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Carlos Perez Siglo XXI

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Profile of Carlos Perez in Siglo XXI
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2. Flaminia Villagrán, electrónica alternativa 3. Domingo Peneleu expone en El Túnel 4. Luis Cardoza y Aragón, Obra Poética 5.

Julio Serrano Echeverría, Fractal 9. La política literaria de Czeslaw Milosz 10. Oswaldo Chinchilla, el arqueólogo del antiguo Cotzumalguapa

Carlos Pérez

Pintar para no volverse loco 6.7.

Magacín 6

SIGLO.21 DOMINGO 19 DE JUNIO DE 2011

Carlos Pérez
Pintar para no volverse loco
Ciudad de Guatemala, 9 a.m. / Austria, Viena, 5 p.m. Una pantalla de computadora marca la distancia entre una periodista y un pintor, ambos guatemaltecos. Del lado del trópico yo hago las preguntas y por el lado europeo, el artista responde con voz tímida, pero cómoda tras el anonimato que otorga Skype. No activa el video, sólo deja ver la foto de un joven que se esconde detrás de una máscara folclórica de mono. Su nombre sí es claro: Carlos Pérez. Este primer acercamiento con Carlos está alimentado por escasas referencias que tienen que ver con su obra, sus exposiciones más recientes en China, Alemania y Brasil y con una ambigua alusión a su “pasado violento”. De eso, indago poco. Quiero que me lo diga él. Pero no lo hace. Fue muy mala idea empezar la entrevista con ese tema. Entonces, hablamos de lo más reciente: su residencia en Austria. ¿Cómo llegó a aquel país y por qué lo eligió para formarse profesionalmente? Carlos me cuenta que a finales de 2001 llega a Viena para preparar su portafolio e inscribirse en la Academia de Bellas Artes, en la Licenciatura en Arte. Sin saber el idioma, ni tener la certeza de que lo aceptarían, se lanza del otro lado del charco. Financia su viaje con los ahorros que había ganado, ilustrando libros para niños en la sede guatemalteca del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Tuvo que trabajar durante un par de años para realizar obras de arte que pudieran convencer a los profesores de la Academia de su talento. Por eso es que hasta en el año 2004 es aceptado. Ingresa con una beca en la clase de los artistas Erwin Bohatsch y Walter Obholzer, maestros austriacos de la pintura abstracta. En 2009 su trabajo de graduación recibió mención honorífica. Eso significa que tiene 10 años de vivir en Viena y desde entonces, sobrevive de su arte, de lo que los coleccionistas pagan por sus obras. “Estoy contento porque tengo representantes en Alemania, Brasil, Guatemala y espero que muy pronto aquí en Austria y en otros países”, me cuenta. “Quien te representa es una galería. Ellos te buscan a ti porque les gusta tu trabajo. Si promocionan bien tus cuadros, ellos ganan un porcentaje contigo”, me explica con orgullo. Cuando le pregunto cuánto cuesta un cuadro suyo, no sabe responderme. “Tendría que preguntarle a mis representantes”, me dice entre risas. Pero llegar hasta este nivel no fue fácil para Carlos. No sólo se vio obligado a aprender de inmediato un idioma totalmente desconocido, sino también a acoplarse a una nueva cultura, y además, tuvo que romper paradigmas. “Yo era como algo exótico para los europeos y eso no me gustaba. Lo exótico es un cliché que se debería eliminar en muchos artistas latinoamericanos. Si caes en ese hoyo profundo, luego te cuesta salir”, revela. Por eso es comprensible que en los primeros años de su estancia en aquella ciudad, tuviera dentro de sí una revolución de emociones. “Cuando empecé a estudiar me puse un poco loco, afectado psicológicamente”, cuenta. “Yo venía de Guatemala con tantas cosas encima y llegar aquí y enfrentarme con esto fue muy fuerte. Si yo no fuera artista y no pudiera sacar esas emociones, esa energía en mi obra, hace mucho tiempo estaría loco, hubiera perdido la cordura”, confiesa. A las obras que Carlos pintaba en Guatemala, él las describe como “muy realistas”, pero al enfrentarse a Europa, cuenta que se volvieron abstractas, emocionales. “Este es años de edad y entrar en esa tercera década le preocupa un poco. Le tiene miedo a la vejez porque no quiere ser aburrido ni gruñón, pero especialmente no quiere que la gente se olvide de él. “Es una lástima que nadie conozca mi trabajo en Guatemala”, reclama. Atento a todo Cuando le pregunto qué es lo que más le gusta de Viena, me describe a una ciudad que le da acceso a todo lo que necesita, muy activa culturalmente. Disfruta esa manera ordenada que tienen los austriacos de llevar la vida, pero sobre todo, valora mucho la tranquilidad con la que se moviliza en ella. “Aquí no te preocupas por nada. En Guatemala yo viví una época muy fuerte. Necesitaba empezar de nuevo, por eso este viaje fue muy importante para mí”. En este momento encuentro de nuevo la oportunidad para preguntarle acerca de su pasado, pero sólo me deja con una frase: “Yo conocí la violencia en Guatemala, de primera mano”. Días después de mi conversación electrónica con Carlos contacto a la fotógraafa estadounidense Donna De Cesare, quien lo conoció durante su adolescencia, mientras fotografiaba a varios jóvenes y sus contextos violentos, como parte de una beca del Open Society Institute de la Fundación Soros, en Nueva York. “Mi interés en su caso tenía que ver con el entorno de la juventud maya viviendo en las zonas urbanas y aldeas alrededor de la ciudad. Muchos eran hijos de padres desplazados por la guerra, que experimentaban con otras identidades en un ambiente de inseguridad callejera”, me cuenta. Según su relato, Donna quedó impresionada con el “talento bruto” del joven cuando lo conoció, pero también con su amor al arte y el compromiso con su palabra. “De entre todos los jóvenes con quienes yo he entablado una relación como artista –bien sean porque son protagonistas de las historias que yo fotografiaba o porque eran alumnos míos−, él fue desde el primer día un joven que estuvo atento a todo. Cuando teníamos que reunirnos, yo siempre fui puntual, pero Carlos se adelantaba y siempre estaba esperándome. Es algo que parece mínimo, pero yo lo entendí como una señal de su responsabilidad con el arte y su deseo por sobresalir”, recuerda. En su sitio web Destiny’s Children (www. destinyschildren.org) Donna hace un recorrido fotográfico por la vida de este artista guatemalteco. Es hasta entonces cuando lo comprendo todo. Carlos nació en Magdalena, Milpas Altas (Sacatepéquez), junto a ocho hermanos. Su madre, al enfrentar problemas con el temperamento agresivo de su padre, lo envía a un orfanato en una iglesia de San Pe-

Este artista guatemalteco ha destacado en las galerías internacionales con su propuesta, escribe Wendy García Ortiz.

PROYECTOS
En agosto, Carlos tendrá una exposición individual en Río de Janeiro, Brasil y está invitado a participar en una colectiva en Berlín. Para 2012 tiene invitaciones para hacer algunas residencias. El artista también ha expuesto recientemente en China y Alemania. Visite su página www. carlosperez.at.

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un mundo completamente diferente y eso me hizo enfrentarme a mí mismo, además de a un público nuevo”, explica. En sus cuadros tematiza mucho a los animales: monos que están fumando, monos comiendo, monos peleando y al mismo tiempo, seres humanos que están en las mismas situaciones. “Siempre dije que el ser humano es más animal que el animal si no, no sucederían tantas cosas desastrosas en el mundo”. Afortunadamente, las clases en la Academia fueron aplacando poco a poco su estado emocional. De manera instintiva fue mezclando esos dos mundos que lo invadían, y lo canalizaba en su trabajo. También le ayudó el hecho de realizar talleres artísticos con niños y jóvenes austriacos, pues tanto en Guatemala como allá, no dejó de preocuparse por las nuevas generaciones. “Son quienes nos enseñan que hay cosas que se pueden cambiar. Hacen lo que quieren, sin pensarlo mucho, y eso me gusta”, me aclaró. Dentro de dos meses, Carlos cumplirá 30

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7 Magacín

dro Jocopilas, Quiché. Él tenía 11 años de edad. No pudo asistir a la escuela, pues se encontraba en una zona altamente peligrosa en la que Carlos fue testigo de cómo varios hombres con pasamontañas asesinaron al director. Mientras crece, en su adolescencia, decide regresar con su madre para ayudarle en el cuidado de la milpa, pero también se involucra activamente con la Mara 18. Esta etapa lo marcaría para siempre. Se puede notar en las fotografías el contraste de su acercamiento con esa figura materna y la violencia de la pandilla. En ese contexto lo conoce Donna, por lo que puede asegurarme con toda franqueza que Carlos desarrolló su arte con múltiples carencias: falta de materiales, falta de espacios para mostrar sus obras, falta de oportunidades de ser destacado. “Aparte de tener muchos desafíos por las barreras que le imponía el racismo y clasismo, en el hogar tenía mucho amor, pero también muchas necesidades. Sin embargo, Carlos se mantuvo casi siempre optimista y persistente”, me cuenta. Es así como Carlos llega a la Escuela Nacional de Artes Plásticas, en la capital, en donde empieza a sentir que por fin se encontró a sí mismo. También se le puede observar en las imágenes, mientras pinta algunos de sus cuadros. Lamentablemente, tiempo después, a la mamá de Carlos le arrebata la vida un cáncer en la matriz. Este hecho lo deja muy afectado. Por eso, Donna le sugirió que buscara oportunidades para estudiar en México, dada la tradición de arte fortísima en aquel país y la facilidad de hablar el mismo idioma. Pero Carlos, por otros conocidos que hizo durante su trabajo en el PNUD, se enteró de que Austria quería apoyar a estudiantes centroamericanos. Entonces, optó por irse a aprender un nuevo idioma y buscar influencias muy distintas al entorno en el que creció. “Una persona pasiva frente a los desafíos que Carlos enfrentó, nunca podría lograr lo que él ha logrado”, me dice la estadounidense, con orgullo. También recurrí a la fotógrafa guatemalteca Andrea Aragón, pues con el tiempo se ha convertido en una buena amiga de Carlos. En su primer encuentro con él, lo describe como “un chavito absolutamente inocente, ilusionado con ser artista. Trabajaba en la mesa de su casa, sobre un piso de tierra y bajo una única bombilla cuando toda su familia se había dormido”, me cuenta conmovida. Por eso, Andrea se maravilló cuando observó la obra de este artista. En ella encontró todo ese dolor vivido, una reflexión sobre la familia y la añoranza por su madre. (Días después, Carlos me lo confirmaría en un correo electrónico “mi madre está siempre presente en mis obras”). “Es un luchador; yo lo admiro por poder cambiar su historia, por reinventarse. Todo lo ha hecho solo. Aprovechó las oportunidades que le dieron y participó en actividades que lo hicieron crecer en su carrera. Donna le dio el empujón, es cierto, pero él voló porque ya traía alas”, concluye su amiga.
T. Wendy García Ortiz wngarciao@gmail.com F. Cortesía de Claudia Rockstroh y Donna De Cesare

Copyright © Donna de Cesare 2009. Todos los derechos reservados F. Claudia Rockstroh

Para conocer más acerca del artista lea el PDF especial de la entrevista.

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