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Pedro Landestoy - El Quijote oculto

Pedro Landestoy - El Quijote oculto

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EL QUIJOTE
OCULTO
(La Cueva de Montesinos Develada)
Pedro Landestoy Garrido
y Pedro Landestoy Duluc
Derechos Reservados conformea la ley
por Pedro R. LandestoyDuluc
Copyright 1982
by Pedro R. Landestoy Duluc.
PortQc/Q: Rachil Morales
ImpresIón:
EdltOf'Q Alffl Y Omega
José Contreras No. 69. Tels. 532-55-77178
SentoDomIngo, RepúbllCD Domtntcan«
EdicIónQ cargo de
EnrIqueEusebio
Título Orlglf1Ql:
EL QUIJOTEOCULTO
Reconocimiento y agradecimiento público a los señores:
Enrique Eusebio, Catedrático de la
Universidad Autónoma de Santo Do-
mingo, por su valiosa ayuda.
Al Fráter Deltrinosolis, por su asesora-
miento en asuntos masónicos.
5
ACLARACION
El cincuenta y cinco o sesenta por ciento de esta obra fue
escrito por mi padre el Dr. Pedro T. Landestoy Garrido hace
unos treinta y cinco o cuarenta años. Me ha tocado la labor
de recopilarla, actualizarla y completarla.
Adolece este libro de algunos errores bibliográficos co-
metidos por razones totalmente ajenas a mi voluntad. Por
ejemplo, las dos primeras citas de La Odisea están extra idas
de la traducción en verso directa del griego, hecha por O. Fe·
derico Baráibar y Zumárraga, publicada en Madrid en 1916
por la librería de Perlado, Páez y Ca. Las otras citas de la mis-
ma obra han sido hechas en prosa de traducciones más
modernas. El primer tomo en verso de la edición ya mencio-
nada, se ha perdido en el transcurso de los años desde la
muerte de mi padre acaecida en 1965. Lo mismo ha sucedi-
do con algunos otros libros citados aquí como El Libro de
Abrahan el Judío, El Libro de Las Tres Palabras, Spinoza y
otros, y de los cuales no se ofrecen los datos bibliográficos
correspondientes. Pido, plJes, las más sentidas discu lpas al
lector por tan enojosos inconvenientes.
Pedro Landestoy Ouluc.
7
PROLOGO
Me pregunto si los cervantistas que negaron la existencia
de un mensaje ocultista en la narración de cuanto habla y
ocurrió en la Cueva de Montesinos no trataron de emular a
los leales de aquellos faraones que se cortaban la lengua en
prenda del silencio con que debían guardaralgún secreto que
les fuera confiado por su rey.
6i hombres como Unamuno, JosA Marra Asencio, Angel
Ganivet y otros no menos ilustrados, hubieran develado el
mensaje esotérico de la Cueva de Montesinos, El Quijote no
fuera la piedra angular de la literatura castellana. E1catoli-
cisma, estereotipado por la Inquisición en la mentalidad del
español de otrora, hubiera reducido El Quijote a lacategoría
de un libraco de magia negra.
Los cervantistas debieron temer que su propia exposición
de cuanto ocultista había en El Quijote los arrastraría. a Cer-
vantes y a ellos mismos, a la peligrosa situación de ser conü-
derados herejes, con las ignominiosas consecuencias que tal
calificación hubiera significado para ellos y para la propia
Obra Cumbre, cuyo valor y prestigio era un deber preservar.
ll1 cleresraque censurarla la exlgesis cervantirul no conta-
ba ya con la hoguera, pero no era menos fanática y sí más
perspicaz. Sus veredictos condenatorios no termmaban en la
inmolación, pero sr en una proscripción que en muchos casos
9
resultó tan inconfortable con.: la destrucción del cuerpo físi-
co por el fuego.
No entrada a considerar si Unamuno estaba o no en con-
diciones de hacer exposiciones de corte ocultista. Sí estoy
seguro que el Presidente del Consejo de Instrucción Pública
creía en el esptritu yen la fe como vehículos de identifica-
ción con lo Divino. Sin embargo, su creencia no podte ser
como la del español común que creía por imposición o por
fetichismo. Unamuno, el filósofo, sab/a que la existencia del
esptritu y de lo Divino no podre ser explicada por los silogis-
mos ni por los principios de las cosas que enseñaba Sócrates.
Terue que saber el Rector de la Universidad salmantina
que una percepción cabal de la existencia del espúitu, el lado
oculto del hombre, no estaba al alcance sino de aquellos que
hablan desarrollado una visión diferente de lo sensorial. La
inspiración que encumbra hacia lo Esencial, hacia la Fuente
de todas las facultades, es de un orden que sobrepasa los pIa-
nos burdos de la existencia material. Unamuno, al igual que
otros cervantistas, sabla, o tenre que saber, que los estudios
y prácticas esotéricas que llevaban al estudioso seglar a un en-
tendimiento de las cosas extra-sensoriales, sólo eran facilita-
dos dentro de las logias y escuelas de la mesonerte:
EI sugerir siquiera Unamuno que Cervantes, el héroe
que perdió su mano izquierda defendiendo los ideales de
la Santa Liga, fuera un masón, hubiera tenido una resonancia
similar a la que cuatro siglos antes tuvo la quema de la Bula
con que se excomulgó a Lutero.
Cervantes ha sido el meximo exponente del pensamiento
de nuestra lengua cual fueron Shakespeare, Goethe y Dante
en sus lenguas respectivas. ¿Podría estar limitado el pensa-
miento de Cervantes, como no lo estuvo el de los otros expo-
nentes de la cultura de sus pueblos, de forma que estuviera
10
vedado por el conocimiento esotérico que se enseñaba en las
logias?
El Quijote Oculto abre una nueva escuela, si así se l/ama a
cada campo del estudio que laexégesis de El Quijote creadesde
cada Ingulo del saber humano. Las Cartas a Fabricio move-
rán a una nueva reevaluación integral de El Quijota Porque el
mensaje de La Cueva de Montesinos, expuesto al sol por El
Quijote Oculto, moveré a los esoteristas a una nueva búsque-
da, esta vez con la lámpara que enciende este libro.
Los masones no nbs quedamos atrás. La Cueva de Mon-
tesinos, vista ahora con la lumbre de El Quijote Oculto, nos
está diciendo cosas. ..
Dr. Rafael Robles Inocencia
11
INTRODUCCION
Séame permitido a modo de preámbulo, una especie de
alegoría, de parábola, o comparación, como queramos lla-
marla, que nos dará una idea siquiera esquemática de lo que
llamamos el orden del mundo.
He aqu í pues, un árbol quo luce en la pradera. Cuando
nos referimos a él hablamos por lo regular de las ramas y los
ramos, del follaje, de las flores y los frutos; en una palabra,
nuestra descripción se atiende a la porción de árbol que, por
encontrarse por encima de la superficie terrestre cae directa-
mente bajo la sensibilidad de nuestros sentidos carnales, y
por lo mismo, no tomamos en cuenta su parte esencial; la que
lo nutre, la que lo sostiene y lo mantiene, y que lo reproduce
en el caso de que algún accidente, como la descarga eléctri-
ca o el hacha del leñador lo desgaje. Me estoy refiriendo cla-
ramente a la raíz.
Cuando admiramos la fertilidad, o la corpulencia, o la
frondosidad, o el verdor del árbol, ignoramos un poco su por-
ción esencial porque permanece oculta, sumida en la obscu-
ridad y en el silencio, apartada de todo ritmo exterior, igno-
rante de toda manifestación de belleza.
Para ella no existe el tibio rayo del sol ni las oreadas bri-
sas estivales, ni los céfiros alados que acarician blandamente
el follaje, ni los pájaros que cantan, ni los insectos que zum-
ban, ni las abejas que hurgan ávidas en el nectario y llevan
lejos el polen creador.
Pobre raíz, pobre cenicienta a cuya labor específica se
deben tantos esplendores y condenada ella misma a no ver
jamás el azul del cielo ni la dorada luz de las estrellas, ni a ser
13
estremecida por el soplo eólico, ni a ser cantada nunca por el
poeta, y he aquí Que ocurre con el árbol lo que ocurre exac-
tamente con el orden de la naturaleza.
Aqu í se nos ofrecen el sol y la luna, el firmamento y las
estrellas. la cordillera y el océano, la nube que viaja, el trueno
que retumba, el viento que silva, el león que ruqe, la tórtola
que arrulla, la selva que florece, el tomillo que perfuma, el
diamante que rutila. Este es el espléndido, el admirable y el
grandioso espectáculo de la manifestación. Lo que se llama
el orden exterior de la creación; en una palabra, el aspecto
físico de la naturaleza sobre el cual funda su imperio nuestra
brillante y espectacular ciencia académica. Funda su imperio,
porque aquí, en el plano físico, puede ella contar, pesar y
medir cuanto quiera, de acuerdo con sus postulados y con sus
finalidades específicas.
Pero volvamos al árbol; si un botánico lo estudia exterior-
mente, olvidando o desdeñando estudiar la ra íz solamente
porque no se encuentra proyectada al exterior, su estudio
será en todo punto incompleto y su ciencia de toda índole
irrisoria y miserable.
Esto es precisamente lo que ocurre con la brillante cuanto
incompleta ciencia oficial. Ella estudia el árbol mundanal en
sus ramas que se proyectan como ciencias hacia el plano fí-
sico, pero no estudia en sus raíces que permanecen invisibles
en los planos metafísicos. Estudia los fenómenos de acuerdo
con las llamadas leyes naturales accesibles a la razón, pero no
los estudia de acuerdo con el plan de Dios que permanece
en las brumas de lo abstracto. Estudia las formas plasmadas y
rígidas de un hueso, de una hoja, o de una sal; pero no inquie-
re su dinámica, quiero decir el modelo dinámico, el paradig-
ma que precedió esas formas como idea. Analiza un huevo
en sus materiales constitutivos y cuantitativos; pero no estu-
dia el plan del ave que se encuentra presente en el seno de
esos materiales como líneas de fuerza, que serán como el
cañamazo para que plasme la forma.
Ante un alienado, el alienista podrá examinar y concluir
con toda autoridad y certidumbre que se trata de un caso he-
14
reditario; pero nada podrá decir acerca de por qué ese sujeto
fue procreado especfflcamente por tales padres tarados y no
por otros. El alienista alega que él sólo es un patólogo y no
está obligado a saber lo otro. Convenimos en ello; pero toma-
mos nota de que su ciencia no es completa porque, si en este
mundo de las relatividades la simple ca ída de una hoja es un
suceso rigurosamente ajustado a las dos leyes más generales
de la creación, que son la caducidad y la gravitación, por ana-
logía se concluye que la procreación de un ser humano debe
obedecer ciertamente a leyes más generales que las de la he-
rencia mendeliana porque, efectivamente, sabemos que los
materiales del cuerpo provienen de los padres, pero el alma:
zde dónde?
De modo, pues, que aunque la ciencia académica es sufi-
ciente y basta para satisfacer el intelecto, no basta para colmar
las inquietudes más elevadas del espíritu humano a quien
no se le puede decir: IDe aquí no pasarás!
De todo esto resulta que siempre estará la ciencia ofi-
cial, dando weltas y giros alrededor del mundo físico como
una ardilla limitada al área de su jaula. Siempre estará ancla-
da, por mucho que remonte, en el mundo de los fenómenos;
siempre estará en busca de hipótesis nuevas para rectificar
hoy lo que ayer tuvo por seguro; siempre como Sísifo, remo-
viendo los mismos pedruscos, quiero decir, abordando siem-
pre los mismos problemas para no dejarlos jamás definitiva-
mente resueltos.
Pero ésta no es ni con mucho la tragedia de la ciencia ofi-
cial. La verdadera tragedia consiste en que, por lo regular sus
tipos de científicos niegan obstinada y rotundamente la raíz
dinámica o metafísica de los fenómenos que estudian y de los
objetos que manipulan. Todo pueden aceptarlo mientras se
trate de lo pertinente al plano físico; pero en nada convienen
en cuanto se proponen lo metafísico porque aquí no pueden
peser, medir ni contar. Aunque el microscopio o la probeta
que manejan fueron dispositivos o cosas creados de acuerdo
con un modelo o patrón edificado en el plano mental que es
lo metafrsico, no admiten, sin que sepamos por qué, que en el
15
orden de la naturaleza lo visible procede de lo invisible; tal
como el árbol procede y surge de su raíz; no aceptan que lo
concreto provenga de lo abstracto tal como un mueble o Ul"'8
casa, o un puente de la idea que lo precede y que lo hace po-
sible.
Es cosa que no se discute el que un cient ífico de tipo aca-
démico puede saber y con frecuencia sabe muchas cosas, pero
como no se trata solamente de una cuestión de cantidad, no
sabrá ni la mitad del credo como dicen, si al mismo tiempo
que un cientista no es también un ocultista.
Mas, no caigamos aqu í en la falacia de suponer que hay
ciencia y que hay ocultismo. No; la naturaleza es solo una,
una vasta y compleja unidad que en nuestro actual estado evo-
lutivo se nos ofrece con un aspecto exterior o material y otro
aspecto dinámico o interno, pero hay que atenerse a que el
suceso de la creación es solo uno y por lo tanto, la ciencia que
lo estudie no puede ser dual sino unitaria, esencialmente una
aunque el ángulo de enfoque sea distinto. Este proemio va
largo pero es que tengo cierto empeño en que los cientistas
de academia y de universidad, se inicien cuanto antes en el
aspecto metafísico, o dinámico, o invisible de la naturaleza,
para que hagan ciencia integral y para que sus discípulos no
permanezcan de espaldas a la luz como aquellos prisioneros
de la cueva de Platón que aceptaban por realidades legíti-
mas las sombras que las realidades proyectaban sobre la pa-
red.
Ya el arte a que llaman subjetivo o subrealista ha camina-
do sobre tal orientación, y ya esa escuela no copia servilmente
la belleza como fenómeno puramente exterior, sino que se es-
fuerza por penetrar y comprender las fuerzas obscuras que
determinan la belleza o sus equivalencias en el mundo de lo
objetivo, que pasa ahora a segundo plano. Ya escucho las car-
cajadas del sarcasmo y la silba de la rechifla por parte de los
cientistas de academia, como respuesta a esta llamada, pero
eso no me arredra, por cuanto las cosas han sido así en todo
tiempo, no digo ya para un pálido aficionado cual yo soy,
sino aun para los hombres mayores que fueron honra de la
16
humanidad. Así fue para Cristóbal Colón cuando planeó su
colosal empresa: así fue para Galileo cuando los representan-
tes de las iglesias de entonces se atribu Ian, cual intransigen-
tes árbitrcs, la suma del saber humano y Lutero, soberbio y
desafiante, decía: ..."el pueblo presta o ídos a un astrónomo
advenedizo que ha tratado de demostrar que la tierra se mue-
ve, no el sol, la luna y el cielo o firmamento... Este necio
quiere poner al revés toda la ciencia astronómica; pero las
Sagradas Escrituras nos dicen que Josué mandó detener el sol
y no la tierra"; así fue para Claudio Bernard cuando señaló
la función glucogénica del hígado; así fue para Pasteur, cuan-
do al anuncio de los microbios ese universo insospechado en
aquel tiempo- tuvo que hacerle frente a la dialéctica brillante
pero huera del profesor Peter, representante de la ciencia
oficial, que defend ía sus trincheras edificadas sobre la insu-
ficiencia y el error, y así fue para los hermanos Wright y su
máquina voladora cuando un profesor universitario demostr6
matemáticamente sobre el papel la imposibilidad de que algo
más pesado que el aire pudiera volar. Actualmente, hace ape-
nas poco más de medio siglo, el Profesor Carlos Richet,
miembro del Instituto de Francia, Presidente de la Sociedad
de Biología de París, Profesor de la Sorbona, Catedrático de
Fisiolog ía, Premio Nobel, etc. etc., tras cuarenta años de ruda
labor logró levantar una esquina del Velo de Isis, explicando
científicamente las premoniciones, las criptestesias, las octo-
plasmias y las telequinesias, fundando sobre estos cuatro pila-
res inconmovibles ya, la ciencia que llamamos Metapsíquica
-más allá de la psíquica- (de donde ha derivado la parapsico-
logía), tal como habían fundado los grieRQs la Metafísica,
esto es: más allá de lo físico. Sin embargo, tanta dedicaci6n,
tanto estudio y tanta ciencia, sóío sirvieron para que los pro-
pios compañeros del sabio le amargaran los días, no más por
haber traspasado audazmente los linderos inviolables que por
medios arbitrarios ha fijado la ciencia oficial, y el ilustre hom-
bre comprend ía que as í hab ía de ser.
He aqu f algunos párrafos de sus conclusiones: "Vislum-
bramos todo un mundo inexplorado, lleno de misterios to-
17
davía, delante del cual enmudecemos estupefactos como un
hotentote delante de los torbellinos de Poincaré, las ondas
de Hertz, los microbios de Pasteur y la relatividad de Eins-
tein...Pero, como se trata de hechos singulares que parecen
chocar con los dogmas científicos actuales, nuestras afirma-
ciones excitarán, unas veces críticas violentas, y otras, zum-
bonas incredulidades. Es la suerte de las ideas nuevas, y no
han de conmoverme en gran manera".
Esto decía amargado y valeroso el profesor Carlos Richet.
Para terminar, es de urgencia, no que nuestros científicos
abandonen sus posiciones; lealmente conquistadas y abnega-
damente sostenidas por lo estrictamente ajustado al orden
experimental; pero es de urgencia, repito, que hagan siquiera
un cuarto de conversión hacia el aspecto dinámico de la na-
turaleza. Eso urge, porque el materialismo en la ciencia y su
consecuencia obligada que es el utilitarismo desbordado, son
I los factores responsables de las calamidades que azotan a la
humanidad en una escala imprevista actualmente. Urge re-
cordar que si los enciclopedistas del Siglo XVIII no hubieran
dado espaldas a la fe para quedar atenidos escuetamente a la
razon, mstrumento de duda y de análisis, pero no de seguri-
dad ni de síntesis; y que si los alemanes del Siglo XIX no hu-
biesen edificado el concepto del Superhombre como un
monstruoso Frankestein teutónico, dispuesto a devorar al
mundo como devora un león a un becerrq, en el Siglo XX no
se les hubieran echado encima a los pueblos los fatídicos cua-
tro jinetes del apocalipsis, que todavía permanecen en actitud
agresiva, aún después de tanto estrago.
Cultivando pues, el aspecto dinámico de la ciencia, esto
es, forzando valerosamente el arbitrario non plus ultra es-
tablecido por la ciencia oficial, las generaciones de estudian-
tes por venir, unas tras otras, cada vez más religiosas, cada vez
más elevadas y mejores, tendrán la oportunidad de crear un
mundo nuevo, no por cierto plagado de fracasos lamentables,
sino todo lleno de realizaciones felices porque, en verdad, el
éxito de una civilización no consiste en crear la máquina y fo-
mentar la riqueza para más tarde, como ocurrió con la arro-
18
gante Kultur alemana, esas dos fuerzas, insurreccionadas y
ciegas, escapen al control humano para ir campo traviesa rea-
lizando el mal y arruinando bestialmente el ideal.
Recordando la obra poi ítica de Moisés, de Carlos Magno
y de Mahoma, tenemos que admitir que el éxito de una civi-
lización consiste más que en otra cosa, en ceñirse desde el
principio a la idea de Dios que es armon ía y es belleza porque
es equilibrio y es justicia. He aqu í tres afortunados logros cul-
turales y sociológicos, fundados positivamente en tres libros;
porque en efecto, si en la Kábala, en la Biblia y en el Corán
lo que encontramos al parecer es una literatura sugerente y
agradable, lo que en realidad se encuentra en ellos es el alien-
to vivo, el soplo creativo y cálido de Dios.
Por más weltas que se le busquen o por más sofismas que
se le argumenten, es el concepto de Dios la única fuerza capaz
de controlar al hombre, ya sea ese concepto fundado en la
realidad exterior de un Ser Supremo, o ya sea fundado en la
realidad interior de la conciencia que es otra vez Dios en
nosotros. Yes por todo esto que, oteando en dirección a los
panoramas espirituales incomparablemen-te más vastos, más
positivos y más bellos que los panoramas materiales, debemos
recordar a Napoleón cuando, rumbo a Egipto, Monge y La-
place se empeñaban en explicarle que todo en la naturaleza
había sido creado en forma razonable Bonaparte, les replica
mostrándoles las estrellas: "¿Y todo esto, señores, quién lo
hizo?"
19
ADVERTENCIA
Este pequeño trabajo cuyo objetivo es presentar una
dimensión nueva de El Quijote, no es para todos.
No es para el vulgo tipo Sancho Panza ni para el que lla-
mamos hombre de la calle, gente tan adaptada a la precarie-
dad informativa de los sentidos corporales que creen sincera-
mente que el sol gira y la tierra permanece inmóvil ; ignoran
de modo absoluto la curvatura del planeta; ante la descarga
eléctrica piensan, temerosos y sobrecogidos, en la ira de Dios
y, lástima grande, desconocen que "este cielo azul que con-
templamos ni es cielo ni es azul".
Tampoco es para los racionalistas con relativa frecuencia
intransigentes y recalcitrantes hasta la pared de enfrente que
sólo aceptan como válido y positivo, no más aquello que sea
susceptible de ser pesado, contado y medido de acuerdo
con los métodos de laboratorio, grupo numeroso también
del que egresa gente de relativa cultura que suelen culminar
en profesionales, periodistas, escritores, maestros de escuela,
cónsules y embajadores, profesores de academia, conferen-
cistas, catedráticos de Universidad ...todos ellos rutinarios y
mediocres (por lo regular) todos, o casi todos, agobiados y
postergados por la fría losa de la pasividad y el conformismo;
sometidos ellos, tanto como los otros, a las limitaciones de
un temario que viene a ser algo así como el paradigma de la
rigidez de la materia física o el esquema de algún grillete me-
tafísico.
Dije que sólo admiten como material científico bueno y
válido todo aquello que de algún modo puede ser pesado con-
tado y medido. Digo ahora que si se trata de la posición de
21
un cuerpo en el espacio sólo pueden concebir lo vertical, lo
horizontal y lo inclinado; longitud, latitud V grueso, Y así
hablan de sólido, líquido y gaseoso, de pasado, presente y
futuro, siempre sometidos al temario, al inexorable esquema
del mundo material. Si se les trata de que en el tiempo no
existe pasado ni futuro sino tan sólo un eterno presente se
quedan alelados, no comprenden. Si se les aclara que el espa-
cio y el tiempo, estos dos gemelos de la filosofía, solamente
son dos aspectos diferentes de una misma realidad compren-
den menos, y si al hojear el Génesis tropiezan con la palabra
nada caen en confusión por entender que el valor que se le
atribuye a ese vocablo en los textos de matemáticas es el
mismo que se le asigna en los tratados de metafísica.
Si este modesto trabajo fuera dedicado a esa clase, ofrece-
ría, sin duda, un cierto sentido frustratorio ya que, ni el tipo
de cultura utilizada ni la calidad del esfuerzo realizado res-
ponden en rigor a tal escuela.
Este trabajo, pues, en caso de ser dedicado, tendría que
serlo a los inquietos, a los que viven en vigilia, a los espíri-
tus dotados de alas, a las almas que arrebatadas sin cesar por
el vuelo intuicional trascienden pronto los estratos físicos
del mundo para, dejando atrás la galaxia, arriban en arran-
cadas magníficas al borde mismo de los universos para regre-
sar desde all í a entregar sus extraños mensajes con frecuencia
recibidos con la rechifla de los ignaros y otros con la censura
de los envidiosos.
Este trabajo, aclaro, no entraña un desdén a lo racional ni
a la racionalidad, ni a los racionalistas, grupo que hoy ocupa
un lugar en la escala evolutiva y mañana ocupará otro más
elevado ya que la evolución no retrocede. Pero este trabajo,
todo él, es un mensaje a la facultad cognoscitiva irracional,
única cuya vibración o, cuya luz es la que puede llegar a la
región incomprensible para la razón adonde dormita la ver-
dad como una perla en su concha en el fondo de algún
océano metaf ísico que mueve sus aguas tal vez fuera o tai
-ez dentro de nosotros mismos. ¡Quién pudiera saberlo... 1
22
CARTAS A FABRICIO
23
SI alguien no cree en estas cosas, guarde para sí
su opinión y no contradiga a quienes por el/as se
venindinadas a lapráctica de la virtud.
Josefo
La mayor dificultad consiste siempre en abrirles
losoiosalas gentes. Fácil esexcitarsussentimientos
y conmover sus corazones; pero ardua toreo es
abrir brecha ensuscerebros.
Los relatos de la Doctrina son sus vestiduras. El
ignorante mirasólo el traje, esto es, el relato de la
Doctrina; más al/á nada ve. El instruido entretanto
no ve meramente la vestidura, sino lo que éstaen-
cubre.
Sohar (IH, 152; Franck, 119'
25
CARTAI
Querido Fabricio:
He recibido tu carta y estoy enterado. .Asirnlsrno he toma-
do buen cuidado a fin de complacerte con tos artículos de
artesanía criolla o souvenirs, como tu los llamas, y que deseas
te envíe. Trataré de escoger los tales artículos lo más apropia-
damente posible a fin de que llenen a cabalidad el cometido
que intentas darles, cual es hacer obsequio de ellos a 'los espo-
sos Pablo y Amalia Bonilla, tus padrinos y mentores en la So-
ciedad Teosófica de Caracas y personas quienes, según lo
que de ellas dices, merecen toda clase de estima, aprecio y
consideración. Te felicito, pues, por tu ingreso a la Herman-
\:Iad Teosófica, esa religión-eiencia de gran alcance intelectual,
filosófico, moral y ético.
Por otra parte, la impresión general que me ha producido
tu correspondencia, debido a las muchas y diversas preguntas
de toda indole que en ella me haces, es que tienes de mí el
concepto de un sabio, o de un sabihondo, quizás capaz de
contestar todas las preguntas y resolver todos los problemas,
aun los más desorbitados e imprevistos que se le ocurra plan-
tear al primer hijo de vecino que aparezca. Aclaro que esto
no es así ya que, en las direcciones y disciplinas que señalas
no paso de ser un estudiante Yo ello del grupo de los párvulos.
Sin embargo, y para no caer en las gazmonerías de una falsa
modestia, reconozco con naturalidad y sencillez que acerca
de lo que opinas de mí debe existir algo por lo menos, ya que,
a la verdad, he estudiado mucho y all í en donde quiera que
sea hecho un esfuerzo sincero y porfiado es de regla que algo
queda. Pero en el caso, ese mismo algo si es estimado con el
27
cartabón de la mente discursiva o cerebral viene a ser una
cosa muy distinta a si es avalado de acuerdo con el cartabón
de la mente intuitiva o filosófica. De esta suerte, el mismo
sujeto que visto desde abajo puede parecernos un gigante,
suele suceder que visto desde arriba no pasa de ser un pigmeo.
Tal podría ser nuestro caso si contaras para reajustar y balan-
cear tus juicios con el fino instrumento de la mente irracio-
nal. Ojalá que en el futuro, y cualquiera que sea la línea de
pensamiento en que operes, recuerdes que "este mundo bajo
el sol" que decía Salomón, es un mundo de relatividades en
el que la verdad, aunque siempre una y siempre igual a sí mis-
ma, parece variar de acuerdo con los puntos de vista distin-
tos en que suele situarse la mente inferior para observarla, fa-
lacia que se desvanece tan pronto remontamos a los planos
filosóficos.
En ésta, tu última correspondencia que me ocupa y con
cierto carácter de perentoriedad, solicitas mi opin ión -entre
muchas otras-, acerca de si, como dicen algunos autores,
El Quijote, es un libro ocultista o si, como opinan otros, no
lo es; sin que ninguno de ellos aporten pruebas para avalar
sus opiniones.
A la verdad, caro amigo, que me pones en un grave aprie-
to ya que en grado alguno tengo la honra de ser quijotista
sino un simple aficionado a la lectura de ese libro como lo
soy a la lectura de La Odisea o de La Biblia,o a Las Vidas
Paralelas de Plutarco, o al Banquete de Platón, o a Los Co-
mentarios de Julio César sobre la Guerra de Las Galias o a cual-
quiera otro de los grandes libros que son la honra de la huma-
nidad.
Por otra parte, tampoco soy ocultista que digamos, sino
también un aficionado al estudio del aspecto oculto, invisible
o dinámico de la naturaleza en donde operan los"Arqueti-
pos", realidades primarias de las cuales, estas rígidas y densas
realidades del mundo físico que ocupan a la ciencia oficiala
académica son sólamente el reflejo. De suerte que tú y yo
y los que vamos a la oficina y atanamos cotidianamente en
este "valle de !ágrimas" como los cristianos dicen no somos
28
otra cosa que sombras lejanas de nosotros mismos, quiero
decir, de nuestro yo superior que permanece (radiante e in-
mortal) en el reino de los arquetipos, fuera de todo accidente
y de toda vicisitud.
Soy pues, un aficionado a la ciencia hermética, no hay
duda, pero todavía muy distante de aquellas férreas discipli-
nas destinadas a actualizar los grandes poderes que poseemos
en latencia y cuyo despertar convertirá a cada hombre en un
"Hijo de Dios" (1), término técnico que se aplicaba a sí
mismo el Maestro Jesús.
Cuando mucho y más, forzando un poco la realidad de las
cosas, a lo máximo que puedo aspirar en este orden es a
considerarme ubicado en el grupo de los párvulos del kinder-
~ r t e n como ya dije. Adolecido, pues, de estas precariedades,
mi opinión no ouede ser autorizada, y creo, Fabricio, que es
muy poco lo que pueda aprovecharte.
Pero si te empeñas, y volviendo a lo que dices que afirman
y niegan los autores que señalas en tu carta, (aquí debo recor-
darte que yo no s')y ni pretendo ser autor) mi opinión, des-
pués de dedicar medio siglo a leer y escudriñar este libro
que por más de un concepto se me parece a la Biblia. es Que
el argumento esencial es cosa Que concierne a la alta metaf í-"
sica, y cuando digo esencial trato de algo que arraiga más allá
de los molinos y de las ventas españolas; de la caballería y se
jos andantes... de Amadís de Gaula y Palmerín de Inglaterra;
del gigante Malambruno y del encantador Merlín; de algo ubi-
cado más allá de la Barataria, del Yelmo de Mambrino y el re-
tablo de Maese Pedro. De algo que colinda acaso con el To-
boso inalcanzado, inasible y huidizo entre brumas Que pare-
cen oriundas de una mente desquiciada, pero que son las bru-
mas de lo abstracto, el aparente vacío de una región imper-
meable a la mente discursiva.
A esta región incolora pero todo filtrada por el Quid
obscurum, acude Esquilo en busca de los elementos de la
tragedia antigua y Dostoyewsky en busca de Los Hermanos
Karamazov; aquí Víctor Hugo, Hugo el Grande que dijo Da-
río, con su catadura de cíclope, en busca de marrones V fra-
29
guas para forjar Los Miserables; aqu í Moisés, el sacerdote del
templo de Rha, recibe lasTablas de la Ley y escucha, transido
de pavor, el verbo admonitorio de un fuego que habla; aqu í
Simón Bolívar, esperante sobre el chimborazo místico dialoga,
sofocado el aliento y erizado el cabello, con el tiempo bajo
laforma de un viejo y, luego, yacente en la inconciencia sobre
el diamantino piso de las nieves eternas, delira como un insen-
sato con las visiones de la Gran Colombia.
Aquí, en esta región desde donde se regresa según Amado
Nervo, todo salpicado por el polvo tenue de las constelacio-
nes, encontró Bécquer sus golondrinas y el infortunado
Acuña sus Nocturnos, Miguel Angel su Moisés y Rafael sus
Madonnas, Shakespeare su Hamlet y Mozart su Misade Ré-
quiem; aqu í bate sus alas, las grandes alas de la inquietud re-
ligiosa, el Ave María de Gounod y canta su sinfon ía de piedra
la Catedral de Milán...
Aquí recala Cervantes en busca de la locura de Don Qui-
jote y de la rusticidad de Sancho; de la constancia del Rucio
y de la escualidez de Rocinante, prendas de que hace entrega
a la humanidad despreocupada y jocunda para su esparci-
miento y solaz, pero, como es el genio, encuentra algo más
que encomienda sigilosamente a los filósofos de los siglos
por venir. Los iniciados en la doctrina secreta llaman a esta
región el plano Búdhico, plano del arte y plano intuicional.
En verdad te digo mi querido Fabrlcio que el artista que en
el onirismo de -los estados segundos inherentes a la función
no remonta hasta aquí, puede perder la esperanza porque
ése, como los renacuajos de la fábula, jamás podrá salir de
los pantanos de la mediocridad; esos podrán realizar labor
intelectual, pero si es intelectual no es arte; podrán hacer
ciencia, pero una ciencia maquillada como la cara de los paya-
sos con carmín y blanquete; podrán hacer artesan ías recomen-
dables y malaoarismos de feria con el manejo habilidoso de las
reglas; podrán presentar pirotecnias vistosas, ruido de casca-
beles y brillos de lentejuelas, pero no arte, porque el arte
para ser lo que es, requiere brotar de la región obscura como
brota el chorro de lava incandescente de las entrañas del vol-
30
cán que erupta; irrumpir de los estratos del subconsciente
como irrumpió La Marsellesa incontenida de los labios en
llama de Rouget O'Lisle o, como salieron impetuosas como el
Bóreas las figuras de El Juicio Final del pincel de Miguel Angel
convertido en huracán... Tú, mi querido Fabricio,aficionado
al estudio de las cosas arcanas y esenciales, medita acerce
estos tópicos. Es posible que en el curso de una meditación,
el esfuerzo hacia arriba atraiga la chispa intuitiva que ilumi-
ne tu conciencia y logres levantar una esquina del velo.
Quiero decir con esto que en las universidades se estudia
arte; se aprenden all í los fundamentos y las técnicas, la histo-
ria y los principios; pero nunca se aprende all í, ni en
ninguna otra parte, a ser artista.
Así, Fabricio, los que han estudiado literatura en las aca-
demias y liceos cuentan que en LaOdisea, las aventuras y los
nauf,agios, y los constantes contratiempos de Ulises en el ar-
chipiélago griego, son las vicisitudes y contrariedades natura-
les que afronta todo hombre en la lucha por la vida de los
que sólo triunfa mediante la sabidurfa simbolizada en la leyen-
da por la diosa Minerva que siempre lo acompaña; en el Ham-
let, la lucha del hombre con el hombre en el feroz cuerpo a
cuerpo de la intriga palaciega; en Los Miserables de Hugo, se.
trata y se presenta la luchadel hombre con la sociedad; en Los
TAlbajadores del Mar, la lucha del hombre con la naturaleza;
en El Condede Montecristo se dice que se trata de la venganza
de Edmundo Oantés, a quien injustamente han humillado,
arruinado y encarcelado. En esta forma y por ese mismo
tenor, podrfamos repasar y analizar todos los grandes libros
llamados universales.
Todo eso es verdad y no se discute porque todo eso existe
en la literatura clásica, pero verdad superficial e insuficiente,
verdad exterior, verdad de letra muerte que llaman algunos.
Pero los que han estudiado más allá. de las academias, los
que saben leer entre líneas, encuentran algo más que todo
eso. Encuentran también los aspectos diná-nicos u ocultos
o metafísicos a los que sólo se llega por estudio constante,
perspicaz observación y meditación profunda. De manera, Fa-
31
bricio, que cuando leas este tipo de literatura debes tomar en
cuenta estos aspectos escondidos o dinámicos si es que en ver-
dad aspiras a conquistar la clave del siete.
También hay que tener en cuenta el carácter personal de
quien escribe, eso que algunos llaman temperamento, para in-
terpretar a los autores ya los críticos.
Yo, por ejemplo, en arte aborrezco la recta y tiendo a las
modalidades de lo irregular. Es cuestión de temperamento.
Amo la curva, citando por ahora la espiral llamada por al-
gunos la curva de la vida (estúdiate, el efecto.los cuernos del
morueco, las volutas del caracol, el crecimiento de las lianas
o el cogollo del bananero cuando principia a realizarse en
hoja), prefiero el arabesco con sus mil enredijos a la recta
en la regularidad de sus rosetones y polígonos y poliedros.
En Nuestra Señora de París prefiero Quasimodo al Capi-
tán Febo. Febo es producido todos los días por las leyes de la
naturaleza operando en lo ordinario; Quasimodo es lo terato-
lógico destilado por lasmismas leyes cada diez mil años o más.
Febo lo plasma cualquier quidam, con Quasimodo sólo
puede atreverse Víctor Hugo.
Febo es la belleza: oero casi un oroducto de quincalla,
porque es la belleza proporcionada según la fórmula VL ~ . . . 9 _
a que llaman la invariante y el número de oro, encontrada por
Leonardo de Vinci en el análisis armónico de las facciones de
Isabel del Este y en las flores de lis y usada también por Miguel
Angel en su David; fórmula aplicada, asimismo, en el domo
de la Catedral de Milán yen el sepulcro 105 de Gizeh y fór-
mula constatada en los años veinte de nuestro siglo en el ros-
tro de la belleza norteamericana Hellen Kelly y en los años
cincuenta en las facciones del cantante de rack Elvis Presley.
Es, por lo tanto, la belleza regular, geométrica, prevista. Be-
lleza de instituto y de academia. Belleza de estudiante. Belle-
za, pues, que no inquieta mayor cosa.
Quasimodo no es la belleza, pero, y aunque parezca para-
doja, es una perfección: la perfección de lo absurdo. el triun-
fo de la fealdad, el milagro de lo torcido; más milagro to-
davía que la torre inclinada de Pisa.
32
La torre es la estética; Quasimodo es la dinámica.
La torre es la piedra desafiando la ley de gravedad; Qua-
simodo es la vida mofando las leyes de lo orgánico.
Frente a la geometría que medita, nos tropezamos con lo
informe, lo bufo, lo grotesco, lo monstruoso riendo a carcaja-
das y todo esto es la vida, porque Quasimodo no es un mama-
rracho. i Alto ahí! Quasimodo es una suprema obra de arte,
que salede las manos de Hugo como salió El Bobo, triunfo de
lo fofo, de las manos de Velázquez; o como salió La muerte a
caballo triunfo de lo macabro, de las manos de Ourero.
La deformidad de Quasimodo y la simetría de Nuestra
Señora; he aqu í al campanario y la giba completándose.
He aquí un espléndido par.
He aqu í otra vez a Quijote y a Sancho viajando sin pelear-
se por los campos asombrados de la estética.
Esto esel milagro del arte.
Aqu í contemplamos el genio, empinado en la jactancia
del triunfo, avisorando por encima de alguna balaustrada
el reino lejano de los arquetipos platónicos.
Para estas cosas no posee el hombre fórmula posible;
aqu í solamente opera la intuición, facultad irreductible y
rebelde a todo canon. Pero cuidado, que todos no son el
genio. Yeso mata.
En Las MiseraDles, prefiero Thenardier a Monseñor Bien-
venida. No es que prefiera desde luego, el tipo humano; pero
si la creación artística. En el obispo admiramos un diamante
fulgurando en pleno sol; en el astroso bandolero del suburbio
seguimos temerosos la linterna del sociólogo y el resplandor
del genio iluminando y escudriñando los abismos. Son otra
vez dos perfecciones. La perfección de lo luminoso y la per-
fección de lo obscuro en las encrucijadas del mundo moral.
Es esta fuerza y esta audacia en el manejo del contraste
como recurso de arte lo que hace de Hugo el maestro inimita-
ble por los siglos.
En El Quijote eseste recurso, apurado hasta el fin, lo que
salva la obra, porque, efectivamente, las cosas del Manchego y
de Sancho, este par de insignificantes en sí mismos, sólo
33
sería pura gárrula como juzgó Lope de Vega, quien no ad-
virtió o no quiso advertir que interven ía all í la fuerza de lo
genial transformando todo ello en un bello caso particular de
la ley general del binario.
En La Comedia, el contraste está atenuado por la media
tinta que arroja el "Purgatorio" interviniendo como un cre-
púsculo o como una aurora. Aqu í esla fuerza poética saltan-
do a chorros lo que nos arrastra como la catarata, o nos lleva
como el huracán, o nos engulle como el remolino, o nos ful-
mina como la centella, o nos maltrata como el pedrisco, o
nos pulveriza como la catapulta o nos aplasta como la mon-
taña. El milagro está constituido ahora por estas imágenes
que, siendo la sutilidad porque son la pura idea, son el bron-
ce por la resistencia, y siendo el bronce no son ni la rigidez, ni
la dureza, ni la inercia; son, al contrario, la exuberancia, la
flexibilidad y la movilidad de la vida en su plástica descon-
certante, en su maravillosa ubicuidad y en su eternaI esplen-
dor.
Aqu í basta Frabricio; porque me va emborrachando este
peligroso licor con que brindan los dioses y comienzo a deli-
rar...
34
NOTAS
En la antigüedad, en Oriente y Asia menor y, sobre todo, entre los in iciados
o estudiantes de los Misterios, se llamaba "Hijo de Dios" a todos aquellos
que habiendo cubierto la totalidad de los estudios de los Misterios Menores y
Mayores, alcanzaban el grado de Maestro, o Hierofante, o Adepto o como se
le llamara a este último grado. Para llegar hasta aquí era necesario completar
una serie de recios ejercicios y meditaciones especiales que llevaban, median-
te la disciplina, a logros prácticos casi inconcebibles para el profano, pues es-
tos hombres se hacían obedecer de las fuerzas de la naturaleza. Además, a
base de privarse de satisfacer los apetitos carnales de todo tipo, e! maestro al-
canzaba una pureza y una forma de vida fuera de lo común. roda esto lo
capacitaba para la realización de hechos fenoménicos o "milagros" según di-
ce el vulgo. En este orden de ideas además de Jesús, fueron "Hijos de Dios"
Suda, Pitágoras, Apolonio de Tyana, Plotino, Amonio Saccas, llamado el
Teodidacto, entre otros.
Dice la señora Blevatskv en la páqln., 197 del Tomo III de Isis Sin Yelo. Edi-
torial Eyras, Colección Hespérides, Madrid. España:
"El Hijo de Dios" simboliza el espíritu inmortal del hombre, la entidad di-
vina u hombre verdadero. pues los vehículos inferiores son entidádes imper-
fectas que, privadas de I ~ luz del espíritu, quedan reducidas a una cuada
animal. El hombre verdadero es trino (la Triada Superior! y no pierde la in-
mortalidad en los sucesivos renacimientos a través de las esferas que cada vez
le acercan más y más al esplendente reino de la eterna y absoluta Luz".
En la misma página se cita una nota del libro de Hermes, X, IV, 21,23 que
dice: "Dime, équíén renace?- El hijo de Dios, el verdadero hombre, por la
voluntad de Dios".
En el sentido de que "el hombre verdadero es trino" es como debe enten-
derse el Génesis cuando dice: "Y crió Dios al hombre a su imagen a imagen
de Dios lo crió" (Génesis 1: 271. Lamentablemente el hombre lo ha tergiversa-
de todo y ha inventado a Dios (Lo Incognoscible, Lo Absolutol a imagen y
semejanza del hombre. Es decir, para. la mayoría de los humanos el concepto
de Dios se na antropomorfizado y a lo Absoluto se le cree capaz de equívo-
carse v de arrepentirse de sus actos (Génesis, Caot. VI:6); de sentirse insegu-
ro de sí mismo (Génesis, Capto XVIII: 17) de ser celoso y egolsta (Exodo
Cept, XX: 1I1!, de ser vanidoso (Levítico 11, 11, de ser capaz de sentir ira y fu-
ror (Exodo, Capto XXXII: 101. y lhasta de ser asesino! (Exodo, Capto
l(XXII :271,
35
'í4 las catorce obras de misericordia que se nos en-
señó en el catecismo de la doctrina cristiana, ha-
bría que añadir a las veces una más. Yes la de des-
pertar al dormido".
Unamuno
37
CARTA 11
Mi querido Fabricio:
Dije antes que la raíz dinámica o artística de El Quijote se
encuentra en el terreno esotérico o filosófico: añado que en
sus proyecciones hacia lo f (slco desciende hasta los detalles
más cotidianos y triviales de la vida y afirmo que en ningun
momento de esta trayectoria encuentro cosa alguna que re-
cuerde el ocultismo ni en la forma didáctica de los libros de la
S e ~ o r a Besant, ni en el aspecto alegórico de la Revelación de
San Juan, ni en la forma novelada del Conde de Montecristo,
ni bajo la forma simplemente narrativa de la Comedia del
Dante.
En estas circunstancias opino que es labor frustratoria y
aun necedad el dedicarse a la búsqueda de loque no existe, por
ejemplo en la pelea del Manchego con los molinos de vientos,
en la pelea con el vizca(no, en la trifulca con los cuadrilleros,
o en el combate con Sansón Carrasco transformado por en-
cantamiento en el Caballero de los Espejos, o en la pedrea
de los galeotes; en la paliza de los Yangueses, en la aventura
del barco encantado, la penitencia de Sierra Morena, la locura
de Cardenio, o la transformación de Dulcinea en Aldonza Lo-
renzo, aquella recia campesina quien, según noticias, "te-
nía buena mano para salar puercos". Nada hay en el discurso
sobre las armas y las letras pronunciado en la venta, ni en las
peripecias a que dio lugar el Yelmo de Mambrino, ni la
aventura de la Maritornes con el arriero en el camarachón de
la venta y el descomunal combate con unos pellejos de vino
que el Manchego tuvo por una partida de gigantes. ni en las
39
aventuras del gateamiento y amarramiento Que el caballero so-
brellevó con cristiana entereza, ni en el discurso endilgado a
los cabreros en aquella prima noche en que al amor de la fo-
gata, comían tasajos y bellotas asadas, y la bota era reclamada
con asaz frecuencia. y ocasión en que dio comienzo a su ora-
toria con estas palabras: "Dichosa edad y siglos dichosos
aquellos a quien los antiguos pusieron el nombre de dorados
y no porque en ellos el oro que en nuestra edad de hierro
tanto se estima se alcanzase en aquella sin fatiga alguna..."
ni en el encuentro de Claudia Jerónima con Roque Guinart,
el bandolero honrado, ni en las sobrias y ponderadas pláti-
cas sostenidas con Don Diego de Miranda (El Caballero fipl
Verde Gaban) y con su hijo el inspirado poeta Don Lorenzo;
ni en la aventura del c1avileño, el caballo de palo en que amo
y criado, desde el patio del palacio de, los duques, cruzaron en
un santiamén los espacios siderales y se hallaron prestos en la
región de las cabras o cabrillas (constelación de las pléyades),
con los cuales cuadrúpedos dijo Sancho que había juguetea-
do un buen rato y explicó Que "dellas habían dos verdes, dos
encarnadas, dos azuies y una de mezcla". I ampoco encuen-
tro cosa alguna sobre el particular en les pelea del bachiller
Corchuelo con el "Diestro"; ni en las bodas de Camacho,
en las que un cocinero sacó de una paila tres gallinas y dos
gansos que entregó a Sancho diciendo: "Comed, amigo, y
desavunaos con esta espuma, en tanto que llega la hora de
yantar"; ni en los mil y trescientos azores que debían recibir
las espaldas y posaderas de Sancho por el desencantamiento
de la princesa Dulcinea, de acuerdo con las disposiciones del
encantador Merlín; ni en el rid ículo y lastimoso estado en
que se encontraron el Andante y su escudero, después de atí-
borrarse con el bálsamo de Fierabrás que no CUDO en la al-
cuza. Nada de ocultismo en las sabias sentencias dictadas por
Panza cuando, en calidad ae Gobernador, administraba jus-
ticia en la Barateria; ni en las feroces dietas a aue fue sometido
por el doctor Pedro Recio, ni tampoco en la aventura del re-
buzno y sus imprevistas consecuencias, ni en la industria de
Basilio y Quiteria para realizar sus ideales, ni en la aventura
40
del retablo de Maese Pedro, ni- en las razones de la pastora
Marcela ante el cadáver de Grisóstomo, ni en las quejumbres
y requiebros de la desdichada Ana Féliz, arráez de la galera
turca.
De este rnooo, 't sin exagerar demasiado, podría referir
todas las aventuras, pelicros, rid ículeces, atropellos y situacio-
nes del León Manchego sin encontrar en su análisis una pizca
de ocultismo. No embargante, aquí me rectifico y aclaro que
no todos, porque en efecto. admito ahora que muy de tarde
en tarde aparecen algo así como islotes dispersos en la inmen-
sidad de este océano, alguno que otro capítulo del más
puro y legítimo ocultismo, avalando cada uno de ellos al
que lo ha escrito, como un consumado maestro en cabal
posesión de las claves de la Ciencia Hermética, no tanto ello
por las cosas que dice cuanto por el modo de decirlas. Efecti·
vamente, el lector vulgar, el hombre de la calle como deci-
mos, no encontrará en estos pasajes otras cosas que galimatías
y disparates sin ilación ni sentido que pronto lo hastían, con-
trasentidos a los que, Cervantes, con habilidad genial hurta
el cuerpo achacándolos a la chifladura del Manchego quien,
en cada uno de estos trances sale más loco que antes en la
opinión del lector desprevenido.
Pero aquí comienza el busilis y es oportunidad de observar:
dar estas atinadas y saoias palabras de D'Esoagnet: "La verdad
se oculta entre tinieblas...Nunca escriben tos filosófos más
enqañosemente que cuando parecen claros, ni con más ver-
dad que cuando se valen de enigmas..." y es que, en efec-
to, ningún maestro da abiertamente sus enseñanzas al públi-
co.
El Maestro Jesús, por ejemplo, hablaba en parábolas a 1"
muchedumbre y "a los de adentro" en lenguaje directo (1)
Te recuerdo aqu í, mi querido Fabricio, la conocida parábola
del hijo pródigo tan simple, tan sencilla y tan clara para
los campesinos y la gente indocta y, tan profunda al mismo
tiempo, tan compleja y filosófica para el que sabe ya que,
de lo que trata esencialmente es del descenso de la Mónada
(2) desde los mundos divinos "Adico" y "Monádico" (3)
41
hasta la opresión de las más altas densidades del plano físico
en el reino mineral en el proceso de involución (sendero de
la izquierda), y ahora desde el nadir de la materialidad ini-
cia el ascenso o proceso de la evolución por el sendero de Ié"
derecha (4), recogiendo las experiencias de los reinos mineral,
vegetal, animal humano y dévico o angélico, hasta volver a in-
corporarse al seno de la divinidad, ahora no va como chispa
sino como llama. Un Dios que se incorpora al seno de Dios
para aumentar el esplendor y la gloria de Dios, si es que la
mente humana concibe que estos atributos de la deidad pue-
dan ser modificados de algún modo. Tal es el significado de
esa admirable parábola más clara si es posible, para el anal-
fabeto que para los letrados. Este hijo que regresa vuelve
enriquecido con el tesoro de las experiencias que ha recogido
en su larga peregrinación. Tesoro espiritual que sólo trans-
mutando la materia puede ser adquirido y es por eso que el
anciano padre se regocija y ese día sacrifica su meior cordero
para celebrar el suceso. La tesis se transparenta de tal modo
que el campesino capta más rápidamente su sentido por intui-
ción que el universitario por raciocinio.
Aparte de la parábola, en literatura se cuenta con otros
recursos para ocultar o disimular lo esencial de las enseñanzas.
Entre esos recursos se encuentra la alegoría, muy socorrida
por los ocultistas y constantemente utilizada por Cervantes
en SU!! capítulos en clave.
El enfoque de Unamuno de la Cueva de Montesinos
Entre éstos vov a tratarte. someramente siquiera y no a
título de cervantista sino en calidad de simple aflcronado, te
repito, del que narra la famosa "aventura" de la Cueva de
Montesinos, relato que da lugar a los capítulos XXII y XXIII
de lasegunda parte de El Quijote. Previa aclaración de que este
capítulo no esta escogido caprichosamente sino porque, entre
los de su índole, es el único que han analizado o tratado de
analizar los autores, aunque no situándose en el ángulo ocul-
tista; circunstancia que da pie para intentar esta incursión
por uno de los territorios más accidentados y escabrosos
42
de todo El Quijote no sólo por el tema específico de que se
trata, sino por los artificios alegóricos de que se vale el autor
para ocultar la verdad, sobre todo en aquellos tiempos en que
la Inquisición española campeaba todavía ¡Jor sus respetos,
Parece que todos esos autores, universitarios y eruortos, a
fuerza de talento han vislumbrado vagamente que algo raro
existe aquí, pero al entrar en materia no concretan nada de
lo que uno espera y todo se convierte en algo así como en
una niebla mental que defrauda las esperanzas.
Uno de los autores que han interpretado a su modo este
capítulo es Don Miguel de Unamuno el después famoso Rec-
tor de la Universidad de Salamanca, en su libro que titula
Vida de Don Quijote y Sancho:
De acuerdo con lo que he podido entender, este autor no
analiza, ni siqulera se acerca a lo que puede llamarse el conté-
nido filosófico de este raro capítulo, sino que se contrae
simplemente al descenso, apartándose de toda consideración
filosófica o trascendental para interpretar Queeste acto audaz
del Manchego al bajar con resolución e impavidez a la
tenebrosa entraña de aquella caverna inexplorada sintetiza, en
un sólo símholo, l'a genialidad imorevista y el temple heroico
de la raza hispana desde los días del pastor Viriato hasta la
gesta del Almirante Churruca, pasando por el Cid y por Piza-
rro, por Cortés y Ponce de León hasta llegar al Almirante Cer-
vera ya los admirables defensores del Alcázar de Toledo en la
última guerra civil y de aqu í no pasa. No soy yo, mi querido
Fabricio, quien impugne tan brillante como patriótica opi-
nión del afamado filósofo si esto es lo Queél ha encontrado
,
sobre todo porque también esto existe si queremos que exis-
ta; pero insisto en decir que esto no es analizar el contenido
filosófico de estos dos amplios capítulos ni un esfuerzo por
comprender el significado profundo de las galimatías que
abundan ni una apreciación de los argumentos de Don Qui-
jote ni de los contra-argumentos de Sancho y el primo ni una
(*) Colección Austral. Escasa Calpe, S. A
43
valoración de los detalles que son los hitos o jalones que mar-
can la dirección de una ruta como aquello de las lagunas de
Ruidera que son nueve pero que se dividen en dos grupos,
uno de siete y otro de dos, o aquello de Que torció a la dere-
cha mano. O lo otro del río Guarama Que durante un trecho
corre en superficie y después sehunde para correr otro trecho
subterráneo y vuelve a aparecer para volver a hundirse y de
este modo mil detalles cuyo conjunto y coordinación dan la
clave sin decirlo. El Profesor Unamuna no entra, pues, en la
:ueva a colectar datos sobre el terreno mismo de los aconteci-
mientos ni inquiere, por ejemplo, lo que significa Don Qui-
jote profundamente dormido en la cueva en todo el tiemoo
que dura la "aventura", ni los tres días que en susaparentes
disparates dice que ha estado por aquellas profundidades
siendo así que solamente ha permanecido más o menos una
hora. El Profesor Unamuno permanece fuera y, desde la dis-
tancia enfoca el descenso, pero un descenso puramente físi-
co para proponer luego una conclusión histórica y sentimen-
tal cuando la verdad es que en la "aventura" de la cueva des-
de el principio hasta el fin el arcurnento es iniciático y meta-
físico; por ejemplo, que en el ceremonial del descenso verda-
dero que alegoriza (;ervantes no hay soga y ésta solamente
aoarP.t'A en el relato como un detalle alegórico que el iniciado
110 toma en cuenta al leer. Todo esto induce a crp"'r lo. "" el
Profesor Unamuno no era ocultista, pero aunque lo hubo ...a
sido no le convenía manifestarse por másde una razón.
N.o ciencias herméticas en las Universidades
Como sabes, Fabricio, el Profesor Unamuno salió de la
Universidad de Madrid y luego llegó a ser Rector egregio nada
menos que de la rancia y legendaria Universidad de Salaman-
ca. En esos altos centros de estudios -y mucho menos en Es-
paña, ¡vaya que nol- no se le da cabida a cosa alguna que
tenga olor a ciencias herméticas, adaptadas ellas al esquema
de , . experimental en el sentido estricto de lo que puede ser
44
pesado, contado v medido de acuerdo con el aspecto exterior
o manifiesto de la creación a que llamamos naturaleza. El
aspecto interno o dinámico de la misma ~ enseñado de acuer-
río con otros métodos en los templos iniciáticos (5) y en las
logias que son otro tipo de universidad, y es por esa clrcuns-
tancia que el Profesor Unamuno ni siquiera enfoca ni plantea,
ni está obligado a tocar, el tema presentado y desarrollado
alegóricamente por Cervantes en la "aventura" de la Cueva
de Montesinos. No obstante, la finísima intuición del Profe-
sor Unamuno advierte algo torcido aqu í y designa el sueño de
Quijote como éxtasis, aunque, al parecer, atendiendo sólo a
lo puramente etimológico de la palabra.
La opinión de 'VIadarriaga
Otro renombrado y eminente autor, don Salvador de Ma-
darriaga, analiza en su libro Guía del Lector del Quijote-
esta aventura de la Cueva de Montesinos. Como sub-t ítulo el
libro reza: "Ensayo Psicológico sobre El Quijote". Este eru-
dito escritor enfoca con más detenimiento y profundidad la
"aventura" de la cueva y emite juicios verdaderamente curio-
sos, como cuando dice:
"Cada palabra, cada aeto de nuestro caballero en este cap í·
tulo viene a confirmar el estado de depresión psicológi-
ca en que, con escasos intervalos, le hemos visto desde
el comienzo de la segunda parte. A poco de haber enun-
ciado el principio de la justificación de los medios. Don
. Quijote, el propio Don Quijote en persona, aconseja a
Basilio dejase "de ejercitar las habilidades que sabía,
que aunque le daban fama, no le daban dineros": famoso
contraste con aquel apóstrofe, ya citado, en que Sancho
condena que el autor del Quijote trabaje por dinero.
(-) Selecciones Australes, Espesa Carpe,s. A.
45
M a ~ si el preludio de la aventura permite ya observar e
estado de ánimo, bien poco heroico, en que Don Quijote
la emprende, la narración que de ella haceel caballero es
acab-da muestra y prueba perfecta de que el Don Quijote
de la cueva de Montesinos es un .rlste Don Quijote,
batido por la realidad enseñado por la experiencia y fuer-
temente influido por su escudero".
Pero a fin de cuentas queda el lector otra vez aqu í
esperando que le encaminen por los vericuetos de disparates
y desatinos que cuenta el Andante a la salida del antro. Con-
tinúa, pues, el lector turulato y aun algunos no acaban de en-
tender lo que dice el autor de este libro ni mucho menos de
comprender el capítulo que de El Quijote secomenta puesto
que tampoco seofrece ninguna explicación de lo que Cervantes
quiso decir aquí con aquella asombrosa sarta de insensateces.
46
NOTAS
1. "A vosostros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están
fuera, por parábolas todas las cosas". Marcos 4-: 11
2. Dice Arturo E. Powell en el libro El Cuerpo Causal y el Ego "Estas Unida-
des de Conciencia conocidas como Mónadas, se describen como los Hijos que
moran desde el principio de una edad creadora, en el "SP'10 del Padre" y que
no "han alcanzado todavía perfección por el sufrimiento". Cada una de ellas
es verdaderamente "igual al Padre" en 'cuanto a su Divinidad; pero inferior al
Padre, en cuando a su naturaleza humana" -según las palabras del Credo de
Atanasio-. Cada una de ellas ha de penetrar en la materia, a fin de "hacer to-
das las cosas sujetas a ella". (1ra, Corintios XV, 28) Ha de ser "sembrada de
debilidad" para que "pueda ser resucitado en poder". (lbld., XV, 43) De la
condición estática envolviendo todas las potencialidades divinas, ha de llegar
a ser dinámica, desarrollando todos los poderes divinos." Es pues, "la chispa
no separada del Fuego Supremo" que en el hombre reencarna vida tras vida
con las experiencias acumuladas, para por el "sendero de la derecha" o evolu-
ción, volver otra vez, ahora como llama, al fuego de donde salió." Editorial
Kier, Buenos Aires, 3ra. Edición. Pág. 17.
3. Adico Y Monádico: El primero es el campo de evolución del Logos y refe-
rente a esto no se sabe nada, sencillamente porque la mente humana no pue-
de penetrar en este plano. EI segundo es el plano o campo de evolución de la
Mónada e información detallada acerca de este plano se encuentra en el libro
de Arturo E. Powell citado en 'a nota anterlor ,
4. Son los senderos de la involución o "exhalación" Y el de la evolución o "in-
halación. Este suceso está alegorizado en la Biblia en el Capítulo 28, Ver. 12
de Génesis con el sueño de Jacob que también es conocido como la "Escala
de Jacob", Dice el texto: "y soñó, y he aquí una escala que estaba apoyada
en tierra, v su caoeza tocaba en el cielo; y he aquí angeles de Dios que subían
y descendían por ella". Subían equivale a evolución. Y bajaban a involución.
La prime", por la derecha y la segunda por la izquierda.
"Vosotros sois Dioses" dijo el Salmista. Cuando seha terminado de recorrer
el sendero de la derecha se hace verdad esta sentencia.
o en otras palabras, mediante la involución el espíritu se corporiza; mediante
la evolución se espiritualiza lo corpóreo.
5. Se lee en el Tomo 11 de Isis sin Velo de Madame Blavatsky; Pág. 197 (Ibid.l
47
"CuandO nadie tenia a los profetas por charlatanes ni a los taumaturgos por
Impostores hubo colegios de vates éIonde se enseñaban las ciencias ocultas",
Agrega una nota: "De esta dese era el colegio de Samuel en Ramah. el de Eli-
seo en Jericó. la Academía Hillel v las enseñanzas de misticismo a Que por
maudato de su maestro se aplicaron los discípulos de Sócrates. En todo Israel
fueron célebres las escuelas de videntes."
48
"Solo entreesas contradicciones y en esas falsedades
aparentes encontramos la verdad"
Madame Blavastky
Glosario Teosófico
49
CARTA III
Querido Fabricio:
Tengo por norma respetar las opiniones ajenas y la del
Profesor lJnamuno acerca de lo Que interpretó como análisis
filosófico de los capítulos que de El Quijote nos ocupan con
mayor razón; no sólo por venir ella de alguien tan autorizado
como el más tarde famoso rector de la Universidad de Sala-
manca, sino porque también lo que él dice está all í.
lQué clase de aventura es ésta?
Por otra parte no estoy de acuerdo en que la fantasmagó-
rica e incomprensible "aventura" de la Cueva de Montesinos,
"tenida por el cronista Side-Hamete como la más descomunal
que vieron los siglos pretéritos ni verán los futuros" sea tal
aventura; por lo menos en el sentido físico y activo que da el
vulgo a este vocablo, aunque sí en su acepción de "acaeci-
miento o suceso extraño". Como ya dije respeto lo que dice
este cronista de "grandes entendimientos" dado el caso de
que en ello exista aventura; pero si las señas valen, encuentro
dicha opinión comprometida porque, en efecto, contrario a
todo lo que ocurre y estamos acostumbrados a ver a lo largo
de todo el libro, cuando de aventura se trata aQU í no hay ni
riña ni pelea, ni tajos ni estocadas, ni pedradas ni palos, ni
corre la sangre ni aparece Sancho ni el ventero, ni los arrieros
ni los cabreros, ni, por otra parte, gente hay que regresa de la
verbena o de la feria. Además, el elemento femenino, tan so-
51
c o r ~ d o en todo El Quijote como factor primordial, brilla
aquí por su ausencia; aparece sólo como agente secundario.
He aqu í que en esta oportunidad no encontramos ni maritor-
nes estrafalarias, ni campesinas malolientes, ni perfumadas
duquesas, ni princesas prisioneras, ni doncellas perseguidas, ni
pastoras llorosas, ni monjas remilgadas, ni viudas aleqres, ni
dueñas impertinentes, ni viajeras por caminos y veredas a
quienes defender de malhechores. Aqu í, Don Quijote, siem-
pre ocasionado y pendenciero, agresivo y peleador, no vaga
de claro en claro ni de venta en venta en busca de meneste-
rosos ni menesterosas a quienes valer, ni en pos de malandri-
nes y bellacos, ni gente soez y mal nacida a quienes castigar,
ni de viandantes con quienes platicar acerca de la cabaUería y
de Amad ís de Gaula mientras hacen camino; aqu í, el otrora
pugnaz caballero de la lanza en riestre y la rodela en brazo;
aquel cuyo descanso es el pelear, duerme.... permanece
todo el tiempo inerte como un tronco sobre un rimero de
soga, en tanto se desarrollan los sucesos. Pero, écuáles suce-
sos? ¿A qué drama asistimos? ¿Qué aventura presenciamos?
¿Dónde está la acción? ¿En qué momento aparecen los
elementos de esta aventura tenida por descomunal entre
"gentes de grandes entendimientos"? Hay para desconcertar-
se, porque nadie logrará convencerme de que el bajar por una
soga y echarse luego a dormir como un pechero sea cosa
tenida por aventura en parte alguna, ni persona logrará
demostrar que el sueño profundo, estado que por sí mismo
es la antítesis de la actividad, en este caso sea aventura.
Bueno, Fabricio, estamos frente a un enigma insoluble, por
lo' menos mientras permanezcamos aleladOS contemplando el
vulgar e insulso espectáculo ae un hombre que duerme.
Cervantes dejó planteada una ecuación.
En mi concepto debe haber algo más, pero Fabricio, esta-
mos frente a los hechos. Hechos fehacientes, palpables, in-
discutibles, materiales e inalterables a menos que, asaltados
de modo imprevisto por alguna idea anastomosada obscu-
52
ramente hasta ahora, con otras ideas relegadas a la región del
subconsciente, sospechemos que en esto debe haber algo más
que un simple hombre dormido y que ello sea una especie de
ecuación de enésimo grado que dejó planteada Cervantes; un
hieroglifo a descifrar, aloo así como la escritura cuneiforme
encontraos en los ladrillos de las ruinas de Babilonia o las
inscripciones grabadas en ias paredes de las cámaras internas
de la gran pirámide. Si la sospecha es válida, lo primero en
buscar es una clave adecuada fundada en hechos conocidos
que nos permita dos cosas: lo primero aclarar el misterio de
este sueño que duerme Don Quijote, que evidentemente no
es la aventura, pero que puede ser su condlción-necesarla y
hay que asegurarse de esto; y lo segundo, que nos permita
descifrar el lenguaje disparatado e incoherente del Manchego
en esta oportunidad, tal como descifraron los egiptólogos la
inscripción de la llamada piedra de Roseta.
Opinión de Sancho y el Primo
Volviendo a Don Quijote, tan dormido se encontraba que
sus compañeros, alarmados por el largo silencio, resolvieron
por fin rescatarlo je las tinieblas de la cueva, y a fuerza de
brazos lograron sacarlo a la superficie, pero, todavía así. fue
necesario que transcurriera un largo rato y desoués de zaran-
dearlo varias veces es cuando se despierta y comienza a decir
cosas..... Cosas que Sancho y el primo, carentes de elementos
de juicio por falta de la cultura adecuada, no tienen otra al-
ternativa que la de admitir que su amigo se ha despertado ha-
blando grandes disparates, lo que atribuyen al efecto de la
obscuridad, el silencio, la soledad y, en conjunto, el horror
que aquella horrible caverna ha producido sobre la psicolo-
gía de este sujeto predispuesto del sistema nervioso y algo
chiflado ya de suyo. Esa opinión de gente tan descalificada
para dar veredicto en tan embrollado asunto, ha prevalecido
como piedra de toque para mantener la opinión pública fuera
del trillo de la verdad, según lo había calculado y previsto
Cervantes quien, ten ía confianza en los recursos que pon fa
en juego para garantizar el sigilo.
53
El sueño de Quijote esel estado de "trance"
Nosotros, mi querido Fabricio, tú y yo; estudiantes de
Metapsíquica -más allá de lo psíquico- vaya decir, para ex-
presarme en términos modernos, pero que avalamos nuestros
estudios teóricos con experiencias que permanecen asimiladas
a nuestro substratum biológico como grandessurcos abiertos
por el rejo de una cultura sostenida, nos encontramos prepa-
redes-para interpretar los hechos de un modo distinto, yad-
mitir desde el principio, responsablemente y 'sin titubeos, que
Don Quijote en la cueva no duerme el sueño ordinario sino
que ha caído en el estado de trance (1) estado segundo bien
conocido por el público. Estado que prácticamente consiste
en que, cuando la personalidad o yo inferior de determinados
sujetos predispuestos del sistema nervioso llamados sensitivos,
sintoniza con cierta onda o vibración emanada de la esfera
psíquica, hetero o auto inducida, susconexiones con el cuer-
po denso que la aprisiona se laxan, y esto permite que sedes-
lice fuera de él con todas susfacultades y atributos, para tras-
ladarse a la región del espacio llamada plano astral (2) o emo-
cional, en donde se encuentra automáticamente vehiculado
por el "doble" astral (3) del cuerpo denso que yace en la in-
conciencia en algún lugar de la tierra; doble que reproduce
con exactitud matemática la figura densa que corresponde,
(4) circunstancia que tiende a dar sensación de equilibrio y
estabilidad al sujeto en sus nuevas condiciones de existencia,
y a reconocer y a confirmar su identidad en aquel mundo en
que, en virtud de un fenómeno de reflexión parecido en algo
al fenómeno del "espejismo", se encuentra reproducido el
doble astral de todos los objetos yacentes en la superficie de
la tierra. Estas cosas tienen que parecer raras y aun inadmisi-
bles para todo el que sea profano, pero trato de cosas viejas
como el mundo, señaladas en La Odisea y en La Biblia, refe-
ridas en El Apocalipsis en La Eneida y en La Comedia de
Dante, utilizadas en ei templo de Delfos con fines iniciáti-
cos y en el de Esculapio o Asclepios con fines diagnósticos y
terapéuticos, pues éste era al mismo tiempo un hospital, un
templo y un centro religioso.
54
Algunos hay, querido Fabricio, que saben estas cosas, pe-
ro muchos existen que no las saben y, aún muchos más Que
en ellas no creen como hay otros que no creen en los micro-
bios, muchos que no creen que la tierra es redonda y algunos,
los ateos, inclusive no creen en Dios. i Lástima grande.. ! Mas
por fortuna nunca la ignorancia ha impedido que los hechos
de la naturaleza se realicen. Nuestro papel, querido amigo, en
esta oportunidad no es discutir con los ignaros ni convencer a
los recalcitrantes, para eso están los polemistas, sino aceptar
como buenos y válidos los hechos que presenta Cervantes en
calidad de datos para la solución del problema, pero hechos
que, sean cuales fueren las razones que le asistieron los ofrece
tan dispersos, tan fragmentarios, tan incoherentes para el pro-
fano, y tan cuidadosamente envueltos en los velos de la alego-
ría yen las redes del galimático lenguaje del protagonista, que
resulta en verdad difícil desenredar esta madeja que con tanta
maestría y con tanto arte enredó el Manco. Convencido de
que los elementos explicativos que aparecen en el texto están
cuidadosamente calculados para que se conviertan en elemen-
tos de confusión aun para las mentes más claras si no se cuen-
ta con una clave a que referirlos, ofrezco la noción del trance,
hecho al que no es ajeno ninguno de los estratos del público,
como la única llave capaz de abrir esa puerta, cerrada por el
Maestro hace siglos. Puede objetarse cómo, en tanto tiempo,
y pasando El Quijote por las manos de tantos ocultistas, nin-
guno ha dado con esa solución. Yo contesto que ninguno ha
pensado en eso; tal como es frecuente que el médico yerre el
diagnóstico por no pensar en un detalle cualquiera, detrás
viene el practicante, capta el detalle y cura al enfermo. No es
que el estudiante sepa más que el profesor, es que así son las
cosas de la mente humana y sobre todo las cosas de este mun-
do, en donde la sabiduría del Creador realiza constantemente
el milagro de los panes y los peces, permitiendo que haya
para todos y aun sobre.
55
Una hipótesis de trabajo
Puede que los teóricos de academia repugnen admitir .Ia
noción del trance como una realidad en el brumoso océano
de la psicología transcendental que ellos no han explorado; la
negativa sólo pondr ía de manifiesto su ignorancia, pero aun
así, si no son sistemáticos, pueden aceptarla a título de "hi-
pótesis necesaria" tal como Francisco Arango, matemático y
racionalista francés del siglo XVIII, aceptaba la idea de la
existencia de Dios. No era devoto y rechazaba los dogmas de
fe que no admiten ni discusión ni antinomias; pero hombre
sincero ante todo, aceptaba no obstante la idea a título de hi-
pótesis necesaria, porque sólo con esa se explicaban hechos y
proposiciones que con ninguna otra podrían ser esclarecidas.
En el caso que nos ocupa, la noción del trance pasa a ser una
hipótesis necesaria porque sólo con ella podemos explicar el
hecho incomprensible para la mente racional, de que mientras
el cuerpo físico yace en la inconciencia sobre un rimero de
soga, Don Quijote en persona, pleno de actividad y de vida,
con sus virtudes y sus defectos, con sus poses y sus gestos,
aun con su chifladura habitual y la tristeza de su figura, se en-
cuentra en acción realizando la aventura en el pa ís donde los
muertos viven, con loscuales ha convivido, conversado y dis-
cutido, y aun le sobra para volver a dar noticias al mundo cie
la descomunal y nunca vista ejecutoria. Ahora comprendemos
por qué en la cueva todo es silencio y quietud. Es que, aun-
que aquí se encuentre el cuerpo físico del prOtagonista, el es-
cenario de la aventura se encuentra en otra parte substra ída
por completo a nuestros sentidos carnales, Ahora advertimos
que el hombre no es el cuerpo denso, sino que éste es su refle-
jo o su sombra en el mundo de las tres dimensiones, y su ve-
hículo de manifestación y de aeclén en la zona física de la tie-
rra. Ahora sabemos que si en el estado de trance, un accíden-
te cualquiera hubiera afectado el cuerpo indefenso del Man-
chego, el débil remanente de vida que restaba en éste se ha-
bría retirado, lo que significaba automáticamente la muerte.
Ahora comprendemos... pero basta, Fabricio, que no estoy
dando una cátedra acerca de los cuerpos del hombre y del 8$-
56
tado de trance, ni pretendo escribir un tratado acerca de la
evolución humana en el estado post-morten, para esto existe
una ciencia llamada escatolog ía o ciencia de los residuos que
oor ahora no te recomiendo.
Post Data
Después de escribir esta carta ha llegado a mis manos
una revista médica por medio de la cual me he enterado de
Que últimamente ya la ciencia oficial está incursionando en
estos terrenos y empieza a vislumbrar todas las posibilidades
del espíritu. Se habla de una nueva rama o dlscrplina, la Pa-
rapsicología, que de acuerdo a ola etimología de la palabra, me
parece que es lo mismo que Metapsíquica aunque ahora con
un nombre más sofisticado. Ya trataremos de esto en otra
ocasión.
57
NOTAS
1. Dice una nota del traductor del libro de Leadbeater El Plano Astral: "Es
muy frecuente en los tratados de metapsíquica emplear bárbaramente la pa-
labra trance que en español significa momento crítico y decisivo de algún su-
ceso o acción, como trance de muerte, en un mal trance Yotras frases por el
estilo. Lo que en francés e inglés denota la palabra trance no es el trance es-
pañol, sino éxtasis, no precisamente en el' sentido del alma enteramente do-
minada por intenso y grato sentimiento de contemplación y admiración, sino
en el recto sentido etimológico de ex- fuera y stasis base, de decir fuera de
base, fuera del cuerpo, transportado, por loque si no se quiere dar al éxtasis el
significado místico comúnmente empleado, se le puede llamar transporte co
mo traducción fiel del concepto de trance, pero nunca traducir literalmente
esta palabra con significado contrario a su verdadero concepto en español"
Hoy, sin embargo, la palabra trance ha sido aceptada por la Academia Espa-
ñola de la Lengua en el sentido de éxtasis, lo mismo que en francés y en in-
glés. De todas formas, en esta obra, cada vez que la usemos en el sentido de
transportación o éxtasis, la escribiremos en cursivas.
2. Dice Leadbeater en su obra El Hombre Visible e Invisible: "La palabra
"astral" no la elegimos nosotros. La hemos heredado de los alquimistas de la
edad media. Significa "estrellado" y suponemos que con ella se designó la
materia del plano inmediato superior al físico, en razón de su apariencia lu-
minosa y mas rápidas vibraciones rítmicas. El Plano Astral es el mundo de la
sensaciones, emociones y pasiones, y por medio del veh(culo del hombre
apropiado a este plano, se revelan al clarividente todos los sentimientos. El
Cuerpo Astral del hombre tiene aspecto continuamente cambiante, según las
emociones que expresa." Pág. 31, Editorial Kier, Buenos Aires. 5ta. Edición.
3. El Cuerpo Astral "es el campo o vehículo en que se manifiestan los deseos y
el espejo donde todo acto sensual (todos los actos efectuados por medio de
los sentidos físicos) se refleja instantáneamente, y todo pensamiento se mani-
fiesta por poca relación que tenga con la personalidad. La materia del cuerpo
astral proporciona forma plástica a los tenebrosos elementales que el hombre
crea y actualiza con sus malos deseos y sus malignos sentimientos, as¡ como
a los benévolos elementales creados por la bondad, la gratitud y el amor"
(tbfd.) Pág. 82.
Madame Blavatsky dice en lsis sin Velo: "Los filósofos iniciados en los Mis-
terios decían que el alma (cuerpo) astral es el incoercible duplicado del cuer-
PO denso ... El cueroo astral está contenido en el físico, corno el éter en una
botella o el magnetismo en el imán... (Pág. 281, Tomo l. tbíd.).
59
4. Se lee en la Pág. 41 Y 42 de Isis sin Velo, Tomo II,lIbíd) lo siguiente: "Pone
Platón en boca de Sócrates, en su coloquio con Callicles (Georgias) que el al-
ma mortal retiene todas las características del cuerpo ffslco luego de muerto
éste, con tal exactitud, que si un hombre sufrió en vida la pena de azotes ten-
drá el cuerpo astral con las mismas equimosis y cicatrices. El cuerpo astral es
calcada reproducción del físico bajo todos sus aspectos.....
60
"EsteríoY los topacios que entrany salen
y losonriso de losyerbas, son nodo másque
sombras y prefacios de lo verdad; no es decir
que estos cosos sean en sí de difícil comprenstán;
el defecto estáen ti que no tieneslo
visto aúnbastante elevado".
Dante:
Paraíso, Canto XXX
61
CARTA IV
Querido Fabriclo:
En mi última carta, y ya en los párrafos finales, escribí
y subrayé la palabra cueva y quiero explicarme.
Cuando en el proceso de mi formación cultural tropecé
con El Quijote, al llegar a estos capítulos XXII y XX" I de
la segunda parte, lo mismo que Sancho yel primo hube de
quedar todo asombrado y desorientado ante la retah íla im-
prevista de disparates que caracterizan desde el principio has-
ta el fin el relato.
Experiencias al leer la Cueva de Montesinos.
Admiraba sinceramente, eso sí, la capacidad imaginativa
de Cervantes y admitía que por aquel entonces este autor
ten ía pocos oficios de que ocuparse ya que dispon ía de tiem-
po suficiente como para dedicarse a escribir tantas necedades
y vacuencias. Por otra parte me parec ía advertir como que es-
tos capítulos no estaban del todo a tono con el resto de la
obra pues, en toda ella, las chifladuras y las ridiculeses del
protagonista tienen oportunidad y lugar en relación con las
demás personas.
Este grimoso episodio de la cueva, por lo contrario, tie-
ne lugar fuera del mundo, en el fondo de una obscura y pro-
funda caverna y para mayor contraste, entre muertos que,
aunque hace más de quinientos años abandonaron la tierra
están vivos. razonantes y colenates, y lo repito para que tornes
63
buen cuidado de esto ya que volveremos a tratar de ello más
adelante.
La incongruencia es evidente ya que la índole de esta des-
conflautante aventura es a todas luces distinta de todas las
demás. En efecto, la tónica de todas las aventuras de este des-
ternillado andante es el ridículo. Pero aquí, Fabricio, en ésta
ele la cueva, todo esabsurdo, de una absurdidad tan definitiva
que todos tenemos que compartir con los dos compañeros
del héroe, la opinión de que con la bajada a la tenebrosa caver-
na, la chifladura convirtióse en locura de remate, según las
cosas que aseguró haber visto y oído por allá abajo.
Por varias veces hice el intento de penetrar, si tenía algu-
no, el sentido de estasgalimatías, y otras tantas fue frustrado
el esfuerzo con lo que abandoné tan inútil dispendio de tiem-
po y de humor.
Con los años adivino la cultura ocultista no solamente
como teoría o conocimiento adquirido en el papel, sino afian-
zada en determinadas experiencias en el astral, resultado, se-
guramente, de adelantos obtenidos en alguna existencia ante-
rior, pero de las que había perdido todo recuerdo cerebral.
Cuando esta cultura, a favor de una intensa labor teó-
rica y práctica, en alguna medida se hubo consolidado en gra-
do suficiente, un día, sin esfuerzo alguno, apareció claro en
mi espíritu el enigma de la cueva que permanecía en el sub-
consciente como semilla dotada de una poderosa vitalidad en
latencia. AII í estaba todo el cap ítu lo XXII Yel XXIII a que he
hecho referencia, con sus disparates, sus contrasentidos y sus
galimatías impenetrables y pude comprobar el valor de aquel
aforismo hermético, según el cual "la verdad se esconde entre
tinieblgs y nunca escriben los filósofos más engañosamente
que cuando parecen claros, ni con más verdad que cuando se
valen de enigmas". Efectivamente Fabricio, todo consiste en
que siempre escriben ellos por medio de parábolas o de alego-
rías que son como espesos velos ante la vista de los que no
están en posesión de las claves; pero que resultan transparen-
tes para el iniciado en esta clase de estudios, del mismo modo
que una fórmula algebraica cualquiera ha de resultar un enig-
64
ma indescifrable pata el no adepto a los estudios matemáti-
cos, pero fácilmente comprensible para el que ha cursado
estas disciplinas.
Tónica iniciática de estos capítulos.
Que estos capítulos de la Cueva de Montesinos son iniciá-
ticos es definitivo Fabricio. Eso ha estado claro y paten-
te durante siglos y, en mi ooinión. si hasta la fecha no se
hab ían descorrido los velos de la alegoría que sobre ellos ha
corrido el maestro, es porque hasta hoy no ha sido.analizado
este relato por ningún ocultista y, si lo ha sido, se ha querido
guardar silencio acerca de su significado.
E! primer velo: la locura de Quijote
El primer velo que corre Cervantes sobre el tema, con el
propósito de decapitar al vulgo, simbolizado por Sancho y el
primo, es el escoger como protagonista de esta estupenda
aventura a un loco, a fin de que todo lo que aparezca aqu í
de extraordinario y de raro, sea achacado a los desvar íos
y a las alucinaciones que caracterizan al Manchego a todo lo
largo del libro. Repito que esto es lo que llamamos un velo y
más adelante habrá oportunidad de señalar otros.
Con este subterfugio no solamente cumple el Manco con
el precepto del sigilo ofuscando yen cierto modo embaucando
al lector, sino que cuida de su seguridad personal ya que en
aquellos tiempos en que el Tribunal del Santo Oficio campea-
ba por sus fueros y en que era crimen imperdonable aun el
leer La 8ibliá;'el dar siquiera un atisbo de estas cosas que ocu-
rren en la cueva era caer inevitablemente en la hoguera.
Antes de iniciar el análisis de este retazo que del mundo
oculto nos ofrece Cervantes, es oportuno recordar que estos
relatos de la bajada a las llamadas regiones inferiores son fre-
cuentes en toda la literatura clásica en los que la cueva, pre-
sentada en sus más imprevistas modalidades, ocupa un lugar
de preferencia.
65
El s ímbolo de la cueva en el Antiguo Testamento.
En las alegar ías de la cueva, y dentro de ella. casi siempre
aparece la gestación y el advenimiento de! neófito 3i mundo
de lo espiritual corno si fuera un recién nacido. As í. pLies, la
cueva, como símbolo, está ofrecida de mi: mOGOS distintos en
las referencias alegóricas; modos a veces tan sutiles que preci-
san alquna perspicacia para caer en la cuenta de lo que se trata.
Para demostrarte la importancia que se le otorga a la cueva en
la literatura iniciática clásica, así como algunas de las tantas
modalidades que de ella se presentan, veamos primeramente
lo que dice Madarne Blavatsky en el cuarto Tomo de Isis
Sin Velo, Pág. 231, (ib id.}:
"El ínicado Moisés (Asarsiph u Hosarsiph) que tan ver-
sado estaba en ciencias ocultas, huye al pa ís de Median
y se sienta junto al pozo (o cueva) (Éxodo 11,15) donde
las siete hijas del sacerdote Kenita de aquel país llenan
las cubas para abrevar los ganados de su padre.
Aqu í advertimos nuevamente el simbolismo del número
siete, pues las siete hijas representan las siete potestades
ocultas. Los siete pastores que intentan expulsar del
pozo a l a ~ siete hijas del sacerdote medianita, simbolizan,
Según algunos interpretes cabalistas, los siete astros de ma-
ligna influencia a que alude el sistema nazareno. Moisés
defiende a las doncellas y ahuyenta a los pastores que
también son siete en los antiguos manuscritos samarita-
nos. Esto significa que Moisés vence a las siete potestades
maléficas y logra la amistad de las siete potestades benéfi-
ficas. Por esta razón convida Jethro a Moisés a partir el
pan con él (participación de la sabiduría oculta) y le da
en matrimonio a su hija ZIPPORA (Séfora) que signifi-
ca brillante o refulgente (de separ, brillar) y es emblema
de la brillante ciencia esotérica (Sippara era la ciudad del
Sol en Caldea). Tenemos por lo tanto que el median ita
Jethro fue el iniciador de Moisés al pie de aquel pozo o
cueva y de aqu í la alegar ía bíblica". (Negrita mfas].
66
Vamosaanalizar,avuela pluma, esto que la Sra. Blavatsky
(1) escribe y quien, dicho sea de paso ha sido, sin duda, la
más eminente ocultista que el Occidente ha conocido.
Observa, Fabricio, que la Blavatsky anota entre parénte-
sis el nombre egipcio de Moisés y añade: "que tan versado es-
taba en ciencias ocultas..... " (2) Como sabes, hasta hoy los
egipcios han sido considerados por la mayor ía de los eru-
ditos como los más calificados en esas ciencias. Al decir de
esos eruditos los hierofantes egipcios otorgaban las diversas
iniciaciones delas artes ocultas dentro de las entrañas de las
Pirámides, o lo que es lo mismo, dentro de las cuevas de
esos antiguos monumentos que aún existen y que han sido el
asombro de la humanidad a través de los tiempos.
Pero aqu í lo más importante no es eso. Lo de verdadero
valor, para los fines del relato bíblico así como para las ense-
ñanzas y leyes que sus autores o autor quisieron dejar y deja-
ron en él, es que en este versículo Moisés recibe la iniciación
conferida bajo el pacto del pueblo de Israel con Jehová o
IHVH. Iniciación que antes habían recibido Abraham, Jacob,.
José, así como todos los otros patriarcas del llamado "pue-
blo escogido".
Claro que Moisés, así como todos los ocultistas, sabía y
saben que Dios o la Verdad es una y que una vez recibida la
iniciación auténtica, esa que "despierta la chispa para conver-
tirla en llama"; esa que hace "oír la voz; del silencio"; no im-
porta latitud o longitud, religión, creencia o filosofía, porque
en los planos metafísicos no existen ya las diferenciaciones.
AII í todo es unidad.
Importantes símbolos en ocultismos
Los mensajes que entre líneas se dan en la Biblia es cosa
que los encargados de escribir este singular libro quisieron
transmitir a las generaciones estudiosas e inquietas del futuro
y fue dejado ahí para que los descifren quienes tuvieran la
capacidad y la osad ía.
67
Además, y señalando ahora lo que nos interesa, se dice
aquí: " ...pozo", para insistir acerca de la importancia de
este símbolo. No obstante que. de acuerdo a la descripción
de la escena, los sucesos ocurren en esta ocasión a plena luz
del día y sobre terreno llano, la cueva ha de estar presente o,
por to menos, ofrecerse como símbolo o alegoría.
En este mismo capítulo La Biblia se refiere, además, a la
cifra o clave del siete, cosa que la Blavatsky analiza extensa-
mente (3). La cueva, la clave °cifra siete, las aguas, el río,
lo mismo que la montaña, son símbolos de básica importan-
cia cuando de relatos o literatura ocu Itista se trata. Cervantes
ocurre, con deliberada pero sutil intención, a mencionar los
primeros cuatro aunque deja de lado la montarla en los cap í-
tulos ya mencionados, porque sabía muy bien lo que se
tra ía entre manos según veremos.
68
NOTAS
Jacques Bergier. el famoso autor del Best-seller el Retorno de los Brujos, di-
ce en su libro Los Libros Condenados. pág. 44 y refiriéndose a Madall1e Él la-
vatskv: ". .•se convierte rápidamente en la persona mejor informada del si-
glo XIX en todo lo que atañe a las ciencias. Basta leer libros tales como La
doctrine secrete, Isis devoilée y Le symbolisme archaique des religions. ñr-
m"rlns por ella, para comprobar su inmensa cultura. que va desde la lingüís
nca (es la primera .m estudiar la semántica del sanscrlto arcaico) hasta la fí
sica nuciear , pasando por todos los conocimientos de su época y de la nues-
tra, amén de algunas ciencias que están aún por inventar".
En el mismo libro. Pág.' 50, agrega: "Parece que en todo caso, se valió de
cierta clarividencia. William Emmett Coleman refiere que, en Isis dévollée
Madaro» Blavatsky cita unos cuatrocientos libros que no poseía. y las citas
son correctas. (Los Libros Condenados, Plaza y Janés. S. A. Editores, Bar-
celona) ,
2. ,\I1oisés debía sus conocimientos a la madre de la princesa egipcia Thermu-
thls, quien le salvó de las aguas del Nilo. La esposa del Farahón, Betria, era
una iniciada. y los judíos le deben a ella su profeta, "instruido en toda la sa-
bkíu-Ia de los egipcios y famosos de palabras y obras ..•" (Mme. Blavatskv.
Isis sin Velo. Pág. 88. Tonin I Ibíd).
3. Dice Madame Blavatsky acerca de la cifra siete en el Tomo IV de Isis sin v«.
lo. Pág. 6 ~ (Ibid):
TodoS loselsternas de rnlsticlsrno reliqloso están basados en nll"ris-
mas. ~ e g ú n Pitágoras. la Monas o unidad, emanando la ouaoa y foro
manooesí la trinidad. y el cuaternarloo Arbeil Iel místico cuatro).
constituye el número siete. El carácter sagrado de los números
principia con el gran Primero -UNO y sólo termina con el nada o
cero- SJmboJo del infinito e ilimitado círculo que representa el
Unlverso. Todas las cifras intermedias. sea cual fuere su combine-
cien o multiplicación, representan kíeas tuosóftcas. desde sus inde-
finidos hasta el axioma científico definitivamente comprobado re-
ferente a un hecho moral o f(sico de la Naturaleza. Son una clave
para las antiguas opiniones acerca de la cosmogonía, en su sentido
general. incluyendo al hombre y demás seres. y a la evolución de la
raza humana tanto espiritual como f(sica.
El número siete es indudablemente de origen Indo. y es el más sa-
grado de todos. Todas las cosas importantes eran calculadas y
adaptadas a este número por los filósofos arios, así las ideas como
69
las localidades. Así es que tienen ellos los:
Sapta-c-Rischis , o siete sabios, simbolizando a las siete primit ivas ra-
zas diluvianas (post-e-diluvianas como algunos dicen).
Sapta-Soka, los siete mundos inferiores y superiores: de donde
cada uno de estos Rishis han procedido, y adonde han vuelto glo-
riosos antes de alcanzar la felicidad final de Moksha.
Sapta-Kula o siete castas, los Brahamanes pretenden ser los des-
cendientes directos de la más elevada de ellas.
Hay además, Sapta-Pura (las siete ciudades santas). Sapta-Duipa
(las siete santas islas), Sapta-Samudra (los siete Santos mares),
Sapta-Parrata (las siete montañas santas), Sapta Arania (los siete
desiertos)' Sapta-uruksha (los siete árboles sagrados), y así suce-
sivamente.
En ia magia Calcieo-Babilónica, este número reaparece una y otra
vez dIO un mocio tan preeminente como entre los indios. Este nú-
mero es doble IOn sus atributos, esto es, benéfico en uno de sus as-
pectos, se convierte en maléfico bajo otras condiciones...
Es muy natural que busquemos el significado de este número en la
filosofía pagana, el cual reaparece también en el Cristianismo, en
sus siete sacramentos, sus siete iglesias en e! Asia Menor, sus siete
pecados capitales, sus siete virtudes (cuatro cardinales y tres teolo-
gales\, etc,
zTrenen .acaso los siete colores prismáticos del arco iris vistos por
Noeh algún otro significado que no sea el de una alianza entre Dios
y el hombre para refrescar la memoria del primero? Para el cabalis-
ta, a lo menos, tienen una significación inseparable de las siete
prácticas de la magia, de las siete esferas superiores, de las siete no-
tas de la escala musical, de los siete guarismos de Pitágoras, de las
siete maravillas del mundo, de las siete épocas y hasta de los siete
pasos de los masones, que conducen al Santo de los Santos, des-
pués de haber pasado los vuelos de tres y cinco.
Así como Brahma, según las trad iciones exotéricas, está rodeado
de siete envolturas internas y siete exteriores en el Huevo del Mun-
do, así también el embrión está rodeado de otras tantas. La cosmo-
gonía exotérica enumera siete capas o envolturas internas y siete
externas. La Fisiología exotérica divide el contenido del útero en
siete esferas, aunque ignora la semejanza de esta división con la de
la matriz un iversal.
"El contenido del útero es como sigue: Iro. Embrión, 2do. líqui-
do amniótico, que envuelve inmediatamente al embrión. 3ro. los
amnios o membrana derivada del feto, que contiene el líquido
amniótico. 4to. Vejiga umbilical, que sirve para alimentar y nutrir
al embrión. 5to. Alantoides o alargamiento del embrión en forma
de saco ciego que se extiende entre los ammios y el corion por en
medio del intersticio y que concretando la placenta sirve para ali-
70
mentar el embrión. 6to. Intersticio, entre los amnjos '1 el carian.
lleno de un líquido albuminoso; y 7mo. Carian o snvortura exte-
rior.
Cada uno de esos siete elementos uterinos se cor responde v está
formado con arreglo a un tipo precedente en cada uno de los pia-
nos de existencia, y estos siete anticipos se corresponden a su vez
con siete estados de materias y todas las demás fuerzas sensibles o
funcionales de la naturaleza.
77
Cuentan que mientras Sócrates se hallaba en la
prisión esperando la muerte, oyó a un hombre
cantar una difícil composición del poeta Estesícoro
Sócrates suplicó al cantor que se la enseñara.
Al preguntarle por qué, el gran filósofo respondió:
"Quiero morir sabiendo una cosa más"
Ammianus Marcellinus.
Los cientificistas -no hay que confundirlos
con los científicos, repito una vez más- apenas
sospechan el mar de desconocido que se extiende
por todas partes en torno al islote de la ciencia,
ni sospechan que a medida que ascendemos por la
montaña que corona el islote, ese mar crece y se
ensancha a nuestros ojos, que por cada problema
resuelto surgen veinte problemas por resolver. . .
Miguel de unarnuno:
Mi Religión.
CARTA V
Querido Fabricio:
De acuerdo ya en utilizar como "hipótesis de trabajo" el
sueño que asalta a nuestro héroe en la Cueva de Montesinos,
sueño al que convenimos en llamar magnético o estado de
trance, prosigamos con la alegoría, o si quieres llamarla me-
jor, símbolo de la cueva.
Para poder descifrar el galimático lenguaje usado por Cer-
vantes en los cap ítulos donde narra los sucesos de esta aven-
tura, necesitamos hacer un periplo alrededor de las cuevas más
famosas y conocidas de la literatura universal. Es imprescin-
dible pues, Fabricio, abandonar rnornentáneajnente aqu í el
uso del método y sus, a veces, monótonas reglas. De suerte
que en esta carta voy a salirme de nuestro tema específico -el
análisis esotérico-filosófico de los cap ítulos en cuestión- a
fin de que tengas en cuenta los siguientes principales asun-
tos: 1) establecer antecedentes; 2) sentar bases de compara-
ción; 3) demostrar, a través de esas comparaciones, que Cer-
vantes hab ía conocido a fondo los elementos esotéricos que
manejaba, así como todos los acá pites de las ciencias hermé-
ticas. Asimismo, se demostrará definitivamente, por qué esta
disparatada aventura debía tener lugar en una cueva.
De manera que solicitando tu venia, si es que eres de los
amantes de los procedimientos metodizados, tan socorridos,
caros y exigidos en los centros oficiales de estudios, voy a
engavetar, sólo en esta carta, el tema central que nos ocupa.
75
La cueva de Polifemo en La Odisea
Entre las alegorías de La Odisea, * libro que podría ser-
vir de texto en cualquier escuela ocultista, presenciamos la
fiera y descomunal batalla entre Ulises y el cíclope, combate
que se desarrolla o tiene lugar dentro de una cueva o caverna
donde vive este extraordinario y monstruoso sujeto llamado
Polifemo.
Esta es la batalla que se libra durante millares de encarna-
ciones entre el hombre y su naturaleza animálica. La misma
que en Los Trabajadores del Mar, * * sostiene el protaqonista
con un enorrnépulpo en una cueva y la misma que a la luz del
sol libran San Jorge y el dragón. Estos monstruos alegorizan
siempre nuestra naturaleza inferior y siempre son vencidos. El
hombre que siempre resulta vencedor es el iniciado que tras-
ciende los estratos de la naturaleza pasional.
En el caso de Ulises con el gigante existen, empero, otros
elementos a considerar porque esta alegar ía es compleja. He
aquí, Fabricio, en primer término, que este forcejeo también
simboliza la lucha entre las últimas subrazas de la raza Atlan-
te y la primera de la raza Aria que adven ía aI escenario de la
historia y parece que se trata de una referencia directa a la
lucha de los griegos del norte con los Pelasgos; pero de todos
modos, el ojo frontal de Polifemo, su enorme estatura y su
poderosa fuerza muscular, son datos que nos ponen sobre la
pista de la raza Atlante (1l. En referencia alojo frontal, dato
de primera importancia, recordemos que en los tiempos de la
raza Lemur y aún.en los primeros de la Atlante, la atmósfera
terrestre no era despejada, limpia y luminosa como lo es
ahora, sino que estaba excesivamente recargada de vapor de
agua, en tal forma, que se vivía dentro de una niebla espesa
de la que es un débil trasunto la que invade a la ciudad de
Londres en algunas épocas. En estas condiciones la luz solar
no funcionaba como agente específico de la visión física y,
como según el aforismo científico "Ia función crea el órga-
no". nuestros dos ojos de la cara no existían o, por lo menos
(*) Homero, Editorial Sopena, Buenos Aires, Argentina.
(**) Víctor Huqo, Editorial Sopena, Buenos Aires, Argentina.
76
existían en estado asaz rudimentarios, de funcionamiento
muy exiquo, En tales condiciones el oio frontal organizado
para la visión astral supl ía en aigo la visión natural, auxiliada
por la suplencia de los otros sentidos más perfeccionados.
Cuando, a favor del tiempo, la atmósfera fue aclarándose,
los dos ojos de la visión física fueron tomando desarrollo y
el ojo frontal fue inhibiéndose y retrayéndose hacia dentro,
incluyéndose cada vez más dentro de la masa cerebral en don-
de formó su residuo el órgano a que llamamos hoy la glán-
dula pineal (2).
En los ejercicios de ocultismo práctico, cuando el estu-
diante alcanza el grado en que está preparado para adquirir
la visión astral, las células de 1; glándula pineal son excitadas
por la energía serpentina lIa -cada también Kundalina (3)
que de este modo recuperan Sl actividap anterior y el candi-
dato entra en posesión de la 'ista astral simbolizada por el
ojo del Cíclope.
Para abundar recordamos cue r'oliferno se lamenta de su
derrota con estas palabras:
iCumplióse en mí la antigua profecía
hubo aquí un adivino ilustre y fuerte,
Idemo, hijo de Eurimo, como nadie
hábil en predecir, que entre los Cíclopes
vaticinando envejeció, que todo
cuando me ha sucedido me predijo,
él dijo que sin vista dejaríame
Ulises; pero yo siempre esperaba
Quesería un varón prócer y hermoso,
dotado de gran tuerza: mas ahora
un menguado hombrecillo, sin denuelo
y sin bríos, del ojo me ha privado,
después que me venció con dulce vino. (4)
77
La raza atlante y la raza aria
En la raza aria, en efecto, los hombres fueron físicamente
más débiles que los atlantes y de mucho menor estatura, pero
aportaban en cambio elementos de espiritualidad simboliza-
dos por el vino, con cuyo concurso fue que logró Ulises ven-
cer al temible gigante. De suerte que fue con el esp íritu que
los arios se impusieron a los atlantes.
Todo esto se dice, pero todo tan sutilmente envuelto en
los velos de la alegoría que la simple perspicacia no puede cap-
tarlo, siendo preciso contar con los recursos de la clave. Cosas
más podrían decirse acerca del encuentro de estos dos hombres
fuertes, uno en lo físico y el otro en lo espiritual; por ejem-
plo, del texto de estos pasajes se deduce que estos gigantes
eran antropófagos y que no consumían vegetales sino que se
mantenían de los productos del ganado: carne, leche, queso
y, otra cosa se advierte, Ves que no tenían mujeres pues el
Cíclope vivía solo en su caverna, de donde se infiere que eran
andróginos (5).
En realidad ya en la raza atlante, (cuarta raza ra íz) no
existía el tercer ojo como órgano exterior, ni la confusión de
sexos, éstas eran reliquias de la tercera raza ra íz o raza lernu-
riana, pero Homero se complace en traer estos recuerdos y fi-
jarlos en el eíclope, símbolo de la raza atlante.
De este modo Homero describe no sólo el advenimiento
de la nueva raza, sino también el despegue de la espiritualidad
hacia la perfeccfón o el nacimiento del candidato en el mun-
do espiritual, suceso que, de acuerdo al símbolo, ocurre en
una cueva.
Retorno de Ulises a la casa
En el libro XVII de La Odisea Ulises, el peregrino, el gue-
rrero, retorna a su hogar, ocurrencia que ofrece una notable
similitud con el retorno del hijo pródigo a "la Casa del Padre".
Cuando la mente se distrae atraída por motivos del fuero
exterior, por ejemplo los negocios, la política, la guerra, la
ciencia materialista elaborada por la mente inferior, etc., se di-
78
ce queel hombre (en sentido alegórico) se "encuentra fuera de
la casa y que viaja por países lejanos". Este es el caso de Uli-
ses. El héroe aparece en su isla disfrazado de mendigo, astucia
que le permite conocer desde el principio cuáles sirvientes le
fueron leales en su ausencia y cuáles se unieron a los Procos
(6) para quebrantar su hacienda y para injuriar a su esposa;
pero estos harapos tienen en la presente ocasión otro sentido.
Todos hemos visto alguna que otra vez a un remendón
claveteando medias suelas en algún obscuro zaguán y, en oca-
siones, aunque nadie pueda sospecharlo, lo que se oculta bajo
esta humilde apariencia, como en el caso de Ulises, es un alto
iniciado. Como caso que sirve para ilustrar recordemos el de
Alfonso Luis Constant (Eliphas Levi), el famoso mago y ocul-
tista francés del siglo XIX quien, pudiendo pasarlo mejor, se
sostuvo en los últimos años con el producto de un miserable
puesto de verduras.
El filósofo Spinoza
Otro caso que podemos presentar es el del filósofo Spino-
za, hijo de padres jud íos nacido en Amsterdam.
En la biografía que de él hace Carlos Brandt dice asl:
"Rara vez tropieza uno en la historia con un carácter tan so-
brio como el de Spinoza, quien siempre estaba satisfecho con
lo que apenas habría alcanzado a un mísero mendigo para sa-
tisfacer sus inmediatas necesidades".
"Por mucho tiempo vivió Spinoza casi abandonado y de-
dicado a sus investigaciones, hasta que al fin comenzó a llamar
la atención de un corto pero selecto número de admiradores.
Uno de éstos, Simón De Vries, acaudalado comerciante de
Amsterdam, quiere regalarle miI florines que, á pesar de su
pobreza, se niega el filósofo a recibir. En cierta ocasión el
mismo De Vries quiere hacerlo su heredero universal. Spinoza
no acepta y más bien lo induce a que hiciera el testamento a
favor de su hermano, el heredero legal de De Vries. Otro ad-
mirador, De Win, Primer Magistrado de la República Holan-
desa, quiere pensionario y también se niega el filósofo a acep-
tar la pensión. El Rey Luis XIV de Francia, el llamado "Pro-
79
tector de los intelectuales", por intermedio riel or íncipe Con-
dé, manda a ofrecerle una magr. Itíca pensión si el filósofo
convenía en dedicarle una de sus obras y, naturalmente, la
oferta es rechazada. El príncipe Carlos Luis del Palatinado le
suplica al filósofo aceptar la cátedra de Filosofía de la Univer-
sidad de Heidelberg, pero le advierte que aunque tendr ía ab-
soluta libertad para enseñar filosofía, en cambio no se debe-
~ í a meter con la religión del Estado. Spinoza rechaza la ofer-
ta"
Ulises y los Procos
Los harapos de Ulises tienen algo Que ver con ló de estO!;
filósofos.
En estos episodios del retorno de Ulises a su hogar, la cue-
va está simbolizada por el salón endonde los Procos iniciaban
la celebración de un opíparo festín; salón del que Ulises y los
suyos cierran y amarran bien las puertas para que ninguno es-
cape a la matanza. Aqu í, los Procos y los slervos de Ulises que
se unieron a ellos simbolizan las malas cualidades que aún res-
tan en nuestro fuero interior y que el candidato tiene que ex-
tirpar sin contemplaciones ante de entrar en la última orda-
Iía; eeta es la saña que advertimos en Ulises que ni da cuartel
ni perdona en esta oportunidad. Hay que barrer hasta la últi-
ma impureza; hay que extirpar el más leve defecto si quere-
mos que la virgen esté pura y ataviada para el Señor. Como
signo seguro de que se trata de un suceso místico, recordemos
que esta sangrienta escena se encuentra presidida por la diosa
Minerva quien, bajo la forma de una golondrina se encuentra
acurrucada en una viga y desde all í, con su poder divino, des-
vía todos los golpes que los otros tratan de asestar a Ulises.
Todos los caminos conducen a Dios
Reza un apotegma hermético: "Todos los caminos
conducen a Dios". Para que esta sentencia se cumpla tene-
mos las dies reliqiones troncales: Jainismo, Judaísmo, Hin-
80
duísmo, Taoísmo, Confusionismo, Mezdeísmo. Budismo,
Paganismo, Cristianismo e Islamismo. Pero también se na
dicho, desde el principio del mundo, que se puede llegar a
Dios "a través de la reforma de uno mismo, por la medita-
ción y el esfuerzo interno"; que no se necesitan dogmas o
muletas de religiones. Eso han dicho los llamados iniciados
de todas lasedades.
Así, en cualquiera de estas líneas evolutivas que escoja-
mos, cada uno de acuerdo con su tónica o acorde individual,
de lo que se trata esde obtener el logro fatigoso de la regene-
ración; meta gloriosa no hay duda, pero cuyos caminos se
encuentran cuajados de cardos \ pretiles.
He aauí por eiemplo que, de acuerdo con la enseñanza
cristiana, a los siete vicios hay que oponer las siete vírtuoes,
y dice así: contra avaricia largueza; contra envidia caridad,
contra lujuria castidad, etc. Claro que no lo critico; pero tam-
poco estoy muy de acuerdo que digamos que este proce-
dimiento oposicionista, beligerante y antagónico sea lo mejor
para obtener nuestra catarsis o limpieza por cuanto al operar
de este modo, siempre estamos en riesgo de caer vencidos al
cabo de una larga y despiadada lucha contra los mastines de
la concupiscencia y del VICIO.
La Pequeña y la Grande Obra.
Los alquimistas o filósofos del fuego proponen el méto-
do de la transmutación de los bajos metales en oro y dlstin-
guen ellos entre la pequeña y la grande alquimia. La primera
ocurre en el plano físico y consiste en cambiar en oro, sobre
todo el plomo y el mercurio, alterando en estos metales la
fórmula del átomo en lo concerniente al número de los pro-
tones, mesones y neutrones que lo integran; manipulaciones
que ya la ciencia oficial columbra como una posibilidad yaún
hoy ensayan en el campo de sus laboratorios. Pero se tienen
pruebas de que muchos de aquellos sabios, entre ellos Juan
Bautista Porta, Reimundo Lulio y Nicolás Flamel obtuvie-
ron oro por transmutación. Este último, en un libro que
81
tengo por aelante y que estudio hace muchos años, dice tex-
tualmente: "Ia vez primera que fize la proyección, fue sobre
mercurio, del que convertí media libra aproximadamente en
plata pura mayor que la minera como lo ensaié e fizé ensaiar
varias veces".
"Fué el 17 de enero, un lunes hacia mediodía en mi casa,
el año de la restitución del humano Iinage mil y trescientos
ochenta y dos. En seguida despós, siguiendo siempre palabras
por palabras my libro (El libro de Abraharn el Jud ío) la fizé
con la piedra roja sobre semejante qualidad de mercurio, e
fue el vigésimo quinto día de abril del mesme año, como a las
cinco de la tarfe q'lo trasmuté en verdade, en cuasi otro tan-
to de oro puro mui ciertamente más dulce i más dobladizo
que el oro común. E lo puedo dizer con verdade".
"Huviérame bastado con facerlo una vez solo, más sen-
tía muy grande deleyte al ver e contemplar en los recipien-
tes las obras admirables de la naturaleza".
El oro obtenido por estos medios le llaman aquellos filó-
sofos "La piedra filosofal"; pero en verdad ,a esto no le ponen
ellos mayor atención y ninguno haría uso de este oro aunque
se encontrase entre las garras de l.a mayor pobreza y a lo que
tienden como finalidad es a realizar la alquimia mayor. "La
grande obra", o el magnus opus como también se le llama.
Entienden los alquimistas qL!e en el universo todo es ener-
gía, y que todo lo que existe no es otra cosa que transforma-
ciones y modalidades de una sola energía primordial, y dicen
ellos que energía y fuego son dos palabras que tienen el
mismo significado ya que lo mismo decimos la energ ía o el
fuego pasional; la energía creadora y el fuego creador, etc. y
es de acuerdo con esta ideología fundamental que se ha for-
mulado aquel principio de la ciencia oficial según el cual se
establece que en la naturaleza nada se crea y nada se destru-
ye sino que todo se transforma y vuelve a formarse. Princi-
pio que ha dado lugar a las llamadas leyes de Berthelot, que
constituyen ellas solas toda una filosofía de la creación.
82
Alquimia espiritual.
De acuerdo con estos puntos de vista, nuestros defectos
humanos no son otra cosa que la expresión de poderosas
energías de signo negativo. Recuerdos o reliquias ancestrales
de nuestra etapa o evolución animálica, en la que fueron fuer-
zas y cualidades útiles para la conservación de la especie y del
individuo que ten ía que afrontar directamente la embestida
de las fieras, las catástrofes de la naturaleza y la agresión de
sus congéneres porque entonces, como hoy, el hombre era
el lobo del hombre, según la expresión del filósofo Hobbes.
Fuerzas primitivas destinadas a desaparecer por transforma-
ción en el devenir del proceso evolutivo, y que, efectivamen-
te, van desapareciendo; pero cuyos residuos arraigan todavía
hondamente como garfios en las almas humanas, en unas más
y en otras menos, pero como suelen arraigar los atavismos.
EI caso de la Magdalena.
Para acortar un poco e ilustrar con ejemplos, he aqu í
que la pasión carnal que consum ía a la cortesana de Magdalo
no era sino una modalidad del fuego o de la energía creadora,
significada negativamente y orientada como en el reino ani-
mal hacia afuera y abajo como un torrente desbordado; pero
energ ía que por la inducción magnética de la personal idad de
un alto iniciado, en esta ocasión el Maestro Jesús, cambió
repentinamente de signo, produciendo los ritmos sosegados
de la santidad all í en donde se agitaba desordenada y furio-
sa la pasión bestial de la lujuria. He aqu í que no hubo en este
caso contra lujuria castidad; lo que hubo fue un proceso de
transmutación cuyo es el objetivo de la alquimia mavor.
EI caso de Pablo
Saulo de Tarso, "respirando amenazas y muerte"*; en
fermo de odio y cargado de saña contra los primitivos segui-
dores del Maestro Jesús, se dirigía a caballo hacia Damasco
(*) Hechos 9: 1.
83
con ef fin de perseguirlos implacablemente y "traerlos presos
a Jerusalen"* El odio y la saña no son más que vibracio-
nes o signos negativos del amor y la compresión. Cualidades
o ingredientes, estos últimos, básicos y primordiales en la fór-
mula que debe llevar irreversiblemente al logro final del
magnus opus. De ahí que, para arribar al éxito en el cambio
o transmutación de polos en este especial caso de alquimia
espiritual, la fórmula a manipular debía ser, asimismo, espe-
cial o extraordinaria. Fórmula cuyos elementos inductivos o
de poder pudieran llegar al fondo de la sima e invertir los sig-
nos en aquellos obscuros abismos e insondables fueros internos
de la singular y entonces compleja personalidad de Saulo de
Tarso. Necesitábase aquí una energía poderosa, fulminañte;
era nreciso operar ahora con elementos totalmente fuera de
catálogo. El proceso alqu ímico-espiritual pues, tiene lugar en
esta ocasión no ya en el plano físico y objetivo, sino que
ocurre ahora en los planos subjetivos, invisibles o dinámicos
o, como se dice técnicamente en teosofía, en la trrada supe-
rior del hombre (7).
Saulo cae del caballo; ve una luz cegadora; oye una voz
que clama: "¿Por qué me persigues?"**. Después de este su-
ceso que lo deja "temblando y temeroso"*** todo cambia
en Saulo. Apenas se levanta del suelo ya esotro, ::1 odio se ha
transmutado en amor. La saña se ha convertido en compren-
sión, Ya no es más Saulo. Ahora es Pablo, el apacible Apóstol
de los Gentiles. Ahora es el Pablo capaz de sufrir el martirio
por amor al Maestro. Los ojos físicos de Saulo nunca vieron
al Maestro, pero lo conoce ya en los planos subjetivos su tría-
da superior o fuero interno ahora toda ella en la cima o tope
de la espiritualidad. (8).
(.) luíd 911
'O) Ibíd91V
(O') luíd 9:VI
84
Con el tiempo, y a favor del procedimiento de las reencar-
naciones, la alquimia propia de la naturaleza, "esta que hace
del carbón diamante y del estiércol rosa", habría transmuta-
do en ritmos mansos las ciegas energías que doblegaban y
arrastraban de acá para allá como una hoja seca a aquella
pecadora, y habría, sin duda, domado el odio de Saulo; más
como los procesos de la naturaleza son tan lentos, esta labor
habría tardado quizás treinta siglos, es decir, no menos de seis
encarnaciones y todavía me lo hallo poco. Es-esto algo así
como un pedrusco que para ser descastado por la acción del
tiempo y la intemperie reauiere, supongamos, diez mil años,
pero que, con una carga de omamita lo hacemos desaparecer
en un instante. En el orden humano la iniciación es lo utihza-
oo para apresurar la evolución, y aun este proceso ouece ser
lento como en los casos ordinarios o puede ser fulminante
como en los casos de Magdalena y de San Pablo.
La Gran Obra
En la alquimia mayor se les llama simbólicamente metales
inferiores a las bajas pasiones humanas que son ahora los ma-
teriales que van a ser manipulados, por aecirlo ast, y sublima-
dos en el oro potable de la<espiritualidad que es la caracterís-
tica del hombre perfecto. En este orden ideológico se dice
que el Maestro Jesús es la pidra filosofal y hay razón en esto
porque realiza este teósofo el tipo del nombre perfecto, del
mismo modo que el oro potable o nativo realiza el tipo del
metal perfecto, esto es, el que resiste sin alteración todas las
pruebas. De aqu í aquella fuerza moral tremenda con que
pudo el manso Rabí de Galilea rechazar las ofertas del tenta-
dor en la más alta montaña de la tierra según sugiere la leyen-
da.
De manera que la finalidad primordial de la llamada
"Grande Obra", es transmutar la dualidad en unidad en el
sentido espiritual, labor que realiza el iniciado en la primera
gran iniciación.
Para abundar un poco en esto, Fabricio, he aquí por
85
ejemplo lo que dice Reimundo Lulio: "Ahora bien, sin ese
secreto nadie puede entrar en las minas de los filósofos y
hacer algo útil. por eso, con la ayuda del Muy Alto, al que
plugo revelarme la Gran Obra, hablaré aqu í del Arte sin nin-
guna ficción".
Por otra parte dice Radianus en El Libro de las Tres Pala-
bras: "Ahora se comprende a los filósofos cuando dicen:
"Nuestra Gran Obra no es otra Gasa que una permutación
de las" naturalezas, una evolución de los elementos".
Ulises realiza la Gran Obra
Ahora, para comprender a cabalidad el sentido de La
Odisea escuchemos las palabras de Euriclea, la fiel nodriza
de Telémaco (9) cuando Ulises ha concluido su obra de exter-
minio con los Procos:
...A Telémaco
Dijo por fin Ulises: Ve, hijo mío
A llamar a Euriclea, tu nodriza,
Para que yo le diga lo que pienso.
Obedeció Telémaco a su padre,
y pegando en la puerta, dijo: "Anciana
Que cuidas de las siervas del palacio,
Ven, mi padre te llama para hablarte.
Dijo: y no se perdieron sus palabras
Para la fiel nodriza. Abrió las puertas
De las suntuosas cámaras, y al punto
Echó a andar tras Telémaco. A su dueño
Halló entre los cadáveres, manchado
De polvo y sangre. Cual león que acaba
De devorar a un toro montesino,
Aparece espantoso, rojo el pecho
Ue sangre y las quijadas; así Ulises
Sucios los pies y de las fuertes manos
El envés presentaba. Cuando el ama
86
Ante los cuerpos muertos, y en el inmenso
Lago de sangre vióse, lanzar quizo
Un grito jubiloso, la grande obra
Viendo por fin cumplida.
De acuerdo con este pasaje, no queda duda de que Ulises
ha realizado la Grande Obra en el sentido iniciático. (Negritas
mías)
La Cueva de Platón en La República
Pasemos a Platón. Este era iniciado, y se asegura que
como Pitágoras recibió la iniciación en los templos egipcios.
En uno de sus libros (La República) *, nos ofrece este autor
el conocido mito de la cueva.
Supone Platón a unos hombres que desde niños estaban
prisioneros en una cueva que solamente ofrecía una entrada
por donde penetraba la luz; pero los prisioneros seencontra-
ban encadenados de tal suerte que permanecían todo el tiem-
po de espaldas a la luz y sólo veían proyectadas en la pared
del fondo las sombras de las realidades exteriores. Como per-
manecían así desdeniños no ten ían noción del mundo ni de su
contenido; para ellos las únicas realidades existentes eran las
sombras por las cuales regulaban sus conocimientos y los ac-
tos todos de sus vidas. Añadé Platón que de cuando en vez
uno de estos prisioneros, logrando romper las cadenas, salía
al mundo y advertía entonces que era aqu í donde estaban
las cosas realesy en la cueva solamente sussombras.
Cuando este personaje, ya en posesión de la verdad, vol-
vía a la cueva y explicaba a susantiguos compañeros las cosas
tal como son, los-prisioneros, no soalmente no lo creían y
mofaban de él sino que a veces terminaban por darle muerte.
Opinan algunos que con esta muerte alude Platón a la de Só-
crates, suceso que le causó mucha impresión.
(..¡ Platón: Diálogos, Editorial Porrua.S. A. México, D. F.
87
Antes de prosegu Ir, r-abricio. déjame ofrecerte algunos
párrafos de mi propia cosecha para el mejor entendimiento de
lo que vendrá después.
Supongamos que un obrero, un ebanista, pretende fabri-
car una butaca, de caoba por ejemplo. Antes de tocar la ma-
dera y poner manos a los instrumentos tendrá que crear el
patrón o modelo mental de lo que quiere hacer, es decir,
tendrá que fabricar con materia mental una butaca en todos
sus detalles y cuando la haya construido procederá a copiarla
en madera; insisto en que si el operario no procede de este
modo no podrá nunca realizar su obra.
Ahora bien, siendo las cosas así, tenemos que convenir
en que de estas dos butacas, la primera es la real, la verdadera,
la positiva y la otra solamente un reflejo, una copia, o una
sombra. Tan es así, que si la butaca de madera fuese destruida
por el fuego al operario le sería fácil volver a construirla co-
piando nuevamente el modelo que permanece indestructible
en el plano mental. Si utilizamos aqu í el lenguaje de Platón,
diríamos que el modelo mental es el arquetipo de esta butaca,
y la copia en madera su proyección en el mundo sensible.
Ahora comprendemos mejor la doctrina filosófica de Pla
tón velada por el mito de la cueva.
Según este autor todas las cosas que caen bajo la acción
de nuestros sentidos acá en el mundo físico, no son las reali-
dades en el sentido estricto del término; sino que toda reali-
dad sensible, un árbol, una montaña, un peñasco, un planeta,
un río, una nebulosa, no son otras cosas que el reflejo o la
proyección o la sombra de una idea que permanece en la
mente divina como arquetipo.
Ahora vemos claro que la cueva de Platón es el mundo
físico; las sombras son los duplicados materiales de las reali-
dades o ideas arquet ípicas y los prisioneros de espaldas a la
luz, son aquellos que atenidos a la mente inferior o discursi-
va ignoran los arquetipos y fundan la ciencia y las actividades
tonas del espíritu en las sombras de las realidades.
Los que romper. las cadenas y log.an escapar, son los fi-
lósofos y los iniciados que habiendo desarrollado la mente
88
intuitiva o superior han trascendido las ilusiones del mun-
do físico; pero ellos no logran, por la sola acción del pensa-
miento o razonamiento, convencer a los prisioneros de su
error porque estas cosas solamente se logran con los lentos
procesos de la evolución.
Para terminar, observemos que en esta cueva de Platón,
de modo contrario a todas las cuevas de las alegorías, los per-
sonajes que se encuentran en ella no son los iniciados ni los
que van en busca de la iniciación sino que éstos son casual-
mente los que de ellas salen. Esto depende de que en este
mito lo que alegoriza la cueva es el mundo físico o sensible,
que en el lenguaje de los orientales es un mundo de puro
Maya o ilusión.
La cueva de Mahoma en el Corán
Pasemos ahora a las alegorías del Corán. Cuenta Mahoma
que una vez hu ía, persequido de cerca por una partida de
enemigos que deseaban exterminarlo; en esto vio hacia un
lado del camino una cueva en la cual se introdujo sin pérdi-
da de tiempo en busca de salvación. No bien estuvo dentro,
abundantes telas de araña aparecieron en la boca del antro,
con lo cual los enemigos siguieron adelante.
El libre pensador no verá probablemente en esta narra-
ción sino una leyenda más entre las muchas que sirven para
embaucar a los ingenuos; el apasionado creyente del Islam,
encerrado en una fe irracional, verá un milagro de Alá en
favor de su profeta; el fanático cristiano imbuido en perlero-
sas ideas, encontrará indiscutiblemente en este hecho la
acción del diablo, puesto que ocurrió fuera de la Iglesiacris-
tiana; pero para el ocultista. los enernloos de Mahoma no eran
personajes de carne y hueso ni vanos iantasmas creados por
el poder diabólico, eran los enemigos internos del hombre; los
deseos inmoderados, las pasiones, los apetitos en insurrec-
ción; el camino por donde buscaba salvación no es otro que el
sendero de la virtud; la cueva simboliza un estado interno de
quietud, de meditación y de recogimiento, v ,as telas de araña
89
que detuvieron a los enemigos es aquella especie de red o
malla formada en torno a la personalidad por las vibraciones
mentales concentradas en tal grado que, all í son detenidas
todas las incitaciones del medio ambiente exterior que vienen
a bordonear en forma de elementales artificiales alrededor del
alma concentrada. He aqu í que Mahoma, con sólo cuatro
pinceladas dio una pintoresca y exacta descripción de su acti-
tud espiritual en un instante dado de su evolución, pero
como acostumbran hacerlo los maestros, corrió sobre su en-
señanza el velo de la alegoría y dejó aquello all Lpara que en
el correr de los tiempos lo entendiese el que pudiese.
La Cueva de Belén
Trasladémonos ahora al Nuevo Testamento. Lo primero
que se nos presenta aqu í es el nacimiento de un niño en un
establo; pero si consideramos las cuatro paredes, el techo de
piedra, la puerta {mica y el ventanico por donde penetra la
luz de arriba, convendremos en que este establo no es otra
cosa que una alegoría de la cueva.
Para avalar esta interpretación, recordemos que muchos
de los grandes maestros de la pintura universal han llevado al
lienzo el establo en forma de cueva. Entre estas pinturas
o cuadros famosos puedo citar lila Adoración de los Magos",
de GentiJe Da Frabricio, "EI Nacimiento" de Botticelli y
"La Adoración de los Magos" de Frá Angelico. Pero con
este tema la más curiosa de todas las interpretaciones pic-
tóricas, aunque de cierto no es verdaderamente un cuadro
sino más bien una iconografía, se encuentra en el Museo
Arqueológico Nacional de Sofía, en Bulgaria, con el nombre
de "Nativity Duchrist" y cuyo autor se desconoce. En ella
se presenta el pesebre enclavado en una cueva al pie, o mejor
será decir, debajo de una enorme montaña.
Pero no tenemos que desviarnos tanto Fabricio. Existen
los llamados Evangelios Apócrifos escritos en los mismos
tiempos que los cuatro que hoy se leen y que se consideran
los oficiales en toda la grey católica y cristiana en general.
90
En la obra The Other Jesus* del erudito inglés Robert
O. Ballou se dice acerca de estos Evangelios Apócrifos (tra-
duzco):
"Todo el mundo conoce la historia de la vida de Jesús
como está en los Evangelios de la Biblia. Pero los prime-
ros cristianos conocieron muchas historias más de la vida
de Jesús, algunas de las cuales difieren considerablemente
de las que se atribuyen a Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Aún algunas contradicen las de las atribuidas a los cuatro
aoóstoles,
Estas historias, enmarcadas en escrituras llamadas Apó-
crifas, no son oficialmente parte de la Biblia, pero aun
así, ellas contribuyen considerablemente a nuestra fe
en nuestros días presentes acerca de la vida y el signifi-
cado de Jesús".
Uno de esos Evangelios Apócrifos es conocido como el
Protoevangelión del cual he querido extraer lo que más ade-
lante señalaré. Por ahora Fabricio, sigamos viendo lo que
acerca de este Protoevangelión dice el erudito inglés:
"EI Protoevangelión, del cual la mayoría de las siguientes
historias han sido tomadas, es también conocido como
El libro de Jaime, el Nacimiento de Nuestro Señor Jesús
y Nuestra Madre María y otros títulos. Se supone que
había sido escrito por Jaime, el (según algunos) medio her-
mano de Jesús, hijo de José con una esposa precedente a
María.
Las investigaciones de los eruditos, no obstante, han esta-
blecido convincentes evidencias de que dicho Protoevan·
gelión no pudo ser escrito antes del año 150 d. c.; y de
esta forma no pudo haber sido escrito por Jaime. Este es
el caso de los otros libros apócrifos y también de los bien
conocidos Evangelios atribu idos a Mateo, Marcos, Lucas
Doubleday & Co. Ine. Garden Cltv, N. Y. 1972. Covertura posterior.
97
y Juan, 10 que evidentemente significa que el nombre
de los Apóstoles ha sido tomado v atribuirlo como
autores para convencer y aar la impresión de autoridad y
autenticidad..."
Lo que señale- a continuación es extractado de ese Proto-
evangelión (Pág. 17 Y18, Idem) y dice: (traduzco).
"Y José ensilló su asno y montó en él a María y él siguió
detrás de ellos. Y encontrándose a unas tres leguas de Be-
lén, José vió a María quejumbrosa y se dijo: "Quizás esté
sufriendo dolores de parte". Y María le dijo: Bájame del
asno porque el momento del parto ha llegado" Pero José
dijo: ¿Dónde la podré llevar porque no hay albergue por
aqu í? Y encontró una cueva y la llevó adentro y fué en
busca de una partera a Beién... " (Negritas mías).
Por otro lado, el calificado y erudito Dr. H. Spencer
Lewis, Primer lrnperator de la Orden Rosacruz en América,
dice en su magn ífica obra La Vida Mística de Jesús*(y cuya
lectura te recomiendo Fabricio] lo siguiente:
' ....Así vemos, que Eusebio, el primer historiador ecle-
siástico que tan importante parte desempeñó en el Con-
cilio de Nicea el año 325 en que se discutieron y dog-
matizaron las más importantes tradiciones cristianas, puso
a debate en el Concilio la cuestión referente al lugar del
nacimiento de Jesús, para que se decidiera definitivamen-
te, y en el curso del debate no dijo Eusebio que Jesús
hubiese nacido en una casa ni en un establo, sino en una
cueva." Mas adelante, en la misma página el Dr. Lewis
agrega: "Por otra parte, dice el canónigo Ferrer: "Es muy
antigua tradición que el verdadero lugar de nacimiento
de Cristo fue una cueva y como tal se mostraba a las
Jentes, en época tan primitiva como la de Justino Mártir,
(") Gran Logia Suprema Amorc, ínc, Duodécima Edición. pág. 84.
92
el año 150". (Negritas mías>'
Así, pues, en este pesebre o cueva nace un niño, nAro no
vayas a creer que se trata de un niño de carne y hueso; el que
nace aqu í es el principio místico, que cada hombre lleva den-
tro de sí y que algunos llaman Principio erístico.
Debe pues diferenciarse entre el nacimiento místico, que
en todas las alegorías de casi todas las religiones paganas los
fundadores o figuras principales de las mismas nacen en una
cueva, y el nacimiento natural físico. (10)
Jesús, el hombre de carne y hueso, como tú y como yo,
debió haber visto la primera luz en cualquier aldea de la lla-
nura de Gennesereth, en Galilea, engendraao y nacido por
las mismas vías que vienen todos los niños al mundo. Ahora
bien, el punto o cuestión mística de que estoy tratando aqu í
no es óbice para que en verdad, e históricamente, Jesús haya
podido nacer en una cueva, pues todos sabemos que "Ios des-
tinos de Dios son inescrutables"
Nazarett no existía en tiempos de Jesús
No menciono la aldea de Nazareth, lugar de donde Jesus
proced ía al decir del Nuevo Testamento, porque tal lugar no
existía en aquel tiempo:
"La inexistencia de la aldea de Nazareth durante el tiérnpo
en que se cree nació Jesús ha sido probada por investiga-
dores y arqueólogos de gran solvencia científica y moral.
Además, el acucioso historiador jud ío Flavio Josefo,
quien vivió en tiempos de Jesús, no dice nada acerca de
este lugar en ninguna de sus crónicas "ilrtÓricas. Josefo,
quien nació en Jerusalén y fue Co:nandante en Jefe de la
vital zona de Galilea durante la rebelión judía que culmi-
nó con el incendio y destrucción de Jerusalén por el
general romano Tito en el año 72 d. c., ten ía buenas
razones para conocer a fondo la topografía y la geografía
de su tierra. A Josefo se le encargó preparar la defensa de
la zona a su cargo y ello inclu ía el fortalecimiento de to-
93
dos los pueblos de Galilea.
Por. otra parte, el Antiguo Testamento no menciona a la
ciudad, al pueblo o a la aldea de Nazareth en ninguna par-
te. Tampoco hay ni siquiera una referencia en las veinti-
dos mil palabras que componen las Epístolas de San Pablo
aunque, como sabemos, se menciona a Jesús extensa-
mente en ellas. Es caso sabido que las Epístolas de Pablo
fueron conocidas unos 25 ó 30 años antes de que el
primer Evangelio apareciera y la falta de mención de
parte de Pablo de la palabra Nazareth, o cualquier refe-
rencia a élla, debe ser significativa ..."
Todo esto lo dice el investigador y periodistanorteameri-
cano Donovan Joyce en su libro The Jesus Scroll'
Debo citar aqu í nuevamente al autorizado Dr. H. Spencer
Lewis, quien, en el mismo libro ya señalado antes dice al
texto:
"No hace mucho estuve en Nazareth y efectué extensas in-
vestigaciones para comprobar las afirmaciones contenidás
en las crónicas Rosacruces, y quizás el lector se sorprenda
al saber que cuando nació Jesús, no había en toda Galilea
ninguna ciudad llamada Nazareth, y que la que hoy lleva
ese nombre en Galilea, .no sólo es de fecha muy posterior,
sino que se fundó a instancias de los investigadores para
que en Galilea hubiese alguna ciudad llamada Nazareth".
(Pág. 48).
Además, Fabricio, quiero traerte una opimon tan res-
ponsable como ladel Prof. Charles Guignebert, por largos años
Profesor de Historia de 'la Cristiandad en la Universidad de
París y quien en su obra "The Earley History of Christianity**,
dice al texto". .its beginnigs are due to the initiative
The New American Library, lnc, New York. (Texto en inglés traducido aquí)
Twavne Publischers. Inc. 31 Union Square, New York 3 Pág. 21
94
of a Galilean, Jesus the Nazarene, trat is. not the man of Na-
zareth apparently, but the nazir, the holy man of God".
(...sus comienzos son debidos a la iniciativa de un galileo,
Jesús el Nazareno, eso es, no el hombre de Nazareth aparen-
temente" sino el nazir, el hombre santo de Dios). (Negritas
mías).
Por el contrario, la aldea de Belén sí es mencionada en el
Antiguo Testamento precisamente en las referencias o profe-
cías relacionadas con el advenimiento del Mesías. Los autores
o editores de los Evangelios posiblemente no quisieron des-
mentir aquellos sus libros sagrados y señalaron el nacimiento
del que consideraban su Mesías en el lugar exacto apuntado
por los Profetas.
Si hacemos un haz con todas estas contradicciones histó-
ricas, podemos suponer, o mejor afirmar, que nos encontra-
mos ante una nueva alegoría y que de lo que se trata aqu í
es de un acontecimiento místico y no de un suceso histórico.
Debemos entender pues, y repito, que lo que nace, en el alma
del iniciado, es el llamado principio erístico o principio de
sabiduría, y es esto a lo que llaman "el segundo nacimien-
to" de que trataron el Maestro Jesús y Nicodemos, según ve-
remos más adelante.
Claro, yo no niego, ni siquiera dudo un momento de la
existencia histórica de Jesús el Nazareno, lo que es totalmen-
te distinto a Jesús de Nazareth. De lo que sí dudo es de los
muchos detalles que se presentan alrededor de su nacimiento
y de su vida; detalles que se enmarcan más bien en el proce-
so a seguir por el candidato que desee o aspire a la iniciación
mística y candidato que, invariablemente, debe ajustar sus
aspiraciones y deseos a los requerimientos disciplinarios que
tal proceso exige y amerita.
Leyenda de los Gnósticos acerca del origen de Jesús
Pero existe todavía algo más; de acuerdo con una ense-
95
flanLa de los Gnósticos este muchacho era hijo ilegítimo de
un oficial del ejército romano llamado José Panther, quien
sedujo a una joven llamada Myrian Je una honesta aunque
pobre familia hebrea.
El seductor logró eludir los efectos de la ley y un tío de
la muchacha, para recoger el honor de la familia, casó con
ella, naciendo de este matrimonio varios hijos. Pero este
humilde origen carnal nada tuvo que ver con el brillante por-
venir que le estaba reservado a este niño, pues dicen algunos,
entre eilos el Maestro Leadbeater, que el que había encarnado :
en esta materia, no se sabe por qué privilegio, era nada me-
nos que el ego que se había manifestado por última vez en el
rey Salomón.
Al término de la lectura de los párrafos anteriores, Fabri-
cio, tú ánimo siempre piadoso y preñado de fe, edificado
dentro de las sin dudas elevadas enseñanzas éticas cristianas,
habrá sentido, cual noble y brioso pura sangre, los espuelazos
de la repugnancia y el rechazo a tan aparente sacrilegio o
herej ía que atenta contra la figura de Jesús, el dulce Rab í
de Galilea a quien la cristiandad toda considera el Hijo de
Dios.
Pero antes de dejarte arrastrar por el impulso primario de
la racionalidad inferior y tal vez emotiva, debes tratar de leer
entre líneas y entender lo que no se ha escrito. Si sabes inter-
pretar con "el espíritu que vivifica" encontrarás nuevamente la
alegoria debajo de la letra muerta. Efectivamente, se insinúa en
esta enseñanza, que el destino del alma humana, el glorioso
porvenir que nos espera cuando nos hayamos convertido cada
uno de nosotros en un "hijo de Dios" no está sujeto a los
caprichos o convencionalismos de una sociedad organizada
bajo las falacias creadas por la mente concreta de los hom-
bres. Que la carne o la materia de un recién nacido sea lo que
llamamos aquí bastarda o legítima, bella o deforme, no tiene
la menor importancia en los planes de Dios "cuyos designios
son inescrutables".
El primer nacimiento es material y ocurre de acuerdo con
96
las leyes ordinarias de la generación; el segundo nacimiento t.J
un hecho puramente místico en el que sólo opera el espíritu
o mejor dicho, sólo opera el rayo de nuestro yo superior que
es "Nuestro Padre que está en el Cielo", según la expresión
frecuente del Maestro Jesús.
Vale la pena recordar aqu í que nuestra naturaleza interior
es andrógina, es decir, que mientras carnalmente o en cuerpo
físico somo unisexuales, en nuestra naturaleza interna somos
bisexuales.
Las des naturalezas humanas
En efecto, he aqu í de una parte el alma cuyo atributo
esencial es el sentimiento, de naturaleza acuosa, signo nega-
tivo, simbolizada astronómicamente por la luna y representa-
da en las alegorías por u,:,a mujer; de otro iaoo encontramos
la mente, cuyo atributo esencial es el pensamiento, de la
naturaleza ígnea y signo positivo, simbolizado astronómica-
mente por el sol y representado frecuentemente en las ale-
gorías por un guerrero o por un rey.
Estos dos principios antagónicos confluyen y luchan en
nuestro interior, cada uno por conquistar la prevarencra,
Pero esta dualidad en forcejeo no es cosa que está destina-
da a durar indefinidamente; la evolución, con la lentitud de
sus ritmos conspira siempre en el sentido de reducirla a la uni-
dad y, ésta es, por otra parte, la finalidad de la iniciación
que no es otra cosa que una evolución acelerada o forzada,
como ya se ha dicho.
Después de las iniciaciones menores o preparatorias, el
candidato se encuentra en aptitud de aspirar a la primera gran
iniciación, esto quiere decir que ha realizado ya el trabajo
teléstico o de purificación mediante largos y penosos ejerci-
cios de catarsis o limpieza, que eliminan de su naturaleza acuo-
sa o femenina (el alma) todo rastro de impureza. Esta purifi-
cación está alegorizada por la blancura de las azucenas que
aparecen en las alegorías y se dice entonces que la virgen in-
maculada se encuentra lista para recibir al señor.
97
En el curso de esta iniciación el candidato permanece en
el estado de trance y, mediante los efectos magnéticos del
ceremonial, los dos principios se funden indisolublemente en
uno y de esta unión nace, o mejor, se actualiza en el alma del
iniciado el principio crístico que alegóricamente es llamado
el niño. A esto es lo aue los rosacruces llaman "las bodas
alqu ímicas" y esto -y algo más- es lo que nos entrega Shakes-
peare (lo Sir Francis Bacon?) a través de símbolos en la suge-
rente leyenda de Romeo y Julieta.
De modo que es dentro de nosotros y no fuera donde
mora la virgen inmaculada y pura, y es dentro de nosotros
donde concibe sin pecado original y alumbra un hijo perma-
naciendo doncella, solamente que estos hechos, por su natu-
raleza o índole no se manifiestan exteriormente sino que per-
manecen en el fuero interior del iniciado como despliegues
de conciencia.
El misterio de la Virgen María
Se trata en todo esto de uno de los más profundos mis-
terios de la iniciación, misterio del que nada le es permitido
referir al hombre que los ha penetrado. Sin embargo todas las
religiones lo divulgan valiéndose de símbolos, alegorías, dog-
mas y parábolas, recomendando a las gentes, eso sí, que se
abstengan cuidadosamente de comentar, inauirir o preguntar
acerca de estas cosas, limitándose no más a creer mientras lIe-
ga el tiempo en que se encuentran en capacidad de saber.
Dije que es dentro de nosotros donae mora la virgen, y es
dentro de nosotros donde concibe y alumbra un hijo perma-
neciendo doncella; estos hechos son exactamente así conside-
rados en la clave mística; considerados en la clave astronó-
mica la madre pasa a ser la constelación zodiacal de Virgo y el
niño es el sol, llamado entonces el héroe del Mito, cuyo na-
cimiento celebran con festividades todas las religiones del
mundo y en particular los masones.
Si trasladamos la cuestión B la clave filológica encontra-
mos que esta palabra, María, es propiamente un hierograma,
98
es decir, una forma gramatical, o fonética, en la que se ocul-
ta o subyace, sin que lo sospeche nadie, a menos de estar
iniciado, un profundo significado simbólico. Al efecto: si
analizando desde este punto de vista la palabra materia
suprimimos la terminación o desinencia ía de este modo:
Mltertá, econtramos la palabra Mater que significa madre,
y, si volviendo a la misma palabra (materia) eliminamos o
elidimos la sílaba mediana te de este modo: MaUria, en-
contramos sorpresivamente la palabra María; no precisando
ya mucho esfuerzo para comprender que con este rejuego
filológico y fonético, lo que se quiere significar es que la gran
madre María es la materia, o a la inversa: que la gran madre
materia es María, siendo ésta una de las palabras llamadas
de clave o de poder, entre otras varias del sistema cristiano.
El latín y las ceremonias religiosas
Como paréntesis, debo explicarte aqu í, Fabricio, que la
palabra materia es un vocablo que nos ha llegado a través
del latín según el Diccionario Larousse, Edic. 1978 -observa
que digo "nos ha llegado a través", lo que significa que puede
que su raíz provenga de otro idioma. El latín, por su sonori-
dad y cadencia, ha sido el idioma tal vez más apropiado de
los conocidos hasta hoy para realizar invocaciones metapsí-
quicas y para ejecutar todo tipo de ceremonias relacionadas
con las fuerzas ocultas de la naturaleza.
Recordarás inmediatamente el gran alboroto que se for-
mó, y que persiste aún, entre el mundo católico-romano
cuando hace apenas unos años se decidió suprimir el latín
como idioma regular para las ceremonias oficiales de esta re-
ligión. En aras de vulgarizar los ritos religiosos, se va perdien-
do el efecto oculto de las ceremonias y es éste el síntoma ini-
cial del principio de la decadencia de las religiones. Esta de-
cadencia es causada por los líderes ignorantes de los verda-
deros misterios de la religión a la que pertenecen y que sólo
atienden a la letra muerta de los libros. Se repite constante-
mente, pues, la gran ley de la naturaleza: nacer, florecer, de-
caer, falIacer. . .
99
es decir, una forma gramatical, o fonética, en la que se ocul-
ta o subyace, sin que lo sospeche nadie, a menos de estar
iniciado, un profundo significado simbólico. Al efecto: si
analizando desde este punto de vista la palabra materia
suprimimos la terminación o desinencia ía de este modo:
Mlteri'á, econtramos la palabra Mater que significa madre,
y, si volviendo a la misma palabra (materia) eliminamos o
elidimos la sílaba mediana te de este modo: M a t ~ r i a , en-
contramos sorpresivamente la palabra María; no precisando
ya mucho esfuerzo para comprender que con este rejuego
filológico y fonético, lo que se quiere significar es que la gran
madre María es la materia, o a la inversa: que la gran madre
materia es María, siendo ésta una de las palabras llamadas
de clave o de poder, entre otras varias del sistema cristiano.
El latín y las ceremonias religiosas
Como paréntesis, debo explicarte aqu í, Fabricio, que la
palabra materia es un vocablo que nos ha llegado a través
del lat ín según el Diccionario Larousse, Edic. 1978 -observa
que digo "nos ha llegado a través", lo que significa que puede
que su raíz provenga de otro idioma. El latín, por su sonori-
dad y cadencia, ha sido el idioma tal vez más apropiado de
los conocidos hasta hoy para realizar invocaciones metapsí-
quicas y para ejecutar todo tipo de ceremonias relacionadas
con las fuerzas ocultas de la naturaleza.
Recordarás inmediatamente el gran alboroto que se for-
mó, y que persiste aún, entre el mundo católico-romano
cuando hace apenas unos años se decidió suprimir el latín
como idioma regular para las ceremonias oficiales de esta re-
ligión. En aras de vulgarizar los ritos religiosos, se va perdien-
do el efecto oculto de las ceremonias y es éste el síntoma ini-
cial del principio de la decadencia de las religiones. Esta de-
cadencia es causada por los 1íderes ignorantes de los verda-
deros misterios de la religión a la que pertenecen y que sólo
atienden a la letra muerta de los libros. Se repite constante-
mente, pues, la gran ley de la naturaleza: nacer, florecer, de-
caer, fallecer...
99
Lo esencial del mito de la Encarnación
Pero volvamos a nuestro asunto Fabricio. En el fondo, el
contenido esencial del mito cristiano de la Anunciación y de
la Encarnación del Verbo sin pecado, no es otra cosa que la
enseñanza alegorizada de aquel acto primordial, en que la ma-
teria caótica, el Gran Mar de la materia cósmica, (como ya
lo señala en otro aspecto etimológico la ra íz Mar de la palabra
María), recibiendo y sufriendo la acción de la energía cósmi-
ca a que llamamos el Espíritu Santo, o el Santo Pheuma, la
fuerza que va a imprimir el ritmo a la materia desordenada,
para hacerla apta a la producción de las formas. En este senti-
do el Hijo no es otra cosa que el universo, manifestado por
virtud de la unión de la materia o aspecto femenino y el es-
píritu o aspecto masculino de la unidad desdoblada en poten-
cias creadoras, misterio que volvemos a encontrar, siempre abs-
tracto, en la generación sexuada y que es lo que imprime
carácter de Sacramento al rito creador en donde quiera que se
manifiesta. No sigo con esta explicación. Fabricio, porque el
plan de esta cartas no es ése y, además, debes de ser tú, er
tudiante de esoterismo quien encuentres por ti solo, medlan
te el desarrollo de la iluminación interior, la clave para desci-
frar todos estos misterios y, finalmente porque esta enseñan-
za es ya un poco elevada, debiendo permanecer oculta para
el público, al que sólo debe de ser dado en parábola o en ale-
gorías según el consejo del Maestro Jesús. "No déis margari·
tas a los cerdos ni lo sagrado a los perros" (Mateo. Vtl, 5)
decia él. Con la palabra cerros significaba al vulgo que, efec-
tivamente, por su bajo nivel intelectual y espiritual no está
preparado para la enseñanza directa, originándose de aqu í la
necesidad de la alegoría y del dogma para la enseñanza esoté-
rica o vulvar que, a la vez degenera en superstición y tana-
tismo por la ignorancia de las realidades internas o esenciales.
Pero de todos modos, este enigma de María, Madre y Vir-
gen, quedará por siempre como un insoluble misterio para la
comprensión humana porque se trata nada menos que de la
maternidad de Dios.
100
El símbolo de la estrella
Para terminar con esto, recordemos que la llamada estre-
lla de los Magos simboliza en esta alegoría el yo superior, y
el rayo de luz que proyecta hasta el fondo del establo es el
rayo de lo espiritual que asume ahora la función de fuego
en esta operación de alquimia superior.
Ya Virgilio había dado este mismo símbolo de la estrella-
guía. En efecto, el poeta latino, iniciado en los misterios
paganos y unos 30 ó 25 años a.c. -cuando escribió la Eneida-,
nos dice que Eneas "tan pronto hubo partido de Troya, vió
todos los días y durante el día, la estrella de Venus, hasta
que llegó a los campos Laurentinos, donde dejó de verla, lo
cual le dió a entender que aquellas eran las tierras señaladas
por el Destino". Así, pues, con su triple significado de guía,
luz y calor, encontramos la estrella como término técnico
en boca de un ocultista pagano, evidencia sin mácula de que
todos estos símbolos que venimos manejando aquí eran ya
conocidos cuando apareció el cristianismo en el horizonte y
que tratan más bien de asuntos puramente místicos antes que
históricos.
Ceremonia en la auténtica cueva
Investiguemos ahora en qué consiste lo que Cervantes ale-
goriza, con el lenguaje aparentemente disparatado e incohe-
rente. que le atribuye a don Quijote, de lo que realmente suce-
día en la original cueva de los misterios o escuelas de ocul-
tismo de la antigüedad.
En la iniciación antigua, principalmente en las que se lle-
vaban a cabo en los templos de Luxor y Tebas, en Egipto,
existía una ceremonia a la que llamaban "El Rito de la Muer-
te" o "Paso de la Cruz". * Aqu í el candidato o aspirante al
(..¡ Información detallada acerca de esta ceremonia se encuentra en el Tomo IV
de La Doctrina Secreta, de H. P. Blavastkv , Pág. 125 (tbfd.): en el Crede
Cristiano, C. W Leadbeater, Editorial Mavnarlé, Barcelona Escaña y en El
Enigma de la Gran Pirámide. Andre Pechen. Págs. 223-24:....25. Plaza y Ja-
nés. Barcelona, España, 1976.
101
conocimiento era sumido por los hierofantes en un profund í·
simo sueño magnético de segundo grado o dándole al sujeto
una bebida hipnótica a la que llamaban soma (11) (el soma
iniciático) que lo sum(a en un profundo estado de trance
y entonces se entendía y se decía -alegóricamente- que el can-
didato hab ía muerto.
En seguida era colocado en un ataúd en forma de cruz
con lo que se significaba que estaba crucificado. Las extremi-
dades superiores, es decir, cada uno de los brazos, se sujetaba
con una soga hecha de material v ~ g e t a l , pero los extremos de
esta soga nunca se ataban, dejándose entender con ello que
tal crucifixión era voluntaria. Finalmente, era bajado al fondo
de la cripta del templo y se decía que estaba sepultado. En
tales condiciones permanecía tres días. Durante aquel espacio
se señalaba que había bajado a los infiernos.
Tras determinadas ceremonias el sujeto volvía al mundo
físico, mal llamedo el mundo de los vivos porque, en realidad,
aunque el hombre en el curso de su evolución se despoja de
sus envolturas sucesivas, nunca muere. Justo después de
setentidós horas era sacado a la superficie y, en el momento
en que los rayos del sol incidían ensu rostro (la hora del alba)
el ya iniciado, era despertado. Se decía entonces que el can-
didato hab ía resucitado de entre los muertos. Efectivamente,
durante el tiempo en que permanecía en el sueño, todas sus
facultades pasaban a vehicularse con el cuerpo astral y en ese
cuerpo era conducido por los guías al Kama-Loka (12) la
región o esfera de existencia que es llamada con frecuencia
también Plano Astral, lugar donde van los desencarnados tan
pronto hacen abandono del cuerpo físico. También se conoce
este lugar, si es que propiamente se le puede llamar lugar,
como la región inferior o infierno, dependiendo ello del sub-
plano en que temporalmente more el desencarnado. (Ya tra-
taremos de esto más adelante). AII í era conducido por los
guías, según te dije, para darle a conocer en detalle esa región
del mundo y estaba en contacto todo el tiempo con las almas
que evolucionan allí antes de pasar a otra región (13).
De modo que cuando el candidato despertaba se decfa que
102
tiabía resucitado o revivido, según ya dije, y se añad ía que
este sujeto había vencido a la muerte porque, en efecto, ya
conocía por experiencia personal, cuyo recuerdo conservaba
en estado de vigilia (lo mismo que le sucede a Quijote, como
a su tiempo veremos) que la muerte en realidad no existe
y que los llamados muertos acá en el plano físico, siguen vi-
vos y operantes en otros planos de existencia. De suerte que
este sujeto no estimaba la muerte del mismo modo como la
consideramos nosotros, ni tenia motivos para sentir el pavor
que sentimos nosotros. Otras de las finalidades que se procu-
raba con este descenso al infierno era que el candidato viera
all í que la rigidez y la putrefacción del cuerpo físico en nada
afecta en el hombre esencial la síntesis a que llamamos el
principio o núcleo de vida, del mismo modo que la putrefac-
ción de la pulpa de una fruta en nada afecta ei principio vital
que aprisiona y retiene la simiente.
El Credo cristiano es un símbolo místico
Como se ve, Fabricio, estos mismos conceptos y estas
mismas palabras las encontramos en el CREDO de los cristia-
nos en referencia al Maestro Jesús:
... Fue crucificado
muerto y sepultado,
descendió a los infiernos
al tercer día resucitó
de entre los muertos...
Lo que es indicación de que se trata de una ceremonia por
la que pasan todos los iniciados en los Misterios Mayores (14).
Nos damos cuenta inmediatamente de que en el CRE"OÓ
cristiano lo que se quiere dar es un sfrnbolo de la ceremonia
anteriormente señalada, si nos detenemos en los versos;
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó...
103
De cierto, esto que aqu í se dice es verdad puramente con-
vencional, pues la realidad es que Jesús, y de acuerdo a los
textos evangélicos, sólo estuvo muerto un día. En efecto,
de acuerdo al cómputo cronológico, un día está compuesto
de 24 horas. El día pues, empieza a las doce de la noche y ter-
mina a las doce de la noche siguiente.
Si nos atenemos a la realidad veremos que Jesús muere,
siempre de acuerdo a los textos evangélicos, entre tres y cinco
de la tarde del llamado Viernes Santo. De manera que del
viernes sólo está muerto unas nueve o siete horas. El sábado
completo lo pasa muerto.. El domingo resucita entre las cin-
co y las seis de la mañana (la hora del alba). Luego del día
domingo permanece muerto unas cinco o seis horas.
De suerte que, al decirnos la oración cristiana que al ter-
cer cía resucitó, nos está diciendo una verdad sólo parcial
si es que contamos los días por su nombre. Pero verdad que
no es auténtica si la avalamos en el fiel y correcto sentido
cronológico. Además, ninguno de los Evangelios dice que Je-
sús descendió a los infiernos.
Por otra parte, existe, en este supuesto descenso a los in-
fiernos de que nos habla el CREDO, una flagrante contradic-
ción con las palabras del mismo Jesús. Efectivamente, en el
Evangelio de Lucas, Capto 23, Verso 43, el Maestro, ya es-
carnecido en la cruz, le dice al buen ladrón. "De cierto te
digo que hoy estarás conmigo en el para íso". lA quién creer
pues? lA Jesús, quien dice "HOY" -no dentro de tres días-
"estarás conmigo en el paraíso" o al CREDO donde se dice
que después de crucificado "descendió a los infiernos" y lue-
go de tres días es que resucita y sube a los cielos?
Recordemos esto, Fabricio:
"Orfeo, Baco, Heracles y Asclepio (dioses griegos) descen-
dieron también a los infiernos y resucitaron al tercer día
de su muerte. En el rito de la iniciación se representaba
simbólicamente el descenso del espíritu a los mundos in-
feriores. Cristo fue la última entidad que descendió a los
infiernos. (Blavatsky, Isis sin Velo, Tomo IV, Pág. 190,
Ibíd) ..." (Negritas mías)
104
Observa que la Maestra dice Cristo y entidad.
Cuando Cervantes, en su alegoría de la cueva se refiere
a esto, esmás categórico. Y definitivo pues el Manchego dice
que "le amaneció all í por tres veces", según veremos en deta-
lle másadelante.
Declaraciones de Apuleyo
Para tu mayor edificación en esto del rito iniciático anti-
guo, déjame copiar al francés Jean-Miguel Angebert quien, en
su obra Los Místicos del 801* dice, refiriéndose a la iniciación
de Apuleyo, el famoso autor latino del Asno de Oro:
"Por desgracia, Apuleyo, que fue un iniciado, estaba obli-
gado al secreto y nos advierte que sólo podrá revelarnos
lasceremonias exteriores, no los ritos iniciáticos:
"Sin duda vas a interrogarme ansiosamente, lector atento,
por saber qué se dijo después, qué sehizo. Lo diría si pu-
diera ser, lo sabrías si estuviera permitido decirlo, Pero
para los oídos y para la lengua, sería una falta pareja tan
temeraria curiosidad. No obstante, quizá sea un piadoss
deseo el que te tiene en suspenso, por lo que no haré du-
rar mucho tiempo tu impaciencia. Escúchame, pues, pero
créeme, pues digo la verdad. HE ALCANZADO LOS
CONFINES DE' LA MUERTE, HE PISADO EL UM-
BRAL DE PROSERPINA (15) y HE REGRESADO LLE-
VADO A TRAVES DE TODOS LOS ELEMENTOS. EN
MEDIO DE LA N O C H ~ HE VISTO RESPLANDECER
EL SOL CON PURO BRILLO. HE VISTO TAMBIEN
LOS DIOSES INFERNALES Y LOS DIOSES CELES-
TES, HE PODIDO CONTEMPLAR SU FAZ Y DE CER-
CA LOS HE ADORADO, he aquí lo que puedo referir-
(*) t'laza y .Janés, 1ra, edición. Pág. 140
105
te..." (Negritas y mayúsculas mías).
También dice el autor citado: "Parece ser que el candidato,
en el curso de la prueba, bebía en una copa un brebaje sagra-
do análogo al Soma de Zoroastro. Aquel "oro 1íquido" o "li-
cor de los dioses" permitía "visualizar" el mundo divino".
(Pág. 137).
Casos de resurrección en la Biblia
Es importante, Fabricio, buscar antecedentes en la Biblia
de casos de resurrección a fin de analizarlos y compararlos
luego. En todos los relatos donde aparecen actos de esta natu-
raleza, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la
clave a seguir en cada uno de ellos es la palabra "dormido" o
"sueño". Veamos esto: en el Segundo Libro de los Reyes
Capt. IV se presenta un sonado caso de resurrección. Ocurre
cuando el profeta Eliseo revive o resucita al hijo de la mujer
Sulamita. la madre del niño a quien, años antes, el Varón de
Dios había pronosticado que nacería, acude a Eliseo para inr,
formarle la "muerte" de su único hijo. Eliseo envfa delante a
su discípulo Giezi para que trate de curarlo o "revivirlo"; pe-
ro la madre, con esa característica intuición femenina y, so-
bre todo, de madre aflijida, insiste en que sea Eliseo quien
acuda a prestar ayuda. La Biblia dice entonces al texto:
31- El (Eliseo) entonces se levantó, y siguióla. Y Giezi ha-
bía ido delante de ellos, y hab ía puesto el bordón so-
bre el rostro del niño, mas ni tenía voz ni sentido; y
así se había vuelto para encontrar a Eliseo; y declaró-
selo, diciendo: El mozo no despierui.
32- Y venido Eliseo a la casa, he aquí el niño que estaba
tendido muerto sobre su cama
33- Entrando él entonces, cerró la puerta sobre ambos y
oré a J ~ h o v á .
106
34- Después subió, y echóse sobre el niño, poniendo su
boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y
sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre
él y calentóse la carne del joven.
35- Volviéndose luego, paseóse por la casa de una parte y
a otra, y después subió y tendióse sobre él; y el joven
estornudó siete veces, y abrió Jos ojos.
36- Entonces llamó él a Giezi, y díjole: llama a esta Sula-
mita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: toma a
tu hijo. (Negritas mías)
Aquí encontramos un equívoco o falta de certeza entre
los Versículos 31 y 32. En el primero se dice: "el niño no te-
nía voz ni sentido". Esto no significa en ningún momento ni
en ningún lugar que el niño hubiera muerto, ya que se puede
no tener vc.z ni sentido y estar vivo (16). Se puede estar en
síncope o bajo otra enfermedad cualquiera y continuar vivo
aun sin hablar o dar señales de vida. Este razonamiento queda
avalado cuando el discípulo Giezi dice: "EI mozo no despier-
ta"; lo que sugiere y literalmente dice es que el niño está dor-
mido. De lo contrario, si hubiera estado en verdad muerto,
habría dicho: "el niño no resucita". Como sabes, Fabricio, se
"despierta" a quien está dormido y se "resucita" a quien está
muerto. Sin embargo, en el versículo siguiente, se dice: "el ni-
ño estaba tendido muerto sobre su cama". Pero este juicio, de
acuerdo al texto, no se señala en boca de Giezi o Eliseo, lo di-
ce el compilador o editor del libro. Ya encontraremos más
adelante que este tipo de equívoco o contradicción será de
orden para explicar o relatar estos particulares "mi lagros".
¿Cuándo en verdad ocurre la muerte?
Por otra parte, para que la muerte ocurra efectivamente y
no sea sólo aparente, es necesario que el Cordón Plateado
(17) se rompa y la vitalidad o Prana (18) o aliento vital no
pueda llegar al cuerpo, circular por él y mantenerlo vivo.
107
Las ceremonias de Eliseo
Como se ve Claramente, el craroqo entre el discípulo Giezi
y el Maestro Eliseo, es una conversación que tiene lugar entre
iniciados que hablan un lenguaje peculiar sólo comprendido
entre ellos, Cuando Giezi dice a Eliseo que "el niño no des-
pierta" quiere significar que el niño no reacciona a sus esca-
sos conocimientos de estudiante. Eliseo entiende perfecta-
mente lo que el otro quiere decir y entonces se pone él, per-
sonalmente, en acción. Parece ser que en este particular caso
y ocasión, necesitábase la actuación de un auténtico yexperi-
mentado Maestro y es entonces cuando presenciamos las ex-
trañas acciones o ritos que ejecuta Eliseo, cosas que el discí-
pulo, carente del conocimiento o grado suficiente, no es ca-
paz o hábil de efectuar.
Al echarse Eliseo sobre el runo y poner su boca, ojos y
manos sobre el mozo, se señala que "calentóse la carne del jo-
ven". Es decir, el esfuerzo inicial no es bastante. Entonces di-
ce el siguiente versículo que Eliseo "paseóse por la casa de
una parte y a otra" y luego que "tendióse sobre el niño -por
segunda vez- y el joven estornudó siete veces, y abrió los
ojos".
Un ocultista avezado, y aun un estudiante, advierte inme-
diatamente que la operación que está llevando a cabo aqu í
Eliseo no es otra cosa que transmitiendo su. propia energía,
Prana o aliento vital, al niño. (Los rosacruces llaman a esta
fuerza (Prana) la Energía Cósmica). La primera vez que la
operación tiene lugar, la carga vital o magnética a transferir
no es suficiente; por eso, según lo que se dice en el texto, so-
lamente "calentóse la carne". Entonces Eliseo vuelve a cargar
su cuerpo de enerqía wital, de Prana, de energía cósmica, de
magnetismo, cuando se dice que "paseóse por la casa de un
lado a otro". En otras palabras, Eliseo está generando y ha-
ciendo acopio de vitalidad cuando camina de un lado a otro,
o "entrando en calor" como también se dice. Este "calor" es
el que se transmite al cuerpo "frío" del supuesto "muerto".
Luego de esto Eliseo "tendióse por segunda vez sobre el rnu-
108
chacho". En esta ocasión el éxito corona la acción y dice el
texto que "el joven estornudó siete veces". Es decir, los Cha-
kras (19) conocidos también, principalmente por los rosacru-
ces, como Centros de Fuerza o de Poder han sido reactiva-
dos. Estos Centros de Fuerza o Chakras son en total diez, pe-
ro sólo siete de ellos tiene que ver con la circulación del Prana
o son positivos, de ah í que cuando se dice lo de los siete es-
tornudos, el ocultista entiende prontamente que los siete
Chakras positivos están de nuevo en actividad normal. Prodú-
cese pues la "resurrección" o mejor, para atenernos al texto,
el muchacho ha sido "despertado" inmediatamente, porque,
como se ha dicho antes, el Cordón de Plata no estaba roto y
la vitalidad vuelve a circular de nuevo libre y plenamente por
el cuerpo del joven (20).
Como se puede apreciar fácilmente esta "resurrección"
llevada a cabo aqu í por Eliseo, es casi una repetición de la
que se relata también en la Biblia, 1ra. de los Reyes, Capto 17
Verso del 18 al 24 y en la cual el maestro de Eliseo, el Profe-
ta Elías, realiza con "el hijo de una viuda". Dicha "viuda"
debía sustentar a Elías durante el tiempo que durara la se-
quía con la que Jehová debía castigar al pueblo de Israel
por sus pecados carnales y por la adoración de faisos ídolos.
En el caso de Elías, el profeta midióse sobre el muchacho tres
veces y al conjuro de las oraciones de' éste a Jehová el mucha-
cho "resucita". Lamentablemente esta narración es muy cor-
ta o enjuta y los detalles abundan por su ausencia. Pero como
he dicho, encontramos casi los mismos elementos que en el
relato referente a Eliseo,pues El ías, lo mismo que aquél, pone
su cuerpo en contacto con el supuesto "muerto". Ya vere-
mos, Fabricio, que resurrecciones de "hijos de una viuda"
no nos serán extraña a lo largo de los relatos bíblicos.
Esto, Fabricio, de Prana o energía cósmica, de los Chakras
o centro de fuerza, etc., pertenece a otro de los capítulos de
la ciencia que te has propuesto estudiar y ya te familiariza-
rás con ella cuando llegues al nivel adecuado. Mientras tan-
to, te recomiendo para información, el libro de Arturo E.
Powell:El Doble Etérleo.
109
Para abundar un poco y confirmar todo lo dicho, déjame
traerte otro caso específico de transmisión de Prana o.energía
cósmica que aparece también en la Biblia. En esta ocasión no
se trata de "resucitar" a un muerto, sino de vitalizar, de trans-
ferir energías a un viejo. Es el caso del Rey David que aparece
en el Cap. 1ro. del Libro Primero de los Reyes. Dice así:
1.- Como el Rey David era viejo, y entrado en días, cu-
bríanle de vestidos, mas no se calentaba.
2.- Dijéronle por tanto sus siervos: Busquen a mi señor el
Rey una moza virgen para que esté delante del Rey, y
lo abrigue y duerma a su lado, y calentará a mi señor el
Rey.
3.- y buscaron una moza hermosa PO! todo el término de
Israel, y hallaron a Abisag Sulamita, y trajéronla al Rey
4.- y la moza era hermosa, la cual calentaba al Rey, y le
servía: mas el Rey nunca la conoció.
De manera que si una campesina ignorante, aunque joven
y robusta, podía infundir o transmitir su vitalidad y con ella
calentar y reanimar a un achacoso Rey, ¿qué no podría hacer
un iniciado de la categoría de Eliseo, discípulo primero del
gran El ías y ahora él mismo Maestro en posesión de claves
que le permitían manejar a discreción las sutiles, y para la
gran mayoría, escondidas fuerzas o flu idos de la naturaleza?
Así pues, querido amigo, yo no estoy inventando ni des-
cubriendo nada nuevo. Hablo de asuntos conocidos ya en los
albores de la humanidad y manejados por los iniciados de
todas las latitudes.
la resurrección de la hija de [airo, Zcierta?
En el Nuevo Testamento el Maestro Jesús realiza tres re-
surrecciones. El primer caso ocurre con la hija de Jairo, en el
Capítulo 9 de Mateo dice:
18.- Hablando él estas cosas a ellos, he aqu í vino un prin-
cipal y le adoraba, diciendo: Mi hija es muerta poco ha:
110
mas ven y pon tu mano sobre ella y vivirá.
19.- y se levantó Jesús, y le siguió y sus discípulos.
24.- Oíceles: Apartaos, que la muchacha no es muerta,
mas duerme. Y se burlaron de él.
25.- Y como la gente fue echada fuera, entró, y t o ~ ó l a
de la mano, y se levantó la muchacha. (Negritas mías).
Aqu í encontramos otra vez la ya muy conocida y familiar
contradicción literal, pues primero se dice que la muchacha es
muerta y luego Jesús dice: "no es muerta, mas duerme". Es
decir, el profano (Jairo) cree que su hija está muerta; pero el
iniciado, el Maestro (Jesús) se da cuenta, sabe que sólo "duer-
me".
Creo que ya hemos hablado, Fabricio, acerca de esas
aparentes contradicciones o equ ívocos y no debo insistir en
ello por ahora. Pero es de notar aquí otro elemento impor-
tante y es que Jairo dice: "Ven y pon tu mano sobre ella y
vivirá". El siguiente versículo diee.. "entró y tomó de la ma-
no". Es decir, Jesús puso su mano en el cuerpo de la "muer-
ta". Se lleva a cabo otra vez la operación de transmisión de
Prana o fluido vital, que Jesús tenía o cargaba en abundan-
tísima cantidad, y que sabía como transmitir para el efecto
requerido en cada determinado caso.
Los ingleses y norteamericanos llaman "healing" a ésta
operación de imposición de manos o transmisión de energía
curativa. En algunos casos de personas privilegiadas o inicia-o
dos, tal poder es muy potente, pero débil en los principian-
tes o inexpertos aficionados al arte de curación por imposi-
ción de manos.
La resurrección de la hija de Jairo aparece, casi palabras
por palabras, también en Marcos 5:39 yen Lucas 8:41. Pero
¿quién copió a quién? Porque según veremos en un rnornen-
to este "milagro" nunca fue realizado por Jesús. Aunque,
quien copió esto del original, sabía lo suficiente como para
entender que "milagros", verdaderamente "milagros" no los
hay y puso all í los eiementos metapsíquicos, o para decirlo
aún en términos más a la moda, los ingredientes parapsico-
lógicos señalados antes, de la misma manera Que en el ori-
111
ginal se señalan; pero all í, la conmoción que despierta a la
muerta se realiza a través de las poderosas, aunque descono-
cidas para los profanos, vibraciones del sonido (21).
Así pues Fabricio, ahí va el "original". En la Págs. 248-49
del Tomo 111 de Isissin Velo, (Ibíd) se leeasr:
"San Pablo es el único apóstol diqno de este título por el
claro concepto que del incomparable filósofo y mártir de
Galilea resplandece en sus Epístolas, no obstante lasadul-
teraciones perpetradas en su texto por los canonistas (3).
Respecto a los demás apóstoles y en particular a los evan-
gelistas, no es posible fiar mucho en ellos desde el mo-
mento en que atribuyen a su maestro milagros relata-
dos en los libros indos en iguales términos y circunstan-
cias, como vemos, por ejemplo, en el conmovedor episo-
dio de la resurrección de la hija de Jairo, que está copiado
de análogo prodigio de Krishna, según demuestra el si-
guiente pasaje:
"Quiso el rey Angashuna que secelebraran con gran pom-
pa los desposorios de su hija, la hermosa Kalavatti, con
Govinda, hijo de Vamadeva, el poderoso rey de Antarvé-
di. Pero mientras Kalavatti se solazaba en el bosque con
sus compañeras, la mordió una culebra y murió de la mor-
dedura. Angashuna rasgó sus vestiduras, cubrió de ceniza
su cabeza y maldijo el día en que naciera.
De repente llegó a patacro el rumor de vocesque repetían
mil veces: ¡Pacya pitaram! iPacyagurum! ( ¡El Padre! ¡El
Maestro!). Entonces acercóse Krishna sonriente, apoyado
en el brazo de Arjuna... ¡Maestro! -exclamó Angashuna
arrojándose a sus pies y regándolos con sus l á g r i m a ~
írnlra mi pobre hija!. Y le mostró el cuerpo de Kalavatti
tenido sobre una estera.
-¿Por qué lloras? -preguntó entonces :risfma con suave
acento- ¿No ves que duerme? Escucha el rumor de su
hálito parecido al suspiro del viento de la noche que aca-
ricia las hojas de los árboles. Mira cómo se colorean sus
112
mejillas, cómo tiemblan sus párpados a punto de abrirse;
cómose estremecen sus labios prontos a soltar la palabra.
Está dormida. Yo te lo digo. IMiral, ya se mueve. IKala-
vatti! Levántate y anda!
Al punto recobró el cuerpo el aliento, el color y la vida,
y obediente la doncella al mandato de Krishna, levantóse
y fuése con sus compañeras.
La maravillada multitud exclamó: "Verdaderamente éste
es un dios, puesto que la muerte es sueño para él" (1)
3) Para mejor comprender la doctrina expuesta en las
Epístolas de San Pablo, conviene estudiar el Logos filoneano
análogo al Sabda de la escuela m nensa,
1) Traducido del Hari Purana, por Jacolliont, en su obra
(Khristna y el Cristo).
Como sabes, Fabricio, los libros sagrados indos referen-
tes a Khristna se escribieron en la India siglos antes de apare-
cer Jesús en las llanuras de Galilea. Así pues, único comenta-
rio: "Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libre". (Juan,
VIII;32).
La resurrección del "hijo de la viuda"
E:n el caso de la resurrección del "hijo de la viuda" que
aparece en Lucas 7, Verso del 12 al 15, aunque los elementos
a considerar son algo distintos, el acontecimiento en sl no es
más que una variación del mismo tema. Veamos:
12.- Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí
que sacaban fuera a un difunto, unigénito de su maare,
la cual tanbién era viuda; y había con ella grande compa-
ñía de la ciudad.
13.-Y como el Señor la vió, compadeci6se de ella, y le di-
ce: No llores.
14.- y acercándose toc6 el féretro: y los que lo llevaban
pararon. y dice: Mancebo, a t( digo, leván1Bte.
113
15.- Entonces se incorporó el que había muerto y comen-
zó a hablar. Y diólo a su madre. (Negritas mías).
En esta ocasión nadie viene a decir al Maestro Jesús que
tal persona está muerta. El Maestro encuentra un entierro en
camino; JJero su doble vista o visión astral le advierte Que el
cordón plateado de quien se supone muerto no está roto y,
por ende, el presunto "muerto" no es tal, sino que sólo está
bajo estado cataléptico o cualquier otra condición de igualo
parecidas consecuencias (22).
Dice el texto que Jesús "se compadeció de la madre",
inequ{vaca demostración de amor y compasión al darse cuen-
ta el Maestro del error en que estaban los que llevaban el en-
tierro. Agrega el Evangelio que Jesús "tocó el féretro". Nue-
vamente aqu ( la transmisión de Prana o flu ido de fuerza
vital, que, como dije antes, Jesús cargaba en abundacia. En
todos los casos apuntados tiene lugar la imposición de manos
o el contacto de los cuerpos, generalmente las manos, repito,
entre el "resucitador" y el "resucitado". En este singular
caso, sin embargo, no bastan sólo las vibraciones o flu Ido
magnético transmitidas por la poderosa voluntad del Maestro
Jesús a través de sus manos, ya que él sólo tocó el féretro
y éste, regularmente, es de material aislante, en algunos casos
digo, a ciertas vibraciones magnéticas; ahora también se
acompaña aquella con la acción o vibración del sonido cuan-
do el Maestro dice: "Levántate".
Estos casos de "resurrección" efectivamente son milagros
si entendemos este vocablo como un hecho o acción que no
tiene explicación o razón lógica. Pero sólo son milagros para
el vulgo, para los "perros" que llamó Jesús metafóricamente,
no ya para un iniciado que conoce y emplea todos los recur-
sos que la naturaleza ha puesto a disposición del hombre y
que, hasta ahora, sólo unos pocos han sido capaces de aprove-
char a plenitud.
También hay en todas estas historias del Nuevo Testa-
mento muchas narraciones, cubiertas por alegoría, relacio-
nadas con las enseñanzas ocultas o misterios y doctrinados
universalmente. Los términos claves son detectados fác!l-
114
mente por quien está en posesión de las llaves. En este mi-
lagro de la resurrección del "hijo de la viuda" llevado a cabo
por Jesús a la vera de una puerta hay algo de eso según los
términos puramente técnicos del lenguaje esotérico, específi-
camente masónico, que encontramos aqu í.
Observa, Fabricio, que se señala en el texto:
"Unigénito de su madre, la cual también era viuda".
Si quisiéramos quitar la frase, "la cual también era viu-
da", el relato no sufre ningún menoscabo con ello. Es decir,
para los efectos didácticos y narrativos, lo mismo da que se
señale que la madre del supuesto "muerto" era viuda como si
no se dijese nada de ello. Asimismo tiene peculiar importan-
cia que se diga en el texto que "Jesús se compadeció de
ella" (de la viuda) y que el milagro se realice cerca de una
"puerta". ¿Por qué se anotan estos datos; información, que
si faltara, en nada cambiaría el meollo de la narración?
¿Hay un especial interés de parte de quien escribió este rela-
to de señalar, de enfatizar que el "resucitado" era un hijo
de la viuda? Evidentemente sí. Porque, querido amigo, hete
aqu í que dicha frase es un término eminentemente técnico
en el léxico ocultista y muy a propósito, por cierto, para "ca-
sos de resurrección". Como "hijos de la viuda" se conocieron
a los masones por muchos siglos en oriente y medio-oriente.
Déjame copiar aquí otra vez a Leadbeater:
"Asimismo es un dato muy significativo que Hirán fuese
"hijo de la viuda". Horus, el hijo de Isis, era la reencarna-
ción de su propio padre Osiris, y como hijo póstumo po-
día muy bien lIamársele hijo de la viuda" (La Vida Oculta
en la Masonería, Pág. 238, Ibíd).
Estos personajes son resucitados en la leyenda masoru-
ca jud ía, el primero y el segundo en los misterios de Osiris
(los mismos masónicos) que tenían lugar en Egipto.
Veamos esto también. El autor del libro El Enigma de la
115
Gran Pirámide*, André Pochan, quien parece ser masón
él mismo debido a que da significados de señales así como
contraseñas masónicas en su libro, dice en la pág. 223, lo
siguiente:
"A propósito de la llamada de angustia de los maestrosa
los "hljos de la Viuda", el ritual de la logia indica que los
"francmasones son los hijos de una viuda, y que esta
viuda es Isis" (2).
La nota (2) dice: "Es de notar Que el rito de Misraim, que
tiene tal proliferación de grados que escapa a todo enten-
dimiento, en un número 90 y último, la contraseña es:
"Isis" y "Osiris".
De manera que podemos inferir sin pena que en este re-
lato del Nuevo Testamento se trata otra vez de un suceso mís-
tico y no de un acontecimiento histórico. Quizás se refiera
aquí a la iniciación de cualquier miembro de la cofrad ía de
los misterios de Jesús -¿Lucas?- y de esta manerasealegoriza
tal suceso.
Si crees que estoy divagando, o que mi mente esmuy ca-
lenturienta, o que, como el sin par Caballero de los Leoneslo
que estoy diciendo son puros disparates, lee en la pág. 343
del Tercer Tomo de Isis sin Velo (lbid), lo siguiente:
"Los gnósticos cristianos aparecieron a principios del
siglo 11, precisamenteal desaparecer de misteriosa manera
los esenios o chestianos, que tan acabadamente habían
comprendido las enseñanzas de uno de sus propios her-
manos. Al mencionar Jesús la letra iota (Mateo V, 18.)
(-El texto vulgar anota "tilde"-) relacionada con los diez
eones, demostró suficientemente, a juicio de los cabalis-
tas, que pertenecía a la masonería de aquella época, por-
que la letra iota era entre los gnósticos una consigna o
(*) Ibíd.
116
seña que significaba el cetro del Padre, y todavfa subsiste
en las fraternidades de Oriente.
Pero aunque ya se supiera todo esto en los primeros si-
glos del crlstianisrno, hubo cuidado de ocultarlo de modo
que no fuera notorio y de negarlo siempre que se susci-
taba discusión sobre ello, hasta el punto de que las diatri-
bas de los Padres (de la Iglesia) eran tanto más violentas
cuanto más evidente la verdad que negaban. (paréntesis
míos).
Sin comentarios, Fabricio.
Si todavía tu entendimiento duda de tan meridiana ver-
dad, ocultada a los muchos por las falacias inventadas por
unos pocos, búscate el Tomo V de la Doctrina Secreta (Ibíd)
y en las págs. 140 y 141 leerás esto:
"En la citada obra Origen de las Medidas, verdadera "reve-
lación matemática", hay un pasaje que arroja torrentes de luz
sobre la afirmación de que Jesús era un iniciado y un adepto
mártir. Dice así:
Leemos en el versículo 46 del capítulo XXVII del Evan-
gelio de San Mateo: "EIi, Eli, Lama Sabchthani, es de-
cir: 11 iDios mío, Dios rniol ¿Por qué me has abandona-
do?" Esta versión está tomada del manuscrito original
griego (pues no existe ninguno hebreo, siendo la razón
para que esto ocurra que jos enigmas en hebreo se descu-
brirían al compararlos con las fuentes de su derivación,
el Antiguo Testamento).
Todos los manuscritos griegos dicen así:
Uue son palabras hebreas con caracteres griegos que en
hebreo son de este modo:
y según la Biblia significan: "Dios mío, Dios m io! ¿Por qué
me has abandonado7"
777
Aquí están las palabras; y en ellas y en que ésta es la in-
terpretación que les. da la Escritura no cabe discusión:
pero aquilatando su significado, veremos que es precisa-
mente opuesto al admitido; pues quieren decir: "iDios
mío, Dios mío, cómo me has glorificado".
Aún hay más: porque aunque lama significa por qué o
cómo, verbalmente relaciónase con la idea de deslum-
brar o adverbialmente significada "de qué modo más
deslumbrador", o cosa así.
Para el lector ingenuo la interpretación admitida es for-
zada; y se acepta para que responda, por decirlo así, al
cumplimiento de una expresión profética, según una re-
ferencia marginal relativa al versículo primero del Salmo
22, el cual dice:
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
que en el texto hebreo son estos vocablos:
a':I-n:1', ilD7 , ~ ,,,..
hasta aquí la cita es correcta pero con una palabra total-
mente diferente. Las palabras son:
Eli, EIi, lamah azabutha-ni?
Resulta por lo tanto evidente la falsa interpretación del
pasaje y la inexactitud del relato sagrado (6);{Apéndices,
VII, 30n, y ninguna argucia humana, por erudita que
sea, puede salvarle de este juicio.
Durante diez afios,los más conocidos hebreístas y hele-
nistas de Inglaterra, se ocuparon en revisar la Biblia expurgán-
dola de los errores de traducción y subsanando las omisiones
en que incurrieran sus menos doctos predecesores. ¿Va a de-
círsenos que ninguno de ellos vio la evidente diferencia entre
el azabutha-ni del Salmo XX11 Yel Sabachthani del Evange-
lio de San Mateo? ¿No se dieron cuenta de esta premeditada
falsificación? Porque fue una "falsificación". Y si nos pregun-
ta la razón de que a ella recurriesen los Padres de la Iglesia, di-
118
remos: Porque las palabras de Jesús pertenecen en su verda-
dero significado al ritual de los templos paganos. La pronun-
ciaba el iniciado después de las terribles pruebas de la inicia-
ción, Yestaban todavía frescas en la memoria de algunos Pa-
dres de la Iglesia cuando se tradujo al griego el Evangelio de
San Mateo. Además, muchos hierofantes e iniciados vivían a
la sazón; Yde transcribir la frase en su recto sentido, se hu-
biera echado de ver que Jesús era sólo un iniciado. La excla-
mación: " ¡Dios mío, Sol mío, has radiado sobre mí tus ful-
gores!", conclu ía la acción de gracias del iniciado, "el Hijo y
glorioso Electo del Sol". En Egipto se han descubierto escu 1-
turas y pinturas representativas de esta ceremonia. El candi-
dato aparece situado entre las dos divinidades que le apadri-
nan: "Osiris-Sol" con cabeza de halcón, símbolo de la vida y
Mercurio con cabeza de ibis que guía a las almas después de
la muerte a su nueva morada, el Hades, representando la
muerte del cuerpo físico. Ambos están derramando el "cho-
rro de la vida", el agua de la purificación, sobre la cabeza del
iniciado, de modo que el chorro de Osiris forma cruz con el
de Mercurio. Para mejor ocultar la verdad, se dijo que este ba-
jorrelieve era una "representación pagana del bautismo cris-
tiano". Des Mousseaux equipara a Mercurio con el arcángel
San Miguel, diciendo que es:
El asesor de Osiris-Sol, como San Miguel es el asesor o
Ferouer del Verbo.
El monograma de Chrestos y el lábaro o estandarte de
Constantino {quien, dicho sea de paso, murió pagano) es un
símbolo derivado del rito egipcio, y denota asimismo "Ia vi-
da y la muerte". Mucho antes de que fuese adoptado el signo
de la cruz como símbolo cristiano, era empleado como secre-
to signo de reconocimiento mutuo entre neófitos y adeptos.
Dice Eliphas Levi:
El signo de la cruz adoptado por los cristianos no perte-
nece exclusivamente a ellos. Es cabalístico, y simboliza
119
el cuaternario equilibrio de los elementos. Vemos por el
oculto sentido del Padrenuestro, sobre el cual hemos lla-
mado la atención en otra obra, que en un principio hubo
dos maneras de hacerlo, o por lo menos dos distintas
fórmulas para expresar su significado: una reservada a
los sacerdotes e iniciados; otra peculiar de los neófitos y
del vulgo*.
Ahora comprenderemos por qué el texto hebreo del Evan-
gelio de San Mateo o de los ebionitas, ha sido excluido para
siempre de la curiosidad de las gentes.
San Jerónimo encontró el original hebreo del Evangelio
de San Mateo en la biblioteca fundada en Cesare por
Panfilio mártir. "Los nazarenos que en Berea de Siria
usaban este Evangelio, me dieron licencia para traducir-
lo" decía Jerónimo a fines del siglo IV**. Es particular
que todos los Padres de la Iglesia digan que San Mateo
escribió en lengua hebrea, y sin embargo admiten el tex-
to griego como único auténtico, sin mencionar sus rela-
ciones con el texto hebreo. "Se hicieron algunas adicio-
nes especiales que necesitaba el texto griego"***; y tam-
bién: "En el Evangelio usado habitual mente por los na-
zarenos y ebionistas que hace poco traduje del hebreo al
griego, y que muchos llaman fundadamente el auténtico
Evangelio de Mateo,etc."****
Que los apóstoles recibieron "enseñanzas secretas" de
Jesús, se infiere evidentemente de las siguientes pelabras
de San Jerónimo, dichas en un momento de espontanei-
dad. En sus cartas a los obispos Cromacio y Heliodoro se
lamenta "de la dificultad del trabajo, puesto que San
(*) Dogme et Rituel de la Haute Magie, 11,88.
(n) San Jerónimo, De Viris ltlust., 111.
(n*) Olshausen, Nachmeis der Sammtlichen Scfriften des Neuen Test., pág. 32;
dunlap, the Son of Man, pág. 44.
(****}Comentarios a Mateo, XII, 13, libro 11. -San Jerónimo añade que estaba es-
crito en idioma caldeo, pero con caracteres hebreos.
120
Mateo no escribió el Evangelio de modo explícito y con
sentido abierto. Porque de no ser secreto hubiera añadi-
do que era suyo lo publicado; pero escribió el libro sella-
do en caracteres hebreros y de tal manera para que pu-
dieran leerlo los hombres más religiosos, quienes en el
transcurso del tiempo lo recibieron de sus predecesores.
Sin embargo, nunca consintieron que nadie tradujese es-
te libro y unos interpretaron su texto de ana manera y
otros de otra" (San Jerónimo, V 445; Dunlap, Sód,
the Son of Man, pág. 46). En la misma página añade más
adelante: "Sucedió que habiendo publicado este libro
un discípulo de Maniqueo, llamado Seleuco, quien tam-
bién escribió unos apócrifos Hechos de los Apóstoles,
dio con ello motivo de destrucción y no de edificación;
a pesar de lo cual fue aprobado en un sínodo contra el
espíritu de la Iglesia" (Esto explica la condenación de
las obras de Justino Mártir, quien sólo se valió del í'tex-
to del hebreo del Evangelio de San Mateo", como proba-
blemente hizo también su discípulo Taciano. De cuán
tard íamente llegó a establecerse sin reparo la divinidad
de Jesucristo, nos da prueba la circunstancia de que en
el mismo siglo IV no rechaza Eusebio este libro por es-
púreo, sino Que lo equipara al Apocalipsis de San Juan.
Según muestra Credner (Zur Gesch des Kan, pág. 120), lo
insertó Nicéforo, con la Revelación, en su Esticometría,
entre el Antilegomena. Los ebionitas, verdaderos cristia-
nos primitivos, rechazaron los demás escritos apostólicos
y se sirvieron tan sólo del texto hebreo (Adv. Har., 1,
26), creyendo firmemente, con los nazarenos, que Jesús
fue sólo un hombre, de "semilla de hombre", como de-
clara Epifanlo).
San Jerónimo confiesa que el libro que él cree escrito de
"puño y letra de Mateo", era enigmático, pues apenas
pudo entenderlo, no obstante haber repetido la traduc-
ción. Sin embargo, Jerónimo tilda fríamente de heréti-
cos todos los comentarios hechos sobre dicho libro, ex-
cepto los suyos. Más que eso; pues Jerónimo conocía
121
que este Evangelio era el original y sin embargo se hace
más que nunca celoso perseguidor de los "herejes"; por-
que aceptarlo hubiera equivalido a sentenciar a muerte a
la Iglesia dogmática. Se sabe con certeza que el texto he-
breo del Evangelio de San Mateo fue el único admitido
durante los cuatro primeros siglos. por los jud íos cristia-
nos, nazarenos y ebionitas; ninguno de los cuales reco-
nocieron la divinidad de Cristo (lsís sin Velo, 11, 181-
3 (Ed, inglesa}..
Los ebionitas fueron los primitivos cristianos y el gnóstI-
co autor de las Homilías Clementinas puede considerarse co-
mo su prototipo. Según dice el autor de la RefWiíwt sobren".
tural(Obra citada, 11, 5), el gnosticismo ebionita asumió
en aquel tiempo la idea cristiana en toda su pureza. Fueron
los ebionitas discípulos y prosélitos de los primitivos nazare-
nos o cabalistas gnÓsticos. Creían ellos en los Eones, como
los partidarios de Cerinto". "Decían ellos", se lamenta, "que
Cristo fue de la semilla de hombre"14 (Véase también Isis sin
Velo, 11,180)."
Hasta donde mi humilde y corta información alcanza, Ma-
dame Blavastky nunca ha sido desmentida. Se le acusó de pla-
gio. se tildó su inmensa sabiduría o erudición de "copia de
los grandes eruditos del pasado" y muchos otros denigrantes
epítetos más; pero nunca se ha dicho, y demostrado, que
haya mentido en sus escritos.
La cueva de Lázaro
Veámos ahora lo de la cueva de Lázaro. Es caso averigua-
do que la muerte y la resurrección de Lázaro es una alegoría
con la que San Juan el Evangelista trata de su propia inicia-
ción, realizada por el Maestro Jesús pocos días antes de ser
hecho prisionero por los pretorianos de Pilatos.
Lázaro, como sus hermanas Marta y María, tanto pueden
ser personajes reales como apócrifos que él escoge para que
122
sirvan de fondo, y se advierte que se trata de algo personal, en
el hecho de que este milagro, el más prodigioso de todos los
realizados por el Maestro Jesús. ya que de cierto que resuci-
tar a un muerto de cuatro días y que ya hiede es mutho más
portentoso que el dar vista a un ciego, levantar al paralítico,
limpiar de espíritus obsesores al endemoniado y caminar
sobre las aguas; este milagro, sin embargo, no aparece consig-
nado ni en Mateo, ni en Marcos, ni en Lucas. Solamente habla
de esto el Evangelista Juan como si, tal como en efecto
acontece, se tratase de algo personal y privativo, repito, que
solo afectase a él en particular. (23).
Escudriñando en el IV Evangelio encontramos otra vez
la ya "clásica" contradicción o equ ívaco; pero contradicción
que es un indicio y un atisbo en dirección a la verdad.
Vamos a poner juntos todos los detalles dispersos, en el
caso de la resurrección de Lázaro, y en esa forma podremos
captar mejor la cuestión que tratamos. Dice el Versículo 1ro.
del Capítulo 11:
1.- Estaba entonces enfermo uno llamado
Lázaro, de Bethania, la aldea de María
y de Marta su hermana.
4.- Y oyéndole Jesús dijo: Esta enfermedad
no es de muerte, mas por gloria de Dios,
para que el Hijo de Dios sea glorificado
por ella.
11.- Dicho esto, d1celesdespués, Lázaro nuestro
amigo duerme; mas voy a despertarle del sueño.
12.- Dijeron entonces sus dlscfpulos: Señor, si
duerme salvo estará.
14.- Entonces.. pues, Jesús les dijo claramente:
lázaro es muerto (Negrillas mías).
¿Qué está pasando aquí Fabricio? ¿Cómo es posible que
123
el Hijo de Dios se contradiga tanto? lEs que el Hijo de Dios
no sabe lo que está diciendo? Primero dice: "la enfermedad
no es de muerte", después confirma lo dicho cuando agrega:
"Nuestro amigo Lázaro duerme; mas vaya despertarle del
sueño. Al decir del sueño evidentemente se está refiriendo
a un sueño especial. Luego, diametralmente se contradice
cuando afirma: "Lázaro es muerto". Insisto en decir que es-
tos equ (vacos y contradicciones son un recurso muy cono-
cido y utilizado por los que escriben acerca de estas cosas
para despistar al lector que no sabe de ellas, pero que no en-
gañan al que se encuentra al tanto de las claves, y esto lo repi-
to aqu í quizás por enésima vez, F!lbricio.
Regularmente, y casi todos, interpretan las palabras
de Jesús: "mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios
sea glorificado por ella", como que Jesús se está refiriendo a
sí mismo, está anunciando por anticipado el "milagro" y
está ponderando la gloria de Dios. Pero hemos visto en todos
los Evangelios que Jesús se llama a s( mismo "el Hijo de'
Hombre". lComo es que ahora, precisamente en esta ocasión,
se llama "Hijo de Dios"? ¿Adonde llegamos si interpretamos
lo anterior como que Jesús se refiere al "Hijo de Dios" que
mora en Lázaro y que es Lázaro (lo Juan?) el principio crfs-
tico aue todos llevamos dentro y que, efectivamente se glo-
rifica por medio de la iniciación cuando se recibe ésta? lQué
pasa si lo entendemos así: "mas por gloria de Dios, para aue
el Hijo de Dios (Lázaro o Juan) sea glorificada por esta enfer·
medad (sueño magnético, estado de trance)"?
De cierto y definitivamente, la iniciación es una garantía
de que el Hijo de Dios que la reciba alcanzará, regularmente
en corto tiempo, la liberación; es decir, está "salvado" se-
gún la terminolog ía que emplean los cristianos. Esta inter-
pretación la confirman los discípulos cuando c ' ~ n : "Señor,
si duerme salvo estará". Es decir, si está en el tranoe, en el
sueño inducido, en el éxtasis del "Rito de la Muerte" está
recibiendo la iniciación y por tanto en vías de alcanzar la
liberación, o en otra palabra: está salvo.
San Juan despeja toda duda cuando dice:
124
"Mas a cuantos le recibieron les di6 poder
de ser hijos de Dios, a aquellos que creen
en su nombre" (Juan 1, 12) (Negrillas mías).
Es decir, que cuantos practicaran la doctrina esotérica (los
misterios) de Jesús se convertirán en Hijos de Dios. ¿No sa-
béis que sois dioses? dice Jesús a sus discípulos.
Sigamos analizando, Fabricio: en el Verso XXXVIII se di-
ce textualmente:
38.-Y Jesús, conmoviéndose otra vez en sí mismo,
vino al sepulcro. Era una cueva la cual ten ía
una piedra encima.
39- Dice Jesús: Quitad la piedra. Marta la hermana
del que se había muerto, le dice: Señor hiede ya
que es de cuatro días.
43- Y habiendo dicho estas cosas, clamó a gran voz:
Lázaro, ven fuera.
(Negritas mías).
Esto de la cueva está claro ya que se ha dicho literal-
mente, y lo otro de la piedra es un indicio y una pista porque
las cuevas iniciáticas suelen estar resguardadas a su entrdda
por una piedra. Por ejemplo en aquel pasaje de la Odisea en
que UI ises lucha con el eíclope y lo vence, y ya relatado ante-
riormente, la entrada de la cueva en que ocurre esta dramá-
tica lucha está obstruida por un pedrusco; yen aquella cueva
de los nueve arcos, de que trataremos luego, en la que fue en-
contrado el Delta de Oro con la Palabra Inefable grabada,
también la entrada se encontraba cerrada por una piedra
cúbica, de modo que todo esto es la misma cosa exactamente.
Pero todavía unas palabras; el concepto de una piedra que
obstruye la entrada de una cueva, según se ha visto en la
Odisea, se verá en la leyenda masónica, y se ha visto en el re-
lato del Evangelio, ten ía un sentido simbólico pues, en la en-
trada de todos los templos iniciáticos, había un guardián o
125
intérprete al que le llamaban Pedro, y Pedro es Petra (24) o
piedra, por eso entre los misterios, o mejor, en las alegorías
cristianas, figura San Pedro con una llave, significándose
con esto que era el guardián, o más apropiado será decir,
el intérprete, de la logia en la que daba el Maestro su instruc-
ción, sino también de la incipiente institución de la Iglesia
Cristiana de la que se dice fue el primer Papa o Vicario de
Cristo. (En verdad, Fabricio, esta afirmación acerca de que
San Pedro fue el primer Papa nunca ha sido cierta. Es el cono-
cido caso de "una mentira repetida muchas veces se convier-
te en verdad"). (25).
De modo que la cueva a que alude el IV Evangelio es la
constante cueva iniciática; la pieJra es el guardián de la entra-
da y el muerto que allí reposa es el candidado sumido en el
trance del "Rito de la Muerte".
Dice el Evangelio que venimos comentando, el Verso
XXXIX: "Dice Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del
que se había muerto, le dice: Señor, hiede ya, que es de cua-
tro días".
Orígenes de la Masonería
Aquí se hace necesario, Fabricio, detenernos por unos
instantes para insertar una leyenda masónica que vendrá a
traer luz en esto del milagro de la resurrección de Lázaro.
Pero antes de traer la leyenda en cuestión, déjame copiar al-
gunas de las cosas que el Maestro Leadbeater dice acerca de la
masonería y que, sin duda, edificarán aún más la capacidad
de tus entendimientos. Dice Leadbeater en su obra La Vida
Oculta en la Masonería * (Pág 14).
"Los orígenes de la Masonería se pierden en las neblinas
de la antigüedad. En el pasado siglo, creyóse que la Maso-
nería databa de los gremios medievales de albañiles, con side-
1*) Ed;ciones de la cooperativa "Fraternidad Universal" S. C. L. México, D. F.
726
rados por algunos como reminiscencias de los colegios roma-
nos. Todavía habrá quienes no sepan más que esto, pero todo
los estudiantes de los antiguos Misterios, que a la vez son ma-
sones, saben que por esta línea hemos de hallar nuestra filosó-
fica prosapia, pues en nuestras ceremonias y enseñanzas hay
muchas cosas que no podían tener significado para los alba-
ñiles, y que de él rebosan cuando se examinan a la luz del
conocimiento recibido de los Misterios.
"Los autores masónicos señalan diversosgrados de antigüe-
dad de la Orden. Algunos atribuyen su fundación al rey salo-
món, y unos afirman resueltamente que la sabiduría masónica
es el único residuo del divino conocimiento poseído por
Adán antes de su caída. Sin embargo, hay multitud de prue-
bas no tan místicas como éstas, a las cuales espero contribuir
con algo de mi personal y extraordinaria experiencia.
"Mediante algunos años de esfuerzo y más de práctica,
pude educir y vigorizar ciertas facultades psfquícas de la ín-
dole citada en el Prólogo, (clarividencia y clariaudiencia) las
cuales, entre otras cosas, me capacitaron para recordar mis
pasadas vidas. La idea de la preexistencia puede ser nueva
para el lector, pero no me propongo aducir argumentos en su
favor, aunque abundan, sino tan sólo declarar que para mí,
como para muchos otros, es un hecho de experiencia perso-
nal. La única de mis vidas pasadas que con nuestro asunto se
relaciona transcurrió unos cuatro mil años antes de Cristo
. .
en el país que ahora llamamos Egipto.
"Cuando en mi vida actual me iniciaron en la Masonería
me sorprendí viva y gozosamente al ver por primera vez la
Logia, pues me era familiar su disposición e idéntica a la que
yo había conocido seis mil años antes en los Misterios egip-
cios.
"Bien sé cuán alarmante es esta afirmación, pero sólo me
cumple decir que es literalmente verídica. No cabe engaño ni
es posible explicarlo por mera coincidencia".
Más adelante, en el mismo libro de referencia, sigue di-
ciendo el Maestro Leadbeater, (Pág. 42):
127
"Las enseñanzas de los Misterios egipcios se guardaban
muy celosamente, y sólo con extremada dificultad y bajo
especiales condiciones se admitía en ellos a un extranjero, Sin
embargo, fueron admitidos algunos, como Moisés. de quien
dice el relato biblico que "fué instruído en toda la sabiduría
de los egipcios". Después transmitió su conocimiento a la
clase sacerdotal de lo!' israelitas, y así se mantuvo en forma
más o menos pura hasta la época de David y Salomón, quien
construyó su templo de conformidad con el plan masónico y
lo estableció en centro de simbolismo y trabajo masónico. No
cabe duda de que Salomón construyó el templo de su nombre
con el intento de señalar y conservar para su pueblo cierto
sistema de medidas, de la propia suerte que las dimensiones
de la gran pirámide entrañan muchos datos geodésicos y as-
tronómicos. No tuvo éxito en ello, porque se había perdido
gran parte de la tradición o quizás sería más exacto decir que
si bien se hab ía conservado la tradición de los ornamentos ya'
no se sabía lo que significaban. Hasta entonces los iniciados
en los Misterios judíos habían dirigido su atención hacia la
Casa de Luz de Egipto; pero Salomón resolvió que los pensa-
mientos y emociones de los iniciados se enfocaran en el tem-
plo que acababa de construir; y por tanto, en vez de hablarles
de la simbólica muerte y resurrección de Osiris en Egipto, in-
ventó el relato que constituye la actual tradición masónica, y
hebraizó todo el ritual, substituyéndose las palabTtlS egipcias
por otras hebreas, aunque sin alterar en algunos casos el sig-
nificado original.
(Las palabras que aparecenen cursivas en la copia de lo di-
cho por el Maestro Leadbeater, asr como de todo lo copiado
de la Biblia, han sido hechas por m().
Veamos ahora la leyenda que antes te anuncié, la misma a
que alude Leadbeater en los párrafos copiados anteriormente:
La leyenda de Hiram
"Salomón, el más sabio de los Reyes de su tiempo, cono-
ciendo la necesidad de eregir un templo al "Dios Eterno"
128
hizo reunir en jerusalem todos los obreros necesarios para
construirlo y los cuales fueron voluntarios pero asalariados.
Así Salomón publicó un edicto en su reino que también
difundió en todos los países próximos a su reino. En dicho
edicto hacia saber que quienes quisieran ir a jerusalem para
trabajar en la construcción del Templo de jehovah, serían
bien recibidos y recompensados, pero con la condición de
que cada trabajador debería ser virtuoso, henchido de celo
en el trabajo y a más de ello de probada valentía. Además, de-
bía tener espíritu de sacrificio y estar libre de todo defecto.
Pronto Jerusalem se VIO lleno de hombres de todas las nacio-
nalidades que fueron conocedores de las ciencias y las artes
de la construcción y poseedores también de las virtudes soli-
citadas por Salomón.
Salomón, contando con tan gran número de obreros de
distintas naciones y diestros en tan distintas artes, hizo trata-
do de paz con todos los reyes vecinos y tuvo especiales alian-
zas con el rey de Tiro, para así poder disponer de los cedros
del Monte Líbano, los cuales fueron utilizados en la construc-
ción del Templo.
Habiendo ya comenzado las obras, Salomón se acordó de
un arquitecto llamado Hiram, quien era el Maestro de Obras
más experto de su tiempo, así como el más virtuoso de todos
los sabios, y por el cual el rey de Tiro sentía una especial es-
timación a causa de sus muchas cualidades y conocimientos
polifacéticos. Además, Salomón había reunido un gran nú-
mero de hombres que requerían organización y una inteligen-
te cabeza de mando y esto no podía ser efectuado por Salo-
món, quien ya contaba con las responsabilidades propias de su
reino. Así Salomón resolvió darles un jefe digno a fin de man-
tenerlos en buen orden y con tal objeto decidió que Hiram,
quien era tirio de nacimiento, era el hombre más adecuado
para ello. De este modo envió diputados cargados de ricos
y costosísimos regalos al rey de Tiro, rogándole que le en-
viáse a Hiram con el objeto de nombrarlo Jefe de las Obras
del Templo. El rey de Tiro, muy satisfecho por el elevado
concepto que Salomón tenía de él y de su Arquitecto Hiram,
129
accedió gustosamente al pedido y envió a Hiram de vuelta
con los diputados de Salomón y también una cantidad de va-
liosos obsequios. Así la alianza de paz y ayuda mutua quedó
más firmemente establecida entre el Rey de Tiro y Salomón,
Rey de Jerusalem.
Hiram fue recibido y alojado en el palacio de Salomón
con toda pompa y se celebró una gran fiesta en todo el reino
de Jerusalem para celebrar la llegada de tan insigne construc-
tor.
A! día siguiente, Salomón reunió la cámara de Consejo
para arreglar -los asuntos de importancia e Hiram fue recibido
por dicho. Consejo recibiendo los saludos de todos sus inte-
grantes. Salomón declaró entonces en presencia de todos:
"Hiram, yo os escojo por Jefe y Arquitecto Mayor del Tem-
plo y os doy autoridad sobre todos los obreros y os trasmito
mi potestad sobre todos ellos, sin que sea necesario otra opi-
nión que no sea la vuestra y os miraré como un hermano y os
confiaré todos mis secretos y el mayor de todos ellos que se
refiere a los propósitos de la construcción del Templo". Lue-
go salieron de la cámara del Consejo y fueron a las obras don-
de el mismo Salomón, mostrando a Hiram, proclamó ante
todos los obreros a viva voz: "He aquí al que he escogido
por vuestro Jefe para guiaros y al cual debeis obedecer como
a mí mismo dado que le he concedido amplio poder sobre
vosotros y sobre las obras, bajo pena que aquellos que no
obedezcan mis órdenes y las suyas, serán castigados de la ma-
nera que él estime conveniente.
A! día siguiente Hiram reunió a todos los obreros y les
dijo: "Amigos míos, el Rey vuestro Señor y el mío, me ha
confiado el cuidado de dirigir y regular las obras de este Tem-
plo. No dudo que ninguno de nosotros falte al celo que ha-
beis prometido voluntariamente para ejecutar las órdenes del
Rey y las mías. Pero me ha sido pedido que establezca un or-
den en los trabajos y ésta será mi principal misión. Es justo
que entre nosotros unos reciban mayor salario que otros, se-
gún la calidad y la cantidad de trabajo que ejecuten y los
mayores salarios serán obtenidos mediante las pruebas ne-
130
cesarias del trabajo. Así para tranquilidad y premio de
vuestro celo, vaya formar tres clases de obreros: la primera
será compuesta por los aprendices; la segunda por los oficia-
les y la tercera por los maestros de obras.
La primera clase será pagada como tal y recibirá su salario
en la puerta del Templo junto a la columna de JAKIN; la se-
gunda clase recibirá su salario también en la puerta principal,
pero junto a la otra columna llamada BOHAS y la tercera y
más elevada clase dé trabajadores recibirá su salario dentro
del Templo y ante el Santuario.
De este modo se aumentaron los salarios para todos y se
estableció un SISTEMA Y ORDEN estructurado en un pa-
trón de JUSTICIA, tras lo cual la Paz, el Respeto y.la Amis-
tad y la Concordia reinó entre todos los trabajadores. E Hi-
ram, queriendo que todo marchase en buen orden y para eVI-
tar confusiones, abusos y procedimientos ilegales, designó a
cada uno de los tres grupos, signos, palabras de pase y toques
secretos para reconocerse, con la prohibición de comunicarlos
unos a otros sin el permiso especial del Rey Salomón a fin de
que cada uno de los tres grupos fuera pagado y tratado según
sus obras. No obstante estas reglas, todos tenían derecho a su-
perarse y conquistar el siguiente GRADO por nuevas adquisi-
ciones de conocimiento y experiencia.
Pero tres oficiales o trabajadores del segundo gmpo, im-
pulsados por la avaricia y el deseo de recibir la paga de los
Maestros de Obras, forjaron un plan criminal para apoderarse
de la "palabra" de los Maestros por la fuerza y trataron de
arrancársela por la violencia al propio Hiram. El respetable
Hiram iba diariamente al Santuario del Templo para dedicar
unas palabras al Eterno, a la hora de la puesta del sol. Los tres
criminales que forjaron el siniestro plan, trabajaron en unidad
y se fueron al Templo a la hora de las plegarias de Hiram, si-
tuándose cada uno en una de las tres puertas del Templo y
que son la del sur, la del este y la del oeste. Los tres crimina-
les esperaron respectivamente en las puertas mencionadas ar-
mados de tres herramientas de labor, pero destinadas esta vez
a la agresión y que fueron LA REGLA, LA PALANCA Y EL
131
MAZO. Terminada la oración, Hiram trató de salir por la
puerta principal, es decir, la del Sur y allí le esperaba el pri-
mero de los conjurados que se llamaba ABIRON y quien ar-
mado con la REGLA trató de arrancar "la palabra" de los
Maestros a Hiram a viva fuerza. Este último se negó alegando
que no era esa la forma de obtenerla y ABIRON le asestó un
fuerte golpe con la REGLA. Entonces Hiram, aturdido por el
golpe, trató de salir por la puerta del Oeste, pero allí se en-
contraba el segundo de los traidores que se llamaba MIPHI-
BOSETH y éste golpeó a Hiram con la PALANCA cuando el
Arquitecto también se negó a dar la palabra por la violencia.
Por último, Hiram trató de salir por la puerta del Este y allí
lo esperaba el tercero de los complicados, quien al recibir
igualmente la negativa de parte de Hiram le asestó un golpe
tan violento con el MAZO o el Martillo que lo mató. Como
todavía había luz, los criminales cogieron el cuerpo de Hi-
ram y lo ocultaron en un montón de escombros al Norte del
Templo, esperando la noche para transportarle más lejos.
Cuando llegó la noche lo llevaron a una colina donde lo sepul-
taron, pero como habían decidido llevarlo aún más lejos, pu-
sieronsobre la tierra una rama de ACACIA para reconocer el
lugar más tarde.
El respetable Hiram iba todos los días al levantarse a en-
trevistarse con Salomón dándole cuenta de las obras y reci-
biendo las órdenes de éste. Mas viendo Salomón que Hiram
no acudió al encuentro al día siguiente, se inquietó y mandó
a buscarlo por todas partes, sin que el Arquitecto pudiera
ser encontrado. Tal incidente preocupó y afligió mucho a Sa-
lomón y quiso buscarle por sí mismo en el Templo. Al termi-
nar Salomón sus plegarias trató de salir por la puerta del Este
y vió manchas de sangre; las siguió hasta el montón de escom-
bros del Norte y pudo comprobar que la tierra y piedras ha-
bían sido recientemente removidas y que muchas piedras es-
taban visiblemente manchadas de sangre.
Entonces se llenó de horror y entendió que Hiram había
sido asesinado. Regresó al santuario para orar y llorar la pér-
dida de tan gran hombre y luego volvió al atrio del Templo,
132
donde mandó reunir a todos los Maestros y les dijo: "Herma-
nos míos la pérdida de vuestro jefe es cierta." Esta declara-
ción sumió en un profundo dolor a todos y en un prolongado
silencio que Salomón interrumpió diciendo, que era preciso
que NUEVE de ellos se resolvieran a partir, para encontrar el
cuerpo del Maestro Hiram, conducirle al Templo y luego de
los merecidos honores darle digna sepultura..
A tal mandato de Salomón hasta los más ancianos Maes-
tros quisieron participar en la recuperación del cuerpo de Hi-
ramo Entonces Salomón seleccionó los NUEVE designados
por escrutinio. Los agraciados se sintieron honrados y hasta
se despojaron del calzado para andar con mayor ligereza. Tres
de ellos emprendieron la ruta del Mediodía, otros tres la de
Occidente y los tres restantes la ruta del Oriente, acordando
reunirse todos nuevamente al NOVENO día de la partida en
el Santuario del Templo. Uno de los tres grupos, al segundo
día de viaje, se encontraba cansado y los tres integrantes de-
cidieron reposar una hora antes de continuar la misión enco-
mendada. Así, uno, al querer sentarse se agarró de una rama
de una pequeña acacia para así ayudarse, pero vió que ésta se
le quedaba en la mano por no tener raíces en el suelo. Viendo
los tres que la tierra había sido removida recientemente pen-
saron que allí podía encontrarse enterrado el cadáver de Hi-
ramo Así, este grupo fue al encuentro de los otros dos grupos
y entre los Nueve Maestros cavaron la tierra y encontraron el
cuerpo del Venerable Maestro Hiram. Los nueve quedaron
horrorizados con el encuentro, pero recuperando fuerzas, uno
de ellos penetró en la fosa y tomando a Hiram por el dedo ín-
dice de la mano derecha, quiso levantarlo. Pero la carne de
Hiram ya estaba descompuesta, lo que hizo retroceder a este
Maestro diciendo: ICLINGUE, que es una palabra hebrea que
quiere decir HUELE MAL..." (26)
Hasta aquí, Fabricio, la parte de la leyenda masónica que
he querido señalarte. Para tu mejor comprensión debo aña-
dir que la palabra ICLINGUE (Huele Mal) se usa en calidad
de "Palabra Sagrada" o lo que es más o menos lo mismo "pa-
labra clave" o "palabra de pase", en uno de los grados de la
133
masonería. Como se puede apreciar fácilmente esta leyenda
está preñada de alegorías, símbolos y señales que sólo los ma-
sones entienden y les atribuyen especial significación en sus
ritos y ceremonias.
El segundo nacimiento
Pero vamos a lo nuestro. Si comparas esta palabra ICL/N-
GUE -Huele mal- con la que se dice en el Versículo XXXIV
del Capítulo 11 (Hiede ya) y que su autor, Juan el Evangelis-
'la (o cualquiera que lo haya escrito), pone en boca de Marta,
la hermana de Lázaro, encontrarás que no hay diferencia de
significado.
Podemos hacernos pues, sin pena, las preguntas siguien-
tes: lConocían Jesús y los Apóstoles los misterios del "Rito
de la Muerte" o "Paso de la Cruz"? lFuncionó, en el caso de
Lázaro la palabra Hiede ya (lICLlNGUE?) como palabra cla-
ve o palabra de pase entre iniciados que se entienden en su
lenguaje particular y de grado? lEI que resucita o nace aquí,
como se. auiera llamar, es el "Hijo de Dios" o el "Principio
Crístico?".
Yo, personalmente, sin atreverme a afirmarlo cateqorica-
mente, tampoco lo dudo del todo, pues el Maestro Jesús y
Juan, el Discípulo Amado, dan muestras a lo largo en este IV
Evangelio que comentamos, de conocer a fondo todos los se-
cretos que se enseñaban y se enseñan en los Misterios. Ense-
ñanzas que, por cierto, eran ya viejas cuando el Maestro Je-
sús apareció en Galilea.
Para abundar en esto, recordemos parte de la conversa-
ción sostenida entre el Maestro Jesús y Nicodemos, un prín-
cipe de Israel que hab ía venido durante la noche a conversar
con Jesús y re/atada también por Juan en el Capítulo /// de
su Evangelio.
3- Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo que el
que no naciera otra vez, no puede ver el reino de
Dios.
134
4- Oícele Nicodemos: ¿Cómo puede el hombre nacer
siendo viejo? ¿Puede entrar otra vez en el vientre de
su madre y nacer?
9- ¿Cómo puede esto hacerse?
10- Respondió Jesús, y díjole: ¿Tú eres el Maestro de Is-
rael y no sabes ésto?
Como se ve, en evidente tono de reproche Jesús le da a
entender a su interlocutor que por el sólo hecho de ser él (Ni-
codemos) Príncipe o Maestro de Israel debía y tenía que sa-
ber de estas cosas ya que era asunto sabido desde los tiempos
de Moisés que la clase sacerdotal, los Maestros, estaban inicia-
dos en los Misterios (27).
Los Misterios de Jesús
Si lees con cuidado los Evangelios, Fabricio, encontrarás
en ellos más de diez referencias a los Misterios de Jesús. Por
ejemplo y para sólo anotar aqu í algunos:
Porque a vosotros es concedido saber los misterios del rei-
no de los cielos; mas a éllos no es concedido. (Mateo 13-
11).
A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios,
mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas.
(Marcos 4-: 11).
A vosotros es dado conocer los Misterios del reino de
Dios; mas a los otros por parábolas, para que viendo no
vean y oyendo no entiendan. (Lucas, 8-: 10).
Algunos autores aseguran que Jesús era un Esenio inde-
pendiente, original; que había fundado casa aparte y que sus
enseñanzas eran una recopilación y mixtura de todos los Mis-
terios conocidos hasta entonces, tales como los de Isis y Osi-
ris en Egipto, los de Eleusis en Grecia, los de Zoroastro en
Caldea, los Masónicos en Israel, los Esénicos, etc. Todo esto
parece haber sido confirmado con el descubrimiento, en el
135
año 1948, de los hoy famosos Rollos o Documentos del Mar
Muerto, que han venido a arrojar gran luz acerca de este asun-
to.
Vuelvo aqu í a citar a la misma autoridad ya mencionada
antes, el Dr. H. Spencer Lewis, quien en su libro Las Doc1ri-
nas Secretas de Jesús* pág. 42, dice:
"No nos sorprendemos, por lo tanto, al encontrar que al
llevar a cabo los deseos de Su padre y organizar una sociedad
secreta, y para protegerla y adelantarla, Jesús recurrió a, y
utilizó muchos de los puntos y principios de organización que
ya estaban establecidos entre escuelas secretas en el cercano y
lejano oriente. Hasta alguna terminología y símbolos secretos
que Jesús usó y a los cuales se refirió de una manera velada en
sus conversaciones, prédicas e historias alegóricas, eran idénti-
cas a aquellos de otras escuelas e instantáneamente reconoci-
dos por miembros de movimientos secretos extranjeros o dis-
tantes, yen muchos modos éstos son los mismos hoy".
La putrefacción desde el punto de vista esotérico.
Los extremistas y los interesados, dirán que "Hiede ya" y
"Huele mal" no son exactamente ni letra por letra las mismas
palabras. Concedido. Pero recuerda, por un lado, que todo el
tiempo ha venido hablando aqu í de "alegorías". De manera,
que si tal es el caso, no se puede esperar que palabras claves o
secretas de una sociedad esotérica fuesen a ser copiadas al
texto. Por el otro lado, tendrían ellos, para esgrimir este argu-
mento, que tener por delante el texto original redactado por
Juan para comprobar si escribió o no dicha palabra clave.
¿Cómo verificar que los traductores, (27) tal vez sin saber de
lo que se trata, o quizás con malévola intención, cambiaron el
vocablo aunque no el significado? Además, es cosa sabida que
el texto original de cada evangelio -quizás con la sola excep-
(*) Biblioteca Hosaeruz, Gran Logia Suprema de Amorc, San José, California,
U. S. A. Segunda edici6n en español.
136
ción del • Mateo- se escribió en griego antiguo, no en he-
breo directo ni en ninguno de sus dialectos y ya se ha dicho
que ICLlNGUE es una palabra hebrea. Ya vimos también que
Salomón hebraizó el ritual masónico egipcio.
Ahora bien, lo que se quiere dar a entender con estas ale-
gorías, es que el cadáver de aquellas personas, ya Hiram ya
lázaro, estaba en "ías de descomposición o putrefacción. Es-
to exactamente es lo que se comprende en cualquier idioma
del mundo al decir "Huele mal" o "Hiede ya". Aquí es, pre-
cisamente, donde se encuentra el meollo del asunto, porque
la descomposición de un cadáver equivale a muerte auténtica;
pero esta muerte particular en el rito iniciático es la que va a
pagar las utilidades requeridas en el caso, según lo antes visto.
Lo de la putrefacción pues, parece cosa sencilla en el caso
de Lázaro, ya que es natural que un cadáver de cuatro días
haya principiado a descomponerse, lo mismo que se dice en la
leyenda masónica; empero, este detalle, a más de reforzar el
velo alegórico destinado a extraviar al profano haciéndole
creer que se trata aquí de una muerte física, encierra un pro-
ceso de alquimia natural y un profundo misterio ocultista.
Si fuéramos a tratar de estas cosas, caro amigo, tendría-
mos que comenzar hablando de la putrefacción de la simiente
que germina para poder multiplicarse en proporción de ciento
a uno, y a las putrefacciones digestivas que tienen por finalidad
liberar la vida que aprisionan y vectan en los alimentos coti-
dianos. De suerte que esta putrefacción del cadáver que trata
Juan, tiene un amplio concepto fHosófico de acuerdo con la
doctrina esotérica, además del sentido alegórico y de un re-
curso de énfasis para espesar más el velo al lector despreveni-
do. En el Versículo XXIX del Capftulo 12 del Evangelio de
Juan, dice Jesús: "De cierto os digo que si el grano de trigo
no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere mu-
chos frutos lleva".
La putrefacción., la alquimia y en la masonería.
De las escuelas esotéricas, la alquimia y la masonería son
137
las que en mayor grado hacen uso de los símbolos para co-
municar sus enseñanzas. La alquimia, podría decirse, lleva es-
te recurso hasta una exasperante exageración. La finalidad de
los dos sistemas consiste en llevar a sus afiliados a la realiza-
ción de la GRAN OBRA. La alquimia, para ello, utiliza un
lenguaje alegórico donde abundan los símbolos zoológicos,
botánicos, qu ímicos y muchos de otros diferentes tipos. La
masonería recurre, para su simbología, a las herramientas y al
lenguaje de los albañiles o constructores de edificios. Veamos
la importancia especial que tiene la putrefacción en estos dos
sistemas. Debo recurrir a maestros en cada una de estas es-
cuelas para avalar lo dicho.
Fulcanelli, considerado por los entendidos como el "úl-
timo de los auténticos alquimistas", dice en El Misterio de las
Catedrales *, Pág. 96, lo siguiente:
"Batsdorff, presunto autor de una obra clásica (Le fillet
D' Aríadne. París. D' Houry, 1695, pág. 99) que otros atri-
buyen a Gastón de Claves, enseña que la putrefacción se' de-
ciara cuando aparece la negrura, y que ahí está la señal de un
trabajo regular y conforme a naturaleza. Y añade: "Los Filó-
sofos (leáse alquimistas) le han dado diversos nombres y le
han llamado Occidente, Tinieblas, Eclipse, Lepra, Cabeza
de cuervo, Muerte, Mortificación del Mercurio. . .Resulta
pues, que con esta putrefacción se hace la separación de lo
puro y de lo impuro. Ahora bien, los signos de una buena y
verdadera putrefacción son una negrura muy negra o muy
profunda, un olor hediondo, malo e indirecto, llamado por
los Filósofos toxicum et venenum, olor que no es sensible
para el olfato, sino sólo para el entendimiento" (Paréntesis
mío).
Joshep M. Ragón, el sabio y culto escritor masón, este
belga dice, citado por Mde. Blavatsky en el IV Tomo de la
Doctrina Secreta, pág. 142 (lbid) lo que leeremos a continua-
ción:
(*) PlaZa Y Janés, 1974.
"Ragón basó sus estudios y fundó la famosa Sociedad
Masónica de los Trinosofistas -los que estudian tres ciencias-
sobre las propiedades Ocultas de los tres lados iguales del
triángulo; lo que es un progreso sobre los tres grados masó-
nicos ordinarios, que se dan a los que no estudian nada y se
dedican a comer y beber en las reuniones de sus Logias. Se-
gún escribe el fundador:
"La primera línea del triángulo que se da al aprendiz para
estudiar es el reino mineral, simbolizada por Tubalc...(Tu-
bal-Cain).
El segundo lado, en el cual tiene que meditar el compañe-
ro, es el reino vegetal simbolizado por Shibb...(Shibboleth).
En este reino principia la generación de los cuerpos. Esta es
la razón por la cual la letra G se presenta radiante ante los
ojos del adepto.( O)
El tercer lado queda para el maestro masón, el cual tiene
que completar su educación con el estudio del reino animal.
Está simbolizado por Mac-benah.. .(hijo de putrefacción).
La siguiente y última cita, del filósofo alemán Titus
Burckhasdt *, nos presenta' un enfoque filosófico-hermé-
tico de la "muerte iniciática".
"En el principio de toda realización espiritual está la
muerte, una muerte para el mundo: la conciencia debe ser
extraída de los sentidos y vuelta hacia dentro, y , puesto que
la luz interior aún no ha empezado a brillar, este apartamien-
to del mundo exterior se experimenta como un oscurecimien-
to, una nox profunda. La mística cristiana aplica aeste estado
el ejemplo del grano de trigo que, para fructificar, debe
quedarse solo en la tierra y morir. En varias ceremonias de
iniciación se alude a esta muerte psíquica mediante un en-
(.) Alquimia. Plaza y Janés, 1976, Pág. 225.
139
tierro simbólico, y algunas Ordenes religiosas cristianas
practican un rito semejante en la ceremonia de profesión de
los monjes.
En los misterios anteriores a la Era cristiana solía rela-
cionarse la muerte del misto, o iniciado, con el sacrificio de
un dios: igual que el dios, que fue muerto y despedazado,
el misto devolvía sus miembros y sus facultades a la Natura-
leza; las fuerzas del mundo inferior se repartían los elementos
del alma empírica que no pertenecían al ser inmortal, y este
"despedazamiento" se representaba plásticamente en ciertos
casos. La muerte sacrificial del dios debe experimentarla el
misto en sí mismo para reconocer, al fin, que el dios que,
aparentemente, fue repartido en el mundo para comunicar su
vida a la pluralidad de éste, en realidad no se ha confundido
con el mundo, sino que sigue existiendo en sí mismo, entero
y eterno. Así, tampoco el hombre reconoce su verdadera
esencia inmutable hasta que abandona todo cuanto hay en
él de corruptible, que no es sólo la carne, sino también el
"alma" inmersa en la vida sensorial".
Así las cosas, si concentramos la atención en las dos pri-
meras citas, enfocando la terminología técnica que all í apa-
rece y la comparamos con lo que se dice en los versículos
que tratan de la resurrección de Lázaro, veremos la identidad
de algunos vocablos. Ahora podemos entender que Juan usa
un lenguaje figurado para referirse a la muerte y putrefacción
iniciática y que el Discípulo Amado ha escrito su aleqorfa
"para los de adentro".
La putrefacción biológica
En verdad, la putrefacción es prueba biológica indiscuti-
ble de la muerte física. Un cuerpo putrefacto no puede recu-
perar la vida que le ha abandonado. Puede volverse de la
muerte aparente por catalepsia o sín' "lpe o choque; pero
cuando en un sujeto ha ocurrido la ruptura del cordón pla-
teado -y la putrefacción es prueba de que la vitalidad o pra-
140
na no circula por el cuerpo-, la resurrección no es dable efec-
tuarla v oor un iniciado como el Maestro Jesús mucho menos.
este, quien había venido según él mismo "para que la Ley
se cumpliera", no pod ía violar esta elemental ley biológica.
Jesús se encontraba capacitado para advertir, a la primera
ojeada, la ruptura del cordón ódico y ante el signo inequ ívoco
de la muerte real, este Maestro hubiera sido el primero en res-
petar los designios del Padre al llamar a su seno a una de sus
criaturas. Para Jesús hubiera sido el más horrible de los sacri-
legios oponerse a la voluntad de Su padre.
El muerto putrefacto es el iniciado
Podemos resumir esto diciendo, que de acuerdo a los sím-
bolos y tecnicismos encontra'os en las citas anteriores,
aquel "muerto putrefacto" o aquel "hilo de putrefacción"
lo que para el caso viene a ser lo mismo, no es más que un
término técnico con el que se señala a un Maestro Masón de
Cuarto Grado -el grado más elevado de la masonería antigua-,
y quien está en capacidad de pasar por el "Rito de la Muerte"
o "Paso de la Cruz" a fin de convertirse en un "hijo de Dios"
de acuerdo con todo el intrincado y velado lenguaje de esta
añeja escuela de enseñanzas esotéricas.
Insisto en que en esta clase de literatura, en que es nece-
sario estar en posesión de las claves para no caer en los lazos
del error que intencionadamente tienden los Maestros, la cala-
bra "muerte" no debe ser siempre aceptada en el sentido li-
teral de muerte física o natural, porque también existe lo
que se llama "la muerte simbólica".
La Piedra en el caso de Láz..o
Pero ésta de lázaro es muy compleja alegoría, porque
la piedra mencionada ejerce más de una función aqu í. Parece
más bien un recurso de anfibiología que usa Juan para os-
curecer más el caso que trata. Observemos, Fabricio, que en
el Verso 38, Jesús dice: "Quitad la piedra". Con esto también
está diciendo más o menos: "Quitad la piedra para Queentren
141
la luz y las vibraciones del sonido sin obstáculo", si es que
queremos darle un significado literal al símbolo de la piedra.
Esto no es óbice para que también se esté refiriendo al "guar-
dián" que toma el nombre de piedra para estos casos y según
lo visto antes. Aclaro esto, porque según el rito al que estoy
refiriéndome el candidato, al ser despertado pasadas las se-
tentidós horas era "traído o virado aliado oriental de la gran
Pirámide para que lOS primeros rayos cel sol naciente lo des-
pertara de su largo sueño" según se ha dicho. Pero claro, Juan
no puede decir todo esto, de ahí que recurra a la alegoría
y la información que nos da es tan precaria y nebulosa.
Por otra parte, Jesús dice: "esta enfermedad no es para
muerte", pero él no ha visto en ningún momento al enfermo.
Dice: "Lázaro, nuestro amigo, duerme", y también esto lo
dice a la distancia. Luego Jesús sab ía de qué enfermedad se
trataba y a qué sueño se refería.
De manera que, resumiendo lo tocante a la resurrección
de Lázaro y comparandola con las otras ya analizadas, encon-
tramos los siguientes elementos disímiles:
1- Con Lázaro no hay contacto táctil o imposición de
manos como se ha visto en los otros casos. Esto sugiere
que Lázaro en ningún momento haya estado enfermo o
quebrantado de salud.
2- Lázaro reposaba o estaba "enterrado" en una cueva res-
guardada por una granpiedra.
3- Jesús utiliza solamente las vibraciones del sonido y,
aparentemente, las vibraciones de la luz. Es decir, se
sugiere que es la luz y el sonido especial lo que des-
pierta al dormido.
4- Una mujer (Marta) interviene como ce-protagonista
activa en este relato.
Marta Y los Misterios de Jesús
Con la rara habilidad que caracteriza a este tipo de autor,
142
Juan el Evangelista, sin quedarse atrás lo envuelve todo.
Observa, Fabricio, que pone esta palabra (Hiede ya) en boca
de una mujer, a quienes los hebreos de aquellos tiempos no
permitían participar en este tipo de enseñanzas. Pero he di-
cho que Jesús era un personaje singular y en sus misterios te-
nían cabida todos, sin distinción de sexo o posición social.
Los cuatro días de Lázaro
Por otra parte, y como ya dije, el tiempo que dura el
trance o sueño en esta ceremonia es de tres días, pero Juan,
aunque ya antes hab ía mencionado literalmente la cueva y
contrario a lo que siempre o regularmente se menciona en
este caso (tres días) no puede ahora dar la cifra exacta so
pena de violar el sigilo; por eso tergiversa el dato, como hacen
todos los autores, y habla de cuatro días; pero el iniciado
sabe como leer entre líneas.
Con esto, el Evangelista, s610 nos está envolviendo el
paquete como dicen. Efectivamente, si aplicamos aqu í el
método de la progresión aritmética, veremos que Juan está
diciendo exactamente lo correcto. Tres días son 72 horas,
cual es el tiempo que dura el sueño magnético o trance. La
hora 73 es ya el cuarto día, de la misma forma que el día
1ero. de enero de 1901 contaba ya en el siglo XX. De manera
que el candidato virtualmente viene a ser despertado en el
cuarto día.
Ahora, Fabricio, para remachar lo dicho acerca de los
cuatro días de Lázaro, déjame copiar lo que dice Leadbeater
en su libro Vislumbres de Historia Masónica* y la que es
su versión acerca de la ceremonia a que llamaban "EI Paso de
la Muerte". Dice él en la Pág. 98:
LA CUARTA INICIACION
La Cuarta Gran Iniciación corresponde a la Pasión y Re-
(*) Editorial Orión, México, D. F.
143
surreccion del Cristo: El candidato tiene que p a s ~ por el
valle de la sombra de la muerte, soportando los máximos su-
frimientos y soledad para poder levantarse para siempre hacia
la plenitud de la inmortalidad. Esta tremenda y maravillosa
experiencia es la realidad que se refleja a una distancia casi
infinita en el grado de M.M.; a través del portal de la muerte
él es elevado a la eterna gloria de la Resurrección.
Ciertas partes del ritual de esta cuarta iniciación, de
acuerdo con el rito egipcio, fueron curiosamente embrolladas
con las enseñanzas cristianas, y llegaron a quedar enorme-
mente materializadas y desfiguradas de un modo parecido a la
desfiguración de la leyenda de Osiris en Egipto mismo. El
ritual de esta parte de la Iniciación era:
"Luego el candidato será atado a la cruz de madera, mo-
rirá, será enterrado, y descenderá a las entrañas de la tie-
rra; después del tercer día será recobrado de los muertos
y levantado hasta el cielo para colocarlo a mano derecha
de El a quien él vino, habiendo aprendido a guiar (o go-
bernar) a los vivos y a los muertos".
Durante la ceremonia, el candidato por sr mismo se
acostaba sobre una cruz de madera, fabricada hueca para re-
cibir y soportar su cuerpo. Sus brazos eran ligeramente ata-
dos con cordones cuyos extremos eran dejados flojos para
evidenciar la naturaleza voluntaria del sacrificio. Entonces, el
candidato entraba en trance, dejaba el cuerpo físico y entraba
en plena conciencia al plano astral. Su cuerpo era bajado al
interior de una bóveda bajo el templo y era colocado en un
inmenso sarcófago donde quedaba durante tres días y tres
noches en el corazón de la tierra.
Durante la muerte mística del cuerpo, el candidato tenía
muchas extrañas experiencias en el mundo astral y predicaba
a "los espíritus prisioneros", aquellos que recientemente
habían dejado el cuerpo al morir y aún estaban encadenados
a sus pasiones.
EN LA MANANA DEL CUARTO DIA DEL ENTIERRO,
144
EL CUERPO DEL CANDIDATO ERA LEVANTADO
DE su SEPULTURA. .. (Mayúsculas mías).
La muerte simbólica
Volviendo al asunto de la muerte simbólica, por ejemplo,
todos tenemos conocimiento de los funerales de Carlos V
cuando profesó en el monasterio de Yuste.
Aunque encontrábase colocado dentro de un ataúd, alum-
brado por cuatro velas y se le cantaba el De Profundis esto no
era sin embargo la muerte real sino la muerte simbólica. Este
es el caso del Evangelista Juan quien, para los efectos de su
relato se disfraza con la personalidad de Lázaro del mismo
modo que Cervantes para hablar de estas mismas cosas toma
prestada la ridícula personalidad de Quijote.
Cervantes habla claramente de tres días; pero mezcla el
dato y lo interfiere con tan grande sarta de desati nos y de dis-
parates que el lector, completamente desorientado, entiende
que se trata no más de los desvar íos de una mente desquicia-
da y de este modo el velo que corre el de Lepanto es más
tupido aún que el de Juan. Así escriben los maestros, Fabri-
cio,
Circunscritos todavía a los relatos del Nuevo Testamento
recordemos la desaparición de Juan el Bautista, decapitado
por orden de Herodes en una de las mazmorras de la torre
"Antonia", según la versión que se ha dado al público, lo
mismo que se ha dado la otra acerca de la muerte de Lázaro.
Pero recordemos que esta mazmorra excavada en el seno de la
tierra, todavía es la cueva en cuyo fondo hay uno que es
muerto como el hermano de Marta y de María, o que duerme
como en el caso de Quijote.
Por otra parte, el Bautista era un simple precursor, cuya
función pública consistía en predicar entre la gente el adveni-
miento del Mesías y conferir a Jesús la iniciación; actividad
simbolizada esta vez por el bautismo en el Jordán y por la pa-
loma que planea sobre la cabeza del iniciado.
145
Las aguas, como en el caso de la parábola de la Samarita-
na, simbolizan la sabiduría y la paloma significa que en el
candidato se han actualizado los llamados poderes o dones
del Espíritu Santo: (don de lenguas, don de sanidad, don de
profecías, etc...).
Una vez cumplidas lastareas que se le han confiado, Juan
el Bautista, desaparece; es decir, se inhibe de sus funciones
públicas y esa inhibición se simboliza con la muerte, lo
mismo que ocurre con Carlos V cuando se inhibe de sus fun-
ciones gubernativas y poi íticas y se retira a Yuste. Se hacen
las exequias a ritual completo. Sin embargo, está vivo en este
mundo bajo el sol. Tal es también el sentido ocultista de la
muerte de Juan el Bautista.
Visto todo lo anterior, Fabricio, tendrás ahora mejor asi-
dero para comprender los diferentes casos de muerte que se
presentan en esteti po de literatura:
1) La muerte real. La que ocurre efectivamente con la
ruptura del cordón plateado y que los griegos, con su le-
gendaria sabidur ía, señalaban cuando la parca Atropos
cortaba el hilo de la vida.
2) La muerte aparente. El caso del hijo de la mujer Sula-
mita y la "resurrección" que realiza Eliseo con él; el caso
de la princesa Kalavatti, la hija del Rey indú Angashuna
"resucitada" por Krishna y suceso copiado por los Evan-
gelistas (o cualquiera que lo haya hecho) en el caso de la
hija de Jairo.
3) La muerte simbólica. El casode Carlos Ven el Monas-
terio de Yuste, y
4) La muerte inducida o iniciática. La ceremonia del "Ri-
to de la Muerte" o "Paso de la cruz" ejecutada en el anti-
guo Egipto y reproducida, en forma simbólica, por las
escuelas de alta iniciación modernas. La muerte y "resu-
rrección" del "Hijo de la viuda", la muerte y "resurrec-
ción" de Lázaro.
146
Esta última muerte es la que Cervantes simboliza con el
sueño de Quijote en aquella concavidad lateral de la Cueva de
Montesinos, como a su tiempo veremos.
Recientemente he leído una noticia, publicada en todos
los periódicos del mundo, en la cual se dice que la gran jerar·
qu ía del clero católico buscaba la unificación de todas las
grandes religiones Y sectas. Dice el cable que las negociacio-
nes fracasaron con los masones "porque éstos no creen en la
resurrección de Jesucristo". Sin comentarlos, Fabricio.
La Cueva en la novela Los Miserables
Todavía una cueva más. ~ trata esta vez de la presenta-
da por Víctor Hugo, también alegóricamente, en su sin par'
noveia Los Miserables.
En este libro, casi todo alegórico, el protagonista, Jean
Valjean, después de liquidar una penosa deuda kármica en el
presidio de Tolón, pasa a ser el candidato que recibe la pri-
mera iniciación, que cambia la orientación de su existencia,
en la casa de! Obispo Monseñor Bienvenidacon motivo de los
candelabros de plata.
Muchos años después, quizás en un nuevo cuerpo f ísi-
co, recibe la cuarta, la terrible y dolorosa y trágica cuarta
iniciación simbolizada en el sistema cristiano por la cruci-
fixión. la recibe, según la alegoría de Hugo, en la inmunda
cloaca de París cuyo cieno infecto cruza su cara como cruza-
ban el rostro del Maestro Jesús los salivajos de la plebe de
Jerusalem. la recibe en la cloaca oscura, sfrnbolo ahora de la
cueva iniciática.
Efectivamente, cuando el protagonista de este sugerente
simbolismo, el antiguo presidiario de Tolón, ha trascendido la
cloaca que alegoriza aqu í la última prueba, lo mismo que en
el sistema cristiano está alegorizada por el pasaje de la cruci-
fixión, encuentra un último e insuperable obstáculo en aque-
lla puerta de hierro que lo separa del exterior y destinada a
frustrar el gigantesco esfuerzo; pero en el proceso de la inicia-
ción nada hay frustratorio. He aqu í que tan pronto como
ha puesto pie en el otro lado, aunque todo lleno exteriormen-
147
te de inmundicias, le es proporcionada, al parecer casualmen-
te, la llave de la hermética y formidable puerta. Este simbolis-
mo significa que tan pronto como el iniciado ha trascendido
la prueba final entra en posesión de la clave (clave es llave)
que lo conduce a la liberación. En la alegoría cristiana, tan
pronto como Nuestro Señor expira en la cruz pasa al reino de
los cielos, o plano o mundo de la felicidad, otro modo de ex-
presar el gran suceso de la liberación. Como se ve, aunque las
alegorías son distintas el sentido de los hechos subyacentes es
el mismo.
Nuestro Señor, por ejemplo, hace suyos los pecados de la
humanidad y va a parar a la cruz; Jean Valjean carga a cuestas
con Marius para garantizar la felicidad de Cosette y va a parar
a la cloaca. Tanto en uno como en el otro caso la evolución
ha extinguido todo residuo de ego ísmo y ya sólo impera en
ellos la gran ley de amor que los impele al sacrificio.
Ya en estos hombres no existe ni puede existir reacción.
Todo en ellos es acción. Jesús se entrega manso a la guardia
pretoriana; Jean Valjean tiende sus manos descarnadas al
polizonte Javert para que vuelva a esposarlas, pero que
va, a poco el soldado que ha herido la sagrada carne cae de
rodillas para convertirse a la nueva fe, todo sacudido por un
milagro portentosov el inspector Javert, quien simboliza la
implacable ley del Karma, se arroja al Sena y perece ahogado
entre las aguas bravías. Esta alegoría final significa que la
ley Kármica ya sin objetivo y sin aplicación, puesto que el su-
jeto ha perfeccionado, se disuelve y pasa a incorporarse al
potencial de la energía cósmica simbolizada por las aguas en
toda la literatura ocultista. El que pueda leer Los Miserables
de Hugo de acuerdo con la clave, encontrará en ese libro tan-
ta enseñanza esotérica como en cualquiera de los Evangelios.
Otras Cuevas
Así pues, caro amigo, podría platicarte extensamente, por
el mismo tenor como lo he venido haciendo. de la cueva
S8ptaparna en el interior de la cual el Señor Buda aleccionó
148
en los misterios esenciales del hombre y del universo al grupo
selecto de sus discípulos. Asimismo, de la cueva de Nysa, lu-
gar de nacimiento -:rianza del dios griego Dionysos (ele Dios
genitivo de Zeus y Nysa sitio de nacimiento)* y también
conocidO por Baco; o de la cueva de Pacaritambo, donde na-
ció Viracocha, el dios Maya y sus seis hermanos, siete en
total; o dilatarme señalándote las grutas naturales o criptas
o cavernas (cuevas) dentro de las cuales las pitonisas de Del-
fos, de Kyntos, de Delos, de Aba, de Anfiareo, etc. "daban
sus oráculos (que significa respuesta) a los que querían co-
municarse con los dioses". Podría, además, señalarte el cala-
bozo del Castillo de If, otras de las tantas modalidades como
se presenta la cueva, donde estaba encerrado el Abate Faría
y local en el cual, según la novela de AJejandro Dumas (28)
el protagonista de este relato, Edmundo Dantés, recibe la ini-
ciación de manos de aquel Abate para salir de all í convertido
en el famoso Conde de Montecristo, después de pasar catorce
años en aquel aparente horrible lugar.
Finalmente, podría también referirme, no ya en el terre-
no de lo novelesco, la leyenda o de la alegoría, sino ahora en
el plano de lo real y de lo histórico, a las cuevas de los montes
Herob y Carmelo, cuevas que todavía existen y pueden verse
y dentro de las cuales, según el Antiguo Testamento, Elías
y Eliseo "hablaban con Dios" (1 Reyes, 19:9). Pero creo que
ya de cuevas tenemos suficiente.
Después de todo lo aqu í acotado acerca de las diferentes
famosas cuevas alrededor del mundo, creo que no tendrás
duda de que la misma es un símbolo universal manejado en la
literatura de todas las latitudes para señalar lugar de inicia-
ci6n, de comunicación con el Muy Alto, así como para todo
tipo de actividades esotéricas trascendentales.
Estarás en capacidad ahora para entender a plenitud el
por qué Cervantes ubica a don Quijote dormido en el fondo
de aquel grimoso antro a fin de que ocurra all í aquella "dis-
paratada aventura". Es que -y para que te lo diga un sabio-
(-) Madame Blavatsky. Isis sin 'Velo.
149
"El eterno ha declarado que habitaría en la oscuridad", dice
5alomón-en Reyes 1,8:12.
Medita acerca de todo esto. Fabricio, y quizás tú también
puedas encontrar al Eterno en tu cueva interior.
150
NOTAS
1. La úoctrina Secreta de la Sra. Blavatsky dice que hasta el presente han exis-
tido cinco Razas Raíz con sus correspondientes siete sub-razas. Pero Max
Heindel, en su llbro Concepto Rosacruz del Cosmo no está de acuerdo con
'ella, De todas formas veamos lo que dice Madame Blavatsky en I..is sin V e l o ~
"Toda la teoría dawiniana de la selección natural está incluida en los
seis primeros capítulos del libro del Génesis. El Hombre del capítulo I
es radicalmente distinto del "Adán" del capítulo 11 P<'rque el primero
fue creado "macho y hembra" o sea bi-sexual y R imRCIen de Dios. al.oe-
so que el segundo conforme dice el séptimo versículo. tue formado del
polvo de la tierra y se convirtió en un "alma viviente" después que el
Señor Dios "le hubo infundido por las ventanas de la nariz el soplo de
vida". Además, este Adán era un ser masculino, y en el versículo veinte
se nos dice " que no encontraba una compañera digna de él". Los Ado-
nai. siendo p"'as entidades espirituales, carecían de sexo, o rnés bien te-
n(an ambos sexos unidos en si mismo, como su creador; y los antiguos
comprendían esto tan perfectamente que representaban con los dos
sexos a muchas de sus d ivinidac1es. Para todo el que se fije detenldarnen-
te en el texto de la Biblia no cabe más que: o aceptar esta interpreta.
ción, o bien admitir que los pasajes de los capítulos aludidos se contra-
dicen absurdamente el uno al otro. La aceptación literal de estos pasajes
ha sido lo que na dado motivo a los ateos para ridiculizar la narración
mosáica y a la letra muerta de los textos es a la que debe achacarse el
materialismo de nuestra época. No solamente están así indicados con
toda claridad en el Génesis dos razas de seres, sino que hasta una terce-
ra y una cuarta se presentan ante el lector en el capitulo IV en donde
se habla de los "hiios de Dios" y de la raza de "Gigantes".
Isis sin Velo - Tomo 11, Pág. 16, lbíd,
2. En el libro Las Glindulas, nuestros guardianes invisibles, del Dr. M. X. Kapp
y editado por la Biblioteca Rosacruz (AMORK) se da más detalle acerca CE' la
Glándula Pineal.
3. "Kundalini, o Fuego Serpentino es una ruerza sólo conocida por unos pocos.
Es enteramente desconocida e insospechada por la ciencia ortodoxa moder-
na. Es fuerza que emana del sol. Se da a Kundalini diversos nombres, tales
como: Poder Ig08O, Madre del Mundo. A la visión clarividente aparece, en
verdad como fuego líquido al circular por el cuerpo; la forma en que deberfa
moverse es un espiral como el enroscamiento de una serpiente. El nombre
Madre del Mundo es adecuado, por cuanto, por medio del mismo: se pueden
vivificar nuastros varios veh(culos. Un antiguo símbolo de laco lumna. v l l r t ~
151
bral y de Kundalinl es el tirso, una vare con un cono de pino en una punta".
El Doble Etérico: Arturo E, Powell. Pág. 17 Y 75, Editorial Kier, B. Aires
Argentina.
En toda la literatura ocultista el vino, como símbolo de espiritualidad, tiene
gran Importancia, que el Sacramento de la Eucaristía esta' com-o
puesto de Pan.y Vino. Es muy significativo, además, que el primer milagro de
Jssós en su vida pública fue el de convertir el,agua en vino. Una amplia infor-
mación acerca del significado e importancia del vino, desde el punto de vista
ocurto , se encuentra en el libro de Max Heindel Concepto Rosacruz del Cos-
mo, en el capítulo titulado "El vino como factor de evolución". Pág. 144,
Décima Edición, Editorial Kier, B. Aires, Argentina. Madame Blavatskv, tam-
bién da valiosa información acerca del vino en su significado esotérico, en el
capítulo "AntigUedad de la Eucaristía" que aparece en la Pág. 49 de Isis sin
Velo, Tomo "I,lbid.
Ver nota No. 1.
Losnobfes y reyes de la vecindad de Itaca , la isladonde Ulisesera rey y que
aspiraban a casarse con Penélope-a la que creían viuda de Ulises.
A la Tríada Superior se le llama técnicamente en lenguaje teosófico Arma-
Bhudi y Manas. El cuerpo Bhúdico es el asiento de la intuición y el Cuerpo
Atmico lo es de la razón pura, del conocimiento superior y de la mente crea-
dora. Es el Principio Bhúdico o Crístico en el hombre lo que los ocultistas o
adeptos, mediante largos y extenuantes ejercicios de disciplina interna, tra-
tan de hacer florecer conscientemente mientras ocupan un cuerpo físico.
También es conocida la Tríada Superior por otros nombres. Se. le llama 1"
Tríada Espiritual, LaTríada Suprema, El Yo Superior, El Hombre Celeste, E:I
Hombre Espiritual, El Yo Soy El Que Soy y otros. (Ver El Cuerpo Causal y
el Ego, Arturo E. Powell, Capítulo VI, Pág. 21, 14a. Edición, Editorial Kier,
S. A. Buenos Aires, Argentina).
En este pasaje sólo se ha hecho referencia al conocido "llamado" del Apóstol
de los Gentiles. Pablo era un iniciado en los misterios y su iniciación está des-
crita en los Hechos de 105 Apóstoles, aunque, claro, alegóricamente, en los
Versículos 9,17,18 Y Capítulo 9.
Por otra parte, el estilo y la traseotoqra que emplea Pablo en sus epístolas son
enteramente ocultistas. El Apóstol da a entender su condición de iniciado en
los misterios más de una vez en sus cartas. Veamos los señalamiento más so-
bresalientes de la proola palabra de Pablo. comentada por Madame Blavastky
en las Pág. 86, 87 Y 138 de Jsissin Velo, Tomo 11, Ibíd.
Dice la Gran Dama:
"No cabe duda que Pablo estaba iniciado, al menos parcialmente. en los
misterios teOrgicos, como lo denotan su estiló con la terminología
peculiar de los filósofos griegos y ciertas frases que únicamente emplea-
ban los iniciados (A). A mayor abundamiento, tenemos el siguiente oasa-
je del apóstol:
••• entre los peñectos hablamos sabidurlllJ más no sabiduría de este
mundo ni de los arcontes de este mundo, sino que hablamos Sabiduría
de Dios en misterio, la que está encubierta••• , la que no conoció nín-
152
guno de los arcontes de este mundo (B),
lnequívocadamente da entender el apóstol en estas palabras que estaba
Iniciado (que era de los mvstoe) , y alud (a a enseñanzas propias de los
Misterios (C), Pero si no bastara esta prueba, tendremos otra en que al
apóstol "le cortaron el cabello a punta de tijera en Cencrea (O) porque
había hecho voto" (E).
Dice Pablo:
Según la gracia de Dios que se me ha dado, eché el cimiento como sabio
maestro constructor (F).
La frase maestro constructor, que tan s610 se lee una sola vez en toda la Bi-
blia, puede considerarse como prueba Incontrovertible, pues la tercera parte
de los sagrados ritos se llamaban en los Misterios epopteia o revelación, esto
es, el acto de comunicar el secreto, durante el cual se transportaba al iniciado
a la divina clarividencia en que, suspendida la visión terrena, se unía con Dios
la ya libre y pura alma. Pero en su significado etimológico, la palabra epop-
tela (G) equivale a vigilante o inspector, y también tiene la acepción de maes-
tro constructor o arquitecto, de donde más tarde derivó el nombre francés de
mas6n en el mismo sentido empleado en los Misterios. Así, pues, al llamarse
Pablo "Maestro Constructor" emplea una frase genuinamente cabal ística,
teúrgica y masónica que ningún otro apóstol emplea, y se declara iniciado
con derecho a iniciar a otros.
A propósito de esto dice Leadbeater, en la Pág. 1QO de La Vida Oculta en la
Masonería (Edit, Fraternidad Universal, México, O. F. 1948)
"En el Cristianismo primitivo había tres etapas por las que pasaba to-
do el deseoso de adelanto: la purificación, la iluminación y la perfec-
ción. Decía San Pablo: "Hablamos sabiduría entre los perfectos". Esta
frase suele interpretarse torcidamente, porque si las gentes fuesen per-
fectas en el sentido ordinario de esta palabra no habría necesidad de en-
señarles nada. Las palabras de dicha frase no están empleadas en su
acepción vulgar, sino que son términos técnicos relacionados con los
Misterios y muy bien conocidos por todos los hombres cultos de aque-
lla época. Lo que San Pablo quería dar a entender era: "Nosotros úni-
camente enseñamos la gnosis, la secreta sabiduría a quienes han alcanza-
do el grado de perfección", o como dir ía un masón, el grado de M.
(Maestro) porque aquellas tres etapas del Cristianismo corresponden en
términos generales a los tres grados de la Masonería".
Al En su artfculo.Paolo y Platón, publicado en un periódico de New York. ro-
bustece Wílder esta opinión, diciendo que en sus Epístolas a los Corintios
empleaba San Pablo muchas freses propias de los misterios de Sabacio y
Eleusis, así como términos peculiares de los filósofos griegos. Pablo se llama
idiotes, esto es, ignorante por lo referente al Verbo, pero no así respecto a la
gnosis o ciencia filosófica.
B) I Corintios 11, 6, 7, e.
Cl La "divina sabiduría en misterio que ningún arconte de este mundo conoció"
es evidentemente análoga al basileo (el que sabía) de la iniciación eleusina. El
basileo pertenecía al estado mayor, digámoslo así, del supremo hierofante, y
era arconte o iniciado. También se llamaban arcontes los magistrados de Ate-
nas, y a ellos alude San Pablo en su frase "arcontes de este mundo".
153
O) El mismo punto donde fue iliciado Lucio Apuleyo.
E) Los nazarenos (puestos apartes) a que aluden las Escrituras induístas se deja-
ban crecer el cabello sin que navaja alguna tocase su cabeza, hasta cortárselo
con tijeras para ofrecerlo-en el altar el día de la iniciación..Eran Jos nazarenos
una 18mificaci6n de los t8Úrgoscaldeos y a ellos perteneció Jesús.
F) I Corintios, 111, 10 En la Biblia vulgar se lee: "perito arquitecto",
G) De epi (por encima)y optomai (mirar adentro). Etimológicamente es, por
tanto, sinónimo de inspeccionar.
g. Príncipe de ltaca, hijo de Ulises y Penélope. También una conocida obra de
literatura escrita por el Abate Fenelón. El real nombre del libro es Las Aven-
turas de Tel'maco.
10. Todos o casi todos los dioses y héroes de las religiones paganas nacieron o se
criaron, de acuerdo a las leyendas o mitologfa, de una "virgén" y una "cue:
va". Tratar estos casos uno por uno se saldría del plan del libro que sólo bus-
ca los antecedentes más conocidos de cuevas en la literatura universal para
comparar y justificar lo que trata Cervantes en la Cuevade Montesinos.
Por otra parte, todo el mundo sabe, o mejor será decir ,la mayoría de la gen-
te medianamente culta Que Jesús no nació el 25 de Diciembre. Esta fécha,
inmediatamente cercana al solsticio de invierno, tenía gran significación astro-
lógica para los llamados paganos. Esta data, así como la otra gran efemérides
del cristianismo, la Semana Santa o Pascua de Resurecci6n (ésta, además,
movible) fue tomada de las religiones paganas con el fin de atraerse aquellos
a la nueva fe y al nuevo dios que se quería imponer y que se impuso a sangre
y fuego. Da la misma manera se tom6 la cueva y la virgen madre a fin de que
los paganos y bárbaros, de cuya totalidad se nutrió el cristianismo, no extra-
ñaran mucho sus antiguas creencias y, claro, para conveniencia de la nueva
religión.
11. Bebida sagrada de la India,análoge en virtudv significado al néctar o ambro-
sra de los griegos. En el acto de la iniciaciOnén los misterios eleusinos. los
MystaS(candidatos o neófitos) apuraban una copa de Kykeon {bebida espe:
dal equivalente al Soma sagrado de la India) con intento de alcanzar fácil-
mente el bradhna o '"ll!lión del esplendor (Plano Astral Superior y Mundo Ce-
leste).
En el panteón indio se llama a esta bebida Rey-Soma. porque quien la bebe se
identifica con el Rey oelestlal, de la proma suerte que los apÓstoles cristianos:
estaban llenos del Esp(ritu Santo por cuya virtud perdonaban los pecados •
El Soma regenera al iniciado y le transforma en otro hombre, como si nacie-
ra de nuevo; sobrepone la naturaleza espiritual a la física; infunde el divino
poder de la inspiración y actualiza en grado máximo la clarividencia. (Glosa-
rio de lsis sin Velo, Pág. 54, Tomo J. Ibid!.
11-) Recuérdese que el Maestro Jesús, antes o d ~ u é s de hacer un milagro
solía decir: "tus pecados te son perdonados".
12. Palabra sanscrita con la que se designa también al plano astral o emocional.
Su etimología es Kama: emoción, sensación y Loca: local,lugar, plano o
mundo. Tambi'n Kama es el cuerpo de los deseos.
154
13. "Los conceptos rJe ascensión, subida, paso, etc. son puramente convenciona-
les, pues en realidad los planos y subplarios no están superpuestos ni escalo-
nadas como las capas de una cebolla o los peldaños de una gradería, sino que.
se ínterpenetran a pesar de la diferente densidad de sus materiales, como
está interpretado el aire con el agua potable y en el vapor de agua. Por lo
tanto las palabras "Superior" e "inferior", "Alto" y "bajo" con referencia a
los planos o mundo de nuestro universo, no denotan su posición, puesto que
todos ocupan el mismo espacio.
Así es que al decir que el Ego pasa de un subplano a otro no debe entenderse
que se mueve en el espacio, sino que enfoca su conciencia en aquel subplano,
(Leadbeater, El Plano Astral y el Plano Mental, Editorial Kier , S. A. Buenos
Aires, Argentina, Pág. 112, 5ta. Edición),
14. Los Misterios se dividían en Menores y Mayores. Las enseñanzas en los prime-
ros eran mucho más elementales o sencillas que en las de los segundos. Para
ser un Maestro y aspirar .a ser reconocido entre los estudiantes de ocultismo
de la antigüedad como Hijo de Dios, debían de conocerse todos los miste-
rios LJ grados.
15. Proserpina: Hija de Júpiter y Cer es, fue raptada por Plutón quien tomándo-
la en brazos descendió con ella a su sombría morada, entrando por la Fuente
Ciane en cuyas aguas quedó flotando el cinturón de la raptada. Aquel indicio
sirvió a Ceres para averiquar el paradero de su hija. Como reina del Mundo de
las Sombras, Proserpina tuvo como ministros a Las Parcas. Para que Atropas
(uno de Las Parcas) diera un corte al hilo -como un cabello o fino cordón-
de la vida, tenía que contar antes con el consentimiento de su reina. Mitolo-
gía Griega, (Carlos Caytán, lJiccionario Mitológico, Editorial Diana, México,
D. F.l.
16. En la actualidad circula un libro llamado Vida después de la Vida del Dr.
Raymond A. Moody y en el cual se relatan más de diez casos en que personas
clínicamente muertas fueron resucitadas a base de masajes pectorales, respi-
ración de boca a boca, aplicando oxígeno y otras técnicas médicas modernas.
Aquellos supuestos "muertos" no "ten ían voz ni sentido". Muchos científi-
cos modernos afirman que no menos del 12
0
/ 0 de las personas que se dan
por muertas no lo están y dicen que a cientos han enterrado vivos.
Debo copiar aquí algunos casos aparecidos en varios periódicos de los Esta-
dos Unidos de Norteamerica y extractados de la revista Despertad del 22 de
Dic. de 1g7g, Pág. 3, con el propósito de mostrar casos de quienes "no te-
nían voz ni sentido" y volvieron a vivir:
"El Star de Taranta, el 20 de Febrero de 1976, llevaba este asombroso títu-
lo: "Médico reanima muchacho "muerto" por 105 minutos"
El periódico canadiense explicó:
"Un joven de 16 años de edad que hace tres semanas estuvo
'muerto' por 105 minutos ahora está listo para volver a la es-
cuela.
"Edward Milligan se desmayó en una expedición escolar de
andar en la nieve con raquetas y su carazón dejó de latir, per-
dió el pulso y no respiró por lo menos por 105 minutos...
755
"El Dr. Arnold Tweed, especialista en el (Hospital General
Selk irk], dijo: 'Hasta donde sabemos éste es el espacio de -
tiempo más largo' en el que el corazón de un paciente ha de-
jado de latir y el paciente se recobró sin evidencia de daño ce-
rebral".
Poco menos de un año después, el 20 de enero de 1\;177, el
Post de Nueva York publicó un informe aún más asombroso.
Los titulares del periódico decían:
"Muerta por el mayor tiempo:
Revive después de 4 horas"
~ I informe relataba acerca de Jean Jawbone, una india chippewa de
20 años de edad, que fue hallada inconsciente en un banco de nieve.
iHabía estado allí por casi dos horas a temperaturas tan bajas como
36 grados-centígrados bajo cero! iSu corazón se había detenido y su
temperatura corporal era de sólo 24 grados centígrados, más de 13
grados centígrados por debajo de lo normal! EiPost informó lo si-
guiente:
"Los médicos le dieron masaje al corazón sin parar, hun-
diendo el esternón y comprimiendo el corazón durante dos
horas antes de que tuvieran señal alguna de reanimación.
"Le insertaron un tubo en la tráquea a fin de inyectar aire.
"Por fin, usaron una técnica rara que se conoce como diáli-
sis peritoneal .•• inyectando una soluclÓ'n caliente en la cavi-
dad abdominal.
"Después que la temperatura corporal de la mujer subió lo
suficiente, usaron un desfibrilador para suministrar al corazón
un choque eléctrico a fin de establecer el ritmo regular de la-
tidos.
"Recobró el sentido, pudo hablar, y 'se comportó igual que
la persona que sale de los efectos de la anestesia: dijo (el Dr.
Brian) Pickerinq,
"Ayer, la señorita Jawbone 'ya estaba preparada para irse a
casa.' "
De seguro éstos son recobros sorprendentes. Y con el adveni-
miento de las técnicas médicas modernas, recobros como és-
tos están ocurriendo con más frecuencia.
N
De suerte que ahora, para "revivir" a un muerto se usa "masaje 31 corazón,
"tubos en la traquea a fin de inyectar aire" "inyectar solución caliente en la
cavidad abdominal", "desfibriladores para choques eléctricos, etc. etc. ¿Aca-
so al decir la Biblia que "puso en sUboca sobre su boca" no nos está señalan-
do la respiración de boca a boca?
Los antiguos no tenían "aparatos" para revivir a un solamente aparente
"muerto", pero conocían otras técnicas y más que nada,dominaban ellos los
innumerables recursos de la naturaleza que era parte de los estudios a que se
aplicaban los iniciados de entonces. La diferencia pues entre hoy y ayer está
en la técnica y en el lenguaje usado pre describir esa técnica.
17. La vida, o el aliento vital o el principio pránico, como también se le llama, es-
156
tá sujeta y penetra al cuerpo físico por un hilo brillante o especie de cordón
magnético al que se llama técnicamente el Cordón Plateado. El clarividente
puede ver si en verdad la muerte es real o sólo aparente enfocando su vista a
este cordón. A veces es muy débil su vibración o la vida que fluye por él.
Entonces son los casos de catalepsia, síncope, choque o estado de coma pro-
ducido por enfermedad grave. Pero sólo cuando se rompe este cordón es
cuando verdaderamente ocurre la muerte. Los griegos alegorizaban el suceso
de la muerte cuando Atropas cortaba el hilo o cabello de la vida con la
anuencia de su Reina, según vimos en la nota 15. Este hilo o cabello no es
otra cosa qua el Cordón Plateado. También se le llama Cordón Odico. En
casos de viaje astral, llamado también "gran viaje", "suefto sagrado" "suei'lo
magnético" etc. este cord6n se adelgaza al extremo y en tal ocasión es l1lUY
peligroso despertar violentemente a quien sufre el extasis o trance pues el
cordón ódlco puede romperse con la conmoción y ello causaría la muerte al
sujeto.
Hl. Prana, o Vitalidad, es una fuerza vital, la existencia de la cual no es todavía
reconocida por el cientista ortodoxo occidental; aunque probablemente algu-
nos de ellos sospechan tal existencia. Prana es una palabra sánscrita, derivada
de pra, fuera; y an alentar, moverse, vivir. Así Pra-an, Prana, significa alentar,
aliento. ao roxi mados de lapalabra sánscrita .Como según el pensamiento iOOú
no existe más que una vida, una Conciencia, Prana-se ha empleado para re-
presentar al Ser Supremo, a la energía del Uno, la Vida del Lagos. De ahí que
se puede decir que la vida de cada plano es el Prana de tal plano, por ser Pra-
na el aliento de vida de cada criatura.
Traducidos a términos más occidentales, a Prana en el plano ffsleo se lo des-
cribe mejor como Vitaliélad; como energía integradora qee-coordlna resme-
Iéculas, células, etc físicas, y las mantiene unidas en un organismo definido;
la porción del aliei to de Vida universal, que un organismo dado se apropia
durante el período de existencia corporal, al que llamamos "una vida". Si
fuera por la presencia de Prana, no podría haber cuerpos físicos como un to-
do integral, actuando como entidad; sin Prana el cuerpo no sería más que un
conjunto de células independientes; Prana las vincula y las conecta en un
todo complejo, circulando por las hebras y trama de la "tela .de la vida".
(Arturo E. Powell, El Doble Etérlco.] Pág. 17,18, 19, Editorial Kier, B. A.
Argentina.
19. Los Chakras o centros de fuerza son puntos de conexión o enlace por los
cuales fluye la energía (prana) de uno a otro vehículo o cuerpos del hombre.
20. Dice Leadbeater en El Hombre Visible e Invisible (5ta. Edición, Edlt, Kier,
Buenos Aires, Argentina, Pág. 131):
".•. una persona que se encuentre en este caso, no solamente es capaz,
por el uso de pases magnéticos o sin ellos, de ceder intencionadamente
una parte de su flu[do a otra persona, sino que vierte sin cesar, aunque
inconscientemente, el vigor y la vitalidad en todas aquellos que se les
apróximan." Atendiendo a esta última parte, comprenderemos ahora
bien por qué en el caso de Eliseo, el Versículo 33 dice, "Entrando él
entonces, cerró la puerta sobre ambos y or6 a Jehová". Entenderemos
también, según veremos más adelante, en el caso de la resurrección de la
hija de Jalro, por qué el Versículo 25 de dicho capítulo dice: "Y como
la gente fue echada fuera, entró y tom61a de la mano, y se l e ~ a n t 6 la
muchacha."
157
21. Qice MadameBlavtsky y en el Glosario Teosófico, Pág. 745 [lbfd), "Ensei'la la
áencia esotérica que cada sonido en mundo visible despierta su sonido
correspondiente en los reinos invisibles, e impele a la acción a una u otra
fuerza en el lado oculto de la naturaleza. Además, cada sonido corresponde
con un color y con un número (una potencia espiritual psíquica o física) y
con unasensaci6n en el mismo plano. Todos estos hallan un eco en cada uno
de los elementos hasta allí desarrollados, y aún en el plano terrestre, en las
Vidas que pululen en la atm6sfera terrena, incitándolas de este modo a la
acci6n. Así es que una oración, a no ser que sea pronunciada mentalmente y
dirigida al "Padre" de uno mismo, en el silencio y la soledad de su "retiro",
debe tener a menudo resultados más desastrosos que benéficos, desde el
momento Que se considera aue las masas son completamente ignorantes de
los poderosos eteetos que ellas as! producen. Para que produzca buenos
efectos, la oraci6n debe ser Pronunciada por "uno que sepa el modo de
hacerse cir en silencio", cuando, oej'ando de ser una oración, se convierte en
mandato. ¿Por qué nos ensenan que Jesús prohibía a'\ts oyentes ir a las
sinagogas públicas? Debemos suponer que tenía para ello algún motivo, el
mismo motivo que induce al ocultista experto a impedir que sus discípulos
vayan a sitios excesivamente concurridos, iglesias, sesiones espiritistas, etc, a
menos que estén en simpatía con la concurrencia (Doctr, Sacre. 111,451) En
la misma obra citada (1,606 se leelo siguiente: Decimos y sostenemos que el
sonido es, entre otros. un poder oculto tremendo, una fuerza estupenda,
cuya potencialidad más insignificante, dirigida con el conocimiento ocul-
to no podría ser contrárrestada por la electricidad engendrada por un mil/ón
de Niállaras. Puede producirse un sonido de tal naturaleza que levantaría en
el aire la piramide de Ksops, o har ía revivir un moribundo o a un hombre
que fuera, 3'exnal",r el último suspiro, comunicándole nuevo vill'or y energ(a.
Porque el sonido engendra, o mas bren atrae y rElIlne Jos elementos que
producérl un ozono cuya fabricación está por encim'lI'del poder ete la qufrni-
ca, pero está dentro de los límites de la alquimia. Puede hasta resucitar un
hombre o un animal cuyo "cuerpo vital astral" no haya sido separado
de un modo irreparable del cuerpo físico por la ruptura del cordón ódicó o
magnético. La que estas líneas escribe ha sido salvada tres veces de la muerte
mediante este poder•• , "
Dice Madame Blavatsky en el ceet, V de lsis sin Velo (Tomo 1/, Pá,. 199
Ibíd): '
"Eliphas Levi opina Que Ja resurrección no es imposible mientras el
QrPfIlsmo esté Integro y no se haya roto el cordón de enlace entre el
cuerpo astral y el fisico. Dice sobre este particular que la naturaleza
nunca procede a saltos, la muerte real ha de ir precedida de una especie
de letargo o entorpecimiento del que puede sacar la personalidad una
violenta conmoci6n o el magnetismo de una poderosa personalidad•.• "
23) Se ha dicho que los Evangelios que conocemos hoy no fueron escritos por
los ApÓstoles a quie/lSSse les atribl.lven. Sin embargo se afirma Que son ori-
ginales ae miembrO$ de la cotraora qe IDS Gn6sticos lIos antiguOli
Esenios) quienas hablan tenido referencillS de hermanos que conocieron a
Jesús. Esto con la posible sola del Evangel/6 de Mateo. Se ha pro-
bado que los Evangelios que conocemos hoy han sido alterados e interpola-
dos, lo mismo que han sido las Ep(stolas de San Pablo. El Evansello de Juan
es, empero, un caso diferente. Como se sabe éste fue el último de los libros
Incluidos entre las escri-"ras canónicas evangélicas. Juan era un iniciado y ya
158
sea que en verdad este libro haya sido o no esaito por su puño y letra, lo
cierto es que en él se encuentran los rasgos de un auténtico ocultista. Si en el
caso que Juan no fuera el genuino autor del IV Evangelio, al menos lo escri-
bi6 un Gnóstico, pues la frase inicial; "En el principio era el Verbo.:" así
como muchas otras que encontramos en este libro, son entera y positivamen-
te Gnósticas.
24. Recuérdese que el verdadero nombre de Pedro era Simón, según nos lo dicen
los Evangelios en Marcos: 1:6
"Y pasando junto a la mar de Galilea, vi6 a Simón, y a Andrés, su
hermano, que echaban la red en el mar porque eran pescadores".
En Lucas: 5:3 dice:
"Y entrando en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rog6 que
lo desviara de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco a
las gentes".
En Juan 2:42 dice:
"Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús dijo: Tú eres Simón, hijo
deJonás; tu serás llamado Cephas (que quiere decir ,Piedra).
Yen Mateo 2:18dice:
"Y andando Jesús junto a la mar de Galilea, vió a dos hermanos,
Simón, que es Ilamdo Pedro, y Andrés su hermano, que echaban
la red en el mar; porque eran pescadores.
De manera pues que cuando Jesús dice: "tu serás llamado Cephas (que quie-
re decir Piedra)" est<! invistiendo a Simón con un cargo o dándoles un títu-
lo. Veamos lo que significa este título.
En "Isis sin Velo" dice Madame Blavatsky, (Pág. 34, Tomo" 1, lbld)
El apostólico nombre de Pedro deriva de los Misterios cuvo hie-
rotante llevaba el trtulo caldeo de Peter que significa intér
prete O)' Jesus dijo: .
Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno
(2) no prevalecerán contra ella.
Con la palabra piedra o petra significaba metafóricamente los
Misterios cristianos, cuyos oponentes eran los dioses del mundo
inferior adorados en los misterios de Isis, Adonis, Atys, Sabazio,
Dionisio y EIeusis.
(1) De la misma raíz arrancan los nombre Ph'ah, Pak'r (residencia de
Balearn), Patara y Patras (nombres de las ciudades oraculares, pa-
tares o y acaso el mismo nombre del Buddna, cuyas "d-
riaciones expone "ococke en su obra India en Grecia (No. a
Apéndice, 397), como sigue Bud'ha, Buddha, Booddha, Butta,
Pout, Phte, Phtha, Phtha, Phut y otras.
(2) El hades o lugar inferior.
159
Más adelante agrega la Blavatsky:
En cuanto a Pedro, la exégesis ha demostrado hace tiempo que
en la fundación de la Iglesia romana no tuvo más parte que pro-
porcionar el pretexto, tan hábilmente aprovechado oor el astuto
Ireneo, para cimentar la nueva Iglesia sobre la Petra ó Kiffa, que
mediante un sencillo juego de palabras se relacionaba con Petro-
ma o doble tabla de piedra que el hierofante empleaba en el mis-
terio final de iniciación. Aquí se encierra acaso todo el secreto de
las alegaciones del Vaticano. Sobre el particular, dice muy opor-
tunamente Wilder:
En los países orientales se designaba al hierofante con el título
de'm!:> (Pedro) que en caldeo y fenicio significa intérprete. Hay en
todo esto reminiscencias de la ley mosaica, así como respecto de
las atribuciones que el papa se arroga para ser el hierofante él in-
térprete de la religión cristiana (1).
Hasta cierto punto hemos de concederle el derecho de interpretación, pues la
Iglesia latina incorporó en sus ceremonias, símbolos. ritos. templos y vestidu-
ras sacerdctares las tradiciones del culto pagano y aún su culto público yex-
terno. De lo contrario, sus dogmas serían más lógicos y no tan ofensivos a
la majestad del supremo e invisible Dios.
En el sarcófago de la reina Mentuhept, de la oncena dinastía (2). se encon-
tró una inscripción jeroglífica copiada del libro de los muertos (3). cuya in-
terpretación es como sigue:
PTR RF SU
Peter-ref-su.
Bunsen entremezcla este sagrado formu lario con toda una serie de interpreta-
ciones glosadas de un monumento de cuarenta siglos de antigüedad, y dice
sobre el caso:
Esto equivale a creer que la verdadera interpretación ya no era
inteligible en aquella época.• , Conviene, pOr lo tanto,advertir
que el sagrado texto de un himno compuesto por el espíritu de
un difunto era, hace 4.000 años, del todo ininteligible para los
copistas del rey (4)
Cierto es que era ininteligible para los copistas profanos, como lo demuestran
las confusas y contradictorias interpretaciones de los comentadores, pues la
palabra PTR* la conocían únicamente los hierofantes de los santuarios, y
la escogió Jesús para designar el cargo conferido a uno de sus apóstoles.
(*) Wllder: Misterios Wquleos y eleusinos, Introducción, p, X,-5i no
pudiéramos apOyarnos en una fidedigna tradición cabah'stica, tal
vez nos viésemos precisados a preguntar si cabria atribuir la pa-
ternidad del Apocalipsis al apóstol Pedro, que perece haber teni-
160
do por verdadero nombre el de Juan el Teologo.
Sobre el significado de esta palabra, dice ~ n s e n :
Opino que PTR es literalmente el antiguo arameo y hebreo Patar
que encontramos en la historia de José en significación específica
de interpretar. De aquí que pitrum equivalga a interpretación de
un texto o de un sueño (2).
En varios pesajes de un msnuscrlto cuyo texto es en parte griego y en parte
demótico (31, tuvimos ocasión de leer frases que bien pudieran esclarecer la
materia de que vamos tratando. Uno de los personajes de la narración. el ju-
dío iluminador Teleiotes, se comunica con su Patar (4). Algunos pasajes re-
presentan al iluminador en una K:póan (Cueva), donde sólo interrumpe su
contemplativo aislamiento para enseflar a los discípu los de afuera. no perso-
nalmente, sino por mediación del patar. que recibe las lecciones de sabiduría
apllcando el oído a un agujero circular abierto en la cortina que oculta al
maestro de la vista de los discípulos. a quienes el patar transmite oralmente
las enseñanzas. Tal era, con leves variantes, el procedimiento seguido por Pi-
tágoras. quien, según sabemos. jamás permitía que le vieran los ne6fitos, sino
que les aleccionaba tras la cortina de separación entre la cueva y el auditorio.
No sabemos si el ludío iluminador de, manescnto greco<lemóstico alude o
no El Jesús; pero sea como fuese, subsiste la misteriosa denominación que mes
tarde aplicó la Iglesia católica al portero del cielo e intérprete de la voluntad
de Jesucristo.
01 Se interpetaba parcialmente esta palabra gracies a otra escrita
de manera análoga en otro grupo de jeroglíficos. sobre una este-
la en forma de nio abiov-tn. VéA.." cara ello la obra de Rougé: Ste-
le, p. 44.-A la plabra f'tar IVldeusl se le da en esta oora el SIgOl-
ficaao de aparecer. aunque el autor duda de que sea ex8C1u, pues
añede un interrogante entre paréntesis en demostración de pero
plejidad. Bunsen dice que significa iluminador, lo cual nos parece
más acertado (Elipto. V.I También el mismo Bunsen colige que
el significado de PTR pudiera ser mostrar.
(2) Bunsen: E¡ipto. V. 90.
(31 Este manuscrito estaba en poder de un místico con quien
trabamos conocimientos lJl Siria. Perteneee'lllllialo l. y sin duda
.es uno de los pocos que afortunadamente se salVlir'on cuando el
fanatismo cristiano arrojó tantos y tan preciosos manuscritos a
las llamas.
(41 En el manuscrito aparece esta palabra en caracteres caldeos. y
a veces va unida al nombre de Shimeon.
25. Hay pruebas cronológicas e irrefutables de que Pedro nunca estuvo -en Roma.
No es el plan de este libro discutir co_de teología o historia religiosa v oor
1"\ 2250 muntes de J. C.
(.... 1 CeP. XVII. Correspondiente al ano 4600 antes de J. C.
(••• ) Bunsen: Lupr de Ellpto en la historia unlv..... V. gO.
161
eso nos concretamos a copiar parte del discurso que en el Concil io Vaticano
celebrado en Roma en 1870, ante el Papa de turno, Pio IX y más de trescien-
tos Príncipes de la Iglesia, el valiente Obispo alemán Strossmayer pronunció
para refutar la infabilidad y sucesión papal.
Dado que el autor de tan brillante pieza oratoria era también un Príncipe de
la Iglesia, íos.datos y razones que en ella se esgrimen no podrán ser calif ica-
dos de fatsos,
Venerables padres y hermanos:
No sin temor, pero con una conciencia libre y tranquila ante
Dios que vive y me ve, tomo la palabra en medio de vosotros, en
esta augusta asamblea.
Desde que me hallo sentado aquí con vosotros he seguido con
atención los discurses que se han pronunciado en esta sala, an-
siando con grande anhelo que un rayo de luz, descendiendo de
arriba, iluminase los ojos de mi inteligencia y me permitiese vo-
tar los cánones de este Santo Concilio Ecuménico con perfecto
conocimiento de causa.
Penetrado del sentimiento de responsabilidad, por el cual Dios
me pedirá cuenta, me he propuesto estudiar con escrupulosa
atención los escritos del Antiguo y Nuevo Testamento; y he in-
terrogado a estos venerables monumentos de la verdad, para que
me diesen a saber si el Santo Pontífice, que preside aquí, es ver-
daderamente el sucesor de San Pedro, Vicario de Jesucristo e in-
falible doctor de la Iglesia.
Para resolver esta grave cuestión, me he visto precisado a ignorar
el estado actual de las cosas y a transportarme en mi imaqína-
ción, con la antorcha del Evangelio en las manos a los tiempos en
que ni el Ultramontanismo ni el Galicismo existían, y en los cua-
les la Iglesia ten ía por doctores a San Pablo, San Pedro, Santiago,
y San Juan, doctores a quienes nadie puede negar la autoridad
divina sin poner en duda lo que la Santa Biblia, que tengo delan-
te, nos enseña y la cual el Concilio de Trento proclamó como la
regla dela fe y delamoral.
He abierto, pues, estas sagradas páginas: y bien, ¿me atreveré a
decirlo? Nada he encontrado que sancione próxima o remota-
mente la opinión de los Ultramontanos. Aún es mayor mi sorpre-
sa, porque no encuentro en los tiempos apostólicos nada que ha-
ya sido cuestión de un Papa sucesor de San Pedro y Vicario de
Jesucristo, como tampoco de Mahoma, que no existía aún.
Vos, monseñor Manning diréis que blasfemo, vos, monseñor
Fie. diréis que estoy demente. No, monseñores. no blasfemo ni
estoy loco! Ahora bien, habiendo leído todo el Nuevo Testamen-
to, declaro ante Dios con mi mano elevada al gran Crucifijo, que
ningún vestigio he podido encontrar del Papado tal como existe
ahora.
162
No me rehuséis vuestra atención, mis venerables hermanos, y con
vuestros murmullos e interrupciones justifiquéis a los que dicen,
romo el padre Jacinto, que este Concilio no es libre, porque
vuestros votos han sido de antemano impuestos. Si tal fuese el
hecho, esta augusta asamblea hacia la cual las miradas de todo el
mundo están dirigidas, caer la en el más grande descrédito.
Si deseáis ser grandes, debemos ser libres. Agradezco a Su Exce-
lencia monseñor Dupanloup, el signo de aprobación que nace
ron la cabeza. Esto me alienta y prosigo. Leyendo, pues, los San-
tos Libros con toda la atención de que el Señor me ha hecho ca-
paz, no encuentro un solo capítulo o un corto verslculo, en el
cual Jesús dé a San Pedro la jefatura sobre los apósto les sus cola-
boradores.
Si Simón, el hijo de Jonás, hubiese sido lo que hoy d ia creemos
sea Su Santidad Píu IX, extraño es que no les hubiese dicho:
"Cuando haya ascendido a mi Padre, debéis todos obedecer a
Simón Pedro, aSI como ahora me obedecéis a mí. Le establezco
por mi Vicario en la tierra". No solamente calla Cristo sobre es-
te particu lar, sino que piensa tan poco en dar una cabeza a la
Iglesia que, cuando promete tronos a sus apóstoles, para juzgar a
las doce tribus de Israel (Mateo, 1 ~ : 28l. les promete doce, uno
para cada uno, sin decir que entre d ichos tronos uno sería más
elevado, el cual pertenecer-a a Pedro. Indudablemente, si tal hu-
biese sido su intento, lo indicarla. ¿Qué hemos de decir de su
silencio? La lógica nos conduce a la conclusión de que Cristo no
quiso elevar a Pedro a la cabecera del colegio apostólico.
Cuando Cristo envió a los apóstoles a conquistar el mundo, a to-
dos dio la promesa del Espíritu Santo. Permitidme repetirlo: si
El hubiese querido constituir a Pedro en su Vicario, le hubiera
dado el mando supremo sobre su ejército espiritual. Cristo, así
lo dice la Santa Escritura, prohibió a Pedro ya sus colegas reinar
o ejercer señorío o tener potestad sobre los fieles, como lo hacen
los reyes gentiles (Lucas, 22: 25, 36). Si San Pedro hubiese sido
elegido Papa, Jesús no diría esto, porque según vuestra tradición,
el Papado tiene en sus manos dos espadas, símbolos del poder es-
piritual y temporal. Hay una cosa que me ha sorprendido muchí-
simo. Resolviéndola en mi mente, me he dicho a mí mismo: Si
Pedro hubiese sido elegido Papa, ése permitiría a sus colegas en-
viarle con San Juan a Samaria para anunciar el Evangelio del Hi-
jo de Dios? (Hechos, 2: 15.1
¿Qué os parecería, venerables hermanos, si nos permitiésemos
ahora mismo enviar a su santidad Pío IX, a Su Eminencia monse-
ñor Plautier al patriarca de Constantinopla para persuadirle a
que pusiese fin al cisma del Oriente? Mas, he aqu í otro hecho de
mayor importancia. Un Concilio Ecuménico se reúne en Jerusa-
lén para decidir cuestiones que dividían a los fieles. ¿Quién de-
bía presidirlo? San Pedro o su legado. ¿Quién debiera formar o
promulgar los cónones? San Pedro. Pues bien, lneda de esto su-
cedió! Nuestro apóstol asistió al Concilio, así como los demás,
pero no fue él quien reasumió la discusión sino Santiago; y cuan-
163
do se promu19aron los decretos se hizo en nombre de los apósto-
les ancianos y hermanos. (Hechos, 15).
¿Es ésta la práctica de nuestra Iglesia? Cuanto más lo examino
ioh, venerables hermanos!, tanto más estoy convencido que en
las Sagradas Escrituras el hijo de Jonás no parece ser el primero.
Ahora bien; mientras nosotros enseñamos que la Iglesia está edi-
ficada sobre San Pedro, San Pablo, cuya autoridad no puede du-
darse, dice, en su Epístola a los Efesios, 2:20, que está edificada
sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la princi-
pal piedra del ángulo, Cristo mismo.
Este mismo apóstol cree tan poco en la supremacía de Pedro,
que ebiertamente culpa a los que dicen: "somos de Pablo, somos
de Apolo" (1 Corintios, 1: 12); así como culpa a los que dicen:
"Somos de Pedro". Si este último apóstol hubiese sido el Vicario
de Cristo, San Pablo, se habría guardado bien de no censurar con
tanta violencia a los que pertenecían a su propio colega. EI mis-
mo apóstol Pablo, al enumerar los oficios de la Iglesia, menciona
apóstoles. profetas, evangelistas, doctores y pastores.
¿Es creíble, mis venerables hermanos, que San Pablo, el gran
apóstol de los gentiles, olvidase el primero de estos oficios el Pa-
pado, si el Papado fuera de divina institución? Ese olvido me pa-
rece tan imposible como el de un historiador de este Concilio
que no hiciese mención de Su Santidad Pío IX (Varias voces:
iSilencio, hereje, silencio!)
Calmaos, venerables hermanos, que todavía no he concluido. lrn-
pidiéndome que prosiga, manifestaríais al mundo que procedéis
sin justicia, cerrando la boca de un miembro de esta asamblea.
Continuaré: el apóstol Pablo no hace mención en ninguna de sus
epístolas, a las diferentes iglesias, de la primacía de Pedro. ¿Si
esta primada existiese, sí, en una palabra, la Iglesia hubiese teni-
do una cabeza suprema dentro de sí, infalibel en enseñanza, po-
dría el gran apóstol de los gentiles olvidar el mencionarla? iQué
digo! MaS probable es que hubiese escrito una larga epístola so-
bre esta importante materia. Entonces, cuando el edificio de la
doctrina cristiana fue erigido, podría, como lo hace, éolviderse
de la fundación, de la dave del arco? Ahora bien; si no opináis
que la iglesia de los apóstoles fue herética, lo que ninguno de vos-
otros desearía u osaría decir, estamos obligados a confesar que
la Iglesia nunca fue más bella, más pura, ni más santa que en los
tiempos en que no hubo Pepa,
(Gritos de: iNo es verdad! ¡No es verdad!) No digo monseñor
Laval, "No". Si alguno de vosotros mis venerables hermanos,
se atreve a pensar que la Iglesia que hoy tiene un Papa por cabe-
za, es más firme en la fe, más pura en la moralidad que la Iglesia
Apostólica, dígalo abiertamente ante el universo, puesto Que este
recinto es un centro desde el cual nuestras palabras vo laran de
polo a polo.
Prosiao: 01 en los escritas de San Pedro. San Juan o Santiaqo nr:
164
descubro traza alguna o germen de poder papal. San Lucas, el
historiador de los trabajos misioneros de los apóstoles, guarda si-
lencio sobre este importantísimo punto. El silencio de estos
hombres santos, cuyos escritos forman parte del canon de las di·
vinamente inspiradas Escrituras, me parece tan penoso e lrnposi-
ble, si Pedro fuese Papa, y tan inexcusable como si Thiers, escri-
biendo la historia de Napoleón Bonaparte, omitiese el titulo de
emperador.
Veo delante de mí un miembro de la asamblea que dice, sei\alár
dome con el dedo: "Ahí está un obispo cismático, que se ha in-
troducido entre nosotros con falsa bandera!" No, no, mis vene-
rables hermanos; no he entrado en esta augusta asamblea como
un ladrón por la ventana sino por la puerta, como vosotros; mi
título de Obispo me dio derecho a ello, así como mi conciencia
cristiana me obliga a hablar y decir lo que creo ser verdad.
Lo que más me ha sorprendido y que, además se puede demos-
trar, es el silencio del mismo San Pedro. Si el apóstol fuese lo que
proclamáis que fue, es decir, Vicario de Jesucristo en la tierra, él.
al menos, debiera saberlo. Si lo sabía ccórno sucede que ni una
sola vez obró como Papa? Podría haberlo hecho el día de Pente-
costés, cuando predicó su primer sermón, y no lo hizo; en el
Concilio de Jerusalén, y no lo hizo; en Antloqura, y no lo hizo,
como tampoco lo hace en las dos epístolas que dirige la iglesia,
¿Podéis imaginaros un tal Papa, mis ve nerables hermanos, si Pe-
dro era Papa?
Resulta pues, que si queréis sostener que fue Papa, la consecuen-
cia natural es que él no lo sabía. Ahora prequnto a todo el que
tenga cabeza con que pensar y mente con que reflexionar: éson
posibles estas dos suposiciones? Digo, pues, que mientras los
apóstoles vivían, la Iglesia nunca pensó que había Papa. Para sos-
tener lo contrario sería necesario efltregar las Sagradas Escritu-
ras a las llamas o ignorarlas por completo. Pero escucho decir por
todos lados "pues qué, é no estuvo San Pedro en Roma? ¿No fue
crucificado con la cabeza abajo? ¿No se hallan los lugares donde
enseñó, y los altares donde dijo misa. en esta ciudad eterna?
Que San Pedro haya estado en Roma, reposa mis venerables
hermanos, sólo sobre la tradición, más aún, si hubiese sido obis-
po de Roma zcórno podéis probar con su episcopado su supre-
macía? Scalígero, uno de los hombres más eruditos, no vacila en
decir que el episcopado de San Pedro y su residencia en Roma
deben clasificarse entre las leyendas ridículas. (Repetidos ,ritos:
iTapadle la boca, tapadle la boca,hacedle descender del púlpito!)
Venerables hermanos, estoy pronto a callarme; mas ¿no es mejor
en una samblea como la nuestra, prooar todas las cosas como
manda el apóstol y creer todo lo que es bueno? Pero mis venera-
bles amigos, tenemos un Dictador ante el cual todos debemos
postrarnos y callar, aun Su Santidad Pío IX, e inclinar la cabeza.
Ese dictador es la Historia. Esta no es como un legendario que
se puede formar al estilo que el alfarero hace su barro, sino como
un diamante Que esculpe en el cristal p<llabras indelebles. Hasta
165
ahora me he apoyado sólo en ella, y no encuentro vestigio aiyu-
no del Papado en los tiempos apostólicos: la falta es suya; no es
mía. ¿Queréis quizá colocarme en un acusado de mentira?
iHacedlo si podéis!
Oigo a mi derecha estas palabras: "Tu eres Pedro y sobre esta ro-
ca edificaré mi Iglesia" (Mat. 16: 18). Contestaré esta objeción
después mis venerables hermanos: mas, antes de hacerlo, deseo
preguntaros el resultado de mis investigaciones históricas. No ha-
llando ningún vestigio alguno del Papado en los tiempos apostó-
licos, me dije a mí mismo: quizá hallaré al Papa en los cuatro
primeros siglos y no he podido dar con él. Espero que ninguno
de vosotros dudará de la gran autoridad del santo obispo de Hi-
pona, el grande y bendito San Agustín. Este piadoso doctor, ho-
nor y gloria de la Iglesia católica, fue secretario en el Concilio de
Melive. En los decretos de esa venerable Asamblea, se hallan es-
tas palabras: "Todo el que apelase a los de la otra parte del mar,
no será admitido a la comunión por ninguno en el Africa.",
Los obispos de Africa reconocían tan poco al obispo de Roma,
amonestándole que no recibiese apelaciones de los obispos, sa-
cerdotes o clérigos de Africa; que no enviase más legados o comi-
sionados y que no introdujese el orgullo humano en la Iglesia.
Que el patriarca de Roma había desde los primeros tiempos tra-
tado de atraerse a sí mismo toda autoridad, es un hecho evidente;
y lo es también igualmente, que no poseía la supremacía que los
Ultramontanos le atribuyen. Si la poseyera, zosanan los obispos
de Africa, San Agustín entre ellos, prohibir apelaciones a los.de-
cretas de supremo tribunal?
Confieso, sin embargo que el patriarca de Roma ocupaba el pri-
mer puesto. Una de las leyes de Justiniano dice: "Mandamos,
conforme a ·la definición de los cuatro Concilios, que el Santo
Papa de la antigua Roma sea el primero de los obispos y que Su
Alteza el arzobispo de Constantinopla, que es la nueva Roma, sea
el segundo". Inclínate, pues, a la supremacía del Papa, me diréis.
No corráis tan apresurados a esa conclusión, mis venerables her-
manos, porque la ley de Justiniano lleva escrito al frente: "del
cordón de sedes patriarcales". Prudencia es una cosa, y el poder
de jurisdicción es otra. Por ejemplo: suponiendo que en Floren-
cia se reuniese una asamblea de todos los obispos del reino, la
presidencia se daría, naturalmente, al primado de Florencia, así
como entre los occidentales se concedería al patriarca de Cons-
tantinopla y en Inglaterra el arzobispo de Canterburv, Pero ni el
primero, segundo, ni tercero, podría aducir de la asignada posi-
ción una jurisdicción sobre sus compañeros. La importancia de
los obispos de Roma, procede no en un poder divino sino de la
importancia de la ciudad donde está la Sede. Monseñor Darvoy
no es superior en dignidad al arzobispo de Abignon; mas, no
obstante, París le da una consideración que no tendría, si en vez
de tener su palacio en las orillas del Sena se hallase sobre el Ró-
dano. Esto, que es verdadero en la jerarquía religiosa, lo es tarn-
166
bién en materias civiles y políticas. El prefecto de Roma, no es
.nás que un prefecto como el de Pisa; pero civil y políticamente
es de mayor importancia aquél.
He dicho ya que desde los primeros siglos, el patriarca de Roma
aspiraba al gobierno universal de la Iglesia. Desgraciadamente,
casi lo alcanzó; pero no consiguió ciertame nte sus pretenciones
porque el emperador Teodosio 1I hizo una ley por la cual estable-
ció que el patriarca de Constantinopla tuviese la misma autoridad
que el de Roma. Los padres del Concilio de Calcedonia, colocan
a los obispos de la antigua y de nueva Roma en la misma catego-
ría en todas las cosas, aún en las eclesiásticas (Can 28l.EI sexto
Concilio de Cartaqo prohibió a todos los obispos se abrogasen el
título de príncipes de los obispos u obispos soberanos. En
cuanto al título Obispo Universal, Que los Papas se abrogaron
más tarde, Gregario 1, creyendo que sus sucesores nunca pensa-
rían en adornarse con él, escribió estas notables palabras: "Nin-
guno de mis antecesores ha consentido en llevar este titulo profa-
no porque cuando un patriarca se abroga a sí mismo el nombre
universal, el título de patriarca sufre descréd ita. Lejos esté, pues,
de los cristianos. el deseo de darle un título que ·;ause descrédi-
to a sus hermanos".
San Gregario dirigió estas palabras a su colega de Constantinopla
que c retend ia hacerse primado de la Iglesia. El Papa Pelagio l l,
llamaba a Juan, obispo de Constantinopla, que aspiraba al sumo
pontificado, impío y profano, '" Jo se le importe", decía, "e! tí-
tulo universal que Juan ha usurpado ilegalmente, que ninguno de
los patriarcas se abrogue este nombre profano, porque zcuántas
desgracias no debernos esperar si entre los sacerdotes se suscitan
tales ambiciones! Alcanzarían lo que se tiene predicho de ellos
"El es el rey de los hijos del orgullo". (Pelagio 11, Lit. 13.)
Estas autoridades y podría citar cien más de igual valor, ¿no
prueban con una claridad igual al resplandor del sol en medio del
día, que los primeros obispos de Roma no fueron reconocidos
corno obispos y cabezas de la Iglesia, sino hasta tiempos muy
posteriores? Y. por otra parte, zquién no sabe que desde el año
325, en el cual se celebró el primer Concilio de Nicea hasta 580
años en que fue celebrado el segundo Concilio Ecuménico de
Constantinopla, y entre más de 1.109 obispos que asistieron a los
primeros seis Concilios Generales, no se hallaron presentes más
que diez y nueve obispos del Occidente?
zOutén ignora que los Concilios fueron convocados por los
emperadores sin siquiera in formales de ellos y frecuen temente
aun en oposición a los deseos del obispo de Roma? zOué Osio ,
obispo de Córdoba, presidió el primer Concilio de Nicea y redac-
tó sus cánones? El mismo Osio , presidiendo después el Concilio
de Sárdica excluyó al legado de Julio, obispo de Roma. No diré
más, mis venerables hermanos y paso a hablar del gran argumen-
to a que me referi anteriormente para establecer el Primado del
obispo de Roma.
Por roca (petra) sobre la cual la Santa Iglesia está edificada; en-
167
tendéis que es Pedro, Si esto fuera verdad, la disputa quedaría
tp.rminada; más nuestros antepasados, v ciertamente debieron sa-
ber algo, no se oporuan sobre esto como nosotros, San Cirilo, en
su cuarto libro sobre la Trinidad dice: "Creo por la roca debéis
entender la fe inmóvil de los apóstoles", San Hilaría, obispo de
Poitiers, en su segundo libro de la Trinidad, dice: "La roca (pe-
tra) es la bendita y sola roca de la fe confesada por San Pedro", y
su sexto libro sobre la Trinidad dice: "Es sobre esta roca de la
confesión de fe, que la Iglesia está edificada", "Dios", dice San
Jerónimo, en su sexto libro sobre San Mateo, "ha fundado su
Iglesia sobre esta roca y es de esta roca que el apóstol Pedro fue
apellidado", De conformidad con él. San Crisóstomo dice en su
Homilía 53 sobre San Mateo: "Sobre esta roca edificaré mi Igle-
sia, es decir, sobre la fe de la confesión". Ahora bien, ¿cuál fue la
confesión del apóstol? Hela aquí: "Tú eres Cristo, el Hijo de
Dios viviente".
Asombroso, el santo arzobispo de Milán, sobre el segundo capí-
tulo de la epístola a los Efesios; San Basilio de Selencia y los
padres del Concilio de Calcedonia, enseñan precisamente la mis-
ma cosa. Entre todos los doctores de la antigüedad cristiana, San
Agustín ocupa uno de los primeros puestos por su sabiduría y
santidad. Escuchad, pues, lo que escribe sobre la primera epísto-
la de San Juan: "zOué significan las palabras "edificaré mi Igle-
sia, sobre esta roca? Sobre esta fe, sobre eso que dices, tú eres el
Cristo, el Hijo del Dios viviente". En su tratado 124 sobre San
Juan, encontramos esta muy significante frase: "Sobre esta roca,
que tú has confesado, edificaré mi Iglesia, puesto que Cristo mis
mo era la roca".
1
El gran obispo creía tan poco que la Iglesia fuese edificada sobre
San Pedro, que dijo a su grey en su sermón 13: "Tú eres Pedro y
sobre esta roca (Petra) que tú has confesado, sobre esta roca que
tús has reconocido, diciendo: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios
viviente", edificaré mi Iglesia; sobre mí mismo que soy el Hijo
del Dios viviente, La edificaré sobre mí mismo, y no sobre tí",
Lo que San Agustín enseña sobre este célebre pasaje, era la opi-
nión de todo el mundo cristiano en sus días; por consiguiente,
resumo y establezco:
1ro. Que Jesús dio a sus ap6stoles el mismo poder que dio d Pe-
dro.
Zdo, Que los apósioles nunca reconocieron en San Pedro al Vica-
rio de Jesucristo y al infalible doctor de la Iglesia.
3ro. Que los Concilios de los cuatro primeros siglos, mientras
reconocían la alta posici6n que el obispo de Roma ocupaba en la
Iglesia por motivo de Roma, tan sólo le otorgaron una preemi-
nencia honoraria, nunca el poder y la jurisdicci6n.
4to, Que los santos padres en el famoso pasaje: "Tú eres Pedrc
y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia", nunca entendieron que
la Iglesia estaba edificada sobre San Pedro. sino sobre la roca, es
168
decir, sobre la con'lesión de la fe del apóstol.
Concluyo victoriosamente, conforme a la historia, la razón, la ló-
gica, el buen sentido y la conciencia cristiana, que Jesucristo no
dio supremacía a San Pedro, y que los obispos de Roma no se
constituyeron soberanos de la Iglesia, sino tan sólo confesando
uno por uno los derechos del episcopado: (Voces: iSilencio!
ilnsolente protestante! iSilencio!).••
26. Este es un fragmento de la conferencia dictada por el señor José Luis Herre-
ra, M. T. S. en los salones de la Sociedad Teosófica de New York, el 29 de
noviembre de 1974, con el título de "El Trabajo Oculto de la Masonería". El
señor Herrera aclaró que dicha leyenda, aunque auténtica en su significado,
estaba arreglada o "disfrazada" en su forma o presentación, a fin de que no
se le acusara de divulgar los secretos masónicos; pero que las palabras claves
todas eran auténticas, ya que su significado es solamente conocido por los
masones iniciados. Advirtió también el señor Herrera que dicha leyenda se
puede encontrar en el libro de Ellpas Levi El Libro de los Esplendores.
27. "Orígenes, que había pertenecido a la Escuela Platónica de Alejandrfa, decla-
ra que "Moisés, además de la doctrina que enseñó a las turbas, comunicó al-
gunos secretos importantes de las ocultas profundidades de la Ley a los se-
tentas ancianos y les mandó no comunicarlos más que a personas que fueran
dignas de poseerlos". San Jerónimo hablade losjud íos de Tiberias y de Lydda
como los "únicos que enseñan el sistema m(stico de interpretar". (Mi'lli. 8111-
vatskv, Isis sin Velo. Tomo 11. Pág. 153. (lbfd}.
28. En Isis sin Velo (lb id) Madame 81avatsky señala much ísimas interpolaciones
ad ulteracioneS y amaños tanto en el "Viejo Testamento como en los E v a n ~
gellos, En el Tomo III de dicha obra en las págs. 39, 125, Y 345. En el Tomo
IV en la pág. 169. El lector interesado puede verificar lo que aqui se dice.
29 Tanto Víctor Hugo como Alejandro Dumas habian sido masones. Se conser-
van la fecha y los documentos que atestiguan la iniciación de estos dos colo-
sos de la literatura universal en Logias Masónicas de París.
169
"Ahora digo -s-dijo a esta sazón don Quijote-, que el que
lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho ",
Cervantes
Don Quijote de la Mancha,
Segunda Parte, Cap. XXV.
171
CARTA VI
Querido Fabricio:
Cuando hace muchos años me iniciaba en los estudios
esotéricos un día conversaba muy entusiasmado, acerca de
este tema con un distinguido amigo y colega. Entre una y
otra cosa me dijo él algo así: "El verdadero intelectual, que
se respete y se precie de tal, debe ser ocultista"
Aquel juicio quedó grdbado en mi subconsciente y con fre-
cuencia, sin buscarlo o ni de lejos estar pensando en él, acu-
día a mi mente con insistencia de invisible moscardón que
con necio ruido revolotease en mi cabeza.
Después de aquella plática y acicateado por ella, volví,
por segunda vez, a leer El Quijote en interés de escudriñar y
tratar ce encontrar por mí mismo lo que pudiera haber refe-
rente a las ciencias herméticas, si es que all í hab ía algo de
ellas. En la primera lectura hab ía quedado eufórico y exalta-
do con, aquel tan excepcional libro, debido a la parte que ha-
bía captado de su argumento esencial y de su incomparable
estilo literario, así como también a lo que, de igual en parte
hab ía asimilado de la amplitud de su contenido psicológico
Ahora, sin embargo, acudía a la releetura con una nueva ar-
ma: había aprendido en mis estudios esotéricos, una reala de
oro: "Si hay un sentido oculto, la clave no está fuera del tex-
to, sino en el mismo". A medida que releía, nuevamente des-
lumbrado, me preguntaba: ¿Fue Cervantes ocultista? Hice en
mi fuero interno una larga serie de razonamientos y de silen-
ciosos soliloquios. Me contesté una no menos larga cantidad
de interrogantes y dudas tratando de encontrar la respuesta.
173
Leí por entonces en alguna parte, que los entendidos y es-
pecialistas en literatura, miembros de diversas academias de
lengua, habían nombrado a Shakespeare, Goethe, Dante y
Cervantes como las más excelsas y calificadas figuras literarias
de'entre todas las de la era moderna. Se decía también en la
misma fuente de mi información, que entre las muchas cua-
lidades sorteadas y escogidas por los especialistas para otorgar
tan honroso así como excepcional calificativo a esos cuatro
genios de las letras, se hab ía tomado en cuenta no sólo el
manejo fácil, elegante, puro y extraordinario de los respec-
tivos idiomas de los escritores mencionados, así como el ex-
tenso y variado vocabulario de que hacían gala aquellos auto-
res sin par, sino que, además, y mas que tocio, se había con-
siderado el contenido ético, filosófico y metafísico de algunas
de las obras de los tales autores; el retrato fiel que en ellas se
hace de la vida diaria y de personajes prototipos de todas
clases y latitudes; los profundos enfoques psicológicos de la
multitud de caracteres que desfilan por cada página escrita
por aquellos "cuatro grandes" y aun, por sobre todo eso, la
sabiduría universal y la cultura enciplopédica de cada uno de
ellos.
Las mejores obras de la literatura universal
Se decía, además, que las mejores obras de la literatura
universal de la era moderna son, en el caso de Shakespeare,
por ejemplo, Hamlet, Macbet y Romeo y Julieta. Referente a
Dante Allighiere, el exquisito poeta de la ciudad de Florencia,
se escogía su Divina Comedia. Aludiendo a Goethe, cuyo
genio cubrió todos los géneros de la literatura así como mu-
chos de la ciencia y del arte, Fausto fue señalado como su
más notable producción; y, en el caso de Cervantes, contrario
a lo que el mismo Manco de Lepanto hab ía creído, que su
mejor obra era Los Trabajados de Persiles y Segismunda, los
críticos, entendidos y sabios seleccionaban a Don Quijote de
la Mancha.
A la lectura de todo eso se reavivó otra vez lo dicho an-
teriormente por mi amigo y colega, y de nuevo acudió a mis
174
mientes la misma pregunta, aunque en esta ocasión abarcando
a todos estos geniales escritores: ¿Fueron ocultistas Dante
Shakespeare, Cervantes y Goethe?
Para satisfacer aquella pregunta y para calmar la curio-
sidad que me inquietaba, que ahora se tornaba supraconscien-
te y cual palma de fuego me quemaba internamente, empecé
a indagar aqu í y allá, a escarbar en bibliotecas públicas y pri-
vadas, a preguntar a eruditos y a Ip.trados en busca de la res-
puesta.
¡Escribió Lord Bacon las obras dA
En lo referente a Shakespeare la búsqueda no fue muy ar-
dua. Con la cantidad de conocimientos y enseñanzas esoté-
ricas que encontré encerradas en sus obras, en particular en
las dos primeras de las ya nombradas, entendí que se puede
destilar toda una escuela de asuntos herméticos. Claro, encon-
tré también que escritores hubo y hay que dicen que Shakes-
peare no escribió las tales obras. Afirman esos autores que los
trazos de la cultura esotérica y filosófica es tan profunda en
esos libros que, en Inglaterra, en aquel tiempo, sólo Sir Fran-
cis Bacon, el famoso filósofo empírico-racionalista conocido
también como Barón de Verulam y a auien se llama el padre
del método inductivo, pudo haber escrito esas excepcionales
producciones literarias.
Ríos de tinta se han consumido en la polémica sostenida
entre los que aseguran que Shakespeare sí fue quien escribió
dichas obras, y los que señalan a Lord Verulam como el au-
téntico padre de las mismas. ¿Sería el vate del Teatro G10bus
un simple vulgarizador de la obra del gran filósofo y esoteris-
ta miembro de la nobleza inglesa? En mis investigaciones
acerca de Shakespeare, encontré que según R. E. Dalmor, eru-
dito escritor argentino, autor del libro ¿Quién fue y Quién
es en Ocultimos?* dice que ya hasta 1884 se habían publica-
do "no menos de 255 trabajos sobre el tema Bacon-Shakes-
peare"
(*) Págs. 51 y 52, Primera Edición, Editorial Kier, S. A. Buenos Aires, Argen-
tina.
175
oeare". Y no sólo encontré eso, sino que en el mismo libro
se lee que según A. Van Weber Sbonhof en su obra Bacon-
..tes, publicada en Leipzig, en 1917,
Lord Bacon también fue el padre de algunas de las princi-
pales obras de Cervantes. ¿Te imaginas lo audaz de esta últi-
ma teoría Fabricio?
Dicen los partidarios de Lord Bacon, quien, además,
había sido Lord Canciller de Inglaterra en el reinado de Isa-
bel 1, que en las obras de Shakespeare existe una especie de
criptografía o escritura cifrada, que algunos autores se han
empeñado en señalar y en descifrar. Otros, menos audaces
que los primeros, aunque más analíticos y observadores, fun-
dan sus argumentos en que el "inmenso saber que revelan las
obras de Shakespeare sólo era poseído en su tiempo por el
famoso Rarón de Verulam. Alegan, además, la abundancia y la
evidencia de semejanzas de expresiones entre uno y otro, lo
propio que en los neologismos", Los anales ocultos dicen, por
su parte, que a Lord Bacon no le interesaban las glorias o la
admiración como escritor de dramas teatrales. El sab ía muy
bien que pasaría a la historia como uno de los filósofos más
insignes de la humanidad. Pero sí le interesaba la obra que
realizaba con el idioma inglés. De la misma manera que An-
tonio de Nebrija había publicado la primera gramática es-
pañola justo en los inicios del descubrimiento y la conquista
de América, asimismo el futuro Canciller de Inglaterra, ahora
con el ojo avisar del poi ítico sagaz y visionario, a través de
Shakesoeare, se interesó en vertebrar y dar fundamentos más
o menos razonables, tan a tono con su carácter, al idioma in-
glés, que como sabemos, también con la emigración de los pu-
ritanos ingleses hacia América a fines del siglo XVI ya prin-
cipios del XVII iba a llegar a ser uno de los idiomas más im-
portantes del mundo. Lord Bacon escogió el drama teatral
para su obra por estar ello más a la altura de su espíritu artís-
tico y filosófico.
Sea como fuere, para mis propósitos, descubrir la paterni-
dad auténtica de las tales obras no ten ía gran importancia, ya
que cualquiera de ellos que haya escrito esos inmortales li-
176
bros no cambiaba en un ápice mis fines. El hecho cierto y
concreto es que los conocimientos y enseñanzas esotéricos
están ah í, al alcance de todo aquel que se tome el trabajo
de buscarlos y sepa encontrarlos y que, oficialmente están
firmados y atribuidos a Shakespeare.
EI caso Dante
Aludiendo a Dante el caso fue un poco distinto. De cier-
to, el argumento y el asunto que se trata en La Comedia es
enteramente parafísico. Quien lea este singular libro no nece-
sita ser un entendido en la materia para darse cuenta inmedia-
tamente, ya desde las primeras líneas de la obra, que está
lidiando con temas metafísicos. Pero también en dicha obra
hay mucho de dogma cristiano y, aún más, aparentes o fin-
gidas corroboraciones intelectuales con muchas de las irra-
zonables enseñanzas de aquel tiempo de la iglesia católica.
Tanto así, que encontré que algunos respetados ocultistas
suelen acusar al florentino de "cándida ignorancia en materia
esotérica". Respeto tales juicios; pero entiendo que a los que
así critican, se les ha escapado el dato principal de que Dan-
te escribió sus obras en tiempos en que la Inquisición o el cle-
ro, ejercía un poder casi omnímodo, no sólo en todas las pe-
queñas repúblicas o reinos que por entonces divid ían a la pen ín-
sula italiana, sino aun en toda Europa. De esta suerte, Dante,
de seguro debió de planear y de escribir su libro en forma tal
que no llamara la atención adversa, sino por el contrario, la
opinión favorable de aquellos autoproclamados "defensores
de la fe". De manera que las enseñanzas y los conocimientos
esotéricos que encontré en La Divina Comedia -como luego
en el caso de El Quijote estaban velados por símbolos y
cubiertos por las alegorías.
La "Segunda muerte" y los comentadores de La Comedia.
Para darte un ejemplo, Fabricio, de la capacidad esotérica
de Dante, te señalaré que en La Comedia. en el Canto 1, Vir-
gilio, quien sirve de gu ía al florentino en las Regiones inferna-
177
les, entre otras cosas, le dice:
" ... yo seré tu guía y te sacaré de aquí para llevarte a un
lugar eterno, donde oirás aullidos desesperados; verás los
espíritus dolientes de los antiguos condenados, que
llaman a gritos a la segunda muerte (29)".
El libro del cual copio, publicado por Joaquín Gil, editor
de Madrid, data del año 1934. Pues bien, esa edición, quizás
una de las más fieles traducciones al español, contiene 2,250
Notas Explicativas firmadas por mentalidades tan preclaras
como Biagioli, Bianchi, Boccacio, Colbert, Costa, Fraticelli,
Ponta, Granguer, Guiguene, Landino, Villani, Vellutello, Ven-
turi, Benvenuto de Imola, Lombardi, Rivarol, Mountennot,
Aztaud, de Montor y otros. Esas notas explican puntos en
disciplinas tan complejas como teolog ía, astronom ía, mate-
máticas, música, retórica, gramática italiana, física, botánica,
filosof ía y otras más, porque de todo eso hay en ese océano
de sabiduría que es La Divina Comedia.
Así pues, busqué la nota (29) y encontré esto:
Desiderabunt mori, at mors fugiet ob eis (Apoc. Cap. IX;
6).
Me trasladé entonces al Apocalipsis y all í, en el cap ítulo
y versículo señalado leí así:
6- Y en aquellos días buscarán los hombres la muerte, y
no la hallarán; y desearán morir, y la muerte huirá de
ellos.
Estuve meditando un poco y luego me pregunté; ¿Qué
relación existe entre lo que escribe Dante y lo que se lee en
el apocalipsis? La Revelación de San Juan, en todo el capí-
tulo IX y en especial en el versículo citado, se refiere a la
muerte buscada, y que le será negada, por todos lo que, según
este Vate, se encuentren vivos cuando se aproxime o llegue el
fin del mundo debido a los muchos tormentos y sufrimientos
178
que recibirán los que no tengan "la señal de Dios en la fren-
te". Pero esos hombres estarán vivos entonces, serán los que.
durante su vida han pecado contra Dios. De manera -pensé
que esos no pueden esperar una segunda muerte puesto que
aún estarán vivos para aquel horrible tiempo. Dante, por el
contrario, se refiere a los que ya están muertos, a los morado-
res del infierno.
Veamos lo que dice Proclo, (1) citado por Madame Bla-
vatsky en el Tomo 11 de Isis sin Velo (lb id}, pág. 148:
"Despues de la muerte sigue el espíritu residiendo en el
cuerpo aéreo (cuerpo astral) hasta que la desintegración se
libra de él en una segunda muerte análoga a la del cuerpo
físico. Por eso dijeron los antiguos que el espíritu está
siempre unido a un cuerpo celeste, inmortal y luminoso co-
mo las estrellas".
De acuerdo con todo esto cabe inferir dos cosas: nque
los eruditos comentadores de La Comedia no habían sido
ocultistas, o 2) que si lo fueron, se vieron obligados a guardar
sigilo ya fuera debido a juramento de no dar explicación
veraz acerca de estas cosas o también, quizás, temerosos del
poder del clero, los unos, y los otros por miedo o pusilanimi
dad de hacer el rid ículo ante los ignorantes -en lo referente a
temas ocultistas- colegas que de seguro se hubiesen burlado
y mofado de ellos. De manera que todos estos sabios remiten
al lector al versículo del Apocalipsis comentado y en esa forma
sacan el cuerpo al asunto, miran para otro lado y se lavan las
manos en lo que a explicar lo de la segunda muerte se refiere.
El cómo, por qué, cuándo y dónde de la segunda muerte
no es de la incumbencia de estas cartas y ya sabrás todo acer-
ca de esto, Fabricio, cuando te encuentre en el peldaño ade-
cuado. Pero por aquello de que "para muestra basta un bo-
tón", ahora tendrás una idea clara de la preparación esotéri-
ca de este inmortal poeta italiano ya que, quien habla de la
segunda muerte y de muchos otros sujetos técnicamente
ocultistas, con la oportunidad que lo hace Dante, no puede
ser un "cándido ignorante en materia de esoterismo".
779
Recordé por otra parte, que por asuntos de menos impor-
tancia de los que Dante dice alegórica y simból ícamente en su
libro que comentamos, se llevaba a la hoguera a los llamados
"herejes" en aquellos tiempos, como entre otros miles, a
Savonarola y a Bruno uno y dos siglos, respectivamente, aun
después de Dante.
No obstante lo que encontré por mí mismo, en mi investi-
gación topé con una biografía del florentino escrita por Ga-
briel Rozzeti, un importante y erudito crítico italiano del si-
glo XIX quien se había dedicado a estudiar la obra de Dante
desde el punto de vista esotérico y quien afirmaoa rotunda-
mente en su libro que "el gran poeta florentino hab ía sido un
iniciado, miembro de una sociedad secreta de su tiempo".
Así pues me sentí más que satisfecho, pues un distinguido
crítico confirmaba mis descubrimientos y observaciones. Con
esto, dos de los "cuatro grandes" nab Ian pasado "mi prueba"
con un rotundo: positivo.
Goethe hab ía sido masón.
Enfilé pues hacia Goethe. Indagar acerca del asunto en
lo tocante al alemán fue totalmente fácil . El llamado "úl-
timo de los hombres universales" vivió una época y en un
país más tolerante. Fue un conocido ocultista público. Miem-
bro de la logia masónica Amalia de Wimer; "escribió varios
versos con temas e inspiración masónica y aún es famoso su
poema. escrito en homenaje al aniversario de su logia en
1825". También perteneció a la Saples Donabitur Astris,
"sociedad de alquimistas, quienes con medicamentos alqu í-
micos, salvaron la vida de Goethe cuando los médicos co-
rrientes habían renunciado a curarle". * Además, las huellas
del esoterismo están muy claras y pueden seguirse fácilmente
en Fausto su obra literaria cumbre. Como para que no nuoie-
ra duda entre los "sabios" la misma rancia y prestigiosa Uni-
versidad de Oxford publicó un libro titulado Goethe, el AI-
quimista"* *
(*) Jacques Bergier, los librosConden¡¡dO!i Pag.a8.PlazayJanés.Barcelona.1976.
(**) Ibíd.
780
Parece que el abuelo materno de Goethe, quien afirmaba
tener poderes paranormales y quien -tarnbién se preciaba de
ser un consumado ocultista, lo inició en tales prácticas ya que
éste último ejerció gran influencia en los primeros años de
la vida del genio alemán.
Cervantes y la intolqrancia religiosa en España
Quedaba pues Cervantes. Y aquí fue Troya. Leí varias
de sus biografías e indagué en sus "obras completas" bus-
cando la pista que me llevara al propósito buscado. Nada en
concreto. Sólo dos débiles sospechas. La primera: que
Cervantes había sido discípulo de López de Hoyos, quien
a su vez, había sido alumno de Erasmo de Rotterdam y,
éste último, había sostenido estrecha amistad con conocidos
esoteristas de su tiempo y se estaba casi seguro que hab ía
sido él mismo un Rosacruz. La segunda. me pareció encon-
trar algún indicio, por cierto muy velado y difuso, en la carta
que Cervantes había escrito, desde su cautividad en Argel,
a su amigo Mateo Vásquez.
Claro, en las biografías leídas me enteré ampliamente de
que Cervantes había viajado mucho por Italia en una época
en que los alquimistas, los rosacruces y los esoteristas de toda
laya a granel abundaban, a pesar de las despiadadas persecu-
ciones de que eran objeto aquellos hombres, mártires de la
investigación y el saber humano, de parte del clero católico
y su Inquisición.
Entonces volví a mis soliloquios. Cervantes había sido un
innovador de la literatura de su tiempo -me dije-o, tanto,
que se le considera el creador de la novela moderna y el in-
troductor del diálogo en dicho género; Cervantes había sido,
además, un rebelde contra las costumbres de su tiempo; un
hombre de avanzada, un pionero, un intelectual inquieto y
curioso; por tanto, bien pudo en Italia, haber logrado contac-
to secreto con alguno de aquellos hombres. En aquel pa ís
pudo muy bien haber conocido, leído y tal vez estudiado,
obras de Pico de la Minindola, de Nicolás Flamel, del Abate
Trithemius, del entonces ya famoso Paracelso, o de cualquier
181
otro de los tantos ocultistas y filósofos del fuego que a la
sazón hab ían escrito acerca del tema, dado el conocido y
casi frenético entusiasmo del Manco por la lectura. ¿Se con-
cibe que un intelectual de la talla de Cervantes, reacio a las
injusticias y privilegios del clero y la nobleza, no sintiera
curiosidad de saber por qué se prohibían las enseñanzas
esotéricas? ¿Se conformaría el entonces inconforme futuro
héroe de Lepanto con las explicaciones y argumentos del cle-
ro? ¿No se inclinaría mejor el espíritu inquieto y osado del
joven español por oír las dos campanas y formarse así juicio
imparcial o personal? También, segu í diciéndome- Cervan-
tes pudo haber encontrado, en el cautiverio de Argel, algún
prisionero entendido en ocultismo y tiempo le sobraba all í (2)
para conocer y aprender tales cosas. Además, entre los árabes
de aquel tiempo estaba muy expandida la secta de los sufistas
quienes hao ían heredado la sabidur ía oculta de los egipcios
y quienes hab ían llevado a Europa la alquimia, y en aquel
pueblo extraño, Cervantes pudo trabar amistad con alqún
miembro de esta cofradía que le aleccionara en sus conoci-
mientos. En Espaiía--agregué-- pudo haber leído algunas de
las obras que se pudieran haber salvado de la tan conocida
"quema de libros" que se había hecho de las escritas por el
Marqués de Villena, el esoterista español del siglo XV. En fin
todas esas y muchas otras conjeturas me hice. Pero sólo
eran eso. conjeturas. No pod ía encontrar en ninguna parte
pruebas definitivas y concretas de que Cervantes hubiera sido
ocultista. .
No obstante lo negativo de mis investigaciones me resistía
a creer que el Manco fuera un profano en esoterismo. Rebel-
de a la falta de pruebas segu í pensando: "es que en la búsque-
da de datos para su libro, Cervantes debió de conocer la au-
téntica nistoria que se escond ía detrás de los Caballeras de
Malta y de Rodas. Debió haber encontrado los motivos
ocultos que indujeron a los Caballeros Templarios a "ofre-
cerse" como custodios de caminos en tiempos de las cruza-
das; el importante papel representado por aquellos hombres
en la conservación de los conocimientos esotéricos y en el
782
primer intento de implantar el sistema capitalista en el mun-
do con la creación de las encomiendas y que ellos, con ahinco
y tesón, lucharon por introducir; pero que debido a la inma-
durez de los tiempos, lo exiguo del conocimiento y en gene-
ral, al oscurantismo reinante, no fue posible hasta que los maso-
nes, hijos directos de los templarios en occidente, lograron el
éxito del sistema, cinco siglos después. Cervantes debió cono-
cer -agregué- el escandaloso juicio que Felipe IV, el Hermo-
so, Rey de Francia y el Papa Clemente V urdieron contra Ja-
cabo de Molav, Gran Maestre del Temple y sus capitanes y
tenientes a los que, para despojar de los tesoros templarios, se
les acusó de nere] ía. Encontrados culpables, se les condenó
a la hoguera en un juicio que todavía hoy provoca asco al
conocerse debidamente los detalles. El Manco debió conocer
el secreto del Bafomet (3) de los Templarios y de los símbo-
los esotéricos encerrados en él, debió oír mencionar o leer
acerca del lenguaje secreto de los Trovadores en tiempos de la
caballería andante (4). Cervantes debió encontrar todos esos
deta lIes no en los textos que se mencionan a propósito de
la quema de libros de caballería que el cura y el barbero de
la aldea de Don Alonso Quijano iniciaron, con la intención de
liberar al hidalgo de su hechizo maligno, sino precisarnente en
los que no se mencionan all í y que el Manco debió haber
escudriñado. Cervantes, asimismo, debió conocer la veracidad
que se escondía en la leyenda del Rey Arturo, mentor y dína-
mo de los auténticos Caballeros Andantes y de su Mesa Re-
donda, así como el valor esotérico de aquel mueble y la ge-
nuina finalidad de la andante caballería".
Esos y muchos otros eran mis pensamientos a medida que
avanzaba en la relectura de las aventuras del Ingenioso Hi-
dalgo y de lo negativo concerniente a las investigaciones
que efectuaba en busca de mi propósito. Cuando, al con-
tinuar releyendo, llegué al capítulo de la vela de las armas
-el 111 de la 1ra. Parte- empecé a sospecnar. Luego en el ca-
pítulo L, también del Primer Tomo, la duda empezó a di-
siparse. Aquel capítulo es totalmente iniciático, o al menos,
la historia que refiere el de la Triste Figura tocante al Caballe-
183
ro del Lago es, indiscutiblemente, de ese género y por cierto,
algo parecida a la que nos da Apuleyo al referirse al mismo
asunto.
En este capítulo de la primera parte, según lo que cree y
entiende al Canónigo que conversa con el Manchego y que
Cervantes, muy hábilmente, lo usa para tipificar al lector que
sin darse cuenta cae en la trampa tendida por el Manco, el
representante del clero, dije y repito, deduce que don Quijote
está divagando en su locura. Además, aqu í no participa Quijo.
te directamente en la aventura, sino que se la endilga al lla-
mado Caballero del Lago. Pero si se compara este capítulo
con los de la Cueva de Montesinos, se verá que es otra ver-
sión del mismo tema con diferentes escenarios y diferentes
protagonistas como luego apreciaremos. Aqu í, en este
capitulo L en referencia, la descripción de una iniciación
esotérica está más o menos clara y para quien conoce el tema,
al leerlo no cabe duda de lo que se trata. Me di pues también
por satisfecho en In aue a mi búsqueda concernía ya que en-
tendí que si Cervantes no había sido ocultista, por lo menos
como cultura general, conocía el tema.
Seguí releyendo El Quijote y fue entonces que sucedió lo
Que, en carta anterior, te referí acerca de mi experiencia con
los capítulos de la Cueva de Montesinos.
Opinión de J. L. Alborg y los grandes literatos de
España.
Después de todo esto, un amigo, Profesor de Literatura
en la Universidad de Santo Domingo y conocedor de las ave-
riguaciones en que yo estaba enfrascado, me dijo que hab ía
:10jeado en la Universidad de Puerto Rico, de donde recien-
temente había regresado, una Historia de la Literatura Es-
pañola escrita por Juan Luis Alborg··y que en el/a le pareció
haber visto algo referente al supuesto esoterismo en El Qui-
jote. Apunté los datos queme dio el profesor amigo yacudi-
(*) Editorial Gredos.Madrid. España.
184
tlresuroso a la librería donde acostumbraba a proveer mi al-
forjar. Al! í se me contestó que no ten ían dicha obra,
pero que si en verdad me interesaba, pod ían ped írmela
directamente a España. Cerré el trato. Cada semana me pre-
sentaba al librero con ansiedad de adicto a los estupefacien-
tes y con el clásico éno ha llegado aún? en los labios, nasta
que por fin, después de tres meses puede tener en mis manos
la obra mencionada.
En el tomo 11, págs. 186 y 187 encontré lo siguiente:
(no incluyo las citas por sólo indicar éstas las procedencias y
editoriales de las obras).
"En alemán, a mediados del siglo XVII, el suizo Bodmer
encarece el poder de caracterizaciónde Cervantes en el
Quijote, y poco después comienza en Alemania el gran
movimiento de admiración y de estudio de la novela; el
romanticismo alemán inaugura la interpretación filosó-
fica y simbólica del Quijote, fijando los conceptos que
hasta ayer mismo han sido la base de toda investigación
y comentario; "Federico Schlegel -resume Schürr-fue
el descubridor de un Quijote romántico y de un Cervan-
tes artista consciente y creador original, equiparable a
Shakespeare y Goethe en la doctrina romántica. De A.
W. V. Schlegel procede la interpretación simbólica de la
pareja antitética, Don Quijote y Sancho, como encarna-
ción de la poesía y prosa de la vida. De Schelling, la de
una antinomia entre ideal y realidad, o también espíri-
tu y materia, alma y cuerpo, sueño y vida; interpreta-
ción que determinará la crítica posterior. De tal manera,
el Quijote alcanzó la significación de un poema que
simboliza el destino del hombre en este mundo. Como
realización simbólica de la eterna lucha del espíritu hu-
mano que aspira a lo infinito y se encuentra atada a lo
finito, la gran novela de Cervantes fue considerada por
Jean Paul y los otros románticos como modelo de la
obra romántica, su protagonista como ejemplo del hom-
bre romántico en este mundo y su autor como corifeo
del Romanticismo y representante de la iron ía románti-
185
ca. "No hay escritor alemán (dice Farinelli en sus ensa-
yos, 1925) desde Gerstenberg, Lessing, Wieland y Her-
der, desde Goethe y Jean Paul Richter, Gottfried Keller
y Paul Heyse, que no deba parte de su educación litera-
ria y de sus impresiones más vivas al autor del Quijote".
A todos estos nombres mencionados por Farinelli y
Schürr habría que añadir el de Enrique Heine, descubri-
dor y ensalzador del valor sentimental del Quijote, tan
acorde con su generación; para prolongar una edición
alemana del Quijote en 1837 Heine expuso, en unas pá-
ginas de gran interés para la historia literaria, la impre-
sión que la novela cervantina le había producido en diver-
sos momentos de su vida: emocionado sentimiento, pe-
simismo desconsolado, para acabar advirtiendo la pro-
funda intención satírica y humorista del libro.
La gran novela del siglo XIX que alcanza su plenitud con
el triunfo del realismo en toda Europa, se nutre esencial-
mente de la novela de Cervantes, y no existe novelista de
importancia en ningún país que sea ajeno a su influen-
cia: Manzoni, Dickens, Stendhal, Flaubert, nuestro Gal-
dós, los rusos Gogol, Turguiénief, Dostoiewsky, Tols-
tov, En Rusia, donde el Quijote hab ía sido traducido
por vez primera en 1769, la huella de la novela es espe-
cialmente profunda, y Turguiénief le dedicó un exce-
lente ensayo, Hamlet y Don Quijote, en que recoge gran
parte de las ideas aún vigentes.
Es de advertir que todas aquellas interpretaciones más o
menos filosóficas que se hicieron del Quijote fuera de
España, tuvieron escasa repercusión en nuestro pafs,
donde, en su mayoría, fueron apenas conocidas. Bajo
su influjo aparecieron, sin embargo, algunos escritos que
trataron de encontrar en el Quijote esotéricas significa-
ciones, por lo común de muy escasa consistencia. Deben
mencionarse entre ellos los debidos a Nicolás Díaz de
Benjumea (Comentarlos filosóficos del Quijote,1859; La
Verdad sobre el Quijote, 1878), Emilio Pi y Molist (Pri-
mores del Quijote, 1886), Baldomero Villegas (Estudio
786
tropológico del Quijote, 1897), Antonio María Rivero
(Memorias maravillosas de Cervantes, 1916), etc.
Por fortuna, a la par de estas caprichosas lucubraciones,
concienzudos investigadores hicieron avanzar a lo largo
del siglo XIX el estudio erudito del texto de Cervantes V
sobre todo la biografía del escritor. Esta, después del
leve esbozo realizado por Mavans V Siscar en el siglo
XVIII, hab ía conocido las primeras aportaciones impor-
tantes, a fines del mismo siglo, gracias a Vicente de los
Ríos V a Juan Antonio Pellicer, V había llegado a un
punto de madurez en la obra de Martín Fernández de
Navarrete. Nuevos datos se fueron documentando gra-
cias' a los trabajos de Jerónimo Morán, Aureliano Fer-
nández Guerra, Cavetano Alberto de la Barrera, José
María Asensio, Cristóbal Pérez Pastor, Ramón León
Máinez, y luego, más recientemente, por el gran cervan-
tista don Francisco Rodríguez Marín; Narciso Alonso
Cortés V Luis Astrana Marín, quien, si no tantos como
asegura, ha añadido conocimientos positivos a la biogra-
fía de Cervantes.
La tarea interpretativa, en el plano filosófico o doctri-
nal, se limita entre nosotros durante las últimas décadas
del pasado siglo V los primeros años del presente a reac-
cionar contra los excesos de Benjumea V sus secuaces.
Don Juan Valera negó al Quijote toda trascendencia
ideológica después de proclamar sus inimitables valores
como creación humana V literaria, opinión compartida
por Menéndez V Pelavo , José María Asensio V otros mu-
chos. Todavía Ganivet sosten ía este parecer, V dentro va
de nuestro siglo lo han defendido Ramiro de Maeztu
("Ieamos las líneas V no las entrelíneas"), Azorín, cuan-
do afirma que nada perjudica tanto al Quijote como se-
guir laborando sobre el misticismo cervantista, V Rodrí-
guez Marín siempre más atento a los problemas de inter-
pretación textual que a los posibles contenidos filosófl-
cos de la novela".
Con esto, Fabricio, quedé desilusionado, peru no asom-
187
brado. Desilusionado por la exigua y precaria información
que en un libro de casi mil páginas, había encontrado acerca
del tema que tanto me interesaba; no asombrado porque
-con permiso ahora del Hamlet- "algo huele a podrido en
España" en materia de esoterismo. Conocía y conozco lo ex-
tremadamente fanáticos, intolerantes y apasionados que son
los españoles con su religión católica (cosa que Cervantes sa-
bía mejor que yo) y me dije que el autor de ésta,en verdad.
notabil ísima Historia de la Literatura Española, hombre, sin
duda alguna, de enjundiosa erudición y extremado buen sen-
tido crítico y selectivo, a lo mejor era uno de aquellos católi-
cos recalcitrantes que ven al diablo hasta en la sopa y quien
no quiso dar más espacio al tema que tanto me apasionaba.
Preguntarás ahora: ¿y después de la opinión de todos esos
reconocidos y admirados eruditos todavía te atreves a decir
que El Quijote es una obra parcialmente ocultista? zTú. un
desconocido aficionado a las letras? Mi respuesta es sí, aun
con todas esas opiniones tan autorizadas afirmo que Cervan-
tes fue ocultista y que parte del Quijote refleja su doctrina
e idiolog ía filosófico-m ística.
En primer lugar, con toda la erudición de lVIenéndez y Pe-
layo, José María Asencio, Juan Valera, Angel Ganivet, Rami-
ro de Maeztu, Rodríguez Marín, Juan Luis Alborg, etc.. al fin
y al cabo ellos sólo fueron y son hombres, no dioses. Reco-
nozco que estos nombrados están entre el grupo de "vacas sa-
gradas" de las letras castellanas, pero, repito, sólo fueron hom-
bres. Y como hombres, sujetos a las equivocaciones y
aberraciones mentales tan propias de los humanos, sonre todo
si tratan y se refieren a un tema que ignoran. Hasta donde
yo sé ninguno de aquellos eminentes y eruditos hombres de
letra fue ocultista. De suerte que en tal tema no pueden ser
autoridad, de la misma manera que no puede hablar con au-
toridad en qu ímica, o astronomía, o metalurgia, quien sólo
conozca de esas ciencias los rudimentos más elementales.
Los doctores equivocados
Pero, -insistirás ahora- ltodos los títulos universitarios
188
de esos grandes erftleos, no los avalan para opinar en esto?
Otra equivocación Fabricio. ¿Acaso no fueron doctores, y de
Salamanca nada menos, los que negaron veracidad a los pla-
nes de Cristóbal Colón acerca de la redondez de la tierra?
(Dicho sea de paso, Colón adquirió su convicción y los datos
para su erneresa de fuentes esotéricas). ¿Acaso no fueron
doctores los que negaron lasteor ías de Copérnico VGalileo re-
ferente al sistema hellocéntricor ¿Acaso no fueron doctores
los que recomendaron enviar a un manicomio a Jacques Da-
guerre' el inventor del daguerrotipo y colaborador la invp.n-
cron de la fotografía, cuando le decía a su esposa que "quería
colsar su imagen en la pared"? ¿Acaso no fueron doctores del
Instituto de Francia los que negaron la ca ída de un meteorito
en Gascuña, a comienzos del siglo XIX diciendo: "es lamen-
table pensar que en nuestra época ilustrada existan todavía
aente lo bastante supersticiosas como para creer en la ca ída
de piedras procedentes del cielo". Uno de ellos exclamó con
arrogancia: "del cielo no pueden caer piedras porque sencilla-
mente no hay pledras en el cielo"* ¿Acaso no eran doctores
en ciencias al servicio de Naporeon los sabios que arrojaron a
pentapiés a Roberto Fulton Cuando éste fue a ofrecer la na-
vegación a vapor al Emperador y unos años más tarde el Cor-
so iba prisionero hacia Santa Elena en un buque acciona'tlo
por máquina de vapor? ¿Acaso. no era médico graduado en La
Sorbona el Profesor Peter quien neqaba la verdad de los mi-
crobios '/ de la que estaba seguro Louis Pasteur? ¿Acaso no
era físico graduado de una universidad el británico P. G. Tait
quien dijo al oír hablar del teléfono: "Es una patraña, pues
semejante invento no existe"** ¿Acaso no eran miembros de
la Academia de Ciencias de París los que en la Feria de aque-
lla ciudad en 1878, al presentarse el fonócrafo Edison acusa-
ron a su introductor, Bovillard, de ser ventrílocuco y lo seña
laron a él y a Edison como unos impostores?*** ¿Acaso no era
(*) Andew Tomas Lo" de la Atlantida, Pág. 219, Plaza & Janés, 1976.
(n) Ibid; Pág. 238
(***Hbíd, Pág. 231
189
titulado universitario p.1 astrónomo norteemericano Simón
Newcorrtb quien demostró matemáticamente en un pizarrón
que era imposible volar sobre máquinas más pesadas que el
aire?" Todavía en 1957, el doctor Richard Van der Riet
Wooley, antiguo astrónomo real "que el viaje cós-
mico era una completa paparruchada".**
Ahora bien, no vayas a creer que me burlo o desprecio o
tengo irrespeto por los sabios mencionados arriba, o por las
grandes figuras de las letras castellanas a las que también me
he referido. i Líbreme Dios de ello! Opino que todos ellos, es
decir, los literatos que nos ocupan, sufrieron de lo que Julius
Evola llama "el compleo jo literario".
Complejo literario
El profesor de la Sorbona Charles A. Aibrum, director,
además, del lnstitut d'Etudes Hispaniques de París dice:
i ooa onra puede recibir, uno, dos, tres o cuatro signifi-
cados:
1.- "Literal", es el argumento
2.- "Moral" o "social" es el asunto
3.- "Alegórico" que hoy diríamos psicológico
4.- "Analógico" o espritual
'Véase Guía de Nuevos Temas de Literatura Española,
Homero Seris, Págs. 196, 197, 198. Artes Gráficas SolerS.
A. Javea 28, Valencia: España, 1973).
A la luz de esta enseñanza del reputado profesor de La
Sorbona, las palabras de Ramiro de Maeztu, concernientes al
Quijote: "Leamos las líneas y no las entrelíneas" y citadas
por Alborg, vienen a ser algo así como una ocurrencia inim-
til. y no fue que I\flaeztu o ninguno de los otros eruditos
raran lo que dice el Profesor Aibrum, sencillamente fue que
todos ellos sufrieron del "complejo literario".
,*) _Ibíd, Pág. 237
lB) Ibíd, Pág. 239
Julius Evola define así el "complejo literario";'
"Se trata de la actitud de quien, en la saga y en la leyen
da, se niega a ver más que una producción f;:mtástica y
poética, individual o colectiva, pero.ien todo caso, sen-
cillamente humana, ignorando, por tanto, lo que en ella
puede tener un superior valor simbólico y que no puede
acompañar a una creación arbitraria. En cambio, precisa-
mente ese elemento simbólico, a su modo objetivo y su-
perindividual, en las sagas, en las leyendas, en los mitos,
en los cantos de gesta y en las epopeyas del mundo tra-
dicional constituye el elemento esencial. .."
Másadelante;
" ... Así también, en los casos en que lo que es composi-
ción poética o quimera espontánea parece estar, y mate-
rialmente lo está, en primer plano, un elemento semejan-
te no tiene en menor medida el valor de contingente re-
vestimiento y de vehículo de expresión, al que sólo pue-
de concederse la consideración más superficial. Incluso
se puede admitir' que algunos autores hayan tratado so-
lamente de "hacer arte" consiguiéndolo hasta el punto
de que sus producciones actúan en contra de quienes co-
nocen y admiten únicamente el punto de vista estético.
Sin embargo, ello no obsta Que "Fl su "hacer sólo arte".
tanto más por cuanto han obedecido a la espontaneidad,
o sea a un proceso imaginativo incontrolado, hayan con-
servado, o transmitido, o hecho intervenir un contenido,
que el ojo experto sabrá siempre reconocer y del cual al-
gunos autores serían, quizás, los primeros en asombrar-
se, si acaso se les hubiese indicado claramente.
(Las negritas hechas por mí)
De acuerdo con este criterio del oran autor italiano, los
eruditos y críticos españoles mencionados bien ten ían -y
(*) El Misterio del Grlel , Págs. 11 y 12. Plaza & Janés. Primera Edición.
191
vaya que sí- el ojo experto para todo géneroen materia lite-
raria. No así, sin embargo, para el género esotérico, discipli-
na en la cual no estaban especializados. I;n. cambio. los hu-
mildes escritores que tan despectivamentetrata Alborg (Díez
de Benjumea, Emilio Pi y Molist, Baldomero Villegas, etc.),
sí ten ían el ojo experto en materia de ocultismo porque ellos
habían sido esoteristas. Esto úítimo lo pude constatar cuan-
do en la ciudad de New York pude leer. en la American Aca-
demy and Institute of Arts and Letters of The Hispanic 50-
ciety of America, algunos de los libros mencionados por AI-
borg. Debo confesar que, en efecto, como dice Alborg, en-
contré algunos excesos en los mismos. Ello, no obstante, no
significa que dichos autores estuvieron equivocadosdel todo.
Ya te escribiré mi opinión acerca de los libros de los autores
mencionados cuando haya terminado de leerlos todos.
Si a Don Miguel de Unamuno, el gran Don Miguel, sin du-
da una de lasprimeras glorias de las letras castellanas, aunque
arrogante como una Prima Donna, se le aplaude y se le permi-
te decir acerca del Quijote:
"¿Qué me importa lo que Cervantes quiso o no quiso
poner allí y lo que realmente puso? Lo vivo es lo q..e yo
all í descubro, pusiéralo o no Cervantes, lo que yo all í
pongo, y sobrepongo y sotopongo, y lo que ponemos to-
dos..."
¿Es qué los humildes escritores sin nombre, quizás sólo
sin nombre porque se ocuparon de un tema tabú para los uni-
versitarios -muchas veces, estos últimos, equivocados según
hemos visto- no pueden entrar en el grupo de los que señala
Unamuno cuando dice "y lo que ponemos todos"?
Quien, a través de biografías, hechosy anécdotasde la vi-
da de Cervantes conozca el temperamento del Manco, su in-
quietud intelectual y espiritual, su valor y arrojo personal así
como su desmedida osadía, no podrá ni siquiera imaginar que
Cervantes se sentó a escribir sus obras sólo "por amor al ar-
te". Iln hombre del fuste y de la estatura moral de Cervantes
192
tuvo necesariamente que reflejar todas sus inquietudes an ími-
caso sobre todo sociales y espirituales, en su producción litera-
ria, siendo la literatura, como ha sido siempre, un medio tan
apropiado para desparramar y desahogar presiones internas de
toda índole.
Siguiendo con lo del "complejo literário", todavía más
adelante, en la pág. dice Evola:
"Así. a menudo sucede que precisamente el lado más
quimérico y estrambótico, menos evidente o menos co-
herente, menos susceptible de tener valor estético o his-
tórico (o filosófico, agregaría yo) y por consiguiente ge-
neralmente descartado, es el que brinda el mejor camino
para captar el elemento central que proporciona al con-
junto de composiciones del género su verdadero sentido
y a veces su superior significado ..."Donde he hablado
más clara y abiertamente de nuestra ciencia, all í lo he
hecho de forma más ininteligible y all í la he oculta-
do"*, mientras ya el emprerador Juliano hab ía escrito:
"Lo que en los mitos se presenta como inverosímil es
precisamente aquello que nos abre el camino a la verdad.
Efectivamente, cuando más paradójico y extraordinario
es un enigma, tanto más parece advertirnos para no con-
fiar en la palabra desnuda, sino a padecer en torno a la
verdad oculta"?"
Todo esto sobre el primer prejuicio (el literario) que de-
be superarse, prejuicio que con frecuencia afecta a la
consideración de los textos poeticolegendarios medieva-
les y que, por ejemplo, se manifestó particularmente
enérgico frente a la literatura de los llamados "Fieles del
Amor", donde a causa de la preponderancia del elemen-
to artístico y poético de cobertura, a muchos autores les
ha parecido inconoclasta toda tentativa de exégesis ex-
(*) Geber. Summa perfeetionis magisterii (en "Mangeti". Bibli. Chemica Curio-
sa. Genevea. 1702) IX. x Pág. 557.
(U) Emp-Juliano. Confr. EraeJ. 217 C.
193
traliteraria, o sea de comprension víel "misterio", del
cual tal literatura "poética" ha sido portadora en mu-
chos casos..."
Esta cita, interpolando lo que entre paréntesis he puesto
yo, refleja lo que te he querido decir acerca del caso de las
grandes figuras de las letras castellanas que se han referido o
criticado al Quijote y negado su valor trascendental filosófi-
co-esotérico.
No es que no pueda yo producir, de mi propia cosecha el
mismo sentido pero con mis propias palabras, lo dicho por
Evola; es que como se me llama "desconocido aficionado a las
letras", he querido recurrir a una autoridad en la materia, cu-
yo criterio comparto en lo que al "complejo literario" se re-
fiere.
Afirmo que son tantas las "investigaciones eruditas"
-como llama Alborg- en las cuales al interés por lo absoluta-
mente objetivo, por lo puramente literario, por la rígida y pe-
trificada medida de la semántica, por lo filológico, por lo poé-
tico, por lo artístico, estético y estil ístico, por lo comparati-
vo, por la persecusión del dato preciso, por la búsqueda de
fuentes certeras de hechos cronólogicos avalados por el escue-
to documento así como por otras tantas influencias que los
sabios de hoy han dado en llamar "método científico", que
los criticas, eruditos e investigadores han olvidado,en muchos
casos -especialmente en El Quijote- que talo cual autor fue
hombre de carne y hueso y como tal, propenso a todas las vi-
cisitudes biológicas, psíquicas y metapsíquicas común al total
de todos los humanos ya las influencias de todo tipo del me-
dio ambiente de su época.
Es cierto Que en español se han hecho mi les de estudios
de todas clases referentes al Quijote, pero muy pocos enfocan-
do lo que el Prof. Aibrum llama analógico o espiritual.
Los que se les olvidaron a Alborg
Lo que si no deja de llamar la atención, Fabricio, es que
un hombre de la estatura intelectual, crítica y analítica de AI-
194
borg-porque en verdad que sí la tiene-, haya olvidado en su
lista de panegiristas del Quijote ~ u e también han opinado
acerca del esoterismo del libro de Cervantes-, a personalida-
des tan destacadas en la historia de las letras castellanas como
José Cadalso, Américo Castro y José Ortega y Gasset.iY no
se diga ahora que estos tres han sido ningunos papanatas en el
quehacer literario! El trío ha dejado bien marcadas sus huellas
en el paraninfo del parnaso español. Es más, el mismo Alborg
considera la crítica de Américo Castro como la más enjundio-
sa y mejor facturada de todas las que se han hecho del Quijo-
te.
José Cadalso, ya desde fines del siglo XVIII, en sus famo-
sas Cartas Marruecas se hab ía referido al Quijote en esta for-
ma:
"En esta nacion (España) hay un libro muy aplaudido
por todos los demás. Le he leido y me ha gustado, sin
duda; pero no dexa de mortificarme la sospecha de que
el sentido literal es uno y el verdadero es otro muy dife-
rente. Ninguna obra necesita más que ésta del Dicciona-
rio de Nuño. Lo que se lee es una serie de extravagancias
de un loco, que cree que hay gigantes, encantadores etc.;
algunas sentencias en boca de un necio y muchas escenas
de la vida bien criticadas; pero lo que hay debaxo de
esta apariencia es, en mi concepto, un conjunto de mate-
rias profundas e importantes"*
En nuestro siglo, primero Ortega y Gasset en su Medita-
ción del Quijote y luego Américo Castro en su Pensamiento
de Cervantes, descubren y denuncian la falta de sinceridad de
Cervantes cuando, en El Quijote, trata o habla de materia re-
ligiosa. Américo Castro dice a este respecto:
"Cervantes es un hábil hipócrita' y ha de ser leído e in-
(*) Citado por Juan A. Monroy en La Biblia en el Quijote Páq, 68
terpretado con suma reserva en asuntos que afectan a la
religión y a la moral oficiales...*
Ni Cadalso ni Ortega ni Castro tienen nada que e r l l / i d i ~ r l e s
a esos otros mencionados por Alborg como críticos literarios.
En cuando a filosofía, creo que Ortega supera a muchos
-por no decir a todos- de los nombrados por Alborg. Enton-
ces: ¿Por qué calla Alborg lo que tan bien sabe? ¿Por qué se
olvida de opiniones tan autorizadas?
la opinión de un auténtico sabio
la siguiente cita viene a complementar lo dicho por Evo-
la acerca del "complejo literario" y te demostrará que no
siempre basta la erudición académica -aunque si necesaria-
para entender a cabalidad las grandes obras de la literatura
universal., Dicha cita proviene de Las Moradas Filnsofales de
Fulcanellf quien, a mi humilde entender, es uno de los pocos
y auténticos sabios del Siglo XX. Dice él:
A propósito de esta ciencia, se impone una observa-
ción, y la creemos tanto más fundada cuanto que el es-
tudiante no prevenido asimila de buen grado la cábala
hermética con el sistema de interpretación alegórica que
los jud íos pretenden haber recibido por tradición, y
que denominan cábala. En realidad, nada existe en co-
mún entre ambos términos aparte su pronunciación. La
cábala hebraica no se ocupa más que de la Biblia, así que
se ve estrictamente limitada a la exégesis y a la herme-
néutica sagradas. La cábala hermética se aplica a los li-
bros, textos y documentos de las ciencias esotéricas de
la Antigüedad, de la Edad Media y de los tiempos mo-
dernos. Mientras que la cábala hebraica no es más que
un procedimiento basado en la descomposición y la ex-
plicación de cada palabra o de cada letra, la cábala her-
196
mética, por el contrario, es una verdadera lengua. Y co-
mo la gran mayoría de los tratados didácticos de cien-
cias antiguas están redactados en cábala, o bien utilizan
esta lengua en sus pasajes esenciales, y como el mismo
gran Arte, según la propia confesión de Artefio, es ente-
ramente cabalístico, el lector nada puede (;ifP1dI" de é' si
no posee al menos los primeros elementos del idioma se-
creto. En la cábala hebraica, tres sentidos pueden descu-
brirse en cada palabra sagrada, de donde se deducen tres
interpretaciones o cábalas distintas. La primera, llamada
Guematria, incluye el análisis del valor numérico o arit-
mético de las letras que componen el vocablo. La segun-
da, conocida por Notarikon, establece el significado de
cada letra considerada por separado. La tercera o Temu-
rá (es decir cambio, permutación) emplea ciertas traspo-
siciones de letras. Este último sistema, que parece haber
sido el más antiguo, data de la época en que florecía la
escuela de Alejandría. y fue creada por algunos filósofos
jud íos deseosos de acomodar las especulaciones de las fi-
losofías griega y oriental con el texto de los libros san-
tos. No nos sorprendería lo más mínimo que la paterni-
dad de este método pudiera atribuirse al jud ío Filón, cu-
ya reputación fue grande en los comienzos de nuestra
Era, porque él es el primer filósofo que se cita que inten-
tó indentificar una religión verdadera con la filosofía.
Se sabe que trató de conciliar los escritos de Platón y los
textos hebreos, interpretando éstos alegóricamente, lo
que concuerda perfectamente con la meta perseguida
por la cábala hebraica. Sea como fuere, según los traba-
jos de autores muy serios, no cabr ía asignar al sitema [u-
d ío una fecha muy anterior a la Era cristiana, retroce-
diendo incluso el punto de partida de esta interpretación
hasta la versión griega de los Setenta (238 antes de J. C.).
Pues bien, la cábala hermética era empleada mucho
tiempo antes de esta época por los pitagóricos y los dis-
cípulos de Tales de Mileto (640-560), fundador de la
escuela jonia: Anaximandro, Ferecides de Siros, Anaxí-
menes de Mileto, Heráclito de Efeso, Anaxágoras de Cla-
zomene, etc.; en una palabra, por torios los filósofos y
los sabios griegos, como lo testimonia el papiro de Lei-
den.
Lo que generalmente también se ignora es que la
cábala contiene y conserva lo esencial de la lengua
materna de ros pelasoos, lengua deformada, pero no
destruida, en el griego primitivo; lengua madre de los
idiomas occidentales, y particularmente del francés,
cuyo origen pelásgico se evidencia de manera indiscuti-
ble; lengua admirable que basta conocer un poco para
hallar con facilidad, en los diversos dialectos europeos, su
sentido real desviado por el tiempo y las migraciones de
los pueblos de lenguaje original.
A la inversa de la cábala jud ía, creada por entero a
fin de velar, sin duda alguna, lo que el texto sagrado te-
nía de demasiado claro, la cábala hermética es una pre-
ciosa llave que permite a quien la posee abrir las puertas
de los santuarios, de esos libros cerrados que son las
obras de ciencia tradicional, de extraer su esp íritl1 y de
captar su significado secreto. Conocida por Jesús y sus
Apóstoles (desdichadamente, deb ía provocar la primera
negación de San Pedro), la cábala era empleada en la
Edad Media por los filósofos, los sabios, los literatos y
los diplomáticos. Caballeros de orden y caballeros erran-
tes, trovadores, troveros y menestrales, estudiantes viaje-
ros de la famosa escuela de magia de Salamanca, a los
que llamamos Venusbergs porque decían proceder de la
moataña de Venus, discutían entre ellos en la lengua de
los dioses, llamada también gaya ciencia o gay saber,
nuestra cábala hermética". Lleva, por supuesto, el nom-
bre y el espíritu de la caballería, cuyo verdadero carác-
Estos estudiantes viajeros llevaban alrededor del cuello, en señal de reco-
nocimiento y afiliación una cinta amarilla de lana o de seda tejida, como dan
fe el Líber Vagabundorum, aparecido hacia 1510, atribuido a Thomas Mur:
ner o a Sebastfan Brant , y el Schimpf und Ernst, fechado en 1519.
ter nos han revelado las obras místicas de Dante. El latín
caballus y el griego mChi,,):r¡:; significan caballo de carga.
Pues bien, nuestra cábala sostiene realmente un peso
considerable, la carga de los conocimientos antiguos y de
la caballería medieval, pesado bagaje de verdades esotéri-
cas transmitidas por ella a través de las edades. Era iéJ
lengua secreta de los caballeros. Iniciados e intelectuales
de la Antigüedad poseían todos el conocimiento. Lo'>
unos y los otros, a fin de acceder a la plen itud del saber
cabalgaban metafóricamente la yegua (cavaie}. veh írulc
espiritual cuya imagen típica es el Pegaso alado de los
poetas helénicos. Sólo él facilitaba a los elegidos e! acce
so a las regiones desconocidas, y les ofree ia la posibili-
dad de verlo y comprenderlo todo a través del espacio y
el tiempo, el éter y la luz ... Pegaso, en griE';'1J
torna su nombre de la palabra 7TT¡Y1/, fuente. porque se-
gún se dice, hizo brotar de una coz la fuente de r1 ipocre-
ne, mas la verdad es de otro orden. Por el hecho de que
la cábala proporciona la causa, da el princi pio y revela la
causa de las ciencias, su jerogl ífico animal ha recibido el
nombre especial y caracter ístico que lleva. Conocer la
cábala es hab lar la lengua de Pegaso, la lengua del caba-
llo, cuyo valor efectivo y potencia esotérica indica ex-
presamente Swift en uno de sus Viajes alegóricos.
Lengua misteriosa de los filósofos y discípulos de Her-
mes, la cábala domina toda la didáctica de la Ars magna,
del modo que el simbolismo abarca toda su iconografía.
Arte y literatura ofrecen así a la ciencia oculta el apoyo
de sus propios recursos y de sus facultades de expresión
De hecho, y pese a su carácter particular y su técnica
distinta, la cábala y el simbolismo toman vías diferentes
para llegar a la misma meta y para confundirse en la mis-
ma enseñanza. Son las dos columnas maestras levantadas
sobre las piedras angulares de los cimientos filosóficos,
que soportan el frontón alqu ímico del templo de la sabi-
duría.
Todos los idiomas pueden dar asilo al sentido tradicional
de las palabras cabal ísticas porque la cábala, desprovista
199
de textura y de sintaxis, se adapta con facilidad a cual-
quier lengua sin alterar su personalidad peculiar. Aporta
a los dialectos constituidos la sustancia de su pensamien-
to, con el significado original de los nombres y de las
cualidades. De suerte que una lengua cualquiera es siem-
pre susceptible de ser transportada, de incorporarla, etc.
y, en consecuencia, de convertirse en cabal ística por la
doble acepción que toma de este modo.
Aparte su papel alqu ímico puro, la cábala ha servido de
intercambio en la elaboración de muchas obras maestras
literarias que muchos diletantes saben apreciar sin sospe-
char, no obstante, qué tesoros disimulan bajo la gracia,
el encanto o la nobleza del estilo. Y es porque sus auto-
res -ya llevaran el nombre de Homero, Virgilio, Ovidio,
Platón, Dante o Goethe- fueron todos grandes inicia-
dos. Escribieron sus inmortales obras no tanto para dejar
imperecederos monumentos del genio humano a la pos-
teridad, como para instruir a éste acerca de los sublimes
conocimientos de los que eran depositarios, y que de-
bían transmitirse en su integridad. Así es como debemos
juzgar, fuera de los maestros ya citados, a los artesanos
maravillosos de los poemas de caballería, cantares de
gesta, etc. pertenecientes al ciclo de la Tabla Redonda y
del Graal; las obras de Francois Rabelais y las de Cyrano
Berqerac: el Quijote de Miguel de Cervantes: los Viajes
de Gulliver de Swift; el Sueño de Polifilo de Francesco
Colonna; los Cuentos de mi Madre'la Oca de Perrault:
los Cantares del Rey de Navarra de Teobaldo de Cham-
paña; el Diablo Predicador, curiosa obra española cuyo
autor desconocemos, y una gran cantidad de otros libros
que no por ser menos célebres les son inferiores en inte-
rés yen ciencia ..."
y no se trata en esto de un cuento peregrino que se trae
Fulcanelli. Dejame traerte ahora, Fabricio, la opinión de un
profano. Se trata del abogado y escritor francés Jacques Huy-
200
nen, quien en su libro El Enigma de las Vrgenes Negras*
dice (Pág. 41 ):
"El hecho de que, según los especialistas diqnos de crédi-
to, personajes de la envergadura de un Pitágoras, un Aris-
tóteles, un San Bernardo, un San Vicente de Paúl, un Pas-
cal o un Newton, entre otros muchos grandes dirigentes
y sabios de la Historia del mundo occidental, hayan sido
unos auténticos iniciados, debe inducirnos sin el menor
género de dudas a considerar el problema de una manera
más atenta. Estos hombres, que en modo alguno pueden
ser sospechosos de brujería, charlatanismo o necedad,
nos incitan a tratar de descifrar aunque no fuera más
que una pequeña parte de lo que contiene ese universo
de conocimientos que se dice paralelo al nuestro.
Evidentemente, la tarea no es demasiado fácil, por cuan-
to el ocultismo con que se rodearon desafía desde hace
siglos los esfuerzos de comprensión más denodados.
Yo no soy un especialista del hermetismo. Remito al lec-
tor a las obras especializadas en las que, junto al fárrago
de estudios poco realistas publicados sobre estas cuestio-
nes encontrará, sobre todo entre los trabajadores recien-
tes, estudios claros y de una gran seriedad."
Agrega el autor en la página siguiente:
"EI ocultismo es una actitud; el esoterismo, un lenguaje,
y la iniciación, un método de conocimiento.
El ocultismo es expresamente deseado y cuidadosamen-
te mantenido por todos los iniciados en cualquier lugar
en que se hallen y en cualquier época a la que pertenez-
can. Sin embargo, no nos equivoquemos al respecto y no
confundamos voluntad de ocultismo y voluntad de se-
creto. Con ocasión de los grandes bombardeos de la últi-
ma guerra, las ventanas de las casas eran ocultadas por
sus ocupantes. De este modo el enemigo sobrevolaba
ciudades enteras, sin enterarse siauiera.
(") Plaza & Janés. S. A. Barcelona. España.
201
Por el contrario, el conciudadano, el vecino, el amigo sa-
bía que, detrás de la tela ondulada o el cartón, la luz no
se había debilitado en la casa y que allí encontraría él los
suyos. El que se rodea del secreto no deja huella ni se
ñal; el que se oculta, por contra, multiplica mensajes y
puntos de referencia de modo que ciertas personas, con
exclusión de toda otra, puedan encontrarle fácilmente.
Por tanto, hay huellas, y son visibles.
Estas huellas misteriosas dejadas por el ocultismo cons
tituyen lo que se ha conven ido en llamar el lenguaje
esotérico o hermético; fácil de comprender para quien
posee el código, inextricable batiburrillo para el investi-
gador no enterado que no tarda en perderse en ese déda-
lo enloquecedor de figuras simbólicas, de geometrías cu-
riosas, de anagramas y criptogramas, de faltas hechas ex-
presamente en esos textos, de latín que debe ser leído
en francés, o viceversa ...
La primera tentación de muchos es, descorazonados, no
continuar. Semejante abandono no es muy grave cuan-
do, como sin duda ocurre en nuestra época, los iniciados
constituyen un mundo muy marginal, que practica una
ciencia paralela y tiene aparentemente (aunque de ello
nada se sabe) muy poco peso en el desarrollo de la histo-
ria y la civilización. Sin embargo, esta actitud es nefasta
para el historiador que se halla en presencia de una época
antigua en la que, como en la Edad Media, la Iniciación
era el fundamento de todos los fenómenos importantes,
donde el lenguaje esotérico ocultaba en realidad la cien-
cia, la literatura, la cultura, la civilización...
Es preciso, pues, proseguir y lograr pacientemente pe-
queñas y modestas victorias en el desciframiento. Auto-
res cada vez más numerosos se aplican a ello en estos úl-
timos años, y las puertas que así se abren permiten, ya
que no ver claramente, al menos sospechar extrañas y
maravillosas revelaciones. La catedral de Chartres, como
sin duda los demás monumentos góticos, guardaba cierta
relación con las grandes pirámides y el templo de Salo-
202
món, así como con las notaciones de la música gregoria-
na... La chanson de Roland, Les récits de la table Ron-
de o le Roman de la Rose son textos en clave, del mismo
modo que el gigante rabelaisiano Gargantua, bajo la capa
de borrachera, es un personaje fundamental. ..
Lo importante, a mi juicio, no es tanto traducir a la per-
fección todos los signos y los símbolos del lenguaje esoté-
rico, sino saber que existen y descubrirlos al! í donde se
encuentran. Ahora bien, lo que facilita la tarea es que,
en cualquier civilización o en cualquier siglo de que se
trate, los iniciados o quienes deseaban llegar a serlo em-
plearon siempre, exceptuando algunos matices, las mis-
mas representaciones.
Siendo conocidas algunas de éstas, conviene que, cada
vez que uno las encuentre, esté muy atento, pues podría
hacer un descubrimiento. No se debe a la casualidad que
las esculturas de las fuentes bautismales de la iglesia de
Mauriac en el Cantal se encuentren al lado de una Virgen
Negra, ni que cerca del santuario del Puy-en Velay se
levante una torre octogonal de los Templarios... Tam-
poco es por casualidad que unos ancianos del Apocalip-
sis sean portadores del matraz alqu ímico en el gran por-
tal de la Gloria de Compostela, mientras que las leyen-
das de la villa de Aurillac, patria del extraordinario Ger-
bert, el futuro Papa Silvestre 11, cuentan que este último
recogía oro en el río con ayuda de pieles de carneros...
Para darse cuenta de todo esto, no es preciso en absolu-
to ser un ilustre experto en descifrar escrituras cabal ísti-
caso Basta con mantener los ojos bien abiertos.
Pero, en definitiva, ¿qué es lo que ese ocultismo y ese
lenguaje hermético pod ían, pues, ocultar que fuera tan
importante? ¿Quiénes eran esos iniciados? ¿Qué obra
persegu ían y por qué?
En esto nos vemos reducidos a conjeturas, pero hay dos
cosas que desde el principio sorprenden.
Ha habido un gran número de iniciados, a veces muy
poderosos, desde la más remota Antiguedad yen los luga-
203
res más alejados: la civilización caldea, el Egipto faraóni-
co, toda una tradición helenística, los rabinos judíos,
los monjes budistas, nuestros druidas galos, sectas mu-
sulmanas como los Asesinos, las minorías religiosas de
la Edad Media clásica... Ahora bien, a pesar de las
enormes diferencias en cuanto a civilización y medio
cultural que surgen a primera vista, a pesar de las dife-
rencias educativas y religiosas, en la misma época en que
confl ictosa veces sangrientos enfrentaban a esas civiIiza-
ciones o a esas religiones, todo parece suceder como si,
detrás de los mismos símbolos herméticos, se prosiguie-
ra la misma búsqueda con los mismos fines, las mismas
victorias, los mismos hallazgos, las mismas preocupacio-
'les frente al exterior...
Además, parecen abrise distintas vías para desembocar
en el anhelado resultado: la vía filosófica y moral, la
vía mística, la vía científica como la de los alquimistas.
Una vez más, a pesar de las grandes diferencias aparentes
entre un gran santo místico en éxtasis y un alquimista
en su laboratorio estudiando la reflexión de la luz con
vistas a la realización de un vitral catedralicio, hallamos
de nuevo el mismo objeto, la misma connivencia, el mis-
mo lenguaje, la misma fraternidad oculta, como si entre
todos hubiera en el tiempo y el espacio un hilo de Ariad-
na, una especie de transmisión milenaria de los mismos
secretos, que el hundimiento de los mundos, las guerras
o las catástrofes naturales no pueden destruir.
la segunda comprobación inicial es que, para todos,
cualesquiera que sean los medios y las técnicas, el único
objetivo válido, el fin último, parece ser realmente
el acceso y el conocimiento más perfecto posible de
Dios mismo, de un Dios que estaría por encima de los
matices existentes entre las religiones, sin que por ello
estas religiones sean rechazadas como tales, ni mucho
menos.
El pitagórico que hace malabarismos con los números
según los acordes y las armon ías misteriosos y "mági-
cos" solamente encuentra accesorios los descubrimien-
tos matemáticos revolucionarios que pueda hacer. Para
él los números que maneja son sagrados, pues Dios hizo
el Universo "en peso, número y medida", y es, por tanto,
a Dios a quien él busca, operando a través de los núme-
ros su propia mutación de El. .."
Una auténtica iniciada, Madame Blavatsky, en la Pág. 56
jel Tomo V (Ibíd) de La Doctrina Secreta, acerca del mismo
tema señala esto:
EL SIGILO DE LOS INICIADOS
No es extraño que se interpreten erróneamente muchas
parábolas y dichos de Jesús. Desde Orfeo, el primer
adepto que la historia vislumbra tenuemente entre las
nieblas de la era precristiana, pasando por Pitágoras,
Confucio, Buddha, Jesús, Apolonio de Tiana y Amonio
Saccas, ningún Maestro dejó nada escrito. Todos y cada
uno de ellos recomendaron silencio y sigilo sobre ciertos
hechos y acontecimientos. Confucio no quiso explicar
pública y satisfactoriamente lo que entend ía por su
"Gran Extremo", ni tampoco dar la clave para la adivi-
nación por medio de "pajas". Jesús encargó a sus discí-
.pulos que a nadie dijesen que era el Cristo*, el "hombre
de las angustias" y pruebas, anteriores a su última y su-
prema iniciación, V asimismo les ordenó que no divulga-
sen que hubiese producido un "milagro" de resurrec-
ción**. El sigilo entre los apóstoles llegaba al extremo
de que "Ia mano izquierda no supiese lo que hacía la de-
recha" o sea, en términos más claros, que los peligrosos
magos negros, enemigos terribles de los adeptos, de la
mano derecha, especialmente antes de su iniciación su-
(**) Marcos, V. 43.
prema, no se aprovecharan de la publicidad, para dañar
conjuntamente al sanador y al paciente. Por si esto pa-
reciesen simples presunciones, desentrañemos el signifi-
cado de las siguientes palabras terribles:
"A vosotros es dado conocer el misterio del reino de Dios;
mas a los que están fuera, todo se les trata por parábo-
las. Para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oi-
gan y no entiendan: no sea que alguna vez se conviertan
y les sean perdonados los pecados."*
Si estas palabras no se interpretaran en e"1 sentido de la
ley de sigilo y de karma, evidenciarían aparentemente un
esp íritu ego ísta y falto de caridad. Dichas palabras se re-
lacionan directamente con el terrible dogma de la pre-
destinación, é Consentirfa un docto y buen cristiano en
arrojar sobre su Salvador tan cruel estigma de egoís-
mo?**
La tarea de propagar la verdad por medio de parábolas
fue encomendada a los discípulos de los grandes inicia-
dos, con el deber de acomodarse a la clave de las ense-
ñanzas secretas, sin revelar sus misterios. As í lo demues-
tra la historia de todos los grandes adeptos. Pitágoras
clasificó a sus alumnos en oyentes, exotéricos y esotéri-
cos. Los magos aprendían y se iniciaban, en las más re-
cónditas cavernas de Bactriana. Al decir Josefo que
Abraham enseñó matemáticas, significa con ello que en-
señó "magia", pues en la escuela pitagórica se daba el
nombre de matemáticas a las ciencias esotéricas, o sea la
gnosis.
(*) Marsos, IV.II y 12
(**) Las palabras "no sea que alguna vez se conviertan y les sean perdonados los
pecados" no significan que Jesús temiera que por el arrepentimiento pudie-
sen escapar a la condenación los de fuera, según se desprende de la letra
muerta, sino cosa muy distinta, es decir, "no sea que algún profano compren-
da las enseñanza encubiertas bajo parábolas" y por ello se haga capaz de "en-
tender los misterios de la iniciación y aun de recibir poderesocultos". "Con-
vertirse" quiere decir obtener el conocimiento peculiar de los iniciados, y
206
El profesor Wilder hace notar que:
"Parecidas distinciones hacían los esenios de Judea vel
Carmelo, dividiendo a sus prosélitos en neófitos, herma-
nos y perfectos... Amonio obligaba con juramento a
sus discípulos, para que no comunicaran sus doctrinas
sino a los ya instruidos por completo y dispuestos (a la
iniciación)*".
Una de las más poderosas razones de la necesidad de ri-
gurosos sigi lo, nos la da Jesús mismo, si hemos de dar
crédito al evangelista Mateo. Porque he aqu í lo que se
hace decir al Maestro:
"No deis lo santo a los perros ni echéis vuestras perlas de-
lante de los puercos; no sea que las huellen' con sus pies
y revolviéndose contra vosotros os despedacen*"
Sentencia de profunda verdad y sabiduría. En nuestra
época, y aun entre nosotros las recordaron muchos, a ve-
ces cuando ya era demasiado tarde *** •
El mismo Maimónides recomienda el sigilo respecto del
verdadero significado de los t e x t ~ s b fblicos. lo cual reba-
te la común afirmación de que la "Sagrada Escritura" es
el único libro del mundo cuyos divinos oráculos conten-
gan verdad clara sin reservas. Esto puede que sea así para
los cabalistas eruditos; pero es precisamente lo contra-
rio, para los cristianos. Porque he aqu í lo que dice el
sabio filósofo hebreo:
"Quienquiera que descubra el verdadero significado del
"que les sean perdonados los pecados" significa que sus pecados recaerían
sobre el imprudente revelador que, a quien no lo mereciese, ayudara a cose-
char lo que no sembró. dándole con ello med ios de substraerse en este rnun-
do a su condigno karma que, de tal modo, reaccionaría contra el divulgaaor
cuya indiscreción produciría mal en vez de bien.
(*) New Platonism and Alchemy, 1869, págs. 7 y 9.
(**) Mateo, VII, 6.
(***)La historia nos ofrece numerosas pruebas de esto. Si Anaxágoras no hubiera
divulgado la gran verdad enseñada en los Misterios, de que el Sol era más
grande que el Peloponeso, no le persiguieran con intento de matarlo, las fa-
nática turbas. Si aquella otra gentuza levantada contra Pitágoras hubiese
comprendido lo que 'el filósofo quería dar a entender al decir que se acorda-
ba de haber sido el "Hijo de Mercurio" (dios de la Sabiduría Secreta), no se
hubiera visto obligado el filósofo de Crotona a huir para salvarse. Tampoco
207
Génesis, cuide de no divulgarlo. Así nos lo recomenda-
ron insistentemente todos nuestros sabios, en particu-
lar respecto de los seis días de la creación. Si alguien des-
cubriese por sí mismo, o con ayuda de otro, el verdade-
ro significado de los seis días, guarde sigilo, y si acaso
habla, hágalo de tan oscura y enigmática manera como
yo, dejando lo demás para que lo conjeturen quienes
puedan comprenderlo".
Si de esta manera confiesa el gran filósofo hebreo el sim-
bolismo esotérico del Antiguo Testamento, natural es
que los Padres de la Iglesia confiesen otro tanto acerca
del Nuevo Testamento y de la Biblia en general. Así ve-
mos que Clemente de Alejandría y Orígenes lo recono-
cen expl ícitamente. Clemente de Alejandría, que hab ía
sido iniciado en los misterios eleusinos, con conocimi-
miento de causa, dice:
"Las doctrinas all í enseñadas canten ían en si el objeto
de toda instrucción conforme a Moisés y los profetas,"
cuya ligera tergiversación se le puede dispensar al buen
padre. Después de todo, se deduce de lo transcrito que
los misterios judaicos eran idénticos a los de los paganos
griegos, que los tomaron de los egipcios, y éstos a su vez
de los caldeas, quienes los aprendieron de los arios, éstos
de los atlantes y así antecedentemente mucho antes de
los tiempos de aquella raza. Clemente de Alejandría
Sócrates hub iera sido condenado a muerte, si guardara secretas las revelacio-
nes de su divino Daimón. Sabía él q.ue las gentes de su tiempo (excepto los
iniciados) no eran capaoes de comprender sus enseñanzas acerca de la Luna,
y así las encerró en una alegoría que resulta de mayor valor científico que
muchas hipótesis posteriores. Afirmaba Sócrates que la Luna estaba habita-
da y que los seres lunares vivían en profundos, dilatados y sombríos valles,
pues nuestro satélite carecía de atmósfera fuera de tales profundos valles.
Esta afirmaclón.; aparte del significado que encierra para los pocos. concuer-
da con las de la ciencia, porque de-haber atmósfera en ia Luna, no puede ser
de otra manera que como dijo Sócrates. los hechos registrados en los anales
secretos de los Misterios quedaban sigilosamente ocultos bajo pena de muer-
te.
208
atestigua además el secreto significado del Evangelio,
cuando dice que no a todos se les puede comunicar los
misterios de la fe.
"Pero como quiera que esta tradición no se publica sólo
para quienes perciben la magnificencia de la palabra, es
necesario encubrir bajo un misterio, la sabiduría que en-
señó el Hijo de Dios".*
No menos explícito es Orígenes respecto a la Biblia y a
sus simbólica fábulas. Dice así:
"Si hubiésemos de atenernos a la letra y comprender lo
que está escrito en la ley según lo entienden los jud íos y
el vulgo, me sonrojaría de proclamar en voz afta que
Dios hubiese dado estas leyes; pues fueron mejores y
más razonables las de los hombres".**
Finalmente, déjame volver otra vez al Quijote
Opinión de Baldomero Villegas
Refiriéndome, así a la ligera, a los libros citados por AI-
borg y que leí en The Hispanic Society of Arnerica de New
York, en el titulado Estudio Tropológico del Quijote*** de
Baldomero Villegas, en el prólogo, el autor cita a don Mar-
tín Fernández de Navarrete con estas palabras:
" ... caus? admiración que Cervantes no pudiera desper-
tar la atención de sus contemporáneos..." y sigue di-
ciendo Villegas: " ... esto, aunque sorprenda a muchos,
es absolutamente cierto en cuanto a los doctores, por-
que se dio el caso de que Calderón y Lope de Vega y
etros escritores que vivieron en su tiempo, tuvieron his-
toriadores y panegeristas, pero Cervantes, menosprecia-
(*) Stromateis, Vol. 1, XII, 388,
(**) Hornilias, 7, citado en The Source of Measures, 306-7,
(***) Imprenta El Correo de Burgos, Lain-Calvo 35, Burgos, 1897.
209
do por los poderosos, a pesar de su luminoso talento, y
de su valor en Lepanto, y de sus distinguidos servicios en
Argel, inicuamente procesado por la Inquisición, por de-
nuncias del fraile domínico que se llamó Blanco y Paz;
excomulgado sin razón por el clero de Ecija; vejado en
Valladolid por equivocaciones del juez; insultado por
otro fraile dominico que se encubrió con el seudónimo
de Avellaneda, y atropellado siempre, no sólo vivió ne-
cesitado y murió oscura y miserablemente, sino que fue
objeto de groseras diatribas en vida y en muerte; no sólo
no fue alabado como se merecía, sino que fue escarneci-
do por los escritores de su tiempo.
Lo prueban aquellos versos con que le zaher ían:
Pues nunca de la Biblia digo le
no sési eres Cervantes, co ni eu
solo digo que es Lope, Apolo, y tú
frisón de su carroza y puerco en pie.
Para que no escribiese orden fue
del cielo que mancases en Corfú,
hablaste buey, pero dijiste mu
lohl mala quijotada que te de
y estos otros:
Ese tu Don Quijote balad í
de cu... en cu... por el mundo irá,
vendiendo especies y azafrán rumí
pues aunque estos versos no están autorizados por nin-
guna firma, estan cierto que reflejan el sentido de la crí-
tica de aquel tiempo que D. Esteban Manuel de Villegas,
comparaba a Cervantes con un mozo de mu la; y del exi-
mio Lope de Vega, superior a todos sus contemporáneos
y admiración de nuestros tiempos, son estos versos:
Don Quijote de la Mancha
270
(Perdone Dios a Cervantes)
Fue de los extravagantes...
así como también estas palabras: "De poetas, no digo;
muchos en cierne para el año que viene, pero ninguno
hay tan malo como Cervantes, ni tan necio que alaba
Don Quijote"
Sigue diciendo el autor del Estudio Tropológico del Qui-
jote:
"Así se pensaba, así se era, así se maltrataba al hombre,
y seofendia al libro más notable que ha producido nues-
tra patria, según vienen reconociendo los sabios en el
curso de tres siglos. iTal es el vergonzoso espectáculo
que hemos dado los españoles al mundo!. .. pues fue
necesario el generoso entusiasmo de los extranjeros (el
noble Barón de Cartenet y la reina Catalina de Inglate-
rra) para que seglorificase a Cervantes 122 años después
de su muerte.
Ahora bien écómo puede explicarse razonablemente,
que un hombre y un libro universalmente reconocido,
como honra de España y del ingenio humano, hayan si-
do menospreciado por los eximios escritores de aque-
lla edad? ¿Cómo pudo pasar inadvertido de los grandes
escritores del Siglo de Oro de nuestra literatura, el libro
más extraordinario, la joya literaria más preciada del
mundo? No pudieron ser los celos porque le sobrevivie-
ron la mayor parte y los más eminentes de aquellos, v la
hora de la muerte ha sido siempre la de lasalabanzas. Y
aunque se pudiera explicar, por el estado especial de las
ideas y de las enseñanzas, que no percibieron los litera-
tos y pensadores, el sentido tropológico del Quijote, no
se puede admitir que desconocieran su mérito literario.
Masentonces épor qué no le han alabado ni aún bajo ese
punto de vista?
i Es que entonces como ahora y corno siempre, los hom-
211
bres que no se acomodan y pliegan a las condiciones del
medio ambiente donde viven, no pueden gozar de sus
beneficios! ¡Es, y no puede ser otra cosa, que los hom-
bres eximios que gozaban la sociedad en medio de aque-
llos desórdenes, vieron en este libro, una sublime obra
de arte, donde por medio de una habilid ísimo ingenio,
se enlazaban, una literatura amena, encantadora, y una
literatura creadora y trascendental que les eran contra-
rias! Es que aquellos insignes vividores, vieron con cla-
ridad que bajo las apariencias de accidentes triviales, y
gracia, y donaire inagotable, que en este libro se contie-
ne, hay hechos y doctrinas unidos a ellos por una cons-
tante solidaridad, donde, por una parte, se daban fór-
mulas redentoras para la sociedad, y por otra se fusti-
gaba sin compasión a los escritores cortesanos de aque-
llos tiempos; y al sentir el fustazo, hicieron en torno al
libro la conspiración del silencio!".
Agrega Villegas, en la Pág. 14:
" ... y como por tratarse de una obra simbólica, en que
sirven de clave la iron ía, la sátira y las metáforas, para
hacerlas alegorías, no han sabido ni podido ellos percibir
el doble sentido de las palabras y el sentido doble de los
giros ..."
De manera, Fabricio, que depués de todas estas citas tene-
mos que llegar a la lamentable conclusión de que para Alborg
no bastó el ojo experto de los extranjeros, los alemanes prin-
cipalmente, que sí encontraron "interpretaciones más o me-
nos filosóficas" y que Alborg reconoce como "apenas cono-
cidas en España". Así, aun con el precedente de que El Quijo-
te fue "descubierto" en el extranjero este escritor se inclina
como los otros grandes nombres de la literatura casteUana
que le precedieron, a considerar como "caprichosas lucubra-
ciones" los enfoques filosófico-esotéricos que se han hecho
del Quijote. Que Cervantes hab ía sido ocultista V que parte
de tu doctrina está contenida en su obra, te lo demostrare en
mi próxima carta. Fabrlcio, amparado en el 9xioma;.;eg.hs
que dice: "si hay un sentido oculto, la clave no está fuera del
texto. sino en el mismo".
Sin embargo, en lo tocante a todos aquellos nombres ilus-
tres de la literatura, a los que reverencio y admiro con sinceri-
dad, y que negaron toda ligación filosófica en El Quijote, ca-
be una leal excusa: sencillamente no est;:¡han en posesión de
las claves, no fueron esoteristas.
Así pues, caro amigo, para volver a nuestro punto de par-
tida, vimos que aquellos cuatro genios de la literatura mun-
dial, las más altas figuras de esa disciplina de la era moderna
al decir de los que mucho saben, tuvieron aleo en común: to-
dos hab ían sido esoteristas. No voy a salirte ahora con una
especie de silogismo de a real, algo así como "fueron genios
porque fueron ocultistas", sino todo lo contrario, para ni í,
fueron ocultistas precisamente porque fueron genios. Yaquí
te dejo este juicio para que medites un poco por tí mismo y
llegues a las conclusiones que quieras.
213
NOTAS
1. "Filósofo de la escuela neoplatónica (410-465). Discípulo de Olimpiadoro
y de Siriano. Figura cimera de la escuela ateniense neoplatónica, fue autor de
un comentario de Piatón acerca del Timeo y se le considera el mayor escolás-
tico del neoplatonisrno," Se le conoce, entre los esoteristas, como uno de los
más destacados ocultistas prácticos y teóricos en los inicios de la era moder-
na.
2. En 1605 Vicente de Paul, lo mismo que Cervante unos 26 años antes, fue
apresado por unos piratas berberiscos cuando realizaba un viaje por mar de
Marsella a Narbona. En Argel fue vendido como esclavo a un viejo alquimis-
ta árabe con quien aprendió el llamado Arte Real y todo indica que pudo
realizar tanto la Pequeña como la Grande Obra. Por medio del producto de la
primera fue capaz de realizar valiosas obras de caridad -fundación de hospi-
tales, orfanatos, asilos para ancianos y galeotes,etc.- Por el desarrollo de sus
cualidades internas, a través de la segunda, su nombre se encuentra hoy vene-
rado entre los santos de la iglesia católica. Información detallada de este caso
se puede ver en Las Moradas filosofales, de Fulcanelli, Págs. 162 a 169; edi-
tado por Plaza y Janés 1974.
3. "Bafomet o Baphomet: el andrógino chivo-cabra de Mendes. (Véase: Doc-
trina Secreta, 1, 123) Según los cabalistas occidentales y especialmente los
franceses, los templarios fueron acusados de adorar a Bapnomet, y Jacques
de Molay, Gran Maestre de los Templarios, con todos sus hermanos masones,
sufrieron la muerte por ello. Pero esotérica y filológicamente, dicha palabra
nunca significó "chivo", ni siquiera cosa alguna tan objetiva como un ídolo.
El término en cuestión significa, según Van Hammer, "bautismo" o inicia-
ción. en la sabiduria, de las voces griegas Befa y metis y de la relación de
Bapnometus con Pan. Von Hammer debe de estar en lo justo. Baphomet era
un símbolo hermético-cabalístico, pero toda la historia, tal como la inven-
tó el clero, es falsa." (Glosario Teosófico, Págs. 78-79. Ibíd).
4. En la obra de Gerard de Sede, El Tesoro Cátaro (Plaza y Janés, Barcelona,
España, 1976) se encuentra una amplia y jugosa informaci6n acerca del "len-
guaje de los diplomáticos", de "la lengua de Pegaso", del "Gav Saber" o del
"lenguaje de los pájaros" en la tercera parte del libro que el autor titular Tro-
bar Clus.
5. La verdadera personalidad física de Fulcanelli es desconocida. Sin embargo.
en las dos únicas obras que de él se conocen, El Misterio de las Catedrales y
Las Moradas filosofales, se encuentran conocimientos tan extensos en lexi-
215
''MI contoparecerá insensato a quienno tenga doble entendimiento".
Alegre, Tovero del País de Oc,
(Sildo XIII)
"... pues aunque las enseñanzas de los filósofos antiguos en lo concer-
niente a las cosas materiales fuesen públicas y esténsujetas a lacrítico,
sus doctrinas sobre las cosas espirituales fueron profundamente esotérl-
'.X1s, y movidas por el juramento de mantener enabsolutosigilo cuanto
se refiriese a las relaciones entre el espíritu y la materia, rivalizaban
unos con otros en ingeniosas trazas para encubrir sus verdaderas opinio-
nes. . ."
Madame Blavatsky:
Tomo l. bis sin Ydo.
"... Nuestros escritos serán entre el públicocomo un cuchillo cuidado-
samenteafilado: que a unos sirve de buril en primorosas tallas y a otros
no les IIOle másque para cortarse los dedos. Sin embargo, no merecemos
vituperio. pues de antemanoadvertimos seriamente a cuanto' intentaren
esta tarea que es la de mayor empeño entre todaslasde filosofía natu-
ral. Aunque escribimos en el nativoidioma, resultará nuestrotratado de
tan difícil comprenstén como si estuviera engriego para algunos que, no
obstante Interpretar pésimamente nuestros conceptos, se figurarán que
nos comprenden muy bien. Porque ¿cómoes posibleque los locosen la
naturaleza sean cuerdos en los libros que de testimoniosirven a lanatu-
raleza? .. "
Eugenio Filaleteo,
"Por esto el DonQuijote entusiasma máshoy que cuandoapareció. En-
tonces sólo veían una obraque poníaen ridículotodo ungénero litera-
rio, que señalaba los defectos de todas aquellas crónicas fabulosas, que
se burlaba de todo aquelIntrincado laberinto de hechosinverosímiles y
sobrenaturales; ahora, desaparecida ya laaficióna aquellas disparatadas
lecturas, quedalaobrahumana, social, pensadora, filosófico y se estudia
el Don Quijote. Se ve que su autorhabíaaprendido todo cuantosabía,
no en los libros, no por haberlo leído, sinopor haberlo visto, por haber-
lo vivido"
Enciclopedia Mundial Dustrada Espasa
217
CARTA VII
Querido Fabricio:
Puede que en la lectura de las cartas anteriores, así como
en ésta y las posibles futuras, encuentres que haya incurrido
yo en repeticiones y redundancias. Tan aparentes descuidos
los he realizado adrede y, a fe, que no los he querido enmen-
dar. Ello así por dos razones principales: la primera porque
me estoy dirigiendo a ti, estudiante de teosof ía y metaps íqui-
ca, y he considerado que todas las repeticiones y redundancias
tienen básica importancia en tus estudios, de manera que he
querido apurar hasta la exageración el recurso del énfasis. La
segunda es que vale la pena exponerse a estas estigmas del mal
escritor, dada la importancia inmensa que atribuyo a estos
nuevos puntos de vista desde donde hay que situarse desde
ahora para interpretar El Quijote y para estimar un nuevo as-
pecto de la cultura y de la personalidad de Cervantes. El tiern-
po y tal vez la crítica dirán lo demás.
Vamos ahora, tú y yo Fabricio. a penetrar en la famosa
Cueva de Montesinos y tratar de desentrañar de all í lo que el
Ingenioso Hidalgo encontró y cuenta de su aventura. Proeza
la cual es considerada por gente de "grandes entendimientos"
como "la más descomunal que vieron los siglos pretéritos ni
verán los futuros".
Iremos copiando pedazos del texto y acerca de los mis-
219
mas explicando, aclarando y serialando donde sea oportuno;
o negando, disintiendo y rectificando donde haya menester
Los recursos qUt; emplea Cervantes en esta aventura
En los capitulas que vamos a tratar, Cervantes echa manos
y enhebra casi todos los recursos literarios conocidos para
despistar y confundir al lector. Empezando por la anfibiolo-
gía, pasa por las alegorías, los símbolos, las metáforas, los tro-
pos y arriba hasta las translaciones, según él mismo nos lo dice,
veladamente corno veremos. Debemos pues, Febricio, ser
muy cuidadosos y celosos del mínimo término empleado
aqu í por el Manco ya que cualquier aparente inocente o inad-
vertido vocablo nos puede conducir hacia el trillo y meta que
buscamos.
Las ilurlas de Cervantes
Con aquella su refinada y sutil ironía que ha caracteriza-
do a Cervantes en éste y en sus otros I1bros, aqu í,en la prime-
ra parte de este capítulo en particular, concurre a burlarse
con velado sarcasmo no ya de la entera sociedad española de
su tiempo, que eso lo ha venido haciendo el Manco a lo largo
de todo el libro, sino que ahora, especfñcamente, se burla él
de los sabihondos, de los averigualotodo, de los escritores de
libracos; esos autores que escriben mucho y dicen menos y de
los eruditos de pacotilla; eruditos estos que según ellos mis-
mos, son muy versados en todas las ciencias, pero en verdad
ignorantes como el mico de Maese Pedro. Después de esa su-
til burla, para mí que estos capítulos de la Cueva de Montesi-
nos parecen un reto. Algo así como si Cervantes dijese: Ita ver
ustedes, eruditos y sabelotodo, desenmarañen y salgan de este
laberinto que les dejo aqu í"
Opinión de Unamuno
Por otra parte, debemos notar aue esta aventura de la
220
cueva es la más llevada y traída en todo El Quijote. Después
que tiene efecto, nos la menciona Cervantes en la aventura
de Maese Pedro y su mono adivino; nos la cuela al final de la
aventura de Clavileño y vuelve a insistir en ella recordándo-
nosla otra vez en la aventura de la cabeza encantada. Parece
como si Cervantes quisiera hacer hincapié en algo especial, o
es como :;i el autor nos quisiera apuntar, señalar algo o decir
alguna cosa que no se atreve a declarar de un todo, o como si
el escritor se hubiera arrepentido de lo escrito, porque llega
hasta insinuar que la tal aventura nunca ha tenido lugar. Con-
cerniente a esta insinuación veámos lo que dice Don Miguel
de Unamuno en su Vida de Don Quijote y Sancho", El rec-
tor de la Universidad de Salamanca puede que no haya cierta-
mente sido ocultista, pero nadie puede negar que era un ex-
cepeional escritor de altos vuelos, de singular originalidad y
talento y de profund ísima y agud ísima intuición. Dice Don
Miguel:
"Yen esto estriba la diferencia entre Don Quijote y San-
cho, y es que Don Quijote vió de veras lo que dijo que
había visto en la Cueva de Montesinos -a pesar de las
maliciosas insinuaciones de Cervantes en contrario-o . ."
(Negritas mías)
Y pregunto ahora, éno sería que esto que Unamuno llama
"maliciosas insinuaciones de Cervantes" era que, como se dice,
el Manco queríase "curar en salud" para el caso en el que la
Inquisición descubriera o adivinara lo que en verdad quiso
decir y dijo en los capítulos que nos ocupan?
El de Lepanto, como quien no quiere la cosa, escribe al
principio del capítulo XXII, y aparentemente reflriéndose a
la industria de Basilio:
"No se pueden ni deben llamar engaños -dijo Don Qui-
jote- lo que ponen la mira en virtuosos fines".
221
Opinión de Madarriaga
Esta oración le llama la atención también a Don Salvador
de Madarriaga, quien en su libro ya citado, pág. 168, anota:
"Por lo pronto, Cervantes pone en boca de Don Quijote,
al iniciar el capítulo en que comienza la aventura (el
(XXII), una extraña declaración de principios que
conviene subrayar. Comentando la estratagema de Basi-
lio, dice el caballero andante: "No sepueden etc.. ."
He aquí la idea que ronda en los soterraños del alma de
Don Quijote cuando se dispone a explorar la cueva.
¿Qué extraño que el caballero que tal pensaba fuese ten-
tando de utilizar la soledad y el silencio de la temerosa
cueva para urdir un engaño que mirase el virtuoso fin de
redorar el blasón de su desdorada caballer ía?
(Negritas nuas.)
De la misma forma debe haber llamado la atención a mu-
chos otros ésta que llama Don Salvador "declaración de prin-
cipios" y de la misma manera cada uno ha debido interpretar-
la a su modo con justa y legal razón.
La polivalencia del Primo
Entiendo e interpreto yo que de estaforma el autor seex-
cusa del embaucamiento de que será víctima el lector despre-
venido en estoscapítulos en clave. Así, en "los soterraños del
alma" del Manco lo que apunta son lassublimes lecciones de
filosofía oculta que se dispone a darnos, valido de la anfibio-
logía y los tropos según veremos. De ahí que "no deben lla-
marse engaños los que ponen la mira en virtuosos fines".
Es entonces cuando Don Quijote pide al "diestro licen-
ciado" (al que había encontrado y con quien establece con-
versación haciendo caminos en la primera parte del capítulo
XIX) que le "diese una guía que le encaminasea la Cuevade
222
Montesinos". El licenciado aludido le promete enviarle "un
primo suyo". Este personaje -el primo, es polivalente. En
efecto, Cervantes lo utiliza como símbolo de erudición hue-
ra y baladí al mismo tiempo que como símbolo de la ciencia
académica o razonamiento discursivo y concreto. Debe re-
cordarse que era "famoso estudiante y muy aficionado a leer
libros de caballería". Tipifica también el primo al vividor in-
telectual cortesano, pues dice el Manco que "era mozo que
sabía hacer libros para imprimir y para dirigirlos a príncipes".
Además dice el texto que el tal primo "vino en una pollina
preñada cuya albarda cubría un gayado tapete o arpillera".
El diccionario Larrouse da dos acepciones al término Polli-
no-ena: Asno joven y Fig. Y fam. persona necia, ignorante.
Al decirnos Cervantes que "vino con una pollina preñada"
nos está señalando el Manco la caterva de ignorantes y necios'
que son los intelectuales palaciegos y todos están incluidos
aqu í con aquello de "cuya albarda cubr ía un gayado tape-
te". Como sabemos esto es una funda de diversos y vivos co-
lores, exactamente como se visten y las gradaciones que los
cortesanos y aduladores suelen tener ante los poderosos. He
aqu í uno de los fustazos de que habla Villegas en la cita seña-
lada en la carta anterior.
Es entre el primo y Don Quijote que tiene lugar aquella
plática en la cual el autor pone en boca del primero lo si-
guiente:
"y esto con sus alegorías, metáforas y translaciones".
La palabra alegorías, si no recuerdo mal, es la primera
vez, o al menos, una de las pocas veces, que es usada por Cer-
vantes en esta obra. Ello me parece significativo porque pre-
cisamente es empleada en los inicios de estos enmarañados
capítulos que trataré de demostrarte que, efectivamente, son
una alegoría. Para mí que Cervantes, con su muy conocida su-
tileza -¿o audacia?- de escritor, nos lo está diciendo él mis-
mo, aunque, claro, con palabras de doble sentido o tropoló-
gicas.
Asimismo, el primo alegoriza también al tercer miembro
o "compañero" que deberá completar la trilogía necesaria en
223
esta especial historia que el Manco presenta en estos capítu-
los, verdad ésta de la que te convencerás cuando te explique
la leyenda del Grado X111 de la masoner ía.
Es también en boca del primo que Cervantes pone este pa-
saje:
"Suplico a vuesa merced, señor don Quijote, que mire
bien y especule con cien ojos lo que hay allá dentro:
quizás habra cosas que las ponga yo en el libro de mis
transformaciones'
Observa, caro amigo, como el de Lepanto prepara el am-
biente o escenario de lo que va a decir más adelante cuando a
través del primo habla de Transformaciones, porque, efectiva-
mente, las cosas que suceden en el plano astral,' donde nos
llevará Cervantes, son puras transformaciones si es que la que-
remos comparar o enfocar desde el punto de vista a que es-
tamos acostumbrados en este mundo tridimensional.
El plano astral es la cuarta dimensión
Conviene recordar ahora, antes de seguir analizando la ba-
jada de don Quijote a la cueva, que el mundo físico, éste en
que desenvolvemos las rutinas del diario vivir, se encuentra
condicionado matemática e inflexiblemente por el esquema
espacial de las tres dimensiones, circunstancia señalada por
Platón en su alegoría de los hombres encadenados en el fondo
de una caverna, de espaldas a la luz y que ya anteriormente
comentamos. De este mismo modo, el mundo astral, adonde
pasa el hombre a evolucionar en el estado post-vmortem
se encuentra regido por el esquema del espacio tetradimencio-
nal en donde, las nociones intuitivas de tiempo y espacio que
aqu í se nos ofrecen disociadas, allá se encuentran constitu idas
en una sola unida dinámica y funcional, de la que nosotros no
podemos dar fe por la carencia de un sentido o facultad que,
captando aquellas vibraciones, las traduzca a nuestra concien-
cia con el sentido de realidad. De esta suerte, es inútil tratar
224
de estas cosas con el hombre del público quien, no sólo no ha
desarrollado aún los sentidos internos que permiten estas cap-
taciones sino que, ni remotamente sospecha que pueden exis-
tir otros mundos en que el espacio no se encuentra sujeto al
esquema tridimensional y el tiempo no se desenvuelve en pa-
sado, presente y futuro en sujeción al mismo esquema. Resul-
ta de esta suerte no solamente engorroso sino del todo inútil

el tratar estos temas con tales personas porque al establecer
nociones de correlatividad, debido a la estructura distinta es-
pacial de los dos mundos, las imágenes, que constituyen nues-
tro recurso esencial para la transmisión del pensamiento, al
ser superpuestas no casan o ajustan porque siempre la noción
de la cuarta dimensión ha de escaparse a la mente no entrena-
da, al desbordar el esquema y noción racional de las cosas que,
siempre, por más que se haga, ha de ser tridimensional.
No obstante todo lo dicho, entiendo que tú, Fabricio, e5-
tudiante de ocultismo, te sales un poco del montón y que ya
habrás comenzado a tratar acerca de estas cosas.
Cosmografía ocultista
Hagamos ahora una pequeña sinopsis para reagrupar nues-
tras ideas. De acuerdo con el texto de cartas anteriores no
existe duda de que en esta aventura de la cueva mientras el
cuerpo físico de Don Quijote permanece en el trance su per-
sonalidad opera en el astral, pero esto no es todo y está muy
lejos de agotar el contenido filosófico de los capítulos XXII
y XXIII. Para poder comprender este contenido con amplitud
y exactitud hay que hacer alguna explicación acerca de lo que
podríamos llamar cosmografía ocultista. He aquí que cuando
hablo de la construción septenaria de la naturaleza lo que quie-
ro decir es que la organización del cosmos está jerarquizada en
siete esferas o planos de vida que yendo de abajo hacia arriba
o, de lo más denso a lo más fluido, se enumeran así: plano
físico, astral, mental, intuicional, espiritual y divino.
Cada uno de estos planos sufre, a su vez, la división en sie-
te subptanos que acá en el físico, yendo siempre de abajo
225
arriba se cuentan de este modo: sólido, líquido, gaseoso, eté-
reo, superetéreo, subatómico y atómico. Ahora, existe el he-
cho ya conocido por los antiguos de que el subplano más
denso del plano astral penetra un poco, tal vez algunos kiló-
metros,dentro del espesor de la corteza terrestre y es lo que
constituye propiamente el llamado infierno según el Dante y
según la escuela cristiana. También se le llama la octava esfe-
ra. Los antiguos egipcios le llamaban el Avitchi; el Maestro
Jesús le llamaba Gehenna, el lugar donde se incineraban ros
residuos y los griegos, quienes lo sab ían todo, ubicaron aqu í
el tenebroso reino de Plutón' y Proserpina adonde, según la
Eneida, fue conducido el hijo de Anquises,' el troyano
Eneas," por la sibila de Curnas," pero de todos modos se trata
de .ma región cuya primera impresión se encuentra caracteri-
zada por una insoportable sensación de calor, de opresión y
de oscuridad de las que hablan todos lo que por alguna razón
han tenido la terrible experiencia de bajar a esas regiones.
El papiro del escriba Ani
Es oportuno traer aqu í lo que el Maestro Leadbeater dice
en su libro El Plano Astral: (Pág. 26, 5ta. Edición, Editorial
Kier, Buenos Aires, Argentina.)
"Hace cuatro mil años describió este lugar el papiro
egipcio del escriba Ani, en los términos siguientes: "¿Qué
lugar es este a donde he venido? No hay agua ni aire. Es
profundamente insondable; negro como la más negra no-
che y los hombres vagan irremediablemente errabundos.
No puede el hombre vivir aqu í con sosegado corazón."
Para el infortunado ser humano que se halla en este pla-
no astral es positiva verdad que "la tierra toda está llena
de tinieblas y crueles moradas". Pero las tinieblas surgen
del interior del individuo, cuya existencia transcurre por
lo mismo en una perpetua noche de horror y maligni-
dad. Es un verdadero infierno, aunque como todos los in-
fiernos, creación mental del propio individuo".
226
Recuerda aquí Fabricio, para evitar confusiones, que no
sólo se le llama específicamente "región inferior" al séptimo
subplano del astral interferido con la corteza terrestre, sino
también de un modo genérico a todo el plano astral en la to-
talidad de los siete subplanos, entendiéndose que todos ellos
se encuentran ocupados por el total conjunto de los humanos
que han sufrido su cambio y que se encuentran all í evolu-
cionando en grados distintos, del mismo modo que acá en
esta parte del mundo a que llamamos tierra; esto aparte de los
habitantes autóctonos del plano que son llamados genérica-
mente "Los elementales del astral".
La intención de Qu ijote
Volviendo al Quijote, que en uno de los aspectos de esta
compleja alegoría, la intención que Cervantes le atribuye al
audaz aventurero es la de descender al propio infierno o sépti-
mo subplano, de aqu f el episodio material de la soga sosteni-
da y arriada por los compañeros; pero el autor, valido de mu-
cho y singular talento, impide que esta intención se realice
discurriendo el episodio intercurrente de la concavidad lateral
en donde el Manchego resuelve descansar y en donde se que-
da dormido dando principio así al aspecto inusitado o ex-
traordinario de la aventura. Esta interrupción del descenso,
diré a medio camino, lo que sugiere es que Cervantes ubica a
Don Quijote no en la región infernal sino en la región purga-
torial o sea en los sexto y quinto subplanos del astral que son
regiones de sufrimientos aunque no tan vivos como los del
séptimo. Se está autorizado a deducir esto porque a pesar de
la amenidad del ambiente y la belleza del paisaje cuando
Montesinos, el Venerable de la Logia Astral, lo conduce al
interior del brillante palacio para darle instrucciones, lo lleva
a un departamento en donde sobre un túmulo se encuentra el
alma sufriente de Durandarte, un oficial de Carlomagno que
perdió la vida en el desfiladero de Roncesvalles y no sólo es
él sino que también aparecen sufrientes y llorosas las almas
de la princesa Belerma y la de una muchedumbre de SLlS da-
227
mas y sirvientas, es decir que aquel alcázar con su deslumbra-
dora apariencia es, esencialmente y entre otras cosas, un lu-
9íir de sufrimiento, una de las tantas estancias del purgatorio
según el simbolismo usado aqu í. .
Un paréntesis es necesario aqu í Fabricio, para comparar
un poco esta parte del Quijote con laComedia de Dante que
nos ayudará a comprender mejor el asunto y quizás te demos-
trará que estamos apuntando hacia la correcta dirección,
El "Gran Viaje" de Dante
Dante, al iniciar su inmortal poema dice en el segundo pá-
rrafo del Canto I del Infierno:
"No sabré decir fijamente como entré all í; tan adorme-
cido estaba cuando abandoné el verdadero camino.. ,"
¿Podemos nosostros, Fabricio, suponer que ésta también
es una alegoría del florentino para señalar el sueño lniciático?
Creo que sí podemos suponerlo y aun afirmarlo, pues más
adelantesique diciendo el llamado Poeta de Dios:
"Con las tuyas has preparado mi corazón de tal suerte, y
'e has comunicado tanto deseo de emprender el gran via-
je, que vuelve a abrigar mi primer propósito, etc. etc..."
Como ya se ha dicho, la frase yran viaje es un término téc-
nico ocultista para designar el viaje astral, muy usado preci-
samente en tiempos de Dante para esconder el significado an-
te las persecuciones del clero.
Aqu í debo señalarte, caro amigo, que en las iniciaciones
masónicas se realiza un gran viaje divido en tres etapas. Co-
piando a Leadbeater en su Vida Oculta en la Masonería (Pág.
228
175)* entenderemos el simbolismo de este viaje de tres eta-
pas; dice allí:
Los tres viajes simbólicos
"Cuando alguien ingresaba en los r'l1isterios Menores, en
Grecia o Egipto se consideraba que la primera y más im-
portante enseñanza que había de recibir era la verdad
acerca de las condiciones después de la muerte, pues te-
nían en cuenta que el hombre puede morir en cualquier
instante y por lo tanto debe poseer dicho conocimiento.
Hoy día proseguimos con esta práctica y los tres via-
jes simbólicos constituyen la parte principal de la ense-
ñanza.
El candidato ha de pasar por tres pórticos o portales,
invisibles a los ojos del cuerpo físico, pero perfectamen-
te reales porque están construidos con el pensamiento.
El primer portal, según ya dijimos, es un emblema
de la muerte o sea el paso desde el mundo físico a la
nueva etapa de vida en el subplano inferior del mundo
astral.
El candidato entra a ciegas en el mundo astral, pero
nota el toque de un amigo que le toma de la mano o del
brazo y lo guía en el camino...
El segundo viaje simbólico es análogo al primero,
con la diferencia de que los ruidos son suaves y no estre-
pitosos...
El tercer viaje simbólico se efectúa en completo si-
lencio que simboliza la parte superior del mundo astral
en contigüidad del celeste..." (Negritas mías).
¿Acaso Don Quijote no realiza un gran viaje al país don-
de los muertos viven?
(*) (lbid)
229
¿Acaso Don Quijote no realiza tres salidas?
Pero es en el canto IV del mismo primer capítulo donde
encontramos la mayor similaridad entre lo que venimos tra-
tando de la Cueva de Montesinos en El Quijote y lo que Dan-
te dice en su Comedia. En ese tema, Dante, siempre guiado
por Virgilio, va camino hacia el infierno -bajando todo el
tiempo hacia la izquierda- pero primero se detienen en el
limbo o anteinfierno o primer círculo y el texto dice enton-
ce:
"interrumpió mi ¡;rofundo sueño un trueno tan fuerte
que me estremecí como hombre a quien seuespierta a la
fuerza... "
y El florentino agrega másadelante:
" ... y sin decir más, penetró y me hizo entrar en el
primer círculo que rodea el abismo. AII í, según pude ad-
vertir, no se oían uueías, sino sólo supiros, que hacían
temblar la eterna bóveda, y que proced ían de la pena siñ-
tormento de una inmensa multitud de hombres, mujeres
y niños. El buen rv1aestro me dijo: --¿No me preguntas
qué espíritus son los que estamos viendo? Quiero, pues,
que sepas, antes deseguiradelante, que éstos no pecaron;
y si contrajeron en su vida algunos méritos, no esbastan-
te..."
Así, Dante, lo mismo que Quijote o Cervantes, que para
el caso viene a ser el mismo, seencuentra antes de bajar al in-
fierno con una multitud en pena sin tormento y Quijote con
una muchedumbre de dolientes.
Todavía en la Comedia, más adelante en el mismo Canto
IV dice Dante:
"Llegamos al pie de un noble castillo, rodeado siete ve-
ces de altas murallas y defenrlido alrededor por un be-
230
110 riachuelo. Pasamos sobre éste como sobre tierra fir-
me; y atravesando siete puertas con aquellos sabios, lle-
gamos a un prado de fresca verdura".
¿Es éste el mismo "real y suntuoso palacio o alcázar cu-
yos muros y paredes parecían de transparente y claro cristal
fabricado" que menciona Quijote en su aventura? ¿Es "pura
casualidad" que estos dos geniales autores mencionen las mis-
mas realidades aunque con distinto lenguaje? Ya tendremos
oportunidad de volver sobre este asunto más adelante Fabri-
cio, Lo que sí te aseguro es que uno de aquellos entendidos,
atacado por el virus del "complejo literario", dirá que "Cer-
vantes estuvo influenciado por Dante cuandc escribió El
Quijote -lo que es posible- * y verá sólo lo literal. Pero no
verá, o no le dará la gana de ver, o acaso no podrá ver, que
tanto el uno como el otro hablan de realidades que conocen
subjetivamente y por tal razón lo que describen sólo difieren
en el estilo y en las palabras, pero no en la misma verdad
esencial.
La ciencia moclerna busca hoy el plano astral
Así pues, aqu í en el lugar donde Cervantes ubica a Quijote
-y sobre todo en el sexto subplano- la vida, dice Leadbea-
ter, "es la misma que la terrestre exceptuando el cuerpo físi-
co y sus necesidades". Se comprende que así sea, pues que és-
ta es exactamente la contra-parte astral del mundo físico.
A propósito de esto último, Fabricio, debo señalarte que
ya la ciencia oficial, esa misma que en los labortorios pesa,
mide y cuenta, está arañando los linderos de los predios del
plano astral de los ocultistas con el afán de explicarlos mate-
_máticamente. Claro, no creo que ellos, conscientemente, bus-
(*) El Profesor William J. Avery de la Universidad de Maryland, en el Volumen
IX de Anales Cervantinos (1961-62) órgano de la Sección Cervantina del
Instituto Miguel de Cervantes. señala, a través de comparaciones, más de seis
u ocho pasajes donde Cervantes parece ser "deudor literario" del poeta flo-
rentino.
237
quen las realidades astrales, pero su teor ía otea en esas direc-
ciones.
En efecto, guiado por el genio científico de Einstein,
(quien, dicho sea de paso, hab ía sido teósofo) en física nu-
clear (otros la llaman física quantum) se conoce ya la teor ía
de la antimateria, lo que se define como "opuesta a la materia
tal como la conocemos". En esta ciencia el pionero es el Dr.
Paul Dirac, científico inglés quien primero señaló la existen-
cia de antipartículas. De acuerdo con esta teoría, y para dar-
te no más un ejemplo a grosso modo, esta ciencia sospecha y
dice que debe haber un doble de todos los objetos físicos en
alguna parte del universo. Así, los pioneros de esta investiga-
ción hablan de un "mundo paralelo". Se afirma que esos
dobles existen en el mundo de la antimateria como si mirá-
ramos la imagen de todas las cosas de nuestro mundo refle-
jadas en un espejo. De manera que si aqu í tuviéramos una flor
en la solapa derecha de la chaqueta, en el mundo de la anti-
materia, la tendríamos en el lado izquierdo. Eso se dijo y se
comprobó en 1932. Pero en 1957 los científicos'chinos Yang
y Lee señalaron los f.Jeutrinos, como parte de la antimateria y
añadieron que, aunque debían considerárseles como físicos,
eran totalmente invisibles pues su masa era cercana al cero.
Pero, y tal como ya te dije antes, la ciencia oficial dice hoy
uña cosa y mañana la rectifica; en los años sesenta los físicos
nucleares Murray Gell-l\1ann y George Zweig propusieron la
teoría de los Quark que vendría a ser tres partículas en las
cuales, a su vez, se subdividen los neutrinos. Los aparatos
electrónicos más sensitivos inventados hasta hoy, ni ninguna
otra prueba física científica moderna han podido detectar los
llamados Quark que solamente existen en la teoría de los físi-
cos nucleares. ¡Pero los científicos creen en ellos! Esto así
porque esta "materia" que la ciencia oficial ahora llama ele-
mental (nota lo exacto de este término científico moderno
con lo que ya el ocultismo había designado a los moradores
del mundo astral) se enmarca dentro de lo que la ciencia deno-
mina Ley de Conservación. Este mundo invisible perseguido
"hoy por la ciencia académica no es más que el mundo astral
de los ocultistas milenarios, Fabricio.
232
~ e r o no vayas a creer que esto es "nuevo". Ya Heráclito
de Efeso, filósofo griego del siglo V a. C. y quien había sido
iniciado en los misterios egipcios y griegos, nos había hablado
de ello en su tratado acerca de los átomos.
De esta suerte, con estas nuevas hipótesis puramente cien-
tíficas, ahora los pedantes, soberbios y engreídos "sabios"
que niegan a priori toda posibilidad al mundo astral de los
esoteristas, tienen que revisar prontamente sus notas y poner-
se al día, antes de burlarse y despreciar a los ocultistas cuan-
do hablamos de estas cosas. Hoy pueden ser ellos quienes ha-
gan el ridículo y quienes carguen con el sambenito de atrasa-
dos, ignorantes o supersticiosos.
¿Dónde se ubica Quiiote?
Pero volvamos al grano. No trato de escribir un texto so-
bre el plano astral y su cosmografía, sino trato de señalar, con
la mayor exactitud que sea posible, el lugar donde está ubica-
do Quijote en esta rara aventura, lugar que en mi opinión es
la región intermedia, es decir, antes del infierno y más acá del
Summer Land o tierra de verano. Este es el lugar donde dice
Leadbeater que, "por la actividad de su mente ponen los des-
encarnados en temporánea existencia casas, escuelas y ciuda-
des que, si fantásticas desde nuestro punto de vista, son para
ellos tan reales como para nosotros las casas, los templos y los
edificios de piedras. Sell ísimos son algunos de los paisajes de
tal modo creados pues contienen encantadores lagos, ingentes
montañas y amenos jardines muy superior a todo cuanto exis-
• te en este mundo". (Ver Leadbeater: "Un libro de texto de
Teosofía", Pág. 96, Editorial Orión).
En un subplano más arriba hubiese encontrado Don Qui-
jote los Campos El íseos que describen los griegos o la Tierra
de Verano que señalan los espiritistas ingleses, -ya antes
mencionada- en donde Fenelón sitúa al príncipe Telémaco
cuando fue por aquellos lugares en busca de su padre y que
veremos luego; más arriba hubiera estado nuestro héroe en
aquel sitio en donde vio Dante a Matilde cantando y cortando
233
flores y, aún más arriba, ya hubiera estado en la frontera mis-
ma del paraíso de Dante.
los habitantes del umbral
Ahora bien, dicen los que saben de estas cosas que a la
parte que separa la región astral y al mundo físico se le llama
umbral, de la misma forma que se le llama as í a la parte con-
trapuesta al dintel en la puerta o entrada de u'1a casa.
Este umbral está guardado y defendido por elementales se-
res que tienen la propiedad de transformarse a voluntad en
figuras grotescas y horripilantes a las que se les l'ama los habi-
tantes del umbraló. Agregan el los, que estas figuras se les pre-
sentan regularmente, con el objeto de amedrentar y de que
desistan de su empeño, a todo aquel que pretenda, furtiva o
subrepticiamente, entrar en este escondido plano de la natu-
raleza. Debo aclararte Fabrico, que como "todo aquel que
prentenda, furtiva o subrepticiamente entrar" se refere aqu¡a
los que por alcoholismo, drogas, yerbas, cactos y hongos al u-
cinógenos, etc. tratan de escapar a las responsabilidades y ex-
periencias del diario vivir, o para decirlo de otro modo, a to-
do aquel que estando aún vivo y por efectos prohibidos o an-
tinaturales, quiera violar o violentar aquel plano de esa otra
dimensión.
Este umbral se alcanza, en los casos de alcoholismo, cuan-
do las víctimas de este nefasto vicio llegan al estado conocido
por la ciencia médica como dp-lirium tremens.
Como un paréntesis, debo señalarte Fabricio, que tam-
bién dicen los entendidos en esto que fue de este umbral de
donde escritores tan calificados como el norteamericano Edgar
AI/an Poe y el ruso Pushkin, el primero alcohólico y adicto al
opio yel segundo alcohólico también, extrajeron las grotescas
y extrañas figuras y escenarios que aparecen en sus cuentos y
leyendas.
Dije antes que en la literatura iniciática clásica se ha des-
crito muchas veces la bajada de algún héroe a los mundos in-
feriores o infierno.
234
Bajada de Ulises a los infiernos
En La Odisea*, Ulises, el héroe del relato, le pide a la
maga Circe' que le cumpla la promesa de mandarlo a su casa,
ésta le dice:
" ... antes debe emprender un viaje a la morada del Ha-
des
8
y de la venerada Perséfone" para consultar el alma
del tebanoTiresias'" adivino ciego cuyas mientes se con-
servan íntegras..."
Cuando UIises le contesta:
"Oh Cicce! ¿Quién nos guiará enese viaje ya que ningún
hombre ha llegado jamás al Hades en negro navío...?".
la maga responde dándole unos consejos e instrucciones que
le servirán de guía.
LLegado ya al Hades, relata Ulises:
tI•••saliendo del Erebo,' 1 las almas de los fallecidos;
mujeres jóvenes, mancebos, ancianos que en otro tjem-
po padecieron muchos males, tiernas doncellas con el
ánimo angustiado por reciente pesar y muchos varor1ts
que hab ían muerto en la guerra y mostraban ensangren-
tadas armaduras: agitábanse todos con gran murmu-
rio.. ."
Más adelante agrega Ulises:
" ..• y yo, desenvainando la aguda espada que cabe al
muslo llevaba, me senté y no permití que las inanes ca-
bezas de los muertos se acercaran..."
(") Editorial Bedouj , Bogotá. Colombia.
235
Bajada de Eneas a los infiernos
En el libro VI de la Eneida es Eneas, el héroe troyano,
quien baja al reino infernal en busca de su padre sirviéndole
de guía la Sibila de Cuma.
Dice el texto:
"Iban solos de noche por la profunda y lobrega Caverna.
Ante el mismo vestíbulo y en las primeras gargantas fi·
jaron su morada los llantos y las cuitas vengadoras. Ade-
más, están en las puertas otros muchos monstruos como
los Centauros, la Hidra de Lema que despide espantosos
silbidos, la Quimera armada en llamas, las Gorgonas y las
Arpías, el Gerión de tres cuerpos.l"
A la vista de aquellos, Eneas, repentinamente azorado,
desnuda presuroso la espada y presenta sus filos a los
monstruos que se ofrecen y si la docta Sibila no hubiera
advertido que eran vanas imágenes que revoloteaban por
las tinieblas en forma de espectros, hubfera atacado y
herido sin provecho las sombras con el acero...,,13
He aqu í otra forma algo distinta de la misma alegoría que
contiene o reproduce la misma realidad, es decir que siempre
se trata de uno que pretende franquear temerariamente el
umbralo frontera, y que es detenido y atemorizado al!í por
las huestes elementales que custod fan la entrada y, siempre
un guía o maestro que por alguna parte se le presenta al hé-
roe de la aventura para ayudarlo en el mal paso que se en-
cuentra.
Bajada de Telémaco a los infiernos
En El Telémaco, el joven griego hijo de Ulises, decide in-
dagar en el reino de Plutón el paradero de su padre y después
de ofrecer sacrificio a los dioses, éstos le otorgan el permiso.
El texto describe la acción así:
236
"... tan pronto Telémaco se encontró carca de la caver-
na oyó el rugido del imperio subterráneo; la tierra tem-
bló bajo sus pies y pareció llover fuego sobre su cabeza.
¡Un secreto terror estremeció su corazón y un frío su-
dor cubrió sus costillas! Pero su fortaleza lo sostuvo y le-
vantando sus manos y sus ojos al cielo" ¡Grandes Dioses"
dijo, "yo acepto estos presagios y espero que ellos sean
felices, cúmplanse y confírmese mi esperanza!"...
El pegajoso humo que resultaba fatal para todo el que
se aproximaba all í inmediatamente desapareció; y el pes-
tilente olor fue por un momento suspendido...
Telémaco, mientras tanto, sintiendo las negruras detrás
de él, tenía su desenvainada espada en las manos. En po-
cos minutos el percibió una tenue y oscura luz, igual a la
que se ve a medianoche sol-re la tierra: también pudo
distinguir vaporosas sombras que revoloteaban alrededor
de él las que dispersó con su espada...
Aqu í Telémaco percibió una innumerable multitud de
aquellos quienes, habiéndolessido denegado el derecho a
ser sepultados, se presentaban ellos mismos al inexorable
Carente en vano. Caronte
14
viejo, rudo, vigoroso e in-
mortal, estaba todo el tiempo tenebroso y severo, los
manten ía atrás con amenazas y reproches; pero admitió
al joven griego dentro de su barca tan pronto lo vió que
venía..."
Experienciasde Dante
El Dante, quien bajó también al. reino inferior, alegorizc
el mismo hecho contando que se encontraba en una selva ás
pera y espesa, tan oscura y terrorffica que el temor de I¡
muerte no es mayor que el que se experimenta all í. Al fina
de la selva una cuesta y:
"...al principio de la cuesta, aparecióseme una pantera
ágil, de rápidos movimientos y cubierta de manchada
237
piel. .. un león que a su vez se me apareció: figuróseme
que ven ía contra mí, con la cabeza alta, y con un ham-
bre tan rabiosa, que hasta el aire parecía temerle...si-
guió a éste una loba que, en medio de su demacración;
parecía cargada de deseos;. . .el fuego que desped ían'
sus ojos me causó tal turbación que perd í la esperanza
de llegar a la cima... aquellas inquietas fieras que ve-
n ían a mi encuentro me repel ían poco a poco...
. . .Mientras yo retroced ía hacía el valle se presentó a mi
vista uno, que por su prolongado silencio parecía mudo.
Cuando le vi en aquel gran desierto, piedad de mí le dije
quien quiera que seas ... "
El escenario cambia un poco en esta alegoría del florenti
no; pero esencialmente es la misma. Fácilmente se comprende
que esta selva desierta y oscura en donde el protagonista se
encuentra solo, desorientado y empavorecido es el lindero del
plano astral, y aquellas fieras hambrientas y rabiosas que le
cerraron el paso son los habitantes del umbral cuyo carácter
colectivo está señalado por la idea de manada y que son los
mismos que hemos visto, aunque con diferentes formas y des-
cripciones en los relatos ya referidos. Dante, solo, amenazado
y transido de terror, divisa a uno que se le aparece y le pide
auxilio. Es el guía que viene en su ayuda en este trance, que
ocurre siempre en la frontera de los dos mundos pero del la-
do de allá.
':1 Quijote coincide con todas las otras bajadas a los infiernos
Volvamos ahora a El Quijote, Empieza Cervantes su rela-
, .
to de la bajada de Don Quijote a la cueva en esta forma:
"Y diciendo esto, se acercó a la sima, vio no ser posible
descolgarse, ni hacer lugar a la entrada: si no era a fuerza
de brazos o cuchilladas, y así, poniendo mano a la espa-
da, comenzó a derribar y a cortar de aquellas malezas
238
que a la boca de la cueva estaban, por cuyo ruido yes-
truendo salieron por ella una infinidad de grand ísismos
cuervos y grajos, tan espesos y con tanta prisa, que die-
ron con Don Quijote en el suelo; y si él fuera tan agore-
ro como católico cristiano, lo tuviera a mala señal y ex-
cusara de encerrarse en lugar semejante.
Finalmente se levantó, y viendo que no sal ían más cuer-
vos ni otras aves nocturnas, como no fueran murciélagos,
que asimismo de la cueva salieron, dándole soga el primo
y Sancho... "
(La negritas de todas las citas fueron hechas por mí).
Los s ímbolos que Cervantes usa aqu í para designar a los
elementales o habitantes del umbral son las malezas, los cuer-
vos, los grajos, los muciélagos y las aves nocturnas. Aqu í
otra vez una lóbrega caverna que siempre es la misma; una
hueste de elementales, siempre los mismos, que custodian la
entrada; y siempre un gu ía que acompaña. Para Ulises son los
consejos de Circe. Para Eneas es La Sibila. Para Dante es Vir-
qilio y para Quijote es Montesinos. Este relato, pues, no di-
fiere esencialmente de aquellos otros, ni puede diferir, yá que
en todo se refiere a la misma realidad de la naturaleza, de
manera que en todos los autores lo que encontramos son va-
riantes del mismo tema.
El tema de la espada
Todavía con don Quijote a la entrada de la cueva. Dice la
leyenda, como ya vimos, que las bandas de grajos y otros ave-
chuchos removidos por el de la Triste Figura en aquellas bre-
ñas eran tan espesas que dieron con él en tierra, de tal modo
que, solamente por ser buen cristiano pudo no arrepentirse de
la empresa. Este pasaje también es simbólico y significa que el
habitante del umbral surtió efecto en el ánimo de don Quijo-
te cuya caída indica no cayó al suelo el cuerpo físico sino que
flaqueó su valor; pero ayudado por la fortaleza interior que
supone la preparación iniciática o religiosa pudo levantarse o
rehacerse; además llevaba en la mano su espada. Esta espada o
239
¿Contradicciones de Cervantes?
De modo que en este capítulo de tónica ocultista que nos
ofrece Cervantes, no puede faltar el acero manejado por el
que afronta los duros y pavorosos trabajos de la iniciación.
Antes de proseguir vamos a analizar uno de los velos que co-
rre el de Lepanto con su habitual maestría.
Claro que cuando don Quijote ha dejado detrás la entrada
de la cueva y a los elementales del umbral que ha dispersado
con su espada ya está en el astral inferior simbolizado por el
vacío de la cueva. Sin embargo aparece todavía en pleno
mundo físico pidiendo soga a sus dos amigos y haciendo con
la que de ésta sobra una rosca o rimero. Todo esto es una
contradicción ya que no pod ía estar al mismo tiempo en los
dos mundos; pero a estas contradicciones ya estamos noso-
tros acostumbrados al leer este tipo de literatura, además, es-
ta contradicción confirma el carácter ocultista del relato y la
capacidad de Cervantes como iniciado porque así, creando
contradicciones y absurdos es como escriben los maestros a
fin de que el lector, si es un profano, caiga en confusión y se
embrolle, y ni de lejos sospeche de lo que se trata.
Debo señalarte, Fabricio, que en la actualidad la parapsi-
cología estudia con particular interés el fenómeno llamado
ubicuidad o la facultad de algunas personas de estar al mismo
tiempo en varios lugares. La Iglesia Católica ha venido llaman-
do a esto Bilocación y lo define como "Ia presencia milagrosa
de una misma persona en dos lugares al mismo tiempo". Se
atribuye este "milagro" a varios de los llamados Santos por
la Iglesia.
Como sabes, los ocultistas no creemos en "milagros". En-
tendemos que los llamados "milagros" no son otra cosa que
leyes naturales desconocidas hasta hoy por la todavía preca-
ria inteligencia y conocimientos científicos del hombre en su
presente estado evolutivo. Si consideramos que la psicología
y la parapsicología afirman que de la total capacidad cerebral
o inteligencia del hombre los llamados "genios" usan actual-
mente apenas un cinco por ciento de esa capacidad total, se
entende.á fácilmente nuestros puntos de vista.
247
¿Es a esto de la ubicuidad a lo qué se refiere Cervantes en
este singular pasaje en este capítulo enteramente metafísico?
¿O es simplemente uno de los mil y un recursos literarios que
el malicioso Manco de Lepanto saca de su manga de trucos
para decir lo que no quiere decir -pero que siempre dice- a
fin de que lo entienda quien conozca las claves?
EI símbolo de la soga
Aqu í debo rectificar algo. Creo que te dije antes que en la
ceremonia de la iniciación que ten ía lugar en los templos de
Luxar y Tebas en Egipto, no se usaba ninguna soga y que al
leer este relato del Quijote el lector no debía tomar en cuenta
este detalle. Me rectifico, pues, ahora. Entiendo que el valor
simbólico de esta soga es dual. Por una parte viene a tipificar
aqu í el cordón de plata que en caso de estado de trance, o éxta-
sis, o viaje astral, se alarga y se adelgaza tiasta casi romperse.
Mientras dura el "gran viaje" -que ya Dante nos ha rnencio-
nado-, quien sufre esta prueba o experiencia, sólo esta vincu-
lado al mundo material o tridimensional por este cordón pla-
teado; exactamente lo que ocurre con don Quijote quien,
mientras se encuentra en la caverna, su única comunicación
con el mundo exterior es la soga. Esta soga también simboliza
el hilo del conocimiento oculto. Este mismo símbolo lo en-
contramos en la alegoría de Teseo y el Minotauro. En efecto,
"Ariadna (la intuición o conocimiento superior) le da un ovi-
llo con un hilo a Teseo para que pueda salir del laberinto (el
mundo de la ilusión) donde se encuentra el Minotauro (la
naturaleza inferior o animálica), monstruo al cual Teseo da
muerte con su espada (la voluntad) después de una terrible lu-
cha."
El que sabe leer estos capítulos del Quijote se percata de
que Cervantes, lo mismo que Homero, que Virgilio, que Dan-
te y que Fenelón, y todos los escritores ocultistas, conocía
al dedillo, como buen iniciado, todos los recovecos del plano
astral y todos los misterios de la vida y de la muerte.
Cervantes es también uno de esos maestros que, cuando
242
hablan se valen constantemente de enigmas y de alegorías,
por la cual aún siendo tan fácil de leer con aquella su prosa
tan senci lIa, tan flu ída y tan clara, con aquel castellano tan
jugoso y tan clásico; con aquel estilo tan intencionado, tan
humorístico y chispeante que nos parece apurar con él un vi-
no generoso, sea tan difícil de penetrar siendo frecuente que
aun aquellos que se reputan como consumados Quijotistas
suelen quedarse en la corteza, por no encontrarse al tanto de
las claves ocuItistas.
Los "disparates" de Quijote
Vamos ahora a encontrarnos con Don Quijote, en el mo-
mento en que, bien amarrado y asegurado por debajo de los
sobacos con una soga, es sacado de la cueva a fuerza de bra-
zos por sus compañeros:
"Sea vuesa merced muy bienvenido, señor mío: que ya
pensábamos que se quedaba allá para casta" dijo San-
cho.
Pero no respond ía palabra don Quijote; y sacándole del
todo, vieron que traía cerrados los ojos, con muestras de
estar dormido. Tendiéronle en el suelo y desliáronle, y
con todo esto, no despertaba; pero tanto lo volvieron y
revolvieron, sacudieron y menearon, que al cabo de un
buen espacio volvió en sí, desperezándose, bien como si
de algún grave y profundo sueño despertara; y mirando
a una y otra parte, como espantado, dijo:
-Dios os perdone, amigos que habéis quitado de la
más sabrosa y agradable vida y vista que ningún humano
ha visto ni pasado. En efecto: ahora acabo de conocer
que todos los contentos desta vida pasan como sombra y
sueno, o se marchitan como la flor del campo. IOh des-
dichado Montesinos! [Oh mal ferido Durendertel ¡Oh sin
ventura Belerma!. ..
Con grande atención escuchaban t!1 primo y Sancho las
palabras de Don Quijote, que las decía como si con no-
243
lar inmenso las sacara de sus entrañas. .Suplicéronle les
diese a enténder lo que decía, y les dijese lo que en
aquel infierno había visto.
¿Infierno le llamáis? -dtjo Don Quijote- pues no le lla-
méis ansí, porque no lo merece como luego veréis".
A poco, y después de comer y beber a satisfacción princi-
pió el Caballero a hablar de este modo:
"A obra de doce a catorce estados de la profundidad des-
ta mazmorra, a la derecha mano
I 7
se hace una concavi-
dad y espacio capaz de poder caber en ella un gran carro
con sus mulas ..."
Sigue diciendo p.1 Manchego que determinó entrar en esa
concavidad ratera I para descansar un poco, all í estuvo reco-
giendo soga de la que los otros le enviaban hasta que hizo con
ella un rimero sobre el que hubo de sentarse mientras cavila-
ba en el modo de bajar al fondo de la sima.
"...y estando en este pensamiento y confusión, de re-
pente y sin procurarlo me salteó un sueño profundísi-
mo; y cuando menos lo pensaba, sin saber como ni
como no, desperté del y me hallé en la mitad del más be-
lio, ameno y deleitoso prado que pueda criar la naturale-
za ni imaginar la más discreta imaginación humana.
Despabilé los ojos, limpiémelos, y vi que no dormía, si-
no que realmente estaba despierto; con todo esto, me
tenté la cabeza y los pechos, por certificarme si era yo el
mismo que all í estaba, o alguna fantasma vana y contra-
hecha; pero el tacto, el sentimiento, los discursos con-
certados que entre mí hacía, me certificaron que yo era
allí entonces el que aquí soy ahora..."
(Negritas m(as).
Grandes gaHmatías y disparates han de resultar estas frases
del Andante para todo el profano, como lo resultaron para el
primo y Sancho; pero, no ya para un maestro, sino para cual-
quier iniciado en los primeros grados resulta todo ello claro
244
como la luz del sol a mediod ía. Efectivamente, lo primero
que hace el de la Triste Figura cuando es despertado, es resu-
mir genialmente la doctrina y la filosofía que se enseña en la
iniciación cuando, parafraseando la ~ i;)lia, dice: "ahora aca-
bo de conocer que todos los contentos desta vida pasan
como sombra y sueno, o se marchitan como la flor del cam-
po".
Quijote resume las enseñanzas iniciáticas
En las enseñanzas iniciáticas se le dice primeramente a
todos los neófitos que esta vida es pura maya o ilusión; que
todo aqu í es sólo un espej ismo; que el cuerpo físico del hom-
bre no es más que un disfraz para los propósitos evolutivos,
etc. etc. Luego se le enseñan las grandes leyes ocultas y cós-
micas: la Ley del Karrna.l " la Ley de Reencarnación, la Ley
del Amor, la Ley de la Retribución, la Ley del Sacrificio, la
Ley de la Reunificación, así como también otras grandes le-
yes ocultas. Acerca de esta última Ley se le demuestra al can-
didato que el hombre, estando aún en vida, puede alcanzar
los planos superiores al lograr el estado conocido hoy como
Samadi que es la unión del hombre, conscientemente y como
individuo, con la Causa Primera, con el Amor Total, con el
Aliento Unico, con el Padre o como se le llame y que para
ello sólo tiene que seguir las duras disciplinas que tal logro re-
quiere. Los griegos llamaban a este estado de éxtasis o trans-
portación tanto Teofon ía (o aparición real de Dios al hom-
bre), Teopatía (o asimilación de la naturaleza divina) como
Teopneustía (o facultad de oír las enseñanzas orales de Dios).
Los filósofos del fuego le llamaban La Gran Obra.
Este éxtasis o suprema transportación es bien conocido
por los cristianos aunque sin sospechar, desde el punto de vis-
ta técnico, de lo que se trata, pues algunas de las grandes figu-
ras de la iglesia Católica Romana, como San Francisco de
Asís, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Martín
245
de Porres y otros, lograron plenamente eso excelsos arreba-
tos. En antigüedad, Porfirio, Plotnio, Amonio Saccas y
otros, experimentaron esta clase de éxtasis.
Esto es toda una escuela y las hay variadas y diversas a
las que los hombres se acogen de acuerdo con su sensibilidad,
su tónica individual y su etapa evolutiva. Aqu í, buen amigo,
he tratado de resumir lo irresumible y genialmente no puedo
hacerlo porque, claro, yo no soy Cervantes.
EI mismo héroe de Lepanto nos habla del estado de tran-
ce de Quijote cuando en su relato nos dice: "corno si de un
grave y profundo sueño despertara" y luego recalca "profun-
d ísirno sueño". La palabra "grave, como sabemos, tiene varias
acepciones: pesado, serio, formal, importante, peligroso.
También el Caballero ha mencionado la palabra infierno. No
es de balde que Cervantes emplea dos veces seguidas la palabra
infierno; Cervantes, el propio Cervantes, una de cuyas más
notables características como escritor es el constante uso de
los amplios recursos verbales de nuestro rico idioma para no
repetir palabras. Es que está empleando ahora exactamente
el término técnico que utilizan todas las religiones y todos los
textos para significar la región adonde bajo o se traslada el
candidato en la ceremonia anteriormente descrita. De mane-
ra que la campanada está clara; y dos veces, por si las dudas.
EI despertar "en el más allá"
Según ya dije antes, este profunofsirno y grave sue.io a
que alude el Manchego es el llamado estado de trance; el sor-
presivo estado de vigilia que relata luego es el despertar en
plena conciencia en el plano astral, fenómeno también llama-
do "el despertar en el más allá", y es de notarse el empeño y
la urgencia que pone Quijote en persuadir a sus oyentes de
que no se trata en esto de un simple sueño que haya tenido
mientras dorm ía sobre la rosca o rimero de sogas, en el suelo
de la concavidad lateral de aquella caverna. Tiene conciencia
de que se encontraba perfectamente despierto y que era allá
el mismo que se encontraba siendo acá en este momento, es
24fi
decir, que aparte su cuerpo físico que permanecía sobre el ri-
mero de sogas como una masa inerte, su personalidad inte-
gral, su sensibilidad y su racionalidad, todo él estaba all í en
aquel nuevo medio ambiente; veh ículado por el cuerpo astral
sin echar de menos el cuerpo físico, ya que el traslado era to-
tal; quiero decir que tanto el cuerpo que le servía de veh ícu-
lo, como el ambiente que lo rodeaba, los sentidos que utili-
zaba para la apreciación de los fenómenos y la luz que ilu-
minaba los paisajes, todo respond ía a la tónica de lo astral.
Por eso dice el Manchego: "Despabilé los ojos, limpiémelo y
vi que no dormía, sino que realmente estaba despierto...
pero el tacto, los sentimientos, los discursos concertados que
dentro de mi mismo hacía me certificaron que yo era allí en-
tonces el que aquí soy ahora, etc. etc.".
Continúa diciendo el Caballero que al despertar "encon-
tróse en medio del más bello, ameno y deleitoso prado que
puede criar la Naturaleza ni imaginar la más discreta imagi-
nación humana", Esto es el seguro indicio, según la enseñan-
za esotérica, de que se encontraba en el astral, fuera del sép-
timo subplano, antes descrito por el escriba Ani y comentado
por Leadbeater, y en uno de los planos intermedios, según
también ya vimos, quizás en la llamada por Dante región pur-
gatoria!. He aqu í como la describe este autor y maestro quien
también ya vimos, quizás en la llamada por Dante región pur-
basado en experiencias 'personales:
Lo que dice Dante
"Ahora la navecilla de mi ingenio, que deja en pos des!'
un mar tan cruel (el infierno) desplegará sus velas para
navegar por mejores aguas; y cantará aquel segundo rei-
no donde se purifica el espíritu y se hace digno de subir
al cielo"
El cielo es el plano mental de 'os ocultistas que también
lo llaman Devakan, esto es, plano o mundo de los devas. Cie-
247
lo de los cristianos desde donde, según la enseñanza esotérica,
vuelven las almas al plano terrestre para iniciar una nueva en-
carnación hasta agotar el llamado ciclo de necesidad. (Para es-
te estudio Fabricio, te recomiendo la obra de la seuora d esant
titulado La vida del hombre en tres mundos.)
Sigue diciendo Dante:
"Marché lentamente a través del campo, cuyo suelo por
todas partes desped ía gratos aromas. Un aura blanda e in-
variable me oreaba la frente con no mayor fuerza que la
de un viento suave; a su impulso, todas las verdes fron-
das se inclinaban trémulas hacia el lado a que proyecta
su primera sombra el sagrado monte; pero sin separarse
tanto de su derechura, que las avecillas dejaban por esta
causa de ejercitar su arte sobre la copa de los árboles...
Ya me habían transportado mis lentos pasos adentro de
la selva cuando vi interceptado mi camino por un ria-
chuelo que corriendo hacia la izquierda doblegaba bajo
el peso de pequeñas linfas las hierbas que bortaban en
sus orillas. Las aguas que en la tierra se tienen por más
puras parecían turbias comparadas con aquellas... Detu-
ve mis pasos y atrevesé con la vista aquel riachuelo para
admirar la gran variedad de sus frescas arboledas ..."
Aunque mucho más larga y más poética, ésta es la misma
descripción que hace Quijote del paisaje que pudo admirar
cuando despertó en el astral, e insisto, de acuerdo con el Maes-
tro Leadbeater, que por más pintorescos y líricos que parez-
can estos relatos, no son imaginaciones ni fantasías de los au-
tores sino la descripción de aquella región de la naturaleza en
donde es reproducida, como en un maravilloso espejismo, la
contraparte astral de la tierra, contraparte captada por los
sentidos astrales del iniciado que ha pasado por el llamado
"Rito de la muerte" o "Paso de la Cruz" ya antes descrito,
teniendo para mí como cosa cierta que Dante y Cervantes
fueron iniciados por lo menos de ese grado.
248
El Apocalipsis coincide con todo lo dicho
Finalmente, no está demás, porque viene al caso, recordar
el lugar adonde estuvo el príncipe Telémaco cuando andaba
en busca de UIises:
"Telémaco se adelantó hac ía los buenos reyes que esta-
ban en bosquecillos fragantes alfrombrados de céspedes
siempre verdes y floridos, regaban tan amenos sitios el
raudal cristalino de mil arroyuelos que esparcían una
frescura deliciosa; innumerables avecillas hacían resonar
aquellas enramadas con sus cantos suaves, se veían las
flores de la primavera que nacía de las huellas mismas,
junto con los otros más óptimos frutos del otoño ...
En esta región nunca se acaba el día y es desconocida la
noche con su lóbrego velo... " (Ver Telémaco, Cap.
XXI).
Acerca de estos lugares y de la luz perpetua que en ellos
reina y que mencionan las religiones en los oficios de difuntos,
he aquí lo que dice Juan el Teólogo en el AllOcalipsis o Reve-
lación:
"Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva: porque el pri-
mer cielo y la primera tierra se fueron y el mar ya no
es..."
(Apocalipsis Cap. XX1, Verso 1).
Este versículo, aunque con distinto lenguaje, encierra el
mismo sentido de lo que ha dicho Quijote al salir de la cueva.
Porque en efecto, Cervantes, quien habla por sus personajes,
menciona primero por boca del primo, Transformaciones. Vi-
mos que Juan relata que vio un cielo y una tierra nueva; estas
cosas nuevas son el mundo astral (claro, la visión de San Juan
ocurre mucho más allá del plano astral) y la primera tierra y
el cielo y el mar que dige él que se fueron, es el mundo físi-
co que ha desaparecido para los que han desencarnado y para
249
los que han pasado temporalmente al plano astral, son, pues,
transformaciones.
Por otra parte, en el Cap. XXIII; Verso V del mismo
Apocalipsis dice:
"Y all í no habrá noche: y no tendrán necesidad de lum-
bre de antorcha ni de lumbre de sol: porque el Señor
Dios los alumbrará... rr
Esto es exactamente lo mismo que dice el Abate Fenelón
en su Telérnaco, allí es desconocida la noche. porque, en efec-
to, la materia astral es de naturaleza radiante y por sí misma
luminosa; por otra parte, como dice el Apocalipsis, all í no
hay lumbre de sol porque como se trata de otro tipo de mate-
ria, nuestro sol físico con su brillante luz, all í es oscuridad.
El alcázar de Ouijote y lo que en él encontró
Trasladándonos otra vez al uuijote, sigamos oyendo lo
que cuenta el Caballero de su aventura en la cueva:
" ... Ofrecióseme luego a la vista un real y suntuoso ¡J3-
lacio o alcázar cuyos muchos muros y paredes parecían
de transparente y claro cristal fabricados; del cual
abriéndose dos grandes puertas vi que por ellas sal ía un
venerable anciano vestido con un capuz de balleta mora-
da, que por el suelo le arrastraba; ceMale los hombros y
los pechos una beca de colegial, de I aso verde; cubríale
la cabeza una .,¡orra milanesa negra y la barba, can ísirna,
le pasaba de la cintura; no traía armas ninguna, sino
un rosario de cuentas en la mano...el continente, el pa-
so, la gravedad y la anch ísima presencia, cada cosa de
por sí y todas juntas, me. suspendieron y admiraron.
L1egóse a mí, y lo primero que hizo fue abrazarme estre-
chamente, y luego decirme: "Luengos tiempos ha, vale-
250
roso caballero don Quijote de la Mancha, que los que es-
tamos por estas soledades encantadas esperamos verte
para que Jes noticias al mundo de lo que encierra ..¡ cu-
bre la profunda caverna por donde has entrado... Ven
conmigo, seriar clarísimo, que te quiero mostrar las ma-
ravillas que este transparente alcázar solapa, de quien
yo soy alcaide y guarda mayor perpetua... "
(Negritas mías)
Como vimos antes, Fabricio, en la Comedia, Dante men-
ciona un "noole castillo rodeado siete veces de alta mura-
11<1<; ... y a través de siete puerta ... r r AII í el florentino nos señala
un castillo y IIOS LÍa la clave uel siete. Cervantes nos habla de
un alcázar o palacio lo que viene a ser lo mismo, y nos dará
la clave del siete más adelante, en ocasión más oportuna y
aprovechando la paráfrasis, como veremos, y oportunidad en
la cual entenderemos también lo que significa este castillo o
alcázar.
Ahora bien, para interpretar a plenitud estos aparentes
despropósitos de Quijote, tenemos, en primer lugar, que in-
vestigar los or ígenes del Grado X1II o "Real f\rco" de la ma-
sonería remotándonos en la historia de esa escuela no sola-
mente hasta los tiempos de Salomón, sino hasta la época an-
terior al diluvio.
la leyenda del ~ rado XIII
Cuenta la leyenda que el patriarca Enoch, tercer descen-
diente de Adán, tuvo un sueño en el que vio una altísima mon-
taña a cuya cumbre fue llevado y all í vio una plancha triangu-
lar de oro brillantemente iluminada en la que estaba qrauadc
el Sagrado Nombre de DIOS, que se le enseñó a pronunciar,
pero con prohibición absoluta de nombrarlo. Cuenta que des-
pués se sintió descender repentinamente a las entrañas de la
tierra atravesando nueve arcos o bóvedas y all í, en la profun-
didad, volvió a ver el mismo triángulo o delta con el mismo
nombre qrabado.
251
Enoch hizo excavar en aquel sitio una cueva con nueve ar-
cos y luego hizo construir una plancha de oro igual a la otra
en la que grabó los caracteres que había visto, la que deposi-
tó en el fondo de la caverna, quedando construido así un
templo subterráneo sobre el cual hizo construir otro exterior.
Algunas generaciones después ocurrió el diluvio que des-
truyó el templo exterior quedando intacto el otro que guarda-
ba el delta de oro con el nombre inefable.
Con los siglos advino Salomón quien determinó construir
un palacio de justicia en el lugar en donde estaban las ruinas
del antiguo templo de Enoch. Comisionó para el efecto tres
de sus oficiales de confianza llamados Adoniram,
Johaben y Storkin y al remover los escombros para echar los
cimientos del nuevo edificio, se encontraron con una gran
piedra perfectamente cuadrada a la que estaba fijado un ani-
llo o argolla de hierro; con mucha dificultad levantaron la
piedra y se encontraron frente a una profunda y tenebrosa
caverna. Johaben propuso bajar con una antorcha; al efecto
fue atado por la cintura con una soga y bajado a la profundi-
dad por sus otros dos compa.ieros.
Para nuestro propósito basta con este atisbo acerca de la
historia del Grado X 111, en cuyo relato encontramos puntos
en perfecta concordancia con la aventura de la cueva. En pri-
mer lugar tres compañeros a la boca de una profunda y tene-
brosa caverna, en donde dos de ellos amarran con una soga
a ún tercero quien desciende a la profundidad para subir al po-
co rato hablando de las maravillas que ha visto. En segundo
término, Cervantes con la más sutil habiliuad, nos habla de
la cifra X 1II sin nombrarla, pero la sugiere claramente al decir
Quijote que "a obra de cioce a catorce estados" tocó tierra.
La alusión esta clara porque entre el doce y el catorce está el
trece.
No solamente sugiere de modo claro Cervantes el Grado
XII I sino que al hablar del alcázar que vio, dice que salió de
él un "venerable" anciano que le tendió los brazos y dijo que
era Montesinos; pero esto es lo que llamamos un camouflage
porque ya el Manco, con SlJ talento habitual ha pronunciado,
252
sin que el lector casi lo advierta, la palabra Venerable que es
el título del jefe de la logia.
El Alcázar de Iluijote es un símbolo de la logía
Debo recordarte que en las antiguas sagas célticas, la ini-
ciación se supon ía que ten ía lugar en una isla o castillo de vi-
drio, también llamado Centro Supremo o logia como diría-
mos hoy. Así, pues, este "alcázar de fino cristal fabricado" de
Quijote es el
"simbolismo general de paredes de vidrio y hasta de aire,
usado para significar una especie de defensa invisible que
circunda algunos lugares, para impedir su acceso, como
según un posterior símbolo, el de un muro de fuego que
gira en torno a esa isla. Son variantes de la idea de invio-
labilidad, que siempre se refiere al centro supremo",
(Ver: El f".ilisterio del Grial, Julius Evola, Págs. 52-53
Ibíd).
EI Cambio de medida de Cervantes
Abundando en el tema de la cifra X 111, se nota la inten-
ción expresa de Cervantes de referirse al Grado Masónico
cuando cambia el nombre de la medida usada con anteriori-
dad. El de Lepanto, con su conocida picard ía y para descon-
certar al lector distraído, cambia la definición de la medida de
longitud y en vez de repetir aqu í orazas, para referirse al Gra-
do XIII señala estados, pues este vocablo encaja mejor con
el significado subjetivo que el Manco nos quiere transmitir.
Por otra parte la Enciclopedia .v"iunc.iial Ilustrada Espasa, dice
que "la braza espa.íola era igual a 2 varas o 6 pies" y acerca
del estado dice: "medida de longitud tomada de la estatura
regular de un hombre". De suerte que ambas eran medidas
equivalentes, pulgadas más, pulgadas menos, la una de la otra.
¿No es, pues, notorio el intríngulis de Cervantes de señalar la
253
cifra o Grado XIII sin nombrarla? Porque, en efecto, con esta
palabra, "estados" el Manco se aferra nuevamente al singular
"lenguaje del caballo" y nos encierra en una auténtica encru-
cijada semántica. Evidentemente parece no haber duda que se
está refiriendo a la medida de longitud que era muy popular
en su tiempo; pero "estados", en el Diccionario Enciclopédi-
co Espasa, tiene más de treinta acepciones y, precisamente,
palabras con más de un significado son las más caras a los cu1-
tores de la "jerga de los trovadores". Entre las tantas acepcio-
nes de "Estados" encontramos: "orden, clase, jerarquía y cali-
dad de las personas que componen un reino, una república y
un pueblo". ¿y por qué no una institución pregunto yo?
Sabemos -y Cervantes nos lo ha demostrado-, que en la
cábala hermética (no la Kábala hebralea) se usan todas clases
de rejueqos de palabras para despistar al lector profano, y el
ladino y sagaz héroe de Lepanto nos lo ha dejado dicho cuan-
do, al principio del Capítulo XXII, dice por boca del primo:
"Y esto con sus alegar ías, metáforas y translaciones. . ."
Veamos esta curiosidad semántica: Pete Kolosimo en su
libro Polvo del Infierno (Plazay Janés,Primera Edición, 1977,
Pág. 160) escribe: "Existe una consabida similitud entre el
primer estadio del nacimiento de los Acaros y las cristaliza-
ciones de ciertos minerales producidos electrónicamente". Si
buscamos en el diccionario la palabra estadio leeremos así:
"Recinto con grader ía para competiciones deportivas; entre
los griegos, longitud de 600 pies equivalente a 147 metros
donde se verificaban carreras", pero también tiene el signifi-
cado de período (Pequeño Larousse, 1978). Así, en el pasaje
acotado de Kolosimo indudablemente debemos entender es-
tadio en su acepción de período, pues de otro modo dicha
frase no tendría sentido. Claro que éste no es el caso de Cer-
vantes que nos ocupa ahora, ya que estado era en verdad una
medida de longitud; pero no olvidemos, Fabricio, que esta-
mos leyendo el caló especial en el cual se ha escrito: " ... no
obstante interpretar pésimamente nuestros conceptos, se figu-
rarán que nos comprenden muy bien". Con esta base, al notar
el cambio del nombre de la medida de longitud, quien conoce
254
la clave, entiende que estados está usado aqu í en su acepción
de jerarqu ía, que es lo que efectivamente llegaa tener quien al-
canza el Grado X III de la masoner ía. Quien adqu iere este gra-
do no es un simple masón; esalguien con un estado de jerar-
qu ía, una distinción especial. De manera que ahora vemos cla-
ra porque Cervantes cambia la medida de longitud cuando en
el lenguaje especial del "Ioco" don Quijote se refiere al Grado
XIII, grado que, para más embrollar la madeja, nunca ha men-
cionado literalmente.
Perpetuidad del venerable
Para resumir lo presentado en este pasaje, tenemos que
convenir, Fabricio, que todo induce aqu í a conjeturar que
Cervantes se está refiriendo, alegóricamente, al Grado XIII de
la masonería. He aqu í que este es precisamente el número
que señala, aunque sin nombrarlo, cuando fija la profundidad
a que ha penetrado. En seguida habla de un anciano a quien
le da el epíteto de "Venerable" anciano, quien declara que
es el alcaide y jefe del raro alcázar que se tiene a la vista y,
quien, por su indumentaria y por el rosario que lleva denota
que es una autoridad no de orden civil ni militar, sino de or-
den religioso. Aqu í el simbolismo aparece claro porque éste
que se le aproxima a Quijote tan pronto se encuentra en el as-
tral, y se le ofrece para enseriarle todos los secretos que ocul-
ta aquella remota región, no puede ser otro que el gu ía quien
en ese momento se le hace visiole. Además, este venerable an-
ciano dice que es "guard ian a perpetuidad" de aquel alcázar.
y dice verdad, porque, intrínsecamente, un venerable de la lo-
gia nunca deja de serlo, aunque, para dar oportunidad de pro-
gresar a otros campaneros, sea removido o promovido de su
cargo oficial. Obtener el grado de venerable en la masoner ía
implica la adquisición de conocimientos que nunca se pierden,
ni en vida ni en muerte. Desde este punto de vista es que,
efectivamente, el "venerable es guardián a perpetuidad" y es
lo que, con tino maestro, nos señala Cervantes. Ya en esta cla-
255
ve, no queda duda de que aquel magn ífico alcázar a que alu-
de el Manchego es la logia, sea considerada ella bajo el aspec-
to de institución ontológicamente divina o sea bajo el concep-
to de la "logia en astral" que todos los ocu Itistas conocen, y
de las cuales existe una en las montañas de los Himalayas,
otra en España, en la montaña de Monserrat; una tercera en el
macizo de las montañas Rocosas de los Estados Unidos de
Norteamérica; otra cuarta en la cordillera de los Andes y algu-
nas otras más, hasta llegar a siete, en diversos y escogidos
lugares del mundo!", parajes todos ellos de reunión o centros
convergentes de la llamada Fraternidad Blanca y a la cual me
referiré oportunamente. Acerca de estos centros de enseñan-
zas astrales, aun algunas sectas cristianas hablan de ellos,
como los Mormones, por ejemplo. El i\llanchego, además, se
encuentra al bajar a la sima con Nueve lagunas y con este nú-
mero Cervantes está señalando otro de los elementos princi-
pales de la leyenda del Grado XIII. El Manco se servirá de es-
tas lagunas para más de un símbolo y para más de un propósi-
to, como luego veremos. Si a todo esto agregamos que la me-
dalla distintiva con que la masonería honra a quienes han al-
canzado el Grad X111 muestra, en alto relieve, la misma esce-
na que Cervantes nos describe en relación con aquellos tres
compañeros a la entrada o boca de una cueva, empezamos a
notar que son muchas las "coincidencias" que perfectamente
engastan aqu í.
La sala donde fue llevado don;,) uijote
Don Quijote continúa su relato de este modo:
" ... el venerable Montesinos me metió en el cristalino
palacio, donde en una sala baja, fresqu ísima sobremane-
ra y toda de alabastro, estaba un sepulcro de mármol,
con gran maestría fabricado, sobre el cual vi a un caba-
llero tendido de largo a largo, no de bronce, ni de már-
mol, ni de jaspe hecho, como los suele haber en otros se-
pulcros, sino de pura carne y puros huesos. Tenía la rna-
no derecha, que, a mi parecer, es algo peluda y nervosa,
256
señal de tener muchas fuerzas su dueño, pu esta sobre el
lado del corazón..."
La alegoría de este capítulo se hace cada vez más comple-
ja y profunda. Para seguirla, concentremos nuestra atención
en algunos términos técnicos propios del léxico masónico.
¿Qué es esta "sala baja, fresqu ísima sobremodo y todo de
alabastro", etc., en donde nos mete Cervantes? Sin duda, el
;V1anco alegoriza con ella a la que, dentro de la logia se deno-
mina cámara o celda o cuarto de reflexión. Sala, genérica-
mente viene a ser aqu í un sinónimo de todas las otras deno-
minaciones senaladas.
Veamos ahora lo que dice en su libro Francmasones y Ro-
sacruces el auto! español Paolo Dam ián, Págs. 16 y 17, 1ra.
Edición Editorial Bruguera, S. A.
"Hay testimonios antiguos que indican la existencia en
cada logia de unos recintos especiales por los que deben
pasar los candidatos a la iniciación, antes de comenzar
su prueba de ingreso. Esos lugares eran llamados cuarto
de reflexión y estaban pintados de negro. En ellos se ha
dicho que había un taburete y una mesa con un mantel
blanco, sobre el cual se encontraba un cráneo, algunos
trozos de pan, un plato con cenizas, un reloj de arena,
un gallo, un cuchillo con la hoja rota y envejecida, un
tintero, plumas y unos papeles para escribir. (Todos es-
tos artículos son símbolos)* La lámpara que ilumina-
ba el cuarto daba una luz de tono sepulcral; en uno de
los ángulos, como una presencia muda, hab ía una cavi-
dad similar a la de un nicho con un ataúd en su interior.
En las paredes, pod ían leerse inscripciones como éstas:
"Si te trae sólo la curiosidad, marchate. Si temes que te
echen en cara tus defectos, no sigas adelante. Si rindes
homenaje a las distinciones humanas, vete porque aqu í
no se conocen."
(*) Las negritas V paréntesis han sido necnos por m¡ en todas las ':1!dS.
257
¿Acaso no concuerda todo esto con lo que escribe Cer-
vantes? El Manco nos mete en una sala baja, de alabastro y
donde hay un sepulcro. ¿No es esto lo mismo, aunque, claro,
disfrazado por la alegoría, que un cuarto pintado de negro y
donde en un nicho se encuentra un ataúd? Aquel, según lo
visto, era un cuarto para reflexionar. ¡y vaya si tiene para
pensar y reflexionar el lector inadvertido si es que quiere des-
cifrar los disparates que cuenta el de la Triste Figura de las
cosas que allá abajo habló y le sucedieron!
El sepulcro de mármol
Sigamos analizando Fabricio. En su reseña, el fJlanchego
dice acerca de lo que vio: "me encontré con un "sepulcro de
mármol con gran maestría fabricado, sobre el cual vi a un ca-
ballero tendido de largo a largo... ". Observa, Fabricio, que
Quijote, al decir lo que vio allá abajo no menciona primero
al "caballero tendido de largo a largo". El Andante señala
primordialmente que "estaba un sepulcro de mármol con
gran maestría fabricado". Llama la atención que Cervantes ci-
te primero algo inanimado como es un túmulo o sepulcro de
mármol y luego se refiera al caballero tendido arriba del mis-
mo. Debemos recelar de este juicio, caro amigo, tanto más
cuanto si, como dice el Aventurero en sus despropósitos
aquel caballero, aunque muerto, estaba vivo. Debo abundar
en esto, en interés de captar la intención secreta del autor al
escribir esta tan aparente incongruente oración, debido a la
fundamental importancia que tiene para nuestro análisis y pa-
ra nuestros fines. La lógica más elemental dice que lo prime-
ro a mencionar por otro cualquiera, en ocasión similar, sería
al "caballero tendido largo a largo" puesto que éste descansa-
ba en la parte superior externa inmediata del sepulcro y que,
además, iera un vivo muerto! Es razonable que la vista se to-
pe primero con lo que está arriba de algo que se ve y que des-
pués se miren los detalles adyacentes. Pero aqu í, el Manco, co-
mo si deseara destacarlo y lo que efectivamente hace, es darle
una importancia especial a este sepulcro de mármol. Si com-
258
paramos este sepulcro con aquello que ya vimos en la leyenda
masónica del Grado XIII y que dice: " se encontraron allí
con una piedra perfectamente cuadrada " entenderemos
claro que Cervantes está señalando otro de los principales
símbolos masónicos. El de Lepanto no menciona directamen-
te la palabra piedra, sino que dice mármol. Pero todo el mun-
do sabe que el mármol es una variedad de piedra con caracte-
rísticas especiales, y muy usado por los albañiles, que signifi-
ca masón en francés. Tampoco puede decir Cervantes "per-
fectamente cuadrada" porque entonces estaría violando el
secreto, pero escribe "con gran maestría fabricado" lo que
basta para poner en la pista a quien se encuentre en posesión
de las claves.
En la masonería, simbólicamente, se le entrega una piedra
bruta al neófito y se le dice: "Trabaja tu piedra". El apren-
diz, siempre siguiendo las enseñazas que recibe en la logia y
los consejos y advertencias de su maestro constructor, deberá
trabajar, o alisar, o encuadrar y nivelar esta piedra con los
conocimientos esotéricos que confiere la iniciación. Ya per-
fectamente cuadrada o con "maestría fabricada" esta piedra
deberá convertirse en la pieza angular del templo o palacio es-
piritual en el interior del hombre "que busca la luz" para que
more all í el Gran Arquitecto del Universo.
Para ampliarte esto, Fabricio, déjame copiar lo que al res-
pecto de la piedra en la masonería se lee en el ep ígrafe del
Capítulo Primero, Tomo IV de Isis sin Velo (Jbíd):
El Prior. -¿Qué hora es?
El Guardián. -La del alba. La hora en que se rasgó el ve-
lo del templo y las tinieblas se derramaron por la cons-
ternada tierra y se eclipsó la luz y se rompieron los útiles
del constructor y se ocultó la flam ígera estrella y se hizo
pedazos la piedra cúbica y se perdió la palabra:
Magna est veritas et prevalebit.
Como comprenderás, ésta es una fórmula a recitar en el
ritual masónico. Más adelante, en la misma obra, Págs. 8 y 9,
dice la Blavatsky:
259
"De los talismanes que en su citada obra nos da King a
conocer, se infiere que el evangelista San Juan, el ilumi-
nado de Patmos, estaba muy instruido en la ciencia ca-
bal ística, pues alude claramente a la cornarina blanca y
la llama alba petra o piedra de iniciación, que por lo ge-
neral lleva grabada la palabra premio y se le entrega al
neófito luego de vencidas felizmente las pruebas del pri-
mer grado de iniciación. El Apocalipsis, como el Libro
de Job, es un alegórico relato de los Misterios y de la ini-
ciación en ella de un candidato, personificado en el mis-
mo San Juan. Así lo comprenderán necesariamente los
masones de grado superior, pues los números siete, do-
ce y otros, tan cabal ísticos como éste, bastan para escla-
recer la tenebrosidad de dicho libro. Tal era también la
opinión de Paracelso.
El siguiente pasaje desvanece toda duda sobre el particu-
lar:
Al vencedor daré yo maná escondido y le daré una pie-
drecita blanca y en la piedrecita un nuevo nombre escri-
to, que no sabe ninguno sino aquel que lo recibe (Apo-
calipsis, 11, 17)
¿Qué maestro masón titubeará en reconocer en esta ins-
cripción la misma con la que hemos epigrafiado el presente
capítulo?"
La masoner ía y los gremios de albaúilcs medievales
Debo señalarte, Fabricio, que a partir de los siglos XI Y
XII la masoner ía y las enseñanzas esotéricas se refugiaron en
los gremios de constructores o albañiles de toda Europa. Es,
pues, a los masones y sus secretos de construcción (ahora me
refiero a la construcción física de edificios), a los que debe-
mos las enorme y bellas y suntuosas catedrales diseminadas
por todo el viejo continente, principalmente en Francia y
Alemania. En aquellos gremios, los masones y ocultistas pu-
dieron esconderse y sobrevivir, como institución, a las bru-
260
tales persecuciones desatadas por el clero. Con el pretexto de
reunirse en asambleas del "Gremio de Albañiles" pudieron
ellos constituir juntas y preservar sus enseñanzas y sus ver-
dades secretas. Si quieres, querido amigo, información adi-
cional acerca de la construcción de las catedrales europeas
y los masones y alquimistas, te recomiendo ja extraordina-
ria obra de Fulcanelli El Misterio de las Catedrales.
De suerte que el mármol con gran rnaestr ía fabricado, la
piedra perfectamente cuadrada y la piedra cúbica, son el
mismo regalo envuelto en diferente papel, tal como sedice co-
múnmente en la calle.
Para terminar con esto debo afirmarte que lo mismo que
se dice en el párrafo copiado antes acerca del Apocalipsis y
del Libro de Job, en el sentido de que son alegóricos relatos
de los Misterios, puede igualmente decirse, además de los ya
señalados por FuIcanelli en la cita de mi carta anterior, de
Hamlet y Macbet, de Los Miserables. el Conde de Montecris-
to y Los Trabajadores del Mar.
El caballero tendido de largo a largo
Pero sigamos la huella de la alegoría de Cervantes. En este
orden de ideas, con razón podemos entender que "aquel ca-
ballero tendido de largo a largo, no de bronce, ni de mármol,
ni de jaspe hecho... sino de pura carne..." quien estaba
"acostado sobre el mármol con maestría fabricado" viene a
simbolizar aqu í al iniciado en los misterios y quien, ciertarnen-
te, es la mano derecha del proceso evolutivo (sendero de la
derecha). Aquel iniciado que haya asimilado sincera y cabal-
mente (perfectamente cuadrado) las enseñanzas de Su maes-
tro (con maestría fabricado) se encuentra en posesión de las
claves y del conocimiento oculto que es poder espiritual (tie-
ne muchas fuerzas su dueño) y puede resistir toda clase de
privaciones, persecuciones y ataques, aunque, a veces, para
preservar la vida, tenga necesidad de esconderse o disfrazarse;
tal como hubo de hacer aquel insigne sabio llamado Clemente
de Alejandría quien, en el año 202 D. C. tuvo que huir de la
persecución desatada por el emperador Severo, "y aunque
menos heroico, fue más útil de ese mono"t
La Señal Masónica
Pero todavía hay más. i Lo verdaderamente importante
de estos capítulos! En este mismo pasaje Quijote, siempre re-
firiéndose al caballero acostado sobre el túmulo de mármol,
añade:
"Ten ía la mano derecha...puesta sobre el lado del cora-
zón..."
Esta es la prueba más fehaciente y definitiva de la afilia-
ción de Cervantes a una escuela esotérica que parece ser, ya
sin duda, la masonería. ¡Porque ésta, Fabricio. lo afirmo ro-
tunsarnente, es un signo, una seña masónica." Para estar en
capacidad de dar esta seña, se requiere haber pasado por va-
rios grados de iniciación, según veremos más adelante. Cer-
vantes, en la apoteosis del disimulo, la argucia y el argot, así
como con el deliberado propósito de confundir al cándido
lector, envulve esta seña en el más ingenioso rejuego de pa-
labras. En efecto, el lector -lIámase éste entendido o pro-
fano en literatura- maravillado ante el montón aparente de
disparates que nos suelta el Manchego, no acaba de salir de
su asombro y confusión y, si no conoce la clave, tiene que
convenir que el de la Triste Figura sin duda está loco de re-
mate. ITanto es artista Cervantes!
Veamos ahora la técnica y la estrategia que emplea el
Manco para darnos esta seña. Vimos anteriormente que Cer-
vantes usa los sustantivos genéricos para sustituir palabras
claves o puramente técnicas que podrían haber revelado el
carácter netamente esotérico de lo que dice en éstos, así
como en otros capítulos de su obra. Ahora, sin abandonar-
la del todo, cambia un poco la táctica.
(*) La Dramática Historia de la Fe Cristiana. J. J. Vander Leeuw, Edit. Cr ión,
México. Pág. 81.
262
El príncipe real Rahotep, gran sacerdote de Ra en el templo de He-
liópolis, y su mujer Nefrit, "distinguida del rey" (Museo de El
Cairo). las estatuas son originarias de Meidum, y fueron erigidas al
principio de la IV dinastía. la posición de la mano derecha de Raho-
tep "a la orden del Maestro" indica que era un Gran Iniciado. lo
mismo ocurre con Nefrit, cuya mano derecha sale del manto; debía
de ser Gran Sacerdotisa de Isis
263
Dice el Andante:
"Tenía la mano derecha, que a mi parecer es algo peluda
y nervosa, señal de tener muchas fuerzas su dueño, pues-
ta sobre el lado del corazón..."
Observa, Fabricio, que entre "Ia mano derecha..." y
"puesta sobre el lado derecho del corazón..." el autor nos
intercala dos oraciones aparentemente inocentes... He aqu í
un determinado doble propósito: primero: distraer la aten-
ción del lector y hacerle perder el hilo del meollo básico del
asunto, desviándole del principal objetivo y de lo que real-
mente nos quiere decir el Manco. Esta primera oración
interpolada: "que a mi parecer es algo peluda y nervosa", es
una apreciación personal del Manchego y sirve como "cor-
tina de humo" que nos lanza el de Lepanto. Segundo, el si-
guiente juicio: "señal" de tener muchas fuerzas su dueño.. :;
aunque en verdad coordina perfectamente con la anterior
y el total conjunto de la idea, trae la palabra señal que es la
clave principal ahora. Nos está diciendo claramente Cervan-
tes que aqu í hay una seña y esa es "puesta la mano derecha
sobre el lado del corazón".
Ahora bien, en el museo de El Cairo existen unas estatuas
que representan al Príncipe Real Rahotep, de la IV Dinastía,
y a su esposa, Nefrit, en la que aparecen "con la mano de-
recha puesta sobre el lado del corazón". El escritor y egip-
tólogo, André Pochán, en su libro El Enigma de la Gran
Pirámide, Pág. 221, presenta una foto de estas estatuas. Me
permito enviarte la foto junto a esta carta y cuyo pié de le-
tras se explica por sí mismo. Este viene a ser definitivo en lo
que a la oración de Cervantes se refiere. En la actualidad los
masones conocen esta seña como "la señal del pecho".
No puedo decir con certeza si el escritor Pochán ha sido
o no miembro de la masonería sólo porque explica el signi-
ficado de la tal seña -a las órdenes del maestro- ya que
ese únicamente puede ser el significado "para consumo exte-
rior", es decir, lo que se puede dar al público; y, a pesar de
264
que, por otra parte, el significado ajusta perfectamente con lo
que Cervantes, entre líneas, nos está diciendo y describiendo.
Para mí que debe haber "otro" significado conocido sólo por
los iniciados del grado correspondiente. Lo que sí puedo ase-
gurarte, caro amigo, es que ésta es una seña masónica; no sólo
por la prueba de la foto adjunta, sino debido a hechos en ma-
teria de experiencia personal. Sea como fuere, aceptando
como bueno y válido el significado que nos da el autor del
Enigma de la Gran Pirámide tenemos forzosamente que con-
venir que si ya en la IV Dinastía -unos 4,500 años antes de
J.C.- se consideraba a quien estaba en posesión yen capaci-
dad de usar esta seña como a un "alto iniciado" équé pode-
mos decir de Cervantes quien indica y usa este signo para los
lectores al tamo de las claves? Con esto, y de paso, confir-
mamos lo dicho por Leabetear, y que te cité en carta ante-
rior, acerca de la antigüedad de la masonería. Finalmente pre-
~ u n t o : ¿Conocieron los don Juan Valera, los Menéndez y
Pelayo, los José María Asensio, los Angel Galvet, los Ramiro
de Maeztu y "todos sus secuaces", la leyenda del Grado XIII
de la masonería; el símbolo de la piedra en esa escuela o la
seña de "Ia mano derecha puesta sobre el lado derecho del
corazón"? Ser ía pecado sin redención acusar a esas figuras
egregias de la literatura castellana de "no saber leer", pero si
parece evidente su desconocimiento de las claves básicas ocul-
tistas y la ignorancia de la simbolog ía trascendental esotérica.
Aunque, claro, ccómo podrían saberla: si no fueron ocultis-
tas?
Aqu í dejo la palabra a los masones cultos quienes podrán
decir mucho y explicar con amplios detalles, el lenguaje de
los signos usados por los miembros dr esa vieja institución,
en particular éste que comentamos y S'lS variantes. Si tienes
dudas acerca de si lo que digo es cierto o no, Fabricio, sólo
tienes que ingresar en la masonería y averiguarlo por ti
mismo.
Más "disparates" de Cluijote
Pero volvamos a nuestro análisis, los "disparates" del
265
León Manchego. Continúa él su relato así:
" ... por más señas, primo de mi alma, en el primer lu-
gar que topé saliendo de Roncesvalles eché un poco de
sal en vuestro coraz6n, porque no oliese mal, y fuese, si
no fresco, a lo menos amojamado, a la presencia de la
señora Belerma; la cual, con vos, y conmigo, y con
Guadiana, vuestro escudero, y con la dueña Ruidera
y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de
vuestros conocidos y amigos, nos tiene aqu í encanta-
dos el sabio Merlín a muchos años; y aunque pasan de
quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros: sola-
mente falta Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales
llorando, por compasión que debió de tener Merl ín
dellas, las convirti6 en otras tantas lagunas, que ahora,
en el mundo de los vivos y en la provincia de la Man-
cha, las llaman las lagunas de Ruidera; las siete son de
los reyes de España, y las dos sobrinas, de los caballe-
ros de una orden santísima, que llaman de San Juan.
Guadiana, vuestro escudero, plañendo asimesmo vues-
tra desgracia, fue convertido en un río llamado su mes-
mo nombre; el cual cuando lIeg6 a la superficie de la
tierra y vi6 el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que
sintió al ver que os dejaba, que se sumergi6 en las en-
trañas de la tierra; pero como no es posible dejar de
acudir a su natural corriente, de cuando en cuando sale
y se muestra donde el sol y las gentes le vean. Vanle
administrando con sus aguas las referidas lagunas, con
las cuales, y con otras muchas que se llegan, entra pom-
poso y grande en Portugal. Pero con todo esto, por
dondequiera que va muestra su tristeza y melancol (a,
y no se precia de criar en sus aguas peces regalados y
de estima, sino burdos y desabridos, bien diferentes de
los del Tajo dorado..."
(Todas las negritas de las citas hechas por mí)
i Que nadie se llama a engaños con este rosario de desa-
266
tinos! No hay tales. Cada uno de ellos cede al análisis filo-
sófico-esotérico Y de entre las aparentes brumas y estiércol
de lo imcomprensible y de la incoherencia, aparece la ver-
dad escondida aqu í. "Los verdaderos símbolos nunca son
irracionales; no hay que confundir lo "suprarracional" con
lo "irracional"*.
Cervantes dominaba el "Lenguaje de Pegaso"
Al decir Montesinos: "por más señas", Cervantes no está
advirtiendo que se dispone a entregarnos más verdades esoté-
ricas aunque envueltas en "disparates" simbolizados. En todo
el libro, ésta es la parte en la cual el Manco muestra y de-
muestra su inmenso dominio de la "Iengua de Pegaso" o
"Gay saber" del que ya Fulcanelli nos había hablado. "En
efecto, lo mismo que el "Noble Saber", el "Gay Saber" es
lengua de Esopo, lengua "diplomática" que puede hablarse
y entenderse al derecho y al revés, por fuera y por dentro.
y el trovador, servidor de una sapiencia oculta, es solamente,
en apariencia, el heraldo de la locura"**. Se trata, pues -te lo
he venido diciendo a través de citas-, de una "Iey", de una
"regla" cuando en aquellos tiempos se escribe acerca de ocul-
tismo, usar un lenguaje atiborrado de una especial sintaxis:
una falta aquí, una equivocación allá, una incongruencia acu-
llá; un sinónimo ahora, una palabra de otro idioma después,
en fin, todo un tejemaneje para quien lea y no posea "Ia cla-
ve" no pueda descifrarlo. Por eso, para entender lo que sigue
de los "disparates" del Manchego es necesario no sólo cono-
cer a fondo las claves de la simbología hermética, sino recor-
dar otra vez las frases de Eugenio Filaleteo*** y de Empe-
rador.
(,,) Titus Bucknart, Alquimia, Pág. 115, Plaza y Janes, Barcelona, España.
1 ) Gerad de Sede,EI Tesoro Cátaro, Pág. 177, Plaza y Janés, Barcelona, España.
1 ·)Seud6nimo del místico y escritor inglés Thomas Vaughan, hermano del poe-
ta Hel]ry Vaughan.
267
Juliano y todavía agregar otras para que no te quede ninguna
duda. El primero dice y lo repito:
JI. • • Aunque escribimos en el nativo idioma, resultará
nuestro tratado de tan difícil comprensión como si es-
tu'viera en griego para algunos que, no obstante interpre-
tar pésimamente nuestros conceptos, se figurarán que nos
comprenden muy bien..."
En tanto que el Emperador romano señalaba que:
JI ••• Lo que en los mitos se presenta como inverosímil
es precisamente aquello que nos abre el camino a la ver-
dad ..."
Nouveau Piobb, en su Enigma de la Rosa Cruz* dice (Pág. 74):
"Un principio hermético consiste en establecer documen-
tos simbólicos cuyo sentido es engañador y cuyo autor se
disimula de manera de dar a su personalidad una impre-
sión para lo cual su seriedad y autenticidad parecen muy
discutibles.
Es innegable que cualquiera que no esté advertido perderá
tiempo en discutir el documento a menos que se fíe ab-
solutamente y tome al pie de la letra las aserciones que
éste contenga.
Pero en uno y otro caso, hay en el analista gran parte de
ingenuidad e inclusive de pretensión. Todo hermetismo
explota la ingenuidad y, a veces, la pretensión de sus lec-
tores. Así conserva, para uso de las personas enteradas,
las verdades Que desea hacer conocer".
(-) Editorial E.T.E. 1977. Barcelona. España.
¿Quién era Durandarte!
En la disparatada historia que cuenta el Manchego, dice
que Montesinos, (el Venerable Maestro) echó un poco de sal
en el corazón que había sacado a Durandarte (el discípulo ya
iniciado). Cervantes, pues, desarrolla este tema en torno a
Durandarte y Montesinos y, en particular, se refiere a la última
voluntad del primero. En verdad Durandarte nunca existió.
Era el nombre de una espada de Roldán, el autentico héroe
de Roncesvalles y significa "para dar duro" o "para dar con
ella" o "el duro arte de pegar" o cualquier otro significado
aproximado. Este nombre fue convertido en persona por
alguien desconocedor de este detalle y así se creó la leyenda
española medieval de los primos o amigos: Montesinos, un
noble español a quien se había atribuido fantásticas leyendas
y hazañas y Durandarte, un supuesto héroe de Ronces-
valles. Según la última voluntad de este último, su corazón
debía entregarse a la dama de sus amores -la Princesa Beler-
ma-, después que él ya hubiese muerto. Esta historia impre-
sionó hondamente la imaginación populachera española de
la edad media y era muy manoseada en los libros de caballe-
ría que se dice ridiculiza Cervantes en su obra.
El sfrnbolo de la sal
Enfoquemos ahora las palabras del lenguaje técnico ocul-
tista usadas aqu í; sal, por ejemplo. Dice Mad. Blavatsky en
el Tomo 1, Pág. 226, de Isis sin Velo (lbíd):
"Comprenderemos con mayor facilidad el oculto
sentido de la alegoría de la creación del hombre si
,
tenemos en cuenta que los antiguos filósofos conside-
raban universalmente la sal como uno de los más
importantes principios constituyentes de la creación
orgánica, y que los alquimistas la ten ian por el mens-
truo universal extraído del agua, aparte de que tanto la
ciencia moderna como el concepto popular la diputan
por elemento indispensable para el hombre y los
animales. Paracelso llama a la sal centro de agua en que
han de morir los metales"; y Van Helmont dice que el
alkahest es summum et felicissimum ommium salium
(la sal más superior y afortunada).
Cuando Jesús dijo a sus discípulos:
Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se desvane-
ciere, écon qué será salada?... Vosotros sois la luz del
mundo. (San Mateo, V: 14).
Con estas palabras significaba directa e inequ ívoca-
mente la doble naturaleza del hombre físico y espiri-
tual, demostrando por otra parte su conocimiento de
la doctrina secreta cuyos vestigios se descubren en las
más antiguas y populares tradiciones de ambos Testa-
mentos, así como en las obras de los místicos y filó-
sofos antiguos y medioevales".
Recuerda que mencioné lo mucho que se usan los moti-
vos zoológicos en la simbología de la alquimia. Fulcanelli, ex-
plicando el significado de la salamandra en la hermenéutica
alqu ímica, dice al respecto.
Salamandra, en latín, viene de sal y mandra, que sig-
nifica establo y también cavidad de roca, soledad, ere-
mitorio. Salamandra es, pues, el nombre de la sal de
establo, sal de roca o sal solitaria. Esta palabra toma en
lengua griega otra acepción, reveladora de la acción que
provoca. aA ap a u8 p a aparece formado de
agitación, desorden, empleado, sin duda, por
ó !;aArJ, agua agitada, tempestad, fluctuación, y de
r¡av8pa, que tiene el mismo sentido que en latín. De
estas etimologías podemos sacar la conclusión de que
la sal, espíritu o fuego nace en un establo, en una ca-
vidad de roca o en una gruta... Ya basta. Acostado
en la paja de su cuna en la gruta de Belén, éno es acaso
Jesús el nuevo sol que trae la luz al mundo? ¿No es
Dios mismo bajo su envoltura carnal y perecedera?
270
¿Quién ha dicho, pues, Vó soy el Espíritu y la Vida, y
he venido a prender Fuego a las cosas?
Como comprenderás, Fabricio, ninguna de estas sales es la
sal común o Cloruro de Sodio de nuestras mesas.
Perífrasis ele Cervantes
Si a todo esto agregamos que ya desde la IV Dinastía el
Auténtico Hombre era simbolizado en los jerogl íficos egip-
cios con un corazón, entenderemos bien, ya sin titubeos, que
Cervantes lo que hace aqu í, en la jeringonza particular de un
"loco", es parafrasear lo que escribe Mateo en V: 14 y que
dijo el Señor del Amor cuando, utilizando el cuerpo del
Maestro Jesús durante la encarnación de éste en Palestina
hace uno dos mil años, nos dejó esa sentencia maravillosa en-
tre su legado de sublimes verdades y enseñanzas ético-filosó-
ficas. Es decir, que en la vivencia espiritual de la humanidad,
los iniciados son la sal principal.
El Caballero Manchego continúa su relato as í:
", .. nos tiene aqu í encantados el sabio Merlín ha mu-
chos años y aunque pasan de quinientos.. ."
Cervantes señala indirectamente
"la segunda muerte"
Ahora el Manco nos está señalando y hablando, indirecta-
mente, de la "segunda muerte" que menciona Dante en su
Comedia y que parcial y concisa, pero directa y certeramen-
te explica Proclo en el trocito acotado por Madame Blavatsky
y que ya vimos y comentamos.
En efecto, el Verdadero Hombre, el Ego Inmortal reencar-
nante, recorre el camino evolutivo ajustado siempre a la ine-
xorable Ley del Karma. En el proceso de su evolución sólo él
es el responsable. Nadie lo castiga o lo premia. Sólo sus ac-
ciones siembran y cosechan. Así, asimila las experiencias ne-
271
gativas acumuladas durante su vida física, en la totalidad de
los siete subplanos del mundo o plano astral. Este es, pues,
otra clase de mundo sensiente. AII í todavía se está "vivo"
como muy bien dice Cervantes, porque, entre otras cosas,
todavía se sufre, aunque no sufrimientos de tipo físico. Sufren
en mayor grado lo que se encuentran en los subplanos inferio-
res (mundo infernal y purgatorial inferior), y en menor grado,
los que se encuentran en subplanos superiores (Sumerland,
Campos Elíseos, etc.). Cuando se adquieren all í las experien-
cias necesarias -que grabará el Verdadero Hombre indele-
ble y sempiternamente en su Yo Superior-, se desintegra
entonces el cuerpo astral (la segunda muerte) y pasa el hom-
bre al mundo celeste, unos en superior y otros en inferior
subplanos, de la misma manera como se ha explicado en lo
referente al plano astral. Aqu í el Auténtico Hombre empieza
ahora a gozar de las experiencias positivas o merecimientos
que sus buenas obras ganaron para él durante su estancia
en el mundo terrestre. Estas palabras de San Pablo nos con-
firmarán las escalas o subplanos del mundo celeste:
"Conozco un nombre en Cristo, que hace catorce años
(si en cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios
lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo: (11 Corin-
tios, X",") (Negritas mías)
Obviamente si existe un tercer cielo debe haber un
primero y un segundo, etc.
Así, pues, Fabricio, en lo referente a los "muertos vivos"
que se manifiestan aqu í, parecen disparates y lo serían estas
cosas si fueran referidas al plano físico, pero téngase en cuen-
ta que ellas ocurren en los subplanos inferiores del astral o
Kamaloka en donde los desencarnados depuran sus pecados,
como ya se ha dicho, mediante un proceso de dolorosa pri-
vación antes de seguir o enfocar su conciencia en otros pIa-
nos de aquellas ocultas dimensiones.
Este ciclo se repite hasta que el hombre despierta a lo
espiritual en el mundo físico y, comprendiendo entonces que
272
litado es uno", endereza su vida hacia la virtud, el bien y la
caridad, logrando finalmente la liberación y termina para
él el llamado ciclo de necesidad. Este es, en resumen, el pro-
ceso y la finalidad de laque se conoce como Reencarnación
en el desarrollo evolutivo.
Pero de todos modos, si consideramos el asunto global-
mente, el hecho que se constata al cotejar estos datos cien-
tíficos -y digo científicos porque han sido compilados por
investigadores metafísicos y metapsíquicas, lo mismo que un
patólogo sigue la pista de una enfermedad y un astrónomo la
de una nebulosa o un cometa-, con la narración de Quijote,
es la existencia, fuera del plano físico, de personas que mu-
rieron hace muchos siglos antes. De modo que no se trata de
un desaguisado ni de una alucinación del Manchego, sino de
un hecho real en el sistema de la naturaleza; hecho co-
nocido por el Manco y fuera porque se tratase de no darlo
abiertamente al público en el temor de aparecer chiflado él
mismo; fuera que algún juramento lo obligase aguardar sigi-
lo, o fuera porque temiese él los procedimientos del Tribu-
nal de la Inquisición, que de seguro lo hubiera perseguido
como hereje, lo cierto es que no lo quiso decir claro, sino
valiéndose de mil subterfugios y enrediñas, que es lo que se
llama en literatura " echar un velo" a fin de que lo compren-
dan aquellos que se encuentran preparados, y los demásacha-
quen las cosas a la locura de Quijote, como se ha venido di-
ciendo, salvando él, tras este velo, su reputación de hombre
sensatoy... su pellejo.
Lo que dice el Maestro Jinarajadasa
Otra cosa que extrañará el vulgo, pero que entenderá y
comprenderá perfectamente el que sabe de estos asuntos, es
el largo tiempo que hace se encuentran all í estos muertos vi-
vos -más de quinientos años según la cuenta de Montesi-
nos-o Para no hablar mucho en este punto me limito a citar
este pasaje del Maestro Jinarajadasa:
lila Ley de Reencarnación sufre algunasmodificaciones
273
en lo que respecta a las almas sencillas e incultas que na-
cen repetidas veces en una misma sub-raza antes de pasar
a otra. El intervalo entre sus vidas se limita a veces a
unos pocos años, aunque puede Ifegar a doso tres si-
glos..." Más adelanta agrega: " ... Entre las almas culti-
vadashay dos subtipos; el de aquellas cuyo intervalo en-
tre la muerte y el renacimiento abarca por término me-
dio 1200 años y las que lo tienen de 700 años•.." (Ver
Fundamentos de Teosofía, Pág. 58, Edit. Orión).
Aclarando, sin embargo, este maestro que la mayor parte
de estos períodos es vivido por los desencarnados en el
plano mental inferior o cielo de los cristianos.
Las siete hijas y dos sobrinas de Ruidera
Cuando Cervantes menciona a las "siete hijas y dos sobri-
nas de la señora Ruidera a las que el encantador Merlín hab ía
convertido enlagunas", .está nuevamente accionando los re-
sortes de la anfibología, de la paráfrasis y de la tropología.
Cierta y verazmente nos está señalando el Manchego un sin-
gular fenómeno geológico que ocurre en aquella cueva y
bien conocido en toda la región de la Mancha, por todos los
peninsulares y por los geólogos de todo el mundo. Pero el de
Lepanto, además, lo que realmente hace es dar una campana-
da para poner en atención a todo el que tenga oído para oír.
En efecto, el fenómeno geológico podría servir hoy y, tal vez,
sirvió ayer como atracción turística de la región, pero para
nuestros propósitos y los que Cervantes quiere servirse en
su alegoría, no tiene aqu í gran importancia. Lo que verdade-
ramente importa es la mención de ta cifra siete, que es el nú-
mero de la clave ocultista y el nombramiento de los otros
elementos, la laguna y el río, que también son símbolos
-como dije antes- de gran importancia en las enseñanzas
ocultas. Con su paráfrasis -disparates de Quijote según al-
gunos- Cervantes nos está matando dos pájaros de un tiro,
como dicen, y espesando más y más la alegor ía.
274
La cifra siete y los autores clásicos
El de Lepanto hace aqu í lo que suelen hacer los autores
clásicos ocultistas; por ejemplo Homero, en la Odisea, cuando
trata de los siete años que estuvo Ulises prisionero de Calip-
so, reina de una lejana isla, o Dumas cuando en el Conde de
Montecristo refiere que el héroe de la novela estuvo catorce
años, dos veces siete, prisionero en los calabozos del Castillo
de If, o en los relatos bíblicos cuando se menciona a las siete
hijas de Jethro que Moisés ayudó a la vera de aquel pozo
o cueva, o cuando en Números XXIII, 1, Balam dice a Balak:
"Edifícame aqu í siete altares y prepara siete becerros y siete
carneros"; o en La Morte d' Arthur, Galvano, para e n t r a ~ en
el Chastiax as pucellas ha de vencer a siete caballeros?", o
cuando Parsifal debe pasar siete años, después de habérsele
roto la espada, para volver a encontrar el castillo del Grial.
Todos ellos proceden a dar aviso de que ya se trate de alego-
ría, novela, narración, conseja o leyenda lo que están mane-
jando, invariablemente, es literatura hermética o iniciática
sujeta a la clave del siete.
Ahora bien: ¿Qué se entiende por la clave del siete? Es,
lo que, en términos generales, se conoce como el Misterio
de la Encarnación. Es decir, el descenso de la Trinidad Di-
vina (3) en el Cuaternario (4) de la manifestación material
(3 + 4 = 7), enseñada por la Cábala y por Pitágoras en la
ciencia conocida como numerología divina.
El hombre integral
En el simbolismo ocultista, el triángulo sobre el cuadra-
do representa al hombre integral. El cuadrado es aqu í el
llamado cuaternario inferior u hombre animálico, constitui-
do por: a) el cuerpo físico, 2) el cuerpo etérico, 3) el cuerpo
astral y 4) manas inferior o mente concreta. Esta es la base de
(*) El Misterio del Grial. pág. 192 IIbfd.)
275
.a personalidad; tetradra característica y común a todos los
animales. Es conveniente recordar aqu í que en los dibujos
planos suele representarse la piedra cúbica con un cuadrado.
Esta piedra cuadrada simboliza, entre otras cosas, el hombre
perfeccionado por la evolución sP.gún se ha dicho. Esto es lo
que Cervantes nos señala con aquel sfrnbolo del túmulo "con
maestría fabricado" sirviendo de lecho a un "muerto vivo".
Este mismo símbolo, con algunas variantes, lo encontra-
mos en la cultura Azteca. Existe en el Museo de Antropolo-
gía e Historia de la ciudad de México, la estatua del dios Az-
teca Xochipilli. Se encuentra aqu í el dios sentado sobre una
piedra de basalto cuadrada y muy bellamente decorada. El
dios tiene las piernas en cruz de San Andrés, las rodillas en
alto y los pulgares e índice de las manos en .contacto, No di-
go más. Quien tenga oído para oír que oiga.
Por otro lado, el triángulo es el elemento llamado divino
o Trinidad en el hombre constituido por lo que en lenguaje
teosófico se llama Atma, Budhi, Manas (Superior! donde re-
side la individualidad; característica de la etapa en que el
animal ha alcanzado la humanización, por la infusión en sus
vehículos, de la energía llamada por los ocultistas la tercera
oleada de vida, y por los cristianos, alegóricamente, El Padre.
Esta tríada (voluntad, sentimiento y pensamiento), es propia-
mente el hombre (el llamado hombre celeste), simbiosado,
sin embargo, durante incontables edades con un cuerpo
animal (producto terrestre) para cumplir una, sólo una, de
las etapas de su evolución que de otro modo no podría reali-
zarse.
Así como el feto, obedeciendo a las leyes que lo rigen,
un día se desprende inevitable y definitivamente de las entra-
ñas aue lo llevaron, lo nutrieron V lo cobijaron. p a ~ evolucio-
nar en ritmos más amplios; así algún día el hombre, la tría-
inmortal, habrá de separarse definitivamente del cuaternario
animal que lo retiene como un claustro, o matriz, o molde,
para continuar su evolución en otros planos. Ese día, agotada
la serie de encarnaciones, se dice en el lenguaje esoterista que
el hombre ha rebasado el ciclo de necesidad, o que ha alcan-
276
zado la liberación. En el simbolismo del sistema cristiano el
suceso está alegorizado por la ascensión del Señor hacia los
cielos en el dfa de pascua. Se eleva para no volver. Va a sen-
tarse a la diestra de Dios Padre, lo que significa que el ciclo
evolutivo, en esta etapa, ha terminado. Los budistas dicen
que el hombre ha alcanzado el estado de nirvana o de la paz
absoluta.
Este es también el simbolismo del hijo orodico (la Mona-
da) que ha retornado a su casa y el anciano Padre sale a reci-
birlo en el umbral con los brazos abiertos por el alborozo. Es
ésta Quizá la más esplendente y la más filosófica de todas las
alegorías religiosas. No ciigo cristianas porque ella viene de la
India y es universal.
En el Canto XX del Purgatorio, dice Dante. "Sentí retem-
blar el monte como si se hundiera y por todas partes se oíar.
voces cantando un himno: Gloria in excelsis Deo."
En el Canto XXI, Virgilio interroga acerca de estas cosas
a'l espíritu de Papinio Stacio que vaga por all í y que contesta
de este modo: "Nada sucede en la religiosa Montaña, que es-
té fuera del orden o del uso establecido. Este sitio está libre
de toda conmoción, y la que habéis sentido sólo procede de
aquellos que el cielo recibe digno de sí mismo y no de otra
causa...Unicamente se estremece cuando algún alma, sien-
tiéndase purificada, se levanta y se mueve para subir acompa-
ñada de aquel cántico". (1188)
Dice la nota o comentario No. 1188 del texto del cual
copio: "Lo que el cielo recibe son las almas que, una vez pu-
rificadas, van a la beatitud eterna": pero esto es el mismo
concepto de "sentarse a la diestra de Dios Padre" o el mismo
del nirvana. El Dante no era, pues, solamente un poeta y un
teólogo, sino también un iniciado que lo conocía todo en de-
talle.
La constitución septenaria de la naturaleza
Así, con todo esto, lo que sugiere al que sabe de estas co-
sas es la constitución septenaria de la naturaleza y del hombre
277
ya que en el orden de la creación, por ejemplo, siete son las
notas del sonido y siete los colores de la luz, siete los planos
cósmicos, siete las jerarqu ías creadoras y siete los días de la
creación, etc. etc. San Juan, en el Apocalipsis, después de tra-
tar de los siete mensajes de las siete iglesias de Asia menor, to-
do ello simbólico, habla de un libro que estaba escrito por
fuera y por dentro, cerrado y sellado con siete sellos que un
ángel levantaba uno tras otro. El libro simboliza al hombre, la
escritura interna es una alusión al sistema nervioso vegetativo
y la escritura por fuera es referencia al sistema cerebro-espi-
nal o de relación. Los siete sellos son los siete Chakras o cen-
tros dinámicos o de fuerza, intocados o vírgenes porque se su-
pone un hombre que todavía no ha emprendido las ordalías
iniciáticas, y el ángel que levanta los sellos simboliza al hiero-
íante o maestro iniciador cuando, en el curso del ceremonial,
aplica la energía del centro al Chakra correspondiente para
dejarlo abierto o en condición funcional. Todo esto, pues, es
lo que asoma cuando escritores esoteristas clásicos aluden en
alguna manera a la clave del siete, a cuyos cartabones han
ajustado su literatura.
El agua, río o mar
Así que, ajustando bien la mira y tratando de penetrar és
tos sin duda disparates y despropósitos que cuenta el de la
Triste Figura a la salida de la cueva, aunque claros y sin velo
para el que sabe leer entre líneas, a veces encontramos en la
literatura ocultista una alegoría y un símbolo que se refiere a
una y hasta a más de dos cosas. Así, cuando en esta dirección
se menciona agua, río o mar, se simboliza o alegoriza con
ellos lo mismo al conocimiento, la sabiduría, que a las fuerzas
cósmicas y a la humanidad en general. Por ejemplo, a veces
se dice "r ío de gente" o "mar de seres" y también "es un
océano de sabiduría", etc. etc. En este predicamento, en
aquella parábola de la Samaritana que sostiene una conversa-
ción con el Maestro Jesús en oportunidad de éste pedirle agua,
el Maestro le dice:
278
"Mas el que bebiera del agua que yo te daré, para siem-
pre no tendrá sed..." (Juan, Capt. 4, Verso XIV)
Aqu í la Samaritana simboliza la humanidad que ofrece un
agua que apaga momentáneamente la sed; esta agua represen-
ta la ciencia académica, el conocimiento científico humano,
el método discursivo o duoitativo, el conocimiento adquirido
por la menté inferior. Pero el Maestro ofrece otra y esa agua
del Maestro es la sabiduría, el conocimiento de las cosas inter-
nas o divinas, de la mente superior, única agua que colma el
alma y produce la paz. "No tendrás más sed" quiere decir no
tendrás más inquietud, no tendrás más dudas.
Los siete senderos de evolución
Al señalar Don Quijote aquellas "siete hijas y dos sobrinas
que habían sido encantadas y convertidas en lagunas" sin du-
da está aludiendo Cervantes a los siete caminos de evolución
de la humanidad y a las dos alternativas que se le ofrecen en
los planos superiores para la evolución superhumana. En efec-
to, el género humano tiene siete caminos, o senderos, o vías, o
rayos por los cuales puede alcanzar Ananda que significa bie-
naventuranza, la verdadera felicidad, la auténtica vida. La es-
cuela cristiana conoce estos Siete Rayos como los Siete Ange-
les de la Presencia, aunque, en verdad, ni m ística ni filosófica-
mente parecen los mismos. Se asignan a estos caminos el
nombre de voluntad o independencia, amor, comprensión, ar-
mon ía, pensamiento, sentimiento y belleza. Estos siete rayos
o vías concuerdan o son afines a la tónica personal interna de
cada individuo y de cada raza raíz y sus subrazas. Así sabe-
mos que la tónica de los chinos fue la paciencia, la de los grie-
gos la belleza, la de los romanos la milicia y la poi ítica, etc.
etc. Por eso se dice, de cualquier eminente persona, "nació
músico", "es un poi ítico nato" etc.
Cuando el iniciado ha caminado y trascendido uno cual-
quiera de estos senderos se dice que alcanza la iluminación y
es entonces cuando "Ias esferas se estremecen de gozo" según
279
lo que dice el Profeta, y suceso que la escuela cristiana sim-
boliza -como se dijo antes- con la aparición del cuerpo ra-
diante, luminoso y glorioso del Hijo de Dios en los albores de
la mañana del Domingo de Resurrección. Entonces, alegórica
y propiamente, se le llama rey al iniciado. De ah í que Jesús,
después de la "resurrección", sea llamado "Cristo Rey",
"Rey de los cielos", etc.
Las lagunas de los reyes de Espana
Este pasaje que escribe Cervantes:
r r •••Ias siete son de los reyes de España, y las dos sobri-
nas, de los caballeros de una orden sant ísirna que llaman
de San Juan ... r r
no es más que otra de las conocidas perífrasis o tropos que
lanza el de Lepanto para decir, al mismo tiempo, una, dos o
tres cosas. Literalmente -y de acuerdo al plan trazado por el
Manco--, nos está entregando otra vez una verdad objetiva, ya
que de cierto las tales lagunas de aquella cueva y en aquel
tiempo eran propiedad de los reyes de España y de una orden
clerical. Pero el Manco, con su conocido arrojo, está emplean-
do aqu í un afilado cuchillo de triple filo ya que, además, le
asesta una estocada al sistema poi ítico social de aquellos días
representados por la nobleza y por el clero. El de Lepanto,
también con esto nos dice que el clero y la nobleza eran los
dueños de todo lo que pudiera tener slqún valor en España,
i hasta de las lagunas escondidas!. He aqu í otro de los fusta-
zos de que habla Villegas en la cita acotada en mi carta ante-
rior. He aqu í otra de las oportunas y apropiadas críticas que,
sutil pero veladamente, dispara Cervantes a la organización
socio--pol ítica--económica de su época.
Pero enfocando ahora con el lente correspondiente a la
tónica de estos capítulos, lo oculto, lo analógico, lo espiritual;
al Manco, lo que verdaderamente le interesa dejar dicho, es
todo lo otro: que en el proceso iniciático, el conquistador de
uno de los siete rayos es el rey y tal es lo que efectivamente
nos dice con aquella frase tan concisa, pero tan directa y elo-
cuente para quien sabe leerla: las siete son de los reyes...
Con esto, Fabricio, lo que meramente hago es guardar el
consejo de Mdme. Blavatsky quien, en la Pág. 130 del Tomo
IV de la Doctrina Secreta (lbid.) dice: "Debemos siempre
buscar más de un sentido en todo misterio revelado alegórica-
mente, sobre todo en aquellos en que aparece el número siete
y su múItiplo siete por siete... "
Para abundar en esto de los reyes, recordemos que en las
sagas célticas o nordicogermanas tipo Parsifal, Lohengrin, etc.,
algunos caballeros, después de una serie de aventuras y peli-
grosas peripecias (símbolo de la lucha del hombre por vencer
la naturaleza inferior o animálica) el héroe finalmente se con-
vierte en rey. En relación a este mismo asunto, se lee en El
Misterio del Grial, ya antes acotado. Págs. 207-8, lo siguien-
te:
" ...EI reino del Grial, en los términos de un centro, pa-
ra formar parte del cual, como se dice en Wolfram Von
Eschembech, son llamados los elegidos de todas las tie-
rras, del que parten caballeros para lejanos países, en mi-
siones secretas, y que, por último, es"semillero de reyes",
es la sede desde donde son enviados a varias naciones, de
cuyos reyes nadie sabrá jamás de "dónde" vienen verda-
deramente y cual es su "raza" y su "nornbre" ; el sig-
no del Grial, inaccesible e inviolable, permanece una rea-
lidad; también en la forma según la cual no se le puede
relacionar con ningún reino de la Historia. Es la patria
que jamás podrá ser invadida, a la que se pertenece por
un nacimiento distinto al físico, por una dignidad distin-
ta de todas las del mundo, y que une en una cadena
irrompible a hombres que pueden aparecer dispersos en
el mundo, en el espacio y en el tiempo, en lasnaciones.. ."
287
Recordernos aqu í, Fabricio, aquellas palabras del Maestro
Jesús: "Mi reino no es de este mundo".
De suerte que Cervantes nos presenta, en estos cap ítulos
de la Cueva de Montesinos, casi todos los símbolos específicos
y clásicos de la iniciación. Sólo un verdadero maestro, no úni-
camente de la literatura, sino también de los conocimientos
ocultos, puede entregar todo esto envuelto con tan sutil, al
mismo tiempo que intrincado velo. Solamente la enérgica
imaginación y el genial talento del Manco de Lepanto era ca-
paz de producir estas sublimidades y hablarnos de aquellas
"realeza trascendente y de aquella superior "religión regia se-
gún Melquisedec". Asimismo, únicamente aquellos quienes
conocen las claves son los idóneos para percibir estas ocultas
enseñanzas.
Las dos alternativas
Ahora bien, cuando el hombre ha alcanzado la santidad o
iluminación, o como también se dice en ocultismo, el adapta-
do, es decir, la condición de superhombre en el sentido espiri-
tual, es que ya ha recorrido todos los ciclos evolutivos; hu sal-
dado hasta el último átomo negativo que pudiera adeudar por
concepto de la Ley de Karma y como consecuencia de todo
ello la qarna y cuota de la sabidur ía que le estaba asignada pa-
ra cubrir en este mundo ha sido colmada. Entonces la Ley de
Reencarnación y sus "ciclos de necesidad" no opera ya sobre
él; el adepto ha exterminado al monstruo (la naturaleza ani-
málica, la ilusión).
Se encuentra el hombre ahora, ya todo un superhombre,
un santo, un i luminado, un arnat, un liberado, un salvador,
frente a dos alternativas: a) o quedarse en los linderos de esta
tierra -lugar donde logró su perfección- y en acto de amor y
sacrificio, desde all í ayudar con su influencia benéfica, a los
llamados "hermanos menores" y aún atrasados en la evolu-
ción en este mundo a fin de que ellos también puedan alcan-
zar Ananda; o b) pasar a otras esferas de evolución a las que
se les llama "evolución superhumana" y acerca de la cual es
muy poco lo que se sabe. De estas dos alternativas la primera
282
cae dentro de la que se conoce como Ley de Renunciamien-
to, y es lo que el sistema cristiano llama "Ia comunión de los
santos" y los ocultistas conocen como la "Fraternidad o Lo-
gia Blanca". Por eso dice Cervantes una orden santísima y usa
aqu í el grado superlativo. Los siete senderos o rayos condu-
cen a la santidad o iluminación; pero las dos alternativas men-
cionadas son prerrogativas de "una orden sant ísima" porque
conduce a lo divino, a lo superhumano; es pues realidad ahora
la promesa del Salmista: "seréis dioses ..." y que si recuerdas
bien no es más que la misma promesa de la alegórica serpiente
en el también alegórico para íso de Adán.
Los Caballeros de San Juan y los Templarios
Estos Caballeros de San Juan mencionados por Quijote,
fueron los herederos y sustitutos de los originales Caballeros
Templarios, una orden semi-monástica de tiempos de la Se-
gunda Cruzada, creada por San Bernardo para ir al rescate de
los Santos Lugares por entonces en poder de los infieles o hi-
jos de la Media Luna. Los tales templarios en realidad organi-
zaron una sociedad u orden militar-religiosa iniciática secreta
que, como dije antes, desempeñó por un lapso un muy impor-
tante papel en la preservación de la sabiduría esotérica en
aquellos obscuros días de la Edad Media. Se dice, no sin prue-
bas bastantes convincentes, que los Templarios fueron quie-
nes trajeron la masoner ía a Occidente y en la actualidad, ten-
go entendido, existen grados en esa Hermandad que indirecta
o directamente aluden a la caballería, en especial al Temple, y
que van del 19
0
al 32
0
. También, existe la Orden Masónica
de Los Templarios en honor de aquellos "alientes idealistas
que durante el obscurantismo fueron el río que
11 .cuando llegó a la superficie de la tierra y vió el sol
del otro cielo, fue tanto el pesar que sintió...que se su-
mergió en las entrañas de la tierra; pero como no es posi-
ble dejar de acudir a su natural corriente, de cuando en
283
cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes lo
vean ..." (Negritas mías)
según el texto de la alegoría de Cervantes y que veremos y
analizaremos más adelante.
Como información adicional Fabricio, te añado que según
la leyenda, a estos Caballeros Templarios se les asignó el cui-
dado y la custodia de las ruinas que quedaban del Templo de
Salomón en Jerusalén cuando la cristiandad triunfó en aque-
lla Cruzada. Se dice, además, que all í, en los patios, pasajes,
corredores y cuevas de aquellas ruinas, los Templarios encon-
traron las Tablas de la Ley, según algunos autores, o el Arca
de la Alianza, según otros. Aunque muchos hay que dicen
que los dos son una misma cosa y que, en conjunto, todo no
es más que un símbolo.
Además, en tiempos de Cervantes exist ía dentro de la
Iglesia Católica la orden de los Juanistas, a la que sólo perte-
nec ían doce cardenales. Esta orden se dec ía heredera de la
fundada por San Juan el Bautista la que, a su vez, era uno de
los tantos ramales de los esenios esparcidos en la Judea de los
tiempos evangélicos. Jesús perteneció al grupo de los esenios
hasta el inicio de su ministerio, ocasión que tuvo lugar al reci-
bir el bautismo en el Jordán de manos de Juan el Bautista.
Los Juanistas en verdad fueron una "Orden Santísima"
pues nunca ninguno de sus miembros dieron ocasión de es-
cándalo ni de ninguna ejecutoria de cualquier otra clase. Eran
enteramente místicos y muy pocos sabían y saben de su exis-
tencia dentro del seno de la iglesia.
Con todo esto lo que Cervantes nos deja dicho es que
para conquistar uno cualquiera de los siete rayos y en especial,
estar en capacidad para escoger las alternativas, hay que ser
iniciado en algún orden esotérico-espiritual; no importa cual
ya que "todos los caminos conducen a Dios", pero la inicia-
ción es un pre-requisito necesario para la' conquista de los
mundos superiores, aunque, como toda regla, puede haber sus
excepciones. Una de estas honrosas excepciones fue el filóso-
fo griego Sócrates.
284
la cifra nueve no erapropia aquí
Esta alusión que hace el Manchego a las "siete hijas y dos
sobrinas", las que en total suman nueve (la totalidad de lagu-
nas que existen en la Cueva de Montesinos) y que Cervantes
alegoriza como las "parientas de la señora Ruidera" encierra
más de ur- símbolo y presenta más de un significado en ocul-
tismo, como casi todos los símbolos. De ahí que esta alegoría
sea tan compleja.
Este número nueve también es cabal ístico, ocultista y
simbólico. En efecto, es el resultado de multiplicar tres por
tres y representa, en uno de sussignificados, las tres energ ías
de la llamada trinidad espiritual: Voluntad, Pensamiento y
Sentimiento, o, Padre, Hijo y Espíritu Santo fecundando los
tres moldes y matrices de la trinidad material: la Inercia, la
Movilidad y el Ritmo. De esta conjugación por pares en los
planos metaf ísicos, ocurre el universo sensible en la mañana
de la creación. Tal el sentido del Génesis en aquel "soplo que
pasaba sutil sobre las aguas..."
Déjame ahora salirme un poco de lo metafísico para dar
paso a un auténtico Maestro, quien te explicará desde el pun-
to de vista cabalístico, lo mucho que seencierra en el número
nueve. Max Heinder, el gran. iniciado rosacruz, en su obra
Concepto Rosacruz del Cosmos*.
Dice acerca de la cifra nueve:
"EI número nueve, es el número raíz del estado actual de
nuestra evolución. Tiene un- significado en nuestro sis-
tema que ningún otro número tiene. Es el número de
Adam, la vida que comenzó su evolución como Hombre,
que alcanzó el estado humano, durante el Período Te-
rrestre. En hebreo, así como en griego, no hay números,
porque cada letra tiene un valor numérico. En hebreo
(-) PÍJ<!. 429 -Editorial Kier , B. Aires, Argentina, Dccirna Edición Rf'lfisada).
285
"Adam" se llama "ADM". El valor de "A" es 1; el de
la "O", 4; Y el de la "M" 40. Si sumamos esos números:
1 + 4 + 4 + O = 9, encontraremos el número de
Adam o de la humanidad.
Si dejamos el Libro del Génesis, que trata de la creación
del hombre en un antiqu ísimo pasado por el Libro de la
Revelación que trata de su desarrollo futuro, encontrare-
mos que el número de la bestia es 666. Sumando esos
números: 6 + 6 + 6 = 18 Y 1 + 8 = 9, encontrare-
mos nuevamente el número de la humanidad, que en sí
misma es la causa del mal que obstaculiza su progreso. Y
más aún, donde se indica el número de los que sesalva-
rán, encontramos 144.00. Sumando como antes 1 + 4
+ 4 + 000 = 9, nuevamente el número de la humani-
dad, mostrando que prácticamente se salvará en su tota-
lidad; siendo el número incapaz de progresar en nuestra
evolución actual, despreciable en comparación con el
gran total, y aun los pocos que fracasen no estarán per-
didos, pues progresarán en otro plan futuro.
Si consideramos al hombre ordinario como un grado en
sí mismo, y recordamos que hay trece iniciaciones desde
el hombre hasta Dios, o desde el tiempo en el que co-
menzó a capacitarse para convertirse en una Inteligencia
Creadora Consciente de Sí, tenemos nuevamente el mis-
mo número (nueve): 13 + 1 + 13 = 27; 2 + 7 = 9.
El número 9 está también oculto en la edad de Cristo Je-
sús 33; 3 X 3 = 9, y de esta manera análoga en los 33
grados de la masonería. En los tiempos antiguos, la ma-
sonería era un sistema de iniciación en los misterios me-
nores, lo que, como hemos visto, tienen nueve grados,
pero los iniciados los escriben, generalmente, como 33.
Similarmente leemos grado 18
0
de la Rosacruz, que no
es más que un velo para el no iniciado, porque nunca
hay más de nueve grados en ningún misterio menor, y
los masones de hoy en día conservan muy poca cosa de
los rituales ocultos contenidos en sus grados.
Tenemos también los nueve meses de gestación, durante
286
los cuales va construyéndose el cuerpo hasta su eficiencia
actual; Yhay nueve perforaciones en el cuerpo: dos ojos,
dos fosas nasales, dos oídos, una boca y dos orificios in-
feriores".
Pero todavía no he terminado con el número nueve Fabri-
cio. Veamos ahora lo que se lee en la Historia del Ocultismo
del francés L. de Gerín-Ricard y editada en español por Luis
de Caralt de Barcelona, España. Leamos primero lo que quie-
ro señalarte y después lo comentamos. En las págs. 167-66 Y
67 de la Segunda Edición dice así:
"Sin embargo, ciertos espíritus no fueron atra ídos por el
aspecto fantástico de esta filosofía, sino más bien, debe-
mos creer, por su extraño cuerpo de doctrina, resumen
muy complejo de muchas tradiciones milenarias. Y éste
debió ser el caso de Dante, que emplea, de manera cons-
tante en la Divina Comedia, la simbólica cabal ística de-
rivada de los múltiplos de 3. Recordemos que el Infier-
no, el Purgatorio y el Paraíso están compuestos de trein-
ta y tres cantos cada uno más un "preámbulo" para el
Paraíso; que los cielos son en número de nueve y subdi-
vididos en tres categorías, destinadas a los "seculares",
a los "activi" y a los "contemplativi". Recordemos, ade-
más, que los nueve círculos del Infierno están igualmen-
te subdivididos en tres partes: las de los incontinentes,
de los violentos y de los defraudadores; que de tres ór-
denes están compuestas las nueve jerarqu ías de los coros
angélicos, y que hay nueve círculos radiantes de la Rosa
suprema. El número 10, número cabal (stico perfecto *,
----------
-------------------------
(") El número 1O -número perfecto de los cabalistas- representa la perfección
suprema que domina los nueve "planos". Es, por lo demás la razón por la
cual en el símbolo cabalístico de la tumba de Ramón L1ull está puesto por
debajo de las tres columnas compuestas de los tres ternarios, como el "To-
tal", el 'Todo". Por otro lado es bastante curioso señalar que su figuración
actual (1 y O) adoptada por los indios en el siglo" 1, por los musulmanes de
Bagdad en el VIII y, finalmente en 1202 en Occidente, en que fue divulgada
p ~ r el Liber Abbaci de Leonardo el Pisano, simboliza por su composición
m l ~ , m a ,la suprema perfección: el 1, la unidad, lo único, y el O (el círculo),
el YaCIO", el infinito.
287
sirve a Dante para designar el Emp íreo, el décimo cielo,
por encima del cielo "cristalino", "suprema esperanza"
y "suprema esfera"*. Señalemos, además, que el poeta
usa cifras a la manera cabal ística, como signos de reco-
nocimiento. Así 9 designa a Beatriz. Es esto, sin duda,
lo que le hizo sospechoso de practicar la magia. Diferen-
tes autores -M. Asín, en su Escatología Musulmana en
"Divina Comedia"," y R. Guénon, en su Esoterismo de
Dante··:.... sostienen que Dante habría sido un ocultista,
un cabalista:"!'*Asín pretende que el poeta se había ins-
pirado, por ciertos detalles de su descripción del Infier-
no, en el Viaje nocturno yen las Revelaciones de la Me-
ca, del cabalista Mohiddin Ibn Arabi. En verdad, el co-
mentador cita pasajes de una extraña similitud. ¡y he
aqu í al "poeta divino" acusado casi de plagio, después
de haberlo sido de magia! Por otra parte, hemos subra-
yado que las cifras cabal ísticas 3, 6, 9, 10 le son caras a
Dante, que las usa de manera pitagórica y se sirve de
ellas como signo de reconocimiento. Esto haría pensar
que las semejanzas de detalles reveladas por M. Asín en-
tre la Divina Comedia y el Viaje nocturno, no serían el
resultado de una imitación desvergonzada por parte de
Dante, sino más bien el indicio de fuentes corm-nes,
entiéndase de "iniciación" común. Esta es la opinión de
R. Guénon y del profesor Righi. Las prácticas cabal ísti-
cas más secretas -dicen- eran conservadas entre los
árabes en las comunidades de los "hermanos de la
Pureza", círculos iniciáticos en los cuales se ha querido
ver una supervivencia de sectas pitagóricas y los precur-
sores de los famosos cabalistas Rosa·-Cruz.
1*) Paraíso XXII. Dante habla también de eso en el Convivio, 113.
(**) Roma, 1937.
1***) París, 1930.
(****) Así, las visiones de su infierno no serían sólo los frutos de su imaginación,
,sino, en parte al menos, "revelaciones" sobre el más allá.
¿Habría formado parte Dante de esta famosa cofrad ía?
Se ha afirmado muchas veces. Sin duda, los proyectos
del escritor respecto a una monarqu ía universal están en
la manera rosacruciana.
y se quiere ver otra prueba de afiliación de Dante a la
Rosa-Cruz en el hecho, de que haya descrito el cielo
como una serire de círculos divididos por una cruz, en el
seno de la cual florece una rosa: el emblema rosacrucia-
no. Estas son no pruebas, sino hipótesis pálidas y dudo-
sas como todo lo que se refiere al dominio del ocultis-
mo, donde las cosas son sutiles, grises, impalpables como
los fantasmas evocados..."
De estos pasajes se desprenden varias conclusiones (y esta
primera va dirigida en especial a cualquier entendido que quie-
ra insistir en que Cervantes estuvo influenciado por Dante al
escribir los capítulos de la Cueva de Montesinos) a saber: a)
que tanto Dante como Cervantes nos están hablando de la
misma realidad esotérica (según lo dicho antes) pues el de
Florencia había sido acusado de plagiar en su Comedia a los
libros Viaje Nocturno y Las Revelaciones de La Meca, aunque
en realidad de lo que se trata es de "indicio de fuentes comu-
nes, entiéndase de iniciación común" o como diría un angloa-
mericano, de un standard de la materia. La diferencia está, re-
pito, en el lenguaje, las distintas metáforas y el estilo particu-
lar que cada autor utiliza para decir lo mismo; b) que Cervan-
tes, como avezado ocultista, conocía las enormes posibilida-
des y las grandes ventajas que ofrece la cifra 9 para todo tipo
de tropos, metáforas y alegorías, pero que, en este caso parti-
cular que él trata y para el plan que se ha propuesto desarro-
llar, en el que no quiere salirse de la verdad física o material o
tridimensional que se encuentra plasmada en los fenómenos
geológicos que ocurren en la ya famosa Cueva de h/lontesinos,
debe dividir el número nueve en dos grupos: las siete lagunas
que pertenencen a los reyes de España y las dos restantes que
pertenecen a una orden santísima. De paso nos está entregan
do y senalando, velada por los recursos tropológicos, la clave
del siete, como ya se ha dicho y nos está dando suiJlimes lec-
289
ciones esotéricas y e) si alguna duda quedase acerca de si Dan-
te haya sido o no ocultista, con esto quedará totalmente des-
pejada.
Por otra parte, esta división del número nueve en 2 y 7 es
uno de los qrandes arcanos o mensajes que se dan en la llama-
da Numerología Pitagórica y que algunos llaman trascenden-
tal. Entre otras cosas, simbolizan las siete jerarqu ías divinas
que todavía laboran para el adelanto y provecho de la huma-
nidad y las dos jerarqu ías que ya han finalizado su trabajo y
pertenecientes a las esferas o sephirotas de Chomah y Kether
en la Cábala. No puedo decir más.
El "río" que se esconde
Al referirse don Quijote al "río que se esconde unas veces
para reaparecer otras" nos apunta otra vez un auténtico fe-
nómeno geológico que ocurre con el río Guadiana. Pero lo
que Cervantes en verdad señala, siempre con el velo de la perí-
frasis, es a las muchas veces que en el transcurso de la historia
la sabiduría y enseñanzas esotéricas (el río) ha tenido que
amañarse y esconderse para sobrevivir. Pero esa sabiduría y
esas enseñanzas, invariablemente, han reaparecido una y otra
vez y quizá con más pujanza en cada nueva ocasión. De ah í
que el Manchego diga "pero como no es posible dejar de acu-
dir a su natural corriente". Por algo reza un axioma esotérico:
"el Creador nunca abandona a su criatura".
Como sabes, Fabricio, a través de los tiempos han existi-
do religiones que en sus inicios trajeron mensajes de la verdad
eterna dados a la humanidad de acuerdo a su grado y a las ne-
cesidades de su nivel evolutivo. Pero siempre ese mensaje ori-
ginal, más tarde o más temprano, ha sido prostituido, degene-
rado y envilecido por los dogmas arbitrarios, irrazonables e
interesados de una clerecía que en todas las religiones oficia-
les y en todo tiempo se han aprovechado -claro, con sus hon-
rosas excepciones-- de la ignorancia, de la candidez y de la
buena fe de las masas populares para su propio beneficio per-
sonal. Encontramos ejemplos de ellas en todas las creencias.
290
Leamos, a propósito de todo esto, este elocuente párrafo
del Maestro Leadbeater en su libro Vislumbres de Historia
Masónica (Ibíd):
"En nombre de Cristo, Señor del amor y la compasión,
el cuerpo que se autodenominó Su Iglesia y profesó se-
guirlo, hab ía establecido un reinado de terror en toda
Europa, y se lanzó en una loca org ía de crueldad y desen-
frenada maldad, como el mundo raramente ha visto na-
da igual ni aun entre los más degradados salvajes. Fue es-
ta desesperada condición la que hizo necesaria la inten-
cional confusión de las verdades internas de la Francoma-
sonería con los secretos del oficio de constructor guarda-
dos en las uniones operativas; pero no fue ese el único
método adoptado por los Poderes yacentes en el fondo,
para continuar la tradición de la Luz a través de esos días
de mítico oscurantismo. Existieron también ciertas so-
ciedades secretas o semisecretas que ten ían el propósito
expreso de perpetuar una noble y pura enseñanza".
La señora Blavatsky abunda acerca de esto en el primer
tomo de Isis sin Velo, Pág. 134 (lbld) dice ella:
"Dice un proverbio persa: "Cuando más oscuro está el
cielo, más brillan las estrellas". Así, en el negro firma-
mento de la Edad Media aparecieron los misteriosos Her-
manos de la Rosa Cruz, que no organizaron asociaciones
ni instituyeron colegios, porque, acosados por todas par-
tes como fieras, los tostaba sin escrúpulo la iglesia católi-
ca en cuanto caían en sus manos. A este propósito dice
Byle: "Como la religión prohíbe el derramamiento de
sangre en su máxima Ecclesia non novit sanguinem, que-
maba a sus víctimas, cual si al quemarlas no vertiesen su
sangre".
Varios de estos místicos, guiados por las enseñanzas
aprendidas en manuscritos secretamente conservados de
291
generación en generación, llevaron a cabo descubrimien-
tos que no desdeñarían hoy las ciencias experimenta-
les..."
Por todo ello es que Cervantes hubo de recurrir a sus ale-
gorías y a sus símbolos para decir todas las verdades que él,
como iniciado, conocía y quiso también transmitir a las gene-
raciones futuras.
Durante la época conocida como el oscurantismo, para
nuestros propósitos entre los siglos IV y el XVI, aparecen di-
versos movimientos esotéricos que de mil maneras se las arre-
glan para preservar la sabiduría oculta. Esos diversos movi-
mientos esotéricos son los que a aquel escondido río "vanle
administrando con sus aguas las referidas lagunas, con las cua-
les, y con otras muchas que se llegan, entra pomposo y gran-
de en Portugal. Pero con todo esto, por dondequiera que va
muestra su tristeza y melancol ía:,o.(Negritas mías)
Entre esos otros movimientos o escuelas y a través de to-
dos esos siglos, podemos mencionar, para sólo señalar algu-
nos, a los Euquitas y a los Ofitas, a los MaestrosComacinos, a
los Trovadores, a los Cátaros o Albagineses, a los Caballeros
de Rodas y de Malta. a los Místico Escolasticos, a los Patrini,
a los Caballeros Templarios, a los Rosacruces o Filósofos del
Fuego, a los Hermanos de la Pureza o del Espíritu Libre (don-
de se dice que fue iniciado Dante), a los Hesychast, precurso-
res de los Quietistas, a los Fratres Lucis de Florencia, a la So-
ciedad de la Cuchara de Constructor, a los Quietistas que fun-
dó Miguel de Malina y todo el grupo de místicos españoles, a
la primera Sociedad Teosófica, fundada en Londres en 1767
por Benedicto Chastemar, a la Fraternidad Masónica y mu-
chas otras.
Cuando Cervantes alude que aquel río "entra pomposo y
grande en Portugal", confirma el hecho que todos sabemos,
cual es que el río Guardiana entra o pasa también por Portu-
292
gal pero, adernás, nos dice el Manco que aquel país era un re-
fugio para los perseguidos por la Inquisición.
Es rigurosamente histórico que antes del 1580, cuando
Felipe II anexa a su corona el reino de Portugal, much ísimos
perseguidos poi ítico--religiosos encontraron refugio en la Lu-
sitania antigua. Aún después de ser parte del imperio español
los rigores de aquella maldita Inquisición eran alli más ate-
nuados o suavizados a fin de contemporizar con aquel pueblo
de distintas costumbres e ideolog ía, en interés de evitar pro-
testas y rebeliones. Indudablemente, pues, cuando Cervantes
escribió esta segunda parte del Quijote en cierta manera Portu-
gal todavía era un refugio para los perseguidos por la Inquisi-
ción. Además, es también rigurosamente histórico que cuan-
do la Orden del Temple fue disuelta por el Papa Clemente V
en 1312 "por provisión, es decir mediante una bula" o sea sin
juicio y sin condena de ninguan clase, el Rey de Portugal aco-
gió a los refugiados templarios y creó para ello la Orden de
Caballeros de Cristo a la que se traspasaron todos los bienes
de los Templarios y la "que conservó como emblema la Cruz
Templaria que se volverá a encontrar pintada en las velas de
los descubridores del Nuevo Mundo". Con todo esto entende-
remos por qué Cervantes nos señala que "aquel río que se es-
conde entra pomposo y grande en Portugal".
Pero el de Lepanto agrega que aquel río
"por dondequiera que va muestra su tristeza y melanco-
lía..."
Con esto quiere significar que aunque tolerados o a pro-
PÓsito ignorados en algunos pa íses, los esoteristas y escuelas
ocultistas de cualquier clase en aquellos tiempos, no podían
manifestarse libre y abiertamente en público, ya que, según
las costumbres, usanzasv creencias en todos los pueblos "ci-
vilizados" de entonces, esas cosas eran herejías.
los peces del río que se esconde y los peces del Tajo
Indica también el de la Triste Figura que
293
"aquel río que se esconde no se precia de criar en sus
aguas peces regalados y de estima, sino burdos y desabri-
dos, bien diferentes de los del Tajo dorado.. .'
Ya señalé antes los andrajos de Ulises, la miseria de Spino-
za y la pobreza de Eliphas Levy. ¿Tendré que recordar que el
Príncipe Gautama despreció sus palacios, sus harenes, su estir-
pe y sus riquezas para convertirse en el mendicante Buda; que
aquel "Hijo del Hombre no ten ía donde recostar su cabeza";
que Apolonio de Tyana repartió su cuantiosa herencia entre
los pobres y entre sus familiares; que hoy, apenas ayer, Kris-
namurti, ante el asombro y sacudimiento del mundo, disuelve
la orden de La Estrella, que lo divinizaba y proclama el nuevo
mes ía; renuncia a todos sus abundantes haberes y los asigna a
escuelas y a instituciones que velan por los niños desvalidos?
Esos, precisamente, esos son los "peces burdos y desabridos"
que se crían en aquel río que se esconde.
Los peces que cría el "otro" río, el río dorado que de un
Tajo cercena o tuesta la cabeza de quien es acusado de Here-
j ía, son tan complejos, pero tan "regalados y de estima" co-
mo aquel Papa Clemente V, ambicioso como un avaro y glo-
tón como un cerdo; ese "peje gordo" lo cría ese río a su mar-
gen izquierda; aunque a su derecha cría a un San Francisco de
Asís, dechado de humildad y de amor. Asu izquierda cría a
un Rodrigo de Borqia, Su Santidad Alejandro VI, tan lascivo
y hedonista que a la sola mención de su nombre se estremece
la tumba de alguna virgen italiana; pero a su derecha produce
una Santa Teresa de Jesús y un San Juan de la Cruz, místicos
que logran excelsas transportaciones y llegaron a ser "uno
con el todo". En su lado izquierdo se cría y se rogadea un In-
quisidor Torquemada, tan criminal y cruel que Atila, Génse-
rico y Gangis Khan palidecen ante él, pero también cría a su
lado derecho a un San Martín de Porres y a una Santa Rosa
de Lima, todo bondad y caridad para los pobres, los necesi-
tados y los desamparados.
Ahora comprenderás mejor, Fabricio, porque se dice que
"el Creador no abandona a su criatura".
294
Cervantes conocía también la ciencia de los colores
Cervantes demuestra también en estos cap ítulos que
estamos analizando, conocer a fondo toda la gama, símbolos
y significados de la cromolog ía esotérica. Cuando el Manche-
go dice que "el Venerable anciano vestía una capuz de bayeta
morado" y señala, además, otros colores de su atuendo, nos
está dando la primera seña en este sentido. Como pronto ve-
remos, el Manco viste a los participantes en esta aventura de
manera muy especial y les asigna colores muy significativos
en la simbología señalada: colores todos muy usados en las
ceremonias de alta invocación a las fuerzas superiores. Los al-
quimistas o filósofos de fuego de la Edad Media, en su afán
por realizar la Gran Obra, usaban el lenguaje de los colores
para distinguir diferentes faces de sus investigaciones. Así.
encontramos en el lenguaje técnico de aquellos sabios, frases
tan enigmáticas como León verde, Cuervo o Águila negra, Pie-
dra roja o blanca, etc. Respecto a los alquimistas, los colores
y la ciencia cromológica, leemos en el Misterio de las Catedra-
les de Fulcanelli, Pág. 100-101 (Ibíd) lo siguiente:
"Por esto existe, desde siempre, un lenguaje de los colo-
res, íntimamente unido a la religión, según dice Portal
(Des Couleurs Symboliques, Paris, Treuttel y vVurtz,
1857, Pág. 2.), Y que reaparece durante la Edad Media,
en los vitrales de las catedrales góticas."
En las ceremonias cristianas, el morado, lo mismo que el
negro y el verde, son notables colores "de poder" según se sa-
be. Todos estos colores son simpáticos o receptivos, en su gra-
do correspondiente, a las entidades superiores encargadas de
ayudar al hombre en el duro camino de la evolución, a las que
conocemos con el nombre de "protectores invisibles". Los
cristianos, los judíos y los mahometanos le llaman ángeles; los
indúes y los budistas le nombran Devas y reciben otras mu-
chas denominaciones en otras religiones principales.
El héroe de Lepanto describe también el atuendo de Mon-
tesinos y parece que con todo esto nos está señalando las ves-
295
tiduras y ornamentos especiales que usan los Venerables, los
Compañeros y los Aprendices en los ritos masónicos. Te he
dicho p,l
rece
porque este atuendo es de "balleta morado" y
he relacionado el color con las vestiduras o atavíos ceremo-
niales que usan los masones como el mandil, la banda y otros.
De todas formas, aqu í se impone una aclaración de mi
parte. Yo, hasta hoy, no soy masón, Fabricio. Si lo fuera qui-
zás no te hubiera podido escribir en estas cartas tantas verda-
des, desconocidas para los profanos, relacionadas con la ma-
sonería. Así que a mí no me liga ningún juramento y por lo
tanto no estoy violando ningún secreto. Aunque, por otra
parte, creo que ninguna de las cosas que he dicho aquí consti-
tuyen de cierto lo que verdaderamente llaman secreto los ma-
sones. Soy, pues, eso sí, Teósofo y Rosacruz y ello, como te
dije, del número de los párvulos. Así que todas las cosas ano-
tadas aqu í respecto a la masonería, son el producto de una
cultura general y un tanto dispersa en asuntos esotéricos en
conjunto, ya que en esta materia todas las escuelas enseñan
las mismas verdades escondidas para la generalidad de la gen-
te, aunque usando distintos nombres para designar determina-
das cosas, lo que se llama terminología técnica, propia de ca-
da' escuela, y quizás usando diferentes ángulos de enfoque.
Por lo tanto no tengo específicos conocimientos que puedan
advertir todos los tecnicismos en materia de masonería. Pla-
neo ingresar pronto en la vieja institución masónica, no por
curiosidad, ilíbreme Dios! sino para continuar buscando
"más luz" en cualquier otra escuela que me la ofrezca. Por
este motivo, puede ser que en estos enmarañados y aparente-
mente disparatados capítulos de la Cueva de Montesinos, o
por mejor decir, los fragmentos de ellos ya analizados, se ha-
ya escapado a la posible débil penetración de mi lente, o se
me escapen en los que quedan por escrudriñar, algún símbo-
lo, alguna alegoría o algún término específicamente técnico
del engranaje masónico.
Lo cierto es que de acuerdo a todo lo que he apuntado,
parece estar claro que la masonería fue la escuela en la cual
Cervantes se inició y donde bebió sus amplios y profundos
296
conocimientos en materia esotérico-mística según te he ve-
nido probando.
Montesinos se refiere a Quijote
Pero volvamos a Quijote ya sus despropósitos, quien, an-
te los cada vez más incrédulos y asombrados compañeros,
Sancho y el primo, dice que Montesinos se refirió a él de este
modo:
"Sabed que ten ía aqu í en vuestra presencia, y abrid los
ojos y veréislo, aquel gran caballero de quien tantas co-
sas tiene profetizadas el sabio ivler! ín; aquel don Quijote
de la Mancha, digo, que de nuevo y con mayores venta-
jas que en los pasados siglos ha resucitado en los presen-
tes la ya olvidada andante caballería, por cuyo medio y
favor podr ía ser que nosotros fuéramos desencantados,
que las grandes hazañas para 10!i grandes nombres están
quardadas."
Al deci resto, Cervantes esta removiendo las aguas de esta
compleja alegar ía hasta un extremo que se tornan aqu í total-
mente turbias. Interpretar esto, es, en verdad tarea bastante
ardua, ya que aqu í no hay símbolos qc.e identificar y desci-
frar, aunque sí términos técnicos que señalar y explicar. Creo.
sin embargo, que puedo decir que esteragmento es ambiva-
lente; ora con un significado o valor histórico. ora con un va-
lor esotérico-m ístico que es el lado por el cual me inclino.
Sea como fuere, caro amigo, déjame ¡ tentar despejar esto
empezando por lo ya llamado valor histórico refiriéndote los
antecedentes. Para realizar esta labor tengo otra vez que rom-
per, aunque momentáneamente, con el método y la secuen-
cia, ya que para encontrar los precedentes prometidos, debo
remontarme muy atrás de los tiempos de Cervantes.
La masonería y la Orden Rosacruz SO·) escuelas hermanas
La masonería y la Orden Rosacruz fueron, por siglos, rnu-
297
ch ísimos siglos, instituciones entremezcladas en cuando a las
enseñanzas místicas que ofrecían; tanto así que se dice, con
pruebas bastantes definitivas, que ambas tuvieron un mismo
origen o que son ramas de un mismo tronco. Se ocuparon y
se ocupan estas instituciones -lo mismo que otras muchas es-
cuelas no mencionadas aqu í- de ofrecer enseñanzas por me-
dio de las cuales el hombre pudiera realizar la Gran Obra; es-
to es, lograr conscientemente el acercamiento más íntimo po-
sible con Lo Inmanifestado, -la Causa de donde el hombre
procede-o La primera de esas dos escuelas ya señaladas nom-
bra a Lo Incognoscible como el Gran Arquitecto del Univer-
so en tanto que la segunda lo llama La Mente Cósmica. Se
ofrecían y se ofrecen estas enseñanzas a todo aquel que las
buscara y mostrara sincero interés por ellas, aunque debían
llenarse ciertos pre-requisitos: educación-recuerda que en la
antigüedad el 96 o el 98 por ciento de la población era iletra-
da-, moralidad en el vivir y la predisposición o capacidad de
servir al prójimo. El primer requisito no era esencialmente
obligatorio o necesario, pero s í los otros dos. Varios autores
han señalado que algunos de los profetas bíblicos habían si-
do analfabetos. En verdad, yo dudo de tal información, pues
en las escuelas de magia a las que asistían los vates bíblicos se
les enseñaban toda clase de secretos, incluyendo los arcanos
de las letras y los números. De ah í que, por muchos siglos, la
verdadera sabiduría estuviera reservada a unos pocos.
Se acelera el proceso evolutivo
Los Poderes Superiores entendieron que hab ía que acele
rar el proceso evolutivo moral de la humanidad haciendo más
accesible al pueblo las enseñanzas básicas de la sabiduría au-
téntica y dispusieron que el Maestro Jesús, quien por muchas
encarnaciones se hab ía dedicado a servir a sus hermanos, fue-
ra el intermediario en la nueva oleada de enseñanza éticas que
el hombre debía recibir. El Maestro Jesús cumplió su cometi-
do. Por tres años fue portador del Señor del Amor, conocido
tarnolén como el Señor Maitreya o El Cristo, uno de los Altos
298
Jerarcas encargados de ejecutar el plan evolutivo dispuesto
por Lo Inmanifestado. Como sabes, Fabricio el Maestro
Jesús enseñó al pueblo por medio de parábolas y alegorías,
pero también tuvo un círculo de discípulos a los que aleccio-
naba de labio a oído.
Como suele suceder, el hombre tergiversó las auténticas
enseñanzas del Maestro Jesús para su provecho y beneficio
personal. Lo mismo que antes había sucedido con las ense-
ñanzas que se habían ofrecido a través de Krishna, de Moisés,
de Zoroastro y, en mucho menor grado, del Señor Buda.
Nace la "Ramera Apocalíptica"
Al ocurrir el concubinato entre la naciente religión cristia-
na (auto-llamada depositaria de las enseñanzas del Maestro
Jesús) y el poder poi ítico en el año 325, d. C. cuando el em-
perador romano Constantino reconoce aquella como la reli-
gión oficial del Estado, es cuando empieza la desgracia para la
humanidad. Hab ía nacido la Ramera Apocalíptica. Déjame
aqu í, otra vez, dar paso a otras opi niones más autorizadas que
las mías. En el libro Los Secretos de la Altántida, ya acotado,
se lee, en las Págs. 218-19, lo siguiente:
"Helena Blavatsky resume esta decadencia científica so-
brevenida tras el reinado de Constantino del modo si-
guiente: "La visión de un pasado muy lejano, más allá
del Diluvio y del Jard ín del Edén, fue implacablemente
sustraída a las miradas indiscretas de la posteridad por
todo recuerdo tangible sustraído." Alfred Dodd escribe
aproximadamente lo mismo en su biografía del Francis
Bacon: "La teología ha alejado a los hombres de los
grandes pensadores griegos y romanos. Bajo la gu ía de
los sacerdotes, la civilización se arrojó ciegamente en el
abismo de la Edad Media ",
Pero la actitud de los clérigos cristianos espurios no era
nueva. Ya antes los también bastardos sacerdotes de las anti-
guas religiones de Egipto, Persia, Siria, Grecia y Roma, -se-
299
gún se ha dicho- habían hecho otro tanto con el conocimien-
to sagrado que sesupon ía entregado a su custodia, cuando las
religiones de aquellos pueblos degeneraron y se envilecieron
al influjo de las ambiciones personales de riqueza y poder de
aquellos pseudo-sacerdotes. Ello, no obstante, puede consi-
derarse como un fenómeno local o aislado. Recuerda que Ro-
ma, como imperio polrtico-crnilitar. siempre respetó las reli-
giones y creencias de los pueblos que sojuzgaba y que aun el
águila imperial fue hondamente influenciada por la sabiduría
griega ya que la religión romana adoptó casi todos los dioses
helénicos rebautizándolos con nombres latinizados.
Ahora, además de la adulteración y tergiversación de las
enseñanzas de Jesús, a pesar de las instrucciones Yadvertencias
del Maestro a sus Apóstoles, aparece un elemento nuevo: los
antiguos repudiados y acosados cristianos, se convierten de
perseguidos en perseguidores, con la unión del poder militar-
poi ítico-religioso a escala mundial. Es así como caemos en el
oscurantismo de la humanidad. Los hombres que compon ían
el clero católico-romano, unidos a los gobernantes de turno,
ávidos de poder, ahítos de ambición de riquezas, lujo y pla-
cer, preñados de odio, envidia y soberbia, empezaron la per-
secución de todo aquel que disintiera de los dogmas arbitra-
rios y caprichosos que nunca fueron enseñados por Jesús, si-
no que fueron instituidos por ellos para mantener en la igno-
rancia al populacho y así poder explotarlos a su gusto y re-
tener el poder para su provecho personal. Empezó pues la
persecución de los herejes, como llamó el clero a todo aquel
que no aceptara sus antojadizos, fantasiosos y mudables dog-
mas.
El genocidio de los albagineses, 'as depravaciones de todas
clases de la Inquisición, la carnicería de la noche de San Bar-
tolomé y otros miles actos de crueldad y de horror, fueron
realizados en nombre del Señor del Amor y del Maestro Je-
sús, quien ha sido la más amorosa, mansa, humilde y caritati-
va criatura que haya pisado la tierra.
Guerras entre naciones cristianas
Con el tiempo, los mismo aliados del clero, las naciones
.lOO
llamadas Cristianas, empezaron a guerrear y desangrarse las
unas a las otras. La historia nos apunta las diversas guerras
entre las pequeñas repúblicas o reinados de Italia; entre hdn-
cia, Holanda, Inglaterra y Alemania; entre España contra to-
das las otras, etc. Lo más lamentable fue que en todas aque-
llas guerras, algunas fraticidas, ondulaban banderas y pena-
chos con el signo de la Cruz y todos- invocaban el sagrado y
dulce nombre de Jesús en oraciones - iqué horror!- para que
les ayudara a exterminar a sus contrarios o enemigos, lo mis-
mo que se había hecho en tiempos de las Cruzadas contra los
"infieles" del Islam.
Así las cosas, los verdaderos cristianos, los místicos que
llevaban a Jesús en su corazón v no meramente en los labios
se aprestaron a reaccionar ante aquellos excesos religiosos y
poi íticos. De alguna manera tn ían que acabarse aquellos
abusos. Debía buscarse el inicio de una nueva era donde todo
aquel le desapareciera.
La Crucífera Militie Evangélica
Cuando surge el nuevo e insólito invento papal para esquil-
mar los bolsillos de los ciegos e ignaros creyentes, la Bula de
las Indulgencias, una especie de pasaporte de entrada al paraí-
so que se vend ía al mejor postor, ~ J l a r t í n Lutero un monje
alemán de la orden agustina, protestó ante aquel inaudito
. abuso que violentaba todo concepto de la moral y de la razón.
En 1520 el Papa León X eXC')ITU:gó a Lutero. La Reforma,
oficialmente, se produce cuando el monje alemán dio a cono-
cer su manifiesto o confesión de Augsburgo en 1530.
Por su parte, todas las escuelas esotéricas, entre ellas y
quizás las principales, los masones y los rosacruces, que como
te he dicho estaban entremezcladas, se unieron en un movi-
miento que los rosacruces denominaron Crucífera Militie
Evangélica (Milicia Crucífera Evangélica) para tratar de termi-
nar con aquel vergonzoso estado de cosas y sobre todo, con el
poder polítice-militar así como con las supersticiones y atro-
pellos en que el clero y sus aliados manten ían a la generalidad
301
de los pueblos. Debes entender, Fabricio, que éste, contrario
a la pública protesta de Lutero, fue un movimiento secreto,
pues todav ía el clero era una fuerza inexpugnable en aquellos
días.
Esta Milicia Crucífera estuvo capitaneada, en lo activo y
práctico, por Simón Studión quien llegó a ser Imperator, una
especie de Jefe Supremo de la Orden Rosacruz en Alemania.
En el terreno intelectual o ideológico el campeón lo fue nada
menos que Sir Francis Bacon, el mismo insigne filósofo a
quien se le atribuye la auténtica paternidad de las obras de
Shakeaspere, e Imperator, él mismo, para Inglaterra y otras
naciones europeas de la misma Orden mística.
Los movimientos o escuelasocultistas de diversas tenden-
cias estaban esparcidos a lo largo y ancho de toda Europa y
una asamblea, para coordinar, planear y lograr los fines antes
señalados, se celebró en la ciudad de Hanover, Alemania, a
mediados del verano de 1586. De esto hay pruebas documen-
tales, con fechas, lugares y fi rmas auténticas.
El libro Neometría yel movimiento anticlerical
Un libro donde se recogían, digamos las memorias o acti-
vidades de esta organización, con el nombre de Neometría,
trabajo realizado por el mismo Simón Studión, apareció en
1604 y circuló ampliamente por toda Europa, entre los círcu-
los interesados aunque, claro, furtivamente. (Toma buena no-
ta de las fechas, Fabricio, porque son importantes para nues-
tros propósitos).
Otro tercer antecedente: las organizaciones o por mejor
decir, la auténtica organización Rosacruz tiene una tradición,
especie de Ley no escrita, que ordena a los miembros de la or-
den realizar actividades públicas o labor de proselitismo cada
108 años, una especie de flujo y reflujo de actividad, algo así
como un dormido y despierto cuerpo. Esto, sin embargo, no
obedece a la misma ocasión en cada país, sino que cada uno
toma la fecha inicial, para activar el movimiento, a partir de
la efemérides en la que se instaló oficialmente la orden en la
302
respectiva nacion. De esta suerte puede que mientras en Ale-
mania se estuviera en el ciclo de actividad, en Inglaterra ocu-
rriera el ciclo de reposo. Debo añadir que durante el tiempo
en que se celebró la Asamblea referida en Alemania, era el pe-
ríodo de reposo o el dormir de las actividades rosacruces en
aquel país. Se escogió este territorio porque era el que menos
peligro ofrecía a las persecuciones y excesos del clero ya que
entonces transcurrían los tiempos de la reforma en aquella
nación.
Parte de estas informaciones han sido extraídas de los li-
bros Preguntas y Respuestas Rosacruces y Vislumbres de His-
torias Masónicas de los ya conocidos y con frecuencia acota-
dos aqu í, H. Spencer Lewis, el primero y publicado por la Bi-
blioteca Rosacruz de Amorc en California y el segundo por
C. W. Leadbeater, publicado por la editorial Orión de México.
De manera que si quieres adicional y extensa información
acerca de esto puedes leer estos libros, Fabricio.
Establecidos pues estos antecedentes, volvamos ahora a
nuestras conjeturas acerca de lo que Cervantes quiso decir en
el párrafo acotado antes e interpretándolo nosotros desde el
punto de vista histórico.
¿Fue El Quijote coordinado con la Neometría?
Habiendo sido iniciado el Manco de Lepanto ora en la
Masonería, ora con los Rosacruces, como lo prueba toda la
evidencia aqu í aportada y analizada -aunque tal vez conside-
radas todas ellas por un miembro del clero y digamos también
por algún academista de esos cerrados de criterio como "coin-
cidencias"-, Cervantes debió de estar enterado de las activi-
dades secretas de la Milicia Crucífera. Si observamos la fecha
cuando se celebra la magna asamblea en Aleman ia, 1586, ya
Cervantes estaba fuera de su cautiverio en Argel. Si también
notamos que el libro Neometría es publicado en 1604, mis-
mo año en que parece empiezan a conocerce públicamente
los manuscritos de la primera parte del Quijote'? principia-
mos a notar otras coincidencias curiosas.
303
Yo no intento decir que Cervantes fue uno de los presen--
tes en la Asamblea de Alemania, sino que debió estar entera-
da de ella y de sus propósitos entre los años que tiene lugar
aquella y los que se publica la primera parte de su gran obra.
Tampoco se puede pensar que ni la primera parte del Quijo-
te ni la Neometría se escribieron en el mismo 1604. Ello de-
bió de tomar labor de años, o al menos de meses en el caso de
Cervantes. ¿Qué quiso decir Cervantes con aquello de
"Aquel caballero de quien tantas cosas tiene profetiza-
das el sabio Merlín, aquel Don Quijote de la Mancha.. ,
que de nuevo y con mayores ventajas que en los pasados
siglos... "
Porque vamos a ser claros de una vez, Fabricio, Cervantes
es Quijote disfrazado. ¿Fue la publicación del libro de Cer-
vantes coordinada para que coincidiera con la Neometría?
¿Por qué circulan sólo manuscritos o si acaso alguna corta
edición del Quijote en 1604? ¿!-labía sido el Manco, entonces
escritor de algún mérito, desiganado para que aportara de al-
guna manera algo al movimiento?
Pero hay algo más. El ciclo de actividad o resurrección de
la orden Rosacruz en Alemania debía ocurrir entre 1610 y
1616. Para este período, con muchas probabilidades en 1615,
aparece en Europa un libro, o será mejor decir, una especie de
folleto llamado La Fama Fraternitatis atribuido a Christian
Rosenkreuz, sin duda algún pseudónimo, según era costum-
bre en aquellos tiempos para escribir acerca de esoterismo.
Sin embargo, debo confesar que aqu í ningún datos es ciento
por ciento exacto ya que de aquel folleto aparecieron varias
traducciones más o menos al mismo tiempo en diferentes
idiomas y no se puede establecer cuál de ellos fue el primero.
La Segunda Parte del Quijote aparece también en ese mismo
año.
Aquel libro o folleto, como ya se dijo, viene a reavivar o
resucitar a la Orden Rosacruz en Alemania después del perío-
do de receso de 108 años ya platicado. Por cierto, este folleto
causó un verdadero revuelo entre los intelectuales de toda Eu-
304
ropa por $U interesante contenido y precisamente porque era
clandestino. como siempre ocurre.
¿Fue Cervantes iniciado por alemanes?
Recuerda que Alemania fue por largo tiempo parte del
"Imperio donde nunca se pon ía el Sol" que llamó el Empera-
dor Carlos Quinto, y que aun después de separados poi ítica-
mente los dos países, los nexos de todas clases entre ellos si-
guieron siendo bastante fuerte ~ El caso es que La Fama Fra-
ternitatis coincide otra vez con a publicación de la Segunda
Parte del Quijote. zOtra coinci. .ncia? ¿Fue Cervantes inicia-
do por algún alemán venido a lspaña o por algún español o
grupo de españoles llegado de Aleman ia y como Cervantes
rebeldes a la situación social, poi ítica, intelectual y religiosa
de España? ¿Conocía el Manco el modus operandi de la Mili-
cia Crucífera? ¿Se revivía también en España el período de
actividad rosacruz?
Todas estas preguntas y muchas otras más que podrían
aparecer, no son más que conjeturas, imposibles de probar
con documentos ya que del secreto en que se mantuvieran las
actividades esotéricas en aquellos tiempos, en España princi-
palmente, depend ía la vida de los miembros de esas organiza-
ciones. Sin embargo, las respuestas afirmativas a todas estas
preguntas encajan perfectamente en el rompecabezas que he
dibujado con todo esto. Y por último: ¿Podrá algún erudito,
algún entendido o cualquier cleriqo negar arrestos a Cervan-
tes y dudar en algún grado qi ~ el autor del Quijote fuera
capaz de todo lo que se le atrib JYe aqu í, luego de conocer el
carácter audaz y heroico del Manco tal como lo demuestran
los hechos de su vida? ¿Acaso no estuvo Cervantes sati rizan-
do, burlando y atacando al clero no sólo en El Quijote, sino
en toda su obra literaria? ¿Acaso no se ha dicho más de una
vez que Cervantes era revolucionario? ¿Acaso un intelectual
de la eategor ía de Cervantes, como casi todos los más recios
pensadores de su tiempo, pod ía estar conforme con las pro-
fundas diferencias sociales y el estado perenne de escándalo,
305
corrupción e inmoralidad en que se manten ían la nobleza y
el clero?
EI verdadero ocu Itista
Debemos, sin embargo, estar claro en un importante pun-
to, Fabricio: ser anticlerical no significa necesariamente adju-
rar del cristianismo. Cervantes hab ía sido toda su vida un cris-
tiano ejemplar y precisamente por eso era anti-c1erical. Cer-
vantes hab ía vivido, practicado y promulgado la auténtica
doctrina del Maestro Jesús. Era, no obstante, opuesto a todos
los abusos, inmoralidades, mentiras, tergiversaciones, etc.
promovidas por los hombres de la iglesia de su tiempo y que
estos últimos, ego[stas y degenerados, a nombre del Maestro
Jesús, inculcaban en las mentes de las ignorantes e iletradas
masas a fin de mantenerlas en la obscuridad mental y espiri-
tural y vivir ellos a cuerpo de rey. Recuerda esto bien, caro
amigo: El verdadero cristiano es el mejor ocultista, de la mis-
ma manera que el auténtico ocultista esel mejor cristiano. En
efecto, el desarrollo y crecimiento espiritual no es cuestión
de creer ciegamente lo que otro dice; es asunto de vivir, de
hacer, de obrar. No te olvides: "por sus obras los conoceréis".
Final de la historia de la Militie
Para que no queden las bases en falso, como diría un
buen maestro constructor, déjame, caro amigo, terminar la
historia empezada de la Milicia. Recordemos, según los acon-
tecimientos ya antes narrados acerca del juicio incoado por
Felipe el Hermoso, Rey de Francia y el Papa Clemente V con-
tra los Templarios en París en 1307, que el Soberano del país
de la Flor de Liz, ya vencedor sobre los Caballeros--Monjes,
durmió, la noche triunfal, en la Torre del Temple de París.
Siete años después (1314) los Jefes Templarios eran entrega-
dos a la hoguera. Antes de morir, los ajusticiados maldijeron
de muerte a sus torturadores y verdugos. Menos de un año
después, los dos, Felipe el Hermoso y Clemente V morían de
causas por demás extrañas.
306
Se lee en la obra Hitler y la Tradición Catara", del francés
Jean-Miguel Angebert, Pág. 131, lo siguiente:
"Al día siguiente de la ejecución de Molay, el caballero
Aumont Gran Maestre Templario, provincial de la Au-
vernia) y siete templarios, disfrazados de albañiles, acu-
dieron a recoger las cenizas de la hoquera... Entonces,
las cuatro logias, (Nápole, Edimburgo, París y Estocol-
mo) prestan juramento de exterminar a todos los reyes y
a la raza de los Capetas, de destruir el poder de los Papas,
de predicar la libertad de los pueblos y fundar una reli-
gión universal."
Se lee también en el mismo libro, Pág. 58:
"Cuando en la revolución de París las muchedumbres se
dirig ían, por la calle Saint-Antoine, hacia el Louvre y
Nostre-Dame se cuenta que un hombre vestido con un
largo manto negro se ensañaba contra los sacerdotes. Ca-
da vez que su sable alcanzaba uno, el hombre gritaba:
" i Esto por los albagineses, y esto por los templarios!"
Cuando la familia real fue encarcelada en 1791, el encierro
tuvo lugar en la misma Torre del Temple de París donde ha-
bía dormido Felipe el Hermoso. Se dice que cuando la cabeza
de Luis XVI cayó al cesto, en la tarima de la guillotina, una
voz dentro de la muchedumbre que contemplaba la escena
exclamó a gritos: -- iJacobo de Molay, estás vengado!. .. (Ver
El Misterio de los Templarios, pág. 197)**
Que en el año 1793 la guillotina cortó cabezas indistinta-
mente a masones nobles, cleriqos, comerciantes y todo sospe-
choso de reaccionario, es otra historia que no viene al caso
aquí; pero no vayas a creer, Fabricio, que fue otra coinciden-
cia.
Todo lo anterior puede o no ser leyendas o historias afie-
(.) Plil/iJ y .Ianes. Primera ErJll'ón. 1976.
(H) Editc,,;al Bruguera, S. A.. 2da. Edición, 1976.
307
bradas del pueblo. No obstante, veamos los hechos históricos:
Poco después de la muerte de Cervantes (1616), en 1623 apa-
recieron en las calles de París unos panfletos, más o menos
del mismo tenor de los que circularon en Alemania cuando
surgió la obra de Rosenkreuz. En esos panfletos se leía esto:
"Nosotros, los diputados de los hermanos rosacruz, he-
mos fijado residencia visible e invisible en esta ciudad
por la gracia del Muy Alto, hacia el cual se dirige el co-
razón de los sabios; enseñamos, sin ninguna clase de me-
dios exteriores, a hablar las lenguas de los países en que
habitamos, y sacamos a los hombres, nuestros semejan-
tes, del terror y de la muerte. Si alguno desea vernos só-
lo por curiosidad, no comunicará jamás con nosotros;
pero si su voluntad le induce a inscribirse en las listas de
nuestra confraternidad, nosotros, que juzgamos los pen-
samientos, le haremos ver la verdad de nuestras prome-
sas".
En la misma época, días después, otro tipo de cartelón, fo-
lleto o manifiesto también circuló en París con esta leyenda;
"Predestinados a la reforma que se ha de llevar pronto a
cabo en el mundo, los rosacruces son los depositorios de
la sabiduría y los pacíficos poseedores de todos los do-
nes de la naturaleza y pueden concederlos a su antojo..
etc. etc. (Ver Francmasones y Rosacruces, Págs. 132-33,
Pablo Damián, Edit. Bruguera, 1ra. F:dic. 1977).
Un siglo después tiene lugar la revolución de las colonias
inglesas en América, dando nacimiento a los Estados Unidos
de América. Washington, Jefferson, Franklin, Thomas Paines
y todos los héroes y organizadores de esa lucha emancipado-
ra eran masones activos.
En 1789 cae La Bastilla y se realiza la Revolución France-
sa. Los arquitectos de este movimiento anti-opresor: Dan-
tón, Marat, Robespierre, Camilo Desmouline, Felipe Igual-
dad, etc. todos eran masones activos.
308
En Sudamérica contamos con maestros como Francisco
de Miranda, Simón Bolívar, José de San Martín, José Artigas.
En México al cura Miguel Hidalgo, a Benito Juárez, Maestros
Masones. En el Caribe, en la República Dominicana a Juan
Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Ma-
tías Mella, todos masones activos. En Puerto Rico al libre
pensador Eugenio María de Hostos y en Cuba a José Martí,
Masón y posiblemente teósofo, o, al menos, gran simpatizan-
te de esta última escuela. (Véase el ensayo de Martí "La Ora-
dora Humanitaria: Annie Besant", publicado en 1891, en las
Obras Completas de José Martí, Vol. 12).
A fines de la década de los sesenta, en el siglo XIX, José
Garibaldi, quien había sido iniciado en la masonería en 1831,
con un ejército de voluntarios, la mayoría del cual estaba in-
tegrado por masones y miembros de la sociedad secreta "Los
Carboneros", institución esta última que era un desprendi-
miento de la primera, ayuda al Rey Víctor Manuel II de Ita-
lia a vencer a los Estados Pontificios y de esta manera se aca-
ba definitivamente el poder poi ítico activo del Papa.
Todos estos hombres fueron los peones ejecutantes del
Gran Plan diseñado por lo que algunos llaman Providencia y
lo que Federico Masson' ha señalado como "Lo Oculto de la
Historia"
Objetarás ahora que de ninguna manera se puede aceptar
como "pronto" lo que tardó 166 años -la quiebra de la rno-
narqu ía francesa a la ca ída de La Bastilla- y 23H años -la
derrota de los Estados Pontificios- si contamos a partir de la
aparición del manifiesto Rosacruz en 1623. Esto, caro amigo,
depende del "color del cristal conque se mire" lo que cada
uno de nosotros puede entender como "pronto" y "Iargo" en
el transcurso de la historia. Si recordamos que la monarqu ía
francesa estaba establecida desde el siglo VIII y el papado
desde los albcres de la era moderna y que el arma única utili-
zada contra ellos había sido las ideas liberales, entonces no
nos parecerá "largo" lo que se había anunciado como "pron-
(*) El Enigma de la Rosa r.rU1 (Ibíd).
309
to" ya que, en verdad, Lo Icognoscible no tiene prisa en la
realización del plan que, inexorablemente, ha de realizarse.
Aquello de "reforma que se habrá de llevar pronto a cabo en
el mundo" no pasó de ser, en el momento en que se hizo pú-
blico, parte de la consabida campaña psicológica en la que se
envuelven los grandes acontecimientos que de una u otra ma-
nera están destinados a provocar cambios drásticos en la his-
toria de la humanidad.
Lo importante es saber, Frabricio, que Cervantes había
seguido y se hab ía ajustado a un plan. No me refiero aqu í al
plan estructural inmediato de su libro, sino al fruto que se es-
peraba del mismo a largo plazo. Cervantes, con su Quijote,
trataba de -y objetivo que alcanzó a plenitud- preparar el
terreno para las nuevas ideas que debían circular e imponerse.
El genial Manco para ello hizo uso del humor, de la comici-
dad y del rid Iculo con los que vistió a sus personajes. As í, en-
tre las risas y carcajadas del gran público que se solazaba con
los refranes de Sancho y los "disparates" y "locuras" de don
Quijote, se filtraban las verdades filosóficas más transcenden-
tales y que habrían de resplandecer en el plan que se encon-
traba ya en marcha y del cual las ideas de Spinoza, Diderot,
Rousseau, Voltaire y otros, serían la culminación. (Como pa-
réntesis, Fabricio, te informo que Voltaire, poco antes de mo-
rir, se inició en la masonería). Todos esos filósofos, como
aquellos políticos y militares mencionados antes, fungieron
como "piezas" del engranaje de la maquinaria que funciona
cuando han de llevarse a cabo los planes para el progreso del
género humano y que nunca se detiene. Planes que siempre se
presentan con distintas perspectivas pero cuya finalidad es en
todo tiempo la misma y "piezas" que a veces son las mismas
pero con distinto diseño.
Volviendo a lo de "Lo oculto de la Historia" y de lo que
trata a fondo N. Piobb en su ya anteriormente acotado Enig-
ma de la RosaCruz dice él que: "Federico Masson había corn-
predido que los acontecimientos que provienen de
los documentos históricos ten ían razones misteriosas
310
que la poi ítica de todos los tiempos no basta para expli-
car. El hubiera planteado a su público algunos eslabones
para indicar cómo razonar para llegar a los puntos de
misterio. Pero un público -como él dijo- se lo impidió
formalmente. Federico Masson, en una carta di rigida a
Víctor Emilio Michelet que éste publicó, declaraba que
siempre hab ía estado convencido de lo "ocu Ita de la his-
toria", pero que, cuando quiso hablar, "personas bien
pensantes cayeron sobre a él a brazo partido". Se sabe
que Federico Masson fue secretario perpetuo de la Aca-
demia Francesa, ten ía como público a una mayor ía de
franceses que profesaban aquello que se llama opinio-
nes corrientemente admitidas.
Nada dice además que, de esta manera, se haya corrido
el velo del misterio.
Ya que ese misterio parece eterno. Reposa sobre el he-
cho de que en el mundo y desde siempre, se asiste a la
lucha entre Ormuzd y Arimán, según la concepción bien
conocida: entre la corriente que tiende a hacer progresar
a la Humanidad y otra que tendería a estabilizarla, cada
vez; entre lo que desearía lo bueno y lo que se niega a
admitir que el presente no es el mejor.
Esta lucha generalmente sorda se manifiesta a veces por
acontecimientos estrepitosos. Arimán parece vencedor,
pero la derrota de Ormuzd deja tal desorden que uno se
pregunta si, verdaderamente, Arimán no es el espíritu
del mal yen efecto, así se lo llama.
Sin embargo, aquellos que han hecho todo para detener
un avance del esp íritu humano y que corolariamente
han hecho grandes esfuerzos para mantener un estado
social, se creían los "buenos". Y no comprend ían nada
más. Y se encontraban obligados a actuar y así curnpl ían
un movimiento, trataban de volver hacia atrás, de hun-
dirse en el pasado. Llegaron a lamentar estados intelec-
tuales desaparecidos, formas sociales anticuadas.
Es lo que se vio, al final de los Capetas. Las tendencias
"pragmatistas", con los legalistas, quedaron victoriosas.
377
Nadie duda que fueran "buenas": ten ían un carácter evi-
dentemente práctico.
Sin embargo, ten ían como efecto estabilizar la sociedad
en una forma que, hasta ahora, hab ía parecido la mejor
y a fin de operar esta estabilización debieron aplicarse
para reforzar la autoridad directriz de la sociedad, es
decir, la monarqu ía francesa. Para ello hab ía que elimi nar
a los Templarios, demasiado poderosos para enfrentar a
la monarquía francesa. También se debía ir más lejos y
dominar al Papado de manera que jamás pudiera contra-
pesar el poder de la realeza en Francia.
Pero iqué catástrofe!
La ley Sálica, para comenzar, magnífico paso atrás pues-
to que se hundió tan lejos en el pasado que tuvieron que
ir a descubrir principios constitucionales al fondo de la
barbarie.
El caos social llegó al punto que en el momento de la
muerte de Felipe el Hermoso, se creyó volver a una anar-
quía feudal que hasta entonces se había podido contener.
La ruina económica por la supresión de la organización
bancaria del Temple, que el Estado hab ía querido acapa-
rar y la confusión monetaria que sigue siempre en casos
similares.
La desorientación poi ítica que se traduce por la injeren-
cia incoherente en los asuntos de Inglaterra y de Flan-
des, luego de Bretaña, sin otro resultado que disgustar a
todo el mundo.
La guerra, al fin, la atroz guerra que extendió la miseria
y la ruina durante cuatro generaciones.
Y, durante ese tiempo, el Papado permanece en Avignon
debatiéndose entre los lazos que lo atan, y cayendo po-
co a poco en los horrores del Gran Cisma de Occidente.
Arimán hizo muchas cosas.
Sin embargo, Cristian Rosencreutz nace en 1378, cuan-
do se desencadenaba todo este cataclismo.
Se comprende entonces a qué se refiere el símbolo.
Aun si se toman las letras R. C. por las iniciales de Res-
312
petables Caballeros se ve el índice de una añoranza del
pasado común a toda época de ese tipo, pero también a
una añoranza inteligente, capaz en consecuencia de ser
el germen de una reanudación del progreso que otros
inconsiderablemente quisieron detener.
Es el drama, el gran drama de la Humanidad.
Cuando aparezca Juan Trithéme, se juzgará sobre la escé-
na del mundo, un cuadro de ese drama. Lutero será el
protagonista, pero no lejos de él y sin relación aparente
con la acción que despliega, se verá también a Camelia
Agripa, alumno de Juan Triherne.
Ignacio de Loyola se encargará de advertir el lazo de
unos y otros. Lo que Camelia Agripa ha podido dejar
entender, Loyola lo ha comprendido. Su inteligencia su-
perior le ha hecho adivinar que la doctrina de Lutero te-
nía un lazo insospechado con la de Juan Trithérne. Y si
el protestantismo de Lutero era la forma pública de las
tendencias peligrosas para el mantenimiento de un prag-
matismo que encuentra indispensable para el bien de la
sociedad, el ocultismo de Juan Trithérne, continuado
por Agripa, era el sostén disimulado.
Loyola funda entonces la Compañ ía de Jesús. Esta tiene
por objeto combatir el protestantismo, pero con el obje-
tivo íntimo de impedir -de todas maneras, por todos los
medios y con todas las astucias- que ese ocu Itismo lle-
gue a contaminar los esp íritus en las esferas en que se
encuentra la dirección espiritual.
Llegan entonces los decretos del Concilio de Trento.
Allí, los estabilizadores marcan un punto." (Pág. 114-
116 Ibíd ).
Para mí, y de acuerdo con la evidencia aqur aportada,
Cervantes tomó parte en aquel segmento del sempiterno dra-
~ a "Lo oculto de la Historia". Si como actor principal, ca-
raeter secundario o simplemente como comparsa, no me atre-
vo a decirlo, pero si estoy convencido de la veracidad de este
aserto.
313
Recordemos, Fabricio, lo que dice Quijote, es decir, Cer-
vantes, en el capítulo III de la Segunda Parte (siempre la Se-
gunda Parte) de su obra cuando dialogan el Ingenioso Hidal-
go, el Bachiller Sansón Carrasco y Sancho Panza, símbolo de
la mente superior o intuición (el iniciado), la mente concreta
o científica (el científico profesional) y la mente inferior o
popular (el hombre del pueblo):
"También pudieran callarlo por equidad, pues las accio-
nes que ni mudan ni alteran la verdad de la historia no
hay para que escribirlas, si han de redundar en menos-
precio del señor de la historia. A fe que no fue tan pia-
doso Eneas como Virgilio lo pinta, ni tan prudente UIi-
ses como lo describe Homero..."
Para terminar con esto de "Lo oculto de la Historia" de-
bemos recordar a Cagliostro y a Rasputín, aquellos dos mis-
teriosos personajes (charlatanes y farsantes según algunos)
que aparecen poco antes de la caída de los Capetas en Fran-
cia y de los Romanov en Rusia, respectivamente.
Cervantes ha Descrito el ti Rito de la Cruz"
Veamos ahora la interpretación mística. Aqu í no hago
conjeturas. Camino en esta ocasión sobre terreno seguro.
De cierto que el genio de este Cevantes es único, caro
amigo. Veremos como, dispersas y alejadas, nos va entregan-
do las palabras claves que, si las ponemos juntas, nos darán
la solución de la alegoría. Ya antes el Manco ha mencionado
la palabra infierno y la cual casi ningún lector toma en cuen-
ta. Lo mismo sucede con el vocablo muerte que también usa
aqu í el de la Triste Figura. Ahora, con su conocida astucia,
Cervantes también nos inserta el término resucitado, lo que,
como ya vimos, se dice en conjunto de todo aquel que ha pa-
sado con éxito por las pruebas del "Rito de la Cruz" o "Paso
de la Muerte".
314
De esta manera: dispersa, inesperada, nos entrega Cervan-
tes la otra palabra clave que viene a completar el verso del
Credo cristiano, comentado antes, y que en mano del Manco
se convierte en todo un acertijo:
Fue crucificado
muerto y sepultado, (encerrado dice Cervantes)
descendió a los infiernos
al tercer día resucitó
de entre los muertos
Ahora tú, como nuevo y negativo Arqu fmedes gritarás:
iEureka! i Encontré la pifia! [Cervantes no menciona en
ninguna parte la palabra crucificado!
Calma Fabricio, a esovoy. Supongo que no pensarás -co-
mo lo han hecho algunos entendidos al criticar otros pasajes
del Quijote- que Cervantes se olvidó de usar o incluir la tal
palabra o que lo que estoy diciendo, al faltar ese vocablo, es
pura falsedad. No Fabricio, no. Todo el mundo conoce la ca-
pacidad de Cervantes como escritor y en esta obra nada, abso-
lutamente nada, está dicho o dejado de decir al buen tuntúm.
De la misma manera que mis redundancias y repeticiones tie-
nen su razón, también tiene la suya el sólo simulado olvido de
Cervantes. Te será fácil comprender pues, que dada la amplia-
mente conocida exuberante capacidad creadora del Manco,
no le hubiera sido diHcil en ningún momento incluir el voca-
blo crucificado en la oportunidad y lugar en que hubiera que-
rido, lo mismo que hizo con las otras palabras claves: muerto,
sepultado, infierno, tercer d fa, resucitado, venerable, piedra
o mármol, etc. etc.
Concepto Templario de la Crucifixión
Pero aqu f encontramos el busilis. Es sabido que quienes
trajeron a occidente -los Templarios- la escuela -la Ma-
sonerra., en la cual Cervantes, casi seguro y de acuerdo a lo
mostrado aqu i, debió sus profundos conocimientos esotéri-
cos, en el drama del calvario no ocurre ninguna muerte. AIH
315
nada fallece. Al! í sólo hay vida. Nada muere. Todo nace. Aque-
llos hombres y esta escuela entend fan la crucifixión en su sen-
tido místico y así la enseñaban. Por esa razón evitaban, has-
ta donde fuera posible, la mención o referencia a todo lo rela-
cionado con la crucifixión en lo concerniente al Maestro Je-
sus. Comprend ían y comprenden ellos que lo que secrucifica
son las imperfecciones humanas, la ignorancia, las concupis-
cencias de la materia en el hombre. La crucifixión es un he-
cho histórico para los inadvertidos creyentes cristianos; pero
sólo un símbolo para los que han conocido "los misterios".
El drama del calvario es, pues, uno de los misterios de la Ley
de Sacrificio cuyas consideraciones y especulaciones filosófi-
cas tendrían que iniciarse demostrando la antigüedad de la
cruz -miles de años antes del cristianismo- como símbolo de
vida espiritual y tal cosa no viene al caso en estas cartas.
Otra vez debo citar aqu(a Madame Blavatsky, y como pa-
réntesis, quien en la revista " Lucifer" (no te asustes, Fabricio,
aqu f Lucifer está usado en su correcto y exacto sentido eti-
mológico de Portador de la Luz) de Noviembre 1887, Pág.
173, dice:
" ... la venida de Cristo", significa la presencia de Cris-
to en un regenerado mundo, y no del todo la presen-
cia en cuerpo de "Cristo" Jesús. Este Cristo tiene que
ser encontrado no en las praderas o en los desiertos ni
en ninguna cámara interna, ni tampoco en el santuario
de algún templo o iglesia construido por la mano del
hombre; porque Cristo, -el verdadero y esotérico Sal-
vador- no es un hombre, sino el Divino Principio en
cada ser humano. El que seocupe de resucitar el Espíri-
tu crucificado por sí mismo en sus propias pasiones te-
rrestres y enterrado hondo en el sepulcro de carne pe-
cadora; el que tenga la entereza de mover la piedra de
la materia desde la puerta de su propio santuario inter-
no, ese ha de levantar al Cristo en sí. El "hijo" no es un
niño nacido de las entrañas carnales de una mujer, sino
el viril hijo de la mujer-libre: el espíritu; el hijo del
316
hombre de su propia realidad y el fruto de su propia la-
bor espiritual. .."
Esto mismo, en maravilloso resumen, fue lo que dijo el
Señor del Amor con aquella sentencia que dice: "El reino de
los cielos está dentro de vosotros'
La Catedral de Chartres
Volviendo a los Templarios y si quieres pruebas de lo di-
cho antes, vete a ver, Fabricio, la Catedral de Chartres en el
pueblo del mismo nombre en Francia. AII í está la confirma-
ción de lo que aqu í te digo.
La Catedral de Chartres, prototipo y paradigma del ascen-
dente arte gótico -llama que asciende-; Chartres, admiración
y estremecimiento de ingenieros y arquitectos, de estetas y
dilettantes; Chartres, orgullo y prez de la grey católico-roma-
na, Ino muestra una sola escena de la crucifixión del Maestro
Jesús! a pesar de tener treinta y ocho cuadros de la vida del
Maestro esculpidos en piedras. El maestro de obras y los obre-
ros especializados que construyeron la Catedral de Chartres
eran miembros de la hermandad Los Hijos de Salomón y és-
tos, a su vez, eran "protegidos" de los Templarios. El finan-
ciamiento para la construcción de esta hermosa y hoy famosa
catedral salió de las arcas de los Templarios. Entiendo que lo
mismo se nota -en cuanto a la decoración- en las catedrales
de Reims y de Amiens y posiblemente en toda obra construi-
da por aquellos hombres en los siglos XII y XIII que son los
del apogeo del arte gótico. Arte éste que, si consultas bien los
libros de esa disciplina que mencionaste en una de tus prime-
ras cartas, verás que se muestra repentinamente por primera
vez en los tiempos en que aparecen los Templarios y que se
desvanece, asimismo repentinamente, el desaparecer también
los hombres del Temple. Ahora bien, en cuanto a Chartres,
me refiero a la construcción original erigida entre 1194 y
1220, no a todo lo que luego se le ha ido agregando -y tam-
bién quitando- a ese monumento religioso a través de los si-
glos.
317
Si no puedes ir a Chartrgs personalmente y si quieres am-
plia y detallada información acerca de este asunto, lee el ex-
traordinario libro referente a este tema El Enigma de la Cate-
dral de Chartres de Luis Charpentier.
A continuación otra prueba. Y ésta creo que definitiva.
El erudito inglés Gerald Massey, en su obra The Natural Ge-
nesis, publicada en Londres en 1883 dice, en el ler. Volu-
men, Pág. 427: (copiado de la Doctrina Secreta, Tomo IV,
Pág. 153, Ibid.)
El valor de la cruz, como símbolo cristiano, sesupone
que data del tiempo en que Jesucristo fue crucificado.
y sin embargo, en la iconografía "Cristiana" de las ca-
tacumbas no aparece figura alguna de hombre sobre la
Cruz, durante los primeros seis o siete siglos. Existen
todas las formas de la cruz excepto esa -el supuesto
punto de partida de la nueva religión. No fue ella la
forma inicial del Crucifijo, sino la final*. Durante
unos seis siglos después de la era Cristiana, la fundación
de la religión cristiana en un Redentor crucificado há-
llase por completo ausentedel arte cristiano. La prime-
ra forma conocida de la figura humana sobre la cruz es
el crucifijo presentado por el Papa Gregario el Grande
a la Reina Teodolinda de Lombard ía, que se halla aho-
ra en la iglesia de San Juan de Monza, mientras que en
las catacumbas de Roma no se ve imagen alguna del
crucificado antes de la de San Giulio, perteneciente al
siglo VII u VIII. .. No hay ningún Cristo ni ningún
Crucificado; la Cruz es el Cristo, como los Stauros (la
Cruz) era un tipo, y un nombre de Horus el Cristo
Gnóstico. La Cruz, no el crucificado, esel símbolo pri-
mario de la Iglesia Cristiana. La Cruz, no el crucificado,
es el objeto esencial de representación en su arte, y de
(*) Para los cristianos, es innegable. Para los simbólogos precristianos, era, como
se ha dicho, la Cama o Lecho de Tortura durante el Misterio de la Iniciación,
siendo colocado el "Crucifijo" horizontalmente en el suelo, y no derecho,
como en el tiempo en que se convírtló en patíbulo romano.
313
adoración en su religión. El germen de todo el desarro-
llo y desenvolvimiento puede encontrarse en la cruz. Y
esta cruz es precristiana, es pagana y gentil, en una me-
-dia docena de formas diferentes. El Culto principió con
la cruz, y Juliano ten ía razón al decir que se aventuraba
a "la guerra con la X", la cual a todas luces consideraba
hab ía sido adoptada por los a-gnósticos y mitólatras,
dándole un significado imposible-*., Durante siglos la
cruz ocupó el lugar del Cristo, y se dirigían a ella como a
un ser vivo. Fue divinizada en un principio, y por últi-
mo, humanizada**.
"Y conoceréis laverdad y la verdad os hará libre", Juan: VIII:
32.
Las translaciones anunciadas por el primo
Pero en esta resurrección hay más de uno y también más
de dos símbolos o significados que nos apunta el Manchego.
Te señalaré antes el importante papel que en la preservación
de los conocimientos esotéricos jugaron las diversas órdenes
de caballería. Así, al escribir Cervantes:
"... que de nuevo y con mayores ventajas que en los pa-
sados siglos ha resucitado en los presentes la ya olvidada
andante caballería..."
nos dice él, entre líneas, que con la andante caballer ía se ha
resucitado la divulgación de las enseñanzas ocultas. (¿El nue-
vo ciclo de 108 años o resurrección de las enseñanzas Rosa-
(*) Así era, y no podía ser de otro modo. Juliano, el Emperador, era un I niela-
do, y como tal, conocía bien el "significado misterioso", tanto rnetaf ísico
como físico.
(**) Ob, Cit., ibid., pág. 433.
cruz en España?). Ya sabrá Dios que métodos o ardides se
emplearon en tiempos de Cervantes y de que amaños pudo
valerse el Manco para adquirir sus conocimientos esotéricos,
si es que pudo obtenerlos en España.
Si atendemos y buceamos para llegar al fondo de la alego-
ría contenida en los párrafos copiados anteriormente, vere-
mos su complejidad y la preñez de su significado filosófico-
esotérico. En efecto, según lo que enseña la escuela cristiana,
es por medio del drama del Calvario, del sacrificio del Hijo de
Dios (según lo identifica esta escuela) de su crucifixión, muer-
te y resurrección que el género humano encuentra la vía al
perdón de sus pecados, de la redención y, en consecuencia, se
les abren las puertas al paraíso, perdido desde el pecado o
desobediencia de nuestro padre Adán.
Traslademos, Fabricio, y tratemos de entender eso mismo
utilizando los términos claves que emplea el de Lepanto en
ésta su tan compleja alegoría: Es a través del sueño de Quijo-
te, de su bajada a la cueva o infierno y de la resurrección de
la caballería andante que los sufrientes serán desencantados.
Si donde dice sueños leemos muerte, donde señala a la caba-
llería andante ponemos Hijo de Dios, donde se escribe su-
fientes insertamos pecadores y en vez de desencantados en-
tendemos redimidos, veremos que Cervantes nos está repitien-
do el mismo concepto del misterio de la redención que los
cristianos enseñan. Son las translaciones de que habla el pri-
mo.
No obstante estar ella escondida, ésta, aqu í, todav ía es
verdad superficial; puramente aparente. Y Cervantes; como
buen iniciado lo sabía a cabalidad. Subyace allí un más pro-
fundo y amplio concepto filosófico-hermético y el cual sin
duda, es el que Cervantes nos quiere transmitir.
Las escuelas ocultistas enseñan que el misterio de la re-
dención, según lo presenta la tergiversada enseñanza cristiana,
es una falacia; un sofisma convencional que se ha permitido
dar y prosperar entre el vulgo, a los "perros" que llamaba
Jesús, debido al corto desarrollo intelectual y espiritual de las
masas o generalidad de los seres humanos. Esta enseñanza ha
320
servido, empero, durante dos mil años a los occidentales, co-
mo ejemplo para unos miles y como acicate a otros tantos mi-
llones para imitar al Maestro los unos y para enmendar y en-
derezar su conducta los otros; ha servido para detener un po-
con al Caín que todos llevamos dentro y ha servido, en fin,
para comprender y quizás vislumbrar en el horizonte, la pro-
mesa y el anhelo de una vida mejor, plena de paz y felicidad
eterna, en aquel "reino que no es de este mundo".
La Verdadera Resurrección
Sin embargo, las leyes del Karma y de la Reencarnación,
enseñan que nadie, absolutamente nadie, ni aún el mismo Hi-
jo de Dios (según entienden este concepto los cristianos) pue-
de pagar por los pecados o faltas de otro. Para que la Ley de
la Arman ía Universal subsista imparcial, serena, justa, equili-
brante, es necesario que todos, y cada uno en particular, salde
su deuda con la naturaleza, ya sea ésta física o espiritual. Esto
lo dice claramente el libro y un Maestro de los cristianos:
"No os engañéis, lo que el hombre siembra eso mismo recoge-
rá". (Pablo, Gálatas, 6:7).
Así que, escarbando más a fondo aqu í, encontramos al fi-
nal la auténtica verdad, escondida en el cofre dorado del es-
píritu. Cuando el candidato es sumido en el sueño (muerte)
iniciático y baja a los infiernos, el gu ía le enseña all í los mis-
terios de la vida y de la muerte. Es cuando Montesinos le dice
a Quijote:
"Ven conmigo, señor clarísimo; que te quiero mostrar
las maravillas que este alcázar solapa..."
Las lecciones y enseñanzas acerca de los misterios de la vi-
da y de la muerte que se reciben "allá abajo" las confirma
Quijote cuando más adelante le dice a Sancho:
"Pero, équé dirás cuándo te diga yo ahora cómo, entre
otras infinitas cosas y maravillas que me mostró Monte-
sinos, las cuales despacio y a su tiempo te las iré contan-
321
do en el discurso de nuestro viaje, por no ser todas deste
lugar..."
Al ser despertado (resucitado) el iniciado entiende, com-
prende perfectamente la diferencia entre lo real y lo irreal,
pierde, pues, la condición de encantado en que la mayoría de
los humanos vivimos en este mundo de la ilusión y de las rela-
tividades. Entonces el resucitado está desencantado como
acertadamente nos dice Cervantes. Por eso Quijote, cuando es
despertado por Sancho y el primo a la salida de la cueva dice:
"En efecto, ahora acabo de conocer que todos los con-
tentos desta vida pasan como sombra y sueño, o se mar-
chitan como la flor del campo..."
Todo esto es lo que enseña Cervantes en estos capítulos y
todo es lo que encuentra y entiende quien sabe leer entre Ií-
neas.
Los trajes negros y los turbantes blancos
Sigue diciendo el León Manchego:
"...Oyéronse en esto grandes alaridos y llantos, acom-
pañados de profundos gemidos y angustiados sollozos,
volví la cabeza, y vi por las paredes de cristal que por
otra sala pasaba una procesión de dos hileras de hermo-
sísimas doncellas, todas vestidas de luto con turbantes
blancos en sus cabezas ..."
El eterno adorador de Dulcinea, como para ponerle la ta-
pa al pomo, apunta acerca de esta procesión:
" . . . era la señora Belerma, la cual, con sus doncellas y
cada cuatro días en la semana hacían aquella procesión
y cantaban, o por mejor decir, lloraban endechas..."
(Las negritas en todas Ias citas son mías).
322
Según se sabe, Fabricio, a las tenidas, trabajos o ceremo-
nias masónicas, los miembros deben asistir vistiendo traje os-
curo; ya negro ya marrón oscuro. Al tiempo que el Manco
nos describe el atavío de las hermosísimas doncellas, apunta
este dato y cuando señala con turbantes blancos en sus cabe-
zas, se está refiriendo al famoso Gorro Frigio, que los maso-
nes, como herencia de otros misterios, han incorporado a sus
ritos, y al mismo tiempo, asigna un color muy especial a esta
prenda que se lleva en la cabeza. Ahora bien, ées que en la li-
turgia masónica el color que se exige en el vestido a los parti-
cipantes está escogido caprichosamente? Por cierto que no.
Con esto obedecen ellos a conceptos propios de las escuelas
ocultistas. Ya te platiqué antes de las ciencias de los colores.
Ahora Cervantes confirma todo lo dicho anteriormente. Te
cité también las palabras de Salomón en Reyes, 1,8:12 "EI
Eterno ha declarado que habitar ía en la obscuridad". Así,
pues con el color del ropaje con que Cervantes viste a las inte-
grantes de aquella procesión, está aludiendo al ambiente de
obscuridad y recogimiento para buscar al Eterno. Pero el
Eterno no es en Sí oscuridad; sólo habita en ella. El Eterno
es todo Luz, Claridad, Fulgor. Los masones tienen una fór-
mula que dice: "De las tinieblas condúceme a la Luz" o algo
parecida. La Luz la recibimos los humanos en la mente, cuyo
asiento es el cerebro, la cabeza, y la luz se representa y se sim-
boliza con el color blanco. De ah í que Cervantes toca a sus
personajes con un turbante blanco. Ya te dije que este tur-
bante sustituye al Gorro Frigio. Volvemos a encontrar aqu í
la ya conocida maña de Cervantes de reemplazar el término
técnico apropiado por un sustantivo genérico. El Manco no
escribe gorro, pues ésta sería una pista asaz clara y directa,
pero lo releva con un turbante; no dice negro, sino "vestidas
de luto". Recuerda, además, que ya Cervantes le había colo-
cado una "gorra milanesa negra" en la cabeza al "Venerable"
Montesinos en la oportunidad en que nos describe a éste.
Acerca del significado del Gorro Frigio, nos dice Fulca-
nelli en El Misterio de las Catedrales, (Ibíd) Pág. 86:
"EI gorro frigio, que llevaban los sans-culottes y consti-
323
tu ían una especie de talismán protector en medio de las
hecatombes revolucionarias, era señal distintiva de los
Iniciados. El sabio Pierre Dujols, en un análisis de la
obra de lombard (de langres) titulada Histoire des Jaco-
bins, deuis 1789 jusqu'a ce [our, or Etat de I'Europe en
novembre 1820 (París, 1820), escribe que, al admitir al
Epopte (en los Misterios de Elusis) se preguntaba al re-
cipiendario si se sentía con las fuerzas, la voluntad y la
abnegación necesarias para intervenir en la GRAN
08 RA. Después, le pon ían un gorro rojo sobre la cabe-
za y pronunciaban esta fórmula: "Cúbrete con este go-
rro, que vale más que una corona real". Se estaba lejos
de sospechar que esta especie de sombrero llamado libe-
ria en las Mitríacas, y que antaño era propio de los es-
clavos libertados, sería un símbolo masónico y la señal
suprema de la Iniciación. No hay que admirarse, pues,
de verlo figurar en nuestras monedas y en nuestros mo-
numentos públicos."
la Procesión
Acerca de la procesión en la logia masónica, veamos lo
que dice leadbeater en su ya anteriormente citada obra la
Vida Oculta en la Masonería (Pág. 103):
"Por todos los puntos de la superficie terrestre pasan po-
derosas corrientes magnéticas entre los polos y el ecua-
dor, y otras que perpendicularmente las cruzan alrede-
dor de la tierra. La procesión comasónica de entrada a la
logia puede utilizar estas corrientes, formando el espacio
que recorre un muy señalado remanso magnético.
Mientras los hermanos marchan cantando alrededor del
pavimento, deben pensar en la letra del himno y cántico
intercesional. .. "
Ya vimos que dice Quijote: "... hacían aquella procesión
y cantaban, o por mejor decir lloraban endechas... r r
Es verdaderamente curioso, o mejor será decir "sospecho-
so" que un escritor tan sagaz y del fuste de Cervantes, des-
pués de haber referido apenas unas líneas antes:
"grandes alaridos y llantos, acompañados de profundos
gemidos y angustiosos sollozos ..."
confunda el verbo cartar con el verbo llorar, palabras en sí an-
tónimas y verbos antítesis el uno del otro. Lo más razonable
es que si un escritor se equivoca al anotar un concepto, debe
borrar o tachar o hacer desaparecer de cualquier otro modo la
falta cometida. Pero dejar el error y seguidamente modificar-
lo con un concepto afín o parecido, da bastante qué pensar,
sobre todo si se trata de la Figura Máxima de las letras caste-
llanas. Sin duda el intrínguilis del Manco es referirnos la pro-
cesión cantada, y es lo que literalmente ha despachado; pero
entonces. para echar un velo y confundir al descuidado lec-
tor, se rectifica y dice: " ... o por mejor decir, lloraban 'ende-
chas..."
Tengo entendido que para aprovechar las corrientes magné-
ticas que se producen con los cambios de estaciones climato-
lógicas cuatro veces al año, los dos solsticios y los dos equinoc-
cios, la procesión comasónica tiene especial arreglo e interés
para esas fechas. Cervantes señala sin duda este dato al decir:
".. .la cual, con sus doncellas y cada cuatro días de la
semana hac ían aquella procesión..."
De manera pues, que Cervantes cas i nos está describiendo
punto por punto una tenida o ceremonia masónica, ora de la
iniciación de un candidato, ora de los trabajos regulares, con
todos estos detalles dispersos; pero que si los entresacamos y
los ponemos juntos, nos dará un cuadro casi completo de lo
que se lleva a cabo en el interior de un "palacio" masónico
durante sus ceremonias esotéricas.
Comparaciones
Se hace necesario, Fabricio, un alto en la tarea de análisis
325
de los capítulos que venimos efectuando para interpolar unas
observaciones y también, al mismo tiempo, unas comparacio-
nes.
De cierto que al notar yo cómo estos elementos y escena-
rios naturales de la región de la Mancha se convierten en ma-
nos de Cervantes en maleable arcilla para con ellos, y recosta-
do en la paráfrasis y los tropos, darnos tantas enseñanzas y
decirnos tantas verdades, me he auto-autorizado (con permi-
so de los entendidos de universidades esto de auto-autoriza-
do ) para afirmar que el de Lepanto estuvo preparando con
cuidado, trabajando y meditando larga y hondamente la for-
ma en que deb ía de presenta r estos cap ítu los en clave.
El genio creador de Cervantes, al contemplar las maravi-
llas naturales de este lugar de España, en particular los fenó-
menos y formaciones geológicas que se producen en la Cueva
de Montesinos, y que él entiende vienen como anillo al dedo
a sus propósitos y fines, acciona su poderosa imaginación y
los convierte en piezas filigránicas de joyería y con ellas nos
da una hermosa alhaja de orfebrer ía escrita; una joya de tan
fina factura que cada pieza encaja aqu í con precisión de briz-
na, para con todas ellas entregar el autor su magnus opus lite-
raria.
Es momento de comparar un poco el capítulo L de la
primera Parte con éstos de la Cueva de Montesinos que anali-
zamos y veremos que en ambos el autor nos quiso decir más o
menos lo mismo, pero iahl con la diferencia de diez años de
por medio que en esto de escribir viene a ser un considerable
lapso.
En aquel de la Primera parte, Cervantes simboliza la cue-
va y nos da las metáforas de las aguas y el río, al señalar que
esta aventura sucede en el fondo de un lago. El fondo, lógica-
mente, es la cueva y las aguas sustituyen aqu í, en conjunto, a
los ríos y lagunas que se señalan en los capítulos de la Cueva
de Montesinos. El simbolismo es, pues, el mismo.
A los habitantes del umbral los alegoriza el Manco de esta
forma:
326
" ...se muestra delante de nosotros un gran lago de pez
hirviendo a borbollones, y que andan nadando y cruzan-
do por él muchas serpientes cu lebras y lagartos, y otros
muchos géneros de animales feroces y espantables... "
El recorrido por el mundo astral, la logia y la clave del siete,
los señala así:
11 • porque si así no lo hace, no serás digno de ver las
altas maravillas que en sí encierran y contienen los siete
castillos de las siete fadas (hadas) que debajo desta ne-
grura yacen..." (Paréntesis mío lo mismo que todas las
negritas de las citas)
Nos habla y nos describe el lugar donde ha de parar el Ca-
ballero cuando anota:
"...se arroja en mitad del bullente lago, y cuando no se
cata ni sabe donde ha de parar, se halla entre unos flori-
dos campos con quien los El íseos no tienen que ver en
ninguna cosa. , ."
Aqu í Cervantes nos advierte categóricamente que "Ios
campos Elíseos -como lo entiende la general idad de la gen-
te- no tiene que ver nada con esto". Es decir, desmiente lo
que algunos eminentes profesores y altas escuelas de litera-
tura suelen decir: que se trata sólo de la "descripción de un
lugar ideal". No lo discuto, porque también al! í está eso. Pero
únicamente es verdad si se piensa en lo puramente literal.
(Pregunto: ¿lugar ideal en los infiernos?). Cervantes se com-
place y se dilata dándonos una descripción mucho más exten-
sa de este sitio que la que nos da del mismo en la Cueva de
Montesinos, y mucho más parecida a la que presenta Dante
del mismo lugar en su Comedia.
El hijo de Alcalá de Henares no nos habla directamente
327
de la procesión, pero la insinúa y la sugiere cuando más ade
lante señala:
"...que ver salir por la puerta del castillo un buen nú-
mero de doncellas, cuyos galanos y vistosos trajes, si yo
me pusiera ahora a decirlos como la historia nos lo cuen-
tan, .. "
Nos apunta hacia el Venerable o jefe de la logia de una muy
diferente forma:
"...y tomar luego la que parecía principal de todas por
las manos al atrevido caballero que se arrojó en el fer-
viente lago, y llevarle, sin hablarle palabra, dentro del ri-
co Alcázar o Castillo ..."
Directamente del plano o luz astral nos cuenta.
" ... all í le parece que el cielo es más transparente y que
el sol luce con claridad más nueva ..."
Para referirse directamente a la ceremonia de iniciación
nos dice:
" ... y hácele desnudar como su madre le parió, y bañar-
le con templadas aguas y luego untarle todo con oloro-
sos unguentos, y vestirle una camisa de cendal delgad ísi-
mo, toda olorosa y perfumada y acudir otra doncella y
echarle un mantón sobre los hombros, que por lo menos
menos, dicen que suele valer una ciudad, y aún más? .
,,23
Ahora, Fabricio, debemos recordar dos importantes cla-
ves y compararlas con lo que Cervantes dice: 1.- Fulcanelli,
al hablar del gorro frigio señala que la fórmu la del ceremo-
nial antiguo para colocar esta prenda en la cabeza del candi-
dato era: "Cúbrete con este gorro que vale más que una co-
rona real". Cervantes, al decir que al caballero "Ie echaron un
328
mantón sobre los hombros" añade: "que al menos menos, di-
cen que suele valer una ciudad y aún más ",
2.- Recordemos también la iniciación de José, el hijo de
Jacob o Israel que aparece en el Génesis, Capto XXXV 11,
Vers.3
"Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, por-
que le había tenido en su vejez; y le hizo una ropa de di-
versos colores"
A3í, pues, Fabricio: i Anaternal l El hombre ha pecado!
iSe acabaron las "coincidencias"!
Ahora, querido amigo, los entendidos no nos podrán salir
con el famoso cuento del "gallo pelón". Cervantes insiste. Es
reincidente del mismo "pecado" en la segunda parte de su li-
bro en el capítulo de la Cueva de [\,10ntesinos.
Te he venido demostrando, a través del análisis detallado,
los elementos o clave esotéricas primordiales -y de la que
todavía encontraremos más- que aparecen en la historia de la
Cueva; hacer lo mismo con ésta del Caballero del Lago sería
la de nunca acabar con esta carta. Con los atisbos que te he
dado y con la suficiencia esotérica que entiendo has venido
adquiriendo a través de tus estudios, estarás ya en capacidad
de descifrar el resto de los símbolos y alegorías distintivas del
quehacer ocultista y que aparecen en esta particular historia.
Además de las claves claras y directas antes señaladas, propias
del capítulo del Caballero del Lago y que concuerdan y en-
gastan con lo dicho en la aventura de la Cueva, señalaré algu-
nos oarruntos que te servirán de pista y dejaré que seas tú
quien los interpretes.
Observa, Fabricio, -y ésta es la pista capital- que en esta
conversación el interlocutor del fJlanchego es nada menos que
un canónigo. Otra: " Que el hacerle sentar sobre una silla de
marfil". También lo de la comida servida y la música "que no
se sabe quien la canta ni de donde viene". Otra más: ti• • • y
comenzar a darle cuenta de qué castillo es aquel y de cómo
ellas están encantadas en él. . .", De las revelaciones más di-
329
rectas que nos da el Manco es cuando pone en boca del Man-
chego lo siguiente: "De mí sé decir que después que soy ca-
ballero andante soy valiente, comedido] liberal, biencriado,
generoso, cortés, atrevido, blando, paciente, sufridor de tra-
bajos, de prisiones, de encantos..."
Pero aqu í, y como es costumbre y regla de Cervantes, en-
tre col y col nos mete él la lechuga y, para despistar, prepara
una de sus habituales añagazas cuando dice: "Admirado que-
dó el canónico de los concertados disparates que don Quijo-
te había dicho..." y señuelo que el lector ingenuo traga sin
chistar.
Un poco más adelante aparece un cabrero detrás de una
cabra perdida o extraviada y después de "agarrarla por los
cuernos, como si fuera capaz de discurso y entendimiento" le
dijo:
- lAh, cerrara, cerrera, Manchada, Manchada, y cómo
andáis vos estos días de pie cojo! ¡Qué lobos os espan-
tan, hija? ¿No me diréis qué es esto, hermosa? Mas lqué
puede ser sino que sois hembra, y no podéis estar sosega-
da; que mal haya vuestra condición, y la de todas aque-
llas a quien imitáis! Volved, volved, amiga; que si no tan
contenta, a lo menos, estaréis más segura en vuestro
aprisco, o con vuestras compañeras; que si vos que las
habéis de guardar y encaminar andáis tan sin guía y tan
descaminada, Zen qué podrán parar ellas?
Esta cabra, a la que el cabrero llama Manchada, era una
"hermosa cabra, teda la piel manchada de negro, blanco y
parda".
Luego de ser invitado a comer y beber y sosegado ya, el
cabrero dice:
-"No querría que por haber yo hablado con esta alimaña
tan en seso, me tuviesen vuestras mercedes por hombre
simple; que en verdad que no carecen de misterio las pa-
labras que le dije. Rústico soy; pero no tanto que no en·
tienda como se ha de tratar con los hombres y las bes-
tias".
330
A lo que el canónigo repl íca:
-"Eso creo yo muy bien -dijo el cura- que ya yo sé de
experiencia que los montes cr ían letrados y las cabañas
de los pastores encierran filósofos". (Todas las negritas
mías)
Basta, Fabricio. Ah í están las alegar ías con sus símbolos
señales dichas. Te toca a ti ahora aquello de "estudio cons-
mte, perspicaz observación y meditación profunda" de que
~ hablé en mi primera carta. Busca, busca, caro amigo, que
quién busca halla y a quién toca se le abrirá.. ."
Consideraciones personales
Entiendo que para cuando Cervantes escribió la Primera
)arte de su obra, debió de ser sólo un aprendiz, un neófito en
os asuntos esotéricos; pero que impactado por estas enseñan-
zas -o quizás obedeciendo órdenes para cumplir con algún
clan pre-determinado- y, además, conociendo la historia
oculta de la caballería, quiso incluir en su obra, o un mensa-
je -como diría un universitario principiante- o una alegoría
-lo que viene a ser lo mismo- cuyo meollo fuera la inicia-
ción de un caballero.
Debes recordar, Fabricio, que la primera parte del Quijote
fue publicada, no escrita, en 1605, oficialmente. Para enton-
ces, es decir, para cuando la escribió, Cervantes, aunque no
bisoño, pero con menos experiencias esotéricas e inmaduro
como escritor, nos pinta unas alegorías totalmente pálidas y
descoloridas, breves y superficiales si las comparamos con las
de la Segunda Parte. Entiéndase bien, "si las comparamos con
las de la segunda parte", para que no vengan después los en-
tendidos a acusarme de irrespeto al Manco. Aunque, a decir
verdad, ese pasaje de la cabra perdida a la que Cervantes llama
Manchada es sencillamente genial; digno hijo del luminoso ta-
lento y mordaz iron ía del Manco de Lepanto. Pero aún así,
no tan sólo este capítulo del Caballero del Lago, sino todavía
331
la entera primera parte, es, como se dice "floja". Tanto es es-
to cierto que Cervantes debe recurrir a las historias o mini-
novelas ca-laterales del Curioso Impertinente, de Dorotea y
Cardenio, de la Historia del Cautivo y aún la de Leandra y
Vicente, para poder hacer volumen y llenar y reforzar con
ellas las aventuras del Caballero de la Triste Figura y su escu-
dero.
La Segunda Parte se publica en 1615, es decir, diez años
después y todo aquí es diferente. Ahora Cervantes ha tenido
tiempo de muchas cosas. Ya Don Miguel es un terminado
Maestro en esoterismo, en cabal posesión de todas las claves
del arte. Ahora el lvlanco de Lepanto ha madurado como
hombre y cuajado como escritor. Ahora su genio literario
está en el cenit y su arte brilla esplendoroso y deslumbrante
con poderosos y profundos rayos que opacan el fulgor del de
todas las figuras del Siglo de Oro.
Cervantes, en sus andanzas y correrías por los pueblos de
España y, en particular, por la región de la Mancha; hospe-
dándose aqu í y allá en ventas y pensiones; tratando con todas
clases de bellacos en su oficio de recaudador de impuestos y
granos para el Rey; haciendo caminos entre pueblo y pueblo
con otros viandantes, ha tenido oportunidad de conversar y
de oír muchas historias y cuentos de campesinos. Ha terciado
con ~ e n t e de pueblos; con Menesterosos, con prostitutas y al-
cahuetes; con ladrones, timadores y arrepentidos delincuen-
tes. Ha tenido ocasión de ver y catar nuevos así como extraños
lugares y parajes a lo largo y ancho de todo el país. Así es
como conoce la ya para aquel tiempo famosa cueva de Mon-
tesinos y las historias de espantos y aparecidos que acerca de
ella hacen los lugareños, se entera, y tal vez vio, que en dicha
cueva existen nueve lagunas y también se entera de quienes
son los propietarios y, para sus propósitos, se ajusta a los dos
grupos de lagunas; palpa por sí mismo las maravillas naturales
y geológicas que presenta el lugar y su genio egregio y su ta-
lento original se aprovechan de todo, absolutamente de todo
el mínimo detalle, para con ellos darnos estos singulares ca-
pítulos, por los cuales tanta tinta se ha derramado tratando
332
ios i lamados entendidos de encontrar la "razón de la sinra-
zón" de los sólo ficticios disparates de Quijote.
Es en la segunda parte donde encontramos la famosa fra-
se "con la iglesia hemos dado" (topado, dicen algunos) y es
en la segunda parte, además. donde aquel cura o Canónigo,
consejero de los Duques, sale tan mal parado en su conversa-
ción con Quijote y Sancho.
Cuando América Castro dijo que Cervantes era una hipó-
crita en asuntos religiosos sólo dijo verdad de sol meridiano;
porque Cervantes en estos cap ítu los de la Cueva de Montesi-
nos se ríe a carcajadas de la "Santa" y terrible Inquisición.
Aqu í, con el velo de la alegar ía, nos habla el Manco de todas
las cosas que aquella nunca bien maldecida institución prohi-
b ía y perseguía como herej ías; aqu í, para colmo de atrevi-
mientos y señal de genio único, Cervantes cc.isique que la ra-
mera o la Manchada certifique vendase que su libro "guarda
con toda cordura las leyes de reprehensión cristianas" y que
"no se halla er#l cosa indigna de un cristiano celo"; según di-
ce la "Aprobación" emitida por el "señor Doctor Gutierre de
Cetina, Vicario general desta villa de Madrid" el 17 de Marzo
de 1615
2 4
. Aqu í se burla el burlado Manco en las propias
narices y tira de las barbas de todos los teólogos, de todos los
sabios y de todos los eruditos en materia de religión; aún va
más allá su inaudita audacia y previa las tales burléis, les ha di-
cho y les ha advertido sus propósitos. Pero es que Cervantes
estaba seguro de que, en su tiempo, toda aquella caterva de
los que el público conocía como "sabios" sólo portaban la sa-
biduría que tipifica el primo. Sabía Cervantes que no conta-
ban ellos con el bagaje intelectual ni con la cultura apropiada
para entender su alegoría. Deducía Cervantes que aquellos no
pasaban de ser unos puros sabihondos de quincalla. ¡y como
se revolcaría de la risa el Manco!, con risa y carcajada póstu-
ma, cuando, en 1632, ellndiée Expurgatorio de la Inquisición
suprimió, -por impropias- las siguientes palabras que la Du-
quesa dice a Sancho en el capítulo XXXVI de la Segunda Par-
te:
.'1 advierta Sancho. que ias obras de caridad que se
333
hacen tibias y flojamente no tienen mérito ni valen na-
da...,,25
Cervantes estaba seguro, confiado, en que su sabiduría sí
era real; que su ciencia sí era auténtica, porque estaban fun-
dadas ellas en lo objetivo y en lo subjetivo, era, pues, la suya
una sabiduría integral, con conocimientos universales. En tan-
to que la de los otros apenas llegaba a lo puramente objetivo.
Cervantes estaba cierto que él era un hombre fuera de su
tiempo y que escribía para las generaciones del porvenir. Cer-
vantes conocía bien la diferencia entre el agua que ofrecía la
Samaritana y el agua que Jesús ofrecía.iY había bebido de
aquella agua del Maestro! Todo esto lo prueba el Manco en
estos capítulos de la Cueva de Montesinos.
Conceptos doctrinarios de la masonería y Cervantes
Si todavía alguien duda de la intención filosófica o doctri-
naria del Quijote, lqué digo! de toda la obra literaria de Cer-
vantes, que lea estos postulados de la masonería en particular,
pero de todas las escuelas esotéricas en general:
"Auxiliar al manesteroso es deber de todo hombre y
particularmente de los masones que estan ligados por in-
disoluble lazo de sincero afecto. De aqu í que nuestro
capital propósito sea consolar al afligido, simpatizar con
el infortunado, compadecerse del mísero y apaciguar a
los conturbados. Sobre esta base fundamos nuestra amis-
tad y establecemos nuestras relaciones".
y esta otra:
"Por el ejercicio del amor fraternal aprendemos a consi-
derar a todo el linaje humano como una familia; a los al-
tos y a los bajos, a los ricos y a los pobres como creados
por un Ser único y omnipotente, y enviados a este mun-
do para ayudarse, soportarse y protejerse mutuamen-
te".
334
y todav ía otra más:
"El verdadero objeto de la masonería puede resumirse
en estas palabras: borrar de entre los hombres los prejui-
cios de casta, las convencionales distinciones de color,
origen, opinión y nacionalidad; aniquilar el fanatismo y
la superstición; extirpar los odios de raza y con ellos
el azote de la guerra: en una palabra, llegar por el libre
y pacífico progreso a una fórmula y modelo de eterna y
universal justicia, según la cual todo ser humano pueda
desenvolver libremente las facultades de que está dotado
y concurra cordialmente y con todas las fuerzas a la co-
mún felicidad del linaje humano, de modo que la huma-
nidad entera sea una familia de hermanos unidos por el
afecto; la sabiduría y el trabajo.
El mundo entero no es más que una república, de la que
cada nación es una familia y cada individuo un hijo. Sin
abrogar a la masonería ninguno de los deberes que re-
quiere la diversidad de naciones, propende a establecer
un nuevo pueblo, que compuesto de hombres de distin-
ta nacionalidad, estén ligados por los lazos de la ciencia,
la moral y la virtud". (La Vida Oculta en la Masonería,
Ibíd. Leadbeater, Págs. 200 y 202).
¿Acaso no es este resumen lo que nos da Cervantes, trans-
formado, corregido, ampliado y todavía sublimado por las al-
turas de su genial, de su única imaginación? é Acaso no son es-
tas las ideas que encontramos en El Quijote, en La Gitanilla,
en La Española Inglesa, el El persiles, etc.?
Cervantes conoc ía la Ley de la Relatividad
Otra vez en el Quijote, en la misma plática del capítulo
XXIII dice el primo:
"Yo no sé, señor Don Quijote, como vuesa merced, en
335
tan poco espacio de tiempo como ha que está Q"áabajo,
haya visto tantas cosas y hablado y respondido tanto.
-¿Cuándo ha que bajé?- preguntó don Quijote.
-Poco más de una hora- respondió Sandlo.
-Eso no puede ser -replicó don Quijote- porque allá
me anocheció y amaneció, y torno a anochecer y a ama-
necer tres veces:
de modo que a mi cuenta, tres días he estado en aquellas
partes remotas y escondidas a la vista nuestra.
-Verdad debe decir mi señor -dijo Sandlo-: que como
todas las cosas que le han sucedido son por encantamen-
to quizá lo que a nosotros nos parece una hora, debe de
parecer allá tres días con sus noches.
-Así será- respondió don Quijote.
- y éha comido vuesa merced en todo este tiempo, se-
ñor mío?- preguntó el Primo.
-No me he desayunado de bocado don Qui-
jote-, ni aun he tenido hambre, ni por pensamiento.
- y los encantados écornen? -dijo el primo.
--No comen -respondió don Quijote-, ni tienen excre-
mentos mayores: aunque es de opinión que les crecen
las uñas, las barbas y los cabellos
- y éduerrnen, por ventura, los encantados, señor? pre-
guntó Sancho.
-No, por cierto -respondió don Quijote-; a lo menos,
en estos tres días que yo he estado con ellos, ninguno ha
pegado los ojos, ni yo tampoco..."
Es de admirar la sagacidad y la oportunidad con que Cer-
vantes, metido en este embrollo pone en boca de Sancho la
única solución al conflicto que se ha suscitado entre ellos
acerca del tiempo. Analicemos Fabricio.
Tomemos nota en primer lugar, de que mientras Quijote,
dejando el cuerpo físico sumido en trance pasa al plano as-
tral, sus amigos han permanecido en el plano o mundo físico.
Ahora bien, como que la materia es muchísimo más densa en
este plano que en aquel, las vibraciones serán en consecuencia
336
muchísimo más lentas y, por el mismo hecho, el mismo tiem-
po absolu-o tiene que aparecer mucho más largo en el astral
que en nuestro denso medio físico. De aqu í el que la contra-
dicción entre Quijote y el primo sólo sea aparente pues que
ambos tienen razón, cada uno, desde luego, de acuerdo con
el medio en que ha vivido. Es a esto a lo que se llama "el prin-
cipio de relatividad", que tanto escarceo ha causado al ser de-
mostrado matemáticamente por Einstein; pero que era cono-
cido por Cervantes lo mismo que por todos los ocultistas de
todas las épocas y, cuando Sancho tercia, apuntando que qui-
zás lo que le pareció a ellos una hora acá arriba, sería para
Quijote tres días allá abajo, no s Sancho quien habla, es Cer-
vantes quien está dando la cla ! del enigma aunque para el
vuIgo nada de particu lar se mue .tra en estas cosas tan claras,
salvo la chifladura del Manchego.
Sin embargo, aparece una inexactitud que vamos a discu-
tir en el previo entendido de que en los relatos dados en clave
como éste que nos ocupa, el simbolismo suele referirse con
frecuencia a más de una cosa y a veces a más de dos según ya
dije.
Los tres días de Quijote
El caballero afirma que tiene que haber estado all í tres
días completos pues que all í le amaneció y le anocheció hasta
tres veces consecutivas. Esto es falso porque all í, en aquel pia-
no, la salida y la puesta del sol no es el fenómeno que rige la
noción del tiempo del modo como ocurre acá en el mundo fí-
sico, es más, y como ya vimos, este mismo sol que nos calien-
ta y nos ilumina con sus vívidos rayos all í es oscuridad y ti-
niebla habida cuenta, entre otras, que aquel tipo de materia
es de por sí radiante y luminosa. Sin embargo, si dejamos a un
lado el sentido directo de esas frases y atendemos a su sentido
figurado o simbólico, lo entendemos perfectamente y ya no
hay inexactitud pues aqu í a lo que se refiere Cervantes, siem-
pre en la línea o en el tema iniciático, es a la 72 horas, exac-
tamente tres días, que el iniciado del cuarto grado pasaba su-
mido en el trance, en el fondo de la cripta, mientras su guía
337
recorr ía con él todas las reqiones del plano astral para ense-
riarle los misterios de la vida y de la muerte en aquel mundo,
conforme le ofreciera Montesinos al candidato que en la ale-
goría figura como Don Quijote.
Quien sea o haya sido rosacruz sabe o recordará la gran
importancia que otorga esta escuela al tema tiempo-espa-
cio-i-mente que es, en esencia, lo que Cervantes nos presenta
en el pasaje comentado. Los rosacruces dedican cuatro o cin-
co de sus primeras lecciones al estudio de esta tricotom ía a
fin de ir preparando el neófito, paso a paso, para las grandes
verdades metasíquicas que poco a poco se le han de ir ense-
ñando, como la cuarta dimensión, la ley de la relatividad fí-
sica y metafísica, la ley de las vibraciones, el misterio y leyes
del triángulo y otros no menos importantes conocimientos.
¿Pod ía un Maestro de la categor ía de Cervantes dejar de lado
esta vital enseñanza metafísica en el capítulo donde se aden-
tra tan hondo en lo esotérico?
El Quijote coincide con las modernas doctrinas esotéricas
Pero no se cansa, el que está en posesión de las claves
-así como cualquiera que lea este monumental libro-, de ad-
mirar el genio del llamado Manco de Lepanto. Cuando en lo
referente a si los "encantados comen o duermen" que el pri-
mo interroga, responde definitivamente el de la Triste Figura:
"No comen, ni tienen excrementos mayores"
aludiendo a la primera parte de la pregunta. En referencia a la
segunda interrogación, ahora de Sancho, dice:
"No, por cierto, a lo menos en estos tres días que yo he
estado con ellos, ninguno ha pegado los ojos ni yo tam-
poco".
Reafirma, pues, el Manchego que ha pasado tres días con
los desencarnados y, en conjunto, todo lo dicho por Quijote
338
ajusta exactamente con lo que se lee en el libro El Plano
Astral y el Mental y que cito otra vez:
" ... Prescindiendo interinamente del séptimo subplano,
diremos que el 6to. del 5to. y el 4to. tiene por trasfondo
el mundo físico con todos sus conocidos accesorios. La
vida en estos subplanos es la misma que la ordinaria vi-
da terrestre, menos el cuerpo físico y sus necesidades"
Que Cervantes haya sido esoterista no es lo que verdade-
ramente debe asombrarnos; al fin y al cabo también lo fueron
los intelectuales más eminentes de su tiempo ya que todo pa-
rece indicar que ser ocultista en aquella época era algo así
como estar "a la moda", o la manifestación más clara de pro-
testa o reacción a las condiciones socio-económicas imperan-
tes entonces; de la misma manera que hoy se' es "comunista"
-Picaso, Charlie Chaplin, Neruda- no sólo por estar "a la
moda" sino como claro signo de protesta ante las injusticias
sociales actuales.
Lo que sí es extraordinariamente "curioso" es que la
"imaginación" -como diría un academista- de Cervantes
concuerde otra vez, con dos siglos de anticipación, con las en-
señanzas doctrinales dadas abiertamente al público por prime-
ra vez a fines del siglo pasado y a principios del actual, en los
libros de Madame Blavatskv, Mad. Besant, Leadbeater, Ru-
dolf Stein, Max Heindel, Jinarahadasa, etc.
Los conocimientos médicos y biológicos de Cervantes
Pero si el Manchego y Sancho se topan con la iglesia, aqu í
topamos nosotros con una de las oraciones más fasGinantes de
todo este capítulo cuando el de la Triste Figura dice:
"es de opinión que le crecen las uñas, las barbas y los ca-
bellos .. ."
Cervantes, adelantándose en siglos a su época, nos está
339
dando un auténtico y exacto dato de fisiología y biología
desconocido para su tiempo. En efecto, es bien sabido que las
células, como entidad propia, tienen vida separadas y que aún
después de la muerte de una persona, las células que compo-
nen su cuerpo físico siguen viviendo (como sustancias autó-
nomas, repito) durante un tiempo que puede ser más o menos
largo. La rama de la biología que estudia las células se llama
citología. Esto pues, lo saben hoy no ya todos los médicos, si-
no aun los estudiantes de medicina y biología.
Para confirmar esto, veamos el libro El Doble Etérico
(Ibfd), Pág. 85:
"EI retiro del Doble Etérico, y con él la circulación de
Prana, destruye la unidad integral del cuerpo físico, de-
jando meramente un conjunto de células independien-
tes. La vida propia de las células mismas continúa, como
lo prueba el hecho bien conocido de que algunas veces el
pelo de un cadáver continúa creciendo... De manera
que el cuerpo nunca está más vivo que cuando muerto;
pero está vivo en sus unidades, aunque muerto como or-
ganismo. Dice Eliphas Levi: "EI cuerpo no se descom-
pondr ía si no estuviera muerto; todas las moléculas que
lo componen están vivas y luchan por separarse..."
Como sabes, Fabricio, en tiempo de Cervantes los conoci-
mientos de medicina eran muy precarios y la biología y la
fisiología no habían nacido aún como ciencias. No se había
descubierto el microscopio y apenas se sospechaba la existen-
cia de la célula y mucho menos sus funciones.
En efecto, es sólo 51 años después de Cervantes, es decir
en 1667, cuando el inglés R. Hooke pública su Tratado de
Micrografía y en él dibujó algunas células que descubrió con
un muy inestable y elemental microscopio, de juguete diría-
mos hoy si lo comparamos con los actuales. "Debido al aspec-
to que presentaban, parecido al de un panal de miel, su des-
cubridor bautizó aquellas cavidsdes o divisiones con el nom-
bre de cellula o célula, palabra ésta diminutiva del latín celia
que significa hueco, pequeña celda, cavidad o seno."
340
Es verdad que el de Lepanto no nos habla directamente
de la célula; esto así no sólo porque tal nombre técnico no
existía entonces, sino, quizás, por la amenaza de la Inquisi-
ción; pero nos describe él con precisión una de las funciones
del más diminuto organismo conocido por la ciencia. Claro,
como casi todo lo esencial en este capítulo, nos habla el Man-
chego, o mejor dicho, Cervantes, bajo el velo de lo que parece
una inseguridad o disparate. Pero el dato esta ahí, fehaciente,
fidedigno, exacto. ¿Cómo pudo pues, conocer el Manco estas
actividades citológicas?
Los iniciados conocían todos estos fenómenos biológi-
cos'". Muchos de aquellos iniciados, los que habían actualiza-
do la vista astral o doble visión, lo sab ían con absoluta certe-
za puesto que podían verlos y estud-iarlos directamente; y los
neófitos o estudiantes -probablemente el caso de Cervantes
en lo referente a la vista astral-- conocían de ellos indirecta-
mente o por referencia de sus maestros. De ah í que Quijote
dice: "es de opinión...etc."
Para ampliar más este importante asunto, volvamos a la
Sra. Blavatsky y a su Isis sin Velo: (Ibid. Pág. 89, Tomo 1)
"En determinadas ramas de la ciencia, sabían los anti-
guos más de lo que hasta ahora han descubierto los mo-
dernos. Aunque muchos repugnan confesarlo, así lo re-
conocen algunos sabios. El doctor A. Todd Thompson,
que publicó la obra Ciencias Ocultas escrita por Salverte,
dice a este propósito: "Los conocimientos científicos de
los primitivos tiempos de la sociedad humana eran mu-
cho mayores de lo que los modernos suponen, pero es-
taban cuidadosamente velados en los templos a los ojos
del vulgo y tan sólo a disposición de los sacerdotes".
Más adelante, en su misma obra, agrega:
"Los antiguús, y sobre todos los magos y astrólogos cal-
deos, se distinguieron siempre por su ardiente anhelo de
inquirir la verdad en las diversas ramas de la ciencia,
341
pues se esforzaban en penetrar los secretosde la natura-
leza, por los mismos métodos de observación y experi-
mentación a que recurren los modernos investigado-
res..."
Déjame, Fabricio, citar ahora a un paisano nuestro. Se
trata del eminente médico y escritor dominicano Dr. Gui-
llermo Hernando M. En una serie de artículos publicados en
el periódico "Listín Diario" de Santo Domingo acerca de la
historia 00 la medicina, en el titulado "Año de 1616" dice él:
"En el siglo XVII se estableció el fundamento científico
del mundo moderno. Newton, Kepler, Galileo, descu-
brieron las leyes de la dinámica celeste: Descartes y
Francis Bacon dictaron los principios filosóficos que
consagraron al método experimental. Y en medicina, el
inglés William Harvey escribió la historia.
Después de largos años de paciente y cuidadosa investi-
gación científica, Harvey llegó a su gran descubrimiento:
la circulación de la sangre. Demostró con la experimen-
tación y a través de un preciso razonamiento matemáti-
co cuantitativo que la cantidad de sangre que llega a la
aurícula derecha es la misma que sale por el ventrículo
izquierdo, por lo que no puede másque correr por el cir-
cuito que forman las arterias y las venas. Destruyó así,
en forma definitiva, la fisiología galénica, pilar de la me-
dicina tradicional.
Harvey publicó susobservacionesy conclusiones en 1628.
Pero la primera comunicación de éstas la hizo el 16 de
abril de 1616 ante el Colegio de Médicos de Inglaterra.
Es esta última fecha la que se torna significativa a raíz
de otros acontecimientos que sucedieron por esos días.
Apenas siete días después de la comunicación de Har-
vev , el 23 de abril, muere en Stratford el mássublime re-
presentante de las letras inglesas. William Shakespeare,
quien en sus dramas alude con frecuencia a temas médi-
342
coso Así, en "Macoeth", éste grita aterrorizado ante la
aparición del espectro de Banquo: i Lejos, lejos de mí!
... Que la tierra te trague... Mi sangre se hiela: falta a
mis huesos el tuétano... la lumbre de mis ojos oscure-
ce" iGenial intuición! il-iermosa figura literaria que se
adelanta al conocimiento médico!. Si la médula se destru-
ye ("falta a mis huesos el tuétano") se muere por ane-
mia aplástica ("mi sangre se hiela").
Ese mismo 23 de abril de 1616 en que Shakespeare falle-
cía en Inglaterra, moría en España el fénix de las letras
castizas: Miguel de Cervantes. Su libro "Don Quijote de
la Mancha", obra cumbre de la literatura, fue considera-
do por Thomas Sydenham (gran cl ínico inglés de la se-
gunda mitad del siglo) como el mejor tratado de medici-
na que se había escrito".
Jn poco másadelante agrega:
y el día anterior a la muerte de Shakespeare y Cervan-
tes el 22 de abril, expiró en Córdoba el primer gran es-
critor de la nueva raza americana: el Inca Garcilaso de la
Vega, en cuyas venas conflu ían la sangre de un capitán
espariol y de una princesa del Cuzco peruano. Su "Histo-
ria general del Perú" contiene referencias a costumbres
médicas de los incas, como se advierte en el capítulo en
que habla de la prisión y muerte de Atahualpa: "y que
para certificarse de la calentura le tomaron el pulso, no
en la muñeca como los médicos de acá (el libro lo escri-
bió en España), sino en lo alto de la nariz, a la junta de
las cejas".
El culto y distinguido médico dominicano llama a todo
esto" IGenial intuición!" y " il-lermosa figura literaria que se
adelante al conocimiento médico!". Lo que no sospecha el
erudito y docto galeno dominicano es que allí no hubo nada
de intuición; que todos esos conocimientos eran cosas bien
averiguadas y mejor sabidas por los iniciados de todos los
343
tiempos en ocultismo y a base de las cuales practicaban la me-
dicina los médicos o sacerdotes de entonces, quienes no sólo
curaban el cuerpo sino también el espíritu.
Para no abrumarte con muchas citas, déjame traerte sólo
una que te señalará, Fabricio, la verdad de lo que te digo: En
la Pág. 243 de Isis sin Velo, Torno I (lbid.) se lee en un epí-
grafe:
"Pero lo que especialmente distingue a la Fraternidad es
su maravilloso conocimiento de los recursos del arte mé-
dico. Operan por medio de simples y no por hechizo."
(Manuscrito. Informe sobre el origen y
atributos de los verdaderos rosacruces.)
Los hierofantes o "Hijos de Dios" de la antigüedad sí co-
nocían la circulación de la sangre. Sólo que eso era "secreto
del Templo" y no había llegado el momento de divulgarlo pú-
blicamente. ¿Prueba? En el Tomo VI de la Doctrina Secreta,
Página 105, {lbId.) en el acápite titulado "Lo que en realidad
es la magia", Madame Blavatsky dice que Simón el Mag0
27
en
su libro Philosophumena VI, 14, libro éste, al menos, atribui-
Jo a él, señala claramente la circulación de la sangre.
Cervantes no miente
Veamos ahora como Cervantes reafirma todo lo ya dicho
y analizado. En la última parte del capítulo que nos ocupa,
replica el primo en repuesta a lo que Sancho hdLi" externado
antes, referente a que no creía nada de lo que Don Quijote
había dicho:
"-Cómo no? -dijo el primo-, pues zhabré de mentir el
señor Don Quijote, que, aunque quisiera, no ha tenido
lugar para componer e imaginar tanto millón de menti-
ras?
- Yo no creo que mi señor mienta -respondió Sancho
-Sino équé crees? le preguntó Don Quijote.
-Creo -respondió Sancho- que aquel Merl ín o aquellos
344
encantadores que encantaron a toda la chusma que vue-
sa merced dice que ha visto y comunicado allá abajo, le
encajaron en el mag ín o la memoria toda esa máquina
que nos ha contado y aquello que por contar le queda.
--Todo esto pudiera ser, Sancho -replicó don Quijote-,
pero no es así porque lo que ne contado lo vi por mis
propios ojos y lo toqué con mis mismas manos... "
(Negritas mías)
Es decir que tanto el primo como Sancho están convenci-
dos de que don Quijote no habla mentiras ya que tal cosa no
puede hacer un Caballero miembro de la Orden de la Cabal le-
ría, pero le atribuyen todos los desatinos dichos por el An-
dante a la obra de los encantadores y, claro, a su locura ya
conocida. i He aqu í una original forma de zafarse del Santo
Oficio.
Lo que descubrió Quijote definitivamente no se sabe ni
tal vez llegue a saberse, porque al terminar su relato le dice a
su escudero de este modo:
"Como no estás experimentado en las cosas del mundo,
todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen
imposibles; pero andará el tiempo como otra vez he di-
cho, y yo te contaré algunas de las que allá abajo he vis-
to, que te harán creer las que aqu í he contado, cuya ver-
dad ni admite réplica ni disputa."
(Neqr itas mías)
He aqu í Fabricio, como Quijote, versus Cervantes, habla
de un modo definitivo, sin admitir réplicas ni discusión, acer-
ca de las cosas que ha visto y ha vivido en aquellas regiones
alegorizadas por la cueva, importándole poco que estos dos ti-
pos le tengan por chiflado. De modo que, en todo lo extraor-
dinario y lo incre ible de lo que contó el Mancheqo aquella
tarde memorable ello era al parecer poco en comparación con
las que se reservaba para decir más tarde, razón de más para
pensar que se trataba de cosas relativas a la iniciación y nos
hace recordar inmediatamente, y esto lo repito por última vez
345
para que no lo olvides, el método del Maestro Jesús, quien
para el público hablaba en parábolas, reservándose el hablar
claro para los de adentro', esto es, para los preparados o ini-
ciados en los misterios que el estaba encargado de enseñar.
346
NOTAS
1. Los alquimistas medievales le llamaban Plano o Mundo Astral; los griegos Ha-
des o mundo inferior, los cristinos le dicen Purgatorio o estado intermedio.
Dice Leadbeater: (El Plano Astral y el Plano Mental, Pág. 13, Ibfd.!
"Cuando en el cambio llamado muerte desecha el hombre completa-
mente el cuerpo físico, pasa a dicho mundo invisible y allí vive du-
rante los siglos que transcurren entre sus encarnaciones en el mundo
físico. Pasa el hombre la mayor parte de ese largo período en el
mundo celeste..."
Agrega él en la misma obra, un poco más adelante:
"El primer punto que ha de evidenciarse al describir el mundo astral,
es su absoluta realidad. Desde luego que no empleo esta palabra en
el sentido metafísico de que excepto el Ser inmanifestado todo es
ilusorio por impermanente. Empleo la palabra realidad en su acep-
ción vulgar y corriente, para dar a entender que los objetos y habi-
tantes del mundo astral son reales en el mismo concepto en que lo
son nuestros cuerpos, nuestros muebles, nuestras casasy monumen-
tos. .•"
2. Plutón o Efestos o Hades: Fue el Dios de los Infiernos. Hijo de Saturno y
Rea, fue devorado por su padre al igual que sus hermanos y luego vomitado
merced a la pócima de Metis. Cuando los hermanos, capitaneados por Júpi-
ter, destronaron a Cronos y se repartieron su vasto imperio, a Plutón le co-
rrespondió dominar el territorio que comprend ían los Infiernos. Como ha-
bitaba tan sombríos dominios ninguna diosa quiso casarse con él y tuvo que
raptar a Proserpina, hija de Ceres, y la hizo reina de los Infiernos. (Dlcclona-
rio Mitológico, Ibid.)
3. Tuvo amores con Venus. La diosa le prohibió divulgar el secreto bajo pena
severa. Probablemente no pudo resistir la tentación de contar su gran hazaña
porque le cayó un rayo que lo dejó ciego. De sus amores con ladiosa, nació
Eneas. (Diccionario Mitológico, lbid.)
4. Hijo de Venus y Anquises. Durante la defensa de la ciudad de Troya se dis-
tinguió tanto como Héctor por su bravura y fuerza. Cuando Troya fue toma-
da, Eneas resistió hasta lo último, encerrado en la ciudadela con un grupo de
valientes. Allí había reunido un gran número de mujeres, niños y ancianos, y
aJando tuvo que capitular lo hizo a condición de que dejaran salir a todos,
347
llevando cada uno lo que pudiera cargar en sus espaldas. E1,en vez de oro u
objetos costosos, subió sobre sus hombros a Anquises, su viejo padre ciego y
paralítico. Y cuando los griegos, conmovidos por aquella muestra de amor
filial, le permitieron volver, sacó sus dioses penates. Siguió Eneas peregri-
nando hasta llegar a Cumes; allí la Sibila le reveló su destino y le indicó qué
debía hacer para franquear las puertas del Averno y hablar con su padre An-
quises. Logró la entrevista paternal descendiendo a las profundidades de La
Tierra y regresando después a la superficie. (Diccionario Mitológico, tbid.)
5. Sibilas: Eran mujeres con don profético. En un principio sólo la Pitonisa del
Oráculo de Oelfos fue llamada Sibila pero después el nombre se hizo genéri·
co hasta abarcar, según San Clemente de Alejandría, a Sara, Rebeca, Débora
y otras profetisas bíblicas. (Diccionario Mitológico, Ibíd.)
6. LLamados también "Elementalesdel astral". Dice el mismo Leadbeater acero
ca de los elementales en su libro mencionado anteriormente:
OO•••sin embargo, hay indudablemente en casi todas las subdivisiones
de elementales la tendencia a mostrarse más bien hostiles que favora-
bles al hombre. Todo neófito lo sabe por experiencia. pues en la ma-
yor parte de los casos su primera impresión al visitar el plano astral
es la de la presencia en su alrededor de una numerosa hueste de pro-
téicos espectros que hacia él avanza en actitud amenazadora, pero
que siempre retroceden o se desvanecen sin hacer el menor daño, si
se les da el rostro valerosamente. De esta hostil propensión deriva el
repulsivo o contrahecho aspecto que asumen, y los autores medieva-
les nos dicen que el hombre debe agradecer su existencia. En la edad
de oro la humanidad era menos egoísta, más espiritual y los elemen-
tales semostraban amigos del hombre; pero ahora se han enemistado
con él porque trata con indiferencia, antipatia o crueldad a otros se-
res vivientes". (Ver El Plano Astral y Mental, Pág. 66 lbjd.]
7. Circe: Hija de Eetes y Hécate, recibió de su madre la enseñanza de las artes
negras. Podía hacer que la Luna bajara sobre la Tierra, podía cambiar el cau-
ce de los ríos y metamorfosear a los sereshumanos en monstruos. Hizo puer-
cos a los compañeros de Ulises e iba a hacer lo mismo con él, pero Mercurio
había dado a Odisea (otro nombre de Ulises) un antídoto y al final de cuen-
tas fue éste quien dominó a la maga negra. Luego se amaron y tuvieron un hi·
jo: Telégono. (Diccionario Mitológico, Ibid.)
8. Ver nota No. 2
g Otro nombre de Proserpina. Ver nota No. 2
10. Tiresias: Hijo de Evero y de la Ninfa Cariclo, fue el Matusalén de los griegos.
Vivió siete edades humanas y vio nacer y morir en Tebas a Layo,Edipoy Ereo-
eles. Después de muerto siguió profetizando y'Ulises, ayudado por Circe, ba-
jó al Reino de las Sombras sólo para consultarlo. (Diccionario Mitológico,
Ibid.)
11. Hijo de Caos, fue metamorfoseado en río y precipitado en el Averno por ha-
ber ayudado a los Titanes (Diccionario Mitológico, Ibid.)
348
los cabalistas lo saben perfectamente y está corroborado por los ana-
les de la antigüedad y de la-Edad Media, aparte del testlraonro jurídi-'
co de los fenómenos de Cideville en nuestros días.
algo más adelante, en el mismo volumen de la obra mencionada, pág. 77 cita
ella estas palabras de Psello: (Migue!, escritor y político bizantino (1018-
1078) restaurador de la filosofía Neoplatónica. Pequeño Larousse Ilustrado.
Pág. 1525, Ed. 1978):
Psello refiere extensamente cómo su cuñada fue poseída de un elementario y
el horrible estado en que la sumió el poseedor hasta que la curó un exorciza-
dor extranjero, llamado expulsando al maligno espíritu a fuerza
de amenazarle con una espada. A este propósito da Psello una curiosa infor-
mación de demonología que, según recordamos, es como sigue:
Los cuerpos de los espíritus son vulnerables con espada u otra arma
cualquiera. Si les disparamos un objeto duro les causará dolor, y
aunque la materia de sus cuerpos no sea sólida ni resistente, tienen
sensibilidad, por más que no tengan nervios, pues también siente el
espíritu que los anima; y así el cuerpo de un espíritu puede ser sen-
sible tanto en conjunto como en cada una de sus partes, de suerte
que sin necesidad de organismo fisiológico el espíritu ve, oye y sien-
te todo contacto. Si partís por la mitad el cuerpo de un espíritu,
sentirá dolor como si residiera en cuerpo de carne, porque dicho
cuerpo no deja de ser material, si bien de tan sutil naturaleza que no
lo perciben nuestros ojos... Sin embargo, cuando amputamos los
miembros de un cuerpo carnal no es posible reponerlos en su pristi-
ma disposición, mientras que inmediatamente de hendir a un demo-
nio de arriba abajo vuelve a quedar tan entero como antes, como su-
cede cuando un cuerpo sólido atraviesa el aire o el agua sin dejar la
más leve lesión. Mas a pesar de ello, los rasguños, heridas o golpes
con que se vulnera el cuerpo de un espíritu le ocasionan dolor, y
ésta es la razón de que a los elernentarios les intimide la vista de una
espada o cualquier arma cortante. Quien desee ver cómo huyen estos
espíritus no tiene más que probar lo que decimos.
El demonólogo Bodin, uno de los científicos más eruditos de nues-
tra época, es también de opinión que a los elementarios, así cósmi-
cos como humanos,les aterroriza hondamente la vista de espadas y
dagas. De igual parecer son Porfirio, Jámblico, Platón y Plutarco,
quien trata repetidas veces de este particular. Los teurgos estaban
perfectamente enterados de ello y obraban en consecuencia, pues sa-
bían que el más leve rasguño lesionaba los cuerpos de los elementa-
rios.
Estos asuntos están tratados extensamente en Isis sin Velo; pero el plan de
este libro es demostrar que Cervantes fue ocultista y que algunos capítulos
del Quijote tratan a fondo la materia esotérica. Esta escena de Quijote con la
espada en la mano para penetrar en la cueva es prueba fehaciente de que Cer-
vantes sabía a profunda conciencia los elementos que ponía en juego para es-
cribir su alegoría.
Que Homero y Virgilio traten de estas cosas no debe sorprender a nadie ya
que, como dice Mme. Blavestvv. "los antiquqs sabían ce ellas", pero que Cer-
vantes y Fenelón, dos mil años después las traigan a colación de nuevo,bajo el
350
velo de alegonas Y símbolos es muy significativo y demuestra que:
a) Los conocimientos iniciático seconservaban y setransmitían casi
sin variaciones a través de los siglos.
b) Las persecuciones de la Inquisición y la clerecía habían sido un
total fracaso y, en consecuencia, la sangre derramada, o será mejor
decir, la carne tostada par ordenes del clero había sido del todo inú-
til ya que la auténtica verdad que ellos trataron de eliminar, seman-
tuvo incólume sin importar lasdepravaciones de los intolerantes.
17. Estos acontecimientos que cuenta Don Quijote sólo pueden suceder "a la de-
recha mano" ya que con esto está ind icando Cervantes que ocurren en el
transcurso de la evolución o despertar espiritual, es decir, cuando el hombre
asciende por el "sendero de la derecha" y, en particular, cuando el hombre
recibe la iniciación esotérica. Debo aclarar, no obstante, que la iniciación es
el sendero del centro.
18. Karma: acción física. Metafísicamente la Ley de retribución universal, la Ley
de ceusa y efecto o de causación ética. Existe karma bueno y karma malo. Es
el poder que controla todas las cosas, el resultante de la acción moral o el
efecto moral de un acto, cometido para alcanzar algo que gratifica un deseo
personal. ( ~ l Ú s sobre meditación Ocultista, (Al ice A. Bailey) Glosario)
19. Las "Logias Astrales" están relacionadas también con los llamados "Centros
Magnéticos EsPirituales", como son el Santuario de Lourdes y el de Fatima
para los crisitanos, las ciudades de Med ina y La Meca para los Mahometanos,
la ciudad de Benares y las inmed iaciones del R (o Ganges para los indios, etc.
Referente mi:ls o menos a esto dice Leadbeater en su libro Los Maestros y el
Sendero (Pág. 229, lbid.),
"Hace diez y nueve siglos, la Fraternidad Blanca envió a Apolonio
de Tyana con una misión entre cuyo cometido se contaba el de es-
tablecer centros magnéticos en varios países. Se le entregaron algu-
nos objetos de la clase de talismanes para que los enterrase en los es-
cogidos parajes a fin de que par el magnetismo irradiado pudieran
ser dichos lugares futuros escenarios de magnos acontecimientos. Al-
gunos de estos centros ya se han utilizado, pero otros todavía no.. "
20. Recuerdo perfectamente que siendo adolescente -tendn'a unos 15 Ó 16
año5-, mi Ha, el Lic. José Mar(a Landestoy Garrido (Q.E.P.D.) y quien era
entonces Grado 33 en la rnasonerra de mi pars, trataba de explicarme las ven-
tajas de ser masón con el fin de ganarme a su causa. Entre las cosas que me
dijo, señalaba que los masones pod ían reconocerse en todos los lugares del
mundo, así como muchas otras ventajas, a traves del lenguaje de signos y se-
Rales. Me hizo algunos de ellos; claro, sin explicar ni los signos ni su significa-
do, y, entre aquéllos, recuerdo uno en el que él se llevó "la mano derecha al
lado del corazón", Esto en lo que respecta a mi experiencia personal. Por
otra parte, se lee en la obra El Misterio de los Templarios (Ibid.l Pág. 79, lo
siguiente: "Originalmente la cruz se llevaba, ya lo hemos d icho, sobre el
hombro y esto estaría, sin duda, relacionado con el signo masónico de destre-
za que dice: "Llueve sobre el Templo" y consiste en cubrir el hombro iz-
quierdo con la mano derecha como para cubrir la cruz". Por una parte éste
351
parece una variante del primer signo y por la otra habría que saber lo que sig-
nifica "Llueve sobre el Templo".
21. "Todo lo que poseemos de comodidades, alegría y consuelo, se debe al indo-
mable espíritu d..e los que han marchado en vanguardia, en todas las activida-
des de la existencia. Los fuertes en espíritu, las almas valientes. purificadas
por el sufrimiento, son los que han traído beneficios a la humanidad. Esto es
especialmente cierto en los reformadores religiosos y en los fundadores de
nuevos sistemas filosóficos. Las vidas de sacrificios de los santos y de los vi-
dentes fueron la base real de todas las religiones, así como la sangre de los
má'rtires ha sido la semilla de la iglesia". (El ldeal lniciatlco, lbjd.),
En este orden ideol6gico, recuérdese la desventurada vida de Cervantes y
comp¡{rese ella con las egregias obras de literatura que nos dejó, Se vera de
inmediato la superioridad espiritual de aquel hombre a quien ni la pobreza,
ni las desventuras, ni las cárceles. ni las burlas, ni la indiferencia de sus cole-
gas, nada, en fin, provocó que Cervantes sedesviara del propósito de dejarnos
obras que, desde que fueron escritas, han servido a la humanidad para su es-
parcimiento, regocijo y solaz espiritual y emocional, pero al mismo tiempo
cuajadas en enseñanzas de la mas alta ética, de la mas honda moralidad y de
la mas amplia enjundia filosófica y metaHsica.
22.
.•
23.
En la Pág. 11 de la edición de El Quijote, publlcada por la Editorial Juventud
(Barcelona, España) en 1968 y con Texto y Notasde Martín de Riquer, puede
verse una interesante e importante informaci6n acerca de una "desaparecida
edici6n en 1604" del libro de Cervantes.
En interés de que el lector tenga un cabal entendimiento de la capacidad de
Cervantes como esoterista y como maneja él los elementos técnicos de esta
ciencia en los caprtulos que venimos comentando, perm rtannos traerle, en
primer lugar, lo que reseña Leadbeater en su libro Vislumbres de Historia Ma-
sónica (Págs. 69 y 70) ya antes acotado. Señalamos en negritas las palabras
oraciones que en una u otra forma ha usado Cervantes pertenecientes toda,
ellas al lex ico ocu ltista:
Dentro y detrás de los Misterios externos de lsis, había círculos inter-
nos de estudiantes cuidadosamente escogidos por los sacerdotes, cuya
existencia era guardada en el mas absoluto secreto, aun para la mayo-
ría de los mismos iniciados. En esos CIrculas se impartia, practicamen-
te, la enseñanza ocu Ita que capacitaba a los adeptos a despertar y
adiestrar sus facultades internas, y de este modo poder estudiar, de
primera mano, las condiciones del plano astral, y así, conocer por sí
mismos lo que era especulativo para la mayoría de los Hermanos. Fue
solamente en estos crrcu los que las severas pruebas que hemos descri-
to parcialmente eran obligatorias para el candidato, quien era definiti-
vamente preparado por medio de una instrucción individual y perso-
nal para los Mayores y más Sagrados Misterios que quedaban detrás de
todo el bosquejo iniciático eqipcio,
Se exigía que el candidato para estas pruebas internas, después de un
baño preliminar, (del que se deriva la idea del bautismo cristiano). se
ataviara con una bata blanca, embleméltica de la pureza que de él se
esperaba, antes de ser llevado a la presencia de un conclave de sacerdo-
tes iniciados que estaban en una especie de bóveda o caverna. El can-
352
didato era primero formalmente probado en cuanto a su desarrollo de
la facultad clarividente en la cual había sido previamente instruido, y
se le había enseñado a despertar; para este propósito, el candidato te-
nía que leer una inscripción grabada sobre un escudo de bronce, cuyo
lado en blanco era el que se presentaba a su vista física. Después se le
dejaba a solas guardando una especie de vigilia; algunas mantras o pa-
labras de poderes superiores le habían sido enseñadas, con las que se
suponía obtener el control sobre ciertas clasesde entidades; y durante
esa vigilia, varias apariciones eran proyectadas ante ElI, algunas de ellas
verdaderamente terroríficas, mientras otras eran de una naturaleza se-
ductora, con el fin de mostrar a los iniciadores si el valor del candida-
to y su sangre fria estaban bajo un control perfecto.
El candidato ahuyentaba de su vista esas proyecciones por medio de
las señales y palabras adecuadas para cada caso, pero al final, todas se
colftbinaban y caían sobre ElI al mismo tiempo, y en este final esfuer-
zo, era instruido para hacer uso de la mas alta palabra de poder, me-
·diar.te la cual es posible vencer al mas terrible de los males. Un curso
de instrucción sobre estas líneas era presentado a los candidatos que
los sacerdotes juzgaban dignos, de manera que, al final de su adiestra-
miento, se encontraban completamente versados en el conocimiento
del mundo astral y capaces de manejar libremente sus poderes en ab-
soluta conciencia.
Esta otra cita, del francés Jean-Michel Angebertde su libro ya también men-
cionado Los Místicos del Sol (Págs. 143-44-45) se refiere a la iniciación del
Emperador Romano Juliano, a quien la iqlcsia endilgó el mote de El Apósta-
ta. Aunque la cita es original del autor, esta basada en documentos autén-
ticos en latín dejados por el mismo Emperador-Juliano en sus Cartas a los
Atenienses, Lettres Ecrites en Gaule y Oratoria de Juliano; del retórico Li-
banio de Betinia, maestro del Emperador, en susObras; de Apuleyo, el autor
latino de El Asno de Oro y de Salustio, General Romano ayudante de Campo
del Emperador y "quien dejó un viviente relato de la vida de Juliano" (Pág.
149). En adición, del historiador trances J. Bidel en su Vie de I'empereur [u.
Iían y del escritor O.E. Briem, Las Socíetes Secretes de Mysteres. Dice así:
Juliano quedó seducido por esta construcción que hablaba tanto a su
ardiente deseo de misticismo como a su inteligencia, avida de como
prensión y de conocimiento. La HELlOLATRIA natural del príncipe
hallaba, por fin, un alimento a su ardor. En lo sucesivo, la imagen de
Cristo se borra para dar paso a un monoteísmo de esencia solar, único
capaz a sus ojos de reavivar este cuerpo exangüe que se ha vuelto el
Imperio romano.
Pero comprender no es todo; es preciso también "vivir" las creen-
cias. Esto es lo que J "ano sintió antes que nada. Por esto qu iso ha-
cerse iniciar en los "rr isterios esenciales" del cuIta HI llACa, a saber,
los misterios de Mitra.
De Nicomedia, Juliano podrá facilmente trasladarse a las provincias
lirnrtrotes del Ponto Euxino, a Bitinia y Capadocia El semidestierro
353
que sufr ra le permitla visitar las ciudades de Efeso y de Pérgamo, don-
de pudo ponerse en relación con sectarios de Mitra,
Un d ra, Máximo de Efeso, teurgo célebre con quien el pr rncipe Flavio
habi'a trabado amistad, le convidó a celebrar el primer grado de inicia-
ción rnitr raca. Fue un gran día para Juliano.
Le llevaron al borde de las rocas que dominaban el mar, a algunas le-
guas de la ciudad de Pérgamo. Allí un anciano vestido de blanco le
aguardaba y le invitó a seguirle. Los dos hombres penetraron en una
gruta que seabrra sobre un promontorio rocoso que dominaba el mar.
El sol poniente acariciaba con sus últimos rayos la entrada de la ca-
verna. Entonces el anciano, que era el gran sacerdote de Mitra, invitó a
Juliano a despojarse de sus vestiduras y le dio una túnica de lino blan-
co, pues la lana de origen animal es impura. El hierofante precedió a
Juliano en un subterráneo más angosto, especie de pasillo que desem-
bocaba en una vasta sala abovedada tallada en la roca, que se parecía
extrañamente a una cripta o una tumba. La claridad vacilante de una
lámpara de bronce, daba a todas las cosas un fulgor espectral. Juliano
fue presa de una angustia súbita. ¿No iría aquella estancia a ser su úl-
tima morada? El anciano le preguntó con voz grave si estaba dispuesto
a conocer la iniciación... iy morir! Superando un temor creciente, el
joven respond ió que SI'. Entonces, el sacerdote se retiró, dejando a Ju-
I iano en la soledad. Una pesada piedra fue colocada delante del orifi-
cio. Luego reinó el silencio. Sobrecogido de intenso pavor y creyendo
llegada su ultima hora, el neófito se abalanzó sobre el muro, que se
puso a golpear con los puños, pero l1nicamente le respond(a el eco de
sus gritos. Entonces, calmándose poco a poco, seabismo en la medita-
ción, comprendiendo el sentido de aquella prueba. Al cabo de un d (a
el aceite de la lámpara seagotó y la caverna quedó sumida en la obscu-
ridad. En las tinieblas que le rodeaban, Juliano ya no se sentra solo.
Una luz azulada y centellante brillaba ahora al fondo de la caverna....
pero él no hubiera podido decir si aún seg(a encerrado, ta ligero se
sentía y librado de toda traba física. El ayuno prolongado purificaba
su cuerpo y su espíritu, y una gran sensación de paz penetraba todo su
ser. Se sentra leve como una pluma y su cuerpo le pareció flotar en el
aire. Permaneció así, habiendo perdido la noción del tiempo, tres d(as
y tres noches, con el agua de un cántaro de barro por todo alimento.
Por fin, al término del tercer dra, la luz inundó el sepulcro y Juliano
conoció un nuevo nacimiento en la matriz de la Tierra. El anciano
condujo el joven al aire libre y luego lo hizo entrar en una pieza muy
clara: el tempolo de Mitra. Al fondo del santuario sealzaba una esta-
tua de mármol blanco del dios-Sol representado con los rasgos de un
joven tocado con el gorro frigio, que sostenía dos antorchas. A su al-
rededor estaban los hierofantes, silenciosos y dignos, revestidos con
la toga blanca de los iniciados.
Por orden del pontrñce de Hécate, Juliano se tendió en el suelo, con
los brazos en cruz y el rostro vuelto hacia el cielo. En aquel momento
un himno muy dulce se hizo oír, cantado por el coro de los hierofan-
tes, y Juliano cayó en éxtasis y oyó de nuevo la voz potente que le lla-
maba:
" iSoy Helios, tu padre!" El dios le pidió que restaurase el culto de los
354
dioses y de Roma y que CONSERVARA LA FE. Juliano prometió
CONSERVAR LA VIA ABIERTA AL SOL.
Cuando, recobrado de su éxtasis, abrió los ojos, el nuevo iniciado per-
cibió los semblantes radiantes de sus"hermanos" en Mitra. Los miem-
bros de la comunidad, sucesivamente, lo abrazaron y el pontífice le
murmuro al oído: "¡Conserva la vía abierta!".
Oriundo de Oriente, el cu Ito de Mitra seremonta a la época remota en
que la India y el Irán comulgaban en la misma religión. Posteriormen-
te, este culto subsistió en la Persia mazdeísta, pues Mitra fue conside-
rado por Zoroastro como uno de los IZED (genios de los cuatro ele-
mentos).
En SU primera forma, Mitra es asimilado al Sol, Señor del día y de la
luz celeste. También es el "dios de las promesas, pero su función esen-
cial es la de un gran dios vital principio de la vegetación y de la fertili-
dad. Enemigo del mal en todas sus formas, Mitra aparece como el Sol
al alba, en su carro tirado por cuatro caballos blancos, y cruza el fir-
mamento. El día en que el Sol se halla más alto en el cielo (21 de ju-
nio) le esta consagrado. Tras Id caída del Imperio persa. vencido por
Alejandro, el culto mitríaco conoció un nuevo impulso en los reinos
helenísticos, y luego en Roma. Los mitos que rodean el nacimiento
del dios son significativos de su supremacía sobre cualquier otra divi-
nidad.
Asociado a la luz, Mitra ha salido de la roca surgida de la bóveda ce-
leste (petra genitrix). Esta "piedra fecunda" era venerada simbólica-
mente en los templos. Descansando en los arboles sagrados y las plan-
tas, Mitra, tocado con el gorro frigio, fue adorado por los genios de la
Tierra. Combatiendo al toro, lo venció y lo mató. Del flanco del ani-
mal se escaparon toda suerte de hierbas y de plantas, pero sobre todo
la sangre del toro FUE TRANSFORMADA EN VINO. Del toro resuci-
tado nació la potencia de Mitra, que cobra figura de regenerador de la
vida terrestre. Sobre esta leyenda se instauró el culto de SOL INVIC-
TUS MITHRA, muy extendido entre los soldados en las legiones ro-
manas. Su éxito fue tal que estuvo a punto de qanar al cristianismo.
Algunos graoos miciales parecen revestir un carácter puramente mi-
litar, cosa normal en una religión viril que exalta la acción y la pureza
El culto fue propagado principalmente por el Ejército que dejaba vete-
ranos instalados en todas las provincias conquistadas. Los emperado-
res romanos tenran a Mitra en favor particu.lar y Cómodo, Diocleciano
y Aureliano fueron fervientes adoradores de este dios, proclamado
"protector del Imperio mundial romano".
Los "misterios" de Mitra constaban tradicionalmente de siete grados,
cifra de la iniciación. Los neófitos eran sucesivamente CUERVO (Co-
raxl, OCULTO (Cryphius) SOLDADO (Lites). LEO (León), PERSIA
(Pereas!. CORREO DEL SOL (Heliódromos) y PATES (Padre). Estos
nombres correspondían a un simbolismo rico en significación. Los tres
primeros grados correspondían a escalones preparatorios. Con el ter-
cer grado, el misto comenzaba a penetrar en el arcano de los misterios.
Llegado a soldado, el iniciado recibía la corona de Mitra que debía
abstenerse de llevar. En el curso del cuarto grado, el misto era ungido
de miel con miras a apartar de ella impureza. El adepto setornaba en-
355
tonces "participante". En el escalón siguiente, revestía un ropaje pero
sa y se tocaba con el gorro frigio. Llegado al grado de Heliódromos, se
convertía en "compañero del Sol". El ceremonial del último grado
(Peter) nos es desconocido. En la cima se hallaba el "padre de los pa.
dres" revestido de altas funciones ecleslasticas.
Los sacerdotes de Mitra eran a la vez oficiantes y conductores de al-
mas. Por la mañana a mediodía y por la noche, daban gracias al Sol
respectivamente vueltos hacia el Oriente, el Sur y el Occidente. El san:
tuario de Mitra siempre era subterráneo. Comprend ía un vest ibu lo. es.
pecie de "sala de espera" para los candidatos a la iniciación, un Pro-
naos o umbral del templo que daba acceso a la "sala de los misterios".
Se bajaba a ésta por una escalera. Aquella "cripta" strnbol izaba al Uni-
verso y su bóveda estaba guarnecida de estrellas. Al fondo de la cripta
estaba la estatua de Mitra en forma de joven inmolando un toro. Tras
la ceremonia, los rhistos comulgaban en un <lgapesacramental, bajo la
forma del PAN y del VINO. El nombre de la ceremonia, Epifanía,
tiene relaclon directa con el culto solar en recuerdo del último yantar
efectuado por Mitra en compañía de Helios.
La religión de Mitra era una verdadera FE, comparable con la metafí-
sica del cristianismo, lo cual hace decir a Renan: "Si el cristianismo
hubiese sido detenido en su crecimiento por alguna enfermedad mor-
tal, el mundo habría sido mitriasta".
Debemos recordar que ya para la epoca de Juliano, siglo IV d.c. el esplendor
de los misterios Mitríacos estaba decaído y casi degenerado.
24. Véase Págs. 528 y 529 de la edición de El Quijote señalado en la Nota NO.23.
25 El Quijote, Pág. 804 (lbjd.).
26. Se lee en los caprtulos V y VI de Isis sin Velo; Tomo Primero (Ibid.).
"El eminente astrónomo Laplace (cuya fama y descubrimientos aun
tienen vigencia hoy) miembro del Instituto de Ciencia de Francia, en
su obra Ensayo filosófico sobre las posibilidades dice:
"Los nervios, soore todo cuando excepcionales influencias acrecientan
su sensibilidad, son los más delicados instrumentos para conocer los
imperceptibles agentes de la naturaleza... Los singulares fenómenos
resultantes de la extraordinaria excitación nerviosa de ciertos indivi-
duos han suscitado diversas opiniones acerca de la existencia de un
nuevo agente, al que se le denomina magnetismo animal. .. Estamos
tan lejos de conocer todos los agentes naturales, que fuera ilógico ne-
gar sus fenómenos por 1" sola consideración de ser inexolicables en el
actual estado de nuestros conocimientos. Tenemos el deber de exami-
narlos con tanta mayor escrupulosidad cuanto mayores dificultades se
opongan a su admisión",
En el caprtulo V diceal texto:
"Cabanis (respetado medico-neurólogo de la ciudad New York) dice
que en ciertos desordenes nerviosos, los enfermos distinguen a simple
vista los infusorios y microbios que las personas no pueden ver sin au-
156
xilio del microscopio", De la influencia de las enfermedades en la foro
mación de las ideas, publicado en New York.
Si tales cosas las pod ía ver un enfermo con desórdenes nerviosos, según lo
atestigua un eminente médico-neurólogo ¿qué no podrían ver un iniciado de
la ca.tegaría de Buda, Pitágoras. Jesús, Apolonio de Tyana, Jámblico, Plotino,
Proclo, Orígenes y todos los otros llamados "Hijos de Oios"? Aquellos hom.
bres, además de su pureza de vida, habran dedicado toda su existencia al di-
recto proposlto de desarrollar y actualizar todas las en los
hombres. La ciencia moderna conoce.o enmarca estos conocimientos en la
disciplina conocida hoy como Parapsicología,
27. Simón El Mago, a quien en su tiempo se le conoció y el pueblo llamaba "El
Gran Poder de Dios" era un alto iniciado. Dice Madame Blavatsky que Simón
fue uno de los tantos reformadores cabalísticos y religiosos de su tiempo y
que su único pecado fue no someterse a la autoridad de la entonces incipien-
te clerecía que luego ejercería poder político y religioso en Roma. No obs-
tante, fue grosera e injustamente acusado de "brujo" y de "hereje" y de que
realizaba "milagros" y curaba enfermos en "nombre del demonio". Esa
acusación la hicieron los mismos clérigos que años mas tarde quemarían y
ejecutarían a millones de hombres y mujeres, en "nombre de Dios y de la
Santrsirna Virgen" a los que también se les acusó de "herejes".
Si recordamos que el historiador Minucio Félix dice que "la opinión pública
acusaba a los cristianos de sacrificar niños de corta edad en la ceremonia de
admisión de los neófitos y servir su carne como manjar en los elgapes de la
congregación" y que después de su triunfo -cuando lograron el apoyo del
Emperador Constantino-, los cristianos revertieron esta acusación contra los
"herejes",' no debe extrañar al lector las injurias del clero oficial. Recor-
demos también que los síntomas de la histeria, la conocida enfermedad ner-
viosa, al decir de los clérigos de entonces, era una "señal inequ rvoca" de que
quien sufría de esta enfermedad "estaba poseído por el demonio". En vez de
curarlos -como hacra el Maestro Jesús- la SANTA Inquisición los quemaba.
Madame Blavatsky llama "ridícula" la historia inventada contra Simón el Ma-
go que aparece en Los Hechos de los Apóstoles. La Gran Dama explica, de-
talladamente y desde el punto de vista oculto, lo que enseñaba Simón, quien,
lo mismo que Jesús, daba sus lecciones en parábolas y alegorías. Las alegorías
de Simón fueron tomadas al pie de la letra por los interesados clérigos de en-
toncesv fue lo que motivó toda la historia en su contra y la que conece el
vulgo. El pueblo no lee a Madame Blavatsky y aún muchos ni siquiera saben
que existió -de eso se han ocupado bien los c1érigos- pero Sólo ella, con
aquel irrestricto apego a la verdad que la caracterizó en vida y durante la cual
fue también tan injustamente injuriada, se ha atrevido, a lo largo de dos mil
años y con argumentos y pruebas contundentes a llamar "pan al pan y al vino
vino" y desmentir las calumnias de los cler ioos,
Información detallada acerca de Simón el Mago se encuentra en Isis sin Velo
Tomo IV Págs de 14 a 16 (Ibíd.) y en el Tomo V de La Doctrina Secreta
(Ibid,) en las Págs 115 hasta la 121 y en la Pág, 105 del tomo VI de la
misma obra.
1. Citado de los Gnósticos y sus huellas, Prof: K ing. Pág. 197 (nota) y tal como
aparece en la Pág, 353 de .sis sin Velo, Tomo 111 (lbfd.l
357
EPILOGO
Querido Fabricio:
He dejado en el tintero el análisis de algunos temas, así
como el de otros tantos pasajes alegóricos, que se encuentran
en la parte final de los capítulos del Quijote que venimos exa-
minando, en particular, aquél en el cual Montesinos, contes-
tando una pregunta del Manchego referente a la necesidad de
Dulcinea, le dice:
"... Créame vuestra merced, señor don Quijote de la
Mancha, que ésta que llaman necesidad adondequiera se
usa, y por todos se entiende y a todos alcanza, y aun
hasta los encantados no perdona..."
Me interesa, Fabricio, conocer tu versión acerca de lo que
entiendes de todo esto. Creo que habrás progresado lo sufi-
ciente en tus estudios de ocultismo desde la primera carta que
me enviaste hasta hoy, como para estar ya en capacidad de
participar también en el esfuerzo por descifrar los llamados
"disparates" que dicen que dijo el de la Triste Figura en ésta
su tan descomunal aventura. Despropósitos y desatinos éstos
que hasta el mismo Side Hamete Benengeli pone en duda
cuando, al margen de su original. escribió:
"... Pero pensar yo que don Quijote mintiese, siendo el
más verdadero hidalgo y el más noble caballero de su
tiempo, no es posible; que no dijera él una mentira si le
359
asaetearan. Por otra parte, considero ·que él la contó y
la dijo con todas las circunstancias dichas, y que no pu-
do fabricar en tan breve espacio tan pran máquina de
disparates; y siesta aventura parece apócrifa, yo no ten-
go la culpa..."
Con esto, caro amigo, creo que no tenemos necesidad de
acusar al lector de que "teniendo ojos no ha visto y entendi-
miento no ha entendido", porque quien no capte la clarinada
de Cervantes, disfrazado ahora del árabe a quien endilga el
original de su libro, es porque sencillamente no quiere o no le
da la gana de comprender la clave final del Manco maestro.
N ~ obstante esta diáfana sugerencia, Cervantes, con su habi-
tual y conocida estrategia de guerrilla literaria, en la que ha-
bla y calla, pone y quita, dice y desdice, afirma y niega, seña-
la y esconde, intenta luego disimularlo todo y, poco más ::Irle-
lante oel relato, Side Hamete se contradice al "maliciosamen-
te insinuar" lo siguiente:
''Tú lector, pues eres prudente, juzga lo que te pareciera,
que yo no aebo ni puedo más; puesto que se tiene por
cierto que al tiempo de su fin y muerte dicen que se re-
trató (retractó) della, y dijo que la había inventado..."
(Paréntesis y negritas mías.)
y es obvio: Cervantes no debe decir más porque lo ligan
juramentos que honrar. No puede, porque la menor indiscre-
ción puede costarle la vida. Ya el mismo Manco nos lo ha di-
cho al mencionar la palabra "prudente" y antes, en la historia
del Caballero del Lago nos ha anotado: "Rústico soy; pero no
tanto que no entienda como se ha de tratar con los hombres
y las bestias". Y lo del juramento nos lo ha confesado Cer-
vantes clara, directa y literalmente cuando, por boca del Man-
chego y dirigiéndose a la "compañera" o sirvienta de' Dulci-
nea, quien ha ido a pedirle "media docenas de reales", dice
así:
360
"... diréisle también que cuando menos se lo piense oi-
rá decir que yo he hecho un juramento y voto..."
En esta forma, el inmancable Manco destila y afina tanto
sus originales eufemismos que lo espeso del esmalte que tira
sobre ellos enturbia totalmente las luces y entendimiento del
lector, quien, si no conoce la clave, no comprende ahora ni
concebirá jamás que con todos los aparentes disparates atri-
buidos al de la Triste Figura, el autor está cumpliendo al pie
de la letra con la regra de oro establecida y seguida por otros
entendidos, iniciados y maestros antes y después de Cervantes,
cuyas opiniones acerca del uso de una jeringonza especial y el
empleo de un lenguaje simbólico y enmarañado, cuando de
escribir para el profano se trate; hemos visto en los textos y
epígrafes de mis anteriores cartas.
Por otra parte, y ahora internándome en el terreno en el
cual el público de todo el mundo conoce a Cervantes, los ca-
pítulos de la Cueva de Montesinos, como literatura monda y
lironda, reflejan Iímpidamente lo que hoy se admira tanto y
que llaman "realismo mágico". Si los comparas con el Pedro
Páramo del mexicano Juan Rulfo, con algunos cuentos del
argentino Borqes y todav ía con Cien Años de Soledad del co-
lombiano Gabriel García Márquez, encontrarás que ya Cer-
vantes, casi .con cuatro siglos de anticipación, también había
dictado cátedras parado sobre esta parcela.
Agotada la lectura -aunque no el tema- de estas ep ísto-
las, se impone, pues, una conclusión. Creo, querido amigo,
que con todo lo escudriñado, analizado, comparado, critica-
do, comentado y dilucidado, encontrarás ahora asuntos sufi-
cientes -a los que podrás acompañar de pruebas- para soste-
ner y demostrar hasta la saciedad que, como dije antes, el ar-
gumento esencial y dinámico del Quijote se remonta al terre-
no filosófico-hermético; pero que en sus proyecciones físi-
co-literarias desciende hasta los detalles más cotidianos y tri-
viales del humano vivir. Puedes probar ahora, Fabricio, que
Miguel de Cervantes Saavedra fue un ocultista consumado; un
conocedor a fondo del mundo metafísico y de las realida-
des parapsicológicas o metapsíquicas. Puedes mostrar que la
361
vastedad de los conocimientos herméticos del Manco de Le-
panto, según hemos visto, calificaban y avalaban altamente a
este genio único, no sólo para escribir tres o cuatro cap ítulos
de temas ocultistas en ésta su mejor producción literaria, sino
que aún lo capacitaban para producir todo un libro de texto
en esta ciencia. Conocimientos éstos por cuya aplicación y
práctica Cervantes sabía que el hombre logrará hacer realidad
aquella sentencia del Rey salmista: JI • • • Yo dije: Vosostros
sois dioses... (Salmo LXXXII: 6)
POST DATA
Si por casualidad dejaras que estas cartas cayeran en
manos de un Academista tradicional y pomposo, encontrarás
él que las mismas son una total porquería; pura basura. Seña-
lará numerosos lapsus: faltas de ortografía verdaderamente
salvajes; transgresiones de sintaxis, por ignorancia unas, otras
por desidia; pero de todos modos ya esto es más grave puesto
que descoyunta y afecta la estructura interna del idioma; ha-
blará con suficiencia y enjundia, y ya iba a decir desparpajo,
acerca de la preposición a en el acusativo; de todos los casos
de la declinación pronominal; acaso de los verbos y aun del
anticuado toller que, bello, aunque no incluye, aproxima a la
novena familia de los irregulares, etc. etc. Sinceramente admi-
ro en lo que vale la erudición de nuestro hombre, o espéci-
men, o ejemplo de toda una clase. En verdad saben ellos
gramática, pero en pasando a escribir, ni Cristo que se fume la
breva. Yo tampoco. Sin embargo, caso raro, yo que en un
tiempo fui tan meticuloso en estas cosas hasta usar de la plo-
mada para poner los puntos sobre las (es, digo ahora filosófi-
camente a todo ello, bueno... bueno...
y no es que desdeñe la gramática, ojalá conocerla. Es que
según mis actuales ideas, ya ellas me atengo, el fenómeno ar-
tístico, el que ahora me ocupa y me preocupa y acerca del
cual hiciste preguntas tan curiosas en una de tus primeras car-
tas, ese ocurre mucho más abajo del accidente gramatical,
362
como corre el agua artesiana mucho más abajo.del estrato ro-
coso.
Pero dejemos esos tipejos de los que "no quiero acordar-
me... " Me interesa el contenido. Que se queden ellos con la
forma. Arrojo pues, para ellos, las erratas como migajas para
el banquete de las ratas de la crítica.
363
Abrahán, el Judío
AIIig iere, Dante
Angebert, Jean Michel
Ballou,Robert
Blavatsky, Elena P.
Brand, Carlos
BurckAhart, Tltus
Cervantes, Miguel
Collins, Mabel
Charpentler, louls
BIBLlOGRAFIA
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la Divina Comedia, Joaquín Gil, Editor, Madrid,
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Dalmor, E. R.
Demián, Pablo
Dumas, Alejandro
Evola, Ju lius
Fenelón, Abate
Flamel, Nicolas
Fulcanelli
Gaytán, Carlos
.Gerin-Ricard, L. de
Goethe,J. W.
Guignebert, Charles
Hartman ,Frank
Heindel, Max
Homero
Huynen,Jacques
Jinarajadasa, Carlos
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buciones, Madrid, España.
367
Pillot, Gilbert
Piobb, Nouveau
Platón
Pochán, Andrés
Powell, Arturo S.
Radianus
Sadoul, .iacques
Sandy, Jean
Schure, Eduardo
Shakespeare,William
Sede, Gerard de
Serís, Homero
Trincado, Joac,uín
Thomas, Andrés,
Unamuno, Miguel
Virgilio,
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Wood, Ernest
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El Doble Etérico, Editorial Kier, B. A. Argentina
El Cuerpo Astral, Editorial Kier, B. A. Argentina
El Cuerpo Mental, Editorial Kier, B. A. Argentina
El Cuerpo causal y el Ego, Editorial Kier, B. A.
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El libro de lasTres Palabras
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La Era de Acuario, Plaza y Janés, Barcelona, Es-
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Los Grandes Iniciados. Editorial Kier, B. A. Argen-
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Hamlet, Editorial Losada, B. Aires, Argentina
Macbet
La Tempestad
"lomeo y Julieta
El Tesoro Cátaro, Plaza y Janés, Barcelona, España.
Nuevos Temas de Literatura Española, Artes Gráfi-
ca Soler, S. A. Javea 28-Valencia, España.
Jesús, Hombre y no Dios, Editores Méxicanos Uni-
dos México, D. F.
Los Secretos de la Atlántida, Plaza y Janés, Barce-
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Vida de Don Ouijote y Sancho, Espasa-Calpe, S.
A. Madrid, España.
Mi Religión, Espasa-Calpe, S. A. Madrid, España.
La Eneida, Editorial Porrua, México, D. F.
El Ideallniciático, Editorial Glen, B. Aires,Argen-
tina.
Los Siete Rayos, Editora y Distruidora Mexicana,
México,D. F.
Enciclopeqía Mundial Ilustrada Espasa, I;spaña.
La Biblia.-
368
SUMARIO
Carta I
Contestación a Fabricio. Impresión de esta correspondencia.
¿Es El Quijote un libro ocultista? El argumento esencial del
Quijote concierne a la alta metaf ísica. La repión del arte. lo
intelectual no es arte. En laS universidades se enseña ane,
pero no a ser artista. La verdad de letra muerta y la verdad
dinámica. El arte y el temperamento personal. El Quijote,
caso particular de la Leydel binario.
No'lasCarta 1 Pago 27
Carta 11
La raíz dinámica del Quijote está en el terreno esotérico. Muy
de 'larde en 'larde se encuentra un capítulo ocultista en El
Quijote. los Maestros espirituales hablan en parábolas. El
enfoque de Unamuno a la Cueva de Montesinos. Las universi-
dades no dan cabida a las ciencias herméticas. Laopinión de
Madarriaga.
Notas Carta 11 .........•................... Pág.39
Carta 111
¿Qué clase de aventura ocurre en la Cuevade Montesinos? ¿Es
el suefto, antítesis de la actividad, una aventura? Cervantes
dejó planteada una ecuación de enésimo grado. Opinión de
Sancho y el primo. El suefto de Quijote es el estado de trance.
369
En el trance se vive en el plano astral. Hipótesis de trabajo.
Post Data.
Notas Carta III Pág. 51
Carta IV
Experiencias con la cueva de Montesinos. Estos capítulos son
de tónica iniciática. El primer velo: la locura de Quijote. El
símbolo de la cueva en el Antiguo Testamento. Importantes
símbolos en ocultismo: la cueva, la cifra siete, las aguas, el río
y la montaña.
Notas Carta IV. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. Pág. 63
Carta V
Periplo alrededor de las cuevas más famosas de la literatura
universal. La cueva de Polifemo en La Odisea. La raza atlante
y la raza aria. Retorno de Ulises a la casa. El filósofo Spino-
za. Ulises y la matanza de los Procos. Todos los caminos con-
ducen a Dios. La Pequeña y la Grande Obra. Alquimia espi-
ritual. El caso de la Magdalena. El caso de Pablo. La Gran
Obra de Ulises. La Cueva de Platón. La Cueva de Mahoma en
el Corán. La Cueva de Belén. Nazareth no existía en tiempos
de Jesús. Leyenda de los Gnósticos acerca del origen de Jesús.
Las dos naturalezas humanas. El misterio de la Virgen María.
El latín en las ceremonias religiosas. Los esencial del mito de
la Encarnación. El símbolo de la estrella. Ceremonia en la au-
téntica cueva. Declaraciones de Apuleyo. casos de resurrec-
ción en la Biblia. ¿Cuándo en verdad ocurre la muerte? Las
ceremonias de Elíseo. La resurrección de la hija de Jairo,
¿Cierta? La resurrecclóndel Hijo de la Viuda. La cueva de
Lázaro. Orígenes de la masonería. La leyenda de Hiram. El
Segundo nacimiento. Los Misterios de Jesús. La putrefacción
desde el punto de vista esotérico. La putrefacción en la alqui-
mia y en la masonería. La putrefacción biológica. El muerto
"putrefacto" es el iniciado. Los asombrosos poderes del soni-
do. La piedra en el caso de Lázaro. Marta y los Misterios de
370
Jesús. Los cuatro días de Lázaro. La muerte simbólica. La
cueva en la novela Los Mis"erables. Otras cuevas.
Notas Carta V Pág. 75
Carta VI
El verdadero intelectual debe ser ocultista. Las mejores obras
de la literatura universal en la era moderna. ¿Escribió Lord
Bacon las obras de Shakespeare? El caso Dante. La "segunda
muerte" y los comentadores de La Comedia. Goethe hab ía
sido masón. Cervantes y la intolerancia religiosa en España.
Opinión de J. L. Alborg y los grandes literatos de España. Los
doctores equivocados. El complejo literario. La opinión de un
auténtico sabio.
Notas Carta VI Pág. 173
Carta VII
Razón de las repeticiones y redundancias. Los recursos que
emplea Cervantes en esta aventura. Las burlas de Cervantes.
Otra 'opinión de Unamuno. Otra opinión de Madarriaga. Po-
livalencia del primo. El plano astral es la cuarta dimensión.
Cosmografía ocultista. El papiro del escriba Ani. La intención
de Quijote. El Gran Viaje de Dante. La ciencia moderna bus-
ca hoy el plano astral. ¿Dónde se ubica Quijote? Los habitan-
tes del umbral. Bajada de Ulises a los Infiernos. Bajada de
Eneas a los infiernos. Bajada de Telémaco a los Infiernos.
El Quijote coincide con todas las otras bajadas a los infiernos.
El tema de la espada. ¿Contradicciones de Cervantes? El sím-
bolo de la soga. Los "disparates" de Quijote. Quijote resume
las enseñanzas iniciáticas. Cervantes nos da todas las claves. El
despertar" en el más allá". Lo Quedice Dante. El Apocalipsis
coincide con todo lo dicho. El Alcázar de Quijote y lo que en
él encontró. La leyenda del Grado XIII. El alcázar de Quijote
es un símbolo de la logia. El cambio de medida de longitud.
Perpetuidad del venerable. La sala donde fue llevado don Qui-
jote. El sepulcro de mármol. La masonería y los gremios de
albañiles medievales. El caballero tendido de largo a largo. La
seña masónica. Mas "disparates" de Quijote. Cervantes domi-
naba el "Ienguaje de Pegaso". ¿Quién era Durandarte? El sím-
371
bolo dé la sal. Paráfrasis de Cervantes. Cervantes señala i n d i ~
rectamente la segunda muerte. Loque dice el Maestro Jin.a-
jadasa. Las siete hijas y dos sobrinas de Ruidera. Lacifra siete
y los autores clásicos. Lacons,tituci6n sep18naria de la natura·
leza. El agua, río o mar. Los siete senderos de evolución. Las
lagunas de 10$ reyes de Espafia. Las dos alternativas. Los Ca·
balleros de San Juan y los Templarios. La cifra nueve no era
propia aquí. El río que se esconde. Los peces del r(o que !le
esconden v lóspeces del Tajo. Cervaotp's conocía tambiérrla
ciencia de los colores. Montesinos se refiere a Quijote. La ma-
sonería y la Orden Rosacruz son escuelas hermanas. Se acele-
ra el proceso evolutivo. Nace la Ramera Apocal íptica. Guerras
entre naciones cristianas. La Crucífera Militie Evangélica. El
libro Neometría y el movimiento anticlerical. lFue el Quijo-
te coordinado con la Neometr(a? lf-ue Cervantes iniciado por
alemanes? El verdadero ocultista. Final de la historia de la
Militie. Cervantes ha descrito el "Rito de la Cruz". Concepto
Templario de la Crucifixión. La Catedral de Chartres. Las
translaciones de Cervantes. La verdadera resurrección. Los
trajes negros y los turbantes blancos. La procesión. Compara-
ciones. Conceptos doctrinarios de la masoner(a y El Quijote.
Cervantes conocía la Ley de la Relatividad: Los tres días de
Quijote coinciden con las doctrinas esotéricas. Losconocimi-
mientos médicos y biológicos de Cervantes. Quijote no mien-
te'.
Notas Carta VII •.•••••••••.••.••••..•.••... ?ág. 219
Epnogo Pág. 3 ~ 9
Bibliogr'afía .•..•..••••....... -.•. -•....•. " .. . Pág. 365
3,72
FE DE ERRATAS
(Damos cuenta, apenas, de aquellos erratas que afectan la legibilidad o el sentido del texto;
las demás, en número considerable, por razones técnicas, sólo podrán corregirse en una segunda
edición).
DONDE DICE PAG. LINEA DEBE DECIR
atanamos 28 36 afanamos
"valle de lágrimas" como los cristianos 28 37 "valle de lágrimas", como los cristianos
dicen dicen,
medita acerca- -- 31 6 medita acerca de
En la antigüedad, 35 1 1. En la antigüedad,
y es oportunidad de observar- 41 23 Yes oportunidad de recor-
dar estas atinadas 41 24 dar estas atinadas
Todo esto induce a creer --- el 44 24 Todo esto induce a creer que el
pero aunque lo hub--- 44 25 pero aunque lo hubiera
de -- experimental 44 34 de lo experimental
permite ya observar e- 46 1 permite ya observar el
es un -riste Don Quijote, 46 5 es un triste Don Quijote,
Madame Blavastky 49 3 Madame Blavatsky:
Nazaretl no existía 93 18 Nazareth no existía
The New American Library, 94 31 (*) The New American Library,
Twayne Publischers, 94 32 (**) Twayne Publischers,
trat is not 95 1 That is not
Jesús el Nazareno, eso es, 95 4 }e.. sús el Nazareno, esto es,
plan de esta- cartas no es ése y, además, 100 18 plan de estas cartas no es ése y, además,
debes ser tú, er- debes ser tú. es-
la enseñanza esoté- 100 30 la enseñanza exoté-
rica o vulvar que, a la vez degenera en 100 31 rica o vulgar que, a la vez degenera en
supersuclón y tana-
superstición y fana-
(Cómo verificar que los traductores,27
136 28 ¿Cómo verificar que los traductores,(28)
En el Versículo XXIX del Capítulo 12 137 30 En el Versículo XXIV del Capítulo 12
y se le c-- taba 145 8 Yse le cantaba
la muerte real --no 145 9 la muerte real sino
del Evangelista Juan -uien, 145 10 del Evangelista Juan quien,
Alejandro Dumas
28
149 14
Alejandro Dumas(29)
En toda la literatura 152 4
4. En toda la literatura
Ver nota No.1 . 152 15 5. Ver nota No.1
Los nobles y reyes 152 16 6. Los nobles y reyes
A la Tríada Superior 152
18 7. A la Tríada Superior
En este pasaje 152 29 8. En este pasaje
al que llamamos "una vida". Si -- 157 29
al que llamamos "una vida", S¡ no
Dice Madame Blavatsky en el Capto V 158 35
22. Dice Madame Blavatsky en el Cap. V
los Evangelios en Marcos: 1:6 159 8 los Evangelios en Marcos: 1: 16
En Juan 2:42 dice: 159 15 En Juan 1 :42 dice:
Yen Mateo 2: 18 dice: 159 18 Yen Mateo 4:18 dice:
EL QUIJOTE OCULTO, se terminó de im-
primir en los talleres de lo Editora ALFA Y
OMEGA, C. por A., durante el mes de julio
de 1932.
Santo Domingo,
RepúbllaJ DominlaJfJO.
Me pregunto si los cCfvantistu que nega ron 101 exis-
tencia de un mensaje ocultista en la narraci én de cuan-
t o haba'a y ocurrió en la Cueva de Montesinos no t ra-
tar e n de emular ,) los leales de aquellos faraones que
se cortaban I ~ lengua en prenda del silencio con que
debían guardar algún secrete que Ies fuera confiado
por su rey.
Si,hombres como Unarnuno, José Man'a Asenc¡o,
A"scl Ganivet y otros no menos ilustrados, hubieran
devclado el , mensaje esotérico de la Cueva de Monlesi·
nos, El Quijote no fuera la piedra angular de I.a litera-
tura castellana. El catolicismo, esrereoripado por 1.1
Inquisición en la mentalidad del español de otrora.
hubiera reducido El Quijote a 1.1 caregorfa de un
libraco de magta negra.
El Quijott' Oculto abre una nueva escuela, si .así ,
se nama a cada campo del estudio que la exégesis de
El Quijote crea desde cada .ángulo del saber humano,
Las C41rfOS a fabririomover.i'n a una nueva reevatua-
ció" integral de 1:'1 Quijotr porque el mensaje de La
Cueva de Montesinos, expuesto ..1sol por El Quijote
OcultlJ, mover.á .l los esoteristas ,¡ una nueva búsque-
da. esta vez con la lámp.u,¡ que enciende este libro.
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