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Resumen - Terrence Mc Donald (1996)

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Terrence J.

Mc Donald (1996) THE HISTORICAL TURN IN THE HUMAN SCIENCES Introducción
Un aspecto distintivo de la época intelectual actual es un giro hacia la “historia” en las humanidades y en las ciencias sociales en América. Signos de una transformación perceptible en la aparición del “nuevo historicismo” en la teoría legal y literaria, renovado interés en “historia en filosofía”, “nuevo institucionalismo” orientado históricamente, etc. Transformación “histórica” en tres sentidos: 1) cambio de época contra la ciencia de la sociedad; 2) cambio contencioso y no bien definido hacia la historia como pasado, presente, contexto y así sucesivamente, pero no como disciplina; 3) renovadas investigaciones en la construcción en la historia de investigadores y discursos disciplinarios. Este giro histórico parece haberse originado primeramente dentro de diferentes campos, y parece continuar bajo diferentes nombres, hacia diferentes destinos y contra diferentes oposiciones. Enfoques que aíslan las disciplinas entre sí o dejan la profesión de la historia misma totalmente afuera, y que minimizan el desafío que el giro histórico presenta al modo en que las ciencias humanas se desarrollan. Objetivo: mirada más exhaustiva a estas similitudes (en la forma en que las disciplinas han llegado a la historia). La filtración de la historia fuera de su contenedor disciplinario ha permitido el desarrollo de nuevos modelos para su práctica al tiempo que sus viejos y nuevos practicantes la han sometido a desafíos teóricos provenientes de la teoría social crítica, de la crítica literaria y de proyectos interdisciplinarios más nuevos: estudios feministas y estudios culturales. Historia: término con significados múltiples, tomado por razones diferentes por disciplinas diferentes. Intento de delimitar el terreno de nuevas iniciativas dentro del historicismo. Informe histórico breve sobre el crecimiento de este nuevo interés en la historia. Aunque el trabajo histórico de ningún modo se había detenido durante las décadas de 1950 y 1960, voces como la de C. Wright Mills (La imaginación sociológica, 1959) se destacaron debido a una variedad de desarrollos aparentemente dispares que tuvieron lugar en los Estados Unidos y que parecieron sumarse a una declaración del “fin de la historia”: “fin de la ideología”, y el final del combate histórico. La consolidación de teorías estructurales funcionales y teorías políticas pluralistas le dio credibilidad a una visión del proceso histórico como algo en busca de equilibrio eficiente y teleológico. El problema con estos enfoques es que crearon efectos no históricos, involuntariamente en la mayoría de los casos. Efectos reforzados por otro desarrollo que fue antihistórico y que fue la consolidación de una larga campaña para rehacer las ciencias sociales a imagen de las ciencias naturales, debido a que las ciencias sociales habían “nacido” en la historia, era inevitable que sus nuevas versiones dentro de un marco científico fueran descriptas como “no históricas”, mientras que al mismo tiempo el status de la ciencia legitimaría las afirmaciones de que esta nueva ciencia social era “transhistórica” (aplicable a todos los tiempos y lugares). Desarrollos influenciados por la conjunción entre el poder americano y la fuerza económica, el surgimiento de la seguridad nacional y el estado de bienestar social con sus necesidades de investigación e información, etc. Generación de eruditos que puede o no haberse interesado por la historia, aunque ni estuvo ajena a la misma, tal como lo demuestran las décadas de 1960 y 1970 con el movimiento por los derechos civiles, Vietnam, el “redescubrimiento” de la pobreza, revelaron a la vez la incapacidad de las teorías de obtención de status y consenso de la abundancia, y de la modernización para explicar los hechos actuales. Los movimientos sociales que surgieron en respuesta a estos hechos y los movimientos paralelos por los derechos de las mujeres y otros, reubicaron a la agencia y a la historia nuevamente en la agenda. El giro histórico contemporáneo es en parte una respuesta a estas manifestaciones del poder de la historia tal como es reflejado en estos movimientos y hechos. Pero sería erróneo limitar este conjunto de desarrollos a cualquier lista de determinantes institucionales y políticos que minimizan la forma en que los hechos históricos interactuaron con la historiografía y la teoría. Una amplia corriente de nuevas historiografías fluyó a partir de estos hechos y a través de fronteras disciplinarias. Y ellos interactuaron dialécticamente con teorías sociales antifuncionales. Al tiempo que estos desarrollos le dieron mayor importancia a la acción y al agente, sin embargo, las teorías críticas de la subjetividad atacaron el concepto del sujeto burgués unitario como el principal actor de la historia. La teoría posestructural afectó no sólo la teoría de estructura, sino también la de agencia. La aparición de una nueva historia y sociología de la ciencia y de la ciencia social que ha transformado al analista social también, de la voz de la ciencia anónima y omnisciente al actor identificado y contextualizado en la historia. Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, concepto de paradigma y de la lucha por su centralidad como la guía para la ciencia “normal”. Problemas que afectan a la práctica histórica de hoy y a las perspectivas de una ciencia humana más enmarcada en la historia para el futuro. Marcado interés por la historia que no ha sido acompañado por una profunda “reflexión sería acerca de la historia misma”. Al mismo tiempo, la apropiación de la historia por parte de otras disciplinas ha sido similar a la tan criticada “adopción” de teoría de otras disciplinas por los historiadores. La metáfora de la adopción es parte esencial de toda una serie de distinciones entre la historia y otras prácticas que han sido claves para construir y mantener las fronteras entre las disciplinas.

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No debería sorprender que las ciencias sociales habiendo “nacido” en la historia, trataran cada vez más de distinguirse de ésta al enfatizar teoría y método en los años posteriores a la década del 30. Durante la década del 50 los historiadores se volcaron hacia las ciencias sociales para protegerse del relativismo, construyendo su rol subordinado a la ciencia social. Al mismo tiempo, al mantener una imagen de la historia como una mera fuente de “hechos”, los científicos sociales se protegían a si mismos de los efectos corrosivos de la conciencia histórica. Cruce de fronteras que recalca la función disciplinaria e ideológica del mantenimiento de fronteras y en cambio enfatiza una notable convergencia de marcos teóricos y agendas analíticas en las disciplinas involucradas en el giro histórico. Convergencia que es una respuesta no sólo al giro histórico, sino una clase de respuesta al desarrollo más generalizado de este período, llamado “cambio antireduccionista”. Desafío multidimensional a las ciencias sociales “normales” se refiere tanto a la teoría como a la práctica. Este movimiento teórico es, sin embargo, marcadamente ecléctico, aunque el giro histórico se esté produciendo simultáneamente con otros “cambios”, no es de ningún modo idéntico a ellos. Es precisamente el compromiso con la teoría lo que elimina el deseo de estos autores de regresar a la historia como una narrativa no teórica o de abandonar la búsqueda de una explicación. El concepto de historia que comparten es más bien un proceso historizante que un “lugar”, el “pasado”. Este proceso requiere del conocimiento de que el pasado se construye y por lo tanto requiere de la constante generación de preguntas acerca de cómo algo llegó a ser. El propósito de esta postura es un actor totalmente contextualizado, entendido como algo construido social y culturalmente, enclavado en la matriz de las relaciones locales de poder y conflicto pero también totalmente capaz de actuar dentro de dicho contexto. Sewell: individuo que vivirá en un pasado “lleno de acontecimientos”. Por lo tanto el concepto de análisis históricamente conscientes, reconstruyendo actores históricos completamente contextualizados y representándolos en una narrativa teóricamente sofisticada que atiende múltiples causas y efectos constituye el eje central de la visión del giro histórico. Existe una ambivalencia acerca de cuán lejos y cuán rápido se debe abordar este camino. [Terrence J. Mc Donald, The Historical Turn in the Human Sciences, University of Michigan, 1996 (traducción de la cátedra)]

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