La Expedición de la Baronesa de Al-Majid (II Parte

)

Recepción en Azub

Zekares y su hijo Bresal habían sido hechos prisioneros por un grupo de exploradoras guenvaias, quienes dejaron que su suerte la definiera la Comandante de la Guarnición de Azub, capital de la Colonia Guenva. Después de una extenuante marcha por las selvas que cubren la Colonia, los dos representantes del Imperio Sudju fueron puestos a disposición de la brutal guerrera, afamada por su crueldad contra hombres y mujeres.

Ched Ah´Kara, mejor conocida como Chedka, pidió ver a los dos desdichados apenas tuvo noticias de su confinamiento en las celdas de los barracones. Le extrañaba que dos hombres hubieran ingresado a la Colonia, desarmados y presentándose como emisarios; temía que sus exploradoras hubieran cometido un error y aquellos sujetos fuesen realmente quienes decían ser.

Chedka sabía que el Imperio jamás enviaría a dos hombres como espías; sus agentes habían sido siempre mujeres, por obvias razones. Ella misma se había encargado del interrogatorio de muchas y tenía bastante práctica en el reconocimiento de infiltradas; el modus operandi tradicional, era el de usar a alguna desventurada provinciana de las riberas, a la que capturaban los exploradores del río y una vez en sus manos, le ofrecían una generosa oferta por su libertad y cuantiosas recompensas por la información veraz

que suministrase sobre movimientos de tropas, ubicaciones de las guarniciones, moral de la población y todo aquello que el Imperio tuviera interés en conocer. Eran realmente pocas las que llegaban a pasar uno o dos mensajes antes de ser capturadas por sus exploradoras.

Por ese motivo, Chedka tenía interés en hablar con los dos prisioneros cuanto antes. Los hizo llamar a su despacho, una modesta sala de rústica decoración, atestada de tablillas y pergaminos. Cuando los tuvo ante sí, pudo comprobar que aquellos dos sujetos, en las condiciones físicas en que presentaban, no podían ser militares y mucho menos, exploradores; estaban pálidos, parecían enfermos, el agotamiento les asomaba por los ojos y no podían dejar de temblar.

Sólo con verlos, la comandante se convenció de que no eran una amenaza y ordenó que los dos hombres fueran tratados con la dignidad de su cargo; sin embargo, pidió que una vez estuviesen limpios, hubieran comido y recuperado sus fuerzas, fueran conducidos nuevamente a su presencia, para una audiencia previa antes de ser presentados ante la Reina.

Bresal nos describe que pudo darse cuenta de las intenciones lujuriosas de la comandante Chedka desde la primera vez que la vio. Asegura él que aquella mujer, de estupendo cuerpo, piel bronceada y provocativo rostro, lo escogió desde que lo viera, sin reparar en lo lamentable de su estado y afirma que fue su encanto el que los salvó, a él y su padre, de una muerte segura; aunque Bresal exagera esa primera impresión, sí es cierto que Chedka lo eligió y convirtió en su amante, pero pasados ya algunos meses de su llegada a Azub.

La impresión de Bresal acerca de su encanto pudo ser también distorsionada por el desconocimiento que tenía acerca de las necesidades de las mujeres amazonas. En todos los rincones del Reino, los hombres eran escasos y sin excepción alguna – salvo algún forajido – eran esclavos, por lo que cualquiera que se adentrase en el Reino era apetecido. Aunque Bresal deja entrever en sus escritos que tal afirmación sobre las necesidades sexuales de las amazonas no son ciertas, debido a que sus capturas nunca los requirieron para un favor de dicha naturaleza, desconoce que las exploradoras, como guerreras que son, se cuidan mucho de los embarazos, debido a que una guerrera gestante es repudiada por sus compañeras y en algunas tribus del remoto sur del Reino, son incluso condenadas a muerte por semejante ultraje1; esto, unido al hecho de que existe un reconocimiento tácito en que un hombre que va a ser presentado a una superiora, le corresponde a ésta y sería una ofensa haberse unido a él antes.

Sin embargo, sí es probable que Chedka haya saciado su lujuria con alguno de los dos hombres, si no con ambos, pero su amorío con Bresal es posterior y responde más al hecho de la cercanía que éste y su padre alcanzaron con la Reina.

Ambos fueron presentados, luego de pasar algunos días bajo la hospitalidad de Chedka, a la Regente Midarka, tía de Niva, heredera al trono, pero quien para ese momento tenía

1

Las amazonas encargan las labores reproductivas a las Gestantes, mujeres que dedican sus vidas a embarazarse y parir hijos; todas las amazonas, salvo contadas excepciones, son hijas de un esclavo y una Gestante, aunque a la Gestante nunca se le reconoce como madre y mucho menos, al esclavo como padre. La severidad en las normas sobre embarazos que cobijan a las guerreras, responden al hecho de que una mujer embarazada es incapaz de combatir y aún después del embarazo, la fortaleza y energía de su cuerpo nunca serán iguales.

sólo quince años y no podía ejercer su título a plenitud2. La Regente era una mujer muy mayor, que sobrepasaba los setenta años, pero en cuya actitud, porte y vestuario se veía a una persona que no sólo anhelaba vivir cien años más, sino que se creía con cincuenta menos. A pesar de sus años, dejaba sus pechos descubiertos y andaba bastante ligera de ropa, cual si fuese una joven guerrera, lo que causó estupor en los dos hombres.

Pero si la tutora causaba repugnancia, su sobrina era todo un encanto: su juventud no solo emanaba belleza, sino sensualidad; delicado y hermoso rostro, grandes ojos azul topacio, resaltados por el color canela de su suave piel; su cabello castaño claro, largo y muy liso, caía armoniosamente por sus pequeños, redondos y firmes pechos, expuestos en todo su esplendor, que antecedían un sensual abdomen, coronado por un largo y profundo ombligo, decorado con una fina joya incrustada; espléndidas caderas, no muy anchas pero tampoco demasiado estrechas, en cuya periferia se cernía una falda muy corta de delgada seda, que dejaba entrever a la luz la unión de sus dos moldeadas y largas piernas, así como su tierno sexo.

Aunque muy joven, la encantadora y provocativa imagen de Niva cautivó el corazón de los dos hombres, quienes gracias a las hábiles dotes de la comandante para con sus huéspedes, ya se sentían en un paraíso de mujeres reservado sólo para ellos dos, y aunque empezaban a despertar cierto interés en todas aquellas que los rodeaban, el desprecio de las amazonas por el género masculino era enconadamente fuerte y no les sería sencillo ganarse el aprecio de sus anfitrionas.

2

Niva es hija de Ighilt III, quien falleció cuando ella tenía apenas tres años de nacida, por lo que Midarka estaba bastante bien acomodada en el poder cuando Zekares y su hijo visitaron el Reino.

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