Recuerdos guionados/Habitación de amores Andrea Fernández

Hoy, en el punto donde me encuentro, siento que todo podría contarse como historias de amor; con protagonistas que en varias ocasiones se enamoran, son infieles, se hacen promesas imposibles, se despiden para siempre, etcétera, y simulan que se enamoran, que son infieles, que se despiden para siempre, que mueren de pena. Aparece una y otra vez el placer del reencuentro unido al incierto dolor del riesgo.

Me dicen que diga dónde estoy. Dónde.

Dentro de una habitación desordenada revuelvo archivos escondidos. Aparecen varios destinos. Se esboza un mapa. Describo algunos rincones y accidentes, repitiendo palabras ya dichas por otros. No importa quién hable. Ni cuánto es cierto, los recuerdos mienten un poco (siempre fue así).

Tucuman10/Verano/notas_abismo/animo_de_amar E. sostiene que una obra nace de una insatisfacción, de un vacío. Que hacer, escribir, pintar, es llenar ese vacío. Explorar el contenido de un abismo, investigarlo. Diseccionarlo. Me habla sobre la creatividad extrema que puede surgir cuando nos hallamos a un solo paso del abismo, y queremos que ese paso nos mantenga vivos, pero fuera de aquí. Fuera de aquí. Ahí, ahí es donde quiero estar.

Roca/Junio09/nuevos_romances/excusas Él me ha mostrado la necesidad de enunciar la realidad que elegimos construir después de cada una de nuestras muertes. Porque la vida tiene que ver con la muerte y con el amor, formalmente, como contextura. Se trata de cruzar el puente que permite, a su cruce, una transformación íntima de las situaciones por las que pasamos en nuestro común transitar, especulando acerca de la humanidad que nos conforma, para salirnos por uno de los extremos posibles. Creo (en) nuevas posibilidades.

Tucuman10/Verano/notas_abismo/internacion Almohada. “(…) la metamorfosis de mí en mi misma no tiene sentido alguno. Es una metamorfosis donde pienso todo lo que tenía, y lo que tenía era yo; solo tengo lo que soy. Y ahora ¿qué soy? Soy: estar de pie ante un espanto. Soy: lo que he visto. No entiendo y temo entender” No entiendo y temo entender. Cuídate de mí amor mío…

Los_temas_del_eterno_retorno/cortar&pegar De lejos separé / las palabras de las cosas / si se pierden no importa / ya se fue // en los dolores se perdió / se retiran en su muerte / juego de constantemente/ ir y venir // y estando tan lejos se siente no se ve// tuve amor pero siempre a destiempo/al pedir tres deseos al viento/reviví en tu amor que se va //si morir es cobarde o valiente/decidí que en mis manos está… No sabré qué hacer cuando no sople más viento. No sé distinguir el amor de cualquier sentimiento. Quise vivir una vida diferente cada día…

Valpo/privadas/recorridos_mirandolo Eran dos platos enormes, pescado entre colores. Saboreaba mirarlo frente a mí. Un cantor ambulante nos dedicó un bolero. Supuso que estábamos enamorados. Jugábamos con nuestros dedos meñiques, los rozábamos, tocándonos entre los cubiertos. Antes de bajar tomó una foto al espacio que había entre dos techos. Una hora antes me contó sobre esa escalera que subió años atrás cargando su equipaje de marinero. Cada fragmento de esa ciudad despertaba en él una historia, un recuerdo, una canción. Me empujaba como en un giro de baile hacia cada historia, hacia cada canción, me sentía en el medio de la pista, en el centro de la fiesta. Una vez me escribió diciéndome que sentía que todo estaba maravillosamente novelado. Suspiré. Deseé que me lleve con él (como si no podría desear nada más, nunca más). No, él viaja solo. Me quedé mirando cómo se marchaba. Grité, no se dio vuelta. A veces sueño que me despierta.

Neuquen/Acumulaciones/mudanza_F Muchos días preparé el departamento para recibirlo. Acomodé las alfombras del baño, guardé los platos, pegué fotos que quería mostrarle en la pared, ordené los libros y los acrílicos clasificándolos por colores. Compré bebidas y chocolate. Escuchaba al techo rugir por el viento, y nada más. Cerca de la medianoche comía el chocolate en pantuflas y desordenaba todo para sentir que ya no lo esperaba, para sentirme un poco incómoda, para pensar en irme. Cada día allí estuve esperando que él vaya a buscarme. No se trataba del desierto, ni del fuego, ni de los dinosaurios, no estaba huyendo de nada. Fueron quince meses. El día que cumplí 25 años guardé todos los platos, las alfombras, los libros, los acrílicos, las fotos. No pude ordenar nada con ningún criterio. Lo sentí como una implosión. F. levantó las cosas pesadas y barrió la casa vacía tomando champán. Hay un video.Las cajas todavía están cerradas. Ya casi no pienso en él.

Neuquen/Conexiones_desierto/Dia1/Seleccion_detalles Daba la impresión de que hubiera levantado la esquina del mundo y de que en ese momento estuviera desenmarañando, poco a poco, sus hilos. Lo hacía de forma mecánica, con gran apatía, como si fuera consciente de que aquello le llevaría su tiempo, pero que debía desenredarlos bien, desde el principio. Nos paramos frente a frente, a dos metros de distancia. Tejimos una especie de red cruzándonos, como en una danza. Recordé mis días en la academia de folclore, reviví esa sensación de lo coreografiado…de saber dónde ir en el próximo paso todo el tiempo, pensaba en el sonido que haría la tela de mi pollera campana plato con el viento del desierto. Rodeamos las espinas con nudos. Fue como hechizar a la posibilidad del dolor. Por primera vez en mi vida entendí, y creí, en la palabra reconciliación.

Tucuman07/continente_de_secretos/descartadas Desperté en medio de noche, ya no recuerdo en qué cama, y escribí en el cuaderno: parlantes. Al día siguiente escuché accidentalmente en esa canción: “llévame a un lugar con parlantes”. Fue suficiente. Había encontrado la forma contar mis secretos. Me había pasado todo el año hablando de la construcción de secretos mostrando pedacitos de papel. Tenía que demostrarles que podía pensar en objetos. Podía aprobar la lección. Necesitaba que M. vea que yo podía, que me quiera, y que nunca me olvide.

Me llevaron a hablar con un técnico y con otro. Escribí cinco notas, rechazaron mi proyecto cinco salas. Pasaron cuatro meses. Hice más de diez viajes, subí hasta los 5500 metros de altura, tuve un accidente, renuncié a mi trabajo, me escapé con un bello hombre de pelo rubio, fui a una residencia de artistas, llené una habitación de papeles, lloré extrañando a A., soñé con arándanos. Los parlantes se convirtieron en auriculares, los secretos se convirtieron en ondas sonoras. P. encontró una caja de luz, enredamos metros de cables y apretamos play.

M. me felicitó con una copa en la mano, me dijo que ahora sí me permitirían entrar, las puertas ahora estarán abiertas, por fin entendiste, casi logras ese gesto limpio que necesitamos. Arranqué todos los cables, los metí en una bolsa, quedaron ahí 15 meses. Nunca volví a buscar a M. ni crucé esas puertas, no volví a escribir la palabra parlantes hasta hoy.

Fotolog07/Enero/ultimo_viaje/previa Navidad, era de mañana. Apareció en el jardín de mi abuela: borracho, sucio, el cabello más revuelto que de costumbre, una remera atada al tobillo. “Me lastimé mi amor”. Mañana no voy a llegar, ahora si voy a arruinar todo -me dijo. Estaba asustado, o resignado, no puedo decidirme. Casi no podía caminar, se había roto el tobillo, pero al día siguiente salió manejando z Victoria, viajé a su lado. En mi papel de ser su mujer pensaba: te voy a acompañar siempre, vas a llegar a dónde quieras.

El río se había desbordado de nuevo. Nos fuimos a la frontera a comprar películas hasta que bajara el agua. La camioneta se fundió de repente, veníamos discutiendo nuestras próximas vacaciones. Quedamos al lado de la ruta, rodeados de kilómetros de campos desiertos, bajo el sol del mediodía, sin señal en los teléfonos. Caminé hasta encontrar señal y pedí rescate a no sé quién. Esperamos durante horas dentro de la camioneta, cuando nos aburrimos de discutir jugamos a verdad/consecuencia, como parte del juego me contó que hace meses tenía una amante, y que no pensaba dejarla. Tiene el cabello hasta la cintura -me dijo. Sabía que no podía abandonarlo; el tobillo, el trabajo, la camioneta, el campo, las vacaciones, mi papel de compañera, los hijos que ya habíamos nombrado. Sentí que iba a perder la conciencia.

Lo próximo que recuerdo es descubrirme en el baño de una terminal de ómnibus, abrazando mis piernas. Me subí como a escondidas a un colectivo y lo vi desde la ventanilla corriendo con su pierna lastimada entre las plataformas, gritando mi nombre, desesperado. Me quedé mirándolo mientras el colectivo se alejaba. Viajé hipnotizada. A la mañana siguiente lo llamé para decirle que no podía dejarlo, nos fuimos de vacaciones. El día que regresamos, mientras tirábamos piedras a una lata esperando que baje otro río, me confesó que me tenía miedo. Fue nuestro último viaje.

Habitación/rincones/historiaA Ya no traigas a Borges a la cama. El día que lo conocí me cantó una canción sobre las estrellas, nos contamos secretos junto al fuego y me leyó el primer cuento. El jardín de los senderos que se bifurcan. El libro era prestado. Cuando se acercaba la hora de devolverlo hizo que un perro lo muerda para tener que comprar un ejemplar nuevo para su dueño y así quedarse con este. Dormía todas las noches con el libro junto al colchón, me leía cada día algunas páginas, fascinado. Me leyó todos los cuentos. Cuando se acercaba la hora de que él se vaya compré otro libro con más textos para que me deje el libro mordido. Cada vez que lo abro escucho su voz. A veces encuentro al amanecer el libro junto a mi cama.

Habitación/archivos/historiaA En estos días no sale el sol, sino tu rostro/Y en el silencio, sordo del tiempo, gritan tus ojos // Ay de estos días terribles/ Ay del nombre que lleven/ Ay de cuantos se marchen/Ay de cuantos se queden/ Ay de todas las cosas que hinchan este segundo.

Ensayos08/Cohabitacion/GranNeuquen No hubo un solo día que no hablemos de dinero. Sentir hambre, querer ir a verlo, ver los mails, hablar con los amigos. Todo tenía un precio, un precio más alto, todo estaba a una nueva distancia que solo se recorría con alguna cantidad de pesos. Si, pasé más tiempo del necesario en ese supermercado, había encontrado un placer nuevo y “accesible” al recorrer las góndolas, leer las etiquetas y observar el orden de los productos, el contenido de mi carrito rojo era una elección fina, me paseaba por esos pasillos dichosa de poder elegir a mi antojo. La conducta de consumo está penetrantemente inspirada por la hostilidad cultural, se trata de selecciones de implícita hostilidad. Y la consumidora estaba enamorada de él, que intentaba mantenerse al margen de esas conductas. Nunca tenía dinero, había renunciado a tenerlo, nunca expresaba necesitarlo. Nunca habló de política. No sabía qué ropa estaba de moda.

Trabajaba ocho horas por día actuando como un ente, veía dos horas de televisión chatarra antes de dormir la siesta, miraba revistas de moda con mi tía y leía el diario local cotidianamente. Me conectaba a internet solo dos veces por semana durante media hora y pensaba en el arte solo por las noches, mientras leía algún libro antes de dormir. Me maquillaba al amanecer. Claro que todo eso a él no le importaba, me quería creativa, y yo quería que me quiera. No quería escuchar sobre los papeles o discusiones de trabajo, quería que actúe como una artista, que le muestre cómo trabajaba, que le cuente de mis próximos proyectos, que hablemos de problemas estéticos, que produzcamos “obras” juntos. No sé cómo hacía, pero los fines de semana inventaba algo intentando que siga deseándome cerca. Solo estando cerca de él me pensaba artista en ese tiempo. Fui lo que nunca pude dejar de ser como una mentira, por su amor.

Un día que me sentía asfixiada extrañándome en otra vida, fui al mismo supermercado de siempre y le pedí a la cajera que me busque “el eterno resplandor de una mente sin recuerdos”.

Tucuman09/eldiaquemequieras/descartadas_pre Defensa y Chile. Supermercado chino. Pampero. Medias rojas. Tacos de charol. Hacía cuatro meses que esperaba, que me imaginaba, ese día. Habitación 202. Gato negro, gato blanco. Youtube. Fumó en la terraza. Recorrí su guía del arte futuro. Contamos episodios de nuestras vidas como exponiendo teorías del conocimiento. Nos abrazamos tímidamente antes de dormirnos. No me besó. Esa noche soñé que me amaba. Me regaló una cámara descartable. Imaginamos un viaje en tren al Amazonas. Bocetamos un elogio a las renuncias. Recorrí vías que ya nadie usa para llegar a él, en vano. Solo él llegaba a mí, yo lo esperaba. Fue el compañero más escurridizo e inexplicable. Nunca pensé si me mentía, nunca le hice muchas preguntas. No me interesaron sus secretos. Nunca le dije lo que esperaba. No, en realidad casi no me atrevía a esperar nada de él, solo a él. Tomamos muchos cafés, vimos decenas de videos, comimos demasiados chocolates, pasamos días enteros encerrados en habitaciones de hotel. Presumimos en Facebook. Nos reímos hasta que dolió.

A veces, a mitad de la noche él me despertaba agarrándome la cara con sus dos manos, y me decía “sabes que te quiero?”, yo asentía con la cabeza y seguía durmiendo sobre su pecho. Hasta ahora dudo si esa escena pertenecía a mis sueños.

Invierno07/ValleGrande/proyecto_huida Se acerca a la bella fotógrafa desconocida, se miran hipnotizados. Se besan. Un beso perfecto. Luego él le dice: acabas de arruinarme la vida. En mi alma muchas veces, un momento/se abre una puerta dormida, /yo no sé si sacudida por el viento, / sé que se cierra enseguida.

Farsas/canciones_repetidas Pero no te extraño, hay veces que sueltan/dentro de mi cuerpo todos los delfines/ dos lobos marinos y como diez pingüinos/a hacer de las suyas creyéndome tuya/Y yo no te extraño me da mucha sed/hasta que las bestias se duermen al bies/Y me duermo sola (…)/ Pero no te extraño, deben ser los años/o los desengaños, los lobos marinos que/que comentan siempre nues…nuestro desatino/y yo no te extraño…

Salta/Feb10/lo_deseado_llega_misteriosamente Canté de nuevo esa canción con mi llanto. Vi una película que podía ser mía. Él se perdía, ella se cansaba de esperarlo. Le escribí a B. y me di cuenta que había llegado al límite, debía callarme. Le escribí a J. y le dije que ya no importaba, no voy a intentar más que vuelvas, no voy a seguir gritando ni sangrando ni esperando que me mires. No tardé en extrañar de nuevo al mismo hombre ausente, lamenté no saber dónde buscarlo ya. Y sucedió. Inesperadamente sucedió. A las dos horas de ese pequeño lamento él apareció. Vino a buscarme, me llevó a pasear de la mano, me contó de triunfos y derrotas, y dos días después se fue. No puedo decir que espero que vuelva.

Pasiones/guiones_encontrados Él fue como el agua que se congela en las grietas de la roca y la despedaza. No fue su culpa destruir la roca al congelarse penetrándola.

Blog08_Composiciones/Para_inventario/ultimo_viaje Junto a ese nudo mítico otra vez. Pensaba en los infiernos. Deseaba escapar de la habitación. Me dormí junto a un auto con guirnaldas que esperaba ser bendecido, me desperté en un barco sin lago. Rompí una llave. Lloré en el piso del baño de azulejos turquesas. Miré cómo mi amor se hundía ardiendo, le solté la mano. No me traigas esas flores ni preguntes si te arranqué de mi vida. Siempre pego esta foto en la pared de cada lugar que habito. Podría desterrarte de mí, pero no quiero.

Fragmentos del trabajo presentado como artista invitada en el proyecto HABITABLE de Fabhio Di Camozzi, dentro de la red social Facebook. Publicación original: http://www.facebook.com/album.php?aid=144015&id=576659403&ref=mf

Andrea Fernández Verano 2010 dreilazuli@hotmail.com

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