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04/26/2014

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En los escritos de Kandinsky aparecen frecuentemente términos y expresiones
propias del lenguaje evolucionista. La evolución, es decir, la idea de que el
mundo en el que vivimos se encuentra en constante transformación es, para
Kandinsky, una realidad innegable. En Punkt und Linie afirma que los
elementos que intervienen en una composición, incluso la misma superficie
pictórica, son como seres vivientes que evocan sensaciones táctiles, sonoras,
visuales, etc., seres que respiran, que evocan la libertad misma, y que se
desarrollan y transforman, mediante un manejo correcto, en nuevos
organismos.1

En 1913, en “Malerei als reine Kunst” después de hacer un somero balance
histórico de la pintura, afirma:

Con estas breves palabras he querido esbozar un esquema muy
general de toda la evolución y de la situación actual.
Naturalmente, muchas preguntas han quedado sin respuesta, y
tampoco se han tratado las desviaciones y saltos inevitables en cada
evolución como las ramas que le nacen al árbol a pesar de su impulso
de crecer hacia arriba.
También la futura evolución que aguarda la pintura sufrirá múltiples
contradicciones y desviaciones aparentes, como le sucedió a la música,
que ya conocemos como arte puro.2

En “Und”, un artículo escrito en 1927, compara los acontecimientos del siglo
XIX con los del siglo XX, asemejando los primeros a lo que serían unos
cambios casi imperceptibles, unas variaciones insensibles. En cambio,
Kandinsky habla del siglo XX como de una época de revolución, una época en
la que el progreso –científico, técnico, económico, político, social, etc.–
supondría una profunda transformación de la sociedad: algo que en
terminología evolucionista llamábamos una variación brusca:

(...) el camino revolucionario se revela como un proceso de evolución.
El fluir invariable y los saltos suelen presentarse en la perspectiva
histórica como un hilo recto. De cuando en cuando se vuelve invisible;
entonces parece roto.3

1

Cfr. PL, pp. 104-105.

2

Bill (ed.), Escritos sobre arte y artistas. Vasili Kandinsky, p. 60.

3

Ibid., p. 93.

232

Kandinsky recurre al término evolución para expresar que el arte –la pintura
en su caso– es algo en perpetuo cambio. Habla del proceso evolutivo de la
pintura –muy parecido al de la música– como una tendencia: el elemento
figurativo de la forma debe dejar paso al que llama elemento abstracto. La
evolución, es decir, las transformaciones que sufren las formas, adquiere una
dirección que es coordinada por algo exterior a esas formas: “la necesidad
interna”. Kandinsky acepta un principio de finalidad externo en la evolución.
Además, acepta también que en este proceso se produzcan desviaciones, vías
que mueren al no progresar, experiencias pictóricas que no consiguen su
objetivo. En “Und” afirma que

a la pintura le corresponde inspirar a todas las demás artes y encarrilar
su evolución.4

En 1930, en una carta dirigida al editor de Das Kunstblatt recordando las
actividades del grupo Der Blaue Reiter, dice:

Mi plan para el siguiente libro de El Jinete Azul era la yuxtaposición de
arte y ciencia: su origen, su evolución en el modo de trabajo y su
finalidad.5

Las leyes de la naturaleza –cuya realidad es un perpetuo devenir– se
convierten en un referente para el arte. En Punkt und Linie Kandinsky
sostiene que las construcciones de la naturaleza, al igual que en la pintura
abstracta, se dividen en aquellas que presentan formas claras, exactas y
geométricas y las que se componen de líneas libres o no geométricas. En este
contexto afirma:

Este parentesco –podría llamarse también “identidad”– es un elocuente
ejemplo de las conexiones entre las leyes del arte y la naturaleza. Sin
embargo, de tales casos no deben extraerse falsas consecuencias: la
diferencia entre arte y naturaleza no radica en las leyes fundamentales
sino en el material que utiliza cada una y que está ordenado a esas
leyes. Las propiedades fundamentales de los diferentes materiales no
deben ser desatendidas: el conocido elemento básico de la naturaleza,
la célula, se encuentra en permanente movimiento, mientras que el

La expresión “como un hilo recto” podría darnos a entender que Kandinsky considera la evolución
como una serie de grados sucesivos de una misma tendencia cuando, según Bergson, la
evolución es una imprevisible creación de formas en una infinidad de direcciones divergentes de
una actividad que se ha partido al crecer. Creemos que Kandinsky quiere expresar con esta frase
la visión global que se tiene del cambio una vez transcurrido un cierto tiempo desde los
acontecimientos referidos.

4

Ibid., p. 96.

5

Ibid., p. 126.

233

elemento básico de la pintura, el punto, desconoce el movimiento, es
quietud.6

¿Cuáles son esas leyes fundamentales que Kandinsky considera comunes al
arte y a la naturaleza? ¿Cómo afectan al material que usa y a su trabajo como
pintor?

En estos escritos reencontramos también los problemas que aparecían en las
obras de Bergson: necesidad y libertad, materialismo y espiritualismo,
creación y evolución. Descubrimos el uso de nociones y de una terminología
bergsoniana –la intuición como algo opuesto al cálculo matemático, la materia
y la vida, el movimiento, el tiempo y el espacio, lo objetivo y lo subjetivo, lo
homogéneo y lo heterogéneo, lo continuo y lo discontinuo, la adaptación de
las formas a unas necesidades o funciones externas a ellas...– nos llevan a
suponer una recepción del evolucionismo en Kandinsky a través de los
escritos de Bergson. ¿Cómo adapta Kandinsky las nociones bergsonianas y
qué uso hace de ellas? En nuestro trabajo también descubrimos algunos
textos en los cuales Kandinsky no utiliza ciertos términos en el mismo sentido
que lo haría Bergson. ¿Significa que Kandinsky interpretó erróneamente esos
textos, difíciles, de Bergson?

Algunos textos de Kandinsky nos remiten a escritos de Bergson. Unas frases
de “Rückblicke” nos recuerdan aquellas otras en las que Bergson sostiene que
el proceso evolutivo es creación, aunque nuestra inteligencia, hecha para el
conocimiento de lo material, sólo sea capaz de representarse cosas y estados
más bien que cambios y actos. Ese proceso es semejante a “un centro del
cual brotarían los mundos como los cohetes de un inmenso ramillete –con tal,
sin embargo, que no se considere ese centro como una cosa, sino como una
continuidad de surgimiento–. Así definido, Dios no es algo completamente
hecho; es vida incesante, acción, libertad”.7

El texto de Kandinsky dice:

[El arte es en muchos puntos semejante a la religión] [en la versión
rusa, dice: “El desarrollo del arte es semejante al desarrollo del
conocimiento no material”], su evolución no está hecha de
descubrimientos nuevos que anulan antiguas verdades, marcándolas
con el sello del error (como aparentemente ocurre con las ciencias). La
evolución del arte se produce en virtud de súbitos resplandores,
semejantes al relámpago, en virtud de explosiones que estallan en el
cielo como los cohetes de un fuego de artificio, para esparcir alrededor
de ellos todo un “castillo” de estrellas con múltiples fulgores.8

6

PL, pp. 96-97.

7

EC, p. 706, 249.

8

R, p. 121. Bouillon observa que “Kandinsky emplea la palabra Bukett transcrita del francés, en
lugar de la palabra alemana Strauss (o Büschelfeuerwerk, en el caso de fuego de artificio)”.
Bouillon (ed.), Wassily Kandinsky. Mirada retrospectiva, p. 280.

234

Como ya hemos dicho en el capítulo anterior, en Über das Geistige no
podemos prescindir de ese punto de partida bergsoniano del yo profundo que
es consciente de una continuidad de fluencia, de una sucesión de estados. Un
yo interior que nunca se puede recomponer yuxtaponiendo estados
psicológicos –estados que en Kandinsky son consecuencia de un análisis, de
una fragmentación–. Ese análisis psicológico kandinskyano –ver, sentir,
saborear, oír, etc., un color o una nota musical– se basa en esa intuición
simple del alma que, estrechamente unida al cuerpo, provoca conmociones y
sentimientos por asociación. En la introducción de este libro, Kandinsky
expone una serie de ideas que nos remiten a esa dualidad bergsoniana entre
el mudo físico y el psicológico, entre la materia y la vida, entre la movilidad y
la estabilidad... Además, términos como conocimiento, duración, movimiento,
espíritual, fin, etc., quedan reflejados en las palabras de Kandinsky en estos
párrafos:

Antes dijimos que el arte es hijo de su tiempo. Tal arte sólo puede
repetir artísticamente lo que ya satura claramente la atmósfera del
momento. Este arte, que no encierra ninguna potencia del futuro, que
es sólo un hijo del tiempo y nunca crecerá hasta ser engendrador del
futuro, es un arte castrado. Tiene poca duración y muere moralmente
en el momento en que desaparece la atmósfera que lo ha creado.
El otro arte, capaz de evolución, radica también en su período
espiritual, pero no sólo es eco y espejo de él sino que posee una fuerza
profética vivificadora, que puede actuar amplia y profundamente.
La vida espiritual, a la que también pertenece el arte y de la que el
arte es uno de sus más poderosos agentes, es un movimiento
complejo pero determinado, traducible a términos simples, que
conduce hacia delante y hacia arriba. Este movimiento es el del
conocimiento. Puede adoptar diversas formas, pero en el fondo
conserva siempre el mismo sentido interior, el mismo fin.9

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