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LUIS HERNANDO MUTIS IBARRA

República de Colombia Departamento de Nariño Municipio de Pasto

La Gestión Emocional en la Espiritualidad Humana

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Luis Hernando Mutis Ibarra

LA GESTIÓN EMOCIONAL EN LA ESPIRITUALIDAD HUMANA
CONTENIDO
1. Emociones y espiritualidad 2. El manejo emocional 2.1. Reacción versus Acción 2.2. Observación, consciencia y acto 2.3. Tipos de funcionamiento personal 3. Los sentimientos 4. Caracterizaciones 4.1. La Ira 4.2. Los Celos 4.3. El Miedo 4.4. La Ansiedad 4.5. La Culpa 4.6. La Depresión 5. La comprensión: Secreto de la transformación 6. El corazón vacío o No-Mente 7. Sugerencias de prácticas 7.1. Recomendaciones 7.2. La observación: el observador y lo observado 7.3. Técnicas y ejercicios 8. La educación del corazón: la ciencia interna 8.1. La cadena de pensamientos 8.2. Aprendizaje emocional 8.3. La práctica pedagógica

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1. EMOCIONES Y ESPIRITUALIDAD
Parte vital en el crecimiento espiritual1 es la comprensión de nuestras emociones, que, como los pensamientos y sus respectivas expresiones son de la misma energía. Bien sabemos que las emociones no son permanentes, se movilizan constantemente, cambiando de un estado a otro. Van desde las emociones que se muestran en segundos, los sentimientos que se mantienen por horas y días, y los estados de ánimo que perduran por mucho más tiempo, creando incluso los tipos de carácter. "La palabra inglesa emoción procede de la raíz latina emovere y se refiere a algo que pone a la mente en movimiento hacia una acción positiva, negativa o neutra. "Las emociones nos llevan a adoptar una determinada perspectiva o visión de las cosas y no se refieren necesariamente -como ocurre con la acepción científica del término- a un desbordamiento afectivo que se apodera de repente de la mente. “Surge una pregunta inmediata en el sentido de "¿Cómo se diferencian las emociones constructivas de las emociones destructivas? Fundamentalmente, las emociones destructivas (también denominadas "oscurecimientos" o factores mentales "aflictivos") impiden que la mente perciba la realidad tal cual es, es decir, establecen una distancia entre la apariencia y la realidad. El deseo o el apego excesivo, por ejemplo, no nos permiten advertir el equilibrio que existe entre las cualidades agradables (o positivas) y las desagradables (o negativas), de una persona o de un objeto, lo que irremediablemente nos abocará a considerarlo atractivo y, en consecuencia, a desearlo. La aversión, por su parte, nos ciega las cualidades positivas del objeto, haciendo que nos parezca exclusivamente negativo y deseando, en consecuencia, rechazarlo, destruirlo o evitarlo. De este modo, las emociones oscurecedoras restringen nuestra libertad, puesto que encadenan nuestros procesos mentales de una forma que nos obliga a pensar, hablar y actuar de manera parcial. Las emociones constructivas, por su parte, se asientan en un razonamiento más acertado y promueven una valoración más exacta de la naturaleza de la percepción. No existe tal cosa como el bien o el mal absolutos, sino que el bien y el mal sólo existen en función de la felicidad o el sufrimiento que nuestros pensamientos y acciones nos causan a nosotros o a los demás. "También podemos diferenciar las emociones destructivas de las emociones constructivas atendiendo a la motivación que las inspira (como, por ejemplo, egocéntrica o altruista, malévola o benévola). Así pues, no sólo debemos tener en cuenta las emociones, sino también sus posibles consecuencias. Cuanto más cultivemos, por tanto, la amabilidad, la compasión y el altruismo -y cuanto más se impregnen, en nuestra mente-, más disminuirá, hasta llegar incluso a desaparecer, el deseo opuesto de infligir algún tipo de daño. "También hay que puntualizar que, cuando calificamos de negativa a una emoción, no queremos decir, con ello, que debamos rechazarla, sino que es negativa en el sentido
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Lo aquí tratado contiene notas de números autores y maestros de la espiritualidad humana, ante todo, son aportes tomados y adecuados desde las obras de Osho: Texto compuesto desde las obras de Osho: 1º. “Emociones, libres del miedo, los celos y la ira”. Compartido por Ma Gyan Darshana, texto electrónico: osho_library@gruposyahoo.com. Junio de 2010. 2º. “Bienestar emocional”, superar el miedo, el odio y los celos con la energía creativa. Traducción de Esperanza Moriones. Debolsillo. Bogotá, D.C. primera edición en Debolsillo: noviembre, 2009. Para los interesados en la profundización de la unidad Ciencia y Espiritualidad, invito a observar los documentales I y II de “Y tú ¿qué sabes?

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de que redunda en una menor felicidad, bienestar y claridad y en una mayor distorsión de la realidad". “¿Es posible sentir odio hacia uno mismo? Porque su definición parece sugerir que éste sólo se produce con respecto a otras personas. A esto, debe tener en cuenta que, cuando se habla del odio hacia uno mismo, el sentimiento central no es el odio. Tal vez usted está molesto consigo mismo, pero quizás ésa no sea más que una forma de orgullo que alienta la sensación de frustración que acompaña al hecho de no hallarse a la altura de sus propias expectativas. Porque, lo cierto, en realidad, es que nadie puede odiarse a sí mismo. Pero, en cualquiera de los casos, el odio hacia uno mismo encierra una gran dosis de apego al propio ego. Hasta la persona que se suicida no lo hace porque se odie a sí misma, sino porque cree que, de ese modo, evitará un sufrimiento todavía mayor. “Pero ése, de hecho, no es un modo adecuado de escapar del sufrimiento, porque la muerte no es sino una transición hacia otro estado de existencia. Mejor sería procurar evitar el sufrimiento aprestándonos a resolver el problema aquí y ahora, o, cuando tal cosa no sea posible, cambiando al menos nuestra actitud”.2 La creencia común es atribuirle al corazón –ese órgano o sistema de bombeo en el aparato circulatorio- el origen de los sentimientos y las emociones. Pero con la luz científica, se conoce que todo está en la mente, que es la que controla todo. Sin embargo, es necesario tener claro que cuando la sabiduría universal, por medio de sus líderes y Maestros, expresan “el corazón”, se refieren exclusivamente al centro mismo de nuestro ser. Las emociones entonces, surgen de la mente. Ella abarca el pensamiento conceptual tanto como los patrones emotivos y sentimentales. Hay que comprender también que las emociones están en la cabeza, pero la consciencia no. Y de hecho, ¡la cabeza está en la consciencia! La consciencia es vasta, infinita. Las emociones, los deseos, las ambiciones, están en la cabeza. Incluso, aunque la cabeza desaparezca completamente, la consciencia no desaparecerá; porque La consciencia no está contenida en nosotros, sino que ella nos contiene, es más grande que nosotros. La mente es una división que piensa. Y el corazón es otra división de la misma mente que siente. Sentir y pensar, pensamientos y emociones. Pero estar conscientes, despiertos, vigilantes, observando siendo testigos con atención plena, es estar separado de los dos. En el campo de la espiritualidad humana, se impulsa el trabajo precisamente para que la consciencia tome la pauta y sea la que disipe la inconsciencia. Teniendo presente que bajo ninguna circunstancia rotula como enemigas las emociones molestas, porque no son malas ni buenas; lo que hacen es brindarnos información de nuestros propios estados psicológicos y corporales. Por el contrario, se aprende a vivir y disfrutarlas igualmente, ya que son parte de la misma unidad existencial. Entonces, existe necesidad de orden y también de caos. Cuando el orden es necesario, hay que usarlo, empleemos la mente consciente; cuando se necesite el caos, utilicemos el inconsciente y dejemos también que el caos se manifieste. Una persona completa, total, es aquella capaz de emplear ambos, que no permite que el consciente ejerza interferencia alguna sobre el inconsciente, ni al revés.
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GOLEMAN, Daniel. “Emociones destructivas”, Cómo entenderlas y superarlas. Diálogo entre el Dalai Lama y diversos científicos, psicólogos y filósofos. Pág. 47-49

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Creemos en la vida, en su totalidad, en sus días, en sus noches, en los días soleados y en los nublados. Todo en la vida se puede disfrutar. Solo necesitamos un poco más de percepción, más consciencia de lo que sucede. Lo que hay que tener muy presente es que, no somos nuestra mente ni nuestro cuerpo. En nuestra interioridad reside un testigo que puede continuar mirando u observando y vigilando a la mente, a las emociones, a las reacciones psicológicas y fisiológicas. Ese testigo, esa consciencia realmente somos nosotros, capaz de disfrutar de todo, pero una vez estemos centrados allí. Nuestra mente siente desdicha, sufrimiento; siente todo tipo de emociones, vínculos, deseos y anhelos, pero todo es proyección de ella misma. Detrás de la mente está nuestro verdadero yo que nunca ha ido a ninguna parte. Siempre está aquí y ahora. Si estamos enfadados, estemos así y no juzguemos si es bueno o malo. Esta es la diferencia entre las emociones negativas y positivas: Si cobramos consciencia de una emoción específica, y por ello la emoción se desvanece, es negativa. Si al cobrar dicha consciencia entonces nos convertimos en esa emoción, si esta se extiende y, se convierte en parte de nuestro ser, es positiva. La consciencia trabaja de forma diferente en ambos casos. Si se trata de una emoción venenosa, quedamos aliviados de ella a través de la percepción. Si por el contrario es buena, feliz, extática, nos volvemos uno con ella. La percepción la profundiza. Entonces, aquello incapaz de permanecer en la consciencia es negativo, y, lo que crece en la consciencia es virtud, se vuelven más y más positivas, y llega un momento en que todo lo positivo y lo negativo desaparece. La emoción es una pureza; el sentimentalismo es un truco. El sentimentalismo es la emoción creada, manipulada con astucia. La racionalidad es una cosa; la racionalización es una manipulación de la razón, del mismo modo que el sentimentalismo es una manipulación de la emoción. Lo natural es que las emociones como los sentimientos se puedan expresar, que no se represen, no se les impidan su movimiento hacia afuera. Porque cuando continúan hacia adentro se torna venenoso. La acumulación constante reboza en explosiones que pueden ser catastróficas; y si son de colectivos humanos peor aún. La represión es llevar una vida que no estaba hecha para nosotros; es hacer cosas que no queremos hacer, es ser la persona que no somos; es un modo fácil de destruirnos; es un suicidio, muy lento, un envenenamiento seguro y lento. La expresión es vida. Lo que se ha enseñado continuamente es a controlar, no a transformar, y el camino de la transformación es totalmente diferente. Si nos guiamos por la unidad y la totalidad, la división o estar en contra de…, no sería natural, y esa división es causada por la represión. Los psicólogos dicen que el ochenta por ciento de las enfermedades están causadas por emociones reprimidas: tantos fallos del corazón significan que se ha reprimido mucha ira en el corazón, tanto odio que queda envenenado. El control reprime, la transformación expresa. Por lo tanto, hay necesidad de expresarlo, no sobre el otro porque ese «otro» es simplemente irrelevante. No se lo tiremos a nadie encima. Es lo mismo que cuando tenemos ganas de vomitar: no lo hacemos sobre el otro. La ira necesita un vómito (gritar, golpear insultar, decir vulgaridades, expresar lo que se siente, saltar correr), ¡vamos al cuarto de baño y vomitamos! Depura todo el cuerpo. Si se suprime el vómito, será peligroso y, cuando se haya vomitado se estará más tranquilos, frescos, libres de peso, descargados, bien, más sanos. Es como si hubiera

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algo malo en la comida que se tomó y el cuerpo la rechaza. No hay que forzar que permanezca dentro. La ira es simplemente un vómito mental.

2. EL MANEJO EMOCIONAL
2.1. REACCIÓN VERSUS ACCIÓN
La costumbre es que la gente arroja sobre otros sus propias negatividades, proyecta o lanza –puyas, insultos, indirectas, vituperios, acusaciones, gestos y hasta agresiones físicas- hacia afuera lo que lleva dentro; incluso, decir que uno no se deja, es escupir mayores pestilencias verbales y/o físicas sobre el otro, por eso la sociedad pide el control, la represión y el ocultamiento de las emociones negativas y hasta las positivas, porque también fastidia que otros estén bien y alegres. Ante esto, hay que tener claridad y saber distinguir entre la reacción y la respuesta. La reacción se ve dominada por la otra persona. Por ejemplo, cuando se nos insulta, nosotros nos enfadamos, damos rienda suelta a nuestra rabia Y entonces, actuamos dominados por la ira. Eso es una reacción. No somos independientes: cualquiera podría empujarnos para allá o para acá. Somos como marionetas, estamos vulnerables y se nos influye con facilidad. Se nos puede chantajear emocionalmente, ya que la reacción es un chantaje emocional. No estábamos enfadados. La otra persona nos insultó y dicho insulto, creó ira: de esa ira: surge la acción. Por el contrario, la respuesta surge de la libertad. No depende de la otra persona. El otro puede insultarnos, incluso agredirnos, pero no nos enfadamos, no lo tomamos personalmente, asumimos la postura de observador, de espectador; todo lo contrario, meditamos en ello. ¿Por qué nos insulta? Quizá tenga razón. Entonces debemos estarle agradecidos, no enfadados. Quizá se equivoca. En ese caso, ¿por qué tenemos que encender nuestro corazón con ira por su equivocación? La acción es la respuesta que viene desde la consciencia y no desde el exterior manipulada por un clic ajeno a lo que realmente somos. Las emociones no van a ayudarnos a convertirnos en una individualidad integrada. Por el contrario, las emociones nos ciegan igual que lo hace el alcohol o la droga. El control se produce a un costo muy grande, innecesario además; pasa a ser todo el esfuerzo en la vida: cómo controlarnos. El esfuerzo completo del control nos consume toda la energía. Por lo general, confundimos el silencio con el control, con la represión de lo que pensamos y sentimos, sin permitir nuestras emociones, sin permitir cualquier movimiento en nuestro interior, despacio, despacio, se convertirá en un hábito. Este es el mayor engaño que podemos darnos, porque todo sigue exactamente igual. Nada ha cambiado, aunque da la impresión de que habremos pasado por una transformación.

2.2. OBSERVACIÓN, CONSCIENCIA Y ACTO
La observación es la toma de distancia ante un hecho, y donde nuestra consciencia está despierta, completamente alertas, con atención plena; y que, prácticamente es cuando confluyen simultáneamente cuerpo, mente, las emociones y los sentimientos. Cuando ante cualquier acto de nuestra vida cotidiana está rodeado por nuestra consciencia, es la luz que ilumina la acción.

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Por lo común, para las personas que inician o comienzan la ruta del viaje hacia dentro, la consciencia no es un acto mágico que se presenta sólo porque lo deseemos. Tendrá que ser un trabajo sostenido hasta conquistarla y volverla parte de nosotros; es el proceso de interiorización, donde lo que ha estado fuera de nosotros lo volvemos a recuperar como parte de nuestra interioridad. En un inicio, la consciencia estará distante del acto, mucho después de sucedido y consumado. Pero el hecho de ser conscientes aún después de lo ocurrido, la ganamos para sí. La continuidad del proceso y la disciplina del trabajo personal nos darán la capacidad de ir acercando nuestra consciencia al acto mismo, de acortar la distancia entre el hecho y el momento en que estemos vigilantes de ellos. El espacio, distancia y/o tiempo varía proporcionalmente a la dedicación, la atención y la constancia en el mantenimiento de dichos propósitos. Puede ir desde algunos minutos, horas, días, semanas, meses y hasta años, e incluso puede haber sido solo un destello, del cual es como si no hubiese sucedido nunca. El desafío es poder hacer que entre un estado de consciencia y otro sea cada vez con menores intervalos de tiempo y espacio. Lograr que cualquier detalle de la vida diaria pueda ser motivo de ese despertar, donde la consciencia vuelva a nosotros; por lo que tener la oportunidad de estar conscientes, es poder aprovecharlo y extenderlo hasta donde más podamos: ampliarlo a más segundos, minutos, horas. De conseguirlo, sería entonces poder vivir en un estado meditativo permanente. Lo siguiente al proceso de darle el espacio a nuestra consciencia es poderla acercar más y más hasta el acto mismo, hasta el momento real del presente. Estar conscientes mientras está ocurriendo el hecho, podremos entonces, observarlo, estar conscientes de ello en plena ocurrencia de la acción. Mantener este propósito, nos hará más fuertes y agudos en la observación; tendremos una consciencia más estable, constante y sutil, para internarnos en espacios y condiciones de mayor profundidad y complejidad: ir del cuerpo a la mente, a las emociones, los sentimientos y hasta la consciencia misma. Anticiparnos al hecho mismo ya es una condición conquistada de la sostenibilidad de la observación, es poder estar conscientes cuando aún no ha ocurrido el hecho, pero estamos en las condiciones de verlo venir; cuando todavía sea un pensamiento, cuando está ahí en potencia, está en la mente creciendo aceleradamente; la idea aún no se ha convertido en hecho real –aunque a veces se considere, que tan solo darle cabida en nuestro interior es ya un delito, que afecta, contamina y mancha-. Captar el pensamiento cuando está surgiendo, poder intervenir en esa cadena de pensamientos, que comienza a funcionar como una bola de nieve, que crece y crece a medida que avanza por la pendiente, es una capacidad de ruptura que podemos hacer sólo cuando ya hemos sido capaces previamente de ser conscientes durante el hecho y, ahora tenemos las condiciones óptimas de estar presentes antes de la emergencia emocional. Justo en estos momentos, nos sentamos en silencio y simplemente nos dedicamos a observar aquellos pensamientos, sus matices, cómo surge, cómo toma forma, cómo se queda, se ajusta y se marcha. Solo observamos, sin hacer ningún tipo de juicio, sin verbalizar absolutamente nada. Podemos ensayarnos y practicar, ya sea sentados, parados o acostados, cerrando los ojos, relajándonos y en disposición para observar cualquier pensamiento que pase por nuestra mente. Los pensamientos suceden sin cesar, como una multitud y sin ningún orden aparente. Podemos probar con pensamientos que tengan mayor carga emocional

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(enfado, angustia, ira, envidia, avaricia, prepotencia, resentimiento…) observémonos en medio de aquellos pensamientos. El reto está en captar el proceso que al final desencadena en un hecho, pero que estará bajo nuestra vigilancia, vendrá, se estará poco tiempo y se irá rápido porque no tendrá de donde agarrarse, no podrá alimentarse, ni tendrá poder sobre nosotros. Los círculos alrededor del ser son la acción, el pensamiento y el sentimiento y que en orden de distancia, la acción es el más alejado del ser. Las tres tendrán que ser superadas por nuestra consciencia para llegar a él. De donde se recomienda encontrar tiempo y lugar para la meditación como práctica diaria; es el espacio para estar completamente libres, sin hacer nada, desocupados, inactivos, simplemente para “observar” lo que pasa en nuestro interior. No sobra recordar que somos como un espejo que solo refleja lo que se pone ante sí. Requiere paciencia, porque para entrar a la consciencia hay que hacerlo sin ninguna prisa. Hay que comenzar siendo plenamente conscientes con cosas sencillas y de la vida diaria como: comer, bañarse, caminar, hacer un oficio doméstico. El permanente ejercicio nos irá dando la capacidad para ser bidireccionales, en el sentido de poder estar centrados en nuestro ser interior, y también poder ver la tormenta a nuestro alrededor. Sería como convertirnos en el centro del ciclón, donde hay profunda calma aunque en el exterior exista el caos. Es tener la capacidad para poder actuar y observarnos de manera simultánea. La ruta implica poder ir de la cabeza al corazón, sin detenernos ahí; saber que el corazón es solo una parada, una estación; que no es la meta, ya que del corazón se va al ser. La meditación nos puede conducir directamente al ser, no importa que estemos en la cabeza o en el corazón –pero si estamos en este último será mucho más fácil y rápido-, es el camino hacia el centro de nuestra propia existencia. Cuando la meditación ahonda en nuestro interior, los pensamientos y los sentimientos comienzan a desvanecerse. Desde estas condiciones, conocer nuestro ser y estar centrados en él es haber encontrado el sentido de la vida. Somos simplemente como somos, e imponernos otro modo de actuar y vivir sería violar nuestra propia naturaleza.

2.3. TIPOS DE FUNCIONAMIENTO PERSONAL
Para aprovechar mejor nuestros propios aprendizajes, es importante e interesante conocer nuestros rasgos característicos o tipos básicos de funcionamiento personal. Teniendo en cuenta que por didáctica se los divide en su explicación, nadie se ajusta por completo a ninguno de ellos y que se da la mezcla de los tres tipos, en el orden cognitivo, emotivo y activo. Recordando que la cabeza es el más alejado del ser; por lo tanto, ir de la cabeza al corazón implica un gran salto cuántico y cuando vamos del corazón al ser es como llegar a casa. Los tres tipos de funcionamiento se los conoce de diversas maneras:

Cognitivo Intelectual Cabeza Mente Pensar

Emotivo Emocional Corazón Sentimiento Sentir

Activo Creativo Cuerpo Acción Actuar

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Aunque los tres viven en la misma casa, realmente no se conocen. La mente y el corazón son polos opuestos como el no y el sí respectivamente, pero cooperan de forma sutil, pues ambos van de la mano, ya que no pueden existir separadamente. Así por ejemplo, el no (que es la actitud continua de la mente) significa algo gracias al si (que es la tendencia permanente del corazón) y el si gracias al no tiene significado. El Ser entonces, implica la totalidad, o la vía de la trascendencia; deja de lado las dualidades, no puede decir no y tampoco puede decir sí; ambos son imprescindibles, tienen que comprenderse, aceptarse y observarse. Por eso lo absoluto es inexpresable, no toma partido ni elige, simplemente es lo que es. En caso de elección, es mejor hacerlo por el sí (el corazón) porque es mucho más fácil salirse de él. Es un salto para ir del no al sí y del sí al más allá. El más allá no es positivo ni negativo, es divinidad, iluminación. Todo depende de nosotros, los tres son mecanismos. No somos separados, no somos ni la cabeza, ni el corazón, ni el cuerpo de manera parcelada, somos los tres tipos, aunque tengamos enfoques particulares de mayor énfasis en alguno de ellos. Por cualquier camino podemos llegar al ser; pero por separado se llegará a distintos lugares divergentes y no convergentes. En estas condiciones divididas no podremos ver más allá del plano en el que vivimos –mente, corazón, cuerpo-. Aunque conociendo nuestro rasgo o tipo personal desde el que funcionamos, podremos acercarnos y llegar a nuestro Ser aprovechando y utilizando la condición en el que nos movemos: meditación, devoción y/u oración, relajación y/o observación. Veamos entonces algunos aspectos relevantes de estos tipos: pensamiento. La secuencia en este tipo, va del conocimiento al sentimiento y de aquí a la acción. La persona tiene necesidad compulsiva de saber, esa es su prioridad. Todo tiene que explicarse, porque su condición y devoción es el conocimiento y la información; incluso hasta para sentir necesita del saber para validarse. Toda experiencia inicia y termina con el saber, antes tiene la necesidad de conocer. No le importa que ante una decisión urgente, lo exclusivo y lo básico sea el saber; aunque muchas veces, mientras se busca el conocimiento, se reflexiona y se piensa, la ocasión se desvanece, o cuando se llega a la conclusión ya no tiene sentido ni significado hacerlo. La decisión está en la propiedad del saber, por eso dice “yo he tomado la decisión”; primero es el proceso, y la conclusión viabiliza la decisión. Este campo es el de los científicos, investigadores académicos, filósofos y todos los que se orientan por lo intelectual. El polo opuesto es “no pensar”. Las personas cuya orientación es la cabeza, ir al polo opuesto les es de mayor facilidad, por eso lo suyo será la meditación para llegar al ser. De ahí que la recomendación sea el de sentarse sin hacer nada, sin juzgar ni hacer juicios. Con la práctica continuada, llegarán o irán apareciendo huecos, intervalos a los que llegarán destellos del ser, que igualmente pueden venir del cuerpo, el corazón o la cabeza. La cabeza no sabe nada del ser, y todo lo que hay en ella es prestado, nada es suyo; sin embargo, toda la sociedad está bajo su influjo, se nutre del sistema educativo donde es su monopolio aunque siempre se hable de “formación integrada”, todo su que hacer se dirige exclusivamente a la cabeza; obviamente se salta el corazón, se lo mira de soslayo, y aunque la convivencia es hoy otro de sus pilares, no sabe que la clave está en el corazón que es el mejor puente al ser.

Cabeza. Es el mundo de la mente, de lo intelectual, el ámbito cognitivo y del

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Realmente, de la cabeza no se saca nada, solo es un instrumento lógico, por eso todas las filosofías y las teologías vienen de la cabeza. Es la parte masculina, ha convertido el corazón en su esclavo; no puede amar ni sentir, es insensible. Tiene ojos pero no tiene piernas, está inválida. Es enormemente capaz de hacer cualquier cosa y solo necesita una guía adecuada. Para la cabeza no existen valores, nada tiene significado, no existe amor, belleza, gracia, únicamente existe el razonamiento. Racionalizar es una forma de ocultar cosas, es una maniobra muy astuta; la racionalización es una manipulación de la razón, como el sentimentalismo es una manipulación del corazón, sin embargo, el hombre puramente racional no tiene creencias, prejuicios, ni ideas a priori. Simplemente investiga sin juicios, sin conclusiones preconcebidas. La investigación será la que nos dé la conclusión, ella misma decidirá. La cabeza como un gran mecanismo podemos usarla, pro no nos dejemos manejar por ella, debe estar al servicio del ser y cuando eso ocurre, todo se equilibra.

La Mente. Reside en la cabeza y es un mecanismo que graba cosas del exterior y luego reacciona a sus estímulos conforme a esas grabaciones. Por eso, el insulto, la puya, la sátira y/o la indirecta que viene de otra persona funciona como un control remoto, como un interruptor que nos enciende y nos apaga. Funciona como un disco, que, cuando una situación concreta activa el control, nos hace emerger la emoción respectiva –tristeza, enfado, frustración, preocupación, temor o cualquier otra, sea en positivo o en negativo-, que viene del exterior, y se activa en nuestro interior, donde la mente responde a su estímulo. La mente puede generar dinero, poder y prestigio. Por eso su poder se expresa en el “no”, vive en el, se alimenta de decir no a todo y a todos; el no es el ejercicio del poder. Es básicamente del mundo exterior, vive en la periferia y es negativa –no existe mente positiva-. Entre más decimos no, nos vamos encerrando y encogiendo más y más, menos vivos estamos; seremos menos que antes y, al fin quedará una vida vacía, sin sentido ni significado, sin alegría, sin celebración. Se vivirá por miedo y no por amor. Solo sabe de preguntas, está llena de dudas, llena de ruido, es un espacio cerrado, vive en lo negativo, su ego se siente satisfecho, porque es hecha de ladrillos de “noes” y de “negatividad”. Solo sabe de palabras y de lógica, el razonamiento es su alimento. La clave estratégica: La meditación. Su objeto es tomar consciencia de todo lo que representa la mente para no identificarse con ella. Estar en estado meditativo es estar en constante alerta, vigilantes, atentos, conscientes. Es estar recordando permanentemente que somos los observadores, no los actores, que no es nuestra reacción. Cuando estemos prestos a la emergencia de un proceso emocional, tenemos es que sin tomar partido alguno, la permitamos, sin reprimirla, simplemente observándola con plena consciencia de ello. Así, poco a poco dejaremos de ser marionetas de la mente, e iremos ganando autonomía ante la mente, de tal forma que seamos nosotros los que demos el permiso. Y cuando somos el amo y no el esclavo, cualquier emoción sabremos comprenderla sin que nos afecte o nos maneje a su antojo. Tengamos en cuenta que la reacción es la evidencia de la esclavitud. Pero en la actuación, nuestro horizonte es la consciencia y entonces nos diremos para sí mismos: “si tu disfrutas insultándome, yo disfruto no enfadándome”. Estaremos centrados –en el sery no en la periferia –la mente-. El propósito de prioridad es crear una separación entre la mente y la consciencia, lo que se constituye en una grandísima revolución interior.

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Entonces, la vida a partir de esto se convertirá en una constante celebración, en una obra de arte que se disfruta en todo su proceso.

Corazón. Es el mundo del sentir, de las emociones y los sentimientos, el ámbito emotivo y afectivo. La secuencia en este tipo, va del sentimiento a la acción y de aquí al pensamiento. Para los que se guían por el sentir, el conocimiento no tiene gran importancia, es secundario, a no ser que también el conocimiento se sienta. Pues, sólo a través de los sentimientos se llega al verdadero conocimiento. Todo comienza con el sentir, luego se encuentran las razones. En su vida el que decide es el corazón (sentir, sexto sentido, corazonada, intuición, voz interna). Aquí, primero llega la decisión y luego viene el proceso, la frase más evidente es cuando se dice: “lo he sentido así”. Los que se orientan desde su corazón tienen enfoques más cercanos a la oración, el arte, la naturaleza; por eso es de los poetas, artistas, pintores, bailarines, músicos, ecologistas, cantantes. Por eso puede decirse que la artística es el puente entre la ciencia y la espiritualidad. Pasar a su polo opuesto o al no sentimiento es una acción fácil para ellos. La práctica recomendada es comulgar con la naturaleza, observando en silencio y sin juzgar; no hace falta verbalizar, sólo se tiene que sentir. Sabe que el corazón se basta a sí mismo, y no necesita de la cabeza. Todos los bellos valores y principios de la vida preceden de este tipo. Ser total en lo que se hace, hasta convertirse en su propio arte –el que baila se vuelve el baile, el músico se vuelve música- es volver meditativo su propio quehacer. Pocos viven en el plano del corazón porque es bello, pero es muy delicado y frágil, es como una rosa. Aunque por norma social general se ha impuesto que la cabeza sea el amo y el corazón su esclavo, podríamos invertir la situación, en el sentido de que el corazón sea el amo y la cabeza su sirviente. Bien se sabe que la verdad es la consciencia y ella no requiere lógica, razonamiento o filosofía; la verdad es muy simple, es la cabeza quien lo complica. El corazón es más valioso que la cabeza, porque es nuestro, no viene del exterior ni se alimenta de él; es existencial, original. Más bien es el puente entre la cabeza y el ser, como una estación a medio camino. Desde aquí se puede divisar el ser, más no de la cabeza. Es la puerta de entrada al ser, que es la fuente eterna de la vida. Pero de ninguna manera satisface nuestros deseos egoístas o de interés personal. Pero saca lo mejor de nosotros, nos ofrece una gran experiencia de amor, un real cambio alquímico. Contrario a la mente, es positivo, dice sí a todo y a todos. El sí es más espacioso, abierto, vulnerable. Entre más positivo, más nos acercamos al corazón; no conoce el lenguaje de la negatividad. Por ejemplo, no pregunta qué es la belleza, simplemente la conoce y la disfruta, pues, no puede explicarla ni definirla porque es una experiencia inexpresable. Sabe qué es el amor, pero es mejor no preguntarle. Todos los tipos de devoción, oración y sentimiento vienen del corazón. Se mueve (emoción viene de movimiento), pero es ciego; se mueve de prisa, rápido, por eso también la emoción es una barrera semejante a la lógica en la cabeza. Es la parte femenina y no puede ser racional, no comprende el lenguaje de la cabeza. Tiene piernas pero no tiene ojos; puede ir muy rápido pero está ciego, no sabe a dónde va. Sinceramente es la salsa de la vida. El corazón solo conoce el lenguaje del silencio aunque sabe todas las respuestas, sabe lo que es importante, conoce el esplendor de la vida, la enorme felicidad de la sencilla existencia; está llena de confianza. Es como una barca para ir al ser. Va más allá del sí y el no. La puerta a la realidad se abre a través del corazón y no de la mente.

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Cuando se ha vivido mucho tiempo en la cabeza y por primera vez el corazón se está abriendo, es como llegar a un mundo nuevo para lo que no se tiene un lenguaje propicio, nos sentimos ignorantes, torpes, analfabetos –la alfabetización es propia de la cabeza-. Eso es lo que nos pasa cuando estamos en territorios que no conocemos bien. Cuando de repente se abre el corazón, nos sentimos analfabetos; pero, poco a poco el corazón irá encontrando su camino. Irán surgiendo maneras de expresarse. Solo se trata de aprender otro lenguaje, una gramática y una semántica nueva. Lo que podemos hacer es ir profundizando cada vez más en ello. En realidad, hace falta poner un poco más de corazón en todo. Tengamos en cuenta que el camino del corazón es muy bello y profundo pero igualmente peligroso, por el contrario, el camino de la mente es vulgar y superficial pero seguro. El camino hacia el ser más profundo está más cerca del corazón que de la cabeza. Si vamos hacia afuera, la cabeza es un atajo; por el contrario, el camino del corazón es muy largo. Pero si nos dirigimos hacia adentro, el corazón es el atajo hacia nuestro ser y la mente es el camino más largo que podemos tomar, antes tendríamos que bajar al corazón. secuencia en este tipo, es primero la acción, luego viene lo que se siente y finalmente se racionaliza. Para los que se guían por esta línea, no se conforman con saber o sentir, tienen que crear. Lo primero es la acción luego puede venir la racionalización. La orientación desde estos ámbitos está dirigida hacia el cuerpo (dios es el mundo: su dinero, su casa, prestigio, su auto, poder); se dice: “la decisión ha llegado a mí”. El polo opuesto es la relajación, y pasar de la tensión de la acción a la relajación, a la distensión es la “no acción”, ese es su rumbo. Por eso, correr, hacer deportes, el juego, el baile, salto, todo lo que está enfocado en el orden corporal, el actuar y crear son utilizados para hacer de ellos un estado meditativo, lo que lleva a una completa transformación. En el ámbito emocional, el cuerpo debe estar en concordancia con la mente cuando esta está cargada de emoción; pues, la emoción es paralela al movimiento del cuerpo. Si hay una emoción y no pasa nada en él, significa que en el cuerpo existe algún grado de represión. La mente siempre nos mantiene ocupados, es un obstáculo porque no deja que la consciencia llegue al cuerpo. Cuando logramos que nuestra mente se quede en silencio, la consciencia percibe el cuerpo. Cuando más conscientes estemos, más nos daremos cuenta de que hasta el cuerpo empieza a tener consciencia propia, y según vayamos estando alertas y conscientes iremos sintiendo más amor por nuestro cuerpo, más compasión, lo sentiremos más próximo, más entrañable, como si surgiera una nueva amistad. La verdad está más allá de los tres tipos, está en nuestra consciencia, que no es ni cabeza, ni corazón, ni cuerpo, y como está separado de ellos los puede utilizar a todos en armonía. Es decir, nuestro ser está en los tres y al mismo tiempo más allá de los tres. Nuestra realidad está en la fuerza que hay en nuestro interior, la consciencia. Los tres le pertenecen, hay que hacer una síntesis de ellos. Y una persona consciente usa la cabeza como sirviente, y el corazón como amo; el cuerpo es su recipiente. No se identifica con ninguno, es testigo de ellos. Se puede ver qué cualidades deberían ser más elevadas,

Acción. Es el mundo del acto creativo, de la acción, el ámbito del cuerpo. La

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qué cualidades deben ser las metas. La cabeza aporta esas cualidades, pero necesita que alguien le de órdenes. Observemos los pensamientos y al observarlos desaparecerán; observemos las emociones y al hacerlo, también desaparecerán. La condición básica y vital es estar conscientes, convertirnos en testigos, en observadores de todo lo que ocurre dentro de nosotros. Al observar de esta manera, nos liberamos inmediatamente de la identificación. Desde el ser se abre la puerta al ser supremo de la existencia y lo único que se pierde es la pobreza, el sufrimiento y la miseria interior.

3. LOS SENTIMIENTOS3
Nuestros sentimientos son un sexto sentido, el sentido que interpreta, ordena, dirige y resume los otros cinco. Los sentimientos nos dicen si lo que experimentamos es amenazador, doloroso, lamentable, triste o regocijante. Podemos describirlos y explicarlos de manera sencilla y directa, ya que no hay en ellos nada de místico ni de mágico. Conforman todo un lenguaje propio. Cuando hablan los sentimientos, nos vemos obligados a escuchar y a veces, a actuar, aun cuando no siempre comprendamos el porqué. No tener conciencia de los propios sentimientos, no comprenderlos o no saber cómo utilizarlos y expresarlos es peor que la ceguera, la sordera o la parálisis. No sentir es no estar vivo. Más que ninguna otra cosa, los sentimientos nos hacen humanos. Nos hacen semejantes. Los sentimientos son nuestra reacción frente a lo que percibimos y a su vez tiñen y definen nuestra percepción del mundo. Son, en realidad, el mundo en el que vivimos. Dado que buena parte de lo que conocemos depende de nuestros sentimientos, flotar a la deriva en medio de sentimientos confusos o vagamente percibidos equivale a sentirse avasallado por un mundo confuso. El lenguaje de los sentimientos es el medio por el cual nos relacionamos con nosotros mismos. Si no podemos comunicarnos con nosotros mismos, no podemos comunicarnos con los demás. Nuestros sentimientos son la reacción a lo que percibimos por medio de los sentidos y dan forma a nuestras reacciones frente a lo que percibiremos en el futuro. La persona que lleva dentro una gran dosis de enojo no resuelto, por ejemplo, puede tender a hallar que el mundo que encara es un mundo también lleno de enojo y con ello justificar y perpetuar su propio sentimiento. El mundo es en buena parte el que nosotros mismos nos creamos. En realidad, el mundo se halla mucho más bajo nuestra influencia de lo que la mayoría de nosotros advierte. Cuando asumimos la responsabilidad de nuestros sentimientos, asumimos, además, nuestra responsabilidad frente a nuestro mundo. En la comprensión de nuestros propios sentimientos reside la clave del dominio de nosotros mismos, la verdadera independencia, lo cual significa lograr el único poder real que merece ser obtenido. A medida que expresamos en forma más abierta nuestros sentimientos, tenemos menos necesidad de precavernos con cosas que hallamos amenazadoras en el mundo, ya que en lugar de ocultarlos, la persona abierta los utiliza como guía para interpretar el mundo que vive.
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Notas tomadas de: VISCOTT, David. “El lenguaje de los sentimientos”. Traducción de Lucrecia Moreno de Sáenz. Círculo de Lectores. Santafé de Bogotá, D. C. 1.993. 174 páginas

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Quienes confían exclusivamente en el intelecto para encontrar su camino en el mundo no tienden a estar tan en armonía con él como quienes utilizan sus sentimientos. El arte del hombre es la celebración de sus sentimientos en su punto de mayor coherencia. No es posible captar la realidad sin tener en cuenta los sentimientos. Las abstracciones del intelecto y el razonamiento tienen importancia, pero cuando ellas pierden contacto con los sentimientos, abren el camino para los actos inhumanos y destructivos. Cuando perdemos contacto con nuestros sentimientos, perdemos a la vez el contacto con nuestras cualidades más humanas. Recordemos a Descartes y digamos, en una paráfrasis de su célebre frase: «Siento, luego, soy». Sin consciencia de lo que significan nuestro sentimientos no hay verdadera consciencia de la vida. Nuestros sentimientos resumen lo que hemos vivido y nos dicen sí ha sido grato o doloroso. No hay dos personas que incorporen a sí mismas del mismo modo lo que perciben. La realidad derivada de nuestras percepciones es, en gran parte la creación derivada de nuestras propias necesidades y aspiraciones. Los sentimientos crean un vínculo común entre todos los seres humanos. Cuando comenzamos a comprender este hecho, muchos de los misterios de la vida quedan disipados. Cuando recurrimos tan sólo a las palabras para describir lo que percibimos estamos tratando, en realidad, de manejar nuestros sentimientos, más bien que experimentarlo. El pensamiento es una forma mucho más indirecta de manejar la realidad que el sentimiento. Los sentimientos nos dicen cuándo algo resulta doloroso o nos hiere, porque los sentimientos son la herida. El pensamiento explica la herida, justificándola , realizándola, poniéndola en perspectiva. El mundo es tan complicado que no podemos depender en forma exclusiva de nuestra capacidad intelectual para evaluar nuestras percepciones. Nuestra capacidad de pensar nos permite formarnos conceptos y clasificar nuestras impresiones. Contamos con atajos en el proceso mental y el lazo que comprendemos con mayor facilidad entre los estímulos externos y las impresiones percibidas es un sentimiento. A veces, permitimos que nuestros sentimientos actúen sobre nuestras percepciones. Si bien esto puede intensificar nuestro estado de alerta y nuestro sentido de la propia protección, también puede distorsionar el mundo que percibimos, en particular cuando nos lleva a sentirnos excesivamente vulnerables frente a él. Cuando no vivimos con nuestros sentimientos, no vivimos en un mundo real. La explicación de los sentimientos hasta creerlos eliminados no los resuelve ni los exorciza. Están allí y es necesario encararlos. Culpar a otros no les quita su capacidad de herir ni disminuye su intensidad. Es posible disfrazarlos, negarlos, racionalizarlos, pero el sentimiento doloroso no desaparece hasta que ha recorrido su curso natural. En realidad, cuando eludimos un sentimiento, sus efectos dolorosos suelen prolongarse y resulta cada vez más difícil de manejarlo. Hablar y manifestar sentimientos ha sido constantemente rotulado y marcado peyorativamente, ha sido mal visto, como un signo de debilidad e incluso de inmadurez. Se ve como primitivo, fuera de foco. Se han censurado tanto que ya ni siquiera se les presta atención, se ha creado temor y miedo de expresarlos. Pero en la espiritualidad humana, estar en el corazón es vivir más allá de la mente, es vivir en un plano más cerca

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a lo divino, mucho más cerca a la consciencia, la cual nos puede conectar con la totalidad.

4. CARACTERIZACIONES
“Es innegable que, desde la infancia hasta la vejez, no dejamos de cambiar. Nuestro cuerpo cambia de continuo, y nuestra mente se ve obligada a afrontar, instante a instante, nuevas experiencias. Somos un flujo en constante transformación, pero, al mismo tiempo, también tenemos la idea de que, en el núcleo de todo ello, existe algo estable que "nos" define y permanece constante a lo largo de toda la vida. “El apego al yo4 se refiere al aferramiento profundamente arraigado a una entidad permanente que parece residir en el mismo núcleo de nuestro ser y que nos define como el individuo particular que somos. También sentimos que ese "yo" es vulnerable y que debemos protegerlo y mimarlo. De ahí se derivan el rechazo y la atracción, es decir, la aversión a todo lo que pueda amenazar al "yo", y la atracción por lo que le complazca, le consuele y le haga sentirse seguro y feliz. De esas dos emociones básicas -la atracción y el rechazo- se derivan todas las demás. “En cualquiera de los casos, sin embargo, esta multitud de emociones (84.000) pueden resumirse en cinco emociones principales, el odio, el deseo, la ignorancia, el orgullo y la envidia. "El odio es el deseo profundo de dañar a alguien o de destruir su felicidad y no tiene por qué expresarse necesariamente como un ataque de ira ni tampoco de manera permanente, sino que sólo aparece en presencia de las condiciones adecuadas que lo elicitan. Además, el odio está relacionado con muchas otras emociones, como el resentimiento, la enemistad, el desprecio, la aversión. "Su opuesto es el deseo, que también presenta numerosas ramificaciones, desde el deseo de placeres sensoriales o de algún objeto que queramos poseer, hasta el apego sutil a la noción de solidez del "yo" y de los fenómenos. En esencia, el deseo nos conduce a una modalidad falsa de aprehensión y nos induce a pensar, por ejemplo, que las cosas son permanentes y que la amistad, los seres humanos, el amor o las posesiones perdurarán para siempre, aunque resulta evidente que tal cosa no es así. Es por ello que el apego significa, en ocasiones, aferramiento al propio modo de percibir las cosas. "Luego tenemos la ignorancia, es decir, la falta de discernimiento entre lo que debemos alcanzar o evitar para alcanzar la felicidad y escapar del sufrimiento. Aunque Occidente no suela considerar a la ignorancia como una emoción, se trata de un factor mental que impide la aprehensión lúcida y fiel de la realidad. En este sentido, puede ser considerada como un estado mental que oscurece la sabiduría o el conocimiento último y, en consecuencia, también se la considera como un factor aflictivo de la mente. "El orgullo también puede presentarse de modos muy diversos como, por ejemplo, negarnos a reconocer las cualidades positivas de los demás, sentirnos superior a ellos o menospreciarles, envanecernos por los propios logros o valorar desproporcionadamente
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Para precisar la multitud de formas de llamar a las manifestaciones diversas que nos molestan, nos hace sufrir, nos hiere, y que se consideran hace parte de la superficie Psicológica, de la Personalidad humana como la cubierta formada por la sociedad y que es muy diferente al Ser interno, con también se la puede entender como: Ego, defectos, agregados psíquicos, yoes, Se alimenta y se fortalece con la identificación mental.

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nuestras cualidades. A menudo, el orgullo va de la mano de la falta de reconocimiento de nuestros propios defectos. "La envidia puede ser considerada como la incapacidad de disfrutar de la felicidad ajena. Uno nunca envidia el sufrimiento de los demás, pero si su felicidad y sus cualidades positivas. Por este motivo, ésta es, desde la perspectiva budista, una emoción negativa puesto que, si nuestro objetivo fuera el de procurar el bienestar de los demás, su felicidad debería alegrarnos. ¿Por qué tendríamos, en tal caso, que sentir celos si parte de nuestro trabajo ya ha sido hecho y queda, por tanto, menos por hacer?" “De un modo u otro, todas las emociones parecen derivarse de la noción de "yo". Y de ello se sigue que, si queremos trabajar las emociones, deberemos investigar en profundidad esta noción. "No podemos ubicar al "yo" en ningún lugar del cuerpo y tampoco podemos concluir que ocupe la totalidad de éste. El pensamiento pasado ya se ha ido, y el futuro todavía no se ha presentado. ¨¿Cómo podría existir "yo" alguno a mitad de camino entre algo que ya se ha ido y algo que todavía no ha llegado? Y, puesto que el yo no puede ser identificado con la mente ni con el cuerpo ni con ambos conjuntamente ni tampoco como algo distinto de ellos, es evidente que no existe nada que pueda justificar la conclusión de que exista un "yo" que no es, en suma, más que el nombre que asignamos a un flujo, como llamamos a un río Ganges o Mississippi.5

4.1. LA IRA
Para saber lo que es, metámonos en ella, probémosla de muchas maneras, dejemos que tenga lugar en nuestro interior, que nos rodee, que nos cubra, sintamos todo el dolor, el veneno y cómo nos rebaja, cómo crea un valle oscuro para nuestro ser, cómo caemos en el infierno a través de ella en un flujo descendente. Sintámosla, y esa comprensión comenzará una transformación en nosotros. Conocer la verdad es verse transformado. Todos oímos que la verdad libera, pero debe ser nuestra propia verdad y no la que otros nos la imponga o nos haga creer. Cantidad de ocasiones se siente ira porque se nos impide algo que queríamos conseguir. Alguien surgió como un bloqueo o un obstáculo. Toda nuestra energía iba hacia la obtención de algo y alguien bloqueó esa energía. Ahora esa energía frustrada se convierte en ira, ira contra la persona que ha destruido la posibilidad de realizar nuestro deseo. Así que, lo que hay que hacer es encontrar la fuente de esa ira, de dónde viene. Cerremos los ojos y movámonos al interior; antes de que se pierda, retrocedamos a la fuente, y alcanzaremos el vacío. Retrocedamos más adentro, vamos más profundos, y llegará un momento en que la ira dejará de existir. Dentro, en el centro no hay ira. Lo cierto es que la ira no viene del centro, sino del ego y, el ego es un ente falso, procede de la periferia, no del centro. No puede venir del centro: ahí hay vacío, vacío absoluto, Procede solo del ego, y el ego es creado por la sociedad, es una relatividad, una identidad. Todo nuestro ser está envenenado por la represión. Se vive con ira, se come con ira, se duerme con ira. Pero cuando una persona come sin ira posee una cualidad distinta: es hermoso observarla, porque come sin violencia. Puede que esté comiendo carne, pero come sin violencia; puede que estemos comiendo simplemente verduras y frutas, pero si la ira está reprimida, comeremos con violencia. Muchas veces y
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GOLEMAN, Daniel. Op.cit. Pág. 50-51

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por lo general el adulto no come sino que traga; es una actividad inconsciente y mecánica. Si queremos conocer la ira solo para deshaceros de ella, es muy difícil, pues la actitud de deshacerse de la ira crea una distinción. Y es que hemos comenzado con la suposición de que la ira es mala, por lo que la «no ira» es buena; que el sexo es malo y la «no sexualidad» es buena; que la codicia es mala y la «no codicia» es buena. Así, encontraremos mucha dificultad para conocer de verdad esos rasgos. Incluso la ira es hermosa cuando todo nuestro ser la siente, cuando cada fibra de nuestro ser vibra con ella. Por ejemplo, observemos a un niño pequeño enfadado, entonces sentiremos la belleza. Tiene todo su ser en eso. Radiante. El rostro rojo. ¡Un niño tan pequeño parece tan poderoso que da la impresión de que es capaz de destruir el mundo entero! ¿Y qué sucede con el niño después de que se ha enfadado? Pasados unos pocos minutos, unos pocos segundos, todo cambia y está feliz y bailando, corriendo otra vez, por la casa. Esto no nos pasa a nosotros porque nos movemos de una falsedad a otra. La ira no es un fenómeno duradero, por su propia naturaleza es algo momentáneo. Si la ira es real, dura unos pocos momentos; y mientras dura, auténtica, es hermosa. No hace daño a nadie. Una cosa real y espontánea no puede dañar a nadie. Solo la falsedad daña. En un hombre que puede enfurecerse espontáneamente la ira desaparece a los pocos segundos y vuelve a relajarse hasta alcanzar el otro extremo. Se convierte en un hombre cariñoso. Pero en el sentido contrario, la crea una y otra vez, la renueva. Se recomienda vivir cada emoción que se sienta. Odiosos, feos, poco valiosos, lo que sea, en realidad estamos en ello. Primero hay que darle la oportunidad de emerger por completo al consciente. Vivámoslas y sufrámoslas. Será difícil y tedioso, pero inmensamente fructífero. Una vez que las hayamos vivido, sufrido y aceptado, que somos nosotros, que esto somos nosotros, que no es obra nuestra, de modo que no necesitamos condenarnos, que ese es el modo en que nos hemos encontrado. Una vez que las hayamos vivido conscientemente, sin ninguna represión, nos sorprenderá cuando desaparezcan por su propia cuenta. Su fuerza en nosotros disminuye, el apretón sobre nosotros ya no es firme. Y cuando se vayan, quizá llegue un momento en que pod amos empezar a observar. No sobra recordar que se ha dicho que se expresen las emociones negativas, pero ¡ojo!, no en público o encima del otro. Ha de ser un fenómeno privado, de lo contrario no tiene fin. De modo que, en cuanto se sienta cualquier emoción negativa hacia alguien, esa otra persona no es la cuestión. No hay necesidad de proyectar ira sobre nadie. Eso significa que hay algo dentro que necesita una actividad rápida para ser liberada. Corramos un poco –saltemos, gritemos, golpeemos la almohada o una tula, hagamos gestos- y, sentiremos que se libera. Pasada una catarsis de cinco minutos, nos sentiremos sin carga alguna, y en cuanto sepamos esto, ya jamás lo proyectaremos sobre alguien, porque es un comportamiento absolutamente necio.

Ira y tristeza son lo mismo
La tristeza es ira pasiva y la ira es tristeza activa. Es difícil para una persona triste estar enfadada. Si podemos encolerizar a una persona triste, su tristeza desaparecerá de inmediato. Así mismo, Será muy difícil para una persona airada estar triste. Si podemos

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entristecerla, su ira desaparecerá de inmediato. En todas nuestras emociones continúa la polaridad básica: de hombre y mujer, de macho y hembra. La ira es masculina, la tristeza es femenina. Hay que sacarlas, expresarlas. Recordemos que cuando dos energías opuestas son exactamente iguales, entonces es muy fácil salir de ellas, porque están peleándose y cancelándose y no nos hallamos sujetos por ninguna. La tristeza e ira están al cincuenta por ciento, son energías iguales, de manera que se cancelan entre sí. Pero si hay un setenta por ciento de tristeza y un treinta de ira, entonces resulta muy difícil. De modo que esta es una de las leyes básicas de las energías interiores: Dejemos siempre que las polaridades opuestas alcancen un mismo rango, y entonces podremos escapar de ellas. De hecho, con solo decir «no reprimas» no basta. Hay que acercarnos totalmente a ellas, llegarles, mostrarse comprensivos, abrazarlas. No tiene nada de malo. ¿Quién dijo que hay algo malo en estar triste? De hecho, solo la tristeza da profundidad. La risa es poco profunda, la felicidad es superficial. La tristeza llega hasta la médula. Nada alcanza la profundidad de la tristeza. Permanezcamos a su lado, y la tristeza nos llevará hasta su núcleo. Podemos ir a su lado y seremos capaces de conocer algunas cosas sobre nuestro ser que nunca habíamos conocido. El día no es solo de Dios, también lo es la noche. Solo en la complejidad acontece lo más elevado, y la vida es lo más complejo. Cuando vemos ira en otros, hurgando en nosotros mismos la encontraremos; cuando vemos demasiado ego en otros, dentro de nosotros lo encontraremos. El interior funciona como un proyector; otros se convierten en pantallas y comenzamos a ver películas sobre otros que son realmente nuestras propias cintas. El único problema con la tristeza, la desesperación, la ira, la impotencia, la ansiedad, la angustia, la desdicha, es que queremos deshacernos de ellas. Esa es la única barrera. Tendremos que vivir con ellas. No podemos escapar. Representan la precisa situación en que la vida ha de integrar y crecer. Son los retos de la vida. Aceptémoslas, son bendiciones disfrazadas. Hay personas que viven encontrando algo malo en nosotros. Su único secreto radica en encontrar algo malo en nosotros. No pueden aceptarnos como somos: nos dan ideales, proyectos, ideologías, nos hacen sentir culpables y nos hacen sentir que no valemos nada, que somos porquería. Ante nuestros propios ojos, nos hacen sentir tan condenados que olvidamos todo sobre la libertad. Incluso, sentimos miedo de la libertad, porque vemos lo malos que somos, lo equivocados que estamos. Así que es mejor seguir a alguien. Lo real es que no hay nada bien ni nada mal. Si estamos enfadados, alguien dirá que la ira está mal, que no nos enojemos. ¿Qué vamos a hacer? Podemos reprimirla, contenerla, tragárnosla, literalmente, pero pasará a nuestro interior, a nuestro sistema. Traguémonos la ira y tendremos úlcera de estómago, y tarde o temprano sufriremos cáncer. Tragarse la ira implica que surjan mil y un problemas, porque la ira es veneno. Pero ¿qué vamos a hacer si la ira está mal?, tenemos que tragárnosla. La ira es pura energía. Cuando surja, seamos conscientes de ella, y veamos acontecer el milagro. Si somos conscientes de ella, quedaremos sorprendidos. Al ser conscientes de ella, la ira desaparece. Se transforma. Se convierte en pura energía: se convierte en compasión, en perdón, en amor. Y no necesitamos reprimirla, de modo que no nos agobia el veneno. Simplemente seamos conscientes, dejemos que la consciencia esté presente. La ira surgirá y será consumida por la consciencia. No se puede estar

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enfadado cuando se es consciente, como tampoco se puede ser codicioso o celoso con ella. La consciencia es la llave de oro. La ira ya ha tenido lugar antes, y sucede ahora, pero en este momento se tiene que añadirle un elemento nuevo, el elemento de la comprensión, y entonces la calidad cambia. Entonces, dentro de un tiempo, veremos que cuanto más la entendemos, menor es su presencia. Y cuando la comprendemos a la perfección, desaparece. La comprensión es como el calor. Cuando llega a un punto determinado “cien grados”, el agua desaparece. La ira siempre es para ocultar el miedo. La gente emplea todo tipo de estrategias. Hay personas que reirán para poder detener sus lágrimas. Con la ira, los miedos permanecen ocultos. Es el miedo el que mantiene cerradas a las personas. No pueden oírnos. Tienen miedo de oír. Y realmente su ira es el miedo del revés. Solo una persona llena de miedo se encoleriza de inmediato. Si lo hace, podemos ver su miedo. La ira es una tapadera. Al estar enfadado intenta hacer que sintamos miedo: antes de que nos hagamos una idea de su temor, trata de provocarnos miedo. ¿Vemos la simple psicología involucrada en ese acto? No desea que sepamos que tiene miedo. La única manera de conseguirlo es causándonos temor; entonces se siente completamente relajado. Nosotros tenemos miedo y él no, y no hay nada que temer en alguien que tiene miedo. Su ira es un esfuerzo para engañarse. No tiene nada que ver con vosotros. Pero la ira sencillamente muestra miedo; recordemos siempre que la ira es el miedo boca abajo. Detrás de la ira siempre se oculta el miedo; es la otra cara de la ira. Siempre que sintamos miedo, el único modo de ocultarlo es encolerizándonos, ya que el temor nos dejará al desnudo. La ira creará un telón a nuestro alrededor, detrás del cual nos podemos esconder.

4.2. LOS CELOS
Los celos son comparación. Y nos han enseñado a comparar, nos han condicionado a comparar, siempre comparar. Alguien tiene una casa mejor, un cuerpo más esbelto, más dinero, una personalidad más carismática. Comparemos. Comparemos a cualquiera que pase junto a nosotros, y el resultado que obtendremos será de grandes celos; es la consecuencia del condicionamiento para la comparación. Si dejamos de comparar, los celos se desvanecen. La comparación es una actitud necia, porque cada persona es única e incomparable. Nosotros Simplemente somos nosotros, nadie ha sido jamás como nosotros, y nadie lo será nunca. Y tampoco necesitamos ser como otra persona. No se trata de cómo librarse de los celos, la cuestión es cómo transformarlo. Cuando amamos, el mismo amor es suficiente garantía, suficiente seguridad. Si amamos a una persona, sabremos que no se puede ir junto a otra; Y si lo hace, pues lo ha hecho; no se puede impedir, ¿Qué se puede hacer? Si lo hace, no hay amor y no se puede remediar. El amor aporta esta comprensión. No hay celos. Los celos son una de esas artimañas tremendamente poderosa. Desde la misma infancia toda sociedad, toda cultura, nos enseña a todos a comparar. Los celos son un gran artilugio. Analizadlos detenidamente: ¿qué significan? Vivir en comparación.

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Alguien está por encima de nosotros, alguien está por debajo. Siempre nos encontramos en el escalón intermedio de la escalera. Quizá la escalera sea un círculo, ya que nadie le encuentra fin, y todo el mundo está atrapado en alguna parte en el medio; la escalera parece ser una rueda. Alguien está por encima de nosotros, y eso duele porque hiere el ego. Eso nos mantiene luchando, afanándonos, tratando de avanzar por todos los medios, porque si se tiene éxito, a nadie le importa si se ha triunfado de un modo bueno o malo. El éxito demuestra que se tiene razón; el fracaso demuestra que se estaba equivocado. Lo único que importa es el éxito, así que cualquier medio servirá. El fin hace que los medios sean los correctos. De modo que no se debe preocupar por los medios, nadie lo hace. Lo único que importa es subir en la escalera. Pero jamás alcanzamos nuestro fin. Se hace énfasis en que las conclusiones a priori nos hacen creyentes, no científicos. No deberíamos creer, sino, observar, mirar, experimentar, vivenciar; la invitación es a ser un científico en nuestro mundo interior. Dejar que nuestro cuerpo, la mente y nuestro sentir sean nuestro laboratorio, y observar sin condenar ni hacer juicios de ninguna especie. Tengamos en cuenta que si lo hemos oído o nos lo han contado, eso es lo que dicen los demás, no es nuestra propia experiencia. Y por el contrario, tenemos que ser muy existenciales, experimentales: a menos que nuestras vivencias así lo demuestren, no deberíamos decir sí o no a nada. Debemos ser imparciales. Entonces, poder observar nuestras emociones ya es un milagro; porque cuando observamos sin emitir ningún juicio, comenzamos a ver la verdad, podemos ver la estupidez y la necedad de ellas. ¿Qué es esa energía llamada celos? Observémosla como observamos algo agradable como una flor, miremos en su interior. Cuando no hay conclusión, nuestros ojos están claros; la claridad sólo la consiguen aquellos que no tienen conclusiones. Observando con consciencia plena hasta llegar a su interior se volverá transparente, y llegaremos a saber que son estúpidos. Y conociendo su estupidez, se caen por si solos. No necesitamos librarnos de ellas. Intentemos ver lo que realmente hay en nosotros para la otra persona, y los celos desaparecerán. En la mayoría de los casos con los celos, nuestro amor también desaparecerá. Pero es bueno, porque ¿qué sentido hay en sentir un amor que está lleno de celos, que no es amor? Y si los celos desaparecen y, el amor permanece, entonces significa que hay algo sólido en la vida que vale la pena nutrir. Los celos son una de las áreas más frecuentes de la ignorancia psicológica sobre nosotros mismos, sobre los demás y más específicamente sobre las relaciones. Comúnmente, por «amor» se refiere a una cierta clase de monopolio, de ganas de poseer sin comprender una simple verdad de la vida: que en cuanto se posee a un ser humano, lo hemos matado, y la vida no se puede poseer. No podemos tenerla en nuestro puño. Si queremos tenerla, debemos mantener las manos abiertas. Que goce de plena libertad.

Qué nos pone celosos
Los celos en sí mismos no son problema. Aquel está en la actitud y acción de poseer, todo por miedo a que mañana pueda irse con alguna otra persona. El miedo al mañana destruye nuestro hoy, y es un círculo vicioso. Y ojo: si cada día es destruido por el miedo al mañana, tarde o temprano la pareja se buscará a otra, porque nos

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convertimos en tiranos, y cuando lo temido se haga real, obviamente pensaremos que nuestros celos han demostrado tener razón. Y de hecho, son esos celos los que han creado toda la situación. No sobra repetir que no nos preocupemos por el mañana; el hoy es suficiente. Al estar pensando y viviendo en el mañana, el hoy se nos escurrirá de nuestras manos; será un presente a medias, mecánico, incluso imperceptible, se nos escapará y, cuando reparemos en él ya será muy tarde. Si alguien nos ama, dejemos que sea un día de júbilo, de celebración. Estamos tan enamorados hoy que nuestra totalidad y amor bastarán para que la pareja no se aleje de nosotros. Los celos lo destruyen todo. El anhelo de posesión lo destruye todo. Se trata de un problema universal, y no puede solucionarse, solo se puede trascender. La gente intenta solucionarlo. Crea más problemas; eso es lo que se está haciendo generalmente. Estos problemas “los celos, la posesión”, en realidad no son problemas, sino síntomas, síntomas de que aún no se sabe lo que es el amor. El problema surge porque el amor todavía no está presente, sencillamente muestra que el amor aún no ha llegado, muestra la ausencia de amor. Se trata de una lucha negativa. Es luchar con la oscuridad; carece de sentido. Una vez que el amor empieza a fluir, los celos y el afán de posesión y todo eso dejan de existir. Los celos son ausencia de amor. Los celos nos indican, es una señal de que el amor aún no ha tenido lugar. ¡Es bueno!, aprendamos de ellos, fijémonos en ellos y empecemos a movernos hacia el amor. Disfrutemos más del amor y habrá menos celos. Deleitémonos más en el amor y habrá menos celos. Dejemos que se vuelva una totalidad, permitamos que tenga intensidad y en esa intensidad los celos arderán. Es el caso de que un amante de verdad jamás ha sabido lo que son los celos. Lo mejor es dedicar menos energía a analizar los celos y luchar contra ellos, y ponerla en el amor. Hagamos que el amor sea un festejo continuo. De lo contrario nos distraerá: empezaremos a seguir a los celos, y eso es un desierto. Nunca llegaremos a nada bueno. Los celos no tienen nada que ver con el amor. Son parte de la posesión, no del amor; a través de la posesión nos sentimos fuertes: nuestro territorio es mayor. Y si otro intenta entrar en nuestro territorio, nos encolerizamos. O si alguien tiene una casa más grande que la nuestra, nos sentimos celosos. Si podemos llegar a un estado de comprender los celos, estos se desvanecerán y entonces surgirá en nosotros nuevas energías vitales. El amor se volverá fácil; de pronto tendremos tanto amor que nos volveremos incondicionales. No nos molestemos en preguntarnos si la persona es o no digna o merecedora del amor. ¿Quién se molesta cuando tiene tanto para dar? Simplemente se da y nos sentiremos agradecidos de que la otra persona haya aceptado.

4.3. EL MIEDO
Existe solo un temor básico, el de perder algo –la vida, cosas materiales, personas, condiciones, situaciones, prestigio, reconocimientos…, lo que sea-. Pero no tenemos nada que perder: solo creemos que tenemos algo que perder. Otro miedo especial es cuando no podemos encontrar un objetivo. Cuando está ahí sin motivo alguno, eso asusta de verdad. Si somos capaces de dar con un motivo, la mente queda satisfecha. Si podemos responder al por qué, la mente dispone de una explicación a la que aferrarse. Todas las explicaciones ayudan a que las cosas se

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descarten; no hacen otra cosa, pero en cuanto contamos con una explicación racional, nos sentimos satisfechos. Por eso la gente va al psicoanalista a buscar explicaciones, incluso una explicación estúpida es mejor que nada: uno se puede aferrar a ella. El miedo es natural, la culpa es creación de la sociedad, de otras personas. La culpa es producida por el hombre. El miedo es innato y esencial. Incluso, sin miedo no seríamos capaces de sobrevivir. Es normal. Por ejemplo, es debido al miedo que no ponemos la mano en el fuego. Es por el miedo que conducimos por nuestra derecha. Es por el miedo que evitamos el veneno. Es por el miedo que cuando el conductor hace sonar la bocina del carro, nos apartamos de su camino. Si el niño carece de miedo, no existe posibilidad de que llegue a sobrevivir. Su miedo es una medida protectora de la vida. Pero el miedo puede volverse algo anormal, patológico. Entonces le tenemos miedo a cosas a las que no es necesario temer, aun cuando podemos encontrar justificación a nuestros miedos anormales. Todo tiene energía: el miedo, la ira, los celos, el odio. Lo que pasa es que no somos conscientes del hecho de que todas estas cosas desperdician nuestra vida. El miedo a la muerte no es el miedo a la muerte, es el miedo a permanecer insatisfecho e inconcluso. Por ejemplo, vamos a morir, y no pudimos experimentar nada, nada en absoluto a través de la vida, ninguna madurez, ningún crecimiento, ningún florecimiento. Vinimos con las manos vacías, nos vamos con las manos vacías. ¡Ese es el miedo! Y cualquiera que vive por los miedos, no vive; ya está muerto. El miedo es parte de la muerte, no de la vida. El riesgo, la aventura, ir a lo desconocido, eso es lo que significa la vida.

Miedo a estar solo
Por lo general, Nadie quiere estar solo, se quiere pertenecer a un grupo, no solo a uno, sino a varios grupos –religioso, político, cultural, social, económico, club-. Se quiere recibir apoyo las veinticuatro horas del día, porque lo falso, sin apoyo, no logra salir adelante, y en cuanto se está solo, lo falso comienza a desprenderse. Y lo real reprimido empieza a expresarse. De ahí el temor a estar solos. En un momento creíamos que éramos alguien, y de pronto, en soledad, empezamos a sentir que no somos eso. Provoca temor: entonces, ¿quiénes somos?, hará falta cierto tiempo para que lo real se exprese. Los místicos han llamado a la distancia existente entre los dos –lo real y lo falso- «la noche oscura del alma». Una expresión muy apropiada. Ya no somos lo falso y todavía no somos lo real. Nos encontramos en un limbo, no sabemos quiénes somos. El problema es incluso más complicado, aún en occidente no se ha desarrollado ninguna metodología para descubrir lo real, para poder acortar la noche oscura del alma. Por ejemplo, no se entiende e incluso ni se sabe lo que es la meditación. Y ésta es solo un nombre para estar solo, en silencio, a la espera de que lo real se afirme. No es un acto, es una relajación silenciosa, porque todo lo que hagamos, saldrá de nuestra personalidad falsa. Años de personalidad falsa impuesta por personas a las que queríamos, a las que respetábamos y no nos hacían nada malo de manera intencionada. Sus intenciones eran buenas, lo que pasa es que su percepción era nula. No eran personas conscientes; nuestros padres, maestros, sacerdotes, políticos y/o líderes no eran personas conscientes. E incluso una buena intención en manos de una persona inconsciente resulta ser venenosa.

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Todas las técnicas de meditación representan una ayuda para destruir lo falso. No nos dan lo real, porque lo real no puede ser dado. Lo real ya lo tenemos; solo hay que deshacerse de lo falso. La meditación es únicamente la valentía para estar en silencio y a solas. Despacio y poco a poco, se empieza a sentir una nueva cualidad en nosotros, una nueva sensación de estar vivos, una nueva belleza, una nueva inteligencia, que no se obtiene de nadie, que está creciendo en nosotros. Tiene raíces en nuestra existencia. Si somos persistentes y sostenemos nuestros propósitos llegará a madurar y florecer. Así como se hizo con los celos y otras emociones aparentemente negativas, hemos estado creando protecciones contra ellas en vez de mirarlas directamente. No hay nada que temer: lo único que necesitamos es un poco más de consciencia. Sea cual fuere nuestro temor, agarrémoslo, mirémoslo con fijeza, tal como haría un científico con una cosa. Y nos sorprenderá, ya que empezará a derretirse como un copo de nieve. Cuando hayamos mirado su totalidad, habrá desaparecido. Y cuando tengamos libertad sin ningún temor, sentiremos una bendición que no se puede expresar con palabras. El miedo aceptado se convierte en libertad; el miedo negado, rechazado, condenado, se convierte en culpabilidad.

4.4. LA ANSIEDAD
La ansiedad varía desde la leve aprensión de quien prueba la temperatura del agua antes de nadar, hasta el pánico en el caos de la persona totalmente incapaz de controlar sus funciones corporales. Entre estos dos extremos se encuentran los sentimientos de

temor, miedo, irritabilidad, agitación, preocupación, impotencia, inseguridad, tensión, nerviosidad, cobardía, terror, todos son grados diferentes de un sentimiento de

incertidumbre de la propia seguridad. Nos encontramos en un circo artificial donde nuestros adversarios son los patrones arbitrarios, los horarios exigentes, las prácticas poco equitativas y la burocracia, todos los cuales crean sentimientos de frustración y nos amenazan sin darnos una oportunidad adecuada de expresar nuestros sentimientos frente a la situación . La respuesta es que cada uno de nosotros, en el grado en que sea posible, debemos asumir una vez más la tarea de nuestra propia supervivencia. Es posible que no prosperemos tanto desde el punto de vista económico, pero si logramos disminuir el nivel de nuestra ansiedad asumiendo un mayor control de nuestro destino, habremos ganado mucho. Un hecho cierto en la vida es que muchos de nosotros renunciamos o bien cedemos con demasiada facilidad, sin buscar siquiera alternativas o someter a prueba su validez. Por lo menos debemos dar una oportunidad de expresión a lo mejor de nosotros mismos. Tratemos de escucharnos, aceptemos nuestra responsabilidad en cuanto a la solución de amenazas a nuestra vida y bienestar, por lo menos, en la medida en que nos sea posible dentro de los recursos que llevamos dentro. Tenemos con esto un principio para llegar a ser seres libres. Tendemos a temer al extraño porque es capaz de ver nuestra imperfección y porque puede dañarnos al revelar la verdad sobre nosotros mismos. Cada uno se siente vulnerable de manera diferente. Cuando conocemos nuestra propia vulnerabilidad, sabemos mucho acerca de nosotros mismos.

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La poca disposición a asumir responsabilidad frente a la propia vida sólo aumenta el dolor y aleja más todavía a las personas cuyo amor y afecto temen perder.

Pérdida
La ansiedad es el temor al daño o a la pérdida, sea real o imaginada, que aún no se ha producido o bien se ha producido pero no ha sido del todo aceptada. Cuando una persona experimenta un daño o una pérdida, siente dolor. El dolor crea un desequilibrio y exige una respuesta de energía. Esta respuesta correctiva tiene que ser dirigida hacia afuera en el punto de origen del dolor. La expresión de esa energía es el enojo. Cuando esa energía no puede ser exteriorizada contra el yo, es percibida como culpa. Cuando no se alivia pronto esta culpa mediante la aceptación del enojo original, como respuesta razonable al daño inicial, se vuelve contra la persona que la siente. La culpa se hace más profunda y se transforma en depresión. Tal depresión puede destruir a una persona y consumir toda su energía. Tales sentimientos surgen cuando sufrimos una pérdida. Existen tres clases de pérdida: la pérdida de un ser querido; la pérdida del propio control y la pérdida de la autoestima.

Una ansiedad es el temor al daño o a la pérdida. El daño o la pérdida llevan al enojo. El enojo contenido lleva a la culpa. La culpa no aliviada lleva a la depresión.

Perder el control
Es otro tipo de pérdida que provoca ansiedad. Se trate de poder, dinero, posición, influencia o título, lo que valoremos más que nada, pocos de nosotros nos sentimos tan desgraciados ni tan desesperados como la gente que “controla” y siente que está por perder dicho control. Los individuos que más temen perder el control son los que hacen especial hincapié en poseerlo todo el tiempo. Para las personas que tienden a controlarlo todo, el orden y las rutinas tienen mayor importancia que los sentimientos. Por ser la pérdida de control tan alarmante, intentan controlar las piezas cada vez más minuciosamente detallado, cada vez con más empeño. Puesto que la ansiedad es una advertencia, resulta esencial que comprendamos qué peligros nos señala y sacar de ella información útil. Las personas tienen un exagerado temor de acercarse demasiado a otras personas. Temen ser objeto de abandono, traición o rechazo. Si alguien se crea un estilo de vida que lo aísle de verse envuelto en otras relaciones, cabe abrigar pocas dudas de que en la vida de dicha persona hay poca felicidad, ya que actúa como defensa rígida que aísla al individuo de la dicha, a la vez del dolor. La gente con defensas rígidas vive a menudo en un mundo con aspecto neutro y sin color que ofrece poco movimiento o variedad. Quienes son incapaces de aceptar ser heridos son también incapaces de dar placer a otros. Ambos procesos exigen la apertura. Ser abierto significa ser vulnerable, ser capaz de sentirse herido y también de dar placer. Preferimos ser protegidos a arriesgarnos a quedar abiertos a la herida. Para aceptar esa condición de vulnerables sin que ello implique volvernos defensivos, debemos tener la convicción sólida de nuestra propia bondad y fuerza interior, la

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convicción de que, sea lo que fuere que surja en nuestro camino, seremos capaces de encararlo de alguna manera.

La persona que vive inmune a las heridas vive una vida inmune a la dicha. No hay manera de evitar el dolor si aspiramos a estar abiertos a la felicidad.

Manejar la ansiedad
Cuando experimentamos un sentimiento sin ocultarlo, se disipa más pronto y nos agota mucho menos. Pasos a seguir: 1°. Saber ¿qué es lo que tanto temo perder? Responderla nos coloca a veces a una cierta distancia suficiente del problema como para encarar su solución. La ansiedad en cantidades moderadas, nos ayuda a cargarnos de energía que nos permite realizar nuestro máximo esfuerzo. Es común a toda persona que participa activamente en algo. La ansiedad crónica es difícil de manejar y dolorosa de soportar. Se agrava con las tensiones de la vida cotidiana. Nuestra ansiedad nos convierte en lisiados emocionales cuando como individuos no podemos hacer frente a la falta de objetivos bien definidos y a las recompensas que tienen poco significado real. Necesitamos tener oportunidad de tomar contacto con nosotros mismos, de escuchar nuestros propios pensamientos, de prestar atención a nuestros sentimientos. 2°. A veces, la mejor manera de manejar la ansiedad es evitar las situaciones innecesariamente amenazadoras y emprender la tarea de hacer de nosotros mismos las personas más completas y fuertes que nos sea dado ser. Para lograrlo debemos aceptarnos, asumir la responsabilidad de nuestra propia vida, asegurarnos de que vamos en la dirección correcta para nosotros. 3°. La persona libre acepta la responsabilidad tanto para lo bueno como para lo malo que hay en su vida. Tiene consciencia de su propia vulnerabilidad y en lugar de ocultarla, la utiliza. Se permite así mismo estar abierto al dolor existente en su mundo. Uno de los objetivos más importantes es llegar a familiarizarse con uno mismo de una manera positiva. Llegar a este punto requiere la aceptación de las propias limitaciones. Debemos comprender que por mal que nos hayan tratado, cualesquiera sean las circunstancias de nuestra vida personal, por mucho que nos hayan abandonado o rechazado con crueldad, o cualquiera sea nuestra situación en la vida en este momento, siempre estamos a cargo de nuestra propia vida y tenemos la responsabilidad básica de realizar al máximo nuestros dones y aptitudes. Cabe esperar con fe que los desengaños y rechazos que experimentamos sean contemplados algún día como pruebas superadas. 4°. Una vez que una persona logra vencer sus propios problemas de dependencia, adquiere la libertad necesaria para dar, sostener, estimular y apoyar, es decir, para hacer todo aquello que es la antítesis de agotar a otros. La ansiedad sentida desaparecerá a medida que comience a verse como una persona fuerte. Cuando las debilidades se convierten en fuerzas, nos transformamos también, de miembros dependientes de la sociedad, dominantes o ansiosos de lograr la estima ajena, en educadores, dirigentes y realizadores.

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Cada uno es arquitecto de su propio futuro. Si hacemos uso de nuestros mejores materiales de construcción personal, nada tenemos que temer. El solo hecho de encontrarnos en el camino hacia el descubrimiento de lo mejor de nosotros mismos disminuye la ansiedad. El resto requiere trabajo y tiempo. Cada individuo se mueve según su propio paso y a su propio modo.

4.5. LA CULPA
El sentimiento de culpa nos hace vernos como inmerecedores, malvados, crueles y llenos de remordimientos, de reproches y de odio contra nosotros mismos. La culpa es el resultado de reprimir tanto tiempo el enojo, que se vuelve contra nosotros. Las personas que se sienten culpables castigan a otros simplemente con su sola presencia. Tienden a enfatizar lo negativo del mundo y a ignorar lo positivo. Carecen de alegría. No se consideran dignas de aceptar lo que les ofrecen otros y por ello no se sienten colmados, ni capaces de dar a su vez. Dan la sensación de gozar de sus propios sentimientos negativos, como forma de auto castigo. Parecen sentirse mejor cuando se los trata mal. Como la persona enojada, la que se siente culpable halla muy difícil dirigir sus sentimientos hacia la fuente de su enojo largamente reprimido, ataca sin discriminar y se coloca en posiciones difíciles de defender. Cuando se internaliza el enojo, es una infección que se expande hasta ocupar todo nuestro mundo interior. Sin la debida expresión, suele tomar la forma de fantasías y sueños cargados de odios. Cuando se deja crecer estas fantasías con la represión del dolor y de la rabia, pueden provocar sentimientos de culpa. Estamos tan convencidos de nuestra maldad que luchamos con tanta más intensidad por ocultar nuestro enojo, ya que, después de todo, no tenemos derecho a sentirlo. Nos volvemos más cerrados, menos comunicativos y nuestra presencia nos parece incómoda para los demás. Es tanta la energía que internalizamos, que agotamos la de quienes nos rodean.

4.6. LA DEPRESIÓN
La depresión es el sentimiento de estar tristes, infelices, melancólicos, “en el pozo”. Como la culpa, la depresión sobreviene cuando el enojo queda prisionero en nuestro interior. En este caso, el enojo se transforma en odio y comienza a despojar a la vida de todo significado. Nuestros estados de ánimo tiñen nuestro mundo y moldean nuestra realidad. En la depresión, la energía parece volverse contra el yo. En lugar de permitir el libre fluir de los sentimientos, la persona deprimida ve cada sentimiento de enojo como prueba de su poca valía y retrocede ante toda expresión de dicho enojo. Si bien estas personas se sienten a menudo tristes, la depresión se diferencia de la tristeza. La tristeza es un sentimiento de vacío que sigue a una herida o a una pérdida. Cuando un individuo permanece triste durante largo tiempo, sin comprender qué significa esta tristeza, a menudo pierde contacto con el hecho que provocó la tristeza. El resultado es la depresión. La tristeza permanece en él, alimentada por un abundante reservorio de enojo y odio. Se siente desvalorizada. La gente deprimida está siempre tratando de contener su enojo y el acto mismo de contenerlo la agota más aún y puede llegar a enfermarla. La tristeza de todos los días se disipa. La tristeza de la depresión, se

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encuentra prisionera. Si no se la trata, aumenta. La tristeza normal pasa con los cambios

de fortuna. La depresión, no. La tristeza es una fase pasajera en el fluir natural de los sentimientos. La depresión, en cambio, es la interrupción en el fluir de los sentimientos. Cuando volvemos el enojo contra nosotros mismos, este sentimiento crece fuera de toda proporción con la realidad, llevándonos a una actitud de defensa oculta. Al ocultar sus pensamientos, protegen al mismo tiempo la marcha de su recuperación. Su actitud defensiva las hace a menudo inaccesibles a las palabras. Las personas con este tipo de depresión parecen mejorar en medio del silencio. Actos como barrer, trapiar, lavar baños, o asumir cualquier tarea humilde parecen proporcionar una combinación eficaz de auto castigo y de redirigir el enojo y la energía hacia fuera y sobre objetos aceptables. De hecho, dirigir la energía hacia fuera es el primer paso para romper el ciclo de depresión que tiende a auto perpetuarse. La persona que se siente deprimida puede tener poca inclinación para salir y hacer algo, cualquier cosa. Estar deprimido consume una enorme cantidad de energía . El mejor comienzo puede ser la actividad solitaria, como el dibujo, la costura, la jardinería, las reparaciones de aficionado, la limpieza de sótanos, desvanes y armarios. Todos estos elementos proporcionan una salida externa sin imponer la presión de establecer contacto social. A veces reconstruir un diario resulta útil para clasificar los hechos que llevaron a la dificultad actual. También es eficaz hacer un programa de actividades diarias y tratar de ajustarse a él, de tal manera que cada día ofrezca la oportunidad de proveer algo positivo y compensador. No es necesario estar en un estado de óptima alegría para realizar las tareas de rutina, pero ellas pueden ayudarnos a “despegar del fondo del pozo”. Sentirse deprimido es sentirse sin vida, inhibido y drenado. Las funciones corporales se vuelven lentas. La persona deprimida tiene un aspecto acorralado, preocupado, en su desesperación por contener su enojo y odio de sí misma. Tolerar ese estado de cosas durante demasiado tiempo resulta agotador.

Aspectos positivos de la depresión
Aun cuando sea muy doloroso soportarla, puede servir para bajar ciertas defensas que han sido demasiado rígidas o demasiado causantes de confusión, con lo cual se obtendrá una visión más clara y menos distorsionada de uno mismo. Durante una depresión muchas personas comienzan a comprenderse por primera vez y también por primera vez entran en contacto con otros sentimientos que les revelan aspectos de sí mismas. Puede sentir que ya ha perdido tanto que no tiene más nada que perder al ser sincera consigo misma y volver a analizar lo que considera importante en su vida. La depresión cuando está acompañada por este tipo de nueva consciencia del propio ser puede convertirse en un punto decisivo de cambio para quien ha vivido hasta ese momento mal organizado y aún hallar una dirección. La caída de las defensas puede ayudar a dar nueva forma a nuestra vida, a encontrar valor para poner en tela de juicio lo que antes considerábamos tan importante y a decirnos, por ejemplo: “Si lo que tenía era, según suponía tan importante para mí, ¿por qué no era feliz?” Podemos, en este punto, darnos cuenta de que todavía tenemos mucho tiempo de cambiar.

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Un gran número de individuos dejan, por fin, de dar muchas cosas por supuestas cuando se sobreponen a una depresión. No hay, en definitiva, una virtud inherente en el hecho de sufrir. Es necesario que aprovechemos este sufrimiento. Cuando el dolor es demasiado grande, la intuición suele ser al mismo tiempo escasa. Es necesario obtener ayuda.

Sugerencias de manejo
Implica ayudar a liberar el enojo reprimido e impedir que se acumule en mayor medida. Por eso para descargar en primer término el enojo acumulado, puede recomendarse: 1°. La fantasía que ridiculiza es eficaz para disipar el enojo. Es decir, imaginarse a la persona causante del enojo en formas ridículas de vestir, hablar, actuar. 2°. Escribir una carta furiosa, agresiva y no despacharla. Simular el llamar por teléfono y con cambio de voz inidentificable, expresar todo nuestro enojo. Cualquier cosa que nos ponga en contacto imaginario y libere nuestros sentimientos será eficaz. 3°. Dar puñetazos a una almohada, o un saco relleno durante unos minutos proporciona una enorme descarga en algunos, lo mismo que lanzar gritos en el caso de otros. Debemos cuidar, no obstante, que tales medios no se conviertan en fines en sí mismos y hagamos uso de ellos sólo como sustitutos de lo real, cuando la persona implicada no está a nuestro alcance, o bien cuando carecemos del coraje y la capacidad de enfrentarla directamente. 4°. Dediquemos algún tiempo a identificar las manifestaciones físicas de nuestro enojo. Todos tenemos un lugar predilecto (cuello, espalda). Se trata de una señal de que debemos dar salida a nuestro enojo. 5°. Dejarlo salir en el momento en que lo sentimos es de importancia fundamental. Pacientes y médicos confían demasiado en la medicina y la tecnología y demasiado poco en las cualidades humanas y en la comprensión del mecanismo de los sentimientos. Y a menos que nos ocupemos en primer término de nosotros mismos, seremos de muy poca utilidad para nosotros y para los demás. La depresión nos dice que hay algo que no marcha en la forma en que estamos manejando el mundo, que hay algo que no marcha en la forma en que estamos manejando nuestras vidas. El dolor de la depresión con frecuencia, nos permite volver a crecer y dejar de sacrificarnos sin necesidad por los demás. No ser lo mejor de nosotros mismos es doloroso. Aceptar la responsabilidad de nuestros propios sentimientos y decidir descubrir qué es lo mejor dentro de nosotros es el legado más valioso que puede dejarnos una depresión. Ser lo mejor de nosotros mismos significa que somos sinceros con nuestros sentimientos, que renunciamos a las expectativas de que seamos perfectos y por lo tanto, a la necesidad de ocultar lo que sentimos, ya que lo que sentimos es nuestro propio ser. El problema no es que seamos malos, sino que sentimos que lo somos y que este prejuicio acerca de nosotros mismos nos ha llevado a perdernos dentro de nuestro propio sentimiento de culpa. Tengamos el valor de volver a crecer.

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5. LA COMPRENSIÓN: SECRETO DE LA TRANSFORMACIÓN
Simplemente comprendamos un poco más todos nuestros sentimientos y emociones. Ambos tienen un lugar específico en la armonía total de nuestro ser. Estemos un poco mas alertas, más conscientes, más vigilantes. Si adquirimos consciencia de todos nuestros actos y en el caso de las emociones y los sentimientos, la comprensión hará su lugar en nosotros. Solo observando, sin juzgar, sin decir si está bien o mal, solo observando nuestro cielo interior. No luchemos, simplemente contemplemos lo que sucede y observemos con atención plena, muy abiertos a todo nuestro entorno y sobre todo en lo que sucede dentro nuestro, en el cuerpo, en la mente y en nuestro sentir. No sobra recordar que si luchamos contra nuestra mente y/o las emociones, siempre saldrán vencedoras. Luchar en contra de ellas no es el punto. No tratemos de controlar nada, simplemente nos volvemos los amos cuando seamos conscientes. Y cuanto más conscientes seamos, más podremos penetrar en el interior, porque la percepción es viajar hacia adentro, siempre hacia dentro; totalmente conscientes, totalmente dentro. Entre menos conscientes estemos, más hacia fuera estaremos; en la inconsciencia estamos completamente afuera, en la periferia, fuera de nuestra casa, vagando por los alrededores, en la superficie, en la circunferencia, en lo externo, al vaivén de las circunstancias y al capricho de sus estímulos exteriores. Todo esto nos conduce directamente al modo de relacionarnos con las emociones negativas6, no sólo a través de la observación, sino desde el punto de vista de la transformación interna. En la medida en que las emociones negativas se adueñan poco a poco de la mente acaban transformándose en estados de ánimo y, a la postre, en rasgos temperamentales. Por ello, debemos comenzar trabajando con las emociones, algo que podemos hacer de modos y en niveles diferentes que bien podríamos subdividir en principiante, intermedio y avanzado. El primer modo de evitar las consecuencias negativas de las emociones destructivas que aportan infelicidad tanto a los demás como a nosotros mismos es la utilización de antídotos. Cada emoción posee su propio antídoto. En el siguiente paso -el nivel intermedio- debemos ver si existe un antídoto común a todas ellas. Este antídoto sólo puede encontrarse en la meditación, en la investigación de la naturaleza última de las emociones negativas, en cuyo caso descubrimos que todas ellas carecen de solidez intrínseca, en perfecta consonancia con lo que se denomina vacuidad. Este proceso permite desarticular la aparente solidez de las emociones negativas. Este actúa sobre todas las emociones ya que, aunque se manifiestan de formas muy diversas, todas ellas carecen de existencia independiente. El otro modo -que es también el más arriesgado- no consiste en neutralizar las emociones ni en descubrir su naturaleza vacía, sino en transformarlas y utilizarlas como catalizadores para sustraernos de su influencia. Es como alguien que cae al mar y se sirve del agua para alcanzar a nado la orilla.

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GOLEMAN, Daniel. Op.cit. Pág. 52-54, 88-90

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El momento más adecuado para abordar las emociones destructivas. ¿Uno debe afrontarlas después de que aparezcan, en el mismo momento, o acaso antes de que lo hagan? La primera forma de intervención -es decir, después de que hayan aparecido- se denomina el abordaje del principiante porque, hablando en términos generales, uno sólo se da cuenta de los aspectos negativos o destructivos de algunas emociones después de haberlos experimentado. En tal caso, utilizamos la razón para investigar sus consecuencias y ver, por ejemplo, que un súbito ataque de ira puede llevarnos a percibir a otra persona como alguien completamente negativo, lo que genera mucho sufrimiento en los demás y tampoco provoca nuestra felicidad. De este modo, podemos distinguir las emociones que aportan felicidad de las que ocasionan pesar. Entonces tendremos claro que, la próxima vez que se presenten esas emociones, será mejor no darles rienda suelta. Veamos un ejemplo muy sencillo. Si tenemos el estómago lleno de gases será difícil -y hasta doloroso- reprimirlos, pero tampoco parece lo más apropiado soltarlos en cualquier circunstancia. Ni la represión ni su contrario constituyen, pues, una buena solución. Será mejor, por tanto, curar el problema de modo que no nos veamos atrapados en la disyuntiva de sufrir un dolor de estómago o de tirarnos un pedo inoportuno"¿Es posible desembarazarse completamente de las emociones negativas? La respuesta a esta pregunta tiene que ver con la sabiduría y la libertad. Si consideramos que las emociones destructivas restringen nuestra libertad interna y obstaculizan nuestra capacidad de juicio, el hecho de liberarnos de ellas disminuirá su fuerza y nos permitirá disfrutar de una mayor libertad y felicidad. Por otro lado, una vez que han emergido plenamente, las emociones poseen un gran poder esclavizante. Por eso, se dice que existe un período refractario7 (que puede durar desde unos pocos segundos hasta mucho más tiempo), durante el cual no estamos en condiciones de admitir nueva información o, en el caso de hacerlo, la interpretamos mal y sólo tenemos en cuenta aquellos datos que corroboran la emoción que estamos sintiendo. Mientras nos hallamos en ese período es como si nos halláramos secuestrados por la emoción, lo que no necesariamente significa que debamos dejarnos arrastrar por ella. La emoción sólo concluye cuando acaba el período refractario. El proceso del manejo comprensivo de las emociones puede estar también en llegar a estos niveles: 1º. Identificar el detonante que desencadena la situación. Situación, para que el consciente sepa que ése es un gatillo de suma importancia y uno conozca su origen. 2º. Después de haber cobrado una cierta consciencia de los eventos que desencadenan la emoción, consiste en reflexionar al respecto y considerar la posibilidad de que las bromas no tengan la mala intención que les atribuimos y podamos reevaluar, de ese modo lo ocurrido. 3º. Luego podemos empezar a poner en práctica otras formas de respuesta. También podemos incluso anticipar la aparición de un determinado episodio y prepararnos antes de que ocurra. De este modo es posible ir reduciendo paulatinamente la carga emocional con que reaccionamos a situaciones que nos molestan.
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Término utilizado por Paul Ekman: psicólogo de la University of California en San Francisco y experto mundial en el campo de la expresión facial del afecto.

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Otra alternativa: saldar nuestras deudas emocionales
Una vez que hemos aprendido a comprender nuestros sentimientos y a ser abiertos y sinceros en la expresión de los mismos, podemos liberarnos de las deudas emocionales del pasado y ver con mayor claridad mayor nuestra forma de ver el mundo. Una vez saldadas nuestras deudas emocionales, estamos en el camino hacia nosotros mismos El ahora, parece alargarse a medida que gozamos de mayor disponibilidad frente a nosotros mismos y a las personas que amamos. La deuda emocional es la situación de desequilibrio en la cual los sentimientos se encuentran prisioneros en lugar de estar expresados. La expresión natural de los sentimientos exige el uso de defensas y de energía. Cuantos más sentimientos contenemos menos energías tenemos para ser nosotros mismos y menos libertad nos queda. Permanecemos prisioneros de sentimientos no expresados en nuestro pasado, en parte, porque tenemos miedo y en parte, porque no sabemos bien cómo funcionan esos sentimientos. Solamente cuando no se expresa el dolor y el enojo con toda sinceridad comienza a acumularse la deuda emocional. El primer paso reside en permitirnos sentir lo que sea que sentimos, sin formular juicios de valor. No tratemos de sentir, sintamos, simplemente. Nuestros sentimientos pueden decirnos mucho sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Para quedar libres de nuestras deudas emocionales, debemos aceptarnos con toda nuestra condición humana, incluidos nuestros defectos. Si sentimos algo, debemos tener el valor de expresarlo. No es posible aceptar sentimientos cuya existencia no reconocemos. Cuando estamos demasiado apartado de ellos, cualquier sentimiento que emerja, por poco importante o común que sea, tiene el poder de quitarnos el equilibrio, de confundirnos y aún de inmovilizarnos. Los individuos con sólidas defensas contra sus sentimientos utilizan toda su energía para mantenerlas intactas. En lugar de buscar los hechos que los provocaron, malgastan sus energías tratando de convencer a los demás de que no tienen miedo, de que no están heridos, ni enojados, ni tristes. Si se permitieran, por lo menos, comenzar a expresar el dolor o el enojo a medida que lo sienten, por lo menos la cantidad acumulada se reduciría, así como la actitud defensiva y la tensión que los acompañan. Nuestra vida emocional está tan guardada que no vemos el mundo como es. Para salir de la deuda emocional, es necesario estar convencidos de que ni nosotros ni el mundo se desmoronarán porque expresemos nuestros sentimientos. La expresión apropiada de los mismos rara vez lleva a la pérdida del propio control, sino simplemente expresar sentimientos intensos. Hay abundante fundamento para confiar en nuestro crecimiento futuro si aprendemos a aceptar nuestros sentimientos y a dejar de disculparnos por ellos. Si ni

siquiera nos sentimos con libertad para expresar lo que sentimos, somos esclavos, por mucha libertad que reine en la sociedad en que vivimos.

En cualquier lugar y situación, los sentimientos y las emociones son los que reinan. Quien quiera que no nos acepte porque los expresamos, es una persona que no nos acepta como seres reales y es casi seguro que podemos vivir muy bien sin su amistad. La feliz consecuencia de liberarnos de emociones que imponen una carga es volvernos abiertos. Para ser abiertos debemos comprender lo que sentimos, saber de

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dónde provienen dichos sentimientos, y ser capaces de expresarlos de frente a quien sea apropiado hacerlo. Ser abiertos es estar en constante contacto con el mundo que nos rodea a través de nuestros sentimientos. Cuando estamos abiertos estamos menos ansiosos. No tenemos más que detenernos a pensar: ¿Qué temo perder? ¿Qué me amenaza en este momento? ¿En qué forma puedo ser herido? ¿Estoy en algún peligro? ¿Temo aceptar alguna parte de mí mismo? ¿Temo asumir la responsabilidad de haber hecho algo que hirió a otra persona? ¿Temo aceptar y manejar la culpa que me toca en algún hecho o palabra, a causa de un sentimiento de culpa? Conocedores ya de los sentimientos involucrados, de la forma en que actúan y libres del peso de las deudas emocionales, podemos responder a ellas en forma casi automática para resolver nuestra ansiedad. Son nuestras defensas las que se interponen en nuestra expresión de este aspecto superior de nuestra personalidad. Una vez expresado, es posible refinarlo y moldearlo aún más, aunque está presente, o bien no lo está, desde el principio. No nos será posible crecer hasta que bajemos las defensas que nos lo impiden. Bajar defensas nos permite vernos como somos. La forma de descubrir la verdad comienza por la sinceridad en nuestros sentimientos. Ser sinceros significa manifestar la máxima verdad tal como la vemos, sin disculpas, ni defensas, sin falsedad y sin selectividad. Si todos usáramos nuestros sentimientos como guía para hallar el camino que nos lleva a ser lo mejor de nosotros mismos, por lo menos estaríamos en vías de hallar realización en nuestra vida y el mundo que nos rodea comenzaría a tener mayor sentido. La persona que no se comprende a sí misma no puede pretender experimentar un mundo que tenga algún sentido. Si todos siguiéramos los dictados de nuestros sentimientos, hallaríamos el rumbo que buscamos en realidad, sin dogmas, sin cultos, sin gobiernos y sin gurú.

6. EL CORAZÓN VACÍO O NO-MENTE
A medida que se profundiza en la meditación y dejamos el mundo de las palabras y el habla, de pronto comenzamos a descubrir que más allá hay una mente vacía; esa es nuestra mente real, y que para distinguirla se le llama “el corazón vacío o también nomente”. Aunque por lo común, estamos tan pegados al pensamiento, a las emociones, a las palabras, que no podemos concebir que más allá de las nubes hay un cielo, una luna llena. El corazón vacío es una puerta a la eternidad, es una conexión entre nosotros y la existencia. No es algo físico o material, tampoco es algo mental o psicológico. Es algo que está más allá de ambas cosas, que las trasciende a las dos. Es nuestra espiritualidad. Y la comprensión es el secreto de la transformación. No se nos ha enseñado la contemplación, la observación, la vigilancia de sí, menos aún a conquistar la comprensión. Lo que se ha hecho constantemente es hacernos creer que las emociones que nos molestan son enemigas, están mal. Y en cuanto se condena algo, ya habremos adoptado una cierta postura de juicio. Habremos juzgado. Entonces ya es muy difícil ser conscientes. Pues, la consciencia necesita un estado de no juicio. Y la costumbre cultural es apresurarnos a juzgar, a tomar posición entre el bien o el mal, entre el pecado y la virtud. Prácticamente es toda la basura con la que durante siglos han llenado la mente del hombre. Por ello, nada más ver algo, se emite un juicio inmediato en

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nuestro interior. No somos capaces simplemente de ver algo, no podemos ser un espejo silencioso. La comprensión surge al convertirnos en espejos, en un espejo de todo lo que acontece en la mente. ¿Por qué pensamos en renunciar a la ira? ¿Por qué se ha enseñado que la ira está mal? ¿Por qué la hemos entendido como algo malo? ¿Hemos llegado a una conclusión personal, a través de nuestra percepción cada vez más profunda, de que la ira está mal? Si hemos llegado a esa conclusión a través de nuestra búsqueda interior, no será necesario dejarla, pues, ya habrá desaparecido. Basta con el hecho mismo de saber que es algo venenoso, para tomar actitudes distintas, ya que no se dejará de pensar en luchar, en abandonar o en renunciar. ¿Por qué? Porque la gente dice que la ira está mal, y a nosotros nos influye fácilmente cualquier cosa que se dice. Todos creamos desdicha a nuestro alrededor debido a los demás. Eso provoca culpabilidad. Todos nos sentimos culpables. No es que todo el mundo lo sea, sino que el sentirse culpable es debido a este mecanismo. Es el caso de que siempre que hay gozo, parece que procede del exterior. Si nos reunimos con un amigo: por supuesto, da la impresión de que el júbilo procede del amigo. Pero esa no es la realidad. El gozo siempre está en nuestro interior. El amigo se ha convertido en una situación. El amigo la ha ayudado a que se manifieste, nos ha ayudado a ver que está ahí. Y esto no solo sucede con el júbilo, sino con todo: con la ira, con la tristeza, con la desdicha, con la felicidad, con todo, así es. Lo demás, simplemente son situaciones en que se expresan cosas que están ocultas en nosotros. No son causas, no están causando algo en nosotros. Sea lo que fuere lo que suceda, nos sucede a nosotros. Siempre ha estado ahí; lo que pasa es que reunirnos con ese amigo se ha convertido en una situación en la que ha salido a la luz lo que estaba escondido. Se ha hecho aparente y se ha manifestado desde las fuentes ocultas. Siempre que esto suceda, centrémonos en la sensación interior, y entonces tendremos una actitud diferente acerca de todo en la vida. Cuando estamos solos no hay nadie para provocar nuestra ira, nadie para crear una oportunidad en la que podamos entristecernos, nadie para plantar nuestras caras falsas ante nosotros. Estamos solos: la ira no surge. Y No es que haya desaparecido, simplemente la situación para la ira no se encuentra presente. Podemos estar llenos de ira, pero no hay nadie para insultarnos, para herirnos, solo falta la oportunidad. Vivamos muchos años en las montañas, y cuando volvamos a la ciudad o el pueblo, al mundo, sentiremos de inmediato que la ira está todavía ahí, tan fresca como siempre; puede que incluso más poderosa debido a los años de ira acumulada, de veneno acumulado. Entonces uno tiene miedo de regresar al mundo. ¿Qué clase de pureza es esa que tiene miedo? ¿Qué clase de celibato es ese, que tiene miedo? ¿Qué clase de realidad es esa que le teme a la ilusión? ¿Qué clase de luz es esa que le teme a la oscuridad, que al llegar a la oscuridad esta podrá ser poderosa y destruirla? ¿Ha destruido la oscuridad alguna vez algo de luz? Pero siguen allí. Cuanto más tiempo se permanece aislados, más incapacitados se estará para regresar al mundo, porque allá -aislados, en la montaña, la ermita, la cueva, el bosque, o solo en la casa o habitación- se puede tener una hermosa imagen: porque no hay nadie más para destruirla. En el mundo es difícil. Alguien, desde alguna parte, nos pisa: nos hiere. Debemos desprendernos de la ira. Todo esfuerzo es para que cambiemos. No intentemos

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cambiar la escena, por favor, cambiemos nosotros. El cambio de escena no va a ayudar a nadie; jamás lo ha hecho. Y aunque se medite veinticuatro horas al día, no nos va a ayudar a menos que la meditación se convierta en un estilo de vida. Así se medite una, dos, seis o más horas, y hasta veinticuatro horas: nos volveremos locos, pero no alcanzaremos el despertar.

7. SUGERERENCIAS DE PRÁCTICAS
7.1. RECOMENDACIONES
Las prácticas recomendadas aquí son propuestas y experimentadas en el mundo desde la orientación de Osho8, uno de los más coherentes en la espiritualidad humana. Para ello se hacen las siguientes recomendaciones. Con cualquier técnica de meditación o ejercicio que se experimente, se realice mínimo durante tres días para ver si realmente encaja o no con la persona. Si se siente que no se está produciendo ningún cambio, o no parece la técnica apropiada, entonces hay que probar con otra. Sin embargo, es muy normal que al principio no se pueda ver con claridad, puede incluso que determinado ejercicio o meditación resulte atractivo a la mente y, sin embargo, no contribuya o ayude en nada. También puede ocurrir que se busque toda clase de justificaciones para evitar experimentar con una técnica o ejercicio, precisamente porque puede ser el que más nos ayudará. En la decisión de cada uno está probarlos y experimentar cuál o cuáles de ellos encaja con nuestro tipo de persona. Osho dice lo siguiente acerca de la comprensión subyacente en las técnicas de meditación que él desarrolló: “Mis técnicas, básicamente, empiezan con una catarsis. Hay

que liberar todo lo que está oculto. Es mejor que dejes de reprimir y elijas el camino de la expresión. No te condenes a ti mismo. Acepta lo que eres, porque cada condena aumenta la división…”

La meditación tiene algunas cosas esenciales. Cualquiera sea el método (Osho propone ciento doce tipos de ejercicios de meditación), son necesarias. El primer punto
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También fue conocido como Bhagwan Shree Rajneesh y posteriormente con el nombre de Osho (Oshö: Término Japonés utilizado en el Budismo Zen para referirse a un monk o monje budista).Y también asigna este nombre (OSHO), porque siempre les decía a sus discípulos que debían fundirse con la realidad, como una gota de agua en el océano, sus discípulos comienzan a llamarlo el oceánico. De ahí a Osho. Osho nace con el nombre de Rajneesh Chandra Mohan en Kuchwada, una pequeña aldea en el estado de Madhya Pradesh, en India central. El 21 de marzo de 1953, a la edad de 21 años, Rajneesh alcanzó la iluminación, la más alta cumbre de la conciencia humana. En sus años universitarios se hizo famoso por su participación en concursos de debates entre estudiantes, muy populares en la India. Obtuvo el título y la medalla de oro de Campeón de Debates de todo el país. En 1956 recibió su máster en filosofía con primera clase de honores -la clasificación más elevada dentro de una especialidad-, en la Universidad de Sagar. Luego de un periodo de nueve años como profesor de filosofía en la Universidad de Jabalpur, renuncia a su puesto para viajar por toda la India dando charlas sobre todos y cada uno de los aspectos del desarrollo de la conciencia humana. Desde Sigmund Freud, hasta Lao Tse, desde Gurdjieff hasta Gautama Buda, desde Jesucristo hasta Rabindranath Tagore... ha intentado destilar de cada uno de ellos, la esencia de lo que se conoce como la búsqueda espiritual del hombre contemporáneo, basándose no en una comprensión intelectual, sino, en lo que el denominaba, la propia comprobación existencial de la experiencia. A las 17:30 del 19 de enero a la edad 58 años, su espíritu vuela. Sus discípulos lloran desconsolados. Su muerte fue noticia internacional de las agencias cablegráficas que hacían notar un dato curioso: el críptico epitafio grabado en la tumba que guarda sus cenizas había sido escrito por el propio maestro pocos días antes de morir: Osho nunca nació, nunca murió, solamente visito el planeta Tierra entre el 11 de diciembre de 1931 y el 19 de enero de 1990. Cualquier información puede dirigirse a: www.osho.com/meditation

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es un estado relajado: no pelear con la mente, no controlarla, no concentrarse . Segundo, observar, sin interferir y con una conciencia relajada, todo lo que ocurra; solo mirando la mente, silenciosamente. Y hacerlo sin ningún juicio o evaluación. Estas son entonces las tres cosas: relajación, observación y no juicio. Así poco a poco, desciende sobre la persona un gran silencio; todo movimiento en el interior cesa. Por otra parte, se hace énfasis de que la posibilidad de meditar tiene una connotación errada. Parece demasiado seria, demasiado triste, que tiene algo de iglesia; pareciera como si fuera solamente para gente muerta, o casi muerta -lúgubres, serios, de caras largas, que perdieron festividad, diversión, alegría, celebración-. Las cualidades de la persona meditativa son: ser juguetón, tomar la vida como un juego, una diversión; gozarla tremendamente; no ser serio; estar relajado. Lo importante es hacerse a una gran e importante paciencia; no afanarse ni apurarse por ver resultados. Muchas veces el apuro causa retraso. Mientras se anhela, hay que esperar pacientemente. Cuanto más profunda es la espera, más rápido llega. En la vida jamás se pierde ni se desperdicia nada, en especial los pasos hacia la verdad. Pero a veces viene la impaciencia: viene con la sed, pero es un obstáculo. Hay que aguantar la sed y dejar la impaciencia. No confundamos el anhelo con la impaciencia. Con el anhelo hay añoranza, pero no hay lucha; con la impaciencia hay lucha, exigencia, pero no hay espera. El ego está orientado a los resultados, la mente siempre busca resultados; la mente jamás se interesa en el acto en sí, su interés está en el resultado: “¿y qué gano con eso?” Si la mente se las puede ingeniar para ganar algo sin ninguna acción, entonces va a elegir el camino más corto. La meditación le sucede solamente a quienes no están orientados a los resultados. La meditación es un estado de no estar orientado a ninguna meta. Mientras seamos conscientes, disfrutémosla, y mientras estemos inconscientes, igualmente. No tiene nada de malo, porque la inconsciencia es como un descanso. De otro modo la consciencia se convierte en una tensión. Durante el día estamos alertas, durante la noche nos relajamos, y esa relajación nos ayuda para que durante el día estemos más alertas, frescos otra vez. Las energías pasaron por un período de descanso, entonces en la mañana están más vivas de nuevo. Es simple: por medio de la inconsciencia, va a surgir la consciencia otra vez, fresca y joven. Y esto va a continuar. Si podemos disfrutar de las dos, vamos a llegar a ser el tercero y este es el punto que hay que entender; si podemos disfrutar de ambas, quiere decir que no somos ninguna de las dos -ni consciencia, ni inconsciencia- somos los que podemos disfrutar de ambas; algo de otro nivel entra en nosotros. Si disfrutamos la tristeza, va a tener su propia belleza. La felicidad es un poco superficial; la tristeza es como una noche oscura, muy profunda. La oscuridad tiene su propio silencio y la tristeza también. La felicidad es burbujeante, tiene un sonido, es como un río en las montañas; se crea el sonido. Pero en las montañas un río nunca puede ser muy profundo; siempre es poco hondo. Cuando llega a la planicie, llega a ser profundo, pero ya no hay sonido. Avanza como sin moverse. La tristeza tiene su profundidad. Se enseña a gozar en cualquier caso. Sentémonos en silencio y disfrutemos la tristeza, y de repente, la tristeza ya no es más tristeza; se transformó en un momento de silencio y de paz, bello en sí mismo. No hay nada de errado en eso.

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7.2. LA OBSERVACIÓN: EL OBSERVADOR Y LO OBSERVADO
El trabajo con las emociones puede realizarse desde tres campos:

1º. Represión
Es un control manipulador; la que comúnmente se hace, la que socialmente es la más validada, pero es la que mayor daño hace a las personas; es un veneno que se acumula. Es simplemente intentar ocultar ciertas energías que están ahí, pero no hay que permitirles tener su propia expresión o manifestación, su propia razón de ser. Cuando se reprime, la energía se la está trayendo hacia su fuente original, nuestro propio corazón; la estamos obligando a regresar hacia sí mismos. En la represión nosotros tomamos parte activa, luchamos denodadamente contra esa energía, la estamos desterrando al inconsciente, hacemos esfuerzos inmensos por evitar verla; queremos estar seguros que ya no está ahí, pero no nos damos cuenta que sólo la enviamos al desván de nuestra interioridad, que está arrinconada y agazapado en un lugar de nuestro inconsciente. Todas las emociones negativas se están comiendo nuestra energía. Están ahí porque nosotros las hemos reprimido y no las dejamos salir, las hemos encerrado en el sótano de nuestro inconsciente. No pueden escapar aunque quisieran, nosotros no se lo permitimos, así que estarán perturbándonos toda la vida. Por la noche se convertirán en pesadillas, sueños horribles, y durante el día, afectarán todos nuestros actos. Además, existen muchas posibilidades de que alguna emoción negativa se haga tan grande que no se nos sale de nuestras manos, ya no podemos controlarla. La hemos reprimido tanto que aquella será la que toma el total control de nosotros, por lo tanto se actúa bajo el influjo de esa gran fuerza; seremos como un robot, sin nada que podamos hacer. Una persona que controla es una persona que reprime, siempre está reprimiendo, y al hacerlo, va acumulando todo lo malo. Tarde o temprano el volcán acabará explotando, porque la capacidad de acumulación tiene su límite, y si se sobrepasa, la explosión será inminente. Cualquier insignificancia puede ser la gota que colme el vaso. La persona de control está constantemente condenando, valorando, juzgando y eligiendo. Solo recordemos que lo que trae consigo la verdadera transformación es la consciencia sin elección. Porque, como no se reprime nada, no surge ningún ego, ningún yo. El ego viene del exterior, de los demás, de lo que dicen acerca de nosotros. Lo que crea el ego es la opinión de los demás acerca de nosotros. Ellos dicen que somos inteligentes, santos, piadosos, buenas gentes, poderosos y, como es natural, ¡eso nos hace sentir maravillosamente bien! El ego procede de fuera, nos lo crean los demás. Pero claro, delante nuestro dicen una cosa y, a nuestras espaldas, dicen justo lo contrario.

2º. Expresión
Y cuando se expresa lo que estamos sintiendo, es obligar a esa energía a dirigirse hacia otra persona u objeto. Estamos proyectando la energía hacia afuera, el blanco es el otro. La energía va hacia otro, se aleja de nosotros. La expresión implica primero que se las acepta, se reconoce que es parte de nuestra naturaleza, por lo que se les permite que fluyan, que sigan su curso y se dejan ir de manera inteligente, sin vomitarse encima del otro (ataque, ofensa, puya, insulto,

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vituperio, calumnia, indirecta, risa burlona…). Se resalta la idea de que expresarse no significa ser irresponsable Cuando la persona realmente se ama, no se reprime. Se expresa acerca de todo lo que le traiga la vida –alegría, tristeza, enfado; los altos y bajos- y lo hace inmediatamente emerge la emoción, no se guarda nada. Actúa de acuerdo a sus sentimientos, se mueve según lo que siente. Al confiar en sí mismos, estaremos confiando en lo único que hay en nosotros, se confiará en la propia vida. Hay que entender que los sentimientos no se pueden expresar, porque por lo general lo que se expresa no es lo que se está sintiendo, y lo que se siente no se lo puede expresar. Sin embargo, poder entender y reconocer lo que sentimos nos da la posibilidad para evacuar todo esos sentires que no pueden quedarse dentro de nosotros. Las emociones son energía generada en nuestro organismo y que por su naturaleza busca expresarse. Ahora la energía, por principio físico, no se destruye sino que se transforma. Así sucede con la emoción cuando la reprimimos evitando que se exprese mediante el llanto, las palabras, la risa, etc.., se transforma en enfermedades como gastritis, estreñimiento, problemas digestivos y cardiovasculares, cáncer, entre otras enfermedades, o en insanidad psicológica, como culpa, depresión, ansiedad, etc. Una de las sugerencias benéficas no es negarlas o controlarlas, sino permitir que fluyan, lo cual no quiere decir que se dé rienda suelta a ellas; puede lastimarnos, o traspasar nuestros límites y derechos, sino más bien dejar que ellas nos informen que está pasando con nosotros, para luego decidir cómo atenderla de la manera más segura y productiva. La idea consiste en verla como una fuerza que busca expresar una necesidad del organismo y tratar de absorber la energía o fuerza (fluir con lo que estamos sintiendo – adquirir plena consciencia) y ayudarla (no bloquearla, controlarla) para que complete su movimiento, utilizando su fuerza para que continúe su camino, en vez de bloquearla, causando que nos tumbe o agobie. Por otra parte, liberar la energía que generalmente usamos para reprimir las emociones producirá un enorme flujo de vitalidad que se manifestará en forma de relajamiento, creatividad, satisfacción y poder personal. Hay tres metáforas que pueden servir para ilustrar el manejo de las emociones. Una es comparar la emoción con un pozo de agua contenida, represada, sin movimiento, lo cual equivale a controlar / reprimir las emociones. ¿Qué pasa con el agua en tales condiciones? Naturalmente se pudre, pierde vitalidad. La segunda metáfora es la de un tsunami, cuya violencia de agua, arrasa con todo a su paso, causando muerte y devastación, lo cual equivale a dar rienda suelta a nuestras emociones sin medir consecuencias, de tal forma que nos convertimos en sirvientes de nuestras emociones, lastimando a otros y a nosotros mismos y saturándonos de conflictos interpersonales La tercera metáfora es la de una represa hidroeléctrica, que permite que el agua fluya, pero a la vez sea canalizada para fines productivos. Esta es la imagen que se quiere dejar fresca al hablar de expresión emocional.

3º. Transformación
Es la opción de tomar distancia, observar, estar alerta pasivamente, conscientes . Es la oportunidad de transformar y cambiar esas energías, llevarlas a una nueva dimensión. Es aportar un control nuevo, del ser que presencia, que es testigo. Aquí la

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energía se dirige hacia arriba, hacia el corazón, hacia el Ser, y su vía es a través de la consciencia. Con la atención pasiva, la mente deja de estar presente. Se trata de no controlar nada, no reprimir nada; se intenta entender y comprender, no de controlar. Uno se vuelve más meditativo, observando todo tipo de emociones, incluso las positivas. Se intenta entenderlas y con ese mismo entendimiento se las trasciende. Nos convertimos en testigos, en ese presenciar; entonces las emociones negativas se funden como la nieve bajo el sol. El entendimiento trae consigo cierta calidez; es un amanecer dentro de nosotros; es como una llama en nuestro interior que hace desaparecer la oscuridad. Una persona de entendimiento, de meditación, no es un ser de control sino de observación; y para observar, tenemos que mantenernos absolutamente al margen de juicios. Se deja de lado los contenidos de la mente negativa, no prestarle absolutamente ninguna atención. Hay algo; pero dejémosla que esté ahí. No nos importa que se quede o que se vaya, ni una cosa ni la otra. No hacemos ningún juicio, simplemente aceptamos que esté ahí; si debe estar ahí o no, no es asunto nuestro. Simplemente, sentémonos en silencio, observemos y esperemos. Se marchará igual que ha venido; no hagamos nada al respecto, ni a favor ni en contra. Ya que, hacer algo a favor, sería expresarla, y muchas veces si la expresamos, hasta nos podemos meter en un lío, porque quizá la otra persona que no entienda nada de esto, puede reaccionar y hasta con mayor fuerza e ímpetu. Y cuando más continuemos en el círculo vicioso nos alejaremos más y más de nuestra consciencia. Tampoco intentemos apartar las emociones negativas, no intentemos actuar sobre ellas, ni tampoco tenemos por qué avergonzarnos de ellas. El mero hecho de hacerlo es una forma de comenzar a actuar. Simplemente observemos. Si conseguimos observar, y si la observación es pura, no está contaminada, si realmente no estamos haciendo nada, excepto mirarla, poco a poco pasará, desaparecerá de nosotros y entonces, quedará una consciencia clarísima; estaremos más limpios que antes, en paz. Al ver que hemos aprendido a no reprimir, las cosas empezarán a salir. Ellas quieren salir al mundo, pues nadie quiere vivir en un sótano oscuro. Al ver que se les permite salir, empezarán a surgir. Veremos entonces, cómo van subiendo del sótano a nuestro ser, saliendo de nuestra inconsciencia. Poco a poco, nuestro inconsciente se irá quedando vacío. Y ese es el milagro, esa es la magia: cuando el inconsciente está vacío, el muro entre el consciente y el inconsciente se derrumba. Todo se convierte en consciencia. Pues, cuando se limpia la parte inferior, el mundo superior se abre a nosotros.

Caracterización de las energías y manejo de las emociones
REPRESIÓN
La represión es no escuchar nuestra naturaleza, es un truco para destruirnos, volvernos inválidos, debilitarnos, y para enfrentarnos a sí mismos. Es una forma de crear conflicto interior.

EXPRESIÓN
Hombres y mujeres deberíamos ser tan delicados como el pétalo de una flor y tan fuertes como una espada. El hombre piensa, la mujer

TRANSFORMACIÓN
Es un control del ser que presencia, que comprende. Se hace con alerta pasiva, porque la mente deja de estar presente. Estamos ahí, sin hacer nada, simplemente siendo. Es como dejar de lado, sin prestarle ninguna atención, siendo indiferentes. No se hace ningún juicio, se acepta que está ahí. Se espera y se observa. Observar es la llave definitiva que abre el

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La represión nos hace falsos. Es una forma de ocultarla, se evita verla, no se deja salir ni escapar. Se encierra y se la reprime tanto que termina por desbordarse. Se la maneja en función de: apariencia, hipocresía y rentabilidad, de lo que nutre más al ego. Es hacer lo que no queremos hacer. Su energía se regresa hacia nosotros, hacia su propia fuente, proyecta la energía hacia adentro, se aloja al inconsciente, pero desde allí sigue actuando. Al encerrarla se la hace más grande. Se la está constantemente rotulando, y, negando. El instinto reprimido busca salidas, y muchas veces toma la forma de perversión. Al reprimir el veneno, se queda en el cuerpo. Causamos tanto daño que al final queda totalmente lesionado; pierde fluidez, flexibilidad y vitalidad. Todo el cuerpo se bloquea. Reprimir causa estreñimiento, una enfermedad más mental que física. Forma parte más de la mente que del cuerpo. Si se reprime algo en la mente, el cuerpo comienza el viaje de la represión. Se nos ha enseñado a todo momento que los sentimientos no sirven

siente. La razón tiene más énfasis en lo masculino y la emoción en lo femenino, por eso se dificulta la comunicación. El hombre habla desde la cabeza, la mujer desde el corazón, dos idiomas distintos. El único modo es apartándose ambos de la razón y la emoción, ser más meditativos porque trasciende esa polaridad, lleva más allá del razonamiento y la emoción; no es ni cabeza ni corazón, un estado de no pensamiento y no emoción. Los sentimientos no se pueden expresar del mismo modo que los pensamientos. La lógica tiene su utilidad, es ideal para el trabajo científico pero no para las relaciones humanas. Cuando en el cuerpo no hay bloqueos, sentimos una ligera sensación de felicidad, hay una vibración de alegría, lo que significa que el cuerpo va con el ritmo. La alegría es ser uno mismo, vivo, vibrante, vital; sinfónica dentro y fuera del cuerpo.

misterio más profundo de nuestro ser. Es observar sin elegir, sin decir si es bueno o malo. Si decimos que algo es bueno, surge el apego, la atracción; decir que es malo surge el rechazo. No evaluemos, dejemos que sea lo que es. Solo somos lo que surge a cada momento y eso cambia a cada momento. Es consciencia sin elección. Cuando somos testigos de la mente, trabajamos con la observación, con el acto de presenciar. Poco a poco la mente comenzará a quedarse en silencio, detiene su parloteo y se queda quieta y tranquila. La transformación da inicio cuando aceptamos lo que somos y tenemos, aceptamos incondicionalmente lo que hay. La consciencia ocurrirá si no rechazamos nada de lo que realmente sucede. Si lo negamos, lo estaremos reprimiendo y abrirá una herida en nuestro corazón. Todo lo que nos negamos a ver se va quedando y nos vamos reduciendo, y cuando más fragmentados estemos, más infelices seremos. Nunca debemos usar la aceptación como medio para algo. Si aceptamos es sin ninguna condición, injustificada, sin motivo alguno. Solo así nos librará; y aceptar es otra forma de decir libertad. La consciencia tiene que dejar de identificarse con las ideas o creencias preconcebidas. Cuando tenemos una idea preconcebida de lo que deberíamos ser, no podremos aceptar las verdades empíricas de nuestro ser. Es ese ideal el que origina el problema. Cuando no se tienen ideales de deber ser, no se tendrán problemas, por lo tanto, tampoco criticamos ni rechazamos, no reprimimos ni escondemos nada. Toda identificación es identificación con la mente. El principio de la felicidad es comulgar con uno mismo. No debemos tener conceptos rígidos de sí mismos. Aceptemos lo que ya es y olvidemos las fantasías. En la propia aceptación desaparece toda la tensión (angustia, ansiedad, desesperación) desaparecen. Vivir cómodamente y con comodidades es natural si la comodidad está al alcance, sería una estupidez no aprovecharla. Si no lo está es otra historia. Aprovechemos todo lo que esté a nuestro alcance para vivir cómodamente. Puesto que, la comodidad es una actitud, un enfoque vital. Sea cual sea la situación aprendamos a disfrutarla, aprovechar al máximo todo lo que da cada momento, sin arrepentirse, ni desear otra cosa. Lo que “es”, es lo único que existe. La paz solo se alcanza aceptando y absorbiendo lo que causa dolor, sin rechazarlo. De lo contrario

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para nada. Con el rechazo no se consigue nada. Cuando las escondemos solo nos causan sufrimiento. Al rechazar nos convertimos en cautivos de lo que rechazamos. Su continuidad se vuelve hábito, que terminamos por aferrarnos a todo lo que nos aflige.

Es bueno que una herida salga a la superficie, porque es señal de que va camino de la curación. Las emociones y las actitudes positivas son como dínamos de energía, producen más energía, no nos agotan.

nos volvemos más pequeños y con menos poder. Solo la comunión con el sufrimiento psicológico abre la puerta a la liberación y la trascendencia. El dolor psicológico solo termina cuando lo aceptamos en su totalidad. Intentemos comprenderlo porque es creación nuestra. Rechazar o aceptar no cambia el hecho en sí. Solo hay dos opciones: dolor o alegría, enfermedad o salud. Si rechazamos, estaremos optando por la enfermedad, la aflicción, porque estaremos quitándoles una parte de nuestro ser; nos hará heridas y cicatrices. Si la aceptamos, estaremos optando por la celebración, la salud y la totalidad.

La Meditación9
Cuando no estamos haciendo nada en absoluto -corporalmente, mentalmente, ni a ningún nivel, cuando toda actividad ha cesado en nosotros y simplemente somos, eso es meditación. No podemos hacerla, no podemos practicarla, solamente tenemos que entenderla. Aunque solo sea por un instante, si no estamos haciendo nada y solamente nos quedamos en nuestro centro, totalmente relajados, eso es meditación. Y una vez que hayamos encontrado el truco, podremos quedarnos en ese estado todo el tiempo que queramos. Una vez que nos demos cuenta de la forma en que nuestro ser puede quedarse imperturbable, entonces poco a poco, podemos empezar a hacer cosas, manteniéndonos alertas de que nuestro ser no se agite ni se altere. Esa es la segunda parte de la meditación; primero, aprender a ser, y después aprender con pequeñas actividades; limpiando el piso, dándonos una ducha, pero manteniéndonos centrados o conscientes. Después, podremos hacer cosas más complicadas. Nuestra vida sigue, sigue realmente con mayor intensidad, con más alegría, con más claridad, con más visión, con más creatividad -sin embargo, estaremos más distanciados, somos solamente un vigía en la cima, observando todo lo que pasa a nuestro alrededor; no somos el que hace, somos el que observa. Ese es todo el secreto de la meditación, que nos convertimos en el observador. El hacer sigue en su propio nivel, no hay problema: regando las plantas o haciendo algún oficio doméstico. Podemos hacer cosas pequeñas o grandes; lo único que no se permite es que perdamos nuestra consciencia, nuestra atención plena, nuestro centro. Hay un solo paso y ese paso tiene que ver con la dirección, con la dimensión. Podemos enfocarnos tanto hacia afuera como cerrar los ojos al exterior y dejar que toda nuestra consciencia se centre en nuestro interior y vamos a darnos cuenta porque somos el que conoce, nosotros somos consciencia. Nunca se ha perdido, solamente dejamos que se enredara en mil y una cosas. Dejemos de dirigir la atención a todas partes, permitamos que la consciencia repose en nosotros y habremos llegado a casa.

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OSHO. “Meditación: la primera y la última libertad”. Traducción de Luis Martín-Santos Laffón. Editorial Grijalbo. Bogotá-Colombia. Primera edición, octubre 2005, ISBN: 958-639-265-1. 258 páginas. Pág. 19-24

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El núcleo esencial, el espíritu de la meditación, es aprender a presenciar, ser testigos. Por ejemplo: hay un pájaro cantando. Nosotros estamos escuchando. Son dos cosas: Objeto y sujeto; pero, ¿No podemos ver un observador que está viendo a ambos? -El pájaro, el que escucha y todavía hay alguien más que está observando a ambos. Es un fenómeno simple. Estamos viendo un árbol; nosotros estamos ahí y el árbol está ahí; pero, ¿No podemos encontrar algo más? -Que nosotros estamos viendo al árbol y que hay un espectador, un testigo en nosotros que está viendo que estamos viendo al árbol. La cualidad de observar, la cualidad de ser conscientes y estar alertas es meditación. Meditación significa consciencia, atención plena10 y cualquier cosa que hagamos con consciencia, es meditación. El primer paso a la consciencia es ser muy consciente de nuestro cuerpo. Poco a poco, uno se vuelve más consciente de cada gesto, de cada movimiento. Y al hacernos más conscientes se da un milagro: Muchas cosas que antes solíamos hacer desaparecen; nuestro cuerpo se relaja más, se hace más armónico, prevalece una paz profunda, pulsa una música sutil. Después empezamos a tomar consciencia de los pensamientos; con los pensamientos tenemos que hacer lo mismo. Son más sutiles que el cuerpo y por supuesto también más peligrosos. Y cuando nos hagamos conscientes de nuestros pensamientos, vamos a sorprendernos de lo que pasa dentro de nosotros. ¡Vamos a ver una mente loca adentro nuestro! Como no somos conscientes, toda esta locura sigue actuando como una corriente subterránea que afecta todo lo que hacemos y también lo que no hacemos; lo afecta todo… ¡Y la suma total va a ser nuestra vida! Y el milagro de la consciencia es que no necesitamos hacer nada excepto estar conscientes. El fenómeno mismo de observarlo lo cambia; poco a poco, esa locura desaparece. Cuando el cuerpo y la mente están en paz, vamos a ver que también están sincronizados entre sí, que existe un puente; ya no corren más en distintas direcciones, ya no cabalgan en caballos diferentes; por primera vez hay armonía y esa armonía nos ayuda inmensamente a trabajar en el tercer escalón, -que es tomar consciencia de nuestros sentimientos, emociones y estados de ánimo. Realmente se necesita una consciencia un poco más intensa para poder reflejar nuestros estados de ánimo, las emociones y los sentimientos. Cuando ya somos conscientes de todo eso, los tres se amalgaman en un solo fenómeno, y cuando estos tres son uno -funcionando juntos perfectamente, en armonía, podremos sentir la música de los tres; se convierten en una orquesta -y entonces se da el cuarto nivel, pero a este no está en nuestras manos, se da solo; es un regalo del todo, es un premio para quienes dieron los primeros tres. Es el último estado de consciencia que nos hace iluminados, seres despiertos. Uno se hace consciente de su propia conciencia. El cuerpo conoce el placer, la mente conoce la felicidad, el corazón la alegría, el cuarto conoce la beatitud, el goce supremo.
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Es decir, la observación atenta y ecuánime de los pensamientos y sentimientos que van presentándose instante tras instante sin dejarnos arrastrar por ellos. La meditación de la atención plena es una práctica budista que enseña a observar todo lo que ocurre en la propia mente, nos ayuda a prestar atención a la acción y a los impulsos que la elicitan, pueden ayudarnos a tornarnos conscientes de lo que estamos sintiendo o haciendo. El objetivo consiste, obviamente, en aumentar nuestra capacidad de elección.

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Poco a poco, cuando el observador se hace más sólido, estable, concreto y sin distracción, viene una transformación. Las cosas que estábamos observando desaparecen; por primera vez, el observador mismo llega a ser el observado. Es cuando ya se ha llegado a casa. Según nos vamos elevando –del cuerpo a la mente, del corazón al ser- todos esos toscos sentimientos van desapareciendo. El amor de un ser a otro ser no conoce los celos. Pero, ¿cómo vamos a encontrar dicho amor? Pues, emana de nuestro silencio interior, de nuestra paz, de nuestro bienestar interno, de nuestra felicidad. Somos tan felices que queremos compartirlo; ese compartir es amor. El amor no es mendigo, nunca pide que nos de amor. El amor es siempre un emperador, solo sabe dar. No espera nada a cambio, ni siquiera se le ocurre pensarlo. Seamos más meditativos, hagámonos más conscientes de nuestro ser. Dejemos que nuestro mundo interior se vuelva más silencioso, y el amor fluirá por nosotros.

7.3. EJERCICIOS Y TÉCNICAS  Rasgo psicológico temático
Llevar un registro escrito –como especie de diario- durante siete días, apuntando cada día qué es lo que ocupa la mayor parte de nuestro tiempo, qué es lo que conforma nuestra fantasía casi todo el tiempo, ahí donde nuestra energía se dirige con rapidez. Con la simple observación durante esos días, podremos encontrar nuestra característica principal. Ese hallazgo representa media victoria, porque conoceremos nuestra característica vital emocional El loto es uno de los símbolos de transformación espiritual. Porque el loto crece en el barro, es un símbolo de transformación, es una metamorfosis. El barro es sucio, tal vez de mal olor, sin embargo, el loto es fragante y ha salido del hedor del barro. Exactamente de la misma manera, la vida casi siempre es barro pestilente, pero en ella se oculta la posibilidad de convertirse en un loto. Por ejemplo, la ira se puede transformar en compasión. El odio en amor. Todo lo que tenemos como aspectos negativos en este momento, como el barro, se puede transformar. Nuestra mente ruidosa se puede vaciar y transformar, para que se convierta en música celestial.

 Para aquietar la mente
Fijar la mente en un pensamiento es uno de los requerimientos esenciales de un buscador –él debe permanecer con un pensamiento por períodos largos. Logrado esto, se podrá ver cómo ese pensamiento está creando apego, está creando un mundo a su alrededor, que es la semilla básica de la ilusión. Cuando se puede retener un pensamiento por período largos, uno se vuelve el amo; por lo tanto, se podría ordenarle, dejarle, detenerle, moverle, obligarle y lograr que obedezca. Se volvería un instrumento. Intentemos fijar tu mente a una cosa, cualquier cosa, puede ser un árbol; sentarse y mirarlo tratando de permanecer con él. Sin importar lo que suceda, permanecer con el

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árbol. La mente intentará muchas vacilaciones, dará muchas alternativas: qué clase de árbol es, cómo se llama, la forma que tiene. ¡No la escuchemos! Porque incluso, si nos hemos movido hacia el nombre, nos hemos alejado del árbol. Si empezamos a pensar en el árbol, nos habremos alejado del árbol. No pensar al respecto y permanecer con el hecho de que el árbol está ahí. Al inicio es muy difícil, incluso nos podemos olvidar por completo de que estamos viendo al árbol, nos distraeremos fácilmente, un perro que pasa, ver mover la nube, pensar en una preocupación cercana, alguien que pasa. Pero continuemos una y otra vez. Cuando recordemos que nos hemos olvidado y/o nos hemos quedado dormidos, movámonos una vez más hacia el árbol. Con un trabajo continuo de 3 o 4 semanas se habrá logrado la capacidad de retener un mismo pensamiento en la mente por al menos un minuto; ¡y esa es una gran capacidad! Un minuto es demasiado para la mente, porque la mente se mueve en segundos. La mente no está en una cosa ni siquiera por un segundo completo.

 Tomar nota tres veces
Se utiliza cuando surge un problema, cuando aparece alguna emoción negativa – envidia, avaricia, celos, ira…-, hay que tomar nota tres veces de que está ahí. Solo tiene que decir tres veces para sí: por ejemplo: “celos, celos, celos”, para tomar clara nota de ello y no perder la consciencia. Luego se puede seguir lo que se esté haciendo. No hay que hacer nada contra ellos, simplemente tomar nota tres veces. En cuanto nos demos cuenta de la perturbación, tomemos nota de ellas y desaparece. No puede agarrarnos, solo puede hacerlo cuando no estamos conscientes. Este tomar nota tres veces nos da la clara consciencia interior de que estamos separados del tipo de emoción negativa de la cual estamos alertas. Entonces podemos objetivarla porque aquella está allí y nosotros estamos aquí. Se aconseja hacerlo siempre.

 Vivamos el dolor
Cuando alguien nos hace daño, hay que agradecerle que nos haya dado esa oportunidad de sentir una herida profunda. Esa persona ha abierto una herida en nosotros; seguramente ha sido producida por los golpes mismos de la vida. Seguramente el otro no es la causa de todo el sufrimiento, pero ha provocado el proceso. Simplemente aislémonos en nuestra habitación, sentémonos en silencio, y sin ira hacia esa persona, seamos absolutamente conscientes del sentimiento que está surgiendo en nosotros, el doloroso sentimiento de haber sido rechazados, de haber sido insultados. Entonces, a nuestra memoria no solo acudirá esa persona sino que empezarán a pasar por ella todos y cada uno de los que nos han hecho daño en alguna ocasión. No solo los recordaremos, los reviviremos. Entraremos en una especie de regresión. Sintamos el dolor, la ofensa, el daño psicológico; no lo eludamos. Por eso en muchas terapias se le pide al paciente que no tome ninguna droga antes de la terapia, por la sencilla razón de que las drogas son una vía de escape para nuestra dicha interior. Por muy intenso que sea el dolor y el sufrimiento, dejemos que así sea. Primero experimentémoslo en su total intensidad. Será difícil, desgarrador. Puede que empecemos a llorar como niños, que nos revolquemos de dolor, que nuestro cuerpo sufra

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espasmos. Incluso podemos darnos cuenta que el dolor no solo está en el corazón sino en todo el cuerpo, que nos duele todo, se ha extendido integralmente. Si llegamos a experimentarlo –y esto es muy importante- empezamos a absorberlo. Es una energía muy valiosa, no nos deshagamos de ella. Absorbámosla, bebámosla, aceptémosla, démosle la bienvenida, sintámonos agradecidos a ella. Y digámonos a sí mismos: “Esta vez no la voy a eludir, esta vez no la voy a rechazar, esta vez no me desharé de ella. Esta vez la recibiré como a una invitada. Esta vez la beberé, la digeriré”. Puede que necesitemos algunos días para digerirlo, pero cuando eso ocurra, habremos descubierto un camino que nos llevará muy lejos, nuestra vida habrá comenzado un viaje hacia un nuevo tipo de ser. Porque en cuanto aceptamos el dolor sin rechazarlo en absoluto, su energía y su calidad cambian; deja de ser dolor. Quizá nos sorprenda, es demasiado increíble. No podemos creer que el sufrimiento se transforme en éxtasis, que el dolor se convierta en gozo; pero así es.

 Transformar la ira
Cada mañana, y por espacio aproximado de 20 minutos. La idea es expresar la ira, pero sobre un objeto que no reacciona como las personas; por ejemplo la almohada. Lo más importante es que durante nuestra expresión seamos conscientes de ello. Obvio, no se trata de controlarla, porque para eso, se realiza de manera mecánica, como un robot. Y si estamos atentos, el control puede que no sea tan fácil. Por lo común, a nadie se nos ha enseñado a estar atentos, porque cuando alguien está atento, se encuentra plenamente abierto. Eso forma parte de la percepción; uno está abierto, y si queremos suprimir algo y estamos abiertos, es contradictorio, puede salir. La enseñanza ha girado en torno al encierro, el aislamiento, guardar las apariencias. No permitirnos ni siquiera una ventana pequeña para que nada salga. Incluso se puede llegar hasta la insensibilidad. Y, cuando nada sale, tampoco nada entra. Entonces, en estos casos, la ira no puede salir, la tenemos encerrada. Cuando sintamos y vivamos este tipo de emociones, no deberíamos oponernos; sólo recordemos la frase de Carl Jung de que “el que resiste persiste”; no intentemos distraer nuestra mente con otra cosa. No miremos una película, o vayamos a dormir porque nos sintamos muy tristes. En absoluto reprimamos dichos sentimientos. Definitivamente es una gran oportunidad para la meditación. Por el contrario, observemos de dónde surge esa ira. Tratemos de llegar hasta las mismas raíces de donde procede la tristeza; y la mayor sorpresa, puede ser que veamos que carece de raíces. Sabremos entonces que esas aflicciones, emociones y sentimientos, ninguna tiene raíz. Sólo son pantallas que rodean nuestra mente. Al buscar las raíces, esas emociones comienzan a dispersarse. Tenemos por lo tanto una mejor tarea que perder energía alimentando la tristeza, el enfado u otra emoción, y es la de ponernos a buscar la supuesta raíz de donde procede. Será como ir quitando las capas a una cebolla. Con cada búsqueda, nuestra percepción será más aguda, y el cielo de nuestro interior se irá despejando hasta que quede completamente claro. La ira no tiene energía propia, somos nosotros quienes la provocamos volcando nuestra energía en ella, solo entonces adquiere vida; depende de nuestra colaboración. Al observar se rompe esa colaboración; dejamos de darle apoyo. Se quedará un rato, unos minutos, y luego se irá. Al no encontrar donde enraizarse, al ver que no estamos disponibles, que estamos distantes, que somos observadores en la colina, se disipara,

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desaparecerá. Así, surgirá una gran serenidad, es como el silencio que sigue a la tormenta. Cuando la ira desaparezca nos veremos más lozanos, más jóvenes. Incluso estaremos agradecidos por habernos proporcionado un espacio maravilloso y oportuno en el que vivir una experiencia completamente nueva. La habremos utilizado, la habremos convertido en un trampolín. Esa es la forma de usar creativamente las emociones negativas.

 Correr
El mejor momento para el ejercicio y el fortalecimiento corporal es en horas de la mañana. Correr ayuda mucho para que la ira y el miedo se evaporen. Cuando corremos durante largo rato, y respiramos profundamente, la mente deja de funcionar y es el cuerpo el que toma el mando. Paso 1. Dependiendo de si estamos o no acostumbrados al ejercicio diario o con programas similares –nadar, fisicoculturismo, patinaje, ciclismo etc.-, lo recomendable es aprender a leer nuestro cuerpo, para ir incrementando el tiempo y el ritmo de dedicación al trote por ejemplo. Podemos comenzar con distancias de medio kilómetro e ir aumentando proporcionalmente hasta llegar a 5 o más. O podemos hacerlo con tiempos, comenzando con el esfuerzo crítico mínimo de 5, 10, 20 minutos y así sucesivamente hasta lograr un tiempo regulado de trabajo diario. Y/o también con el ritmo, caminar lento, rápido, trote, carrera, velocidad; el límite lo da nuestro cuerpo. Lo importante aquí es utilizar todo el cuerpo, soltarlo, liberarlo, correr como un niño pequeño que emplea todo el cuerpo, respirando profunda y rítmicamente, desde el vientre. Se hace énfasis en que nos involucremos totalmente, porque aquel que se mete en algo con totalidad –en cuerpo, mente y emociones-, puede estar totalmente en lo que quiera. Paso 2. Luego procedemos a sentarnos –ojala bajo un árbol-, descansemos, respiremos lo más relajadamente posible y dejemos que llegue la brisa fresca; sintámonos en paz. Solo somos un cuerpo que palpita, un cuerpo vivo, un organismo en sintonía con el todo.

 Llevar al máximo
Es una práctica para realizar todos los días, siempre que nos sintamos bien. Y la recomendación es hacerlo por espacio de 15 minutos. Podemos ayudarnos de un reloj con alarma si es posible. Paso 1. En un lugar que no seamos interrumpidos y si es posible que podamos liberar todo el furor que tengamos dentro. Entonces, enfadémonos durante quince minutos. Acalorémonos, como si estuviéramos completamente rabiosos, con toda la ira posible del mundo, con todo, al máximo, alcanzando el punto límite. Pero no nos descarguemos todavía. Sigamos forzando la situación, ojala lleguemos al borde de la locura de ira, pero no la liberemos, no la expresemos, ni siquiera con un golpe a la

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almohada. Hay que reprimirla de todas las maneras posibles, justo lo opuesto a la expresión o liberación. Si hay tensión, tensemos más aún, si hay contracción forcémosla aún más. Lo importante es que aún no haya liberación. Este acaloramiento presionará para que nuestros patrones o pautas se desvanezcan, se derritan. Paso 2. Cuando suene la alarma del reloj, sentémonos en silencio, cerremos los ojos y contemplemos lo que pasa. Relajemos completamente el cuerpo.

 Amor para el fluir de energía
Cualquier cosa que hagamos con amor ayuda a que la energía fluya, cualquier objeto de amor está bien, cualquier excusa servirá. Paso 1. Pongamos una piedra en nuestra mano con profundo amor e interés. Cerremos los ojos y sintamos un tremendo amor por ella, agradecido de que exista, agradecido de que acepta nuestro amor. Paso 2. Aunque por lo general, no es necesario tener un objeto. Con la simple idea de que amamos a alguien, la energía empezará a fluir. El amor es flujo. El amor es calidez y, la frialdad no puede tener lugar si hay calor. Cuando no hay amor, todo está frio. De modo que una de las cosas importantes que hay que recordar es que el amor es cálido. También el odio. La indiferencia es fría. De manera que a veces, cuando se odia, empieza a fluir la energía. Desde luego, ese flujo es destructivo. En la ira la energía empieza a fluir, por eso la gente se siente bien después: algo se liberó. Es muy destructivo. Podría haber sido creativo si se hubiera liberado a través del amor, pero eso es mejor a quedar contenido. Si somos indiferentes, no fluimos. La primera elección ha de ser siempre el amor. Si eso no es posible, la segunda elección es la ira. Y estas son las dos únicas elecciones, la tercera no es una alternativa. Ahí es donde está la gente. Por eso vemos a tantas personas muertas, cadáveres andantes, muertos vivientes. Están vivas solo de nombre, porque son indiferentes.

 Frente a los celos y otras emociones
No reprimamos los celos, expresémoslos. Sentémonos en nuestra habitación, y concentrados en nuestros celos. Observémoslos, mirémoslos, dejemos que se enciendan tanto como nos sea posible. Dejemos que se conviertan en una llama fuerte, ardamos en ella y veamos qué son. Bajo ninguna circunstancia juzguémoslos, no digamos que son feos, porque esa misma idea los reprimirá, no les permitirá su total expresión. ¡Nada de opiniones ni juicios! Simplemente intentemos ver el efecto existencial de lo que son los celos. Su verdad existencial. ¡Nada de interpretaciones ni ideologías! Olvidémonos de todo eso. Dejemos que los celos sean. Contemplémoslos profundamente, y hagamos lo mismo con la ira, con la tristeza, con el odio y con la posesividad. Y poco a poco veremos que con el simple hecho de ver a través de las cosas empezamos a recibir la sensación trascendental de que somos simplemente testigos, observadores; la identidad se rompe. La identidad se rompe únicamente cuando enfrentamos algo dentro de nosotros.

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 Penetrar en el miedo
En cualquier momento durante el día. Cuando tengamos el estómago vacío, o de 2 a 3 horas después de haber comido; de lo contrario, nos podríamos vomitar. Paso 1. Aislados en la habitación; si es posible, desnudos o con ropa suelta, y sentados con las piernas cruzadas. Paso 2. Coloquemos las manos a solo 5 centímetros por debajo del ombligo y apretemos. Luego soltemos la presión, la presión funciona como un disparador. Podemos dejar de presionar una vez que empiecen a pasar cosas, aproximadamente dos minutos después. Al presionar surgirá miedo y la respiración comenzará a ser caótica, así que hay que permitirlo y entremos en ella. Es posible que empecemos a experimentar un gran temblor, cooperemos con él. Quizá tengamos ganas de ponernos a dar vueltas en el suelo, hagámoslo. Si la respiración se torna caótica, dejémosle. Pase lo que pase, si tenemos ganas de bailar, bailemos. No lo dirijamos, permitámoslo, seamos poseídos. Esto puede durar de 25 a 45 minutos, y tendrá un efecto tremendamente beneficioso. Puede que necesitemos como mínimo dos meses para completarlo, pero tendremos una experiencia relevante, y alcanzaremos un espacio muy profundo dentro de nosotros. Paso 3. Antes de irnos a dormir, permanezcamos en la cama con los ojos cerrados e imaginemos una pizarra negra, todo lo negra que podamos, visualicemos en ella el número 3 tres veces. Primero veámoslo, luego borrémoslo; veámoslo, borrémoslo, y así sucesivamente. Luego visualicemos el número 2 tres veces, y, borrémoslo. Después el número 1, tres veces y borrémoslo; luego el cero. Cuando lleguemos al cero, sentiremos un gran silencio, uno que nunca antes habíamos sentido, y ese silencio aumentará a medida que crece nuestra experiencia primal. Intentemos completarlo antes de quedarnos dormidos. Vamos despacio, con amor, quizá tardemos de dos a tres minutos. Así mismo, dentro de nosotros hay distintas capas, de modo que cuando lleguemos al cero, tocaremos en vuestro interior la capa cero. El día en que hayamos completado esta experiencia primal caeremos en un silencio absoluto, como si toda la existencia de pronto hubiera desaparecido, como si nada fuera. Esa será una gran visión.

 De cara al miedo
Cada noche. Y aproximadamente unos 40 minutos. Paso 1. Sentados en nuestra habitación con la luz apagada; intentemos tener miedo. Pensemos en todo tipo de cosas horribles: fantasmas y demonios y lo que sea que podáis imaginar que nos asuste. Agitémonos de verdad con nuestra propia imaginación: traigamos de los recuerdos lo que nos aterroriza. Penetremos en el miedo lo más hondo que podamos y, pase lo que pase, sigamos adelante. Solo seamos muy conscientes de ello. Paso 2. Durante el día, o a cualquier otra hora, siempre que surja el miedo, aceptémoslo. No lo rechacemos, no pensemos que se trata de algo malo que debemos

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superar. Es natural. Al aceptarlo y al expresarlo por la noche, las cosas empezarán a cambiar. Cuando surja el miedo, no hay que huirle, porque huyendo nunca se resolverá. Hay que entrar en él. Si por ejemplo, la oscuridad nos provoca miedo, la única manera de superarlo es entrando en ella. Si el miedo nos hace temblar, temblemos con todo nuestro ser, dejemos que surja y digámosle a la noche y a la oscuridad: “puedes hacer lo que quieras. Aquí estoy”. Al poco tiempo veremos que todo se ha calmado. La oscuridad ya no será oscura, tendrá cierta luminosidad, se disfrutará. Cualquiera que sea el miedo que se presente, no huyamos de él, porque al hacerlo, el miedo se convertirá en un muro que no nos dejará crecer en esa dimensión. El miedo nos da pistas, nos muestra el camino que tenemos que tomar. El miedo es solo un reto. Cuando estemos asustados, simplemente relajémonos, aceptemos que el miedo está ahí, pero no hagamos nada al respecto; no le prestemos atención. Observemos el cuerpo. No debe haber ninguna tensión en él. Cuando no hay ninguna tensión, el miedo desaparece automáticamente. El miedo produce cierto estado de tensión para poder arraigarse en él. Si el cuerpo está relajado, el miedo acabará por desaparecer. Una persona relajada no puede tener miedo. A una persona relajada no la puede atemorizar. Aunque surja el miedo, vendrá y pasará como una ola, no echará raíces.

 Del miedo al amor
La práctica dura entre 40 y 60 minutos. Paso 1. Sentados cómodamente, con la mano derecha colocada debajo de la izquierda y, los dedos pulgares unidos. Esto sitúa la energía en una cierta relación, una cierta postura. La mano izquierda está conectada con el hemisferio derecho del cerebro, y viceversa. El lado izquierdo es la sede de la razón, un cobarde. Un hombre no puede ser al mismo tiempo un intelectual y un valiente. El hemisferio derecho es intuitivo. Paso 2. Relajados, cerremos los ojos. Dejemos que la parte inferior de la mandíbula se relaje mientras comenzamos a respirar por la boca. Cuando respiramos por la boca y no por la nariz, establecemos un nuevo patrón de respiración, y por ello se puede romper el antiguo. Además, cuando respiramos por la nariz constantemente estimuláis el cerebro. La nariz es dual, la boca no lo es. De manera que cuando respiramos por la boca no estimulamos el cerebro, la respiración va directamente al pecho. Esto creará un nuevo estado de relación muy silencioso, no dual, y nuestras energías empezarán a fluir de un modo nuevo.

 Revivir la infancia
«No hay que temerle a nada, hay que entenderlo. La totalidad de la vida debe convertirse en una historia de comprensión; ni el miedo ni la ira son necesarios. Son estorbos innecesarios para la comprensión». Primera Parte: Cada noche antes de dormir, entre unos 10 y 15 minutos.

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Paso 1. Sentados en la cama con la luz apagada. Convertidos en un niño pequeño, tan pequeño como podamos concebir, como podamos recordar, quizá de tres años, ya que más allá lo hemos olvidado por completo. Y estamos solos. Paso 2. Empecemos a llorar, emitamos sonidos de algarabía, sin sentido. Como locos y, dejemos que las cosas surjan: empezarán a emerger muchos sonidos. Si hay gritos, dejémoslos durante 10 a 15 minutos, por pura diversión. Paso 3. Ahora durmamos con esa sencillez e inocencia infantil. Segunda Parte: Durante el día, siempre que surja la oportunidad. Seamos como un niño que recoge objetos de cualquier tipo, que corre por la calle o el campo, que recoge piedras, que construye casitas o castillos –naipe, dominó etc.-. Y siempre que encontremos niños, juguemos con ellos, no permanezcamos como adultos. Siempre que sea posible, estemos desnudos, y acostados en la tierra o en el llano, ello para que podamos sentirnos como un niño. Hagamos muecas ante el espejo, chapotear en la bañera, juguemos con patos de plástico. «Lo único que se requiere es que volvamos a conectarnos con nuestra infancia y eso desaparecerá, porque comenzó allí y debemos atraparlo en el momento en que se gestó. Debemos regresar a la raíz, porque las cosas se pueden modificar si las agarramos de raíz. La cuestión es empezar a revivir la infancia. Y eso desaparecerá, y cuando se haya ido sentiremos que florecemos de verdad».

 Echando raíces
Es uno de los problemas más recurrentes del hombre moderno; toda la humanidad sufre de desarraigo. Cuando seamos conscientes de ello, siempre sentiremos un temblor en las piernas, incertidumbre, porque las piernas son realmente las raíces del hombre. A través de sus piernas el hombre está arraigado en la tierra. Una vez que entendemos un problema directamente, emprendemos el camino para solucionarlo. Cada mañana. Paso 1. Antes de empezar hay que correr, erguidos y con los pies separados por unos 10-15 centímetros y cerremos los ojos. Luego traslademos todo nuestro peso al pie derecho, como si nos apoyáramos solo sobre él; el izquierdo carece de carga. Sintámoslo, y luego cambiemos al izquierdo. Todo nuestro peso está sobre el pie izquierdo y aliviamos por completo de carga el derecho, como si no tuviera nada que hacer. Está ahí en la tierra, pero carece de peso. Hagámoslo por 45 veces, sintiendo el cambio de energía, y experimentemos qué se siente. Luego tratemos de estar simplemente en el centro, ni a izquierda ni a derecha, o en ambas. Simplemente en el medio, sin énfasis, cincuenta y cincuenta. Esta sensación nos dará más arraigo en la tierra. Paso 2. Si nos hallamos cerca del mar o en el campo, vamos cada mañana a la playa o al llano y corramos. o corramos descalzos por cualquier parte. Sin zapatos, con

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los pies sobre la tierra, de modo que haya contacto entre nuestros pies y la tierra. A las pocas semanas empezaremos a sentir una gran energía y fuerza en las piernas. Asimismo, empecemos a respirar con más profundidad. Seguro que ahora respiramos superficialmente, y con la respiración somera se empieza a sentir desarraigo. El aliento ha de ir a la propia raíz de nuestro ser, y la raíz es nuestro centro sexual, de modo que entonces la respiración produce un constante masaje del centro sexual. Entonces nos sentiremos con más arraigo. De lo contrario, si nuestra respiración es superficial nunca va al centro sexual, surge un distanciamiento que nos hace sentir confusos, inseguros, sin saber quiénes somos, adónde vamos, simplemente flotamos a la deriva. Entonces perderemos el brillo, careceremos de vida, porque, ¿cómo puede haber vida sin un objetivo? ¿Y cómo puede haber un objetivo cuando no estamos arraigados en nuestra propia energía? De manera que lo primero que hay que hacer es lograr un anclaje en la tierra, que es la madre de todos. Luego un arraigo en el centro sexual, que es el padre de todos. Entonces estaremos completamente relajados, centrados, anclados. Paso 3. Terminemos de correr repitiendo las instrucciones esbozadas en el Paso 1.

 Transformar la envidia
Cuando nos invada la envidia, observemos cómo surge, cómo nos agarra, cómo nos rodea y nos nubla, cómo intenta manipularnos, cómo nos arrastra por caminos que no queremos seguir, cómo al final nos produce una gran frustración, cómo disipa y destruye nuestra energía, cómo nos deja extremadamente deprimidos, frustrados. Observemos completamente todo el proceso. Simplemente observemos el hecho, sin condenarlo ni apreciarlo, sin juicios ni a favor ni en contra. Simplemente observemos manteniéndonos al margen, distantes, como si no tuviéramos nada que ver en el asunto. Observemos de forma científica. La observación no crítica es una de las contribuciones más importantes de la ciencia. Cuando un científico experimenta, lo hace sin juicios, sin conclusiones previas. Si va con una conclusión previa en la mente, no es un científico; su conclusión influirá en el experimento. Seamos científicos de nuestro mundo interior. Que nuestra mente y nuestro sentir sean nuestro laboratorio y observemos sin condenar ni hacer juicios. No digamos que la envidia es mala, porque ¿quién sabe? No digamos que la ira es mala, porque, ¿quién sabe? Ciertamente, lo hemos oído, nos lo han dicho, pero nos lo han dicho los demás, no es nuestra experiencia. Tenemos que ser muy existenciales, experimentales, hasta que no nos lo demuestre nuestra experiencia, no debemos decir sí o no a nada. Tenemos que abstenernos por completo de hacer juicios. Entonces observar la envidia es un milagro. No vayamos con ninguna idea preconcebida; simplemente observemos lo que hay. ¿Qué es esta envidia? ¿Qué es esta energía llamada envidia? Observémosla como cuando lo hacemos con una flor; simplemente mirémosla con atención plena. Cuando vamos sin ninguna idea preconcebida, nuestros ojos ven con mucha mayor claridad. Observémosla, estudiémosla y se volverá transparente, nos daremos cuenta de su estupidez. Y cuando nos demos cuenta de su estupidez, cae por si sola. No hace falta que hagamos nada.

 Del deseo al amor

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Cuando sentimos que surge el deseo sexual hay tres alternativas: La primera es caer en la indulgencia, que es la más común, lo que hace la mayoría de la gente. La segunda es reprimirlo sacarlo de nuestra consciencia para que caiga en la oscuridad de la inconsciencia, arrojarlo al sótano de nuestra vida. Eso es lo que hacen las supuestas personas extraordinarias célibes. Pero estas dos alternativas son contrarias a la naturaleza y a la ciencia interna de la transformación. La tercera, que solo de vez en cuando alguien pone en práctica, es cerrar los ojos cuando surge el deseo sexual. Es un momento muy valioso: el surgimiento del deseo es el surgimiento de la energía. Es como el sol saliendo en la mañana. Cerremos los ojos; es el momento de ser meditativo. Hay que bajar al centro sexual done estamos sintiendo la emoción, la vibración, el estímulo. Bajemos allí y seamos observadores silenciosos. Presenciemos, no condenemos; ya que en cuanto lo hacemos nos alejamos de él. Tampoco lo disfrutemos, porque en cuanto lo disfrutamos nos volvemos inconscientes. Simplemente mantengámonos alertas, vigilantes, observando, como una lámpara encendida en la oscura noche. Simplemente llevemos ahí nuestra consciencia, sin vacilar ni dudar. Observemos qué está ocurriendo en el centro sexual. ¿Qué es esta energía? No le pongamos ningún nombre, porque todas las palabras contaminan. El mero hecho de llamarlo “sexo” ya es condenarlo; la propia palabra se ha vuelto peyorativa o, dependiendo de a qué generación pertenezcamos, puede ser algo sagrado y/o prohibido. Pero en cualquier caso, siempre contiene una carga de emotividad. Cualquier palabra cargada de emotividad se convierte en una barrera en el camino de la consciencia. No le demos ningún nombre, simplemente observemos cómo está surgiendo una energía alrededor del centro sexual. Hay una vibración; observémosla. Observando, sentiremos una energía nueva, de una cualidad distinta. Observando, veremos cómo sube buscando un camino en nuestro interior. Cuando esté subiendo, nos sentiremos completamente rodeados de frescura, silencio, gracia, beatitud, bendición, felicidad. Ya no es punzante como una espina, ya no es fastidiosa ni dolorosa; al contrario, es muy relajante, como un bálsamo. Y cuanto más consciente nos mantengamos, más se irá elevando. Si puede llegar hasta el corazón, lo que no es muy difícil –es difícil, pero no tanto-, si nos mantenemos alertas, veremos cómo llega al corazón, y cuando llega al corazón descubriremos por primera vez lo que es el amor.

8. LA EDUCACIÓN DEL CORAZÓN: LA CIENCIA INTERNA
La "ciencia interna" es el campo, el ámbito y/o la disciplina desde el cual se podrá transformar sistemáticamente nuestro mundo interno, liberarnos de lo que se conoce

como: Ego, yoes, defectos, agregados psíquicos, emociones negativa, personalidad y crear así un ser humano mejor, darle la palabra o liberar nuestro Ser, hacer un individuo integrado, más amable, compasivo, sereno y más ecuánime. No hace mucho que la psicología actual ha emprendido la misma búsqueda, pero no lo ha hecho desde una perspectiva religiosa sino científica y con la intención de transformar el funcionamiento de nuestro cerebro, mitigar el efecto de las emociones destructivas y aumentar nuestro equilibrio emocional. De la misma manera que el cerebro

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puede suscitar estados mentales, éstos también pueden llegar a modificar el funcionamiento del cerebro. Cuando uno tiene ciertos pensamientos o emociones, cuando, por ejemplo, estamos sentados visualizando una imagen, también estamos controlando y transformando nuestro cerebro. Esto es algo que en la actualidad se puede demostrar fácilmente en el laboratorio y saber que, de ese modo, las personas pueden modificar voluntariamente su cerebro. Por otra parte, no existe la menor duda de que la evocación de sentimientos de bondad y de compasión o de cierto tipo de imágenes provoca cambios manifiestos en el cerebro. En la moderna neurociencia existen numerosos estudios que demuestran que, cuando muevo la mano, también se modifica el funcionamiento del cerebro.

8.1. LA CADENA DE PENSAMIENTOS
Desde la perspectiva de la neurociencia, las emociones positivas se deriven de la razón, mientras que las emociones negativas emerjan de un modo más espontáneo. Así

que el trabajo personal debe empezar actuando sobre los eventos instantáneos constitutivos de nuestra vida mental ya que, como suele decirse, si queremos ocuparnos de nuestro futuro debemos empezar en el instante presente . Por eso, se comienza ya mismo con las emociones prestando atención al encadenamiento de los pensamientos, es decir, al modo en que un pensamiento conduce al siguiente, a otro y a otro –como si fuese una bola de nieve, que va creciendo en su precipitación-, por lo que un pensamiento fugaz puede acabar desencadenando una obsesión, como la diminuta nubecilla que acaba convirtiéndose en un cielo plomizo y lleno de relámpagos. Cuando aparece un pensamiento de ira, deseo o celos, no estamos preparados para afrontarlo, acaba desencadenando la aparición de un segundo y de un tercer pensamiento que oscurecen todo nuestro paisaje mental, pero, tal vez, como ocurre con la chispa que acaba provocando el incendio de todo un bosque, entonces ya es demasiado tarde. El proceso de familiarización con el surgimiento de los pensamientos en el mismo momento en que aparecen es comparable al hecho de identificar rápidamente a un conocido en medio de la multitud. Apenas se advierte la aparición de un fuerte pensamiento de atracción o el surgimiento del enojo, por ejemplo, uno se da rápidamente cuenta de que, si lo alimentamos, no tardará en desencadenar una nueva secuencia de pensamientos y se dice algo así como: "Vaya, aquí llega un nuevo pensamiento". El primer paso, para impedir la proliferación de los pensamientos consiste en advertir su emergencia en el mismo momento en que aparecen. De esta manera, se consigue que se desvanezcan por sí solos sin dejar rastro alguno. En tal caso, los pensamientos ya no se encadenan en secuencias interminables, algo que suele ilustrarse con el ejemplo de la serpiente capaz de hacer un nudo con su cuerpo y de deshacerlo al mismo tiempo. Así es como llega, finalmente, al punto en que los pensamientos aparecen y se desvanecen como el pájaro que surca el cielo sin dejar huella alguna de su paso. Esta libertad no tiene nada que ver con la apatía ni con el hecho de convertirse en una especie de vegetal, sino, muy al contrario, con controlar la aparición de los pensamientos y, de ese modo, sustraerse a su influjo, algo que sólo puede lograrse mediante la práctica sostenida. Si queremos contribuir positivamente al desarrollo de la sociedad debemos empezar transformándonos a nosotros mismos. Y para ello no basta con una idea fugaz,

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sino que es necesario emprender un largo proceso de entrenamiento. Debemos contar con procesos a largo plazo, incluso que se transforme en nuestro estilo de vida. El proceso de "familiarización" meditativa consiste en dirigir deliberadamente cada pensamiento consciente –en una suerte de concentración hacia el cultivo de la compasión hasta que ésta acaba impregnando toda actividad. Se vuelve parte de nuestra interioridad. Por ejemplo, cada instante se impregna de la noción de compasión hasta que ésta acaba integrándose en el continuo de la mente. El problema es que, desde la perspectiva del hombre de la calle, todo lo que suene a ética parece casi un lujo. Pero lo cierto es que no estaría nada mal que se difundiese porque en última instancia se trata, como sucede con la educación y la salud, de una verdadera necesidad mundial. Lamentablemente, la educación y la investigación no se ocupan del desarrollo de la mente. Es como si la gente dijera: "Oh eso estaría muy bien, pero no es tan urgente como la educación o la salud". Necesitamos, pues, otro término que carezca de resonancias religiosas, algo que no suene a "ética" ni a "moral", algo así como "sociedad pacífica", "sociedad floreciente", “convivencia pacífica”, “crecimiento personal” o "florecimiento humano". Convendría que fuera algo muy secular y que encajase más en el campo de las ciencias sociales que en el de los estudios religiosos o éticos. Lo importante es que desde las diversas esferas individuales y sociales –casa, instituciones, ciencia, familia, trabajo…-, todos podamos contribuir a ello. Como educadores sea esta formal e informal, deberíamos preguntarnos por una enseñanza que no únicamente se centre en la destilación de contenidos académicos, sino que también se oriente al estudiante a conocer su propio mundo interno, para que vaya ganando consciencia y poder consigo mismo, cultivando con ello emociones más sanas y positivas.

8.2. APRENDIZAJE EMOCIONAL
El aprendizaje emocional y social debería ser considerado tan necesario como la lectura, la escritura y las otras áreas del conocimiento escolar, que no son ni occidentales ni orientales, sino universales. Es el caso de que los jóvenes son más flexibles, mientras que los adultos son como árboles viejos y nudosos. Pero, aunque sea más difícil corregir a los adultos, no deberíamos por ello desalentarnos, porque se trata de algo absolutamente necesario aunque sólo sirva para diez personas, o para una sola. De entrada no creo conveniente comenzar dedicando muchas horas a ello, incluso en las instituciones sería una lucha inútil si no existe consciencia de todos los educadores para ayudar en estos propósitos. Es mejor comenzar con sesiones cortas, repetidas, continuas y sistemáticas, con los estudiantes se trabajarán a modo de ejercicios, para dándole la característica de un ejercicio para la vida y no como de obligación exclusivamente académica. Que se pueda realizar en casa e ir degustando así el sabor de lo que queremos transmitirle. Al comienzo, tal vez puedan bastar con diez minutos diarios. El asunto consiste en prestar atención a los grandes problemas que aquejan a nuestra sociedad. Existe mucho sufrimiento, pero en lugar de buscar las causas fuera de nosotros –en la economía o en otros ámbitos-, deberíamos darnos cuenta de que todos tenemos emociones negativas y hasta destructivas y, en consecuencia, no estaría de más que las estudiásemos, las analizásemos y considerásemos sus efectos. ¿Cuál es el impacto que

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tienen nuestras propias emociones –es decir, nuestros odios, nuestros prejuicios, etcétera– en el conjunto de la sociedad? ¿Cuál es el papel que desempeñan en los grandes problemas y sufrimientos que aquejan a la humanidad? Los niños pequeños creen que los problemas son ajenos a ellos, por este motivo conviene utilizar el ámbito institucional para que los estudiantes –niños, adolescentes y jóvenes- se den cuenta del modo en que nuestras emociones contribuyen a generar los problemas que asedian a la sociedad. ¿De qué modo, pues, podemos servirnos de la educación para atenuar el efecto de las emociones negativas y desarrollar emociones más positivas? Es mucha la investigación realizada en el ámbito de la salud física. Todos hemos oído hablar de la importancia del ejercicio, de la alimentación , y sabemos también que no existe un solo modo de hacer ejercicio, como ir al gimnasio o practicar algún deporte. En este sentido, la ciencia y la investigación nos han abierto muchas puertas. En el último siglo, sin embargo, la educación se ha desvinculado del ámbito religioso, y existe una gran preocupación por el hecho de que los estudiantes hayan dejado de recibir las enseñanzas que conforman el carácter y la personalidad. Por ello, desde hace unos años, cada vez con mayor ímpetu e intensidad, en nuestras instituciones –sean educativas o de otro carácter- se está expandiendo la necesidad de trabajar, introducir e implementar planes, programas y proyectos en torno a la “Convivencia”; y por doquier se trabajan en diversas modalidades que apuntan a lo mismo; Desarrollo Social, Manejo pacífico del conflicto, Convivencia Escolar, Ética y Valores Humanos, Competencias Ciudadanas, Destrezas para la vida, Aprendizaje social y emocional, Inteligencias personales, Inteligencia emocional, Pactos de convivencia, programación neurolingüística, Educación Emocional, y/o Ciencias del Yo. Debemos aprovechar lo mejor de esas perspectivas. Hay que tener en cuenta que no tendría prioridad conceptual y didáctica, sino básicamente experiencial, viva e interactiva. Son muchas las cosas que se nos ofrecen pero no hay nada mejor que combinar adecuadamente lo mejor de Oriente y de Occidente. Tenemos que disponer de tiempo suficiente para elaborar estos planes y programas. No sobra recordar que son programas no únicamente para estudiantes, sino también para los adultos –educadores, padres de familia-, y en parte también, porque son precisamente los adultos quienes poseen el poder y suelen tomar las decisiones peores y más crueles. En primer lugar, hay que desarrollar la sensibilidad hacia los signos sutiles de las emociones que se ponen de relieve en los rostros, las voces y los gestos de los demás. En segundo lugar, debemos enseñar a las personas a prestar atención a las sensaciones internas que acompañan a las emociones, para aumentar así su conciencia de la aparición de una emoción. –porque implica un cierto tipo de autoconciencia–, es posible aumentar la sensibilidad hacia las sensaciones corporales que las acompañan. Y, para ello, podríamos servirnos de las muchas técnicas de sensibilización corporal existentes. El tercer punto es un programa llamado Interpersonal, donde se trabajan con dos personas que se conozcan bien y donde puedan abordar y afrontar un determinado problema. En el momento en que se quedan atrapados en un determinado conflicto, se entrevista y visiona la problemática por separado con cada uno de ellos, pidiéndoles que expliciten los sentimientos inexpresados, es decir, las reacciones internas que tenían cuando perdieron el control. Luego ambos retoman la conversación en el punto en que la habían interrumpido.

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La idea consiste en proporcionar a las personas la oportunidad de revisar un determinado conflicto emocional con la ayuda de un asesor que pudiera ayudarles a

comprender mejor el proceso y a ensayar nuevos modos de afrontar los problemas. Si comenzamos apuntando al sistema educativo, todo el mundo podría aprovecharse de él, y tal vez luego pudiéramos desarrollar el equivalente en las escuelas de adultos. ¿De qué otro modo sino podríamos llegar a los adultos? El campo de la educación infantil pone de relieve que no basta con una práctica aislada, sino que es necesario un ejercicio repetido y cotidiano –o, al menos, regular y que se halle fuertemente recompensado. El cambio resulta difícil, y la eficacia de los talleres aislados y esporádicos o de simples cruzadas pasajeras suele ser muy limitada. “Por ejemplo, ¿Cuál es la diferencia que existe, entre los vendedores que facturan por valor de millones de pesos al año y aquellos otros que sólo lo hacen por miles? ¿Cuál creen que es la diferencia entre los trabajadores "estrella" y los simplemente mediocres? Esa diferencia no parece residir tanto en su habilidad técnica o en su inteligencia, como en el modo en que gestionan sus emociones –especialmente sus emociones negativas–, es decir, en su grado de motivación, su perseverancia y el tipo de relaciones que establecen o, en la sensibilidad hacia los demás, en el modo en que se relacionan con ellos. Ésa es, en última instancia, la variable más importante al respecto. Pero, las personas necesitan mucho tiempo para cambiar sus hábitos básicos, lo cual obliga a servirnos del entorno laboral para que, de ese modo, el ejercicio pueda ser continuo. “El difunto psicólogo de Harvard Lawrence Kohlberg, por ejemplo, llevó a cabo un trabajo muy importante en este sentido, y son muchas las escuelas que hoy en día aplican sus técnicas. Los niños de esas escuelas, por ejemplo, disponen de juegos diseñados para permitirles asumir la perspectiva de los demás . Estas escuelas funcionan como comunidades y en ellas ocurre algo parecido en el mundo empresarial, ya que el director y los maestros no dudan en sentarse a dialogar con los alumnos para asegurarse de que todo va bien”.11 “Tanto desde una perspectiva científica como espiritual, el reto fundamental al que nos

enfrentamos consiste en equilibrar adecuadamente el corazón y la mente y descubrir el mejor modo de enseñar a los niños a encontrar ese equilibrio”.12 "Aunque la sociedad no

lo mencione, el principal valor del conocimiento y de la educación es el de ayudarnos a comprender la importancia de disciplinar la mente y de comprometernos en acciones más sanas. El adecuado uso de la inteligencia y del conocimiento debe llevarnos emprender los cambios internos necesarios para alentar la bondad"13. Hay que subrayar que lo que más importa es el momento en que nos hallamos atrapados en una emoción, porque es

precisamente entonces cuando podemos aprender a gestionarlas mejor.

"En primer lugar, la investigación indica que, cuando los padres reconocen las emociones negativas de sus hijos –su ira y su tristeza– y les ayudan a afrontarlas, éstos acaban desarrollando, con el paso del tiempo, una mayor capacidad de regulación fisiológica de sus emociones y exhiben una conducta más positiva. Cuando, por el contrario, los padres ignoran esas emociones, se enfadan o castigan a sus hijos por tenerlas –y debo decir que son muchos los padres que, curiosamente, se enfadan con sus

11 12

Goleman Daniel. Op.Cit Página 132. Ibi.id. Pág. 147 13 Comentario de su santidad el 14º Dalai Lama: Tenzin Giatzo, Tíbet, 2001.

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hijos (aun cuando son bebés) por enfadarse–, el niño parece sacar la conclusión de que no debe compartir ciertas emociones y acaba desconectándose de ellas”14.

8.3. LA PRÁCTICA PEDAGÓGICA Primero calmarse y luego pensar
Se sabe que los programas eficaces en este orden se caracterizan por cinco rasgos básicos: 1º. Tienen que centrase en primera instancia en ayudar a los estudiantes a calmarse, es decir, a reducir el lapso de recuperación de la activación emocional independientemente de la emoción considerada. 2º. Deben contribuir a aumentar la consciencia de los estados emocionales propias y de los demás. 3º. Contribuir a la necesidad de hablar de las emociones y los sentimientos para resolver los problemas interpersonales. 4º. Desarrollar la capacidad de sentir, pensar y plantear anticipadamente el modo de evitar y resolver consciente y calmadamente las situaciones difíciles. 5º. Tener en cuenta los efectos de nuestro comportamiento y nuestras actitudes en los demás. Es un punto que implica tanto la empatía como la relación interpersonal.

Líneas directrices importantes
En los diversos estudios en este campo, se ha podido determinar que las emociones se atienen a ciertas reglas, a las que bien podrían llamarse principios. En este sentido, se podrán transmitir a los estudiantes –niños, adolescentes y jóvenes- y sus maestros cuatro grandes ideas. 1ª. Las emociones y los sentimientos son señales –que pueden provenir tanto del interior como del exterior y que, en consecuencia, nos proporcionan una información muy importante sobre uno mismo (sobre lo que uno necesita o desea) o sobre los demás (sobre lo que necesita o desea otra persona). Para poder ganar consciencia de ellas no sólo debemos darnos cuenta del modo en que nos sentimos, sino que también debemos conocer sus niveles de fuerza, alcance y poder sobre nosotros, e igualmente reconocer los rasgos característicos de mayor influencia en sí mismos y los demás. Además, tiene mucho que ver con la capacidad y la inteligencia para agudizar la observación. Es generalizado en los estudiantes e incluso más aún en los adultos, el miedo a sus emociones y sentimientos que, con mucha frecuencia, no saben separarlos de su comportamiento. Es necesario y urgente que todos sepamos que ellos están bien. Que lo que nos lleva a consecuencias funestas, son el ser sus esclavos, estar a su comando; en las reacciones no inteligentes provocadas por su influencia, el actuar mecánico e inconsciente.

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Goleman Daniel. Op.Cit Página 147.

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Es importante que los estudiantes se den cuenta de que todos sentimos, en diversas situaciones y condiciones, celos, avaricia, desilusión, ira…, el espectro completo, en suma, del mundo emocional. Pero hay que diferenciar que una cosa son los sentimientos y otra muy distinta nuestros comportamientos, y sólo ésta última puede estar bien o mal. Una cosa es la emoción y otra la conducta y que, si bien puede resultar difícil controlar la aparición de los celos, sí que podemos decidir comportarnos de un modo o de otro. 2º. Diferenciar claramente los sentimientos del comportamiento (reacción o actuación). En este caso, se trata de determinar qué tipos de comportamiento están bien y cuáles no lo están, algo que puede requerir mucho tiempo de trabajo hasta tener el propio control. Teniendo presente si nuestra conducta es manipulada por los estímulos externos, lo que estaríamos actuando como títeres de los demás; esa es la reacción. O por otro lado, actuar desde nuestra propia consciencia, la cual es un comportamiento autónomo que viene desde nuestro interior, no provocado por ningún condicionamiento externo –puya, insulto, gesto, problema, situación…Es muy frecuente que, cuando las personas experimentan ciertas emociones, como la ira, por ejemplo, si los estudiantes son castigados por ello, acaban confundiendo la emoción con la conducta y concluyan la inadecuación de ciertas emociones. Los sentimientos son, pues, naturales y no hay nada malo en ellos. 3º. Antes de pensar o tomar alguna decisión, deben calmarse previamente. Las emociones condicionan la mente para ver de un determinado modo. Por eso se insiste mucho en que, para poder ver con claridad lo que les está ocurriendo y actuar en consecuencia, primero deben calmarse, y, para ello, se enseñarán técnicas concretas a las que los estudiantes pueden apelar para tranquilizarse cuando se encuentran atrapados en una emoción. Lo que se quiere transmitirles es la necesidad de aprender a manejar mejor la excitación que acompaña a la emoción. Mostrarles que se pretende que se desembaracen de las emociones, tampoco que se repriman ni que se expresen compulsivamente; que lo único que se quiere es que se aprenda a calmarse para que luego puedan decirse a sí mismos: "Estoy enfadado. ¿Por qué estoy enfadado? ¿Qué puedo hacer con este enfado?" No se invita a que nieguen sus emociones, sino tan sólo a observarlas sin juicios de ningún tipo –porque son naturales-, a comprenderlas, a no rendirse a su influencia, a ser plenamente conscientes de ellas, a no ser objeto de ellas, a tener un control basado en el entendimiento y no en la represión. Saber que nosotros somos los dueños de nosotros mismos. 4º. Es la "regla de oro“, la auténtica obra maestra de la sabiduría universal: "Trata a los demás como quieras que ellos te traten a ti ", una idea que implica, obviamente, la necesidad de asumir el punto de vista de los demás.

Diversas estrategias, métodos, técnicas y ejercicios
Para avanzar en estos propósitos, se han desarrollado multitud de programas en los cuales se proponen cantidad de procedimientos llámense: talleres, estrategias, métodos, técnicas y/o ejercicios que conducen a elevar la capacidad humana de conocerse a sí

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mismos y a los demás. A continuación se esbozan algunas ideas que se usan para estos fines.  Como la tortuga15. "Con este cuento enseñamos a los niños a "hacer la tortuga" de muchos modos diferentes, dependiendo del contexto, pero recurriendo siempre al cuerpo. En la mayor parte de los casos, les enseñamos a respirar profundamente al tiempo que cruzan los brazos sobre el pecho. "Durante un minuto respiren profundamente. Entonces no sólo advertirán que esto resulta muy tranquilizador, sino que también se darán cuenta de que, en esa postura, difícilmente podrán dañar a alguien. El aprendizaje infantil se inicia a través de la acción física concreta y que sólo luego va tornándose más conceptual. Lo que queremos, en suma, es que asocien la noción de tranquilización a una acción y, además resulta muy difícil agredir físicamente a alguien cuando nos hallamos en esa postura. "Los niños no saben calmarse y, para ello, suelen requerir el apoyo de los adultos. Por ello, cuando un maestro ve que un niño parece muy enfadado, conviene que le coja de la mano y le diga: "Veo que estás muy enfadado. Vamos a tranquilizarnos. Yo lo haré contigo. Inspiremos juntos" y que, después de ello, agregue algo así como: "¿Ya estás más tranquilo?", remedando, de ese modo, la actitud de la madre cuando "consolida" y estructura la relación con su bebé. También en este caso es necesario que el maestro repita con el niño esta práctica todas las veces que haga falta, hasta que acabe internalizando esa habilidad esencial. "Pero, al mismo tiempo que enseñamos a los niños a "hacer la tortuga", también les enseñamos a hablar consigo mismos, como un modo de controlar su conducta, algo que, en ocasiones, se denomina autocontrol verbal. La idea consiste en que el niño aprenda a hablar consigo mismo y aprenda también a utilizar el lenguaje como un sustituto de la representación conductual y del exabrupto emocional. "Éste me parece un punto esencial, porque la autorregulación constituye el prerrequisito de toda acción responsable. No bastan, en este sentido, las admoniciones morales sin las habilidades subyacentes necesarias para llevarlas a la práctica. "Nosotros creemos que, a menos que los niños aprendan a calmarse cuando están alterados, su desarrollo moral y emocional correrá el peligro de quedarse estancado. Éste es un punto realmente esencial, porque resulta muy difícil y requiere mucha práctica. Y debo decirles que, como adulto, todavía estoy trabajando en ello.  Expresar lo que uno siente16 "Un segundo objetivo de nuestro programa consiste en que los niños se familiaricen con el mundo de las emociones. Para ello comenzamos con los sentimientos

evolutivamente más rudimentarios y luego vamos avanzando hasta los más complejos. Y eso lo hacemos clasificándolos en función de un código de colores. Nosotros nunca hablamos de sentimientos buenos y de sentimientos malos –porque, para nosotros, todos los sentimientos están bien-, sino de sentimientos amarillos y de sentimientos azules o de sentimientos cómodos y de sentimientos incómodos, respectivamente, porque es así
15 16

GOLEMAN, Daniel. “las emociones destructivas”. Pág. 151 GOLEMAN, Daniel. “las emociones destructivas”. Pág. 152-154

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como les hacen sentir internamente (aunque, en ocasiones, resulte un tanto complicado). Así, por ejemplo, cuando hablamos de "tener miedo", también solemos enseñarles al mismo tiempo el sentimiento opuesto, en este caso "estar seguro". “También les enseñamos a utilizar las "caras de sentimiento" en las situaciones reales. En ciertas ocasiones, por ejemplo, quizás al empezar el día, después del almuerzo o cuando están muy excitados, el maestro puede decirles: "Ahora quisiera que todo el mundo busque en su cuaderno la cara que mejor expresa cómo se siente". "Son muchos los sentimientos que, de este modo, enseñamos a los niños, empezando por los más rudimentarios (como sentirse feliz, triste, asustado y seguro), pasando luego a otros algo más complejos (como sentirse decepcionado u orgulloso), otros más evolucionados (como sentirse avergonzado o humillado) y, en el caso de niños de más de once años, a sentimientos todavía más sofisticados (como sentirse rechazados y sentir perdón). "En las primeras lecciones también les enseñamos a utilizar una tarjeta en blanco –a la que denominamos "privado"– para transmitirles la idea de que no siempre están obligados a mostrar lo que sienten, independientemente de que ese sentimiento les haga sentir cómodos o incómodos. Recuerdo, en este sentido, el caso de un niño sordo de unos nueve años que, un buen día, dijo a su maestra: "Necesito una cara nueva, porque no tengo ninguna que exprese lo que siento". "¿Y cómo te sientes?" –Le preguntó entonces su maestra, -"Malo/feliz", respondió éste, en el lenguaje de los signos. Y, cuando su maestra le pidió que explicara lo que quería decir con ello, éste replicó: "Es lo mismo que siento al reírme cuando alguien tropieza". Pasamos un año entero en el laboratorio debatiendo el mejor nombre para ese sentimiento y finalmente nos decidimos a llamarlo "malicia". "Este tipo de aprendizaje no sólo ayuda a los niños a reconocer lo que ocurre en su interior (o lo que ocurre en el interior de otra persona), sino que también transmite la idea de que expresar los sentimientos contribuye de manera positiva a resolver los problemas. "El caso de la burla es un fenómeno muy complejo porque, aunque la mayor parte de las veces en que alguien se burla de un niño éste se siente dolido, humillado y confundido, también hay circunstancias en que contribuye a integrarles en el grupo. A pesar de ello, no obstante, los niños suelen considerar negativa cualquier tipo de burla. A eso de los diez años, cuando los niños se agrupan en pandillas, aparece un nuevo tipo de conducta, el cotilleo, que les lleva a pasar mucho tiempo contando historias sobre éste y sobre aquél, lo que puede resultar muy molesto, porque es muy difícil controlar sus emociones cuando los demás no dejan de contar mentiras sobre él." “Es muy importante que el niño sepa tranquilizarse cuando siente que alguien está burlándose de él y que sepa discriminar también con claridad si es un mero juego u oculta alguna intención aviesa. Tengamos en cuenta que los niños agresivos y los que se sienten fácilmente dañados suelen reaccionar de un modo casi automático. “También hay maestros que, cuando el niño se queda atrapado en una emoción, se sienten emocionalmente perturbados. En tal caso, nosotros les sugerimos que digan algo así como: "Pareces muy molesto y ahora yo también estoy empezando a estarlo. Necesitamos calmarnos". Y una forma de hacerlo consiste en que los niños rebusquen entre las "caras de la emoción" la que más claramente exprese lo que están sintiendo. “Se trata de utilizar el centro del lenguaje de la parte racional del cerebro para empezar a comprender –y, de ese modo, controlar la emoción. Desde la perspectiva, se trataría de atender a otra cosa para que la mente pueda recuperar un estado de neutralidad.

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El período que va desde los tres hasta los ocho o nueve años –en el que, dicho sea de paso, aprenden a designar las emociones– es el más adecuado para establecer esas vías neuronales. Como ustedes saben, siempre es más difícil reaprender que aprender. Vale más un gramo de prevención que un kilo de psicoterapia, de desintoxicación o de prisión.

 El semáforo17
"Se trata de un póster desarrollado por Roger Weissberg y sus colegas de la Yale University. Es un póster de un semáforo, en el que cada una de las luces representa un paso diferente del proceso de aprendizaje de los fundamentos del autocontrol: Rojo: Respira lenta y profundamente. Formula el problema y di cómo te sientes. Amarillo: ¿Qué es lo que puedo hacer? ¿Funcionará? Verde: Lleva a la práctica la mejor de las alternativas. ¿Cómo ha funcionado? “Es que las emociones transmiten información de modo que, cuando uno siente una emoción, lo primero que tiene que hacer es detenerse y calmarse. Éste es, precisamente, el paso que la anciana tortuga sabia enseñó a la tortuguita, ya que la luz roja supone inspirar lenta y profundamente y hablar luego del problema y de cómo se siente consigo mismo o con cualquier otra persona. "Después de enseñar a los niños el significado de la luz roja pasamos a la luz amarilla. La idea, en este punto, consiste en generar soluciones alternativas a los problemas y ejercitarlas posteriormente mediante el juego de roles. Para ello es muy importante crear el contexto adecuado; en ese sentido, el maestro debería crear, en el aula, un clima muy familiar, como si se tratara de una familia fuera de casa. Y, puesto que las familias son entornos seguros, las soluciones generadas no deberían dañar a nadie. Es cierto que uno no tiene que ser amigo de todo el mundo, pero no lo es menos que debe aprender a relacionarse bien con los demás. Así pues, es muy importante comprender que uno está en un aula y que no debe dañar a nadie. "Como resultado de nuestra filosofía, no perdemos tiempo dejando que los niños generen soluciones agresivas y negativas, porque eso es algo completamente improductivo. En lugar de ello, les preguntamos "¿Qué harías –si el objetivo es el de llevarte bien con los demás o, al menos, el de no pelearte con ellos si ahora mismo escuchases a alguien bromeando a tus espaldas? ¿Qué podrías hacer si alguien te empujara mientras estás en la cola y te enfadaras con él?". Luego les invitamos a ejercitar en la práctica las distintas alternativas generadas y, finalmente, les preguntamos cómo funcionó. "Ese póster está en todas partes, en el aula, en las puertas del patio de recreo, en el restaurante y hasta en el despacho del director. Hay escuelas en las que, en el patio de recreo, existen varios conos rojos –como los que, en ocasiones, se utilizan a modo de balizas de tráfico a los que pueden dirigirse aquellos niños que se encuentren mal y no quieran ser molestados. "En este mismo sentido, hay ocasiones en las que también disponemos en las últimas filas del aula de lo que llamamos "mesa de paz", "silla de paz" o lo que, en las escuelas del pasado, se denominaba "sillas de tiempo muerto". Éstas servían para que los niños se
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GOLEMAN, Daniel. “las emociones destructivas”. Pág. 154-155

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tranquilizasen después de una rabieta aunque, en ocasiones, las consideraban un castigo. Hoy en día, sin embargo, se trata de sillas marcadas con un círculo rojo a las que pueden recurrir los niños que se encuentren muy alterados para tranquilizarse y pensar en sus posibles alternativas de acción." “También utilizan un programa centrado en la resolución de conflictos en el que se enseña a los niños mayores a mediar en los conflictos de los más pequeños. Ese programa, por ejemplo, enseña a los niños de once años a pasear por el patio de recreo de la escuela y a intervenir cada vez que vean a un pequeño en problemas. En las escuelas en las que se aplica el programa, esos mediadores portan una camiseta con la imagen del semáforo, lo que le convierte en un símbolo muy concreto que está en todas partes. De este modo, cuando interviene el niño mayor, dice algo así como: "Parece que aquí hay un problema. Luz roja, es decir, calmémonos", y luego "Ahora pasaremos a la luz amarilla. Primero hablarás tú, y el otro escuchará y luego intercambiaremos los papeles". Nuestro programa además disminuye la incidencia de los factores de riesgo que acompañan al hecho de no poder calmarnos, de no poder asumir el punto de vista de los demás y de no poder pensar detenidamente en un determinado problema. Así es como gradualmente vamos reduciendo la tasa de conductas agresivas y de los problemas ligados a la expresión de las emociones destructivas." Pág. 155 "El maestro no siempre puede utilizar el modelado para enseñar las habilidades de la tranquilización, de hablar consigo mismo y de utilizar adecuadamente su inteligencia, pero cuando tal cosa es posible, sus beneficios son considerables. Esto parece confirmar la idea de Aristóteles, señalada ya por Owen, de que el contacto con un anciano sabio contribuye a armonizar las virtudes. Este proceso es tan esencial que la investigación ha demostrado que, si el maestro no modela con su conducta lo que está enseñando, el niño no aprende a utilizar esas habilidades. “Cuando su hijo está enfadado o triste, no se alejan de él ni le castigan, sino que le ayudan a comprender que no existe ningún motivo para que se vean desbordados por los sentimientos, que todos los sentimientos están bien, que ése es un fenómeno natural y que es posible modificarlo. Y también hay que decir que esos niños aprenden las mismas habilidades positivas, una conducta más adecuada y una mayor capacidad de controlar su excitación fisiológica.

 Sitios, espacios y tiempos en el aula
Estas son sugerencias o ideas generadoras con las cuales pueden constituirse en semilleros de otras estrategias que se pueden utilizar permanentemente en el aula o en el plantel de la institución.

Momento de Calma: Es un espacio y un tiempo para ir hacia dentro se sí mismos. El docente lo puede usar al iniciar su clase o el día escolar. En estos momentos pueden utilizarse para realizar diversos ejercicios o actividades en los que se irán construyendo situaciones habituales y propicias para desarrollar estrategias de la ciencia interna; como es el caso de la observación de sí, el auto recuerdo, la meditación, estar aquí y ahora, relajación, u otras técnicas para acercarnos cada vez más a nuestro propio ser interno. Es un lugar para estar tranquilo y pensar con gratitud.

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con el propósito de darle el espacio suficiente a los procesos de observación de la emergencia emocional, sobre todo las conocidas como negativas y/o destructivas. El educando puede utilizar ciertos minutos para calmarse, esperar que la borrasca emocional pase a través de su sentir

Rincón o cubículo de la paz: Es implementar el ejercicio de aislarse voluntariamente

Expresiones del tiempo: Son espacios que el educador puede brindar a los educandos para hacer viajes retrospectivos o proyectivos de manera muy conscientes en los que se tenga oportunidad de realizar observaciones de los sentires, y desde los cuales en sus extremos de vivencia nos producen diversas y múltiples emociones que nos mantienen o nos provocan estados psicológicos que no son de nuestro agrado. Así, se mencionan: Emociones provocadas por vivir en exceso de pasado: Culpa, Queja, Lamentos, Resentimiento, Crítica, Tristeza, Amargura, Resistencia, Juicios, Acusaciones, Desazón, Odio, Rencor, Nostalgia, Depresión. Emociones provocadas por vivir en un exceso de futuro: Incomodidad, Ansiedad, Angustia, Stress, Depresión, Miedo, Mal genio, Preocupación, Impotencia, Tensión, Temor. Así mismo es imprescindible ir interiorizando la necesidad urgente del vivir el presente que aunque es solo un muy delgado límite entre el tiempo sicológico del pasado o el futuro, pero el presente es el único tiempo real con el que verdaderamente se cuenta, por eso, a ese presente consciente permanente es al que se le denomina el instante, el momento. Sólo aquí es donde podemos estar plenamente conscientes, el Aquí y el Ahora. Cuando se logra ubicarse en el centro de él, es cuando la persona se puede dar cuenta de que aquí, no existen problemas, es para vivir sin Saldos, sin expectativas, sin deseos, sin tiempo, sin aplazamientos; es realmente cuando se puede vivir intensamente. Y por otro lado, cuando uno aprende ciertas prácticas o técnicas meditativas, se da cuenta de la posibilidad de vaciar la mente de todos los estados emocionales aflictivos.
nuestras relaciones humanas es el mejor gimnasio donde podemos conocernos, sobre todo cuando el otro pulsa los botones precisos que mueven nuestras emociones. Son las oportunidades para saber lo que sentimos y porqué lo sentimos; qué es realmente lo que subyace en nuestros adentros ante el surgimiento de cierto tipo de emociones, que incluso se salen de nuestro control. Aunque también pueden presentarse emociones constructivas como la compasión, que parece una condición en la que uno se torna sensible a las emociones de los demás. En tal caso, uno es capaz de advertir y saber lo que sienten, pero la compasión trasciende la mera empatía. Puede utilizarse para preguntarnos: ¿Por qué resulta tan difícil de cultivar y desarrollar? ¿Cualquier persona puede ser compasiva? ¿Poseen ciertas personas una predisposición especial hacia ella y, en tal caso, por qué? El ejemplo más adecuado para abordar el tema de la compasión puede ser el de la dedicación y preocupación incondicional que existe entre una madre y su hijo. Se trata de un estado tan intenso que no hay palabras para describirlo, un estado que, en sí mismo, impide la aparición de muchas actitudes negativas. Ello no quiere decir que la madre no se enfade nunca con su hijo, pero lo cierto es que -al menos desde una perspectiva ideal- nunca le hará daño.

El espejo: es el tiempo o los minutos dedicados a mirarnos a sí mismos en el otro. En

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Aquí cabe cuestionarnos constantemente, ¿cómo podríamos controlar mejor nuestras emociones destructivas? Lo cierto es que en nuestras instituciones educativas muy poco se sabe al respecto. Lo mejor puede ser que cada persona tenga la posibilidad de elegirlas, pero lo que ocurre es que no sabemos el modo en que se desencadenan las emociones, aunque parece que suceden de manera automática y que su puesta en marcha se produce fuera de nuestra conciencia. Sin embargo, y como hemos visto anteriormente podemos ser nuestros propios amos; y el mejor sitio para entrenarnos y averiguarlo en el las relaciones humanas, en la interacción con el otro en la vida cotidiana. Todo está en nuestras manos, la decisión es nuestra. El cambio en nuestras instituciones obviamente debe comenzar con los docentes. La gente no se resiste a la idea de que la sociedad deba cambiar, sino a aceptar que son ellos mismos quienes deben de hacerlo. Es como si hubiera una inercia y un miedo que nos llevase a pensar: "Es demasiado difícil... No creo que pueda hacerlo... Tal vez sirva para escribir libros, pero ¿serviré para otra cosa? Puede que no". “El cristianismo, el judaísmo y hasta la ciencia no parecen creer que podamos cambiarnos a nosotros mismos desde el interior. Nosotros solemos creer que los cambios siempre proceden del exterior. En el caso de la tradición judeocristiana, el cambio proviene de la bendición de Dios o de la gracia mientras que, desde la perspectiva de la ciencia, procede de los fármacos o de la terapia genética, por ejemplo”18. El hecho de que los maestros sean modelos para alentar la compasión del alumnado abre una puerta a la esperanza en el mundo educativo. El aprendizaje mental y emocional debe formar parte integral de cualquier programa educativo.

Buscamos afuera, porque nos sentimos vacíos por dentro

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GOLEMAN, Daniel. “las emociones destructivas”. Pág. 169

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