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Comando Paranoia, prólogo Aitor Lobato Femia

Sí, prólogo

Unos locos escapan del manicomio y roban una nave espacial.


Ésta era la premisa original de Comando Paranoia. Directa a la
acción más esperpéntica. Los protagonistas de tan alocada rebelión
culminaban con un final trágico. Uno ponía pies en polvorosa, a otro
le daba una crisis de ansiedad, otro se metía una sobredosis, el cuarto
se suicidaba, mientras que el jefe la pagaba a zurriagazos con la
inútil tropa.
Eso es lo que tiene comenzar una novela por el título. Sí, porque
lo primero fue el nombre, Comando Paranoia. Llegó
inesperadamente a mi mente una noche de holgazanería invernal
tirado en la cama. Apenas dos o tres minutos después continuó la
premisa lineal, una trama que combinara con el llamativo título.
Decidido estaba a escribirla así, de esta guisa, de no experimentar el
flash que cambiaría radicalmente el argumento de la historia.
Nacieron más personajes con sus propias consignas. Aparecieron
nuevos mundos y se expandieron los límites de la narración. La
carcajada fácil de la idea primigenia se antojaba descafeinaba. Ahora
deseaba una obra más ambiciosa. Una de esas que cuentan una
historia inspiradora que te prende de emoción al leer el final. Algo
que pudiera leer mi madre.
Así fue que se formó el universo imaginario de una galaxia
dominada por el desconocimiento de Dios. Civilizaciones cósmicas
sin fe ni dogmas. Salvo en un planeta: Invict-Introit.
En múltiples relatos se tilda el amor de locura. Enajena al
paciente al punto que no conoce paz a no ser que alcance el objeto de
su deseo. La atracción por la Belleza es fuerza motriz del espíritu

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Comando Paranoia, prólogo Aitor Lobato Femia

humano. Millones de canciones han loado su munificencia y legiones


de poetas han marchado a su son. El amor da vida a no pocas
novelas. Y ésta debía ser una de ellas.
Con el nuevo rumbo comenzó mi problema. Quería escribir más y
que el libro fuera más gordo que el de Petete. A la tarea me puse sin
escatimar en palabras. En cosa de un año dí forma a la primera
versión. La leí, reescribí y requeteleí hasta decirme que algo no
encajaba. No había manera de que cuadraran las cuentas. Tenía un
libro que narraba la aventura de encontrar a Dios. Contaba la historia
de unos chicos que se transmutaban. Sacrificaban un estado inferior
para lograr la máxima meta de todas. Era la clave que enlazaba la
vida de los personajes. Aun y todo seguía sin ser el elemento
unificador. Ahora mismo, que escribo el prólogo, no recuerdo cuánto
tiempo tardé exactamente en darme cuenta del motivo. El fallo
radicaba en que pretendía aglomerar en el mismo libro la noche y el
día. Bueno está que la dualidad combina para formar un todo, pero
no es lo mismo contar la historia de un buscador que busca
conscientemente a Dios que la de un buscador que no tiene ni la
menor idea de lo que busca.
Dándome cuenta del error, los sudores fríos mellaron mi
descanso. Cómo iba a suprimir una parte a favor de la otra. Pedir eso
a un escritor es como pedirle un sacrificio Salomónico. A la semana
la fiebre remitió y recuperé ánimos para llegar a la meta que me
había propuesto. Si no podían coexistir en un mismo libro, entonces
repartiría la historia en dos volúmenes.
Invict-Introit y Comando Paranoia, obras hermanas de lectura
independiente. Si en la primera los protagonistas son seres santos,
habitantes del cielo, en la segunda están enfangados hasta el cuello.
En Invict-Introit Husheyéz y Méils representan polillas poseídas
por el fuego de la pasión que, en sus ansias por lograr la presencia
del Bienamado, no vacilan en consumirse en la llama. Pero eso ya lo
sabéis. Y si no lo sabéis, lo leeréis. O si no, pasar de leerlo como yo
paso de contarlo en detalle, porque la presente es la introducción a un
comando de paranoicos.

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Comando Paranoia, prólogo Aitor Lobato Femia

Aquí no se habla de la búsqueda del tesoro, ni de partirle la nariz


al malote de turno para acto seguido rescatar a la bella cautiva. En
Comando Paranoia acompañamos al personaje en una batalla épica
más sencilla que todo eso. Y no es para menos. Lo que está en juego
es su propia persona.
El dilema de Xhavar se centra básicamente en madurar como
hombre o en destruirse. El escenario y elementos dispuestos para la
acción simbolizan los obstáculos que obligan continuamente al joven
a la toma de decisión ante el reto “progreso versus hundimiento”.
Las fuerzas antagónicas están en él y las proyecta al exterior.
Cuando mira a su alrededor ve precisamente lo que ha expulsado de
sí mismo, que es esa violencia que se pega a su mente como una
brea. La “brea” es el odio alimentado por el resentimiento y el dolor;
la soledad y la desesperación. La violencia se apodera de su cuerpo
con la misma facilidad que una sustancia estupefaciente y llama a un
propósito, que no es más ni menos que dirigir dicha violencia hacia
quienes considera sus enemigos y fuentes del problema.
He aquí la cuestión. Ser o no ser. Vivir o suicidarse. Y en esta
historia el suicidio toma forma en dos opciones. La primera es la
clásica autólisis, un disparo en la sien al más puro estilo romántico,
rodeado de la angustia que propicia un lugar derruido. La segunda es
algo más sutil. Es una campaña en una única dirección: acabar con el
enemigo. A lo largo de la novela el lector descubre como a cada paso
que da Xhavar en este sendero recibe la consecuencia de sus propios
actos. Este efecto “bumerang” le perjudica tanto a él como a los
demás, colabora en la aniquilación de la convivencia pacífica y,
sobre todo, lo apartan más y más del clímax de su misión, que es
terminar sus días siendo mejor hombre de como comenzó en vida.
De los detalles que más me llaman la atención, uno es la
necesidad que acucia a Xhavar en la toma de decisión. No puede
vivir en el estado de indecisión. No soporta permanecer inactivo. Así
que, como joven enérgico, la toma, y no se queda manco. De todas
las cosas que podría haber hecho, escoge de lo peorcito, pero al
menos escoge algo llevado por un sentimiento de justicia que,
aunque sea mal dirigido, lo impele a apartarse de la vana imitación

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Comando Paranoia, prólogo Aitor Lobato Femia

de la sociedad que lo rodea. En ciertos casos no elegir es mejor que


elegir mal. En otros, no elegir supone necesariamente sucumbir a las
fuerzas de involución. A mí me gusta pensar que esta situación es
una muestra de la misericordia de la providencia. Xhavar alcanza la
meta gracias a haber elegido mal, porque, como ya se ha dicho, su
elección fue libre y motivada por un incipiente sentimiento de pureza
de corazón, y gracias a que obró mal, se dio cuenta de su error.
Como autor, me siento en la obligación de pedir disculpas. El arte
nos introduce en un mundo vasto y omnímodo en el que resulta fácil
perderse. Conciliar lo que se pretende con el resultado final, y que
además sea todo un éxito, es tarea ardua donde las haya, por lo que
no me avergüenza fracasar. Lo que me da vergüenza es no haberlo
intentado.
Personalmente considero a los personajes de esta novela como
hijos que nunca resultan como uno espera. En el momento en el que
son nombrados toman vida propia y se adueñan de su propio destino.
A ellos el tema del bien y del mal les resbala totalmente. Son
conocedores de que su vida es ad hoc, una existencia efímera y
pasajera a la que se aferran, y pobre de aquel que trate de
interponerse en su camino. Por ello ponen toda la carne en el asador.
Les da igual caer bien o caer mal al lector ya que su supervivencia
depende de la impronta que dejen en la memoria y el lugar que
logren en los sueños. ¿Será eso lo que los hace tan reales?
Perdón. Es ésta una historia de violencia. Que no es lo mismo que
decir que promueva la violencia. No, todo lo contrario. Comando
Paranoia es una evidencia más de la catástrofe inherente al hecho de
que el hombre se prive así mismo de la razón. A lo largo de estas
páginas se describen acciones que, aviso, son muy duras de leer y
pueden afectar la sensibilidad del lector. Pero también se narra la
batalla más heroica que haya existido. Es la lucha de un joven por
emerger de la “brea” que lo ahoga y renacer como una persona de
bien rebosante de frutos que regalar a la humanidad.
Que su carne pague por lo que su mano ha obrado, pero permitan
que su alma sea redimida.

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Comando Paranoia, prólogo Aitor Lobato Femia

Ahora, si creen estar preparados, si sus intenciones son sinceras,


léanlo. Pero, por favor, no me hagan responsable de lo que sus
mentes hayan imaginado.

Aitor Lobato Femia


Rentería, mayo de 2011

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Comando Paranoia, prólogo Aitor Lobato Femia

Prólogo de Comando Paranoia


Aitor Lobato Femia
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