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Elementos de Astronomia de Posicion

Elementos de Astronomia de Posicion

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Sections

  • INTRODUCCI´ON
  • 1.1 La astronom´ıa
  • 1.1.1 Objeto de estudio
  • 1.2 La astronom´ıa esf´erica y din´amica
  • 1.3 La astronom´ıa y la astrolog´ıa
  • 2.1 Relaciones fundamentales
  • EL PLANETA TIERRA
  • 3.2 Coordenadas de un observador en la superficie de
  • 3.2.1 Coordenadas geoc´entricas
  • Las coordenadas geoc´entricas son:
  • 3.2.2 Coordenadas geod´esicas
  • 3.2.3 Coordenadas geogr´aficas (astron´omicas)
  • 3.3 Unidades de longitud y su relaci´on con las dimen-
  • 3.4 Transformaci´on entre latitudes
  • LA B´OVEDA CELESTE
  • 4.1 Conceptos fundamentales
  • 4.2 Observaci´on del cielo seg´un la latitud
  • 4.3 La ecl´ıptica
  • 4.4 Estaciones
  • 4.5 Constelaciones
  • 4.6 Nombres de estrellas y designaciones
  • 4.7 Cat´alogos de estrellas
  • COORDENADAS CELESTES
  • 5.1 Coordenadas horizontales
  • 5.2 Coordenadas ecuatoriales horarias
  • 5.3 Coordenadas ecuatoriales (ecuatoriales absolutas)
  • 5.4 Coordenadas ecl´ıpticas
  • 5.5 Coordenadas gal´acticas
  • 5.6 Transformaci´on entre los sistemas de coordenadas
  • 5.6.1 De horizontales a ecuatoriales horarias y viceversa
  • 5.6.2 Ecuatoriales horarias a ecuatoriales absolutas y viceversa
  • 5.6.3 Ecuatoriales absolutas a ecl´ıpticas y viceversa
  • 5.6.4 Ecuatoriales absolutas a gal´acticas y viceversa
  • 6.1 Movimiento diurno
  • 6.2 La Luna y el Sol
  • 6.3 Los planetas
  • 6.3.1 Per´ıodo sin´odico
  • 7.1 El d´ıa
  • 7.1.1 El d´ıa sideral
  • 7.1.2 El d´ıa solar verdadero
  • 7.1.3 El d´ıa solar medio
  • 7.2 Conversi´on entre tiempo sideral y tiempo solar medio
  • 7.3 El tiempo sideral local
  • 7.4 El tiempo solar verdadero
  • 7.5 El tiempo solar medio
  • 7.6 El tiempo universal
  • 7.7 Husos horarios
  • 7.8 La ecuaci´on del tiempo
  • 7.9 El c´alculo del tiempo sideral local
  • 7.9.1 El c´alculo de la fecha juliana
  • 7.9.2 El c´alculo del TSG0
  • 7.10 Sistemas de tiempo
  • 7.10.1 Variaciones en la tasa de rotaci´on terrestre
  • 7.10.2 El tiempo de las efem´erides (TE)
  • 7.10.3 El tiempo din´amico
  • 7.11 El tiempo at´omico
  • 7.12 Tiempos universales
  • 8.1 Culminaci´on de cuerpos celestes
  • 8.2 Salida y puesta de un astro
  • 8.2.1 Una primera aproximaci´on
  • 8.2.2 Refinando el c´alculo
  • 8.2.3 El c´alculo especial del Sol y la Luna
  • 8.3 Paso por el meridiano del observador
  • 8.4 Paso por el cenit del observador
  • 8.5 Navegaci´on astron´omica
  • CALENDARIO
  • 9.1 El calendario romano primitivo
  • 9.2 El calendario juliano
  • 9.3 Calendario y cristianismo
  • 9.4 El calendario gregoriano
  • 9.5 Cronolog´ıa
  • 9.6 La determinaci´on de la fecha de Pascua
  • 9.6.1 Letra dominical
  • 9.6.2 N´umero ´aureo
  • 9.6.3 La Epacta
  • 9.6.4 Otros ciclos
  • 9.6.5 C´alculo de la fecha de Pascua
  • 9.7 Calendario colombiano
  • 10.1 Precesi´on
  • 10.2 Nutaci´on
  • 10.3 Aberraci´on
  • 10.3.1 Aberraci´on estelar
  • 10.3.2 Aberraci´on planetaria
  • 10.4 Movimiento en el espacio
  • 10.5 Paralaje
  • 10.5.1 Paralaje diurno
  • 10.5.2 Paralaje anual
  • 10.6 Refracci´on astron´omica
  • 10.7 Deflecci´on gravitacional de la luz
  • 11.1 Estado de las cosas en la antig¨uedad
  • 11.2 Kepler y sus leyes
  • 11.2.1 La elipse
  • 11.2.2 ´Areas y ´angulos
  • 11.2.3 Per´ıodos y distancias
  • 11.3 El formalismo Newtoniano
  • 11.3.1 Ley de atracci´on newtoniana
  • 11.3.2 La funci´on potencial
  • 12.1. MOVIMIENTO CON RESPECTO AL CENTRO DE MASAS 227
  • 12.1 Movimiento con respecto al centro de masas
  • Figura 12.3: Movimiento con respecto al centro de masas
  • 12.2 El movimiento relativo
  • 12.2.1 Aceleraciones
  • 12.3 Elecci´on de un sistema de coordenadas
  • 12.4 El momentum angular
  • 12.4.1 ´Areas y tiempos: otra vez la segunda ley de Kepler
  • 12.5 Momentum angular cero: la ´orbita rectil´ınea
  • 12.6 Momentum angular diferente de cero: trayectorias
  • 12.6.1 C´onicas
  • 12.7 La energ´ıa total
  • 12.8 C´alculos de masa: otra vez la tercera ley de Kepler
  • 12.9 Velocidades
  • 12.10 El c´alculo de la anomal´ıa verdadera
  • 12.10.1 ´Orbita el´ıptica
  • 12.10.2 ´Orbita hiperb´olica
  • 12.10.3 ´Orbita parab´olica
  • 13.0.4 Elementos orbitales
  • 13.0.5 Posici´on en el espacio
  • 13.1 Velocidad en el espacio
  • 13.2 La posici´on con respecto a la Tierra
  • 13.3 Las coordenadas topoc´entricas
  • PERTURBACIONES
  • 14.1 Modelo vs. realidad
  • 14.2 El problema de los tres cuerpos
  • 14.2.1 El problema restringido circular de los tres cuerpos
  • 14.3 El problema de los n cuerpos
  • 14.4. PERTURBACIONES AL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS 291
  • 14.4 Perturbaciones al problema de los dos cuerpos
  • 14.4.1 Presencia de un tercer cuerpo, o de m´as cuerpos
  • 14.4.2 No esfericidad del cuerpo central
  • 14.4.3 Perturbaci´on por rozamiento atmosf´erico
  • 14.4.4 Perturbaci´on por presi´on de radiaci´on
  • 14.4.5 Perturbaci´on por eyecci´on de masa
  • 14.4.6 Perturbaci´on por curvatura del espacio-tiempo
  • 14.4.7 El efecto Poynting-Robertson
  • 14.4.8 El efecto Yarkovsky
  • 14.4.9 Resistencia por part´ıculas cargadas
  • 14.5 Resolviendo las ecuaciones
  • 14.5.1 La integraci´on num´erica
  • 14.5.2 Teor´ıa de perturbaciones
  • 15.1 Una teor´ıa sencilla del sat´elite artificial
  • 15.2 El sat´elite Tierra-sincr´onico
  • 15.3 El sat´elite Sol-sincr´onico
  • 15.4 El sat´elite geoestacionario
  • 15.5 El sat´elite Molniya
  • 15.6 ´Orbitas de transferencia
  • 15.6.1 Transferencia tipo Hohmann
  • 15.6.2 Cambio de inclinaci´on
  • 15.7 Cohetes
  • 15.8 La ecuaci´on de Tsiolkovsky
  • 15.9 Las condiciones de inyecci´on y la ´orbita inicial
  • Constantes astron´omicas
  • A.1 Unidades
  • A.2 Sistema de Constantes Astron´omicas de la U.A.I
  • Cuerpos del sistema solar
  • C.1 Datos f´ısicos de los planetas (I)
  • C.2 Datos f´ısicos de los planetas (II)
  • C.4 Datos del Sol
  • C.5 Datos de la Luna
  • C.6 Algunos asteroides
  • C.7 Algunos cometas
  • Refracci´on astron´omica a nivel
  • Estrellas
  • E.1 Las estrellas m´as cercanas al Sol
  • E.2 Las estrellas m´as brillantes
  • Fecha Juliana
  • Calendario
  • G.1 Descansos remunerados
  • G.2 Fechas de Pascua para algunos a˜nos
  • G.3 Calendario Perpetuo

Elementos de

Astronom´ıa de Posici´on
Jos´e Gregorio Portilla Barbosa
• Jos´e Gregorio Portilla B.
El profesor Portilla actualmente es Profesor Asociado de Dedicaci´ on Exclusiva adscrito al Observatorio
Astron´ omico Nacional de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia. Dicta regular-
mente las c´ atedras de Astronom´ıa General I, Mec´anica Celeste e Introducci´on a la Coheter´ıa y Astron´ autica
que se ofrecen a los estudiantes de pregrado y posgrado en la mencionada instituci´ on. Su campo de inves-
tigaci´ on se dirige hacia la mec´ anica celeste, en particular sobre el movimiento de sat´elites, estabilidad de
´orbitas, m´etodos de integraci´ on y mec´ anica celeste relativista.
.
Elementos de astronom
´
ıa de
posici
´
on
Jos´e Gregorio Portilla B.
Observatorio Astron´ omico Nacional
Facultad de Ciencias
Universidad Nacional de Colombia
Bogot´ a
Presente edici´on: mayo de 2001
c 2001, Observatorio Astron´ omico Nacional
Internet: http://www.observatorio.unal.edu.co/miembros/docentes/grek/grek.html
Correo-e: gportill@ciencias.unal.edu.co
No se permite la reproducci´on total o parcial de esta obra, ni su incorporaci´ on a un sistema in-
form´atico, ni su transmisi´ on en cualquier forma o por cualquier medio, sea ´este electr´onico, mec´ anico,
por fotocopia, por grabaci´ on u otros m´etodos, sin el permiso previo y por escrito del autor.
Dise˜ no y diagramaci´ on en L
A
T
E
X: Jos´e Gregorio Portilla B.
Dise˜ no de car´ atula: Martha Chac´ on Chac´ on y M. Arturo Izquierdo Pe˜ na.
Car´atula: Concepci´ on art´ıstica del paso de la nave Viajero II por el planeta J´ upiter.
ISSN: 0120-2758
Impreso en Colombia
Universidad Nacional de Colombia, Bogot´ a
A mis padres:
Mar´ıa Teresa y
Jos´e Gregorio
.
.
Prefacio
Este libro constituye en su mayor´ıa las notas ordenadas, ampliadas y actualizadas de
parte de los cursos de Astronom´ıa General I, Mec´anica Celeste e Introducci´ on a la Coheter´ıa
y Astron´ autica que el autor ha tenido la oportunidad de dictar en varias ocasiones en la sede
acad´emica del Observatorio Astron´ omico Nacional. Pretende ser una exposici´on sencilla,
clara y no demasiado t´ecnica de diversos t´ opicos de la astronom´ıa esf´erica y la mec´anica
celeste, pero procurando conservar cierto nivel de profundizaci´ on necesario para abordar
una ciencia que, como la astronom´ıa, depende enteramente de la medida y del c´alculo.
Exceptuando tal vez los cap´ıtulos 12 al 15, el libro est´ a enteramente al alcance de una
persona que haya completado un bachillerato a conciencia.
En una ´epoca clave para el desarrollo de la astronom´ıa en nuestro pa´ıs, con la conforma-
ci´ on de la RAC (Red Astron´omica Colombiana), la aparici´ on y consolidaci´on de grupos y
asociaciones de aficionados a lo ancho y largo del territorio nacional y el surgimiento, en el
segundo semestre de 1999, de la Especializaci´on en Astronom´ıa en la Universidad Nacional
de Colombia sede Bogot´a, es de esperarse un avance significativo de la astronom´ıa criolla
en los a˜ nos venideros. El autor estar´ıa plenamente satisfecho si esta obra contribuye en un
infinit´esimo a dicho desarrollo.
El autor agradece el apoyo de cada uno de los profesores que conforman el personal do-
cente del Observatorio Astron´ omico Nacional. En particular debo mencionar a tres de ellos:
el profesor Eduardo Brieva, quien ley´ o la totalidad del texto y realiz´ o importantes y muy
valiosas sugerencias; el profesor Fernando Otero, quien ley´o algunos de los cap´ıtulos e hizo
significativas recomendaciones y el profesor Arturo Izquierdo, quien no s´ olo me colabor´o con
su profundo dominio de muchos programas en Linux sino tambi´en ayud´ o en la elaboraci´on
de la car´ atula.
Mi agradecimiento tambi´en se extiende a los monitores del Observatorio Germ´an Mon-
toya y Daniel Izquierdo quienes estuvieron atentos a resolver las dudas que tuvo el autor
con el manejo del sistema operativo Linux, el procesador de palabra cient´ıfico L
A
T
E
X y varios
programas graficadores; a Martha Chac´on Chac´on por su dise˜ no de car´ atula, y a los muchos
estudiantes de pregrado de la Universidad y en particular de los de la Especializaci´ on en
Astronom´ıa sin quienes mucho del contenido de este libro estar´ıa oscuro e impenetrable. A
todos, mi agradecimiento m´as profundo.
Jos´ e Gregorio Portilla B.
Profesor, Observatorio Astron´ omico Nacional
Bogot´ a, MMI
´
Indice General
1 INTRODUCCI
´
ON 15
1.1 La astronom´ıa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15
1.1.1 Objeto de estudio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15
1.2 La astronom´ıa esf´erica y din´ amica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16
1.3 La astronom´ıa y la astrolog´ıa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
2 TRIGONOMETR
´
IA ESF
´
ERICA 21
2.1 Relaciones fundamentales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24
3 EL PLANETA TIERRA 31
3.1 Forma de la Tierra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32
3.2 Coordenadas de un observador en la superficie de la Tierra . . . . . . . . . . 35
3.2.1 Coordenadas geoc´entricas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35
3.2.2 Coordenadas geod´esicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37
3.2.3 Coordenadas geogr´aficas (astron´omicas) . . . . . . . . . . . . . . . . . 39
3.3 Unidades de longitud y su relaci´ on con las dimensiones terrestres . . . . . . . 40
3.4 Transformaci´on entre latitudes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 41
4 LA B
´
OVEDA CELESTE 47
4.1 Conceptos fundamentales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50
4.2 Observaci´ on del cielo seg´ un la latitud . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 54
4.3 La ecl´ıptica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 56
4.4 Estaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 58
4.5 Constelaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 62
4.6 Nombres de estrellas y designaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64
4.7 Cat´alogos de estrellas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65
5 COORDENADAS CELESTES 69
5.1 Coordenadas horizontales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 69
5.2 Coordenadas ecuatoriales horarias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71
5.3 Coordenadas ecuatoriales (ecuatoriales absolutas) . . . . . . . . . . . . . . . . 72
5.4 Coordenadas ecl´ıpticas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73
5.5 Coordenadas gal´ acticas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75
5.6 Transformaci´on entre los sistemas de coordenadas . . . . . . . . . . . . . . . . 76
9
5.6.1 De horizontales a ecuatoriales horarias y viceversa . . . . . . . . . . . 76
5.6.2 Ecuatoriales horarias a ecuatoriales absolutas y viceversa . . . . . . . 81
5.6.3 Ecuatoriales absolutas a ecl´ıpticas y viceversa . . . . . . . . . . . . . . 84
5.6.4 Ecuatoriales absolutas a gal´ acticas y viceversa . . . . . . . . . . . . . 89
6 MOVIMIENTO APARENTE DE LOS CUERPOS CELESTES 93
6.1 Movimiento diurno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 93
6.2 La Luna y el Sol . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 94
6.3 Los planetas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 98
6.3.1 Per´ıodo sin´ odico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 104
7 EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA 107
7.1 El d´ıa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107
7.1.1 El d´ıa sideral . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108
7.1.2 El d´ıa solar verdadero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108
7.1.3 El d´ıa solar medio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109
7.2 Conversi´ on entre tiempo sideral y tiempo solar medio . . . . . . . . . . . . . 110
7.3 El tiempo sideral local . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
7.4 El tiempo solar verdadero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
7.5 El tiempo solar medio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 112
7.6 El tiempo universal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 112
7.7 Husos horarios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 112
7.8 La ecuaci´on del tiempo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 116
7.9 El c´ alculo del tiempo sideral local . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 118
7.9.1 El c´ alculo de la fecha juliana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 119
7.9.2 El c´ alculo del TSG0 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 123
7.10 Sistemas de tiempo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 126
7.10.1 Variaciones en la tasa de rotaci´on terrestre . . . . . . . . . . . . . . . 126
7.10.2 El tiempo de las efem´erides (TE) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127
7.10.3 El tiempo din´ amico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 128
7.11 El tiempo at´ omico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 130
7.12 Tiempos universales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131
8 C
´
ALCULO DE ALGUNOS FEN
´
OMENOS ASTRON
´
OMICOS 135
8.1 Culminaci´ on de cuerpos celestes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 135
8.2 Salida y puesta de un astro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 137
8.2.1 Una primera aproximaci´ on . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 138
8.2.2 Refinando el c´alculo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 140
8.2.3 El c´ alculo especial del Sol y la Luna . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 143
8.3 Paso por el meridiano del observador . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 143
8.4 Paso por el cenit del observador . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145
8.5 Navegaci´on astron´omica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 148
9 CALENDARIO 155
9.1 El calendario romano primitivo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157
9.2 El calendario juliano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 158
9.3 Calendario y cristianismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 160
9.4 El calendario gregoriano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 162
9.5 Cronolog´ıa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 163
9.6 La determinaci´ on de la fecha de Pascua . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165
9.6.1 Letra dominical . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165
9.6.2 N´ umero ´ aureo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 166
9.6.3 La Epacta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 167
9.6.4 Otros ciclos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 168
9.6.5 C´ alculo de la fecha de Pascua . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 169
9.7 Calendario colombiano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 171
10 CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS 175
10.1 Precesi´on . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175
10.2 Nutaci´ on . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 181
10.3 Aberraci´ on . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185
10.3.1 Aberraci´ on estelar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185
10.3.2 Aberraci´ on planetaria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 190
10.4 Movimiento en el espacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 191
10.5 Paralaje . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 193
10.5.1 Paralaje diurno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 193
10.5.2 Paralaje anual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 195
10.6 Refracci´on astron´omica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 198
10.7 Deflecci´on gravitacional de la luz . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 201
11 MEC
´
ANICA CELESTE: UNA INTRODUCCI
´
ON 205
11.1 Estado de las cosas en la antig¨ uedad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 208
11.2 Kepler y sus leyes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 209
11.2.1 La elipse . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 211
11.2.2
´
Areas y ´angulos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 215
11.2.3 Per´ıodos y distancias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 215
11.3 El formalismo Newtoniano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 216
11.3.1 Ley de atracci´on newtoniana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 218
11.3.2 La funci´ on potencial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 219
12 EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS 223
12.1 Movimiento con respecto al centro de masas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 227
12.2 El movimiento relativo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 229
12.2.1 Aceleraciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 230
12.3 Elecci´on de un sistema de coordenadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 232
12.4 El momentum angular . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 233
12.4.1
´
Areas y tiempos: otra vez la segunda ley de Kepler . . . . . . . . . . . 237
12.5 Momentum angular cero: la ´orbita rectil´ınea . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 240
12.6 Momentum angular diferente de cero: trayectorias c´onicas . . . . . . . . . . 242
12.6.1 C´onicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 245
12.7 La energ´ıa total . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 248
12.8 C´alculos de masa: otra vez la tercera ley de Kepler . . . . . . . . . . . . . . . 249
12.9 Velocidades . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 252
12.10El c´alculo de la anomal´ıa verdadera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 254
12.10.1
´
Orbita el´ıptica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 254
12.10.2
´
Orbita hiperb´ olica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 259
12.10.3
´
Orbita parab´ olica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 261
13 LA DETERMINACI
´
ON DE LA POSICI
´
ON EN EL ESPACIO 265
13.0.4 Elementos orbitales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 265
13.0.5 Posici´on en el espacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 267
13.1 Velocidad en el espacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 269
13.2 La posici´on con respecto a la Tierra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 270
13.3 Las coordenadas topoc´entricas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 276
14 PERTURBACIONES 279
14.1 Modelo vs. realidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 279
14.2 El problema de los tres cuerpos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 282
14.2.1 El problema restringido circular de los tres cuerpos . . . . . . . . . . . 288
14.3 El problema de los n cuerpos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 290
14.4 Perturbaciones al problema de los dos cuerpos . . . . . . . . . . . . . . . . . . 291
14.4.1 Presencia de un tercer cuerpo, o de m´as cuerpos . . . . . . . . . . . . 292
14.4.2 No esfericidad del cuerpo central . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 292
14.4.3 Perturbaci´ on por rozamiento atmosf´erico . . . . . . . . . . . . . . . . 295
14.4.4 Perturbaci´ on por presi´on de radiaci´ on . . . . . . . . . . . . . . . . . . 296
14.4.5 Perturbaci´ on por eyecci´on de masa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 296
14.4.6 Perturbaci´ on por curvatura del espacio-tiempo . . . . . . . . . . . . . 297
14.4.7 El efecto Poynting-Robertson . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 300
14.4.8 El efecto Yarkovsky . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 301
14.4.9 Resistencia por part´ıculas cargadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 301
14.5 Resolviendo las ecuaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 302
14.5.1 La integraci´on num´erica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 302
14.5.2 Teor´ıa de perturbaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 303
15 SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES 315
15.1 Una teor´ıa sencilla del sat´elite artificial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 318
15.2 El sat´elite Tierra-sincr´ onico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 325
15.3 El sat´elite Sol-sincr´ onico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 326
15.4 El sat´elite geoestacionario . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 327
15.5 El sat´elite Molniya . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 331
15.6
´
Orbitas de transferencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 332
15.6.1 Transferencia tipo Hohmann . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 332
15.6.2 Cambio de inclinaci´ on . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 335
15.7 Cohetes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 336
15.8 La ecuaci´on de Tsiolkovsky . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 337
15.9 Las condiciones de inyecci´on y la ´ orbita inicial . . . . . . . . . . . . . . . . . . 346
A Constantes astron´omicas 353
A.1 Unidades . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 353
A.2 Sistema de Constantes Astron´omicas de la U.A.I. (1976) . . . . . . . . . . . . 354
B Posiciones geogr´aficas de algunas ciudades colombianas 355
C Cuerpos del sistema solar 359
C.1 Datos f´ısicos de los planetas (I) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 359
C.2 Datos f´ısicos de los planetas (II) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 360
C.3 Elementos orbitales osculatrices helioc´entricos referidos a la ecl´ıptica media
y equinoccio de J2000.0 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 360
C.4 Datos del Sol . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 361
C.5 Datos de la Luna . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 361
C.6 Algunos asteroides . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 362
C.7 Algunos cometas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 362
D Refracci´on astron´omica a nivel del mar 363
E Estrellas 365
E.1 Las estrellas m´ as cercanas al Sol . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 365
E.2 Las estrellas m´ as brillantes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 366
F Fecha Juliana 367
G Calendario 369
G.1 Descansos remunerados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 369
G.2 Fechas de Pascua para algunos a˜ nos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 370
G.3 Calendario Perpetuo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 371
14
Cap´ıtulo 1
INTRODUCCI
´
ON
1.1 La astronom´ıa
La astronom´ıa es aquella rama del saber cient´ıfico que estudia el universo en su conjunto. El
universo comprende cuerpos tan familiares como la Luna, el Sol, los planetas y las estrellas,
hasta objetos ex´oticos tales como los agujeros negros, quasares, pulsares y enanas marrones.
Entendemos aqu´ı por universo a todo el conjunto de cuerpos celestes que han existido,
existen y existir´ an. Por lo que sabemos hoy en d´ıa, el universo es extraordinariamente an-
tiguo e inconmensurablemente enorme.
La astronom´ıa busca explicar el universo (su composici´on, estructura, origen, evoluci´ on,
etc.) pero con un enfoque cient´ıfico, lo que significa que sus procedimientos y metodolog´ıas
descansan en nuestros conocimientos de las leyes f´ısicas y qu´ımicas hasta ahora descubiertas y
por lo tanto, de las bases matem´aticas que las sustentan. Los resultados que se derivan de las
teor´ıas propuestas son continuamente comparados con la observaci´on; aquellas teor´ıas que no
explican satisfactoriamente los fen´omenos observados son reevaluadas e incluso desaparecen
si una nueva teor´ıa surge con mayor poder explicatorio y predictivo. Nuestro conocimiento
del universo es a´ un muy limitado. Es cierto que hemos avanzado mucho en su conocimiento,
pero permanecen muchos interrogantes todav´ıa por esclarecer.
1.1.1 Objeto de estudio
Son objetos de estudio de la astronom´ıa aquellos cuerpos que observamos en el cielo —por
lo que los llamamos “celestes”—. En la antig¨ uedad los astr´onomos y fil´osofos contemplaron
y estudiaron aquellos objetos que son visibles a simple vista: el Sol, la Luna, planetas,
estrellas, cometas y estrellas fugaces. Con la aparici´on de instrumentos y herramientas tales
15
16 CAP
´
ITULO 1. INTRODUCCI
´
ON
como telescopios y c´amaras fotogr´aficas se logr´o obtener por un lado, una visi´ on m´as com-
pleta y extraordinaria de todos aquellos cuerpos conocidos hasta entonces y, por otro, se
descubrieron objetos y estructuras que hab´ıan pasado desapercibidas hasta entonces senci-
llamente por la limitaci´ on de nuestros sentidos.
La astronom´ıa busca dar respuestas a la curiosidad innata del hombre por comprender
lo que lo rodea desde el punto de vista c´ osmico. Hombres curiosos, animados por motivos
teol´ ogicos, filos´oficos, o de otra clase, han dedicado sus vidas a la observaci´on, medida y
comprensi´ on de los cuerpos celestes. Muchos de ellos han legado sus observaciones, fruto
de sus pacientes observaciones y medidas hechas en el transcurso de muchos a˜ nos, para que
los que vienen detr´ as de ellos, m´as instruidos y con una experiencia ya heredada, intenten
completar el panorama y contin´ uen con ese anhelo de exploraci´on y entendimiento.
El astr´ onomo estudia el cielo de una manera sistem´atica y formal. Sus preguntas son del
siguiente tenor:¿Cu´ ando ser´ a el pr´ oximo eclipse de Sol? ¿A qu´e horas exactamente saldr´a el
Sol para un d´ıa y lugar determinado? ¿Por qu´e los planetas describen trayectorias aparentes
tan complicadas? ¿Qu´e tan antiguo es el Sol? ¿Qu´e composici´on qu´ımica tiene la Luna?
¿A qu´e distancia est´ an las estrellas? ¿Por qu´e brillan ´estas? ¿Qu´e tan antiguo es el universo?
Las respuestas a algunas de estas preguntas han costado mucho trabajo y dedicaci´on a
hombres de ciencia en el transcurso de muchos siglos. Algunas de ellas todav´ıa no tienen una
explicaci´ on que podamos llamar satisfactoria, pero en el mundo entero miles de astr´onomos
continuan desarrollando t´ecnicas observacionales e instrumentales, creando y optimizando
nuevos m´etodos anal´ıticos y computacionales con el fin de seguir desentra˜ nando los profun-
dos misterios e interrogantes que a´ un encierra el universo.
La astronom´ıa es actualmente una ciencia supremamente extensa que cubre tan vastos
campos de inter´es que se ha hecho necesario dividirla en ramas o especializaciones. Para la
persona de la calle el astr´ onomo es aquel sujeto que se dedica meramente a la observaci´on
del cielo. Pero en la realidad es mucho m´ as que eso. El astr´ onomo, para los c´anones
actuales, es un profesional altamente preparado con s´olidos conocimientos en matem´aticas,
f´ısica, qu´ımica, biolog´ıa, geolog´ıa, computaci´on, etc. Dependiendo de su area de inter´es
tendr´ a mayor preparaci´on en algunas de esas ciencias m´as que en otras. Aquellos que se
dedican por ejemplo al estudio de las propiedades de los agujeros negros son profesionales
con una formaci´on muy s´olida en matem´aticas y f´ısica, pues sus herramienta de trabajo son
la geometr´ıa diferencial, la teor´ıa de la relatividad general y la mec´ anica cu´ antica. Aquellos
dedicados a la b´ usqueda del origen y formaci´ on de la Luna necesitan conocimientos muy
profundos de geolog´ıa, qu´ımica y mec´anica celeste. Y as´ı ocurre con todas las dem´as ramas
en las que se ha subdividido la astronom´ıa.
1.2 La astronom´ıa esf´erica y din´amica
Este libro trata espec´ıficamente de dos ramas de la astronom´ıa que est´ an intimamente rela-
cionadas entre s´ı. La astronom´ıa esf´erica estudia la manera de como es posible relacionar
las direcciones cambiantes de los cuerpos celestes con sus posiciones sobre la superficie de la
1.3. LA ASTRONOM
´
IA Y LA ASTROLOG
´
IA 17
denominada esfera celeste. La astronom´ıa din´ amica estudia todas aquellas explicaciones de
orden fisicomatem´atico que tratan de dar cuenta del movimiento de los cuerpos celestes bajo
la influencia de sus mutuas atracciones gravitacionales, aunque no se descartan otro tipo de
fuerzas. La astronom´ıa esf´erica requiere el dominio b´ asico de la trigonometr´ıa esf´erica; la
astronom´ıa din´ amica requiere el manejo de la mec´anica newtoniana, y en casos especiales y
rigurosos, de la teor´ıa de la relatividad general. En un contexto m´ as amplio, la astronom´ıa
esf´erica y la astronom´ıa din´ amica forman juntas lo que se conoce como astronom´ıa de posi-
ci´ on
1
.
1.3 La astronom´ıa y la astrolog´ıa
Es muy raro el texto de astronom´ıa que se atreva a dedicar si quiera unas l´ıneas dirigidas
a dejar en claro la diferencia que existe entre la astronom´ıa y la astrolog´ıa. Sin embargo,
el auge que cobran cada vez m´as las pr´ acticas adivinatorias y ocultistas entre la poblaci´ on,
aun entre personas que se precian de ser ilustradas, amerita, a modo de responsabilidad con
la sociedad, hacer las siguientes apreciaciones.
Son muchas las personas en nuestra sociedad que piensan que la astronom´ıa y la astrolog´ıa
son una misma cosa. La realidad es que son dos actividades completa y radicalmente dife-
rentes. La astrolog´ıa parte del supuesto de que los astros (el Sol, la Luna y los planetas) y
la posici´ on aparente de ´estos en relaci´on con las estrellas, tienen una influencia marcada y
directa en el destino y el car´ acter de las personas, grupos humanos e incluso naciones enteras.
Sin embargo, hoy por hoy, con el avance portentoso de la ciencia y la tecnolog´ıa, la
astrolog´ıa es vista, por lo medios intelectuales y cient´ıficos, como una simple pr´ actica adivi-
natoria, a la misma altura de la quiromancia y otras actividades similares. Los creyentes y
adeptos de la astrolog´ıa insisten en que su destino, su suerte (o la carencia de ella), sus gustos
e instintos dependen y est´ an determinados por la ubicaci´ on relativa de los cuerpos celestes
en instantes cruciales de su existencia, particularmente en el momento de su nacimiento.
La astrolog´ıa, a diferencia de la astronom´ıa, no busca explicar el universo. En su trabajo
diario y para el desempe˜ no de su labor, al astr´ ologo lo tiene sin cuidado la constituci´ on de
las estrellas; no pretende conocer el origen y la evoluci´ on del universo, le es indiferente el
estudio formal y excitante de la naturaleza del cosmos. Sus conocimientos en matem´aticas,
f´ısica y qu´ımica son por lo tanto limitados, pues no es su intenci´on desentra˜ nar los misterios
del cosmos por lo que no requiere todas esas herramientas que son imprescindibles para el
astr´ onomo. Eso s´ı, le interesa conocer las efem´erides (las posiciones de los planetas con
respecto a las estrellas) para alguna fecha dada, no con la exactitud y precisi´ on que requiere
el astr´onomo, despreocup´andose por el hecho de que ´estos utilizan en sus c´alculos la teor´ıa
de la relatividad general (el funcionamiento, la estabilidad y el poder determinista de las
1
No hay un consenso general sobre esta definici´on. En algunas referencias la astronom´ıa de posici´on
se entiende como un sin´onimo de astrometr´ıa, esto es, aquella rama de la astronom´ıa que se ocupa de las
medidas de las posiciones de los cuerpos celestes en el cielo, en particular en lo que tiene que ver con los
conceptos y m´etodos observacionales involucrados en la realizaci´on de las medidas.
18 CAP
´
ITULO 1. INTRODUCCI
´
ON
teor´ıas planetarias no son su problema), pues su intenci´on es adivinar —no calcular— lo que
puede ocurrir con el destino de las personas.
La diferencia entre astronom´ıa y astrolog´ıa es equivalente, en sus justas proporciones, a
la existente entre la hepatolog´ıa y la haruspimancia. La primera es el estudio cient´ıfico del
higado, esto es, el estudio de ´este ´organo desde el punto de vista morfol´ ogico, fisiol´ogico,
etc.; la segunda es la pr´ actica adivinatoria que consiste en leer el futuro interpretando la
forma y los ligeros cambios de posici´on del higado de animales que se sacrifican con tal fin.
El astr´ ologo realiza predicciones sobre el destino de las personas basado no en las leyes
de la naturaleza sino en recetas y formulaciones carentes por completo de fundamento. El
origen de estas reglas puede trazarse hasta unos 2500 A.C. en la ´epoca de los antiguos
caldeos, cuando la ciencia y la magia eran una misma cosa. Es justo decir, sin embargo,
que hasta tiempos relativamente recientes los astr´onomos fueron tambi´en practicantes de la
astrolog´ıa, en particular cuando necesitaban la protecci´ on de pr´ıncipes y reyes a los cuales
s´olo les interesaba saber lo que los astros les deparaban en el futuro. Es el caso de Johannes
Kepler, famoso astr´ onomo alem´an, posiblemente el ´ ultimo de los grandes astr´ onomos que
cultiv´ o tambi´en la astrolog´ıa. Sin embargo, ya para finales del siglo XVII, ambas actividades
se separaron radicalmente hasta hacerse casi irreconocibles.
Es muy normal encontrar hoy en d´ıa en pr´ acticamente todos los peri´ odicos y publicaciones
seriadas dirigidas al gran p´ ublico, secciones enteras sobre hor´oscopos y avisos publicitarios
de astr´ ologos “profesionales”. Que la poblaci´on vea a la astrolog´ıa como un pasatiempo
o divertimento jocoso vaya y pase. Desdichadamente, son muchas las personas que creen
firmemente lo que les indica su hor´ oscopo gastando para ello enormes sumas de dinero en
la consulta peri´ odica de supuestos especialistas en astrolog´ıa. Esto lo que revela no es la
eficiencia del astr´ologo en sus predicciones, ni la aprobaci´on de una pr´ actica adivinatoria
como una ciencia “cierta” o “verdadera” sino m´ as bien la falta de cultura cient´ıfica, la
inseguridad, y la crisis de identidad de muchos miembros de nuestra sociedad.
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Bakulin, P., Kononovich, E., Moroz, V. (1983) Curso de astronom´ıa general, Mir, Mosc´ u.
Texto de astronom´ıa que ofrece, sin demasiada profundidad t´ecnica, un amplio espectro de la
tem´atica astron´ omica.
• Brieva-Bustillo, E. (1985) Introducci´ on a la astronom´ıa: El sistema solar, Empresa Editorial
Universidad Nacional de Colombia, Bogot´ a.
Un texto breve y descriptivo de la mayor´ıa de temas de la astronom´ıa moderna, con ´enfasis
en el sistema solar.
• Culver, B., Ianna, P. (1994) El secreto de las estrellas, astrolog´ıa: ¿mito o realidad?, Tikal
ediciones, Gerona.
Excelente libro que expone con detalle las fallas conceptuales de la astrolog´ıa. Muy revelador
para todos aquellos que no comprenden la diferencia entre la astronom´ıa y la astrolog´ıa.
• Karttunen, H., et al. (1996) Fundamental Astronomy, Springer-Verlag, Heidelberg.
Excelente texto de astronom´ıa a nivel universitario que cubre diversos aspectos de los moder-
nas t´ecnicas observacionales y te´oricas.
1.3. LA ASTRONOM
´
IA Y LA ASTROLOG
´
IA 19
• Sagan C. (1994) Cosmos, Planeta, Bogot´ a.
Inmejorable libro de divulgaci´ on astron´ omica, ampliamente ilustrado, con diversad de t´ opicos
sobre la historia y proyecci´ on del pensamiento cient´ıfico.
• Sagan, C. (1984) El cerebro de Broca, Grijalbo, M´exico.
Una descripci´ on autorizada sobre diversos t´ opicos astron´ omicos con algunos matices sobre la
aplicaci´ on del m´etodo cient´ıfico.
• Sagan, C. (1997), El mundo y sus demonios, Planeta, Bogot´ a.
Un libro que llama la atenci´ on sobre la necesidad de cultivar una visi´ on esc´eptica del universo
y de los peligros que entra˜ na la difusi´ on de pr´ acticas ocultistas y seudociencias en nuestro
mundo civilizado.
• Senior, J.E. (1996) Epistemolog´ıa y divulgaci´ on de la astronom´ıa, en Memorias del segundo
encuentro nacional de astronom´ıa, Universidad Tecnol´ ogica de Pereira.
Excelente ensayo epistemol´ogico que plantea estrategias para la difusi´ on de la astronom´ıa y
en general del pensamiento racional en nuestro pa´ıs.
• http://www.wsanford.com/~wsanford/exo/zodiac.htm
Se encuentran varios comentarios referentes a la diferencia entre astronom´ıa y astrolog´ıa.
• http://www.voicenet.com/~eric/astrology.htm
En esta hoja electr´onica se encuentran multitud de consideraciones en contra de la astrolog´ıa
con gran cantidad de enlaces y bibliograf´ıa.
20 CAP
´
ITULO 1. INTRODUCCI
´
ON
Cap´ıtulo 2
TRIGONOMETR
´
IA
ESF
´
ERICA
Puesto que muchos problemas astron´ omicos de inter´es se reducen al estudio de los tri´ angulos
esf´ericos, nos vemos en la necesidad de ver algunos conceptos m´ınimos en esta materia que
nos ser´an de gran ayuda m´ as adelante.
La trigonometr´ıa esf´erica es aquella rama de las matem´ aticas que trata con las relaciones
num´ericas entre los lados y los ´angulos de tri´ angulos esf´ericos.
Definimos ´ angulo diedro (ver figura 2.1) a aquel formado por dos planos que se cortan.
Los planos reciben el nombre de caras del ´angulo diedro, en tanto que la recta de intersecci´ on
recibe el nombre de arista del ´ angulo diedro.
ARISTA
Figura 2.1:
´
Angulo diedro
Definimos ´ angulo triedro (ver figura 2.2) a aquel formado por la intersecci´ on en un s´olo
21
22 CAP
´
ITULO 2. TRIGONOMETR
´
IA ESF
´
ERICA
punto de tres planos. El punto de intersecci´ on es denominado v´ertice del ´angulo triedro.
Los planos reciben el nombre de caras del ´angulo triedro. Las caras, tomadas de dos en dos,
forman tres ´angulos diedros cuyas aristas OX, OY, OZ son las aristas del ´angulo triedro.
Z
O
X
Y
Figura 2.2:
´
Angulo triedro
Ahora bien, cualquier intersecci´ on de un plano con una esfera es una circunferencia.
Llamamos circunferencia m´axima (ver figura 2.3) a aquella que resulta de la intersecci´ on de
la superficie de una esfera y un plano que pasa por el centro de dicha esfera. En el caso
en que el plano no pase por el centro de la esfera, dar´ a origen a una circunferencia menor.
Definimos los polos (P y P’) de una circunferencia (m´ axima o menor) a aquellos puntos sobre
la superficie de la esfera que resultan de la intersecci´ on de ella con una l´ınea perpendicular
al plano que da origen a las circunferencias.
P’
CIRCUNFERENCIA MENOR
CIRCUNFERENCIA MAXIMA
P
O
Figura 2.3: Circunferencia m´axima y circunferencia menor
Miremos ahora la figura 2.4 en la que tenemos la circunferencia m´ axima que pasa por
los puntos CAB y tiene por polos P y P’. Perpendicularmente a ella tenemos dos arcos
23
pertenecientes a circunferencias m´ aximas que pasan por A y B respectivamente. Se llama
´angulo esf´erico a aquel ´ angulo formado por dos arcos de circunferencias m´ aximas. En nues-
tro caso, el ´angulo esf´erico es el ´angulo APB. Los arcos conforman los denominados lados
del ´ angulo esf´erico, y el punto donde se interceptan los arcos es llamado el v´ertice, esto es,
P (o P’).
Importante en trigonometr´ıa esf´erica es definir la medida de un ´ angulo esf´erico. Esta
viene dada por el ´ angulo diedro formado por los planos de las circunferencias m´ aximas cuyos
arcos hacen parte de los lados del ´angulo esf´erico. Debe ser claro para el lector que el ´angulo
diedro APOB corresponde a la medida del ´ angulo plano AOB que a su turno tiene por
medida la del arco AB.
P
P’
O
A
B
C
Figura 2.4:
´
Angulo esf´erico
Un tri´ angulo esf´erico (ver figura 2.5) es aquella regi´ on sobre la superficie de una esfera
que est´ a limitada por los arcos de tres circunferencias m´ aximas. Los arcos corresponden a
los lados del tri´ angulo esf´erico; los v´ertices de los tres ´ angulos esf´ericos son los v´ertices del
tri´ angulo esf´erico. Siguiendo la notaci´ on usual en trigonometr´ıa plana, los ´ angulos se denotan
con letras may´ usculas (A, B, C) y los respectivos ´angulos opuestos con letras min´ usculas
(a, b, c). N´ otese que al unir los v´ertices A, B y C con el centro de la esfera se forma un
´angulo triedro. Los lados a, b y c del tri´ angulo esf´erico se miden por los ´angulos de las caras
BOC, COA y AOB respectivamente del ´angulo triedro.
24 CAP
´
ITULO 2. TRIGONOMETR
´
IA ESF
´
ERICA
A
B
a
c
C
O b
Figura 2.5: Tri´angulo esf´erico
Ahora bien, es f´ acil verificar que tres circunferencias m´ aximas que se cortan deter-
minan 8 tri´ angulos esf´ericos. Por convenci´on, consideraremos aqu´ı ´ unicamente aquellos
tri´ angulos esf´ericos en los que cualquier lado y cualquier ´ angulo es menor que 180
o
. Para
estos tri´ angulos:
• La suma de dos lados cualquiera es mayor que el tercer lado.
• La suma de los tres lados es menor que 360
o
.
• Si dos lados son iguales, los ´angulos opuestos son iguales. Rec´ıprocamente tambi´en es
v´ alido.
• La suma de los tres ´angulos es mayor que 180
o
y menor que 540
o
.
2.1 Relaciones fundamentales
Procedemos ahora a derivar las ecuaciones fundamentales de la trigonomer´ıa esf´erica. Con-
sid´erese un sistema de coordenadas rectangular (x, y, z) centrado en el origen de una esfera
de centro O. Sea el plano xy el que forma un plano de referencia el cual tendr´ a por polos a
las intersecciones del eje z con la superficie de la esfera.
2.1. RELACIONES FUNDAMENTALES 25
x
y
z
ξ
η
K
P
O
Figura 2.6:
Suponiendo que la esfera tiene un radio unidad e introduciendo dos ´ angulos, ξ, η, de la
forma como se muestra en la figura 2.6, un punto K sobre la superficie de la esfera tiene por
coordenadas rectangulares:
x = cos ξ cos η,
y = sen ξ cos η, (2.1)
z = sen η.
Con el fin de crear un tri´ angulo esf´erico en nuestra esfera procedemos a realizar una
rotaci´ on un ´ angulo ζ alrededor del eje x de tal forma que las posiciones de los nuevos ejes y

y z

son como se ilustran en la figura 2.7. Con la rotaci´on estamos introduciendo un nuevo
sistema de coordenadas (x

, y

, z

).
N´otese que ahora existe un nuevo plano de referencia conformado por los ejes x

y

.
Introduciendo ahora los ´ angulos ξ

, η

con respecto al nuevo sistema de coordenadas tenemos,
para el mismo punto K:
x

= cos ξ

cos η

,
y

= sen ξ

cos η

, (2.2)
z

= sen η

.
26 CAP
´
ITULO 2. TRIGONOMETR
´
IA ESF
´
ERICA
z
x=x’
y
y’
P
ζ
ζ
K
z’
P’
ξ
η’

Figura 2.7:
Vemos que se forma un tri´ angulo esf´erico conformado por los v´ertices P, P’, K. Es f´ acil
darse cuenta de los valores que adquieren los ´ angulos internos y los lados de dicho tri´ angulo
esf´erico en t´erminos de ξ, η, ξ

, η

y ζ

. Al comparar dicho tri´ angulo con el tri´ angulo esf´erico
de la derecha de la figura 2.8 obtenemos:
A = 90 +ξ,
B = 90 −ξ

,
a = 90 −η

, (2.3)
b = 90 −η,
c = ζ.
Necesitamos encontrar la relaci´on existente entre las coordenadas (x, y, z) y (x

, y

, z

).
Puesto que la rotaci´ on se ha hecho con respecto al eje x, obtenemos la relaci´ on de equiva-
lencia:
x

= x. (2.4)
Para hallar las relaciones entre (y, z) y (y

, z

) hacemos uso de la figura 2.9, la cual
muestra la orientaci´ on de estos ejes con el eje x perpendicular al plano de la hoja.
Un punto K cualquiera que dista del origen por un radio igual a la unidad tiene por
coordenadas con respecto a y

y z

:
y

= cos θ, (2.5)
2.1. RELACIONES FUNDAMENTALES 27
z

= sen θ. (2.6)
El mismo punto K tiene por coordenadas con respecto a y y z:
y = cos(θ +ζ),
z = sen (θ +ζ), (2.7)
o, lo que es lo mismo:
y = cos θ cos ζ − sen θ sen ζ,
z = sen θ cos ζ + cos θ sen ζ. (2.8)
Al reemplazar las ecuaciones (2.5) y (2.6) en estas ´ ultimas obtenemos:
y = y

cos ζ −z

sen ζ,
z = z

cos ζ +y

sen ζ. (2.9)
De la ecuaci´ on (2.4) y de las ecuaciones (2.1) y (2.2) podemos escribir:
cos ξ cos η = cos ξ

cos η

,
o, en t´erminos de las relaciones (2.3):
cos(A−90) cos(90 −b) = cos(90 −B) cos(90 −a),
y puesto que para cualquier ´ angulo α se tiene cos(90 − α) = sen α, la ecuaci´on anterior es
equivalente a:
sen A
sen a
=
sen B
sen b
. (2.10)
De id´entica forma, podemos utilizar la segunda de las ecuaciones (2.9) y reemplazar en
ella la ´ ultima de las ecuaciones (2.1) y la segunda y tercera de (2.2) para obtener:


ζ
90−η
90−η 90−ξ
90+ξ
c
C
A
B
a
b
Figura 2.8:
28 CAP
´
ITULO 2. TRIGONOMETR
´
IA ESF
´
ERICA
y
ζ
y’
θ
ζ
O
K
z
z’
Figura 2.9:
sen η = sen η

cos ζ + sen ξ

cos η

sen ζ.
Al tener en cuenta las relaciones (2.3) obtenemos:
sen (90 −b) = sen (90 −a) cos c + sen (90 −B) cos(90 −a) sen c,
y puesto que para cualquier ´ angulo α se tiene sen (90 − α) = cos α, la ecuaci´on anterior es
igual a:
cos b = cos a cos c + sen a sen c cos B. (2.11)
Por ´ ultimo, al tomar la primera de las ecuaciones (2.9) y reemplazar en ella las ecuaciones
(2.1) y (2.2) obtenemos:
sen ξ cos η = sen ξ

cos η

cos ζ − sen η

sen ζ.
Al tener en cuenta, como antes, las relaciones (2.3):
sen (A−90) cos(90 −b) = sen (90 −B) cos(90 −a) cos c − sen (90 −a) sen c,
equivalente a:
cos Asen b = −cos Bsen a cos c + cos a sen c. (2.12)
Las ecuaciones para los otros lados y ´angulos pueden obtenerse simplemente al hacer
permutaciones c´ıclicas de los lados (a, b, c) y los ´ angulos (A, B, C), de tal forma que una
generalizaci´on de (2.10), llamada teorema del seno de la trigonometr´ıa esf´erica, es:
sen A
sen a
=
sen B
sen b
=
sen C
sen c
. (2.13)
De forma an´ aloga, podemos encontrar las otras expresiones para (2.11), llamadas en
conjunto el teorema del coseno de la trigonometr´ıa esf´erica:
cos b = cos a cos c + sen a sen c cos B,
cos c = cos a cos b + sen a sen b cos C, (2.14)
cos a = cos c cos b + sen c sen b cos A.
2.1. RELACIONES FUNDAMENTALES 29
Por ´ ultimo, las otras ecuaciones equivalentes a (2.12) son llamadas en conjunto el teorema
del seno por el coseno:
cos Asen b = −cos Bsen a cos c + cos a sen c,
cos Asen c = −cos C sen a cos b + cos a sen b,
cos Bsen a = −cos Asen b cos c + cos b sen c,
cos Bsen c = −cos C sen b cos a + cos b sen a, (2.15)
cos C sen a = −cos Asen c cos b + cos c sen b,
cos C sen b = −cos Bsen c cos a + cos c sen a.
Las ecuaciones (2.13), (2.14) y (2.15) son las expresiones b´asicas de la trigonometr´ıa
esf´erica. Las mismas ser´an utilizadas frecuentemente en el transcurso del libro.
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Ayres, F. (1970) Lecturas y problemas de Trigonometr´ıa plana y esf´erica, McGraw-Hill,
M´exico.
Como todos los libros de la serie de Schaum, excelente. En los cap´ıtulos 19 a 24 se encuentra
una buena descripci´ on de conceptos ´ utiles en la astronom´ıa esf´erica.
• Vives, T. (1971), Astronom´ıa de posici´ on, Alhambra, Bilbao.
Libro cl´asico de astronom´ıa de posici´ on en espa˜ nol. El cap´ıtulo 1 contiene una extensa ex-
posici´ on de las f´ ormulas de la trigonometr´ıa esf´erica incluyendo f´ormulas diferenciales.
• http://polaris.st-and.ac.uk/~fv/webnotes/chapter2.htm
Conceptos y f´ ormulas fundamentales de la trigonometr´ıa esf´erica.
• http://home.t-online.de/home/h.umland/chap9.htm
Al igual que el anterior, conceptos b´ asicos de la trigonometr´ıa esf´erica.
30 CAP
´
ITULO 2. TRIGONOMETR
´
IA ESF
´
ERICA
Cap´ıtulo 3
EL PLANETA TIERRA
La Tierra, el lugar de origen de los seres humanos y, por supuesto, el sitio desde donde
contemplamos el universo, es un planeta que dista aproximadamente unos 150 millones de
kil´ ometros de una estrella de mediano tama˜ no que llamamos el Sol. Posee un ´ unico sat´elite
natural llamado la Luna, el cual est´ a a unos 384 400 kil´ometros de distancia. La Tierra es
de forma aproximadamente esf´erica, con un radio aproximado de 6378 kil´ ometros.
En orden de distancia al Sol la Tierra es el tercer planeta de dentro hacia fuera y realiza
una revoluci´ on en torno del Sol (movimiento de traslaci´on) en un per´ıodo de tiempo que
llamamos a˜ no. La Tierra gira sobre s´ı misma (movimiento de rotaci´on) en un per´ıodo que
llamamos d´ıa. T´ecnicas modernas revelan que nuestro planeta es supremamente antiguo:
posee, al igual que el sistema solar, una edad de 4600 millones de a˜ nos.
La Tierra posee una tenue capa de gases que la rodean por completo denominada
atm´osfera. Dicha atm´ osfera est´a conformada en su mayor parte de nitr´ ogeno (78%) y ox´ıgeno
(21%), y cantidades muy peque˜ nas (1%) de otros gases tales como agua, bi´oxido de carbono,
arg´on, xen´ on, etc. El espesor de la atm´osfera es ´ınfimo comparado con el radio del planeta,
pues aunque los especialistas tengan algunas diferencias con respecto a la demarcaci´on de
sus l´ımites (algunos llegan a extenderla hasta los 2000 kil´ ometros), lo cierto es que ya a
una altura de los 120 kil´ ometros est´a contenido el 99.9% del peso total de la misma. Hasta
en el momento en que se escriben estas lineas la Tierra posee a´ un el honor de ser el ´ unico
planeta donde se ha gestado el fen´ omeno que llamamos vida. Pero es muy dudoso, a la luz
de recientes investigaciones, que siga siendo exclusivamente la poseedora de tan significativo
privilegio. Y no s´ olo ha generado vida: tambi´en ha dado origen a seres vivos autoconcientes
que poseen una curiosidad sorprendente por tratar de entender lo que los rodea.
Hasta hace unos cuantos a˜ nos las observaciones astron´omicas se hac´ıan exclusivamente
sobre la superficie de la Tierra lo que implicaba (y a´ un implica) multitud de inconvenientes
y desventajas: el movimiento diurno es el m´as obvio: los astros aparentemente se mueven de
oriente a occidente por lo que es necesario compensar dicho movimiento para poder rastrear
y observar adecuadamente los astros. La atm´osfera absorbe muchas longitudes de onda de
31
32 CAP
´
ITULO 3. EL PLANETA TIERRA
Masa 5.973610
24
kg
Masa de la atm´ osfera 5.110
18
kg
Masa de los oc´eanos 1.410
21
kg
Radio ecuatorial 6 378 140 m
Radio polar 6 356 755 m
Distancia media al Sol 1.49610
11
m = 1 u.a.
Densidad media 5515 kg m
−3
Per´ıodo de rotaci´ on 1 d´ıa = 23
h
56
m
4.09
s
Per´ıodo de traslaci´ on 1 a˜ no = 365.2421897 d
Temperatura superficial −35 a 50
o
C
Tabla 3.1: Algunos datos del planeta Tierra
inter´es tales como los rayos X, los rayos gamma y la radiaci´on ultravioleta; aquella radiaci´ on
que no es absorbida sufre de extinci´ on atmosf´erica, lo que significa que la luz se dispersa
y se atenua al pasar por el aire. Adem´as, el fen´omeno de refracci´on atmosf´erica afecta la
direcci´ on real de la luz que nos env´ıan los astros. Hoy en d´ıa se han colocado sat´elites
artificiales y se han mandado sondas a otros planetas, lo que ha incrementado de forma
espectacular el conocimiento que se ten´ıa previamente de cuerpos que s´ olo se observaban a
trav´es de telescopios sobre el terreno.
3.1 Forma de la Tierra
Al igual que los otros planetas del sistema solar y la mayor´ıa de sus sat´elites, la Tierra posee
simetr´ıa esf´erica, esto es, su forma es casi la de una esfera. La rotaci´on de los planetas es
responsable de crear en el proceso de su formaci´on una ligera acumulaci´ on de masa sobre el
ecuador, por lo que el radio en las vecindades de ese lugar es un poco mayor que en los polos.
En la Tierra la diferencia entre el radio en el ecuador y el radio en los polos es apenas de
21 385 metros. Aunque pueda parecernos un valor muy peque˜ no (0.3% del radio) el hecho
es que esa diferencia ha de ser tenida en cuenta en la conformaci´ on de mapas, en el c´alculo
de eclipses, estimaci´on de trayectorias de sat´elites, etc.
La ciencia que se ocupa de estudiar la figura geom´etrica precisa de la Tierra, los m´etodos
que emplea y su significado es llamada geodesia. Antes de 1957, esto es, antes del advenimien-
to de los sat´elites artificiales, el trabajo geod´esico se realizaba por m´etodos de triangulaci´ on
y de gravimetr´ıa hechos sobre el terreno. Con la utilizaci´ on de sat´elites artificiales ha sido
posible incrementar mucho m´ as nuestro conocimiento sobre la forma verdadera de nuestro
planeta.
Nos consta que nuestro planeta posee una superficie continental de gran diversidad de
formas y variaciones. Accidentes geogr´aficos tales como monta˜ nas abruptas y escarpadas se
ubican en ocasiones al lado de grandes llanos y praderas. Sin embargo, el planeta Tierra est´a
cubierto, en m´ as de un 70%, por agua, una sustancia fluida que como tal tiende a ajustar
3.1. FORMA DE LA TIERRA 33
GEOIDE
ELIPSOIDE
TOPOGRAFIA
Figura 3.1: Geoide, elipsoide (esferoide) y forma verdadera de la Tierra
f´acilmente su superficie normal a la direcci´ on de la gravedad. Ello quiere decir que en buena
medida la superficie de nuestro planeta puede describirse en t´erminos del nivel medio de los
oc´eanos que la cubren en un buen porcentaje. Se llama geoide a la figura geom´etrica que
busca representar la verdadera forma del planeta Tierra haciendo que la figura coincida con
el nivel medio de los oc´eanos del mundo y contin´ ue sobre las ´ areas continentales como una
superficie imaginaria (a nivel promedio del mar). El geoide tiene por definici´ on la propiedad
de que cualquier lugar de su superficie debe ser perpendicular a la direcci´ on de la fuerza de
la gravedad.
Figura 3.2: Una elipse rotando alrededor de su eje mayor da lugar al elipsoide de revoluci´on
Rigurosamente hablando, el geoide es una superficie equipotencial dentro del campo
gravitacional terrestre. Ahora bien, en la pr´ actica el geoide es imposible de identificar con
una figura geom´etrica sencilla, pues resulta siendo completamente irregular (ver figura 3.1).
Por ello se suele adoptar como figura geom´etrica apropiada —en muy buena aproximaci´ on—
un elipsoide de revoluci´ on, llamado tambi´en esferoide, cuya forma tridimensional resulta de
rotar por completo una elipse sobre su eje mayor, ver figura 3.2.
El geoide puede estar por encima o por debajo del elipsoide de revoluci´ on tanto como
unos 100 metros, diferencia llamada “ondulaci´ on del geoide”. Las ondulaciones m´as grandes
se registran en una depresi´ on al sur de la India que alcanza los 105 metros y una elevaci´on al
norte de Australia que alcanza los 75 metros. Un elipsoide de revoluci´ on o esferoide queda
determinado si se fija el radio ecuatorial a que juega el papel del semieje mayor del elipsoide,
y una relaci´ on llamada achatamiento f. El achatamiento est´a relacionado con el semieje
menor de dicho elipsoide que es el radio polar b (ver Tabla 3.1) a trav´es de la relaci´ on:
b = a(1 −f). (3.1)
34 CAP
´
ITULO 3. EL PLANETA TIERRA
Con el avance de la t´ecnica y la puesta a punto de m´etodos m´as precisos para medir las
dimensiones de la Tierra, se han establecido hist´ oricamente valores cada vez m´as refinados
de estas cantidades. Actualmente se recomienda la utilizaci´on de los valores fijados por la
Uni´ on Astron´omica Internacional (UAI) en 1979
1
:
a = 6 378 140 metros,
f = (a −b)/a = 1/298.257.
Ahora bien, todos los cuerpos celestes giran sobre s´ı mismos, incluyendo por supuesto la
Tierra. El movimiento de rotaci´ on del planeta define instant´ aneamente una l´ınea imaginaria
que pasa por el centro del planeta la cual es llamada eje de rotaci´ on. Dicho eje de rotaci´ on
coincide en promedio con el eje del momento principal de inercia, llamado tambi´en eje de
figura. El eje de rotaci´ on y el eje de figura no coinciden exactamente puesto que el eje de
rotaci´ on se mueve lentamente alrededor del eje de figura en un movimiento cuasi-peri´odico
con una amplitud que oscila entre los 0.05 y 0.25 segundos de arco, lo que equivale a un
desplazamiento entre uno y ocho metros sobre la superficie de la Tierra. Dicho movimiento
se conoce con el nombre de movimiento polar. El astr´ onomo norteamericano Seth Carlo
Chandler encontr´ o, en 1892, que el movimiento del polo es la resultante de la superposici´on
de dos componentes que poseen per´ıodos distintos: una componente, llamada ahora com-
ponente de Chandler, tiene una duraci´ on de 14 meses, y es una oscilaci´on libre que surge
de la forma compleja de la Tierra; la otra componente es de 12 meses y es una oscilaci´ on
forzada originada por efectos meteorol´ ogicos tales como cambios estacionales
2
. La posici´on
del polo es la suma vectorial de estas dos componentes y describe una especie de espiral
irregular alrededor de un polo medio o promedio durante un ciclo de seis a˜ nos. Puesto que
las magnitudes de las componentes pueden cambiar, el movimiento durante los ciclos no
es el mismo. Dado que este movimiento no puede ser predicho con precisi´ on, es necesario
realizar observaciones regulares para ubicar la posici´on instant´anea del eje de rotaci´ on.
Definido el eje de rotaci´ on de la Tierra podemos definir un plano perpendicular al mismo
de tal forma que pase por el centro de masa del planeta. La circunferencia que resulta de la
intersecci´ on de dicho plano con la superficie del esferoide es llamada ecuador terrestre (ET),
ver figura 3.3. Los puntos sobre la superficie del esferoide (i.e., sobre la superficie terrestre)
por donde emerge el eje de rotaci´on son llamados polos terrestres. Aquel situado sobre el
hemisferio norte es llamado polo norte terrestre (PNT) en tanto que el otro es llamado polo
sur terrestre (PST). N´ otese que al moverse el eje de rotaci´ on, tambi´en se est´an desplazando
ligeramente los polos. Obviamente el ET es completamente equidistante de ambos polos.
1
Ello no significa que sea de utilizaci´on obligatoria por parte de todos los profesionales. Por ejemplo, en
navegaci´on astron´omica satelital las posiciones que da el GPS est´an con referencia al elipsoide WGS84.
2
El movimiento polar hab´ıa sido predicho por el matem´atico suizo Leonhard Euler en 1765 utilizando
la teor´ıa din´amica y un modelo de la Tierra r´ıgida. Sus c´alculos mostraron que la oscilaci´on deb´ıa tener
un per´ıodo de 10 meses. En realidad el per´ıodo es cuatro meses mayor a causa de la elasticidad del manto
terrestre y del movimiento de los oc´eanos, efectos que Euler no incluy´o en su modelo.
3.2. COORDENADAS DE UN OBSERVADOR EN LA SUPERFICIE DE LA TIERRA35
PST
PNT
ECUADOR TERRESTRE
EJE DE ROTACION
Figura 3.3: Polos terrestres y ecuador terrestre
3.2 Coordenadas de un observador en la superficie de
la Tierra
Para fijar la posici´ on de un observador sobre la superficie de la Tierra se utilizan tres tipos
de coordenadas:
- Coordenadas geoc´entricas,
- Coordenadas geod´esicas,
- Coordenadas geogr´aficas (astron´omicas).
Una descripci´ on de cada uno de estos tipos de coordenadas se presenta a continuaci´ on.
3.2.1 Coordenadas geoc´entricas
Este sistema de coordenadas tiene como origen el centro de masa de la Tierra. El plano
fundamental es, para los tres sistemas, el ecuador terrestre (ET).
Las coordenadas geoc´entricas son:
φ

= latitud geoc´entrica,
λ

= longitud geoc´entrica,
ρ = distancia radial.
La latitud geoc´entrica φ

de un punto sobre la superficie terrestre es el ´ angulo existente
entre una l´ınea que pasa por el punto y el centro del planeta, y el ecuador terrestre.
La latitud geoc´entrica tiene valores comprendidos entre el siguiente intervalo:
36 CAP
´
ITULO 3. EL PLANETA TIERRA
−90
o
(90
o
S) ≤ φ

≤ 90
o
(90
o
N).
N´otese que:
φ

(PNT)
= 90
o
, φ

(PST)
= −90
o
.
Para especificar en qu´e hemisferio de la superficie de la Tierra est´ a ubicado el punto es
necesario adicionar un indicativo. Este consiste en agregar la letra N (norte) en el caso de
que el punto considerado est´e en el hemisferio norte, de lo contrario se escribe la letra S
(sur). Sin embargo, en los c´ alculos trigonom´etricos que involucren la latitud es necesario
expresar la latitud expl´ıcitamente con un signo negativo cuando el punto est´ a ubicado en el
hemisferio sur.
ρ
φ
PST
PNT
ET
CENTRO DE LA TIERA

Figura 3.4: Latitud geoc´entrica φ

La longitud geoc´entrica λ

de un punto sobre la superficie terrestre es el ´ angulo medido
sobre el ecuador terrestre, desde el meridiano cero (o de referencia) hasta el meridiano del
punto correspondiente. La longitud puede medirse hacia ambos lados del meridiano cero,
haci´endose necesario en este caso especificar si el ´angulo es al oeste (occidente) o si es al este
(oriente). Para tal fin utilizamos la notaci´ on siguiente: λ

E
si el ´angulo de longitud se mide
hacia el este del meridiano de referencia; λ

W
si el ´angulo de longitud se mide hacia el oeste
del meridiano de referencia. Se acostumbra a especificar la longitud geogr´ afica de tal forma
que nunca exceda los 180. Esto significa que si un punto posee una longitud λ

E
= 200
o
,
aunque enteramente v´ alida, es conveniente escribir λ

W
= 160
o
. Tambi´en se suele utilizar
un signo (+ o −) en frente de la longitud para especificar si un punto est´ a hacia el este o al
oeste del meridiano de referencia. Se ha escogido el signo positivo (+) cuando la longitud se
toma hacia el este del meridiano de referencia; el signo negativo (−) se usa en caso contrario.
3.2. COORDENADAS DE UN OBSERVADOR EN LA SUPERFICIE DE LA TIERRA37
λ
E
ECUADOR TERRESTRE
M
E
R
I
D
I
A
N
O

D
E

R
E
F
E
R
E
N
C
I
A
PST
PNT
φ
ρ
*

Figura 3.5: Latitud geoc´entrica, longitud geoc´entrica y la distancia radial
El meridiano cero o meridiano de referencia puede definirse de tal forma que atraviese
en principio cualquier lugar sobre la superficie de la Tierra. Sin embargo, desde el punto
de vista hist´ orico, los meridianos de referencia definidos han pasado por los observatorios
astron´ omicos m´as notables de cada imperio o pa´ıs. Fue as´ı como el imperio brit´ anico defini´ o
el meridiano de referencia como aquel que atraviesa el Observatorio Real de Greenwich, sien-
do Greenwich un municipio de Londres, Inglaterra. De la misma forma, Francia estableci´ o
como meridiano de referencia aquel que atraviesa el Observatorio de Par´ıs y Espa˜ na hizo
lo propio con el Observatorio Real de San Fernando. Actualmente, el meridiano cero o de
referencia de uso general es, por acuerdo en una reuni´ on internacional realizada en 1884, el
meridiano de Greenwich.
La distancia radial ρ de un punto sobre la superficie terrestre es la distancia en l´ınea
recta existente entre dicho punto y el centro de masa de la Tierra.
3.2.2 Coordenadas geod´esicas
Este sistema de coordenadas descansa enteramente en un esferoide (elipsoide de revoluci´ on)
de referencia que hay que especificar de entrada. Un esferoide queda determinado, como
ya se dijo antes, cuando se adoptan valores espec´ıficos del radio ecuatorial terrestre a y
del achatamiento f (o un par´ ametro equivalente). La importancia de este sistema de co-
ordenadas radica en que la latitud geod´esica es la que se encuentra en los mapas, atlas y
diccionarios geogr´aficos.
38 CAP
´
ITULO 3. EL PLANETA TIERRA
Las coordenadas geod´esicas son:
φ = latitud geod´esica,
λ = longitud geod´esica,
h = altura sobre el esferoide.
La latitud geod´esica φ de un punto sobre la superficie terrestre es el ´ angulo existente
entre la normal al esferoide en dicho punto y el ecuador terrestre, ver figura 3.6.
La latitud geod´esica tiene valores comprendidos entre el siguiente intervalo:
−90
o
(90
o
S) ≤ φ ≤ 90
o
(90
o
N),
con:
φ
(PNT)
= 90
o
, φ
(PST)
= −90
o
.
La latitud geod´esica φ puede llegar a diferir de la latitud geoc´entrica hasta unos 11.5
minutos de arco a una latitud de 45
o
.
La longitud geod´esica λ est´a definida de la misma forma que la longitud geoc´entrica λ

,
de tal forma que λ = λ

.
NORMAL AL ESFEROIDE
TANGENTE AL ESFEROIDE
a
φ
ET
PST
PNT
h
CT
Figura 3.6: Latitud geod´esica φ
La altura h de un observador sobre el elipsoide es la distancia sobre el esferoide medida
a lo largo de la normal a dicho esferoide. En primera aproximaci´ on se puede tomar h de un
determinado sitio como su altura sobre el nivel de mar.
En la tabla 3.2 se especifican varios esferoides de referencia de uso actual.
3.2. COORDENADAS DE UN OBSERVADOR EN LA SUPERFICIE DE LA TIERRA39
Nombre y fecha Radio ecuatorial a (metros) Achatamiento
WGS 84, 1984 6378137 1/298.257223563
MERIT, 1983 6378137 1/298.257
GRS 80, 1980 6378137 1/298.257222
UAI, 1979 6378140 1/298.257
Tabla 3.2: Algunos esferoides de referencia actuales
3.2.3 Coordenadas geogr´aficas (astron´ omicas)
Cuando se determinan la latitud y la longitud mediante observaciones astron´ omicas, esto
es, con respecto al polo celeste y al meridiano local a trav´es de la vertical local, a los valores
obtenidos de estos ´angulos se les adiciona el adjetivo de geogr´aficos (o tambi´en astron´omicos).
La latitud geogr´ afica (φ

) de un punto sobre la superficie terrestre es el ´ angulo exis-
tente entre la direcci´ on de la plomada (la vertical local) y el ecuador terrestre, ver figura
3.7. Puesto que la vertical local de un punto es afectada por las anomal´ıas gravitacionales
locales (monta˜ nas prominentes, dep´ ositos subterr´ aneos muy densos, etc.) y los campos
gravitacionales cambiantes de la Luna, el Sol y los oc´eanos —lo que implica que la vertical
extendida hasta el centro de la Tierra no pasa por el centro del esferoide— existir´ a una
peque˜ na diferencia en direcci´ on entre la vertical de dicho punto y la normal al esferoide (la
que define φ). La inclinaci´ on de la vertical local a la normal al esferoide de referencia se
conoce con el nombre de desviaci´on de la vertical. Por lo tanto, lo que diferencia la latitud
geogr´afica de la latitud geod´esica es la desviaci´on de la vertical.
a
φ
ET
TANGENTE AL ESFEROIDE
NORMAL AL ESFEROIDE
DIRECCION DE LA PLOMADA
CT φ´´
PST
PNT
Figura 3.7: Latitud geogr´afica o astron´omica
40 CAP
´
ITULO 3. EL PLANETA TIERRA
La longitud geogr´afica (λ

) de un punto sobre la superficie terrestre es el ´ angulo entre el
plano del meridiano astron´ omico de dicho punto y el plano del primer meridiano que pasa
por Greenwich. El meridiano astron´ omico es el plano que pasa por el observador y contiene
la vertical y una paralela a la direcci´ on del eje de rotaci´ on. Como ya se dijo, la vertical de un
punto no necesariamente pasa por el centro del esferoide, por lo que el meridiano astron´ omico
no coincide por lo general con el meridiano geod´esico (que s´ı pasa por el centro del esferoide).
De ah´ı que las longitudes geogr´ afica y geod´esica difieran entre s´ı por una peque˜ na diferen-
cia. En este libro supondremos que las tres definiciones de longitud son iguales: λ

= λ = λ

.
NOTA: La desviaci´on de la vertical es por lo general un valor muy peque˜ no, de unos
cuantos segundos de arco, pero hay algunos lugares en los que se registra hasta un minuto de
arco. En este libro, como en la mayor´ıa de los libros de astronom´ıa, no haremos diferencia
entre las coordenadas geod´esicas y geogr´aficas.
3.3 Unidades de longitud y su relaci´on con las dimen-
siones terrestres
La unidad fundamental de longitud en el sitema m´etrico se llama metro (m). En 1795 el
gobierno franc´es decret´o el uso de esta unidad para hacerlo lo m´ as popular que se pudiera
pues entre las diferentes provincias se utilizaban distintas medidas. Para tal fin se nombr´ o
una comisi´ on cient´ıfica que al cabo de un tiempo fij´ o el uso del sistema decimal y defini´o
el metro como 1/10 000 de una cuarta parte del meridiano terrestre. Como quien dice, con
base en esta unidad de medida la circunferencia de la Tierra se estimaba en aquella ´epoca
en 40 000 metros exactamente.
S´olo en 1837 el sistema m´etrico decimal fue declarado obligatorio en Francia y paulati-
namente fue adoptado por casi todos los paises salvo los anglosagones quienes s´olo recien-
temente lo han estado introduciendo progresivamente. Despu´es, en 1875, la Convenci´on del
Metro instituy´ o una Oficina Internacional de Pesos y Medidas cuya sede se fij´ o en Par´ıs
donde, en el pabell´ on de Breteuil se guardan el metro internacional (de platino e iridio),
como tambi´en el kilogramo internacional. Sin embargo, los avances incesantes de la t´ecnica
obligaron a una redefinici´ on del metro ya para comienzos de los a˜ nos sesenta. Desde el
primero de enero de 1961 se define el metro como “la longitud igual a 1 650 763.73 veces la
longitud de onda en el vac´ıo de la radiaci´ on correspondiente a la transici´ on entre los niveles
2p
10
y 5d
5
del ´ atomo de cript´ on 86”.
Otra unidad de longitud, muy popular en los paises anglosajones, es la milla n´ autica.
´
Esta
se define como la distancia sobre un c´ırculo m´ aximo que subtiende un ´ angulo de un minuto
de arco en el centro de la Tierra. Por lo tanto, y de forma aproximada, podemos encontrar
f´acilmente a qu´e equivale una milla n´ autica. Puesto que una circunferencia comprende 360
grados, esto es, 36060 = 21 600 minutos de arco, y estos deben dar alrededor de 40 000 000
m se desprende que una milla n´ autica debe equivaler a 1851 m. Ahora bien, como la Tierra
no es completamente esf´erica resulta que la milla n´ autica es distinta si se mide en el ecuador
3.4. TRANSFORMACI
´
ON ENTRE LATITUDES 41
que si se mide en los polos. Se ha tomado un valor promedio equivalente a 1852 metros.
Ha de tenerse cuidado con la posible confusi´ on que pueda surgir entre la milla n´ autica y la
milla, donde ´esta es una unidad de longitud utilizada en caminos y rutas, que equivale a
1609 metros.
3.4 Transformaci´on entre latitudes
Aqu´ı supondremos que la latitud geogr´ afica (o astron´ omica) (φ

) se puede aproximar a la
latitud geod´esica (φ) por lo que s´ olo nos ocuparemos de la relaci´ on entre ´esta y la latitud
geoc´entrica (φ

).
y
φ φ
x

a
x
b
y
Figura 3.8: Relaci´on entre latitud geoc´entrica y geod´esica
Observemos la figura 3.8 donde est´ an relacionadas las latitudes en cuesti´ on. Es evidente
que:
tanφ

=
y
x
. (3.2)
Por otro lado, la ecuaci´ on de una elipse con centro en el origen y cuyo eje mayor a est´a
ubicado sobre el eje x y el eje menor sobre el eje y es:
x
2
a
2
+
y
2
b
2
= 1. (3.3)
De ´esta se deduce que la tangente a cualquier punto de la elipse, denotada por
dy
dx
, es:
dy
dx
= −
x
y
b
2
a
2
.
42 CAP
´
ITULO 3. EL PLANETA TIERRA
Ahora bien, aquella recta normal a la tangente del elipsoide tiene como pendiente −
dx
dy
,
pero a su vez dicha pendiente viene dada por tanφ. De ello resulta que
tanφ =
y
x
a
2
b
2
, (3.4)
que al comparar con (3.2) da:
tanφ =
a
2
b
2
tanφ

,
o, teniendo en cuenta la relaci´ on entre a y b (ver ecuaci´on 3.1, p´ag. 33) se obtiene:
tanφ =
1
(1 −f)
2
tanφ

. (3.5)
Procedamos ahora a encontrar una relaci´ on entre la distancia radial ρ y la latitud
geod´esica φ.
La excentricidad e de un elipsoide est´ a definida por la siguiente relaci´ on entre el semieje
mayor y menor (ver secci´on 11.2.1, p´ag. 212):
e
2
= 1 −

b
a

2
. (3.6)
Puesto que el achatamiento f puede escribirse de la forma f = 1 − b/a, entonces al
comparar con (3.6) se deduce:
e =

f(2 −f). (3.7)
De la ecuaci´ on (3.3) obtenemos:
x
2
= a
2

a
2
b
2
y
2
,
y de (3.4):
y
2
=
x
2
b
4
tan
2
φ
a
4
,
entonces:
x
2
= a
2

x
2
b
2
tan
2
φ
a
2
.
Al despejar x
2
obtenemos:
x
2
=
a
2
1 +
b
2
a
2
tan
2
φ
,
o, teniendo en cuenta la ecuaci´ on (3.6):
x
2
=
a
2
cos
2
φ
1 −e
2
sen
2
φ
. (3.8)
3.4. TRANSFORMACI
´
ON ENTRE LATITUDES 43
Un procedimiento similar permite encontrar:
y
2
=
a
2
(1 −e
2
)
2
sen
2
φ
1 −e
2
sen
2
φ
. (3.9)
La distancia radial ρ est´a relacionada con x y y mediante:
ρ
2
= x
2
+y
2
,
que al tener en cuenta (3.8) y (3.9) nos da la relaci´on buscada:
ρ = a

1 −e
2
(2 −e
2
) sen
2
φ
1 −e
2
sen
2
φ
, (3.10)
la cual representa la distancia desde el centro del planeta hasta la superficie del elipsoide.
La distancia geoc´entrica para un observador ubicado a una altura h con respecto al nivel
del mar se halla, en muy buena aproximaci´ on, sumando h al valor de ρ con las unidades
pertinentes.
Ejemplo 1
Calcular la latitud geoc´entrica φ

y la distancia geoc´entrica de un punto cerca de la
poblaci´ on de Ci´enaga (Magdalena) con las siguientes coordenadas geod´esicas: φ = 11
o
1

34

,
λ = 74
o
15

35

y h =122 metros sobre el nivel medio del mar.
Soluci´on
Tomaremos como elipsoide de referencia el recomendado por la UAI en 1979: a =
6 378 140 m y f = 1/298.257 = 0.0033528. De la ecuaci´on (3.5) obtenemos:
tanφ

= (1 −f)
2
tanφ = (1 −0.0033528)
2
tan(11
o
1

34

) = 0.1935489.
Entonces:
φ

= tan
−1
(0.1935489) = 10
o
57

15

.
Procedemos ahora a calcular la excentricidad e del elipsoide. Utilizando la f´ ormula (3.7)
tenemos:
e =

0.0033528 (2 −0.0033528) = 0.0818191.
Encontramos para ρ de acuerdo con (3.10):
ρ = a

1 −(0.0818191)
2
(2 −0.0818191
2
) sen
2
(11
o
1

34

)
1 −0.0818191
2
sen
2
(11
o
1

34

)
,
ρ = 0.9998783 a = 6 377 364 m.
Sumando el valor de la altura h obtenemos por fin:
ρ = 6377364 + 122 = 6 377 486 m.
44 CAP
´
ITULO 3. EL PLANETA TIERRA
Ejemplo 2
Calcular la latitud geod´esica φ y la altura h a la que se encuentra un determinado
observador con los siguientes valores: φ

= 6
o
54

43

, ρ = 0.9999765.
Soluci´on
Como en el ejemplo anterior, tomaremos como elipsoide de referencia el recomendado
por la UAI en 1979: a = 6 378 140 m y f = 1/298.257 = 0.0033528, e = 0.0818191. De la
ecuaci´on (3.5):
tanφ =
tanφ

(1 −f)
2
=
tan(6
o
54

43

)
(1 −0.0033528)
2
= 0.1220418.
Entonces:
φ = tan
−1
(0.1220418) = 6
o
57

29

.
Encontramos para ρ (la distancia a la superficie del elipsoide) de acuerdo con (3.10):
ρ = a

1 −(0.0818191)
2
(2 −0.0818191
2
) sen
2
(6
o
57

29

)
1 −0.0818191
2
sen
2
(6
o
57

29

)
,
ρ = 0.9999512 a.
Por lo tanto, la altura h sobre la superficie del mar, en unidades del radio terrestre a, es:
h = 0.9999765 −0.9999512 = 0.0000253,
lo que en unidades de metros es h = 0.0000741 6 378 140 = 161 m.
NOTA: En la gran mayor´ıa de los libros de astronom´ıa se acostumbra a presentar la
relaci´ on entre la latitud geoc´entrica φ

y la geod´esica φ y la distancia radial ρ en funci´ on de
φ por medio de una serie trigonom´etrica. La deducci´on de tales f´ ormulas no es complicada
pero s´ı algo elaborada. Damos las expresiones (a la cent´esima del segundo de arco) s´olo a
manera de referencia:
φ

= φ −11

32.74

sen 2φ + 1.16

sen 4φ, (3.11)
ρ = a(0.99832707 + 0.00167644 cos 2φ −0.00000352 cos 4φ). (3.12)
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Seidelmann, P.K. (1992), Explanatory Supplement to the Astronomical Almanac, University
Science Books, Mill Valley.
La obra indispensable que expone sin entrar en la rigurosidad las modernas teor´ıas y m´etodos
de la astronom´ıa de posici´ on actual. Aunque se supone que es un suplemento del Astronomical
Almanac, es de todas formas un excelente libro para comprender con extensi´ on muchos t´ opicos
de la astronom´ıa moderna. El cap´ıtulo 4 cotiene una completa descripci´ on acerca de las
coordenadas terrestres.
3.4. TRANSFORMACI
´
ON ENTRE LATITUDES 45
• Long, S. A. (1974) Derivation of Transformation Formulas Between Geocentric and Geodetic
Coordinates for Nonzero Altitudes, NASA TN-7522, Washington.
Este art´ıculo t´ecnico contiene desarrollos algebr´aicos que permiten encontrar f´ ormulas ´ utiles
entre la latitud geoc´entrica y geod´esica
• Smart, W. M. (1965) Text-Book on Spherical Astronomy, Cambridge University Press, Cam-
bridge.
En su cap´ıtulo IX posee una excelente descripci´on de la relaci´ on matem´ atica entre φ

y φ.
• The Astronomical Almanac, U.S. Goverment Printing Office, Washington.
En sus reciente versiones describe algunos geoides de referencia as´ı como f´ ormulas para el
c´alculo de reducciones.
• http://164.214.2.59/GandG/geolay/toc.htm
En esta hoja electr´onica se encuentran conceptos b´asicos de geodesia.
• http://www.globalserve.net/~nac/city.html
Aqu´ı se encuentran las latitudes y longitudes de m´as de dos mil ciudades en el mundo.
• http://maia.usno.navy.mil/
Informaci´ on actualizada con emisi´ on de reportes peri´ odicos sobre el movimiento del polo as´ı
como de la introducci´ on de segundos bisiestos.
46 CAP
´
ITULO 3. EL PLANETA TIERRA
Cap´ıtulo 4
LA B
´
OVEDA CELESTE
Imaginemos c´omo es la visi´ on del cielo para un observador que flota en el espacio sideral
ubicado entre las estrellas, lejos de la superficie de un planeta o de cualquier otro cuerpo
celeste. Dado que las distancias entre las estrellas, e incluso entre los planetas, son tan
extraordinariamente enormes, el observador se enfrenta a algo que con los objetos coti-
dianos de nuestra experiencia diaria es muy dif´ıcil de observar: al contemplar los cuerpos
celestes el sentido de percepci´on de profundidad y de estimaci´ on de distancia desaparece.
Y al carecer de sentido de profundidad y de perspectiva, todos los cuerpos celestes dan la
ilusi´ on ´optica de estar adheridos a una superficie, la cual, al extenderse a todas direcciones,
crea el enga˜ no de conformar una esfera perfecta que rodea por completo al espectador, es-
to es, el observador siente que est´a ubicado en el centro de dicha esfera ilusoria, ver figura 4.1.
OBSERVADOR
BOVEDA CELESTE
Figura 4.1: Observador flotando en el espacio
Para este observador, (y para cualquier otro observador en el universo) la visi´ on aparente
del cielo es la de estar ubicado en el centro de una gran esfera de color negro salpicada con
puntos o manchones luminosos distribuidos al azar. Para ´el, todas las estrellas, planetas,
47
48 CAP
´
ITULO 4. LA B
´
OVEDA CELESTE
sat´elites, etc., parecen estar adheridos a la superficie de esa esfera negra.
La esfera ilusoria en la que los cuerpos celestes aparecen adheridos como si estuvieran
todos a la misma distancia del observador (´este ubicado exactamente en medio de ella) y
sobre la cual es posible aplicar las propiedades de los tri´ angulos esf´ericos se conoce con el
nombre de b´oveda celeste.
Pero ahora imaginemos que ese observador est´e situado sobre la superficie de un planeta,
digamos la Tierra (ver figura 4.2). Nuestro planeta, comparado con objetos corrientes, o
con nosotros mismos, es un objeto de dimensiones colosales. Este simple hecho hace que
cualquier persona que observe el cielo contemple (suponiendo que no existen nubes, ni otros
objetos naturales o artificiales que estorben su visi´ on) el siguiente panorama: ´el, ubicado en
el centro de un gran disco rodeado de forma sim´etrica por una enorme c´ upula semiesf´erica
(media esfera) de color azul (en el d´ıa) o negra con puntos luminosos (en la noche).
SECTOR DE LA BOVEDA CELESTE
VISIBLE AL OBSERVADOR
SECTOR DE LA BOVEDA CELESTE
NO VISIBLE AL OBSERVADOR
PLANETA
Figura 4.2: Observador situado en la superficie de un planeta
Lo importante aqu´ı es recalcar el hecho de que es el borde de ese disco aparente (el
horizonte) lo que le demarca al observador qu´e es lo que puede observar de la b´ oveda celeste
y qu´e no (ver figura 4.3). En otras palabras: el estar ubicado en la superficie de un planeta
implica que un observador no puede contemplar sino apenas la mitad del cielo para un ins-
tante dado: el mismo planeta impide observar la otra mitad. Esto sigue siendo m´ as o menos
v´alido para observadores que est´ an ligeramente alejados de la superficie de la Tierra, como
un piloto ubicado en un avi´ on de reacci´on o un astronauta situado en una estaci´ on espacial
a varios centenares de kil´ ometros de altura.
Al observar la b´oveda celeste de d´ıa, esto es, cuando el Sol es visible para el observador,
notamos que el cielo es de un color azul. De d´ıa las estrellas y los planetas son imposibles de
49
HORIZONTE
Figura 4.3: Origen del concepto de horizonte
observar en condiciones ordinarias (en ciertas situaciones muy favorables es posible observar
el planeta Venus, o pueden observarse las estrellas m´as brillantes en la breve duraci´ on de
un eclipse total de Sol). En ausencia de la luz solar el cielo adopta una coloraci´ on negra y
aquellos astros que pasan desapercibidos en el d´ıa comienzan a observarse, como los planetas
y las estrellas.
Un observador ubicado lejos de la superficie de un planeta no tiene ning´ un tipo de in-
conveniente en observar el 100% del cielo que lo rodea por completo. Estrellas, planetas, el
Sol y la Luna est´ an al alcance de su visi´on de manera permanente. S´olo tiene que dirigir
la mirada en la direcci´ on que le llame la atenci´ on. Pero la situaci´ on cambia dr´ asticamente
cuando se est´a en la superficie de un planeta, un sat´elite o un asteroide. Como veremos m´as
adelante, no es lo mismo observar el cielo si se est´a ubicado en los polos del planeta o en su
ecuador. Existir´ an lugares en la superficie de la Tierra en donde para ciertas ´epocas del a˜ no
no es posible observar el Sol durante el d´ıa, otros en los cuales se ve durante las 24 horas
del d´ıa, etc.
El precio que se ha de pagar por estar observando la b´ oveda celeste desde la superficie
de un planeta, sat´elite, asteroide o cometa es que debido a la rotaci´ on de ´estos alrededor
de un eje, las estrellas y objetos conspicuos como una estrella cercana (por ejemplo el Sol),
se mover´an con respecto al horizonte. La magnitud de dicho movimiento y su direcci´on
depender´ a del tipo de movimiento de rotaci´ on que tenga el objeto desde donde se hace la
observaci´on. La Tierra posee un movimiento de rotaci´on en el sentido oeste-este de tal forma
que describe una revoluci´ on completa en 24 horas. Este movimiento del planeta sobre su
eje es visualizado por un observador ubicado sobre su superficie como un movimiento de la
b´oveda celeste en direcci´on este-oeste (la direccion contraria en la que rota el planeta) la
cual describe una vuelta completa alrededor de la Tierra en 24 horas. En la secci´ on 6.1 se
50 CAP
´
ITULO 4. LA B
´
OVEDA CELESTE
PNT
PST
PSC
PNC
ET
M
E
R
I
D
I
A
N
O

C
E
L
E
S
T
E
E
C
TIERRA
Figura 4.4: Definiciones sobre la b´oveda celeste
ampliar´ a este tema con m´as detalle.
A menos que estemos en un viaje interplanetario o interestelar —circunstancia que de-
safortunadamente no es com´ un dado nuestro actual estado tecnol´ ogico— en adelante nos
concentraremos en la forma como un observador, ubicado sobre la superficie de un planeta,
contempla aparentemente el cielo. Para ello necesitamos introducir unos conceptos b´asicos
para nuestro estudio.
4.1 Conceptos fundamentales
Como ya se dijo atr´ as, la b´ oveda celeste es aquella esfera ilusoria que resulta del hecho de
que, aparentemente, los cuerpos celestes se hallan ubicados sobre un fondo de color negro,
(o azul si es de d´ıa) dando la impresi´ on de que dicha superficie es de hecho real y que el
observador es el centro de la misma. Por mucho tiempo los astr´ onomos antiguos creyeron
que la b´ oveda celeste era real, y que sobre la misma estaban ubicadas las estrellas, de tal
forma que todas estas estaban a la misma distancia de la Tierra.
Bien puede uno estar tentado a asignar un determinado valor al radio de la b´ oveda ce-
4.1. CONCEPTOS FUNDAMENTALES 51
MERIDIANO DEL
OBSERVADOR
HORIZONTE
φ
W
C
C’
PSC
N
E
(CENIT)
(NADIR)
PNC
S
Figura 4.5: Meridiano del observador
leste. De hecho, es claro que si se le ha de asignar un radio ´este debe ser muy grande, incluso
infinito. Sin embargo, en astronom´ıa esf´erica dicho radio se adopta igual a la unidad con lo
que se obtienen enormes ventajas a la hora de poder describir con detalle la posici´ on de los
astros sobre ella.
A continuaci´ on definimos sobre la b´ oveda celeste los siguientes conceptos:
- El polo norte celeste (PNC) y el polo sur celeste (PSC) son puntos que resultan de
la intersecci´ on del eje de rotaci´ on terrestre con la esfera celeste. N´otese que esto equivale
a tomar los polos terrestres, ubicados en el eje de rotaci´on, y proyectarlos sobre la b´ oveda
celeste (ver figura 4.4).
- El ecuador celeste (EC) es aquella circunferencia m´ axima que resulta de la intersecci´ on
del plano que contiene al ecuador terrestre (ET) con la esfera celeste. La introducci´ on del
ecuador celeste permite dividir la esfera celeste en dos hemisferios: el hemisferio norte celeste
(que contiene el polo norte celeste) y el hemisferio sur celeste.
- Los meridianos celestes son semicircunferencias m´aximas que pasan por los polos ce-
lestes PNC y PSC. Como el lector habr´a notado, el concepto de meridiano celeste resulta
de la proyecci´ on de los meridianos terrestres en la b´ oveda celeste.
52 CAP
´
ITULO 4. LA B
´
OVEDA CELESTE
Los anteriores conceptos son independientes de la posici´on del observador. Definimos
ahora los siguientes conceptos:
- El cenit (o zenit) (C) de un observador es el punto de la esfera celeste que est´ a situado
directamente sobre el observador. En un sentido literal, decimos que el cenit es aquel punto
imaginario en la b´ oveda celeste que est´a ubicado directamente encima de la cabeza del ob-
servador.
- El nadir (C

) de un observador es el punto de la esfera celeste que es diametralmente
opuesto a C. El nadir es entonces aquel punto imaginario en la b´ oveda celeste que est´a
directamente debajo de los pies del observador.
C
E
C
U
A
D
O
R

C
E
L
E
S
T
E
H
O
R
IZO
N
TE
CIRCULO DE
DECLINACION
VERTICAL
OBSERVADOR
MERIDIANO DEL
C’
PNC
N S
W
PSC
E
*
Figura 4.6: Definiciones sobre la b´oveda celeste
- El horizonte de un observador es el plano perpendicular a la l´ınea que existe entre el
observador y su cenit (ver figura 4.7). La circunferencia m´ axima en la cual el horizonte del
observador encuentra la esfera celeste es llamada horizonte matem´atico. Y decimos que es
matem´atico porque con esta definici´ on no estamos considerando lo que realmente sucede en
la pr´ actica: la existencia de obst´ aculos naturales (´ arboles y monta˜ nas) y artificiales (tales
como edificios) hacen que la demarcaci´on no sea una “l´ınea perfecta” sino m´as bien tenga un
perfil irregular. Sin embargo, los c´ alculos astron´ omicos usuales que deben tener en cuenta el
horizonte, tales como la salida y puesta de los astros, se realizan con el concepto de horizonte
matem´atico.
4.1. CONCEPTOS FUNDAMENTALES 53
PNC
CENIT
HORIZONTE
PLANO DEL
φ
φ
PNC
Figura 4.7: Plano del horizonte
- El meridiano del observador es aquel meridiano celeste que pasa por el cenit C del
observador. El meridiano del observador es entonces aquella semicircunferencia que va de
polo a polo y pasa por el cenit del observador. Cuando un astro pasa por el meridiano del
observador se dice entonces que dicho astro est´ a culminando.
- Puntos cardinales. Definimos los puntos cardinales norte (N), sur (S), este (E) y oeste
(W) como aquellos puntos ubicados en el horizonte de un observador cualquiera (salvo situa-
do en los polos geogr´aficos) con las siguientes caracter´ısticas:
Los puntos cardinales norte y sur resultan de la intersecci´ on del meridiano del observador
con el horizonte matem´atico. La ubicaci´on del punto cardinal norte queda determinada por
el grado de separaci´on existente entre el PNC y el horizonte: dicho punto se ubica en aquella
intersecci´ on para la cual la separaci´ on entre el PNC y el horizonte es inferior (tanto arriba
como abajo del horizonte ) a 90 grados. Lo mismo es v´alido para el punto cardinal sur: ´este
se ubica en aquella intersecci´ on entre el horizonte y el meridiano del observador cuando la
separaci´on entre el PSC y el horizonte es menor de 90 grados.
Los puntos cardinales este (oriente) y oeste (occidente) se originan en la intersecci´on
del ecuador celeste con el horizonte. Un observador que mira hacia el punto cardinal norte
tendr´ a hacia su derecha el punto cardinal este; a su izquierda se ubica el punto cardinal oeste.
Ll´ amese vertical de un astro a la semicircunferencia que va de cenit a nadir y pasa por
el astro correspondiente. Es claro que la vertical de cualquier astro es perpendicular al hori-
zonte del observador.
Ll´ amese c´ırculo de declinaci´on de un astro a la semicircunferencia que va de PNC a
PSC y atraviesa el astro correspondiente. Obviamente, el c´ırculo de declinaci´ on de un astro
cualquiera es perpendicular al ecuador celeste.
54 CAP
´
ITULO 4. LA B
´
OVEDA CELESTE
4.2 Observaci´on del cielo seg´ un la latitud
Una de las consecuencias m´as notorias de estar observando el cielo desde un planeta es la
dependencia directa de dicha observaci´ on con la posici´on geogr´afica del observador; no es lo
mismo observar el cielo desde los polos terrestres que desde el ecuador terrestre.
PSC
PNC
EC
EC
H
O
R
IZ
O
N
T
E
NADIR
PSC
PNT
PNC
CENIT
Figura 4.8: Observaci´on del cielo para un observador en el PNT
Consideremos el caso de un observador ubicado en el polo norte terrestre (PNT). Como
es claro de la figura 4.8, dicho observador contempla siempre en su cenit al polo norte celeste
(PNC). El ecuador celeste para dicho observador coincide con su horizonte. En consecuen-
cia, este observador podr´ a contemplar siempre las estrellas del hemisferio norte celeste pero
jam´as podr´ a observar las estrellas del hemisferio sur. S´ olo podr´ a observar la mitad de la
b´oveda celeste. N´otese que el ´angulo existente entre el horizonte y el PNC, ´ angulo que
llamaremos la altura del PNC, para este observador, es de exactamente 90
o
.
La situaci´on es an´ aloga para un observador situado en el polo sur terrestre (PST).
´
Este
tendr´ a en su cenit al polo sur celeste (PSC), el ecuador celeste tambi´en coincide con su ho-
rizonte y s´ olo podr´ a observar las estrellas del hemisferio sur celeste. La altura del PNC para
este observador es de −90
o
donde el signo negativo indica que est´ a por debajo del horizonte.
En cambio, consideremos a un observador ubicado en el ecuador terrestre (ET). Dicho
observador, ver figura 4.9, tendr´ a a los polos ubicados exactamente en el horizonte. En su
cenit siempre tendr´ a un punto que hace parte del ecuador celeste (EC). Para un instante
cualquiera podr´ a observar la mitad de cada hemisferio norte y sur, lo que significa que puede
observar (anque no simult´ aneamente) toda la b´oveda celeste. La altura del PNC es, en este
caso, de 0
o
.
Generalicemos. Existe una relaci´ on entre la latitud a la cual est´ a situado un observador
4.2. OBSERVACI
´
ON DEL CIELO SEG
´
UN LA LATITUD 55
PNT
PSC
PNC
CENIT
EC
HORIZONTE
PNC
PSC
CENIT
NADIR
EC
Figura 4.9: Observaci´on del cielo para un observador en el ET
(φ) y la altura del PNC con respecto al horizonte. La regla fundamental es:
La altura del polo norte celeste con respecto al horizonte es igual a la latitud del obser-
vador.
En los casos extremos vistos anteriormente la relaci´on es clara: un observador a latitud
φ = +90 el PNC est´a a 90 grados de altura sobre el horizonte; un observador a una latitud
de φ = 0 el PNC est´a a 0 grados sobre el horizonte. N´otese que la distancia angular existente
entre el cenit del observador y el ecuador celeste equivale a su latitud en valor absoluto (ver
figura 4.10).
El PNC es un punto imaginario sobre la b´ oveda celeste que en la pr´ actica es dif´ıcil de
ubicar. Por fortuna existe una estrella relativamente brillante a poca distancia de ´el. Dicha
estrella se conoce con el nombre de Polaris, o estrella polar. La distancia entre Polaris y
el PNC es, para esta ´epoca, cercana a los 45 minutos de arco, con lo que medir la altura
de esta estrella con respecto al horizonte constituye una primera aproximaci´ on para la de-
terminaci´ on de la latitud de un observador. En los almanaques n´ auticos existen tablas de
correcciones que permiten obtener valores m´as precisos para obtener la latitud observando
la estrella polar.
En las bajas latitudes la determinaci´ on de la latitud por la altura de la estrella polar es
impracticable.
Puesto que Colombia est´ a situada entre latitudes que van desde 4

S hasta 12

N (con
San Andr´es y Providencia) es claro que el ecuador celeste desde nuestras ciudades es casi
perpendicular al horizonte (ver figura 4.11).
56 CAP
´
ITULO 4. LA B
´
OVEDA CELESTE
HORIZONTE
CENIT
φ
φ
E
C
E
J
E
D
E
R
O
T
A
C
IO
N
PNC
PSC
Figura 4.10: Latitud y altura del PNC sobre el horizonte
4.3 La ecl´ıptica
La Tierra gira alrededor del Sol en una ´ orbita casi circular. Describe una revoluci´ on comple-
ta de 360 grados en unos 365.25 d´ıas. Puesto que nosotros, como observadores del universo,
estamos ubicados en la Tierra, el movimiento de traslaci´on se ve reflejado por el movimiento
del Sol con respecto a las estrellas “fijas”. Ahora bien, la Tierra se mueve en direcci´on
contraria de las agujas del reloj vista desde el PNC; es evidente, de la figura 4.12, que el Sol
describe tambi´en un movimiento en la direcci´ on contraria de las agujas del reloj visto desde
el PNC. Como la ´orbita de la Tierra est´ a contenida en un plano (ver secci´ on 12.4, p´ag. 233)
es evidente que la “trayectoria” que va describiendo el Sol en el cielo estar´ a contenida en un
plano, el cual, en la intersecci´ on de ´este con la esfera celeste resultar´a en una circunferencia
m´axima. La circunferencia m´axima que resulta de la intersecci´ on del plano de la ´ orbita de
la Tierra en torno al Sol con la esfera celeste se llama ecl´ıptica. Otra forma de decirlo es: la
ecl´ıptica es la trayectoria aparente que describe el Sol en la b´ oveda celeste.
Por otro lado, y por razones que no se conocen bien, y que que se supone ocurrieron en
las primeras fases de formaci´on del sistema solar, nuestro planeta tiene su eje de rotaci´ on
inclinado con respecto a la normal al plano orbital. En otros t´erminos: existe un ´ angulo
diferente de cero entre el eje de rotaci´ on terrestre y la normal al plano de la ´ orbita de la
Tierra en torno del Sol (ver figura 4.13).
Este ´ angulo se conoce con el nombre de oblicuidad de la ecl´ıptica y se denota con la letra
griega ´epsilon (). Tiene un valor de unos 23.5 grados, pero a causa de las perturbaciones
gravitacionales de la Luna, el Sol y los planetas, va cambiando ligeramente con el tiempo.
Expresiones matem´aticas para hallar el valor de al segundo de arco est´an dadas en la
secci´on 10.2, p´ag. 184.
4.3. LA ECL
´
IPTICA 57
HORIZONTE MATEMATICO
E
1
2
.
5
N
4
.
5
N
4
.
3
S
Figura 4.11: Posici´on del ecuador celeste con respecto a la normal al horizonte para Bogot´a (4.5 N), San
Andr´es (12.5 N) y Leticia (4.3 S)
Si el valor de fuera cero, esto es, si el eje de rotaci´on terrestre coincidiera con la normal
al plano de la ´ orbita terrestre, entonces ecuador celeste y ecl´ıptica ser´ıan una misma cosa.
Pero como la realidad es distinta, resulta que el ecuador celeste y la ecl´ıptica forman un
´angulo que resulta siendo la oblicuidad de la ecl´ıptica, , ver figura 4.14.
Los polos de la ecl´ıptica est´ an ubicados a 23.5
o
grados de los polos celestes. El polo norte
ecl´ıptico y el polo sur ecl´ıptico se representan por los s´ımbolos Π y Π

respectivamente.
El hecho de que la Tierra est´e inclinada con respecto a la normal al plano de su ´orbita
quiere decir que entre la ecl´ıptica y el ecuador celeste existe un ´ angulo igual a la oblicuidad
de la ecl´ıptica, . Como ecuador celeste y ecl´ıptica son circunferencias m´ aximas y ´estas
est´an mutuamente inclinadas un determinado ´ angulo, es evidente que existir´ an dos puntos
de corte entre ellas. Dichos puntos de corte entre la ecl´ıptica y el ecuador celeste son de una
importancia capital en astronom´ıa.
Se llama punto vernal o primer punto de Aries o tambi´en equinoccio vernal a uno de
los dos puntos de corte entre el ecuador celeste y la ecl´ıptica, especificamente aquel que
surge del paso del Sol cuando atraviesa el ecuador celeste desde el hemisferio sur hacia el
hemisferio norte. El otro punto, situado a 180 grados, se llama punto antivernal. El punto
vernal, representado por el s´ımbolo , es un punto imaginario sobre la b´ oveda celeste que
se comporta como una estrella situada exactamente en el ecuador celeste (ver figura 4.15).
Su importancia radica en que es el origen de varios sistemas de coordenadas celestes (ver
secci´on 5.3 y 5.4) como tambi´en el punto de referencia para la determinaci´ on del tiempo
sideral (ver secci´on 7.1.1).
58 CAP
´
ITULO 4. LA B
´
OVEDA CELESTE
ORBITA DE LA TIERRA
BOVEDA CELESTE
SOL
Figura 4.12: El plano de la Tierra en torno al Sol da origen al concepto de ecl´ıptica
4.4 Estaciones
Muchas personas creen que la explicaci´ on de las estaciones descansa en el hecho de que la
´orbita que describe la Tierra en torno del Sol es ovalada, pues piensan que en perihelio (la
menor distancia entre ambos astros) ocurre el verano y en afelio (la mayor distancia) ocurre
el invierno. Un r´ apido vistazo a la tabla 4.1 permite cotejar que el perihelio de la Tierra
ocurre en los primeros d´ıas del a˜ no (cuando en el hemisferio norte ocurre el invierno, y en
el hemisferio sur el verano). De igual forma, el afelio sucede en los primeros d´ıas de julio
(cuando en el hemisferio norte ocurre el verano, y en el hemisferio sur el invierno). La raz´ on
verdadera de la ocurrencia de las estaciones en la Tierra es la existencia de un ´ angulo de
inclinaci´ on diferente de cero.
El Sol, en el transcurso del a˜ no, corta al ecuador celeste en dos puntos, que se llaman
equinoccios. Esto ocurre dos d´ıas en el a˜ no: el 20 (o 21) de marzo y el 21 (o 22) de septiem-
bre. En estos d´ıas la duraci´ on del n´ umero de horas de luz es igual al n´ umero de horas de
Perihelio Afelio
5 horas de enero 3 de 2000 23 horas de julio 3 de 2000
9 horas de enero 4 de 2001 14 horas de julio 4 de 2001
14 horas de enero 2 de 2002 4 horas de julio 6 de 2002
5 horas de enero 4 de 2003 6 horas de julio 4 de 2003
18 horas de enero 4 de 2004 11 horas de julio 5 de 2004
1 hora de enero 2 de 2005 5 horas de julio 5 de 2005
Tabla 4.1: Perihelio y afelios de la Tierra entre 2000 y 2005. Horas en TU
4.4. ESTACIONES 59
PSC
PNC
EJE DE ROTACION
E
T
ε
Π
PLANO DE TRASLACION TERRESTRE
Figura 4.13: La oblicuidad de la ecl´ıptica
oscuridad. Una vez que el Sol pasa por el equinoccio se va alejando lentamente del ecuador
celeste hasta alcanzar la mayor separaci´on con ´este: la separaci´on m´axima entre el Sol y el
ecuador celeste es un ´angulo , esto es, de 23.5 grados. Estos puntos que est´ an ubicados en
la ecl´ıptica se llaman solsticios y ocuren el 21 (o 22) de junio y el 21 (o 22) de diciembre. Es
en los solsticios cuando ocurre la mayor diferencia de duraci´ on entre los d´ıas y las noches.
El verano se presenta en aquel hemisferio que est´ a recibiendo mayor cantidad de radiaci´ on
solar en t´erminos de mayor duraci´ on del d´ıa, esto es, los observadores en este hemisferio ob-
servar´ an el Sol sobre su horizonte un tiempo que es mayor de 12 horas (ver figura 4.16).
Para observadores situados en o cerca del ecuador terrestre (como es el caso de observadores
situados en el territorio nacional) el efecto de las estaciones es muy poco perceptible. La
duraci´ on del d´ıa y de la noche var´ıan s´ olo unos pocos minutos en el transcurso del a˜ no.
En Bogot´a, por ejemplo, a finales del mes de mayo el Sol sale m´as temprano (5
h
42
m
) pero
ε
ε
ε
E
C
L
IP
T
IC
A
ECLIPTICA=ECUADOR CELESTE
PNC
PNS
Π’
EC
Π
PNC
Π
Figura 4.14: Ecuador celeste y ecl´ıptica. A la izquierda el caso hipot´etico = 0. A la derecha el caso real
60 CAP
´
ITULO 4. LA B
´
OVEDA CELESTE
Π
E
C
U
A
D
O
R
C
E
L
E
ST
E
ECLIPTICA
ε
ε
PUNTO VERNAL
PUNTO
ANTIVERNAL
PNC
PSC
Π’
Figura 4.15: Punto vernal y punto antivernal
se oculta a eso de las 18
h
3
m
; otro m´ aximo lo vuelve a tener a finales de octubre (5
h
41
m
)
ocult´ andose a eso de las (17
h
39
m
). El Sol sale m´ as tarde a finales de enero y comienzos de
febrero (6
h
12
m
) ocult´ andose para esos d´ıas cerca de las (18
h
8
m
).
HS
HS
PNC PNC
SOL
HN HN
Figura 4.16: Posici´on del hemisferio norte (HN) y el hemisferio sur (HS) en los dos solsticios
Los solsticios y los equinoccios eran eventos que para los pueblos antiguos cobraban
especial importancia. Muchos monumentos de la antig¨ uedad, as´ı como numerosos emplaza-
mientos de car´acter religioso estaban debidamente orientados en la direcci´on de la salida y
puesta del Sol en los solsticios y los equinoccios
1
.
1
La Navidad y el San Juan (celebrada principalmente en Espa˜ na) son dos fiestas religiosas cuyo origen
4.4. ESTACIONES 61
EN FE MAR AB MA JUN AG NO JUL SE OC DI
6 6
6 12
6 18
6 0
5 54
5 48
5 42
5 36
h m
EN FE AB MAR MA JUN JUL AG SE OC NO DI
h m
17 36
17 42
17 48
17 54
18 0
18 6
18 12
18 18
Figura 4.17: Tiempos de salida (izquierda) y puesta (derecha) del Sol para Bogot´a en el transcurso del
a˜ no
A medida que la latitud del observador tienda hacia los polos, el efecto de la diferencia
entre el d´ıa y la noche es m´ as notorio: por ejemplo, cerca del solsticio de verano (para un
observador en el PNT) el Sol no se pondr´a sobre el horizonte: permanecer´a las 24 horas
del d´ıa sobre el horizonte; es el llamado sol de media noche. El invierno es justamente lo
opuesto: el otro hemisferio recibe menor cantidad de radiaci´on solar en t´erminos de mayor
duraci´ on de la noche que del d´ıa. Cerca del solsticio de invierno (para un observador en el
PST) el Sol no saldr´ a; existir´ an 24 horas de noche continua.
La tabla 4.2 contiene los tiempos (en tiempo universal) de la ocurrencia de los solsticios
y equinoccios de la Tierra para los a˜ nos 2000 a 2005.
A˜ no Equinoccio Solsticio Equinoccio Solsticio
de marzo de junio de septiembre de diciembre
2000 d´ıa 20, 7
h
36
m
d´ıa 21, 1
h
48
m
d´ıa 22, 17
h
28
m
d´ıa 21, 13
h
38
m
2001 d´ıa 20, 13
h
31
m
d´ıa 21, 7
h
38
m
d´ıa 22, 23
h
5
m
d´ıa 21, 19
h
22
m
2002 d´ıa 20, 19
h
17
m
d´ıa 21, 13
h
25
m
d´ıa 23, 4
h
56
m
d´ıa 22, 1
h
15
m
2003 d´ıa 21, 1
h
0
m
d´ıa 21, 19
h
11
m
d´ıa 23, 10
h
47
m
d´ıa 22, 7
h
4
m
2004 d´ıa 20, 6
h
49
m
d´ıa 21, 0
h
57
m
d´ıa 22, 16
h
30
m
d´ıa 21, 12
h
42
m
2005 d´ıa 20, 12
h
34
m
d´ıa 21, 6
h
47
m
d´ıa 22, 22
h
24
m
d´ıa 21, 18
h
36
m
Tabla 4.2: Equinoccios y solsticios de la Tierra entre el 2000 y 2005
real fue la celebraci´on de los solsticios (de invierno y verano respectivamente) por parte de muchos pueblos
paganos: la primera celebraba el fin de las noches largas y el inicio de los d´ıas de mayor duraci´on, interpretada
por los romanos como el renacimiento del dios solar Mitra y adoptada por la iglesia cat´olica como fecha de
nacimiento de Jesucristo tan s´olo hasta el a˜ no 360 A.D.
62 CAP
´
ITULO 4. LA B
´
OVEDA CELESTE
4.5 Constelaciones
Nuestro Sol es una de las miles de millones de estrellas que conforman la galaxia de la V´ıa
L´actea. Podemos ver f´acilmente y a simple vista que se trata de un objeto redondo que
emite a cada instante enormes cantidades de luz y calor que sustenta pr´ acticamente toda
la vida en nuestro planeta. Esta observaci´ on es com´ un a todos nosotros gracias al hecho
de que vivimos en un sitio relativamente cercano a esa estrella que llamamos Sol. De estar
observando el Sol desde Plut´ on, o m´as lejos, estar´ıamos tan alejados de ´el que pasar´ıa a
convertirse en una simple estrella. De hecho, las estrellas m´ as cercanas al Sol son contem-
pladas a simple vista desde la Tierra como puntos luminosos, algunos brillantes, otros no
tanto. Ahora bien, notamos que las estrellas est´ an dispersadas de forma completamente
desordenada: no existe un patr´ on regular de distribuci´ on de las mismas en el cielo. Hoy
sabemos que no tiene porqu´e haberlo: las estrellas que vemos a simple vista, al igual que
el Sol, se mueven alrededor del centro de la galaxia gracias a la atracci´on gravitacional que
existe entre ellas; van desplaz´andose por el espacio a velocidades y direcciones ligeramente
distintas las unas de las otras. Muchas de esas estrellas son j´ovenes (reci´en formadas) y otras
moribundas: en un proceso azaroso, por el espacio, a medida que transcurren los milenios
surgen, evolucionan y desaparecen estrellas. Nosotros, como espectadores ef´ımeros de estos
sucesos, tan s´olo estamos contemplando un cuadro de esa pel´ıcula gal´ actica.
Cuando los seres humanos observamos las estrellas, nos vemos con el impulso de encontrar
alguna clase de ordenamiento, alg´ un tipo de forma geom´etrica entre las mismas. Tambi´en es
posible que, casualmente, una determinada distribuci´ on de estrellas nos recuerde inmedia-
tamente alg´ un animal, objeto o cualquier otra cosa de nuestra experiencia diaria. Fue as´ı
como, desde tiempos inmemoriales, los antiguos observadores del cielo comenzaron a estable-
cer patrones dentro de esa distribuci´ on ca´otica de estrellas.
Por ejemplo, un grupo de estrellas brillantes que aparentemente conforman una especie
de tri´ angulo, recordaba a varios pueblos antiguos la cabeza de un “toro”. Pero, lo que para
unos era la cabeza de un toro, para otros pod´ıa ser “la punta de la flecha” o el “tri´ angulo” o
cualquier otra figura m´ as elaborada. Cada quien se vio con la libertad de interpretar y bau-
tizar dicho grupo de estrellas conforme a sus creencias, vivencias y tradiciones. Otras agru-
paciones de estrellas correr´ıan igual suerte. Lentamente surgieron caballos, leones, pescados,
perros, serpientes, etc. Tambi´en aparecer´ıan dioses y h´eroes mitol´ ogicos. Aunque en algunos
casos el nombre de una constelaci´on hac´ıa justicia con el nombre que se le adjudicaba (como
en el caso de Escorpi´on o Leo, donde no hace falta ser muy imaginativo para darse cuenta que
en efecto las estrellas conforman una figura tal que recuerda de inmediato a esos animales),
por lo general los grupos de estrellas fueron bautizados con nombres que evocaban muy poco
a lo que realmente se ve´ıa en el cielo: pi´ensese en la gran dificultad con que se encuentra
uno al tratar de buscar la figura de una virgen en el grupo de estrellas de la constelaci´ on de
Virgo, o de la reina Casiopea en la constelaci´on del mismo nombre.
Un n´ umero significativo de constelaciones utilizadas hoy en d´ıa nos vienen directamente
de los antiguos griegos. Sin embargo, las investigaciones hist´oricas que se han hecho al res-
pecto apuntan a que ´estos copiaron algunos de los patrones que astr´ onomos babilonios y
sumerios usaban ya unos 2000 A.C. El origen de los nombres de algunas de las constelaciones
4.5. CONSTELACIONES 63
m´as populares se pierde, pues, en las profundidades del tiempo.
La descripci´on m´ as antigua de las constelaciones de que tengamos noticias, tal y como las
conocemos modernamente, proviene de un trabajo titulado “fen´ omenos” (el cual no alcanz´o
a llegar hasta nosotros), escrito por el c´elebre matem´atico y astr´ onomo griego Eudoxo de
Cnidos (408-355 A.C.). Pero sobrevivir´ıa la obra que cien a˜ nos despu´es (alrededor del 270
A.C.) el poeta griego Arato compuso al hacer una versi´on po´etica de la obra de Eudoxo
llam´andola tambi´en “fen´omenos”, muy popular en la antig¨ uedad. Posteriormente, Claudio
Ptolomeo (100-170), uno de los astr´onomos y ge´ografos m´as famosos de la antig¨ uedad, en su
obra el Almagesto, realiz´o, en los libros s´eptimo y octavo, un inventario del cielo que incluy´ o
un cat´ alogo muy completo de estrellas. Ah´ı se describen los nombres y las figuras de 48
constelaciones, las cuales, con cambios muy sutiles, son pr´acticamente id´enticas a las que se
usan en astronom´ıa actualmente. Sin embargo, exist´ıa una que otra regi´ on del cielo que no
era cubierta por alg´ un tipo de figura, esto es, exist´ıan parches en la b´ oveda celeste que no
estaban rotulados con el nombre de alguna persona, animal o cosa, particularmente aquellos
sectores del cielo que son imposibles de observar desde las latitudes en que vivieron babilo-
nios, egipcios y griegos. Estos vac´ıos (sobre todo la regi´ on que rodea el polo sur celeste)
fueron lentamente llenados por hombres de la talla de Gerhardus Mercator (1512-1594), Jo-
hannes Hevelius (1611-1687) y Nicolas-Louis de Lacaille (1713-1762), este ´ ultimo llegando
a introducir 14 nuevas constelaciones. Con el tiempo, cualquier sector de la b´oveda celeste
estuvo “dentro” de alguna constelaci´ on definida.
En la primera reuni´ on de la Uni´ on Astron´omica Internacional (UAI), en el a˜ no de 1922,
oficialmente se adopt´o la lista completa de 88 constelaciones que usamos hoy. De la misma
manera que en cualquier terreno, isla, pueblo o ciudad existente en el continente ameri-
cano pertenece a alguno de los 36 pa´ıses oficialmente all´ı reconocidos, as´ı, cualquier estrella,
nebulosa, galaxia, etc., “pertenece” a alguna de las 88 constelaciones en que se ha dividido
el cielo. Para evitar confusiones y malos entendidos los pa´ıses establecen fronteras lo m´as
definidas posibles entre ellos. De igual forma, los astr´ onomos se vieron en la necesidad de
establecer fronteras entre las mismas constelaciones, las cuales se definieron por medio de
coordenadas ecuatoriales ya para el a˜ no de 1930.
Por lo tanto, el concepto moderno de constelaci´on es distinto del que le dieron los an-
tiguos. Para nosotros ya no se trata de “un grupo de estrellas que nos recuerda determinado
dios, persona, animal o cosa”, sino m´as bien una constelaci´on es tan s´olo una de las 88
partes en que arbitrariamente se ha dividido la b´oveda celeste.
En la figura 4.18 podemos observar una de las constelaciones m´as conocidas y f´aciles
de identificar: la constelaci´ on de Ori´ on, el cazador del cielo. Las fronteras entre las cons-
telaciones son representadas como trazos segmentados. Son de uso com´ un, como ayuda
para distinguir y ubicar r´ apidamente las estrellas principales, los trazos continuos entre las
estrellas m´ as representativas y que permitan, si es posible, esbozar la figura que di´ o origen
al nombre de la constelaci´ on.
El concepto de constelaci´ on es ´ util porque nos permite ubicar r´ apidamente un cuerpo
celeste en un sector definido del cielo. Para alguien que conoce la b´ oveda celeste, tendr´a una
64 CAP
´
ITULO 4. LA B
´
OVEDA CELESTE
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
. .
.
.
.
.
.
.
BETELGEUSE
RIGEL
BELLATRIX
TAURO
GEMINIS
MONOCEROS
L
E
P
U
S
ERIDANUS
ORION
Figura 4.18: Constelaci´on de Ori´on
buena idea de donde se encuentra digamos la Luna si se le dice que est´ a, para un instante
dado, en la constelaci´on de C´ancer.
Las constelaciones que casi todo el mundo ha o´ıdo mencionar —aunque muy pocos tienen
la habilidad de distinguir unas cuantas a simple vista— son sin duda las zodiacales: Aries (el
carnero), Tauro (el toro), G´eminis (los gemelos), C´ancer (el cangrejo), Leo (el le´on), Virgo
(la virgen), Libra (la balanza), Escorpi´ on, Sagitario (el arquero), Capricornio (la cabra),
Acuario y Piscis (los peces). La astrolog´ıa ha tenido mucho que ver en la fama de estas doce
constelaciones. La difusi´on que tienen entre la mayor´ıa de la poblaci´ on se debe al hecho
de que la ecl´ıptica (la trayectoria aparente que describe el Sol por entre las estrellas) pasa
a trav´es de estas constelaciones. Siendo estrictos el n´ umero de constelaciones zodiacales
deber´ıa ser de 13 y no de 12, pues la ecl´ıptica atraviesa parte de la constelaci´ on de Ofiuco
(el portador de serpientes). Debido a la peque˜ na inclinaci´ on que tienen los planetas (salvo
el planeta Plut´ on) y la Luna con respecto al plano de la ecl´ıptica, es un hecho que estos
cuerpos celestes se encuentren ubicados permanentemente entre las constelaciones zodiacales
(ver pie de p´ agina de la p´ agina 100).
4.6 Nombres de estrellas y designaciones
Aproximadamente se pueden ver a simple vista unas cinco mil estrellas. Sin embargo, s´ olo
unos pocos centenares poseen nombres propios y alrededor de unas sesenta son utilizadas
4.7. CAT
´
ALOGOS DE ESTRELLAS 65
por los navegantes, ingenieros ge´ografos y otros profesionales.
Los nombres propios de las estrellas poseen diversos or´ıgenes. Algunos de esos nombres
provienen directamente del griego, tales como Procyon, Canopus y Antares. Estrellas co-
mo Sirius y Arcturus ya aparecen mencionadas en la obras de los c´elebres poetas griegos
Homero y Hesiodo, alrededor del siglo VIII A.C. Es conocido que muchos de los nombres
de las estrellas provienen del ´ arabe. El prefijo Al (que en ´ arabe significa el art´ıculo definido
“el”) comienza el nombre de algunas estrellas: Aldebaran (el seguidor), Algenib (el costa-
do) y Algol (el demonio). Tan s´olo unas cuantas estrellas tienen nombres recientes como
por ejemplo Cor Caroli, la estrella m´ as brillante de la constelaci´ on de Canes Venatici, cuyo
nombre fue colocado por Edmond Halley.
El astr´ onomo alem´an Johann Bayer public´ o en 1603 un libro llamado Uranometria en
el cual introdujo un sistema de letras griegas para designar las estrellas m´ as brillantes de
una constelaci´ on. Basado en el trabajo de Tycho Brahe, quien determin´ o las posiciones
estelares y magnitudes de un gran n´ umero de estrellas visibles a simple vista, Bayer asign´ o
a cada estrella de una constelaci´ on una de las 24 letras del alfabeto griego. De esta manera
la designaci´ on de una estrella est´ a dada por la letra griega seguida de la forma genitiva (la
declinaci´ on que da la idea de pertenencia) del nombre de la constelaci´ on. As´ı por ejemplo
la estrella Sirius, la estrella m´ as brillante de la constelaci´ on de Canis Major (el can ma-
yor) queda, bajo la designaci´ on de Bayer, Alfa Canis Majoris. El primer astr´ onomo real
de inglaterra, John Flamsteed, para comienzos del siglo XVIII, numer´o las estrellas dentro
de cada constelaci´on de manera consecutiva de acuerdo con su ascensi´on recta. A´ un hoy
se siguen utilizando los n´ umeros de Flamsteed para designar estrellas poco brillantes, como
por ejemplo 61 Cygni.
Con el tiempo se han elaborado cat´alogos que incluyen gran cantidad de estrellas, con
lo que la designaci´ on de las mismas se complica. Por lo general estos cat´alogos ignoran la
pertenencia de una estrella a una constelaci´ on dada y la numeraci´on se basa en el sentido
creciente de la ascensi´ on recta. Por ejemplo, la estrella Vega (Alfa Lyrae) es designada
como BD+38
o
3238 en el cat´alogo Bonner Durchmusterung; al mismo tiempo se llama HD
172167 en el cat´alogo de Henry Draper de clasificaciones espectrales; o tambi´en GC 25466
en el “Cat´alogo general de 33 342 estrellas” de Benjam´ın Rose; o ADS 11510 en el “Nuevo
cat´alogo general de estrellas dobles” de Robert Aitken.
4.7 Cat´alogos de estrellas
El primer cat´ alogo de estrellas propiamente dicho se atribuye a Ptolomeo en el siglo II A.D.
Se ha sugerido que Ptolomeo lo que hizo fue copiar y actualizar ligeramente el trabajo he-
cho en el mismo sentido por el c´elebre astr´ onomo griego Hiparco en el siglo I A.C. Pero
las evidencias hist´ oricas apuntan a que Ptolomeo obtuvo por s´ı mismo las posiciones de al
menos 850 estrellas de las 1022 que aparecen en el Almagesto. Es de notar que el cat´alogo
de Ptolomeo permaneci´o en uso por m´as de quince siglos, haci´endose obsoleto s´olo hasta
bien entrado el Renacimiento. Con la aparici´on de Tycho Brahe a finales del siglo XVI
comenz´o a aparecer el esp´ıritu de la b´ usqueda fren´etica de la exactitud en las observaciones
66 CAP
´
ITULO 4. LA B
´
OVEDA CELESTE
astron´ omicas. Con ayuda de cuadrantes y sextantes monumentales (el telescopio fue utiliza-
do por primera vez con fines astron´ omicos por Galileo ocho a˜ nos despu´es de la muerte de
Brahe), el h´ abil astr´ onomo dan´es midi´ o las posiciones de 1000 estrellas. Puesto que el poder
de resoluci´ on de un ojo normal humano alcanza los dos minutos de arco, es de suponer que
las observaciones de Brahe alcanzaran una precisi´ on de dos a cuatro minutos de arco. Un
cat´alogo equivalente al de Brahe pero para el hemisferio sur celeste tuvo que esperar hasta
unos 90 a˜ nos despu´es, cuando Edmond Halley public´ o las posiciones de unas 350 estrellas
fruto de observaciones realizadas por una expedici´ on brit´ anica en una diminuta isla ubicada
en el Atl´antico Sur llamada Santa Helena
2
.
El primer astr´ onomo real de inglaterra, John Flamsteed, fue el primero en utilizar el
telescopio para medir las posiciones de las estrellas. El cat´ alogo de sus observaciones, que
contiene unas 3000 estrellas, llamado Historia Coelistis Britannica, fue publicado completo
seis a˜ nos despu´es de su muerte. El tercer astr´onomo real de inglaterra, James Bradley,
logr´ o, a los pocos a˜ nos, medir las posiciones de estrellas con la precisi´on de unos cuantos
segundos de arco, por lo que no es de extra˜ nar que haya descubierto ´el mismo los fen´omenos
de nutaci´ on y aberraci´ on anual (ver secciones 10.2 y 10.3.1). Ya para comienzos del siglo
XIX Friedrich Bessel lograr´ıa precisiones del segundo de arco o menores, lo que le permitir´ıa
con el tiempo ser el primero en detectar la paralaje de una estrella (ver secci´on 10.5.2).
En 1862 el astr´onomo Friedrich Argelander public´ o un cat´alogo, llamado Bonner Durch-
musterung o, m´ as sencillamente, cat´alogo BD, el cual contiene unas 324 000 estrellas (casi
todas m´ as brillantes que la magnitud 9.5) ubicadas entre las declinaciones +90
o
y −2
o
, lo
que se explica si se tiene en cuenta que las observaciones las realiz´ o en la ciudad alemana
de Bonn (φ = 50.75
o
). Con ayuda de un telescopio de apenas 8 cm de abertura Argelander
hab´ıa superado ampliamente las cat´ alogos y cartas que exist´ıan hasta entonces. A´ un hoy
el cat´alogo BD es de gran utilidad. Adem´as sirvi´ o de base para la elaboraci´on posterior de
otros dos cat´alogos que cubr´ıan el cielo completamente. En total se estima que el n´ umero
de estrellas que est´ an registradas al menos en uno de los cat´alogos existentes es cercano al
mill´ on, un n´ umero bastante grande, pero que constituye tan s´ olo 1/400 000 de las estrellas
que se estima existen en la galaxia de la V´ıa L´ actea.
Hoy en d´ıa existen los denominados cat´alogos fundamentales. La idea es seleccionar algu-
nas estrellas a las cuales, paciente y dedicadamente, se les determina su posici´on con extrema
exactitud. Los cat´ alogos fundamentales se realizan con base en las llamadas observaciones
fundamentales (c´ırculo meridiano). La fotograf´ıa sirve para determinar posiciones de las
dem´as estrellas con base en las estrellas fundamentales. Con ayuda de las placas fotogr´aficas
tomadas a intervalos regulares es posible determinar movimientos propios y paralajes. Una
lista de esas estrellas que contengan las posiciones y movimientos propios (preferiblemente
tambi´en su velocidad radial y paralaje) con respecto a un equinoccio est´andar y una ´epoca
determinada (1950.0, 1975.0, 2000.0) que se distribuyan regularmente a trav´es del cielo,
es llamada un cat´alogo fundamental. Las posiciones de las dem´as estrellas se miden con
respecto a las estrellas que constituyen el cat´alogo fundamental. De hecho, el sistema de
2
El mismo sitio que se har´ıa c´elebre unos 150 a˜ nos despu´es por ser el lugar donde Napole´on I pasar´ıa,
como prisionero de los ingleses, sus ´ ultimos d´ıas.
4.7. CAT
´
ALOGOS DE ESTRELLAS 67
coordenadas que define un cat´ alogo fundamental es una aproximaci´ on muy cercana a un
marco fijo de referencia. Los cat´alogos fundamentales son revisados y actualizados cada
pocas d´ecadas. Son conocidos el Dritter Fundamentalkatalog des Berliner Astronomischen
Jahrbuchs el cual se acostumbra a abreviar simplemente como FK3. Este cat´alogo fue pu-
blicado en 1937 y luego expandido el a˜ no siguiente hasta incluir unas 1600 estrellas referidas
al equinoccio de 1950.0. Unos 25 a˜ nos despu´es fue publicada una revisi´ on del FK3 conocida
como FK4. En 1988 apareci´o una revisi´ on del FK4, con adopci´on de nuevas constantes (para
la precesi´ on) y correcciones al equinoccio, conocida como FK5, la cual refiere las posiciones
de las estrellas al equinoccio del 2000.0.
Ahora bien, el cat´ alogo fundamental da las posiciones de las estrellas para un equinoccio
determinado (el 2000 para el FK5). Pero, como se ver´a con m´as profundidad en la cap´ıtulo
10, sucede que, conforme pasa el tiempo, las posiciones de las estrellas est´an cambiando
a causa de los fen´omenos de precesi´on, nutaci´ on, aberraci´ on anual, movimiento propio,
paralaje y deflecci´ on gravitacional de la luz. Existen f´ ormulas complejas (necesarias para
los niveles de resoluci´ on que se manejan hoy en d´ıa) que permiten determinar la posici´ on
aparente de una estrella para un tiempo dado cualquiera. Sin embargo, para facilitar la labor
del astr´ onomo, existe una publicaci´ on anual denominada Apparent Places of Fundamental
Stars la cual contiene las posiciones aparentes (corregidas ya por todos los fen´omenos anteri-
ormente citados) de las estrellas del cat´alogo fundamental en vigencia a intervalos de 10 d´ıas.
Actualmente se disponen de cat´alogos de estrellas realizados por sat´elites artificiales.
Es el caso del sat´elite europeo Hipparcos (acr´ onimo de HIgh Precision PARallax COllect-
ing Satellite) cuya pronunciaci´ on es parecida al nombre del astr´ onomo griego Hiparco. Del
an´ alisis de las placas tomadas por Hipparcos se ha realizado el cat´ alogo Hipparcos el cual es
fundamentalmente un cat´ alogo astrom´etrico. Dicho cat´ alogo contiene 120 000 estrellas con
precisiones a nivel astrom´etrico del milisegundo de arco.
Un tratamiento posterior fue llevado a cabo de todos los datos b´asicos recogidos por
Hipparcos y de ello result´ o el cat´alogo Tycho (en honor a Tycho Brahe) el cual contiene m´as
de un mill´ on de estrellas con datos astrom´etricos al nivel de 20 a 30 milisegundos de arco.
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Anuario del Observatorio Astron´ omico Nacional, Universidad Nacional de Colombia, Facultad
de Ciencias, Bogot´ a.
Con publicaci´ on anual, contiene posiciones del Sol, Luna, planetas, y 480 estrellas brillantes
con fen´ omenos astron´ omicos para el Tiempo Oficial de la Rep´ ublica de Colombia.
• Apparent Places of Fundamental Stars, Astronomisches Rechen-Institut, Heidelberg.
Con publicaci´ on anual, contiene las posiciones aparentes con intervalos de 10 d´ıas de unas
1500 estrellas del FK5.
• The Astronomical Almanac, U.S. Goverment Printing Office, Washington.
Con publicaci´ on anual, contiene la m´ as completa documentaci´ on de las posiciones del Sol,
Luna, planetas, sat´elites, estrellas brillantes, radiofuentes, tiempos de salida y puesta del Sol
y Luna, etc.
68 CAP
´
ITULO 4. LA B
´
OVEDA CELESTE
• Levy, D. H. (1998) Observar el cielo, Editorial Planeta S.A., Singapur.
Escrito por un c´elebre descubridor de cometas, este libro constituye una excelente gu´ıa para
los iniciados en la astronom´ıa. La descripci´ on de cada una de las constelaciones es excelente.
• Mart´ın-As´ın F. (1999) La cartograf´ıa del cielo: las constelaciones del zod´ıaco, Revista colom-
biana de astronom´ıa, astrof´ısica, cosmolog´ıa y ciencias afines, Vol. 1, p. 145.
Breve descripci´ on de las constelaciones, en particular de aquellas que definen el zod´ıaco.
• Mej´ıa, A. Efem´erides astron´ omicas, Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, Medell´ın.
Con publicaci´ on anual, contiene posiciones del Sol, Luna, planetas con fen´ omenos astron´ omicos
para el Tiempo Oficial de la Rep´ ublica de Colombia.
• http://www.dibonsmith.com/stars.html
En esta hoja electr´onica se encuentran bastante informaci´ on sobre todo lo que se quiera saber
sobre las constelaciones.
• http://ad.usno.navy.mil/star/star_cats_rec.html
En este sitio se encuentran varios cat´alogos astrom´etricos, incluido el FK5.
• http://www.physics.csbsju.edu/astro/CS/CSintro.html
Contiene conceptos b´asicos sobre la esfera celeste y coordenadas astron´ omicas.
Cap´ıtulo 5
COORDENADAS CELESTES
Para especificar con exactitud y de forma un´ıvoca la posici´ on de los astros en la b´oveda
celeste los astr´onomos utilizan varios sistemas de coordenadas. De uso com´ un existen los
siguientes sistemas:
1. Coordenadas horizontales,
2. Coordenadas ecuatoriales horarias,
3. Coordenadas ecuatoriales (o ecuatoriales absolutas),
4. Coordenadas ecl´ıpticas,
5. Coordenadas gal´acticas.
Pasaremos a continuaci´on a examinar con detalle cada uno de estos sistemas.
5.1 Coordenadas horizontales
Las coordenadas horizontales tienen como plano de referencia el horizonte matem´atico del
observador. Tales coordenadas permiten ubicar la posici´ on aparente de un astro para un
observador cualquiera situado a una latitud y longitud dadas para un instante de tiempo
especificado.
Las coordenadas son (ver figura 5.1):
A = azimut (o acimut),
h = altura.
El azimut A de un astro es el ´ angulo contado sobre el horizonte que comienza a medirse
desde el punto cardinal norte en direcci´ on hacia el este (oriente) hasta la vertical del astro
correspondiente.
69
70 CAP
´
ITULO 5. COORDENADAS CELESTES
HORIZONTE
h
N
C’
C
S O
E
W
A
VERTICAL

Figura 5.1: Coordenadas horizontales
El azimut tiene valores comprendidos entre el siguiente intervalo:
0
o
≤ A < 360
o
.
La altura h de un astro es el ´ angulo contado sobre la vertical del astro que comienza a
medirse desde el horizonte hasta el astro correspondiente.
Tenemos que el signo de la altura h de un astro relativo a un observador constituye un
criterio de visibilidad del mismo. Si el astro est´ a por encima del horizonte (visible para
el observador) tendremos h > 0; pero si est´a por debajo del horizonte (invisible para el
observador) obtenemos h < 0.
La altura tiene valores comprendidos entre el siguiente intervalo:
−90
o
≤ h ≤ 90
o
.
N´otese que:
h
(cenit)
= 90
o
, h
(nadir)
= −90
o
, h
(horizonte)
= 0
o
.
El complemento de la altura es llamado distancia cenital, denotado por z, de tal forma
que:
5.2. COORDENADAS ECUATORIALES HORARIAS 71
z = 90 −h. (5.1)
Es importante recalcar el hecho de que a causa del movimiento diurno las coordenadas
horizontales de un astro est´an cambiando permanentemente por lo que es necesario especi-
ficar el tiempo de la observaci´on con la mayor exactitud. De igual forma, para el mismo
instante de tiempo, las coordenadas horizontales de dos observadores con distintas latitudes
y/o longitudes difieren tambi´en.
NOTA: El lector ha de tener presente que en muchos libros de astronom´ıa esf´erica
definen el azimut de tal forma que comienza a medirse desde el punto cardinal sur en direcci´ on
hacia el oeste. Al llamar A

al azimut as´ı definido tendremos la relaci´ on: A

= A+ 180.
5.2 Coordenadas ecuatoriales horarias
Las coordenadas ecuatoriales horarias tienen como plano de referencia el ecuador celeste.
Las coordenadas son (ver figura 5.2):
H = ´angulo horario,
δ = declinaci´ on.
El ´ angulo horario H de un astro es el ´ angulo contado sobre el ecuador celeste que comien-
za a medirse desde el meridiano del observador en direcci´ on hacia el oeste (occidente) hasta
el c´ırculo de declinaci´ on del astro correspondiente.
Es de uso muy frecuente especificar el ´angulo horario en unidades de tiempo. Puesto que
la b´ oveda celeste describe una circunferencia completa (360 grados) en 24 horas, tendremos
que:
15
o
= 1 hora.
Por ejemplo, H = 35
o
25’ 36” (en unidades de grados) equivale a
35
o
25’ 36” = 35.4266666
o
/15 = 2.36177777
h
= 2
h
21
m
42.4
s
.
El ´angulo horario tiene valores comprendidos entre el siguiente intervalo:
0
o
≤ H < 360
o
, o mejor : 0
h
≤ H < 24
h
.
La declinaci´on δ de un astro es el ´ angulo medido sobre el c´ırculo de declinaci´ on de ´este
que comienza a contarse desde el ecuador celeste hasta el astro correspondiente.
La declinaci´on es positiva si la estrella est´a ubicada en el hemisferio norte celeste, de lo
contrario es negativa.
N´otese que:
72 CAP
´
ITULO 5. COORDENADAS CELESTES
HORIZONTE
δ
E
S
C’
ECUADOR
CIRCULO
DE DECLINACION
C
O
W
N
CELESTE
H
*
MERIDIANO
DEL OBSERVADOR
PSC
PNC
Figura 5.2: Coordenadas ecuatoriales horarias
δ
(PNC)
= 90
o
, δ
(PSC)
= −90
o
, δ
(E. C.)
= 0
o
.
Las coordenadas ecuatoriales horarias son parcialmente absolutas. Con ello queremos
decir que aunque la declinaci´ on de un astro es la misma para un observador independi-
entemente de su posici´on geogr´afica y de la hora de observaci´on, el ´ angulo horario no lo
es.
5.3 Coordenadas ecuatoriales (ecuatoriales absolutas)
Al igual que las coordenadas ecuatoriales horarias, las coordenadas ecuatoriales absolutas
tienen como plano de referencia el ecuador celeste.
Las coordenadas son (ver figura 5.3):
α = ascensi´on recta,
δ = declinaci´ on.
La declinaci´on es el mismo ´angulo que definimos al introducir las coordenadas ecuatoria-
les horarias.
5.4. COORDENADAS ECL
´
IPTICAS 73
HORIZONTE
E
O
C’
ECUADOR
CELESTE
CIRCULO
DE DECLINACION
PNC
N
S
PSC
C MERIDIANO
DEL OBSERVADOR
W
α
δ
*
Figura 5.3: Coordenadas ecuatoriales absolutas
La ascensi´on recta α de un astro es el ´ angulo medido sobre el ecuador celeste contado
desde el punto vernal en direcci´ on contraria a la de las agujas del reloj, visto desde el PNC,
hasta el c´ırculo de declinaci´ on del astro.
Al igual que el ´angulo horario, la ascensi´ on recta de un astro se acostumbra expresar en
unidades de tiempo.
La ascensi´on recta tiene valores comprendidos entre el siguiente intervalo:
0
o
≤ α < 360
o
, o mejor : 0
h
≤ α < 24
h
.
Las coordenadas ecuatoriales son absolutas, esto es, son v´alidas para cualquier obser-
vador independiente de su latitud y longitud geogr´ afica. Por tal raz´on, los almanaques
astron´ omicos expresan la posici´on de las estrellas, planetas, Luna, Sol y otros cuerpos ce-
lestes en t´erminos de las coordenadas ecuatoriales.
5.4 Coordenadas ecl´ıpticas
Las coordenadas ecl´ıpticas tienen como plano de referencia a la ecl´ıptica, esto es, a la trayec-
toria aparente del Sol en la b´ oveda celeste.
74 CAP
´
ITULO 5. COORDENADAS CELESTES
Las coordenadas son (ver figura 5.4):
λ = longitud ecl´ıptica,
β = latitud ecl´ıptica.

β
O
PSC
ε
ε
Π
PNC
λ
Π
ε
ECLIPTICA
ECUADOR
CELESTE

Figura 5.4: Coordenadas ecl´ıpticas
N´otese que estamos utilizando el mismo s´ımbolo (λ) para designar tanto la longitud geo-
gr´ afica como la longitud ecl´ıptica. El lector debe estar atento para evitar confusiones.
La longitud ecl´ıptica λ de un astro es el ´ angulo medido sobre la ecl´ıptica que se cuenta
a partir del punto vernal en direcci´ on contraria de las agujas del reloj, visto desde el PNC,
hasta la semicircunferencia que pasa por los polos ecl´ıpticos (Π y Π

) y el astro en cuesti´ on.
La longitud ecl´ıptica tiene valores comprendidos entre el siguiente intervalo:
0
o
≤ λ < 360
o
.
La latitud ecl´ıptica β de un astro es el ´ angulo medido sobre la semicircunferencia que
pasa por los polos ecl´ıpticos y el astro en cuesti´ on que comienza a contarse desde la ecl´ıptica
hasta el astro correspondiente.
N´otese que:
β
(Π)
= 90
o
, β

)
= −90
o
, β
(ecl.)
= 0
o
.
5.5. COORDENADAS GAL
´
ACTICAS 75
5.5 Coordenadas gal´acticas
Las coordenadas gal´acticas tienen como plano de referencia al plano de la galaxia en la que
se encuentra el Sol, esto es, la V´ıa L´ actea. En una noche despejada, oscura y lejos de la luz
de la ciudad, es posible observar un gran manch´ on neblinoso que se extiende por el cielo.
Dicho manch´ on resulta de la acumulaci´ on de miles de millones de estrellas situadas en su
mayor´ıa a cientos y miles de a˜ nos luz de distancia. Puesto que nuestra galaxia es de tipo
espiral, su forma, para un observador exterior a ella, ser´ a similar a la de una lente muy
delgada. Nosotros, por estar ubicados muy cerca al plano central de dicha lente e inmersos
en ella, contemplamos la V´ıa L´ actea como un anillo luminoso que circunda la b´ oveda ce-
leste. En estudios de la galaxia e incluso de objetos extragal´ acticos es frecuente designar las
posiciones de ciertos objetos utilizando las coordenadas gal´ acticas.
ECUADOR
CELESTE
P
L
A
N
O

G
A
L
A
C
T
I
C
O
l
b
P
CG
G

G
PSC
PNC
O

Figura 5.5: Coordenadas gal´acticas
Las coordenadas son (ver figura 5.5):
l = longitud gal´ actica,
b = latitud gal´ actica.
76 CAP
´
ITULO 5. COORDENADAS CELESTES
La longitud gal´ actica l de un astro es el ´ angulo medido sobre el plano gal´ actico, que
comienza a contarse desde un punto pr´ oximo al centro de la galaxia (CG), en la misma
direcci´ on en que se cuentan la ascension recta y la longitud ecl´ıptica, hasta la semicircun-
ferencia que pasa por el astro y los polos gal´ acticos.
La longitud gal´ actica tiene valores comprendidos entre el siguiente intervalo:
0
o
≤ l < 360
o
.
La latitud gal´ actica b de un astro es el ´ angulo medido sobre aquella semicircunferencia
que pasa por los polos gal´acticos y el astro en cuesti´on que comienza a contarse desde el
plano gal´ actico hasta el astro correspondiente.
Designando como P
G
y P

G
a los polos gal´acticos norte y sur respectivamente tenemos:
b
P
G
= 90
o
, b
P

G
= −90
o
, b
(plano gal.)
= 0
o
.
La posici´on del cero de la longitud gal´actica (el centro gal´actico nominal) fue acordado
en 1959 por la Uni´on Astron´omica Internacional y est´a situado en las siguientes coordenadas
ecuatoriales (2000.0):
α = 17
h
45.6
m
, δ = −28
o
56.3

.
Observaciones recientes han mostrado que el centro gal´actico real coincide con una fuente
de radio e infrarroja (Sagitario A) la cual est´ a situada unos pocos minutos de arco de su
posici´on nominal; sin embargo, el centro nominal se sigue usando como punto cero para la
longitud gal´ actica. De ello resulta que la posici´ on del verdadero centro gal´actico est´e situado
a:
l = −3.34

, b = −2.75

.
5.6 Transformaci´on entre los sistemas de coordenadas
Para encontrar relaciones entre los distintos tipos de coordenadas necesitamos de los con-
ceptos de trigonometr´ıa esf´erica vistos en la secci´on 2.1.
El caso cl´asico de transformaci´on entre coordenadas celestes es el paso entre las horizon-
tales a ecuatoriales horarias o viceversa.
5.6.1 De horizontales a ecuatoriales horarias y viceversa
Consid´erese la figura 5.6 en donde est´ an representadas las coordenadas horizontales y las
ecuatoriales horarias de un astro cualquiera. Concentremos nuestra atenci´on en el tri´angulo
esf´erico resaltado en la figura.
Es evidente que tenemos los siguientes valores como lados y ´angulos de dicho tri´ angulo:
5.6. TRANSFORMACI
´
ON ENTRE LOS SISTEMAS DE COORDENADAS 77
Lados
´
Angulos
90 −φ Ξ
90 −δ 360 −A
90 −h H
O
C’
C

PSC
S
HORIZONTE
E
C
U
A
D
O
R
C
E
L
E
S
T
E
N
W
A
H
δ
PNC
h
E
Ξ
φ
Figura 5.6: Relaci´on entre coordenadas horizontales y ecuatoriales horarias
Utilizando el teorema del seno (ecuaci´on 2.13) obtenemos:
sen (90 −δ)
sen (360 −A)
=
sen (90 −h)
sen H
,
puesto que sen (90 − x) = cos x, y sen (360 − x) = −sen x (siendo x cualquier ´ angulo) se
deduce:
cos δ sen H = −cos hsen A. (5.2)
De igual forma, al aplicar el teorema del coseno (ecuaci´on 2.14) obtenemos:
cos(90 −δ) = cos(90 −φ) cos(90 −h) + sen (90 −φ) sen (90 −h) cos(360 −A),
y como cos(90 −x) = sen x, y cos(360 −x) = cos x, se obtiene:
78 CAP
´
ITULO 5. COORDENADAS CELESTES
sen δ = sen φsen h + cos φcos hcos A. (5.3)
Aplicando el teorema del coseno con otro de los lados:
cos(90 −h) = cos(90 −δ) cos(90 −φ) + sen (90 −δ) sen (90 −φ) cos H,
que se covierte en:
sen h = sen δ sen φ + cos δ cos φcos H. (5.4)
Las ecuaciones (5.2), (5.3) y (5.4) son suficientes para pasar del sistema horizontal al
ecuatorial horario o viceversa.
De horizontales a ecuatoriales horarias : Conocidos φ, h y A determinar δ y H.
Mediante la ecuaci´on (5.3) se halla inmediatamente la declinaci´ on δ :
δ = sen
−1
( sen φsen h + cos φcos hcos A). (5.5)
Habiendo determinado δ y con la ecuaci´on (5.2) calculamos H:
H = sen
−1

−cos hsen A
cos δ

, (5.6)
es evidente que de la ecuaci´ on (5.4) encontramos otra expresi´on para H:
H = cos
−1

sen h − sen δ sen φ
cos δ cos φ

. (5.7)
NOTA: En el c´alculo de H se ha de tener mucho cuidado con el verdadero cuadrante en
el que est´ a situado el astro. Puesto que H va de 0 a 360 grados al tomar las funciones inversas
de los valores entre par´entesis de la ecuaciones (5.6) y (5.7) las calculadoras y computadoras
s´olo muestran uno de los dos valores que satisfacen la ecuaci´ on. Una manera inmediata de
determinar el correcto cuadrante de H es utilizando la siguiente regla, donde H es el valor
calculado con la f´ ormula del coseno inverso (5.7):
Si A < 180 entonces H = 360 −H,
Si A > 180 entonces H = H.
Ejemplo 1
Calcular H y δ de una estrella si sus cordenadas horizontales son: A = 210
o
34

, h =
35
o
43

para un observador situado a φ = 3
o
25

N.
Soluci´on
Utilizamos la ecuaci´on (5.5) para calcular la declinaci´on:
5.6. TRANSFORMACI
´
ON ENTRE LOS SISTEMAS DE COORDENADAS 79
δ = sen
−1
[ sen (3
o
25

) sen (35
o
43

) + cos(3
o
25

) cos(35
o
43

) cos(210
o
34

)] ,
δ = sen
−1
(−0.6630548) = −41
o
32

.
Hacemos uso ahora de la ecuaci´on (5.6) para determinar el ´angulo horario:
H = sen
−1

−cos(35
o
43

) sen (210
o
34

)
cos(−41
o
32

)

,
H = sen
−1
(0.5515730) = 33
o
28.5

= 2
h
13.9
m
.
Hagamos el mismo c´alculo con la ecuaci´on (5.7):
H = cos
−1

sen (35
o
43

)−sen (−41
o
32

) sen (3
o
25

)
cos(−41
o
32

) cos(3
o
25

)

,
H = cos
−1
(0.8341279) = 33
o
28.5

= 2
h
13.9
m
.
En este caso no existe problema con determinar el verdadero cuadrante de H. Con el
valor del ´angulo H hallado con (5.7) y puesto que en nuestro caso A > 180 es claro que el
valor de H permanece inalterado.
Ejemplo 2
Calcular H y δ de una estrella si sus cordenadas horizontales son: A = 47
o
34

, h = 67
o
45

para un observador situado a φ = 17
o
36

S.
Soluci´on
Antes de proceder con el c´alculo hay que tener en cuenta que a φ debe antepon´ersele el
signo negativo a causa de que es una latitud sur.
Calculamos la declinaci´on:
δ = sen
−1
[ sen (−17
o
36

) sen (67
o
45

) + cos(−17
o
36

) cos(67
o
45

) cos(47
o
34

)] ,
δ = sen
−1
(−0.0363284) = −2
o
5

.
Calculamos el ´angulo horario con (5.6):
H = sen
−1

−cos(67
o
45

) sen (47
o
34

)
cos(−2
o
5

)

,
H = sen
−1
(−0.2796513) = −16
o
14.3

= 343
o
45.7

= 22
h
55
m
.
Hagamos el mismo c´alculo con la ecuaci´on (5.7):
80 CAP
´
ITULO 5. COORDENADAS CELESTES
H = cos
−1

sen (67
o
45

)−sen (−2
o
5

) sen (−17
o
36

)
cos(−2
o
5

) cos(−17
o
36

)

,
H = cos
−1
(0.9600947) = 16
o
14.3

= 1
h
5
m
.
En este caso tenemos dos valores para H : 343
o
45.7

y 16
o
14.3

. ¿Cu´al es el correcto?
Con el valor del ´angulo H hallado con el coseno inverso (16
o
14.3

) y dado que A < 180
entonces: H = 360 −H = 343
o
45.7

= 22
h
55
m
.
De ecuatoriales horarias a horizontales: Conocidos φ, δ y H, determinar h y A.
Antes de comenzar a reemplazar en las f´ormulas se ha de tener cuidado en convertir el
´angulo horario H (que usualmente viene en unidades de tiempo) en unidades de grados.
Mediante la ecuaci´on (5.4) se halla inmediatamente la altura h :
h = sen
−1
( sen δ sen φ + cos δ cos φcos H). (5.8)
Habiendo determinado h y con la ecuaci´on (5.2) calculamos A:
A = sen
−1

−cos δ sen H
cos h

. (5.9)
De la ecuaci´ on (5.3) encontramos otra expresi´on para A:
A = cos
−1

sen δ − sen φsen h
cos φcos h

. (5.10)
NOTA: Al igual que en el c´alculo de H para determinar A se ha de tener cuidado con
el verdadero cuadrante en el que est´ a situado el astro. Como antes, una manera segura de
determinar el correcto cuadrante de A es utilizando la siguiente regla, donde A es el valor
calculado con la f´ ormula del coseno inverso (5.10):
Si H < 180 (12
h
) entonces A = 360 −A,
Si H > 180 (12
h
) entonces A = A.
Ejemplo 1
Calcular el azimut y la altura de una estrella para un observador ubicado en Mocoa
(Putumayo) si las coordenadas ecuatoriales horarias de dicha estrella en ese instante son:
δ = 34
o
14

y H = 5
h
35.3
m
.
Soluci´on
En el ap´endice B encontramos la latitud de Mocoa: 1
o
9

. Convertimos el ´angulo horario
en unidades de grados: H = 5
h
35.3
m
15 = 83
o
49.5

. Reemplazando en la ecuaci´on (5.8)
hallamos la altura h:
5.6. TRANSFORMACI
´
ON ENTRE LOS SISTEMAS DE COORDENADAS 81
h = sen
−1
[ sen (34
o
14

) sen (1
o
9

) + cos(34
o
14

) cos(1
o
9

) cos(83
o
49.5

)] ,
h = sen
−1
(0.1002029) = 5
o
45

.
Calculado h determinamos ahora el azimut con ayuda de la ecuaci´ on (5.10):
A = cos
−1

sen (34
o
14

)−sen (1
o
9

) sen (5
o
45

)
cos(1
o
9

) cos(5
o
45

)

,
A = cos
−1
(0.5635018) = 55
o
42

,
pero, puesto que H < 180, entonces el verdadero ´angulo de A es:
A = 360 −55
o
42

= 304
o
18

.
Ejemplo 2
Determinar la altura y el azimut de la estrella Rigel para un observador situado en
Cartagena si su ´angulo horario para ese instante es H = 20
h
45.1
m
.
Soluci´on
Del ap´endice E extraemos la declinaci´ on aproximada al minuto de arco de la estrella Rigel
(δ = −8
o
12

). As´ı mismo, del ap´endice B encontramos la latitud de Cartagena: 10
o
27

. El
´angulo horario es, en unidades de grados: 311
o
16.5

. Calculamos la altura:
h = sen
−1
[ sen (−8
o
12

) sen (10
o
27

) + cos(−8
o
12

) cos(10
o
27

) cos(311
o
16.5

)] ,
h = sen
−1
(0.6162300) = 38
o
2.5

.
Luego calculamos el azimut con (5.10):
A = cos
−1

sen (−8
o
12

)−sen (10
o
27

) sen (38
o
2.5

)
cos(38
o
2.5

) cos(10
o
27

)

,
A = cos
−1
(−0.3284699) = 109
o
10.5

,
y dado que H > 180, entonces el ´angulo A que acabamos de hallar es el valor buscado.
5.6.2 Ecuatoriales horarias a ecuatoriales absolutas y viceversa
Puesto que la declinaci´ on δ es com´ un a ambos sistemas lo ´ unico que hay que considerar aqu´ı
es la relaci´ on entre la ascensi´on recta α y el ´angulo horario H. La conexi´ on se establece
a trav´es de algo que nos indique la posici´ on del punto vernal. Y este algo se llama tiempo
sideral local , TSL. El tiempo sideral local de un observador en un instante dado se define
como el ´angulo horario del punto vernal:
TSL = H

. (5.11)
82 CAP
´
ITULO 5. COORDENADAS CELESTES
HORIZONTE
E
O S
C’
H
PNC
*
N
PSC
C
TSL
α
W
ECUADOR
CELESTE
MERIDIANO
DEL OBSERVADOR
Figura 5.7: Relaci´on entre α, H y TSL(H)
En la figura 5.7 podemos apreciar la relaci´ on entre α, H y TSL y deducir una ecuaci´ on
supremamente importante:
TSL = H

= α +H. (5.12)
La obtenci´ on del TSL para cualquier observador y para cualquier instante de tiempo se
ver´ a con detalle en la secci´on 7.9.
Ejemplo 1
Determinar el ´ angulo horario de la estrella Sirius para un observador cuyo tiempo sideral
local en ese instante es de TSL = 3
h
51.8
m
.
Soluci´on
En el ap´endice E encontramos la ascensi´on recta de Sirius: α = 6
h
45
m
. Entonces:
H = TSL −α = 3
h
51.8
m
−6
h
45
m
= −2
h
53.2
m
,
como el ´angulo es negativo sumamos en tal caso 24 horas:
H = −2
h
53.3
m
+ 24
h
= 21
h
6.8
m
.
5.6. TRANSFORMACI
´
ON ENTRE LOS SISTEMAS DE COORDENADAS 83
Ejemplo 2
Calcular el ´angulo horario del punto vernal para un observador cuyo ´ angulo horario de
la estrella Procyon es de 22
h
7.4
m
.
Soluci´on
Del ap´endice E extraemos el valor de la ascensi´on recta para Procyon: 7
h
39
s
. Por lo
tanto:
H

= α +H = 7
h
39
s
+ 22
h
7.4
m
= 29
h
46.4
m
,
y puesto que el valor excede las 24 horas sencillamente le restamos 24:
H

= TSL = 29
h
46.4
m
−24
h
= 5
h
46.4
m
.
Ejemplo 3
Se desea conocer la altura y el azimut de una estrella en el instante 4
h
55
m
36
s
de Tiempo
Oficial de la Rep´ ublica de Colombia del 4 de marzo de 2000 para un observador situado en
las siguientes coordenadas: φ = 4
o
58

17

N, λ = 75
o
3

45

W. Las coordenadas ecuatoriales
de la estrella son: α = 23
h
34
m
34.5
s
y δ = 45
o
23

45

.
Soluci´on
La resoluci´on de este ejercicio implica el conocimiento de varios conceptos que a´ un no se
han visto, pero que se estudiar´ an a su debido tiempo. El asunto clave es la determinaci´ on
del TSL. El lector puede ver con detalle el c´alculo de este valor en la secci´on 7.9. Supon-
dremos en este ejemplo que el lector ya conoce el concepto de hora local, tiempo universal,
fecha juliana y TSG0. El tiempo universal TU en el instante dado es, de acuerdo con la
ecuaci´on (7.8): TU = (TL)
Colombia
+5, donde TL es la hora oficial en Colombia. Entonces:
TU = 9
h
55
m
36
s
.
Con ayuda del ap´endice F o con la ecuaci´on (7.15) determinamos la fecha juliana del 4 de
marzo de 2000: 2 451 607.5. Con la fecha juliana calculamos el valor T dado en (7.17), el cual
para nuestro caso da: T = 0.001711157. Con la f´ormula (7.16) calculamos el TSG0, esto es,
el tiempo sideral local para un observador en el meridiano de Greenwich a las cero horas de
TU. Al hacer el c´alculo da: TSG0 = 10
h
48
m
15.26
s
. Pero la ecuaci´on (7.16) permite s´olo
calcular el TSG0 medio, sin correcci´ on por nutaci´on. Hallar el valor verdadero del TSG0
implica una correcci´ on en el valor medio que puede llegar a ser tanto como un segundo de
tiempo, lo cual ya representa un error de 15 segundos de arco en la determinaci´on del ´angulo
horario del astro. El inconveniente es que calcular el TSG0 verdadero exige determinar, para
el instante dado, la nutaci´ on en oblicuidad (∆) y la nutaci´ on en longitud (∆ψ) (ver p´ agina
183) constituidas de numerosos t´erminos trigonom´etricos que son funciones de ´ angulos que
ayudan a determinar la posici´ on de la Luna y el Sol. En este ejercicio nos conformaremos
con el TSG0 medio. El paso siguiente es calcular el TSG
t
.
´
Este se calcula con la ecuaci´on
(7.12):
84 CAP
´
ITULO 5. COORDENADAS CELESTES
TSG
t
= 10
h
48
m
15.26
s
+ (9
h
55
m
36
s
) 1.0027379 = 20
h
45
m
29.1
s
.
Luego calculamos el tiempo sideral local para nuestro observador a una longitud λ al
oeste de Greenwich (ecuaci´on (7.13)):
TSL = 20
h
45
m
29.1
s
−(75
o
3

45

)/15 = 15
h
45
m
14.1
s
.
Con el TSL calculamos el ´angulo horario H:
H = TSL −α = 15
h
45
m
14.1
s
−23
h
34
m
34.5
s
= −7
h
49
m
20.4
s
= 16
h
10
m
39.6
s
.
En unidades de grados H es: 242
o
39

54

. Aplicando la ecuaci´ on (5.8) hallamos la altura:
h = sen
−1
[ sen (45
o
23

45

) sen (4
o
58

17

) + cos(45
o
23

45

) cos(4
o
58

17

) cos(242
o
39

54

)] ,
h = sen
−1
(−0.2595355) = −15
o
2

33

.
Luego calculamos el azimut con (5.10):
A = cos
−1

sen (45
o
23

45

)−sen (−15
o
2

33

) sen (4
o
58

17

)
cos(−15
o
2

33

) cos(4
o
58

17

)

,
A = cos
−1
(0.7633982) = 40
o
14

7

,
y dado que H > 180, entonces el ´angulo A que acabamos de hallar es el valor buscado.
5.6.3 Ecuatoriales absolutas a ecl´ıpticas y viceversa
Consideremos la figura 5.8 en la cual se muestran las coordenadas ecuatoriales (α, δ) y
ecl´ıpticas (λ, β) de un astro cualquiera. El punto vernal est´a ubicado exactamente a medio
camino entre los puntos D y D

. Del tri´ angulo esf´erico resaltado en la figura obtenemos como
´angulos y lados correspondientes los siguientes:
Lados
´
Angulos
90 −β 90 +α
90 −δ 90 −λ
Ψ
Aplicando el teorema del seno:
sen (90 −δ)
sen (90 −λ)
=
sen (90 −β)
sen (90 +α)
,
y puesto que sen (90 −x) = cos x, y sen (90 +x) = cos x, se deduce:
cos δ cos α = cos λcos β. (5.13)
Al aplicar el teorema del coseno:
cos(90 −δ) = cos(90 −β) cos + sen (90 −β) sen cos(90 −λ),
5.6. TRANSFORMACI
´
ON ENTRE LOS SISTEMAS DE COORDENADAS 85
O
PSC
ε
β
ECUADOR
ε
Ψ
ECLIPTICA
D
D’
δ
λ
α
Π
Π
PNC


Figura 5.8: Relaci´on entre coordenadas ecuatoriales absolutas y ecl´ıpticas
y como cos(90 −x) = sen x se obtiene:
sen δ = sen β cos + cos β sen sen λ. (5.14)
Aplicando el teorema del coseno con otro de los lados:
cos(90 −β) = cos(90 −δ) cos + sen (90 −δ) sen cos(90 +α),
y como cos(90 +x) = −sen x se obtiene:
sen β = sen δ cos −cos δ sen sen α. (5.15)
Podemos encontrar otras dos relaciones utilizando el teorema del seno por el coseno,
ecuaciones (2.15). No nos interesan expresiones en donde aparezca el ´angulo ubicado en el
astro (Ψ). Ello significa que tendremos s´ olo dos ecuaciones del seno por el coseno. Estas
son:
cos(90 −λ) sen (90 −β) = −cos(90 +α) sen (90 −δ) cos + cos(90 −δ) sen ,
cos(90 +α) sen (90 −δ) = −cos(90 −λ) sen (90 −β) cos + cos(90 −β) sen ,
o mejor:
sen λcos β = sen δ sen + cos δ cos sen α, (5.16)
sen αcos δ = −sen β sen + cos β cos sen λ. (5.17)
86 CAP
´
ITULO 5. COORDENADAS CELESTES
De ecl´ıpticas a ecuatoriales: Conocidos λ y β determinar α y δ.
De la ecuaci´ on (5.14) se obtiene la declinaci´ on:
δ = sen
−1
( sen β cos + cos β sen sen λ) . (5.18)
Para evitar confusiones con la verdadera ubicaci´ on del cuadrante evitaremos utilizar
ecuaciones simples que pueden dar el valor de α. En su lugar trabajaremos con una expre-
si´ on un poco m´as complicada y seguiremos unas reglas espec´ıficas que ayudar´ an a erradicar
los dolores de cabeza que surgen con el c´alculo de los cuadrantes verdaderos.
Al dividir la ecuaci´ on (5.17) por (5.13) obtenemos una expresi´on para hallar α sin tener
que haber calculado previamente δ:
α = tan
−1

−sen β sen + cos β cos sen λ
cos λcos β

. (5.19)
La ecuaci´on (5.19) es de la forma:
α = tan
−1

p
q

, (5.20)
donde p y q representan los t´erminos que conforman el numerador y el denominador respec-
tivamente en la ecuaci´on (5.19). El ´angulo verdadero se encuentra sometiendo el ´ angulo α
hallado directamente en (5.20) a las siguientes reglas:
Si p q < 0 y q < 0 entonces α = α + 180,
Si p q < 0 y q > 0 entonces α = α + 360, (5.21)
Si p + q < 0 entonces α = α + 180.
Si no se cumple alguna de las reglas anteriores entonces el ´angulo verdadero es el que se
hall´ o directamente de (5.19). Lo que sigue a continuaci´ on es dejar α en unidades de tiempo.
Ejemplo 1
Las coordenadas ecl´ıpticas de la Luna en un instante dado son: λ = 221
o
23

, β = 4
o
54

.
Calcular las coordenadas ecuatoriales.
Soluci´on
Tomaremos = 23
o
26

. De la ecuaci´on (5.18):
δ = sen
−1
[ sen (4
o
54

) cos(23
o
26

) + cos(4
o
54

) sen (23
o
26

) sen (221
o
23

)] ,
δ = sen
−1
(−0.1835720) = −10
o
34.7

.
La ascensi´on recta se calcula con la ecuaci´on (5.19):
5.6. TRANSFORMACI
´
ON ENTRE LOS SISTEMAS DE COORDENADAS 87
p = −sen (4
o
54

) sen (23
o
26

) + cos(4
o
54

) cos(23
o
26

) sen (221
o
23

) = −0.6383208,
q = cos(221
o
23

) cos(4
o
54

) = −0.7475613.
Al tomar la tangente inversa (tan
−1
(p/q)) obtenemos un valor del ´angulo α = 40
o
29.6

.
Pero, al aplicar las reglas (5.21) se deduce que se cumple en este caso p+q < 0 por lo que es
necesario sumar 180 grados al valor hallado. Por lo tanto: α = 40
o
29.6

+ 180 = 220
o
29.6

,
que al convertir en unidades de tiempo da finalmente: α = 14
o
42
m
.
Ejemplo 2
Las coordenadas ecl´ıpticas del Sol en un instante dado son: λ = 325
o
36

, β = 0
o
0

.
Calcular las coordenadas ecuatoriales.
Soluci´on
De nuevo: = 23
o
26

. De la ecuaci´on (5.18):
δ = sen
−1
[ sen (0
o
0

) cos(23
o
26

) + cos(0
o
0

) sen (23
o
26

) sen (325
o
36

)] ,
δ = sen
−1
(−0.2246770) = −12
o
59

.
La ascensi´on recta se calcula con la ecuaci´on (5.19):
p = −sen (0
o
0

) sen (23
o
26

) + cos(0
o
0

) cos(23
o
26

) sen (325
o
36

) = −0.5183705,
q = cos(325
o
36

) cos(0
o
0

) = 0.8251135.
Al tomar la tangente inversa (tan
−1
(p/q)) obtenemos un valor del ´angulo α = −32
o
8

.
Pero, al aplicar las reglas (5.21) se deduce que se cumple en este caso p q < 0 y q > 0 por lo
que es necesario sumar 360 grados al valor hallado. Por lo tanto: α = −32
o
8

+360 = 327
o
52

,
que al convertir en unidades de tiempo da finalmente: α = 21
o
51.5
m
.
De ecuatoriales a ecl´ıpticas: Conocidos α y δ determinar λ y β.
De la ecuaci´ on (5.15) obtenemos la latitud ecl´ıptica β:
β = sen
−1
( sen δ cos −cos δ sen sen α) . (5.22)
Dividimos entre s´ı las ecuaciones (5.16) y (5.13) para hallar la longitud ecl´ıptica λ en
t´erminos de la tangente:
λ = tan
−1

sen δ sen + cos δ cos sen α
cos αcos δ

. (5.23)
El ´angulo λ as´ı hallado es sometido a las mismas reglas establecidas en (5.21).
88 CAP
´
ITULO 5. COORDENADAS CELESTES
Ejemplo 1
Las coordenadas ecuatoriales de la Luna en un instante dado son: α = 5
h
27.5
m
, δ =
19
o
45
m
. Calcular sus correspondientes coordenadas ecl´ıpticas.
Soluci´on
Tomaremos = 23
o
26

. Convertimos la ascensi´on recta en unidades de grados: α =
5
h
27.5
m
= 81
o
52.5

. De la ecuaci´on (5.22):
β = sen
−1
[ sen (19
o
45

) cos(23
o
26

) −cos(19
o
45

) sen (23
o
26

) sen (81
o
52

)] ,
β = sen
−1
(−0.0604850) = −3
o
28

.
La longitud ecl´ıptica se calcula con la ecuaci´ on (5.23):
p = sen (19
o
45

) sen (23
o
26

) + cos(19
o
45

) cos(23
o
26

) sen (81
o
52.5

) = 0.9892661,
q = cos(81
o
52.5

) cos(19
o
45

) = 0.1330195.
Al tomar la tangente inversa (tan
−1
(p/q)) obtenemos un valor del ´angulo λ = 82
o
20

. Al
aplicar las reglas (5.21) se deduce que el valor que acabamos de hallar es el ´angulo buscado.
Ejemplo 2
Las coordenadas ecuatoriales del Sol en un instante dado son: α = 12
h
29
m
49.21
s
, δ =
−3
o
13
m
9.6

. Calcular sus correspondientes coordenadas ecl´ıpticas.
Soluci´on
Tomaremos = 23
o
26

18.50

. Convertimos la ascensi´on recta en unidades de grados:
α = 12
h
29
m
49.21
s
= 187
o
27

18.15

. De la ecuaci´on (5.22):
β = sen
−1
[ sen (−3
o
13

9.6

) cos(23
o
26

18.50

) −cos(−3
o
13

9.6

) sen (23
o
26

18.50

) sen (187
o
27

18.15

)] ,
β = sen
−1
(0.00000307) = 0
o
0

0.01

.
Procedemos a calcular la longitud ecl´ıptica:
p = sen (−3
o
13

9.6

) sen (23
o
26

18.50

) + cos(−3
o
13

9.6

) cos(23
o
26

18.50

) sen (187
o
27

18.15

) =
−0.1411923,
q = cos(187
o
27

18.15

) cos(−3
o
13

9.6

) = −0.9899822.
Al tomar la tangente inversa (tan
−1
(p/q)) obtenemos un valor del ´angulo λ = 8
o
7

0.65

.
Al aplicar las reglas (5.21) se tiene que debemos sumar 180 al valor anterior. Por lo tanto:
λ = 8
o
7

0.65

+ 180 = 188
o
7

0.65

es el ´angulo buscado.
5.6. TRANSFORMACI
´
ON ENTRE LOS SISTEMAS DE COORDENADAS 89
5.6.4 Ecuatoriales absolutas a gal´acticas y viceversa
La figura 5.9 muestra la relaci´ on entre las coordenadas ecuatoriales (α, δ) y las coordenadas
gal´acticas (l, b). Llamaremos α
Pg
y δ
Pg
la ascensi´on recta y la declinaci´on del polo norte
gal´actico, el cual est´a situado en la constelaci´ on de la Cabellera de Berenice, con las siguientes
coordenadas:
α
Pg
= 12
h
51.4
m
, δ
Pg
= 27
o
8

.
Igualmente necesitamos especificar la longitud gal´actica del polo norte celeste (PNC),
que designaremos l
N
. Puesto que el origen de coordenadas de l est´a muy cerca del verdadero
centro gal´actico (CG) y ´este dista unos 33 grados con respecto al nodo, esto es, el punto
donde el plano gal´ actico cruza de sur a norte el ecuador celeste, se tiene que de la figura 5.9,
donde el nodo est´ a exactamente en la mitad de D y D’:
l
N
= 33 + 90 = 123. (5.24)
Del tri´ angulo esf´erico resaltado en la figura se deduce:
Lados
´
Angulos
90 −b α −α
Pg
90 −δ l
N
−l
90 −δ
Pg
Γ
Aplicando el teorema del seno:
sen (α −α
Pg
)
sen (90 −b)
=
sen (l
N
−l)
sen (90 −δ)
,
y como sen (90 −x) = cos x obtenemos:
cos δ sen (α −α
Pg
) = sen (l
N
−l) cos b. (5.25)
Al aplicar el teorema del coseno:
cos(90 −δ) = cos(90 −δ
Pg
) cos(90 −b) + sen (90 −δ
Pg
) sen (90 −b) cos(l
N
−l),
o mejor:
sen δ = sen δ
Pg
sen b + cos δ
Pg
cos b cos(l
N
−l). (5.26)
Al aplicar el teorema del coseno con otro de los lados:
cos(90 −b) = cos(90 −δ
Pg
) cos(90 −δ) + sen (90 −δ
Pg
) sen (90 −δ) cos(α −α
Pg
),
o tambi´en:
sen b = sen δ
Pg
sen δ + cos δ
Pg
cos δ cos(α −α
Pg
). (5.27)
Aplicando el teorema del seno por el coseno (el ´angulo Γ no interesa) obtenemos:
90 CAP
´
ITULO 5. COORDENADAS CELESTES
O

ECUADOR
CELESTE
b
α
P
L
A
N
O

G
A
L
A
C
T
I
C
O

D’
D
Γ
l
N
CG
G
PSC
PNC
P
G
δ
P
G
δ
l
α
P
G
NODO
Figura 5.9: Relaci´on entre coordenadas ecuatoriales absolutas y gal´acticas
cos(l
N
−l) sen (90 −b) = −cos(α −α
Pg
) sen (90 −δ) cos(90 −δ
Pg
) + cos(90 −δ) sen (90 −δ
Pg
),
cos(α −α
Pg
) sen (90 −δ) = −cos(l
N
−l) sen (90 −b) cos(90 −δ
Pg
) + cos(90 −b) sen (90 −δ
Pg
),
o mejor:
cos(l
N
−l) cos b = sen δ cos δ
Pg
−cos δ sen δ
Pg
cos(α −α
Pg
), (5.28)
cos(α −α
Pg
) cos δ = sen b cos δ
Pg
−cos b sen δ
Pg
cos(l
N
−l). (5.29)
De ecuatoriales a gal´acticas: Conocidos α y δ determinar l y b.
De la ecuaci´ on (5.27) se obtiene la latitud gal´ actica:
b = sen
−1
( sen δ
Pg
sen δ + cos δ
Pg
cos δ cos(α −α
Pg
)) . (5.30)
Al dividir las ecuaciones (5.25) y (5.28) entre s´ı obtenemos la longitud gal´ actica a trav´es
de la tangente:
l = l
N
−tan
−1

cos δ sen (α −α
Pg
)
sen δ cos δ
Pg
−cos δ sen δ
Pg
cos(α −α
Pg
)

. (5.31)
El ´ angulo hallado por intermedio de la tangente en el segundo t´ermino del lado derecho
de la anterior ecuaci´ on debe ser sometido a las reglas (5.21). Con el valor correcto se procede
con el resto de la ecuaci´on (5.31) con el fin de determinar el verdadero cuadrante.
5.6. TRANSFORMACI
´
ON ENTRE LOS SISTEMAS DE COORDENADAS 91
Ejemplo 1
Las coordenadas ecuatoriales de un objeto dado son: α = 3
h
18
m
, δ = 61
o
13

. Calcular
sus correspondientes coordenadas gal´acticas.
Soluci´on
Convertimos la ascensiones rectas en unidades de grados: α = 3
h
18
m
= 49
o
30

; α
Pg
=
12
h
51.4
m
= 192
o
51

. De la ecuaci´on (5.30):
b = sen
−1
[ sen (27
o
8

) sen (61
o
13

) + cos(27
o
8

) cos(61
o
13

) cos(49
o
30

−192
o
51

)] ,
b = sen
−1
(0.0559235) = 3
o
12

.
La longitud gal´ actica se calcula con la ecuaci´on (5.31). Primero calculamos el lado
derecho:
p = cos(61
o
13

) sen (49
o
30

−192
o
51

) = −0.2874187,
q = sen (61
o
13

) cos(27
o
8

) −cos(61
o
13

) sen (27
o
8

) cos(49
o
30

−192
o
51

) = 0.9561710.
Al tomar la tangente inversa (tan
−1
(p/q)) obtenemos un valor del ´angulo igual a −16
o
44

.
Al aplicar las reglas (5.21) se deduce que a ´este valor se le debe sumar 360 grados. Por lo tanto
el ´angulo es: 343
o
16

. Entonces la longitud gal´ actica queda: l = 123 −343
o
16

= −220
o
16

,
el cual, al sumarle 360 grados queda finalmente: l = 139
o
44

.
De gal´acticas a ecuatoriales: Conocidos l y b determinar α y δ.
De la ecuaci´ on (5.26) se obtiene la declinaci´ on:
δ = sen
−1
( sen δ
Pg
sen b + cos δ
Pg
cos b cos(l
N
−l)) . (5.32)
Al dividir las ecuaciones (5.25) y (5.29) entre s´ı obtenemos la ascensi´on recta a trav´es de
la tangente:
α = α
Pg
+ tan
−1

cos b sen (l
N
−l)
sen b cos δ
Pg
−cos b sen δ
Pg
cos(l
N
−l)

. (5.33)
El ´angulo hallado en el t´ermino de la tangente inversa deber ser sometido a las reglas
(5.21) antes de proceder con el resto de la ecuaci´on. En caso de exceder los 360 grados se
resta este mismo valor al ´angulo. Posteriormente se convierte a unidades de tiempo.
Ejemplo 1
Las coordenadas gal´acticas de un objeto dado son: l = 171
o
15

, b = −17
o
15

. Calcular
sus correspondientes coordenadas ecuatoriales.
Soluci´on
De nuevo: α
Pg
= 12
h
51.4
m
= 192
o
51

. De la ecuaci´on (5.32):
92 CAP
´
ITULO 5. COORDENADAS CELESTES
δ = sen
−1
[ sen (27
o
8

) sen (−17
o
15

) + cos(27
o
8

) cos(−17
o
15

) cos(123 −171
o
15

)] ,
δ = sen
−1
(0.4307031) = 25
o
30

.
La ascensi´on recta se calcula con la ecuaci´on (5.33). Primero calculamos el lado derecho:
p = cos(−17
o
15

) sen (123 −171
o
15

) = −0.7124996,
q = sen (−17
o
15

) cos(27
o
8

) −cos(−17
o
15

) sen (27
o
8

) cos(123 −171
o
15

) = −0.5539306.
Al tomar la tangente inversa (tan
−1
(p/q)) obtenemos un valor del ´angulo igual a 52
o
8

. Al
aplicar las reglas (5.21) se deduce que a ´este valor se le debe sumar 180 grados. Por lo tanto,
el ´angulo es: 232
o
8

. Entonces la ascensi´on recta queda: α = 232
o
8

+ 192
o
51

= 424
o
59

,
que por ser mayor de 360 le restamos este valor: α = 64
o
59

, que al convertir en unidades
de tiempo da: α = 4
h
20
m
.
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Roy, A., Clarke, D. (1988), Astronomy: Principles and Practice, Adam Hilger, Bristol.
Muy buen libro de astronom´ıa fundamental. El cap´ıtulo 7 es particularmente claro en exponer
las coordenadas celestes.
• Vorontsov-Veliam´ınov, B.A. (1979) Problemas y ejercicios pr´ acticos de astronom´ıa, Mir,
Mosc´ u.
Contiene un buen n´ umero de problemas propuestos en astronom´ıa esf´erica.
• Vives, T. (1971), Astronom´ıa de posici´ on, Alhambra, Bilbao.
Contiene varios cap´ıtulos que tratan extensivamente la relaci´on entre los diferentes sistemas
de coordenadas celestes.
• http://www.btinternet.com/~kburnett/kepler/altaz.html
Contiene explicaciones detalladas sobre transformaci´ on entre coordenadas horizontales y ecu-
atoriales absolutas.
Cap´ıtulo 6
MOVIMIENTO APARENTE
DE LOS CUERPOS CELESTES
Los cuerpos celestes est´an en movimiento unos con respecto a otros. Todos giran sobre
s´ı mismos (la Tierra en 24 horas, la Luna en 27 d´ıas, el Sol en 25 d´ıas, la V´ıa L´ actea
en 250 millones de a˜ nos, etc.). Cualquier observador ubicado en un lugar espec´ıfico del
universo observar´ a a los otros cuerpos celestes desplaz´andose de cierta forma part´ıcular. No
es lo mismo observar el movimiento de los planetas desde la Tierra que desde el Sol. El
movimiento de cuerpos celestes observado desde la superficie de un planeta resulta siendo la
combinaci´on de varios movimientos. Debido a esto a la humanidad le tom´ o bastante tiempo
encontrar cual era la ubicaci´ on real de la Tierra en el sistema solar, y a´ un m´ as tiempo
descubrir la trayectoria verdadera que describen los planetas en torno al Sol.
6.1 Movimiento diurno
Lo que m´as llama la atenci´on del cielo nocturno es que se mueve lentamente. El techo
esf´erico de apariencia “s´ olida” que hemos llamado cielo o mejor, b´ oveda celeste, se mueve
lentamente en direcci´on este-oeste (de oriente a occidente) dando una revoluci´ on completa
alrededor de la Tierra en un d´ıa. Los fil´ osofos griegos elaboraron una visi´on del universo
llamada geocentrista derivada de lo que sencillamente observaban: la Tierra es el centro del
universo, inm´ ovil, y alrededor de ella giran los planetas, la Luna y el Sol y un poco m´ as
all´ a la b´ oveda celeste, sitio en donde est´an ubicadas las estrellas. Por m´as de 2000 a˜ nos fue
lo que se crey´ o la interpretaci´ on correcta del universo. Hoy en d´ıa sabemos que no existe
una “b´ oveda celeste” en el sentido de que no es una superficie s´ olida, ni siquiera un techo.
Es una ilusi´ on derivada del hecho de que las distancias en el universo son increiblemente
enormes.
Ahora bien, el movimiento de rotaci´on aparente de la b´ oveda celeste alrededor de la
Tierra se explica si suponemos que la Tierra rota sobre s´ı misma en direcci´on oeste-este (de
occidente a oriente) en un per´ıodo de un d´ıa. Un astronauta ubicado en la superficie de
la Luna observar´ a que la b´ oveda celeste gira mucho m´as lentamente que aqu´ı en la Tierra,
93
94 CAP
´
ITULO 6. MOVIMIENTO APARENTE DE LOS CUERPOS CELESTES
tambi´en en direcci´on este-oeste. Esto es debido a que la Luna gira sobre s´ı misma en 27 d´ıas
terrestres en direcci´ on oeste-este.
Los astr´onomos llaman movimiento diurno al movimiento aparente de la b´oveda celeste
originado por la rotaci´ on del cuerpo desde donde se realiza la observaci´on. Este movimiento
es el que m´as facilmente percibimos, pues las estrellas, los planetas, la Luna y el Sol se
mueven, vistos desde la superficie de la Tierra, de oriente a occidente.
El movimiento diurno es el responsable de que el Sol salga en o muy cerca del punto
cardinal este aproximadamente a las 6:00 a.m. (claro, para observadores ubicados cerca del
ecuador terrestre), que alcance su m´axima altura cerca del medio d´ıa, y que se oculte en o
cerca del punto cardinal oeste aproximadamente a las 6:00 p.m. Aunque notemos que el Sol
recorre 180 grados en 12 horas, en realidad estamos hablando de un movimiento aparente
surgido del hecho de que nosotros, como observadores, estamos ubicados en un cuerpo en
rotaci´ on que gira en el sentido oeste-este.
Puesto que la Tierra tarda 24 horas en realizar una revoluci´ on completa, de 360 grados,
se deduce que por cada hora transcurrida la b´ oveda celeste se mueve 15 grados en direcci´on
este-oeste.
6.2 La Luna y el Sol
La Luna y el Sol, como todos los cuerpos celestes vistos desde nuestro planeta, son afectados
por el movimiento diurno. En consecuencia, veremos siempre que se desplazan lentamente
en direcci´on este-oeste. Ahora bien, esto no significa que est´an adheridos a la b´ oveda ce-
leste, o mejor, que est´en ubicados siempre en una determinada constelaci´ on o grupo estelar.
La Luna y el Sol son cuerpos que est´an, comparados con las estrellas, mucho m´as cerca al
planeta Tierra. Esto hace que la Luna y el Sol se muevan con respecto a las estrellas y por
lo tanto queden fuera de sincronizaci´ on con respecto al movimiento diurno.
Consideremos primero el Sol. Sabemos que los planetas (incluyendo la Tierra) se mueven
en ´orbitas casi circulares alrededor del Sol. Todos los planetas, desde Mercurio hasta Plut´ on,
se mueven en direcci´on contraria a la que tienen las agujas del reloj, si miramos el sistema
solar desde el polo norte celeste. La Tierra tarda 365.25 d´ıas en realizar una traslaci´ on
completa, esto es, tarda 1 a˜ no en describir 360 grados alrededor del Sol. Esto significa que
la Tierra con respecto al Sol se desplaza diariamente unos 360/365.25=0.98 grados como
promedio. Este movimiento que realiza la Tierra con respecto al Sol es visto por nosotros
como un desplazamiento de ´este con respecto a las estrellas de fondo, de 0.98 grados por
d´ıa (v´ease la figura 4.12 de la p´ agina 58). Lentamente el Sol se est´a desplazando por las
constelaciones a raz´on de casi un grado por d´ıa. Visto desde la Tierra, el Sol tardar´ a 365.25
d´ıas en volver a pasar por una determinada estrella, per´ıodo que llamamos a˜ no. Es f´ acil
ver que la direcci´ on del movimiento del Sol visto desde la Tierra es tambi´en en la direc-
ci´ on contraria a las agujas del reloj (antihoraria). Con esto estamos diciendo que para un
observador ubicado en la Tierra, el Sol se desplaza a raz´on de 0.98 grados por d´ıa en la
direcci´ on oeste-este (en el sentido opuesto al movimiento diurno). Ahora bien, imaginemos
6.2. LA LUNA Y EL SOL 95
brevemente que la Tierra est´ a exenta de rotaci´on (eliminamos el movimiento diurno). En tal
caso dejamos de observar que el Sol se desplaza a raz´on de 15 grados por hora en direcci´on
este-oeste, para que ahora observemos al Sol con un movimiento supremamente lento, de
casi un grado por d´ıa en la direcci´ on oeste-este.
El movimiento aparente del Sol visto desde la Tierra es pues la combinaci´ on de dos
movimientos que tienen direcciones contrarias: el movimiento diurno (rotaci´ on de la Tierra)
y el desplazamiento del Sol con respecto a la b´oveda celeste (traslaci´on de la Tierra). La
traslaci´ on de la Tierra alrededor del Sol, que es interpretada aqu´ı en la Tierra como un
desplazamiento de 0.98 grados por d´ıa del Sol con respecto a las estrellas de fondo, crea el
efecto, como es apenas obvio, de que las estrellas salgan por el oriente, por cada d´ıa trans-
currido, unos
0.98
o
×24horas
360
o
= 0.0653 horas = 4 minutos m´as temprano. Este hecho hace que
a medida que transcurran los d´ıas se aprecien “nuevas” constelaciones saliendo por el oriente
a la misma hora de observaci´ on. Es como si, por cada d´ıa que pasa, la b´ oveda celeste se
desplazara con respecto al Sol 0.98 grados de este a oeste. En promedio, la b´oveda celeste
realiza lentamente dicho movimiento unos 30 grados por mes por lo que apreciamos, a la
misma hora, diferentes constelaciones a medida que transcurre un a˜ no.
LUNA LLENA
LUZ PROVENIENTE
TIERRA
LUNA NUEVA
DEL SOL
CUARTO CRECIENTE
CUARTO MENGUANTE
Figura 6.1: Fases de la Luna
Concentr´emonos ahora en la Luna. Nuestro ´ unico sat´elite natural posee un movimiento
de traslaci´ on alrededor de la Tierra cuyo sentido es tambi´en antihorario. Tarda unos 27
d´ıas en completar una vuelta en torno a su planeta materno. Debido a esto, desde la Tierra
contemplamos que la Luna se desplaza con respecto a las estrellas de fondo unos 360/27=13
grados por d´ıa en direcci´ on oeste-este (insistimos, en direcci´on contraria al movimiento di-
urno). Como en el caso del Sol, el movimiento aparente de la Luna visto desde la Tierra es
una combinaci´ on del movimiento diurno (15 grados por hora en direcci´ on este-oeste) y del
movimiento de traslaci´on de la Luna (13 grados por d´ıa en direcci´ on oeste-este). La Luna,
entonces, sale por el oriente, por cada d´ıa que transcurre, unos
13
o
×24horas
360
o
= 0.866 horas =52
minutos m´ as tarde. Los antiguos astr´onomos conoc´ıan que la trayectoria aparente que traza
la Luna en el cielo no se sobrepone a la trayectoria aparente que describe el Sol (la ecl´ıptica).
96 CAP
´
ITULO 6. MOVIMIENTO APARENTE DE LOS CUERPOS CELESTES
Sin embargo, ambas trayectorias est´an muy pr´ oximas la una de la otra, intersect´ andose en
dos puntos llamados nodos de la Luna. La inclinaci´ on existente entre dichas trayectorias es
de unos 5 grados.
Al tener en cuenta la configuraci´on geom´etrica del sistema Sol, Tierra y Luna quedan
explicadas las fases de ´esta ´ ultima (ver figura 6.1). En efecto, cuando la Luna se interpone
entre la Tierra y el Sol, la Luna, que es un cuerpo opaco, no tiene forma de reflejar luz hacia
la Tierra, pues ´esta cae completamente en el lado de la Luna que no es posible ver desde la
Tierra. Decimos entonces que la Luna est´a en fase de luna nueva. Es en esta fase cuando
ocurren los eclipses de Sol. N´ otese que a causa de la inclinaci´ on entre los planos de la Luna
y la ecl´ıptica no hay eclipse de Sol cada mes. Como se deduce de la figura 6.2, los eclipses
ocurrir´ an cuando la l´ınea de los nodos lunar
1
est´e en la misma direcci´on Tierra-Sol.
5
PLANO DE LA ECLIPTICA
LINEA DE LOS NODOS
SOL
ORBITA LUNAR
TIERRA
o
Figura 6.2: Orientaci´on de la ´orbita lunar en el espacio
A medida que la Luna se desplaza alrededor de la Tierra comienza a reflejar luz del Sol
hacia la Tierra. Puesto que la Luna se mueve en direcci´ on antihoraria, comenzar´a a ser
observable f´ acilmente despu´es de que se haya ocultado el Sol. Sup´ ongase que deseamos ver
la Luna tres d´ıas despu´es de luna nueva. Sabemos que la Luna se desplaza de occidente a
oriente unos 13 grados por d´ıa, por lo tanto, al cabo de tres d´ıas, se habr´a separado casi 40
grados del Sol en direcci´on hacia el este. Esto significa que si observamos el cielo a las 6
p.m., y si estamos muy cerca del ecuador terrestre, el Sol estar´a ocult´ andose en el horizonte
occidental y la Luna, visible para nosotros, tendr´ a una altura aproximada sobre el horizonte
de unos 40 grados. Teniendo en cuenta el movimiento diurno, podemos calcular que la Luna
se ocultar´ a por el occidente entre las 8:30 y 9 p.m.
¿Que ocurrir´ a unos 7 d´ıas despu´es de trancurrida la luna nueva? Para entonces la Lu-
na se habr´ a separado del Sol unos 90 grados. En tal caso, la superficie de la Luna estar´ a
50% iluminada y decimos que existe cuarto creciente. Por lo tanto, en ´esta fase a las 6
1
La l´ınea de los nodos lunar es la l´ınea que surge de la intersecci´on del plano de la ´orbita lunar con el
plano de la ecl´ıptica. Dicha l´ınea no est´a fija en el espacio, de hecho realiza una revoluci´on completa en 18.6
a˜ nos en direcci´on horaria.
6.2. LA LUNA Y EL SOL 97
p.m. la Luna tendr´ a una altura m´ axima sobre el horizonte, ubicada en o cerca del cenit del
observador. Es claro que la Luna se ocultar´ a por el occidente muy cerca de media noche.
A medida que transcurren los d´ıas la Luna mostrar´ a m´as superficie iluminada hasta que
se alcanza la configuraci´on particular, unos 14 d´ıas despu´es de la luna nueva, en donde la
Tierra se interpone entre la Luna y el Sol. La Luna reflejar´ a hacia la Tierra toda la superficie
que podemos ver de ella. Tenemos la luna llena. Es en esta fase que tienen ocurrencia los
eclipses de Luna. En esta fase, pr´oximo a las 6 p.m., un observador ver´ a el Sol ocultarse
por el occidente en tanto que la Luna estar´ a saliendo por el oriente. Existe una separaci´ on
entre ambos astros de 180 grados. Es por ello que en fase llena la Luna se observar´ a durante
toda la noche, ocult´ andose por el occidente cerca de las siete de la ma˜ nana del d´ıa siguiente.
D´ıas despu´es de la fase llena, la Luna vuelve a mostrarnos s´ olo cierto sector de su superficie
iluminada. ¿Qu´e ocurre unos tres d´ıas despu´es de luna llena? La Luna se habr´ a desplazado
otros 40 grados hacia el este por lo que a las 6 p.m. no es posible observarla. En tal caso
habr´ıa que esperar hasta cerca las 9 p.m. a que salga por el horizonte oriental; culminar´ıa
hacia las 3 a.m. del d´ıa siguiente y se ocultar´ıa en el horizonte occidental hacia las 10 a.m.
Cuando de nuevo ocurre una conformaci´ on de 90 grados entre el ´angulo Luna-Tierra-Sol,
obtenemos 50% de iluminaci´on de la cara visible de la Luna. En tal caso tenemos cuarto
menguante y ocurre a unos 21 d´ıas despu´es de la luna nueva. En cuarto creciente la Luna
sale por el oriente a media noche y culmina a las 6 a.m. del d´ıa siguiente ocult´ andose a
medio d´ıa. Al cabo de 29 d´ıas y medio la Luna vuelve a encontrarse entre la Tierra y el Sol,
haci´endose invisible de nuevo para nosotros.
El per´ıodo entre dos lunas nuevas (o lunas llenas) consecutivas es llamado un mes
sin´ odico. El concepto de mes que manejamos en nuestra vida diaria se deriva directa-
mente del mes sin´odico. Sin embargo, existe otra definici´ on de mes
2
. El mes sid´ereo es el
tiempo que le toma a la Luna pasar de forma consecutiva por el mismo lugar de la b´ oveda
celeste (o sea, con respecto a las estrellas fijas). El mes sid´ereo tiene una duraci´ on de 27.3
d´ıas. La pregunta obvia es: ¿Por qu´e la diferencia entre los per´ıodos sin´ odico y sideral? El
asunto se resuelve cuando tenemos en cuenta el movimiento del Sol, pues ´este se desplaza
0.98 grados por d´ıa de oeste a este con respecto a las estrellas fijas. En un mes sid´ereo el
Sol se habr´ a corrido 0.98 27.3 = 26.7 grados m´ as hacia el este, por lo que a la Luna (que
tambi´en se mueve en la misma direcci´on), para alcanzar al Sol, le tomar´ a en primera apro-
ximaci´ on 26.7/13=2 d´ıas m´ as para que se cumpla de nuevo la configuraci´ on Luna-Tierra-Sol
(ver figura 6.3).
A manera de referencia colocamos a continuaci´on los valores exactos de la duraci´on del
mes sideral y el mes sin´odico:
Mes sid´ereo 27.321662 d´ıas = 27 d 7
h
43
m
11.6
s
Mes sin´ odico 29.530589 d´ıas = 29 d 12
h
44
m
2.9
s
2
Realmente existen en total cinco definiciones de mes. Adicional al sideral y al sin´odico est´a el mes tropical
(duraci´on entre dos pasos consecutivos de la Luna por el punto vernal); el mes anomal´ıstico (duraci´on entre
dos pasos consecutivos de la Luna por el perigeo de su ´orbita) y el mes dracon´ıtico (duraci´on entre dos pasos
consecutivos de la Luna por el nodo de su ´orbita).
98 CAP
´
ITULO 6. MOVIMIENTO APARENTE DE LOS CUERPOS CELESTES
ORBITA LUNAR
DEL SOL
TRAYECTORIA APARENTE
TIERRA
Figura 6.3: Origen del mes sin´odico
6.3 Los planetas
Los antiguos conocian “estrellas” brillantes que a diferencia de todas las dem´ as se despla-
zaban a trav´es del cielo. A simple vista es posible identificar cinco: Mercurio, Venus, Marte,
J´ upiter y Saturno. Si se tiene la paciencia de rastrear su movimiento con respecto a las
estrellas “fijas” por per´ıodos extendidos de tiempo se encuentra algo al parecer desconcer-
tante: todos sin excepci´on se desplazan en direcci´on oeste-este, movimiento que se conoce
con el nombre de movimiento directo; pero en ocasiones, alguno de ellos se detiene (se con-
vierte en un punto estacionario), y comienza a moverse en direcci´on este-oeste (movimiento
retr´ogrado), lo que hace en unos cuantos d´ıas, para detenerse de nuevo (otro punto esta-
cionario) y recuperar su movimiento en la direcci´ on original. Con ello logra realizar un
peque˜ no bucle o rizo.
Dichas retrogradaciones se explican al tener en cuenta el movimiento de la Tierra alrede-
dor del Sol. Los planetas poseen velocidades de traslaci´on que son distintas entre ellos, pues
dicha velocidad depende de su distancia promedio al Sol. Esta velocidad diferencial de los
planetas origina que unos tomen m´ as tiempo que otros en dar una revoluci´ on en torno del
Sol. Por ejemplo, por cada revoluci´on de la Tierra el planeta Mercurio completa m´ as de
cuatro; por cada revoluci´on de J´ upiter la Tierra completa m´ as de once, etc. Por lo tanto, es
apenas obvio que los planetas se est´en atrasando o adelantando unos con respecto a los otros.
Cuando se est´a observando el movimiento de los planetas desde uno de ellos se observar´ a
con el tiempo que a causa de la diferencia de velocidad los planetas observados formar´ an
peque˜ nos bucles sobre la bo´ veda celeste. En la figura 6.4 se aprecia una retrogradaci´ on de
un planeta exterior visto desde la Tierra. N´ otese que la retrogradaci´ on se presenta para
6.3. LOS PLANETAS 99
ORBITA TERRESTRE
1
2
3
4
5
6
7
8
9
1
2
3
4
6
8
9
7
5
ESTE OESTE
Figura 6.4: Retrogradaci´on de los planetas vistos desde la Tierra
aquellas ´epocas en que la Tierra est´ a m´as pr´ oxima al planeta, esto es, cerca de la oposici´on
(ver ma´s adelante).
Las estrellas errantes de la antig¨ uedad recibieron el nombre de planetas. Historias mi-
tol´ ogicas llegadas hasta nuestros d´ıas nos permiten saber que les fueron asignadas identidades
de deidades, y con ello, car´acter y temperamento como si se tratara de entes vivos. Explicar
lo enrevesado de su movimiento fue una tarea que demostr´ o no ser trivial. Fil´ osofos y
ge´ometras griegos estaban de acuerdo en que los cuerpos celestes y sus movimientos a trav´es
del cielo tendr´ıan que explicarse en t´erminos de circunferencias. Se cre´ıa que todo lo que
estaba en la b´ oveda celeste era inmutable y perfecto por lo que all´ı ten´ıa que manifestarse
la figura perfecta, la cual, cre´ıan ellos, era la circular. Por lo tanto, los astr´ onomos ten´ıan
que explicar el complicado movimiento de los planetas en t´erminos de movimiento y figuras
circulares. Ello hizo que con el tiempo los matem´aticos utilizaran la combinaci´ on de dos o
m´as circulos por los que se desplazaba supuestamente el planeta.
Desde la antig¨ uedad se hab´ıan identificado caracter´ısticas orbitales muy propias de los
planetas. Todos sin excepci´on se desplazan muy cerca de la ecl´ıptica (la trayectoria aparente
que describe el Sol en el cielo durante el a˜ no). El Sol pasa en un a˜ no por las cl´ asicas doce
constelaciones del zod´ıaco, a saber: Aries, Tauro, Geminis, C´ancer, Leo, Virgo, Libra, Es-
corpi´ on, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis (en realidad pasa por trece constelaciones,
pues la ecl´ıptica alcanza a atravezar la constelaci´ on de Ofiuco). La raz´on de que todos se
encuentran muy cerca de la ecl´ıptica descansa en el hecho de que las ´orbitas est´ an muy poco
inclinadas las unas con respecto a las otras (salvo en el caso de Mercurio y Plut´on). La
consecuencia obvia es que los planetas estar´ an casi siempre ubicados en alguna de las trece
100 CAP
´
ITULO 6. MOVIMIENTO APARENTE DE LOS CUERPOS CELESTES
constelaciones referidas
3
(ver figura 6.5).
Π’
SOL
ECLIPTICA
Π
PLANOS ORBITALES
ZODIACALES
CONSTELACIONES
SECTOR DE LAS
DE LOS PLANETAS
Figura 6.5: Los planetas de desplazan a trav´es de las constelaciones zodiacales
Los planetas Mercurio y Venus exhiben adem´as una curiosa predilecci´ on por permanecer
cerca del Sol, pues son relativamente f´aciles de observar o bien antes del amanecer o inmedia-
tamente despu´es de sucedido el ocaso del Sol. Nunca es posible observar a Mercurio o a
Venus digamos a media noche (para observadores ubicados cerca del ecuador terrestre). En
cambio, los restantes planetas (desde Marte en adelante) pueden ser vistos cerca del Sol, ´o
ubicados a 180 grados de separaci´on (opuestos) del mismo.
Ahora bien, ¿qu´e tan r´ apido se desplazan los planetas por la b´ oveda celeste? Desde la
antig¨ uedad se descubri´ o que existen planetas que se mueven unos m´ as r´ apido que otros. En
el caso del planeta Mercurio, el que m´ as r´ apido viaja por el cielo, se observa un desplaza-
miento que puede alcanzar hasta unos 2.5 grados por d´ıa en direcci´ on oeste-este. (Nota:
en t´erminos comparativos, el tama˜ no aparente del Sol y de la Luna en fase llena es de 0.5
grados). En ocasiones se aprecia que el planeta disminuye su velocidad aparente en el cielo
y al final se detiene, luego, por espacio de unos veinte a veinticinco d´ıas, se mueve en di-
recci´on contraria (este-oeste). De nuevo se estaciona y continua con la direcci´on usual de
oeste-este. Venus se desplaza por el cielo a una velocidad inferior a la de Mercurio, de 1
grado por d´ıa como m´aximo. Los dem´as planetas observados por los antiguos se desplazan
m´as lentamente. Saturno por ejemplo, se desplaza a raz´on de unos 30 segundos de arco por
d´ıa.
Los planetas tambi´en presentan configuraciones parecidas a las que exhibe la Luna en
un mes. En cuanto a la configuraci´on que muestra un planeta visto desde la Tierra se ha
3
A causa de la relativa cercan´ıa de la ecl´ıptica con otras constelaciones no zodiacales (de acuerdo con
los l´ımites de las constelaciones fijados por la UAI) los planetas pueden atravesar, aunque sea sutilmente,
incluso otras 29 constelaciones (ver Culver & Ianna, 1994).
6.3. LOS PLANETAS 101
de clasificar a los planetas en dos grupos: aquellos llamados interiores en raz´on a que se
encuentran m´as cerca del Sol que la Tierra (Mercurio y Venus) y los planetas exteriores, que
son todos aquellos que se encuentran m´ as lejos del Sol que la Tierra (Marte hasta Plut´ on).
SOL
TIERRA
CONJUNCION SUPERIOR
CONJUNCION INFERIOR
ELONGACION ELONGACION
MAXIMA MAXIMA
Figura 6.6: Configuraci´on de un planeta interior con respecto a la Tierra
Un planeta interior (ver figura 6.6) girando en torno del Sol presenta, en relaci´ on con
nuestro planeta, dos puntos, llamados conjunciones, en los cuales es imposible observarlo
desde la Tierra. Cuando el planeta se ubica exactamente entre el Sol y la Tierra se dice que
esta en conjunci´ on inferior. Es en este instante cuando, en ocasiones, ocurre “eclipse” de Sol
producido por el planeta. No es usual llamar a esto un “eclipse”, pues en realidad el tama˜ no
aparente de los planetas vistos desde la Tierra es tan peque˜ no que en la pr´ actica se observa
un punto atravesando el dico solar, lo que se conoce con el nombre de paso del planeta a
trav´es del disco solar. La raz´on por la cual no se presenta en cada conjunci´on inferior un
paso por el disco del Sol es debido a que la ecl´ıptica est´ a ligeramente inclinada con respecto
al plano de la ´ orbita de los planetas interiores. En conjunci´ on superior el planeta est´ a en el
punto de su ´ orbita m´ as alejado de la Tierra. De la figura tambi´en es claro que los mejores
momentos para observar el planeta son cuando est´an ubicados en m´axima elongaci´on (que
puede ser este u oeste). Para el lector no debe ser dif´ıcil deducir que un planeta interior
nunca mostrar´ a el 100% de iluminaci´ on de su superficie hacia la Tierra (nunca podremos
ver “lleno” a un planeta interior). N´ otese tambi´en que aparentemente desde la Tierra un
planeta interior est´ a siempre relativamente cerca del Sol.
102 CAP
´
ITULO 6. MOVIMIENTO APARENTE DE LOS CUERPOS CELESTES
Un planeta exterior es otro asunto (ver figura 6.7). Presenta una sola conjunci´ on: el
planeta se ubica por detr´ as del Sol y por lo tanto es imposible observarlo desde la Tierra.
Pero presenta la denominada oposici´ on, en donde la Tierra se ubica entre el Sol y el planeta,
de manera an´ aloga a la fase llena de la Luna. La oposici´ on constituye el mejor momento de
observar un planeta pues aparte de que est´ a en el punto en que la distancia entre la Tierra
y el planeta es m´ınima, el planeta es observado durante toda la noche (sale por el oriente
en, o muy cerca de, las 6 p.m. y se oculta por el occidente en, o muy cerca de, las 6 a.m.
del d´ıa siguiente).
OPOSICION
CUADRATURA OESTE
CUADRATURA ESTE
TIERRA
SOL
CONJUNCION
Figura 6.7: Configuraci´on de un planeta exterior con respecto a la Tierra
NOTA: En realidad la oposici´ on y la distancia m´ as cercana a la Tierra no ocurren
simult´ aneamente debido a que las ´ orbitas de los planetas son el´ıpticas, pero uno y otro
fen´ omeno se presentan con una diferencia de unos pocos d´ıas.
Ejemplo 1
Determinar la m´ axima distancia ´ angular aparente, vista desde la Tierra, que existe entre
el Sol y Mercurio, y el Sol y Venus.
Soluci´on
La m´ axima distancia angular entre el Sol y alguno de los planetas interiores se presenta
en las elongaciones (este u oeste), esto es, cuando el ´angulo centrado en el planeta, entre las
direcciones del Sol y la Tierra, es recto.
6.3. LOS PLANETAS 103
De la figura 6.8 se deriva que el ´ angulo Γ aparente existente entre el planeta interior y
el Sol, visto desde la Tierra, es:
sen Γ =
a
d
, (6.1)
donde a es la distancia Sol-planeta y d es la distancia Sol-Tierra. Suponiendo en primera
aproximaci´ on que los planetas se mueven en ´ orbitas circulares (con lo que a y d son cons-
tantes) y adoptando, en unidades astron´ omicas, a = 0.387 para Mercurio, a = 0.723 para
Venus y d = 1.0 entonces:
Γ
Mercurio
= 23
o
, Γ
V enus
= 46
o
.
SOL
a
PLANETA EN MAXIMA
ORBITA DEL
ELONGACION
PLANETA INTERIOR
Γ
d
TIERRA
Figura 6.8: Configuraci´on planetaria en la m´axima elongaci´on
En la pr´ actica el ´angulo Γ puede ser mayor o menor de estos valores, pues en realidad las
´orbitas de los tres planetas son exc´entricas, particularmente la de Mercurio, por lo que en
´este el ´angulo de elongaci´ on va desde un valor m´ınimo de unos 17.9
o
hasta un valor m´aximo
de 27.5
o
.
Ejemplo 2
Determinar la m´ axima distancia ´ angular aparente existente entre la Tierra y el Sol que
un astronauta observar´ıa si estuviera ubicado en el planeta Marte.
Soluci´on
La f´ ormula (6.1) nos es de utilidad, pero en este caso la distancia a es la distancia
Tierra-Sol y la distancia d es la distancia Sol-Marte. Puesto que d = 1.523 se deduce que:
Γ = 41
o
.
104 CAP
´
ITULO 6. MOVIMIENTO APARENTE DE LOS CUERPOS CELESTES
6.3.1 Per´ıodo sin´odico
El per´ıodo sin´ odico P de un planeta es el intervalo de tiempo existente entre dos conjunciones
(u oposiciones en el caso de planetas exteriores) consecutivas. El per´ıodo sideral de un
planeta es el intervalo de tiempo que gasta dicho planeta en dar una revoluci´ on completa en
torno al Sol, con referencia a las estrellas. El per´ıodo sideral es de importancia fundamental
en mec´anica celeste, pues es el tiempo real de revoluci´on de un cuerpo en torno de otro con
respecto a cuerpos que en muy buena aproximaci´ on pueden considerse fijos (las estrellas).
Pero como las observaciones del cielo se hacen desde la Tierra, y ´esta, por ser un planeta, se
mueve tambi´en en torno al Sol, resulta que en la pr´ actica es relativamente complicado medir
de forma directa el per´ıodo sideral de un planeta (salvo la misma Tierra). Pero se puede
calcular f´acilmente en funci´ on del per´ıodo sin´ odico. En efecto, es una tarea de lo m´as sencilla
hacer observaciones continuas de los planetas por un buen tiempo y con tales observaciones
calcular el tiempo entre, digamos, dos oposiciones consecutivas o dos elongaciones oeste;
en otras palabras: calcular a partir de las observaciones el per´ıodo sin´ odico. Con ´este, es
inmediato el c´alculo del per´ıodo sideral. Consideremos la figura 6.9, donde se muestra el
caso de un planeta exterior. Supondremos que las ´ orbitas de ambos cuerpos son circulares,
con el Sol en el centro de las mismas y que la velocidad de ambos cuerpos es uniforme en
toda la trayectoria. En el momento t = t
0
el planeta exterior se encuentra en oposici´ on.
Al estar la Tierra m´as cercana al Sol, ´esta se mueve m´as r´ apido (tercera ley de Kepler, ver
secci´on 11.2.3) en tanto que el planeta exterior se mueve en su ´orbita m´ as despacio. Al
cabo de un tiempo la Tierra habr´ a completado una revoluci´ on sideral (habr´ a completado
360 grados) en tanto que el planeta exterior se ubicar´a en el punto C. Poco tiempo despu´es,
al haber la Tierra recorrido un ´ angulo θ, suceder´ a de nuevo la oposici´on.
C
θ
OPOSICION EN t=t
ORBITA DE LA TIERRA
0
SOL
Figura 6.9: Dos oposiciones sucesivas de un planeta
Una simple regla de tres nos permite inferir lo siguiente para el planeta exterior con
per´ıodo sideral T
p
:
P =
θT
p
360
. (6.2)
6.3. LOS PLANETAS 105
Igualmente, para el per´ıodo sideral de la Tierra tenemos que la relaci´ on con el per´ıodo
sin´ odico es:
P =
(360 +θ)T
t
360
= T
t
+
θT
t
360
. (6.3)
Reemplazando el valor de θ dado en (6.2) en la ecuaci´on (6.3) tenemos:
P = T
t
+
PT
t
T
p
, (6.4)
que al dividir por PT
t
llegamos a
1
T
t
=
1
P
+
1
T
p
. (6.5)
Esta ecuaci´ on es v´alida siempre y cuando el per´ıodo sideral T
p
corresponda a un planeta
exterior. Si queremos calcular el per´ıodo sin´ odico para un planeta interior hay que hacer
la siguiente consideraci´ on: la figura 6.9 muestra a la Tierra como planeta interior. Senci-
llamente hagamos un cambio de ´orbitas en el sentido de que la ´ orbita del planeta exterior
sea ahora la de la Tierra y la que hab´ıa tomado la Tierra que sea ahora la de un planeta
interior. En tal caso la ecuaci´ on pasa a ser:
P =
θT
t
360
, P = T
p
+
θT
p
360
, (6.6)
de las cuales es f´ acil obtener:
1
T
p
=
1
P
+
1
T
t
. (6.7)
Ejemplo 1
Determinar el per´ıodo sideral del planeta J´ upiter si el per´ıodo sin´ odico de ´este visto desde
la Tierra es de 398.9 d´ıas terrestres.
106 CAP
´
ITULO 6. MOVIMIENTO APARENTE DE LOS CUERPOS CELESTES
Soluci´on
En este caso T
t
= 365.25 d´ıas y P = 398.9 d´ıas. Utilizamos la ecuaci´on (6.5) para
despejar T
p
, pues J´ upiter es un planeta exterior a la Tierra:
1
T
p
=
1
365.25

1
398.9
= 2.3095 10
−4
,
de la que se deduce que T
t
= 4329 d´ıas, esto es, 11.85 a˜ nos terrestres.
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Bakulin, P., Kononovich, E., Moroz, V. (1983) Curso de astronom´ıa general, Mir, Mosc´ u.
Excelente texto de astronom´ıa b´ asica. El cap´ıtulo 2 explica con sencillez algunos conceptos
sobre el movimiento aparente de los astros.
• Culver, B., Ianna, P. (1994) El secreto de las estrellas, astrolog´ıa: ¿mito o realidad?, Tikal
ediciones, Gerona.
Libro escrito por dos astr´ onomos que expone las contradicciones conceptuales de la astrolog´ıa.
• Meeus, J. (1988) Astronomical Tables of the Sun, Moon and Planets, Willman-Bell, Inc.,
Richmond.
Contiene multitud de datos ´ utiles para la observaci´on de los planetas, la Luna y el Sol. Muy
completo en lo que respecta a fechas de oposiciones, conjunciones, m´ aximas elongaciones,
etc.
• Roy, A.E., Clarke, D. (1988) Astronomy: Principles and Practice, Adam Hilger, Bristol.
El cap´ıtulo 11 contiene una exposici´ on clara y detallada sobre fen´ omenos planetarios geoc´entricos.
Cap´ıtulo 7
EL TIEMPO EN
ASTRONOM
´
IA
El tiempo es un concepto de importancia fundamental en la vida moderna. El ritmo ace-
lerado predominante en la sociedad actual est´ a en gran medida asociado a la necesidad que
tenemos de medir la sucesi´ on de los eventos que acaecen en nuestra vida diaria con la mayor
exactitud que sea posible. Vivir en sociedad, en las actuales circunstancias, ha hecho indis-
pensable tener conciencia en especificar con detalle los sucesos que ya ocurrieron (lo que ya
pas´o) y lo que suceder´ a.
Para la medida del tiempo es indispensable contar con la existencia de un fen´ omeno
peri´odico, esto es, algo que se presente o suceda a intervalos grandes o peque˜ nos de tiempo de
forma repetitiva (esto es, con la mayor monoton´ıa posible) y completamente ininterrumpido.
La observaci´on h´ abil y paciente por parte de las culturas antiguas puso en evidencia la
existencia de algunos fen´ omenos astron´omicos que cumpl´ıan aproximadamente con estos
requerimientos.
7.1 El d´ıa
La sucesi´on de los d´ıas es el fen´omeno astron´omico peri´ odico m´ as obvio: el ciclo incesante
de los d´ıas y las noches influye decididamente sobre nuestro ritmo de vida de tal forma que
el d´ıa, entendido de forma primitiva como el tiempo que tarda el Sol en salir por el oriente
de forma consecutiva, es una medida del tiempo muy f´ acil de verificar.
Desde el punto de vista astron´ omico, llamamos d´ıa al tiempo que tarda un cuerpo celeste
en girar sobre s´ı mismo. Ahora bien, cuando se considera el concepto de rotaci´ on de un
cuerpo lo primero que hay que especificar es con respecto a qu´e punto (o puntos) de referencia
est´a rotando el objeto. Y aqu´ı se pone complicado el asunto, pues aparecen varias definiciones
de d´ıa dependiendo de la elecci´ on de los puntos de referencia. En lo que sigue consideraremos
que el cuerpo en rotaci´on es el planeta Tierra.
107
108 CAP
´
ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
7.1.1 El d´ıa sideral
Hablamos de d´ıa sideral cuando nos referimos al intervalo de tiempo que le toma a la
Tierra dar una revoluci´ on completa sobre s´ı misma con respecto a las estrellas fijas. En la
pr´ actica lo que se hace es escoger como referencia un punto en el cielo de caracter´ısticas
especiales que se comporte como una estrella: el punto vernal (). Para un observador
ubicado en la superficie de la Tierra la siguiente definici´ on de d´ıa sideral es m´ as discernible:
intervalo de tiempo existente entre dos culminaciones superiores (o inferiores) consecutivas
del punto vernal. El d´ıa sideral se divide en veinticuatro segmentos a los que llamaremos
horas siderales; cada hora sideral se divide en 60 partes llamadas minutos siderales y a su
vez cada uno de estos se divide en 60 partes llamados segundos siderales. Un segundo sideral
es entonces 1/(60 60 24) = 1/86 400 parte de un d´ıa sideral.
7.1.2 El d´ıa solar verdadero
Llamaremos d´ıa solar verdadero al intervalo de tiempo que le toma a la Tierra dar una
revoluci´ on completa sobre s´ı misma con respecto al centro del Sol, o lo que es completamente
equivalente: intervalo de tiempo existente entre dos culminaciones superiores (o inferiores)
consecutivas del Sol. En lo que sigue, y aunque se corra el riesgo de ser redundantes,
llamaremos al centro del Sol el “Sol verdadero”. El d´ıa solar verdadero y el d´ıa sideral no
son iguales, pues, como se recordar´a, el Sol verdadero se desplaza a trav´es de las estrellas a
raz´on de casi un grado por d´ıa. Puesto que, independientemente del movimiento diurno, el
Sol verdadero se va moviendo aparentemente en direcci´on hacia el este, al transcurrir un d´ıa
sideral completo, el Sol no habr´ a completado su “revoluci´on” alrededor de la Tierra, con lo
que el d´ıa solar verdadero es un poco m´ as largo que el sid´ereo (ver figura 7.1).
W E W E
SOL
SOL
(a) (b)
Figura 7.1: (a) Sol y equinoccio vernal coinciden. (b) Situaci´on del Sol y el punto vernal un d´ıa sideral
despu´es
Pero el d´ıa solar verdadero adolece de un problema serio que lo hace poco ´ util a la hora
de utilizarlo como medida de tiempo confiable.
Lo que vemos como el movimiento del Sol a trav´es del cielo no es otra cosa que el
movimiento reflejo de la Tierra alrededor del Sol. Sin embargo, la ´ orbita de la Tierra (y
7.1. EL D
´
IA 109
la de los otros planetas del sistema solar) no es circular sino el´ıptica. Adem´as, los cuerpos
celestes se mueven barriendo ´areas iguales en tiempos iguales, lo que en t´erminos cualita-
tivos significa que el planeta se mueve m´ as r´ apido cuando est´ a cerca del Sol que cuando
est´a lejos de ´el. Aunque la ´ orbita de la Tierra posee una excentricidad muy peque˜ na, es lo
suficientemente notable como para apreciarse que la Tierra, al estar m´as cerca del Sol (en
los primeros d´ıas de enero) ´este, visto desde la Tierra, se desplaza a trav´es del cielo un poco
m´as r´ apido de lo normal; as´ı mismo, cuando la distancia entre ellos es m´ axima (seis meses
despu´es), el Sol se desplaza un poco m´as despacio de lo corriente. Esto significa que, al
medir el tiempo que le toma al Sol pasar de forma consecutiva por el meridiano a trav´es del
a˜ no, este tiempo no es constante; var´ıa conforme transcurren los meses. Este hecho se ve
agravado a´ un m´ as por la inclinaci´ on del eje de la Tierra con respecto a la normal al plano
de la ecl´ıptica, esto es, que la ecl´ıptica no coincida con el ecuador celeste.
Vemos entonces que el d´ıa solar verdadero no es una unidad de medida de tiempo confi-
able, pues su duraci´ on var´ıa de d´ıa en d´ıa. Sin embargo, puesto que el Sol regula nuestras
actividades diarias y el hecho de que las diferencias en duraci´ on son relativamente peque˜ nas,
es necesario “obligar” al Sol a que sea un punto de referencia ´ util, esto es, que la duraci´ on
de un d´ıa basado en el Sol sea constante para todos los d´ıas del a˜ no.
7.1.3 El d´ıa solar medio
Llamamos d´ıa solar medio al intervalo de tiempo que le toma a la Tierra dar una revoluci´ on
completa sobre s´ı misma con respecto al centro del Sol medio, o lo que es lo mismo, el
intervalo de tiempo existente entre dos culminaciones superiores (o inferiores) consecutivas
del Sol medio. El Sol medio es un Sol ideal, llamado tambi´en fantasma o ficticio, el cual los
astr´ onomos introdujeron con el fin de subsanar los problemas de variabilidad en la duraci´ on
del d´ıa solar verdadero.
Imaginemos el siguiente escenario: 1. La Tierra describe una ´orbita perfectamente cir-
cular en torno al Sol; 2. El eje de la Tierra es perpendicular al plano de la ecl´ıptica (ecuador
celeste y ecl´ıptica coinciden). El Sol resultante de estas dos condiciones hipot´eticas que
ver´ıamos desde la Tierra en el transcurso de los d´ıas es el Sol medio. Es ´ util imaginarse al
Sol medio como un Sol invisible que est´ a cerca del Sol verdadero, en ocasiones adelant´andose
a ´el, en otras, atras´andose, y en algunas pocas ocasiones coincidiendo con ´el.
El d´ıa solar medio contempla el hecho de que el punto de referencia (el Sol medio) se
desplace a raz´on de 0.98 grados por d´ıa en direcci´ on hacia el este. Esto implica que el d´ıa
solar medio y el d´ıa sideral no poseen igual duraci´on.
El d´ıa solar medio se divide en veinticuatro segmentos que llamaremos horas solares
medias; cada hora solar media se divide en 60 partes llamadas minutos solares medios y a su
vez cada uno de ´estos se divide en 60 partes llamados segundos solares medios. Un segundo
solar medio es entonces 1/(60 60 24) = 1/86 400 parte de un d´ıa solar medio.
110 CAP
´
ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
7.2 Conversi´on entre tiempo sideral y tiempo solar medio
En astronom´ıa es igualmente necesario medir eventos en d´ıas siderales y en d´ıas solares
medios, por lo que surgen los conceptos de tiempo sideral y tiempo solar medio respectiva-
mente. De ah´ı que sea indispensable encontrar una conversi´ on que permita f´ acilmente pasar
de una unidad de tiempo a otra.
La diferencia entre las dos escalas de tiempo estriba en el hecho de que el Sol medio
se va desplazando con respecto a las estrellas de fondo a raz´on de 360/365.2564 = 0.98561
grados/d´ıa, lo cual, en unidades de tiempo (24 horas corresponden a 360 grados) da un valor
de 3
m
56.55
s
.
Es claro entonces que al completarse 24 horas de tiempo sideral, esto es, al cabo de un d´ıa
sideral, todav´ıa no se han completado 24 horas de d´ıa solar medio, pues este, como dijimos
atr´ as, resulta ser un poco m´as largo en duraci´ on. En el momento en que se completen las 24
horas de tiempo solar medio, ya se habr´an acumulado casi 4 minutos m´as de tiempo sideral.
De ah´ı que tengamos (con la precisi´ on que tenemos hoy en d´ıa):
24
h
de tiempo solar medio (1 d´ıa solar medio) = 24
h
3
m
56.5553678
s
de tiempo sideral.
De forma equivalente, al completar 24 horas de d´ıa sideral, faltan algunos minutos para
que se completen las 24 horas de d´ıa solar medio:
24
h
de tiempo sideral (1 d´ıa sideral) = 23
h
56
m
4.090524
s
de tiempo solar medio.
Por lo tanto, si tenemos una lectura en tiempo solar medio y deseamos convertirla en
tiempo sideral lo que debemos es multiplicar por el factor de conversi´ on siguiente:
24
h
3
m
56.5553678
s
24
h
=
24
h
23
h
56
m
4.090524
s
= 1.00273790935079. (7.1)
De igual forma, al pasar de tiempo sideral a tiempo solar medio necesitamos multiplicar
por:
24
h
24
h
3
m
56.5553678
s
=
23
h
56
m
4.090524
s
24
h
= 0.997269566329. (7.2)
Ejemplo 1
Un reloj marca 3
h
56
m
34.6
s
de tiempo solar medio. Calcular el tiempo sideral.
Soluci´on
De acuerdo con la cuaci´ on (7.1) tenemos:
7.3. EL TIEMPO SIDERAL LOCAL 111
3
h
56
m
34.6
s
1.002737909 = 3
h
57
m
13.4
s
.
Ejemplo 2
Un reloj marca 14
h
5
m
17.8
s
de tiempo sideral. Calcular el tiempo solar medio.
Soluci´on
De acuerdo con la f´ ormula (7.2) tenemos:
14
h
5
m
17.8
s
0.997206957 = 14
h
2
m
56.1
s
.
Las siguientes definiciones de tiempo son locales, esto es, est´an definidas para un deter-
minado observador ubicado sobre la superficie de la Tierra:
7.3 El tiempo sideral local
El tiempo sideral local (TSL) para un observador dado es el ´ angulo horario del punto vernal
que aprecia dicho observador:
TSL = H

. (7.3)
Por lo tanto, el tiempo sideral local es cero para un observador cuando ´este nota que el
punto vernal est´ a culminando superiormente.
N´otese entonces que el tiempo sideral local comienza a contarse una vez que el punto
vernal pasa por el meridiano del observador, esto es, el d´ıa sideral tiene su origen en el
instante de la culminaci´ on superior del punto vernal.
7.4 El tiempo solar verdadero
El tiempo solar verdadero (TSOLV ) para un observador dado es el ´ angulo horario del Sol
verdadero que aprecia dicho observador, m´ as doce horas :
TSOLV = H

+ 12
h
, (7.4)
donde H

representa el ´angulo horario del Sol
1
verdadero. Como sabemos, esta escala de
tiempo no es uniforme y, por lo tanto, de escasa utilidad al momento de medir la duraci´ on
de los eventos.
1
El s´ımbolo se utiliza extensivamente en astronom´ıa para representar al Sol. Era un gerogl´ıfico utilizado
por los antiguos egipcios para representar el astro Sol (ra) como tambi´en para designar el concepto de d´ıa.
112 CAP
´
ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
7.5 El tiempo solar medio
El tiempo solar medio (TSOLM) para un observador dado es el ´ angulo horario del Sol medio
que aprecia dicho observador, m´ as doce horas :
TSOLM = H

+ 12
h
, (7.5)
donde H

denota el ´ angulo horario del Sol medio. Esto significa que el d´ıa solar medio
comienza a contarse a partir de la culminaci´ on inferior del Sol medio, esto es, cerca de lo
que llamamos en nuestra vida diaria la media noche. Vemos inmediatamente la conexi´ on
existente entre el concepto de tiempo solar medio y el tiempo que estamos acostumbrados
a utilizar. En efecto, cuando el Sol est´ a en, o muy cerca de su culminaci´ on (H
sol
0),
sabemos que son cerca de las 12 meridiano; si el Sol est´a pr´ oximo a ocultarse cerca del
occidente (H
sol
6
h
) son cerca de las 6 p.m. o las 18 horas, y as´ı sucesivamente.
7.6 El tiempo universal
Ll´ amese tiempo universal (TU) al tiempo solar medio para un observador situado exacta-
mente en el meridiano de Greenwich.
Conociendo el tiempo universal, un observador ubicado en cualquier otra longitud puede
calcular su tiempo solar medio sin que recurra a la observaci´ on del ´angulo horario del Sol
medio. Basta tener presente que a causa de la rotaci´on de la Tierra en direcci´ on de oeste a
este, por cada 15 grados que un observador est´e desplazado hacia el oeste del meridiano de
Greenwich, el Sol medio, para dicho observador, est´ a ubicado unos 15 grados al este de su
meridiano, por lo que para ´el, el tiempo solar medio est´a una hora retrasado con respecto
al meridiano de Greenwich. De igual forma, por cada 15 grados que un observador est´ a
desplazado al este del meridiano de Greenwich, el Sol medio est´a ubicado al oeste de su
meridiano de tal forma que para ´el, el tiempo solar medio est´a una hora adelantado con
respecto al meridiano de Greenwich.
Entonces, el tiempo solar medio de un observador situado a una longitud λ del meridiano
de Greenwich, en funci´ on del tiempo universal, est´a dado por:
TSOLM
λ
= TU ±(λ
o
/15), (7.6)
donde λ
o
representa la longitud en grados. El signo se toma positivo si la longitud del
observador es hacia el este, negativo hacia el oeste.
7.7 Husos horarios
La ecuaci´on (7.6) tiene una gran desventaja, pues significa que, rigurosamente, dos ob-
servadores separados por unos cuantos segundos de arco en longitud han de poseer una
diferencia de tiempo solar medio tambi´en de unos cuantos segundos en tiempo. Desde el
punto de vista operativo en cuanto a la administraci´ on de un pa´ıs o una regi´ on no conviene
que ciudades pr´ oximas unas con respecto a las otras posean relojes que indiquen tiempos
7.7. HUSOS HORARIOS 113
distintos. Por ello se decidi´ o dividir al planeta en 24 segmentos o franjas que van de polo a
polo (llamados husos horarios o zonas de tiempo), cada uno con un ancho de 15 grados, de
tal forma que existiera entre cada huso y su vecino inmediato una diferencia de una hora.
Con ello se pretende que los observadores ubicados dentro de un huso horario posean todos
el mismo tiempo solar medio con respecto al tiempo universal. La zona de tiempo que con-
tiene al meridiano cero o de referencia es llamada zona de tiempo cero. La zona de tiempo
12 (aquella que es dividida por el meridiano 180) es llamada l´ınea internacional de cambio
de fecha. Esta l´ınea separa las fechas consecutivas entre dos d´ıas. Los primeros hombres en
experimentar un cambio de fecha fueron aquellos marineros que acompa˜ naron a Fernando
Magallanes y Sebasti´ an Elcano en el primer viaje que circunnaveg´ o el mundo entre 1519 y
1522 habiendo sido los primeros europeos en cruzar por vez primera el Oc´eano Pac´ıfico de
Am´erica hacia Asia. Los pocos marineros que sobrevieron a tan penosa traves´ıa fueron, al
regresar a Europa, fuertemente sorprendidos al enterarse de que su calendario de a bordo
andaba retardado un d´ıa con respecto al calendario en Tierra.
La l´ınea internacional de la fecha se desv´ıa frecuentemente del meridiando 180 a causa
de las decisiones locales adoptadas por los territorios afectados. La l´ınea se deflecta hacia
el este a trav´es del estrecho de Bering y hacia el oeste de las islas Aleutianas para prevenir
la separaci´ on de estas ´areas por una fecha. Por la misma raz´on la l´ınea se deflecta otra vez
hacia el este de Tonga y algunas islas de Nueva Zelandia en el Pac´ıfico Sur. Recientemente
la l´ınea se ha desviado notoriamente hacia el este para incluir todo Kiribati. Estos cambios
son variables y arbitrarios: no existe autoridad internacional que defina un curso de la l´ınea
de cambio de fecha.
Se llama “tiempo local” (TL) o “tiempo legal” —en algunos paises se llama tiempo
est´andar— de un pa´ıs o de una regi´ on determinada al tiempo solar medio correspondiente
a su huso horario (HH) de acuerdo con (la versi´ on pr´ actica de la ecuaci´on (7.6)):
TL = TU +HH, (7.7)
donde HH viene en unidades de horas y es un n´ umero (casi siempre entero) positivo o ne-
gativo. En el caso de la Rep´ ublica de Colombia se ha escogido un huso horario HH = −5,
puesto que el meridiano 75 oeste (m´ ultiplo exacto de 15) atraviesa aproximadamente el
centro-occidente del pa´ıs
2
.
Dicha zona de tiempo, que va de longitud 67
o
30

oeste hasta 82
o
30

oeste cubre toda la
plataforma continental del territorio nacional, inclusive los territorios insulares de San An-
dr´es, Providencia y Santa Catalina en el Oc´eano Atl´ antico y Malpelo en el Oc´eano Pac´ıfico.
El tiempo local para Colombia se conoce con el nombre de Tiempo Oficial de la Rep´ ublica
de Colombia, el cual est´a dado por:
(TL)
Colombia
= TU −5
h
(7.8)
2
Poblaciones casi situadas sobre el meridiano 75 est´an, entre otras: Pil´on (Atl´antico), Jes´ us del Monte
(Bol´ıvar), San Andr´es de Palomo (Sucre), San Carlos, San Luis y Aquitania (Antioquia), Saman´a (Caldas),
Chicoral y Chenche (Tolima), y Lusitania (Caquet´a).
114 CAP
´
ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
Figura 7.2: Mapa de Colombia
Pa´ıses que se ubican aproximadamente dentro de este sector han adoptado tambi´en este
valor de huso horario, tales como Ecuador, Per´ u, y algunos estados de la costa este de los
Estados Unidos.
Venezuela tiene por huso horario HH = −4, valor que ha sido tambi´en adoptado por
Bolivia, Chile, Paraguay y la parte occidental de Brasil.
Ejemplo 1
Un reloj marca el Tiempo Oficial para la Rep´ ublica de Colombia en los siguientes tres
casos. Determinar para cada uno de ellos el tiempo universal TU:
a) 2
h
35
m
15
s
p.m. del 4 de abril de 2003.
b) 5
h
14
m
6
s
a.m. del 17 de septiembre del 2010.
7.7. HUSOS HORARIOS 115
c) 9
h
55
m
16
s
p.m. del d´ıa 10 de mayo de 2015.
Soluci´on
a) Las 2
h
35
m
15
s
de la tarde (pasado el meridiano, p.m.) equivalen a un tiempo de 14
h
35
m
15
s
transcurrido desde el inicio del d´ıa. Por lo tanto:
TU = 14
h
35
m
15
s
+ 5
h
= 19
h
35
m
15
s
del d´ıa 4 de abril de 2003.
b) Las 5
h
14
m
6
s
equivalen a un tiempo de 5
h
14
m
6
s
transcurrido desde el inicio del
d´ıa. De ah´ı que:
TU = 5
h
14
m
6
s
+ 5
h
= 10
h
14
m
6
s
del d´ıa 17 de septiembre del 2010.
c) Las 9
h
55
m
16
s
p.m. equivalen a un tiempo de 21
h
55
m
16
s
transcurrido desde el
inicio del d´ıa. Por lo tanto:
TU = 21
h
55
m
16
s
+ 5
h
= 26
h
55
m
16
s
.
Un tiempo superior a 24 horas significa que estamos en el d´ıa siguiente, por lo que al
valor anterior le restamos 24
h
:
TU = 2
h
55
m
16
s
del d´ıa 11 de mayo de 2015.
Pero fue claro desde el principio que la intenci´ on de dividir el globo terrestre en 24 seg-
mentos, en donde a cada uno de ellos se le ha de asignar una hora dada con respecto a TU,
no iba a ser adoptada un´ animemente. La raz´on es clara: la forma irregular y los tama˜ nos
dis´ımiles de los pa´ıses como tambi´en razones pol´ıticas, de conveniencia y de otra clase, han
hecho que muchas naciones hayan adoptado como valor de huso horario otro distinto del que
deber´ıa corresponderles por estar situadas en determinada posici´on geogr´afica con respecto
al meridiano de Greenwich. Es obvio que paises con extensiones territoriales muy notorias
tales como Rusia, Canad´a, Estados Unidos y Brasil se ven cubiertas por dos o m´as zonas
de tiempo. El territorio de Rusia es atravesado por once zonas de tiempo; Estados Unidos,
teniendo en cuenta sus posesiones de ultramar, es cubierto por diez zonas de tiempo, en
tanto que Canad´ a registra seis y China cinco. Pero no necesariamente significa que cada
pa´ıs se vea en la necesidad de definir horas locales correspondientes a cada zona de tiempo.
Un ejemplo notorio es China, que, aunque cubierto su territorio por cinco zonas de tiempo,
ha escogido un tiempo fijo para todo el paıs con HH = 8.
Una complicaci´on adicional a la conversi´ on entre los tiempos locales y el tiempo universal
es la costumbre, entre algunos pa´ıses ubicados con latitudes altas (φ >25 N y S), de adelantar
en una hora la hora local en los meses de verano (aunque se incluye tambi´en parte de la
primavera y el oto˜ no). La raz´on es que en verano el Sol est´a por encima del horizonte unas
14 a 15 horas (la duraci´ on cambia con la latitud y la ´epoca del a˜ no). En solsticio de verano
el Sol sale aproximadamente a las 4 a.m., una hora en la que buena parte de la poblaci´ on
a´ un est´ a durmiendo. La puesta del Sol se verifica a eso de las 8 p.m. Por ello, y para ajustar
116 CAP
´
ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
el tiempo de una forma m´ as adecuada al huso civil, algunos pa´ıses, usualmente por decreto
gubernamental, adelantan los relojes 1 hora. Entonces, la hora local en este per´ıodo del a˜ no,
llamada “hora de verano”, es igual a:
(TL)
verano
= TU +HH + 1. (7.9)
Con este adelanto de la hora se logra adem´as disminuir el consumo de energ´ıa el´ectrica
por parte de la poblaci´ on civil, pues con la medida se pretende que la mayor´ıa de la gente
se vaya a la cama una hora m´as temprano.
Como ilustraci´on consid´erese la regi´on de la costa este de los Estados Unidos. La ho-
ra local de estados tales como Florida, Virginia, Pensilvania, ambas Carolinas, Georgia,
New York, etc., llamada hora est´andar del este, est´a determinada por un huso horario de
HH = −5, por lo que la hora de ciudades como Miami, New York, Washington, etc., es
id´entica a la hora en la Rep´ ublica de Colombia. Sin embargo, desde el primer domingo de
abril hasta el ´ ultimo domingo de octubre, la hora para dichos estados es aumentada en uno,
por lo que, si en Colombia son las 10 a.m., en estos estados ser´an las 11 a.m.
Pero pa´ıses como China y Jap´on, aunque situados en latitudes altas, no adelantan su
hora en verano. Pa´ıses situados en el hemisferio sur adelantan sus relojes una hora en los
meses de octubre hasta marzo. En los pa´ıses situados en o muy cerca del ecuador terrestre
no se justifica adelantar la hora con el mismo prop´ osito que se hace en otros paises tal y
como el de ahorrar energ´ıa el´ectrica. Ya se vio que en cercanias del ecuador terrestre la
diferencia de duraci´ on entre el d´ıa y la noche es escasa y relativamente poco perceptible.
Por tal raz´on en dichos pa´ıses no se realizan modificaciones a la hora legal. Sin embargo, ello
no impidi´ o que en 1992, en nuestro pa´ıs, durante el gobierno de C´esar Gaviria, se adelantara
temporalmente la hora (de HH = −5 se paso a HH = −4) como medida de ´ ultimo recurso
ante la grave sequ´ıa que afect´ o el normal funcionamiento de las hidroel´ectricas. La idea, con
muy poco respaldo astron´ omico, era la de forzar el ahorro de energ´ıa el´ectrica.
7.8 La ecuaci´on del tiempo
La ecuaci´on del tiempo (ET) es la diferencia existente entre el tiempo solar verdadero y el
tiempo solar medio:
ET = TSOLV −TSOLM. (7.10)
De las definiciones de estos tiempos en funci´on de los ´ angulos horarios del Sol verdadero
y medio (ecuaciones (7.4) y (7.5)) obtenemos :
E.T. = H

−H

. (7.11)
Esta es una simple diferencia en tiempo sideral que en ocasiones puede ser positiva, ne-
gativa o nula, ver figura 7.3. La ecuaci´on del tiempo es cero aproximadamente los d´ıas 16 de
abril, 18 de junio, agosto 30 y diciembre 16. Por lo tanto, en dichos d´ıas el Sol medio y el Sol
verdadero coinciden, lo que significa que a mediod´ıa de tiempo solar medio, esto es, cuando
7.8. LA ECUACI
´
ON DEL TIEMPO 117
Figura 7.3: Ecuaci´on del tiempo
un reloj marca las 12
h
0
m
0
s
para un observador situado exactamente en el meridiano de
Greenwich el Sol medio pasa por el meridiano en el mismo momento en que el Sol verdadero
lo hace.
La ecuaci´on del tiempo es m´axima positiva aproximadamente en noviembre 3 (+ 16
m
26
s
). Una diferencia positiva significa que H

> H

, por lo que al pasar el Sol verdadero
por el meridiano del observador el Sol medio todav´ıa no ha culminado; en otras palabras, a
mediod´ıa de tiempo solar medio para un observador exactamente ubicado en el meridiano
de Greenwich (H

= 0) el Sol verdadero hace ya unos momentos que ha pasado por el
meridiano del observador (ver figura 7.4). El 3 de noviembre a las 12 m. de TU el Sol
verdadero est´ a ubicado ya a un ´angulo horario de 0
h
16
m
26
s
, obviamente hacia el oeste.
La ecuaci´on del tiempo es m´axima negativa aproximadamente en febrero 11 (- 14
m
16
s
).
Una diferencia negativa significa que H

> H

, por lo que al pasar el Sol verdadero por
el meridiano de un observador situado en el meridiano de Greenwich el Sol medio ya hace un
tiempo que ha culminado; en otras palabras, a mediod´ıa de tiempo solar medio (H

= 0) el
Sol verdadero todav´ıa no ha pasado por el meridiano del observador. El 11 de febrero a las
12 m. de TU el Sol verdadero est´a ubicado a un ´ angulo horario de 24
h
- 0
h
14
m
16
s
= 23
h
45
m
44
s
.
118 CAP
´
ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
. .
. .
SOL VERDADERO
SOL MEDIO CULMINANDO
(12 HORAS TU)
SOL VERDADERO
S
E
N
W
H < H
H > H
Figura 7.4: Posici´on del Sol verdadero a las 12
h
de TU dependiendo del signo de la ecuaci´on del tiempo
7.9 El c´alculo del tiempo sideral local
En la secci´ on 5.6.2 introdujimos el concepto del tiempo sideral local (TSL) sin mayores
complicaciones, para poder convertir el ´angulo horario H de un astro en su correspondiente
ascensi´on recta o viceversa. En los ejemplos vistos all´ı el TSL se supon´ıa conocido. En las
siguientes l´ıneas veremos c´omo puede calcularse para cualquier fecha y hora local.
Primero que todo supongamos que conocemos el TSL para un observador situado en el
meridiano de Greenwich a las 0
h
de TU. Abreviaremos el tiempo sideral para un observador
en Greenwich a las cero horas de tiempo local (TU) como TSG0, que es el ´angulo horario del
punto vernal para un observador situado en el meridiano de Greenwich exactamente a las 0
h
de TU. Por lo tanto, el ´angulo horario del punto vernal para un observador en Greenwich
es, para un tiempo t cualquiera de TU (que llamaremos TSG
t
):
TSG
t
= TSG0 +TU 1.0027379, (7.12)
pues es claro que, a medida que avanza el tiempo, el punto vernal se va desplazando hacia
el oeste (por el movimiento diurno), en la direcci´ on en que se incrementa el ´angulo horario.
Vemos que es necesario el factor de conversi´on para pasar de tiempo solar medio (las unidades
en que viene el TU) a unidades de tiempo sideral.
El c´ alculo del tiempo sideral local para cualquier otro observador que est´ a situado al
oeste del meridiano de Greenwich es, para el mismo instante t (ver figura 7.5):
7.9. EL C
´
ALCULO DEL TIEMPO SIDERAL LOCAL 119
OESTE ESTE
m
e
r
i
d
. a
l
e
s
t
e
d
e
G
r
e
e
n
.
m
e
r
.

G
r
e
e
n
w
i
c
h
m
e
r
i
d
. a
l
o
e
s
t
e
d
e
G
r
e
e
n
.
TSL
TSL
λ
λ
E
W
TSG
t
Figura 7.5: Tiempo sideral en Greenwich y tiempos siderales locales
TSL = TSG
t
−(λ
o
W
/15), (7.13)
donde λ
o
W
denota la longitud hacia el oeste en grados, por lo que es necesario dividir por 15
para obtener este t´ermino de longitud en las unidades apropiadas de tiempo.
Si el observador est´a al este del meridiano de Greenwich su tiempo sideral local en el
instante t es:
TSL = TSG
t
+ (λ
o
E
/15), (7.14)
donde λ
o
E
denota la longitud hacia el este en grados.
7.9.1 El c´alculo de la fecha juliana
En algunos c´ alculos astron´ omicos es imperativo determinar con exactitud el n´ umero de d´ıas
transcurrido entre dos eventos. Sup´ ongase que se desea conocer el n´ umero de d´ıas existentes
entre el d´ıa en que aconteci´o la Batalla de Boyac´a (7 de agosto de 1819) y el d´ıa en que
ocurri´ o la muerte del l´ıder pol´ıtico Jorge Eli´ecer Gait´an (9 de abril de 1948). Podemos
hacer este c´alculo comenzando por determinar el n´ umero de d´ıas restantes de 1819 (agosto
tiene 31 d´ıas, septiembre 30, octubre 31, noviembre 30 y diciembre 31) y luego sumando el
n´ umero de d´ıas que hay entre los ambos a˜ nos, no olvidando que cada cuatro a˜ nos es bisiesto
(tiene 366 d´ıas), etc., etc., etc. Vemos que la manera m´ as obvia de hacer este c´alculo tiene
120 CAP
´
ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
la desventaja de ser tediosa y se presta para caer f´acilmente en errores. Si queremos de-
terminar el n´ umero de d´ıas entre eventos hist´ oricos anteriores a la fecha del nacimiento de
Jesucristo el c´alculo se complica a´ un m´ as, pues hay que considerar que, por deficiencias en
conocimientos matem´aticos, los cronistas no incluyeron en la historia el a˜ no cero (ver secci´on
9.5); y que para complicaci´ on adicional, en 1582, por orden papal, no s´olo se perdieron diez
d´ıas de la historia sino que se instaur´ o una regla mediante la cual ciertos a˜ nos que deber´ıan
ser bisiestos no lo son (ver secci´on 9.4).
Por tal raz´on los astr´onomos recurren al concepto de fecha juliana, FJ.
La idea fue buscar un d´ıa lo suficientemente atr´ as en el tiempo como para cubrir el
per´ıodo hist´ orico (los eventos registrados mediante escritura). Dicho d´ıa de referencia es el
primero de enero del a˜ no 4713 antes de Jesucristo a mediod´ıa de Greenwich (12
h
de TU).
La raz´on de haber escogido este a˜ no como fecha de referencia se ver´a en la secci´on 9.6.4.
Se llama “n´ umero de d´ıa juliano” al n´ umero de d´ıas que han pasado (a mediod´ıa de Green-
wich) desde la fecha de referencia. Entonces, el d´ıa 3 de enero del 4713 A.C. a mediod´ıa de
Greenwich le correspondi´ o un n´ umero de d´ıa juliano igual a 2. Por supuesto que a finales
del siglo XX y comienzos del XXI, habiendo transcurrido m´as de 6700 a˜ nos desde la fecha
de referencia, el n´ umero de d´ıas juliano se ha incrementado a un valor cercano a los dos
millones cuatrocientos cincuenta mil. El d´ıa 31 de diciembre del a˜ no 2000 (a mediod´ıa de
Greenwich) le corresponde el n´ umero de d´ıa juliano de 2 451 910.
Ll´ amese fecha juliana, FJ, de un instante dado a su correspondiente n´ umero de d´ıa
juliano m´ as la fracci´ on de d´ıa transcurrido.
Ejemplo 1
Calcular la fecha juliana del instante 17
h
34
m
57
s
, hora oficial de la Rep´ ublica de Colom-
bia, del d´ıa 1 de enero del 2001.
Soluci´on
Coment´abamos unas cuantas l´ıneas atr´ as que el n´ umero de d´ıa juliano de la fecha di-
ciembre 31 del 2000 (a las 12
h
de TU) es de 2 451 910. Por lo tanto, el d´ıa siguiente (el
1 de enero del 2001 a las 12
h
de T.U.) tiene por n´ umero de d´ıa juliano 2 451 911. Pero
nuestro TU es 17
h
34
m
57
s
+ 5
h
= 22
h
34
m
57
s
, por lo tanto, debemos considerar el tiempo
que ha transcurrido desde el mediod´ıa: 22
h
34
m
57
s
− 12
h
= 10
h
34
m
57
s
= 10.5825
h
que en
fracci´ on de d´ıa equivale a 10.5825
h
/24
h
= 0.4409375, por lo que la fecha juliana del instante
requerido es: 2 451 911 + 0.4409375 = 2 451 911.4409375.
La fecha juliana fue introducida por Joseph Justus Scaliger en 1582. La fecha del 1
de enero del 4713 A.C. fue escogida como el origen de un gran per´ıodo de 7980 a˜ nos (ver
secci´on 9.6.4), que llam´ o per´ıodo juliano, en honor de su padre (Julius Scaliger), por lo que
el per´ıodo juliano no tiene nada que ver con el calendario juliano —el nombre de juliano en
´este ´ ultimo viene de Julio C´esar— que miraremos con detalle en la secci´on 9.2.
7.9. EL C
´
ALCULO DEL TIEMPO SIDERAL LOCAL 121
En el ap´endice F est´ an contenidas unas tablas cuya r´ apida consulta permite hallar
f´acilmente la fecha juliana de cualquier fecha comprendida entre los a˜ nos −1990 hasta 2999
A.D.
Ejemplo 2
Calcular la fecha juliana del d´ıa 19 de septiembre del a˜ no 2710.
Soluci´on
Nos remitimos al ap´endice F. En la tabla F.1 se busca la fecha juliana correspondiente a
la centena del a˜ no en cuesti´ on (2700): 2 707 213.5. Luego se halla en la tabla F.2 el n´ umero
que corresponde a la parte adicional del a˜ no sin tener en cuenta la centena, en nuestro caso
10: 3652. Luego se busca en la tabla F.3 el n´ umero que corresponde al mes, que en nuestro
caso es: 243. A la suma de los tres n´ umeros anteriores adicionamos el d´ıa:
2 707 213.5 + 3652 + 243 + 19 = 2 711 127.5.
Existen en la literatura astron´ omica varias rutinas matem´aticas creadas para calcular la
fecha juliana. Describiremos aqu´ı la f´ ormula dada por Meeus (Meeus, 1991):
Sea A el a˜ no, M el n´ umero de mes (1 para enero, 12 para diciembre) y D el d´ıa del mes
(incluidos los decimales si los tiene). Entonces:
Si M = 1 o 2, entonces: A = A−1, M = M + 12,
Si M > 2 entonces A = A, M = M.
La fecha juliana se calcula mediante:
FJ = ENT(365.25 (A+ 4716)) +ENT(30.6001 (M + 1)) (7.15)
−ENT(A/100) +ENT(ENT(A/100)/4) +D −1522.5,
donde ENT() significa la parte entera de lo que est´ a dentro de los par´entesis:
ENT( 4.234) = 4, ENT (3.99999) = 3.
Ejemplo 3
Calcular la fecha juliana del d´ıa 4 de febrero del 2002.
Soluci´on
Mientras no haya m´ as informaci´on, su supone que estamos hablando de las 0 horas de
TU del d´ıa en cuesti´ on.
122 CAP
´
ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
Aqu´ı A = 2002, M = 2, D = 4. Entonces: A = 2001, M = 14.
As´ı mismo:
ENT(365.25 (A+ 4716)) = 2 453 384,
ENT(30.6001 (M + 1)) = 459,
ENT(A/100) = 20,
ENT(ENT(A/100)/4) = 5.
Finalmente:
FJ = 2 453 384 + 459 −20 + 5 + 4 −1522.5 = 2 452 309.5.
Ejemplo 4
Calcular la fecha juliana del instante 3
h
54
m
15
s
del 23 de septiembre de 2126. La hora
est´a dada en Tiempo Oficial de la Rep´ ublica de Colombia.
Soluci´on
Calculamos el TU: 3
h
54
m
15
s
+ 5
h
= 8
h
54
m
15
s
. En fracci´ on de d´ıas es: (8
h
54
m
15
s
)/24
h
=0.371007.
Aqu´ı: A = 2126, M = 9, D = 23.371007.
As´ı mismo:
ENT(365.25 (A+ 4716)) = 2 499 040,
ENT(30.6001 (M + 1)) = 306,
ENT(A/100) = 21,
ENT(ENT(A/100)/4) = 5.
Finalmente:
FJ = 2 499 040 + 306 −21 + 5 + 23.371007 −1522.5 = 2 497 830.871007.
Ya estamos en condiciones de responder al reto que nos hab´ıamos planteado al inicio de
esta secci´on, esto es, hallar el n´ umero de d´ıas existentes entre el 7 de agosto de 1819 y el 9
de abril de 1948. Sencillamente calculamos las fechas julianas de ambos eventos:
7 de agosto de 1819 =⇒ 2 385 653.5,
9 de abril de 1948 =⇒ 2 432 650.5,
y la diferencia entre ambos n´ umeros nos da el dato buscado: 46 997 d´ıas.
7.9. EL C
´
ALCULO DEL TIEMPO SIDERAL LOCAL 123
7.9.2 El c´alculo del TSG0
El TSG0 (el tiempo sideral en Greenwich a las 0
h
de TU, o el ´angulo horario que tiene el
punto vernal a las 0
h
de TU para un observador situado exactamente en el meridiano de
Greenwich) para un d´ıa determinado, se puede calcular por medio de la siguiente f´ ormula:
TSG0 = 6
h
41
m
50.54841
s
+ 2400
h
3
m
4.81286
s
T + 0.09310
s
T
2
, (7.16)
donde T est´a dado por:
T =
FJ −2 451 545.0
36 525
, (7.17)
siendo FJ la fecha juliana del d´ıa en cuesti´ on. El n´ umero 2 451 545.0 es la fecha juliana del
instante enero 1 a las 12
h
de TU del a˜ no 2000.
Ejemplo 1
Calcular el TSG0 del d´ıa 5 de julio de 2003.
Soluci´on
Calculamos la fecha juliana del 5 de julio de 2003. El c´ alculo da: 2 452 825.5. A conti-
nuaci´on determinamos T el cual da T = 0.0350582.
Entonces:
2400
h
3
m
4.81
s
0.0350582 = 84.141479
h
.
Reemplazando en la f´ ormula (7.16) obtenemos, sin considerar el termino cuadr´ atico que
es muy peque˜ no:
TSG0 = 6
h
41
m
50.55
s
+ 84.141479
h
= 90.838854
h
.
Este resultado tiene que ser llevado a un valor de tiempo comprendido entre 0 y 24
horas, lo que llamaremos llevar al primer reloj. Por ejemplo, 26 horas es equivalente a tener
2 horas. Esto se hace sencillamente utilizando la ecuaci´ on:
TSG0 = TSG0

−ENT

TSG0

24

24
h
, (7.18)
donde TSG0

representa el valor del TSG0 cuando es mayor de 24 horas.
Por lo tanto:
TSG0 = 90.838850
h
−3 24
h
= 18.83885
h
= 18
h
50
m
19.87
s
.
NOTA: El TSG0 se designa de dos formas, dependiendo del grado de exactitud con que
se calcula. Uno, definido por la f´ ormula sencilla (7.16), se llama tiempo sideral medio en
124 CAP
´
ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
Greenwich a las 0 horas de TU (TSG0
m
). La palabra medio quiere decir que se est´ a hablan-
do del ´ angulo horario del punto vernal medio, esto es, aquel que resulta de la intersecci´ on
del ecuador celeste medio con la ecl´ıptica de la fecha. En otras palabras, el punto vernal
as´ı calculado no est´ a siendo corregido por nutaci´ on (ver la secci´on 10.2). El otro TSG0,
m´ as exacto, es llamado tiempo sideral aparente en Greenwich a las 0 horas de TU (TSG0
a
).
Indica el ´ angulo horario del punto vernal aparente o verdadero, esto es, ya corregido por
nutaci´ on.
La relaci´on entre estos dos tiempos es la ecuaci´ on de los equinoccios, EE. La ecuaci´on
de los equinoccios se define as´ı:
EE = TSG0
a
−TSG0
m
= ∆ψ cos
v
, (7.19)
donde ∆ψ representa la nutaci´ on en longitud (en unidades de tiempo) definida por la
ecuaci´on (10.11) y
v
es la oblicuidad verdadera de la fecha, ecuaci´ on (10.17). Sin em-
bargo, EE es un valor peque˜ no, del orden de un segundo de tiempo. Por lo tanto, en
c´alculos donde no se requiera demasiada precisi´ on se puede hacer EE = 0 y trabajar con el
TSG0 medio.
Ya estamos en capacidad, por fin, de calcular el tiempo sideral local, esto es, el ´angulo
horario del punto vernal para un instante y observador cualesquiera.
Ejemplo 2
Calcular el tiempo sideral local de un observador situado en Miami el d´ıa 8 de agosto
del 2003 para la hora local 6
h
30
m
0
s
. La longitud de Miami es 80
o
12

25

W.
Soluci´on
Primero calculamos el tiempo universal TU. Puesto que se trata de la hora local, esto
es, tiempo est´andar del este y como la fecha indica que es verano, la hora est´a adelantada
con respecto al huso horario que le corresponde (H = −5). En otras palabras, utilizamos la
ecuaci´on (7.9). Entonces:
TU = (TL)
verano
−HH −1,
por lo que TU = 6
h
30
m
0
s
− (−5
h
) − 1
h
= 10
h
30
m
0
s
. La fecha juliana del 8 de agosto del
2003 es: 2 452 859.5. Por lo tanto T=0.0359890. Entonces el TSG0 es igual a: 93
h
4
m
22.16
s
que llevado al primer reloj da: 21
h
4
m
22.16
s
.
A continuaci´ on calculamos el TSG
t
con ayuda de la ecuaci´ on (7.12):
TSG
t
= 21
h
4
m
22.16
s
+ 10
h
30
m
0
s
1.0027379 = 31
h
36
m
5.65
s
;
al excederse este valor de 24
h
le restamos sencillamente 24
h
para dar:
TSG
t
= 7
h
36
m
5.65
s
.
7.9. EL C
´
ALCULO DEL TIEMPO SIDERAL LOCAL 125
Por ´ ultimo calculamos el TSL con ayuda de la ecuaci´ on (7.13):
TSL = H

= 7
h
36
m
5.65
s
−80
o
12

25

/15 = 2
h
15
m
15.99
s
.
Ejemplo 3
Calcular el ´angulo horario del punto vernal el d´ıa 28 de noviembre de 2015 a una hora
local de 8
h
15
m
30
s
de la noche, para un observador situado en el municipio colombiano de
Momp´ os (Bol´ıvar). La longitud de Momp´ os es: 74
o
25

8

W.
Soluci´on
Calculamos el tiempo universal TU. Las 8
h
15
m
30
s
de la noche hora local, esto es,
Tiempo Oficial de la Rep´ ublica de Colombia, representan las 20
h
15
m
30
s
. Puesto que para
Colombia HH = −5 tenemos que, de acuerdo con la ecuaci´on (7.8):
TU = 20
h
15
m
30
s
+ 5
h
= 25
h
15
m
30
s
.
El hecho de habernos excedido en 24
h
quiere decir que en Greenwich, para el mismo
instante, son la 1
h
15
m
30
s
pero del d´ıa siguiente. Y aqu´ı se ha de andar con cuidado porque
este hecho puede dar lugar a confusiones y errores en el c´ alculo. Para determinar el TSG
t
podemos hacerlo de dos formas. Bien con la fecha del 28 de noviembre o con la del 29 de
noviembre. Haremos el c´alculo de ambas maneras.
Con la fecha del 28 de noviembre de 2015: La fecha juliana es: 2 457 354.5. Por lo tanto
T = 0.1590554. Entonces el TSG0 es igual a: 388
h
26
m
18.60
s
que llevado al primer reloj da:
4
h
26
m
18.60
s
.
A continuaci´ on calculamos el TSG
t
:
TSG
t
= 4
h
26
m
18.60
s
+ 25
h
15
m
30
s
1.0027379 = 29
h
45
m
57.56
s
;
al excederse este valor de 24
h
le restamos sencillamente 24
h
para dar:
TSG
t
= 5
h
45
m
57.66
s
.
Con la fecha del 29 de noviembre de 2015: La fecha juliana es obviamente: 2 457 355.5.
Por lo tanto: T = 0.1590828. Entonces el TSG0 es igual a: 388
h
30
m
15.34
s
que llevado al
primer reloj da: 4
h
30
m
15.34
s
.
A continuaci´ on calculamos el TSG
t
:
TSG
t
= 4
h
30
m
15.34
s
+ 1
h
15
m
30
s
1.0027379 = 5
h
45
m
57.66
s
.
Por ´ ultimo, calculamos el TSL con ayuda de la ecuaci´ on (7.13):
TSL = H

= 5
h
45
m
57.66
s
−74
o
25

8

/15 = 0
h
48
m
17.13
s
.
126 CAP
´
ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
7.10 Sistemas de tiempo
El mundo moderno exige medir el tiempo lo m´ as exacto que sea posible, bien sea por
prop´ ositos cient´ıficos, militares, religiosos, industriales o civiles. De todas las cantidades
f´ısicas medibles el tiempo es aquella que se puede medir con mayor exactitud.
Se deben definir dos cantidades con el fin de establecer un sistema de tiempo: la primera
es la unidad de duraci´ on, como por ejemplo el segundo o el d´ıa; la segunda es el cero (o la
´epoca) de dicho tiempo. Ya hemos visto dos sistemas de tiempo: el tiempo universal, TU,
y el tiempo sideral. Es nuestro prop´ osito en las siguientes secciones complementar algunos
conceptos con respecto a los sistemas de tiempo ya vistos e introducir varios m´as, todos
necesarios y de uso extensivo en astronom´ıa.
7.10.1 Variaciones en la tasa de rotaci´on terrestre
Conviene recordar que el tiempo solar medio (del que se deduce el tiempo universal TU) y
el tiempo sideral descansan en un fen´omeno peri´ odico “regular”, el cual es la rotaci´on de la
Tierra sobre su eje.
Hasta tiempos relativamente recientes se pensaba que el d´ıa era uniforme. Con ello en
mente se defini´ o el segundo como una fracci´ on especificada del d´ıa solar medio:
1 segundo= 1/86 400 del d´ıa solar medio.
Para mediados del siglo XIX se dispon´ıa de teor´ıas muy elaboradas sobre el movimiento
de la Luna, cosa que no es f´ acil a causa de las enormes dificultades con que se encuentran
los astr´ onomos te´oricos al tratar de resolver por aproximaciones las complicadas ecuaciones
diferenciales del movimiento lunar. Con todo, los esfuerzos her´oicos de estos astr´onomos se
ve´ıan frustrados pues la Luna se resist´ıa a seguir por el camino que los astr´ onomos predec´ıan;
en otras palabras, no se pod´ıa explicar de forma satisfactoria el movimiento lunar. Era cierto
que las diferencias entre las posiciones calculadas y observadas eran peque˜ nas, pero no lo
suficiente como para ignorarlas. Una de tales desigualdades era llamada “aceleraci´on secular
del movimiento medio” que se pensaba era debida a la acci´ on perturbadora de los campos
gravitacionales de los planetas del sistema solar sobre nuestra Luna. Sin embargo, Adams,
en 1853, demostr´o m´ as all´ a de toda duda razonable que dicha desigualdad no pod´ıa deberse
a la perturbaci´ on gravitacional producida por los planetas del sistema solar. ¿De d´ onde
entonces se produc´ıa la aceleraci´ on secular del movimiento medio lunar? Ferrel y Delaunay
demostraron, en 1865, con base a principios enteramente din´amicos, que las fuerzas de
marea existentes entre la Luna y la Tierra ejercen una acci´ on cuya consecuencia directa es
un frenado secular
3
en la rotaci´ on de la Tierra. Como contraprestaci´on, la velocidad orbital
de la Luna aumenta. Esto representaba una evidencia basada en las teor´ıas newtonianas
de que la duraci´ on del d´ıa era variable. Algunos astr´ onomos, como Simon Newcomb, a
finales del siglo XIX y comienzos del XX, al elaborar sofisticadas efem´erides planetarias,
descubrieron que a´ un exist´ıan algunas discrepancias en el movimiento lunar y sugirieron
3
En mec´anica celeste la palabra secular indica un cambio lento y continuo de la cantidad conforme
transcurre el tiempo.
7.10. SISTEMAS DE TIEMPO 127
que el responsable era la existencia de cambios completamente irregulares en la rotaci´ on
terrestre. Con la aparici´ on de relojes m´ as precisos en la d´ecada de 1930 fue posible descubrir
que la tasa de rotaci´ on de la Tierra adolec´ıa tambi´en de variaciones peri´ odicas ligadas con
las estaciones. Todas estas investigaciones demostraron que nuestro planeta no rota con
perfecta uniformidad. Las variaciones hoy en d´ıa se clasifican como: (1) seculares, que,
como ya vimos, son debidas a la acci´on de mareas; (2) irregulares, atribu´ıdas a movimientos
del n´ ucleo terrestre y (3) peri´ odicas, originadas por fen´omenos meteorol´ogicos ligados a la
sucesi´on de las estaciones. En general, estas variaciones son impredecibles y la ´ unica manera
de cuantificarlas es comparando la duraci´ on de un d´ıa sideral (o un d´ıa solar medio) con una
escala de tiempo completamente uniforme como la que pueden dar los relojes at´omicos.
7.10.2 El tiempo de las efem´erides (TE)
No es conveniente trabajar con una escala de tiempo que no es uniforme pues ello implica el
uso de una unidad como el segundo, que, habiendo sido definido como una fracci´ on del d´ıa
solar medio, tiene como consecuencia una duraci´on tambi´en variable. Algunos astr´ onomos
sugirieron la adopci´ on, ya para 1929, de un sistema de tiempo, ´este s´ı uniforme, que fuera la
variable independiente de las ecuaciones de Newton para el movimiento de los planetas. Esto
´ ultimo exige un breve comentario. En mec´anica celeste cl´ asica las ecuaciones diferenciales
que gobiernan el movimiento de los planetas tienen la forma (ver por ejemplo las ecuaciones
(12.26) y (14.18)):
d
2−→
r
i
dt
2
= f
i
(
−→
r
i
),
cuya soluci´ on num´erica o anal´ıtica permite hallar los vectores
−→
r
i
para un tiempo t que se
supone uniforme. Ahora bien, los astr´ onomos calculan las posiciones de los astros para el
futuro o el pasado. Por lo tanto t se extiende hacia adelante o atr´ as en el tiempo tanto
como el astr´onomo desee. Esta escala de tiempo, no sobra decirlo, debe ser perfecta y uni-
forme. Pero es una escala te´orica que ha de tener una conexi´ on directa con una escala de
tiempo que puedan leer los usuarios. Y aqu´ı es donde surge toda la complicaci´ on, pues si
el astr´onomo elige como variable independiente al d´ıa solar medio y ´este, como vimos, no
es uniforme (unas veces es m´as grande, otras m´as peque˜ no) surgir´ a una discrepancia entre
lo que se calcula (utilizando un tiempo que se supone es uniforme) con lo que se mide, la
rotaci´ on de la Tierra. Un tiempo t en las ecuaciones de movimiento no ser´a igual al tiempo
t que se registra en un reloj con una escala no uniforme.
La escala de tiempo uniforme que fue adoptada en 1952 por la Uni´ on Astron´omica In-
ternacional fue llamada tiempo de las efem´erides, TE, entendida como la variable indepen-
diente en las teor´ıas gravitacionales del Sol, la Luna y los planetas, pero que en los detalles
se basaba estrictamente en el movimiento del Sol dado por las tablas del mismo hechas por
Simon Newcomb a finales del siglo XIX. Pero no fue sino hasta 1958 que se acord´o definir
plenamente la unidad del tiempo de las efem´erides, ya no en t´erminos de una fracci´ on de d´ıa
solar medio sino en fracci´on del a˜ no tr´ opico (ver p´ agina 156), pero no de cualquier a˜ no sino
de uno espec´ıfico. Se defini´ o el segundo de las efem´erides a 1/31 556 925.9747 de la duraci´ on
del a˜ no tr´ opico en el instante enero 0 de 1900 a las 12
h
de TE. Para determinar el tiempo
de las efem´erides en cualquier instante lo que se hace es observar las posiciones aparentes
de la Luna, el Sol y los planetas (particularmente la primera debido a su r´ apido movimiento
128 CAP
´
ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
A˜ no ∆T (s) A˜ no ∆T (s) A˜ no ∆T (s) A˜ no ∆T(s)
1650 +48 1740 +12 1830 +7.5 1920 +21.2
1660 +46 1750 +13 1840 +5.7 1930 +24.0
1670 +26 1760 +15 1850 +7.1 1940 +24.3
1680 +16 1770 +16 1860 +7.9 1950 +29.1
1690 +10 1780 +17 1870 +1.6 1960 +33.1
1700 +9 1790 +17 1880 -5.4 1970 +40.2
1710 +10 1800 +13.7 1890 -5.9 1980 +50.5
1720 +11 1810 +12.5 1900 -2.7 1990 +56.9
1730 +11 1820 +12.0 1910 +10.5 2000 +63.9
Tabla 7.1: Algunos valores de ∆T en el tiempo
a trav´es de las estrellas) y se comparan con las posiciones resgistradas en los almanaques.
Para la posici´ on
−→
r observada se deduce el tiempo t. Esto es, a las posiciones que se han cal-
culado previamente a trav´es de una teor´ıa din´ amica, las cuales en la pr´actica se tabulan en
un almanaque en funci´ on del tiempo (supuesto ´este completamente uniforme) se comparan
en la vida real con las observaciones que se hacen de los astros y se invierte el asunto: a la
posici´on
−→
r le debe corresponder el tiempo t. Si la Tierra rotara uniformemente el tiempo
universal y el tiempo de las efem´erides ser´ıan uno s´ olo. Sin embargo la no uniformidad de
la rotaci´ on de la Tierra hace que entre las dos escalas de tiempo exista una discrepancia que
aumenta o disminuye de forma imprevista. Para cuantificar esta discrepancia se introdujo
el concepto de ∆T el cual se defini´o como:
∆T = TE −TU. (7.20)
La forma usual de determinar el valor de ∆T es mediante la observaci´on sistem´atica de
cuerpos tales como la Luna. Como es de esperarse, las observaciones astron´omicas antiguas
no son tan exactas como las modernas por lo que un registro m´as o menos fiable sobre el
valor de ∆T s´olo es posible darlo en los ´ ultimos cuatro siglos.
La tabla 7.1 contiene algunos valores que ha tomado ∆T desde 1650 hasta nuestros d´ıas.
En la pr´ actica, el tiempo de las efem´erides se us´o por m´as de treinta a˜ nos, hasta que en
1984, debido a las m´ ultiples dificultades con su uso, se decidi´ o cambiarlo de nombre y de
definici´ on.
7.10.3 El tiempo din´amico
Con el fin de subsanar las deficiencias en el uso del tiempo de las efem´erides la Uni´ on
Astron´ omica Internacional defini´o un nuevo conjunto de escalas de tiempo que comenz´ o a
operar formalmente en 1984. La idea era seguir con el concepto de una escala de tiempo ideal
como variable independiente de las ecuaciones de movimiento de los cuerpos en el sistema
solar, pero adoptar, con todas sus consecuencias, el formalismo de la teor´ıa de la relatividad
general elaborada por Albert Einstein en 1916. Y esto complica las cosas, porque dicha
7.10. SISTEMAS DE TIEMPO 129
teor´ıa mantiene que el tiempo, esto es, nuestra variable independiente, depende del sistema
de coordenadas que se use como sistema de referencia: no es lo mismo medir el tiempo en
el centro del Sol que en el centro de la Tierra. Cada observador ubicado en alguno de estos
dos sitios puede medir el tiempo y notar´ a que este “fluye” de manera normal. El problema
surge cuando comparan entre ellos las lecturas de sus respectivos relojes: detectar´an que no
coinciden. La necesidad de describir el movimiento del sistema solar con respecto a estrellas
o cuerpos muy lejanos ha hecho que los astr´ onomos elijan al baricentro del sistema solar
como origen de un sistema de referencia sobre el cual describir el movimiento de los cuerpos
principales del sistema solar. Sin embargo, los astr´onomos, al menos por ahora, est´an
ubicados en la superficie de la Tierra (no en el baricentro del sistema solar, el cual est´ a
situado cerca del centro del Sol en la direcci´on de J´ upiter). Ello significa que un sistema de
tiempo utilizado en la superficie de la Tierra no coincide con un sistema de tiempo utilizado
en el baricentro del sistema solar (ver Hellings, 1986). De ah´ı la necesidad de la definici´ on
de los dos siguientes sistemas de tiempo.
El tiempo din´amico baric´entrico (TDB)
El tiempo din´ amico baric´entrico, TDB, es el argumento independiente de las ecuaciones de
movimiento de los cuerpos principales del sistema solar (y por lo tanto de las las efem´erides)
referido al baricentro del sistema solar.
El tiempo din´amico terrestre (TDT)
El tiempo din´amico terrestre, TDT, es el argumento independiente de las efem´erides aparentes
geoc´entricas (con referencia a la superficie de la Tierra) de los cuerpos del sistema solar. Des-
de 1984 el argumento tiempo para establecer las posiciones de los cuerpos en el sistema solar
(Sol, Luna, planetas, etc.) es el TDT. Las posiciones de los astros m´as utilizadas a nivel
mundial est´ an contenidas en el Astronomical Almanac el cual es publicado conjuntamente
por el Observatorio Naval de los Estados Unidos y el Observatorio Real de Greenwich, y da
a conocer, a˜ no a a˜ no, las efem´erides de los cuerpos celestes tal y como fueron calculadas por
el Laboratorio de Propulsi´ on a Chorro, dependencia adscrita a la NASA (Administraci´ on
Nacional de la Aeron´autica y el Espacio). Dicho c´ alculo involucr´ o la integraci´on num´erica
simult´ anea de los cuerpos principales del sistema solar, llamada DE200/LE200 compren-
diendo el intervalo 1800-2050. El Anuario del Observatorio Astron´ omico Nacional utiliza
como argumento independiente de las efem´erides de los cuerpos del sistema solar el TDT.
Las posiciones aparentes de los cuerpos celestes son tambi´en el resultado de la integraci´ on
DE200/LE200.
La definici´ on del TDT y del TDB hace que la diferencia entre ambas escalas sea pura-
mente peri´ odica, con una amplitud que nunca excede los 0.002 segundos. Por lo tanto, en
c´alculos que no requieran una exactitud exagerada se puede hacer : TDT = TDB.
Para complicaci´ on adicional, en 1991 la Uni´on Astron´omica Internacional renombr´o el
TDT el cual pas´o a llamarse sencillamente tiempo terrestre, TT. El lector debe tener
presente que donde quiera que aparezca TDT tambi´en se quiere decir TT.
130 CAP
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ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
7.11 El tiempo at´omico
El tiempo at´ omico est´a basado en el conteo de los ciclos de una se˜ nal el´ectrica de alta fre-
cuencia que se mantiene en resonancia con una transici´ on at´omica. La unidad fundamental
del tiempo at´ omico es el segundo del sistema internacional (SI), el cual se define como la
duraci´ on de 9192 631 770 per´ıodos de la radiaci´ on que corresponde a la transici´ on entre dos
niveles hiperfinos del estado fundamental del ´ atomo de cesio 133. Las ventajas del reloj de
cesio, con respecto a otros relojes at´omicos (como de hidr´ ogeno o rubidio), son: la invarian-
cia de la frecuencia fundamental que gobierna su operaci´ on; error fraccional muy peque˜ no y
su uso conveniente. Se han construido, a nivel comercial, varios miles de relojes de la versi´ on
de baja exactitud, los cuales pesan unos 30 kg y poseen un error de una parte en 10
12
. Unos
pocos laboratorios han construidos grandes y sofisticados relojes que sirven como est´andares
primarios de frecuencia que poseen errores de 5 partes en 10
14
.
La escala de tiempo conocida con el nombre de tiempo at´omico internacional (TAI) es
un tiempo est´ andar pr´ actico que trata de llevar hasta donde sea posible la definici´ on del
segundo del sistema internacional SI. Pero un s´ olo relojito de cesio no basta. Alrededor de
seis relojes est´andares primarios (operados continua o peri´ odicamente) junto con otros 175
relojes comerciales de cesio est´an distribuidos por el mundo en unos 30 laboratorios y ob-
servatorios. Las medidas de tiempo de cada uno de estos relojes son reunidas por la Oficina
Internacional de Pesos y Medidas, localizada en S´evres, Francia. Despu´es de un exhaustivo
an´ alisis de esas lecturas se reajusta la escala y se publica como TAI. Con reajustar la escala
se quiere decir que se envian boletines a cada uno de los relojes que contribuyen al conteo
para que hagan sus respectivas correcciones. Se estima que el segundo de TAI reproduce el
segundo SI (tal y como est´a definido) en una parte en 10
13
.
Importante es tener en cuenta que el TAI es una escala de tiempo completamente inde-
pendiente de la observaci´ on astron´omica. Descansa en un fen´omeno f´ısico distinto al de la
rotaci´ on o traslaci´on del planeta o cualquier otro movimiento de cuerpos celestes.
La definici´ on del TAI permite darle una consistencia definida al TDT. De hecho, el
TDT se define, en t´erminos medibles, con base en el TAI, mediante la ecuaci´on:
TDT = TAI + 32.184 segundos. (7.21)
Esta es una igualdad con la que hay que tener un serio cuidado conceptual. TAI es una
escala estad´ıstica que descansa en un n´ umero de relojes at´omicos sobre la Tierra la cual
est´a sujeta a errores sistem´ aticos en la duraci´ on del segundo TAI y en la misma manera
de derivar el TAI, en tanto que el TDT es una escala de tiempo uniforme e idealizada.
La ecuaci´on (7.21) indica que la unidad de tiempo del TDT, al igual que la del tiempo
at´ omico, es el segundo SI. La diferencia constante entre ambas escalas (de 32.184 segundos)
fue necesaria con el fin de hacer continuo el TDT con el TE para per´ıodos anteriores a la
introducci´ on del TAI.
La pregunta ahora es: ¿Cu´al es la relaci´on entre estos tiempos, llenos de tecnicismos, y
el tiempo de uso corriente en el plano civil, esto es, con el tiempo universal TU?
7.12. TIEMPOS UNIVERSALES 131
7.12 Tiempos universales
En la secci´ on (7.6) se introdujo el concepto del tiempo universal. Sabemos que es el tiempo
solar medio para un observador situado en el meridiano de Greenwich. Esto es, el TU des-
cansa en nuestra definici´ on de d´ıa solar medio. Pero, ¿c´omo se hace para medirlo? Puesto
que el punto de referencia que define el d´ıa solar medio es el Sol medio y este, por obvias ra-
zones, no es posible observarlo directamente, es necesario recurrir a otra manera de medirlo.
Existe una forma que permite ligar la duraci´ on entre un d´ıa solar medio y el d´ıa sideral y
es por medio de la ecuaci´ on (7.16) con T definido por la ecuaci´ on (7.17) donde ahora FJ es
la fecha juliana medida en t´erminos del n´ umero de d´ıas en tiempo universal. Entonces se
soluciona el problema midiendo el tiempo sideral y obteniendo estad´ısticamente la variable
TU contenida en FJ. Aunque la definici´ on del d´ıa sid´ereo se hizo con respecto al punto
vernal, en la pr´ actica se hace con respecto a radiofuentes extragal´acticas. De esta forma la
medici´ on de la duraci´ on del d´ıa sideral queda relacionada con la hora de uso corriente (el
TU). Pero la rotaci´ on de la Tierra no es uniforme. Aparte de eso las mediciones que haga
cualquier observatorio de la duraci´ on del d´ıa sideral van a sufrir un ligero error originado
en el movimiento incesante e irregular del polo (ver p´agina 34). En efecto, en los c´alculos
para determinar la duraci´ on de un d´ıa sideral, con respecto a radiofuentes, est´a involucrada
la latitud y la longitud, los cuales cambian ligeramente si se desplaza el polo. Todas estas
anomal´ıas son responsables de que el d´ıa solar medio no sea uniforme. Por lo tanto, la escala
de tiempo que define el tiempo universal tampoco lo es.
De uso corriente son los siguientes conceptos:
• TU0 Es el tiempo rotacional terrestre en unidades de d´ıa solar medio que se mide en
un lugar particular de observaci´ on. Las mediciones se hacen observando la duraci´on
de una revoluci´ on terrestre con respecto a radiofuentes extragal´acticas.
• TU1 Es aquella escala de tiempo que resulta de corregir el TU0 del sitio que ha
realizado la observaci´on por el movimiento del polo. Pero al igual que el TU0 el TU1
es una escala de tiempo no uniforme a causa de la rotaci´ on variable del planeta.
Si tanto el TU0 como el TU1 son escalas de tiempo no uniformes, ¿C´omo relacionar
estas mismas con escalas de tiempo que s´ı son uniformes tales como el TAI y el TDT? La
conexi´ on se realiza a trav´es del tiempo universal coordinado, TUC.
• TUC El tiempo universal coordinado es una escala de tiempo que se define uniforme
de tal forma que pueda relacionar directamente el TU1 con el TAI y el TDT. El TUC
es, en realidad, el tiempo que muestran nuestros relojes corregidos por huso horario
por supuesto, si est´an apropiadamente sincronizados. Por lo tanto, la f´ormula (7.7)
ha de escribirse con TUC en lugar de TU. Es un tiempo que se distribuye al mundo
a trav´es de se˜ nales de radio como por ejemplo la se˜ nal que emite la emisora de Fort
Collins en Colorado, Estados Unidos.
La relaci´on entre el TAI, el TUC y el TU1 est´a dada por las siguientes ecuaciones:
TAI = TUC +N, (7.22)
[TU1 −TUC[ < 0.9 segundos, (7.23)
132 CAP
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ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
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IA
donde N es un n´ umero entero de segundos.
¿C´omo se procede? Tenemos dos escalas de tiempo uniformes que difieren en un n´ umero
entero de segundos, N. Este n´ umero posee un valor constante s´olo por un intervalo de
tiempo dado. Cuando se estima necesario este n´ umero N aumenta (o disminuye) en uno.
Lo que obliga a cambiar el n´ umero N es la desigualdad en (7.23). Puesto que el TU1 no
es uniforme (recordar la variabilidad de la rotaci´ on de la Tierra) la diferencia entre ´este
y el TUC aumentar´a conforme transcurre el tiempo. Cuando la diferencia entre ellos se
haya acumulado de tal forma que se corra el riesgo de no cumplir con la ecuaci´ on (7.23),
lo que se hace es aumentar (o dimininuir) en uno el valor de N en la ecuaci´on (7.22) para
as´ı conservar la desigualdad. El organimo encargado de tomar estas decisiones es el Service
International de la Rotation Terrestre (IERS, por sus siglas en ingl´es). Ahora bien, en
los ´ ultimos cien a˜ nos se ha notado que a nuestro planeta le est´ a tomando m´as tiempo dar
una revoluci´ on completa con respecto a las estrellas y radiofuentes extragal´acticas, esto es,
se est´a desacelerando. Los valores de ∆T en la tabla 7.1 indican la manera caprichosa
como nuestro planeta se ha acelerado y desacelerado en los ´ ultimos 350 a˜ nos. Al estar la
Tierra desacelerando completar´ a una revoluci´ on ya no en 86 400 segundos SI (medida en
una escala uniforme tal como el TAI) sino en un poquito m´ as. De seguir la desaceleraci´on,
al ir transcurriendo los meses, se van acumulando m´as diferencias hasta que es posible que
se est´e acercando el d´ıa solar medio a 86 401 segundos. Los astr´onomos se ven abocados a
eliminar ese segundo extra que se ha acumulado. La manera como se hace es aumentando
en uno el n´ umero N: tanto el TAI como el TUC deben tener un d´ıa de 86 400 segundos
SI. Esto explica la ecuaci´ on (7.22). El segundo extra que se va acumulando en N de tanto
en tanto se llama segundo bisiesto. Actualmente nuestro planeta se est´a desacelerando a
una rata de 0.002 segundos por d´ıa, lo que significa que por t´ermino medio cada 1/0.002=
500 d´ıas ≈ 1.3 a˜ nos es necesario introducir un segundo bisiesto. Estos segundos se insertan
cuando se estima necesario o bien el 30 de junio o el 31 de diciembre. En el momento que se
escriben estas lineas (principios del 2001) el valor de N es igual a 32. Los segundos bisiestos
se comenzaron a introducir en 1972. Hasta ahora todos han sido positivos, esto es, en todos
los caso N > 0. Con la introducci´ on del TDT fue claro que la definici´ on del ∆T tambi´en
deb´ıa cambiar. El ∆T se define ahora como:
∆T = TDT −TU1. (7.24)
Por supuesto que N est´a relacionado con ∆T. Al reemplazar (7.21) en (7.24) obtenemos:
∆T = TAI + 32.184 −TU1, (7.25)
y puesto que TU1 = TUC +δt se tiene (al tener en cuenta (7.23), donde δt en una peque˜ na
diferencia en segundos inferior a 0.9 segundos):
∆T = N + 32.184 +δt. (7.26)
De ello resulta que el ∆T actualmente es superior al minuto de tiempo. Predecir el com-
portamiento de este valor en el futuro resulta complicado por su naturaleza err´ atica. Sin
embargo, se presentan en la tabla 7.2 las predicciones del Observatorio Naval de los Estados
Unidos en 1999 acerca del valor que adoptar´a ∆T para la pr´ oxima d´ecada.
7.12. TIEMPOS UNIVERSALES 133
A˜ no ∆T (s) A˜ no ∆T (s) A˜ no ∆T (s) A˜ no ∆T(s)
2000.0 63.86 2003.0 67 2006.0 70 2009.0 73
2000.5 64.8 2003.5 68 2006.5 71 2009.5 74
2001.0 65.2 2004.0 68 2007.0 71 2010.0 74
2001.5 65.7 2004.5 69 2007.5 72 2010.5 75
2002.0 66.2 2005.0 69 2008.0 72 2011.0 75
2002.5 67 2005.5 70 2008.5 73 2011.5 76
Tabla 7.2: Algunos valores de ∆T pronosticados para los pr´oximos a˜ nos
Ejemplo 1
El anuario del Observatorio Astron´ omico Nacional contiene las posiciones de la Luna,
el Sol y los planetas para las 0
h
de TDT (o TT). ¿A qu´e horas de Tiempo Oficial de la
Rep´ ublica de Colombia corresponde el siguiente instante de tiempo: 0 horas de TT del 4 de
marzo de 2000?
Soluci´on
Para el primer semestre de 2000 el valor de N es igual, de acuerdo con el Boletin C19
del 12 de enero de 2000 emitido por el IERS, a 32 segundos. Colocando δt igual a cero y
utilizando la ecuaci´ on (7.26) obtenemos el valor de ∆T para el primer semestre de 2000:
∆T = 32 + 32.184 = +64.184
s
= 1
m
4.184
s
.
Por lo tanto, con la ecuaci´on (7.24) haciendo TU1 = TUC (δt = 0) obtenemos:
TUC = TDT −∆T = 0
h
0
m
0
s
−1
m
4.184
s
= −1
m
4.184
s
.
Esto equivale a 24
h
−1
m
4.184
s
= 23
h
58
m
55.816
s
del d´ıa inmediatamente anterior. De la
ecuaci´on (7.8) con TU reemplaz´andolo como TUC, calculamos finalmente el Tiempo Oficial
de la Rep´ ublica de Colombia:
(TL)
Colombia
= TUC −5
h
= 23
h
58
m
55.816
s
−5
h
= 18
h
58
m
55.816
s
,
del d´ıa 3 de marzo de 2000.
LECTURAS Y SITIOS DE INTERNET RECOMENDADOS
• Cepeda, W. (1992), Sobre el adelanto de la hora en Colombia, Revista Colombiana de Es-
tad´ıstica, No. 25 y 26, p. 83-91.
Art´ıculo de divulgaci´ on en el que se analiza los tiempos de la salida del Sol en el transcurso
del a˜ no para latitudes colombianas.
134 CAP
´
ITULO 7. EL TIEMPO EN ASTRONOM
´
IA
• Hellings R.W. (1986) Relativistic Effects in Astronomical Timing Measurements, Astrono-
mical Journal, Vol. 91, p. 650.
Art´ıculo de car´ acter t´ecnico que describe las diferentes transformaciones necesarias para re-
ducir las medidas de tiempo que se toman en la Tierra teniendo en cuenta la teor´ıa de la
relatividad general.
• Meeus, J. (1991), Astronomical Algorithms, Willman-Bell, Inc., Richmond.
El cap´ıtulo 9 contiene una descripci´on ilustrativa de la relaci´ on entre el tiempo din´ amico y el
tiempo universal.
• Seidelmann, K. (1992), Explanatory Supplement to the Astronomical Almanac, University
Science Books, Mill Valley, CA.
En su cap´ıtulo 2 contiene lo que a juicio del autor es la mejor descripci´ on t´ecnica y autorizada
de los modernos conceptos que existen sobre el tiempo en astronom´ıa.
• http://physics.nist.gov/GenInt/Time/time.html
Se encuentra un breve resumen sobre la evoluci´on de las medidas del tiempo a trav´es de la
historia.
• http://quasar.as.utexas.edu/Billinfo/JulianDateCalc.html
En esta hoja electr´onica se puede calcular directamente la fecha juliana para cualquier d´ıa.
• http://maia.usno.navy.mil
Aqu´ı existe bastante informaci´ on relacionada con el Servicio Internacional de Rotaci´ on Te-
rrestre, al igual que se anuncian los pr´ oximos segundos bisiestos.
• http://tycho.us.navy.mil/sideral.html
Esta hoja calcula para tiempo real el tiempo sideral local.
• http://www.ubr.com/clocks
Gran cantidad de informaci´ on sobre el tiempo y los diferentes tipos de relojes para medirlo.
Cap´ıtulo 8
C
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ALCULO DE ALGUNOS
FEN
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OMENOS
ASTRON
´
OMICOS
8.1 Culminaci´on de cuerpos celestes
La culminaci´on de un cuerpo celeste ocurre cuando dicho astro pasa por el meridiano del
observador. Dependiendo de la ubicaci´ on de ´este, esto es, de su latitud, podr´ a observar si un
astro en alg´ un momento deja de ser visible (h < 0), o sea, se ubica por debajo del horizonte,
o lo contrario: nunca atraviesa el horizonte para todo tiempo (h > 0).
PSC
PNC
HORIZONTE
EJE DE
ROTACION
CULMINACION
SUPERIOR
CULMINACION
INFERIOR
E
C
U
A
D
O
R

C
E
L
E
S
T
E
MERIDIANO DEL OBSERVADOR
Figura 8.1: Culminaci´on superior e inferior
135
136 CAP
´
ITULO 8. C
´
ALCULO DE ALGUNOS FEN
´
OMENOS ASTRON
´
OMICOS
Si un astro, para un observador situado a la latitud φ, es siempre visible para el ob-
servador se dice que es circumpolar, pues parece estar describiendo una trayectoria circular
alrededor de la estrella polar, o m´ as exactamente, alrededor del PNC (ver figura 8.1). Si un
astro es circumpolar para un observador dado, ´este podr´ a advertir que el astro atraviesa
su meridiano en dos ocasiones. Ello da lugar a dos definiciones de culminaci´ on. La que se
verifica a mayor altura se denomina culminaci´ on superior, que es aquella que intersecta el
meridiano del observador. La otra es llamada culminaci´ on inferior. La forma inequ´ıvoca de
diferenciar las dos culminaciones es atrav´es del ´angulo horario. En la culminaci´ on superior
H = 0
h
; en la culminaci´ on inferior H = 12
h
.
CENIT
PSC
PNC
φ
δ
Figura 8.2: Condici´on de circumpolaridad
Para que un observador ubicado a la latitud φ pueda contemplar una culminaci´ on inferior
de una estrella con declinaci´ on δ la relaci´ on que se tiene que cumplir es (ver figura 8.2):
δ 90 −φ, (8.1)
donde, si el observador est´ a situado en el hemisferio norte (φ > 0) la declinaci´ on es posi-
tiva; si, por el contrario, el observador est´a situado en el hemisferio sur, (φ < 0) el signo
de la declinaci´ on es negativo. Por ejemplo, examinemos el caso extremo de un observador
ubicado en el PNT; ´este observar´ a que todas las estrellas del hemisferio norte son circum-
polares (δ ≥ 0); m´ as a´ un, aqu´ı todas las estrellas culminan “superior e inferiormente” a la
8.2. SALIDA Y PUESTA DE UN ASTRO 137
misma altura. Pero seamos m´as pr´ acticos. Un observador situado en San Andr´es (φ = 12.5
N) podr´ a observar aquellas estrellas circumpolares cuya declinaci´ on sea mayor o igual que
90 −12.5 = +77.5.
Por lo tanto, desde San Andr´es s´olo es posible ver estrellas circumpolares como γ Cephei
(Errai), ζ Ursae Minor, δ Ursae Minoris (Yildun) y Ursae Minoris.
Desde Bogot´a (φ = 4.5 N) el asunto de observar estrellas circumpolares es m´ as complica-
do. S´ olo es posible observar estrellas circumpolares con declinaciones mayores o iguales que
90 −4.5 = +85.5. Dadas las malas condiciones observacionales de la capital de la Rep´ ublica
en la pr´ actica es poco menos que imposible observar all´ı estrellas circumpolares.
Para el caso de Leticia (φ = 4.3 S), la ´ unica capital de departamento que est´ a situada por
debajo del ecuador terrestre, es evidente que s´ olo son visibles estrellas cincumpolares cuya
declinaci´ on sea mayor o igual que 90 −4.3 = 85.7 en el hemisferio sur, esto es δ = −85.7.
Ejemplo 1
Determinar desde qu´e latitud es posible observar las siguientes estrellas como estrellas
circumpolares:
a) Aldebar´ an (δ = +16
o
31

).
b) Rigil Kentarus (δ = −60
o
50

).
Soluci´on
a) Puesto que la estrella queda en el hemisferio norte (δ > 0) es claro que el valor de la
latitud estar´ a en el hemisferio norte terrestre. De la ecuaci´ on 8.1 se deduce: φ ≥ 90−δ. Por
lo tanto, a partir de una latitud de 73
o
29

ya es posible observar a Aldebar´ an como estrella
circumpolar alrededor del PNC.
b) Puesto que la estrella queda en el hemisferio sur (δ < 0) es claro que el valor de la
latitud estar´ a en el hemisferio sur terrestre. De la ecuaci´on 8.1 se deduce: φ ≥ 90 − δ =
90 − 60
o
50

= 29
o
10

S. Por lo tanto, a partir de una latitud de 29
o
10

S (y dirigi´endose a
partir de ah´ı hacia el PST) ya es posible observar a Rigil Kentarus como estrella circumpolar
pero alrededor del PSC.
8.2 Salida y puesta de un astro
Un problema interesante en astronom´ıa esf´erica es la determinaci´ on del tiempo de la salida
(orto) y la puesta (ocaso) de un astro para un observador dado. El c´ alculo es relativamente
sencillo e involucra el dominio de conceptos que ya hemos visto anteriormente.
138 CAP
´
ITULO 8. C
´
ALCULO DE ALGUNOS FEN
´
OMENOS ASTRON
´
OMICOS
8.2.1 Una primera aproximaci´on
La condici´ on de salida o puesta de un astro para un observador dado es:
h = 0, (8.2)
esto es, cuando el astro se encuentra en el horizonte.
N
S
W
*
SALIDA
E
A
s
N
S
W
PUESTA
*
E
A
p
Figura 8.3: Salida y puesta de un astro
En el c´alculo de los tiempos de salida y puesta se suponen conocidas las coordenadas del
observador (φ y λ), las coordenadas del astro en cuesti´ on (usualmente α y δ) y el TSG0 del
d´ıa en cuesti´ on.
La ecuaci´on (5.4) con h = 0 permite obtener los ´ angulos horarios para los cuales se
cumplen las condiciones de salida y puesta, que designaremos por H
sp
:
sen φsen δ + cos φcos δ cos H
sp
= 0, (8.3)
de la cual se obtiene inmediatamente:
H
sp
= cos
−1
(−tanφtanδ) , (8.4)
donde se supone que el astro no cambia significativamente de posici´ on (entre el tiempo que
se verifican ambos fen´omenos) por lo que los ´angulos δ y α se consideran constantes en el
intervalo en que se verifica la salida y la puesta. Esta ecuaci´ on permite calcular las dos
condiciones con base en el valor que se deduce de H
sp
. Si se obtiene que H
sp
est´a en el
primero o segundo cuadrante entonces el valor corresponde a la puesta H
p
. El valor del
´angulo horario a la salida H
s
se obtiene con H
s
= 360 −H
p
.
El valor del azimut para ambos casos est´a dado por la ecuaci´on (5.3) con h = 0 :
A
sp
= cos
−1

sen δ
cos φ

. (8.5)
8.2. SALIDA Y PUESTA DE UN ASTRO 139
El valor de A
sp
comprendido entre el primer y segundo cuadrante corresponde al azimut
de salida A
s
. El valor de A
sp
entre el tercero y cuarto cuadrante corresponde al azimut de
la puesta A
p
que se calcula con A
p
= 360 −A
s
.
Veamos c´omo se calculan los tiempos de salida y de puesta.
Habiendo hallado los valores de H
s
y H
p
procedemos a encontrar los tiempos siderales
locales en que se suceden ambos eventos. Como sabemos, el TSL est´a dado por la ecuaci´on
(5.12):
TSL
sp
= α +H
sp
. (8.6)
La conexi´on con el tiempo local del observador se ve al relacionar los instantes de salida y
puesta con el tiempo sideral en Greenwich en los instantes correspondientes (ver ecuaciones
(7.13) y (7.14)):
(TSG
t
)
sp
= TSL
sp
±

λ
o
WE
15

, (8.7)
donde el signo positivo corresponde a una longitud al oeste (λ
o
W
) y el negativo al este

o
E
). Puesto que es f´ acil calcular el TSG0 para cualquier d´ıa que se desee, o m´as f´ acil
a´ un, hallarlo en un almanaque astron´ omico, entonces, de la ecuaci´on (7.12) se deducen los
tiempos universales:
TU
sp
=
(TSG
t
)
sp
−TSG0
1.0027379
. (8.8)
La hora local se calcula mediante (ecuaci´on (7.7)):
TL
sp
= TU
sp
+HH. (8.9)
Ejemplo 1
Calcular los tiempos de salida y puesta en Tiempo Oficial de la Rep´ ublica de Colombia
de la estrella Betelgeuse el d´ıa 22 de noviembre de 1997 para un observador situado en la
ciudad de Cali. Determinar tambi´en los azimuts correspondientes.
Soluci´on
En los ap´endices (B) y (E) extraemos los datos necesarios: Para Betelgeuse: α =
5
h
55.0
m
, δ = 7
o
24

. Para Cali: φ = 3
o
27

, λ = 76
o
31

W.
Necesitamos tambi´en el TSG0 para el d´ıa en cuesti´ on. La fecha juliana es: FJ =
2 450 774.5, luego T = −0.02109514. Al reemplazar en (7.16), p´ag. 123, obtenemos: TSG0 =
4
h
4.0
m
. Procedemos a calcular los ´angulos horarios de salida y puesta de acuerdo con (8.4):
H
sp
= cos
−1
[−tan(3
o
27

) tan(7
o
24

)] = cos
−1
(−0.007830).
140 CAP
´
ITULO 8. C
´
ALCULO DE ALGUNOS FEN
´
OMENOS ASTRON
´
OMICOS
Los ´ angulos que satisfacen esta ecuaci´on son: 90
o
26.9

y 269
o
33.1

.
Teniendo en cuenta la definici´ on del ´angulo horario (contado desde el meridiano hacia el
oeste) es evidente que:
H
p
= 90
o
26.9

= 6
h
1.8
m
, H
s
= 269
o
33.1

= 17
h
58.2
m
.
Calculamos con ayuda de la ascensi´on recta los tiempos siderales locales en que ocurren
estos eventos (ver ecuaci´on (8.6)):
TSL
p
= 5
h
55.0
m
+ 6
h
1.8
m
= 11
h
56.8
m
, TSL
s
= 5
h
55.0
m
+ 17
h
58.2
m
= 23
h
53.2
m
.
Luego procedemos a determinar, por medio de (8.7), los TSG
t
de los instantes corres-
pondientes :
(TSG
t
)
p
= 11
h
56.8
m
+

76
o
31

15

= 17
h
2.9
m
,
(TSG
t
)
s
= 23
h
53.3
m
+

76
o
31

15

= 28
h
59.3
m
= 4
h
59.3
m
.
Los tiempos universales de la salida y puesta se hallan aplicando la f´ ormula (8.8):
TU
p
=
17
h
2.9
m
−4
h
4.0
m
1.0027379
= 12
h
56.8
m
, TU
s
=
4
h
59.3
m
−4
h
4.0
m
1.0027379
= 0
h
55.1
m
.
La hora local se calcula con (8.9) donde HH = −5.
TL
p
= 12
h
56.8
m
−5 = 7
h
56.8
m
, TL
s
= 0
h
55.1
m
−5 = −4
h
4.9
m
= 19
h
55.1
m
.
Los azimuts correspondientes se pueden calcular con ayuda de (8.5):
A
sp
= cos
−1

sen 7
o
24

cos 3
o
27

= cos
−1
(0.129029).
Los ´angulos que satisfacen esta ecuaci´on son: 82
o
35.2

y 277
o
24.8

. Teniendo en cuenta
la definici´ on del azimut es claro que se tiene:
A
p
= 277
o
24.8

, A
s
= 82
o
35.2

.
8.2.2 Refinando el c´alculo
La descripci´on anterior ignora el fen´omeno de la refracci´on astron´omica, ver secci´on 10.6.
´
Esta aumenta la altura aparente de los astros y es m´ as pronunciada cuando el astro est´ a
ubicado en el horizonte.
8.2. SALIDA Y PUESTA DE UN ASTRO 141
*
*
34’
POSICION APARENTE
DEL ASTRO
DEL ASTRO
POSICION REAL
ATMOSFERA
Figura 8.4: Correcci´on por refracci´on en la salida y puesta de un astro
De manera est´ andar se considera que la refracci´ on en el horizonte aumenta la altura de
los astros unos 34 minutos de arco. Por lo tanto, la condici´ on realista de la salida o puesta
de un astro es cuando la altura geom´etrica posee un valor de:
h = −0
o
34

. (8.10)
El no tener en cuenta la refracci´ on para un cuerpo celeste “puntual” y cuyo movimiento
con respecto a las estrellas sea muy lento (de un d´ıa para otro) tal y como es el caso de
las mismas estrellas o un planeta con movimiento medio muy peque˜ no, da un error en los
tiempos de salida y puesta de varios minutos.
La variaci´on que hay que tener en cuenta en esta correcci´ on es colocar el valor de h dado
en (8.10) y reemplazarlo en la ecuaci´on (5.4):
H
sp
= cos
−1

−9.89 10
−3
− sen φsen δ
cos φcos δ

. (8.11)
La depresi´ on del horizonte
Hasta ahora se ha supuesto que el observador est´ a ubicado a nivel medio del mar de tal
forma que el horizonte del observador es tangente a la superficie de la Tierra en la posici´ on
del observador. Pero obviamente este no es siempre el caso. Al estar ubicado un obser-
vador a una altura a sobre el nivel medio del mar su horizonte cambia ligeramente. Es
claro de la figura 8.5 que un observador situado a una altura a observar´ a un ligero aumento
de porcentaje de b´ oveda celeste. Este efecto, tanto mayor cuanto mayor es la altura a, es
denominado depresi´ on del horizonte.
Estamos interesados en calcular el ´angulo θ que da cuenta del grado de depresi´ on de una
estrella con respecto al horizonte para un observador ubicado a una altura a sobre el nivel
medio del mar. De la figura 8.5 tenemos que:
sen (90 −θ) = cos θ =
R
R +a
,
142 CAP
´
ITULO 8. C
´
ALCULO DE ALGUNOS FEN
´
OMENOS ASTRON
´
OMICOS
θ
a
C H
O
R
I
Z
O
N
T
E
HORIZONTE A NIVEL DEL MAR
R
H
O
R
I
Z
O
N
T
E
Figura 8.5: Depresi´on del horizonte
donde R es el radio terrestre.
En la pr´ actica la relaci´on
R
R+a
es muy peque˜ na por lo que podemos utilizar los dos
primeros t´erminos en que se expande la funci´ on coseno en serie de potencias:
1 −
θ
2
2
=
R
R +a
,
de la cual es inmediato obtener:
θ =

2a
R +a
.
De nuevo, puesto que R + a ≈ R y al multiplicar por 180/π para obtener el ´ angulo en
grados:
θ =

180
π

2a
R
.
Al tomar R = 6 378 140 metros y multiplicar por 60 para que el resultado se obtenga en
minutos obtenemos:
θ = 1.93

a, (8.12)
donde θ est´a en minutos de arco y a debe darse en metros.
Teniendo en cuenta la refracci´ on en el c´alculo anterior la f´ ormula (8.12) se modifica ahora
por la expresi´ on:
θ = 1.78

a. (8.13)
El c´ alculo de la depresi´ on del horizonte s´olo tiene sentido hacerlo para observadores
ubicados en altamar o situados en terrenos costeros donde sea posible observar la l´ınea del
oc´eano como horizonte. El c´alculo se har´ a colocando el valor de h en (5.4) igual a h = −θ
y despejar para H
sp
.
8.3. PASO POR EL MERIDIANO DEL OBSERVADOR 143
8.2.3 El c´alculo especial del Sol y la Luna
Con el Sol y la Luna el c´alculo es un poco m´ as complicado. Comenzando por el hecho de
que el Sol y la Luna no son cuerpos “puntuales”, esto es, tienen una dimensi´ on aparente.
Por una afortunada coincidencia, ambos cuerpos presentan, vistos desde la Tierra, un radio
angular aparente casi id´entico de unos 16 minutos de arco. Pero las coordenadas (α y δ)
de estos cuerpos se refieren al centro de sus discos y puesto que se suele referir al borde
superior del disco como el punto a tener en cuenta en la salida y la puesta resulta que la
altura geom´etrica de dicho punto viene siendo (teniendo en cuenta la refracci´ on), para ambos
casos, igual a:
h = −(0
o
34

+ 0
o
16

) = −0
o
50

. (8.14)
Ello significa que en la ecuaci´ on (8.11) se ha de reemplazar el valor de −9.89 10
−3
por
el de −1.45 10
−2
.
La verdadera complicaci´on en el c´alculo de la salida y puesta de estos objetos es que
poseen un movimiento a trav´es de las estrellas bastante pronunciado. El Sol en doce horas
puede moverse unos 30 minutos de arco, que de no tenerse en cuenta puede representar un
error de cerca de cinco minutos. Con la Luna el movimiento es a´ un m´ as acentuado, pues
en t´ermino de doce horas puede barrer unos seis grados. Todo esto quiere decir que en los
c´alculos anteriores ya no es v´ alido asumir que las coordenadas α y δ que se leen, por ejemplo
en los almanaques astron´omicos (que vienen dadas para las 0 horas de Tiempo Terrestre
con un intervalo de un d´ıa) son constantes, sino que, para el fen´omeno del orto y el ocaso
de ambos astros, las coordenadas ser´an ligeramente distintas.
8.3 Paso por el meridiano del observador
An´ alogo a la determinaci´on de los tiempos de salida y puesta est´ a el determinar los tiempos
del paso por el meridiano. Aqu´ı no consideraremos el caso de objetos circumpolares por no
ser de com´ un observaci´ on desde las latitudes de las ciudades colombianas.
El paso por el meridiano corresponde al momento en el cual la altura del astro es un
m´aximo. Matem´aticamente, el instante corresponde al momento en el cual el ´angulo horario
del astro es cero:
H
m
= 0. (8.15)
La altura del astro en el paso por el meridiano, h
m
, (no corregida por refracci´ on) es, de
acuerdo con (5.4):
h
m
= sen
−1
( sen φsen δ + cos φcos δ), (8.16)
donde se supone que el valor de δ es muy cercano (si no igual) al valor que debe tener en el
tiempo que se est´a buscando. El azimut en el que se verifica el paso es, como es obvio, 0 o
180 grados.
144 CAP
´
ITULO 8. C
´
ALCULO DE ALGUNOS FEN
´
OMENOS ASTRON
´
OMICOS
PNC
PSC
CENIT
ASTRO EN EL
MERIDIANO
h
m
Figura 8.6: Paso por el meridiano del observador
El c´ alculo del tiempo del paso por el meridiano es completamente equivalente al descrito
en la secci´on 8.2. Como es claro, el tiempo sideral local en el instante en que se verifica la
culminaci´ on es:
TSL
m
= α, (8.17)
donde se supone que α es el valor de la coordenada del astro muy cercano (si no igual) al
valor que debe tener en el tiempo que se est´ a buscando.
El c´ alculo del instante del tiempo del paso por el meridiano sigue, como antes, la siguiente
secuencia:
(TSG
t
)
m
= TSL
m
±

λ
o
WE
15

, (8.18)
TU
m
=
(TSG
t
)
m
−TSG0
1.0027379
, (8.19)
TL
m
= TU
m
+HH. (8.20)
Ejemplo 1
Calcular el tiempo del paso por el meridiano en Tiempo Oficial de la Rep´ ublica de
Colombia de la estrella Betelgeuse el d´ıa 22 de noviembre de 1997 para un observador
situado en la ciudad de Cali. Determinar la altura del astro en ese instante.
8.4. PASO POR EL CENIT DEL OBSERVADOR 145
Soluci´on
Los datos de partida son los mismos del ejemplo 1 de la p´ag. 139.
El TSL en el que ocurre el paso por el meridiano es igual a la ascensi´on recta del astro:
TSL
m
= 5
h
55.0
m
.
El c´ alculo del TSG
t
se realiza con ayuda de (8.18):
(TSG
t
)
m
= 5
h
55.0
m
+

76
o
31

15

= 11
h
1.1

.
Luego se calcula el tiempo universal:
TU
m
=
11
h
1.1

−4
h
4.0
m
1.0027379
= 6
h
55.9

,
que en Tiempo Oficial de la Rep´ ublica de Colombia es:
TO
m
= 1
h
55.9

.
La altura del paso por el meridiano se calcula con (8.16):
h
m
= sen
−1
[ sen (3
o
27

) sen (7
o
24

) + cos(3
o
27

) cos(7
o
24

)] = sen
−1
(0.99762) = 86
o
3

.
8.4 Paso por el cenit del observador
La condici´ on de paso por el cenit del observador se establece f´acilmente a partir de la figura
8.7.
Un astro con declinaci´on δ est´a en el cenit de un observador con latitud φ cuando se
verifica:
90 −φ +δ = 90,
de la que se desprende inmediatamente:
φ = δ. (8.21)
Las condiciones de observabilidad del Sol en el transcurso del a˜ no para un observador
sobre la superficie terrestre da lugar a unas zonas geogr´ aficas claramente definidas sobre la
superficie del planeta.
Puesto que la declinaci´ on del Sol est´a comprendida entre el intervalo:
− ≤ δ

≤ , (8.22)
146 CAP
´
ITULO 8. C
´
ALCULO DE ALGUNOS FEN
´
OMENOS ASTRON
´
OMICOS
φ
δ
90−φ
PNC
CENIT
PSC
EC
U
A
D
O
R
C
ELESTE
HORIZONTE
Figura 8.7: Condici´on de paso por el cenit
donde es la oblicuidad de la ecl´ıptica, es claro que, de la ecuaci´on (8.21), el Sol s´olo podr´ a
estar en el cenit para observadores comprendidos entre latitudes 23
o
27

sur y 23
o
27

norte.
La zona terrestre que est´ a demarcada por estas latitudes se denomina zona torrida. Los
paralelos de latitud con valores φ = ± se conocen con el nombre de tr´opicos. El que est´ a
en el hemisferio norte (φ = + 23
o
27

) se denomina tr´ opico de C´ancer; el del hemisferio sur
(φ = − 23
o
27

) se llama tr´ opico de Capricornio. La raz´on de que tengan estos nombres
es aquella misma por la cual al punto vernal todav´ıa se le llame primer punto de Aries,
cuando en realidad en nuestra ´epoca est´a situado en Piscis. Unos dos mil a˜ nos atr´ as el
Sol se ubicaba en la constelaci´ on de C´ancer cuando alcanzaba el m´aximo valor positivo de
declinaci´ on; seis meses despu´es (cuando ten´ıa el valor m´ aximo negativo de la declinaci´ on) se
hallaba en Capricornio. Pero a causa del fen´omeno de precesi´on de los equinoccios el Sol ya
no se ubica en tales constelaciones cuando llega el momento de los solsticios. Actualmente el
Sol alcanza los valores m´aximo y m´ınimo de la declinaci´ on en las constelaciones de Geminis
y Sagitario respectivamente.
Observadores ubicados dentro de la zona torrida pueden observar el Sol en su cenit en
dos d´ıas del a˜ no.
Puesto que los asentamientos humanos de importancia en Colombia se extienden desde
una latitud φ = +12
o
28

hasta φ = − 4
o
27

es claro que todo el territorio continental e
8.4. PASO POR EL CENIT DEL OBSERVADOR 147
insular est´ a ubicado dentro de la zona torrida.
Ciudad Fechas del a˜ no
Bogot´a abril 2 y septiembre 11
Medell´ın abril 6 y septiembre 7
Cali marzo 30 y septiembre 15
Barranquilla abril 19 y agosto 25
Bucaramanga abril 9 y septiembre 5
Riohacha abril 21 y agosto 23
Popay´ an marzo 27 y septiembre 17
San Andr´es abril 23 y agosto 21
Leticia marzo 10 y octubre 5
Tabla 8.1: D´ıas en que el Sol est´a en o muy cerca del cenit para algunas ciudades colombianas
La tabla 8.1 contiene las fechas aproximadas en el transcurso del a˜ no en que el Sol se
encuentra en el cenit
1
para varias ciudades colombianas.
Observadores situados a latitudes mayores que φ > 23
o
27

N y φ > 23
o
27

S nunca
tendr´ an el Sol en su cenit. La situaci´on es m´as cr´ıtica cuando la latitud se va aproximando
a latitudes cercanas a los polos. Estamos acostumbrados aqu´ı en el tr´opico a que todos
los d´ıas del a˜ no el Sol salga por el oriente y se oculte por el occidente. Pero a partir de
cierta latitud comenzar´ a a observarse algo sorprendente: el Sol, en solsticio de verano (si
est´a el observador situado en el hemisferio norte), se torna un astro circumpolar, esto es,
es posible observar el Sol durante las 24 horas del d´ıa: tenemos el Sol de media noche. El
mismo observador, seis meses despu´es (en solsticio de invierno), notar´ a que el Sol nunca sale
durante el transcurso del d´ıa. Es f´ acil ver que el valor m´ınimo de latitud para que comience
a observarse esta clase de fen´ omeno debe cumplir:
φ = ±(90 −[δ
M
[) = ±(90 −) = ±66
o
33

, (8.23)
donde δ
M
representa el valor m´aximo de la declinaci´ on del Sol.
Los paralelos que corresponden a estos valores de latitud son llamados c´ırculo polar
´artico y c´ırculo polar ant´ artico para el hemisferio norte y sur respectivamente. Es claro que
el fen´ omeno es m´as acentuado en los polos. En ´estos la situaci´ on es tan extrema que el
Sol est´a siempre visible por seis meses del a˜ no; los restantes seis meses son de permanente
noche.
1
Rigurosamente, el Sol no pasa por el cenit de dichos observadores a causa de que casi siempre en el
momento de la culminaci´on superior la declinaci´on del Sol en ese instante no coincide (por varios minutos
de arco) con la latitud del observador en dichas ciudades.
148 CAP
´
ITULO 8. C
´
ALCULO DE ALGUNOS FEN
´
OMENOS ASTRON
´
OMICOS
ET
φ=23 27 Ν
φ= 23 27 S
φ=
φ=
66 33 N
66 33 S
o
o
o
o
TROPICO DE CANCER
TROPICO DE CAPRICORNIO
CIRCULO POLAR ANTARTICO
CIRCULO POLAR ARTICO
SOL CON
SOL CON
δ=23 27
δ=− 23 27
o
o






ZONA TORRIDA
Figura 8.8: Zonas geogr´aficas definidas por la declinaci´on del Sol
Ejemplo 1
Determinar en qu´e d´ıas del a˜ no observadores situados en la ciudad de M´ urmansk (Rusia)
observan el fen´omeno del Sol de medianoche. ¿Qu´e d´ıas dejan de ver el Sol por completo?
Soluci´on
La latitud de M´ urmansk es de 68
o
58

N. Por lo tanto, de la ecuaci´on (8.1) es evidente
que el Sol no se pone siempre y cuando la latitud del Sol sea:
δ

≥ 90 −φ. (8.24)
En nuestro caso, δ

≥ 21
o
2

. La consulta a un almanaque astron´ omico nos permite
verificar (mirando las coordenadas ecuatoriales absolutas del Sol, particularmente su decli-
naci´ on) que esto sucede aproximadamente entre el 26 de mayo y el 18 de julio.
El Sol no es visible para dicho observador cuando la declinaci´ on del Sol es:
δ

≥ −(90 −φ) , (8.25)
donde el valor de la declinaci´ on al lado izquierdo ha de tomar valores de la declinaci´ on
“mayores” (en el sentido de desplazarse hacia el PSC) que −21
o
2

. Esto ocurre entre el 27
de noviembre y enero 15.
8.5 Navegaci´on astron´omica
En la era de la navegaci´ on satelital con GPS (Global Positioning System, sistema de posi-
cionamiento global), en la que se ha hecho rutinario manejar aparatos similares a calcu-
ladoras de bolsillo cuyo costo es inferior a los 200 d´ olares y que registran, en unos cuantos
8.5. NAVEGACI
´
ON ASTRON
´
OMICA 149
segundos y con oprimir dos o tres teclas, la posici´on de un observador sobre la superficie
terrestre, con una exactitud del orden de 50 metros o menos, es dif´ıcil imaginar que ´esta
tarea, en los cuatro siglos anteriores, era una labor observacional, astron´omica y matem´atica
muy lejos de ser sencilla.
En la ´epoca de los grandes descubrimientos geogr´aficos y la posterior conquista y colo-
nizaci´ on de territorios como Am´erica, Asia y Australia, llevada a cabo en su mayor parte
en los siglos XVI y XVII, se desarrollaron t´ecnicas muy fecundas para tratar de satisfacer el
anhelo de los marineros que cruzaban los oc´eanos y deseaban a toda costa conocer su posi-
ci´ on en altamar con una exactitud razonable. La astronom´ıa de posici´ on muy r´apidamente
llen´ o ese anhelo por lo que no es de extra˜ nar que se sucediera la revoluci´ on astron´omica de
Cop´ernico, Brahe, Kepler y Galileo m´as o menos por los mismos tiempos, dada la necesidad
imperiosa de marineros y cart´ ografos de pulir y mejorar cada vez m´as las t´ecnicas observa-
cionales y el c´alculo de las posiciones de los cuerpos celestes para poder hallar con mayor
exactitud su posici´ on geogr´afica.
En principio, es f´ acil conocer aproximadamente la latitud de un observador midiendo
la altura aparente de la estrella polar con respecto al horizonte. Pero esto no siempre es
posible, bien sea por condiciones climatol´ogicas adversas o porque sencillamente el obser-
vador se halla en el hemisferio sur. La observaci´on de la estrella Polaris (que dista menos de
un grado del PNC) es dif´ıcil aun desde sitios donde es te´ oricamente posible observarla. El
autor recuerda s´olo en una ocasi´ on haber visto la estrella Polaris desde Bogot´ a aun cuando
se supone que con 4.5
o
de altura sobre el horizonte deber´ıa observarse con mayor frecuencia.
La observaci´on de la altura de la culminaci´ on de una estrella o del Sol puede arrojar
datos importantes.
PNC
δ
PSC
HORIZONTE
E
C
U
A
D
O
R

C
E
L
E
S
T
E
ESTRELLA
CULMINANDO
φ
h
m
Figura 8.9: Relaci´on entre la latitud, altura de culminaci´on y declinaci´on de un astro
150 CAP
´
ITULO 8. C
´
ALCULO DE ALGUNOS FEN
´
OMENOS ASTRON
´
OMICOS
De la figura 8.9 vemos que para un astro con declinaci´ on δ y altura h
m
sobre el horizonte,
en el momento de su culminaci´on o paso por el meridiano, la relaci´on con la latitud φ de
dicho observador es:
h
m
−φ +δ = 90, (8.26)
o mejor:
φ = h
m
+δ −90. (8.27)
La altura que entra en este c´ alculo ha de pasar previamente por varias correcciones.
Independiente de la correcci´ on hecha al instrumento con el que se realiza la observaci´on
(usualmente un sextante) se ha de corregir tambi´en por la refracci´on astron´omica (ver se-
cci´on 10.6) y la altura a la que se encuentra el observador con respecto al nivel medio del mar
(depresi´ on del horizonte). En el caso de que el cuerpo observado sea el Sol se ha de corregir
adicionalmente por semidi´ ametro (pues la lectura se realiza casi siempre midiendo la altura
de la parte baja del disco solar) y por paralaje (ver secci´ on 10.5), pues la declinaci´on del Sol
viene dada para un observador hipot´etico ubicado en el centro de la Tierra.
Hay que tener en cuenta que, en la pr´ actica, el usuario que recurre a la navegaci´ on por
estrellas siempre tiene previamente una idea muy aproximada de cual es su posici´ on real
puesto que un marino o piloto experto navega o pilotea por el m´etodo llamado de estima,
esto es, el c´alculo de la posici´ on teniendo en cuenta par´ ametros tales como la velocidad
de la nave, tiempo transcurrido desde la ´ ultima medici´ on, velocidad y direcci´ on del viento,
etc. Crist´ obal Col´on
2
, por ejemplo, se mov´ıa con toda confianza y libremente a trav´es del
Atl´antico y el mar Caribe casi exclusivamente a base de navegaci´on por estima. Por lo tanto,
las medidas que se hacen frecuentemente de la altura del paso de los astros en la culminaci´ on
para hallar la latitud se hace con el fin de pulir y llevar a exactitud el c´ alculo de la posici´ on.
Ejemplo 1
Determinar la latitud de un observador si al momento del paso del Sol por el meridiano
se registr´ o una altura de 75
o
13

. La declinaci´on del Sol para el momento de la observaci´on
es de −14
o
10

.
Soluci´on
En vista de que no nos suministran m´ as informaci´on se har´a el c´alculo despreciando la
contribuci´ on de la refracci´ on, de la depresi´ on del horizonte, del paralaje y del semidi´ametro.
De la ecuacion (8.27) se obtiene:
φ = 75
o
13

−14
o
10

−90
o
= −28
o
57

= 28
o
57

S.
2
Los conocimientos astron´omicos de Col´on eran muy pobres. De hecho, en una medici´on realizada en su
primer viaje a Am´erica lleg´o a confundir la estrella Polaris con Alfirk (β Cephei) lo que le llev´o a concluir
que el sitio donde se encontraba (costa noreste de Cuba) ten´ıa una latitud de 42
o
N cuando en realidad se
encontraba a 21
o
N (ver Morison, 1970, p. 258.)
8.5. NAVEGACI
´
ON ASTRON
´
OMICA 151
Ejemplo 2
Un marinero zarp´ o de la isla Malpelo y desea al cabo de un tiempo determinar su posici´on
en altamar. Para ello realiza una observaci´ on del Sol en el momento del paso por el meridiano
midiendo con su sextante una altura de 83
o
34.1

teniendo como referencia el borde inferior
del disco solar. De acuerdo con el almanaque n´autico del barco la declinaci´on del Sol para
el momento de la observaci´on (25 de agosto de 1999) fue de 10
o
44.5

y el semidi´ ametro es
de 15.8

. La altura del sextante con respecto al agua fue estimada, en el momento de la
medici´ on, en 5 metros. Determinar la latitud del marinero.
Soluci´on
Supondremos que los errores instrumentales ya han sido tenidos en cuenta. El valor de
la altura ha de ser corregido por los fen´ omenos de semidi´ametro, (pues la declinaci´ on viene
dada para el centro del Sol), depresi´ on del horizonte, refracci´on y paralaje. Si el objeto de
observaci´on es el Sol la correcci´on por semidi´ametro es del orden de 15 minutos de arco; la
correccion por paralaje es peque˜ na, cuyo valor maximo es del orden de 0.15 minutos de arco
(para alturas cercanas a los cero grados) y tendiendo a cero a medida que la altura del astro
tiende a los 90 grados. Puesto que su valor es tan peque˜ no no ser´ a tenido en cuenta en la
correcci´on.
La f´ ormula para hallar la altura real del Sol es:
h
real
= h
medida
+SD −R
e
−θ −p,
donde SD es el semidi´ametro del Sol el d´ıa de la observaci´ on, R
e
es el valor de la refracci´on,
el cual se puede leer en la tabla principal del ap´endice D para condiciones normales de tem-
peratura de 20
o
C. (no hay datos espec´ıficos de temperatura) y al nivel del mar; θ es el valor
de la depresi´ on del horizonte y p el valor del paralaje.
La refracci´on a la d´ecima del minuto de arco es (ver tabla principal en el ap´endice D) de
0.1

. La depresi´ on del horizonte es, de acuerdo con la f´ormula (8.13):
θ = 1.78

5 = 4.0

.
Puesto que la altura del Sol es bastante alta, tomaremos p = 0.0

. Entonces, la altura
real del Sol es:
h
real
= 83
o
34.1

+ 15.8

−0.1

−4.0

−0.0

= 83
o
45.8

.
Por lo tanto, al reemplazar en la f´ormula (8.27) encontramos que la latitud del observador
es:
83
o
45.8

+ 10
o
44.5

−90
o
= 4
o
30.3

.
En los almanaques n´ auticos se encuentran tablas muy ´ utiles que permiten, por ejemplo,
determinar en una sola tabla la correcci´ on por semidi´ametro, refracci´on y paralaje dados
en funci´ on de la altura medida solamente. N´ otese que los c´ alculos se llevan a una precisi´ on
152 CAP
´
ITULO 8. C
´
ALCULO DE ALGUNOS FEN
´
OMENOS ASTRON
´
OMICOS
de la d´ecima del minuto de arco. Recu´erdese (ver p´ agina 40) que un error de 1 minuto de
arco representa un error de casi 2 kil´ ometros en posici´on para un observador ubicado en el
ecuador terrestre.
El c´ alculo de la longitud es m´ as complicado. En la ´epoca del descubrimiento de Am´erica
el c´alculo de la longitud se hac´ıa exclusivamente por estima. Con el tiempo se vi´o que era
muy necesario que los tripulantes de los barcos pudieran no s´ olo conocer su latitud sino
tambi´en su longitud con exactitudes del orden del medio grado o menos.
El naufragio de cuatro nav´ıos de guerra al mando del almirante Sir Clowdisley Shovell
que ocasion´ o la muerte de dos mil marinos en las cercan´ıas de las islas Scilly (suroeste de
Inglaterra) en 1704, debido a un error fatal en la estimaci´on de la posici´ on, origin´ o un clima
de necesidad imperiosa por resolver el denominado “problema de la longitud”. Este proble-
ma fue de tan ardua soluci´ on que lleg´ o a compararse con problemas legendarios como el del
movimiento perpetuo o la transmutaci´ on del plomo en oro.
Con el transcurso de los a˜ nos se propusieron varias soluciones realistas, todas de car´acter
astron´ omico, pero a la larga triunf´ o el m´etodo de preservar la hora (con la mayor exactitud)
de un meridiano de referencia dado. El problema de la longitud qued´ o entonces reducido
a la b´ usqueda de un reloj que conservara la hora con la mayor exactitud posible con inde-
pendencia del movimiento del barco y los bruscos cambios de temperatura y presi´ on en el
transcurso del viaje.
Con el descubrimiento del p´endulo como regulador de los relojes hecho por el cient´ıfico
holand´es Christian Huygens en 1658, y con la invenci´on del verdadero cron´ ometro marino
realizada por el mec´anico ingl´es John Harrison un siglo m´ as tarde
3
, se logr´o un m´etodo
confiable y seguro de poder medir la longitud a base de conservar la medida del tiempo con
la mayor precisi´ on posible.
Sup´ ongase que un observador est´a en el meridiano de Greenwich y dispone de un reloj que
registra el tiempo en unidades de tiempo sideral, esto es, se est´a midiendo el tiempo sideral
en Greenwich para un tiempo cualquiera t, lo que se llam´ o en la secci´on 7.9 el TSG
t
. Ahora
bien, un avi´ on o un barco parte hacia cualquier otro lugar del mundo, pero preservando
intacto el registro y la hora que est´ a dando este reloj. Sup´ ongase entonces que el piloto o
marino hace una observaci´ on del paso por el meridiano de un astro y anota para ese instante
de tiempo la lectura del reloj que mide (y conserva) el TSG
t
. Con esto, la longitud puede
calcularse f´acilmente. En efecto, en el momento del paso por el meridiano se cumple H = 0,
por lo que el tiempo sideral local (el ´angulo horario del punto vernal del observador en ese
instante) es igual a:
TSL = α, (8.28)
y puesto que en ese instante se conoce el TSG
t
con leer el reloj que preserva el tiempo sideral
3
Harrison gan´o en 1773 (despu´es de no pocos problemas e inconvenientes) el premio propuesto por el
parlamento ingl´es establecido en el Acta de 1714 consistente en 20 000 libras para aquel que pudiera resolver
el problema de la longitud (ver Sobel, 1995).
8.5. NAVEGACI
´
ON ASTRON
´
OMICA 153
Figura 8.10: John Harrison (1693-1776)
en Greenwich, y de las ecuaciones (7.13 y 7.14) se obtiene:
λ
o
W
= 15 (TSG
t
−α), (8.29)
λ
o
E
= 15 (α −TSG
t
). (8.30)
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Dixon, C. (1985) Navegaci´ on astron´ omica b´ asica, Paraninfo S.A., Madrid.
Libro ilustrativo que ense˜ na, con base en pocos conocimientos astron´ omicos, a determinar la
posici´ on de un observador vali´endose del uso del sextante.
• Morison, S.E. (1970) Admiral of the Ocean Sea: A Life of Christopher Columbus, MJF Books,
New York.
Excelente biograf´ıa de Crist´ obal Col´ on con muchos detalles n´ auticos y astron´ omicos por parte
de su autor, un marino consumado.
• Roy, A. E., Clarke, D. (1988) Astronomy: Principles and Practice, Adam Hilger, Bristol.
El cap´ıtulo 7 contiene detallada informaci´ on sobre estrellas circumpolares, medida de la de-
clinaci´on y c´ alculo de amanecer y atardecer.
• Sobel, D., (1995) Longitude: The True Story of a Lone Genius Who Solved the Greatest
Scientific Problem of His Time, Penguin Books, New York.
Notable descripci´ on de la historia de John Harrison y su b´ usqueda para obtener el reloj per-
fecto.
154 CAP
´
ITULO 8. C
´
ALCULO DE ALGUNOS FEN
´
OMENOS ASTRON
´
OMICOS
• http://aa.usno.navy.mil/AA/
Este sitio contiene bastante informacion relacionada con salidas y puestas del Sol y de la
Luna, asi como fases de la Luna, determinacion de la Pascua, solsticios, equinoccios, etc.
Cap´ıtulo 9
CALENDARIO
Ll´ amese calendario a un sistema destinado a agrupar de forma coherente los intervalos de
tiempo fundamentado en la periodicidad de ciertos fen´ omenos astron´omicos. Los calendarios
son ´ utiles porque permiten el conteo de los d´ıas durante per´ıodos extensivos de tiempo y de
esta forma reunirlos en una disposici´ on conveniente para satisfacer los requerimientos de las
actividades civiles y religiosas.
La unidad fundamental de computo en un calendario es el d´ıa, el fen´ omeno astron´omico
consecuencia de la rotaci´on de nuestro planeta sobre su eje. Modernamente medimos los
d´ıas de medianoche a medianoche, pero esto no siempre fue as´ı. Las primeras civilizaciones
y los pueblos primitivos comenzaban a medir el d´ıa en el instante de la salida del Sol. As´ı lo
hac´ıan por ejemplo los hind´ ues y los egipcios. Posteriormente, babilonios, jud´ıos y griegos
contaban el d´ıa desde la puesta del Sol. Nuestra forma actual de medir los d´ıas tiene su
origen en los romanos quienes consideraban el inicio del d´ıa a partir de la medianoche.
Pero para las primitivas culturas se hac´ıa necesario establecer una unidad conformada
por grupos de d´ıas. La forma m´as inmediata de hacerlo descansa en otro fen´ omeno peri´ odico:
el tiempo que tarda la Luna en presentar consecutivamente una determinada fase, esto es,
una lunaci´ on, la cual es de un per´ıodo de unos 29 d´ıas y medio. Sin embargo, pronto se vio
que era muy conveniente introducir un per´ıodo de d´ıas inferior al de una lunaci´ on. Culturas
antiguas adoptaron grupos de 4 d´ıas; los asirios utilizaron grupos de 5 y los egipcios de 10.
El mundo occidental adopt´ o el grupo de 7 d´ıas, que llamamos semana, el cual probable-
mente fue introducido por los babilonios bien sea porque este n´ umero es aproximadamente
el tiempo que transcurre entre dos cuartos de Luna consecutivos (29.5/4 ≈ 7.3) o por el
culto que guardaban sus sacerdotes al n´ umero 7 a causa de la existencia de los siete planetas
(incluidos el Sol y la Luna) hasta entonces conocidos.
El mes que utilizamos actualmente est´ a basado en la lunaci´ on, entendida ´esta, como ya
se dijo, como el per´ıodo en el cual la Luna completa un ciclo de sus fases, o de otra forma,
como el tiempo existente entre dos fases llenas (o nuevas) consecutivas de la Luna. Este
per´ıodo es conocido por los astr´ onomos como mes sin´odico y es igual a: 29
d
12
h
44
m
2.9
s
.
155
156 CAP
´
ITULO 9. CALENDARIO
Este per´ıodo de tiempo tuvo gran importancia en muchas culturas de la antig¨ uedad, no
s´olo por su conexi´on astron´omica sino tambi´en por su muy cercana igualdad con el per´ıodo
menstrual de la mujer y el comportamiento c´ıclico de algunas criaturas marinas. No es de
extra˜ nar entonces que muchos de los calendarios de civilizaciones antiguas adoptaran como
unidad b´ asica la lunaci´ on y midieran per´ıodos prolongados de tiempo con base en el n´ umero
de lunaciones transcurridas. Ahora bien, el hecho de que la lunaci´ on no sea exactamente
equivalente a un n´ umero entero de d´ıas comienza, como es obvio, a crear cierto tipo de di-
ficultades. Es por ello que los babilonios se vieron obligados a utilizar meses que consist´ıan
de 29 y 30 d´ıas de forma alternativa. Como veremos m´as adelante, algunos siglos despu´es,
los romanos se vieron en circunstancias similares estableciendo meses conformados por un
n´ umero de d´ıas que oscila entre 30 y 31, y que en ´ ultimas termin´ o siendo el calendario que
actualmente utilizamos.
Sin embargo, ciertas culturas antiguas cuyo h´ abitat estaba localizado en zonas geogr´aficas
donde el ciclo de las estaciones es bastante pronunciado y que por razones de superviven-
cia necesitaban correlacionarse y hasta predecirse, pronto encontraron una estrecha relaci´on
entre ´estas y el tiempo que tarda el Sol en pasar aparentemente y de forma consecutiva por
el mismo grupo de estrellas, esto es, un a˜ no.
Los egipcios lograron medir que dicho per´ıodo de tiempo comprend´ıa aproximadamente
365 d´ıas. Tratar de relacionar este per´ıodo con la lunaci´ on prob´ o ser una empresa que
contradec´ıa toda est´etica num´erica pues 365 no es m´ ultiplo de 29.5. Correlacionar ambos
per´ıodos de tiempo fue una tarea que muchos astr´ onomos y sacerdotes antiguos trataron de
buscar no siempre con ´exito. Los egipcios, por ejemplo, solucionaron f´acilmente el problema:
establecieron 12 meses constituidos por 30 d´ıas cada uno; esto da apenas 360 d´ıas. Los cinco
restantes se adicionaban al final del ´ ultimo mes.
Como sabemos, el a˜ no es el per´ıodo de tiempo que tarda nuestro planeta en dar una
revoluci´ on completa en torno al Sol con respecto a un punto de referencia dado. Pero el
punto de referencia puede ser una estrella o puede ser el punto vernal. En el primer caso se
habla del a˜ no sideral; en el segundo, del a˜ no tr´ opico. Estos tiempos no son iguales, pues el
punto vernal se mueve lentamente a trav´es de las estrellas fijas a causa del fen´omeno de la
precesi´on de los equinoccios (ver seccion 10.1).
Estos periodos, en t´erminos de d´ıas solares medios, son los siguientes:
1 a˜ no sideral = 365.2564 d´ıas = 365
d
6
h
9
m
10
s
,
1 a˜ no tr´ opico = 365.2422 d´ıas = 365
d
5
h
48
m
45
s
.
La definici´ on de a˜ no que cuenta para correlacionarlo con el paso de las estaciones es por
supuesto el a˜ no tr´ opico, pues es el paso del Sol por el punto vernal el que fija los equinoccios.
El a˜ no que utilizamos actualmente en nuestros asuntos diarios y que es de uso com´ un en casi
todo el mundo es el denominado a˜ no civil , el cual es un per´ıodo convencional compuesto
de un n´ umero entero de d´ıas, dise˜ nado de tal forma que coincida lo m´ as posible con el a˜ no
tr´ opico.
9.1. EL CALENDARIO ROMANO PRIMITIVO 157
No. Nombre D´ıas No. Nombre D´ıas
1 Martius 31 6 Sextilis 30
2 Aprilis 30 7 September 30
3 Maius 31 8 October 31
4 Junius 30 9 November 30
5 Quintilis 31 10 December 30
Tabla 9.1: Los meses y su duraci´on en Roma antes de Numa Pompilio
Y aqu´ı es donde se torna interesante el asunto: la relaci´ on entre la duraci´ on del a˜ no
tr´opico y del mes sin´odico es inconmensurable. Doce meses sin´odicos apenas dan cuenta de
1229.5306 d´ıas = 354.3672 d´ıas, esto es, casi 11 d´ıas m´ as corto que el a˜ no tr´ opico. Adem´as,
est´a el problema de que ninguno de los dos per´ıodos est´ a compuesto de un n´ umero entero
de d´ıas. Por lo tanto, para tratar de conformar un calendario que est´e en concordancia con
las fases de la Luna o con las estaciones, esto es, con el Sol (que es el caso de nuestro actual
calendario gregoriano), es necesario insertar d´ıas en intervalos apropiados. Como veremos,
esto ha ocasionado serios trastornos en el conteo de eventos cronol´ogicos y ha dado lugar a
que ocurran m´ ultiples correcciones, algunas de ellas muy singulares.
9.1 El calendario romano primitivo
Este calendario fue adoptado en Roma poco despu´es de su fundaci´ on, supuestamente reali-
zada por Remo unos siete u ocho siglos antes del nacimiento de Jesucristo. Este calendario
constaba de diez meses, 4 de ellos de 31 d´ıas y los restantes 6 de 30, lo cual daba un total
de 304 d´ıas, (ver tabla 9.1).
El primer mes del a˜ no era Martius (nuestro actual marzo) y estaba dedicado al dios de
la guerra, Marte; el segundo a Apolo (de sobrenombre Aperta), el tercero a J´ upiter (de
sobrenombre Maius) el cuarto a Juno (principal diosa latina, esposa de J´ upiter); de ah´ı en
adelante los meses recib´ıan el nombre equivalente al n´ umero de meses transcurrido desde el
inicio del a˜ no. Puesto que a´ un faltaban cerca de 60 d´ıas para cuadrar el calendario con las
estaciones, al parecer las autoridades decretaban un per´ıodo pobremente definido de d´ıas
para conformar la estaci´on invernal.
Pero pronto, Numa Pompilio (715-673 A.C.), una figura que, al igual que Remo, pertenece
m´as a la m´ıtica que a la realidad, y que se constituy´ o, de acuerdo con la tradici´ on, en el
segundo rey de Roma, modific´o el anterior calendario, adicionando dos meses m´as a los diez
existentes: Januarios (dedicado al dios Jano) y Februarius. Tambi´en se cambi´o la duraci´ on
de los d´ıas de los meses pues los romanos de aquellos tiempos hab´ıan adquirido la supersti-
ci´ on negativa hacia los n´ umeros pares de tal forma que se estableci´o que los meses estuvieran
constituidos por un n´ umero impar de d´ıas, a excepci´on de uno de ellos. Con ello, el orden
quedo como se registra en la tabla 9.2.
158 CAP
´
ITULO 9. CALENDARIO
No. Nombre D´ıas No. Nombre D´ıas
1 Martius 31 7 September 29
2 Aprilis 29 8 October 31
3 Maius 31 9 November 29
4 Junius 29 10 December 29
5 Quintilis 31 11 Januarius 29
6 Sextilis 29 12 Februarius 28
Tabla 9.2: Los meses y su duraci´on en tiempos de Numa Pompilio
Esto da un a˜ no de 355 d´ıas, el cual resultaba todav´ıa corto, del orden de 10 d´ıas, com-
parado con el a˜ no tr´ opico. Para subsanar este defecto los romanos tuvieron la idea, un tanto
extra˜ na pero l´ ogica, de introducir un mes de 27 ´ o 28 d´ıas, alternativamente, cada dos a˜ nos.
Con esto se lograba m´as o menos acoplar el a˜ no civil con el tr´ opico. Este mes adicional
se llam´o Merkedinus y resulta curioso el hecho de que se iniciaba el d´ıa 23 de febrero, eli-
min´ andose los ´ ultimos cinco d´ıas (esto es, del 24 al 28).
Valga la pena aclarar el hecho de que el equinoccio de primavera para el hemisferio norte
ca´ıa, en los tiempos de Numa, el d´ıa 25 (o 24) de marzo, lo que significa que el solsticio de
invierno para el mismo hemisferio se presentaba el 25 (o 24) de diciembre.
9.2 El calendario juliano
El calendario establecido por Numa daba como promedio un a˜ no constituido de 366.25 d´ıas,
que lentamente, con el transcurrir de los a˜ nos, se desacoplaba con el a˜ no propiamente as-
tron´ omico. Adem´as, el ente encargado, dentro de la sociedad romana, de mantener el curso
correcto de las reglas del calendario y con el atributo de adicionar meses si as´ı lo considera-
ba necesario, era una casta de pont´ıfices, asesores religiosos de los que ostentaban el poder
pol´ıtico, que en ocasiones no segu´ıa al pie de la letra las normas establecidas, adicionando
arbitrariamente distintos per´ıodos, que obviamente conven´ıan para sus propios intereses.
Esto llev´ o a que en el transcurso de varios siglos el desacople entre el calendario civil y el
astron´ omico fuera bastante notorio. Ya en los tiempos del primer triunvirato (Pompeyo,
L´epido y Julio C´esar), cerca del 60 A.C., la diferencia entre los calendarios era de cerca de
tres meses, pues cuando se presentaba la estaci´on invernal el almanaque indicaba los meses
de primavera (Martius, Aprilis y Maius). Julio C´esar, habi´endose hecho con el poder en Ro-
ma decret´o, entre otras cosas, una modificaci´on del calendario tendiente a acoplar de nuevo
el calendario civil con el astron´omico de tal forma que el equinoccio de primavera coincidiera
de nuevo con el 25 de marzo, como hab´ıa sido en tiempos de Numa, y adem´as, siguiendo
el consejo del astr´onomo alejandrino Sos´ıgenes, asegurar que en el futuro no se volviese a
presentar un desfase entre los calendarios. Para lograr lo primero se decidi´o convertir el a˜ no
9.2. EL CALENDARIO JULIANO 159
47 A.C. en el a˜ no m´ as largo de la historia pues se convino introducir un mes Merkedinus
de 28 d´ıas despu´es del 23 de febrero, y dos meses m´as entre noviembre y diciembre, uno de
33 y el otro de 34 d´ıas. Con ello, el a˜ no 47 A.C. qued´ o de 445 d´ıas y pasar´ıa a la histo-
ria, con justa raz´on, como el “a˜ no de la confusi´ on”. De ello result´ o tambi´en la pr´ actica de
que el comienzo del a˜ no no fuera el d´ıa primero de Martius sino el primero de Januarius.
Con el fin de evitar futuros desacoples, Sos´ıgenes, quien sab´ıa que el a˜ no tr´ opico duraba
aproximadamente 365.25 d´ıas, recomend´o a Julio C´esar que el a˜ no fuera fijado en 365 d´ıas
y que un d´ıa extra fuera a˜ nadido (entre el 23 y 24 de febrero) cada cuatro a˜ nos, siendo estos
a˜ nos exactamente divisibles por cuatro, esto es, sin generar decimal. El a˜ no de 366 d´ıas fue
llamado con el tiempo a˜ no bisiesto. El calendario, instituido de esa manera se conoce con
el nombre de calendario juliano.
Figura 9.1: Julio C´esar (100 A.C.-44 A.C.)
La duraci´ on de los meses tambi´en cambi´o lentamente en este per´ıodo, haci´endose m´as
f´acil de recordar, pues con excepci´on de febrero, se fij´ o una secuencia de duraci´ on de los
meses que tuvieran de forma alternante 30 y 31 d´ıas, ver tabla 9.3.
Con la muerte de Julio C´esar, en el 44 A.C., Marco Antonio quiso honrar la memoria
de su ilustre antecesor rebautizando el mes en el que hab´ıa nacido ´este, Quintilis, por el de
Julio. Varios a˜ nos despu´es, Octavio, llamado Augusto (el “aumentador”) por el senado ro-
mano, el primer emperador de Roma, decret´o que el mes Sextilis fuera de ahora en adelante
llamado por el nombre con el que habr´ıa de pasar a la historia. Pero, puesto que Sextilis
ten´ıa 30 d´ıas (y dado que, seg´ un el emperador, Augusto no pod´ıa ser menos que Julio), se
estableci´o que este mes tuviera de ahora en adelante 31 d´ıas; el d´ıa extra fue extra´ıdo del
pobre Februarius, el cual ahora tendr´ıa 28 d´ıas en a˜ nos normales y 29 cada cuatro. Pero esto
creaba una secuencia de tres meses seguidos de 31 d´ıas: Julio, Augusto y September. Con
160 CAP
´
ITULO 9. CALENDARIO
No. Nombre D´ıas No. Nombre D´ıas
1 Januarius 31 7 Quintilis 31
2 Februarius 29-30 8 Sixtilis 30
3 Martius 31 9 September 31
4 Aprilis 30 10 October 30
5 Maius 31 11 November 31
6 Junius 30 12 December 30
Tabla 9.3: Los meses y su duraci´on en la ´epoca de Julio C´esar
el fin de evitar esta monoton´ıa se decidi´ o cambiar la duraci´ on de September y November
que pasar´ıan de 31 a 30 d´ıas para fijar ahora a October y December como meses de 31 d´ıas.
Los nombres de estos meses (con muy ligeras modificaciones) y sus duraciones son los que
usamos actualmente, ver tabla 9.4.
El d´ıa adicional caracter´ıstico de los a˜ nos bisiestos se agregaba al ´ ultimo d´ıa de febrero.
9.3 Calendario y cristianismo
Como ya dijimos anteriormente, el a˜ no tr´ opico no consta de 365.25 d´ıas sino de 365.2422,
con lo que resulta que el calendario juliano (que origina el a˜ no civil) lentamente se va ade-
lantando con respecto al a˜ no tr´ opico a raz´on de 365.25 − 365.2422 = 0.0078 d´ıas por cada
a˜ no que transcurre, que es equivalente a 0.0078 24 60 = 11 minutos y 14 segundos. En
otras palabras, a medida que transcurren las centurias, el equinoccio de primavera, un even-
to astron´ omico de importancia para muchas culturas antiguas, se presentar´ a cada vez m´as
temprano (se ir´ a adelantando) con respecto a la fecha dada por el almanaque. De acuerdo
con el c´alculo anterior, se necesitar´ an alrededor de 1/0.0078 = 128 a˜ nos para que el a˜ no civil
adelante en un d´ıa al a˜ no tr´ opico. Por lo tanto, al cabo de unos 360 a˜ nos de estar instaurado
el calendario juliano el solsticio de primavera ya no ocurr´ıa el 25 (o 24) de marzo sino el 22
(o 21) de marzo.
No. Nombre D´ıas No. Nombre D´ıas
1 Enero 31 7 Julio 31
2 Febrero 28-29 8 Agosto 31
3 Marzo 31 9 Septiembre 30
4 Abril 30 10 Octubre 31
5 Mayo 31 11 Noviembre 30
6 Junio 30 12 Diciembre 31
Tabla 9.4: Los meses y su duraci´on actualmente
9.3. CALENDARIO Y CRISTIANISMO 161
Para ese entonces, el imperio romano hab´ıa cambiado mucho. El emperador Constanti-
no abraz´ o la religi´ on cristiana, cuyos practicantes hab´ıan sido cruelmente perseguidos por
algunos de sus antecesores, decidiendo adem´as instaurar dicha religi´ on como la oficial del
imperio.
A pesar de haber transcurrido casi tres siglos desde la muerte de Jesucristo, los adeptos
de la fe cristiana no lograban ponerse de acuerdo en muchos aspectos internos y funda-
mentales del culto. Pululaban en ese entonces muchas interpretaciones sobre la naturaleza
verdadera de Jesucristo que amenazaban seriamente con resquebrajar la unidad de la iglesia.
Constantino, quien se hab´ıa hecho cristiano m´ as por inter´es pol´ıtico que por otra cosa, no
le conven´ıa para nada esa situaci´ on que amenazaba seriamente la estructura doctrinal de la
mayor´ıa de la poblaci´ on, decidi´ o convocar un concilio ecum´enico (asamblea universal) con el
fin expreso de que los obispos de las distintas ciudades se pusieran enteramente de acuerdo
con respecto a los preceptos de su credo. El concilio fue llevado a cabo en la poblaci´on de
Nicea, muy cerca de lo que ahora se conoce como la ciudad de Izmir al noroeste de Turqu´ıa,
en el a˜ no 325 A.D. All´ı se definieron aspectos fundamentales del catolicismo, como el de se-
leccionar como ´ unicos exponentes de la verdad revelada por Dios a los evangelios escritos por
Marcos, Mateo, Lucas y Juan —que constituyen gran parte de lo que conocemos ahora como
Nuevo Testamento— de cerca de 60 evangelios, redactados por muy diversos personajes, y
que circulaban libre y desordenadamente por las manos de los fieles de ese entonces. Pero
para lo que nos interesa aqu´ı, que es la historia del calendario, debemos concentrarnos en lo
que resolvi´ o el concilio de Nicea
1
con respecto a la celebraci´on de la Pascua. La Pascua, para
el pueblo hebreo, es una celebraci´ on que conmemora la salida de los jud´ıos de su cautiverio
en Egipto tal y como se relata en la Biblia, particularmente en el
´
Exodo (12, 1-20). All´ı
se establece en qu´e d´ıa y en qu´e mes ha de celebrarse la “cena pascual”. Pero los jud´ıos se
rigen por un calendario lunar el cual crearon con una serie de reglas para ajustarlo a sus
necesidades civiles y religiosas. La complicaci´on es que los cristianos llaman Pascua a otro
evento: el d´ıa de la resurrecci´ on de Jesucristo. Tal y como se relata en el nuevo testamento,
Jesucristo, como buen practicante de la religi´ on jud´ıa, celebr´ o el rito de la “cena pascual”
y al d´ıa siguiente fue asesinado, resucitando luego al tercer d´ıa. Necesitando los cristianos
celebrar la Pascua, llamada ahora de resurrecci´on, se vieron en la necesidad de ajustarse par-
cialmente al calendario lunar jud´ıo. Como los evangelios no eran muy expl´ıcitos con respecto
a las fechas de tan trascendentales eventos, distintas facciones de cristianos celebraban la
Pascua con normas y preceptos que cambiaban de regi´on en regi´on, cosa que tambi´en pod´ıa
ocasionar a la larga un cisma. Se decidi´o, en el Concilio de Nicea, establecer unas normas
fijas y universales para fijar esta fiesta. Primero se estableci´ o por decreto que el equinoccio
vernal deb´ıa caer siempre el 21 de marzo (como en efecto ca´ıa ya para aquella ´epoca). Con
ello se acord´ o que el d´ıa en que cae la Pascua cristiana debe: a) celebrarse en domingo;
b) que dicho domingo sea el siguiente en que la luna llena eclesi´ astica cae en o despu´es del
equinoccio vernal.
1
Este concilio es considerado por los especialistas como el verdadero origen de la iglesia cat´olica, siendo su
principal m´ovil erradicar de una vez por todas el arrianismo, esto es, aquella doctrina debida a un presb´ıtero
alejandrino llamado Arrio quien sosten´ıa que Jesucristo era tan s´olo un hombre de excepcionales cualidades
pero en ning´ un caso pod´ıa ser identificado como hijo de Dios, esto es, Jesucristo no era consustancial con
Dios.
162 CAP
´
ITULO 9. CALENDARIO
Antes de seguir hay que aclarar que la luna llena eclesi´ astica no siempre coincide con la
luna llena verdadera, pero por fortuna las diferencias entre ambas se presentan muy rara vez.
Como se ver´a en la secci´on 9.6.5, la Pascua rige la ocurrencia de otras fiestas religiosas
por lo que es fundamental su c´ alculo acertado. Por ello se desprende que sea de trascenden-
tal importancia para la iglesia cat´ olica que el equinoccio vernal se verifique siempre el 21 (o
20) de marzo. Por desgracia, los obispos que asistieron al concilio de Nicea no cayeron en
cuenta del peque˜ no desfase que comentamos atr´as: el lento incremento, a˜ no tras a˜ no, del
a˜ no juliano (civil) con respecto al a˜ no tr´ opico.
9.4 El calendario gregoriano
En efecto, el tiempo transcurri´ o y las centurias se fueron acumulando, con lo que el a˜ no
civil se fue adelantando varios d´ıas con respecto al a˜ no tr´ opico. Para finales del siglo XVI
la diferencia era muy notoria. Ya hab´ıan pasado cerca de 1300 a˜ nos desde el concilio de
Nicea, esto es, el a˜ no civil se adelantaba por: 1300/128 ≈ 10 d´ıas; o en otras palabras,
cuando el almanaque indicaba el 21 de marzo, el equinoccio de primavera realmente hab´ıa
ocurrido 10 d´ıas antes, esto es, el 11 de marzo (recu´erdese que el a˜ no tr´ opico —lo que sucede
astron´ omicamente— se est´a rezagando con respecto al a˜ no civil). Es l´ ogico suponer que las
autoridades eclesi´ asticas ten´ıan un serio problema entre manos, pues se estaba dejando de
cumplir lo que sus antecesores hab´ıan fijado con tanto celo.
Figura 9.2: Papa Gregorio XIII (Ugo Boncompagni) (1502-1585) y Crist´obal Clavius (1537-1612)
Por ello, el papa Gregorio XIII, en 1582, decidi´ o poner fin a este enojoso asunto y acon-
sejado por el astr´onomo Crist´obal Clavius, mand´ o corregir el calendario con el fin expreso de
cumplir lo establecido casi 1300 a˜ nos atr´ as. Al igual que se hab´ıa hecho antes con la reforma
juliana, lo primero era colocar las aguas de nuevo en su cauce. Puesto que el problema era
que el equinoccio vernal se estaba rezagando con respecto al a˜ no civil, se decidi´ o eliminar de
cuajo 10 d´ıas del calendario civil. Por decreto, el d´ıa siguiente al 4 de octubre de 1582 no fue
9.5. CRONOLOG
´
IA 163
el 5 sino el 15 de octubre. Con tan arbitraria y extra˜ na soluci´ on se sincronizaban de nuevo el
a˜ no civil con el tr´ opico. Ahora bien, ¿C´omo evitar que en el transcurso de los a˜ nos siguiera
ocurriendo el desfase? Se trataba de eliminar la ligera ventaja que le toma el a˜ no civil al
a˜ no tr´ opico, que al cabo de 128 a˜ nos alcanza a ser de 1 d´ıa. Los asesores de Gregorio XIII
pensaron: al transcurrir casi 400 a˜ nos se acumulan 3 d´ıas de exceso (128 3 = 384 ∼ 400);
luego hay que buscar una manera de que cada 400 a˜ nos se eliminen 3 d´ıas del calendario
civil (que era el juliano). La soluci´ on fue ingeniosa. Se seguir´ıa conservando la norma fijada
por el calendario juliano, salvo en un ligero detalle.
Consideremos la siguiente secuencia de a˜ nos bisiestos:
1600, 1700, 1800, 1900, 2000, 2100, 2200, 2300, 2400
De 1600 a 2000 hay 400 a˜ nos, al igual que entre 2000 y 2400. De esta secuencia, los ´ unicos
n´ umeros que son exactamente divisibles por 400 sin dejar resto son 1600, 2000 y 2400, esto
es, entre 1600 y 2000 hay tres centurias que no son divisibles por 400 exactamente, al igual
que entre 2000 y 2400.
El ligero detalle, como lo habr´ a intuido el atento lector, y que constituye el fundamento
del denominado calendario gregoriano (el calendario que se utiliza actualmente en casi todo
el orbe) consiste en fijar aquellos a˜ nos que conforman centurias que no son divisibles por 400
sin generar decimal (1700, 1800 y 1900) como a˜ nos comunes de 365 d´ıas. Tres a˜ nos (que de-
ber´ıan ser bisiestos) pasan a ser a˜ nos comunes, con lo que se eliminan tres d´ıas cada 400 a˜ nos.
La ausencia de un sistema eficiente de comunicaciones y la desavenencia en asuntos
teol´ ogicos que hab´ıa entre el Papa y varios estados europeos ocasion´o que no todos adop-
taran las reglas que el papado recomendaba. El calendario gregoriano fue inmediatamente
adoptado por Portugal, Espa˜ na y parte de Italia. Sin embargo, con el correr del tiempo,
muchas otras regiones de Europa y Am´erica terminar´ıan adopt´ andolo y eventualmente casi
todo el planeta.
9.5 Cronolog´ıa
Se llama cronolog´ıa a cualquier m´etodo usado con el fin de ordenar y colocar los eventos en
la secuencia en que ellos ocurrieron. Los sistemas de cronolog´ıa que han sido usados para
registrar la historia humana est´ an´ıntimamente relacionados con los calendarios y por lo tan-
to var´ıan en alcance, exactitud, grado de refinamiento, etc. La cronolog´ıa cient´ıfica pretende
colocar todos los eventos de forma lo m´as correcta posible a intervalos proporcionales sobre
una escala fija en el orden en que dichos eventos ocurrieron. La astronom´ıa, la geolog´ıa y la
paleontolog´ıa requieren, pues, de este tipo de cronolog´ıa. La cronolog´ıa hist´ orica, por otro
lado, var´ıa con las diferentes habilidades y prop´ ositos de las civilizaciones que las emplea-
ban. Ello significa que es dif´ıcil hacer concordar las cronolog´ıas hist´ oricas con las cronolog´ıas
cient´ıficas debido, por un lado, a la falta de refinamiento de las antiguas civilizaciones, y por
otro, a la p´erdida de documentaci´ on y de registros que han sido inevitable en el transcurso
hist´ orico convulsionado y violento de casi todos los pueblos.
164 CAP
´
ITULO 9. CALENDARIO
El primer requisito de un sistema hist´ orico cronol´ ogico es la era, esto es, un punto fijo
de tiempo —de importancia trascendental para la civilizaci´ on o pueblo que la crea—, desde
el cual se indicar´a la posici´on de todos los dem´as eventos acaecidos antes o despu´es.
Los musulmanes, por ejemplo, fijan el inicio de su cronolog´ıa el a˜ no que el profeta Ma-
homa y sus seguidores huyeron de la Meca y que corresponde al a˜ no 622; los jud´ıos fijaron
como era el a˜ no que, seg´ un ellos, occurri´ o la creaci´on del mundo, el a˜ no 3761 A.C.
La era cristiana fue introducida alrededor del a˜ no 527 por Dionisio el Exiguo llamado
as´ı a causa de su corta estatura. Dionisio fue un monje que residi´ o en Roma y que calcul´ o
como fecha del nacimiento de Cristo el a˜ no 753 de la fundaci´ on de Roma. Dionisio design´o
a este a˜ no el n´ umero uno de dicha era, contando los a˜ nos que siguieron en un curso regular
a partir de ´el llam´andolos a˜ nos del Se˜ nor designaci´on que a´ un usamos cuando colocamos
A.D. (Anno Domini ). El a˜ no anterior a 1 A.D. es el a˜ no uno A.C. (Ante Christium). En
la escala no hay un a˜ no cero entre A.C. y A.D. Las investigaciones hist´ oricas han permitido
revelar que Dionisio cometi´ o una serie de errores en sus c´ alculos por lo que Jesucristo en
realidad no naci´ o en al a˜ no 1 de nuestra era sino unos 3 a 5 (y algunos autores llegan a
calcular hasta 9) a˜ nos antes
2
. La incertidumbre existente en cuanto a la determinaci´ on de
la fecha real del nacimiento de Jesucristo es completamente irrelevante para los prop´ ositos
de la cronolog´ıa: hay un a˜ no fijo, as´ı Dionisio haya tenido o no raz´ on. El hecho de que la era
cristiana sea una escala sin cero genera un ligero inconveniente y es que al medir el tiempo
de forma continua a partir del comienzo de la era el intervalo de a˜ nos realmente transcurrido
es una unidad menos que el n´ umero ordinal del a˜ no del calendario. Debido a esto, el primer
siglo, esto es, el primer intervalo de cien a˜ nos de la era cristiana termin´ o con el d´ıa 31 de
diciembre del a˜ no 100 A.D. El siglo II comenz´o el 1 de enero del a˜ no 101 A.D. De ello resulta
que el siglo XX comience con el 1 de enero de 1900 y termine con el d´ıa 31 de diciembre
de 2000. Luego, el siglo XXI comienza el 1 de enero del 2001 y as´ı sucesivamente. Esta
forma de contar los a˜ nos trae el inconveniente de complicar el c´alculo de fechas anteriores
al a˜ no 1 A.D. Por ejemplo, el n´ umero de a˜ nos existentes entre el a˜ no 20 A.C. y 20 A.D. no
es de 40 sino de 39. Para evitar confusiones, los astr´ onomos, siempre tan cuidadosos en sus
c´alculos, han introducido el a˜ no cero en sus c´ omputos. Y para hacer esto, llaman al a˜ no 1
A.C. como a˜ no cero. Entonces especifican los a˜ nos con un signo negativo para designar los
a˜ nos anteriores al a˜ no cero. Ello hace que el a˜ no contado por los historiadores difiera en uno
en comparaci´on con el que cuentan los astr´onomos:
C´omputo hist´ orico . . . 3 A.C. 2 A.C. 1 A.C. 1 A.D. 2 A.D. . . .
C´omputo astron´ omico . . . -2 -1 0 +1 +2 . . .
Los dos c´omputos coinciden cuando los a˜ nos son mayores o iguales que el a˜ no 1 A.D. As´ı
por ejemplo, el a˜ no 465 A.C. equivale al a˜ no −464.
2
Semejante incertidumbre en la fecha de nacimiento, trat´andose de un hombre que tal vez sin propon´erselo
termin´o fundando una de las religiones m´as importantes del mundo, s´olo es explicable si consideramos que
Jesucristo termin´o convirti´endose en un personaje digno de atenci´on s´olo hasta mucho tiempo despu´es de
su muerte.
9.6. LA DETERMINACI
´
ON DE LA FECHA DE PASCUA 165
9.6 La determinaci´on de la fecha de Pascua
Como ya se dijo, la fecha de Pascua est´a ´ıntimamente relacionada con el suceso de dos
fen´ omenos astron´omicos, a saber, la fase de luna llena y el equinoccio vernal. La importancia
de la fecha de Pascua es que ella determina todas las fechas m´ oviles religiosas que celebran
los pa´ıses con marcada poblaci´on practicante del culto cat´ olico. En ´epocas antiguas, cuando
no se dispon´ıan de teor´ıas complejas que permitieran calcular la posici´ on de la Luna con
una exactitud acorde a las circunstancias, los astr´ onomos y calculistas hicieron uso de los
curiosos ciclos que presentan las fases lunares. El m´as conocido de ellos es el ciclo de
Met´ on. Este ciclo es un per´ıodo de 19 a˜ nos solares (de 235 meses sin´odicos), que, una vez
transcurrido, las fases de la Luna tienen lugar aproximadamente en los mismos d´ıas del a˜ no,
lo que constituye una t´ecnica de predicci´ on m´ as o menos exacta. Consid´erese como ejemplo
la siguiente secuencia de lunas llenas:
Luna llena enero 22 de 1970
Luna llena enero 21 de 1989
Luna llena enero 22 de 2008
Luna llena enero 22 de 2027
Para facilitar los c´ alculos de la fecha de Pascua con base en el ciclo de Met´on, y dado
que ´este no es rigurosamente exacto, los calculistas se vieron en la necesidad de definir
algunos conceptos intermedios tendientes a hallar de forma expedita la fecha de la Pascua.
Pasaremos brevemente a dar revista a algunos de ellos.
9.6.1 Letra dominical
Designemos a los siete primeros d´ıas del a˜ no por las letras A, B, C, D, E, F y G. Por
lo tanto el primero de enero queda como A, el dos de enero como B, y as´ı sucesivamente
hasta enero siete que le corresponde la G; el ciclo continua entonces con el ocho de enero
de nuevo como A, enero nueve como B y as´ı sucesivamente. La letra dominical de un a˜ no
es la letra que le corresponde al primer domingo del a˜ no, y que caracteriza por lo tanto
a todos los domingos del a˜ no. As´ı, por ejemplo, si un a˜ no empieza el d´ıa viernes la letra
dominical es C. La complicaci´on aparece en los a˜ nos bisiestos. En estos a˜ nos al d´ıa 29 de
febrero no se le asigna una letra, pero, puesto que es contado como un d´ıa de la semana, la
serie de letras se cambiar´ a (a partir del primero de marzo) en favor de la letra precedente.
Esto obliga a que un a˜ no bisiesto tenga dos letras dominicales: la primera funcionar´ a en
los meses de enero y febrero; la segunda, que es su precedente, regir´a a partir del primero
de marzo en adelante. Consid´erese como ejemplo el a˜ no 2000. Por ser bisiesto tendr´a dos
letras dominicales. El primer domingo del a˜ no ocurri´ o el dos de enero, lo que significa que
la primera letra es B. La segunda letra es su precedente en la serie, esto es, la letra A. Por
lo tanto las letras dominicales del a˜ no 2000 son BA. Un a˜ no como 1998 (no bisiesto) tiene
una sola letra dominical, la cual fue D, lo que significa que el primer domingo del a˜ no tuvo
lugar el d´ıa cuatro de enero. Una f´ ormula que permite hallar la letra dominical L (entre 1
y 7) de un a˜ no Y cualquiera es la siguiente:
L =
¸
2T + 1 −ENT(
T
4
) −U −ENT(
U
4
)
7
¸
r
, (9.1)
166 CAP
´
ITULO 9. CALENDARIO
donde T son los dos primeros digitos del a˜ no y U los dos ´ ultimos; el sub´ındice r en (9.1)
significa el resto de la divisi´ on. Se ha de tener cuidado adem´as con lo siguiente: Si L ≤ 0
entonces L = L + 7. Adem´as, si el a˜ no es bisiesto, esto es, si Y es divisible por cuatro sin
generar resto (salvo a˜ nos como 1700, 1800, 1900, 2100, 2200, 2300, etc.) entonces con (9.1)
se obtiene la segunda letra dominical.
Ejemplo 1
Calcular la letra dominical del a˜ no 2002.
Soluci´on
Entonces Y = 2002. Por lo tanto T = 20, U = 02 = 2. Puesto que ENT(20/4) = 5,
ENT(2/4) = 0, entonces:
40 + 1 −5 −2 −0
7
=
34
7
=
28
7
+
6
7
,
por lo tanto el resto es L = 6. Esto significa que la letra dominical es F.
Ejemplo 2
Calcular la letra dominical del a˜ no 2008.
Soluci´on
Este es un a˜ no bisiesto. Entonces Y = 2008. Por lo tanto T = 20, U = 08 = 8. Puesto
que ENT(20/4) = 5, ENT(8/4) = 2, entonces:
40 + 1 −5 −8 −2
7
=
26
7
=
21
7
+
5
7
,
por lo tanto el resto es L = 5. Esto significa que la segunda letra dominical de este a˜ no
bisiesto es E. Pero como la segunda letra dominical de un a˜ no bisiesto es la precedente de la
primera se deduce que la primera letra es F. Por lo tanto, la letra dominical del 2008 es FE.
9.6.2 N´ umero ´aureo
El n´ umero ´ aureo est´a relacionado directamente con el ciclo de Met´on. En la antig¨ uedad
este ciclo era considerado como una de las verdades m´ as s´olidamente establecidas; se cre´ıa
que bastaba con conocer las lunaciones de 19 a˜ nos, para predecir de ah´ı en adelante las
que vinieran. El n´ umero que ocupa un a˜ no en este ciclo es llamado n´ umero ´ aureo, llamado
as´ı porque los calendarios sol´ıan encabezar con este n´ umero pintado en oro o rojo. Se ha
dispuesto que el primer ciclo de Met´ on empez´o el a˜ no en que el novilunio acaeci´ o el primero
de enero del a˜ no 1 A.C. Por lo tanto, el a˜ no 1 A.C. tuvo por n´ umero ´ aureo 1. Puesto que en
cronolog´ıa el a˜ no cero no existe, el a˜ no 1 A.D. tuvo por n´ umero ´ aureo 2 y as´ı sucesivamente
hasta el a˜ no 18 A.D. al que le correspondi´ o por n´ umero ´ aureo 19; el a˜ no 19 A.D. continua
con el n´ umero ´ aureo 1 y as´ı sucesivamente. La importancia del n´ umero ´ aureo resid´ıa en que
9.6. LA DETERMINACI
´
ON DE LA FECHA DE PASCUA 167
era un valor indispensable en el c´alculo de la Pascua antes de la reforma gregoriana, la cual
reemplaz´o el n´ umero ´ aureo por el concepto de Epacta.
El n´ umero ´ aureo G de un a˜ no cualquiera Y puede calcularse con la siguiente f´ ormula:
G = 1 +

Y
19

r
, (9.2)
donde el sub´ındice r significa el resto de la divisi´ on.
Ejemplo 1
Calcular el n´ umero ´ aureo del a˜ no 1999.
Soluci´on
Aqu´ı Y = 1999. Entonces:
1999
19
=
1995
19
+
4
19
.
Entonces:
G = 1 + 4 = 5.
9.6.3 La Epacta
La epacta es un vocablo de origen griego que se utiliza para indicar la edad de la Luna al
empezar el a˜ no. La edad de la Luna es un n´ umero (entre 1 y 29) que indica el n´ umero
de d´ıas transcurridos desde la ´ ultima luna nueva. El concepto de Epacta para calcular la
Pascua fue sugerido por Luis Lilio Guiraldi y se adopt´ o como otra correcci´on que introdujo
la reforma ordenada por el papa Gregorio XIII. La epacta se puede calcular con ayuda de
las siguientes f´ ormulas.
Para un a˜ no dado Y se comienza por calcular el valor de C dado por:
C = 1 +ENT(Y/100),
luego calculamos los valores de X y Z definidos por:
X = ENT

3C
4

−12, Z = ENT

8C + 5
25

−5,
entonces la epacta est´a dada por:
E =

11G+ 20 +Z −X
30

r
, (9.3)
donde G es el n´ umero ´ aureo calculado con ayuda de (9.2), y el sub´ındice r significa el resto
de la divisi´ on.
168 CAP
´
ITULO 9. CALENDARIO
Ejemplo 1
Calcular la epacta del a˜ no 1966.
Soluci´on
Aqu´ı Y = 1966. Entonces:
1966
19
=
1957
19
+
9
19
.
Entonces:
G = 1 + 9 = 10.
As´ı mismo: C = 1+ENT(1966/100) = 1+19 = 20. X = ENT(
3×20
4
)−12 = 15−12 = 3,
Z = ENT(
8×20+5
25
) −5 = 6 −5 = 1. Al reemplazar en (9.3):
11 10 + 20 + 1 −3
30
=
128
30
=
120
30
+
8
30
,
por lo tanto E = 8.
Ejemplo 2
Calcular la epacta del a˜ no 2011.
Soluci´on
Aqu´ı Y = 2011. Entonces:
2011
19
=
1995
19
+
16
19
,
esto es:
G = 1 + 16 = 17.
As´ı mismo: C = 1+ENT(2011/100) = 1+20 = 21. X = ENT(
3×21
4
)−12 = 15−12 = 3.
Z = ENT(
8×21+5
25
) −5 = 6 −5 = 1. Al reemplazar en (9.3):
11 17 + 20 + 1 −3
30
=
205
30
=
180
30
+
25
30
,
por lo tanto E = 25.
9.6.4 Otros ciclos
En los almanaques astron´ omicos se acostumbra a rese˜ nar los valores que adopta el a˜ no con
respecto a otros ciclos no tan conocidos. La indicci´ on romana es uno de ellos. Este ciclo
posee una duraci´ on de 15 a˜ nos y fue introducido por el emperador romano Constantino
en el a˜ no 312 A.D., el cual originalmente fue concebido como un plazo fiscal pero termin´ o
siendo un modo de contar regularmente los a˜ nos. La indicci´on romana se ha fijado de
tal forma que el a˜ no uno de nuestra era (1 A.D.) corresponde al a˜ no cuatro del ciclo de
indicci´ on correspondiente. Para el a˜ no 2000 ya hab´ıan transcurrido 133 de tales ciclos
9.6. LA DETERMINACI
´
ON DE LA FECHA DE PASCUA 169
correspondi´endole una indicci´ on de 8. La f´ormula que permite hallar la indicci´ on romana
IR para un a˜ no cualquiera Y es f´ acil de deducir y es:
IR =

Y + 3
15

r
.
Otro ciclo es el denominado ciclo solar el cual posee una duraci´on de 28 a˜ nos. Se ha
dispuesto que el a˜ no uno de nuestra era (1 A.D.) corresponde al a˜ no diez de dicho ciclo solar.
La f´ ormula que permite hallar el ciclo solar CS para un a˜ no cualquiera Y es:
CS =

Y + 9
28

r
.
La importancia del ciclo solar estribaba en que en el calendario juliano dos a˜ nos que
tengan el mismo ciclo solar tienen las mismas letras dominicales, lo que significa que los
d´ıas de la semana (y en particular los domingos) tienen lugar en la misma fecha del a˜ no.
Esto explica el origen de la denominaci´ on ciclo solar (el domingo es el d´ıa del Sol). La
introducci´ on del calendario gregoriano desbarat´ o este esquema.
Otro ciclo es el denominado per´ıodo juliano. Este resulta de la multiplicaci´ on del ciclo
de Met´ on, la indicci´ on romana y el ciclo solar. Por lo tanto, el ciclo posee una duraci´on de
191528 = 7980 a˜ nos. Este per´ıodo fue propuesto por Joseph Justus Scaliger a finales del
siglo XVI. Se fij´ o al mismo tiempo el d´ıa y el a˜ no en que deber´ıa comenzar dicho per´ıodo. Se
eligi´ o aquel a˜ no para el cual el n´ umero ´ aureo, la indicci´ on romana y el ciclo solar coinciden
en uno. Es relativamente sencillo calcular que esto sucede en el a˜ no 4713 A.C. (−4712).
Como ya para finales del siglo XVI era costumbre comenzar el a˜ no desde el primero de enero
se eligi´ o como fecha origen de la fecha juliana (ver secci´ on 7.9.1) el primero de enero de dicho
a˜ no. Por lo tanto, el a˜ no del per´ıodo juliano APJ para un a˜ no dado cualquiera Y puede
calcularse con la f´ ormula:
APJ = 4713 +Y.
9.6.5 C´alculo de la fecha de Pascua
La fecha de Pascua FP de un a˜ no Y cualquiera se puede calcular por intermedio de la
siguiente f´ ormula:
FP = 21 +P + (L −l), (9.4)
donde FP representa el d´ıa en que se verifica la fecha de Pascua en d´ıas del mes de marzo;
L es la letra dominical del a˜ no Y (en caso de a˜ no bisiesto se toma la segunda) y P y l toman
los siguientes valores:
Si E < 24 entonces P = 24 −E, l = 27 −E, pero si: 27 −E > 7 entonces: l = (
27−E
7
)r,
Si E > 23 entonces P = 54 −E, l = 57 −E, pero si: 57 −E > 7 entonces: l = (
57−E
7
)r,
donde E es la Epacta del a˜ no Y . Adem´as:
Si (L −l) < 0 entonces (L −l) = (L −l) + 7.
170 CAP
´
ITULO 9. CALENDARIO
Ejemplo 1
Calcular la fecha de Pascua para el a˜ no 2011.
Soluci´on
La letra dominical L del a˜ no 2011 se calcula con ayuda de (9.1): Y = 2011; por lo tanto
T = 20, U = 11. Puesto que ENT(20/4) = 5, ENT(11/4) = 2, entonces:
40 + 1 −5 −11 −2
7
=
23
7
=
21
7
+
2
7
,
por lo tanto el resto es L = 2. Esto significa que la letra dominical es B.
Ya hab´ıamos calculado la epacta E del a˜ no 2011 la cual di´ o un valor de E = 25. Puesto
que 25 > 23 entonces: P = 54 − 25 = 29 y l = ((57 − 25)/7)
r
= 4. Por lo tanto:
(L −l) = (2 −4) = −2, esto es −2 + 7 = 5, por lo que:
FP = 21 + 29 + 5 = 55 d´ıas de marzo = 24 de abril.
Entonces la fecha de Pascua para el a˜ no 2011 cae el domingo 24 de abril.
Ejemplo 2
Calcular la fecha de Pascua para el a˜ no 2027.
Soluci´on
La letra dominical L del a˜ no 2027 se calcula con ayuda de (9.1): Y = 2027; por lo tanto
T = 20, U = 27. Puesto que ENT(20/4) = 5, ENT(27/4) = 6, entonces:
40 + 1 −5 −27 −6
7
=
3
7
=
0
7
+
3
7
,
por lo tanto el resto es L = 3. Esto significa que la letra dominical es C. Calculamos ahora
el valor de la epacta para el a˜ no 2027. Comenzamos por calcular el n´ umero ´ aureo:
2027
19
=
2014
19
+
13
19
.
Entonces:
G = 1 + 13 = 14.
As´ı mismo: C = 1+ENT(2027/100) = 1+20 = 21. X = ENT(
3×21
4
)−12 = 15−12 = 3.
Z = ENT(
8×21+5
25
) −5 = 6 −5 = 1. Al reemplazar en (9.3):
11 14 + 20 + 1 −3
30
=
172
30
=
150
30
+
22
30
,
por lo tanto E = 22.
Puesto que 22 < 24 entonces: P = 24 − 22 = 2 y l = ((27 − 22)/7)
r
= 5. Por lo tanto:
(L +l) = (3 −5) = −2, esto es: −2 + 7 = 5 por lo que:
FP = 21 + 2 + 5 = 28 d´ıas de marzo.
La fecha de Pascua para el a˜ no 2027 cae el domingo 28 de marzo.
9.7. CALENDARIO COLOMBIANO 171
Fiesta D´ıa de celebraci´ on
Domingo de septuag´esima 63 d´ıas antes
Mi´ercoles de ceniza 46 d´ıas antes
Domingo de ramos 7 d´ıas antes
Jueves santo 3 d´ıas antes
Viernes santo 2 d´ıas antes
La Ascensi´on del Se˜ nor 39 d´ıas despu´es
Pascua de Pentecost´es 49 d´ıas despu´es
Corpus Christi 60 d´ıas despu´es
Sagrado Coraz´on de Jes´ us 68 d´ıas despu´es
Tabla 9.5: Ocurrencia de varias fiestas cat´olicas con relaci´on a la Pascua
9.7 Calendario colombiano
La fecha de Pascua, como se dijo atr´as, determina todas las fiestas religiosas movibles.
Colombia, por ser un pa´ıs mayoritariamente cat´ olico, celebra varias fechas de importancia
de ´este culto. La fecha en que ocurren estas fiestas, en relaci´on con la Fecha Pascual, viene
dada por la tabla 9.5.
Las fiestas que est´an en la tabla 9.5 (a excepci´on del Sagrado Coraz´on de Jes´ us, que
es considerada una fiesta civil) junto con la Pascua constituyen los d´ıas de fiesta movibles
del calendario eclesi´ astico. De estas fiestas movibles la Rep´ ublica de Colombia reconoce,
a los trabajadores del sector p´ ublico y privado, como descansos remunerados los siguientes
d´ıas: jueves y viernes santos, la Ascensi´on del Se˜ nor, el Corpus Christi y el Sagrado Coraz´ on.
Existen otras fiestas eclesi´asticas que no dependen de la fecha de Pascua que se de-
nominan fiestas fijas eclesi´asticas por ocurrir siempre en los mismos d´ıas del a˜ no y son: la
circuncisi´ on del Se˜ nor (1 de enero), la Epifan´ıa o fiesta de los reyes magos (6 de enero),
d´ıa de San Jos´e (19 de marzo), d´ıa de San Pedro y San Pablo (29 de junio), Asunci´ on (15
de agosto), d´ıa de todos los santos (1 de noviembre), la Inmaculada Concepci´ on (8 de di-
ciembre) y la Natividad o nacimiento del Se˜ nor (25 de diciembre). Todas estas fiestas son
consideradas por la Rep´ ublica de Colombia como descansos remunerados.
Las fiestas de orden civil se suceden todas en los mismos d´ıas del a˜ no (a excepci´ on del
Sagrado Coraz´on de Jes´ us) y son: d´ıa del trabajo (1 de mayo), Independencia Nacional (20
de julio), Batalla de Boyac´ a (7 de agosto), d´ıa de la raza (12 de octubre) e Independencia
de Cartagena (11 de noviembre). Todas estas fiestas son consideradas por la Rep´ ublica de
Colombia como descansos remunerados.
Hay que tener presente, sin embargo, que en la actualidad est´ a vigente una ley de la
Rep´ ublica que modifica parcialmente las fechas en que se deben celebrar algunas fiestas. La
ley 51 de 1983 traslada el descanso remunerado de algunos d´ıas festivos. Espec´ıficamente,
el art´ıculo 2 de la mencionada ley decreta que los d´ıas 6 de enero, 19 de marzo, 29 de
172 CAP
´
ITULO 9. CALENDARIO
junio, 15 de agosto, 12 de octubre, 1 de noviembre, 11 de noviembre, Ascensi´ on del Se˜ nor,
Corpus Christi, y Sagrado Coraz´ on de Jes´ us, cuando no caigan en d´ıa lunes se trasladar´ an
al lunes siguiente a dicho d´ıa. Pero cuando las mencionadas festividades caigan en domingo,
el descanso remunerado igualmente se trasladar´a al lunes. La tabla G.1 del ap´endice G
contiene los dencansos remunerados reconocidos por la Rep´ ublica de Colombia e indica
aquellas fiestas cuyos d´ıas son trasladados en virtud de la ley 51 de 1983.
Ejemplo 1
Calcular en qu´e d´ıas y en qu´e d´ıa de la semana cayeron los descansos remunerados en la
Rep´ ublica de Colombia en el a˜ no de 1995.
Soluci´on
Comenzamos por calcular la fecha de Pascua del a˜ no 1995. Realizando el calculo vemos
que la Pascua cay´ o en aquel a˜ no el domingo 16 de abril. Ello significa que el jueves y el
viernes santo cayeron los d´ıas 13 y 14 de abril. En lo que sigue se supone que para cada
fecha se determina en las tablas G.3, G.4 y G.5 del ap´endice G el d´ıa correspondiante de la
semana. La ascensi´on deber´ıa ocurrir 39 d´ıas despu´es de la Pascua, esto es, el 25 de mayo
(jueves), pero por la ley 51 cae el lunes 29 de mayo. El Corpus Christi deber´ıa ocurrir 60
d´ıas despu´es de la Pascua, esto es, el 15 de junio (jueves), pero por la ley 51 cae el lunes
19 de junio. El Sagrado Coraz´on deber´ıa ocurrir 68 d´ıas despu´es de la Pascua, o sea, el
23 de junio (viernes), pero por ley 51 cae el lunes 26 de junio. Otras fiestas modificadas
por la ley 51 son: la Epifan´ıa, que del 6 de enero (viernes) pasa a celebrarse el lunes 9
de enero; San Jos´e, que del 19 de marzo (domingo) se celebra el lunes 20 del mismo mes;
San Pedro y San Pablo, que del 29 de junio (jueves) pasa a celebrarse el lunes 3 de julio;
la Asunci´ on que del 15 de agosto (martes) pasa a celebrarse el lunes 21 de agosto; el d´ıa
de la raza que del 12 de octubre (jueves) pasa al lunes 16 de octubre; el d´ıa de todos los
santos que del 1 de noviembre (mi´ercoles) pasa a celebrarse el lunes 6 de noviembre y la
Independencia de Cartagena que del 11 de noviembre (s´ abado) pasa al lunes 13 de noviembre.
Las fiestas restantes no son modificadas por la ley 51 y son: la cirncuncisi´on del Se˜ nor
el 1 de enero que cay´ o en domingo; el d´ıa del trabajo (1 de mayo) que cay´ o en lunes; la
Independencia Nacional (20 de julio) que cay´ o en jueves; la Batalla de Boyac´a (7 de agosto)
que cay´ o en lunes; la Inmaculada Concepci´on (8 de diciembre) que cay´ o en viernes y la
Natividad (25 de diciembre) que cay´ o en lunes.
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Meeus, Jean (1991) Astronomical Algorithms, Willmann-Bell, Richmond.
En el cap´ıtulo 8 se encuentra una rutina que permite determinar la fecha de pascua.
• Meeus, Jean (1995) Astronomical Tables of the Sun, Moon and Planets, Willmann-Bell, Rich-
mond.
En su cap´ıtulo 7 se encuentran multitud de tablas para calcular la fecha juliana, fechas de
pascua, calendario jud´ıo y calendario musulm´ an.
9.7. CALENDARIO COLOMBIANO 173
• Explanatory Supplement to the Astronomical Ephemeris and the American Ephemeris and
Nautical Almanac, (1961) Her Majesty’s Stationery Office, Londres.
Excelente referencia para algunos t´opicos de astronom´ıa esf´erica. La secci´ on de calendario es
altamente ilustrativa y rebosante en referencias
• Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana, Espasa-Calpe, S.A., Madrid.
Tal vez la mejor enciclopedia que se haya hecho en idioma castellano. Bajo la palabra ca-
lendario se encuentra la descripci´ on m´ as completa y detallada de la historia de m´ ultiples
calendarios.
• http://www.personal.ecu.edu/MCCARTYR/calendar-reform.html
Contiene bastante informaci´ on sobre reforma e historia del calendario.
• http://www.calendarzone.com/
Todo lo que Usted desee saber sobre calendarios se encuentra aqu´ı.
174 CAP
´
ITULO 9. CALENDARIO
Cap´ıtulo 10
CORRECCI
´
ON A LAS
COORDENADAS
Existen varios fen´ omenos de distinta naturaleza que afectan en mayor o en menor grado las
coordenadas de los cuerpos celestes.
Estos fen´ omenos son los siguientes:
1. Precesi´on
2. Nutaci´on
3. Aberraci´on
4. Movimiento en el espacio
5. Paralaje
6. Refracci´on astron´omica
7. Deflecci´on gravitacional de la luz
Pasaremos a dar un r´apida exposici´ on de cada uno de ellos.
10.1 Precesi´on
T´ecnicamente y de forma general el fen´omeno de precesi´on consiste en el movimiento del
eje de rotaci´on de un cuerpo alrededor de un eje fijo, que es originado por la presencia
de una fuerza externa (torque). El ejemplo m´ as sencillo para visualizar la precesi´ on es
observando un trompo en rotaci´ on (figura 10.1). El trompo corriente es un cuerpo que tiene
una acumulaci´ on de masa sobresaliente en su parte superior. Al poner a girar el trompo
sobre una superficie dura perfectamente horizontal, el eje de rotaci´ on (que tiene la misma
direcci´ on de la pua) no permanece perpendicular al suelo, pues cualquier perturbaci´ on, o
la p´erdida de energ´ıa generada por el rozamiento con la superficie y con el aire, hace que
175
176 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
el eje forme un ´angulo de inclinaci´ on con respecto a un eje normal (y fijo) a la superfice.
La inclinaci´ on es causada por la atracci´on gravitacional terrestre sobre el exceso de masa
existente en la parte superior del trompo, lo cual origina un torque.
EJE NORMAL A
LA SUPERFICIE
EJE DE ROTACION
Figura 10.1: Trompo precesando
El efecto resultante es curioso: el eje de rotaci´on del trompo comienza a girar lentamente
alrededor del eje normal a la superficie, esto es, el eje de rotaci´on describe una circunferencia
en el espacio con un determinado radio. Como sabemos, la fricci´on causa que el trompo
termine perdiendo toda su momentum angular (su velocidad de rotaci´ on se hace cero) con
lo que el trompo termina acost´ andose sobre la superficie horizontal. Obtenemos inmediata-
mente el mismo efecto si colocamos un trompo est´atico —no rotante— sobre su pua (con su
eje de rotaci´on perpendicular a la superficie), esto es, en una alta configuraci´ on de equilibrio
inestable, y lo soltamos.
Ahora bien, el planeta Tierra en su movimiento de rotaci´ on tambi´en adolece de precesi´on.
Esto se debe a que la Tierra tiene un ligero exceso de masa ubicado alrededor del sector
ecuatorial (recu´erdese que el radio terrestre es m´ as grande en el ecuador que en los polos)
y el campo gravitacional de cuerpos como la Luna, el Sol y los planetas son los encargados
de generar el torque externo (ver figura 10.2).
Si la Tierra dejara de rotar el efecto de la atracci´ on gravitacional sobre el exceso de
masa har´ıa que con el tiempo la oblicuidad de la ecl´ıptica pasar´ a de un valor de 23
o
27

a
un valor cercano a cero, esto es, que el ecuador celeste se alinie con un plano intermedio
entre la ecl´ıptica y el plano de la ´ orbita lunar. Pero, el caso real es que no existen fuerzas de
rozamiento lo suficientemente fuertes como para que se detenga el movimiento de rotaci´on
de la Tierra. El efecto de la precesi´ on sobre el eje de rotaci´on terrestre es que ´este describe
en el espacio una circunferencia de radio constante alrededor del polo de la ecl´ıptica. Es-
to significa que la Tierra responde al torque externo no cambiando su eje de inclinaci´ on
sino haciendo rotar el eje muy lentamente alrededor de la normal al plano de la ecl´ıptica. El
movimiento de precesi´on para nuestro planeta es muy lento, de unos 50 segundos de arco por
a˜ no, que equivale a una rotaci´ on completa al cabo de unos 25 800 a˜ nos. Astron´omicamente
10.1. PRECESI
´
ON 177
PNC
ECLIPTICA
TIERRA
LUNA
5
o
Π
O
R
B
ITA
D
E LA
LU
N
A
SOL
ε
Figura 10.2: Precesi´on del eje de rotaci´on terrestre
¿cual es el efecto? Uno que se aprecia inmediatamente es que el polo norte celeste no est´a
fijo con respecto a la b´oveda celeste: se mueve lentamente realizando una vuelta completa
alrededor del polo ecl´ıptico cada 25 800 a˜ nos. Conociendo que el c´ırculo que describe el PNC
alrededor de Π (el polo ecl´ıptico) tiene un radio constante de 23
o
27

podemos conocer cual
es la posici´on del PNC para cualquier tiempo en el pasado o en el futuro. Actualmente el
PNC est´a a unos 3/4 de grado (45 minutos) de la estrella Polaris (α Ursae Minor). Unos
4600 a˜ nos atr´ as el PNC estaba muy cerca de la estrella Thuban (α Draconis). Hace tres mil
a˜ nos, el PNC se hab´ıa desplazado hasta pasar cerca de la estrella Kochab (β Ursae Minor).
En el futuro, dentro de diez mil a˜ nos, el PNC se ubicar´a cerca de la estrella Vega (α Lyrae).
Pero el movimiento del polo tiene una consecuencia importante en lo que se refiere a la
observaci´on de la b´ oveda celeste para un observador ubicado siempre a una latitud deter-
minada. Es claro de la figura 10.4 que al desplazarse lentamente el polo celeste alrededor
del polo ecl´ıptico, el punto vernal (uno de los dos puntos de de corte de la ecl´ıptica con el
ecuador celeste) se va desplazando en la misma direcci´on (y con la misma velocidad). Esto
es, los puntos equinocciales se van desplazando a lo largo de la ecl´ıptica con una velocidad
del orden de 50

de arco por a˜ no. El punto vernal atraviesa las trece constelaciones por las
que pasa la ecl´ıptica en un t´ermino de 25 800 a˜ nos. Esto explica porqu´e el fen´omeno es cono-
cido tambi´en como precesi´on de los equinoccios. Tambi´en explica porqu´e el punto vernal es
llamado “punto de Aries”. Actualmente, el punto vernal est´ a ubicado en la constelaci´ on de
Piscis. Pero hace 2500 a˜ nos, en la ´epoca en que se consolid´ o la astrolog´ıa griega, el punto
vernal estaba ubicado en la constelaci´ on de Aries. El nombre ha perdurado hasta nuestra
´epoca pero se ha de estar atento para evitar confusiones. Dentro de unos 600 a˜ nos el punto
vernal dejar´ a de estar en Piscis para entrar a la constelaci´on de Acuario (teniendo en cuenta
la actual definici´ on de las fronteras entre las constelaciones). Pero este desplazamiento de
los puntos equinocciales es el responsable de que dentro de 12 000 a˜ nos, cuando el PNC se
encuentre en alg´ un punto entre las constelaciones de H´ercules y la Lira, constelaciones que
actualmente est´an en el hemisferio norte celeste, tales como Aries, Tauro, Geminis, C´ancer,
Leo y el Can Menor, se ubiquen en el hemisferio sur celeste. De igual forma, constelaciones
como El Cuervo, Libra, Escorpi´ on, Sagitario, Capricornio y Acuario (ahora ubicadas en el
hemisferio sur celeste) se encontrar´an, para ese per´ıodo de tiempo, en el hemisferio norte.
178 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
β
γ
α
λ
χ
γ
β
δ
χ
ζ
. α
β
γ
LIRA
CISNE
CEFEO
DRAGON
α
2000
14000
10000
8000
4000
−4000
OSA
MENOR
-6000
Figura 10.3: Movimiento del PNC en varios miles de a˜ nos
Un observador para una latitud fija de, digamos, unos 40
o
norte observar´ a, suponiendo que
pueda vivir centenares e incluso miles de a˜ nos, que, con el transcurso de lo siglos, estre-
llas que eran f´ acilmente visibles para ´el pasar´an a ser imposibles de observar (insistimos,
para una latitud fija); y a la inversa, aparecer´ an “nuevas” estrellas sobre su horizonte, que
anteriormente eran imposibles de observar. Tal parece que fue de esta manera como el as-
tr´ onomo Hiparco de Nicea descubri´o el fen´ omeno de precesi´on alrededor del a˜ no 150 A.C.,
comparando sus observaciones de estrellas con las de astr´onomos babilonios realizadas unos
1000 a 2000 a˜ nos antes. Hiparco evalu´ o el corrimento del punto vernal en una magnitud de
36 segundos de arco por a˜ no.
Se suele denominar a la contribuci´ on de los torques producidos por el Sol y la Luna como
“precesi´on lunisolar”. La contribuci´ on de los planetas se llama “precesi´on planetaria”. La
suma de la precesi´ on lunisolar y planetaria es llamada “precesi´ on general”.
La precesi´on hace desplazar lentamente el punto vernal a lo largo de la ecl´ıptica y, puesto
que es desde ´este punto que comienza a contarse la ascensi´on recta, se deduce que las coor-
denadas ecuatoriales de cualquier astro ir´ an cambiando con el tiempo. Ello quiere decir que
las coordenadas de las estrellas deben ir acompa˜ nadas por el instante de tiempo que indique
con respecto a qu´e equinoccio se est´ a haciendo referencia (ver figura 10.5).
Un estudio riguroso de la precesi´ on (y la nutaci´ on) requiere el manejo de perturbaciones
10.1. PRECESI
´
ON 179
P
1
2
Π
Π
´
ε
P
2
E
C
L
I
P
T
I
C
A
ECUADOR CELESTE 1
Figura 10.4: Desplazamiento del punto vernal a trav´es de la ecl´ıptica
en mec´anica celeste. Una descripci´on relativamente t´ecnica del procedimiento puede encon-
trarse en Smart (1960), Plummer (1960) y Chandrasekhar (1995). Aun m´as descriptivo es
el c´alculo del movimiento del punto vernal expuesto en Kaula (1968).
El fen´ omeno de precesi´on obliga a que se establezca una fecha arbitraria y fija que se
usa como un datum de referencia a la cual se le denomina “´epoca”. Las coordenadas de las
estrellas se especifican con respecto a dicha ´epoca. La ´epoca puede ser el inicio de un a˜ no o
el comienzo (o mitad) del siglo, etc. Una “´epoca est´andar” especifica el sistema de referencia
al cual se refieren las coordenadas de las estrellas. Desde el a˜ no 1984 la ´epoca est´andar uti-
lizada se designa como J2000.0, donde la J significa a˜ no Juliano
1
. Cuando se escribe J2000
lo que se quiere decir es el instante 1 de enero a las 12 meridiano hora de Greenwich del
a˜ no 2000. Antes de 1984 la ´epoca est´andar utilizada se designaba como B1950.0, donde la
B significa a˜ no Beseliano
2
.
Para calcular el efecto de la precesi´ on sobre las coordenadas α y δ se pueden utilizar
varios m´etodos alternativos de los cuales existen unos m´ as exactos que otros. F´ormulas
rigurosas para la determinaci´ on de la precesi´ on pueden consultarse en Simon et al., 1994.
1
El a˜ no Juliano es un per´ıodo de tiempo conformado exactamente por 365.25 d´ıas.
2
El a˜ no Beseliano es un per´ıodo de tiempo que completa una revoluci´on en ascensi´on recta del Sol medio
tal y como fue definido por Simon Newcomb.
180 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
Damos a continuaci´on las f´ormulas que permiten reducir las coordenadas ecuatoriales
absolutas al equinoccio medio y ecuador medio de una fecha t.
Llamaremos: (α
0
, δ
0
) las coordenadas de un astro referido a la ´epoca fundamental
(J2000.0); (α, δ) las coordenadas de un astro referido al equinoccio y ecuador medio de
una fecha t.
Las f´ormulas son:
M = 1

.2812323T + 3

.879 10
−4
T
2
+ 1

.101 10
−5
T
3
, (10.1)
N = 0

.5567530T −1

.185 10
−4
T
2
−1

.16 10
−5
T
3
, (10.2)
donde T es la variable definida por la ecuacion (7.17).
Paso del J2000.0 a la fecha (t)
El c´ alculo se hace con ayuda de las siguientes expresiones:
α = α
0
+M +N sen α
m
tanδ
m
, (10.3)
δ = δ
0
+N cos α
m
, (10.4)
donde (α
m
, δ
m
) llamados valores medios se utilizan como cantidades auxiliares:
α
m
= α
0
+
1
2
(M +N sen α
0
tanδ
0
), (10.5)
δ
m
= δ
0
+
1
2
N cos α
m
. (10.6)
Paso de la fecha (t) al J2000.0
Las ecuaciones son ahora:
α
0
= α −M −N sen α
m
tanδ
m
, (10.7)
δ
0
= δ −N cos α
m
, (10.8)
donde:
α
m
= α −
1
2
(M +N sen αtanδ), (10.9)
δ
m
= δ −
1
2
N cos α
m
. (10.10)
Ejemplo 1
La ascensi´on recta y declinaci´on de la estrella Canopus para el instante J2000.0 son:
α
0
= 6
h
23
m
57.119
s
y δ
0
= −52
o
41

44.5

. Calcular los valores correspondientes de α y δ
corregidos por precesi´on el d´ıa 8 de mayo del a˜ no 2010.
10.2. NUTACI
´
ON 181
α
ECLIPTICA
ECUADOR MEDIO EN t
ECUADOR MEDIO EN to
δ
δ
0
α
0 0
1
*
Figura 10.5: Coordenadas ecuatoriales en la ´epoca de referencia y en la fecha t
Soluci´on
Este es el caso de pasar de la epoca del cat´alogo (J2000.0) al equinoccio medio de una
fecha dada.
Calculamos la fecha juliana del d´ıa en cuesti´ on (8 de mayo de 2000): FJ=2 455 324.5.
Luego determinamos el valor de T = 0.103477071. Con ello reemplazamos en las ecuaciones
(10.1) y (10.2) para el c´alculo de M y N:
M = 0.1325823312, N = 0.057609889.
Luego calculamos los valores de α
m
y δ
m
dados por las ecuaciones (10.5) y (10.6), con
la precauci´ on de haber pasado la ascensi´on recta a unidades de grados antes de proceder a
reemplazar:
α
m
= 96.01668728, δ
m
= −52.69871372.
Estos valores son reemplazados en las ecuaciones (10.3) y (10.4) para hallar las coorde-
nadas ecuatoriales referidas al equinoccio medio del 8 de mayo del 2010:
α = 96
o
2

43.35

= 6
h
24
m
10.89
s
, δ = −52
o
42

6.24

.
10.2 Nutaci´ on
La nutaci´on es un peque˜ no efecto que se origina tambi´en del torque generado por la atra-
cci´on gravitacional del Sol, la Luna y los planetas sobre la figura din´ amica de la Tierra. La
principal contribuci´ on de la nutaci´ on proviene de la Luna. Desde el punto de vista pr´ actico
y matem´atico la precesi´on y la nutaci´ on surgen como un mismo fen´omeno en el estudio de la
teor´ıa de la rotaci´ on de la Tierra perturbada gravitacionalmente por la Luna y el Sol (y en
182 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
algunos casos muy rigurosos, de los planetas). Los t´erminos que dan cuenta de la evoluci´ on
de las variables (por ejemplo longitud ecl´ıptica y oblicuidad) que son seculares en el tiempo
se denominan conjuntamente precesi´ on. Los t´erminos peri´ odicos se llaman conjuntamente
nutaci´on.
El fen´ omeno de nutaci´on fue descubierto por el astr´ onomo ingl´es James Bradley. Este as-
tr´ onomo hab´ıa notado, ya para el a˜ no 1727, que las declinaciones de ciertas estrellas parec´ıan
mostrar un movimiento sutilmente err´ atico. Cinco a˜ nos despu´es encontr´o la explicaci´ on: el
eje de la Tierra estaba dotado de un movimiento de cabeceo originado por la atracci´on de
la Luna sobre el ligero exceso de masa que la Tierra posee en el ecuador. El cabeceo del
eje terrestre origina un desplazamiento aparente de las estrellas de tal forma que parecen
describir elipses min´ usculas alrededor de sus posiciones “promedio” o medias.
La nutaci´on, como se entiende hoy, es la combinaci´on de numerosas oscilaciones de corto
per´ıodo del eje de rotaci´ on terrestre cuyo efecto es cambiar muy ligeramente la posici´ on
del polo norte celeste y por consiguiente del punto vernal tanto en la direcci´ on de longitud
ecl´ıptica como en la latitud ecl´ıptica. El t´ermino m´ as conocido y de mayor amplitud (el que
descubri´ o Bradley) es aquel que est´ a ´ıntimamente ligado con la longitud de los nodos de la
´orbita lunar. La l´ınea de los nodos lunar, en su ´ orbita en torno a la Tierra, describe una
revoluci´ on completa en unos 6800 d´ıas (18.6 a˜ nos). El efecto de nutaci´ on es el responsable
de que el PNC verdadero difiera del PNC medio (el que describe la precesi´ on) tanto en
longitud como en latitud ecl´ıptica. Para el t´ermino principal de la nutaci´ on, la amplitud de
la longitud es de 17.2 segundos y la amplitud en latitud de 9.2 segundos.
Π
PNC (MEDIO)
PNC (VERDADERO)
Figura 10.6: Polo norte celeste medio y el polo norte celeste verdadero
Las componentes que conforman en su totalidad el fen´omeno de la nutaci´on (teniendo en
cuenta la contribuci´ on de la Luna y el Sol solamente) son del orden, en las teor´ıas actuales,
de unos ciento cincuenta t´erminos peri´ odicos (ver Kinoshita, 1975).
NOTA: Cuando se especifica el equinoccio para una fecha dada, al referir la posicion
10.2. NUTACI
´
ON 183
de un astro con respecto al punto vernal (y por lo tanto del ecuador celeste) en un instante
dado s´ olo teniendo en cuenta la precesi´ on se est´a hablando del equinoccio medio. Cuando
al equinoccio medio se le han hecho las correcciones peque˜ nas de la nutaci´ on entonces, al
equinoccio que resulta, se le denomina equinoccio verdadero.
Si el usuario no necesita demasiada precisi´ on para hallar la correcci´on por nutaci´on (di-
gamos del orden de 1 segundo de arco) es posible utilizar las siguientes f´ormulas aproximadas
que tienen la ventaja de evitar c´ alculos muy largos (recu´erdese la secuencia de 150 t´erminos
algebr´ aicos) que s´ı son necesarios cuando se buscan precisiones del orden de la mil´esima de
segundo de arco.
Se comienza por calcular la contribuci´ on por longitud ∆ψ y la contribuci´ on por oblicuidad
∆:
∆ψ = −17.2

sen Ω +
+ 0.2

sen 2Ω −
−1.3

sen (2Ω + 2F −2D) + (10.11)
−0.2

sen (2Ω + 2F),
∆ = 9.2

cos Ω −
−0.1

cos Ω +
+ 0.6

cos(2Ω + 2F −2D) + (10.12)
+ 0.1

cos(2Ω + 2F),
donde: Ω es la longitud media del nodo ascendente de la ´ orbita lunar sobre la ecl´ıptica
medida desde el equinoccio medio de la fecha; D es la longitud media de la Luna menos
la longitud media del Sol y F es la longitud media de la Luna menos la longitud media
del nodo lunar. Estos ´ angulos cambian notablemente con el tiempo y sus correspondientes
valores son:
Ω = 125.04 −1934.13T,
D = 297.85 + 445267.11T, (10.13)
F = 93.27 + 483202.0175T,
donde T es la variable tiempo definida en la ecuacion (7.17). Las coordenadas ecuatoriales
verdaderas α
v
y δ
v
(con respecto al equinoccio verdadero de la fecha t) son calculadas en
primera aproximaci´ on a partir de las coordenadas ecuatoriales α y δ referidas al equinoccio
medio de la fecha (esto es, s´olo corregidas por precesi´on) mediante:
α
v
= α + ∆α,
δ
v
= δ + ∆δ, (10.14)
donde:
∆α = (cos + sen sen αtanδ)∆ψ −cos αtanδ∆,
∆δ = sen cos α∆ψ + sen α∆, (10.15)
184 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
siendo la oblicuidad media de la ecl´ıptica dada por:
= 23

26

21.4

−46.81

T. (10.16)
El valor verdadero de la oblicuidad en la fecha t se calcula con:

v
= + ∆. (10.17)
Ejemplo 1
En el ejemplo 1 de la p´ ag. 180 corregir las coordenadas de la estrella Canopus por
nutaci´ on, esto es, pasar del equinoccio medio de la fecha al equinoccio verdadero de la fecha.
Soluci´on
En el ejemplo 1 de la p´ ag. 180 se paso de coordenadas dadas por el cat´alogo al equinoccio
medio de la fecha (8 de mayo de 2010). Comenzamos calculando los valores Ω, D y F dados
en la ecuaciones (10.13):
Ω = −75.098 = 284.902,
D = 46372.79 = 292.79,
F = 50093.62 = 53.62,
en donde se ha tenido la precauci´ on de pasar todos los ´angulos a la primera circunferencia.
Estos valores se reemplazan en las ecuaciones (10.11) y (10.12):
∆ψ = 0.004266, ∆ = 0.000666.
As´ı mismo, calculamos el valor de la oblicuidad media de la ecl´ıptica por intermedio de
(10.16):
= 23
o
26

16.56

.
Con estos valores procedemos a calcular ∆α y ∆δ dados por (10.15):
∆α = 0.001607, ∆δ = 0.000484.
Finalmente calculamos los valores de α y δ para el equinoccio verdadero de la fecha con
ayuda de (10.14):
α = 6
h
24
m
11.28
s
, δ = −52
o
42

4.5

.
10.3. ABERRACI
´
ON 185
10.3 Aberraci´on
La aberraci´on es el desplazamiento angular aparente de la posici´on de un cuerpo celeste
de su posici´on geom´etrica que es originada o bien por el movimiento del observador (o del
objeto observado), o por la velocidad finita de la luz, o la combinaci´ on de ambos efectos.
La luz, o m´as exactamente, la radiaci´on electromagn´etica, se desplaza en el vac´ıo a una
velocidad de casi 300 000 km/s (299 792.458 km/s, para ser exactos). Aunque se trate de
una velocidad muy grande las enormes distancias que existen entre los cuerpos celestes son
de tal magnitud que la luz de los planetas tardan minutos e incluso horas en atravesar las
distancias entre ellos y nosotros. Las estrellas cercanas est´an situadas a distancias aun m´ as
grandes; su luz tarda decenas y hasta centenas de a˜ nos en llegar a la Tierra. Ahora bien, los
observadores en la superficie de la Tierra no est´ an est´aticos con respecto a la luz que est´a
llegando del universo. Est´ a el movimiento de traslaci´ on alrededor del Sol que hace que la
Tierra se desplace a una velocidad promedio de unos 30 km/s. Adem´ as, est´a el movimiento
de rotaci´ on alrededor de su eje.
En la pr´ actica existen varias definiciones de aberraci´ on dependiendo de la clase de
movimiento del observador y de la clase de objetos que se est´an observando.
10.3.1 Aberraci´on estelar
La aberraci´on estelar es el desplazamiento angular aparente de la posici´on observada de un
cuerpo celeste que resulta del movimiento del observador.
La aberraci´on estelar anual (ver m´as adelante) fue explicada correctamente por el as-
tr´onomo James Bradley, quien, como se recordar´a, descubri´ o tambi´en la nutaci´ on. Desde los
tiempos de John Flamsteed se hab´ıa observado que las estrellas mostraban un desplazamien-
to alrededor de sus posiciones medias que sin lugar a dudas depend´ıa del desplazamiento
de la Tierra alrededor del Sol, esto es, mostraban un ciclo anual, el cual Flamsteed al igual
que Robert Hooke atribuyeron al paralaje anual. Sin embargo, el astr´ onomo italiano Jean
Dominique Cassini hab´ıa demostrado que dichos desplazamientos no se pod´ıan atribuir al
paralaje anual pues lo que se observaba era que las estrellas se desplazaban de sus posiciones
medias en la misma direcci´on en que se mov´ıa la Tierra, lo cual es justo lo opuesto si el
fen´ omeno es originado por paralaje anual. As´ı estaban las cosas, sin una explicaci´on l´ ogica,
cuando Bradley abord´ o el problema en 1725. Inicialmente estaba interesado en poder medir
la paralaje de una estrella. Por ello concentr´ o sus esfuerzos en una estrella relativamente
brillante (¿cercana a la Tierra?) llamada γ Draconis la cual posee una declinaci´ on de 51
o
,
casi id´entica a la latitud de Londres (donde hac´ıa sus observaciones astron´ omicas) signifi-
cando que dicha estrella pasa muy cerca del cenit de Londres reduciendo con ello el efecto de
la refracci´ on. Bien pronto pudo constatar que, en efecto, γ Draconis mostraba una variaci´ on
anual en su declinaci´on pero Cassini ten´ıa raz´ on: no pod´ıa ser atribuida a paralaje. Des-
pu´es extendi´ o sus observaciones a otras estrellas observando tambi´en el mismo fen´omeno.
El misterio para Bradley se acentuaba.
Se afirma que Bradley encontr´ o la explicaci´ on correcta del fen´omeno cuando navegaba
186 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
Figura 10.7: James Bradley (1693-1762)
por el r´ıo T´ amesis en un viaje de recreo. Al observar la bandera del m´ astil llam´ o su aten-
ci´ on el hecho de que la direcci´ on en que ondeaba la bandera en el viento se corr´ıa con cada
ocasi´on que el bote cambiaba de curso. Habiendo comentado a los navegantes que era cu-
rioso que el viento cambiase justo en el momento en que el barco modificaba su curso, ellos
le replicaron que de ning´ un modo hab´ıa cambio en la direcci´ on del viento y que el movimien-
to aparente de la bandera era debido simplemente al cambio de direcci´ on del movimiento
del barco. Bradley entendi´ o entonces que la direcci´ on de la bandera, en cada instante de
tiempo, estaba determinada por la combinaci´on de la velocidad del viento y la velocidad
del bote y cay´ o en cuenta que esto era lo que pasaba con la direcci´ on aparente de las estrellas.
Lo que Bradley hab´ıa observado como un corrimiento de las estrellas en la misma di-
recci´on en que se desplaza la Tierra alrededor del Sol era debido a la combinaci´ on de dos
efectos: el movimiento de traslaci´on de la Tierra y la velocidad finita de la luz (de la que
ten´ıa un valor aproximado debido al trabajo del astr´ onomo dan´es Ola¨ us R¨ omer quien en
1676 midi´o la velocidad de la luz merced a las variaciones en los tiempos de las ocultaciones
de los sat´elites de J´ upiter). Bradley present´ o su descubrimiento a la Royal Society en 1729.
El anuncio fue importante por varias razones: no s´ olo explicaba el misterio del cambio de
la posici´ on aparente de las estrellas sino que por primera vez en la historia de la ciencia se
dispon´ıa de una demostraci´ on real y concluyente de que la Tierra giraba alrededor del Sol.
Adem´as Bradley, con sus finas observaciones, conclu´ıa que el paralaje anual de las estrellas,
de haberlo, ser´ıa muy peque˜ no, inferior al segundo de arco, con lo que los astr´ onomos se
daban una idea de lo realmente enorme que eran las distancias existentes entre ellas y el Sol.
Finalmente, con la medici´ on de los desplazamientos de las estrellas de sus posiciones medias,
10.3. ABERRACI
´
ON 187
Bradley pudo realizar un nuevo estimativo de velocidad de la luz (ver m´ as adelante) y cal-
cul´ o que era de unos 301 000 km, un error de 0.3 % con respecto al valor aceptado hoy en d´ıa.
La aberraci´on estelar se aplica, como su nombre indica, a estrellas y en general a objetos
ubicados a distancias estelares y extragal´ acticas. El efecto notable de que la luz haya tardado
centenares, miles, e incluso millones de a˜ nos en llegar hasta nosotros (las posiciones reales
de esos objetos deben ser distintas de las que observamos ahora) no es tenido en cuenta
en la aberraci´on estelar, ni en ninguno de los tipos de aberraci´ on salvo el de la aberraci´on
planetaria.
La aberraci´on estelar est´a conformada por tres componentes: secular, anual y diurna.
Aberraci´on secular
Aquella componente de la aberraci´ on estelar que resulta del movimiento uniforme y rectil´ıneo
del sistema solar con respecto al vecindario estelar. Por lo general esta contribuci´on es
considerada despreciable y no se tiene en cuenta en las correcciones.
Aberraci´on anual
Esta es la aberraci´ on “cl´asica” y de la que tratan extensivamente la gran mayor´ıa de los libros
de astronom´ıa. Es aquella componente de la aberraci´ on estelar que resulta del movimiento
de la Tierra alrededor del Sol. Dicho de una manera pr´ actica: la direcci´ on aparente de un
astro es distinta si se observa desde el Sol que si se observa desde un objeto alrededor de ´el
dotado de cierta velocidad v en torno a ´el.
Observemos la figura 10.8. La Tierra gira en una ´ orbita aproximadamente el´ıptica alrede-
dor del Sol. Al estar observando una estrella E desde el Sol la direcci´ on geom´etrica de la
misma est´a dada por el vector velocidad p. Pero un observador en la Tierra T, a causa de la
velocidad v alrededor del Sol, observar´ a a la estrella E en la direcci´ on del vector velocidad
p
1
, esto es, en el punto E

.
Sea c el vector velocidad de la luz que tiene una direcci´ on y magnitud opuesta a la del
vector p. Vectorialmente se deduce la siguiente suma de velocidades:
p
1
= p +v,
puesto que de ´esta ´ ultima se deduce que: p
1
= −c+v, un vector unitario (ˆ p
1
) en la direcci´ on
de p
1
est´a dado por:
ˆ p
1
=
v −c
[v −c[
.
Ahora bien, c = cˆ c, entonces ˆ c = −ˆ p. Por lo tanto, al dividir por c en el numerador como
en el denominador de la ´ ultima ecuaci´ on obtenemos:
ˆ p
1
=
v
c
+ ˆ p
[
v
c
+ ˆ p[
, (10.18)
188 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
T
* *
POSICION
GEOMETRICA
POSICION
APARENTE
p
v
SOL
c
E E’
p
1
θ
∆θ
Figura 10.8: Aberraci´on anual
o, puesto que el vector ˆ p es unitario:
ˆ p
1
=
v
c
+ ˆ p

1 + 2
v
c
+ (
v
c
)
2
. (10.19)
Llamando ∆θ a la diferencia entre la direcci´ on geom´etrica y aparente de la estrella y
θ al ´angulo entre el vector velocidad de la Tierra y la posici´ on geom´etrica de la estrella,
entonces, al multiplicar por ˆ p a ambos lados y puesto que [ ˆ p ˆ p
1
[ = sen ∆θ, [ ˆ p ˆ p[ = 0,
[ ˆ p v[ = v sen θ, se tiene:
sen ∆θ =
v
c
sen θ

1 + 2
v
c
+ (
v
c
)
2
,
y, como v/c es peque˜ no (la velocidad de la Tierra alrededor del Sol es diez mil veces m´ as
peque˜ na que la velocidad de la luz) podemos expandir en serie de Taylor el t´ermino del
denominador, con lo que:
sen ∆θ =
v
c
sen θ −
1
2

v
c

2
sen 2θ + .
Es claro que el orden de la desviaci´ on existente entre la direcci´ on geom´etrica y aparente,
esto es, la magnitud del fen´ omeno de aberraci´on, tiene un valor m´ aximo de 29.8/299 792.46 =
0.0000994 radianes, lo que significa que en unidades de grados (al multiplicar por 180/π)
es de 0.00569 grados = 20.5”. Este valor es conocido como constante de aberraci´on. El
10.3. ABERRACI
´
ON 189
desplazamiento aparente de la estrella ocurre en la misma direcci´ on en que se mueve la Tie-
rra, por lo que una estrella observada a trav´es del a˜ no describe una elipse aparente en el cielo.
Al aparecer la teor´ıa especial de la relatividad fue necesario modificar ligeramente la
ecuaci´on (10.18), pues ella exige que la velocidad de la luz sea la misma en marcos de
referencia tanto estacionarios como en movimiento uniforme y obliga a utilizar las f´ ormulas
de Lorentz. La correcci´on que se introduce aqu´ı es tan peque˜ na que s´ olo en casos de c´alculo
de rigurosa precisi´ on (mil´esima del segundo de arco) es necesario utilizarla.
Aberraci´on diurna
La aberraci´on diurna es aquella componente de la aberraci´ on estelar que resulta del movimien-
to diurno del observador alrededor del centro de la Tierra (ver figura 10.9). En otras palabras,
un observador, por estar ubicado en la superficie de la Tierra, posee cierta velocidad con
respecto al centro de la Tierra, y ello origina un peque˜ n´ısimo desplazamiento de la posici´ on
aparente ya corregida por aberraci´ on anual.
* *
POSICION
GEOMETRICA
POSICION
APARENTE
TIERRA EN ROTACION
.
PNT
Figura 10.9: Aberraci´on diurna
El tratamiento para hallar la magnitud de esta clase de aberraci´ on es an´alogo al rea-
lizado para la aberraci´ on anual. Pero aqu´ı hay que tener en cuenta que la velocidad de un
observador sobre la superficie de un planeta depende de su latitud geoc´entrica. La velocidad
es m´axima en el ecuador del planeta y nula cuando el observador est´ a ubicado en sus polos.
190 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
En otros t´erminos, la velocidad de un observador, v
o
a una latitud geoc´entrica φ

es:
v
o
= v
e
cos φ

,
donde v
e
es la velocidad de un observador situado en el ecuador terrestre. La magnitud
v
e
/c es hallada facilmente. Si la circunferencia terrestre es del orden de 40 040 km y ´esta
distancia se cubre en 86 164 segundos es claro que la velocidad para un observador a latitud
cero es: 0.46 km/s. Ello quiere decir que la magnitud de la aberraci´ on es, en radianes, de
1.5610
−6
, o del orden de 0.32”. Por supuesto que en c´alculos de gran precisi´ on es necesario
tener en cuenta esta contribuci´ on.
10.3.2 Aberraci´on planetaria
La aberraci´on planetaria es llamada as´ı debido a que se aplica a los miembros del sistema
solar. Es debida al desplazamiento de los cuerpos celestes junto con el tiempo que le toma
a la luz que reflejan (o emiten el el caso del Sol) estos objetos en llegar hasta la Tierra.
(t)
P’
(t- τ)
LUZ QUE SALE DEL PLANETA
EN EL TIEMPO t
LUZ QUE LLEGA A LA TIERRA
EN EL TIEMPO t
LUZ QUE SALE DE P´
EN EL TIEMPO
T(t)
c τ
P
τ
Figura 10.10: Aberraci´on
Sea un objeto P en ´orbita alrededor del Sol en un tiempo t (ver figura 10.10). Para el
mismo instante t la Tierra se ubica en el punto T. Pero, debido a la finitud de la velocidad
de la luz, en el tiempo t se est´a recibiendo, en la Tierra, la luz del cuerpo P cuando ´este se
encontraba en la posici´on P’, en un tiempo t −τ, donde τ es el tiempo-luz, esto es, el tiempo
que tarda la luz en ir desde P’ hasta T. Luego, aunque en el instante de tiempo t el cuerpo
de inter´es se encuentre localizado en P, lo que ve el observador en T no es el cuerpo ubicado
en P (a menos que la velocidad de la luz fuera infinita) sino la luz que emiti´ o el cuerpo
cuando se ubicaba en el punto P’. Este efecto es necesario tenerlo en cuenta cuando se est´ a
calculando con precisi´ on la posici´on de un planeta, cometa o asteroide en el cielo. Como
se ver´ a en la secci´on 13.2, la distancia de un cuerpo celeste a la Tierra puede calcularse
resolviendo las ecuaciones diferenciales que se estudian en la mec´anica celeste. Para corregir
por este efecto en muy buena aproximaci´ on se determina el tiempo que tarda la luz en cubrir
la distancia que separa T de P. Ello exige primero conocer la distancia TP y dividir por la
10.4. MOVIMIENTO EN EL ESPACIO 191
velocidad de la luz para hallar el tiempo. Luego se repite el c´ alculo de la posici´ on del objeto
pero para el tiempo t − τ. Esta es tan s´olo una primera aproximaci´ on. En algunos casos,
donde es necesario una alta precisi´ on, se requiere un c´ alculo iterativo.
10.4 Movimiento en el espacio
Como hemos dicho anteriormente, las estrellas se van desplazando en el espacio. Nuestro
Sol, como es obvio, tambi´en lo hace. Es claro que con el tiempo las estrellas iran cambiando
de posici´ on las unas con respecto a las otras. Sin embargo, este movimiento es tan lento
que, comparado con el tiempo de vida de una persona, es muy poco perceptible por lo que
resulta apreciable s´ olo a escalas grandes de tiempo.
El movimiento en el espacio de una estrella se puede dividir en dos movimientos: el
movimiento propio denotado por µ, y la velocidad radial, denotada por v
r
, (ver figura 10.12).
Figura 10.11: Edmond Halley (1656-1742)
El primero en reportar movimientos propios de estrellas fue el c´elebre astr´ onomo in-
gl´es Edmond Halley en 1718. Halley hab´ıa medido las posiciones de varias estrellas y las
hab´ıa comparado con las posiciones del cat´alogo de Ptolomeo (siglo II A.D.) encontrando
importantes diferencias. Concluy´ o que ni la precesi´ on ni los errores de observaci´ on eran
suficientes como para explicar la diferencia. Entre las estrellas a las que se les hab´ıa detec-
tado movimiento propio estaban Sirius, Aldebar´ an y Arcturus. Veinte a˜ nos despu´es Cassini
confirm´ o las observaciones de Halley. Ya para 1760 Tobias Mayer reportaba el movimiento
192 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
propio de 80 estrellas. Dos d´ecadas despu´es William Herschel calculaba correctamente la
direcci´ on en que se mov´ıa el sistema solar con respecto a las estrellas cercanas, esto es, el
´apex solar.
BOVEDA
*
ESTRELLA
V
r
V
t
t
)
µ
α
µ
δ
µ
(
V
TIERRA
CELESTE
Figura 10.12: Movimiento en el espacio
El movimiento propio es aquel que ocurre perpendicularmente en la l´ınea de visi´ on del
observador, por lo que da cuenta de la velocidad tangencial (v
t
) de la estrella. Se suele
expresar en componentes de la ascensi´on recta (µ
α
cos δ) y de la declinaci´ on (µ
δ
). Es nece-
sario multiplicar por cos δ la componente del movimiento propio en ascensi´on recta con el
fin de corregir la escala de ´esta y as´ı obtener la verdadera distancia angular pues los c´ırculos
horarios (por donde se va midiendo la ascensi´ on recta) se van aproximando a medida que
la declinaci´ on aumenta y eventualmente se encuentran en los polos. Las estrellas del vecin-
dario solar se mueven aparentemente a velocidades tangenciales del orden de unos 0.5 a 4
segundos de arco por a˜ no, aunque hay estrellas que pueden barrer 7 y hasta 9 segundos de
arco anuales. El r´ecord lo tiene la estrella de Barnard, una peque˜ na estrella, s´ olo visible por
telescopio, que alcanza la sorprendente cifra de 10.3 segundos de arco anuales. Ello significa
que puede barrer el di´ ametro aparente de la luna llena (30 minutos de arco) en unos 175
a˜ nos. Para determinar estas velocidades es necesario realizar fotograf´ıas de una misma re-
gi´ on del cielo y compararlas con una realizada 40 y hasta 80 a˜ nos antes. Con ello es posible
determinar el desplazamiento angular de las estrellas que aparecen en dicha placa fotogr´afica.
El movimiento propio µ a partir de sus componentes es:
µ =


α
cos δ)
2

2
δ
.
Se ha de tener mucho cuidado al consultar los cat´ alogos pues algunos tienen los movimien-
10.5. PARALAJE 193
tos propios en segundos de arco por siglo, y otros lo tienen en segundos de arco por a˜ no.
Mientras que para cuantificar el movimiento propio de una estrella se tiene que esperar
varias decenas de a˜ nos, la velocidad radial se puede obtener a partir de la simple observaci´ on
contando con un espectr´ometro. Con el espectro de una estrella es posible medir el denomi-
nado efecto Doppler, el cual consiste en el cambio de la longitud de onda (o frecuencia)
debido a la velocidad radial (que puede ser de acercamiento o alejamiento) de la fuente de
luz, i.e., la estrella.
10.5 Paralaje
Se llama paralaje a la diferencia en la direcci´ on aparente de un objeto cuando es visto desde
dos lugares diferentes. La magnitud del corrimiento observado depende de la distancia: a
menor distancia del objeto mayor corrimiento y viceversa. Por lo tanto, sabiendo la magni-
tud del desplazamiento de la posici´ on del objeto con respecto a los objetos del fondo estelar
y sabiendo la distancia entre los puntos desde donde se realizan las observaciones, es posible,
por simple trigonometr´ıa, conocer la distancia al cuerpo observado.
Existen varios tipos de paralaje bien definidos en astronom´ıa: el paralaje diurno y el
paralaje anual.
10.5.1 Paralaje diurno
El paralaje diurno es el cambio de direcci´ on aparente de un cuerpo celeste visto desde dos
puntos distintos del planeta Tierra (ver figura 10.13). El paralaje diurno es perceptible
cuando la distancia entre el astro y la Tierra no puede considerarse excesivamente grande
comparada con el radio de la Tierra.
Es necesario corregir por paralaje diurno las coordenadas de los cuerpos cercanos a la
Tierra como el Sol, la Luna y los planetas. Puesto que las estrellas, aun las m´as cercanas
a la Tierra, est´ an a distancias miles de veces m´as lejanas que la distancia existente entre el
planeta Plut´ on y la Tierra, el paralaje diurno es pr´ acticamente nulo para estrellas.
Por lo general las coodenadas de los cuerpos que integran el sistema solar dadas en los
almanaques astron´ omicos y n´auticos est´an referidas a un observador hipot´etico ubicado en
el centro de la Tierra por lo que se dice que son geoc´entricas. Para observaciones de alta
precisi´ on es necesario ubicar la posici´on del observador en la superficie de la Tierra. Ello
requiere entonces establecer, para el instante de la observaci´on, el vector posici´on del obser-
vador en la superficie terrestre (ver secci´ on 13.3, p´ag. 276).
Un tipo especial de paralaje diurno es el denominado paralaje horizontal. Este se define
como el cambio de direcci´on que existe de un cuerpo celeste cuando uno de los observadores
tiene el astro en el cenit y el otro observador lo tiene en su horizonte (ver figura 10.14). Otra
manera m´as apropiada de definir el paralaje horizontal es como aquel ´ angulo, medido en el
astro, que subtiende el ecuador terrestre de la Tierra. La Luna es el cuerpo natural que m´ as
194 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
**
ASTRO
PNT
ET
TIERRA
ECUADOR CELESTE
BOVEDA CELESTE
*
*
*
*
*
*
* *
*
*
*
*
*
Figura 10.13: Paralaje diurno
registra paralaje horizontal, del orden de los 57 minutos de arco. El del Sol llega a ser del
orden de los 8.7 segundos de arco.
TIERRA
P.H.
d
R
ASTRO
OBSERVADOR CON EL
ASTRO EN EL CENIT
OBSERVADOR CON EL
ASTRO EN EL HORIZONTE
Figura 10.14: Paralaje horizontal
De la figura 10.14 es claro que:
sen P.H. =
R
d
, (10.20)
donde R es el radio ecuatorial de la Tierra y d es la distancia Tierra-astro.
En muchos almanaques astron´ omicos la distancia de los cuerpos celestes del sistema solar
se da en paralaje horizontal.
10.5. PARALAJE 195
Ejemplo 1
En un instante dado la Luna est´ a situada a 385 699.65 km de distancia del centro de la
Tierra. Determinar su paralaje horizontal.
Soluci´on
Lo usual es colocar las distancias en t´erminos del radio terrestre (1 R.T. = 6378.14 km),
de tal forma que en (10.20) R = 1. Entonces:
d = 385 699.65/6378.14 = 60.4721 R.T.
Este valor se reemplaza en la ecuaci´on (10.20):
P.H. = sen
−1
1
60.4721
= 0.9475178 = 0
o
56

51

.
Ejemplo 2
El paralaje horizontal del Sol en una fecha dada es 8.67

. Determinar su distancia a la
Tierra.
Soluci´on
Al despejar d de la ecuaci´ on (10.20) encontramos la distancia en t´erminos de radios
terrestres:
d =
1
sen 0
o
0

8.67

= 23 790.63 R.T.
En unidades astron´ omicas la distancia es igual a:
d =
23 790.63 6378.14
149 597 870
= 1.014 u.a.
10.5.2 Paralaje anual
El paralaje anual es el cambio de direcci´ on aparente de un cuerpo celeste visto desde dos
puntos distintos de la ´ orbita que realiza la Tierra en torno al Sol (ver figura 10.16). El
paralaje anual es perceptible cuando la distancia entre el astro y el sistema solar no puede
considerarse excesivamente grande comparada con la distancia que hay entre la Tierra y el
Sol.
El paralaje anual fue extensivamente buscado por los astr´ onomos como medio de hallar
las distancias entre las estrellas y el Sol y sobre todo como prueba irrefutable del movimiento
de la Tierra en torno del Sol. Ya hab´ıamos comentado que Flamsteed, Hooke, Halley, Cassi-
ni y Bradley realizaron en su momento observaciones y mediciones muy detalladas y en su
196 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
Figura 10.15: Friedrich Bessel (1784-1848)
b´ usqueda terminaron por hallar otros fen´ omenos. Quien primero tuvo ´exito en reportar con
validez el paralaje anual de una estrella fue el astr´ onomo alem´an Friedrich Bessel en 1838.
Para aquel entonces era claro que algunas estrellas d´ebiles mostraban movimientos propios
apreciables, indicando que estrellas poco luminosas no eran siempre garant´ıa de que estu-
vieran muy alejadas del Sol
3
. Por tal raz´on Bessel escogi´o a la estrella 61 Cygni (una estrella
doble con magnitudes visuales aparentes de 5.2 y 6.0 respectivamente), que para la ´epoca era
la estrella que presentaba mayor movimiento propio (5

/a˜ no). La l´ ogica indicaba que si una
estrella mostraba un movimiento propio notable era a causa de su “gran” cercan´ıa al Sol. En
efecto, a Bessel le tom´o 18 meses de observaciones para detectar un paralaje anual de esta
estrella del orden de 0.3 segundos de arco. A los pocos meses se anunci´o el descubrimien-
to de paralaje en Vega debido a Wilhem Struve y de α Centauri debido a Thomas Henderson.
El paralaje anual se aplica a las estrellas. Puesto que las distancias que hay entre
ellas y nosotros son tan enormes el paralaje anual es muy peque˜ no, del orden de menos
de un segundo de arco. Obtener el paralaje de una estrella constituye un logro de mucha
importancia, pues es la forma m´as confiable de conocer la distancia de una estrella a nosotros.
De hecho la ´ unica manera de poder afirmar cual de las estrellas es la m´as cercana a nuestro
sistema solar es medir el paralaje de todas ellas; aquella que presente un mayor paralaje
anual es la m´as cercana. Hasta ahora, de todas las estrellas a las que se les ha medido
el paralaje, la que tiene el valor m´ as grande (0.762”) se llama Pr´oxima del Centauro, una
peque˜ na estrella s´ olo visible por telescopio. El paralaje anual π se relaciona con la distancia
3
Ahora sabemos que de las primeras 50 estrellas m´as cercanas al Sol 41 son s´olo visibles con telescopio.
10.5. PARALAJE 197
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
BOVEDA
CELESTE
d
π
SOL
TIERRA
*
Figura 10.16: Paralaje anual
por medio de la siguiente ecuaci´ on (ver figura 10.16):
sen π =
1
d
, (10.21)
donde d es la distancia en unidades astron´ omicas que existe entre la Tierra y la estrella en
cuesti´ on.
Como las distancias interestelares son muy grandes es impr´actico expresarlas en unidades
astron´ omicas. La unidad que se utiliza es el a˜ no-luz, entendida como aquella distancia que
cubre la radiaci´ on electromagn´etica en un a˜ no.
Puesto que la luz viaja a 300 000 km por segundo y en un a˜ no de 365.25 d´ıas hay
31 557 600 segundos, se deduce que en kil´ometros un a˜ no-luz es:
300 000 31 557 600 = 9.46 10
12
km.
De igual forma se deduce que:
1 a˜ no-luz = 63 235 u.a.
El concepto de paralaje anual da lugar a una escala de distancia muy utilizada en as-
trof´ısica. Imaginemos un cuerpo situado a una distancia tal de la Tierra cuyo paralaje anual
sea exactamente el de un segundo de arco. Dicha distancia se conoce con el nombre de
parsec (de las palabras inglesas “parallax” y “second”). A finales de la d´ ecada de los a˜ nos
ochenta la Agencia Espacial Europea coloc´o en ´ orbita alrededor de la Tierra un sat´elite de
nombre “Hipparcos” cuya tarea fue medir con una precisi´ on sin precedentes los movimientos
estelares de unas 120 000 estrellas. El Hipparcos logr´o medir paralajes del orden de los 0.001
segundos de arco. Esto significa que puede medir con precisi´ on razonable las distancias de
estrellas ubicadas hasta los 3200 a˜ nos luz (1000 parsecs). Es una distancia notable, pero es
tan s´ olo el 6 por ciento del radio estimado de la V´ıa L´ actea.
198 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
El parsec equivale a:
1
sen 0
o
0

1

= 206 265 u.a. = 3.26 a˜ nos-luz.
Ejemplo 1
Calcular la distancia (en unidades astron´ omicas, a˜ nos-luz y parsecs) entre el Sol y la
estrella Sirius.
Soluci´on
El paralaje anual de varias estrellas se encuentra en el ap´endice E, p´ ag. 365. El de Sirius
(A o B) es 0.377

.
Al despejar d de la ecuaci´ on (10.21) encontramos la distancia en t´erminos de unidades
astron´ omicas:
d =
1
sen 0
o
0

0.377

= 547 120 u.a.
En a˜ nos luz la distancia es:
547 120
63 235
= 8.65 a˜ nos-luz,
y en parsecs la distancia es:
8.65
3.26
= 2.65 parsecs.
10.6 Refracci´on astron´omica
La refracci´on es el fen´omeno de cambio de la direcci´ on de un rayo de luz cuando pasa
oblicuamente de un medio a otro en los cuales la velocidad de la luz es distinta (ver figura
10.17). Cuando la luz que proviene de los cuerpos celestes, y que viene viajando a trav´es
del vac´ıo, comienza a penetrar la atm´osfera terrestre experimenta ligeros y sucesivos cam-
bios de direcci´ on debidos a las propiedades f´ısicas sutilmente distintas entre las capas de aire.
El grado de cambio de direcci´ on depende de las condiciones atmosf´ericas a lo largo de la
l´ınea de visi´ on y de la altura del astro en cuesti´ on. Esto lo que significa es que la refracci´ on
depende, no s´ olo de la altura (o distancia cenital) del astro sino tambi´en de las condiciones
de temperatura y presi´ on existentes en el momento de la observaci´on. Como resultado de la
refracci´ on la altura observada de un cuerpo celeste es m´ as grande que su altura geom´etrica.
O dicho de otra manera: la refracci´ on tiende a aumentar la altura real de los astros por lo
que un observador termina viendo el astro un poco m´ as alto sobre su horizonte de lo que
realmente est´a.
10.6. REFRACCI
´
ON ASTRON
´
OMICA 199
*
*
R
POSICION GEOMETRICA
A
T
M
O
S
F
E
R
A TIERRA
POSICION APARENTE
e
DE LA ESTRELLA
DE LA ESTRELLA
Figura 10.17: Refraccci´on astron´omica
Para un astro ubicado en el cenit la refracci´ on es nula. En cambio, la refracci´on es
m´axima para un astro ubicado en el horizonte. En el horizonte un astro sufre una refracci´ on
de 34 minutos de arco (mayor que el di´ ametro aparente del Sol y la Luna vistos desde la
Tierra), por lo que en c´ alculos de tiempos de salida y puesta de astros es necesario tener en
cuenta esa diferencia (ver secci´on 8.2.2).
Existen en la literatura diversas ecuaciones propuestas para calcular la magnitud de la
refracci´ on. Tambi´en existen tablas, que permiten calcularla r´ apidamente. Un ejemplo de
una de tales tablas se encuentra en el ap´endice D.
A manera de ejemplo presentamos aqu´ı una f´ ormula que permite hallar la refracci´ on,
denotada por R
e
, en funci´ on de la altura aparente (u observada) h
a
(no corregida por
refracci´ on), la temperatura T en grados cent´ıgrados y la presi´ on P en milibares:
R
e
=

0.28P
T + 273

0.0167
o
tan(h
a
+
7.31
ha+4.4
)
. (10.22)
La altura geom´etrica o verdadera h
g
est´a dada entonces por:
h
g
= h
a
−R
e
. (10.23)
Recu´erdese que 1 atm´ osfera = 76 cm de mercurio = 1.01310
5
pascales = 1013 milibares.
Ejemplo 1
La altura que se mide de una estrella a nivel del mar (altura aparente) es h = 56
o
45

30

.
Determinar la altura real (geom´etrica) de la estrella si en el momento de la observaci´on la
temperatura era de T = 20
o
C.
200 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
Soluci´on
Primero utilicemos la f´ ormula (10.22). Al nivel del mar la presi´ on es de una atm´osfera
por lo que P = 1013 milibares. Tambi´en T = 20
o
. Entonces:
R
e
=

0.28 1013
20 + 273

0.0167
o
tan(56
o
45

30

+
7.31
56
o
45

30

+4.4
)
= 0.0105
o
= 38

.
Una consulta a la tabla principal del ap´endice D permite obtener para una altura de 57
o
a 20
o
cent´ıgrados un valor de 37

, lo que da un error de un segundo con respecto al valor
anterior.
Por lo tanto, la altura geom´etrica correspondiente a la altura en cuesti´ on es, de acuerdo
con (10.23):
h
g
= 56
o
45

30

−38

= 56
o
44

52

.
Ejemplo 2
Se hace un c´ alculo para determinar la altura te´ orica de una estrella para un observador
ubicado en Bogot´a. Dicha altura geom´etrica en cuesti´ on es 41
o
27

32

. Determinar la distan-
cia cenital que se observar´ıa de dicha estrella teniendo en cuenta la refracci´ on atmosf´erica si
al momento de la observaci´on la temperatura es de T = 10
o
C.
Soluci´on
Necesitamos saber la presi´on atmosf´erica de Bogot´a. Tomando como base la atm´osfera
est´andar norteamericana de 1976 es posible para la troposfera (alturas inferiores a los 11 000
metros) expresar la presi´on de la atm´ osfera P en t´erminos de la altura sobre en nivel del
mar H mediante la ecuaci´on (ver Lide, 1991, p´ag. 14-12):
H = 44331.5 −11880.5P
0.19026
,
donde H est´a dada en metros y P en milibares.
De esta ecuaci´on es f´acil expresar H en t´erminos de P como:
P = e
[
ln(44331.5−H)
0.19026
−49.31]
. (10.24)
Conocemos el valor de la altura de Bogot´a sobre el nivel del mar que se halla en el
ap´endice B, (p´ ag. 355) y es: H = 2620 metros. Reemplazando este valor en (10.24) obte-
nemos P = 735 milibares.
Utilizando la f´ ormula (10.22) tomando h
a
= h
g
obtenemos:
R
e
=

0.28 735
5 + 273

0
o
.0167
tan(41
o
27

32

+
7.31
41
o
27

32

+4.4
)
= 0.0137
o
= 49

.
10.7. DEFLECCI
´
ON GRAVITACIONAL DE LA LUZ 201
Una consulta a la tabla principal del ap´endice D permite obtener para una altura de
42
o
30

a 10
o
cent´ıgrados un valor de 1
o
6

. Multiplicando este valor por el factor de corre-
cci´on por altura (tabla peque˜ na de la p´ agina 364) obtenemos: 1

6

0.73 = 48

, lo que da
un error de un segundo con respecto al valor anterior.
La altura aparente del astro es, de acuerdo con (10.23):
h
a
= 41
o
27

32

+ 49

= 41
o
28

21

.
La distancia cenital se calcula con ayuda de la f´ ormula (5.1), p´ ag. 71: z = 48
o
31

39

.
10.7 Deflecci´on gravitacional de la luz
La deflecci´on gravitacional de la radiaci´ on electromagn´etica es un fen´ omeno que consiste en
el cambio de la direcci´ on de un rayo de luz a causa del campo gravitacional originado por un
cuerpo de masa de magnitud considerable (ver figura 10.18). En el caso de la observaci´ on
de las estrellas desde la Tierra, el Sol, por ser el objeto de mayor masa, genera un campo
gravitacional que cambia la trayectoria de un rayo de luz (una l´ınea recta) y lo curva li-
geramente en direcci´on hacia el Sol. El fen´omeno fue predicho por Albert Einstein en 1916
en su c´elebre teor´ıa de la relatividad general y fue por primera vez medido tres a˜ nos m´ as
tarde con ocasi´on de un eclipse de Sol
4
. Una descripci´ on completa del fen´omeno requiere el
dominio del c´ alculo tensorial, lo cual est´ a m´as all´ a del prop´ osito de esta obra.
Φ
∆Φ
* *
TIERRA
SOL
DE LA ESTRELLA
r
POSICION APARENTE DE LA ESTRELLA
POSICION GEOMETRICA
Figura 10.18: Deflecci´on gravitacional de la luz
4
Utilizando la teor´ıa newtoniana es posible mostrar que los rayos de luz tambi´en son curvados por una
gran masa. En particular, el valor que se calcula de la desviaci´on de un rayo de luz proveniente de un astro
que pasa por todo el borde del Sol es exactamente la mitad del valor predicho por la teor´ıa de la relatividad
general.
202 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
La magnitud ∆Φ de la deflecci´on gravitacional puede calcularse con la siguiente f´ormula
5
:
∆Φ =
2GM
¸
c
2
r

1 + cos Φ
1 −cos Φ
, (10.25)
donde G es la constante de Cavendish, M
¸
la masa del Sol, c la velocidad de la luz en el
vac´ıo, r la distancia del observador al Sol y Φ el ´ angulo existente entre la estrella y el centro
del Sol.
Puesto que las observaciones se hacen desde la Tierra (al menos por ahora), el valor de
r es la unidad astron´ omica. Reemplazando los valores de las constantes (en unidades MKS)
en el coeficiente obtenemos:
2GM
¸
c
2
r
=
2 6.67 10
−11
1.998 10
30
(300 000 000
2
1.49 10
11
)
= 1.9710
−8
rad = 1.13410
−6
grad = 0.00408

.
De la f´ ormula (10.25) y utilizando el mismo procedimiento descrito en la p´ agina 256
obtenemos la f´ ormula de deflecci´ on gravitacional de una estrella situada a una distancia
´angular Φ del centro del Sol para un observador ubicado en la Tierra:
∆Φ =
0.00408

tan(Φ/2)
.
Valores de ∆Φ se encuentran en la tabla 10.1 para varios valores de Φ.
Φ ∆Φ
0.25
o
1.866”
0.5
o
0.933”
1
o
0.466”
5
o
0.093”
10
o
0.047”
20
o
0.023”
50
o
0.009”
90
o
0.004”
Tabla 10.1: Deflecci´on gravitacional de la luz. Algunos valores de ∆Φ
Un comentario adicional
Como se ha visto, las coordenadas de los astros son alteradas sensiblemente por la pre-
cesi´on, llegando a un valor m´aximo de variaci´ on de unos 50 segundos de arco por a˜ no. El
siguiente fen´ omeno a tener en cuenta, sobre todo para ubicar el ecuador verdadero, es la
5
Ver Misner et al., 1973, p´ag. 1103.
10.7. DEFLECCI
´
ON GRAVITACIONAL DE LA LUZ 203
nutaci´ on, que puede tener un efecto de hasta unos 17 segundos de arco. La aberraci´on anual
no se le queda atr´ as: puede tener un efecto m´ aximo en las coordenadas de hasta 20 segundos
de arco.
Los dem´as efectos son de magnitud muy peque˜ na. El movimiento propio, salvo casos
excepcionales, cambia las coordenadas de las estrellas unas pocos segundos de arco por
a˜ no. El efecto de la aberraci´ on diurna posee una magnitud m´ axima de 0.32 segundos de
arco para un observador ubicado en el ecuador terrestre y es nulo para un observador en
los polos. El efecto de paralaje anual es inferior al segundo de arco para absolutamente
todas las estrellas. La deflecci´on gravitacional posee un valor m´aximo de 1.87 segundos de
arco (para una estrella situada en todo el borde del disco del Sol) pero en la pr´ actica para
estrellas separadas del Sol m´as de noventa grados el efecto est´ a en la mil´esima de segundo.
La refracci´on astron´omica es tenida en cuenta principalmente en las observaciones de las
culminaciones de los astros para efectos de navegaci´on (ver secci´on 8.5).
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Chandrasekhar, S. (1995), Newton’s Principia for the Common Reader, Clarendon Press,
Oxford.
Fabuloso libro que coloca en un lenguaje moderno las principales ideas y descubrimientos que
Newton public´o en sus Principia. El cap´ıtulo 23 contiene una exposici´ on detallada y en un
lenguaje relativamente sencillo sobre la precesi´on de los equinoccios.
• Green, R. (1985) Spherical Astronomy, Cambridge University Press, Cambridge.
Excelente libro de astronom´ıa esf´erica. A parte de describir claramente algunos t´ opicos de
inter´es actual contiene adem´as las correcciones relativ´ısticas sin entrar de lleno a exponer el
formalismo.
• Kaula, W.M. (1968) An Introduction to Planetary Physics, John Wiley & Sons, New York.
Excelente libro de f´ısica planetaria. En su cap´ıtulo 4 se encuentra una descripci´on sencilla
del efecto de la Luna sobre la din´ amica rotacional de la Tierra y con un c´ alculo sencillo se
determina el per´ıodo de precesi´ on para la Tierra.
• Kinoshita, H. (1975) Theory of the Rotation of the Rigid Earth, Celestial Mechanics, Vol. 15
p. 277.
Art´ıculo t´ecnico que describe claramente el proceso para la conformaci´ on y desarrollo de una
teor´ıa del movimiento de rotaci´ on de la Tierra r´ıgida. Incluye el desarrollo de la funci´ on
perturbadora (de la Luna y el Sol) y el m´etodo de Hori para la soluci´ on de las ecuaciones
can´onicas.
• Lide, D.R. (1991) Handbook of Chemistry and Physics, 72 edici´ on, C.R.C. Press, Boca Raton.
Tablas de datos de inter´es fis´ıco, matem´ atico, astron´ omico y qu´ımico se encuentran consignadas
en este voluminoso libro.
• Meeus, J. (1991) Astronomical Algorithms, Willmann-Bell, Richmond, Virginia.
Referencia obligada para todos aquellos que deseen elaborar sus propios programas para la
determinaci´ on de posiciones de astros con las correcciones a las que halla lugar.
• Misner, C., Thorne, K., Wheeler, J.A. (1973) Gravitation, W.H. Freeman and Co., New York.
Un compendio magistral de todo lo que se hab´ıa hecho en relatividad general hasta comienzos
de los a˜ nos setenta. La deflecci´on gravitacional de la luz se trata de varias maneras en el
transcurso del texto.
204 CAP
´
ITULO 10. CORRECCI
´
ON A LAS COORDENADAS
• North, J. (1995) The Norton History of Astronomy and Cosmology, W. W. Norton & Com-
pany, New York.
Una narraci´ on bastante completa y f´ acil de leer sobre la historia de la astronom´ıa.
• Plummer, H.C. (1960), An Introductory Treatise on Dynamical Astronomy, Dover Publica-
tions, Inc., New York.
El cap´ıtulo 22 de este excelente libro aborda el problema de la precesi´on y nutaci´ on.
• Seidelmann, P.K. (1992), Explanatory Supplement to the Astronomical Almanac, University
Science Books, Mill Valley.
En su cap´ıtulo 3 contiene una exposici´ on muy detallada y actualizada sobre todos los fen´ omenos
que perturban las coordenadas.
• Simon, J.L. et al. (1994), Numerical Expressions for Precession Formulae and Mean Elements
for the Moon and Planets, Astronomy and Astrophysics, Vol. 282, p. 663.
En este art´ıculo se pueden encontrar ecuaciones rigurosas para el c´ alculo de la precesi´ on as´ı
como ecuaciones para hallar los elementos orbitales medios de los planetas.
• Smart, W.M. (1960) Celestial Mechanics, Longmans, Londres.
Se encuentra en su cap´ıtulo 20 un tratamiento parcialmente riguroso de la precesi´on y nutaci´ on.
• The Astronomical Almanac, U.S. Goverment Printing Office, Washington.
Las versiones recientes contienen, en t´erminos facilmente entendibles, algunas f´ormulas ri-
gurosas y aproximadas para el c´ alculo de la precesi´ on, nutaci´ on, aberraci´ on, etc.
Cap´ıtulo 11
MEC
´
ANICA CELESTE: UNA
INTRODUCCI
´
ON
Tradicionalmente se entiende por mec´anica celeste a aquella rama de la ciencia que estudia
el movimiento de los cuerpos celestes utilizando las leyes cl´asicas de la mec´anica newtoniana.
Las tres leyes de movimiento de Newton as´ı como la ley de atracci´on gravitacional son uti-
lizadas para dar cuenta de las propiedades del movimiento de los planetas alrededor del Sol,
la Luna alrededor de la Tierra, el de un par binario alrededor de su centro de masas, etc. La
teor´ıa newtoniana explica con mucha exactitud la posici´ on aparente de los cuerpos celestes
en el cielo. Se anot´o ´exitos espectaculares tales como el de predecir la existencia del planeta
Neptuno (debida a John Adams y Urbano Leverrier a mediados del siglo XIX) con base
en el extra˜ no movimiento observado en la ´ orbita de Urano. De hecho, Julio Garavito (ver
p´agina 281) consideraba a la mec´anica celeste newtoniana como una ciencia “verdadera” en
el sentido de ser una teor´ıa pura e incontrovertible
1
.
Pero lo anterior no significa que todo fuera color de rosa con la mec´ anica newtoniana.
Hay que tener presente que la teor´ıa newtoniana no explica porqu´e los cuerpos materiales
se sienten atraidos unos con respecto a los otros. Esto es, aunque se diga que la gravedad es
aquella fuerza responsable de que la Luna gire alrededor de nuestro planeta hay muy poco
que decir sobre qu´e es en s´ı misma la gravedad. El formalismo newtoniano es cuantitativo:
una ley de atracci´ on que se propone a priori explica satisfactoriamente las trayectorias que
describen los cuerpos celestes. La adopci´on de dicha ley queda justificada porque funciona.
Detalles significativos como la existencia de un espacio y tiempo absolutos y la acci´ on a
distancia de dicha fuerza, inc´ omodos para ciertos estudiosos inquietos, permanecer´ıan eclip-
sados y olvidados por siglos.
Ya desde la misma ´epoca de Leverrier se hab´ıa encontrado una pequena anomal´ıa con
la ´orbita de Mercurio no explicada por la teor´ıa newtoniana. La explicaci´ on en t´erminos de
1
Algunas de las ideas de Garavito nos pueden parecer hoy en d´ıa ingenuas. Pero hay que considerar que
Garavito vivi´o un tanto aislado de la comunidad cient´ıfica internacional y vivi´o en un per´ıodo sociocultural
caracterizado por la indiferencia a la cultura y a la ciencia (ver Mart´ınez, 1986 y Arias de Greiff, 1993).
205
206 CAP
´
ITULO 11. MEC
´
ANICA CELESTE: UNA INTRODUCCI
´
ON
perturbaciones producidas por posibles cuerpos a´ un no descubiertos result´ o muy poco con-
vincente. El planeta predicho existente entre Mercurio y el Sol, por m´ as esfuerzos heroicos
de los astr´ onomos, nunca fue encontrado.
Con la aparici´ on de la teor´ıa de la relatividad general debida a Albert Einstein en 1916 se
ha ido reformulando el concepto que se ten´ıa previamente de la mec´ anica celeste. La forma
de considerar la gravedad no es en t´erminos de una fuerza. Einstein explica la gravedad en
t´erminos de geometr´ıa. La gravedad no es otra cosa que la curvatura del espacio-tiempo
generada por la materia. Pero la geometr´ıa que se introduce aqu´ı no es la geometr´ıa tradi-
cional que se aprende en el colegio. Esta geometr´ıa, llamada euclidiana, estudia, entre
otras cosas, las propiedades del espacio de dos o tres dimensiones. Pero de lo que se trata
aqu´ı es de estudiar la curvatura del ente denominado espacio-tiempo. Y ello exige elaborar
una geometr´ıa para espacios con m´as de tres dimensiones. Geometr´ıas para espacios de n-
dimensiones fueron estudiadas por matem´aticos de la talla de Berhard Riemann a mediados
del siglo XIX. Resulta que con esta nueva geometr´ıa la menor distancia entre dos puntos
deja de ser una l´ınea recta; en espacios curvos, las distancias m´ınimas existentes entre dos
puntos pueden ser trayectorias curvas, que reciben el nombre de geod´esicas. La materia
que conforma al Sol genera una curvatura del espacio-tiempo (un campo que se extiende en
principio hasta el infinito) que obliga a los cuerpos a su alrededor a describir trayectorias
geod´esicas. Los planetas no son atra´ıdos por el Sol debido a una fuerza de atracci´ on (como
pensaba Newton) sino que, al estar cerca del campo gravitacional del Sol, esto es, un sec-
tor del espacio-tiempo fuertemente curvado, se ven obligados a desplazarse a trav´es de una
trayectoria geod´esica cuasi-cerrada (ver figura 11.1).
Figura 11.1: Curvatura del espacio-tiempo como explicaci´on de la gravedad
Vemos que lo que ocurre aqu´ı es algo como: la materia le dice al espacio c´omo curvarse,
y el espacio curvado le dice a la materia c´ omo moverse.
Ahora bien, cuantitativamente hablando, la relatividad general explic´ o el extra˜ no com-
portamiento en la ´ orbita de Mercurio, el cual si bien era de magnitud muy peque˜ na, no era
del todo despreciable. Hasta mediados del siglo XX la relatividad general fue vista, por los
mec´anicos celestes, como una teor´ıa que s´ olo era necesario tener en consideraci´ on cuando
se hablaba de ligeras correcciones con respecto a la mec´anica newtoniana, tal y como el
liger´ısimo corrimiento del perihelio de los planetas. Para prop´ ositos pr´ acticos, la mec´anica
newtoniana continuaba siendo adecuada para describir el movimiento de los planetas y otros
cuerpos del sistema solar.
207
Los cambios dram´aticos sucedidos con el advenimiento de la era de la exploraci´ on del
espacio y la invenci´ on de relojes muy exactos oblig´ o a los especialistas a introducir con todas
sus consecuencias el formalismo de la relatividad general para explicar el movimiento de los
cuerpos a trav´es del sistema solar y de la Luna y los sat´elites artificiales alrededor de la
Tierra.
Figura 11.2: Albert Einstein (1879-1955)
Por ello, actualmente podemos definir mec´anica celeste como aquella rama del saber
cient´ıfico que estudia el movimiento de los cuerpos celestes aplicando para ello lo que se
conoce de las propiedades del espacio-tiempo y la materia a trav´es de la teor´ıa de la rela-
tividad general.
La astrodin´ amica, a diferencia de la mec´ anica celeste que se ocupa de estudiar el movimien-
to de cuerpos naturales, estudia el movimiento de los cuerpos construidos por el hombre con
diversidad de prop´ ositos, que giran alrededor del Sol, planetas, sat´elites y otros cuerpos
naturales, utilizando para ello la teor´ıa de la relatividad general.
Conviene advertir, sin embargo, que son muchos los textos de astrodin´ amica y mec´anica
celeste que omiten por completo dentro de su tem´atica la teor´ıa de la relatividad general,
aun en sus aspectos m´as b´ asicos. Hay dos razones para ello. La primera es que una exposi-
ci´ on de la teor´ıa de la relatividad general, aun sin profundizar en los detalles, requiere el
uso de la geometr´ıa diferencial o del c´ alculo tensorial, ramas de la matem´ atica relativamente
complejas accequibles a lectores con una s´olida formaci´ on matem´atica. La otra raz´on ya
se hab´ıa mencionado anteriormente: la teor´ıa cl´ asica newtoniana es, para casi todos los sis-
208 CAP
´
ITULO 11. MEC
´
ANICA CELESTE: UNA INTRODUCCI
´
ON
temas de inter´es, una descripci´ on lo suficientemente precisa para satisfacer las necesidades de
la gran mayor´ıa de los usuarios. S´ olo cuando se requieren medidas muy precisas de cuerpos
que se desplazan dentro del sistema solar, o se quiere estudiar el comportamiento din´ amico
de cuerpos con intensos campos gravitacionales, como los que se estudian en los pulsares
binarios, es necesaria la descripci´ on relativista.
La teor´ıa de la relatividad general, cuando se utiliza en la descripci´ on del movimiento de
cuerpos materiales, es susceptible de “linealizarse”, lo que significa que se utilizan una serie
de aproximaciones tendientes a simplificar las ecuaciones. De acuerdo con la teor´ıa de la
relatividad general la gravedad se transmite como ondas a trav´es del espacio-tiempo a una
velocidad igual a la de la luz, esto es, una velocidad finita (a diferencia de Newton, quien
pensaba que era una fuerza de acci´ on instant´anea). Por lo tanto, una forma de tratar de
linealizar las ecuaciones es suponer que muy lejos de las masas el campo gravitacional es
tan d´ebil que en la pr´ actica no es curvo, esto es, la geometr´ıa es plana, o tambi´en que, si
la velocidad de la luz fuera infinita, la gravitaci´ on einsteniana se reduce a la newtoniana.
Una linealizaci´ on conduce, sin p´erdida razonable de exactitud, a una expansi´ on simult´ anea
en peque˜ nos par´ ametros (por ejemplo se consideran peque˜ nas las velocidades de los cuerpos
comparadas con la velocidad de la luz as´ı como la intensidad de campo gravitacional). Tal
expansi´ on del campo d´ebil y movimiento lento da lugar a los siguientes t´erminos de una
serie: 1) un espacio-tiempo vac´ıo al “orden cero”; 2) el tratamiento newtoniano del sistema
solar al “primer orden”; 3) correcciones pos-newtonianas del tratamiento newtoniano al
“segundo orden” y as´ı sucesivamente. Por lo tanto, el “primer orden” corresponde a la
teor´ıa cl´ asica newtoniana, por lo que ´esta teor´ıa est´ a contenida en las ecuaciones de la teor´ıa
de la relatividad general de Einstein.
11.1 Estado de las cosas en la antig¨ uedad
Las observaciones del cielo realizadas por h´abiles astr´ onomos antiguos hab´ıan logrado des-
cubrir que exist´ıan cuerpos celestes que, a diferencia de las estrellas fijas, se desplazaban
por el cielo formando extra˜ nas trayectorias (ver figura 6.4, pag. 99). Tenemos el registro
hist´ orico de que fil´ osofos y ge´ometras griegos intentaron describir el movimiento de los pla-
netas, la Luna y el Sol en t´erminos de trayectorias circulares con movimiento uniforme. La
labor prob´ o no ser sencilla: se necesit´o en algunos casos de la introducci´ on de combina-
ciones de circunferencias para explicar las retrogradaciones. El asunto se complicaba por la
hip´ otesis fundamental del modelo: la Tierra era el centro del universo con todos los dem´as
cuerpos, incluyendo el Sol, girando alrededor de ella. El modelo de Ptolomeo reun´ıa todas
estas caracter´ısticas; fue el paradigma de la astronom´ıa por casi mil quinientos a˜ nos. Lo
grandes navegantes del Renacimiento calculaban sus posiciones sobre la Tierra con base en
las posiciones de los astros calculadas con el modelo ptolem´aico.
Nicol´as Cop´ernico fue un monje polaco que public´ o un libro de astronom´ıa en 1542 (unos
cinco a˜ nos despu´es de la fundaci´ on de Bogot´a). Esta obra, llamada “Sobre las revoluciones
de los cuerpos celestes”, volv´ıa a poner sobre el tapete una idea que ya hab´ıa sido propuesta
por un astr´ onomo griego de nombre Aristarco en el siglo IV A.C. La idea era ni m´as ni
menos el helicentrismo, esto es, todos los planetas (incluyendo la Tierra) giran en torno al
11.2. KEPLER Y SUS LEYES 209
Figura 11.3: Nicol´as Cop´ernico (1473-1543)
Sol en ´orbitas circulares. La Luna es el ´ unico cuerpo que gira alrededor de la Tierra, pero
el movimiento diurno se explica en t´erminos de la rotaci´on de nuestro planeta. La idea
no cuaj´ o en el esp´ıritu griego y permaneci´ o cuasi olvidada y referenciada como una de las
tantas ideas extravagantes propuestas por los fil´osofos antiguos. A Cop´ernico no le son´ o tan
extravagante y la puli´ o y adorn´ o de tal forma que le di´ o coherencia. Sin embargo, esta idea
encontr´ o oposici´on (m´as bien indiferencia) por parte de la iglesia cat´ olica, que afirmaba que
tan rid´ıcula idea no encajaba con lo que se afirmaba en las santas escrituras. A´ un sesenta
a˜ nos despu´es de la muerte de Cop´ernico el astr´ onomo italiano Galileo Galilei ten´ıa serios
confictos con los dignatarios eclesi´asticos por defender el modelo Cop´ernicano. No ayud´ o
tampoco que el libro escrito por Cop´ernico fuera de ardua lectura, pero esto fue compensado
por la excelente divulgaci´ on de un resoluto disc´ıpulo de Cop´ernico llamado Georg R´etico.
Pero la idea cop´ernicana s´ olo vendr´ıa a tornarse tema com´ un de la actividad astron´ omica
en los tiempos de Johannes Kepler, casi cien a˜ nos despu´es de la muerte de Cop´ernico.
11.2 Kepler y sus leyes
Johannes Kepler fue un astr´ onomo y matem´atico alem´an que estaba convencido de la validez
de la teor´ıa de Cop´ernico. Interesado en encontrar una relaci´on geom´etrica entre las dis-
tancias de los planetas al Sol que le permitiera calcular con suma precisi´ on la posici´on de
210 CAP
´
ITULO 11. MEC
´
ANICA CELESTE: UNA INTRODUCCI
´
ON
los astros en el cielo comenz´o a buscar el modelo correcto del sistema solar
2
. Kepler era
consciente de que para emprender dicha tarea necesitaba de los mejores y m´ as voluminosos
datos de los que pudiera disponer.
Figura 11.4: Tycho Brahe (1546-1601) y Johannes Kepler (1571-1630)
Para fortuna de Kepler exist´ıa un astr´ onomo dan´es llamado Tycho Brahe, cuyo ojo de
´aguila (los observatorios astron´ omicos en aquella ´epoca no contaban con telescopios, pues
´estos fueron utilizados por los astr´onomos a partir del a˜ no 1609), dedicaci´on, disciplina y
solvencia econ´omica le hab´ıan permitido a ´el reunir, en el transcurso de muchos a˜ nos, el mejor
c´ umulo de observaciones de los planetas con una precisi´ on nunca antes alcanzada. Aunque
ambos astr´onomos trabajaron juntos por un per´ıodo muy breve a causa de la sorpresiva
muerte de Brahe, Kepler dispuso, tras algunos inconvenientes, del enorme tesoro que cons-
titu´ıan las observaciones. Y comenz´o a trabajar con ah´ınco. Transcurrieron varios a˜ nos en
los cuales se vio obligado a rechazar uno tras otro los modelos que ´el cre´ıa eran, en cada
caso, la forma correcta del sistema solar. Tras una tarea matem´atica monumental, logr´o
descubrir tres relaciones matem´aticas que cumpl´ıan todos los planetas sin excepci´on y cuya
aplicaci´ on permiti´ o por primera vez a los astr´onomos explicar con asombrosa precisi´on el
aparentemente complicado movimiento planetario. Estas relaciones matem´aticas, que con el
tiempo llegaron a convertirse en las “tres leyes de Kepler”, constituyen el mejor exponente
de la genialidad y persistencia de los hombres de ciencia a principios del siglo XVII.
Las tres leyes de Kepler son las siguientes:
Primera ley: Los planetas se mueven alrededor del Sol describiendo ´ orbitas el´ıpticas
(no circulares). El Sol ocupa uno de los focos de dicha elipse.
2
Kepler no s´olo descoll´o como astr´onomo. Tambi´en fue un matem´atico notable. Fue el primero en
adoptar los logaritmos (reci´en descubiertos por Neper y Briggs) para el c´omputo astron´omico, pr´actica que
se tornar´ıa en costumbre en los siguientes 350 a˜ nos. Sus trabajos sobre las c´onicas fueron sobresalientes, de
hecho, la palabra “foco” fue introducida por Kepler.
11.2. KEPLER Y SUS LEYES 211
Segunda ley: Los planetas barren ´areas iguales en tiempos iguales.
Tercera ley: Los cuadrados de los per´ıodos de traslaci´ on (tiempo que le toma a un
planeta en dar una vuelta completa alrededor del Sol) son proporcionales al cubo de las
distancias medias existentes entre los planetas y el Sol.
Dada la importancia que tienen estas leyes en el estudio de la astronom´ıa profundizaremos
un poco m´as en cada una de ellas.
11.2.1 La elipse
La elipse es el lugar geom´etrico de los puntos que cumplen la siguiente relaci´ on:
PF +PF

= constante,
donde P es cualquier punto de la elipse y F y F

son los llamados focos de la elipse.
F’
D

P
2b
E
2a

. . .
F C
Figura 11.5: La elipse
La distancia DD

es llamada eje mayor de la elipse con lo que CD = CD

= DD

/2 es
llamado el semieje mayor de la elipse denotado con la letra a.
De id´entica forma llamamos EE

eje menor de la elipse; CE = CE

= EE

/2 es llamado
el semieje menor de la elipse denotado con la letra b.
De la definici´ on de la elipse se deduce entonces que:
PF +PF

= 2a,
y obviamente
212 CAP
´
ITULO 11. MEC
´
ANICA CELESTE: UNA INTRODUCCI
´
ON
EF

= EF = E

F

= E

F = a.
Ll´ amese e a la excentricidad de la elipse definida como:
e =
CF
CD

=
CF

CD
=
CF
a
.
Es claro que cuando e = 0 (los focos se confunden con el centro C) la elipse se convierte
en una circunferencia.
Es f´ acil deducir, utilizando el teorema de Pit´ agoras, que:
b = a

(1 −e
2
). (11.1)
Ahora bien, estamos interesados en encontrar una expresi´on matem´atica que nos per-
mita describir una elipse en el plano. La ecuaci´ on de una circunferencia en coordenadas
cartesianas con centro en el origen y de radio r es:
x
2
r
2
+
y
2
r
2
= 1.
An´ alogamente, se puede demostrar que la ecuaci´on de una elipse en coordenadas carte-
sianas con centro en el origen y eje mayor ubicado sobre el eje de las x es:
x
2
a
2
+
y
2
b
2
= 1.
Tradicionalmente, el estudio del movimiento de los planetas se hace teniendo como punto
de referencia el centro del Sol. Puesto que la primera ley de Kepler nos dice que el Sol no
est´a ubicado en el centro de la elipse C sino en F (o F

), entonces lo adecuado es expresar
la ecuaci´ on anterior con respecto a uno de los focos, digamos F. Esto se hace sencillamente
realizando una traslaci´ on de coordenadas de C a F sobre el eje x. Puesto que CF = ae, se
tendr´ a que la ecuaci´ on de una elipse con origen en F tiene la forma:
(x +ae)
2
a
2
+
y
2
b
2
= 1. (11.2)
Sin embargo, este tipo de ecuaci´on en coordenadas cartesianas no es muy utilizada en
astronom´ıa, pero s´ı lo es representar las ecuaciones en coordenadas esf´ericas o polares.
Para encontrar la ecuaci´on de la elipse en coordenadas polares con origen en uno de
los focos, multiplicamos la ´ ultima ecuaci´ on por a
2
(1 − e
2
), esto es, por b
2
, y desarrollando
algunos t´erminos se obtiene:
(x
2
+ 2aex +a
2
e
2
)(1 −e
2
) +y
2
= a
2
−a
2
e
2
,
esto es,
x
2
+ 2aex −x
2
e
2
−2ae
3
x +y
2
= a
2
−2a
2
e
2
+a
2
e
4
,
11.2. KEPLER Y SUS LEYES 213
que al reunir t´erminos semejantes y ordenar da
x
2
+y
2
= a
2
(1 −e
2
)
2
−2aex(1 −e
2
) +x
2
e
2
.
Teniendo en cuenta la transformaci´ on entre las coordenadas polares (r, θ) y las coorde-
nadas cartesianas (x, y):
r
y
LINEA DE LAS
APSIDES
x
F
θ
Figura 11.6: Relaci´on entre las coordenadas cartesianas y las polares
x = r cos θ, y = r sen θ, (11.3)
tenemos:
r
2
=

a(1 −e
2
) −re cos θ

2
,
que al tomar la ra´ız cuadrada y factorar r se llega a:
r =
a(1 −e
2
)
1 +e cos θ
. (11.4)
En el movimiento planetario r es llamado radio vector (distancia entre el centro del Sol y
el centro del planeta) y θ es llamada anomal´ıa verdadera. La ecuaci´on (11.4) es la ecuaci´on
de una elipse en coordenadas polares con origen en el foco F.
N´otese que cuando e = 0 el radio vector es igual a la constante a y en tal caso tenemos
una circunferencia. De igual forma, se puede deducir que:
θ = 0
o
=⇒ r = a(1 −e), planeta en perihelio,
θ = 180
o
=⇒ r = a(1 +e), planeta en afelio,
siendo el perihelio y el afelio la menor y mayor distancia respectivamente entre el planeta
y el Sol. La l´ınea que une el centro de la elipse con ambos focos y sobre la cual est´ an ubi-
cados los puntos extremos (perihelio y afelio) se conoce con el nombre de l´ınea de las ´ apsides.
De lo anterior se deduce que la distancia promedio existente entre el planeta y el Sol,
que llamaremos distancia media, r
med
, es igual al semieje mayor a:
214 CAP
´
ITULO 11. MEC
´
ANICA CELESTE: UNA INTRODUCCI
´
ON
r
med
=
a(1 −e) +a(1 +e)
2
= a.
En el sistema solar las distancias medias de los planetas al Sol se expresan en t´erminos
de la llamada Unidad Astron´ omica (u.a.) que es la distancia media existente entre la Tierra
y el Sol cuyo valor es:
1 u.a. = 149 597 870 km.
NOTA: Es frecuente encontrar en la literatura la ecuaci´ on (11.4) escrita como:
r =
p
1 +e cos θ
,
donde p = a(1 − e
2
) se llama el semi-latus rectum y es el valor que adopta el radio vector
cuando la anomal´ıa verdadera es igual a los valores θ = 90
o
y 270
o
.
b
a
p
θ=90
Figura 11.7: El semi-latus rectum p, el semieje menor b, y el semieje mayor a
Ejercicio 1
Calcular la distancia existente entre J´ upiter y el Sol en el instante para el cual θ = 30
o
.
Soluci´on
De la tabla C.3 del ap´endice C extraemos los valores de a y e para J´ upiter: a =5.20442
y e = 0.04887. Entonces:
r =
5.20442 (1 −0.04887
2
)
1 + 0.04887 cos(30)
= 4.98117 u.a.
11.2. KEPLER Y SUS LEYES 215
11.2.2
´
Areas y ´angulos
Es claro que la segunda ley de Kepler es superflua y obvia en el caso de que los planetas se
desplazaran en ´orbitas circulares con movimiento uniforme. La segunda ley de Kepler pone
de manifiesto que aun cuando la ´ orbita de los planetas no es circular, los planetas insisten
en desplazarse barriendo ´ areas iguales en tiempos iguales.
La forma matem´atica de expresar la segunda ley de Kepler es:
A ∝ t,
donde A es el ´area que barre un planeta en su ´ orbita y t es el tiempo. Al introducir una
constante de proporcionalidad K, tenemos:
A = Kt. (11.5)
Esta ecuaci´ on implica que si t
2
− t
1
= t
4
− t
3
entonces se ha de cumplir A
1
= A
2
(ver
figura 11.8).
Como vemos, la relaci´on entre el ´area A y el tiempo t es supremamente sencilla. Sin
embargo, en la pr´actica los astr´onomos no miden ´areas sino ´angulos. Y aqu´ı el asunto se
pone complicado, pues la consecuencia de la segunda ley es que el planeta no se desplaza
uniformemente en su trayectoria, puesto que para cubrir ´ areas iguales en tiempos iguales el
planeta debe acelerar su movimiento cerca del perihelio y desacelerar cerca del afelio. Por
lo tanto, la anomal´ıa verdadera θ no es funci´ on lineal del tiempo, con lo que encontrar el
valor de θ para cualquier tiempo t no es tarea sencilla.
A A
1
2
t
t
3
4
t
2
t
1
Figura 11.8: La segunda ley de Kepler
11.2.3 Per´ıodos y distancias
La forma matem´atica de expresar la tercera ley de Kepler es:
T
2
∝ a
3
,
o introduciendo una constante de proporcionalidad K
1
:
216 CAP
´
ITULO 11. MEC
´
ANICA CELESTE: UNA INTRODUCCI
´
ON
T
2
= K
1
a
3
.
Una forma cualitativa y burda de expresar la tercera ley de Kepler es que entre m´ as
cerca del Sol se encuentre el planeta, m´as r´ apido se desplaza y por lo tanto invierte menor
tiempo en dar una revoluci´ on completa. Como ejemplos consid´erese a Mercurio y Plut´ on.
El primero est´ a situado a 0.387 u.a. del Sol gastando s´olo 88 d´ıas terrestres en dar una
revoluci´ on completa, mientras que Plut´ on, ubicado a una distancia media del Sol de 39.5
u.a., invierte 248.2 a˜ nos terrestres (90 680 d´ıas) en dar una vuelta completa. Es claro que:
K
1
=
(88)
2
(0.387)
3
=
(90680)
2
(39.5)
3
· 133 500
dias
2
u.a.
3
.
Tenemos pues a nuestra disposici´ on una valiosa relaci´ on matem´atica que nos permite
calcular a qu´e distancia se encuentra un objeto del Sol si conocemos de alg´ un modo el
per´ıodo de traslaci´ on de un planeta alrededor del Sol.
11.3 El formalismo Newtoniano
Isaac Newton es considerado el padre de la ciencia moderna. Y no es para menos. Descubri´o
las leyes del movimiento de los cuerpos materiales, base de la mec´anica y la din´ amica; des-
cubri´ o la ley de atracci´on gravitacional explicando el movimiento de los cuerpos celestes en
t´erminos de f´ısica; descubri´ o el c´alculo diferencial e integral (junto con Leibnitz); introdujo
la teor´ıa corpuscular de la luz; invent´ o el telescopio reflector, etc´etera. Como cabe suponer,
aqu´ı hablaremos s´olo de los descubrimientos de Newton relacionados con el movimiento de
los cuerpos celestes.
En un libro llamado Los principios matem´aticos de la filosof´ıa natural publicado en
1687, Newton revel´o al mundo muchos de sus descubrimientos, particularmente aquellos
relacionados con el movimiento de los planetas alrededor del Sol y de la Luna alrededor de
la Tierra.
Las leyes de movimiento de Newton son:
1) Ley de la inercia: todo cuerpo tiende a permanecer en su estado de reposo o de
movimiento rectil´ıneo uniforme a menos que una fuerza externa actue sobre ´el.
En nuestra vida diaria, viviendo en la superficie de un planeta dotado de atm´ osfera y
por lo tanto rebosante de todo tipo de fuerzas resistivas, la ley de la inercia nos parece
contradictoria, pues observamos que un objeto al que animamos de una fuerza determinada
—digamos un bal´ on de f´ utbol al que le damos un puntapie—, al poco tiempo termina por
detenerse, conduci´endonos a pensar que para mantener un objeto en movimiento es preciso
estarle comunicando una fuerza de forma continua. Al tener en cuenta las fuerzas que crean
fricci´ on explicamos la aparente contradicci´on.
Impl´ıcitamente en la primera ley est´a la definici´ on de que es necesario introducir un
sistema de coordenadas al cual referir el movimiento del cuerpo (o cuerpos) que estamos
11.3. EL FORMALISMO NEWTONIANO 217
Figura 11.9: Isaac Newton (1642-1727)
interesados en estudiar. Dichos sistemas de coordenadas deben ser precisamente aquellos en
donde al no existir fuerzas los objetos est´ an en su estado natural: en reposo o en movimiento
rectil´ıneo uniforme. Por tal raz´on estos sistemas se llaman inerciales. En la pr´actica es dif´ıcil
encontrar en la naturaleza sistemas perfectamente inerciales, pues lo usual es definir un
sistema ubicado en un determinado cuerpo, digamos el centro de un planeta, o su superficie,
y ocurre que ´estos se desplazan en el espacio de manera no uniforme. Sin embargo, en
primera aproximaci´ on, es conveniente suponer que estos sistemas son inerciales para as´ı
poder aplicar sin restricciones las leyes de Newton. El sistema inercial m´as adecuado para
estudiar el movimiento de los cuerpos celestes es aquel que toma como referencia a las
estrellas “fijas”.
2) Ley de la fuerza: La fuerza

F
1x
que actua sobre un cuerpo de masa m
1
debido a la
presencia de la interacci´on x (que origina dicha fuerza) es igual a la derivada temporal del
momentum lineal p:

F
1x
=
d p
dt
=
d
dt
(m
1
v), (11.6)
siendo el momentum lineal igual al producto de la masa m
1
por la velocidad v medida con
respecto a un sistema de referencia inercial dado. Existen varios tipos de “interacciones”
que suelen aparecer en mec´anica celeste: la presencia de otro o m´ as cuerpos materiales (con
lo que la interacci´ on es la fuerza de gravedad), presencia de un fluido (que origina la fuerza
de resistencia y sustentaci´ on, com´ un en los sat´elites de muy baja altura), etc.
218 CAP
´
ITULO 11. MEC
´
ANICA CELESTE: UNA INTRODUCCI
´
ON
En casi todos los sistemas de inter´es (descartando el caso del movimiento de un cohete)
la masa del cuerpo m
1
permanece constante. Por ello, es frecuente encontrar como expresi´on
matem´atica de la segunda ley de Newton a:

F
1x
= m
1
dv
dt
= m
1
d
2
r
dt
2
, (11.7)
donde r es el vector posici´on del cuerpo m
1
con respecto al origen de un sistema de referencia
inercial.
3) Ley de la acci´on y reacci´on: para toda fuerza

F
1x
que se ejerce sobre un cuerpo de
masa m
1
, existe una fuerza

F
x1
que ejerce el cuerpo de masa m
1
sobre el responsable de la
interacci´ on x que es de igual magnitud pero de sentido opuesto a la de

F
1x
. Es claro que:

F
1x
= −

F
x1
.
11.3.1 Ley de atracci´on newtoniana
La interacci´on existente entre dos part´ıculas materiales (o que poseen masa) origina una
fuerza de atracci´ on entre ambas que es directamente proporcional al producto de sus masas
e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa.
De acuerdo con lo anterior, la fuerza que se ejerce sobre el cuerpo de masa m
2
debido a
la presencia del cuerpo de masa m
1
, representada por

F
21
, est´a dada por:

F
21
= −
Gm
1
m
2
r
2
ˆ u
r
, (11.8)
donde ˆ u
r
es un vector unitario en la direcci´ on del vector posici´on r que va desde el cuerpo
de masa m
1
al cuerpo de masa m
2
, cuya magnitud es la distancia r, (ver figura 11.10). El
signo negativo es necesario para indicar que la fuerza que actua sobre m
2
(debido a m
1
) est´a
en la direcci´ on contraria a la del vector ˆ u
r
(esto es, la fuerza es de atracci´ on).
r
r
m
1
m
2
F
21
r
u
Figura 11.10: Dos masas sometidas a la atracci´on de tipo newtoniano
La constante G es llamada constante universal de la gravitaci´ on, llamada tambi´en cons-
tante de Cavendish, en honor del f´ısico y qu´ımico Henry Cavendish, de nacionalidad inglesa
(aunque en realidad naci´ o en Niza, Francia), de quien se dice que fue el primer cient´ıfico
11.3. EL FORMALISMO NEWTONIANO 219
en realizar experimentos para determinar el valor de G. De acuerdo con las m´as recientes
medidas, el valor de la constante de Cavendish, en unidades MKS, es el siguiente:
G=6.67259 10
−11
m
3
s
−2
kg
−1
.
De la misma manera, la fuerza que se ejerce sobre el cuerpo de masa m
1
debido a la
presencia del cuerpo de masa m
2
, representada por

F
12
, est´a dada por:

F
12
=
Gm
1
m
2
r
2
ˆ u
r
, (11.9)
n´otese que

F
21
= −

F
12
como cabe esperar de la tercera ley de Newton.
La ecuaci´on (11.8) se suele escribir corrientemente en t´erminos del radio vector r. Puesto
que r = rˆ u
r
, se deduce inmediatamente que:

F
21
= −
Gm
1
m
2
r
3
r. (11.10)
11.3.2 La funci´on potencial
La ley de atracci´on gravitacional, tal y como se acab´o de describir, es aplicable a aque-
llos cuerpos materiales que son considerados “part´ıculas”, esto es, cuerpos cuya masa est´a
concentrada en un punto. Pero los objetos reales y, con mayor raz´on, los cuerpos celestes
est´an muy lejos de considerarse como objetos puntuales. Sin embargo, el mismo Newton
demostr´ o que cuerpos materiales de dimensiones gigantescas producen una fuerza gravita-
cional equivalente a la que producir´ıan si toda su masa estuviese concentrada en su centro,
siempre y cuando cumplieran con dos requisitos: que fueran completamente esf´ericos (por
completamente queremos decir rigurosamente) y que la distribuci´ on de masa en su interi-
or fuera completamente uniforme (exentos de concentraciones de masa en algunos sitios) o
cuanto menos, que la densidad del cuerpo sea s´olo funci´ on de la distancia al centro. En
principio el Sol, los planetas y un gran n´ umero de sat´elites naturales pueden considerarse
como cuerpos que cumplen con estos requisitos pero no completamente. La mayor´ıa de los
planetas poseen radios ligeramente mayores en el ecuador que en los polos. La Luna posee
en su interior sectores cuya densidad es anormalmente mayor que en el resto del sat´elite.
Por ello es que, para explicar el movimiento de un sat´elite artificial alrededor de la Tierra
(cuyo achatamiento en los polos destruye la esfericidad del planeta), no basta con aplicar la
simple ley de atracci´ on gravitacional. El astr´ onomo se ve obligado a utilizar “correcciones”
a dicha ley de atracci´ on.
Para un cuerpo esf´erico perfecto de masa m
1
definimos la funci´ on potencial gravitacional
V ejercido sobre un cuerpo de masa m
2
como (n´otese que no interesa en esta descripci´on
la forma del cuerpo de masa m
2
, pues como se ver´a m´as adelante, haremos m
1
>> m
2
):
V = −
Gm
1
m
2
r
, (11.11)
220 CAP
´
ITULO 11. MEC
´
ANICA CELESTE: UNA INTRODUCCI
´
ON
donde es claro que V s´olo depende de la distancia radial r existente entre ambos cuerpos.
Definido el potencial de esta forma es claro que la fuerza de atracci´ on gravitacional ejercida
sobre el cuerpo de masa m
2
debido al cuerpo m
1
puede escribirse como:

F
21
= −
∂V
∂r
ˆ u
r
. (11.12)
Cuando el cuerpo de masa m
1
es un cuerpo real, esto es, un objeto achatado en los
polos (como la Tierra y los planetas del sistema solar) o con una forma bastante apartada
a la de una esfera, tal y como la que presenta un t´ıpico asteroide o un cometa (ver figura
11.11), el potencial gravitacional deja de ser una funci´ on que s´olo depende de r; se convierte
en una funci´ on extraordinariamente complicada y se hace necesario la dependencia de V
en variables angulares. Se puede demostrar que la funci´ on potencial gravitacional puede
escribirse de la siguiente forma:
V = −
Gm
1
m
2
r
¸
1 +

¸
n=1
n
¸
m=0

R
r

n
P
nm( sen φ)
(C
nm
cos mλ +S
nm
sen mλ)
¸
, (11.13)
donde R es el radio ecuatorial del cuerpo de masa m
1
, φ y λ los ´ angulos de latitud y longitud
con respecto a un ecuador y meridiano de referencia dados, P
nm( sen φ)
son las funciones
asociadas de Legendre de primera especie y C
nm
y S
nm
coeficientes adimensionales exclusivos
de cada cuerpo (que hay que medir experimentalmente) llamados coeficientes arm´ onicos.
B A C
Figura 11.11: A: cuerpo esf´erico perfecto, B: planeta achatado, C: forma de un asteroide o cometa
El potencial (11.13) se ve reducido al potencial sencillo (11.11), por m´as amorfo que sea
el objeto de masa m
1
, cuando la distancia r a la que est´ a situado el objeto de masa m
2
es
r >> R, esto es,
R
r
0. Adem´as, los coeficientes arm´onicos son n´ umeros que, en el caso de
los cuerpos con algo de simetria esf´erica, poseen valores muy bajos, del orden de un mil´esimo
o cent´esimo a lo sumo. Es por ello que al estudiar el movimiento de los planetas alrededor
del Sol el potencial que se adopta es la expresi´ on (11.11), pues los planetas ocupan ´orbitas
cuya distancia r es muchas veces el valor del radio del Sol (en el caso de Mercurio, el planeta
m´as cercano al Sol, se tiene
R
r
0.01). Pero en el caso de sat´elites artificiales alrededor de
la Tierra, espec´ıficamente aquellos que est´ an colocados en orbitas bajas (de 300 a 1000 km
de altura sobre la superficie terrestre) la relaci´ on
R
r
es cercana a uno (0.95 a 0.86), por lo
que es necesario utilizar los t´erminos m´ as significativos del potencial (11.13).
Se discutir´ a m´as acerca de este t´opico en la secci´on 14.4.2.
11.3. EL FORMALISMO NEWTONIANO 221
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Arias de Greiff, J. (1993) La astronom´ıa en Colombia, Academia colombiana de ciencias
exactas, f´ısicas y naturales, colecci´ on Enrique P´erez-Arbel´aez No.8, Santaf´e de Bogot´ a.
Este libro contiene una exposici´on erudita del desarrollo hist´ orico de la astronom´ıa en nuestro
pa´ıs desde los tiempos precolombinos hasta comienzos de la d´ecada de los 1990s.
• Karttunen, H., et al. (1996) Fundamental Astronomy, Springer-Verlag, Heidelberg.
En su cap´ıtulo 7 contiene una excelente y concisa exposici´on de mec´ anica celeste con aplica-
ciones elementales a algunos sistemas astrof´ısicos.
• Koestler, A. (1963) Los son´ ambulos, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires.
Libro de obligada lectura si uno est´ a determinado a conocer la historia de la astronom´ıa con
´ensafisis en las vidas de Cop´ernico, Brahe, Kepler, Galilei y Newton.
• Mart´ınez, R. (1986) El pensamiento f´ısico y epistemol´ ogico de Garavito, Naturaleza, educaci´ on
y ciencia, No. 4, p. 15.
El autor realiza una entrevista imaginaria a Julio Garavito con base en multitud de escritos
sobre epistemolog´ıa y otras ´ areas del pensamiento que dej´o este c´elebre hombre de ciencia
criollo.
• Peterson, I. (1993), Chaos in the Solar System, W. H. Freeman and Co., New York.
Excelente narraci´on de la historia de la mec´ anica celeste con ´enfasis en las actuales investi-
gaciones sobre estabilidad y caos.
• Roy, A., Clarke, D. (1988), Astronomy: Principles and Practice, Adam Hilger, Bristol.
Este excelente libro de astronom´ıa fundamental contiene, en su cap´ıtulo 12, una descripci´ on
bien lograda de los fundamentos de la mec´ anica celeste.
• Verontsov-Veliam´ınov, B.A. (1979) Problemas y ejercicios pr´ acticos de astronom´ıa, Mir,
Mosc´ u.
El cap´ıtulo 2 expone no s´ olo una descripci´ on hist´ orica de los modelos geocentristas y helio-
centristas sino tambi´en los fundamentos de la mec´ anica newtoniana.
• http://www.astronomynotes.com/gravappl/gravappla.htm#A1
Contiene una descripci´ on muy pedag´ ogica sobre las leyes de movimiento de Newton y ley de
atracci´on gravitacional.
222 CAP
´
ITULO 11. MEC
´
ANICA CELESTE: UNA INTRODUCCI
´
ON
Cap´ıtulo 12
EL PROBLEMA DE LOS DOS
CUERPOS
El problema de los dos cuerpos es el t´ opico fundamental en el estudio de la mec´ anica celeste.
El problema es: dadas dos part´ıculas (o cuerpos perfectamente esf´ericos con distribuci´ on de
densidad uniforme en su interior o tambi´en cuya densidad sea s´olo funci´ on de la distancia)
de masas m
1
y m
2
completamente aisladas de las dem´as masas que conforman el universo,
encontrar el estado din´ amico de ambos cuerpos con respecto a un sistema inercial dado
cuando la ´ unica fuerza que actua entre ellas es la de la atracci´ on gravitacional.
Por “aisladas de las dem´as masas que conforman el universo” entendemos que las otras
masas del universo est´an a distancias tan extraordinariamente grandes (comparadas con la
distancia r que existe entre m
1
y m
2
) que en la pr´ actica es como si se encontraran en el
infinito, o que, de existir algunos cuerpos cerca de m
1
y m
2
, dichos cuerpos poseen masas
tan peque˜ nitas, comparadas con m
1
y m
2
, que la fuerza gravitacional que ejercen sobre ´estas
es completamente despreciable.
En el problema de los dos cuerpos s´ olo se considera la fuerza de atracci´ on newtoniana,
lo que significa que no existen fuerzas externas o, si existen, son de magnitud tan peque˜ na
que se consideran insignificantes. Las fuerzas externas pueden ser de distintos tipos: fuerzas
electromagn´eticas (campos el´ectricos y magn´eticos), de resistencia o sustentaci´on (cuando
m
1
y m
2
est´an en un medio fluido), de propulsi´ on (cuando uno de los cuerpos o ambos est´ an
eyectando masa), de repulsi´on (como presi´on de radiaci´ on originada por uno de los cuerpos
o ambos), etc.
Por ´ ultimo, ¿qu´e queremos decir con encontrar el estado din´amico de un sistema inte-
grado por dos o m´as part´ıculas materiales? Ello significa:
1. Hallar las ecuaciones diferenciales que gobiernan el movimiento de las part´ıculas con
respecto a un sistema inercial dado. Esto, en mec´anica celeste cl´ asica, es supremamente
sencillo de realizar, incluso si se tienen tres o m´ as part´ıculas materiales. Es tan sencillo que
223
224 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
en muchas referencias se da por descontado que ello no constituye un problema.
2. Habiendo hallado las ecuaciones diferenciales que describen el movimiento del sistema,
dar respuesta, si es posible, a las siguientes preguntas: ¿Qu´e cantidades se conservan (o no
se conservan)? ¿Qu´e tipo de trayectorias describen las part´ıculas en el espacio?, ¿Bajo qu´e
situaciones se preservan las simetr´ıas que pudieran existir? Las respuestas a estas pregun-
tas exigen resolver una o m´ as de las ecuaciones diferenciales. Lo ideal, por supuesto, es
resolverlas todas, pues entre m´as ecuaciones diferenciales se resuelvan m´as propiedades del
movimiento se descubren. Pero esto, como veremos, no siempre es posible.
3. Con las cantidades conservadas, esto es, con las constantes que resultan de integrar las
ecuaciones diferenciales (cuyo valor se determina si se conocen los vectores posici´on y veloci-
dad de todas las part´ıculas en un instante cualquiera) hallar el vector posici´ on y velocidad
para cualquier tiempo que se desee. En un caso as´ı se dice que el problema es completamente
integrable.
Sean dos part´ıculas materiales de masas m
1
y m
2
cuyos vectores de posici´on con respecto
a un sistema de coordenadas inercial con origen en cualquier punto arbitrario del espacio
O son r
1
y r
2
respectivamente, separadas entre s´ı por una distancia r (r = [r[ = [ r
2
−r
1
[),
donde r es el vector de posici´on de m
2
con respecto a m
1
.
r
O
m
SISTEMA DE REFERENCIA INERCIAL
r
m
r
1
1
2
2
Figura 12.1: Configuraci´on de dos masas en un sistema inercial
La fuerza que se ejerce sobre la part´ıcula de masa m
2
debido a la existencia de m
1
es
(ver ecuaci´on 11.10):

F
21
= −
Gm
1
m
2
r
3
( r
2
−r
1
) . (12.1)
Igualmente, la fuerza que se ejerce sobre la part´ıcula de masa m
1
debido a la existencia
225
de m
2
es:

F
12
=
Gm
1
m
2
r
3
( r
2
−r
1
) . (12.2)
Teniendo en cuenta la segunda ley de Newton (ecuaci´ on (11.7)) las dos expresiones
anteriores se convierten en las siguientes ecuaciones diferenciales vectoriales:
m
2
d
2
r
2
dt
2
= −
Gm
1
m
2
r
3
( r
2
−r
1
) , m
1
d
2
r
1
dt
2
=
Gm
1
m
2
r
3
( r
2
−r
1
) . (12.3)
En el espacio, los vectores r
1
y r
2
poseen tres componentes, lo que significa que cada
una de las ecuaciones diferenciales vectoriales representan tres ecuaciones diferenciales en
t´erminos de componentes. Por lo tanto, tenemos seis ecuaciones diferenciales de segundo
orden que hay que resolver. Ello implica a su vez que debemos hallar 12 constantes de
movimiento para resolver completamente el problema.
Podemos encontrar r´apidamente seis constantes de movimiento. En efecto, al sumar
ambas ecuaciones (12.3) obtenemos:
m
2
d
2
r
2
dt
2
+m
1
d
2
r
1
dt
2
=

0, (12.4)
que al integrar una vez con respecto al tiempo da:
m
2
d r
2
dt
+m
1
d r
1
dt
= c
1
, (12.5)
siendo c
1
un vector constante, que en el espacio representa la existencia de tres constantes
de movimiento. Esta ecuaci´on respresenta la conservaci´on del momentum lineal: la suma
del momentum lineal de ambos cuerpos es una constante.
Una nueva integraci´ on de la ecuaci´ on (12.5) permite obtener:
m
2
r
2
+m
1
r
1
= c
1
t + c
2
, (12.6)
siendo c
2
, como antes, un vector constante, que adiciona otras tres constantes a las ya
obtenidas.
¿Qu´e informaci´ on est´a suministrando la existencia de estas seis constantes de movimien-
to? Veamos. Se define el centro de masas de un sistema de part´ıculas como aquel punto
que representa la posici´ on del sistema como si se tratara de un s´olo cuerpo. Trat´ andose de
dos cuerpos el vector de posici´on

R (con respecto al origen O del sistema de coordenadas
inercial) del centro de masas queda definido por:

R =
m
2
r
2
+m
1
r
1
m
1
+m
2
, (12.7)
que no es otra cosa que la definici´ on de un promedio ponderado de los vectores de posici´ on
de las respectivas part´ıculas. Con esto podemos escribir la ecuaci´on (12.6) como:
226 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS

R =
c
1
t
m
1
+m
2
+
c
2
m
1
+m
2
. (12.8)
Dado que

R representa el vector posici´on del centro de masas, y puesto que la ecuaci´on
(12.8) es lineal con respecto al tiempo, es claro que esto representa el desplazamiento en
l´ınea recta del centro de masas con el transcurrir del tiempo. Esto es, el centro de masas
del sistema se mueve en el espacio en una l´ınea recta (ver figura 12.2). Esto se ve a´ un m´ as
claramente al derivar (12.8) con respecto al tiempo:
d

R
dt
=
1
m
1
+m
2
c
1
, (12.9)
de la que se deduce, inmediatamente:
d
2

R
dt
2
=

0, (12.10)
esto es, el centro de masas, con respecto al origen en O, no est´a acelerado (o est´a est´atico o
se mueve en una l´ınea recta).
Sin embargo, a pesar de tener seis constantes ´estas no nos han dicho mayor cosa con
respecto a las propiedades del movimiento de m
1
y m
2
, salvo que el momentum lineal se
conserva y que el centro de masas se mueve en l´ınea recta con respecto al origen en O. A´ un
nada de trayectorias.
CENTRO DE MASAS
m
1
m
2
Figura 12.2: El centro de masa y su movimiento en el espacio
12.1. MOVIMIENTO CON RESPECTO AL CENTRO DE MASAS 227
12.1 Movimiento con respecto al centro de masas
Deseamos ahora hacer lo siguiente: encontrar el movimiento de las part´ıculas de masa m
1
y m
2
ya no con respecto al punto arbitrario O sino con respecto al centro de masas del
sistema. En otras palabras, hay que escribir las ecuaciones (12.3) en t´erminos de los vectores
de posici´ on


1
y


2
de ambas part´ıculas con respecto al centro de masas. De la figura 12.3
es claro que:

R +


1
= r
1
,

R +


2
= r
2
, (12.11)
de las que se deduce, al derivar dos veces con respecto al tiempo y de la ecuaci´on (12.10):
d
2


1
dt
2
=
d
2
r
1
dt
2
,
d
2


2
dt
2
=
d
2
r
2
dt
2
. (12.12)
Ahora bien, es obvio que: r
2
− r
1
= r =


2



1
.
m
2
O
r
r
R
r

1

2
2
m
1
1
CENTRO DE MASAS
Figura 12.3: Movimiento con respecto al centro de masas
Como el origen de coordenadas es el centro de masas (

R = 0) entonces los vectores de
posici´on de las part´ıculas son ahora, de acuerdo con (12.11):


1
= r
1
y


2
= r
2
. Esto
implica, de acuerdo con la definici´ on del centro de masas (12.7), que se cumple:
m
1


1
+m
2


2
= 0. (12.13)
Esta ecuaci´ on es muy importante, pues nos permite hallar cualquiera de los dos vectores
posici´on en funci´ on del otro, esto es:


1
= −
m
2
m
1


2
,


2
= −
m
1
m
2


1
. (12.14)
228 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
Con estas ecuaciones podemos representar el vector relativo r =


2



1
en t´erminos
de uno de los dos vectores posici´ on con respecto al centro de masas. En efecto, de (12.13):
m
2


2
= −m
1


1
, (12.15)
restando a ambos lados el t´ermino m
2


1
:
m
2


2
−m
2


1
= −m
1


1
−m
2


1
, (12.16)
o sea:
m
2
(


2



1
) = −(m
1
+m
2
)


1
, (12.17)
o tambi´en:
(


2



1
) = r
2
− r
1
= r =
−(m
1
+m
2
)
m
2


1
. (12.18)
De id´entica forma podemos obtener de la ecuaci´on (12.15), al sumar a ambos lados
m
1


2
:
(


2



1
) = r
2
− r
1
= r =
(m
1
+m
2
)
m
1


2
. (12.19)
Con ´estas, se deduce la magnitud del vector relativo en funci´ on de las magnitudes de los
vectores


1
o de


2
, denotadas por ∆
1
y ∆
2
respectivamente, que al elevar al cubo resulta:
r
3
= [r[
3
=


2



1

3
=
(m
1
+m
2
)
3
m
3
2

3
1
, (12.20)
r
3
= [r[
3
=


2



1

3
=
(m
1
+m
2
)
3
m
3
1

3
2
. (12.21)
Reemplazando las ecuaciones (12.12), (12.18), (12.19), (12.20) y (12.21) en las ecuaciones
(12.3), obtenemos las ecuaciones de movimiento de m
1
y m
2
con respecto al centro de masas
en funci´ on de s´olo los vectores


1
y


2
y sus magnitudes:
d
2


2
dt
2
= −
Gm
3
1
(m
1
+m
2
)
2


2

3
2
,
d
2


1
dt
2
= −
Gm
3
2
(m
1
+m
2
)
2


1

3
1
. (12.22)
Tenemos ac´a en total dos ecuaciones diferenciales vectoriales de segundo orden, que re-
presentan seis ecuaciones diferenciales en t´erminos de sus componentes. Pero, si podemos
resolver alguna de las dos, digamos para


2
, la soluci´ on para


1
queda determinada inmedia-
tamente, merced a las ecuaciones (12.14). En otras palabras, al haber elegido como origen
de coordenadas al centro de masas ya no es necesario resolver seis ecuaciones diferenciales
de segundo orden, sino tres. Basta con encontrar la soluci´ on para alguna de las ecuaciones
vectoriales (12.22) para que el movimiento de ambas part´ıculas quede completamente es-
pecificado con respecto al centro de masas.
12.2. EL MOVIMIENTO RELATIVO 229
Por ´ ultimo, notemos que la ecuaci´ on diferencial de movimiento para ambas part´ıculas
puede representarse de la forma:
d
2


i
dt
2
= −K
i


i

3
i
, (12.23)
donde K
i
es una constante, que depende s´ olo de la constante de Cavendish y de las masas.
Como se ver´a a continuaci´ on, nos encontraremos con una ecuaci´on diferencial que tiene la
forma dada por la ecuacion 12.23 que ser´a a la postre la que resolveremos. Por lo tanto, las
propiedades de movimiento que encontremos en ese caso ser´an an´alogas para las part´ıculas
que se desplazan con respecto al centro de masa.
12.2 El movimiento relativo
Existe otra manera de resolver el problema de los dos cuerpos con s´olo tres ecuaciones
diferenciales y no seis. Y esto es estudiando el movimiento de una part´ıcula con respecto
a la otra: adoptar como origen de coordenadas a cualesquiera de las dos part´ıculas. El
movimiento relativo de m
2
con respecto a m
1
(o viceversa) es el m´as ampliamente estudiado
en los libros de astrodin´ amica y mec´anica celeste. No debe extra˜ narnos, pues al fin y al
cabo el astr´onomo desea encontrar el movimiento de un planeta con respecto al Sol, o el de
un sat´elite con respecto a su planeta, y no con respecto a un punto arbitrario cualesquiera
ubicado en el espacio.
De las ecuaciones (12.3) tenemos que:
d
2
r
2
dt
2
= −
Gm
1
r
3
r,
d
2
r
1
dt
2
=
Gm
2
r
3
r, (12.24)
que al restar la segunda de la primera queda:
d
2
dt
2
( r
2
− r
1
) = −
G(m
1
+m
2
)
r
3
r, (12.25)
o tambi´en:
d
2
r
dt
2
= −
G(m
1
+m
2
)
r
3
r. (12.26)
Esta es la ecuaci´ on diferencial que describe el movimiento de m
2
con respecto a un ori-
gen centrado en m
1
. N´otese que es una expresi´ on que tiene la misma forma funcional de la
expresi´ on (12.23). Es la ´ unica ecuaci´ on de la mec´anica celeste cl´ asica que tiene una soluci´ on
anal´ıtica completamente cerrada, esto es, las tres ecuaciones que representa, en t´erminos de
sus componentes, se pueden resolver, o lo que es lo mismo, es posible hallar las seis cons-
tantes de movimiento (recu´erdese que son tres ecuaciones diferenciales de segundo orden).
¿Qu´e es lo que se persigue con todo esto? Al fin y al cabo la inc´ognita de la ecuaci´ on
(12.26) es el vector de posici´on relativo r. Solucionar la ecuaci´on ( 12.26) es encontrar la
manera de hallar r en funci´ on del tiempo. Se consigue integrando dos veces la ecuaci´on con
230 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
respecto al tiempo. Si se logra integrarla una vez obtenemos el vector velocidad dr/dt para
todo tiempo.
Si se desea, una vez encontrado r, hallar las componentes de los vectores posici´on de
m
1
y m
2
con respecto al centro de masas (


1
y


2
) no es m´as sino utilizar las ecuaciones
(12.18) y (12.19).
12.2.1 Aceleraciones
Hagamos un peque˜ no par´entesis con el fin de comentar sobre la magnitud de las aceleraciones
en el problema de los dos cuerpos. Lo que tenemos al lado izquierdo de la ecuaci´on (12.26)
es, al fin y al cabo, una aceleraci´on. Es claro que dicha aceleraci´ on es funci´ on de la distancia.
Muy lejos del cuerpo de masa m
1
la aceleraci´on que experimenta el cuerpo de masa m
2
va
tendiendo a cero; igualmente, la aceleraci´on se va haciendo muy grande (y en principio va
tendiendo a infinito) si la distancia entre los cuerpos cada vez es m´ as peque˜ na. Podemos
escribir la ecuaci´ on (12.26) de la siguiente forma (omitiendo el signo negativo y la notaci´on
vectorial):
a =
G(m
1
+m
2
)
(R +h)
2
, (12.27)
donde a representa la magnitud de la aceleraci´ on del cuerpo de masa m
2
con respecto al de
masa m
1
, R es el radio del cuerpo de masa m
1
y h es la altura del cuerpo de masa m
2
(con
respecto a la superficie del primero) considerado de dimensiones despreciables frente al de
masa m
1
, (ver figura 12.4).
m
m
R
1
2
h
r
Figura 12.4: Dos cuerpos interactuando
Existe un caso particular consistente en aproximar la aceleraci´ on entre dos masas m
1
y
m
2
, dado por la ecuaci´on (12.27), que es el estudio de la aceleraci´ on a de un objeto de masa
m
2
en las vecindades de la superficie del objeto de masa m
1
de tal forma que la distancia
12.2. EL MOVIMIENTO RELATIVO 231
entre los mismos es del orden r ∼ R. Supongamos adem´as que m
1
m
2
. Entonces la
aceleraci´on de la gravedad ejercida por m
1
sobre m
2
adopta la forma:
a =
Gm
1
R
2
, (12.28)
lo que significa que la aceleraci´ on de la gravedad es, en este caso, no s´olo una constante sino
que tambi´en es independiente de la masa de m
2
.
Ejemplo 1
Calcular la aceleraci´on de la gravedad ejercida por el planeta Tierra sobre los siguientes
cuerpos:
a) Uno de masa de 100 toneladas en la superficie terrestre.
b) Un sat´elite geoestacionario de 10 toneladas a una altura h sobre la superficie terrestre
de 35 770 kil´ ometros.
c) La Luna.
Soluci´on
a) El radio terrestre es R
T
= 6378.14 km = 6 378 140 m. Puesto que en este caso la masa
de la Tierra (m
1
) es 5.97 10
24
kg y que nuestro objeto m
2
= 100 toneladas = 100 000 kg,
es claro que m
1
m
2
por lo que podemos utilizar la ecuaci´ on (12.28):
a =
6.67 10
−11
5.97 10
24
(6 378 140)
2
= 9.78 ms
−2
,
valor muy importante en f´ısica pues representa la aceleraci´on que experimenta cualquier
objeto cuando cae libremente cerca de la superficie de la Tierra.
b) El caso del sat´elite geoestacionario (ver secci´on 15.4, p´ag. 327) es otro en donde m
1

m
2
. Sin embargo, la altura h a la cual se encuentra el sat´elite es varias veces m´as grande que
el radio terrestre por lo que debemos utilizar la ecuaci´ on (12.27) con r = R
T
+h = 42 148 140
m y m
2
= 0. Entonces:
a =
6.67 10
−11
5.97 10
24
(42 148 140)
2
= 0.22 ms
−2
c) En el caso de la Luna, cuya masa es 7.4 10
22
kg y cuya distancia promedio a la
Tierra es de 384 400 km = 384 400 000 m, ya es claro que su masa no es tan despreciable
frente a la de la Tierra, por lo que:
a =
6.67 10
−11
(5.97 10
24
+ 7.4 10
22
)
(384 400 000)
2
= 0.0027 ms
−2
232 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
Es bueno aclarar aqu´ı que en los cursos elementales de f´ısica, cuando se estudia el
movimiento de una part´ıcula en tiro parab´ olico (como la que describe una bala de ca˜ n´ on),
es costumbre colocar la aceleraci´on de la gravedad como constante pues se supone que el
movimiento de m
2
est´a restringido a moverse cerca de la superficie terrestre. Esto se hace con
el fin de que, en primera aproximaci´ on, se resuelvan f´acilmente las ecuaciones de movimien-
to de una part´ıcula sometida a un campo gravitacional pero, insistimos, con aceleraci´on
constante. Las ecuaciones que se obtienen de esta manera expresan el movimiento de la
part´ıcula de modo que la trayectoria descrita resulta siendo la de una par´ abola. Veremos
m´as adelante que, al ser m´as rigurosos en nuestros c´alculos y al considerar el caso real de
que la aceleraci´ on de la gravedad depende de la distancia (y no es constante), la trayectoria
de una part´ıcula sometida a la atracci´ on gravitacional puede ser otro tipo de curva.
12.3 Elecci´on de un sistema de coordenadas
Sea el centro del Sol (cuya masa designaremos m
1
) el origen de un sistema de coordenadas
cartesiano apropiado para estudiar el movimiento de cualquier objeto (de masa m
2
). El eje
x se escoge de tal forma que su direcci´on se proyecta hacia el punto vernal. El plano xy
est´a conformado por el plano de la ecl´ıptica (el plano que contiene la ´ orbita de la Tierra en
torno al Sol) y el eje z es perpendicular a dicho plano. Por lo tanto, a las coordenadas de
un cuerpo as´ı definidas se les llama coordenadas rect´angulares ecl´ıpticas helioc´entricas (ver
figura 12.5).
m
x
y
z
PLANO DE LA ECLIPTICA
m
2
1
r
i
j
k
Figura 12.5: Las coordenadas ecl´ıpticas helioc´entricas
12.4. EL MOMENTUM ANGULAR 233
Las coordenadas de m
2
con respecto a dicho sistema de coordenadas se pueden escribir
como:
r = x
ˆ
i +y
ˆ
j +z
ˆ
k, (12.29)
donde
ˆ
i,
ˆ
j y
ˆ
k son vectores unitarios en las direcciones de los ejes x, y, z respectivamente.
La distancia entre los cuerpos es la magnitud de r:
r =

x
2
+y
2
+z
2
. (12.30)
Los vectores velocidad y aceleraci´on (representando la primera y segunda derivada tem-
poral por uno o dos puntos respectivamente sobre la letra) son tambi´en:

˙ r = v = ˙ x
ˆ
i + ˙ y
ˆ
j + ˙ z
ˆ
k, (12.31)

¨ r = ¨ x
ˆ
i + ¨ y
ˆ
j + ¨ z
ˆ
k. (12.32)
Al reemplazar las ecuaciones (12.29) y (12.32) en (12.26) obtenemos:
¨ x
ˆ
i + ¨ y
ˆ
j + ¨ z
ˆ
k = −
µ
r
3
(x
ˆ
i +y
ˆ
j +z
ˆ
k), (12.33)
donde
µ = G(m
1
+m
2
). (12.34)
De la ecuaci´ on (12.33) se obtiene, al factorizar los vectores unitarios:
¨ x = −
µ
r
3
x, ¨ y = −
µ
r
3
y, ¨ z = −
µ
r
3
z. (12.35)
Desafortunadamente, la forma de estas ecuaciones diferenciales — tal y como est´an
escritas — impide que se puedan resolver directamente en forma anal´ıtica.
12.4 El momentum angular
Antes de proceder a solucionar las ecuaciones (12.35) encontraremos una primera integral
de movimiento que ayudar´ a a simplificar el tratamiento subsiguiente.
Multipliquemos vectorialmente a ambos lados de la ecuaci´ on (12.26) por r, y recordando
que para cualquier vector

A,

A

A = 0, se tiene:

¨ r r =

0, (12.36)
sumando a ambos lados de la anterior expresi´ on un cero en la forma

˙ r

˙ r (

˙ r = v):

˙ r

˙ r +

¨ r r =

0,
que puede escribirse, con ayuda de la regla de Leibnitz, de la siguiente forma:
234 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
d
dt
(r

˙ r) =

0.
Al integrar resulta:
r

˙ r =

h, (12.37)
donde

h es un vector constante, esto es, es una cantidad cuya magnitud y sentido es cons-
tante. Puesto que

h es un vector perpendicular a un plano formado por r y

˙ r, la ´ unica
manera de que

h sea un invariante, para todo tiempo, es que el movimiento se verifique en
un plano. En otras palabras, el movimiento de m
2
con respecto a m
1
est´a contenido en un
plano formado por el vector posici´on r y el vector velocidad

˙ r, (ver figura 12.6).
.
=
r
r v
TRAYECTORIA
m
1
m
2
h
Figura 12.6: Momentum angular constante: el movimiento est´a contenido en un plano
El vector

h es llamado momentum angular, o m´as rigurosamente, momentum angular
por unidad de masa. En t´erminos de sus componentes el vector

h representa tres constantes
de movimiento (h
1
, h
2
, h
3
), con lo cual :

h = h
1
ˆ
i +h
2
ˆ
j +h
3
ˆ
k. (12.38)
De la definici´ on del producto cruz:

h = r

˙ r =

ˆ
i
ˆ
j
ˆ
k
x y z
˙ x ˙ y ˙ z

, (12.39)
esto es,
h
1
= y ˙ z −z ˙ y, (12.40)
h
2
= z ˙ x −x ˙ z, (12.41)
h
3
= x ˙ y −y ˙ x. (12.42)
12.4. EL MOMENTUM ANGULAR 235
Tambi´en podemos hallar la magnitud del vector

h en funci´ on del ´angulo ϑ existente entre
r y

˙ r :
h = rv sen ϑ, (12.43)
donde v es la magnitud de la velocidad. En astrodin´ amica el ´angulo ϑ es llamado ´angulo de
vuelo.
Un cambio de coordenadas
Hemos visto que el movimiento de m
2
con respecto a m
1
, sea cual sea, est´a contenido en un
plano. Esto en la pr´ actica significa que en lugar de usar tres coordenadas podemos estudiar
el movimiento utilizando s´ olo dos. Es una ventaja significativa, consecuencia directa de
haber hallado tres constantes (h
1
, h
2
, h
3
) de movimiento.
Procedamos a resolver las ecuaciones diferenciales (12.35). Ya se dijo que tal y como
est´an escritas no se pueden resolver. Lo propio es cierto a´ un con dos variables, digamos x
y y. Una manera de intentar resolver el problema es utilizar otro sistema de coordenadas.
Como veremos a continuaci´on, pasar a un sistema de coordenadas polares (r, θ) permite
encontrar m´as constantes de movimiento y as´ı resolver el problema.
x
y
θ
m
m
r
u
2
j
u
θ
1
r
i
Figura 12.7: Relaci´on entre coordenadas cartesianas y polares
Debemos partir de la ecuacion (12.26), que por simplicidad aqu´ı escribimos de otra
manera:

¨ r = −
µ
r
2
ˆ u
r
. (12.44)
236 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
El primer paso es reemplazar en esta ecuaci´on el valor de la aceleraci´on en coordenadas
polares. Procedamos brevemente a encontrar esta expresi´on. Puesto que r = rˆ u
r
, al derivar
con respecto al tiempo y no olvidando que ˆ u
r
(el vector unitario en la direcci´ on de r), aunque
tiene magnitud igual a la unidad, est´ a cambiando con el tiempo (pues est´a cambiando de
direcci´ on), tenemos:

˙ r = ˙ rˆ u
r
+r
ˆ
˙ u
r
, (12.45)
al tomar de nuevo la derivada con respecto al tiempo:

¨ r = ¨ rˆ u
r
+ 2 ˙ r
ˆ
˙ u
r
+r
ˆ
¨ u
r
. (12.46)
Debemos ahora calcular los valores de
ˆ
˙ u
r
y
ˆ
¨ u
r
en funci´ on de ˆ u
r
y ˆ u
θ
, siendo este ´ ultimo
un vector unitario ortogonal a ˆ u
r
. De la figura 12.7 vemos la relaci´on de estos vectores en
funci´ on de los
ˆ
i y
ˆ
j definidos sobre los ejes cartesianos x y y. Es evidente que:
ˆ u
r
= cos θ
ˆ
i + sen θ
ˆ
j, ˆ u
θ
= −sen θ
ˆ
i + cos θ
ˆ
j. (12.47)
Al derivar la primera con respecto al tiempo (
ˆ
i y
ˆ
j son constantes en direcci´on y en
magnitud):
ˆ
˙ u
r
= −sen θ
˙
θ
ˆ
i + cos θ
˙
θ
ˆ
j =
˙
θˆ u
θ
. (12.48)
Al derivar otra vez con respecto al tiempo:
ˆ
¨ u
r
=
˙
θ
ˆ
˙ u
θ
+
¨
θˆ u
θ
, (12.49)
y puesto que de la segunda ecuaci´ on (12.47) se desprende que
ˆ
˙ u
θ
= −
˙
θˆ u
r
se obtiene:
ˆ
¨ u
r
= −
˙
θ
2
ˆ u
r
+
¨
θˆ u
θ
. (12.50)
Por lo tanto, los vectores velocidad (12.31) y aceleraci´on (12.32) en coordenadas polares
quedan:

˙ r = ˙ rˆ u
r
+r
˙
θˆ u
θ
,

¨ r = (¨ r −r
˙
θ
2
)ˆ u
r
+ (r
¨
θ + 2 ˙ r
˙
θ)ˆ u
θ
. (12.51)
Finalmente, reemplazamos la segunda ecuaci´on (12.51) en (12.44):
(¨ r −r
˙
θ
2
)ˆ u
r
+ (r
¨
θ + 2 ˙ r
˙
θ)ˆ u
θ
= −
µ
r
2
ˆ u
r
. (12.52)
Igualando los t´erminos con coeficientes iguales a ambos lados tenemos, haciendo expl´ıcita
la notaci´ on de las derivadas:
d
2
r
dt
2
−r


dt

2
= −
µ
r
2
, (12.53)
r
d
2
θ
dt
2
+ 2
dr
dt

dt
= 0. (12.54)
12.4. EL MOMENTUM ANGULAR 237
Estas dos ecuaciones diferenciales son relativamente f´aciles de resolver, como se ver´a a
continuaci´ on.
Comencemos por la ecuaci´on (12.54). Llamando u = dθ/dt, o sea, du/dt = d
2
θ/dt
2
, la
ecuaci´on queda:
r
du
dt
+ 2u
dr
dt
= 0,
que al multiplicar a ambos lados por dt/ru se convierte en:
du
u
+ 2
dr
r
= 0,
cuya soluci´ on es inmediata:
ln u + 2 ln r = ln C
1
,
donde C
1
es una constante de integraci´ on. Al utilizar algunas propiedades de los logaritmos
(2 ln r = ln r
2
, ln u + ln r
2
= ln(ur
2
)), aplicar la exponencial a ambos lados y recuperando
la definici´ on de u se llega finalmente a:

dt
=
C
1
r
2
. (12.55)
Antes de seguir es necesario identificar a la constante C
1
.
12.4.1
´
Areas y tiempos: otra vez la segunda ley de Kepler
Ya sabemos que el movimiento de m
2
con respecto a m
1
est´a contenido en un plano. Ahora
concentremos nuestra atenci´on en el ´area descrita por m
2
en dicho plano. Pero lo haremos
de dos formas. Una en funci´ on del tiempo y otra en funci´ on del ´angulo barrido.
Relaci´on ´area-tiempo
En la figura 12.8 sea, para un instante de tiempo dado, el vector de posici´ on r. Un
instante de tiempo despu´es ∆t el vector r se ha incrementado un valor r + ∆r.
El diferencial de ´ area ∆

A cubierto por r y r + ∆r es, de acuerdo con la interpretaci´ on
geom´etrica del producto cruz (la mitad del paralelogramo comprendida por los dos vectores):

A =
r (r + ∆r)
2
,
o, al dividir por la diferencial de tiempo ∆t,

A
∆t
=
r
2

∆r
∆t
.
Al tomar el limite cuando ∆t tiende a cero tenemos:
238 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
r
m
m

1
A
r+∆ r
2
Figura 12.8: Relaci´on ´area-tiempo
lim
∆t→0

A
∆t
=
d

A
dt
= lim
∆t→0
¸
r
2

∆r
∆t

=
r
2
lim
∆t→0
∆r
∆t
,
y puesto que
lim
∆t→0
∆r
∆t
=
dr
dt
=

˙ r,
esto es, el vector velocidad, tenemos:
d

A
dt
=
1
2
r

˙ r,
y recordando la definici´ on del momentum angular, ecuaci´on (12.37)
d

A
dt
=

h
2
,
o, eliminando la notaci´ on vectorial y reordenando:
dA =
h
2
dt. (12.56)
Esta expresi´ on es la forma matem´atica de la segunda ley de Kepler: el cuerpo de masa
m
2
barre una diferencial de ´ area que es proporcional a la diferencial de tiempo, esto es, el
cuerpo barre ´ areas iguales en tiempo iguales (ver ecuaci´on (11.5), p´agina 215).
Relaci´on ´area-´angulo
En la figura 12.9, se quiere calcular el ´ area generada por el movimiento del cuerpo m
2
al barrer un cierto ´ angulo ∆θ. Dicha ´ area puede aproximarse a la del tri´ angulo is´ osceles
mostrado en dicha figura.
El tri´ angulo tiene por base 2r sen (∆θ/2) y por altura r cos(∆θ/2). Entonces el ´area ∆A
de dicho tri´ angulo es:
12.4. EL MOMENTUM ANGULAR 239
∆θ
∆θ/2
m
m
r
2
1
Figura 12.9: Relaci´on ´area-´angulo
∆A = r
2
sen

∆θ
2

cos

∆θ
2

,
aplicando la identidad trigonom´etrica: 2 sen xcos x = sen 2x se deduce
∆A =
r
2
2
sen ∆θ,
que al dividir por ∆θ se obtiene:
∆A
∆θ
=
r
2
2
sen ∆θ
∆θ
.
El ´ area del tri´ angulo se va haciendo igual al ´ area de nuestro inter´es siempre y cuando
∆θ tienda a cero. Por lo tanto
lim
∆θ→0
∆A
∆θ
=
dA

= lim
∆θ→0
¸
r
2
2
sen ∆θ
∆θ

=
r
2
2
lim
∆θ→0
sen ∆θ
∆θ
.
Siendo el limite de la derecha uno de los m´ as conocidos del c´alculo elemental (cuyo valor
es igual a la unidad) tenemos
dA

=
r
2
2
,
o tambi´en:
dA =
r
2
2
dθ. (12.57)
Ya estamos en posici´on de identificar C
1
. Al igualar las ecuaciones (12.56) y (12.57) se
deduce:
240 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
h
2
dt =
r
2
2
dθ,
o escrita de otra forma:

dt
=
h
r
2
, (12.58)
que al comparar con la ecuaci´on (12.55) da el notable resultado:
C
1
= h. (12.59)
12.5 Momentum angular cero: la ´orbita rectil´ınea
A continuaci´ on discutiremos brevemente el caso del momentum angular cero. Hasta donde
se sabe este es un caso que en el sistema solar —y en general en el universo— es raro de
encontrar, y es el estudio del movimiento de la part´ıcula m
2
cuando, estando a una distancia
r de m
1
para un instante dado, posee un vector velocidad que, o bien es nulo, o est´ a en la
misma direcci´on (o completamente opuesto) a la direcci´on del radio vector, esto es, no existe
componente tangencial de la velocidad.
ϑ=0
v=0
v
v
ϑ=180
r
r
r
Figura 12.10:
´
Orbita rectil´ınea
De la ecuaci´ on (12.43) vemos que ello implica que ϑ = 0 (o ϑ = 180) por lo que se dice
que en tal caso el momentum angular es cero. Puesto que h = 0 se tendr´ a, de acuerdo con
(12.58), que

dt
= 0,
12.5. MOMENTUM ANGULAR CERO: LA
´
ORBITA RECTIL
´
INEA 241
lo que significa que θ = constante: el movimiento es posible expresarlo con una sola variable,
o, en otras palabras, el movimiento se da en una l´ınea recta (ver figura 12.10). Dado que
d
2
θ/dt
2
= 0, al reemplazar estos t´erminos en (12.53) y (12.54) vemos que la ´ unica ecuaci´ on
que determina el movimiento es:
d
2
r
dt
2
= −
µ
r
2
.
Puesto que:
d
2
r
dt
2
=
dr
dt
d
2
r
dt
2
dt
dr
=
dr
dt
d
dr

dr
dt

= ˙ r
d ˙ r
dr
,
entonces:
˙ r
d ˙ r
dr
= −
µ
r
2
,
que al multiplicar por dr e integrar da:
˙ r
2
2
=
µ
r
+C, (12.60)
donde C es una constante de integraci´ on. Puesto que la ´ unica componente de velocidad en
este caso es la componente radial tenemos que v = ˙ r.
El siguiente paso es hallar c´omo cambia r en funci´ on del tiempo. Se pueden estudiar
diversos casos dependiendo de las condiciones iniciales. S´ olo como ilustraci´on estudiaremos
el caso en que, para t = t
0
a una distancia r = r
0
= 2a

, la velocidad es cero. Con esto
´ ultimo en mente tenemos que C es igual a:
C = −
µ
2a

. (12.61)
Para este caso en particular, la velocidad v adopta la forma:
v =


r

µ
a

. (12.62)
Hay que tener en cuenta que al ser la velocidad inicial nula el objeto ser´ a, conforme
transcurre el tiempo, atraido hacia el origen, o sea, r ir´ a disminuyendo. En otras palabras:
a medida que t aumenta r disminuye. Por lo tanto es necesario asegurar que dr y dt
tengan signos contrarios. Al reemplazar en (12.62) expl´ıcitamente el valor de v (v =
dr
dt
)),
obtenemos, despu´es de algunos arreglos:
dr = −

µ

2
r

1
a

dt = −

µ
r

2r −
r
2
a

dt = −

µ
r

¸
a


1
a

(a
2
−2ra

+r
2
)

dt,
o tambi´en:
r

a

1 −
1
a
2
(a

−r)
2

dr = −

µdt,
242 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
que es equivalente a:
r

1 −(
a

−r
a

)
2

dr = −

µa

dt. (12.63)
Al introducir la variable de integraci´ on φ definida como:
cos φ =
a

−r
a

,
de la que se deduce:
r = a

(1 −cos φ), dr = a

sen φdφ.
Al reemplazar esto ´ ultimo en el t´ermino de la izquierda de (12.63) obtenemos:
a
2
(1 −cos φ)dφ = −

µa

dt,
que al integrar da:
φ − sen φ
¸
φ
φ0
= φ −

1 −cos
2
φ
¸
φ
φ0
= −

µ
a
3
t
¸
t
t0
.
Recuperando la variable original:
cos
−1

a

−r
a

1 −

a

−r
a

2
¸
r
2a

= −

µ
a
3
t
¸
t
t0
.
Por lo tanto:

1 −

a

−r
a

2
−cos
−1

a

−r
a

+π =

µ
a
3
(t −t
0
). (12.64)
Esta ecuaci´ on nos permite hallar r en funci´ on de t. Sin embargo, a causa de la trascen-
dencia de la expresi´ on de la izquierda (es imposible aislar r directamente) la forma usual es
resolverla por aproximaciones o tanteos. M´ as obvio y l´ogico es invertir el asunto: dado un r
cualquiera hallar directamente el tiempo que ha transcurrido para que se llegue a ese valor.
12.6 Momentum angular diferente de cero: trayectorias
c´onicas
Resolvamos ahora la ecuaci´on (12.53). Al multiplicar a ambos lados por 2dr/dt:
2
dr
dt
d
2
r
dt
2
−2r
dr
dt


dt

2
= −

r
2
dr
dt
,
12.6. MOMENTUMANGULAR DIFERENTE DE CERO: TRAYECTORIAS C
´
ONICAS 243
y reemplazando el valor de dθ/dt dado por (12.58) tenemos:
2
dr
dt
d
2
r
dt
2
−2
dr
dt
h
2
r
3
= −

r
2
dr
dt
,
que al integrar con respecto al tiempo da:

dr
dt

2
+
h
2
r
2
=

r
+ 2C
2
, (12.65)
donde C
2
es una nueva constante de integraci´ on. Ahora bien, esta ecuaci´ on la integraremos
de dos formas. Primero cambiaremos de variable independiente. Renunciemos por ahora a
integrar esta ecuaci´on en t´erminos del tiempo (r = r(t)) y m´ as bien hag´amoslo en t´erminos
de la variable angular θ, de tal forma que podamos hallar una soluci´ on del tipo r = r(θ).
Con esto en mente es claro que:
dr
dt
=
dr


dt
,
y puesto que dθ/dt se elimina a trav´es de (12.58):
dr
dt
=
h
r
2
dr

=
d


h
r

, (12.66)
reemplazando este valor en (12.65) y rearreglando:
d


h
r

=


h
2
r
2
+

r
+ 2C
2
,
sumando y restando dentro del radical a µ
2
/h
2
:
d


h
r

=

2C
2
+
µ
2
h
2

µ
2
h
2


r
+
h
2
r
2

,
llamando al t´ermino constante:
Q
2
= 2C
2
+
µ
2
h
2
, (12.67)
y factorizando obtenemos:
d


h
r

=

Q
2


µ
h
+
h
r

2
.
Cambiemos ahora de variable. Designemos a Φ igual a:
Φ = −
µ
h
+
h
r
, (12.68)
de la cual es evidente que:
d


h
r

=
d


µ
h
−Φ

= −


,
244 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
y por lo tanto:



=

Q
2
−Φ
2
,
o mejor:

Q
2
−Φ
2
= dθ.
La integral de la izquierda se resuelve con las funciones trigonom´etricas inversas. Re-
solviendo:
cos
−1

Φ
Q

= θ +γ,
donde γ es una constante de integraci´ on. De esta ´ ultima ecuaci´ on se deduce:
Φ = Qcos(θ +γ).
Recuperando los valores de Q y Φ en las ecuaciones (12.67) y (12.68):

µ
h
+
h
r
=

2C
2
+
µ
2
h
2
cos(θ +γ),
de esta ecuaci´on es evidente que lo que hemos logrado es obtener r en funci´ on de θ. Es-
crib´ amosla en otra forma, dividiendo por h a ambos lados y aislando el t´ermino de r a la
izquierda:
1
r
=
µ
h
2
+
1
h

2C
2
+
µ
2
h
2
cos(θ +γ),
invirtiendo a ambos lados:
r =
1
µ
h
2
+
1
h

2C
2
+
µ
2
h
2
cos(θ +γ)
,
que al dividir por µ/h
2
en el numerador y el nominador del lado derecho queda:
r =
h
2

1 +

1 +
2C2h
2
µ
2
cos(θ +γ)
. (12.69)
Esta ecuaci´ on, aparentemente tan complicada, es la denominada ecuaci´ on de la trayec-
toria, y representa la ecuaci´ on generalizada en coordenas polares de una c´onica (elipse,
par´ abola, hip´erbola) con origen en uno de los focos. En otras palabras, dependiendo de los
valores de las constantes h, C
2
y γ podemos obtener alguna de los tres tipos de trayectorias
que acabamos de mencionar. Con ello estamos generalizando la primera ley de Kepler pues
no s´ olo m
2
se mueve con respecto a m
1
en una ´ orbita el´ıptica con ´este (el origen) en uno de
los focos, sino que tambi´en puede ser parab´ olica o hiperb´ olica.
12.6. MOMENTUMANGULAR DIFERENTE DE CERO: TRAYECTORIAS C
´
ONICAS 245
Como ya se dijo, pero conviene recordarlo, en mec´anica celeste la distancia entre m
1
y
m
2
, (r), digamos entre el Sol y un planeta, es llamada radio vector y la variable ´ angular (θ)
se llama anomal´ıa verdadera.
12.6.1 C´onicas
Discutiremos a continuaci´ on algunas propiedades b´ asicas de las c´onicas.
Elipse
Detalles sobre las propiedades geom´etricas de la elipse ya se hab´ıan tratado en la secci´ on
11.2.1, p´ag. 211.
Al comparar la ecuaci´on (11.4), p´agina 213, con (12.69) vemos que:
h
2
µ
= a(1 −e
2
), e =

1 +
2C
2
h
2
µ
2
, γ = 0. (12.70)
De la segunda ecuaci´ on se deduce:
1 −e
2
= −
2C
2
h
2
µ
2
,
que al reemplazar en la primera de las (12.70) obtenemos el valor de la constante C
2
:
C
2
= −
µ
2a
. (12.71)
Par´abola
La par´ abola es el lugar geom´etrico de los puntos que equidistan de un punto llamado
foco y una l´ınea recta fija llamada directriz. En otras palabras, en una par´ abola (ver figura
12.11) se cumple PF = PR.
Llamamos q a la distancia peric´entrica, esto es, la menor distancia existente entre el foco
y la trayectoria. Puesto que el punto S hace parte de la par´ abola se tendr´ a que FS = ST.
Entonces es claro que FT = 2q. Habiendo colocado el foco de la par´ abola en el origen de
coordenadas se deduce que la ecuaci´ on de la directriz es x = 2q.
Designemos como (x, y) a las coordenadas del punto P. Las coordenadas del punto R
son (x = 2q, y). La distancia PR es (2q − x). De la definici´ on de par´ abola se desprende
entonces que FP
2
= PR
2
, esto es:
x
2
+y
2
= (2q −x)
2
,
246 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
r
θ
x
y
q
F
P R
D
I
R
E
C
T
R
I
Z
S
T
Figura 12.11:
´
Orbita parab´olica
que al utilizar las ecuaciones de transformaci´ on entre coordenadas cartesianas y polares
(x = r cos θ, y = r sen θ) queda:
r
2
= (2q −r cos θ)
2
,
que al extrarer la ra´ız cuadrada y reordenar da:
r =
2q
1 + cos θ
. (12.72)
En este caso, el coeficiente del coseno en el denominador, que es la excentricidad, es igual
a la unidad.
Al comparar la ecuaci´on (12.69) con (12.72) vemos que:
h
2
µ
= 2q, 1 =

1 +
2C
2
h
2
µ
2
, γ = 0. (12.73)
La ´ unica manera de que se pueda cumplir la identidad de la segunda ecuaci´ on es (el
momentum angular h es distinto de cero cuando la trayectoria es una c´ onica):
C
2
= 0. (12.74)
12.6. MOMENTUMANGULAR DIFERENTE DE CERO: TRAYECTORIAS C
´
ONICAS 247
Hip´erbola
La hip´erbola es el lugar geom´etrico de los puntos tales que la diferencia de distancias
a dos puntos fijos llamados focos es una constante. Esto es, en la hip´erbola se cumple la
relaci´ on: PF −PF

= constante.

ae
r
θ
F
a
y
x
P
C
Figura 12.12:
´
Orbita hiperb´olica
La ecuaci´on que describe una hip´erbola en coordenadas polares con origen en alguno de
los focos es:
r =
a(e
2
−1)
1 +e cos θ
, (12.75)
donde a es el semieje mayor y e es la excentricidad (1 < e < ∞) definida como e = CF/a.
Al comparar la ecuaci´on (12.75) con (12.69) vemos que:
h
2
µ
= a(e
2
−1), e =

1 +
2C
2
h
2
µ
2
, γ = 0. (12.76)
De la segunda ecuaci´ on se deduce:
e
2
−1 =
2C
2
h
2
µ
2
,
que al reemplazar en la primera obtenemos el valor de la constante C
2
:
248 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
C
2
=
µ
2a
. (12.77)
12.7 La energ´ıa total
Antes de seguir con el estudio de las c´onicas necesitamos identificar f´ısicamente a la constante
C
2
. La ecuaci´on (12.65), con h reemplazado por la ecuaci´on (12.58), es:

dr
dt

2
+r
2


dt

2
=

r
+ 2C
2
. (12.78)
Pero, de la ecuaci´on de la velocidad en (12.51) se deduce que:

˙ r

2
= v
2
= ( ˙ rˆ u
r
+r
˙
θˆ u
θ
) ( ˙ rˆ u
r
+r
˙
θˆ u
θ
),
esto es,
v
2
= ˙ r
2
+r
2
˙
θ
2
,
que al comparar con (12.78) resulta:
v
2
2

µ
r
= C
2
.
Multiplicando a ambos lados por m
1
m
2
/(m
1
+m
2
) y recordando que µ = G(m
1
+m
2
),
ecuaci´on (12.34), tenemos:
m
1
m
2
m
1
+m
2
v
2
2

Gm
1
m
2
r
=
m
1
m
2
m
1
+m
2
C
2
. (12.79)
Esta es una ecuaci´ on muy importante, pues el primer t´ermino del lado izquierdo es
llamado energ´ıa cin´etica; el segundo, energ´ıa potencial . La suma de ambos tipos de energ´ıas
es una constante.
Llamaremos energ´ıa total del sistema H a:
H =
m
1
m
2
m
1
+m
2
C
2
, (12.80)
de tal forma que:
m
1
m
2
m
1
+m
2
v
2
2

Gm
1
m
2
r
= H. (12.81)
Los valores de H para las tres c´ onicas se hallan al reemplazar los valores de C
2
en (12.71),
(12.74) y (12.77):
Elip. H = −
Gm
1
m
2
2a
, (12.82)
Par. H = 0, (12.83)
Hip. H =
Gm
1
m
2
2a
. (12.84)
12.8. C
´
ALCULOS DE MASA: OTRA VEZ LA TERCERA LEY DE KEPLER 249
El hecho de que la energ´ıa total H sea negativa en la ´orbita el´ıptica quiere decir, de
acuerdo con (12.81), que el t´ermino de la energ´ıa potencial, siempre negativo, excede al
t´ermino de la energ´ıa cin´etica (rigurosamente positivo). Puede decirse que a causa del bajo
valor de la velocidad v el cuerpo m
2
est´a condenado a moverse para siempre alrededor de
m
1
en una ´ orbita cerrada, esto es, en una elipse. Claro, a menos que se pueda incrementar
de alg´ un modo la velocidad. Si el t´ermino de velocidad aumenta de alguna forma es posible
que el valor de la energ´ıa cin´etica llegue a equipararse en valor absoluto al de la energ´ıa
potencial (H = 0). Si ese es el caso, el cuerpo deja de moverse en una ´orbita el´ıptica y
ahora describe una par´ abola. De aqu´ı en adelante un ligero exceso de velocidad har´ a que la
energ´ıa cin´etica sea mayor que la energ´ıa potencial y el cuerpo comienza a moverse en una
trayectoria hiperb´ olica.
12.8 C´alculos de masa: otra vez la tercera ley de Kepler
Como ya hab´ıamos mencionado anteriormente en la secci´on 11.2.3 existe, en el caso de la
´orbita el´ıptica, una notable relaci´ on entre el semieje mayor a y el tiempo que tarda el cuerpo
m
2
en dar una revoluci´ on completa alrededor de m
1
, esto es, el per´ıodo T.
La expresi´on matem´atica de la segunda ley de Kepler es la ecuaci´on (12.56) que aqu´ı
reproduc´ımos por comodidad:
dA =
h
2
dt.
Integrando desde un ´ area cero (para el tiempo t = 0) hasta que el m´ovil cubra toda el
´area de la elipse A
t
lo cual se consigue al completar un per´ıodo T, tenemos:
A
t
=
h
2
T,
pero el ´ area A
t
de una elipse es igual a A
t
= πab, donde b es el semieje menor, cuya relaci´on
con a es a trav´es de la ecuaci´ on (11.1), p´agina 212. Ahora bien, puesto que para la elipse se
tiene h =

aµ(1 −e
2
) (primera de las ecuaciones (12.70)), obtenemos:
πa
2
=


2
T,
que al elevar al cuadrado, haciendo expl´ıcito µ y reordenar da:
T
2
=

2
G(m
1
+m
2
)
a
3
, (12.85)
que dice que el cuadrado del per´ıodo de revoluci´ on es proporcional al cubo del semieje mayor
(tercera ley de Kepler).
La ecuaci´on (12.85) se puede escribir de varias maneras. Una de ellas es:
250 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
T =
2πa
3/2

Gm
1
(1 +
m2
m1
)
. (12.86)
Llamemos k a la siguiente relaci´ on:
k =

Gm
1
. (12.87)
Si m
1
(el cuerpo central) es el Sol cuya masa es de 1.99810
30
kg, al utilizar como unidad
de longitud a la unidad astron´ omica (149 597 870) km, la unidad de tiempo el d´ıa solar medio
de 86 400 segundos, obtenemos un valor de k igual a:
k = 0.01720209895
u.a.
3/2
d
. (12.88)
La constante k calculada para cuerpos que est´en sometidos al campo gravitacional del
Sol, esto es, con el valor que acabamos de hallar, se llama constante de Gauss en honor del
gran matem´atico, astr´onomo y f´ısico alem´an Carl Friedrich Gauss.
Se ha de tener cuidado con el valor num´erico de dicha constante al aplicarla a otros
sistemas diferentes al de un cuerpo sometido a la atracci´on del Sol. Por ejemplo, si se desea
estudiar el movimiento de un sat´elite alrededor de la Tierra el valor de k es distinto al dado
por (12.88) pues en este caso m
1
es la masa de la Tierra. En tales casos se ha de escoger
unas unidades de longitud y tiempo lo m´ as apropiadas posible.
Por lo tanto, la ecuaci´on (12.86), queda:
T =
2πa
3/2
k

(1 +
m2
m1
)
. (12.89)
En el sistema solar las relaciones de masa del planeta a la masa del Sol (m
2
/m
1
) son
cuanto mucho de un mil´esimo. Las masas de los asteroides y cometas que existen en nuestro
sistema solar son tan min´ usculas que para todos los prop´ ositos pr´ acticos la relaci´on m
2
/m
1
es cero.
Otra forma de escribir la tercera ley de Kepler es mediante el concepto de movimiento
medio.
Se llama movimiento medio a la siguiente relaci´ on:
n =

T
, (12.90)
en unidades de radianes por d´ıa.
Con el movimiento medio la ecuaci´on (12.85) puede escribirse as´ı:
µ = n
2
a
3
. (12.91)
12.8. C
´
ALCULOS DE MASA: OTRA VEZ LA TERCERA LEY DE KEPLER 251
Si n est´a en unidades de grados por d´ıa (lo cual se logra multiplicando por 180/π) es
f´acil ver que:
n =
k(180/π)

(1 +
m2
m1
)
a
3/2
. (12.92)
¿C´omo hallar la masa de un determinado planeta, digamos J´ upiter? Basta con observar
por varias noches una de sus lunas, medir la distancia media entre el sat´elite y el centro
de J´ upiter y el per´ıodo de traslaci´ on del sat´elite alrededor del planeta (ambas medidas son
relativamente f´ aciles de realizar con un buen telescopio). Al suponer que la masa del sat´elite
es, en primera aproximaci´ on, despreciable frente a la de J´ upiter (suposici´ on enteramente
razonable) el valor de la masa de J´ upiter se halla de forma inmediata.
Ejemplo 1
Calcular la masa del planeta Marte si se sabe que su sat´elite Fobos posee un per´ıodo
orbital de 0.3189 d´ıas a una distancia media al planeta de 9378 km.
Soluci´on
Sea m
1
la masa del planeta Marte. Asumiremos que m
2
(la masa de Fobos) es
completamente despreciable comparada con la de Marte. Entonces: T = 0.3189 d =
0.3189 86 400 = 27 553 s; a = 9378 km = 9 378 000 m. As´ı, al despejar m
1
de la ecuaci´ on
(12.85) y al hacer m
2
= 0 tenemos:
m
1
=

2
a
3
GT
2
=
4 (3.14)
2
(9 378 000)
3
6.67 10
−11
(27 553)
2
= 6.4 10
23
kg.
Ejemplo 2
Calcular la altura sobre la superficie terrestre necesaria para que un sat´elite artificial
ubicado directamente sobre el ecuador terrestre y en una ´ orbita circular, posea un per´ıodo
exactamente igual al tiempo que le toma a la Tierra en dar una revoluci´ on completa alrededor
de su eje (1 d´ıa sideral). Nota: Un sat´elite de esta naturaleza se llama geoestacionario (ver
secci´on 15.4, p´ ag. 327) pues un observador en la Tierra (que tambi´en gasta 1 d´ıa sideral en
dar una revoluci´ on completa) lo contemplar´a aparentemente est´atico en el cielo.
Soluci´on
De nuevo, suponemos que la masa del cuerpo central, en este caso la Tierra, es mucho
mayor que la masa del sat´elite (m
2
= 0). Llamando h la altura sobre la superficie terrestre
y R
T
el radio de la Tierra, entonces a = R
T
+h. Puesto que T = 23
h
56
m
4
s
= 86 164 s (ver
252 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
secci´on 7.2, p´ag. 110) ; m
1
= 5.97 10
24
kg y R
T
= 6378.14 km= 6 378 140 m. Despejando
a de la ecuaci´ on (12.85) tenemos:
a = R
T
+h =
3

Gm
1
T
2

2
,
de la que se deduce:
h =
¸
6.67 10
−11
5.97 10
24
(86 164)
2
4 (3.14)
2

1/3
− 6 378 140,
= 3.577 10
7
m = 35 770 km.
12.9 Velocidades
Podemos calcular la velocidad que lleva m
2
con respecto a m
1
en los tres tipos de ´ orbitas.
Basta con reemplazar los valores de la energ´ıa total (ecuaciones 12.82, 12.83 y 12.84) en la
ecuaci´on (12.81) y despejar para v:
Elip. v = k

1 +
m
2
m
1

2
r

1
a
, (12.93)
Par. v = k

1 +
m
2
m
1

2
r
, (12.94)
Hip. v = k

1 +
m
2
m
1

2
r
+
1
a
. (12.95)
Ejemplo
Calcular:
a) La energ´ıa total que posee el planeta Tierra en su movimiento alrededor del Sol.
b) La velocidad del planeta Tierra con respecto al Sol en el perihelio y en el afelio.
c) La m´ınima energ´ıa necesaria para colocar a la Tierra en una trayectoria de escape con
respecto al Sol.
Soluci´on
a) Necesitamos ciertos valores num´ericos: masa del Sol, m
1
= 1.99810
30
kg; masa de la
Tierra, m
2
= 5.9710
24
kg; semieje mayor de la ´ orbita de la Tierra, a = 1 u.a. = 1.49610
11
m, G = 6.67 10
−11
m
3
kg
−1
s
−2
. Habiendo colocado todos los valores en unidades MKS
reemplazamos en la ecuaci´on (12.82):
12.9. VELOCIDADES 253
H =
−6.67 10
−11
1.998 10
30
5.97 10
24
2 1.496 10
11
,
= −2.67 10
33
Julios,
siendo 1 Julio=1 kgm
2
s
−2
. Este valor de energ´ıa es increiblemente enorme. Para dar una
idea al lector basta con decir lo siguiente: la bomba de hidr´ ogeno m´as potente que ha hecho
explotar el hombre fue de 58 megatones. 1 Megat´on es la energ´ıa que libera un mill´ on de
toneladas de alto explosivo qu´ımico lo que equivale a 4.18 10
15
Julios. Por lo tanto, la
bomba liber´ o 2.4 10
17
Julios. Luego, la energ´ıa total que posee la Tierra alrededor del Sol
equivale a la liberaci´ on de energ´ıa de unas 1.1110
16
bombas de hidr´ ogeno de 58 megatones.
N´otese que el signo negativo indica la preponderancia de la energ´ıa potencial gravitacional
sobre la energ´ıa cin´etica que posee la Tierra, lo que obliga a la Tierra a estar atrapada
gravitacionalmente con respecto al Sol.
b) En el perihelio r = a(1 − e), siendo e = 0.016 para la Tierra. Aplicando la ecuaci´ on
(12.93) con m
2
= 0 (pues la masa del Sol es trescientos mil veces mas grande que la de la
Tierra) se tiene:
v = k

2
a(1 −e)

1
a
=
k

a

1 +e
1 −e
,
reemplazando los valores num´ericos:
v =
0.01720209895

1

1 + 0.016
1 −0.016
= 0.017479 u.a./d´ıa,
que en unidades de km/s da 30.26 km/s.
En el afelio r = a(1 +e). Por lo tanto:
v = k

2
a(1 +e)

1
a
=
k

a

1 −e
1 +e
,
reemplazando los valores num´ericos:
v =
0.01720209895

1

1 −0.016
1 + 0.016
= 0.016929 u.a./d´ıa,
que en unidades de km/s da 29.31 km/s.
c) Para colocar a la Tierra en una trayectoria de escape con respecto al Sol se necesita
que pase de una ´ orbita el´ıptica a una trayectoria que m´ınimo sea parab´ olica. Por lo tanto,
el resultado encontrado en el punto 1 es el valor que buscamos pues se necesita aumentar el
valor de la energ´ıa cin´etica en 2.67 10
33
Julios para que la energ´ıa total sea cero.
254 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
12.10 El c´alculo de la anomal´ıa verdadera
La expresi´on que puede utilizarse para hallar a θ en funci´ on del tiempo es la ecuaci´on (12.58):

dt
=
h
r
2
, (12.96)
puesto que h y r tienen valores distintos para la elipse, la par´ abola y la hip´erbola se ha de
considerar por aparte cada uno de ellos.
Reemplazando la ecuacion (11.4) y la primera de las (12.70) v´alidas para la elipse te-
nemos:

dt
=

aµ(1 −e
2
)(1 +e cos θ)
2
a
2
(1 −e
2
)
2
, (12.97)
que puede escribirse como:

(1 +e cos θ)
2
=

µdt
a
3/2
(1 −e
2
)
3/2
. (12.98)
Se obtiene una ecuaci´ on similar en el caso de la ´orbita hiperb´ olica salvo que el t´ermino
del denominador en el lado derecho es e
2
−1 es vez de 1−e
2
. Desafortunadamente, la integral
de la izquierda, con e = 1, es imposible de resolver con funciones sencillas conocidas. Esta es
la raz´ on principal del porqu´e el c´alculo de θ, para la ´ orbita el´ıptica e hiperb´ olica, en funci´ on
del tiempo, sea un poco laborioso, como veremos a continuaci´on.
12.10.1
´
Orbita el´ıptica
La ecuaci´on (11.4) permite calcular r en funci´ on de θ. O tambi´en θ en funci´ on de r. Si pode-
mos encontrar una ecuaci´on que permita hallar r en funci´ on del tiempo, entonces podemos
disponer de una conexi´ on entre θ y t via el radio vector r. Hallemos pues la relaci´on entre
r y t. De la ecuaci´on (12.65) con C
2
definido para la elipse, esto es, con la ecuaci´ on (12.71):
dr
dt
=


h
2
r
2
+

r

µ
a
.
Sigamos reemplazando valores espec´ıficos para la ´ orbita el´ıptica. De la ecuaci´ on para
h (primera de las ecuaciones (12.70) y puesto que µ est´a relacionado con n via ecuaci´ on
(12.91) se obtiene, una vez multiplicado por r a ambos lados:
r
dr
dt
=

n
2
a
2
[−a
2
(1 −e
2
) + 2ar −r
2
].
Al reordenar obtenemos:
rdr

a
2
e
2
−(r
2
−2ar +a
2
)
= nadt,
12.10. EL C
´
ALCULO DE LA ANOMAL
´
IA VERDADERA 255
o factorizando:
rdr

a
2
e
2
−(r −a)
2
= nadt.
Para integrar la expresi´ on de la izquierda introducimos la variable E, llamada anomal´ıa
exc´entrica, definida por:
r = a(1 −e cos E), (12.99)
de la que se deduce:
r −a = −ae cos E,
dr = ae sen EdE,
por lo tanto:
a
2
e(1 −e cos E) sen EdE

a
2
e
2
−a
2
e
2
cos
2
E
= nadt,
quedando simplemente:
(1 −e cos E)dE = ndt.
Al hacer para el paso por el pericentro t
0
un valor de E = 0 y para t un valor dado de
E obtenemos, despu´es de integrar:
E −e sen E = n(t −t
0
). (12.100)
Esta ecuaci´ on es una de las m´ as famosas expresiones de la astronom´ıa din´ amica. Se
conoce con el nombre de ecuaci´ on de Kepler y como se aprecia, es trascendente en E.
La variable M definida lineal en el tiempo se denomina anomal´ıa media:
M = n(t −t
0
). (12.101)
La ecuaci´on (12.99) era lo que estabamos buscando, pues siempre es posible determinar
E en funci´ on del tiempo resolviendo de alguna forma la ecuaci´ on de Kepler. Por lo tanto,
al igualar las dos expresiones que nos permiten determinar el radio vector (11.4) y (12.99):
a(1 −e
2
)
1 +e cos θ
= a(1 −e cos E),
de la que es f´ acil llegar a:
cos θ =
cos E −e
1 −e cos E
. (12.102)
Con esta ecuaci´on hacemos lo siguiente: sumamos 1 a ambos lados para obtener una
expresi´ on que contenga t´erminos a ambos lados de la forma 1 +cos x. A la misma ecuaci´on
(12.102) la multiplicamos por −1 luego adicionamos 1 para obtener a ambos lados t´erminos
256 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
de la forma 1 − cos x. Al dividir entre s´ı las dos expresiones y teniendo presente a las
identidades: 1 −cos x = 2 sen
2 x
2
; 1 + cos x = 2 cos
2 x
2
, llegamos por fin a:
tan

θ
2

=

1 +e
1 −e
tan

E
2

. (12.103)
La soluci´on de la ecuaci´on de Kepler
Existen numerosas propuestas en la literatura para resolver la ecuaci´ on (12.100). Aqu´ı
explicaremos someramente una forma sencilla y f´acil de aplicar en una rutina computacional.
Escribamos la ecuaci´on (12.100) en la forma (no sin antes haber multiplicado el t´ermino
e sen E por 180/π suponiendo que M y E est´an en unidades de grados y haber tenido en
cuenta la ecuacion (12.101)):
E = M +

180
π

e sen E. (12.104)
Puesto que en la mayor´ıa de los casos de inter´es en el sistema solar la excentricidad
suele ser peque˜ na (las ´ orbitas son casi circulares para casi todos los planetas exceptuando
Mercurio y Plut´ on) el t´ermino (
180
π
)e sen E es min´ usculo, lo suficiente como para obtener un
primer valor aproximado de E, que llamaremos E
0
:
E
0
= M.
Un valor mejorado de E, que llamaremos E
1
, es:
E
1
= M +

180
π

e sen E
0
.
Obtenemos una mejor aproximaci´ on de E, llamada E
2
, con:
E
2
= M +

180
π

e sen E
1
,
y as´ı sucesivamente. Se observar´a que E
n
converge hacia un valor determinado despu´es del
cual es completamente irrelevante continuar con el proceso. Dependiendo de qu´e tan grande
sea el valor de la excentricidad la convergencia ser´a r´apida o lenta, dentro de la precisi´ on
establecida. Por lo tanto el valor correcto de E ser´a aquel que cumpla:
E
n
−E
n−1
= 0.
Ejemplo 1
Calcular la anomal´ıa verdadera y el radio vector del planeta Marte el d´ıa 3 de junio de
1999 a las 0
h
de TT si se conoce que el planeta pas´o por su perihelio (t
0
) en la fecha 7.94371
TT de enero de 1998 y que posee un per´ıodo de traslaci´ on alrededor del Sol de 687.02 d´ıas.
12.10. EL C
´
ALCULO DE LA ANOMAL
´
IA VERDADERA 257
Soluci´on
Primero debemos hallar el n´ umero de d´ıas transcurridos entre el 7.94371 de enero de
1998 y el 3 de junio de 1999. Calculamos las fechas julianas respectivas: 2 450 821.44371 y
2 451 332.5. Por lo tanto la diferencia de tiempo (t −t
0
) es: 511.05629 d´ıas.
El movimiento medio n se calcula mediante la ecuaci´on (12.92) haciendo m
2
= 0 y
tomando a = 1.5235726:
n =
0.01720209895 180
3.1416 (1.5235726)
3/2
= 0.5240942
o
/d´ıa.
Entonces calculamos la anomal´ıa media M para la fecha en cuesti´ on con ayuda de
(12.101):
M = 0.5240942 511.05629 = 267.84164.
Procedemos luego a resolver la ecuaci´on de Kepler (el valor de e est´a dado en la tabla
C.3 del ap´endice C).
La primera aproximaci´ on es:
E
1
= 267.84164 +
180
π
0.093479 sen (267.84164) = 262.48948.
La segunda aproximaci´ on es:
E
2
= 267.84164 +
180
π
0.093479 sen (262.48948) = 262.53164.
La tercera aproximaci´ on es:
E
3
= 267.84164 +
180
π
0.093479 sen (262.53164) = 262.53112.
La cuarta aproximaci´ on es:
E
4
= 267.84164 +
180
π
0.093479 sen (262.53112) = 262.53113.
Una quinta aproximaci´ on reproduce el ´ ultimo valor. Vemos que en este ejemplo basta
con calcular la quinta aproximaci´ on para que el valor de E converja a la quinta cifra decimal.
Por lo tanto E = 262.53113 es nuestro valor de anomal´ıa exc´entrica buscado.
Calculamos ahora el valor de la anomal´ıa verdadera con ayuda de (12.103):
θ = 2 tan
−1
¸

1 + 0.093479
1 −0.093479
tan

262.53113
2

¸
= −102.75507 = 257.24493.
El c´ alculo del radio vector se puede hacer de dos formas. En funci´ on de la anomal´ıa
exc´entrica es (ver ecuaci´on (12.99)):
258 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
r = 1.52357 (1 −0.093479 cos(262.53113)) = 1.54208 u.a.
o, en funci´ on de la anomal´ıa verdadera (ver ecuaci´ on (11.4)):
r =
1.52357 (1 −0.093479
2
)
1 + 0.093479 cos(257.24493)
= 1.54208 u.a.
Relaci´on geom´etrica entre las anomal´ıas
La anomal´ıa exc´entrica se introdujo como una variable auxiliar de integraci´ on en la ecuaci´on
(12.99). Sin embargo, es m´as conocida en la literatura como el ´ angulo que se define a
continuaci´ on. Sea una elipse de semieje mayor a inscrita en una circunferencia de radio a, ver
figura 12.13. Elipse y circunferencia poseen el mismo centro C. La anomal´ıa exc´entrica E es
el ´angulo HCG. N´ otese que la l´ınea HG pasa por el punto donde est´ a el cuerpo de masa m
2
(que se mueve sobre la elipse) y cae perpendicularmente a la l´ınea D

D. Resulta interesante
observar c´omo un ´angulo que est´ a centrado en C permite determinar el radio vector r
(distancia FP) con una expresi´ on tan sencilla como la ecuaci´on (12.99). Demostremos que
el ´angulo E es la misma variable auxiliar definida en (12.99). La distancia FG es igual a
r cos θ; as´ı mismo, la distancia JC = PG es igual a rsen θ. Pero, puesto que:
FG = a cos E −ae, CJ = b sen E,
θ
D
H
D’
J
I
C
F
E
r
P
G
ae
Figura 12.13: Relaci´on geom´etrica entre la anomal´ıa exc´entrica y la verdadera
y como
FG
2
+CJ
2
= (r cos θ)
2
+ (r sen θ)
2
= (a cos E −ae)
2
+ (b sen E)
2
,
12.10. EL C
´
ALCULO DE LA ANOMAL
´
IA VERDADERA 259
al tener en cuenta que b est´a definido por (11.1) tenemos:
r
2
= a
2
cos
2
E −2a
2
e cos E +a
2
e
2
+a
2
(1 −e
2
) sen
2
E.
Al dejar el seno cuadrado de la derecha en t´erminos del coseno cuadrado obtenemos:
r
2
= a
2
−2ae cos E +a
2
e
2
cos
2
E = (a −ae cos E)
2
.
que es la expresi´ on elevada al cuadrado de la ecuaci´ on (12.99).
12.10.2
´
Orbita hiperb´olica
El procedimiento es enteramente similar al de la ´ orbita el´ıptica. De la ecuaci´ on (12.65) y
reemplazando los valores de h y C
2
para la ´ orbita hiperb´ olica (primera de las ecuaciones
(12.76) y ecuaci´on (12.77)) se obtiene:

dr
dt

2
= −
µa(e
2
−1)
r
2
+

r
+
µ
a
,
de la cual es f´ acil llegar a:
rdr

(r +a)
2
−a
2
e
2
=

µ
a
dt.
Llamando
r = a(e cosh F −1), (12.105)
donde F es una variable de integraci´ on que juega el mismo papel de E en la ´ orbita el´ıptica.
De (12.105) se deduce:
r +a = ae cosh F, dr = ae senh FdF.
Al realizar la integraci´on se tiene:
e senh F −F =

µ
a
3
(t −t
0
), (12.106)
que es el equivalente de la ecuaci´ on de Kepler pero para la ´ orbita hiperb´ olica.
Una comparaci´on de las ecuaciones (12.75) y (12.105) permite encontrar la relaci´on entre
la anomalia verdadera θ y F. Se encuentra finalmente:
tan

θ
2

=

e + 1
e −1
tanh

F
2

. (12.107)
260 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
Ejemplo 1
Un cometa se desplaza en ´orbita hiperb´ olica alrededor del Sol. Determinar la anomal´ıa
verdadera y el radio vector de dicho cometa el d´ıa 5 de junio de 1998 a las 0
h
de TT sabiendo
que: a = 4.787629 u.a., e = 1.569247 y t
0
= 2.476123 TT de abril de 1998.
Soluci´on
Calculamos las fechas julianas de ambos instantes:
5 de junio de 1998 = 2 450 969.5,
2.476123 abril de 1998 = 2 450 905.976123,
por lo tanto, t −t
0
= 63.52388.
Puesto que la masa de un cometa es despreciable frente a la del Sol tenemos: µ = k
2
por
lo que:

µ
a
3
(t −t
0
) =
k

a
3
(t −t
0
) =
0.01720209895
(4.787629)
3/2
63.52388 = 0.104313.
De la ecuaci´ on (12.106) podemos obtener F en t´erminos del seno hiperb´ olico inverso
1
de
tal forma que:
F = senh
−1
¸
F
e
+
k(t −t
0
)
ea
3/2

.
Esta ecuaci´ on permite ir obteniendo valores aproximados de F. En efecto, tomando
como un primer valor de F a
k(t−t0)
a
3/2
, una primera aproximaci´ on de F llamada F
1
queda:
F
1
= senh
−1
¸
2k(t −t
0
)
ea
3/2

.
Un segundo valor de F llamado F
2
es de la forma:
F
2
= senh
−1
¸
F
1
e
+
k(t −t
0
)
ea
3/2

,
y as´ı sucesivamente hasta que los valores de F
n
converjan hacia un valor definido.
En nuestro ejemplo:
F
1
= senh
−1
(0.132946) = 0.132557.
Realizando sucesivas aproximaciones llegamos, despu´es de haber alcanzado casi vein-
ticinco de ellas (hasta la sexta cifra decimal), a F = 0.180538.
1
La raz´on de despejar F de esta manera y no de forma directa radica en la convergencia que se logra
utilizando la funci´on hiperb´olica inversa. De haber despejado F con el t´ermino aislado se hubiese tenido que
trabajar con el seno hiperb´olico lo cual puede generar que la convergencia no siempre se alcance.
12.10. EL C
´
ALCULO DE LA ANOMAL
´
IA VERDADERA 261
El valor de la anomal´ıa verdadera se halla con (12.107):
θ = 2 tan
−1
¸

1.569247 + 1
1.569247 −1
tanh

0.180538
2

¸
= 21.654753.
El valor de r se puede hallar de dos formas. Con la ecuaci´on (12.105):
r = 4.787629 [1.569247 cosh(0.1805389) −1] = 2.848115,
o con la ecuaci´on (12.75):
r =
4.787629 (1.569247
2
−1)
1 + 1.569247 cos(21.6548578)
= 2.848115.
12.10.3
´
Orbita parab´ olica
A diferencia de los dos casos anteriores, la obtenci´ on de θ se realiza sin vernos obligados a
resolver ecuaciones trascendentes.
Reemplazando la primera de las ecuaciones (12.73) y la ecuaci´on (12.72) en (12.58)
obtenemos, despu´es de reordenar:

2
1 + cos θ

2
dθ =


q
3
dt,
con ayuda de la identidad: 2 cos
2
(θ/2) = 1 + cos θ, obtenemos:
sec
4
(θ/2)dθ =

sec
2
(θ/2)(1 + tan
2
(θ/2)

dθ =


q
3
dt;
puesto que d [tan(θ/2)] /dt =(1/2) sec
2
(θ/2), es f´ acil verificar, despu´es de integrar con los
siguientes limites : para t = t
0
, θ = 0, donde t
0
es el tiempo en que ocurre el m´ınimo
acercamiento de m
2
con respecto a m
1
(llamado pericentro) y para cualquier tiempo t
tenemos un valor correspondiente de θ. Finalmente llegamos a:
tan
3
(θ/2) + 3 tan(θ/2) −3


q
3
(t −t
0
) = 0. (12.108)
Como se ve, esta es una ecuaci´on c´ ubica en θ/2. Ahora bien, por el teorema fundamental
del ´ algebra toda ecuaci´ on c´ ubica ha de tener tres raices. Se presentan dos casos: o las tres
raices son reales o existe una ra´ız real y dos son imaginarias. Nos veriamos en serios pro-
blemas si resulta siendo el primer caso pues implicar´ıa que para un valor dado de t existen
tres valores distintos de θ.
262 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
De la teor´ıa de la resoluci´ on de ecuaciones c´ ubicas se demuestra que para una ecuaci´ on
de la forma:
x
3
+αx +β = 0, (12.109)
se cumple el siguiente discriminante:
Si
β
2
4
+
α
3
27
> 0 entonces hay una ra´ız real y dos imaginarias.
Si
β
2
4
+
α
3
27
< 0 entonces hay tres raices reales.
En nuestro caso α = 3 y β = −3


q
3
(t −t
0
). Llamando:
C =


q
3
(t −t
0
), (12.110)
y reemplazando en el discriminante tenemos: 9C
2
/4 + 1, cantidad esencialmente positiva
por lo que siempre hemos de tener una sola ra´ız real como soluci´on.
La soluci´on de la ecuaci´ on (12.109) es (ver Spiegel & Abellanas, 1988, p. 37):
x =
3


β
2
+

β
2
4
+
α
3
27
+
3


β
2

β
2
4
+
α
3
27
. (12.111)
Entonces, para nuestra ecuaci´ on (12.108) la soluci´on es:
tan(θ/2) =
3

3C
2
+

3C
2

2
+ 1 +
3

3C
2

3C
2

2
+ 1. (12.112)
Llamando:
cot S =
3C
2
, (12.113)
y dado que csc
2
S = 1 + cot
2
S tendremos:
tan(θ/2) =
3

cot S + csc S +
3

cot S −csc S. (12.114)
Ejemplo 1
Un cometa se desplaza en ´orbita parab´ olica alrededor del Sol con los siguientes par´ametros:
q = 0.474317, t
0
= 4.14781 TT mayo de 1978. Determinar su distancia al Sol y el valor de
la anomal´ıa verdadera para el tiempo 4
h
13
m
18.3
s
TT del 8 de junio de 1978.
Soluci´on
Puesto que 4
h
13
m
18.3
s
= 4.055
h
= 0.168958 de d´ıa, entonces las fechas julianas corres-
pondientes son:
12.10. EL C
´
ALCULO DE LA ANOMAL
´
IA VERDADERA 263
8.168958 de junio de 1978 = 2 443 667.668958,
4.14781 marzo de 1978 = 2 443 571.64781,
por lo tanto, t −t
0
= 96.02114.
Puesto que la masa de un cometa es despreciable frente a la del Sol se tendr´ a que µ = k
2
.
Hallando C con ayuda de (12.110):
C =

2 0.01720209895
2
0.474317
3
(96.02114) = 7.150893.
Luego calculamos S con ayuda de la ecuaci´ on (12.113):
S = tan
−1

2
3 7.150893

= 5.326201,
de la que se deduce:
cot S = 10.726339, csc S = 10.772853.
Por lo tanto, el valor de la anomal´ıa verdadera se halla con la ecuaci´ on (12.114):
θ = 2 tan
−1

3

10.726339 + 10.772853 +
3

10.726339 −10.772853

= 135.113280.
El radio vector se calcula con ayuda de (12.72):
r =
2 0.474317
1 + cos(135.113280)
= 3.254357.
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Brouwer, D., Clemence, G. (1961) Methods of Celestial Mechanics, Academic Press, New
York.
Aunque un poco desactualizado, constituye una descripci´ on t´ecnica y altamente autorizada de
los m´etodos de la mec´ anica celeste utilizados a mediados del siglo XX.
• McCuskey, S.W. (1963), Introduction to Celestial Mechanics, Addison-Wesley Pu. Co., Ma-
ssachusetts.
Si se quiere comenzar a entender las t´ecnicas de la mec´anica celeste sin sacrificar el desarrollo
matem´ atico este libro es el indicado. Altamente le´ıble y descriptivo.
• Moulton, F. R. (1970), An Introduction to Celestial Mechanics, Dover Pu., New York.
Excelente libro escrito hace ya casi cien a˜ nos. Muy descriptivo aunque se a˜ nora la descripci´ on
vectorial.
• Spiegel, M.R., Abellanas, L. (1988), F´ ormulas y tablas de matem´ atica aplicada, McGraw-Hill,
Madrid.
Compendio de tablas de integrales y f´ ormulas ´ utiles del ´algebra y trigonometr´ıa.
264 CAP
´
ITULO 12. EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS
• Szebehely, V., Mark, H. (1998), Adventures in Celestial Mechanics, John Wiley & Sons, New
York.
Como introducci´ on hacia los fundamentos es excelente. No espere s´ olidos desarrollos al-
gebr´aicos. Contiene una descripci´ on actualizada sobre din´ amica ca´ otica y movimiento de
sat´elites.
• http://www.physics.csbsju.edu/orbit/orbit.2d.html
En este sitio se encuentra una explicaci´on breve sobre ´orbitas el´ıpticas as´ı como c´ odigos
sencillos para graficar ´orbitas para usuarios del programa Matematica.
• http://www.btinternet.com/~kburnett/kepler/kepler.html
Contiene varios m´etodos num´ericos para resolver la ecuaci´ on de Kepler.
Cap´ıtulo 13
LA DETERMINACI
´
ON DE LA
POSICI
´
ON EN EL ESPACIO
Ya sabemos c´omo calcular la anomal´ıa verdadera θ y el radio vector r en los tres tipos de
´orbitas. Pero este movimiento se verifica en un plano que ha de tener una determinada
orientaci´on con respecto a un sistema de tres ejes cartesiano centrado en m
1
tal y como en
el que se definen las coordenadas ecl´ıpticas helioc´entricas. Imaginemos un plano en el que
se desplaza el m´ovil de inter´es que corta al plano fundamental xy (la ecl´ıptica en el caso de
un objeto alrededor del Sol o el ecuador celeste en el caso de un sat´elite que gira alrededor
de la Tierra) en un cierto ´ angulo Ω con respecto al eje x y con un ´angulo de inclinaci´ on i,
ver figura 13.1.
La l´ınea que resulta del corte entre los dos planos (el de la ´ orbita y el fundamental)
es llamada l´ınea de los nodos. Aquel punto por donde el planeta cruza el plano xy de
abajo hacia arriba (z pasa de ser negativo a positivo) se llama nodo ascendente. El punto
diametralmente opuesto se llama nodo descendente. Es igualmente necesario especificar en
qu´e punto del plano orbital est´ a situada la l´ınea de las ´ apsides, esto es, la l´ınea que contiene
la direcci´ on foco-pericentro, que es desde donde comienza a contarse la anomal´ıa verdadera.
Esto se logra introduciendo un ´ angulo ω llamado argumento de latitud del pericentro el cual
se mide desde el nodo ascendente hasta la l´ınea de las ´apsides que especifica el pericentro.
13.0.4 Elementos orbitales
Los elementos orbitales son seis par´ametros que en el problema de los dos cuerpos son cons-
tantes (v´ alidos para todo tiempo) que est´ an directamente relacionados con las constantes
de integraci´ on obtenidas al resolver el problema de los dos cuerpos.
Los elementos son:
265
266 CAP
´
ITULO 13. LA DETERMINACI
´
ON DE LA POSICI
´
ON EN EL ESPACIO
x
y
z
m
1
r
θ
ω
i
LINEA DE LOS NODOS

LINEA DE LAS APSIDES
(AL PERICENTRO)
Figura 13.1: Orientaci´on de la ´orbita en el espacio
a, el semieje mayor (o distancia media en la ´ orbita el´ıptica).
e, la excentricidad.
i, la inclinaci´ on de la ´ orbita con respecto al plano de referencia.
Ω, la longitud del nodo ascendente.
ω, el argumento de latitud del pericentro.
t
0
, un instante de paso por el pericentro
En el caso de la ´ orbita parab´ olica existen dos modificaciones: por un lado el semieje
mayor es reemplazado por q llamada distancia peric´entrica; por otro, la excentricidad tiene
un valor fijo (e = 1).
Sin embargo, no siempre es posible encontrar los elementos en la forma como los acabamos
de rese˜ nar. De uso corriente tambi´en se suele utilizar:
a) M
r
en vez de t
0
(para la ´ orbita el´ıptica) donde M
r
es la anomal´ıa media para un
tiempo dado cualquiera t
r
que llamaremos “de referencia”. En efecto, la anomal´ıa media
se define como (ver f´ormula (12.101)): M = n(t − t
0
). Sumando y restando el t´ermino nt
r
tenemos:
M = nt −nt
0
+nt
r
−nt
r
,
o reordenando:
M = n(t
r
−t
0
) +n(t −t
r
),
pero n(t
r
−t
0
) es la anomal´ıa media en el tiempo de referencia, que llamaremos M
r
por lo
que:
267
M = M
r
+n(t −t
r
). (13.1)
b) en vez de ω, donde es llamado la longitud del pericentro, un ´ angulo que resulta
de la suma de ´ angulos definidos en planos diferentes:
= Ω +ω. (13.2)
c) L
r
en vez de t
0
o de M
r
(para la ´ orbita el´ıptica) donde L
r
es la longitud media para
el tiempo de referencia t
r
. La longitud media est´ a relacionada con M
r
mediante :
L
r
= M
r
+. (13.3)
13.0.5 Posici´ on en el espacio
Ahora nos planteamos lo siguiente: sabiendo para un instante dado t los valores de θ y r al
igual que Ω, i y ω (que son constantes), hallar las componentes del vector posici´on r (x, y,
z) para dicho tiempo t.
Sean
ˆ
l y ˆ m dos vectores unitarios, (ver figura 13.2) el primero ubicado en el plano xy y
dirigido en la direcci´ on del nodo ascendente, el segundo, ortogonal a
ˆ
l pero definido en el
plano de la ´ orbita en que se mueve m
2
.
y
z
i
x
m
i
j
k
90-i
l

Figura 13.2: Definici´on de los vectores
ˆ
l y ˆ m
Es claro que:
ˆ
l = cos Ω
ˆ
i + sen Ω
ˆ
j + 0
ˆ
k,
ˆ m = −sen Ωcos i
ˆ
i + cos Ωcos i
ˆ
j + sen i
ˆ
k. (13.4)
268 CAP
´
ITULO 13. LA DETERMINACI
´
ON DE LA POSICI
´
ON EN EL ESPACIO
Al observar la figura 13.3 donde los vectores
ˆ
l y ˆ m est´an relacionados con los vectores ˆ u
r
y ˆ u
θ
notamos que podemos escribir:
ˆ u
r
=
ˆ
l cos(ω +θ) + ˆ msen (ω +θ), (13.5)
y puesto que r = rˆ u
r
tendremos:
r = x
ˆ
i +y
ˆ
j +z
ˆ
k = r cos(ω +θ)(cos Ω
ˆ
i + sen Ω
ˆ
j + 0
ˆ
k) +
r sen (ω +θ)(−sen Ωcos i
ˆ
i + cos Ωcos i
ˆ
j + sen i
ˆ
k).
Factorizando los t´erminos que acompa˜ nan los vectores unitarios a ambos lados obte-
nemos:
x = r [cos(ω +θ) cos Ω − sen (ω +θ) sen Ωcos i] ,
y = r [cos(ω +θ) sen Ω + sen (ω +θ) cos Ωcos i] , (13.6)
z = r sen (ω +θ) sen i,
ecuaciones v´alidas para cualquier tipo de ´ orbita. Es inmediatamente verificable que r
2
=
x
2
+y
2
+z
2
.
ω
θ
m
u
θ
u
r
l
r
LINEA DE LOS NODOS
L
I
N
E
A

D
E


L
A
S

A
P
S
I
D
E
S
Figura 13.3: Relaci´on de ˆ ur y ˆ u
θ
con los vectores
ˆ
l y ˆ m
13.1. VELOCIDAD EN EL ESPACIO 269
13.1 Velocidad en el espacio
En muchos casos de inter´es en mec´anica celeste se hace necesario saber las componentes del
vector velocidad con respecto a un determinado sistema de coordenadas. Nuestro vector ve-
locidad est´ a dado por la primera de las ecuaciones (12.51), que por comodidad reproducimos
nuevamente:

˙ r = ˙ rˆ u
r
+r
˙
θˆ u
θ
. (13.7)
Necesitamos hallar en esta ecuaci´on los valores de ˙ r,
˙
θ y ˆ u
θ
. De la figura 13.3 se deduce
que ˆ u
θ
en funci´ on de
ˆ
l y ˆ m est´a dado por:
ˆ u
θ
= −
ˆ
l sen (ω +θ) + ˆ mcos(ω +θ). (13.8)
En lo que sigue, la determinaci´ on de ˙ r y
˙
θ se har´ an para la ´ orbita el´ıptica por ser la de
mayor aplicaci´on. Dichos valores para la ´ orbita hiperb´ olica y parab´ olica se hallan de forma
an´ aloga a como se describe a continuaci´on.
El valor de ˙ r es posible hallarlo a partir de la relaci´ on de r con la anomal´ıa exc´entrica
E, dada por (12.99). Al derivar con respecto al tiempo:
˙ r = ae sen E
˙
E,
pero, a la vez, la relaci´ on entre el tiempo y la anomal´ıa exc´entrica permite encontrar, a
partir de (12.100) que
˙
E =
n
(1 −e cos E)
,
de las que se deduce:
˙ r =
nae sen E
1 −e cos E
=
a
2
ne sen E
r
. (13.9)
As´ı mismo, la relaci´on para
˙
θ es a trav´es de la ecuaci´ on (12.58), y para la ´ orbita el´ıptica
h viene dado por la primera de las ecuaciones (12.70). Entonces la expresi´ on para
˙
θ en
t´erminos de la constante de Gauss es:
˙
θ = k

1 + (m
2
/m
1
)

a(1 −e
2
)
r
2
. (13.10)
Con esto, la ecuaci´on (13.7) se convierte en:

˙ r =
a
2
ne sen E
r
2
r +k

1 + (m
2
/m
1
)

a(1 −e
2
)
r
ˆ u
θ
. (13.11)
Puesto que

˙ r = ˙ x
ˆ
i + ˙ y
ˆ
j + ˙ z
ˆ
k; r = x
ˆ
i + y
ˆ
j + z
ˆ
k y ˆ u
θ
dado por (13.8), que a su vez
viene expresado por las ecuaciones (13.4), se tendr´ an las componentes del vector velocidad
al factorizar a ambos lados los vectores unitarios:
˙ x =
a
2
ne sen E
r
2
x + k

1 + (m
2
/m
1
)

a(1 −e
2
)
r
[−cos Ωsen (ω + θ) − sen Ωcos i cos(ω + θ)],
˙ y =
a
2
ne sen E
r
2
y + k

1 + (m
2
/m
1
)

a(1 −e
2
)
r
[−sen Ωsen (ω + θ) + cos Ωcos i cos(ω + θ)], (13.12)
˙ z =
a
2
ne sen E
r
2
z + k

1 + (m
2
/m
1
)

a(1 −e
2
)
r
[ sen i cos(ω + θ)],
270 CAP
´
ITULO 13. LA DETERMINACI
´
ON DE LA POSICI
´
ON EN EL ESPACIO
donde n est´a en unidades de radianes por unidad de tiempo.
13.2 La posici´ on con respecto a la Tierra
El procedimiento visto hasta ahora permite calcular las componentes de los vectores posici´on
y velocidad con respecto al plano fundamental del cuerpo de masa m
2
para un observador
hipot´etico situado en m
1
. Esto ser´ıa suficiente para un sat´elite movi´endose alrededor de la
Tierra si el plano fundamental es el ecuador celeste, o para un planeta alrededor del Sol
cuyo plano fundamental es la ecl´ıptica.
Si estamos calculando la posici´ on de un planeta visto desde la Tierra se hacen necesarios
varios pasos m´as. Los astr´onomos por lo general buscan expresar las coordenadas de los
astros con referencia al ecuador celeste. Por lo tanto nos vemos en la necesidad de pasar de
las coordenadas x, y, z (ecl´ıpticas helioc´entricas) a unas coordenadas x

, y

, z

(ecuatoriales
helioc´entricas). Puesto que el ecuador y la ecl´ıptica se cruzan en el punto vernal y que
adem´as el eje de las x est´a en la misma direcci´on del punto vernal la transformaci´ on entre
ambas equivale a una rotaci´ on de las coordenadas un ´ angulo (la oblicuidad de la ecl´ıptica),
ver figura 13.4. Por lo tanto, la relaci´on entre el vector helioc´entrico-ecl´ıptico r y el vector
helioc´entrico-ecuatorial r

es:
y
ε
E
C
U
A
D
O
R
C
E
L
E
S
T
E
x=x´
ε
ε


z
ECLIPTICA
Figura 13.4: Rotaci´on alrededor del eje x
r

= R
x(−)
r. (13.13)
13.2. LA POSICI
´
ON CON RESPECTO A LA TIERRA 271
La matriz R
x(−)
es una matriz de rotaci´ on cuyo efecto al multiplicar el vector r es rotarlo
sobre el eje x un ´ angulo −. La matriz est´ a definida por:
R
x(−)
=

¸
1 0 0
0 cos −sen
0 sen cos
¸

.
Por lo tanto, la transformaci´on en componentes es:
x

= x,
y

= y cos −z sen , (13.14)
z

= y sen +z cos .
Si se desea hallar las componentes del vector velocidad con respecto al ecuador celeste
la ecuaci´ on b´ asica es an´aloga a la ecuaci´on (13.13) ( se supone constante):

˙ r

= R
x(−)

˙ r. (13.15)
El siguiente paso es hallar el vector posici´on del objeto pero con respecto a la Tierra.
Este se halla sencillamente conociendo, para el mismo tiempo t, el vector posici´on de la
Tierra con respecto al Sol. De la figura 13.5 es claro que:
ρ = r

−r

T
. (13.16)

ρ
T

TIERRA
SOL
PLANETA
Figura 13.5: Traslaci´on para observaci´on desde la Tierra
Al definir un sistema de coordenadas cartesiano que llamaremos conjuntamente coorde-
nadas ecuatoriales geoc´entricas (ξ, η, ζ) para expresar el vector ρ se deduce:
ξ = x

−x

T
,
η = y

−y

T
, (13.17)
ζ = z

−z

T
.
272 CAP
´
ITULO 13. LA DETERMINACI
´
ON DE LA POSICI
´
ON EN EL ESPACIO
Este sistema geoc´entrico est´a relacionado, como es de esperarse, con las coordenadas
ecuatoriales (o coordenadas ecuatoriales absolutas), ver figura 13.6, de la cual se desprende:
ξ = ρ cos αcos δ,
η = ρ sen αcos δ, (13.18)
ζ = ρ sen δ,
donde ρ representa la distancia entre el cuerpo de masa m
2
y la Tierra.
De estas ecuaciones se obtienen las coordenadas ecuatoriales del objeto para un obser-
vador ubicado en la Tierra:
tanα =
η
ξ
,
tanδ =
ζ

ξ
2

2
, (13.19)
ρ =

ξ
2

2

2
.
El c´alculo de la ascensi´ on recta adolece tambi´en del inconveniente para determinar el
verdadero cuadrante en que est´ a ubicado el ´ angulo. Esto se resuelve aplicando las reglas
vistas en la secci´on 5.6.3, relaciones (5.21).
La posici´on del Sol puede saberse de inmediato conociendo el vector r

T
. En efecto,
el vector posici´on del Sol con respecto al ecuador celeste y con origen en la Tierra, que
η
ξ
PNC
ζ
TIERRA
ρ
δ
α
Figura 13.6: Relaci´on entre ξ, η y ζ y las coordenadas ecuatoriales absolutas
13.2. LA POSICI
´
ON CON RESPECTO A LA TIERRA 273
llamaremos r

, est´a dado por:
r

= −r

T
. (13.20)
Las coordenadas rect´angulares geoc´entricas del Sol, que designaremos como X, Y, Z ser´an
entonces:
X = −x

T
,
Y = −y

T
, (13.21)
Z = −z

T
.
De acuerdo con lo anterior, las coordenadas esf´ericas del Sol α

, δ

y ρ

estar´an dadas
por:
tanα

=
Y
X
,
tanδ

=
Z

X
2
+Y
2
, (13.22)
ρ

=

X
2
+Y
2
+Z
2
.
NOTA: Las coordenadas ecuatoriales, tal y como se han hallado hasta ahora, son v´alidas
para un observador hipot´etico situado en el centro del planeta Tierra. Puesto que la mayor´ıa
de los cuerpos del sistema solar est´an a una distancia de la Tierra much´ısimo mayor com-
parada con el radio terrestre, la correcci´on que es necesario hacer para un observador situado
aproximadamente a 6400 kil´ ometros del centro de la Tierra es usualmente muy peque˜ na, por
lo que no se tiene en cuenta. Pero en el caso de la Luna o de sat´elites artificiales que est´ an
cerca de la Tierra, es necesario tener en cuenta la posici´on del observador (situado en un
punto sobre la superficie de la Tierra) con respecto al centro del planeta, para luego hallar
las coordenadas reales del objeto con respecto al observador.
Por otro lado, se debe tener en cuenta que en c´alculos m´ as precisos es necesario corregir
las coordenadas por algunos de los fen´omenos vistos en el cap´ıtulo 10. En la mayor´ıa de
los casos las coordenadas de un planeta halladas por el procedimiento que se describe en
este cap´ıtulo est´ an referidas al ecuador medio del a˜ no 2000.0. Si se quieren obtener las
coordenadas aparentes del planeta (para el ecuador instant´aneo de la fecha) habr´ a que
corregir primero por aberraci´on planetaria (ver secci´on 10.3.2), luego por precesi´on (secci´on
10.1) y nutaci´on (secci´on 10.2). Aun habiendo realizado todas estas correcciones no se debe
esperar que coincidan completamente las coordenadas as´ı calculadas con las que se observan
en el cielo. La raz´on es sencilla: hasta ahora hemos aplicado un modelo de dos cuerpos
que interact´ uan gravitacionalmente con el formalismo newtoniano. En la vida real ocurre
que existen muchos cuerpos y est´ an presentes otro tipo de interacciones. Si al lector que ha
llegado a esta altura del desarrollo le parece un tanto largo el c´ alculo tendiente a hallar la
posici´on de un cuerpo con precisi´ on razonable, el c´alculo de las correcciones que se deben
hacer por la presencia de los dem´as cuerpos gravitacionales (ver el siguiente cap´ıtulo) s´ı que
es en verdad dispendioso.
274 CAP
´
ITULO 13. LA DETERMINACI
´
ON DE LA POSICI
´
ON EN EL ESPACIO
Ejemplo 1
Calcular las coordenadas ecuatoriales (α, δ, ρ) del planeta Marte y del Sol para el instante
0
h
TT del 20 de noviembre de 2000.
Soluci´on
Para hallar las coordenadas de los cuerpos en cuesti´on es necesario poseer los elementos
orbitales tanto del planeta Marte como los de la Tierra. Se aplicar´ an los resultados del pro-
blema de los dos cuerpos a cada planeta por aparte de modo que en primera aproximaci´ on
la interacci´ on gravitacional entre Marte y la Tierra es considerada nula. Hasta ahora hemos
visto que en el problema de los dos cuerpos los elementos son constantes para todo tiempo.
Pero, en sistemas con tres o m´as cuerpos celestes, los elementos comienzan a ser variables
con el tiempo (ver cap´ıtulo 14). Es preciso, para obtener posiciones con exactitudes ade-
cuadas, contar con elementos orbitales “frescos”, esto es, que en la ´epoca en que se quiere
calcular las posiciones, se tengan valores de elementos que sean relativamente cercanos a
dicha ´epoca. En nuestro ejemplo, utilizaremos los valores consignados en el ap´endice C.3,
p´agina 360, los cuales son estrictamente v´alidos para el instante de tiempo 0
h
TT del 13 de
septiembre de 2000.
Nuestra fecha de referencia es entonces el 13 de septiembre de 2000 a las 0
h
TT. Comen-
zamos por calcular los valores de la anomal´ıa media de referencia (ver ecuaci´ on (13.3)),
escribiendo los valores de Marte a la izquierda y, a la derecha, con sub´ındice T los de la
Tierra:
M
r
= −206.67685 = 153.32315, (M
r
)
T
= 249.29326.
Se calcula la diferencia de tiempo existente entre el tiempo en cuesti´ on (0
h
20 de noviem-
bre de 2000) y el tiempo de referencia (0
h
13 de septiembre de 2000). Determinamos las
fechas julianas de estos instantes, que son 2 451 868.5 y 2 451 800.5 respectivamente. El in-
tervalo de tiempo entre las dos fechas es entonces: t −t
r
= +68.0. El movimiento medio en
unidades de grados por d´ıa aparece, por comodidad, en el mismo ap´endice C.3. De no haber
sido as´ı, el movimiento medio se puede calcular a partir de la ecuaci´ on (12.92). Calculamos
luego el producto n(t −t
r
):
n(t −t
r
) = 35.6384056, n
T
(t −t
r
)
T
= 67.0227516.
La anomal´ıa media en el d´ıa en cuesti´ on es, de acuerdo con (13.1):
M = 188.961556, M
T
= 316.31601.
La anomal´ıa exc´entrica se puede calcular con el procedimiento iterativo visto en la p´ agina
256.
Realizando los c´ alculos correspondientes obtenemos:
E = 188.19784, E
T
= 315.64570.
13.2. LA POSICI
´
ON CON RESPECTO A LA TIERRA 275
Con E podemos calcular el radio vector (distancia entre los planetas y el Sol) mediante
(12.99):
r = 1.66454, r
T
= 0.98802.
Tambi´en podemos determinar la anomal´ıa verdadera mediante (12.103):
θ = −172.53363 = 187.46637, θ
T
= −45.02870 = 314.97130.
A manera de control, al reemplazar el valor de θ en (11.4) se ha de obtener el mismo
valor que se hall´ o de r con ayuda de (12.99).
Calculamos ahora las coordenadas rect´angulares ecl´ıpticas helioc´entricas de ambos pla-
netas, con ayuda del sistema de ecuaciones (13.6):
x = −1.59523, x
T
= 0.52408,
y = 0.472790, y
T
= 0.83757,
z = 0.049110, z
T
= 0.00000.
Como control, se ha de cumplir: r
2
= x
2
+y
2
+z
2
.
Luego se calculan las coordenadas rect´angulares ecuatoriales helioc´entricas de ambos
planetas, tomando como valor de la oblicuidad a = 23
o
26

21.8

. De acuerdo con (13.14)
se tiene:
x

= −1.59523, x

T
= 0.52408,
y

= 0.41424, y

T
= 0.76845,
z

= 0.23312, z

T
= 0.33317.
De nuevo, como control, se ha de cumplir: r
2
= x

2
+y

2
+z

2
.
A continuaci´ on se determinan las coordenadas rect´angulares ecuatoriales geoc´entricas
del planeta Marte con ayuda de (13.17)
ξ = −2.11931, η = −0.35421, ζ = −0.10005.
Las coordenadas ecuatoriales del planeta Marte se calculan utilizando las ecuaciones
(13.19), no olvidando el criterio para determinar el cuadrante verdadero de la ascensi´ on
recta y utilizando unidades de tiempo:
α = 12
h
37
m
57
s
, δ = −2
o
39

57

, ρ = 2.15103.
Las coordenadas rect´angulares ecuatoriales geoc´entricas del Sol son, de acuerdo con
(13.21):
X = −0.52408, Y = −0.76845, Z = −0.33317.
Las coordenadas ecuatoriales del Sol se hallan f´acilmente con ayuda de (13.22):
276 CAP
´
ITULO 13. LA DETERMINACI
´
ON DE LA POSICI
´
ON EN EL ESPACIO
α

= 15
h
42
m
50
s
, δ

= −19
o
42

25

, ρ

= 0.98802.
Tanto las coordenadas de Marte como del Sol no deben tomarse como exactas. Es
necesario corregir por aberraci´on planetaria, y si se desean obtener las coordenadas con
respecto al ecuador de la fecha es preciso corregir por precesi´on, nutaci´ on y aberraci´ on
anual.
13.3 Las coordenadas topoc´entricas
Ya mencionamos que las coordenadas de los cuerpos celestes en el sistema solar con respecto
a la Tierra son geoc´entricas, esto es, tienen como origen el centro de nuestro planeta. Visto
de otra forma: son v´ alidas para un observador hipot´etico situado en el centro de la Tierra.
Esto no tiene mayor inconveniente para aquellos cuerpos cuya distancia a la Tierra es muy
grande (centenares o miles de veces el radio terrestre). En tal caso estar en la superficie
de la Tierra o en su centro no representa ning´ un cambio en la posici´ on aparente de los
astros. Pero, si se trata de cuerpos celestes como la Luna, los planetas m´as cercanos a la
Tierra y, sobre todo, los sat´elites artificiales que circundan la Tierra apenas unos cuantos
centenares de kil´ ometros sobre su superficie, se hace necesario tener en cuenta la posici´on
de un observador (situado en la superficie) con respecto al centro del planeta.
PNC
TIERRA
C
ρ
g
ρ
t
ρ
o
Figura 13.7: Determinaci´on del vector topoc´entrico ρt
Para hallar las coordenadas de un astro cercano con respecto a un observador situado
en la superficie del planeta con coordenadas geod´esicas (φ, λ y ρ) se debe tener en cuenta
c´omo es el vector de posici´on del observador con respecto al centro de la Tierra.
Sea, para un determinado cuerpo C, ρ
g
su vector geoc´entrico; ρ
o
el vector geoc´entrico
del observador y ρ
t
el vector topoc´entrico del objeto con respecto al observador (ver figura
13.7). Entonces:
13.3. LAS COORDENADAS TOPOC
´
ENTRICAS 277
o
φ
TSL
´
ξ
η
ζ
ο
ο
ο
ρ
Figura 13.8: Relaci´on entre las componentes del vector geoc´entrico del observador ρo con las coordenadas
geod´esicas de ´este
ρ
t
= ρ
g
− ρ
o
. (13.23)
Tenemos las componentes del vector ρ
g
. Falta determinar las componentes del vector
geoc´entrico del observador ρ
o
.
En la figura 13.8 vemos la relaci´ on existente entre el tiempo sid´ereo local TSL (ver
secci´on 7.3) en el momento de la observaci´on, la latitud geoc´entrica φ

, la distancia radial ρ
y el vector topoc´entrico del observador con coordenadas rectangulares ξ
o
, η
o
y ζ
o
. Se deduce
inmediatamente que:
ξ
o
= ρ cos TSLcos φ

,
η
o
= ρ sen TSLcos φ

, (13.24)
ζ
o
= ρ sen φ

.
Las coordenadas rect´angulares topoc´entricas (ξ
t
, η
t
, ζ
t
) vienen dadas por (13.23):
ξ
t
= ξ
g
−ξ
o
,
η
t
= η
g
−η
o
, (13.25)
ζ
t
= ζ
g
−ζ
o
.
Las coordenadas ecuatoriales absolutas topoc´entricas del astro son entonces:
278 CAP
´
ITULO 13. LA DETERMINACI
´
ON DE LA POSICI
´
ON EN EL ESPACIO
tanα
t
=
η
t
ξ
t
,
tanδ
t
=
η
t

ξ
2
t

2
t
, (13.26)
ρ
t
=

ξ
2
t

2
t

2
t
.
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Escobal, P.R. (1965), Methods of Orbit Determination, Krieger Pu. Co., Malabar.
Un libro claro y preciso sobre los fundamentos de la mec´ anica celeste con ´enfasis en la de-
terminaci´ on de ´ orbitas. El ap´endice 1 contiene un compendio de 36 transformaciones de
coordenadas b´ asicas.
• McCuskey, S.W. (1963), Introduction to Celestial Mechanics, Addison-Wesley Pu. Co., Ma-
ssachusetts.
Si se quiere comenzar a entender las t´ecnicas de la mec´anica celeste sin sacrificar el desarrollo
matem´ atico este libro es el indicado. Altamente le´ıble y descriptivo.
• Montembruck, O. (1989), Practical Ephemeris Calculations, Springer-Verlag, New York.
Un libro claro y muy ´ util para aquellos que deseen hallar las ecuaciones b´ asicas de transfor-
maci´ on de coordenadas en diversas aplicaciones de la astronom´ıa de posici´ on.
• Moulton, F. R. (1970), An Introduction to Celestial Mechanics, Dover Pu., New York.
Excelente libro escrito hace ya casi cien a˜ nos. Muy descriptivo aunque se a˜ nora la descripci´ on
vectorial.
• http://www.bdl.fr/
Aqu´ı se encuentra en excelente servidor de efem´erides.
• http://ssd.jpl.nasa.gov/
Se puede conseguir gran informaci´ on sobre din´ amica del sistema solar y tambi´en instrucciones
para entrar a un servidor de efem´erides.
Cap´ıtulo 14
PERTURBACIONES
14.1 Modelo vs. realidad
El lector debe tener muy claro lo siguiente: el problema de los dos cuerpos es un modelo
que describe el movimiento de dos cuerpos puntuales aislados completamente del universo
(esto es, de otras masas). Por otra parte, no tiene en cuenta otro tipo de interacciones; s´olo
considera la fuerza gravitacional newtoniana entre las part´ıculas dejando completamente de
lado otras posibles interacciones tales como fuerzas electromagn´eticas, fuerzas aerodin´amicas
(resistencia y sustentaci´on), fuerzas de repulsi´ on (presi´ on de radiaci´ on), etc.
Pero, a pesar del grado de idealizaci´ on del problema, que puede conducir a pensar que
los resultados encontrados en la aplicaci´ on del problema de los dos cuerpos son muy aproxi-
mativos y alejados de la realidad, el hecho es que los astr´ onomos utilizan frecuentemente
la soluci´ on del problema de los dos cuerpos para estudiar el movimiento de un planeta
alrededor del Sol, de un sat´elite alrededor de la Tierra, o el de estrellas binarias que giran
mutuamente, etc. Esto se debe a dos cosas: primero, que el problema de los dos cuerpos
genera unas ecuaciones diferenciales que son completamente integrables, esto es, todas las
ecuaciones tienen una soluci´ on anal´ıtica, lo cual es important´ısimo considerando que proble-
mas de tres o m´as cuerpos no tienen soluciones completas. Segundo: el problema de los
dos cuerpos constituye en s´ı una excelente aproximaci´ on para la descripci´ on del movimiento
de la mayor´ıa de los cuerpos celestes. En el caso del sistema solar por ejemplo, al estudiar
el movimiento de un cometa alrededor del Sol, se pueden aplicar los resultados del proble-
ma de los dos cuerpos (suponer que entre el cometa y el Sol s´olo hay vac´ıo y que la ´ unica
fuerza existente es la gravedad, que los restantes planetas no existen, que ambos objetos
son perfectamente esf´ericos con distribuci´ on uniforme de masa y que la teor´ıa de gravitaci´ on
es la newtoniana y no la einsteniana) lo cual da una excelente teor´ıa para la predicci´ on de
la posici´ on del cometa en el tiempo. O al menos al principio, pues el hecho real es que la
teor´ıa, conforme va transcurriendo el tiempo, comienza a apartarse de lo que se observa en
realidad del movimiento del cometa. El modelo lentamente comienza a arrojar resultados
que no corresponden a lo que se observa. La raz´ on es clara: los planetas s´ı existen, e influyen
gravitacionalmente sobre el cometa; la curvatura del espacio originada por el Sol ocasiona
279
280 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
muy ligeras perturbaciones en el movimiento del cometa; adem´as, al pasar cerca del Sol,
los cometas experimentan bruscas eyecciones de masa, convirti´endose en esos instantes en
objetos semi-autopropulsados, experimentando fuerzas ajenas a las de la gravedad parecidas
a las que se generan en un cohete.
De esto se deduce que, estrictamente hablando, las trayectorias de los planetas alrededor
del Sol no son el´ıpticas, pero que en primera aproximaci´ on s´ı lo son. Ahora bien, en el
caso de los planetas del sistema solar ocurre algo que es afortunado: casi toda la masa del
sistema solar est´a concentrada en el Sol. El planeta de mayor masa es J´ upiter, teniendo
tan s´olo 1/1000 de la masa del Sol. Al sumar la masa de los dem´as planetas encontramos
que no alcanzamos a llegar a la masa de J´ upiter. Esto en t´erminos pr´ acticos significa que
en el estudio del movimiento de un planeta cualquiera Y (con masa m
2
) alrededor del Sol
(de masa m
1
), podemos utilizar como primera y excelente aproximaci´on los resultados del
problema de los dos cuerpos, con lo que estar´ıamos suponiendo que los restantes planetas
“casi” no influyen en el movimiento del planeta en consideraci´on por poseer masas m
x
que
son supremamente peque˜ nas con respecto a m
1
. Pero en per´ıodos extendidos de tiempo los
planetas de masas m
x
hacen sentir su presencia sobre el movimiento del planeta Y, y deci-
mos que dichos planetas “perturban” a Y. La elipse que describe la trayectoria en el espacio
de dicho planeta ser´ a ligeramente diferente en tama˜ no y orientaci´ on espacial a medida que
transcurre el tiempo.
Pero consideremos el caso de la ´orbita de la Luna alrededor de la Tierra. En este sistema
hay que considerar la presencia del Sol, pues la atracci´ on gravitacional de ´este es significativa
sobre nuestro sat´elite. Este es un problema de tres cuerpos (si suponemos que la atracci´ on
gravitacional de los planetas vecinos es despreciable). El problema de los tres cuerpos puede
ser expresado en t´erminos de ecuaciones diferenciales bien con origen de coordenadas en el
espacio o en el centro de uno de dichos cuerpos. Lo tr´ agico es que desde los tiempos de
Newton, que fue el primero en tratar de hallar la soluci´ on a dichas ecuaciones, nadie ha
podido encontrar una soluci´ on anal´ıtica completamente general y cerrada del problema. Los
matem´aticos y astr´ onomos recurren entonces a todo tipo de soluciones aproximadas. Una
manera de atacar el problema, en el caso del estudio del movimiento de la Luna, es tratar
el problema en primera aproximaci´ on como de dos cuerpos (Tierra y Luna) anulando la
presencia del Sol. El modelo resultante es ´ util s´ olo para unos cuantos d´ıas pues a medida
que transcurre el tiempo es aparente que la teor´ıa no coincide con la observaci´ on. Obvio: el
Sol s´ı influye gravitacionalmente sobre la Luna, por lo que la orientaci´ on y la forma de la
elipse cambia relativamente r´ apido en el tiempo. Las t´ecnicas aproximativas tratan de tener
en cuenta c´omo es la perturbaci´ on del Sol sobre la Luna para todo tiempo. Baste con decir
aqu´ı que este es un proceso que involucra una cantidad enorme de c´ alculos matem´aticos.
A manera de informaci´ on mencionemos que el c´elebre ingeniero civil y astr´ onomo bogotano
Julio Garavito Armero, quien fue director del Observatorio Astron´ omico Nacional, estudi´o
y contribuy´ o de forma significativa al estudio del movimiento de la Luna
1
.
1
El trabajo m´as sobresaliente de Garavito fue publicado m´as de 25 a˜ nos despu´es de su muerte. Se titula
“F´ormulas definitivas para el c´ alculo del movimiento de la Luna por el m´etodo de Hill-Brown y con la
notaci´ on usada por Henri Poincar´e en el tomo III de su curso de mec´ anica celeste” y se encuentra en la
Revista de la academia colombiana de ciencias exactas, f´ısicas y naturales, 1946, Vol. VI, No. 24, p. 560.
14.1. MODELO VS. REALIDAD 281
Figura 14.1: Julio Garavito Armero (1865-1920)
Si el problema de los tres cuerpos no tiene soluci´ on anal´ıtica completa, el problema de
los n cuerpos (n > 3) la tendr´ a a´ un menos. Estudiar el movimiento del sistema solar con 9
planetas y el Sol, (un problema de 10 cuerpos) implica la realizaci´ on de c´alculos aproxima-
tivos altamente complicados.
Si se desea explicar satisfactoriamente el movimiento de un cuerpo sometido a diversas
fuerzas, con un grado de predicci´on razonable, nos vemos avocados a complicar las ecuaciones
diferenciales que describen el movimiento. Con complicar queremos decir incluir todos aque-
llos t´erminos que representan las fuerzas que de una u otra manera afectan el movimiento.
Al contemplar la presencia de una tercera part´ıcula material (u otras m´ as), o si entra
en consideraci´on la verdadera forma de los cuerpos materiales (potenciales gravitacionales
que dejan de depender de la distancia solamente) o entran en juego fuerzas distintas a
las gravitacionales (presi´ on de radiaci´ on, resistencia del medio, etc.), o introducimos la
relatividad general y linealizamos las ecuaciones al orden 1/c
2
(donde c es la velocidad de
la luz en el vac´ıo) para incluir la curvatura del espacio originada por los cuerpos materiales,
las ecuaciones diferenciales que rigen el movimiento de m
2
respecto a m
1
son ahora de la
forma:

¨ r = −
µ
r
3
r +a
p
, (14.1)
donde es un par´ ametro que indica el grado de magnitud de la aceleraci´ on a
p
, que en el
contexto cl´ asico es llamada “aceleraci´on perturbativa”. Obtener las ecuaciones diferenciales
es la parte menos complicada del asunto. Lo espinoso es resolverlas. La realidad es que s´olo
282 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
es posible obtener todas las constantes de movimiento en el problema de dos cuerpos (cuando
en (14.1) es cero), o, en otros t´erminos, y como se ha dicho incansablemente, las ecuaciones
del problema de dos cuerpos son completamente integrables de forma anal´ıtica. S´ olo en tal
caso es posible obtener una soluci´ on de la forma (sin hacer concesiones ni aproximaciones
de alg´ un tipo):

˙ r =

˙ r(c
k
, t), r = r(c
k
, t), (14.2)
donde los c
k
representan las constantes de movimiento.
A pesar de la simplicidad de la aceleraci´on perturbativa a
p
en algunos casos, la ecuaci´on
(14.1) no posee soluci´on anal´ıtica general exacta.
14.2 El problema de los tres cuerpos
La adici´ on de un cuerpo de masa m
3
a un sistema que consist´ıa de dos cuerpos de masas m
1
y m
2
da lugar al estudio del movimiento de tres cuerpos. El problema de los tres cuerpos
es: calcular el movimiento de tres masas puntuales que se atraen las unas a las otras bajo la
ley de atracci´ on newtoniana para cualquier valor de las masas y cualquier condici´ on inicial.
Es un problema cuya soluci´ on ya fue buscada desde los tiempos de Newton para explicar el
movimiento de la Luna alrededor de la Tierra teniendo en cuenta la presencia del Sol. El
mismo Newton se quej´o de que la complicaci´ on del problema era de tal magnitud que, de
todos los problemas matem´aticos con que se hab´ıa enfrentado, el del movimiento de la Luna
era el que m´ as le hab´ıa producido dolor de cabeza.
Sean tres cuerpos puntuales con masas m
1
, m
2
y m
3
con sus respectivos vectores posi-
ci´ on

R
1
,

R
2
y

R
3
referidos a un punto O cualquiera de un sistema de coordenadas inercial.
Sean tambi´en

D
12
el vector relativo del cuerpo de masa m
2
con respecto a m
1
,

D
13
el vector
relativo del cuerpo de masa m
3
con respecto a m
1
y

D
23
el vector relativo del cuerpo de
masa m
3
con respecto a m
2
.
O
D
m
m
D
13
R
R
R
1
3
3
23
2
2
D
12
m
1
Figura 14.2: Problema de los tres cuerpos
14.2. EL PROBLEMA DE LOS TRES CUERPOS 283
De acuerdo con la ley de atracci´ on gravitacional deducimos que la fuerza que se ejerce
sobre el cuerpo de masa m
1
debido a la presencia de m
2
y m
3
es:

F
1
=

F
12
+

F
13
,
o, con la ley de atracci´on gravitacional:
m
1

¨
R
1
=
Gm
1
m
2
D
3
12

D
12
+
Gm
1
m
3
D
3
13

D
13
. (14.3)
La fuerza que se ejerce sobre el cuerpo de masa m
2
debido a la presencia de m
1
y m
3
es:

F
2
=

F
21
+

F
23
,
esto es,
m
2

¨
R
2
= −
Gm
1
m
2
D
3
12

D
12
+
Gm
2
m
3
D
3
23

D
23
. (14.4)
Igualmente, la fuerza que se ejerce sobre el cuerpo de masa m
3
debido a la presencia de
m
1
y m
2
es:

F
3
=

F
31
+

F
32
,
o sea:
m
3

¨
R
3
= −
Gm
1
m
3
D
3
13

D
13

Gm
2
m
3
D
3
23

D
23
. (14.5)
Sumando las ecuaciones (14.3), (14.4) y (14.5) obtenemos:
m
1

¨
R
1
+m
2

¨
R
2
+m
3

¨
R
3
=

0.
Al integrar una vez con respecto al tiempo:
m
1

˙
R
1
+m
2

˙
R
2
+m
3

˙
R
3
=

K
1
, (14.6)
donde

K
1
es un vector constante que representa, en el espacio, tres constantes escalares. La
ecuaci´on (14.6) significa que la suma de los momentos lineales de los cuerpos involucrados
es una constante.
Una nueva integraci´ on de (14.6) permite llegar a:
m
1

R
1
+m
2

R
2
+m
3

R
3
=

K
1
t +

K
2
. (14.7)
Al definir el vector centro de masa de nuestro sistema

R
cm
como:

R
cm
=
m
1

R
1
+m
2

R
2
+m
3

R
3
m
1
+m
2
+m
3
,
la ecuaci´ on (14.7) queda:
284 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES

R
cm
=

K
1
t
m
1
+m
2
+m
3
+

K
2
m
1
+m
2
+m
3
,
que significa que el centro de masas del sistema se desplaza en el espacio en l´ınea recta y
con movimiento uniforme.
Ya llevamos seis integrales de movimiento. Podemos encontrar otras tres. Reescribiendo
las ecuaciones (14.3), (14.4) y (14.5) en terminos de la velocidad:
m
1

˙ v
1
= G

m
1
m
2
D
3
12

D
12
+
m
1
m
3
D
3
13

D
13

, (14.8)
m
2

˙ v
2
= G


m
1
m
2
D
3
12

D
12
+
m
2
m
3
D
3
23

D
23

, (14.9)
m
3

˙ v
3
= G


m
1
m
3
D
3
13

D
13

m
2
m
3
D
3
23

D
23

. (14.10)
Multiplicando (14.8) por

R
1
, (14.9) por

R
2
y (14.10) por

R
3
, sumando, teniendo
en cuenta que:

R
2
=

R
1
+

D
12
,

R
3
=

R
1
+

D
13
,

R
3
=

R
2
+

D
23
,

R
i

R
i
= 0 y (

R
i

R
j
) =
−(

R
j


R
i
), obtenemos:
m
1

R
1

˙ v
1
+m
2

R
2

˙ v
2
+m
3

R
3

˙ v
3
=

0.
Sumando cero a esta expresi´ on en la forma: m
1

˙
R
1

˙
R
1
+ m
2

˙
R
2

˙
R
2
+ m
3

˙
R
3

˙
R
3
y
utilizando la regla de Leibnitz:
m
1
d
dt
(

R
1
v
1
) +m
2
d
dt
(

R
2
v
2
) +m
3
d
dt
(

R
3
v
3
) =

0.
Compactando y reordenando los t´erminos:
d
dt
¸
3
¸
i=1

R
i
m
i
v
i
¸
=

0,
que al integrar resulta en:

H =
¸
3
¸
i=1

R
i
m
i
v
i
¸
, (14.11)
donde el vector constante

H representa la conservaci´on del momentum angular. Tenemos
tres nuevas constantes escalares en el espacio. A medida que los tres cuerpos se desplazan en
el espacio, sus vectores posici´on y velocidad son tales que el vector

H conserva una magnitud
constante y una direcci´ on fija en el espacio. La l´ınea a lo largo de la cual se dirige

H se llama
l´ınea invariable. Asociada a esta l´ınea esta un plano perpendicular a ella y que contiene el
centro de masas que es llamado plano invariable.
14.2. EL PROBLEMA DE LOS TRES CUERPOS 285
Podemos hallar otra constante de movimiento. Multiplicando escalarmente (14.8) por

˙
R
1
, (14.9) por

˙
R
2
y (14.10) por

˙
R
3
, colocando los vectores

D
12
= D
12
u
12
,

D
13
= D
13
u
13
y

D
23
= D
23
u
23
, sumando todos los t´erminos y reordenando tenemos:
m
1

˙
R
1

˙ v
1
+m
2

˙
R
2

˙ v
2
+m
3

˙
R
3

˙ v
3
=
Gm
1
m
2
D
3
12
u
12
(

˙
R
1

˙
R
2
) +
Gm
1
m
3
D
3
13
u
13
(

˙
R
1

˙
R
3
)
+
Gm
2
m
3
D
3
23
u
23
(

˙
R
2

˙
R
3
). (14.12)
Ahora bien, como

˙
D
12
=

˙
R
2

˙
R
1
,

˙
D
13
=

˙
R
3

˙
R
1
y

˙
D
23
=

˙
R
3

˙
R
2
se deduce que:
u
12
(

˙
R
1

˙
R
2
) = u
12
(−

˙
D
12
) = u
12
(
˙
D
12
u
12
+D
12

˙ u
12
) = −
˙
D
12
,
en donde se ha hecho uso de que u
12
u
12
= 1 y u
12

˙ u
12
= 0.
De igual forma es posible obtener: u
13
(

˙
R
1

˙
R
3
) = −
˙
D
13
y u
23
(

˙
R
2

˙
R
3
) = −
˙
D
23
.
Con esto, y como

˙
R
i
= v
i
, la ecuacion (14.12) queda:
m
1
v
1

˙ v
1
+m
2
v
2

˙ v
2
+m
3
v
3

˙ v
3
= −G
¸
m
1
m
2
D
3
12
˙
D
12
+
m
1
m
3
D
3
13
˙
D
13
+
m
2
m
3
D
3
23
˙
D
23

.
Pero:
1
2
d
dt
(v
i
)
2
= v
i

˙ v
i
,
dD
−1
ik
dt
= −
1
D
2
ik
dD
ik
dt
,
por lo que la anterior ecuacion se puede escribir como:
d
dt
¸
1
2
3
¸
i=1
m
i
v
2
i
¸
= G
d
dt
¸
m
1
m
2
D
12
+
m
1
m
3
D
13
+
m
2
m
3
D
23

.
Llamando T energ´ıa cin´etica y V energ´ıa potencial dados por:
T =
1
2
3
¸
i=1
m
i
v
2
i
, V = −G
¸
m
1
m
2
D
12
+
m
1
m
3
D
13
+
m
2
m
3
D
23

,
podemos integrar a ambos lados y obtener:
T −V = E, (14.13)
donde E es una constante llamada energ´ıa total del sistema.
Puesto que no es posible obtener m´ as constantes de movimiento, no es posible llegar a
una soluci´ on anal´ıtica general del problema. Un comentario generalizado al respecto puede
verse en la secci´on 14.3.
Es posible estudiar el movimiento de las masas m
2
y m
3
con respecto a m
1
, tal y como
se hizo en el problema de los dos cuerpos donde se redujo el asunto a estudiar el movimiento
286 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
de una de las masas con respecto a la otra.
Como

D
12
=

R
2


R
1
se desprende:

¨
D
12
=

¨
R
2

¨
R
1
, la cual, al introducir las masas de
la siguiente forma:
m
2

¨
D
12
= m
2

¨
R
2

m
2
m
1
m
1

¨
R
1
.
Al reemplazar en ´esta ´ ultima las ecuaciones (14.3) y (14.4) se obtiene:

¨
D
12
= −
G(m
1
+m
2
)
D
3
12

D
12
+Gm
3
¸

D
23
D
3
23

D
13
D
3
13
¸
.
Haciendo el siguiente cambio de notacion: r =

D
12
,

r

=

D
13
, ρ =

D
23
, la anterior
ecuacion queda (ver figura 14.3):

¨ r = −
G(m
1
+m
2
)
r
3
r +Gm
3

ρ
ρ
3

r

r
3
¸
. (14.14)
r
m
3
ρ
m
2
m
1
r’
Figura 14.3: Movimiento relativo de dos cuerpos con respecto a un tercero
En forma an´ aloga, la ecuaci´on vectorial que gobierna el movimiento relativo de la par-
t´ıcula de masa m
3
, sometida al campo gravitacional de las part´ıculas con masas m
1
(ubicada
en el origen de coordenadas) y m
2
es:

¨ r

= −
G(m
1
+m
3
)
r
3

r

+Gm
2

ρ
ρ
3

r
r
3

. (14.15)
14.2. EL PROBLEMA DE LOS TRES CUERPOS 287
N´otese que, en t´erminos de componentes espaciales, son seis ecuaciones diferenciales de
segundo orden, o, para resolver completamente el problema, es necesario obtener ahora doce
constantes de movimiento.
El grado de complicaci´ on de estas ecuaciones es tal que a pesar de los enormes esfuerzos
de muchos matem´aticos notables nunca ha sido posible hallar una soluci´ on anal´ıtica com-
pletamente general.
Sin embargo, a la hora de hallar el movimiento de un planeta como la Tierra alrededor
del Sol perturbado digamos por Marte, el t´ermino Gm
3
(siendo m
3
la masa de Marte, o en
general la masa de cualquier planeta) es de magnitud muy peque˜ na, lo que significa que la
perturbaci´ on tambi´en lo es. Ello permite, en un buen grado de aproximaci´ on, estudiar el
movimiento de la Tierra ´ unicamente y suponer que el movimiento del planeta perturbador
se describe mediante una elipse perfecta, lo que en t´erminos pr´ acticos quiere decir que re-
nunciamos, por ahora, a encontrar el movimiento exacto de m
3
y s´ olo nos ocupamos de
resolver la ecuaci´on (14.14).
NOTA: es claro que en la teor´ıa lunar el t´ermino Gm
3
(siendo m
3
la masa del Sol) es
mucho m´ as grande que en la teor´ıa del movimiento de los planetas en torno al Sol. Ello hace
que las expansiones en serie sean fabulosamente enormes, haciendo el problema bastante
complicado de resolver.
Coloquemos un sistema de coordenadas cartesiano con origen en el centro de m
1
. En-
tonces: r
2
= x
2
+y
2
+z
2
, r

2
= x

2
+y

2
+z

2
y ρ
2
= (x −x

)
2
+ (y −y

)
2
+ (z −z

)
2
.
Las ecuaci´on diferencial (14.14) en t´erminos de sus componentes se convierte en el sis-
tema:
¨ x = −
µ
r
3
x +Gm
3
¸
x

−x
ρ
3

x

r

3

,
¨ y = −
µ
r
3
y +Gm
3
¸
y

−y
ρ
3

y

r

3

, (14.16)
¨ z = −
µ
r
3
z +Gm
3
¸
z

−z
ρ
3

z

r

3

.
Pero, considerando las siguientes derivadas con respecto a x (por poner un ejemplo):
∂ρ
−1
∂x
=
(x

−x)
ρ
3
,

∂x
¸
xx

+yy

+zz

r

3

=
x

r

3
,
y derivadas similares para y y para z y puesto que r

r

= xx

+yy

+zz

, podemos definir
una funci´ on, llamada funci´ on perturbadora, as´ı:
R = Gm
3

1
ρ

r

r

r
3
¸
. (14.17)
288 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
La ecuaci´on para x se puede escribir entonces:
¨ x = −
µ
r
3
x +
∂R
∂x
,
con expresiones an´alogas para y y z.
La ecuaci´on (14.14) puede escribirse de la forma (siendo ∇ el operador nabla
2
):

¨ r = −
µ
r
3
r +∇R. (14.18)
N´ otese que al hacer m
3
= 0 esta ecuaci´on se reduce a la de los dos cuerpos (ecuaci´on
(12.26)).
14.2.1 El problema restringido circular de los tres cuerpos
Existe un caso interesante del problema de los tres cuerpos que consiste en suponer que uno
de ellos es de masa infinitesimal (digamos m
3
) y que los otros dos (de masas m
1
y m
2
) se
mueven en ´orbita circular (dos cuerpos sin perturbaci´ on externa separados por una distancia
constante d) con respecto a su centro de masa. El reto es encontrar, para todo tiempo, el
movimiento de la part´ıcula de masa despreciable sometida al campo gravitacional de m
1
y
m
2
. El problema as´ı descrito se conoce con el nombre del problema “restringido” circular
de los tres cuerpos. Lagrange encontr´o que las ecuaciones de movimiento de la part´ıcula
en cuesti´on, mediante una ingeniosa transformaci´ on de coordenadas, posee una integral de
movimiento que relaciona la velocidad de la part´ıcula con las zonas donde le es permitido
moverse.
m
m
1
EJE ROTANTE
2
CENTRO DE MASA
Figura 14.4: Dos cuerpos en ´orbita circular alrededor de su centro de masas
La transformaci´on de coordenadas consiste en introducir las denominadas coordenadas
rotantes, esto es, el sistema de referencia cuyo origen es el centro de masas, es puesto a rotar
ya que se exige que uno de los ejes contenga siempre a los dos cuerpos de masas m
1
y m
2
2
∇ =

ˆ
i

∂x
+
ˆ
j

∂y
+
ˆ
k

∂z

14.2. EL PROBLEMA DE LOS TRES CUERPOS 289
que giran con movimiento uniforme una alrededor de la otra, ver figura 14.4. Aunque las
ecuaciones diferenciales que describen el movimiento de la part´ıcula de masa infinitesimal
no se pueden resolver de forma anal´ıtica cerrada, es posible demostrar que existen cinco
puntos de velocidad cero (con respecto a los ejes en rotaci´on) donde, en cada uno de ellos,
al ubicar la part´ıcula de masa infinitesimal, ´esta permanecer´a fija en ese mismo punto. En
otras palabras, si sabemos que una part´ıcula est´ a ubicada en alguno de estos puntos, dotada
de velocidad cero con respecto a los cuerpos de masa m
1
y m
2
, entonces dicha part´ıcula
permanecer´a ubicada para siempre en dicho punto.
Los puntos en cuesti´ on son llamados puntos de Lagrange (ver figura 14.5). Tres de esos,
llamados colineales (L1, L2 y L3), se ubican en la misma l´ınea que une los dos cuerpos
principales. Las distancias a que se encuentran de los cuerpos de masa m
1
y m
2
dependen
enteramente de las masas de ´estos. Los otros dos puntos, llamados triangulares (L4, L5), se
situan a una distancia d tanto de m
1
como de m
2
, esto es, m
1
, m
2
y L4 (o L5) conforman
un tri´ angulo equilatero.

L1
∗ ∗
L2
m

L3
L4 ∗
L5
MASA
CENTRO DE
m
1
2
Figura 14.5: Los puntos de Lagrange
Es relativamente sencillo demostrar que los punto colineales son inestables, esto es,
cualquier m´ınima perturbaci´ on ejercida sobre el cuerpo de masa m
3
que lo obligue a des-
plazarse una peque˜ na distancia de su punto de velocidad cero, abandonar´ a de forma irre-
mediable el punto en cuesti´ on. Los puntos triangulares son otro asunto: bajo ciertas condi-
ciones, al perturbar y por lo tanto desalojar ligeramente a m
3
de L4 o L5, el cuerpo retornar´a
a su posici´on original, por lo que se dice que estos puntos triangulares son estables. Y de
hecho, la naturaleza muestra la solidez de estas consideraciones te´oricas. En 1907 se des-
cubri´ o un asteroide, llamado Aquiles, en la misma ´orbita de J´ upiter pero a unos 60 grados al
frente de ´este. En otras palabras: Aquiles est´a ubicado cerca del punto L4 de la ´ orbita Sol-
J´ upiter. Desde entonces se han descubierto numerosos asteroides no s´olo en L4 sino tambi´en
en L5. Puesto que a la mayor´ıa se les han dado nombre de personajes de la Iliada, se les
conoce con el nombre de asteroides troyanos. Recientemente se han encontrado asteroides
290 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
“troyanos marcianos”, esto es, muy cerca de los puntos L4 y L5 de de la ´orbita Sol-Marte.
Debe quedar claro, sin embargo, que los asteroides troyanos no est´ an exactamente en los
puntos L4 y L5, pues a causa de las perturbaciones gravitacionales generadas por los otros
planetas y la excentricidad inherente de los planetas hacen que en realidad estos objetos
esten “librando” alrededor del punto en cuesti´ on.
14.3 El problema de los n cuerpos
El problema de los n cuerpos es: dadas en cualquier tiempo las posiciones y velocidades de
n cuerpos movi´endose bajo sus mutuas atracciones gravitacionales, calcular sus posiciones y
velocidades para cualquier otro tiempo. Las ecuaciones de movimiento de n masas puntuales
m
i
, i = 1, 2, . . . , n cuyo radio vector R
i
est´a dado con respecto a un sistema inercial con
origen en O, son:
m
i
¨

R = G
n
¸
j=1
m
i
m
j
r
3
ij
r
ij
, j = i, i = 1, 2, . . . , n, (14.19)
donde r
ij
=

R
j


R
i
.
Como ya se dijo, si el problema de los tres cuerpos no tiene soluci´ on anal´ıtica, el de
cuatro o m´ as cuerpos la tendr´ a a´ un menos. La raz´on de esto es como sigue. Para resolver
un sistema de ecuaciones diferenciales es necesario encontrar tantas integrales independi-
entes como el orden de dicho sistema. Sup´ongase que se tienen n cuerpos interactuando
gravitacionalmente. Ello significa que tenemos, con respecto a un sistema de coordenadas
inercial dado, 3n ecuaciones diferenciales de segundo orden que se reducen a 6n ecuaciones
diferenciales de primer orden, esto es, tenemos un sistema cuyo orden es 6n por lo que se han
de obtener, para resolver el problema, 6n constantes de movimiento. Es posible obtener, a
partir de la ecuaci´ on (14.19), por un procedimiento similar al que se realiz´ o en el problema
de los tres cuerpos, diez integrales, llamadas integrales cl´asicas eulerianas, que son: seis
integrales para el centro de masas (que indican que el centro de masas de un sistema de n
part´ıculas se desplaza en el espacio en una l´ınea recta); tres integrales para el momemtun
angular (que quiere decir que la suma de cada uno de los momentos angulares de las n
part´ıculas es una constante y que ´esta define un plano llamado plano invariable de Laplace)
y por ´ ultimo la integral de la energ´ıa: la suma de las energ´ıas cin´eticas de las part´ıculas con
la energ´ıa potencial gravitacional mutua entre ellas es una constante. Por dos transforma-
ciones adicionales es posible obtener dos constantes m´as: una de ellas consiste en eliminar
el tiempo, haciendo que una de las otras variables sea la variable independiente; la otra es
llamada “eliminaci´ on del nodo” y fue encontrada por el matem´atico alem´an Karl Gustav
Jacobi. En total, haciendo lo que, hasta ahora, es humanamente posible, obtenemos 6n−12
integrales independientes. En el caso de tener tres cuerpos (n = 3) nos quedan haciendo
falta 18 −12 = 6 integrales independientes, por lo que no es posible resolver anal´ıticamente
el problema. Puesto que han resultado est´eriles los esfuerzos de los matem´aticos para en-
contrar m´as integrales independientes, los investigadores terminan por abordar el asunto
en el sentido contrario: intentar probar la no existencia de m´as integrales independientes.
14.4. PERTURBACIONES AL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS 291
Poincar´e demostr´o, por ejemplo, la no existencia de integrales adicionales que sean uniformes
a los elementos orbitales.
14.4 Perturbaciones al problema de los dos cuerpos
En muchos problemas de inter´es el movimiento de una part´ıcula alrededor de otra puede
describirse en primera aproximaci´ on por el problema de los dos cuerpos. Ello significa que
de todas las posibles interacciones que puedan influir en el movimiento de esos dos cuer-
pos, la fuerza dominante es la de la atracci´on gravitacional con un potencial de la forma
V = −
Gm1m2
r
. Las otras interacciones (una tercera part´ıcula u otras m´ as), asimetr´ıa del
cuerpo central, etc., influyen en menor grado. Dichas interacciones se conocen como fuerzas
de perturbaci´ on.
Las fuerzas de perturbaci´ on pueden ser de muy diversa naturaleza. Por mucho tiempo
la principal fuerza de perturbaci´ on que estudiaron los astr´ onomos fue la fuerza de atra-
cci´on gravitacional originada por la presencia de una tercera masa (o m´ as). El estudio del
movimiento de la Tierra alrededor del Sol, pero perturbado por la presencia de todos los
dem´as planetas es uno de tales ejemplos. Con la aparici´ on de la teor´ıa de la relatividad
general fue necesario incluir las perturbaciones originadas por curvatura del espacio-tiempo.
El advenimiento de la edad espacial a finales de los a˜ nos cincuentas oblig´ o a los astr´onomos a
considerar otros tipos de fuerzas perturbadoras, tales como no esfericidad del cuerpo central,
presi´ on de radiaci´ on, resistencia atmosf´erica, etc.
Las fuerzas de perturbaci´ on que estudiaremos son las siguientes:
- Presencia de un tercer cuerpo, o de m´as cuerpos
- No esfericidad del cuerpo central
- Rozamiento atmosf´erico
- Presi´ on de radiaci´ on
- Eyecci´on de masa
- Curvatura del espacio
- Efecto Poynting-Robertson
- Efecto Yarkovsky
- Resistencia por part´ıculas cargadas
Pasaremos a dar un breve comentario a cada una de ellas.
292 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
14.4.1 Presencia de un tercer cuerpo, o de m´as cuerpos
La presencia de un tercer cuerpo, llamado perturbador, se estudia por medio de la ecuaci´ on
(14.18). No es posible resolver esta ecuaci´on diferencial de una forma anal´ıtica cerrada.
Un intento de soluci´ on anal´ıtica, como se ver´a en la secci´on 14.5.2, es por aproximaciones,
utilizando el m´etodo de constantes arbitrarias. Puesto que en el sistema solar las masas de
los planetas son al menos mil veces m´as peque˜ nas que la del Sol, el valor de R (que est´ a
siendo multipicado por la masa de un planeta perturbador) tambi´en es peque˜ no.
La presencia de varios cuerpos perturbadores se aborda utilizando una generalizaci´ on de
la ecuaci´ on (14.14). Es posible mostrar que la presencia de n cuerpos perturbadores que
afectan al cuerpo de inter´es se puede describir mediante una ecuaci´ on de la forma:

¨ r = −
µ
r
3
r +
n
¸
i=3
Gm
i

ρ
i
ρ
3
i

r

i
r
3
i
¸
,
donde ρ
i
es el vector existente entre nuestro cuerpo de inter´es m
2
y el cuerpo de masa m
i
y

r

i
es el vector entre el cuerpo de masa principal (m
1
) y el cuerpo de masa m
i
.
Entonces, la ecuaci´on que rige el movimiento de m
2
pertuurbado por la presencia de n
cuerpos se puede escribir de la forma:

¨ r = −
µ
r
3
r +
n
¸
i
∇R
i
. (14.20)
En el caso de un sat´elite artificial en torno a la Tierra las masas perturbadoras son el
Sol y la Luna. Ahora bien, las masas de estos cuerpos son notables, particularmente la del
primero, pero ha de tenerse en cuenta que la funci´ on perturbadora, adem´ as de depender
de la masa del cuerpo perturbador, depende tambi´en de la relaci´ on del cuadrado inverso
de las distancias que separan a la Tierra (y al sat´elite) de los cuerpos perturbados. Como
las distancias son muy grandes, sus cuadrados inversos son peque˜ nos, por lo que el efecto
perturbador s´ olo ser´a apreciable para sat´elites cuyas distancias a la Tierra sean muy grandes,
de varias veces el di´ ametro del planeta.
14.4.2 No esfericidad del cuerpo central
En la secci´ on 11.3.2 hab´ıamos mencionado que la forma real de los cuerpos celestes genera
una desviaci´ on con respecto a la simple ley newtoniana. La aceleraci´on que experimenta un
cuerpo de masa m
2
(considerado como una part´ıcula) alrededor de un cuerpo real de masa
m
1
est´a dada por:

¨ r = −∇V, (14.21)
donde V es llamada funci´ on potencial. La funci´ on potencial V se asume que cumple la
siguiente ecuaci´on:

2
V = 0, (14.22)
14.4. PERTURBACIONES AL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS 293
llamada ecuaci´on de Laplace.
En coordenadas esf´ericas (r, φ, λ) la anterior ecuaci´on adopta la forma:
1
r
2

∂r
(r
2
∂V
∂r
) +
1
r
2
cos φ

∂φ
(cos φ
∂V
∂φ
) +
1
r
2
cos
2
φ

2
V
∂λ
2
= 0. (14.23)
La soluci´on de ´esta ´ ultima puede escribirse como la multiplicaci´ on de tres funciones que
s´olo depender´ an por separado de una variable, as´ı:
V = R
(r)
Φ
(φ)
Λ
(λ)
.
Despu´es de un proceso, un tanto arduo, es posible demostrar que la anterior ecuaci´ on,
en t´erminos de los arm´onicos esf´ericos, puede escribirse como:
V = −
Gm
1
r

1 +

¸
n=1
n
¸
m=0
¸
R
r

n
P
nm( sen φ)
(C
nm
cos mλ +S
nm
sen mλ)

¸
, (14.24)
donde R, como antes, es el radio ecuatorial del cuerpo central, C
nm
y S
nm
son constantes
adimensionales propias para cada cuerpo llamadas coeficientes arm´onicos y P
nm( sen φ)
son
las funciones asociadas de Legendre de primera especie definidas por:
P
nm( sen φ)
= (1 − sen
2
φ)
m/2
d
m
d( sen φ)
m
P
n( sen φ)
,
siendo P
n( sen φ)
= P
n0( sen φ)
los llamados polinomios de Legendre, de los cuales damos a
continuaci´ on algunos ejemplos:
P
0( sen φ)
= 1,
P
1( sen φ)
= sen φ,
P
2( sen φ)
=
1
2
(3 sen
2
φ −1),
y se pueden obtener los dem´as mediante la f´ormula de Rodrigues:
P
n( sen φ)
=
1
2
n
n!
d
n
d( sen φ)
n
( sen
2
φ −1)
n
.
Cuando el centro de masas del cuerpo planetario se toma como el origen de coor-
denadas se obtiene C
10
= C
11
= S
11
= 0. Es usual en din´ amica de sat´elites escribir
J
n
= −C
n0
, J
nm
= −C
nm
, K
nm
= −S
nm
.
Los arm´onicos del tipo J
n
son llamados zonales, los del tipo J
nn
(n = 0) sectoriales y
los del tipo J
nm
(m = n = 0) teselares. Todos estos arm´onicos son constantes propias de
cada cuerpo central que en la pr´ actica se hallan comparando el movimiento real del sat´elite
con la teor´ıa. Por supuesto que la ecuaci´ on (14.24) representa una expresi´on matem´atica
extraordinariamente larga y complicada. En c´ alculos de alt´ısima precisi´ on de sat´elites que
giran alrededor de la Tierra se hace necesario encontrar bastantes valores de los Cs y Ss;
294 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
Coeficiente Valor Coeficiente Valor
J
2
1.0827 10
−3
J
22
−1.57 10
−6
J
3
−2.56 10
−6
K
22
0.90 10
−6
J
4
−1.58 10
−6
J
31
−2.10 10
−6
J
5
−0.15 10
−6
K
31
−0.16 10
−6
Tabla 14.1: Algunos valores de coeficientes arm´onicos para la Tierra
ver por ejemplo The Explanatory Supplement to the Astronomical Almanac donde llegan
a encontrarse valores que llegan a n = m = 36 (Seidelmann, 1992, p. 228-232). En el
caso en que no se est´en buscando predicciones milim´etricas se puede hacer uso de un hecho
afortunado que se puede ver analizando la tabla 14.1.
Como se aprecia en esta tabla, el valor de la constante J
2
= −C
20
para la Tierra es al
menos mil veces m´as grande que todos los restantes, por lo que una buena aproximaci´ on
del potencial terrestre es incluir s´ olo el t´ermino que acompa˜ na a esta constante y descartar
todos los dem´as. En tal caso, la ecuaci´on (14.24) adopta la forma (al hacer n = 2 y m = 0):
V = −
Gm
1
r
¸
1 +

R
r

2
P
20( sen φ)
C
20
¸
,
y puesto que C
20
= −J
2
y P
20( sen φ)
= P
2( sen φ)
se tiene:
V = −
Gm
1
r
¸
1 +
J
2
2

R
r

2

1 −3 sen
2
φ

¸
. (14.25)
Al reemplazar (14.25) en (14.21) obtenemos un conjunto de ecuaciones diferenciales que
pese a su simplicidad, no ha sido posible resolver de forma completamente anal´ıtica
3
. El
problema de calcular la trayectoria de un cuerpo con un potencial de la forma (14.25) es
conocido con el nombre del problema principal del sat´elite artificial. Su soluci´ on, usualmente
por aproximaciones que conducen en algunos casos a m´etodos muy ingeniosos, ha ocupado
la atenci´ on de varios astr´ onomos desde finales de los a˜ nos cincuenta. Se destacan al respecto
las teor´ıas propuestas por Brouwer y Kozai. Las expresiones matem´aticas en estas teor´ıas
que permiten calcular la posici´ on de un sat´elite con buena exactitud contienen gran cantidad
de t´erminos algebr´ aicos lo que, para el no iniciado, hace su utilizaci´ on un poco tediosa. Si se
tiene la intenci´ on de hacer predicciones con muy buena exactitud se ha de estar preparado
para manejar numerosas expresiones algebr´aicas. Como veremos m´as adelante, soluciones
muy aproximadas de estas ecuaciones ser´an consideradas en nuestros c´alculos para hallar la
posici´on del sat´elite.
3
Es posible, sin embargo, solucionar anal´ıticamente el problema si el segundo cuerpo (esf´ericamente
sim´etrico) est´a ubicado permanentemente en el ecuador, esto es, con φ = 0.
14.4. PERTURBACIONES AL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS 295
14.4.3 Perturbaci´on por rozamiento atmosf´erico
Los sat´elites artificiales de baja altura (aquellos que tienen alturas sobre la superficie terrestre
comprendidas entre los 180 y 1000 kil´ ometros) experimentan una fuerza de rozamiento F
D
originada por las capas m´as altas de la atm´ osfera. El efecto neto de la resistencia atmosf´erica
es disminuir progresivamente el semieje mayor de la ´orbita de tal forma que la trayectoria se
asemeja a una espiral por lo que el sat´elite experimenta a´ un mayor rozamiento (se desplaza
en zonas cada vez m´as densas). Eventualmente, los sat´elites colocados en ´orbitas inferiores
a los 1000 kil´ometros de altura terminar´ an sus d´ıas estrell´ andose contra la atm´osfera.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
. .
.
.
.
.
.
.
.
. .
.
.
. .
.
.
.
.
. .
.
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TIERRA
Figura 14.6: P´erdida de altura de un sat´elite por rozamiento atmosf´erico
A menos que sus dimensiones sean muy grandes (o que este recubierto de materiales
resistentes al calor) el sat´elite se vaporizar´ a por completo, pues su velocidad de impacto es
de casi 8 kil´ ometros por segundo.
Aparte de la fuerza de rozamiento el sat´elite tambien experimenta una fuerza de sustenta-
cion F
L
por estar desplaz´andose dentro de un fluido. La fuerzas de resistencia y sustentaci´ on
que experimenta un sat´elite (o un avi´ on) son de la forma:
F
D
=
1
2
ρSC
D
v
2
,
F
L
=
1
2
ρSC
L
v
2
,
donde ρ es la densidad de la atm´ osfera, v la velocidad del sat´elite con respecto a la atm´osfera,
S el ´area transversal del sat´elite y C
D
y C
L
son respectivamente los coeficientes de resisten-
cia y sustentaci´on del sat´elite (valores que dependen de la forma de ´este).
296 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
En la gran mayor´ıa de los sat´elites, el efecto de la fuerza de sustentaci´on es muy peque˜ no
comparado con el valor de la resistencia, por lo que, a menos que se deseen c´alculos de alta
precisi´ on, la fuerza de sustentaci´ on se considera despreciable. A diferencia de lo que se estu-
dia en la aerodin´ amica cl´asica, el flujo de las part´ıculas de aire que conforman la atm´ osfera
superior no es un flujo continuo a causa de las condiciones de cuasi-vac´ıo existentes all´ı lo
que hace que existan grandes valores para la trayectoria libre media de dichas part´ıculas.
Las teor´ıas predicen un valor cercano de C
D
de alrededor de 2.5. Las soluciones de las ecua-
ciones diferenciales que tienen en cuenta estas fuerzas son tambi´en bastante complicadas.
Existen trabajos cl´ asicos para resolver en principio el problema, pero la dificultad intr´ınseca
de modelar la densidad de la atm´ osfera (en principio funci´ on de la altura) ya depende de
imponderables tales como cambios en la actividad solar que hacen muy dif´ıcil predecir con
exactitud el instante de ca´ıda de un sat´elite no controlado reentrando a la atm´ osfera.
14.4.4 Perturbaci´on por presi´on de radiaci´on
La radiaci´on solar (y en menor grado, la radiaci´on del Sol reflejada por la Tierra) afecta
tambi´en el movimiento de un sat´elite, pues origina una aceleraci´ on que es particularmente
notoria en sat´elites que poseen una raz´ on A/m (´ area sobre masa) grande, esto es, para
sat´elites cuya ´ area transversal sea notoria comparada con su masa. Esta perturbaci´on tiene
el agravante de que no es continua para sat´elites de baja altura pues la fuerza perturbadora
disminuye o se anula cuando el sat´elite es eclipsado por la Tierra. La magnitud de esta
perturbaci´ on es tambi´en varios ´ordenes de magnitud m´ as peque˜ na que la perturbaci´ on por
no esfericidad de la Tierra.
14.4.5 Perturbaci´on por eyecci´on de masa
En la naturaleza se observa un fe´ nomeno caracter´ıstico de p´erdida de masa: los cometas
cerca de su perihelio pierden grandes cantidades de material a causa de la incidencia de la
radiaci´ on solar sobre la superficie de estos peque˜ nos cuerpos (ver figura 14.7). En algunos
casos se han de adoptar modelos que tengan en cuenta este sutil flujo de material el cual es
dif´ıcil de modelar dada la manera expont´ anea y completamente aleatoria con que aparecen
los “chorros” de material expulsado.
Se ha estudiado intensivamente la perturbaci´ on por eyecci´on de masa con el advenimiento
de los sat´elites artificiales. En el caso m´as general dicha perturbaci´ on es producida a voluntad
por los operadores en tierra de un sat´elite autopropulsado (esto es, con propelente en su
interior) con variados prop´ ositos. En el caso de los sat´elites geoestacionarios, donde es
conveniente asegurar continuamente que el sat´elite est´e en un sitio fijo sobre la superficie
terrestre (las perturbaciones por asimetr´ıa de la Tierra, la Luna y el Sol afectan la trayectoria
del sat´elite cuyo efecto es desplazarlo progresivamente del sitio hacia donde apuntan las
antenas de enlace), es preciso de cuando en cuando, activar los peque˜ nos motores cohete
del sat´elite para corregir de nuevo la posici´ on. Si se trata de estaciones espaciales (como la
MIR) o de sat´elites esp´ıas (que se desplazan a muy bajas ´ orbitas con el fin de obtener mejor
resoluci´ on de las fotograf´ıas) es imperioso, para evitar que en cuesti´on de d´ıas se quemen en
las capas m´as densas de la atm´osfera, estar peri´odicamente prendiendo los motores cohete
con el fin de recuperar la altura perdida y asegurar as´ı su supervivencia por alg´ un tiempo
14.4. PERTURBACIONES AL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS 297
Figura 14.7: Bruscas eyecciones de masa emanan del n´ ucleo del cometa Halley fotografiadas por la sonda
espacial Giotto
m´as. En el caso de algunos sat´elites secretos, cuando la situaci´ on lo amerita, se activan los
motores con el expreso fin de alterar la trayectoria y despistar as´ı a enemigos potenciales
que puedan rastrear y predecir la ubicaci´ on del sat´elite en el futuro.
14.4.6 Perturbaci´on por curvatura del espacio-tiempo
Al inicio del cap´ıtulo 11 se coment´o que hoy en d´ıa la teor´ıa de gravitaci´ on que utilizan los
especialistas es la teor´ıa de la relatividad general de Einstein. Por razones de simplicidad,
en muchos libros se introduce la relatividad general en mec´anica celeste no como la teor´ıa
que sirve como el fundamento de ´esta, sino m´as bien como una perturbaci´ on peque˜ na que
hay que introducir a la teor´ıa cl´ asica newtoniana. Encontrar las ecuaciones diferenciales de
movimiento de part´ıculas autogravitantes a partir de las ecuaciones de campo de Einstein
no es una labor sencilla. De hecho, esto requiere introducir una serie de aproximaciones,
algunas sustentadas en argumentos de dudosa validez. Todas estas dificultades pueden de
alg´ un modo ser sobrellevadas si se recurre a procedimientos de aproximaci´ on convenientes.
La t´ecnica usual consiste en restringir el movimiento de las part´ıculas bajo las siguientes
consideraciones:
- El campo gravitacional por estudiar debe ser “d´ebil”, i.e., V/c
2
10
−6
, siendo V el
potencial newtoniano y c la velocidad de la luz.
- El movimiento de la part´ıculas que generan el campo es “lento”, i.e., (
v
c
)
2
10
−7
, v es
la velocidad con respecto al centro de masas del sistema solar.
298 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
- Las part´ıculas que generan el campo se ven sometidas a “peque˜ nas” tensiones y energ´ıas
internas.
Estas aproximaciones, conocidas en su conjunto como el l´ımite post-newtoniano, son lo
suficientemente exactas como para contemplar en el sistema solar todas las pruebas de
validez que se puedan dise˜ nar en un futuro previsible. Con ello, el an´ alisis de los experimen-
tos llevados a cabo en el sistema solar usando una teor´ıa m´etrica de la gravedad (como lo es
la relatividad general) puede ser bastante simplificado, sin p´erdida razonable de exactitud,
por una expansi´ on simult´ anea en los peque˜ nos par´ ametros, digamos V y (
v
c
)
2
. Tal expan-
si´ on del campo d´ebil y movimiento lento da lugar a los siguientes t´erminos de una serie: 1)
un espacio-tiempo vac´ıo al “orden cero”; 2) el tratamiento newtoniano del sistema solar al
“primer orden”; 3) correcciones post-newtonianas del tratamiento newtoniano al “segundo
orden” y as´ı sucesivamente.
El formalismo de la teor´ıa newtoniana m´ as las correcciones post-newtonianas es llamado
la “aproximaci´ on post-newtoniana”.
La aproximaci´ on post-newtoniana cubre el sistema por analizar con coordenadas (t, x
j
) ≡
(t, x
j
) que son lo m´ as globalmente lorentzianas que sea posible:
g
µν
= η
µν
+h
µν
, (14.26)
donde g
µν
es el denominado tensor m´etrico, η
µν
la m´etrica de Minkowski y h
µν
es la m´etrica
que expresa la desviaci´ on del espacio vac´ıo con las propiedades:
lim
r→∞
h
µν
= 0, lim
c→∞
h
µν
= 0. (14.27)
La expresi´on hace ver que la aproximaci´ on post-newtoniana no es otra cosa que una
teor´ıa linealizada de la gravedad. Las coordenadas constituyen una separaci´ on natural del
espacio-tiempo en espacio m´as tiempo. Esta separaci´on se trata de manera conveniente
usando la notaci´ on del an´ alisis vectorial tridimensional del espacio plano —aun cuando el
espacio-tiempo es curvo—. No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta que al final
el formalismo de la aproximaci´ on post-newtoniana se parece m´as a la teor´ıa newtoniana que
a la teor´ıa de la relatividad general.
Con todo, y despu´es de una labor monumental de ´algebra, es posible llegar a la ecuaci´on
vectorial relativa del problema de los dos cuerpos post-newtoniano:

¨ r = −
µ
r
3
r
+
µ
c
2
r
3
¸
µ(4 + 2σ)
r
−(

˙ r)
2
(3σ + 1) +

2r
2
(r.

˙ r)
2

r + (4 −2σ)(r.

˙ r)

˙ r

, (14.28)
con σ = m
1
m
2
/(m
1
+m
2
)
2
.
De la misma manera la aproximaci´ on post-newtoniana permite obtener las ecuaciones
del problema de los n cuerpos conocidas con el nombre de ecuaciones EIH, en honor de los
14.4. PERTURBACIONES AL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS 299
cient´ıficos que ayudaron a su obtenci´ on: Einstein, Infeld y Hoffman. Estas ecuaciones EIH
son las que se integraron num´ericamente para obtener las efem´erides del sistema solar por
medio de la integraci´ on num´erica DE200/LE200.
En la vasta bibliograf´ıa que existe con relaci´ on a las “correcciones que ejerce la relatividad
general a la mec´anica newtoniana” y espec´ıficamente, en el caso del problema de “un cuerpo”,
esto es, una part´ıcula de masa infinitesimal (que no genera curvatura espacio temporal)
alrededor de una masa de dimensiones apreciables, es casi exclusivamente expuesto el c´elebre
corrimiento de la l´ınea de las ´ apsides, o, lo que es lo mismo, el incremento secular del
argumento de latitud del pericentro (ver figura 14.8). Este extra˜ no corrimiento hab´ıa sido
detectado a mediados del siglo XIX en el planeta Mercurio (descontando las perturbaciones
planetarias que contribuyen en algo a este movimiento), pero quedaba un ligero residuo
sin explicaci´ on satisfactoria aun cuando se propusieron toda clase de hip´ otesis imaginables,
como la existencia de un planeta a´ un no descubierto m´ as cercano al Sol que Mercurio (ver
Hagihara, 1971, p. 234). El residuo fue explicado por Einstein en 1915, utilizando la teor´ıa
de la relatividad general. De acuerdo con esta teor´ıa, por cada revoluci´on, el corrimiento de
la l´ınea de las ´apsides tiene por magnitud:
∆ω =
24π
3
a
2
T
2
c
2
(1 −e
2
)
, (14.29)
donde a es el semieje mayor, T el per´ıodo orbital, e la excentricidad y c la velocidad de la
luz.
Figura 14.8: Corrimiento de la l´ınea de las ´apsides
Ejemplo 1
Calcular la magnitud del corrimiento de la l´ınea de las ´apsides en el caso del planeta
Mercurio. Calcular el efecto acumulado en un siglo.
Soluci´on
En el caso de Mercurio: a = 0.38 u.a.= 56 850 000 km, e = 0.2, T = 88 d´ıas = 7 603 200
segundos. Entonces:
300 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
∆ω =
24 3.1416
3
56 850 000
2
7 603 200
2
300 000
2
(1 −0.2
2
)
= 4.82 10
−7
,
por lo tanto, por cada revoluci´on hay un desplazamiento de 4.82 10
−7
radianes, o, al
multiplicar por 180/π: 2.76 10
−5
grados, que equivalen a 0.102

. Mercurio realiza una
revoluci´ on en torno al Sol cada 88 d´ıas, esto es, en un a˜ no terrestre alcanza a realizar 4.15
revoluciones, por lo que en un siglo completa 415. Entonces en un siglo la l´ınea de las ´apsides
alcanza a desplazarse unos 0.102

415 = 42.3

.
Menos conocida es la presencia de dos perturbaciones adicionales en el semieje mayor
a y la excentricidad e, estrictamente peri´ odicas (con per´ıodo T). En el caso de Mercurio
se calcula una perturbaci´ on al semieje mayor con una una amplitud que alcanza 9.4 km.
Para la Tierra es del orden de 690 metros. La amplitud en la excentricidad es igualmente
peque˜ na. En el caso de Mercurio alcanza 1.8 10
−7
(ver Richardson & Kelly, 1988).
Los efectos por curvatura espacial son, en el sistema solar, muy peque˜ nos aunque detecta-
bles y medibles. Ello se debe a la relativamente poca masa del Sol (y a´ un m´ as de los objetos
que giran en torno a ´el) y a las distancias bastante grandes entre estos mismos objetos.
Pero las modernas t´ecnicas astron´omicas han permitido detectar los efectos amplificados
por curvatura del espacio de cuerpos celestes que generan fuertes campos gravitacionales,
tales como los que hay en torno a las estrellas de neutrones. El m´as famoso de tales ob-
jetos, que ha sido estudiado por m´ as de 25 a˜ nos, es el pulsar binario PSR 1913+16 (ver
Taylor & Weisberg, 1989). Captando las se˜ nales que genera el pulsar (estrella neutr´ onica)
con un radiotelescopio adecuado se obtiene un patr´ on an´omalo cuya ´ unica explicaci´ on es
suponer que ´este pulsar gira en torno de otro objeto compacto, probablemente otra estrella
neutr´ onica, integrando entonces un pulsar binario. Ambos objetos poseen masas de 2.8M

y 1.4M

y est´an separados por tan s´olo 700 000 km lo que hace que completen un per´ıodo
orbital alrededor de su centro de masas en casi ocho horas. Las caracter´ısticas particulares
de este objeto han constituido un sorprendente respaldo a la teor´ıa de la relatividad general,
pues el movimiento del pulsar que se ha registrado desde su descubrimiento es imposible de
reconciliar con s´olo aplicar la simple teor´ıa newtoniana. Se ha medido un corrimiento de la
l´ınea de las ´apsides (no predicho por la mec´ anica cl´ asica) tan notable que llega a alcanzar
los 4.2
o
por a˜ no. Incluso, se ha logrado medir el decaimiento del semieje mayor por emisi´on
de radiaci´ on gravitacional, un fen´ omeno predicho por la teor´ıa de la relatividad general,
indetectable en el sistema solar con los actuales m´etodos de medici´ on pero relativamente
f´acil de medir en objetos compactos.
14.4.7 El efecto Poynting-Robertson
Este efecto se debe a la reemisi´on de ondas electromagn´eticas sobre la superficie de un
cuerpo opaco, como por ejemplo un sat´elite artificial. Parte de la luz que incide sobre la
superficie del sat´elite es absorbida pero luego es reemitida isotr´ opicamente en su propio
marco de referencia. Puesto que el sat´elite est´ a en movimiento con respecto a un observador
(ubicado en otro marco de referencia), entonces ´este observa un corrimiento Doppler en la
luz reemitida. La luz que se emite en la direcci´ on del movimiento se corre hacia el azul,
14.4. PERTURBACIONES AL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS 301
mientras que la luz emitida en la direcci´ on opuesta se corre hacia el rojo. Pero, puesto
que m´ as energ´ıa y momentum est´a siendo extraidos del sat´elite por la luz que est´ a siendo
desplazada hacia el azul que hacia el rojo, el sat´elite siente una fuerza de reacci´ on opuesta
a la direcci´ on de su movimiento. Es esta fuerza la que produce una especie de fuerza de
resistencia. Esta fuerza para los sat´elites artificiales terrestres es muy peque˜ na, pero puede
ser significativa para cuerpos muy cercanos a la fuente de radiaci´on y con ´areas bastante
grandes.
14.4.8 El efecto Yarkovsky
La radiaci´on que proviene de un cuerpo radiante (una estrella) calienta la superficie de un
cuerpo opaco en rotaci´on. Las ´areas sobre la superficie del cuerpo opaco son continuamente
llevadas desde el lado sombreado a la luz que llega de la estrella y por lo tanto dichas ´ areas
se calientan. Pero, a causa de la inercia t´ermica, existe un retardo en el calentamiento; as´ı
que la parte m´ as caliente es el lado de la “tarde” y no el sitio donde es mediod´ıa. Esto ocurre
en la Tierra, donde la tarde es la parte m´ as caliente del d´ıa en lugar de ser el mediod´ıa.
Este calentamiento asim´etrico hace que los fotones que se reflejan de la parte m´ as caliente
del cuerpo lleven m´ as momentum que de aquellas zonas fr´ıas. Esta diferencia de momentum
produce una fuerza cuya direcci´ on forma un ´angulo con la direcci´ on estrella-objeto. Esta
fuerza extra perturba la trayectoria. El efecto Yarkovsky es de peque˜ na intensidad, pero
puede llegar a ser de alguna importancia para objetos ubicados cerca del cuerpo radiante,
esto es, donde las temperaturas son notorias. Recientemente se ha estudiado la importancia
del efecto Yarkovsky en la evoluci´ on de trayectorias de asteroides del cintur´ on principal entre
Marte y J´ upiter para explicar la presencia de asteroides cercanos a la Tierra, ver por ejemplo
Farinella & Vokrouhlick´ y (1999).
14.4.9 Resistencia por part´ıculas cargadas
Un sat´elite, al desplazarse a trav´es de las capas altas de la atm´osfera, choca con part´ıculas
cargadas que hacen que de la superficie del sat´elite salgan eyectados electrones y esto, con
el tiempo, har´a que el mismo sat´elite adquiera carga. Por lo tanto, el sat´elite interactua
electromagn´eticamente con las part´ıculas cargadas en su vecindad y por lo tanto pierde
momentum, de ah´ı el origen de una fuerza de resistencia. Como antes, esta fuerza es de
magnitud peque˜ na pero al parecer es la responsable del decaimiento en semieje mayor de
algunos sat´elites geod´esicos.
NOTA: Recientemente (Anderson et al., 1998) se ha reportado una anomal´ıa en las
aceleraciones medidas de algunas naves exploradoras de los planetas exteriores (Pionero 10 y
11, Galileo y Ulises) con las cuales todav´ıa se mantiene contacto. Teniendo en cuenta diversos
tipos de perturbaciones no se logra explicar una aceleraci´ on an´omala con una magnitud de
8.510
−8
cm/s
2
dirigida hacia el Sol. Es un problema abierto que a´ un no tiene explicaci´ on.
¿Manifestaci´ on de una nueva f´ısica? Es posible.
302 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
14.5 Resolviendo las ecuaciones
Existen dos “filosof´ıas”, o mejor dos acercamientos al problema de resolver las ecuaciones
diferenciales. Ellas son: la integraci´on num´erica y los m´etodos “anal´ıticos” que descansan
en la teor´ıa de perturbaciones.
14.5.1 La integraci´ on num´erica
En la era de las computadoras superveloces y software sofisticado al alcance de cualquiera,
el enfrentarse con ecuaciones diferenciales complicadas no encierra ya ning´ un problema:
simplemente se integran a lo burdo, o mejor, ulilizando el t´ermino t´ecnico: se integran
num´ericamente. Se utilizan t´ecnicas num´ericas y aproximativas que consisten en realizar
millones de sumas y multiplicaciones sencillas y encadenadas cuyo resultado final puede ser
una secuencia de componentes de vectores posici´on o velocidad para el tiempo requerido.
Es una “soluci´ on” que satisface a aquellos que tengan esp´ıritu pr´ actico y deseen resultados
“inmediatos” y precisos. Algunas ecuaciones diferenciales o sistemas de ecuaciones son tan
complicadas que usar la integraci´ on num´erica es la ´ unica salida. La gran ventaja de la inte-
graci´on num´erica es que no importa qu´e tan complicadas sean las ecuaciones diferenciales,
siempre es posible, teniendo cuidado con los detalles propios de esta clase de c´ alculos, en
principio, obtener la soluci´ on para una secuencia de tiempos dados. Ello en la pr´ actica
significa que se puede incluir, tanto como se desee, cualquier fuerza perturbativa, siempre
y cuando sea representada como una funci´ on de las variables utilizadas (generalmente las
componentes de los vectores posici´on y velocidad).
La integraci´on num´erica tiene, sin embargo, varias desventajas: con su uso se renuncia a
conocer los rasgos, aun los m´as generales, del movimiento de dicho sistema; caracter´ısticas
propias que permitan generalizar el comportamiento din´ amico del sistema son dif´ıciles de
determinar viendo s´ olo secuencias de n´ umeros. Su puesta a punto tampoco deja de generar
dificultades: no es raro que aparezcan problemas de convergencia y de elecci´ on del paso
de integraci´ on. El problema del manejo de cifras significativas y el crecimiento de error
por redondeo de las mismas son un dolor de cabeza. En ecuaciones diferenciales altamente
no lineales (como en las de la mec´anica celeste) y bajo determinadas situaciones, apare-
cen fen´omenos ca´oticos cuya consecuencia inmediata es la p´erdida de informaci´ on din´ amica
confiable a causa de la dependencia del resultado final de infinitesimales cambios en las
condiciones iniciales, etc.
Pese a esto, los astr´onomos han optado por utilizar poderosas computadoras para re-
solver num´ericamente las ecuaciones diferenciales que rigen el movimiento de los planetas
en el sistema solar. Actualmente, y como hab´ıamos comentado en la secci´on 7.10.3, las
efem´erides de los planetas, la Luna y el Sol son el resultado de una integraci´ on num´erica
conocida como DE200/LE200 realizada por el Laboratorio de Propulsi´on a Chorro de la
NASA.
14.5. RESOLVIENDO LAS ECUACIONES 303
Por otro lado, los estudios de estabilidad del sistema solar, migraci´on planetaria, origen de
meteoritos, etc., suelen descansar en heroicas sesiones de integraciones num´ericas que suelen
durar d´ıas y hasta meses en algunos casos, a pesar de contar con computadoras muy veloces.
En los libros cl´ asicos de mec´anica celeste se acostumbra designar a los m´etodos de in-
tegraci´on num´erica como “perturbaciones especiales”. Son conocidos los m´etodos de in-
tegraci´on de Cowell y de Encke y fueron usados, aunque no extensivamente, por algunos
investigadores, aun antes de la aparici´ on de las computadoras.
Un c´odigo especialmente dise˜ nado para abordar problemas de mec´anica celeste se en-
cuentra en Everhart (1985). Otro c´ odigo eficiente basado en el m´etodo de B¨ urlish-Stoer
puede encontrarse en Press, et al., (1995), p. 718.
14.5.2 Teor´ıa de perturbaciones
En la ´epoca anterior a los grandes avances computacionales al astr´onomo no le quedaba m´ as
remedio que intentar resolver las ecuaciones diferenciales de movimiento como mejor se pu-
diese. A´ un hoy existen muchos investigadores que, vali´endose de las mismas computadoras,
utilizan m´etodos aproximativos con el fin de resolverlas de forma “analitica”. Ello encierra
varios atractivos: por un lado se busca hallar, si es posible, rasgos generales del movimien-
to de dicho sistema, tipos o familias de trayectorias que puedan ser descritas a trav´es de
alguna propiedad. La necesidad de encontrar estos rasgos es, fundamentalmente, de orden
acad´emico: el investigador busca ir de lo particular a lo general. Encontrar propiedades in-
herentes de cierto tipo de ecuaciones diferenciales puede dar luz sobre t´ opicos tan complejos
como estabilidad de sistemas gravitacionales.
Otra gran ventaja de tener a la mano una soluci´ on anal´ıtica es que la obtenci´ on del
vector posici´on, para un tiempo t cualquiera, est´ a r´apidamente al alcance de la mano. Con
computadoras la soluci´ on es inmediata bien sea para t al cabo de un d´ıa, o para centenares
de a˜ nos en el futuro; el c´ alculo demora igual. Problemas de redondeo, elecci´on de paso de
integraci´ on no aparecen ni de pasada.
Ahora la gran desventaja: los intentos de soluci´on anal´ıticos de las ecuaciones diferen-
ciales por m´etodos perturbativos conllevan el uso de expansiones en series de potencias. Ello
obliga al astr´ onomo a utilizar t´ecnicas algebr´aicas y trigonom´etricas para ir obteniendo las
soluciones que usualmente son enormes polinomios. Al final, el astr´onomo est´a conminado
a trabajar con secuencias de centenares e incluso miles de t´erminos num´ericos con el fin
de hacer un uso apropiado de ellos para el c´ alculo del movimiento de los planetas, la Luna
y el Sol. No es de extra˜ nar que este proceso, antes de la aparici´ on de las computadoras
electr´ onicas, tomara a˜ nos enteros en realizarse. Como caso cl´asico consid´erese el trabajo
del astr´ onomo franc´es Charles-Eugene Delaunay, quien a mediados del siglo XIX intent´o
resolver el problema del movimiento de la Luna mediante una t´ecnica aproximativa —muy
ingeniosa, por cierto—. Trabajando s´olo, Delaunay tard´ o aproximadamente 20 a˜ nos en re-
solver y verificar los gigantescos t´erminos que son necesarios para obtener la posici´on de la
304 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
Luna con una exactitud razonable. Lo sorprendente de este logro es aun m´ as memorable
cuando se pudo, m´ as de cien a˜ nos despu´es de la muerte de Delaunay, utilizando programas
computacionales llamados “manipuladores de t´erminos algebr´ aicos”, repetir su trabajo en
1970 y comprobar que Delaunay s´ olo cometi´o tres ligeros errores en t´erminos con contribu-
ciones pr´ acticamente despreciables. La computadora tard´o s´olo 20 horas en reproducir el
trabajo entero. Teor´ıas anal´ıticas del movimiento de los planetas y de la Luna han sido
desarrolladas recientemente por astr´onomos franceses. Sobresalen, para el movimiento de
los planetas, la teor´ıa VSOP 82 (ver Bretagnon, 1982). Para el movimiento de la Luna
est´an las teor´ıas de la serie ELP2000 desarrolladas por Chapront-Touz´e y Chapront, sobre
las cuales se han desarrollado tablas y programas de f´ acil adquisici´ on (ver Chapront-Touz´e
& Chapront, 1991).
La teor´ıa de perturbaciones es una t´ecnica muy ingeniosa que descansa en la soluci´ on del
problema de los dos cuerpos. La idea b´asica es describir el movimiento de un cuerpo (que
se mueve en una trayectoria que no es una elipse) mediante una ecuaci´ on del tipo (14.1) y
obligarlo a cada momento, en cada punto de su trayectoria, a que describa una elipse, ver
figura 14.10. Por supuesto, ello resultar´ a en que cada punto de la trayectoria la elipse estar´ a
cambiando. Si de alguna manera se logra describir c´ omo est´an cambiando en el tiempo los
par´ ametros que definen la geometr´ıa y la orientaci´ on de la ´ orbita en el espacio (los elementos
orbitales) estonces el problema se resuelve hallando, para cada tiempo, los valores de dichos
par´ ametros. Habiendo hallado la dependencia temporal de cada elemento, se aplican los
resultados del problema de los dos cuerpos para hallar el vector posici´on.
El matem´atico suizo Leonhard Euler, desarroll´ o, junto con el matem´atico franc´es Joseph-
Louis Lagrange, el m´etodo de variaci´on de par´ametros, el cual consiste en expresar una per-
turbaci´ on al problema de los dos cuerpos como un sistema en donde hay que resolver seis
ecuaciones diferenciales de primer orden, esto es, en lugar de encontrar c´omo resolver tres
ecuaciones diferenciales de segundo orden que nos permitir´ıan encontrar en el tiempo los
vectores posici´on y velocidad de acuerdo con (14.1), m´as bien encontrar la variaci´on tempo-
ral de los elementos orbitales, esto es, resolver un sistema de seis ecuaciones diferenciales de
primer orden.
Conocidos en un instante dado los valores de los elementos orbitales se procede a utilizar
la soluci´ on de los dos cuerpos para determinar la posici´on del cuerpo de nuestro inter´es.
La elipse kepleriana ¦a, e, i, Ω, ω, t
0
¦ que corresponde a la posici´ on r y velocidad

˙ r de una
part´ıcula en un tiempo dado se conoce con el nombre de ´ orbita instant´ anea u osculatriz. Si
la funci´ on a
p
no es nula, la elipse kepleriana estar´ a cambiando continuamente. Pero, si la
magnitud de la aceleraci´ on perturbativa es peque˜ na, como es el caso de muchos sistemas
de inter´es en astronom´ıa, es de esperarse que los elementos orbitales de la elipse cambien
muy poco, por lo que la elipse constituye un “sistema de coordenadas” conveniente para
representar la posici´on y la velocidad de la part´ıcula. El asunto es convertir las ecuaciones
de movimiento de coordenadas rect´ angulares a “coordenadas” el´ıpticas keplerianas, esto es,
los elementos.
El conjunto de seis ecuaciones diferenciales que dan cuenta de la variaci´ on de los elemen-
tos orbitales en el tiempo puede encontrarse de la siguiente forma.
14.5. RESOLVIENDO LAS ECUACIONES 305
Figura 14.9: Leonhard Euler (1707-1783) y Joseph-Louis Lagrange (1736-1813)
El vector posici´on r es funci´ on del tiempo t y de cada uno de los elementos orbitales (a,
e, i, Ω, ω M
r
). Entonces la derivada total con respecto al tiempo del vector posici´on es:
dr
dt
=
∂r
∂t
dt
dt
+
∂r
∂a
da
dt
+
∂r
∂e
de
dt
+
∂r
∂i
di
dt
+
∂r
∂Ω
dΩ
dt
+
∂r
∂ω

dt
+
∂r
∂M
r
dM
r
dt
.
Por comodidad, representaremos en su conjunto a los elementos orbitales como c
k
donde
k = 1, , 6.
Entonces la anterior ecuaci´on se convierte en:
dr
dt
=
∂r
∂t
+
6
¸
k=1
∂r
∂c
k
dc
k
dt
.
En cada punto de la trayectoria se exige que exista una elipse instant´ anea (la elipse
osculadora) por lo que:
dr
dt
=
∂r
∂t
, (14.30)
entonces en la anterior ecuaci´on se ha de cumplir:
6
¸
k=1
∂r
∂c
k
dc
k
dt
= 0, (14.31)
que llamaremos la primera condici´ on de osculaci´on.
306 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
ELIPSE INSTANTANEA
P
Figura 14.10: Elipse instant´anea (osculadora) en un punto P
Al tomar una nueva derivada total con respecto al tiempo de (14.30) se obtiene (el vector
velocidad es de nuevo funci´ on del tiempo y de los elementos orbitales):
d
dt

dr
dt

=
∂(
∂r
∂t
)
∂t
dt
dt
+
6
¸
k=1
∂(
dr
dt
)
∂c
k
dc
k
dt
,
o, lo que es lo mismo:
d
2
r
dt
2
=

2
r
∂t
2
+
6
¸
k=1

˙ r
∂c
k
dc
k
dt
.
Pero la perturbaci´ on al problema de los dos cuerpos puede estar dada por la ecuaci´on
(14.18) por lo que:

µ
r
3
r +∇R =

2
r
∂t
2
+
6
¸
k=1

˙ r
∂c
k
dc
k
dt
,
donde µ = G(m
1
+m
2
).
En la ´orbita osculadora en cada punto de la trayectoria se ha de cumplir:

2
r
∂t
2
+
µ
r
3
r = 0,
esto es, la ecuaci´on del problema de los dos cuerpos (ver ecuaci´on (12.26)). Entonces tenemos
nuestra segunda condici´ on de osculaci´on:
6
¸
k=1

˙ r
∂c
k
dc
k
dt
= ∇R. (14.32)
Las ecuaciones (14.31) y (14.32) contienen lo que estamos buscando, esto es, las primeras
derivadas de los elementos en funci´ on del tiempo. Pero conviene relacionar ambas y con-
densarlas en una s´ ola ecuaci´on. Para ello multiplicamos primero la ecuaci´ on (14.31) por
14.5. RESOLVIENDO LAS ECUACIONES 307

˙ r
∂cj
(donde c
j
= 1, , 6) y la ecuaci´on (14.32) por
∂r
∂cj
y restar una de la otra. Con ello
tenemos:
6
¸
k=1
¸
∂r
∂c
j

˙ r
∂c
k

∂r
∂c
k

˙ r
∂c
j
¸
dc
k
dt
= ∇R
∂r
∂c
j
, c
j
= 1, , 6.
Pero, puesto que
∇R
∂r
∂c
j
=
∂R
∂x
∂x
∂c
j
+
∂R
∂y
∂y
∂c
j
+
∂R
∂z
∂z
∂c
j
=
∂R
∂c
j
,
entonces:
6
¸
k=1
¸
∂r
∂c
j

˙ r
∂c
k

∂r
∂c
k

˙ r
∂c
j
¸
dc
k
dt
=
∂R
∂c
j
, c
j
= 1, , 6,
o de una forma m´ as compacta:
6
¸
k=1
[c
j
, c
k
]
dc
k
dt
=
∂R
∂c
j
, c
j
= 1, , 6, (14.33)
donde el s´ımbolo [c
j
, c
k
] representa los par´entesis de Lagrange definidos por:
[c
j
, c
k
] =
¸
∂r
∂c
j

˙ r
∂c
k

∂r
∂c
k

˙ r
∂c
j
¸
. (14.34)
Expl´ıcitamente los par´entesis de Lagrange tienen como expresi´on:
¸
∂r
∂c
j

˙ r
∂c
k

∂r
∂c
k

˙ r
∂c
j
¸
=
∂x
∂c
j
∂ ˙ x
∂c
k

∂x
∂c
k
∂ ˙ x
∂c
j
+
∂y
∂c
j
∂ ˙ y
∂c
k

∂y
∂c
k
∂ ˙ y
∂c
j
+
∂z
∂c
j
∂ ˙ z
∂c
k

∂z
∂c
k
∂ ˙ z
∂c
j
.
Se puede demostrar que los par´entesis de Lagrange son independientes expl´ıcitamente
del tiempo por lo que las derivadas anteriores se pueden realizar en cualquier punto de la
trayectoria. Por lo general su evaluaci´on se hace en el pericentro.
Las ecuaciones de movimiento son, de acuerdo con (14.33):
[c
1
, c
1
]
dc
1
dt
+ [c
1
, c
2
]
dc
2
dt
+ + [c
1
, c
6
]
dc
6
dt
=
∂R
∂c
1
,
[c
2
, c
1
]
dc
1
dt
+ [c
2
, c
2
]
dc
2
dt
+ + [c
2
, c
6
]
dc
6
dt
=
∂R
∂c
2
, (14.35)
.
.
.
[c
6
, c
1
]
dc
1
dt
+ [c
6
, c
2
]
dc
2
dt
+ + [c
6
, c
6
]
dc
6
dt
=
∂R
∂c
6
.
308 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
N´otese que se necesita calcular 36 par´entesis, pero, por su definici´on y simetr´ıa algunos
son o bien nulos ([c
i
, c
i
] = 0) o trivialmente calculables ([c
i
, c
k
] = −[c
k
, c
i
]).
La descripci´on del desarrollo de c´omo evaluar los par´entesis de Lagrange est´a m´ as all´ a del
prop´ osito de este libro. Los detalles pueden encontrarse en los libros de Brouwer & Clemence
(1961), Taff (1985) y Smart (1960). Se encuentra que s´olo doce de ellos son distintos de
cero:
[Ω, i] = −[i, Ω] = −na
2

1 −e
2
sen i,
[Ω, a] = −[a, Ω] =

1 −e
2
cos ina
2
,
[Ω, e] = −[e, Ω] = −
na
2
e cos i

1 −e
2
,
[ω, a] = −[a, ω] =

1 −e
2
na
2
, (14.36)
[ω, e] = −[e, ω] = −
na
2
e

1 −e
2
,
[a, M
r
] = −[M
r
, a] = −
na
2
.
Estos par´entesis son reemplazados en las ecuaciones (14.35) por lo que se tienen seis ecua-
ciones con seis incognitas donde estas ´ ultimas son las derivades temporales de cada elemento.
Realizando el despeje correspondiente obtenemos las llamadas ecuaciones de Lagrange
de la mec´ anica celeste, que son:
da
dt
=
2
na
∂R
∂M
r
,
de
dt
=
1 −e
2
na
2
e
∂R
∂M
r


1 −e
2
na
2
e
∂R
∂ω
,
di
dt
=
cot i
na
2

1 −e
2
∂R
∂ω

csc i
na
2

1 −e
2
∂R
∂Ω
, (14.37)
dΩ
dt
=
csc i
na
2

1 −e
2
∂R
∂i
,

dt
= −
cot i
na
2

1 −e
2
∂R
∂i
+

1 −e
2
na
2
e
∂R
∂e
,
dM
r
dt
= −
1 −e
2
na
2
e
∂R
∂e

2
na
∂R
∂a
.
El lado derecho de las anteriores ecuaciones que contiene derivadas parciales de la funci´ on
R con respecto a los elementos, es hallado expandiendo dicha funci´ on en series de potencias
no solamente de las masas de los planetas perturbadores (en el caso de estar trabajando la
teor´ıa planetaria) sino tambi´en en potencias de las excentricidades y de las inclinaciones, lo
14.5. RESOLVIENDO LAS ECUACIONES 309
que es adecuado en el sistema solar si se tiene en cuenta las peque˜ nas masas de los planetas
comparadas con el Sol y los exiguos valores de excentricidad e inclinaci´on de los mismos. En
general, siempre es posible escribir a R como una suma (en principio infinita) de t´erminos
trigonom´etricos que contienen a los elementos orbitales angulares (Ω, ω, M
r
) como argu-
mentos.
Designemos a cualquiera de los elementos orbitales con c. Al haber expandido en t´erminos
de los elementos orbitales la funci´ on R podemos representar cada una de las ecuaciones
(14.37) de la forma:
dc
dt
= ν
¸
k1k2
a
k1k2
cos(k
1
L
1
+k
2
L
2
+g), (14.38)
donde
L
1
= n
1
t +
1
, L
2
= n
2
t +
2
,
son las longitudes medias. La constante ν es del orden de la masa perturbadora, k
1
y k
2
son enteros positivos o negativos (incluyendo el cero) y la sumatoria se extiende sobre todas
las combinaciones de k
1
y k
2
, desde −∞ a +∞. Las cantidades a
k1k2
, g, n
1
, n
2
,
1
,
2
son
funciones de los elementos y n
1
, n
2
son los movimientos medios. Obviamente, los elementos
cuya variaci´ on buscamos est´an contenidos en el miembro del lado derecho de (14.38). Pero,
puesto que la variaci´ on es peque˜ na (debido al coeficiente ν) consideramos los elementos en
la lado derecho como constantes y procedemos a integrar las ecuaciones con respecto a t, las
cuales dan, gen´ericamente:
c =
¸
k1k2
a
k1k2
k
1
n
1
+k
2
n
2
sen (k
1
L
1
+k
2
L
2
+g) + constante. (14.39)
Este procedimiento, llevado hasta ac´ a, se conoce con el nombre de perturbaci´on al primer
orden.
Obs´ervese que el m´etodo de integraci´on falla cuando alguno de los t´erminos cumple
k
1
n
1
+ k
2
n
2
= 0. En tal caso se dice que el t´ermino es cr´ıtico. Pero n´ otese que esto s´olo
aparece cuando la divisi´ on
n1
n2
es igual o muy cercana a la relaci´on de dos m´ ultiplos enteros.
Aquellos t´erminos para los cuales k
1
= k
2
= 0 son llamados seculares. Como puede
verificarse f´ acilmente, estos t´erminos aparecen teniendo t como coeficiente. Ahora bien, la
suma k
1
n
1
+k
2
n
2
puede hacerse tan peque˜ na como queramos (recu´erdese que los k
1
y k
2
son
n´ umeros positivos o negativos) si hacemos k
1
y k
2
lo suficientemente grandes. Esto conlleva
a que algunos t´erminos de (14.39) que tienen a k
1
n
1
+ k
2
n
2
en el denominador se har´an
grandes. El per´ıodo de de este t´ermino trigonom´etrico es entonces:

k
1
n
1
+k
2
n
2
.
Estos t´erminos se llaman entonces de largo per´ıodo. Aquellos t´erminos para los cuales
k
1
n
1
+k
2
n
2
son grandes, se llaman consecuentemente, de corto per´ıodo.
310 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
Figura 14.11: Henri Poincar´e (1854-1912)
Este m´etodo, aplicado al movimiento de los planetas, implica un desarrollo algebr´ aico in-
creiblemente extenuante. Sin embargo, fue pr´ acticamente el ´ unico que se us´ o para el c´alculo
de las perturbaciones planetarias hasta mediados del siglo XIX.
Desde un punto de vista formal, es deseable que las series que se obtienen aplicando ´este
m´etodo sean convergentes. Sin embargo, Henri Poincar´e logr´o probar que dichas series no son
uniformemente convergentes, por lo que no pueden representar una soluci´ on real al problema,
aunque pueden representar una soluci´ on aproximada y dar cuenta de las observaciones que
han de usarse s´olo dentro de un per´ıodo de tiempo limitado.
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Anderson, J. D. et al. (1998) Indication, from Pioneer 10/11, Galileo, and Ulyses Data, of
an Apparent Anomalous, Weak, Long-Range Acceleration, Physical Review Letters, Vol. 81,
No. 14, p. 2858.
Art´ıculo t´ecnico que pone de manifiesto el problema de la aceleraci´on min´ uscula de varias
naves espaciales no explicada a´ un apelando a toda clase de perturbaciones conocidas.
• Bretagnon, P. (1982) Theorie du mouvement de l’ensemble des planetes. Solution VSOP82,
Astronomy & Astrophysics, Vol. 144, p. 278.
Art´ıculo t´ecnico que describe una t´ecnica aproximativa de integracion anal´ıtica basada en
las ecuaciones planetarias de Lagrange para obtener expresiones que permiten calcular las
posiciones de los planetas del sistema solar salvo Plut´ on.
14.5. RESOLVIENDO LAS ECUACIONES 311
• Brouwer D. (1959) Solution of the Problem of Artificial Satellite Theory without Drag, Astro-
nomical Journal, Vol. 64, p. 378.
C´elebre art´ıculo que describe la soluci´ on aproximada de las ecuaciones diferenciales de movimien-
to de un sat´elite artificial perturbado por varios arm´ onicos zonales.
• Brouwer, D., Clemence, G. (1961) Methods of Celestial Mechanics, Academic Press, New
York.
Referencia obligada para aquellos que deseen conocer las t´ecnicas de perturbaci´ on m´ as amplia-
mente utilizadas en mec´ anica celeste hasta mediados del siglo XX.
• Brown, E. (1960) An Introductory Treatise On the Lunar Theory, Dover Pu. Inc., New York.
Referencia cl´asica sobre las teor´ıas del movimiento lunar. Escrito a finales del siglo XIX, es
una descripci´ on muy t´ecnica y altamente autorizada, en part´ıcular del m´etodo de Hill-Brown,
que fue la base de las efem´erides lunares por una buena porci´on del siglo XX.
• Brumberg, V. A. (1991) Essential Relativistic Celestial Mechanics, Adam Hilger, Bristol.
Libro clave para comprender lo fundamental de la mec´anica celeste sustentada en la teor´ıa de
la relatividad general. Lamentablemente es oscuro y muy t´ecnico en algunos pasajes.
• Chapront-Touz´e, M., Chapront, J. (1991) Lunar Tables and Programs from 4000 B.C. to
A.D. 8000, Willman-Bell, Inc., Richmond.
Este libro contiene programas y ecuaciones que permiten determinar con un grado alto de
precisi´on la posici´ on de nuestro sat´elite natural.
• Cook, A. (1988) The Motion of the Moon, Adam Hilger, Bristol.
Sencillamente un gran libro. Sin necesidad de entrar en los desarrollos algebr´ aicos mons-
truosos este libro ofrece una descripci´on concisa y clara de las diferentes teor´ıas que se han
propuesto para explicar el movimiento de la Luna. A pesar de los tecnicismos inevitables es
f´acilmente leible.
• Everhart, E. (1985) An Efficient Integrator that Uses Gauss-Radau Spacings, en Dynamics
of Comets: Their Origin and Evolution, Reidel Publishing Co., p´ag. 185.
Contiene la descripci´on del integrador Radau el cual ha sido extensivamente utilizado por
diversos investigadores en mec´ anica celeste.
• Farinella, P., Vokrouhlick´ y, D. (1999) Semimajor Axis Mobility of Asteroidal Fragments,
Science, Vol. 283, p. 1507.
En este art´ıculo se estudia el corrimiento del semieje mayor de ´ orbitas de asteroides por efecto
Yarkovsky.
• Geyling, F. T., Westerman, H. R. (1971) Introduction to Orbital Mechanics, Addison-Wesley
Pu. Co., Reading, Massachusetts.
Otro buen libro de mec´anica celeste. Contiene un excelente cap´ıtulo sobre fuerzas perturbativas
y los m´etodos cl´asicos de perturbaci´ on son vistos con detalle.
• Hagihara, Y. (1970) Celestial Mechanics. Vol I: Dynamical Principles and Transformation
Theory, The MIT Press, Cambridge.
Obra supremamente t´ecnica, que estudia con rigurosidad los fundamentos din´ amicos de la
mec´ anica celeste cl´asica.
• Hagihara, Y. (1971) Celestial Mechanics. Vol II, Part 1: Perturbation Theory, The MIT
Press, Cambridge.
Constituye un magn´ıfico compendio de todos los m´etodos para resolver problemas de pertur-
baci´ on en mec´ anica celeste propuestos hasta finales de los a˜ nos sesentas. Como es de esperarse
es una obra muy t´ecnica, pero la notaci´on y la lectura lo hacen relativamente f´acil de leer.
Rebosante de referencias.
312 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
• Kozai, Y. (1959) The Motion of a Close Earth Satellite, The Astronomical Journal, Vol. 64,
p. 367.
Otro art´ıculo cl´asico sobre el movimiento de un sat´elite artificial.
• Misner, C., Thorne, K., Wheeler, J.A. (1973) Gravitation, W.H. Freeman and Co., New York.
Obra monumental acerca de la gravedad vista desde la ´optica de la relatividad general. Cons-
tituye una recopilaci´ on exhaustiva, intensa y en algunos casos did´ actica de todo lo que se
public´o de relatividad general hasta comienzos de los a˜ nos setenta. El cap´ıtulo 39 expone con
lujo de detalle la aproximaci´ on post-newtoniana.
• Plummer, H. C. (1960), An Introductory Treatise on Dynamical Astronomy, Dover Publica-
tions, Inc., New York.
Muy buen libro de mec´ anica celeste escrito en el viejo estilo. Los cap´ıtulos de perturbaci´ on
son concisos y claros; contiene un cap´ıtulo sobre precesi´ on y nutaci´ on y otro sobre libraci´ on
lunar.
• Press, W. H. et al (1995), Numerical Recipes in Fortran, Cambridge University Press, New
York.
Esta referencia es muy ´ util a la hora de obtener programas y subrutinas en Fortran espec´ıficas
para realizar diversos tipos de c´ alculos.
• Richardson, D.L., Kelly, T.J. (1988), Two-Body Motion in the Post-newtonian Approxima-
tion, Celestial Mechanics, Vol. 43, p. 193.
Referencia de car´ acter t´ecnico que describe una transformaci´ on can´ onica para resolver el pro-
blema de los dos cuerpos post-newtoniano.
• Rubincam, D.P. (1982), On the Secular Decrease in the Semimajor Axis of Lageo’s Orbit,
Celestial Mechanics, Vol. 26, p. 383.
En este art´ıculo se encuentra una descripci´on detallada y cr´ıtica de varios tipos de perturba-
ciones no muy conocidas que pueden afectar el movimiento de un sat´elite artificial.
• Seidelmann, P.K. (1992), Explanatory Supplement to the Astronomical Almanac, University
Science Books, Mill Valley.
Contiene un excelente cap´ıtulo sobre la descripci´ on del potencial de los cuerpos reales junto
con los valores de los coeficientes arm´ onicos hasta n = m = 36.
• Smart, W.M. (1960) Celestial Mechanics, Longmans, Londres.
Excelente libro de mec´anica celeste escrito en el viejo estilo. Contiene una buena descripci´on
hamiltoniana y cap´ıtulos interesantes, dif´ıciles de encontrar en otros libros, tales como el
descubrimiento de Neptuno y un tratamiento parcialmente riguroso de la precesi´on y nutaci´ on.
• Soffel, H. S. (1989) Relativity in Astrometry, Celestial Mechanics and Geodesy, Springer-
Verlag, Berl´ın.
Contiene informaci´ on actualizada relacionada con la aplicaci´ on de la relatividad general en
varios campos de la astronom´ıa. Se supone que el lector domina el c´ alculo tensorial y est´ a
familiarizado con la relatividad general. Demasiado conciso en algunos t´ opicos, pero expone
con claridad los fundamentos.
• Taff, L. G. (1985) Celestial Mechanics: A Computational Guide for the Practicioner, John
Wiley & Sons, New York.
Buen libro de mec´ anica celeste. Expone el formalismo incluyendo los conceptos b´asicos y
modernos de la astronom´ıa de posici´ on. Expone una cr´ıtica pertinente a ciertos m´etodos de
perturbaci´ on.
14.5. RESOLVIENDO LAS ECUACIONES 313
• Taylor, J. H., Weisberg, J. M. (1989) Further Experimental Test of Relativistic Gravity Using
the Binary Pulsar PSR 1913+16, The Astrophysical Journal, Vol. 345, p. 434.
Referencia de car´ acter t´ecnico que expone varios resultados de la observaci´ on continua del
pulsar PSR 1913+16 y la comparaci´ on entre varias teor´ıas para explicar su comportamiento.
• http://copernico.dm.unipi.it/~milani/dinsis/
Este sitio contiene un curso sobre sistemas din´ amicos escrito por un investigador sobresaliente
en mec´ anica celeste: Andrea Milani. Est´a en italiano.
314 CAP
´
ITULO 14. PERTURBACIONES
Cap´ıtulo 15
SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y
COHETES
Un sat´elite artificial es un objeto de construcci´ on humana que al suministr´ arsele suficiente
velocidad (y con el debido ´ angulo y altura sobre la superficie terrestre) puede quedar en
´orbita alrededor de la Tierra (u otro cuerpo celeste). Isaac Newton fue la primera persona
en sugerir que un cuerpo, al que se la han dado condiciones iniciales determinadas, puede
describir, mientras cae con respecto a la Tierra, una trayectoria cerrada cuya caracter´ıstica
importante es que no intersecta la superficie del planeta: se comporta como una luna artificial
movi´endose por su propia inercia.
TIERRA
Figura 15.1: Colocaci´on de un sat´elite artificial
En el caso de la Tierra no es posible colocar un sat´elite artificial a una altura inferior a
315
316 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
los 200 km, a´ un cuando las monta˜ nas terrestres m´ as altas sobre el nivel medio del mar llegan
a los 9 km de altura. Esto es debido a la existencia de la atm´ osfera, que har´ıa volatilizar,
por simple fricci´ on, un objeto que se mueve a las enormes velocidades a las que se desplaza
un sat´elite.
Ejemplo 1
Determinar la velocidad necesaria para colocar un sat´elite artificial alrededor de la Tierra
con una ´ orbita circular a una altura de 350 km sobre la superficie terrestre.
Soluci´on
Llamemos m
1
y m
2
las masas de la Tierra y del sat´elite respectivamente. Puesto que la
masa de un sat´elite artificial es completamente despreciable comparada con la masa de la
Tierra (m
2
/m
1
= 0) y puesto que la ´ orbita es circular (r = R +h = a) se tiene, a partir de
la ecuaci´ on (12.93) recordando que k =

G(m
1
+m
2
):
v =

Gm
1
R +h
=

6.67 10
−11
5.97 10
24
6 378 140 + 350 000
= 7.8 km/s.
Por lo tanto, para colocar un sat´elite artificial alrededor de la Tierra, en una ´ orbita baja,
se necesitan casi 8 km/s.
Esta es en verdad una velocidad enorme. Un carro de f´ ormula 1 puede desarrollar veloci-
dades de 300 km en una hora, lo que equivale a tan s´ olo 0.083 km/s. El avi´ on m´as veloz del
mundo, el SR-71, de construcci´on estadounidense, alcanza velocidades de hasta 0.98 km/s.
Se han desarrollado ca˜ nones con prop´ ositos militares que pueden lanzar granadas a veloci-
dades entre 2 a 3 km/s, claramente insuficiente para lo que deseamos. Alcanzar velocidades
mayores con estos medios es muy dif´ıcil y exije una condici´ on tecnol´ogica m´as all´ a de nuestro
estado actual de desarrollo. Cierto es que podemos acelerar part´ıculas subat´ omicas hasta
casi la velocidad de la luz (300 000 km/s) pero estamos hablando de objetos cuyas masas
son del orden de los 10
−31
kg, en tanto que lo que se busca es dotar de velocidades del
orden de los 10 km/s a objetos de masas apreciables, desde unos cuantos gramos hasta cen-
tenares de toneladas o m´as. Un mecanismo que permite alcanzar velocidades de las decenas
de kil´ ometros por segundo es el cohete, del cual se hablar´a con m´as detalle en la secci´on 15.7.
La forma que tendr´ a la ´ orbita de un sat´elite est´ a determinada por las condiciones que le
imprime la ´ ultima ´etapa del cohete a dicho sat´elite. En el instante de tiempo en el que salen
los ´ ultimos gases de la tobera del cohete, llamado tiempo de inyecci´on o tiempo de “cutoff”
o “burnout”, el sat´elite deja de llevar una trayectoria propulsada hasta ese momento, debido
al funcionamiento de un cohete, para comenzar a describir una trayectoria determinada por
la fuerza de la gravedad terrestre y, en menor grado, por otro tipo de fuerzas de menor
intensidad.
Para lograr que un sat´elite describa determinada trayectoria hay que hacer que el medio
propulsor – el cohete – alcance, en la inyecci´on o “cutoff”, determinados valores de veloci-
dad, altura y ´ angulo de vuelo (el ´ angulo entre los vectores posici´on y velocidad).
317
As´ı mismo, se busca que el ´angulo entre el vector posici´on y velocidad (que hab´ıamos
llamado ϑ) sea igual o muy pr´ oximo a los noventa grados; con el fin de que el objeto quede
con el m´aximo momentum angular posible. Pero lo que realmente determina que un objeto
quede como un sat´elite artificial es el valor de la velocidad.
Colocar en ´orbita un sat´elite artificial es un logro tecnol´ ogico admirable y portentoso,
pero si lo que buscamos es mandar un objeto a otros planetas necesitamos otro tipo de
trayectoria, pues hemos visto que velocidades de los 8 km/s colocan a nuestro objeto en
una trayectoria el´ıptica (una y otra vez alrededor de la Tierra) que puede resultar de lo m´ as
aburrido y tedioso si lo que se quiere es recorrer el universo. Ya hemos visto que para salir
de esa trampa gravitacional (originada por el hecho de que la energ´ıa potencial gravitacional
es mayor que la energ´ıa cin´etica del objeto) lo que se necesita es dotar de velocidad a nuestro
objeto, la suficiente como para que la energ´ıa cin´etica crezca hasta el punto en que la energ´ıa
total se anule. En tal caso el objeto describe una trayectoria de escape gravitacional: una
par´ abola. Un poco m´as de velocidad y la trayectoria se convierte en una hip´erbola. En
ambos casos, el objeto, aunque sometido a´ un por la atracci´ on gravitacional terrestre, queda
en trayectorias que lo conducir´ an al infinito con respecto a la Tierra.
Calculemos la velocidad necesaria para colocar en ´orbita parab´ olica (la velocidad m´ınima
de no retorno) si arrojamos un objeto desde el Monte Everest (que tiene una altura de 8848
m sobre el nivel del mar). Aplicando la ecuaci´ on (12.94) tenemos:
v =

2 6.67 10
−11
5.97 10
24
6378140 + 8848
= 11 166 m/s ≈ 11.2 km/s.
Los sat´elites artificiales no se mueven, estrictamente hablando, en ´ orbitas el´ıpticas por lo
que explicar su movimiento con s´olo la teor´ıa del problema de los dos cuerpos es insuficiente.
La raz´on es clara: son afectados gravitacionalmente por el Sol y la Luna, experimentan pre-
si´ on de radiaci´ on proveniente del Sol y la que refleja la misma Tierra, son frenados por la
atm´osfera terrestre y sobre todo su movimiento es alterado por el hecho de que la Tierra no
es un objeto perfectamente esf´erico sino que posee sutiles depresiones y abultamientos en
la superficie como tambi´en asimetrias en la distribuci´ on de masa en su interior. Esto hace
que en la pr´ actica sea un tanto laborioso explicar con exactitud la trayectoria de un sat´elite
artificial. Los sat´elites de baja altura (aquellos que est´ an entre los 200 y 800 kil´ometros
de altura sobre la superficie terrestre) no permanecen en ´ orbita por tiempo indefinido; la
fricci´ on generada por la atm´osfera terrestre es tal que el sat´elite pierde energ´ıa cin´etica
lentamente disminuyendo su altura y por lo tanto acerc´andose cada vez m´as a las zonas
densas de la atm´ osfera. Puesto que el sat´elite se mueve a velocidades del orden de 8 km/s,
el material con que est´a hecho se ve sometido a las alt´ısimas temperaturas generadas por
la fricci´ on (los aviones m´ as veloces, que alcanzan 0.98 km/s, se construyen con aleaciones
especiales de titanio, pues las temperaturas generadas por la fricci´on con el aire son tales
que pueden acercarse a la temperatura de fusi´ on de dicho material). Como ya se dijo, la
fricci´ on generada por la atm´osfera es la responsable de que no sea posible colocar sat´elites
con alturas inferiores a los 180 kil´ ometros, pues su duraci´on ser´ıa muy breve.
318 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
Los sat´elites que se colocan en ´orbita baja
1
tienen multitud de prop´ ositos. Entre ellos
est´an la comunicaci´on civil (Globalstar, Iridium, Orbcomm), observaci´ on terrestre (SPOT,
Landsat, Oceansat, Terra), cient´ıfica (Observatorio de rayos X Chandra, Telescopio Espacial
Hubble, IRAS, COBE), clim´ aticos (Meteor 3-6, NOAA-12,-14,-15), reconocimiento y vigilan-
cia (KH-11, Cosmos 2358, 2359 y 2366, Helios 1, Lacrosse), sistemas tripulados (Estaci´on
Espacial Internacional, Estaci´on Espacial Mir, transbordador espacial y Soyuz TM). Los
sat´elites de ´ orbita baja son f´ aciles de observar a simple vista en noches claras y despejadas
como “estrellitas” que se van moviendo r´ apidamente a trav´es de las estrellas. Pero no se ven
durante toda la noche, pues los momentos adecuados de observaci´on son una o dos horas
despu´es de que se ha ocultado el Sol, o una o dos horas antes de la salida del mismo, pues
en tales instantes el Sol est´a ubicado en la posici´ on ´ optima para que su luz sea reflejada por
el sat´elite hacia la Tierra.
Sat´elites con alturas superiores a los 1000 kil´ ometros, donde ya no existe atm´ osfera
(o su efecto es despreciable), permanecen en ´orbita por tiempo indefinido. De este tipo
son los sat´elites geoestacionarios, meteorol´ogicos y de navegaci´on satelital. Estos sat´elites
no son observados a simple vista, necesit´ andose un telescopio relativamente potente para
observarlos.
15.1 Una teor´ıa sencilla del sat´elite artificial
Los sat´elites artificiales son perturbados por una gran diversidad de fuerzas externas. De
hecho, todas las fuerzas de perturbaci´ on vistas en la secci´on 14.4 afectan el movimiento
de un sat´elite. Sin embargo, estas fuerzas afectan en mayor o menor grado el movimiento
del sat´elite dependiendo de la clase de ´ orbita que describe. Por ejemplo, un sat´elite des-
plaz´andose a muy baja altura experimenta fuertes perturbaciones por resistencia del aire y
por achatamiento terrestre, pero las perturbaciones por presencia de la Luna y el Sol son
muy peque˜ nas. Sat´elites con ´orbitas muy altas (geoestacionarios y otros tipos) no sufren
rozamiento atmosf´erico, los efectos de la falta de esfericidad terrestre son casi despreciables,
pero est´ an sometidos a notables perturbaciones por el Sol y la Luna as´ı como a la presi´on
de radiaci´ on.
La perturbaci´ on que m´as efecta el movimiento de un sat´elite artificial de baja altura es,
como ya se dijo, la debida al achatamiento terrestre, del cual da cuenta el arm´onico zonal
J
2
. Por lo tanto, el potencial terrestre que adoptaremos para nuestro estudio es el que est´ a
dado por la ecuaci´ on (14.25).
Entonces, las ecuaciones diferenciales en componentes cartesianas que rigen el movimien-
to de un sat´elite artificial teniendo en cuenta solamente la perturbaci´ on por achatamiento
terrestre, es, conforme a la ecuaci´on (14.21):
¨ x
ˆ
i +¨ y
ˆ
j +¨ z
ˆ
j = −


∂x
ˆ
i +

∂y
ˆ
j +

∂z
ˆ
k

¸

Gm
1
r

Gm
1
J
2
r

R
r

2

1
2

3
2
sen
2
φ

¸
, (15.1)
1
En la literatura anglosajona la ´orbita baja se designa como LEO (Low Earth Orbit).
15.1. UNA TEOR
´
IA SENCILLA DEL SAT
´
ELITE ARTIFICIAL 319
donde m
1
es la masa de la Tierra. Puesto que r =

x
2
+y
2
+z
2
y sen φ = z/r, al realizar
las derivadas parciales y factorizar los vectores unitarios obtenemos:
¨ x = −
Gm
1
r
3
x

1 +
3J
2
2

R
r

2
¸
1 −5
z
2
r
2

¸
,
¨ y = −
Gm
1
r
3
y

1 +
3J
2
2

R
r

2
¸
1 −5
z
2
r
2

¸
, (15.2)
¨ z = −
Gm
1
r
3
z

1 +
3J
2
2

R
r

2
¸
3 −5
z
2
r
2

¸
.
Estas ecuaciones se reducen, tal y como es de esperarse, a las de los dos cuerpos (ecua-
ciones (12.35)) si J
2
= 0 o si r >> R. Este conjunto de ecuaciones puede integrarse
facilmente de forma num´erica.
Sin embargo, resolveremos el problema de forma aproximada utilizando el m´etodo de
variaci´ on de par´ ametros visto en la secci´on 14.5.2.
La ecuaci´on (14.25) puede escribirse as´ı:
V = −
¸
Gm
1
r
+R

,
donde R es:
R =
Gm
1
J
2
r

R
r

2

1
2

3
2
sen
2
φ

. (15.3)
Puesto que el valor de J
2
es peque˜ no, R tambi´en lo ser´a. Por lo tanto, R ser´a visto como
un peque˜ no t´ermino de perturbaci´ on a las ecuaciones del problema de los dos cuerpos.
Como nuestra intenci´ on es utilizar aqu´ı el m´etodo de variaci´ on de par´ ametros, nece-
sitaremos, para aplicar adecuadamente las ecuaciones (14.37), convertir R en funci´ on de
los elementos. Esto se logra f´acilmente analizando la figura 15.2. Del tri´ angulo esf´erico se
deduce, aplicando el teorema del seno (ecuaci´on (2.13), p´ag. 28):
sen (ω +θ)
sen 90
=
sen φ
sen i
,
al despejar de esta ´ ultima senφ y reemplazarla en (15.3) obtenemos:
R =
Gm
1
r

R
r

2
J
2
2
(1 −3 sen
2
i sen
2
(ω +θ)).
Desarrollando el cuadrado del ´ ultimo t´ermino en funci´ on del ´angulo doble, obtenemos:
320 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
i
ω
NODO
ASCENDENTE
θ
PERIGEO
φ
z
Figura 15.2: Relaci´on entre φ, ω, θ e i
R =
Gm
1
J
2
r

R
r

2
¸
1
2

3
4
sen
2
i −
3
4
sen
2
i cos 2ω cos 2θ −
3
4
sen
2
i sen 2ω sen 2θ)

.
Por razones que se ver´an a continuaci´on (que tienen que ver con la eliminaci´ on de r)
multiplicamos y dividimos por el cubo del semieje mayor a y reordenamos de tal forma que:
R =
Gm
1
R
2
J
2
a
3

a
3
r
3
¸
1
2

3
4
sen
2
i −
3
4
sen
2
i cos 2ω cos 2θ −
3
4
sen
2
i sen 2ω sen 2θ)

.
Aqu´ı tenemos un gran problema. Puesto que R ha quedado en t´erminos de r y θ,
los cuales a su vez son funciones de los elementos, es necesario eliminar estos valores de
alguna manera. Esto se logra, m´as o menos exitosamente, a trav´es de una t´ecnica conocida
como “promediaci´on”, la cual se sustenta en lo siguiente: cuando se desea examinar las
perturbaciones a la trayectoria de un sat´elite bien vale la pena tener en cuenta s´olo aquellas
que son significativas y se hacen expl´ıcitas cuando se han acumulado lo suficiente como para
hacerse notar; en otras palabras, no nos van a interesar las perturbaciones que se suceden
dentro de un per´ıodo (las cuales son peri´ odicas y de magnitud peque˜ na) sino la acumulaci´ on
de todas ellas en un tiempo razonable. Queremos entonces hacer una gran suma sobre lo que
se va acumulando por cada per´ıodo que va trazando el sat´elite, de tal forma que las peque˜ nas
perturbaciones que se suceden en un per´ıodo queden promediadas y al final s´ olo se tenga
el efecto acumulado de todas ellas. La funci´ on perturbatriz promediada, que designaremos
como R, es entonces un promedio en una revoluci´ on completa:
R =
1


0
RdM.
15.1. UNA TEOR
´
IA SENCILLA DEL SAT
´
ELITE ARTIFICIAL 321
Por lo tanto, el valor de R queda ahora (r y θ son funciones de la anomal´ıa media M):
R =
Gm
1
R
2
J
2
a
3
¸
1
2

3
4
sen
2
i

I
1

3
4
sen
2
i cos 2ω

I
2

3
4
sen
2
i sen 2ω

I
3

, (15.4)
donde los valores de I
1
, I
2
e I
3
vienen dados por las siguientes integrales:
I
1
=
1


0

a
r

3
dM, (15.5)
I
2
=
1


0
cos 2θ

a
r

3
dM, (15.6)
I
3
=
1


0
sen 2θ

a
r

3
dM. (15.7)
Para resolver estas integrales es necesario expresar M en t´erminos de θ.
De la ecuaci´ on (12.58), que permite relacionar el momentum angular h con la variaci´ on
temporal de la anomal´ıa verdadera, y de la primera de las ecuaciones (12.70) se deduce:

µa(1 −e
2
)dt = r
2
dθ. (15.8)
De (12.91) se tiene µ
1/2
= na
3/2
y de la definici´ on de anomal´ıa media, ecuaci´on (12.101)
encontramos:
dM =
µ
1/2
a
3/2
dt. (15.9)
Despejando dt de esta ´ ultima y reemplazando en (15.8) obtenemos:
a
2
(1 −e
2
)
1/2
dM = r
2
dθ. (15.10)
Al reemplazar (15.10) en (15.5) se llega a:
I
1
=
1

a
(1 −e
2
)
1/2


0

r
.
Pero, puesto que r est´a dado por (11.4) llegamos a:
I
1
=
1

1
(1 −e
2
)
3/2


0
(1 +e cos θ)dθ.
La integral de la derecha es igual a 2π por lo que se obtiene finalmente:
I
1
=
1
(1 −e
2
)
3/2
.
En las integrales I
2
e I
3
aparece de nuevo el t´ermino (
a
r
)
3
el cual ya vimos que es igual
a
1+e cos θ
(1−e
2
)
3/2
por lo que apareceran integrales de la forma:
322 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES


0
(1 +e cos θ) cos 2θdθ,


0
(1 +e cos θ) sen 2θdθ,
las cuales (y es f´ acil verificarlo) son iguales a cero, por lo que I
2
= I
3
= 0.
La ecuaci´on (15.4) se reduce a:
R =
Gm
1
R
2
J
2
a
3
(1 −e
2
)
3/2

1
2

3
4
sen
2
i

. (15.11)
Dado que R est´a s´olo en funci´ on de a, e e i las derivadas parciales necesarias para obtener
las ecuaciones (14.37) son:
∂R
∂M
r
= 0,
∂R
∂Ω
= 0,
∂R
∂ω
= 0,
∂R
∂i
= −
3Gm
1
R
2
J
2
2a
3
(1 −e
2
)
3/2
sen i cos i, (15.12)
∂R
∂e
=
3Gm
1
eR
2
J
2
a
3
(1 −e
2
)
5/2

1
2

3
4
sen
2
i

,
∂R
∂a
= −
3Gm
1
eR
2
J
2
a
4
(1 −e
2
)
3/2

1
2

3
4
sen
2
i

.
Reemplazando estas derivadas parciales en las ecuaciones (14.37) obtenemos:
da
dt
= 0, (15.13)
de
dt
= 0, (15.14)
di
dt
= 0, (15.15)
dΩ
dt
= −
3Gm
1
R
2
J
2
cos i
2na
5
(1 −e
2
)
2
, (15.16)

dt
=
3Gm
1
R
2
J
2
2na
5
(1 −e
2
)
2

2 −
5
2
sen
2
i

, (15.17)
dM
dt
= n +
3Gm
1
R
2
J
2
na
5
(1 −e
2
)
3/2

1
2

3
4
sen
2
i

. (15.18)
Puesto que Gm
1
= n
2
a
3
, suponiendo que los elementos orbitales al lado derecho de
las anteriores ecuaciones son, en primera aproximaci´ on, constantes, e integrando desde un
15.1. UNA TEOR
´
IA SENCILLA DEL SAT
´
ELITE ARTIFICIAL 323
tiempo t
0
(no confundir con el tiempo del paso por el pericentro) en el cual se tienen los
elementos (a
0
, e
0
, e
0
, Ω
0
, ω
0
, (M
r
)
0
) hasta un tiempo t cualquiera, obtenemos:
a = a
0
, (15.19)
e = e
0
, (15.20)
i = i
0
, (15.21)
Ω = Ω
0

3
2
n

R
a

2
J
2
(1 −e
2
)
2
cos i(t −t
0
), (15.22)
ω = ω
0
+
3
2
n

R
a

2
J
2
(1 −e
2
)
2
¸
2 −
5
2
sen
2
i

(t −t
0
), (15.23)
M = M
0
+n
¸
1 +
3
2

R
a

2
J
2
(1 −e
2
)
3/2

1 −
3
2
sen
2
i

¸
(t −t
0
). (15.24)
Las anteriores ecuaciones nos dicen que al considerar como perturbaci´on el arm´onico J
2
que da cuenta del achatamiento terrestre y al tomar s´ olo la acumulaci´ on significativa de
las perturbaciones por per´ıodo (y no los efectos de corto per´ıodo) tendremos que el semieje
mayor a, la inclinaci´ on i y la excentricidad e no se ven afectadas de forma notoria, y que
en promedio se mantienen constantes. Pero son significativos los cambios en la longitud del
nodo ascendente Ω y en el argumento de latitud del pericentro ω.
Cambiemos las unidades para facilitar los c´alculos.
Puesto que k =

Gm
1
donde m
1
es la masa de la Tierra, calculamos, en unidades de
MKS, una constante que bien podr´ıa llamarse la constante de Gauss terrestre:
k =

6.6726 10
−11
5.9736 10
24
= 1.9965 10
7
m
3/2
s
−1
.
Adoptando como unidades el radio terrestre (6 378 140 m) y el d´ıa solar medio (86 400 s)
tenemos que:
k = 107.0883 RT
3/2
d
−1
. (15.25)
Si adoptamos el valor de k dado por (15.25) entonces a debe estar en unidades de radios
terrestres y en nuestras anteriores f´ormulas R = 1. Dado que n en unidades de grados
est´a definido por (12.92), al considerar los cambios instant´aneos de la longitud del nodo
ascendente y del argumento de latitud del pericentro (en unidades de grados por d´ıa), se
obtiene:
∆Ω = −
3k(180/π)J
2
2a
7/2
(1 −e
2
)
2
cos i, (15.26)
∆ω =
3k(180/π)J
2
2a
7/2
(1 −e
2
)
2
(2 −
5
2
sen
2
i). (15.27)
Las ecuaciones (15.26) y (15.27) son muy importantes para sat´elites artificiales de baja
y media altura. La primera describe el fen´ omeno conocido con el nombre de “regresi´on de la
324 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
l´ınea de los nodos”. N´otese que la l´ınea nodal, para ´ orbitas directas (i < 90) se dirige en la
direcci´ on de las agujas del reloj, esto es, en direcci´on hacia el oeste. Viendo la dependencia
cosenoidal de la inclinaci´ on se deduce que la ´ unica forma de evitar dicha regresi´ on es colocar
el sat´elite en ´ orbita polar (i = 90).
x
y
z
Figura 15.3: Corrimiento de la l´ınea de los nodos
La ecuaci´on (15.27) describe la precesi´on de la l´ınea de las ´apsides, con la cual el lector
ya est´a familiarizado cuando se vio en la secci´ on 14.4.6 un comportamiento similar generado
por un efecto completamente distinto (la curvatura del espacio-tiempo). Como es claro, la
precesi´on se puede anular para ´orbitas con una inclinaci´ on que cumpla sen
2
i = 4/5, esto
es, i = 63.4
o
.
Ejemplo 1
Un sat´elite artificial describe una ´ orbita con los siguientes elementos: a = 1.13546,
e = 0.0178, i = 27
o
34.4

. Determinar los cambios instant´aneos de la longitud del nodo y del
argumento de latitud del pericentro.
Soluci´on
Al reemplazar en la ecuaci´on (15.26) y adoptando la constante dada en (15.25) obtene-
mos:
∆Ω = −
3 107.0883 (180/3.14) 1.083 10
−3
2 (1.13546)
7/2
(1 −0.0178
2
)
2
cos 27
o
34.4

= −5
o
40

/d´ıa.
De forma an´ aloga, al reemplazar en (15.27):
∆ω =
3 107.0883 (180/3.14) 1.083 10
−3
2 (1.13546)
7/2
(1 −0.0178
2
)
2
(2 −
5
2
sen
2
(27
o
34.4

)) = 9
o
21

/d´ıa.
15.2. EL SAT
´
ELITE TIERRA-SINCR
´
ONICO 325
Del anterior ejemplo es claro que para sat´elites de baja altura, esto es, aquellos cuya
relaci´ on R/a es cercana a uno, los ´angulo Ω y ω van cambiando r´ apidamente con el tiempo.
A medida que la altura del sat´elite va en progresivo aumento la relacion R/a va tendiendo
a cero al igual que los cambios instant´aneos de estos ´angulos.
15.2 El sat´elite Tierra-sincr´onico
En muchas aplicaciones de orden militar, meteorol´ ogico, b´ usqueda de recursos naturales,
etc., es necesario que un sat´elite “sobrevuele” todas las partes de la Tierra. Ello se logra
colocando el sat´elite en una ´ orbita con inclinaci´ on cercana a los 90
o
y a una altura baja.
Pero hay un peque˜ no inconveniente generado por el hecho de que la ´ orbita del sat´elite est´ a
fija en el espacio mientras que la Tierra est´ a girando. De ello resulta que las trazos sobre
el terreno del sat´elite (los puntos sobre la superficie de la Tierra por donde est´ a pasando el
sat´elite) cruzan el ecuador en puntos distintos, los cuales se van desplazando hacia el oeste
(ver figura 15.4).
Figura 15.4: Movimiento de la ´orbita del sat´elite con respecto a la Tierra
Una ´ orbita Tierra-sincr´ onica es aquella que permite a un sat´elite describir trazos sobre
el terreno id´enticos a los generados en una ´orbita previa despu´es de un determinado per´ıodo
de tiempo.
La Tierra realiza, con respecto a las estrellas de fondo, una revoluci´on en un d´ıa sideral
(el cual posee un n´ umero de segundos SI igual a 86 164.09 (ver secci´on 7.1.1)) cuyo per´ıodo
designaremos por T
T
; a su vez, la ´orbita del sat´elite, por cada revoluci´on T
s
, se va desplazan-
do hacia el oeste un ´ angulo que llamaremos ∆χ
1
. De esta simple consideraci´ on, es obvio
326 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
que el desplazamiento por cada revoluci´on debido a la rotaci´ on de la Tierra de oeste a este
es:
∆χ
1
= −360
T
s
T
T
grados/´orbita, (15.28)
donde el signo negativo indica que el desplazamiento de la ´ orbita con respecto al terreno es
en la direcci´ on de las agujas del reloj visto desde el norte, esto es, en la direcci´on contraria
en que se cuenta la ascensi´on recta y la longitud del nodo ascendente. Pero hay que recordar
que la l´ınea de los nodos se desplaza tambi´en (debido al achatamiento terrestre) un valor que
est´a dado por la ecuaci´on (15.26). El desplazamiento por revoluci´on, que llamaremos ∆χ
2
,
se logra multiplicando (15.26) por el tiempo que demora el sat´elite en dar una revoluci´ on
completa, esto es T
s
=
2πa
3/2
k
:
∆χ
2
= −
3J
2
(180) cos i
a
2
(1 −e
2
)
2
grados/´orbita. (15.29)
Puesto que T
s
es el per´ıodo orbital del sat´elite, entonces, de las ecuaciones (15.28) y
(15.29) se deduce que el incremento total del desplazamiento en longitud en el ecuador es:
∆χ = −
¸
360
2πa
3/2
kT
T
+
3J
2
(180) cos i
a
2
(1 −e
2
)
2

grados/´orbita, (15.30)
donde T
T
tiene el valor de 0.997269 d´ıas solares medios.
Si se desea tener una ´ orbita Tierra-sincr´ onica se requiere que despu´es de un n´ umero
entero de ´ orbitas n realizadas por el sat´elite el incremento total ∆χ sea igual a 360
o
y en ese
mismo tiempo se ha de cumplir un n´ umero entero m de revoluciones (en d´ıas) de la Tierra
para que tenga un paso exacto por el mismo sitio de la Tierra. Por lo tanto, la condici´ on de
´orbita Tierra-sincr´ onica es:
n [ ∆χ [= 360
o
m, (15.31)
donde n y m deben ser n´ umeros enteros.
Dependiendo del tipo de misi´ on, se ha de escoger un conjunto de valores de a, e e i con
el fin de cumplir las condiciones dadas en (15.30).
15.3 El sat´elite Sol-sincr´onico
En muchos casos de inter´es se busca que el sat´elite, en el transcurso de su misi´ on, pase por
determinadas regiones del planeta pero siempre bajo las mismas condiciones de iluminaci´ on
solar. Ello acarrea un problema pues el Sol se est´a moviendo un grado por d´ıa en direcci´ on
oeste-este, en tanto que el plano de la ´ orbita del sat´elite, con inclinaci´ on i < 90, debido al
corrimiento de la l´ınea de los nodos, se mueve en la direcci´on contraria. Esto quiere decir que
si un sat´elite pasa por una determinada regi´ on, digamos a mediod´ıa, con el transcurso del
tiempo pasar´a a horas distintas. Si se est´a buscando que el sat´elite pase por una determinada
regi´ on bajo las mismas condiciones de iluminaci´ on es preciso que el cambio instant´aneo de
15.4. EL SAT
´
ELITE GEOESTACIONARIO 327
la longitud del nodo sea igual a la velocidad del movimiento aparente del Sol visto desde la
Tierra. El Sol, visto desde la Tierra, se mueve aparentemente a una velocidad promedio
2
de +0.9856
o
/d´ıa, donde el signo positivo indica que se mueve aparentemente en direcci´ on
oeste-este . Por lo tanto se ha de cumplir:
+0.9856 = −
3k(180/π)J
2
2a
7/2
(1 −e
2
)
2
cos i. (15.32)
De esta ecuaci´on se deriva que el valor de la inclinaci´ on de un sat´elite Sol-sincr´ onico debe
ser mayor de 90 grados.
Ejemplo 1
Se desea colocar un sat´elite Sol-sincr´ onico en una ´ orbita circular cuya altura es de 500
km sobre la superficie de la Tierra. ¿Cual debe ser la inclinaci´ on del sat´elite?
Soluci´on
Puesto que la ´ orbita es circular se tiene e = 0. Entonces:
a = 1 +
500
6378.14
= 1.0784 RT.
Despejando la inlinaci´ on de (15.32):
i = cos
−1
¸

2 0.9856 (1.0784)
7/2
3 107.0883 (180/3.14) 1.083 10
−3

= 97
o
24

.
15.4 El sat´elite geoestacionario
En los primeros a˜ nos de la exploraci´ on del espacio, y con el fin expreso de remediar el in-
conveniente de que las ondas de radio son absorbidas por el mismo terreno, algunos sat´elites
artificiales fueron utilizados como simples espejos (sat´elites pasivos) que reflejaban las ondas
de radio provenientes de un emisor y as´ı mandar se˜ nales de radio o de televisi´ on a lugares
remotos del sitio de emisi´ on. Pero los sat´elites de baja altura utilizados ten´ıan un ligero
inconveniente: y es que se desplazaban a una velocidad tal que tardaban cerca de dos horas
en dar una revoluci´ on completa en torno a la Tierra
3
.
Que estuviesen colocados en ´orbitas bajas significaba que el movimiento del sat´elite en el
cielo era bastante perceptible: el sat´elite permanecer´ıa visible (por encima de los horizontes
locales del emisor y el receptor) por s´olo unos cuantos minutos, y adem´as exigir´ıa un mecanis-
mo de rastreo acoplado para ambas antenas. Se necesitaba la puesta en ´ orbita de un objeto
que girara alrededor del planeta a una velocidad tal que igualara la velocidad de rotaci´ on
2
Esto no es otra cosa que el movimiento medio n de la Tierra.
3
El m´ as conocido de dichos sat´elites fue el Echo I, un “globo” de 30 metros de di´ametro que fue colocado
a unos 1600 km de altura en agosto de 1960. Sin embargo, el primer sat´elite pasivo, para reflejar ondas
electromagn´eticas, fue la Luna, labor que realiz´o la marina estadounid´ense a comienzos de los a˜ nos cincuenta.
328 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
42150 km
35770 km
ET
TIERRA
PNC
PSC
SATELITE
Figura 15.5: Ubicaci´on de un sat´elite geoestacionario
de la Tierra (para que tanto el emisor como el receptor est´en en contacto permanente con el
sat´elite) y no s´ olo eso, sino tambi´en que permanezca est´atico para cualquier observador situa-
do en la superficie de la Tierra (para evitar las molestias inherentes al proceso de rastreo).
Esto requiere de cuatro condiciones. La primera es que la altura sobre la superficie terrestre
debe ser de 35 770 kil´ometros (a esta distancia, de acuerdo con la tercera ley de Kepler, el
sat´elite tendr´ a un per´ıodo de rotaci´ on de 24 horas, ver ejemplo 2 de la p´agina 251); la segun-
da condici´ on es que ha de girar en la misma direcci´ on de la rotaci´ on de la Tierra, esto es, de
oeste a este; la tercera es que debe estar situado exactamente sobre el ecuador terrestre, o
en otras palabras que su inclinaci´ on sea cero (i ≈ 0) ; y la tercera condici´ on es que su ´orbita
sea lo m´as circular que sea posible, esto es, que su excentricidad sea nula (e ≈ 0). Si s´ olo
se cumplen las dos primeras condiciones el sat´elite se dice que es geosincr´ onico. Un sat´elite
que cumpla las cuatro condiciones es llamado geoestacionario
4
. Aunque la idea ya hab´ıa
sido sugerida en 1948 por el c´elebre escritor de ciencia ficci´ on Arthur C. Clark, la puesta
en pr´ actica no se logr´o sino hasta 1963. Desde ese entonces observar por televisi´on eventos
que ocurren simult´ aneamente en la parte opuesta del globo, de manera continua y clara, se
ha vuelto tan rutinario que incluso no nos detenemos a pensar que hace casi cuarenta a˜ nos
era tecnol´ogicamente imposible. Hoy en d´ıa pululan sobre las azoteas de casas y edificios
antenas parab´olicas (simples radiotelescopios) que son instrumentos de recolecci´on de las
se˜ nales que provienen de dichos sat´elites. En un inicio eran muy abultadas, alcanzando las
decenas de metros de di´ ametro. Hoy en d´ıa existen antenas parab´ olicas con di´ametros de 50
cm o menos, todas ellas apuntando eficazmente hacia un sat´elite geoestacionario. El n´ umero
de sat´elites de comunicaciones en ´orbita geoestacionaria ha estado aumentando de manera
cada vez m´as creciente. A principios de la d´ecada de los noventa exist´ıan m´ as de 200. Hay
que anotar sin embargo que existen otros tipos de sat´elites geoestacionarios diferentes a los
de comunicaciones tales como sat´elites de alerta temprana (detectores de lanzamiento de
misiles y explosiones de armas nucleares) y los sat´elites meteorol´ogicos. A medida que el
n´ umero de sat´elites aumenta existe el riesgo creciente de choque entre ellos, pues en realidad
la ´ orbita geoestacionaria constituye una regi´ on muy limitada del espacio. La historia de la
4
La ´orbita geoestacionaria se conoce en la literatura anglosajona con el acr´onimo de GEO.
15.4. EL SAT
´
ELITE GEOESTACIONARIO 329
utilizaci´ on de posiciones para la colocaci´on de sat´elites geoestacionarios ha seguido la misma
evoluci´ on de la explotaci´ on de otras fuentes naturales. Los primeros usuarios tomaban lo
que deseaban y cierta coordinaci´ on de su uso fue introducida s´ olo cuando se encontr´ o que
ya era necesario. En 1971 la Uni´on Internacional de Telecomunicaciones (UIT), una agencia
especializada de la ONU, reconoci´o la ´orbita geoestacionaria como “fuente natural limitada”.
En 1977 la UIT comenz´o la tarea de asignar espacios para la ubicaci´on de los sat´elites en
ciertos lugares espec´ıficos sobre la l´ınea del ecuador terrestre. Muchas naciones, incluyendo
aquellas que no han desarrollado tecnolog´ıa espacial, solicitaron tambi´en su espacio para
su uso futuro por temor a perder el acceso a esta importante fuente. Una solicitud hecha
en el a˜ no de 1976 por un grupo de naciones ecuatoriales (pa´ıses que son atravesados en su
territorio por la l´ınea del ecuador terrestre tales como Ecuador, Colombia, Brasil, Gab´on,
Zaire, Uganda, Kenia, Somalia e Indonesia), reclamando soberan´ıa sobre el espacio geoesta-
cionario situado directamente sobre su territorio, fue desde˜ nada por los pa´ıses dominantes
de este tipo de tecnolog´ıa. En Colombia, el ecuador terrestre atraviesa parte de los de-
partamentos de Putumayo, Caquet´ a, Amazonas y Vaup´es cubriendo una l´ınea de unos 610
kil´ ometros de franja ecuatorial. Esto se traduce en un “l´ınea a´erea” soberana a la distancia
geoestacionaria de una longitud de unos 4100 kil´ ometros. Hasta ahora este espacio no ha
sido explotado por nuestro pa´ıs. Sin embargo, s´ı est´a siendo utilizado por otros pa´ıses tec-
nol´ ogicamente m´as avanzados que nosotros. En el momento en que se escriben estas l´ıneas
ocupan nuestro sector geoestacionario varios sat´elites, algunos de los cuales son: Brasilsat
B1 (71.28 W), Nahuel 1A (71.88 W), SBS-6 (74.06) y GOES I (75.59). Aunque el espacio
de 4100 kil´ ometros nos puede parecer muy amplio como para pensar que no importa que
otros vengan con sus sat´elites a ocuparlo, la verdad es que por razones t´ecnicas es necesario
que exista una separaci´ on mensurable entre sat´elites. A modo de ejemplo, debe existir una
separaci´on m´ınima de 2 grados en longitud entre sat´elites que tengan la misma frecuencia
(esto corresponde a una separaci´on entre sat´elites de 1500 kil´ ometros). Hoy en d´ıa las na-
ciones y consorcios que deseen colocar sat´elites geoestacionarios deben aprobar una serie de
par´ ametros que est´ an sujetos a regulaci´on internacional, tales como las bandas de frecuencia
disponibles, el espacio espec´ıfico por ocupar y el flujo m´ aximo permitido sobre la superficie.
Un sat´elite geoestacionario alcanza a cubrir cerca del 42% de la superficie terrestre.
Bastan tres sat´elites ubicados de forma conveniente para que exista una cobertura de co-
municaci´ on a nivel global. S´olo aquellos sitios que est´ an en o muy cerca de los polos tienen
problemas en recibir la se˜ nal de estos sat´elites por ubicarse ´estos, para dichas regiones, muy
cerca del horizonte.
En la actualidad se est´ an colocando como promedio unos 130 sat´elites por a˜ no, de los
cuales unos 30 se ubican en la ´orbita geoestacionaria. Por lo general transcurren entre dos y
tres a˜ nos desde el momento en que se ordena la construcci´on de un sat´elite geoestacionario
hasta su puesta en ´orbita. Entre los constructores de sat´elites geoestacionarios se cuentan:
Hughes Space and Communications Co., ahora perteneciente a Boeing, que ha desarrollado
buses existosos del tipo HS376 y HS601, Lockheed Martin Missiles & Space, Loral Space &
Communications, Orbital Science Corporations, etc. Los modernos sat´elites geoestacionarios
tienen un costo que oscila entre los 100 y 120 millones de d´olares, una duraci´ on m´axima de
unos 15 a˜ nos limitada por el contenido de propelente necesario para el “mantenimiento” de
la ´orbita y un peso en el momento en que quedan en ´orbita de transferencia geoestacionaria
330 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
alrededor de los 4000 kg.
Figura 15.6: Sat´elite giro estabilizado HS376 y sat´elite tri-axial estabilizado HS601
Pero un asunto es el costo del sat´elite y otro es el proceso de colocarlo en la ´ orbita
geoestacionaria. Para ello es necesario contratar los servicios de un proveedor que ofrez-
ca colocarlo en dicha ´ orbita (ver tabla 15.1). Por fortuna hoy existe una amplia gama de
oferentes quienes se disputan el mercado en una guerra sin cuartel. Entre ellos sobresalen:
Boeing Co. con la familia Delta; el Delta III por ejemplo, cuesta unos 60 millones de d´ olares.
China Great Wall Industry Corp. ofrece la familia de cohetes Long March. Por ejemplo el
Long March CZ-3B puede costar unos 60 millones de d´olares. Un costo parecido lo tiene
tambi´en el cohete Proton K perteneciente a Khrunichev State Research and Production Space
Center. Un poco costosa es la oferta de la firma japonesa Rocket System Corporation con
su cohete H-2 que cuesta del orden de 180 millones de d´olares.
En raz´ on de su alta confiabilidad y precio competitivo la firma europea Arianespace posee
actualmente m´as del 80 % del mercado para colocar sat´elites geoestacionarios de orden civil.
Los de la familia Ariane 4 tienen costos que oscilan entre los 60 y 100 millones de d´ olares
en tanto que el m´as voluminoso Ariane 5 alcanza los 120 millones de d´olares.
Los sat´elites en ´ orbita geoestacionaria prestan los siguientes prop´ ositos: comunicaci´on
civil (Asiasat, Arabsat, Astra, Brazilsat, DBS, Eutelsat, Galaxy, Gorizont, Telstar, etc.),
comunicaci´on militar (DSCS, Leosat 5, MILSTAR 1, Raduga, Skynet), clim´aticos (GOES,
Meteosat), de alerta temprana (DSP, Prognoz) y reconocimiento y vigilancia (Orion).
Los sat´elites geoestacionarios, en el transcurso de su vida ´ util, deben estar continuamente
corrigiendo su ´ orbita pues, si no lo hicieran, lentamente se saldr´ıan del lugar al cual apuntan
las antenas en tierra. Esto se debe a las perturbaciones que ejercen sobre dicho sat´elite:
la atracci´ on gravitacional del Sol y de la Luna, la presi´on de radiaci´ on y la triaxialidad de
la Tierra (la sutil diferencia de radio terrestre en distintos puntos del ecuador terrestre).
Estas perturbaciones tienden a cambiar el semieje mayor, la excentricidad y la inclinaci´ on
del sat´elite, lo cual, de no corregirse a tiempo, terminar´ a por no estar dentro del intervalo en
que los usuarios en tierra lo consideren geoestacionario. Por ello se necesita que el sat´elite
posea una masa no despreciable de propelente para estar corrigiendo de tanto en tanto la
´orbita del mismo.
15.5. EL SAT
´
ELITE MOLNIYA 331
15.5 El sat´elite Molniya
Como se ver´a m´ as adelante, la inclinaci´on de una ´ orbita en el momento de la colocaci´on de
un sat´elite nunca puede ser menor que la latitud del sitio de lanzamiento. Por supuesto que
se puede cambiar despu´es el plano de inclinaci´ on, pero esto exige un gasto desproporsionado
en t´erminos de combustible. La ex-Union Sovietica tambi´en se vio en la necesidad de utilizar
una red de comunicaciones tanto para el campo militar como el civil. Lo l´ogico era colo-
car sat´elites en ´ orbita geoestacionaria, pero a causa de que sus sitios de lanzamiento est´ an
ubicados en latitudes altas resulta altamente costoso pasar de ´orbitas con inclinaciones del
orden de 45
o
a orbitas ecuatoriales con inclinaci´ on 0
o
(ver parte b del ejemplo 1 de la p´ agina
340). De todas formas los rusos colocan sat´elites geoestacionarios (como la serie Ekran y
Gorizont) con diversidad de prop´ ositos.
La raz´on m´as poderosa para buscar otras opciones distintas a la de los sat´elites geoesta-
cionarios por parte de Rusia es que son muchos los asentamientos humanos de este enorme
pa´ıs que est´ an a tan altas latitudes que los sat´elites geoestacionarios son observados a bajas
alturas, apenas unos cuantos grados sobre el horizonte, lo que origina serias interferencias
en la comunicaci´on.
Figura 15.7: Precesi´on de la l´ınea de las ´apsides para un sat´elite con gran excentricidad
La soluci´on fue colocar sat´elites cuyo apogeo alcanza los 46 000 km de altura y su perigeo
tan s´ olo 1000 kil´ ometros de altura. Esto permite que el sat´elite, cerca del apogeo, permanezca
casi estacionario con respecto a los observadores en Tierra. Pero tambi´en implica que al cabo
de cierto tiempo, cuando se dirige hacia su perigeo, su movimiento comienza a ser notable.
Esto se solucion´ o colocando varios sat´elites en distintos planos de tal forma que para todo
tiempo siempre habr´ a alguno de ellos en o cerca del apogeo. Pero hay un ligero inconveniente.
332 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
Y es que si los usuarios van a ser rusos el apogeo de la ´orbita debe siempre permanecer sobre el
hemisferio norte. Como se recordar´a, el efecto del achatamiento terrestre genera la precesi´on
de la l´ınea de las ´ apsides lo que hace que la l´ınea que contiene el apogeo y el perigeo se vaya
desplazando en el tiempo. De no tomar las medidas correctivas, ocurrir´a, al cabo de ciertos
d´ıas, que el apogeo se encontrar´a en el hemisferio sur lo que implica que para los usuarios
del hemisferio norte el sat´elite deja de cumplir su cometido, ver figura 15.7. A todas luces es
imperativo anular dicha precesi´ on. Y esto se logra, como ya comentamos atr´as, haciendo que
la inclinaci´ on del sat´elite tenga un valor igual a o muy cercano a i = 63.4
o
. Estos sat´elites,
con inclinaciones cercanas a i = 63.4
o
, semiejes mayores de a = 4.15 RT y excentricidades
del orden de e = 0.7, se conocen como sat´elites de tipo Molniya, extensivamente utilizados
por Rusia para su red de comunicaciones.
NOTA: Algunos sat´elites se colocan en ´orbitas intermedias entre los 1000 y 36 000 km
de altura, esto es, entre las ´ orbitas LEO y GEO. Estas ´ orbitas se llaman ´ orbitas terrestres
medias (MEO). Se utilizan extensivamente para prop´ ositos de navegaci´on. La red NAVSTAR
de sat´elites de GPS se ubica a alturas de unos 20 000 km sobre la superficie terrestre. Un
sistema equivalente fue montado por los rusos y se conoce con el nombre de Glonass.
15.6
´
Orbitas de transferencia
En muchos casos es deseable cambiar la ´orbita de un sat´elite. Un usuario bien puede desear
aumentar o disminuir la altura, cambiar el plano de inclinaci´ on o pasar de una ´orbita circular
a una fuertemente el´ıptica, etc. Por supuesto que ello requiere que el sat´elite contenga los
medios necesarios para permitir que su velocidad cambie en varios kil´ ometros por segundo,
esto es, debe poseer un motor cohete con combustible en su interior.
15.6.1 Transferencia tipo Hohmann
La transferencia de tipo Hohmann
5
es el medio m´as conocido, simple y que consume menor
energ´ıa para lograr la transferencia entre dos ´ orbitas circulares coplanares. Sup´ ongase que
se est´a inicialmente en una ´ orbita circular con radio a
1
y se quiere pasar ahora a una ´ orbita
circular con radio a
2
. La transferencia requiere dos impulsos. El primero, realizado en
el punto 1, coloca el sat´elite en una ´ orbita el´ıptica, llamada ´ orbita de transferencia, cuyo
apogeo es la distancia a
2
y perigeo la distancia a
1
. Luego, en el punto 2, se realiza el
segundo impulso, que permite “circularizar” la ´ orbita de transferencia y convertirla en la
´orbita circular con radio a
2
, ver figura 15.8.
Es f´ acil calcular el semieje mayor a y la excentricidad e de la ´ orbita de transferencia:
a =
a
1
+a
2
2
, e = 1 −
a
1
a
. (15.33)
La velocidad que tiene el sat´elite en cualquier punto de la ´ orbita circular (incluyendo el
punto 1) con radio a
1
es, de acuerdo con la ecuaci´on (12.93), donde hemos hecho m
2
= 0 y
r = a:
5
Llamada as´ı en honor del ingeniero alem´an Walter Hohmann quien la propuso originalmente en 1925.
15.6.
´
ORBITAS DE TRANSFERENCIA 333
1
2
a
a
2
1
Figura 15.8:
´
Orbita de transferencia de tipo Hohmann
v =
k

a
1
. (15.34)
De igual forma, la velocidad que tiene el cuerpo cuando se desplaza en la ´ orbita de
transferencia en el mismo punto 1 es:
v = k

2
a
1

1
a
, (15.35)
pero, puesto que a est´a dada por la primera de las ecuaciones (15.33) se tiene que:
v = k

2
a
1

2
a
1
+a
2
=
k

a
1

2a
2
a
1
+a
2
,
o mejor:
v =
k

a
1

2(a
2
/a
1
)
1 + (a
2
/a
1
)
. (15.36)
Por lo tanto, el exceso de velocidad que debe tener el sat´elite para pasar de la ´ orbita
circular con radio a
1
a la ´orbita de transferencia y que ha de aplicarse en el punto 1 de la
trayectoria es la diferencia entre las velocidades dadas por (15.36) y (15.34):
∆v =
k

a
1
¸
2(a
2
/a
1
)
1 + (a
2
/a
1
)
−1
¸
. (15.37)
334 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
De forma completamente an´aloga, podemos calcular la velocidad que tiene el sat´elite en
cualquier punto de la ´ orbita circular (incluyendo el punto 2) con radio a
2
es:
v =
k

a
2
. (15.38)
La velocidad que tiene el cuerpo cuando se desplaza en la ´ orbita de transferencia en el
mismo punto 2 es:
v = k

2
a
2

1
a
, (15.39)
que al colocar a en termino de las ecuaciones (15.33) se tiene:
v = k

2
a
2

2
a
1
+a
2
=
k

a
2

2a
1
a
1
+a
2
,
o mejor:
v =
k

a
2

2(a
1
/a
2
)
1 + (a
1
/a
2
)
. (15.40)
Por lo tanto, el exceso de velocidad que debe tener el sat´elite para pasar de la ´ orbita
de transferencia a la ´ orbita circular con radio a
2
y que ha de aplicarse en el punto 2 de la
trayectoria, es la diferencia entre las velocidades dadas por (15.38) y (15.40):
∆v =
k

a
2
¸
1 −

2(a
1
/a
2
)
1 + (a
1
/a
2
)
¸
. (15.41)
Ejemplo 1
Un sat´elite describe una ´ orbita circular con inclinaci´ on cero a una altura de 300 km sobre
la superficie de la Tierra. Calcular los incrementos de velocidad necesarios para transferir
dicho sat´elite a una ´ orbita geoestacionaria.
Soluci´on
Pasamos las distancias a radios terrestres.
a
1
= 6378.14+300 = 6678.14 = 1.047 RT, a
2
= 6378.14+35 770 = 42 148.14 = 6.608 RT.
Reemplazamos en la ecuacion (15.37) para obtener el incremento necesario en velocidad
en el punto 1:
∆v =
107.0883

1.047
¸
2 (6.608/1.047)
1 + (6.608/1.047)
−1
¸
= 32.86 RT/d´ıa = 2.43 km/s.
15.6.
´
ORBITAS DE TRANSFERENCIA 335
Luego utilizamos la ecuacion (15.41) para obtener el incremento necesario en velocidad
en el punto 2 necesario para circularizar la orbita:
∆v =
107.0883

6.608
¸
1 −

2 (1.047/6.608)
1 + (1.047/6.613)
¸
= 19.86 RT/d´ıa = 1.47 km/s.
Estos incrementos de velocidad se logran en la pr´actica mediante un motor cohete, lo
que implica un gasto no despreciable en la masa inicial del cohete.
15.6.2 Cambio de inclinaci´on
En ocasiones es necesario cambiar el plano de inclinaci´ on de un sat´elite. Esto es parti-
cularmente cierto en aquellos casos en que es necesario colocar un sat´elite geoestacionario
pero el sitio de lanzamiento se ubica a latitudes moderadas. Como se ver´ a en la secci´on
15.9, la inclinaci´ on inicial de un sat´elite nunca puede ser menor que la latitud del sitio de
lanzamiento.
Sup´ ongase que se desea pasar de una ´orbita 1 a una ´ orbita 2, ambas ´ orbitas id´enticas,
salvo en su inclinaci´on. Por lo tanto, deseamos un cambio de inclinaci´on igual a ∆i.
v
v ∆
∆ i
2
v
1
1 2
Figura 15.9: Cambio de inclinaci´on
Recurriremos al teorema del coseno de la trigonometr´ıa plana. Considerando el tri´ angulo
conformado por velocidades en la figura 15.9 se desprende que:
∆v
2
= v
2
1
+v
2
2
−2v
1
v
2
cos ∆i,
336 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
donde v
1
es la velocidad de la ´ orbita inicial, v
2
la velocidad de la ´ orbita final y ∆v la velocidad
necesaria para el cambio de inclinaci´ on. Puesto que las ´ orbitas son id´enticas, salvo en su
inclinaci´ on, se tendr´ a que v
1
= v
2
, y la anterior ecuaci´on se puede escribir como:
∆v
2
= 2v
2
1
−2v
2
1
cos ∆i = 2v
2
1
(1 −cos ∆i) = 4v
2
1
sen
2

∆i
2

,
donde se hizo uso de la identidad trigonom´etrica: 2 sen
2
(
α
2
) = 1 −cos α.
Al tomar la ra´ız cuadrada a ambos lados:
∆v = 2v
1
sen

∆i
2

. (15.42)
Dada la dependencia directa con la velocidad v
1
se deduce que para que ∆v sea un
m´ınimo se ha de buscar, en aquellas ´ orbitas no circulares, que la maniobra de cambio de
inclinaci´ on se haga en el apocentro, esto es, cuando la velocidad de una ´orbita el´ıptica sea
un m´ınimo.
Ejemplo 1
Un sat´elite describe una ´ orbita circular con una altura de 32 785.13 km sobre la superficie
terrestre y con inclinaci´ on de 28.5
o
. Determinar el incremento de velocidad para que la ´ orbita
resultante posea inclinaci´ on cero.
Soluci´on
En este caso: ∆i = 28.5
o
− 0
o
= 28.5
o
. El radio de la ´ orbita en unidades de radio
terrestre es:
a = 32 785.13 + 6378.14 = 39 163.27 km = 6.1402 RT.
Por lo tanto, la velocidad que posee en cualquier punto de su trayectoria es:
v =
k

a
=
107.0883

6.1402
= 43.216 RT/d´ıa = 3.19 km/s.
Entonces, al aplicar la formula (15.42) obtenemos:
∆v = 2 3.19 sen
28.5
o
2
= 1.57 km/s.
15.7 Cohetes
Los cohetes son dispositivos autopropulsados que pueden moverse en el vac´ıo alcanzando
velocidades muy grandes. Los que se utilizan en la exploraci´ on espacial pueden alcanzar
velocidades del orden de las decenas de kil´ ometros por segundo. Su funcionamiento es muy
sencillo: descansa en el principio de la acci´ on y reacci´on. El cohete expele gases a muy alta
velocidad por uno de sus extremos por lo que termina desplaz´ andose en la direcci´on opuesta.
15.8. LA ECUACI
´
ON DE TSIOLKOVSKY 337
Figura 15.10: Cohete de varias etapas
Aunque los cohetes eran conocidos por los antiguos chinos, quienes los utilizaron como
arma de guerra o en artilugios de diversi´ on como fuegos artificiales (voladores), no fue sino
a comienzos del siglo veinte cuando se propuso como herramienta para colocar objetos a
muy grandes distancias y velocidades. Investigadores en Alemania, Rusia y Estados Unidos
experimentaron con cohetes en las primeras tres d´ecadas del siglo XX, pero no recibieron
la debida atenci´ on por parte de sus respectivos gobiernos. Sin embargo, a finales de la
d´ecada de los treinta y comienzos de los cuarenta, en la Segunda Guerra Mundial, el ej´ercito
alem´an, un organismo que en aquella ´epoca estaba dispuesto a ensayar todo tipo de variantes
e innovaciones en el arte de hacer guerra, comenz´o una serie de investigaciones tendientes
a utilizar cohetes que pudieran colocar como carga ´ util una bomba a varios centenares de
kil´ ometros de distancia. Con el tiempo desarrollaron el cohete A4 (que la propaganda nazi
renombr´ o como V2) con el que atacaron varias ciudades aliadas.
Figura 15.11: Cohete alem´an A4 rebautizado por la propaganda nazi como V2
Al finalizar la guerra los cient´ıficos e ingenieros alemanes que dise˜ naron la V2 fueron
reclutados por los Estados Unidos y la Uni´ on Sovi´etica para impulsar sus respectivos pro-
gramas de investigaci´on en cohetes. El hecho de que con ayuda de cohetes se pudiera colocar
una bomba at´ omica al otro lado del mundo con muy poco riesgo de ser interceptada (lo que
s´ı puede ocurrir si se utiliza un avi´ on) origin´ o un gran inter´es en la investigaci´on de cohetes
por parte de las potencias involucradas en la guerra fr´ıa. Cuando se desarrollaron cohetes
lo suficientemente potentes como para alcanzar velocidades de 8 km/s se vi´o que ya era
factible, en lugar de atacar un blanco en tierra, colocar objetos en ´orbita alrededor de la
Tierra. Esto se logr´o por primera vez en la Uni´ on Sovi´etica el d´ıa 4 de octubre de 1957.
Desde entonces se han colocado miles de sat´elites artificiales en ´ orbita alrededor de la Tierra.
15.8 La ecuaci´on de Tsiolkovsky
Se puede deducir la ecuaci´ on de movimiento de un cohete en t´erminos de la variaci´ on del
momentum lineal.
338 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
Sea en un tiempo dado t un cohete con masa m y velocidad v. En el instante de tiempo
t +∆t el cohete ha arrojado una masa ∆m al espacio, por lo que la masa del cohete es ahora
m−∆m; as´ı mismo, su velocidad es ahora v + ∆v.
v v + ∆ v
m m - ∆ m ∆ m
v
e
t t +∆ t
Figura 15.12: El cohete en dos tiempos distintos
Llamemos v
e
la velocidad de salida del material eyectado con respecto al cohete. Por lo
tanto, la masa ∆m que fue eyectada al espacio en la direcci´ on contraria a la del desplaza-
miento del cohete posee una velocidad v −v
e
. Es evidente que el momentum lineal que se
tiene en el tiempo t es igual a mv. No tan evidente es que en el tiempo t + ∆t hay que
considerar el momentum lineal de dos sistemas: el cohete y la fracci´on de material eyectado:
el momemtun lineal en el instante t +∆t ser´a entonces la suma del momentum lineal de los
dos sistemas: el cohete (m−∆m)(v + ∆v) y la fracci´ on expulsada (v −v
e
)∆m.
De la ecuaci´ on (11.6) es claro que la fuerza que experimenta el cohete es igual al cambio
instant´ aneo del momentum lineal:

F = lim
∆t→0
∆ p
∆t
. (15.43)
Ahora bien, el cambio, en el intervalo ∆t, del momentum lineal est´a dado por:
∆ p = p
t+∆t
− p
t
. (15.44)
De acuerdo con lo dicho anteriormente, esta ´ ultima se convierte en:
∆ p = (m−∆m)(v + ∆v) + (v −v
e
)∆m−mv. (15.45)
Desarrollando las multiplicaciones, eliminando t´erminos semejantes y haciendo el t´ermino
∆m∆v igual a cero por ser el producto de dos infinit´esimos, se tiene:
∆ p = m∆v −v
e
∆m. (15.46)
Reemplazando este valor de ∆ p en (15.43) y tomando los limites de las tasas de cambio
hacia cero obtenemos, eliminando la notaci´ on vectorial:
mdv −v
e
dm = Fdt. (15.47)
15.8. LA ECUACI
´
ON DE TSIOLKOVSKY 339
En la ecuaci´ on (15.47) F representa todo el conjunto de fuerzas que act´ ua sobre el
movimiento del cohete, tales como las fuerzas gravitacionales, fuerzas aerodin´amicas, etc.
Suponiendo que el cohete se desplaza a trav´es del vac´ıo y bien lejos de un campo gravi-
tacional, o cuanto menos, que ´este sea muy peque˜ no como para considerarse despreciable,
podemos hacer F = 0 en (15.47) y obtener:
dv = −v
e
dm
m
, (15.48)
donde el signo negativo es necesario colocarlo para indicar que conforme aumenta una de
las variables (la velocidad) la otra variable disminuye (la masa). Integramos la anterior
ecuaci´on con los l´ımites siguientes: para una velocidad inicial v
0
el cohete posee una masa
inicial que llamaremos M
0
; para una velocidad posterior v
1
obtenemos una masa m
1
:

v1
v0
dv = −v
e

m1
M0
dm
m
.
Despu´es de rearreglar y aplicar ciertas propiedades de los logaritmos obtenemos:
v
1
= v
0
+v
e
ln
M
0
m
1
, (15.49)
la cual se conoce con el nombre de ecuaci´on ideal del cohete o ecuaci´on de Tsiolkovsky, en
honor al pionero de la coheter´ıa de nacionalidad rusa Konstantin Tsiolkovsky, quien la di´ o
a conocer en 1903. Se llama ideal porque no tiene en cuenta la fuerza de la gravedad, la
fricci´ on atmosf´erica y otros tipos de fuerzas. A pesar de esto, la ecuaci´on es muy ´ util a la
hora de hacer determinados c´ alculos preliminares.
Figura 15.13: Konstantin Tsiolkovsky (1857-1935)
340 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
Ejemplo 1
Determinar tanto en el ejemplo 1 de la p´agina 334 como en el ejemplo 1 de la p´agina
336 la masa necesaria para lograr los cambios de velocidad requeridos en las respectivas
transferencias, si se dispone en ambos casos de un sat´elite cuya masa original es de 4800 kg
y los propelentes son hidrazina y tetr´ oxido de nitr´ ogeno (v
e
= 2850 m/s).
Soluci´on
En el caso de transferencias de ´orbitas la ecuaci´ on de Tsiolkovsky puede utilizarse sin
p´erdida sensible de exactitud debido a la ausencia de fuerzas resistivas apreciables y a la
anulaci´on de las “p´erdidas por gravedad” a causa de la perpendicularidad entre el vector
velocidad y el vector posici´on (ver el ´ ultimo t´ermino de la segunda de las ecuaciones (15.52)).
a) En el ejemplo 1 de la p´agina 334 se estudi´o el caso de una transferencia de tipo
Hohmann. Vimos que son necesarios dos cambios de velocidad.
Llamando ∆v = v
1
−v
0
y despejando el valor de m
1
es la ecuaci´on (15.49) obtenemos:
m
1
= M
0
e
−∆v/ve
.
Puesto que el cambio de velocidad necesario para pasar a la ´ orbita de transferencia es
de 2.43 km/s tendremos que:
m
1
= 4800 e
−2430/2850
= 4800 0.426 = 2044 kg.
Por lo tanto, la masa del sat´elite se ve reducida a 4800 −2044 = 2756 kg.
Para circularizar la ´ orbita es necesario un cambio de velocidad de 1.46 km/s. Nuestra
masa inicial ahora es 2756 kg. Por lo tanto:
m
1
= 2756 e
−1460/2850
= 2756 0.6 = 1654 kg,
de la que se deduce que la masa se redujo ahora en 2756 − 1654 = 1100 kg. De todo esto
se desprende que la masa necesaria para hacer las dos maniobras constituye un 77% de la
masa original del sat´elite.
Lo que se hace en la pr´ actica, en el caso de sat´elites geoestacionarios, es dise˜ nar la ´ ultima
etapa del cohete de tal forma que la inyecci´on coloque el sat´elite en ´ orbita de transferencia
geoestacionaria (GTO, por sus siglas en ingl´es), por lo que el sat´elite debe llevar el propelente
necesario para circularizar la ´ orbita y realizar los peque˜ nos ajustes necesarios en el transcurso
de su vida ´ util.
b) En el ejemplo 1 de la p´ agina 336 se hizo el c´alculo para una transferencia orbital
donde s´ olo se realizaba un cambio de inclinaci´ on. Dicha transferencia requiere un cambio
de velocidad de 1570 m/s. Entonces, suponiendo que la masa inicial es de 4800 kg:
m
1
= 4800 e
−1570/2850
= 4800 0.576 = 2765 kg.
15.8. LA ECUACI
´
ON DE TSIOLKOVSKY 341
De aqu´ı es claro que la masa final del sat´elite es de 2035 kg, i.e., para realizar la transfe-
rencia se consume cerca del 57% de la masa inicial del sat´elite.
Lo que persiguen los dise˜ nadores de cohetes es tratar de hacer que v alcance un valor lo
m´a grande posible (con el fin de lograr la velocidad orbital o la velocidad parab´ olica), por
lo que al tener cuenta la ecuaci´ on (15.49) resulta claro que se busque la estrategia de hacer
v
e
grande (los gases expulsados deben salir con una gran velocidad) y hacer que la relaci´ on
M
0
/m tambi´en sea elevada. Ahora bien, podemos escribir la masa inicial como:
M
0
= m
p
+m
e
+m
u
,
donde m
p
es la masa del propelente que se va a expulsar (combustible y oxidante), m
e
la
masa de la estructura del cohete (armaz´on, bombas impulsoras, computadoras, etc.) y m
u
es la masa de la carga ´ util (ojiva, sat´elite, nave espacial). La velocidad final del cohete v
f
al agotarse el propelente es:
v
f
= v
0
+v
s
ln
m
p
+m
e
+m
u
m
e
+m
u
. (15.50)
De esta ´ ultima ecuaci´ on se deduce que para hacer grande la velocidad final, la masa del
cohete debe ser casi la masa del propelente, esto es, m
e
y m
u
deben ser peque˜ nos. Esto se
consigue, por una parte, construyendo el armaz´on del cohete con un material lo m´as ligero
posible, obviamente sin sacrificar las tensiones y las cargas que el viaje implica. Por tal
raz´on, las paredes de los cohetes son muy delgadas y conformadas por aleaciones de alu-
minio y litio. De igual forma, m
u
debe ser peque˜ na, por lo que nos topamos con el enorme
inconveniente de que se necesita construir cohetes bastante grandes para colocar cargas ´ utiles
con masas peque˜ nas. Esta es la raz´on principal de que sea tan extraordinariamente costoso
colocar un objeto en ´orbita terrestre o rumbo hacia otro planeta.
Con el fin de hacer que v
e
sea grande, el material que se utiliza para ser arrojado por el
cohete constituye, en la mayor´ıa de los casos, una mezcla de gases muy calientes que son el
producto de una reacci´ on qu´ımica generada en una cavidad espec´ıfica del cohete. En este
aspecto hay que diferenciar dos tipos de cohetes: los de propelente s´olido y los de propelente
l´ıquido. Los primeros se caracterizan por el hecho de que el propelente es una mezcla ´ıntima
s´olida de varias sustancias que ocupa la mayor parte del mismo cohete. En el caso de los
cohetes de propelente l´ıquido, para que exista combusti´ on, se requiere una sustancia que sea
combustible (que est´e dispuesta a liberar energ´ıa f´ acilmente) y otra que permita el inicio y
el mantenimiento de la reacci´on, que es el oxidante. Un ejemplo es la combinaci´on alcohol
et´ılico-ox´ıgeno. El primero act´ ua como combustible y el segundo obviamente como oxidante.
La reacci´on se hace dentro de una cavidad con dos entradas (una por cada sustancia) y una
salida por donde escapar´ an los gases calientes productos de la reacci´on de combusti´ on (H
2
O,
CO
2
, CO). La elecci´on de los qu´ımicos apropiados depende m´as que todo de la eficiencia
energ´etica de la mezcla, pero puede influir la facilidad en el manejo y en su almacenamiento
y por supuesto que en su costo. Entre los propelentes l´ıquidos m´ as utilizados se encuentra la
combinaci´on de tetr´ oxido de nitr´ ogeno (N
2
O
4
) con dimetil hidrazina asim´etrica (UDMH)
6
.
6
Esta combinaci´on tiene la ventaja, a diferencia de otras, que ambos compuestos son l´ıquidos a tem-
peratura ambiente por lo que se dice que son propelentes “almacenables”, lo que los hace atractivos desde
un punto de vista militar.
342 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
Dicha combinaci´ on la emplean casi todas las etapas de la familia de cohetes chinos Long
March, las primeras tres etapas de los cohetes Prot´ on K y Rockot, la ´ ultima etapa de los
cohetes Athena 1 y 2 y todas las etapas de los cohetes rusos Cyclone 2 y 3. Conservando
el tetr´ oxido de nitr´ ogeno pero utilizando combustibles que son mezclas de la UDMH con al-
guno de sus derivados se encuentran: el Ariane 4 que en su primera etapa utiliza UH25 (75%
de UDMH y 25% de hidrazina); el Ariane 5 en la misma etapa utiliza MMH (monometil
hidrazina); la segunda etapa de los cohetes Delta 2 y las primeras y segundas etapas del los
cohetes Titan 2 y 4 emplean Aerozina-50 (una mezcla 50%-50% de UDMH e hidrazina).
La combinaci´on ox´ıgeno l´ıquido con hidr´ ogeno l´ıquido (LOX/LH
2
) la utilizan la primera
etapa del transbordador espacial, la ´ ultima etapa de los cohetes de la familia Ariane 4 y la
primera del Ariane 5, la primera y segunda etapa de la familia de cohetes Delta 4, la ´ ultima
etapa de los cohetes Long March CZ-3A y CZ-3B, las ´ ultimas etapas de los cohetes Atlas 2A
y 3A y la primera y segunda etapa del cohete japon´es H-2. La combinaci´on ox´ıgeno l´ıquido
con RP-1 (un tipo especial de queroseno) es utilizada por la primera etapa de los cohetes
Delta 2 y 3, todas las etapas del cohete Molniya M y Soyuz U, la ´ ultima etapa del cohete
Prot´ on K y la primera etapa de todos los cohetes de la familia Atlas.
Por otro lado, los motores de combustible s´ olido deben emplear una variedad de sustan-
cias. Los ingredientes t´ıpicos son una mezcla ´ıntima de perclorato de amonio (el oxidante
granulado), aluminio en polvo (combustible) y un pol´ımero (otro combustible) tal como el
tripolimero polibutadieno-´ acido acr´ılico-acrilonitrilo (PBAN o uno de sus derivados), que no
es otra cosa que una especie de caucho que actua como aglomerante de la mezcla. Muchos
de los actuales cohetes utilizan en su primera etapa dos o m´ as cohetes de combustible s´olido
cuya duraci´ on es breve. Por ejemplo, el transbordador espacial es asistido en su primera
etapa por dos motores de combustible s´olido que contienen PBAN. El Ariane 5 es asistido
en su primera etapa por dos motores que contienen como pol´ımero HTPB (polibutadieno
hidroxilterminado). El mismo pol´ımero es utilizado en los cohetes s´olidos que asisten a las
primeras etapas de los cohetes de la familia Delta 2, 3 y 4, algunos cohetes de la familia
Atlas y en el cohete H-2. Algunos cohetes peque˜ nos poseen todas sus etapas con motores de
combustible s´ olido que utilizan especificamente el HTPB. Ejemplos de ellos son: el Pegasus
XL y el Taurus estadounidenses, los japoneses J-1 y M-5, el Shavit israel´ı y el brasile˜ no
VLS-1.
Por lo general, los valores m´as grandes que se pueden tener de v
e
son del orden de 3.6
km/seg. Hagamos en (15.50) M
0
/(m
e
+ m
u
) = n. Por lo tanto, ser´ıa adecuado hacer n
del orden de 12 o 15, pues en tal caso v
e
ln n est´a entre los 8.9 a 9.7 km/seg. Por razones
tecnol´ ogicas, pr´acticas y econ´omicas no es usual hacer n igual a esos valores tan eleva-
dos. Recordemos adem´as que la ecuaci´ on no tiene en cuenta las p´erdidas de velocidad por
gravedad y resistencia del aire. En la pr´actica lo que se hace es construir cohetes en etapas,
esto es, dos o m´as cohetes escalonados. Con ello es posible lograr velocidades muy altas, del
orden de los 10 a 15 km/seg.
Los cohetes utilizados para colocar sat´elites de baja altura poseen tiempos de fun-
cionamiento muy breves, del orden de cinco a diez minutos. El cohete se dispara al comien-
zo en una trayectoria vertical con el prop´ osito de hacer que en las partes m´ as densas de
15.8. LA ECUACI
´
ON DE TSIOLKOVSKY 343
1
2
3
INYECCION
TIERRA
DE LA 2DA ETAPA
IMPACTO
LA 1ERA ETAPA
IMPACTO DE
Figura 15.14: Vuelo propulsado de un cohete de tres etapas
la atm´ osfera ocurra la fase por donde se desplaza con menor velocidad. A medida que va
aumentando la velocidad y que la atm´ osfera es cada vez m´as enrarecida se obliga al cohete a
que se incline hasta que el ´ angulo entre los vectores posici´on y velocidad sea cercano a los 90
grados. Como es usual que los cohetes consten de dos o tres etapas, a medida que el vuelo
del cohete continua se va agotando el combustible de las mismas, por lo que se hace nece-
sario que en los instantes posteriores al agotamiento de una etapa ´esta sea desprendida del
cuerpo principal del cohete, no s´olo para que deje limpio el camino de los gases de la etapa
siguiente, sino tambi´en porque resulta un desperdicio de energ´ıa seguir cargando con una
estructura que ya no presta ninguna utilidad. Las estructuras desprendidas no alcanzan la
velocidad orbital por lo que terminan chocando en alg´ un lugar de la superficie terrestre (ver
figura 15.14). Se deduce de esto que en el lanzamiento de un cohete sea necesario estudiar
con detenimiento su trayectoria sobre la superficie de la Tierra procurando que sobrevuele
por sitios inh´ ospitos o de muy escasa poblaci´on.
Por lo general se busca que la trayectoria de los cohetes, mientras est´en funcionando,
pasen por encima del oc´eano. Esto explica que muchos de los sitios de lanzamiento est´en
ubicados en zonas costeras (Cabo Kennedy en la Florida, Kourou en Guyana francesa y Van-
denberg en California). Con muy pocas excepciones (como en los motores de combustible
s´olido del trasbordador espacial norteamericano), las fases intermedias de los cohetes no son
recuperables, convirti´endose entonces en chatarra que pasa a engrosar la multitud de basura
que reposa en el fondo del oc´eano. La ´ ultima etapa, dise˜ nada para lograr la velocidad orbital
de la masa ´ util, queda tambi´en en ´orbita, lo cual es un inconveniente pues en la pr´ actica
representa un pedazo de basura orbitando la Tierra.
La parte del vuelo de un sat´elite mientras est´ a sometido al brusco empuje de las di-
versas etapas del cohete se conoce con el nombre de fase propulsada. Como la cantidad
de propelente est´ a limitada por el tama˜ no del cohete puesto que se agota en cuesti´ on de
minutos, llega un instante, llamado “inyecci´on”, en que el cohete, sin m´as propelente por
344 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
Nombre Fabricante Capacidad (kg)
LEO GTO GEO
Ariane 44L Arianspace (Europa) 7700 4400
Ariane 5 Arianspace (Europa) 18000 6800
Athena 2 Lockheed-Martin (E.U.) 2400
Atlas 2AS Lockheed-Martin (E.U.) 8600 3800
Cyclone 3 NPO Yuzhnoye Sta. De. (Ucrania) 5370 1550
Delta 3 Boeing (E.U.) 8400 3800
GSLV Vikram Sarabhai Sp. C. (India) 5000 2500
H-2 Rocket Systems Co. (Jap´on) 10500 4000 2200
Long March CZ-3B China Great Wall Ind. (China) 13600 4500 2300
M-5 Nissan Motor Co. (Jap´on) 2000 800
Proton K Khrunichev Sta. Res. (Rusia) 4600 2600
Shavit Israel Aircraft Ind. (Israel) 1000
Soyuz U TsSKB-Progress (Rusia) 7000
Taurus Orbital (E.U.) 1300 515
Titan 4 Lockheed-Martin (E.U.) 18000 5770
Zenit 3SL Sea Launch Co. (E.U.) 15750 5850
LEO=
´
Orbita baja GTO=
´
Orbita de transferencia geoestacionaria GEO=
´
Orbita geoestacionaria
Tabla 15.1: Algunos cohetes modernos y su capacidad de lanzamiento
expulsar, se ve sometido casi exclusivamente a la fuerza de gravitaci´ on terrestre, y por lo
tanto el movimiento del cohete se rige exclusivamente por lo que sabemos del movimiento de
una part´ıcula dentro de un campo gravitacional. El cohete se desplaza ahora describiendo
una trayectoria c´ onica y no necesita para ello de un impulso exterior continuo. Finalmente,
habiendo la ´ ultima etapa conseguido su prop´ osito de colocar en ´orbita el sat´elite, ´este se
desprende suavemente de la primera mediante el accionar de unos resortes o unos peque˜ nos
cohetes de corta duraci´ on. Nuestra carga ´ util se mueve a partir de entonces bajo la fuerza
de gravitaci´ on terrestre.
La descripci´on matem´atica de c´ omo calcular la trayectoria de un cohete es un asunto
t´ecnico que no es motivo de un comentario detallado en este libro. Bastar´ a con anotar lo
siguiente. El balance de fuerzas que actuan sobre un cohete desplaz´ andose a trav´es de una
atm´osfera es, de acuerdo con la segunda ley de Newton:
ma =

P +

W +

D +

L, (15.51)
donde m es la masa del cohete, a la aceleraci´on del mismo,

P la fuerza de empuje (thrust,
en ingl´es) del cohete debido a la eyecci´on de masa,

W la fuerza de gravitaci´ on terrestre,

D
la fuerza de resistencia del aire y

L la fuerza de sustentaci´ on (ver figura 15.15).
Las ecuaciones diferenciales aproximadas de un cohete desplaz´andose a trav´es de una
atm´osfera en una Tierra no rotante son las siguientes:
15.8. LA ECUACI
´
ON DE TSIOLKOVSKY 345
dr
dt
= v cos ϑ,
dv
dt
=
˙ mv
e
m
cos α −
AC
D
ρv
2
2m

Gm
1
r
2
cos ϑ,

dt
=
˙ mv
e
mv
sen α +
AC
L
ρv
2
2mv
+
Gm
1
sen ϑ
r
2
mv


dt
, (15.52)

dt
=
v sen ϑ
r
,
donde m
1
es la masa del cuerpo central (la Tierra), v
e
la velocidad de salida de los gases con
respecto al cohete, r es la distancia entre el centro de la Tierra y el cohete, v su velocidad,
m la masa del cohete, ˙ m la cantidad de masa que arroja el cohete en la unidad de tiempo, ϑ
el ´ angulo de vuelo, Ψ el ´ angulo de alcance, A el ´area transversal del veh´ıculo, C
D
y C
L
los
coeficientes de resistencia y sustentaci´on, ρ la densidad atmosf´erica, α el ´angulo de ataque,
esto es, el ´angulo existente entre el vector velocidad y el vector empuje y que puede servir
como variable de control de gu´ıa.
L
W
P
ϑ
D
r
v
α
Ψ
Figura 15.15: Fuerzas involucradas en el movimiento de un cohete
Los valores de C
D
y C
L
son funciones complicadas de la velocidad, o m´ as exactamente,
del n´ umero Mach (la velocidad del sonido en el aire) y el ´angulo de ataque. Los valores
pueden calcularse te´oricamente si se ha definido la forma del cohete, pero lo usual es cons-
truir un peque˜ no modelo del cohete e introducirlo en un tunel de viento y obtener de forma
experimental los diversos valores num´ericos que adoptan estos coeficientes para una gran
gama de condiciones. La densidad del aire ρ es una funci´ on exponencial de la altura, esto
es, de r.
La complejidad del sistema de ecuaciones diferenciales obliga a resolverlas mediante la
integraci´ on num´erica. Las ecuaciones (15.52) son tan s´olo aproximadas. En tres dimensiones
har´ a falta introducir dos ´ angulos m´ as, e introducir algunos t´erminos tales como el ´angulo de
deslizamiento lateral y las componentes de velocidad del viento. Ecuaciones m´as completas
346 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
en tres dimensiones para un cohete multietapas pueden encontrarse en Calise y Leung (1995).
Podemos, sin embargo, realizar un an´alisis de las ecuaciones diferenciales (15.52) y ex-
traer algunas consideraciones preliminares. Examinemos la velocidad, que se busca que
sea un valor m´aximo. La multiplicaci´ on 0.5ρv
2
es llamada “presi´ n din´ amica” y como se
ve, acompa˜ na los t´erminos aerodin´ amicos. Al inicio del despegue del cohete la velocidad
v es peque˜ na, pero la densidad ρ es muy grande. Conforme avanza el tiempo el cohete
va ganando velocidad de forma logaritmica mientras que la densidad atmosf´erica va decre-
ciendo exponencialmente. Una curva de la presi´ on din´ amica en funci´on del tiempo tiene
la forma de una campana de Gauss. Por lo tanto, existir´ a un punto de m´ axima presi´ on
din´ amica, que ocurre (en el caso de un cohete t´ıpico) al cabo de uno o dos minutos despu´es
del despegue, dependiendo del perfil de vuelo. A los pocos segundos de suceder el m´aximo
la presi´ on din´ amica tiende hacia cero r´ apidamente, con lo que el t´ermino de resistencia se
hace despreciable. Por lo tanto, las p´erdidas de velocidad por resistencia atmosf´erica son
s´olo apreciables en las primeros dos o tres minutos del vuelo del cohete. Consideremos el
t´ermino A/m. Si llamamos d la densidad promedio del cohete y V el volumen del mismo
es evidente que: A/m = A/V d. Sup´ ongase que el cohete posee una forma que se pueda
asimilar a un cilindro, de tal forma que se volumen sea igual a V = Al donde l es el largo
del cohete. Por lo tanto: A/m ≈ 1/dl. De ello se deduce, independientemente del valor de
la densidad total del cohete, que para minimizar el t´ermino de resistencia, esto es, hacer que
al menos el t´ermino A/m sea peque˜ no, es preciso que tenga una forma similar a la de un
lapiz, esto es, con un ´area transversal peque˜ na y una longitud pronunciada.
Con el fin de que la p´erdida de velocidad por gravitaci´ on sea peque˜ na, y con el prop´osito
de hacer que un sat´elite quede en ´ orbita el´ıptica, (recu´erdese el concepto de momentum
angular) es preciso que el ´ angulo ϑ tienda lo m´ as r´ apido posible hacia 90
o
. Esto ha de
hacerse con cuidado, procurando que la inclinaci´ on del cohete se haga totalmente efectiva
cuando la densidad atmosf´erica sea despreciable para evitar que el cohete acelere en sectores
densos y con ello exista el riesgo de destrucci´on originada por la fricci´ on. El ´ angulo ϑ en el
momento de un despegue cl´ asico posee un valor nulo. A medida que transcurre el tiempo
este ´angulo va naturalmente tendiendo a 90
o
debido a la gravedad, aunque muchas veces,
dependiendo de la aceleraci´ on del cohete, no llega a este valor en el momento de la inyecci´on.
Por ello es necesario incluir el ´ angulo de ataque α que sirve como variable de control. Este
´angulo adopta valores peque˜ nos, cercanos a cero, que van cambiando en el transcurso de
la fase propulsada y ha de ser maniobrado de forma cuidadosa. El ´ angulo de ataque se
puede controlar con una tobera movible (gimbal) o con superficies de control aerodin´ amicas.
N´otese que valores distintos de cero para α implican p´erdidas de velocidad pues se disminuye
la eficiencia en el t´ermino que suministra el empuje.
15.9 Las condiciones de inyecci´on y la ´orbita inicial
Como ya se mencion´o, el tipo de trayectoria que el sat´elite comienza a describir depende
de los valores de velocidad, altura y el ´ angulo de vuelo que se tienen en el momento de
la inyecci´ on, esto es, en el instante en que finaliza la fase propulsada. Si se desean ciertas
condiciones adicionales, es preciso fijar otros par´ametros. Por lo tanto, los valores de posi-
15.9. LAS CONDICIONES DE INYECCI
´
ON Y LA
´
ORBITA INICIAL 347
ci´ on y velocidad sirven para determinar los elementos orbitales del sat´elite.
Es importante anotar que los elementos orbitales se refieren al centro de la Tierra, toma-
do en primera aproximaci´ on como un sistema inercial de coordenadas. Ello significa que si se
tiene el vector posici´on del cohete con respecto a un observador sobre la superficie terrestre,
es necesario adicionar los vectores de posici´on y/o velocidad del observador con respecto al
centro de la Tierra.
Sup´ ongase que, en el momento de la inyecci´on, se tienen los siguientes valores para el
sat´elite, referidos al centro de la Tierra: magnitud del vector posici´ on r
i
, magnitud del vector
velocidad v
i
y ´angulo de vuelo ϑ
i
. Sea adem´as φ

la latitud geoc´entrica del sitio de lanza-
miento del cohete. En coheter´ıa se llama azimut de la trayectoria de un cohete A al ´angulo
existente entre la direcci´ on norte y el vector velocidad que posee el cohete. Suponemos, en-
tonces, que la fase propulsada est´ a contenida en un plano que pasa por el centro de la Tierra.
Ya en la secci´on 10.3.1 se hab´ıa comentado que la velocidad de rotaci´ on de un obser-
vador con respecto al centro de la Tierra depende de la latitud; es mayor en el ecuador
y nula en los polos. Si el lanzamiento se hace en la direcci´on oeste-este, esto es, en la
direcci´ on de la rotaci´ on de la Tierra, se conseguir´ a una velocidad inercial adicional cuya
magnitud depender´ a de la latitud del sitio de lanzamiento y del ´ angulo de azimut en que se
lanza el cohete. Es claro que dicha velocidad (que alcanza los 0.46 km/s) es un m´ aximo si
el sitio de lanzamiento es realizado desde el ecuador terrestre y se lanza el cohete con A = 90.
Hallemos el semieje mayor a, la excentricidad e, y la inclinaci´ on orbital i si se conocen
las condiciones de inyecci´on r
i
, v
i
y ϑ
i
. Para estos, los resultados que se obtuvieron del
problema de los dos cuerpos son de gran ayuda. El semieje mayor puede encontrarse a
partir de (12.93) donde haremos m
2
/m
1
= 0:
1
a
=
2
r
i

v
2
i
k
2
,
de la cual es inmediato obtener:
a =
r
i
k
2
2k
2
−r
i
v
2
i
=
r
i
2 −
riv
2
i
k
2
.
Llamando Q a la expresi´on adimensional:
Q =
r
i
v
2
i
k
2
; (15.53)
con ello tenemos como expresi´on para el semieje mayor:
a =
r
i
2 −Q
. (15.54)
La ecuaci´on para la excentricidad es como sigue. Combinando las ecuaciones (12.43) y
la primera de las (12.70) es posible obtener:
348 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
r
2
i
v
2
i
sen
2
ϑ
i
= µa(1 −e
2
).
Puesto que a est´a definida por (15.54) y µ = k
2
al despejar para e llegamos a:
e =

1 −Qsen
2
ϑ
i
(2 −Q). (15.55)
Por otro lado, consideremos la figura 15.16. Sea φ

la latitud geoc´entrica del sitio de
lanzamiento y A el azimut de lanzamiento del cohete. Suponiendo que en el tiempo breve de
la propulsi´ on el cohete no altera fuertemente su curso hacia sus lados, esto es, su movimiento
est´a contenido en un plano, entonces del tri´ angulo esf´erico resaltado en la figura se deduce,
aplicando el teorema del seno por el coseno, ecuaciones (2.15), p´ag. 29:
A
i
φ A

Figura 15.16: Relaci´on entre azimut, latitud de lanzamiento e inclinaci´on
cos i = −cos Acos 90 + sen Asen 90 cos φ

,
de la que se deduce:
cos i = sen Acos φ

. (15.56)
Esta ecuaci´ on implica un hecho interesante. El azimut puede adquirir cualquier valor de
0
o
a 360
o
. Si los valores de azimut son iguales a 0 o 180 grados es evidente que la inclinaci´on
resultante (independiente de la latitud) es 90 grados, esto es, ´ orbita polar. El valor m´ aximo
de cos i se logra cuando el azimut es 90 o 270. En tal caso sen A ser´a igual a la unidad. De
ello se deduce que la inclinaci´ on de una ´orbita nunca puede ser menor que la latitud del sitio
de lanzamiento. Por ejemplo, si un cohete es lanzado desde Tyuratam (Kazakst´an) con una
latitud de 45.6 grados, es imposible lograr, en el lanzamiento, inclinaciones inferiores a los
45.6 grados. Para ´ orbitas de oeste a este es s´ olo posible lograr inclinaciones en el intervalo
45.6
o
≤ i < 90
o
. El sitio ideal de lanzamiento, aquel que permite toda la gama de inclina-
ciones posibles, es, por supuesto, el ecuador terrestre
7
. Hay que tener en cuenta tambi´en que
el valor de A tampoco ha de ser cualquiera. De hecho, los intervalos de azimut registrados
7
No olvidar adem´as que se obtiene una ventaja extra lanzando cohetes desde el ecuador terrestre a causa
de la velocidad de rotaci´on del planeta que es m´axima en tal sitio.
15.9. LAS CONDICIONES DE INYECCI
´
ON Y LA
´
ORBITA INICIAL 349
Sitio Latitud Longitud Intervalo de azimut
Cabo Kennedy (E.U.) 28.5 80.55 W 37 < A < 112
Kagoshima (Jap´ on) 31.2 131.1 E 20 < A < 150
Kapustin Yar (Rusia) 48.4 45.8 E 350 < A < 90
Kourou (Guyana Francesa) 5.2 52.8 W 340 < A < 100
Plesetsk (Rusia) 62.8 40.6 E 330 < A < 90
Sriharikota (India) 13.7 80.2 E 100 < A < 290
Shuang-Ch’Eng-Tzu (China) 40.4 99.8 E 350 < A < 120
Taiyuan (China) 37.8 112.5 E 90 < A < 190
Tyuratam (Kazakhst´ an) 45.6 63.4 E 340 < A < 90
Vandenberg (E.U.) 34.6 120.6 W 147 < A < 201
Wallops (E.U.) 37.8 75.5 W 30 < A < 125
Woomera (Australia) -30.9 136.5 E 350 < A < 15
Yavne (Israel) 31.5 34.5 E 350 < A < 120
Tabla 15.2: Algunos de los sitios de lanzamientos de cohetes m´as activos del mundo
en la tabla 15.2 se escogen de tal forma que la trayectoria de los cohetes multietapas pasen
por regiones deshabitadas o al menos muy poco pobladas. Ello explica porqu´e la Agencia
Espacial Europea lanza sus cohetes desde Kourou, Guyana Francesa, cuya latitud es de 5
o
,
al igual que Brasil que ha dispuesto como sitio de lanzamiento de sus cohetes un sitio cerca
de la ciudad de Alcantara, con latitud de −2.5
o
. La ventaja de un lanzamiento desde el
ecuador es tal que recientemente un consorcio internacional integrado por Estados Unidos,
Rusia, Ucrania, Inglaterra y Noruega ha realizado lanzamientos de cohetes con prop´ositos
comerciales desde una plataforma marina ubicada en el ecuador a una longitud 154
o
oeste.
Ejemplo 1
Un cohete despega de Cabo Kennedy y a los pocos minutos logra la inyecci´on con los
siguientes valores referidos al centro del planeta: r
i
= 6 510 686.5 m, v
i
= 7934.45 m/s y
ϑ = 86
o
34.6

. Determinar el semieje mayor, la excentricidad y la inclinaci´ on de la ´ orbita del
sat´elite. El cohete fue lanzado con un azimut constante de A = 121
o
9.3

. Cabo Kennedy
est´a situado a una latitud geod´esica de 28.5
o
.
Soluci´on
Colocamos r
i
y v
i
en unidades de radio terrestre y radio terrestre por d´ıa, respectiva-
mente:
r
i
=
6 510 686.5
6 378 140
= 1.0208 RT, v
i
=
7934.45 86 400
6 378 140
= 107.4822 RT/d.
Luego calculamos Q con ayuda de (15.53) y utilizando el valor de k dado por (15.25):
Q =
1.0208 107.4822
2
107.0883
2
= 1.0283.
350 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
Reemplazando en (15.54) tenemos:
a =
1.0208
2 −1.0283
= 1.0505 RT = 6700.2 km.
Al reemplazar en (15.55) se tiene igualmente:
e =

1 −1.0283 sen
2
(86
o
34.6

)(2 −1.0283) = 0.0661.
Tomando como primera aproximaci´ on el valor de la latitud geod´esica igual a la geoc´entrica
y reemplazando en (15.56):
i = cos
−1
( sen (121
o
9.3

) cos(28.5
o
)) = cos
−1
(0.7521) = 41
o
13

.
Los cohetes nos han permitido incrementar nuestros conocimientos astron´omicos pues
con ayuda de ellos hemos podido lanzar robots y naves inteligentes a aquellos cuerpos ce-
lestes que est´ an m´as pr´ oximos a la Tierra, tales como la Luna y los planetas del sistema
solar, exceptuando Plut´ on. Dada su cercan´ıa a la Tierra (tres d´ıas de distancia), y nuestro
primitivo estado de desarrollo tecnol´ ogico, la Luna permanece como el ´ unico cuerpo celeste
que ha sido visitado por seres humanos, proeza alcanzada entre los a˜ nos 1969 y 1972.
Debido a la existencia de m´ ultiples problemas (tales como respuestas an´omalas del cuer-
po humano en condiciones de gravedad cero
8
, inconvenientes en la optimizaci´on del reciclaje
de agua, aire y desechos org´anicos, peligrosidad de la radiaci´on solar, agudos trastornos en
el comportamiento de personas sometidas a condiciones similares a las que experimentar´ıan
astronautas en viajes de larga duraci´ on, alt´ısimos costos que implica construir una nave
espacial, y problemas econ´omicos que enfrentan las naciones con la capacidad industrial de
ejecutarlo) no se tienen planes serios y de ejecuci´ on a corto o mediano plazo para mandar
hombres a un planeta como Marte, lo que implicar´ıa un viaje de unos diez meses en la sola
ida. Un viaje a otro planeta implica primero salir de la atracci´ on gravitacional de la Tierra.
Si eso se logra, se ha de tener en cuenta ahora que la nave queda a merced de la atracci´ on
gravitacional del Sol, por lo que tenemos un objeto que en la pr´ actica es un planeta artificial.
En tal caso la velocidad que tiene el objeto se especifica con respecto al centro del Sol y ´esta
viene siendo la suma vectorial de la velocidad que tiene la Tierra con respecto al Sol (en
promedio 30 km/s) y la velocidad del objeto con respecto al centro de la Tierra (m´ınimo
11.2 km/s).
Si queremos visitar las estrellas necesitaremos de algo m´as veloz que los cohetes existentes,
pues las distancias entre ellas son tan enormes que con nuestra actual tecnolog´ıa tardariamos
algo m´as de 25 000 a˜ nos en llegar a la estrella m´as cercana al Sol (Pr´oxima del Centauro).
Aun si pudieramos viajar a la velocidad de la luz, m´ axima velocidad a la que se puede
viajar en el universo, seg´ un la f´ısica moderna, (no se ha descubierto algo que viaje m´ as
8
Esta es una terminolog´ıa que puede dar lugar a equivocaciones: en realidad un astronauta, y en general
un cuerpo cualquiera en ´orbita, digamos alrededor de la Tierra, est´a sometido siempre a la fuerza de la
gravitaci´on, pero la sensaci´on de ingravidez resulta del hecho de que dichos cuerpos est´an en un estado de
ca´ıda libre permanente, esto es, est´an cayendo con respecto a la Tierra pero su trayectoria no intersecta la
superficie terrestre.
15.9. LAS CONDICIONES DE INYECCI
´
ON Y LA
´
ORBITA INICIAL 351
r´apido), tardar´ıamos 4.3 a˜ nos en llegar a Pr´ oxima del Centauro, o unos 180 000 a˜ nos en
llegar a las galaxias m´as pr´ oximas. O tenemos la mala suerte de estar viviendo en un
universo tan grande que es imposible visitar sus constituyentes o existen propiedades del
espacio y del tiempo desconocidas para nosotros que permiten, para el que las comprenda
y domine, viajar en tiempos realistas para los seres humanos a los extremos m´as rec´onditos
del universo. Algunos autores han propuesto ideas que, al menos en teor´ıa, podr´ıan permitir
velocidades superiores a la de la luz. Una de tales teor´ıas ha sido propuesta por Calvo-Mozo,
1999.
LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS
• Ball, K.J., Osborne, G.F. (1967) Space Vehicle Dynamics, Oxford University Press, Oxford.
Sin entrar en agudos tecnisismos ni en notaciones gerogl´ıficas este libro constituye una exce-
lente referencia para el estudio de trayectorias de cohetes, estabilidad, an´ alisis de errores y
transferencia y optimizaci´ on de ´ orbitas.
• Brooks, D. (1977) An Introduction to Orbit Dynamics and its Application to Satellite-Based
Earth Monitoring Systems, NASA Reference Publication 1009, Washington.
Excelente descripci´on t´ecnica que aparte de describir con detalle el movimiento de sat´elites
a baja altura tambi´en se ocupa de estudiar algunas caracter´ısticas orbitales para misiones de
monitoreo y reconocimiento.
• Brouwer D. (1959) Solution of the Problem of Artificial Satellite Theory without Drag, Astro-
nomical Journal, Vol. 64, p. 378.
Famoso art´ıculo que describe la soluci´ on aproximada de las ecuaciones diferenciales de movi-
miento de un sat´elite artificial perturbado por varios arm´ onicos zonales. La soluci´ on, muy
elegante, descansa en el m´etodo de Von Zeipel de eliminaci´ on de variables can´ onicas.
• Calise, A., Leung, M. (1995) Optimal Guidance Law Development for an Advanced Launch
System, NASA Contractor Report-4667, Washington.
Este art´ıculo contiene varios acercamientos al problema de la optimizaci´ on de la trayectoria
de un cohete desde su despegue hasta la inyecci´ on. Las ecuaciones diferenciales del cohete
est´an escritas considerando multitud de fuerzas en acci´ on.
• Calvo-Mozo B. (1999) ¿Es f´ısicamente posible superar la velocidad de la luz en el vac´ıo?,
Revista colombiana de astronom´ıa, astrof´ısica, cosmolog´ıa y ciencias afines, Vol. 1, p. 97.
Mediante una teor´ıa sustancial de la materia el autor expone la posibilidad de superar la luz
en el vac´ıo en una forma discreta.
• Chetty, P. R. K. (1991) Satellite Technology and its Applications, TAB professional and refe-
rence books, Blue Ridge Summit.
Este libro esta m´as dedicado al dise˜ no y construcci´ on de sat´elites. Tan s´ olo en sus primeros
cap´ıtulos trata, aunque brevemente, algunos t´opicos fundamentales sobre las ´ orbitas de sat´elites
y movimiento de cohetes.
• Fortescue, P., Stark J. (1992), Spacecraft Systems Engineering, John Wiley & Sons, Wiltshire.
Como su nombre indica, est´ a dedicado m´ as a la parte de la ingenier´ıa y dise˜ no de sat´elites que
a otros t´opicos. Sin embargo, las partes dedicadas a la mec´ anica celeste, an´alisis de misi´ on y
sistemas de propulsi´ on, aunque breves, est´an muy bien expuestas.
352 CAP
´
ITULO 15. SAT
´
ELITES ARTIFICIALES Y COHETES
• Hale, F. (1994) Introduction to Space Flight, Prentice-Hall, New Jersey.
Excelente libro introductorio para todos aquellos que deseen conocer las bases din´ amicas del
movimiento de sat´elites y cohetes. El desarrollo no es muy t´ecnico y contiene bastantes
ejemplos num´ericos.
• Shute, B. (1964) Prelaunch Analysis of High Eccentricity Orbits, NASA TN-2530, Washing-
ton.
Este art´ıculo t´ecnico contiene algunos resultados importantes sobre las perturbaciones de dis-
tintos tipos que pueden afectar la ´ orbita de un sat´elite con gran excentricidad.
• Soop, E. M. (1994) Handbook of Geoestacionary Orbits, Kluwer Academic Publishers, Dor-
drecht.
Este libro contiene multitud de informaci´on relacionada con las fuerzas que afectan el movimien-
to de un sat´elite geoestacionario y los ajustes necesarios que hay que realizar para conservarlo
realmente “estacionario”.
• Strack, W., Huff, V. (1963) The N-Body Code - A General Fortran Code for the Numerical
Solution of Space Mechanics Problems on an IBM 7090 Computer, NASA TN-1730, Wa-
shington.
En este art´ıculo se puede encontrar un c´ odigo en fortran que permite calcular el movimien-
to de un cohete multietapas teniendo en cuenta multitud de fuerzas. Contiene una buena
descripci´ on de las ecuaciones involucradas y del m´etodo num´erico de integraci´on.
• Thomson, W. T. (1986) Introduction to Space Dynamics, Dover Publications, Inc., New York.
Un libro de din´ amica espacial excelente con ´enfasis en el movimiento del cuerpo r´ıgido.
• Vallado, D. A. (1997) Fundamentals of Astrodynamics and Applications, McGraw-Hill, New
York.
´
Este es el libro fundamental para estudiar astrodin´ amica. Completo en todos los aspectos. La
descripci´ on en perturbaciones, transferencias de ´ orbitas, determinaci´ on de ´ orbitas, etc., es
inmejorable y actualizada.
• Wiesel, W. E. (1997) Spaceflight Dynamics, McGraw-Hill, Singapur.
Muy buen libro para abordar los conceptos con un lenguaje sencillo y claro. Aunque el desa-
rrollo es t´ecnico la exposici´ on es descriptiva. No hay m´ as ecuaciones que las necesarias.
• http://celestrak.com/NORAD/elements/index.html
Este sitio contiene elementos orbitales, actualizados d´ıa a d´ıa, de multitud de sat´elites en
distintos tipos de ´ orbitas.
• http://www.spacer.com/index.html
Contiene informaci´ on actualizada sobre lo que est´ a ocurriendo en el mundo de la astron´ autica.
Numerosos enlaces a otros sitios.
• http://dept.physics.upenn.edu/courses/gladney/mathphys/subsubsection3_1_3_3.html
En este sitio se encuentra una descripci´on muy pedag´ ogica de la ecuaci´ on b´ asica del movimien-
to del cohete.
• http://www.ksc.nasa.gov/history/rocket-history.txt
En este sitio se encuentra un breve resumen de la historia del desarrollo de los cohetes.
• http://www.jpl.nasa.gov/basics/bsf-toc.htm
Este sitio contiene informaci´ on de numerosos t´ opicos relacionados con el vuelo espacial.
El tratamiento no es t´ecnico, y es altamente recomendable para estudiantes de primaria y
bachillerato.
Ap´endice A
Constantes astron´omicas
A.1 Unidades
Las unidades metro (m), kilogramos (kg), y segundo (s) son las unidades de longitud, masa y
tiempo respectivamente, del Sistema Internacional (SI) de unidades. La unidad astron´omica
de tiempo es un d´ıa (D) de 86 400 segundos. Un intervalo de tiempo de 36 525 d´ıas es un siglo
(o centuria) Juliano(a). La unidad astron´ omica de masa es la masa del Sol (S). La unidad
astron´ omica de longitud es aquella longitud (A) para la cual la constante gravitacional
Gaussiana (k) toma el valor 0.01720209895, cuando las unidades de medida son las unidades
astron´ omicas de longitud, masa y tiempo. Las dimensiones de k
2
son aquellas de la constante
de gravitaci´ on (G). En la preparaci´ on de las efem´erides y el ajuste de todos los datos
observacionales disponibles, fu´e necesario modificar algunas constantes y masas planetarias;
dichos datos modificados se presentan en par´entesis cuadrados, siguiendo los valores del
sistema de 1976.
Constantes de definici´on:
1. Constante gravitacional de Gauss k = 0.01720209895
2. Velocidad de la luz en el vac´ıo c=299 792 458 m/s
Constantes primarias:
3. Tiempo-luz para la unidad de distancia τ
A
= 499.004782 s
[499.0047837...]
4. Radio ecuatorial de la Tierra a
e
= 6 378 140 m
valor IUGG a
e
= [6 378 137 m]
5. Factor de forma din´ amico terrestre J
2
= 0.00108263
353
354 AP
´
ENDICE A. CONSTANTES ASTRON
´
OMICAS
6. Constante gravitacional terrestre GE = 3.986005 10
14
m
3
s
−2
[3.98600448... 10
14
]
7. Constante de gravitaci´ on G = 6.6725 10
−11
m
3
kg
−1
s
−2
8. Raz´ on masa de la Luna a la de la Tierra µ = 0.01230002
[0.012300034]
9. Precesi´on general en longitud por centuria
juliana para la ´epoca est´andar 2000 ρ = 5029

.0966
10. Oblicuidad de la ecl´ıptica para la ´epoca
est´andar 2000 ε = 23

26

21

.448
[23

26

21

.4149]
Constantes derivadas:
11. Constante de nutaci´on para la ´epoca est´andar N = 9

.2025
2000
12. Unidad de distancia cτ
A
= A = 1.49597870 10
11
m
[1.4959787066 10
11
]
13. Paralaje solar arcsin(ae/A) = π

= 8

.794148
14. Constante de aberraci´on para la
´epoca est´andar 2000 κ = 20”.49552
A.2 Sistema de Constantes Astron´omicas de la U.A.I.
(1976)
15. Factor de achatamiento de la Tierra f = 0.00335281 = 1/298.257
16. Constante gravitacional helioc´entrica A
3
k
2
/D
2
= GS
= 1.32712438 10
20
m
3
s
−2
[1.32712440... 10
2
0]
17. Raz´on de la masa del Sol a la de la Tierra (GS)/(GE) = S/E = 332 946.0
[332 946.038]
18. Raz´ on de la masa del Sol a la del
sistema Tierra + Luna (S/E)/(1 +µ) = 328 900.5
[328 900.55]
19. Masa del Sol (GS)/G = S = 1.9891 10
30
kg
20. Razones de la masa del Sol a la de los
planetas (excluyendo Tierra + Luna):
Mercurio 6 023 600 Saturno 3498.5 [3498.0]
Venus 408 523.5 Urano 22 869 [22 960]
Marte 3 098 710 Neptuno 19 314
J´ upiter 1047.355 [1047.350] Plut´on 3 000 000 [30 000 000]
Ap´endice B
Posiciones geogr´aficas de
algunas ciudades colombianas
Ciudad Latitud Longitud Altura
(Oeste) mts

◦ ’ ◦ ’
Abejorral 5 47 75 25 2186
Acand´ı 8 32 77 14 4
Aguachica 8 19 73 38 162
Anapoima 4 33 74 32 805
Anserma 5 13 75 48 1837
Arauca 7 5 70 45 124
Arjona 9 32 73 55 106
Armenia 4 31 75 40 1475
Armero 4 58 74 54 421
Barbosa 5 57 73 36 1500
Barrancabermeja 7 3 73 52 111
Barranquilla 10 58 74 47 14
Bello 6 20 75 33 1520
Bogot´a 4 39 74 5 2620
Buenaventura 3 53 77 4 12
Bucaramanga 7 7 73 8 959
Buga 3 54 76 17 1010
Cajamarca 4 26 75 23 1827
Cali 3 27 76 31 995
Cartagena 10 27 75 29 2
Cartago 4 45 75 55 942
Caucasia 8 6 75 12 450
355
356AP
´
ENDICE B. POSICIONES GEOGR
´
AFICAS DE ALGUNAS CIUDADES COLOMBIANAS
Ciudad Latitud Longitud Altura
(Oeste) mts

◦ ’ ◦ ’
Ceret´e 8 53 75 48 15
Chaparral 3 43 75 28 880
Chigorod´ o 7 41 76 42 34
Chiquinquir´ a 5 37 73 50 2570
Chocont´a 5 8 73 40 2684
Ci´enaga 11 1 74 15 122
Cocorn´a 6 20 75 8 1400
Corozal 9 19 75 18 118
C´ ucuta 7 54 72 29 320
Dabeiba 6 59 76 8 1350
Duitama 5 50 73 2 2590
El Banco 9 0 73 58 49
Envigado 6 10 75 35 1607
Espinal 4 9 74 53 438
Facatativ´ a 4 49 74 22 2614
Florencia 1 37 75 37 242
Fundaci´ on 10 31 74 11 62
Garz´ on 2 23 75 38 888
Gigante 2 12 75 32 858
Girardot 4 18 74 48 326
Granada 3 34 73 45 332
Guaduas 5 4 74 35 1007
Honda 5 12 74 45 229
Ibagu´e 4 27 75 1 1285
Ipiales 0 50 77 37 2890
Itagu´ı 6 10 75 36 1625
Jamund´ı 3 16 76 31 985
La Dorada 5 27 74 40 195
La Mesa 4 38 74 27 1320
La Vega 5 0 74 21 1215
Leticia -4 17 69 55 96
L´ıbano 4 55 75 3 1585
Lorica 9 14 75 49 5
Madrid 4 44 74 16 2585
Magangu´e 9 14 74 44 27
Maicao 11 23 72 13 45
Malambo 10 52 74 47 8
Manizales 5 4 75 30 2126
357
Ciudad Latitud Longitud Altura
(Oeste) mts

◦ ’ ◦ ’
Marinilla 6 10 75 19 2122
Medell´ın 6 15 75 36 1479
Mit´ u 1 7 70 3 180
Mocoa 1 9 76 37 579
Momp´ os 9 14 74 26 33
Monter´ıa 8 45 75 53 49
Neiva 2 55 75 18 442
Oca˜ na 8 15 73 20 1200
Orocu´e 4 48 71 19 143
Pacho 5 8 74 8 1859
Palmira 3 32 76 16 1085
Pamplona 7 23 72 39 2340
Pasto 1 13 77 16 2527
Paz de R´ıo 5 24 73 5 2720
Pereira 4 46 75 44 1342
Pitalito 1 51 76 2 1318
Plato 9 47 74 47 16
Popay´ an 2 27 76 37 1738
Pto. Berr´ıo 6 29 74 24 123
Pto. Carre˜ no 6 11 67 28 51
Pto. In´ırida 3 54 67 52 100
Pto. Tejada 3 14 76 24 1000
Quibd´ o 5 40 76 39 43
R´aquira 5 33 73 38 2221
R´ıohacha 11 33 72 54 73
Roldanillo 4 24 76 9 966
Sabanalarga 10 38 74 55 53
Sahag´ un 8 57 75 27 109
Salamina 5 25 75 29 1822
San Andr´es 12 28 81 42 2
San Gil 6 33 73 8 1095
San Jacinto 9 50 75 8 239
San Jos´e del Guaviare 2 34 72 38 200
San Mart´ın 3 42 73 42 405
Santa Marta 11 15 74 13 2
Sevilla 4 16 75 57 1598
Sincelejo 9 19 75 17 66
Socorro 6 29 73 16 1230
358AP
´
ENDICE B. POSICIONES GEOGR
´
AFICAS DE ALGUNAS CIUDADES COLOMBIANAS
Ciudad Latitud Longitud Altura
(Oeste) mts

◦ ’ ◦ ’
Sogamoso 5 43 72 56 2570
Sons´ on 5 42 75 18 2550
Tulu´ a 4 6 76 11 1025
Tumaco 1 49 78 46 6
Tunja 5 31 73 21 2820
Turbaco 10 20 75 25 200
Turbo 8 6 76 43 2
Uribia 11 40 72 14 22
Urrao 6 20 76 5 1885
Valledupar 10 27 73 14 280
Villa de Leiva 5 38 73 31 2220
Villavicencio 4 9 73 39 467
Yarumal 6 58 75 24 2300
Yopal 5 21 72 24 350
Zipaquir´ a 5 2 74 0 2650
* Metros sobre el nivel del mar.
Ap´endice C
Cuerpos del sistema solar
C.1 Datos f´ısicos de los planetas (I)
Planeta Radio Masa Densidad Temperatura Achatamiento Inclinaci´ on
ecuatorial (superficie) al ecuador
R (km) M (kg) ρ (g/cm
3
) Kelvin f (

)
Mercurio 2439 3.30 10
23
5.4 615;130 0 0.0
Venus 6052 4.87 10
24
5.2 750 0 177.3
Tierra 6378 5.97 10
24
5.5 300 0.003353 23.44
Marte 3397 6.42 10
23
3.9 220 0.005186 25.19
J´ upiter 71398 1.90 10
27
1.3 140 0.06481 3.12
Saturno 60000 5.69 10
26
0.7 100 0.10762 26.73
Urano 26320 8.70 10
25
1.1 65 0.023 97.9
Neptuno 24300 1.03 10
26
1.7 55 0.017 29.6
Plut´ on 1120 1.00 10
22
2.1 45 0 118?
359
360 AP
´
ENDICE C. CUERPOS DEL SISTEMA SOLAR
C.2 Datos f´ısicos de los planetas (II)
Planeta Per´ıodo de Per´ıodo Per´ıodo Velocidad Velocidad Aceleraci´on
traslaci´ on de rotaci´ on sin´ odico orbital parab´ olica de la gravedad
1
(d´ıas) (d´ıas) (km/s) (km/s) (m/s
2
)
Mercurio 87.97 58.6 d 115.9 3.0 4.2 3.7
Venus 224.70 243.0 d 583.9 7.3 10.3 8.8
Tierra 365.26 23 h 56 m 4 s 7.9 11.1 9.8
Marte 687.02 24 h 37 m 23 s 779.9 3.5 5.0 3.7
J´ upiter 4333 9 h 55 m 30 s 398.9 42.1 59.6 24.9
Saturno 10744 10 h 30 m 378.1 25.1 35.5 10.5
Urano 30810 17 h 14 m 369.6 14.8 20.1 8.3
Neptuno 60440 16 h 7 m 367.5 16.8 23.8 11.6
Plut´ on 91750 6 d 9 h 366.7 0.8 1.1 0.53
1
En la superficie
C.3 Elementos orbitales osculatrices helioc´entricos referi-
dos a la ecl´ıptica media y equinoccio de J2000.0
´
Epoca = 13.0 de septiembre 2000 (FJ 2 451 800.5)
Planeta Inclinaci´on Longitud Longitud Semieje Movimiento Excentricidad Longitud
del nodo del mayor medio media
ascendente perihelio
i Ω a n e Lr
◦ ◦ ◦ ◦ ◦
Mercurio 7.00498 48.3301 77.4564 0.3871009 4.092304000 0.2056291 217.84199
Venus 3.39460 76.6781 131.8530 0.7233309 1.602135000 0.0067470 231.32466
Tierra

0.00014 163.4000 102.9937 0.9999868 0.985628700 0.0167348 352.28696
Marte 1.84967 49.5600 336.0139 1.5235726 0.524094200 0.0934789 129.33705
J´ upiter 1.30437 100.5042 15.4305 5.2044210 0.083052500 0.0488689 55.58083
Saturno 2.48544 113.6340 90.6429 9.5825510 0.033231080 0.0564861 58.63199
Urano 0.77227 73.9476 169.4404 19.2012300 0.011714390 0.0456617 316.48002
Neptuno 1.76856 131.7921 46.9810 30.0476200 0.005984119 0.0112593 306.71426
Plut´ on 17.16051 110.2600 223.7791 39.2362300 0.004010265 0.2444214 240.00032
* Los valores presentados para la Tierra corresponden al baricentro del sistema Tierra-Luna.
C.4. DATOS DEL SOL 361
C.4 Datos del Sol
Propiedad Valor num´erico
Masa 1.989 ×10
30
kg
Radio 6.96 ×10
8
m
Gravedad en la superficie 274 ms
−2
= 27.9 g
Temperatura efectiva 5785 K
Temperatura en el n´ ucleo 15 ×10
6
K
Luminosidad 3.9 ×10
26
W
Densidad media 1.41 gcm
−3
Dendidad en el n´ ucleo 140-180 gcm
−3
Magnitud visual absoluta 4.79
Magnitud visual aparente −26.78
Inclinaci´ on del ecuador a la ecl´ıptica 7
o
15

Paralaje ecuatorial horizontal 8.794

Tipo espectral G2 V
Distancia del centro gal´actico 8.5 kiloparsec
Velocidad de escape en la superficie 617.7 kms
−1
Movimiento relativo a las estrellas cercanas ´apex: α = 271
o
, δ = +30
o
velocidad: 19.4 kms
−1
C.5 Datos de la Luna
Propiedad Valor num´erico
Masa 7.3483 ×10
22
kg
Radio 1738 km
Gravedad en la superficie 1.62 ms
−2
= 0.17 g
Densidad media 3.34 gcm
−3
Inclinaci´ on media de la ´orbita a la ecl´ıptica 5
o
9

Paralaje ecuatorial horizontal medio 57

2

Distancia promedio a la Tierra 384 400 km
Excentricidad media de la ´orbita 0.0549
Menor distancia a la Tierra 356 400 km
Mayor distancia a la Tierra 406 700 km
Per´ıodo de revoluci´ on del nodo 6798 d´ıas
Per´ıodo de revoluci´ on del perigeo 3232 d´ıas
Velocidad orbital media 1023 ms
−1
Per´ıodo de rotaci´ on sideral 27
d
7
h
43
m
Albedo 0.12
Magnitud visual aparente −12.74
Velocidad de un sat´elite en ´orbita baja 1.68 kms
−1
Velocidad de escape desde la superficie 2.37 kms
−1
Factor din´ amico (J2) 2.027 ×10
−4
362 AP
´
ENDICE C. CUERPOS DEL SISTEMA SOLAR
C.6 Algunos asteroides
Asteroide Di´ametro Semieje Excentricidad Inclinaci´ on Descubridor
mayor
(km) a (u.a.) (

)
Ceres 946 2.77 0.08 10.6 Piazzi (1801)
Palas 583 2.77 0.23 34.8 Olbers (1802)
Juno 250 2.67 0.26 13.0 Harding (1804)
Vesta 555 2.36 0.09 7.1 Olbers (1807)
Astraea 116 2.58 0.19 5.3 Hencke (1847)
Eros 20 1.46 0.22 10.8 Witt (1898)
Hidalgo 30 5.85 0.66 42.4 Baade (1920)
Amor 5? 1.92 0.43 11.9 Delporte (1932)
´
Icaro 2 1.08 0.83 22.9 Baade (1949)
Apolo 2.5 1.47 0.56 6.4 Reinmuth (1932)
C.7 Algunos cometas
Cometa Per´ıodo Semieje Excentricidad Distancia Inclinaci´ on
mayor perih´elica
(a˜ nos) a (u.a.) (u.a.) (

)
Encke 3.28 2.21 0.850 0.331 11.9
Tempel 2 5.48 3.10 0.522 1.484 12.0
Kohoutek 6.68 3.55 0.496 1.787 5.9
Harrington 6.77 3.57 0.561 1.568 8.6
Borrelly 6.86 3.61 0.624 1.357 30.3
Brooks 2 6.89 3.62 0.491 1.843 5.5
Wolf 8.25 4.08 0.406 2.428 27.5
Whipple 8.53 4.17 0.259 3.094 9.9
Comas Sol´ a 8.78 7.19 0.570 3.094 13.0
Tuttle 13.50 5.67 0.824 0.998 54.7
Quir´on 50.85 13.71 0.383 8.459 6.9
Halley 76.0 17.78 0.967 0.587 162.2
Hale-Bopp 2535 186 0.9951 0.914 89.4
Hyakutake 20940 760 0.9997 0.230 124.9
Ap´endice D
Refracci´on astron´ omica a nivel
del mar
Temperatura, grados cent´ıgrados
Altura 0

5

10

15

20

25

30

35

40


30 1 44 1 42 1 41 1 40 1 38 1 36 1 34 1 33 1 31
31 1 40 1 38 1 37 1 36 1 34 1 32 1 31 1 29 1 28
32 1 35 1 33 1 32 1 31 1 29 1 27 1 26 1 25 1 23
33 1 31 1 30 1 29 1 27 1 25 1 24 1 23 1 21 1 20
34 1 28 1 27 1 26 1 24 1 23 1 21 1 20 1 19 1 18
35 1 25 1 24 1 23 1 21 1 20 1 19 1 17 1 16 1 15
36 1 22 1 21 1 20 1 19 1 17 1 16 1 15 1 13 1 12
37 1 19 1 18 1 17 1 16 1 15 1 14 1 13 1 11 1 09
38 1 16 1 15 1 14 1 13 1 12 1 11 1 10 1 09 1 07
39 1 13 1 12 1 11 1 10 1 09 1 08 1 07 1 06 1 05
40 1 11 1 10 1 09 1 08 1 07 1 06 1 05 1 04 1 03
41 1 09 1 08 1 07 1 06 1 05 1 04 1 03 1 02 1 01
42 1 07 1 06 1 05 1 04 1 03 1 02 1 01 1 00 0 59
43 1 04 1 03 1 02 1 01 1 00 0 59 0 58 0 57 0 56
44 1 02 1 01 1 00 0 59 0 58 0 57 0 56 0 55 0 54
45 1 00 0 59 0 58 0 57 0 56 0 55 0 54 0 53 0 52
46 0 58 0 57 0 56 0 55 0 54 0 53 0 52 0 52 0 51
47 0 56 0 55 0 54 0 54 0 53 0 52 0 51 0 50 0 50
48 0 55 0 54 0 53 0 52 0 51 0 50 0 49 0 48 0 48
49 0 53 0 52 0 51 0 50 0 49 0 48 0 48 0 47 0 46
50 0 51 0 50 0 49 0 48 0 47 0 46 0 46 0 46 0 45
51 0 49 0 48 0 47 0 46 0 46 0 45 0 44 0 44 0 43
52 0 46 0 46 0 45 0 44 0 43 0 43 0 42 0 41 0 40
53 0 45 0 44 0 43 0 43 0 42 0 41 0 40 0 39 0 39
54 0 43 0 42 0 42 0 41 0 40 0 39 0 39 0 38 0 37
55 0 41 0 41 0 40 0 39 0 39 0 38 0 37 0 35 0 35
56 0 40 0 39 0 39 0 38 0 38 0 37 0 36 0 35 0 34
57 0 39 0 38 0 38 0 37 0 37 0 36 0 35 0 34 0 33
58 0 37 0 37 0 36 0 36 0 35 0 35 0 34 0 33 0 32
59 0 36 0 36 0 35 0 35 0 34 0 34 0 33 0 32 0 31
60 0 34 0 34 0 33 0 32 0 32 0 32 0 31 0 30 0 29
363
364 AP
´
ENDICE D. REFRACCI
´
ON ASTRON
´
OMICA A NIVEL DEL MAR
Temperatura, grados cent´ıgrados
Altura 0

5

10

15

20

25

30

35

40


61 0 33 0 32 0 32 0 31 0 31 0 30 0 30 0 29 0 28
62 0 32 0 31 0 31 0 30 0 30 0 29 0 29 0 28 0 27
63 0 30 0 30 0 29 0 29 0 28 0 28 0 27 0 27 0 26
64 0 29 0 29 0 28 0 28 0 27 0 27 0 26 0 26 0 25
65 0 28 0 28 0 27 0 26 0 26 0 26 0 25 0 24 0 24
66 0 27 0 26 0 26 0 25 0 25 0 24 0 24 0 23 0 23
67 0 25 0 25 0 24 0 24 0 23 0 23 0 23 0 22 0 22
68 0 24 0 24 0 23 0 23 0 22 0 22 0 22 0 21 0 21
69 0 23 0 23 0 22 0 22 0 21 0 21 0 21 0 20 0 20
70 0 22 0 22 0 21 0 21 0 20 0 20 0 20 0 19 0 19
71 0 21 0 21 0 20 0 20 0 19 0 19 0 19 0 18 0 18
72 0 20 0 20 0 19 0 19 0 18 0 18 0 18 0 17 0 17
73 0 19 0 18 0 18 0 18 0 17 0 17 0 17 0 16 0 16
74 0 17 0 16 0 16 0 16 0 15 0 15 0 15 0 15 0 14
75 0 16 0 15 0 15 0 15 0 14 0 14 0 14 0 14 0 13
76 0 15 0 14 0 14 0 14 0 13 0 13 0 13 0 13 0 12
77 0 14 0 13 0 13 0 13 0 12 0 12 0 12 0 12 0 11
78 0 12 0 12 0 12 0 12 0 12 0 11 0 11 0 11 0 10
79 0 11 0 11 0 11 0 11 0 11 0 10 0 10 0 10 0 10
80 0 10 0 10 0 10 0 10 0 10 0 09 0 09 0 09 0 09
81 0 09 0 09 0 09 0 09 0 09 0 08 0 08 0 08 0 08
82 0 08 0 08 0 08 0 08 0 08 0 07 0 07 0 07 0 07
83 0 07 0 07 0 07 0 07 0 07 0 06 0 06 0 06 0 06
84 0 06 0 06 0 06 0 06 0 06 0 05 0 05 0 05 0 05
85 0 05 0 05 0 05 0 05 0 05 0 04 0 04 0 04 0 44
86 0 04 0 04 0 04 0 04 0 04 0 03 0 03 0 03 0 03
87 0 03 0 03 0 03 0 03 0 03 0 02 0 02 0 02 0 02
88 0 02 0 02 0 02 0 02 0 02 0 01 0 01 0 01 0 01
89 0 01 0 01 0 01 0 01 0 01 0 01 0 01 0 01 0 01
90 0 00 0 00 0 00 0 00 0 00 0 00 0 00 0 00 0 00
Tabla D.1: Correcci´ on por temperatura
Altura (m) Factor Altura (m) Factor
200 0.98 2600 0.73
400 0.95 2800 0.71
600 0.93 3000 0.70
800 0.91 3200 0.68
1000 0.89 3400 0.66
1200 0.87 3600 0.65
1400 0.85 3800 0.63
1600 0.83 4000 0.62
1800 0.81 4200 0.60
2000 0.79 4400 0.59
2200 0.77 4600 0.58
2400 0.75 4800 0.56
Tabla D.2: Correcci´ on por presi´on atmosf´erica
Ap´endice E
Estrellas
E.1 Las estrellas m´as cercanas al Sol
Estrella α δ Magnitud Espectro Paralaje Mov. propio
h m
o
’ absoluta (”) ”/a˜ no
α Cen C (Pr´ oxima) 14 30 −62 41 15.45 M5eV 0.762 3.85
α Cen A 14 40 −60 50 4.35 G2V 0.745 3.68
α Cen B 14 40 −60 50 5.69 K5V 0.745 3.68
Estrella de Barnard 17 58 04 34 13.25 M5V 0.552 10.31
Wolf 359 10 56 07 01 16.68 M6eV 0.429 4.71
BD+36
o
2147 11 03 35 48 10.49 M2V 0.401 4.78
α CMa (Sirius A) 06 45 −16 43 1.42 A1V 0.377 1.33
α CMa (Sirius B) 06 45 −16 43 11.56 eb A 0.377 1.33
Luyten 726-8 A 01 39 −17 57 15.27 M6eV 0.367 3.36
Luyten 726-8 B 01 39 −17 57 15.8 M6eV 0.367 3.36
Ross 154 18 50 −23 50 13.3 M4eV 0.345 0.72
Ross 248 23 42 44 10 14.80 M6eV 0.317 1.59
Eridani 03 33 −09 28 6.13 K2V 0.303 0.98
Luyten 789-6 22 39 −15 19 14.60 M6eV 0.303 3.26
Ross 128 11 48 00 48 13.50 M5V 0.301 1.37
61 Cygni A 21 07 38 45 7.58 K5V 0.294 5.21
61 Cygni B 21 07 38 45 8.39 K7V 0.294 5.21
indi 22 03 −56 47 7.00 K5V 0.291 4.69
α CMe (Procyon A) 07 39 05 13 2.64 F5V 0.286 1.25
α CMe (Procyon B) 07 39 05 13 13.0 ebF 0.286 1.25
Tabla E.1: Estrellas cercanas
365
366 AP
´
ENDICE E. ESTRELLAS
E.2 Las estrellas m´as brillantes
Estrella α δ Magnitud Espectro r Mov. propio
h m
o
’ absoluta (parsecs) ”/a˜ no
α CMa Sirius 06 45.1 −16 43 1.4 A1V, ebA 2.7 1.33
α Car Canopus 06 24.0 −52 42 -4.6 F0Ib-II 60 0.02
α Cen Rigil Kentarus 14 39.6 −60 50 4.1 G2V, K5V 1.3 3.68
α Boo Arcturus 14 15.7 19 11 -0.3 K2IIIp 11 2.28
α Lyr Vega 18 36.9 38 47 0.5 A0V 8.1 0.34
α Aur Capella 05 16.7 46 00 -0.6 G5III,G0III 14 0.44
β Ori Rigel 05 14.5 −08 12 -7.0 B8Ia 250 0.00
α CMi Procyon 07 39.3 05 13 2.6 F5V, ebF 3.5 1.25
α Eri Achernar 01 37.7 −57 14 -2.5 B3Vp 38 0.10
α Ori Betelgeuse 05 55.0 07 24 -6.0 M2I 200 0.03
β Cen Hadar 14 03.8 −60 22 -5.0 B1 II 120 0.04
α Aql Altair 19 50.8 08 52 2.2 A7V 5.1 0.66
α Cru Acrux 12 26.6 −63 06 -4.7 B0.5IV,B1V 120 0.04
α Tau Ald´ebaran 04 35.9 16 31 -0.8 K5III 21 0.20
α Vir Spica 13 25.2 −11 10 -3.6 B1V 80 0.05
α Sco Antares 16 29.4 −26 26 -4.6 M1 Ib,B2.5V 130 0.03
β Gem Pollux 07 45.3 28 01 1.0 K0III 11 0.62
α PsA Fomalhaut 22 57.6 −29 37 1.9 A3V 7 0.37
α Cyg Deneb 20 41.4 45 17 -7.2 A2Ia 500 0.00
β Cru Mimosa 12 47.7 −59 41 -4.6 B0III 150 0.05
α Leo Regulus 10 08.4 11 58 -0.7 B7V 26 0.25
Tabla E.2: Estrellas m´ as brillantes
Ap´endice F
Fecha Juliana
A˜ no FJ A˜ no FJ
-1900 1027082.5 600 1940207.5
-1800 1063607.5 700 1976732.5
-1700 1100132.5 800 2013257.5
-1600 1136657.5 900 2049782.5
-1500 1173182.5 1000 2086307.5
-1400 1209707.5 1100 2122832.5
-1300 1246232.5 1200 2159357.5
-1200 1282757.5 1300 2195882.5
-1100 1319282.5 1400 2232407.5
-1000 1355807.5 1500J 2268932.5
-900 1392332.5 1500G 2268922.5
-800 1428857.5 1600 2305447.5
-700 1465382.5 1700 2341971.5
-600 1501907.5 1800 2378495.5
-500 1538432.5 1900 2415019.5
-400 1574957.5 2000 2451544.5
-300 1611482.5 2100 2488068.5
-200 1648007.5 2200 2524592.5
-100 1684532.5 2300 2561116.5
0 1721057.5 2400 2597641.5
100 1757582.5 2500 2634165.5
200 1794107.5 2600 2670689.5
300 1830632.5 2700 2707213.5
400 1867157.5 2800 2743738.5
500 1903682.5 2900 2780262.5
Tabla F.1: A˜ nos centuria
J Calendario juliano G Calendario gregoriano
367
368 AP
´
ENDICE F. FECHA JULIANA
A˜ no FJ A˜ no FJ A˜ no FJ A˜ no FJ
0 0 25 9131 50 18262 75 27393
1 365 26 9496 51 18627 76 27759
2 730 27 9861 52 18993 77 28124
3 1095 28 10227 53 19358 78 28489
4 1461 29 10592 54 19723 79 28854
5 1826 30 10957 55 20088 80 29220
6 2191 31 11322 56 20454 81 29585
7 2556 32 11688 57 20819 82 29950
8 2922 33 12053 58 21184 83 30315
9 3287 34 12418 59 21549 84 30681
10 3652 35 12783 60 21915 85 31046
11 4017 36 13149 61 22280 86 31411
12 4383 37 13514 62 22645 87 31776
13 4748 38 13879 63 23010 88 32142
14 5113 39 14244 64 23376 89 32507
15 5478 40 14610 65 23741 90 32872
16 5844 41 14975 66 24106 91 33237
17 6209 42 15340 67 24471 92 33603
18 6574 43 15705 68 24837 93 33968
19 6939 44 16071 69 25202 94 34333
20 7305 45 16436 70 25567 95 34698
21 7670 46 16801 71 25932 96 35064
22 8035 47 17166 72 26298 97 35429
23 8400 48 17532 73 26663 98 35794
24 8766 49 17897 74 27028 99 36159
Tabla F.2: A˜ no adicional
Mes FJ Mes FJ Mes FJ Mes FJ
Ene 0 Mar 59 Jul 181 Nov 304
Ene (B) -1 Abr 90 Ago 212 Dic 334
Feb 31 May 120 Sep 243
Feb (B) 30 Jun 151 Oct 273
Tabla F.3: Mes adicional
(B) Para a˜ nos bisiestos.
Ap´endice G
Calendario
G.1 Descansos remunerados
Nombre de la fiesta D´ıa a celebrar
Circuncisi´ on del Se˜ nor 1 de enero
La epifan´ıa 6 de enero

San Jos´e 19 de marzo

D´ıa del trabajo 1 de mayo
San Pedro y San Pablo 29 de junio

Independencia Nacional 20 de julio
Batalla de Boyac´a 7 de agosto
Asunci´ on 15 de agosto

D´ıa de la raza 12 de octubre

Todos los santos 1 de noviembre

Independencia de Cartagena 11 de noviembre

La Inmaculada Concepci´on 8 de diciembre
La Natividad 25 de diciembre
Jueves santo 3 d´ıas antes de la Pascua
Viernes santo 2 d´ıas antes de la Pascua
Ascensi´on del Se˜ nor 39 d´ıas despu´es de la Pascua

Corpus Christi 60 d´ıas despu´es de la Pascua

Sagrado Coraz´on 68 d´ıas despu´es de la Pascua

Tabla G.1: Descansos remunerados en la Rep´ ublica de Colombia
* Modificados por la ley 51 de 1983.
369
370 AP
´
ENDICE G. CALENDARIO
G.2 Fechas de Pascua para algunos a˜ nos
A˜ no Letra dominical N´ umero ´ aureo Epacta Fecha de Pascua
2000 BA 6 24 23 de abril
2001 G 7 5 15 de abril
2002 F 8 16 31 de marzo
2003 E 9 27 20 de abril
2004 DC 10 8 11 de abril
2005 B 11 19 27 de marzo
2006 A 12 0 16 de abril
2007 G 13 11 8 de abril
2008 FE 14 22 23 de marzo
2009 D 15 3 12 de abril
2010 C 16 14 4 de abril
2011 B 17 25 24 de abril
2012 AG 18 6 8 de abril
2013 F 19 17 31 de marzo
2014 E 1 29 20 de abril
2015 D 2 10 5 de abril
2016 CB 3 21 27 de marzo
2017 A 4 2 16 de abril
2018 G 5 13 1 de abril
2019 F 6 24 21 de abril
2020 ED 7 5 12 de abril
2021 C 8 16 4 de abril
2022 B 9 27 17 de abril
2023 A 10 8 9 de abril
2024 GF 11 19 31 de marzo
2025 E 12 0 20 de abril
2026 D 13 11 5 de abril
2027 C 14 22 28 de marzo
2028 BA 15 3 16 de abril
2029 G 16 14 1 de abril
2030 F 17 25 21 de abril
Tabla G.2: Letra dominical, N´ umero ´ aureo, Epacta y fecha de Pascua 2000-2030
G.3. CALENDARIO PERPETUO 371
G.3 Calendario Perpetuo
0 7 14 17 21
1 8 15J
2 9 18 22
3 10
4 11 15G 19 23
5 12 16 20 24
6 13
00 01 02 03 04 05
06 07 08 09 10 11
12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27
28 29 30 31 32 33
34 35 36 37 38 39
40 41 42 43 44
45 46 47 48 49 50
51 52 53 54 55
56 57 58 59 60 61
62 63 64 65 66 67
68 69 70 71 72
73 74 75 76 77 78
79 80 81 82 83
84 85 86 87 88 89
90 91 92 93 94 95
96 97 98 99
6 0 1 2 3 4 5
5 6 0 1 2 3 4
4 5 6 0 1 2 3
3 4 5 6 0 1 2
2 3 4 5 6 0 1
1 2 3 4 5 6 0
0 1 2 3 4 5 6
Tabla G.3: N´ umero para el a˜ no
J Hasta el 4 de octubre de 1582 (calendario juliano).
G Desde el 15 de octubre de 1582 en adelante (calendario gregoriano).
372 AP
´
ENDICE G. CALENDARIO
Feb. (B) Feb. Sep. Ene. (B) Ene.
May. Mar. Jun. Abr.
Ago. Nov. Dic. Jul. Oct.
1 2 3 4 5 6 0 1
2 3 4 5 6 0 1 2
3 4 5 6 0 1 2 3
4 5 6 0 1 2 3 4
5 6 0 1 2 3 4 5
6 0 1 2 3 4 5 6
0 1 2 3 4 5 6 0
Tabla G.4: N´ umero para el mes
(B) Para a˜ nos bisiestos.
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30 31
1 Dom. Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sab.
2 Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sab. Dom.
3 Mar. Mie. Jue. Vie. Sab. Dom. Lun.
4 Mie. Jue. Vie. Sab. Dom. Lun. Mar.
5 Jue. Vie. Sab. Dom. Lun. Mar. Mie.
6 Vie. Sab. Dom. Lun. Mar. Mie. Jue.
0 Sab. Dom. Lun. Mar. Mie. Jue. Vie.
Tabla G.5: N´ umero para la semana
Ejemplo
Determinar el d´ıa de la semana del 5 de agosto de 2045.
Del a˜ no dado se toma la centena y el n´ umero restante como dos n´ umeros independientes. Para
el a˜ no 2045 la centena corresponde a 20 y el n´ umero restante 45. En la tabla G.3, en la peque˜ na
subtabla inferior izquierda, se halla la centena. En la parte superior se halla el n´umero restante.
La intersecci´on de la l´ınea de las centenas con la columna del n´ umero restante permite determinar
un n´ umero que en nuestro ejemplo es 1. Con el n´ umero hallado pasamos a la tabla G.4. La
intersecci´on del n´ umero 1 (columna de la izquierda) con el mes de agosto permite determinar, en
nuestro ejemplo, el n´ umero 3. Dicho n´ umero corresponde a la columna de la izquierda de la tabla
G.5. La intersecci´on de dicha l´ınea con el d´ıa en cuesti´on (dado en la parte superior de dicha tabla)
permite, en nuestro ejemplo, hallar que el d´ıa referido cay´o en s´ abado.
´
Indice de Materias
Aberraci´ on, 175, 185, 187–190, 203
anual, 187
diurna, 189, 203
estelar, 185, 187
planetaria, 187, 190
secular, 187
Aceleraci´on de la gravedad, 231
Achatamiento, 33, 219
Adams, John, 205
Afelio, 213
Altura, 70
´
Angulo
esf´erico, 23
horario, 71, 73
Anomal´ıa
exc´entrica, 255, 258
media, 255
verdadera, 213, 245, 254
A˜ no, 94, 156
beseliano, 179
bisiesto, 159
civil, 156
juliano, 162, 179
sideral, 156
tr´ opico, 156, 159, 160
Arato, 63
Argelander, Friedrich, 66
Argumento de latitud del pericentro, 265, 266
Aristarco, 208
Ascensi´on recta, 73
Asteroides troyanos, 289
Astrodin´ amica, 207
Astrolog´ıa, 17
Astronom´ıa, 15, 17
Atm´osfera, 31
Augusto, 159
Azimut, 69
Bayer, Johann, 65
Bessel, Friedrich, 66
B´oveda celeste, 50, 51, 93
Bradley, James, 66, 182, 185
Brahe, Tycho, 65, 210
Calendario, 155
gregoriano, 157, 163
juliano, 158–160
romano primitivo, 157
Calendario colombiano, 171
Cassini, Jean Dominique, 185
Cavendish, Henry, 218
Cenit, 52, 53
Centro de masas, 225, 226
Ciclo solar, 169
C´ırculo
de declinaci´ on, 53
polar ant´ artico, 147
polar ´ artico, 147
Circunferencia m´axima, 22
Clark, Arthur C., 328
Clavius, Crist´obal, 162
Coeficientes arm´onicos, 220
Cohete, 316, 336, 342
Col´on, Crist´ obal, 150
Concilio de Nicea, 161, 162
C´ onica, 244
Conjunci´ on
inferior, 101
superior, 101
Constante
de Cavendish, 218, 229
de Gauss, 250
Constantino, 161, 168
Constelaci´ on, 62, 63
Coordenadas
ecl´ıpticas, 69, 73
ecuatoriales absolutas, 69, 72
ecuatoriales horarias, 69, 71
gal´ acticas, 69, 75
geoc´entricas, 35
373
374
´
INDICE DE MATERIAS
geod´esicas, 35, 37
geogr´ aficas, 35
horizontales, 69
topoc´entricas, 276
Cop´ernico, Nicol´ as, 208
Cronolog´ıa, 163
Culminaci´on
inferior, 136
superior, 136
Declinaci´on, 71
Deflecci´on gravitacional de la luz, 175, 201
Delaunay, Charles, 126, 303
Depresi´on del horizonte, 141
Desviaci´on de la vertical, 39, 40
D´ıa, 107, 126, 155
sideral, 108
solar medio, 109, 127, 131
solar verdadero, 108
Dionisio el Exiguo, 164
Distancia
cenital, 70
media, 213, 266
radial, 43
Ecl´ıptica, 56, 99, 109
Ecuaci´ on
de Kepler, 255, 256
de los equinoccios, 124
del tiempo, 116
Ecuador
celeste, 51, 53, 54
terrestre, 34, 35, 38, 54
Efecto Doppler, 193
Einstein, Albert, 128, 201, 206, 297, 299
Eje de rotaci´ on, 34, 51, 56, 175, 176
Elementos orbitales, 265
Elipse, 33, 41, 210, 211, 244, 245, 249
Elongaci´ on, 101
Energ´ıa
cin´etica, 248, 249
potencial, 248
total, 248
Epacta, 167, 169
Equinoccio vernal, 57, 58, 158, 161
Esferoide, 33, 37
Estrella polar, 149
Eudoxo de Cnidos, 63
Euler, Leonhard, 34, 304
Excentricidad, 42, 211, 266
Fases lunares, 96, 157
Fecha juliana, 120, 121, 123, 367
Flamsteed, John, 65, 66, 185
Funci´ on
potencial gravitacional, 219
Funciones asociadas de Legendre, 220
Galilei, Galileo, 209
Garavito, Julio, 205, 280
Gauss, Carl Friedrich, 250
Geodesia, 32
Geod´esicas, 206
Geoide, 33
Gregorio XIII, 162, 163, 167
Guiraldi, Luis Lilio, 167
Halley, Edmond, 65, 66, 191
Harrison, John, 152
Hemisferios celestes, 51
Hevelius, Johannes, 63
Hiparco de Nicea, 65, 178
Hip´erbola, 244, 247, 259
Hooke, Robert, 185
Hora de verano, 116
Horizonte, 48, 53
Horizonte matem´ atico, 52, 69
Huso horario, 113
Huygens, Cristian, 152
Inclinaci´ on, 266
Indicci´ on romana, 168
Jacobi, Karl, 290
Jesucristo, 161
Julio C´esar, 120, 158, 159
Kepler, Johannes, 18, 209
Lagrange, Joseph-Louis, 288, 304
Latitud
ecl´ıptica, 74
gal´ actica, 76
geoc´entrica, 35
geod´esica, 38
Letra dominical, 165
Leverrier, Urbano, 205
Ley de atracci´ on gravitacional, 216, 218, 223
Leyes
de Kepler, 210
de Newton, 216, 217
´
INDICE DE MATERIAS 375
L´ınea
de las ´ apsides, 265
de los nodos, 265
internacional de cambio de fecha, 113
Longitud
del nodo ascendente, 266
del pericentro, 267
ecl´ıptica, 74
gal´ actica, 76
geoc´entrica, 35
geod´esica, 38
Mayer, Tobias, 191
Mec´ anica celeste, 127, 205–207
Mercator, Gerhardus, 63
Meridiano
de Greenwich, 37, 112, 115
de referencia, 37
del observador, 53, 135
Mes
sid´ereo, 97
sin´odico, 97, 157
Met´ on, 165
Momentum
angular, 233, 234
lineal, 217, 225
Movimiento
del polo, 34, 131
diurno, 31, 71, 94
en el espacio, 175, 191
medio, 250
propio, 191, 192, 203
Nadir, 52, 53
Newcomb, Simon, 126, 127, 179
Newton, Isaac, 206, 216, 219, 280, 282, 315
Nodos lunares, 96
Numa Pompilio, 157, 158
N´ umero ´aureo, 166
Nutaci´ on, 124, 175, 181–183, 203
Oblicuidad
de la ecl´ıptica, 56, 176
media de la ecl´ıptica, 184
verdadera de la ecl´ıptica, 124, 184
Ocaso, 137
Oposici´on, 102
Orto, 137
Paralaje, 150, 175, 193, 196, 197
anual, 193, 195, 196, 203
diurno, 193
horizontal, 193
Parsec, 197
Par´abola, 244, 245, 261
Par´entesis de Lagrange, 307
Pascua, 161, 165, 167
Perihelio, 213
Per´ıodo juliano, 120
Planeta
exterior, 102
interior, 101
Planetas, 99
Poincar´e, Henri, 291, 310
Polo
norte celeste, 51
norte terrestre, 34, 54
sur celeste, 51
sur terrestre, 34, 54
Polos
terrestres, 34, 51, 54
Precesi´on, 146, 156, 175–179, 182, 183, 202
general, 178
lunisolar, 178
planetaria, 178
Problema
de los dos cuerpos, 223
de los n cuerpos, 281, 290
de los tres cuerpos, 280, 282
restringido de los tres cuerpos, 288
Ptolomeo, Claudio, 63, 65, 208
Puntos
cardinales, 53
de Lagrange, 289
Radio vector, 213, 245
Refracci´on, 140, 150, 175, 198, 199, 203
R´etico, Georg, 209
Riemann, Berhard, 206
Rotaci´ on, 32, 34
Sat´elite
geoestacionario, 231, 251, 327
Molniya, 331
Sol-sincr´ onico, 326
Tierra-sincr´onico, 325
Sat´elites artificiales, 32, 219, 220, 315
Scaliger, Justus, 120, 169
Segundo
bisiesto, 132
376
´
INDICE DE MATERIAS
SI, 130
Semana, 155
Semieje mayor, 42, 211, 266
Semieje menor, 249
Sistema inercial, 217, 223
Solsticio, 59, 115, 147, 158
Sos´ıgenes, 158
Teor´ıa de la relatividad general, 128, 201, 206,
207
The Astronomical Almanac, 129
Tiempo
at´omico, 130
at´omico internacional, 130
de las efem´erides, 127, 128
din´amico, 128
din´amico baric´entrico, 129
din´amico terrestre, 129
local, 113
sideral, 126
sideral local, 81, 111, 118
solar medio, 112
solar verdadero, 111
terrestre, 129
universal, 112, 126, 131
universal coordinado, 131
Tierra, 31, 32, 48
rotaci´ on, 126, 127
Transferencia
de Hohmann, 332
Transformaci´ on de coordenadas
ecu. absolutas a ecu. horarias, 81
ecu. absolutas a ecl´ıpticas, 87
ecu. absolutas a gal´ acticas, 89
ecu. ecl´ıpticas a ecu. absolutas, 86
ecu. horarias a ecu. absolutas, 81
ecu. horarias a horizontales, 80
gal´ acticas a ecu. absolutas, 91
horizontales a ecu. horarias, 78
Trayectoria rectil´ınea, 240
Tri´angulo esf´erico, 23
Trigonometr´ıa esf´erica, 21
Tr´ opico
de Capricornio, 146
de C´ ancer, 146
Tsiolkovsky, Konstantin, 339
Universo, 15
Velocidad radial, 191, 193
Vernal, punto, 57, 108, 156, 232
Vertical
de un astro, 53
local, 39
V´ıa L´actea, 75
Zod´ıaco, 64, 99
Zona torrida, 146

• Jos´ Gregorio Portilla B. e El profesor Portilla actualmente es Profesor Asociado de Dedicaci´n Exclusiva adscrito al Observatorio o Astron´mico Nacional de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia. Dicta regularo mente las c´tedras de Astronom´ General I, Mec´nica Celeste e Introducci´n a la Coheter´ y Astron´utica a ıa a o ıa a que se ofrecen a los estudiantes de pregrado y posgrado en la mencionada instituci´n. Su campo de inveso tigaci´n se dirige hacia la mec´nica celeste, en particular sobre el movimiento de sat´lites, estabilidad de o a e o ´rbitas, m´todos de integraci´n y mec´nica celeste relativista. e o a

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Elementos de astronom´ de ıa ´ posicion

Jos´ Gregorio Portilla B. e Observatorio Astron´mico Nacional o Facultad de Ciencias Universidad Nacional de Colombia Bogot´ a

Presente edici´n: mayo de 2001 o

´ c 2001, Observatorio Astronomico Nacional Internet: http://www.observatorio.unal.edu.co/miembros/docentes/grek/grek.html Correo-e: gportill@ciencias.unal.edu.co No se permite la reproducci´n total o parcial de esta obra, ni su incorporaci´n a un sistema ino o form´tico, ni su transmisi´n en cualquier forma o por cualquier medio, sea ´ste electr´nico, mec´nico, a o e o a por fotocopia, por grabaci´n u otros m´todos, sin el permiso previo y por escrito del autor. o e
A n o Dise˜o y diagramaci´n en L TEX: Jos´ Gregorio Portilla B. e Dise˜o de car´tula: Martha Chac´n Chac´n y M. Arturo Izquierdo Pe˜a. n a o o n Car´tula: Concepci´n art´ a o ıstica del paso de la nave Viajero II por el planeta J´ piter. u ISSN: 0120-2758 Impreso en Colombia Universidad Nacional de Colombia, Bogot´ a

A mis padres: Mar´ Teresa y ıa Jos´ Gregorio e

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Prefacio
Este libro constituye en su mayor´ las notas ordenadas, ampliadas y actualizadas de ıa parte de los cursos de Astronom´ General I, Mec´nica Celeste e Introducci´n a la Coheter´ ıa a o ıa y Astron´utica que el autor ha tenido la oportunidad de dictar en varias ocasiones en la sede a acad´mica del Observatorio Astron´mico Nacional. Pretende ser una exposici´n sencilla, e o o clara y no demasiado t´cnica de diversos t´picos de la astronom´ esf´rica y la mec´nica e o ıa e a celeste, pero procurando conservar cierto nivel de profundizaci´n necesario para abordar o una ciencia que, como la astronom´a, depende enteramente de la medida y del c´lculo. ı a Exceptuando tal vez los cap´ ıtulos 12 al 15, el libro est´ enteramente al alcance de una a persona que haya completado un bachillerato a conciencia. En una ´poca clave para el desarrollo de la astronom´a en nuestro pa´ con la conformae ı ıs, ci´n de la RAC (Red Astron´mica Colombiana), la aparici´n y consolidaci´n de grupos y o o o o asociaciones de aficionados a lo ancho y largo del territorio nacional y el surgimiento, en el segundo semestre de 1999, de la Especializaci´n en Astronom´ en la Universidad Nacional o ıa de Colombia sede Bogot´, es de esperarse un avance significativo de la astronom´ criolla a ıa en los a˜os venideros. El autor estar´ plenamente satisfecho si esta obra contribuye en un n ıa infinit´simo a dicho desarrollo. e El autor agradece el apoyo de cada uno de los profesores que conforman el personal docente del Observatorio Astron´mico Nacional. En particular debo mencionar a tres de ellos: o el profesor Eduardo Brieva, quien ley´ la totalidad del texto y realiz´ importantes y muy o o valiosas sugerencias; el profesor Fernando Otero, quien ley´ algunos de los cap´ o ıtulos e hizo significativas recomendaciones y el profesor Arturo Izquierdo, quien no s´lo me colabor´ con o o su profundo dominio de muchos programas en Linux sino tambi´n ayud´ en la elaboraci´n e o o a de la car´tula. Mi agradecimiento tambi´n se extiende a los monitores del Observatorio Germ´n Mone a toya y Daniel Izquierdo quienes estuvieron atentos a resolver las dudas que tuvo el autor A con el manejo del sistema operativo Linux, el procesador de palabra cient´ ıfico L TEX y varios programas graficadores; a Martha Chac´n Chac´n por su dise˜o de car´tula, y a los muchos o o n a estudiantes de pregrado de la Universidad y en particular de los de la Especializaci´n en o Astronom´ sin quienes mucho del contenido de este libro estar´a oscuro e impenetrable. A ıa ı todos, mi agradecimiento m´s profundo. a

´ Jose Gregorio Portilla B. ´ Profesor, Observatorio Astronomico Nacional ´ Bogota, MMI

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. . . . . . . . . . . . .7 ´ BOVEDA CELESTE Conceptos fundamentales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Nombres de estrellas y designaciones . 5. . . . . . . . . . . . . . .3 Coordenadas ecuatoriales (ecuatoriales absolutas) 5. . . . . . . . . ıa 1. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .4 4. . . . . . . . . . . 24 3 EL PLANETA TIERRA 3. . . . . . . . . .1 Forma de la Tierra . . .2 Coordenadas de un observador en la superficie de la Tierra . . . . . . . Cat´logos de estrellas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .2 4. . . . . . . . . . . . . . . . . .3 4. . . . . . . . . . . . . a 5. . . . . . .3 Coordenadas geogr´ficas (astron´micas) . . . . . . . . . . . . . . . . 5 COORDENADAS CELESTES 5. . . . . . . . . . . . . . . .5 Coordenadas gal´cticas . . . . . . . . .1 La astronom´ . . . . . . . . . o 4 LA 4. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .2 Coordenadas geod´sicas . . . . . .´ Indice General ´ 1 INTRODUCCION 1. . . . . . . . . . . . . . o u La ecl´ ıptica . 1. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5. . .3 Unidades de longitud y su relaci´n con las dimensiones terrestres o 3. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .2. . . . . . . a 31 32 35 35 37 39 40 41 47 50 54 56 58 62 64 65 69 69 71 72 73 75 76 . . . . . . . . . . . . . a o 3. . . . . . . . . . . . . 3. . . . . . . . . 5. . . . . . . . . . . . .4 Transformaci´n entre latitudes . . . . . . . . . . . . . . . . . . .5 4. . . . . .2 La astronom´ esf´rica y din´mica ıa e a 1. . . . . . . . . . . . . . . . .6 4. . e e 3. . .1 Relaciones fundamentales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .1 Coordenadas horizontales . . . 3. . .3 La astronom´ y la astrolog´ .4 Coordenadas ecl´ ıpticas . . . . . .2.1 Coordenadas geoc´ntricas . . Constelaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .2 Coordenadas ecuatoriales horarias . . . . . . . . . ıa ıa 15 15 15 16 17 . . . . Estaciones . . Observaci´n del cielo seg´ n la latitud . . .1 4. . . ´ IA 21 2 TRIGONOMETR´ ESFERICA 2. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .6 Transformaci´n entre los sistemas de coordenadas o 9 . . . . . . . . .1. . . . . . . . . . . . . . . . . . 3. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .1 Objeto de estudio . . . . . . . . . . . . . . . . . . .2. . . . . . .

. . ´ ´ 8 CALCULO DE ALGUNOS FENOMENOS 8. a LOS CUERPOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7. . .6. . . . . . . . . 111 . . . . . . . . . . . . . . 118 . . .3 5. . . . . Ecuatoriales horarias a ecuatoriales absolutas y viceversa Ecuatoriales absolutas a ecl´ ıpticas y viceversa . a 7. . . . . .1 El d´ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .3 El c´lculo especial del Sol y la Luna a 8. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7. . . . . . .5. . . . . . . 6. . . . . . . . . .9. . . . . .2 Salida y puesta de un astro . . . .10. . . . . . o 7. . . . .3. . . 109 . . . .3 El d´ solar medio .2 Conversi´n entre tiempo sideral y tiempo solar medio o 7. . . . . . . 130 . . . . . . 8. 112 . . . . 6. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .1. . . . . . . . . . . . .9. . .1 Culminaci´n de cuerpos celestes . . . . . . . . . . . . . o CELESTES .1. . . . .1 Movimiento diurno . . . 110 . 111 . . . .1 5. . . . . . . . . . . . . . . . . 8. 126 . . . . . . . . . . . . ıa 7. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .5 Navegaci´n astron´mica .2 Refinando el c´lculo . . . . . . . 6. . . . .2 La Luna y el Sol . . . . . ıa 7. . . . 7 EL TIEMPO EN ASTRONOM´ IA 7. . . . . . . . . . . . . . a 8. . . . . . . 131 135 135 137 138 140 143 143 145 148 ´ ASTRONOMICOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8. . . . . . . . 116 . . . .2. . . . . . .8 La ecuaci´n del tiempo . . . . . . . o 8. . . . . . . . . . . . . . . 128 . . . . 7. . . . . . . . . .6 El tiempo universal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . a 7. .3 Paso por el meridiano del observador . . . 7.2. . . . . . . . . . . . . . . . .6. . . .6. . . . . .1 El c´lculo de la fecha juliana . . . . . . . . . . . . . . .5 El tiempo solar medio . 112 . . . . . . . . . . . . . .4 Paso por el cenit del observador . . . . . . . . . . ıa 7. . . . . . .9 El c´lculo del tiempo sideral local . . . . . .1 Una primera aproximaci´n . . .1 Variaciones en la tasa de rotaci´n terrestre . . . . . . . . . . . . 107 . . . . . . . .11 El tiempo at´mico . . 112 . . . . . . . . . . . . . . 126 . . . . . . .4 El tiempo solar verdadero . . 108 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .2 El tiempo de las efem´rides (TE) . . . . . 127 . . . . . . . . . . . .7 Husos horarios . . . . . . . . . . . . . . . . . . ıa 7. . a 7.1 Per´ ıodo sin´dico . . . .1. .3 Los planetas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . o 7. . . . . . . . . . . . . . . . . 7. . . . . . . . . 123 .3 El tiempo din´mico . . . . . . . . . . . . . . . . . . .12 Tiempos universales . . . . . . . . . o 7. . . .10. . . . . . . .10. . .1 El d´ sideral . . . . . . o o . . . . . . . . . . . . .3 El tiempo sideral local . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .2 El d´ solar verdadero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .2. . . . . . .2 5. 7. . . . . . . . . . . . . . . Ecuatoriales absolutas a gal´cticas y viceversa . . 119 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . a 7. . . . . . o 8. .10 Sistemas de tiempo . . .6. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .4 De horizontales a ecuatoriales horarias y viceversa . . . . . 76 81 84 89 93 93 94 98 104 6 MOVIMIENTO APARENTE DE 6. . . . 107 . . . . . . . . . e 7. . . . 108 . . . . . . . . . . . . . . . . . .2 El c´lculo del TSG0 . . . . . .

. . . 11. . . . . . . . . . . . .2 Areas y ´ngulos . . . . . . . . . . . . . . . . o o 10. . . . . . . . . . . . . . . . . .2. . . . . . . .2 La funci´n potencial . . . . . . . . . 12. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .6. . . . . . . . o 12. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .1 Estado de las cosas en la antig¨ edad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .1 Precesi´n . . . . . . .5 Paralaje . . . . . . . . . . . . .4 Movimiento en el espacio . . . . 9. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9. . . . . . . . . .6. . . 12. . . . . . . 9. . . . . .6. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .6 Momentum angular diferente de cero: trayectorias c´nicas o . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12 EL PROBLEMA DE LOS DOS CUERPOS 12. . . . . . . . . . . . . . . . u ´ 9. . . o 10. . . . . . .1 Ley de atracci´n newtoniana . . . . . . . . . . . . . .1 Aberraci´n estelar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . o 10. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .1 Paralaje diurno . .6. . .3 Per´ ıodos y distancias . . .4. . .5. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .4 El calendario gregoriano . . . . .2. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9. . . . . . . . . . . . . . . a 11. . . o 11. . . . . . . . .2 Nutaci´n . . . 10. . . . .3 Elecci´n de un sistema de coordenadas . . . .1 Movimiento con respecto al centro de masas . .7 Deflecci´n gravitacional de la luz . .2. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .3 Calendario y cristianismo . . . . . . . . . . .6.1 Aceleraciones . .1 Areas y tiempos: otra vez la segunda ley de Kepler 12. . . . . . . . . . . .2 Kepler y sus leyes .2 El movimiento relativo . . . . . . . . . .2 Aberraci´n planetaria . . .2 N´mero aureo . ´ 12. . . .2. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .9 CALENDARIO 9. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . o . . . . . . . . . . . .3. . . . . . . . . . . .3 Aberraci´n . . . .6 Refracci´n astron´mica .3. . .4 Otros ciclos . . .3. . 10. .2 Paralaje anual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .1 Letra dominical . . . 155 157 158 160 162 163 165 165 166 167 168 169 171 175 175 181 185 185 190 191 193 193 195 198 201 205 208 209 211 215 215 216 218 219 223 227 229 230 232 233 237 240 242 ´ 10 CORRECCION A LAS COORDENADAS o 10. . . . . . .1 El calendario romano primitivo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . a 9. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .2 El calendario juliano . . . . . ´ ´ 11 MECANICA CELESTE: UNA INTRODUCCION 11. . . . . . . . . . . u 11. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . o 10. . . . . . .5 Momentum angular cero: la ´rbita rectil´ o ınea . ´ 11. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12. . . . . . . . . . . . . . . . . .1 La elipse . . . . . o . . . . . . . . . . . . 10. . .3. . .5. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .4 El momentum angular . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .5 Cronolog´ .6 La determinaci´n de la fecha de Pascua o 9. .3 El formalismo Newtoniano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9. . . 9. . . . . . . . 11. . . . . . . . .5 C´lculo de la fecha de Pascua . . . . .7 Calendario colombiano . . . . . . . . . . . . . . . . ıa 9. . . . . . . . . . . 10. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .3 La Epacta . . . . . . . . 9. . . . . . . . . . o 10. . . . . . . . . . .

1 Orbita el´ ıptica . . . . .2. . . . .2 Teor´ de perturbaciones . . . . . . . . . . . . . . . . 14. . . . . . . . . . .1 Presencia de un tercer cuerpo. . . . . . . . . . . . o ´ 12. . . . . . . o e 14. .5. . . . . .2 Cambio de inclinaci´n . . . . . . . . . . . . . . . . e 15. . . . . .6 Orbitas de transferencia . . . . . . . . e EN EL . . . . . . . .10. . . . . . . . . . . . . . . ıa ´ 15 SATELITES ARTIFICIALES Y COHETES 15. . . . . . . ´ 12. . . . . . . . . . . . . . . . . .1 C´nicas . . .2 El sat´lite Tierra-sincr´nico . . . . . . . . . . . . . . . . . o 14. . realidad . . . . . . . . . .2 La posici´n con respecto a la Tierra .4 Perturbaciones al problema de los dos cuerpos . . . . . . . . . . .3 Orbita parab´lica . . . . . . . . . . . . . . . . .4. . . . .4. . . . . . . . . . . . . . . . 14. . 14. . . . . . . .7 El efecto Poynting-Robertson . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .12. . . . . . . . . ıa 12. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .2 No esfericidad del cuerpo central .8 La ecuaci´n de Tsiolkovsky . . . . . .6. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14. . . o o 14. . . . . . . . . . . . . . . . . .4. o . . . . . . . . . . . . . o 12. . . . . . . . . . . . . . . . . . .10El c´lculo de la anomal´ verdadera . . . . . . .1 Modelo vs. . . o 13. . .3 Perturbaci´n por rozamiento atmosf´rico . . . . . .6 Perturbaci´n por curvatura del espacio-tiempo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . o 15. . .7 Cohetes . . 14 PERTURBACIONES 14. . . . . . . . . . . . . e o 15. .0. . . . . . . . . . . ESPACIO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ıa e 15. . . . . . . . . . . . .9 Resistencia por part´ ıculas cargadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .3 Las coordenadas topoc´ntricas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .6. . . . . . .1 La integraci´n num´rica . .4. 14. . . . . . . . . . . . . .5. . . . . . . . . .3 El sat´lite Sol-sincr´nico . . . . . . . . .4 Perturbaci´n por presi´n de radiaci´n . . . . . . . .4. . . . o . .5 Perturbaci´n por eyecci´n de masa . . .4. . . . . . . . . .5 Resolviendo las ecuaciones . . . . . . . . . . 13. . 15. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .1 Velocidad en el espacio . 13. . . . . .10. .4. . . . . o e 14.8 El efecto Yarkovsky . . . . . . . e ´ 15. . . . . . . . . . 14. . . . .1 El problema restringido circular de los tres cuerpos 14. . . . . . . . . . . . .1 Transferencia tipo Hohmann . . . .2 El problema de los tres cuerpos . . . . .2 Orbita hiperb´lica . . . . .7 La energ´ total . . . . . . . . . . . . . . . . . . . a 14. . . . . . . . .1 Una teor´ sencilla del sat´lite artificial . . . . . . .6.4. . . . . . . . . . . . . . . . . 14. . . . . . . . . . . . . . . .4 Elementos orbitales . . . . . . .4. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15. . . . . . . . . . . . . . . .8 C´lculos de masa: otra vez la tercera a 12. . . . . . . . . . . . . . . e o 15. de Kepler . o o o 14. 245 248 249 252 254 254 259 261 265 265 267 269 270 276 279 279 282 288 290 291 292 292 295 296 296 297 300 301 301 302 302 303 315 318 325 326 327 331 332 332 335 336 337 ´ ´ 13 LA DETERMINACION DE LA POSICION 13. . .3 El problema de los n cuerpos . . . . . . . . . . . . . . . . o de m´s cuerpos . . . . . . o 13. .5 Posici´n en el espacio . . . . . 15. . . . . . . . . . . . . . . .4 El sat´lite geoestacionario . . . . . . . 14. . . . . . . . . a ıa ´ 12. .10. . . . . . . . . . . .0. . . . . . . . 12. . . . . . . . . .5 El sat´lite Molniya . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ley . . . .9 Velocidades . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . .5 Datos de la Luna . . . . . 354 o B Posiciones geogr´ficas de algunas ciudades colombianas a C Cuerpos del sistema solar C. . . . . . . . . . . .2 Fechas de Pascua para algunos a˜os . . . 371 . . . . . . . . . . C. . . .1 Las estrellas m´s cercanas al Sol . . . . . . . . . . .6 Algunos asteroides . . C. . . . . . . . . . . .9 Las condiciones de inyecci´n y la orbita inicial . . . 360 361 361 362 362 363 . . .0 . .1 Unidades . 346 o ´ A Constantes astron´micas o 353 A. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .2 Las estrellas m´s brillantes . . . . . . . . . . 365 a E. . . . . . . . . . . . . . . .15. . . . . . . . . . . . . . . . .7 Algunos cometas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 360 . . . . . . .I. . . . . . . . C. . . E Estrellas 365 E. .2 Datos f´ ısicos de los planetas (II) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .1 Descansos remunerados . . . C. . 366 a F Fecha Juliana 367 G Calendario 369 G. . . . . . . . . . C. . (1976) . . .3 Calendario Perpetuo . . . . . . .4 Datos del Sol . 369 G.A. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ecl´ ıptica media . . . . . . 359 . . . . . . . . . . . . . . .2 Sistema de Constantes Astron´micas de la U. . . . . . . . . C. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 370 n G. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 353 A. . . . . . D Refracci´n astron´mica a nivel del mar o o 355 359 .3 Elementos orbitales osculatrices helioc´ntricos referidos a la e y equinoccio de J2000. . . . . . .1 Datos f´ ısicos de los planetas (I) . . . . . . .

14 .

el Sol. la Luna.1 La astronom´ ıa La astronom´ es aquella rama del saber cient´ ıa ıfico que estudia el universo en su conjunto. ı existen y existir´n. tiguo e inconmensurablemente enorme. planetas. evoluci´n. lo que significa que sus procedimientos y metodolog´as ı descansan en nuestros conocimientos de las leyes f´ ısicas y qu´ ımicas hasta ahora descubiertas y por lo tanto. ıa o o etc. ıa 1. estructura. cometas y estrellas fugaces. u pero permanecen muchos interrogantes todav´ por esclarecer. hasta objetos ex´ticos tales como los agujeros negros. origen. La astronom´ busca explicar el universo (su composici´n. Con la aparici´n de instrumentos y herramientas tales o 15 .) pero con un enfoque cient´ ıfico.1. Es cierto que hemos avanzado mucho en su conocimiento. Por lo que sabemos hoy en d´ el universo es extraordinariamente ana ıa.Cap´ ıtulo 1 ´ INTRODUCCION 1.1 Objeto de estudio Son objetos de estudio de la astronom´a aquellos cuerpos que observamos en el cielo —por ı lo que los llamamos “celestes”—. de las bases matem´ticas que las sustentan. aquellas teor´ que no ıas o ıas explican satisfactoriamente los fen´menos observados son reevaluadas e incluso desaparecen o si una nueva teor´ surge con mayor poder explicatorio y predictivo. estrellas. o Entendemos aqu´ por universo a todo el conjunto de cuerpos celestes que han existido. Nuestro conocimiento ıa del universo es a´n muy limitado. Los resultados que se derivan de las a teor´ propuestas son continuamente comparados con la observaci´n. pulsares y enanas marrones. quasares. En la antig¨ edad los astr´nomos y fil´sofos contemplaron u o o y estudiaron aquellos objetos que son visibles a simple vista: el Sol. El universo comprende cuerpos tan familiares como la Luna. los planetas y las estrellas.

se descubrieron objetos y estructuras que hab´an pasado desapercibidas hasta entonces senciı llamente por la limitaci´n de nuestros sentidos. etc. para que n los que vienen detr´s de ellos. fruto o de sus pacientes observaciones y medidas hechas en el transcurso de muchos a˜ os. es un profesional altamente preparado con s´lidos conocimientos en matem´ticas. pero en el mundo entero miles de astr´nomos o o continuan desarrollando t´cnicas observacionales e instrumentales. qu´ ımica. creando y optimizando e nuevos m´todos anal´ e ıticos y computacionales con el fin de seguir desentra˜ ando los profunn dos misterios e interrogantes que a´n encierra el universo. o de otra clase.2 La astronom´ esf´rica y din´mica ıa e a Este libro trata espec´ ıficamente de dos ramas de la astronom´a que est´n intimamente relaı a cionadas entre s´ La astronom´ esf´rica estudia la manera de como es posible relacionar ı. filos´ficos. INTRODUCCION como telescopios y c´maras fotogr´ficas se logr´ obtener por un lado. intenten a a completar el panorama y contin´ en con ese anhelo de exploraci´n y entendimiento. ımica y mec´nica celeste. m´s instruidos y con una experiencia ya heredada. Aquellos ıa ıa a a dedicados a la b´squeda del origen y formaci´n de la Luna necesitan conocimientos muy u o profundos de geolog´ qu´ ıa. pues sus herramienta de trabajo son la geometr´ diferencial. ıa. El astr´nomo. Aquellos que se a o a dedican por ejemplo al estudio de las propiedades de los agujeros negros son profesionales con una formaci´n muy s´lida en matem´ticas y f´ o o a ısica. biolog´ geolog´ computaci´n. Sus preguntas son del o a siguiente tenor:¿Cu´ndo ser´ el pr´ximo eclipse de Sol? ¿A qu´ horas exactamente saldr´ el a a o e a Sol para un d´ y lugar determinado? ¿Por qu´ los planetas describen trayectorias aparentes ıa e tan complicadas? ¿Qu´ tan antiguo es el Sol? ¿Qu´ composici´n qu´ e e o ımica tiene la Luna? ¿A qu´ distancia est´n las estrellas? ¿Por qu´ brillan ´stas? ¿Qu´ tan antiguo es el universo? e a e e e Las respuestas a algunas de estas preguntas han costado mucho trabajo y dedicaci´n a o hombres de ciencia en el transcurso de muchos siglos. u La astronom´ es actualmente una ciencia supremamente extensa que cubre tan vastos ıa campos de inter´s que se ha hecho necesario dividirla en ramas o especializaciones. una visi´n m´s coma a o o a pleta y extraordinaria de todos aquellos cuerpos conocidos hasta entonces y. 1. Y as´ ocurre con todas las dem´s ramas a ı a en las que se ha subdividido la astronom´ ıa. ıa e las direcciones cambiantes de los cuerpos celestes con sus posiciones sobre la superficie de la . Para la e persona de la calle el astr´nomo es aquel sujeto que se dedica meramente a la observaci´n o o del cielo. u o El astr´nomo estudia el cielo de una manera sistem´tica y formal.16 ´ CAP´ ITULO 1. o e tendr´ mayor preparaci´n en algunas de esas ciencias m´s que en otras. o a f´ ısica. o La astronom´ busca dar respuestas a la curiosidad innata del hombre por comprender ıa lo que lo rodea desde el punto de vista c´smico. Muchos de ellos han legado sus observaciones. por otro. para los c´nones a o a actuales. la teor´ de la relatividad general y la mec´nica cu´ntica. han dedicado sus vidas a la observaci´n. Pero en la realidad es mucho m´s que eso. Dependiendo de su area de inter´s ıa. animados por motivos o teol´gicos. Hombres curiosos. medida y o o o comprensi´n de los cuerpos celestes. Algunas de ellas todav´a no tienen una ı explicaci´n que podamos llamar satisfactoria.

3. por lo medios intelectuales y cient´ ıa ıficos. y en casos especiales y ıa a a rigurosos. ı ıa. particularmente en el momento de su nacimiento. aquella rama de la astronom´ que se ocupa de las o ıa. le es indiferente el o estudio formal y excitante de la naturaleza del cosmos. con el avance portentoso de la ciencia y la tecnolog´ la ıa. Los creyentes y ıa adeptos de la astrolog´ insisten en que su destino. diario y para el desempe˜o de su labor. a a o aun entre personas que se precian de ser ilustradas. a ısica y qu´ ımica son por lo tanto limitados. grupos humanos e incluso naciones enteras. En algunas referencias la astronom´ de posici´n o ıa o se entiende como un sin´nimo de astrometr´ esto es. En un contexto m´s amplio. su suerte (o la carencia de ella). e respecto a las estrellas) para alguna fecha dada. La astronom´ din´mica estudia todas aquellas explicaciones de ıa a orden fisicomatem´tico que tratan de dar cuenta del movimiento de los cuerpos celestes bajo a la influencia de sus mutuas atracciones gravitacionales. sus gustos e instintos dependen y est´n determinados por la ubicaci´n relativa de los cuerpos celestes a o en instantes cruciales de su existencia.1. La realidad es que son dos actividades completa y radicalmente diferentes. en particular en lo que tiene que ver con los conceptos y m´todos observacionales involucrados en la realizaci´n de las medidas. pues no es su intenci´n desentra˜ ar los misterios o n f´ del cosmos por lo que no requiere todas esas herramientas que son imprescindibles para el astr´nomo. amerita.3 La astronom´ y la astrolog´ ıa ıa Es muy raro el texto de astronom´ que se atreva a dedicar si quiera unas l´ ıa ıneas dirigidas a dejar en claro la diferencia que existe entre la astronom´a y la astrolog´ Sin embargo. la estabilidad y el poder determinista de las 1 No hay un consenso general sobre esta definici´n. ıa medidas de las posiciones de los cuerpos celestes en el cielo. despreocup´ndose por el hecho de que ´stos utilizan en sus c´lculos la teor´ o a e a ıa de la relatividad general (el funcionamiento. tienen una influencia marcada y o e o directa en el destino y el car´cter de las personas. Son muchas las personas en nuestra sociedad que piensan que la astronom´ y la astrolog´ ıa ıa son una misma cosa. En su trabajo ıa. como una simple pr´ctica adivia natoria. no pretende conocer el origen y la evoluci´n del universo. Eso s´ le interesa conocer las efem´rides (las posiciones de los planetas con o ı. ıa. o 1. a la misma altura de la quiromancia y otras actividades similares. la astronom´ ıa a ıa esf´rica y la astronom´ din´mica forman juntas lo que se conoce como astronom´ de posie ıa a ıa ci´n1 . el auge que cobran cada vez m´s las pr´cticas adivinatorias y ocultistas entre la poblaci´n. a Sin embargo. La astronom´ esf´rica requiere el dominio b´sico de la trigonometr´ esf´rica. LA ASTRONOM´ Y LA ASTROLOG´ IA IA 17 denominada esfera celeste. hoy por hoy. la ıa e a ıa e astronom´ din´mica requiere el manejo de la mec´nica newtoniana. de la teor´ de la relatividad general. al astr´logo lo tiene sin cuidado la constituci´n de n o o las estrellas. astrolog´ es vista. La astrolog´ a diferencia de la astronom´ no busca explicar el universo. a modo de responsabilidad con la sociedad. hacer las siguientes apreciaciones. Sus conocimientos en matem´ticas. no con la exactitud y precisi´n que requiere o el astr´nomo. la Luna y los planetas) y ıa la posici´n aparente de ´stos en relaci´n con las estrellas. La astrolog´ parte del supuesto de que los astros (el Sol. e o . aunque no se descartan otro tipo de fuerzas.

P. a Un texto breve y descriptivo de la mayor´ de temas de la astronom´a moderna. Kononovich. V. en la ´poca de los antiguos e caldeos. et al. (1996) Fundamental Astronomy. en sus justas proporciones. LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS • Bakulin. E. para todos aquellos que no comprenden la diferencia entre la astronom´ y la astrolog´ ıa ıa. El origen de estas reglas puede trazarse hasta unos 2500 A. La diferencia entre astronom´ y astrolog´ es equivalente. La primera es el estudio cient´fico del ıa ı higado.. • Karttunen. posiblemente el ultimo de los grandes astr´nomos que o a ´ o cultiv´ tambi´n la astrolog´ Sin embargo. famoso astr´nomo alem´n. Es justo decir. o El astr´logo realiza predicciones sobre el destino de las personas basado no en las leyes o de la naturaleza sino en recetas y formulaciones carentes por completo de fundamento. Desdichadamente. Moroz. Que la poblaci´n vea a la astrolog´ como un pasatiempo o o ıa o divertimento jocoso vaya y pase. ı u Texto de astronom´ que ofrece. pues su intenci´n es adivinar —no calcular— lo que ıas o puede ocurrir con el destino de las personas. la segunda es la pr´ctica adivinatoria que consiste en leer el futuro interpretando la a forma y los ligeros cambios de posici´n del higado de animales que se sacrifican con tal fin. la inseguridad. sin demasiada profundidad t´cnica. INTRODUCCION teor´ planetarias no son su problema). H.. y la crisis de identidad de muchos miembros de nuestra sociedad. (1994) El secreto de las estrellas. astrolog´ ¿mito o realidad?. se separaron radicalmente hasta hacerse casi irreconocibles. que hasta tiempos relativamente recientes los astr´nomos fueron tambi´n practicantes de la o e astrolog´ en particular cuando necesitaban la protecci´n de pr´ ıa. ni la aprobaci´n de una pr´ctica adivinatoria o o a como una ciencia “cierta” o “verdadera” sino m´s bien la falta de cultura cient´ a ıfica. a o • Brieva-Bustillo. P. (1985) Introducci´n a la astronom´ El sistema solar. un amplio espectro de la ıa e tem´tica astron´mica. Gerona. o ıncipes y reyes a los cuales s´lo les interesaba saber lo que los astros les deparaban en el futuro.18 ´ CAP´ ITULO 1. e o . Es el caso de Johannes o Kepler.. Springer-Verlag. eficiencia del astr´logo en sus predicciones. a ıa ıa la existente entre la hepatolog´ y la haruspimancia. (1983) Curso de astronom´a general. fisiol´gico. sin embargo. esto es. E. e o o o etc. Bogot´. Tikal ıa: ediciones. Mosc´ . ambas actividades o e ıa. • Culver. el estudio de ´ste ´rgano desde el punto de vista morfol´gico. Empresa Editorial o ıa: Universidad Nacional de Colombia. Ianna.. Es muy normal encontrar hoy en d´ en pr´cticamente todos los peri´dicos y publicaciones ıa a o seriadas dirigidas al gran p´blico.C.. son muchas las personas que creen firmemente lo que les indica su hor´scopo gastando para ello enormes sumas de dinero en o la consulta peri´dica de supuestos especialistas en astrolog´ Esto lo que revela no es la o ıa. ya para finales del siglo XVII. con ´nfasis ıa ı e en el sistema solar. secciones enteras sobre hor´scopos y avisos publicitarios u o de astr´logos “profesionales”. Excelente libro que expone con detalle las fallas conceptuales de la astrolog´ Muy revelador ıa. cuando la ciencia y la magia eran una misma cosa. Heidelberg. Mir. Excelente texto de astronom´ a nivel universitario que cubre diversos aspectos de los moderıa nas t´cnicas observacionales y te´ricas. B.

Bogot´. con diversad de t´picos o o o sobre la historia y proyecci´n del pensamiento cient´ o ıfico. M´xico. Planeta. ampliamente ilustrado. C.htm En esta hoja electr´nica se encuentran multitud de consideraciones en contra de la astrolog´ o ıa con gran cantidad de enlaces y bibliograf´a. • http://www. (1984) El cerebro de Broca. (1994) Cosmos. • http://www. ı . o Excelente ensayo epistemol´gico que plantea estrategias para la difusi´n de la astronom´ y o o ıa en general del pensamiento racional en nuestro pa´ ıs. a Inmejorable libro de divulgaci´n astron´mica.com/~eric/astrology.wsanford. J.voicenet. a Un libro que llama la atenci´n sobre la necesidad de cultivar una visi´n esc´ptica del universo o o e y de los peligros que entra˜ a la difusi´n de pr´cticas ocultistas y seudociencias en nuestro n o a mundo civilizado.E. • Senior. Planeta. (1997). (1996) Epistemolog´ y divulgaci´n de la astronom´ en Memorias del segundo ıa o ıa. ıa. El mundo y sus demonios.1.htm Se encuentran varios comentarios referentes a la diferencia entre astronom´ y astrolog´ ıa ıa. LA ASTRONOM´ Y LA ASTROLOG´ IA IA 19 • Sagan C. Grijalbo.com/~wsanford/exo/zodiac.3. • Sagan. Bogot´. encuentro nacional de astronom´ Universidad Tecnol´gica de Pereira. • Sagan. C. e Una descripci´n autorizada sobre diversos t´picos astron´micos con algunos matices sobre la o o o aplicaci´n del m´todo cient´ o e ıfico.

INTRODUCCION .20 ´ CAP´ ITULO 1.

1: ´ Angulo diedro Definimos angulo triedro (ver figura 2. nos vemos en la necesidad de ver algunos conceptos m´ e ınimos en esta materia que nos ser´n de gran ayuda m´s adelante. e a a e Definimos angulo diedro (ver figura 2. ´ ARISTA Figura 2.Cap´ ıtulo 2 TRIGONOMETR´ IA ´ ESFERICA Puesto que muchos problemas astron´micos de inter´s se reducen al estudio de los tri´ngulos o e a esf´ricos.2) a aquel formado por la intersecci´n en un s´lo ´ o o 21 .1) a aquel formado por dos planos que se cortan. ´ Los planos reciben el nombre de caras del ´ngulo diedro. a a La trigonometr´ esf´rica es aquella rama de las matem´ticas que trata con las relaciones ıa e a num´ricas entre los lados y los ´ngulos de tri´ngulos esf´ricos. en tanto que la recta de intersecci´n a o recibe el nombre de arista del angulo diedro.

OY. El punto de intersecci´n es denominado v´rtice del ´ngulo triedro. a a Z O Y X Figura 2. TRIGONOMETR´ ESFERICA IA punto de tres planos. P CIRCUNFERENCIA MENOR O CIRCUNFERENCIA MAXIMA P’ Figura 2. dar´ origen a una circunferencia menor.3) a aquella que resulta de la intersecci´n de a o la superficie de una esfera y un plano que pasa por el centro de dicha esfera.22 ´ CAP´ ITULO 2.4 en la que tenemos la circunferencia m´xima que pasa por a los puntos CAB y tiene por polos P y P’. OZ son las aristas del ´ngulo triedro. Perpendicularmente a ella tenemos dos arcos . a Definimos los polos (P y P’) de una circunferencia (m´xima o menor) a aquellos puntos sobre a la superficie de la esfera que resultan de la intersecci´n de ella con una l´ o ınea perpendicular al plano que da origen a las circunferencias. cualquier intersecci´n de un plano con una esfera es una circunferencia. o e a Los planos reciben el nombre de caras del ´ngulo triedro. a forman tres ´ngulos diedros cuyas aristas OX. o Llamamos circunferencia m´xima (ver figura 2.3: Circunferencia m´xima y circunferencia menor a Miremos ahora la figura 2.2: ´ Angulo triedro Ahora bien. Las caras. En el caso en que el plano no pase por el centro de la esfera. tomadas de dos en dos.

B y C con el centro de la esfera se forma un o e a ´ngulo triedro. C) y los respectivos ´ngulos opuestos con letras min´ sculas u a u (a. N´tese que al unir los v´rtices A. b. los v´rtices de los tres angulos esf´ricos son los v´rtices del a e e ´ e e tri´ngulo esf´rico. el ´ngulo esf´rico es el ´ngulo APB. Los arcos conforman los denominados lados a e a del angulo esf´rico.23 pertenecientes a circunferencias m´ximas que pasan por A y B respectivamente. P C O A B P’ Figura 2.5) es aquella regi´n sobre la superficie de una esfera a e o que est´ limitada por los arcos de tres circunferencias m´ximas. Los lados a. En nuese ´ a tro caso. Debe ser claro para el lector que el ´ngulo a e a diedro APOB corresponde a la medida del angulo plano AOB que a su turno tiene por ´ medida la del arco AB. y el punto donde se interceptan los arcos es llamado el v´rtice. ´ e e P (o P’). a . los angulos se denotan a e o ıa ´ con letras may´ sculas (A.4: ´ Angulo esf´rico e Un tri´ngulo esf´rico (ver figura 2. Siguiendo la notaci´n usual en trigonometr´ plana. B. Esta ıa e ´ e viene dada por el angulo diedro formado por los planos de las circunferencias m´ximas cuyos ´ a arcos hacen parte de los lados del ´ngulo esf´rico. Se llama a a ´ngulo esf´rico a aquel angulo formado por dos arcos de circunferencias m´ximas. Importante en trigonometr´ esf´rica es definir la medida de un angulo esf´rico. esto es. COA y AOB respectivamente del ´ngulo triedro. Los arcos corresponden a a a los lados del tri´ngulo esf´rico. c). b y c del tri´ngulo esf´rico se miden por los ´ngulos de las caras a e a BOC.

y. Sea el plano xy el que forma un plano de referencia el cual tendr´ por polos a a las intersecciones del eje z con la superficie de la esfera.5: Tri´ngulo esf´rico a e Ahora bien. TRIGONOMETR´ ESFERICA IA C a B A c O b Figura 2.1 Relaciones fundamentales Procedemos ahora a derivar las ecuaciones fundamentales de la trigonomer´ esf´rica. • Si dos lados son iguales. • La suma de los tres lados es menor que 360o . a 2. z) centrado en el origen de una esfera e de centro O. Por convenci´n. Conıa e sid´rese un sistema de coordenadas rectangular (x. los ´ngulos opuestos son iguales. Para a e ´ estos tri´ngulos: a • La suma de dos lados cualquiera es mayor que el tercer lado.24 ´ CAP´ ITULO 2. Rec´ a ıprocamente tambi´n es e v´lido. a • La suma de los tres ´ngulos es mayor que 180o y menor que 540o . consideraremos aqu´ unicamente aquellos a e o ı ´ tri´ngulos esf´ricos en los que cualquier lado y cualquier angulo es menor que 180o . es f´cil verificar que tres circunferencias m´ximas que se cortan detera a minan 8 tri´ngulos esf´ricos. .

de la ´ forma como se muestra en la figura 2. z = sen η. y . ξ. z ).2.6. RELACIONES FUNDAMENTALES 25 z P K O ξ η y x Figura 2. o Introduciendo ahora los angulos ξ .2) . z = sen η . η con respecto al nuevo sistema de coordenadas tenemos. N´tese que ahora existe un nuevo plano de referencia conformado por los ejes x y . η. Con la rotaci´n estamos introduciendo un nuevo o sistema de coordenadas (x . (2. ´ para el mismo punto K: x = cos ξ cos η .1. y = sen ξ cos η .6: Suponiendo que la esfera tiene un radio unidad e introduciendo dos angulos. y = sen ξ cos η. un punto K sobre la superficie de la esfera tiene por coordenadas rectangulares: x = cos ξ cos η.7.1) Con el fin de crear un tri´ngulo esf´rico en nuestra esfera procedemos a realizar una a e rotaci´n un angulo ζ alrededor del eje x de tal forma que las posiciones de los nuevos ejes y o ´ y z son como se ilustran en la figura 2. (2.

3) Necesitamos encontrar la relaci´n existente entre las coordenadas (x.4) x = x. P’. ξ . z ).9. K. Es f´cil a e e a darse cuenta de los valores que adquieren los angulos internos y los lados de dicho tri´ngulo ´ a a a e esf´rico en t´rminos de ξ. Para hallar las relaciones entre (y.7: Vemos que se forma un tri´ngulo esf´rico conformado por los v´rtices P. z) y (x . 90 − η. η. (2. 90 − η . o Un punto K cualquiera que dista del origen por un radio igual a la unidad tiene por coordenadas con respecto a y y z : y = cos θ. Al comparar dicho tri´ngulo con el tri´ngulo esf´rico e e de la derecha de la figura 2. y . y. z) y (y . o Puesto que la rotaci´n se ha hecho con respecto al eje x. (2. η y ζ . TRIGONOMETR´ ESFERICA IA z’ P’ z P K ζ η’ ξ’ y’ ζ y x=x’ Figura 2.8 obtenemos: A B a b c = = = = = 90 + ξ. 90 − ξ . la cual muestra la orientaci´n de estos ejes con el eje x perpendicular al plano de la hoja. obtenemos la relaci´n de equivao o lencia: (2.26 ´ CAP´ ITULO 2.5) . z ) hacemos uso de la figura 2. ζ.

8) (2. Al reemplazar las ecuaciones (2. El mismo punto K tiene por coordenadas con respecto a y y z: y = cos(θ + ζ).2.9) y puesto que para cualquier angulo α se tiene cos(90 − α) = sen α.2) podemos escribir: o cos ξ cos η = cos ξ cos η . o. z = z cos ζ + y sen ζ. z = sen θ cos ζ + cos θ sen ζ.8: 90−η B A a b C .2) para obtener: ´ ζ 90−ξ’ c 90+ξ 90−η’ Figura 2.6) en estas ultimas obtenemos: ´ y = y cos ζ − z sen ζ. la ecuaci´n anterior es ´ o equivalente a: sen B sen A = .3): e cos(A − 90) cos(90 − b) = cos(90 − B) cos(90 − a). o. RELACIONES FUNDAMENTALES z = sen θ. lo que es lo mismo: y = cos θ cos ζ − sen θ sen ζ.9) y reemplazar en e ella la ultima de las ecuaciones (2.1) y la segunda y tercera de (2.1) y (2. z = sen (θ + ζ). en t´rminos de las relaciones (2.6) (2. (2. 27 (2. De la ecuaci´n (2.5) y (2.4) y de las ecuaciones (2. podemos utilizar la segunda de las ecuaciones (2.7) (2.10) sen a sen b De id´ntica forma.1.

b. como antes. las relaciones (2. cos c cos b + sen c sen b cos A. (2.28 ´ CAP´ ITULO 2. sen a sen b sen c (2.14) cos c = cos a = . Al tener en cuenta las relaciones (2.11).3) obtenemos: sen (90 − b) = sen (90 − a) cos c + sen (90 − B) cos(90 − a) sen c. Al tener en cuenta. podemos encontrar las otras expresiones para (2.10). y puesto que para cualquier angulo α se tiene sen (90 − α) = cos α.1) y (2.13) De forma an´loga. es: o ıa e sen B sen C sen A = = .12) Las ecuaciones para los otros lados y ´ngulos pueden obtenerse simplemente al hacer a permutaciones c´ ıclicas de los lados (a. c) y los angulos (A. llamadas en a conjunto el teorema del coseno de la trigonometr´ esf´rica: ıa e cos b = cos a cos c + sen a sen c cos B. (2.9) y reemplazar en ella las ecuaciones ´ (2. B. (2. cos a cos b + sen a sen b cos C. al tomar la primera de las ecuaciones (2.3): sen (A − 90) cos(90 − b) = sen (90 − B) cos(90 − a) cos c − sen (90 − a) sen c.2) obtenemos: sen ξ cos η = sen ξ cos η cos ζ − sen η sen ζ.9: y’ y sen η = sen η cos ζ + sen ξ cos η sen ζ. la ecuaci´n anterior es ´ o igual a: cos b = cos a cos c + sen a sen c cos B. C).11) Por ultimo. de tal forma que una ´ generalizaci´n de (2. TRIGONOMETR´ ESFERICA IA z’ z K ζ θ ζ O Figura 2. llamada teorema del seno de la trigonometr´ esf´rica. equivalente a: cos A sen b = − cos B sen a cos c + cos a sen c.

− cos A sen b cos c + cos b sen c. − cos C sen a cos b + cos a sen b. Bilbao.st-and. (2.htm Al igual que el anterior. (2. Astronom´ de posici´n. McGraw-Hill.de/home/h.2. T. (1971). Las ecuaciones (2. excelente. ı e M´xico. o ı e • http://home.t-online.13). El cap´ a ı o n ıtulo 1 contiene una extensa exposici´n de las f´rmulas de la trigonometr´a esf´rica incluyendo f´rmulas diferenciales. (1970) Lecturas y problemas de Trigonometr´a plana y esf´rica.15) son las expresiones b´sicas de la trigonometr´ a ıa esf´rica. Las mismas ser´n utilizadas frecuentemente en el transcurso del libro. Alhambra. F.htm Conceptos y f´rmulas fundamentales de la trigonometr´a esf´rica.12) son llamadas en conjunto el teorema ´ del seno por el coseno: cos A sen b = cos A sen c cos B sen a = = − cos B sen a cos c + cos a sen c. En los cap´tulos 19 a 24 se encuentra ı una buena descripci´n de conceptos utiles en la astronom´ esf´rica. cos C sen b = − cos B sen c cos a + cos c sen a. a ı e .umland/chap9. e Como todos los libros de la serie de Schaum. conceptos b´sicos de la trigonometr´a esf´rica.1.15) cos B sen c = − cos C sen b cos a + cos b sen a.14) y (2.uk/~fv/webnotes/chapter2. RELACIONES FUNDAMENTALES 29 Por ultimo. e a LECTURAS Y SITIOS EN INTERNET RECOMENDADOS • Ayres. o ´ ıa e • Vives. ıa o Libro cl´sico de astronom´a de posici´n en espa˜ol.ac. las otras ecuaciones equivalentes a (2. cos C sen a = − cos A sen c cos b + cos c sen b. o