Un Nuevo caminar: guardar la unidad Serie: Vasos de Honra Efesios 4:1 6 Comunidad Cristiana de El Limón Pastor Mario Enrique López

L. 12 de junio de 2011. Buenos días tengan todos y todas. Continuamos en esta mañana con nuestra serie: Vasos de honra, creciendo en la santidad. Ya hemos revisado el concepto de la santificación y la semana pasada vimos tres actitudes que necesitamos para caminar en santidad. En esta mañana vamos a otro asunto práctico en el cual necesitamos crecer y que refleja también nuestra santidad y es en nuestra manera de vivir como cuerpo de Cristo. Para esto vamos a revisar la enseñanza del Apóstol Pablo a los Efesios en el capítulo 4, del 1 al 6. Estos versículos muestran la preocupación principal de Pablo cuando escribió la carta: lograr la unidad de la iglesia en Éfeso. Resolver la tensión entre miembros judíos y no judíos era el reto principal de las iglesias del primer siglo, porque su mentalidad, estilo de vida y normas de conducta eran muy distintos. Cada grupo se sentía superior al otro y sus prejuicios y odio brotaban después de siglos de vivir aislados entre sí. Por eso, Pablo insistía en que todos los creyentes, de cualquier trasfondo, disfrutan de la misma posición espiritual y celestial. Sin la gracia de Dios, nadie puede recibir el perdón. Pablo enseñó que la muerte de Cristo destruyó las barreras que separaban a los seres humanos. En el cap. 1 oró pidiendo que todos comprendieran estas verdades y en el cap. 3 pidió a Dios que aprendieran todas las dimensiones del amor de Cristo para que Dios fuera glorificado a través de la unidad. Los caps. 3 6 señalan los deberes de la congregación y de sus miembros. Todos los temas afectan las relaciones entre las personas y al inicio, el apóstol exhorta a unidad en forma por demás directa. Me parece que en la actualidad también necesitamos esta enseñanza porque mantener la unidad en el cuerpo y vivir en unidad nos ayuda en nuestra santificación y además da honra a Dios. El tema de hoy lo hemos titulado: Un nuevo caminar, guardar la santidad. ¿Qué necesitamos hacer para guardar la unidad? 1. Tener la disposición de obedecer el mandato de Dios (Apelación a la unidad 4:1) 1 Yo, pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados: Este versículo es conmovedor por varias razones. El verbo rogar es una exhortación más amistosa que autoritaria. Pablo apela a los sentimientos más puros, la lógica y la lealtad. Él buscaba la obediencia de los efesios basada en el amor y gracia de Dios así como en su propio ejemplo. Es conmovedor por la persona que hace la exhortación, Pablo fundó esa iglesia y ahora estaba padeciendo. Pero él no pedía que obedecieran sólo por simpatía, sino porque él estaba sufriendo precisamente para que los gentiles se unieran con los judíos en el cuerpo de Cristo. Lo dijo en 3:1 y 13. Los judíos eran los causantes de su prisión, porque él predicaba el evangelio de la gracia de Dios a los no judíos. Si el apóstol Pablo aceptaba sufrir las penas de la prisión, era para que los gentiles fueran salvos. Entonces, ellos también debían hacer los sacrificios necesarios para que hubiera paz y armonía en la congregación. Además, el versículo impacta al lector por lo que Pablo ha enseñado en los caps. 1 3. Pablo dice pues, porque es lógico lo que pide. El apóstol apela a la vocación , misma que se refiere a los privilegios eternos de que goza el creyente por estar en Cristo (1:3). Son miembros de la nueva comunidad (2:15 16) y judíos y gentiles juntos componen la morada de Dios en el mundo (2:22). Todo esto es su nueva vocación. Ahora debían caminar día en día siendo dignos de todo esto. Dignos lleva la idea de un objeto de igual peso que otro. La conducta debe ser de igual peso que las

bendiciones y privilegios que tienen los creyentes. Las relaciones entre los cristianos deben reflejar la realidad de que Dios reconcilió a los hombres los unos con los otros. 2. Cultivar las virtudes que fomentan la unidad 4:2 3 2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor; 3 procurando mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz: El centro de los vv. 1 6 es una lista de cualidades personales y responsabilidades que fomentan las buenas relaciones. La armonía entre los cristianos se logra gracias a ciertas características que residen dentro de cada individuo. La humildad no era un ideal deseable en el mundo griego, porque lleva la idea de servidumbre humillante y la pérdida de dignidad personal. Por las mismas razones, la cultura actual resiste esa idea. Sin embargo, para los hebreos y cristianos, la humildad y la mansedumbre son cualidades deseables y necesarias. El orgullo, la soberbia, la arrogancia y el egocentrismo no contribuyen a buscar el bienestar de los demás y tampoco permiten la obediencia a Dios. Aun el Hijo de Dios no vino para ser servido, sino para servir (Marcos 10:45; Mateo 11:29; Filipenses 2:7 8). En Filipenses 2:3 4, Pablo explica que la humildad es la estima y la prioridad que uno asigna a otras personas. En el Nuevo Testamento, la mansedumbre se usa con referencia a la sumisión a la palabra de Dios (Santiago 1:21), pero aparece más a menudo como requisito para referirse a las buenas relaciones con otras personas (1 Corintios 4:21; 2 Timoteo 2:25; Tito 3:2). Se ha definido como la actitud humilde y gentil que se manifiesta en una sumisión paciente frente a las ofensas, libre de malicia y del deseo de venganza . La frase soportándoos con paciencia asume que alguno ha ofendido al creyente. Los cristianos no siempre se tratan con sabiduría, bondad y gentileza. El sustantivo que aparece en esta frase significa longanimidad , o sea, la capacidad de soportar por mucho tiempo el agravio . Pablo testificó que Dios le mostró longanimidad antes de su conversión (1 Timoteo 1:16). La paciencia de Dios con nosotros nos enseña a tener longanimidad cuando otros nos ofenden. Una de las mejores maneras de fomentar la humildad es enseñar y predicar constantemente la gracia de Dios. Cuando el cristiano se dé cuenta, en lo más profundo de su ser, que es un rebelde pecador y que no merece que Dios le haya rescatado, entonces, dejará de sentirse superior a los demás. Detrás de estas cualidades está el amor, el amor que se sacrifica por otras personas, buscando el bienestar de ellas aun a un alto costo. Este amor es más una conducta que un sentimiento. El amor muestra misericordia, perdonando a los demás (4:32 5:2). Primera Corintios 13:4 7 dice que el amor no es egocéntrico. Según el v. 3, los cristianos deben trabajar mucho por mantener la unidad, dándole a este esfuerzo una alta prioridad en su vida congregacional. El término solícitos significa ser diligente , esmerarse , esforzarse de tal manera que no falle y hacerlo constantemente. Dios creó la unidad y veremos sus muchas facetas en los vv. 4 6. Pero toca a los creyentes protegerla y manifestarla en su comportamiento hacia los otros creyentes. El valor que debe unirnos es la paz. Cristo es nuestra paz. Él vino y anunció las buenas nuevas de paz (2:14, 17). Ahora, esa paz debe vincularnos como los eslabones de una cadena. Así como Cristo hizo la paz, también nosotros debemos ser pacificadores (Mateo 5:9; Santiago 3:17 18). Al terminar estos versículos, tomemos nota de una distinción importante. Es necesario soportar con humildad y amor a las personas que son diferentes a nosotros y los que no nos tratan como queremos. El apóstol soportó mucho a las personas que no le trataban bien y que cometieron injusticias contra él. Sin embargo, él no toleraba la doctrina falsa que desprestigiaba a la persona y obra de Jesucristo o minaba el significado del evangelio. Tampoco soportaba el pecado que perjudicaba el testimonio del evangelio, ni el comportamiento de los que trataban de dividir a la iglesia. 3. Recordar siempre que la esencia del cristianismo es la unidad (Verdades unificadoras 4:4 6)

un solo cuerpo y un solo Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5 un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, 6 un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos. Los cristianos no son los autores de la unidad de la iglesia. Dios ya la hizo y encarga a los creyentes que la manifiesten en sus relaciones. Pablo señala siete verdades divinas que unen a los cristianos y repasa esas enseñanzas para motivarnos a cumplir los deberes marcados en los vv. 1 3. Un cuerpo se refiere a la iglesia, de la cual Jesucristo es la cabeza (1:22 23; 2:16). Los cristianos están unidos como los miembros del cuerpo humano y deben apoyarse mutuamente, sentir juntos las penas y alegrías y funcionar como un solo hombre para poder cumplir la voluntad de Dios. Un Espíritu se refiere a la tercera persona de la Trinidad. El Espíritu Santo mora en cada creyente y así hace que la iglesia sea el templo a morada de Dios en el mundo. Está en el creyente para transformarlo y producir su fruto, que purifica las relaciones en la iglesia: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, dominio propio (Gálatas 5:22 23). Una misma esperanza enfoca el futuro de los cristianos. Los creyentes tienen el mismo destino y disfrutarán de las mismas bendiciones que Pablo señaló en 1:3 2:10. Note, por ejemplo, los distintos aspectos que tiene la esperanza en 1:4, 10, 14 y 2:7. Un Señor es Jesucristo, de quien todos los creyentes son siervos. Él es la cabeza de la iglesia y tiene el señorío sobre todos los suyos. El propósito de Dios es moldearnos a todos a la imagen de Jesucristo, incluyendo las cualidades de los vv. 2 y 3, características que guardarán la unidad de su cuerpo. Una fe es la fe en el sacrificio de Cristo. El gentil y el judío tienen la misma culpabilidad, están bajo el juicio de Dios y tienen que ser justificados por el mismo medio. Con humildad tienen que acercarse a Dios por fe, sin reclamar ningún mérito propio justicia personal. La fe es la puerta que nos lleva a la gracia de Dios. Un bautismo se refiere al bautismo por el Espíritu Santo. En 1 Corintios 12:13, el apóstol explica que el bautismo del Espíritu es la obra que hace esa divina persona al introducirnos y unirnos al cuerpo de Cristo. Esto sucede cuando el creyente recibe a Cristo como su Salvador. Por el bautismo del Espíritu, quedamos unidos al Hijo (en Cristo) y a todos los otros cristianos. Un Dios y Padre concluye la lista. En la antigüedad, cada nación tenía sus dioses. Israel tenía al único Dios verdadero. Algunos creían tener a Dios en exclusiva para ellos. Sin embargo, el Señor es el Creador y Dios de todas las naciones. Las personas que reciben a Cristo, de cualquier nacionalidad o cultura o idioma, se han sometido al mismo Dios y, por eso, están unidos. Los hermanos de un sólo padre pueden ser muy diferentes en aspecto, habilidades, intereses y comportamiento, pero no dejan de ser hijos del mismo padre. Pablo concluye recordándonos que el mismo Dios y Padre es supremo sobre todos los creyentes, cumple sus propósitos a través de ellos, y ha hecho su morada en todos los cristianos. La unidad de los cristianos está basada en su relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Entonces, ¡la unidad es indestructible y eterna! Todo lo que sigue en esta carta es una ampliación de la exhortación que se encuentra en 4:1 6. La falta de armonía en las congregaciones era la preocupación de Pablo cuando escribió Efesios. En los caps. 4 6, él atacará el problema en distintas formas. Concluirá señalando al enemigo de la unidad y los requisitos para detener la disensión que él siembra en el cuerpo de Cristo.

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