera le pagan. —¿Quieres que mueran? —dijo Herrera con los ojos humedecidos. —¡Vamos, en seguida con ésas! Te conozco... —No, has de saberlo todo, furioso poeta —dijo el sacerdote—. La Torpille ya no existe... Lucien se abalanzó con tal ímpetu sobre Herrera para agarrarle por la garganta, que de haber sido otro le habría derribado; pero el brazo del español retuvo al poeta. —Escúchame —dijo fríamente—. He hecho de ella una mujer casta, pura, bien educada, religiosa, una mujer respetable, en suma; la he puesto en el camino de la instrucción; puede, debe convertirse, bajo el imperio de tu amor, en una Ninón, una Marion de Lorme o una Dubarry, como decía aquel periodista en la Opera. La reconocerás como tu amante o permanecerás tras el velo de tu creación, lo cual sería más prudente. Cualquiera de estas dos alternativas te proporcionará provecho y orgullo, placer y progreso; pero si llegas a ser tan gran político como eres gran poeta, Esther no ha de ser para ti más que una amante, pues más tarde puede sacarnos de apuro: vale su peso en oro. Bebe, pero no te embriagues. Si yo no hubiera tomado las riendas de tu pasión, ¿en qué situación te hallarías hoy? Habrías rodado, junto a la Torpille, en el fango de las miserias de las que te saqué. Toma, lee —dijo Herrera con la misma sencillez de Talma en Manlio, que él jamás había leído. ""Un papel cayó sobre las rodillas del poeta, sacándole del extático estado de sorpresa en que le había sumido esta aterradora respuesta; lo cogió y leyó la primera carta escrita por la señorita Esther. AL REVERENDO PADRE CARLOS HERRERA "Apreciado protector: Puede usted apreciar cómo antepongo el agradecimiento al amor, viendo que utilizo la facultad de expresar mis pensamientos, por vez primera, para atestiguarle mi gratitud, en lugar de dedicarla a describir un amor que Lucien quizás haya olvidado. Pero a usted, ser divino, le diré lo que no me atrevería a decirle a él, que, para mi dicha, sigue todavía ligado a la tierra. La ceremonia de ayer infundió en mí los

tesoros de la gracia, de modo que dejo entre sus manos mi destino. Aunque tenga que morir permaneciendo lejos de mi amado, moriré purificada como la Magdalena, y mi alma será para él la rival de su ángel de la guarda. ¿Podré alguna vez olvidar la fiesta de ayer? ¿Cómo podría desear abandonar el trono glorioso al que ascendí? Ayer lavé todas mis lacras en el agua del bautismo, y recibí el cuerpo sagrado de nuestro Salvador; me convertí en uno de sus tabernáculos. En aquel momento oí los cantos de los ángeles, no era más que una mujer, nacía a una vida de luminosidad, en medio de las aclamaciones de la tierra, admirada por el mundo, en una nube de incienso y de plegarias que embargaba, y engalanada como una virgen para un esposo celestial. Sintiéndome digna de Lucien, cosa que jamás esperaba, he abjurado de todo amor impuro y no quiero seguir más camino que el de la virtud. Si mi cuerpo es más débil que mi espíritu, que perezca. Sea usted el arbitro de mis destinos, y si muero, diga a Lucien que he muerto por él naciendo a Dios. "Hoy, domingo por la noche." Lucien alzó sus ojos llenos de lágrimas, hacia el clérigo. —Ya conoces el piso de la gruesa Carolina Bellefeuille, en la calle Taitbout —siguió el español—. Esta muchacha, a quien acababa de abandonar su magistrado, se hallaba en un espantoso estado de miseria, podían detenerla; he mandado comprar su domicilio, en bloque, y ella se ha ido con sus trapitos a otra parte. Esther, ese ángel que quería subir al cielo, está allí y te espera. En aquel momento Lucien oyó piafar a sus caballos en el patio, y no se sintió con fuerzas para expresar su admiración por una abnegación que sólo él podía apreciar; se echó en brazos del hombre al que acababa de ultrajar, y le dio reparación con una simple mirada y con la muda efusión de sus sentimientos; a continuación bajó las escaleras, dio a su tigre la dirección de Esther, y los caballos partieron como si la pasión de su amo animara sus extremidades. A la mañana siguiente, un hombre que por su indumentaria podía ser confundido con un policía disfrazado, se paseaba por la calle Taitbout, delante de una casa, como si esperase que alguien saliera; su modo de andar revelaba su agitación. Es frecuente encontrarse en París con paseantes apasionados como aquél, auténticos gendarmes que vigilan a algún guardia nacional refractario, agentes que toman sus medidas para proceder a un arresto, acreedores pensando qué infamia pueden desencadenar contra un deudor suyo que se ha encerrado en su casa, amantes o maridos celosos o suspicaces, amigos apostados al servicio de amigos; pero no es frecuente hallar un rostro iluminado por los salvajes y

ásperos pensamientos que se adivinaban en el del sombrío atleta que deambulaba bajo las ventanas de la señorita Esther, con la pensativa precipitación de un oso enjaulado. Hacia mediodía se abrió una ventana por la que se vio salir la mano de una criada, que abrió las persianas rellenas de cojines. Unos instantes más tarde, Esther se asomó en déshabillé para respirar el aire fresco, apoyada en Lucien; quien los viera podía tomarlos por el original de una dulzona viñeta inglesa. Esther vio en seguida los ojos.de basilisco del sacerdote español, y la pobre muchacha dio un grito de espanto, como si la hubiera herido una bala. —Ahí está el terrible sacerdote —dijo, mostrándoselo a Lucien. —¡Él! —dijo éste con una sonrisa—. Es tan sacerdote como tú... —¿Qué es, pues? —dijo ella, asustada. —Es un viejo barbián que sólo cree en el diablo —dijo Lucien. Si se hubiera tratado de un ser menos entregado que Esther, esta claridad que Lucien acababa de proyectar sobre los secretos del falso clérigo hubiera podido ser la perdición del joven. Al trasladarse de la ventana de su habitación hacia el comedor, donde acababan de servirles el desayuno, los dos amantes encontraron a Carlos Herrera. —¿Qué vienes a hacer aquí? —le preguntó Lucien con brusquedad. —Vengo a bendeciros —contestó el audaz personaje, deteniendo a la pareja y obligándola a permanecer en el saloncito del piso—. Escuchadme, amiguitos. Divertíos bien, sed felices, está muy bien. La felicidad a cualquier precio, ésta es mi doctrina. Pero tú —dijo a Esther—, tú a quien he sacado del fango, a quien he enjabonado el cuerpo y el alma, no tengas la pretensión de interponerte en el camino de Lucien... En cuanto a ti, pequeño —siguió tras una pausa, mirando a Lucien—, ya no eres tan poeta como para abandonarte a otra Coralie. Ahora estamos haciendo prosa. ¿Qué puede llegar a ser el amante de Esther? Nada. ¿Puede Esther convertirse en la señora de Rubempré? No. Así pues, pequeña —dijo, poniendo su mano sobre la de Esther, que se estremeció como si la hubiera tocado alguna serpiente—, el mundo ha de ignorar que usted existe; el mundo ha de ignorar sobre todo que una cierta señorita Esther ama a Lucien y que Lucien está prendado de ella... Este piso será su prisión, pequeña. Si quiere salir (cosa que exigirá su salud), se paseará durante la noche, durante las horas en que no pueda ser vista, porque la belleza, la juventud y la distinción que ha adquirido en el convento serían advertidas en seguida en París. Si un día alguien, sea quien sea —dijo con acento terrible unido a una terrible mirada—, llegara a saber que Lucien es su amante o que usted es la amante de él, ese día sería el penúltimo de su vida. Se ha logrado para este jovencito una ordenanza que le permite llevar el nombre y las armas de sus

antepasados maternos. ¡Pero esto no es todo! El título de marqués no se nos ha restituido; y para recuperarlo, tiene que casarse con la hija de alguna buena familia, en cuyo beneficio el rey nos otorgará esta gracia. Esta unión abrirá a Lucien las puertas de la corte. Este niño, de quien he sabido hacer un hombre, será primero secretario de embajada; más tarde será ministro en alguna pequeña corte de Alemania, y con la ayuda de Dios, o con la mía (que es más eficaz), irá a ocupar algún día un puesto en los bancos de los pares... —O en los jergones de los presidiarios... —dijo Lucien, interrumpiéndole. —¡Cállate! —exclamó Carlos, tapando con su gran mano la boca de Lucien —. ¡Un secreto como éste a una mujer!... —le murmuró al oído. —¿Esther, una mujer?... —exclamó el autor de Las Margaritas. —Ya vuelves a salir con sonetos —dijo el español—. ¡O con pamplinas! Todos los ángeles de esta especie vuelven a ser mujeres, tarde o temprano; y la mujer pasa siempre por momentos en que es a la vez simio y niño: dos seres que nos matan cuando quieren reír. Esther, cariño —dijo a la pobre pensionista asustada—, le he encontrado como criada un ser que me pertenece como si fuera hija mía. Como cocinera tendrá a una mulata, lo cual da tono a una casa. Con Europa y Asia podrá vivir aquí con un billete de mil francos al mes para todos los gastos, como una reina... de teatro. Europa ha sido costurera, modista y comparsa. Asia ha servido a un milord goloso. Estas dos criaturas serán para usted como dos hadas. Al ver a Lucien tan amilanado ante aquel personaje, que por lo menos era culpable de un sacrilegio, aquella mujer, consagrada por su amor, sintió entonces un terror profundo en el fondo de su corazón. Sin contestar, arrastró a Lucien hacia la habitación, y le dijo: —¿Es acaso el diablo? —¡Es algo mucho peor... para mí! —dijo con viveza—. Pero si me quieres, procura imitar la abnegación de este hombre y obedécele, bajo pena de muerte... —¿De muerte?... —dijo con un espanto creciente. —De muerte —repitió Lucien—. ¡Ah, pequeña! Ninguna muerte sería comparable a la que me esperaría si... Esther palideció al oír estas palabras, y se sintió desfallecer. —¿Qué pasa? —les dijo gritando aquel falsario sacrilego—. ¿Todavía no habéis deshojado todas vuestras margaritas? Esther y Lucien volvieron, y la pobre muchacha dijo, sin atreverse a mirar al hombre misterioso: —Será usted obedecido como se obedece a Dios.

—¡Bien! —respondió—. Podrá ser muy feliz durante algún tiempo, y... no necesitará más que la ropa interior y algún traje de noche, resultará muy económico. Los dos amantes se dirigieron hacia el comedor; pero el protector de Lucien hizo un ademán para detener a la hermosa pareja, que se detuvo. —Le acabo de hablar de su servidumbre, voy a presentársela. El español tocó dos veces la campanilla. Aparecieron las dos mujeres, a las que él denominaba Europa y Asia, y entonces se adivinó fácilmente el motivo de tales apodos. Asia, que parecía haber nacido en la isla de Java, ofrecía el espantoso espectáculo de uno de esos rostros cobrizos peculiares de los malayos, aplanado como una tabla, en el que la nariz parece haber sido hundida por una presión violenta. La extraña disposición de los huesos maxilares daba a la parte inferior de su cara una cierta semejanza con el rostro de los monos superiores. La frente, aunque deprimida, no carecía de una cierta inteligencia producida por el hábito de la astucia. Sus dos ojuelos ardientes conservaban la tranquilidad de los ojos de los tigres, pero nunca miraban cara a cara. Asia parecía temer que su aspecto asustara a los que la rodeaban. Sus labios, de un azul pálido, dejaban entrever unos dientes de blancura resplandeciente, aunque entrecruzados. Aquella ñsonomía animal expresaba, en conjunto, la ruindad. Los cabellos, relucientes y grasientos, como la piel de la cara, formaban dos franjas negras rodeadas por un pañuelo exótico. Las orejas, demasiado bonitas, llevaban como adorno dos enormes perlas oscuras. Asia, con su figura pequeña, corta y rechoncha, recordaba las sombras borrosas que los chinos se dedican a proyectar en sus pantallas, o quizá, mejor, esos ídolos hindúes cuyo modelo parece que no ha de existir y que sin embargo los viajeros acaban encontrando. Viendo a aquel monstruo con un delantal blanco encima de un vestido de paño, Esther sintió un estremecimiento. —¡Asia! —dijo el español; la mujer levantó la cabeza hacia él con un movimiento sólo comparable al de un perro al mirar a su amo—. Ésta es tu señora... Y señaló a Esther, en bata, con el dedo. Asia contempló a la joven hada con una expresión casi dolorosa; pero al mismo tiempo dirigió a Lucien un resplandor casi apagado por entre sus apretadas pestañas, como la chispa de un incendio; el muchacho, que llevaba una magnífica bata abierta, una camisa de frisa y unos pantalones rojos, y en la cabeza un gorro turco, ofrecía una imagen divina. El genio italiano puede inventar a Ótelo, y el genio inglés puede llevarlo a escena, pero sólo la naturaleza tiene el derecho de ser en una única mirada más esplendorosa y más completa que

Inglaterra e Italia en la expresión de los celos. Esther, que captó esta mirada, cogió al español por el brazo y le clavó las uñas como hiciera un gato que temiese caer en un precipicio sin fondo. El español dijo tres o cuatro palabras en lengua desconocida a aquel monstruo asiático, que se arrodilló arrastrándose hasta los pies de Esther, y los besó. —No es una cocinera —dijo el español a Esther—, sino un cocinero que haría enloquecer de envidia a Careme. Asia sabe hacer de todo en cuanto a cocinar. Le preparará un simple plato de judías que le hará dudar si no han bajado los ángeles para condimentarlas con hierbas del cielo. Irá todas las mañanas ella misma al mercado y se peleará como el demonio que es para conseguir las cosas al mejor precio; agotará a los curiosos por su discreción. Como habrá que fingir que usted ha estado en la India, Asia le ayudará mucho a hacer verosímil esta historia, porque es una de estas parisienses que nacen para ser del país del que quieren ser; pero no creo que deba usted pasar por extranjera... —Europa, ¿tú qué dices?... Europa formaba un perfecto contraste con Asia, ya que era la doncella más amable que onrose hubiera podido jamás desear como adversario en el teatro. Europa era esbelta, tenía un aire aturdido, una carita de comadreja y la nariz retorcida; ofrecía a la mirada una figura cansada por las corrupciones parisienses, la figura descolorida de una muchacha alimentada con manzanas crudas, linfática y correosa, blanda y tenaz. Avanzando uno de sus pies y con las manos en los bolsillos de su delantal, se agitaba aun permaneciendo inmóvil, tan grande era su animación. Era a un tiempo modistilla y comparsa, y, pese a su juventud, debía haber hecho ya muchos oficios. Su perversión no tenía límites: podía haber robado a sus propios padres y haber rozado los banquillos de la policía correccional. Asia inspiraba un gran temor; pero se la adivinaba en un instante de pies a cabeza, descendía en línea directa de Locusta. Europa, por el contrario, inspiraba una inquietud que no podía por menos de aumentar a medida que se utilizaban sus servicios; su corrupción parecía no tener límites; como dice el pueblo, era una de ésas que "la saben muy larga". —La señora podría ser de Valenciennes —dijo Europa con una vocecita cortante—; yo soy de allí. ¡Querrá el señor —dijo en tono pedante a Lucien — decirnos qué nombre piensa dar a la señora? —Señora Van Bogseck —respondió el español, dando en seguida la vuelta al nombre de Esther—. La señora es una judía procedente de Holanda, viuda de un negociante y afectada por una enfermedad del hígado contraída en Java... Sin demasiada fortuna, para no excitar la curiosidad..

—Tiene tan sólo con qué vivir, seis mil francos de renta, y nos quejaremos de su tacañería —dijo Europa. —Esto es —dijo el español, inclinando la cabeza—. ¡Endiabladas farsantes! —siguió, con una voz terrible, al sorprender en ambas unas miradas que no le gustaron—. ¿Sabéis lo que os he dicho? Vais a servir a una reina, le debéis el respeto debido a una reina, la cuidaréis como se cuida una venganza, y le tendréis tanta abnegación como a mí. Nadie en el mundo, ni el portero, ni los vecinos, ni el dueño, han de saber lo que pasa aquí. A vosotras os toca neutralizar todas las curiosidades, si llegan a despertarse. Y la señora —añadió, poniendo su ancha mano velluda sobre el brazo de Esther—, la señora no ha de cometer ni la más ligera imprudencia; si fuera preciso se lo impediríais, aunque... siempre con el mayor respeto. Europa, tú estarás en contacto con el exterior para el guardarropa de la señora, y cuidarás de no gastar demasiado. En fin, que nadie, ni siquiera la gente más insignificante, ponga los pies en el piso. Entre las dos tenéis que conseguirlo. —Mi pequeña joya —dijo a Esther—, cuando desee salir por la noche en coche, se lo dirá a Europa, que sabe adonde ha de ir a buscar a su gente, pues tendrá para usted un criado, y a mi estilo, como estas dos esclavas. Esther y Lucien no sabían qué decir, escuchando al español y miraban a las dos extrañas mujeres a las que daba órdenes. ¿A qué secreto debía la sumisión y la entrega grabadas en aquellos dos rostros, el uno tan traviesamente picaro y el otro tan profundamente cruel? Adivinó los pensamientos de Esther y Lucien, que parecían embotados como lo habrían estado seguramente Pablo y Virginia ante la visión de dos horribles serpientes, y les dijo con su buena voz al oído: —Podéis contar con ellas como conmigo mismo; no tengáis secretos con ellas, esto las halagará. Vete a servir, mi querida Asia —dijo a la cocinera—; y tú, preciosa, pon un cubierto de más —le dijo a Europa—; lo menos que puede hacer esta pareja es dar de comer a papá. Cuando las dos mujeres hubieron cerrado la puerta, y en cuanto el español oyó como Europa andaba de un lado para otro, dijo a Lucien y a la joven, abriendo su ancha mano: —¡Las tengo cogidas! Las palabras y el ademán hacían estremecer. —¿Dónde las has encontrado? —exclamó Lucien. —¡Ah, diablo! —respondió el hombre—. No he ido a buscarlas a los pies de un trono. Europa ha salido del fango y tiene miedo de volver a él... Amenazadlas con el señor cura cuando no os den satisfacción, y las veréis

temblar como ratones que oyen hablar de un gato. Soy un domador de fieras —añadió sonriendo. —¡Me da usted la impresión de ser un demonio! —exclamó graciosamente Esther, apretándose contra Lucien. —Hija mía, intenté darla al cielo; pero la pecadora arrepentida será siempre una mixtificación para la Iglesia; si apareciera alguna, volvería a convertirse en cortesana en el paraíso... Con todo esto ha conseguido hacerse olvidar y convertirse en una mujer respetable; porque allí ha aprendido lo que nunca habría podido aprender en el mundo infame en que vivía... No me debe nada —dijo al observar en el rostro de Esther una expresión deliciosa de agradecimiento—, lo he hecho todo por él... —Señaló a Lucien.— Es usted cortesana, seguirá siendo cortesana y morirá siendo cortesana; porque, pese a las cautivadoras teorías de los criadores de animales, uno no puede llegar a ser, aquí abajo, más que lo que ya es. Tiene razón el hombre de los bultos en la cabeza1; tú tienes el bulto del amor. El español era, como puede verse, fatalista, como Napo" león, Mahoma y muchos grandes políticos. Es extraño que casi todos los hombres de acción se inclinen hacia la Fatalidad, así como la mayoría de pensadores se inclinan hacia la Providencia. —No sé lo que soy, verdaderamente —respondió Esther con una dulzura angelical—; pero amo a Lucien y moriré adorándole. —Venga a comer —dijo bruscamente el español—, y niegue a Dios que Lucien no se case demasiado pronto, porque entonces ya no lo vería nunca más. —Su casamiento sería mi muerte —dijo ella. Dejó pasar primero al falso sacerdote, para poderse alzar hasta el oído de Lucien sin ser vista. —¿Es voluntad tuya —preguntó— que permanezca bajo el poder de este hombre, que me hace guardar por esas dos hienas? Lucien inclinó la cabeza. La pobre muchacha reprimió su tristeza y pareció alegre; pero se sintió terriblemente oprimida. Fue preciso más de un año de cuidados constantes y abnegados para que llegara a acostumbrarse a aquellas dos horribles criaturas, a las que Carlos Herrera llamaba los dos perros guardianes. La conducta de Lucien desde su regreso a París estuvo marcada por el cuño de una política tan profunda que debía excitar, y efectivamente excitó, la envidia de todos sus antiguos amigos, contra los cuales no ejerció más venganza que la de hacerles rabiar con sus éxitos, con su porte irreprochable y por su manera de distanciarse de la gente. Aquel poeta tan expansivo, tan comunicativo, pasó a ser frío y reservado. De Marsay, a quien

y hacía entrar siempre el coche. que Lucien no llegaba a gastar en total diez mil francos al año. Pocas veces se le veía ir a pie. Su vida adoptó esa regularidad de buen tono bajo la cual pueden ocultarse tantos misterios: frecuentaba la alta sociedad cada noche. a quien mucha gente se complacía en comparar con Lucien. respondía inclinando cortésmente la cabeza. que permaneció indiferente al éxito de su novela. Cuando no estaba invitado. Lucien. las mayores precauciones para ir a la calle Taitbout o para salir de allí. el periodista ya había hecho sus demostraciones en otro tiempo. dando preferencia al poeta. abandonó hasta tal punto toda ambición de gloria literaria. cenaba en casa de Esther. A Esther le bastaban diez mil francos. jamás se le escapó ninguna palabra indiscreta sobre este asunto delicado. tuvo la mezquindad de molestarse por ello. por otra parte. con las cortinas corridas. Cuando le saludaba algún periodista o alguno de sus antiguos compañeros. —Se trata de un éxito póstumo —contestó riendo a la señorita Des Touches. con ocasión de su primera estancia en París. le habían dado experiencia. De Marsay. que lo elogiaba. y al revuelo que produjo su colección de sonetos titulada Las Margaritas. Lucien tomaba. Luicen tomó un piso de soltero en Beaudenord.la juventud parisiense habia adoptado como prototipo. Los errores de esta clase que había cometido con Coralie. a cosechar los honores y las ventajas de la victoria. gracias a la entrega constante e inexplicable de Europa y Asia. a la larga. que gozaba del favor de quienes ejercían secretamente el poder. luego se iba al Bosque de Bolonia y de visitas hasta las cinco. Carlos Herrera vigilaba tan bien al personal en el muelle Malaquais. hasta la una. en el cuarto piso. de este modo evitaba encontrarse con sus antiguos conocidos. pero dejando entrever un profundo . totalmente ignoradas por el mundo. fueron obstáculos para ninguna de sus relaciones o empresas. El terrible español mantenía con brazo de hierro a su protegido en la senda que lleva a los políticos pacientes. Iba siempre en coche de punto. con objeto de estar más cerca de la calle Taitbout. no mostraba ni en su manera de hablar ni en sus acciones mayor mesura que la que mostraba Lucien. en el muelle Malaquais. Ni su pasión por Esther ni la existencia de la casa de la calle Taitbout. de manera que fuese imposible ofenderse. y su consejero se instaló en tres habitaciones de la misma casa. un criado y un palafrenero. que Dauriat vendió en sólo una semana. publicada de nuevo bajo el verdadero título de El arquero de Carlos IX. En cuanto al ingenio. se le podía encontrar en su casa todas las mañanas de diez a una. Lucien no tenía más que un caballo de silla y de cabriolé.

Hacia mediados del año 1829. Por esto el sacerdote ponía en guardia.. Su pasión por Esther le había ayudado en gran medida a desempeñar su papel de persona seria. en casa de la condesa de Montcornet o en otra parte. —No eres aún bastante poderoso para vengarte de quien quieras —le había dicho el español—. en el mundo. pues ya se verá como el joven lo había avivado al permitirse una venganza que. Protegido por una seriedad británica y acuartelado tras los reductos que alza la circunspección de los diplomáticos. si se encontraba con ella en casa de la duquesa de Maufrigneuse o de la señorita Des Touches. que entonces tenía nada menos que cuatro hijas para situar. Lucien se había convertido en casi un personaje. Había demasiado porvenir y demasiada superioridad auténtica en Lucien para que los jóvenes. Una costumbre de esta especie protege a los ambiciosos de muchas . Lucien tenía la obligación de explicar cada noche al clérigo los acontecimientos más insignificantes del día. no estuvieran deseosos de hacerle cualquier mala pasada. uno no se puede parar para coger la flor más bonita. que le había invitado varias veces a su casa.desprecio que cercenaba la familiaridad francesa. Nadie dudaba de que el rey. obligaba a Lucien a ser prudente.. Este rencor. bajo un sol ardiente. Gracias a los consejos de aquel mentor. le valió una fuerte reprimenda de parte de Carlos Herrera. que es la más hábil. Su hermosa y joven figura había terminado siendo. no gustaba de ir a visitar a la señora de Espard. Debido a viejos rencores. Sobre todo desde hacía tres años. Esta boda iba a decidir la suerte política de Lucien. no dejaba que nadie se tomara el derecho ni la oportunidad de echar una mirada a sus asuntos. por lo demás. esquivaba la curiosidad del mundo. con ocasión de tal enlace. la vida de Lucien había sido de una honestidad inatacable. manifestaba hacia ella una cortesía exquisita. y cada noche lo hacía. ofendidos o resentidos por la inexplicable fortuna que había tenido a su regreso a París. concedería a Lucien el favor de darle el título de marqués. Así se libró en poco tiempo de la gente a quien no deseaba haber conocido. que no ignoraba que tenía muchos enemigos. a su hijo adoptivo contra lo traicionero del mundo y contra las imprudencias fatales tan propias de la juventud. De Marsay había dicho acerca de él estas singulares palabras: —Este muchacho ha de tener detrás suyo a alguien muy poderoso. Cuando se está de camino. quien seguramente sería nombrado ministro en alguna corte de Alemania. tampoco desconocía las malas disposiciones que abrigaban muchos de sus amigos. de un modo tan admirable. impasible como la de una princesa en una ceremonia. compartido por la señora de Espard. Lucien. se trató de su boda con la hija mayor de la duquesa de Grandlieu.

al no estar atraídos por ninguna mujer. Todas las mujeres enamoradas y entregadas prometen la reclusión. al de Bolonia. la vida de la perla en el fondo del mar. Con una celeridad que seguramente le había impuesto el sacerdote. el ideal de la cortesana enamorada. incluso en la cima de las más embriagadoras delicias. los efectos de la luna y . a menudo con Lucien y a veces sola con Europa. el cual. Esther nunca había dicho una palabra a este lacayo. como los pajes infernales de que hablan Las mil y 0 una noches. la actriz con la que había vivido durante un año. Los beneficios de aquel inexplicable personaje. de un bastón muy largo con el que se puede hacer frente a varios atacantes a la vez. salía en un coche de alquiler. una prueba de amor que sueñan en dar. parecían a la pobre muchacha el preludio de la condenación. cuando iba sin Lucien.tonterías. por un fornido lacayo que vestía como el más elegante de los lacayos. no tuvo a lo largo de cuatro años ni un solo impulso de curiosidad. el cazador daba un silbido al cochero. que siempre permanecía a una distancia conveniente. "Algún día pagaré todo esto". pero en la mayoría de ellas se trata de uno de esos encantadores caprichos que constituyen el tema de una conversación. Durante las noches de buen tiempo. en cambio. según la moda inglesa. Esther. ignoran los encantos de un paseo por el bosque en plena noche cuando el tiempo es bueno. no dejan que prevalezca lo físico sobre lo moral. pero al mismo tiempo la superaba plenamente. Respecto a la felicidad de que gozaba Lucien. en ayunas y sin un céntimo. Este guardián estaba provisto. El silencio. Cuando la señora quería regresar. que a cada instante se sentía bajo la primera mirada ardiente de Lucien. Europa daba un grito. se decía con terror. era la realización misma de los sueños de los poetas bohemios. por otra parte. el incógnito. y que un encantador da a sus protegidos. Es más. al de Vincennes. Los parisiense. a quien sin duda alguna Esther debía tanto su gracia de pensionista como sus maneras de mujer respetable y su regeneración. Se paseaba sin ningún miedo porque iba acompañada. que acababa siempre de vivir su primera felicidad. pero que nunca dan. que iba armado con un auténtico puñal y cuya fisonomía y vigorosa musculatura eran las de un temible atleta. seguía produciéndole espanto: no se atrevía a pensar en él. nunca abusó del poder ilimitado que adquieren las mujeres amadas cuando renace el deseo en el amante. para hacer preguntas sobre Herrera. Cuando Lucien se paseaba con Esther. le recordaba a Coralie. iba a pasear por alguno de esos encantadores bosques que rodean París. Esther. Europa y el lacayo se quedaban a cien pasos de distancia. y sobre todo las parisienses. Empleaba toda su mente en adaptarse a los términos del programa trazado por la mano fatal del español. De acuerdo con una urden dada por el clérigo. Romainville o Ville-d’Avray.

. Era modesto y discreto. Lucien pudo galantear por el mundo. las mujeres galantes y las grandes señoras. La felicidad no tiene historia. de quien se decía que había perdido su afición por él. le dejaba la más completa libertad. Nunca dirigía ninguna mirada más allá de la esfera que ella irradiaba. pues. Se bañaba y procedía a esa toilette minuciosa que desconocen la mayor parte de mujeres de París. se paseaba de doce a una y regresaba a las dos y media. era suya como una cosa suya. Por esto. Habitualmente Esther salía a las diez. según el plan de aquel profundo político. según se comentaba en los salones. Las mujeres dirán: "¡Es mucho!" Pero ni Esther ni Lucien dijeron: "¡Es demasiado!" Por último. que se había casado entonces y obligaba a su mujer a llevar la vida que llevaba Esther. Durante el período en que se abría lentamente camino. prestó algunos servicios secretos a ciertos políticos cooperando en sus actividades. abandonarse a sus caprichos de poeta y. porque. Siempre acababa de arreglarse cuando llegaba Lucien. en cuya casa había cenado. con la cual. el cura se lo había recomendado especialmente. y que sólo practican las cortesanas. bajo el amparo del arzobispado y en la intimidad de algunas mujeres amigas del arzobispo de París. Así. hay que decirlo también. Lucien estaba. La finca está a ocho . las cuales pueden disponer para sí del día entero. Cultivó mucho el ambiente de la señora de Sérizy. por así decirlo. ya que no tuvieron hijos. sólo es posible explicar las condiciones materiales de aquella felicidad realmente fabulosa que se desarrollaba en pleno París. el barón de Nucingen regresaba a París de la finca de un banquero extranjero establecido en Francia. La señora de Sérizy había quitado Lucien a la duquesa de Maufrigneuse. y los cuentistas de todos los países lo han comprendido tan bien. un poema. la fórmula Y vivieron felices fue en su caso aún más explícita que en los cuentos de hadas. Lucien debía desenvolverse a su gusto. una hermosa noche de agosto. Puede decirse. a las necesidades de su posición. porque exige demasiado tiempo. contenía más que una mera observación. y esperaba pacientemente. estaba en los mejores términos. y se ofrecía cada vez a sus miradas como una flor recién abierta. que terminan todas las aventuras de amor con esta simple frase: Y vivieron felices. una sinfonía de cuatro años. Fue la felicidad en su forma más hermosa..la soledad producen el mismo efecto sedante que los baños. que la exclamación de De Marsay. Pero los peligros subterráneos de la postura de Lucien se pondrán de manifiesto suficientemente en el curso de esta historia. En esto actuó con una gran discreción. Nunca se levantaba antes de las once. Su única preocupación era la felicidad de su poeta. es decir. expresión mediante la cual las mujeres se vengan de una felicidad envidiada. En estas circunstancias.

los Lobos Cervales. El barón quería pensar. ¡Cien vrangos si algansas esde goche! . De momento creyó que no había abandonado aún el parque de su colega. y se vieron convertidos en dueños. pero en seguida fue sorprendido por una visión celestial que le halló desprovisto de su arma habitual. El pobre temió una indigestión. de la servidumbre y del amo era la siguiente. mientras subía a un coche de alquiler. se puso bruscamente en pie. que iba detrás sentado. de los grandes Reinganum y de los trompos. El viejo banquero sintió una terrible emoción: la sangre. al más hábil de los que se ha dado en llamar. Como que el cochero del barón se había jactado de poder llevar allí a su amo y de llevarle también de regreso con sus caballos. los caballos comprendieron cuál era el estado del cochero. que había sido abrevado con liberalidad en él cuarto de servicio del ilustre autócrata del Cambio. Como si fueran esclavos inteligentes. adormecido. que iba detrás. con gran energía. estaba completamente borracho y dormía. ya que el coche partió como una flecha. Aprovecharon aquel rato de libertad para andar a su antojo. no de tuermas! —chilló—. se detuvieron en un claro cualquiera del bosque. que se podía leer cualquier cosa. el barón de Nucingen se sintió como iluminado por una luz interior. y su cabeza devolvía llamas a su corazón. el barón vio a una mujer sola que contemplaba el singular espectáculo que ofrecía la calesa adormecida. pese a tal aprensión. que le subía de los pies. Al sentirse admirada. En el silencio del bosque y en aquella nítida claridad. de vigía. convertidos ya en dueños y atraídos por esta curiosidad que todo el mundo ha podido observar en los caballos domésticos. delante de otros caballos. en el lenguaje de los caballos: "¿A quién pertenecéis? ¿Qué hacéis? ¿Sois dichosos?" Cuando la calesa dejó de moverse. Hacía un claro de luna tan espléndido. pero. —¡A doto calobe! ¡Maltido gochero. como si quisiera engañar a los transeúntes. dieron oportunidad a los ladrones de asaltar a uno de los capitalistas más ricos de Francia. se tomó la libertad de ir lentamente cuando cayó la noche. despertó. El lacayo profirió un grito ronco cuyo significado comprendió muy bien el cochero. sosteniendo sin embargo las riendas. Por la soltura de las riendas. oyeron el sonido continuo de bajo que emitía el criado. roncaba como un trompo de Alemania. la joven bajó su velo con un ademán de espanto. el cálculo. en plena región de Brie1.leguas de París. a los que dijeron seguramente. se le oprimió la garganta. el barón. Finalmente. incluso un periódico de la tarde. pero a partir del puente de Gournay le había cerrado los ojos la suave somnolencia de la digestión. El criado. El cochero. llenaba de fuego su cabeza. Al entrar en el Bosque de Bolonia la situación de los animales. que es el país de las pequeñas figuras de madera tallada. Al ver a aquel ángel.

lo juraría. como una de esas mujeres únicas en una generación. como él mismo se abatía sobre Gentz. la flor y nata de los placeres parisienses. Desde su palco de la Ópera. y. Se fingía tan ¡totalmente hastiado. de las que decía. que la Monna Lisa de Leonardo da Vinci o la Fornarina de Rafael fuesen tan hermosas como la sublime Esther. en forma de lacayo.. pero en cuyo interior se repantigaba el encargado de alguna tienda importante. No es seguro que la amante del Ticiano. Se vanagloriaba de no haber conocido jamás el amor que hace cometer locuras. Son de sobra conocidas las tonterías que aquel viejo diplomático hizo por Fanny Elssler. —¡Eh. señor barón! El diablo estaba detrás. cien francos. un coche parecido al que Nucingen había visto con la divina desconocida. amor-gusto. cuyos ensayos le tenían más ocupado que los altos intereses europeos. el confidente de S. la suya propia. salvo el auténtico amor. por un par de billetes de mil francos al mes. él hupiera sapito algansar esta muquer —dijo al criado mientras los consumeros registraban el coche. en cuya persona ni siquiera el ojo más adiestrado del parisiense más observador hubiera podido reconocer el menor vestigio que recordara a la cortesana. amor de decoro y de vanidad. De aquel temible enjambre de muchachas viejas y de ancianas jóvenes. amor decente y conyugal. El barón de Nucingen aparentaba entonces sesenta años. con mayor motivo. y el criado de atrás las oyó seguramente en medio de sus sueños. aun cuando se entregara gratis. el barón lo había comprado todo. amor excéntrico. se le había aparecido .Al oír aquellas palabras. no partía ninguna mirada en dirección al palco donde estaba el capitalista. el cochero se despertó. lo había conocido todo. el placer de dejarse engañar. —El tiaplo no exisde —dijo el barón. El barón repitió la orden. sin ¡miramiento alguno. A. su mirada fría se sumergía tranquilamente en el cuerpo de baile. el cochero puso los caballos a todo galope. que había dejado de comprar. y consiguió alcanzar. a la altura de la barrera del Tróne. betaso te prudo. amor postizo y amor propio. Esta equivocación dejó consternado al barón. que la más angelical de todas no valía lo que costaba. Amor natural. Por esto impresionó al barón principalmente el aire de mujer noble e importante que tenía Esther en el más alto grado. el príncipe de Metternich. Este amor acababa de abatirse sobre él como un águila sobre su presa. La mujer que acababa de trastornar a aquella caja reforzada de hierro. —5"» hupiera draito a Chorche —pronuncíese George— en lugar te di. ella que vivía . Consideraba una suerte haber acabado ya con las mujeres. cuyo nombre era Nucingen. las mujeres le eran ya totalmente indiferentes. y me ha cambiado este coche por el suyo. junto a una mujer decente de la calle Vivienne1.

poseído por una fiebre de impaciencia y por un estado parecido al que provoca la nostalgia. por último. es de temer —dijo Rastignac. como se dice en los bandos. para poderle hacer una consulta sin que lo supiera el enfermo. La baronesa invitó [ pues al ilustre Desplein a cenar. por quien Rastignac. puesto que Nucingen afirmaba que se encontraba perfectamente. Rastignac. Lucien de Rubempré. Keller. sin poder encontrar a Esther. luego a los de Ville-d'Avray. luego al de Bolonia. el barón. era absolutamente necesario saber a qué atenerse. nadie iba a los espectáculos. La invasión de las clases mercantiles o burguesas ha hecho que el domingo sea tan estúpido en París como es aburrido en Londres. Pero al cabo de dos meses. durante el desayuno. el conde y la condesa de Montcornet. y finalmente por todos los alrededores de París. y por la noche durante la cena. en el gran mundo. cuando todos cenaban en casa. A los quince días. pero por orden. Du Tillet. el suegro de Francpis Keller. de la que decía que era una vicitra te la Piplia. más apuesto que nunca y vestido de un modo encantador. lo cual únicamente ocurría los días en que Delphine tenía invitados. . desde hacía cinco años. —Vale más hacerse amigo de él. El amor dichoso es el santo óleo de las mujeres: todas se hacen entonces altivas como emperatrices. la señorita Des Touches y Conti. Se puso a compadecer con bastante hipocresía a su marido con preguntas.envuelta en el lujo. de modo que resultaba un día sin ocupación. Des Lupeaulx. Aquella sublime figura judía. La madre y la hija sólo veían al señor de Nucingen por la mañana. a quien la baronesa empezaba a mostrar en público. el doctor Bianchon. Durante ocho noches seguidas. sus inmensos negocios reclamaban ciertas precauciones. estaba siempre presente ante sus ojos. —No nos libraremos fácilmente de ése —dijo Blondet a Rastignac cuando vio entrar en el salón a Lucien. Se rogó a estos señores que asistieran a la cena. el caballero de Espard. había concebido la más firme amistad. sorprendido por la impotencia de los millones. al principio no se dieron cuenta del cambio operado en el barón. así como al conde de Gondreville. la elegancia y el amor. adelgazó y pareció tan gravemente afectado que Delphine empezó a abrigar la secreta esperanza de enviudar. Delphine de Nucingen y su hija Augusta. De Marsay. todos los amigos de la casa. Blondet. el barón fue al bosque de Vincennes. el discípulo más querido de Desplein. Había adoptado aquel día para la recepción después de observar que. después al bosque de Meudon. perdió el apetito. Beaudenord y su esposa. él contestó como lo hacen los ingleses enfermos de spleen: apenas contestó nada. Delphine de Nucingen ofrecía una gran cena cada domingo. habían hecho comprender a la baronesa que un hombre como Nucingen no debía morir de improviso.

—No —replicó Du Tillet—. Cuando Bianchon. para lo cual necesita un millón. pero el mayor obstáculo para este enlace es el amor desenfrenado de la señora dé Sérizy por Lucien. —Tendrá muchas dificultades. —Es caro. ¡Vamos a ver! ¿De qué vive? ¿De dónde procede su fortuna? Estoy seguro de que tendrá por los sesenta mil francos de deudas. y él siempre la llama señora Séchard de Marsac. porque Clotilde es muy fea —dijo la baronesa. la señora de Sérizy no le dará precisamente un millón para que se case con la señorita de Grandlieu. y la suya no es que— sea inatacable: hasta ahora ha estado. se dieron cuenta de que su enfermedad tenía causas enteramente morales. —Ha encontrado en un sacerdote español un protector muy rico que le ayuda mucho —respondió Rastignac.—¿Él? —dijo De Marsay—. sobre todo si aporta el titulo de marqués y un cargo diplomático. frecuentara aquella sociedad. a quien sólo en el . después de haberle saludado Lucien primero. pero le piden que adquiera una finca con una renta de treinta mil francos para asegurar la fortuna que ha de reconocer a su futura esposa. como si ella. La señora de Nucingen se daba tono llamando por su nombre de pila a la señorita de Grandlieu. —Se casa con la señorita de Grandlieu. De Marsay saludó fríamente. simplemente. —Hola. de tan imposible como parecía que pudiera estar enamorado aquel profundo político de la Bolsa. dando a Lucien un cálido apretón de manos. —¿Qué hará con su hermana y con su cuñado de Angulema? —preguntó el caballero de Espard. y esto no se encuentra a los pies de ningún español. mientras se levantaba para saludar a Lucien. inatacada. a quien debe dar mucho dinero. —No me extraña ver a Lucien tan serio. —Sí. mi querido amigo —dijo Rastignac. pero la verdad es que es un guapo mozo — dijo Bianchon. la hija de una duquesa nunca es fea para nosotros. Seguramente no debe saber cómo salir del apuro —prosiguió De Marsay. —Sí —añadió el caballero de Espard—. pero la señorita de Grandlieu le adora —dijo la condesa de Montcornet —. No considero de temer más que a la gente cuya situación está clara. Desplein y Bianchon. Antes de la cena. que examinaban al barón de Nucingen mientras bromeaban con él. pero nadie pudo sospecharlas. la mayor —dijo la señorita Des Touches. —Su hermana es rica —contestó Rastignac—. que se apellidaba Goriot. y con la ayuda de esta jovencita quizá logre mejores condiciones.

—¿Su descripción? —dijo De Marsay. a metianoche. lo comunicó brevemente a Delphine de Nucingen. un pesdito rossa. —No la gonozgo en apsoludo —respondió el barón—. —El barón —dijo De Marsay— tan sólo puede adelgazar así si se trata de algún amor sin esperanza. un chal plango. Hasda ahora nunga he sapito gué es el amor. —Es fertat —contestó lastimosamente Nucingen—. ésta sonrió. bor gue era polpiento te señar en la vinga te mi amico. puesto que tiene dinero suficiente para comprar a todas las mujeres que quieran o puedan venderse. —¿Estaba sola? —dijo Du Tillet.... sonriendo. salpo gon un griato tedrás tel goche y una sirpienda. tormía gomo un drongo. como si volviera en sí —. —¿Usted enamorado.. Hay quien se atreve a insinuar que está usted enamorado. . —¡Usted soñaba! —dijo Lucien.. —¿Sabe usted. los íntimos de la casa rodearon al banquero y quisieron dilucidar aquel caso extraordinario en cuanto oyeron a Bianchon decir que Nucingen debía de estar enamorado. interrumpiendo al lince. —Sí —dijo el barón con un tono doliente—. bero. No obstante. usted?. gomo un drongo —dijo. —¿Dónde encontró usted a esta joven inocente? —preguntó Rastignac.. ¡Es un presuntuoso! —dijo el caballero de Espard. ¿El amor? Greo gue ess atelcatsar.. —Sí.. Esdoy susbiranto bor aleo tesgonotsito. una dez oriendal. ahora gue la señora te Nutsinken esdá en el salón.amor le parecía posible hallar una explicación del estado patológico del banquero. en el posgue te Finsennes.. después de la cena. —Lucien parece conocerla —exclamó Rastignac al observar que el amante de Esther sonreía. un pelo dampién plango. Y se lo bueto tecir. —Esdar enamorato a mi etat.. barón —le dijo De Marsay—. hombre —repuso De Marsay—. —Es fertat. —Un tsomprero te casa planga. expresando en su sonrisa la seguridad de la esposa que desde hace tiempo sabe muy bien a qué atenerse respecto a su marido. ya sé gue es lo más rití-gulo gue buete oírtse. jgué guieren usdetesf Es tsierdo! —¿Es de alguna dama del gran mundo? —preguntó Lucien. ¡una vicura realmende pí-pliga! Unos ocos te vueco. —¡Nunga! —dijo el barón. —En goche. que ha adelgazado considerablemente? Se sospecha que ha violado usted las leyes de la naturaleza financiera.

¡Sí. Era. . Lucien había reconocido a su Esther. borgue ahora ya no poy a la Polsa. conmovió a aquella hueste de gente que estaba de vuelta de todo.—¿Quién no conoce a las mujeres capaces de ir. bara mí es lo mismo. efectivamente. Luego todos regresaron al salón hablando del acontecimiento. —¿Qué se ha hecho del señor de Rubempré? —dijo la baronesa de Nucingen.. el aire me barese mordal. en lucar te parlarse te él. La ingenuidad del anciano. La señora de Nucingen se puso a reír cuando Lucien le hizo saber el secreto del banquero. bara gue ahora se purle así te las mías? Una puena esbosa ayutaría a su marito a salir te aburos. —No la he pisdo en nincún lato —repuso el barón—. no tiene ninguna afición por los negocios. porque el barón hubiera reconocido al criado... —Sí —respodió Nucingen a Desplein—. pero al oír las burlas de su mujer. gomo hase usdet. Brecunten a Di Düet. un acontecimiento capaz de producir la mayor sensación. —Vale más que le cueste algunos centenares de miles de francos que la vida. a per el lucar tonte la fi!. gue no gonsigne hallarla. —Es fiel a su lema: Quid me continebit? —respondió Rastignac. puede costar la vida. Se había molestado porqué su sonrisa no había pasado inadvertida. y hase guarenda tías gue la manto pusgar bor la bolitsia.. Taría un millón bara gonotser a esda muquer. ¡Poy al posgue te Finzmnes... —Señal te amor —corrigió Nucingen—. saltría cananto. lo gue yo gomo no me abropecha.. Por la descripción del viejo banquero. a una cita con Nucingen? —dijo Lucien. ¿agaso he denito camas una sola balapra te purla hacia sus basiones. unos intercambiaron sonrisas. que había dejado de ser Lobo Cerval... otros contemplaron a Nucingen expresando con ¿su fisonomía esta misma idea: "¡Que un hombre tan fuerte llegue a este extremo!". a medianoche. —Sí —respondió Du Tillet—. aprovechó el momento de conversación general que se produce mientras se sirve el café para desaparecer. haciendo una pirueta verbal. y que por primera vez en su vida percibía algo más santo y más sagrado que el oro. esto es señal de muerte. está transformándose. y a su edad una pasión sin alimento es peligrosa —dijo Desplein—. ésda es mi fita! No he botito ogubarme tel úldimo embrésdido: me he remv-dito a mis goléeos gue dienen bietat te mí. el barón la cogió por el brazo y se la llevó hasta el marco de una ventana. —Señora —le dijo en voz baja—. —No era ninguna mujer de las que frecuentan el gran mundo —dijo el caballero de Espard—..

por parecerle demasiado suaves.. —Cuando el señor barón hablaba de su desconocida. aquellos ratos hacían de la señorita Clotilde-Frédérique de Grandlieu la muchacha más feliz del faubourg SaintGermain. curando una pipa antes de acostarse. Como todos los enfermos desesperados. me encargaré de vendérsela. se dijo a sí mismo el Lobo Cerval. Lucien ha dejado escapar una sonrisa que me inclina a creer que no le es desconocida —dijo Horace Bianchon. cuyo primer impulso era siempre excelente. El barón.. . todo se descubriría. Lucien tenía que ir a la mansión de los Grandlieu. el más hábil de todos los Guardias del Comercio de París.. Entre la calle de SaintLazare. —¿Acaso olvidas nuestra situación? —exclamó Carlos Herrera. Ante todo voy a demostrarle la impotencia de la policía. y la calle de SaintDominique. sin saber el peligro de una observación tan anodina. aceptaba cualquier cosa que pareciera abrirle una esperanza. había acabado renunciando a los cigarros españoles.—Que significa: ¿Qué puede retenerme? O también: Soy indomable. extraño más que extranjero. Entre esta noche y mañana por la mañana quizá no tendré tiempo para preparar las barajas para la partida que voy a jugar contra ese barón. al precio que vale para él. —Esto se pone serio —contestó el español cuando Lucien se lo hubo contado todo —. donde está la casa de los Grandlieu. Cuando nuestro Lobo Cerval haya perdido toda esperanza de encontrar a su oveja. a pasar un par de horas. y se prometió hacer vigilar a Lucien por gente que no fuera la de Louchard. donde vivía en aquel tiempo el banquero. a quien se había dirigido desde hacía quince días. El amor del barón por Esther y su iniciativa de lanzar a la policía en busca de su desconocida eran. por otra parte. acontecimientos de suficiente importancia para que se los comunicara cuanto antes a quien había buscado bajo la sotana el asilo que antaño los criminales hallaban en el interior de las iglesias.. Lucien encontró a su terrible amigo entretenido con su breviario. que se sirve ya de Louchard para buscar a la pequeña. se situaba aproximadamente su domicilio del muelle Malaquais. Antes de ir a casa de Esther. es decir. como prefieran —añadió De Marsay. Aquel personaje. "¡Pien!". —exclamó Lucien. —¿Vender a Esther?. La prudencia que caracterizaba la conducta del ambicioso joven le aconsejó que informara en seguida a Carlos Herrera del efecto producido por la sonrisa que se había dibujado en su rostro al oír la descripción de Esther hecha por el barón de Nucingen. tendrá sin duda la ocurrencia de mandar a un sabueso que siga tus pasos.

... ¿Sabes por qué? ¡Porque la quieres! No seas niño. Sin embargo.. ¡Perfectamente! Esther es una presa tras la cual voy a hacer correr a ese Lovo Cerval para aligerarlo de un millón. —Nunca te has cansado de amarla. caballerete.. una tras otra. Después de esta muchacha. El azar nos ha hecho mejor servicio que mi imaginación. de ti. Pero. Esto me atañe a mí. dime. y todo estaba terminado. —Esther no querrá jamás.. Venga. la señorita Esther existe todavía. cortando en seco las elegías de Lucien con el ademán que adoptó —. vete a arrullar a tu tabla de salvación y juega bien tu papel.. que.Lucien bajó la cabeza.. pero dile que obedezca. la mampara detrás de la cual los grandes ocultan todas sus infamias.. —¡Sin dinero —siguió el español— y con una deuda de sesenta mil francos! Si quieres casarte con Clotilde de Grand-lieu. como pistoletazos... pásale a Clotilde la carta incendiaria que has escrito esta mañana y tráeme de su parte alguna respuesta cálida. vendrá. ¿qué?. nunca has querido a la pobre Esther. yo nunca me he cansado de execrarla. —Tu alegría es patente —exclamó Lucien—... — Esto me atañe a mí.. —gritó aquel salvaje. Y además. Se trata de nuestra librea de virtud. trabajaba en el vacío. ¡y es feliz!. Mientras lanzaba estas terribles afirmaciones. y la buscarás en la capital donde el yerno del duque de Grandlieu sea ministro y representante del rey de Francia. la rilas hermosa. Y en definitiva. tienes que comprar una finca de un millón para asegurar la viudedad de aquel adefesio. .. ¿sabes quién?. ¿Cuántos generales ¡no murieron en la flor de la edad por el emperador Napoleón? —preguntó a Lucien tras un momento de silencio—. Carlos Herrera se iba vistiendo y se disponía a salir. nuestra casaca de honestidad. —Esto atañe a las pompas fúnebres.. no tienes por qué preocuparte de todo: me atañe a mí.. a través de Asia? Unas cuantas setas malas en un guisado. ¿va a morir Esther por eso? ¿Acaso el marido de la señorita de Grandlieu va a poder conservar a Esther? Déjame hacer a mí.. ¡La mujer desconocida! De todas las mujeres. y sin embargo más tarde encontraste a Esther. Esta muchacha se desahoga de sus privaciones mediante la escritura: ¡eso me va! A Esther la encontrarás algo triste. Pues bien. Hace cuatro años que esperamos una casualidad. Se trata de mi hermoso yo. que debes quedar siempre por encima de toda sospecha. Ahora. De momento prescindirás de Esther por una o dos semanas.. ¿no es cierto?. desde hacía un par de meses.. ¡Mujeres hay muchas! En 1821. —Se va a morir.. a nuestro favor o en contra nuestra. para ti Coralie no tenía igual.. y no te acercarás en absoluto a la calle Taitbout. ¿no he obrado siempre como si sintiera un sincero afecto por esta muchacha? ¿No he tenido su vida entre mis manos. y ahora ves llegar con fruición el instante en que te librarás de ella...

lo había unido a sí con lazos indisolubles. Aquel personaje a la vez vil y poderoso.pues. —Pensaba en convertirme. en el heredero de alguna vieja beata. y como las almas fuertes sienten más apego a un sentimiento que a la vida. con la ayuda de Asia. y expulsado de la mansión de los Grandlieu? Habría llegado para ti el plazo de vencimiento del diablo. —¿Un crimen?. consumido principalmente por un ansia febril de vivir.. hemos de desplegar algo más que talento para mondar el fruto que nos echa el azar. más que una familia y más que su propia vida: era su venganza. Tras haber comprado la vida de Lucien en el instante en que el poeta desesperado estaba a punto de suicidarse le propuso uno de esos pactos infernales que sólo se ven en las novelas. obligado a vivir fuera del mundo. su parte buena y su parte mala. Pese a su fuerza.. una de esas miradas fijas y penetrantes que hacen entrar la voluntad de los hombres fuertes en el alma de los débiles.. cuya alma había llegado a ser la suya. Quizá la complicidad puramente moral . agotado por el vicio y por furiosos refrenamientos. cuanto tuviera que ver con su segundo yo no le costaba ningún sacrificio a aquel extraño ser. era tan débil frente a los caprichos de su protegido. anunciaba el establecimiento entre Lucien y su consejero no sólo de ciertos secretos de vida y muerte. sino también ciertos sentimientos que se elevaban tan por encima de los sentimientos ordinarios como se elevaba aquel hombre por encima de la bajeza de su posición. como hice ya en Barcelona. aquel personaje. ¿Sabes en qué estaba pensando cuando has entrado? —No. Por otra parte. —No tenía otro recurso para asegurar tu felicidad. perseguido por alguaciles. que relajó todo residuo de resistencia. y a continuación fijó en Lucien su mirada. revivía en el cuerpo elegante de Lucien. más que una mujer amada. que había acabado confiándole sus secretos. aunque provisto de una fuerza de espíritu que le roía por dentro.. Proporcionando a Lucien todos los placeres de la vida parisiense y demostrándole que aún podía forjarse un porvenir brillante. donde la ley le impedía volver a entrar nunca más. como todo. Carlos Herrera describió con un ademán el suicidio de un hombre que se tira al agua. ¿Qué habría sido de ti. pero que son del todo posibles. oscuro y célebre. Se hacía representar en la vida social por aquel poeta. Para él Lucien era más que un hijo. Aquella mirada fascinadora. Los acreedores se agitan. a quien comunicaba su firmeza y su voluntad férrea. como lo han demostrado en la audiencia tantos y tantos famosos dramas judiciales.. Esta suerte de ruleta tiene. le había convertido en objeto suyo..

le ofreció la oportunidad de matar secretamente en una emboscada al auténtico Carlos Herrera. Collin. que ya sabía hablar español. donde se hallaba aquel enérgico ser. Jacques Collin. se hizo algunas heridas en la espalda para borrar la marca fatal que llevaba. y cambió su rostro mediante reactivos químicos. que quería revivir bajo una forma social y satisfacer unas pasiones tan extrañas como su propia persona. para estar realmente a salvo de toda investigación. La sotana de sacerdote español ocultaba a Jacques Collin. "Así pues. solitaria y sin acción. que no sabía qué mujer le había dado a luz y que había sido abandonado por su padre. si puede ir acompañado de una vida ejemplar. satisfecho de haber encontrado al personaje buscado. Hacerse pasar por persona honrada y seguir viviendo como un presidiario es una conjunción demasiado contradictoria para que no se produzca un desenlace fatal. Jacques Collin.era un lazo más entre ambos. apodado el Engañamuertes. debía ir a Francia a realizar una misión política encomendada por el rey Fernando VII. se escapó del presidio de Rochefort al poco de ingresar en él. única persona interesada por Carlos Herrera. que había sido banquero en los tres presidios en que había estado. Además. Transformándose así ante el propio cadáver del sacerdote antes de destruirlo. una de las celebridades del mundo del presidio. Este sacerdote. seré cura". con el respetable y burgués nombre de Vautrin. sobre todo en París. aprendió todo el latín que puede saber un sacerdote andaluz. Lucien sabía sobre qué base horrible descansaba su felicidad. el presidiario. donde habían vivido como pensionistas Rastignac y Bianchon. ¿no hay que situarse a una altura mayor que la que ocupan los asuntos ordinarios de la vida? Un hombre de mundo está sometido a ciertos riesgos que casi nunca pesan sobre quienes no tienen contacto con el mundo. Para completar la metamorfosis. bastardo de un gran señor. Por esto la sotana es el disfraz más seguro. en la Casa Vauquer. murió durante el viaje que llevaba a éste hijo pródigo de la Iglesia de Cádiz a Francia. Este obispo. y siguió el ejemplo dado por el famoso conde de Sainte-Hélène. Desde el día en que fue ocultada la Torpille. se dijo a sí mismo aquel muerto civil. él que ya es viejo. se había llevado la suma confiada a su conocida probidad y forzada . aunque modificando todo lo que podía tener de vicioso la audaz acción de Coignard1. en el cuerpo de un joven mediante unas palabras mágicas. situándose en el seno de una familia. que era casi tan maravillosa como la de aquel cuento árabe en que el derviche ha conseguido el poder de entrar. que diez años antes vivía. el peligro se multiplica. bajo la recomendación de algún obispo. La guerra civil que la constitución de 1812 provocó en España. en las condiciones oportunas. pudo incluso darse una cierta semejanza con su sosias. pasando por Madrid.

se había resistido. se apoderó del tesoro de una beata de Barcelona. El principal argumento de Carlos fue el secreto eterno. ya que entre socios de esta ralea los errores se pagan a navajazos. y destruyó la honradez de Lucien sumergiéndole en crueles necesidades de las cuales le libraba a cambio de su consentimiento tácito a toda una serie de infamias que cometía el sacerdote y que permitían que Lucien apareciera siempre puro. Jacques Collin. que habían de fundirse en uno solo. parecida a la de Zaida por Mahoma. cuando he aquí que encuentra a Lucien en el camino de Angulema a París. los éxitos y la vanidad satisfecha no hubieron puesto del todo bajo sus garras. Lucien representaba el brillo social a cuya sombra quería vivir el falsario. por la dicha de haber conquistado una eminente situación social. le dijo el día en que le reveló el sacrilegio de su disfraz. El Mal. Vivirá como en un sueño. "Yo soy el autor. no sólo . me silbarán a mí". empleó con aquel hombre medio mujer sus artimañas más seductoras. Añadió a este dinero la suma entregada por el obispo a Carlos Herrera. y vencido. cuya configuración poética se llama Diablo. Las pruebas reiteradas de una absoluta abnegación. Le pareció al falso sacerdote que el muchacho podría ser un maravilloso instrumento de poder. se estaba abandonando a la suerte de su nueva existencia. le salvó del suicidio diciéndole: " Entregúese a un hombre de Dios como se entrega uno al diablo.honradez. Carlos le fue confesando paulatinamente sus secretos. más comprometido. que Carlos Herrera se encargó. en cuerpo y alma. y tú serás el drama. Siguiendo esta pauta. además. al hábil poeta. y su peor pesadilla será esa muerte a cuyo encuentro iba usted tan decididamente. tentado hacía tiempo por aquel demonio. si tú fracasas. Antes de salir de España. transformado en cura y resuelto a no echar a perder este nuevo carácter que había revestido." La alianza de aquellos dos seres. la infamia de sus confidencias guardara proporción con los progresos y con las necesidades de Lucien. Lucien sucumbió porque se vio envuelto en más hábiles maniobras. Engañamuertes no reveló su último secreto hasta que el hábito de los placeres parisienses. a quien dio la absolución prometiéndole que restituiría la parte de su fortuna que provenía de un asesinato cometido por ella. la conquista de Lucien por un Jacques Collin. de consolidar mediante una complicidad hábilmente administrada. y M al comienzo le exigió poco dándole mucho. y tendrá usted oportunidad de forjarse un nuevo destino. de manera que. principalmente. En aquel momento. llevaron a su culminación aquella inmunda operación. Era un genio de la corrupción.. leal y noble ante los ojos del mundo. se estableció sobre este sólido razonamiento. Mientras l| ue Rastignac. el secreto prometido por Tartufo a Elmire.. provisto de importantes recomendaciones para desempeñar una misión secreta en París.

viuda desde 1813. sino que además el dandy. con tres hachas de oro formando un haz. que representaba una renta de cerca de cuarenta mil libras. Rastignac habría proporcionado con la mayor alegría un coche para llevar a Engañamnertes al patíbulo. el duque y la duquesa (una Ajuda de la rama primogénita. Es mi oficio. pudo recuperar una considerable fortuna gracias a la fidelidad de un procurador. pero sabía que corría peligro de muerte en caso de indiscreción. Rastignac había reconocido al Vautrin de la Casa Vauquer. En el instante de peligro. gran lugar) inscrita sobre el casco de caballero. El escudo de los vizcondes está cuartelado con el de Navarreins. les devolvió todo lo que había pertenecido a la casa de Grandlieu. el diablo protege a su capellán. que han de heredar el título y las armas de la rama principal. que resume toda la historia de esta casa. La casa de Grandlieu se dividió en dos ramas a mediados del pasado siglo: por un lado la casa ducal. con el has almenado de oro. de Derville. Luis XVIII mostró deferencia hacia una tal fidelidad en los momentos en que todo el faubourg Saint-Germain se lo . y la divisa GRANDS FAITS. por otro los vizcondes de Grandlieu. el falsario y la cortesana tenían deudas. emparentada con los Braganza) fueron los únicos que no renegaron del Emperador ni de sus beneficios. Puede ahora adivinarse la sombria satisfacción que sintió Carlos al enterarse del enamoramiento del barón de Nucingen y al intuir repentinamente el partido que podía sacar de la pobre Esther un hombre de su temple. el más pequeño guijarro en medio del camino podía hacer demoronarse el fabuloso edificio de aquella fortuna construida con tanta audacia. De todos los grandes señores del faubourg Saint-Germain que se dejaron seducir por Napoleón. —Incedo per ignes —respondió Carlos. sonriendo—. GRAND LIEU (grandes hechos. que los tuvo en su corte. En el instante en que Lucien estaba a punto de alcanzar el éxito. —Venga —dijo a Lucien—. por eso en las miradas que dirigía el amante de la señora de Nucingen a Lucien el miedo se mezclaba con las expresiones de amistad. que se exponía por ellos a terribles represalias. tiene un hijo y una hija. Pese a que regresó de la emigración casi en la ruina. La actual vizcondesa.Esther y Lucien se habían gastado todos los fondos confiados a la honradez del banquero de presidio. En el baile de la Ópera. el duque y la duquesa de Grandlieu fueron objeto de ciertas lisonjas por parte del Emperador. que es de gules. Las armas de la rama ducal son de gules. con el famoso lema CAVEO NON TIMEO. A su vuelta en 1804. —Estás fumando sobre un polvorín. condenada a extinguirse porque el actual duque no ha tenido más que hijas. Napoleón.

cuyo gran porte aristocrático había hecho finalmente olvidar su servidumbre napoleónica. la señora de Espard. nieta del duque de Lenoncourt. No es preciso preguntarse si la mansión del duque de Grandlieu. una de las más bellas de la calle de Saint-Dominique. los Vandenesse. yendo o viniendo de la Ópera. la tercera. sólo para conservar el derecho a subir por las gradas de la escalinata. la penúltima de sus hijas. era el oráculo del salón. "Aunque mi padre no haya sido más que un boticario del Houmeau. la crema de París: " ¡El señor de Rubempré!" La noble portuguesa. .echaba en cara a los Grandlieu. La segunda. Se juzgaba probable la boda del joven vizconde de Grandlieu con Marie-Athénais. los Lenoncourt. experimentaba aquella sensación de vanidad satisfecha de la que habló Mirabeau. A menudo iban a visitarla. pese a que pertenecía a la familia de Ronquerolles." Esto era lo que pensaba.. casó con el barón Du Guénic después de la Revolución de Julio. La vieja duquesa de Uxelles. ejercía o no fascinación sobre la mente de Lucien. Joséphine. la señorita Clotilde-Frédérique. el tono y el ingenio armonizaban con la nobleza de los dueños. se convirtió en la señora de Ajuda-Pinto cuando el marqués perdió a su primera esposa. el vidamo de Pamiers. en el cual la señora de Sérizy nunca había conseguido hacerse admitir. El vizconde de Grandlieu. el marqués de Ajuda-Pinto. la duquesa de Maufrigneuse. madre de la duquesa de Maufrigneuse. habría cometido muchos más crímenes que los inducidos por su alianza con el falsario. el viejo príncipe de Cadignan y su hijo el duque de Maufrigneuse eran los asiduos de aquel salón inmenso donde se respiraban los aires de la corte. emparentada con los Grandlieu de Bretaña. estaba en aquellos momentos. Sin duda. la señorita de Rochefide (alias Rochegude). el marqués de Chaulieu.. vivía rodeada casi a todas horas por sus vecinos los Chaulieu. La mayor se había hecho monja en 1822. donde las maneras. cada vez que se abría su inmensa puerta para dar paso a su cabriolé. la hija menor del duque. Sabine. que era una de las mujeres menos aficionadas a salir de su casa. profundamente enamorada de Lucien de Rubempré. y oír cómo le anunciaban en el gran salón al estilo de Luis XIV sobre el modelo de los de Versalles. pero con esto quizá Luis XVIII quisiera tan sólo molestar a MONSIEUR. donde se reunía la élite. el duque de Rhétoré. los Navarreins. el príncipe de Blamont-Chauvry. el marqués de Beauséant. que entonces tenía nueve años de edad. la atractiva baronesa de Macumer (de la casa de Chaulieu). su esposa Madeleine de Mortsauf. yo tengo acceso a esta casa. el que había de ser algún día duque de Lenoncourt-Chaulieu. la señora de Camps y la señorita Des Touches. a la edad de veintisiete años.

a quienes ven cada día y saben convertirse en algo necesario para ellos.Lucien había sido introducido en aquel ambiente por la señora de Maufrigneuse. como el diván sobre el cual se sienta uno. las noticias y sus gracias de cortesano para los ratos que pasaba allí por las noches. Luego sintió la necesidad de hacerse adoptar por una familia tan poderosa como aquélla y. que estaba rodeada ya por las cumbres de la Iglesia. escritas en los momentos de su apasionamiento por el joven. y Clotilde de Grandlieu. Los grandes no protegen más que a los que rivalizan con sus muebles. y advertido por Clotilde de los escollos que debía evitar. era el ídolo de la señora de Sérizy y gozaba de la simpatía de la señorita Des Touches. Comprendiendo las ventajas que podía tener una aliaza como aquélla. guardaba cuidadosamente Carlos Herrera. El duque de Rhétoré. empujado por su consejero íntimo a seducir a Clotilde. que había hecho actuar con este propósito a su madre. Sin embargo. . Clotilde se enamoró perdidamente de Lucien. envidiosos de Lucien. no fue admitido antes de haber logrado la disposición que le devolvió el nombre y las armas de la casa de Rubempré. halagaba las pequeñas pasiones del señor de Grandlieu. el último de los jóvenes grandes intérpretes de la Comedia Francesa. la cual anduvo loca durante un par de años por él. —Uno no puede dedicarse a varias casas a la vez —le decía su consejero íntimo—. Quien va a todas partes no despierta interés en ningún sitio. indisponían periódicamente contra él al duque de Grandlieu. Su asiduidad. y el seductor poeta se mantenía allí gracias a la influencia del Arzobispado de París. Satisfecho por verse admitido en estas tres casas. sus ocurrencias. Lucien atribuía estas enemistades a su aventura con la prima de la señora de Espard. contándole anécdotas de su vida anterior. Lucien desplegó la valentía de los nuevos ricos: acudió allí cinco de los siete días de la semana. Tras un período en que había envidiado la felicidad de la duquesa de Maufrigneuse. Lucien desempeñó su papel de enamorado como lo hubiera hecho Armand. Acostumbrado a ver en el salón de los Grandlieu su campo de batalla. la señora de Bargeton. se tragó sin pestañear las culebras de la envidia. sostuvo las miradas impertinentes y respondió con agudezas a las burlas. el encanto de sus maneras y su complacencia acabaron neutralizando los escrúpulos y reduciendo los obstáculos. Lucien seguía en óptimas relaciones con la duquesa de Maufrigneuse. Lucien reservaba su ingenio. aprendió de su protector a guardar la más estricta discreción en cuanto a sus relaciones. que llegó a ser condesa Châtelet. el caballero de Espard y otros. pero le sostuvieron la devota duquesa. cuyas ardientes cartas. Se mostraba insinuante y cariñoso.

advertido por toda la sociedad de aquel salón. Ni Clotilde. ni la señora de Maufrigneuse. tal era la desconfianza que conservaba el noble por el que él llamaba señor de Rubempré. pero la señora de Espard movilizó a tanta gente en contra de Lucien. pudieron arrancar al anciano duque aquel favor. que se mostró siempre muy bien dispuesta hacia Lucien. —¡Más adelante te preguntarán de dónde procede tu dinero! —le había advertido Carlos a Lucien. al elevar su rango. —Mi cuñado debe de haber hecho fortuna —había hecho notar Lucien—.efecto. que le debo mi sangre." En relación con ello. iba . le había dicho Clotilde. —Ya sólo nos falta el millón —había exclamado Carlos—.Escribía a Clotilde unas cartas que. había cogido a Lucien para hablar con él junto al marco de una ventana y participarle las objeciones de su familia. El mundo tiene derecho a ser exigente: ¡se le engaña tan a menudo! Ser en París una figura destacada sin poseer ni una fortuna ni una actividad reconocidas. no puede sostenerse mucho tiempo. ni la duquesa de Uxelles. No sólo no estaba clara la posición de Lucien e incierta la fuente de sus ingresos. Lucien. por muchos artificios que se empleen. a petición del rey Carlos X o del Arzobispado. Escribía. tendremos en él a un editor responsable. lo pensaré. Lucien iba a misa a Santo Tomás de Aquino cada domingo. hería muy sensiblemente el amor propio de Lucien. de los Grandlieu. "El rey —decía— ha hecho ya tanto por mí. Unos días antes. sin ninguna duda. ocurría además que tanto la curiosidad benévola como la maliciosa iban inquiriendo más y más y descubriendo mayor número de puntos débiles en la coraza de aquel ambicioso. Hizo folletos políticos. y de este modo obtendrá mi mano. por otra parte. Para explicar adecuadamente la posición de Lucien en la mansión. hacía unos días queestaba en trámite la propuesta de introducir a Lucien en el gabinete del primer ministro en calidad de secretario particular. Clotilde de Grandlieu servía de espía inocente a su padre y a su madre. ésta ha sido la respuesta de mi madre". "Tenga usted una finca de un millón. hay que señalar que jamás había cenado allí. artículos excesivamente notables en los periódicos afectos a la Congregación. ya que únicamente podía amar de aquella manera. Este matiz. y ella le contestaba poniendo todos sus esfuerzos en la expresión sobre el papel de su apasionado amor. se hacía pasar por un ferviente católico y se entregaba a prédicas monárquicas o religiosas que causaban un excelente. eran obras maestras de primer orden en el aspecto literario. es una posición que. sin querer recibir por ellos ningún pago y poniendo como firma una simple L. cuando éste le transmitió aquellas palabras. sin exigir la menor recompensa. que se sentía únicamente tolerado. que el dócil instrumento de Carlos X1 dudaba antes de tomar esta decisión.

a quien debía el apoyo del procurador general Grandville y el de un ministro de Estado. en un sofá. Louíse se encuentra en un estado lastimoso. el duque de Grandlieu. en los que uno es a la vez el dominador y el dominado. éste cruzó el salón. Varias mujeres componían un conjunto notable por la diversidad de expresiones con la que manifestaban fingidos sufrimientos. el marqués de AjudaPinto y el duque de Maufrigneuse jugaban el whist en un rincón. el exduque de Soria. En aquel momento las ventanas estabas abiertas. Sólo un hombre podía realizar aquella transacción sin que se viera afectado el honor de Lucien. En el mundo nadie se interesa por una desgracia o un sufrimiento. mirando a Lucien. y este hombre era el falso español: ¿no era cierto que se debían recíprocamente discreción. todo queda en palabras. sentada en un rincón. . fue a saludar a la duquesa. —La señora de Chaulieu acaba de recibir una horrible noticia: su yerno el barón de Macumer. acaba de morir. la fragancia del jardín llenaba el salón y la jardinera colocada en su centro ofrecía el espectáculo de una hermosa pirámide de flores. que habían ido a Chantepleurs a cuidar a su hermano. —Una mujer no suele encontrar a dos personas en la vida que la quieran como la quería su marido —dijo Madeleine de Mortsauf.dando una significación cada vez más apremiante a la pregunta: "¿De qué vive?" se había visto obligado a decir en casa de la señora de Sérizy. presidente de un tribunal soberano: "Me estoy endeudando considerablemente. tanto el uno como el otro? No es frecuente hallarse ligado a pactos de esta especie." Cuando entraba en el patio de la mansión donde se hallaba la legitimación de sus vanidades. y se interesó por la aflicción que se leía en su rostro. han contado por carta esta triste noticia. Cuando fue anunciado Lucien. conversaba con la duquesa de Chaulieu. Lucien ahuyentó las nubes que oscurecían su frente. —Pobre Louise —dijo la señora de Espard—. El vidamo de Pamiers. Clotilde y Joséphine estaban atareadas alrededor de la mesa del té. la compadezco. el conde Octave de Bauvan. se decía a sí mismo amargamente. Los hombres se paseaban por el salón o por el jardín. —Será una viuda rica —repuso la duquesa de Uxelles. y entró alegre y radiante en los salones de la mansión de los Grandlieu. La duquesa. cuyo rostro permaneció impasible. El joven duque de Soria y su esposa. pensando en las reflexiones de Engañamuertes: "¡Siento que todo cruje bajo mis pies!" ¡Amaba a Esther y quería por mujer a la señorita de Grandlieu! ¡Qué extraña situación! Había que vender a una para tener a la otra.

si se acepta una expresión familiar que por lo menos resulta gráfica. Clotilde medía cinco pies y cuatro pulgadas. las cejas muy pobladas. No puede apreciarse la perfidia que presuponía aquella pregunta sin haber hecho antes un retrato de Clotilde. los ojos ardientes y enmarcados en órbitas sombreadas que los resaltaban y con su cara arqueada como un cuarto creciente y dominada por una frente prominente. lo subrayaba heroicamente. en el hermano. en las catedrales. alzó hacia su madre una mirada inteligente. de veintisiete años de edad. —¿Cree entonces que este muchacho quiere mucho a su Clotilde? —le preguntó. Cuando el poeta estuvo a pocos pasos del grupo de mujeres. que. son de una fealdad total. aunque los dos se parezcan. que semejaba un espárrago. Con su tez morena. Esta joven. Aunque Sabine de Grandlieu tuviera sólo diez años. Una desproporción como aquélla daba a su busto un cierto aspecto de deformidad. El busto de la pobre muchacha era tan liso que ni siquiera admitía la utilización de lo que las modistas llaman "el truco". Esto es lo que se dice educar bien a los hijos. En muchas familias se encuentra a alguna hermana de sorprendente belleza cuyos rasgos. Louise es muy imaginativa. excesivamente . se dirigió hacia la mesa del té para cumplimentar a las señoritas de Grandlieu. estaba en aquellos momentos de pie. sabía que su nombre tenía anzuelo suficiente. por añadidura. Clotilde. casi burlona. Puede decirse. una de las mujeres más hermosas de Portugal. Con sus vestidos muy ceñidos lograba reproducir el efecto del trazo rígido y neto que los escultores de la Edad Media intentaron imprimir en las estatuillas cuyo perfil destaca sobre el fondo oscuro de las hornacinas. —Es difícil conciliar hoy en día el corazón y los intereses —replicó un viejo cardenal. sus cabellos negros y gruesos.La marquesa de Espard adoptó el aire reflexivo de las mujeres rebosantes de alma y de corazón. En su boca. lejos de molestarse en disimular aquel defecto. que su madre fustigó con la expresión fulminante de su rostro. su porvenir me preocupará. Su postura permitía a la marquesa de Espard abrazar con la mirada el talle seco y delgado de Clotilde. Lucien. la marquesa se inclinó para poder hablar al oído de la duquesa de Grandlieu. La naturaleza se complace en estos juegos. —Si mi hija resiste este golpe —dijo la señora de Chaulieu con un tono altamente maternal—. era como la caricatura de su madre. que no tenía nada que decir. —No sé de dónde han sacado nuestras hijas esta manera de ser —dijo la anciana duquesa de Uxelles. que era toda piernas.

y si puede recuperar las tierras de Rubempré. no! Simplemente. ocultando bajo una sonrisa sus celos y sus inquietudes. Y ni que decir tiene que jamás entregaríamos a Clotilde a un intrigante o a una mala persona. tenía encanto... siempre duros. Sacaba partido de sus cabellos. porque los sentimientos les imprimían una expresión encantadora. en atención a nosotros. en una palabra. aunque fuera poeta y joven como el señor de Rubempré. estaba invitado a cenar. quizás a causa de la franqueza de su manera de vestir.. demasiado oscuras para sonrojarse. Después de todo. es hermoso como un sueño. —Sí. —Pobre muchacho. ¿Sabe usted lo que me decía ayer? "Si me aman por ambición." En cierta ocasión le respondió a alguien que le llamó "Su Gracia"." —¿Por qué no habrían de amar a mi pobre Clotilde? —contestó la duquesa a la marquesa—. sonriendo con gracia infinita. siguiendo la costumbre inglesa: "Llámeme usted Su Delgadez. Han venido a decir a mi padre que tiene usted una . —¿Los ambientes mundanos?. el título de marqués.hundida. su madre es la última Rubempré." Tiene talento y es ambiciosa. eso que se llama tan acertadamente el no sé qué. me encargaré de que me amen por mí misma. —Llega usted tarde —dijo Clotilde a Lucien. —Frecuenta usted mucho los ambientes mundanos desde hace unos días —dijo. ¿de dónde sacará un millón? —dijo la marquesa. nunca expresaban nada.. el rey le devolverá. Su voz. En cuanto a él. ofreciéndole (¡y con qué gracia!) una taza de té—. —Tiene usted muchos enemigos —le dijo Clotilde. debía a su educación y a su raza un cierto aire de grandeza. cultivada por ella. Pese a tantas desventajas.. por el más puro azar he estado cenando toda la semana en casa de algún banquero... Cantaba maravillosamente. aunque fuera muy guapo. cuya abundancia y cuya longitud eran una prenda de hermosura. como puede verse. denunciaban los secretos anhelos de su corazón. ¡Oh. Por esta razón sus labios. un porte altivo. y sus ojos negros. que delataba en ella a la hija de buena casa. había sabido adquirir el tono de impertinencia ingeniosa característico de los grandes señores. —Esto no nos incumbe —replicó la duquesa—. —replicó Lucien—.. tanto más notable cuanto que sus mejillas. y hay hombres a quienes gustan estas cualidades. Clotilde era exactamente la persona de quien se dice: "Tiene unos bonitos ojos". mi querida amiga. cuya fuerza. Lucien. más que cualquier otra parte de su rostro. hoy con los Nucingen.. o bien: "Tiene un carácter muy agradable.. Clotilde tenía una expresión estereotipada de desdén. pese a su prestancia de tabla. pero lo cierto es que es incapaz de robarlo. ayer con Du Tillet y anteayer con los Keller.

a quien la señora de Sérizy advirtió el peligro en que me habían implicado al dejar traslucir la fuente de donde procedían sus informaciones. ámeme como yo la amo y déme un plazo de algunos meses—. respondió Lucien. —Pero. considerando que aquel infame proceso se había ganado gracias a mí. —Hemos vivido en la más profunda miseria —contestó Lucien. estaríamos perdidos. ante el escándafo.. —No se preocupe en absoluto de estas necedades. Uno y otro se echaron atrás ante la Gaceta de los Tribunales. La presión del señor de Grandville. y mi madre murió hace un par de años. y la marquesa se pilló los dedos respecto al juicio que puso término a aquel terrible asunto. ¿qué le ha hecho a la señora de Espard? —Cometí la imprudencia de contar.. El señor marqués de Espard cometió la torpeza de ir a visitarme.. Hoy en día mi hermana es más que millonaria. y que dentro de poco se irá a Sainte-Pélagie a pasar unas vacaciones. en casa de la señora de Sérizy y delante de los señores de Bauvan y de Grandville. que son encantadores y que ya están ahora bastante crecidos.. Si por un lado el señor de Sérizy cometió una indiscreción que ha hecho de la marquesa una enemiga mortal mía.. El padre y los dos hijos cantarán las alabanzas de usted. la historia del proceso que había iniciado para lograr la incapacitación de su marido el marqués de Espard.deuda de sesenta mil francos. . la del procurador general y la del conde Octave de Bauvan. —Voy a conseguir que nos veamos libres de la señora de Espard —dijo Clotilde. y como usted no la toleraría.... Esa pérfida marquesa de Espard le ha dicho que la madre de usted había hecho de comadrona y que su hermana era planchadora.. por otro he ganado con ello su protección. Esto no son calumnias.. No me refiero a lo que yo misma sufro (mi padre me lanza miradas que me crucifican). apoyado por Bauvan y Sérizy. y estamos seguros de no ver nunca más a su madre. Estas informaciones estaban reservadas para el momento en que estuviera a punto de alcanzar el éxito.. —¿Y de qué manera? —exclamó Lucien. sino murmuraciones de buena ley. —No se acerque a mi padre.. le diría alguna impertinencia. cuyos ojos se humedecieron—. dejando su taza vacía en la bandeja de plata cincelada. hizo cambiar de opinión al ministro de Justicia. —Mi madre invitará a sus hijos. Todo esto recae sobre mí. sino de lo que usted sufriría si hubiera un ápice de cierto en ello. que yo sabía por Bianchon. Y si supiera lo que para mí representan todas estas calumnias.

En el respaldo de la butaca donde está usted sentado encontrará una respuesta.. saltó como una gacela y rodeó a Lucien con sus brazos como una tela empujada por el viento se enreda en las ramas de un árbol. —¡Ay. de rabia.. constituyendo así un indicio de su situación. no estamos separados. Al entrar en la casa de Esther.. Lucien. de amor.. Lucien tomó un coche de punto en la calle de la Planche. cuando decididamente aman de verdad. lo que hacen los niños. a las once. se esforzaba por levantar a Esther y le hablaba. Al oír que se abrían las puertas. de ¡presentimiento. Pero. Después de cinco años.. es usted adorable! Si no la quisiera por usted misma la querría por su ingenio.—¡Oh. ¿es cierto?. con nudos de lazos de color cereza. la encontró bañada en lágrimas. de pena.. os quieren!. pero ella no había fumado del suyo.. aunque ataviada como siempre para recibirle. —Pero. señorito. tomó otro en la Madeleine y le indicó la calle Taitbout. ¡Ah. En suma. lo dejó en los bulevares. —No es ingenio —dijo. Esté algunos días sin venir. . parecen estar en el primer día de su felicidad. se muestran tan hermosas como luna escena de Shakespeare. Cuando están tal como dicen estar. —¡Bah! Sólo por algunos días — respondió Lucien. lo que hace el auténtico amor. que quedaba sin encender.. —Separados —dijo ella—.. En tales situaciones la mayoría de mujeres parlotean como loros. de desespero. Esther soltó a Lucien y se desplomó sobre el diván como si estuviera muerta. Esther no decía una sola palabra. Cuando me vea en Santo Tomás de Aquino con un pañuelo rosa. por su parte. en los pies. se secó las lágrimas. será que mi padre habrá cambiado de humor. no pueden abandonaros. acordándose de que Coralie también le había amado con una pasión como aquélla. concentrando todo su amor en sus labios—.. ¿Así es como te tomas una ausencia. sin corsé. pequeña. y lloraba a lágrima viva. estas mujeres no aman de verdad. Adiós. se dijo a sí mismo. de enojo. hacen lo que hizo Esther. unas bonitas zapatillas de terciopelo forradas de raso rojo. que quizá le consuele de nuestra separación. sabedlo bien. sino que estaba tendida con el rostro hundido en los cojinetes. las velas estaban encendidas y el narguilé preparado. Esperaba a su Lucien tendida en el diván de raso blanco bordado con flores amarillas. vestida con una deliciosa bata de muselina de Indias. Aquella joven tenía obviamente más de veintisiete años. Ponga en mi pañuelo la carta que trae para mí. mandándole entrar en el patio interior.. de terror. Clotilde.. con los cabellos sencillamente recogidos sobre su cabeza y. están sublimes de indignación. es usted muy guapo! —dijo Europa. después de cuatro años de felicidad? —"¿Qué habré hecho yo a todas estas muchachas?".

"Lucien irá esta noche a despedirse: queme este papel delante de él. prosiguió: —Toma. puede concebirse la loca pasión de estos seres tan altamente sensibles a los dones naturales externos y tan ingenuos en su admiración. —exclamó. no haré como las grisetas que se suicidan con un hornillo de carbón." Lucien quemó inmediatamente la carta con la llama de una vela. me iré muy lejos. No. y una vez y no más." Cuando Europa hubo cerrado la puerta.. Cuando a aquella hermosura tan seductora se unen la dulzura de carácter y la poesía que distinguían a Lucien. Pero no te molestaré. no te diré que te amo. —Vamos. es cierto. —Escucha. en lo más hondo del bosque de Saint-Germain. podrá pasearse en compañía del guarda si es que tiene ganas de estirar las piernas. Esther sollozaba suavemente.. Este enlace es mi muerte. no le faltará nada. Esther se alzó como un animal salvaje. No salga de esta habitación hasta que yo se lo permita. Fijó su mirada en Lucien. Al oír aquellas palabras. pronunciadas a propósito por Lucien. y me ha prometido que me enseñaría a morir tranquilamente. se había quedado en una actitud que dejaba traslucir un extremado dolor. Durante el trayecto lleve las cortinas cerradas: se trata de la vida de Lucien. Sacó de su cintura un papel muy basto.... supe que tenías que casarte algún día. No escriba a Lucien. El mismo día en que comenzó mi felicidad bajo la protección de este ser inexplicable. esto es lo que me ha escrito —y tendió a Lucien una carta que Carlos acababa de mandarle y que Lucien leyó en voz alta. El matrimonio es un elemento necesario de tu destino. tonta —dijo Lucien—.. No se asome a la ventana durante el día. tuve bastante con una vez. El guarda y su mujer son gente segura. como vivir. y Dios me guarde de obstaculizar los caminos de tu fortuna. "Se irá mañana a las cinco de la mañana. la conducirán a la casa de un guarda forestal. sería una tontería. Hace ahora cinco años que me parece que amarte es tan natural como respirar..Los sentidos tienen su hermoso ideal. en cambio. Lucien mío —dijo Esther tras haber oído la lectura de la carta como un criminal su sentencia de muerte—.. ¿no te han dicho que se trata de mi vida?. —¡De tu vida!. pero vio a Europa y le dijo: "Déjanos. fuera de Francia. y sus cabellos sueltos enmarcaron su rostro sublime a modo de follaje. por la noche. donde ocupará una habitación que está en el primer piso. la carta de aquel salvaje habla de cosas graves. anda. y ¡todo listo! No te pido más que una cosa. como Santo Tomás. que me colocó aquí como una bestezuela curiosa en una jaula. levantando los brazos y dejándolos caer con un gesto propio de las muchachas cuando están en peligro—. ángel mío .. Sí.. Asia conoce algunos secretos de su país. Basta con pincharse.

de mí. que siempre me alivia de la molestia de pensar.. tan perennemente encantadora. por famoso que sea el cocinero de la casa donde cene. La vida me ha dado lo que me podía dar: desde el día en que te vi por vez primera. la gracia." Esther fisgaba como lo hacen las mujeres . ni sé cuándo podrá acordarse. y nunca más volverás a oír hablar de mí. cogiendo a Lucien por el brazo y llevándole hacia su habitación. —No lo sé. Se trata del padre. pero Caréme había hecho la cena como todos los domingos. considera que esta situación es peligrosa... en 1824. he tenido más felicidad que la que cabe en diez vidas juntas de diez mujeres felices. porque estoy en medio del mundo como un salvaje en medio de las trampas de una tribu enemiga. mientras le decía—: ¿Cenaste bien en casa de ese infame Nucingen. dejé escapar involuntariamente una sonrisa imprudente. pero no se trata de esto. Has provocado un incendio en una vieja chimenea llena de hollín. en Vincennes. la poesía. por un lado. sin atreverse a mirar a Esther.. La amante era tan hermosa. hundiendo una de sus miradas fascinadoras y brillantes como la hoja de un puñal en los ojos azules de Lucien. estamos seriamente amenazados. —¿Y qué quiere hacer tu español? —dijo Esther con mucha dulzura. ¿me reconoció?. y es muy capaz de hacerlo. cuando te describía al hablar de vuestro encuentro. la belleza.adorado: que no me engañes. la entrega.. Lucien mío? —El arte culinario de Asia me impide apreciar ninguna otra comida. cariño.. hasta hoy. Dime: "Me caso. obedezco con la sumisión canina de siempre —dijo Esther. Habló ya de la impotencia de la policía. Lucien comparaba involuntariamente a Esther con Clotilde. Después de la cena. —Hace dieciocho meses que nos ocupamos de mi boda y todavía no está acordada —respondió Lucien—.. cuya sinceridad sólo era comparable con la ingenuidad de los ademanes y del tono que la acompañaban.." No te pido más que un adiós muy tierno.. el amor. —Sí —dijo ella—. Nucingen te ha visto. se encarga de desviar a Nucingen en caso de que éste decida hacernos espiar. pero ha perdido el tino por ti.. De modo que debes tomarme como lo que soy: una mujer tan fuerte como débil.. de ti. que no había permitido todavía que se le acercara el monstruo que devora a los amores más robustos: ¡la saciedad! "¡Qué lástima —pensaba—. Se produjo un momento de silencio después de esta declaración.. la voluptuosidad.. —¿Se trata de tu boda? —dijo.. Carlos. —Si es así. —No —contestó Lucien—.. me ha dicho que duerma con los ojos abiertos —respondió Lucien.. encontrar a la mujer de uno en dos tomos!..

iba de un lado para otro. y éste. al despertarse en aquella encantadora habitación ro... me habría quedado. he recibido un nuevo rostro.. Al día siguiente. señor. sólo para ponerla triste. muchas camareras lo hubieran hecho. De acuerdo con las órdenes del señor cura. si el señor pone de su parte lo que debe —dijo Europa mientras iba a buscar a la falsa Esther.. ". —¿Está bien? —Está todo lo bien que puede estar una mujer de ocasión. "¡hay que hacerlo!. Tengo apego a mi cargo. si me hubiera mirado o si hubiera pronunciado mi nombre. —¿Qué quiere el señor? —¡Esther! —La señora se ha marchado a las cinco menos cuarto...sa y blanca. Pues bien. Cuando se edifica una casa. La noche anterior. y en seguida acudió la sorprendente Europa. aunque hubiera tenido que morir con él.. ¿qué quiere hacer el señor con este adefesio?. —No podía ir de otra manera. secándose las lágrimas).antes de acostarse. —¿Se ha purlado usdet te mí? —dijo a modo de respuesta a los saludos del guardia.... el poeta vio que estaba solo. mariposeaba cantando. la nobleza del nombre. a las siete de la mañana. adonde acudió el barón en bata y zapatillas.. ¡Y no hay manera de retiñirías en una sola persona!". con los portes pagados. exclamó Lucien. Pero el señor barón conoce muy bien las demarcaciones que existen entre los individuos de los diversos oficios. Los agentes de la Policia Judicial} nunca se mezclan con los asuntos de la Policía Política. En fin. (ha dicho). Europa.. —No. una inglesa.. Si se .. hay dos policías: la Policía PolíJ£f tica y la Policía Judicial. He dejado a mi pobre gatito durmiendo (me ha dicho. y viceversa. el todopoderoso banquero había dado a su ayuda de cámara las órdenes oportunas. pero no tendrá dificultad en desempeñar su papel. ¿Qué le prometí? Ponerle en relación con el que me parece el más capaz de todos mis agentes para servirle a usted. Llamó.¡por otro.. antes de acostarse.. y tuve ya el honor de decirle que no podía mezclarme con un asunto ajeno a mis funciones. señor." Mire. y tenemos órdenes de tratarla como si fuera la señora. una de esas mujeres que van de camino. señor barón. la raza. los honores. introducía al célebre Louchard. tengo tanto cariño por la señora que no el he enseñado a su sustituía. por la noche. a las siete.. en un pequeño salón. el rango. Pobre señora. el más habilidoso de todos los guardias de comercio.. cómo ha llorado al subir al coche. la ciencia mundana!.. no se puede encargar a un carpintero lo que corresponde a un cerrajero. Daba la impresión de un colibrí. —¿Una mujer?..

Le daré el nombre y la dirección del único hombre capaz de servirle. —¡Tícame el nompre te esde hompre hápil. señor barón —dijo Louchard—... —¡Tiaplo te hompre! —exclamó Nucingen—. Trátese de una conspiración o de un crimen. —¿Gondanson (Contenson) —dijo el barón— no botía tecirme la fertat en lucar te pirlarme un pillede te mil vrangos? —Escúcheme. Ahora bien. éste necesitaría una autorización del ministro para tomar el asunto de usted entre sus manos. señor barón. pero comprenda.. y aun. yo soy el único que puede colocarle entre las manos de un hombre hábil.dirigiera usted al jefe de la Policía Política..... que tiene muchas otras cosas que hacer antes que ocuparse de los cincuenta mil amoríos que hay en París. en cuanto se trata de alguna otra cosa. nuestra única misión es la detención de los deudores. Buscar en París a una mujer de quien se sospecha que va al bosque de Vincennes y cuyas señas se parecen a las de todas las bellas mujeres de la ciudad. correría el riesgo de perder su puesto. todos los jefes van a ponerse en tal caso en seguida a las órdenes de usted. denca!. y güende gon mi generositat! Louchard cogió su sombrero. a venderle un consejo. pero diciéndole que no respondía de él. ¡Fenca. guanto esdá firmato al bie te un pillede. Y nadie. —¿Mil esgutos bor un gonsejo? —Yo no me dejo engañar.. Cualquier agente que investigara por su cuenta. Dios mío!. déme usted mil escudos y voy a darle. Sólo el nompre te Varschild jale mil esgutos. la Policía Judicial es tan circunspecta como la Policía Política.. quiere descubrir el objeto de su pasión. ¿Demonio! ¡Cómo si su vida no valiera mil escudos!. ni en el Ministerio del Interior ni en la prefectura. saludó y se dirigió hacia la puerta. y seguramente no se atrevería usted a referirlo al director general de la Policía del Reino. le ha mandado buscar a una mujer en París. y Contenson le ha birlado a usted un billete de mil sin molestarse siquiera. pero es un maestro. Le he mandado a uno dejos míos. por el cual está usted adelgazando como un bacalao al sol. —¡Fede a baseo! —exclamó Nucingen—.. es algo así como buscar una aguja en un pajar. Por lo que a nosotros respecta. Usted está enamorado. Me ha dicho su ayuda de cámara que ayer vinieron a verle dos médicos y le hallaron en muy grave estado. ¡Ovrezgo mil vrangos! . —Tenga en cuenta —dijo Louchard antes de tomar el dinero— que le vendo pura y simplemente una información.. señor barón —respondió Louchard—... nos exponemos tremendamente en caso de burlar la tranquilidad de quienquiera que sea. ¡ah.. actúa más que en interés del Estado o en interés de la Justicia.

—No se sabe. y dráicalo en sequita. ayer la señora baronesa reunió a los doctores Desplein y Bianchon. Brogure hacer doto esdo gon hapilitat. que era bajito y socarrón. Turcaret ya no existe. siendo como era el brazo derecho de Louchard. tebrisa. y regatearía incluso una absolución al papa. Un día unos extranjeros fueron a ver a Newton en el momento mismo en que estaba atareado curando a uno de sus perros. —Dentré la tireksión bor un pillede te guiniendos vrangos —gritó el barón. —Faya usdet mismo —dijo el barón a su secretario— a gasa te Gondanson. parece que su estado de salud es inquietante. —repitió el barón. los recuperará en pocos segundos en la Bolsa —le dijo. —Para usted. el esbía te Luchart. de ujier ni de procurador. —¿Qué tendrá el patrón? —decía un agente de cambio a uno de sus oficinistas.. una perra llamada .. Los despidió a todos con expresiones vagas. el cuartia tel gomercio. pensando que dentro de poco volvería a ver a la mujer a quien debía el haber vivido unas emociones inesperadas. Aguí diene la Ilafe. Oyendo hablar a Louchard. miró de soslayo al barón de una manera significativa. bero faya en gabriolé. con promesas ambiguas. Contenson soltaría por quinientos francos lo que Louchard quería vender por mil escudos. mandó que le sirvieran el desayuno en el pabellón que se hallaba en uno de los ángulos del jardín. y miraba al jardín constantemente. aun cuando el corazón de aquel hombre había sido invadido por el amor. y que nunca había podido conseguir ningún cargo de procurador. Recibió varias visitas de gente que iba a hablarle de negocios. —¡Ovrezgo mil vrangos!. más clarividente y más político de París parecían inexplicables a sus empleados. su cabeza seguía siendo la de un Lobo Cerval. es mecor gue natie fea a esde hompre en mi gasa. pero esperaba a Contenson y soñaba con Esther.. debería conocer también la dirección de aquel maestro del espionaje. después de dar la orden de cerrar su puerta. la beneficencia y el amor.. Esta rápida maniobra demuestra con todo vigor que. Hoy en día tanto el más grande como el más pequeño de los banqueros ejerce su astucia en las cosas más ínfimas: regatea las obras de arte. —¡Usted regatearía hasta una mina de oro! —dijo Louchard mientras saludaba y se retiraba. Contenson le parecía el personaje más importante de París. Hácalo endrar en el begueño bapellón tel cartín.Louchard. La conducta y los titubeos del banquero más taimado. de notario. Por último. ¡Le esbero! Base bor la buerda tel cartín. Nucingen había pensado en un destello que Contenson. son mil escudos o nada. y mandó seguidamente a su ayuda de cámara que llamara a su secretario.

no eran más que mediocridades al lado de aquel coloso del ingenio y de la miseria. Sus arrugas. ¡El pobre Lansmatt ha muerto!" Lansmatt era un portero que estaba al corriente de las intrigas del rey.. formaban pliegues eternos. cuando oyó que un coche se paraba ante la pequeña puerta de su jardín. un trabajo inmenso. parecido al de Voltaire. podía dudarse de si se trataba de un hombre vivo.. en algunas tiendas orientales. de no ser por algunos cabellos que tenía por atrás. tras laboriosas búsquedas. parecidos a los que se exponen. apretadísimas. los chispazos de innumerables desgracias y las presiones de la necesidad habían bronceado el rostro de Contenson como si hubiera estado tres veces al calor de un horno. no es simplemente un hombre. Beauty. Por su aspecto hubierais visto en seguida que el Fígaro de Beaumarchais. Su nariz. como se ve. que quedó de esta manera en manos de los demás banqueros. a quien había encontrado. el Mascarille de Molière. eran unos ojos artificiales que se hacían pasar por vivos. como es sabido. beneficiándose de ciertas deferencias que cuestan dinero. En todas las vidas de grandes personajes se encuentra alguna perra Beauty.. era todo un poema. de la astucia al acecho y de la estratagema que renace de sus propias cenizas. Este espía fue el causante de que Nucingen dejara sin concluir un asunto importantísimo.Beauty.. Cuando el mariscal de Richelieu fue a saludar a Luis XVTdespués de la toma de Mahón. Contenson. ¡es todo un espectáculo! Si se pone tres veces a cocer en un horno un busto de yeso. se obtiene algo con apariencia de bronce florentino. y mordisqueaba unas tostadas con mantequilla. que le echó a perder. Su cráneo.. pero el Hombre que había en él estaba a las órdenes de la Felicidad. inexpresivos. y. los Frontín de Marivaux y los Lafleur de Dancourt.!" Los extranjeros se fueron. tenía la insensibilidad de la cabeza de un muerto. en un café cerca de Sainte-Pélagie. Poco después el secretario de Nucingen le presentó a Contenson. uno de los hechos de armas más importantes del siglo dieciocho. un poema parisiense. envueltos en cristal. Los banqueros de París no supieron nunca lo que debieron a Contenson. Bajo una frente inmóvil se agitaban unos ojos de chino. todas estas expresiones de la audacia picaresca. no podían ya desfruncirse. el rey le dijo: "¿Sabe ya la gran noticia?. y cuya expresión era inmutable. de fondo blanco. no le dijo más que: "¡Ah. no sabes lo que acabas de destruir. roma . Cuando se encuentra en París a un tipo. Cada día el Lobo Cerval podía encañonar una fortuna con la artillería de la Especulación. Aquella figura amarilla era toda arrugas. donde el agente desayunaba con la propina proveniente de un deudor que se hallaba en la cárcel. con muy escaso apetito. respetando los trabajos del gran hombre. pues bien. El famoso banquero estaba tomando el té.

Eran unos pantalones negros y relucientes como la tela con la que están hechas las togas de los abogados. si en lugar de tratarse de un soplón hubiera sido un ladrón. plisada. como la hendidura de un buzón de cartas. Puede decirse. Se le veía una camisa de percal amarillo. Es difícil encontrar a muchos espías que tengan menos . sobre todo!. que una persona de mediana inteligencia habría podido comprender que. Su chaleco era del Temple. habría que saber describir la pretensión excesiva que Contenson sabía imprimirles. Su sombrero de seda relucía como el raso. y su boca. sin amargura: "¡Tengo mucho talento. Contenson. de lana y con bordados. Llevaba un reloj de cadena. que no puede describirse exactamente con ninguna expresión. Todo estaba cepillado. Había una cierta coquetería en el cuello del traje y en el brillo reciente de sus botas. Su aspecto sería temible si no fuera cómico. más que expresión de sus movimientos interiores. Viendo el traje.. pero se habría podido sacar de él grasa para un par de farolillos si se hubiera puesto a hervir. bebe. Los gestos de su fisonomía eran muecas motivadas por la corrección en los modales. y mantenía una actitud diogénica de descuido que jamás es capaz de plegarse a las formas del respeto. Contenson. Tenía una cara de hojalata. sus manos eran curtidas. pero no se emborracha. para describir de algún modo aquella mescolanza de tonos diversos. un observador cualquiera habría dicho: "He aquí a un nombre indeseable. por último.como la de la muerte. siempre estaba abierta y sin embargo era discreta. juega. no hace trampa. alardeaba sobre todo de ser filósofo. no es ladrón ni asesino. en la que todo está en fermentación. El traje era de un negro rojizo. el parpadeo de sus ojos verdosos y la ligera mueca de su nariz achatada revelaban la agudeza de su ingenio. No basta con enumerar los accesorios.. en lugar de provocar la sonrisa.. desafiaba el destino. que era uno de los productos más curiosos de la espuma que sobrenada a los borboteos de la tina parisiense. era apacible como un salvaje. Decía. El cuello de terciopelo parecía un collar sobre el que rebosaban los pliegues rojizos de una carne cobriza. Qué comentarios de su vida y de sus costumbres estaban grabados en sus ropas.. casi limpio. La fina sonrisa de sus pálidos labios. aquel hombrecillo delgado y enjutó. es como si fuera cretino!" Y se condenaba a sí mismo en lugar de acusar a los demás. apretada como la de un avaro. y su alma debía de ser como la cara. habrían hecho estremecer de horror. pero es como si nada. tiene vicios. con una aguja prendida que llevaba un diamante falso. todos sus andrajos." Contenson era efectivamente indefinible hasta que acudía a la mente la palabra "espía" Aquel hombre había ejercido tantos oficios desconocidos cuantos pueda haber conocido. cuyas suelas estaban medio abiertas. para quienes saben leer y descifrar un atuendo! ¡Qué pantalones.

.. Usted será el pozo y yo seré el cubo. Desde que fue suprimido el ministerio de la Policía. para fatal ejemplo. como mal menor.. y los jefes.. ya que podía hacerse el dandy cuando quería.. Yo he seguido haciendo de chivato. se había dedicado.. podemos llegar a un acuerdo: recoja usted dinero para mí. Cuando uno es ladrón y le quiere una mujer honrada. hubiera podido dar lecciones a Frédérick Lemaître.. igual que sus compañeros. debido a que había pertenecido durante el Imperio a la policía de Fouché. —Redírese —dijo Nucingen a su secretario con un gesto. —¿Dienes una guerita? —exclamó Nucingen. —No tengo más que sesenta y seis años —contestó Contenson.. a quien consideraba un gran hombre. begueño —dijo el barón—. puesto que tenía por su atuendo habitual el apego que puede tener un actor teatral por el suyo. mirando a Contenson con admiración y envidia a la vez. como el de usted es ganarlo. tenía una gran habilidad para disfrazarse y maquillarse. Contenson. Tengo más talento que él. a la delincuencia comercial.? —se preguntaba Contenson—. —¿Y gué haze? —Me ayuda —dijo Contenson—.. —¿Necesidas tinero? —preguntó Nucingen. Mostraba una profunda antipatía por la Policía Judicial. de la Policía Política habían conservado su nombre en sus listas.. no era más que uno de los comparsas del drama cuyos papeles principales pertenecían a sus jefes cuando se trataba de algún trabajo político." Su cinismo en el vestir tenía un sentido. podríamos ser cristal de roca y no somos más que granos de arena. debió de pertenecer a la sociedad poco refinada de las personas de origen humilde. a quien el vicio. que yo me encargaré de gastarlo. Yo en cambio jamás he tomado un céntimo. "Las circunstancias están en contra nuestra —repetía a sus jefes—.hiél que Contenson. me ha ropato usdet un pillede te mil vrangos. pero su reconocida capacidad y su finura hacían de él un instrumento precioso.. Ha engañado tres veces a sus acreedores. En otros tiempos. o ella se hace ladrona o uno se vuelve honrado. eso es todo. —Gondanson. mi estado natural es desear dinero. —¿Guieres cañar un pillede te guiniendos vrangos? . había conservado joven. —Mi parienta debía dinero a Dios y al diablo.. ha robado. durante su juventud.. desconocidos. —Siempre —respondió Contenson con una sonrisa—.. "¿Por qué este hombre está en una mansión y yo en un cuartucho.

—Aguí los dienes —contestó el barón sacando un billete de su bolsillo. ¿Quiere usted que no le vean conmigo en un coche? Alguien nos vería. —Por cierto que tiene usted derceho a pensar esto de mí —dijo con un tono de autoacusación—. —dijo el barón. .. Seguramente que no va usted a ofrecérmelos simplemente para compensar la injusticia que la fortuna ha cometido en contra mía... pero voy a jugar fuerte. —Bueno. hay que irse bajo tierra. Usted es rico y cree que todo se inclina ante el dinero. Usted dice: vamos. jamos a fer al hompre. —¿Es cierdo? —dijo el barón. ponga seiscientos francos y le daré un buen consejo. —Pues démelos —dijo Contenson. gon lo gue serán mil guiniendos los gue de toy. —Tame. tendiendo la mano. Por eso en buena ley no se procede de esta manera.. —Me expongo —dijo Contenson—. y de lo toy. y gue dú sapes su tireksión. fenca. un maesdro en esbionague. —Eksagdamende —dijo Nucingen.. Pero con Do dinero.. Pero. Es tecir. ¡adelante!. moviendo la cabeza. es algo. me da los mil francos que he cogido y añade otros quinientos francos. como dicen los dos o tres hombres fuertes de nuestra partida. ve usted... —¡Quinientos francos que tomar! Bien... —Mira. En punto a policía. El dinero. lo añato al pillede te mil gue me has pirlato. —¡Pien! Bues tame la tireksión y de toy los guiniendos vrangos..—¡Bonita pregunta! Pero. ¡alto ahí!. Contenson se echó a reír. —¿A verlos? —respondió rápidamente Contenson. La suerte igual puede estar en favor que en contra de uno. y ¿a cambio de qué el señor barón piensa darme este dinero? —Me han ticho gue hay en Barís un hompre gapaz te tesguprir a la muguer gue yo guiero.. A la > suerte no se la puede sobornar. —Fenca.. Cuanto más canallesco es nuestro estado. tanta más probidad nos es necesaria. borgue así botrias fenferme muchas tireksiones a esde brecio. efectivamente. —Lo cual significa que siguen siendo tan sólo quinientos francos —dijo Contenson imperturbablemente. ¡Y hay cosas en las que no se suele pensar y que no pueden comprarse!. no se logran más que hombres. señor barón.. —Es cierto. y gonfía en mi guenerositat... —¿Guiniendos vrangos gue tar?.

de quien algunos dicen que es hijo natural. fede a betir feinde vrangos a Cor que y algánsamelos. —¡Denco odras! —respondió el barón en un tono astuto. —Si el señor barón no tiene más informaciones que las que me dijo. circunscrita al barrio llamado de los Bourdonnais. y él le dará una cita en algún lugar donde nadie pueda ver ni oír nada.. el trabajo se lo hará. ¿qué le vamos a hacer?.. en los atsundos te la bolicía ogurre lo mismo gue gon doto lo temas. Pero.. ve usted.se reunían los viejos negociantes retirados o los grandes comerciantes aún en activo: los Camusot. ¿no me unta el carro el señor barón? —dijo Contenson en un tono a la vez humilde y amenazador. porque investigando por cuenta de particulares se arriesga mucho. los Lebas. no le hará trabajar por menos de diez billetes de mil francos. Ni visto ni oído. miró a través de los cristales y vio a un anciano conocido allí por el tío Canquoèlle. y bien hecho. —Es fertat —dijo el barón. En él. Al dejar al barón. porque es mejor no escribir nunca nada. y además ¡por haber salvado a Francia!.. el brazo derecho de Fouché. pero eso son (tonterías: Fouché sabía ser cura. Es muy buen hombre. el segundo del célebre Corentin. Pues a este hombre. —"Es gurioso lo lisdos gue son esdos intifituos —pensó el barón—.. dudo sin embargo de que el maestro pueda serle de utilidad.. gozó durante los primeros treinta años del siglo de una especie de celebridad. El café David. —¡Ah! Es el fuerte entre los fuertes.. como supo ser ministro. —Tengo el honor de despedirme del señor barón —dijo Contenson. de cuando era cura... —Entonces. le importaría a él que le vieran entrar a usted en su casa. lo mismo que podría importarle a usted que le vieran yendo hacia allí. A lo que iba: si fuéramos en coche de punto esta noche a la casa del señor de Saint-Germain. hasta el café David. piénseselo. que ha sido objeto de importantes persecuciones. y corno todos los que la han salvado! —¡Pueno! Esgrípeme guando y tónde bodré fer a esda joya —dijo el barón. tomando la moneda de veinte francos—. sito en la esquina de la calle de la Monnaie con la de SaintHonoré. una joya. Eso sí. —Jean —gritó el barón a su jardinero—. los Pillerault. ¡Como yo.. Contenson se dirigió tranquilamente de la calle SaintLazare a la calle Saint-Honoré. y tendré el honor de venir a decir a Georges en qué lugar deberá personarse el señor esta noche. señor! Fue una herradura encontrada por la calle lo que permitió al prefecto de policía descubrir la máquina infernal.. los Popinot y algunos . como se suele decir. sonriendo.—¡Y tanto. Tendré que avisar al señor de Saint-Germain..

de un modo parecido a como un espantapájaros ahuyenta a los gorriones. y que parecía armonizar tan bien con la gente respetable que allí se reunía. y no extrañaban a nadie. el feudo de Les Canquoèlles no le pertenecía. —¿Qué se ha hecho del tío Canquoèlle? —preguntaba la gente a la mujer del mostrador.propietarios como el viejo Molineux. Aquel viejo llevaba unos zapatos con hebillas de acero. Hoy en día el atuendo del tío Canquoèlle parecería muy extraño. Con su manera de pronunciar. pero sus ausencias se atribuían siempre a sus achaques o a su vejez. Algunas veces aquel buen hombre. y una camisa con chorrera. con botones metálicos. el tío Canquoèlle certificaba constantemente su origen. Aquel café. siguiendo la moda del pasado siglo. pero con discreción. ya que desde 1811 parecía haber rebasado los sesenta años. La mayoría de los hombres. pero entre 1811 y 1820 no sorprendía a nadie. unos calzones de tela de seda sin lustre. Completaban su vestimenta un chaleco blanco con bordados. el tío Canquoèlle. como cualquier café. —Siempre pienso —contestaba— que un buen día nos enteraremos de su muerte por los Petites-Affiches. El calzón del tío Canquoèlle se aguantaba mediante una hebilla que lo mantenía apretado por encima del abdomen. y que se llamaba Les Canquoèlles. Se contaban las habladurías del barrio. Se había acabado diciendo Canquoèlle en lugar de De Canquoèlles. se asustan y se tranquilizan por cosas nimias. porque el café David era de tendencia liberal. De vez en cuando se veía al tío Guillaume. ya que decía que la nobleza había muerto en 1793. un viejo traje de una tela verdosa y castaña. que era motivo de frecuentes bromas por parte de los asiduos al establecimiento. que era su lugar de origen. palabra que significa abejorro en algunas provincias. una de esas encantadoras pequeneces sentimentales que tranquilizan a los hombres. desaparecía por un mes o dos. Del cinturón colgaban paralelamente dos cadenas de acero compuestas por varias cadenillas y con una serie de colgantes en su . con hebillas ovaladas semejantes a las de los zapatos por su hechura. sin que el hombre se ofendiera por ello. Se hablaba de política. porque era el hijo menor de una rama segundona. tenía un personaje original. que concurría a él desde el año 1811. Su nombre provenía de una pequeña propiedad situada en el departamento de Vaucluse. por otra parte. En medio de la chorrera brillaba un medallón de oro que llevaba un pequeño templo hecho con cabellos. es muy grande la necesidad que sienten los hombres de burlarse unos de otros. medias de seda con rayas circulares blancas y azules alternadas. como los animales. que iba hasta allí desde la calle del Colombier. que todo el mundo hablaba tranquilamente de política en su presencia.

tal era el horror que le inspiraba la policia.. y había caído en la trampa todo el café David. simple y bonachón. Dos hombres murieron en el patíbulo. que parecía dormir. que había . por así decirlo. su cabeza blanca y empolvada iba adornada. Antes de veinticuatro horas Gaudissart fue detenido: la conspiración se había descubierto. por ese innoble sombrero redondo contra el cual nadie se atreve a reaccionar.. Su corbata blanca se aguantaba por detrás mediante una pequeña hebilla de oro. La mujer del mostrador y el camarero examinaron la moneda con un cuidado que a Contenson se le antojaba injurioso. todavía en 1816. Contenson entró en el café y pidió una copa de aguardiente. incluso por parte del tío Canquoèlle.extremo. Atendiendo al rasgo distintivo de su cara. podía suponerse que aquel viejo papa-moscas tenía un carácter fácil. asiduo del café David. Los dos mozos fueron despedidos. no miró al tío Canquoèlle. dos camareros medio dormidos y la mujer del mostrador. cuyo forro. que lo veía todo y jamás se sorprendía de nada. En el café no se veía más que al tío Canquoèlle. El tío Canquoèlle había cambiado no hacía mucho aquel sombrero. "¿Este oro es producto de un robo o de un asesinato?. pero esta suposición era errónea. se emborrachó de once a doce de la noche con un oficial de media paga. el cual decía que iba a abandonar el café David. Ni Gaudissart ni nadie sospechó jamás que el bueno de Canquoèlle hubiera dado el soplo. palingenésicamente. una pequeña coleta con un lazo dejaba una marca circular en la que la mugre desaparecía bajo una fina capa de polvo. En la espalda del traje." Ésta era la pregunta que se hacían algunas mentes sólidas y clarividentes que miraban a Contenson por debajo de sus gafas. pero su desconfianza estaba justificada por la sorpresa que causaba a todos los asiduos el aspecto de Contenson. cuyos clientes nunca habían examinado la frente observadora. que estaba leyendo los periódicos. cogió el cambio y se lo metió en el bolsillo. En 1816 un joven viajante de comercio llamado Gaudissart. fingiendo que leían el periódico. constituido por una nariz bulbosa y encarnada. Por último. que parecía muy importante y que estaba a punto de estallar. se limpió desdeñosamente los labios con un pañuelo que sólo tenía tres zurcidos. digna de figurar en un plato de trufas. Contenson. con el tricornio municipal que llevaba también el señor Try. presidente del Tribunal. la boca sardónica y la mirada fría de aquel viejo mecido por los vicios y tranquilo como un Vitelio cuyo vientre imperial reapareciera. y creció el temor general por la policía. al que tenía tanto aprecio (creyó deber aquel sacrificio a su tiempo). tomó la moneda del barón y llamó al mozo dando tres golpes secos sobre la mesa. todos se vigilaron recíprocamente durante un año. Tuvo la imprudencia de hablar de una conspiración tramada contra los Borbones. cuando hubo bebido la copa de aguardiente.

El espionaje. que posee aún la pequeña propiedad de La Peyrade. en 1772. dirigiéndose a todos el señor Camusot. con dos escudos de seis libras en el bolsillo. el héroe.. el hombre de las tradiciones. tras lo cual se marchó sin dejar ni un céntimo para el camarero. de la jefatura superior de Policía. es necesario explicar qué terrible y profundo personaje se ocultaba bajo el vestido del tío Canquoèlle. entonces era tan negro como la tela del pantalón. mucho más hábil que el propio Peyrade.sido blanco en otro tiempo. y el Primer Cónsul completó su reconstitución mediante la prefectura de policía y el ministerio de la Policía general. Es Contenson. Toda la juventud de Peyrade se resume en el hecho de que en 1782 era el confidente. Peyrade fue destituido de su cargo en Amberes por una orden del gabinete del . donde gozó de un gran aprecio por parte de los señores Lenoir y D'Albert. —¡Bah! —respondió. la cual. —¡Vaya carne de horca! —dijo el tío Canquoèlle a su vecino el señor Pillerault. Pertenecía efectivamente a la rama segundona de la casa de La Peyrade. la única propiedad de su familia. se llamó entonces civismo. cogió su paraguas y se marchó tranquilamente. eligió y organizó el personal con la colaboración de un individuo llamado Corentin. Sin duda alguna. una familia antigua. los dos últimos tenientes generales. se llamaba Peyrade. Un cuarto de hora más tarde el tío Canquoèlle se levantó. como el padre Carols disimulaba a Vautrin. era bastante respetable. aunque pobre. por cierto. que no puso de manifiesto su genialidad más que en los sótanos de la comisaría. que se convirtió en una actividad muy generalizada. a la edad de diesiete años. se vio obligado a reorganizar una policía.. El Directorio. La idea de Napoleón era que aquella especie de prefectura equivalía a un ministerio de la policía encargado de vigilar Holanda. el brazo derecho de Louchard. En 1808 los enormes servicios que prestó Peyrade fueron recompensados con el nombramiento para el alto cargo de comisario general de la policía de Amberes. del Comtat. Este meridional. nacido en Canquoèlle. A la vuelta de la campaña de 1809. por el deseo brutal de mejorar de posición que atrae a tantísimos meridionales hacia la capital en cuanto comprenden que la casa paterna no podrá jamás proporcionarles las rentas que necesitan para satisfacer sus pasiones. el único que no había mostrado la más mínima sorpresa—. Estarán buscando a alguien del barrio. Peyrade. no la necesitó. que fue un gobierno algo más regular que el del Comité de Salvación Pública. impulsado por los vicios de un temperamento fogoso. nuestro guardia del comercio. Era el séptimo hijo y se fue a pie a París. La Revolución no tuvo policía. aunque más joven.

y en la que el duque de Otranto desplegó una pericia que alarmó al Emperador? En aquellos momentos se consideró plausible esta explicación. Fouché fue el único que se atrevió a trazar un plan de campaña que. Desde aquel día Napoleón añadió a la enemistad que le profesaba el príncipe de Talleyrand la del duque de Otranto. Dos meses más tarde salió de la cárcel bajo la fianza de su amigo Corentin. "Actúe como le parezca —le dijo Carríbacérés —." Ya se sabe a qué absurdo pretexto se acogió el Emperador. y sorprendidos en ausencia del amo. figuras que eran los dos únicos grandes políticos debidos a la Revolución y que quizás hubieran podido salvar al Emperador en 1813.Emperador. Fulminados por la noticia de la intentona inglesa. se sintió tanto más afectado cuanto que con relación a las mujeres estaba en la situación de un . Peyrade. es cosa cierta. que era un libertino glotón. tras haber sufrido. además. Creyó que podría substituir a Peyrade por Contenson. hoy en día. Para apartar a Peyrade se empleó el vulgar pretexto de la concusión: había favorecido el contrabando repartiéndose algunos beneficios con algunos grandes comerciantes. sin embargo. El sentir general se inclinaba por enviar un correo al Emperador. hábiles e inteligentes de entre esos genios desconocidos que están encargados de velar por la seguridad de los estados. donde toda Europa lo creía perdido. que había madurado en el ejercicio de los negocios. fue llevado en diligencia a París entre dos gendarmes y encerrado en la Force. Aquel hombre. para hacer caer a su ministro y castigarle por haber salvado a Francia sin él. pero Contenson estaba entonces absorbido por Corentin en provecho suyo. a su regreso. que todo el mundo sabe lo que pasó en el Consejo de ministros convocado por Cambacérés. que se creía lo bastante hábil como para formar a la gente en función de sus necesidades. los ministros no supieron qué decisión tomar. puso en ejecución. poseía los secretos de todos los gobiernos desde el año 1775. por mi parte. voy a mandarle un informe al Emperador. como tengo apego a mi vida. en pleno Consejo de Estado. tres interrogatorios de seis horas cada uno en la prefectura de policía. que estaba entonces replegado en la isla de Lobau. ¿Debía acaso Peyrade su caída en desgracia a la actividad milagrosa con la que secundó a Fouché en la defensa de las costas francesas cuando fueron atacadas por lo que se dio en llamar la expedición de Walcheren. El Emperador. Aquel trato era duro para quien había recibido el bastón de comisario general a cambio de importantes servicios. no tuvo en cuenta ninguna de las recomendaciqnes que se le hicieron más tarde a favor de un hombre que era considerado como uno de los más seguros. año de su ingreso en la jefatura superior de Policía. como réplica a la expedición de Boulogne llevada a cabo por Napoleón.

pero el alumno superó pronto al maestro. (Véase Los CHUANES. en cuanto se enteraba de alguna conspiración. Juntos habían hecho más de una expedición. en esto es igual que un presidiario. se encontró pues sin recursos en París. Peyrade se había enamoricado de una linda muchachita. Peyrade. a modo de anzuelo para pescar a un hombre. era un filósofo. Hay seres a quienes el estado social imprime fatales destinos. una vez matriculados. los espías y los condenados tienen un carácter indeleble. ¿no será acaso el leproso moral al que la muchedumbre llama espía. Para desgracia suya. sin tener que figurar. de esa vida de gran señor sin fastos a la que se entregan todos los individuos de gran vitalidad. puesto que nadie contaba nunca con él ni con Corentin. Obligó a su alumno a servirse de una amante que le desdeñaba. del juego. fuera como fuera. Se fue a vivir a la calle de los Moineaux. Sus hábitos viciosos se habían convertido en él en su propia naturaleza: ya no podía prescindir de buenos ágapes. En definitiva. (Véase UN ASUNTO TENEBROSO.) Y Corentin tenía entonces apenas veinticinco años. Luego había vivido a lo grande. que hizo regresar a su niña de Amberes. Corentin. el pueblo chivato y la administración agente? Peyrade y Corentin eran amigos como Orestes y Pílades. los cuales suelen convertir en necesidad ciertas exorbitantes diversiones. los presupuestos se fijaban con ayuda de los tres.. cuatro o cinco agentes de talla. vivía a gusto de esta manera. puede dedicarse a ninguna de las profesiones que se dicen honradas o liberales. había conservado durante el mandato del duque de Rovigo el puesto eminente que había ocupado en tiempos del dque de Otranto. decía a uno de los coroneles de la policía: "¿Qué necesitan para llegar a tal resultado?" . El ministro. con una ayuda anual de mil doscientos francos otorgada por la prefectura de policía al antiguo alumno de Lenoir.) Peyrade. su amigo.pastelero a quien le gustaran los pasteles. En aquella época tanto daba la Policía general como la Policía judicial. en cuanto se le advertía que se estaba fraguando alguna maquinación.. como los diáconos. le había lanzado al ejercicio de la carrera preparándole un triunfo. Era un cínico ingenioso que. Una vez marcados. en una pequeña vivienda de cinco habitaciones que le costaba doscientos cincuenta francos. cualquiera que sea el nivel que ocupe en la maquinaria policíaca. ningún espía. una niña de la que él estaba convencido que era una hija que le había dado una famosa actriz. Con motivo de cualquier asunto importante. en un cuarto piso. feliz por haber intuido la capacidad de Corentin. Peyrade había formado a Corentin como Vien formó a David. Si hay hombre capaz de sentir la utilidad y la dulzura de la amistad. que seguía en aquel puesto de general cuyo capitán general es el ministro de la policía. a la cual prestó un servicio por el que le estuvo reconocida durante tres meses.

Peyrade y sus agentes se les encargó a menudo la misión de espiar al propio ministro. prestó grandes servicios a Corentin. en la que trabajaron Contenson y los agentes de primera talla.Corentin o Contenson respondían. Luis XVIII falleció. matriculados. Los ministros entonces sintieron más confianza por Corentin. Esto puede explicar la razón por la cual el ministerio se negó a emplear a Peyrade y a Contenson. No es éste lugar indicado ni ocasión oportuna para entrar en detalles a este respecto. con objeto de utilizar a su amigo cuando su reintegración le pareció imposible. Corentin halló la manera de entregar cerca de mil francos mensuales a Peyrade. pese a las declamaciones de los filántropos y de los moralistas miopes. por su parte. llevándose unos secretos que seguirán siendo secretos hasta para los historiadores mejor informados. treinta. a Corentin. dirigió las sospechas de los ministros. Entre 1817 y 1822. Corentin probó de hacer que fuera reintegrado Peyrade a la Policía General del Reino. sobre los cuales Corentin. con la condición. tras un meditado examen: "Veinte. a propósito del descubrimiento de la conspiración en la que había de tomar parte el bonapartista Gaudissart. basta con indicar cuáles eran los medios de subsistencia del llamado tío Canquéolle del café David y por qué hilos estaba unido al poder terrible y enigmático de la policía. instigados por el duque de Otranto. pero alguna influencia desconocida mantuvo apartado a Peyrade. En 1816. La experiencia y la penetración de Peyrade tenían un enorme valor a los ojos de Corentin. así como la Policía judicial. Contenson. La Policía política. el cual. Por su afán de hacerse imprescindibles. y le encargaron que vigilara a Pyrade. Corentin y Contenson. porque las Escenas de la vida parisiense no son Escenas de la vida política. Peyrade. sin que ellos lo supieran. le consultó siempre y subvino con prodigalidad a sus necesidades. que son como soldados de una fuerza secreta que es imprescindible para los gobiernos." Luego. una vez hubo pasado la tormenta del 1810. una vez dada la orden de emprender aquel asunto. entre los habituales. . La Policía judicial actuaba también así para descubrir los crímenes con el famoso Vidocq. He aquí la razón de ello. hizo uso de su viejo amigo. de rendir cuentas al ministro en los casos graves. sin embargo. escogía a sus hombres primordialmente entre los agentes conocidos. cuarenta mil francos. El exceso de confianza que se daba a los dos o tres generales del temple de Peyrade y de Corentin implicaba en ellos el derecho a emplear a personas desconocidas. Éste. habían organizado por cuenta de Luis XVIII una Contrapolicía. los medios y los hombres necesarios eran elegidos por Corentin o por el agente de quien se tratara. La pugna de la Policía General del Reino y la Contrapolicía del Rey dio lugar a ciertos terribles asuntos cuyos secretos a veces permanecieron ocultos por obra del cadalso.

en la prefectura de policía. desde hacía sobre todo tres años.lo cual hizo reír a Luis XVIII. Había finalmente inventado un puesto cuya necesidad se echaría de ver más tarde o más temprano. Al hacerse más viejo. el único agente que podía investigar impunemente por cuenta de un particular. seguía a su servicio. estos dos generales gustaban de situar a sus más hábiles soldados en todos los puntos en que pudieran abundar las informaciones.según decía a Corentin. exigían tanto dinero que necesitaba trabajar mucho. las comilonas y el Círculo de Extranjeros habían mantenido alejado de todo espíritu de ahorro a un individuo que gozaba. Corentin y Peyrade quedaban entonces convertidos en los dueños del terreno. Se trataba de crear. sus depravadas costumbres. decía Pey-rade a Corentin. sino también las ventajas de su posición de Espía Ordinario de Su Majestad. por odio hacia tal medio de gobierno y por el prejuicio de moralizar a dicha institución. sesión tras sesión. Pero entre 1826 y 1829. Se creyó indispensable y continuó con el mismo tren de vida. empezaba a encasquillarse. pues quiso casar a su Lydie con algún hombre respetable. de una constitución de hierro. como todos los hombres hechos para el vicio. Asistía a los funerales de la policía. y cuyo objeto sería dar a la Dirección general los medios para sacar . que sería un intermediario entre la policía de París propiamente dicha. a consecuencia de esa suerte de pasión que inspira toda profesión que se ejerce con amor. confesable. "Es como querer cocinar con guantes blancos". Contenson. cerca ya de los setenta y cuatro años. que le habían hecho caer más bajo que sus dos amigos. como él decía. Conocían el profundo rencor que Luis XVIII abrigaba contra su sucesor. Por eso. la Policía judicial y la Policía del Reino. Sin cometer ninguna indiscreción. Por otra parte. en algún cargo ostensible. Una vez muerto Luis XVIII. que había estado durante mucho— tiempo ligado a Peyrade. Las mujeres. es decir. Por ella adoptó cierto tono burgués. lo cual explica su abandono con respecto a la rama segundona. iba recortando los subsidios necesarios para la existencia de la policía. sin la que su reinado y su política serían un enigma completo. Corentin y Peyrade preveían 1830 desde 1822. La Cámara. una oficina llamada de información. Se había puesto al servicio de los guardias del comercio por orden de Corentin y de Peyrade. los vicios de Contenson. Contenson había dicho a Louchard que conocía al único hombre capaz de dar satisfacción al barón de Nucingen.. en efecto. quería colocarse en la prefectura de policía o en la Dirección de la policía general del Reino. De año en año sus ingresos habían ido disminuyendo. Peyrade perdió no sólo su importancia. Peyrade era. veía con lástima como el gobierno de Carlos X abandonaba las buenas tradiciones. había crecido el amor de Peyrade hacia su hija natural. En efecto.

el decano de los sabuesos de la policía estaba meditando el siguiente problema: "¿Qué persona podría influir sobre el actual prefecto de la policía? ¿Qué interés podría moverle?" Y tenía el aspecto de un imbécil mientras parecía estudiar su Courrier français. Estas dos habitaciones daban a la calle Saint-Roch. la ocasión de descubrir alguna dote y algún marido para su pequeña Lydie. un meridional. que había criado a Lydie. "¡Nuestro pobre Fouché —pensaba mientras iba caminando por la calle Saint-Honoré—. había en cada piso dos habitaciones completamente aisladas.. estaba frente a una pared de rinconera sin ningún . La ventana. el eslabón que uniría las tres policías. sin mencionar a Peyrade.. como dice Corentin. El bueno del señor Lenoir acertó cuál sería mi suerte cuando me predijo.. a agasajar a la vieja Godichon. y el director general. y su gabinete en la segunda. como me decía ayer Corentin. a su edad. con la ayuda de Corentin. a beber vinos exquisitos. en el cuarto piso." Si bien el venerable tío Canquoèlle (le llamaban tío Canquoèlle en su casa) había permanecido en la calle de los Moineaux.provecho de todas estas fuerzas diseminadas. Corentin había hablado ya de este asunto con el director general de la policía del Reino. que daba a la calle de los Moineaux. y a jugar en cuanto tengo algún dinero? Para garantizarse una posición. cierto es que había encontrado en la disposición del local algunas singularidades que favorecían el ejercicio de sus terribles funciones. no basta con ser ingenioso. aquel gran hombre. Cuando Contenson dio tres golpes con su moneda de oro sobre el velador del café —señal que significaba: "Tengo que hablar con usted"—. Encima del cuarto piso había las buhardillas. ya nadie confía en la agilidad e inteligencia de un septuagenario. a propósito del asunto del collar: "¡Nunca llegará a ninguna parte!".. Peyrade era el único que podía ser. hay que tener también cierto comedimiento. consideraba necesario que la proposición llegara de la prefectura. no lindaba por uno de los lados con ninguna casa vecina.. Como estaba dividida en dos partes por medio de la escalera. situada en la esquina de la calle Saint-Roch. ha muerto! ¡Nuestros intermediarios con Luis XVIII han caído en desgracia! Por otra parte. Su casa. ¡Ah! ¿Por qué me he dado a cenar en el restaurante de Céry. Peyrade esperaba encontrar así. una especie de archivero a quien pudieran dirigirse la Política y la Justicia para aclarar ciertos casos. una de las cuales servía de cocina y la otra era la habitación de la única sirvienta del tío Canquoèlle. después de cincuenta y nueve años de discreción. Un grueso tabique aislaba dicho gabinete por la parte del fondo. El tío Canquoèlle había instalado su dormitorio en la primera de las dos habitaciones separadas. una flamenca llamada Katt.. cuando supo que no me había quedado bajo la cama de Oliva.

como la de la habitación de Peyrade. Por precaución. había movido a Corentin a elegir aquel gabinete como sala de deliberación. y en él recibía a las personas elegidas por el ministerio o por palacio como intermediarios en circunstancias graves. Como les separaba de la escalera toda la anchura de la habitación de Peyrade. Entre 1816 y 1826 fueron sometidos a la criba del análisis enormes intereses. ¿será que odia a su hermano? ¿Querrá legarle una revolución?" La puerta de Peyrade tenía una pizarra en la que a veces se veían extrañas marcas y cifras escritas con tiza. se componía de una chapa de cuádruple espesor. Frente a la mezquindad de las habitaciones de Peyrade. por la pared exterior. y utilizaba una estufa cuya tubería daba.. de un pequeño salón. Mostrando su pericia en cuestiones de espionaje. La puerta de Lydie. Por eso. exhibían una pulcritud flamenca y lujosa. de un dormitorio y de un tocador. y estaba provista de unas cerraduras y de un sistema de goznes tales que resultaba tan resistente como la puerta de una cárcel. salvo el director general de la Policía del Reino y Peyrade. aunque la casa fuera de pasadizo y careciera de portero. el saloncito y la habitación. cuando no deliberaba en su propia casa.vano. a la calle Saint-Roch. Además. y las combinaciones del oficio las fraguaba en casa de Peyrade. colocada entre dos fuertes tableros de roble. En aquel cuarto de aspecto trivial se tramaron ciertos planes y se tomaron resoluciones que proporcionarían datos para elaborar extraños anales o insólitos dramas si las paredes hablaran. tan previsores como Belart. comentaban ya entre sí a partir de 1819: "Si Luis XVIII no quiere descargar tal golpe o tal otro.. el techo y el suelo. había condenado la chimenea a la inactividad. había puesto en el suelo del cuarto varias alfombras con objeto de que no llegara ningún sonido a los inquilinos del piso de abajo. La certidumbre de no tener allí ningún testigo. ni deshacerse de tal príncipe. Aquella suerte de álgebra infernal tenía significados muy claros para los iniciados. los dos amigos no temían ser vistos ni oídos mientras hablaban de sus negocios en aquel gabinete hecho a propósito para su horrible oficio. La . Lydie podía vivir allí sin tener nada que temer. Allí se descubrieron en sus gérmenes los acontecimientos que habían de pesar sobre la nación. ni visual ni auditivo. con el pretexto de contentar al ama de cría de su pequeña. Allí Peyrade y Corentin. sondeaba cada semana el tabique. Nadie conocía el domicilio de Corentin. en cambio nunca iba a su casa ningún agente ni ningún subordinado. El comedor. Por último. y les daba un repaso como si quisiera terminar con todos los chinches que pudieran ocultarse en ellos. cuyas ventanas tenían todas jardines aéreos. pero más instruidos que él. el procurador general. la parte de la casa destinada a Lydie se componía de una antesala. Peyrade había colocado un grueso de paja y una alfombra muy espesa en la habitación de la flamenca.

el abandono y la seguridad que convertían aquella casa en una excepción dentro de la ciudad. sin que se enterara absolutamente nadie. En el segundo piso vivía el propietario. refrescándose con su divino contacto. Mil escudos anuales bastaban a Lydie y a Katt. Cada uno de los inquilinos tenía la llave de la puerta de la escalera. junto con la cocina de la casa. a quien llamaba hija suya. Imaginaos a un viejo Satanás padre de un ángel. desprendía un encantador perfume de burguesía. No obstante. Se paseaba por las Tullerías cuando hacía buen tiempo. Lydie. que era monárquico.nodriza flamenca había estado siempre junto a Lydie. cumplía el precepto pascual y confesaba una vez al mes. el padre. ocupaban el primer piso y el entresuelo. Si alguno hubiera ensuciado aquel diamante. sin las exageraciones de ninguna moda. Lydie. los extranjeros y los que conocen París no habrían podido comprender el misterio y la tranquilidad. Pasada la medianoche. Peyrade era considerado el mejor de los hombres. que adoraba a su padre. Estos eran todos su placeres. pintar al gouache y a la acuarela. recibir a espías y ministros. se permitía ir de vez en cuando a algún espectáculo. y se parecía a aquellos ángeles más místicos que reales que algunos ¡pintores primitivos colocaron en el fondo de sus Sagradas ¡Familias. Este día el hombre hacía exclusivamente de padre. Sin estos detalles. para hundirlo. Era esbelta y hermosa como su madre. tenía una voz deliciosa y una cara s finísima enmarcada por preciosos cabellos rubios. Peyrade cenaba todos los domingos con su hija. mujeres y jóvenes. era capaz de componer. ya que su vida era de lo más sedentaria. el tío Canquoèlle podía urdir todas las maquinaciones que quisiera. ya que la tienda estaba provista de un buzón. ignoraba sus siniestras habilidades y la ocupación tenebrosa a la que se dedicaba. La tendera recibía muy complacida las cartas y paquetes dirigidos a las tres familias. y os haréis una idea de Peyrade y su hija. y el tercero estaba arrendado a un lapidario desde hacía veinte años. que era religiosa sin ser beata. la flamenca le había dicho a la cocinera del tendero: " ¡Sería incapaz de matar una mosca!" No escatimaba nada a su hija. Sabía utilizar la sepia. Las dos iban a la iglesia con regularidad. su familia y sus mozos. se hubiera inventado una de esas trampas formidables en las que se vieron cogidos durante la Restauración algunos desgraciados que pagaron con su cabeza. después de haber aprendido música con Schmuke. Cuando favorecía a alguien con una mirada de sus ojos azules. a quien ella llamaba su doncella. . Ningún deseo había enturbiado la vida pura de aquella niña tan pura. Su casta manera de vestir. gracias a lo cual se había forjado una opinión excelente sobre el tío Canquoèlle el dueño de la tienda de comestibles de la esquina de la calle de los Moineaux y de la calle Neuve-Saint-Roch. parecía verter sobre él un rayo del cielo. la cual.

.. —Soy feliz aquí —contestó. ¿a quién quiere que ame? —Hoy comeré contigo. Pienso que deberíamos establecernos. —Bien —dijo Peyrade—. a la avenida Gabriel esquina calle Marigny. —¿Qué es lo que corre tanta prisa. dile al barón que vaya en coche esta misma noche a los Campos Elíseos. cogiendo á su hija entre sus rodillas —. (Véase LOS HERMANOS DE LA CONSOLACIÓN. Entró alegremente. subió primero. ¡una tontería! El barón de Nucingen. que soy tan feo y tan viejo? — preguntó Peyrade. Se hundió en una magnífica butaca "a lo Voltaire" tras haber besado a Lydie en la frente. como unos diez mil. y si no se la encontramos se va a morir de amor. Peyrade vio a Contenson.. de talento.) —Algo hay. aquel viejo ladrón patentado. guapa. Peyrade despidió a Contenson y llamó a la puerta de su hija del modo convenido para que le abriera. díselo a Katt. y le dijo: —¿Me tocarás alguna cosa? Lydie tocó una pieza de piano escrita por Beethoven. yo debería tomar algún cargo y buscarte un marido digno de ti. Filósofo? Filósofo era el sobrenombre que Peyrade daba merecidamente a Contenson. ¿Sabes que tenemos ya veintiún años? Hay que casarse. encontraremos a esta Dulcinea... .. relincha tras una mujer que vio en el bosque de Vincennes. Ya le he sustraído mil francos. —Lo has hecho muy bien. donde vivía el lapidario. Ayer varios médicos tuvieron una consulta. —¿No quieres a nadie más que a mí. Una campanilla que partía de una puerta con claraboya situada en el tercer piso. permitía avisar a los inquilinos del tercero y del cuarto cuando subía alguien que iba a sus casas. a partir de medianoche. pasó delante de él. Algún joven bueno.. y le hizo pasar antes de que la flamenca se asomara a la puerta de la cocina.Al entrar por la parte alta de la calle de los Moineaux. —¿De qué se trata? ¿De política? —No. oyendo las pisadas de su agente en la escalera.. bajo el pretexto de buscar a la princesita.. según me ha dicho su ayuda de cámara. —Pero. por desgracia. puesto que la suerte acababa de concederle un medio para obtener por fin el cargo que deseaba. de quien algún día puedas sentirte orgullosa. No hace falta decir que. uno de los nombres de más solera de la feudalidad normanda. porque nuestro padre tiene ya más de setenta. aquel Epicteto de los soplones. Y Contenson contó el encuentro de Nucingen con Esther. Peyrade acolchaba el badajo de la campanilla. añadiendo que el barón tenía algunas informaciones nuevas. sabe usted.. El nombre de Contenson disimulaba. hijita —dijo.

. paseaba dándole el brazo a la condesa de Sérizy. Quizás hacían alusión a algún hecho político. Estaba sentada bajo un tilo con Katt. se corrompen con los anticipos que el mundo les da y más tarde hay que pagarles los intereses de sus cualidades. con un aire bondadoso—. procedente del departamento de Vaucluse. amiga mía (contestó la otra señora)... —¿Cómo se llama? —¡Lucien de Rubempré!. —Sí.." ¿Qué quiere decir esto. niña —respondió el padre—. —¿Quién sería." "Sí. muerto de hambre y de cansancio.. la belleza. había emprendido un viaje de circunnavegación en busca del tío mitológico. hija mía." Yo miré entonces la pareja de la que hablaban aquellas dos damas.. búsqueme un marido que se parezca a aquel joven. —Mira..—Hasta ahora sólo he visto a uno que me haya gustado como marido. y por esto no desarrollan ninguno de sus talentos. uno de esos hombres destinados a la gloria y a la fortuna.. ti lo que los burgueses. ¡Voy a escribir o hacer escribir a Provenza! Cosa curiosa: en aquel mismo instante.. —¿Has visto a uno?. Lucien le cuesta caro. querida (dijo entonces la otra). Peyrade ofrecía muchas esperanzas: ¡creían que había regresado de las Indias con varios millones! Estimulado por aquellas fantasías. padre? —Un hombre de talento desconocido. Si quiere usted casarme. hay mujeres que son muy dichosas! A ésta le toleran cualquier cosa porque es una Ronquerolles y porque su marido tiene el poder. no es siempre un signo de bondad. pero con un porvenir. Según los sueños de la familia. ¡Ya no pensaba que debo tener un rebaño de sobrinos. —En fin. este resobrino. llegaba a París por la Barriere de Italie en busca de su tío. bueno. para la cual el destino de aquel tío era un enigma. tengo la posibilidad de rebuscar por todos los desvanes de París y dar satisfacción a tu programa ofreciendo a tu elección algún hombre tan hermoso como el pillo de quien me hablas. de donde había llegado andando.. llamado Théodose. Pero. y entre tantos puede que haya alguno digno de ti!.. "¡Ay. un sobrino del tío Canquoèlle.. usted me ha preguntado y yo le respondo.. Los jóvenes con un físico agradable no encuentran ninguna dificultad al comienzo de su vida. . los ricos y los imbéciles dejan sin recursos ni protección. en las Tullerías —repuso Lydie—.. pero.. entre los hombres.. A mi lado había dos señoras que dijeron: "Ahí viene la señora de Sérizy con el guapo Lucien de Rubempré.. papá? —Son tonterías de las que dice la gente de mundo —respondió Peyrade a su hija. Quisiera encontrar para. un joven.. sin pensar en nada.

. —Soy el señor de Saint-Germain —dijo el meridional al barón. terminó contando lo que había ocurrido la noche antes en su casa: la sonrisa que escapó a Lucien de Rubempfé y la sospecha abrigada por Bianchon y algunos dandys de que pudiera haber alguna relación entre la desconocida y aquel joven. disfrazado de vieja vendedora ambulante. me ha dado usted a ganar quinientas leandras. Contenson volvió a colocarse cerca del coche en el que el señor de Nucingen esperaba a Peyrade. podremos emplear a esos hombres sin que nadie lo advierta. He ticho simblemende al brevegdo te bolicía gue teseapa emblear a un aquende llamato Beyrat en el eksdranquero bara una misión teligata. dando al cochero la orden de ir hacia el Arco de Triunfo de la Estrella. se fue a recoger informaciones a la casa (la prefectura). y lo que él le ha respondido? —preguntó Peyrade. alzándose hasta la altura de la portezuela.Después de haber saboreado las delicias de su paternidad durante algunas horas. supa aguí gonmico! —respondió el barón. señor barón? Esto no está nada bien. primero me entregará diez mil francos por adelantado para los gastos. señor barón. ya que para usted. donde Contenson. —Andes te tar guiniendos vrangos a un billo gomo Gondanson. y si botía boner en él una gonviansa ilimidata. 10 y 21.. ni la policía ni la prefectura. y como que su vida es una fábrica de negocios.. llamando a su antiguo jefe por su nombre de guerra—. Peyrade. —¡Bues. se encontró con él delante de los jardines del Elíseo-Bourbon.. Esdo es doto. en este asunto. ahora que ya sabe mi verdadero nombre?.. —¿Querrá decirme el señor barón de qué se trata. en una horrenda jerga de judío polaco.. vestido con una gruesa levita de tela abotonada hasta el cuello. su encuentro con Esther. calzando gruesas botas de suela resistente y provisto de una tarjeta particular. antes de dármelas. güeña esdar securo te gue los hapía canato. —Señor Saint-Germain —le dijo Contenson.. ¿Puede saberse lo que ha dicho al señor prefecto. con el cabello lavado y teñido (los polvos formaban parte de su disfraz). Mírame los números 7.. no hay que . caminaba lentamente por la avenida Gabriel. El brevegdo me ha goudesdato gue usdet ess uno te los hompres más hápiles y más honratos. el grito del criado que se hallaba tras el coche y sus inútiles esfuerzos por encontrarla. Después de explicar con gran extensión y palabrería. —Escuche. —¿Ha ido usted a la prefectura. cubierto con una capa negra. lo importante es vivir. —Seguramente te necesitaré —contestó Peyrade—. pero estoy aquí para advertirle que el condenado barón.

. conmigo no se regatea. haga que el conde de Gondreville se ocupe de este asunto con interés. llegaría usted a maldecir el día en que nació..descuidar nada que nos pueda llevar hasta esta mujer.. —¡Esdo me va! —¿Conoce usted a los Keller? —Los gonosgo mucho. ¿Tónte guiere usdet gue le teje? —Al otro lado del puente de Luis XVI.. gue siembre hapla. Pida para mí este puesto. Por eso. ya que si faltara a ella. señor barón. taría.... —Al bumde te la Gámara —dijo el barón a su lacayo. y me sentiré recompensado por el servicio que voy a prestarle. No crea que me dará satisfacción con una cantidad cualquiera. se dijo a sí mismo el barón mientras se alejaba. No soy un espía. esdoy goquito. —Con franqueza. —El conde de Gondreville está en muy buena posición para conseguirme un puesto que deseo en la prefectura de policía. como podría usted creer. y ahora que Luis XVIII ha muerto. No quiero más que su palabra.. palabra de Peyrade. y sobre cuya creación llegará a manos del prefecto una memoria en menos de cuarenta y ocho horas —prosiguió Peyrade—... —Gon vranguesa —repitió el barón—. y el conde de Gondreville cenó ayer en casa de usted con su yerno. no bas—. Peyrade se echó a reír.. —exclamó el barón—. —Si yo por usted no hiciera más que lo posible. No se preocupe.. que se acercó a la portezuela. —Si se necesita más. En 1807 era comisario general de la policía de Amberes. conseguiré lo que usted quiere. quiero algo más como recompensa... —Para usted es una nimiedad."... Será Corque.. —Le toy mi balapra te honor te hacer doto lo bosiple. —dijo el barón. Eso es lo que quiero —dijo Peyrade—. y la franqueza es el único regalo algo nuevo que podamos hacernos entre nosotros.. —Guien tiaplo buete haperle ticho. puedo decirle que durante siete años he dirigido su contrapolicía. Comprenda usted. —¡Gon dal te gue no sea un reino!. está bien cogido! —Sí. ¡Ah. El banquero concibió entonces extrañas sospechas sobre su criado al observar aquella risa. —Frangois Keller es el yerno del conde de Gondreville. ya se lo diré. señor barón. "Bor fin poy a dener a la tesgonocita. .. confíe en mí —siguió Peyrade—.. que no se puede hacer el presupuesto de las conciencias que hay que comprar antes de haber estudiado el asunto. —¡Pien! Bues akduaré gon vranguesa...

estaba animado.."Qué cosa tan curiosa —pensaba Peyrade mientras regresaba andando al Palacio Real.. Seguramente será uno de estos individuos a quienes las mujeres se les dan fáciles". —Éste es el momento de hacerle pagar sus últimas deudas —dijo Rastignac a la baronesa. que había captado la broma de su colega —. que se había personado en la calle Taitbout para dar sus últimas órdenes a Europa. al regreso de la Ópera. el joven estaba inquieto de ver a aquel medio demonio disfrazado con tal perfección que sólo le había reconocido por la voz. se marchaba de allí henchido de esperanza. En aquel mismo instante.. interrumpiendo a la baronesa. —No —contestó—.. donde se proponía triplicar los diez mil francos para reunir una dote para Lydie—. no denco más gue la esberansa te engondrarla. sorprendió a su mujer y a todos mostrándoles una cara colorada y alegre.. pues tengo gran curiosidad por examinar a la belleza que ha sido capaz de rejuvenecerle en tal medida.. Hete aquí que me veo obligado a meter la nariz en los asuntillos del joven cuya mirada ha embrujado a mi hija. por eso mismo. sintiendo un poco de celos o fingiendo sentirlos. —Para restituir una parte. —¡Bah! Gana bastante dinero para. —¿Alguna vez la esposa es objeto de tanto amor?. empleando una expresión del lenguaje particular que se había fraguado para su propio uso. que tenía que desempeñar el principal papel de la farsa ideada para engañar al barón de Nucingen. pensó para sí. resultaban enérgicas y pintorescas... —dijo Du Tillet. y en la que sus observaciones se resumían mediante palabras en las que era violada frecuentemente la gramática. pero que. —Cuando la tenga usted —dijo Du Tillet al barón—. el barón de Nucingen no se parecía al que era antes. —Sí —replicó sonriendo el barón. llévenos a cenar algún día con ella. —Va a dar ocasión de que le agarren como si fuera un chiquillo —dijo Rastignac al oído de Delphine. al oído. —¡Qué vayan con cuidado nuestros accionistas! —dijo Du Tillet a Rastignac. siendo canas te hacer necosios. Carlos. —exclamó la señora de Nucingen. —¿Has visto acaso a tu desconocida? —preguntó la señora de Nucingen. ¿no es eso?. Lucien le acompañó hasta el bulevar. En aquel momento se estaba sirviendo el té en el saloncito de Delphine de Nucingen. —Es una opra maesdra te la greacián —respondió el viejo banquero. . Nucingen se paseaba por el salón como si sus piernas le molestaran. Al volver a su casa.

Paccard. ¿de dónde la has sacado? —Es la muchacha más guapa de Londres.. En un rapto de celos. esto no se encuentra en París. ni podrá jamás saberlo. el criado de Esther. y esta tarde se ha jactado de encontrar a la mujer a quien vio en el bosque de Vincenes. a Roma o a Madrid. Esta chica rubia y blanca tiene ojos azules. en compañía de alguna persona segura. hay que saber en todo momento lo que ocurre en casa del enemigo. se encontró con Carlos en el puente des Arts. ¡Ni siquiera la Venus Calipigia está tan bien hecha! Uno haría cualquier cosa por ella.. Mañana tendrás un día más. mató a su amante. el guardia del comercio. —¿Quién? —La amante de su ayuda de cámara. claro. Es hija de un ministro y habla el francés como si fuera su lengua materna... entre las cuatro y las cinco —dijo el criado—. Mientras hablaban. el lugar de París más indicado para hablar sin que se entere nadie. y bajo los efectos de la ginebra.. no tendría sentido que la ocultaras. —Aún estoy algo aturdido. pero que eras celoso como un moro. Yo espero a alguien a quien he encargado de enterarse de lo que ocurre en casa del barón de Nucingen. —¡Nos espiarán! —dijo Carlos—. —El barón ha ido esta mañana a la prefectura de policía..... —Ya que la tenemos por poco tiempo —dijo Lucien—. Pero. porque. . Una tez de esta clase no se fabrica en Francia... —exclamó Carlos—. es todo lo contrario de la hermosa judía. —¿Y si a Nucingen le gustara más ella que Esther?. El amante era un indeseable cuya muerte alivió a la policía de Londres. —¡Vaya.. diviértete.. hijo mío. Pero ¿quién? —Han utilizado ya a Louchard. Le han dicho que si te gustaba podría chuparte muchos millones. y han mandado a la chica a París por algún tiempo para que el asunto caiga en el olvido. la enviaré.. no sabe lo que hace aquí. se la han prometido. La pájara tiene muy buena educación.—¿Dónde diablo has encontrado a una mujer más bella que Esther? — preguntó a su corruptor.. y sólo los ojos de Esther pueden causar impacto en un viejo tan podrido como Nucingen. —Ve. me vuelvo con ella. a que desate pasiones. ¡qué demonios! Cuando esta muñeca haya cumplido su misión. el criado miraba hacia un lado y su amo hacia el otro.. A medianoche. se le ha asignado el plan de vida de Esther... No sabe tu nombre. ¡Ahora tienes miedo de que no se cumpla lo que hace un tiempo tanto te espantaba! Estáte tranquilo. Y si se tratara de un adefesio. —Hijo mío. por fin has venido a lo mío!.

Dejó fiambres a un matrimonio y tiene diez mil machacantes de cinco leandras. El ojo izquierdo imitaba al derecho.—Sería un juego de niños —repuso Carlos—. se trata del asesinato de la calle Boucher.. y tenía una apostura de tambor mayor que alejaba toda sospecha. ¿qué hay que temer? ¿Acaso no tienes tu bastón?.. Ayer vi a La Pouraille. de brazo de acero. no quiere que se sepa en el mundo que existe una mujer de esta clase... —¡Nunca! —dijo Carlos prestamente—.. de cara pálida e impasible como la de Contenson.. el hombre de corva de hierro.. andaba con paso grave con sus largas piernas. una mirada! Paccard. —¡Hay algo más! —¿Qué? —Los amigos del prado. sobre todo. —Saldréis todas las noches a las diez —respondió Carlos—. de Perillán. Habla de los celos de Rubempré. Los evadidos de Poissy o de Melun no tienen aquella fatuidad seria y aquella convicción de su propio valer.. déjale. con la llave que te enseñé. —¡Bien! ¿Hace falta ir armado?. hazte el encontradizo. si alguien os observa o va tras de vosotros.. por su . de melenas de artista.. cuando puede uno hacer frente a tres cabos de varas armados con la certeza de haber derribado a dos de ellos antes de que hayan apresado el arma.. ¡de oro! —Le cogerán —dijo Jacques Collin—. ¿Un arma? ¿De qué iba a servir más que para hacer desgracias? No hagas uso en ningún caso de tu puñal de caza. con barba de zapador. muéstrate hablador y corruptible. Giafar del Arum-al-Raschild del Presidio. —Cierto —dijo el lacayo. con el mismo aire respetuoso que debía de tener un mariscal recibiendo las consignas de boca del propio Luis XVIII. nosotros sí que podemos ponernos manos a la obra!. La derecha nunca se movía sin que el ojo derecho hubiera examinado las circunstancias externas con esa plácida rapidez que caracteriza al ladrón y al espía. Aquel coloso. le manifestaba la misma admiración amistosa que Peyrade sentía por Corentin. Cuando se pueden quebrar las piernas de un hombre. —¿Qué órdenes hay? —dijo Paccard. A Paccard le atribuían los calificativos de Vieja Guardia. por fuerte que sea.. ¡y mientras ésta no se ponga en acción.. que está loco por la señora y que. sin demasiado pecho y sin demasiada carne sobre los huesos. su fogosidad no se manifestaba al exterior.. lleno de cicatrices. de patillas italianas... ¡Un paso. iréis a buena marcha hasta el bosque de Vincennes y a lor Meudon y de Ville-d'Avray. No tenemos que temer más que la brigada de seguridad y la policía judicial.

El amo. Pero he aquí los resultados. vengo en nombre de Peyrade. se apeó de un espléndido cabriolé dejando las riendas a su criado. tras haber saludado al que llamaba su confesor. procedente de Dantzick. Éstos fueron los hechos que llevaron a tres hombres. por parte de Peyrade. como tampoco nos cuenta nada de las verdaderas causas de muchas revoluciones. un hombre de unos cincuenta años. a enfrentarse en un mismo campo de batalla y a desplegar su ingenio en una lucha en la que cada cual combatía por su propia pasión o por sus intereses. y por estar siempre dispuesto a todo. en su propio terreno. Cinco días después de la entrevista del señor de Nucingen con Peyrade en los Campos Elíseos. invencible. que condujo a Corentin al gabinete del barón. que representaba una nimiedad para ellos. —Dígale al señor barón que vengo de la avenida Gabriel —contestó Corentin—. Paccard absorbía el oro líquido que le escanciaba en pequeñas dosis una muchacha pecosa y de voluminoso vientre. bebiendo únicamente de noche. La historia. de irritaciones. y se saludaron con toda corrección. poseía la pericia indispensable para el hombre que está en guerra contra la sociedad. Al volver a casa. tanto los hombres como los medios. una mañana. de cierta elegancia. a menos que quiera correr el riesgo de ser despedido de esta casa. y de astucia. —Estaremos ojo avizor —dijo Paccard. pasando por las habitaciones interiores. que fue secundado por su amigo Corentin en esta expedición. con un rostro de ese color de albayalde que confiere la vida mundana a la tez de los diplomáticos.. . pues. guárdese mucho de decir este nombre en voz alta. —Pien —dijo el barón mientras iba a cerrar los cerrojos de las dos puertas. el cual le abrió respetuosamente la magnífica puerta de espejos. es tan considerable como el que se precisa para reunir una fortuna. volviéndose a poner su espléndido sombrero de plumas.. —Señor barón —dijo Corentin—. vestido con un traje de paño azul. Peyrade y Corentin. de no ser por el íntimo enemigo que para él era el licor de los fuertes. Todo se mantuvo en secreto. en los que el gasto de talento. de odio. —dijo el criado. no nos cuenta nada de este asunto. cada uno de los cuales era.. a Jacques Collin. de avances y retrocesos.. había logrado convencer al esclavo de que debía mantener cierta compostura. Corentin y el barón intercambiaron sendas miradas impenetrables. Si está con gente. que le daba casi el aspecto de un ministro de Estado. Un minuto más tarde volvió el lacayo. según Jacques. sin embargo. Fue uno de esos combates inadvertidos pero terribles. habría sido perfecto. —¿El nombre del señor?. Preguntó si podía ver al barón de Nucingen al criado que estaba sentado en el banquillo del peristilo.delgadez y agilidad.

Cuando sale. y que se alquila como servidor para los que quieren dárselas de príncipes. con objeto de quitar toda gravedad a la petición de dinero—. el coche lleva las cortinas tiradas y la señora el velo puesto. quiere conservar tanto a su amante suntuaria como a su prometida. que usted puede conseguir con facilidad. Déle usted diez mil francos y le esconderá en la habitación de su ama. además de los celos. ¡bien lo vale! Ninguna figura retórica puede describir la dicción brusca. y es en este momento el favorito íntimo de la señora de Sérizy. el procurador general. ¡un ligero contratiempo! —prosiguió Corentin. Peyrade conoce París demasiado bien. señor —dijo el barón. dominándose. porque Lucien sacrificará su placer a sus intereses y a su vanidad. en el tono del que da una orden—. me ha dado mucho gusto verla —prosiguió Corentin—.. la examante del señor de Grandville. que se trata de complacer a uno de los que le libraron de los Simeuse. y se trata probablemente de su postrera felicidad: sea usted generoso. Si no quiere ser desgraciado en sus últimos días. Conseguirá lo que desea por mediación de la criada. tomando cinco billetes de mil francos y entregándolos a Corentin. que ha perdido cinco de los billetes que usted le dio. en casa de un carrocero. ¡Qué gurioso! —Se comprende muy bien que haya perdido usted la cabeza por esta espléndida mujer. y se moverá. y ella le quiere mucho.. Lucien está tan celoso de ella. otras razones para ocultar a esta mujer: tiene que casarse con Clotilde de Grandlieu. Pero esto no es lo más importante —dijo Corentin. Ahora basta con hacer que Gondreville hable de ello con el prefecto de policía.. el barón lo acusaba con un gesto de asombro expresión que desde hacía tiempo no se dibujaba nunca sobre su rostro impasible. por lo que conseguirá. dan cerga te gasa! —exclamó el barón—. ya que en los cuatro años que lleva viviendo con el mobiliario de la Bellefeuille y en sus mismas condiciones. conde de Gondreville. que le prohibe dejarse ver. Usted es rico. jamás los vecinos. Como es natural. —La camarera se entiende con un criado que se llama Paccard y vive en la calle de Provence. y para no ponerse en evidencia no era cuestión de escatimar: ha contado con usted.—La amante del señor de Rubempré vive en la calle Taitbout. —Vengo a pedirle cinco mil francos para mi amigo.. El director general de la policía del Reino debió de recibir ayer una nota a este respecto. dígale a Malin. Puede usted llegar hasta la . Lucien tiene. De modo que es usted dueño de la situación. tajante y absoluta de Corentin. ni los inquilinos de la casa han podido verla en absoluto. Pues bien. —¡Ah. consígale a Peyrade el puesto que le pidió. —Aguí diene. los porteros. en el antiguo piso de la señorita de Bellefeuille. Sólo se pasea por las noches.

que Corentin soltó con elegancia a modo de postdata. El barón de Nucingen. daba el brazo a un joven. una semana. era obviamente el precio de los cinco mil francos. y entra. que a su mirada perspicaz más que un espía parecía el director de algún servicio de espionaje. se toma interés por ella y deja cinco billetes de mil francos bajo una moneda de cinco francos: una generosidad deshonrada. En cuanto se trata de un capricho o una pasión. —¿Gomo se llama la gamarera? —preguntó. contrae deudas. pero el sabueso siguió siendo para él como una inscripción a la que falten por lo menos los tres cuartos de las letras para un arqueólogo. había tenido que irse a Holanda y había olvidado a la obrera.. Esta confidencia.. abandonó sus negocios y sus despachos y subió a sus habitaciones con el estado de ánimo de un muchacho de veinte años ante la inminencia de una primera cita con una primera amante. Uno de los mayores capitalistas de París. El capitalista.. Ejemplo. que saludó al barón y se fue. colmadas por las emociones que proporcionan las grandes operaciones de la especulación. henchido de alegría. ni una sola vez fue al Paraíso que había hecho construir para ella. un célebre tapicero llamado Braschon se pone a las órdenes de la griseta. la sigue hasta su casa. Espera. de días sin pan. un día.. que representaban una cantidad —¡cincuenta y cinco mil francos! — con la que hubiera podido hacer la felicidad de todo un pueblo. conocido ya por sus extravagancias. El barón intentaba descubrir a qué raza pertenecía Corentin. dos. de espectáculos y de trabajo. mezcla de bailes en el Mabile.. mientras. le amuebla un piso que ella elige y en el que se gasta unos veinte mil francos. —Eugénie —contestó Corentin. dos. hace que le cuenten aquella vida. Al día siguiente.. En el primer encuentro. El barón cogió todos los billetes de mil francos de su caja particular. es más difícil para ellos tener caprichos que tener oro.camarera de la señora Van-Bogseck a través de Paccard. que iba en compañía de su madre. Pero la prodigalidad de los millonarios sólo puede compararse con su avidez por la ganancia. que meneaba las caderas con mucha fanfarronería. que tienen embotados sus corazones. y se los puso en el bolsillo de su traje para tenerlos a mano.. Se considera obligada a ser fiel. Esta griseta.. un tuno piamontés que tiene mucha afición al vermouth. se cruza cierto día en los bulevares con una muchachíta obrera excesivamente bonita. el millonario se enamora de la parisiense.. Un placer es la mayor rareza de tales vidas ahitas. el dinero ya no es nada para los Cresos: efectivamente. luego. de indumentaria bastante ambigua. y la muchacha cayó en lo más bajo que . La obrera se entrega a fabulosas esperanzas: hace vestir adecuadamente a su madre y alardea de poder colocar a su exnovio en las oficinas de una compañía de seguros.

la camarera de la señora Van-Bogseck. que pasara por su despacho para un asunto importante.. cuyos ojos brillaban como carbones ardiendo—. date la vuelta!. podía ser despedida. —Atiós. le obedecía rezongando. Nucingen no tenía ninguna clase de caprichos. que había tomado un baño antes de la comida. vendrá aquí sobre las diez. El pobre financiero. además. Nucingen no protegía las artes. esa mona te los pediría y no serías capaz de negárselos... hace vejestorio. procura rejuvenecerte algo. parece que te des el aire de un antiguo consejero del Parlamento. el tinero no sería ya el Uñero. Greo gue brondo esdaré gon mi amata. y le ordenó que fuera a la calle Taitbout a rogar a la señorita Eugénie... se dio el gusto de ver a su marido. —Si la señora sale esta noche sin ella —dijo Georges a su amo. La señora. hace Imperio. —La jiquilarás —añadió— y la harás supir a mi hapidación ticiéntole gue ha hecho vorduna. Abróchate el traje hasta arriba.. —¡Dios mío —dijo—. el barón mandó llamar a Georges. Así que Georges destacó sus propios méritos al oído del barón. Quítate esos botones de diamantes. por eso quiso satisfacer su pasión por Esther con una ceguera con la que Carlos Herrera contaba. que valen cada uno cien mil francos. Yo nunga te he ficho gue esdujieras ritígula guanto de gombonías lo mecor gue botías bara du señorido te Rasdiñag.. —¡Claro que nunca has podido encontrarme ridícula! ¿Acaso soy mujer que haga semejantes faltas de ortografía en cuanto al vestir? ¡Vamos a ver. y a beinarme. etc. Entre las doce y la una el barón se hizo teñir los cabellos y las patillas.. vencido por la justeza de las observaciones que le hacía su mujer. que fue informada de tal metamorfosis.es posible caer en París.. le dijo. —¡Píen! Fentras a jesdirme a las nuefe. —¡Ritígulo. como el duque de Maufrigneuse. se acicaló como un novio. más vale que me los ponga yo de pendientes. dejando los dos últimos ojales de arriba.. aquí está la señorita Eugénie.. guiero esdar lo mejor bosiple. La señora de Nucingen. serás ridículo!. Después del desayuno. jamás le permitía que saliera. su ayuda de cámara. ritígulo!. Ponte una corbata de raso negro en lugar de esa corbata blanca que destaca aún más la dureza de tus patillas.. y para darlos a una cualquiera.. —exclamó el banquero. quien le dio diez luises. A las nueve el barón. si no. .. Nucingen no jugaba. se perfumó y se puso hecho un Adonis. —Señor —dijo Georges—. Georges tuvo grandes dificultades para lograr que Europa-Eugénie se decidiera a ir. En fin.

es peor que una mujer honrada..... y añadió cinco billetes de mil francos. Si la . pero es así cuando le da por querer a uno..Acompañó a su mujer hasta pasados los límites de sus respectivas habitaciones. quiere al señor de Rubempré con locura. lo acepto. que revelaba la concupiscencia que él había imaginado. compadre —dijo Europa—. —El gabidal te mil vrangos ess te feinde mil vrangos. si lo pierdo. —Gomo usdet guiera. es usdet muy velís bor esdar al serjisio te la muquer más hermosa tel uniferso. para estar seguro de que no escucharía la conversación. ¿Dónde están?. me despide. bara canarios. Será una tontería. Comprenda usted. ante todo soy una muchacha honrada. Pero le advierto una cosa: la señora es fuerte como un toro. esta noche ha salido. —Si me garantiza que nunca dirá usted quién le ha introducido. el señor no suele quedarse en casa al regreso. hica mía. boncamos cingo mil vrangos más —dijo el barón.. Al regresar cogió a Europa por la mano y la llevó hasta su habitación con una especie de respeto irónico: —Paya. si se lo toma usted de esta manera. Si el señor no gusta a la señora. enseñando uno a uno los billetes de banco.. y aunque le diera usted un millón al contado no le haría cometer una infidelidad. —Eso no lo haría ni por diez mil francos —exclamó Europa—. —dijo mientras añadía los cinco billetes—. bero. veinte mil francos por la conciencia y cinco mil por el puesto.. Contempló el fulgor que cada uno de los billetes hacía saltar de los ojos de Europa. guanto esdará sola. —Sí.. Eso es lo gue en el munio tel gomercio se llama la guriositat. —Me paga usted el puesto. levantando su semblante astuto y lanzando al barón una mirada a la vez seria y burlona. y resulta que mi trabajo me da mil francos al año. si se los toy. —A fe mía. Ya giiendo gon bacar su honratet. —dijo Europa. y la honradez y la conciencia?. —Aguí esdán —respondió el barón. Cuando se va de paseo con el señor por el bosque. pero.. se enfada.. dienes gue esgonterme en el guardo te du ama turande la noche. no Vierte usdet nata.. Dentrá lo gue usdet guiera si guiere haplar en mi japor y tefenter mis indereses... de modo que puedo esconderle en mi cuarto. la cosa cambia mucho.. —No. señor barón. —Y es no es todo —dijo Europa—.. y hay razones para que así sea. Bero. —La gonciensia no jale dando gomo el buesdo.

" ¡Moralmende cozapa bor más te cien mil esgustos!".... la sangre parecía hervirle en los dedos de los pies y su cabeza iba a estallar como una máquina de vapor demasiado calentada... si no.. gondandes y sonandes. Europa iba delante. . ¡esdo es jifir! Es ingluso fijir temasiato. ¡Sobre todo. Lucien?.. ¡Qué poco desconfiado es usted!. donde halló a la hermosa inglesa. y a las dos de la mañana oyó el coche de su amante desde el bulevar. güéndalos —dijo el barón. —Doma. Llecaremos a gonocernos pien. era presa de la ansiedad que siente un hombre afortunado. —¡Vaya! —dijo Europa—.. Su corazón acusó el ruido del estribo y el de la portezuela al cerrarse. no —dijo Europa—. no haga ruido... Escuchaba los más ligeros ruidos que venían de la calle.. —No. dejando encerrado al banquero.señora regresa sola... con una palmatoria en la mano. cuaba —exclamó Nucingen. cuando le contaba esta aventura. sin ser capaz de terminar la frase. Usted lo pase bien. La espera del supremo instante le producía mayor agitación que si estuviera en juego su fortuna entera. —Bien. iré a buscarle a usted. baje usted —djo Europa dejándose ver—.. resulta más cara después de las doce de la noche.. riendo y andando como si estuviera descalzo sobre barras de hierro al rojo vivo. Nucingen se fue derecho a la habitación. como los coches de punto. escondido en la buhardilla donde dormía Europa. usted se quedará en el salón y yo no cerraré la puerta de la habitación.. no foy a ser gabás te haser nata te nata. —No. ¡Prepárese! —De taré los feinticingo mil vrangos en el salón.. pero lleve usted treinta mil francos. su corazón palpitaba con tal fuerza que parecía que iba a alzar la seda del chaleco: por fin iba a ver de nuevo la celestial y ardiente cara de Esther. entregando a Europa los billetes cuando llegaron al salón. le decía luego a Du Tillet. lo demás. La honradez de una camarera. —¡Ahí —exclamó—. Europa tomó los treinta billetes con seriedad y salió.. que le dijo: —¿Eres tú. Vivía. las cosas no van. —Dentrás muchas ogasiones te sisarme. han de ser billetes. ¡lo demás es cosa suya!. pedazo de elefante! —¡Petazo te elevande! —repitió el barón... —Bor bruténcia de taré un pono tel Pango. venga usted a Ja calle Taitbout a medianoche. A la una de la mañana el barón de Nucingen. Cuando la enorme puerta giró sobre sus goznes. —La señora está sola.

buesdo gue su pelleza soprehumana no ha botito hacérmela olpitar. y usdet me ha hecho gombrenter el boter gue diene sopre mi la muquer a guien guiero.. mi querido allanador de morada... —Aún no lo es dando gomo la gue me lo insbira.. señora. ser bonido lo gue me esdá ticiendo —respondió la inglesa. foy a marcharme — dijo—. Y Europa se puso a dar gritos de alarma con tanta fuerza que el banquero. —dijo la mujer...Se quedó helado al ver a una mujer que era absolutamente lo contrario de Esther: rubia en lugar de morena... —¿Ya lo gonocerá? Atiós. Pero tu regalo será bien recibido. La inglesa tocó la campanilla.. ¿Quién es usted?. Bero. de dónde viene usted?. —¿Encañato bor dener una muquer ponida? —prosiguió ella en tono burlón. que hablaba bien el francés—. guien eres dú? —preguntó. —¡Un hompre encanasto!. ¡Dreinda mil vrangos echatos a berter! ¿Es usdet realmente la amande tel señor Lisien te Ripembré? —Hay algo de eso... Europa no estaba muy lejos. denunciarme a mi ama! ¡Al ladrón!. —¡Oh! —exclamó Europa—. bero no soy máss gue un bopre panguero te más te sesenda años. bero no denca mieto. —Garampa. señora. entre las dos no los valemos. Es usdet poggado ti gartenale. —He inudilizato las gambanillas. —¡No denco el cusdo!. ¡Un hombre en la habitación de la señora. ¿A quién se los ha dado usted? —A la sinjerqüenza te su gamarera. asustado. —¿Qué es eso... —¡Granuja —le echó en cara—.. desternillándose de risa—. desde donde Europa le echó escaleras abajo.... una suave noche de Bretaña en vez del resplandor del sol de Arabia.. en regüerto tel paran te Nitsinguen.... débil en lugar de la fuerza que él había admirado.. ¡Qué horror! —¿Es cierto que le ha dado a usted treinta mil francos para que lo introdujera? —No.. sobrinito mío —dijo la inglesa. y no es el señor!. ¿Qué quiere? —exclamó la inglesa. imitando el modo de pronunciar de Nucingen. —Bermídame gue mañana le mante un recalo.. ¡Al ladrón! . se fue a la puerta. —contestó lastimosamente. tocando la campanilla sin que la campanilla sonara. —Hablaba usted de dreinda mil francos.

que es ministro de Estado. con eso. para ir a la prefectura de policía.. pero con el tono del político que pronto ha de entrar a formar parte en la inmensa maquinaria del gobierno para ser una de sus principales piezas. delante del señor prefecto. hijo mío. —Es preciso. corres el peligro de comprometer tus intereses ante los Grandlieu. como buen estadista.. y serás complaciente con ella. Naturalmente. pero compromételo a que vigile a su gente y compadécelo por tener que . que ni la policía ni nadie meta las narices en nuestros asuntos —le dijo en voz baja mientras encendía su cigarro con el de Lucien—. al borde de la desesperación. Enfádate sólo en la medida justa. Denco vrío. —Pues.El enamorado barón. tú. amico mío. nata más gue mía!.. Es peligroso. Carlos comía a solas con Lucien.. que le aguardaba en el bulevar. ¡Demonio! No le aconsejo al señor que se tome las pastillas para nada.. y mostrarás tu admiración por ella y por el prefecto. —Chorch. si quiero. —¿Acaso la señora quiere arrebatarme mis ganancias?. Dos días después de esta escena.. Vas a ir a casa de la señora de Sérizy. —dijo Europa.. que se ha enamorado perdidamente de la mujer que Rastignac oculta (esto la hará reír).. He encontrado un medio audaz pero infalible de hacer que el barón y sus agentes se estén quietos... Nata te Esder. te hace espiar por la policía... En el curso de la conversación le dirás que para hacer un favor a Rastignac. me muero te tesesberación. Cuando estés allí. no tengo más que decirle al señor dos palabras y mañana mismo está usted de patitas en la calle —contestó Europa con insolencia. volviendo hecha una furia al cuarto de la inglesa. preséntale tus agravios. Serás comprensivo con la policía. —Esde temonio te gomar era —dijo el barón a Georges al preguntarle éste si estaba contento— me ha pirlato drexuda mil vrangos. —Así que no le ha servido de nada ponerse hecho un pimpollo. Rogarás a la condesa que obtenga el apoyo de su marido. el cual está harto desde hace tiempo de la señora de Nucingen. El señor de Nucingen. Georges era siempre el amigo de su señor en las grandes ocasiones. consientes en servirle de tapadera para ocultar a una amante. pudo llegar sin más afrentas hasta su coche. denco el gorasón helato. que contada por la joven Europa resultaba aún más cómica gracias a su mímica. no tienes nada contra el señor prefecto. Ya se sabe que incluso las máquinas más perfectas manchan de grasa y sufren ligeros contratiempos.. pero ya no sabía a qué espía encomendarse... —No conozco las costumbres de Francia —dijo ésta. ¡bero es gulba mía. que eres inocente de las marrullerías de tu compatriota.

agradeció a Lucien que se hubiera dirigido directamente a él.. en las que la actuación de la prefectura tiene que parecerse a la de un bombero encargado de apagar un incendio. Peyrade cogió un coche de punto junto con el gendarme. Entonces estaremos tranquilos y podremos hacer volver a Esther. señor mío. ¿No sabe usted a qué nos está usted exponiendo y a qué se expone usted mismo?. sino que además él sería objeto de una vigilancia especial. No hay . a su vez. El anciano recibió esta ducha de agua fría con la mayor tranqulidad del mundo. Cuanto más suave y untuoso seas. el prefecto reconoció que la policía tiene más incovenientes que los que de verdad tiene. El prefecto de policía trató a Peyrade como si hubiera sido el último de los cabos de varas de un presidio.. El prefecto anunció inflexiblemente al pobre Peyrade que no sólo quedaba suprimido su subsidio anual. estaba situada junto al muelle de los Orfévres. comenzaba con la aplicación de los resortes del Estado en aras del interés privado. Imbuidos de Derecho y a horcajadas sobre la legalidad. El ministro de Estado y el prefecto cambiaron hermosas frases sobre la libertad individual. en aquel entonces. La reprimenda terminó con una fulminación. le prometió guardar el secreto y dio muestras de comprender toda aquella intriga. un gendarme vestido de paisano se acercó a él por la calle.. sobre la inviolabilidad del domicilio. tanto más duro será el pretexto contra sus agentes.reprender a sus subordinados. y el señor de Sérzy hizo observar al prefecto que. El prefecto de entonces era un antiguo magistrado. tras prometer que reprimiría los excesos a los que se entregaban sus agentes. —Iba a su casa —le dijo al oído—. donde disfrutaba del espectáculo de los burgueses del mismo modo que un artista viendo cómo crecen las flores. —No sin razón fue usted apartado de la administración en 1809. si bien los altos intereses del reino exigían a veces la práctica de ilegalidades secretas. El prefecto.. Al día siguiente. Los antiguos magistrados resultan demasiado jóvenes como prefectos de policía. lamentó sus abusos. tengo orden de llevarle a la prefectura. En presencia del vicepresidente del Consejo de Estado. sin hacer la más mínima observación. el crimen. paseándose por la avenida del jardincillo de la prefectura de policía que. que debe de estar bramando como los ciervos en el bosque. cuando Peyrade se dirigía hacia su entrañable café David. su mano no suele tener esa ligereza para la arbitrariedad que requieren a menudo las circunstancias críticas. y se acordó entonces de la visita que le había hecho el barón de Nucingen y de la información que había solicitado a propósito de Peyrade.

son demasiado duras. El padre de Lydie. unía a sus agravios las lágrimas que le producía la perspectiva del sombrío porvenir que dejaba a su hija. sin que quiera excusarme con ello. que no sabe ni palabra de política.. Una única entrevista le había bastado para adivinar las astucias del más astuto de los banqueros. Hay que saber primero si el barón es tu delator. que era su ídolo. su ofrenda a Dios. en estos momentos el engañado es un servidor de usted. no son bastante severas.. que contaba con su puesto. se veía sin más recursos que las limosnas de su amigo Corentin. ¡Maldito barón! Verás cómo las gasto cuando te encuentres. y que es muy capaz de meterse en cualquier conspiración que pretenda derrocar a la rama primogénita en provecho de la secundona. incluso con nosotros. Pero permítame. por eso hago vigilar a su yerno Keller. su perla. "Liquida con todo el mundo. pero me vengaré".. Este viejo Sabelotodo nos debe demasiadas cosas para que no intente hundirnos. pero ahora voy a pedirle que me ayude a vengarme de este zopenco. Peyrade y Corentin. si se dirigen al antiguo comisario general de policía de Holanda. Pero. que le haga observar que no me conoce en absoluto —prosiguió Peyrade. con tu hija deshonrada. El anciano acusó al banquero de querer eximirse del pago convenido. —Seguiremos este asunto —le decía Corentin—. Peyrade había perdido todo su dinero jugando. ¿Fuimos prudentes apoyándonos en Gondrevílle?. "Nunca he pedido nada a Corentin. echando una sutil mirada al prefecto—. —He sido yo también prefecto de policía y le doy toda la razón —dijo con calma el anciano al funcionario. Volvió a su casa con los miembros deshechos y embargado por una ira profunda contra el barón de Nucingen. Sólo le pido. que había adoptado un aire meditabundo para ocultar su sorpresa. que había adoptado una postura propia de su majestad judicial. más adelante será usted mismo. tendrá usted ocasión de comprobar que en este asunto se está engañando a alguien... señor prefecto —añadió Peyrade tras una pausa. Sus palabras. una vez alcanzado su objetivo. se decía a sí mismo el pobre hombre. el anciano parecía haber envejecido diez años. . Sin mezclarme en nada de su actuación ni de mi justificación. Se despidió del prefecto. ¿sentirá algún amor por su hija?" El mismo día en que se produjo aquella catástrofe que hacía derrumbarse sus esperanzas. que recuerde lo que voy a tener el honor de decirle.nada tan inmóvil e impasible como un ser fulminado. y que tuvo entonces un significativo sobresalto—. y si van destinadas a un simple sabueso.. Hablando con su amigo Corentin. viendo que el prefecto guardaba silencio—. un día. Sólo aquel burdo financiero podía haber descubierto un secreto que estaba encerrado en las cabezas de Contenson.

. dejándose tapar los ojos con un pañuelo. Georges. si ha visto ya a su amante y de dónde procede este golpe bajo... ¡A Georges! El barón acababa de despedirle por sospechar que se había ido de la lengua. —¡Vaya! ¡Cuántos desastres motivados por sonrisas!.. Se cree grande porque hace pequeñeces con grandes capitales. el prefecto no aguantará mucho en su puesto. podrá ver a la que ama. te recompensaré si lo consigues!" Georges me ha contado todo esto mezclado con detalles de lo más descabellado. —Es Contenson —dijo Peyrade. Pero ahí está la broma: ¡la inglesa no es su tesconocita!. para hacer méritos. ¿A quién veo bajo las arcadas?. —Eso es el efecto de una sonrisa que se me escapó —dijo Peyrade. vamos a ver. Y se gastó treinta mil francos para sobornar a la camarera. Se oyó un silbido peculiar.. reverenciados por él como dos genios. ¿qué es lo que ocurre? —Esto es lo que ocurre —repuso Contenson—. —¿Qué hay? —dijo Corentin. encontraría a su desconocida. aludiendo al asunto Simeuse (véase UN ASUNTO TENEBROSO)—... y las revoluciones son nuestras aguas turbias. a las doce.. —Sin contar los que provocan los golpes de látigo —dijo Peyrade. Contenson. Nuestro barón fue a la calle Taitbout después de atiborrarse de pastillas afrodisíacas. ¡ya estamos acostumbrados a oír cualquier cosa! Al día siguiente el barón recibió una carta anónima que decía algo así: "El señor de Nucingen se muere de amor por una desconocida y se ha gastado ya mucho dinero inútilmente. al extremo del puente de Neuilly. Pero. Para empezar. dadle la vuelta a la frase y encontraréis el planteamiento del problema que resuelve el genio. Como su fortuna puede infundirle sospechas acerca de la pureza de intenciones de . No te desesperes. si se aviene a presentarse esta misma noche.. debo de ser una especie de alambique.." "¡Ve (dijo el barón)... Pero. El barón regresó en un estado lamentable. Allí ha encontrado a la mujer que ya sabéis. Al día siguiente. la descripción que el señor me ha hecho de ella me basta. dijo a su amo: "¿Por qué utiliza el señor gente de tan baja ralea? Si el señor quisiera poner su confianza en mí. —exclamó Corentin. procedente de la calle. por lo que a mí respecta. El momento está preñado de revoluciones.. pondré todo París patas arriba.. —¡Hay novedades! Salía del 1131. He hecho cantar a Georges llenándolo de vasos de todos colores hasta dejarlo borracho perdido. donde lo había perdido todo. y subir al coche detrás del cual estará el criado del bosque de Vincennes. colocando una luz en la ventana— que tiene algo de interés personal para mí.Mañana sabré lo que ocurre con Nucingen. Un momento después comparecía el fiel Contenson ante los dos gnomos de la policía.

desapareció en seguida. ¡él sí que entendía en asuntos de policía!).. el señor barón puede llevar consigo a su fiel Georges. señor Peyrade. Esos pájaros van a venderle esta mujer muy cara al barón. —¡Ya. —Vamos a estudiar esta versión —exclamó Corentin—.... tiene demasiados billetes de mil francos en las venas. nadie dentro del coche. mein Herr!1 —contestó Contenson—. escuchemos. —Tiene razón —dijo Peyrade—. por otra parte. —Sí —dijo Contenson. El coche en que iba (estilo Luis XVIII) le llevó de regreso a Neuilly. —¿Ha visto Georges a la mujer?." El barón se presenta al lugar indicado con Georges. ¡Pórtate bien. con el fin de explotarle a él. No habrá.. —¡Y pensar que tenía la dote de Lydie al alcance de la mano! —dijo Peyrade al oído de Corentin. sin decirle nada. Los dos se dejan tapar los ojos y se dejan cubrir la cabeza con un velo. En la mano de Georges habían dejado un billete que decía: "¿Cuántos billetes de mil francos está dispuesto a soltar el barón para que le pongan en relación con la desconocida?" Georges entrega el billete a su amo.. que parecía de los del tiempo de Luis XVIII (¡qué Dios le tenga en su gloria!. El barón.. tú. ¡Mediríamos nuestras fuerzas! —Hay que estar al acecho —dijo Contenson. —¿Y cómo es? —exclamó Peyrade. —El señor de Nucingen es fácil de desangrar —hizo observar Contenson—.... —¡Oh! —replicó Contenson—. ¡Vaya un banquero imbécil! No tenía que despedir a Georges antes de haberse agosdato gon la tesconocita. a quien alguien quitó el pañuelo. pone a Georges de patitas en la calle.. Por eso. . convencido de que Georges se entiende conmigo o con usted. deslicémonos por todos los agujeros. por de pronto. se para en medio de un bosque.. Peyrade! Siempre hay que obedecer al señor prefecto. El barón reconoce al criado. ¡zas!. he hecho cantar a Georges. el coche. Dos horas más tarde. donde le esperaba el suyo. al saber que le habían dado un rapapolvo en la prefectura. el cual. —dijo Corentin. No me ha dicho más que eso: ¡una hermosura resplandeciente!. no tengo nada que hacer. y el barón. —Quisiera saber quién me la ha jugado —exclamó Pey-rade—... esperemos. vio a su desconocida en el interior de un coche parado. —Nos están dando el esquinazo unos tíos más hábiles que nosotros — exclamó Peyrade—.los que así proceden.

Nucingen y Lucien iban a verse necesariamente envueltos en la lucha que había comenzado ya y que iba a ser terrible debido al amor propio que caracteriza a los hombres de la policía.... Gracias a la habilidad de Europa.. sonriendo mientras caminaba con el espía por las calles— de todo cuanto ocurra en casa del barón de Nucingen.. ¿quién había tenido interés en ver al prefecto de policía? Para Corentin se trataba de saber si entre los suyos no había algún traidor. Decididamente. Lucien y su corruptor pudieron respirar por unos instantes.—Contenson. con este argumento podría hacerse una bonita obra dramática.. Y por otra parte. dejemos dormir a nuestro tío Peyrade.. —¡Se mira si sale humo por las chimeneas! —dijo Contenson.! Vamos.. ¡qué curioso intercambio iba a hacer este hombre!. Jacques Collin. dejando escapar una sonrisa que formó unas ligeras arrugas en su máscara de yeso... seguro que un profesor sacaría de ello una teoría.. nosotros. qué bien organizados estáis vosotros!. la Naturaleza Social provee a todas las especies de las cualidades necesarias para los servicios que espera de ellas. a propósito de la desconocida. sin entrar en detalles.. ¡Qué orejas tienes!. —¡Ah. El asunto era excesivamente importante por sí mismo. —Siempre tienes un chiste a punto —respondió Corentin.. ¡no debemos nunca convertirnos en sus juguetes! —¡Diablo! Sería como si el reo se entretuviera cortando el cuello del verdugo —exclamó Contenson. Si él barón no había traicionado a Peyrade. La confianza de los acreedores no se resintió siquiera. pudo saldarse la parte más amenazadora de la deuda de sesenta mil francos que pesaba sobre Esther y sobre Lucien. Peyrade y Corentin se iban aproximando entre sí sin saberlo.. pese a ignorarse mutuamente. Al acostarse pensaba lo mismo que Peyrade: "¿Quién habrá ido a quejarse al prefecto?. no cometas trapacerías. ¿A quién pertenece esa mujer?" De este modo. Como dos fieras acosadas que beben furtivamente de alguna charca. —Un hombre como el barón de Nucingen no puede ser feliz de incógnito — repuso Corentin—.... y la pobre Esther. pudieron seguir bordeando los precipicios . que jugamos con los seres humanos. al margen de sus resultados. —dijo Corentin a Contenson—. moral incluso. ¡Hasta mañana! —Señor mío —dijo Contenson a Corentin en el umbral—.. ¡La Sociedad es una segunda Naturaleza! —Es muy filosófico lo que está usted diciendo —exclamó Contenson—. que se titularía La dote de una joven. vamonos. ¡Vaya! ¡Casar a su hija con el precio de. —Procura estar al corriente —repuso Corentin.

encontró una compensación en el gozo de sentirse objeto de amor y en la animación de una vida mundana. Tras haber antedatado en seis meses las letras de cambio. pena que el tribunal correccional no dicta casi nunca y que la audiencia aplica a los criminales. Su padre. Durante algún tiempo Lucien frecuentó asiduamente a la señora de Sérizy. pese al escándalo que provocaron. Obediente a la señorita Clotilde de Grand-lieu.cerca de los cuales el hombre fuerte conducía al débil. había que evitar la sospecha de que Lucien mantuviera a alguna amante. por orden de su terrible mentor. cerca de París. obligado por las circunstancias poco prósperas a vender su cargo. cayeron pronto en el olvido. trescientos mil francos en letras. En total. se llama Georges-Marie Destourny. y Aceptado por ciento veinte mil francos en el tercero. Carlos las hizo extender a nombre de Esther por un hombre incomprendido por parte de la policía correccional. A los veintitrés años. y con estos trescientos mil quizá nos libremos de ella. ya fuera a la horca o a la fortuna. e hijo de un escribano de Boulogne. se perdieron y fueron cubiertas por el alboroto de la gran sinfonía de julio de 1830. Tenemos una deuda de sesenta mil francos. dejó a su hijo. que es uno de los más audaces caballeros de industria. Este joven. el joven y brillante alumno de . Aceptado por ciento veinte mil francos en el segundo. La palabra aceptado constituye la letra de cambio y os somete a la prisión por deudas. La mañana siguiente del día en que Esther fue encerrada en la casa del guarda. las cartas las tenemos marcadas. sin ningún recurso. tras haberle dado una brillante educación. afortunadamente.) —Se trata de sacar de apuros a Lucien —dijo el español a Esther—. no la veía más que en el Bosque de Bolonia o en los Campos Elíseos. (Véase ILUSIONES PERDIDAS. Por otra parte. ese delirio que cometen tantos pequeños burgueses con sus hijos. Efectivamente. Esta palabra hace incurrir a quien la firma imprudentemente en la pena de cinco años de cárcel. no hacéis más que un simple billete. puesto que jamás afecta a los granujas. cuyas aventuras. —Ahora —dijo Carlos a su protegido— nos jugamos el todo por el todo. Poniendo. y los jugadores son muy jóvenes. La ley de prisión por deudas es un recibo de los tiempos de la barbarie que reúne en sí la estupidez y el mérito inestimable de ser inútil. vale por. el personaje terrible y para ella problemático que la amedrentaba fue a proponerle que firmara en blanco tres papeles sellados en los que figuraban las siguientes comprometedoras palabras: Aceptado por sesenta mil francos en el primero. hacia 1824.

cuya persecución se había frenado en los tiempos del ministerio Martig-nac. secuaces suyos ligados a él por la gratitud y muchachos que compartían su elegancia y sus créditos. ante la que compareció acusado de jugar con cartas demasiado afortunadas. aquel gerente responsable apodado ValienteCérizet. podía hacerse pasar por la fiel depositaría de una porción de la fortuna de Georges d'Estourny. Esther con este famoso estafador. de esas criadas para todo que se anuncian en los periódicos. se estremecía aún con aquel asunto. Era una de estas casas que constituyen el equivalente. había protegido a la Torpille durante algunos meses. el trato con tales individuos es frecuente entre las mujeres de su especie. Este lechuguino tuvo la audacia de adquirir un tílburi. Todo París. cuya ambición se había enardecido con el éxito. desdeñó el pago de sus diferencias en la Bolsa. Cérizet estuvo muy contento de relacionarse con Georges d'Estourny. En aquella ocasión se había indultado al caballero Cérizet. El falso español basó sus especulaciones en el trato que había tenido. el París de los Lobos Cervales y de los clubs. Georges d'Estourny. en el comercio. un groom y de frecuentar los clubs. de un Banco y de una gestoría. Carlos Herrera se hizo dueño de los valores que había creado gracias a un endoso en blanco firmado Georges d'Estourny. Este papel falso no ofrecía ningún . Tenía cómplices: jóvenes corrompidos por él. generoso como el jefe de una banda de bandoleros.derecho había renegado ya de su padre escribiendo así su nombre en sus tarjetas: GÉORGIS D'ESTOURNY Estas tarjetas daban al personaje un olor de aristocracia. en virtud de la anécdota acerca de Ninon. a quien el partido liberal quería indemnizar de las condenas arrostradas valerosamente en el curso de la lucha de la prensa contra el gobierno de Carlos X. fundó una casa que a la vez participaba de una agencia de negocios. Cérizet. que era guapo y sobre todo muy cordial. que lo educó. de los bulevares y de los industriales. Por último sucumbió ante la policía correccional. Georges d'Estourny. había tomado bajo su protección a un hombre llegado a París desde una lejana provincia en busca de negocios. bajo el patrocinio formal de las lumbreras de la Izquierda. Al verse obligado a huir. Esther. Todo se aclara con pocas palabras: hacía negocios en la Bolsa con el dinero de las mujeres mantenidas de las cuales era el confidente. En su época de esplendor.

pero. según la descripción que del mismo le había hecho Lucien. con gafas azules. este granuja (que. cuáles han sido sus relaciones con los Petit-Claud.. acreedor del señor D'Estourny. dado que o bien la señorita Esther o bien otra persona a cuenta suya podía o debía pagarlo. dicho sea entre nosotros. —¿Podemos hablar aquí sin miedo a que nos escuchen? —dijo el español. no vengo a pedírselos. Tranquilícese. los Cointet y los Séchard de Angulema. ¿Quién es usted? —El señor William Barker. caballero? —dijo Cérizet—.. y como yo no quiero demandarle en mi nombre... Cérizet miró la letra de cambio y dijo: —Pero si ya no está en Francfort. y Carlos. —¿Por qué razón. Valiente-Cérizet vivía en un entresuelo de la calle Gros-Chenet. caballero! —Examinó al falso inglés.peligro. sorprendió en el rostro del supuesto banquero la palidez producida por dicha presentación.. —¡Dios mío! —repuso William Barker—. ya que usted lo desea. Carlos adivinó en él a uno de esos oscuros personajes decididos a hacer fortuna. Al oír aquellas palabras. Informado acerca de la casa Cérizet. Usted tiene los fondos del bueno de D'Estourny. Todo esto se hace en París: se desprecia a un hombre. ya que por casualidad resultaba ser dueño de todos los secretos del digno socio de D'Estourny. merecería ir al patíbulo) me entregó estos valores diciendo que podía haber alguna posibilidad de hacerlos efectivos. en valores que estaban en alza. que se había transformado súbitamente en inglés pelirrojo. limpio y pulido como un puritano yendo a la iglesia.. . me dijo que usted no me negaría el suyo.. aunque. a continuación dijo al desconocido: —¡Más bajo. en este mundo cada uno va a la suya.. pero no su dinero. en un modesto gabinete. Cérizet. a un hombrecillo de escasos cabellos rubios. invertidas entonces en la Bolsa. diciéndole—: ¿Qué quiere usted de mí?. Cérizet se precipitó hacia la puerta para cerrarla. y voy a demostrarle la necesidad de cerrar las puertas. Carlos vio. después de mucho apremiarle. legalmente. señor mío. estaba provisto de cantidades importantes. lo cual permitía a Cérizet dárselas de banquero. el auténtico depositario de D'Estourny. volvió a otra puerta que daba a un dormitorio y corrió el cerrojo.. Sabemos. Carlos se personó en casa de Cérizet con la intención de trabajarlo a su manera. en quien reconoció al Judas de David Séchard. que se hizo anunciar misteriosamente como alguien que iba de parte de Georges d'Estourny..

—¡Caballero. ¡Ya lo creo! ¡Están ya sobre el tapete verde de la Bolsa. pero también se necesita fidelidad.¿Si creo que conservará bien sus fondos? —dijo Barker—... Permanecerá usted en Francia. y que el demandante tendrá que considerar al portador de la letra como a su propietario.. pero podía haber estado allí todavía en la fecha de esta operación. —¿Acaso cree usted. Ponga: El portador de esta letra y de los valores.... Nos volveremos a ver. y esto ya no es quizá tan seguro. que le asesinarían.. —Mire usted. Tenga la amabilidad de escribirme una carta en la que diga que usted me entrega estos valores aceptados a cuenta de D'Estourny.. —Así no me extraña que me pida lo que le haria falta para irse a las Indias —exclamó Cérizet—. y yo me encargaré del cobro. —En su caso —respondió Barker— no se le puede acusar de haber puesto sus huevos en muchos nidos distintos. Por desgracia me obligó a invertirlo todo en los fondos públicos. Después de haber introducido en aquella alma de fango una esperanza que tenía que asegurar su discreción durante mucho tiempo.! —exclamó Cérizet. —¿Y por qué? —Hay por lo menos cinco personas. sus cartas del juego! —¡Ah. —¿Y de qué manera?. —Me sorprende que D'Estourny tenga tan poca confianza en mí —añadió Cérizet. favor. —No le pido este sacrificio —contestó Barker—. Carlos. —¿Hará el favor de decirme sus nombres? —¡Nada de nombres! —respondió el capitalista inglés—.. interrumpiendo a Cérizet—.. señor. Me ha fallado la suerte.. — ¡Saque usted.... si lo hubiera sabido antes! —exclamó Cérizet—. —Una última palabra —dijo Barker—: ¡discreción! De esto es usted perfectamente capaz.? —preguntó el pequeño negociante. ¿verdad? —Sí. . usted puede encargarse de recibirlos. —.. —Con sólo una palabra.. me haría usted un favor si me facilitara este cobro. querido señor Cérizet —dijo fríamente Barker. —En perderlos ostensiblemente —dijo Barker..! —Mi interés estriba en. Yo vivo al día.... Recibirá usted buen pago por este. y haré que se enriquezca. —¡Pues bien! Georges d'Estourny nunca regresará. y él lo sabe muy bien. pues. que yo sepa. devolviendo al falso inglés las letras de cambio aceptadas y en regla.—Lo sé —respondió Barker—. los salda. Ya estamos en deuda con la casa Du Tillet. —Pero es que yo no quiero hacerme responsable. —dijo Cérizet.. —dijo Cérizet..

Esther cayó manifiestamente bajo la amenaza de prisión por deudas por la cantidad declarada de más de trescientos mil francos. ambos regentados por mujeres de su confianza. uno en el Temple y el otro en la calle SaintMarc. Asia se hizo pasar ante el enamorado barón por una vieja que estaba al corriente de los asuntos de la hermosa desconocida. ya que aún bromean a propósito de tan horrendas maniobras. aunque por aquel entonces la costumbre de emplear falsificaciones se había generalizado tanto que la Justicia había llegado a conmoverse. ciertos Gigonnet que. había recurrido sin exponerse a un documento falsificado. a cambio de una recompensa. El escribano. ante una flagrante necesidad o por miedo a un supuesto deshonor. puso en sobre cerrado todas las actas del sumario y fue él mismo a embargar el mobiliario. incluso los crímenes. Dicen que en los alrededores del Palacio Real existe una Bolsa de falsificaciones donde. ya sea a ciertas pasiones dispuestas a regatear pero que. pero han olvidado a las usureras. En Francia todo se hace en son de burla. En esto Carlos no tuvo que hacer ningún gran esfuerzo de inventiva. sueltan en seguida la pasta. Carlos Herrera. . remedando las comedias del antiguo repertorio. a quien se había pedido que obrara con dilicadeza. por tres francos. y cuyo papel podía representar la feroz Asia. Existen ciertos sub-Gobstck. Barker hizo que un abogado representara a la señorita Esther ante el Tribunal del Comercio. esta vez. —Esto se pagará bien —dijo al escribano—. a esos tan curiosos personajes que actualmente reciben la decente denominación de prenderas. queriendo salvar el honor de su hábito y el de Lucien. en la calle Taitbout. fue a ver a un escribano con quién podía contar. Carlos se propuso hacer pagar otros cien mil francos al señor de Nucingen. Una vez hecha la denuncia. De modo que se pone precio. Antes de iniciar el asunto de aquellos cien mil escudos destinados a servir de centinelas en la puerta del dormitorio. Hasta la fecha. Siguiendo sus órdenes. que tenía dos establecimientos. es un asunto de honor y se quiere que todo esté en regla. Máxime de Trailles había empleado este sistema muchas veces. de hoy. donde le recibió Europa. se prestan a estos retruécanos. para que los enjuiciamientos fueran contradictorios. He aquí de qué manera. puede adquirirse una firma.caracterizado de nuevo como Barker. Un tal vodevil de deudas falsas se representa muy a menudo en París. a las madame La Ressource. ya sea a parientes recalcitrantes. los autores costumbristas han descrito a muchos usureros. para encargarle que lograra un enjuiciamiento definitivo en contra de Esther.

En el momento de marchar de la casa del guarda. amenazado con no ver nunca más a la mediadora si procedía a la más leve vigilancia. ¡Eh. La señora de Saint-Estève.. Nucingen. casi temerosa. —¡Y la hebilla del cinturón! —dijo. y un sombrero horrible.. logró. ya que su belleza se había convertido en capital. que desafías a todas las policías del mundo a que descubran dónde está su belleza. Entretanto el escribano proseguía sus gestiones a buena marcha. en dosis sabiamente estudiadas.. mostrando una pieza de orfebrería muy sospechosa que comprimía su vientre de cocinera—. haz que el barón se avergüence de haber echado mano de la policía sin que ésta te haya molestado a ti para nada. en términos más o menos claros. se cubría con un chal de cachemira viejo y gastado. y desconfiada como una gatita. de cara al sol naciente. a un entresuelo miserable de la calle Neuve-Saint-Marc. visitó cinco o seis veces a la prisionera en Saint-Germain. a un lugar desde donde se veía París y donde nadie podía oírles. Lucien. vaya estilo! Y la cintura. y quiso examinarla una vez disfrazada. invendible. El feroz cerebro de estas maquinaciones había considerado necesarios tales encuentros para impedir que Esther desmejorara. Llevaba un cuello con puntas preciosas.—Te meterás en la envoltura de la señora de Saint-Estève —le dijo. pero deshilachadas. al no toparse con ninguna resistencia por parte de Esther. bajo el tronco de un álamo derribado. llevó a Lucien y a la pobre cortesana al borde de un camino desierto. actuaba de acuerdo con los plazos legales sin perder un solo día. sobre todo. que parecía la de una cortina arrancada de algún camarín. puesto que. Cuando el barón te conceda la libertad de darle palmadas en la barriga llamándole "¡Depravadote!".. y con qué fruición! Las piedras lo saben. misteriosamente. llevaba zapatos de piel de Irlanda. a cuyos bordes la carne de sus pies hacía el efecto de unos burletes de seda negra. estampada con flores. tenía que ver a Asia yendo a pie hasta las inmediaciones de la Bolsa.. mama Rorro me ha vestido muy lindamente! —Primero has de ser melosa —le dijo Carlos—. Los tres se sentaron. Por último. La falsa alcahueta se presentó con un vestido de tela adamascada. de esos que agotan su existencia sobre los hombros de mujeres como la que representaba. llevando al barón de esperanza en desesperanza. entonces adopta una actitud insolente y trátale como a un lacayo. acompañado por su consejero.. Oculta bien tus trazas. que es . ante aquel paisaje. ¡Cuántas veces han sido holladas aquellas calles mugrientas por enamorados millonarios. en la práctica. dale a entender. ¡con qué gracia me afea! ¡Oh. que éste deseara enterarse de cuanto concernía a la desconocida a cualquier precio.

—¿Qué hay que hacer? —exclamó la muchacha.. . Una vez liquidados nuestros asuntos. Florine. Va a convertirse usted en lo que ahora son Tullía.. ¿Acaso no puede vivirse con semejantes recuerdos?. la necesidad por parte de Esther de sacrificarse a tan maravilloso porvenir. su enamorado es lo bastante rico para hacerla feliz. es decir. secándose una lágrima—. —¡Feliz!. ¡y muy bien!. —Hijos míos. mi amor es una enfermedad mortal. su posición en la casa de Grand-lieu. hace cinco años que estás enferma —repuso Herrera—. vuestro sueño ha terminado —dijo Herrera—. —dijo levantando los ojos al cielo. ¡No se inquiete por lo demás! Usted lo ha dicho. Montmartre. la crítica situación de Lucien. la espléndida vida que le esperaba en caso de triunfar y. lo apretó entre sus brazos. Pero ahora verás que aún puedes vivir. Suponte que estás tísica y muérete sin aburrirnos con tus elegías.. sin ambigüedades. con la mirada y con la voz del delirio.. por último. Lucien dirigió a Esther una mirada mendigante. y si lo ves. Esther corrió hacia él. nunca más verás a Lucien. sólo durante unos días. ¿De qué puede usted quejarse? De usted misma dependerá el labrarse un futuro dichoso. una de esas miradas propias de los hombres débiles y ávidos que tienen mucha ternura en el corazón y mucha cobardía en el ánimo. Tú. en la querida de un hombre rico por quien no sentirá ningún amor. París. Mariette y la Val Noble. y tendré la valentía de morir bien. —Mi muerte ha llegado ya —dijo Esther sin derramar una sola lágrima. Lucien. Esther le contestó con un movimiento de cabeza que significaba: "Voy a escuchar al verdugo para saber cómo he de poner el cuello bajo el filo del hacha." El gesto fue tan dulce y al mismo tiempo apuntaba tales horrores. —Bueno. fanatizada.. lo habrás conocido hate cinco años.. Carlos se puso a explicar claramente. pequeña... —Obedecerme ciegamente —dijo Carlos—. que el poeta lloró. sus antiguas amigas.uno de los más espléndidos del mundo y abarca el lecho del Sena. bebió sus lágrimas y le dijo: —¡Tranquilízate! Fue una de esas palabras que se expresan con el gesto. ve a coger sonetos — le dijo. —Le obedeceré —contestó Esther. Saint-Denis. señalándole un campo a algunos pasos de distancia. y muchas veces con expresiones terriblemente descarnadas. Déjanos. —Ha gozado usted de cuatro años de paraíso —prosiguió—.

. será como si le disparara un tiro en la cabeza.. agitado por las manos oficiales del perito tasador. ¿Habéis visto alguna vez una cometa radiante. SEGUNDA PARTE LO QUE EL AMOR CUESTA A LOS VIEJOS Desde hacía ocho días Nucingen iba.. no ha tenido piedad por mucha gente. ha engordado con los dineros de la viuda y del huérfano. Allí pueden verse los despojos que la Muerte ha dejado con sus manos descarnadas.. acá y allá. casi a diario. se adivina también la agonía de la miseria bajo un traje de brocado de oro. contestará que se la llevó de viaje un inglés exageradamente celoso. desdentada y dispuesta a . la prima hermana de la Usura. ¡Escúcheme!. está usted en el punto culminante de su belleza gracias a su felicidad. Si deja usted entrever la relación que ha tenido con Lucien durante cuatro años. la peletería mustia de las cortesanas arruinadas. Las horrendas disputas entre el Lujo y el Hambre están allí escritas sobre ligeros encajes. El marco estaba en armonía con el aspecto que aquella mujer adoptaba. ¡Es lo repugnante dentro de lo hermoso! El látigo de Juvenal. ya que tales tiendas son una de las más siniestras peculiaridades de París. Los niños se distraen un momento. vuelva a ser de nuevo la Torpille. recubierta de papel dorado. y sobre el cual está siempre acurrucada una vieja. presumía entre los más hermosos atavíos que han llegado a aquella horrible situación en que los vestidos ya no son vestidos. pero no son todavía andrajos. malgastadora y astuta. a regatear la entrega de su amada a la tienda de la calle Neuve-Saint-Marc.. planeando por el cielo?.—Aún no he terminado —repuso Carlos—. Asia vendrá a recogerla en un coche de punto. ¡usted será la Venganza de sus víctimas!. Sea usted traviesa. y puede oírse el estertor de un pecho atacado por la tisis. una de esas mariposas gigantes de la infancia. a veces bajo el nombre de Saint-Estève y a veces bajo el de señora Rorro. A los veintidós años y medio.. y esta misma noche estará de nuevo en París. desparrama los manguitos gastados.carán dónde ha estado... Le pregur. Uno puede encontrar la fisonomía de una reina bajo un turbante con plumas cuya postura recuerda —restablece casi— el rostro ausente. la Ocasión que pintan calva. Allí Asia. Este individuo es un ladrón de grandes Bolsas. En fin. alguien corta el hilo y el meteoro cae con una espantosa velocidad. debe conservarse hermosa. algunas rosas recién cogidas y pronto desechadas. En otros tiempos demostró usted mucho ingenio para bromear. Es un estercolero de flores en el cual destacan. procure recuperar todo aquel ingenio. no tenga piedad con el millonario del que le hago entrega. Lo mismo le ocurrió a Esther oyendo a Carlos.

—¿Por fin te decides. esto cae por su propio peso — respondió Asia—. es un asunto de conveniencia. La princesa es ahora lo que decimos un dondiego de noche. —Pien lo jale —dijo Nucingen. dándole palmadas en el hombro.vender el contenido.. La familiaridad más deshonrosa es el primer tributo que esta clase de mujeres imponen a las pasiones desenfrenadas o a las desgracias que se entregan en sus manos. —Vamos.. viejo verde. relativamente. dadme!. . Tiene a Louchard sobre su pista. —Y no sales perdiendo —respondió Asia—. serán —exclamó el banquero. amiguito. ya la verás! Tú y yo somos iguales: ¡dadme. yo le he prestado cincuenta mil francos. su aspecto era más espantoso que el de los salvajes horrores que hacen estremecerse a los transeúntes cuando a veces encuentran sorprendidos alguno de sus más remotos y sentidos recuerdos expuesto en algún sucio escaparate. te das cuenta. ¿tónte esdá? —¡Oh.. tu pasión ha cometido locuras! Esta clase de jovencitas no son nada razonables. no te hagas el babieca. de diez mil francos en diez mil francos. Ha habido mujeres que se han vendido más caras que ésta. el banquero había llegado a ofrecer sesenta mil francos a la señora de SaintEstève. —Feindicingo. ¡Es que hay mujeres y mujeres! De Marsay dio por Coralie sesenta mil francos.. —Un tontieco. se presentó una mañana con la intención de soltar los cien mil francos que Asia le pedía.. nunca se alzan a la altura del cliente. Asia se encontraba en su elemento. y me dijo: "Querida señora Saint-Estève. De irritación en irritación. sobre un cadáver.. con el pico ensangrentado. Asia obedecía admirablemente a su dueño.. ¡esta mujer es la honradez misma! Ya no le quedaba más que su persona. veinticinco por cincuenta... pero para ti. que le respondió con una mueca de repulsa que hubiera hecho perder la paciencia a un macaco. chungón? —le dijo Asia. Seamos justos. La que tú quieres ha costado cien! mil francos de primera mano. como el cabo de varas en el presidio o como el buitre. tras el cual hace muecas alguna auténtica Saint-Estève retirada. —Bero. pues el continente está ya acostumbrada a comprarlo: compra o vende tanto a la mujer sin el vestido como el vestido sin la mujer. sino que le obligan a sentarse junto a ellas sobre su montón de basura. Después de una noche agitada. Como puede observarse.. después de haber reconocido cuánto desorden había introducido Esther en su mente y tras haber conseguido unas ganancias inesperadas en la Bolsa. —Demonio. ¡Ah. pero antes quería sonsacarle muchísimas informaciones.

La chiquilla duvo una pasión y se gastó todo un fondo que ahora le reclaman.. de todo lo demás estás hecho un babieca. présteme veinte mil francos. Antes de irse de allí.. al anochecer. pero no hay tu tía. nos iremos en busca de mi hipoteca de pelo negro. decía que había perdido a sus cinco amantes y a sus hijos. una espléndida mujer que tenía de amante a Rubempré. —¿No se botrían reguberar las ledras? —dijo el incorregible Lobo Cerval... al día siguiente.. y esto rinde.. porque se cuenta con dos valores a la vez.. y.. y que justifican su comercio con motivos de gran elevación. Pero me parece que aunque entiendas de números. se los hipotecaré sobre mi corazón. No hace váida tecir gue seré su brodegdor. además era muy cara para un pipiólo como Lucien. tontaina! Te advierto que es cosa tuya hacerte querer por ella.. En suma. Una indiscreción me costaría los veinte mil francos. los gastos. a pesar de su experiencia. —Pien. Asia fingía haber perdido todas sus ilusiones. gordo.. —¡Oye. —En especie —dijo Asia—. la inglesa se marchó. ante el Gimnasio. ¡Esos golfos de los alguaciles!. Te pararás en la esquina de la calle Sainte-Barbe. pero más zalameras y dulces que la malaya. te aconsejo que escondas bien a la pequeña. Pero como iban a llevarse los muebles. tónte la jeré? —dijo con el tono del que está dispuesto a cualquier sacrificio.. que son muy ásperas.. ¡Oh. que entiende mucho en Bolsa y cosas así!) Pues no fue tonta. pien. (Sus muebles fueron embargados. ¡Maldita sea! Un corazón de veintidós años es muy juguetón. alquiló por un par de meses su piso a una inglesa.. yo arreciaré eso —dijo Nucingen. Sólo yo sé dónde está.. y él tenía tantos celos que la sacaba de paseo por las noches.. en tu coche por ejemplo.. Antes vivía en la calle Taitbout. ya se sabe. Fingió estar en apuros y con deudas.... Asia gustaba de acentuar el papel de esas mujeres. Aquél es el camino —dijo Asia—. porque te la meten en Sainte-Pélagie. actuó con tanta ingenuidad que el barón acabó por creer en el personaje que representaba. Hago préstamos a las mujeres guapas. tiene unos cabellos preciosos mi hipoteca! Cuando se quita la peineta.. si la encuentran.. ¡Ya lo sabe usted. —Hace usdet te pango —dijo Nucingen. De vez en cuando enseñaba papeletas del Monte de Piedad como prueba de lo mal que iba su negocio. tiene corazón noble!.. vas a venir hoy. Esther queda a cubierto como si estuviera bajo un pabellón. —¡Pueno! Si sueldo los cien mil. —Las tiene el alguacil... la están buscando. adop tando un aire de lince—." ¡Oh. Yo estaré allí de guardia. sin chistar. —Verás. se lamentaba de ser víctima de todo el mundo.. y tienes bastante dinero para comprar un amor fingido que valga lo que uno .estoy en apuros y sólo usted puede hacerme este favor.

. descontento ante aquellas palabras—. ¿crees que le habría dado quince mil francos? —¡Muy pien! Ticho esdá. señor —dijo Esther. ángel mío. En fin. el millonario palideció... lo demás ya no es asunto mío. la falsa señora Saint-Estève dijo a Nucingen con una desagradable sonrisa: —Vamos a caminar un poco. Nucingen sacó del bolsillo de su traje una cartera y corito los cien mil francos. —Es preciso que así sea. que es una dirección muy oportuna. oculto en un gabinete.. es un padre lo que te he encontrado... .. —Biensas en doto —respondió Nucingen. angelito. —¿Atonte? —dijo el barón. —Es mi oficio —replicó la mujer. llevándose a Nucingen al cuarto de al lado—. Asia llevó a Nucingen a la calle Barbette. Guiero hacerla la más velís te las maqueres. sabe muy bien que tiene más de sesenta y seis años. Ya sabe cuáles son nuestros acuerdos. Al ver a Esther con ropas de trabajadora y haciendo un bordado. ¡Hasda la noche! El barón volvió a proceder al acicalamiento nupcial que ya una vez había llevado a cabo. que Carlos esperaba con gran impaciencia. donde fue introducido en el cuarto piso de una casa amueblada. ¿dentro usdet la pontat te acebdarme gomo brodegdor?. —No llore. —Hija mía. hijo mío! Es una mujer bien. Venga por aquí —añadió. Eso sí. A la calle de la Perle. De no ser así. pero esta vez la certeza del éxito le hizo duplicar la dosis de las pildoras. durante el cual Asia pareció cuchichear con Esther. de cuyos ojos brotaron dos gruesas lágrimas. A las nueve encontró a la mujer en la cita y la hizo subir a su coche. —Señorida —dijo por fin a la pobre muchacha—.. el anciano apenas podía hablar aún. —Hay que hablarle así —dijo Asia al oído del banquero. porque tu perla está en el charco1. propiedad de un tapicero del barrio.verdadero. —¿Adonde? —dijo Asia—. ¡Ah. jera. en el Marais. Téjese únigamende amar bor mí. No se cogen las golondrinas disparando con la pistola.. pero tú vas a lavarla. Yo te pongo a tu princesa entre las manos. y será indulgente. Al llegar allí. el señor es razonable. Al cabo de un cuarto de hora. en una habitación pobremente amueblada. donde la cocinera se los llevó en seguida.. está acostumbrada al lujo y a las mayores atenciones. no soy tan tonta como para haber dado la verdadera dirección.

—Pues sí. —Asia volvió a tomar a Nucingen aparte y le dijo—: Con quinientos francos mensuales para Eugénie. mi be güeña.. no debe permanecer en una pocilga como ésta. —Esther dio tal muestra de horror. —El barón de Nucingen no puede.. Atemáss.. ahora vamos a hacerle invertir en Europa —dijo Carlos a su confidente cuando estuvieron en el rellano. que cualquier hombre de corazón le habría confiado su fortuna—. vué gulba mía! — añadió el barón—.. Eugénie estará tanto más de su parte cuanto que ya le ha sableado a usted. yo fui quien se la proporcionó a la señora.... bervegdo! —exclamó el barón—. ¿adonde vais a ir?.. señora? —dijo Asia—. ¡la muy astuta! Pero la señora ya está acostumbrada a esa muchacha —dijo al barón—. Ipa dras te usdet. —¡Echénie! Te la galle Daidboud. désela usted de doncella. consérvela usted. riendo—. ¡Oh.. ¡Escúcheme!.. —Y contó el equívoco a que había dado lugar el alquiler del piso a una inglesa. Desapareció tras haber dado instrucciones a la malaya..—Aquí tenemos cien mil francos que nuestro hombre invierte en Asia. —¡Vaya! ¿Ve usted. —Ya la gonosgo —exclamó el millonario. Eugénie no le ha dicho nada de todo esto.. se había hecho la ilusión de un desenlace novelesco y.. —exclamó el barón. —¡Bervegdo. Su antigua doncella Eugénie. que regresó al piso donde Esther lloraba derramando abundantes lágrimas. a pesar de todo. había llegado la hora fatal... soy el paran te Nisinquen.. Esther miró al famoso banquero con un gesto de asombro perfectamente fingido.. y jamás se le ocurrirá al guardia del comercio ir a buscarla a su antiguo piso y del que se fue hace tres meses. Porque el barón de Nucingen. la encargada del mobiliario —repuso Asia— que alquiló la casa a la inglesa.. que sabe muy bien lo que se hace.. estará usted enterado de todo lo que haga la señora. señalando a Esther— les recibirá muy bien esta noche.. —Con Eugénie tendrá una buena pieza —dijo Asia—.. como un criminal condenado a muerte. gombrenio! —dijo el barón.. —Hijos míos —dijo Asia—.... Échenle me pirló dreinda mil vrangos. yo gonosgo a los cuartias tel gomercio. —Sí. —La antigua doncella de la señora —prosiguió respetuosamente Asia.. sin embargo. La joven. —¡Ah. y sé lo gué hay gue tecirles bara gue tesabarezgan. No hay nada que ate tanto una mujer a un hombre como el hecho de haberle .

que brilla tardíamente. ahogada por continuos cálculos y por las continuas preocupaciones que impone el afán por los millones. excitada por el desprecio de Nucingen. Entre la boca de la botella y la del bebedor.. tenía una venda sobre los ojos. que a los doce años era ya empleado en la antigua casa de Aldrig-ger en Estrasburgo. Ess usdet un ánquel fenito tel cielo. a guien guiero como si vuera un covencido.. señor —contestó Esther.. se dejó llevar como un niño. Nucingen. hay espacio para una víbora: ¡ahí estaré yo!. Entonces obedeció a un deseo brutal en el que reaparecía el hombre de sesenta y seis años. de un anciano. —dijo. ¡es de alivio!. —Donde usted quiera. reaparece. son de un negro demasiado bonito para no ser más que grises —dijo Asia. gritó. secándose los ojos y pasando los puntos de su labor con el aire de respetabilidad de una joven virgen. Pero téngala bien cogida: lo hace todo por dinero. —¡Fede. desquitándose mediante este salvaje dicterio de todas las insolencias que había tenido que soportar. El barón. —¡Viejo sinvergüenza! ¡Me pagarás este insulto!. brota y florece como una semilla olvidada cuyos efectos. —¡Tonte usdet guiera! —repitió entusiasmado—. Por eso permanecía ante su ídolo sintiendo que en su cerebro se entrechocaban centenares de palabras. aungue en realitat denco gopellos crises. cuya esplendorosa germinación obedece al azar. a un sol que surge. aquel ser tan penetrante.. no papees más sopre esda vlor te amor! —gritó el banquero. y esperaba que Asia se marchara para poder postrarse de hinojos ante aquella madonna de Rafael.. —Bien puede decir blancos. Un tal estallido súbito de la infancia en el corazón de un Lobo Cerval. La visión de aquella candida y adorable Esther. evocaba en el anciano enamorado las sensaciones que había experimentado en el bosque de Vincennes: ¡habría dado entonces la llave de su caja fuerte! Se sentía joven.sableado. amenazándole con un ademán de pescadera que le hizo encogerse de hombros—. comprimida bajo el peso de los negocios. sin que sus labios pudieran pronunciar ninguna. es un fenómeno social de los que la fisiología puede explicar más fácilmente. . aquella muchacha.. no había puesto jamás los pies en el mundo de los sentimientos. asguerosa fente tora te garne humana! ¡Ya dienes du tinero. —¿Y dú? —Yo —dijo Asia —recupero mi dinero. la adolescencia y sus ilusiones sublimes... —¿Guiere usdet jenir a la galle Daidboud?. levantándose... —le dijo Asia. su corazón rebosaba adoración.

el más ponido te Baris —le decía Nucingen por el camino—.. Le roteará el luco máss maravilloso. Esdo esdá en la Piplia. —¡No! —exclamó Esther. Asia inició su retirada. La guiero realmende gon un amor buró. duró desde la doce de la noche hasta las dos de la madrugada. . cuyas mansiones defienden escuadras de lacayos y cuya persona goza. ¿quién tiene dinero o atenciones para una?. —Cose pien vue fentito bor sus hermanos a gausa te su quendilesa. y de pies helados que él le calentaba. en las calles. secando sus lágrimas una a una. le ha ropato.. Gata una te sus lacrimas me barde el gorazón.Los millonarios. le dejó que siguiera en aquella postura. —preguntó la muchacha con una voz deliciosa. le abandonaba las manos cuando él se las cogía.. se la llevó tal como iba y la hizo subir al coche. Nincuna reina será más riga gue usdet.. de la protección de un veloz coche con caballos ingleses.. por así decir... —Cuando una está en la miseria —respondió con un aire capaz de partir el corazón a un diplomático—.. No llore. Esgúcheme.. es una buena mujer. —preguntó la virgen del bordado—. poniéndose bruscamente de pie como un caballo espantado—. aunque ignorando. Esta escena de lágrimas ardientes derramadas sobre la cabeza del barón.. llamando a Europa—. quizá con más respeto que habría podido mostrar por la hermosa duquesa de Maufrigneuse.... Su aplomo tuvo un efecto inmediato... Una vez en la calle Taitbout. de qué sexo era el ser que le calentaba los pies. Será resbedata gomo una nofia en Alemania: guiero gue sea lipre. —¿Se puede amar con verdadero amor a una mujer a quien se compra?. en Oriende se gombra a las muqueres lequídimas. —¡Bopre begueña! —dijo Nucingen—.. no temen ninguna desgracia. inmóvil.. —Echénie —dijo finalmente el barón. su lenguaje era demasiado revolucionario: ¡hablaba incluso de patíbulo! —¿Qué le ha dicho usted?. sin oír ni una sola de las tonterías que le farfullaba el banquero. A temas. que se había arrodillado. Se quedó sobre un diván. —La ha fentito a usdet. cuyo dinero guarda el Banco de Francia.. mire usdet te gue su ama se agüesde.. Esther no pudo volver a ver el marco de su felicidad sin ser afectada por recuerdos muy dolorosos. con la expresión de quien acaba de entregar cien mil francos. por eso el barón miró fríamente de reojo a Asia.. pues Nucingen los había encontrado fríos. —Dentrá usdet un pello jesduario. ¡Aquí de ningún modo!. refunfuñando hasta la escalera. ¡No se esdé ni un minudo más aguí! Nucingen ofreció su brazo a Esther.

con el pelo desordenado... En definitiva.. Es fácil sentir apego por la señora. la policía. Unos diez minutos después del alba.. señora! — gritó Europa—... — Ninguna respuesta—. despertó sobresaltado a las voces de Europa. una gran amabilidad.. ¡La señora es tan buena. y un ingenio con el que haría reír a un condenado a muerte. agitado por las pildoras—. ¡Tios mío! Aún llora.. ¿Y a causa de quién? A causa de un sinvergüenza que la ha hundido. donde se encerró. un fino empeine.. el barón de Nucingen.. —exclamó el barón... que yo la quiero. aunque sea cara.... es mi ama! Pero sea usted justo: ¡que una mujer como ella tenga que verse entre muebles embargados!. Dios mío. cogiendo la mano del barón y besándosela con un sentimiento de gratitud que puso en los ojos de aquel Lobo Cerval algo muy parecido a una lágrima—... la Justicia! Quieren detenerla. fue a pegar la oreja a la puerta de la habitación—: ¡Esder!. ¡Señora! ¡Los soldados. Si soy yo guien le ta mieto. medio envuelta en su bata. bien lo vale.. —Se levantó y miró por la ventana —: Mi goche sique esdanto ahí. ¡Y qué bien sabe vestirse!.... ¡Ah!.. no hay otra como la señora! Puede estar orgulloso de su magnífica adquisición: un buen corazón... es dulce y buena como un cordero — dijo Europa al banquero—.... ¡Oh. en zapatillas.. "Hay aleo ineksbligable en doto esdo.". me guetaré en esde ganábé. ve usted. señor.. volviendo a acostarse al canapé.. El mobiliario está muy usado. Déjele hacer su voluntad. una piel de rosa. —Bueno —contestó Esther. —¡Ay. se lo agradeceré en el alma. pero no hay que contrariarla. ¡Pobre señora! Ya no es la misma. de modo que su guardarropa está anticuado de tres meses. ¡Ha sido tan desgraciada aquí! ¿Ve usted?..—Mire. ¡Brondo será te tía!. y a lo mejor le encontrará a usted mejor de lo que es y mostrará una dulzura angelical. Quizá cuando lo vea todo nuevo a su alrededor se sienta desorientada. —Se paseó por la habitación—: ¡Te gué moto se purlaría te mí la señora te Nuchinquen si llecara a saper gomo he basato la noche!... conozco a la señora. —Incomodado por lo ridículo de su situación. dijo para sí. en medio de uno de esos sueños cuyas rápidas complicaciones constituyen uno de los problemas sin solución de la fisiología médica.. Esder. viendo que Esther no paraba de llorar. En el instante en que Esther abrió la puerta y apareció. capaz de llevar a la ... enardecido por el más puro amor.. ¿Gué tiran en mi gasa?. —Esder. Sea bueno y póngale una casa bien bonita. Aquí todos sus vestidos han sido embargados. ánquel mío. agüesdese. que había podido finalmente conciliar un mal sueño en una postura incómoda sobre el diván. —decía para sí el barón.. Y se apresuró hacia su habitación. hay que cogerla siempre al sesgo. —decía el barón—.

. por su belleza. deslizándose por entre los esbirros hasta el diván. —¿Y sus pequeñas deudas?. —¿Y por qué me detienen? —preguntó Esther con toda inocencia. hacia aquella celestial muchacha que parecía un ángel de alguna ¡pintura religiosa flamenca. se destacó Louchard. queda usted detenida —dijo a Esther—.condenación. hija mía —dijo a Europa—. donde fingió descubrir al banquero.. —¡Invame! —exclamó el barón. Europa con un buen revés en la mejilla de Contenson y un golpe seco en las piernas. —contestó Louchard. más horrendas aún. —Desgraciadamente. cuyas culatas golpearon las baldosas del comedor y de la antesala.. los esbirros salieron del piso mientras se descubrían todos con respeto. derribó al agente. —¿Es usted la señorita Esther Van. Se interpuso entre Esther y Louchard.. es cierto! —exclamó Esther—. sobre sus diez patas. puso su mano sobre el hombro húmedo de Esther. En cuanto a usted. el horrible Contenson. A un gesto de Louchard. Contenson..? —dijo.. —¡Gué! ¡Soy ahora una fentetora te garne humana. paran te Nichinquen!. que el barón no había tenido todavía tiempo de intervenir. que no se habían quitado los horrendos sombreros que llevaban sobre sus cabezas. al arcángel Rafael. —Señorita. Todo esto ocurrió tan de prisa. ¡Me las pagarán. aunque conservaba también su sombrero puesto... señorita. Estas palabras fueron reforzadas por el ruido de los fusiles. Sólo se quedó Contenson.! De aquella masa de cinco esbirros vestidos de esbirros. Déjenme vestir. . ¡Nadie toca a mí ama! —¡Me ha roto la pierna! —gritaba Contenson al levantarse—. y que exhibían unas caras venosas de madera de caoba con ojos bizqueantes y bocas retorcidas. el cual se descubrió al oír la exclamación de Contenson: —¡El señor barón de Nucingen!. y que mostraba una cara dulzona y chispeante.. la puerta del salón dio paso a un alud de basura humana que se precipitó. —exclamó la terrible Asia. debo cercionarme de si tiene usted algún medio de evasión en su habitación —dijo Louchard. —¡Atrás! —gritó—. toda rebeldía recibirá su castigo y toda resistencia es inútil. —¡Ah. anunciando así que la guardia acompañaba y apoyaba al guardia. Se destacó un hombre. irguiéndose con toda su majestad financiera. que vestía con más decoro que sus hombres..

—¿Va a pagar el señor barón?. si acebdas el necocio. bero denco gue saper te gué se drada. no te conocía —dijo apretándola entre sus brazos. tengo órdenes de no recibir el pago si no es en oro o en plata. terciando— para dejar que mi ama fuera a la cárcel?. como usted. —¡Enséñatme los dídulos! —exclamó el barón. —No se moleste." . con todos los gastos liquidados. pero la detención no está incluida. señor barón —dijo Louchard—.. señora. ¿quiere usted mis prendas. señor barón.. —Este sistema es inútil —le gritó Louchard—. mis ahorros? Tómelos. Contenson le presentó tres carpetas forradas de azul... pobre amiga mía! —exclamó Esther—. —Sí. ¿comprende usted? Lo quiere todo. —La guiero más gue a mi fita.. el barón las cogió.. mirando a Contenson. la última confidenta del Théâtre-Français. señor! ¿Tendría usted estómago—dijo Europa. A di de toy el feinde bor ciendo. me contentaré con billetes de banco. y guetarán bara usdet tosciendos mil vrangos. Europa estalló en sollozos. Esther y su viejo enamorado entraron en la habitación. —Resbonto te ella —dijo el barón. enamorado de la señorita. Siendo usted. acompañando su expresión de duda con un gesto que le habría envidiado la señorita Dupont. cuyo pundonor había herido la duda de Europa—. Pero.. con el sombrero en la mano. y Louchard creyó necesario pegar el oído a la cerradura.. sacando un carnet del cual extrajo uno de esos papelitos cuadrados e impresos que los bancos dan a los banqueros y que basta rellenar con cifras y letras para convertir en talones al portador. y más. señorita — dijo Louchard. —¡Impécil! —dijo Nucingen a Louchard. tengo cuarenta mil francos. El acreedor no está. téjenme tecirle unas balapras.. —Focaré —dijo lastimosamente el barón. bero ¿bor gué tar a sus agreetores un tinero gue esdaría mecor en el polsillo te usdet? Faya a la gárcel: le carandizo gue reguberaré los sien mil esgutos gon cien mil vrangos. —Sí —contestó Contenson. —¡Ay. —preguntó el guardia. —¿Es este hombre el barón de Nucingen? —dijo Europa a Louchard. Ess un tesperdar temasiato garó bara un hompre gue ha pasato la noche sopre un ganabé —añadió al oído de Europa. —¡Dresciendos mil vrangos! —exclamó el barón—. y dijo a éste al oído: "Haprías sólito cananto si me hupieras atferdito. desde que sabe que está usted prendado de ella. —Trescientos doce mil francos y algunos céntimos. abriendo la puerta e introduciéndole en la habitación—.. no sapes lo gue tices. —Imposible. Esder. —¡Cómo. —Foy a bacar —contestó—.

.. el cajero acompañado de Contenson. hay un dercer bordator. Gondanson. te un esdavator! —¡Sí... le tará usdet cien vrangos a Gondanson tel gampio tel pillede te mil. —exclamó mirando a Asia.. voy a mandar allí a Contenson y despediré a mi gente.. —gritó Nucingen—. adonde llegó media hora más tarde. Las piejos son máss belicrosas gue las cófenes. Mi gajero fife en la esguina te la galle te Madurins y te l'Argate. sin preocuparse de si Louchard le oiría o no—... Físdase usdet. —Sí —asintió—.. señor barón —dijo Louchard—. Le están sableando —añadió aquel profundo filósofo. —Voy a dar de reír al acreedor —le dijo Asia—. el barón quiso examinar los títulos. mi begueña —exclamó al ver las letras de cambio y dirigiéndose a Esther—. dijo el barón para sí. El tiempo pasa. Louchard tomó los títulos de manos del barón y se quedó a solas con él en el salón. —Si lo hupiera sapito. señor barón? —contestó el espía. Esther salió con un atuendo encantador. sonriendo—.. aunque improvisado. señor parán. Ha salido usted perdiendo al retirarme su confianza. esdá usdet lipre. —Pierde usted la cabeza. hay un tercer portador.... —¡Ah. hupiese inderbuesto regurso. —exclamó Contenson. —¡Fede.. —¡Es una muquer muy hermosa! —decía el cajero al barón de Nucingen al salir de la calle Taitbout—. . es usdet fígdima te un faliende sinvergüenza.. bero güesda muy gara al señor parón. Pero me quería mucho. ¡Serisé! ¡Un hompre te la obositión! —¿Tendrá la bondad el señor barón de escribir una nota a su cajero? —dijo Louchard.. —¡Y mi pierna!. y pronto todo el mundo sabría. —Luchart. Cuando Louchard hubo contado la suma. ánquel mío —dijo a Esther—. pero Esther se apoderó de ellos con un ademán felino y los llevó a su escritorio. ya gue nuesdro tinero esdá doto en el pango. —¿Qué da usted para la canalla?.. —No han denito usdetes muchos miramiendos —dijo el barón.. y me dará con qué entretenerme hoy. Sin rengor.. "Es jertat".. Aguí dienen una nodo boro gue faya a fer a Ti Dilet o a los Keller en gaso te gue no dencamos los mil esgutos.—¿Acaso sabía que estaba usted aquí. por desgracia! —dijo la pobre Esther—. encogiéndose de hombros.. —dijo Contenson a Nucingen. —añadió la Saint-Estève con una desagradable reverencia.

Cruzó de prisa las galerías y tomó otro coche de punto en la plaza del Château-d'Eau. al pedirle ayuda. que los vigilaba. —Europa. detuvo al guardia del comercio. llevándose a esta mujer a un rincón del gabinete en que nadie podía escuchar la conversación—. —Pero. ¡Aquí hay gato encerrado!. y gritó al cochero: —¡A las escaleras del Palacio Real! "¡Vaya con el tunante! —dijo para sí Contenson al oír la orden—.. Asia y Europa le tenían muy intrigado. no había afectado a Contenson únicamente en la tibia. estoy contento de ti. que es amigo de Lucingen. diciendo: —Pasaje de la Ópera. mostrándose totalmente ajeno a lo que pasaba. Contenson pudo examinar a los clientes. "Este golpe no me augura nada bueno". Esto y los cien mil francos sonsacados por Asia nos permiten ya actuar. por la parte de la calle Pinon. Esther le dijo: —¡Aquí están estos endiablados papeles! Carlos tomó los títulos y los examinó. —¡Dios mío! ¡Dios mío! —exclamó la pobre Esther. que había pedido también a Contenson y a Louchard que le guardaran el secreto. había pensado al levantarse. Louchard se marchó seguido por Contenson. Europa. Asia. Al verle. . tomó el número del coche de punto. pero en el bulevar. Pensaba que el barón era víctima de gente extraordinariamente hábil. había mostrado una discreción extraña. están sedientos —le dijo— ¡y tienen con qué untar el carro! Mientras Louchard contaba el dinero. tanto más cuanto que Louchard. ¡no te prohibo que tengas una pasión por él! Esther vislumbró una débil claridad en su tenebrosa vida. —¡Ya hemos dado el golpe! —exclamó. a continuación fue a quemarlos en la cocina. por otra parte. distinguió la configuración de la frente bajo su peluca. Carlos llegó al Palacio Real con una rapidez que no hacía temer que le siguieran. Vio los ojos de Carlos. imbécil —dijo el feroz calculador—. y la peluca le pareció sospechosa.—Cuárteme el segredo —dijo el barón. Un cuarto de hora más tarde entraba en la calle Taitbout. El escribano y el acreedor está ahí en un coche. La zancadilla de Europa. Carlos despidió al escribano después de recompensarle generosamente. y dio un respiro. enseñándole el paquete de los trescientos diez mil francos que sacó del bolsillo de su levita—. hija mía —dijo Carlos.. conviértete ostensiblemente en la querida de Nucingen y podrás ver a Lucien.

. Nucingen le debe un coche con sus caballos. dígale usted algo. Cuatrocientos mil francos no son nada para mí.. —Podríamos sacar seis mil francos mediante una cuenta de perfumista — dijo Europa. Total: cuarenta y tres mil francos. y ella querrá elegirlo y comprarlo todo ella misma. hija mía. llegó a preguntarse si el interés por el cual Carlos tenía cogida a Europa sería superior en profundidad al interés por el cual ella misma se sentía ligada a él. avísame —dijo Carlos—. te prestará recibos. Devolveremos las joyas al joyero. de las cuales la mitad serán piedras falsas. te dará recibos del Monte de Piedad por valor de diez mil francos. Haremos el mismo acuerdo con la dueña de la tienda de modas. El joyero Samuel Frisch. ha dejado la liquidación pendiente. tendrá que hacer una cuenta de treinta mil francos desde hace cuatro años. que Asia. de todos modos el barón no las mirará. El mobiliario que nos embargó será puesto a subasta seguramente mañana. Por último. por lo que el barón se la renovará y por este lado podremos sablearle algunos billetes más de mil francos. Allí hay unos caballos admirables. Vete a ver a Biddin. le harás escupir ciento cincuenta mil francos a nuestro primo en el plazo de ocho días. y sobre la cual se han cobrado algunos anticipos. y entonces los cambiaremos. —La señora tendría que ayudarme un poco —respondió Europa—. pero nuestro orfebre Biddin ha hecho algunos gastos. . ¿A cuánto pueden subir los gastos de modista por dos años? —A seis mil francos —respondió Europa. —Si Esther cae en la gazmoñería. ¿Comprendes? Esther ha encargado una vajilla de plata y no la ha pagado. Paccard te entregará la factura de una vajilla de plata que asciende a treinta mil francos.Europa levantó la cabeza y miró al hombre con una expresión que transformó de tal manera su rostro ajado. Iréis a la tienda del vendedor de caballos y del carrocero de la casa donde vive Paccard. —Esto no es todo. si la señora Auguste quiere cobrar y conservar el ejercicio. el judío de la calle Saint-Avoie. muy caros. que vive en la calle de LArbre-Sec. de modo que le presentarán una pequeña denuncia por estafa. y habremos sacado seis mil francos por nuestras joyas del Monte de Piedad. tenemos que deberle veinticinco mil francos. —Pues bien. que cojearán al cabo de un mes. gastos incluidos. Esta cubertería no es de plata de ley. Entonces habrá que dar treinta mil francos al orfebre y diez mil francos al Monte de Piedad para recuperar la cubertería. que presenciaba la escena desde la puerta. porque se queda como atontada y me obliga a desplegar más ingenio que tres autores para una sola obra.

señor! —exclamó Europa. la señora se enternecerá por ese gordo imbécil.. además de todo esto. Prudence (Europa se llamaba Prudence Servien). sin embargo. El día en que yo recoja los últimos cien mil francos. —Escucha esto. si quieres. Él no tiene nada en el bolsillo y casi nada sobre la conciencia. —¡Volver a Valenciennes!. de concesión en concesión. Al llegar a los seiscientos mil. que era uno de esos reincidentes cuyas organizaciones se fundan en el temor a tremendas represalias. igual que ellos. y mantenía relaciones con seres profundamente degradados. hay gustos para todo. a veces. Con ocasión de un asesinato." El presidente de la Audiencia procuró tranquilizar a Prudence Servien prometiéndole el apoyo y el interés de la justicia. —Podrá conseguirlos —contestó Europa—. Vencida por un residuo de probidad y por el terror que produce la Justicia (tenía en aquel entonces dieciséis años). —¿De qué podrán servirme? —exclamó Europa. hay que ir despacio. La Justicia es un ente de razón encarnado por una serie de individuos que se renuevan sin cesar y cuyas buenas intenciones y recuerdos son. —Podrás volver a Valenciennes. la pobre muchacha fue presa de un terror tan grande. quinientos mil francos. excesivamente efímeros. y le pedirá cuatrocientos mil para quererle adecuadamente. dejando caer sus brazos con el ademán de la gente a quienes la existencia les parece imposible. A los doce años estaba ya corrompida y a los trece era madre. Necesito. tú recibirás veinte mil. comprarte una hermosa tienda y convertirte en una mujer honrada. Las fiscalías y los tribunales no pueden prevenir nada en cuestión de crímenes: su misión es aceptarlos una vez consumados.—¡Oh! —dijo. hija mía —dijo Carlos—. ¡Ni pensarlo. de modo que podréis llegar a un arreglo — contestó Carlos. había comparecido como testigo ante la sala de lo criminal. hizo que con su testimonio condenaran al acusado a veinte años de trabajos forzados. que enfermó y tuvo que permanecer en un hospital durante cerca de un año. aun a riesgo de que me apiolen. Europa.. y Paccard sueña en algo así. asustada. que había nacido en Valenciennes y era hija de unos tejedores muy pobres. Por ahora Nucingen sólo ha introducido el brazo en el asunto y tenemos que conseguir hacerle meter la cabeza. En este contexto una policía preventiva sería un beneficio para . volveré para ajustarte las cuentas. moviendo la cabeza—. El criminal. empezó a trabajar a los siete años en una fábrica de hilados en la que la Industria moderna había abusado de sus fuerzas físicas y el Vicio la había depravado antes de tiempo. había dicho en plena Audiencia a la muchacha: "Dentro de diez años.

como si pudiera actuar. el sacerdote que siempre logra convertir al reo. te libraré de Durut. Pues bien. legislar. El condenado no iba a dejar de pensar en. Tuvo cuatro oficios. y a él le contó sus desgracias. que ya no saben distinguir entre estos términos: gobernar.. los fusiles apuntando. sus piernas no resistieron el peso de su cuerpo. Europa volvió a coger el periódico y leyó con mirada fulgurante todos los detalles que suelen dar los periódicos sobre la ejecución de los condenados desde hace veinte años.. habló de Prudence a su amo. he cumplido mi palabra. las triviales reflexiones que no cambian nada del régimen de los presidios. y nadie habría podido comprender el impacto espectacular que provocaron las subsiguientes palabras de Carlos. dijo a Prudence: " Si te avienes a servirme como se serviría al diablo. muchos críticos habrían considerado algo desorbitada la fidelidad de Europa. donde hormiguean los crímenes por millares.. el viejo criminal que exhorta a sus antiguos compinches. pero la palabra policía asusta actualmente a los legisladores. —Sí. con veinte mil francos en la mano y desposada con Paccard. lee.. sin saciarse: el marco impresionante. administrar.. Desde primera hora de la mañana. Paccard. y cuando el amo tuvo necesidad de un esclavo. Ayer tuvo lugar la ejecución de Jean-Francois Durut. ni siquiera podía apreciar el gusto. etc. aun sin hacerse de él una idea demasiado precisa. el brazo derecho de Jacques Collin. la espada de Damocles colgada sobre la cabeza de Prudence Servien. —Ya lo ves. y consumaría su venganza cuando ya la Justicia no se acordaría del uno ni de la otra. Prudence. según decía. su víctima. —Hay que hacer volver a Asia a casa —dijo Carlos. hija mía.cualquier país.." Durut era el presidiario. tras leer aquello recobraba la vida. señalándole con el dedo el artículo siguiente: TOULON—. Prudence dejó caer el periódico. Paccard se encontró con ello. a absorberlo todo en el Estado. a la edad de diecisiete años. los condenados! de rodillas. ya que. El legislador tiende. que tiene mi autorización para adoptar la virtud como paga del retiro. . podrás volver a Valenciennes. el mejor de los cuatro fue el de comparsa en un pequeño teatro. Han hecho falta cuatro años para hacer caer la cabeza de Durut atrayéndole a una trampa. para esconderse. Toma. del pan desde que había recibido la amenaza de Durut. la guarnición. se marchó de Valenciennes y se fue a París. Sin conocer estos detalles. ayúdame a redondear mi obra y te verás dueña de una pequeña tienda en tu tierra. y a continuación. que instintivamente comprendió el peligro que corría. —Y le dio el periódico del día anterior.

hay gente en la calle —dijo el criado. con esto ya cambiará bastante. —¡Gente sin carácter! —replicó la mulata. un anticipo sobre el precio de las tierras de Rubempré. Paccard tiene un amigo que puede hacer de portero —prosiguió Carlos—.. y además lo haré maquillar. —Toma. Es la repetición de una idea de Nucingen. de modo que hablemos triplicado los fondos dentro de tres meses. —Tendremos a gente honrada —respondió Carlos. de modo que son menos accesibles y no será un objetivo tan fácil para los espías. y volvió al muelle Malaquais. En el momento en que Carlos iba a salir. Irás a ver a Des Lupeaulx y le rogarás que te recomiende él mismo a un procurador muy astuto llamado Desroches. Acaban de lanzar los ómnibus. —¡Tú siempre adelante. Carlos corrió las cortinas y el coche partió a toda velocidad. Una vez llegado al faubourg Saint-Antoine. hasta donde fue andando. —Si el barón alquila una mansión. sin que fuera posible de ningún modo que lo persiguieran. librándose así de la mirada de los curiosos. No necesitaremos recadero: Paccard será cochero. luego le diréis que Asia ha perdido todo su dinero en el juego y que ha vuelto a su trabajo. —Quédese aquí. espero. Ya conozco el truco: van a dar unos dividendos espléndidos sobre el capital para inflar las acciones. muchacho —dijo a Lucien. y le prometerás veinte mil francos de honorarios si consigue constituirte treinta mil libras de renta comprando tierras por valor de ochocientos mil francos alrededor del castillo. Estas palabras tan sencillas provocaron el espanto. adelante! .Asia se adelantó.. Carlos subió a la habitación de Europa y se quedó allí hasta que Paccard volvió a buscarle con un coche de alquiler que entró en la casa. —Para hacerla volver aquí de cocinera. empezaréis por servir al barón una cena tal que jamás haya probado otra igual —añadió—. La señora le hará llevar una peluca empolvada y un tricornio de fieltro galoneado. y los parisienses se volverán locos con esta novedad. Vamos a arriesgar cien mil. Al recuperar la tierra de Rubempré no lo pagaremos todo al contado. No necesitaremos más que un lacayo y una pinche: a dos extraños podréis vigilarlos bien. enseñándole cuatrocientos billetes de mil francos—. le dirás que vaya a Rubempré a estudiar el terreno. a quien irás a visitar a su estudio. —¿Vamos a tener criados con nosotros? —preguntó Asia desconfiadamente. aquí tienes. apareció Paccard. sin comprender nada de la comedia que parecía representar Europa. porque los cocheros no se mueven de su asiento. se apeó a unos pocos pasos de una parada de coches de punto.

ya nos reguberaremos! —Lo malo bara el señor paran es gue se ha gorrito la jos —respondió el bueno del teutón. sin que se produzcan enormes pérdidas de capitales o. —Tecititamendet el señor parón ha reguberado la noche basata —dijo con una sonrisa de alemán. Vete a invertir cien mil escudos en títulos del Tesoro. Son muy escasos los nuevos valores que se añaden al tesoro común de la tierra.—¡Siempre! Nada de bromas ahora. medio avispada y medio necia. —¿Qué es lo que temes? —dijo Lucien. Aunque no debes cantar victoria hasta que salgas de Santo Tomás de Aquino con Clotilde por esposa.. es tan honrado como taimado. —Denco mucho mieto —dijo al entrar— te haper hecho un necocio muy malo. lleno de un aparente interés por su consejero. —Sí. ¡Pah. —Tengo a algunos curiosos tras mis huellas. se frotó las manos. Y el demonio ya no seguirá protegiéndome por el mero hecho de verme con un breviario bajo el brazo. —¡Tú sí! —repuso Carlos—. Una vez hecho esto. —¡Estamos salvados! —exclamó Lucien. En este mismo momento el barón de Nucingen. Seguro de conseguir a Esther tarde o temprano. al encontrarle la mañana siguiente a las seis en su despacho comprobando unos valores.. Tus familiares pueden decir que te han dado seiscientos mil francos para facilitar tu boda con Clotilde de Grandlieu. corre a Angulema y logra que tu hermana y tu cuñado acepten hacer suya una pequeña mentira oficiosa.. preocupado sólo del decoro. en el torbellino de las revoluciones comerciales. Aunque la política financiera de la Casa Nucingen se explica en otra parte. que se iba del brazo de su cajero. incluso cuando están entregándose a sus desvaríos. eso no es deshonroso.. no se amplían y no se conservan. Hasta tal punto volvió a coger las riendas de sus negocios. fuertes imposiciones que repercuten sobre las fortunas particulares. puedes dejárselos a Desroches. Aun cuando la gente rica al estilo del barón de Nucingen tiene más ocasión que los demás de perder dinero. para no desperdiciar los intereses. no es baldío hacer notar que fortunas tan considerables como la suya no se consiguen. tiene tambien más ocasiones de ganarlo. si se quiere. franqueaba la puerta de su residencia. Todo nuevo acaparamiento representa una nueva desigualdad en el reparto . Tengo que adoptar el aire de un auténtico cura. el barón volvió a ser el gran financiero que era antes. que su cajero. políticas e industriales de nuestra época... mi amande didular tepe te esdar en una siduación tigna te mí — respondió este Luis XIV de los negocios.. lo cual es muy molesto. deslumbrado.. no se constituyen.

que las ovejas no intervienen en ellos para nada. sobre todo en los últimos diez años. sangrar las industrias apoderándose de las materias primas y tender al fundador de una empresa una cuerda para mantenerlo a flote hasta haber recuperado su negocio que hacía agua. Estas grandes gestas se libran entre pastores. un bandolero. Estos golpes de mano escabullen las leyes por la misma razón que habría hecho de Federico II un Jacques Collin. La Carta ha proclamado el reinado del dinero. de los Ango de Dieppe. Por último. ya no se bebe vino. —lo cual es más grave que matar a un hombre— o que un banquero haga liquidación. de los Auffredi de La Rochelle. de los Tiépolo o de los Córner fueron antaño lealmente conquistadas mediante privilegios cuya existencia se debía al hecho de ignorar el origen de todos los productos exóticos. pero hay tan poca gente en condiciones de librar tales combates. Se vende sal falsificada para burlar al fisco. lo que una casa Nucingen coge. Que un especulador se salte la tapa de los sesos. en cambio. La . Los tribunales están alarmados ante esta falta general de probidad. el comercio francés despierta las sospechas de todo el mundo. El estado devuelve lo que pide. hubiera trabajado en el contrabando o sobre valores mobiliarios. que un notario se lleve los ahorros de cien familias. o resultado de un robo legal. corre sus riesgos. Forzar a los estados europeos a tomar empréstitos al veinte o al diez por ciento. se lo queda para sí. suscitan generalmente muy escaso interés las desgracias provocadas por las combinaciones de los Nucingen.general. Es cierto que el banquero. hacerse con este diez o veinte por ciento con los capitales del público. que un agente de cambio ponga los pies en polvorosa. y la propia Inglaterra se desmoraliza también. ¡que las fortunas se acumulan rápidamente: o bien son consecuencia de un azar y de un descubrimiento. en suma. ha respondido. como que los ejecutados (término corriente en la jerga de la Bolsa) son culpables de haber querido ganar demasiado. Donde se practica la química. de modo que el éxito se convierte entonces en la razón suprema de un mundo ateo. pero actualmente los conocimientos geográficos han penetrado tanto en las masas y la competencia ha limitado tanto los beneficios. de los Fugger. En nuestro país el mal viene de la ley política. a la perfidia de las concepciones del gran comercio mediante odiosos atentados a las materias primas. de ahí que la industria vinícola esté sucumbiendo. si en lugar de operar mediante batallas para conquistar provincias enteras. como el conquistador. son catástrofes que en París se olvidan en pocos meses y que pronto quedan sumergidas por la agitación casi oceánica de esta gran urbe. Además. de los Médicis. Las colosales fortunas de los Jacques Coeur. pervertido por ejemplos escandalosos. El pequeño comercio. todas estas batallas del franco son lo que constituye la alta política del dinero.

—No botía acuandar —dijo tranquilamente el barón. ha desterrado del escenario teatral todos los elementos de la comicidad actual. todo recibirá un valor de subasta. algunos meses antes.. menos liberal que Luis XIV. uno de sus agentes de cambio le anunció la desaparición de un miembro de la compañía. él pensaba comprarla.corrupción de las altas esferas. se esperaba tan poco este desenlace. uno de los más hábiles y más ricos. de los poetas. Jacques Falleix era el agente de cambio titular de la casa Nucingen. Jacques Falleix había prestado muy grandes servicios al agiotaje. es mucho más repugnante que las corrupciones viles y casi personales de las esferas inferiores. La burguesía. ¿Cuál de entre los comerciantes habría sido tan grosero cómo para no fiar a Jacques Falleix? Parece ser que tiene una bodega maravillosa. menos rápida pero más segura. que hacen que el despacho de Nucingen se asemeje a una especie de sala de los Pasos Perdidos financiera. Y ahora la mujer tendrá que dejar todo eso. la comedia se narra y el libro se convierte en el arma. pien! —exclamó Nucingen—. se ha gastado ciento cincuenta mil francos en pinturas y mobiliario. ¡Quería tanto a la señora de Val-Noble!. Durante aquella mañana. ¿No ha bacato nata? —preguntó al agente de cambio.. pese a sus resultados resplandecientes con el oro y sus sustanciosas justificaciones. Jacques Falleix. los vinos. hermano de Martin Falleix y sucesor de Jules Desmarets... Durante una crisis. que le había puesto en la calle Saint-Georges una casita a su querida. de las que algunos detalles sirven de elemento cómico —aunque terrible. el coche y los caballos. el barón había tramado la ruina de este hombre tan fríamente como si se tratara de matar un cordero pascual. Pero pedir gratitud a los Lobos Cervales. Es güesdión te rebarar las bértitas te esda noche. tiembla ante la perspectiva de ver sus Bodas de Fígaro.. El gobierno. De acuerdo con Du Tillet y con los Keller. ¿no es acaso como querer enternecer en pleno invierno a los lobos de Ucrania? —Pobre hombre —contestó el agente de cambio—. si se quiere— de este episodio. en medio de las idas y venidas de las audiencias. El arrendamiento está a su nombre.. ¡Qué barbaridad! La cubertería. porque Turcaret se ha convertido en el soberano. Así pues. —¡Píen. A propósito. que se asusta ante toda idea nueva. —¡Vamos! —respondió el agente—. y ¿qué van a cobrar los acreedores? . el mobiliario. prohibe la representación del Tartufo político y seguramente no dejaría que actualmente se representara Turcaret. había salvado la nave maniobrando con audacia. de las órdenes dictadas y de las entrevistas de unos pocos minutos. la casa está en venta.

ya gue el brobiedario esdá en aburos. y mi nodario Gardot va a recipir insdruksiones bara la gasa. El cajero (hombre honrado) fue a enterarse de si su amo perdía algo con la quiebra de Falleix. Me va gomo anillo al teto. me guetaré gon la gasida gue ese bopre tiaplo te Valleix le brebarapa a su guerita teste hace un año. Ahora me doy cuenta de que la pobre señora debería dejarse encerrar en la cárcel por algunos días. pero la Val-Noble tiene sus facturas a nombre de Falleix. —¡Atonte fas? —dijo. pero le fue imposible irse de la calle Saint-Lazare sin pasar por la calle Taitbout. donde le esperaba un fertatero balado.. Jacques Falleix le había hablado de esta casa. y el pavimento le parecía suave bajo sus pies. domanto el arriento. —¡Ah. —¡Ah! ¿Y cómo? —Bues. hapré ito a jer doto esdo. joy a reguberar cien mil vrangos. mi puen Volfgang. Vaya allí esta mañana y enontrará a uno de los socios de Falleix con los proveedores. ya sufría por no haber visto a Esther desde hacía algunas horas.. en medio de sus ensueños y en medio de la calzada. el barón vio acercársele a Europa con una expresión de trastorno. y si no se teglara la guiepra. abrigando sueños de juventud. El barón de Nucingen mandó inmediatamente a uno de sus empleados al notario. y quería ser inmediatamente su propietario. La quiebra de Falleix obligaba al barón a ir a la Bolsa.. —Esto es muy factible—. El beneficio que pensaba sacar de los despojos de su agente de cambio le resarciría de la pérdida de los cuatrocientos mil francos que llevaba ya gastados. gue se arrecie el asunr do amisdosamende. se . Brondo mi tifina Esder fifirá en un balado..dijo el agente de cambio—.. señor! Iba a su casa. que a lo sumo valía sesenta mil francos.. Yo ya esdapa al gorriende. y esdá muy cerga te aguí. Pero. —Al gondrario. Valleix me llevó una ves: ess una maravilla. donde sus recuerdos no se opondrían ya a su felicidad.. bero úldimamende no sé tónte denía la gapesa. Feliz de poder anunciar a su ánquel el traslado de la calle Taitbout a la calle Saint-Georges. Lo gonsequiré doto ovreciento cingüenda mil vrangos a los agreetores. Nucingen caminaba rejuvenecido. que quieren conseguir un privilegio. ¿qué entienden las mujeres de finanzas? Cuando los acreedores de la señora supieron que había vuelto a su casa. le engarcaré a usdet gue bonca un brecio razonaple a esde mobiliario. le habría gustado tenerla junto a sí.—Fenca mañana —dijo Nucingen—. Tenía usted mucha razón ayer. A la vuelta de la calle de Trois-Frères.. para ejercer el privilegio sobre los alquileres.

¡Es una persona excelente!" —¿Ha ticho eso. a una servidora. ha querido entretanto hacer un favor a aquel monstruo.. Gue no firme nata más.. Seguramente que se ahorraría usted quizás unos cien mil francos dejando que se la llevaran a la cárcel.... ¡Gombromederse!... colocaron unos horribles anuncios que dicen que el sábado su mobiliario se pondrá a la venta. no hay como la generosidad para ganarse el corazón de una mujer.. a ese D'Estourny. —Jucapa gon las gardas margatas. La amenazaban con la cárcel.... ¡vamos! —Dotas son icual!. —¿Gué monsdruo? —Pues aquel a quien amaba. —dijo Europa—.. atiós Polsa! —exclamó Nucingen—. se ha portado maravillosamente. Pero en estos momentos está llorando desde ayer todo lo que santa Magdalena hubiera llorado durante un mes.... ¡Oh.. ya sabe usted.. que aún no estaban pagadas. ¿Qué hace usted en la Bolsa? Un día.. ¿Sabe usted lo que me decía? "Eugénie. Esda fez baco.. para evitar que Georges se saltara la tapa de los sesos (¡vaya usted a creer!)... ¡Oh..abalanzaron sobre nosotros como sobre una presa.. Nunga hay gue gombromederse. era encantador! Le gustaba jugar..... Y es imbosiple gue no joya... Ayer por la tarde. —Doma. señor. Pero nunca habría logrado usted su corazón. Al enterarse de que había entregado algo a un acreedor. con toda generosidad.. los hombres! Engañan tanto a las mujeres como éstas engañan a los viejos.... y a causa de unas deudas que no son suyas. . todos fueron y le cantaron las cuarenta. La señora.. aguí dienes tiez luises. por añadidura.. que es toda corazón. señor. borgtie allí cañaré mucho tinero para ella. pede a galmarla: bacará sus teutas. —¡Cómo un poco! ¡Mucho le ama a usted!.. Mire. señor. ¡Y es muy capaz de ir! —¡Si ahora foy a feria.. tile gue me ame un bogo. a las siete.. Pero Ichénie.. Imagínese usted a su ángel en un trago como éste.. —Sí. Ichénie? —exclamó el barón. —¿Qué haría usted? —dijo Europa en actitud de desafío. —Gracias.. Pero eso no es todo. llevó al Monte de Piedad toda su cubertería y sus joyas. iré a feria a las guadro. me. —¿Y usted. qué?... bero si fuelfe a boner su firma en álcún sidio.. ¿No hay acaso como para que se le pongan los pelos de punta? Rompió en sollozos y habló incluso de que se echaría al río.. La que usted ama está al borde de la desesperación. ya está todo dicho..

.... Pede. Esther sonrió al señor de Nucingen cuando éste pasó por delante de la casa. su imaquen me tara ánimos.. que no pensaba más que en retener a su amor.. ya verá lo que rinde. y que he visto a menudo este mismo fenómeno. pero el barón se lo ha tomado muy bien. ya se lo he dicho a la señora: sería la peor de las peores. una arrastrada. qué daño me haces! —dijo ella. no lo lamente... Mire usted.. le encuentro rejuvenecido... Tengo veintitrés años.. ¡Lásdima te Polsa! Fede.. dado que lo tiene usted muy bien ogido. Hacia las dos y media Esther se acababa de vestir como cuando esperaba a Lucien.. —¿Qué deudas? —exclamó la muchacha. —¡Huir! —exclamó el barón. —¡Oh.. pero ¡la fealdad llega tan de prisa! Yo tuve belleza y lozanía. se dará usted cuenta de quién es. intentaría conseguir del viejo una casa y algunas rentas.. diciéndose a sí mismo: "¿Es un ánquel!" Obsérvese de qué manera había procedido Europa para lograr este resultado inverosímil. no puede usted quejarse!.. y a tecirle gue tendro te un mes fifirá en un begueño balado. y se encontró con Nucingen. yo que no soy más que sirvienta. viéndola así... ha hecho usted unas inversiones que rinden muchos intereses en el corazón de una mujer. Cuando ya no tenga preocupaciones. —No había otra manera de lograr que hiciera usted como si se tomara interés por un pobre anciano que va a pagar sus deudas —respondió Europa—. y ahora ya lo ve... casi la misma . si no le mostrara a usted amor. Prudence le dijo. Bero haz gue se asome a la fendana. asustado por la idea—.—¡Dios mío! No denco nincún boter sopre ella.. quería huir. aquella noche que lloraba tanto. ¡La verdad... mirando a la ventana: "¡Ahí está el señor!" La pobre muchacha se abalanzó creyendo que vería a Lucien. Si tiene algunos gastos. Entre nosotros. porque la está usted salvando de un verdadero infierno.. y la felicidad se refleja de un modo u otro. Si yo estuviera en el lugar de usted. fede a gonsolarla.. porque por fin las pagará todas.. después de haber dado satisfacción a Carlos. Es la felicidad. siempre se siente apego por el hombre que va a mantenerla a una. arrancado de su lado por unas manos terribles. La señora es sin ninguna duda la mujer más hermosa que jamás haya visto. estaba deliciosa. ahora puedo contárselo... —Todavía quedan ciento cincuenta mil francos. —Señor barón. —¡Cómo! ¡Pero si eran ya cerca de cuatrocientos cincuenta mil francos! —exclamó Esther.. y la más atractiva. Foy a liprarla te dotas sus goncojas... no foy a endrar. ¡qué quiere usted!.. —Las que el señor Carlos le hizo a la señora.. va a sacarla de aquí y a instalarla en un begueño balado. se marchó de allí pesadamente.. Además. y no se atrevía a decirle todo esto..

Esther ya no escuchaba a Europa-Eugénie-Prudence Servien. de pura. sino que se limitaba a experimentar un sentimiento indefinible pero infinitamente poderoso: de blanca. para no hallar obstáculos.. era feliz y no había cometido la menor infidelidad. pasaba a ser negra. empleadas una y mil veces tanto por parte de esas mujeres como por parte de los corruptores. Otro era el cáncer que le roía el corazón. Esther había olvidado por completo su vida anterior. movida por su abnegación. tenía el talento de disponerlo todo dé tal manera que la pobre muchacha. Basta una enfermedad.. pasaba a ser vil. A lo que iba: cuando se posee una casa en París y una renta. En su mente no se formaba el contraste entre su hermosa vida pasada y su futuro inmundo. en el momento crítico. La voluntad de un hombre poseído por el genio de la corrupción estaba hundiendo en el fuego a Esther con la misma fuerza con que la había sacado de él. y. No había en ella cálculo ni poesía." En otro tiempo Esther. Que el falso español se embolsara el dinero conseguido con sus prendas. que Lucien edificara su fortuna con las piedras del sepulcro de Esther. Carlos no se había equivocado al contar con los recuerdos de Esther.edad que la señora y parezco diez años más vieja. explicaba el éxito con que había sometido a Lucien. rellenarla de pólvora. Su propia voluntad la . El procedimiento consistía en crear terribles necesidades. Después de la escena del tugurio de la calle Langlade. Durante cinco años se había mantenido pura como un ángel. no hay miedo a terminar en la calle. no impresionaban a Esther. Sólo afectaba a la pobre muchacha la degradación en que iba a caer. que valoraba a sus rivales en proporción" al gasto al que eran capaces de obligar a un hombre. Amaba a Lucien y se convertía en la querida titular del barón de Nucingen: ahí radicaba para ella todo el asunto. cavar la mina. Hasta entonces había vivido muy virtuosamente. Los que conocen el amor en su dimensión infinita saben que no se pueden experimentar sus goces sin aceptar el peso de sus virtudes. decir al cómplice: "Haz un signo con la cabeza y todo saltará. Este amor hermoso y puro iba a ser manchado. de noble. no tuviera más remedio que dar su consentimiento a las bribonadas que le proponía. Amaba. Las fortunas derrochadas son los distintivos de estas mujeres. Esta habilidad. reveladora de la superioridad del corruptor. consideraba tan naturales todos esos agasajos. que una sola noche de placer costara más o menos billetes de mil francos al anciano banquero o que Europa consiguiera de éste algunos centenares de miles de francos empleando trucos más o menos ingeniosos. nada de todo esto preocupaba a la enamorada muchacha. pasaba a ser impura. Aquellas astucias y estratagemas. El hábil corruptor. enclaustrada en su pasión. imbuida de la moral propia de las cortesanas.

. de un modo tal que es muy poco frecuente en el amor que las mujeres tributan a los hombres. Bastaron estas palabras para que Esther volviera a sentarse en su sillón.. Es fácil comprender que al abandonar el palacio fantástico en que se había desarrollado aquella fiesta. sentándose a su lado—. ¡Ahí. gué mano dan hermosa! Téjemela goquer. y son capaces entonces de vivirlo en exclusividad (¿no habría que inventarse alguna palabra para designar una actitud como ésta.. el barón de Nucingen encontró a su ángel sumido en ese mar de reflexiones y de resoluciones sobre el que flotan los espíritus hembras y del cual sólo emergen mediante ciertos balbuceos incomprensibles para quienes no han navegado sobre sus olas. ansian la nobleza y la abnegación del amor verdadero. hermosa mía —le dijo el barón.. como Grecia. amaba a Lucien de un modo absoluto. —Esther dejó que le cogiera la mano como perro que da su patita—. la mujer que ama tendría que secuestrarse siempre a sí misma. amenazado con su amor.. ¡Oh.. cuando el barón la había. se le había ocurrido la idea de echarse por la ventana. —¿En el Sena?. se había ido sumergiendo en —la infamia hasta medio cuerpo antes de poder reflexionar.. para penetrar en el begueño balado de un frío anciano. —dijo Europa... No. me ta usdet la mano... donde permaneció con la mirada fija en una roseta de la alfombra. . y que a menudo creen querer muchísimo. Al oír aquellas palabras: "terminar en la calle". —T esfrunza el ceño. Había amado a Lucien durante seis años del modo como aman las actrices y cortesanas que. bailan y coquetean con otros hombres. pero no le parecía soportable la mancha moral. conteniendo el llanto. en cambio. aquel poema. y es el gorazón lo que yo guiero.. se engalanan para los demás y van en busca de miradas codiciosas.. Como había sido empujada por una mano de hierro.había llevado a tener que asumir aquella contradicción.. Las mujeres que dicen querer. pero desde hacía un par de días se había dado a reflexionar y sentía en su corazón un frío mortal.. después de revolcarse en el fango y en la impureza.. Por eso. me arreclaré gon Ichénie y tendro te un mes se marchará usdet te esde biso y se insaculará en un begueño balacio.. bero no el gorazón. antes acabar en el Sena. Ya no dentrá más teutas. Esther había llevado a efecto los milagros del amor sin ningún sacrificio. Roma y el Oriente han se— w cuestrado siempre a la mujer. Esther se sintiera sobrecogida por una especie de enfermedad moral. Los pueblos de la Antigüedad. En suma.. ¿Y el señor Lucien?. se levantó bruscamente y dijo: —¿Terminar en la calle?. A las cuatro. que tan raramente se pone en práctica?).

ni venal. —Te feras —contestó él. No haplemos más te esdo. y siendo aguí —prosiguió. No hay nada en el mundo mejor para entenderse que dos dolores semejantes. de vuelta hacia su casa. —La guiero dando gomo a mi hija. . y podría darse cuenta de que no soy una mujer mala. pasándole el brazo tras el cuello y apretándose contra él.. como aparento en estos momentos. igual como el jugador que volvía a amar a Angélica cuando se quedaba sin un chavo. pero cuando volvía a estar en presencia de Esther. Sea veliz: gonsiendo en ser su batre turande alcunos tías. que le prometió seguir comportándose como un padre durante cuarenta días. el barón pensaba: "¡Soy un papiega!" Efectivamente. que la pobre Esther volvió su mirada hacia el anciano con una expresión ide piedad que casi le volvió loco. Mi oficio es cañar tinero bara usdet. levantándose y sentándose sobre las rodillas de Nucingen.. que interpretó mal. eso es ser muy dondo. ya endiento gue diene usdet gue agosdumprarse a mi bopre osamenda. —dijo—. que reapareció en ella la Torpille. —¿De veras? —exclamó. esforzándose por sonreír.. A su edad. "Metió millón y esdar dotafía gon ésdas. Al cabo de un mes le decía: —No bueto ser el Batre Ederno.Lo dijo con tal autenticidad de expresión. como los mártires... Le besó en la frente y creyó en una transacción imposible: permanecer pura y ver a Lucien.. los millonarios pagan una sensación como aquélla con todo el oro que les pueda pedir una mujer. se decía veinte días después. ni interesada. Embrujó al viejo. Estos cuarenta días eran necesarios para la adquisición y el arreglo de la casa de la calle Saint-Georges.. Y tomaba muy firmes resoluciones respecto a una mujer que le había costado tan cara. Acarició con tanta destreza al banquero.. Cuando estaba ya en la calle. Los enamorados. al alejarse de ella se revestía de nuevo su piel de Lobo Cerval. jamás le abandonaría. mientras que en su presencia se achicaba como un niño. le querría a usted mucho. se sienten hermanados en los suplicios. —Si no quisiera usted ser más que un padre para mí. dedicaba todo el tiempo que pasaba con ella a restañar la brutalidad de sus primeros gestos. Al oír estas palabras. el barón palideció. eso es doto. su sangre chispeó en sus venas. —Ha gomedito usdet begueñas loguras —repuso el barón— gomo dotas las muqueres hermosas. suerde gue natie saprá nata". poniéndose la mano en el corazón— gue lo únigo gue guiero es feria veliz. le parecía respirar el aire celestial. Me ama. —¡Pobre hombre! —dijo Esther—.

mi querido amigo me parece muy rejuvenecido.. con ocasión del estreno de la casa. no será andes te ese tía. los menores detalles y los grandes efectos superaban todo cuanto se conserva en París del siglo de Luis XV. Durante los primeros días de 1830 todo el mundo en París hablaba de la pasión de Nucingen y del lujo desenfrenado de su casa. ¡Vaya! ¡Todas las mujeres se pondrán muy exigentes con sus modistas y peluqueros para esa velada!.. —Es una manera. —Éste es mi sueño: ¡esto y la virtud! —dijo Florine. Deseaba.. —Y a mí —añadió ingenuamente el barón.. al menos por unos instantes —dijo Florine. —Habrá que cepillarse. —Yo no soy el tueño. El pobre barón. Y ¿para quién haces todo este gasto? —preguntó a Nucingen—. puesto en evidencia y ridículizado.. —Teste hueco. todo será nuevo? —También lo será el banquero —dijo Du Tillet—. ¿Se trata de alguna virgen que ha caído del cielo? —Es una muquer gue juelje a supir al cielo —respondió el barón.. fue presa de una ira fácil de comprender y concibió una voluntad de financiero que se armonizaba con la furiosa pasión que abrigaba en el corazón.. sonriendo—. los estucos. para ti. Y ¿cuándo se la podrá ver? —¡Oh! El día en que se celebre el estreno de la casa —dijo Du Tillet. los tapizados y los dorados. Como la Torpille siempre le vencía. con objeto de obtener por parte de . El arquitecto Grindot consideraba que era su obra maestra como decorador. La escalinata de mármol. engalanarse —prosiguió Florine—. pulirse. distribuidos con sobriedad. —dijo el barón.. y si los artistas encargados de hacer que la pajarera resultara digna del ave que tenía que cobijar habían cumplido con su cometido. —exclamó Florine—.Hacia finales del mes de diciembre de 1829. —¿Así que casa.. de hacerte el Júpiter —repuso la actriz—. Todos los hallazgos del lujo anteriores a la revolución de 1830 se daban cita en aquella casa hasta hacer de ella un prototipo de buen gusto. ¡Cuánto me gustaría conocerla!. mujer y muebles.. decidió tratar el asunto de su casamiento por correspondencia. —Le hará falta volver a sus veinte años. justo antes de instalar a Esther en la pequeña mansión de la calle de Saint-Georges. ¿Y cuándo será?. poder desprenderse de sus ropas de padre noble y cobrar el precio de tantos sacrificios. el barón rogó a Du Tillet que llevara allí a Florine para que comprobara si todo estaba de acuerdo con la fortuna de Nucingen. —¡Vaya una mujer!.

pero parece empeñarse en destruir mis convicciones. una garantía de la sinceridad de mis intenciones.. pero luego quedo sumido en un profundo pesar y en unas dudas que nos deshonran a ambos. escrita en buen francés. a comienzos del mencionado año... Juzgúelo usted misma. ya que. ¿Le parece natural? Ha convertido a un hombre . Sea usted justa. una pasión despiadada. sólo quiero decirle cuánto sufro y lo cruel que resulta. y me lo hace creer cuando la escucho. Los banqueros no creen más que en las letras de cambio. por otra parte. y que después de mi muerte será lo bastante rica como para despertar la envidia de muchas mujeres. Suponiendo que la felicidad sea la única absolución de un anciano enamorado. ¿Seguirá viendo en mí a su padre cuando me reciba en ella. Dentro de unos pocos días va a entrar usted en una mansión que será suya. tiene usted una cuenta abierta en la casa Nucingen. y se niega a darme el nombre de aquel a quien ama. Me dice que tiene una pasión en el alma. a mi edad. Así pues. el Lobo Cerval se levantó un día muy temprano. La amo a la vez como a mi hija Augusta. tarde o temprano. la espera. si es de su agrado. o seré por fin feliz?. una parte es para usted. cuando le dije que la amaba como a mi hija. No tengo intención de ofenderla. se encerró en su despacho y se puso a escribir la siguiente carta. y como querría a mi mujer si ella hubiera sido capaz de amarme.. como he visto yo: jamás he tenido en cuenta su pasado. A mis quejas responde usted que se trata de su vida misma. Ya sabe que hasta el día de mi muerte será usted todo lo feliz que pueda serlo una mujer. que aunque me costara mi fortuna entera. Perdóneme que le escriba con tanta claridad. cuando cada día que pasa me arrebata algunas esperanzas y algunos placeres más. aun cuando lo pronunciara mal. no por ello dejaría de amarla. piense por un momento en el ridículo papel que estoy desempeñando. Sólo quería expresarle la santidad de mis sentimientos. y yo ya no soy ningún joven. primeramente porque soy ya un anciano y luego porque jamás había vivido el amor. De todos los negocios que hago desde que tuve la dicha de hablarle. La mayoría de los hombres no habrían visto en usted a un ángel. pero cuando estoy cerca de usted. "Estimada Esther. que no se parecen a los que suelen experimentar los hombres. La he convertido a usted en el consuelo y en la alegría de mis últimos días. pierdo el valor y siento con demasiada fuerza que es usted mi dueña y señora. ¿He actuado alguna vez como un acreedor? Usted es como una ciudadela. flor de mis pensamientos y única felicidad de mi vida. lo escribía muy bien. la engañaba a usted y me engañaba a mí mismo.ella un compromiso quirógrafo. que es mi única hija. La quiero tanto. La delicadeza de mi comportamiento es. Siempre me ha parecido usted tan buena y cándida como hermosa.

a todos los pobres a quienes encuentro les doy cinco francos en nombre de usted. Pues bien. Tan sólo quiere una esperanza. ya estoy harta de ese saco de billetes! —exclamó Esther. pero. que se ha hecho proverbial en honor de Scribe. No hay nada tan sagrado como las deudas del deshonor. a mis escasos placeres. Un cuarto de hora después. que volvía a ser cortesana. ¡y qué esperanza. y mi único interés por ella radica en usted. aunque fuera pobre. Pues bien. si bien mi amor no tiene límites. me debo a usted. En fin. si dándole todo cuanto poseo pudiera lograr su afecto. aceptará usted el corazón y la servidumbre del que. Me ha transformado tanto." —¡Oh.. que ser rico pero desdeñado por usted. preferiría tener su amor.. El dinero no es nada para mí cuando se trata de usted. llena de remordimiento.. pues. ¿Se da cuenta hasta dónde he llegado? ¿Verme obligado a preguntarle qué porvenir le reserva usted a mi pasión después de cinco meses? Aún tengo que saber qué papel me tocará desempeñar en la inauguración de su palacete. Cogió papel de carta y escribió tantas veces como cabía en él la famosa frase: Quédese con mi oso.bastante fuerte en un hombre de una debilidad inaudita. no voy a hacer la tontería de exhibir ante usted tal desprecio para destacar el mérito que representa. Dios mío! ¿No es acaso la certeza de no recibir de usted más que lo que mi pasión reclamará? El fuego de mi corazón fomenta sus crueles engaños.. pero por lo menos dígame que el día en que tome posesión de su casa. que nadie me reconoce: he pagado diez mil francos por un cuadro de Joseph Bridau. Esther escribió la siguiente carta: "Señor barón: "No dé ninguna importancia a la carta que le he mandado y que era fruto de un retorno momentáneo a mi loca juventud. Usted ha pagado. No tengo derecho a liquidar echándome al Sena. mi querida Esther. perdone. de . Nunca había sentido tanto la bajeza de mi condición como desde el día en que fui entregada a usted. a una muchacha que debiera ser una esclava. mi fortuna sí los tiene. ¿qué pide el pobre anciano que se siente deudor de usted cada vez que le hace usted el honor de aceptar la más pequeña nimiedad?. Siempre se puede pagar una deuda en esta repugnante moneda que sólo es buena por un lado. porque usted me dijo que era un talento incomprendido. "Fréderic de Nucingen. para el resto de sus días. Heme aquí dispuesto a aceptar todas las condiciones que pueda usted poner a mi felicidad. se considerará su esclavo.

"Esther. vuelvo a ser yo.. Cuando el financiero volvió en sí. la leyó y perdió el conocimiento. —Esperar. cuyo texto era el siguiente: "Perdóneme. llegó la segunda carta.. si exige la ejecución del contrato.modo que me hallará usted a sus órdenes. el barón fue presa de una de esas iras frías que pueden dar al traste con los millonarios. será el último de mi vida." Después de mandar esta carta. —dijo a su nuevo ayuda de cámara. No quise burlarme de usted ni herirle.. se miró a un espejo y tocó el timbre. tendrá que llorarme. Quiero pagar en una sola noche todas las sumas que están hipotecadas sobre aquel instante fatal. —¡Un paño te bies!. y tengo la certidumbre de que una hora conmigo vale millones. en cambio. —¿Gué tepo hacer? —preguntó el barón a su esposa. Lo llevaron a su cama. Mientras estaba tomándose el baño de pies.. ¿Acaso es una mercancía que pueda encontrarse en el mercado? A ver la carta que le has mandado. . —¡Es una muchacha sorprendente! —exclamó la baronesa tras haber leído esta última carta. nosotras. sólo quiero que reflexione en esta cosa tan sencilla: si seguimos juntos manteniendo las relaciones de padre a hija. Llegó la tercera carta. y la señora de Nucingen los leyó sonriendo. tendrá usted un goce tenue. que le ruego conserve esta carta como testimonio de los motivos de la muerte de la que. se reconoce "Su humilde servidora. la señora de Nucingen estaba sentada a los pies de la cama. Una mujer honesta tiene alguna posibilidad de recuperarse tras una caída. y la última. en cambio. —¡Esta muchacha tiene razón! —le dijo—. "Su hija. escribía una tercera carta. Después ya habré cumplido y podré abandonar la vida. pero duradero. De modo que mi decisión está tomada con tal firmeza. "Esther. No quiero molestarle ya más: el día en que usted elija el placer en lugar de la felicidad. Diez minutos más tarde. Esther sintió haberla escrito. caemos demasiado bajo. con tanto mayor motivo cuanto que será la única. El barón le dio varios borradores que había hecho." Al recibir la primera carta. ¿Por qué quieres comprar el amor?. estimado barón. por un día.

que Beaumarchais fuera un gran hombre de negocios y Zamet un cortesano de profunda inteligencia. sino que se lo repetía a sí mismo. ¡como la señora Cornuel? Buffon era torpe.. Za naduraleza es imblagaple. Gómprate lo gue guieras. cuyos méritos. constituyen raras excepciones que confirman el principio de la peculiaridad . me estás resultando una excelente persona y voy a darte un buen consejo. más que relativa. no es.. Así como al matemático no se le puede exigir la imaginación del poeta.—¡Esberar!—replicó—. Newton no co— noció el amor... El cuerpo se rige por la misma ley: la perfecta belleza va casi siempre acompañada de frialdad o estupidez. a mover unos y otros intereses —como un sainetista que mueve y combina las diferentes situaciones y personajes—. si fueran visibles. ¿Cuántos poetas pueden contarse en cada época que sean prosistas o que sepan desenvolverse en los asuntos de la vida.. por hermosas que sean. Rousseau fue taciturno y casi loco. El hecho de que Pascal fuera a la vez un gran geómetra y un gran escritor. da lugar a esos seres deformes a los que se llama genios.. "¡Gué inquenio diene la señora te Nisinquen!". Byron sólo conoció el amor de sí mismo. el mozo de cuerda se ejercita para llevar paquetes. o que todas las cartas que se le puedan enviar. sin embargo. ya de lo bacará. procura que se entere indirectamente de ello. amigo mío —dijo la baronesa—. La señora de Nucingen ignoraba por completo lo que es una muchacha de la vida. no tengas ningún escrúpulo. cuando no lo está. La Fontaine era un distraído. la del herrero en el brazo. la energía humana engendra la estupidez o la mediocridad en todas partes. Con las facultades de nuestro espíritu ocurre lo que con las aptitudes del cuerpo. el cantante adiestra su laringe y el pianista se refuerza la muñeca. Cuando está repartida uniformemente.. El banquero se acostumbra a combinar los negocios. La fuerza del bailarín reside en sus pies.. tanto más difícil le parecía llevarlo a la práctica. y. —¡Eres una puena muquer! —dijo—. Pero cuanto más admiraba la finura del consejo que le acababa de dar la baronesa. —Lo que te ha ocurrido al recibir las cartas emociona más a una mujer que todos los millones que se pueda uno gastar en ellas. no sólo se sentía estúpido. —Mira. pensó el barón al quedarse solo. tampoco al barón de Nucingen se le puede pedir ingenio en la conversación. parecerían deformidades. La estupidez de la gente de dinero. aunque sea casi pro verbial. mirando de arriba abajo a su marido. a examinarlos. ¡probablemente la consigas! Y. que no se morirá por eso —dijo.

—Señor barón —dijo—.. pues. El banquero sintió profundamente haberse enfadado con la odiosa vendedora. sin demasiada importancia. los banqueros están en mala situación cuando aman. recurrir al mejor arquitecto. es algo aficionada al juego — prosiguió el servidor—. La señora Saint-Estève era la única que podía explotar el medio ideado por la baronesa. al mejor cirujano. el gran señor encuentra siempre algún Ramponneau. La irradiación del sol imperial no ha de ocultar al hombre privado. sin embargo. La emperatriz consulta a la señorita Lenormand. —La buena señora. —¡Mecor gue mecor! —exclamó alegremente el barón—. carente de toda imaginación para lo que no fueran sus cálculos —como la mayor parte de los banqueros—.. macho o hembra. al que hace pasar por su ahijado. y se ven muy apurados en el manejo de las mujeres. El vicio reúne perpetuamente al rico con el pobre. dinero en mano. para que actuara y pensara en su lugar. y que. Nucingen multiplicado por el príncipe de Lig-ne. de siglo en siglo. Voltaire y Napoleón. bajo los nombres de Pericles. y le rogara que acudiera a su casa. Por último. Aristóteles. el emperador tenía su encanto. Así la dentré goquita. de los teatros de las afueras. tanta agudeza y tantas cualidades como las que puede mostrar un diplomático en la de los intereses nacionales. confiando en el magnetismo de su caja fuerte y en los calmantes que llevan la firma de Garati. la señora Saint-Estève está en la ruina. por Mazarino o por Diderot es una fórmula humana casi imposible. los extremos se tocan gracias a las pasiones. al mejor conocedor de cuadros o esculturas o al abogado más eficaz en cuanto se trataba de edificar una casa. El nuevo ayuda de cámara regresó un par de horas después. se ha dado. Pero como que no existen peritos en intrigas. En París. por lo que parece. En la esfera de los cálculos especulativos. al grande con el pequeño. Si una vez fuera de su despacho el banquero siguiera mostrando talento. tanto ingenio. para guardar las formas. Parece ser que se trata de una excelente cocinera y busca colocación. de cuidar por la salud o de adquirir alguna antigüedad o alguna finca.de las inteligencias. El señor de Nucingen. Además. meramente banquero. a los expertos en cada cosa particular. era instruido e ingenioso. Nucingen no descubrió nada nuevo y siguió haciendo lo de siempre: dar dinero a un Frontín cualquiera. ni expertos en pasiones. No obstante. tanta habilidad. llamó a su ayuda de cámara y le ordenó que preguntara en la calle Neuve-Saint-Marc por aquella horrenda vieja. sería entonces un gran hombre. En cuestiones de arte tenía el buen sentido de recurrir. está bajo la férula de un comediante. no creía más que en los valores ciertos. . el banquero despliega.

"Esdos temonios te quenios supaldernos dienen dotos mil maneras te cañar tinero y tiez mil te casdarlo", pensó el barón, sin sospechar que coincidía con Panurge. Volvió a mandar a su criado en busca de la señora Saint-Estève, que no compareció hasta la mañana siguiente. Al ser interrogado por Asia, el nuevo ayuda de cámara comunicó a este espía hembra los terribles resultados de las cartas escritas por la amante del señor barón. —El señor debe de querer muchísimo a esta mujer —dijo el criado para terminar—, porque estuvo a punto de morir. Yo le aconsejo que no vuelva con ella, que le engatusará. ¡Una mujer que, según dicen, ya ha costado al barón quinientos mil francos, sin contar lo que se acaba de gastar en la casa de la calle Saint-Georges!... Esa mujer lo que quiere es dinero y nada más que dinero. Cuando salía de la habitación del señor, la señora baronesa decía riendo: "Si esto continúa, esta muchacha va a dejarme viuda." —¡Demonio! —respondió Asia—. ¡No hay que matar nunca a la gallina de los huevos de oro! —El señor barón ya no confía más que en usted —dijo el ayuda de cámara. —¡Oh, es que yo sé muy bien cómo hay que tratar a las mujeres!... —Vamos, entre usted —dijo el ayuda de cámara, inclinándose ante aquella potencia oculta. —¿Qué hay? —dijo la falsa Saint-Estève, entrando humildemente en el cuarto del enfermo—. ¿El señor barón tiene alguna pequeña contrariedad? ¡Qué le vamos a hacer! Todo el mundo tiene su punto débil. Yo también he pasado desgracias. En dos meses la rueda de la fortuna ha girado muchísimo para mi: ahí me tiene buscando una ocupación... Ni el uno ni el otro hemos sido razonables. Si el señor barón quisiera colocarme como cocinera en casa de la señora Esther, tendría en mí a la más abnegada de las abnegadas, y podría serle de utilidad para vigilar á Eugénie y a la señora. —No se drada te esdo —dijo el barón—. No gonsico tominar la siduación, y me hace tar fueldas gomo... —Como a una peonza —añadió Asia—. Usted ha hecho bailar a los demás, ahora es ella la que le tiene a usted cogido y le está zurrando... ¡El cielo hace justicia! —¿Custicia? —dijo el barón—. No la he hecho fenir bara oír tiscursos te moral... —¡Vamos, hijo mío, un poco de moral no hace ningún daño! Para nosotros es la sal de la vida, como el vicio para los devotos. Veamos, ¿ha sido usted generoso? ¿Ha pagado sus deudas...? —Sí —dijo el barón lastimosamente.

—Está bien. Ha desembargado sus cosas: mejor aún; pero reconozca que no es bastante: no le da de que reír, y a estas muchachas les gusta inflamarse... —Le esdoy brebanto una sorbresa, en la galle Sainte-Chorche... Ella lo sape... —dijo el barón—. Bero no guiero ser un belele. —Pues déjela correr... —Denco miedo te gue no guiera saper ya nata gonmico —exclamó el barón. —Y queremos que el dinero nos rinda, ¿verdad hijo mío? —respondió Asia—. Escúcheme. ¡Hemos exprimido muchos millones de la gente, amiguito! Dicen que tiene usted veinticinco. —El barón no pudo reprimir una sonrisa—. ¡Pues bien! Tiene que soltar uno... —Lo soldaría gon cusdo —respondió el barón—, bero dan brondo lo haya tato, me betirán odro. —Sí, ya lo entiendo —contestó Asia—, no quiere decir B por miedo a llegar hasta la Z. Sin embargo, Esther es una muchacha honrada... —¡Muy honrata! —exclamó el banquero—. Asebda gumblir lo bromedito, bero gomo el gue baca una teuta. —En suma, que no quiere ser su querida, que le repugna. Y lo comprendo, la chica siempre ha obrado según sus caprichos. Cuando no se ha conocido más que a jóvenes encantadores, una no presta demasiada atención a un anciano... Y usted no es una belleza, que digamos; está tan gordo como Luis XVIII, y algo atontado, como todos los que se ocupan de dinero.en lugar de ocuparse de mujeres. En fin, si para usted no tienen importancia seiscientos mil francos —dijo Asia—, yo me encargo de que sea para usted todo lo que quiere que sea. —iSeistsiendos mil vrangos!... —exclamó el barón con un ligero sobresalto —. ¡Esder me esdá gosdanto ya un millón. —La felicidad bien vale seiscientos mil francos, mi gran vicioso. En estos tiempos se conocen hombres que se han gastado probablemente más de uno y de dos millones con sus queridas. Sé incluso de mujeres que han costado la vida a sus amantes y que los han llevado al patíbulo... ¿Recuerda a aquel médico que envenenó a un amigo?... Quería apoderarse de su fortuna para hacer feliz a una mujer. —Sí, ya lo sé, bero aungue esdé enamorato, no soy dondo, aguí bor lo menos, borgue guanta esdoy cundo a ella le endrecaria dotas mis riguezas... —Escúcheme, señor barón —dijo Asia, adoptando una pose de Semíramis —, ya le han exprimido a usted bastante. Tan cierto como que me llamo Saint-Estève (en el comercio, se entiende), que me paso a su bando.

—¡Pient... De regombensaré... —Ya lo creo, porque le he mostrado ya que sé vengarme. Además, sépalo usted bien, papaíto —dijo, echándole una mirada espantosa—, tengo medios para soplarle a la señora Esther cómo se apaga una vela. ¡Y conozco a la mujer! Cuando le haya dado la felicidad, le será a usted aún más necesaria de lo que es ahora. Usted me ha pagado, hubo que sacárselo con pinzas, pero por fin aflojó el dinero. Yo, por mi parte, cumplí mis compromisos, ¿verdad? Pues bien, mire, voy a proponerle un arreglo. —Featnos. —Me coloca usted de cocinera en casa de la señora, me contrata por diez años, con un sueldo de mil francos, me paga los cinco primeros años por anticipado (para usted, una menudencia). Una vez en casa de la señora, lograré de ella las siguientes concesiones. Por ejemplo, le manda usted un vestido delicioso de la tienda de la señora Auguste, que conoce los gustos y las costumbres de la señora, y ordena usted que el obsequio llegue a las cuatro de la tarde. Al volver de la Bolsa, sube usted a su casa y se van los dos a dar un paseo por el Bosque de Bolonia. ¡Pues bien! Esta mujer declara de esta manera que es la amante de usted, se compromete ante toda la opinión de París... Cien mil francos... Entonces cena usted con ella (sé cómo se preparan estas cenas); luego la lleva usted a algún espectáculo, al Varietés, a un primer palco, y todo París dice entonces: "Ahí está ese viejo pillo de Nucingen con su querida..." No me diga que no es halagüeño hacer creer eso. Todo esto va comprendido en los primeros cien mil francos, y se lo pongo a buen precio... En ocho días, siguiendo esta pauta, habrá avanzado usted mucho. —¡Hapré bacato cien mil vrahgos!... —Durante la segunda semana —prosiguió Asia, sin que pareciera haber oído aquella lastimosa frase— la señora, movida por aquel preámbulo, se decidirá a dejar su pequeño piso y a instalarse en el palacio que usted le ofrece. ¡Su querida Esther habrá vuelto a ver el mundo, habrá encontrado a sus antiguas amigas, querrá brillar y hará los honores de su palacio! Es lo lógico... ¡Otros cien mil francos! Usted está en su casa, Esther está comprometida... es para usted. No queda más que una bagatela, que usted convierte en lo principal, ¡viejo elefante! (¡Cómo abre los ojos, el monstruo!) Pues bien, de esto me encargo yo. Cuatrocientos mil... ¡Ah!, y no te preocupes, el dinero no lo sueltas hasta el día siguiente... ¿No es eso probidad?... Tengo yo más confianza en ti que tú en mí. Si convenzo a la señora para que se muestre en público como amante de usted, para que se comprometa y para que acepte todo cuanto

usted le ofrezca, y quizás hoy mismo lo consiga, espero que me crea usted capaz de conseguir que le franquee el paso del Gran San Bernardo. ¡Y que no es fácil!... Hacer pasar su artillería es empresa tan ardua como la de Napoleón cruzando los Alpes. —¿Y bor gué? —Porque tiene el corazón rebosante de amor, gratis, como decís vosotros, los que sabéis latín —repuso Asia—. Cree ser una reina de Saba porque se ha lavado con los sacrificios que ha tributado a su amante... ¡tonterías que se meten esas mujeres en la cabeza! ¡Ay, hijo mío, hay que ser justo, qué hermoso! Esta cuentista sería capaz de morirse de pena si le perteneciera a usted, no me extrañaría; pero lo que a mí me da cierta esperanza, y se lo digo para animarle, es que hay en ella un buen fondo de cortesana. —Dienes el quenio te la gorrubción —dijo el barón, que escuchaba a Asia con un profundo silencio y con admiración—, gomo yo el te las vinansas. —¿Trato hecho, cariño? —repuso Asia. —¡Acebdo cingüenda mil mangos en lucar te cien mil!... Y endrecaré guiniendos mil el tía tesbués te mi driunvo. —Bien, voy a ponerme manos a la obra —contestó Asia—. ¡Oh, ya puede venir! —añadió respetuosamente—. El SEÑOR hallará a la SEÑORA suave como el lomo de una gata, y dispuesta quizás a darle satisfacción. —Fe, fe, muquer —dijo el banquero, frotándose las manos. Y después de sonreír a la repugnante mulata, dijo para sus adentros: "¡Guánda razón denco en dener dando tinero!" Se levantó de la cama, se fue a su despacho y reemprendió las tareas de sus negocios con el ánimo alegre. Nada podía ser tan funesto para Esther como la resolución de Nucingen. La pobre cortesana defendía su vida defendiéndose contra la infidelidad. Carlos llamaba mojigatería a una defensa tan natural como ésta. Asia, con las precauciones que requería el caso, fue a contar a Carlos la entrevista que acababa de tener con el barón y todo el partido que había sacado de ella. La ira de aquel personaje fue terrible como su carácter; inmediatamente se trasladó, con las cortinas corridas, a casa de Esther, haciendo entrar el coche en su interior. El falsario por partida doble, que aún estaba pálido cuando subió, se presentó ante la muchacha; ésta estaba de pie y, al mirarlo, se desplomó sobre un sillón como si le hubieran quebrado las piernas. —¿Qué le pasa, señor? —preguntó, temblando de pies a cabeza. —Déjenos solos, Europa —dijo a la camarera. Esther miró a la mujer con la mirada que un niño dirigiría a su madre al verse separado de ella por un asesino que se dispusiera a matarlo.

—¿Sabe adonde va usted a mandar a Lucien? —dijo Carlos cuando estuvo a solas con Esther. —¿Adonde?... —preguntó con voz débil, aventurándose a mirar a su verdugo. —Al lugar de dónde yo vengo, preciosidad. Mirando a aquel hombre, se le subió la sangre a la cabeza. —A galeras —añadió en voz baja. Esther cerró los ojos, estiró las piernas, los brazos le quedaron colgando y quedó blanca como el papel. El hombre llamó y acudió Prudence. —Haz que vuelva en sí —dijo fríamente—, aún no he terminado. Mientras esperaba, se paseó por el salón. Prudence-Europe se vio obligada a pedir al señor que llevara a Esther a la cama; la cogió con una faciildad que ponía de manifiesto su fuerza atlética. Hubo que ir a buscar un medicamento muy enérgico para devolver el sentido a Esther. Una hora más tarde, Esther estaba en condiciones para escuchar a aquel ser de pesadilla, que estaba sentado al pie de la cama, con unos ojos de mirada fija y deslumbrante como dos surtidores de plomo fundido. —Dulce corazoncito —siguió diciendo—, Lucien se halla entre una vida esplendorosa, llena de honores, digna y feliz, y el foso lleno de agua, fango y piedras en que iba a tirarse cuando yo me lo encontré. La casa de Grandlieu exige al muchacho una finca de un millón como condición para conseguirle el título de marqués y para cederle esa gran percha que se llama Clotilde, con cuya ayuda subirá al poder. Gracias a nosotros dos, Lucien acaba de adquirir la casa solariega materna, el viejo palacio de Rubempré, que no ha costado demasiado, sólo treinta mil francos; pero su procurador, gracias a algunas afortunadas negociaciones, ha conseguido añadir a aquel terreno propiedades por valor de un millón por las que hemos pagado trescientos mil francos. El palacio, los gastos y las recompensas que hemos tenido que dar a los que se han prestado para disfrazar la operación ante la gente del lugar, se han llevado todo lo demás. Es cierto que tenemos invertidos cien mil francos, que dentro de unos meses valdrán de dos a trescientos mil francos; pero seguirá quedando una deuda de cuatrocientos mil francos... Dentro de tres días, Lucien regresa de Angulema, adonde ha ido para que no se sospeche que ha hallado su fortuna cardando sus colchones... —¡Oh, no! —exclamó ella, alzando sus ojos con un movimiento sublime. —Ahora le pregunto: ¿es éste el momento de asustar al barón? —dijo con toda tranquilidad—; ¡estuvo usted a punto de matarlo anteayer! Se desmayó como una mujer al leer su segunda carta. Tiene usted un estilo muy gallardo, y le felicito por ello. Si se hubiera muerto el barón, ¿qué habría sido de nosotros? Cuando Lucien salga de Saint-Thomas-d’Aquin siendo yerno del

duque de Grandlieu, si quiere usted echarse al Sena... le ofreceré incluso la mano, querida mía, para que hagamos juntos el chapuzón. Es una manera como otra de acabar. Pero reflexione un poco. ¿No sería mejor vivir, pensando en todo momento: "Toda esta esplendorosa fortuna, toda esta feliz familia...?" Porque tendrá hijos, ¡hijos!... (¿ha pensado alguna vez en el placer de acariciar los cabellos de sus hijos?) Esther cerró los ojos y se estremeció suavemente. —Pues bien, viendo el edificio de esta felicidad, podrá decirse a sí misma: "¡Es obra mía!" Se produjo una pausa, durante la cual aquellos dos seres se miraron. —Esto es lo que he pretendido hacer con un desesperado que se echaba al agua —siguió Carlos—. ¿Soy un egoísta? ¡Así es como se ama! Esta abnegación sólo se ofrece a los reyes; pero yo ¡he hecho rey a mi Lucien! Aunque me encadenaran para el resto de mis días en mi antiguo presidio, me quedaría tranquilo pensando: " Está en el baile, está en la corte." ¡Mi alma y mi pensamiento triunfarían, mientras que mis despojos caerían bajo las garras de algún cabo de vara! ¡Es usted una hembra miserable, ama usted como una hembra! ¡Pero el amor, en una cortesana, tendría que ser, como en todas las demás criaturas degradadas, un medio de convertirse en madre, un medio de superar la infecundidad impuesta por la naturaleza! Si alguna vez se descubriera que bajo el manto del padre Carlos Herrera se oculta el proscrito que yo era antes, ¿sabe lo que haría para no comprometer a Lucien? Esther esperó la respuesta con una especie de ansiedad. —Pues —añadió tras, una breve pausa—, moriría como los negros, tragándome la lengua. Y usted, con sus remilgos, me está poniendo al descubierto. ¿Qué le había pedido?... Que volviera a ponerse los vestidos de la Torpille por seis meses, por seis semanas, y que hiciera uso de ellos para sablear un millón... ¡Lucien jamás la olvidará! Los nombres no olvidan al ser cuyo recuerdo es evocado por la felicidad de que se goza todas las mañanas al despertarse en medio de las riquezas, Lucien vale más que usted... Empezó queriendo a Coralie, y ella muere, bien; no tenía con qué pagarle el entierro, pero no hizo lo que ha hecho usted hace un momento, no se desmayó, aunque es un poeta; escribió seis alegres canciones, de las que sacó trescientos francos, que le permitieron pagar el entierro de Coralie. Tengo estas canciones, me las sé de memoria. Pues, ¡vamos! ¡Componga usted sus canciones, póngase alegre y caprichosa, sea irresistible e insaciable!... ¿Me ha oído? No me obligue a seguir hablando... Déle un beso a papá. Adiós...

Cuando Europa, media hora después, entró en la habitación de su ama, la halló arrodillada ante un crucifijo, en la postura que el más religioso de todos los pintores atribuyó a Moisés ante la tumba de Horeb, para expresar su profunda y absoluta adoración a Jehová. Tras haber rezado sus últimas oraciones, Esther renunciaba a su hermosa vida, al honor que se había creado, a su gloria, a sus virtudes y a su amor. Se levantó. —¡Oh, señora, nunca volverá a estar como ahora! —exclamó Prudence Servien, estupefacta ante la sublime belleza de su ama, y colocó el espejo de manera que Esther pudiera contemplarse. Sus ojos retenían aún algo del alma que huía hacia el cielo. Su faz de judía estaba resplandeciente. Sus cejas, empapadas de lágrimas que había absorbido el fuego de la oración, parecían un follaje tras una lluvia de verano; el sol del amor puro las hacía brillar por última vez. Los labios conservaban como una expresión de sus últimas invocaciones a los ángeles; sin duda se había hecho acreedora de la palma del martirio ofreciéndoles su vida sin mácula. En fin, tenía la majestad que debió de brillar en el rostro de María Estuardo «v3 en el momento en que dijo adiós a su corona, a la tierra y al amor. —Me hubiera gustado que Lucien me viera así —dijo, exhalando un suspiro contenido—. Ahora —añadió con una voz vibrante—, vamos a hacer comedia... Al oír aquellas palabras, Europa quedó boquiabierta, como si hubiera oído blasfemar a un ángel. —¿Qué pasa? ¿Por qué me miras como si tuviera capullos en la boca en lugar de dientes? Ya no soy más que una criatura infame e inmunda, una ladrona, una mujer de la vida, y espero al caballero. De modo que pon agua a calentar y prepárame el baño. Son cerca de las doce, el barón vendrá seguramente después de la Bolsa, mandaré decirle que le espero y encargaré a Asia que le prepare una comida de primera, quiero volver loco a ese hombre... Venga, vamos, vamos, mujer... Vamos a reírnos, es decir, vamos a trabajar. Se sentó a su mesa y escribió la siguiente carta: "Amigo mío, si la cocinera que me ha mandado usted no hubiera estado nunca a mi servicio, habría creído que la intención de usted era hacerme saber cuántas veces se desvaneció anteayer al recibir mis tres billetes. (¿Cómo decírselo? Estaba muy nerviosa aquel día porque estuve recordando los detalles de mi lamentable existencia.) Pero conozco la sinceridad de Asia. Así pues, ya no me arrepiento de haberle causado alguna pena, ya que ha servido para convencerme hasta qué punto me ama usted. Así somos nosotras, pobres muchachas despreciadas: un afecto de

verdad nos llega mucho más al alma que el vernos agasajadas con enormes riquezas. Siempre he tenido miedo de ser para usted la percha donde pretendía exhibir sus vanidades. Me molestaba no ser para usted más que esto. Sí, a pesar de sus protestas, tenía la impresión de que me tomaba usted por una mujer comprada. Pues bien, a partir de ahora siempre seré buena con usted, con la condición de que me obedezca siempre un poco. Pruébeme usted que esta carta puede sustituir las recetas de los médicos viniéndome a ver a la salida de la Bolsa. Encontrará usted engalanada con todos sus obsequios a la que se declara, para toda su vida, su máquina de placer, "Esther." En la Bolsa, el barón de Nucingen estuvo tan animado, tan alegre y tan complaciente, se permitió tantas bromas, que Du Tillet y Keller, que allí estaban, no pudieron reprimir los deseos de preguntar la razón de su hilaridad.. —Me ama... Brondo inaucuramos la gasa —dijo a Du Tillet. —¿A cuánto le resulta eso? —le espetó bruscamente Franepis Keller, a quien la señora Colleville, según decían, le costaba veinticinco mil francos al año. —Esda muquer, gue es un ónquel, camas me ha betito nata. —Esto no se hace nunca —le contestó Du Tillet—. Es para no tener que pedir nunca nada por lo que se atribuyen muchas tías o madres. Desde la Bolsa hasta la calle Taitbout, el barón dijo siete veces al cochero: —¡Temasiato tesbacio, hostique más al gapallo!... Subió ágilmente la escalera y encontró por vez primera a su amante con aquella hermosura que caracteriza a las muchachas cuya única ocupación es el cuidado del cuerpo y del vestir. Recién salida del baño, la flor estaba fresca y perfumada de tal modo que habría despertado el deseo de Robert d'Arbrissel. Esther se había vestido deliciosamente. Llevaba una levita negra, adornada con pasamanería de seda rosa, sobre una falda gris de raso, es decir, el traje que había de llevar más adelante la hermosa Amigo en I Puritani. Una toquilla de punto inglés le caía sobre los hombros jugueteando. Las mangas del vestido fruncidas por trencillas, según la nueva moda que había sustituido a las antiguas mangas de jamón que habían llegado a ser monstruosas. Esther se había apuntado con un alfiler sobre sus magníficos cabellos un bonete de encaje, que parecía a punto de caérsele y que daba a su peinado un cierto aire de desorden, si bien se veían perfectamente las rayas blancas de su cabecita entre los surcos de sus cabellos.

. esda señora Saind-Estéfe!". vaya! Hay mujeres que se comerían toda la tierra. El criado llevó a su amo a una famosa pastelería. mientras que a mí me basta con la mitad. un observador superficial se preguntaría quiénes son los locos que van a comprar las flores fabulosas que adornan la tienda de la .. y no me gustan los cambios. —Europa. que se apresuró hacia el Palacio Real.. si me hace el favor de llamar Asia a mi cocinera y Europa a Eugénie—. ¡Vamos. Paseando por París. Tengo que tener una capa de raso negro forrada de rosa y adornada con puntillas. Vamos a ver. —repitió el barón. —La señora Thomas no la ha mandado. —Bues.. —Nuestro oficio es ser divertidas —dijo Esther—. a la tienda de la señora Prévót.. nos bascaremos bor los Gampos Elíseos. de prisa! ¡Arriba! ¡Comience con su papel de lástima. Y sobre todo. donde se hizo preparar un ramo de cinco luises. mientras que su criado iba a casa de la famosa modista. desde las dos primeras que tuve. El barón bajó y le dijo a su criado: —A gasa te la señora Domas. —Haré todo lo que usted quiera —dijo Esther—. gué maquinación.. tráigale el ramo de flores más bonito que haya en París. me hace falta un sombrero —dijo Esther—. ¿acaso no puede una muchacha hacerse alimentar por Asia y hacerse vestir por Europa. de alegría! ¡Qué dura es la felicidad!. Son los sobrenombres que he puesto a todas las mujeres que me han servido.. pensó el barón admirando el cambio operado en las maneras de Esther.. Ahí abajo tiene usted un cabriolé: vaya a casa de la señora Thomas —dijo Europa al barón— y ordene a su criado que vaya a buscar la capa de la señora Van Bogseck.. riendo—. y la señora Saint-Estéje e Ichénie llejarán dotos sus jesditos. dondaina. féngase a la galle Sainte-Chorche —dijo el barón. El dicmbo es macnífigo. Euroba. barón. Ya que estamos en invierno. las gosas tel dogator y la gomita a la galle SaintChorche. ¡Eso es lo que pasa! "¡Gué muquer. Yo hapría gomito muchas gomitas andes te tar a una gocinera el nompre te Asia...—¿No es una lástima ver a la señora tan hermosa en un salón tan anticuado como éste? —dijo Europa al barón al abrirse la puerta del salón.. —Asia. es decir.. —Es una dienta te motas. y no una basdelería —dijo el barón.. quedándose inmóvil como un perro de caza ante una perdiz—. Gué tijerdita es usdet. cuando ocurre que usted vive a costa de todo el mundo? ¡Es un mito. procure encontrar flores tropicales.

señora! —dijo Europa—. que habrá que imitar en este caso al cicerone romano. con una abundancia de pliegues digna de la de un monarca.. se enseña a los visitantes el meñique de una estatua. Aquella tela era una seda comprada en Cantón. que tiene no sé qué longitud y que parece al observador que tenga un tamaño natural. donde tomó posesión del begueño balacio.. En invierno la hora de paseo es de dos a cuatro. Al entrar en el comedor. Fíjese usted en la alfombra.ilustre vendedora y las novedades del europeo Chevet. pero se guardó mucho de manifestar el más mínimo asombro. el coche sirvió para que Esther se trasladara de la calle Taitbout a la calle Saint-Georges. Cuando se entra en San Pedro de Roma.. —¡Oh. que se ratifican con rarezas que ni siquiera las reinas se atreven a codiciar. cuya función social en el sistema fourierista consistiría quizás en compensar los daños de la Avaricia y de la Codicia. Hay que decir que jamás había sido Esther objeto de un culto tal ni de semejantes profusiones. Sin embargo. Sin este pequeño detalle las honradas mujeres burguesas no comprendrían de qué manera se esfuman las fortunas entre las manos de esos seres. orgullo de la biblioteca imperial de Viena. junto con el Rocher de Cancale.. En dos meses Nucingen había irrigado el comercio con más de doscientos mil francos. Tales despilfarros son probablemente para el Cuerpo Social algo parecido a una sangría para un organismo pletórico. Cada día estallan en París ciento y pico de pasiones al estilo de la de Nucingen. tan necesarias no obstante para la historia de nuestras costumbres. La espuma no se derramará sobre baldosas. que ofrece una deliciosa y auténtica Revue des Deux Mondes. para hacer apreciar debidamente la extensión y altura de la reina de las catedrales. donde la paciencia china había sido capaz de pintar las aves asiáticas con una perfección que sólo puede encontrarse en las vitelas de la Edad Media o en el misal de Carlos V. caía ya la noche y el ramo era ya inútil.. Pues bien. y que los amantes ofrecen de rodillas a muchachas que gustan de inflamarse. se han criticado tanto las descripciones. según la expresión de Asia. que le sorprendieron. . siguiendo la pauta de todas esas solemnes ingratas. el único. Cuando volvió el anciano enamorado. —Muy bien. forrada de moaré blanco y adornada con una pasamanería digna del corpiño de alguna princesa portuguesa. —Ha gosdato tos mil vrangos el ana a un milort gue la ha draíto te las Intias. el barón no pudo reprimir el deseo de hacer apreciar a Esther la tela de las cortinas del ventanal. ¡Es encantador! ¡Qué gusto dará beber aquí champaña! —dijo Esther—..

Ahora se puede imaginar lo demás. gue es una reina —dijo Nucingen. los directores se lo reservan para sí si no se presenta ninguna pasión al estilo de Nucingen.. y que se llamaba Richard d'Arlington. —¡Oh. Y llevó a su diosa (tiosa) a la habitación. algún palco de proscenio. —Pasdapa gon lo te popo... Me muero por ir al teatro.. so bobo —dijo ella.. pero demasiado tonto para hallar la palabra adecuada.. gue lo engondró temasiato garo.. Como todos los seres ingenuos.. pintadas por Schinner y León de Lora. necesitaré por lo menos ocho días para acostumbrarme a mi casa y no tener el aire de una advenediza. Por casualidad los dibujos de esta alfombra. ¡Yo no puedo quedarme aquí! Le entran a una demasiadas ganas de meterse en la cama. que se vio obligado repentinamente a ponerse en evidencia. y que formaban unos paneles en los que unos simples filetes dorados atraían sobriamente la luz. Todo París iba en aquel entonces a la Porte-Saint-Martin a ver una de esas obras que cobran una terrible expresión de realidad gracias al talento de los actores. El barón mandó a su criado a buscar uno de los dos palcos de proscenio. ¡me encanta este actor! —Es un trama salfaje —dijo Nucingen.. representaban escenas voluptuosas. —Ha hecho usted bien en traerme aquí —dijo Esther—. debidos a uno de los más ingeniosos de nuestros dibujantes. —Mire gomo balbida.. sonriendo. ¡He aqui otra originalidad parisiense! Cuando el Éxito de pies de barro produce el lleno en algún teatro. Hacía exactamente cinco años que Esther no había ido al teatro. ¡gon una simble balapra te dernura!. ¿Acebda usdet. quiero pagarte todo esto de golpe. El pobre Lobo Cerval cogió la mano de Esther y se la llevó al corazón: era bastante animal para sentir. Después de la cena.. —Pues mira —dijo Esther—.. —Es para halagarte —dijo. Las paredes. diez minutos antes de que suba el telón. con relieves de ébano tallado comprados a precio de oro en la tienda de Du Sommerard. se combinaban con los caprichos de la tela china. buesf. me lo gueté yo bara usdet. señora! —dijo Eugénie—. —Iremos a ver a Frédérick-Lemaître —dijo—. elefantito mío. —¡Mi gasa! —repitió exaltado el barón—. mirándole.—Gomo gue hapían tiseñato la alvompra bara mi amico el tugue Dorlonia. siempre está disponible. iremos juntos al teatro. Como las . —repuso—. —¡Pues claro que sí. Esther gustaba tanto de experimentar los estremecimientos del miedo como de dar rienda suelta al llanto de la ternura. mil veces sí.

Durante el espectáculo. Mariette y la señora Du Val-Noble. Richard d'Arlington fue uno de esos éxitos desmesurados —éxito merecido. además de todas estas vajillas. se hallaban aquel día en la sala. —¡Vaya! Comienzo a pensar que me quiere —dijo Esther a Europa—. Durante la cena. las telas de Sajonia. El banquero. Las mujeres pensaban: "Es demasiado.. que costaba más que toda una cuberteríá. reunidas seguramente de un modo no casual. Nucingen había acumulado tres vajillas: la pequeña. dejando sola a Esther en los entreactos.. No hace falta hablar de la vajilla. La cena había sido condimentada de tal modo que se le indigestara al banquero y para que se marchara a su casa temprano. Por eso. —Gombrento —dijo— la razón bor la gue la llama usdet Asia: es una gocina realmende asiádiga. Tullía. todos los hombres concebían que se pudiera echar por la ventana a la mujer legítima.. así pues. y todas las mujeres gustaban de verse injustamente oprimidas. este palco es el tributo que se hace pagar a las fantasías del Olimpo de París. la mediana y la grande. —¿Seguro que es ella? Me parece treinta y siete veces más joven y hermosa que hace seis años. de Inglaterra. nos tratan a golpes. acaba de decir algo que se parece a una frase de ingenio.novedades de Chevet. se vio obligado a beber innumerables vasos de agua azucarada. —Las balapras no gombrometen. para no parecer que amontonaba sobre la mesa un cúmulo de valores de oro y plata.. otra de porcelana de Sajonia. a partir del segundo acto se produjo en el palco de las dos bailarinas una especie de revolución al comprobarse que la hermosa desconocida era la Torpille. no podía inflamarse impunemente en el proscenio de la Porte-Saint-Martin... En cuanto a las mantelerías. por otra parte— de los que sólo se dan en París. frágil y hermosísima. había comprado. . ¿Creía que había muerto ahogada!. —¡Caramba! ¡Es aún más Turcaret de lo que la gente |« dice! —exclamó riendo la cortesana ante aquella respuesta digna de figurar entre las ingenuidades célebres dichas por el banquero. las virmas si —dijo él. Los platos y bandejas de la vajilla grande eran todos de plata sobredorada y con relieves. de Flandes y de Francia rivalizaban en perfección con sus flores adamascadas. Un ser de la belleza de Esther y arreglada como iba Esther. fue el barón el sorprendido al gustar los guisos de Asia. —¡Caramba! ¿De dónde sale? —dijo Mariette a la señora Du Val-Noble. ¡y esto nos ocurre muchas veces!. esto es todo lo que obtuvo de su primera entrevista con Esther en cuanto a placer. Viendo aquel drama.

—¡Cómo se las da! —exclamó la señora Du Val-Noble. Su goche j'entra a regoquerla.. Esther tenía sus razones para no dejar que su hombre se marchara.. que había acompañado a las tres mujeres al espectáculo.. —Buenas noches. gon dota su queride. —¡Y me dejaría usted sola por vez primera! —dijo Esther—. Philippe Bridau. ¡Vamos! Hay que saber morir sin abandonar el barco. Si no quiere acordarse de mí. la llaman a usted Juana de Arco. —Si estas señoras se portan bien conmigo. —No tengo el gusto —dijo Esther. —¡Portarse bien! —dijo Philippe—.. Si recibía a sus antiguas conocidas. expresándose en el lenguaje propio de las cortesanas. Du Bruel. que había logrado el favor del Delfín gracias al duque de Maufrigneuse. dígnese reconocer a Mariette. El barón aguantó sus molestias y se quedó. a Tullia y a la señora de ValNoble —dijo aquel advenedizo. entrando en el palco de Nucingen—. soy un pobre oficial a quien libró usted en cierta ocasión de un trance apurado.. —La señorida —contestó el barón— ya no se llama Esder a segas. acér—... ¡Temonio te Asia!. —Si esdas tamas guieren hacerle gombañia —dijo Nucingen—. estoy dispuesta a ser agradable con ellas —contestó secamente la señora de Champy.. —Si usted hace bien las cosas —dijo el conde—. —Precisamente —contestó la balarina—... enfocando sus gemelos hacia la sala. Señorita. se llama señora te Jamby (Champy)... Pero si son excelentes.—Quizá se ha conservado dentro del hielo. Voy a ver.. en Issoudun. la tejaré sola. a un palco de platea—. puesto que está con mi amigo el barón de Nucingen. — preguntó Mariette. ¿Casado con la señorita Esther?. ¿No es el rat que quería usted mandarme para engatusar a mi tío? —dijo a Tullia. mi querido barón —dijo Philippe Bridau. Necesito a mi hombre para salir. aquellas señoras dicen que en cambio la señora de Champy se las da demasiado. borgue he gomito temasiato. tiene derecho a hacerlo.... como la señora de Espard y la señora Zayonschek —dijo el conde de Brambourg. El egoísmo del anciano millonario tuvo que inclinarse ante las obligaciones del enamorado.. no iba a ser interrogada tan a fondo si estaba con alguien más. ¿de qué servirían mis voces?. . —¿Será acaso esa supuesta Juana de Arco que ha conquistado a Nucingen y con la que nos están dando la lata desde hace tres meses?. te una be güeña brobietat gue te he gombrato. Si me insultan.quese a la orquesta para comprobar si es ella. —¡Oh! —exclamó el conde de Brambourg—..

y la familia me echó como si tuviera la peste. Es demasiado hermosa. de Sílaba a Caritis. —¿Y de dónde vienes. que quedó pensativa a causa de aquellas palabras. —¡Y viva! —respondió Esther. en los proverbios. He tenido demasiada fe. he estado durante cinco años en una casa de los Alpes con un inglés celoso como un tigre. Tenéis mucha razón en llamarme Juana de Arco: he perdido Inglaterra y quizá moriré quemada. de acuerdo con los anuncios. que mantuvo la conversación a un nivel de generalidades. ¡Ay!. y ya he empezado a resarcirme. murió sin hacer testamento.que si estaba sola. —¿Vamos a verla? —dijo Tullia. es un residuo de nabab. Y ahora que vuelvo a estar en París. no! —contestó Mariette—. La valerosa primera bailarina aprovechó el primer entreacto para volver a tomar contacto con Esther. —¡Oh!.. —Probablemente —contestó el coronel—. Du Tillet me ha dicho que el barón se ha gastado tres veces más que el pobre de Falleix.. hija mía? —preguntó la balarina. tengo que recuperarme de cinco años de soledad. Ya no quiero oír hablar del hígado. El nabab me robó. pero no las comprendía siempre en seguida.. No hay que fiarse de los que dicen que están enfermos del hígado... como dice Florine. —¿Ha sido el barón quien te ha dado este encaje? —No. iré a verla a su casa. El barón se reía con todas aquellas simplezas. —¡De amor! —dijo Tullia.. un verdadero nabab. Pero estaba más fuerte que un roble. Cinco años con un inglés es demasiado. yo le llamaba un nabot. Por eso le dije a este gordo que pagara por dos. —¡Ah. Philippe Bridau volvió en seguida al palco de las bailarinas y les informó sobre el estado de cosas. —¡Vaya! ¡Es ella la que hereda mi casa de la calle Saint-Georges! —dijo con amargura la señora Du Val-Noble. tengo tantas ganas de divertirme que voy a pasarme un auténtico carnaval. porque no era tan alto como el bailío de Ferrette. Tendré casa puesta. ¡Seré desgraciada! Estaba tan amarillo que parecía la risa de un amigo ante un triunfo. que no resistía ya más la curiosidad. y creí que se moriría en un plazo de diez meses. de modo que su risa se parecía a aquellos cohetes .. —Yo me encuentro lo bastante bien como para arriesgarme —contestó Tullia. Y vuelvo a estar con un banquero.. no hay que estar con ellos más de seis semanas.

mucho más cómico y con más ingenio de lo que puede creerse. en la Ópera. Al día siguiente. como hacía Asia atrapando (otra palabra de su vocabulario) a Nucingen con Esther. todo el París de los Campos Elíseos se había enterado de la reaparición de la Torpille y sabía por fin cuál era el objeto de la pasión del barón de Nucingen. Estos altibajos de su vida explican bien el valor que dan a cualquier unión. y que retrata muy adecuadamente la expresión estar apeada. No hay ninguna situación más terrible que aquella en que se encontraba la señora Du Val-Noble. más imprevisoras se muestran. que procuran preservar siempre. Cuando están unidas a un especulador que se suicida o a un pródigo que apura sus reservas. Por la tarde. i. se sabe todo. las mujeres que carecen de esa belleza positiva. ese bazar movedizo y tumultuoso. Los que conocen bien París saben a qué atenerse cuando en los Campos Elíseos. casi inalterable y fácil de reconocer. se encuentran con tal a cual mujer en coche de alquiler. mientras que un año o . Entonces se echan en brazos de la vendedora de ropa usada.olvidados que se disparan cuando los fuegon artificiales se han terminado ya hace un rato. Por eso Carlos sabía cuál era el peligro que implicaba la situación de Lucien durante el tiempo en que estuvo yendo a la calle Taitbout y también después. esas mujeres caen con una rapidez pasmosa de lo alto de una insolente opulencia a una miseria profunda. 2. En este mundo excepcional. con el principal propósito de conservar un lujo aparente que les permita recuperar lo que acaban de perder: una caja de dónde sacar dinero. la aventura del regreso de Esther corrió entre los bastidores. entre las dos y las cuatro. La policía de la calle de Jérusalem no está tan bien montada como la de los ambientes mundanos. y los habitantes de cada esfera están provistos de una misma dosis de curiosidad. Renacuajo. persona de corta estatura. las mujeres que sólo por un capricho pueden ser amadas. venden a cualquier precio unas joyas valiosísimas y se endeudan. De Scila a Caribdis. —¿Sabe usted —decía Blondet a De Marsay en el salón de la Ópera— que la Torpille desapareció justo después de que la reconociéramos como la amante del joven Rubempré? En París. "Veo que empiezas a acumular rentas: ¿acaso temes volverte fea?" Estas palabras de Florine a Mariette ayudan a comprender las causas de esta prodigalidad. son las únicas que piensan en su vejez y reúnen una fortuna: cuanto más hermosas son. Todos vivimos dentro de una esfera cualquiera. La despreocupación y la prodigalidad de esas mujeres les impiden pensar en el futuro. igual que en provincias. en los que todos se vigilan entre sí sin saberlo.

incapaz de prever la quiebra de uno de los agentes de cambio más ricos y hábiles. la protección más eficaz es la que da la vendedora de ropa usada. Falleix tenía que haber avisado a su amante de la quiebra y tenía que haberle dejado con qué vivir. hacen algún viaje fuera de la capital y. era buena persona. En casi todas las clases de la sociedad. donde purgan sus despilfarros con privaciones comparables a las que sufren los viajeros extraviados en un Sahara cualquiera. la buena persona es el que tiene magnanimidad. hay que saber saltar hasta el Bosque de Bolonia". se vio cogida en pleno desorden. tenía un trato muy agradable. las mujeres respondían a sus acusadores: "¡Es IGUAL!. según el concepto de buena persona que tienen las mujeres mantenidas. Cuando esta usurera es acreedora. riendo con Blondet.. La virtud completa.. decía Florine. De modo que en las cenas de carnaval." Sin embargo. pero no por eso conciben la menor veleidad de ahorro.seis meses antes iba en un carruaje de un lujo sorprendente y con un vestido hermosísimo. del pequeño vizconde de Portenduére. en los días soleados. Algunas mujeres hábiles no se arriesgan nunca a verse así en boca de las gentes. y ciertos individuos salidos de los establecimientos correccionales. es excesivamente poco frecuente. hacía trampas en el juego. Los hombres así son como los gatos. y que piensa: "Yo puedo encontrarme en la misma situación dentro de poco. se manifiestan entre sí ese espíritu de ayuda mutua propio de las clases proscritas. remueve todos los corazones de ancianos a favor de su hipoteca de borceguíes y sombreros. que presta algún difiero por aquí y por allá sin reclamarlo luego. o como una zapatilla que se amolda agradablemente al pie. al margen de la moralidad obligada y vulgar. suaves al tacto. Asi pues. Por otra parte. La buena persona es el resultado de una cierta gracia de carácter que no prueba nada. "Cuando uno cae hasta llegar a Sainte-Pélagie. pero había puesto de lado treinta mil francos para su amante. sin embargo. Georges era una buena persona. Empleaba el dinero de Falleix para sus caprichos. Por mucho que usted diga. y se remitía a él para las cosas útiles y para su porvenir. decía a Mariette. el galante estafador. Ciertos individuos supuestamente virtuosos. se la encuentra por todas partes¡incluso en París. D'Estourny. Los socorros otorgados le cuestan poco a la que está en buena posición. se exhiben muy elegantes por los bulevares. Se aventuran en los bailes de máscaras. que siempre se comporta según las reglas de una cierta delicadeza. el sueño de Molière encarnado en Alcestes. que al igual que Nucingen han arruinado a sus propios benefactores. "¿Cómo podía esperarse una cosa así por parte de un hombre que parecía tan buena persona?". . Permanecen enterradas en horribles cuartuchos de fonda. La señora Du Val-Noble. son a los ojos de algunas mujeres de una probidad muy ingeniosa.

pero que en realidad habría sido prevista. que desempeñó su papel de subdito inglés en las embajadas y en Londres sin despertar ninguna sospecha.¡merecía mejor suerte!" Las muchachas se ríen de las leyes. Peyrade observaba a Esther y a sus acompañantes con una de esas miradas que no parecen . el célebre mixtificador. no se atrevían a sondear la profundidad de aquel abismo. y como para no acudir a ella en alguna ocasión que pareciera fortuita. En compañía de Contensón. Para favorecer este azar. que se parecía mucho a Musson. que un día Contenson no le reconoció. decidió ir también a pasearse a los Campos Elíseos en cuanto Contenson le dijo que allí podría ver a la amante del señor de Nucingen. Peyrade. de tal modo que la calle de Saint-Georges se convirtió en una fortaleza inatacable. sobre todo si se tiene en cuenta que en tales crisis toda mujer. por un deseo de venganza y sobre todo por el deseo de establecer a su querida Lydie. Peyrade. según las instrucciones de Carlos. Mariette. ya que su casa estuvo organizada en cinco días por Asia. saben venderse. la llevaba a los palcos y hacía que la invitaran a todas las partidas. les encanta un poco de delicadeza. Por su parte. según sus propias palabras. al que la policía le había mandado en tres ocasiones. Esperaba que algún día de buen tiempo Esther saldría de paseo y que se encontrarían cara a cara. en los años 1779 y 1786. era fácil que fuera considerada una mujer mayor. sabía disfrazarse con tanto arte. pero como que no conocían la suma de sus deudas. que es la religión a la que dan culto. Tras haber salvado con penas y trabajos algunas joyas del naufragio. se paseaba todos los días por los Campos Elíseos del brazo de Théodore Gaillard. Peyrade sabía caracterizarse perfectamente como subdito inglés y sabía imitar los susurros con que los ingleses pronuncian el francés. hablaba el inglés con tanta perfección y conocía tan bien los asuntos de este país. pero la Val-Noble sabía que Esther era suficientemente generosa como para no dejar de pensar alguna vez que. la señora Du Val-Noble sucumbía bajo el peso terrible de esta acusación: "¡Ha arruinado a Falleix!" Se acercaba a la edad de treinta años. y que en aquel momento difícil se portaba muy bien con su antigua amante. como Esther. que iba disfrazado de mulato. El intervalo de seis años constituía una distancia demasiado grande en las fluctuaciones del océano parisiense entre la Torpille y la señora Du Val-Noble para que la mujer apeada dirigiera la palabra a la mujer que iba en coche. Florine y Tullía invitaban a cenar a su amiga y le ofrecían una cierta ayuda. había heredado de ella. la señora Du Val-Noble. ataviada como una mujer respetable. ve enfrentársele todas sus rivales. Paccard era el cochero de Esther. y aunque se hallara en pleno apogeo de su belleza. por Europa y por Paccard. movido por un odio profundo. por un hermoso ideal secreto. que había acabado casándose con ella.

te esperamos. —Es el aire de Suiza. Ahora quiero treinta mil francos de renta antes de la primera campanada de medianoche. No se puede vivir decentemente en semejante casa sin tener treinta mil francos de renta propia. que es un amor honesto y delicado. —¡Oh! —repuso Esther—. Ya conocí la miseria. Por la mañana tiene que entregarme el contrato de la casa de la calle Saint-Georges. —Máxime cuando dicen que él mismo lo arruinó —dijo Théodore Gaillard—.. allí donde se pasea la gente que lleva séquito en los días de buen tiempo. pero prefiero a la que sigue paseándose. con el aire de un verdadero nabab que sólo piensa en sí mismo. ¡cómo has cambiado! —exclamó Suzanne... Y repitió a continuación a la señora Du Val-Noble la frase de Peyrade. tenía tal cantidad de deudas como para asustar a un ministro de Hacienda... Va bien. hizo ese conocido y enérgico gesto que significa: ¡nada de nada! —Lo tienes cogido. Nucingen no puede dejar sin un céntimo a la amante de su agente de cambio. —¿Sabe lo que acaba de decir este inglés en su lengua? —dijo Théodore Gaillard. —¡Será agarrado! —exclamó Suzanne du Val-Noble. con los más hermosos caballos tordos que podían encontrarse entonces en París. porque todavía no saben lo que son las mujeres como nosotras. ¿por qué no te vas allí. ¡Oh. —Ven a verme —decía Esther a la señora Du Val-Noble—. ¡todavía no ha hecho ni un tanto así!" Y poniendo una de sus uñas enguantadas bajo uno de sus dientes. —Querida.estar atentas. .. y que bien podríamos hacerle cantar. Esther subió a su hermoso carruaje. Hay ciertos conocidos de los que una se hastía en seguida. —Mañana cenará conmigo.... pero que no pierden detalle. es encantador.. para tratar de coger al vuelo algunas palabras de su conversación. Dentro de ocho días vamos a inaugurar la casa. y quizá lo conviertas en tu marido. no ha hecho más que pagar mis deudas. En cualquier caso regresarías con el amor de las rentas en el Gran Libro. allí una se hace ahorradora.. —La mujer que sube al coche está bien —dijo entonces Peyrade a Contenson en inglés—. y me bastó.. cerca de las dos mujeres. Aconteció pues que se hallaba en la calle lateral. querida? Échate un suizo. anduvo sin afectación. ven tú también. Adiós. —Tú que decías: "¡La fortuna soy yo!". querida —le dijo Esther. Peyrade. para recobrarlos en caso de ocurrir alguna desgracia. no tengo de qué quejarme!. con su mulato en librea a la zaga. Y añadió al oído: "Hago con él lo que quiero. el día en que Esther se encontró con la señora Du Val-Noble. Mira. sigúela y entérate de quién es...

La señora Du Val-Noble se fue entonces muy poco a poco hacia su casa. Por otra parte. —Vaya. No se endeude más. estaba aún lo bastante bien provisto como para que pudiera exhibirse de vez en cuando.. —¡Oh!. y la cortesana —y eso es más natural de lo que pudiera creerse— era escrupulosa como una madre cuando las llevaba a un espectáculo. en la calle Louis-le-Grand. mi suerte va a cambiar. no se preocupe por esos perros. decía la señora Gérard. la señora Du Val-Noble había venido a menos sólo relativamente. incluso piadosa. La señora Gérard pagaba además con mucha afabilidad los coches que necesitaba la mujer apeada para ir a cenar a la ciudad o para ir al teatro y volver.. —¡Mi querida señora Gérard! —dijo a la honrada madre de familia—. mi antigua camarera. Peyrade había dicho en esta lengua unas palabras que provocaron en el rostro de Théodore Gaillard un gesto que revelaba que el periodista sabía inglés. ahí tiene unas entradas de Varietés para sus hijas.Antes de arriesgarse a hablar inglés. aceptaba a la cortesana como si se tratara de una mujer de orden superior. las dos señoritas Gérard la querían. ¡Me cuesta tanto sacarme de encima a los que la persiguen!. un buen palco en el segundo. creo. siempre la veía rodeada de su lujo y la tomaba por una reina caída en desgracia. todos han ganado bonitas sumas conmigo. Tenga. en sus días de esplendor. piense en el mañana. honrada burguesa llena de virtudes. Aquella buena y digna mujer se parecía a esos sacerdotes sublimes que aún ven en esas mujeres puestas fuera de la ley un alma que salvar y que amar. Si alguien pregunta por mí esta noche y aún no he vuelto. pero pórtese bien. y lamentaba sus desgracias. La casa pertenecía a una tal señora Gérard. La señora Du Val-Noble respetaba aquella honestidad.. "Todavía es usted joven. y a veces la echaba de menos cuando por la noche conversaban. La señora Du Val-Noble. con la cual la señora Du ValNoble. Fue a cenar con Théodore Gaillard. voy a mandársela. señora. que aquel día tenía . déjenle subir de todas formas. lo celebro.público. estaba obligada a recurrir a su doncella (¡también apeada!) para hacerle desempeñar el papel de Saint-Estève cerca del desconocido con cuya conquista iba a poder remontar su rango. le confiaba sus hijas. con todo su esplendor. Arriba estará Adéle. que no tenía tía ni madre. El guardarropa de esta mujer. y que entonces le mostraba su gratitud proporcionándole un alojamiento adecuado.. Aquella buena mujer.. tan dispendiosa y elegante. a una casa amueblada decente.. mirando al soslayo para ver si le seguía el mulato. como el día de Richard d'Arlington en la Porte-Saint-Martin. puede usted tener un buen fin". había tenido ciertas atenciones.

Después de tres asaltos sucesivos y valerosos a la casa de la calle Taitbout. En la política. que les hacía sospechar algún tenebroso asunto.. Contenson. es decir. Al dia siguiente de marcharse Esther.una partida. Contenson habia abrigado la esperanza de llegar. Domiciano mataba moscas cuando no tenía cristianos. Contenson encontró al portero mucho más razonable. Contenson chocó con el más obstinado de los silencios. estaba tan excitada que. No obstante. esta damita ha vivido cinco años aquí sin salir ni una sola vez. que había asistido a la detención de Esther. aun sin razones. "Sí. gracias a su exquisita sensibilidad de espía. Por vez primera los dos artistas del espionaje se hallaban ante un texto indescifrable. En tales ocasiones. ocultándose como una anguila en la ciénaga de París. Era un señor muy joven y agraciado. En aquellos momentos la política de Carlos X había terminado su última evolución. dijo que echaría mucho de menos a aquella damita que. En el interior ya nadie conspiraba. su curiosidad. tomaba las mayores precauciones para venir. Contenson. una cena que ofrecía Nathan por haber perdido una apuesta. regateaba la casa y escuchaba las quejas del portero burlándose de él y manifestando sus dudas sobre lo que decía con constantes "¿Es verdad?"." Peyrade tenía poderosas razones para enredarse personalmente en aquella intriga. Tras haber reconocido que Asia era uno de los personajes del drama. y cuando supo que se había colocado de cocinera en casa de Esther. fue la primera pregunta que se hicieron los dos amigos. pero se le escurrió entre las manos durante algún tiempo. buenas son tortas. Mientras Esther vivió allí." Lucien estaba todavía en . pues. Tras haber dejado el timón de sus asuntos a ministros de su confianza. reducido a una inactividad absoluta. el individuo no se habia tomado la molestia de notificar su opinión al barón de Nucingen. Como ya se ha visto. le alimentaba con los restos de sus comidas. se fwO habría mezclado gustosamente en el drama. la colaboración de aquella mujer le pareció inexplicable. que era muy celoso aunque ella no le diera el más mínimo motivo. a través de ella. el portero pareció estar dominado por un terror profundo. había juzgado el hecho con una gran perspicacia. a jaita de pan. como en el mar. hasta el autor. señor. Quizá Asia le hubiera asegurado que en caso de indiscreción tendrían albóndigas envenenadas él ysu familia.. como la de Contenson. Corentin se veía. según decía. "¿En provecho de quién se hace pagar un tributo a la pasión del banquero?". y su amante. disfrazado de corredor de comercio. y Carlos X creía no tener ningún enemigo. entrar y salir. una de esas juergas en las que se dice a los invitados: "Habrá mujeres. hay bonanzas engañosas. el rey preparaba la conquista de Argelia para utilizar el triunfo como salvoconducto para lo que luego se llamó su golpe de estado.

uno de nosotros tiene que hacer el papel de un extranjero rico que va a mantenerla. por su parte. esta posibilidad no le seducía. en casa de su hermana la señora Séchard. que iba disfrazado de mozo del mercado central. Contenson. El portero identificó a Lucien como el amante misterioso de la joven viuda. Juzgúese qué profunda. y Contenson no quería saber más. disfrazado de mulato. En breves instantes los dos amigos trazaron un plan. a propósito de Peyrade. haremos que se vean entre sí. Contenson mandó al portero al muelle Malaquais para preguntar al señor de Rubempré si consentía en vender los muebles de la vivienda dejada por la señora Van Bogseck. aunque contenida. Siempre tienen necesidad las unas de las otras para hablar de los respectivos amantes. En veinticuatro horas Carlos organizó una contra-policía. sorpresa tuvieron Lucien y Carlos. se escabulló en seguida de la contra-policía de Carlos.Marsac. que supo por boca del prefecto de Policía. Pronto comprobó Corentin que Lucien había tenido durante cinco años a Esther por amante. Ahora bien. No obstante. que aparentaron creer que el portero estaba loco. De modo que la sustitución de Esther por la inglesa había sido en interés del dandy. Corentin. Lucien no tenía ningún medio de subsistencia. porque pronto supo que aquel sacerdote había llegado a París a finales de 1823 como enviado secreto de Fernando VII. en cuanto estuvo de vuelta. pero la realidad del personaje de Carlos Herrera le detuvo en seco. se movía. que los denunciantes eran el conde de Sérizy y Lucien de Rubempré. Contenson. había llevado ya dos veces los artículos alimenticios que Asia había comprado por la mañana. habían exclamado Peyrade y Corentin. le negaban por esposa a la señorita de Grandlieu y acababa de comprar por un millón las tierras de Rubempré. "Esta muchacha (dijo Corentin). que sorprendió a Contenson en flagrante delito de espionaje. Entre sus amigas no es posible que ninguna haya caído en desgracia. provisto de un pasaporte . el último de los agentes de los señores Sartine y Lenoir. con gran habilidad. e intentaron persuadirle de tal cosa. y entonces habremos penetrado ya en la fortaleza. y tendrá alguna amiga. hizo que se moviera el director general de la Policía del Reino. y había entrado dos veces en el pequeño palacio de la calle Saint-Georges. mientras que a Corentin. Le atraía la vida licenciosa que llevaría durante el tiempo necesario para descubrir la conspiración de que había sido víctima." Peyrade pensó muy lógicamente que le correspondía hacer el papel del inglés. Corentin. Tres días antes del encuentro de Peyrade y de la señora Du Val-Noble en los Campos Elíseos. ha tenido muchas relaciones. "¡Ya los tenemos!". enclenque y envejecido por su laboriosa existencia. Corentin tuvo que examinar las razones por las cuales el español protegía a Lucien de Rubempré.

acabaría así de pagar la finca de Rubempré. de una pequeña calesa tan salpicada de barro que parecía venir de El Havre. a las dos y media. Pero aquella misma noche. . —Tenemos un tábano encima —dijo Carlos—. en el hotel Mirabeau. El falso español debía marchar el día después de la tarde en que Peyrade se encontrara en los Campos Elíseos con la señora Du ValNoble. y preferiría morir antes que dejar escapar un solo gesto comprometedor. Lucien. a Contenson disfrazado de mulato y haciendo de criado de un inglés que desde hace tres días se pasea por los Campos Elíseos para observar a Esther. cuando en realidad sólo había hecho el trayecto de Saint-Denis a París. Le ha reconocido por sus ojos. donde halló al artífice de todo el asunto fumando en su habitación y meditando en todo lo que se acaba de referir en breves palabras. —Paccard —dijo Asia al oído de su amo— ha reconocido esta misma tarde. es imposible que el inglés sea un inglés. se apeó en la calle de la Paix. Asia llegó en coche de punto al muelle Malaquais. Carlos Herrera. al desaparecer por algunos días. por su parte. Clotilde acababa de lucir un pañuelo rosa én su cuello de cigüeña. y se han cruzado tales signos de inteligencia con el inglés. según Paccard. necesitamos saber si el falso inglés es nuestro enemigo. Está en el hotel Mirabeau. La razón era la siguiente: A los pocos días Esther iba a ser propietaria de la casa de la calle Saint-Georges e iba a conseguir un asiento de treinta mil francos de renta. Esther era la única que podía ser indiscreta. pasando por El Havre. se hizo poner el visado en el pasaporte en la embajada española. y lo dispuso todo en el muelle Malaquais para un viaje a Madrid. La prudencia humana lo había previsto todo. y no era posible ningún error. Nadie tenía por qué fallar en este tejemaneje. Este Contenson es el que por ahora le ha tirado de la lengua al portero de la calle Taitbout. que. de modo que la partida estaba ganada en la casa de los Gradlieu. Paccard procura no perder de vista al pájaro. Europa y Asia tenían la suficiente astucia para hacérsela vender y entregar secretamente la suma a Lucien. supuestamente rico por la liberalidad de su hermana. Carlos. intentaba esquivar toda sospecha. Un hombre como aquel no estaba dispuesto a cometer por segunda vez un olvido comparable al del portero de la calle Taitbout. como me ocurrió a mí cuando iba disfrazado de mozo de cuerda. y procedente de las colonias. No me marcharé hasta pasado mañana. a las dos de la madrugada. como un autor que repasara una hoja de su obra para descubrir las posibles faltas que hubieran de corregirse. Las acciones de los ómnibus rendían ya al tres por uno.completamente en regla. en los Campos Elíseos.

cabellos empolvados. que era capaz de dejar salir a Carlos sin darse cuenta y capaz de asombrarse de encontrar un cadáver en el coche al llegar a alguna plaza. Contenson mostraba la fría insolencia propia del criado de confianza de un nabab. Peyrade lanzó una mirada de espía al magistrado que le mandaba el prefecto de policía. Carlos llevaba un estilete al alcance de la mano. llevaba un chaleco abrochado hasta el cuello. sus pantalones estaban forrados de fustán. Carlos ofrecía un aspecto satisfactorio: un cráneo pelado. Dígale discretamente al cochero que nos lleve a la prefectura. unos pantalones de picapleitos. llevaba unas gafas de oro muy ligeras y muy burocráticas. La justicia suele dejar casi siempre sin castigar tales crímenes. —Señor Peyrade —dijo el gendarme. un chaleco de raso negro usado. —Peyrade se levantó sin el menor comentario y buscó su sombrero—. pero se ha limitado a pedirle explicaciones sobre su conducta a través del agente que le espera en el coche. Una camisa de percal con chorrera plisada. —¿Debo quedarme con ustedes? —preguntó el policía al agente. bebía antes y después de los paseos. —No —respondió el agente—. Llevaba polainas de tela negra que le llegaban hasta la rodilla y que estaban rellenas con objeto de aparentar unas piernas más gruesas. a un hombre que Peyrade y Contenson identificaron como algún policía de paisano. Peyrade estaba terminando una segunda botella cuando uno de los criados del hotel introdujo en su habitación. la corbata azul le rodeaba el cuello hasta las mejillas. tengo orden de llevarle a la prefectura. Por su traje ancho. ante sus ojos enrojecidos y delicados. altanero y poco comunicativo. sin preámbulos. según cálculos. Peyrade quería hacerse pasar por un inglés de la clase de los bebedores. dirigiéndose al nabab y hablándole al oído—. unas medias negras y unos zapatos atados . Peyrade y Carlos iban juntos en el mismo coche. Conducía el coche un cochero de confianza. con arrugas en la nuca. en los que resulta muy difícil aclarar algo. ni siquiera los más asiduos al café David lo habrían reconocido. que siempre comía demasiado bien. su altura había aumentado aproximadamente en tres pulgadas. después de que Peyrade hubo subido al vehículo. Aquellos ojos mostraban huellas de achaques indecorosos. y se permitía hacer gestos extraños y emitir gritos agresivos. era silencioso. Encontrará un coche de punto ante la puerta —le dijo el gendarme en la escalera—. Jamás se reclama a ningún espía. cualquiera que lo viera lo habría tomado por un millonario inglés. con cristales dobles de color verde. llevaba una peluca pelirroja que le ocultaba la mitad de la frente. negro y limpio como un traje inglés. El prefecto quería hacerle detener.Al mediodía el mulato del señor Samuel Johnson servía con toda seriedad a su amo.

Tengo órdenes estrictas a propósito de usted.con lazos. me he hecho pasar por un nabab . Intentó mirar al oficial de paz sonriendo. y que se llama Falleix. hacía su trabajo y daba la sensación de atribuir todo aquello a algún capricho del prefecto. unos guantes de cuatro chavos. A veces los prefectos tienen antojos. —¿O quizás en Saint-Denis? —repuso el falso magistrado. vaya con cuidado: por ahora no hay nada especialmente grave contra usted. con un claro contrasentido. se equivoca. La sonrisa fue aceptada sin protesto. oficial de pos.. Pero toda respuesta era peligrosa. lo cual no me costará mucho más de mil escudos. Probablemente tomó usted la carretera de Inglaterra en Beaumont-sur-Oise. —Querido señor Peyrade.. Por lo que a mí respecta. salía perdiendo Peyrade.. comprados diez días antes. Aquella nueva pregunta pedía una respuesta. la amante de ese agente de cambio que viaja por gusto suyo o para disgusto de sus acreedors. "¡Vaya habilidad!". —Sí —repuso Peyrade—. echando una mirada astuta a los ojos de su cancerbero. y una cadena de reloj dorada. —En Beaumont-sur-Oise —contestó Peyrade. Peyrade quedó turbado. y si decía que no. haciendo disfrazar a Contenson de mulato? —preguntó el oficial de paz. La cara del supuesto magistrado permaneció muda e impasible. siento que una persona como usted sea objeto de vigilancia.. en caso de que aquel hombre supiera la verdad. ¡dígame la verdad! —¿La verdad? Aquí la tiene —dijo Peyrade. Decir que sí resultaba una burla. —El señor prefecto hará de mí lo que quiera. Ni más ni menos era el retrato perfecto del magistrado inferior que se denomina. Pero. dijo para sus adentros. una larga levita negra. Su disfraz no es del gusto del señor prefecto. —Si pretende darme a entender que actúa por cuenta de la Policía general del reino —dijo secamente el falso agente—. Si cree que así va a esquivar nuestra vigilancia. y le respondió con aquella sonrisa. —Me he enamorado locamente de una mujer.. pero no debo rendir cuentas de mis acciones más que a mis jefes —dijo Peyrade con dignidad. —¿Con qué objeto se ha disfrazado usted y ha tomado una habitación en el hotel Mirabeau. y si miente puede agravar su situación.. Para poderla mantener durante un mes. vamos a cambiar de rumbo: iremos a la calle Grenelle en lugar de ir a la calle de Jérusalem... no le deseo ningún mal. —¿La señora Du Val-Noble? —dijo el oficial de paz. negros. vamos. Pero. y que además dé usted pie a ella.

—Sí. no pudo soportar más a aquel hombre a causa de esas palabras. "¿Es alguna reminiscencia?"... se pinchó con un alfiler y exclamó: "¡Ay.. Peyrade pensó: "¡Vaya unos agentes!. La señora Du Val-Noblé es una mujer para gente de buena posición.. ¿qué dirían?" —Hasta aquí me ha contado usted sin duda alguna una parte de la verdad.y he tomado a Contenson como criado. yo tengo sesenta años y me paso perfectamente sin ellas... subiré con usted a su habitación para comprobarlo todo personalmente. como ve usted. palabra de un excomisario general de la policía. Pues fíjese. —Ya comprenderá que Peyrade o el tío Canquoèlle de la calle des Moineaux. y seguramente quiere atraparlo con . otro tanto en algunas fiestas. Seguramente un informe oral bastará al comisario. ¡Dios mío! Si el señor Lenoir o el señor de Sartine volvieran al mundo.. le dijo su acompañante.. Un día.. en el teatro. Esto es tan verdad.. caballero. que si quiere que me quede en el coche esperándole. querido Peyrade. ni uno ni otro habrían sido del agrado de la señora Du Val-Noble — repuso Carlos. En eso me gana. la abrió y ofreció tabaco. Soy perro viejo y conozco el paño: le he ofrecido mil francos al mes y un coche. Y un hombre de mi edad bien puede gastarse mil escudos en un último capricho. Se ha inmiscuido usted en los asuntos sentimentales del barón de Nucingen. Y no sólo Contenson le confirmará lo que tengo el honor de decirle. Haga volver al cochero a la calle de la Paix. Comprendo que no quiera exponerse usted a una tal afrenta. querido Peyrade. quinientos de regalos. comprendo que para satisfacer este capricho haya tenido que adoptar el aspecto de un extranjero. encantado de haberse enterado del domicilio del tío Canquélle—. no me equivoco en un solo céntimo diciéndole mil escudos. puede usted subir al hotel a interrogar a Contenson. a Peyrade con un gesto de gran amabilidad.. verdugo!". empleando esta exclamación que entonces estaba de moda. Si es cierto lo que usted dice.. Antes de la Revolución —dijo— tuve relaciones con una mujer que había sido la amante del verdugo. querido amigo —dijo el falso oficial de paz después de aspirar su pellizco de rapé—. la vi un día en la Ópera y me pareció muy hermosa. Carlos sacó del bolsillo una petaca de cartón negro forrada de rojo. papá Peyrade! ¿Todavía tiene usted tanta afición a las mujeres como para.. que ha de venir esta misma mañana a comunicarnos la aceptación de mis proposiciones o las condiciones que impone su señora. sino que podrá usted ver llegar a la doncella de la señora Du Val-Noble. —¡Vaya. pero eso no es todo. en cenas y en espectáculos. que son mil quinientos..

... Sin fortuna y sin moralidad. nombre de la pequeña finca en la que reside su familia. Dios mío.. Había enviado a Lucien muy temprano a casa de la condesa de Sérizy. —¿Renunciaría. me he abstenido de toda ulterior indagación después del rapapolvo que me echó el señor prefecto.. "¡Cómo tira." —¿Renunciar? "—dijo Peyrade—. de eso? —dijo Carlos con un aire de firme autoridad. por lo que a Carlos respecta. tengo un amigo. El magistrado subalterno permaneció impasible—. —Caballero. Esta atrevida escena era. a su capricho si se lo pidiera el señor prefecto? Creo que sería la mejor prueba que podría usted dar de la sinceridad de lo que me dice. que sin duda alguna tenía razón.—dijo Peyrade. llegado a París procedente de Aviñón dos años antes." —¿Qué hay. cómo tira! —se decía Peyrade para sus adentros—. —Caballero. Lucien rogó al secretario particular del conde que fuera a pedir al prefecto informes acerca del agente empleado por el barón de Nucingen. Pero como conozco lo bastante a la policía después de cincuenta y dos años de servicio —siguió Peyrade—. una de esas combinaciones cuya simplicidad sólo podía provenir de un personaje de su temple. El secretario había regresado con unas observaciones sobre Peyrade.. . dice que va a soltarme y sigue tirándome de la lengua. ya hemos llegado al hotel. Puede más de lo que pensaba. pues.algún nudo corredizo. ¡Caramba! Los agentes de hoy en día son de la misma valía que los del señor Lenoir. Pero. —¿Diría usted esto a un juez de instrucción? —añadió Carlos.. depositario de secretos de Estado. es cierto que cometí el error de indagar por cuenta del barón de Nucingen el paradero de una mujer de la que se había enamorado perdidamente. ya que según parece interferí sin saberlo con ciertos intereses muy altos—. La señora Du Val-Noble es amiga de la señora de Champy. —¿De dónde saca usted el dinero? —le preguntó Carlos. con un aire sagaz y a quemarropa. copia del sumario que figuraba en su expediente: Miembro de la policía desde 1778. Domiciliado en la calle des Moineaux con el nombre de Canquoelle. familia honorable. pues. "¡Demonio! ¡Habrá que ir con cautela! —se dijo Peyrade—. si quiere usted subir. le ha fallado el tiro de pistola y ahora quiere darle a cañonazos.. Me está enredando. Esperaré las órdenes del señor prefecto. Ésta fue la causa de que cayera en desgracia. en el departamento de Vaucluse.

) —Debe ser el inglés a quien Contenson hace de mulato —había exclamado Carlos al recibir de Lucien las informaciones de viva voz. —Haremos caer al prefecto —contestó Corentin al oído de su amigo. Si no es un nabo. —Bien. un piso enteramente amueblado en la calle Taitbout. su nabab podrá renovarlo si está en condiciones. Si su nabab es un verdadero nabab. llamado Théodose de la Peyrade. Hizo a Carlos un gesto de entendimiento. —¡Yo estar moy content! —contestó Peyrade. ." —La señora consiente en todo —decía Adéle—. que tiene. que desplegaba una actividad de general en jefe. que quedó estupefacta—. Había encontrado la puerta abierta y se acercaba a ver cómo el viejo Peyrade desempeñaba su papel de nabab. Peyrade hizo entonces señal a Carlos de que se quedara en la primera habitación. y que seguramente se lo cederá. Me ha descubierto bajo el disfraz de nabab. 233Peyrade y su Mentor oyeron la voz de Contenso. que entró y dio unas palmaditas en el hombro de la doncella. El arriendo termina en abril en 1830. número $7 del archivo. Había estado a punto de matar a Peyrade en el interior del coche en tres ocasiones. puesto que los muebles están aún en muy buen estado..Reclamado recientemente por uno de sus sobrinos-nietos. y éste respondió con un gesto de asentimiento. hija mía. bien puede regalar los muebles a la señora. todavía por un año. pero se había propuesto no cometer jamás ningún asesinato por su propia mano. que hablaba con la doncella de la señora Du Val-Noble. —¡Vaya con el mulato! —exclamó la señorita Adéle—. y se había disfrazado de oficial de paz. ya nos lo partiremos. comprendiendo que el nabab tenía que ser fiel a su papel. al oído—. —¡El prefecto siempre me pilla! —le dijo Peyrade a Corentin.. y el señor podrá comprárselos a lá señora entendiéndose con la señora de Champy. serán sus hojas —dijo el mulato a la muchacha. La señora podrá recibir mejor allí al señor Johnson. además de la nota escrita. como si quisiera decirle: "Ahora podrá usted juzgar acerca de mi sinceridad. y decidió deshacerse a tiempo de Peyrade dando a entender a algunos reclusos recién liberados que se trataba de un millonario. (Ver informe de un agente. Corentin apareció de pronto. Pero el cuadro cambió súbitamente al entrar un personaje sobre el cual ni Carlos ni el prefecto de policía tenían ningún poder. la señora de Champy. La señora está en estos momentos en casa de una de sus amigas. En el espacio de tres horas aquel hombre. había hallado a través de Paccard a un cómplice inocente que podía desempeñar el papel de gendarme vestido de paisano.

con una vibración metálica en la voz—. —¡Eh.. luego la hinchazón de la cara y la trampa de las tres pulgadas de estatura logradas mediante un talón interior. sobre todo.. —Es el oficial de paz que me ha enviado el prefecto —dijo Peyrade a Corentin. y la mirada de aquel hombre no podía olvidarse. Este hombre lleva tres juegos de cartas en los zapatos. —¡Ése! —dijo Corentin—. a través de la ventanilla: —Eso es todo cuanto quería saber. señor cura!. Carlos volvió la cabeza. un oficial de paz no tiene por qué disfrazarse. hay que ganarlos por pies y. voy listo. amigo mío. .. Si no regreso. tras haber saludado fríamente. me voy a la prefectura —dijo Carlos—. —¡Vamos. eso se advierte por la posición del pie en el zapato. —Espérese aquí hasta mi regreso. esto indicará que puede usted seguir adelante con su capricho. además. se puso a examinar disimuladamente al magistrado. averiguar qué quieren de nosotros. ya los tengo a la zaga. en quien reconoció a uno de esos individuos rubios y de ojos azules que son terribles en frío. Sin embargo. "Vaya —se dijo a sí mismo Jacques Collin—. imprimiendo a su acento y a su mirada una sorna infernal. Carlos salió. —llamó Corentin. te han tomado el número! —dijo Corentin. Corentin había visto cinco o seis veces al padre Carlos Herrera.Luego. Corentin bajó rápidamente para aclarar sus dudas. Te has dejado enredar. Después de haber dicho estas palabras al oído de Peyrade para no desprestigiar al personaje a los ojos de la doncella. pues no tenía ningunas ganas de permanecer bajo la mirada del recién llegado.. ¡Al muelle Malaquais! —gritó Corentin al cochero. El español es un vicioso de grandes vuelos que ha querido hacer la fortuna de ese jovencito batiendo moneda con la almohada de una muchacha bonita. Todo se explica. vio a Corentin y subió al coche. Emplearé los últimos días de mi vida en darle vueltas y más vueltas sobre una parrilla. —Es el padre Carlos Herrera. probablemente el Corentin de España. al ver que en la habitación no había más que Peyrade y Contenson. —¿Quién es? —exclamó Peyrade. Carlos iba a subir al coche. Corentin tuvo tiempo de decirle. Allá tú si quieres enfrentarte con un diplomático que me parece estará recibiendo muchos palos. Corentin había reconocido primero la corpulencia de sus espaldas.

señora duquesa. —Ya le han birlado más de quinientos mil francos al Nucingen —dijo Contenson. —¡Qué dote habría tenido mi pobre Lydiet —exclamó Peyrade. le felicito. de esas señales de viruela. podrás disponer de más de cien mil francos para casar a Lydie. ha sabido esquivar las pretensiones que los detentadores de los bienes habrían manifestado de haber sabido el nombre del comprador. Espero que dentro de quince días le inviten a cenar. Papá —dijo. la duquesa retuvo a Lucien junto a ella durante un rato.—¡Ah! —exclamó Contenson—. Ante la mirada de todos los invitados. Nosotros podemos tener una Deuda .. —Hay algo que se asemeja a un palacio. Hay que ligar con la Val-Noble para tener acceso al domicilio de Esther: ella era la auténtica querida de Lucien de Rubempré. —Y aún les falta otro tanto —repuso Corentin—. estaba en el coche de punto! Me acuerdo de esos ojos. Si tu plan fallara. —Bueno. según dicen. ¡Él recogió los trescientos mil francos el día de la detención de Esther. tendrá que capitular. Mi procurador de París es hombre hábil. El mismo día en que los verdaderos adversarios se habían encontrado cara a cara y en terreno llano. —Sí. —¿Ha ido a hacer un corto viaje? —le dijo. Mi hermana. ha hecho grandes sacrificios. mostrándosele muy obsequiosa. pero le tengo cogido: pese a su ingenio.. la tierra de Rubempré. querido amigo —dijo el duque de Gradlieu—. —No me digas eso. sonriendo demasiado. hay que inclinarse ante él. —¡Quizá los tenga mañana! El cura. deseosa de facilitar mi boda. —¿Hay algún palacio? —preguntó Clotilde. —Puedes seguir haciendo de nabab —dijo Corentin—. de esa frente. no sé de qué sería capaz. puesto que la finca de Rubempré cuesta un millón. ha comprado usted. pero lo más sensato será emplearlo como material para edificar una casa moderna. Corentin. de modo que he podido adquirir las tierras de Rubempré y recomponerlas enteramente. Lucien fue a pasar la velada en la casa de los Grandlieu. es un diablo superior. y no temas nada más. es muy listo. Los ojos de Clotilde despedían llamaradas de felicidad a través de sus sonrisas de satisfacción. dando unas palmadas al hombro de Peyrade—. Procura ser tan tonto como un nabab. La asistencia era nutrida. —Esta noche tendrá usted una entrevista con mi padre —le dijo en voz muy baja—. querido amigo. Es una buena respuesta a los que le andaban atribuyendo deudas.

—Perdone que le interrumpa. y por la rendija de la puerta vio entrar a Corentin. al que no reconoció más que en la voz.Pública. de Espard y yo —dijo el duque—.. abajo. . no dejes escapar ni un solo gesto de sorpresa: se trata del enemigo. Al día siguiente. todavía debo quinientos mil francos de esta adquisición. en cambio. ¿quiere usted ser el cuarto? —dijo a Lucien. —Quiere que me quede esto para mí —dijo el duque. —¿Le ha dicho. tal era el talento que aquel gran desconocido poseía para transformarse. Lucien. como Francia o Inglaterra. —Les basta con su apellido —contestó Lucien. y es difícil que encuentre un partido de tanta fortuna en este barrio. Carlos se ocultó en la habitación de al lado. —Querida mamá —fue a decirle Clotilde a la duquesa—. no pueden darse este tono. el compañero del señor de Espard. ha tenido la habilidad de dejarse ganar. —¡Oh!. les anunciaron la visita del señor de Saint-Estève (¡vaya broma!). —Ahora vas a oírme —dijo Lucien. a la hora en que Lucien fumaba algunos cigarros después de comer. los comerciantes. perdió veinte luises. A las once. señor —contestó el groom. que permaneció en silencio. Lucien volvió a su casa y se metió en la cama.. señor duque. pero.. que deseaba hablar con el padre Carlos Herrera o con el señor Lucien de Rubempré. caballero —dijo Corentin—. donde las muchachas reciben muy poca dote. a este hombre —dijo a Lucien— pero no digas ni una sola palabra comprometedora. tras intercambiar algunas palabras de amor con la señorita de Grandlieu. dando palmaditas en las manos de su hija y mirando de reojo a Lucien. que estaba muy preocupado. —No tengo el honor de que me conozca usted. —Pues habrá que casarse con una muchacha que se los proporcione. pero. en compañía de Carlos. —Sólo somos tres para jugar al whist. —Recibe tú. ya que no dudaba de que sería aceptado como pretendiente de Clotilde y de que se casaría antes de la cuaresma de 1830. que estoy fuera? —exclamó el cura. la gente sin bienes. Clotilde se acercó a la mesa de juego para ver jugar a su padre.... mostrándole la mesa de juego. En aquel momento Corentin parecía un viejo jefe de división de las finanzas. caballero —dijo Lucien—. pensando en el triunfo completo que había de obtener al cabo de un mes. —Sí. Maufrigneuse. pues.

—Caballero —contestó—. Lucien se sentó y no contestó nada. que no se efectuará —dijo con viveza Corentin. a la trata de blancas con tamaños beneficios. para acabar de una vez con su apreciable negociación.. interrumpiendo a Corentin—. Le he dejado hablar tranquilamente.. En estos momentos todo puede arreglarse. que no deben preocuparme —añadió Lucien—. no quiero saber quién es usted.. Se expondrán a la luz del día las maniobras habilísimas utilizadas contra el barón de Nucingen. especialmente si me dedico. Se pueden encontrar fácilmente las minutas de los procesos en virtud de los cuales la señorita Esther ha sido perseguida por la justicia. sepa que yo. pero tiene cuentas . —Está usted entre las manos de un hombre que tiene el poder. Simplemente soy el encargado de negocios de los que proceden a este chantaje..—Pero se trata de su casamiento con la señorita Clotilde de Grandlieu. —O bien se apoya usted en hechos enteramente falsos. creo que puede comprender mi dilema. Este estadista ha tenido a bien ayudarme con sus consejos durante algún tiempo. no le temo a nadie. y en tal caso. Corentin habría podido hablar una hora seguida: Lucien seguía fumándose el cigarrillo con toda tranquilidad. Y en definitiva.. Me parece usted una persona de sentido común. como usted parece creer. dándole cien mil francos. No estoy metido en absoluto en los chanchullos de que me habla. Esto no me incumbe en absoluto. la señorita Esther —prosiguió Corentin—. —Caballero —dijo Lucien.. En fin. o bien tiene usted razón. Si los Grandlieu ponen muchos reparos. Se produjo una pausa. Lucien de Rubempré. Entregue usted la suma de cien mil francos y se le dejará a usted tranquilo. no tiene nada que ver con mi casamiento. porque la gente que se encarga de llevar recados de esta índole no tiene nombre. le concedería a usted el derecho de reclamarme otros cien mil tantas veces como el que le manda pudiera encontrar otros Saint-Estève para enviarme.. estoy en mi casa. el padre Carlos Herrera está en estos momentos en camino hacia España. ni con mis intereses. al menos para mí. quedan muchas otras jóvenes de la nobleza con quienes casarse. durante la cual se enfrentaron la mirada felina de Corentin con una mirada gélida por parte de Lucien. y hay medios de hacer hablar a D'Estorny. —Si el padre Carlos Herrera.. no sería ninguna afrenta para mí quedarme soltero. la voluntad y todas las facilidades para demostrar al duque de Gradlieu que las tierras de Rubempré se pagarán con el precio que ha recibido usted de un tonto a cambio de su querida.

—Peor para ella —respondió Lucien. a la señora Du Val-Noble. que lo transmitieron al barón—. A pesar de todo. Así pues. —¡Manos a la obra. Había dado ya dos o tres veladas tan sólo para introducir a Lucien en la casa. Aquella expresión se hizo proverbial en el mundillo de las cortesanas. la flor de los calaveras. ni siquiera a hacerme desperdiciar un solo cigarrillo —dijo Lucien. no tiene usted derecho a mezclarse en mis asuntos. —Adiós —dijo Corentin—. En respuesta a esta amenaza. además. Por último. Al igual que los casados. póngase en camino hacia Madrid. en seguida! —exclamó mirando a Lucien... Du Tillet. que se había quedado pálido después de aquella horrible entrevista.que rendir a Su Majestad el rey de España. Lousteau. —Caballero —dijo Corentin con toda nitidez—. Esther había decidido hacer pagar caro al pobre millonario lo que él llamaba su tía te driunfo. jamás será usted el marido de la señorita Clotilde de Gradlieu. Florentine. y. —Voy a abrir por Carnaval —dijo Esther confidencialmente a sus amigas. Esther continuaba concienzudamente en su papel de Pompadour del príncipe de la Especulación. Si entre el restringido número de lectores que atienden a la parte moral y filosófica de un libro hubiera uno solo capaz de creer en la satisfacción del barón de Nucingen. a primeros de febrero de 1830 todavía no se había celebrado la inauguración del begueño balado. tirando su cigarro apagado. y se traslucía su descontento. si quiere usted hablar con él. pero algún momento habrá en su vida en que estará dispuesto a dar la mitad de su fortuna a cambio de haber tenido en este momento la ocurrencia de llamarme antes de que salga de esta casa. Bixiou. Esther aceptó como actrices de la comedia que representaba a Tullia. No nos volveremos a ver. hacía bastante el ridículo: empezaba a quejarse delante de sus íntimos. empujando impacientemente a Corentin hacia la puerta. Carlos hizo con la mano gesto de degollarlo. dos actrices y dos bailarinas. No hay nada tan triste como la casa de una cortesana sin la sal de la rivalidad y sin la diversidad en el vestir y en las fisonomías. Rastignac. en la más amena. Fanny-Beaupré y Florine. En seis semanas Esther se convirtió en la más ingeniosa. en la más hermosa y elegante de las mujeres de esa casta de . El barón se deshacía en infinidad de lamentaciones. fueron los asiduos de la casa. —¿Ha reflexionado usted bien? —dijo fríamente Corentin. demostraría con ello la dificultad que hay en someter el corazón de una muchacha a cualquier clase de máxima fisiológica. Nathan y el conde de Bramboürg. y voy a hacerle feliz como un gallo de vitrina. —Caballero.

en el libro de los libros. encarnaba la admirable ficción de los cuentos árabes. se había instalado en casa de Esther. Tenía en su interior una imagen de sí misma que la hacía avergonzarse a la vez que la enaltecía. de acuerdo con las palabras de Carlos. dejando en él a un criado encargado de hacer el papel del amo y de esperarle en una fonda de Burdeos. obligado a ofrecerle un palco. ésta se lo ganaba de nuevo con una escena de ternura. y cuyo prototipo se encuentra. Por otra parte. había llegado hasta Tours. y que tenía que ser el día después del primer baile de la Ópera. que sólo vivía para ella. puesto que el momento de su abdicación nunca dejaba de estar presente en su conciencia. la víctima podía divertirse un poco a costa del verdugo. juez y reo a un tiempo. tras regresar en diligencia vestido de viajante de comercio. pero a la vez abrigaba un sentimiento secreto de superioridad sobre su casta. Desde su merecido pedestal saboreaba cuantos goces de la vanidad seducen a las mujeres ordinarias. en los que casi siempre aparece un ser sublime bajo la figura de un ser degradado. la libraron de todo escrúpulo. Esther. Se hacía unas veces encantadora y otras aborrecible a aquel millonario. desde donde. con objeto de ocultar a su amante y no mostrarse con ella en público.parias que constituyen las entretenidas. en el fondo de un palco que el barón. con el nombre de Nabucodonosor. y que estaba a pocos pasos de la señora de Nucingen. Sus sarcasmos reflejaban el profundo desprecio que el ángel de amor encerrado en el alma de la cortesana sentía hacia el papel infame y odioso que representaba su cuerpo. La pobre cortesana ponía ilusión en contemplar a Lucien los . Esther había elegido su palco de tal manera que pudiera contemplar el de la señora de Sérizy. Herrera. vivía una especie de doble vida sintiendo lástima por su personaje. a quien Lucien casi siempre acompañaba. en la Biblia. Luego. y se complació en representar el papel de la diosa Até. las informaciones recogidas por Esther acerca de los medios solapadamente vergonzosos a los que el barón debía su colosal fortuna. Unos quince días antes del elegido para celebrar la fiesta. Había mandado que su coche prosiguiera hasta Burdeos. así pues. espectadora y actriz. la Venganza. Cuando el barón llegaba a un grado de sufrimiento en que deseaba bandonar a Esther. cuya partida hacia España había sido muy ostentosa. Habiéndose concedido un plazo de vida hasta el día siguiente a la infidelidad. había conseguido para ella en la platea. se hallaba en los Italianos. y en particular a Peyrade. cuyas agudezas empezaban a causar temor. la cortesana. dirigía cuidadosamente sus maquinaciones vigilándolo todo. por mediación de Asia. de Europa y de Paccard.

estoy en los Italianos. el rostro de un hombre es como el mar para un marinero.. no le está permitido decir a su amante indiscriminadamente y a horas inoportunas: "Es usdet ponida. que reconocía la profunda justeza de aquel argumento médico... esdá gomo bara gomérsela. no haría tanto ruido en el palco de una mujer á quien le gusta la música. querido amigo. que seguía mirando a Lucien—. pálido y con la cara casi descompuesta. No ha consultado usted a Bianchon. molestándome con mi vestido como un abejorro sobre un papel. ¿qué habrá pasado? ¿Necesitará hablar con ese ángel infernal. jueves y sábados. ¡vuelva mañana a las diez! —¡Gué gruel es usdet!. volvamos a casa. Aprenda de mí (¡le salgo lo bastante cara como para que reciba de vez en cuando un consejo de mi parte a cambio de su dinero!). Esther vio entonces. ¿sabe de qué me hace usted el efecto?.. Para una mujer que ama. según ha dicho Blondet. le huelo). y terminó usted de cenar a las nueve en casa Du Tillet. chapurrea usted el amor igual que lo hace con el francés. me doy cuenta de que ha cenado usted tremendamente. —dijo Estehr. junto a la señora de Sérizy. Estas señales de aflicción interior sólo eran visibles para Esther.. hacia las nueve y media. y que ahora está en una buhardilla entre las de Europa y Asia?" Torturada por tan crueles pensamientos. que cuando uno tiene digestiones pesadas como le ocurre a usted. cuyas curiosas desinencias no son más fáciles de entender para el que las lee que para el que las oye.. soltándole la mano y rechazándola con un ligero gesto de enfado—. —Esder —dijo. —exclamó el barón." ¡Viejo presuntuoso! Y si le contestara: " Me disgusta usted menos esta noche que ayer.. Desplein. ¡no me esgucha en apsoludo! —Oiga. . y que empieza ahora a hacer la digestión. Son las diez.." Un soldado murió de una fatuidad de este tipo. que Lucien entraba en el palco de la condesa muy inquieto. Esther apenas oía la música.. en los brazos de la Religión. sepa usted. con su pichón el conde de Brambourg. De modo que no es difícil creer que no escuchaba en absoluto al barón.. y tiene muchos millones y trufas que digerir. transformada en hombre por un prodigio de la naturaleza. al viejo Haudry. —¿Cruel?. "¡Dios mío! ¿Qué le ocurrirá?. y me hace reír de compasión. ¡Naturalmente que no le escucho! Está ahí. que para él es ángel de la guarda. Me dice usted: "Es ponida.. —¡Gué gruel! —Aquí no estoy en mi tocador.. Desde que está entreviendo el alba de su felicidad. Si no fuera usted una de esas cajas fuertes fabricadas por Huret o por Fichet.martes. barón. que entre sus manos guardaba una mano de su ánqael hablándole en su jerga de judío polaco..... por la manera como le veo suspirar (ya que aunque no le escuche." Pues bien.

llamándole con expresión altanera.. ¡Me cusda gue usdet me dome el helo. no hay pareja que armonice mejor... No me mire así.. esdá usdet exegraple esda noche! —dijo el Lobo Cerval con una cara larga.. El barón estaba de pie. Una ramera y un ladrón. le dice: <Buenos días. Pero ha birlado los millones suficientes. ¡Hay que ver cómo parlotea.. Y éste es el mejor de sus títulos de gloria. pues. Y dice: "¿Hay alguien en París que posea un loro como éste?.. Vaya a preguntarle a algún guacamayo del Brasil si le debe agradecimiento alguno al que le ha metido en la jaula de oro.. voy a proporcionarle los medios de tenerlo. —¡ha tejo borgue. ¡buenas noches! —contestó Esther—.... ¿Pues qué me ha dado usted hasta ahora?.. —Tica.. —¡Aquí. ¡Quiere mi corazón! Pues mire... como un antiguo nabab residente en Asia por cuenta de Inglaterra que le ha comprado a un viajante de comercio la primera tabaquera suiza que toca tres oberturas. y conseguirá gratis lo que jamás podrá usted comprar con todos sus millones!. ¡Ha pagado mis deudas!. a la temperatura que le manda su médico.. (y no haga muecas. No me dirá que no me tomo interés por su salud.... con la mano en el pomo de la puerta.. haré gualguier gosa bor usdet.. Nucingen!. en la cama. en mi casa.. —¡Famos. ¿puedo estar orgullosa de usted? Usted sí que está orgulloso de mí. es usdet una incrada! —exclamó el barón al oír una melodía que los ancianos enamorados suelen escuchar con frecuencia en los Italianos. cómo sabe encontrar las palabras adecuadas! Cuando entra Du Tillet. —¡Ingrata! —dijo Esther—. realmende. yo llevo bien sus galones y su librea.. sinvergüenza. —Bien.. Recomiéndele a Chorche que le ponga la cabeza bien alta. que me lo dijo usted mismo) para no tener que ir con miramientos. Y exhibe su guacamayo rojo y blanco ante todo París.. Ha construido usted una jaula magnífica para un loro que le gusta. unos vasos de agua azucarada y le mime un poco... que está allí con su mujer. Vamos. Muchos sinsabores. papá. tica. qué esta noche pone cara de apoplético...—¿Te gué? —De un hombrecito envuelto en una manta que a cada hora se va del sillón al ventanal para saber si el termómetro ha llegado al artículo gusanos de seda. sea como Lucien de Rubempré. Cierto. se parece a un bonzo.. El barón se inclinó ante ella con una servilidad perruna.. y los pies hacia abajo. monstruo. —¿Quiere que sea buena con usted y que le dé. —¡Sea usted joven y guapo. —dijo Esther.»" Pero es usted feliz como un holandés que posee un tulipán único.? ..

Estoy tisbuesdo a esguchar una hora te insuldos si al final denco una garicia. Frédéric mío. "¡Su Señoría no está!".. Lucien había salido en su berlina para ir a la casa de Gradlieu. Algunas personas situadas muy arriba hablaban del casamiento de Lucien con la señorita de Gradlieu como de algo probable. El barón movió la cabeza como un "pájaro cogido en una trampa y que implora al cazador. exembajador en España y exministro de Asuntos Extranjeros. A las nueve. la venta de sus acciones de la empresa de los ómnibus al precio de trescientos mil francos le habían permitido pagar un tercio del valor de la tierra. —Ess usdet engandatora —dijo el barón. Si tienes éxito en esta pequeña negociación. ve que hay cuatro carruajes en el patio. te diré tan bien que te amo.. "¡Dios mío! ¿Qué tiene Lucien? —se dijo a sí misma cuando se quedó sola. —¡Quebranto lleva una cu y no una ge! —dijo ella. ¡Nunca ha estado tan triste!" Veamos lo que aquella misma noche había ocurrido a Lucien. se coloca en la escalinata y se pone ante la puerta como un centinela que vuelve a su puesto. Lucien. la puerta se abre y el coche se detiene ante la escalinata. sin retener ya más sus lágrimas. invítelo a nuestro banquete de Baltasar y tenga la seguridad de que no faltará. —dijo.. al ver al señor de Rubempré. como si se tratara de un niño pequeño. llevaba diez botes de cremas en la cara cuando él entraba en el salón. que te lo vas a creer. —Vamos.. Al llegar. había prometido a la duquesa de Grandlieu que pediría al rey el título de marqués para Lucien.. como suelen hacer los jóvenes. para las noches de invierno había tomado una berlina y había alquilado al principal propietario de carrozas una de las más espléndidas. y confesaba en voz alta su pasión hacia él. burlándose de la pronunciación del barón—. Desde hacía un mes todo le sonreía: había cenado tres veces en la casa Grandlieu y el duque se mostraba amabilísimo con él. Clotilde de Gradlieu. que asomaron a sus ojos—. equipada con magníficos caballos. Reservaba su caballo de silla y su caballo de cabriolé para las mañanas.. se adelanta. si no obedeces. dice. El duque de Chaulieu. besando el guante de Esther—.. tráigame a Lucien.—Me esdá guepranto el gorazón. Mire. amenazando al barón con el dedo.. al bajar del coche. "La señora duquesa . que se arreglaba deliciosamente. Después de cenar en casa de la señora de Sérizy. Lucien había ido aquella noche desde la Chaussée-d'Antin al faubourg Saint-Germain para efectuar la visita de cada día. como cada noche. el cochero da una voz. Uno de los criados que abren y cierran la puerta del peristilo.

. y le aparecieron algunos gotas de sudor frío en la frente. "La señorita Clotilde. con quienes se vio obligado a intercambiar sendos saludos. Se perdía en conjeturas. Aquella misma mañana. tu padre tiene razón. "¿Qué estará ocurriendo?". No puedo decirte. contesta el criado. "La señora duquesa ha salido". al entrar en el pequeño salón donde desayunaba en familia.. se consuma a veces en el umbral de un despacho mediante la palabra de un ujier con cara de cera." "Pero ahí hay gente".." Pese a su presteza. Lucien le hizo signo para volver a marchar. tratando de ser a la vez tonto y respetuoso. La duquesa parecía pensativa. En la corte las grandes catástrofes. "¿Cómo le haré saber este desastre a mi consejero ahora mismo?".. "Hija mia. obedécele —le había dicho con voz conmovida la madre a la hija—. señor". dijo a su mujer. contesta gravemente el criado. había dicho a Clotilde tras haberla besado: "Hija mía." "Le invito a que venga a cenar con nosotros hoy"." Después había cogido a la duquesa de la mano y se la había llevado al hueco de un ventanal para decirle algunas palabras en voz baja que hicieron mudar de color a la pobre Clotilde." "No creo que la señorita Clotilde reciba al señor en ausencia de la señora duquesa. Lucien adivinó fácilmente el sentido de aquella escena atroz para él: el duque y la duquesa no querían recibirle. El desayuno había sido profundamente triste. que aguantaba la empuñadura de la portezuela y no se decidía a cerrarla. hace notar Lucien al criado.. "No lo sé. el duque parecía estar enfadado contra sí mismo y Clotilde necesitó un gran esfuerzo para retener el llanto. hasta nueva orden no atiendas más al señor de Rubempré. a las once. el duque de Gradlieu. La señorita de Gradlieu observaba cómo su madre escuchaba al duque. el desafortunado dandy no pudo evitar al duque de Chaulieu y a su hijo el duque de Réthoré. añade Lucien. como ha hecho él: "¡No pienses en Lucien!" No. tenga. y el criado anunció sucesivamente: "¡El coche del señor duque de Chaulieu!". He aquí lo que acababa de pasar. No hay nada más terrible que la etiqueta para quienes la admiten como la ley más poderosa de la sociedad. la caída de un temible favorito. y vio que sobre su rostro se dibujaba una fuerte sorpresa.también recibe". Este coloquio se estaba desarrollando ante su ayuda de cámara. "Jean — había dicho el duque a uno de sus criados—. lleve esta nota al señor duque de Chaulieu. se preguntaba Lucien mientras se dirigía hacia los Italianos. comprendo tu dolor. y pídale que le dé respuesta con un sí o un no. sintió que la médula espinal se le helaba entre los anillos de la columna vertebral. ya que ellos no le dijeron una palabra. —Clotilde besó . " ¡El coche de la señora vizcondesa de Grandlieu!" Lucien no dijo más que una palabra al criado: "¡De prisa.. fulminado. a los Italianos!. pero al subir de nuevo al coche oyó ei ruido que hace la gente al bajar por una escalera.

tenemos a un hombre único para descubrir los secretos de Estado. a ese Rubempré. Éste será el cazador. por la Policía del reino. Tu . a que recoja informaciones. no ha habido ya ninguna objeción por mi parte.la mano de su madre—. en nombre de la felicidad de mi hija y de la consideración de nuestra familia. Toma. ¡Ya sé lo que has de hacer! Tienes como procurador a Derville.. un hombre de honor. y que nos miente al decirnos que su hermana le da los fondos necesarios para tales adquisiciones." A las seis. sufre en silencio. si es falso. y con nobleza. para contener los excesos de la familiaridad francesa y para humillar el amor propio—. un hombre que pesa. indicándome la manera de hacerlo. ángel mío: ¡Espera sin dar un solo paso. Cierra la puerta al muchacho y procuremos recoger informaciones.. es hábil y astuto. guarda el secreto de muchas familias. querido Ferdinand —había respondido el duque de Chaulieu tras haber leído la carta—. pero sólo para los negocios: no debes emplearlo más que como testigo. un hombre de nuestra plena confianza. cariño —había respondido la duquesa—. pálida como un lirio.. también puede guardar este otro. que le esperaba en su despacho. en fin. me encuentro en un apuro tal que no puedo seguir el consejo más que de un viejo amigo que esté bien enterado de todo. hija mía. Es un hombre probo. léelo primero.. —Estos dos duques se tuteaban y se llamaban por sus nombres de pila. En cuanto el muchacho hubo adquirido la tierra y en cuanto hubo pagado las tres cuartas partes de su importe. como ya sabes. hay que servirse de ellas. En el Ministerio de Asuntos Extranjeros. en la que me afirman que la fortuna dé este muchacho tiene un origen impuro. Nuestro espía es un señor que se presentará condecorado con la Legión de Honor y con aspecto de diplomático. Pero anoche recibí una carta anónima (ya sabes qué caso hay que hacer de ellas). Mi hija Clotilde quiere. Pero te diré algo más. Con estas cartas pasa igual que con los espías.. Henri." "Comparto tu opinión sobre las cartas anónimas. Siempre he estado en contra de esta boda. debes ignorarlo. el duque de Chaulieu había ido a ver al duque de Grandlieu." "¿De qué se trata?. Es uno de esos matices ideados para indicar los grados de intimidad. Henri. a quien casi me han obligado a prometerle por marido. y tú cumples estas condiciones. "De algo demasiado grave para que se te pueda decir. a quien mandamos a menudo en misión. la señora de Grandlieu no ha sabido resistirse al amor de Clotilde.". tu mente quedaría inútilmente manchada. pero aun despreciándolas. Advierte a Derville que para este asunto podrá contar con un lugarteniente. son grandes porque siempre saben cumplir con su deber en toda ocasión. y confía en la solicitud de tus padres! Las grandes damas. había preguntado Clotilde. y si es cierto.. Me requieren. pero. Óyeme. y Derville se limitará a asistir a la caza. "Óyeme. ya que le amas.

Derville estará aquí y les pondré en contacto.. tiene . —Déjenos —dijo Esther al señor de Nucingen. le felicitaba por su próxima boda. Si la carta anónima tiene razón. Tenía en el duque de Rhétoré a uno de esos enemigos implacables a los que hay que sonreír y de los que es imposible vengarse porque sus golpes siguen las leyes del mundo. (es un nombre que seguramente no habrás oído). temió comprometerse si iba a casa de Esther. El duque de Rhétoré conocía lo que acababa de pasar ante la escalinata de la casa de los Grandlieu. que sentía la necesidad de informar de aquel súbito desastre a su consejero-privadoíntimo-actual. —Y éste —dijo Lucien.procurador te dirá si el parto de la montaña es un ratón o si tienes que romper con Rubempré." "¡Me sacas de un apuro! Aunque todavía no sé si tengo que agradecértelo.." ¿Y cuál es el nombre de este caballero? —había exclamado el duque de Grandlieu—.. En aquel momento Nucingen se acercó sonriendo a Lucien y le dijo: —Guiere usdet hacerme el fafor te fenir a jer a la señora te Jamby. Saint-Yves. el cual. Le parecía ser ya objeto de las murmuraciones de todo París. vaya a ver a la señora Du Val-Noble. que quiere irse a Italia. respondiendo a Lucien con otra señal de complicidad mientras seguía dirigiéndose al barón—.. Olvidaba que Esther estaba allí. gue guiere infidarle a usdet bersonalmende a la inaucuración te nuesdra gasa. en medio de tanta perplejidad.." Después de aquella entrevista. Dentro de ocho días sabrás a qué atenerte. ¡Ah.. "Sobre todo si le das tu hija —había contestado el exministro—. sonriendo— se parece terriblemente al de usted. —Tráigamela usted con su nabab —dijo Esther. desconocedor todavía de la noticia. tan confusas eran sus ideas. Lucien... —Con mucho gusto.. Mándamelo mañana hacia las cuatro. hay que decírselo a Derville.. como acababa de producirse." "Su verdadero nombre es. ¿qué más te da? Puedes mandar de viaje a Clotilde con mi nuera Madeleine.. o Sainte-Valere. según creo. había dicho el duque de Grandlieu. Crecen muchos nababs en las Indias —añadió. Corentin. el mayordomo recibió la orden de cerrar la puerta al señor de Rubempré." "Esperemos el acontecimiento... barón —contestó Lucien." "El joven no es aún bastante marqués como para ofenderse por no encontrarme en casa durante ocho días". veo que está en un palco del tercero con su nabab. al verle entrar con Lucien—. Luis XVIII le tenía una confianza absoluta. pero este caballero vendrá a tu casa armado con su nombre de ministro. se vio obligado a conversar con Rastignac. donde quizás habría gente. a cuyos ojos el financiero se transformó en ángel salvador. uno de éstos! Puedes confiar en él.. dirigiendo a Lucien una mirada de complicidad. Lucien se paseaba por el salón de los Italianos como un borracho. Se hace llamar señor de Saint-algo.

—¡Oh.. me está viendo la señora de Sérizy! —exclamó Lucien—. ¿por qué entristecerse? Harás un casamiento aún más hermoso más adelante. cuestan tanto cuando se las paga como cuando no se las paga. —dijo al oído de su amado. —¡Estoy perdido! Acaban de negarme la entrada en la casa de los Grandlieu con el pretexto de que no había nadie. —Estas mujeres son muy peligrosas —dijo la señora de Sérizy. entreviendo ya el paraíso. la verdad. enfocando sus gemelos hacia el palco de Esther. Y para colmo está con ella el duque de Rhétoré. Uno puede cenar en su casa. pero. si le quitara usted su lastre. Lucien mío?... —Organiza una cena para esta noche para que pueda hablar secretamente con Carlos.. según me han dicho.... a quien le parecía estar sobre un brasero. —¿Deja usted que Lucien se deje ver en el palco de la señorita Esther? — decía el joven duque. en la escalinata.. haciendo un gesto de desespero. Te conseguiré el doble de tierras.muchas ganas de conocerle a usted. —¿Nos doma usdet agaso bor latrones? —dijo el barón. —¡Le arruinarán! —dijo la señora de Sérizy—. —Todavía no sé lo que se está tramando contra mí. acabo de ver cómo le negaban la entrada. quizás iría más ligero... tanto por lo que pueden como por lo que quieren. no me extraña la desconfianza de los Grandlieu hacia este muchacho.. en aquel mismo instante el duque de Rhétoré jugaba con el dolor de la condesa de Sérizy. Pero Lucien se paró de pronto. Ya que. y sobre todo invita al falso inglés y a la Val-Noble.. —¿Qué pasa? —preguntó la pobre muchacha. —¡Cómo. lo cogeremos y lo.. que se toma interés por él. —¿Qué tienes. cuando en realidad estaban el duque y la duquesa.. Este nabab ha producido mi ruina.. rozándole la oreja con sus labios en cuanto se hubo cerrado la puerta del palco. La pobre mujer me ha entonado ya no sé cuántas elegías.. . Efectivamente. dicen que es extraordinariamente rico. señalando el palco y a Lucien—. uno de los testigos del chasco de esta tarde. debería advertirle que eso no se hace. y en el patio había cinco coches con sus caballos piafando. —Sí —dijo el duque—. se queja de que este nabab no va. incluso puede. Usted. —Lucien mío —le contestó con una voz encantadora y acariciante—. quizá no haya boda! —dijo Esther con voz emocionada...

—Así se hará —dijo Esther. . —¡Ah. ven a cenar a medianoche. para que conozca usted a mi barón? —dijo Esther. para que Carlos lo sepa antes de tener al nabab a su alcance. luego se puso de través. —Habría que hallar algún medio para mandar buscar a Europa de parte del barón. querida! —dijo la señora Du Val-Noble. ¿Sabe usted lo que le exijo. —¿De verdad. ésta. de que la condesa era presa de una de esas agitaciones tremendas con las que se purgan los placeres ilícitos. —Pues bien. sonriendo. sin saberlo.. pero Lucien se dio cuenta. No es fácil que le cuesten dinero. —Allí voy —dijo Lucien. y se plantó en el ángulo opuesto. yes.. Tráete a Blondet y a Rastignac. con la barbilla sobre su mano enguantada. por el temblor de sus gemelos. dejando entre él y la condesa un pequeño espacio vacío. Me va a divertir mucho oírles hablar de finanzas.. miucho —contestó Peyrade. a su lado. —Bien —dijo Esther—. más bien serían ellas quienes se lo darían si fuera preciso. barón. entrando en el palco de Esther con Peyrade. sorprendido—. para que tengamos a dos individuos divertidos. Peyrade iba probablemente a encontrarse. bajo el pretexto de avisar a la cocinera. y de un león acompañado por sus guardianes. —contestó el joven duque. La condesa hizo con la boca un ligero movimiento nervioso que no podía incluirse en la categoría de sus sonrisas. se apoyó en la barandilla del palco con el codo derecho. sonriendo a Peyrade. El tigre iba al antro del león. —Oh. la condesa no le había dicho nada todavía y no le había siquiera mirado. señor Nabab. ahí tiene un francés que se parece un poco al que usted habla.. es un admirador del talento del señor de Nucingen. y le dirías lo que acaba de ocurrirme. de sonreírle y de recogerse el vestido para dejarle sitio al lado de ella. A mitad del acto. estoy encantada de presentarte al señor Samuel Johnson.. en lugar de girar hacia él la cabeza. su sitio está en el palco de la señorita Esther. y que no seamos más de nueve. saliendo sin mirar a la condesa.—¡Éste no es su caso!.. puesto que todas corren tras de él. caballero? —dijo Esther. —No sé —le dijo ella— por qué está usted aquí. Así pues. esperando que ella le dirigiera la palabra. bajo el mismo techo de su adversario. a quien el barón de Nucingen no reconoció—. Cuando Lucien regresó al palco de la señora de Sérizy. aproximadamente como el bajo bretón se parece al dialecto borgoñón. simuló no hacer el menor caso al que entraba y siguió escrutando la sala. No por eso dejó de bajar hasta la parte delantera del palco.

. riendo. más el vehículo.. como Gobseck y Gigonnet juntos. quinientos francos pelados. sonriendo. unos puercos que llevan vestido. Vengan esta noche y encontrarán a unos muchachos estupendos. para él. Y es avaro. —Si fuera imposible. sino que me dice: Yo querer que miléidi haga su pequeño deseo. En cuanto a ti." He. sobre todo aquellos en los que uno se hunde. —Al contrario... haciendo esconder al pobre de Théodore y dejándole de pie en mi cuarto de aseo durante horas y horas. la guarda en el estuche.. nunca me paga el de vuelta. vaya a la calle Saint-Georges y tráigame a Europa. —¡Ay.. Tiene que hacer el favor de venir a cenar a casa. es que tienes mucho ingenio! —dijo la ValNoble.. coja el coche. Yo diría que hacer el amor.. —¿En ninguna situación? —dijo Esther. proprio de nou gentleman. minchas grasias! Me presenderá al siñor baronet. que nos traerá a dos personajes divertidos. a la iglesia y al Cadran-Bleu.... querida. ese monstruo todavía no me ha llamado de tú.. cada mes.. se dedica a contrariarme en todo. no lo resistirías ni medio día —respondió la señora Du Val-Noble—. y conserva la mayor sangre fría en los momentos en que todos los hombres son más o menos cariñosos.. me lo prestarías ocho días —contestó Esther. ¿sabes lo que es?. Cuando me lleva a cenar y no llevo mi coche.. Ese infame milord Carne-de-cocido se divierte.." Además. Peyrade y el barón dejaron solas a las dos mujeres. querida. no se enfada. por añadidura.. si lo consigues con ese gordo infame. Limpia la navaja.—¡Oh. es como un pan demasiado duro. querida. No hay lazo que sea tan fuerte como la cera de una botella de champaña para unir a los hombres. Pero. . he. se me quiebran tos dientes. absolutamente nada. He invitado a Lucien. me trata con un respeto capaz de enloquecer a cualquier mujer. es algo así como afeitarse. —No.... —¿Qué ocurre? ¿No tiene miramientos? —dijo Esther. Me abruma con el respeto. se mira al espejo y parece decir. que desir a una gentil señora: "Es usted un bala de algotón. Un coche como esos que alquilan los tenderos el día de su boda para ir al ayuntamiento. —Pues. —El muy miserable.. siempre me llama señora. tengo que decirle algunas cosas para la cena. una mercansía!. En toda mi vida ya no querré encargarme nunca más de dar placer a ningún inglés. Si intento estar mal de los nervios o mal dispuesta. —Sí —repuso ella—. —¿Y qué te da por este servicio? —dijo Esther. ¡Nos reiremos del inglés! —dijo al oído de la señora Du Val-Noble. Son todos unos fríos egoístas. porque nada es más hó-rribel. Por último.. precinta todos los negocios.. en su fuero interno: "No me he cortado. Frédéric mío —le dijo al barón al oído—..

Pero antes tendrías que enterarte si sabe boxear. Antes haría falta que me quisiera. Me contestó: Yo estar muy contento de este disposisión físical. —¿Acaso va con alguna segunda intención. querida. sino a sus ideas de abolicionista. —Es imposible ser más infame —dijo Esther—. Seguiré resistiendo este martirio durante algunos días para satisfacer mi curiosidad. tú que sabes tanto. que no tiene rival con la espada. Y siempre bien educado. Ni tú misma querrías pedirle cuatro chavos.es usted con un member of society de sobriedad y antiesclavitud! Y el tío ese se queda pálido.. De no ser así. —¡Ahora iba a decírtelo! —exclamó Esther—. querida. —Mira. ¿Y no le cantas las cuarenta de vez en cuando? —Aunque tú lo probaras. Ya podrías decirle las cosas más descabelladas. Cuida bien a tu Nucingen. ¡Yo arruinaría a esta especie de chino! —¿Arruinarle? —dijo la señora Du Val-Noble—. porque estos viejos ingleses.. Querida... en nuestra condición. guardan a veces un fondo de malicia. yerto y frío. —¡Ah. —O bien quiere hacer negocios con Nucingen y me ha tomado a mí porque sabe que nosotras nos relacionamos: eso es lo que cree Adéle —contestó la señora Du Val-Noble—.. si pudiera enterarme de sus proyectos. y que eso no atañe a su corazón. Por eso te lo presento esta noche. ¡Ah. Te escucharía gravemente y con esa cortesía británica que hace que las bofetadas mismas sean agradables.. ya habría hecho abofetear a milord por Philippe. encontrar a individuos como éste —exclamó Esther. que te miraría y te diría: ¡Very góod!. . tu nabab? —Esto es lo que me dice Adéle —respondió la señora Du Val-Noble.. —Y pensar que podamos.. y no le harían el menor daño. sus entrañas deben de ser de hojalata. tiene un alma enguantada. Se lo dije una vez. Te contestaría: Yo ser antiesclavitud. éste habrá hecho la apuesta de hacerse odiar por una mujer y de no durar con ella más que un tiempo determinado —dijo Esther. pese a todos tus mimos... y te darías cuenta de que a sus ojos no eres más que un polichinela. Podrían operarle bajo el pecho izquierdo. querida tú sí has tenido suerte!.. te diría que ya te paga bastante por la pequeña cosa que sido lo amor en su trist existence... —¿Y la ira? —¡Igual! Sería un espectáculo para él. te mataría con sus sonrisas heladas. no hay otro remedio.. pues. dándome a entender así que tiene por mí el mismo respeto que tendría por un negro. y osté ser libre. qué bien me entendería contigo y con Nucingen! —No te esfuerces —dijo Esther—.

nunca me había sentido tan cruel. todas hemos ido descubriendo más o menos. profunda y completamente despreciada por la brutalidad como lo soy ahora por el respeto de este enorme odre lleno de vino de Oporto.—¡Como éste no hay otro igual!.. ¡Si supieras cómo nos reíamos!.. Abusa de mi coche de punto. el de Du Tillet.. se va para no ser disgrada ble como le dice a Adéle. pero. la mirada se le pone turbia. y desplegando las fórmulas de respeto de los gentlemen.. Mira. a la puerta de la ilustre cortesana. las velas estaban encendidas.. Europa. no! Si lo vieras pidiéndome que le dé órdenes. y para no dejarse llevar por dos potensias a la vez. el del barón de Nucingen.. La cena tenía que servirse a la una.. y a qué hora puede presentarse para sorprenderme (¡naturalmente!). —Cuando te dejó sin un chavo. querida! —dijo Esther. la mujer y el vino... a lo largo de nuestra vida.. Pues lo que es a éste. el poco caso que hacen de nosotras.. el saloncito y el comedor desplegaban toda su suntuosidad.. A las once y media de la noche había estacionados cinco coches en la calle Saint-Georges. asomó su cabeza de víbora por la puerta. —Es como esa gente cuyas ventanas están sucias por fuera —dijo Esther— y que desde dentro ven lo que pasa fuera.. pero se bebe diez botellas y sólo se pone achispado.. ¡Ay.. dirías: "A esa mujer la adora". —exclamó la señora Du Val-Noble—. pero sigue viendo claro.. Du Tillet la posee en grado superlativo. lo emplea más que yo. ir a pasar a manos de un protestante hipócrita. enviada por el señor de Nucingen. y no habría mujer que dijera menos. después de ir con aquel pobre Falleix. según parece.. Todos esperaban pasar una de esas noches de juerga que sólo pueden resistir aquellas tres mujeres y .. Blondet y Bixiou. Dicen que los agentes de cambio son todos tontos... —¡Y nos tienen envidia. eran el de Lucien. el del Nabab y el de Florine. hija mía. —¡Por supuesto!. Ya conozco esta propiedad de algunos hombres. El triple cierre de las ventanas quedaba oculto por los pliegues de las magníficas cortinas de China. eso te abrió los ojos sobre los sinsabores del placer. nunca le faltó ingenio. Cuando está achispado. que era tan divertido. Ojalá pudiéramos dejarlo borracho esta noche. ¡Oh.. —¡Ojalá Du Tillet y Nucingen lo enredaran en alguna de sus combinaciones! ¡Al menos me sentiría vengada!. desapareció. Le reducirían a la mendicidad. y tras haber escuchado algunas palabras que le dijo su ama al oído.. querida. tan guasón y tan agradable!.. que fue acompañado de Rastignac..

. —dijo Du Tillet a Peyrade. —¿Juega usted. todos lo toman por un inglés. lorU. vestido con un espléndido uniforme. " Esta velada me compensa los mil escudos que me ha costado ya la ValNoble —pensó—. ya que había que esperar aproximadamente un par de horas." —Ahí tiene usted un ejemplo para seguir —le dijo en alta voz la señora Du Val-Noble.. —to jiuego todo lo que osté quiera pierder. —Diga usted ahora mismo una infinidad de lords —le dijo Bixiou. Pitt.. Du Tillet. ¡Así es como tendría que arreglarse usted una casa! Cuando se vuelve de las Indias con millones y se quieren hacer negocios con gente como Nucingen. que estaba al lado de Lucien y que le señaló con un ademán las magnificencias del salón. que se hacía el ciego—.. desafiándolo.. —le preguntó Blondet. .. —La señora está servida —dijo Paccard. lort Brougham. —Lort Fits-William. —Lo hace muy bien.. Fox. lort Hertford. —lo he jiugado con O'Connell.. a quien Esther había recomendado que hiciera beber más de la cuenta al nabab. Nucingen... Esther. —dijo Esther a Lucien—. porque hace mucho calor en las Indias.. Bixiou miró los zapatos de Peyrade y se agachó. —lo soy member de society of temperante. —Entonces va usted a beber de lo lindo —dijo Bixiou—. —¿Lo oye usted? —dijo la Val-Noble.. Nunca en la vida había visto Peyrade tal esplendor. —Juega usted a veinte francos la ficha?. lort. nunca había probado una comida como aquélla ni había visto mujeres tan hermosas. Esther había colocado a Lucien a su lado y le cogía uno de sus pies entre los suyos bajo la mesa. Florine. Empezaron por el juego. y por otra parte acabo de ganarles mil francos. Blondet y Bixiou se quedaron charlando junto al fuego.. la señora Du Val-Noble. —¿Qué buscas?.aquellos hombres.. —dijo Lucien. Peyrade y Rastignac se sentaron a una mesa de juego. Peyrade fue colocado a la izquierda de Florine y flanqueado por Bixiou. milord?. lort Ellenborough. mirando a Peyrade.. —¡Diablos! Busca la palanca que hay que accionar para hacer parar esta máquina —contestó Florine. ¿no es cierto?. Lucien se dedicó a hojear una magnífica obra llena de grabados. Canning. uno se pone a su nivel...

. bero el gofierno inclés denía un metió te aksión gon el obio bara aprirse las buertas te la China.. very comportable. Ahora comprendo por qué es usted tan estupefaciente. dirigiéndose al supuesto comerciante de opio y señalándole la señora Du Val-Noble—.. muy mucho provechoso. Peyrade tenía la capacidad de parodiarlo todo. ío ho pensado un pequeño speculasión. Bixiou creyó haber logrado una de esas victorias descritas con . —Eso es lo que yo quería oír —dijo Du Tillet a Rastignac.. le basa lo mismo gue a mí: los millonarios nunga gonsiquen hacerse guerer te las muqueres. en el habla y en la audacia. entre conversaciones y risas. —Nucingen le ha tomado la palabra sobre el gobierno —dijo Du Tillet a Blondet. —¡Ah!... ya sé —dijo en seguida Nucingen.. —Siempre a causa de la templanza —dijo Bixiou. mostrando así que estaba al corriente de la actualidad comercial en el mundo—. le ha quedado algo en el corazón.. —Sí. ha comerciado usted con opio —exclamó la señora Du Val-Noble—. miléidi —contestó Peyrade. que vienen del mismo sitio. y rich of benefisios. Esther y Lucien quedaron estupefactos ante aquella perfección en el vestir. —¡Oh! —exclamó Peyrade—. por el opio. Se bebía y se comía tanto y con tal placer. que adivinó lo que Du Tillet acababa de decir a Rastignac.. —Ya verá usted cómo acaban entendiéndose —dijo Bixiou. Hay pocos ingleses que no sostengan que el oro y la plata son mejores en Inglaterra que en cualquier otra parte.Durante la cena la broma de Bixiou consistió en tratar a Peyrade como si fuera uno de sus tíos de regreso de las Indias. —Sir baronet. —La señora Ti Fal-Nople me ha ticho gue denía usdet cierdOs brobósidos. —¡Faya! —exclamó el barón. —apuntó Nucingen. —Esto ser en el China. que acababa de vaciar en la copa de Peyrade la tercera botella de vino de Burdeos. que pronto fueron las cuatro de la madrugada.. Blondet. it is very vine de Portugal of Ingleterra. y que le hizo descorchar una botella de vino de Oporto. Du Tillet y Bixiou cambiaron una sonrisa.. —Ya verá —dijo Blondet a Du Tillet— que no hablarán más de un minuto sin que salga el parlamento y el gobierno inglés. incluso el ingenio. Los pollos y huevos procedentes de Normandía que llegan al mercado de Londres autorizan a los ingleses a sostener que los pollos y los huevos de Londres son mejores (very fines) que los de París. oh. —lo amado mocho y mochas veses. y no nos bermidvría. examinando a Peyrade. los dos chapurreando a la vez..

y se encontró sobre un mal catre. Pero en el mismo momento en que pensaba. —¿Dónde estoy?. cuando ya te sientas herido de muerte. —¡Vaya..tanta gracia por Brillat-Savarin. —dijo mirando a su alrededor. A las seis de la tarde el nabab se despertó al sentir el contacto de un trapo húmedo con el que le lavaban la cara. muchacho! Sólo Bixiou oyó estas palabras. otro fingía ser Peyrade. ¡Mi tío es un gascón! ¡No podía ser de otra manera! Bixiou estaba solo con Peyrade. No tendrás a tu hija. a Asia enmascarada y disfrazada con un dominó negro. la señorita Lydie. Paccard cogió en seguida a Peyrade y lo subió a una buhardilla. pura y sin mancilla —prosiguió Asia. ¡Escucha! —dijo Asia.. más que el día en que el señor Lucien de Rubempré salga de Saint-Thomas-d'Aquin casado con la señorita Clotilde. —¡Eh... ¡Oh. primero morirás de muerte violenta. ya somos dos! —dijo ella. Peyrade se cayó de la silla al suelo.. viendo que Peyrade iba a abrir la boca—. tío Peyrade. recalcando con énfasis cada palabra—. donde se durmió profundamente. Luego. te dejarán algún tiempo. Este resultado se debe a tus intrigas y al hombre que nos has destinado. está secuestrada.. no la encontraría usted nunca! A menos que repare el daño que ha hecho.". sin que haya nada que pueda preservarte del golpe que te amenaza. —¿Qué daño? —Ayer negaron la entrada en casa del duque de Grandlieu al señor Lucien de Rubempré... frente a él. de modo que nadie oyó esta revelación. Su pequeña Lydie creyó que seguía a su padre. heridos repentinamente en el campo de batalla. antes de morir. amigos! ¡Es tan inglés como yo!. Peyrade dijo a aquel temible bromista: —¡Echa más. Ni una palabra. —Sí. —¿Qué pasa? —Que ya no está en la calle de los Moineaux. y ahora está en lugar seguro. Peyrade dio un suspiro parecido al que dan los soldados que mueren.... Si dentro de diez días Lucien de Rubempré no vuelve a ser admitido como antes a la casa de Grandlieu. a su hija sí la quiere. ofreciendo más vino a su tío: "¡He vencido a Inglaterra!. —Mientras que usted fingía ser un inglés. ¿verdad? —¿Mi hija? —exclamó Peyrade con un rugido.. para que medites sobre esto: "¡Mi hija es una prostituta para el resto . —Escuche lo que voy a decirle y se le pasará la borrachera —contestó Asia —. Aunque no quiera usted a la señora Du Val-Noble...

que conocía a Peyrade... ¡Ah!. Vete y procura no meter la nariz en nuestros asuntos. bajó de casa y no han vuelto a verla.. el criado de confianza. que le contó las circunstancias de un rapto montado con tanta habilidad como si fuera él mismo quien lo hubiera ideado.. asomando la cabeza. y a las ocho llegó a su casa.. El golpe rebasó sus fuerzas. —Esperan al señor Johson para la comida —dijo Europa..suficiente inteligencia para meditar sobre este mensaje de nuestro gobierno. vuelve a tu casa y Katt te dirá que tu pequeña Lydie. ¡si lo quiere!. el cura español sabe hacer las cosas. deja libre a tu presa!" El pobre padre no preveía el horrible golpe que le esperaba.. siguiendo lá orden de un billete que tú mandaste. Peyrade no respondió.. Es la primera vez que encontramos adversarios. por las calles hasta una parada de coches. Asia dejó a Peyrade en un estado lastimoso. todavía te queda la. ¡Valor. Una vez en casa de Corentin." Aunque hayas sido tan tonto de dejar esta presa al alcance de nuestras garras. le dijo: —El señor se ha marchado.. Corentin dejará que ese pimpollo se case con emperatrices. pensó. me estoy volviendo estúpido! Pregunto adonde.. se empezará por donde te he dicho que se terminaría con tu hija: ya está prometida a De Marsay.. no digas una sola palabra.de sus días!.. "Bueno —dijo para sí—. "¡Oh. comprendo que mi hija se haya enamorado de él la primera vez que le vio. cada palabra fue para él como un mazazo. Bruno.. un instante después. tío Peyrade... —¿Por mucho tiempo? —¡Por diez días!. Si te quejas. ve a cambiarte de ropa a casa de Contenson. No ladres.. . Dios mío. Entró en las habitaciones de su hija y llegó a perder el sentido a causa del dolor al encontrar vacío el piso y al escuchar la narración de Katt. si das el menor paso. bajó y caminó. fue a cambiarse a casa de Contenson sin decirle una palabra. Subió las escaleras con el corazón palpitando. vamos a ver a Corentin.. ¡Oh!.. unidas por sendos regueros húmedos.. ¿no es así?. le preguntó con tanta ingenuidad por su hija. Cuando la flamenca oyó a su amo. El espía tenía dos lágrimas en los ojos y otras dos en la parte inferior de sus mejillas. volvió a vestirse como tio Canquoèlle. como si se lo dijéramos". que el viejo espía tuvo que apoyarse. me vengaré más tarde.. Con el tío Canquoèlle no hay que emplear frases bonitas ni guantes de lana. hay que ceder.. —¿Adonde? —¡No lo sé!..

y no necesitaremos estar más de seis horas para reunir las informaciones que desea el señor duque. vuelvo a mi casa a dar unas instrucciones a mi primer pasante. fue conducido al despacho del duque de Grandlieu. haré que las haya: así es como hay que servir a Su Señoría el duque de Grandlieu.. En uno de los ojales de su traje negro llevaba la cinta de la Legión de Honor. entonces y siempre. —Podemos estar de vuelta dentro de cuatro días —repuso Corentiri. Se había puesto. —Respondo de ello —contestó Corentin—. una cara de anciano. Pero. y así ni el uno ni el otro habremos abandonado nuestros negocios por un espacio de tiempo tal que se vean afectados. en poner al descubierto aquella vida ocupada. Corentin. que va tan de prisa como el coche correo. —Es la única objeción que tenía que hacer a Su Señoría —dijo Derville—. —dijo. —Si quiere usted hacerme caso. El duque cogió aparte a Corentin para explicarle todo lo que sabía Corentin. caballero —dijo Corentin a Derville. mirando a Derville—. respetuosamente. —Lo ha comprendido perfectamente —contestó el par de Francia. entreteniéndose en estudiar a aquel gran señor. Cuando hubo dado su nombre (señor de Saint-Denis). en penetrarlo hasta el meollo. tras haber sido presentado al procurador con todos los requisitos—. le espero a las ocho en el patio de las Mensajerías de la Oficina Principal. Tenía el aspecto. maquillándose. que Corentin no necesitó hacer humildemente demasiadas preguntas al señor de Grandlieu para que brotaran impertinencias.. . interrumpiéndose. se presentaba en casa del duque de Grandlieu vestido de ayuda de cámara de casa rica. ¿tendremos plazas? —dijo al señor dé Saint-Denis. El señor de Saint-Denis escuchó fríamente. —Señores —dijo el duque con infinita gracia— todavía no les doy las gracias. Los grandes señores son tan ingenuos con sus inferiores. que venía de su finca de Passy.. de un anciano jefe de oficina. basta con saber si la hermana y el cuñado del señor de Rubempré han podido darle un millón doscientos mil francos.. donde halló a Derville leyendo la carta que había dictado él mismo a uno de sus agentes. ¿no es así?. en suma. después de la cena estaré a las ocho. Sus ojos estaban velados por unas gafas de concha. Si he comprendido bien a Su Señoría. saldremos esta misma tarde hacia Angulema con la diligencia de Burdeos. Son las cuatro. el Número encargado de las Escrituras.. mirando al duque.. con el cabello empolvado. en el whist y en la fama de la casa de Grandlieu.Unas horas antes de que Peyrade fuera despertado en la buhardilla de la calle Saint-Georges. Si no hay plazas. pálida y llena de arrugas.

y me ha dicho que la señora Séchard vive en Marsac. el mismo cuchillo. yo no soy más que el testigo de las indagaciones que haga este hombre de confianza. sorprendido de ver que Corentin estaba tan bien informado.. Pero desde temprana edad Corentin había aprendido a obtener de los posaderos cosas más importantes que un plato dudoso o un vino apócrifo. se puso a charlar. que tomaron estas palabras como señal de despido. en cambio. el mismo delantal. se observaban mutuamente en silencio a la salida de París. según dijo a aquel hombre. instalados en la berlina de la diligencia de Burdeos. tenía por dueño a uno de esos hombres gruesos a los que se teme siempre no volver a encontrar a la vuelta y que. con gran sorpresa por parte del procurador. los mismos cabellos grasientos y la misma triple papada. puesto que soy el único —respondió el posadero. "Por lo demás —pensó Derville—. saludaron y salieron. que se aburría.. que no está más que a una legua de Mansle. —No me cuesta mucho ser el mejor. ¿Acaso no ocurre que todos tienen grandes pretensiones acerca de su arte culinario. vuelven a estar al cabo de diez años en el umbral de la puerta con la misma cantidad de carne. llamada La Belle Étoile. Derville. —He hecho hablar al conductor al darme cuenta de que es de Angulema. . que creía dirigirse a Angulema. el mismo gorro de algodón. según me ha dicho el señor duque. Dos días después de su salida de París. Corentin y Derville se detenían en Mansle. desde el inmortal Cervantes hasta el inmortal Walter Scott. Al día siguiente. —En esta pequeña ciudad —dijo Corentin a Derville —conseguiremos informaciones positivas sobre la señora Séchard. que dicen estar todos al entero servicio del cliente y que acaban todos sirviendo un pollo descarnado y unas legumbres aderezadas con mantequilla rancia? Todos ponderan sus vinos y le obligan a uno a consumir los vinos de la región. —¿La conoce usted. pues? —preguntó Derville. el señor de Saint-Denis y Derville." La posada de Mansle. Por eso se presentó como un hombre muy fácil de contentar y que se abandonaba por completo a la discreción del mejor cocinero de Mansle.Corentin y el procurador. y que aparecen estereotipados en las obras de todos los grandes novelistas. He pensado que aquí estaremos en mejores condiciones que en Angulema para desentrañar la verdad. le hizo creer que pertenecía a la diplomacia y que esperaba llegar a ser cónsul general con la protección del duque de Grandlieu. yendo de Orléans a Tours. En el momento en que Peyrade estaba interrogando al criado de Corentin. y Corentin se avino a entretenerle. aunque guardando las distancias.

—¿Cree usted que estarán ahora en invierno el señor y la señora Séchard?. Tenemos un sargento que no tiene nada que hacer y que se pasa el tiempo molestándonos. —Son las cinco. pero querer evitar que se muevan las lenguas es como proponerse evitar que fluya el río.. el cura. aunque lleva una existencia acomodada. —Sin duda alguna: pasan allí todo el año.. tenemos los dedos entumecidos. —¡Son buena gente! —dijo Derville. tras haber dejado a la dueña tiempo suficiente para que viera su cinta roja. mientras. son unas personas dignas y honradas.. Si piensan pasar la noche en casa. ¿Qué les importa a estos señores que el señor Séchard tenga o no tenga derecho a una patente de un método para fabricar papel? Estos señores no comercian con papel. ¡y que no tienen nada de ambición! El señor Séchard. —No lo sé —contestó con una ligera sequedad—. —Cállate —dijo el posadero—.. —Demonio. no se habrán acostado a las nueve. —¿Está muy lejos Marsac? —preguntó Corentin a la mujer del posadero. que había bajado de las regiones superiores al saber que en la diligencia habían llegado viajeros que se quedaban a dormir. los hermanos Cointet! —dijo Corentin. sí. ¿verdad? —¡Oh. —¡Ah. —La flor y nata. y hasta las diez pueden encontrarlos! Todas las noches reciben visitas. y eso es ya mucho para un hombre que había empezado siendo obrero. —No hacía precisamente calor en la berlina —dijo Derville. Pues bien. les ruego que se inscriban. aquí tienen el libro.. —Hay quien dice que son millonarios —respondió el posadero—. . —En cabriolé es cuestión de una media hora corta —dijo la mujer del posadero... según dicen. si no se hubiera dejado arrebatar un invento sobre la fabricación de papel del que se han aprovechado los hermanos Cointet. caballero? —preguntó la posadera. en La Belle Étoile —dijo el posadero. Séchard padre dejó doscientos mil francos en bienes.—Sírvanos en la sala de al lado —dijo Corentin. y sobre todo no tenga a mal poner mucho fuego en la chimenea. haciendo un guiño a Derville—. yo creía que los Séchard eran muy ricos —dijo Corentin... ¿Es muy grande la distancia de aquí a Marsac? —volvió a preguntar Corentin. caballero —contestó la mujer del posadero—. dirigiéndose a los dos viajeros—. el señor Marron. tendría millones. el médico. demonio. —¿Va usted a Marsac. Derville escribía su nombre y su calidad de procurador en el Tribunal de Primera Instancia del departamento del Sena..

—Están servidos. este juego de palabras se da en todos los departamentos —dijo Corentin—. ¿El señor David Séchard y su esposa no tienen una fortuna de dos o tres millones?. Corentin tomó a Derville aparte y le dijo: —In vino ventas! La verdad se halla en el zumo de la vid... —Ahora le diré por qué —repuso Corentin—. En La Belle Étoile tiene que haber sitio. No nos quedaremos mucho tiempo aquí. queremos una habitación para cada uno.tenía quizás otro tanto de ahorros.. caballero? —¡Oh!. veo en las posadas los auténticos registros civiles de las regiones. ¿Qué tenían con la Verberie?. —¡Cómo! —dijo Corentin—.. Ya lo ve: se supone que conocemos a los Cointet. hace de policía sin darse cuenta. que le arrebataron el invento —exclamó la mujer del posadero—. Cuento con usted para que apoye. . ya que acabó sacando de diez a doce mil francos de sus bienes. De no ser por Kolb.. puesto que en un país como Francia hay diez millones de soplones honrados. Después de cenar iremos a casa del señor Séchard —dijo Corentin a la mujer del posadero—. y tenemos todo el asunto. Pero no estamos obligados a fiarnos de esta información.. y no sacó de ellos más de veinte mil francos. He encontrado la manera más natural de sacarles la verdad a los esposos Séchard. y por la señora Kolb. Pero pongamos trescientos francos. los notarios no están mejor informados que los posaderos de todo lo que pasa en los lugarejos. ¿De dónde quiere usted que esa buena gente sacaran millones? Vivían con lo justo en vida de su padre.. Un posadero es el repertorio viviente de todas las aventuras. ¿verdad. aunque en este pequeño pueblo podríamos ya enterarnos de algo acerca del millón doscientos mil francos que desaparecieron para pagar las tierras de Rubempré. la pequeña astucia que emplearé para lograr unas cuentas claras y precisas acerca de su fortuna. que les era tan fiel como su marido. a Kolb. Un gobierno cualquiera ha de mantener a lo sumo a doscientos espías. Quinientos mil francos está muy lejos de un millón. si practicó la usura como se sospecha. ¡Mil escudos de renta!... —Hemos acertado con el nombre —dijo la mujer—. su administrador.. —Eso es lo que les atribuyen a los señores Cointet.. Por mi parte. habríatl vivido con grandes dificultades. prepárenos usted las camas. ustedes no tienen el monopolio. con su autoridad de procurador. caballeros —dijo el posadero. si la tuviera no seguiría estando en La Belle Étoile... Pues supongamos que haya sido lo bastante tonto como para no invertir su dinero durante diez años. etc. Me conformaría con la diferencia. y nos salen las cuentas.. —Así lo espero —dijo Derville.

joven sacerdote de veinticuatro años que. Cuando los dos forasteros estaban por llegar. era considerada la finca más importante de la región. y llamaban a Éve Séchard la señora de . y un viejo coronel retirado que se dedicaba al cultivo de rosas en una pequeña propiedad situada frente a la Verberie. Con el tiempo. con una judía conversa que se hacía pasar por holandesa y cuyo nombre es Esther VanBogseck. se trata del mismo nombre con un cambio de consonantes. llamado señor Marron. eso sería el objeto de otra investigación —dijo Corentin—. a mi regreso..—Pues. según me ha dicho el duque de Chaulieu. situados al otro lado del riachuelo. —¡Oh!. el alcalde del municipio. —En París —dijo Corentin—. y dedicando a ello sus ahorros. el médico del lugar.. ¿Será verdad lo que dice la carta anónima? ¿Será el precio de alguna muchacha bonita? —dijo Derville a Corentin. Cuando el señor y la señora Séchard compraron la Verberie. sacrificando los viñedos que adquirió y convirtiéndolos en céspedes y macizos.. sus dependencias de recreo consistían en un pequeño jardín.. Lucien no había tenido jamás emociones tan profundas como las que sintió en la Verberie comparando su destino con el de su cuñado. Estas personas. la hermosa señora Séchard amplió su jardín hasta un riachuelo. la Verberie. hermosa casa de piedra caliza cubierta de pizarra. ¿de dónde diablos habría sacado el dinero ese joven?. al otro lado de la carretera. se había hecho preceptor de su hijo Lucien. justo delante del parque de la Verberie. Estoy buscando a la heredera de un holandés llamado Gob-seck. Los dos parisienses iban a encontrar el mismo espectáculo que unos días antes había impresionado a Lucien. a coger los periódicos o a devolver los que ya habían leído. Allí todo respiraba tranquilidad y abundancia. sentándose a la mesa para cenar. iban cada tarde a jugar al inocente juego del bostón. Una hora después los dos encargados de negocios de la casa de Grandlieu partían para la Verberie. la señora Séchard tenía el propósito de incluirlos en el parque al año siguiente. le conseguiré informaciones sobre su filiación. a un céntimo cada ficha. a instancias de la señora Séchard. además de cinco alquerías que producían cerca de seis mil francos. Lucien de Rubempré vive. —¡Qué curiosa coincidencia! —dijo el procurador—. la casa del señor y la señora Séchard. La casa del difunto Séchard y sus dependencias no servían más que para la explotación de algunos arpents de viñedo dejados por él. había cinco personas en el salón de la Verberie: el cura de Marsac. en invierno. rodeada de un pequeño parque de unos dieciséis arpents rodeados por muros. En los alrededores ya se le daba a la Verberie el nombre de mansión señorial. y ocho arpents de prados. En aquel momento.

estaba en tratos con la señora Séchard a propósito de este molino. La señora Séchard. A lo largo de seis años Lucien había visto tres veces a su hermana y no le había escrito más de seis cartas. resultaba confortable sin ofrecer ningún lujo. No había dejado de sentir amor por su marido y respetaba en él al hombre de talento suficientemente modesto para renunciar a las pompas de la gloria. en la que Éve Séchard presentía muchos misterios que le producían un gran temor. para acabar de retratarla.Marsac. no caían en ese mal gusto provinciano que todo lo estropea. los adornos de la chimenea. los detalles más nimios. Aquella adquisición probable acabaría de dar a la Verberie el aire de una finca de primer orden en el departamento. escena que dejó dudas atroces grabadas en el interior de aquella existencia noble y apacible. ofrecían un conjunto acariciador a la mirada. era muy estimada y querida. abonado por el hecho de que Lucien. todo daba sensación de reposo debido a esa especie de poesía . durante su última visita. unas pinturas imitando madera de Spa. adornado con cachemira gris y pasamanería verde. un mueble de caoba esculpida. algunos tapices de tela asargada de algodón gris adornados con trencillas de seda verde. y la última había tenido por objeto pedir el favor de aquella mentira tan necesaria para su política. que estaba transformado igual que el exterior. que prodigaba muchos favores con tanto discernimiento como grandeza. Su magnífica belleza había alcanzado entonces su máximo despliegue. por último. Esto fue motivo de una escena muy grave entre el señor y la señora Séchard y su hermano. Esto podrá apreciarse dando una rápida mirada al salón donde en aquel momento estaba la gente reunida. Por último. Una hermosa alfombra de Aubusson. Lucien no había hecho sino imitar a los campesinos y a los cultivadores de viñedos. Al satisfacer su vanidad. como es fácil de adivinar. cortó secamente todas las preguntas de su hermana díciéndole que los ambiciosos no responden de los medios que emplean más que ante sí mismos. limpios y elegantes. basta quizá con decir que durante toda su vida no había tenido un solo latido de corazón que no hubiera sido suscitado por sus hijos 0 por su marido. Aunque tenía cerca de veintiséis años. el marco de los espejos. pese a la época del año en que se hallaban. El tributo que este matrimonio pagaba a la infelicidad era. el propietario de un molino situado a algunos tiros de fusil de los prados de la Verberie. Las cortinas de seda verde de las ventanas. Su primera visita a la Verberie tuvo lugar con ocasión de la muerte de sü madre. y unas jardineras llenas de flores. conservaba el frescor de la juventud gracias al reposo y a la abundancia que proporciona la vida del campo. Se rumoreaba que Courtois. la profunda tristeza que causaba la vida de Lucien. El interior de la casa.

que parecía interesar a la señora Éve. Por el ruido de chatarra es presumible que sea del país. —¡Un cabriolé que se detiene aquí! —dijo Courtois al oír en la puerta el ruido del coche—. que hizo un saludo.. —Mi pobre David no cambiará nunca. —Permitan ustedes. que es un exprocurador de Angulema. En cuanto el cabriolé llegó a la altura de las primeras casas de Marsac.. el molinero. sonriendo. . —Con mucho gusto —dijo Séchard—. Corentin y Derville entraron y. —Gracias —dijo el alcalde de Marsac. que aún guardaba luto por su padre.. —¿Es usted el señor Derville?. —dijo Cachan. —No —repuso Courtois—. siempre será un distraído —dijo Éve.. —No.. sonriendo. -Ojo que no sea a causa de la herencia del tío Séchard —dijo Cachan—. a los visitantes habituales de la Verberie había que añadir la presencia de Courtois. —¡Un procurador!.. pues.. procurador durante veinte años en Angulema. La señora Séchard. hay un brogurator te Barís gue guiere haplar gon el señor. es este caballero —contestó Corentin señalando al procurador. el cabriolé viene del lado de Mansle. tras haber saludado a los presentes y anunciado sus nombres. ¿se trata de negocios? —Se trata tan sólo de la herencia de su señor padre —respondió Corentin. Esta palabra me produce cólico..que toda mujer enamorada y con talento puede y debe introducir en su hogar. señor. —Señora —dijo Kolb (un alsaciano alto y gordo)—. que vienen a verme —añadió el médico. ¿Tiene acaso negocios en París? —No —dijo Éve. —Serán seguramente Postel y su mujer. —Un procurador de París —exclamó Courtois—. pidieron si podían hablar particularmente con la señora Séchard y su esposo. trabajaba junto al fuego en una labor de tapicería con la ayuda de la señora Kolb. llamado Cachan. que asista a la entrevista el señor alcalde. aquel buen hombre. viudo de su esposa. que quería retirarse de los negocios y que esperaba vender bien su propiedad. Pero. y que en otro tiempo había recibido el encargo de demandar a Séchard. y Courtois sabía por qué. —exclamó Séchard—. el ama de llaves. Había hecho negocios turbios. a cuyos cuidados dejaba todos los detalles de la casa. —Tiene un hermano —explicó Courtois. mirando a Corentin.

no se trata más que de un hijo natural. Los derechos de los hijos naturales no son los de los hijos legítimos.. venimos a proponerle que nos dé cien mil francos y nos vamos en seguida. Cachan. alarmada... ¿Quién le ha dicho eso? Algún campesino. señor Séchard. —Esté usted tranquilo. no hace falta que vayamos a mi despacho. el cazurro. tranquilícese usted. —¡Un hermano! —exclamó el médico—. —¿El tío Séchard millones?. no. Pero. que acababa de hacerles a todos señal de que se callaran. se produjo un grito unánime en el salón.. No venimos a hacer ningún proceso..—Pero si estamos en familia —dijo Séchard—. es un mero devaneo de juventud! —dijo Corentin.. —Señor mío —añadió Corentin—. No le quería a usted demasiado.. no tenemos nada que esconder a nuestros vecinos. señora! —dijo Corentin al ver la sorpresa pintada en el rostro de la hermosa señora Séchard—. la parte del hijo natural seria aún sustanciosa. le doy palabra de honor de que no soy ningún funcionario de Hacienda. —¡Oh.. —Caballero —dijo Cachan—. de modo que podemos decirle lo que hay en realidad. al contrario. millones.. no pertenece usted al fisco. . —La de su padre —dijo Corentin— tuvo algunos misterios que quizá le incomodaría que se publicasen.. —dijo el grueso Courtois—. y le guardó ésta. —dijo Éve. y tiene derecho a una suma proporcionada a la importancia de la herencia.. Los millones dejados por su padre.. Ahora entiendo lo que quería decir cuando me decía: "¡Las verá de todos los colores cuando esté enterrado!" —¡Oh. Su padre le dejó a usted un hermano mayor.... —¡Oh. Al oírse aquella palabra. ¡eso significa que la herencia deberá repartirse! Derville fingía contemplar los hermosos grabados antiguos que estaban expuestos en los paneles del salón.. tranquilícese. Nuestra vida transcurre a la vista de todos. —¡Vaya con el viejo zorro! —exclamó Courtois—. caballero! —dijo Corentin a Séchard. mirando a Éve de soslayo. donde no hay fuego. dejó escapar un gesto de satisfacción. tendiendo con la mayor sangre fría una de sus innumerables trampas—... aunque no hubiera más que un millón. En aquel instante Derville dejó de contemplar los grabados. —¿Se trata de algo que nos pueda hacer enrojecer?. Este hijo está en la miseria más profunda.

además de estos bienes... no somos unos saqueadores. excúsele usted. no me habría prestado a esta estratagema ideada por este caballero condecorado. con lágrimas en las mejillas.. y en asuntos de intereses. Guárdese bien ahora de intentar hacer creer que le ha dado un millón doscientos mil francos para comprar las tierras de Rubempré. con lo cual la herencia se eleva aproximadamente a quinientos mil francos.. y saludó a los presentes.. sólo le pedimos que nos jure delante de estos señores que no reunieron más de cien mil escudos de plata de la herencia de su suegro. A Éve se le llenaron de lágrimas los ojos.. —¡Ahí está! —dijo Derville—. Señora —le dijo en voz baja —. Pero.. como ustedes podrían creer. interviniendo—.. como advirtieron sus vecinos.. —Quizá le hayamos prestado un gran servicio —le dijo Derville— impidiéndole caer en una mentira cuyas consecuencias pueden ser muy peligrosas. Me temo que el origen de esa fortuna sea muy impuro.. cinco pequeñas alquerías. interrumpiendo a Corentin—. el desgraciado?.—¡Cien mil francos!. ocho arpents de prados en Marsac y ni un céntimo. —Derville cogió a la señora Éve de la mano y la llevó muy cortésmente al extremo del salón—. tranquilícense —añadió Derville— Sólo teníamos un gran interés por saber la verdad sobre la herencia Séchard. —Por nada del mundo quisiera decir una mentira.. Caballero —dijo a Corentin y a Derville—. y ya la sabemos. palideciendo—. menos aún que en otras cosas. —por mucho que Courtois y Cachan se esforzaran en hacer signos a Séchard. . ¿cuál es la parte que la ley atribuye al hijo natural?.. y nos entenderemos bien. —Antes —dijo el exprocurador de Angulema a Derville—. tendiéndole un papel doblado en cuatro—.. —Señor Cachan —dijo Éve Séchard—. señor Cachan —exclamó David Séchard. —¡Un millón doscientos mil francos! —exclamó la señora Séchard... caballero. si no estuvieran en juego el honor y el porvenir de la casa de Grandlieu en este asunto. dé usted su palabra de honor de que es procurador. si el tío Séchard dejó dieciséis arpents de viñedos.. pálida.. trescientos mil francos. —Señora —dijo Corentin—. mi padre nos ha dejado. se trataba de descubrir la mentira gracias a la cual el hermano de usted ha sorprendido la fuena fe de tan noble familia. Derville dejó a la señora Séchard sentada. —exclamó Cachan. éste continuó—. —Aquí tiene mi certificado —dijo Derville a Cachan. ¿Y de dónde los habrá sacado.. y el caballero no es ningún inspector general de Hacienda.

Los transeúntes.—¡A Mansle! —dijo Corentin al muchacho que conducía el cabriolé. para saber si ya había vuelto. pensaba muy sensatamente que podría recoger ciertas informaciones permaneciendo en el mismo campo de batalla. El octavo día dejó en ambos domicilios una carta cifrada según el código convenido entre ambos. una canoa inmóvil o un follaje a flor de agua. pero la imposibilidad. todo ofrecía a los hombres-número encargados de la defensa de la vida del viejo Peyrade el enorme interés que en las novelas de Cooper ofrecen un tronco de árbol. Así pues. Derville rogó a Corentin que le dejara marchar a él primero. El viejo espía se rodeó de una guardia de doce o quince agentes de los más diestros. alegando negocios. Peyrade iba todas las mañanas a casa de Corentin. pero con la ayuda de Contenson. día a día confirmada. privado de Corentin. sin hallar ocasión para marchar. la poesía de terror que difunden las tribus guerreras enemigas con sus estratagemas en el seno de los bosques de América. La diligencia de Burdeos a París. —Si el español se ha marchado. tenía una sola plaza libre. una piel de bisonte. siguió llevando su disfraz de nabab. una guarida de castores. que pasó por la noche. en el fondo no se fiaba de su compañero de viaje. el secuestro de Lydie y la horrible suerte a la que la destinaban. fue incrementando paulatinamente el desespero de Peyrade. una roca. no tiene usted nada que temer —decía Contenson a Peyrade. de descubrir el menor rastro. Contenson no abandonó al veterano de la antigua dirección general de policía. con la señora Du Val-Noble. en la que explicaba a su amigo la clase de muerte con la que le amenazaban. a Passy o a París. en su papel de nabab. y esperaba descubrir la casa en que estaba escondida. Durante aquel tiempo. —¿Y si no se ha marchado? —contestaba Peyrade. de modo que no pudo estar de vuelta hasta nueve días después de su partida. los coches de punto. Aunque lo hubieran descubierto sus invisibles enemigos. donde vivía. una persona de pie en una encrucijada. Contenson había puesto en marcha a todos sus conocidos en busca de Lydie. Durante los tres últimos días del plazo fatal dado por Asia para restablecer la buena fama de Lucien en la casa de Grandlieu. Peyrade. Corentin se quedó en Mansle tres días. las tiendas. se desprendía de los más nimios detalles de la vida parisiense. . Viéndose atacado de un modo análogo a como él solía atacar. Vigilaban los alrededores de la calle de los Moineaux y de la calle Taitbout. cuya habilidad diplomática y cuya sangre fría le parecieron responder a un hábito. haciéndole notar la profunda tranquilidad de que gozaban. se vio obligado a escribir a Burdeos para reservar una plaza hasta París. y de la que se valió Cooper.

debido a nuestra íntima amistad. y se ha vuelto demasiado egoísta para morirse pronto. desde nuestra última cena no estoy en buenas relaciones con la señora de Sérizy. miraba a Rastignac. —Hace ocho días que espero carta suya. —Una mujer de más de cuarenta años no se enfada por mucho tiempo con un muchacho tan guapo como tú —dijo Rastignac—.. sólo eran conocidos por Esther. amigo mío. Es un consuelo. Los viejos jugadores de whist aguantan mucho.. Clotilde se marchará a Italia con Madeleine de Lenoncourt-Chaulieu. ¡Muy fácilmente encontrarás a otra muchacha tan noble y más hermosa que Clotilde!... que jamás han querido recibirla.. dentro de tu desgracia. mi agente tuvo que bajar y no pudo volver a coger el coche. la pequeña Clémence du Rouvre. ¿es realmente una desgracia?. que fue a servir a su ama. Yo sé algo de estas puestas de sol.La señora de Sérizy te casará para vengarse. de la que Carlos fue inmediatamente informado.. Lucien. quería venir a verte. La pobre muchacha te quiere tanto. —Iré —dijo Lucien con gravedad. me vio en el palco de Esther y me hizo una escena. ocultos bajo el lecho mismo de aquellas torrenciales existencias. Para casarte con Clotilde tendrías que esperar la muerte de su padre. pero al llegar a Blois. Lucien recibió una mañana la visita de Rastignac. Lucien fue con Rastignac y Nucingen a casa del falso nabab. Cinco días después del regreso de Derpille. Tu casamiento está roto.. el mulato Contenson y Paccard. estoy desesperado de tener que comunicarte algo que se me ha encargado. así que la dejé correr. —Querido amigo. que duran diez minutos en el horizonte y diez años en el corazón de una mujer. y ya había concebido su pequeño proyecto de evasión.. Peyrade.. Lucien no contestaba. La . —Mi querido amigo. No vuelvas a poner los pies en la casa de Grandlieu. —¿Vendrás al menos a casa de la Val-Noble? Su nabab corresponde con una cena a Nucingen por la invitación del otro día. que ha sido preciso vigilarla.. El día después de la confirmación de su desgracia. —¡Ve a verla! —Ahora será preciso. cuyos hilos. no puede soportar a los Grandlieu.. tiene una sobrina. —Después de todo.. A medianoche el antiguo comedor de Esther reunía a casi todos los personajes de aquel drama.. sin que te quepa la menor esperanza de recomponerlo.—Se fue con uno de mis hombres detrás de su calesa. —le dijo su compatriota—.

Contenson. bajó y le espetó lo siguiente: "¿No viene de la casa Tortoni?. Dios mío! Que venga en seguida. es decir. Cuando el mulato llegaba a la puerta del piso uno de los agentes que vigilaban la calle de los Moineaux gritó en la escalera: —¡Número veintisiete! —¿Qué pasa? —preguntó Contenson. con pequeños frutos confitados colocados encima del helado. bebía y comía con la idea de recuperarlos después de la comida. y le dijo en inglés: —¿Eres tú el que ha puesto aquí mi nombre? Contenson leyó a ía luz de las velas aquel Mane. que estaba detrás suyo.señora Du Val-Noble. que se muere. La cocinera mandó llamar al mulato para pagar la cuenta del heladero. matemáticos. cuyo famoso establecimiento se halla en el cruce de la calle Taitbout con el bulevar. Con las cenas ocurre como con las obras de teatro y con los libros. Lucien estaba muy triste y meditando. —Dígale al papá que su hija ha vuelto. Las tres mujeres. La cena se desarrolló sin ninguna alegría. a diferencia de la escritura llamada cursiva. por así decirlo.. sirvieron helados en forma piramidal. La señora Du Val-Noble había encargado estos helados en la casa Tortoni. que consideró que la exigencia del mozo no era natural.. Al sentarse a la mesa. había pedido a Asia que fuera a ayudar a su cocinera. que acababa de perder dos mil francos antes de la cena. Fares y se guardó el papel en el bolsillo. Al terminarse la cena. en las que es imposible reconocer los hábitos de la mano. encontró en su servilleta un papel en el que leyó estas palabras escritas en lápiz: Los diez días expiran en el mismo momento en que usted se sienta a la mesa. se miraron. tienen sus días. el viejo Peyrade. que había bebido considerablemente. ya que las mayúsculas se componen únicamente de curvas y rectas. sin que se enteraran Peyrade ni Contenson. volviendo a bajar rápidamente la escalera. que había dado quinientos francos a la señora Du Val-Noble para que se hicieran bien las cosas. Rastignac. y sobre todo una frase escrita en mayúsculas. El aburrimiento hizo perder sabor a la comida. pero sabía lo difícil que es reconocer al autor de una escritura en lápiz. De los jóvenes calaveras que saben alegrar las cenas. Peyrade. con unos trazos. el nabab llenó . En el instante en que Contenson volvió a entrar en el comedor. Pero Paccard había aprovechado esta ausencia para repartir los helados entre los invitados. y ¡en qué estado. impresionadas por aquella frialdad. Peyrade era presa de una preocupación visible. Peyrade pasó el papel a Contenson. no había más que Lucien y Rastignac. estaba ingiriendo la guinda de su helado." Y volvió a subir en seguida. y servidos en pequeños vasos. Brindando a la salud de la señora Du Val-Noble. Tecel.

el mío se parece al de Cleopatra. y en un estado muy triste. Los ojos del criado de la señora de Champy parecían dos llamas fijas. al entrar de nuevo.. Al decir estas últimas palabras. le chocó. siempre me afecta la misma infección: ¡la quiebra! —Dicen que todas las flores tienen uno u otro bicho —dijo Esther. ya que quiso ir corriendo a su casa sin esperar el coche. un negociante hace impunemente su aparición en los Campos Elíseos disfrazado de nabab o de dandy. —dijo el barón. Esta observación. el áspid. no detuvo sin embargo al mulato. ... a continuación aprovechó el asombro general para marcharse con una gran agilidad. en el umbral de la puerta cochera. y no quería creérmelo —dijo Rastignac. Asia... Todos se levantaron de la mesa. —dijo Peyrade desde la puerta— ¡Ya lo sabréis. y que desapareció como si se lo hubiera llevado el viento. —Lydie está en casa —dijo Contenson—. Allí había un coche. de su falta... Peyrade soltó la más francesa de todas las palabrotas francesas con un acento meridional tan pronunciado. —¡Qué lugar tan singular es París!.. En la calle. detuvo al espía por el brazo.. Había cinco coches. Me largo de aquí.. —¡Que quién soy yo!. porque si muero saldré de mi tumba para venir a tiraros de los pies cada noche!. Qué suerte la mía. papá Peyrade —le dijo la misma voz con que le había profetizado la desgracia.. miraba a Esther y a Lucien.. —Bixiou me había asegurado que sabía usted imitar a los ingleses mejor que él. que se inclinó hacia su amo en el instante en que Peyrade dejaba su copa vacía sobre la mesa. que en las caras de todos los invitados se grabó la más profunda de las sorpresas. a pesar de su trascendencia.. al que subió Asia.. Peyrade descubrió su disfraz diciendo en perfecto francés a Contenson: —¡Tráeme un coche!. Pese a la turbación que llenaba a Contenson al pensar en la noticia que iba a tener que dar a Peyrade.su copa de un vino llamado de Constance y la vació de un trago. —Es alguno que ha hecho bancarrota —dijo Du Tillet en voz alta—. —dijo la señora Du Val-Noble—. la profunda atención con la que Paccard miraba al nabab. Dándose cuenta. ¡Me lo sospechaba!. envuelta en un mantón negro de los que llevaban las mujeres para salir del baile. Después de haber ido a la quiebra en su barrio. —¿Quién es usted? —exclamó Lucien. con calma—. de modo que los hombres de Peyrade no pudieron enterarse de nada. —Manda a buscar los sacramentos. —¡Sí!.

yo he tenido que disfrazarme. porque creía que me seguían. caballero! —dijo la pobre muchacha—.. nos persiguen unos enemigos implacables. Esa gente es capaz de cualquier cosa. ¿Qué hora es? —Las once y media —dijo Corentin. —dijo la muchacha...." Cuanto más infame es una vida. pues en tal caso ya no me exhibiré más.. vamos a ver si matan a Peyrade. más apego tiene el hombre por ella. En vez de descansar. —Soy el amigo de su padre. —exclamó Lydie.. "Todavía no me conocen —dijo para sus adentros—.. Cuando iba de la plaza Vendóme a la calle Saint-Roch por la calle Saint-Honoré. . volvió a subir al coche que le había llevado y mandó que le condujera a la calle de los Moineaux. en una venganza de cada instante. La muchacha... he andado por tantas calles. dejaba escapar de vez en cuando algunos sollozos mezclados con involuntarios quejidos.Al llegar a su casa de campo. eso no se dice ni se cuenta. entonces se convierte en una protesta.. Corentin la adelantó algunos pasos y reconoció a Lydie.. Por la flamenca. por fin encuentro a alguien de quien pueda fiarme!. —¡Ah. Corentin bajó y fue a su casa a disfrazarse de anciano enfermizo. situada en una de las plazas más apartadas y más risueñas de la pequeña ciudad de Passy. Cuénteme lo que le ha pasado.. de modo que hace ya cinco horas que estoy andando!. con una pequeña levita verdosa y una peluca de grama. que llevaba una camisa de dormir blanca y en la cabeza un gorro de noche. caballero! Me he marchado con tanta precipitación. dando tantas vueltas. para llegar a la calle de la Paix. Cuando encontraba a alguna persona honrada. —¡Oh. se informó de la desaparición de Lydie y quedó sorprendido de la falta de previsión que tanto Peyrade como él habían tenido... fiel a su amistad por Peyrade. —¿De dónde viene usted?.. En fin. el señor Canquoèlle —dijo con su voz natural. que aparentaba ser un negociante apasionado por la jardinería. y volvió a pie. caminaba delante de él una muchacha en zapatillas y vestida con la ropa de cama que llevan las mujeres. ¡Estoy deshonrada y perdida. halló el mensaje de su amigo Peyrade. —Haga como que no me conoce —repuso Corentin—. en la calle de las Vignes.. sin poder explicarme de qué manera!. donde halló a Katt sola. —¡No lo sé. Quería dar órdenes a los más leales y hábiles de entre sus números. le preguntaba el camino para ir a los bulevares.. —¡Me he escapado a la caída de la tarde.. después de haber andado durante. Corentin.

. empezó a delirar. tendría que estar acostada en la arena del fondo del Sena.. donde perdió el sentido. y la subió por las escaleras. En su mente se entremezclaban los recuerdos de su vida tan pura con los de aquellos diez días de infamia. —¡Katt! —gritó.—Vamos.. con el rostro violáceo y los ojos casi ensangrentados. encontrará en casa a su buena Katt... Hay que salvar a esta criatura inocente. —Katt. —¡Oh. y me iré a esperarlo en un convento. —¡No se regocije tan de prisa! —dijo Corentin sentenciosamente—. señor. empapado de sudor. —¡Pobre pequeña! ¿Se resistió usted? —Sí. parándose de vez en cuando para examinar a Lydie.. ¡Un hijo! Es. —¡Ay! —dijo la pobre muchacha.. Y Corentin anotó las direcciones de los dos famosos doctores. en lugar de llorar y de contemplar a la niña. ¿Existirá alguna Providencia? ¡Oh! Cuánta razón tengo de no tener familia... Me siento desfallecer y mis ideas no son muy claras. vayase a descansar.. En aquel instante subió por la escalera un hombre acostumbrado a sus peldaños. —Seguramente la adormecieron. Katt. un rehén que se entrega a la desgracia. sentándose y dejando sueltos sus hermosos cabellos—. —¡Está pagando por su padre! —dijo—. —Quizá —dijo la pobre Lydie—... Katt apareció dando gritos de alegría. debería ir a buscar a algún médico. Esta muchacha está muy enferma. Un poco más de esfuerzo y llegaré hasta la casa. Alternativamente cantaba estribillos de graciosas melodías y vociferaba ciertas horribles expresiones que había oído. .. primero al del Ayuntamiento. se abrió la puerta.. ya no habrá más reposo para mí! No quiero más reposo que el de la tumba. Katt lloraba.. con lo que no se curará.. Cuando Lydie fue depositada sobre su cama y a la luz de las dos velas encendidas por Katt reconoció su habitación.. Corentin se paseaba por la habitación. palabra de honor.. señor.. si me juzgan digna de entrar en él. En lugar de estar acostada aquí. ¡Oh! Si supiera en medio de qué abyectos seres me metieron. exclamando: —¿Dónde está mi hija?. Hace un rato me creía en un jardín. resoplando como una marsopa..... Su hermoso rostro estaba salpicado de manchas violáceas. como ha dicho no sé qué filósofo. y luego a los señores Desplein y Bianchon. Corentin cogió a Lydie entre sus brazos.. Peyrade. se abalanzó desde la puerta del piso a la habitación de Lydie.

una mirada y un gesto que llenaron de temor a Contenson—. creería haberlo matado ella. y se volvería loca del todo si se diera cuenta de su muerte. en el mismo momento en que sintió como si le descargaran un mazazo sobre la cabeza. "¡Muerto envenenado!.. ¡canallas! —fueron sus últimas palabras. Contenson. Bien. cuyos ojos se inundaron de lágrimas. —Alguien llora.. —Hay que cerrárselos —dijo Contenson. —¡Perdón. Al ver que se llevaban a su padre Lydie quedó como atontada. —dijo con una voz que atravesó el corazón de Peyrade. en cuanto a nosotros. se levantó y fue a ponerse en el regazo de su padre en cuanto éste se hubo hundido en un sillón. que parecía conmovido cuando Peyrade fue depositado sobre la cama de su habitación—. hubiera sido aplastada por las fuertes botas de un campesino.Vio que Corentin movía tristemente el brazo. toda esta gente acabarán sus días . es mi padre —dijo la muchacha. —pensó Corentin—. —¡He aquí a mi único amigo!.. y recogió su último suspiro... no tenemos más que limitarnos a los asuntos públicos. juro —dijo con un tono. —¡Oh! ¿Con qué ojos me mira!. y fue pensando en su hija!.. Cada estado tiene su código de honor. Contenson. que se había quitado su maquillaje de mulato... Peyrade ha hecho mal entrometiéndose en asuntos privados. ¡Por mi propio egoísmo. aquí está el médico — exclamó al oír el ruido de un coche. Que esto te sirva de lección. por los pocos días de vida que me quedan y que pongo en juego con esta venganza.. papá!. Corentin fue a socorrer a su amigo. y su mirada siguió la indicación.... —Estamos cometiendo una tontería —dijo Corentin—. después de ser arrancada de su tallo. Lydie aún pudo reconocer a su padre. ¡En toda su vida sólo una vez se dejó llevar por la codicia.. —Me muero. ¡No ha sido culpa mía! —No se daba cuenta de que su padre estaba muerto. llevémosle a sus habitaciones. ¡juro que vengaré a mi pobre Peyrade! ¡Descubriré a los autores de su muerte y a los de la deshonra de su hija!.. El estado én que se hallaba Lydie sólo era comparable al de una flor amorosamente cultivada por un botánico y que. —dijo la pobre demente. y se comprenderá el impacto que recibió Peyrade. Pero. que colocó al difunto Peyrade sobre la cama. hizo su aparición y se quedó inmóvil como una estatua al oír que Lydie decía: —¿No me lo perdonas... —dijo Corentin. Trasládese esta imagen al corazón mismo de la Paternidad. su hija está medio loca.. ocurra lo que ocurra. padre mío?..

. emocionado. dentro de un rato podrá contar con la ayuda de los señores Desplein y Bianchon. encontrará usted en esta habitación a un hombre muerto. Al alba. —Vete a la comisaría de policía —dijo Corentin—.a las cuatro de la tarde. Efectivamente. .. en la plaza de la Greve!... hará usted su autopsia en presencia del señor comisario de policía. Después de esta oración fúnebre. no hay nada más conmovedor que el espectáculo de la pasión en un hombre frío. los dos vengadores de Peyrade fueron a las habitaciones de Lydie al oír que Katt y el médico de guardia subían por la escalera. que hace fundir todo lo que encuentra.. "¡Ah. en buena salud y bien afeitados. —En espera de que se despierte a la enferma —dijo Corentin a los dos famosos médicos—. que va a venir ahora a petición mía. caballero —repuso Corentin—. —¡Y yo le ayudaré! —dijo Contenson. Mire de descubrir el rastro del veneno.. quizá pueda servir de algo.. he aquí mi opinión. El procurador del rey no encontraría en esto elementos para ninguna investigación.. en el cual nadie. a quienes he avisado para que examinen a la hija de mi mejor amigo. hay pruebas de una congestión cerebral espantosa. desde hacía veinte años. —Su pariente ha muerto de apoplejía —dijo el médico—. no creo que haya muerto de muerte natural. me había obsequiado tantas veces. ¿querrían ustedes ayudar a uno de sus colegas en una indagación que seguramente tendrá para ustedes interés? Su opinión no estará de más en el atestado. bien!". Por eso a Contenson se le revolvieron las entrañas. había advertido el menor asomo de sensibilidad. Los que acaban de matar al padre han deshonrado también a la hija. —dijo el médico del Ayuntamiento. El médico encargado de registrar la defunción había abierto entonces el cadáver de Peyrade y buscaba las causas de la muerte. —¡Pobre tío Canquoèlle! —agregó mirando a Corentin—. dormía cuando llegaron el ilustre cirujano y el joven médico... metódico. pensó Corentin. aunque éste haya muerto. Caballero —dijo Corentin al médico de guardia—. A menudo (eso sólo sabe hacerlo la gente viciosa) me daba diez francos para ir a jugar. acompasado.. En pocas palabras. —No necesito a esos señores para desempeñar mi cometido. Lydie acabó sucumbiendo al cansancio.. Es como una barra de hierro en estado de fusión. que está en un estado peor que el del padre. pero vamos a hacer un informe a la prefectura. —Evitemos los roces.

si quería a su hija —dijo Bianchon.. sin apearse de su idea.. Luego.. a quien Corentin comunicó sus sospechas y le pidió que redactara un informe. si llega a brotar.. dada la edad del sujeto. Es un veneno del archipiélago de Java. El crimen no es demostrable y sé que las diligencias serían cortadas a los . pero. Corentin dio cuarenta francos.. los kris malayos... —Yo me llamo Corentin —dijo Corentin al oído del comisario de policía. —No hay más que uno —dijo Desplein. Llegó el comisario de policía. señores —dijo Corentin—. —Ahí tenemos el verdadero veneno. en oro. a cada doctor. haga una nota —añadió Corentin—. no hallo ninguna huella de veneno. Eso dicen.—Examínenlo. y si no recupera la razón al dar a luz. procedente de ciertos arbustos aún bastante poco conocidos. ha venido aquí rápidamente desde el bulevar y se ha encontrado con su hija violada. suponiendo que quede embarazada. conservará durante toda su vida una demencia maníaco-depresiva.. Esta gente. —Si están plenamente reconocidos los caracteres de la congestión cerebral. —El estómago —dijo el médico— estaba lleno de materias. luego le informó acerca de la conjura contra la vida de Peyrade y de las causas del estado en que se hallaba Lydie. Para curarse no tiene más recurso que el sentimiento maternal. a no ser que sean analizadas con el instrumental químico adecuado. — Lleven a esta joven a un sanatorio. del género de los Strychnos.. diciéndole en qué casa y con qué gente había cenado Peyrade. caballeros? —preguntó Corentin. Corentin se trasladó a las habitaciones de la pobre muchacha. una causa suficiente de defunción —dijo Desplein.. y no puedo hacer ningún informe tratándose del tío Canquoèlle. pero se encontró con ellos en el umbral de la puerta. —Así pues. hay ahí.. —¿Qué hay. —No —dijo Corentin—. y que se emplean para envenenar esas armas tan peligrosas. será muy útil más adelante.. —¿Qué veneno podría producir un tal efecto? —preguntó Corentin. —El médico afirma que la muerte es natural —dijo el funcionario—. y se volvió hacia el comisario de policía. —¿Ha comido aquí? —preguntó Bianchon. se entrometería en muchos asuntos y no sabemos con quién nos enfrentaríamos. a veces. mostrando la enorme cantidad de alimentos. y piensen si en la toxicología no hay venenos que produzcan el mismo efecto. y no la mande más que a título de informaciones confidenciales.. muere por orden. que le tiraba de la manga.. por lo menos. donde Desplein y Bianchon examinaban a la enferma. tras haberlo examinado todo cuidadosamente—.

que vives en medio de la alegría. incluso para los reyes. —Señor —dijo Katt—.. Y ahora. —dijo la señora Du Val-Noble.. —¡Tú. —Métala en un coche de punto y llévela al sanatorio de Charenton. ¡estamos frente a frente!. que contienen un veneno que mata en un segundo. En las salas habrá flores por valor de mil escudos. —Puedo conseguírtelos —dijo Esther. voy a escribir una nota al director general de la Policía del reino para que reciba un trato adecuado. la señora Du Val-Noble estaba sentada. llamarás a Asia y le propondrás diez mil francos a cambio de dos perlas negras de cristal muy fino.. está furiosa. —Asia no me las vendería... espárragos. Es un genio español al estilo de Felipe II. su esposa. a las nueve de la mañana. don Carlos Herrera. uvas. es muy sencillo! Escucha. ... a la cabecera de la cama de Esther. Contenson. —¡Oh. Cinco días después de la desaparición del nabab.. llorando.. —Dicen que tus vestidos y adornos cuestan diez mil francos. La hija a Charenton y el padre a la fosa común —dijo Corentin—.. —¿No serán para ti?. entonces me las traes y yo te doy cincuenta mil francos. pero tengo trampas para todo el mundo. porque se sentía en una de las pendientes que llevan a la miseria.primeros pasos... haz bien la comedia. del lujo y en casa propia! ¡Y en vísperas de una fiesta de la que se hablará durante diez años.. amiga mía. una puede retirarse a cualquier pequeña ciudad y encuentra con quien casarse.. —Quizá.. y Delphine. —¿Y de qué manera? —exclamó la señora Du Val-Noble. —¡Si por lo menos tuviera cien luises de renta! Con esto.. ¿Qué hay que hacer?. —Se ha enterado de que su padre acababa de morirse. melones. —¿Qué dices? Hay mil escudos de rosas sólo en la escalera. manda venir la carreta de los pobres. mi vestido es de punto de Bruselas. Harás como que deseas matarte.. ¿ha ocurrido algo?. El comisario de policía saludó a Corentin y se marchó. voy a vigilarlos y a cogerlos en flagrante delito. —¡Carlos! —exclamó Contenso—.. Está en España.. Pero algún día entregaré a los culpables. —Sí. —Pero. la señorita no hace más que cantar y bailar.. —¡Está en París! —dijo Corentin en un tono que no admitía réplica—.. y que le costará veinte mil francos a Nucmgen! Dicen que se comerán fresas en el mes de febrero. Pero he querido tener un disfraz de novia.. —¿Y por qué no las pides tú misma? —dijo la señora Du Val-Noble.

Oigo llegar un coche.. —¡Serás tonta!.. —Bueno. te he atormentado. los jóvenes son demasiado egoístas. Sus palabras. Ahora me gustas. están debajo de mis papillotes. Desde hacía tres días el comportamiento de Esther hacia el barón de Nucingen había cambiado por completo. —Yo no le he tato nata —contestó el barón. Soy toda tu vida. eso es todo. quiero demostrarte hasta qué punto soy desinteresada. y vete. —Qué quieres que le haga. —Mi pobre Fritz. habían llevado la convicción al espíritu del pesado banquero. —Cuando se habla de morir. le llamaba Fritz y él creía que le amaba. El mono se había transformado en gata. uno no se mata —dijo la señora Du Val-Noble —. es Nucingen. es la historia del arenque. A la larga uno acaba dándose cuenta de que el placer es la fortuna del alma. una mujer muy dichosa. no quiero matar a nadie. —Pues.. nos lo habíamos prometido.. te he puesto a prueba —decía—. nunca se ha sabido por qué. llenas de tiernas insinuaciones... De modo que no quiero nada más de ti. y no es más lisonjero ser amado por el placer que serlo por el dinero. yo la seguiré. pero te preferiría a ti antes que a cualquier hombre joven. piensan más en sí mismos que en nosotras. lo veo. sonriendo—. Quizá sea resultado de la experiencia. —¿Por qué?. ¡vamos.. que estaba dudando—. y la gata se estaba volviendo mujer. ¿Por qué no querer a los que nos quieren? Ya que. —¡Vamos. me amas.. Esther derramaba sobre el anciano sus tesoros de afecto y se mostraba encantadora.. mujer! —dijo Esther completando la idea de su amiga. libres de malicia y de acritud. precisamente. —Sí —dijo la señora Du Val-Noble—.. en cambio tú sólo piensas en mí. en definitiva. —Haz lo que te digo. encantado—.. no sé lo que ha ocurrido. hacen cualquier cosa para darnos gusto. Además. Puedes estar tranquila —añadió Esther—.. que es el más intrigante de todos los peces.. y bienso draerle mañana dreinta mil vrangos te renda. ¡se va a volver loco de felicidad! Éste me quiere. querida... Abre mi tocador. y te recompensaré.. es mi recalo te potas. vete ahora! Tengo que pedirle tus cincuenta mil francos...—¿Dónde están los diez mil francos? —dijo la señora Du Val-Noble. que se murió. adiós. —Un crimen.. Si fuera para cometer. Tenía una amiga. has mostrado una paciencia sin límites. ¡ —Deja que te protesten esta letra —dijo sonriendo su amiga.. —Es todo el dinero que llevo encima —dijo Esther. .

. Porque tú ya eras banquero a los quince años. monstruo de iniquidad —le dijo.. Vamos.... Que los franceses te paguen los impuestos a ti o que los paguen a la Hacienda... pobre amigo mío... lo dobló y lo guardó en su tocador. ¡yo sola!.... aguí diene gon gué bacar sus casdos te gocina bara el resdo te sus tías. cariñito? —le dije Esther..... venía a desayunar con su querida niña y a recibir las órdenes para el día siguiente. pasando las manos por los cabellos de Nucingen arreglándoselos a su capricho. no ponga usted esta cara de Bolsa. con la cara radiante de alegría—.. pues. Napoleón los mataba como moscas. Sabes muy bien que te quiero.. gon dal gue ande sus ocos vuera una bersona honrata....... ánquel mío te amor —dijo el banquero—. ¡el gran día! —Denca.. porque comparto el fruto de lo que usted llama sus trabajos. —Entra en mi plan —dijo Esther—.. Sólo yo habré conocido a este Frédéric.... hapría sito dan velís teste hace dres meses. ya hacía falta que la que recibiste al venir al mundo reapareciera a la superficie.. ¡Granuja! Nunca has tenido inocencia. mire. cachorrito de elefante. En el colegio debías de prestar una bola con la condición de que te devolvieran dos. Ya no puedo decirle más las verdades. dándole una palmadita en la mejilla—.. me tarta lo mismo gue el munto endero me domara bor un latrón. o al cinco por ciento. Tíos mío! Por gué haperme buesdo a bruepa. La guiero gata jes más.. y gracias al gancho del amor... Por eso ya no te diré nunca más nada que te entristezca. —Se sentó en sus rodillas al verle reír—. muquercida mía. sino una restitución. —Está usted muy contento... Esto ocurre en los muy viejos. Ésa es la razón por la que he acabado. Esther tomó el papel sin la menor emoción. —Al dres. Esto no es un regalo.te quiero. Frédéric mío. porque te has vuelto cándido como un niño.. ¡Bien! ¡Pues haz lo que quieras! Por Dios. —¡Oh! —dijo ella—.Esther besó tan cariñosamente a Nucingen.. viendo que por fin acepto algo de usted. roba a la gente. . que le hizo palidecer sin necesidad de pildoras. muy joven. queriéndote. lástima que estuviera tan hundida que no ha vuelto más que a los setenta y pico. no vaya a creer que es por sus treinta mil francos de renta por lo que estoy así. —¡Oh.. eres joven. para el famoso sábado. úniga muquer mía —dijo el banquero. aquella mañana los papeles de la donación.. —Mi pella Esder. El barón traía. ¡te ayudaré a hacerlo! A la gente no vale la pena quererla. no me haple más así. es porque ahora. —¿Es al tres.

. En el momento en que la pobre Esther se sentaba. Enséñale también la carta. entró Europa.. esdubento! —exclamó el barón—. —dijo Esther con voz débil... ánquel mío... —¿Y bor gué en séquito?.. —añadió al oído de Europa—.... miró al recadero. el ayuda de cámara de Lucien. —Trae una carta de Célestin para la señora. Ya ves como pienso en los negocios de mi hombre. Carlos Herrera.¿qué más les da?. Y además.. y todas las mujeres hablarán de ti.. —Hombre. más que tú. . ¡Oh! En París no habrá nadie que sea grande..... y su mirada se dirigió automáticamente hacia el mozo al advertir la presencia de un extraño en la antesala. ricura. y la verdad. y vas a convertirte en un Beaujon! —¡Esdubento. No se hace el amor con la Hacienda. serás mi gonsequera. tienes que entregárselos en un pequeño estuche de raso que contenga un abanico. esquila las ovejas." ¡Creen que no eres más que un Turcaret. tienes razón. —preguntó.. —¡Dile que baje!.. —Dienes rosón.. —¡Cómo! —repuso ella—. Mira. te das cuenta.. Quería librarse del señor de Nucingen para hacer venir a un agente de cambio y vender aquella misma noche en la Bolsa los valores de la donación. después de todo.. le vas a dar a esa pobre Val-Noble todos los muebles del piso de la calle Taitbout. bajó en seguida.. en su honor. y vio en él al recadero de pura sangre. Y le dices: "Aquí tiene. Esther corrió hacia la antesala. será un dinero bien invertido!.. nadie que sea noble.. ya voy yo a la antesala. ahí está un mozo que viene del muelle Malaquais de parte de Célestin. gonoces el munto —contestó—.. cariño.. rebediré tus balapras... y la gente de mundo es de tal manera que Falleix caerá en el olvido. agotada por el esfuerzo que le representaba desempeñar su papel. ¡Ahora ingluso dentré inquenio!. ve a buscarme los cincuenta mil francos... en su fama. lo dice el Evangelio. —¡Qué entre!. un abanico que espero sea de su agrado. —Señora —dijo—. esto te dará mucho prestigio. que seguía vestido de viajante de comercio. ¡Ah! Óyeme. Vamos. Da un beso a tu Esder. Has matado a Falleix y empiezan a hablar mal de ti. No. Lucien quiere matarse... le regalas cincuenta mil francos. Este rasgo de generosidad parecerá babilónica.. Sí... ¡De modo que. dejándose caer sobre una silla tras haber leído la carta—. —Me habías dicho que no habia nadie —dijo a Europa al oído.. señora. me lo he pensado bien. mañana. según Béranger.

incorporándose y hundiendo su hermoso codo en una almohada llena de encajes. Engañamuertes no sabía que desde hacía algún tiempo el famoso jefe del servicio de seguridad. —¡Dios mío! —exclamó la señora Du Val-Noble. que le esperaba en la calle —. que se sentía muy orgullosa de haberlas obtenido. yo te lo habré dado y tú lo habrás perdido. —¡Su nombre le predestina a morir así! —dijo Esther tirando la perla. El mozo era este rival. llévate a Romeo —dijo Esther—. que Romeo quebró entre sus dientes. y pondría la mano en el fuego de que hay carne de horca bajo esa sotana.En un exceso de prudencia se trasladó inmediatamente al salón. y Romeo acudió. esta noche tendrás tus cincuenta mil francos.. —¿A ver? —dijo Esther. A la mañana siguiente. que acabarán llevando el nombre del gran poeta contemporáneo que las ha puesto de moda.. —Estoy seguro de ello —repuso el agente de la brigada de seguridad. —¡Tengo las dos perlas! —dijo la Val-Noble. su muerte aquí sería un escándalo. les había conservado los nombres de sus antepasados. que le había detenido en la Casa Vauquer. —Tienes un coche de punto. tenía un rival en quien se pensaba para sustituirle. con sus patas tan flexibles y finas. pero no es ningún español. y habían aprovechado aquella ausencia para tender una trampa. . —exclamó Contenson. —Es cierto —dijo el fingido mozo a Contenson. Esther hizo ademán de tirar una de las dos perlas para despertar su atención. tan firmes y nervudas que parecían varillas de acero. El perro no exhaló el menor quejido. pero regresó aquella misma noche y la inquietud de Esther se apaciguó. Esther llamó a Romeo. de la blancura y de la gracia de esos animales. puedes poner un anuncio. la cortesana. El barón había regalado a Esther dos de esas galgas. Vamos. y miró a su ama. —¡Oh! ¡Si tuviéramos razón!. llegó su amiga. sino que sólo giró sobre sí mismo y cayó muerto. Lucien había estado efectivamente dos días fuera. El asunto quedó despachado al recitar Esther la oración fúnebre. a la hora en que la cortesana salió del baño y volvió a la cama. No es menester hablar de la ¡n0 simpatía. adaptados a vivir en pisos. La señora Du Val-Noble dio a su amiga dos bolas con aspecto de grosellas negras. de cierta raza famosa. y cuyos hábitos tienen algo de la discreción inglesa. tras haber examinado al mozo. Romeo y Julieta. apresúrate. El que usted me ha descrito está en la casa. —Éste no es ni cura ni español —dijo Contenson.

te das cuenta. Lucien. y Europa halló la manera de hacerle entrar en la habitación de la señora sin que nadie se diera cuenta de su llegada. al ver a Esther. —Ya no soy digna de ti. obsequio de Nucingen. incluso a Nucingen. —¡Espera! —dijo Lucien—.. pero ella se separó con un ademán que expresaba a la vez respeto y horror. —dijo Esther con un tono de ira concentrada. lejos del mundo. Lucien advirtió tanta y tan solemne buena fe en Esther.. nos escribimos.. ¡Tengo cinco años de arras sobre esta vida. y sobre sus hermosos hombros un chal de punto inglés. Europa sabía que Lucien tenía que ser introducido en el dormitorio. Lucien —dijo.. Además. sin regresar jamás a París!. y esta encantadora criatura no se echará atrás!... déme su bendición. —Sí —repuso él—.. porque con plegarias en la iglesia Dios nunca me perdonará más que a mí misma. pero tendré una entrevista con ella camino de Italia. diciéndole: —¿Qué broma es ésta. dijo para sus adentros: "¡Por qué no ir a vivir con ella a Rubempré.. cerró la puerta a todo el mundo.. una faja blanca. A las cinco de la tarde Esther se puso galas de novia. imitando el tocado de una joven virgen. casta y amante que tú tuviste. doblando una rodilla sobre una almohada delante de Lucien—. derramando algunas lágrimas—. .. querido. dime que te he hecho feliz y que pensarás en mí alguna vez. Y me temo mucho que la pena acabe conmigo. en un tono de voz que denotaba una profunda meditación. Lucien quiso alzar a Esther y besarla. —No. Te he querido demasiado. en Fontainebleau.. —¡Siempre Clotilde!. amor mío? Y trató de coger a Esther por el talle. bendíceme y júrame que establecerás en el hospital una fundación de dos camas. que permaneció pensativo. de quien he hecho un dios —dijo Esther. es la muerte de la mujer pura.. En la cabeza llevaba camelias blancas naturales... Se puso el vestido de encajes encima de una falda de raso blanco.. amor mío. Sobre su pecho exhibía un collar de perlas de treinta mil francos. El martes por la mañana se va. dímelo. Te lo suplico. pero hoy. Aunque a las seis ya estaba arreglada. —¡Quieres matarte! —dijo finalmente. zapatos de raso blanco. Lucien llegó sobre las siete.. ¿dónde encontrar una obra maestra como ésta?" —Amigo mío... En fin. que la señora Du Val-Noble exclamó: —¡Eres sin ninguna duda nuestra reina! —Ponte guapa y ven temprano.. Desde hace un par de días he estado haciendo muchos esfuerzos y he podido llegar hasta Clotilde..Lo dijo con tanta tranquilidad y con una insensibilidad tan perfecta de cortesana..

se lograron todos los efectos que aquella muchacha sublime había pretendido dar. no bebía y hacía el papel de dueño de la casa. Fueron rotas dos cortinas de pekín pintado. provocó un grito de admiración. de acompañar a Esther y a Nucingen al dormitorio. los invitados no pudieron llevar a cabo la broma. no te casarías conmigo?. No te comprometas. que los vio.. En suma.. Esther inclinó la cabeza para ocultar la súbita palidez que le sobrecogió y las lágrimas que enjugó.. Aquí va a producirse algo malo. Pues tienes mi bendición. Sin embargo... ¡Unas tablas!. vosotros. —dijo. Sal o seguiré viviendo. por mujeres?. Fue la única vez en su vida que Bixiou se emborrachó. —exclamó la pobre Esther—. ¿Qué.. Bixiou. El señor de Nucingen no llegó a su casa más que el lunes hacia mediodía. Cogió a Lucien.. —¿Me quieres?. si yo tuviera siete u ocho millones. . Como nadie se sostenía de pie y las mujeres estaban dormidas por los divanes.. mirando a Lucien con un profundo dolor—. nadie conservaba sus cabales. pese a su borrachera. El bromista creía bromear y estaba profetizando. Además. concertada entre ellos anteriormente. con candelabros en la mano y cantando el Buona sera del Barbero de Sevilla. tuvo aún fuerzas para decir.. vete por la puerta falsa y haz como si llegaras al salón desde la antesala... Parecía la expresión culminante del lujo desenfrenado que la rodeaba. Llegada la medianoche. pero a la una su agente de cambio le informó de que la señorita Esther VanGobseck había hecho vender los valores cuya renta era de treinta mil francos y que acababa de cobrar su importe. lo apretó con rabia contra su pecho y le dijo—: ¡Sal!. observaba con terror que Nucingen comía poco. Dirigió la orgía con la misma energía fría y tranquila que despliega Habeneck en el Conservatorio en esos conciertos en que los músicos más destacados de Europa alcanzan la sublimidad de la ejecución interpretando a Mozart y a Beethoven. no querré a otra mujer más que a ti.. El negro azulado de su fina cabellera hacía destacar las camelias. Se rompieron las copas para que nunca más volvieran a ser usadas. Bésame en la frente —dijo. Cuando la agonizante apareció en el salón.—¡Vamos! ¿Qué es lo que queréis. puestos en dos hileras. Nucingen sólo dio la mano a Esther. Los ojos de Esther reflejaban el infinito en el cual se hundía el alma al contemplarla. mostró un ingenio chispeante. —¡Esther! Iba a decirte que si todo ha terminado para mí... como Rivarol a propósito del último casamiento del duque de Richelieu: —Habría que avisar al comisario de policía.. No tuvo ninguna rival..

—Pero, señor barón —dijo—, el primer pasante de Derville ha llegado a mi casa en el instante en que hablaba de esta transferencia, y, tras haber visto los verdaderos nombres y apellidos de la señorita Esther, me ha dicho que heredaba una fortuna de siete millones. —¡Pah! —Sí, a lo que parece, es la única heredera del viejo negociante Gobseck... Derville ha ido a verificar los hechos. Sí la madre de su amante es la Bella Holandesa, ella hereda... —Ya lo sé —dijo el banquero—, me ha gondato su fita... Foy a esgripirle una nada a Terfile!... El barón se sentó a su despacho, escribió una pequeña nota a Derville y la mandó a por uno de sus criados. Luego, después de la Bolsa, volvió sobre las tres a casa de Esther. —La señora ha prohibido que la despierten bajo ningún pretexto, se ha acostado, duerme... —¡Ah, tiaplos! —exclamó el barón—. Euroba, no greo gue se enfate guanto se endere gue se fuelfe riguísima... Hereta siede millones. El piejo Copseck ha muerdo y teja esdos siede millones, y du ama es la úniga heretera, buesdo gue su. matre era la soprina te Copseck, guien, bor odra barde, ha hecho desdamendo. Yo no botía bensar gue un millonario gomo él— tejara a Esder en la miseria... —¡Perfecto! ¡Entonces su reino ya se ha terminado, viejo saltimbanqui! —le dijo Europa, mirando al barón con el descaro propio de un criado de alguna comedia de Molière—. ¡Arre, viejo cuervo alsaciano!... ¡Le quiere a usted más o menos como se quiere a la peste!... ¡Dios de Dios! ¡Millones!... ¡Pero si así podrá casarse con su amante! ¡Qué contenta va a estar! Y Prudence Servien dejó al barón de Nucingen literalmente fulminado para ir a anunciar a su ama aquel golpe de fortuna. El anciano, ebrio de sobrehumana voluptuosidad y creyendo en la felicidad, acababa de recibir una ducha de agua fría sobre su amor en el momento en que alcanzaba su más alto grado de incandescencia. —¡Me encañapa! —exclamó con lágrimas en los ojos—. ¡Me encañapa!... o Esder... o mi fita... ¡Gué dondo soy! Vlores gomo ésda no grecen nunga bara los ancianos... ¡Y lo bueto gombrar doto menos la jufendut!... ¡0 Tios mío!... ¿Gué hacer? ¿Atonte iré a barar? ¿Diene razón la gruel te Euroba? Siento riga, Esder se me esgdbará... ¿dentré gue golearme? ¿Gué será la fita sin la llama tifina tel blaser gue he bropato?... Tios mío... Y el Lobo Cerval se arrancó la peluca que desde hacía tres meses llevaba para completar sus escasos cabellos grises. Un penetrante chillido proferido por Europa hizo estremecer a Nucingen hasta las entrañas. El pobre banquero se levantó y caminó con un andar que traslucía la ebriedad

producida por la copa de Desengaño que acababa de beber, porque no hay nada que emborrache tanto como el vino de la desgracia. Desde la puerta de la habitación vio a Esther yerta sobre su cama, amoratada por el veneno, ¡muerta!... Fue hasta la cama y cayó de rodillas. —¡Dienes razón, lo hapía ticho!... Se ha muerdo te mí... Paccard, Asia y todo el personal acudió. Fue un espectáculo, una sorpresa, y no una desolación. Se produjo una cierta vacilación entre los presentes. El barón volvió a ser banquero, tuvo una sospecha y cometió la imprudencia de preguntar dónde estaban los setecientos cincuenta mil francos de la renta. Paccard, Asia y Europa se miraron de un modo tan extraño, que el señor de Nucingen salió en seguida, convencido de que se trataba de un robo y un asesinato. Europa, que vio un paquete por cuyo tacto advirtió la presencia de los billetes de banco, bajo la almohada de su ama, se puso a componer su cadáver, según dijo. —¡Vete a avisar al señor, Asia!... ¡Morir antes de saber que tenía siete millones! ¡Gobseck era el tío de la difunta señora!... —exclamó. Paccard se dio cuenta de la maniobra de Europa. En cuanto Asia hubo salido, Europa abrió el paquete, sobre el cual la pobre cortesana había escrito: Para entregar al señor Lucien de Rubempré. Setecientos cincuenta billetes de mil francos relucieron ante los ojos de Prudence Servien, que exclamó: —¡Aquí hay para ser feliz y honrado durante el resto de la vida!... Paccard no respondió nada, su naturaleza de ladrón prevaleció sobre su lealtad a Engañamuertes. —Durut ha muerto —contestó, cogiendo el dinero—; más vale pájaro en mano que ciento volando; huyamos juntos, repártamenos la suma para no poner todos los huevos en un mismo cesto, y casémonos. —Pero, ¿dónde nos esconderemos? —dijo Prudence. —En París — contestó Paccard. Prudence y Paccard bajaron en seguida, con la rapidez de dos personas honradas que acaban de cometer un hurto. —Hija mía —dijo Engañamuertes a la malaya en cuanto ésta le hubo dicho las primeras palabras—, búscame una carta de Esther mientras que yo escribo un testamento en la debida forma, y le llevarás a Girard el modelo de testamento y la carta; pero que se apresure, porque hay que deslizar el testamento bajo la almohada de Ester antes de que precinten la casa. Y compuso el testamento siguiente: "No habiendo querido jamás en el mundo a otra persona fuera del señor Lucien Chardon de Rubempré, y habiendo decidido poner fin a mi vida antes que recaer en el vicio y en la vida infame de los cuales su benevolencia me

libró, entrego y cedo al susodicho Lucien Chardon de Rubempré todo lo que poseo en el día de mi defunción, con la condición de que establezca una fundación de una misa a perpetuidad en la parroquia de Saint-Roch por el reposo de la que se lo ha dado todo, incluso sus últimos pensamientos. "Esther Gobseck." "Es bastante su estilo", pensó Engañamuertes. A las siete de la noche, el testamento, escrito y puesto en un sobre cerrado, fue colocado por Asia bajo la cabecera de Esther. —Jacques —dijo, subiendo precipitadamente—, en el instante en que yo salía de la habitación llegaba la Justicia... —Quieres decir el juez de paz... —No, hijo mío; el juez de paz, efectivamente, estaba, pero acompañado de gendarmes. También están el procurador del rey y el juez de instrucción, y las puertas están guardadas. —La noticia de esta muerte se ha corrido muy de prisa —dijo Collin. —Por cierto, a Europa y a Paccard no se les ha vuelto a ver el pelo; me temo que se hayan llevado los setecientos cincuenta mil francos —le dijo Asia. —¡Ah, los canallas!... —dijo Engañamuertes—. ¡Con este robo nos llevan a la perdición!... La justicia humana y la justicia de París, es decir, la más desconfiada, la más ingeniosa, la más hábil y la más instruida de todas las justicias, demasiado ingeniosa incluso, puesto que interpreta la ley a cada instante, dejaba caer finalmente su garra sobre los directores de esta horrible intriga. El barón de Nucingen, al reconocer los efectos del veneno y al no encontrar los setecientos cincuenta mil francos, pensó que alguno de aquellos odiosos personajes que le disgustaban tanto, Paccard o Europa, sería el culpable del crimen. En un primer arranque de furor fue a la prefectura de la Policía. Fue un redoble de campanas que reagrupó a todos los números de Corentin. Todo fue alertado: la prefectura, el ministerio público, el comisario de policía, el juez de paz y el juez de instrucción. A las nueve de la noche tres médicos autorizados asistían a una autopsia de la pobre Esther, y daban comienzo las indagaciones. Engañamuertes, advertido por Asia, exclamó: —¡No saben que estoy aquí, puedo esfumarme! Se irguió por el bastidor de la ventana de la buhardilla y, con una agilidad sin igual, se colocó en pie sobre el tejado, desde donde se puso a estudiar los alrededores con la sangre fría de un tejador. "Bueno —pensó, viendo cinco casas más allá, en la calle de Provence, un jardín—; ¡allí hay lo que necesito!..."

—¡Estás listo, Engañamuertes! —le contestó Contenson, que salió de detrás de un tubo de chimenea—. Ya le contarás al señor Camusot qué misa vas a decir en los tejados, señor cura, pero sobre todo por qué razón huías... —Tengo enemigos en España —dijo Carlos Herrera. —Vamos allá por tu buhardilla —le dijo Contenson. El falso español hizo como que se entregaba; pero, tomando apoyo en el marco de la ventana, cogió a Contenson y lo lanzó con tanta fuerza que el espía cayó en el arroyo de la calle Saint-Georges. Contenson murió en su campo de honor. Jac-ques Collin volvió tranquilamente a su buhardilla y se puso eri la cama. —Dame algo que me ponga muy enfermo, sin matarme —dijo a Asia—, porque tengo que estar agonizante para poder negarme a responder a los curiosos. No temas nada, soy sacerdote y seguiré siéndolo. Acabo de deshacerme, y con toda naturalidad, de uno de los que podían desenmascararme. A las siete de la tarde, la víspera, Lucien se había marchado en su cabriolé con un pasaje tomado la misma mañana para Fontainebleau, donde se acostó en la última posada de la parte de Nemours. Hacia las seis de la mañana del día siguiente se fue solo, a pie, al bosque, donde caminó hasta Bouron. "Es ahí —pensó, sentándose sobre una de las rocas desde la que se divisa el bello paisaje de Bouron— el lugar fatal en donde Napoleón tuvo aún la esperanza de realizar un gigantesco esfuerzo, dos días antes de su abdicación." Al alba oyó el ruido de un coche de correo y vio pasar un vehículo donde iban los servidores de la joven duquesa de Lenoncourt-Chaulieu y la camarera de Clotilde de Grandlieu. "Aquí están —se dijo Lucien—; vamos, interpretemos bien esta comedia y estaré salvado, seré el yerno del duque a pesar suyo." Una hora después la berlina en que iban las dos mujeres dejó oír ese ruido tan fácil de reconocer que hacen los coches de viaje elegantes. Las dos damas habían pedido que el coche se detuviera en la bajada de Bouron, y el camarero que iba detrás mandó parar la berlina. En aquel instante Lucien avanzó. —¡Clotilde! —llamó, golpeando el cristal. —No —dijo la joven duquesa a su amiga—, no subirá al coche ni estaremos a solas con él, querida. Consiento en que tenga una última entrevista con él, pero será en la carretera, por donde iremos andando, seguidas de Baptiste... El día es hermoso y vamos bien abrigadas, de modo que no hemos de temer el frío. El coche nos seguirá...

Las dos mujeres se apearon. —Baptiste —dijo la joven duquesa—, que vaya despacio el cochero; queremos hacer un trecho del camino andando y usted nos acompañará. Madeleine de Mortsauf tomó a Clotilde por el brazo y dejó que Lucien le hablara. Fueron juntos así hasta el pequeño pueblo de Grez. Eran entonces las ocho, y Clotilde despidió a Lucien. —Pues bien, querido amigo —dijo Clotilde, clausurando solemnemente aquella larga entrevista—, no me casaré más que con usted. Prefiero creer en usted que en los hombres, en mi padre y en mi madre... Nunca se habrá dado tan alta prueba de cariño, ¿verdad?... Ahora, procure disipar las desdichadas sospechas que pesan sobre usted... Se oyó entonces el galope de varios caballos, y la gendarmería, con gran sorpresa por parte de aquellas dos damas, rodeó al pequeño grupo. —¿Qué quieren ustedes?... —dijo Lucien con la arrogancia de un dandy. —¿Es usted el señor Lucien Chardon de Rubempré? —dijo el procurador del rey en Fontainebleau. —Sí, así es. —Esta noche la pasará usted en la Force —contestó—; tengo una orden de arresto contra usted. —¿Quiénes son estas señoras?... —exclamó el sargento. —¡Ah, sí! Perdón, señoras, ¿sus pasaportes?... Porque el señor Lucien tiene tratos, según mis informes, con mujeres que por él son capaces de... —¿Acaso toma usted a la duquesa de Lenoncourt-Chaulieu por una cortesana? —dijo Madeleine, dirigiendo una mirada de duquesa al procurador del rey. —Es usted lo bastante hermosa como para ello —replicó hábilmente el magistrado. —Baptiste, muestre nuestros pasaportes —contestó la joven duquesa, sonriendo. —¿Y de qué crimen se acusa al señor? —dijo Clotilde, a quien la duquesa quería hacer subir de nuevo al coche. —De complicidad de un robo y asesinato —contestó el sargento de la gendarmería. Baptiste subió a la señorita de Grandlieu, completamente desmayada, en la berlina. A medianoche Lucien ingresaba en la Force, prisión situada en las calles Payenne y de los Ballets, y quedaba incomunicado en una celda; el padre Carlos Herrera estaba allí desde su detención. París, junio de 1843.

TERCERA PARTE ADONDE LLEVAN LOS MALOS CAMINOS Al día siguiente, a las seis, dos coches celulares de los que el pueblo llama, con expresión enérgica, escurrideras para lechuga salieron de la Force en dirección a la Conserjería, al Palacio de Justicia. Habrá pocos caminantes ociosos que jamás hayan encontrado por las calles este calabozo ambulante; pero aunque la mayor parte de los libros se escriban únicamente para los parisienses, los forasteros estarán seguramente satisfechos de hallar aquí una descripción del aparato formidable de nuestra justicia criminal. ¡Quién sabe! Quizá las policías rusa, alemana o austríaca, las magistraturas de los países que carecen de estos coches celulares, se beneficiarán de ello; y en varios países extranjeros la imitación de este medio de transporte sería seguramente una mejora para los presos. Este horrendo vehículo de caja amarilla, montado sobre dos ruedas y reforzado con plancha metálica, está dividido en dos compartimientos. Delante hay un banquillo tapizado en cuero y ante el cual se alza un tablero. Es la parte libre del vehículo, y en ella se colocan un alguacil y un gendarme. Una fuerte reja de hierro con teja metálica separa, a todo lo alto y a todo lo ancho del coche, esta especie de cabriolé del segundo compartimiento, donde hay dos bancos de madera colocados, como en los ómnibus, a ambos lados de la caja y en los que se sientan los presos; éstos son introducidos en su interior por medio de un estribo y por una portezuela sin abertura alguna que se halla al fondo del coche. Su sobrenombre de "escurridera para lechuga" viene de que primitivamente, al ser el vehículo enrejado por todos lados, los presos iban zarandeados de un lado para otro. Para mayor seguridad, y en previsión de algún accidente, un gendarme a caballo sigue al coche, sobre todo cuando conduce a condenados a muerte al lugar de la ejecución. Así la evasión es imposible. El coche, reforzado por una plancha metálica, está a prueba de cualquier herramienta. Los presos, que son escrupulosamente cacheados en el momento de su detención o de su encarcelamiento, sólo pueden, a lo sumo, llevar engranajes de reloj que permiten aserrar barrotes, pero que resultan impotentes ante superficies planas. Por eso, la "escurridera de lechuga", perfeccionada por el genio de la Policía de París, ha acabado sirviendo de modelo para el coche celular que conduce a los condenados a presidio y que sustituye a la horrible carreta de antaño, vergüenza de las civilizaciones anteriores, aunque Manon Lescaut la haya ilustrado. Primero mandan en el coche celular a los presos preventivos de las diversas cárceles de la capital al Palacio de Justicia para ser

interrogados por el magistrado instructor. En la jerga carcelaria a esto se le llama ir a la instrucción. Luego mandan a los acusados de estas mismas prisiones al Palacio de Justicia para ser juzgados, si se trata de casos de justicia correccional. Cuando es asunto, en la terminología del Palacio de Justicia, de la Sala de lo Criminal, se los traslada de las cárceles a la Conserjería, que es la Sala de Justicia del departamento del Sena. Finalmente, los condenados a muerte son conducidos en uno de estos coches celulares desde Bicêtre a la barrera de Saint-Jacques, lugar destinado a las ejecuciones desde la revolución de Julio. Gracias a la filantropía, estos desdichados ya no soportan el suplicio que representaba el antiguo trayecto desde la Consejería a la plaza de Gréve en una carreta absolutamente semejante a las que usan los vendedores de madera. Esta carreta está reservada actualmente al transporte del cadalso. Sin estas explicaciones no se comprendería el comentario que hizo un ilustre condenado a muerte a su cómplice al subir al coche celular: "Ahora es asunto de los caballos." Es imposible ir al patíbulo más cómodamente de lo que se va ahora en París. En aquel momento dos coches que salieron tan de mañana servían excepcionalmente para conducir a dos presos preventivos de la prisión de la Force a la Consejería; cada uno de estos presos ocupaba por sí solo un vehículo. Las nueve décimas partes de los lectores y las nueve décimas partes de la última décima parte ignoran probablemente las diferencias considerables que separan estas palabras: inculpado, preso preventivo, acusado, detenido, prisión, sala de justicia; seguramente se sorprenderán al saber que se trata de todo nuestro Derecho Penal, cuya explicación clara y sucinta se les dará dentro de poco, tanto para su propia instrucción como para que puedan comprender con claridad el desenlace de esta historia. Además, en cuanto se sepa que el primer coche llevaba a Jacques Collin y el segundo a Lucien, el cual en pocas horas acababa de pasar de la cumbre de la grandeza social al fondo de un calabozo, la curiosidad estará ya suficientemente excitada. La actitud de los dos cómplices era característica de cada uno de ellos. Lucien de Rubempré se escondía para evitar las miradas que los viandantes dirigían hacia el enrejado del siniestro y fatal vehículo a su paso por la calle Saint-Antoine en dirección al río, a través de la calle du Martroi y de la arcada de Saint-Jean, bajo la cual se pasaba entonces para cruzar la plaza del Ayuntamiento. Hoy en día esta arcada constituye la puerta de acceso a la residencia del prefecto del Sena, en el vasto palacio municipal. El audaz presidiario, en cambio, pegaba su rostro a la reja de su coche, entre el alguacil y el gendarme, quienes charlaban entre sí, confiados en la seguridad del vehículo celular.

Las jornadas de Julio de 1830 y su formidable tempestad hasta tal punto cubrieron con su estruendo los acontecimientos anteriores, y el interés político absorbió tanto a Francia durante los seis últimos meses de aquel año, que hoy ya nadie se acuerda, o apenas se acuerda, de aquellas catástrofes privadas, judiciales o financieras, por insólitas que fueran, que constituyen el consumo anual de la curiosidad de París y que no escasearon en los seis primeros meses de aquel año. Es necesario, pues, hacer notar cuán agitado estuvo entonces París por la noticia de la detención de un sacerdote español hallado en la casa de una cortesana y por la del elegante Lucien de Rubempré, el futuro de la señorita de Grandlieu, arrestado en la carretera de Italia, en el pueblecito de Grez, acusados ambos de un asesinato cuyo fruto subía a los siete millones. El escándalo de este proceso superó durante algunos días el enorme interés despertado por las últimas elecciones realizadas en tiempos de Carlos X. En primer lugar, este proceso criminal sé debía en parte a una denuncia hecha por el barón de Nucingen. Además, la detención de Lucien, en vísperas de convertirse en secretario íntimo del primer ministro, removía a la sociedad parisiense de más alto rango. En todos los salones de París más de un joven se acordó de haber sentido envidia hacia Lucien por haber sido distinguido por la bella duquesa de Maufrigneuse, y todas las mujeres sabían que despertaba en aquellos momentos el interés de la señora de Sérizy, esposa de uno de los principales personajes del Estado. Por último, la hermosura de la víctima gozaba de una singular celebridad en los diversos mundos que componen París: en el gran mundo, en el mundo de la juventud y en el mundo literario. Desde hacía dos días todo el mundo en París hablaba, pues, de estas dos detenciones. El juez de instrucción a quien correspondió el asunto, el señor Camusot, vio en él una oportunidad de ascenso; y para actuar con la máxima rapidez posible, había ordenado que los dos inculpados fueran transferidos de la Force a la Conserjería en cuanto Lucien de Rubempré hubiera llegado de Fontainebleau. Puesto que el padre Carlos no pasó en la Force más que doce horas y Lucien la mitad de una noche, no es preciso describir esta cárcel que, desde entonces, ha sido enteramente modificada; en cuanto a las particularidades del encarcelamiento, sería una repetición de lo que iba a ocurrir en la Conserjería. Pero antes de entrar en el terrible drama de una instrucción criminal, es imprescindible, como acaba de decirse, explicar la marcha normal de un proceso de esta clase; en primer lugar, se comprenderá mejor, tanto en Francia como en el extranjero, la diversidad de fases de que se compone; además, los que la desconocen podrán apreciar la economía del derecho

En « primer estado. la Force y Les Madelonnettes. En el segundo estado comparecen ante un magistrado. a instancias del procurador general. los inculpados comparecen ante el comisario de policía. Por eso. por tres blancos. no saben a cuántas autoridades populares. Se comete un crimen: si hay flagrancia. la prevención y la acusación. el juez de instrucción firma una orden de depósito y manda encarcelar a los inculpados. por último. que procede a un comienzo de instrucción. Así pues. Mientras no se haya firmado ninguna orden de arresto. llegan e interrogan a los individuos en situación de arresto preventivo. los supuestos autores de un crimen o de un delito grave son inculpados. los acusados pueden apelar al Tribunal Supremo. Obsérvese la expresión de inculpados. Nuestro código ha establecido tres distinciones esenciales para los procedimientos penales: la inculpación. seguramente por la música que de ella sale: allí se grita o se llora. es muy difícil que en París (no hablamos aquí de otras jurisdicciones) un inocente llegue jamás a sentarse en el banquillo de la sala de lo criminal. antes de comparecer ante lo que se llama la justicia del país. En París hay tres prisiones: Sainte-Pélagie.penal tal como lo concibieron los legisladores en tiempos de Napoleón. Y esto es tanto más importante cuanto que esta grande y hermosa obra corre en estos momentos el peligro de ser destruida por el sistema llamado penitenciario. los inculpados son trasladados al depósito de la Prefectura. Según la naturaleza de las sospechas. que hay cargos suficientes para pasarlos a la sala de lo criminal. administrativas y judiciales abofetean. en caso de error o de defecto de forma. Los jurados. la guardia. son confrontados con los testigos y juzgados por la sala de un tribunal en París o por todo un tribunal en los departamentos. los inocentes tienen muchos medios de justificación: el público. De allí. y quedan pura y simplemente en prisión preventiva mientras sigue la instrucción. una vez el tribunal ha dictaminado que los presos preventivos tienen que ser trasladados a la audiencia. según la gravedad de los casos. a nuestro juicio. la policía. cuando la audiencia real ha juzgado. los sospechosos de crimen pasan por tres estados distintos. se convierten en presos preventivos. En el tercero comparecen ante doce consejeros y. cuando absuelven a un acusado. que. y que puede soltarlos si ha habido error. donde la policía los guarda a disposición del procurador del rey y del juez de instrucción. pasan a ser acusados. avisados con mayor o menor prontitud. Al terminarse la instrucción. bajo el peso de una orden de arresto. . los inculpados son conducidos al cuerpo de guardia más próximo y metidos en esa celda que el pueblo denomina violín.

Armado de una esperanza. habían llegado con la presteza del rayo al domicilio de Esther. que cualquier juez instructor hábil. Dios no capta su creación en sus medios y en su fin mejor de lo que aquel hombre podía captar los más nimios detalles en las cosas y en las personas. Aquellos ojos fulgurantes. en casi todos los casos. hablaban un lenguaje tan claro. La justicia lanza inmediatamente la orden de depósito o de detención. los inculpados pasan en seguida a prisión preventiva. Pese a la rapidez de la carrera. la detención es ya una pena aflictiva.El detenido equivale al condenado. esperaba socorro. Jacques Collin. es el castigo de un delito mínimo. había la denuncia de un robo de setecientos cincuenta mil francos puesta por el barón de Nucingen. En la mayoría de los grandes procesos. Los ojos del detenido brillaban a través de la reja como dos carbunclos. lo examinaba todo a su paso. Veía a todos los viandantes y los examinaba. pasaje estrecho y sombrío. desde que el coche celular. En el instante en que el primer coche. de acusado y de condenado. Nuestro Derecho Penal ha creado establecimientos penitenciarios que corresponden a las tres categorías de preso preventivo. Aun cuando no hubiera habido motivos de venganza. Los que actualmente proponen el sistema penitenciario pretenden. por ejemplo. la policía. Para cualquiera que no fuera aquel Maquiavelo del presidio. pese a su máscara de moribundo que el día antes había convencido al director de la Force de la necesidad de llamar al médico. Efectivamente. que no es más que el medio de ejecución. Por otra parte. Como ya se ha visto. había franqueado la puerta de la Force. abrazaba con una mirada ávida y exhaustiva las casas desde el último piso hasta la planta baja. y así propugnan que se castiguen las faltas leves casi con tanta severidad como los mayores crímenes. que llevaba a Jac-ques Collin. llegó a la arcada de Saint-Jean. pueden compararse en las ESCENAS DE LA VIDA POLÍTICA (Véase Un asunto tenebroso) las extrañas diferencias que existieron entre el derecho penal del código de Brumario del año IV y el del código de Napoleón que lo sustituyó. que movieron a Corentin a informar a la policía judicial. o bien han sido sorprendidos al instante. o bien se han dado a la fuga. tal esperanza habría parecido} tan irrealizable . como el señor Popinot. El encarcelamiento supone una pena ligera. y en ciertos casos infamante. pues. y la justicia. habría reconocido al presidiario cometiendo un sacrilegio. algún estorbo obligó al cochero a parar bajo la arcada. acabar con un admirable derecho penal en el cual las penas estaban graduadas. como lo estuvo el último de los Horacios de ¡su espada. Efectivamente. como en este caso. los inculpados. libres en aquel momento porque ni el gendarme ni el alguacil se volvían para ver a su custodiado.

—Es lo mejor que podía hacer si es culpable —había contestado el procurador del rey. UnoN. produce un descalabro completo de sus facultades y una asombrosa postración del espíritu. pues. especialmente a los incomunicados. como era el caso de Lucien y el de Jacques Collin. No obstante. los que lo llevan a la cárcel. Por eso aquel gigante de la astucia y de la corrupción había empleado todas las fuerzas de su espíritu y los recursos de su mímica para fingir la sorpresa y la ingenuidad de un inocente. pues. la del comisario de policía y la actividad interrogante del procurador real habían sido. La acción del señor Camusot. al oído. dada la situación en que la justicia y la policía de París colocan a los acusados. La policía siempre duda de todo. —Se ha envenenado —había exclamado el señor Camusot. no se imagina el súbito aislamiento en que se encuentra un preso preventivo: los gendarmes que lo detienen. Ninguno de ellos piensa en resistir.. tanto más terrible cuanto que la justicia cuenta con el silencio de los muros y la incorruptible indiferencia de sus agentes. los que lo cogen por debajo de los brazos para hacerlo subir a un coche celular. donde estaban reunidos todos los magistrados y gendarmes. pero Jacques Collin había . Jacques Colhn o Carlos Herrera (hay que darle uno u otro nombre de acuerdo con las necesidades de la situación) conocía desde hacía tiempo las costumbres de la policía. esa sabia Locusta. el comisario que lo interroga. permanecen mudos o registran sus palabras para repetirlas ante la policía o ante el juez. Esta separación absoluta entre el mundo entero y el detenido. los guardianes que lo conducen a lo que literalmente se llama calabozo. anuladas por la acción de una apoplejía fulgurante.. le había hecho tomar un veneno mitigado para producirle los síntomas de una enfermedad mortal. Asia. lograda con tanta facilidad. El duelo entre el culpable y el juez es. horrorizado por los sufrimientos del supuesto sacerdote cuando lo habían bajado de la buhardilla presa de horribles convulsiones.que se habría dejado ver maquinalmente. —había preguntado el comisario de policía. de los carceleros y de la justicia. todos los seres que le rodean desde el momento de su arresto. Les había costado mucho esfuerzo a cuatro agentes escoltar al padre Carlos por la escalera hasta la habitación de Esther. en definitiva. como hacen casi todos los culpables. Los tres magistrados habían hablado entonces entre sí y. —¿Creen ustedes que está enfermo?. Como se vio. sobre todo cuando se trata de alguien que no esté familiarizado por sus antecedentes con la acción de la justicia. como se supone. mientras representaba ante los magistrados la comedia de su agonía.

los viandantes. y le sustituía un agente considerado el probable sucesor de Bibi-Lupin. ¡Extraña cosa! Su esperanza iba a ser plenamente satisfecha. contaba con la fidelidad inteligente y absoluta de Asia. a quien esperaba volver a tener a sus órdenes una vez puestos a salvo por el cuidadoso lugarteniente los setecientos cincuenta mil francos robados. Bibi-Lupin. y quizá con Paccard. aunque incomunicado.adivinado por sus fisonomías el tema de sus confidencias. su jefe y consejero en París. Cuando el coche celular llegó. para protegerse del pasó incesante de coches y de sus posibles golpes. En la Force aquella comedia había tenido primeramente un éxito completo porque el jefe de la Seguridad (abreviación de "jefe de la brigada de la policía de Seguridad"). y en la supremacía ejercida por Engañamuertes sobre sus compañeros. Por último. Esta enemistad arrancaba de las reyertas en las que Jacques Collin había triunfado siempre. buscando un mojón que pudiera preservarles del golpe de los antiguos cubos. su brazo izquierdo. que no conocía al presidiario. era enemigo personal suyo. por consiguiente. Las dos gruesas paredes de la arcada de Saint-Jean estaban cubiertas hasta una altura de seis pies por una capa permanente de barro producida por las salpicaduras del arroyo. Este detalle puede hacer comprender la estrechez de la arcada de Saint-Jean y lo fácil que era obstruirla. deshechos desde hacía tiempo por los cubos de las ruedas. Así fue París durante mucho tiempo y en muchos de sus barrios. cuya longitud era tan desmesurada que hizo falta una ley para acortarlos. Más de una vez la carreta de un cantero había aplastado a algún peatón desprevenido. Ésta era la razón de la sobrehumana atención con la que su vista lo abarcaba todo por el camino. Los peatones huían asustados. o para hacerlo por lo menos totalmente irrelevante. había balbuceado algunas frases en las que el español y el francés se combinaban de tal forma que resultaban sin sentido. el antagonista de BibiLupin. y. no contaban más que con mojones. la arcada estaba obstruida . Jacques Collin había sido durante diez años la Providencia de los reos liberados. Así pues. expresidiario y compañero de presidio de Jacques Collin. su tesorero. mientras que una vendedora ambulante empujando su carro cargado de manzanas llegaba por la calle du Martroi. Bibi-Lupin. para que un tercer coche produjera un atasco. que antaño había detenido a Jacques Collin en la pensión de la señora Lauquer. Bastaba que un coche de punto entrara por la plaza de Gréve. su brazo derecho. estaba de servicio en provincias. y lo había aprovechado para imposibilitar el interrogatorio sumario que se hace en el momento de la detención.

cubierta por un feo pañuelo de algodón a cuadros hecho harapos.. Pero. su cómplice—.." El cochero seguía intercambiando bellas palabras con Asia. —gritó el cochero con una voz ronca. En medio de la algarabía de la calle y de los gritos de todos los cocheros allí reunidos. que cualquier guarda municipal. de las que aún quedan algunas en París. Sus manos habrían hecho un centenar de siega». Me volverás a ver. pese a su siniestro aspecto. ¡qué miradas!. o bien volvía de algún aquelarre alemán. —exclamó la vieja Asia con esas modulaciones propias de las vendedoras ambulantes que deforman de tal manera sus palabras que se convierten en onomatopeyas inteligibles únicamente a los parisienses. Su cabeza. y se acumulaban los vehículos en la calle du Martroi. Aquel harapo ambulante y fétido debía afectar el olfato de la gente delicada desde una distancia de diez pasos. Vedrem!. estaba erizada de mechones rebeldes de cabellos que parecían cerdas de jabalí. que exhalaba olor a crimen. —No irás a aplastarme. la habría dejado circular sin pedirle que le enseñara el permiso. Aquella mujer.por una de esas vendedoras ambulantes tan características. le transmitía en una jerga convencional. Un emplasto llevaría menos suciedad.. Todo marcha. Pero este clamor. pécairé jermati. "¡Oh. qué audaz inteligencia y qué contenida energía había en los rayos magnéticos de su mirada cuando se cruzaron con la de Jacques Collin para intercambiar una idea. Asia! —dijo para sus adentros Jacques Collin. —Ahé!. El vestido se parecía a una alfombra... el polvo y el barro. como si se burlaran de la cara de la vieja. y la toquilla dejaba un poco al descubierto una piel curtida por el sol. ¡Y qué porquería?. la vendedora obstruyó el paso el tiempo necesario para el cumplimiento de su proyecto... que reconoció inmediatamente a. Su cuello colorado y lleno de arrugas era sobrecogedor.. o salía de un asilo de mendicidad. audible para Jacques Collin. con mezcla de italiano y de provenzal corrompidos. pese al creciente número de tiendas de fruta. . húsar de la guillotina —contestó la mujer—.. —¡Apártate. Y tratando de arrinconarse entre dos mojones para abrir paso. Los zapatos parecían hacer muecas. pero aquí estoy para velar por vosotros.. viejo criadero de piojos!. Souni la. este terrible mensaje: Tu pobre pequeño está detenido.. que tenía tantos agujeros como el vestido.. si esta institución hubiera existido entonces. nadie podía fijarse en aquel grito salvaje que parecía ser el de la vendedora. tu mercancía no vale lo que la mía. Era un ejemplar tan característico de vendedora ambulante.

¿Cuál es el parisiense. ha dejado dé advertir las murallas negras flanqueadas por tres gruesas torres con atalayas. aprovechando el rato que tardarán en llegar a ella. Una torre cuadrada. que era la del soberano. la alhaja más preciosa del joyero de San Luis. empiezan las construcciones privadas que se edificaron durante el reinado de Enrique IV. al mismo tiempo que el Pont-Neuf. desde donde se dio la señal para la matanza de la Noche de San Bartolomé. y que es casi tan alta como la de Saint-Jacques-Ia-Boucherie. por la gente que pertenece a las clases superiores de la sociedad. palabra terrible y edificio más terrible aún. pero a pesar del gran interés que tiene esta digresión histórica. a base de ladrillo enmarcado con festones de piedra tallada.. Las cuatro torres y las murallas están revestidas por el sudario negruzco que tienen en París todas las fachadas que miran al Norte. y que constituyen un ornato sombrío y misterioso del muelle de las Lunettes? Este muelle empieza en el Pont au Change y se extiende hasta el Pont-Neuf. "¡Lucien detenido!. señala el lugar del Palacio de Justicia y el ángulo de este muelle.. Y estuvo a punto de desmayarse. el extranjero o el provinciano que. En otro tiempo la prefectura de la policía y la residencia de los primeros presidentes del Parlamento dependían del Palacio. puesto que esperaba poder mantener comunicaciones con el exterior. Hacia la mitad del muelle. nombre histórico. La plaza Royale fue la réplica de la plaza Dauphine. aunque sólo se haya detenido un par de días en París. La Conserjería.En medio de la infinita alegría que le causaba su triunfo sobre la justicia. pensó. Ha contemplado a la mayoría de los grandes criminales. El tribunal de cuentas y el tribunal de contribuciones completaban la justicia suprema. Es el mismo estilo arquitectónico. esta isla de casas y de monumentos donde se halla la Sainte-Chapelle. Ahora que los dos coches celulares corren junto al río. Como puede verse. será tan rápida como la carrera de los dos coches celulares. antes de la Revolución el Palacio de Justicia gozaba del aislamiento que se le pretende dar hoy en día. el interés de esta historia exige que se digan unas palabras sobre la Conserjería. Jacques Collin encajó un golpe que habría bastado para matar a cualquier otra persona. Este cuadrilátero. Esta arcada y la calle de Harlay señalan los límites occidentales del Palacio de Justicia. es también el menos conocido…. llamada la torre del Reloj. dos de las cuales están casi acopladas. a la altura de una arcada desierta. este espacio . Aquella noticia era para él más espantosa que la denegación de un recurso de gracia para un condenado a muerte. está mezclada con las revoluciones de Francia y con las de París sobre todo. Aunque sea el más interesante de todos los monumentos de París.".

Los coches circulan a la altura del capitel de las sólidas columnas de estas tres torres. y como resultado de estas transformaciones. como diría un empleado del catastro—. La Sainte-Chapelle y estas cuatro torres (incluida la torre del Reloj) determinan perfectamente el recinto del palacio —o el perímetro. donde ahora está la plaza Dauphine había un prado dependiente de los dominios reales. puesto que aún tiene almenas. El famoso molino. y había sido construido tan cuidadosamente que cuando el río se sale de madre. y. bajo la protección de la Bastilla. está enteramente enterrado bajo el palacio de Justicia. se llama la torre de Montgommery. es seguramente posterior al tiempo en que se acuñaba la moneda en el propio Palacio. Cuando se contempla esta gran capital desde lo alto de la cúpula del Panteón. La primera torre. El muelle del Reloj sobrepasa en unos veinte pies estos edificios diez veces seculares. De ahí también el nombre de una de las tres torres redondas. el Palacio. Al principio este espacio constituyó la primera ciudad. era . a la que adosaron más adelante el palacio Des Tournelles. fue a vivir en la famosa mansión de Sant-Pol. es su plaza sacrosanta y su arca sagrada. del cual constituye los sótanos. De ahí el nombre de la calle de la Moneda dado a la que lleva al Pont-Neuf. sus aguas apenas llegaban a los primeros escalones. casi adyacente a la torre de la Plata. como la catedral. porque estaba edificado en el Sena. que ha conservado el apelativo de Palacio a secas —como para designar al que es el palacio por excelencia—. puesto que hoy estas torres aún rivalizan en altura con los monumentos más elevados de París. con la Sainte-Chapelle. Este palacio de nuestros reyes. que puede verse en los antiguos planqs de París.es el santuario de París. la realeza dejó la fortaleza de la Bastilla para regresar al Louvre. desde los merovingios hasta la primera dinastía de Valois. Carlos V fue el primero en trasladar el Palacio al Parlamento. La tercera. pero la mejor conservada de las tres. este palacio representa más propiamente la época de san Luis. la segunda. en tiempo de los últimos Valois. institución recientemente cerrada. que se llama la torre de la Plata. La primera residencia de los reyes de Francia. que había sido su primitiva fortaleza. pero para nosotros. sobre el que se camina cuando se recorre la inmensa sala de los Pasos Perdidos. Luego. aún es lo que parece más monumental en medio de tantos monumentos. lleva el nombre de torre Bonbec. el palacio de san Luis. que es la más pequeña. cuya elevación debía de estar antes en armonía con la elegancia del palacio y debía de producir un efecto pintoresco sobre el agua. donde se hallaba una ceca para acuñar monedas. lo cual parece aludir a que primitivamente se batía en ella moneda. y se debió probablemente a algún perfeccionamiento en el arte de la acuñación.

los grandes delincuentes. Por desgracia la Conserjería ha invadido el palacio real. de Francisco y de Gastón. En los primeros tiempos de la monarquía. ya que los villanos y los burgueses pertenecían a las jurisdicciones señoriales o urbanas. tanto Semblanqay como Malesherbes. lo que el palacio de Blois para la historia monumental de los segundos tiempos. Como había pocos reos de esta categoría. habitaciones y salas sin luz ni aire en esta magnífica composición en la que los estilos bizantino. como aún existen las cocinas de san Luis. procediendo a dotar a París y al tribunal real de un palacio digno de Francia! Es un asunto que todavía debe estudiarse durante varios años antes de emprender nada. reductos. la Conserjería bastaba para la justicia real. que actualmente es el del procurador del rey. tanto la maríscala de Ancre como la reina de Francia. constituyendo hoy lo que se denomina la Ratonera. Consejeros municipales: si otorgáis millones. fueron sintetizadas por la arquitectura del siglo XII. la cuna de los reyes. y lo es todavía para la mirada inteligente del poeta que se acerca para estudiarla al examinar la Conserjería. Es difícil establecer exactamente qué lugar ocupaba la primitiva Conserjería. en la Conserjería se agrupan en un mismo recinto el espíritu de las primeras razas.una maravilla arquitectónica. el palacio de san Luis se salvará. estaba situado de tal modo que el acusador público pudiera ver desfilar en sus carretas a las personas a quienes acababa de condenar el tribunal . bajo la arcada de la derecha de la gran escalinata exterior que lleva a la audiencia real. El Nv t término se comprende. pero la mayor de todas es la Conserjería. eran conducidos ante el rey y custodiados en la Conserjería. de Luis XII. igual que uno de esos animales antediluvianos que hay en los yesos de Montmartre. Sangra el corazón al ver cómo se han construido calabozos. Si se construyen una o dos cárceles como la de la Roquette. todas las víctimas de la política. El despacho de Fouquier-Tinville. tanto Damien como Danton o Desrues como Castaing. ¡poned junto a los arquitectos a uno o dos poetas. pasillos. Igual que en Blois (Véase Estudio sobre Catalina de Médicis. los propietarios de feudos grandes o pequeños. estas tres caras del arte antiguo. en la Sainte-Chapelle. Hasta 1825 los condenados salían de allí para ir al patíbulo. para la historia monumental de la Francia de los primeros tiempos. si queréis salvar la cuna de París. a saber. donde en un mismo patio pueden admirarse las mansiones de los condes de Blois. Este palacio es. románico y gótico. hundido bajo el palacio y bajo el muelle. Sin embargo. ESTUDIOS FILOSÓFICOS). Actualmente muchas lacras afectan a este gigantesco monumento. De allí salieron todos los grandes criminales. la arquitectura de san Luis. y. es presumible que la primitiva Conserjería estuviera situada en el lugar donde se hallaba la Conserjería judicial del Parlamenjo antes de 1825.

quedan protegidos frente a cualquier ataque por la sólida reja de la arcada. salvo en raras excepciones. Todos los que están presos en ella han de comparecer ante la sala de lo criminal. que apenas basta para los acusados (se necesitaría lugar para dos o trescientas personas. . Excepcionalmente. en un patio interior señalado por una arcada. aunque muy humanitaria. quienes. recibirán un castigo excesivo si tuvieran que cumplir su pena en Melun o Poissy. donde pueden permanecer y maniobrar con facilidad. en caso de motín. la magistratura admite a los culpables de la alta sociedad. Encima de la Ratonera hay un cuerpo de guardia interior. acoplados de esta manera. Cuando llega la hora del juicio. suben por la escaleras. Hoy en día la Conserjería. situada enfrente del rastrillo. los alguaciles van a llamar a los presos. en las que los presos preventivos sacados de sus respectivas prisiones esperan la hora de la sesión del tribunal o la llegada de su juez de instrucción. mientras que antaño no tenían la menor facilidad para maniobrar en el estrecho espacio que separa la gran escalinata exterior del ala derecha del Palacio. Ouvrard prefirió la estancia en la Conserjería antes que en Sainte-Pélagie. Generalmente los presos preventivos. bastante deshonrados ya por la comparecencia ante la sala de lo criminal. fue cerrado y trasladado adonde se encuentra hoy. ya sea para ir a la instrucción (como se dice en la jerga carcelaria). son depositados por los coches celulares directamente en la Ratonera. A la izquierda se halla la Ratonera y a la derecha el rastrillo. donde tenían lugar las ceremonias del encarcelamiento y el cacheo. que está ocupado por la gendarmería departamental y al que conduce la escalinata. entre hombres y mujeres).revolucionario. que se compone de una serie de celdas practicadas en las cocinas de San Luis. en número igual al de los presos. bajan y cogen cada uno a un preso por debajo el brazo. como era el caso de Jacques Collin y de Lucien. En este momento. con una ventana que da al patio de la Conserjería. bajo el ministerio del señor de Peyronnet. ya sea para comparecer ante la policía correccional. aún sin ninguna función. La Ratonera limita al norte con el muelle. entre la torre del Reloj y la torre Montgommery. y. el notario Lehon y el príncipe de Bergues están allí detenidos en virtud de una tolerancia arbitraria. Los coches celulares entran en aquel patio bastante irregular. A partir de 1825. El viejo rastrillo de la Conserjería. al oeste con el patio de la Conserjería y al sur con una inmensa sala abovedada (probablemente la antigua sala de festines). y los gendarmes. al este con el cuerpo de guardia de la guardia municipal. tuvo lugar un gran cambio en el Palacio. Aquel ser convertido en espada podía de esta manera dar una última ojeada a sus hornadas. ya no recibe ni presos preventivos ni detenidos.

No hay nada tan impresionante como el rastrillo. disminuyó el peligro de un fracaso. Este camino es también el que toman los acusados para ir de la Conserjería a la sala de lo criminal y volver. un orificio cuadrado realmente desagradable. cuando uno se pasea por allí por vez primera. una entrada sin puerta y sin decoración arquitectónica alguna. cuando se atraviesa el . actualmente demostrada. entre la puerta de la Primera Cámara del Tribunal de primera instancia y la escalinata que lleva a la Sexta. Aunque el nivel del pavimento del patio sea más alto que el del muelle. a la que se adjudica la audiencia de la policía correccional. Los magistrados instructores y los propios miembros del ministerio fiscal no pueden entrar sin haber sido reconocidos. Juzgando sobre el terreno acerca de la naturaleza de los obstáculos. y bajan a la Ratonera y a la taquilla de la Conserjería. se dibujará una sonrisa en los labios del director de la Conserjería que desvanecerá toda duda de la mente del novelista más audaz en empresas contrarias a la verosimilitud. Se llega a ellos por horribles escaleras. y a través de las cuales todo se observa tan escrupulosamente que las personas a quienes se otorga el permiso de visita atraviesan aquel espacio a través de la reja antes de que la llave rechine en la cerradura. En los anales de la Conserjería sólo se recuerda la evasión de Lavalette.. se observa inmediatamente. la gente más aficionada a la fantasía habría de reconocer que siempre estos obstáculos fueron tan invencibles como lo son ahora. Por allí es por donde los jueces y los abogados entran en esos pasillos. lleva acusados a la Conserjería. En la sala de los Pasos Perdidos.atraviesan el cuerpo de guardia y llegan. cuando va hacia la derecha. Si se menciona la posibilidad de comunicar o de evadirse.. para depositarle en el rastrillo. Todos los despachos de los jueces de instrucción están situados en diversos pisos en esta parte del Palacio. lleva presos a la Ratonera. que constituyen un laberinto en el que se pierden casi siempre aquellos que desconocen el Palacio. Los reos o las visitas advierten dos rejas de hierro forjado separadas por un espacio de cerca de seis pies. pero la certeza de una complicidad de alto rango. que se abren siempre una tras otra. a una habitación contigua a la sala donde se reúne la famosa Cámara Sexta del tribunal. En 1830 los despachos de algunos jueces de instrucción daban sobre la calle de la Barillerie. a través de unos pasillos. cuando un coche celular gira hacia la izquierda en el patio de la Conserjería. en el cuerpo de guardia. Las ventanas de estos despachos dan las unas sobre el río y las otras sobre el patio de la Conserjería. El coche que llevaba a Jacques Collin se dirigió hacia este lado. hay que verlas. No hay expresión que pueda describir la fuerza de las paredes y de las bóvedas. Así pues.

Allí el preso preventivo y el acusado son inscritos y cacheados. alzaba los ojos al cielo para parecerse al Redentor bajando de la cruz. que sirve de dormitorio a los vigilantes o guardianes. se halla la escribanía de la Conserjería. formidables y en penumbra que rodean el locutorio y conducen a los calabozos de la reina. A la izquierda. El agonizante. Su aspecto es tanto más sobrecogedor cuanto que. una especie de despacho con vidrieras donde están el director y su escribano y donde se guardan los registros de encarcelamiento. Todavía hoy no pasa uno sin estremecerse por encima de esas baldosas que han recibido el impacto y las confidencias de tantas últimas miradas. Frente al rastrillo de esta sala se ve una puerta vidriera. Entre 1825 y 1832. después de haber asistido a las fiestas de la realeza. Para apearse de su horrendo vehículo el moribundo necesitó la ayuda de dos gendarmes que lo cogieron cada uno por debajo de un brazo. entre— una gran estufa y la primera de las dos rejas. que constituye el lugar de paseo interior donde los acusados respiran a sus anchas y hacen ejercicio a determinadas horas. y a las celdas llamadas de incomunicación. Este nombre proviene seguramente de que antaño los presos daban una pistola1 a la semana a cambio de este alojamiento. Allí se decide la cuestión del alojamiento. cuya solución depende de la bolsa del detenido. El locutorio recibe la luz del patio. cuya desnudez recuerda las frías buhardillas donde van a vivir los grandes hombres sin fortuna que llegan por vez primera a París. lo aguantaron y lo llevaron a la escribanía. ni su dormitorio ni sus catres difieren mucho del que se llama de la Pistola. de la señora Elisabeth. Ciertamente. ofrece a la mirada una atmósfera y una luminosidad en perfecta armonía con las imágenes preconcebidas por la imaginación. cuyas sólidas murallas están adornadas por magníficas columnas y flanqueadas por la torre Montgommery. de tal modo que parecía haber perdido el sentido.rastrillo hay que bajar aún varios escalones para llegar a una inmensa sala abovedada. en esta gran sala de ingreso. Esta gran sala iluminada por la luz dudosa de estas dos taquillas. Este laberinto de piedra tallada se ha convertido en el sótano del Palacio de Justicia. paralelamente a las torres de la Plata y de Montgommery. El número de tales empleados no es tan considerable como pudiera imaginarse (son veinte). que actualmente forma parte de la residencia del director de la Conserjería y de la torre de la Plata. se ven esas criptas misteriosas. ya que la única ventana que da al patio de entrada está en la escribanía. que es la de un locutorio en el que los parientes y abogados comunican con los acusados por un vano con doble reja de madera. abovedadas. arrastrado de esta manera. en esta inmensa sala se hacía la operación del afeitado. en .

Una vez realizadas las formalidades.. encubierta bajo un aire de indiferencia. repitió con voz desfalleciente las palabras que dirigía a todo el mundo desde el momento de su detención: —Apelo a su excelencia el embajador de España. pregúntese a los condenados.... cogieron a Carlos Herrera cada uno por un brazo y le condujeron a través del laberinto subterráneo de la Conserjería a una habitación muy sana. En cuanto hubo desaparecido. —Le dirá usted esto al señor juez de instrucción —contestó el director.. Si puede usted hacerlo. alzando los ojos al cielo. pero ante la vista del otro preso preventivo. —¡Ay. Vayase a los presidios. su escribano. caballero!. los vigilantes. ¿Seguirán negándome un médico?.. Cuando lo sentaron en la escribanía. y en todos los rostros se dibujó la duda. chapurreando el francés—.ningún cuadro ofrece Jesús una cara más cadavérica y más descompuesta que la que mostraba el falso español. casi todos son víctima de algún error de la justicia. —¡Tendrá mi bendición. El alguacil y el escribano. que parecía a punto de exhalar el último suspiro. el director de la cárcel. es decir. efectuaron las formalidades del encarcelamiento. —replicó el español. fue inútil pedirle si quería las ventajas de la Pistola. con acusados o con condenados. me estoy muriendo. Por eso esta palabra hace sonreír imperceptiblemente a todos los que están en contacto con presos preventivos. Jesús! —repuso Jacques Collin. La regla general es que todos los criminales hablen de error. simultánea y flemáticamente. y en cuanto lo vea terminará todo error. —Señor director —dijo Jacques Collin. dos guardias municipales. por mucho que digan ciertos filántropos. Como Carlos Herrera tenía que estar incomunicado. Salvo en . No me quedan ni siquiera dos horas de vida. dígale lo más pronto posible al señor juez que solicito como un favor lo que un criminal debería temer más: comparecer ante él en cuanto llegue. ¿No podría tener un breviario?.. el derecho a vivir en una de esas celdas en las que se goza de la única comodidad permitida por la Justicia.. el propio alguacil y los gendarmes se miraron como pidiéndose unos a otros su opinión. pero totalmente incomunicada. porque mis sufrimientos son realmente intolerables. —Puedo hablar de su reclamación al juez instructor —contestó el director. ya lo ve usted.. Estas celdas están situadas al extremo del patiq del que se hablará más adelante.. acompañados por un vigilante a quien el director indicó en cuál de las celdas tenía que ser encerrado el preso. todos los espectadores volvieron a su habitual incertidumbre. suspirando—.

Pero actualmente. Es cierto que los acusados. Por lo general. Lucien ofre cía el aspecto del culpable abatido: no oponía resistencias. los empleados de la Conserjería son poco curiosos. s abandonaba maquinalmente. considerado el más peligroso de ambo detenidos. Debemos a Napoleón el Código penal. y basta con ver el calabozo de la reina y el de la señora Elizabeth para sentir un profundo horror por las antiguas formas judiciales. la brutalidad de los carceleros y la mala alimenta ción. Este pequeño patio sirve de patio de paseo para la sec ción de mujeres. que constituyen accesorios obligados en los dramas. a lo abogados y a los que visitan por curiosidad las prisiones o va a observarlas. en los siglos de Luis XIII y de Luis XIV. éstas estuvieron en condiciones terribles. y hacen sonreír a los magistrados. bajo el antiguo Parlamento. a una celda vecina d las Pistolas. ha traído en cambio algunos alivios para los individuos. Desde Fontainebleau.. con luz procedente de uno de esos pequeños patio interiores que hay diseminados por el recinto del palacio. Todas las formalidades que sobrecogen a la imaginación se efectúan con mayor sencillez que los asuntos de dinero entre los banqueros. el poel contemplaba su ruina y se decía a sí mismo que había llegad la hora de la expiación. Quería escapar a todo preci de las ignominias que adivinaba. que es uno de los monumentos más . tal situación bastaba para hacerle imaginar catas trofes peores que las de la muerte.: director tuvo cierta consideración por Lucien. de modo qu fue conducido. Según órdenes del juez de instrucción. El único proyecto que con cebía su mente era el suicidio. fue colocado en una celda totalmente de piedr tallada. siendo para ellos los criminales lo mismo que una peluca para un peluquero. la gente que nunca tendrá altercados co la justicia concibe las más negras ideas sobre la incomunica ción. situada en el ala en que tiene su despacho el procurador gneral.circunstancias extraordinarias. la frialdad de los muros de piedras rezumand humedad. aun cuando la filantropía haya causado daños incalculables a la sociedad. Los encarcelamientos fueron uno de los crímenes de la revolución de 1789. y muchas veces con mayor cortesía. eran amontonados confusamente en una especie de entresue lo situado encima del antiguo rastrillo. La idea de justicia criminal suele Ir asociada con la viejas ideas sobre la antigua tortura. Durante mucho tiempo. Estaba pálido y deshecho. a modo de fantasías de un inquietante pesadilla: Jacques Collin. ignoraba todo cuanto había ocurrido durante su ausencia en casa d Esther y sabía que era el compañero íntimo de un presidiario evadido. sobre la insalubridad d las cárceles. pero no es inútil decir aquí que tales exageraciones no existen má que en el teatro. por el mismo camino.

algunas sillas oscuras de paja. Examinó cuidadosamente la puerta y comprobó que no tenía más agujero que la mirilla. dejando aparte las horribles torturas morales a las que se ven sometidas las personas de las clases superiores al caer bajo el imperio de la Justicia. de dandy. pero en las prisiones de París se halla lo necesario. Si a Bibi-Lupin se le hubiera ocurrido quitarle aquella peluca para . Carlos Herrera. Lucien. la acción de este poder es de una enorme dulzura y simplicidad. ciertamente. Todo se había roto en él debido a esta caída propia t de un Icaro. más aún que el Código civil. como en su casa. Este parecido entre su punto de partida. último peldaño de la vergüenza y del envilecimiento. Así pues. como el oso blanco del zoológico dentro de su jaula. miró por el cuévano por el que penetraba una débil luz. A continuación se quitó la peluca y despegó rápidamente un papel que se hallaba en el fondo de la misma. la gravedad de los sentimientos que a uno le abruman quita a los accesorios de la vida su significado ha bitual. una mesa y algunos utensilios componían el mobiliario de una de estas habitaciones. abrumado por el aplastamiento de todas sus vanidades sociales. herido en su egocentrismo de ambicioso. El espíritu se halla en una situación tan violenta. una fiel imagen de la primera habitación que había ocupado en París. puede afirmarse que. de voluptuoso y de privilegiado. que puede soportarse fácilmente todo malestar o toda brutalidad. que por inesperadas resultan aún más sensibles. hizo vibrar en un último esfuerzo su fibra poética. Este nuevo Código penal colmó un verdadero abismo de sufrimientos. aparentemente insensible como una figura de piedra. de parisiense. en caso de que se produzcan.importantes de este reinado tan breve. de amante. en el hotel Cluny. de poeta. sobre todo en París. pues. halló. el inocente es puesto pronto en libertad. donde a menudo se ponen juntos dos acusados cuando su comportamiento es tranquilo y sus crímenes tranquilizadores. por su parte. pero sufriendo por el hundimiento de todas sus esperanzas. de afortunado. Una cama parecida a la de las fondas más pobres del Barrio Latino. por la aniquilación de su orgullo. Sondeó todas las paredes. empezó a dar vueltas por su celda en cuanto le dejaron solo. al entrar en su celda. y el punto de llegada. Por otra parte. Hay que admitir que. El lado del papel que estaba en comunicación con la cabeza tan mugriento que parecía ser el tegumento de la peluca. El inculpado y el preso preventivo no están alojados. lleno de inocencia. Lloro durante cuatro horas. cuya reforma en algunos puntos es urgente. como la falsificación de moneda o la bancarrota. y el desdichado rompió a llorar. y pensó: "¡No hay peligro!" Fue a sentarse a un ángulo en el cual no pudiera verle el vigilante mirando por la mirilla. Nunca es el cuerpo el que sufre.

tanta era la confianza que tenía en el genio de aquella mujer. tomó un pedazo bastante grande para escribir y lo suficientemente pequeño para disimularlo en su oreja. y lo echará todo a rodar. y la partió en varios pedazos. ni ministro de Justicia. en suma. ni primer ministro. no habría advertido el papel. puesto que dos horas no habrían bastado. Buscó en un mechón de cabellos uno de esos lápices delgados como alfileres. con la certidumbre de hallarla en su camino. supremo arbitro. puesto que él era el único que podía autorizar que el capellán. Mis papeles están en regla. y que estaba fijado a la peluca con cola. de los más nimios detalles de su existencia. No hay poder humano. cuya destreza es increíble. La víspera había empleado ya la mitad del día para este trabajo. juez de instrucción del Tribunal de primera instancia del Sena.verificar la identidad del español con Jacques Collin. si no se va a entregar él mismo y me va a entregar a mí. cuya fabricación. y señalarle una pauta de conducta. todo bien salpicado de debilidades. El preso empezó recortando aquel precioso papel hasta conseguir una tira de una anchura de cuatro o cinco líneas. no hay nada que le detenga. Antes de su interrogatorio tiene que ser adiestrado. cuya suerte dependía en aquellos momentos del señor Camusot. Jacques Collin se sentó al borde de su cama y se puso a estudiar las instrucciones que tenía que dar a Asia.. debida a Susse. alegando los privilegios diplomáticos y fingiendo no comprender nada de lo que me preguntaban. hay que llegar hasta este muchacho a cualquier precio. silencios y suspiros. ni rey. que pueda inmiscuirse en el poder de un juez instructor. era reciente. ni nada que le dirija. que no es demasiado hábil. La difícil y minuciosa operación de la despegadura había comenzado en la Force. "En mi interrogatorio sumario —pensaba— he fingido ser español y hablar mal el francés. durante el espacio de tiempo que le daba el código penal. el médico de la Conserjería o quienquiera que fuese se comunicara con ellos. Mantengámonos en este mismo terreno. Y además necesito testigos que confirmen mi condición sacerdotal!" Tal era la situación moral y física de los dos presos preventivos. La otra cara del papel estaba aún lo bastante blanca y limpia para permitir que se escribieran algunas líneas. se trata de devolverle la moral. El problema es Lucien. tras haber humedecido la capa de goma arábiga gracias a la cual podía restablecer la adherencia. de todas las pamplinas de un agonizante.. Una vez terminados estos preparativos con la rapidez y con la seguridad propia de los viejos presidiarios. he apelado al embajador. Es un soberano sometido únicamente a su . que parecía formar parte de la obra del peluquero. luego devolvió al insólito depósito su reserva de papel. Asia y yo podremos con el señor Camusot.

en ciertos casos se puede suavizar su ejercicio mediante un extenso uso de las garantías. pídase. pero su ejecución es mala. se podría elevar el rango de la magistratura exigiendo grandes fortunas. pero la sociedad. Para comprender adecuadamente las terribles escenas que se desarrollan en los despachos de los jueces de instrucción. por otra parte. La ley es buena y necesaria. Quizá sea el resultado del espíritu esencialmente criticón del francés. que hallan su justificación en lo desorbitante de este derecho. y la opinión pública juzga las leyes según la manera de proceder. se vería amenazada de ruina si se rompiera esta columna que sostiene todo nuestro derecho penal. pobre la mayor parte de veces. como antes de la Revolución. cuya . ha trocado su dignidad de antaño por una altanería que parece intolerable a todos los que se han hecho sus iguales. Esta inconsecuencia del público parisiense fue uno de los motivos que contribuyeron a la catástrofe de este drama. filántropos y publicistas no cejan en sus esfuerzos por recortar todos los poderes sociales. para todo hombre razonable este poder debe seguir siendo inviolable. Destruyase la institución.conciencia y a la ley. La opinión pública en Francia condena a los presos preventivos y rehabilita a los acusados por una contradicción explicable. Si Francia estuviera dividida en diez jurisdicciones. con todo lo que ésta tiene de condenable. el derecho conferido por nuestras leyes a los jueces de instrucción se ha convertido en blanco de muchos ataques terribles. La detención preventiva es una de esas facultades terribles y necesarias cuyo peligro social está compensado por su propia grandeza. retribuido como un funcionario. como ya se verá. reconstituyase sobre otras bases. los detenidos y la Justicia. para conocer bien la situación respectiva de las dos partes beligerantes. El estado preventivo no debería significar ningún cambio en las costumbres de los individuos. amueblarse y disponerse de tal forma que se modificaran profundamente las ideas de la gente acerca de la situación de los presos preventivos. conmovida ya por la falta de inteligencia y por la debilidad del jurado (magistratura suprema que sólo debiera atribuirse a personalidades notables electas). enormes garantías de fortuna para la magistratura. La única mejora real que puede reclamarse en el ejercicio del poder atribuido al juez de instrucción es la rehabilitación de la prisión preventiva. Hoy en día el magistrado. Las prisiones preventivas de París deberían construirse. En este momento en que filósofos. desconfiar de la magistratura es un comienzo de disolución social. fue incluso uno de los más poderosos. lo cual resulta imposible con veintiséis jurisdicciones. No obstante. pero que no se pierda la fe en ella que no la convierta en imagen de la sociedad. porque la altanería es una dignidad sin base de sustentación. En eso radica el vicio de la institución actual.

había enviado a su cuñado el caballero de Espard a casa de la señora Camusot. suficientemente conocido ya para explicar sus alianzas y su posición. para vengarse de la señora de Espard. gozaba del favor del rey. pero había fracasado. de no haber sido por aquella comunicación. es como echar una cuerda a un hombre que se ahoga. La señora Camusot se había ido inmediatamente a visitar a la ilustre marquesa. Lucien. Por un favor insignificante. (Véase La interdicción. se hallaba en aquellos momentos en un estado de perplejidad casi idéntico al de Carlos Herrera respecto a la instrucción que se le había confiado. con ocasión de la falsa denuncia contra el joven conde de Esgrignon puesta por un banquero de Alençon (véase en las ESCENAS DE LA VIDA DE PROVINCIAS. la esposa sólo se libró de la acusación del tribunal gracias a la clemencia del esposo. En otro tiempo había sido presidente de un tribunal de apelación y había sido llamado para ocupar un puesto de juez en París. bajo la recomendación de la duquesa de Maufrigneuse. El día antes la marquesa de Espard. y había podido. la gente menos impresionable va a asustarse de los resultados de estas tres causas de terror: el secuestro. nunca debe olvidarse que los presos preventivos encerrados en estado de incomunicación desconocen todo lo que dicen los siete u ocho públicos particulares que constituyen el público en general. Cuando estas dos altas potencias estuvieron alineadas junto a los amigos del marqués de Espard. aunque importantísimo para la duquesa. que quería incapacitar a su marido. prestarse a los propósitos de una gran dama no menos poderosa. una de las plazas más codiciadas de la magistratura. de simple juez de provincias había ascendido a presidente y de presidente a juez instructor en París. cuyo esposo. la marquesa de Espard. El gabinete de antigüedades). Por esta razón. En el . Desde hacía dieciocho meses formaba parte del tribunal más importante del reino. dar a un preso una noticia como la que Jacques Collin acababa de recibir de Asia sobre la detención de Lucien.lucha tiene por objeto el secreto que ambos preservan de la curiosidad del juez —tan justamente llamado el curioso en la jerga carcelaria—. pudo restablecer la verdad de los hechos a los ojos del procurador general y del conde de Sérizy. Una vez planteados los términos del problema.) Como se ha dicho al comienzo de esta obra. todo lo que saben la policía. yerno de uno de los escribanos del gabinete real. la justicia y lo poco que publican los periódicos de las circunstancias del crimen. al enterarse de la detención de Lucien. así como ella del de la reina. infante del Delfín y coronel de uno de los regimientos de caballería de la guardia real. El señor Camusot. el silencio y el remordimiento. gracias a la protección de la célebre duquesa de Maufrigneuse. Se verá cómo fracasa un intento que. el presidiario no habría podido realizar.

—¿Y de qué manera? —La señora de Espard quisiera ver caer la cabeza de este pobre muchacho. La marquesa y yo hemos estado la una con la otra tan deliciosamente hipócritas como lo estás siendo tú conmigo en estos momentos.. al volver a su casa. —Irás lejos si eres magistrado en todas partes.. —¿Yo mezclarme? —repuso ella—. haya llegado tan bajo. como la sonrisa de las bailarinas. —No te mezcles en los asuntos del Palacio de Justicia —contestó Camusot a su mujer. había cogido a su esposo aparte en su dormitorio. "¡Ahí es adonde las malas mujeres. de —que conocía al ministro de Justicia. La señora Du Châtelet le había dicho que Lucien merecía mil veces la muerte. Me ha hablado de la terrible misión que la ley os atribuye. la señora Du Châtelet. incluso con tu mujer — exclamó la señora Camusot—. Sentía escalofríos oyendo cómo hablaba el odio de una mujer hermosa. "¡Su esposo. Y eso es todo. hoy en cambio te admiro. Vaya. la primera doncella de la señora duquesa de Maufrigneuse ha venido aquí durante la ausencia de la señora. diciéndome que. tiene una gran ocasión para distinguirse!"... —Señora.. —Si puedes mandar al presuntuoso Lucien de Rubempré a la sala de lo criminal y lograr una condena contra él —le dijo al oído—. como una Coralie o una Esther (decía). Ha hablado de una vacante en el Tribunal Real. etc. señora. te está muy reconocida. Quería agradecerme tus buenos oficios en su asunto. —Nos distinguimos cada día. ¿puedo entrar? —preguntó la camarera. y ruega a la señora. Cualquiera hubiera podido escucharnos: no habría sabido de qué hablábamos. de parte de su ama. —Señora. pero en este caso. llevan a los jóvenes lo bastante corrompidos como para repartirse con ellas unas ganancias envilecedoras!" Y luego unos hermosos discursos sobre la caridad y sobre la religión. que también es exclusiva de ellas. que vaya en seguida y sin falta al palacio de Cadignan. pese a la falta de éxito. dijo para terminar. serás consejero en el Tribunal Real." Ha lamentado que un joven tan guapo. haciendo nuestro deber —dijo Camusot. "Es horrible tener que mandar a un hombre al patíbulo. te creía bobo. por haber estado a punto de matar a su hermana y a su madre.... Sobre los labios del magistrado se dibujó una de estas sonrisas que son exclusivas de los jueces. . ¡sí que es hacer justicia!.momento de la cena. — ¿Qué quiere de mí? —le dijo su ama. traído a París por su prima.

me perdona usted. y a los veinte minutos estuvo en el palacio Cadignan. De modo que no le faltarán apoyos. si quiere. su esposo. subió al coche de punto. pensando que el conductor del coche de punto que la había llevado estaría esperando el pago. aun a riesgo de su cabeza. en su celda.. Nuestro Camusot será primero consejero. no puede pronunciarse. —Hija mía. Se volvió a poner el sombrero. jamás me entrometeré en los asuntos del Palacio de Justicia. que fue introducida por una puerta lateral. ya ve mi confianza. Esto no es todo. pero tenía que .. yo haré progresar a su marido. —Estamos entre dos fuegos.. La marquesa estuvo a punto de comprometerte con el estúpido asunto de la interdicción de su marido.. Alguien quiere ver a Lucien mañana.. me esperan. Soy fiel para con los que me sirven.. luego primer presidente donde sea... en secreto. Vamos. Una me ha hecho promesas vagas.—Que aplacen la cena —dijo la mujer del juez. bastan dos palabras. —Lucien de Rubempré está detenido. esperó durante unos diez minutos sola en un gabinete adyacente al dormitorio de la duquesa.. no es menester que le recomiende. sino que además salva la vida a una mujer que agoniza. le recomendaré como a una persona leal al rey. que se presentó con un aspecto resplandeciente.. con tal que no se deje ver. ya lo sabe usted... mientras que la otra ha dicho: Primero será consejero y luego primer presidente. El rey espera mucho del valor de sus magistrados en las graves circunstancias en que va a encontrarse pronto... Adiós... podrá estar presente. ¿qué tienes?. Contó a su esposo la entrevista que acababa de tener con la duquesa hablándole al oído.. su esposo instruye el sumario. ¡ya sabe! Se puso el índice sobre los labios y se marchó. Llegó en un tal estado de ansiedad. pensaba la mujer del magistrado volviendo a su coche. puesto que partía para Saint-Cloud. "¡Y no poderle decir que la marquesa de Espard quiere ver a Lucien en el patíbulo!. entre nosotras. que al verla el juez le dijo: —Amélie. señora duquesa. Dios me libre de darte ningún consejo.. ¿verdad? No sólo complacerá al procurador general que. mientras que a la duquesa se lo debemos todo. tal era su temor de que la sirvienta escuchara tras la puerta. —Sí. —¿Cuál de las dos es más poderosa? —dijo al terminar—. donde la reclamaba una invitación en la corte.". yo garantizo la inocencia de este pobre muchacho: que esté libre antes de las veinticuatro horas.. a la señora de Sérizy. en esta cuestión. La señora Camusot.

necesitaré tu inteligencia. por otra parte —dijo Camusot. en el despacho. La señora Camusot dominaba enteramente a su esposo. donde estaremos más tranquilos. que siempre son dudosas por ser desconocidas.. EL PADRE CARLOS HERRERA "Este individuo es seguramente el llamado Jacques Collin." En el margen estaba escrito. Nueve de cada diez magistrados negarán la influencia de la mujer sobre el marido en ocasión semejante. donde se halla la élite de la magistratura: raramente habla de los asuntos del Palacio. . el cual me ha dicho que el Estado tiene ciertos intereses secretos ligados con este asunto.transmitirte con toda fidelidad lo que se dice en la corte y lo que allí se prepara. casa de huéspedes de la calle Neuve-Sainte-Geneviéve.. sobre todo en París. muchas esposas asisten. el Bibi-Lupin de la política. como Amélie. cuando están enteradas de algún secreto. y sólo lo hace cuando se trata de casos ya sentenciados. lo dieran a entender. —¿No sabes. a petición mía. jefe de la policía de seguridad. de que vuelva inmediatamente para facilitar su identificación. Ya hablaremos esta noche de todo esto. aunque se trate de una de las excepciones sociales más importantes. en las grandes ocasiones en las que está en juego un ascenso. de puño y letra del prefecto de policía: "Se ha dado. pero.. Amélie. —He aquí las notas que me ha remitido el prefecto de policía. El magistrado és como el sacerdote. ya que la del juez quizá no baste. aun cuando accidental. el magistrado y su esposa se sentaron en el despacho. No obstante. dependen por completo de la manera en que la lucha entre los dos caracteres se ha desarrollado en el seno del matrimonio.. sino que además tienen todas el suficiente sentido de las conveniencias para adivinar que molestarían a sus maridos si. apodado Engañamuertes.. a la deliberación del magistrado. sobre el cual el juez había ordenado ya todos los documentos del caso. Estas excepciones. lo que me ha mandado el prefecto de policía y a través de qué persona? A través de uno de los hombres más importantes de la policía general del reino.. orden por telégrafo a Bibi-Lupin. Las esposas de los magistrados no sólo fingen no saber nunca nada. cuya última detención se remonta al año 1819 y tuvo lugar en el domicilio de una tal señora Vauquer. puede hacerse notar que es cierta. Cuando todos dormían en la casa. Cenemos y vayamos al Varietés. donde permanecía escondido bajo el nombre de Vautrin.

El motivo de este asesinato estriba en que dicho agente andaba desde hacía tiempo tras las huellas de estos dos hábiles criminales. ha estado proporcionando sumas considerables." El magistrado señaló la siguiente frase. abandonó al señor Camusot. impresor de Angulema.. . propietario de una tienda de sedas de la calle de Bourdonnais.. actualmente difunta. hijo de un farmacéutico de Angulema y cuya madre era señora de Rubempré. "Faltó a la gratitud debida a la señora de Bargeton y vivió maritalmente con una tal señorita Coralie. al que. que. que entonces llevaba el nombre de señora de Bargeton. actriz del Gymnase. para cuyo pago David Séchard fue detenido durante una breve estancia del susodicho Lucien en Angulema.. escrita en el margen por el propio prefecto de policía: "Todo esto es de mi información personal. es motivo suficiente de condena para el señor Lucien de Rubempré. debe a una ordenanza real el derecho a llevar el apellido de Rubempré." "Lucien Chardon. Esta ordenanza fue concedida a petición de la señora duquesa de Maufrigneuse y del señor conde de Sérizy. terminemos. A ver. —contestó la mujer del juez—. prima de la señora de Espard. "En 182.. "Los huéspedes que se alojaban en la casa Vauquer viven todavía y pueden ser citados para establecer la identidad. "El supuesto Carlos Herrera es el amigo íntimo y consejero del señor de Rubempré. por Rubempré o por alguno de sus secuaces. provenientes sin ninguna duda de robos. Amélie? —¡Es espantoso!." —¿Qué te parece. "Esta solidaridad. para vivir con él.. este joven llegó a París sin ningún medio de existencia. a quien hizo detener en 1819 con la ayuda de una tal señorita Michonneau. "La súbita muerte del agente Peyrade se debió a un envenenamiento provocado por Jacques Collin. "Pronto se hundió en la miseria por la insuficiencia de la ayuda que le daba la actriz y comprometió gravemente a su honorable cuñado. "La sustitución del sacerdote español Carlos Herrera por el presidiario Collin es el producto de algún crimen más hábil que aquel por el cual Cogniard se convirtió en conde de Sainte-Hélène. con la ayuda de la señora condesa Sixte du Chá-telet.puesto que conoce personalmente a Jacques Collin. poniendo en circulación letras falsas. durante tres años. si llega a establecerse la identidad del supuesto español y de Jacques Collin. y tengo la certeza de que el señor Lucien de Rubempré se ha burlado indignamente de Su Señoría el conde de Sérizy y del señor procurador general.

a la que Lucien había dicho que tal cantidad provenía de su cuñado y de su hermana. ha gastado recientemente más de un millón en la compra de la finca de Rubempré para cumplir una condición estipulada para hacer posible su enlace con la señorita Clotilde de Grandlieu. de informes. sino que además creían que Lucien estaba muy endeudado. sopesa todos los créditos. de fichas. de observaciones. según su declaración. La ruptura de este casamiento se debe a que la familia de Grandlieu. mandó pedir información a los respetables esposos Séchard. este registro de conciencias. que sólo podía lograr de parte del supuesto sacerdote Carlos Herrera. La discreción de este poder. este océano de informaciones . apenas ascendía a doscientos mil francos. Así como el Banco señala los más ligeros retrasos en asunto de pagos. valora a los capitalistas y vigila todas sus operaciones. Como pudo verse ya a propósito del informe pedido acerca de Peyrade. y el dinero en metálico. y no hay duda de que todos los obsequios del barón de Nucingen. con lo que se comprobó que no sólo ignoraban dichas adquisiciones. que reapareció repentinamente en París en compañía del padre Carlos Herrera. han pasado a manos de Lucien. aproximadamente. la policía procede igual respecto a la honradez de los ciudadanos. la inocencia no tiene nada que temer. era necesario detallarlas textualmente para hacer comprender el papel de la policía en París. pero. ¿a título de qué? "Además. No desconoce nada de cualquier desviación. Esta agenda universal. que había sido en otro tiempo ramera sumisa". "La herencia recibida por los esposos Séchard consiste en inmuebles. la policía tiene unos ficheros casi siempre exactos sobre todas las familias y sobre todos los individuos cuya vida es sospechosa o cuyas acciones son reprensibles. en particular a través del procurador Dervílle. es tan grande como su extensión. la acción sólo se ejerce sobre las faltas. por otra parte. "Lucien y su compañero el presidiario han podido aguantarse más tiempo que Cogniard ante la opinión pública sacando sus recursos de la prostitución de la susodicha Esther. protector de esta señorita. "Sin medios de vida conocidos. igual que en el Palacio de Justicia. Esta enorme cantidad de atestados de los comisarios de policía. Por alta que esté situada una familia no puede escapar a esta providencia social. Pese a la repetición ociosa que representan estas notas en el curso de la narración."Este asunto determinó la huida de Rubempré. En esto. "Lucien vivía secretamente con Esther Gobseck. el señor Lucien ha gastado durante los tres primeros años de su segunda estancia en París un promedio de trescientos mil francos. está tan al día como el registro de fortunas hecho por el Banco de Francia.

como en todas partes y siempre. —¿Quieres seguir mi consejo?. sentiría por esta buena gente la misma reverencia que por Cheverus. además. a recibir delaciones y a guardar todas sus observaciones. Abunda la creencia de que la policía es astuta y maquiavélica. en caso de que exista una ficha sobre los inculpados. —¡Pero Lucien es cómplice suyo! —exclamó Camusot. y el país entero se alzaría de indignación si se alegara su testimonio en el proceso oral en la sala de lo criminal. cuando de hecho su benignidad es excesiva.duerme inmóvil. Ningún jurado les daría fe. sino que se limita a utilizarlos para aclarar las situaciones. esto es un secreto entre la policía y la justicia. la condesa de Sérizy y Clotilde de Grandlieu no es culpable —respondió Amélie—. —¡Cómo te lanzas! —respondió el juez. lo hace también por la política. ¿de qué? —Un hombre a quien aman la duquesa de Maufrigneuse. y en seguida. No es temible más que por un lado. profundo y tranquilo como el mar. después de doce años de práctica en París. . el juez ya comprobará qué grado de validez tiene todo esto. no sepa que la sala de lo criminal y la policía correccional ocultan la mitad de esas infamias. Las mujeres tienden a la meta a través de las leyes. —Dejemos esto —dijo el juez. declara inocente a ese pobre desventurado y busca otros culpables. Si la gente pudiera saber hasta dónde llega la discreción de los empleados de la policía que tienen memoria. que son como el lecho sobre el cual durante mucho tiempo se ha estado incubando el crimen. no hay magistrado que. el señor y la señora Camusot ignoran que existe. —¿Qué necesidad tienes de repetirme esto? —dijo la señora Camusot. Lo que hace por la Justicia. En cuanto ocurre un accidente.. Estos ficheros en los que son analizados los antecedentes. el juez se informa de ella. son informaciones que mueren entre las paredes del Palacio de Justicia. sonriendo—. —Lucien es culpable —repuso el juez—. No hay magistrado que. en cuanto apuntan el delito o el crimen. al que sirve de hermosísimo adorno. Devuelve el cura al mundo diplomático. Pero en política es tan cruel y tan parcial como la antigua Inquisición. pero. Es la verdad condenada a quedarse en sui pozo. sus causas primeras y casi siempre inéditas. no confiese que la Justicia deja sin castigo la mitad de los delitos que se cometen... la justicia apela a la policía. a los que nada detiene en el aire. —dijo Amélie—. poniendo los papeles en el archivo—.. la justicia no puede hacer de ellos ningún uso legal. otro tiene que haberlo hecho todo. Estos pedazos de cartón proporcionan de algún modo el envés del alfombrado de los crímenes. de hecho se limita a escuchar las pasiones en su paroxismo. como los pájaros.

y es posible que tenga miedo de la máquina. —¡Bien! La deliberación se ha terminado. muchacho de veintidós años llamado Coquart. Mucha gente comprende que se pueda ser el eje de una máquina y en cambio se preguntan cómo puede uno conformarse siendo una de sus tuercas. a una especie de secretario judicial jurado. —Yo no soy más que un gorro y tú eres la cabeza —dijo Camusot a su esposa. Todos los jueces de instrucción tienen a su servicio a un escribano. En el palacio. A continuación se verá de qué manera. La perspectiva de un empleo en el Palacio —el de una escribanía— y la conciencia profesional bastan para convertir al escribano de un juez de instrucción en aventajado rival de las tumbas. aunque sólo sea de cara a la policía. suponiendo que se trate de él? El jefe de la policía de seguridad reconocerá. que pienso que lo mejor será convencer a la marquesa y a la duquesa enseñándoles las fichas de la . adonde habían llegado ya todos los documentos del caso... el padre Carlos te indicará alguno que pueda sacarte del atolladero. cruzaba París a pie. Veo tantas dificultades. Gentil vendió el recibo dado a Semblanay por Luisa de Saboya. produciendo siempre excelentes especímenes cuyo mutismo es espontáneo y absoluto. ya es la una. y lo había preparado todo en su despacho cuando el magistrado aún vagando junto a las orillas del río. todos estos traidores eran más o menos ricos. Así pues. de acuerdo con la modestia característica de los magistrados de la ciudad. un funcionario de la Defensa vendió a Czernicheff el plan de la campaña de Rusia. dejando que su marido ordenara sus papeles y sus ideas pensando en los interrogatorios a que tenía que someter a los dos presos preventivos el día siguiente. ya sea un diplomático o un presidiario. Y la señora Camusot fue a acostarse. había pasado por la mañana a recoger todos los documentos y observaciones del juez. lo cierto es que una tuerca puede sentirse feliz de serlo. mirando antigüedades en las tiendas y preguntándose en su fuero interno: "¿Cómo habérselas con un tipo tan hábil como Jacques Collin. Estos empleados son la pluma en persona del juez. cuya raza se perpetúa sin primas y sin estímulos. se desconoce cualquier caso de indiscreción respecto a las instrucciones judiciales que hayan cometido los escribanos. ven a dar un beso a tu Mélie. El escribano de Camusot. yo tengo que dar la sensación de estar cumpliendo con mi profesión. mientras los coches celulares conducían a Jac-ques Collin y a Lucien a la Conserjería. desde los orígenes de los parlamentos hasta hoy. después del desayuno. para dirigirse a su despacho. el juez de instrucción. ya que las tumbas han perdido su discreción debido a los avances de la química.—Mira —repuso Amélie—.

Pobre muchacho. tras haber mirado la tienda durante algunos instantes.. sobre todo si es cierto que esta Esther le daba todo cuanto ganaba. pero en parte provienen de un agente que no depende de la prefectura. esperando entrevistarse con la señorita de Grandlieu y la duquesa de Lenoncourt. ya he visto los informes de la policía. —Hay muchos cargos contra él —dijo Camusot. —¡Oh! —repuso el procurador general—. ¡a causa de los reversos! Y. —Pero. no puedo dejar de hacerle observar que si llegara usted a la convicción del desconocimiento por parte de Lucien del testamento de aquella muchacha. eso es una obra maestra de habilidad".. del famoso Corentin... sin que Camusot dejara de pensar que aquel encuentro respondía a una casualidad. se llevó a Camusot a lo largo del río.... como si pusiera término a su examen. "Ni mentir a mi conciencia ni dejar de servir a dos grandes damas. Porque algo hay.policía. Vamos. usted también aquí." Entró en una tienda de antigüedades. ¿Está buscando medallas? —Es una afición que tenemos casi todos los leguleyos —contestó riendo el conde Grandville—. un hombre que ha hecho cortar el cuello a más inocentes que culpables pueda usted mandar al patíbulo. Estaba en Fontainebleau. el interrogatorio lo decidirá. se desprendería de ello que 150 tenía ningún interés en que muriera. atraído por un reloj de Boule. conservaba tantas esperanzas acerca de su matrimonio con la señorita de Grandlieu (lo sé por boca de la propia duquesa de Grandlieu). y vengaré a mi padre de la afrenta que le hizo Lucien quitándole a Coralie. —Vaya.. —Esta mañana va a interrogar usted al señor de Rubempré —dijo el procurador general—. que no es posible suponer que un joven de tanto ingenio lo comprometa todo con un crimen inútil. se decía para sus adentros.. cómo le quería. —Se tiene la seguridad de que estaba ausente durante el envenenamiento de la tal Esther —dijo Camusot—. ¿qué piensa usted entonces? —preguntó Camusot—. adquiriré un gran prestigio y pronto todos los amigos de Lucien renegarán de él. Sin querer influir sobre la conciencia de un magistrado como usted. Pero este individuo está fuera de nuestro alcance. —Derville y Nucingen dicen que murió sin saber nada de la herencia que le había correspondido desde hacia tiempo —añadió el procurador general. —Sí —dijo Camusot—. . señor procurador general —dijo Camusot en alta voz—. Si logro desenmascarar a unos criminales tan abyectos. —Sí. v—.. puesto que le proporcionaba unas sumas prodigiosas de dinero.

hágame el favor de ir a la Force a enterarse de si su colega guarda en estos momentos algún recluso que haya estado en el presidio de Toulon entre 1810 y 1815.... lo cual prueba que su salud es tan buena como su conciencia. —¡Ah! ¿Ya está aquí? —exclamó el juez. para poder hablar sin miedo a ser oído. —Querido amigo.. que pretende estar agonizando desde hace veinticuatro horas. —Estaba en Melun. un embajador que comete un crimen deja de estar protegido por su estatuto. querido Camusot. Una vez en el patio de la Conserjería. espera sus órdenes.. —Péselo bien todo.. señor Camusot. Esta mañana he recibido una nota del director de la Force. es muy coherente con la manera de actuar de Jacques Collin (puesto que el sacerdote español es con toda seguridad este presidiario evadido) quedarse con los setecientos mil francos conseguidos con la venta de los valores al tres por ciento donados por Nucingen. que entraron en su celda de la Force sin que oyera al médico. sino que le dejó dormir.—Pienso en un crimen cometido por los criados —contestó el procurador general. El padre Carlos Herrera pertenece al cuerpo diplomático. Haremos trasladar aquí a los de la Force por algunos días. "¿Así que también él quiere salvar a Lucien?". mire también si usted mismo tiene alguno. tenga prudencia. siguiendo por el muelle de las Lunettes. —Bien. El director de la Conserjería tuvo entonces ocasión de transmitir al juez instructor la demanda de Jacques Collin. La cuestión más importante es si se trata o no del padre Carlos Herrera. Le han dicho que se trataba de Engañamuertes y ha sonreído de contento. mientras el procurador general entraba en el Palacio de Justicia por el patio de Harlay. . —Por desgracia —hizo observar Camusot—. llamado Engañamuertes. durmió tan bien. pero no a causa de su salud. Sólo creeré en esta enfermedad para estudiar el juego que está llevando —dijo con una sonrisa el señor Camusot. pero Bibi-Lupin ha regresado. pero. pensó Camusot. Y el señor de Grandville se despidió. el médico ni siquiera le cogió el pulso. cuyo deplorable estado refirió.. saludando sin esperar respuesta.. —Tenía ya la intención de interrogarle el primero —respondió el magistrado —. Resulta que este individuo. Camusot entró en el despacho del director de la cárcel y condujo a éste al centro del patio.. y me dirá usted si el supuesto cura español es identificado por ellos con Jacques Collin.. a quien el director había mandado buscar. —Mándemelo.

Los jueces de instrucción. —¿Hay alguien que me espere?—preguntó al ujier encargado de recibir a los testigos. El juez tocó el timbre. y al otro una lámpara. . señor. —Sí. y los magistrados. que habia llegado de la sala de los Pasos Perdidos. por pocos que sean los reincidentes que se encentren allí. se armará una zarabanda terrible en el patio de la cárcel. A un lado había un garrafón lleno de agua y un vaso. Se miró en un espejo situado sobre el marco de la chimenea. habían sido disipados para ayudar a Lucien. verificar sus citaciones y colocarlos de acuerdo con su orden de llegada. están obligados a veces a llevar varias instrucciones a la vez. sonriendo. El ujier se presentó a los pocos minutos. avaros de tiempo. —¿Y por qué razón? —Engañamuertes se ha alzado con sus fondos. en el cual había una jofaina y una jarra de agua. y sé que ellos han jurado exterminarlo. conocedores de tales pasillos subterráneos. quitándose los guantes y de jando su bastón y su sombrero en un rincón—. se encontró con Bibi-Lupin. —¡Oh! Es que si es él — contestó el jefe de la policía de seguridad—. —Coquart —dijo el juez. Ellos eran los reclusos cuyos fondos. como ya es sabido. Así se explica la milagrosa facilidad con que el ministerio fiscal y los presidentes de la sala de lo criminal pueden conseguir ciertas informaciones sin abandonar las sesiones. Ésta es la causa de las largas esperas que deben hacer los testigos convocados en la sala donde están los ujieres y donde suenan los timbres de los jueces de instrucción. —¡Cuánto celo! —le dijo el juez. rellene dos citaciones de acuerdo con lo que le diga el señor agente. La prefectura de policía comunica con la Conserjería. —Después —dijo Camusot a su ujier— irá a buscar padre Carlos Herrera. Cuando el señor Camusot llegó a lo alto de la escalera que lleva a su gabinete. —Tome los nombres de las personas que han venido y tráigame la lista.—Cada día se aprende algo con los preventivos y los acusados —hizo notar el director de la Conserjería. así como el director de la prisión. y se los traeré hoy mismo. —¿Podría usted encontrar testigos de su última detención? —Déme usted dos citaciones de testigos. pueden personarse en ella con toda rapidez. dejados bajo la custodia de Engañamuertes.

¡Bah! Se lo ha copiado de Collet. sino que con un poco de compostura lograrás siete millones y tener el honor a salvo. estamos salvados. Aquel hombre prodigioso daba en el blanco en su esfera de . no confieses nada respecto a mí. señor Camusot —exclamó el jefe de la policía de seguridad! —No hay nada nuevo —contestó Camusot. Nada mejor que las pocas líneas que había escrito sobre sus grasientos papeles puede acabar de perfilar a esta figura del pueblo en rebeldía contra las leyes. El sentido del primero era el siguiente. que era la jerga de la jerga o la cifra aplicada a la idea. que una u otra vea a Lucien antes de su interrogatorio y le dé a leer el papel que te adjunto. No se trata sólo de tu justificación. todo está perdido". bajo la amenaza de graves penas en caso de que se nieguen a obedecer. Si voy yo primero a la instrucción. "Hay que lograr lo mismo del doctor Bianchon. con una destreza que es propia de los que han estado soñando en un presidio sobre los medios de lograr la Übertad. pensó mientras esperaba. El momento era tan cruel que. según me han dicho. Para ti tengo que ser el padre Carlos Herrera. Y el juez firmó dos de esas impresionantes citaciones que turban a todo el mundo. El papel adquirió la lorma y la consistencia de una bolita mugrienta. En aquel instante Jacques Collin hacía media hora que había terminado su profunda deliberación. "Ve a casa de la duquesa de Maufrigneuse o a casa de la señora de Sérizy. de parte de aquel a quien encontró en el baile de la Ópera. pero si interrogan primero al muchacho. se le cubrió la cara de un sudor blanco." En el papel adjunto. en buen francés: "Lucien. y estaba sobre las armas. decía. "Hay que hacer trabajar a las dos mujeres de Lucien para este mismo fin. que venga a atestiguar que el padre Carlos Herrera no se parece en nada al Jacques Collin detenido en casa de la Vauquer. e hizo con ellos una bola. Luego hay que encontrar a ese par de ladrones de Europa y Pac-card para que se pongan a mi disposición y se dispongan a desempeñar el papel que les indicaré. "Apresúrate a ver a Rastignac y dile. porque estaba escrito en el lenguaje convenido entre Asia y él. de tal manera que pareciera que se trataba de un fragmento de la misma hoja." El preso pegó los dos papeles por el lado de la escritura. incluso a los testigos más inocentes. a quienes la justicia ordena comparecer. parecida a los pegotes de cera con los que las mujeres ahorradoras reparan las agujas de coser cuando se les rompe el ojo. a pesar de su temple.—¡Vaya! ¿Se hace pasar por español? Finge ser sacerdote.

Así procedía el postrer esfuerzo de la inteligencia humana contra la armadura de acero de la Justicia. sin despertar la menor curiosidad. En aquellos días se estaba terminando la ampliación del muelle Pelletier. y dijo al cochero: —¡Al Temple. Jacques Collin al acecho se encontraba con la ambiciosa señora Camusot y con la señora de Sérizy. consiste en una intuición. Al oír el ruido de la pesada chatarra de cerraduras y cerrojos de su puerta. En esto consiste la diferencia que separa a la gente del primer orden de la gente del segundo. habrá buena propina! Con el atuendo de Asia. Jacques Collin volvió a ponerse su máscara de agonizante. la entrada de la obra estaba custodiada por un inválido y la carretilla dejada a su vigilancia no corría ningún riesgo. El genio. las restantes obras notables se deben al talento. No sabía por qué medios llegaría Asia hasta él. las plantas bajas estaban casi todas un poco elevadas. como Molière en la ¡esfera de la poesía dramática y Cuvier con las especies desaparecidas. le ayudó a ello la embriagadora sensación de placer que le produjo el ruido de las botas del vigilante en el pasillo. en la enorme nave en la que se amontonan todos los harapos de París. en todos los campos. Toda la parte de la orilla del río que iba desde el puente de Arcôle hasta el puente Louis-Philippe estaba entonces tal como la había hecho la naturaleza. cuyo amor había rebrotado bajo el impacto de la terrible catástrofe en que se hundía Lucien. Apenas acababan de ser . Antes de 1830 el nombre de la Grève tenía un sentido que hoy se ha perdido. Cuando el agua llegaba al pie de las casas. pero esperaba encontrársela a su paso. sobre todo después de la promesa que ella le había hecho en la arcada de Saint-Jean. los coches cogían la espantosa calle de la Mortellerie. donde hormiguean muchísimos vendedores ambulantes. En esta orilla. donde chacharean centenares de revendedoras. con excepción de la calzada pavimentada. cualquier mujer podía perderse. De modo que resultó fácil a la falsa vendedora empujar el pequeño carro hasta la parte baja de la orilla y ocultarlo allí hasta que la verdadera vendedora. El crimen tiene sus figuras geniales. Por eso cuando el río se salía de madre se podía ir en barca bordeando las casas y por las calles inclinadas que descendían al río. fuera a recogerlo en el lugar en que Asia había prometido dejárselo. que actualmente ya no existe porque su espacio ha pasado a formar parte del recinto del Ayuntamiento. Por debajo de este fenómeno. que estaba bebiéndose el precio de la venta en una de las viles tabernas de la calle de la Cortellerie.crimen. y de prisa. que estaba dispuesta en talud. Asia cogió en seguida un coche de punto en la plaza del Ayuntamiento. Asia había bajado hasta la plaza de la Grève. Después de aquel afortunado encuentro.

repartía su interés entre las paredes del Palacio. y búscame unos encajes que sean un primor. aproximadamente un cuarto de hora antes de la llegada del juez. Manda a la pequeña a buscar un coche de punto y que lo haga esperar en la puerta de atrás. Iba muy bien enguantada. se habría dado cuenta de que la mujer que se ocultaba bajo el nombre de Asia se hallaba en su casa. en el cual era sin duda alguna la primera vez que entraba. —Sí. Durante algún tiempo tendremos que guardarnos muy bien de los curiosos..encarcelados los dos presos preventivos.. —¡Hija mía! —dijo Asia—. Por lo menos tengo que ser una baronesa del faubourg Saint-Germain. —¡Me han ofrecido unos diamantes!. cuando ya Asia estaba haciéndose vestir en el interior de un pequeño entresuelo húmedo y bajo situado en una de esas horribles tiendas en las que se venden todos los retales robados por las modistas o por los sastres. Si hubiera habido algún testigo en aquélla casa. hija mía. Adelante con los maquillajes. mientras le hacía el tocado a Asia... Dame las chucherías más resplandecientes que tengas.. —Bien. La población de traje . haciéndose guiar por los pasillos y escaleras que conducen hacia los jueces de instrucción y preguntando por el señor Camusot. con una citación en la mano. y de haberse puesto colorete. tengo los pies hirviendo. señora —dijo la vieja. Ataviada exactamente como una dama del faubourg Saint-Germain que busca un perrito extraviado. me tienes que cambiar de pies a cabeza. —Creo que sí. Su talle de cocinera era realzado por un corsé muy reforzado. Después de haberse quitado su maquillaje de anciana. y la correa de un hermoso king's dog. pues sea cual sea la ganancia. se había envuelto la cabeza con una admirable peluca rubia. hay que prescindir de ellos. como una actriz. porque su nombre de pila era Jéromette. con la sumisión y la solicitud propias de una sirvienta en presencia de su ama. y regentada por una vieja solterona llamada la Romette. Asia no se parecía ya en nada a sí misma. La Romette era para las vendedoras de ropa lo mismo que las señoras La Ressource son para las mujeres que están en un aprieto: una usurera al ciento por ciento. Jugueteando con un bolso de montura de oro. Y hay que hacerlo a toda velocidad —añadió—. —¿Son robados?.. se ocultaba el rostro bajo un magnífico velo de encaje negro. parecía tener cuarenta años.. —dijo la Romette.. Asi se comprenderá que Asia pudiera hallarse en la sala de los Pasos Perdidos del Palacio de Justicia. Tú ya sabes qué vestidos me van bien. su falda llevaba un ahuecador muy rígido y toda su persona desprendía un fuerte olor a perfume.

que hacia muy infeliz a su hija. tendrá lugar en el estudio destinado a retratar a los abogados de París. uno de los tres directores de la caja territorial. una muchacha apodada Europa. Asia adoptó una vocecita especial para explicar a este amable caballero que se presentaba a la citación de un juez llamado Camusot. porque los pasos gastan a los abogados tanto como la prodigalidad de la palabra. que he tenido durante veinticuatro horas y que ha huido al ver que mi lacayo me traía este papel sellado. Asia contaba ya con los paseantes del Palacio. a veces de cuatro en cuatro. para facilitar los trámites. no se trata de mí. que esperan a propósito de alguna causa retenida en final de lista. el conde de Gross-Narp. un joven pasante más absorbido por la Gazette des Tribunaux que por sus clientes. que se puso a disposición de una mujer tan bien perfumada y tan ricamente vestida. como toda mujer de edad cuya vida transcurre en charlas junto al fuego. se reía para sus adentros de algunas bromas que oía y acabó por atraer la atención de Massol. hizo muchos incisos y contó sus desgracias con su primer marido. ya que. a disposición de los abogados. no conseguía adivinar si la citación iba dirigida a la señora o a la criada. Además de los abogados sin causa que barren esta sala con los bajos de sus togas y que mencionan a los grandes abogados por sus nombres de pila. Asia le hacía . incitada por Massol. por el asunto Rubempré! ¡El proceso estaba ya bautizado! —¡Oh!... Al principio se había contentado con lanzar alguna mirada hacia aquel documento judicial cuyos ejemplares son bien conocidos. Massol. pero susceptible de ser litigada si los abogados de las causas retenidas al comienzo de lista se hicieran esperar. dando lugar con sus charlas al amplio zumbido que resuena entre las paredes de esta sala de nombre tan adecuado. sin embargo. como hacen los grandes aristócratas entre ellos. para hacer creer que pertenecen a la aristocracia de la Orden. y si la ley le permitía disponer de su fortuna.negro de la sala de los Pasos Perdidos pronto advirtió la presencia de semejante viuda de calidad. se ven a menudo en ella a algunos pacientes jóvenes. una tal descripción. la hora de comparecencia. están impresos de tal modo que los escribanos de los jueces instructores no tienen más que rellenar los espacios en blanco destinados a poner los nombres y domicilio de los testigos. etc. Luego. —¡Ah. Consultó al joven abogado acerca de si tenia que iniciar un proceso contra su yerno. se trata de mi camarera. Resultaría curiosa una descripción de las diferencias entre cada una de las togas que se pasean por esta inmensa sala de tres en tres. pese a sus esfuerzos.

. su procurador general. ¿Cree usted que el señor Camusot puede darme una autorización?. —Es imposible... —¡Oh! —contestó Massol—. —Si la señora quiere bajar a la Conserjería —dijo un ujier—. señora baronesa —respondió el abogado. que hizo pensar a Massol: "¡Hay que ver adonde va a parar la fortuna!. su amigo. —Por regla general los jueces de instrucción empiezan sus interrogatorios hacia las diez. local muy conocido de Asia y que constituye. —Sí —dijo Massol.. Al ver la taquilla a través de la ventana.. cuánto me gustaría ver su celda!. —¡Vaya... son preventivos. al final acabó preguntándole a que hora llegaba aquel señor Camusot... no tiene más que. los preventivos pueden esperar. ¡Oh. pero puede acompañarla. por los Ronquerolles. —¡Ah! Conoce usted al señor procurador general —dijo Massol. señora baronesa.. que ella conocía mucho mejor que él. donde nuestra pobre reina. como se ha . La señora de Sérizy es parienta mía. que pronto se encontraron en el pequeño cuerpo de guardia al que desemboca la escalera de la Ratonera. en latín. es cierto! —repuso ingenuamente Asia—.. Yo conozco al señor de Grandville. —Lo veo a menudo en casa del señor de Sérizy. Esta exclamación tuvo un efecto mágico sobre los ujieres y sobre el abogado. auténtica obra maestra de joyería. que llevaba a la viuda del brazo—. que tenía la intención de pedir el nombre y la dirección de la dienta que el azar le proporcionaba. se necesita un permiso que es muy difícil de conseguir. —Sí. la inscripción que se halla en la celda de María Antonieta. —Son las diez menos cuarto —dijo mirando un bonito pequeño reloj." En aquel momento Asia había llegado a la sala oscura que da al patio de la Conserjería y en la que están los ujieres. —No es de su incumbencia. —Quisiera saber latín para entender las palabras de esta inscripción — replicó ella—. —¡Ah! Ésta es la Conserjería. Y los ujieres dejaron bajar al abogado y a la baronesa......explicar al abogado cómo era el Palacio. —¿Y sus interrogatorios? —dijo ella. exclamó: —¿Qué son estas enormes paredes? —Es la Conserjería. —Me han dicho —repuso Asia— que Luis XVIII había grabado.

una especie de puesto de observación entre la Ratonera y la Cámara sexta.. Asia dejaba que el joven abogado le contara todo lo que puede contar de espantoso un joven abogado acerca del rastrillo.. —¡Cuánto me gustaría ver esto!.... —¡Oh. Los gendarmes. qué tonta soy. ¿Qué es esto?. Pero ahora no tengo tiempo. señora. —Sí... Lléveme. le ahorrará a usted la molestia de estar esperando en la antesala con los demás testigos. Es un preso preventivo que va a la instrucción. —No. dirigiéndose hacia la puerta para precipitarse a la escalera.. ¡Oh!. no haberme dirigido directamente al conde de Grandville.. Si le hace llegar su tarjeta de visita. que salía del rastrillo.. tiene usted todo el tiempo que quiera para hablar con el señor Camusot. hasta que vio a Jacques Collin. acaba de subir de la Ratonera.. —No se puede quedar usted aquí —dijo el sargento—. señor oficial —dijo la baronesa.visto ya. La mujer se negaba a creer que afeitaran a los condenados a muerte tras las rejas que le mostraban. señora! —dijo Massol—. Se quedó allí. —¿Y de qué le acusan? —Está implicado en este asunto de envenenamiento. esta puerta da a la escalera. —¡Oh! Me gustaría mucho verlo. ¿dónde estoy? . señora baronesa —contestó el gendarme—. sabían además cuáles eran las prerrogativas de la toga. Mire. porque está incomunicado y tiene que atravesar este cuerpo de guardia.. a hablar con el señor Camusot antes de que esté ocupado. educados según el respeto que se debe a las viudas y huérfanos. por el cual todo el mundo se ve obligado a pasar. —dijo. Tiene usted tarjetas. —Gracias. coqueteando con el sargento y con su abogado. señora.. —¡La Ratonera! —dijo—. En el Palacio de Justicia se tienen muchas atenciones hacia las mujeres como usted.. donde exclamó—: Pero... En aquel momento Asia y su abogado se hallaban precisamente ante la ventana del cuerpo de guardia. —¡Ah! Aquí está el capellán de la prisión. desde la cual los gendarmes pueden ver el movimiento del rastrillo de la Conserjería. —Pregunte a estos señores si ya ha llegado el señor Camusot —dijo ella. pero el sargento se lo confirmó.. que seguramente acaba de confesar a algún desdichado.... caballero.. sostenido por dos gendarmes y precedido por el ujier del señor Camusot. y por esto toleraron durante algunos instantes la presencia de una baronesa acompañada por un abogado. no.. mirando a los gendarmes que jugaban a las cartas.

—Caballero —dijo Asia al abogado—. a quien quería advertir de esta manera de su presencia. haciendo un esfuerzo para levantarse. ¿Es de verdad culpable? Estas palabras... la cogió por la cintura y la depositó como una pluma en medio de cinco gendarmes que se habían erguido como un solo hombre. y quizá le sea de alguna utilidad verme a mí antes de interrogar a este pobre sacerdote.Su estentórea exclamación llegó a oídos de Jacques Collin. se dejó caer en Una silla en el cuerpo de guardia. —¡Ay! —dijo—. está agonizando. —¡Pobre hombre! —dijo la baronesa—. inesperadamente. quedaba entre ellos un espacio tranquilizador. Asia. Cuando el preso fue conducido a la parte superior de la escalera. aunque fueron emitidas al oído del joven abogado.. El propio abogado había exclamado por dos veces consecutivas: "¡Señora! ¡Señora!". advirtió el lugar en el que se había detenido. Algunas personas privilegiadas consiguen a veces permiso para ver a criminales célebres a su paso por este cuerpo de guardia. El sargento se dirigió corriendo hacia la señora baronesa.. en apariencia indiferentes. —O lo aparenta —replicó el sargento. de modo que ni el ujier ni los gendarmes encargados de conducir al padre Carlos Herrera hicieron observación alguna. la bolita no llegó a rodar: todos estos detalles. pero cuando estuvieron en lo alto de la escalera. con sus paredes oleaginosas y fuliginosas. lléveme en seguida al despacho del señor Camusot. Asia dejó caer su bolso con toda naturalidad y lo recogió ágilmente. cuyos ojos quedaban disimulados por el velo.. pues temía mucho comprometerse... Era una arbitrariedad. ¡Oh. debido a que su color coincidía con el color de polvo y barro del suelo. y la baronesa. mi pobre perrito! . El abogado y la baronesa abandonaron el cuerpo de guardia.. gracias a la solicitud del sargento que había agarrado a la baronesa para impedir toda comunicación entre el preso incomunicado y los forasteros. En aquel mismo instante la bolita cayó de su manga. Por otra parte. casi desmayado. vengo por este asunto. lleno de espanto. pero una arbitrariedad necesaria. caballero. habían sido calculados por Jacques Collin para lograr un éxito completo.. exclamó: —¿Y mi perrito?. —¡Vamos! —dijo Jacques Collin. fueron oídas por todo el mundo. porque en este cuerpo de guardia se desconfía de todo. me ha oprimido el corazón. porque en aquel horrible cuerpo de guardia reinaba un silencio mortal. Debido a que era húmeda y grasienta. pero al agacharse había cogido la bola que. El padre Carlos Herrera. pasaba inadvertida a los ojos de los demás..

puesto que ocupaba una habitación en el alojamiento de la señora Rorro. Tras haber leído las instrucciones. pese a que su camarera le había entregado a través de la puerta de su tocador. que la señora Rorro conocía gracias a sus relaciones con la servidumbre de una y otra. Asia estaba allí como en su casa.. que vivía en la parte alta del Faubourg Saint-Honoré. después de llamar.. Asia podía contar con la discreción inquebrantable de una vendedora de vestidos llamada señora Rorro.. que era el lugar donde Nucingen había contratado la entrega de Esther. Asia se metió en un coche de punto de los que tienen la parada en el muelle de los Orfévres. pero . luego bajó a la vivienda de la señora Rorro. juzgó necesario transcribir sobre papel de escribir las líneas destinadas a Lucien. —preguntó la duquesa sin la menor fórmula de cortesía. tras haber saludado a la señora Rorro dándole a entender que no tenía tiempo de cambiar ni siquiera dos palabras.. mirando a Asia de arriba abajo. Asia comprendió cuán intempestiva era su visita. La señora duquesa de Maufrigneuse. y desapareció con la citación enviada a Europa. Asia se puso a desdoblar los papeles con el cuidado que ponen los sabios para desdoblar los palimpsestos. a la que hizo hablar mientras una empleada de la tienda iba en busca de un coche de punto al bulevar de los Italianos. Asia consiguió así las direcciones de la duquesa de Maufrigneuse y de la señora de Sérizy. sino también su tienda. hizo esperar a la señora de Saint-Estève una hora. preguntando por su perro a todo el mundo. —¡Calle Neuve-Saint-Marc! —gritó al cochero. por eso pidió excusas por haber turbado el reposo de la señora duquesa a causa del peligro en que se hallaba Lucien.. diciendo: —¡Aquí está!. por el cual. —¿Quién es usted?. que bien podía ser confundida con una baronesa por el abogado Massol en la sala de los Pasos Perdidos. Aquella escalera era la que conducía al patio de Harlay. una vez representada la pantomima. Estos viajes y estas minuciosas tareas duraron más de dos horas. que no sólo le Prestaba su identidad." A la primera mirada que dirigió al rostro de la duquesa.Y se abalanzó como una loca hacia la sala de los Pasos Perdidos. Alcanzó la galería del fondo y se precipitó hacia una escalera. Una vez lejos de toda acechanza. cuyos verdaderos nombres eran aún desconocidos por la policía y por la justicia. Pagó el coche y subió a su habitación.. conocida también por el nombre de señora Saint-Estève. una tarjeta de la señora Saint-Estève en la que Asia había puesto: "El propósito de la visita es una gestión urgente relativa a Lucien.

nadie podrá escucharnos. Pero allí.... Diane.. ¿qué has hecho. —Soy una vendedora de vestidos. porque nosotras poseemos tanto los secretos de los maridos como los de la esposas. —Bueno. estallando en sollozos. Jamás he traicionado a nadie.. a quien encontraron acostada en un diván. a quien la señora duquesa... bueno. —¿Tiene usted otro nombre? —dijo la duquesa. Vamos a casa de la señora de Sérizy si quiere evitar desgracias mayores que la simple muerte de este querubín. gracias a la duquesa.. —¡Vamos. —Sí. basta!. pero en el trato cotidiano me llamo señora Rorro. señora duquesa. sonriendo por un recuerdo que suscitaba en su mente aquella respuesta.... duquesa de Maufrigneuse en casa de la señora de Sérizy. porque en circunstancias como ésta se acude a mujeres cuya pro« fesión descansa en una discreción absoluta. mirando a su alrededor—. no mande que le preparen el coche: véngase en mi coche de punto. que dio un salto de corza y cogió a la duquesa por los hombros. Ambas fueron introducidas junto a la condesa. He hecho muchos negocios con el señor De Marsay. —Puedo prestar servicios muy importantes —prosiguió diciendo Asia—. —exclamó la duquesa—. soy la señora Saint-Estève en las grandes circunstancias. tendría que tener el valor de no perder tiempo en vestirse. —Si la señora duquesa quiere salvarlo. Está bien —dijo Asia.. —¡Basta. y Dios sabe cuántas grandes señoras han depositado en mis manos sus diamantes por un mes. querida.. señora duquesa. por otra parte. Está usted guapa a rabiar.que pisando las alfombras del saloncito de la casa de Cadignan daba la misma sensación que una mancha de aceite negruzco sobre un vestido de raso blanco. Vayamos a por lo de Lucien. la sigo! —dijo entonces la duquesa.rine del presidio.. no se perdió ni un instante. —exclamó la condesa. señora. me muero! A ver. tras unos instantes de duda —... Pese a la actividad verdaderamente infernal de aquella 5°. dentro de un chalet en miniatura situado en el centro del jardín lleno de la fragancia de las flores más exóticas.. que vivía en la calle de la Chaussée-d'Antin.. —respondió con viveza la duquesa. -¡Ay. ¡palabra de vieja que entiende de esto! En fin. cambiando de tono. la señora duquesa difícilmente podría estar más hermosa que en estos momentos. Entre las dos infundiremos ánimo a Léontine. pidiéndome alhajas falsas absolutamente iguales que las suyas. . tocaban las dos cuando entraba con la..

Entre la gente de mundo un afecto comprobado es más comprometedor para la reputación de una mujer que diez aventuras secretas. No llevaba cinturón en la bata. sus manos y su cuerpo tenían una finura aristocrática. No había la menor coquetería en su vestir. jer con la rapidez del bisturí de un cirujano curando una llaga. —¿Quién es. por consiguiente. Desde la partida del marqués hacia colonias.. que no sea una mujo leal a Lucien y dispuesta a servirnos? Asia había adivinado la verdad. sin saber —nadie en París lo sabía. Léontine advirtió entonces a Asia e hizo un gesto d espanto. como nadie contaba con la señora de Sérizy. Léontine se había olvidado de ponerse sus falsas trenzas. y era. es decir. y sin siquiera corsé. tan mala para las mujeres como buena para con los hombres. Los bordados de la falda de debajo y de la camisa estaban ajados. por otra parte— el amor de Lucien por Esther. sino actuar —dijo la duquesa. y su bata de muselina estampada y arrugada dejaba entrever su corpino sin ningún aderezo. querida Diane? —dijo a la duquesa d Maufrigneuse. de piel blanca y pelo ceniciento. Léontine. con el aspecto de tenar unos treinta años.. —Usted ama por primera vez en su vida.—Vamos.. Sin embargo. —¿A quién quieres que te traiga. delgada sin exageración. conservada como una rubia de las que se conservan. sus pies. recogidos bajo un gorro de encaje y sin haber sido peinados desde hacía veinticuatro horas.. —le dijo Asia en tono sentencioso. y con mayor razón dos afectos— seguidos. mostraban en toda su pobreza una corta y delgada trenza y algunos mechones rizados. el historiador no podría garantizar su virtud doblemente desportillada. hay ocasiones en que las mujeres como nosotras no deben llorar. obligando a la condesa a sentarse junto a ella sobre el canapé. que era considerada como una de las mujeres de mundo más frí volas. Era una rubia de altura media. se había vuelto loca por Lucien. Asia examinó a la condesa con esa mirada peculiar de las viejas muy bregadas que se deslizan sobre el alma de una mu—. y lo había separ do de la duquesa de Maufrigneuse. Los cabellos. Este dolor que deja surcos imborrables en los corazones y en los rostros. La condesa contaba entonces cuarenta y cinco primaveras. había sentido por el marqués de Aiglemont un afect que duró diez años. La compañera de Jacques Cozin descubrió entonces los rastros del menos frecuente de todos los sentimientos que abrigan las mujeres de mundo: ¡el dolor auténtico!. La señora de Sérizy. Sus ojos rodeados de profundas orejas y sus mejillas veteadas atestiguaban un llanto amargo. Gracias a su gran fortuna. tenía el ingenio de una Ronquerolles. a la elevada .

Había llegado por último a aceptar la rivalidad de Esther en el momento en que. había resonado. extrañamente.. vaya inmediatamente y entregúele este papel. al ver a Lucien. como es sabido. Desde hacía un mes. La duquesa de Maufrigneuse era la única confidente de aquella pasión terrible y absoluta. había sido arrebatada. si tiene usted el poder de hacer que le abran las! puertas de la Conserjería y de hablar con él. En medio de su calentura. confesaba su culto por las costumbres de la Regencia. mirando bondadosamente a la espantosa comadre. y su raa" rido la había depositado él mismo sobre su cama por temor a las revelaciones que podía provocarle el delirio. —Pero si el señor Camusot le interroga mal —prosiguió diciendo Asia—.posición de su marido y a la de su hermano el marqués de Ronquerolles. y son motivo de caídas inexplicables en algunas mujeres virtuosas en d momento en que alcanzan los cuarenta. por un amor semejante al del barón de Nucingen por Esther. —exclamó la condesa.. en medio de semejante paroxismo de ternura. siempre se había visto preservada de los sinsabores que hubieran afectado a cualquier otra mujer. Mañana estará libre. a condesa habría dado diez años de su vida para volver a Lucien durante ocho días. entre las mujeres de alcurnia. Tenía un gran mérito: era franca en su depravación. La condesa había estado a punto de morir. desde hacíal veinticuatro horas. no hay un minuto que perder. luego había llegado el período de cobardía al que amor sincero se abandona con deleite. Pero a la edad de cuarenta y dos años. Tales trastrueques de juventud son más frecuentes de lo que se cree entre las parisienses.. la noticia de la detención del ser querido.. sí! ¿Verdad que sí?. para la que los hombres habían sido hasta aquel momento unos agradables juguetes a los que. vivía con un puñal en el corazón. ¡lo juro porl los huesos de mi madre! —¡Oh. con un par de frases puede hacer de él uní culpable. es implacable. Entonces había amado por primera vez en su vida. se lol . había entregado mucho porque no veía en el amor más que la necesidad de soportar ciertos sacrificios para dominarles mejor. como una trompeta del juicio final. desde las sensaciones juveniles del amor primerizo hasta las desaforadas locuras de la voluptuosidad. Si quiere usted salvaríe. Al descubrimiento de Esther había seguido una de esas rupturas coléricas que en las mujeres puede llevar hasta el borde del sesmato. cogiendo a la condesa por el brazo y sacudiéndola—. decía a su marido: —¡Libera a Lucien y no viviré más que para ti! —No se trata de poner ojos de buey degollado. esta mujer. cuyos placeres. enloquecían a Léontine y la volvían insaciable. como acababa de decirle Asia. El auténtico amor. como dice la señora duquesa —exclamó la terrible Asia. Es inocente.

ahora! —dijo Asia con una ironía glacial. —dijo Léontine. —¿Yo?. puesto que en definitiva es usted! misma quien le ha metido. Léontine. y.aseguro. arriba ese ánimo. El efecto que tuvo esta consideración sobre el ánimo de la condesa fue tal. pero ahora... La disposición de los despachos de los jueces de instrucción no es indiferente. y esto es lo que le ha llevado a la situación en que sel encuentra.. uniforme y pura. sino que a costa de la perdición de su cuerpo y de su alma entregó el millón que pedían a Lucien. en cambio. si no es fruto de la intención. Sáquelo de allí.... He aquí lo que estaba ocurriendo en el palacio mientras que las protectoras de Lucien obedecían al plan trazado por Jacques Collin. Coquart.. ¡Cuánto disfrutaba de su felicidad! ¡Es tan hermoso ser a la vez madre y amante! Vosotras dejáis que se mueran de hambre las personas a quienes queréis sin preguntar por sus asuntos.. y el casamiento de Lucien con Clotilde está tan definitivamente roto que ya nada puede remendarlo —dijo en voz muy baja la duquesa de Léontine. tú eres mucho más guapa que ella. —dijo Asia. —¡Pobre muchacha! ¿Con qué hizo esto? ¡La quiero!. aun cuando se ahoguen en millones. y ¡a moverse!. necesitan una luz septentrional. ángel mío. Los gendarmes llevaron al moribundo hasta una silla situada frente a la ventana del despacho del señor Camusot. Por eso casi todos los jueces de instrucción disponen sus despachos tal como estaba dispuesto el de Camusot. hija mía. podemos conseguirlo mandándole una nota. que dejó de sufrir.. no hacía aspavientos. el cual estaba sentado en su butaca delante de su escritorio. —¡Sí.. —Era muy hermosa. —¡Ah. porque el rostro de sus criminales es como un cuadro que hay que examinar con atención vigilante.. —Vayamos a mi casa —dijo la señora de Sérizy. de manera que ellos estén de .. —Vamos. —Si lo primero es impedir que el señor Camusot interrogue a Lucien —dijo la señora de Maufrigneuse—. hay que confesar en tal caso que el Azar está concorde con la Justicia. se pasó las manos por la frente y se sintió rejuvenecida. advirtiendo aquella mutación y comprendiendo sus motivos. con la pluma en la mano... usted!. que le podemos enviar al Palacio a través de alguno de sus criados. Cuando yol me daba el lujo de tener chiquillos. Esther. sabía que iban a tener loa bolsillos rebosantes de dinero. se sentaba a una pequeña mesa a pocos pasos del juez.. Ustedes las grandes señoras nunca tienen un céntimo. Estos magistrados son como pintores.

Además. —Sí. —¿Cuáles son sus verdaderos nombres? —preguntó Camusot a Jacques Collin. canónigo del cabildo real de Toledo. ahori mismo puede usted mandar a la embajada española una nota que voy a escribir delante de usted. Los germanismos del señor de Nucingen han salpicado ya bástante esta obra para que ahora reproduzcamos otras frases de difícil lectura que entorpecerían la maM cha hacia el desenlace. Dios sabe lo que queda registrado en el papel de la más glacialmente ardiente de esas escenas. Fue un cambio brusco de expresión observado de esta manera y mojado por una pregunta hecha a quemarropa lo que permitió descubrir el crimen cometido por Castaing en los momentos en que. y una carta de Su Católica Majestad por la que se autoriza mi misión. —¿Tiene usted documentos que certifiquen los cargos que ha mencionado usted? —preguntó el juez.espalda a la luz y.. un estremecimiento de los músculos faciales o la más ligera pincelada de rubor provocada por algún sentimiento. enviado secreto de Su Majestad Fernando VII. Luego. dramática. un pasaporte. El atestado. apasionante y terrible es la lucha que se libra en la instrucción de un caso criminal. —Don Carlos Herrera. —¿Pretende seguir estando agonizante? —dijo CamUl sot—. señor. como entre salvajes que se observan mutuamente. Este insignificante detalle basta para hacer comprender a cualquiera cuán viva. todo. dispuestos a agredir y a matar. interesante. en el curso del interrogatorio. que enviaría en seguida visitarme a su secretario particular. y en seguida me recial marán. no deje de adoptar un aire distraído e indiferente. en las que las miradas. . chapurreando de tal manera que sus respuestas resultaban casi ininteligibles y tenía que repetirlas a instancias de sus auditores. que el rostro de los interrogados quede bien expuesto a ella. Si de verdad hubiera usted experimentado los dol<« res de los que se ha estado quejando desde que fue arrestada debería estar ya muerto —repuso el juez con ironía. no constituye más que el residuo de cenizas de un incendio. No hay uno solo que. el juez iba a dejar en libertad a este criminal por falta de pruebas. puedo escribir a SI Eminencia el Primado de Francia. entraña un peligro. Hay que hacer notar aquí que Jacques Collin hablaba el francés muy incorrectamente y con un marcado acento español. pero de la que siempre queda constancia. por consiguiente. si necesita otras pruebas.. si es que no lleva gafas. al cabo de seis meses de ejercicio. el acento. pues. tras una larga deliberación con el procurador general. lucha sin testigos. en suma.

—¡Está usted haciendo el proceso del valor de un inocente y de la fuerza de su temperamento! —contestó con dulzura el preso. —¡Coquart, toque el timbre! Mande venir al médico de la Conserjería y a un enfermero. Vamos a vernos obligados a quitarle la levita para proceder a la verificación de la señal que lleva en la espalda... —repuso Camusot. —Caballero, estoy en sus manos. El detenido preguntó si el juez tendría la bondad de explicarle qué era aquella señal y por qué razón tendría que llevarla en la espalda. El juez esperaba aquella pregunta. —Se tiene la sospecha de que es usted Jacques Collin, presidiario evadido, cuya audacia no retrocede delante de nada, ni siquiera delante del sacrilegio... —dijo con viveza el juez, fijando su mirada en los ojos del preso. Jacques Collin no se estremeció ni se sonrojó; se quedó tranquiló y adoptó un aire de ingenua curiosidad mirando a Camusot. —¿Yo, caballero, un presidiario?... ¡Qué la orden a la que pertenezco y Dios le perdonen tamaña equivocación! Dígame qué tengo que hacer para que no siga usted manteniendo una injuria tan grave contra el derecho de gentes, contra la Iglesia y contra el rey mi señor. El juez explicó, sin contestar al detenido, que si había sido marcado con el hierro, tal como solía hacerse entonces con los reos de trabajos forzados, golpeándole la espalda la marca reaparecería en seguida. —¡Ah, señor! —dijo Jacques Collin—, sería muy triste que mi entrega a la causa del rey me resultara ahora funesta. —Expliqúese —dijo el juez—, está aquí para eso. Quiero decir, caballero, que debo tener muchas cicatrices en la espalda, puesto que, por haber permanecido fiel a mi monarca, fui fusilado por la espalda, como traidor a mi país, P°r los constitucionales, que me dejaron por muerto. " ¿Qué fue usted fusilado y sigue con vida?... —dijo Camusot. Contaba con la complicidad de algunos soldados que habían recibido dinero de ciertas personas piadosas, y me colocaron tan lejos que sólo recibí en la espalda algunos proyectiles casi muertos, ya que los soldados apuntaban a la espalda. Se trata de un hecho que Su Excelencia el señor embajador podrá ratificarle. "Este diablo de hombre tiene respuesta para todo. Mejor que mejor", se decía a sí mismo Camusot, cuya aparente severidad sólo estaba destinada a satisfacer las exigencias de la Justicia y de la Policía. —¡Cómo un hombre de su condición fue a parar a casa de la amante del barón de Nucingen, y vaya una amante, una antigua cortesana!... —He aquí por qué me encontraron en la casa de una cortesana, caballero —contestó Jacques Collin—. Pero antes de decirle el motivo que me llevaba

allí, tengo que hacerle notar que en cuanto pisé el primer escalón sentí como me invadía súbitamente la enfermedad, de modo que no tuve ocasión de hablar con la muchacha. Había llegado a mis oídos el propósito que abrigaba la señorita Esther de suicidarse, y como estaban en juego los intereses del joven Lucien de Rubempré, por quien siento un particular afecto cuyos motivos son sagrados, me disponía a apartar a la pobre criatura de la! senda por la que le encaminaba la desesperación: quería decirle que Lucien iba a fracasar en su último intento cerca de la señorita Clotilde; y comunicándole que heredaba siete millones, esperaba hacerle recuperar los deseos de vivir. Tengo la certidumbre, señor, juez, de haber sido víctima de los secretos que se me confiaron. Por la manera súbita con que me sentí fulminado, creo que aquella misma mañana me habían envenenado; afortunadamente, mi vigor corporal me salvó. Sé que desde hace tiempo me persigue un agente de la policía política, tratando de implicarme en algún asunto sucio. Si en el momento de mi detención se hubiera hecho caso de mi petición y se hubiera mandado llamar a algún médico, tendría usted la prueba de lo que le estoy diciendo acerca de mi efl tado de salud. Créame, señor, hay ciertas personas, que están más arriba de nosotros, que tienen gran interés por confundirme con algún sirvergüenza para tener un pretexto y li brarse de mí. Cuando se está al servicio de un rey, no todo gloria; sólo la Iglesia es perfecta. Es imposible reflejar con palabras el juego de la fisonomía de Jacques Collin, que tardó intencionadamente diez minutos en soltar esta parrafada, muy pausadamente; todo era tan verosímil, sobre todo la alusión a Corentin, que el juez quedó impresionado. —Puede usted facilitarme los motivos de su afecto hacia el señor Lucien de Rubempré... —¿No los adivina usted? Tengo sesenta años, caballero... Se lo suplico, no escriba esto... Es... ¿hace falta que lo diga? —En interés de usted, y sobre todo de Lucien de Rubempré, es mejor que lo diga todo —respondió el juez. —Pues, se trata de... ¡oh, Dios mío!... ¡de mi hijo! —añadió en un murmullo. Y se desvaneció. —No escriba esto, Coquart —dijo Camusot en voz muy baja. Coquart se levantó para ir a buscar un frasquito de sales. "¡Si es Jacques Collin, es un actor prodigioso!", pensaba Camusot. Coquart hizo aspirar las sales al viejo recluso, a quien el juez examinaba con una agudeza de lince y de magistrado a vez. —Hay que hacerle quitar la peluca —dijo Camusot, esperando que Jacques Collin recobrara el sentido.

El viejo presidiario oyó esta frase y se estremeció de miedo, porque sabía el horrible aspecto que tomaba entonces su fisonomía. —Si usted no tiene fuerza para quitarse la peluca... Sí, Coquart, quítesela usted —dijo el juez a su escribano. Jacques Collin inclinó la cabeza hacia el escribano con admirable resignación, pero al ser despojada su cabeza de aquel tocado, quedó al descubierto su verdadero aspecto, que producía espanto. Aquella visión sumió a Camusot en una profunda incertidumbre. En espera del médico y del enfermero, se puso a clasificar y a examinar todos los papeles y objetos recogidos en el domicilio de Lucien. Después de haber actuado en la calle Saint-Georges, en casa de la señorita Esther, la justicia había bajado al muelle Malaquais para proceder a un registro. —Tiene usted en sus manos las cartas de la señora condesa de Sérizy — dijo Carlos Herrera—; pero no me explico por qué tiene usted casi todos los papeles de Lucien —añadió con una sonrisa fulminante de ironía para el juez. Camusot, captando aquella sonrisa, comprendió el alcance de la palabra casi. —Lucien de Rubempré, presunto cómplice suyo, está detenido —contestó, con el propósito de mirar qué efecto produciría aquella noticia en su detenido. —rHan cometido otra gran desgracia, porque es tan inocente como yo — contestó el falso español sin mostrar la menor emoción. —Ya veremos; por ahora estamos todavía con la identificación de usted — repuso Camusot, sorprendido por la tranquilidad del detenido—. Si usted es realmente don Carlos Herrera, esto cambiará inmediatamente la situación de Lucien Chardon. —Sí, fue con la señora Chardon, ¡la señorita de Rubempré! —dijo Carlos, murmurando—. ¡Ah, fue uno de los mayores pecados de mi vida! Alzó la mirada al cielo y, por la manera como movió los labios, pareció recitar una fervorosa plegaria. —En cambio, si es usted Jacques Collin, si él ha sido conscientemente cómplice de un presidiario evadido y de un sacrilego, todos los crímenes de los que la justicia tiene sospechas se hacen más que probables. Carlos Herrera se mantuvo inmóvil como una estatua al oír esta frase pronunciada con gran habilidad por el juez, y como única respuesta a aquellas palabras, conscientemente, presidiario evadido, alzó las manos con un noble ademán de dolor.

—Reverendo padre —añadió el juez con una cortesía desbordante—, si es usted don Carlos Herrera, espero que sabrá perdonarnos todo cuanto nos estamos viendo obligados a hacer en interés de la justicia y de la verdad... Jacques Collin adivinó la trampa que se encerraba en las palabras de reverendo padre en cuanto advirtió el tono de la voz del juez, y guardó la misma compostura que antes. Camusot esperaba algún gesto de alegría, que habría constituido un primer indicio de la condición de presidiario del interrogado, debido a la satisfacción inefable que produce en el criminal el hecho de haber engañado al juez; pero chocó con un héroe de la reclusión provisto de las armas del más maquiavélico de los disimulos. —Soy diplomático y pertenezco a una Orden en la que se hacen votos muy austeros —respondió Jacques Collin con una dulzura apostólica—; lo comprendo todo y estoy acostumbrado al sufrimiento. Ya estaría en libertad si hubieran descubierto en mi casa el escondite donde están mis papeles, porque veo que no se llevaron más que documentos insignificantes... Fue un golpe de gracia para Camusot; Jacques Collin, con su soltura y su sencillez, había contrarrestado ya todas las sospechas provocadas por la visión de su cabeza. —¿Dónde están esos papeles?... —Le diré el lugar si me garantiza que su delegado irá acompañado por un secretario de legación de la embajada de España, que los recogerá y ante el cual usted responderá, porque se trata de mi estado, de documentos diplomáticos y de secretos comprometedores para el difunto rey Luis XVIII. ¡Ah, caballero! Más valdría... Pero, en fin, es usted magistrado... Además, el embajador a quien me remito para todo este asunto, ya juzgará. En aquel mismo momento entraron el médico y el enfermero, tras haber sido anunciados por el ujier. —Buenos días, señor Lebrun —dijo Camusot al médico—; le requiero para que compruebe el estado en que se halla el preso preventivo aquí presente. Dice que ha sido envenenado y pretende estar a punto de morir desde anteayer; dígame si tiene algún peligro que lo desnudemos para verificar la existencia de la marca... El doctor Lebrun tomó la mano de Jacques Collin, le tomó el pulso, le hizo enseñar la lengua y le examinó con mucha atención. Este examen duró aproximadamente diez minutos. —El detenido ha sufrido mucho —contestó el médico—, pero en estos momentos goza de una fuerza extraordinaria... —Esta energía aparente se debe, caballero, a la excitación —contestó Jacques Collin con la dignidad de un obispo. —Es posible —dijo el señor Lebrun.

A una señal del juez, el detenido fue despojado de su ropa; se lo quitaron todo, incluso la camisa, y le dejaron únicamente los pantalones; los presentes pudieron admirar entonces un torso velludo de un vigor ciclópeo. Era como el Hércules Farnesio de Nápoles, sin su colosal exageración. —¿Cuál es el destino que marca la naturaleza para hombres de esta constitución?... —dijo el médico a Camusot. El ujier volvió con uno de esos mazos de ébano que, desde tiempo inmemorial, constituyen la insignia de su función y que se llama verga; dio varios golpes en el lugar donde el verdugo había marcado la inscripción fatal. Entonces se echaron de ver diecisiete agujeros, repartidos caprichosamente; pero pese al cuidado con que examinaron la espalda, no descubrieron ninguna forma de letra. Sólo el ujier hizo notar que el palo de la T era indicado por dos agujeros cuya distancia era la misma que la que había entre las dos rayitas terminales del palo, y que otro orificio señalaba el extremo inferior del trazo vertical de la letra. —No obstante, es muy vago —dijo Camusot, viendo que la duda se dibujaba en el rostro del médico de la Conserjería. Carlos pidió que le hicieran la misma operación al otro lado y en el centro de la espalda. Aparecieron entonces aproximadamente otras quince cicatrices, que el doctor observó a instancias del español, y declaró que la espalda había sido tan profundamente afectada por las llagas que la señal no podría reaparecer aunque hubiera sido efectivamente marcado con el hierro. En aquel momento entró un mozo de la prefectura de policía, entregó un pliego al señor Camusot y pidió la respuesta. Tras haberlo leído, el magistrado fue a hablar a Coquart, pero le habló tan al oído que nadie pudo oír nada. Sólo Jacques Collin, por una mirada de Camusot, adivinó que acababan de transmitirle de la prefectura de policía una información sobre él. "Sigo teniendo al amigo de Peyrade tras mis huellas —pensó Jacques Collin —; si supiera quién es, me libraría de él como hice con Contenson. ¿Podré ver alguna otra vez a Asia?..." Después de firmar el papel escrito por Coquart, el juez lo metió en un sobre y lo dio al mozo de las Delegaciones. La oficina de las Delegaciones es un auxiliar indispensable de la Justicia. Esta oficina, presidida por un comisario de policía ad hoc, está compuesta por un equipo de oficiales de paz que ejecutan, con la ayuda de los comisarios de policía de cada sector, las órdenes de registro e incluso de arresto cerca de las personas sospechosas de complicidad en los crímenes o en los delitos. Estos delegados de la autoridad judicial ahorran un tiempo precioso a los magistrados encargados de la instrucción de los procesos.

El señor Lebrun y el enfermero se retiraron, así como el ujier, tras haber vestido al detenido por indicación del juez. Camusot se sentó a su despacho y se puso a jugar con su pluma. —Usted tiene una tía —dijo bruscamente Camusot a Jacques Collin. —¡Una tía! —respondió con sorpresa don Carlos Herrera—. Pero, caballero, si no tengo ningún familiar, soy un hijo no reconocido del difunto duque de Osuna. Mientras tanto, en su fuero interno decía: ¡Están quemándose!, aludiendo al juego del escondite, imagen por cierto muy infantil de la terrible lucha que se estaba librando entre la justicia y el criminal. —¡Bah! —dijo Camusot—. Vamos, todavía vive su tía, la señorita Jacqueline Collin, a quien colocó usted con el extraño nombre de Asia al servicio de la señorita Esther. Jacques Collin hizo un despreocupado movimiento de hombros que estaba perfectamente en armonía con el aire de curiosidad con el que acogía las palabras del juez, que le estaba examinando con una atención maliciosa. —Vaya con cuidado —repuso Camusot—. Escúcheme bien. —Le escucho, caballero. —Su tía es vendedora en el Temple; su tienda está bajo la dirección de una tal señorita Paccard, hermana de un presidiario, muy honrada, por otra parte, a la que llaman la Romette. La justicia está tras las huellas de su tía y dentro de unas pocas horas tendremos pruebas definitivas. Esta mujer le es muy fiel... —Continúe, señor juez —dijo tranquilamente Jacques Collin como respuesta a una pausa de Camusot—, le estoy escuchando. —Su tía, que cuenta aproximadamente cinco años más que usted, fue la amante de Marat, de indigna memoria. De esta fuente ensangrentada proviene el núcleo de la fortuna que posee... Según los informes que recibo, es una encubridora muy hábil, puesto que aún no se han reunido pruebas contra ella. Después de muerto Marat, parece que perteneció, según los informes que tengo entre mis manos, a un químico que fue condenado a muerte en el año XII por delito de falsificación de moneda. Ella compareció como testigo en el proceso. En compañía de aquel hombre debió de adquirir ciertos conocimientos de toxicología. Ha tenido una tienda de ropa desde el año XII hasta 1810. Ha estado dos años en la cárcel, en 1812 y en 1816, por perversión de menores... Usted ya estaba condenado por falsificación, había dejado ya de trabajar en el banco donde su tía le había colocado como empleado, gracias a la educación recibida y a las protecciones de las que gozaba su tía por parte de los personajes que recibían de ella a las víctimas de su depravación... Todo esto, señor detenido, se parece muy poco a la

grandeza de los duques de Osuna... ¿Persiste usted en sus declaraciones?... Jacques Collin escuchaba al señor Camusot pensando en su infancia feliz en el Colegio de los oratorianos, de donde había salido, y esta meditación le daba un aspecto de auténtica sorpresa. Pese a la habilidad de su interrogatorio, Camusot no consiguió provocar ni un solo gesto de extrañeza en aquella plácida fisonomía. —Si ha recogido fielmente la explicación que le he dado al comienzo, puede usted releerla —contestó Jacques Co llin—; yo no puedo cambiarla... Yo no había ido a casa de la cortesana; ¿cómo iba a saber, pues, a quién tenía de cocinera? Soy totalmente ajeno a las personas de las que usted me habla. —Vamos a proceder, a pesar de sus denegaciones, a ciertas confrontaciones que pueden debilitar su aplomo. —Un hombre fusilado ya una vez está acostumbrado a t0¿0 —contestó Jacques Collin con dulzura. Camusot volvió a examinar los documentos esperando el regreso del jefe de la policía de seguridad, que llegó con gran prontitud, puesto que eran las once y media —el interrogatorio había comenzado hacia las diez y media— cuando el ujier fue a anunciar al juez en voz baja la llegada de Bibi-Lupin. —¡Que entre! —contestó el señor Camusot. Al entrar, Bibi-Lupin, de quien se esperaba un rotundo "¡Es él!", quedó sorprendido. No reconocía el rostro de su antiguo conocido en una cara acribillada por la viruela. Esta duda chocó al juez. —Su altura y su corpulencia son las mismas —dijo el agente—. ¡Ah, eres tú, Jacques Collin! —añadió, examinándole los ojos, la frente, las orejas—. Hay cosas que no pueden ocultarse... Es él, sin ninguna duda, señor Camusot... Jacques tiene una cicatriz, de una cuchillada, en el brazo izquierdo; hágale sacarse la levita y la verá... Jacques Collin se vio obligado a quitarse la levita otra vez; Bibi-Lupin le arremangó la manga de la camisa y mostró la mencionada cicatriz. —Es una bala —respondió Carlos Herrera—; aquí tengo muchas otras cicatrices. —¡Ah, la voz es exactamente la suya! —exclamó Bibi-Lupin. —Su certidumbre —dijo el juez— es un mero dato, no es ninguna prueba. Ya lo sé —respondió humildemente Bibi-Lupin—; pero le encontraré varios testigos. Aquí está ya una de las pensionistas de la casa Vauquer... —dijo mirando a Collin. La placidez que exhibía Collin no se inmutó.

—Hagan entrar a esta persona —dijo perentoriamente el señor Camusot, dejando traslucir su descontento pese a su aparente indiferencia. Jacques Collin advirtió el sentimiento del juez; contaba poco con la simpatía del juez de instrucción, y quedó sumido en la apatía a causa de la intensa meditación a la que se entregó para hallar el motivo de aquel hecho. El ujier hizo entrar a la señora Poiret, cuya inesperada presencia dio lugar a que el presidiario se estremeciera, pero el juez, que parecía tener una opinión formada de antemano, no advirtió este; estremecimiento. —¿Cómo se llama usted? —preguntó el juez, procediendo al cumplimiento de las formalidades con las que se inician todas las declaraciones y todos los interrogatorios. La señora Poiret, viejecita canosa y arrugada como un pergamino, que llevaba un vestido de seda azul, declaró que se llamaba Christine-Michelle Michonneau, que estaba desposada con el señor Poiret, que tenía cincuenta y un años de edad, que había nacido en París, que vivía en la calle des Poules, esquina calle des Postes, y que su profesión era la de fondista. —Usted vivió, señora —dijo el juez—, en una pensión propiedad de una tal señora Vauquer, en 1818 y 1819. —Sí, señor, allí fue donde conocí al señor Poiret, un antiguo funcionario retirado con quien me casé y que desde hace un año guarda cama... ¡pobre hombre, está muy enfermo! Por eso no puedo estar demasiado rato fuera de casa... —¿Estaba entonces en aquella pensión un cierto Vautrin...? —preguntó el juez. —¡Oh, señor! Es toda una historia, era un galeote horroroso... —Usted contribuyó a que lo arrestaran. —Es falso, caballero... —¡Está usted ante la Justicia, tenga cuidado!... —dijo con severidad el señor Camusot. La señora Poiret guardó silencio. —Procure acordarse —agregó Camusot—. ¿Se acuerda usted bien de aquel hombre?... ¿Lo reconocería? —Creo que sí. —¿Es este hombre que hay aquí?... —dijo el juez. La señora Poiret se puso las gafas y miró al padre Carlos Herrera. —Tiene la misma estatura, la misma corpulencia, pero... no... sí... Señor juez —repuso la mujer—, si pudiera ver su pecho desnudo lo reconocería en seguida (Véase Papá Goriot). El juez y el escribano no pudieron contener la risa, pese a la gravedad de sus funciones; Jacques Collin compartió su hilaridad, pero comedidamente.

quiere usted. —Es efectivamente su misma pelambrera. me he encontrado varias veces en casa de Lucien a un tal señor de Rastignac. que demostraría que entre ella y mi sosias hubo ciertas relaciones de las cuales ella no se sonroja... ¿Cómo llaman ustedes la casa?.. señor Vautrin —exclamó la señora Poiret.. Foi. —Una pensión —dijo la señora Poiret. Trate usted de recordar a los abonados que se hallaban en la pensión cuando fue arrestado Jacques Collin. la mirada y la estatura con un gran criminal. y las sospechas de un agente de la policía —respondió Jacques Collin—.. ¿Qué hay de este tío Goriot?. de por sí esto es ya muy vago. y a una señal del juez se abrió complacientemente la camisa. (¡Perdone!. En ínteres de la verdad.. —Tiene usted razón —exclamó Camusot. que no había dejado de observar a Jacques Collin. —¿Qué responde usted a esto? —preguntó el juez... Poret.. —Caballero —dijo Jacques Collin—. —¡Ay.El preso no se había vuelto a poner la levita que le acababa de sacar BibiLupin. porque ni el uno ni la otra le habían visto antes. ¡Sí. es su misma mirada! —El agente de la policía judicial y esta mujer —repuso el juez. el doctor Bianchon. soy español).... que tiene relaciones. bastaría con esta voz. pero se ha vuelto gris. porque su cara ha cambiado. —Poiret. si se acuerda de las personas que vivían en aquella. haciendo con la cabeza una señal favorable a Jacques Collin. señor. dirigiéndose a Jacques Collin— no han podido ponerse de acuerdo para decir de usted las mismas cosas. el tío Goriot. según ... a usted mismo le ha hecho reír.... —Estaba el señor de Rastignac. la señorita Taillefer.. cuyo rostro había premanecido impasible—. Dios mío! Por si me quedaba alguna duda. —Bien —dijo el juez. —Murió —dijo la señora Poiret. Encuentran en mí ciertas semejanzas en la voz. —Es una casa en la que se come y se cena mediante un abono. sorprendida por la buena fe con que le proporcionaba los medios para llegar a un resultado—. —¡No sé lo que es! —respondió Jacques Collin... él es efectivamente quien me amenazó. preguntarle a la señora. que yo deseo desvelar por lo que a mí atañe más de prisa de lo que usted pueda desear por cuenta de la justicia.. ¿cómo explica usted esto? —La justicia ha cometido errores aún mayores que el error a que daría lugar el testimonio de una mujer que reconoce a un hombre por el pelo de su pecho. —Que se trata de una loca —dijo Jacques Collin. Por lo que respecta al recuerdo de la señora...

Camusot quería hacer coincidir el regreso de Jacques Collin con la hora de paseo de los acusados en el patio. —¿Ha sido el cartero el que les ha remitido esta carta? —preguntó Camusot tras haber examinado muy cuidadosamente el sobre.. y por la que nos han hecho pagar diez sueldos. En pocos minutos quedaron listas las formalidades de la declaración de la señora Poiret. Coquart le releyó el atestado de la entrevista que acaba de tener lugar y ella lo firmó. Camusot hizo prestar juramento a la portera. que le hizo olvidar su anterior propósito.. y si se trata de él. en cambio. se negó a firmar. con la señora de Nucingen. saludando al juez y al padre Carlos sucesivamente—. Este anuncio le impresionó tanto.creo. su profesión. —Sí.. tome usted nota de esta declaración. voy a mandar que lfl lleven a la Conserjería. fundándose en el hecho de que ignoraba las formas de la justicia francesa.. nos hemos quedado tan turbados. Las dos veces que ha venido la Justicia a casa. señor —rdijo la portera. peral quería tener la respuesta del director de la Conserjería a la orden que le habían dado por la mañana. que nos hemos olvidado en la cómoda una carta dirigida al señor Lucien. Mientras se cumplían estas formalidades. sufro demasiado para comer —dijo Jacques Collin. en caso de serle a usted favorable. verificaba el matasellos. —El señor de Rastignac y el doctor Bianchon —dijo el juez— ocupan ambos una posición social suficientemente digna para que su testimonio. —Coquard. señor. —Por desgracia. Aquella carta. buena mujer! Diga usted su nombre y apellidos. El ujier entró y le dijo que la portera de la casa del muelle Malaquais tenía para entregarle un documento importante relativo al señor Lucien de Rubempré. . ¡Vamos. y a continuación dictó el atestado. que llegó a casa de Lucien al día siguiente de la muerte de Esther. Coquart. el detenido. prepare sus citaciones. —¡Que entre! —dijo Camusot. por el peso que tiene. ¿Me reintegrará usted el importe? Dios sabe cuándo volveremos a ver a nuestros inquilinos. y tocó la campanilla para mandar al ujier. mi marido y yo. había sido sin duda escrita y franqueada el mismo día de la catástrofe. —Perdón. aunque venga del mismo París. tendrá usted que tomar algunos alimentos. dispense. jamás me ha tomado por el presidiario con el que se me intenta ahora identificar. baste para liberarle. —Basta pues por hoy —repuso el señor Camusot—. que indicaba las horas de recogida y de distribución y la fecha del día.

con el futuro y con Dios. menos que un regalo como éste te devuelva el corazón de esí tabla ambulante y con ropas llamada Clotilde de Grandlieta que te hará cardenales durmiendo con esos huesos tan s3| lientes que tiene... a las diez de la mañana) Querido Lucien.. así podré serte aún di alguna utilidad. acaba de marcharse borracho como un? cuba. Pero ya basta así de prostitución. y la contemplo embriagada mientras te escribo mis últH mos pensamientos y te describo los últimos latidos de mi coi razón. que podrás pensar: «Mi pequeña Esther no ha sufrido. A las once habré muerto. (El último día de mi vida. De modo. Por primera y última vez en mi vida. sólo habrá sufrido escribiéndote estas páginas. "Nucingen. y hubiera querido.. para lavar mi alma. con grabados de tienrt pos del Imperio o con chucherías orientales.» Sí. Me repugna pensar que esto... en el escaparate de alguna tienda. DE ESTHER A LUCIEN Lunes. que no se lo des a nadie. pues no quiera que lo roben ni que lo vendan. pude comparan mi antiguo oficio de prostituta con la vida del amor. ljg ternura que se despliega hasta el infinito con el horror del deber que quisiera aniquilarse a sí mismo para no dar pasa al abrazo.. este monstruo que me ha comprado con tanto dinero. sería profanar un sacramento. escrita y firmada P°r la persona a quien la Justicia creía víctima de un crimen. cariño. "Dejémonos de lloriqueos. igual que cuando he estado en . Que Dios haga de mí lo que desee. pueda ir a confuiH dirse. Consiento a ello. Me tomé un baño. hacer venir al confesor del convento donde recibí el bautismo para confesarme. "Tengo ante mí tu delicioso retrato. Hacía falta experimentar este asco para encontrad la muerte deseable. quiero ser para ti tu Esther hasta el último momento. cariño.. y lo habré hecho sin el menor dolor. que no sería bueno si me atoH mentara en la otra vida habiendo sufrido tanto en ésta.. sabiendo que el día en que me entregaría a él sería para mí el último. Te pondré el retrato dentro del sobre. Esta hoja de marfil me ha consolado de tu auseiw cia. A cambio de cincuenta mil francos he conseguido una hermosa grosella negra que contiene un veneno que mata con la rapidez del rayo. no quiero molestarte con mi muer—.Ahora podrá apreciarse la sorpresa que debió de sentir el señor Camusot al leer aquella carta. Te pido qtlfl destruyas este retrato. y por otra? parte me siento sumergida en un sincero arrepentimiento.. te. qt«l me ha dado tantos momentos de felicidad. obra de la señora de Mirbel. no me queda ni siquiera una hora de vida. 13 de mayo de 1830.

Anteayer me diste una vida entera diciéndome que si Clotilde te rechazaba de nuevo. el cuerpo no aguanta al alma como el alma aguanta al cuerpo. Más de una vez echarás de menos a tu pobre perro fiel. no puedo ser tu mujer. Siempre pensé en tu porvenir dándote todo cuanto tengo.. porque hay muertes más o menos amargas. ¡Ohi para darte gusto. estando en la terraza de Saint-Germain. no será más que el término de una larga enfermedad que comenzó el día en que. "Sé que la señora de Sérizy se ha enfadado contigo a causa mía.vida. llevar tu nombre. tu ballerina. "¿Te das cuenta? Quiero estar bonita cuando me muera. y más cuando no se tiene más de diez libras de carne sobre los huesos.. hubiera sido capaz de asarte una manzana en un brasil ro aguantándola con la boca! Así que mi muerte todavlfl puede serte útil. que se hubiera dejado llevar ante la sala de lo criminal para asegurar tu felicidad. ambicioso frustrado. Pero habría sido para los dos una gran desdicha. Y luego aplastaré la grosella contra el velo del paladar.. o simplemente. ven a mi casa y coge lo que estará bajo mi almohada. en fin. en caso de que los Grandlieu persistan en su negativa. posaré. si esto te hubiera hecho gral cia.. El mundo jamás nos habría aceptado. en una palabra. Pero el alma no puede resignarse tontamente a sufrir como el cuerpo.. En cuanto recibas esta carta.. hay que ser del faubourg Saint-Germain para hacer eso. no abandonarte de día ni de noche. porque no me fío de los criados de la casa. y andar con remilgos. te casarías conmigo.. desprovista como estoy de dinero y de honor. Pero en fin.! Oh no puedo comprender a esa Clotilde! Poder ser tu mujer. por decirlo así. cuya única ocupación era soñar en tus placeres. Yo habría entorpecido tu matrimonio. y el alma tiene medios para curarse recurriendo a medios expeditivos. El alma duele igual que el cuerpo. a esta buena muchacha que robaba para ti. que durante seis años no ha dejado de pensar en ti. te perdonara. inventarte otros nuevos.. "Pobre Lucien.. decidisteis devolverme a mi antigua profesión. no quiero que hagas grandes aspavientos al enterarte de mi muerte.. me acostaré en la cama. pienso en tu porvenir.. pero cuando sepa que estoy muerta. que rezumaba amor por ti por los cabellos.... a las once. podrás seguir cultivándola y te conseguirá un buen matrimonio. que fue tan completamente tuya que le parecía no ser más que una emanación de tu alma como la luz es emanación del sol. cuyas miradas eran otras tantas bendiciones.. las orejas. los pies. En primer lugar debo decirte que lo que va a ocurrir el lunes 13 de mayo. yo me habría muerto aún más. Amor mío. y moriré sin quedar desfigurada por ninguna convulsión ni por ninguna postura ridícula. .

lacayos. Sí. Este mundo... lo que hacen es peor.. es mi ultimo chismorreo.. eso es todo. Repítete de vez en cuando que ha habido dos muchachas buenas. Entonces te dije: «¡Más vale morir a los treinta!» Aquel día me encontrabas meditabunda.. además: «¡Cada día las mujeres hermosas salen del espectáculo antes del final!.. no des jamás este retrato! Si supieras con cuánto amor acabo de sumergirme en tus ojos mirándolos embriagada durante una . "Debes de encontrarme muy parlanchina. "¡Oh. y quiero hablarte alegremente.. la utilizan para sus placeres y la hacen volver a pie después que fueron a buscarla en coche. y en cambio acoge a una señora de Staél. una mansión. ¿Te acuerdas del día en que me enseñaste a una anciana arrugadita. los hombres la encuentran hermosa. cariño mío. no quiere inclinarse ante la felicidad ni ante la virtud. Pues bien.. por el mero hecho de tener cien mil libras de renta.. amor mío. la saludarán con respeto cuando pase en su coche y ella podrá elegir entre los blasones más antiguos de Francia y de Navarra. si no le escupen en la cara. y sigue luego tu camino. Una pobre muchacha vive en la ciénaga.» Pues bien. De modo que no debes empezar con lamentaciones. cubierta con un capote de color verde lleno de manchas de grasa negra. que había sido amante de un poeta de antes de la Revolución. no. a pesar de que se había colocado en las Tullerías al abrigo de un muro y que estaba pendiente de un perro horrible? Antes había tenido coches."Hace dos meses que pienso en muchas cosas. Siempre me han disgustado las modistas que se pasan el día lamentándose. y entre dos besos te dije. sin ningún rencor. que apenas lograba calentarse al sol. "Éstas son las consideraciones que me hacen desear la muerte.. Te escribo de la misma manera que te hablaba.. Este es el mundillo que desprecia a una hermosa pareja unida y feliz. que se doblega ante el dinero o la gloria.-que te adoraban. hubiera querido vivir sólo por ti y por la caridad. ¡Cuántas lágrimas habría podido yo enjugar!. moralmente. fija en tu corazón el recuerdo de Coralie y de Esther. como me ocurría a mí antes de entrar en el convento. supongamos que esta muchacha hereda entre cinco y seis millones: entonces los príncipes irán a agasajarla. es porque su belleza la preserva de tal ofensa. pero en realidad. dos hermosas criaturas que han muerto por ti.. Creo que tantas como he vertido. a mi regreso de aquel baile fatal de la Ópera en el que te dijeron que había sido cortesana. bien sabes que en una ocasión había sido ya capaz de morir bien. yo no quiero ver el último acto. Porque yo habría podido hacer mucho bien. y te dedicaste a hacer mil tonterías para distraerme. a pesar de sus novelas.

" "Están dando las once. "Resulta algo irrisoria una muerta que pide limosna. quiero hablarle de ti.. quedará usted en libertad. ¡adiós! Quisiera dejar en la palma de mi mano mi alma. porque la imparcialidad que exige mi ministerio me obliga a decirle que acabo de recibir una carta de la ..pausa que he hecho. creerías que el alma de tu gatita querida está aquí.» ¡Oh. «Ya lo veo. adiós! Te bendigo con toda mi desgracia. preguntó. pensó. voy a acostarme para morir. igual que el beso que para ti dejo en ella. hubiera querido ver a los ángeles para saber si se te parecen. amor mío. recogiendo el amor que he intentado incrustar en este marfil. repitiendo lo que dicen todos los hombres que carecen del don de gustar a las mujeres. "Esther. volviéndole la espalda. —Si es capaz de probar no sólo que no es usted Jacques Collin.. no me quedan más que cinco minutos y los voy a dar a Dios. Me entristece ir al infierno.. Vamos.» «¿Qué debo hacer?...". «¿Acaso teme usted un desaire?».. presidiario evadido.." Un sentimiento de celos oprimió el corazón del juez al terminar la lectura de la única carta que jamás hubiera leído de un suicida escrita con una alegría tan grande. aunque fuera una alegría febril y el postrer esfuerzo de una ternura ciega... y por última vez quiero decirte cariño. Seré tuya hasta en la tumba.. no tengas celos.. ¡Cómo se pondrá cuando se entere de que he mantenido mi palabra muriéndome de él! Lo he intentado todo para continuar respirando el aire que tú respiras. le interesan más los dos millones que yo. "No sabes lo heroica que les parecería mi muerte a los imbéciles si supieran que esta noche Nucingen me ha ofrecido dos millones si quería amarle como te he amado a ti. Me hubiera puesto a reír si no hubiera sido todo tan trágico para mí. "¡Qué tendrá de particular para que le amen así!.. Le dije a aquel obeso ladrón: «¿Quiere que le ame del modo que me pide? Me comprometeré incluso a no volver a ver jamás a Lucien.» «Siempre es bueno para una mujer saber lo que vale».». "Ese viejo granuja sabrá dentro de unas horas que no estaba bromeando. le dije.. canónigo de Toledo y enviado secreto de Su Majestad Fernando VII —dijo el juez a Jacques Collin—. hay que saber guardar la compostura en el sepulcro. Acabo de rezar mi última oración. si hubieras visto la mueca que hizo!. "¡Adiós. ángel mío. "¿Quién te hará como yo te hacía la raya en los cabellos? ¡Bah!.. añadí.. «Déme dos millones para él. pedirle tu felicidad a cambio de mi muerte y de los castigos que me esperan en el otro mundo.. ya no quiero pensar en nada de esta vida. aunque seas el causante de la muerte de tu "Esther.. Una vez más.. sino que además es usted realmente don Carlos Herrera.

. Camusot estaba satisfecho de salir del atolladero. Y mostró a Camusot un rostro bañado en lágrimas—. dando a entender al juez que comprendía sus sospechas—. decía para sus adentros: "No obstante. Y Jacques Collin fue más que nunca don Carlos Herrera. —No. y quedó convencido de que la carta había sido escrita por la misma persona que había hecho el testamento.. que no le pase ahora igual a propósito de un supuesto robo. En su afán de coronar su obra.. me encargaría de buscar un dinero que ahora pertenece al ser a quien más quiero en el mundo. ni que hable de ella a nadie. y pese a la sinceridad de los sentimientos que en él se reflejaban.. de poder satisfacer al procurador general y a las señoras de Maufrigneuse y de Sérizy. lo llevó al hueco de la ventana y adoptó el aire de un príncipe de la Iglesia dando a sus palabras un tono . puesto que estoy incomunicado.... de colmar sus menores deseos. recurra a su embajada... —siguió—. no tema que la destruya.. —exclamó el magistrado—. ¡Si lo conociera usted. —Caballero.. —dijo Jacques Collin. a Lucien.... si así lo desea. el señor Camusot cotejaba la letra de la carta con la del testamento. Dejará usted de estarlo.. se adelantó hacia el juez. usted no puede ser Jacques Collin. y en la que formula acerca de sus criados ciertas sospechas que parecen acusarlos de ser los autores del robo de los setecientos cincuenta mil francos. —respondió el recluso. echando una mirada de juez sobre el detenido. —¡Incomunicado!. —¡Vaya!. ¡hay que ver qué cara de presidiario!" —¡Ya ve usted cómo le aman!.. La pobre muchacha era muy querida por su servidumbre. devolviendo la carta. ¿Tendría usted la bondad de permitirme que lea esta carta? No tardaré mucho....señorita Esther Gobseck en la que confiesa su intención de suicidarse. Y entregó la carta a Jacques Collin.. un niño.. haciendo todavía un esfuerzo por descubrir la verdad—. —Vamos —dijo el magistrado... se ha apresurado usted demasiado en pensar que había habido crimen. examinó fría y atentamente el rostro de su interrogado mientras éste leía la carta de la cortesana. tan fresca. si yo estuviera en libertad. Soy yo quien le pide que demuestre lo antes posibJe su condición. —No crea que me comprometo diciendo que esta suma puede recuperarse —repuso Jacques Collin.. Se siente irresistiblemente la necesidad de sacrificarse por él.. —dijo Camusot. una belleza tan magnífica. ¡Es tan encantador mi querido Lucien cuando se muestra cariñoso!. Es un alma tan joven. Mientras iba hablando. es la prueba de la inocencia de mi pobre criatura.... señor. Sin embargo. un poeta.

caballero. y las razones de la encarnizada persecución de la que soy objeto... ¡Coquart! Dígale al ujier y a los guardias que acompañen de nuevo al preso a la Conserjería.. —¡Caballero! —dijo Camusot—.. —¡Ah.. Mi perseguidor es un espía de su último rey. la Justicia sabe actuar consideradamente. —Amo tanto a esta criatura.. de meridional. —Pues mire. pura y simplemente. no le interrogue.. es capaz de atentar contra su vida viéndose detenido.. créame.. mi misión aquí habrá terminado. Hable con tranquilidad. y si puede usted darme buenas razones. —¡Oh! Por este lado.. queriendo hacer vibrar otras cuerdas—.. todo cuanto pueda parecerle misterioso en este asunto. que ponga inmediatamente en libertad a Lucien. —No sabe usted a quién complace complaciéndome a mí —añadió Jacques Collin. entregúele esta carta. Si hace otra cosa.. Busque otra clase de razones. se llama Corentin.. tiene un alma de mujer.. ¿Qué me dice. Imitaría a la pobre muchacha que se ha dado muerte por él. —Pues mire —repuso Jacques Collin. Mi orden tiene buena memoria. sin consistencia ni voluntad —repuso Jacques Collin. sé todo lo que debe estar sufriendo en estos momentos el pobre muchacho. —dijo Camusot.. arriesgaré mi vida.. se desesperará usted. pues? ¿Me prometerá usted hacer lo que le pido?. esto no figurará en el atestado. rico y esposo de Clotilde de Grandlieu. Se lo agradezco. pero si lo que me pide es algún arreglo. Ya basta. señalando dos paquetes de cartas perfumadas—... anuncíele que ha heredado de Esther y devuélvale la libertad. o esta misma tarde. que creyó haber adivinado por fin que el juez estaba de su parte—. Corentin! —¡Ah!. Hace usted un servicio a una orden más poderosa que las condesas de Sérizy y que las duquesas de Maufrig-neuse. conozco a Lucien. no lo atormente. engañado por el aspecto bondadoso de Camusot—. le suplicó un favor. Usted está seguro de la inocencia de este joven. de poeta.. mientras que si lo deja marchar.. Daré órdenes .. quienes nunca le perdonarán que haya tenido entre sus manos su cartas de amor. ya no defenderé más mi pellejo.. —dijo. —Mi deber me lo impide —dijo Camusot con un aire bondadoso—.. caballero. mañana. Una vez Lucien sea libre.confidencial.. porque desde hace cinco años van a por mí. Por eso. me acusaría a mí mismo —dijo en voz baja—.. yo le explicaré (guárdeme usted el secreto).. que si tuviera que pasar por el criminal con quien se me confunde para evitar cualquier perjuicio a este ídolo de mi corazón. Yo me debo tanto al detenido como a la vindicta pública.... —Un juez no puede ni debe prometer nada.. estremeciéndose.

Cuanto más negras fueron las tintas con que el detenido. Pensando en estas vagas sospechas. Esta carta. Jacques Collin se volvió. la prueba de una inocencia de la que nunca he dudado.. pero resultaba imprescindible para la identificación del padre Carlos Herrera. Si es natural en. copie esta carta!. y echó la carta de Esther sobre la mesa de su escribano. y la agilidad con que fue a sentarse cerca del escribano constituyó para el juez un último rayo de luz. Tal formalidad no era indispensable. según el código y las costumbres. se dio cuenta de que el supuesto agonizante andaba como un Hércules y que ya no hacía ninguna de las pantomimas que tan hábilmente había representado al entrar. Camusot recobró toda su anterior suspicacia. muchas veces. de la misma manera como acababa de interrogar a Jacques Collin. luego hizo el gesto de un hombre que despierta. incluso. es decir.para que esta misma noche esté usted en la Pistola —añadió con afabilidad. éste es el gran remedio. cuya situación no estaba aún determinada. Aun cuando no hubiera sentido ninguna curiosidad.. El interrogado gozaba de una salud admirable. para Camusot. —¿Caballero?. y recordando la insistencia con la que había pedido que le interrogaran a él primero. en el juez de instrucción esta desconfianza es ley. —Se ha curado usted muy pronto —dijo Camusot. El juez siguió al preso con una mirada meditativa cuando el ujier y los gendarmes le rodearon. —Mi escribano.. abandonándose al flujo de sus conjeturas... Extrañado por la petición que Jacques Collin acababa de hacerle. describió el posible interrogatorio de Lucien. tanto más necesario le pareció a Camusot aquel interrogatorio. Estoy cogido". saludando al detenido con la cabeza.. los magistrados son como mujeres celosas. de adivinarla. Camusot habría interrogado a Lucien por dignidad de juez. aunque luego decidiera silenciarla. se subordinaban al deseo de conocer la verdad. Repicaba con los dedos en el cristal.. señor. va a leerle el atestado de su interrogatorio. cuando le es indiferente. pese a su negativa a firmarlo. dijo Jacques Collin en su fuero interno. es la única panacea que existe. que se entregan a toda clase de conjeturas y las . porque en tales casos el pensamiento es como un río que recorre mil regiones diversas.. incluso el más íntegro. —¡Coquart. El servicio que se le había pedido y su ascenso. el hombre desconfiar de lo que le suplican que haga cuando lo suplicado va contra sus intereses o contra su deber. alegando su estado de enfermedad. empleando la astucia que se permite cualquier magistrado. En todas las profesiones hay una conciencia profesional. Luego contestó en voz alta: —La alegría. Por su amor a la verdad.

que soy el Hércules de la diplomacia. y olvidaba el único que el detenido había cometido: la falsificación del testamento a favor de Lucien. ¡y usted le arrancará fácilmente nuestro secreto!" Pues bien. —El modo con que acaba de describir su abnegación hacia su hijo (si se trata de su hijo) me induciría a pensar que estaba en casa de la muchacha para velar por sus intereses. Ésta sería la razón de su promesa de hallar la suma. igual que hacían los antiguos sacerdotes al sacrificar las víctimas abriéndoles las entrañas. Las mujeres interrogan a los hombres amados como el juez interroga al criminal. ¡Y prometerme la protección de su orden (¡su orden!) si no interrogo a Lucien!. un juez instructor dirige un interrogatorio a su voluntad. El señor de Rubempré tiene el doble deber. "Hay algún secreto —dijo el juez para sus adentros—. y caerán en la cuenta de .. no es como yo.. mientras que su escribano copiaba la carta de Esther. ni presidiario ni español. cualquier palabra. es el siguiente: "El poeta es débil. Que piensen un poco. en esas torturas que los criminales imponen a su espíritu.. de desvelar cuál es la identidad de su padre.. Eran entonces las dos de la tarde. ¡lo vamos a saber todo gracias al inocente!. hacia sí mismo y hacia la Justicia. pero que no quiere que se le escape ninguna palabra comprometedora a su protegido. el ujier ya había vuelto. Dio la orden de ir a buscar inmediatamente al señor Lucien de Rubempré. Se quedó meditando sobre esta idea. cualquier chispa.. en lo que es esta vida que transcurre en continuas sospechas. Ahí está lo ventajoso del mismo. y serlo todo. El razonamiento de mi anfibio. Bajo tal estado de ánimo.. luego se detienen no en la verdad. debió de coger para su hijo los setecientos cincuenta mil francos. con la recomendación de que ño se comunicara con nadie durante el trayecto. por si acaso. es una mujerzuela. a la traición o al crimen ocultos.. Un interrogatorio puede no ser nada. y este secreto debe ser muy importante. que no es ni clérigo ni seglar. los que sienten envidia por la posición que ocupan los magistrados. Como acaba de verse. porque las causas civiles no son menos tortuosas que las criminales.hurgan con el cuchillo de la sospecha. y como no sabía que bajo la almohada de la muerta se ocultaba un testamento. Y siguió golpeando el borde de su mesa con su cortaplumas de marfil. sino en la probabilidad. De él depende orientarlo hábilmente o no. y acaban entreviendo la verdad.. Camusot tocó la campanilla. ¡Qué cosas tan raras ocurren en el ejercicio de nuestras facultades! Camusot suponía que cualquier crimen había sido posible. cualquier inflexión de voz o cualquier duda bastan para apuntar al hecho.

nos es sin embargo difícil dejarle en libertad sin haber cumplido las formalidades pertinentes y sin haberle hecho algunas preguntas. deshecho. Hacia las dos.. en este caso. Lea. el moribundo auténtico con el moribundo de teatro. Le creo a usted inocente. pálido.. una llamada a la conciencia. tiempo durante el cual costó mucho a Lucien recobrar sus fuerzas. llevó a su culminación el desespero de Lucien. el señor Camusot sintió lástima por aquella victoria fácil. entre dos gendarmes precedidos por un ujier. para presentar al primer requerimiento mientras dure la instrucción del proceso. toda profesión tiene sus cilicios y sus rompecabezas. Al ver a aquella naturaleza enteramente desprovista de ese valor moral característico del juez y que acababa de manifestarse tan poderosamente en el otro detenido. invitándole a cotejar ambos escritos.. Lloró sin poder articular una sola palabra. está usted en presencia de un magistrado que está ansioso por reparar el daño que la justicia hace a veces involuntariamente procediendo a un arresto preventivo. se remitió a la palabra de Camusot en lo que atañe a la fidelidad de la copia. Le insto a que me conteste casi en calidad de testigo. sea cual .. que viene de la señorita Esther Gobseck. y va usted a quedar libre inmediatamente. el escribano le presentó la copia de la carta y le rogó que firmara aquella copia conforme al original. Lucien. igualmente erizados de puntas por dentro. ya que su posición ha sido ambigua durante algunos momentos. Después de un cuarto de hora. la leyó y estalló en sollozos. He aquí la prueba de su inocencia. El trayecto desde la Conserjería hasta el despacho del juez. este desprecio le permitió asestar golpes decisivos. Es propio del espíritu de los poetas preferir el suplicio antes que un juicio. dejando campo abierto a esa horrible libertad de espíritu que distingue al tirador que se dispone a disparar sobre simples muñecos. Debido al nerviosismo que le produjo la comparecencia en su casa de la justicia y la noticia de su detención en Fontainebleau. en suma. Se trata de una carta que guardó su portera en ausencia suya y que acaba de traer aquí. cuando la acusación carece de fundamento. en tal estado de postración que le fue fácil comparar la naturaleza con el arte. aquella mujer olvidó esta carta. sino también una necesidad para su interés propio. con los ojos enrojecidos e hinchados. La verdad no puede nada contra usted. señor de Rubempré. Por otra parte.que los arneses del cura y los del magistrado son igualmente pesados. el señor Camusot vio entrar a Lucien de Rubempré. —Caballero —dijo el juez con un aire muy bondadoso—. Lucien cogió la carta. —Repóngase. naturalmente. Creo que a un hombre como usted es casi superfluo hacerle observar que el juramento de decir toda la verdad no es sólo.

Supóngase ahora el caso de un semicriminal. según ciertos buenos espíritus. como Lucien. pero en cierto modo es una especie de panoplia que se vuelve aplastante en cuanto el estilete del interrogatorio penetra por alguna grieta. En cuanto la denegación se muestra insuficiente r«ite a cierto hechos evidentes." Esta alocución produjo una fuerte impresión sobre Lucien. la justicia tiene razones para creer que una persona que le quiere a usted tanto como pudiera quererle esta señorita Esther. Quiero hacerle comprender la medida en que su honor está interesado en este asunto. Pues bien. todavía no le estoy interrogando. Francia gozó de este sistema durante algún tiempo. esta noche podrá acostarse en su casa. Abandone usted el pundonor falso y despreciable que une a dos cómplices y dígame toda la verdad. que será del tenor siguiente: "El señor de Rubempré. Bajo el código de Brumario del año IV. tiene en favor suyo el carácter absoluto de su formulación.. El juez redacta un atestado muy seco. salvado de un primer naufragio de su virtud. No me interrumpa —dijo Camusot. y basta para la defensa del criminal. el jurado sería el instrumento adecuado. un crimen. Por esta razón. un ser así ha de sucumbir en las emboscadas de la instrucción. Este crimen se perpetró antes de que se descubriera el testamento. como en Inglaterra.. Los jueces de la jurisdicción superiores y los jurados vén los resultados sin conocer los medios. esta institución se llamaba jurado de acusación. no queda nada. el de la señorita Esther. detenido ayer en Fontainebleau. un fiel análisis de las preguntas y respuestas. Es cierto que la negación. y será rehabilitado por la noticia que publicarán los periódicos. se ha permitido este crimen en provecho de usted. Si contesta con franqueza a mis preguntas. pues bien. la mentira le llevaría ante los tribunales y me obligaría a hacerle regresar a la Conserjería. en cambio. empleada con habilidad. por . recaía sobre usted la sospecha de complicidad en un asesinato por envenenamiento. ahí sí que hay. podría enmendarse y hacerse útil para su país. pero ha desaparecido una suma de setecientos cincuenta mil francos que forma parte de la herencia. ha sido inmediatamente liberado tras un interrogatorio muy breve. Ya se habrá observado la exagerada desproporción de armas en toda lucha que enfrente a un preso preventivo con un juez de instrucción. pero de sus discursos insidiosamente paternalistas y de sus capciosas amonestaciones del tipo de la citada anteriormente. por desgracia. y ya está todo dicho. y advirtiendo las disposiciones de su interrogado. que hizo ademán de intervenir—. y usted es heredero. para proceder a la instrucción. imponiendo silencio con un gesto a Lucien. que. el detenido se ve completamente a merced del juez. ahora tenemos la prueba de su suicidio. el juez añadió: —Se lo repito.sea.

—¿Le costó algún dinero al principio? —Sí. —Ahora —dijo Camusot tras una pausa—. —Sí. es algo que se tendrá en cuenta. debería ser atribuido a los tribunales reales. —Sin embargo. . a su madre?. —¿Nació? —En Angulema. —Bien. caballero —dijo Camusot—. en un pequeño teatro del bulevar. durante una primera estancia suya en París. en el momento en que iba a quitarme la vida.. ¿cómo se llama usted? Señor Coquart. el padre Carlos Herrera. —¿Dónde le conoció usted? —Me lo encontré en la carretera general. por la senda de una confesión general.. —dijo al escribano. —¿Le habló su madre alguna vez de que hubiera conocido a algún español? —Nunca. —¿Puede usted recordar el mes y el año en que empezó a relacionarse con la señorita Esther? —Hacia finales de 1823. señor. pero en aquella época hallé en la señorita Coralie una amiga muy abnegada que tuve la desgracia de perder. En cuanto al proceso definitivo. señor. —Lucien Chardon... —¿No tuvo usted patrimonio? —No. ha estado usted viviendo como una persona provista de una renta de cerca de sesenta mil francos. el mes y el año. Lucien avanzaba.contraposición al jurado de sentencia.. señor. —¿Quién le proporcionaba este dinero? —Mi protector.. Le felicito por su franqueza. como se está viendo. sin el concurso de los jurados.. si se volviera a los jurados de acusación. ponga usted atención. Fue la tristeza producida por su muerte lo que me hizo regresar a mi tierra.... —Nunca. Lucien indicó el día. hizo usted unos gastos considerables si los comparamos con su escasa fortuna.. —Sí. —Tuvo usted gastos aún más importantes a su regreso de Angulema a París —prosiguió Camusot—. —¿No había oido jamás hablar de él en el seno de su familia. de Rubempré..

. Jacques Collin —repitió Lucien—.. —¿Cómo. medite bien esto. me tenía cogido con muchas deudas y obligaciones. se compró usted los restos del castillo de Rubempré.. En Angulema este procurador. ni un español. —Bien. pensando en que Jacques Collin se había hecho pasar por sui padre—. —dijo el juez. ése es su nombre. Eso fue lo que le dijo usted a la familia Grandlieu. adonde le ha llevado una mentira..... La familia de Grandlieu mandó a casa oe su cuñado a uno de los procuradores más respetables de París para recoger informaciones. apenas se elevaba a doscientos mil francos en dinero líquido. dijo usted a la familia Grandlieu que su hermana y su cuñado acababan de cobrar una importante herencia y que usted debía aquellas cantidades a su generosidad. caballero. Ahora —añadió. No debe usted considerar extraño que una familia como la de Grandlieu retroceda ante una fortuna cuyos orígenes no logran justificarse.. —La policía y la justicia se enteran de todo lo que quieren —dijo Camusot —. —Jacques Collin. y la escasa presencia de ánimo que le quedaba le abandonó.. sino también de que su herencia. Ya ve usted. ¿no es verdad? —Sí. movido por el deseo de casarse con la señorita de Grandlieu. lo hace.. 5 enteró no sólo de que le habían prestado a usted una candad muy pequeña. ¿sabe usted quién es ese supuesto Carlos Herrera?? —Sí señor. según creo. aunque incluía bienes inmobiliarios de cierta importancia. ¿Ignora usted el motivo de la cancelación de su matrimonio? Lo ignoro por completo. pero lo supe demasiado tarde. . Jacques Collin ha sido identificado hace poco por un testigo — repuso el señor Camusot—.. en interés de usted.. —Sí.. señor.—Últimamente.. Per le preguntaba si sabía quién es este hombre con objeto d determinar otra impostura de Jacques Collin. creía habérmelas con un respetable clérigo... es. y si sigue negando su identidad. Pues escúcheme. Lucien quedó helado ante esta revelación. añadiéndoles tierras por valor de un millón. demasiado tarde? ¡Expliqúese usted! —No es un sacerdote. —Sí —respondió Lucien—: Cuando me enteré del horrible secreto. según propia confesión de su hermana y de su cuñado. iniciando una frase. —Un presidiario evadido —dijo el juez prontamente. Lucien sintió como si le introdujeran un hierro al rojo en las entrañas al oír la terrible observación del juez.

. En eso radica la diferencia entre el poeta y el hombre de acción: el primero se abandona al sentimiento para reproducirlo en imágenes intensas. que ahora tiene entre las manos.. como acaba usted mismo de decir. se había dejado engañar. el cual.. —¿Mandará usted a Jacques Collin ante la sala de lo criminal? —preguntó Lucien. El poeta escuchó la lectura con un silencio y una compostura que le daban un aspecto lastimoso. ha estado viviendo varios años. —¡Estoy perdido! —exclamó. ¡eso ha dicho! —¿Sospecha usted de dónde provenían las sumas que le entregaba a usted? Porque. Lucien parecía un animal en el matadero: estaba confundido por la sutileza del juez. —Por supuesto —respondió Camusot. caballero!... si no a su cómplice. ¡Un Jacques Collin mi padre!. y viviendo muy espléndidamente. caballero.. Lucien no respondió nada más. y no reflexiona hasta el final. —¡Es a usted. esa pobre muchacha. Y estalló en sollozos.. se veía a sí mismo en el fondo del precipicio al que le había hecho caer el juez instructor. la señorita Esther. Escribano.. el poeta. dé usted lectura al detenido de la parte del interrogatorio del supuesto Carlos Herrera en la que declara ser el padre de Lucien de Rubempré.. ¡Oh. Lucien quedó sombrío y pálido. a quien tengo que preguntar! —exclamó Lucien— de dónde sacan el dinero los presidiarios.—¿Ignora usted —prosiguió diciendo el juez— que pretende ser su padre para justificar el extraordinario afecto del que usted es objeto por su parte? —¡Él. por cuyo aspecto bonachón él. Aquella infame mentira que le servía para justificarse de una verdad aún más infame. que quería seguir haciendo hablar a Lucien—.. si hay que dar crédito a la carta. Lo que Jacques Collin había salvado con su audacia. como a todos los hombres que son esclavos de las sensaciones. le habría hecho a usted los mismos favores que antes la señorita Coralie.. mi padre!.. Acababa de traicionar no a su bienhechor. mi pobre madre!. por su parte. pero. ¡Oh. el ingenioso Lucien lo había echado a perder con su falta de inteligencia y de reflexión. sin recibir nada de ella. Acabe de exponer lo que piensa. había defendido la posición de ambos con un valor de león y con la habilidad de un hombre entero. La reflexión le llegó demasiado tarde. mientras que el otro siente y reflexiona a la vez. Pero pese a los esfuerzos y a las amonestaciones del juez. —Nadie se pierde por el camino del honor y de la verdad —dijo el juez. asustado por su cruel habilidad y por la rapidez de los golpes que le había asestado .

ni colaterales ni director. No hay nada que demuestre con tanta elocuencia como esta escena el poder de que están . y había encontrado al inasible Jacques Collin. se habría separado de él y. Entonces habría saldado sus deudas con Jacques Collin. y su herencia se eleva a cerca de ocho millones. como se lo aconsejaba Jacques Collin en su nota. elogió valientemente a los conspiradores. con la mano de la justicia. había abatido. Proclamó esta teoría a la faz del mundo. el Derecho natural tiene unas leyes que jamás han sido promulgadas y que son más eficaces y mejor conocidas que las que la Sociedad promulga. veía como las gotas de sudor iban aumentando de Voltfmen sobre su cara descompuesta hasta caer por último confundidas con dos hilillos de lágrimas. demostró que era humano obedecer antes a la amistad que a unas leyes tiránicas sacadas de un arsenal social a propósito para tal o cual circunstancia. una vez rico. aquel hombre tenía que ser siempre para él Carlos Herrera. por ejemplo. llevado enteramente por el temor de que se hiciera pública su alianza con un presidiario evadido. mientras que Lucien. haber sostenido la causa de la anterioridad de los juramentos pretendiendo que la ley de la hospitalidad. es usted el heredero de la señorita Esther. frío y tranquilo. Lucien acababa de ignorar. señor de Rubernpré? Como ya le he dicho. había repetido la célebre inadvertencia de los asesinos de Ibico. se habría casado con la señorita de Grandlieu. y aún peor: le había añatlido otros cargos. ante la tribuna francesa. y en perjuicio suyo. Era libre e inocente al entrar en aquel despacho. y Lucien habría alcanzado la meta de todos sus deseos. En interés suyo propio. a uno de los favoritos de la moda. En definitiva. El señor Camusot saboreaba su triunfo: tenía a dos culpables. debía obligar hasta el punto de anular la virtud del juramento judicial. Una de las glorias de Royer-Collard es haber proclamado el triunfo ininterrumpido de los sentimientos naturales por encima de los sentimientos impuestos. —¿Por qué llorar. hacía notar a Lucien que sus revelaciones eran el fruto de un equívoco. el juez.valiéndose de los pecados de su vida a modo de garfios para hurgarle la conciencia. Aquél fue el último golpe para el culpable. y en unos instantes se veía convertido en criminal por sus propias confesiones. Por último. Camusot pensaba en la calidad de padre que se había arrogado Jacques Collin. y para mayor escarnio. la ley de solidaridad que le obligaba a callarse y a dejar que Jacques Collin se defendiera. Bastaba con haber mantenido diez minutos de firmeza. que no tiene herederos. pero examinaba aquel silencio consrsrnndo. Había dejado trnnqiilo a su interrogado. Iban a proclamarle uno de los jueces de instrucción más hábiles. si se logra encontrar los setecientos cincuenta mil francos desaparecidos.

y que Jacques Collin había analizado tan a fondo. con la rapidez del rayo. En las personas del carácter de Lucien. —Y yo tenía el derecho de no contestar —dijo murmurando el pobre Lucien. —Aquí. el poeta se estremeció sorprendido por el silencio. ¡qué justo es decir. sufrir un interrogatorio!. caballero! —respondió Lucien con la amargura y la ironía del hombre que se yergue sobre el pedestal de su desgracia ya inevitable. "¡Vuelvo a ser un detenido!". lea al detenido su interrogatorio. seguramente quedará usted en libertad.. deja de estar incomunicado. haré dar la orden por el ujier que le acompañará. se convirtió en lo que era Jacques Collin. —¿Encontraré allí todo lo que hace falta para escribir?. yo soy el único que tiene derecho a hacer preguntas. que había recuperado su inteligencia con toda nitidez. pero mañana. Lucien tomó una decisión que le obligaba a tratar consideradamente al señor Camusot. no tendría ninguna duda por lo que a mí respecta. y sus ojos secos brillaban con un destello insoportable. caballero —dijo el magistrado. La Justicia ha de saber ahora si es o no es usted cómplice de los crímenes que puede haber cometido este individuo después de su fuga. El anuncio de su careo con Jacques Collin había secado las gotitas de sudor que bañaban su rostro. en un hombre de bronce. interrumpe el sueño. —¡Ah. obedeciendo las indicaciones de Coquart con la dulzura de una víctima resignada. después de ÍU careo con Jacques Collin. Cuando terminó el murmullo de la voz de Coquart. poniéndose socarrón y arrogante como réplica a la altanería del poeta—. debido a la tensión de .-Voy a escribir al director para que le ponga en la mejor habitación de la Pistola..provistos los jueces de instrucción gracias al aislamiento o a la separación de los presos preventivos... y el enorme valor que puede tener una comunicación como la que Asia habia hecho llegar a Jacques Collin. —Todavía no —respondió Camusot—. ¿Qué más quiere de mí? — añadió altivamente. Mientras el empleado leía. Sin embargo. que tuvo lugar en 1820. al cesar. con ironía también. pensó Lucien.. como se dice en el lenguaje de ustedes. preferiría los sufrimientos que infligían antes los verdugos. —Tiene que firmar el atestado de su interrogatorio —dijo el juez. Lucien firmó maquinalmente el atestado y rubricó todas las llamadas. —Le proporcionarán todo cuanto pida. como ocurre cuando uno se duerme en medio de un ruido al que los sentidos se acostumbran y que. En un instante. Entre la tortura física de antaño y la tortura moral de hoy. haciendo de necesidad virtud—. —Escribano. —¿Y me deja usted en libertad? —preguntó Lucien. Un único detalle describe mejor el estado en que se hallaba que el más minucioso de los retratos.. estas transiciones súbitas desde un estado de completa desmoralización a un estado casi metálico.

para vengarse del aplastante desprecio que el poeta acababa de mostrar hacia él—. y entonces el cadáver se hace hombre. ocupan un tiempo enorme. Estos interrogatorios. el presidiario es el que tiene más agallas. Son las tres y cuarto. entró. un ayuda de cámara que iba vestido como un señor. y vaya en seguida a ver si el señor procurador general está todavía en su despacho.. que quería sacar partido de su habilidad. para hacer salir a una duquesa de su tocador y para infundir ánimos a la señora de Sérizy.. ¡Oh. y el hombre se lanza lleno de energía a realizar luchas decisivas. Coquart —dijo el juez—. —De los dos —dijo tímidamente Coquart—. Con eso basta. para todos una liberación inmediata compensa —en la medida en que puede ser compensado— el perjuicio que supone un arresto. . La voluntad reaparece. pese a que se leen con tanta rapidez una vez registrados por escrito las preguntas y las respuestas. volvió el ujier para decirle que un criado de la señora condesa de Sérizy quería hablar urgentemente con él. y caminó con paso firme por los pasillos entre dos gendarmes. si está. como el agua de un manantial que hubiera desaparecido. Lucien guardó en su pecho la carta de Esther con el retrato que le había mandado. —¡Vaya sinvergüenza! —dijo el juez a su escribano. y dijo: —¿Es al señor Camusot a quien tengo el honor. aún estará! — añadió tras haber echado una ojeada a un horrible reloj de madera pintado de verde con ribetes dorados—.. Para los pequeños es la ruina. y para los ricos es una vergüenza. se infunde en el aparato que se halla dispuesto para el funcionamiento de su ignota substancia constitutiva. pídale una breve audiencia para mí. miró uno tras otro al ujier y al magistrado. Diga a la gente que espera que pueden marcharse y que vuelvan mañana. ¡Ah!.todas sus fuerzas. Ésta es la razón por la que las dos escenas que se acaban de reproducir fielmente habían durado el mismo tiempo que Asia había necesitado para descifrar las órdenes de su amo. Ha creído que se salvaría entregando a su cómplice. —Le dejo en libertad por hoy. los releyó y se propuso enseñarlos al procurador general y pedirle su opinión.? —Sí —contestaron el juez y el ujier. Mientras estaba deliberando de esta manera. En aquellos momentos Camusot. Ésta es una de las causas de la lentitud de las instrucciones criminales y de la duración de las detenciones preventivas. A una señal de Camusot. son los fenómenos más vibrantes de la vida de las ideas. cogió los dos interrogatorios.. Luego saludó desdeñosamente al señor Camusot.

el juez.carta que le entregó el criado. —Estaban enganchando el coche —contestó el criado. su biblioteca. y la puerta inferior a una segunda sala de lo criminal. El Palacio de Justicia es un amasijo confuso de construcciones superpuestas las unas sobre las otras. Todos estos locales. en quien siete años de práctica habían desarrollado la sutilidad que poseen los hombres de leyes que han tenido que habérselas con grisetas en el curso de su ejercicio. la sala de los abogados. y bajo la que se abre una gran puerta de dos batientes. "P. Ha habido momentos en que los crímenes cometidos en el departamento del Sena han exigido dos sesiones.S. La escalera conduce a la sala de lo criminal." Camusot comprendió que había cometido un grave error tendiendo aquellas trampas a Lucien. La vela con la que había quemado la carta estaba todavía encendida. y empezó á obedecer a las dos grandes damas. los despachos de los abogados generales y los de los sustitutos del procurador general. y se sirvió de ella para precintar las treinta cartas de la duquesa de Maufrigneuse a Lucien. apreciado Camusot. un poco mayor que la de la policía correccional. En sus interiores. y leyó lo siguiente: "A causa de muchos intereses que puede usted comprender. la primera de nuestras sedes de la justicia soberana supera a las . pero su desnudez produce horror y ofrece un espectáculo deprimente. Sintiendo el peso del error que había cometido en detrimento de su interés personal y en provecho de la justicia. ya que hay que emplear algún término genérico. algunas de ellas grandiosas. así como la correspondencia bastante voluminosa de la señora de Sérizy. La sala de los Pasos Perdidos es la mayor de las salas conocidas. están unidos por pequeñas escaleras de caracol y por sombríos pasillos que son la vergüenza de la arquitectura. de Sérisy. de la ciudad de París y de toda Francia. L. El criado saludó respetuosamente. En aquel mismo instante. llegó Coquart y dijo al señor Camusot que el procurador general le esperaba. otras en cambio mezquinas. Por último. "D. Destruya esta carta. quiso proveerse de armas contra el resentimiento de las dos grandes damas. Encendió una vela y destruyó la carta escrita por la duquesa. la galería comercial lleva a dos cloacas. En esta galería puede verse una escalera de doble rampa. Por esta parte es donde se hallan la fiscalía del procurador general. de Maufrigneuse.Camusot tomó una. Esta enorme catedral de los pleitos aplasta bajo su enormidad el patio real. tenemos pruebas de su inocencia para que sea liberado inmediatamente. y que se perjudican entre sí por falta de unidad. —¿Viene entonces la señora de Sérizy? —preguntó. no interrogue usted al señor de Rubempré. Luego se personó en el despacho del procurador general.

y de donde un día se había marchado. vicepresidente del Consejo de Estado y futuro canciller de Francia en caso de defunción del noble anciano que desempeñaba tan augusta función. El escritor costumbrista se inhibiría ante la necesidad de describir el repugnante pasillo de un metro de ancho en el que permanecen los testigos. El señor de Grandville.cárceles en fealdad.. no había querido abandonar el Palacio sin resolver el asunto de Lucien. Por esta razón es sombría y silenciosa. y ocupa una parte del terreno del patio correspondiente al sector de mujeres. ESCENAS DE LA VIDA PRIVADA.. El señor de Sérizy tenia la desgracia de adorar a su esposa. se levantó y se puso a andar de un extremo a otro de la habitación. debido a su intencionado encuentro de la mañana con Camusot. Y el procurador general sabía muy bien el horrible escándalo que en los ambientes mundanos y en la corte iba a provocar la culpabilidad de un hombre cuyo nombre había sido tantas veces relacionado maliciosamente con de la condesa. Estaba sentado en el hueco de la ventana de su gabinete. en la sala de lo criminal de arriba. Toda esta parte del Palacio de Justicia está a la sombra de las altas y magníficas construcciones de la Sainte-Chapelle. Como ya se vio. En cuanto a la estufa que sirve para calentar la sala de sesiones. la dignidad de sus funciones le impedía atentar a la independencia absoluta del magistrado inferior.) . cruzándose de brazos—. sentía una inquietud inconcreta. el poder real tenía en otros tiempos el recurso de las avocaciones. pese a todo. a la que. y el mensaje del juez le sumió en esa especie de ensoñación involuntaria que la espera provoca incluso en los espíritus más firmes. (Véase Una doble familia. El despacho del procurador general está situado en un pabellón octogonal que flanquea el cuerpo de la galería comercial. el conde de Sérizy... uno de sus más entrañables protectores. en relación a la antigüedad del palacio. miembro del consejo privado. "¡Ah! —se decía a sí mismo. que se había mostrado muy poco comprensivo. ministro de Estado. porque estaba preocupado. Esther y Lucien habían ocupado la casa donde el conde de Grandville había vivido maritalmente y en secreto con la señorita de Bellefeuille. cubría siempre con su protección. raptada por un miserable. mientras que por otra parte en aquel proceso estaba en juego el honor y la consideración de su mejor amigo." Aquel digno magistrado conocía el atractivo y las desgracias de las uniones ilícitas. es de construcción reciente. Nuestra manía de igualdad será la muerte de este mundo de hoy. He aquí el motivo de su inquietud: por una parte. digno sucesor de los grandes magistrados del antiguo Parlamento. deshonraría incluso a cualquier café del bulevar Montparnasse. Esperaba noticias de Camusot.

será usted un gran magistrado. interrumpiendo al juez—... Camusot se sintió recorrido por un escalofrío. con su cochero uniformado y sus dos lacayos con calza corta y medias de seda blanca. —¡Qué hay. caballero. que cogió sus lentes y se fue a leer al hueco de la ventana.. es la amiga de la señora de Sérizy. Es verdad. La señora de Sérizy no había cometido el error de ir al palacio en su magnífica berlina forrada de azul y con blasones. Todo está dicho. mi querido Camusot! ¿Cómo va el asunto del que le hablaba esta mañana? —Mal.... —¡Usted aquí. lea y juzgue usted mismo. En aquel momento el conde Octave de Bauvan abrió sin llamar y dijo al conde de Grandville: —Amigo mío. El conde Octave daba la mano a la condesa de Sérizy. ¡En qué momento ha venido!.. señora! —exclamó el procurador general. —¡Ah. dirigiéndose al ilustre orador ministerial de la Restauración—. Ha dado pruebas de demasiada habilidad para que se prescinda de un juez de instrucción como usted. que llevaba un cuarto de hora dando vueltas por el Palacio de Justicia. el juez de instrucción llamó a la puerta de su despacho.". también . me había rogado. Asia había hecho comprender a las dos damas que debían tomar el coche de punto en el que ella y la duquesa habían venido. ofreciéndole su propio sillón—. la Justicia seguirá su curso. la duquesa de Maufrigneuse! —dijo Grandville. Si el señor de Grandville hubiera dicho a Camusot: "¡Seguirá usted siendo durante toda su vida juez de instrucción!. voy en seguida. no habría sido más explícito que con esta frase de cumplido. señalando al juez—. sino que el procurador general quería tener alguna justificación para abandonar su gabinete. El conde Octave de Bauvan comprendió no sólo que sobraba.... señor conde. a quien debo mucho. —Ha cumplido usted su deber —dijo el procurador general con voz emocionada—... Ya veo que no ha cedido usted a ninguna influencia. todavía estará allí. En el momento de la salida. —La señora duquesa de Maufrigneuse. Ha hecho muy bien. He aquí al señor Camusot. espéreme en el despacho del primer presidente.En el mismo instante en que el procurador general pensaba: "¡Camusot habrá hecho alguna tontería!". aquí te traigo a una hermosa mujer que ya no sabía adonde dirigirse. Hizo una lectura rápida. señora —continuó. Entregó los dos atestados de los interrogatorios al señor de Grandville.. que se había extraviado en vuestro laberinto.. Bauvan —añadió.

las mujeres hermosas y presuntuosas como la señora de Sérizy. sometidas únicamente a los lazos de su bien parecer. Las mujeres... para las mujeres. Miró al señor de Grandville y vio como en su rostro se mostraba la consternación. cuyas flores habían sido quitadas y sustituidas por un velo de encaje negro muy tupido. se burlan de las leyes que han hecho los hombres. y no retroceden ante ninguna falta. Las mujeres. La condesa llevaba una levita parda. — Demasiado tarde. A propósito de cualquier cosa. . —Ha recibido usted nuestra carta. son los niños mimados de la civilización francesa. el código Hembra. Si las mujeres de los demás países supieran lo que es en París una mujer al día. repiten esa misma frase que dijo a su marido la bonita señora de Bauvan en los primeros tiempos de su matrimonio. pero el señor Camusot le ha hecho confesar un crimen mayor que éstos. con riquezas y blasones. a saber.. un viejo chal negro y un sombrero de terciopelo. demasiado tarde?. el señor Lucien de Rubempré no es culpable de robo ni de envenenamiento. a esa serie de leyes pequeñas. por desgracia. querrían todas venir a gozar de esta magnífica majestad. El padre Carlos Herrera. parece ser nuestro famoso Jac-ques Collin.. porque todas «Has han comprendido admirablemente que no son responsables de nada en la vida. La señora de Sérizy parecía encajar las palabras del magistrado como si cada una de ellas fuera un golpe con una barra de hierro. —No puede ser. —¿Cuál? —preguntó ella. que sólo tenía tacto y presencia de espíritu en su gabinete y frente a sus interrogados. no debe ser aún demasiado tarde —añadió con un tono despótico. es como lo que el manto color pared era antaño para los hombres. pero este famoso nombre fue el golpe de gracia. ese español que vivía con él desde hace aproximadamente siete años.. ante ninguna tontería. —dijo a Camusot.. Lo dicen todo.había obligado a la amante de Lucien a ponerse aquellas ropas que llevaba y que. —¿Cómo. mencionadas ya muchas veces a lo largo de la COMEDIA HUMANA. salvo de su honor femenino y de sus hijos. cuyo atontamiento consideró una prueba de respeto admirativo.. un día que fue a buscarle al Palacio: "¡Acaba de juzgar de prisa y ven conmigo!" —Señora —dijo el procurador general—.. Dicen riendo las mayores enormidades. señora condesa —respondió el juez. —Ha reconocido —le dijo al oído el procurador general— ser amigo y discípulo de un presidiario fugado.

y determinan el procesamiento y la comparecencia de los acusados ante la sala de lo criminal. un escribano consigna por escrito las preguntas del juez y las respuestas de los detenidos. ni sobre los debates de una audiencia.. .." —¿Qué es eso de los interrogatorios? —dijo entonces Léontine. se dirigió hacia la puerta de su despacho. y el atestado es firmado por el escribano. volviéndose: —Perdóneme. en el lenguaje mundano. eso jamás!. Por lo que a mí respecta. y tras lanzar una mirada de una agudeza femenina o. El rey quiere mucho a mi marido. que había quedado muy avergonzado ante la esposa de uno de los personajes más importantes del Estado.. señora! Seria un crimen que ningún magistrado puede cometer. con dulzura. judicial. y que si Lucien no comparece al lado suyo como beneficiario consciente de los crímenes de este hombre. enlazando con la frase de la duquesa y hablando en voz baja—.—¿Y la conclusión de todo eso?. —dijo con voz desfalleciente. añadió. —¿Y si se suprimen estos interrogatorios? —repuso "la condesa. Yo mismo acabo de felicitar al señor Camusot por su habilidad. proclamado judicialmente cómplice de un presidiario. Estos atestados constituyen los elementos del sumario. Ahí radica la grandeza de nues tras instituciones. podría ver que todo depende de él. —Señora —dijo con una sonrisa y en voz alta el procurador general—.. tengo algo que decirle a Bauvan. muy alto y con una firmeza increíble—. si se quiere. significaba para la condesa: "No quiero ser testigo de lo que va a ocurrir entre usted y Camusot. la única que el procurador general podía permitirse. —Es que el presidiario irá a la sala de lo criminal —repuso el señor de Grandville. tendrá por lo menos que comparecer como testigo gravemente comprometido. a Camusot.. —¡Ah.. Después de esta frase.. —Señora —contestó Camusot—. Esto.. el juez y los detenidos. no dudaría entre la muerte y la perspectiva de ver a un hombre de quien todo el mundo sabía que era mi mejor amigo. Al llegar al umbral. que se preocupaba mucho menos del trato de Lucien con un bandido que de su unión con Esther. —Por su torpeza —replicó vivamente la condesa.. el rey no tiene el menor poder sobre el más insignificante de los jueces de instrucción del reino. señora... un crimen social. —exclamó la mujer.. —Si leyera usted los interrogatorios en los que el señor Camusot ha sometido a los dos detenidos.. —¡Ah. —Es un crimen mucho mayor contra mí el haberlos escrito..

observaba al juez con el rabillo del ojo. mientras la condesa reconocía sus cartas. Fíjese. la condesa se abalanzó sobre el juez y recuperó los papeles en llamas. habría sido usted más infeliz de lo que es conmigo. a modo de antorcha. las arrugaba y las iba tirando a la chimenea. —dijo el magistrado. turbada. y la condesa no pudo contener una exclamación al reconocer al conde de Sérizy. La escena había durado menos tiempo que el necesario para leer su relato. señora! Está usted atentando contra la. las contaba. tocó la campanilla como si hubiera estado en su casa... lo han cogido todo de casa del señor Lucien. Si el señor Popinot hubiera sido el encargado de esta instrucción.. que parecía ocupada únicamente en destruir las pruebas de su amor. con ambos atestados en la mano. calculó sus movimientos y. Léontine.. Camusot miraba cómo ardían los papeles con un aire bastante torpe. le arrebató los dos atestados y los echó al fuego. —¿Qué es lo que ha provocado esta lucha entre usted y la señora de Sérizy? —preguntó el ministro de Estado a Camusot. Siguió una lucha durante la cual Camusot gritaba: —¡Señora. ..pero en estos momentos son la única prueba contra Lucien. la condesa prendió fuego a aquel montón de papeles sirviéndose de la última carta.. cuyos dedos habían sido afectados también por el fuego. no se trata únicamente de mí. No se sabría nada. no soltaba los terribles papeles sellados que tenía cogidos como con tenazas. Veamos. mis cartas! —Ahi están. precintadas. y entró el mozo de oficina del procurador general. yo me daría muerte fríamente a mí misma. señora. A continuación. seguido por los señores de Grandville y de Bauvan. léame su interrogatorio para ver si queda alguna manera de salvarnos a todos.! Un hombre se abalanzó en el despacho. Finalmente Camusot. no habría venido a consultar al procurador general. única parte que el fuego no había podido consumir. —¡Luz! —dijo ella.. Sin embargo. Midió el tiempo. —¡Oh. se trata también de la felicidad del señor de Sérizy. La condesa. incluso sus cartas. —Señora —dijo Camusot—. arrollada. con una agilidad felina.. que quería salvar a Lucien a cualquier precio. El mozo encendió una vela y la puso sobre la chimenea. Dios mío. pareció avergonzarse de la situación y soltó los papeles. La condesa. ¡Señora. aunque la llama hubiera producido ya algunas quemaduras en su delicada piel. no quedaba más que la parte que había quedado aprisionada en las manos de ambos luchadores. no crea que haya olvidado las atenciones que le debía. Camusot los recuperó.

—He quemado los interrogatorios —contestó riendo la mujer al día. El magistrado tocó la campanilla y acudió su mozo de oficina. —Es la verdad —repuso Camusot. Al estar seguro de ser puesto en libertad. —Muy bien. por no haber sido firmado por él. el señor de Grandville le cogió aparte. podría llegar a ser necesario olvidar quien es usted. porque no es él quien va a hablar de un interrogatorio cuyo atestado ha sido suprimido. que no reconocerán en su persona a nuestro Jacques Collin. firmará los interrogatorios. pues? —preguntó el procurador general. —¿Qué ha hecho. Mañana puede usted carear a este diplomático español con los señores de Rastignac y Bianchon. En aquel momento el grave atentado se convirtió en la roma de una mujer bonita. El señor de Chargeboeuf. que. ¡qué le vamos a hacer! Que el caballero vuelva a empezar con sus garabatos.. todo va perfecto —dijo el procurador general—. —dijo riendo el procurador general—. mirando alternativamente a la condesa y al juez. puede repetirse sin ningún inconveniente. Asustado con razón por la actitud y la fisonomía del conde de Sérizy. En cuanto a Lucien de Rubempré. yo no me atrevería a resistir a la condesa.. llevando a Camusot hacia el hueco de la ventana—. tratando de recuperar su dignidad. —El señor Camusot resistía valientemente a una mujer a la que no hay nada que resista. vayase a su despacho y vuelva a redactar con un escribano el interrogatorio del padre Carlos Herrera. no hay que tomarse demasiadas veces tales libertades con la magistratura. era el secretario del procurador general. de la que el propio Camusot se reía. tiene mucho valor. —¡Caramba! ¿Resistía el señor Camusot?. —Tendré que presentar una denuncia contra la señora condesa —dijo Camusot. Si es un crimen. Pero mi querida condesa.Antes de que el juez contestara. —Mí querido amigo —dijo el procurador general. la condesa fue a prender fuego a los papeles y los echó sobre los fragmentos de sus cartas que el fuego no había consumido todavía. —Amigo mío —le dijo al oído—.. La .. que estaba tan satisfecha de su hazaña que ni siquiera sentía sus quemaduras —. ¡el honor de la toga está a salvo! —dijo riendo el conde de Bauvan. déjele en libertad esta noche misma. tu dolor me decide a transigir por primera y única vez en mi vida con mis deberes. El procurador general vio entonces a un hombre que no reía. —Diga al señor de Chargeboeuf que venga a verme. abogado joven en período de pruebas.

Gaceta de los Tribunales anunciará mañana la inmediata liberación del joven. —Vamos. con una efusión que convirtió su voz en música celestial. —Creía que ya no tenía lágrimas —dijo. que sentía entonces intensamente el dolor de las quemaduras.". parezco una loca. aún encontrará usted jueces. sonriendo—. irresistibles!.? Este joven es una manzana macada. espero que invitará usted al señor de Rubempré a cenar hoy en su casa.. que rompió a llorar. nos lo vigilará. Lucien esperará hasta mañana por la mañana. hágale pasar la noche en la Pistola. no le quitaremos el ojo de encima.. puesto que vamos a investigar por vía diplomática su conducta en España. para evitar que venga acompañado de la guardia —respondió el señor de Grandville. Camusot salió tras haber saludado. si la fatalidad así lo dispone. "¡Siempre son las mujeres así las que resultan deliciosas. ¿por qué haber venido aquí sin avisarme? —¡Pobre querido! —le contestó ella al oído—. Vaya. pero se trataba tanto de ti como de mí. el jefe de la contrapolicía. Corentin. Si el español es el presidiario. se ha cometido en perjuicio de Lucien? ¿No vale más dejar que pierda esta suma que echar a perder su reputación. tenemos mil maneras de volverle a detener y de procesarle. ¿No podría usted conseguir que el señor de Rubempré se esperara aquí? —añadió. pero no manifiestes tan abiertamente tu pasión ante todo el mundo —contestó el pobre marido. avíseme si puede tener un juicio de sobreseimiento en regla. Esta promesa produjo tal reacción sobre la señora de Sérizy. Todo esto es cuestión de media hora. le esperamos.. no haga usted que se pudra. que había salido precipitamente del despacho mientras el procurador general estaba hablando con el juez. Perdóname. por otra parte... nada de incomunicación. Veamos si la justicia resulta afectada por tales medidas. —Admito que ames a ese joven. En caso contrario. querida condesa —dijo el señor de Grandville tras haber hablado unos instantes con el conde Octave—. ¿Acaso podemos matar al conde y a la condesa de Sérizy y a Lucien por un robo de setecientos cincuenta mil francos que aún es hipotético y que. —¡Es usted bueno como el mismo Dios! —respondió la condesa al procurador general. Son las tres y media. de modo que trátelo bien. diciéndole al oído: —Léontine.. —Voy a tratar de encontrar a algún ujier para que nos lo traiga. .. pensó el conde Octave.. pero la señora de Sérizy. El señor de Sérizy. no le devolvió el saludo. regresó entonces con un pequeño tarro de cera virgen y untó con ella las manos de su esposa.

ESCENAS DE LA VIDA PRIVADA. y 2. Según ciertos grandes médicos alienistas. la totalidad de bienes muebles e inmuebles que me pertenezcan el día de mi muerte. El ujier de Camusot dijo unas palabras al oído del director. (Véase Honorine. si se hallan las sumas sustraídas de casa de la señorita Esther. que no resistía la idea de su careo con Jacques Collin. tinta y papel.0 al señor barón de Nucingen la de un millón cuatrocientos mil francos. "Entrego a los hijos de mi hermana. para determinados organismos. he aquí cuál era su comportamiento en la Conserjería. y un vigilante recibió la orden de llevar al detenido todo lo que pedía. uno de los redactores de la Gaceta de los Tribunales. con quien intercambió algunas palabras para darle instrucciones sobre lo que tenía que decir a Massol. y pidió plumas. Mientras que mujeres bonitas. el suicidio. "Ruego al señor de Sérizy que acepte el cargo de ser mi albacea. el señor de Grandville se encontró con el joven Chargeboeuf. La carta de Esther. tras deducción de los pagos y legados que ruego a mi albacea lleve a cabo. y que entonces se estaba convirtiendo en una obsesión. es la culminación de una alienación mental. que releyó varias veces. y del señor David Séchard. Durante el rato que tardó el vigilante en ir a buscar y en subir a Lucien lo que esperaba. . "Se pagarán: i. disminuida en setecientos cincuenta mil francos. Al pasar por el rastrillo Lucien había dicho al secretario que el señor Camusot le permitía escribir.) Al salir. tentación a la que había sucumbido ya una vez sin poder llevarla a término. como heredero de la señorita Esther Gobseck. el pobre muchacho. la señora Éve Chardon. esposa de David Séchard.Y tuvo un acceso de melancolía pensando en su mujer. desde el momento de su detención se había convertido para Lucien en una idea obsesiva. a quince de mayo de 1830. "Entrego. aumentó la intensidad de su deseo de morir al recordarle el desenlace de Romeo yendo a reunirse con Julieta. quedó sumido en una fatal reflexión sobre el suicidio. antiguo impresor de Angulema.° la suma de trescientos mil francos al reverendo padre Carlos Herrera. ministros y magistrados conspiraban para salvar a Lucien. He aquí lo que escribió: ÉSTE ES MI TESTAMENTO La Conserjería. una suma de setecientos sesenta mil francos a los hospicios de París para fundar un asilo dedicado especialmente a las prostitutas que quieran dejar su oficio de corrupción.

No habrá ninguna inscripción en el sepulcro. y haga llegar al señor Camusot la retractación formal que adjunto también en este mismo envío. que. Esta tumba será como los antiguos sepulcros. podría verme implicado en un proceso infamante. procurador general de la audiencia real de París. teniendo en cuenta las susceptibilidades de los ambientes mundanos. nuestras dos figuras. "Espero que nadie se atreva a violar un paquete dirigido a usted." Este testamento fue envuelto en ura carta dirigida al señor conde de Grandville. ruego a mi albacea que." AL REVERENDO PADRE CAREOS HERRERA . "Lucien de R. con las cabezas apoyadas sobre cojines y con las manos unidas y alzadas hacia el cielo. pese a mi inocencia. la vida me parecería insoportable. redactada en los siguientes términos: "Señor conde: "Pongo mi testamento entre sus manos. "Ruego al señor de Sérizy que dedique la suma de cuarenta mil francos para la construcción de un monumento en el cementerio del Este a la señorita Esther. para la liberación de presos por deudas. semestralmente. de mármol blanco. ''Ruego al señor conde de Sérizy que entregue al señor Eugéne de Rastignac las alhajas de oro que se hallan en mi casa. acepte el obseqi de mi biblioteca. cuyas deudas suban hasta un máximo de dos mil francos."Además. entrego a los hospicios la suma necesaria para establecer una renta de treinta mil francos al cinco por ciento. "Por último. he respondido tan cobardemente a unas preguntas capciosas del señor Camusot. Los intereses anuales se emplearán. Cuando desdoble usted esta carta ya no estaré con vida. y pido que yo sea inhumado junto a ella. "Lucien Churdón de Rubempré. de planta cuadrada. Aun cuando resultara absuelto y sin inculpación. Confiando en ello. Debido al deseo de recobrar mi libertad. Los administradores de los hospicios elegirán entre los presos aquellos que hayan mostrado un comportamiento más digno. me despido de usted ofreciéndole por última vez mis respetos y rogándole que me crea cuando le digo que al escribirle en esta ocasión le doy una prueba de mi agradecimiento por todos los favores con que ha colmado usted a su difunto servidor. como tal. como recuerdo mío. sin abrirla. "Le ruego que remita la carta que adjunto al reverendo Carlos Herrera. estarán acostadas en su parte superior.

de vez en cuando. no pasan entonces de ser Pugachev. Hombres como vosotros han de vivir en antros y no salir jamás de ellos. Mahoma o Napoleón. queriendo afirmar la identificación —que yo sé que es imposible— entre usted y un criminal francés. a su manera."Mi querido padre. Me has hecho participar de esa vida gigantesca. si de ello sacaba alguna ventaja. ya no tendrá usted ocasión alguna de salvarme. como usted de— ¡cía a veces. devoran a ¡os hombres vulgares y se comen los escudos de los memos. el hijo al que usted había adoptado. Louvel y el padre Carlos Herrera. "Usted me había dejado el pleno derecho a perderle. pero cuando deja que tales instrumentos gigantéseos se cubran de herrumbre en el fondo del océano de una generación. esos seres misteriosos llegan a ser Moisés. y ahora acabo de traicionarle. Carlomagno. es la! oposición. Entre los demonios de esta progenie. de quien quiso usted hacer un personaje más grande de lo que mis capacidades permitían. en la cual el diablo ha seguido insuflando aquel fuego cuya primera ¡chispa había dirigido a Eva. Tiene una cierta grandeza y hermosura. como lo serían unos leones en plena Normandía: necesitan un pasto. se ha pasado a las filas de los que quieren perderle a cualquier precio. Dotados de un enorme ¡poder sobre las almas tiernas. Ha querido usted hacerme poderoso y llevarme a la gloria. Hace tiempo que veía como la desgracia estaba a punto de abatirse sobre mí. su juego es tan peligroso que acaban matando al perro humilde que han convertido en compañero suyo y en ídolo: Cuando Dios así lo quiere. Estos individuos son peligrosos en la Sociedad. sería improcedente andar con. pero lo que he hecho ha sido disponer de usted tontamente. Robespierre. Para librarme del atolladero y engañado por una hábil pregunta del juez de instrucción. tirándole al suelo como una colilla. su hijo espiritual. "Hay la posteridad de Caín y la de Abel. las atraen y las trituran. y cuando lea estas líneas ya no existiré. no he recibido más que favores de usted. Es la poesía del mal. hay algunos terribles. que establecen unas amplias organizaciones que resumen todas las fuerzas humanas y que se parecen a esos animales febriles de los desiertos cuya vida exige el marco de los espacios inmensos que en ellos encuentran. De modo que . Es como la planta venenosa de brillantes colores que fascina a los niños en el bosque. nimiedades en el momento de la separación definitiva. Ya está todo dicho. en el gran drama de la humanidad. Esta ingratitud involuntaria me mata. y en realidad me ha precipitado al abismo del suicidio. y la vida me ha dado ya de sí cuanto podía darme. Atila. "Entre un hombre de su poder y yo. eso es lo que ha ocurrido. Usted desciende de Adán por esta línea. Caín.

"En la Conserjería. "Sé que con una finalidad política. "Lucien. Su empuje era tan grande. que. "El reverendo Carlos Herrera. imprimió en la cera el sello que llevaba en un dedo con sus armas. adiós a usted. estatua grandiosa del mal y de la corrupción. en mitad de la habitación. ahora es el Sena. más que Richelieu. y mi madriguera es una celda de la Conserjería. seguramente por error. "Adiós. hizo con ellos un paquete." La fiebre del suicidio daba a Lucien una gran clarividencia. decía ser mi padre espiritual. adiós. En virtud de un testamento en debida forma. las sumas pertenecientes a su Orden que empleó usted con gran imprudencia a mi favor. Trate de sacar partido de este documento. de sus esfuerzos por conseguir las pruebas de la muerte o de la existencia del susodicho Jacques Collin. con la diferencia de que hoy le debo los encantamientos de un sueño. Seguramente era difícil concluir con mayor dignidad aquella falsa situación en la que se había sumido Lucien con tanta infamia: así libraba su memoria de todo oprobio y reparaba el daño inflingido . a 15 de mayo 1830. lo colocó muy visiblemente en el suelo. ya no se trata del río de mi pueblo. transmito al procurador general una retractación de mi interrogatorio. lo lacró y. pues. habitualmente. habría sido más que Cisneros. que escribió los cuatro documentos en media hora. por desgracia. donde iba a ahogar los devaneas de juventud. reverendo padre. sin embargo. y para aniquilar ciertos secretos relativos a los gabinetes de España y de las Tunerías. pero. algunos agentes secretos de la diplomacia tratan de identificar al padre Carlos Herrera con un presidiario llamado Jacques Collin.puedo apartar mi cabeza de los nudos gordianos de tu política para entregarla al nudo corredizo de mi corbata. con la fuerza que da el delirio. le confería esa activa fecundidad que experimentan todos los autores que se hallan bajo el estado febril que provoca la creación." DECLARACIÓN "Declaro retractarme enteramente de lo que contiene el interrogatorio al que me ha sometido hoy el señor Camusot. ha mantenido sus promesas: vuelvo a ser lo que era al borde del Charente. y he debido de equivocarme a propósito de estas palabras tomadas por el juez en otro sentido. "Para reparar mi falta. de haber seguido la senda del bien. "No lo lamente: mi desprecio por usted igualaba a mi admiración. movido por la paternal ternura que hacia mí ha mostrado. a este respecto. le devolverán. el padre Carlos Herrera sólo me ha hablado. "Lucien de Rubempré.

En las habitaciones de la Pistola. acercó la mesa a la ventana sin hacer ningún ruido. Encaramándose a su mesa. se habría visto en la imposibilidad de cumplir su propósito. uno por encima y otro por debajo de la primera traviesa. Lucien podía alcanzar la parte alta de la ventana. El catre está empotrado tan sólidamente que es imposible moverlo sin hacer un esfuerzo que sería fácilmente advertido por el vigilante. La ventana de su celda. y se subió sobre la mesa sin ninguna vacilación para hacer sendos orificios en el cristal. impedía también a los vigilantes ver lo que ocurría en la celda. dar una vuelta sobre sí mismo para apretarla en torno a su cuello. de un modo más o menos voluntario. y encontrar así en el ángulo de la primera traviesa un punto de apoyo sólido. Lucien llevaba una larga corbata azul de seda. que daba sobre el patio. se pone a un gendarme o a un agente para vigilarlo. al estar separados de Lucien por el espesor del muro. el lecho movible. espectáculo mágico que vio por vez primera. En ellas no se encuentra ni un clavo. no le permitían tomar ningún punto de apoyo. y apartar con el pie la mesa bien lejos. puesto que la mirilla de hierro está siempre abierta. He aquí el plan que le sugirió rápidamente su inventiva para llevar a efecto el suicidio. ni una silla. la parte superior. en cada mitad. y en la que Lucien ocupaba gracias a las atenciones que el juez había querido prodigar a un joven perteneciente a la alta sociedad de París. Además. Así pues. Cuando estuvo sobre la mesa pudo echar una mirada al patio. Un paquete de ropa colocado en el cuévano de la ventana. se quitó la levita y el chaleco. tras haberla anudado bien. cuando el preso preventivo da que temer. desprender dos cristales o romperlos. colocados en la parte exterior. Mas para ahorcarse hay que hallar un punto de apoyo y un espacio suficiente entre el cuerpo y el suelo. la mesa y la silla podían servir para un suicidio. no tenía falleba alguna. sin que por ello resultara fácil. se había dado muerte. unos pequeños cristales separados y mantenidos por las traviesas que los enmarcan. porque esas cajas de piedra tallada sólo tienen como mobiliario una especie de catre y un balde para satisfacer necesidades imperiosas.a su cómplice en la medida en que el ánimo del dandy podía anular los efectos de la irreflexividad del poeta. ni siquiera un taburete. conservaba. además de privar a Lucien de la vista del patio. para que los pies no encuentren ningún sustento. Se proponía atar allí su corbata. ya mientras volvía del interrogatorio pensaba en la manera como Pichegru. Si Lucien hubiera estado en una de las celdas de incomunicación. si bien en la parte inferior de la ventana los cristales habían sido sustituidos por dos sólidas tablas. El director de la . y los barrotes de hierro. en cambio.

La galería llamada de San Luis. por la torre de la Plata y la torre Bonbec. Tal prostitución de los recuerdos más valiosos de Francia produce un efecto repugnante. y las cosas destruidas vuelven a vivir .Conserjería. Entonces aparecen espectros y fantasmas. iba al tribunal revolucionario. Bajo el llamado gabinete de San Luis. Juzgúese por lo que sigue si el aspecto de aquel patio no había de sobrecoger intensamente el alma de un poeta. Actualmente los fenómenos alucinatorios son hechos admitidos por la medicina. el hachich y el protóxido de nitrógeno. barrotes y empotramientos los capiteles. Bajo el peso de un sentimiento convertido en monomanía debido a su intensidad. y el suicidio se retrasó debido a su admiración. las ojivas y los fustes de aquella magnífica galería. La reina María Antonieta. Desde la altura en que se encontraba Lucien. cuya celda se hallaba bajo las que hoy sirven para la incomunicación. su mirada captaba de refilón esta galería así como los detalles del cuerpo de edificio que une la torre de la Plata con la torre Bonbec. que conduce de la galería comercial al tribunal de casación y a la torre Bonbec. Quedó boquiabierto. en la parte del río. esta extraña facultad de nuestro espíritu. según dicen. el espacio que las separa indica perfectamente por fuera cuál es la anchura del patio. el gabinete de san Luis. se halla una escalera de caracol que conduce a dichas celdas. cuyo acceso se halla en el subterráneo oscuro que está enfrente de la torre de la Plata. por los pasadizos interiores de la Conserjería. El patio de la Conserjería está limitado. de modo que tales espejismos de los sentidos. el que corresponde a la galería de San Luis. donde se halla también. puede dar a los curiosos la medida de la longitud del patio. que celebraba sus sesiones en el local de la audiencia solemne del tribunal de casación. los sueños toman cuerpo. el hombre se halla a veces en el mismo estado en que le sumen el opio. para evitar así que el elegante joven se viera sometido a las miradas de la muchedumbre de presos que se pasean por el patio. puesto que coincide con la suya. siguiendo la recomendación del señor Camusot de que tuviera para con Lucien las máximas atenciones. veía los techos en punta de las dos torres. como ya se vio. por una majestuosa escalera que atravesaba uno de los espesos muros que sostienen la galería comercial y que hoy está condenada a desaparecer. Las celdas de incomunicación y las Pistolas se hallan. en la torre Bonbec. ofrece a las miradas una hilera de columnas góticas entre las cuales los arquitectos de no sé qué época construyeron dos pisos de celdas para alojar al mayor número posible de acusados. lo había hecho conducir. debajo de la galería comercial. ha dejado de ser objeto de discusión. pues. empastando de yeso. Uno de los flancos del patio.

La condesa oyó o adivinó.. —¿Ha visto usted al señor Camusot? —le dijo. —¡Dios mío! ¿Qué ha ocurrido? —Aquí tiene. .. un paquete de cartas para usted que le hará comprender la catástrofe. señor —dijo el director—. sin que ni el señor de Sérizy ni el señor de Bauvan pudieran oponerse a tan rápido movimiento. se presentó el director de la Conserjería. Mientras hacía sus preparativos para morir. El vigilante del patio ha oído un ruido de vidrios rotos. y antes de que el señor de Grandville se hubiera vuelto. Era dos Lucien a la vez. y pudo admirar sus babilónicas proporciones y sus fantasías orientales. el cerebro se inyecta de sangre. Aunque el director hablara en voz baja. que el procurador general tuvo el presentimiento de una desgracia. señor —respondió el director—. y el vecino del señor Lucien se ha puesto a chillar intensamente. tal es la repugnancia que se tiene a considerar que el pensamiento sea una fuerza viva y generatriz. salió como una flecha por la puerta y alcanzó la galería comercial.entonces bajo sus condiciones primigenias. ESTUDIOS FILOSÓFICOS). (Véase Louis Lambert. En el instante en que el señor de Grandville acababa de dar las instrucciones a su joven secretario. —No. porque oía los estertores de la agonía del pobre muchacho. La ciencia tiende a creer actualmente que.. La columnata se le apareció en su esbeltez. con tal expresión en el rostro. en la Pistola. y otro Lucien que se aprestaba para el suicidio. un Lucien poeta paseándose por la Edad Media. de donde corrió hasta la escalera que lleva a la calle de la Barillerie. El alojamiento de San Luis reapareció tal como había sido. bajo las arcadas y atalayas de San Luis. bajo el esfuerzo de las pasiones llevadas al paroxismo. Lo que en el cerebro no era más que una idea se transforma en un ser animado o en una creación viviente. Lucien vio el Palacio en toda su primitiva belleza. el grito terrible que profirió la señora de Sérizy mostró cómo en circunstancias decisivas nuestros órganos despliegan una potencia insospechada. pero es demasiado tarde. Aceptó aquella visión sublime como un poético adiós de la creación civilizadora. su escribano Coquart me ha dicho que levantara la incomunicación del padre Carlos Herrera y que diera la libertad al señor de Rubempré.. y que esta congestión produce en estado de vigilia las ¡espantosas visiones del ensueño. se preguntaba como podía existir aquella maravilla desconocida en París. juventud y frescor. El vigilante se ha puesto pálido ante el espectáculo que se ha ofrecido a su mirada: ha visto al detenido ahorcado de la ventana por medio de su corbata.

. con una voz que dejó helados a los vigilantes. —Se desplomó—. —¡Verle!.. Se hundió en el pecho los dos trozos hasta hacerse sangre. Esta señora. ¡Oh. la entrada está en el muelle del Reloj. ¡Ah!. que el gendarme que estaba de guardia no la vio pasar. no haré ningún daño! Pero si no quieren ver cómo me muero aquí. vivo o muerto. .Un abogado estaba depositando su toga en la puerta de uno de esos tenduchos que durante mucho tiempo se acumularon en esta galería y en los que se vendían zapatos y se alquilaban togas y birretes. Al ver al director de la Conserjería. —¡Caballero! —dijo el señor de Sérizy al director—. Cogió a la condesa. estás aquí.. en la primera arcada.. ¡para salvar al muerto!. —¡Abran! Me manda el procurador general. cuyas energías carecen de aplicación alguna. —dijo la tendera—. intuyendo las intenciones de la condesa. —¡No... La condesa se abalanzó a través de la arcada hacia la taquilla. Acudió el llavero. pero inmediatamente se puso en pie y se postró de rodillas. habría que seguirla. y trasladaron a la condesa a la escribanía.. elige entre mi muerte y. Mientras la condesa daba la vuelta por la calle de la Barillerie y por el muelle del Reloj. cuyos barrotes agitó con tal furor que logró arrancar el que había cogido.. ¡Te querré!. ¡Verle!. Un médico podría explicar cómo esas mujeres de mundo. —¿Nos la llevamos?.. juntando las manos. vamos a la celda donde está Lucien! —dijo el señor de Grandville.. Hacen ustedes bien. abrieron el rastrillo.. caballeros. —Puede estar tranquilo —contestó el director—.. con tanta rapidez. porque volaba. —Esta mujer está loca.. déjenme ver a Lucien. pero a pesar de su apresuramiento. —Baje y gire a la izquierda. Nadie habría podido seguir a Léontine. se abatió sobre la reja. leyendo en los ojos extraviados del señor de Sérizy sus intenciones.... la alzó y la tomó por un brazo.. logran exteriorizar tales recursos en los momentos críticos de sus vidas. mientras que el señor de Bauvan la cogía por el otro. —dijo el señor de Bauvan.. llegaron en el instante en que se desplomaba sin sentido junto a la primera reja y en que la alzaban los gendarmes que habían bajado de su cuerpo de guardia. La condesa preguntó cuál era el camino de la Conserjería. un silencio de muerte sobre todo esto.. el señor de Grandville y el señor de Sérizy bajaban a la Conserjería por el interior del Palacio. y se desplomó gritando: "¡Abran! ¡Abran!". querido. Eres bueno —prosiguió la condesa—.. Como una pluma empujada por un vendaval.

—Y arrastraba a los dos magistrados. gritando al vigilante—: Vamos. Massol fue a entrevistarse con su colega Chargeboeuf en el gabinete del procurador general. —Es lo que yo he pensado —dijo el conde—. sino .—Es mi esposa. "Hay que deplorar la detención del señor Lucien de Rubempré.. allí no hay más que mi coche.. profiriendo gritos ahogados por una especie de estertor. andando con un valor y una fuerza que sorprendieron a sus guardias—.. —Podemos salvarle —decía la condesa. no sólo por haberse demostrado la veracidad de su coartada y su inocencia. la habían tendido sobre cojines y su esposo iba arrodillado delante de ella. tuvo que dar otras instrucciones a su secretario. vaya más de prisa. en la sección de noticias judiciales. Por suerte. señor. El director de la Conserjería examinaba la reja exterior del rastrillo y decía a su secretario: —¡No se escatimó nada! Los barrotes de hierro son forjados. pareciéndole ver sus vestidos colgados de una percha. El coche de Bauvan había ido a buscar a un médico para prestar los primeros auxilios a la condesa.. ¿Qué ha pasado. para decirles que vengan al rastrillo. primero dio un salto hacia él para abrazarlo y cogerlo. Escriba. —¡Ah! Perdón. ¡un segundo equivale a la vida de tres personas! Cuando se abrió la puerta de la celda y la condesa vio a Lucien ahorcado. Iba a decirle que seguramente se desvanecerá en cuanto vea al joven. ponga lo que voy a dictarle en el número de mañana de su Gaceta.. Al poco rato de la salida del señor de Grandville. Cinco minutos después el coche del conde se la llevaba hacia su casa. si quiere hacerme un favor. El procurador general. Y le dictó lo siguiente: "Se ha comprobado que la señorita Esther se dio muerte voluntariamente. habían sido sometidos a prueba y todo ello costó muy caro. de regreso a su despacho. pero se desplomó con la cara contra el suelo de la celda. Massol no había llegado todavía. —Querido amigo —le dijo el joven secretario—. con este barrote?. que se apresuró a ir a casa del señor de Sérizy. ponga usted mismo el encabezamiento del artículo. pues. Hay medios para devolver la vida. y aprovechando su desmayo podrán llevársela en algún coche. Mande a alguno de sus hombres al patio de Harlay... donde están mis criados..

mi querido amigo — dijo el joven abogado a Massol—.. Eso mismo ocurre con muchas cosas mucho más solemnes que las referidas. Así.. quizá no parezca que este estudio esté totalmente concluido con la muerte de Esther y de Lucien.. por otra parte. —Permítame usted. como pi le verse lo mayores acontecimientos de la vida se traducen en breves n jticias de mayor o menor veracidad. —Ya que me concede el honor de depositar en mí su confianza.. en el momento en que el juez de instrucción daba orden de ponerle en libertad. con un par de frases se puede evitar esta desgracia. con el orgullo de un futuro magistrado educado por el señor de Grandville. Una vez llegados aquí. la muerte se— habría producido mucho antes. me tomaré la libertad —dijo Massol— de hacerle una observación.porque." —¿No cree usted que así se salva todo?. querido colega. lendo confluir a algunas de . tanto para la gran mayoría como para la gente electa. Asia. —preguntó el abogadoperiodista. Y el abogado escribió lo siguiente: "Las formalidades de la justicia son totalmente ajenas a este funesto acontecimiento. quizá Jacques Collin. lejos de sentirse afligido por su detención. Esta noticia provocará comentarios injuriosos sobre la justicia. —El procurador general se lo agradecerá mañana —replicó Mi ol con finura. La autopsia a la que se procedió inmediatamente demostró que esta muerte había sido debida a la ruptura de un aneurisma en una fase muy avanzada. en torno al pequeño servicio que se le pide. —La justicia es bastante fuerte para soportarlos —replicó el joven agregado de la fiscalía." —No hace falta que le aconseje la máxima discreción. además. En cambio. completar el cuadro de costumbres que incluye este estudio y describí desenlace de los distintos intereses dejados en suspenso. Este último acto del drama puede. —Tiene usted razón. despienen el suficiente interés como para desear saber cuál fue su fin. pese a la infamia de sus vidas. que se habían visto entremezclados de un modo tan singular. dicho joven murió súbitamente. mi querido colega. el malogrado joven se reía de ella y decía a los que lo acompañaron de Fontainebleau a París que en cuanto se personara ante el juez su inocencia sería reconocida. creemos poder afirmar que. Europa y Paccard. Si el señor Lucien de Rubempré hubiera sido afectado por su arresto.

delante de su juez natural. la señora Camusot se abalanzó fuera de su habitación y corrió al cuarto de su marido. parece que esté al borde de una enfermedad. y. he aquí que aparee el presidente del tribunal y. el señor acaba de volver del Palacio. —dijo la señora Camusot. París. —¿Qué te pasa. pero nunca habíamos visto al señor con tan mala cara. —¡Ay.las figuras más viles del mundo de los presidios con personajes de la más elevada posición.. pues creí que había sido un accidente.. —No. en el mismo momento en que. y que dejaba en libertad a Lucien de Rubempré. Imagínate que el procurador general. No sé por dónde empezar. Madeleine? —dijo la señora Camusot al ver entrar en su cuarto a su camarera con la expresión que suele adoptar la gente en las circunstancias críticas. "Esto me tranquilizó. Ha muerto de apoplejía fulminante. pero su rostro refleja tanto la consternación.. en la cámara del consejo de la Primera. Todavía sigo temblando de pensarlo. querido? —dijo la joven esposa. la cara pálida y los ojos extraviados. señora. y se halla en tal estado.. parece indispuesto. la última firma necesaria al pie de la declaración de sobreseimiento resultante de mi informe....... y añadió—: Este joven se ha ido a presentar. que. —¡Empieza por el final!. el señor Popinot acababa de estampar su firma. Sin esperar el final de la frase. que la señora de Sérizy. tras examinar la declaración. las manos colgando. —Señora —respondió Madeleine—. En suma. la cabeza apoyada en el respaldo. marzo de 1846... —¿Ha dicho alguna cosa? —preguntó la señora Camusot.. —Pues.. el escribano se llevaba al chupatintas yo iba a quedar libre de esta historia. cuando todo estaba ya terminado.. dice: "—¡Pone usted en libertad a un muerto! —Su expresión era fríamente sarcástica.. CUARTA PARTE LA ÚLTIMA ENCARNACIÓN DE VAUTRIN —¿Qué ocurre. está pálido. exactamente como si estuviera a punto de desmayarse. asustada. Vio al juez de instrucción sentado en un sillón. con las piernas extendidas.. según la fórmula del señor de Bonald. . mí pobre Amélie! Ha ocurrido algo funesto. que quizá seria preferible que la señora fuera a verle a su despacho. No..

me ha venido atormentando desde que he salido del Palacio."—Si no le entiendo mal.. transforma al magistrado en funcionario. el joven Lucien de Rupembré habrá muerto de la ruptura de un aneurisma. en este caso. que estaba guardando el expediente de esa maldita instrucción. —dijo la señora Camusot con ironía. y entre nosotros. ¡Dios quiera. se trata de la apoplejía de Pichegru. mi carrera ha tocado a su fin.. que la señora de Sérizy no se vuelva loca del golpe que ha sufrido! Se la acaban de llevar casi muerta. señor Camusot. sólo sirven para bromear. El muerto se lleva al vivo.ahora para bromas. Eso es todo... Seguiré siendo toda mi vida un simple juez del tribunal del Sena. haya podido ser la causa de su suicidio. y no estamos. "Nos miramos todos unos a otros. jamás ascenderé. La idea de que la manera como he interrogado a ese desgraciado joven. —¿Tú crees?. y he ido a reponerme a mi despacho. en nuestros días. y en interés suyo. querida. la idea que. —Vamos. que. —Comparaciones de este estilo. me ha contado que una mujer hermosa había tomado la Conserjería por asalto. al salir apenas podía andar. —Caballeros —repuso el presidente con su gesto grave—... pero las palabras que le ha dicho a nuestro presidente confirman que mientras el señor de Grandville sea procurador general. estaba muy descontento del giro que tomaba la instrucción. Lucien se lleva nuestras esperanzas a la tumba. señor presidente —dijo el señor Popinot—. y que se había desmayado al verle ahorcado con su corbata de una ventana de la Pistola. Mis piernas me temblaban tanto que no me he atrevido a salir a la calle. ¡Ascender! He aquí la palabra terrible.. ¡Ha dado usted demasiado a la izquierda. que había querido salvar la vida de Lucien. Coquart. —Sí. era perfectamente culpable. ya antes de ese trágico final. querido Camusot! —me ha dicho al oído. y sigo estando a punto de desvanecerme. querida mía. "—Algunos personajes de alta posición están mezclados en este deplorable asunto —dijo el presidente—. — exclamó la señora Camusot—.. que me ha conmocionado. para todo el mundo. aunque usted no haya hecho más que su deber. ¿verdad?. Un juez de instrucción es en estos casos como un general montado a caballo al que le matan el caballo. por quien está loca. . sepan que. por otra parte. "Ay. El señor de Grandville. Acabo de encontrar a nuestro procurador general en tal estado de desesperación. no vas a pensar que eres un asesino porque un preso se ahorca en su celda en el momento en que ibas a dejarlo en libertad.

que era ya de por sí una fortuna. Esta aspiración. Los puestos a escalar desarrollan la ambición. Compárese la posición de un consejero de la audiencia real de París. para que la magistratura no pierda algo de su majestad ante la opinión pública. requería otra fortuna previa para desempeñarlo bien. la Religión y la Justicia. y a través de ella puedes . se han visto disminuidas en el siglo diecinueve. con un ademán que puso claramente de manifiesto su despreocupación por la muerte del detenido—. Por debajo de los parlamentos. la de ministro de Justicia y la de canciller. por eso son a la vez jueces y legisladores y van a buscar el prestigio en posiciones que no son precisamente las que debieran conferirles todo su esplendor. se exime a los magistrados de poseer grandes fortunas contrariamente a lo que hacía antaño. la igualdad moderna coloca al reo y al juez al mismo nivel social. La señora de Espard está en muy buenas relaciones con el ministro de Justicia. a sus emolumentos. las dos columnas de todo orden social. por eso se hacen diputados y pares de Francia. con la de un consejero del parlamento en 1729. es demasiado conocida y demasiado natural. si bien no altera la independencia del magistrado. y tanto en Dijon como en París. como ocurre en el ejército y en la administración. Este suicidio va a hacer felices a las dos enemigas de Lucien. la condesa Châtelet. Así pues. la señora de Espard y su prima. El sueldo pagado por el Estado convierte al sacerdote y al magistrado en empleados. Actualmente. Por último. —¿Por qué desesperarse? —prosiguió. un lugarteniente del Tribunal de Apelaciones era un personaje de suficiente importancia para que se contentara con permanecer durante toda su vida en su puesto. por último. cuando se pretende haber progresado en todos los terrenos. y sus efectos demasiado visibles. y al que hacía bailar al son que quería. —¿Y por qué no habrías de ascender? —dijo Amélie Camusot. En París. fuera del parlamento. La diferencia es considerable. en 1829. en la esfera inferior. los magistrados aspiran a distinguirse para ascender. Miró a su marido con gesto burlón. cuya fortuna se limita. Este cargo.Antes. Los tres o cuatro birretes de las presidencias de cámara bastaban en cada parlamento para los ambiciosos. sintiendo la necesidad de infundir fuerza al hombre portador de su ambición propia. la gente de leyes sólo podía aspirar a tres formas de vida superiores: la de inspector general. la ambición engendra complacencia hacia el poder. Un cargo de consejero contentaba tanto a un De Brosses como a un Mole. el magistrado era en seguida todo lo que debía ser. y acumulan una magistratura tras otra. en una época en que el dinero es la garantía social universal.

. en el momento en que acababa de hacer confesar al desdichado muchacho.conseguir una audiencia con Su Excelencia para contarle los secretos del caso.. —exclamó el pobre juez—. Y yo que no paro de repetirte que te fijes en todo.. juntando sus manos y retorciéndoselas—. —¿Esta mañana? —Sí. recibí de la duquesa de Maufrigneuse y de la señora de Sérizy. por un criado suyo. . ¡La señora de Sérizy me cogió los atestados y los echó al fuego! —¡Eso es una mujer de verdad! ¡Bien hecho! —exclamó ¡a señora Camusot. es un pedazo de carne con ojos!. Con la confianza que te merece tu escribano... podías hacer volver a Lucien. —¡Ay. se ha vuelto loca! ¡Y loca por mi culpa. Veamos.. sí soberbia! —Has cumplido con tu deber. —La señora de Sérizy me dijo que haría saltar el Palacio por los aires antes que permitir que un joven que había gozado tanto del favor de la duquesa de Maufrigneuse como del suyo propio fuera a parar al banquillo de la sala de lo criminal junto con un presidiario.. sin poder reprimir una sonrisa de superioridad—. —¡Pero perdiste la cabeza! —dijo Amélie—. una pequeña nota en la que me rogaban que no le interrogara. Pero.. —Dios mío —respondió Camusot—. Todo estaba ya consumado. ¿qué tienes que temer de tu presidente y del procurador general?. tranquilizarle hábilmente y corregir el interrogatorio. ¡Dios mío.. Y si el ministro de Justicia está de tu parte. esta mañana. cuéntame todos los detalles de la jornada. Camusot.. si está loca ya no podrá molestarte. no es un hombre eso que llevo a cuestas. ¡La señora de Sérizy. Camusot —dijo Amélie. ¡te burlas de la Justicia! —exclamó Camusot. riendo—. —¡Oh. ¿y el señor y la señora de Sérizy?. —Pero con unos resultados muy poco felices.. —Tú eres como la señora de Sérizy.. y a pesar del consejo jesuítico del señor de Grandville. a quien encontré en el muelle Malaquais. —Pero. incapaz de ofender su profesión—. tu posición es magnífica. dicen! —¡Precisamente.. Camusot! —dijo Amélie. y en que acababa de declarar que el supuesto sacerdote español es efectivamente Jacques Collin. te lo repito.. juez sin juicio! —exclamó la señora Camusot. —¿A qué hora? —A las nueve.. —Pero..

ahora. y en definitiva a todos los que. ¡A ver si aciertas a escucharme! —añadió. mirando a su mujer con una especie de asombro. en la que le contarás el secreto del caso. puesto que todos los reyes gustan de conocer el envés de las alfombras y de saber los verdaderos motivos de los acontecimientos que el público contempla boquiabierto.. . y sin ninguna instrucción. los Maufrigneuse y los Grandlieu. el presidente te ha dicho antes que habías golpeado demasiado a la izquierda.. haciendo callar a su marido que quería decir algo—. ni el procurador general ni el señor de Sérizy serán ya de temer.. en cambio. ¡Te vuelves a desviar. con sus alegatos.. —El rey y el ministro de Justicia podrán estar muy satisfechos de enterarse del secreto de este caso. A ver.. amigo mío! El juez de instrucción se quedó de pie.tu procurador general te ha salido al paso. —Camusot —repuso Amélie. la señora de Espard te conseguirá una audiencia con el ministro de Justicia. por añadidura. A partir de este momento. has de tenerlas a ambas de protectoras —siguió Amélie—. serás toda tu vida juez de instrucción.. recobrando valor—. Después de todo he recuperado&& a Jac-ques Collin. —¡Qué tesoro. pero también pueden molestarse al ver que los abogados de ideas liberales hacen comparecer ante el tribunal de la opinión pública y ante el de la sala de lo criminal. se hallan mezclados con el proceso. ¿Crees que el asunto está terminado? —dijo Amélie.. él irá a entretener al rey contándoselo. En la vida profesional de un juez instructor un proceso semejante es toda una victoria. ahora voy a mandarle a la sala de lo criminal a que le ajusten las cuentas. ¡Los tengo cogidos! —exclamó Camusot. estás dando demasiado a la derecha. —Si la duquesa de Maufrigneuse y la condesa de Sérizy están comprometidas. voy a poner todos sus crímenes al descubierto. claro.. a personajes tan importantes como los Sérizy. Camusot miró a su mujer con la cara que ponen los campesinos oyendo hablar a un charlatán de feria. directa o indirectamente.. El juez se levantó y caminó por su despacho como Sganarelle cuando trata de salir de algún atolladero. —¡Y tú no les has comprendido! Si eres sordo. y ha debido hacerte algunas recomendaciones.. viendo complacida que su marido se había recuperado de la postración moral y física en que le había sumido el suicidio de Lucien de Rubempré—. una mujer como tú! —exclamó el juez. —¡Todos están liados en el asunto!. —Sí.

... es de una profundidad. el sumario del proceso de interdicción intentado por la señora de Espard contra su marido? —dijo.. siguiendo la costumbre de toda esa chusma. para dártelo a ti. . En seguida he pensado que aquel individuo debía de tener otras cartas escondidas. aquel ademán del reo que piensa que le queda algún arma... —¿Y de qué tienes miedo. plantándose delante de su mujer—.. llevar el asunto a la audiencia real y lograr que alguno de sus consejeros se hiciera con el sumario para instruirlo de nuevo?. el procurador general. ¡Veamos! ¡Tienes que actuar de modo que satisfagas a todo el mundo. querida. en una sola mirada la vida y la muerte están en juego. Cuando Jacques Collin me ha visto hojear las cartas recogidas en el domicilio de Lucien de Rubempré. Camusot? ¡Serás presidente de tribunal en la audiencia real mucho antes de lo que esperabas!.. Imagínate. pues. —exclamó la señora Camusot con el rostro radiante—. Sólo vosotras las mujeres sois capaces de concentrar en una simple mirada.. Aquella mirada de ladrón que evalúa un tesoro.—¡Escucha. Pero luego los otros innumerables detalles del caso han exigido toda mi atención. porque el caso se está poniendo tan serio que bien podría ser que nos lo ROBARAN!. me han hecho comprender un montón de cosas. ¿Acaso no le quitaron a Popinot de las manos. replicando al gesto de sorpresa que hizo Camusot—. Amélie! —prosiguió. que este Jacques Collin es un campeón c|e la astucia. que demuestra tanto interés por el honor del señor y la señora de Sérizy. Ahora recuerdo un detalle aparentemente sin ninguna importancia... ¡El Cromwell del presidio?. como hacemos nosotros los jueces y como hacen los interrogados. complejísimas situaciones en las que se deslizan engaños tan complicados como cerrojos de seguridad. Jamás había encontrado a ningún sinvergüenza como él. pero que en la situación en que me hallo cobra un interés decisivo. del disimulo y del éhgaño.. y luego ha dejado entrever visiblemente su satisfacción. ha guardado en lugar seguro las cartas más comprometedoras de la correspondencia del hermoso joven ídolo de tantas. He postergado este incidente Porque creía que tendría que confrontar más tarde a los dos detenidos y que entonces ya podría aclarar este punto de la instrucción... Es espantoso.. Tengamos pues por cierto que Jacques Collin. ¿No podría.... ¡por poco me engaña! Pero en cualquier instrucción criminal el extremo de un hilo que aparece casualmente permite desenredar la madeja con la que uno se paseaba por los entresijos de las conciencias más tenebrosas o de los hechos más oscuros. ha echado una ojeada como si quisiera asegurarse de que no había otro paquete. ¿cómo decirlo?. En un segundo se intercambian enormes cantidades de sospechas. Es.

se lo dirán al procurador general.. que le dio varios hijos adulterinos. querida! ¿Dónde has estudiado derecho penal? —exclamó Camusot—. Cuando dicha identidad esté bien establecida. tenéis tiempo de sobra para reflexionar. El señor de Grandville es un hombre que vive separado de su esposa.. de la marquesa de Espard y de la condesa de Châtelet.. amante de Esther. por algún sitio se le podrá atacar: hay que descubrir su punto flaco y halagarle. —¡Tendría que besar las huellas de tus pies! —dijo Camusot interrumpiendo a su mujer. juez ni consejero. hazle advertir los peligros del caso.. ¡Pues bien! ¡No pases cuidado!. Yo me encargo de las señoras de Espard. y de manera que logres añadir a la protección de la señora de Maufrigneuse la de la casa de Grandlieu. será de todos modos un hecho firmemente probado. con Lucien. —La fuerza de mi situación radica enteramente en la identidad de Jacques Collin —repuso el juez tras una larga pausa—. y que tu presidente te felicite. Quiero que dentro de cinco años me llamen señora presidenta. durante diez años tuvo por amante a una tal señorita de Bellefeuille. Esas señoras saben el peligro en que se hallan tanto como tú.. el cual. Tú tienes que ir mañana por la mañana a ver al procurador general. prometido de la señorita de Grandlieu. Lo sabes todo. —¡Pues qué! ¿Crees que mañana por la mañana el señor de Grandville no estará asustado ante la probable defensa de un abogado que ese Jacques Collin se encargará de buscar? ¡Porque es seguro que irán a ofrecerle dinero para que sea su defensor!.. cariño.. De modo que tienes que maniobrar de tal manera que consigas atraerte las simpatías de tu procurador general y el reconocimiento del señor de Sérizy. pero.. procura comprometerle contigo. El oficio de juez no es el de bombero. por eso las tonterías son imperdonables en vuestro caso.. eres mi maestro. del cual no podrá prescindir ningún magistrado.—¡Pero. es un hombre como cualquier otro. eres mi salvación! —He sido yo quien te he remolcado de Alençon a Mantes y de Mantes al tribunal del Sena —contestó Amélie—. no tenéis que apagar incendios. en fin. cogiéndola por la cintura y estrechándola contra su pecho—. medita siempre un buen rato antes de tomar una decisión. de Maufrigneuse y de Grandlieu. examante de la duquesa de Maufrigneuse y querido de la señora de Sérizy. a estas horas. debe de estar ya imaginando a todas esas familias muy cerca del banquillo de los acusados a consecuencia de la relación del presidiario con Lucien de Rubempré. así estarás. por no decir mejor. se le puede seducir. aunque la audiencia real me quite la instrucción del caso. pídele consejos. ¡Amélie. Habré hecho como los niños .. ¿no es así? De modo que este magistrado tampoco es un santo.

que es enemigo de Jacques Collin. y. En lugar de imitar a los niños. Tengo la cabeza tan embrollada que ya no me acordaba de este detalle. el procurador general y yo. han llevado de la Force a la! Conserjería a tres criminales que le conocen.. —Seguro —contestó el juez—. no lo identificarán con Jacques Collin. la de Carlos Herrera. los dilapidó .. y el procurador general también. según se dice.. que fue arrestado en presencia suya. —¿Estás seguro de que tu preso preventivo es Jacques Collin? —preguntó.. si mañana por la mañana baja al patio. era el depositario de los fondos del presidio.. en su gabinete. dejándolos más blancos que la nieve. Mañana. imita a los ministros de gobernación de los regímenes absolutistas. —¿Por qué? —Porque Jacques Collin. hemos convenido admitir la identidad que Jacques Collin se atribuye. hemos convenido aceptar su condición de enviado diplomático y dejar que lo reclame la embajada de España. que inventan conspiraciones contra el soberano para atribuirse el mérito de haberlas hecho fracasar. es de esperar que se produzcan escenas terribles. porque yo seré el único capaz de quitar esta espada de Damocles suspendida sobre el corazón mismo del faubourg Saint-Germain.. Coquart ha llevado al señor Gault. —Y el procurador general preferirá habérselas conmigo que con cualquier otro. en una casa de huéspedes donde le conocieron bajo el nombre de Vautrin. "Una ve establecido este plan. durante el cual estuvo reflexionando la señora Camusot.cuando atan una lata al rabo de un gato: dondequiera que vaya a parar la causa para su instrucción. los señores de Rastignac. vete a ver al director de la Conserjería y haz que identifiquen públicamente al presidiario. —¡Caramba. hace diez años. Ahora bien. —¡Muy bien! —dijo Amélie. puesto que así se hacen indispensables. —Entonces procura provocar un escándalo en el Palacio de Justicia sin dejarte ver. Bianchon y no sé quién más tienen que ser careados con el supuesto canónigo del cabildo real de Toledo. es decir. Se produjo un momento de silencio. Pero ¡no sabes lo difícil que es lograr este espléndido resultado!. Hace un rato. gracias a las gestiones de Bibi-Lupin. hará sonar la hojalata de Jacques Collin. qué suerte! —exclamó Camusot—. que alcanzaban cifras considerables. un canónigo del cabildo de Toledo. pon en peligro a tres familias para tener luego la gloria de haberlas salvado. es cuando he firmado el informe qué dejaba en libertad a Lucien de Rubempré y he rehecho los interrogatorios de mis dos interrogados. la orden de trasladar a Jacques Collin a la Pistola. el director de la Conserjería. querida. Si tu pájaro está aún incomunicado.

Está en juego la vida de Jacques Collin. Quizá vea también al señor de Sérizy. podré hacer atestado referente a su identificación. propon al señor de Grandville que os libréis de Jacques Collin transfiriéndole a la Force. Esta secreta deliberación muestra hasta qué punto los actos y las palabras más insignificantes de Jacques Collin. Aunque haya más de un caso en los anales judiciales. iré a ver a la duquesa de Maufrigneuse. Es un cañón cargado que apunta a las tres familias más importantes de la corte y de los pares. en cuanto . De ahí a la presidencia de algún tribunal de la audiencia. Si voy al Palacio temprano.para sostener la vida de lujo del difunto Lucien. El director. afectaban al honor de las familias entre las cuales había introducido a su difunto pupilo. y así el secreto se pondrá de manifiesto. sino la ruptura del barrote de hierro forjado de la primera reja del rastrillo por obra de las manos delicadas de una mujer de mundo. Confía en mí para dar la alarma en todas partes. —¡Ojalá sus comitentes te libraran de él! ¡Tu prestigio aumentaría! No vayas a casa del señor de Grandville. —Vamos. la muerte de un preso preventivo durante la instrucción de un proceso es un acontecimiento suficientemente insólito para que vigilantes. Sobre todo. pues te habré conseguido una audiencia particular del ministro de Justicia: quizás estará en casa de la marquesa de Espard. Camusot seguía plantado. ahora van a pedirle cuentas. ultimo personaje de este estudio. No obstante. Bibi-Lupin me ha dicho que será una matanza que requerirá la intervención de los vigilantes. ven a cenar y ponte alegre —dijo para terminar—. Sé valiente. espérale en su gabinete con esta arma tremenda. donde los presos saben cómo eliminar a los soplones. no habrá más distancia que algún que otro servicio prestado en algún asunto político. ¡Fíjate! Sólo hace dos años que estamos en París y ahí tienes la oportunidad de llegar a consejero antes de fin de año. cariño. para ellos el mayor acontecimiento no era aquel guapo mozo transformado tan rápidamente en cadáver. La muerte de Lucien y la invasión de la Conserjería por la condesa de Sérizy acababan de promover tal perturbación en los engranajes de la máquina. mándame una breve nota para que sepa si el cura español es reconocido judicialmente como Jacques Collin. con un gesto de admiración que hizo sonreír a la hábil Amélie. que me acompañará a casa de los Grandlieu. el escribano y los vigilantes. escribano y director hubieran perdido la tranquilidad en que se desarrollan habitualmente sus vidas. que el director había olvidado sacar al cura español de su incomunicación. Por mi parte. Arréglatelas para salir del Palacio a las dos.

para la gente de mundo. su féretro partiría de su domicilio y sus amigos serían convocados allí mismo para la ceremonia. tengo una cierta debilidad por el magnetismo. He aquí los hechos. estaban en la parte exterior del rastrillo lamentando la fragilidad de los barrotes de hierro y la fuerza de las mujeres enamoradas. el médico de la cárcel. donde vivía el difunto. el director de la Conserjería y el señor Lebrun.—. de ir a verificar las defunciones y examinar sus causas. uno tras otro. en cada alcaldía. se sentaba a la mesa con su ambiciosa media naranja. El joven secretario estaba encargado de entenderse directamente con la alcaldía. llamado para comprobar la muerte de Lucien y para deliberar acerca del caso con el forense del barrio donde vivía el desdichado joven. —¡No se tiene idea del enorme poder nervioso que hay en el hombre sobreexcitado por la pasión! —decía el doctor al señor Gault—. en el instante en que Camusot. apaciguado el ánimo. Mire. El señor de Grandville mandó llamar a su secretario el señor de Chargebceuf y le dio órdenes al respecto. médico de la cárcel. Así pues. Quisiera saber lo que diría nuestra Academia de Medicina si sus miembros. donde iba a celebrarse el funeral. porque los hay en nuestra profesión que creen en el magnetismo —repuso el doctor Lebrun. fueran . En París llaman médico de los muertos al forense encargado. sin creer en él: me intriga. movido por la curiosidad de comprobar por mí mismo una de esas extrañas crisis nerviosas con las que se prueba la existencia del magnetismo. se agruparon en el rastrillo y acompañaron a la salida al señor Lebrun. El traslado de Lucien debía llevarse a cabo durante la noche. Lucien habría muerto ya libre y en su casa. me propuso que experimentara sobre mí mismo un fenómeno que me estaba describiendo y del cual yo dudaba: Yo consentí. hacer redactar el acta de defunción de Lucien en la alcaldía de la que depende el muelle Malaquais. la parroquia y la administración de pompas fúnebres. —Cuéntemelo —dijo el señor Gault—. La dinámica y las matemáticas carecen de signos y cálculos para describir esta fuerza. y conducirlo de su domicilio a la iglesia de Saint-Germain-des-Près.el procurador general y el conde Octave de Bauvan se hubieron marchado en el coche del conde de Sérizy llevándose a su esposa desmayada. Con la rápida intuición que le caracterizaba. el señor de Grandville había creído necesario. para el honor de las familias comprometidas. —Un médico magnetizador. ayer fui testigo de algo que me estremeció y que explica la terrible potencia física desplegada hace un rato por aquella mujercita. De esta manera.

caballero.. puesto que el hombre está sometido a leyes determinadas. "—Así —me dijo—. > —Mi apreciado Gault —repuso el médico—. el hombre puede reunir su entera vitalidad en tal o cual órgano suyo. . Soy como un hijo para este hombre. añadiendo en cada momento una nueva fuerza a la fuerza de la anterior presión.. apretándolo un cerrajero con un torniquete. sino aislada. y le debo mi actual situación. mirando una equimosis circular parecida a la que hubiera podido producir una quemadura. cuando hube dejado mi muñeca en manos de la mujer. pero que operaba como aquellas fuerzas de la naturaleza cuyos principios absolutos escapan a nuestros cálculos. bajo la presión de su desespero. un torniquete no habría hecho mejor trabajo que aquella mano. había concentrado su potencia vital en sus puños. Aquella mujer. no habría sentido un dolor tan intenso como con los dedos de aquella mujer. La presión. fue aumentando ininterrumpidamente. su muñeca era de acero inflexible.sometidos a esta acción que no deja la menor escapatoria a la incredulidad. no dormida. en el estado que tan tontamente se llama de sonambulismo. tiene setenta[r o setenta y dos años y se llama Bouvard. tendrás que reconocer que.. "Este médico —dijo el doctor Lebrun. demostrado que. si quieres dejar tu muñeca en la mano de una sonámbula que en estado de vigilia no podría apretártela más allá de una determinada fuerza. "Pues bien. y tengo la seguridad de que habría podido quebrarme los huesos y separarme la mano del brazo. ¡Mire! ¡Fíjese en el brazalete que voy a llevar durante más de tres meses!" —¡Demonio! —dijo el señor Cault.. Me parece. tuve que rogar que parara al sentir que la sangre iba a brotarme de la punta de los dedos. pues. que es lá voluntad concentrada en un punto y que alcanza cantidades de energía animal incalculables (como las diferentes clases de potencias eléctricas). que empezó de un modo insensible. El anciano y respetable Bouvard me proponía que atendiera a la prueba de que la fuerza nerviosa puesta en marcha por el magnetizador era no infinita. Actualmente es el patriarca de la doctrina del magnetismo animal. desde los tiempos de Mesmer. sus dedos tienen la facultad de apretar como unas tenazas en manos de un cerrajero. pues Bouvard rechaza esta expresión. abriendo un paréntesis— es un anciano perseguido por la Facultad a causa de sus opiniones. ya sea para el ataque o para la defensa. convertida en instrumento de tortura. bajo el imperio de la pasión. si me hubiera cogido la muñeca con un aro de hierro. y cuando el anciano le hubo ordenado que me apretara con toda su fuerza e indefinidamente la muñeca. Mi viejo amigo.

aunque sólo sea para transferirlo a la Pistola. —hizo notar el señor Gault. magnetizan leones. y que ofrece la más alta expresión del mismo. —Puede que quiera también suicidarse —dijo el señor Gault—. en cuya persona se resume la vida. —¿De verdad? —dijo el director. —Ya lo he visto esta mañana —respondió el doctor—. las fuerzas.. moviendo la cabeza. dicho sea entre nosotros.. en voz baja. Por otra parte. que... apodado Engañamuertes en el mundo carcelario. el incomunicado número dos dice estar enfermo y reclama al médico. Jacques Collin... Ahí está el secreto de los intentos de los prisioneros y de los presidiarios para recobrar la libertad. para salvar a sus hijos. Este hombre.. caminan por cornisas en las que apenas podría aguantarse un gato y soportan las torturas de ciertos partos.. ¿no ofrece acaso una monstruosa belleza por su . porque yo también tengo que estar allí. es así como las madres.. afirma que se está muriendo —añadió el vigilante. por tres fugas y por dos condenas de la sala de lo criminal. —¡Había un corte!. se encuentra perfectamente y que. —¡Está con el estertor! —replicó el vigilante. al oído del director que acompañaba al doctor Lebrun a la verja de la Conserjería—. todavía no he comido. —El incomunicado número dos es precisamente el cura español de quien se sospecha que es Jacques Collin —dijo el señor Gault al médico—. Vayamos los dos a las celdas de incomunicación. además.. y es uno de los presos preventivos destinados al proceso en el cual estaba implicado aquel pobre muchacho.. —dijo el jefe de los vigilantes.. —Yo ya no me atrevo a poner límites a la fuerza nerviosa — añadió el médico—. —Son las cinco —dijo el doctor—. desde el momento de su regreso a la celda por orden de Camusot había sido presa de una ansiedad como jamás la había conocido a lo largo de su vida marcada por tantos crímenes. se introducen en edificios incendiados. vamos a ver. Pero ya que estoy aquí.. El señor Camusot ha levantado la incomunicación a este curioso anónimo. y al que a partir de ahora no puede darse ya otro nombre que no sea el suyo. tendría un éxito asegurado si se ofreciera como Hércules a cualquier compañía de saltimbanquis. el espíritu y las pasiones del mundo del presidio. Todavía no conocemos el alcance de las fuerzas vitales: ¡parecen proceder del poder mismo de la Naturaleza y las extraemos de ¡depósitos desconocidos! —Señor —dijo un vigilante.i —Hace falta mucha para romper un barrote de hierro forjado.. El señor Camusot me mandó llamar para examinar el estado de salud de este individuo.

los hechos se encadenan tan inexorablemente unos con otros. En la vida real. dolor en su pierna si él recibía una herida. pese a la distancia. que han compartido su vida. el vil presidiario. por decirlo en dos palabras. que tiene ya una extensión considerable. Así como se contempla el paso del agua viendo en su curso confusas imágenes. cabe preguntarse si seguirá viviendo su terrible compañero el león. centradas en Lucien. en lo que haya tenido de noble o de infame. en la sociedad. no hay ola. por Canalis (un demonio apropiándose de un ángel y llevándolo a su infierno para refrescarlo con el rocío hurtado del paraíso). Lucien era su alma visible. Para él. que han intuido que se batía en duelo y que. Una vez muerto el pequeño podenco. Contemplaba en Lucien a un Jacques Collin guapo. cuyo chorro potente no se borre bajo la masa de las aguas. no han tenido necesidad de enterarse de una infidelidad para saber que se había producido. . quizá se desee medir la presión del poder social sobre aquel torbellino llamado Vautrin. Sus poderosas facultades. se habrá advertido que Jacques Collin. infame y horrible por tan diversos motivos. ver a qué distancia irá a abismarse la oleada rebelde.abnegación canina hacia aquel al que había convertido en su amigo? Pese a ser condenable. que han sentido. aquella abnegación absoluta hacia su ídolo le hace objeto de un interés tal. que nunca van aislados. por Mathurin. cómo terminará la trayectoria de aquel hombre auténticamente diabólico. parecería inacabado y acortado si no contuviera el desenlace de esa vida criminal junto al fin de Lucien de Rubempré. por Moore. materializando el sueño acariciado por tantos poetas. no actuaban más que para Lucien: se recreaba en sus progresos. más fuerte por la rapidez de su curso que las simas rebeldes que se forman en su superficie. de feliz o desgraciada. joven y noble. ¡Cuan difícilmente muere este principio celestial incluso en los corazones más gangrenados! Si se ha penetrado debidamente en aquel corazón de bronce. por lord Byron. que hayan sentido su alma transferida al hombre amado. El agua de los ríos forma una especie de suelo líquido. se deslizaba en el tocador de las grandes señoras y amaba a Esther por poderes. de oscura o gloriosa. ascendiendo al cargo de embajador. por rebelde que sea y por mucho que se eleve. Engañamuertes cenaba en casa de los Grandlieu. que este Estudio. había renunciado a sí mismo desde hacía siete años. en sus amores y en su ambición. aunque unido a la humanidad por el amor. Engañamuertes había encarnado la superstición alemana del DOBLE mediante un fenómeno de paternidad moral que comprenderán fácilmente las mujeres que hayan amado verdaderamente alguna vez en la vida.

¿Habrá encontrado mi tía a esas malditas hembras? Esas duquesas y condesas.interrogatorio?. aquella soberbia fuga había tenido lugar en el puerto de Rochefort. Esther dejaba de estorbar. donde mueren los presos en . él. Lucien amaba demasiado a esa chica. que lo ve todo. llevando a Théodore Calvi a su lado como presidiario. y en cambio jamás habría querido a esa tabla de salvación. sin darse cuenta.. Cuando me ha mostrado las cartas. La última evasión de Jacques Collin. habrán impedido el.. Jacques Collin decía para sus adentros: "¡Van a interrogar al pequeño!" Y se estremecía.. ¿habrán dado algún paso. de un ligero rubor de Lucien delante de Camusot. agotó toda la provisión de agua contenida en uno de los dos baldes que. cuyo cerebro enloquecido pareció incendiarse. se preguntaba al acostarse en su camastro. había sido el compañero de cadenas de Jacques Collin de i8ioa 1820. ¿Habrá recibido Lucien mis instrucciones?. "¿Qué le ocurrirá si pierde la cabeza? ¡Porque este pobre hijo mío no tiene la fuerza de Théodore!.". y Lucien era rico. y ha adivinado que yo puedo someter a un chantaje a las queridas de Lucien. gracias a ciertas protecciones compradas a precio de oro.. del que se acordaba Jacques Collin en aquel decisivo instante. parecido a los que había en el cuerpo de guardia.. que había sido una de sus mejores combinaciones (había salido disfrazado de gendarme." Este monólogo duró tres horas.. hemos cambiado una mirada con la que nos hemos sondeado mutuamente.. Esos dos nos han hecho tropezar en el último momento.. ¡El muchacho habría sido entonces todo mío! Y pensar que nuestra suerte depende de una mirada. ¡pero van a pagar cara esta broma! Un solo día más. Además. habría podido casarse con su Clotilde de Grandlieu. La angustia fue tan grande. Jacques Collin. Unas palabras acerca de este Théodore. Théodore Calvi. que dio cuenta de aquel organismo de hierro y de vitriolo. Y si tenemos la fatalidad de que le interroguen ¿cómo se comportará? ¡Pobre muchacho. constituyen todo el mobiliario de una celda de incomunicación. "¿Habrá podido ver a sus amantes? —se preguntaba—.Cuando le devolvían a su celda. he sido yo el que le ha llevado hasta ahí! El bandido de Paccard y la fisgona de Europa son los que han armado todo este lío birlando los setecientos cincuenta mil francos entregados por Nucingen a Esther. a Clotilde. sintió una sed tan devoradora que. para quien matar es como para un trabajador echar un trago. como si lo acompañara a la comisaría).. junto con la cama de madera. joven corso condenado a perpetuidad por once asesinatos a la edad de dieciocho años.. que tiene esta sutilidad característica de todos los jueces.

fenómeno que desde su infancia no se había producido en él ni una sola vez. que pienso que ha llegado mi última hora. dejó al doctor y al preso bajo la guardia del vigilante y fue a buscar dicha carta. se ofrecía además bella y magnífica como el sol de un día de verano." En aquel momento el carcelero llevó la comida al preso. que había de perder la cabeza a causa del régimen de incomunicación. La vida con Lucien. Al oír los ruidos guturales del estertor que acompañaron a las palabras del presidiario. pero cuando vio entrar en su celda al doctor en compañía del director. y que —añadió al oído del falso español— es siempre para mí la prueba de una criminalidad cualquiera.cantidad y donde se esperaba que verían el fin esos dos peligrosos personajes. muchacho limpio de toda condena y al que sólo podían atribuirse ciertos devaneos. fue sacrificado naturalmente a este nuevo ídolo. En aquel momento el director. el desgraciado sintió que sus ojos se le bañaban en lágrimas. y esperó fríamente el efecto de la visita ofreciendo su muñeca al médico. muchacho. Aunque se evadieran juntos. tras una serie de crímenes indispensables. y quizá si hago venir al médico y le ofrezco una suma considerable me pondrá en contacto con Lucien. al concebir la posibilidad de una catástrofe. se habían visto obligados a separarse por las circunstancias de la huida. "Debo tener una fiebre de caballo —pensó—. . me encuentro tan mal. El héroe de los bandidos y de los bosques. Jacques Collin se dirigía a Rochefort a buscar a su corso cuando encontró a Lucien a orillas del Charente. no puedo comer. adquirió proporciones enormes en la mente de Jacques Collin. Jacques Collin se aferró con furia a esta esperanza. a quien el procurador general había entregado la carta escrita por Lucien a Jacques Collin para que se la diera a éste. —Es inútil. del que Engañamuertes debía haber aprendido italiano. mientras que con Théodore no veía Jacques Collin más perspectiva que el cadalso. comprendió que su tentativa había abortado. La idea de que podía sobrevenir una desgracia a causa de la debilidad de Lucien. Théodore había sido capturado y devuelto a la prisión. Diga al señor director de esta prisión que me mande el médico. el vigilante inclinó la cabeza y salió. —El señor tiene fiebre —dijo el doctor al señor Gault—. pero se trata de la fiebre que cogen casi todos los presos preventivos. Tras haber marchado a España y haberse convertido en Carlos Herrera.

.. —¿Es cierto. —¿Puedo verlo con mis propios ojos? —preguntó tímidamente Jacques Collin—. abatido por la propia violencia de su explosión de dolor. en una de las Pistolas. ¡Fíjense! ¿Cómo podría ahorcarme yo aquí? ¡París entero responde ante mí de esta vida! ¡Dios me la debe! El vigilante y el médico estaban a su vez sorprendidos.. lanzó sobre el doctor una mirada ardiente como un relámpago. habría llegado tarde.—Caballero —dijo Jacques Collin al doctor.. levantándose y mirando a los dos testigos de la escena con una mirada apagada y fría—. ¡Se equivocan. conmovido ante aquel terrible esfuerzo de la naturaleza. ¿dejarán a un padre la libertad para ir a llorar a su hijo? .. diciendo: —¡Oh. Al ver al director. ellos que difícilmente podían sorprenderse por nada desde hacía tiempo.. —No quiero robarle su dinero —dijo el doctor Lebrun—. Jacques Collin. Jamás tigre alguno.. a aquella explosión siguió un tal estado de debilidad. permitiéndole que llegara a us ted sin abrir —hizo notar el señor Gault. por desgracia. —He aquí una carta que me ha encargado de entregarle el señor procurador general. caballero. —¿Nadie? —dijo Jacques Collin. hijo mío!. Uno no puede ahorcarse estando incomunicado. ofrecería treinta mil francos para poder hacer llegar unas líneas a Lucien de Rubempré.. —Sí. no es él! No lo han visto bien.. pareció tranquilizarse. viendo que el vigilante estaba en la puerta y sin explicarse la ausencia del director—. que las últimas palabras pronunciadas por el preso fueron como un murmullo. ya nadie en el mundo puede comunicarse con él. viendo que le han arrebatado sus cachorros. El señor Gault entró con la carta de Lucien en la mano.. no es posible! —repuso Jacques Collin. Efectivamente. y a continuación se desmoronó sobre su camastro. —¿También se nos va a quedar entre las manos éste? —preguntó el vigilante. —¡Pobre hombre! —exclamó el médico. —Es de Lucien. señor.. que se alzó igual que un tigre irguiéndose sobre sus patas. Este joven ha muerto allí. habrá proferido en las selvas de la India un grito tan terrible como el que lanzó Jacques Collin.. —¡No.. —dijo Jacques Collin. ¿Y por qué? —Porque se ha ahorcado.. Aun cuando el doctor hubiera estado aquí.? —Ha muerto —repuso el director—. estupefacto—. que este joven.

. señores. caballero —dijo al doctor Lebrun—. llegó en pocos minutos a la celda en que yacía Lucien. Por eso Jacques Collin.. comprenderán mi atontamiento —dijo Jacques Collin—... estoy loco. No me queda mucho tiempo para verlo.. caballero. cayó sobre su cuerpo y se pegó a él en un abrazo desesperado. cuya fuerza y cuyo apasionamiento hicieron estremecerse a los tres testigos de la escena. ¡también soy madre!.. Al verlo. iba lentamente del director al médico.. acompañado por el vigilante que lo cogió por el brazo. —dijo Jacques Collin con voz apagada—. apenas veo nada. yo. puesto que tengo orden de trasladarle a una de las habitaciones de la Pistola. sin calor y sin vida. porque yo no puedo.... me lo van a quitar para. La incomunicación le ha sido levantada. —Si tienen ustedes hijos. —¡No hay duda de que es su hijo! —dijo el médico. . y no sabe usted lo que es un cadáver: ¡es como la piedra!. Se detuvo ante la palabra enterrar.. puede tomar su habitación. —¡Déjenme aquí!. ¡Fíjese!. El director dijo al vigilante que dejara al preso en aquella celda y que cortara algunos mechones de cabello de la cabeza del joven para el presunto padre antes de que fueran a llevarse el cadáver.. se tarda poco en ir de las celdas de incomunicación a las de la Pistola. Estoy. con un aire profundo que hizo meditar unos instantes al médico. que recibe el nombre de galería mercante. precedido por el director y seguido por el médico. Estas dos hileras de habitaciones están separadas por un corredor subterráneo formado por dos gruesos muros que sostienen la bóveda sobre la que reposa la galería del Palacio de Justicia. Este golpe es para mí peor que la muerte.. temía alguna trampa y dudaba en salir. —Aquí tiene —dijo el doctor al director— un ejemplo de lo que le decía. Este hombre va a moldear este cuerpo.. Jacques Collin los miraba inquisitivamente. —Sí quiere usted ver el cadáver —le dijo el médico —no tiene tiempo que perder... Si son ustedes padres.—Si usted quiere. Tenga la bondad de cortar usted mismo.. Si se pasa por determinados corredores cuyas puertas sólo se abren al paso del director. —¡Permítanme conservar algo de mi querido hijo!. La mirada del detenido. algunos mechones de su cabellos. me doy cuenta... no lo son más que de una manera.. al que habían colocado sobre la cama.. pero no pueden comprender lo que estoy diciendo... —¿Cree usted? —respondió el director.. se lo van a llevar esta noche..

es la oposición. hay algunos terribles. a las cinco y media. y en realidad me ha precipitado al abismo del suicidio. eso es lo que ha ocurrido. AL REVERENDO PADRE CARLOS HERRERA "Mi querido padre. Pero el efecto de este frío terrible y activo como un veneno apenas puede compararse con el que produce la mano yerta y glacial de un muerto sostenida así. Esta ingratitud involuntaria me mata. pero lo que he hecho ha sido disponer de usted tontamente. Ya está todo dicho. No hay quien pueda guardar un pedazo de hielo en la palma de la mano apretándolo con fuerza durante diez minutos. queriendo afirmar la identificación —que yo sé que es imposible— entre usted y un criminal francés. de quien quiso usted hacer un personaje más grande de lo que mis capacidades permitían. de vez en cuando. "Usted que me había dejado el pleno derecho a perderle. tirándole al suelo como una colilla. este postrer escrito aparecerá tal como le apareció a aquel hombre: como una copa de veneno. no he recibido más que favores de usted. La frialdad se transmite a las fuentes de la vida con una rapidez mortal. si de ello sacaba alguna ventaja. como usted decía a veces. Jacques Collin deletreó. Ha querido usted hacerme poderoso y llevarme a la gloria.En el mes de mayo. cambiar ¿no equivale a aniquilarse? Si se vuelve a leer con Jacques Collin la carta de Lucien. el hijo que usted había adoptado. se ha pasado a las filas de los que quieren perderle a cualquier precio. pese a los barrotes de las rejas y las mallas de alambre que hay en sus ventanas. sería improcedente andar con nimiedades en el momentó de la separación definitiva. le comunica sus oscuros secretos. capaces de aniquilar muchos sentimientos. Usted desciende de Adán por esta línea en la cual el diablo ha seguido insuflando aquel fuego cuya primera chispa había dirigido a Eva. porque en lo que a los sentimientos respecta. Hace tiempo que veía como la desgracia estaba a punto de abatirse sobre mí. "Hay la posteridad de Caín y la de Abel. apretada así. que establecen unas amplias . y cuando lea estas líneas ya no existiré. se puede leer fácilmente una carta en la Conserjería. Caín. en el gran drama de la humanidad. "Entre un hombre de su poder y yo. La Muerte se pone entonces a hablar con la Vida. Entre los demonios de esta progenie. y ahora acabo de traicionarle. pues. ya no tendrá usted ocasión alguna de salvarme. Para librarme del atolladero y engañado por una hábil pregunta del juez de instrucción. su hijo espiritual. aquella terrible carta cogiendo la mano de Lucien.

le devolverán. pero por desgracia. Mahoma o Napoleón. Al ver a aquel hombre los mozos se detuvieron un momento porque parecía una de esas figuras de piedra puestas de rodillas toda la eternidad sobre los . Estos individuos son peligrosos para la Sociedad. estatua grandiosa del mal y de la corrupción. esos seres misteriosos llegan a ser Moisés. En virtud de un testamento en debida forma. no pasan entonces de ser Pugachev. Robespierre. ahora es el Sena. habría sido más que Cisneros. las sumas pertenecientes a su Orden que empleó usted con gran imprudencia a mi favor. reverendo padre. con esta carta en el suelo. Cuando Dios así lo quiere. transmito al procurador general una retractación de mi interrogatorio. ha mantenido sus promesas: vuelvo a ser lo que era al borde del Charante. encontraron a Jacques Collin arrodillado junto a la cama. como lo serían unos leones en plena Normandía: necesitan un pasto. Me has hecho participar de esa vida gigantesca. Carlomagno. Trate de sacar partido de este documento. soltada seguramente como la pistola que deja caer el suicida después de morir. adiós. "Para reparar mi falta. y la vida me ha dado ya de sí cuanto podía darme. pero el desdichado seguía cogiendo con sus dos manos la mano de Lucien y rezaba. a su manera. devoran a los hombres vulgares y se comen los escudos de los memos.organizaciones que resumen todas las fuerzas humanas y que se parecen a esos animales febriles de los desiertos cuya vida exige el marco de los espacios inmensos que en ellos se encuentran. más que Richelieu. ya no se trata del río de mi pueblo donde iba a ahogar los devaneos de juventud. de haber seguido la senda del bien. Es la poesía del mal. adiós a usted que. De modo que puedo apartar mi cabeza de los nudos gordianos de tu política para entregarla al nudo corredizo de mi corbata. Atila. pues. movido por la paternal ternura que hacia mí ha mostrado. con la diferencia de que hoy le debo los encantamientos de un sueño. "Lucien. "No lo lamente: mi desprecio por usted igualaba a mi admiración. Es como la planta venenosa de brillantes colores que fascina a los niños en el bosque. "Adiós. su juego es tan peligroso que acaban matando al perro humilde que han convertido en compañero suyo y en ídolo. pero cuando deja que tales instrumentos gigantescos se cubran de herrumbre en el fondo. Tiene una cierta grandeza y hermosura. y mi madriguera es una celda de la Conserjería. Hombres como vosotros han de vivir en antros y no salir jamás de ellos." Antes de la una de la madrugada. cuando fueron a buscar el cadáver. las atraen y las trituran. Louvel y el padre Carlos Herrera. Dotados de un enorme poder sobre las almas tiernas.

Sí. caballero. El director mostró la escena al señor de Chargeboeuf. exhaló un gemido que estimuló a los mozos a apresurarse. los cerrajeros y los herreros de corte. Jacques Collin se desplomó.junto a un muchacho como éste. sin necesidad de estar en fusión.. Dígale. el corazón y el espíritu. a quien había que trasladar sin falta a su domicilio del muelle Malaquais. . cuyos nervios. o si se prefiere. y. todos los obreros que trabajan constantemente este metal usan un tecnicismo propio para expresar este estado: "El hierro está enriado".sepulcros medievales. sometido a una percusión reiterada o a presión. el cual. donde le esperaban unos clérigos que iban a velar por él durante el resto de la noche. El alma humana. —¿Por qué? —preguntó tímidamente. el metal ya no tiene la misma capacidad de resistencia. por obra del genio de los imagineros. sus moléculas impenetrables. se rompe. se disgregan. purificadas y homogeneizadas por el hombre. impresionó tanto a aquella gente. sobrecogido de respeto ante tal dolor y convencido de la condición de padre que Jacques Collin se atribuía. la triple energía del cuerpo. caballero! Se producen cambios muy extraños en el corazón de un hombre cuando pasa siete horas llorando... —En este gesto reconozco el alma generosa de este magistrado —exclamó con voz triste el presidiario—.. Tras haber contemplado a Lucien afectuosamente. yo puedo hacerle grandes favores.. El secretario del procurador general y el director de la cárcel no habían querido asistir a este espectáculo. dicen. habían alcanzado la solidez metálica de los nervios del salvaje? El hierro.. El audaz Engañamuertes se había vuelto débil como un niño. aguerridos por tres evasiones y por tres encarcelamientos. con los ojos claros como los tigres y con una inmóvil rigidez sobrenatural. Al ver cómo cogían el cuerpo de Lucien. que le pidieron con dulzura que se levantara. El falso sacerdote. apropiándose de una palabra que se aplica propiamente sólo al cáñamo. ¿Qué se había hecho de aquella naturaleza de bronce en la que la decisión igualaba en rapidez a la mirada. para él son muy importantes. Los herradores.. cuya maceración se prepara con el enriamiento. que puede contar con mi reconocimiento. al lino o al esparto. explicó cuáles eran las órdenes del señor de Grandville referentes al oficio de difuntos y al cortejo fúnebre de Lucien. No olvide estas palabras. ¡Ah. llega a una situación análoga a la del hierro tras una serie de repetidos golpes. Ocurre entonces con los hombres igual que con el hierro o con el cáñamo: quedan enriados.. en la que el pensamiento y la acción brotaban como un mismo rayo. con la mirada de una madre a quien arrebatan el cuerpo del hijo. ¡Ya no le veré más!.

vio que estaba pálido y tranquilo como si hubiera recuperado su fortaleza gracias a un violento esfuerzo de la voluntad. es la que está situada en el ángulo recto que forman los dos pasillos. cuando el vigilante de la Pistola entró en la habitación donde se hallaba Jacques Collin. si lo desea. entregado por completo a sus absorbentes reflexiones. Jacques Collin. El desdichado salió maquinalmente y se alejó por el pasillo que corre a lo largo de las celdas construidas en las cornisas de las espléndidas arcadas del palacio de los reyes de Francia.La ciencia. era como un despojo. Napoleón supo lo que era esta disolución de todas las ¡fuerzas humanas en el campo dé batalla de Waterloo. como una vestidura sin cuerpo a sus propios ojos. sin ningún interés por sí mismo. Este pasillo comunica con el de la Pistola. sobre las que se sostiene la galería llamada de San Luis. incluso en las personas más resistentes. que conduce actualmente a las distintas dependencias del tribunal de casación. —Es la hora del paseo —dijo el llavero—. una dislocación del aparato nervioso. Los confesores y los jueces de instrucción hallan a los grandes criminales a menudo en este estado. los corazones más duros se quiebran. lleva usted tres días encerrado. A las ocho de la mañana. ni la importancia de su salida al patio. uno de los regicidas más célebres. puede ir a tomar el aire y a estirar las piernas. cuando:¡esta postrera debilidad arranca la máscara de inocencia con la que el reo inquietaba a la justicia. . a los herreros. porque tanto el metal reblandecido como el resistente tienen el mismo aspecto. Debajo del bonito gabinete que se halla en la torre Bonbec está una escalera de caracol a la que va a parar aquel oscuro pasillo y por donde pasan los presos alojados en la Pistola o en las celdas para ir al patio y volver. Las bocas más fuertemente cerradas dan entonces paso a las confesiones. Las fuertes impresiones que reciben en la sala de lo criminal y en el corte de cabello producen casi siempre. que siempre conserva un rescoldo de intranquilidad cuando el reo muere sin confesar su crimen. un detalle digno de ser tenido en cuenta es que la celda en que estuvo detenido Louvel. y extrañamente esto ocurre cuando ya las confesiones son inútiles. la justicia y la opinión pública investigan las causas de las terribles catástrofes producidas en las líneas de ferrocarriles por la ruptura de alguna barra de hierro. que han dicho todos exactamente lo mismo: "¡El hierro estaba enriado!" El peligro era imprevisible. Pero nadie ha consultado a los entendidos de verdad. uno de los casos más espantosos es el de Bellevue. por esto no sospechó la trampa que le tendía Bibi-Lupin.

con la única diferencia del color de los muros. el patio. por el otro extremo está unido a la sociedad a través del gendarme. El patíbulo puede convertirse en pedestal para ir al cielo. totalmente pavimentado. Por eso ofrece un aspecto aún más glacial que el patíbulo. éstos últimos acceden a él a través de un rastrillo formidable compuesto por un doble corredor marcado por hileras de enormes barrotes y situado en el espacio de la tercera arcada. de su altura o del espacio. en suma. en cambio. y que actualmente sirve de mostrador para la venta de algunos comestibles a los presos. del despacho del juez de instrucción o de la sala de lo criminal. están ocupadas por un locutorio en el que se entrevistan los abogados con los acusados. Las dos primeras arcadas del lado de acá del patio.. los ESTUDIOS DE COSTUMBRES no serían fieles a su título si no se hiciera aquí una descripción exacta de este pandemónium parisiense. según se dice. Tales precauciones parecen esos . los acusados que han de comparecer ante la sala de lo criminal y los que ya han comparecido. No importa que se trate del patio de la Force o del de Poissy. En cuanto se les da acceso al patio. de los Melun o Sainte-Pélagie: un patio es siempre un patio. Así pues. de manera que se puede vigilar a los abogados mientras hablan con sus clientes. Este patio lleva por un extremo al patíbulo o a presidio. todos van a agruparse en torno a aquella piedra de golosina para presos: aguardiente. etc. En este locutorio. los preventivos que ya no están incomunicados.Todos los detenidos. que está enfrente de la magnífica galería bizantina. es el conjunto de todas las infamias de la tierra agrupadas y sin salida. hay junto a la cuarta arcada una piedra que utilizaba San Luis. para repartir sus limosnas. es su antesala. todos los presos de la Conserjería se pasean por este espacio estre— j cho. Ya no se sabe dónde se detendrá la moral. Los mismos hechos se reproducen exactamente en unos y en otros. que está situado al extremo de la inmensa sala del actual rastrillo de la Conserjería e iluminado por la luz del patio que llega a través de cuévanos. durante algunas horas al día. ron. Aquel doble corredor se parece a esas calles que se establecen a la puerta de los teatros mediante barreras para facilitar las colas que hace el público en las sesiones de gran éxito.. se han construido bastidores con vidrieras del lado del rastrillo. Bajo las sólidas bóvedas que sostienen la sala de audiencias del tribunal de casación. especialmente por la mañana temprano en verano. único vestigio de la elegancia del palacio de San Luis. Esta innovación ha sido requerida por la excesiva seducción que ejercían algunas hermosas mujeres sobre sus defensores.

ofrece ya un aspecto desolador a causa de la propia distribución de sus partes. van mal vestidos. sus fisonomías son feas o repugnantes. que en su mayor parte pertenecen a (las clases más bajas. de curiosidad y de desesperación. Allí el drama de la sala de lo criminal preocupa a todos. tanto el lugar como los hombres. ni flores. La policía. hay que verlo o haberlo visto. Ahora puede comprenderse lo que es el patio para los doscientos presos de la Conserjería. todo es sombrío. es su jardín. enmarcado por hermosos e imponentes muros negruzcos. Los ratos que se pasan en el patio son los únicos durante los cuales el preso está al aire libre y acompañado. acusados o detenidos. por unas fortificaciones del lado del muelle y por las celdas enrejadas de la Pistola al norte. un patio. gozan por otra parte del privilegio de la Pistola. afortunadamente bastante poco frecuentes. por una columnata repleta de celdas. es imposible imaginarlo. Aquel lugar de paseo. pero la desolación se convierte en temor cuando uno se halla situado en el punto de convergencia de todas esas miradas llenas de odio. a menos que esté en la Pistola. el centenar de acusados o de presos preventivos que se agolpan en un espacio de cuarenta metros de largo por treinta de ancho no constituye la élite de la sociedad. salvo cuando se anuda alguna amistad que es tan siniestra como el presidio que la ha dado a luz. No hay ninguna alegría. únicos crímenes que pueden llevar a la cárcel a la gente respetable. en las otras prisiones los presos están agrupados en los talleres de trabajo. frente a esos seres deshonrados. les .exámenes de conciencia ya preparados. en los que las imaginaciones puras se pervierten pensando en monstruosidades ignoradas. desde la cual se distribuyen los comestibles y los líquidos autorizados. que flota por encima de ellos. guardado además por atentos vigilantes y ocupado por un rebaño de criminales viles que desconfían los unos de los otros. las paredes y las conciencias. En este locutorio tienen también lugar las entrevistas de los parientes y amigos a los que la policía da permiso para ver a los presos. ni tierra. Todo está mudo. Estos desgraciados. En primer lugar. la falsificación de moneda o la quiebra fraudulenta. los criminales procedentes de esferas sociales superiores constituyen excepciones. Los anexos del locutorio y de la piedra de San Luis. y en tales casos el preso no suele salir casi nunca de su celda. La concusión. puesto que los que están allí han ido únicamente para comparecer ante el juez de instrucción o ante el tribunal. en suma. Todo es peligroso para esos desdichados. un jardín sin árboles. El patio ofrece un espectáculo espantoso. no se atreven a fiarse los unos de los otros. constituyen la única comunicación posible con el mundo exterior. en cambio en la Conserjería uno no puede dedicarse a ninguna ocupación.

salen de allí honrados por mucho tiempo. Puesto que los paseantes que se hallaban en el patio cuando bajó Jacques Collin han de ser los actores de una escena decisiva en la vida de . en la jerga. han conseguido el privilegio poco común de ver la Conserjería. porque se conocen o se temen. La palabra amigo. El criminal que se encuentra allí con su mejor compañero ignora si éste se ha arrepentido. por las tristes ideas que abrigan los presos. basta y sucia. La ropa. Unos y otros se pasean esquivándose. Sólo los criminales consumados tienen un aplomo que se asemeja a la tranquilidad de una vida honrada. según las ideas que abrigan en aquel momento. es el ladrón consumado que ha roto desde hace tiempo con la sociedad. y a menudo atroces. incluso el silencio del lugar. las ansiedades. algo contenidos. y que permanece fiel. al patíbulo o a cualquier pena infamante. los remordimientos. este temor al cordero acaba de estropear la libertad ya de por sí engañosa del patio de la prisión. Así como el espectáculo de un laboratorio de anatomía. El crimen y la locura tienen cierta semejanza. En la jerga carcelaria. dan a los paseantes del patio el aspecto inquieto y huraño de los locos. Es lo mismo ver a los presos de la Conserjería en el patio que ver a los locos en el jardín de un manicomio.envenena la atmósfera y lo corrompe todo. estimula la castidad e inspira amores santos y nobles al joven que lo visita. pero que jamás son alegres ni serias. si ha confesado algo en interés de su propia vida. y dado que la vergüenza retiene en sus celdas a los pocos que hay. todo. sin embargo. gracias a elevadas recomendaciones. cuya voz habla tan fuerte a la conciencia. con sus figuras de cera representando deshonrosas enfermedades. Como la gente de las clases medias es allí la excepción. la vista de la Conserjería y del patio. Predominan las blusas y las chaquetas de pana. decorado con aquellos huéspedes destinados al presidio. acorde con las fisonomías vulgares o siniestras y con la brutalidad de los ademanes. Esta falta de seguridad. suscita el temor a la justicia humana en quienes pudieran no temer la justicia divina. que quiere seguir siendo ladrón toda su vida. La espera de una condena. significa ladrón notable. hasta el apretón de manos de dos amigos culpables. a las leyes del hampa. a pesar de todo. los paseantes habituales del patio llevan generalmente ropas de obreros. el cordero es un soplón que parece estar metido en un asunto muy comprometido y cuya habilidad proverbial consiste en hacerse pasar por amigo. intercambian miradas que a lo sumo son muy singulares. contribuye a llenar de terror o de asco a los escasos visitantes que. a la sinceridad de una conciencia pura.

Aquel cuya cabeza está en juego es el que tiene mayor ascendiente. La Pouraille. habían reconocido inmediatamente y habían dado a conocer a todo el patio la realeza siniestra del amigo destinado al patíbulo. Uno de estos presos. hacían de aquel preso objeto del terror y de la admiración de los demás. apodado el Auvernés. un jurado. en los que había vivido sucesivamente desde la edad de diecinueve años. como lo probaron las indagaciones policíacas. era una de las celebridades de los tres penales.Engañamuertes. allí se profesa mucho mejor que en la plaza del Panteón. igual que en la escuela. famoso ladrón cuyos robos jamás superaban la competencia del tribunal correccional. Los disfraces de este sinvergüenza eran tan perfectos. ahora se sabrá cómo y por qué. uno de sus discípulos. expresidiario. en elegir un presidente. allí reinan a la vez la fuerza física y la fuerza moral. Igual que en todas partes donde se reúnen algunos hombres. que tenían en su casa. pese a los acontecimientos de Julio de 1830. que durante cinco años había burlado las activísimas pesquisas de la policía al amparo de siete u ocho nombres distintos. no está de más describir a algunas de las principales figuras de esa terrible asamblea. antiguos campesinos y padres del notario. de cuarenta y cinco años de edad. El patio. y en juzgar el proceso. En la Conserjería. recibía el . Desde su salida de presidio. Tanto la certeza de que iba a ser condenado a muerte como su presunta fortuna —puesto que no se había encontrado un solo céntimo de la suma robada—. un reincidente llamado Sélerier. el tío Ralleau y el Lioso. como es de suponer. comparable en importancia con el robo de las medallas de la Biblioteca. el horrible asesinato del señor y de la señora Crottat. la criminalidad es el signo de aristocracia. La broma periódica consiste en repetir el drama de la sala de lo criminal. que había estado dos años en la cárcel con el nombre de Delsouq. Todavía se recuerda. junto con Louraille. ochocientos mil francos en oro. Otros dos presidiarios que habían sido transferidos de la Force a la Conserjería desde veinticuatro horas antes. un abogado. Uno de los autores de este doble asesinato era el célebre Dannepont. Esta desagradable farsa se representa casi siempre con ocasión de los crímenes famosos. como en los presidios. La Pouraille había cometido tres asesinatos. llamado La Pouraille. con cara de hurón. hombre delgado y de baja estatura. y que en la sociedad que en los penales se llama la alta hampa. En aquella época estaba al orden del día una importante causa criminal. el espanto que provocó en París aquel golpe tan audaz. un fiscal. conocía íntimamente a Jacques Collin. constituye una escuela de derecho penal. porque la desdichada tendencia de nuestra época a reducirlo todo a cifras hace que un asesinato sea tanto más impresionante cuanto mayor es la suma sustraída.

etc. su aparición entre sus enemigos. su lenguaje. La entrada de Jacques Collin en el patio. las apariciones. que le había atribuido (véase Papá Goriot) su detención en la casa Vauquer en 1819. en definitiva. así como a Dannepont con su apodo de La Pouraille. si se nos permite esta expresiva imagen tomada del arte dramático. a quien es preciso llamar Hilo de Seda. Unos pantalones son unos alares. y las extrañas escenas que iban a resultar de ello. debido a la habilidad con que se escabullía de los peligros del oficio. Sélerier. que había tenido que vérselas con la justicia desde su más tierna infancia. se ha pronunciado en suntuosas moradas y ha divertido a los príncipes. en los sótanos. las candilejas. de los asesinos. llamada la Infantería. Aquí se hace necesaria una digresión. El otro presidiario. a veces terribles. Estos salvajes no respetan la ley ni la religión. desde que existen grandes centros urbanos. puesto que no hay nada sagrado para el mundo del hampa. quizá. no respetan nada. llevaba el apodo de el Infantero. había infringido ya una orden de destierro y estaba implicado en varios robos cualificados. a veces ingeniosas. de los rateros. en las sentinas y en los terceros fosos de las sociedades. En esta jerga no se duerme. sobre todo. sus costumbres y. Para asombro.apodo de Hilo de Seda. de mucha gente. todo resultaría inadmisible e incomprensible sin algunas explicaciones sobre el mundo de los ladrones y de los penales. El Infantero era el macho de la Infantería. que habían de hacerle volver al penal al menos para veinte años. como puede verse. de que fuera a la vez uno de los miembros de la alta hampa y un confidente de la policía. llamado Riganson. un teatro? Los terceros fosos son el último de los sótanos que está bajo las tablas de la ópera y donde se hallan los artefactos mecánicos. los demonios azules que vomita el infierno. Digamos pues. cuya repugnante poesía es indispensable en esta parte de la narración. ¿No es el mundo. sino que se soma. que en los últimos tiempos ha pasado a la literatura con tanto éxito. tan cuidadosamente preparada por Bibi-Lupin y por el juez de instrucción. ni siquiera la historia natural. que más de una palabra de este extraño vocabulario ha manchado los rosados labios de alguna dama. formaba con su concubina. sobre sus leyes. cuya santa nomenclatura. ante todo. unas palabras sobre la lengua de los delincuentes. sin derramamiento de sangre. llegan a parodiar. Riganson. una de las más temibles parejas de la alta hampa. Todas las palabras de este lenguaje son imágenes brutales. era uno de los antiguos hombres de confianza de Engañamuertes. no hay lengua más enérgica y cromática que la de este mundo subterráneo que se agita. Adviértase con qué energía este . Engañamuertes tenía tales sospechas de que Hilo de Seda desempeñara un doble papel. los que los manejan.

que se llama Ladrón y que. Cuando se inventaron los billetes de banco. Inmediatamente. recibe el apelativo de naranja porcina. una remota antigüedad. Seguro que los presidiarios bautizarán algún día los billetes de cien o de doscientos francos con algún extraño nombre. sigue la civilización de cerca y se enriquece con nuevas expresiones a cada nuevo invento. creada y descubierta por Luis XVI y Parmentier. ¡Papiro! ¿No parece escucharse el ruido del papel de los billetes al arrugarse? El billete de mil francos es un papiro macho. en cuanto se siente a salvo. La patata. . calcorros (zapatos). examinaron este mecanismo situado en los confines monárquicos del antiguo sistema y junto a las fronteras de la nueva justicia y la llamaron de repente la Ermita de Sube de Malagana. la carne de presidio los bautizó en seguida como papiros garateados. ¡Y qué poesía! La paja es pluma de La Mancha. con el nombre de Garat. Una décima parte de sus palabras procede de la lengua románica y otra décima parte de las lenguas prerrománicas autóctonas. parecido al del animal salvaje que. ¿de qué modo comen las personas perseguidas? La jerga. Las palabras chapitel (cabeza).verbo expresa el sueño característico de esta bestia perseguida. ¿Qué es la expresión acostarse comparada con la de pellejarse. quienes se ocupan de lingüística deben realmente admirar la creación de tales espantosos vocablos. los exgaleotes. y para describir su acción hallaron el verbo oportuno: segar. mientras duerme y emite ronquidos. como hubiera dicho Charles Nodier. acechante. Limpiar un piltro significa desvalijar una habitación. cae y rueda por los abismos de un sueño profundo y necesario bajo las potentes alas de la Sospecha. embuciar (comer). En 1790 Guillotin descubrió. Es un dormir espantoso. por lo demás. los forzados. planeando siempre por encima de ella. el cajero que los firmaba. Hay que reconocerle a la jerga carcelaria. el artefacto expeditivo que resuelve todos los problemas suscitados por el suplicio de la pena de muerte. Si se piensa que el presidio recibe el nombre de banasto. y cica (bolsa) pertenecen a la lengua de muchos siglos atrás. Examinaron el ángulo descrito por la cuchilla de acero. beyes (naipes). Para indicar la medianoche se recurre a la siguiente perífrasis: son las doce de la capa. para servicio de la humanidad. fatigada. revestir otra piel? ¡Qué viveza de imágenes! Jugar al dominó quiere decir comer. y el de quinientos un papiro hembra. o sea. sorni (oro). mantiene sin embargo las orejas erguidas y atentas. Las sílabas del comienzo o del final de las palabras son ásperas y producen un singular asombro. por otra parte. Todo es feroz en este idioma. Una mujer es una ja. progresa sin cesar.

macho y hembra. la compañera y el consuelo del rufián. que constituyen otros tantos antagonismos. de los ladrones y de los asesinos. que traen por séquito a los comunistas y fourieristas. la policía. El mundo de las prostitutas. y tampoco se dedica a reclamar en utopías impresas ese consentimiento mutuo y esa estrecha alianza de las almas que es imposible generalizar. es lógico como un puñetazo. ha sido la protectora. ya que este nombre se compone de dos palabras griegas que significan: El que lo hace todo. Con el latrocinio y el comercio de mujeres públicas ocurre como en el teatro. En todas las épocas. tienen una población aproximada de sesenta a ochenta mil individuos. efectivamente. enrevesadas y nebulosas.. La prostitución y el robo son dos protestas vivientes. en las páginas de libros sofísticos.Por lo menos un centenar de palabras de esta jerga pertenecen a la lengua de PANURGE. No polemiza contra el matrimonio. sino que las suprime por las buenas. Otra observación. que aparece en la obra de los novelistas más antiguos. Asimismo sucede con los otros estados. la propiedad. La justicia. como Cervantes o el Aretino. ¡Y qué estilo tiene!. los humanitaristas. Para él robar es regresar a su lugar propio.. ni lo acusa de nada. del estado natural contra el estado social. otros tantos contrarios en la civilización. la gendarmería y la policía poseen un número de funcionarios casi igual: ¿no es esto extraño? Este antagonismo de gente que se busca y que se esquiva mutuamente constituye un duelo de enormes proporciones. igual que los del militar. En cada una de estás seis condiciones el individuo adquiere un carácter indeleble. simboliza al pueblo. sino que se aparea con una violencia cuyos eslabones son constantemente estrechados por el martillo de la necesidad. que. en cambio. del ladrón. Estos diagnósticos violentos. la ramera. Por eso los filósofos. extraños. El ladrón no pone en tela de juicio. Este mundo no puede ser desdeñado en la descripción de nuestras costumbres. las cárceles y los penales. heroína de tantas novelas antiguas. y que ha sido esbozado en este estudio. o novelas filantrópicas. el ladrón práctico. el clero y la gendarmería. El nombre que se da a la cabeza cuando aún está en su sitio —el chapitel— indica el antiguo origen de esta lengua. en la reproducción literal de nuestro estado social. entre varones y hembras. eminentemente dramático. es claro como un hecho. los actuales novadores. llegan sin sospecharlo a estas dos conclusiones: la prostitución y el robo. No puede ser más que lo que es. Los modernos novadores escriben teorías pastosas. Los estigmas del divino sacerdocio son inmutables. del ratero y del estafador. . la herencia y las garantías sociales. en la obra de Rabelais.

el instituto y la cámara de los pares de aquel pueblo. En su jerga. por la suavización de las penalidades y la estúpida indulgencia de los jurados. la flor y nata de la alta hampa. unas propiedades infalibles. Pasando por encima de las astucias y de los intentos de corrupción de la policía. Se conocían todos y se debían ayuda y socorro en caso de dificultad. entre 1815 y 1819. La alta hampa. que se está haciendo tan amenazador por la supresión de la marca con el hierro. París. ejército tan potente. tan hábil y tan frecuentemente vencedor. se estaban publicando unas memorias por parte de una famosa figura de la policía judicial en las que se indicaban el estado de fuerzas de esta sociedad y los nombres de sus miembros. fueron durante veintitantos años el tribunal de casación. un olor determinados. la célebre sociedad de los Diez Mil (véase Papá Goriot). llamada así por el convenio en virtud del cual jamás se podría emprender ningún asunto en el que hubiera menos de diez mil francos que ganar. su aristocracia. un color. los Pastourel. que para estos ambientes es su faubourg Saint-Germain. puesto que el departamento del Sena. que para sus enemigos el soplón y el gendarme son como la presa para el cazador: tienen determinados andares. ciertos ademanes. que reunió a los más famosos jefes de bandas y a algunos audaces que carecían entonces de medios de subsistencia. tanto hombres como mujeres. es el único punto de Francia donde pueden ocultarse estos desechados. el asesino y el expresidiario sean tan fácilmente reconocibles. el ladrón. que en él se contaban ladrones como los Levy. Por aquel tiempo. Todos los ladrones. Digamos aún unas palabras sobre la constitución de este mundo. en una asociación llamada de los Grandes Cofrades. para ellos. es como la selva virgen para las bestias feroces.particular y su santo y seña. en 1829 y 1830. todos tuvieron su constitución. hermano y compañero. la palabra cofrade quiere decir a la vez amigo. Los grandes Cofrades tuvieron todos una fortuna particular. dentro de veinte años. Efectivamente. hacen que la prostituta. Los Grandes Cofrades. con sus ciento cincuenta mil habitantes. En ellas podía leerse con espanto la lista de un ejército de genios. Estos duques y pares del presidio habían constituido. unos capitales en común y unas costumbres aparte. los |M sidiarios y los presos son cofrades. París se verá cercado por un ejercito de cuarenta mil expresidiarios. los Collonge y los Chimaux. en suma. un color de la piel. De ahí que las grandes figuras de los presidios posean esta profunda ciencia del disfraz. sui generis. cuyas edades oscilaban entre los cincuenta y los sesenta años y .singulares. se había reagrupado en 1816 a consecuencia de una paz que ponía en tela de juicio a tantas existencias. una mirada.

Primitivamente Bibi-Lupin. tienen que confiar sus fondos. análogamente a como la gente de la sociedad confía su dinero a un banco. al que el juez de instrucción había dado vía libre empujado por la necesidad de establecer la identidad de Jacques Collin. De ahí derivaban también ciertos compromisos entre Bibi-Lupin y sus antiguos compañeros que empezaban a preocupar a los magistrados.. que sigue escabullándose de todas las persecuciones de la policía gracias a sus disfraces de mujer respetable. Es fácil comprender este hecho aparentemente extraño. Salvo en casos excepcionales. la temible ja del Infantero. El amor excesivo que los arrastra hacia la mujer. Esta especie de Jacques Collin con faldas es la única mujer comparable con Asia. el jefe de la policía de seguridad había elegido muy hábilmente a sus auxiliares echando sobre el falso español a La Ponraille. los héroes del presidio. sino también de los Grandes Cofrades. Entre esta gente. Hilo de Seda y el Infantero. constitucionalmente según dicen los médicos. que obliga a . no se suele encontrar la suma robada. Los fastos judiciales y la crónica secreta del Palacio lo proclaman: ninguna pasión de mujer honesta. De ahí viene la ociosidad que domina su existencia. de sus asesinatos. Así pues. había formado parte de la aristocracia de los Grandes Cofrades. absorbe todas las fuerzas morjtí les y físicas de esos enérgicos hombres. De ahí el permanente encarnizamiento que mostraba aquel célebre jefe de la policía de seguridad contra Jacques Collin.cuya rebeldía contra la sociedad dura desde su infancia. efectivamente. supera la fuerza de los lazos que unen a la coima que comparte los peligros de los grandes criminales. Su traición provino de una herida que sufrió en su amor propio. se ven obligados a recurrir a la confianza y al talento. la pasión es casi siempre la razón primitiva de sus audaces empresas. como no pueden llevarse nada consigo al penal. tiene a alguna mujer abnegada. no sólo de la Sociedad de los Diez Mil. en su deseo de venganza. Como han reconocido las autoridades competentes. Cada uno de los héroes de presidio. Los condenados. ¡Qué señal de impotencia para la justicia representa la existencia de ladrones tan viejos! Jacques Collin era el cajero. siempre se había visto relegado ante la elevada inteligencia y la prodigiosa fuerza de Engañamuertes. los presidios siempre han tenido capitales. porque los excesos en el amo| exigen reposo y comida reparadores. igual que Hilo de Seda. el brazo derecho de Jacques Collin. Esta mujer. que sabe fingirse admirablemente marquesa o baronesa. tiene coche y criados. La Infantería. puesto que La Ponraille pertenecía a los Diez Mil. jefe de la policía de seguridad desde hacía diez años. ni siquiera la de la beata por su director espiritual. estaba en libertad.. De ahí el odio haci¿todo trabajo. y el Infantero era un Gran Cofrade.

Jacques Collin tenía casi la . es lo que hace impenetrables e irresolubles tantos procesos. si sé examina con lupa el corazón humano. la adoración de sus queridas. Esta abnegación de hembra fielmente acurrucada a la puerta de las prisiones. y unas cuentas bastante difíciles de establecer. es velar por su bienestar. En cuanto al Infantero. como se verá. Sin embargo. a las que esos generosos Medoros quieren obsequiar con joyas y vestidos. la prueba de esta afirmación de un modo palpable ei impresionante. El hurto lleva al asesinato. de por sí ya bastante violenta. Así se ganan esos monstruosos amantes. pues. y de vivir bien. la necesidad de vW vir. El cajero era el único que sabía cuántos asociados sobrevivían y cuál era la fortuna de cada uno de ellos. como ya es sabido. Hilo de Seda. Pues bien. es poca cosa comparada con las prodigalidades reclamadas por las compañeras. Ahí radica la fuerza. el cual. no le gustaban las mujeres y no amaba más que a Hilo de Seda. dedicada constantemente a contrarrestar las astucias de la instrucción y guardia incorruptible de los más oscuros secretos. si se acepta la explicación que da la Facultad de Medicina. En la jerga de estas mujeres. Burlando la vigilancia de sus compañeros y de la policía durante nueve años.esta gente a recurrir a medio? rápidos para lograr dinero. Cuando se hace la autopsia de un ejecutado siempre se halla. No estaba unido con nadie. se reconoce como seiri timiento casi natural en el hombre. pero también la debilidad de los criminales. guardarle fidelidad en todos los sentidos y hacer cualquier cosa por él. filósofo egoísta que robaba para hacerse una fortuna. equivale a dar todo su dinero al hombre enchironado. se parecía mucho a Paccard. que había huido con Prudence Servien y con la fortuna de setecientos cincuenta mil francos. La injuria más cruel que puede lanzar una prostituta a la cara de otra deshonrada es acusarla de infidelidad hacia un amante apiolado (encarcelado). Así es como se dirigen hacia el hurto. Cuando decidió alzarse con los fondos en provecho de Lucien. La Pouraille amaba con pasión a una mujer. tener probidad equivale a no faltar a ninguna de las leyes de esta unión. el secuaz de Jacques Collin. estas tres figuras de la alta hampa tenían cuentas que pedirle a Jacques Collin. La compañera desea un chai. En tales casos se considera que es una mujer sin corazón. y que se muestran siempre golosas y gustan de comer bien. debía su apodo a su unión con la Infantería. el amante lo roba y la mujer ve en este acto una prueba de amor. por otra parte. esos espantajos de la sociedad. Engañamuertes había tenido en cuenta en sus cálculos la especial mortalidad de sus mandatarios. y el asesinato lleva al amante de peldaño en peldaño hasta el patíbulo. El amor físico desenfrenado de tales hombres sería. el origen de las siete décimas partes de los crímenes.

uno de los acreedores de Jacques Collin. en el patio. no le quedaban más que noventa días de vida. a la policía y a sus auxiliares e incluso a los jueces instructores. alerta contra sí mismo. El vigilante quedó estupefacto al ver que no tenía que indicar al sacerdote español por dónde se iba al patio. Debido al profundo aislamiento en que se encuentra.: únicas salidas del patio. Jacques Collin. los presos. puesto que al estar la vista limitada por todas partes por unas murallas! altas y negruzcas. a La Pouraille. Jacques Collin podía librarse entonces. que enmarcó su figura. es la familiaridad con que se desenvuelven en las prisiones. los reincidentes conocen naturalmente sus usos. En aquellos momentos. había desempeñado admirablemente hasta entonces su papel de extranjera y de inocente. Como además poseía una suma superior a la que le guardaba su jefe." En el instante en que Engañamuertes apareció en la puerta de la atalaya. a los que ya han comido muchas alubias. los detenidos ven constantemente. que acababan de realizar sus adquisiciones en la mesa de piedra llamada de San Luis. reconocer a los perros viejos. "Bibi-Lupin tiene razón —dijo el vigilante para sus adentros—. la puerta que da acceso a los vigilantes. éste es un perro viejo. quizá. sin tardar. con unos cien mil francos. este jefe de los Grandes Cofrades no estaba sometido a ningún control. Esta comparación es de una exactitud matemática. la fortuna de los dos tercios de sus comitentes. están en su casa y no se sorprenden de nada. Aquel actor tan perfecto olvidó su papel y bajá por la escalera de la torre Bonbec como si fuera asiduo de la Conserjería. como se ha visto. La Pouraille había de mostrarse bastante acomodaticio. ya que la vida de fiera que llevan los presidiarios exige la mayor delicadeza entre la gente respetable de aquel mundo feroz. Los demás depositaban en él una confianza absoluta por necesidad. Sobre los cien mil escudos del delito. es decir. las ventanas del locutorio y las de la escalera de la torre Bonbec. se estaban dispersando por el patio. siempre demasiado angosto para ellos: todos a un tiempo vieroa al nuevo detenido. todo despierta la . Uno de los diagnósticos infalibles que permiten a los directores de prisión y a sus agentes. es Jacques Collin. Pero abatido por el dolor y aplastado por su doble muerte —porque durante aquella noche fatal había muerto dos veces— volvió a ser Jacques Collin. además. que. alegar pagos realizados a cofrades liquidados? Por último.certeza de heredar. sin necesidad de fijarse. según la carta de los Grandes Cofrades. parecen una araña situada en el centro de su telaraña. tanto en la Force como en la Conserjería. puesto que no hay nada que! iguale la certera mirada de los presos. ¿Acaso no podía.

de orgías con bebidas fuertes para celebrar los triunfos. cuando lo conduce detenido es una golondrina. —¡Vaya. su aburrimiento. en taludes. zapatos con hebillas plateadas. y cuando lo lleva al patíbulo es el húsar de la guillotina. Sélerier.atención y la curiosidad del preso. llamado el Auvernés. mates y duros. Es algún vendedor de cintas (la gendarmería de antaño) disfrazado que viene a por sus negocios. cualquier gendarme. en la calle o bajo puentes. sin someterse rígidamente al hábito eclesiástico. El gendarme tiene diversos nombres en la jerga: cuando persigue al ladrón es el vendedor de cintas. con sus secuelas de hambre y sed. habría reconocido su presa a treinta pasos de distancia si Hilo de Seda se hubiera mostrado al natural. medias negras. En ellas se leía la sorna. ¡Mala señal! ¡Un cuervol ¿Por qué habrá uno de esos pon aquí? —Es alguno de sus tinglados. El borde de cada cicatriz parecía reflejar su ingenio. Este profundo filósofo. pero competía con Jacques Collin en el arte del maquillaje y del disfraz. de noches al raso pasadas en muelles. cuyos ojales deshilachados dejaban yw el forro . el único que recibía de la alta hampa. por unos párpados grises. de corte claramente sacerdotal. desaliñado como un gran actor que no se cuida de su vestido más que en el teatro. que creía que el supuesto cura era un gendarme. No estál de más hacer notar que Jacques Collin. pese a las huellas de viruela que conservaban. chaleco negro y una especie de levita de color marrón. vaya! —dijo La Pouraille al Infantero—. algún soplón de nueva planta —contestó Hilo de Seda—. La vida de los criminales. multiplica su poder de atención. comparable al del tigre enjaulado del zoológico. Bajo su enorme cabeza lanzaban destellos unos pequeños ojos cubiertos. llamado el tío Ralleau. era un individuo de cinco pies y cuatro pulgadas. completado por el peculiar corte de peloil Jacques Collin llevaba una peluca superlativamente eclesiástica y de una gran naturalidad. Cualquier agente de policía. pero todo cuanto dicho parecido implicaba en cuanto a crueldad e incluso a ferocidad. En aquella ocasión "»o de Seda. de ahora en adelante se le nombrará únicamente con este último sobrenombre. tenía treinta nombres y otros tantos pasaportes. llevaba una especie oe chaqueta sin botones. Para concluir la descripción del patio quizá sea necesario retratar en pocas palabras a los otros dos cofrades. había impreso sobre su cara como una capa de barniz. llamado el Lioso y llamado por último Hilo de seda. A primera vista parecía un lobo por la anchura de sus mandíbulas de trazo vigoroso y pronunciado. era contrapesado por la astucia y vivacidad de sus rasgos. y sus músculos ofrecían extraños salientes. igual que los de las aves de presa. llevaba unos pantalones negros.

aunque estos dos expresidiarios tuvieran que volver a los pocos días al penal! El Infantero e Hilo de Seda iban a ser condenados a quince años por robos calificados (es decir. se informaba acerca de los diversos penales.— aunque tuvieran por delante veintidós años el uno y veintiséis el otro de trabajos forzados. el cual no conservaba ninguna esperanza. Hilo de Seda estaba terminando la instrucción de un muchacho que no había dado más que un golpe y que. cómplices. que reunían circunstancias agravantes). de pequeña estatura. guardaba su secreto. La Pouraille había eiH terrado doscientos cincuenta mil francos de oro. —Dime. Hilo de Seda y el Infantero hacían la corte a La Pouraille. de tez pálida. Así pues. no dejaban de llamarle el Canónigo. Su personalidad era conocida. amigos de La Pouraille. —Mira. y en la cabeza una gorra sin visera. Pero el miembro de los Diez Mil. no había revelado nada acerca de sus. debajo de la Pistola. muchacho —le decía sentenciosamente Hilo de Seda en el instante en que apareció Jacques Collin—. la parte que le correspondía del botín recogido en casa de los esposod Crottat. unos pantalones de algodón amarillo que se habían vuelto grises. condenado y ejecutado antes que pasaran cuatro meses. Es fácil imaginar por qué Hilo de Seda y el Infantero cortejaban a La Pouraille. veterano —dijo el joven. . Por eso Hilo de Sedé y el Infantero. esperaban ambos evadirse e ir a buscar el montónde oro de La Pouraille. ¡Qué magnífica herencia para dejarla a dos cofrades. llevaba también unas feas zapatillas verdes. Toulon y Rochefort. convencido de que sería condenado a diez añoS: de trabajos forzados. por debajo de la cual sobresalían las puntas de un viejo pedazo de madras deshilacliado y roto. asustaba poe ¡su fisonomía en la que predominaban todos— los síntomas da Ua organización propia de los animales carnívoros.blanco. El Infantero contrastaba plenamente con Hilo de Seda. con la curiosidad de un novicio. al margen de los diez años de una condena anterior que se habían tomado la libertad de interrumpir. he aquí la diferencia que hay entre Brest. Este asesina reincidente sabía que iba a ser juzgado. no le parecía útil transmitirlo mientra no le hubieran condenado. instructor de aquel espantoso caso. es decir. Este detenido. hijo de buena familia y acusado de falsificación. Como pertenecía a la alta sociedad del mundo del presidio. El terrible triunvirato estaba en lo alto del patio. Aquel célebre ladrón. grueso y fornida ágil. de ojos negros y hundidos. es decir. vestido cotilo un cocinero y con unas piernas muy arqueadas. había bajado de la celda contigua a la de Lucien. el señor Popinot. el canónigo de la ermita de Sube de Malagana. no pudo sacar nada de él.

es un perro viejo. puesto que se había evadido hacía ya ocho años. El peso de esta cadena. andaba con un paso tan lento y solemne que. y andaba lentamente. es tan grande que al cabo de un año confiere al presidiario un hábito incorregible en la manera de andar. hundiendo la cuchara en el plato. Engañamuertes. —No es un cuervo —dijo La Pouraille a Hilo de Seda—. el profundo filósofo se unió a La Pouraille y al Infantero. que siguen produciendo dolor. no imaginaba ser centro de todas las miradas y objeto de la atención general. que los presidiarios hayan estudiado tanto sus propias fisonomías y que conozcan ciertas costumbres que deben de escapar a sus enemigos sistemáticos los soplones. al tener que enviar a una pierna más fuerza que a la otra para tirar de estos antojos —tal es el nombre que se da en los penales a dicho herraje—. se pusieron a bajar por el patio al tiempo que Jacques Collin. por lo demás. gendarmes y comisarios de policía. en Brest. que está roblada a una anilla que rodea la parte superior de la espinilla.—Hijo mío —prosiguió Hilo de Seda—. Debido a ciertos tirones de los músculos maxilares de la mejilla . y en Rochefort nunca sacarás. el forzado sigue sintiendo sus antojos y jamás puede librarse de aquel vicio en su caminar. es necesario explicar aquí que todo presidiario está unido con otro mediante una cadena (siempre un joven y un viejo juntos). mirando la ventana fatal en la que Lucien de Rubempré se había ahorcado. Una vez dicho esto. cuando ya no lleva cadena. ocurre con este aparejo como con las piernas amputadas. El condenado. Los tres cofrades se colocaron de tal modo que cortaran el paso al sacerdote. aun cuando no ayuda a reconocer a un compañero. intrigados por el cuervo. en Toulon no sacarás hasta la quinta. subía en sentido contrario. En Engañamuertes el hábito se había debilitado mucho. los cuales. ya que en los penales están siempre en presencia los unos de los otros y no tienen a nadie más que observar. Más adelante. ¡Fíjate cómo tira la derecha! Como que no todos los lectores habrán tenido la ocurrencia de visitar un presidio. pero a consecuencia de su meditación absorbente. Este diagnóstico. a menos que seas un veterano. En la jerga de la policía se dice que tira la derecha. que conocen tanto los presidiarios como los policías. Se comprende fácilmente. las propias de un emperador destronado. no había dicho una palabra por los motivos que pronto se dirán. el joven falsificador. sacarás alubias a la tercera cucharada. adopta inevitablemente el hábito de este esfuerzo. quebrantado por el dolor. entregado a terribles reflexiones. completa por lo menos su identificación. ya que el vecino de Lucien. tenía que llamar la atención de un individuo tan bregado como La Pouraille. por débil que fuera aquel vicio en el andar. Ninguno de los presos conocía el acontecimiento.

los calabozos. jefe! ¿Te has hecho cuervo? —añadió La Pouraille. amigo? —dijo La Pouraille a Jacques Collin. . con un gesto de asco. cortó el paso al recién llegado. milord. que visitó todas las cárceles durante su estancia en París. Y junto con sus dos acólitos. "No llevo a Su Señoría a aquel local —dijo—. con los que iba cogido del brazo.." "¡Hao! —exclamó lord Durham—. —No bromeéis con un pobre sacerdote encerrado aquí por error —contestó maquinalmente Jacques Collin. Para dar una vaga idea del personaje al que los reclusos. —¡Oh. qué caradura! ¡Será una pérdida para la sociedad! —Sí. pues le querían mucho a ese trápala! —¿Qué haces por aquí. —¿Vas a darnos sonague? (vas a darnos dinero) —preguntó Hilo de Seda. los patios. Debe tener un plan. etc. Tiene su misma estatura. ¡Vaya chico simpático! ¡Qué habilidad.. —¡Si es nuestro jefe!. es Engañamuertes —dijo el Infantero. deseoso de conocer todos los detalles de la justicia francesa hizo montar al difunto verdugo Sansón la guillotina. ¡Sus jas deben de estar llorando a lágrima viva. pese a la certeza de Bibi-Lupin.izquierda. —Dicen que has murciado nuestros papiros (robado nuestro dinero) —dijo el Infantero con aire amenazador. los cabos de vara y los vigilantes llaman tía. la policía no se atrevía a creer en la identidad del conde Pontis de Sainte-Hélène con Coignard. que han de ejecutar dentro de poco. su misma corpulencia. y solicitó que se ejecutara a una ternera viva para darse cuenta claramente del funcionamiento de la máquina que se hizo famosa con la Revolución francesa. ya entiendo! —dijo Hilo de Seda—. Théodore Calvi está rosando (comiendo) sus últimos bocados —dijo el Infantero—. ¿qué habrá hecho? No se parece a lo que era. tras haber mostrado toda la cárcel. los talleres. —Es verdad... —¡Ah. bastará reproducir la brillante respuesta que dio el director de uno de los establecimientos penales al malogrado lord Durham. Este lord. El director. un presidiario que asistió a un desfile militar de la legión del Sena reconoció al teniente coronel de aquel cuerpo. porque es el barrio de las tías. que reconoció en seguida a sus tres compañeros. y dio lugar a su detención. vendrá a ver a su tía. Y ¿qué es eso?" "Es el tercer sexo.. el famoso Ooignard. señaló con el dedo un local. Pero." —¡Van a bochar a Théodore! —dijo La Pouraille—. —dijo Hilo de Seda al recibir de Jacques Collin una de esas miradas distraídas que dirige la persona hundida en la desesperación sobre todo cuanto le rodea. frotándose las manos —. Estas tres preguntas salieron como tres disparos.

Engañamuertes.—El sonido del cascabel es el mismo. sus piernas no le aguantaban. La bofia (policía) está ahí. no les había traicionado. el golpe montado por Bibi-Lupin fracasaba. —¡Théodore! —dijo Jacques Collin. Habían bastado dos palabras. Así pues. Además. mientras que Hilo de Seda corría hacia el vigilante que estaba de guardia en la puerta del rastrillo que conduce al locutorio. Aquel ademán y la vista de sus tres compañeros sacaron violentamente al jefe de su postración y le devolvieron a la vida real. vuestras jas y vuestro sonague (a vuestras mujeres y vuestro dinero). deja que caiga en la red. Estas dos palabras eran: vuestras jas y vuestro sonague. abarcó el patio entero con una mirada. Tuvo la presencia de espíritu de unir sus manos adoptando un aire de compunción. Estas palabras fueron pronunciadas con la unción de un saci—. lograba la sumisión y el respeto de los tres forzados. a vosotros. que si no os hundo a todos. el resumen de todos los afectos verdaderos del hombre. aunque el palmito (la cara) esté algo cambiado —dijo La Pouraille. El jefe. como decían algunos falsos hermanos. —¿No hay vientos (soplones) por aquí? ¡Abrid bien los columbres (los ojos) y fijaos! Haced como que no me conocéis. que al exterior era todopoderoso. —¿Acaso no te fías de nosotros? —dijo Hilo de Seda—. y Jacques Collin. seamos prudentes y tratadme como a un cuervo. Jacques Collin desfalleció. déme una silla para él. reprimiendo un movimiento y una exclamación. porque durante aquella noche fatal se había despeñado por los mundos espirituales e infinitos de los sentimientos buscando en ellos un camino nuevo. —No despiertes sospechas sobre tu jefe —dijo en voz baja Jacques Collin. vuestras mujeres y vuestro dinero. Estoy haciendo la comedia por un cofrade que está a punto de ir a la balanza (a la horca). la enorme fama de destreza y habilidad de su jefe . poniendo su mano sobre el hombro de Jacques Collin. La Pouraille y el Infantero sostuvieron respetuosamente al sacrilego Engañamuertes. con un tono profundo y amenazador bastante parecido al rugir de un león—. igual que Napoleón al ser reconocido por sus soldados. —Madeleine está listo para la balanza —añadió La Pouraille. de que el jefe seguía con la fortuna de los tres entre sus manos. a continuación. Aquella amenaza fue para los tres presidiarios indicio del poder supremo. y tuvo que ser sostenido por sus compañeros. Vienes a salvar a tu tía. —Aquel venerable sacerdote quisiera sentarse.dote que intenta convertir a unos desdichados. vio a los vigilantes bajo las arcadas y se los enseñó con sorna a sus tres compañeros.

que tenía cerca al señor Gault— que en esta cárcel hay un condenado a muerte. Verse metido en medio de esta gente que es la escoria de la sociedad. mandó que lo sentaran en una silla.. —Pues hoy mismo o mañana lo apiolan —dijo un detenido. Querido señor director. y se puso a examinarlo todo con su temible perspicacia. La audacia de Jacques Collin. y me encuentro con otra desgracia. Convertiré a esos desdichados. un cielo que les puede pertenecer a cambio de un arrepentimiento sincero y auténtico. Dios mío! —dijo Jacques Collin—. señalaré mi paso por aquí con actos de caridad cuya memoria perdurará.. Pero Dios no abandonará a su servidor.. que conservaba su disfraz incluso tras los cerrojos de la Conserjería. al notificársele el desfallecimiento del sacerdote español. —¡Ay! ¡El panadero (el diablo) me abandona! —exclamó Jacques Collin. fue personalmente al patio para espiarle.. mirando a su alrededor. —¡Ay. a las cuatro. ¡Ya no me quedan triunfos en esta baraja!.y —dijo Jacques Collin—. —Me han dicho —siguió Jacques Collin. y habían escuchado aquella plática pronunciada con unción evangélica. ya que en la cárcel la curiosidad es el único aguijón de esas almas marchitas. —A éste. —Estaba incomunicado desde hacía cuatro días y no sabía que Théodore estuviera tan cerca de la Ermita. tenía aturdidos a los tres criminales. —No sé lo que esto significa —dijo ingenuamente Jacques Collin. Unos veinte o treinta presos habían acudido y se habían agrupado detrás de los tres terribles forzados. cuyas feroces miradas habían logrado mantener a los curiosos a tres pies de distancia. le prestaríamos atención. señor Gault —dijo La Pouraille—. aunque lo hayan perdido todo sobre la tierra. todavía les queda un cielo por conquistar.. y que. que aumenta día a día debido al ejercicio de tales funciones y que se oculta tras una aparente indiferencia. . ¡Hay momentos en que el mundo puede más que nosotros! La Cigüeña (el Palacio de Justicia) acaba tragándoselo todo. El director de la Conserjería. —¡Pobre jefe! —dijo Hilo de Seda.. Había venido a salvar a un pobre muchacho que ayer se ahorcó.estimuló la curiosidad de los tres forzados. al sol. que les espera la vida eterna. desprendiéndose del sostén de sus dos compañeros e irguiéndose con un aire imponente—. qué palomo (simple) es! —dijo el jovencito que había estado consultando a Hilo de Seda acerca de las alubias. —¡Dios. entre criminales y asesinos. —En estos momentos le están leyendo la denegación de su recurso de gracia —dijo el señor Gault. aprenderán que tienen un alma.

con que los forzados y demás presos contemplaban a aquel sacerdote. —En su jerga —contestó el director— eso quiere decir la ejecución de la pena de muerte.. caballero! —siguió Engañamuertes—. aunque curioso. ¡Qué perra suerte! —Sólo los inocentes dejan correr asi la imaginación —dijo Jacques Collin—.. acababan de ponerlo en libertad cuando se suicidó. guardianes o quien usted crea oportuno. señor director. ¿Qué teme usted? Que me acompañen gendarmes. impresionado por el aire totalmente indiferente... según creyó observar el atento director.. y los autores del robo. Observe usted que el robo iba en perjuicio suyo. Si el escribano le está leyendo la denegación del recurso. —Aquel pobre muchacho seguramente no habrá podido soportar la idea de verse injuriado por un encarcelamiento injusto —respondió Engañamuertes. los abro.—¿Apiolar? —preguntó Jacques Collin. Yo quiebro los corazones. El sacrilego unió las manos con una expresión de amor desesperado que reflejaba un fervor divino. .. Y el director se marchó. ¡Deje que le pruebe lo que soy y lo que puedo hacer permitiéndome que haga despuntar el arrepentimiento en ese corazón endurecido! Dios me ha dado la facultad de decir ciertas palabras que producen unos grandes cambios. —¿Cómo se halla usted aquí. Este desgraciado ha rechazado persistentemente los auxilios de la religión. que son seguramente los criados.. todavía no han sido detenidos. cuya voz evangélica daba un peculiar encanto a su chapurreo de francés y español.. —¡Ay. —¿Y es a causa de ese robo por lo que se ahorcó aquel joven?. —¿De qué cantidad se trata? —preguntó el sutil y profundo Hilo de Seda. seguramente el verdugo recibirá pronto la orden de ejecución. —¡Ah... por un error! —contestó Jacques Collin. —¡Oh. señor cura? —preguntó el joven interlocutor de Hilo de Seda a Jacques Collin. Me han encontrado en la casa de una cortesana que acababa de ser objeto de un robo después de muerta. alzando los ojos al cielo. mirando de arriba abajo al hijo de buena familia—. —exclamó Jacques Collin. —Sí —dijo el joven—. Se ha comprobado que se había suicidado. —Ya miraré si el capellán de la prisión permite que le substituya usted — dijo el señor Gault. es un alma que hay que salvar!. cuyo simulacro de inocencia e ignorancia dejó admirados a sus tres cofrades.

.. estaba interesado en que Jacques Collin fuera persona honrada. —Si lo consigue —dijo el Infantero—. Querían meternos miedo por nuestros Juanes dorados (monedas de oro). —¡Él fue quien limpió el sótano de la muchacha! —dijo Hilo de Seda al oído del Infantero—. bebiendo y hurtando) —le replicó el Infantero. que buscaba a alguien de quien fiarse. pero sí pensaré que se ha fumado una pipa con el panadero (el diablo). —¿Bromeas.—exclamó Hilo de Seda.. porque de lo contrario me llevo al traidor conmigo al otro mundo. ¡qué vida me echaría con mi parte de sonague (de dinero) y los Juanes dorados que acabo de sepultar (el oro que acabo de esconder)! —¡Haz lo que te ordene! —dijo Hilo de Seda. Solamente para ver a aquel desdichado necesitaba desplegar una habilidad poco corriente. —Nunca dejará de ser el jefe de los grandes cofrades —contestó La Pouraille—. La Pouraille. —¡Has oído como gritaba: El panadero me abandona! —hizo notar Hilo de Seda. no es que vaya a creer que es el mismo coime del alto (Dios). si quieres seguir rozando. —¡Oh! —exclamó La Pouraille—. Que no lo traicione nadie. piando y mariscando (comiendo. aquella idea estaba ya dando vueltas en su cabeza. Incluso las personas menos inclinadas a sentir cualquier clase de simpatía por aquel extraño mundo pueden imaginar cuál era el estado de ánimo de Jacques Collin..—De setecientos cincuenta mil francos —respondió pausadamente Jacques Collin. ¡era un milagro! Sin embargo. —¡Que quede bien claro! —dijo La Pouraille—. el futuro cadáver del joven corso Théodore. Nuestro sonague no ha desaparecido. o qué? —repuso La Pouraille. —¡Serás palomo (tonto)! Puedes estar seguro que te darán la tristeza (la sentencia de muerte). —Apuesto cualquier cosa a que va a hundir al jefe de la Cigüeña (el procurador general). y que va a salvar a su tía —dijo Hijo de Seda.. Y en la cárcel es donde en mayor medida los deseos acaban convirtiéndose en convicciones. si quisiera salvarme la mechusa (la cabeza). pero salvarlo. mirando a su cofrade. situado entre el cadáver del ídolo al que había adorado una noche durante cinco horas y la cercana muerte de su antiguo compañero. Los tres presidiarios se miraron entre sí y se retiraron del grupo que formaban los presos alrededor del presunto eclesiástico. De modo que no tienes más remedio que recurrir a él si quieres seguir sobre tus pirámides (en vida). —¡Sería capaz!.

seguramente a causa del miedo perpetuo que les oprime el corazón. de licores y se entregan rabiosamente a los brazos de sus mujeres para recuperar su tranquilidad con el desgaste de sus fuerzas y para encontrar en el olvido de su razón el olvido de su crimen. les exige el empleo de toda su fuerza vital. que se muestran tan crueles debido a la nece— ¡sidad de suprimir testigos. esos gigantes de d treza y habilidad. Bibi-Lupin había logrado hacer confesar a un asesino de diecinueve años de edad convenciéndole de que jamás se ejecutaba a los menores. Tras el éxito de un golpe quedan en tal estado de postración. Una vez detenidos.. Salvo raras excepciones. —Pues puedes estar tranquilo —contestó Bibi-Lupin—. que se abandonan inmediatamente a excesos para ellos necesarios: se embriagan de vino. se vuelven estúpidos salvo cuando practican esos violentos actos de voluntad. que seguía creyendo. los ladrones y todos los que pueblan los presidios no son temibles como se piensa. Como sus facultades están siempre centradas en el robo y la ejecución de cualquier golpe.. que no se ejecutaba a los menores de edad. por la misma razón que una cantante o un bailarín caen rendidos después de un paso agotador o después de cantar uno de esos tremendos dúos que infligen al público los compositores modernos. —Sí. los malhechores están tan faltos de razón o tan oprimidos por el temor.. Cuando trasladaron a este muchacho a la Conserjería para el juicio. pierden la cabeza y tienen tanta necesidad de esperanza que creen en cualquier cosa. —¿Por qué?. quedan cegados. no hay cosa que no admitan. estos individuos son todos cobardes. Efectivamente. por absurda que sea. se desmoronó como un castillo de naipes. después de haberse rechazado el recurso. no tengo más que diecinueve años y medio —dijo el asesino con absoluta tranquilidad. es preciso hacer notar aquí que los asesinos.. Se vuelven extremadamente crédulos y caen en las trampas más elementales. En tal situación están a merced de la policía. El asesino. Un ejemplo aclarará hasta dónde llega la estupidez del criminal enchironado. que adoptan un comportamiento absolutamente infantil. y les exige además una agilidad mental concorde con sus aptitudes corporales y una atención abusiva. —Porque te ejecutarán dentro de tres días —repuso el jefe de la segundad. ya que sólo asesinan para eliminar pruebas (ésta es una de las razones alegadas por los defensor de la abolición de la pena de muerte). aquel agente terrible había ido a verle.Para entender lo que iba a intentar Jacques Collin. cuyas miradas y . —¿Estás seguro de no tener veinte años?. Estos seres... jamás tendrás veinte años. cuyos gestos. incluso después del juicio. —le preguntó.

que son fáciles de cazar cuando están ahitas. —Ninguno de ellos le ha reconocido —dijo el señor Gault—. sino que además quedan debilitados como una mujer que acabara de dar a lu Aunque en sus proyectos despliegan una energía pavorosa después de la hazaña se comportan como crios. En la cárcel estos hombres singulares muestran su virilidad con su disimulo y discreción. en su postración de esta noche. se asemejan a las bestias salvajes. desempeñaba el papel del hijo de buena familia acusado de falsificación. según me dijeron. El pobre clérigo. le admiraron al sospechar que era el dueño de los setecientos cincuenta mil francos robados y al verle tan tranquilo tras las rejas de la Conserjería. . desde que Jacques Collin había bajado de su celda. Ahora puede comprenderse por qué los tres presidiarios. Napolitas. que sólo suele ceder en el último instante. Una vez cometido el crimen. hechos de tela y estopa. y Napolitas. es el que iba encadenado junto con Jacques Collin. No había caído. agazapado contra una de las ventanas qu daban al patio. quisieron servirle. el cual. en lugar de perjudicar a su jefe. y creyeron que era capaz de tomarlos bajo s protección. el corso.cuyos se tidos están aguzados como entre los salvajes. sólo se compo tan como héroes en el teatro de sus hazañas. al que no conocía ninguno de los detenidos en aquel momento en la Conserjería. —¡Ahí tenemos un último recurso! —exclamó Bibi-Lupin—. Jacques Collin le hacía en la cangrí unos pegotes muy bien hechos. En cuanto el señor Gault hubo dejado al falso español regresó por el locutorio a su escribanía y fue a reunirse con Bibi-Lupin. no ha dicho una sola palabra que pueda hacer pensar que bajo su sotana se oculta Jacques Collin.. puesto que están tan aturdidos por la necesidad de ocultar el producto de su roi como oprimidos se hallaban por la miseria. no ha oído nada. que los vigila a todos. reciben el nombre de pegotes en los penales. En suma. lo contemplaba todo por una mirilla desde hacía veinte minutos. cuando ya están quebrantados y deshechos por la duración del arresto. —Por último solicita que se le permita confesar al condenado a muerte — repuso el director. —Esto demuestra que conoce bien las cárceles —contestó el jefe de la policía de seguridad. no sólo comienzan sus apuros. Estos tampones.. el secretario de Bibi-Lupin. Théodore Calvi. Los presidiarios se fabrican una especie de tampones que se colocan bajo la anilla de hierro para amortiguar la presión de los antojos sobre sus tobillos y empeines.

son las ocho y media. no tengo nada que temer. comprendo que el procurador general este dudando. La soledad es el . La poesía se ha apoderado de es: tema social. si es Jacques Collin. La poesía se ha mostrado sublime. Los hombres sustraídos por la justicia del mundo de los vivos pertenecen al Ministerio fiscal. voy a disfrazarme de gendarme y presenciaré la entrevista. el padre Sauteloup acaba de leerle la denegación del recurso y el señor Sansón espera en la sala la orden del ministerio fiscal. ya están a punto los húsares de la viuda (otro nombre del espantoso mecanismo) —respondió Bibi-Lupin—. —Es un corso de verdad —repuso el señor Gaul—. No se trata de zapatos que dañan los pies. El Ministerio fiscal abandona al condenado a sí mismo. no depende de nadie más que su propia conciencia. pero se equivoca. el muchacho siempre se ha declarado inocente. y si es un cura. y respondo de todo. —¡Coeur-la-Virole! —Bien. le reconozca e intente estrangularle? —preguntó el director de la Conserjería a Bibi-Lupin. se había dado cuenta de los terribles recursos que ofrece la soledad a la justicia contra los remordimientos. pero en este caso la realidad es suficientemente terrible para poder competir con! el lirismo. Las últimas palabras del director de la Conserjería al jefe de la policía de seguridad resumían la sombría historia de los condenados a muerte. no hará nada por lo que puedan condenarle a muerte. llevaré un sable —respondió el jefe—. sino de una tortura encubierta y. y con un compañero (un cordero) del que debe desconfiar. los escucharé. —Si voy vestido de gendarme. si es Jacques Collin. Desde la abolición de la tortura.—¿Quién vigila al condenado? —preguntó Bibi-Lupin al señor Gault. —Sí. La bondadosa filantropía moderna cree haber adivinado la atrocidad del suplicio del aislamiento. ni de estirar los miembros del reo mediante máquinas espantosas. el Ministerio fiscal. El Ministerio fiscal es soberano. es para hoy. ni de llenar el estómago de agua. —¿No teme usted que. la prosa no tiene más recurso que la realidad. además. por así decir. no ha dicho una sola palabra y lo ha resistido todo. La vida del condenado a muerte que no ha confesado sus crímenes o que no ha entregado a sus cómplices queda entregada a horrendas torturas. movido por el deseo muy natural de tranquilizar las conciencias tan delicadas de los jurados. muy propio para sobrecoger la imaginación: el! condenado a muerte. No obstante. negativa. y a mi parecer jamás se han reunido pruebas convincentes contra él. La prisión pertenece al Ministerio fisc: que es su dueño absoluto. —No hay tiempo que perder —dijo entonces el señor Gault—. lo deja en las tinieblas y el silencio.

hijas del mundo del espíritu. impide toda acción con las manos. animada por el soplo y por la voz de Dios. Tal siniestra situación. El tragaluz. enmarcado por cuatro gruesas paredes. El cuerpo se eleva al infinito mediante el sistema nervioso. como es sabido. Se entra por la primera puerta que se halla en el largo pasillo oscuro en que se hunde la mirada cuando se está en el centro de la gran sala abovedada del rastrillo. El cuarto es iluminado por un tragaluz dotado de una formidable reja que apenas se advierte al entrar en la Conserjería. Esta colocación explica por qué este cuarto. antes de la Revolución de Julio. será descrita oportunamente en la COMEDIA HUMANA. quizá baste para dejar entrever el horror de los últimos días de un reo. la naturaleza moral del hombre la teme tanto como su naturaleza física. toda de piedra tallada y flanqueada al otro extremo por el grueso muro de siete u ocho pies de espesor que sostiene una parte de la inmensa sala de los Pasos Perdidos. cuando se trata de una dinastía o del Estado. tan cercanos al paraíso. única salida al exterior. la soledad es a la tortura como lo moral a lo físico. Además. En la Conserjería. al lado de la reja del rastrillo. había el cuarto del condenado a muerte. La soledad sólo es habitable por el genio. por un pie se le encadena a su litera. Es imposible cualquier evasión. Este cuarto. que la ve iluminada por la luz del cielo. igual que el espíritu mediante el pensamiento. en los anales del Ministerio fiscal de París se registran los criminales que no confiesan. vigilado por los gendarmes de facción en la puerta exterior de la Conserjería. por . o por el contemplador de las obras divinas. adosado a la escribanía. da al primer patio. Excepción hecha de estos tipos de hombre. el Ministerio fiscal mantenía al condenado a muerte. porque está en el pequeño espacio que queda entre la ventana de la escribanía. Ahora la descripción de la caja de piedra en la que. El pasillo. se destinó a tan siniestra y fúnebre utilización cuando se procedió a diversos cambios en la Conserjería. durante la Restauración.vacío. situado a una altura de nueve pies por encima de las losas. Equivale al sufrimiento multiplicado por el infinito. que sigue existiendo actualmente. que toma unas proporciones enormes en determinados casos. al criminal condenado a muerte le ponen en seguida una camisa de fuerza que. desemboca frente a la estufa. Entre la soledad y la tortura hay la misma dife rencia que entre la enfermedad nerviosa y la enfermedad quirúrgica. Por eso. No hay fuerza humana que pueda quebrantar aquellas gruesas paredes. donde siempre están agrupados gendarmes y vigilantes. adosado como un armario al fondo del patio de entrada. que la llena con sus ideas. como por ejemplo en política. está separado de ella por una gruesa pared. que lleva a las celdas de incomunicación y al sector de las mujeres. y el alojamiento del escribano de la Conserjería.

Saint-Germain y las lomas de Sartrouville y de Argenteuil. la anciana lo había querido guardar todo en su casa. pese a que este cuarto haya quedado inutilizado desde hace dieciséis años a consecuencia de los cambios adoptados en París en la ejecución de las decisiones de la justicia. Una pobre viuda de Nanterre. como se lo aconsejaba el notario del comerciante de vinos de quien los había heredado. y su iluminación es tan débil que apenas se ve nada. el incierto tema que tanta inquietud causaba en aquellos momentos a los jurados del juicio al que había comparecido Théodore Calvi. y además desconfiaba de todo el mundo en toda clase de negocios. No es posible hacer largas digresiones cerca del desenlace de esta escena. He aquí el singular proceso criminal en que el corso se había ganado su condena a muerte. especie de columna vertebral que mediante su horrenda influencia sirve de hilo conductor. el señor de Grandville llevaba este asunto entre manos y suspendía día tras día la orden de ejecución. aquel corso de veintisiete años. y dígase si no es para volverse loco. En lugar de ingresar en París los tres mil francos. tiene a un cordero para servirle y guardarle. como ya es sabido. El suelo de la habitación es de gruesas losas de piedra. igual que la mayoría de gente del pueblo y que la mayoría de campesinos. que ha alcanzado ya tal extensión y que no ofrece más interés que el que rodea a Jacques Collin. desde hacía un par de meses. desde que ocho días antes el tribunal de casación había rechazado el recurso del criminal. Esta parte subía a tres mil francos. un reloj de oro y algo de ropa. la acción de aquel calabozo y la cháchara capciosa del cordero. una docena de cubiertos. entre Papá Goriot e Ilusiones perdidas. agravado por la inacción y la inmovilidad que produce la camisa de fuerza! Théodore Calvi. cuya casa estaba aislada y que se hallaba. jamás se había visto con tanto dinero propio. Es imposible no sentirse helado hasta los huesos al entrar allí. resistía sin embargo. y entre Ilusiones perdidas y este Estudio.último. por otra parte. una cadena. en el silencio y las tinieblas. En primer lugar. por el afán de tranquilizar a los jurados gracias a una confesión del condenado en el umbral mismo de la muerte. Aunque el caso sea sorprendente. envuelto en los velos de una discreción absoluta. en el centro de la estéril llanura que se extiende entre el Mont-Valérien. Después de largas conversaciones con un comerciante de . Contémplese al criminal en compañía de sus remordimientos. incluso hoy en día. La imaginación del lector puede completar. había sido asesinada y desvalijada pocos días después de haber recibido su parte de una herencia inesperada. por así decir. ¡Qué solidez han de tener los que resisten este régimen. el análisis será muy somero. Por eso.

El difunto sabía que allí estaba solo. Casi siempre es algo así como la choza del salvaje civilizado. en medio de un campo raso. La casa consistía en una planta baja y un primer piso. y otro pequeño pasaba la noche en la casa. El precio de la venta de la cantera había permitido liquidar las deudas del cantero. puertas. la mujer se limitaba a cortar las escasas hierbas y legumbres que aquel suelo pedregoso dejaba crecer. ni carretero ni canteros asalariados. a los que el difunto encargaba toda clase de trabajos. El único haber de la viuda fue esta casa desierta. persianas. los había transportado con los carros cuando volvían vacíos. La puerta de entrada era de una solidez notable. encima del cual había varias buhardillas. la mujer se sentía muy dichosa en Saint-Germain con los setecientos u ochocientos francos de rentas vitalicias que creía poder sacar de sus ocho mil francos. Una sólida reja servía de puerta. Las ventanas.vinos de Nanterre. fruto de su trabajo. cantero y constructor de aquella vivienda. y los materiales más importantes de su casa. porque se negaba a entregar su dinero para la renta vitalicia . y ¡vaya campo! Su clientela estaba constituida por los principales maestros de obras de París. de obsequios bien escogidos. toda la carpintería. Como ya no tenían ningún mozo para la cuadra. el jardín ya no se cultivaba. que tenía en su parte delantera un patio bastante grande donde se hallaban las cuadras. era una de esas míseras viviendas que se construyen los pequeños cultivadores de los alrededores de París. la mujer del cantero vivía en esta casa con una única sirvienta. rejas. que tenía un jardín cercado con una fea empalizada. habían sido empleados apresuradamente y sin ninguna idea arquitectónica. estaba protegida por muros en la parte que daba al camino. muerto dos años antes. La casa. a vender su casa de Nanterre y a irse a vivir a Saint-Germain. En la cuadra vivían algunos perros guardianes. muy abundantes en Nanterre. Si había de elegir entre dos armazones. donde criaba gallinas y vacas y vendía los huevos y la leche en Nanterre. Una vez viuda y sin hijos. procedía de depredaciones autorizadas. como suele verse por los alrededores de París. En los derribos de París elegía lo que le convenía a muy bajo precio. Como el valor de la casa y el dinero de la herencia podían producir de siete a ocho mil francos. El esposo de aquella mujer. pariente suyo y del otro comerciante difunto. Había tenido ya varias entrevistas con el notario de Saint-Germain. Detrás de ésta había un jardín de una hectárea aproximadamente. edificada a quinientos metros de su cantera. El yeso y el mampuesto. había puesto barrotes de hierro muy sólidos en todas las ventanas. cuyo suelo está cubierto de canteras explotadas al aire libre. elegía el mejor. La casa en que vivía. la viuda se había decidido a invertir la suma en una renta vitalicia.

El señor Popinot. También en esta parte la llave estaba en la cerradura. la puerta tenía un montante con tres barrotes de hierro intactos. todo estaba cerrado. En estas circunstancias. de Bibi-Lupin. la puerta de entrada de la casa y las persianas. los gendarmes y Bibi-Lupin encontraron a la viuda Pigeau estrangulada en su cama y a la sirvienta estrangulada en la suya. El drama. que se quedó durante un día entero para vigilarlo todo. Las empalizadas que rodeaban el jardín fueron examinadas: no había nada estropeado. llegó de París en compañía del procurador del rey. La policía. así como los cubiertos y las joyas. como también los del perro pequeño y de otro grande que guardaba el corral. lo olvida todo. hizo una diligencia ocular. Dios sabe qué interés y curiosidad suscitó aquella extraña aventura en París. No había sido forzado ni uno solo de los barrotes de hierro. Tres días más tarde. que tiene cada mañana nuevos dramas para devorar. La llave estaba en la cerradura de la puerta de entrada. Al entrar en las habitaciones del primer piso. de modo que era imposible que hubieran dado acceso a nadie. En el jardín los senderos no tenían ninguna huella de pasos. igual que en la puerta de entrada del lado del patio. ambas mediante sus respectivos pañuelos. Ni la reja del patio ni la puerta de entrada de la casa tenían rastro alguno de fractura. no olvida nada. Una vez comprobadas del todo estas imposibilidades por parte del señor Popinot. pero. Tres meses después de aquellas infructuosas pesquisas. ¿cómo habría podido introducirse en la casa? En la parte del jardín. una prostituta que había alertado a los— agentes de Bibi-Lupin con sus despilfarros y que era objeto de vigilancia debido a sus tratos con algunos . aquel asesinato llegó a convertirse en un problema espantoso en el que tanto la política como la justicia iban a salir perdiendo. Los tres mil francos habían desaparecido. Los cerrojos. y he aquí lo que se halló. juez instructor. la justicia. Los dos cuerpos estaban en putrefacción. que se lo pedía. La reja del patio. los remates. por dentro. Por otra parte. las persianas y todos los cierres estaban intactos. un día dejaron de ver a la viuda Pigeau y a su sirvienta. Las chimeneas de barro cocido no ofrecían ninguna salida practicable. enteros y sin estropear. del propio procurador del rey y del sargento de la comisaría de Nanterre. pero París. Los muros no presentaban ninguna huella que permitiera adivinar la presencia de los malhechores. había ocurrido durante el invierno de 1828 a 1829. en cambio. no acusaban ninguna violencia. advertida de la situación. publicado por la Gaceta de los Tribunales. El juez de instrucción juzgó probable que el asesino hubiera andado por la hierba para no dejar huellas. de haberse introducido por allí.al comerciante de vinos de Nanterre. los magistrados.

Con tan pocos elementos. No se pudo sacar nada más del expresidiario. obligado por la miseria a vender aquellos objetos. Aquel joven fue sometido a la vigilancia de los espías. los cuales resultaban ser los objetos robados. implicada en el proceso. que era tío de la viuda Pígeau. llamado Madeleine. aquel reloj y aquellas joyas. el reloj y la cadena de oro. Calvi jamás se desmintió. un reloj y una cadena de oro. En el momento en que el chatarrero del patio Saint-Guillaume estaba contando el dinero d% Théodore. y que la mujer que le había proporcionado aquellos objetos tan comprometedores era la esposa del comerciante. había gastado. según él. detuvo a Théodore y se incautó de los objetos. que lograron verle e identificarle con un presidiario evadido. con su silencio y su firmeza. irrumpió la policía. En seguida fueron puestos en guardia todos los comisionistas del Monte de Piedad y todos los encubridores de París. que están a la vez al servicio de la policía y de los ladrones. a las diez y media de la noche. el cual. pero tras ocho días de detención y de una investigación escrupulosa. Echaron sobre Théodore a uno de esos encubridores de doble faz. Pronto se supo que Manon la Rubia estaba locamente enamorada de un joven al que no era fácil ver. que prometió a Théodore comprarle los cubiertos. había querido deshacerse de ellos mediante una persona no comprometida. La amiga se negó. El hecho llegó a oídos de Bibi-Lupin. le vendió la cubertería y las joyas. quiso que una amiga suya empeñara doce cubiertos. El desdichado pariente de la viuda Pigeau y su esposa fueron detenidos. supo llegar a hacer creer a la justicia que el vendedor de vinos de Nanterre era quien había cometido el crimen. Como la concubina de Calvi. el célebre héroe de las vendettas corsas. Por último. unos mil francos desde que se cometió el crimen hasta el . era imposible obtener una condena a muerte por parte del Ministerio fiscal. quedó establecido que ni el marido ni la mujer habían abandonado el establecimiento en la época del crimen. las noticias del asesinato cometido en Nanterre le hizo ver el peligro de poseer aquellos cubiertos. Nunca se contradijo: dijo que una mujer del campo le había vendido aquellos objetos en Argenteuil y que. que se había disfrazado de mujer. que se acordó de los doce cubiertos. del reloj y de la cadena de oro robados en Nanterre. el guapo Théodore Calvi. La instrucción comenzó inmediatamente. como se demostró. Misterio tras misterio. Calvi no reconoció a la esposa del comerciante de vinos como la mujer que. tras haberlos comprado.ladrones. decía. porque parecía sordo a todas las pruebas de amor de la rubia Manon. como pudo comprobarse al hacerse el inventario de bienes al morir el comerciante de vinos de París. y Bibi-Lupin sometió a Manon la Rubia a un tremendo espionaje. Además.

había trabajado de peón albañil. las horas valen siglos. El fiscal creía que existían cómplices. y. aunque agobiado por la fatiga y los dolores. En una mañana como ésta. en las construcciones modernas. que acababa de pasar toda la noche en casa de los Sérizy. Como aquel asesinato era el decimoctavo cometido por Théodore. para ver si habría podido introducirse por las chimeneas. por otra parte. comparándola con la del cuerpo de Manon la Rabia. Tras hablar unos instantes con el director. el señor de Grandville cogió la orden de ejecución a su abogado general y se la entregó a Gault. a no ser que surjan circunstancias extraordinarias que usted mismo apreciará. donde halló al primer abogado general charlando con el señor de Grandville. en cambio ella y su marido sí le reconocieron. estas pruebas parecieron suficientes para mandar a la sala de lo criminal al forzado y a su concubina. puesto que pareció ser el autor de aquel crimen cometido con tanta habilidad. se sentía obligado a estar algunas horas en su gabinete con motivo de aquella importante ejecución. de modo que le queda una hora. —Que se proceda a la ejecución —dijo—. El señor de Grandville. como ya se ha indicado. Se midió la anchura de los tubos. Corentin y Peyrade. que Théodore había estado en Nanterre durante un mes aproximadamente. las anchas chimeneas de antaño. que debió de estar preparando el crimen durante un mes. El capellán de la prisión. Que le corten el cabello si hace falta. Engañamuertes. De no ser por aquel misterio singular e irritante. siempre iba sucio de yeso y mal vestido. Se puede retrasar el montaje del patíbulo hasta las diez y media. y caben muchos acontecimientos en un siglo. había fracasado totalmente. si no hay . fue condenado a muerte. trataba de olvidar en la medida de lo posible a los amigos y a todo lo que tenía alguna relación con el Palacio de Justicia. que entonces estaba preocupado por su lucha con Contenson. gracias a numerosos testigos.momento en que Calvi quiso empeñar la cubertería y las alhajas. En Nanterre todos suponían unos dieciocho años al muchacho. con la orden de ejecución en la mano. Temía cualquier encuentro cara a cara con algún cofrade que le habría pedido cuentas imposibles de justificar. ya que los médicos no se atrevían todavía a afirmar que la condesa no perdería la razón. Si bien él no reconoció a la vendedora de vinos de Nanterre. Este asunto y el nombre de Calvi pasaron inadvertidos a Jacques Collin. No deje que crea en ninguna prórroga más. El director de la Conserjería fue inmediatamente al gabinete del procurador general. pero ni un niño de seis años habría podido pasar por los tubos de barro cocido que sustituyen. confío en su prudencia. Théodore habría sido ejecutado una semana antes. La instrucción había establecido.

—¡No. los presos se miraron unos a otros al oírlo pronunciar.. Es una lástima diñarla a su edad. —¡Pobre Théodore!. pero no permitió al supuesto