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Página 1 de 4 LA DEFENSA DE MAZAGÓN EN LA GUERRA CIVIL Al estallar la Guerra Civil, como objetivo militar no existía en Huelva más que

una fábrica de bombas de aviación en los talleres de Riotinto. En cambio, el aspecto económico de la ría en razón a los transportes de mineral en cantidades considerables, obligaba a atender y a garantizar, en la medida de lo posible, la seguridad y el libre transito por la boca de la ría. El tráfico del mineral a través de la ría era uno de los recursos más importantes de la economía nacional en aquella época. El mineral de cobre estaba bajo control de los nacionales, y fue moneda de cambio para adquirir ayuda de países con regímenes políticos fascistas, como Alemania e Italia. Aunque Alemania había firmado el tratado de no-intervención, junto con el resto de los países europeos, ayudó al transporte de las tropas de África a la península, envió armamento y municiones, y todo ello fue pagado en dinero y materias primas, como el cobre extraído de las minas de Riotinto. En los primeros meses de la contienda, los republicanos intentaron ejercer su acción para bloquear la boca de la Barra; hundiendo varios barcos, con el fin de cortar el tráfico marítimo. En el verano de 1936, una flotilla republicana encabezada por el crucero Miguel de Cervantes, que había establecido su base en Málaga para controlar el Estrecho, se aproximó a la entrada del canal del Padre Santo con objeto de echar a pique varios barcos y bloquear el acceso al puerto. La defensa del canal estaba compuesta por una batería de obuses de 10.,5 cm., junto al faro del Picacho, en un lugar visible, a tiro del enemigo, y teniendo como referencia para su localización el propio faro; y otra situada en La Rábida, fuera ya de toda acción sobre el mar. El crucero Cervantes era el rey de los mares, el buque insignia de la flota; un barco de 176,62 m de eslora, nuevo y moderno, que había sido botado en 1931; equipado con una buena artillería: 14 cañones Vickers, de diferentes calibres, una ametralladora Vickers, y 12 tubos lanzatorpedos Había participado en la revolución del 34 llevando las tropas a Asturias, y fue uno de los barcos que, al estallar la guerra, se mantuvo fiel a la república. El Cervantes, al mando del Vicealmirante Miguel Mier del Río, con sus 566 tripulantes, navegaba proa a Mazagón encabezando la escuadrilla, y ya cerca de su objetivo hizo varios disparos sobre la costa, desde 9 kilómetros de distancia. La batería del Picacho, para no descubrir su posición, no contestó, actitud ésta que quedó más tarde justificada por estar la batería equivocadamente instalada junto al faro, el cual se podía poner en peligro. El crucero alcanzó a dos barcos cargados de cemento que navegaban por el canal; echando uno a pique y dejando encallado al otro, fuera de la zona practicable del mismo. El Cervantes se retiró, dando por cumplida su misión; aunque no consiguió cortar el canal, ya que tras breves operaciones se pudo reestablecer el tráfico.

Crucero Miguel de Cervantes

Página 2 de 4 Este incidente puso de manifiesto los escasos recursos defensivos con los que contaba la ría de Huelva, e hizo reflexionar a los mandos militares nacionales sobre la necesidad urgente de protegerla. Si bien es cierto que no había razones militares importantes, por estar Mazagón fuera del escenario bélico naval, sí había suficientes razones económicas que exigían una defensa del tráfico marítimo. La población de Huelva no podía ser agredida desde fuera por distar, en línea recta, más de 18 kilómetros, lo cual obligaba al enemigo a penetrar en la ría o ejercer su acción artillera desde lugares muy próximos a la boca. La ría tenía unas condiciones óptimas para ser defendida: estrecha y poco calado, entre 7 y 16 metros; variando bastante por la aportación de arena de las mareas, lo que daba lugar a que pudiera encallar un barco con mucha facilidad. Por tanto, era obligatorio navegar a muy escasa velocidad, lo que constituía un buen blanco para la artillería, siempre que ésta estuviera oculta y no sometida al tiro directo del enemigo, como ocurría con la batería del faro del Picacho. Se planteó, pues, la necesidad de dotar a la costa de Mazagón de una artillería que fuera capaz de garantizar la seguridad del canal; impidiendo el acceso de barcos de suficiente calado que, hundidos pudieran interceptar el tráfico, y evitar el paso de submarinos y barcos sutiles que pudieran minar el canal. La naturaleza del terreno de Mazagón era idónea para la instalación de baterías artilleras: cotas bajas, inferiores a 40 metros, dunas arenosas sujetas a repoblación forestal, y numerosos caminos practicables, incluso en invierno, por las vetas arcillosas que hacían un piso consistente. Las baterías podían fácilmente ocultarse y desenfilarse de las vistas, quedando inmunes al tiro marítimo. En junio de 1937, el Coronel de Artillería de Costa nº 1, Don Pedro Jevenois, envía al Estado Mayor una propuesta sobre la defensa de la ría de Huelva para emplazar al Este del faro del Picacho una batería de 6 obuses de 15 cm., y 3 cañones de tiro rápido “Nordenfeld” de 57 m/m. La misión de los obuses, que iban a disparar con pólvora sin humo para no ser detectados, era impedir a larga distancia el avance de barcos de gran calado.

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Archivo General Militar de Ávila, (AGMAV,C.2550,CP.20,D.1/20). Instituto de Historia y Cultura Militar. Ministerio de Defensa. Los obuses estarían distanciados, unos de otros, 60 metros; ocultos por los pinos y resguardados por un pozo y refugio contra tiro aéreo, que tendría grandes dificultades para ser descubierto. La distancia de tiro sería inferior a 7000 metros del blanco; realizando 12 disparos por minuto, que en los 30 minutos estimados que tardaba en llegar un barco a la boya 1 y 2 del canal, y dada la distancia a la que podía iniciarse el tiro, se podrían hacer 300 disparos, que a tan corta distancia tenían posibilidad de alcanzar el blanco. Los 6 obuses se encontraban almacenados en el parque de artillería de Cádiz y había que traerlos a Mazagón. Los cañones Nordenfeld, de tiro rápido, iban a defender el canal impidiendo el acceso de barcos de poco calado o submarinos que intentaran minar el canal o dificultar el tráfico. La distancia de tiro sería inferior a 3.000 metros del blanco, realizando 7 u 8 disparos por minuto, y estaba calculado que durante el tiempo de permanencia del barco en la zona de fuego, podría recibir 500 disparos. Los tres cañones eran antitorpedo y había que transformarlos en antiaéreo, cambiándoles la protección, pues eran perfectamente compatibles. El Coronel Jevenois, sugería en su propuesta, que los cañones Nordenfeld fueran instalados en pozos cementados y acasamentados, y que convendría poner su dirección de tiro casi perpendicular a la alineación del canal, con objeto de batir el flanco de los barcos que entraran en el canal. Las obras de protección de la batería iban a ser sufragadas por el Comandante Militar de Huelva, para lo que contaba con un presupuesto de seis mil pesetas. Estas obras estaban calificadas como de campaña, por

Página 4 de 4 lo que no era necesario reunir a la Junta de Defensa; aunque esto debería decidirlo la Superioridad. Jevenois proponía construir también un Puesto de Mando, que debería ser doble, uno delante de la batería y otro al Este, con objeto de que la batería pudiera tirar sobre la playa de Torre del Oro y las inmediaciones de la misma. Como observatorios se iban a utilizar el faro del Picacho 1 y la Casa de los torreros, ésta última para observar el mar al SE. De Punta Umbría. Los dos observatorios contaban con línea telefónica. Respecto al tiro de noche, Jevenois recomendaba una buena iluminación del canal, para lo que sería suficiente con un buen proyector de exploración.

Zona a batir por la nueva artillería Archivo General Militar de Ávila, (AGMAV,C.2550,CP.20,D.1/2). Instituto de Historia y Cultura Militar. Ministerio de Defensa. Lógicamente, el aumento de la artillería llevaba consigo un aumento considerable del personal militar, al que se agregarían cuatro oficiales, diez suboficiales y asimilados, y ciento veinte artilleros. El alojamiento estaba previsto en el faro y en tiendas de campaña, con las que ya contaba este Regimiento, instaladas en la batería del Picacho, a mil metros del faro del mismo nombre. En las inmediaciones de la batería había agua dulce, pero probablemente sería insuficiente al incrementar las fuerzas. La luz eléctrica se tomaría de grupo electrógeno del faro, siempre que éste estuviera en funcionamiento. Todo ello iba a constituir una batería con una sección destacada que no precisaba defensa antiaérea, ya que iba a contar con un refugio para los obuses, oculto entre el bosque. El 2 de Julio de 1937, el Comandante General de Artillería da el visto bueno a la propuesta del Coronel Don Pedro Jevenois, y el día 11 de este mismo mes, el Estado Mayor aprueba y ordena al General Jefe del Ejército del Sur que lleven a cabo los trabajos necesarios para la instalación de las referidas baterías. Publicado en la revista Marzagón en julio de 2011 José Antonio Mayo Abargues