La cámara de Pandora. La fotografía después de la fotografía. Joan Fontcuberta.

El cambio de paradigma tecnológico al que la fotografía se ha visto sometida en los últimos años no sólo ha puesto de nuevo de manifiesto la naturaleza fotográfica de nuestra cultura, sino que ha zarandeado algunos de los fundamentos que parecían formar parte indisociable de lo fotográfico. A través del estilo desenfadado e irónico que siempre ha caracterizado a Joan Fontcuberta, La cámara de Pandora aborda la refundación de este medio en el nuevo entorno digital para repensar aquellas cuestiones que van más allá de lo estrictamente fotográfico y para abrirse a los nuevos principios que se plantean con la nueva fotografía. Con artículos de marcado tono lúdico como muestran sus propios títulos -'Yo conocí a las Spice Girls' o 'El misterio del pezón desaparecido'-, el autor retoma el hilo conductor que ya marcara en El beso de Judas. Fotografía y verdad y, en esta nueva entrega de dieciséis ensayos, desgrana lo que queda de la fotografía: los restos de la autenticidad, los restos de lo documental, los restos de unos valores que hicieron que la fotografía moldeara la mirada moderna y contribuyera a nuestra felicidad. Y, fiel al principio de que una fotografía vale más que mil mentiras, el autor elucida la naturaleza de la nueva fotografía (digital) y sus extravíos. De ahí derivan reflexiones críticas y evocaciones poéticas que rastrean los empeños de una posmoderna cámara de Pandora que ya no se limita a describir nuestro entorno sino que ambiciona poner orden y transparencia en los sentimientos, la memoria y la vida.

La cámara de Pandora. La fotografi@ después de la fotografía de Joan Fontcuberta Cuando nació la fotografía en 1839 (o 1824, según se mire) el positivismo aseguraba que el único conocimiento posible era el científico y ese invento que permitía congelar y reproducir una imagen era el mayor de los aportes a la veracidad. Existía una realidad y la cámara fotográfica era capaz de captarla.Con el tiempo la fotografía dejó de servir a la ciencia e incomodar a la pintura porque como máquina de la verdad podía también utilizarse como herramienta para comunicar un mundo y desbancó al grabado como elemento icónico en los diarios. Pero la segunda mitad del siglo XX trajo consigo muchos cambios y la fotografía no fue una excepción. ¿Era la fotografía neutral y verídica ? ¿Tenía obligación de serlo? Joan Fontcuberta se rió de más de uno con trabajos como Herbarium o Sputnik poniendo sobre la mesa algo que ya debía ser inevitablemente aceptado: una imagen vale más que mil mentiras . Ahora vuelve a la carga con La cámara de Pandora. La fotografi@ después de la fotografía . El fotógrafo Joan Fontcuberta publicó hace trece años El beso de Judas cuyos planteamientos rondaban la idea inmadura de que la fotografía era fiel testimonio de la realidad. Exponía en sus páginas que de ninguna manera podía ser la fotografía un ojo mecánico neutral pues era un ser humano el que debía encuadrar, medir la luz y accionarla en un momento determinado. Es más, debía ser un humano el que escogiera el tipo de óptica y la distancia precisa para la captación. Podríamos decir que con El beso de Judas Fontcuberta nos quitaba la venda de los ojos a los románticos, nos destetaba y nos invitaba a madurar. Imagen del capítulo "Yo conocí a las Spice Girls". Ahora La cámara de Pandora nos reclama dejar atrás la adolescencia y convertirnos en adultos pues supone un reto intelectual para profesionales, aficionados a la fotografía y todos los demás. La línea discursiva transcurre a lo largo y ancho del paradigma de la fotografía digital. Todas sus virtudes, defectos, incongruencias, alertas y rincones oscuros en dieciséis ensayos recopilados que parecen haberse concebido para ser este libro. Con un estilo ocurrente, el autor nos invita a participar de su reflexión a partir de largas disertaciones adornadas de ejemplos cercanos, fotografías más o menos inquietantes y anécdotas hilvanadas con la ironía made in Fontcuberta. Y es que la digitalización ha permitido construir un nuevo paradigma, el de la realidad en imágenes según el cual, hoy más que nunca, conocemos el mundo a través de esos mapas de bites llamados fotografía. Si a esto añadimos la masificación de información (en este caso, gráfica) resulta que de tanto ver ya no vemos nada

porque el exceso de visión conduce a la ceguera por saturación . Nuestra salvación pasaría entonces por una buena selección fotográfica y que dios nos coja confesados porque cual cámara de Pandora, la tecnología digital provee calamidad para unos y liberación para otros .A partir de ahí, propuestas ocurrentes tales como el ser, la apariencia y el retrato, la distancia y la manipulación, la identidad, la edición gráfica y la realidad, el archivo, el museo y la memoria. Fontcuberta da pistas pero no concluye, por lo que pueda pasar o porque, como Sócrates, cree que es mejor que el alumno consiga por sí mismo la respuesta. Por eso la incógnita sigue siendo la misma. ¿Qué es la fotografía hoy que, evidentemente, ya no es lo que era? Joan Fontcuberta: "La fotografía no siempre es un fiel testimonio de la realidad" Docencia, crítica y creación fotográfica resumen la trayectoria de Joan Fontcuberta. El reconocido autor catalán, ganador del Premio Nacional de Fotografía de 1998 y cuya obra ha sido adquirida por museos de la envergadura del MOMA de Nueva York y del Centre Georges Pompidou de París, no entiende la fotografía como una creación aislada. La curiosa historia del astronauta Ivan Istochnikov es prueba de ello. Joan Fontcuberta: "Un año después de la desmembración de la Unión Soviética tuve la idea de realizar un proyecto utilizando la información que se revelaría de la carrera espacial. Tras recabar muchos datos y conseguir un patrocinador, la Fundación Arte y Tecnología de Telefónica, nació el proyecto Sputnik, que mezclaba hechos verídicos con elementos de ficción. Este retrato pertenece a este proyecto, que giraba en torno a la historia de un personaje de ficción que yo mismo inventé: el coronel Ivan Istochnikov. Este cosmonauta soviético habría pilotado la Soyuz 2 y habría desaparecido durante la operación de ensamblaje con la Soyuz 3, en 1968, en plena carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En el libro que forma parte del proyecto se dice que Istochnikov es borrado de las fotografías oficiales, sus familiares deportados a Siberia y sus amigos y camaradas conminados a olvidar la muerte del cosmonauta, que el régimen fecha en unos meses antes por una enfermedad, ya que no quiere hacer públicos más errores en la carrera espacial. El falso informe, rescatado años después por un investigador, explica cómo el piloto de la Soyuz 3 asiste a la desaparición de Istochnikov y baraja las posibilidades del suicidio, un fallo técnico e incluso el sabotaje o la abducción. De hecho, se trata de un autorretrato en el que aparezco caracterizado como un cosmonauta soviético y el nombre del coronel es, en realidad, mi propio nombre traducido al ruso. Es una especie de guiño, ya que el proyecto está firmado por la falsa Fundación Sputnik, para que aquellos que sabían ruso no relacionaran inmediatamente mi nombre con el del personaje. El proyecto ha dejado varias anécdotas, como una llamada de la embajada de Rusia quejándose de que la gente les llamaba preguntando si los familiares de Istochnikov aún estaban confinados en el "goulag" en Siberia. También en el programa Cuarto Milenio [que se emite en Cuatro] se hicieron eco del caso, presentándolo como uno más de sus misterios. Y no deja de ser cómico, porque curioseando por Internet se encuentra fácilmente la verdad sobre este tema. La sociedad parece aceptar que la fotografía es un fiel testimonio de la realidad, concediéndole más credibilidad que al propio fotógrafo. Yo intento socavar esa credulidad, ya que en todo caso la imagen es una construcción. No se trata de engañar, sino de proporcionar instrumentos para evitar el engaño. Si yo, con mis pocos medios, he sido capaz de crear esto, no quiero ni imaginar lo que son capaces de hacer las grandes agencias.

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