Kenzaburo Ōe ¿Puede la Literatura saltar el abismo entre los países de Asia?

Encuentro Nacional de Estudiantes de Literatura Cosecha Literaria (Siluetas Literarias)

Entrevista a Lobo Antunes

CONTENIDO
Editorial. 1

Red Nacional de Estudiantes de Literatura y Afines www.rednel.blogspot.com

Asistentes editoriales: Sergio Díaz Luna Saúl Gómez Mantilla Fotos: Mondadori, Alfaguara, Sergio Díaz Luna, Federico Daza ©,(Siluetas Literarias).
Impresión: Ediciones Emfasar Cra 7 No. 106 – 37, Tels: 6299747 310-4801020 Dirección de Ventas y Publicidad: Calle 144 #26 -24 apt 502 Teléfonos: 310-6296332, 6275637 Correo electrónico: lamovida@gmail.com, lamovida@graffiti.net Nit:80094444-234 http://www.lamovidaliteraria.blogspot.com

Gerente y Editor: Juan Pablo Plata. Director: Sebastián Pineda Buitrago. Diseño: Tito Corrales

Germán Espinosa, R.H. Moreno-Durán, Fernando Vallejo, Juan Manuel Roca, Enrique Serrano, David Manzur, Fernando Toledo, Ramón Cote Baraibar.

CONSEJO EDITORIAL

(R) NARRATIVA: La Misteriosa Llama De La Reina Loana, de Umberto Eco. Por Tito Corrales. Dios Puso Una Sonrisa En Su Rostro, Winston Morales Chavarro. Por Tomás Gatilva. Segundo Libro De Crónicas, de Lobo Antunes. Por Diego Augusto Arboleda. Media Vida, de Naipaul. Por Gabriel Medrano. Los Niños Suicidas, de Luis Fernando Charry. Por Catalina Botero. Cuestión De Hábitos, de R. H. Moreno-Durán. Por Angélica Betancourt. Aquella Vida De Mago Y Otros Cuentos, de Johann Rodríguez-Bravo. Por Santiago Felipe Uribe. (R) POÉTICA: Amanecer en el Valle Del Sinú , de Raúl Gómez Jattin. Por María Catalina Rincón. Otra revisión de la tarde, de Jaime Alejandro Molano.. Por Darío Rodríguez. Ideas de Viaje, de Saúl Gómez Mantilla. Por Ramón Cote (R) ENSAYO: Ensayos Completos I y II, de Germán Espinosa. Por John Cobos. Con licencia para hablar, de Fernando Londoño. Por Juan Abreu Valencia.

RESEÑAS:

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REINVINDICACIONES Y VARIOS:

Poesías Escogidas de Julio Flórez . Por Eloy Gamboa. Batracios – Lado A .Por Sandra Reina Romera. Elegía a Gretel Wernher. Por Robert Max S.

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SUSCRIPCIONES 6 ediciones 1 año: $20.000 12 ediciones 2 años: $40.000 Consigne en: # 26500340349 Cuenta de ahorros de Colmena
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COLUMNAS:

¿Puede la literatura saltar el abismo entre los países de Asia? Por Kensaburo Ōe. Traducción Jean Silver. Repercusiones Afortunadas. Por Juan Fernando Charry. Entrevista a Antonio Lobo Antunes. Por Juan Manuel Mogollón.

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COSECHA LITERARIA:

Noticia del Valle. Por Jaime Adolfo Núñez. Siluetas Literarias: Hotel Central. Por María Antonia García de la Torre. Lo que será. Por Laura Torres.

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AGENDA REDNEL:

II Encuentro Nacional de Estudiantes de Literatura. I Bienal Nacional de Ensayo Joaquín García Borrer. Advertencias del Quijote a la modernidad. Por Sebastián Pineda Buitrago.

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Cartas del Lector
“Señores La Movida Literaria.” Ante todo, deseo expresarles mi felicitación cordial por tan interesante proyecto. Sin embargo, les pido que bajen cierto tono beligerante en algunas de sus reseñas. Y ojalá reseñen también libros de cocina. Gracias, Olga Rebeca Calderón. Querida Olga Rebeca: Gracias por tu comentario. Para reseñar libros de culinaria espera un ratito a que la revista nos de para comer. En cuanto a nuestro tono beligerante, no, si somos lo más de pacíficos. “Bravo muchachos de La Movida Literaria.” Un brindis por las musas muchachos. La revista de ustedes sería mucho mejor si publicaran poemas. Le falta la musa. Adjunto les envío cien poemas que he seleccionado entre los mejores, ya que yo manejo diez talleres de poesía en varias instituciones y pueblos de mi región. También les envío una antología de los mejores poetas de mi departamento desde 1965 al 2005. Todos son excelentes. Además, y como ñapita, cinco revistas que hemos sacado con mucho esfuerzo, pa´ que conozcan nuestra movida literaria. Suyo, Ramón Saldarriaga, poeta. Apreciado Moncho. ¿Cómo le hacés omme con tanto taller? Tenés más que San José. Sos todo un hacedor de poetas, no…? El problema es que nosotros pensamos que el poeta nace y no se hace. Y nace por ahí cada cincuenta años, con el paso del cometa. De manera que bien extraño que en tu comarca haya treinta y dos poetas en sólo cincuenta años. Y aún más, que todos tus alumnos sean poetas. Caso bien extraño. Eso está mejor para publicarlo en los Gines Record que en La Movida. Y con el tuyo, ya nos han llegado por ahí veinte correos más de supuestos poetas que nos exigen que les publiquemos su reciente cosecha. Los leemos, claro, pero para convencernos de que la buena poesía quién sabe donde está. A vos y a todos los talleristas, profesores y hacedores de poesía, que en Colombia han abundado, les pedimos que no pierdan el tiempo. Pónganse hacer mejor talleres de ciencia haber si producimos tecnología de punta. Y si quieren dedicarse a la literatura, que sea con esfuerzo, investigando a los verdaderos poetas, que todavía no los han comprendido bien. Aún falta estudiar mucho a León de Greiff, poeta del futuro; a Barba Jacob, que descubrió una lógica musical; a Valencia, de adjetivación ultra-simbólica… También existe la Musa Crítica, tal es lo buscamos con La Movida Literaria. “Apreciada Catalina Botero, La Movida Literaria.” Estoy en desacuerdo con tu reseña al libro de Antonio Hungar. Aunque tiene un tono fresco, dices algunas incongruencias. Primero, él no es el hijo sino el nieto del librero Hans Hungar; segundo, nadie va allá a robar libros, no hagas mala propaganda. Por último, te doy la razón en tu payasada según la cual la novela es buena hasta el tercer capítulo. ATT: Diana Mantilla. Diana. Gracias por tus aclaraciones. Cordial saludo señores La Movida Literaria. Os felicitamos por el esfuerzo de hacer una revista literaria, en medio de esta modorra. La Movida Literaria... ¿Cierto que lo escogieron por lo de la movida madrileña? Haría mucha falta despertar la sensualidad y acabar con tanta hipocresía sexual. Por ejemplo, no tenéis en Bogotá ningún dispensador de condones. Ojalá publiquen algo sobre eso. Gracias, Leticia Grau y Aranza Iñaqui. Amigos madrileños. Tienen razón, por eso es que ya hay exceso de población. Ojalá vinieran muchas tías españolas, joder, y haríamos... la movida bogotana, ¡carajo! Saludos La Movida Literaria y Rednel. Ante todo, felicitaciones, que a buena hora la juventud literaria de Colombia se ha organizado. No tienen las roscas y los prejuicios de otras revistas, ya contaminadas por los dogmas y la farándula cultural. Simpatizo con la observación de que Germán Espinosa es mucho más que García Márquez. Sucede que Colombia tiene mucha estrechez espiritual, y no es capaz de exaltar sus grandes valores. Adelante jóvenes, despejen el camino de tanta ignorancia y dogmatismo. ATT: Natalia Céspedes Restrepo. Gracias Natalia.

Cartas del Lector

Envíenos sus comentarios a: lamovida@gmail.com

EDITORIAL

Según Alfonso Reyes – pirámide mexicana del pensamiento que nos inspira para estas empresas literarias –, la literatura es un diálogo constante: el creador propone y el lector responde con sus reacciones, en suma, con la crítica. Y la calidad de la crítica depende de la actitud del lector. Bien decía Cortazar que hay dos tipos de lectores: el macho y el hembra. Aquél es el lector apático, demasiado intelectual, al cual la literatura no le entra por su frigidez mental; éste, en cambio, es el lector o mejor la lectora que se entrega seducida a lo que propone el creador, y lo interroga y juega con él, sin quedarse inerme como una vaca ante sus embistes, sino cabalgándolo, encadenándolo a la cama para que responda los secretos de su arte. Seamos lectores hembras, eso sí, siempre con un toque de perversidad. Por eso Reyes define la crítica como la actitud escéptica de quien puede amanecer con Demócrito y anochecer con Heráclito, más sin entregárseles por completo. Lo ideal de la crítica, como decía Wilde, es que sea una creación dentro de la creación. Pero basta de citas, que no somos tan académicos. Además, hay críticas sobre y contra La Movida Literaria, que en la primera edición siempre hay errorcitos.

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EDITORIAL

La misteriosa llama Dios puso una de la reina Loana sonrisa en su rostro
Umberto Eco Lumen Páginas 491 2005 Un armazón de imágenes Por Tito Corrales Premio IX Bienal Nacional De Novela José Eustasio Rivera Fundación Tierra De Winston Morales Chavarro Promisión, 2004. Páginas 184

Morgue caliente + Rock Por Tomás Gatilva
Los escritores de provincia han puesto claro que no todo debe llevar la marquilla de las tres principales ciudades del país, en premios y calidad hay ciertas cosas que llevan a lo hecho por nuestros vates de provincia a ganar y distinguirse. Desde Neiva, con la presea del premio José Eustasio Rivera, Winston Morales Chavarro nos regala una novela cuyos capítulos van titulados igual que las canciones del disco Parachutes de la banda británica Cold Play. Sí, en la que canta Chris Martin, el que lastimosamente se caso con Gweyneth Paltrow. La muerte, conjugada con gerontofilia y otras aberraciones sexuales y psicópatas muy innovadoras, anestesian el recuento de las vidas de los huilenses que vivieron el atentado al presidente en el barrio Villa Magdalena. Aparece el bombazo al Nogal visto desde la masa que habita el Sur del país mezclada con Yellow, y de repente Winston hace put a smile upon your face porque la novela merecía el premio concedido y ahora merece reedición.

La amnesia emocional del señor Bodoni no impide que una fuerte erudición, recuerdos en forma de flash-backs y una hermosa colección de ilustraciones hagan de Eco un bestseller en todas las latitudes con la nueva novela. La llama no es el recuerdo, es un destello de algo que se presume dará vuelta al olvido amnésico emocional de Bodoni, mientas transcurre el año 1991 cuando la ONU permitió a los aliados usar la fuerza para defender Kuwait de Irak. Obviando la trama y demás delicias que contiene el libro, hay que ver las ilustraciones que lo adosan.

(R) NARRATIVA
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António Lobo Antunes Literatura Mondadori, Barcelona, 2004, 272 páginas. En el taller del escritor Por Diego Augusto Arboleda
Dice el Diccionario de la Real Academia que crónica es un “artículo periodístico o información radiofónica o televisiva sobre temas de actualidad”. Pero la primera impresión que se recibe al leer el Segundo Libro de Crónicas de António Lobo Antunes está muy lejos de la idea de actualidad. Ciertamente, tras entrar a este texto esperando encontrar una serie de breves opiniones acerca de las tragedias, declaraciones políticas, cumbres gubernamentales o luchas antiterroristas que abundan en el mundo contemporáneo, se halla un panorama muy distinto, sorprendente: un universo de fragmentos (íntimos, personales, emotivos), que expresan los pensamientos y emociones de un creador central en el presente panorama de la literatura mundial (gracias a títulos como El tratado de las pasiones del alma o La muerte de Carlos Gardel). Ciertamente, a través de esta segunda recopilación de textos breves –su extensión no suele superar las tres páginas– publicados originalmente en diversas revistas y periódicos, puede encontrarse a primera vista una colección de obras de dispar asunto, estilo y calidad. Pero tras una lectura más detenida, bajo este aparente caos, aparecen ciertos temas centrales, abordados desde los más diversos ángulos y con mayor o menor éxito: la infancia, dejada atrás pero nunca olvidada y llevada a la nostalgia: el abuelo, figura paterna y mítica; África, con sus inmensos campos de girasoles que miran eternamente al sol; la muerte, presencia constante y elusiva; el amor, movido por el silencio y agotado por el paso de los años, y, sobre todo, el recuerdo, que acerca no sólo a personas y momentos sino también a objetos que atesoran el pasado, como la casa, las pipas, el humo y los castaños. Todo ello, por supuesto, visto a través de dos formas principales: la tercera persona que narra ficciones de amor, muerte o recuerdo, y la primera persona a través de un Lobo Antunes literario que, desde las situaciones más sencillas y cotidianas –casi nunca exentas de humor–, narra sus emociones y experiencias, y sobre todo reflexiona sobre el oficio del escritor, de sus agotamientos, de su lucha con las editoriales, de la posición del lector y la forma de trabajar con ciertas obsesiones, fantasmas recurrentes, repetidos, incesantes, expresados a través de un estilo muy personal, en constante transformación. Son estos textos una fusión constante entre autobiografía, literatura y ensayo, donde el lector parece entrar, sigiloso, al taller del creador, lleno de esbozos literarios y ejercicios de estilo, y donde sin ambición o deseo de sorprender se muestra apenas el barro inicial de historias, pasajes, novelas. Por eso mismo, no es extraño encontrar en estas crónicas una constante experimentación centrada ante todo en dos factores: primero, la exploración del ritmo narrativo transformado aquí, en varias ocasiones, en un hilo extenso y cadencioso gracias a una pérdida de puntos y mayúsculas que unifican diálogos y párrafos en un fluir constante; segundo, la amplia aparición de pasajes líricos marcados por una libre asociación de momentos, objetos y situaciones, que le dan a la prosa un valor profundamente poético, a veces casi surrealista, evocador y sugestivo, lleno de una fuerza que, gracias a su plasticidad, contenido y belleza estética, consigue en muchas ocasiones una cercanía emocional con el lector. Una cercanía que, regresando a la definición inicial de la palabra crónica, sí puede considerarse como llena de actualidad: la eterna actualidad de las pasiones humanas, captadas por el que es ya uno de los eternos postulados al premio Nobel de Literatura. No sea esta reseña, pues, otro de esos “largos rosarios de elogios sin nexo de quien ni entendió y alaba sin haber comprendido” a los que tanto teme Antunes; que sea, mejor, una presentación sencilla, una incitación a la lectura de un libro introspectivo y bello, que explora en sus 78 variaciones los temas de una de las voces literarias más importantes de la actualidad. Con eso baste.

Segundo libro de crónicas

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(R) NARRATIVA

Media vida
V. S. Naipaul Areté 240 Paginas

La última novela de Naipaul Por Gabriel Medrano
Media vida se deja hacer, tómela sin precaución, hágale. Eso sí, si va a leer esta edición recuerde que es una traducción del inglés al español llevada a cabo “posiblemente” por una española. Recuerde que el escritor es un reciente premio Nobel, trate de no olvidar que de él dicen que es uno de los mejores narradores vivos en lengua inglesa. Vaya leyendo procurando no poner mucha atención, no vaya a ser que se tropiece con lo obvio y lastime sus creencias. Léala mientras almuerza, en el bus, léala para dormir pero por favor no se siente en su escritorio con ella. No se alarme si se sorprende aburrido después de cincuenta páginas, tome impulso y siga. Ya verá que se pone menos sosa, y el cambio de narrador que se efectúa en el paso del primer al segundo capítulo le da a uno nuevas esperanzas. Media vida es la historia de Willie Somerset Chandran que se abre con la pregunta por el nombre: “¿Por qué me llamo Somerset de segundo?”. Para responderle el padre cuenta la historia de su vida. Por ahí empezamos a enterarnos de qué se trata eso de media vida y que Willie recibió su nombre en homenaje de William Somerset Maugham, escritor y amigo casual de su padre que al ponerlo dentro de una ficción lo lanza al “estrellato”. Detengamos aquí. El escritor inglés, anticolonialista y todo, conoció al padre de Willie en un viaje a la India. Por aquel tiempo el padre de Willie se la pasaba sentado cual Buda en una plaza sin decir palabra y rodeado de ofrendas. El escritor regresa a su país y escribe una novela famosa de la que los críticos dicen que el padre de Willie es la fuente espiritual. El afamado padre bautiza a su hijo en honor al escritor y así marca su destino. Empieza uno a divertirse con la novela cuando Willie llega a Inglaterra y se enfrenta a la metrópoli. No hace falta decir que Willie tiene ínfulas de escritor. En la metrópoli nuestro protagonista también se verá enfrentado al mundo editorial, aquel mundillo de piratas interoceánicos. Con Willie en Inglaterra la narración se lanza hacia lo urbano, las caminatas por Nothing Hill, los paseos en metro para llegar de un lugar desconocido a otro igualmente desconocido. El pop y los casuales encuentros sexuales hacen parte de esa narración urbana y apresuran al protagonista, oriundo de la India, a entrar en el juego del mundo urbano, del consumismo. Vives media vida aquí y media vida allá. El hombre de la “colonia” sale de ella sintiéndose ajeno a ese modo de vida gracias a la educación occidental, sale a buscar la otra vida y se inserta en la metrópoli. En la gran ciudad el hombre trata de organizar un suelo sobre el cual empezar a vivir el otro pedazo de vida que le queda. Resulta curiosa la trayectoria de Willie. De la India viaja a Londres, se hace “escritor” y, junto a su pareja-lectora, abandona Inglaterra y viaja a la África-portuguesa en donde, si se quiere, nuestro protagonista encuentra los elementos necesarios para completar su media vida. Hágale, léasela si se la encuentra de chepa por ahí mal puesta, pero no espere encontrar en Media vida una propuesta técnica o estética revolucionaria. Media vida la de las mujeres y hombres que se montan en las circunstancias que se les presentan sin una razón clara, sin impulso propio, la de los hombres y mujeres incapaces de determinar lo que desean y se suman a aquellos que viven convenciéndose de que la vida que viven es la vida que querían vivir, “…y me preparé para la extraña vida que me había deparado el destino”.

(R) NARRATIVA
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Los niños suicidas
Luis Fernando Charry Villegas Editores Paginas 2005 Enchanted whispering Por Catalina Botero

autor, no hay pues atisbo de lugares y momentos sin literatura. La manopla es la concreción para contar la historia que lleva dentro otros muchos cuentos, echados con la destreza de no gastar mucho espacio ni distraer la trama central, en medio de la erudición y la grosería bien puesta. La novela es narrada al oído del lector, como si el autor estuviese al lado de la oreja en un encantador susurrar (enchanted whispering). La erudición trata de un prontuario de escritores y anécdotas literarias que se disculpan porque todas rondan la esquina de la desaparición: noticia hay de un poeta llamado Gerardo López Cano que tal vez conoció a José Asunción Silva, ambos poetas suicidas, del primero sabemos un verso, del otro espero no se nos olvide todo lo que sabemos. Hay noticia del desaparecido y olvidado Candelario Obeso, del mal comportamiento de los avaros libreros de segunda del centro del Bogotá actual. Hay una maniática evaluación de la literatura nacional: se dice de Andrés Caicedo, de Vargas Llosa y su hija Morgana, de García Marquez; se dice de poetahambres como decía Cervantes. Hay un recurso de paréntesis que funciona bien. Hay un top three de literatura colombiana sin la segunda posición esclarecida. Hay una novela mejor hecha que Alford, libro anterior donde el autor se atrevía a describir el cabello de un personaje femenino valiéndose de una comparación con la cantante nacional tinturada del momento. Hay aquí un escritor de tiempo completo que paga sus cuentas con cada página y se sale de los temas de Mario, Santi y Efra. La manopla narrativa hace el estilo del texto. El contenido lo hace un augusto amor, la desaparición (eufemismo de muerte), los paréntesis y la erudición no muy justificada en unos jóvenes entre los veinte años que saben tanto de literatura como una base de datos o un lector de tercera edad. Si todo pasa por la prosa descrita y la erudición de los personajes y el

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(R) NARRATIVA

y a quien nadie parece haber visto hasta el momento.” Esa sombra, digámoslo de una vez, es el mismo Moreno-Durán que suele cruzar inadvertido, oculto tras el telón como en FeR. H. Moreno-Durán. mina Suite, describiendo la acción de los personajes desde este Alfaguara, Bogotá, 2005 original ángulo. Cuestión de hábitos hace un gran homenaje de la poesía colonial hispanoamericana. Al esfuerzo titánico de Sor Juana por Obra ganadora del PREMIO DE dedicarse a escribir, entre tantas y múltiples acusaciones, siendo TEATRO Ciudad de San Sebastián una de ellas la de ser mujer. El arzobispo y los frailes, picados (2004) por la envidia, se dedican a lanzarle interrogatorios que rayan Por Angélica Betancourt en lo inquisitorial. Ni siquiera puede intervenir el virrey, menos poderoso ante la Iglesia y los jesuitas. Sólo se levanta, desde los páramos andinos, el amor y la admiración de un poeta Hasta ahora no conocíamos a R. H. en su faceta de dramasantafereño, Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla, quien no turgo. Lo teníamos en las esferas del ensayo y de la narrativa. repara en llamarla “Apola querida”, y cantarle al mundo: “Que Nos sorprende con esta tragicomedia, premiada con bombos y también a estas partes / Alcanzan los vergeles / Del Parnaso, platillos por el jurado calificador. Moreno-Durán traslada todo y que muchas / Dicen, que está en tu celda su Hipocrena.” su arsenal literario, técnico, visual y metafórico al género del Según los frailes que violan la correspondencia de Sor Juana, teatro. Situémonos en la Corte virreinal de la capital mexicana. el libro enviado por el poeta santafereño se llama Rítmica, sacra, Evoquemos la figura de Sor Juana Inés de la Cruz, personaje carnal y laudatoria. El lenguaje barroco resulta de lo más erótico. principal, arreglándose el corpiño y soltando una alhaja de fraSe necesita de mucha suspicacia, como la de Moreno-Durán, ses al dirigirse a la virreina, su protectora. El tiempo es el de para encontrar erotismo hasta en los poemas de la temblorosa un presente eterno. La virreina “echa furtivas miradas al reloj, Madre Josefa del Castillo. Dizque en el Afecto 45 esta poetisa en cuyo cuadrante el tiempo tunjana describe una escena de corre colgado a la pared…” (I). Sor Juana Inés de la Cruz reclama sexo oral. Veamos: “Tan suaNinguna idea mejor de la rela- su universalidad al decir: “Mi crisis ve se introduce / su delicado tividad del tiempo: ese reloj de mensual obedece al movimiento silbo, / que duda el corazón hace siglos puede correr igual al / si es el corazón mismo.” Y púrpura de las estrellas.” de ahora, sin ninguna diferenmás adelante: “De su cabeza el cia. Pero bien, Cuestión de hábitos no se ocupa de una reflexión pelo, / aunque ella es oro fino, / difusamente baja / de penas sobre el tiempo, sino sobre las conductas religiosas, políticas, a un abismo.” literarias y hasta sexuales de la colonia hispanoamericana. Leemos a grandes carcajadas esta obra ganadora del Premio Desfilen los virreyes, el arzobispo, los frailes, las monjas, de Teatro Ciudad de San Sebastián. ¿No son acaso risas y reflexión el poeta Carlos de Sigüenza, la misma Sor Juana, toda intelilo que debe suscitar una buena obra literaria? Se combina en ella también la tragedia, como en aquel episodio en que Sor gencia y sensualidad. Se mueven entre las penumbras discretas Juana debe echar a las llamas una comedia, cuyos personajes del palacio virreinal, cuya arquitectura barroca es también la son travestís. Pero gana el humor y, sobre todo, la libertad de misma obra. García Márquez, uno de los primeros lectores de la poesía, que todo lo vence. Hay, por ejemplo, una frase de Cuestión de hábitos, celebró sobre todo el lenguaje, y afirmó que Sor Juana con la cual ella explica, a los sesudos varones que Moreno-Durán es un escritor del siglo XVII. Sí, a veces se la interrogan, su período menstrual: “Mi crisis mensual obenos antoja ver en Moreno-Durán sombras de algún escritor de la colonia, quizá porque ha escrito tanto sobre El carnero de dece al movimiento púrpura de las estrellas.” ¡Qué frase tan Rodríguez Freile, o tal vez por su procedencia tunjana, ciudad bella! ¡Pura poesía! Con esto, quiere recalcar Moreno-Durán, donde se escribió casi toda la literatura colonial de Colombia. Sor Juana reclama su universalidad y la de todos los poetas Hay, por cierto, “un amanuense que, semioculto en la penumhispanoamericanos. bra, escribe sin cesar, alerta a todo lo que ocurre en torno suyo

Cuestión de hábitos

(R) NARRATIVA
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Aquella vida de mago y otros cuentos
Johann Rodríguez-Bravo Editorial Axis Mundi Popayán. Popayán despierta de su largo ensueño Por Santiago Felipe Uribe
Johann nació en Popayán en 1980. Curioso. Ya con él van dos jóvenes escritores de la ciudad de los Mosquera, los Caldas, los Arboleda, los Valencia que irrumpen en las letras nacionales. A Popayán se llega generalmente, dicen los patojos mismos, por el túnel del tiempo. Internarse en la Ciudad Blanca equivale a internarse en el siglo XVIII. Pero Johann Rodríguez-Bravo, Juan Esteban Constaín y los demás escritores payaneses – todos por cierto con una novela debajo del brazo – se cansaron de vivir de los mitos, del pasado eterno. Han decido desempolvar la pátina que los cubre, y, sin renegar de su espléndida tradición, ponen en su cabeza cuanto surge nuevo y hechizante. Sea, por ejemplo, su cuento “Chat.” El cuento son fragmentos, ya de chats, ya de correos electrónicos que se envían Vampiro y Eva, él en Popayán y ella en Salamanca, según Johann, dos ciudades casi muertas. El autor del libro Aquella vida de mago y otros cuentos siempre quiso ser poeta, pero acaso porque los ha habido mucho en Popayán, lo sedujo más la narrativa. Y Cortázar, sin duda, lo fue entrando por ese camino pedregoso de contar historias. Tal vez el mejor cuento del libro sea “La enfermita del piso de arriba.” Lo escribió después de un hecho real. En el partamento de arriba, Johann escuchaba una cama chirriando como si, según él, “Freddy Krugger estuviera asesinando los sueños de una bella durmiente. Oía quejidos. Me levanté de la cama y salté a darle un puño al techo, queriendo que quien estuviera lamentándose dejara de hacerlo so pena de recibir una llamada del portero del edificio. Los quejidos continuaron y no tuve más remedio que fantasear para dormirme. Imaginé que los ruidos de la cama y los lamentos provenían de una mujer enferma que estaba muriendo; luego pensé que yo era un retardado mental (¿?) que estaba enamorado de los sonidos que ella hacía.” Al cabo, Johann se enteró que el piso de arriba, el 903, estaba desde hacía mucho tiempo desalojado. Entonces no tardó en mudarse y en escribir el cuento. Se dice que el mundo se divide entre los que saben contar un cuento y los que no. Claro, Johann está entre los primeros. De lo cual deducimos que, más que hacerse, el escritor nace. Es cierto que a un escritor lo influyen lecturas varias, pero en rigor, la lectura no hace más que pulir o si se quiere acendrar la esencia ya dada. No hay génesis de escritores, puesto que la palabra y todo el mundo de la literatura se transmite, se hereda, como lo dice Fernando Vallejo en Logoi. De aquí que se pueda formular la existencia de un mundo paralelo al actual, es decir, un mundo de la literatura donde moran tantos personajes, fantasmas y “enfermitas del piso de arriba.” Con todo, conviene esperar la exégesis del tiempo, sí, del tiempo, que ha sido siempre el mejor crítico literario.

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(R) NARRATIVA

Amanecer en el Valle del Sinú Antología Poética
Raúl Gómez Jattin Fondo de Cultura Económica 181 Páginas 2004 Quebrantainstituciones Por María Catalina Rincón

Otra revision de la tarde
Henry Alejandro Molano Colección Viernes de poesía U.Nacional de Colombia 2005 Venturosa Primicia Por Darío Rodríguez

Pese a que el prólogo se encarga de alimentar el mito Jattin, la selección de los libros que forman esta antología es más que buena, pues cada uno de los poemas revela lo que el prologuista, Carlos Monsiváis, muy acertadamente afirma: “su obra es el espacio autobiográfico donde se unifican el personaje poético y la persona (...) no hay diferencias significativas entre el Yo de los poemas y el Yo de la realidad”. En los libros de esta antología –Retratos, Retratos (segunda parte), Amanecer en el Valle del Sinú, Del amor, Hijos del tiempo, Esplendor de la mariposa y El libro de la locura– el lector percibe esa noción autobiográfica con la que puede, simplemente, preservar el mito o transgredirlo y ver las constantes temáticas de la obra: la drogadicción, la múltiple sexualidad –zoofilia, homosexualismo, onanismo–, el amor – totalmente erotizado–, etc. Estos temas los leí desde la escisión que el poeta hace en un Yo íntimo que se enfrenta al medio. Así la familia, el pueblo –Cereté–, los amigos y enemigos, la naturaleza, el dualismo del tiempo, la figura del poeta-loco y la angustia de lo que es la poesía, oscilan en ese múltiple Yo. Leer a Jattin es de lo mejor, pero se erige en un gran poeta cuando vemos que, detrás de la grosería, de la pornografía y de tanta locura, su poesía es esencialmente consciente y crítica con su época, pues muestra que “la tragedia más actual del hombre es su guerra a la naturaleza.” Y su poesía “vale un millón de besos en poemas”.

Se la pusieron difícil a los poetas jóvenes en Colombia. Búsquedas infructuosas de tradición, consejos de expertos y refugios en el color local casi impiden el desarrollo serio de una obra. Ojalá ciertas posteridades no sean implacables cuando juzguen estos años de creadores con bastón publicitario. Satisface encontrar Otra revisión de la tarde en ese mar enrarecido. No se trata, como sucede con otras operas primas, de ofrecer y vender más al poeta que a sus poemas. El conjunto general de los textos muestra mesura, cierto sigilo temeroso. El autor quiere ocultarse: cede el paso a la voz que resulta estableciendo un imperio. El libro recuerda ciertos aires anglosajones (Eliot, Yeats). Tras una o dos lecturas nos vemos envueltos en una extraña complicidad. Por ese tono, a la vez escéptico y seductor de modo malvado, Otra revisión de la tarde se justifica. Es una señal de alivio ante el panorama sin lección de la nueva poesía en el país. Se desean nuevas entregas de Henry Alejandro Molano. Y lectores, también. Por ahora, entremos en esta conversación sugerida, en estado de confidencia.

(R) POéTICA
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Saúl Gómez Mantilla Colección Viernes de Poesía Universidad Nacional de Colombia Bogotá, 2005.

Ideas de viaje

La conversion del legionario Por Ramón Cote Baraibar

En los hechos de los apóstoles se nos cuenta cómo un feroz legionario del ejército romano llamado Saulo o Saúl que se dirigía a Damasco para llevar a prisión a todo aquel que profesara la fe cristiana, de repente se vio rodeado de una fuerte luz que lo hizo caer del caballo, al tiempo que oía una voz que le preguntaba: Saulo, ¿por qué me persigues? Continúa la historia diciendo que el soldado permaneció ciego durante tres días y que de allí en adelante la humanidad lo conocería como San Pablo, uno de los más fieles apóstoles. En este primer libro de Saúl, o Saulo, tanto el autor como sus palabras han dejado de ser lo que eran para empezar a ser poesía, porque creo que toda poesía, al igual que la transformación del romano en el desierto, es una conversión, entendida como la manera en la que todo lo fugaz y transitorio se convierte en irrepetible, en la verdadera voz que sólo se alcanza en el solitario ejercicio de la poesía, aprendiendo las “virtudes del pájaro solitario” que nos hablara San Juan, en la que nos podemos dar cuenta “del engaño de los sentidos/ y la miserable falsedad de las apariencias”.

Y tal como el feroz legionario romano se encamina hacia Damasco, Ideas de viaje habla también de un tránsito, nos invita a compartir las transformaciones que suceden durante el trayecto, porque como nos recuerda Marcel Proust no es la diversidad de paisajes lo que vuelve a un viaje único, valioso e inolvidable, sino los ojos nuevos con los que los miramos. De allí que los poemas que nos encontramos en este libro son conversiones, son palabras que son revelaciones, como aquel hermoso poema dedicado al pescador de El viejo y el mar de Hemingway, quien sabe si ya no será el mismo después de su batalla marina, de su trayecto de insolación, fracaso y victoria. El remordimiento de haber hecho lo correcto, que nos confiesa Saúl en Post-Casablanca, viene a confirmarnos la idea de que la vida es un viaje lleno de experiencias, como pidiera Kavafis en su poema a Itaca, y de advertencias, de aciertos y errores. Por eso su poesía no solamente exalta o describe o transgrede, sino que entiende que todo poema es una conversión de la palabra efímera en palabra perdurable, en la palabra personal para convertirse en la palabra de todos.

La Movida L i t e r a r i a
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(R) POéTICA

Ensayos Completos I y II
Germán Espinosa. Fondo Editorial Universidad Eafit. Medellín, 2002. EL PENSAMIENTO CREADOR DE GERMÁN ESPINOSA Por John Cobos
“Algún día no lejano – vaticinaba Baudelaire en alguno de sus ensayos – se comprenderá que toda literatura que se niegue a caminar fraternalmente entre la ciencia y la filosofía es una literatura homicida y suicida.” Baudelaire reafirma la convicción que obliga a todos los grandes escritores, desde Dante y Quevedo, a esbozar su pensamiento a través del ensayo literario, de no conformarse con la “mera” intuición. Lo anterior sirve para contextualizar la importancia que posee, en la literatura colombiana, la obra de Germán Espinosa. Posee los requisitos que reza Baudelaire para la supervivencia de la literatura: dotada de grandes ficciones y de grandes ensayos. Cada uno de estos ensayos nos va acercando a las lecturas y a los autores que más han fascinado las hondas horas de estudio de este grande escritor. De esta última afirmación, para que no se califique de ligera, es bueno aclarar dos cosas: la primera, que su generosa erudición, expuesta en varios de estos ensayos, nos permite descubrir autores y libros hasta entonces insospechados por muchos de nosotros – yo he conocido poetas como el persa Omar Khayyam, novelistas alemanes como Hoffmann, gracias a Espinosa –; y la segunda: la facilidad de estudiar la literatura universal como parte de nuestra tradición. Aparece en su imagen más nítida la figura de Borges, en el ensayo “Borges, el maestro de la crítica.” Espinosa lo aborda como el escritor que mejor ha cumplido el ideal de Flaubert, esto es, ser un perfecto hombre de letras: alguien que primero se forma con ahínco y decisión en la lectura, es decir, en la crítica, en el ensayo, para luego probar sus propios experimentos. “Borges fue antes critico que narrador. Cuando, después del accidente que le motivó una septicemia aguda, se resolvió a escribir narraciones fantásticas, sus juicios sobre Kafka se hallaban ya maduros y publicados (Tomo II, Pág. 118).” Borges pensaba que “la casi infinita literatura estaba en un hombre. Ese hom-

bre fué Carlyle, fue Johanes Becher, fué Whitman, fué Rafael Cansinos Asséns, fué De Quincey (Otras Inquisiciones, Pág. 23).” Ese hombre puede ser también Germán Espinosa. En estos Ensayos Completos hay múltiples temáticas del orden de la cultura universal, vistos con el perfil de un literato y de un colombiano. Ahora bien, demos paso a estudiar su obra ensayística. Agrupan estos dos tomos seis libros en total: La liebre en la luna, La aventura del lenguaje, Guillermo Valencia, Luis Carlos López, La elipse de la codorniz y El sueño ético en Atenas y otras prosas. Allí está clarísima su desbordada pasión por el género ensayístico, pues cuando surgió la propuesta de compilar sus ensayos – gracias a Leticia Bernal, entonces directora del Fondo Editorial EAFIT –, Espinosa pensó que muchas de sus novelas y cuentos podían también ser ensayos, así vistos también por algunos críticos. Pero el ensayo, aunque admite la ficción, no puede alcanzar el vuelo de un poema, ni de un cuento, ni de una novela, aunque ésta última esté llena de temas históricos y culturales, como El signo del pez. Por cierto, El sueño ético en Atenas y otras prosas es el único libro inédito de estos Ensayos Completos. Germán Espinosa cumple allí con el inevitable peregrinar de todo gran escritor hacia el mundo clásico. Empieza con una digresión sobre el pensamiento relativista de Protagóras, quien pone en tela de juicio nuestras verdades más aceptadas. Tal pensamiento relativista, “que inspira un miedo inconsciente”, apela al concepto de Heráclito: “nadie se baña dos veces en el mismo río; todo es fluido y cambiante”. La ética y la justicia son relativas, y así pueden llegar a ser falsas. Sin embargo, la humanidad no ha renunciado a ese sueño de Platón y Aristóteles según el cual haya una educación que incline al ser humano a desear sólo lo bueno y lo noble. El sueño ético en Atenas es un bosquejo por la filosofía clásica en busca de reivindicar las ideas de la virtud y del bien, sí, en una época ausente de tan imprescindibles valores. De hecho, este ensayo puede ser una forma eufemística para llamar la atención sobre el descarrilamiento de nuestra sociedad. El título parece ser, al cobrar tintes tan propios y candentes, un sueño ético moderno, el sueño ético en Colombia. Por lo demás, el padre del ensayo moderno, Montaigne, declaró que el ensayo no necesita tener pruebas, pese a que sostenga teorías inimaginables, pues de lo contrario podría verse como algo dogmático. Y el ensayo es libre como el pensamiento. De esta manera, que el lector encuentre compendiado en estos dos tomos de Ensayos Completos el pensamiento de un escritor librepensador; el bagaje intelectual de un colombiano que ha escrito obras maestras de la literatura universal.

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Fernando Londoño Hoyos Colección Debates Random House Mondadori Bogotá, 2004 La antigua retórica Por Juan Abreu Valencia

Con Licencia para hablar

Esta reseña no quiere meterse en los escabrosos asuntos políticos que el ex ministro discute. Ello es obra de las cortes y los tribunales, entre cuyos magistrados Londoño reconoce el valor de la magistrada Susana Buitrago Valencia. En esta reseña queremos sólo señalar cierto valor literario; cierta literatura aplicada a la política. Pero queremos llegar a tener la abstracción del formalista, ignorando los asuntos sobre los que habla el ex ministro Londoño. Es un ejercicio que debería hacer todo crítico literario, porque a veces la buena prosa se esconde, como en este caso, detrás de datos notariales, de escándalos, de personajes polémicos. Ignoremos, así, la carga política que contiene este libro. Prescindimos de izquierda y de derecha y aún del azaroso centro; nosotros a lo nuestro: a la crítica literaria. Y cuando lleguamos a esta abstracción formal, reconocemos cierto estilo literario, cierta retórica según la exigen los retóricos antiguos en este libro titulado Licencia para hablar. Quintiliano recomendaba lo siguiente para cumplir bien tal licencia: exordio o introducción al tema; exposición del caso; cierta divagación; pruebas y refutaciones; por último, una breve digresión. Insistimos que prescindimos del asunto, puesto que el libro no nos gustó por lo que decía, sino como lo decía. Si hay cantaleta, nos fijamos más bien en el tono empleado para cantaletear. No más. ¡Y qué buena prosa¡ Acaso el escándalo y la animadversión hacia el ex ministro Londoño procede, no de los temas que habla, sino del tono que usa para decirlos, por cierto, muy parecido al tono de Fernando Vallejo, hijos de Thomas Bernhard. Colombia: país de retóricos, no hay que olvidarlo. De aquí la importancia de conocer el estilo, la buena prosa, las fórmulas de la retórica, en suma, el arte de hablar y de escribir. Y conviene terminar aquí la reseña, que ya casi rozamos los asuntos de los cuales queremos prescindir.

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Reinvindicaciones y varios
En adelante, este espacio que abrimos se encargará del pasado literario, de homenajes elegíacos, etcétera. Se trata de no caer en lo esnob, reseñando solamente libros y autores “nuevos.” Porque no rechazamos a los recién venidos sino que, todavía más generosos, no desconocemos a los que han pasado. Sea, esta vez, el gran poeta Julio Flórez (Chiquinquirá, Boyacá; 1867-Usiacurí, Atlántico; 1923).

Poesías escogidas
Julio Flórez Edición de Harold Alvarado Tenorio. El Áncora Editores. Bogotá, 1994. Retoño de flórez Por Eloy Gamboa
Cuando Tomás Carrasquilla saludó a Julio Flórez, su pries de veras cosa del otro mundo. ¡En cuánto al modo cómo mera impresión fue la de no haber conocido a un hombre, sino recita no podré expresártelo! Bástate saber que le oí recitar a “la poesía en carne viva.” Para formarnos idea de lo que fue una poesía inédita titulada “Víctor Hugo”, y me dejó enferJulio Flórez, decía Carrasquilla, se necesita verlo, oírlo y tratarmo: toda la noche me la pasé viendo al hombre. ¡Qué estrofas! lo. En 1895, desde Bogotá, el novelista antioqueño le escribía ¡Qué arranques! La cara se le contraía como a un poseso y su a su mejor amigo Pacho Rendón la siguiente descripción del voz era por momentos como un acecido. ¡Sin duda, Pachito, poeta de las “Flores negras”. que el poeta de verás es un loco, un verdadero Las poesías “Tiene orejas violadas y unos ojos rasgados energúmeno! Pero, ¡ay!... ¡es cincelado vaso de con una pupila tan grande y de una negrura tan oro puro que sólo flores agostadas guarda! Es de Flórez, intensa, que se le forman focos de luz, como a recitadas desde un bohemio, un perdido, tormento de su pobre los ojos de las Dolorosas; también el pelo liso madre, y que vive una vida de iniquidades. Las hace ciento y un poco flotante requiebran los rayos solares mujeres diez años, nos nen. No dizque se mueren por él y lo mantiecomo en superficie charolada. En toda esa filas culpo.” influyan igual gura tan idealmente hermosa y tan varonil, hay Carrasquilla exagera, no por lo paisa, sino o más que el no sé que de triste y enfermizo que encanta por cierta homosexualidad. Y bien supo que último grito y ofusca al mismo tiempo. Viste siempre de Flórez, con todo su poder de seducción, no ponegro, traje muy humilde y aseado, corbata anvanguardista. día evitar la variabilidad lunar de las mujeres, y gosta y cuello tendido; nunca usa sombrero de sufría con el desamor o la infidelidad de ellas, copa sino de fieltro. Es muy moderado y silencioso, y su voz es como todos los hombres. Lo cual hizo intensísima su poesía. medio atragantada, a la vez que muy dulce. Toca violín con una A continuación esta joyita poética: expresión y un sentimiento que pone los nervios en rebullicio. “Después de los excesos / de aquella noche de pasión, mi Canta con tanta suavidad y con estilo tan particular, que eso sí amada, / tras los últimos besos, / tal vez rendida pero no sacia-

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“Después de los excesos de aquella noche de pasión, mi amada, tras los últimos besos, tal vez rendida pero no saciada – rojas como un incendio las mejillas –, hermosa, jadeante, apoyó su cabeza en mis rodillas, y se puso a pensar… ¡en otro amante!

da – rojas como un incendio las mejillas –, / hermosa, jadeante, / apoyó su cabeza en mis rodillas, / y se puso a pensar… ¡en otro amante! Y pensar que pseudocríticos reprochan dizque lo “cursi” de esta poesía; se creen absolutamente modernos. No. A la poesía de Flórez no le hacen falta innovaciones formales, vanguardias necias; es poesía, ante todo poesía, sólo poesía. Flórez, bohemio eterno y hasta inculto y mal hablado, se nutría de su propio talento. Leyó, acaso, algo del Siglo de Oro, algo de Bécquer y algo menos de Víctor Hugo. Y se ha creído que de haber leído Las flores del mal de Baudelaire, su poesía hubiera sido radicalmente distinta. Lo cierto es que el poeta boyacense – poeta si los hay – contempla la belleza, como Baudelaire, en lo mortuorio; se enfrenta con la estética, y a las niñas creídas les dice que su fugaz hermosura pronto será roída por los gusanos. Lástima que tuviera un tono romántico y no simbolista ... Pero ¿por qué necesitamos que sea de tal o cual escuela moderna para considerarlo bueno? Las marcas han hecho estragos en toda nuestra cultura. Desde la quinceañera anoréxica a quien por fin le sirvió el bluyín de moda, pasando por la mamá que dejó de comer para comprárselo, hasta el gran Julio Flórez – made in Boyacá –, negado y vilipendiado por no pertenecer

a un “ismo” moderno. Pero en el campo de la poesía los ismos son azarosos y meras convenciones; lo que importa son las personalidades creadoras. Cicerón dice que los mediocres sólo exaltan lo que pueden imitar. (De oratore, III). Y Flórez, a todas luces, parece inimitable. Nadie con su angustia de siglos, con esos aciertos filosóficos, verdad eterna al proferir: “Algo se muere en mí todos los días…” En la literatura no habrá innovación, por genial que se le suponga, suficientemente poderosa para impedir que el hombre vuelva alguna vez y muchas a las obras olvidadas e imperecederas. “No hay, en realidad – como dijo nuestro gran ensayista Carlos Arturo Torres, también boyacense –, un espíritu viejo y otro nuevo que, como conceptos absolutos, impongan aquí tradición y allá porvenir.” La mente humana es a la vez múltiple en sus formas, modificada y modelada por diversos estratos generacionales; su esencia parece una, y de aquí que las poesías de Flórez, recitadas desde hace ciento diez años, nos influyan igual o más que el último grito vanguardista. Esta verdad nos llevará a no rechazar a los recién venidos, y, lo que es todavía más generoso, oh Torres, a no desconocer a los que han pasado.

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Batracios – Lado A
13 Canciones 49:56 Bogotá, 2005 OYENDO BUENA FUSIÓN Por Sandra Reina Romera

Por Robert Max S.

Elegía a Gretel Wernher

La música de fusión (africana, europea, americana) hecha en nuestro hemisferio sufre bajones eminentes en algunas ocasiones: Luna Verde, Los ilegales, Mauricio Palo de Agua, Pescao Vivo., Lucas Arnau. En ritmos aparecen mezclas tan irrespetuosas e indeseables, tales como la cumbia argentina y el bullarengue colombiano. Los tiempos y los ambientes melódicos mejoran en otras ocasiones, y así apareció el Bloque de Búsqueda, La Provincia y Vives, Pernet and the Caribbean Ravers y Superlitio. La función viene en alza con bonanza, y aquí están de nuevo los Batracios con su nuevo disco Lado A, en el cual la fusión es digna de llevar el nombre. Allí dos guitarras, buenos vientos y líricas tendenciosas a la realidad nacional hacen que hacia el futuro esperemos canciones del corte de “Me negaron la visa”, “Volverte a ver”, “120 funky BeaTS” (versión electrónica), que desplacen el pesimismo, mientras nos anestesian como si oyéramos a los mismísimos dinosaurios.

Hoy no se puede evitar la palabra elegía, o por lo menos el esfuerzo por tratar de hacer de estas palabras un respetuoso y sentido homenaje. Porque, aunque estamos todos muy jóvenes aún y, como dice el cajón, “tenemos la vida por delante” la partida de una persona como Gretel pone en evidencia, aún ante los ojos de los primeros caminantes, aún ante los que no tuvimos la fortuna de haberla conocido mejor, que la vida es un acontecimiento pasajero y la muerte la absurda medida de todas las cosas: lo mismo da cobarde que valiente, desde el primer momento de la vida. Los que hemos encontrado algunas respuestas en la poesía tenemos la fortuna de afrontar el dolor de estar habituados a lidiar con la muerte. Sabemos por versos que estudiamos para las clases o que atesoramos para la vida que siempre huye lo que era firme, y solamente lo fugitivo permanece y dura;0 que el tiempo no nos deja ir a ninguna parte y que creer que hacemos un viaje es la más humana de todas las creencias; que los muertos nos hacen una falta sin fondo, que así pasa la vida como raro espejismo; que otro nombre para el destino es tristeza, que basta este ejemplo, basta el presente para sentir la muerte como royendo los talones. Acaso es por esta misma cercanía que sabemos que la memoria es una forma, La Forma, de la inmortalidad. Lo supo Aquiles cuando decidió morir en gloriosa guerra y no pasar sus días pastando tranquilo; lo supo Héctor cuando dejaba una viuda y un huérfano por hacerse a la guerra, y lo intuimos los que tratamos de hacer poesía: a pesar de que de entrada damos lo no venido por pasado y que no podamos responder que se hizo el rey don Juan o qué fue de tanto galán, dónde los esconde la muerte, la poesía ofrece un consuelo que, si pasajero, nos motiva a nosotros y a nuestra disciplina. Mientras que con cada paso en la vida real nos dirigimos a la muerte, la poesía escapa al orden natural de las cosas, se lo apropia, lo rehace y lo imprime en la memoria como futuros escalofríos en los lectores. De dos maneras vencemos nuestra propia condición temporal y angustiante: seguimos el ejemplo de los y las que hicieron de su vida algo digno de ser cantado y trabajamos con esfuerzo y humildad, de los que siempre tienen algo que aprender. Por lo cual, lo que hoy recitamos queremos que llegue a perdurar en la memoria y en el papel de los siglos.

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¿Puede la Literatura saltar el abismo entre los países de Asia?*
Por Kenzaburo Ōe Traducción de Jean Silver
En los trabajos de William Blake, la palabra <Japón> aparece según mis cuentas un total de seis veces; cada vez es usada para referirse sobre un territorio que está allende a Londres: “A través de Europa y de Asia y hacia Japón, como alumbrando.” ¿Aún está Japón tan lejos en nuestros días? Cierta mente está más lejos de lo que los productores japoneses de televisión creen, cuando mandan un grupo de reporteros a ver los restaurantes londinenses y los anticuarios. Y Japón está sin duda más lejos de Londres que lo que expresa la constreñida prosa de Kazuo Ishiguro. Así como un japonés que estuvo presente en el día VJ, varios años atrás yo sentí la distancia con gran entusiasmo. Es una distancia que emerge de la persistente desconfianza derivada de la falla de Japón por hacerse responsable de sus actos de agresión durante la Segunda Guerra Mundial. Japón no tiene una opción a mano sino hacer un esfuerzo motu propio para saltar el abismo. Dicho lo anterior, debo agregar que la distancia entre Japón y China, y entre China y Corea es, tal vez, mayor que la que hay entre Japón e Inglaterra. Después de Estocolmo (en 1994), la primera visita que pagué a una ciudad extranjera fue Seúl. En una ocasión, años atrás había tratado de ir a Seúl, pero se me negó la entrada, incluso con la visa requerida, y se me forzó a esperar tres horas difíciles antes de ser dejado libre para partir. Los hechos se debieron, tal vez, a mis actividades a favor del (KMD) Partido Democrático Coreano, más de veinte años antes. El computador en el aeropuerto de Seúl aparentemente tenía mejor memoria de la que tenía el de la embajada coreana en Japón. En una reciente conferencia conjunta de cristianos coreanos e intelectuales japoneses, tuve la oportunidad de conocer por primera vez escritores como Kim Chi Ha. Aunque nos veíamos por primera vez, yo ya conocía sus opiniones gracias al Partido Democrático Coreano. Después di una conferencia en Seúl donde escritores japoneses pudieron hablar directamente a ciudadanos coreanos, en lo que era a lo mejor un primer chance para hacerlo. Después de la lectura, alguien del público me pregunto: “Nosotros creemos que las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, las que frenaron el imperialismo japonés, fueron enviadas por la Providencia. ¿Por qué es usted crítico de la política de armas nucleares estadounidenses? ¿Tiene usted las agallas para ponerse enfrente de las aliviadas mujeres de la Segunda Guerra Mundial y luego seguir blando ante el trágico destino de las victimas de las bombas atómicas?” Yo respondí así: “Las victimas de las bombas atómicas no quieren ser usadas para relativizar los males de un país que cometió tantas atrocidades como la masacre de Nanjing o el trabajo forzoso de las aliviadas mujeres. Estos actos están en la misma posición que los chinos muertos y el sufrimiento de ancianas coreanas, al insistir que Japón sea responsable por la guerra. Para que este mal no se repita con la meta final de eliminar armamentos nucleares, ellos trabajan por la reducción de armas en todas las áreas. Yo también he participado en el movimiento con esos propósitos por más de treinta años.” Un anciano en el público estaba insatisfecho por mis respuestas y prosiguió a censurarme. Mientras tanto, muchas mujeres sentadas cerca le increparon diciendo que había dicho todo lo que podía, y comenzaron a hurgarlo por la espalda y de frente con las aceradas puntas de sus sombrillas. Me gustaría pensar que por lo menos he llegado a estar lo suficientemente cerca de los coreanos para ser criticado y defendido de esa manera. No puedo decir, sin embargo, que la literatura japonesa ha tenido el logro de llegar a la población coreana, aunque lo ha hecho mejor que la subcultura japonesa, la cual ha sido categóricamente rechazada por el gobierno coreano. La introducción de la literatura coreana en Japón también ha sido muy limitada. En los últimos años esfuerzos por organizar conferencias de escritores jóvenes conocidos entre Corea y Japón, constituyen un signo de bienvenida. Con todo, el esfuerzo no

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ha conseguido trascender a nuevas audiencias. El abismo entre los ciudadanos de Japón y China es aún mayor. Ningún escritor ha tenido un impacto en los japoneses tan forzado durante el tiempo de guerra y posguerra como Lu Xun. Su aguda crítica, sin embargo, nunca incitó a los intelectuales a urgir al gobierno a cambiar su política extranjera acerca de China. Esta fue, obviamente, la situación durante la guerra, pero también después. Desde hace cincuenta años que terminó la guerra no ha habido probablemente un escritor asiático tan querido por los lectores japoneses como el chino Lu Xun. Ahora, tantos años después, el intercambio comercial entre China y Japón ha mejorado, pero sospecho, incluso, que los intercambios culturales entre los dos países han retrocedido. Antes y durante la Revolución Cultural, y después de ésta, cuando la ideología estaba en la punta de la lanza, las cuestiones económicas recobraron preeminencia, la política ha dominado las relaciones Sino-Japonesas, teniendo bajo su control a la literatura. En 1960, durante las protestas contra el Tratado de Seguridad de Japón y Estados Unidos, viajé a Beijing con un grupo de escritores, siendo yo el más joven. Siendo también la facción avant-garde de los ciudadanos miembros del movimiento de protesta, se nos dio un trato especial e incluso fuimos a ver a Mao Zendong y Zhou Enlai. No obstante, sólo había reuniones de escritores en medio de un extremo abrigo político. Al verme con escritores independientes de espíritu crítico – Lao She y Zhao Shuli (dos que eran usualmente callados) pude relacionar a los escritores de allí con Lu Xun. Hoy, hay una gran interacción entre escritores de las dos naciones, pero entre el grupo de amanuenses enviados a Tokio en representación de China, no hay uno solo que alce la voz en favor de los derechos humanos para que se implementen en su país, no hay oportunidades para que escritores japoneses que viajan a Beijing interactúen con jóvenes. Los escritores críticos que llevan la tradición de Zheng Yi, desertaron hacia Estados Unidos. En la visita a China en los años sesenta, con las heridas infligidas por el ejército japonés a ciudadanos chinos recientes, no podíamos hacer nada sino agachar nuestras cabezas con gran pena. Para nosotros, en aquel entonces, nada podía impulsarnos tanto como oír lo siguiente: “Aunque odiamos el imperialismo japonés, no odiamos a los japoneses”. Sin embargo, dentro del gesto conciliatorio hecho con la venia gubernamental, uno no podría evitar sentir un profundo odio equivalente al del común de la gente, un odio que sólo la literatura puede investigar. Ahora hay signos crecientes de la memoria y la des-

confianza china, puesto que no han disculpado a japoneses por las atrocidades cometidas en la guerra, que alimentan la disputa por las islas Senkaku. ¿Dentro de los signos, se ve alguna esperanza de que pueda darse una reconciliación espontánea entre los dos países? A pesar de que la literatura debe servir para mediar una conciliación, ésta todavía no circula con libertad. ¿No es acaso la distancia entre Japón, China y Corea tan grande como siempre? Si los japoneses desean alcanzar una meta clara mientras el próximo siglo se acerca, se sabe que aquello sólo pasará si Japón adopta una perspectiva orientada a esforzarse en cooperar y conciliar con otro piases asiáticos. Si miramos la limitad actividad de los escritores cabe preguntar: ¿está siendo realizado el esfuerzo? Actualmente los medios impresos japoneses son los más libres de toda Asia; sin embargo, en los pasados dos o tres años ha aflorado un fenómeno: los críticos literarios – que siempre han tenido un papel extraño en los medios –, ahora los críticos sociales, políticos y académicos mantienen una cautelosa actitud hacia asuntos domésticos. Son los críticos literarios jóvenes quienes están liberando ballons de’ essai, globos de prueba. No es porque tengan un conocimiento especifico en estos temas ni tampoco pueden reclamar tener experiencias relevantes. Hablan, eso sí, sobre todo tipo de hechos de actualidad. Mientras la democracia de la posguerra comienza a perder su fuerza junto con la superficie de la tendencia reaccionaria, los ballons de’ essai son lanzados con más y más frecuencia. Esta crítica es escéptico de la reforma democrática e insiste en la inanidad del periodo de contrición nacional después de la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial. Los globos de prueba lanzados hoy por jóvenes críticos literarios son especialmente nacionalistas. Cuando lleguen a afectar en debates políticos y sociales de especialistas y sean confirmados por especialistas de la academia desde sus inicios - donde los jóvenes críticos literarios han sido su títeres -, sus ideas serán tomadas como propias de la opinión del pueblo japonés en general. Yo me encuentro preocupado de que en los siguientes lustros estos neonacionalistas lleguen a ocupar una posición central en los círculos de la crítica japonesa. Recientemente, Masao Maruyama, un preeminente historiador del pensamiento japonés, murió. Era reconocido incluso en los círculos académicos de Occidente por sus cualidades intelectuales y humanas; factor que prueba el obituario escrito por el profesor Ronald Doer de la Universidad de Londres. Maruyama inspeccionó por qué muchos estudiosos y espe-

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cialistas del Japón de la preguerra y del tiempo entre guerra, no pudieron prevenir la elevación del imperialismo japonés opuesto a la modernización y a la guerra, a pesar de contar con un alto nivel de excelencia y capacidades. Él encontró que los especialistas japonenses estaban saturados ante la respuesta recia de desarrollar una vía de comunicación con otros en un lenguaje común. Entonces, Maruyama vislumbró y trabajó por una sociedad de posguerra en que intelectuales japoneses pudieran comunicarse entre ellos. La sociedad de la posguerra fue testigo de la constreñida sensación de muchos intelectuales ante su falta de resistencia antes y luego de la guerra. En palabras de Maruyama, ellos formaron una “comunidad de arrepentidos” y trabajaron por el establecimiento del sistema democrático en Japón, al tiempo que lo hacían para lograr una buena recepción de las mentes japonesas. Es difícil saber si tal visión ha sido realizada ya. Yo, que he dedicado mi vida por la democracia en la era de la posguerra, debo reconocer la situación. Sin embargo, es de dominio público que en la época de posguerra aquellos intelectuales arrepentidos trataron de crear un lenguaje común que trascendiera sus propias áreas de especialización. Con el préstamo de la imaginación propia enraizada en su lenguaje, buscaron un mejor futuro para Japón. En el corazón de este intento estaba el deseo de una reconciliación con el resto de Asia. No es difícil comprender por qué el neonacionalismo centró sus ataques en las ideas finales de Maruyama. La desconfianza y el contento hasta el odio por las ideas impulsadas por Maruyama continuaron divulgándose entre veternos y críticos de la política, entre otros expertos. Así pues, los globos de prueba cumplieron su cometido. Mi preocupación estriba ahora en que tal actitud se extienda por todo Japón y se afirme entre los japoneses con un sentido fuerte de aislamiento del resto del mundo. El lenguaje usado hoy por los neonacionalistas para difundir su lógica (o ilógica) es de diferente naturaleza a lo hecho por Maruyama. El lenguaje de éste último fue concebido para ser un lenguaje común entre intelectuales japoneses, para dignificar al japonés, abierto al mundo. Los nuevos críticos se retiran de manera intelectual y lingüística del piso roto por Maruyama. La sacrificada “comunidad de arrepentidos”, que hizo tanto, no está siendo emulada por la nueva generación. Además, este pueblo se está encerrando así de Asia y del resto del mundo. No aspira a tener un lenguaje universal. Si los neonacionalistas triunfan en dominar los medios japoneses, entonces los políticos conservadores (sin contar los rezagos del partido comunista, aparte de la distinción entre los miem-

bros progresistas que subsisten, cuestión que sigue siendo legitima) que han esperado este día junto a los burócratas y lideres industriales, no tardarán mucho en mostrar su colores nacionalistas, dentro y fuera del país. ¿No llevara esto a Japón a ser otra vez el país mas alejado de Occidente en el planeta? Actualmente, me encuentro inquieto por la situación domestica japonesa y la comunidad asiática internacional. La verdad de la utilidad de mi trabajo realizado en literatura a favor de la causa ha sido puesta en duda. Esto es tan certero como la búsqueda de un caballero investido con una figura triste. Y no se han encontrado en la literatura predicamentos iguales desde Cervantes. Adjunto a mi producción literaria, planeo establecer un seminario regular que involucre escritores asiáticos. Aunque esto contradice la cara pesimista que he puesto hasta el momento, sé de investigadores japoneses actuales que han perfeccionado el chino, el coreano e incluso algunas lenguas de Filipinas. Con la cooperación de estos academicistas jóvenes, quiero promover la discusión en el seminario en las lenguas respectivas a la literatura de cada país. Si se agrega que se use el inglés como lengua franca en el seminario, ello encenderá los esfuerzos individuales para profundizar en el tácito entendimiento. Por supuesto que la participación de los países occidentales será bienvenida. En un clase en la Universidad de Princeton noté que la participación activa de los estudiantes asiáticos bilingües dio gran aliento al seminario. En la preparación del seminario propuse la isla de Okinawa en la región Sur del archipiélago de Japón. En vez de una reconsideración del tratado de seguridad entre Estados Unidos y Japón, el gobierno japonés ha prometido pagar a Okinawa una suma considerable de dinero como compensación del pesado y largo trabajo de acomodar una base militar norteamericana. Con esto, será posible hacer de Okinawa el espacio donde tenga lugar el seminario, que se hará para mejorar las futuras relaciones entre lo países asiáticos. *Cortesía de World Literature Today Magazine.

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ARTEFACTOS

Repercusiones afortunadas
Por Luis Fernando Charry

Hace un tiempo escribí una columna sobre Memorias de mis putas tristes. Por esas cosas del azar (y que en algunos circuitos periodísticos se conoce mejor como censura) la columna nunca fue publicada. Mejor así: era una columna muy floja, donde abundaba la palabra PUTAS, en mayúscula, como aparece en esta columna. Aparte de la reiterativa mención a la palabra putas, la columna se burlada de los periodistas que usaban esa palabra para titular sus artículos, con el auspicio de la publicación de García Márquez. En resumen, la columna era una basura. Claro que esto no quiere decir que la basura deba entrar en la marea de la censura. Si así fuera, las páginas de casi todos los medios escritos de Colombia (cuya calidad es sorprendentemente limitada) saldrían en blanco, en un afectuoso gesto de censura nacional. En esta ocasión no vamos a hablar de la censura. Pero sí vamos a hablar de García Márquez. O mejor dicho: de Memorias de mis putas tristes. Esta semana, al principio de esta semana, leí en alguna parte que el libro en cuestión no se podría sacar en préstamo de las bibliotecas públicas. Esta mañana, sin embargo, leo una cosa bien distinta: que el libro sí lo podrán tomar en préstamo los pobres lectores de bibliotecas públicas. Que todo ha sido una mala interpretación, que no se puede

privar a los lectores del acceso a la lectura y que todo (esto lo dijo la apoderada de García Márquez) tal vez se deba a un malentendido que ha surgido “por la redacción de la nota legal de la página 6”. Curioso: la redacción de esas ‘notas legales’ no debe ser una tarea fácil. Pero para eso las editoriales se ufanan de tener un séquito de abogados (en su mayoría casi tan temibles como cualquier delincuente) que puede solucionar estos inconvenientes. En fin, un error lo puede cometer cualquiera. Y si ese error tiene repercusión (o sea, si Memorias de mis putas tristes continúa leyéndose o, lo que tal vez sea peor, vendiéndose) entonces supongo que se deberá correr un tupido velo, y asunto olvidado. Tengo que decir que no he leído el último libro de García Márquez. Tengo que decir que no lo voy a leer todavía. Tal vez en setenta años, si mi salud sigue tan vigorosa como hasta ahora, me anime a leerlo. Las personas que sí lo han leído, y en cuyo criterio confío, me han dicho que el libro es fundamentalmente una porquería. En setenta años ignoro si volveremos a tocar el tema.

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Entrevista a Antonio Lobo Antunes
Hace algunas semanas la editorial Random House Mondadori sacó al mercado el último libro del novelista portugués Antonio Lobo Antunes, titulado Segundo Libro de Crónicas. A su paso por Colombia, hace poco menos de un año, el escritor portugués conversó con nosotros sobre su concepción de la novela y sobre su habitual percepción del tiempo. Por Juan Manuel Mogollón
Lobo Antunes nació en Lisboa en 1942. Desde muy niño adquirió una tenaz pasión por la escritura. A sus trece años ya había escrito lo que él llamaba sus “obras completas”, que, entusiasmado, mostró a su madre. Ella lo impulsó, diciendole: “Esto no vale nada, estudia y hazte médico, porque de escritor no vas a llegar a nada”. Y así lo hizo: estudió medicina. Pero, contrario a los pronósticos de su madre, terminó por convertirse en uno de los escritores más importantes de este siglo. A sus 28 años fue reclutado por el ejército portugués para la guerra de Angola. Allí leyó a distintos autores latinoamericanos del Boom, aprendió que “el tiempo es sólo un eterno presente que avanza y lo abarca todo”, y quedó estupefacto ante la visión de las veinte mil hectáreas de girasoles que cubrían los campos de Baixa do Cassanje. Por eso en Buenas tardes a las cosas de aquí abajo, su novela, que trata a fondo el tema de la guerra de Angola, habla más de girasoles que de muerte. A su regreso en 1973 estalló la revolución de los claveles. Fueron momentos de gran entusiasmo que el escritor compartió con su amigo y también ideólogo de la insurrección Ernesto Melo Antunes. Se especializó en psiquiatría porque era menos exigente que la cirugía. Allá, en el hospital psiquiátrico, aprendió su primera lección de teoría literaria de un esquizofrénico que le dijo: “¿Sabe usted? El mundo empezó a ser hecho por detrás”. En adelante, Antunes escribe sus libros desde atrás para no dejar ver la carpintería de la obra, para esconder, quizás, el reverso del escenario. Aunque su éxito le permitió dedicarse por completo a su oficio de escritor, no ha dejado nunca de ir todas las mañanas a escribir en el pabellón psiquiátrico del Hospital de Lisboa. Allí lo saludan y reconocen sus antiguos pacientes. Incluso lo consideran como uno más de ellos. En 1979, tras la muerte de su primera mujer, publicó Memoria del elefante, pero, a pesar de la brillantez de su prosa y de la sensibilidad que en ella se expresa, pasó casi desapercibida por la crítica. Sin embargo, meses después, se fue a la playa con sus hijas y a su vuelta había vendido 200.000 ejemplares. Luego vino En el culo del mundo, una novela que fue traducida a varios idiomas y que le valió el reconocimiento de la crítica internacional. Pero el verdadero éxito le vino con Fado alejandrino. Con esta novela la crítica se volcó, dice Antunes. No obstante, sus dudas persistían hasta el punto que llegó a comentarle con verdadera inquietud a su amigo y agente, Tom, lo siguiente: “Usted está perdiendo el dinero conmigo. Nadie nos quiere. Es mejor dejarlo.” A lo que él respondió sin titubear: “No, usted va a conquistar el mundo”. Le siguieron Manual de inquisidores, Conocimiento del infierno, Esplendor de Portugal, Exhortación a los cocodrilos y No entres tan deprisa en esta noche oscura. Para entonces ya se había convertido en un autor de culto internacional y se hablaba del nacimiento de la nueva novela polifónica. Entre sus mejores novelas, por la densidad sobrecogedora de su prosa y por la compleja estructura formal en que se soportan, se cuentan El orden natural de las cosas, Tratado de las pasiones del alma y La muerte de Carlos Gardel, una trilogía sobre la muerte, la violencia y el dolor. En el 2004 publicó con Mondadori Buenas tardes a las cosas de aquí abajo, una novela que explota al máximo los recursos narrativos que el escritor venía proponiendo desde la aparición de su

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COLUMNAS

Y de eso se trata la escritura. Cuando escribes caminas con una alegría muy grande sin saber a dónde vas. Y de repente, sin que lo pienses, todo se queda claro como en una revelación. Y tal vez escribir sea eso: la única manera en que un hombre se puede poner de pié en las patas traseras y proyectar una sombra grande. J.M.M: Usted ha caracterizado la escritura como un estado entre la fatiga y la ensoñación. ¿Son estos dos estados de animó distintos, dos procesos diferentes? A.L.A: Sí, por supuesto. Cuando escribes tienes que dejar fluir la escritura. Pero después, para revisar, tienes que estar muy despierto y muy atento. Yo siempre he dicho que tienes que ser implacable con tu trabajo, porque Juan Manuel Mogollón: A menudo todo buen escritor lo que se publica es un cuarto, un quinto del original, no dice que su compromiso es con la literatura y que todo aquello más. Nunca quedas contento con el resultado final de tu que venga después es suplementario. ¿Lleva ese compromiso trabajo. Sufres mucho, pero al mismo tiempo, escribir es un lado ético para Lobo Antunes? Antonio Lobo Atunes: Cuando escribes tienes que una alegría inmensa. encontrar a cada esquina la sorpresa de la prosa. Tienes J.M.M: El tiempo parece ser una de sus constantes preque sorprenderte a ti misocupaciones. ¿Cómo es su permo y sorprender al lector, cepción habitual del tiempo? porque tú eres el primero Cuando escribes caminas con una A.L.A: Eso lo aprendí alegría muy grande sin saber a en quedarte sorprendido de África en donde no hay con lo que haces. Y es que dónde vas. Y de repente, sin que lo pasado ni futuro, solo un un libro camina siempre por pienses, todo se queda claro como eterno presente que avanacciones imprevistas que no za y que lo abarca todo. El en una revelación. habías pensado. Un libro, pasado y el futuro están cuando es bueno, es un ortambién contenidos en el ganismo vivo, independiente, con sus propias leyes. Y presente. Es como cuando tú piensas, como cuando las eso es una cuestión de atención. Una delicadeza de atencosas te asaltan y te dejan. Y eso es lo que yo hago en mis ción - digámoslo así - para hacer tu libro; de tener un novelas. sentido ético del trabajo, de la escritura y aún mucho más J.M.M: Cada novela suya parece un nuevo reto, como si importante de la vida. usted tuviera un afán de perfeccioanmiento. ¿A que obedece? J.M.M: Sabemos que usted tiene una actividad literaria freA.L.A: Tiene que ver con la exigencia de tu trabajo. Tienes que ser implacable cuando escribes. Tienes que nética, adictiva. Sabemos también que toda novela representa hacer lo mejor que puedes porque, por más que trabapara usted un trabajo arduo y un enorme placer. ¿De dónde le proviene esa disciplina tan rígida, hay detrás de ello algo más jes una novela, nunca quedará perfecta. Siempre tengo que el amor por la escritura? la sensación, antes de escribir un libro, de que no voy a A.L.A: De tu vida pero principalmente de tu trabajo. poder escribirlo. Solo así inicio una novela. Porque esPorque escribir es un trabajo como cualquier otro. Hay cribir es no llegar nunca. Y eso te lleva siempre a querer que desmitificar la idea del escritor como un hombre suempezar una nueva novela. perior. La única diferencia está en que escribir es un trabajo que te toma todo. Por la felicidad de la escritura, por la armonía de las palabras, por la felicidad de las expresiones, por la infinita delicadeza de la mano - porque tienes que tener la mano muy delicada para escribir -. primera novela. Con sus crónicas, que escribe en la mañana del primer domingo de cada mes y que aparecen en publicaciones periódicas de todo el mundo, Antunes nos acerca a su Lisboa natal, a su infancia y a sus preocupaciones como escritor, las cuales son la mejor forma para acercarnos a un autor que, como él mismo lo afirma, se ha propuesto “cambiar el arte de la novela”. Después de mucho batallar, el escritor, fatigado por el viaje y por sus múltiples compromisos, me concedió unos minutos para hablar con él. Claro, esto no hubiera sido posible a no ser por la insistencia de Angela León.

COLUMNAS
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Noticia del Valle: El clítoris de la luna

Por Jaime Adolfo Núñez (Juglar de Cali)
Siguiendo el precepto religioso de Baudelaire de permanecer siempre embriagados de vino, de poesía, de soledad, de amor, de erotismo…, frecuentábamos la noche, una de esas noches en que la luna parece un escudo de plata y la lluvia ha fatigado las aceras. Baco y las musas habían sido deliciosamente pródigos con todos. El poeta había salido a caminar y la luna estaba allí; su reflejo voluptuoso sobre el charco, y el poeta ebrio de versos y de vino tropezó, cayó; su rostro pleno dio sobre ella. De pronto notó que le hacía un guiño y otro de los bardos escuchó un leve gemido. Habíamos besado enamorados el clítoris de la luna. Desde entonces nos consagramos a la luna, a la noche y sus misterios. Nos sometimos a su tiranía exquisita, los viernes que es, sin duda, el día favorito de Afrodita. Embebidos de nuestros cantos y rapsodas, descubriendo el vértigo demoníaco de palabras, creando y destruyendo esfínteres metafóricos. Inventando universos demenciales. La cofradía casquivana y sublime Concupiscente y beoda Alucinante y delictiva Sacra y profana De Ángeles caídos la componen: Aredna (Puta mística) Jacobo Buey del aire (De los retruécanos de la retórica y la ontica) Osare lared (Tejedor de palindrómicos rigores) Yaco (Cadáver de estéticas sublimes, decepciones) Johann Estepario (Blasfemador de inconsecuencias y desasosiego) Anticristhian (Eyector de citas Bibliográficas) Emiaj Zeñun (Ubicuo fugitivo de encuentros cenizosos) Wolfgang Gerardovitch (Artífice de dísticos sonrientes) Si hierve el vino en tus venas, Si gustas de lo trágico del verso y el sádico placer de la palabra, Orgías de noches y de lunas, Esas húmedas jornadas de extenuación y de gloria, Altar de la naturaleza. Si eres el traidor de la canalla. ¡Escríbenos…! Y en efecto, algunos ensayos nos han llegado; la academia nos ha aplaudido con lágrimas y rubores. -)La degradación del héroe épico en “rata de dos patas” de Lolita la del Barrio (Ensayo Bajtiniano) - ) De las afinidades en Teresa de Jesús y el Divino Mar qués. - ) Ensayo en torno a la humedad en el marques de Sade. - ) Lectura estructuralista a partir de los géneros del discurso de Tzetan Todorov en cinco reggeatones y una milonga. - ) Análisis Freudiano en torno al deseo en la relación Borges-Bepo (su gato). El viernes último del mes fuimos al Cinerama a ver una película de Robert Altman, salimos como a las seis; la calle estaba mojada y llena de avisos de colores parpadeando en el brillante espejo del asfalto y ese cielo tan intensamente azul ultramarino, como si el imperio de la noche aún no hubiera instalado su

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COSECHA LITERARIA

güevoncito desadista; baulado de estiércol de hace ocho días; jalále al respetico con la raza que vos tenés muchísimo que aprender y de pronto te toca a golpes. Discriminá a tu sombra que la tenés renegrida. ¿Tenés vello púbico mono o qué? Criollo vergonzante que te comés el sancocho a escondidas; desfasao.”

tinglado de estrellas. Llovía todavía. Miriam se puso su impermeable rojo, Rocco su pulóver del Liceo Márquez de Sade. Irma como una torcacita mojada por la lluvia afrontaba el fragor de los autos con menudos pasitos y los hombros desnudos tiritando de frío. Le di mi suéter mientras una ráfaga me estremecía el espinazo. Fuimos a conversar luego y a tomar café, pero el viejo del «Buey sobre el tejado» nos hizo mala cara cuando vio el escudo del Liceo en mi suéter azul y en el pulóver oscuro del italiano. Nos mudamos entonces al café Pushkin, donde unos universitarios estaban armando gresca. Irma había dejado caer su cabeza sobre mi pecho; tenía fiebre y estaba cansada; a duras penas podíamos hablar por el ruido de los billares y la algarabía de las botellas trasteadas por un muchacho negro. Rocco se sintió molesto cuando el mesero se acercó muy servicial a nuestra mesa. Y exhibiendo un racismo que no le conocía empezó a protestar midiendo interjecciones cada vez más agresivas. Me ha dicho que comencemos la trifulca; ellas se opusieron al unísono, que no; pero si los negros son el eslabón perdido – gritó Rocco enfurecido – que nos atienda un mesero blanco, por favor. - ¡Uy no! – se fastidió Miriam con Rocco - pithecántropus erectus; ¿es que acabás de llegar del Mississipi que venís a dártelas de blanco, protestante, anglosajón? Mírate la nariz de chibcha, el perfil grecoquimbaya, deja la pendejada que ya estás como grandecito para no reconocer tu porcentaje de genoma afroamericano. - V’este man tan picado. Y vos que le hacés cuarto y le das cuerda ni te me acerqués – me amenazó Irma como una pantera enfurecida –.

Luego la arremetió contra Rocco: “Andate pa Gringolandia pa que te discriminen los negros por latino, mafioso, te creés muy cosmopolita o qué, siciliano de mentiras; mirá que estás es en Cali, güevoncito desadista; baulado de estiércol de hace ocho días; jalále al respetico con la raza que vos tenés muchísimo que aprender y de pronto te toca a golpes. Discriminá a tu sombra que la tenés renegrida. ¿Tenés vello púbico mono o qué? Criollo vergonzante que te comés el sancocho a escondidas; desfasao.” Con semejante vaciada tocó tocar alarma e ir desfilando hacia otras landas, cambiar de página, de software, de narrador: Roco quiso protestar ante las muchachas pero la tempestad no amainaba. “Hominicaco de siete cuartos, mermále al fárrago discriminatorio si no querés salir lesionado o terminar parapléjico o de blanco pobre sirviendo en bar de negros, te falta mucha experiencia, ¿oís?” Irma la Dulce se cambió de mesa, Miriam se puso a conversar con un morocho bembón y éste par de güevones nos perdimos en un bar de mala muerte por ahí en la quince con quinta, en un erotódromo barato con putas robóticas y sexo virtual. Ya se me acabaron las monedas. ¿Tenés cambio de un billete de veinte? Emiaj Zeñun del Clítoris de la Luna.

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Siluetas Literarias
La silicona y el maquillaje embellecen, pero no tanto como la inteligencia. Detrás de toda estética hay pensamiento. Se engaña quien lo ignore. He aquí la belleza y la inteligencia; he aquí el verbo hecho carne; he aquí siluetas literarias.

Escritoras Jovenes
MARÍA ANTONIA GARCÍA DE LA TORRE. Es rubia. Arma revistas y fiestas. María Antonia caída de la torre, parodiando su nombre, nació en Bogotá en 1981. Estudió Literatura en la Universidad de los Andes, donde hizo su tesis sobre Italo Calvino. Ha publicado en la revista Lateral de Barcelona, en el Malpensante, y ahora en ésta, en La Movida. Su texto es una crónica sobre la prostitución, escrita al calor de Cartagena de Indias. LAURA TORRES. “Gitana”, la llaman. La dama de los cabellos ardientes la llamaría Porfirio, porque hechiza. Su signo es Aries; su elemento, Fuego. Nació el 13 de abril en la brumosa Bogotá de 1984. Canta como Dido; tiene ya su propio grupo musical: “Laura Torres y su banda.” Y también escribe, tanto, que tiene una novela inédita. Cursa Literatura en Uniandes. Y en este cuento, “Lo que será”, hay perversidad, crítica, melancolía.

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COSECHA LITERARIA (Siluetas Literarias)

Por María Antonia García De La Torre
-Una hora, por favor, - dijo el hombre con un acento marcado. –Está bien, son cinco mil pesos. De la billetera salen dos dólares, el equivalente de lo que debe pagar en moneda local, pero Aroma sale perdiendo. Saca una toalla, un jabón chiquito y un preservativo del armario y se los entrega. - ¿Qué habitación es? - dice el hombre mientras coge de la mano a la muchacha –. Es la 15, vengan se las muestro –. Aroma sale de la recepción y se dirige hacia la habitación, al otro lado del patio interior de la casa. La pareja la sigue, él con pecas en la cara, ella, con un color carbón en los muslos y en todo su cuerpo. El hombre entra apenas se abre la puerta y se sienta en la cama, comprueba que los resortes estén en orden. El colchón no tiene resortes, es más bien duro y la cama es en realidad una base de ladrillos y cemento resanada y pintada del mismo color azul pálido de las paredes. – No importa, está bien. Sonia, ven para acá y cierra la puerta, - dice mientras la jovencita de unos dieciséis años obedece. Antes de cerrar le dice a la administradora que le traiga otra toalla porque, por si no se dio cuenta, no son uno sino dos. La mira desde sus entaconados uno ochenta de estatura y Aroma le sonríe como quien ya está acostumbrado a que los huéspedes la confundan con un animalito que come, duerme en función de las necesidades ajenas, nunca de las propias. Por eso no le importa que la niñita le hable con altanería y procura servirla como es debido. Desde el piso de abajo se escucha al patrón llamándola con un grito. El jefe necesita hablar con Aroma, y si el jefe quiere hablar con ella, pues tiene que abandonarlo todo, si tuviera que ir al baño, no iría, si estuviera al teléfono con su tía enferma al otro lado del auricular, colgaría. En este caso el jefe la llamaba, y ella salió despavorida escaleras abajo mientras Sonia cerraba la puerta donde la esperaba ese italiano fofo de dientes amarillosos. La casona sobre la calle de la Iglesia tiene un letrero que la identifica como Hotel. Diagonal se encuentra un café, famoso en la cuadra por despertar a los vecinos con reggaetón de madrugada. Al fondo, dice la gente, parece que instalaron un modesto escenario de streap tease. En el hotel de Aroma se alojan turistas por cortas estadías, pero también se alquilan habitaciones por meses e incluso años. Algunos de los huéspe-

Hotel Central

des son inquilinos, y es costumbre que llegue tarde Luis, el que toca guitarra en la plaza de Santo Domingo y Marta Cecilia. Otros lo usan como escampadero, para el desfogue de amores reprimidos. Mientras la pareja permanece en la 15, llega Luis, ensayando acordes desde antes de entrar al hotel. Su habitación, la 9, da contra la calle y la puerta siempre está abierta. Los pantalones en el piso y las medias sucias sobre la cama se ven desde afuera: sólo una tela sucia, puesta a manera de cortina, separa su nicho de la mirada de cualquiera que se esté registrando en el hotel. La habitación de Marta Cecilia, en cambio, queda en el fondo del patio, cerca de las escaleras que llevan al piso de arriba. Ambos son inquilinos permanentes y cada uno vive, a su manera, del turismo. Ella vive con su marido, de 23 años, y su hija, de un año y dos meses. Un único bombillo ilumina el baño y la habitación, divididos por un muro de dos metros de alto. Sobre la mesa ponen todo lo que no debe ir en el piso, pañales, un cepillo de pelo, una pestañina, el tetero. En su cartera carga siempre una caja de seis preservativos, pero no los utiliza con su marido. Entonces se hace evidente que cada mes tienen dinero para sostener a su hija y para pagar la habitación, por los paseos nocturnos de Marta. - ¿Por qué será que los italianos tienen todos esos dientes como amarillos, será que no se los lavan? Si tienen con qué, ¿por qué no se pagan un dentista de esos que le trabajan a los famosos, que les dejan la sonrisa perfectica, por qué? ¿O será que eso vale mucha plata por allá?, - se pregunta Sonia llena de curiosidad y sigue indagando mientras le mira la boca al italiano. Siguen en la habitación 15 y en breve pasará la hora que pagaron por adelantado. Aroma se pasa varias veces al lado de la ventana, como queriendo ver algo por la ventana entreabierta. –Yo a veces me voy a la 17 y la abro como si no supiera que hay una parejita y les digo que qué pena, que pensé que no había nadie y que iba a limpiar la pieza, ¡y a veces se ve cada cosa!, - dice, con un aire de coquetería y mece su pelo recién oscurecido “para la temporada”. Marta Cecilia sale cada noche con una minifalda negra stretch y una camiseta de esqueleto. A veces se pone los aretes que usó el día que se casó con César en Montería, pero Aroma le dijo que era de mal agüero y por profanar objetos sagrados podía irle mal con algún turista. Ella lo hace para atraer un jubilado, no sobrevivirá mucho tiempo con eso, pero al menos cubre los gastos básicos de manutención de su nueva familia. Por lo pronto, esa es la única manera en la que podrá vivir en Cartagena, vender su cuerpo por una billetera llena de euros. Que se

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los den todos, no está escrito, de hecho maneja las tarifas más bajas de la zona por trabajar de manera independiente. Sonia recoge las prendas que cayeron desordenadas al piso. Luego salen de la habitación y ella sonríe al pensar en los dólares extra que recibió esa tarde. Pronto habría de regresar a su puesto de trabajo como mesera en la plaza de Santo Domingo. En su delantal suele guardar algunos papelitos con su nombre y teléfono, de manera que, si algún abogado noruego o acaso un odontólogo portugués se cansan de ir de allá para acá por las mismas cuatro calles del centro histórico, ya tienen la tibieza de un cuerpo acanelado o color carbón a un tiro de piedra. A cada tarjeta decide chantarle un beso con pintalabios rouge passion, para que cada sociólogo italiano con la coronilla destechada o cada surfista australiano piense que es una tarjeta con algún tipo de bonus. Así ha recibido llamadas “- me gustó ese besito que me dejaste en la tarjeta, ese besito sólo para mí -”, y quedan tranquilos cuando ella los seduce, como si fueran los únicos, como si fuera su primera vez. Una noche se le ocurrió la estrategia misteriosa, y le dijo a Bicho, el niño que vende pulseras de la bandera de Colombia, que le llevara la tarjeta a un señor cuyas facciones delataban una proveniencia primermundista. Bicho fue, pero no supo decirle cuál era la mesera, cuál de todas las que saludaban, era Sonia Miranda. No pudo descubrirla, porque en ese momento, todos, meseros y meseras, empezaron a saludar al extranjero – como suelen hacer para atraer clientes - y de pronto vio a una niñita que estaba bailando mapalé, diagonal a ellos. Se le hizo una presa más apetitosa y desvió su atención hacia la niña que agitaba su cuerpo delgado en perpetua convulsión. La falda de hojas secas de palma brincaba frenética y las largas extensiones de pelo rubias, en esa piel color carbón, trataban de seguirle el paso a la niña. Todavía muy niña para bailar en esa plaza a las once de la noche, todavía demasiado mujer para dejarse convencer por su mamá de que lo bueno es que lo extranjeros estén con uno, para que luego se encariñen y se lo lleven a uno bien lejos, allá donde no hay que coger tres buses para volver a casa, donde no hay casas de lata, ni calles polvorientas hediendo a basura en descomposición. Por eso la madre la peina cada noche y le perdona la lavada de los trastos si trae algo de plata a la casa. La vida continúa, las vacaciones se acaban y ellas lavan su piel del olor amargo de tantos cuerpos. Se pasan por los brazos y por las piernas un jabón azul y cuentan los días para que vuelva la temporada de euros en este Caribe, siempre acogedor.

Lo que será
Por Laura Torres
Las nauseas la invadieron por completo obligándola a abandonar la mesa en la que cenaban. Todos los invitados permanecieron sentados mientras se desvanecía el taconeo de Lucero en la niebla espesa de cigarrillo que habían esparcido en el camino a la mesa. La intensidad del olor hizo que las nauseas se tornaran agudas. Cruzó una biblioteca colmada de libros con apariencia añeja, comprados con el único propósito de decorar el espacio. La República, El Quijote, La divina comedia, La poética, Romeo y Julieta, Antología de poemas de Quevedo y La Biblia, entre otros, eran los libros que decoraban la biblioteca más impecable de toda la ciudad. Varios muebles de cuero traídos de Inglaterra, lámparas de cobre compradas en los viajes a Paris y una chimenea de gas que simulaba calentar, componían la atmósfera del salón. Cuando Lucero atravesó la biblioteca, pasando saliva salada para no estropear todas las finuras, llegó a un piano de cola con vetas color marrón que disponía de un metrónomo y partituras que hacían creer que en la casa alguien lo tocaba con frecuencia. A la derecha estaba la puerta del baño. Ella cogió la chapa y empujó la puerta para lanzarse a la taza. Vomitó el “sushi” que acababa de ingerir, triturado por sus muelas esmaltadas. Apretó su vientre para eructar los vestigios de un sabor exquisito, y sintió como si una masa de comida se revolcara entre sus manos. La pestilencia del vómito le causó más nauseas; entonces, jalando la perilla de cristal, bajó el agua. Se levantó más liviana pero demasiado agitada. Después de suspirar, sintió alivio, dio dos pasos y se paró frente al lavamanos. La fragancia que desprendía el jabón la forzó a lavarse. Abrió la llave y puso en contacto sus manos de muñeca con el agua helada. Tomó el jabón con el dedo índice y el pulgar de la mano derecha y lo remojó. Éste expidió un olor a rosas tan repugnante que sintió como si proviniera de los millares de flores del papel de colgadura que la envolvían. Detuvo la acción, y luego de secarse las manos con una toalla bordada en crochet que se hallaba colgada a su izquierda, salió del baño y volvió frente al piano. Se sintió serena. Deshizo sus pasos; con la mirada, siguió los canales de madera que desembocaban en el comedor. Esta vez no atravesó la niebla que, por sus cualidad gaseosa, se había difundido en el aire que embotellaba el salón. El comedor tenía doce puestos; sólo seis estaban ocupados. Lucero se sentó en la única silla va-

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cía al lado poblado de la mesa y se dispuso a visualizar con los oídos el desarrollo de la cena. Los techos eran altos y estaban sostenidos con enormes vigas de ébano, de donde colgaba una lámpara con pequeños retazos de cristal que caían como gotas de agua iluminadas por el sol. Los cubiertos y la vajilla de plata hacían un sutil combinado con las copas de cristal embriagadas de vino blanco para acompañar el banquete. Lucero oía retales de conversaciones entre los visitantes. - ¡Imagínate que anoche, a las cuatro de la mañana comenzamos a oír gritos como de gallos y vacas en la calle! - Detesto que se vaya la luz… - Algunos de mis pacientes se comportan como animales salvajes. Es un comportamiento masoquista… - Yo también… - El hijo del presidente se había quedado dormido en el apartamento de la novia, en el piso de abajo… - Nada funciona: el teléfono, la tele, el horno, la ducha… - Y vinieron a buscarlo… - Yo hice un doctorado… - Yo también detesto que no haya electricidad… - A mi esposita no la dejé terminar el bachillerato… - ¿Quienes? - ¿Y por qué? - Los guardaespaldas, que eran los que hacían como animales… - Pues, como no va a ejercer sino como ama de casa para qué envejecer estudiando… Lucero alzó la mirada para reconocer las distintas voces que parloteaban. Vio las máscaras de las tres mujeres queriendo ocultar sus arrugas planchadas y sus párpados caídos. Vio la peluca del psicoanalista y las canas tinturadas del banquero cejón. Miró al dueño de la casa, que estaba sentado a su lado derecho, en la cabecera: el doctor. Un hombre arrugado que para hablar, sacaba el pecho, metía la quijada y subía el volumen hasta casi gritar. Al sonreír mostraba unos dientes blanqueados y al reír revelaba todas sus podridas muelas con calzas de oro. Se encontró inmersa en su interior oyendo las carcajadas a lo lejos y reparando en las risas ficticias, cuando todos callaron para darle la palabra al psicoanalista que le daba golpecitos a una copa con el tenedor para llamar la atención. - Entonces qué va a ser el bebé- le preguntó al dueño de la casa. - No sé. Lo único que espero es que si es niña no se dedique a la putería…- Todos los allí presentes explotaron con risas perversas. - ¿Cierto muñeca?- le dijo el hombre a Lucero manoseando su vientre. - Sí - respondió ella cabizbaja.

II Encuentro Nacional de Estudiantes de Literatura. Abril 28, 29 y 30
Los estudiantes de Literatura y áreas afines, en suma, la juventud literaria de Colombia se va a reunir en la cosmpolita Bogotá, con miras a celebrar el II Encuentro Nacional de Estudiantes de Literatura. Lo llevan a cabo la Red Nacional de Estudiantes de Literatura y Afines (REDNEL) en el marco de la Feria Internacional del Libro, unas de las más importantes de Latinoamérica. Y aún se espera la participación de ciertos estudiantes mexicanos y españoles. En el II ENEL se leerán ponencias en torno a diversos aspectos. La presentación será la siguiente: Jueves 28 de abril. Discurso inaugural: Sebastián Pineda. Mesa de presentación: Dra. María Luisa Ortega, directora departamento Universidad de los Andes; Dra. Blanco Inés Gómez, directora Literatura Universidad Javeriana; Dr. Jorge Rojas, director Literatura Universidad Nacional de Colombia. Presentación Rednel: Sergio Díaz Luna-Saúl Gómez Mantilla. Efemérides de Literatura Universal: - Cabrera Infante: Lillyam González. U. Javeriana - Paul Valéry: Jaime Morales, U. de Cartagena. - Itala Calvino: Diana Cárdenas, U. Tecnológica de Pereira. María Antonia García de la Torre, Uniandes. Sábado 30 de abril. Poesía colombiana: - Lo local y lo universal en la poesía indígena: Selen Arango, Universidad de Antioquia. -De sobremesa de Silva: Rafael H. Castro, Uniandes. -Eduardo Cote Lamus: Enrique Guerrero, P. U. J. -Jorge Isaacs: Manuel Alejandro Molina, Univalle. Nuevos tendencias: Sistema de información de literatura colombiana (SILC): Ana María Isaza, Universidad de Antioquia.

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AGENDA RedNel

I Bienal Nacional de Ensayo Joaquín García Borrerol

Escribe y celebra los primeros cien años del Dpto. del Huila. 1ª Podrán concursar autores nacionales con obras escritas en español, rigurosamente inéditas, que no se hayan presentado a otro premio y cuyos derechos no hayan sido cedidos a ningún editor del país. Los ensayos estribarán en un aspecto o la totalidad de la realidad del Huila (en su Centenario) o la región surcolombiana, entendida esta como proyecto en construcción. 2ª los trabajos presentados a concurso deberán tener un mínimo de 30 páginas y un máximo de 50, a doble espacio, escritas en letra número 12 Times New Roman. 3ª Los trabajos deberán presentarse por triplicado y en la portada del manuscrito se hará constar el título de la obra. Se adjuntará, en sobre cerrado, el nombre del autor, fotocopia de la cédula de ciudadanía, dirección y teléfono, así como un breve currículum. 4ª Los textos deberán remitirse a: I Bienal Nacional de Ensayo Joaquín García Borrero Universidad Surcolombiana Oficina de Relaciones Nacionales e Internacionales Avenida Pastrana Borrero Cra. 1 Neiva - Huila 5ª El plazo de admisión de originales finalizará el 15 de junio de 2005, fecha de celebración del Centenario del Departamento del Huila. Se aceptarán los envíos que, con fecha postal dentro del término de la convocatoria, lleguen más tarde.

6ª Se entregarán tres premios repartidos así: 1er Lugar: Cinco millones de pesos 2do Lugar: cuatro millones de pesos 3er Lugar: Tres millones de pesos. 7ª Los premios serán entregados en ceremonia especial, con presencia del Consejo Superior y el Consejo Académico de la Universidad Surcolombiana. La Universidad publicará un libro con los diez trabajos finalistas (incluidos los tres ganadores) que hayan sido exaltados por su calidad literaria y su pertinencia cultural. 8ª El jurado estará conformado por tres nombres acreditados del ensayo en el ámbito nacional. 9ª El anuncio del fallo del premio tendrá lugar en el auditorio Olga Tonny Vidales, de la Universidad Surcolombiana, el día 27 de agosto de 2005. 10ª Los organizadores no mantendrán correspondencia con los participantes y los trabajos que no se premien no serán devueltos. Estarán disponibles en la Oficina de Relaciones Internacionales de la Universidad Surcolombiana hasta veinte días después del fallo del jurado, al término de los cuales serán destruidos. 11ª La participación en este premio implica la total aceptación de las bases

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AGENDA RedNel

Advertencias del Quijote a la modernidad
Divagación en homenaje de Don Quijote y José Ortega y Gasset (1883-1955)
“Mal haya la filosofía que viene de Alemania, que viene de Inglaterra, o que viene de Francia, si ella viene a quitar y no a dar. Sepamos que muchas de esas flamantes cosas importadas yacen, entre polillas, en ancianos infolios españoles.” Rubén Darío, Prólogo a El Canto errante.

Por Sebastián Pineda Buitrago
“España, España, Dios mío, ¿qué es España?”, se preguntaba José Ortega y Gasset en 1914, cuando ya al antiguo Imperio español no le quedaba ni una islita en el Caribe. Lo dice en su libro Meditaciones del Quijote, que es tal vez el texto crítico que rompe con las falsas interpretaciones del libro de Cervantes. Para Ortega y Gasset, de quien celebramos cincuenta años de fallecido, Don Quijote no debe significar una apología a la estupidez ni al fracaso, sino una advertencia contra aquella modernidad que se cifra en destruir todo lo anterior. Y véase cómo Don Quijote no renuncia a la imaginación, al pasado caballeresco, a los héroes griegos, a su tradición cristiana. Mientras los demás personajes clásicos de otras literaturas, Hamlet en la inglesa, Fausto en la alemana, son aristócratas que desean imponer a toda costa sus ambiciones, Don Quijote es un clásico que anhela regresar, precisamente, a su mundo clásico. Ortega y Gasset observa cómo la literatura es el mejor camino para entender a los pueblos, no porque representen a la sociedad de su tiempo, sino porque se dirigen a todos los seres humanos desde sus humildes rincones, desde la polvorienta meseta de Castilla. Don Quijote, un epíteto de la literatura, es la expresión más completa del hombre. No es rey, ni príncipe, ni soldado, ni aristócrata, ni obrero; es un espejismo de todos los humanos; anda todavía vivo, como fantasma, vagando penosamente por las esferas siderales. Ortega insiste en que Don Quijote es el moderno y no los que se burlan de él. En La rebelión de las masas alude a algo parecido: “Lo civilizado es el mundo, pero su habitante no lo es.” En La deshumanización del arte señala que un libro “sólo es bueno en la medida en que nos trae un diálogo latente, en que sentimos que el autor sabe imaginar concretamente a su lector y éste percibe una mano que quiere acariciarlo – o bien, muy cortésmente – darle un puñetazo.” Y con Don Quijote sucede esto: nos dan ganas de consolarlo en sus derrotas, de acompañarlo en sus gestas y hasta de golpearlo por tantas idioteces. Don Quijote encarna el título de un libro de Nietzsche – no su filosofía –: Humano, demasiado humano. Porque nadie más imperfecto que Don Quijote. ¡Qué capacidad de amar! ¡Qué conocimiento de sus propios defectos e incapacidades! “En Norteamérica se dice: ser diferente es ser indecente.” Y Don Quijote, a todas luces para los hispanoamericanos, no es alguien indecente, sino nuestro héroe, ese que se sabe imperfecto, enclenque, que frecuenta posadas, fondas de arrieros, y es todavía capaz de conversar sobre las cosas más elevadas del espíritu. A veces nuestros grandes clásicos son eso: Borges es capaz de sentarse con los compadritos del Sur, con los cuchilleros, a la par que con Alfonso Reyes, con Shakespeare, con Dante, con Carlyle. Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo. Aristócrata es el que se exige más que los demás. Y ese fue Don Quijote.

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