México D.F., a 23 de junio de 2011.

Lucía Pi Cholula Tania Puente García Alumnas Consejeras Técnicas Gabriela Monserrat Espejo Pinzón Representante Alumna ante el Comité Académico Asesor PRESENTES Por este conducto hago de su conocimiento la situación irregular que he padecido por parte del licenciado Arturo Noyola Robles, quien imparte el curso de Literatura Mexicana del Siglo XIX en nuestra Facultad. Dicho profesor ha realizado una serie de acciones encaminadas a intimidarme y a entorpecer mi proceso de titulación, con base en el hecho de que, según él refiere, le robé el tema que trataré en mi tesis; apoyado en que en una ocasión me sugirió trabajar las imágenes de la Revista Moderna (quiero destacar que precisamente ésa fue la palabra que usó: “imágenes” y que en ningún momento mencionó a cuáles se refería, ni de qué autoría, ni la manera de abordarlas). Después de sopesar detenidamente muchas reflexiones, me interesé únicamente por el poema de Amado Nervo titulado *…+. El licenciado Noyola publicó un artículo en el Boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográficas que versa sobre Ruelas (conocí su contenido cuando él lo leyó en clase). En alguna sección de su texto menciona a Nervo y la ilustración que yo quiero tratar, pero no realiza ningún análisis sobre su vínculo con el poema arriba mencionado. Sólo señala esto muy superficialmente. El artículo, más bien, está abordado desde la perspectiva de un historiador del arte, no desde la de un literato. Su propuesta no tiene relación con la literatura del modo en que yo quiero analizar las características de la obra de Nervo. De todos modos, ha insistido en incontables ocasiones que he robado, en lo sustancial, su trabajo. Con este argumento y apoyado en su investidura como docente y, también, en sus relaciones amistosas con diversos profesores e investigadores de la UNAM, en general, y de Facultad de Filosofía y Letras, en particular, me ha amedrentado desde hace meses. El licenciado Noyola se respalda en la buena amistad que mantiene con la doctora Marcela Palma y con el doctor José Rubén Romero, como lo refiere en un correo electrónico con fecha del 6 de septiembre de 2010, para conseguir afectarme académicamente. De este documento y de otros similares, adjunto copias al final de esta carta. Cito, a continuación, el fragmento que me interesa destacar:
...saliendo de mi salón, saliendo de ese salón en el que sólo hay alumnos que me desprecian, iré a platicar con otra Marcela, mi amiga. Marcela Palma. Le diré cómo ocurrió lo de su tesis. Me dirá que mientras no haya plagio no tengo nada qué reclamar. Le diré que ya lo sé, pero que quiero que sepa cómo están las cosas para cuando llegue el momento de formar un jurado para usted. Hemos sido amigos entrañables durante muchos años; la amistad, y luego la agonía y la muerte de Héctor Valdés, nos ha unido de modo especial (sé que le menciono a pura gentuza, incluido yo). Después bajaré a pedir cita con José Rubén (disculpe que me refiera así al Secretario General de la Facultad, pero es mi amigo desde hace muchos años), o a ver si me recibe en ese momento. Le contaré la misma historia que a Marcela, y le diré que ya sé que no hay nada qué hacer

mientras no haya plagio, pero que quiero que él esté al tanto de cómo se ha dado ese asunto propiamente académico. No creo que sea necesario, pero si José Rubén (o Marcela) me lo sugirieran, hablaré con la doctora Villegas. No creo que me lo sugieran ni que sea necesario. Si hay un plagio actuaré simplemente ante el Tribunal de Honor, para que, por simple reglamento, sea usted expulsada de la Universidad Nacional Autónoma de México, que en su generosidad da cabida hasta a gente como usted y sus amigos. Marcela sabrá cómo se expresó esa alumna traicionera de un profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, y cómo aceptó que actuó con traición. Es cierto que ahí no hay nada qué reclamar desde el punto de vista estatutario, pero se irá conformando la verdad sobre la tesis (que es lo único que importa, es decir el asunto académico) que usted se está fusilando... perdón, quise decir que usted está haciendo.

No es de mi conocimiento si hasta ahora ha tenido lugar esa conversación con la doctora Palma. Sin embargo, sé que después de la anterior carta citada, realizó una primera llamada a mi entonces asesora, la maestra Blanca Estela Treviño, el 13 de septiembre de 2010, como me lo hizo saber en un correo electrónico marcado con esa fecha; sin embargo, no encontró a la maestra en su casa. Pocos días después consiguió hablar con ella. Desconozco el contenido de la llamada, no obstante, el profesor Noyola refirió en otro correo, con fecha del 14 de septiembre de 2010, que le haría saber a la maestra Treviño sobre lo que él considera que plagié: “Un día más para traicionar todas sus fuentes. ¿Sabrá Blanca Treviño que todo lo que usted arroje en sus plagiadas cuartillas será sólo de usted, porque ella realmente no le sirvió de nada? No. No lo sabe. Lo sabrá.” Aproximadamente en noviembre me reuní con la maestra Treviño, quien me informó que le habían diagnosticado una enfermedad grave y que se encontraba en tratamiento, por lo que yo decidí que sería mejor buscar otro asesor y no agregarle una preocupación más a ella. En algún momento la maestra comentó que el licenciado Noyola le había llamado, sin embargo, no expuso el contenido de tal llamada. Posteriormente conseguí la asesoría del doctor Pablo Mora, investigador del Instituto de Investigaciones Bibliográficas. El 3 de febrero de 2011 el profesor Noyola envió varios correos al doctor Mora, con copia para mí, con la clara intención de intentar persuadirlo para que abandonara su asesoría. En uno de éstos hace referencia a mí como una “alumna de una deslealtad académica notable” y agrega que la maestra Treviño hizo la misma consideración sobre mi persona. Pedí hablar con el doctor Pablo Mora, quien muy amablemente aceptó. El día de nuestra entrevista le aclaré al doctor que no se trataba de un plagio y expresé que quizá el profesor Noyola no es en realidad quien sustenta ser, también le hice saber que tuve una relación con él (sin dar detalles al respecto). Ese día llevaba conmigo algunos correos en los que el licenciado Arturo Noyola me amenazaba con interponerse en mi tesis y que claramente lo hacía a partir de un asunto personal; sin embargo, el doctor Mora no quiso leer ninguno de éstos porque prefería no involucrarse en ese tipo de situaciones. Agregó que no quería tener problemas con un colaborador de su Instituto, pero que me ayudaría —con mucho gusto— en cualquier cosa que yo necesitara para la elaboración de mi tesis. El día anterior a esta entrevista, el licenciado Noyola me escribió (correo del 2 de febrero de 2011): “Sígase usted poniendo blusas como ésa que se puso para venir a ver a Pablo Mora, para que se le vieran esas tetotas en una tela pegadita. Es usted tan primaria, tan elemental, tan obvia.” Y lo que sugiere en ese correo, lo expresa claramente el 7 de febrero de 2011 cuando me escribió (a propósito de otra alumna que iba a hacer su tesis con él, pero que

al final lo excluyó de su trabajo): “A una como tú. Ojeta, tramposa, cuasi-Lagos. No sé si le ande ofreciendo las tetas a su asesor, como haces tú, que no sé ni quién sea.” Después de la conversación con el doctor Mora, llamé al profesor Arturo Noyola para informarle que su colega del Instituto ya no me asesoraría y que, además, abandonaría mi tema de tesis, a lo que respondió con gran agradecimiento, pues estaba esperando ese “signo de decencia” de mi parte al “aceptar” que tomé mi tema de él; además agregó que podía seguir trabajando sobre lo mismo y que no interferiría en nada sin la venia de mi asesor, y así también lo escribió en un correo del 8 de febrero de 2011, que también envió al doctor Mora:
Crean ambos en mi buena fe. Es lo que puedo ofrecerles. Ya la recibí de Marcela, que era lo único que necesitaba. Y ya han trabajado un tema que a ella le encanta y Pablo está que ni mandado a hacer para sacarla adelante con eso. Si en mis letras anteriores hubiera algo que lastima a cualquiera de los dos, les ofreco [sic] una disculpa. Pero Marcela, además de que siempre quise a mi alumna, tiene derecho de recibirse bien, ahora que ha decidido hacerlo bien y sin traiciones.

Como en realidad el motivo que llevó al licenciado Arturo Noyola a hostigarme nunca respondió a una cuestión de plagio, aun resuelto ese problema, e incluso con su autorización expresa en el correo referido (con fecha del 8 de febrero de 2011) para que continuara trabajando en mi tesis sin ninguna injerencia de su parte, su acoso al respecto, sus amenazas e intimidaciones han continuado hasta el 19 de abril del presente año. Considero que el motivo que ha llevado al licenciado Arturo Noyola ha intervenir negativamente con mis asesores y, con ello, a entorpecer mi proceso de titulación, además de las varias amenazas de solicitar, en su momento, la revisión de mi tesis bajo su escrutinio o exigir formar parte del jurado de mi examen profesional, proviene de una cuestión meramente personal: el profesor Arturo Noyola Robles y yo mantuvimos una relación de octubre de 2007 a septiembre de 2009. Lo conocí porque fue mi maestro de la materia de Literatura Mexicana del Siglo XIX durante los semestres 2007-1 y 2007-2; posteriormente me invitó a realizar mi servicio social en la Biblioteca de las Artes, del Centro Nacional de las Artes, donde él era director. Durante la relación, y aun terminada ésta —es decir, durante más de tres años— he sufrido maltrato psicológico y físico de su parte. La violencia que Arturo Noyola me infligió aumentó con el tiempo: empezó con gritos por motivos insignificantes, como haber puesto a desinfectar una lechuga en agua tibia. El 5 de enero de 2008 empezó la agresión física: una cachetada debido a que recibí una llamada de un amigo. Noyola argumentó que mi amigo me buscaba para acostarse conmigo. Me obligó a llamarle a éste para decirle que jamás me volviera a buscar. El 19 de enero de 2008 por la mañana, me jaló el cabello, me pateó, me cacheteó y me escupió porque la noche anterior, durante una cena que organizó con unos amigos suyos, bailé durante un tiempo prolongado con uno de ellos; sin embargo, sin creer que su violencia pudiera continuar, y pensando que de alguna manera me lo merecía por haber hecho algo ofensivo, le dije que debíamos solucionar el problema y permanecí a su lado durante el día. En el desayuno consumió alcohol, y después, ya en su casa, volvió a actuar agresivamente. Llena de miedo, después de un forcejeo mientras intentaba huir de su casa, logré escapar. Durante los días que siguieron, me llamó por teléfono y envió correos ofensivos. El 23 de enero de

2008 me convenció con mentiras para que fuera a su casa: argumentó que debíamos platicar para solucionar las cosas. Le creí y en su casa me golpeó. Ya me esperaba para agredirme, dijo: “Todo está cerrado por si intentas escapar. No podrás. Te daré lo que te mereces por puta.” Los hechos quedaron registrados en el acta (número de averiguación previa FCY/COY3/T1/0130/08-01) que levanté ese mismo día ante la Agencia del Ministerio Público (Calle Apaches S/N, Esq. Eje 3 Ote., Col. San Francisco Culhuacán, Coyoacán). No obstante que adjunto la denuncia a la presente, transcribo la narración de los hechos. De igual manera, anexo las fotos de las heridas que me hizo:
Sostuve una relación de noviazgo con el señor Arturo Noyola Robles durante los cuatro meses pasados. Quedamos de vernos hoy en su domicilio para arreglar los asuntos que habían provocado la separación. Llegué a su casa aproximadamente a las 3-3:30 de la tarde. Él abrió la puerta, yo no vi bien su rostro. Entré, él empezó a cerrar la puerta mientra [sic] yo me entretenía con su perro e hice un comentario sobre éste. Terminó de cerrar la puerta y dijo en un tono agresivo: ‘ah, ¿está feo mi perro?’. Mientras entrábamos a la casa por la puerta de la cocina, me dijo: ‘Todo está cerrado para que no puedas salir. Hoy recibirás tu merecido por puta’. Empezó a golpearme, me llevó al comedor, me dijo que había sellado su pasaporte ayer para mañana salir del país, que me aventaría en Tlalpan en la noche y que metería a mi hermano a la cárcel. Me dijo que le hablara a mi mamá para decirle que no regresaría a la casa. Hablé a mi mamá y le dije que estaba en casa de Arturo, ella contestó que iría por mí y colgó. Siguió golpeándome, dijo que hoy sería su esclava. Sonó el teléfono, él contestó, yo aproveché para intentar salir por la puerta de la cocina hacia el patio de enfrente. Él fue tras de mí, forcejeamos, me llevó hacia adentro, intenté golpearlo en los testículos, me tiró, se puso sobre mí, me dijo que si le [sic] excitaba su verga, hizo un movimiento con las manos para bajar un poco su pantalón. Siguió golpeándome. Nos paramos, me llevó hacia adentro y me pidió que me sentara. Intenté tranquilizarlo. Él regresó a la puerta de la cocina para cerrarla, me mordió porque lo evité, le arrebaté las llaves y las aventé. Siguió golpeándome y me llevó al comedor. Me dijo que me sentara, lo hice; me dijo que me quitara la blusa, no accedí, me dijo que pusiera la música que había bailado con su amigo, no accedí, por lo que se puso otra vez violento y me pegó. Fue otra vez hacia la puerta de la cocina para intentar cerrarla, forcejeamos, se cayó y me llevó hacia él tirándome del cabello, y con la mano derecha tomó un vidrio de una botella de alcohol que se rompió en el forcejeo, dijo que si no me dejaba me enterraría el vidrio en la yugular y me mataría. Nos levantamos. Sonó el timbre. Empecé a gritar ayuda. Me llevó adentro de la casa, me metió el dedo en la boca. Me golpeó. Empezó a ponerse nervioso. Después de verificar, al ver a través de la puerta que da a la calle, que era mi mamá, permitió que saliera. Estaba alcoholizado y entre golpe y golpe seguía bebiendo. Por lo que en este acto hago formal denuncia de hechos, cometidos en mi agravio y en contra de Arturo Noyola Robles.

Sin que él supiera sobre el acta levantada ante el Ministerio Público, me envió correos intimidatorios con la finalidad de que no hiciera nada al respecto. Dichos correos los envió a su amigo Fidel Buendía y a su hermano Alfredo Noyola con copia para mí, en los cuales me culpa de haberlo agredido físicamente y de haberlo intentado matar, asimismo, menciona que no desea meterme a la cárcel por el cariño que me tiene. Después de lo ocurrido, mantuve comunicación con el profesor Arturo Noyola principalmente por Messenger y correo electrónico. También realizó llamadas a mi casa, en éstas insultaba directamente a mi mamá y a mis hermanos; contadas veces yo respondí el teléfono, en una de ésas me amenazó con mandar a golpear a mi hermano (adjunto la grabación y su transcripción).

Arturo Noyola jamás dejó de culparme de lo ocurrido, como lo escribe en un correo del 31 de enero de 2008: “Pues sigue con tus miedos. Pero todo, todo, lo ocasionaste tú. Todo. Todo. Incluido aquello a que le tienes miedo, todo lo creaste tú. ¿No recuerdas el Arturo que era el tuyo? ¿El anterior a tus puterías interminables con Fidel? ¿El anterior a tus humillaciones al hombre quien te hizo más mujer que ningún otro? *…+”. Entonces sentía una gran culpa por lo ocurrido. A los pocos días —antes de retomar la relación con Arturo— mi mamá, junto con unas tías, me llevaron al hospital psiquiátrico Fray Bernardino por lesiones que me autoinfligí debido a la presión psicológica que sufrí entonces. Ahí me canalizaron al Instituto Nacional de Psiquiatría: me diagnosticaron personalidad límite, que se caracteriza por poca tolerancia a la frustración, miedo al abandono, autolesiones, entre otros síntomas. Arturo Noyola tuvo conocimiento de todo esto y también lo usó en mi contra y como parte de su maltrato psicológico. Los gritos, los insultos, la violencia física y la tortura psicológica se convirtieron en algo cotidiano. Como he señalado, ya no se limitaba a ofenderme a mí, mi familia también sufrió insultos por parte de él en varias llamadas que hacía a lo largo del día e incluso de la madrugada. Posteriormente, cuando recibió la notificación de la demanda, como habíamos retomado nuestra relación, me dijo que debía quitarla y así lo hice. Semanas después busqué a mi padre, con el que no tenía contacto desde hacía seis años. Mi papá, sabiendo la situación e intentando ayudarme, me llevó a un retiro. Después de esto, decidí dejar a Arturo Noyola. Durante mi alejamiento, retomó sus constantes llamadas ofensivas para mi familia y para mí, por lo que le dije que no quería que continuara haciéndolas y que de seguir, lo acusaría en la Facultad y expondría todo lo que me había hecho. Ante tal amenaza, me envió un correo en el que niega haberme golpeado y amenaza con hacer que me expulsen de la UNAM si yo declaro algo en contra suya:
Mira, yo haré lo que me dé la gana respecto de tu pendeja madre y tu hermanito el batmancito roedor. Tengo grabado un mensaje tuyo del viernes santo en que te expresas de tu madre con palabras mucho peores que lo que yo lo he hecho y hasta dices que la atropelle un coche y que le vas a enterrar un tenedor. Cositas que van a salir a relucir cuando esto llegue a las instancias a las que a continuación me referiré. Si tú te atreves a calumniarme en la Facultad y a inventar eso que te ha dado por inventar para defenderte de tus infidelidades y tu vida llena de maldad, yo tengo mi propia defensa. Estuve, precisamente a esa hora en que ustedes inventaron sus calumnias, en una consulta médica que se prolongó hora y media. De eso tengo testigos en el médico mismo y su secretaria. Ese mismo miércoles 23 a las horas en que ustedes me calumnian. Sólo se lleva el testimonio y ya y tú a ver qué testigos aportas que te vieron golpeándome cuando una de las cosas que alegas es que te privé ilegalmente de la libertad y por tanto es imposible que tengas testigos. *…+ Todo esto, si tú te atreves a calumniarme así sea ligeramente en la Facultad o en la Universidad, lo llevaré al Tribunal de Honor y Justicia, con la petición expresa (de hecho eso será mi demanda) de que se te expulse definitivamente de la universidad. De tus calumnias tendrás que presentar pruebas, que no tienes porque yo jamás te he tocado, como a la perfección sabes, y es muy probable que te quedes ya sin título de licenciatura y, si quieres seguir estudiando, lo tengas que hacer en otra universidad no incorporada a la UNAM, y partir de cero. Ya a alumnos que vejaron maestros les fue impuesta esa pena, y eso que los defendía toda la tribu de Marcelas Lagos que atacaba toda inteligencia. Infórmate en la Hemeroteca Nacional o en internet. (Correo con fecha del 8 de abril de 2008)

Sin embargo, el retiro al que me invitó mi padre resultó en un muy breve alivio. Mi sentimiento de culpabilidad por lo ocurrido y el amor que tenía por el profesor Arturo Noyola me hicieron creer que debía reparar el daño hecho. Retomamos nuestra relación en agosto de 2008. Mi padre, al enterarse de esto, habló a casa de Arturo Noyola, quien afirmó que él lo había amenazado de muerte. A partir de entonces, comenzaron los acosos por teléfono a mi padre, a quien intimidó con hacerlo perder su trabajo y meterlo a la cárcel. Los gritos, insultos, y la responsabilidad sobre todo lo ocurrido caían sobre mí. Después de la muerte de mi padre, por cuestiones ajenas a Arturo Noyola, éste se jactaba de haberla provocado:
En cuanto a su padre... me da mucho gusto, pero mucho, muchísimo, saber que con sólo ponerlo en su lugar, y mostrarle que el puto conmigo no podía, ni yo le tenía miedo, como él estaba acostumbrado y se reía con su risita idiotizada, se lo haya llevado al infierno más pronto. Un moco peludo Lagos menos para la humanidad. Lo mató su cirrosis, su debilidad de hombrecillo puto, pero si yo aceleré su muerte simplemente con decirle: "mira, maricón, no te tengo miedo, es más, te tengo la cárcel", estoy feliz de haberlo hecho. Así estaré feliz de echar de la universidad a quien sólo se roba las ideas, a quien injuria a quien le dio todas las ideas. A su idiota padre, estúpida hija, no lo llamé de oquis. Lo llamé porque me amenazó de muerte, y usted lo sabe. Y esas amenazas llevan como pena la cárcel. Si eso se lo llevó al infierno más pronto, en caridad de Dios. Y a usted, estúpida hija, la acusaré ante el Tribunal Universitario igual que a su padre, solamente por lo que usted ha hecho y persiste en hacer con tal de sacar una tesis. ¿Entiende, babosa? Si la logro sacar de la UNAM no es "porque yo quiera", es "porque usted así lo quiso", violentando cualquier regla de decoro académico y robándose lo que podía. Como su ilustre padre vomitado, cagado, sanguinoliento. ¿Lo entiende usted, idiota? Cada uno recibirá castigo no por mi maldad, sino por lo que cada uno hizo. Y usted ya hizo suficientes cosas, ante suficientes testigos (incluso académicos), de su deslealtad académica y universitaria. El Tribunal no la va a correr sólo porque a mí me parezca bonito que lo haga. El Tribunal la va a correr, si la corre, por lo que usted hizo. ¿Es mucho pedirle a su mente-chatarra entender algo tan simple)” (Correo del 2 de diciembre de 2010) Me siento tan orgulloso, tan feliz, tan inteligente, de haber llevado al marrano Lagos Olivares, poco a poco, oyéndolo gritar como puerquito en matadero después de sus risitas de cobarde culero... disfruté tanto cada llamada, cada rogada, cada dada de nalgas del puto, cada súplica de cobarde poco hombre... disfruté tanto con ver en cada llamada que la maricona cada vez berreaba más, sus aullidos de puto se oían más fuertes... Disfruté tanto sabiendo cómo se lo encontraron cagado, putrefacto... como fue él siempre... Me sentí tan halagado de que todos ustedes, imbéciles, me echaran la culpa, es decir me reconocieran mi inteligencia para irlo llevando poco a poco, poco a poco, al estado Lagos en que acabó. Y cuando estaba en Miami disfrutaba tanto de saber que su putita hija iba a un hospital de miserables a hablar con el gargajo... colgaba el teléfono tan feliz, tan triunfante... Sentí tal alegría cuando la putita me informó que el marrano se acababa de morir... hasta me tomé un whisky con mi amiga para celebrar que el puto y su hija se habían jodido. Ahora disfruto tanto viendo a la hijita miserabilizarse, enmarranarse, cagarse y guacarearse en su carencia total de dignidad, todos los días... Lo disfruto tanto... Tanto... Me siento tan feliz....” (Correo del 26 de diciembre de 2010)

Como queda ya claro, a lo largo de nuestra relación nos separamos y reconciliamos innumerables veces. En febrero de 2009 quedé embarazada de Arturo Noyola. Él mismo fue quien se encargó de todo el proceso de mi aborto:

Y esa persona quería seguir un embarazo de un hijo mío... No, no estoy mintiendo, es cierto. Esa persona quería seguir adelante con ese embarazo y tener un hijo, de preferecia [sic] hija, mío (o mía). No, no estoy mintiendo, es cierto. ¿Puede alguien creer semejante infierno que se avecinaba por las próximas más de dos décadas? ¿Yo teniendo un hijo (o hija) con esa mujer...? Ay, mamá... Uno para tener hijos, aunque se equivoque, busca mujeres... ¿pero esto...? ¿cómo se clasifica a este tipo de ser humao [sic]...? Híjole, de la que me salvé... Ya poco me importa que a mi costa tenga un dispositivo con el cual puede coger con quien quiera, ramiros o betos o diegos o lo que le venga en gana, donde quiera, con la seguridad de no embarazarse que le proprcionó [sic] algo que ella no conoce: un hombre. La única persona que le ha dado todo lo que necesita sin tacañerías y sin pensar en nada más que apoyarla. Pero eso ya se acabó. (Correo del 23 de septiembre de 2009)

En septiembre de 2009 volví a huir de su casa después de cinco horas de tortura psicológica durante la cual me recriminó el baile que provocó sus primeros golpes, insultó a mi familia, a mis amigos y a mí. El acoso ha seguido hasta el 5 de junio del presente año: ha consistido en correos en los que me insulta a mí y a toda la gente que me rodea, en otros me informa sobre lo que hace, también me reenvía fragmentos de correos que se escribe con sus alumnos y alumnas (principalmente estas últimas). En un correo con fecha del 19 de abril del presente año, nuevamente me advierte que revisará cuidadosamente mi tesis, y esto lo menciona inmediatamente después de acusarme de haber difundido por la Facultad lo que considera calumnias sobre él y de las que *…+ usó para advertirle a *…+ del probable peligro que corre al lado de este profesor:
Me acabo de enterar. El ex novio de mi novia está en un cruzada infantil para cubrirme de improperios y ‘ayudar’ (así dice él) a su ex novia a deshacerse de mí. Entre otras cosas está usando alguna especie que por la Facultad difundió Marcela Lagos. Qué asco y qué mal gusto. Pero quién se lo manda a mi novia por relacionarse con un lumpen acomplejado. Quién me lo mandfa [sic] a mí por relacionarme con una lumpen acomplejada. Jamás creí que llegaras a esos rincones. ¿Te imaginas a qué grado tu tesis va a estar bajo mi escrutinio? El lunes próximo hablo con Marcela Palma y le pido que, pase lo que pase, quiero ser parte de ese sínodo.

El profesor Noyola parece tener amplias intenciones de buscar en sus alumnas alguna posible pareja. Varias veces yo le eché en cara esto, él siempre lo negó, no obstante lo dejó muy claro en un correo del 2 de diciembre de 2010 en el que menciona que llevará a sus alumnas al Centro Histórico —suele hacer un recorrido por esta zona de la ciudad como parte de su curso— y después a su casa a tomar una copa e insinúa que después de mostrar quién es el maestro Arturo Noyola, alguna se enamorará de él:
E iré con mis alumnas al centro. Y algunas después vendrán a mi casa a tomar una copa. Y verán el piano. Y verán mi guitarra. Y preguntarán. Y sabrán mi relación imposible con ambos instrumentos. Y verán mis discos. Y escucharán mi música. Y sentirán algo especial. Sentirán que conocieron a alguien especial. Una pequeña ramita verde empezará a florecer en el corazón de alguna... sólo necesito ser yo... así como usted sólo necesita ser usted... Pobre criada hija de criados, pobretona, provinciana, sin clase, nacota, nalgapronta, cheguevaresca... La Calzones Lagos Ángeles vive....

Mi vida al lado del profesor Arturo Noyola fue verdaderamente un infierno y lo siguió siendo hasta hace pocas semanas debido a su permanente abuso psicológico. Comprendo que es difícil para la gente que no está dentro del círculo de violencia entender cómo es que una mujer permanece en una relación en la que sufre insultos, amenazas, menosprecio, humillaciones, vejaciones, golpes y la absoluta negación de su ser. Yo misma no lo entendía antes de lo que sufrí. El proceso que he llevado para mi recuperación no ha sido de ninguna manera sencillo. Actualmente estoy recibiendo terapia psicológica en la clínica de atención psicológica del Instituto Mexicano de la Juventud, además de un tratamiento psiquiátrico en el hospital psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez. Hasta hace algunos días todavía quedaban en mí restos de culpabilidad sobre la conducta violenta que el profesor Arturo Noyola tuvo conmigo, sin embargo, saber que no he sido la única alumna que ha salido con él y que ha sufrido de su maltrato, me ha ayudado un poco en el proceso para liberarme del peso que cargaba sobre mí al sentirme responsable de su proceder cruel e implacable. Repito, sé que hay otras estudiantes, por lo menos estoy segura de dos (una de ellas hace muchos años), que han padecido la violencia del profesor Arturo Noyola; logré contactar a una de ellas, quien muestra algunas reservas para aportar su testimonio por miedo a represalias. En alguna de sus comunicaciones menciona que tampoco se ha podido titular por este motivo, sin dar detalles al respecto. Confío que con esta carta algunas de las alumnas del licenciado Arturo Noyola que mantuvieron relaciones con él y que sufrieron situaciones similares a la mía tendrán la fuerza suficiente para salir a la luz. Sin embargo, las agresiones de este profesor no se limitan a las estudiantes con quienes se vinculó a nivel personal: los compañeros *…+, alumno de la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas, y *…+, ex alumno de la misma licenciatura, recibieron una carta ofensiva por parte del profesor Arturo Noyola, en relación con su noviazgo con la alumna *…+ y los rumores que se corren en la Facultad sobre su vida privada. Adjunto, como señalé al inicio de la presente, impresiones de los correos electrónicos que recibí desde que inició la relación en 2007 hasta el último correo que recibí el 5 de junio del presente año. Las direcciones de correo electrónico fueron cambiando a lo largo del tiempo, pero siempre lo hizo desde sus cuentas personales *…+ También presento las fotografías de los golpes y de la mordida en la muñeca derecha (de la que conservo una cicatriz) que recibí del profesor Arturo Noyola en enero de 2008, así como la copia de la denuncia que levanté ante el Ministerio Público. Del mismo modo, anexo las grabaciones que obtuve de algunas llamadas que me hizo, con su respectiva transcripción; además de mis constancias médicas (psicológica y psiquiátrica). Estoy consciente de que, como adulta, tomé una decisión personal errada, cuyas dolorosas consecuencias he asumido e intentado superar gracias a la compañía y al apoyo incondicionales de mis seres queridos; sin embargo, resulta evidente que he sido víctima de un constante acoso académico, derivado de mi relación con un hombre violento, que se ha empeñado en impedir mi titulación. Expreso abiertamente el temor al cumplimiento de las amenazas que han recaído tanto sobre mi persona como sobre mi familia por parte del licenciado Arturo Noyola Robles después de la presentación, ante las autoridades de la Facultad, de esta carta y de los

documentos probatorios que la acompañan, por lo que solicito de ustedes todo el apoyo que, estoy segura, merezco como alumna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO.

Atentamente,

Lourdes Marcela Lagos Ángeles Pasante de la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas Facultad de Filosofía y Letras UNAM

C.c.p. Dr. José Narro Robles – Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México C.c.p. Dra. Rosalba Casas Guerrero – Presidenta de la Comisión de Equidad de Género del Consejo Universitario C.c.p. Dr. Leoncio Lara Sáenz– Defensor de los Derechos Universitarios de la Universidad Nacional Autónoma de México C.c.p. Dra. Marisa Belausteguigoitia – Directora del Programa Universitario de Estudios de Género C.c.p. Mtra. Ofelia Escudero Cabezudt – Secretaria General de la Facultad de Filosofía y Letras C.c.p. Dr. Gabriel Enrique Linares González– Jefe de la División de Estudios Profesionales C.c.p. Dra. Marcela Palma Basualdo – Coordinadora del Colegio de Letras Hispánicas C.c.p. Mtra. Anamari Gomís Iniesta y Dra. Adriana de Teresa Ochoa – Consejeras Técnicas de los Colegios de Letras C.c.p. Dra. Guadalupe Curiel Defossé – Directora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas C.c.p. Dr. Vicente Quirarte Castañeda– Investigador del Instituto de Investigaciones Bibliográficas

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