Homero

ILÍADA
CANTO I* Peste - Cólera
* Después de una corta invocación a la divinidad para que cante "la perniciosa ira de Aquiles", nos refiere el poeta que Crises, sacerdote de Apolo, va al campamento aqueo para rescatar a su hija, que había sido hecha cautiva y adjudicada como esclava a A amenón! éste desprecia al sacerdote, se nie a a darle la hija y lo despide con amena"adoras palabras! Apolo, indi nado, suscita una terrible peste en el campamento! Aquiles re#ne a los uerreros en el $ ora por inspiración de la diosa %era, y, habiendo dicho al adivino Calcante que hablara sin miedo, aunque tuviera que referirse a A amenón, se sabe por fin que el comportamiento de A amenón con el sacerdote Crises ha sido la causa del enojo del dios& 'sta declaración irrita al rey, que pide que, si ha de devolver la esclava, se le pre pare otra recompensa! y Aquiles le responde que ya se la dar$n cuando tomen (roya& Así, de un modo tan natural, se ori ina la discordia entre el caudillo supremo del ejército y el héroe m$s valiente& )a ri*a lle a a tal punto que Aquiles desenvaina la espada y habría matado a A amenón si no se lo hubiese impedido la diosa Atenea! entonces Aquiles insulta a A amenón, éste se irrita y amena"a a Aquiles con quitarle la esclava +riseida, a pesar de la prudente amonestación que le diri e ,éstor! se disuelve el $ ora y A amenón envía a dos heraldos a la tienda de Aquiles que se llevan a +riseide! -lises y otros rie os se embarcan con Criseida y la devuelven a su padre! y, mientras tanto, Aquiles pide a su madre (etis que suba al .limpo a impetre de /eus que conceda la victoria a los troyanos para que A amenón comprenda la falta que ha cometido! (etis cumple el deseo de su hijo, /eus accede, y este hecho produce una violenta disputa entre /eus y %era, a quienes apaci ua su hijo %efesto! la concordia vuelve a reinar en el .limpo y los dioses celebran un festín espléndido hasta la puesta del sol, en que se reco en en sus palacios&

0 Canta, oh diosa, la cólera del 1elida Aquiles! cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al %ades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hi"o presa de perros y pasto de aves 2cumplíase la voluntad de /eus2 desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles& 3 4Cu$l de los dioses promovió entre ellos la contienda para que pelearan5 'l hijo de )eto y de /eus& Airado con el rey, suscitó en el ejército mali na peste, y los hombres pe2 recían por el ultraje que el Atrida infiriera al sacerdote Crises& 6ste, deseando redimir a su hija, se había presentado en las veleras naves aqueas con un inmenso rescate y las ínfulas de Apolo, el que hiere de lejos, que pendían de $ureo cetro, en la mano! y a todos los aqueos, y particularmente a los dos Atridas, caudillos de pueblos, así les suplicaba7 08 29Atridas y dem$s aqueos de hermosas rebas: )os dioses, que poseen olímpicos palacios, os permitan destruir la ciudad de 1ríamo y re resar feli"mente a la patria: 1oned en libertad a mi hija y recibid el rescate, venerando al hijo de /eus, a Apolo, el que hiere de lejos& ;; (odos los aqueos aprobaron a voces que se respetara al sacerdote y se admitiera el espléndido rescate! mas el Atrida A amenón, a quien no plu o el acuerdo, le despidió de mal modo y con altaneras voces7 ;< 2,o dé yo conti o, anciano, cerca de las cóncavas naves, ya porque ahora demores tu partida, ya porque vuelvas lue o, pues qui"$s no te val an el cetro y las ínfulas del dios& A aquélla no la soltaré! antes le sobrevendr$ la veje" en mi casa, en Ar os, lejos de su patria, trabajando en el telar y adere"ando mi lecho& 1ero vete! no me irrites, para que puedas irte m$s sano y salvo& == Así dijo& 'l anciano sintió temor y obedeció el mandato& >uese en silencio por la orilla del estruendoso mar! y, mientras se alejaba, diri ía muchos rue os al soberano Apolo, a quien parió )eto, la de hermosa cabellera7

=8 29?yeme, t# que llevas arco de plata, prote es a Crisa y a la divina Cila, a imperas en (énedos poderosamente: 9.h 'sminteo: @i al una ve" adorné tu racioso templo o quemé en tu honor pin Aes muslos de toros o de cabras, c#mpleme este voto7 91a uen los d$naos mis l$ rimas con tus flechas: B= Así dijo ro ando& .yóle >ebo Apolo e, irritado en su cora"ón, descendió de las cumbres del .limpo con el arco y el cerrado carcaj en los hombros! las saetas resonaron sobre la espalda del enojado dios, cuando comen"ó a moverse& Cba parecido a la noche& @entóse lejos de las naves, tiró una flecha y el arco de plata dio un terrible chasquido& Al principio el dios disparaba contra los mulos y los $ iles perros! mas lue o diri ió sus amar as saetas a los hombres, y continuamente ardían muchas piras de cad$veres& D= Durante nueve días volaron por el ejército las flechas del dios& 'n el décimo, Aquiles convocó al pueblo al $ ora7 se lo puso en el cora"ón %era, la diosa de los níveos bra"os, que se interesaba por los d$naos, a quienes veía morir& Acudieron éstos y, una ve" reunidos, Aquiles, el de los pies li eros, se levantó y dijo7 DE 29Atrida: Creo que tendremos que volver atr$s, yendo otra ve" errantes, si escapamos de la muerte! pues, si no, la uerra y la peste unidas acabar$n con los aqueos& Fas, ea, consultemos a un adivino, sacerdote o intérprete de sue*os 2pues también el sue*o procede de /eus2, para que nos di a por qué se irritó tanto >ebo Apolo7 si est$ quejoso con motivo de al #n voto o hecatombe, y si quemando en su obsequio rasa de corderos y de cabras esco idas, querr$ libramos de la peste& <3 Cuando así hubo hablado, se sentó& )evantóse entre ellos Calcante (estórida, el mejor de los au ures 2conocía lo presente, lo futuro y lo pasado, y había uiado las naves aqueas hasta Clio por medio del arte adivinatoria que le diera >ebo Apolo2, y benévolo los aren ó diciendo7 8B 29.h Aquiles, caro a /eus: F$ndasme eGplicar la cólera de Apolo, del dios que hiere de lejos& 1ues bien, hablaré! pero antes declara y jura que est$s pronto a defenderme de palabra y de obra, pues temo irritar a un varón que o"a de ran poder entre los ar ivos todos y es obedecido por los aqueos& -n rey es m$s poderoso que el inferior contra quien se enoja! y, si bien en el mismo día refrena su ira, uarda lue o rencor hasta que lo ra ejecutarlo en el pecho de aquél& Dime, pues, si me salvar$s& 3B H contest$ndole, Aquiles, el de los pies li eros, le dijo7 3D 2Fanifiesta, deponiendo todo temor, el vaticinio que sabes! pues 9por Apolo, caro a /eus! a quien t#, Calcante, invocas siempre que revelas or$culos a los d$naos:, nin uno de ellos pondr$ en ti sus pesadas manos, cerca de las cóncavas naves, mientras yo viva y vea la lu" ac$ en la tierra, aunque hablares de A amenón, que al presente se jacta de ser en mucho el m$s poderoso de todos los aqueos& E; 'ntonces cobró $nimo y dijo el eGimio vate7 E= 2,o est$ el dios quejoso con motivo de al #n voto o hecatombe, sino a causa del ultraje que A amenón ha inferido al sacerdote, a quien no devolvió la hija ni admitió el rescate& 1or esto el que hiere de lejos nos causó males y todavía nos causar$ otros& H no librar$ a los d$naos de la odiosa peste, hasta que sea restituida a su padre, sin premio ni rescate, la joven de ojos vivos, y llevemos a Crisa una sa rada hecatombe& Cuando así le hayamos aplacado, renacer$ nuestra esperan"a& 0I0 Dichas estas palabras, se sentó& )evantóse al punto el poderoso héroe A amenón Atrida, afli ido, con las ne ras entra*as llenas de cólera y los ojos parecidos al relumbrante fue o! y, encarando a Calcante la torva vista, eGclamó7 0I<29Adivino de males: jam$s me has anunciado nada rato& @iempre te complaces en profeti"ar des racias y nunca dijiste ni ejecutaste nada bueno& H ahora, vaticinando ante los d$naos, afirmas que el que hiere de lejos les envía calamidades, porque no quise

admitir el espléndido rescate de la joven Criseide, a quien anhelaba tener en mi casa& )a prefiero, ciertamente, a Clitemnestra, mi le ítima esposa, porque no le es inferior ni en el talle, ni en el natural, ni en inteli encia, ni en destre"a& 1ero, aun así y todo, consiento en devolverla, si esto es lo mejor! quiero que el pueblo se salve, no que pere"ca& 1ero preparadme pronto otra recompensa, para que no sea yo el #nico ar ivo que sin ella se quede! lo cual no parecería decoroso& Jed todos que se va a otra parte la que me había correspondido& 0;0 Keplicóle en se uida el celerípede divino Aquiles7 0;; 29Atrida loriosísimo, el m$s codicioso de todos: 4Cómo pueden darte otra recompensa los ma n$nimos aqueos5 ,o sabemos que eGistan en parte al una cosas de la comunidad, pues las del saqueo de las ciudades est$n repartidas, y no es conveniente obli ar a los hombres a que nuevamente las junten& 'ntre a ahora esa joven al dios, y los aqueos te pa aremos el triple o el cu$druple, si /eus nos permite al #n día tomar la bien murada ciudad de (roya& 0=I H, contest$ndole, el rey A amenón le dijo7 0=0 Aunque seas valiente, deiforme Aquiles, no ocultes así tu pensamiento, pues no podr$s burlarme ni persuadirme& 4Acaso quieres, para conservar tu recompensa, que me quede sin la mía, y por esto me aconsejas que la devuelva5 1ues, si los ma n$nimos aqueos me dan otra conforme a mi deseo para que sea equivalente&&& H si no me la dieren, yo mismo me apoderaré de la tuya o de la de Ayante, o me llevaré la de -lises, y montar$ en cólera aquél a quien me lle ue& Fas sobre esto deliberaremos otro día& Ahora, ea, echemos una ne ra nave al mar divino, reunamos los convenientes remeros, embarquemos víctimas para una hecatombe y a la misma Criseide, la de hermosas mejillas, y sea capit$n cualquiera de los jefes7 Ayante, Cdomeneo, el divino -lises o t#, 1elida, el m$s portentoso de todos los hombres, para que nos aplaques con sacrificios al que hiere de lejos& 0B3 Fir$ndolo con torva fa", eGclamó Aquiles, el de los pies li eros7 0BE 29Ah, impudente y codicioso: 4Cómo puede estar dispuesto a obedecer tus órdenes ni un aqueo siquiera, para emprender la marcha o para combatir valerosamente con otros hombres5 ,o he venido a pelear obli ado por los belicosos troyanos, pues en nada se me hicieron culpables 2no se llevaron nunca mis vacas ni mis caballos, ni destruyeron jam$s la cosecha en la fértil >tía, criadora de hombres, porque muchas umbrías monta*as y el ruidoso mar nos separan2, sino que te se uimos a ti, randísimo insolente, para darte el usto de ven aros de los troyanos a Fenelao y a ti, ojos de perro& ,o fij$s en esto la atención, ni por ello te tomas nin #n cuidado, y aun me amena"as con quitarme la recompensa que por mis randes fati as me dieron los aqueos& Lam$s el botín que obten o i uala al tuyo cuando éstos entran a saco una populosa ciudad de los troyanos7 aunque la parte m$s pesada de la impetuosa uerra la sostienen mis manos, tu recompensa, al hacerse el reparto, es mucho mayor! y yo vuelvo a mis naves, teniéndola peque*a, aunque rata, después de haberme cansado en el combate& Ahora me iré a >tía, pues lo mejor es re resar a la patria en las cóncavas naves7 no pienso permanecer aquí sin honra para procurarte anancia y rique"a& 08; Contestó en se uida el rey de hombres, A amenón7 08= 2%uye, pues, si tu $nimo a ello te incita! no te rue o que por mí te quedes! otros hay a mi lado que me honrar$n, y especialmente el próvido /eus& Fe eres m$s odioso que nin #n otro de los reyes, alumnos de /eus, porque siempre te han ustado las ri*as, luchas y peleas& @i es rande tu fuer"a, un dios te la dio& Jete a la patria, llev$ndote las naves y los compa*eros, y reina sobre los mirmidones, no me importa que estés irritado, ni por ello me preocupo, pero te haré una amena"a7 1uesto que >ebo Apolo me quita a

Criseide, la mandaré en mi nave con mis ami os! y encamin$ndome yo mismo a tu tienda, me llevaré a +riseide, la de hermosas mejillas, tu recompensa, para que sepas bien cu$nto m$s poderoso soy y otro tema decir que es mi i ual y compararse conmi o& 033 Así dijo& Acon ojóse el 1elida, y dentro del velludo pecho su cora"ón discurrió dos cosas7 o, desnudando la a uda espada que llevaba junto al muslo, abrirse paso y matar al Atrida, o calmar su cólera y reprimir su furor& Fientras tales pensamientos revolvía en su mente y en su cora"ón y sacaba de la vaina la ran espada, vino Atenea del cielo7 envióla %era, la diosa de los níveos bra"os, que amaba cordialmente a entrambos y por ellos se interesaba& 1#sose detr$s del 1elida y le tiró de la blonda cabellera, apareciéndose a él tan sólo! de los dem$s, nin uno la veía& Aquiles, sorprendido, volvióse y al instante conoció a 1alas Atenea, cuyos ojos centelleaban de un modo terrible& H hablando con ella, pronunció estas aladas palabras7 ;I;241or qué nuevamente, oh hija de /eus, que lleva la é ida, has venido5 4Acaso para presenciar el ultraje que me infiere A amenón Atrida5 1ues te diré lo que me fi uro que va a ocurrir7 1or su insolencia perder$ pronto la vida& ;I< Díjole a su ve" Atenea, la diosa de ojos de lechu"a7 ;I82Jen o del cielo para apaci uar tu cólera, si obedecieres! y me envía %era, la diosa de los níveos bra"os, que os ama cordialmente a entrambos y por vosotros se interesa& 'a, cesa de disputar, no desenvaines la espada a inj#rialo de palabra como te pare"ca& )o que voy a decir se cumplir$7 1or este ultraje se te ofrecer$n un día triples y espléndidos pre2 sentes& Domínate y obedécenos& ;0= H, contest$ndole, Aquiles, el de los pies li eros, le dijo7 ;0< 21reciso es, oh diosa, hacer lo que mand$is, aunque el cora"ón esté muy irritado& 1roceder así es lo mejor& Muien a los dioses obedece es por ellos muy atendido& ;0E Dijo! y puesta la robusta mano en el ar énteo pu*o, envainó la enorme espada y no desobedeció la orden de Atenea& )a diosa re resó al .limpo, al palacio en que mora /eus, que lleva la é ida, entre las dem$s deidades& ;;= 'l 1elida, no amainando en su cólera, denostó nuevamente al Atrida con injuriosas voces7 ;;D 29'brioso, que tienes ojos de perro y cora"ón de ciervo: Lam$s te atreviste a tomar las armas con la ente del pueblo para combatir, ni a ponerte en emboscada con los m$s valientes aqueos7 ambas cosas te parecen la muerte& 's, sin duda, mucho mejor arrebatar los dones, en el vasto campamento de los aqueos, a quien te contradi a& Key devorador de tu pueblo, porque mandas a hombres abyectos&&&! en otro caso, Atrida, éste fuera tu #ltimo ultraje& .tra cosa voy a decirte y sobre ella prestaré un ran juramento7 @í, por este cetro que ya no producir$ hojas ni ramos, pues dejó el tronco en la monta*a! ni reverdecer$, porque el bronce lo despojó de las hojas y de la corte"a, y ahora lo empu*an los aqueos que administran justicia y uardan las leyes de /eus N rande ser$ para ti este juramentoO7 al #n día los aqueos todos echar$n de menos a Aquiles, y t#, aunque te aflijas, no podr$s socorrerlos cuando muchos sucumban y pere"can a manos de %éctor, matador de hombres& 'ntonces des arrar$s tu cora"ón, pesaroso por no haber honrado al mejor de los aqueos& ;BD Así dijo el 1elida! y, tirando a tierra el cetro tachonado con clavos de oro, tomó asiento& 'l Atrida, en el opuesto lado, iba enfureciéndose& 1ero levantóse ,éstor, suave en el hablar, elocuente orador de los pilios, de cuya boca las palabras fluían m$s dulces que la miel 2había visto perecer dos eneraciones de hombres de vo" articulada que nacieron y se criaron con él en la divina 1ilos y reinaba sobre la tercera2, y benévolo los aren ó diciendo7

;DB 29.h dioses: 9Mué motivo de pesar tan rande le ha lle ado a la tierra aquea: Ale rananse 1ríamo y sus hijos, y re ocijaríanse los dem$s troyanos en su cora"ón, si oyeran las palabras con que disput$is vosotros, los primeros de los d$naos así en el consejo como en el combate& 1ero dejaos convencer, ya que ambos sois m$s jóvenes que yo& 'n otro tiempo traté con hombres a#n m$s esfor"ados que vosotros, y jam$s me desde*aron& ,o he visto todavía ni veré hombres como 1irítoo, Driante, pastor de pueblos, Ceneo, 'Gadio, 1olifemo, i ual a un dios, y (eseo ' eida, que parecía un in2 mortal& Cri$ronse éstos los m$s fuertes de los hombres! muy fuertes eran y con otros muy fuertes combatieron7 con los montaraces centauros, a quienes eGterminaron de un modo estupendo& H yo estuve en su compa*ía 2habiendo acudido desde 1ilos, desde lejos, desde esa apartada tierra, porque ellos mismos me llamaron2 y combatí se #n mis fuer"as& Con tales hombres no pelearía nin uno de los mortales que hoy pueblan la tierra! no obstante lo cual, se uían mis consejos y escuchaban mis palabras& 1restadme también vosotros obediencia, que es lo mejor que podéis hacer& ,i t#, aunque seas valiente, le quites la joven, sino déjasela, puesto que se la dieron en recompensa los ma n$nimos aqueos! ni t#, 1elida, quieras altercar de i ual a i ual con el rey, pues jam$s obtuvo honra como la suya nin #n otro soberano que usara cetro y a quien /eus diera loria& @i t# eres m$s esfor"ado, es porque una diosa te dio a lu"! pero éste es m$s poderoso, porque reina sobre mayor n#mero de hombres& Atrida, apaci ua tu cólera! yo te suplico que depon as la ira contra Aquiles, que es para todos los aqueos un fuerte antemural en el pernicioso combate& ;3D H, contest$ndole, el rey A amenón le dijo7 ;3< 2@í, anciano, oportuno es cuanto acabas de decir& 1ero este hombre quiere sobreponerse a todos los dem$s! a todos quiere dominar, a todos obernar, a todos dar órdenes que al uien, creo, se ne ar$ a obedecer& @i los sempiternos dioses le hicieron belicoso, 4le permiten por esto proferir injurias5 ;E; Cnterrumpiéndole, eGclamó el divino Aquiles7 ;E= 2Cobarde y vil podría llam$rseme si cediera en todo lo que dices! manda a otros, no me des órdenes, pues yo no pienso ya obedecerte& .tra cosa te diré que fijar$s en la memoria7 ,o he de combatir con estas manos por la joven ni conti o, ni con otro al uno, pues al fin me quit$is lo que me disteis! pero, de lo dem$s que ten o junto a mi ne ra y velo" embarcación, nada podrías llevarte tom$ndolo contra mi voluntad& H si no, ea, inténtalo, para que éstos se enteren también! y presto tu ne ru"ca san re brotar$ en torno de mi lan"a& =IB Después de altercar así con encontradas ra"ones, se levantaron y disolvieron el $ ora que cerca de las naves aqueas se celebraba& >uese el 1elida hacia sus tiendas y sus bien proporcionados bajeles con el Fenecíada y otros ami os! y el Atrida echó al mar una velera nave, esco ió veinte remeros, car ó las víctimas de la hecatombe para el dios, y, conduciendo a Criseide, la de hermosas mejillas, la embarcó también! fue capit$n el in enioso -lises& =0; Así que se hubieron embarcado, empe"aron a nave ar por líquidos caminos& 'l Atrida mandó que los hombres se purificaran, y ellos hicieron lustraciones, echando al mar las impure"as, y sacrificaron junto a la orilla del estéril mar hecatombes perfectas de toros y de cabras en honor de Apolo& 'l vapor de la rasa lle aba al cielo, enrosc$ndose alrededor del humo& =03 'n tales cosas ocup$banse éstos en el ejército& A amenón no olvidó la amena"a que en la contienda había hecho a Aquiles, y dijo a (altibio y 'uríbates, sus heraldos y dili entes servidores7

=;; 2Cd a la tienda del 1elida Aquiles, y asiendo de la mano a +riseide, la de hermosas mejillas, traedla ac$, y, si no os la diere, ire yo mismo a quit$rsela, con m$s ente, y todavía le ser$ m$s duro& =;< %abl$ndoles de tal suerte y con altaneras voces, los despidió& Contra su voluntad fuéronse los heraldos por la orilla del estéril mar, lle aron a las tiendas y naves de los mirmidones, y hallaron al rey cerca de su tienda y de su ne ra nave& Aquiles, al verlos, no se ale ró& 'llos se turbaron, y, habiendo hecho una reverencia, par$ronse sin decir ni pre untar nada& 1ero el héroe lo comprendió todo y dijo7 ==B 29@alud, heraldos, mensajeros de /eus y de los hombres: Acercaos! pues para mí no sois vosotros los culpables sino A amenón, que os envía por la joven +riseide& 9'a, 1a2 troclo, del linaje de /eus: @aca la joven y entré asela para que se la lleven& @ed ambos testi os ante los bienaventurados dioses, ante los mortales hombres y ante ese rey cruel, si al una ve" tienen los dem$s necesidad de mí para librarse de funestas calamidades porque él tiene el cora"ón poseído de furor y no sabe pensar a la ve" en lo futuro y en lo pasado, a fin de que los aqueos se salven combatiendo junto a las naves& =BD Así dijo& 1atroclo, obedeciendo a su ami o, sacó de la tienda a +riseide, la de hermosas mejillas, y la entre ó para que se la llevaran& 1artieron los heraldos hacia las naves aqueas, y la mujer iba con ellos de mala ana& Aquiles rompió en llanto, alejóse de los compa*eros, y, sent$ndose a orillas del blanquecino mar con los ojos clavados en el ponto inmenso y las manos eGtendidas, diri ió a su madre muchos rue os7 =D; 29Fadre: Ha que me pariste de corta vida, el olímpico /eus altitonante debía honrarme y no lo hace en modo al uno& 'l poderoso A amenón Atrida me ha ultrajado, pues tiene mi recompensa, que él mismo me arrebató& =D8 Así dijo derramando l$ rimas& .yóle la veneranda madre desde el fondo del mar, donde se hallaba junto al padre anciano, a inmediatamente emer ió de las blanquecinas ondas como niebla, sentóse delante de aquél, que derramaba l$ rimas, acariciólo con la mano y le habló de esta manera7 =<; 29%ijo: 41or qué lloras5 4Mué pesar te ha lle ado al alma5 %abla! no me ocultes lo que piensas, para que ambos lo sepamos& =<B Dando profundos suspiros, contestó Aquiles, el de los pies li eros7 =<D 2)o sabes& 4A qué referirte lo que ya conoces5 >uimos a (eba, la sa rada ciudad de 'etión! la saqueamos, y el botín que trajimos se lo distribuyeron equitativamente los aqueos, separando para el Atrida a Criseide, la de hermosas mejillas& )ue o Crises, sacerdote de Apolo, el que hiere de lejos, deseando redimir a su hija, se presentó en las veleras naves aqueas con un inmenso rescate y las ínfulas de Apolo, el que hiere de lejos, que pendían de $ureo cetro, en la mano! y suplicó a todos los aqueos, y particularmente a los dos Atridas, caudillos de pueblos& (odos los aqueos aprobaron a voces que se respetase al sacerdote y se admitiera el espléndido rescate! mas el Atrida A amenón, a quien no plu o el acuerdo, to despidió de mal modo y con altaneras voces& 'l anciano se fue irritado! y Apolo, accediendo a sus rue os, pues le era muy querido, tiró a los ar ivos funesta saeta7 morían los hombres unos en pos de otros, y las flechas del dios volaban por todas partes en el vasto campamento de los aqueos& -n adivino bien enterado nos eGplicó el vaticinio del que hiere de lejos, y yo fui el primero en aconsejar que se aplacara al dios& 'l Atrida encendióse en ira! y, levant$ndose, me diri ió una amena"a que ya se ha cumplido& A aquélla los aqueos de ojos vivos la conducen a Crisa en velera nave con presentes para el dios! y a la hija de +riseo, que los aqueos me dieron, unos heraldos se la han llevado ahora mismo de mi tienda& (#, si puedes, socorre a tu buen hijo! ve al .limpo y rue a a /eus, si al una ve" llevaste consuelo a su cora"ón con palabras o con obras& Fuchas veces, hall$ndonos en el palacio de mi padre, oí que te loriabas de haber

evitado, t# sola entre los inmortales, una afrentosa des racia al Cronida, el de las sombrías pubes, cuando quisieron atarlo otros dioses olímpicos, %era, 1osidón y 1alas Atenea& (#, oh diosa, acudiste y lo libraste de las ataduras, llamando en se uida al espacioso .limpo al centímano a quien los dioses nombran +riareo y todos los hombres ' eón, el cual es superior en fuer"a a su mismo padre, y se sentó entonces al lado de /eus, ufano de su loria! temiéronlo los bienaventurados dioses y desistieron del atamiento& Kecuérdaselo, siéntate a su lado y abra"a sus rodillas7 qui"$s decida favorecer a los troyanos y acorralar a los aqueos, que ser$n muertos entre las popas, cerca del mar! para que todos disfruten de su rey y comprenda el poderoso A amenón Atrida la falta que ha cometido no honrando al mejor de los aqueos& B0= Kespondióle en se uida (etis, derramando l$ rimas7 B0B 29Ay, hijo mío: 41or qué te he criado, si en hora acia a te di a lu"5 9.jal$ estuvieras en las naves sin llanto ni pena, ya que tu vida ha de ser corta, de no lar a duración: Ahora eres juntamente de breve vida y el m$s infortunado de todos& Con hado funesto te parí en el palacio& Ho misma iré al nevado .limpo y hablaré a /eus, que se complace en lan"ar rayos, por si se deja convencer& (# quédate en las naves de li ero andar, conserva la cólera contra los aqueos y abstente por entero de combatir& Ayer se marchó /eus al .céano, al país de los probos etíopes, para asistir a un banquete, y todos los dioses lo si uieron& De aquí a doce días volver$ al .limpo& 'ntonces acudiré a la morada de /eus, sustentada en bronce! le abra"aré las rodillas, y espero que lo raré persuadirlo& B;3 Dichas estas palabras partió, dejando a Aquiles con el cora"ón irritado a causa de la mujer de bella cintura que violentamente y contra su voluntad le habían arrebatado& B=I 'n tanto, -lises lle aba a Crisa con las víctimas para la sa rada hecatombe& Cuando arribaron al profundo puerto, amainaron las velas, uard$ndolas en la ne ra nave! abatieron r$pidamente por medio de cuerdas el m$stil hasta la crujía, y llevaron la nave, a fuer"a de remos, al fondeadero& 'charon anclas y ataron las amarras, saltaron a la playa, desembarcaron las víctimas de la hecatombe para Apolo, el que hiere de lejos, y Criseide salió de la nave surcadora del ponto& 'l in enioso -lises llevó la doncella al altar y, poniéndola en manos de su padre, dijo7 BB; 29.h Crises: 'nvíame al rey de hombres, A amenón, a traerte la hija y ofrecer en favor de los d$naos una sa rada hecatombe a >ebo, para que aplaquemos a este dios que tan deplorables males ha causado a los ar ivos& BB< %abiendo hablado así, puso en sus manos la hija amada, que aquél recibió con ale ría& Acto continuo, ordenaron la sa rada hecatombe en torno del bien construido altar, lav$ronse las manos y tomaron la mola& H Crises oró en alta vo" y con las manos levantadas7 BD0 29?yeme, t# que llevas arco de plata, prote es a Crisa y a la divina Cila a imperas en (énedos poderosamente: Fe escuchaste cuando te supliqué, y, para honrarme, opri2 miste duramente al ejército aqueo! pues ahora c#mpleme este voto7 9Aleja ya de los d$naos la abominable peste: BD8 Así dijo ro ando, y >ebo Apolo lo oyó& %echa la ro ativa y esparcida la mola, co ieron las víctimas por la cabe"a, que tiraron hacia atr$s, y las de ollaron y desollaron! en se uida cortaron los muslos, y, después de prin arlos con ordura por uno y otro lado y de cubrirlos con tro"os de carne, el anciano los puso sobre la le*a encendida y los roció de vino tinto& Cerca de él, unos jóvenes tenían en las manos asadores de cinco puntas& Muemados los muslos, probaron las entra*as, y, dividiendo lo restante en peda"os muy peque*os, lo atravesaron con pinchos, lo asaron cuidadosamente y lo retiraron del fue o& (erminada la faena y dispuesto el banquete, comieron, y nadie careció de su respectiva

porción& Cuando hubieron satisfecho el deseo de beber y de comer, los mancebos coronaron de vino las crateras y lo distribuyeron a todos los presentes después de haber ofrecido en copas las primicias& H durante todo el día los aqueos aplacaron al dios con el canto, entonando un hermoso pe$n a Apolo, el que hiere de lejos, que los oía con el cora"ón complacido& B8D Cuando el sol se puso y sobrevino la noche, durmieron cerca de las amarras de la nave& Fas, así que apareció la hija de la ma*ana, la Aurora de rosados dedos, hiciéronse a la mar para volver al espacioso campamento aqueo, y Apolo, el que hiere de lejos, les envió próspero viento& C"aron el m$stil, desco ieron las velas, que hinchó el viento, y las purp#reas olas resonaban en torno de la quilla mientras la nave corría si uiendo su rumbo& -na ve" lle ados al vasto campamento de los aqueos, sacaron la ne ra nave a sie2 rra firme y la pusieron en alto sobre la arena, sosteniéndola con randes maderos& H lue o se dispersaron por las tiendas y los bajeles& B33 'l hijo de 1eleo y descendiente de /eus, Aquiles, el de los pies li eros, se uía irritado en las veleras naves, y ni frecuentaba el $ ora donde los varones cobran fama, ni cooperaba a la uerra! sino que consumía su cora"ón, permaneciendo en las naves, y echaba de menos la ritería y el combate& BE= Cuando, después de aquel día, apareció la duodécima aurora, los sempiternos dioses volvieron al .limpo con /eus a la cabe"a& (etis no olvidó entonces el encar o de su hijo7 saliendo de entre las olas del mar, subió muy de ma*ana al ran cielo y al .limpo, y halló al lar ovidente Cronida sentado aparte de los dem$s dioses en la m$s alta de las muchas cumbres del monte& Acomodóse ante él, abra"ó sus rodillas con la mano i"quierda, tocóle la barba con la derecha y diri ió esta s#plica al soberano /eus Cronión7 DI= 291adre /eus: @i al una ve" te fui #til entre los inmortales con palabras a obras, c#mpleme este voto7 %onra a mi hijo, el héroe de m$s breve vida, pues el rey de hombres, A amenón, lo ha ultrajado, arrebat$ndole la recompensa que todavía retiene& Jén alo t#, próvido /eus .límpico, concediendo la victoria a los troyanos hasta que los aqueos den satisfacción a mi hijo y lo colmen de honores& D00 Así dijo& /eus, que amontona las nubes, nada contestó uardando silencio un buen rato& 1ero (etis, que se uía como cuando abra"ó sus rodillas, le suplicó de nuevo7 D0B 21rométemelo claramente, asintiendo, o nié amelo 2pues en ti no cabe el temor2 para que sepa cu$n despreciada soy entre todas las deidades& D08 /eus, que amontona las nubes, díjole afli idísimo7 D0329>unestas acciones: 1ues har$s que me malquiste con %era, cuando me "ahiera con injuriosas palabras& @in motivo me ri*e siempre ante los inmortales dioses, porque dice que en las batallas favore"co a los troyanos& 1ero ahora vete, no sea que %era advierta al o! yo me cuidaré de que esto se cumpla& H si lo deseas, te haré con la cabe"a la se*al de asentimiento para que ten as confian"a& 6ste es el si no m$s se uro, irrevocable y vera" para los inmortales! y no deja de efectuarse aquello a que asiento con la cabe"a& D;3 Dijo el Cronida, y bajó las ne ras cejas en se*al de asentimiento! los divinos cabellos se a itaron en la cabe"a del soberano inmortal, y a su intlujo estremecióse el dilatado .limpo& D=0 Después de deliberar así, se separaron7 ella saltó al profundo mar desde el resplandeciente .limpo, y /eus volvió a su palacio& (odos los dioses se levantaron al ver a su padre, y nin uno a uardó que lle ara, sino que todos salieron a su encuentro& @entóse /eus en el trono! y %era, que, por haberlo visto, no i noraba que (etis, la de ar énteos pies, hija del anciano del mar, con él había departido, diri ió al momento injuriosas palabras a /eus Cronida7

DBI 24Cu$l de las deidades, oh doloso, ha conversado conti o5 @iempre te es rato, cuando est$s lejos de mí, pensar y resolver al o secretamente, y jam$s te has di nado decirme una sola palabra de to que acuerdas& DBB Kespondióle el padre de los hombres y de los dioses7 DBD 29%era: ,o esperes conocer todas mis decisiones, pues te resultar$ difícil aun siendo mi esposa& )o que pueda decirse, nin #n dios ni hombre lo sabr$ antes que t#! pero lo que quiera resolver sin contar con los dioses, no lo pre untes ni procures averi uarlo& DD0 Keplicó en se uida %era veneranda, la de ojos de novilla7 DD; 29(erribilísimo Cronida, qué palabras proferiste: ,o ser$ mucho lo que te haya pre untado o querido averi uar, puesto que muy tranquilo meditas cuanto te place& Fas ahora mucho recela mi cora"ón que te haya seducido (etis, la de ar énteos pies, hija del anciano del mar& A0 amanecer el día sentóse cerca de ti y abra"ó tus rodillas! y pienso que le habr$s prometido, asintiendo, honrar a Aquiles y causar ran matan"a junto a las naves aqueas& D<I H contest$ndole, /eus, que amontona las nubes, le dijo7 D<0 29Ah, desdichada: @iempre sospechas y de ti no me oculto& ,ada, empero, podr$s conse uir sino alejarte de mi cora"ón! lo cual todavía te ser$ m$s duro& @i es cierto lo que sospechas, así debe de serme rato& 1ero siéntate en silencio y obedece mis palabras& ,o sea que no te val an cuantos dioses hay en el .limpo, acerc$ndose a ti, cuando te pon a encima mis invictas manos& D<E Así dijo& (emió %era veneranda, la de ojos de novilla, y, refrenando el coraje, sentóse en silencio& Cndi n$ronse en el palacio de /eus los dioses celestiales& H %efesto, el ilustre artífice, comen"ó a aren arlos para consolar a su madre %era, la de los níveos bra"os7 D8= 2>unesto a insoportable ser$ lo que ocurra, si vosotros disput$is así por los mortales y promovéis alborotos entre los dioses! ni siquiera en el banquete se hallar$ placer al uno, porque prevalece lo peor& Ho aconsejo a mi madre, aunque ya ella tiene juicio, que obsequie al padre querido, a /eus, para que no vuelva a re*irla y a turbarnos el festín& 1ues, si el .límpico fulminador quiere echarnos del asiento&&& nos aventaja mucho en poder& 1ero hal$ alo con palabras cari*osas y en se uida el .límpico nos ser$ propicio& D3B De este modo habló y, tomando una copa de doble asa, ofrecióla a su madre, diciendo7 D3< 2@ufre, madre mía, y sopórtalo todo, aunque estés afli ida! que a ti, tan querida, no lo vean mis ojos apaleada sin que pueda socorrerte, porque es difícil contrarrestar al .límpico& Ha otra ve" que quise defenderte me asió por el pie y me arrojó de los divinos umbrales& (odo el día fui rodando y a la puesta del sol caí en )emnos& -n poco de vida me quedaba y los sinties me reco ieron tan pronto como hube caído& DED Así dijo& @onrióse %era, la diosa de los níveos bra"os! y, sonriente a#n, tomó la copa que su hijo le presentaba& %efesto se puso a escanciar dulce néctar para las otras deidades, sac$ndolo de la cratera! y una risa ineGtin uible se al"ó entre los bienaventurados dioses viendo con qué af$n los servía en el palacio& <I0 (odo el día, hasta la puesta del sol, celebraron el festín! y nadie careció de su respectiva porción, ni faltó la hermosa cítara que ta*ía Apolo, ni las Fusas que con linda vo" cantaban alternando& <ID Fas, cuando la f#l ida lu" del sol lle ó al ocaso, los dioses fueron a reco erse a sus respectivos palacios, que había construido %efesto, el ilustre cojo de ambos pies, con sabia inteli encia& /eus olímpico, fulminador, se encaminó al lecho donde acostumbraba

dormir cuando el dulce sue*o le vencía& @ubió y acostóse! y a su lado descansó %era, la de $ureo trono& CANTO II* Sueño- Beocia o catálogo de las naves
* 1ara cumplir to prometido a (etis, /eus envía un en adoso sue*o a A amenón, y le aconseja que levante el campamento y re rese a casa! A amenón convoca el consejo de los jefes y lue o la asamblea eneral de todos los uerreros, que aceptan la propuesta, por lo que A amenón Nbajo la incitación de AteneaO debe intervenir para insuflar coraje y buenas esperan"as a los aqueos& Después de varios incidentes y de enumerar cuantos pueblos formaban los ejércitos rie o y troyano, sucédense tres randes batallas&

0 )as dem$s deidades y los hombres que en carros combaten, durmieron toda la noche! pero /eus no probó las dul"uras del sue*o, porque su mente buscaba el medio de honrar a Aquiles y causar ran matan"a junto a las naves aqueas& Al fin creyó que lo mejor sería enviar un pernicioso sue*o al Atrida A amenón! y, habl$ndole, pronunció estas aladas palabras7 3 2Anda, ve, pernicioso @ue*o, encamínate a las veleras naves aqueas, introd#cete en la tienda de A amenón Atrida, y dile cuidadosamente lo que voy a encar arte& .rdénale que arme a los melenudos aqueos y saque toda la hueste7 ahora podría tomar a (roya, la ciudad de anchas calles, pues los inmortales que poseen olímpicos palacios ya no est$n discordes, por haberlos persuadido %era con sus rue os, y una serie de infortunios amena"a a los troyanos& 0< Así dijo& 1artió el @ue*o al oír el mandato, lle ó en un instante a las veleras naves aqueas, y, hallando dormido en su tienda al Atrida A amenón 2alrededor del héroe había2 se difundido el sue*o inmortal2, p#sose sobre su cabe"a, y tomó la fi ura de ,éstor, hijo de ,eleo, que era el anciano a quien aquél m$s honraba& Así transfi urado, dijo el divino @ue*o7 ;= 24Duermes, hijo del belicoso Atreo, domador de caballos5 ,o debe dormir toda la noche el príncipe a quien se han confiado los uerreros y a cuyo car o se hallan tantas cosas& Ahora atiéndeme en se uida, pues ven o como mensajero de /eus! el cual, aun estando lejos, se interesa mucho por ti y te compadece& Armar te ordena a los melenudos aqueos y sacar toda la hueste7 ahora podrías tomar (roya, la ciudad de anchas calles, pues los inmortales que poseen olímpicos palacios ya no est$n discordes, por haberlos persuadido %era con sus rue os, y una serie de infortunios amena"a a los troyanos por la voluntad de /eus& Praba mis palabras en tu memoria, para que no las olvides cuando el dulce sue*o to desampare& =D Así habiendo hablado, se fue y dejó a A amenón revolviendo en su $nimo lo que nó debía cumplirse& >i ur$base que iba a tomar la ciudad de (roya aquel mismo día& 9Cnsensato: ,o sabía lo que tramaba /eus, quien había de causar nuevos males y llanto a los troyanos y a los d$naos por medio de terribles peleas& Cuando despertó, la vo" divina resonaba a#n en torno suyo& Cncorporóse, y, habiéndose sentado, vistió la t#nica fina, hermosa, nueva! se echó el ran manto, cal"ó sus nítidos pies con bellas sandalias y col ó del hombro la espada uarnecida con clava"ón de plata& (omó el imperecedero cetro de su padre y se encaminó hacia las naves de los aqueos, de broncíneas cora"as& B3 @ubía la diosa Aurora al vasto .limpo para anunciar el día a /eus y a los dem$s inmortales, cuando A amenón ordenó que los heraldos de vo" sonora convocaran al $ ora a los melenudos aqueos& Convoc$ronlos aquéllos, y éstos se reunieron en se uida& D= 1ero celebróse antes un consejo de ma n$nimos próceres junto a la nave del rey ,éstor, natural de 1ilos& A amenón los llamó para hacerles una discreta consulta7

D<29.íd, ami os: Dormía durante la noche inmortal, cuando se me acercó un @ue*o divino muy semejante al ilustre ,éstor en la forma, estatura y natural& 1#sose sobre mi cabe"a y profirió estas palabras7 Q4Duermes, hijo del belicoso Atreo, domador de caballos5 ,o debe dormir toda la noche el príncipe a quien se han confiado los uerreros y a cuyo car o se hallan tantas cosas& Ahora atiéndeme en se uida, pues ven o como mensajero de /eus! el cual, aun estando lejos, se interesa mucho por ti y te compadece& Armar te ordena a los melenudos aqueos y sacar toda la hueste7 ahora podrías tomar (roya, la ciudad de anchas calles, pues los inmortales que poseen olímpicos palacios ya no est$n discordes, por haberlos persuadido %era con sus rue os, y una serie de infortu2 nios amena"a a los troyanos por la voluntad de /eus& Praba mis palabras en tu memoria&R %abiendo hablado así, fuese volando, y el dulce sue*o me desamparó& Fas, ea, veamos cómo podremos conse uir que los aqueos tomen las armas& 1ara probarlos como es debido, les aconsejaré que huyan en las naves de muchos bancos! y vosotros, habl$ndoles unos por un lado y otros por el opuesto, procurad detenerlos& 8< %abiéndose eGpresado en estos términos, se sentó& @e uidamente levantóse ,éstor, que era rey de la arenosa 1ilos, y benévolo les aren ó diciendo7 8E 29.h ami os, capitanes y príncipes de los ar ivos: @i al #n otro aqueo nos refiriese el sue*o, te creeríamos falso y desconfiaríamos a#n m$s! pero lo ha tenido quien se loría de ser el m$s poderoso de los aqueos& 'a, veamos cómo podremos conse uir que los aqueos tomen las armas& 3B %abiendo hablado así, fue el primero en salir del consejo& )os reyes portadores de cetro se levantaron, obedeciendo al pastor de hombres, y la ente del pueblo acudió presurosa& Como de la hendedura de un pe*asco salen sin cesar enjambres copiosos de abejas que vuelan arracimadas sobre las flores primaverales y unas revolotean a este lado y otras a aquél! así las numerosas familias de uerreros marchaban en rupos, por la baja ribera, desde las naves y tiendas al $ ora& 'n medio, la >ama, mensajera de /eus, enardecida, los insti aba a que acudieran, y ellos se iban reuniendo& A itóse el $ ora, imió la tierra y se produjo tumulto, mientras los hombres tomaron sitio& ,ueve heraldos daban voces para que callaran y oyeran a los reyes, alumnos de /eus& @ent$ronse al fin, aunque con dificultad, y enmudecieron tan pronto como ocuparon los asientos& 'ntonces se levantó el rey A amenón, empu*ando el cetro que %efesto hi"o para el soberano /eus Cronión 2éste lo dio al mensajero Ar icida! %ermes lo re aló al eGcelente jinete 1élope, quien, a su ve", lo entre ó a Atreo, pastor de hombres! Atreo al morir lo le ó a (iestes, rico en anado, y (iestes lo dejó a A amenón para que reinara en muchas islas y en todo el país de Ar os2, y, descansando el rey sobre el arrimo del cetro, habló así a los ar ivos7 00I 29.h ami os, héroes d$naos, ministros de Ares: 'n rave infortunio envolvióme /eus Cronida& 9Cruel: Fe prometió y ase uró que no me iría sin destruir la bien murada Clio, y todo ha sido funesto en a*o! pues ahora me ordena re resar a Ar os, sin loria, después de haber perdido tantos hombres& Así debe de ser rato al prepotente /eus, que ha destruido las fortale"as de muchas ciudades y a#n destruir$ otras porque su poder es inmenso& Jer on"oso ser$ para nosotros que lle uen a saberlo los hombres de ma*ana& 9-n ejército aqueo tal y tan rande hacer una uerra vana a inefica": 9Combatir contra un n#mero menor de hombres y no saberse a#n cu$ndo la contienda tendr$ fin: 1ues, si aqueos y troyanos, jurando la pa", quisiéramos contarnos, y reunidos cuantos troyanos hay en sus ho ares y a rupados nosotros los aqueos en décadas, cada una de éstas eli iera un troyano para que escanciara el vino, muchas décadas se quedarían sin escanciador& 9'n tanto di o que superan los aqueos a los troyanos que en la ciudad moran: 1ero han venido en su ayuda hombres de muchas ciudades, que saben blandir la lan"a, me apartan de mi intento y no me permiten, como quisiera, tomar la populosa ciudad de Clio& ,ueve a*os

del ran /eus transcurrieron ya! los maderos de las naves se han podrido y las cuerdas es2 t$n deshechas! nuestras esposas a hijitos nos a uardan en los palacios! y a#n no hemos dado cima a la empresa para la cual vinimos& 'a, procedamos todos como voy a decir7 %uyamos en las naves a nuestra patria tierra, pues ya no tomaremos (roya, la de anchas calles& 0B; Así dijo! y a todos los que no habían asistido al consejo se les conmovió el cora"ón en el pecho& A itóse el $ ora como las randes olas que en el mar Ccario levantan el 'uro y el ,oto cayendo impetuosos de las nubes amontonadas por el padre /eus& Como el Céfiro mueve con violento soplo un crecido tri al y se cierne sobre las espi as, de i ual manera se movió toda el $ ora& Con ran ritería y levantando nubes de polvo, corren hacia los bajeles! eGhórtanse a tirar de ellos para echarlos al mar divino! limpian los ca2 nales! quitan los soportes, y el vocerío de los que se disponen a volver a la patria lle a hasta el cielo& 0DD H efectu$rase entonces, antes de lo dispuesto por el destino, el re reso de los ar ivos, si %era no hubiese dicho a Atenea7 0D8 29.h dioses: 9%ija de /eus, que lleva la é ida: 9Cndómita: 4%uir$n los ar ivos a sus casas, a su patria tierra por el ancho dorso del mar, y dejar$n como trofeo a 1ríamo y a los troyanos la ar iva %elena, por la cual tantos aqueos perecieron en (roya, lejos de su patria5 Je en se uida al ejército de los aqueos de broncíneas cora"as, detén con suaves palabras a cada uerrero y no permitas que echen al mar los corvos bajeles& 0<< Así habló& Atenea, la diosa de ojos de lechu"a, no fue desobediente& +ajando en raudo vuelo de las cumbres del .limpo lle ó presto a las veloces naves aqueas y halló a -lises, i ual a /eus en prudencia, que permanecía inmóvil y sin tocar la ne ra nave de muchos bancos, porque el pesar le lle aba al cora"ón y al alma& H poniéndose a su lado, díjole Atenea, la de ojos de lechu"a7 08= 29)aertíada, del linaje de /eus: 9-lises, fecundo en ardides: 4Así, pues, huiréis a vuestras casas, a la patria tierra, embarcados en las naves de muchos bancos, y dejaréis como trofeo a 1ríamo y a los troyanos la ar iva %elena, por la cual tantos aqueos perecieron en (roya, lejos de su patria5 Je en se uida al ejército de los aqueos y no cejes7 detén con suaves palabras a cada uerrero y no permitas que echen al mar los corvos bajeles& 03; Así dijo& -lises conoció la vo" de la diosa en cuanto le habló! tiró el manto, que reco ió el heraldo 'uríbates de Staca, que lo acompa*aba! corrió hacia el Atrida A amenón, para que le diera el imperecedero cetro paterno! y, con éste en la mano, endere"ó a las naves de los aqueos, de broncíneas cora"as& 033 Cuando encontraba a un rey o a un capit$n eGimio, par$base y lo detenía con suaves palabras& 0EI 29Clustre: ,o es di no de ti temblar como un cobarde& Deténte y ha" que los dem$s se deten an también& A#n no conoces claramente la intención del Atrida7 ahora nos prueba, y pronto casti ar$ a los aqueos& 'n el consejo no todos comprendimos lo que dijo& ,o sea que, irrit$ndose, maltrate a los aqueos! la cólera de los reyes, alumnos de /eus, es terrible, porque su di nidad procede del próvido /eus y éste los ama& 0E3 Cuando encontraba a un hombre del pueblo ritando, d$bale con el cetro y lo increpaba de esta manera7 ;II 29Desdichado: 'st$te quieto y escucha a los que te aventajan en bravura! t#, débil a inepto para la uerra, no eres estimado ni en el combate ni en el consejo& Aquí no todos los aqueos podemos ser reyes! no es un bien la soberanía de muchos! uno solo sea príncipe, uno solo rey7 aquél a quien el hijo del artero Crono ha dado cetro y leyes para que reine sobre nosotros&

;I8 2Así -lises, actuando como supremo jefe, imponía su voluntad al ejército! y ellos se apresuraban a volver de las tiendas y naves al $ ora, con ran vocerío, como cuando el oleaje del estruendoso mar brama en la playa anchurosa y el ponto resuena& ;00 (odos se sentaron y permanecieron quietos en su sitio, a eGcepción de (ersites, que, sin poner freno a la len ua, alborotaba& 6se sabía muchas palabras roseras para disputar temerariamente, no de un modo decoroso, con los reyes, y lo que a él le pareciera hacerlo ridículo para los ar ivos& >ue el hombre m$s feo que lle ó a (roya, pues era bi"co y cojo de un pie! sus hombros corcovados se contraían sobre el pecho, y tenía la cabe"a puntia uda y cubierta por rala cabellera& Aborrecíanlo de un modo especial Aquiles y -lises, a quienes "ahería! y entonces, dando estridentes voces, decía oprobios al divino A amenón& H por m$s que los aqueos se indi naban a irritaban mucho contra él, se uía increp$ndolo a vo" en rito7 ;;D 29Atrida: 4De qué te quejas o de qué careces5 (us tiendas est$n repletas de bronce y en ellas tienes muchas y esco idas mujeres que los aqueos te ofrecemos antes que a nadie cuando tomamos al una ciudad& 4,ecesitas, acaso, el oro que al uno de los troyanos, domadores de caballos, te trai a de Clio para redimir al hijo que yo a otro aqueo haya hecho prisionero5 4., por ventura, una joven con quien te junte el amor y que t# solo poseas5 ,o es justo que, siendo el caudillo, ocasiones tantos males a los aqueos& 9.h cobardes, hombres sin di nidad, aqueas m$s bien que aqueos: Jolvamos en las naves a la patria y dejémoslo aquí, en (roya, para que devore el botín y sepa si le sirve o no nuestra ayuda! ya que ha ofendido a Aquiles, varón muy superior, arrebat$ndole la recompensa que todavía retiene& 1oca cólera siente Aquiles en su pecho y es rande su indolencia! si no fuera así, Atrida, éste sería tu #ltimo ultraje& ;B= (ales palabras dijo (ersites, "ahiriendo a A amenón, pastor de hombres& 'n se uida el divino -lises se detuvo a su lado! y mir$ndolo con torva fa", lo increpó duramente7 ;B< 29(ersites parlero: Aunque seas orador facundo, calla y no quieras t# solo disputar con los reyes& ,o creo que haya un hombre peor que t# entre cuantos han venido a Clio con los Atridas& 1or tanto, no tomes en boca a los reyes, ni los injuries, ni pienses en el re reso& ,o sabemos a#n con certe"a cómo esto acabar$ y si la vuelta de los aqueos ser$ feli" o des raciada& Fas t# denuestas al Atrida A amenón, porque los héroes d$naos le dan muchas cosas! por esto lo "ahieres& )o que voy a decir se cumplir$7 @i vuelvo a en 2 contrarte delirando como ahora, no conserve -lises la cabe"a sobre los hombros, ni sea llamado padre de (elémaco, si no te echo mano, te despojo del vestido Nel manto y la t#2 nica que cubren tus partes verendasO y te envío lloroso del $ ora a las veleras naves después de casti arte con afrentosos a"otes& ;<D Así, pues, dijo, y con el cetro diole un olpe en la espalda y los hombros& (ersites se encorvó, mientras una ruesa l$ rima caía de sus ojos y un cruento cardenal aparecía en su espalda debajo del $ureo cetro& @entóse, turbado y dolorido! miró a todos con aire de simple, y se enju ó las l$ rimas& 'llos, aunque afli idos, rieron con usto y no faltó quien dijera a su vecino7 ;8; 29.h dioses: Fuchas cosas buenas hi"o -lises, ya dando consejos saludables, ya preparando la uerra! pero esto es lo mejor que ha ejecutado entre los ar ivos7 hacer callar al insolente charlat$n, cuyo $nimo osado no lo impulsar$ en lo sucesivo a "aherir con injuriosas palabras a los reyes& ;83 2Así hablaba la multitud& )evantóse -lises, asolador de ciudades, con el cetro en la mano NAtenea, la de ojos de lechu"a, que, transfi urada en heraldo, junto a él estaba, im2 puso silencio para que todos los aqueos, desde los primeros hasta los #ltimos, oyeran su discurso y meditaran sus consejosO, y benévolo los aren ó diciendo7

;3B 29Atrida: )os aqueos, oh rey, quieren cubrirte de baldón ante todos los mortales de vo" articulada y no cumplen lo que te prometieron al venir de Ar os, criador de caballos7 que no te irías sin destruir la bien murada Clio& Cual si fuesen ni*os o viudas, se lamentan unos con otros y desean re resar a su casa& H es, en verdad, penoso que hayamos de vol2 ver afli idos& Cierto que cualquiera se impacienta al mes de estar separado de su mujer, cuando ve detenida su nave de muchos bancos por las borrascas invernales y el mar alborotado! y nosotros hace ya nueve a*os, con el presence, que aquí permanecemos& ,o me enojo, pues, porque los aqueos se impacienten junto a las cóncavas naves! pero sería bochornoso haber estado aquí tanto tiempo y volvernos sin conse uir nuestro propósito& (ened paciencia, ami os, y a uardad un poco m$s, para que sepamos si fue verídica la predicción de Calcante& +ien rabada la tenemos en la memoria, y todos vosotros, los que no habéis sido arrebatados día tras día por las parcas de la muerte, sois testi os de lo que ocurrió en Tulide cuando se reunieron las naves aqueas que cantos males habían de traer a 1ríamo y a los troyanos& 'n sacros altares inmol$bamos hecatombes perfectas a los inmortales, junto a una fuente y a la sombra de un hermoso pl$tano a cuyo pie manaba a ua cristalina& Allí se nos ofreció un ran portento& -n horrible dra ón de roja espalda, que el mismo .límpico sacara a la lu", saltó de debajo del altar al pl$tano& 'n la rama cimera de éste hall$banse los hijuelos recién nacidos de un ave, que medrosos se acurrucaban debajo de las hojas! eran ocho, y, con la madre que los parió, nueve& 'l dra ón devoró a los pajarillos, que piaban lastimeramente! la madre revoleaba en torno de sus hijos quej$ndose, y aquél volvióse y la co ió por el ala, mientras ella chillaba& Después que el dra ón se hubo comido al ave y a los polluelos, el dios que lo había mostrado obró en él un prodi io7 el hijo del artero Crono transformólo en piedra, y nosotros, inmóviles, admir$bamos lo que ocurría& De este modo, las randes y portentosas acciones de los dioses interrumpieron las hecatombes& H en se uida Calcante, vaticinando, eGclamó7 Q41or qué enmudecéis, melenudos aqueos5 'l próvido /eus es quien nos muestra ese prodi io rande, tardío, de lejano cumplimiento, pero cuya loria jam$s perecer$& Como el dra ón devoró a los polluelos del ave y al ave misma, los cuales eran ocho, y, con la madre que los dio a lu", nueve, así nosotros combatiremos allí i ual n#mero de a*os, y al décimo tomaremos la ciudad de anchas calles&R (al fue lo que dijo y todo se va cumpliendo& 9'a, aqueos de hermosas rebas, quedaos todos hasta que tomemos la ran ciudad de 1ríamo: === Así habló& )os ar ivos, con a udos ritos que hacían retumbar horriblemente las naves, aplaudieron el discurso del divino -lises& H ,éstor, caballero erenio, los aren ó diciendo7 ==8 29.h dioses: %abl$is como ni*os chiquitos que no est$n ejercitados en los bélicos trabajos& 4Mué es de nuestros convenios y juramentos5 4@e fueron, pues, en humo los consejos, los afanes de los uerreros, los pactos consa rados con libaciones de vino puro y los apretones de manos en que confi$bamos5 ,os entretenemos en contender con palabras y sin motivo, y en tan lar o espacio no hemos podido encontrar un medio efica" para conse uir nuestro intento& 9Atrida: (#, como siempre, manda con firme decisión a los ar ivos en el duro combate y deja que se consuman uno o dos que en discordancia con los dem$s aqueos desean, aunque no lo raran su propósito, re resar a Ar os antes de saber si fue o no falsa la promesa de /eus, que lleva la é ida& 1ues yo os ase uro que el prepotente Cronida nos prestó su asentimiento, relampa ueando por el diestro lado y haciéndonos favorables se*ales, el día en que los ar ivos se embarcaron en las naves de li ero andar para traer a los troyanos la muerte y el destino& ,adie, pues, se dé prisa por volver a su casa, hasta haber dormido con la esposa de un troyano y haber ven ado la huida y los emidos de %elena& H si al uno tanto anhelare el re reso, toque la ne ra nave

de muchos bancos para que delante de todos sea muerto y cumpla su destino& 9.h rey: ,o dejes de pensar t# mismo y si ue también los consejos que nosotros lo damos& ,o es des2 preciable lo que voy a decirte7 A rupa a los hombres, oh A amenón, por tribus y familias, para que una tribu ayude a otra tribu y una familia a otra familia& @i así lo hicieres y lo obedecieren los aqueos, sabr$s pronto cu$les jefes y soldados son cobardes y cu$les valerosos, pues pelear$n distintamente! y conocer$s si no puedes tomar la ciudad por la voluntad de los dioses o por la cobardía de tus hombres y su impericia en la uerra& =<E H, respondiéndole, el rey A amenón le dijo7 =8I 2De nuevo, oh anciano, superas en el $ ora a los aqueos todos& .jal$, 9padre /eus, Atenea, Apolo:, tuviera yo entre los aqueos die" consejeros semejantes! entonces la ciudad del rey 1ríamo sería pronto tomada y destruida por nuestras manos& 1ero /eus Cronida, que lleva la é ida, me envía penas, enred$ndome en in#tiles disputas y ri*as& Aquiles y yo peleamos con encontradas ra"ones por una joven, y fui el primero en irritarme! si ambos procediéramos de acuerdo, no se diferiría ni un solo momento la ruina de los troyanos& Ahora, id a comer para que lue o trabemos el combate! cada uno afile la lan"a, prepare el escudo, dé el pasto a los corceles de pies li eros a inspeccione el carro, apercibiéndose para la lucha! pues durante todo el día nos pondr$ a prueba el horrendo Ares& ,i un breve descanso ha de haber siquiera, hasta que la noche obli ue a los valientes uerreros a separarse& )a correa del escudo que al combatiente cubre, sudar$ en torno del pecho! el bra"o se fati ar$ con el manejo de la lan"a, y también sudar$n los corceles arrastrando los pulimentados carros& H aquél que se quede voluntariamente en las corvas naves, lejos de la batalla, como yo lo vea, no se librar$ de los perros y de las aves de rapi*a& =EB Así dijo& )os ar ivos promovían ran clamoreo, como cuando las olas, movidas por el ,oto, baten un elevado risco que se adelanta sobre el mar y no to dejan mientras soplan los vientos en contrarias direcciones& )ue o, levant$ndose, se dispersaron por las naves, encendieron lumbre en las tiendas, tomaron la comida y ofrecieron sacrificios, quiénes a uno, quiénes a otro de los sempiternos dioses, para que los librasen de la muerte y del fati oso trabajo de Ares& A amenón, rey de hombres, inmoló un pin Ae buey de cinco a*os al prepotente Cronión, habiendo llamado a su tienda a los principales caudillos de los aqueos todos7 primeramente a ,éstor y al rey Cdomeneo, lue o a entrambos Ayantes y al hijo de (ideo, y en seGto lu ar a -lises, i ual a /eus en prudencia& 's2 pont$neamente se presentó Fenelao, valiente en la pelea, porque sabía lo que su hermano estaba preparando& Colocaronse todos alrededor del buey y tomaron la mola& H puesto en medio, el poderoso A amenón oró diciendo7 B0; 29/eus loriosísimo, m$Gimo, que amontonas las sombrías nubes y vives en el éter: 9,o se pon a el sol ni sobreven a la obscuridad antes que yo destruya el palacio de 1ríamo, entre $ndolo a las llamas! pe ue vora" fue o a las puertas! rompa con mi lan"a la cora"a de %éctor en su mismo pecho, y vea a muchos de sus compa*eros caídos de cara en el polvo y mordiendo la tierra: B0E Dijo! pero el Cronión no accedió y, aceptando los sacrificios, preparóles no envidiable labor& %echa la ro ativa y esparcida la mola, co ieron las víctimas por la cabe"a, que tiraron hacia atr$s, y las de ollaron y desollaron! cortaron los muslos, y después de prin arlos con ordura por uno y otro lado y de cubrirlos con tro"os de carne, los quemaron con le*a sin hojas! y atravesando las entra*as con los asadores, las pusieron al fue o& Muemados los muslos, probaron las entra*as! y dividiendo to restante en peda"os muy peque*os, atraves$ronlo con pinchos, to asaron cuidadosamente y lo re2 tiraron del fue o& (erminada la faena y dispuesto el festín, comieron y nadie careció de

su respectiva porción& H cuando hubieron satisfecho el deseo de beber y de comer, ,és2 tor, el caballero erenio, comen"ó a decirles7 B=B29Atrida loriosísimo, rey de hombres, A amenón: ,o nos entreten amos en hablar, ni difiramos por m$s tiempo la empresa que un dios pone en nuestras manos& Fas, ea, los heraldos de los aqueos, de broncíneas cora"as, pre onen que el ejército se re#na cerca de los bajeles, y nosotros recorramos juntos el espacioso campamento para promover cuanto antes un vivo combate& BB0 Así dijo! y A amenón, rey de hombres, no desobedeció& Al momento dispuso que los heraldos de vo" sonora llamaran al combate a los melenudos aqueos! hí"ose el pre ón, y ellos se reunieron prontamente& 'l Atrida y los reyes, alumnos de /eus, hacían formar a los uerreros, y los acompa*aba Atenea, la de ojos de lechu"a, llevando la preciosa inmortal é ida que no envejece y de la cual cuel an cien $ureos borlones, bien labrados y del valor de cien bueyes cada uno& Con ella en la mano, movíase la diosa entre los aqueos, insti $balos a salir al campo y ponía fortale"a en sus cora"ones para que pelearan y combatieran sin descanso& 1ronto les fue m$s a radable el combate, que volver a la patria tierra en las cóncavas naves& BDD Cual se columbra desde lejos el resplandor de un incendio, cuando el vora" fue o se propa a por vasta selva en la cumbre de un monte, así el brillo de las broncíneas arma2 duras de los que se ponían en marcha lle aba al cielo a través del éter& BDE De la suerte que las alí eras aves 2 ansos, rullas o cisnes cuellilar os2 se posan en numerosas bandadas y chillando en la pradera Asia, cerca de la corriente del Caístro, vuelan ac$ y all$ ufanas de sus alas, y el campo resuena! de esta manera las numerosas huestes afluían de las naves y tiendas a la llanura escamandria y la tierra retumbaba horriblemente bajo los pies de los uerreros y de los caballos& H los que en el florido prado del 'scamandrio lle aron a juntarse fueron innumerables! tantos, cuantas son las hojas y +ores que en la primavera nacen& B<E Como enjambres copiosos de moscas que en la primaveral estación vuelan a rupadas por el establo del pastor, cuando la leche llena los tarros, en tan ran n#mero reuniéronse en la llanura los melenudos aqueos, deseosos de acabar con los troyanos& B8B 1oníanlos los caudillos en orden de batalla f$cilmente, como los pastores separan las cabras de randes reba*os cuando se me"clan en el pasto! y en medio aparecía el po2 deroso A amenón, semejante en la cabe"a y en los ojos a /eus, que se o"a en lan"ar rayos, en el cinturón, a Ares, y en el pecho, a 1osidón& Como en el hato el macho vacuno m$s eGcelente es el toro, que sobresale entre las vacas reunidas, de i ual manera hi"o /eus que A amenón fuera aquel día insi ne y eGimio entre muchos héroes& B3B Decidme ahora, Fusas que poseéis olímpicos palacios y como diosas lo presenci$is y conocéis todo, mientras que nosotros oímos tan sólo la fama y nada cierto sabemos, cu$les eran los caudillos y príncipes de los d$naos& A la muchedumbre no podría enumerarla ni nombrarla, aunque tuviera die" len uas, die" bocas, vo" infati able y cora"ón de bronce7 sólo las Fusas olímpicas, hijas de /eus, que lleva la é ida, podrían decir cu$ntos a Clio fueron& 1ero mencionaré los caudillos y las naves todas& BEB Fandaban a los beocios 1enéleo, )eito, Arcesilao, 1rotoenor y Clonio& )os que cultivaban los campos de %iria, Tulide pétrea, 'squeno, 'scolo, 'teono fra osa, (espía, Prea y la vasta Ficaleso, los que moraban en %arma, Clesio y 'ritras! los que residían en 'león, %ila, 1eteón, .c$lea, Fedeón, ciudad bien construida, Copas, 'utresis y (isbe, abundante en palomas! los que habítaban en Coronea, %aliarto herbosa, 1latea y Plisante! los que poseían la bien edificada ciudad de %ipotebas, la sacra .nquesto, delicioso bosque de 1osidón, y las ciudades de Arne, abundante en uvas, Fidea, ,isa divina y

Antedón fronteri"a7 todos estos lle aron en cincuenta naves& 'n cada una se habían embarcado ciento veinte beocios& D00 De los que habitaban en Aspledón y .rcómeno Finieo eran caudillos Asc$lafo y H$lmeno, hijos de Ares y de Astíoque, que los había dado a lu" en el palacio de Tctor A"ida& Astíoque, que era vir en ruborosa, subió al piso superior, y el terrible dios se unió con ella clandestinamente& (reinta cóncavas naves en orden los se uían& D08 Fandaban a los foceos 'squedio y 'pístrofo, hijos del ma n$nimo Sfito ,aubólida& )os de Cipariso, 1itón pedre osa, Crisa divina, D$ulide y 1anopeo! los que habitaban en Anemoria, L$mpolis y la ribera del divinal río Cefiso! los que poseían la ciudad de )ilea en las fuentes del mismo río7 todos éstos habían lle ado en cuarenta ne ras naves& )os caudillos ordenaban entonces las filas de los focios, que en las batallas combatían a la i"quierda de los beocios& D;8 Acaudillaba a los locrios que vivían en Cino, .punte, Calíaro, +esa, 'scarfe, Au ías amena, (arfe y (ronio, a orillas del +oa rio, el li ero Ayante de .ileo, menor, mucho menor que Ayante (elamonio7 era bajo de cuerpo, llevaba cora"a de lino y en el manejo de la lan"a superaba a todos los helenos y aqueos& @e uíanlo cuarenta ne ras naves, en las cuales habían venido los locrios que viven m$s a00$ de la sa rada 'ubea& D=< )os abantes de 'ubea, que respiraban valor y residían en Calcis, 'retria, %istiea, abundante en uvas, Cerinto marítima, Dío, ciudad eGcelsa, Caristo y 'stira, eran capitaneados por el ma n$nimo 'lefénor Calcodontíada, v$sta o de Ares& Con tal caudillo lle aron los li eros abantes, que dejaban crecer la cabellera en la parte posterior de la cabe"a7 eran belicosos y deseaban siempre romper con sus lan"as de fresno las cora"as en los pechos de los enemi os& @e uíanlo cuarenta ne ras naves& DB< )os que habitaban en la bien edificada ciudad de Atenas y constituían el pueblo del ma n$nimo 'recteo, a quien Atenea, hija de /eus, crió 2habíale dado a lu" la fértil tierra2 y puso en su rico templo de Atenas, donde los jóvenes atenienses ofrecen todos los a*os sacrificios propiciatorios de toros y corderos a la diosa, tenían por jefe a Fenesteo, hijo de 1éteo& ,in #n hombre de la tierra sabía como ése poner en orden de batalla, así a los que combatían en carros, como a los peones armados de escudos! sólo ,éstor competía con él, porque era m$s anciano& Cincuenta ne ras naves to se uían& DD8 Ayante había partido de @alamina con doce naves, que colocó cerca de las falan es atenienses& DDE )os habitantes de Ar os, (irinto amurallada, %ermíone y Tsine en profundo olfo situadas, (recén, 'yones y 'pidauro, abundante en vides, y los jóvenes aqueos de ' ina y Fasete, eran acaudillados por Diomedes, valiente en la pelea! 'sténelo, hijo del famoso Capaneo, y 'uríalo, i ual a un dios, que tenía por padre al rey Fecisteo (alayónida& 'ra jefe supremo Diomedes, valiente en la pelea& .chenta ne ras naves los se uían& D<E )os que poseían la bien construida ciudad de Ficenas, la opulenta Corinto y la bien edificada Cleonas! los que cultivaban la tierra en .rnías, Aretírea deleitosa y @ición, donde anti uamente reinó Adrasto! los que residían en %iperesia y Ponoesa eGcelsa, y los que habitaban en 1elene, ' io, el ' íalo todo y la espaciosa %élice7 todos éstos habían lle ado en cien naves a las órdenes del rey A amenón Atrida& Fuchos y valientes varones condujo este príncipe que entonces vestía el luciente bronce, ufano de sobresalir entre todos los héroes por su valor y por mandar a mayor n#mero de hombres& D30 )os de la honda y cavernosa )acedemonia que residían en >aris, 'sparta y Fesa, abundante en palomas! moraban en +risías o Au ías amena! poseían las ciudades de Amiclas y %elos marítima, y habitaban en )aa y 6tilo7 todos éstos lle aron en sesenta naves al mando del hermano de A amenón, de Fenelao, valiente en el combate, y se

armaban formando unidad aparte& Fenelao, impulsado por su propio ardor, los animaba a combatir y anhelaba en su cora"ón ven ar la huida y los emidos de %elena& DE0 )os que cultivaban el campo en 1ilos, Arene deliciosa, (río, vado del Alfeo, y la bien edificada 'pi, y los que habitaban en Ciparisente, Anfi enia, 1teleo, %elos y Dorio Ndonde las Fusas, saliéndole al camino a ($miris el tracio, lo privaron de cantar cuando volvía de la casa de 6urito el ecalieo! pues jactóse de que saldría vencedor, aunque cantaran las propias Fusas, hijas de /eus, que lleva la é ida, y ellas irritadas lo ce aron, lo privaron del divino canto y le hicieron olvidar el arte de pulsar la cítaraO eran mandados por ,éstor, caballero erenio, y habían lle ado en noventa cóncavas naves& <I= )os que habitaban en la Arcadia al pie del alto monte de Cilene y cerca de la tumba de 6pito, país de belicosos uerreros! los de >éneo, .rcómeno, abundante en ovejas, Kipe, 'stratia y 'nispe ventosa! y los que poseían las ciudades de (e ea, Fantinea deliciosa, 'stínfalo y 1arrasia7 todos éstos lle aron al mando del rey A apenor, hijo de Anceo, en sesenta naves& 'n cada una de éstas se embarcaron muchos arcadios ejercitados en la uerra& 'l mismo rey de hombres, A amenón, les facilitó las naves de muchos bancos, para que atravesaran el vinoso ponto! pues ellos no se cuidaban de las cosas del mar& <0D )os que habitaban en +uprasio y en el resto de la divina 6lide, desde %irmina y Fírsino, la fronteri"a, por un lado y la roca .lenia y Alesio por el otro, tenían cuatro caudillos y cada uno de éstos mandaba die" veleras naves tripuladas por muchos epeos& De dos divisiones eran respectivamente jefes Anfímaco y (alpio, hijo aquél de Ctéato y éste de 6urito y nietos de Actor! de la tercera, el fuerte Diores Amarincida, y de la cuarta, el deiforme 1oliGino, hijo del rey A $stenes Au eida& <;D )os de Duliquio y las sa radas islas 'quinas, situadas al otro lado del mar frente a la 'lide, eran mandados por Fe es >ilida, i ual a Ares, a quien en endró el jinete >ileo, caro a /eus, cuando por haberse enemistado con su padre emi ró a Duliquio& Cuarenta ne ras naves to se uían& <=0 -lises acaudillaba a los cefalenios de $nimo altivo& )os de ítaca y su frondoso ,érito! los que cultivaban los campos de Crocilea y de la escarpada ' ílipe! los que habitaban en /acinto! los que vivían en @amos y sus alrededores! los que estaban en el continente y los que ocupaban la orilla opuesta7 todos ellos obedecían a -lises, i ual a /eus en prudencia& Doce naves de rojas proas lo se uían& <=3 (oante, hijo de Andremón, re ía a los etolios que habitaban en 1leurón, .leno, 1ilene, Calcis marítima y Calidón pedre osa& Ha no eGistían los hijos del ma n$nimo 'neo, ni éste! y muerto también el rubio Felea ro, diéronse a (oante todos los poderes para que reinara sobre los etolios& Cuarenta ne ras naves los se uían& <BD Fandaba a los cretenses Cdomeneo, famoso por su lan"a& )os que vivían en Cnoso, Portina amurallada, )icto, Fileto, blanca )icasto, >esto y Kitio, ciudades populosas, y los que ocupaban la isla de Creta con sus cien ciudades7 todos éstos eran obernados por Cdomeneo, famoso por su lan"a, que con Feriones, i ual al homicida 'nialio, compartía el mando& @e uíanlo ochenta ne ras naves& <D= (lepólemo %eraclida, valiente y alto de cuerpo, condujo en nueve buques a los fieros rodios que vivían, divididos en tres pueblos, en )indo, H$liso y Camiro la blanca& De éstos era caudillo (lepólemo, famoso por su lan"a, a quien Astioquía concibió del fornido %eracles, cuando el héroe se la llevó de 6fira, de la ribera del río @eleente, después de haber asolado muchas ciudades defendidas por nobles mancebos& Cuando (lepólemo, criado en el ma nífico palacio, hubo lle ado a la juventud, mató al anciano tío materno de su padre, a )icimnio, v$sta o de Ares! y como los dem$s hijos y nietos del fuerte %eracles lo amena"aron, construyó naves, reunió mucha ente y huyó por el ponto&

'rrante y sufriendo penalidades pudo lle ar a Kodas, y allí se estableció con los suyos, que formaron tres tribus& @e hicieron querer de /eus, que reina sobre los dioses y los hombres, y el Cronión les dio abundante rique"a& <80 ,ireo condujo desde @ime tres naves bien proporcionadas! ,ireo, hijo de A laya y del rey C$ropo! ,ireo, el m$s hermoso de los d$naos que fueron a Clio, si eGceptuamos al eGimio 1elida! pero era tímido, y poca la ente que mandaba& <8< )os que habitaban en ,ísiros, Cr$pato, Caso, Cos, ciudad de 'urípilo, y las islas Calidnas, tenían por jefes a >idipo y Antifo, hijos del rey (ésalo %eraclida& (reinta cóncavas naves en orden to se uían& <30 Cuantos ocupaban el Ar os pél$s ico, los que vivían en Alo, Tlope y (raquine y los que poseían la >tía y la %élade de lindas mujeres, y se llamaban mirmidones, helenos y aqueos, tenían por capit$n a Aquiles y habían lle ado en cincuenta naves& Fas éstos no se cuidaban entonces del combate horrísono, por no tener quien los llevara a la pelea7 el divino Aquiles, el de los pies li eros, no salía de las naves, enojado a causa de la joven +riseide, de hermosa cabellera, a la cual había hecho cautiva en )irneso, cuando después de randes fati as destruyó esta ciudad y las murallas de (eba, dando muerte a los belicosos Fines y 'pístrofo, hijos del rey 'veno @elepíada& Afii ido por ello, se entre aba al ocio! pero pronto había de levantarse& <ED )os que habitaban en >ílace, 1íraso florida, que es lu ar consa rado a Deméter! Ctón, criadora de ovejas! Antrón marítima y 1teleo herbosa, fueron acaudillados por el a uerrido 1rotesilao mientras vivió, pues ya entonces teníalo en su seno la ne ra tierra7 matólo un d$rdano cuando saltó de la nave mucho antes que los dem$s aqueos, y en >ílace quedaron su desolada esposa y la casa a medio acabar& Con todo, no carecían aquéllos de jefe, aunque echaban de menos al que antes tuvieron, pues los ordenaba para el combate 1odarces, v$sta o de Ares, hijo de Cficlo >il$cida, rico en anado, y hermano menor del animoso 1rotesilao& 6ste era mayor y m$s valiente& @us hombres, pues, no estaban sin caudillo! pero sentían soledad de aquél, que tan esfor"ado había sido& Cuarenta ne ras naves lo se uían& 800 )os que moraban en >eras situada a orillas del la o +ebeide, +eba, Pl$firas y Holco bien edificada, habían lle ado en once naves al mando de 'umelo, hijo querido de Admeto y de Alcestis, divina entre las mujeres, que era la m$s hermosa de las hijas de 1elias& 80< )os que cultivaban los campos de Fetone y (aumacia y los que poseían las ciudades de Felibea y .li"ón fra osa, tuvieron por capit$n a >iloctetes, h$bil arquero, y lle aron en siete naves7 en cada una de éstas se embarcaron cincuenta remeros muy eGpertos en combatir valerosamente con el arco& Fas >iloctetes se hallaba padeciendo fuertes dolores en la divina isla de )emnos, donde lo dejaron los aqueos después que lo mordió pon"o*oso reptil& Allí permanecía afli ido! pero pronto en las naves habían de acordarse los ar ivos del rey >iloctetes& ,o carecían aquéllos de jefe, aunque echaban de menos a su caudillo, pues los ordenaba para el combate Fedonte, hijo bastardo de .ileo, asolador de ciudades, de quien lo tuvo Kena& 8;E De los de (rica, Ctome de quebrado suelo, y 'calia, ciudad de 6urito el ecalieo, eran capitanes dos hijos de Asclepio y eGcelentes médicos7 1odalirio y Facaón& (reinta cóncavas naves en orden los se uían& 8=B )os que poseían la ciudad de .rmenio, la fuente %iperea, Asterio y las blancas cimas del (ítano, eran mandados por 'urípilo, hijo preclaro de 'vemón& Cuarenta ne ras naves lo se uían& 8=E A los de Ar isa, Pirtone, .rte, 'lone y la blanca ciudad de .losón, los re ía el intrépido 1olipetes, hijo de 1irítoo y nieto de /eus inmortal Nhabíalo dado a lu" la ínclita

%ipodamía el mismo día en que 1irítoo, casti ando a los hirsutos centauros, los echó del 1elio y los obli ó a retirarse hacia los éticesO& 1ero no estaba solo, sino que con él compartía el mando )eonteo, v$sta o de Ares, hijo del animoso Corono Ceneida& Cuarenta ne ras naves los se uían& 8B3 Puneo condujo desde Cifo en veintidós naves a los enienes a intrépidos perebos! aquéllos tenían su morada en Dodona, de fríos inviernos, y éstos cultivaban los campos a orillas del hermoso (itareso, que vierte sus cristalinas a uas en el 1eneo de ar énteos vórtices! pero no se me"cla con él, sino que sobrenada como aceite, porque es un arroyo del a ua de la 6sti e, que se invoca en los terribles juramentos& 8D< A los ma netes obern$balos 1rótoo, hijo de (entredón& )os que habitaban a orillas del 1eneo y en el frondoso 1elio tenían, pues, por jefe al li ero 1rótoo& Cuarenta ne ras naves lo se uían& 8<I (ales eran los caudillos y príncipes de los d$naos& Dime, Fusa, cu$l fue el mejor de los varones y cu$les los m$s eGcelentes caballos de cuantos con los Atridas lle aron& 8<= 'ntre los corceles sobresalían las ye uas del >eretíada, que uiaba 'umelo7 eran li eras como aves, apeladas, y de la mísma edad y altura! criólas Apolo, el del arco de plata, en 1erea, y llevaban consi o el terror de Ares& De los uerreros el m$s valiente fue Ayante (elamonio mientras duró la cólera de Aquiles, pues éste lo superaba mucho! y también eran los mejores caballos los que llevaban al eGimio 1elión& Fas Aquiles permanecía entonces en las corvas naves surcadoras del ponto, por estar irritado contra A amenón Atrida, pastor de hombres! su ente se sola"aba en la playa tirando discos, venablos o flechas! los corceles comían loto y apio palustre cerca de los carros de los capitanes que permanecían enfundados en las tiendas, y los uerreros, echando de menos a su jefe, caro a Ares, discurrían por el campamento y no peleaban& 83I Ha los dem$s avan"aban a modo de incendio que se propa ase por toda la comarca! y como la tierra ime cuando /eus, que se complace en lan"ar rayos, airado, la a"ota en Arimos, donde dicen que est$ el lecho de (ifoeo! de i ual manera emía randemente debajo de los que iban andando y atravesaban con li ero paso la llanura& 83< Dio a los troyanos la triste noticia Cris, la de los pies li eros como el viento, a quien /eus, que lleva la é ida, había enviado como mensajera& (odos ellos, jóvenes y viejos, hall$banse reunidos en los pórticos del palacio de 1ríamo y deliberaban& Cris, la de los pies li eros, se les presentó tomando la fi ura y vo" de 1olites, hijo de 1ríamo! el cual, confiando en la a ilidad de sus pies, se sentaba como atalaya de los troyanos en la cima del t#mulo del anciano 'sietes y observaba cuando los aqueos partían de las naves para combatir& Así transfi urada, dijo Cris, la de los pies li eros7 8E<2 9.h anciano: (e placen los discursos interminables como cuando teníamos pa", y una obstinada uerra se ha promovido& Fuchas batallas he presenciado, pero nunca vi un ejército tal y tan rande como el que viene por la llanura a pelear contra la ciudad, formado por tantos hombres cuantas son las hojas o las arenas& 9%éctor: (e recomiendo encarecidamente que procedas de este modo7 Como en la ran ciudad de 1ríamo hay muchos auGiliares y no hablan una misma len ua hombres de países tan diversos, cada cual mande a aquellos de quienes es príncipe y acaudille a sus conciudadanos, después de ponerlos en orden de batalla& 3I< Así dijo! y %éctor, conociendo la vo" de la diosa, disolvió el $ ora& Apresur$ronse a tomar las armas, abriéronse todas las puertas, salió el ejército de infantes y de los que en carros combatían, y se produjo un ran tumulto& 300 %ay en la llanura, frente a la ciudad, una eGcelsa colina aislada de las dem$s y accesible por todas partes, a la cual los hombres llaman +atiea y los inmortales tumba de

la $ il Firina7 a00í fue donde los troyanos y sus auGiliares se pusieron en orden de batalla& 30< A los troyanos mand$balos el ran %éctor 1ri$mida, el de tremolante casco& Con él se armaban las tropas m$s copiosas y valientes, que ardían en deseos de blandir las lan"as& 30E De los dardanios era caudillo 'neas, valiente hijo de Anquises, de quien lo tuvo la divina Afrodita después que la diosa se unió con el mortal en un bosque del Cda& Con 'neas compartían el mando dos hijos de Anténor7 Arquéloco y Acamante, diestros en toda suerte de pelea& 3;B )os ricos troyanos que habitaban en /elea, al pie del Cda, y bebían el a ua del caudaloso 'sepo, eran obernados por 1$ndaro, hijo ilustre de )icaón, a quien Apolo en persona dio el arco& 3;3 )os que poseían las ciudades de Adrastea, Apeso, 1itiea y el alto monte de (erea, estaban a las órdenes de Adrasto y Anfio, de cora"a de lino7 ambos eran hijos de Férope 1ercosio, el cual conocía como nadie el arte adivinatoria y no quería que sus hijos fuesen a la homicida uerra! pero ellos no lo obedecieron, impelidos por las parcas de la ne ra muerte& 3=D )os que moraban en 1ercote, a orillas del 1ractio, y los que habitaban en @esto, Abidos y la divina Arisbe eran mandados por Asio %irt$cida, príncipe de hombres, a quien fo osos y corpulentos corceles condujeron desde Arisbe, desde la ribera del río @eleente& 3BI %ipótoo acaudillaba las tribus de los valerosos pelas os que habitaban en la fértil )arisa& Fand$banlos&él y 1ileo, v$sta o de Ares, hijos del pelas o )eto (eut$mida& 3BB A los tracios, que viven a orillas del alborotado %elesponto, los re ían Acamante y el héroe 1íroo& 3B< 'ufemo, hijo de (receno Céada, alumno de /eus, era el capit$n de los belicosos cícones& 3B3 1irecmes condujo los peonios, de corvos arcos, desde la lejana Amidón, desde la ribera del anchuroso AGio! del AGio, cuyas límpidas a uas se esparcen por la tierra& 3D0 A los pafla onios, procedentes del país de los énetos, donde se crían las mulas cerriles, los mandaba 1ilémenes, de cora"ón varonil7 aquéllos poseían la ciudad de Citoro, cultivaban los campos de @ésamo y habitaban ma níficas casas a orillas del río 1artenio, en Cromna, ' íalo y los altos montes 'ritinos& 3D< )os hali"ones eran obernados por .dio y 'pístrofo y procedían de lejos7 de Tlibe, donde hay yacimientos de plata& 3D3 A los misios los re ían Cromis y el au ur 6nnomo, que no pudo librarse, a pesar de los a Aeros, de la ne ra muerte! pues sucumbió a manos del '$cida, el de los pies li eros, en el río donde éste mató también a otros troyanos& 3<; >orcis y el deiforme Ascanio acaudillaban a los fri ios que habían lle ado de la remota Ascania y anhelaban entrar en batalla& 3<B A los meonios los obernaban Festles y Antifo, hijos de (alémenes, a quienes dio a lu" la la una Pi ea& (ales eran los jefes de los meonios, nacidos al pie del (molo& 3<8 ,astes estaba al frente de los carios de b$rbaro len uaje& )os que ocupaban la ciudad de Fileto, el frondoso monte >tirón, las orillas del Feandro y las altas cumbres de Fícale tenían por caudillos a ,astes y Anfímaco, preclaros hijos de ,omión! ,astes y Anfímaco, que iba al combate cubierto de oro como una doncella& 9Cnsensato: ,o por ello se libró de la triste muerte, pues sucumbió en el río a manos del celerípede '$cida del a uerrido Aquiles, el de los pies li eros! y éste se apoderó del oro&

38< @arpedón y el eGimio Plauco mandaban a los licios, que procedían de la remota )icia, de la ribera del vora inoso Lanto& CANTO III* Juramentos- Contemplando desde la muralla – Combate singular de Alejandro y enelao
* )a primera se interrumpe para que se verifique el combate sin ular de Alejandro y Fenelao, que no produce nin #n resultado, pues, cuando aquél va a ser vencido, lo arrebata por los aires su madre la diosa Afrodita y lo lleva al lado de %elena&

0 1uestos en orden de batalla con sus respectivos jefes, los troyanos avan"aban chillando y ritando como aves 2así profieren sus voces las rullas en el cielo, cuando, para huir del frío y de las lluvias torrenciales, vuelan ruyendo sobre la corriente del .céano y llevan la ruina y la muerte a los pi meos, moviéndolos desde el aire cruda uerra2 y los aqueos marchaban silenciosos, respirando valor y dispuestos a ayudarse mutuamente& 0I Así como el ,oto derrama en las cumbres de un monte la niebla tan poco rata al pastor y m$s favorable que la noche para el ladrón, y sólo se ve el espacio a que alcan"a una pedrada! así también, una densa polvareda se levantaba bajo los pies de los que se ponían en marcha y atravesaban con ran preste"a la llanura& 0D Cuando ambos ejércitos se hubieron acercado el uno al otro, apareció en la primera fila de los troyanos Alejandro, semejante a un dios, con una piel de leopardo en los hom2 bros, el corvo arco y la espada! y, blandiendo dos lan"as de broncínea punta, desafiaba a los m$s valientes ar ivos a que con él sostuvieran terrible combate& ;0 Fenelao, caro a Ares, violo venir con arro ante paso al frente de la tropa, y, como el león hambriento que ha encontrado un ran cuerpo de corní ero ciervo o de cabra montés, se ale ra y tl devora, aunque o persi an $ iles perros y robustos mo"os! así Fenelao se hol ó de ver con sus propios ojos al deiforme Alejandro 2fi uróse que podría casti ar al culpable2 y al momento saltó del carro al suelo sin dejar las armas& =I 1ero el deiforme Alejandro, apenas distin uió a Fenelao entre los combatientes delanteros, sintió que se le cubría el cora"ón, y, para librarse de la muerte, retrocedió al rupo de sus ami os& Como el que descubre un dra ón en la espesura de un monte, se echa con prontitud hacia atr$s, tiémblanle las carnes y se aleja con la palide" pintada en sus mejillas! así el deiforme Alejandro, temiendo al hijo de Atreo, desapareció en la turba de los altivos troyanos& =3 Advirtiólo %éctor y lo reprendió con injuriosas palabras7 =E 29Fiserable 1aris, el de m$s hermosa fi ura, mujerie o, seductor: .jal$ no te contaras en el n#mero de los nacidos o hubieses muerto célibe& Ho así lo quisiera y te valdría m$s que ser la ver Aen"a y el oprobio de los tuyos& )os melenudos aqueos se ríen de haberte considerado como un bravo campeón por tu allarda fi ura, cuando no hay en tu pecho ni fuer"a ni valor& H siendo cual eres, 4reuniste a tus ami os, surcaste los mares en li eros buques, visitaste a eGtranjeros y trajiste de remota tierra una mujer linda, esposa y cu*ada de hombres belicosos, que es una ran pla a para tu padre, la ciudad y el pueblo todo, y causa de o"o para los enemi os y de confusión para ti mismo5 4,o esperas a Fenelao, caro a Ares5 Conocerías de qué varón tienes la floreciente esposa, y no te valdrían la cítara, los dones de Afrodita, la cabellera y la hermosura, cuando rodaras por el polvo& )os troyanos son muy tímidos! pues, si no, ya estarías revestido de una t#nica de piedras por los males que les has causado& D3 Kespondióle el deiforme Alejandro7

DE 29%éctor: Con motivo me increpas y no m$s de lo justo! pero tu cora"ón es infleGible como el hacha que hiende un le*o y multiplica la fuer"a de quien la maneja h$bilmente para cortar maderos de navío7 tan intrépido es el $nimo que en tu pecho se encierra& ,o me eches en cara los amables dones de la dorada Afrodita, que no son despreciables los eGimios presentes de los dioses y nadie puede esco erlos a su usto& H si ahora quieres que luche y combata, detén a los dem$s troyanos y a los aqueos todos, y dejadnos en medio a Fenelao, caro a Ares, y a mí para que peleemos por %elena y sus rique"as7 el que ven"a, por ser m$s valiente, lleve a su casa mujer y rique"as! y, después de jurar pa" y amistad, se uid vosotros en la fértil (roya y vuelvan aquéllos a Ar os, criadora de caballos, y a la Acaya, de lindas mujeres& 8< Así dijo& .yólo %éctor con intenso placer, y, corriendo al centro de ambos ejércitos con la lan"a co ida por el medio, detuvo las falan es troyanas, que al momento se que2 daron quietas& )os melenudos aqueos le arrojaban flechas, dardos y piedras& 1ero A amenón, rey de hombres, ritóles con vo" recia7 3; 2Deteneos, ar ivos! no tiréis, jóvenes aqueos! pues %éctor, el de tremolante casco, quiere decirnos al o& 3B Así se eGpresó& Abstuviéronse de combatir y pronto quedaron silenciosos& H %éctor, coloc$ndose entre unos y otros, dijo7 3<2.íd de mis labios, troyanos y aqueos de hermosas rebas, el ofrecimiento de Alejandro por quien se suscitó la contienda& 1ropone que troyanos y aqueos dejemos las bellas armas en el fértil suelo, y él y Fenelao, caro a Ares, peleen en medio por %elena y sus rique"as todas7 el que ven"a, por ser m$s valiente, llevar$ a su casa mujer y rique"as, y los dem$s juraremos pa" y amistad& ED Así dijo& (odos enmudecieron y quedaron silenciosos& H Fenelao, valiente en la pelea, les habló de este modo7 E8 2Ahora oídme también a mí& (en o el cora"ón traspasado de dolor, y creo que ya, ar ivos y troyanos, debéis separaros, pues padecisteis muchos males por mi contienda, que Alejandro ori inó& Aquél de nosotros para quien se hallen aparejados el destino y la muerte pere"ca! y los dem$s separaos cuanto antes& (raed un cordero blanco y una cor2 dera ne ra para la (ierra y el @ol! nosotros traeremos otro para /eus& Conducid ac$ a 1ríamo para que en persona sancione los juramentos, pues sus hijos son soberbios y fementidos7 no sea que por al una trans resión se quebranten los juramentos prestados invocando a /eus& 'l alma de los jóvenes es siempre voluble, y el viejo, cuando interviene en al o, tiene en cuenta lo pasado y lo futuro a fin de que se ha a lo m$s conveniente para ambas partes& 000 Así dijo& Po"$ronse aqueos y troyanos con la esperan"a de que iba a terminar la calamitosa uerra& Detuvieron los corceles en las filas, bajaron de los carros y, dejando la armadura en el suelo, se pusieron muy cerca los unos de los otros& -n corto espacio mediaba entre ambos ejércitos& 00< %éctor despachó dos heraldos a la ciudad para que en se uida le trajeran las víctimas y llamaran a 1ríamo& 'l rey A amenón, por su parte, mandó a (altibio que se lle ara a las cóncavas naves por un cordero& 'l heraldo no desobedeció al divino A amenón& 0;0 'ntonces la mensajera Cris fue en busca de %elena, la de níveos bra"os, tomando la fi ura de su cu*ada )aódice, mujer del rey %elicaón Antenórida, que era la m$s hermosa de las hijas de 1ríamo& %allóla en el palacio tejiendo una ran tela doble, purp#rea, en la cual entretejía muchos trabajos que los troyanos, domadores de caballos, y los aqueos, de broncíneas cora"as, habían padecido por ella por mano de Ares& 1aróse Cris, la de los pies li eros, junto a %elena, y así le dijo7

0=I 2Jen ac$, ninfa querida, para que presencies los admirables hechos de los troyanos, domadores de caballos, y de los aqueos, de broncíneas cora"as& )os que antes, $vidos del funesto combate, llevaban por la llanura al luctuoso Ares unos contra otros, se sentaron 2pues la batalla se ha suspendido2 y permanecen silenciosos, reclinados en los escudos, con las luen as picas clavadas en el suelo& Alejandro y Fenelao, caro a Ares, luchar$n por ti con in entes lan"as, y el que ven"a to llamar$ su amada esposa& 0=E Cuando así hubo hablado, le infundió en el cora"ón dulce deseo de su anterior marido, de su ciudad y de sus padres& H %elena salió al momento de la habitación, cubierta con blanco velo, derramando tiernas l$ rimas! sin que fuera sola, pues la acompa*aban dos doncellas, 'tra, hija de 1iteo, y Clímene, la de ojos de novilla& 1ronto lle aron a las puertas 'sceas& 0B< Allí, sobre las puertas 'sceas, estaban 1ríamo, 1$ntoo, (imetes, )ampo, Clitio, %icetaón, v$sta o de Ares, y los prudentes -cale onte y Anténor, ancianos del pueblo! los cuales a causa de su veje" no combatían, pero eran buenos aren adores, semejantes a las ci arras que, posadas en los $rboles de la selva, dejan oír su a uda vo"& (ales próceres troyanos había en la torre& Cuando vieron a %elena, que hacia ellos se encaminaba, dijéronse unos a otros, hablando quedo, estas aladas palabras7 0D< 2,o es reprensible que troyanos y aqueos, de hermosas rebas, sufran prolijos males por una mujer como ésta, cuyo rostro tanto se parece al de las diosas inmortales& 1ero, aun siendo así, v$yase en las naves, antes de que lle ue a convertirse en una pla a para nosotros y para nuestros hijos& 0<0 Así hablaban& 1ríamo llamó a %elena y le dijo7 0<; 2Jen ac$, hija querida! siéntate a mi lado para que veas a tu anterior marido y a sus parientes y ami os 2pues a ti no te considero culpable, sino a los dioses que promovieron contra nosotros la luctuosa uerra de los aqueos2 y me di as cómo se llama ese in ente varón, quién es ese aqueo allardo y alto de cuerpo& .tros hay de mayor estatura, pero jam$s vieron mis ojos un hombre tan hermoso y venerable& 1arece un rey& 080 Contestó %elena, divina entre las mujeres7 08; 2Fe inspiras, sue ro amado, respeto y temor& 9.jal$ la muerte me hubiese sido rata cuando vine con tu hijo, dejando, a la ve" que el t$lamo, a mis hermanos, mi hija querida y mis amables compa*eras: 1ero no sucedió así, y ahora me consumo llorando& Joy a responder a tu pre unta7 6se es el poderosísimo A amenón Atrida, buen rey y esfor"ado combatiente, que fue cu*ado de esta desver on"ada, si todo no ha sido sue*o& 030 Así dijo& 'l anciano contemplólo con admiración y eGclamó7 03; 29Atrida feli", nacido con suerte, afortunado: Fuchos son los aqueos que lo obedecen& 'n otro tiempo fui a la >ri ia, en vi*as abundosa, y vi a muchos de sus naturales 2los pueblos de .treo y de Fi dón, i ual a un dios2 que con los $ iles corceles acampaban a orillas del @an ario& 'ntre ellos me hallaba, a fuer de aliado, el día en que lle aron las varoniles ama"onas& 1ero no eran tantos como los aqueos de ojos vivos& 0E0 >ijando la vista en -lises, el anciano volvió a pre untar7 0E; 2'a, dime también, hija querida, quién es aquél, menor en estatura que A amenón Atrida, pero m$s ancho de espaldas y de pecho& %a dejado en el fértil suelo las armas y recorre las filas como un carnero& 1arece un velloso carnero que atraviesa un ran reba*o de c$ndidas ovejas& 0EE Al momento le respondió %elena, hija de /eus7 ;II 2Aquél es el hijo de )aertes, el in enioso -lises, que se crió en la $spera ítaca! tan h$bil en urdir en a*os de toda especie, como en dar prudentes consejos& ;I= 'l sensato Anténor replicó al momento7

;IB 2Fujer, mucha verdad es lo que dices& -lises vino por ti, como embajador, con Fenelao, caro a Ares! yo los hospedé y a asajé en mi palacio y pude conocer la condición y los prudentes consejos de ambos& 'ntre los troyanos reunidos, de pie, sobresalía Fenelao por sus anchas espaldas! sentados, era -lises m$s majestuoso& Cuando hilvanaban ra"ones y consejos para todos nosotros, Fenelao hablaba de prisa, poco, pero muy claramente7 pues no era verboso, ni, con ser el m$s joven, se apartaba del asunto! el in enioso -lises, después de levantarse, permanecía en pie con la vista baja y los ojos clavados en el suelo, no meneaba el cetro que tenía inmóvil en la mano, y parecía un i norante7 lo hubieras tomado por un iracundo o por un est#pido& Fas tan pronto como salían de su pecho las palabras pronunciadas con vo" sonora, como caen en invierno los copos de nieve, nin #n mortal hubiese disputado con -lises& H entonces ya no admir$bamos tanto la fi ura de héroe& ;;D Keparando la tercera ve" en Ayante, dijo el anciano7 ;;< 24Muién es ese otro aqueo allardo y alto, que descuella entre los ar ivos por su cabe"a y anchas espaldas5 ;;3 Kespondió %elena, la de lar o peplo, divina entre las mujeres7 ;;E26se es el in ente Ayante, antemural de los aqueos& Al otro lado est$ Cdomeneo, como un dios, entre los cretenses! rodéanlo los capitanes de sus tropas& Fuchas veces Fenelao, c$ro a Ares, lo hospedó en nuestro palacio cuando venía de Creta& Distin o a los dem$s aqueos de ojos vivos, y me sería f$cil reconocerlos y nombrarlos! mas no veo a dos caudillos de hombres, C$stor, domador de caballos, y 1óluG, eGcelente p# il, hermanos carnales que me dio mi madre& 4Acaso no han venido de la amena )acedemonia5 4. lle aron en las naves, surcadoras del ponto, y no quieren entrar en combate para no hacerse partícipes de mi deshonra y de mis muchos oprobios5 ;B= Así habló& A ellos la fértil tierra los tenía ya consi o, en )acedemoma, en su misma patria& ;B= )os heraldos atravesaban la ciudad con las víctimas para los divinos juramentos, los dos corderos, y el re ocijador vino, fruto de la tierra, encerrado en un odre de piel de cabra& 'l heraldo Cdeo llevaba adem$s una reluciente cratera y copas de oro! y, acerc$ndose al anciano, invitólo diciendo7 ;DI 29)ev$ntate, )aomedontíada: )os próceres de los troyanos, domadores de caballos, y de los aqueos, de broncíneas cora"as, to piden que bajes a la llanura y sanciones los fieles juramentos! pues Alejandro y Fenelao, caro a Ares, combatir$n con luen as lan"as por la esposa7 mujer y rique"as ser$n del que ven"a, y, después de pactar amistad con fieles juramentos, nosotros se uiremos habitando la fértil (roya, y aquéllos volver$n a Ar os, criador de caballos, y a Acaya, la de lindas mujeres& ;DE Así dijo& 'stremecióse el anciano y mandó a los ami os que en ancharan los caballos& .bedeciéronlo solícitos& @ubió 1ríamo y co ió las riendas! a su lado, en el ma nífico carro, se puso Anténor& ' inmediatamente uiaron los li eros corceles hacia la llanura por las puertas 'sceas& ;<B Cuando hubieron lle ado al campo, descendieron del carro al almo suelo y se encaminaron al espacio que mediaba entre los troyanos y los aqueos& )evantóse al punto el rey de hombres, A amenón, levantóse también el in enioso -lises! y los heraldos conspicuos juntaron las víctimas que debían inmolarse para los sa rados juramentos, me"claron vinos en la cratera y dieron a uamanos a los reyes& 'l Atrida, con la da a que llevaba junto a la ran vaina de la espada, cortó pelo de la cabe"a de los corderos, y los heraldos lo repartieron a los próceres troyanos y aqueos& H, coloc$ndose el Atrida en medio de todos, oró en alta vo" con las manos levantadas7

;8< 291adre /eus, que reinas desde el Cda, loriosísimo, m$Gimo: 9@ol, que todo lo ves y todo lo oyes: 9Kíos: 9(ierra: 9H vosotros que en lo profundo casti $is a los muertos que fueron perjuros: @ed todos testi os y uardad los fieles juramentos7 @i Alejandro mata a Fenelao, sea suya %elena con todas las rique"as y nosotros volv$monos en las naves, surcadoras del ponto! mas si el rubio Fenelao mata a Alejandro, devuélvannos los troyanos a %elena y las rique"as todas, y pa uen a los ar ivos la indemni"ación que sea justa para que lle ue a conocimiento de los hombres venideros& H, si, vencido Alejandro, 1ríamo y sus hijos se ne aren a pa ar la indemni"ación, me quedaré a combatir por ella hasta que termine la uerra& ;E; Dijo, cortóles el cuello a los corderos y los puso palpitantes, pero sin vida, en el suelo! el cruel bronce les había quitado el vi or& )lenaron las copas sacando vino de la cratera, y derram$ndolo oraban a los sempiternos dioses& H al unos de los aqueos y de los troyanos eGclamaron7 ;E3 29/eus loriosísimo, m$Gimo: 9Dioses inmortales: )os primeros que obren contra lo jurado, vean derram$rseles a tierra, como este vino, sus sesos y los de sus hijos, y sus esposas cai an en poder de eGtra*os& =I; De esta manera hablaban, pero el Cronión no ratificó el voto& H 1ríamo Dard$nida les dijo7 =IB 29.ídme, troyanos y aqueos, de hermosas rebas: Ho re resaré a la ventosa Clio, pues no podría ver con estos ojos a mi hijo combatiendo con Fenelao, caro a Ares& /eus y los dem$s dioses inmortales saben para cu$l de ellos tiene el destino preparada la muerte& =0I Dijo, y el varón i ual a un dios colocó los corderos en el carro, subió él mismo y tomó las riendas! a su lado, en el ma nífico carro, se puso Anténor& H al instante volvieron a Clio& =0B %éctor, hijo de 1ríamo, y el divino -lises midieron el campo, y, echando dos suertes en un casco de bronce, lo meneaban para decidir quién sería el primero en arrojar la broncínea lan"a& )os hombres oraban y levantaban las manos a los dioses& H al unos de los aqueos y de los troyanos eGclamaron7 =;I 291adre /eus, que reinas desde el Cda, loriosísimo, m$Gimo: Concede que quien tantos males nos causó a unos y a otros, muera y descienda a la morada de %ades, y noso2 tros disfrutemos de la jurada amistad& =;B Así decían& 'l ran %éctor, el de tremolante casco, a itaba las suertes volviendo el rostro atr$s7 pronto saltó la de 1aris& @ent$ronse los uerreros, sin romper las filas, donde cada uno tenía los briosos corceles y las labradas armas& 'l divino Alejandro, esposo de %elena, la de hermosa cabellera, vistió una ma nífica armadura7 p#sose en las piernas ele antes rebas ajustadas con broches de plata! prote ió el pecho con la cora"a de su hermano )icaón, que se le acomodaba bien! col ó del hombro una espada de bronce uarnecida con clavos de plata! embra"ó el rande y fuerte escudo! cubrió la robusta cabe"a con un hermoso casco, cuyo terrible penacho de crines de caballo ondeaba en la cimera, y asió una fornida lan"a que su mano pudiera manejar& De i ual manera vistió las armas el a uerrido Fenelao& =BI Cuando hubieron acabado de armarse separadamente de la muchedumbre, aparecieron en el lu ar que mediaba entre ambos ejércitos, mir$ndose de un modo terrible! y así los troyanos, domadores de caballos, como los aqueos, de hermosas rebas, se quedaron atónitos al contemplarlos& 'ncontr$ronse aquéllos en el medido campo, y se detuvieron blandiendo las lan"as y mostrando el odio que recíprocamente se tenían& Alejandro arrojó el primero la luen a lan"a y dio un bote en el escudo liso del Atrida, sin

que el bronce lo rompiera7 la punta se torció al chocar con el fuerte escudo& H Fenelao Atrida, disponiéndose a acometer con la suya, oró al padre /eus7 =D0 29@oberano /eus: 1ermíteme casti ar al divino Alejandro, que me ofendió primero, y ha"lo sucumbir a mis manos, para que los hombres venideros teman ultrajar a quien los hospedare y les ofreciere su amistad& =DD Dijo, y blandiendo la luen a lan"a, acertó a dar en el escudo liso del 1ri$mida& )a in ente lan"a atravesó el terso escudo, se clavó en la labrada cora"a y ras ó la t#nica sobre el ijar& Cnclinóse el troyano y evitó la ne ra muerte& 'l Atrida desenvainó entonces la espada uarnecida de ar énteos clavos! pero, al herir al enemi o en la cimera del cas2 co, se le cayó de la mano, rota en tres o cuatro peda"os& H el Atrida, al"ando los ojos al anchuroso cielo, se lamentó diciendo7 =<D 291adre /eus, no hay dios m$s funesto que t#: 'speraba casti ar la perfidia de Alejandro, y la espada se quiebra en mis manos, la lan"a es arrojada in#tilmente y no consi o vencerlo& =<E Dice, y arremetiendo a 1aris, có elo por el casco adornado con espesas crines de caballo, que retuerce, y lo arrastra hacia los aqueos de hermosas rebas, medio aho ado por la bordada correa que, atada por debajo de la barba para ase urar el casco, le apretaba el delicado cuello& H se lo hubiera llevado, consi uiendo inmensa loria, si al punto no lo hubiese advertido Afrodita, hija de /eus, que rompió la correa hecha del cuero de un buey de ollado7 el casco vacío si uió a la robusta mano, el héroe lo volteó y arrojó a los aqueos, de hermosas rebas, y sus fieles compa*eros lo reco ieron& De nuevo asaltó Fenelao a 1aris para matarlo con la broncínea lan"a! pero Afrodita arrebató a su hijo con ran facilidad, por ser diosa, y llevólo, envuelto en densa niebla, al oloroso y perfumado t$lamo& )ue o fue a llamar a %elena, hall$ndola en la alta torre con muchas troyanas! tiró suavemente de su perfumado velo, y, tomando la fi ura de una anciana cardadora que all$ en )acedemonia le preparaba a %elena hermosas lanas y era muy querida de ésta, díjole la diosa Afrodita7 =EI 2Jen ac$& (e llama Alejandro para que vuelvas a tu casa& %$llase, esplendente por su belle"a y sus vestidos, en el torneado lecho de la c$mara nupcial& ,o dirías que viene de combatir, sino que va al baile o que reposa de reciente dan"a& =ED Así dijo& %elena sintió que en el pecho le palpitaba el cora"ón! pero, al ver el hermosísimo cuello, los lindos pechos y los reful entes ojos de la diosa, se asombró y le dijo7 =EE 29Cruel: 41or qué quieres en a*arme5 4Fe llevar$s acaso m$s all$, a cualquier populosa ciudad de la >ri ia o de la Feonia amena donde al #n hombre dotado de palabra te sea querido5 4Jienes con en a*os porque Fenelao ha vencido al divino Alejandro, y quieres que yo, la odiosa, vuelva a su casa5 Je, siéntate al lado de 1aris, deja el camino de las diosas, no te condu"can tus pies al .limpo! y llora, y vela por él, hasta que te ha a su esposa o su esclava& ,o iré a00$, 9ver on"oso fuera:, a compartir su lecho! todas las troyanas me lo vituperarían, y ya son muchos los pesares que conturban mi cora"ón& B0= )a divina Afrodita le respondió airada7 B0B 29,o me irrites, des raciada: ,o sea que, enoj$ndome, te desampare! te aborre"ca de modo tan eGtraordinario como hasta aquí te amé! pon a funestos odios entre troyanos y d$naos, y t# pere"cas de mala muerte& B03 Así dijo& %elena, hija de /eus, tuvo miedo! y, ech$ndose el blanco y espléndido velo, salió en silencio tras la diosa, sin que nin una de las troyanas lo advirtiera& B;0 (an pronto como lle aron al ma nífico palacio de Alejandro, las esclavas volvieron a sus labores, y la divina entre las mujeres se fue derecha a la c$mara nupcial

de elevado techo& )a risue*a Afrodita colocó una silla delante de Alejandro! sentóse %elena, hija de /eus, que lleva la é ida, y, apartando la vista de su esposo, lo increpó con estas palabras7 B;3 29Jienes de la lucha, y hubieras debido perecer a manos del esfor"ado varón que fue mi anterior marido: +lasonabas de ser superior a Fenelao, caro a Ares, en fuer"a, en pu*os y en el manejo de la lan"a! pues provócalo de nuevo a sin ular combate& 1ero no7 te aconsejo que desistas, y no quieras pelear ni contender temerariamente con el rubio Fenelao! no sea que en se uida sucumbas, herido por su lan"a& B=8 Kespondióle 1aris con estas palabras7 B=3 2Fujer, no me "ahieras con amar os baldones& %oy ha vencido Fenelao con el auGilio de Atenea! otro día lo venceré yo, pues también tenemos dioses que nos prote en& Fas, ea, acostémonos y volvamos a ser ami os& Lam$s la pasión se apoderó de mi espíritu como ahora! ni cuando, después de robarte, partimos de la amena )acedemonia en las naves surcadoras del ponto y lle amos a la isla de Cr$nae, donde me unió conti o amoroso consorcio7 con tal ansia te amo en este momento y tan dulce es el deseo que de mí se apodera& BB8 Dijo, y empe"ó a encaminarse al t$lamo! y en se uida lo si uió la esposa& BB3 Acost$ronse ambos en el torneado lecho, mientras el Atrida se revolvía entre la muchedumbre, como una fiera, buscando al deiforme Alejandro& 1ero nin #n troyano ni aliado ilustre pudo mostr$rselo a Fenelao, caro a Ares! que no por amistad lo hubiesen ocultado, pues a todos se les había hecho tan odioso como la ne ra muerte& H A amenón, rey de hombres, les dijo7 BD< 2i.íd, troyanos, d$rdanos y aliados: 's evidente que la victoria quedó por Fenelao, caro a Ares! entre adnos la ar iva %elena con sus rique"as y pa ad una indemni"ación, la que sea justa, para que lle ue a conocimiento de los hombres venideros& B<0 Así dijo el Atrida, y los dem$s aqueos aplaudieron& CANTO IV* !iolación de los juramentos 2 Agamenón reuista las tropas
* Fenelao lo busca por el cameo de batalla y recibe en la cintura el impacto de una flecha lan"ada por 1$ndaro, que así rompe la tre ua covenida por los dos ejércitos antes de empe"ar el sin ular desafío& 'ntonces comien"a una encarni"ada lucha entre aqueos y troyanos&

0 @entados en el $ureo pavimento junto a /eus, los dioses celebraban consejo& )a venerable %ebe escanciaba néctar, y ellos recibían sucesivamente la copa de oro y contemplaban la ciudad de (roya& 1ronto el Cronida intentó "aherir a %era con mordaces palabras! y, hablando fin idamente, dijo7 8 2Dos son las diosas que prote en a Fenelao, %era ar iva y Atenea alalcomenia! pero, sentadas a distancia, se contentan con mirarlo! mientras que Afrodita, amante de la risa, acompa*a constantemente al otro y to )ibra de )as parcas, y ahora lo acaba de salvar cuando él mismo creía perecer& 1ero, comp la victoria quedó por Fenelao, caro a Ares, deliberemos sobre sus futuras consecuencias7 si conviene promover nuevamente el funesto combate y la terrible pelea, o reconciliar a entrambos pueblos& @i a todos plu uiera y a radara, la ciudad del rey 1ríamo continuaría poblada y Fenelao se llevaría la ar iva %elena& ;I Así dijo& Atenea y %era, que tenían )os asientos conti uos y pensaban en causar da*o a )os troyanos, se mordieron )os labios& Atenea, aunque airada contra su padre /eus y poseída de fero" cólera, uardó silencio y nada dijo! pero a %era no le cupo la ira en el pecho, y eGclamó7

;D29Crudelísimo Cronida: 9Mué palabras proferiste: 4Muieres que sea vano a inefica" mi trabajo y el sudor que me costó5 Fis corceles se fati aron, cuando reunía el ejército contra 1ríamo y sus hijos& %a" lo que dices, pero no todos los dioses te lo aprobaremos& =I Kespondióle muy indi nado /eus, que amontona las nubes7 =0 29Desdichada: 4Mué raves ofensas te infieren 1ríamo y sus hijos para que continuamente anheles destruir la bien edificada ciudad de Clio5 @i trasponiendo las puertas de los altos muros, te comieras crudo a 1ríamo, a sus hijos y a los dem$s troyanos, qui"$ tu cólera se apaci uara& %a" lo que te pla"ca! no sea que de esta disputa se ori ine una ran ri*a entre nosotros& .tra cosa voy a decirte que fijar$s en la memoria7 cuando yo ten a vehemente deseo de destruir al una ciudad donde vivan ami os tuyos, no retardes mi cólera y déjame hacer lo que quiera, ya que ésta te la cedo espont$neamente, aunque contra los impulsos de mi alma& De las ciudades que los hom2 bres terrestres habitan debajo del sol y del cielo estrellado, la sa rada Clio era la preferida de mi cora"ón, con 1ríamo y su pueblo armado con lan"as de fresno& Fi altar jam$s careció en ella del alimento debido, libaciones y vapor de rasa quemada! que tales son los honores que se nos deben& Do Contestóle en se uida %era veneranda, la de ojos de novilla7 D0 2(res son las ciudades que m$s quiero7 Ar os, 'sparta y Ficenas, la de anchas calles! destr#yelas cuando las aborre"ca tu cora"ón, y no las defenderé, ni me opondré siquiera& H si me opusiere y no lo permitiere destruirlas, nada conse uiría, porque tu poder es muy superior& 1ero es preciso que mi trabajo no resulte in#til& (ambién yo soy una deidad, nuestro linaje es el mismo y el artero Crono en endróme la m$s venerable, por mi abolen o y por llevar el nombre de esposa tuya, de ti que reinas sobre los inmortales todos& (ransijamos, yo conti o y t# conmi o, y los dem$s dioses inmortales nos se uir$n& Fanda presto a Atenea que vaya al campo de la terrible batalla de los troyanos y los aqueos, y procure que los troyanos empiecen a ofender, contra lo jurado, a los envanecidos aqueos& <3 Así dijo& ,o desobedeció el padre de los hombres y de los dioses! y, diri iéndose a Atenea, profirió en se uida estas aladas palabras7 8I 2Je muy presto al campo de los troyanos y de los aqueos, y procura que los troyanos empiecen a ofender, contra lo jurado, a los envanecidos aqueos& 8= Con tales voces insti ólo a hacer lo que ella misma deseaba! y Atenea bajó en raudo vuelo de las cumbres del .limpo& Cual f#l ida estrella que, enviada como se*al por el hijo del artero Crono a los nave antes o a los individuos de un ran ejército, despide ran n#mero de chispas! de i ual modo 1alas Atenea se lan"ó a la tierra y cayó en medio del campo& Asombr$ronse cuantos la vieron, así los troyanos, domadores de caballos, como los aqueos, de hermosas rebas, y no faltó quien dijera a su vecino7 3; 2. empe"ar$ nuevamente el funesto combate y la terrible pelea, o /eus, $rbitro de la uerra humana, pondr$ amistad entre ambos pueblos& 3D De esta manera hablaban al unos de los aqueos y de los troyanos& )a diosa, transfi urada en varón 2parecíase a )aódoco Antenórida, esfor"ado combatiente2, penetró por el ejército troyano buscando al deiforme 1$ndaro& %alló por fin al eGimio y fuerte hijo de )icaón en medio de las filas de hombres valientes, escudados, que con él habían lle ado de las orillas del 'sepo! y, deteniéndose cerca de él, le dijo estas aladas palabras7 E= 24Muerr$s obedecerme, hijo valeroso de )icaón5 9(e atrevieras a disparar una velo" flecha contra Fenelao: Alcan"arías loria entre los troyanos y te lo a radecerían todos, y particularmente el príncipe Alejandro! éste te haría espléndidos presentes, si viera que a Fenelao, belicoso hijo de Atreo, lo subían a la triste pira, muerto por una de tus flechas& 'a, tira una saeta al ínclito Fenelao, y vota sacrificar a Apolo nacido en )icia, célebre

por su arco, una hecatombe perfecta de corderos primo énitos cuando vuelvas a tu patria, la sa rada ciudad de /elea& Así dijo Atenea& 'l insensato se dejó persuadir, y asió en se uida el pulido arco hecho con las astas de un lascivo buco montés, a quien él había acechado y herido en el pecho cuando saltaba de un pe*asco7 el animal cayó de espaldas en la roca, y sus cuernos de dieciséis palmos fueron ajustados y pulidos por h$bil artífice y adornados con anillos de oro& 1$ndaro tendió el arco, baj$ndolo a inclin$ndolo al suelo, y sus valientes ami os lo cubrieron con los escudos, para que los belicosos aqueos no arremetieran contra él antes que Fenelao, a uerrido hijo de Atreo, fuese herido& Destapó el carcaj y sacó una flecha nueva, alada, causadora de acerbos dolores! adaptó en se uida a la cuerda del arco la amar a saeta, y votó a Apolo nacido en )icia, el de lorioso arco, sacrificarle una espléndida hecatombe de corderos primo énitos cuando volviera a su patria, la sa rada ciudad de /elea& H, co iendo a la ve" las plumas y el bovino nervio, tiró hacia su pecho y acercó la punta de hierro al arco& Armado así, rechinó el ran arco circular, crujió la cuerda y saltó la puntia uda flecha deseosa de volar sobre la multitud& 0;8 ,o se olvidaron de ti, oh Fenelao, los felices a inmortales dioses y especialmente la hija de /eus, que impera en las batallas! la cual, poniéndose delante, desvió la amar a flecha7 apartóla del cuerpo como la madre ahuyenta una mosca de su ni*o que duerme con pl$cido sue*o, y la diri ió al lu ar donde los anillos de oro sujetaban el cinturón y la cora"a era doble& )a amar a saeta atravesó el ajustado cinturón, obra de artífice! se clavó en la ma nífica cora"a, y, rompiendo la chapa que el héroe llevaba para prote er el cuerpo contra las flechas y que lo defendió mucho, ras u*ó la piel y al momento brotó de la herida la ne ra san re& 0B0 Como una mujer meonia o caria ti*e en p#rpura el marfil que ha de adornar el freno de un caballo, muchos jinetes desean llevarlo y aquélla lo uarda en su casa para un rey a fin de que sea ornamento para el caballo y motivo de loria para el caballero! de la misma manera, oh Fenelao, se ti*eron de san re tus bien formados muslos, las piernas, y m$s abajo los hermosos tobillos& 0B3 'stremecióse el rey de hombres, A amenón, al ver la ne ra san re que manaba de la herida& 'stremecióse asimismo Fenelao, caro a Ares! mas, como advirtiera que que2 daban fuera el nervio y las plumas, recobró el $nimo en su pecho& H el rey A amenón, asiendo de la mano a Fenelao, dijo entre hondos suspiros mientras los compa*eros emían7 0DD 29%ermano querido: 1ara tu muerte celebré el jurado convenio cuando te puse delante de todos a fin de que lucharas por los aqueos, t# solo, con los troyanos& Así te han herido7 pisoteando los juramentos de fidelidad& 1ero no ser$n in#tiles el pacto, la san re de los corderos, las libaciones de vino puro y el apretón de manos en que confi$bamos& @i el .límpico no los casti a ahora, lo har$ m$s tarde, y pa ar$n cuanto hicieron con una ran pena7 con sus propias cabe"as, sus mujeres y sus hijos& +ien lo conoce mi inteli encia y lo presiente mi cora"ón7 día vendr$ en que pere"can la sa rada llio, y 1riamo, y su pueblo armado con lan"as de >resno! el eGcelso /eus Cronida, que vive en el éter, irritado por este en a*o, a itar$ contra ellos su é ida espantosa& (odo esto ha de suceder irremisiblemente& 1ero ser$ rande mi pesar, oh Fenelao, si mueres y lle as al término fatal de to vida, y he de volver con ran oprobio a la $rida Ar os! porque los aqueos se acordar$n en se uida de su tierra patria, dejaremos como trofeos en poder de 1ríamo y de los troyanos a la ar iva %elena, y tus huesos se pudrir$n en (roya a causa de una empresa no llevada a cumplimiento& H al uno de los troyanos soberbios eGclamar$, saltando sobre la tumba del lorioso Fenelao7 QAsí efect#e A amenón todas sus ven an"as como ésta! pues trajo in#tilmente un ejército aqueo y re resó a su patria con

las naves vacías, dejando aquí al valiente Fenelao&R H cuando esto di a, $braseme la anchurosa tierra& 03= 1ara tranquili"arlo, respondió el rubio Fenelao7 03B 2(en $nimo y no espantes a los aqueos& )a a uda flecha no se me ha clavado en sitio mortal, pues me prote ió por fuera el labrado cinturón y por dentro la faja y la chapa que forjaron obreros broncistas& 033 Contestóle el rey A amenón, diciendo7 03E 29.jal$ sea así, querido Fenelao: -n médico reconocer$ la herida y le aplicar$ dro as que calmen los terribles dolores& 0E; Dijo, y en se uida dio esta orden al divino heraldo (altibio7 0E= 29(altibio: )lama pronto a Facaón, el hijo del insi ne médico Asclepio, para que recono"ca al a uerrido Fenelao, hijo de Atreo, a quien ha flechado un h$bil arquero troyano o licio! loria para él y llanto para nosotros& 0E3 Así dijo, y el heraldo al oírlo no desobedeció& >uese por entre los aqueos, de broncíneas cora"as, buscó con la vista al héroe Facaón y lo halló en medio de las fuertes filas de hombres escudados que lo habían se uido desde (rica, criadora de caballos& H, deteniéndose cerca de él, le diri ió estas aladas palabras7 ;IB 29Jen, Asclepíada: (e llama el rey A amenón para que recono"cas al a uerrido Fenelao, caudillo de los aqueos, a quien ha flechado h$bil arquero troyano o licio! loria para él y llanto para nosotros& ;I3 Así dijo, y Facaón sintió que en el pecho se le conmovía el $nimo& Atravesaron, hendiendo por la ente, el espacioso campamento de los aqueos! y lle ando al lu ar donde fue herido el rubio Fenelao Néste aparecía como un dios entre los principales caudillos que en torno de él se habían con re adoO, Facaón arrancó la flecha del ajustado cín ulo! pero, al tirar de ella, rompiéronse las plumas, y entonces desató el vistoso cinturón y quitó la faja y la chapa que habían hecho obreros broncistas& (an pronto como vio la herida causada por la cruel saeta, chupó la san re y aplicó con pericia dro as calmantes que a su padre había dado Muirón en prueba de amistad& ;;I Fientras se ocupaban en curar a Fenelao, valiente en la pelea, lle aron las huestes de los escudados troyanos! vistieron aquéllos la armadura, y ya sólo pensaron en el combate& ;;= 'ntonces no hubieras visto que el divino A amenón se durmiera, temblara o rehuyera el combate, pues iba presuroso a la lid, donde los varones alcan"an loria& Dejó los caballos y el carro de broncíneos adornos 2'urimedonte, hijo de 1tolomeo 1iraída, se quedó a cierta distancia con los fo osos corceles2, encar ó al auri a que no se alejara por si el cansancio se apoderaba de sus miembros, mientras ejercía el mando sobre aquella multitud de hombres y empe"ó a recorrer a pie las hileras de uerreros& A cuantos veía, de entre los d$naos de $ iles corceles, que se apercibían para la pelea, los animaba diciendo7 ;=B 29Ar ivos: ,o desmaye vuestro impetuoso valor& 'l padre /eus no prote er$ a los pérfidos7 como han sido los primeros en faltar a lo jurado, sus tiernas carnes ser$n pasto de buitres y nosotros nos llevaremos en las naves a sus esposas e hijos cuando tomemos la ciudad& ;BI A los que veía remisos en marchar al odioso combate, los increpaba con iracundas voces7 ;B0 29Ar ivos que sólo con el arco sabéis pelear, hombres vituperables: 4,o os aver on"$is5 41or qué os hallo atónitos como cervatos que, habiendo corrido por espacioso campo, se detienen cuando nin #n vi or queda en su pecho5 Así est$is vosotros7 pasmados y sin combatir& 4A uard$is acaso que los troyanos lle uen a la orilla

del espumoso mar donde tenemos las naves de lindas popas, para ver si el Cronión eG2 tiende su mano sobre vosotros5 ;DI De tal suerte revistaba, como eneralísimo, las filas de uerreros& Andando por entre la muchedumbre, lle ó al sitio donde los cretenses vestían las armas con el a uerrido Cdomeneo& 6ste, semejante a un jabalí por su bravura, se hallaba en las primeras filas, y Feriones enardecía a los soldados de las #ltimas falan es& Al verlos, el rey de hombres, A amenón, se ale ró y al punto dijo a Cdomeneo con suaves voces7 ;D8 29Cdomeneo: (e honro de un modo especial entre los d$naos, de $ iles corceles, así en la uerra a otra empresa, como en el banquete, cuando los próceres ar ivos beben el ne ro vino de honor me"clado en las crateras& A los dem$s aqueos de lar a cabellera se les da su ración! pero t# tienes siempre la copa llena, como yo, y bebes cuanto te place& Corre ahora a la batalla y muestra el denuedo de que te jactas& ;<D Kespondióle Cdomeneo, caudillo de los cretenses7 ;<< 29Atrida: @iempre he de ser tu ami o fiel, como lo ase uré y prometí que lo sería& 1ero eGhorta a los dem$s melenudos aqueos, para que cuanto antes peleemos con los troyanos, ya que éstos han roto los pactos& )a muerte y toda clase de calamidades les a uardan, por haber sido los primeros en faltar a lo jurado& ;8; Así dijo, y el Atrida con el cora"ón ale re pasó adelante& Andando por entre la muchedumbre lle ó al sitio donde estaban los Ayantes& 6stos se armaban, y una nube de infantes los se uía& Como el nubarrón, impelido por el céfiro, camina sobre el mar y se le ve a to lejos ne ro como la pe" y pre*ado de tempestad, y el cabrero se estremece al divisarlo desde una altura, y, anteco iendo el anado, lo conduce a una cueva! de i ual modo iban al da*oso combate, con los Ayantes, las densas y obscuras falan es de jóvenes ilustres, eri"adas de lan"as y escudos& Al verlos, el rey A amenón se re ocijó, y dijo estas aladas palabras7 ;3D 29Ayantes, príncipes de los ar ivos de broncíneas cora"as: A vosotros 2inoportuno fuera eGhortaros2 nada os encar o, porque ya insti $is al ejército a que pelee valerosa2 mente& .jal$, 9padre /eus, Atenea, Apolo:, que hubiese el mismo $nimo en todos los pechos, pues pronto la ciudad del rey 1ríamo sería tomada y destruida por nuestras manos& ;E; Cuando así hubo hablado, los dejó y se fue hacia otros& %alló a ,éstor, elocuente orador de los pilios, ordenando a los suyos y anim$ndolos a pelear, junto con el ran 1ela onte, Al$stor, Cromio, el poderoso %emón y +iante, pastor de hombres& 1onía delante, con los respectivos carros y corceles, a los que desde aquéllos combatían! detr$s, a ran copia de valientes peones que en la batalla formaban como un muro, y en medio, a los cobardes para que mal de su rado tuviesen que combatir& H, dando instrucciones a los primeros, les encar aba que sujetaran los caballos y no promoviesen confusión entre la muchedumbre7 =I= 2,adie, confiando en su pericia ecuestre o en su valor, quiera luchar solo y fuera de las filas con los troyanos! que asimismo nadie retroceda! pues con mayor facilidad seríais vencidos& 'l que cai a del carro y suba al de otro pelee con la lan"a, pues hacerlo así es mucho mejor& Con tal prudencia y $nimo en el pecho destruyeron los anti uos muchas ciudades y murallas& =0I De tal suerte el anciano, diestro desde anti uo en la uerra, los enardecía& Al verlo, el rey A amenón se ale ró, y le dijo estas aladas palabras7 =0= 29.h anciano: 9Así como conservas el $nimo en tu pecho, tuvieras $ iles las rodillas y sin menoscabo las fuer"as: 1ero te abruma la veje", que a nadie respeta& .jal$ que otro car ase con ella y t# fueras contado en el n#mero de los jóvenes& =08 Kespondióle ,éstor, caballero erenio7

=03 29Atrida: (ambién yo quisiera ser como cuando maté al divino 'reutalión& 1ero jam$s las deidades lo dieron todo y a un mismo tiempo a los hombres7 si entonces era joven, ya para mí lle ó la senectud& 'sto no obstante, acompa*aré a los que combaten en carros para eGhortarlos con consejos y palabras, que tal es la misión de los ancianos& )as lan"as las blandir$n los jóvenes, que son m$s vi orosos y pueden confiar en sus fuer"as& =;< Así dijo, y el Atrida pasó adelante con el cora"ón ale re& %alló al eGcelente jinete Fenesteo, hijo de 1éteo, de pie entre los atenienses ejercitados en la uerra& 'staba cerca de ellos el in enioso -lises, y a poca distancia las huestes de los fuertes cefalenios, los cuales, no habiendo oído el rito de uerra 2pues así las falan es de los troyanos, domadores de caballos, como las de los aqueos, se ponían entonces en movimiento2, a uardaban que otra columna aquea cerrara con los troyanos y diera principio la batalla& Al verlos, el rey A amenón los increpó con estas aladas palabras7 ==3 29%ijo del rey 1éteo, alumno de /eus! y t#, perito en malas artes, astuto: 41or qué, medrosos, os abstenéis de pelear y esper$is que otros tomen la ofensiva5 Debierais estar entre los delanteros y correr a la ardiente pelea, ya que os invito antes que a nadie cuando los aqueos damos un banquete a los próceres& 'ntonces os usta comer carne asada y beber sin tasa copas de dulce vino, y ahora veríais con placer que die" columnas aqueas combatieran delante de vosotros con el cruel bronce& =BE 'ncar$ndole la torva vista, eGclamó el in enioso -lises7 =DI 29Atrida: 9Mué palabras se te escaparon del cerco de los dientes: 41or qué dices que somos remisos en ir al combate5 Cuando los aqueos eGcitemos al fero" Ares contra los troyanos domadores de caballos, ver$s, si quieres y te importa, cómo el padre amado de (elémaco penetra por las primeras filas de los troyanos, domadores de caballos& Jano y sin fundamento es tu len uaje& =D< Cuando el rey A amenón comprendió que el héroe se irritaba, sonrióse y, retract$ndose dijo7 =D3 29)aertíada, del linaje de /eus: 9-lises, fecundo en ardides: ,o ha sido mi intento ni reprenderte en demasía, ni darte órdenes& Cono"co los benévolos sentimientos del co2 ra"ón que tienes en el pecho, pues tu modo de pensar coincide con el mío& 1ero ve, y si te dije al o ofensivo, lue o arre laremos este asunto& %a an los dioses que todo se lo lleve el viento& =<B 'sto dicho, los dejó a00í, y se fue hacia otros& %alló al animoso Diomedes, hijo de (ideo, de pie entre los corceles y los sólidos carros! y a su lado a 'sténelo, hijo de Capaneo& 'n viendo a aquél, el rey A amenón lo reprendió, profiriendo estas aladas palabras7 =8I 29Ay, hijo del a uerrido (ideo, domador de caballos: 41or qué tiemblas5 41or qué miras a"orado el espacio que de los enemi os nos separa5 ,o solía (ideo temblar de este modo, sino que, adelant$ndose a sus compa*eros, peleaba con el enemi o& Así lo refieren quienes to vieron combatir, pues yo no to presencié ni to vi, y dicen que a todos superaba& 'stuvo en Ficenas, no para uerrear, sino como huésped, junto con el divino 1olinices, cuando ambos reclutaban tropas para diri irse contra los sa rados muros de (eba& Fucho nos ro aron que les diéramos auGiliares ilustres, y los ciudadanos querían concedérselos y prestaban asenso a lo que se les pedía! pero /eus, con funestas se*ales, les hi"o variar de opinión& Jolviéronse aquéllos! después de andar mucho, lle aron al Asopo, cuyas orillas pueblan juncales y prados, y los aqueos nombraron embajador a (ideo para que fuera a (eba& 'n el palacio del fuerte 'teocles encontr$banse muchos cadmeos reunidos en banquete! pero ni a00í, siendo huésped y solo entre tantos, se turbó el eGimio jinete (ideo7 los desafiaba y vencía f$cilmente en toda clase de luchas& 9De tal suerte lo prote ía Atenea: Cuando se fue, irritados los cadmeos, a uijadores de caballos, pusieron en

emboscada a cincuenta jóvenes al mando de dos jefes7 Feón %emónida, que parecía un inmortal, y 1olifonte, intrépido hijo de Autófono& A todos les dio (ideo i nominiosa muerte menos a uno, a Feón, a quien permitió, acatando divinales indicaciones, que volviera a la ciudad& (al fue (ideo etolio, y el hijo que en endró le es inferior en el combate y superior en el $ ora& BI0 Así dijo& 'l fuerte Diomedes oyó con respeto la increpación del venerable rey y uardó silencio, pero el hijo del lorioso Capaneo hubo de replicarle7 BIB 29Atrida: ,o mientas, pudiendo decir la verdad& ,os loriamos de ser m$s valientes que nuestros padres, pues hemos tomado a (eba, la de las siete puertas, con un ejército menos numeroso, que, confiando en divinales indicaciones y en el auGilio de /eus, reunimos al pie de su muralla, consa rada a Ares! mientras que aquéllos perecieron por sus locuras& ,o nos consideres, pues, a nuestros padres y a nosotros di nos de i ual estimación& B00 Fir$ndolo con torva fa", le contestó el fuerte Diomedes7 B0; 2Calla, ami o! obedece mi consejo& Ho no me enfado porque A amenón, pastor de hombres, anime a los aqueos, de hermosas rebas, antes del combate& @uya ser$ la loria, si los aqueos rindieren a los troyanos y tomaren la sa rada Clio! suyo el ran pesar, si los aqueos fueren vencidos& 'a, pensemos tan sólo en mostrar nuestro impetuoso valor& B0E Dijo, saltó del carro al suelo sin dejar las armas, y tan terrible fue el resonar del bronce sobre su pecho, que hubiera sentido pavor hasta un hombre muy esfor"ado& B;; Como las olas impelidas por el Céfiro se suceden en la ribera sonora, y primero se levantan en alta mar, braman después al romperse en la playa y en los promontorios, su2 ben comb$ndose a to alto y escupen la espuma! así las falan es de los d$naos marchaban sucesivamente y sin interrupción al combate& )os capitanes daban órdenes a los suyos respectivos, y éstos andaban callados Nno hubieras dicho que los si uieran a aquéllos tantos hombres con vo" en el pechoO y temerosos de sus caudillos& 'n todos relucían las labradas armas de que iban revestidos&2 )os troyanos avan"aban también, y como muchas ovejas balan sin cesar en el establo de un hombre opulento, cuando, al series eGtraída la blanca leche, oyen la vo" de los corderos! de la misma manera elev$base un confuso vocerío en el vasto ejército de aquéllos& ,o era i ual el sonido ni el modo de hablar de todos y las len uas se me"claban, porque los uerreros procedían de diferentes países&2 A los unos los eGcitaba Ares! a los otros, Atenea, la de ojos de lechu"a, y a entrambos pue2 blos, el (error, la >u a y la Discordia, insaciable en sus furores y hermana y compa*era del homicida Ares, la cual al principio aparece peque*a y lue o toca con la cabe"a el cie2 lo mientras anda sobre la tierra& 'ntonces la Discordia, penetrando por la muchedumbre, arrojó en medio de ella el combate funesto para todos y aumentó el af$n de los uerreros& BB< Cuando los ejércitos lle aron a juntarse, chocaron entre sí los escudos, las lan"as y el valor de los hombres armados de broncíneas cora"as, y al aproGimarse los abollonados escudos se produjo un ran alboroto& Allí se oían simult$neamente los lamentos de los moribundos y los ritos jactanciosos de los matadores, y la tierra manaba san re& Como dos torrentes nacidos en randes manantiales se despe*an por los montes, re#nen las hirvientes a uas en hondo barranco abierto en el valle y producen un estruendo que oye desde lejos el pastor en la monta*a, así eran la ritería y el trabajo de los que vinieron a las manos& BD8 >ue Antíloco quien primeramente mató a un uerrero troyano, a 'quepolo (alisíada, que peleaba valerosamente en la van uardia7 hiriólo en la cimera del penachudo casco, y la broncínea lan"a, clav$ndose en la frente, atravesó el hueso, las tinieblas cubrieron los ojos del uerrero y éste cayó como una torre en el duro combate& Al punto asióle de un pie el rey 'lefénor Calcodontíada, caudillo de los bravos abantes, y

lo arrastraba para ponerlo fuera del alcance de los dardos y quitarle la armadura& 1oco duró su intento& 'l ma n$nimo A enor lo vio arrastrar el cad$ver, e, hiriéndolo con la broncínea lan"a en el costado, que al bajarse quedó descubierto junto al escudo, dejóle sin vi or los miembros& De este modo perdió 'lefénor la vida y sobre su cuerpo trabaron enconada pelea troyanos y aqueos7 como lobos se acometían y unos a otros se mataban& B8= Ayante (elamonio tiróle un bote de lan"a a @imoesio, hijo de Antemión, que se hallaba en la flor de la juventud& @u madre habíale dado a lu" a orillas del @imoente, cuando bajó del Cda con sus padres para ver las ovejas7 por esto le llamaron @imoesio& Fas no pudo pa ar a sus pro enitores la crian"a ni fue lar a su vida, porque sucumbió vencido por la lan"a del ma n$nimo Ayante7 acometía el troyano, cuando Ayante lo hirió en el pecho junto a la tetilla derecha, y la broncínea punta salió por la espalda& Cayó el uerrero en el polvo como el terso $lamo nacido en la orilla de una espaciosa la una y coronado de ramas que corta el carrero con el hierro reluciente, para hacer las pinas de un hermoso carro, dejando que el tronco se seque en la ribera! de i ual modo, Ayante, del linaje de /eus despojó a @imoesio Antémida&2 Antifo 1ri$mida, que iba revestido de labrada cora"a, lan"ó por entre la muchedumbre su a udo dardo contra Ayante y no lo tocó! pero hirió en la in le a )euco, compa*ero valiente de -lises, mientras arrastraba el cad$ver7 desprendióse éste y el uerrero cayó junto al mismo&2 -lises, muy irritado por tal muerte, atravesó las primeras filas cubierto de reful ente bronce, det#vose muy cerca del matador, y, revolviendo el rostro a todas partes, arrojó la brillante lan"a& Al verlo, huyeron los troyanos& ,o fue vano el tiro, pues hirió a Democoonte, hijo bastardo de 1ríamo, que había venido de Abidos, país de corredoras ye uas7 -lises, irritado por la muerte de su compa*ero, le envasó la lan"a, cuya broncínea punta le entró por una sien y le salió por la otra! la obscuridad cubrió los ojos del uerrero, cayó éste con estrépito y sus armas resonaron&Arredr$ronse los combatientes delanteros y el esclarecido %éctor! y los ar ivos dieron randes voces, retiraron los muertos y avan"aron un buen trecho& Fas Apolo, que desde 1ér amo lo presenciaba, se indi nó y con recios ritos eGhortó a los troyanos7 DIE 29Acometed, troyanos domadores de caballos: ,o ced$is en la batalla a los ar ivos, porque sus cuerpos no son de piedra ni de hierro para que puedan resistir, si los herís, el tajante bronce! ni pelea Aquiles, hijo de (etis, la de hermosa cabellera, que se quedó en las naves y allí rumia la dolorosa cólera& D0B Así dijo el terrible dios desde la ciudadela& A su ve", la hija de /eus, la loriosísima (rito enia, recorría el ejército aqueo y animaba a los remisos& D08 >ue entonces cuando el hado echó los la"os de la muerte a Diores Amarincida& %erido en el tobillo derecho por puntia uda piedra que le tiró 1íroo Cmbr$sida, caudillo de los tracios, que había lle ado de 'no 2la insolente piedra rompióle ambos tendones y el hueso2, cayó de espaldas en el polvo, y eGpirante tendía los bra"os a sus camaradas cuando el mismo 1íroo, que lo había herido, acudió presuroso e hiriólo nuevamente con la lan"a junto al ombli o! derram$ronse los intestinos y las tinieblas velaron los ojos del uerrero& D;8 Fientras 1íroo arremetía, (oante el etolio alanceólo en el pecho, por cima de una tetilla, y el bronce se le clavó en el pulmón& Acercósele (oante, le arrancó del pecho la in ente lan"a y, hundiéndole la a uda espada en medio del vientre, le quitó la vida& Fas no pudo despojarlo de la armadura, porque se vio rodeado por los compa*eros del muerto, los tracios que dejan crecer la cabellera en lo m$s alto de la cabe"a, quienes le asestaban sus lar as picas! y, aunque era corpulento, vi oroso a ilustre, fue recha"ado y hubo de retroceder& Así cayeron y se juntaron en el polvo el caudillo de los tracios y el de los epeos, de broncíneas cora"as, y a su alrededor murieron otros muchos&

D=E H quien, sin haber sido herido de cerca o de lejos por el a udo bronce, hubiera recorrido el campo, llevado de la mano y prote ido de las saetas por 1alas Atena, no habría baldonado los hechos de armas! pues aquel día ran n#mero de troyanos y de aqueos yacían, unos junto a otros, caídos de cara al polvo& CANTO V* Principal"a de #iomedes
* 'ntre los primeros, los aqueos, destaca Diomedes, siendo capa" de hacer huir a los mismísimos dioses Ares y Afrodita&

0 'ntonces 1alas Atenea infundió a Diomedes (idida valor y audacia, para que brillara entre todos los ar ivos y alcan"ase inmensa loria, a hi"o salir de su casco y de su escudo una incesante llama parecida al astro que en oto*o luce y centellea después de ba*arse en el .céano& (al resplandor despedían la cabe"a y los hombros del héroe, cuando Atenea lo llevó al centro de la batalla, allí donde era mayor el n#mero de uerreros que tumultuosamente se a itaban& E %ubo en (roya un varón rico a irreprensible, sacerdote de %efesto, llamado Dares! y de él eran hijos >e eo a Cdeo, ejercitados en toda especie de combates& 6stos iban en un mismo carro! y, separ$ndose de los suyos, cerraron con Diomedes, que desde tierra y en pie los a uardó& Cuando se hallaron frente a frente, >e eo tiró el primero la luen a lan"a, que pasó por cima del hombro i"quierdo del (idida sin herirlo! arrojó éste la suya y no fue en vano, pues se la clavó a aquél en el pecho, entre las tetillas, y lo derribó por tierra& Cdeo saltó al suelo, desamparando el ma nífico carro, sin que se atreviera a defender el cad$ver de su hermano 2no se hubiese librado de la ne ra muerte2, y %efesto lo sacó salvo, envolviéndolo en densa nube, a fin de que el anciano padre no se afli iera en demasía& 'l hijo del ma n$nimo (ideo se apoderó de los corceles y los entre ó a sus compa*eros para que los llevaran a las cóncavas naves& Cuando los altivos troyanos vieron que uno de los hijos de Dares huía y el otro quedaba muerto entre los carros, a todos se les conmovió el cora"ón& H Atenea, la de ojos de lechu"a, tomó por la mano al furibundo Ares y le habló diciendo7 =0 29Ares, Ares, funesto a los mortales, manchado de homicidios, demoledor de murallas: 4,o dejaremos que troyanos y aqueos peleen solos 2sean éstos o aquéllos a quienes el padre /eus quiera dar loria2 y nos retiraremos, para librarnos de la cólera de /eus5 =D Dicho esto, sacó de la li"a al furibundo Ares y lo hi"o sentar en la herbosa ribera del 'scamandro& )os d$naos pusieron en fu a a los troyanos, y cada uno de sus caudillos mató a un hombre& 'mpe"ó el rey de hombres, A amenón, con derribar del carro al corpulento .dio, caudillo de los hali"ones! al volverse para huir, envasóle la pica en la espalda, entre los hombros, y la punta salió por el pecho& Cayó el uerrero con estrépito y sus armas resonaron& B= Cdomeneo quitó la vida a >esto, hijo de +oro el meonio, que había lle ado de la fértil (arne, hiriéndolo con la formidable lan"a en el hombro derecho, cuando subía al carro7 desplomóse >esto, tinieblas horribles to envolvieron y los servidores de Cdomeneo lo despojaron de la armadura& BE 'l Atrida Fenelao mató con la a uda pica a 'scamandrio, hijo de 'strofio, ejercitado en la ca"a& A tan eGcelente ca"ador la misma Trtemis le había ense*ado a tirar a cuantas fieras crían las selvas de los montes& Fas no le valió ni Trtemis, que se complace en tirar flechas, ni el arte de arrojarlas en que tanto descollaba7 tuvo que huir, y

el Atrida Fenelao, famoso por su lan"a, lo hirió con un dardo en la espalda, entre los hombros, y le atravesó el pecho& Cayó de cara y sus armas resonaron& DE Feriones dejó sin vida a >ereclo, hijo de (ectón %armónida, que con las manos fabricaba toda clase de obras de in enio, porque era muy caro a 1alas Atenea& 6ste, no conociendo los or$culos de los dioses, construyó las naves bien proporcionadas de Alejandro, las cuales fueron la causa primera de todas las des racias y un mal para los troyanos y para él mismo& Feriones, cuando alcan"ó a aquél, lo alanceó en la nal a derecha! y la punta, pasando por debajo del hueso y cerca de la veji a, salió al otro lado& 'l uerrero cayó de hinojos, imiendo, y la muerte lo envolvió& <E Fe es hi"o perecer a 1edeo, hijo bastardo de Anténor, a quien (eano, la divina, había criado con i ual solicitud que a los hijos propios, para complacer a su esposo& 'l hijo de >ileo, famoso por su pica, fue a clavarle en la nuca la puntia uda lan"a, y el hierro cortó la len ua y asomó por los dientes del uerrero& 1edeo cayó en el polvo y mordía el frío bronce& 8< 'urípilo 'vemónida dio muerte al divino %ipsenor, hijo del animoso Dolopión, que era sacerdote de 'scamandro y el pueblo lo veneraba como a un dios& 1erse uíalo 'urípilo, hijo preclaro de 'vemón! el cual, poniendo mano a la espada, de un tajo en el hombro le cercenó el robusto bra"o, que ensan rentado cayó al suelo& )a purp#rea muerte y el hado cruel velaron los ojos del troyano& 3B Así se portaban éstos en el re*ido combate& 'n cuanto al (idida, no hubieras conocido con quiénes estaba, ni si pertenecía a los troyanos o a los aqueos& Andaba furioso por la llanura cual hinchado torrente que en su r$pido curso derriba los diques 2pues ni los diques m$s trabados, ni los setos de los floridos campos lo detienen2, y present$ndose repentinamente, cuando cae espesa la lluvia de /eus, destruye muchas hermosas labores de los jóvenes! tal tumulto promovía el (idida en las densas falan es troyanas que, con ser tan numerosas, no se atrevían a resistirlo& ED (an lue o como el preclaro hijo de )icaón vio que Diomedes corna furioso por la llanura y desordenaba las falan es, tendió el corvo arco y lo hirió en el hombro derecho, por el hueco de la cora"a, mientras aquél acometía& )a cruel saeta atravesó el hombro y la cora"a y se manchó de san re& H el preclaro hijo de )icaón, al notarlo, ritó con vo" recia7 0I; 29Arremeted, troyanos de $nimo altivo, a uijadores de caballos: %erido est$ el m$s fuerte de los aqueos! y no creo que pueda resistir mucho tiempo la fornida saeta, si fue re2 almente Apolo, hijo de /eus, quien me movió a venir aquí desde la )icia& 0I< Así dijo lori$ndose& 1ero la velo" flecha no postró a Diomedes! el cual, retrocediendo hasta el carro y los caballos, se detuvo y dijo a 'sténelo, hijo de Capaneo7 0IE 2Corre, buen hijo de Capaneo, baja del carro y arr$ncame del hombro la amar a flecha& 000 Así dijo& 'sténelo saltó del carro al suelo, se le acercó, y sacóle del hombro la a uda flecha! la san re chocaba, al salir a borbotones, contra las mallas de la t#nica& H entonces Diomedes, valiente en el combate, hi"o esta ple aria7 00D 29?yeme, hija de /eus, que lleva la é ida: 9Cndómita: @i al una ve" amparaste benévola a mi padre en la cruel uerra, séme ahora propicia, 9oh Atenea:, y ha" que se pon a a tiro de lan"a y reciba la muerte de mi mano quien se me anticipó hiriéndome, y ahora se jacta de que pronto dejaré de contemplar la f#l ida lu" del sol& 0;0 Así dijo ro ando& 1alas Atenea lo oyó, a ilitóle los miembros todos y especialmente los pies y las manos, y poniéndose a su lado pronunció estas aladas palabras7

0;B 2Cobra $nimo, Diomedes, y pelea con los troyanos! pues ya infundí en tu pecho el paterno intrépido valor que acostumbraba tener el jinete (ideo, a itador del escudo, y aparté la niebla que cubría tus ojos para que en la batalla cono"cas bien a los dioses y a los hombres& @i al uno de aquéllos viene a tentarte, no quieras combatir con los inmortales! pero, si se presentara en la lid Afrodita, hija de /eus, hiérela con el a udo bronce& 0== Dicho esto, fuese Atenea, la de ojos de lechu"a& 'l (idida volvió a me"clarse con los combatientes delanteros! y, si antes ardía en deseos de pelear contra los troyanos, en2 tonces sintió que se le triplicaba el bno, como un león a quien el pastor hiere levemente en el campo, al asaltar un redil de lanudas ovejas, y no lo mata, sino que lo eGcita la fuer"a7 el pastor desiste de recha"arlo y entra en el establo! las ovejas, al verse sin defensa, huyen para caer pronto hacinadas unas sobre otras, y la fiera salta afuera de la elevada cerca& Con tal furia penetró en las filas troyanas el fuerte Diomedes& 0BB 'ntonces hi"o morir a Astínoo y a %ipirón, pastor de hombres& Al primero lo hirió con la broncínea lan"a encima del pecho! contra %ipirón desnudó la ran espada, y de un tajo en la clavícula separóle el hombro del cuello y la espalda& Dejólos y fue al encuentro de Abante y 1olAdo, hijos de 'uridamante, que era de provecta edad a intérprete de sus sue*os7 cuando fueron a la uerra, el anciano no les interpretaría los sue*os, pues sucumbieron a manos del fuerte Diomedes, que los despojó de las armas& 'ndere"ó lue o los pasos hacia Lanto y (oón, hijos de >énope 2éste los había tenido en la triste veje" que lo abrumaba y no en endró otro hijo que heredara sus rique"as2, y a entrambos les quitó la dulce vida, causando llanto y triste pesar al anciano, que no pudo recibirlos de vuelta de la uerra! y m$s tarde los parientes se repartieron la herencia& 0DE 'n se uida alcan"ó a 'quemón y a Cromio, hijos de 1ríamo Dard$nida, que iban en el mismo carro& Cual león que, penetrando en la vacada, despeda"a la cervi" de una vaca o de una becerra que pace en el soto, así el hijo de (ideo los derribó violentamente del carro, les quitó la armadura y entre ó los corceles a sus camaradas para que los llevaran a las naves& 0<< 'neas advirtió qué Diomedes destruía las hileras de los troyanos, y fue en busca del divino 1$ndaro por la li"a y entre el estruendo de las lan"as& %alló por fin al fuerte y eGi2 mio hijo de )icaón! y deteniéndose a su lado, le dijo7 080 291$ndaro: 4Dónde uardas el arco y las voladoras flechas5 4Mué es de tu fama5 Aquí no tienes rival y en la )icia nadie se loría de aventajarte& 'a, levanta las manos a /eus y dispara una flecha contra ese hombre que triunfa y causa males sin cuento a los troyanos 2de muchos valientes ha quebrado ya las rodillas2, si por ventura no es un dios airado con los troyanos a causa de los sacrificios, pues la cólera de una deidad es terrible& 08E Kespondióle el preclaro hijo de )icaón7 03I 29'neas, consejero de los troyanos, de broncíneas t#nicas: 1arécese por entero al a uerrido (idida7 recono"co su escudo, su casco de alta cimera y a ujeros a uisa de ojos y sus corceles, pero no puedo ase urar si es un dios& @i ese uerrero es en realidad el belicoso hijo de (ideo, no se mueve con tal furia sin que al uno de los inmortales lo acompa*e, cubierta la espalda con una nube, y desvíe las veloces flechas que hacia él vuelan& Arrojéle una saeta que lo hirió en el hombro derecho, penetrando por el hueco de la cora"a! creí enviarle a Aidoneo, y sin embar o de esto no lo maté! sin duda es un dios irritado& ,o ten o aquí corceles ni carros que me lleven, aunque en el palacio de )icaón quedaron once carros hermosos, sólidos, de reciente construcción, cubiertos con fundas y con sus respectivos pares de caballos que comen blanca cebada y avena& )icaón, el uerrero anciano, entre los muchos consejos que me dio cuando partí del ma nífico palacio, me recomendó que en el duro combate mandara a los troyanos subido en un

carro! mas yo no me dejé convencer 2mucho mejor hubiera sido se uir su consejo2 y rehusé llevarme los corceles por el temor de que, acostumbrados a comer bien, se encontraran sin pastos en una ciudad sitiada& Dejélos, pues, y vine como infante a Clio, confiando en el arco que para nada me había de servir& Contra dos próceres lo he disparado, el (idida y el Atrida! a entrambos les causé heridas, de las que manaba verdadera san re, y sólo conse uí eGcitarlos m$s& Con mala suerte descol ué del clavo el corvo arco el día en que vine con mis troyanos a la amena Clio para complacer al divino %éctor& @i lo ro re resar y ver con estos ojos mi patria, mi mujer y mi casa espaciosa y de elevado techo, córteme la cabe"a un enemi o si no rompo y tiro al relumbrante fue o este arco, ya que su compa*ía me resulta in#til& ;08 Keplicóle 'neas, caudillo de los troyanos7 ;03 2,o hables así& )as cosas no cambiar$n hasta que, montados nosotros en el carro, acometamos a ese hombre y probemos la suerte de las armas& @ube a mi carro, para que veas cu$les son los corceles de (ros y cómo saben así perse uir ac$ y acull$ de la llanura como huir li eros! ellos nos llevar$n salvos a la ciudad, si /eus concede de nuevo la vic2 toria a Diomedes (idida& 'a, coma el l$ti o y las lustrosas riendas, y bajaré del carro para combatir! o enc$r ate t# de pelear, y yo me cuidaré de los caballos& ;;E Contestó el preclaro hijo de )icaón7 ;=I29'neas: Keco e t# las riendas y uía los corceles, porque tirar$n mejor del corvo carro obedeciendo al auri a a que est$n acostumbrados, si nos pone en fu a el hijo de (ideo& ,o sea que, echando de menos tu vo", se espanten y desboquen y no quieran sacarnos de la li"a, y el hijo del ma n$nimo (ideo nos embista y mate y se lleve los solípedos caballos& Puía, pues, el carro y los corceles, y yo con la a uda lan"a esperaré su acometida& ;=E Así hablaron! y, subidos en el labrado carro, uiaron animosamente los briosos corceles en derechura al (idida& Advirtiólo 'sténelo, preclaro hijo de Capaneo, y al punto dijo al (idida estas aladas palabras7 ;B= 29Diomedes (idida, carísimo a mi cora"ón: Jeo que dos robustos varones, cuya fuer"a es randísima, desean combatir conti o7 el uno, 1$ndaro, es h$bil arquero y se jacta de ser hijo de )icaón! el otro, 'neas, se loría de haber sido en endrado por el ma n$nimo Anquises y su madre es Afrodita& 'a, subamos al carro, retirémonos, y cesa de revolverte furioso entre los combatientes delanteros para que no pierdas la dulce vida& ;D0 Fir$ndolo con torva fa", le respondió el fuerte Diomedes7 ;D; 2,o me hables de huir, pues no creo que me persuadas& @ería impropio de mí batirme en retirada o amedrentarme& Fis fuer"as a#n si uen sin menoscabo& Desde*o subir al carro, y tal como estoy iré a encontrarlos, pues 1alas Atenea no me deja temblar& @us $ iles corceles no los llevar$n lejos de aquí, si por ventura al uno de aquéllos puede escapar& .tra cosa voy a decir que tendr$s muy presence7 @i la sabia Atenea me concede la loria de matar a entrambos, sujeta estos veloces caballos, amarrando las bridas al barandal, y no se te olvide de apoderarte de los corceles de 'neas para sacarlos de los troyanos y traerlos a los aqueos de hermosas rebas! pues pertenecen a la ra"a de aquéllos que el lar ovidente /eus dio a (ros en pa o de su hijo Panimedes, y son, por canto, los mejores de cuantos viven debajo del sol y la aurora& Anquises, rey de hombres, lo ró adquirir, a hurto, caballos de esta ra"a ayuntando ye uas con aquéllos sin que )aomedonte lo advirtiera! naciéronle seis en el palacio, crió cuatro en su pesebre y dio esos dos a 'neas, que pone en fu a a sus enemi os& @i los co iéramos, alcan"aríamos loria no peque*a& ;8B Así éstos conversaban& 1ronto 'neas y 1$ndaro, picando a los $ iles corceles, se les acercaron& H el preclaro hijo de )icaón eGclamó el primero7

;88 29Cora"ón fuerte, hombre belicoso, hijo del ilustre (ideo: Ha que la velo" y da*osa flecha no lo derribó, voy a probar si lo hiero con la lan"a& ;3I Dijo! y blandiendo la in ente arma, dio un bote en el escudo del (idida7 la broncínea punta atravesó la rodela y lle ó muy cerca de la cora"a& 'l preclaro hijo de )icaón ritó en se uida7 ;3B 2(ienes el ijar atravesado de parte a parte, y no creo que resistas lar o tiempo& Cnmensa es la loria que acabas de darme& ;3< @in turbarse, le replicó el fuerte Diomedes7 ;38 2'rraste el olpe, no has acertado! y creo que no dejaréis de combatir, hasta que uno de vosotros cai a y harte de san re a Ares, el infati able luchador& ;EI Dijo, y le arrojó la lan"a que, diri ida por Atenea a la nari" junto al ojo, le atravesó los blancos dientes& 'l duro bronce cortó la punta de la len ua y apareció por debajo de la barba& 1$ndaro cayó del carro, sus lucientes y labradas armas resonaron, espant$ronse los corceles de $ iles pies, y a00í acabaron la vida y el valor del uerrero& ;E8 @altó 'neas del carro con el escudo y la lar a pica! y, temiendo que los aqueos le quitaran el cad$ver, defendíalo como un león que confía en su bravura7 p#sose delante del muerto enhiesta la lan"a y embra"ado el liso escudo, y profiriendo horribles ritos se disponía a matar a quien se le opusiera& Fas el (idida, co iendo una ran piedra que dos de los hombres actuales no podrían llevar y que él manejaba f$cilmente, hirió a 'neas en la articulación del isquion con el fémur que se llama cótila! la $spera piedra rompió la cótila, des arró ambos tendones y arrancó la piel& 'l héroe cayó de rodillas, apoyó la robusta mano en el suelo y la noche obscura cubrió sus ojos& =00 H allí pereciera el rey de hombres 'neas, si al punto no lo hubiese advertido su madre Afrodita, hija de /eus, que lo había concebido de Anquises, pastor de bueyes& )a diosa tendió sus níveos bra"os al hijo amado y lo cubrió con un doble" del reful ente manto, para defenderlo de los tiros! no fuera que al uno de los d$naos, de $ iles corceles, clav$ndole el bronce en el pecho, le quitara la vida& =03 Fientras Afrodita sacaba a 'neas de la li"a, el hijo de Capaneo no echó en olvido las órdenes que le diera Diomedes, valiente en el combate7 sujetó allí, separadamente de la refrie a, sus solípedos caballos, amarrando las bridas al barandal! y, apoder$ndose de los corceles, de lindas crines, de 'neas, hí"olos pasar de los troyanos a los aqueos de hermosas rebas y entre ólos a Deípilo, el compa*ero a quien m$s honraba entre los de la misma edad a causa de su prudencia, para que los llevara a las cóncavas naves& Acto continuo el héroe subió al carro, asió las lustrosas riendas y uió solícito hacia el (idida los caballos de duros cascos& 'l héroe perse uía con el cruel bronce a Cipris, conociendo que era una deidad débil, no de aquéllas que imperan en el combate de los hombres, como Atenea o 'nio, asoladora de ciudades& (an pronto como lle ó a alcan"arla por entre la multitud, el hijo del ma n$nimo (ideo, calando la afilada pica, ras u*ó la tierna mano de la diosa7 la punta atravesó el peplo divino, obra de las mismas Pracias, y rompió la piel de la palma& +rotó la san re divina, o por mejor decir, el icor! que tal es lo que tienen los bienaventurados dioses, pues no comen pan ni beben el ne ro vino, y por esto carecen de san re y son llamados inmortales& )a diosa, dando una ran vo", apartó a su hijo, que >ebo Apolo recibió en sus bra"os y envolvió en espesa nube! no fuera que al uno de los d$naos, de $ iles corceles, clav$ndole el bronce en el pecho, le quitara la vida& H Diomedes, valiente en el combate, dijo a vo" en cuello7 =B3 29%ija de /eus, retírate del combate y la pelea: 4,o te basta en a*ar a las débiles mujeres5 Creo que, si intervienes en la batalla, te dar$ horror la uerra, aunque te encuentres a ran distancia de donde la haya&

=D; Así dijo& )a diosa retrocedió turbada y muy afli ida! Cris, de pies veloces como el viento, asiéndola por la mano, la sacó del tumulto cuando ya el dolor la abrumaba y el hermoso cutis se enne recía! y como aquélla encontrara al furibundo Ares sentado a la i"quierda de la batalla, con la lan"a y los veloces caballos envueltos en una nube, se hincó de rodillas y pidióle con instancia los corceles de $ureas bridas7 =DE 29Muerido hermano: Compadécete de mí y dame los caballos para que pueda volver al .limpo, a la mansión de los inmortales& Fe duele mucho la herida que me infirió un hombre, el (idida, quien sería capa" de pelear con el padre /eus& =<= Dijo, y Ares le cedió los corceles de $ureas bridas& Afrodita subió al carro con el cora"ón afli ido! Cris se puso a su lado, y tomando las riendas avispó con el l$ti o a aquéllos, que o"osos al"aron el vuelo& 1ronto lle aron a la morada de los dioses, al alto .limpo! y la dili ente Cris, la de pies li eros como el viento, detuvo los caballos, los desunció del carro y les echó un pasto divino& )a diosa Afrodita se refu ió en el re a"o de su madre Dione! la cual, recibiéndola en los bra"os y hala $ndola con la mano, le dijo7 =8= 24Cu$l de los celestes dioses, hija querida, de tal modo te maltrató, como si a su presencia hubieses cometido al una falta5 =8D Kespondióle al punto Afrodita, amante de la risa7 =8< 2%irióme el hijo de (ideo, Diomedes soberbio, porque sacaba de la li"a a mi hijo 'neas, carísimo para mí m$s que otro al uno& )a enconada lucha ya no es sólo de troya2 nos y aqueos, pues los d$naos ya se atreven a combatir con los inmortales& =30 Contestó Dione, divina entre las diosas7 =3; 2@ufre el dolor, hija mía, y sopórtalo aunque estés afli ida! que muchos de los que habitamos olímpicos palacios hemos tenido que tolerar ofensas de los hombres, a quienes eGcitamos para causarnos, unos dioses a otros, horribles males&2 )as toleró Ares cuando .to y el fornido 'fialtes, hijos de Aloeo, lo tuvieron trece meses atado con fuertes cadenas en una c$rcel de bronce7 a00í pereciera el dios insaciable de combate, si su madrastra, la bellísima 'ribea, no lo hubiese participado a %ermes, quien sacó furtivamente de la c$rcel a Ares casi eG$nime, pues las crueles ataduras lo a obiaban&2 )as toleró %era cuando el vi oroso hijo de Anfitrión hirióla en el pecho diestro con trifurcada flecha! vehementísimo dolor atormentó entonces a la diosa&2 H las toleró también el in ente %ades cuando el mismo hijo de /eus, que lleva la é ida, dispar$ndole en 1ilos velo" saeta, to entre ó al dolor entre los muertos7 con el cora"ón afli ido, traspasado de dolor, pues la flecha se le había clavado en la robusta espalda y abatía su $nimo, fue el dios al palacio de /eus, al vasto .limpo, y, como no había nacido mortal, curólo 1eón, esparciendo sobre la herida dro as calmantes& 9.sado: 9(emerario: ,o se abstenía de cometer acciones nefandas y contristaba con el arco a los dioses que habitan el .limpo&2 A ése lo ha eGcitado contra ti Atenea, la diosa de ojos de lechu"a& 9Cnsensato: C nora el hijo de (ideo que quien lucha con los inmortales ni lle a a viejo ni los hijos lo reciben, llam$ndole padre y abra"ando sus rodillas, de vuelta del combate y de la terrible pelea& Aunque es valiente, tema el (idida que le sal a al encuentro al uien m$s fuerte que t#7 no sea que lue o la prudente ' ialea, hija de Adrasto y cónyu e ilustre de Diomedes, domador de caballos, despierte con su llanto a los domésticos por sentir soledad de su le ítimo esposo, el mejor de los aqueos todos& B0< Dijo, y con ambas manos resta*ó el icor! la mano se curó y los acerbos dolores se calmaron& Atenea y %era, que lo presenciaban, intentaron "aherir a /eus Cronida con mordaces palabras! y Atenea, la diosa de ojos de lechu"a, empe"ó a hablar de esta manera7

B;0 291adre /eus: 4(e irritar$s conmi o por lo que diré5 @in duda Cipris quiso persuadir a al una aquea de hermoso peplo a que se fuera con los troyanos, que tan queridos le son! y, acarici$ndola, $ureo broche le ras u*ó la delicada mano& B;< Así dijo& @onrióse el padre de los hombres y de los dioses, y llamando a la $urea Afrodita, le dijo7 B;3 2A ti, hija mía, no te han sido asi nadas las acciones bélicas7 dedícate a los dulces trabajos del himeneo, y el impetuoso Ares y Atenea cuidar$n de aquéllas& B=0 Así los dioses conversaban& Diomedes, valiente en el combate, cerró con 'neas, no obstante comprender que el mismo Apolo eGtendía la mano sobre él! pues, impulsado por el deseo de acabar con el héroe y despojarlo de las ma níficas armas, ya ni al ran dios respetaba& (res veces asaltó a 'neas con intención de matarlo! tres veces a itó Apolo el reful ente escudo& H cuando, semejante a un dios, atacaba por cuarta ve", Apolo, el que hiere de lejos, lo increpó con aterradoras voces7 BBI 29(idida, piénsalo mejor y retírate: ,o quieras i ualarte a las deidades, pues jam$s fueron semejantes la ra"a de los inmortales dioses y la de los hombres que andan por la tierra& BB= Así dijo& 'l (idida retrocedió un poco para no atraerse la cólera de Apolo, el que hiere de lejos! y el dios, sacando a 'neas del combate, lo llevó al templo que tenía en la sacra 1ér amo7 dentro de éste, )eto y Artemis, que se complace en tirar fechas, curaron al héroe y le aumentaron el vi or y la belle"a del cuerpo& 'n tanto Apolo, que lleva arco de plata, formó un simulacro de 'neas y su armadura! y, alrededor del mismo, troyanos y divinos aqueos chocaban las rodelas de cuero de buey y los alados broqueles que prote ían sus cuerpos& H >ebo Apolo dijo entonces al furibundo Ares7 BDD 29Ares, Ares, funesto a los mortales, manchado de homicidios, demoledor de murallas: 4Muieres entrar en la li"a y sacar a ese hombre, al (idida, que sería capa" de combatir hasta con el padre /eus5 1rimero hirió a Cipris en el pu*o, y lue o, semejante a un dios, cerró conmi o& B<I Cuando esto hubo dicho, sentóse en la eGcelsa 1ér amo& 'l funesto Ares, tomando la fi ura del $ il Acamante, caudillo de los tracios, enardeció a los que militaban en las filas troyanas y eGhortó a los ilustres hijos de 1ríamo, alumnos de /eus7 B<B 29%ijos del rey 1ríamo, alumno de /eus: 4%asta cu$ndo dejaréis que el pueblo pere"ca a manos de los aqueos5 4Acaso hasta que el enemi o lle ue a las sólidas puertas de los muros5 Hace en tierra un varón a quien honr$bamos como al divino %éctor7 'neas, hijo del ma n$nimo Anquises& 'a, saquemos del tumulto al valiente ami o& B8I Con estas palabras les eGcitó a todos el valor y la fuer"a& A su ve", @arpedón reprendía así al divino %éctor7 B8; 29%éctor: 4Mué se hi"o el valor que antes mostrabas5 Dijiste que defenderías la ciudad sin tropas ni aliados, solo, con tus hermanos y tus deudos& De éstos a nin uno veo ni descubrir puedo7 temblando est$n como perros en torno de un león, mientras combatimos los que #nicamente somos auGiliares& Ho, que fi uro como tal, he venido de muy lejos, de )icia, situada a orillas del vora inoso Lanto! allí dejé a mi esposa amada, al tierno infante y rique"as muchas que el menesteroso apetece& Fas, sin embar o de esto y de no tener aquí nada que los aqueos puedan llevarse o apresar, animo a los licios y deseo luchar con ese uerrero! y t# est$s parado y ni siquiera eGhortas a los dem$s hombres a que resistan al enemi o y defiendan a sus esposas& ,o sea que, como si hubierais caído en una red de lino que todo lo envuelve, lle uéis a ser presa y botín de los enemi os, y éstos destruyan vuestra populosa ciudad& 1reciso es que lo ocupes en ello día y noche y supliques a los caudillos de los auGiliares venidos de lejas tierras, que resistan firmemente y no se ha an acreedores a raves censuras&

BE= Así habló @arpedón& @us palabras royéronle el $nimo a %éctor, que en se uida saltó del carro al suelo, sin dejar las armas! y, blandiendo un par de afiladas picas, recorrió el ejército, animóle a combatir y promovió una terrible pelea& )os troyanos volvieron la cara a los aqueos para embestirlos, y los ar ivos sostuvieron api*ados la acometida y no se arredraron& Como en el abaleo, cuando la rubia Deméter separa el rano de la paja al soplo del viento, el aire lleva el tamo por las sa radas eras y los montones de paja blanquean! del mismo modo los aqueos se tornaban blanquecinos por el polvo que levantaban hasta el cielo de bronce los pies de los corceles de cuantos volvían a encontrarse en la refrie a& )os auri as uiaban los caballos al combate y los uerreros acometían de frente con toda la fuer"a de sus bra"os& 'l furibundo Ares cubrió el campo de espesa niebla para socorrer a los troyanos y a todas partes iba! cumpliendo así el encar o que le hi"o >ebo Apolo, el de la $urea espada, de que eGcitara el $nimo de aquéllos, cuando vio que 1alas Atenea, la protectora de los d$naos, se ausentaba& D0; 'l dios sacó a 'neas del suntuoso templo! e, infundiendo valor al pastor de hombres, le dejó entre sus compa*eros, que se ale raron de verlo vivo, sano y revestido de valor! pero no le pre untaron nada, porque no se lo permitía el combate suscitado por el dios del arco de plata, por Ares, funesto a los mortales, y por la Discordia, cuyo furor es insaciable& D0E Ambos Ayantes, -lises y Diomedes enardecían a los d$naos en la pelea! y éstos, en ve" de atemori"arse ante la fuer"a y las voces de los troyanos, a uard$banlos tan firmes como las nubes que el Cronida deja inmóviles en las cimas de los montes durante la calma, cuando duermen el +óreas y dem$s vientos fuertes que con sonoro soplo disipan los pardos nubarrones! tan firmemente esperaban los d$naos a los troyanos, sin pensar en la fu a& 'l Atrida bullía entre la muchedumbre y a todos eGhortaba7 D;E 29.h ami os: 9@ed hombres, mostrad que tenéis un cora"ón esfor"ado y aver on"aos de parecer cobardes en el duro combate: De los que sienten este temor, son m$s los que se salvan que los que mueren! los que huyen ni alcan"an loria, ni entre sí se ayudan& D== Dijo, y despidiendo con li ere"a el dardo hirió al caudillo Deicoonte 1er $sida, compa*ero del ma n$nimo 'neas! a quien veneraban los troyanos como a la prole de 1ríamo, por su arrojo en pelear en las primeras filas& 'l rey A amenón acertó a darle un bote en el escudo, que no lo ró detener el dardo! éste lo atravesó, y, ras ando el cinturón, clavóse el bronce en el empeine del uerrero& Deicoonte cayó con estrépito y sus armas resonaron& DB0 'neas mató a dos hijos de Diocles, Cretón y .rsíloco, varones valentísimos, cuyo padre vivía en la bien construida >era abastado de bienes, y era descendiente del anchuroso Alfeo, que rie a el país de los pilios& 'l Alfeo en endró a .rtíloco, que reinó sobre muchos hombres! .rtíloco fue padre del ma n$nimo Diocles, y de éste nacieron los dos melli"os Cretón y .rsíloco, diestros en toda especie de combates! quienes, apenas lle ados a la juventud, fueron en ne ras naves y junto con los ar ivos a Clio, la de hermosos corceles, para ven ar a los Atridas A amenón y Fenelao, y allí hallaron su fin, pues los envolvió la muerte& Como dos leones, criados por su madre en la espesa selva de la cumbre de un monte, devastan los establos, robando bueyes y pin Aes ovejas, hasta que los hombres los matan con afilado bronce! del mismo modo, aquéllos, que parecían altos abetos, cayeron vencidos por las manos de 'neas& D<0 Al verlos derribados en el suelo, condolióse Fenelao, caro a Ares, y en se uida, revestido de luciente bronce y blandiendo la lan"a, se abrió camino por las primeras filas7 Ares le eGcitaba el valor para que sucumbiera a manos de 'neas& 1ero Antíloco, hijo del ma n$nimo ,éstor, que lo advirtió, se fue en pos del pastor de hombres temiendo que le

ocurriera al o y les frustrara la empresa& Cuando los dos uerreros, deseosos de pelear, calaban las a udas lan"as para acometerse, colocóse Antíloco muy cerca del pastor de hombres! 'neas, al ver a los dos varones que estaban juntos, aunque era luchador brioso, no se atrevió a esperarlos! y ellos pudieron llevarse hacia los aqueos los cad$veres de aquellos infelices, ponerlos en las manos de sus ami os y volver a combatir en el punto m$s avan"ado& D8< 'ntonces mataron a 1ilémenes, i ual a Ares, caudillo de los valientes y escudados pafla ones7 el Atrida Fenelao, famoso por su pica, envasóle la lan"a junto a la clavícula& Antíloco hirió de una pedrada en el codo al buen escudero Fidón Atimníada, cuando éste revolvía los solípedos caballos 2las eb#rneas riendas cayeron de sus manos al polvo2, y, acometiéndolo con la espada, le dio un tajo en las sienes& Fidón, anhelante, cayó del bien construido carro7 hundióse su cabe"a con el cuello y parte de los hombros en la arena que a00í abundaba, y así permaneció un buen espacio hasta que los corceles, pataleando, lo tiraron al suelo! Antíloco se apoderó del carro, picó a los corceles, y se los llevó al campamento aqueo& DEI %éctor atisbó a los dos uerreros en las filas, arremetió a ellos, ritando, y lo si uieron las fuertes falan es troyanas que capitaneaban Ares y la venerable 'nio! ésta promovía el horrible tumulto de la pelea! Ares manejaba una lan"a enorme, y ya precedía a %éctor, ya marchaba detr$s del mismo& DE< Al verlo, estremecióse Diomedes, valiente en el combate& Como el ineGperto viajero, después que ha atravesado una ran llanura, se detiene al lle ar a un río de r$pida corriente que desemboca en el mar, percibe el murmurio de las espumosas a uas y vuelve con preste"a atr$s, de semejante modo retrocedió el (idida, ritando a los suyos7 <I0 29.h ami os: 4Cómo nos admiramos de que el divino %éctor sea h$bil lancero y auda" luchador5 A su lado hay siempre al una deidad para librarlo de la muerte, y ahora es Ares, transfi urado en mortal, quien lo acompa*a& 'mprended la retirada, con la cara vuelta hacia los troyanos, y no quer$is combatir denodadamente con los dioses& <I8 Así dijo& )os troyanos lle aron muy cerca de ellos, y %éctor mató a dos varones diestros en la pelea que iban en un mismo carro7 Fenestes y Anquíalo& Al verlos derribados por el suelo, compadecióse el ran Ayante (elamonio! y, deteniéndose muy cerca del enemi o, arrojó la pica reluciente a Anfio, hijo de @éla o, que moraba en 1eso, era riquísimo en bienes y sembrados y había ido 2impuls$bale el hado2 a ayudar a 1ríamo y sus hijos& Ayante (elamonio acertó a darle en el cinturón, la lar a pica se clavó en el empeine, y el uerrero cayó con estrépito& Corrió el esclarecido Ayante a despojarlo de las armas 2los troyanos hicieron llover sobre el héroe a udos relucientes dardos, de los cuales recibió muchos el escudo2, y, poniendo el pie encima del cad$ver, arrancó la broncínea lan"a! pero no pudo quitarle de los hombros la ma nífica armadura, porque estaba abrumado por los tiros& (emió verse encerrado dentro de un fuerte círculo por los arro antes troyanos, que en ran n#mero y con valentía le endere"aban sus lan"as! y, aunque era corpulento, vi oroso a ilustre, fue recha"ado y hubo de retroceder& <;8 Así se portaban éstos en el duro combate& 'l hado poderoso llevó contra @arpedón, i ual a un dios, a (lepólemo %eraclida, valiente y de ran estatura& Cuando ambos hé2 roes, hijo y nieto de /eus, que amontona las nubes, se hallaron frente a frente, (lepólemo fue el primero en hablar y dijo7 <== 29@arpedón, príncipe de los licios: 4Mué necesidad tienes, no estando ejercitado en la uerra, de venir a temblar5 Fienten cuantos afirman que eres hijo de /eus, que lleva la é ida, pues desmereces mucho de los varones en endrados en tiempos anteriores por este dios, como dicen que fue mi intrépido padre, el fornido %eracles, que resistía auda"mente y tenía el $nimo de un león! el cual, habiendo venido por los caballos de )aomedonte,

con seis solas naves y pocos hombres, consi uió saquear la ciudad y despoblar sus calles& 1ero t# eres de $nimo apocado, dejas que las tropas pere"can, y no creo que tu venida de la )icia sirva para la defensa de los troyanos por muy vi oroso que seas! pues, vencido por mí, entrar$s por las puertas del %ades& <B8 Kespondióle @arpedón, caudillo de los licios7 <B3 29(lepólemo: Aquél destruyó, con efecto, la sacra Clio a causa de la perfidia del ilustre )aomedonte, que pa ó con injuriosas palabras sus beneficios y no quiso entre arle los caballos por los que había venido de tan lejos& 1ero yo te di o que la perdición y la ne ra muerte de mi mano te vendr$n! y muriendo, herido por mi lan"a, me dar$s loria, y a %ades, el de los famosos corceles, el alma& <DD Así dijo @arpedón, y (lepólemo al"ó la lan"a de fresno& )as luen as lan"as partieron a un mismo tiempo de las manos& @arpedón hirió a (lepólemo7 la da*osa punta atravesó el cuello, y las tinieblas de la noche velaron los ojos del uerrero& (lepólemo dio con su ran lan"a en el muslo i"quierdo de @arpedón y el bronce penetró con ímpetu hasta el hueso! pero todavía su padre lo libró de la muerte& <<= )os ilustres compa*eros de @arpedón, i ual a un dios, sac$ronlo del combate, con la ran lan"a que, al arrastrarse, le pesaba! pues con la prisa nadie advirtió la lan"a de >resno, ni pensó en arranc$rsela del muslo, para que aquél pudiera subir al carro& (anta era la fati a con que to cuidaban& <<3 A su ve", los aqueos, de hermosas rebas, se llevaron del campo a (lepólemo& 'l divino -lises, de $nimo paciente, violo, sintió que se le enardecía el cora"ón, y revolvió en su mente y en su espíritu si debía perse uir al hijo de /eus tonante o privar de la vida a muchos licios& ,o le había concedido el hado al ma n$nimo -lises matar con el a udo bronce al esfor"ado hijo de /eus, y por esto Atenea le inspiró que acometiera a la multitud de los licios& Fató entonces a Cérano, Al$stor, Cromio, Alcandro, %alio, ,oemón y 1rítanis, y aun a m$s licios hiciera morir el divino -lises, si no lo hubiese notado muy presto el ran %éctor, el de tremolante casco! el cual, cubierto de luciente bronce, se abrió calle por los combatientes delanteros a infundió terror a los d$naos& %ol óse de su lle ada @arpedón, hijo de /eus, y profirió estas lastimeras palabras7 <3B 291ri$mida: ,o permitas que yo, tendido en el suelo, lle ue a ser presa de los d$naos! socórreme y pierda la vida lue o en vuestra ciudad, ya que no he de ale rar, volviendo a mi casa y a la patria tierra, ni a mi esposa querida ni al tierno infante& <3E Así dijo& %éctor, el de tremolante casco, pasó corriendo, sin responderle, porque ardía en deseos de recha"ar cuanto antes a los ar ivos y quitar la vida a muchos uerreros& )os ilustres camaradas de @arpedón, i ual a un dios, llev$ronlo al pie de una hermosa encina consa rada a /eus, que lleva la é ida! y el valeroso 1ela onte, su compa*ero amado, le arrancó del muslo la lan"a de fresno& Amortecido quedó el héroe y obscura niebla cubrió sus ojos! pero pronto volvió en su acuerdo, porque el soplo del +óreas lo reanimó cuando ya apenas respirar podía& <EE )os ar ivos, al acometerlos Ares y %éctor armado de bronce, ni se volvían hacia las ne ras naves, ni recha"aban el ataque, sino que se batían en retirada desde que supieron que aquel dios se hallaba con los troyanos& 8I= 4Cu$l fue el primero, cu$l el #ltimo de los que entonces mataron %éctor, hijo de 1ríamo, y el broncíneo Ares5 (eutrante, i ual a un dios! .restes, a uijador de caballos! (reco, lancero etolio! 'nómao! %éleno 'nópida y .resbio, el de tremolante mitra, quien, muy ocupado en cuidar de sus bienes, moraba en %ila, a orillas del la o Cefisis, con otros beocios que constituían un opulento pueblo& 800 Cuando %era, la diosa de níveos bra"os, vio que ambos mataban a muchos ar ivos en el duro combate, dijo a Atenea estas aladas palabras7

80B 29.h dioses: 9%ija de /eus, que lleva la é ida: 9Cndómita: Jana ser$ la promesa que hicimos a Fenelao de que no se iría sin destruir la bien murada Clio, si dejamos que el pernicioso Ares ejer"a sus furores& 'a, pensemos en prestar al héroe poderoso auGilio& 80E Dijo! y Atenea, la diosa de ojos de lechu"a, no desobedeció& %era, deidad veneranda hija del ran Crono, aparejó los corceles con sus $ureas bridas, y %ebe puso dili entemente en el férreo eje, a ambos lados del carro, las corvas ruedas de bronce que tenían ocho rayos& 'ra de oro la indestructible pina, de bronce las ajustadas admirables llantas, y de plata los torneados cubos& 'l asiento descansaba sobre tiras de oro y de plata, y un doble barandal circundaba el carro& 1or delante salía ar éntea lan"a, en cuya punta ató la diosa un hermoso yu o de oro con bridas de oro también! y %era, que anhelaba el combate y la pelea, unció los corceles de pies li eros& 8== Atenea, hija de /eus, que lleva la é ida, dejó caer al suelo, en el palacio de su padre, el hermoso peplo bordado que ella misma había tejido y labrado con sus manos! vistió la t#nica de /eus, que amontona las nubes, y se armó para la luctuosa uerra& @uspendió de sus hombros la espantosa é ida floqueada que el terror corona7 allí est$n la Discordia, la >uer"a y la 1ersecución horrenda! a00í la cabe"a de la Por ona, monstruo cruel y horripilante, portento de /eus, que Cleva la é ida& Cubrió su cabe"a con $ureo casco de doble cimera y cuatro abolladuras, apto para resistir a la infantería de cien ciudades& H, subiendo al flamante carro, asió la lan"a ponderosa, lar a, fornida, con que la hija del prepotente padre destruye filas enteras de héroes cuando contra ellos monto en cólera& %era picó con el l$ti o a los corceles, y de propio impulso abriéronse rechinando las puertas del cielo de que cuidan las %oras 2a ellas est$ confiado el espacioso cielo y el .limpo2 para remover o colocar delante la densa nube& 1or a00í, por entre las puertas, diri ieron los corceles dóciles al l$ti o y hallaron al Cronión, sentado aparte de los otros dioses, en la m$s alta de las muchas cumbres del .limpo& %era, la diosa de los níveos bra"os, detuvo entonces los corceles, para hacer esta pre unta al eGcelso /eus Cronida7 8D8 291adre /eus: 4,o te indi nas contra Ares al presenciar sus atroces hechos5 9Cu$ntos y cu$les varones aqueos ha hecho perecer temeraria a injustamente: Ho me afijo, y Cipris y Apolo, que lleva arco de plata, se ale ran de haber eGcitado a ese loco que no conoce ley al una& 1adre /eus, 4te irritar$s conmi o si a Ares le ahuyento del combate caus$ndole funestas heridas5 8<B Kespondióle /eus, que amontona las nubes7 8<D 2'a, a uija contra él a Atenea, que impera en las batallas, pues es quien suele causarle m$s vivos dolores& 8<8 Así dijo& %era, la diosa de los níveos bra"os, le obedeció, y picó a los corceles, que volaron o"osos entre la tierra y el estrellado cielo& Cuanto espacio alcan"a a ver el que, sentado en alta cumbre, fija sus ojos en el vinoso ponto, otro tanto salvan de un brinco los caballos, de sonoros relinchos, de los dioses& (an lue o como ambas deidades lle aron a (roya, %era, la diosa de los níveos bra"os, paró el carro en el lu ar donde los dos ríos @imoente y 'scamandro juntan sus a uas! desunció los corceles, cubriólos de espesa niebla, y el @imoente hi"o nacer la ambrosía para que pacieran& 883 )as diosas empe"aron a andar, semejantes en el paso a tímidas palomas, impacientes por socorrer a los ar ivos& Cuando lle aron al sitio donde estaba el fuerte Diomedes, domador de caballos, con los m$s y mejores de los adalides que parecían carniceros leones o puercos monteses, cuya fuer"a es rande, se detuvieron! y %era, la diosa de los níveos bra"os, tomando el aspecto del ma n$nimo 'sténtor, que tenía vo"arrón de bronce y ritaba tanto como otros cincuenta, eGclamó7 838 29Mué ver Aen"a, ar ivos, hombres sin di nidad, admirables sólo por la fi ura: Fientras el divino Aquiles asistía a las batallas, los troyanos, amedrentados por su

formidable pica, no pasaban de las puertas dardanias! y ahora combaten lejos de la ciudad, junto a las cóncavas naves& 8E; Con tales palabras les eGcitó a todos el valor y la fuer"a& Atenea, la diosa de ojos de lechu"a, fue en busca del (idida y halló a este príncipe junto a su carro y sus corceles, refrescando la herida que 1$ndaro con una flecha le había causado& 'l sudor le molestaba debajo de la ancha abra"adera del redondo escudo, cuyo peso sentía el héroe! y, al"ando éste con su cansada mano la correa, se enju aba la dene rida san re& )a diosa apoyó la diestra en el yu o de los caballos y dijo7 3II 29Cu$n poco se parece a su padre el hijo de (ideo: 'ra éste de peque*a estatura, pero belicoso& H aunque no le dejase combatir ni se*alarse 2como en la ocasión en que, habiendo ido por embajador a (eba, se encontró lejos de los suyos entre multitud de cadmeos y le di orden de que comiera tranquilo en el palacio2, conservaba siempre su es2 píritu valeroso, y, desafiando a los jóvenes cadmeos, los vencía f$cilmente en toda clase de luchas& 9De tal modo lo prote ía: Ahora es a ti a quien asisto y defiendo, eGhort$ndote a pelear animosamente con los troyanos& Fas, o el eGcesivo trabajo de la uerra ha fati ado tus miembros, o te domina el eG$nime terror& ,o, t# no eres el hijo del a uerrido (ideo 'nida& 30B H, respondiéndole, el fuerte Diomedes le dijo7 30D 2(e cono"co, oh diosa, hija de /eus, que lleva la é ida& 1or esto te hablaré ustoso, sin ocultarte nada& ,o me domina el eG$nime terror ni flojedad al una! pero recuerdo todavía las órdenes que me diste& ,o me dejabas combatir con los bienaventurados dioses! pero, si Afrodita, hija de /eus, se presentara en la pelea, debía herirla con el a udo bronce, 1ues bien7 ahora retrocedo y he mandado que todos los ar ivos se replie uen aquí, porque comprendo que Ares impera en la batalla& 3;D Contestóle Atenea, la diosa de ojos de lechu"a7 3;< 29Diomedes (idida, carísimo a mi cora"ón: ,o temas a Ares ni a nin uno de los inmortales! tanto te voy a ayudar& 'a, endere"a los solípedos caballos a Ares el primero, hiérele de cerca y no respetes al furibundo dios, a ese loco voluble y nacido para da*ar, que a %era y a mí nos prometió combatir contra los troyanos en favor de los ar ivos y ahora est$ con aquéllos y se ha olvidado de sus palabras& 3=D Apenas hubo dicho estas palabras, asió de la mano a 'sténelo, que saltó dili ente del carro a tierra& Fontó la enardecida diosa, coloc$ndose al lado del ilustre Diomedes, y el eje de encina recrujió a causa del peso porque llevaba a una diosa terrible y a un varón fortísimo& 1alas Atenea, habiendo reco ido el l$ti o y las riendas, uió los solípedos caballos hacia Ares el primero! el cual quitaba la vida al i antesco 1erifante, preclaro hijo de .quesio y el m$s valiente de los etolios& A tal varón mataba Ares, manchado de homicidios! y Atenea se puso el casco de %ades para que el furibundo dios no la conociera& 3B< Cuando Ares, funesto a los mortales, vio al ilustre Diomedes, dejó al i antesco 1erifante tendido donde le había muerto y se encaminó hacia Diomedes, domador de caballos& Al hallarse a corta distancia, Ares, que deseaba quitar la vida a Diomedes, le diri ió la broncínea lan"a por cima del yu o y las riendas! pero Atenea, la diosa de ojos de lechu"a, co iéndola y alej$ndola del carro, hi"o que aquél diera el olpe en vano& A su ve" Diomedes, valiente en el combate, atacó a Ares con la broncínea lan"a, y 1alas Atenea, apunt$ndola a la ijada del dios, donde el cinturón le ce*ía, hirióle, des arró el hermoso cutis y retiró el arma& 'l broncíneo Ares clamó como ritarían nueve o die" mil hombres que en la uerra lle aran a las manos! y temblaron, amedrentados, aqueos y troyanos& 9(an fuerte bramó Ares, insaciable de combate:

3<B Cual vapor sombrío que se desprende de las nubes por la acción de un impetuoso viento abrasador, tal le parecía a Diomedes (idida el broncíneo Ares cuando, cubierto de niebla, se diri ía al anchuroso cielo& 'l dios lle ó en se uida al alto .limpo, mansión de las deidades! se sentó, con el cora"ón afli ido, al lado de /eus Cronión, mostró la san re inmortal que manaba de la herida, y suspirando dijo estas aladas palabras7 38; 291adre /eus: 4,o te indi nas al presenciar tan atroces hechos5 @iempre los dioses hemos padecido males horribles que recíprocamente nos causamos para complacer a los hombres! pero todos estamos airados conti o, porque en endraste una hija loca, funesta, que sólo se ocupa en acciones inicuas& Cuantos dioses hay en el .limpo, todos te obedecen y acatan! pero a ella no la sujetas con palabras ni con obras, sino que la insti as, por ser t# el padre de esa hija perniciosa que ha movido al insolente Diomedes, hijo de (ideo, a combatir, en su furia, con los inmortales dioses& 1rimero hirió de cerca a Cipris en el pu*o, y después, cual si fuese un dios, arremetió contra mí& @i no lle an a salvarme mis li eros pies, hubiera tenido que sufrir padecimientos durante lar o tiempo entre espantosos montones de cad$veres, o quedar inv$lido, aunque vivo, a causa de las heridas que me hiciera el bronce& 333 Fir$ndolo con torva fa", respondió /eus, que amontona las nubes7 33E 29Cnconstante: ,o te lamentes, sentado junto a mí, pue me eres m$s odioso que nin #n otro de los dioses del .limpo& @iempre te han ustado las ri*as, luchas y peleas, y tienes el espíritu soberbio, que nunca cede, de tu madre %era a quien apenas puedo dominar con mis palabras& Creo que cuanto te ha ocurrido lo debes a sus consejos& 1ero no permitiré que los dolores te atormenten, porque eres de mi linaje y para mí te parió tu madre& @i, siendo tan perverso hubieses nacido de al #n otro dios, tiempo ha que estaría en un abismo m$s profundo que el de los hijos de -rano 3EE Dijo, y mandó a 1eón que lo curara& 6ste lo sanó, aplic$ndole dro as calmantes! que nada mortal en él había& Como el ju o cuaja la blanca y líquida leche cuando se le mueve r$pidamente con ella, con i ual preste"a curó aquél al furibundo Ares, a quien %ebe lavó y puso lindas vestiduras& H el dios se sentó al lado de /eus Cronión, ufano de s loria& EI8 %era ar iva y Atenea alalcomenia re resaron también al palacio del ran /eus, cuando hubieron conse uido que Ares, funesto a los mortales, de matar hombres se abstuviera& CANTO VI* Colo$uio de %&ctor y Andrómaca
* 'ntre los se undos, los troyanos, %éctor, que ha re resado a (roya para ordenar que las mujeres se con racien con Atenea con ple arias y ofrendas, cuando vuelve al campo de batalla, se encuentra con su esposa y con su hijo, a#n de tierna edad& H se destaca el comportamiento de %éctor, héroe inocente que se sacrifica por (roya, y de 1aris, culpable y e oísta, que sólo piensa en él&

0 Muedaron solos en la batalla horrenda troyanos y aqueos, que se arrojaban broncíneas lan"as! y la pelea se eGtendía, ac$ y acull$ de la llanura, entre las corrientes del @imoente y del Lanto& D Ayante (elamonio, antemural de los aqueos, rompió el primero la falan e troyana a hi"o aparecer la aurora de la salvación entre los suyos, hiriendo de muerte al tracio m$s denodado, al alto y valiente Acamante, hijo de 'usoro& Acertóle en la cimera del casco uarnecido con crines de caballo, la lan"a se clavó en la frente, la broncínea punta atravesó el hueso y las tinieblas cubrieron los ojos del uerrero&

0; Diomedes, valiente en el combate, mató a AGilo (eutr$nida, que, abastado de bienes, moraba en la bien construida Arisbe! y era muy ami o de los hombres, porque en su casa, situada cerca del camino, a todos les daba hospitalidad& 1ero nin uno de ellos vino entonces a librarlo de la l# ubre muerte, y Diomedes le quitó la vida a él y a su escudero Calesio, que obernaba los caballos& Ambos penetraron en el seno de la tierra& ;I 'uríalo dio muerte a Dreso y .feltio, y fuese tras 'sepo y 1édaso, a quienes la n$yade Abarb$rea había concebido en otro tiempo del eGimio +ucolión, hijo primo énito y bastardo del ilustre )aomedonte N+ucolión apacentaba ovejas y tuvo amoroso consorcio con la ninfa, la cual quedó encinta y dio a lu" a los dos melli"osO7 el Fecisteida acabó con el valor de ambos, privó de vi or a sus bien formados miembros y les quitó la armadura de los hombros& ;E 'l belicoso 1olipetes dejó sin vida a Astíalo! -lises, con la broncínea lan"a, a 1idites percosio! y (eucro, a Aretaón divino& Antíloco ,estórida mató con la pica reluciente a Ablero! A amenón, rey de hombres, a 6lato, que habitaba en la eGcelsa 1édaso, a orillas del @atnioente, de hermosa corriente! el héroe )eito, a >ílaco mientras huía! y 'urípilo, a Felantio& =8 Fenelao, valiente en la pelea, co ió vivo a Adrasto, cuyos caballos, corriendo despavoridos por la llanura, chocaron con las ramas de un tamarisco, rompieron el corvo carro por el eGtremo del timón, y se fueron a la ciudad con los que huían espantados& 'l héroe cayó al suelo y dio de boca en el polvo junto a la rueda! acercósele Fenelao Atrida con la in ente lan"a, y aquél, abra"ando sus rodillas, así le suplicaba7 B< 2%a"me prisionero, hijo de Atreo, y recibir$s di no rescate& Fuchas cosas de valor tiene mi opulento padre en casa7 bronce, oro, hierro labrado! con ellas te pa aría inmenso rescate, si supiera que estoy vivo en las naves aqueas& D0 Así dijo, y le conmovió el cora"ón& ' iba Fenelao a ponerlo en manos del escudero, para que lo llevara a las veleras naves aqueas, cuando A amenón corrió a su encuentro y lo increpó diciendo7 DD 29Ah, bondoso: 9Ah, Fenelao: 41or qué así te apiadas de estos hombres5 9'Gcelentes cosas hicieron los troyanos en tu casa: ,in uno de los que cai an en nuestras manos se libre de tener nefanda muerte, ni siquiera el que la madre lleve en el vientre, ni ése escape: 91ere"can todos los de Clio, sin que sepultura alcancen ni memoria dejen: <0 Así diciendo, cambió la mente de su hermano con la oportuna eGhortación& Kepelió Fenelao al héroe Adrasto, que, herido en el ijar por el rey A amenón, cayó de espaldas& 'l Atrida le puso el pie en el pecho y le arrancó la lan"a& << ,éstor, en tanto, animaba a los ar ivos, dando randes voces7 <8 29.h queridos, héroes d$naos, servidores de Ares: ,adie se quede atr$s para reco er despojos y volver, llevando los m$s que pueda, a las naves! ahora matemos hombres y lue o con m$s tranquilidad despojaréis en la llanura los cad$veres de cuantos mueran& 8; Así diciendo les eGcitó a todos el valor y la fuer"a& H los troyanos hubieran vuelto a entrar en Clio, acosados por los belicosos aqueos y vencidos por su cobardía, si %eleno 1ri$mida, el mejor de los au ures, no se hubiese presentado a 'neas y a %éctor para decirles7 88 29'neas y %éctor: Ha que el peso de la batalla ravita principalmente sobre vosotros entre los troyanos y los licios, porque sois los primeros en toda empresa, ora se trate de combatir, ora de ra"onar, quedaos aquí, recorred las filas, y detened a los uerreros antes que se encaminen a las puertas, cai an huyendo en bra"os de las mujeres y sean motivo de o"o para los enemi os& Cuando hay$is reanimado todas las falan es, nosotros, aunque estamos muy abatidos, nos quedaremos aquí a pelear con los d$naos porque la necesidad nos apremia& H t#, %éctor, ve a la ciudad y di a nuestra madre que ,ame a las

venerables matronas! vaya con ellas al templo dedicado a Atenea, la de ojos de lechu"a, en la acrópolis! abra con la llave la puerta del sacro recinto! pon a sobre las rodillas de la deidad, de hermosa cabellera, el peplo que mayor sea, m$s lindo le pare"ca y m$s aprecie de cuantos haya en el palacio, y le vote sacrificar en el templo doce vacas de un a*o, no sujetas a#n al yu o, si apiad$ndose de la ciudad y de las esposas y tiernos ni*os de los troyanos, aparta de la sa rada Clio al hijo de (ideo, fero" uerrero, cuya bravura causa nuestra derrota y a quien ten o por el m$s esfor"ado de los aqueos todos& ,unca temimos tanto ni al mismo Aquiles, príncipe de hombres, que es, se #n dicen, hijo de una diosa& Con ran furia se mueve el hijo de (ideo y en valentía nadie te i uala& 0I; Así dijo! y %éctor obedeció a su hermano& @altó del carro al suelo sin dejar las armas! y, blandiendo dos puntia udas lan"as, recorrió el ejército por todas partes, animólo a combatir y promovió una terrible pelea& )os troyanos volvieron la cara y afrontaron a los ar ivos! y éstos retrocedieron y dejaron de matar, fi ur$ndose que al uno de los inmortales habría descendido del estrellado cielo para socorrer a aquéllos! de tal modo se volvieron& H %éctor eGhortaba a los troyanos diciendo en alta vo"7 000 29Animosos troyanos, aliados de lejas tierras venidos: @ed hombres, ami os, y mostrad vuestro impetuoso valor, mientras voy a Clio y encar o a los respetables próceres y a nuestras esposas que oren y ofre"can hecatombes a los dioses& 00< Dicho esto, %éctor, el de tremolante casco, partió! y la ne ra piel que orlaba el abollonado escudo como #ltima franja le batía el cuello y los talones& 00E Plauco, v$sta o de %ipóloco, y el hijo de (ideo, deseosos de combatir, fueron a encontrarse en el espacio que mediaba entre ambos ejércitos& Cuando estuvieron cara a cara, Diomedes, valiente en la pelea, dijo el primero7 0;=24Cu$l eres t#, uerrero valentísimo, de los mortales hombres5 Lam$s te vi en las batallas, donde los varones adquieren loria, pero al presente a todos los vences en auda2 cia cuando te atreves a esperar mi fornida lan"a& 9Cnfelices de aquéllos cuyos hijos se oponen a mi furor: Fas si fueses inmortal y hubieses descendido del cielo, no quisiera yo luchar con dioses celestiales& 1oco vivió el fuerte )icur o, hijo de Driante, que contendía con las celestes deidades7 persi uió en los sacros montes de ,isa a las nodri"as de Dioniso, que estaba a itado por el delirio b$quico, las cuales tiraron al suelo los tirsos al ver que el homicida )icur o las acometía con la a uijada! el dios, espantado, se arrojó al mar, y (etis le recibió en su re a"o, despavorido y a itado por fuerte temblor por la amena"a de aquel hombre! pero los felices dioses se irritaron contra )icur o, ce óle el hijo de Crono y su vida no fue lar a, porque se había hecho odioso a los inmortales todos& Con los bienaventurados dioses no quisiera combatir! pero, si eres uno de los mortales que comen los frutos de la tierra, acércate para que m$s pronto lle ues al término de tu perdición& 0BB Kespondióle el preclaro hijo de %ipóloco7 0BD 29Fa n$nimo (idida: 41or qué me interro as sobre el abolen o5 Cual la eneración de las hojas, así la de los hombres& 'sparce el viento las hojas por el suelo, y la selva, reverdeciendo, produce otras al lle ar la primavera7 de i ual suerte, una eneración humana nace y otra perece& 1ero ya que deseas saberlo, te diré cu$l es mi linaje, de muchos conocido& %ay una ciudad llamada 6fira en el ri*ón de Ar os, criadora de caballos, y en ella vivía @ísifo 'ólida, que fue el m$s ladino de los hombres& @ísifo en endró a Plauco, y éste al eGimio +elerofonte, a quien los dioses concedieron entile"a y envidiable valor& Fas 1reto, que era muy poderoso entre los ar ivos, pues /eus los había sometido a su cetro, hí"ole blanco de sus maquinaciones y to echó de la ciudad& )a divina Antea, mujer de 1reto, había deseado con locura juntarse clandestinamente con +elerofonte! pero no pudo persuadir al prudente héroe, que sólo pensaba en cosas

honestas, y mintiendo dijo al rey 1reto7 Q91reto: .jal$ te mueras, o mata a +elerofonte, que ha querido juntarse conmi o, sin que yo lo deseara&R Así dijo& 'l rey se encendió en ira al oírla! y, si bien se abstuvo de matar a aquél por el reli ioso temor que sintió su cora"ón, le envió a la )icia! y, haciendo mortíferas se*ales en una tablita que se doblaba, entre óle los perniciosos si nos con orden de que los mostrase a su sue ro para que éste lo perdiera& +elerofonte, poniéndose en camino debajo del fausto patrocinio de los dioses, lle ó a la vasta )icia y a la corriente del Lanto7 el rey recibióle con afabilidad, hospedóle durante nueve días y mandó matar otros tantos bueyes! pero, al aparecer por décima ve" la Aurora, la de ros$ceos dedos, lo interro ó y quiso ver la nota que de su yerno 1reto le traía& H así que tuvo la funesta nota, ordenó a +elerofonte que lo primero de todo matara a la ineluctable Muimera, ser de naturale"a no humana, sino divina, con cabe"a de león, cola de dra ón y cuerpo de cabra, que respiraba encendidas y horribles llamas! y aquél le dio muerte, alentado por divinales indicaciones& )ue o tuvo que luchar con los afamados sólimos, y decía que éste fue el m$s recio combate que con hombres sostuvo& 'n tercer lu ar quitó la vida a las varoniles ama"onas& H, cuando re resaba a la ciudad, el rey, urdiendo otra dolosa trama, armóle una celada con los varones m$s fuertes que halló en la espaciosa )icia! y nin uno de éstos volvió a su casa, porque a todos les dio muerte& el eGimio +elerofonte& Comprendió el rey que el héroe era v$sta o ilustre de al una deidad y lo retuvo allí, lo casó con su hija y compartió con él la di nidad re ia! los licios, a su ve", acot$ronle un hermoso campo de frutales y sembradío que a los dem$s aventajaba, para que pudiese cultivarlo& (res hijos dio a lu" la esposa del a uerrido +elerofonte7 Csandro, %ipóloco y )aodamia! y ésta, amada por el próvido /eus, dio a lu" al deiforme @arpedón, que lleva armadura de bronce& Cuando +elerofonte se atrajo el odio de todas las deidades, va aba solo por los campos de Alea, royendo su $nimo y apart$ndose de los hombres! Ares, insaciable de pelea, hi"o morir a Csandro en un combate con los afamados sólimos, y Artemis, la que usa riendas de oro, irrítada, mató a su hija& A mí me en endró %ipóloco 2de éste, pues, soy hijo2 y envióme a (roya, recomend$ndome muy mucho que descollara y sobresaliera siempre entre todos y no deshonrase el linaje de mis antepasados, que fueron los hombres m$s valientes de 'fira y la eGtensa )icia& (al alcur2 nia y tal san re me lorío de tener& ;0; Así dijo& Ale róse Diomedes, valiente en el combate! y, clavando la pica en el almo suelo, respondió con cari*osas palabras al pastor de hombres7 ;0= 21ues eres mi anti uo huésped paterno, porque el divino 'neo hospedó en su palacio al eGimio +elorofonte, le tuvo consi o veinte días y ambos se obsequiaron con ma níficos presentes de hospitalidad& 'neo dio un vistoso tahalí te*ido de p#rpura, y +elerofonte una $urea copa de doble asa, que en mi casa quedó cuando me vine& A (ideo no lo recuerdo! dejóme muy ni*o al salir para (eba, donde pereció el ejército aqueo& @oy, por consi uiente, tu caro huésped en el centro de Ar os, y t# lo ser$s mío en la )icia cuando vaya a to pueblo& 'n adelante no nos acometamos con la lan"a por entre la turba& Fuchos troyanos y aliados ilustres me restan, para matar a quien, por la voluntad de un dios, alcance en la carrera! y asimismo te quedan muchos aqueos, para quitar la vida a quien te sea posible& H ahora troquemos la armadura, a fin de que sepan todos que de ser huéspedes paternos nos loriamos& ;=; %abiendo hablado así, descendieron de los carros y se estrecharon la mano en prueba de amistad& 'ntonces /eus Cronida hi"o perder la ra"ón a Plauco! pues permutó sus armas por las de Diomedes (idida, las de oro por las de bronce, las valoradas en cien bueyes por las que en nueve se apreciaban& ;=8 Al pasar %éctor por la encina y las puertas 'sceas, acudieron corriendo las esposas a hijas de los troyanos y pre unt$ronle por sus hijos, hermanos, ami os y esposos! y él les

encar ó que unas tras otras orasen a los dioses, porque para muchas eran inminentes las des racias& ;B; Cuando lle ó al ma nífico palacio de 1ríamo, provisto de bru*idos pórticos Nen él había cincuenta c$maras de pulimentada piedra, se uidas, donde dormían los hijos de 1rí2 amo con sus le ítimas esposas! y enfrente, dentro del mismo patio, otras doce construidas i ualmente con sillares, continuas y techadas, donde se acostaban los yernos de 1ríamo y sus castas mujeresO, le salió al encuentro su alma madre que iba en busca de )aódice, la m$s hermosa de las princesas! y, asiéndole de la mano, le dijo7 ;DB 29%ijo: 41or qué has venido, dejando el $spero combate5 @in duda los aqueos, de aborrecido nombre, deben de estrecharnos, combatiendo alrededor de la ciudad, y tu co2 ra"ón lo ha impulsado a volver con el fin de levantar desde la acrópolis las manos a /eus& 1ero, a uarda, traeré vino dulce como la miel para que primeramente lo libes al padre /eus y a los dem$s inmortales, y lue o te aproveche también a ti, si bebes& 'l vino aumenta mucho el vi or del hombre fati ado y t# lo est$s de pelear por los tuyos& ;<= Kespondióle el ran %éctor, el de tremolante casco7 ;<B 2,o me des vino dulce como la miel, veneranda madre! no sea que me enerves y me prives del valor, y yo me olvide de mi fuer"a& ,o me atrevo a libar el ne ro vino en honor de /eus sin lavarme las manos, ni es lícito orar al Cronión, el de las sombrías nubes, cuando uno est$ manchado de san re y polvo& 1ero t# con re a a las matronas, llévate perfumes, y, entrando en el templo de Atenea, que impera en las batallas, pon sobre las rodillas de la deidad de hermosa cabellera el peplo mayor, m$s lindo y que m$s aprecies de cuantos haya en el palacio! y vota a la diosa sacrificar en su templo doce vacas de un a*o, no sujetas a#n al yu o, si, apiad$ndose de la ciudad y de las esposas y tiernos ni*os de los troyanos, aparta de la sa rada Clio al hijo de (ideo, fero" uerrero, cuya valentía causa nuestra derrota& 'ncamínate, pues, al templo de Atenea, que impera en las batallas, y yo iré a la casa de 1aris a llamarlo, si me quiere escuchar& 9Así la tierra se lo tra ara: Criólo el .límpico como una ran pla a para los troyanos y el ma n$nimo 1ríamo y sus hijos& Creo que, si le viera descender al %ades, mi alma se olvidaría de los enojosos pesares& ;3< Así dijo& %écuba, volviendo al palacio, llamó a las esclavas, y éstas anduvieron por la ciudad y con re aron a las matronas! bajó lue o al fra ante aposento donde se uarda2 ban los peplos bordados, obra de las mujeres que se había llevado de @idón el deiforme Alejandro en el mismo viaje por el ancho ponto en que se llevó a %elena, la de nobles pa2 dres! tomó, para ofrecerlo a Atenea, el peplo mayor y m$s hermoso por sus bordaduras, que resplandecía como un astro y se hallaba debajo de todos, y partió acompa*ada de mu2 chas matronas& ;E8 Cuando lle aron a la acrópolis, abrióles las puertas del templo de Atenea (eano, la de hermosas mejillas, hija de Ciseide y esposa de Anténor, domador de caballos, a la cual habían ele ido los troyanos sacerdotisa de Atenea& (odas, con l# ubres lamentos, levantaron las manos a la diosa& (eano, la de hermosas mejillas, tomó el peplo, lo puso sobre las rodillas de Atenea, la de hermosa cabellera, y orando ro ó así a la hija del ran /eus7 =ID 29Jeneranda Atenea, protectora de la ciudad, divina entre las diosas: 9Muiébrale la lan"a a Diomedes y concédenos que cai a de pechos en el suelo, ante las puertas 'sceas, para que to sacrifiquemos en este templo doce vacas de un a*o, no sujetas a#n al yu o, si de este modo to apiadas de la ciudad y de las esposas y tiernos ni*os de los troyanos: =00 Así dijo ro ando, pero 1alas Atenea no accedió& Fientras invocaban de este modo a la hija del ran /eus, %éctor se encaminó al ma nífico palacio que para Alejandro había labrado él mismo con los m$s h$biles constructores de la fértil (roya! éstos le

hicieron una c$mara nupcial, una sala y un patio, en la acrópolis, cerca de los palacios de 1ríamo y de %éctor& A00í entró %éctor, caro a /eus, llevando una lan"a de once codos, cuya broncínea y reluciente punta estaba sujeta por $ureo anillo& 'n la c$mara halló a Alejandro que acicalaba las ma níficas armas, escudo y cora"a, y probaba el corvo arco! y a la ar iva %elena, que, sentada entre sus esclavas, ocup$balas en primorosas labores& H en viendo a aquél, increpólo con injuriosas palabras7 =;< 29Des raciado: ,o es decoroso que uardes en el cora"ón ese rencor& )os hombres perecen combatiendo al pie de los altos muros de la ciudad! el bélico clamor y la lucha se encendieron por tu causa alrededor de nosotros, y t# mismo reconvendrías a quien cejara en la pelea horrenda& 'a, lev$ntate& ,o sea que la ciudad lle ue a ser pasto de las voraces llamas& ==; Kespondióle el deiforme Alejandro7 === 29%éctor: Lustos y no eGcesivos son tus baldones, y por lo mismo voy a contestarte& Atiende y óyeme& 1ermanecía aquí, no tanto por estar airado o resentido con los troyanos, cuanto porque deseaba entre arme al dolor& 'n este instante mi esposa me eGhortaba con blandas palabras a volver al combate! y también a mí me parece preferible, porque la vic2 toria tiene sus alternativas para los uerreros& 'a, pues, a uarda, y visto las marciales armas! o vete y te si o, y creo que lo raré alcan"arte& =B; Así dijo& %éctor, el de tremolante casco, nada contestó& H %elena hablóle con dulces palabras7 =2 29Cu*ado mío, de esta perra maléfica y abominable: 9.jal$ que, cuando mi madre me dio a lu", un viento tempestuoso se me hubiese llevado al monte o al estruendoso mar, para hacerme ju uete de las olas, antes que tales hechos ocurrieran: H ya que los dioses determinaron causar estos males, debió tocarme ser esposa de un varón m$s fuerte, a quien dolieran la indi nación y los muchos baldones de los hombres& 6ste ni tiene firme"a de $nimo ni la tendr$ nunca, y creo que reco er$ el debido fruto& 1ero entra y siéntate en esta silla, cu*ado, que la fati a te oprime el cora"ón por mí, perra, y por la falta de Alejandro! a quienes /eus nos dio mala suerte a fin de que a los venideros les sirvamos de asunto para sus cantos& =DE Kespondióle el ran %éctor, el de tremolante casco7 =<I2,o me ofre"cas asiento, %elena, aunque me aprecies, pues no lo rar$s persuadirme7 ya mi cora"ón desea socorrer a los troyanos que me a uardan con impaciencia& 1ero t# ha" levantar a ése y él mismo se dé prisa para que me alcance dentro de la ciudad, mientras voy a mi casa y veo a los criados, a la esposa querida y al tierno ni*o! que i noro si volveré de la batalla, o los dioses dispondr$n que sucumba a manos de los aqueos& =<E Apenas hubo dicho estas palabras, %éctor, el de tremolante casco, se fue& )le ó en se uida a su palacio, que abundaba de ente, mas no encontró a Andrómaca, la de níveos bra"os, pues con el ni*o y la criada de hermoso peplo estaba en la torre llorando y lament$ndose& %éctor, como no hallara dentro a su eGcelente esposa, det#vose en el umbral y habló con las esclavas7 =8< 29'a, esclavas, decidme la verdad: 4Adónde ha ido Andrómaca, la de níveos bra"os, desde el palacio5 4A visitar a mis hermanas o a mis cu*adas de hermosos peplos5 4., acaso, al templo de Atenea, donde las troyanas, de lindas tren"as, aplacan a la terrible diosa5 =30 Kespondióle con estas palabras la fiel despensera7 =3; 29%éctor: Ha que tanto nos mandas decir la verdad, no fue a visitar a tus hermanas ni a tus cu*adas de hermosos peplos, ni al templo de Atenea, donde las troyanas, de lindas tren"as, aplacan a la terrible diosa, sino que subió a la ran torre de Clio, porque

supo que los troyanos llevaban la peor parte y era rande el ímpetu de los aqueos& 1artió hacia la muralla, ansiosa, como loca, y con ella se fue la nodri"a que lleva el ni*o& =EI Así habló la despensera, y %éctor, saliendo presuroso de la casa, desanduvo el camino por las bien tra"adas calles& (an lue o como, después de atravesar la ran ciudad, lle ó a las puertas 'sceas 2por allí había de salir al campo2, corrió a su encuentro su rica esposa Andrómaca, hija del ma n$nimo 'etión, que vivía bajo el boscoso 1laco, en (eba bajo el 1laco, y era rey de los cilicios& %ija de éste era, pues, la esposa de %éctor, de broncínea armadura, que entonces le salió al camino& Acompa*$bale una sirvienta llevando en bra"os al tierno infante, al %ectórida amado, parecido a una hermosa estrella& a quien su padre llamaba 'scamandrio y los dem$s Astianacte, porque sólo por %éctor se salvaba Clio& Jio el héroe al ni*o y sonrió silenciosamente& Andrómaca, llorosa, se detuvo a su lado, y asiéndole de la mano le dijo7 BI8 29Des raciado: (u valor te perder$& ,o te apiadas del tierno infante ni de mí, infortunada, que pronto seré tu viuda! pues los aqueos te acometer$n todos a una y acabar$n conti o& 1referible sería que, al perderte, la tierra me tra ara, porque si mueres no habr$ consuelo para mí, sino pesares, que ya no ten o padre ni venerable madre& A mi padre matólo el divino Aquiles cuando tomó la populosa ciudad de los cilicios, (eba, la de altas puertas7 dio muerte a 'etión, y sin despojarlo, por el reli ioso temor que le entró en el $nimo, quemó el cad$ver con las labradas armas y le eri ió un t#mulo, a cuyo alrededor plantaron $lamos las ninfas monteses, hijas de /eus, que lleva la é ida& Fis siete hermanos, que habitaban en el palacio, descendieron al %ades el mismo día! pues a todos los mató el divino Aquiles, el de los pies li eros, entre los fleGípedes bueyes y las c$ndidas ovejas& A mi madre, que reinaba al pie del selvoso 1laco, tr$jola aquél con otras rique"as y la puso en libertad por un inmenso rescate! pero Trtemis, que se complace en tirar flechas, hirióla en el palacio de mi padre& %éctor, t# eres ahora mi padre, mi ve2 nerable madre y mi hermano! t#, mi floreciente esposo& 1ues, ea, sé compasivo, quédate aquí en la tome 29no ha as a un ni*o huérfano y a una mujer viuda:2 y pon el ejército junto al cabrahí o, que por allí la ciudad es accesible y el muro m$s f$cil de escalar& )os m$s valientes 2los dos Ayantes, el célebre Cdomeneo, los Atridas y el fuerte hijo de (ideo con los suyos respectivos2 ya por tres veces se han encaminado a aquel sitio para intentar el asalto7 al uien que conoce los or$culos se to indicó, o su mismo arrojo los impele y anima& BBI Contestóle el ran %éctor, el de tremolante casco7 BB0 (odo esto me da cuidado, mujer, pero mucho me sonrojaría ante los troyanos y las troyanas de ro"a antes peplos, si como un cobarde huyera del combate! y tampoco mi co2 ra"ón me incita a ello, que siempre supe ser valiente y pelear en primera fila entre los troyanos, manteniendo la inmensa loria de mi padre y de mí mismo& +ien lo conoce mi inteli encia y lo presiente mi cora"ón7 día vendr$ en que pere"can la sa rada Clio, 1ríamo y el pueblo de 1ríamo, armad con lan"as de fresno& 1ero la futura des racia de los troya2 nos, de la misma %écuba, del rey 1ríamo y de muchos d mis valientes hermanos que caer$n en el polvo a manos d los enemi os, no me importa tanto como la que padecer$ t# cuando al uno de los aqueos, de broncíneas cora"as, se te lleve llorosa, priv$ndote de libertad, y lue o tejas tela e Ar os, a las órdenes de otra mujer, o vayas por a ua a la fuente Feseide o %iperea, muy contrariada porque la dura necesidad pesar$ sobre ti& H qui"$s al uien eGclame, al verte derramar l$ rimas7 Q6sta fue la esposa de %éctor, el uerrero que m$s se se*alaba entre los troyanos, domadores de caballos, cuando en torno de Clio peleaban&R Así dir$n, y sentir$s un nuevo pesar al verte sin el hombre que pudiera librarte de la esclavitud& 1ero ojal$ un montón de tierra cubra mi cad$ver, antes que oi a tus clamores o presencie tu rapto&

B<< Así diciendo, el esclarecido %éctor tendió los bra"os su hijo, y éste se recostó, ritando, en el seno de la nodri" de bella cintura, por el terror que el aspecto de su padre le causaba7 d$banle miedo el bronce y el terrible penacho crines de caballo, que veía ondear en lo alto del yelmo& @onriéronse el padre amoroso y la veneranda madre& %éctor se apresuró a dejar el reful ente casco en el suelo, besó y meció en sus manos al hijo amado, y ro ó así a /eus y a los de m$s dioses7 B8<29/eus y dem$s dioses: Concededme que este hijo mío sea, como yo, ilustre entre los troyanos a i ualmente esfor"ado! que reine poderosamente en Clio! que di an de él cuando vuelva de la batalla7 Q9's mucho m$s valiente que su padre:R! y que, car ado de cruentos despojos del enemi o quien haya muerto, re ocije el alma de su madre& B3; 'sto dicho, puso el ni*o en bra"os de la esposa amada, que, al recibirlo en el perfumado seno, sonreía con el rostro todavía ba*ado en l$ rimas& ,otólo el esposo y compadecido, acaricióla con la mano y le dijo7 B3< 29Desdichada: ,o en demasía tu cora"ón se acon oje, que nadie me enviar$ al %ades antes de lo dispuesto por el destino! y de su suerte nin #n hombre, sea cobarde o valiente, puede librarse una ve" nacido& Juelve a casa, oc#pate en las labores del telar y la rueca, y ordena a las esclavas que se apliquen al trabajo! y de la uerra nos cuidaremos cuantos varones nacimos en Clio, y yo el primero& BEB Dichas estas palabras, el preclaro %éctor se puso el yelmo adornado con crines de caballo, y la esposa amada re resó a su casa, volviendo la cabe"a de cuando en cuando y vertiendo copiosas l$ rimas& 1ronto lle ó Andrómaca al palacio, lleno de ente, de %éctor, matador de hombres! halló en él muchas esclavas, y a todas las movió a l$ rimas& )loraban en el palacio a %éctor vivo a#n, porque no esperaban que volviera del combate libr$ndose del valor y de las manos de los aqueos& DI= 1aris no demoró en el alto palacio! pues, así que hubo vestido las ma níficas armas de labrado bronce, atravesó presuroso la ciudad haciendo ala de sus pies li eros& Como el corcel ave"ado a ba*arse en la cristalina corriente de un río, cuando se ve atado en el establo, come la cebada del pesebre y rompiendo el ron"al sale trotando por la llanura, yer ue or ulloso la cervi", ondean las crines sobre su cuello, y ufano de su lo"anía mueve li ero las rodillas encamin$ndose a los acostumbrados sitios donde los caballos pacen! de aquel modo, 1aris, hijo de 1ríamo, cuya armadura brillaba como un sol, descendía o"oso de la eGcelsa 1ér amo por sus $ iles pies llevado& Alejandro alcan"ó en se uida a su her2 mano el divino %éctor cuando éste re resaba del lu ar en que había pasado el coloquio con su esposa, y fue el primero en hablar diciendo7 D03 29Fi buen hermano: Fucho te hice esperar deteniéndote, a pesar de tu impaciencia! pues no he venido oportunamente, como ordenaste& D;I Kespondióle %éctor, el de tremolante casco7 D;0 29Muerido: ,adie que sea justo reprender$ tu trabajo en el combate, porque eres valiente! pero a veces te complaces en desalentarte y no quieres pelear, y mi cora"ón se afli e cuando oi o que te baldonan los troyanos que tantos trabajos sufren por ti& 1ero& v$monos y lue o lo arre laremos todo, si /eus nos permite ofrecer en nuestro palacio la cratera de la libertad a los celestes sempiternos dioses, por haber echado de (roya a los aqueos de hermosas rebas& CANTO VII* Combate singular de %&ctor y Ayante 'evantamiento de los cadáveres
* )a se unda también se suspende inopinadamente, porque %éctor desafia a los héroes aqueos& 'chadas las suertes, le toca a Ayante, y luchan hasta el anochecer& @e pacta una tre ua de un día, que los aqueos aprovechan pra enterrar a los muertos y construir un muro en torno al campamento&

0 Dichas estas palabras, el esclarecido %éctor y su hermano Alejandro traspusieron las puertas, con el $nimo impaciente por combatir y pelear& Como cuando un dios envía próspero viento a nave antes que to anhelan porque est$n cansados de romper las olas, batiendo los pulidos remos, y tienen relajados los miembros a causa de la fati a, así, tan deseados, aparecieron aquéllos a los troyanos& 3 1aris mató a Fenestio, que vivía en Arna y era hijo del rey Areítoo, famoso por su clava, y de >ilomedusa, la de ojos de novilla! y %éctor con la puntia uda lan"a tiró a 'yoneo un bote en la cervi", debajo del casco de bronce, y dejóle sin vi or los miembros& Plauco, hijo de %ipóloco y príncipe de los licios, arrojó en la re*ida pelea un dardo a Cfínoo DeGíada cuando subía al carro de corredoras ye uas, y le acertó en la espalda7 Cfínoo cayó al suelo y sus miembros se relajaron& 08 Cuando Atenea, la diosa de ojos de lechu"a, vio que aquéllos mataban a muchos ar ivos en el duro combate, descendiendo en raudo vuelo de las cumbres del .limpo, se encaminó a la sa rada Clio& 1ero, al advertirlo Apolo desde 1ér amo, fue a oponérsele, porque deseaba que los troyanos anaran la victoria& 'ncontr$ronse ambas deidades junto a la encina! y el soberano Apolo, hijo de /eus, habló primero diciendo7 ;B 241or qué, enardecida nuevamente, oh hija del ran /eus, vienes del .limpo5 4Mué poderoso afecto te mueve5 4Acaso quieres dar a los d$naos la indecisa victoria5 1orque de los troyanos no te compadecerías, aunque estuviesen pereciendo& @i quieres condescender con mi deseo 2y sería lo mejor2, suspenderemos por hoy el combate y la pelea! y lue o volver$n a batallar hasta que lo ren arruinar a Clio, ya que os place a vosotras, las inmortales, destruir esta ciudad& == Kespondióle Atenea, la diosa de ojos de lechu"a7 =B 2@ea así, oh t# que hieres de lejos, con este propósito vine del .limpo al campo de los troyanos y de los aqueos& Fas 4por qué medio has pensado suspender la batalla5 =8 Contestó el soberano Apolo, hijo de /eus7 =s 2%a amos que %éctor, de cora"ón fuerte, domador de caballos, provoque a los d$naos a pelear con él en terrible y sin ular combate! a indi nados los aqueos, de hermosas rebas, susciten a al uien para que luche con el divino %éctor& B= Así dijo! y Atenea, la diosa de ojos de lechu"a, no se opuso& %éleno, hijo amado de 1ríamo, comprendió al punto lo que era rato a los dioses, que conversaban, y, lle $ndose a %éctor, le diri ió estas palabras7 B8 29%éctor, hijo de 1ríamo, i ual en prudencia a /eus: 4Muerr$s hacer lo que te di a yo, que soy tu hermano5 Fanda que suspendan la batalla los troyanos y los aqueos todos, y reta al m$s valiente de éstos a luchar conti o en terrible combate, pues a#n no ha dispuesto el hado que mueras y lle ues al término fatal de tu vida& %e oído sobre esto la vo" de los sempiternos dioses& DB Así dijo& .yóle %éctor con intenso placer, y, corriendo al centro de ambos ejércitos con la lan"a co ida por el medio, detuvo las falan es troyanas, que al momento se que2 daron quietas& A amenón contuvo a los aqueos, de hermosas rebas! y Atenea y Apolo, el del arco de plata, transfi urados en buitres, se posaron en la alta encina del padre /eus, que lleva la é ida, y se deleitaban en contemplar a los uerreros cuyas densas filas aparecían eri"adas de escudos, cascos y lan"as& Como el Céfiro, cayendo sobre el mar, encrespa las olas, y el ponto ne rea! de semejante modo sent$ronse en la llanura las hileras de aqueos y troyanos& H %éctor, puesto entre unos y otros, dijo7 <8 29.ídme, troyanos y aqueos, de hermosas rebas, y os diré to que en el pecho mi cora"ón me dicta: 'l eGcelso Cronida no ratificó nuestros juramentos, y se uir$ caus$ndonos males a unos y a otros, hasta que toméis la torreada Clio o sucumb$is junto a

las naves, surcadoras del ponto& 'ntre vosotros se hallan los m$s valientes aqueos! aquél a quien el $nimo incite a combatir conmi o adel$ntese y ser$ campeón con el divino %éctor& 1ropon o lo si uiente y /eus sea testi o7 @i aquél con su bronce de lar a punta consi ue quitarme la vida, despójeme de las armas, lléveselas a las cóncavas naves, y en2 tre ue mi cuerpo a los míos para que los troyanos y sus esposas lo suban a la pira! y, si yo lo matare a él, por concederme Apolo tal loria, me llevaré sus armas a la sa rada Clio, las col aré en el templo de Apolo, que hiere de lejos, y enviaré el cad$ver a las naves de muchos bancos, para que los aqueos, de lar a cabellera, le ha an eGequias y le erijan un t#mulo a orillas del espacioso %elesponto& H dir$ al uno de los futuros hombres, atravesando el vinoso mar en una nave de muchos órdenes de remos7 Q6sa es la tumba de un varón que peleaba valerosamente y fue muerto en edad remota por el esclarecido %éctor&R Así hablar$, y mi loria no perecer$ jam$s& E; Así dijo& (odos enmudecieron y quedaron silenciosos, pues por ver Aen"a no rehusaban el desafío y por miedo no se decidían a aceptarlo& Al fin levantóse Fenelao, con el cora"ón afli idísimo, y los apostrofó de esta manera7 E< 29Ay de mí, hombres jactanciosos! aqueas que no aqueos: Prande y horrible ser$ nuestro oprobio si no sale nin #n d$nao al encuentro de %éctor& .jal$ os volvierais a ua y tierra ahí mismo donde est$is sentados, hombres sin cora"ón y sin honor& Ho seré quien me arme y luche con aquél, pues la victoria la conceden desde lo alto los inmortales dioses& 0I= 'sto dicho, empe"ó a ponerse la ma nífica armadura& 'ntonces, oh Fenelao, hubieras acabado la vida en manos de %éctor, cuya fuer"a era muy superior, si los reyes aqueos no se hubiesen apresurado a detenerte& 'l mismo A amenón Atrida, el de vasto poder, asióle de la diestra eGclamando7 0IE 29Deliras, Fenelao, alumno de /eus: ,ada te fuer"a a cometer tal locura& Domínate, aunque estés afli ido, y no quieras luchar por despique con un hombre m$s fuerte que t#, con %éctor 1ri$mida, que a todos amedrenta y cuyo encuentro en la batalla, donde los varones adquieren loria, causaba horror al mismo Aquiles, que lo aventaja tanto en bravura& Juelve a juntarte con tus compa*eros, siéntate, y los aqueos har$n que se levante un campeón tal, que, aunque aquél sea intrépido a incansable en la pelea, con usto, creo, se entre ar$ al descanso si consi ue escapar de tan fiero combate, de tan terrible lucha& 0;I Así dijo! y el héroe cambió la mente de su hermano con la oportuna eGhortación& Fenelao obedeció! y sus servidores, ale res, quit$ronle la armadura de los hombros& 'ntonces levantóse ,éstor, y aren ó a los ar ivos diciendo7 0;B 29.h dioses: 9Mué motivo de pesar tan rande le ha lle ado a la tierra aquea: 9Cu$nto emiría el anciano jinete 1eleo, ilustre consejero y aren ador de los mirmidones, que en su palacio se o"aba con pre untarme por la prosapia y la descendencia de los ar ivos todos: @i supiera que éstos tiemblan ante %éctor, al"aría las manos a los inmortales para que su alma, separ$ndose del cuerpo, bajara a la mansión de %ades& .jal$, 9padre /eus, Atenea, Apolo:, fuese yo tan joven como cuando, encontr$ndose los pilios con los belicosos arcadios al pie de las murallas de >ea, cerca de la corriente del L$rdano, trabaron el combate a orillas del impetuoso Celadonte& 'ntre los arcadios aparecía en primera línea 'reutalión, varón i ual a un dios, que llevaba la armadura del rey Areítoo! del divino Areítoo, a quien por sobrenombre llamaban el macero así los hombres como las mujeres de hermosa cintura, porque no peleaba con el arco y la formi2 dable lan"a, sino que rompía las falan es con la férrea ma"a& Al rey Areítoo matólo )icur o, no empleando la fuer"a, sino la astucia, en un camino estrecho, donde la férrea clava no podía librarlo de la muerte7 )icur o se le adelantó, envasóle la lan"a en medio

del cuerpo, hí"olo caer de espaldas, y despojóle de la armadura, re alo del broncíneo Ares, que llevaba en las batallas& Cuando )icur o envejeció en el palacio, entre ó dicha armadura a 'reutalión, su escudero querido, para que la usara! y éste, con tales armas, desafiaba entonces a los m$s valientes& (odos estaban amedrentados y temblando, y nadie se atrevía a aceptar el reto! pero mi ardido cora"ón me impulsó a pelear con aquel presuntuoso 2era yo el m$s joven de todos2 y combatí con él y Atenea me dio loria, pues lo ré matar a aquel hombre i antesco y fortísimo que tendido en el suelo ocupaba un ran espacio& .jal$ me rejuveneciera tanto y mis fuer"as conservaran su robuste"& 9Cu$n pronto %éctor, el de tremolante casco, tendría combate: 91ero ni los que sois los m$s valientes de los aqueos todos, ni siquiera vosotros, est$is dispuestos a it al encuentro de %éctor: 0<0 De esta manera los increpó el anciano, y nueve por junto se levantaron& )evantóse, mucho antes que los otros, el rey de hombres, A amenón! lue o el fuerte Diomedes (idida! después, ambos Ayantes, revestidos de impetuoso valor! tras ellos, Cdomeneo y su escudero Feriones, que al homicida 'nialio i ualaba! en se uida 'urípilo, hijo ilustre de 'vemón! y, finalmente, (oante Andremónida y el divino -lises7 todos éstos querían pelear con el ilustre %éctor& H ,éstor, caballero erenio, les dijo7 080 2'chad suertes, y aquél a quien le toque ale rar$ a los aqueos, de hermosas rebas, y sentir$ re ocijo en el cora"ón si lo ra escapar del flero combate, de la terrible lucha& 08D Así dijo& )os nueve se*alaron sus respectivas tarjas, y se uidamente las metieron en el casco de A amenón Atrida& )os uerreros oraban y al"aban las manos a los dioses& H al uno eGclamó, mirando al anchuroso cielo7 08E 291adre /eus: %a" que le cai a la suerte a Ayante, al hijo de (ideo, o al mismo rey de Ficenas, rica en oro& 030 Así decían& ,éstor, caballero erenio, meneaba el casco, hasta que por fin saltó la tarja que ellos querían, la de Ayante& -n heraldo llevóla por el concurso y, empe"ando por la derecha, la ense*aba a los próceres aqueos, quienes, al no reconocerla, ne aban que fuese suya! pero, cuando lle ó al que la había marcado y echado en el casco, al ilustre Ayante, éste tendió la mano, y aquél se detuvo y le entre ó la contrase*a& 'l héroe la reconoció, con ran j#bilo de su cora"ón, y, tir$ndola al suelo, a sus pies, eGclamó7 0E0 29.h ami os: Fi tarja es, y me ale ro en el alma porque espero vencer al divino %éctor& 9'a: Fientras visto la bélica armadura, orad al soberano /eus Cronión, mentalmente, para que no lo oi an los troyanos! o en alta vo", pues a nadie tememos& ,o habr$ quien, valiéndose de la fuer"a o de la astucia, me pon a en fu a contra mi voluntad! porque no creo que naciera y me criara en @alamina, tan inh$bil para la lucha& ;II (ales fueron sus palabras& 'llos oraron al soberano /eus Cronión, y al unos dijeron, mirando al anchuroso cielo7 ;I; 291adre /eus, que reinas desde el Cda, loriosísimo, m$Gimo: Concédele a Ayante la victoria y un brillante triunfo! y, si amas también a %éctor y por él te interesas, dales a entrambos i ual fuer"a y loria& ;I< Así hablaban& 1#sose Ayante la armadura de luciente bronce! y, vestidas las armas en torno de su cuerpo, marchó tan animoso como el terrible Ares cuando se encamina al combate de los hombres, a quienes el Cronión hace venir a las manos por una roedora discordia& (an terrible se levantó Ayante, antemural de los aqueos, que sonreía con torva fa", andaba a paso lar o y blandía enorme lan"a& )os ar ivos se re ocijaron randemente, así que lo vieron, y un violento temblor se apoderó de los troyanos! al mismo %éctor palpitóle el cora"ón en el pecho! pero ya no podía manifestar temor ni retirarse a su ejército, porque de él había partido la provocación& Ayante se le acercó con su escudo como una torre, broncíneo, de siete pieles de buey, que en otro tiempo le hiciera (iquio,

el cual habitaba en %ila y era el mejor de los curtidores& 6ste formó el manejable escudo con siete pieles de corpulentos bueyes y puso encima, como octava capa, una l$mina de bronce& Ayante (elamonio paróse, con el escudo al pecho, muy cerca de %éctor! y, amena"$ndolo, dijo7 ;;< 29%éctor: Ahora sabr$s claramente, de solo a solo, cu$les adalides pueden presentar los d$naos, aun prescindiendo de Aquiles, que rompe filas de uerreros y tiene el $nimo de un león& Fas el héroe, enojado con A amenón, pastor de hombres, permanece en las corvas naves surcadoras del ponto, y somos muchos los capaces de pelear conti o& 1ero empiece ya la lucha y el combate& ;== Kespondióle el ran %éctor, el de tremolante casco7 ;=B 29Ayante (elamonio, del linaje de /eus, príncipe de hombres: ,o me tientes cual si fuera un débil ni*o o una mujer que no conoce las cosas de la uerra& Jersado estoy en los combates y en las matan"as de hombres! sé mover a diestro y a siniestro la seca piel de buey que llevo para luchar denodadamente! sé lan"arme a la pelea cuando en prestos carros se batalla, y sé deleitar al cruel Ares en el estadio de la uerra& 1ero a ti, siendo cual eres, no quiero herirte con alevosía, sino cara a cara, si puedo conse uirlo& ;BB Dijo, y blandiendo la enorme lan"a, arrojóla y atravesó el bronce que cubría como octava capa el ran escudo de Ayante formado por siete boyunos cueros7 la indomable punta horadó seis de éstos y en el séptimo quedó detenida& Ayante, del linaje de /eus, tiró a su ve" su luen a lan"a y dio en el escudo liso del 1ri$mida, y la robusta lan"a, pasando por el terso escudo, se hundió en la labrada cora"a y ras ó la t#nica sobre el ijar! inclinóse el héroe, y evitó la ne ra muerte& H arrancando ambos las luen as lan"as de los escudos, acometiéronse como carniceros leones o puercos monteses, cuya fuer"a es inmensa& 'l 1ri$mida hirió con la lan"a el centro del escudo de Ayante, y el bronce no pudo romperlo porque la punta se torció& Ayante, arremetiendo, clavó la suya en el es2 cudo de aquél, a hi"o vacilar al héroe cuando se disponía para el ataque! la punta abrióse camino hasta el cuello de %éctor, y en se uida brotó la ne ra san re& Fas no por esto cesó de combatir %éctor, el de tremolante casco, sino que, volviéndose, co ió con su robusta mano un pedrejón ne ro y eri"ado de puntas que había en el campo! lo tiró, acertó a dar en el bollón central del ran escudo de Ayante, de siete boyunas pieles, a hi"o resonar el bronce que lo cubría& Ayante entonces, tomando una piedra mucho mayor, la despidió haciéndola voltear con una fuer"a inmensa& )a piedra torció el borde inferior del hectóreo escudo, cual pudiera hacerlo una muela de molino, y chocando con las rodillas de %éctor lo hi"o caer de espaldas asido al escudo! pero Apolo en se uida lo puso en pie& H ya se hubieran atacado de cerca con las espadas, si no hubiesen acudido dos heraldos, mensajeros de /eus y de los hombres, que lle aron respectivamente del campo de los troyanos y del de los aqueos, de broncíneas cora"as7 (altibio a Cdeo, prudentes ambos& 6stos interpusieron sus cetros entre los campeones, a Cdeo, h$bil en dar sabios consejos, pronunció estas palabras7 ;8E 29%ijos queridos: ,o peleéis ni combat$is m$s! a entrambos os ama /eus, que amontona las nubes, y ambos sois belicosos& 'sto lo sabemos todos& 1ero la noche comien"a ya, y ser$ bueno obedecerla& ;3; Kespondióle Ayante (elamonio7 ;3= 29Cdeo: .rdenad a %éctor que lo dispon a, pues fue él quien retó a los m$s valientes& @ea el primero en desistir! que yo obedeceré, si él lo hiciere& ;38 Díjole el ran %éctor, el de tremolante casco7 ;33 29Ayante: 1uesto que los dioses te han dado corpulencia, valor y cordura, y en el manejo de la lan"a descuellas entre los aqueos, suspendamos por hoy el combate y la lucha, y otro día volveremos a pelear hasta que una deidad nos separe, después de otor ar

la victoria a quien quisiere& )a noche comien"a ya, y ser$ bueno obedecerla& Así t# re ocijar$s, en las naves, a todos los aqueos y especialmente a tus ami os y compa*eros! y yo ale raré, en la ran ciudad del rey 1ríamo, a los troyanos y a las troyanas, de ro"a antes peplos, que habr$n ido a los sa rados templos a orar por mí& 9'a: %a $monos ma níficos re alos, para que di an aqueos y troyanos7 QCombatieron con roedor encono, y se separaron unidos por la amistad&R =I= Cuando esto hubo dicho, entre ó a Ayante una espada uarnecida con ar énteos clavos, ofreciéndosela con la vaina y el bien cortado ce*idor! y Ayante re aló a %éctor un vistoso tahalí te*ido de p#rpura& @epar$ronse lue o, volviendo el uno a las tropas aqueas y el otro al ejército de los troyanos& 6stos se ale raron al ver a %éctor vivo, y que re2 resaba incólume, libre de la fuer"a y de las invictas manos de Ayante, cuando ya desesperaban de que se salvara! y lo acompa*aron a la ciudad& 1or su parte, los aqueos, de hermosas rebas, llevaron a Ayante, ufano de la victoria, a la tienda del divino A amenón& =0= Así que estuvieron en ella, A amenón Atrida, rey de hombres, sacrificó al prepotente Cronión un buey de cinco a*os& Al instante to desollaron y prepararon, lo partieron todo, lo dividieron con suma habilidad en peda"os muy peque*os, lo atravesaron con pinchos, to asaron cuidadosamente y lo retiraron del fue o& (erminada la faena y dispuesto el festín, comieron sin que nadie careciese de su respectiva porción! y el poderoso héroe A amenón Atrida obsequió a Ayante con el ancho lomo& Cuando hubieron satisfecho el deseo de beber y de comer, el anciano ,éstor, cuya opinión era considerada siempre como la mejor, comen"ó a darles un consejo& H, aren $ndolos con benevolencia, así les dijo7 =;8 29Atrida y dem$s príncipes de los aqueos todos: Ha que han muerto tantos melenudos aqueos, cuya ne ra san re esparció el cruel Ares por la ribera del 'scamandro de límpida corriente y cuyas almas descendieron a la mansión de %ades, conviene que suspendas los combates, y ma*ana, reunidos todos al comen"ar del día, traeremos los cad$veres en carros tirados por bueyes y mulos, y los quemaremos cerca de los bajeles para llevar sus ceni"as a los hijos de los difuntos cuando re resemos a la patria tierra: 'rijamos lue o con sierra de la llanura, amontonada en torno de la pira, un t#mulo com#n! edifiquemos en se uida a partir del mismo una muralla con altas torres, que sea un reparo para las naves y para nosotros mismos! dejemos puertas que se cierren con bien ajustadas tablas, para que pasen los carros, y cavemos delante del muro un profundo foso, que deten a a los hombres y a los caballos si al #n día no podemos resistir la acometida de los altivos troyanos& =BB Así habló, y los dem$s reyes aplaudieron& Keuniéronse los troyanos en la acrópolis de Clio, cerca del palacio de 1ríamo, y la junta fue a itada y turbulenta& 'l prudente Anténor comen"ó a aren arles de esta manera7 =B3 29.ídme, troyanos, d$rdanos y aliados, y os manifestaré to que en el pecho mi cora"ón me dicta: 'a, restituyamos la ar iva %elena con sus rique"as y que los Atridas se la lleven& Ahora combatimos después de quebrar la fe ofrecida en los juramentos, y no espero que alcancemos éGito al uno mientras no ha amos to que propon o& =DB Dijo, y se sentó& )evantóse el divino Alejandro, esposo de %elena, la de hermosa cabellera, y, diri iéndose a aquél, pronunció estas aladas palabras7 =D8 29Anténor: ,o me place lo que propones y podías haber pensado al o mejor& @i realmente hablas con seriedad, los mismos dioses to han hecho perder el juicio& H a los troyanos, domadores de caballos, les diré to si uiente7 1aladinamente lo declaro, no devolveré la mujer, pero sí quiero dar cuantas rique"as traje de Ar os y aun otras que a*adiré de mi casa&

=<D Dijo, y se sentó& )evantóse 1ríamo Dard$nida, consejero i ual a los dioses, y les aren ó con benevolencia diciendo7 =<3 29.ídme, troyanos, d$rdanos y aliados, y os manifestaré lo que en el pecho mi cora"ón me dicta: Cenad en la ciudad, como siempre! acordaos de la uardia, y vi ilad todos! al romper el alba, vaya Cdeo a las cóncavas naves! anuncie a los Atridas, A amenón y Fenelao, la proposición de Alejandro, por quien se suscitó la contienda, y h$ anles esta prudente consulta7 @i quieren, que se suspenda el horrísono combate para quemar los cad$veres! y lue o volveremos a pelear hasta que una deidad nos separe y otor ue la victoria a quien le pla"ca& =8E Así dijo! ellos lo escucharon y obedecieron, tomando la cena en el campo sin romper las filas, y, apenas comen"ó a alborear, encaminóse Cdeo a las cóncavas naves y halló a los d$naos, servidores de Ares, reunidos en junta cerca de la nave de A amenón& 'l heraldo de vo" sonora, puesto en medio, les dijo7 =3D 29Atrida y dem$s príncipes de los aqueos todos: F$ndanme 1ríamo y los ilustres troyanos que os participe, y ojal$ os fuera acepta y rata, la proposición de Alejandro, por quien se suscitó la contienda& .frece dar cuantas rique"as trajo a Clio en las cóncavas naves 29así hubiese perecido antes:2 y aun a*adir otras de su casa! pero se nie a a devolver la le ítima esposa del lorioso Fenelao, a pesar de que los troyanos se to aconsejan& Fe han ordenado también que os ha a esta consulta7 @i queréis, que se suspenda el horrísono combate para quemar los cad$veres! y lue o volveremos a pelear hasta que una deidad nos separe y otor ue la victoria a quien le pla"ca& =E3 Así habló& (odos enmudecieron y quedaron silenciosos& 1ero al fin Diomedes, valiente en la pelea, dijo7 BII 2,o se acepten ni las rique"as de Alejandro, ni a %elena tampoco! pues es evidente, hasta para el m$s simple, que la ruina pende sobre los troyanos& BI= Así se eGpresó! y todos los aqueos aplaudieron, admirados del discurso de Diomedes, domador de caballos& H el rey A amenón dijo entonces a Cdeo7 BI< 29Cdeo: (# mismo oyes las palabras con que responden los aqueos! ellas son de mi a rado& 'n cuanto a los cad$veres, no me opon o a que sean quemados, pues ha de ahorrarse toda dilación para satisfacer prontamente a los que murieron, entre ando sus cuerpos a las llamas& /eus tonante, esposo de %era, reciba el juramento& B0; Dicho esto, al"ó el cetro a todos los dioses! a Cdeo re resó a la sa rada Clio, donde lo esperaban, reunidos en junta, troyanos y d$rdanos& 'l heraldo, puesto en medio, dijo la respuesta& 'n se uida dispusiéronse unos a reco er los cad$veres, y otros a it por le*a& A su ve", los ar ivos salieron de las naves de muchos bancos, unos para reco er los cad$2 veres, y otros para ir por le*a& B;0 Ha el sol hería con sus rayos los campos, subiendo al cielo desde la pl$cida y profunda corriente del .céano, cuando aqueos y troyanos se me"claron unos con otros en la llanura& Difícil era reconocer a cada varón! pero lavaban con a ua las manchas de san re de los cad$veres y, derramando ardientes l$ rimas, los subían a los carros& 'l ran 1ríamo no permitía que los troyanos lloraran7 éstos, en silencio y con el cora"ón afli ido, hacinaron los cad$veres sobre la pira, los quemaron y volvieron a la sacra Clio& Del mismo modo, los aqueos, de hermosas rebas, hacinaron los cad$veres sobre la pira, los quemaron y volvieron a las cóncavas naves& B== Cuando a#n no despuntaba la aurora, pero ya la lu" del alba se difundía, un rupo esco ido de aqueos se reunió en torno de la pira& 'ri ieron con tierra de la llanura un t#2 mulo com#n! construyeron a partir del mismo una muralla con altas torres, que sirviese de reparo a las naves y a ellos mismos! dejaron puertas, que se cerraban con bien

ajustadas tablas, para que pudieran pasar los carros, y cavaron delante del muro un ran foso profundo y ancho, que defendieron con estacas& BB; De tal suerte trabajaban los melenudos aqueos! y los dioses, sentados junto a /eus fulminador, contemplaban la rande obra de los aqueos, de broncíneas cora"as& H 1osi2 dón, que sacude la tierra, empe"ó a decirles7 BB< 291adre /eus: 4Cu$l de los mortales de la vasta tierra consultar$ con los dioses sus pensamientos y proyectos5 4,o ves que los melenudos aqueos han construido delante de las naves un muro con su foso, sin ofrecer a los dioses hecatombes perfectas5 )a fama de este muro se eGtender$ tanto como la lu" de la aurora! y se echar$ en olvido el que 9abra2 mos yo y >ebo Apolo cuando con ran fati a construimos la ciudad para el héroe )aomedonte& BDB /eus, que amontona las nubes, respondió muy indi nado7 BDD 29.h dioses: 9(#, prepotente batidor de la tierra, qué palabras proferiste: A un dios muy inferior en fuer"a y $nimo podría asustarle tal pensamiento! pero no a ti, cuya fama se eGtender$ tanto como la lu" de la aurora& 'a, cuando los aqueos, de lar a cabellera, re resen en las naves a su patria tierra, derriba el muro, arrójalo entero al mar, y enarena otra ve" la espaciosa playa para que desapare"ca la ran muralla aquea& B<B Así éstos conversaban& Al ponerse el sol los aqueos tenían la obra acabada! inmolaron bueyes y se pusieron a cenar en las respectivas tiendas, cuando arribaron, procedentes de )emnos, muchas naves car adas de vino que enviaba 'uneo Lasónida, hijo de %ipsípile y de Lasón, pastor de hombres& 'l hijo de Lasón mandaba separadamente, para los Atridas, A amenón y Fenelao, mil medidas de vino& )os me2 lenudos aqueos acudieron a las naves! compraron vino, unos con bronce, otros con luciente hierro, otros con pieles, otros con vacas y otros con esclavos! y prepararon un festín espléndido& (oda la noche los melenudos aqueos disfrutaron del banquete, y lo mismo hicieron en la ciudad los troyanos y sus aliados& (oda la noche estuvo el próvido /eus meditando cómo les causaría males y tronando de un modo horrible7 el p$lido temor se apoderó de todos, derramaron a tierra el vino de las copas, y nadie se atrevió a beber sin que antes hiciera libaciones al prepotente Cronión& Después se acostaron y el don del sue*o recibieron& CANTO VIII* Batalla interrumpida
* H la tercera es favorable a los troyanos, que quedan vencedores y pernoctan en el campo en ve" de retirarse a la ciudad, y así poder rematar la victoria al día si uiente& /eus, en asamblea divina había prohibido a los inmonales acudir en socorro de los hombres, y él ha ayudado a los troyanos&

0 )a Aurora, de a"afranado velo, se esparcía por toda la tierra, cuando /eus, que se complace en lan"ar rayos, reunió el $ ora de los dioses en la m$s alta de las muchas cumbres del .limpo& H así les habló, mientras ellos atentamente lo escuchaban7 D 29.ídme todos, dioses y diosas, para que os manifieste to que en el pecho mi cora"ón me dicta: ,in uno de vosotros, sea varón o hembra, se atreva a trans redir mi mandato! antes bien, asentid todos, a fin de que cuanto antes lleve a cabo lo que pretendo& 'l dios que intente separarse de los dem$s y socorrer a los troyanos o a los d$naos, como yo lo vea, volver$ afrentosamente olpeado al .limpo! o, co iéndolo, lo arrojaré al tenebroso ($rtaro, muy lejos, en lo m$s profundo del b$ratro debajo de la tierra 2sus puertas son de hierro, y el umbral, de bronce, y su profundidad desde el %ades como del cielo a la tierra2, y conocer$ en se uida cu$nto aventaja mi poder al de las dem$s deidades& H, si queréis, haced esta prueba, oh dioses, para que os conven"$is& @uspended del cielo $urea cadena, asíos todos, dioses y diosas, de la misma, y no os ser$ posible arrastrar del cielo a

la tierra a /eus, $rbitro supremo, por mucho que os fati uéis! mas, si yo me resolviese a tirar de aquélla, os levantaría con la tierra y el mar, ataría un cabo de la cadena en la cumbre del .limpo, y todo quedaría en el aire& (an superior soy a los dioses y a los hombres& ;= Así habló, y todos callaron, asombrados de sus palabras, pues fue mucha la vehemencia con que se eGpresó& A0 fin, Atenea, la diosa de ojos de lechu"a, dijo7 =0 291adre nuestro, Cronida, el m$s eGcelso de los soberanos: +ien sabemos que es incontrastable tu poder! pero tenemos l$stima de los belicosos d$naos, que morir$n, y se cumplir$ su acia o destino& ,os abstendremos de intervenir en el combate, si nos lo mandas! pero su eriremos a los ar ivos consejos saludables, a fin de que no pere"can todos, a causa de tu cólera& =3 @onriéndose, le contestó /eus, que amontona las nubes7 =E 2(ranquilí"ate, (rito enia, hija querida& ,o hablo con $nimo beni no, pero conti o quiero ser complaciente& B0 'sto dicho, unció los corceles de pies de bronce y $ureas crines, que volaban li eros! vistió la dorada t#nica, tomó el l$ti o de oro y fina labor y subió al carro& 1icó a los ca2 ballos para que arrancaran! y éstos, o"osos, emprendieron el vuelo entre la tierra y el estrellado cielo& 1ronto lle ó al Cda, abundante en fuentes y criador de fieras, al P$r aro, donde tenía un bosque sa rado y un perfumado altar! a00í el padre de los hombres y de los dioses detuvo los corceles, los desen anchó del carro y los cubrió de espesa niebla& @entóse lue o en la cima, ufano de su loria, y se puso a contemplar la ciudad troyana y las naves aqueas& D= )os melenudos aqueos se desayunaron apresuradamente en las tiendas, y en se uida tomaron las armas& (ambién los troyanos se armaron dentro de la ciudad! y, aunque eran menos, estaban dispuestos a combatir, obli ados por la cruel necesidad de prote er a sus hijos y mujeres7 abriéronse todas las puertas, salió el ejército de infantes y de los que peleaban en carros, y se produjo un ran tumulto& <I Cuando los dos ejércitos lle aron a juntarse, chocaron entre sí los escudos, las lan"as y el valor de los uerreros armados de broncíneas cora"as, y al aproGimarse las abollonadas rodelas se produjo un ran tumulto& Allí se oían simult$neamente los lamentos de los moribundos y los ritos jactanciosos de los matadores, y la tierra manaba san re& << Al amanecer y mientras iba aumentando la lu" del sa rado día, los dardos alcan"aban por i ual a unos y a otros, y los hombres caían& Cuando el sol hubo recorrido la mitad del cielo, el padre /eus tomó la balan"a de oro, puso en ella dos destinos de la muerte que tiende a lo lar o 2el de los troyanos, domadores de caballos, y el de los aqueos, de broncíneas lori as2! co ió por el medio la balan"a, la desple ó y tuvo m$s peso el día fatal de los aqueos& )os destinos de éstos bajaron hasta lle ar a la fértil tierra, mientras los de los troyanos subían al espacioso cielo& /eus, entonces, tronó fuerte desde el Cda y envió una ardiente centella a los aqueos, quienes, al verla, se pasmaron, sobreco idos de p$lido temor& 83 Ha no se atrevieron a permanecer en el campo ni Cdomeneo, ni A amenón, ni los dos Ayantes, servidores de Ares! y sólo se quedó ,éstor erenio, protector de los aqueos, contra su voluntad, por tener malparado uno de los corceles, al cual el divino Alejandro, esposo de %elena, la de hermosa cabellera, había herido con una flecha en lo alto de la cabe"a, donde las crines empie"an a crecer y las heridas son mortales& 'l caballo, al sentir el dolor, se encabritó, y la flecha le penetró el cerebro! y, revolc$ndose para sacudir el bronce, espantó a los dem$s caballos& Fientras el anciano se daba prisa a cortar con la espada las correas del caído corcel, vinieron por entre la muchedumbre los veloces

caballos de %éctor, tirando del carro en que iba tan auda" uerrero& H el anciano perdiera a00í la vida, si al punto no lo hubiese advertido Diomedes, valiente en la pelea! el cual, vociferando de un modo horrible, dijo a -lises7 E= 29)aertíada, del linaje de /eus: 9-lises, fecundo en ardides: 4Adónde huyes, confundido con la turba y volviendo la espalda como un cobarde5 Fira que al uien, mientras huyes, no te clave la lan"a en el dorso& 1ero a uarda y apartaremos del anciano al fero" uerrero& E8 Así dijo, y el paciente divino -lises pasó sin oírlo, corriendo hacia las cóncavas naves de los aqueos& 'l (idida, aunque estaba solo, se abrió paso por las primeras filas! y, deteniéndose ante el carro del viejo ,elida, pronunció estas aladas palabras7 0I; 29.h anciano: )os uerreros mo"os te acosan y te hallas sin fuer"as, abrumado por la molesta senectud! tu escudero tiene poco vi or y tus caballos son tardos& @ube a mi carro para que veas cu$les son los corceles de (ros que quité a 'neas, el que pone en fu a a sus enemi os, y cómo saben tanto perse uir ac$ y acull$ de la llanura, como huir li eros& De los tuyos cuiden los servidores! y nosotros dirijamos éstos hacia los troyanos, domadores de caballos, para que %éctor sepa con qué furia se mueve la lan"a en mis manos& 00; Dijo! y ,éstor, caballero erenio, no desobedeció& 'ncar $ronse de sus ye uas los bravos escuderos 'sténelo y 'urimedonte valeroso! y habiendo subido ambos héroes al carro de Diomedes, ,éstor co ió las lustrosas riendas y avispó a los caballos, y pronto se hallaron cerca de %éctor& 'l hijo de (ideo arrojóle un dardo, cuando %éctor deseaba aco2 meterlo, y si bien erró el tiro, hirió en el pecho cerca de la tetilla a 'niopeo, hijo del animoso (ebeo, que, como auri a, obernaba las riendas7 'niopeo cayó del carro, cejaron los veloces corceles y a00í terminaron la vida y el valor del uerrero& %ondo pesar sintió el espíritu de %éctor por tal muerte! pero, aunque condolido del compa*ero, dejóle en el suelo y buscó otro auri a que fuese osado& 1oco tiempo estuvieron los caballos sin conductor, pues %éctor encontróse con el ardido Arqueptólemo Cfítida, y, haciéndole su2 bir al carro de que tiraban los $ iles corceles, le puso las riendas en la mano& 0=I 'ntonces ran estra o a irreparables males se hubieran producido y los troyanos habrían sido encerrados en Clio como corderos, si al punto no lo hubiese advertido el padre de los hombres y de los dioses& (ronando de un modo espantoso, despidió un ardiente rayo para que cayera en el suelo delante de los caballos de Diomedes! el a"ufre encendido produjo una terrible llama! los corceles, asustados, acurruc$ronse debajo del carro! las lustrosas riendas cayeron de las manos de ,éstor, y éste, con miedo en el cora"ón, dijo a Diomedes7 0=E 29(idida: (uerce la rienda a los solípedos caballos y huyamos& 4,o conoces que la protección de /eus ya no te acompa*a5 %oy /eus Cronida otor a a ése la victoria! otro día, si le place, nos la dar$ a nosotros& ,in #n hombre, por fuerte que sea, puede impedir los propósitos de /eus, porque el dios es mucho m$s poderoso& 0BD Kespondióle Diomedes, valiente en la pelea7 0B< 2@í, anciano, oportuno es cuanto acabas de decir, pero un terrible pesar me lle a al cora"ón y al alma& Mui"$ di a %éctor, aren ando a los troyanos7 Q'l (idida lle ó a las na2 ves, puesto en fu a por mi lan"aR Así se jactar$! y entonces $braseme la vasta tierra& 0D0 Keplicóle ,éstor, caballero erenio7 0D; 29Ay de mí: 9Mué dijiste, hijo del belicoso (ideo: @i %éctor te llamare cobarde y flaco, no lo creer$n ni los troyanos, ni los dardanios, ni las mujeres de los troyanos ma 2 n$nimos, escudados, cuyos esposos florecientes derribaste en el polvo&

0D8 Dichas estas palabras, volvió la rienda a los solípedos caballos, y empe"aron a huir por entre la turba& )os troyanos y %éctor, promoviendo inmenso alboroto, hacían llover sobre ellos da*osos tiros& H el ran %éctor, el de tremolante casco, ritaba con vo" recia7 0<0 29(idida: )os d$naos, de $ iles corceles, te cedían la preferencia en el asiento y te obsequiaban con carne y copas de vino! mas ahora te despreciar$n, porque te has vuelto como una mujer& Anda, tímida doncella! ya no escalar$s nuestras torres, venciéndome a mí, ni te llevar$s nuestras mujeres en las naves, porque antes to daré la muerte& 0<8 Así dijo& 'l (idida estaba indeciso entre se uir huyendo o torcer la rienda a los corceles y volver a pelear& (res veces se le presentó la duda en la mente y en el cora"ón, y tres veces el próvido /eus tronó desde los montes ideos para anunciar a los troyanos que suya sería en aquel combate la inconstante victoria& H %éctor los animaba, diciendo a vo" en rito7 08D 29(royanos, licios, d$rdanos que cuerpo a cuerpo combatís: @ed hombres, ami os, y mostrad vuestro impetuoso valor& Cono"co que el Cronida me concede, benévolo, la victoria y una loria inmensa y envía la perdición a los d$naos! quienes, oh necios, construyeron esos muros débiles y despreciables que no podr$n contener mi arrojo, pues los caballos salvar$n f$cilmente el cavado foso& Cuando lle ue a las cóncavas naves, acordaos de traerme el vora" fue o para que las incendie y mate junto a ellas a los ar ivos aturdidos por el humo& 03B Dijo, y eGhortó a sus caballos con estas palabras7 03D 24Lanto, 1odar o, 'tón, divino )ampo: Ahora debéis pa arme el eGquisito cuidado con que Andrómaca, hija del ma n$nimo 'etión, os ofrecía el re alado tri o y os me"cla2 ba vinos para que pudieseis, bebiendo, satisfacer vuestro apetito antes que a mí, que me lorío de ser su floreciente esposo& @e uid el alcance, esfor"aos, para ver si nos apoderamos del escudo de ,éstor, cuya fama lle a hasta el cielo por ser todo de oro, sin eGceptuar las abra"aderas, y le quitamos de los hombros a Diomedes, domador de caballos, la labrada cora"a que %efesto fabricó& Creo que, si ambas cosas consi uiéramos, los aqueos se embarcarían esta misma noche en las veleras naves& 0EE Así habló, vana lori$ndose& )a veneranda %era, indi nada, se a itó en su trono, haciendo estremecer el espacioso .limpo, y dijo al ran dios 1osidón7 ;I0 29.h dioses: 91repotente 1osidón que bates la tierra: 4(u cora"ón no se compadece de los d$naos moribundos que tantos y tan lindos presentes lo llevan a %élice y a ' as5 Decídete a darles la victoria& @i cuantos prote emos a los d$naos quisiéramos recha"ar a los troyanos y contener al lar ovidente /eus, éste se aburriría sentado solo all$ en el Cda& ;I3 Kespondióle muy indi nado el poderoso dios que sacude la tierra7 ;IE 24Mué palabras proferiste, auda" %era5 Ho no quisiera que los dem$s dioses luch$ramos con /eus Cronión porque nos aventaja mucho en poder& ;0; Así éstos conversaban& Cuanto espacio encerraba el foso desde la torre hasta las naves llenóse de carros y hombres escudados que a00í acorraló %éctor 1ri$mida, i ual al impetuoso Ares, cuanto /eus le dio loria& H el héroe hubiese pe ado ardiente fue o a las naves bien proporcionadas a no haber su erido la venerable %era a A amenón, aunque éste no se descuidaba, que animara pronto a los aqueos& >uese el Atrida hacia las tiendas y las naves aqueas con el rande purp#reo manto en el robusto bra"o, y subió a la in ente nave ne ra de -lises, que estaba en el centro, para que lo oyeran por ambos lados hasta las tiendas de Ayante (elamonio y de Aquiles, los cuales habían puesto sus bajeles en los eGtremos porque confiaban en su valor y en la fuer"a de sus bra"os& H con vo" penetrante ritaba a los d$naos7 ;;3 29Mué ver Aen"a, ar ivos, hombres sin di nidad, admirables sólo por la fi ura: 4Mué es de la jactancia con que nos lori$bamos de ser valentísimos, y con que decíais

presuntuosamente en )emnos, comiendo abundante carne de bueyes de er uida cornamenta y bebiendo crateras coronadas de vino, que cada uno haría frente en la batalla a ciento y a doscientos troyanos5 Ahora ni con uno podemos, con %éctor, que pronto pe ar$ ardiente fue o a las naves& 91adre /eus: 4%iciste sufrir tama*a des racia y privaste de una loria tan rande a al #n otro de los prepotentes reyes5 Cuando vine, no pasé de lar o en la nave de muchos bancos por nin uno de tus bellos altares, sino que en todos quemé rasa y muslos de buey, deseoso de asolar la bien murada (roya& 1or Canto, oh /eus, c#mpleme este voto7 déjanos escapar y librarnos de este peli ro, y no permitas que los troyanos maten a los aqueos& ;BD Así dijo& 'l padre, compadecido de verle derramar l$ rimas, le concedió que su pueblo se salvara y no pereciese! y en se uida mandó un $ uila, la mejor de las aves a oreras, que tenía en las arras el hijuelo de una velo" cierva y lo dejó caer al pie del ara hermosa de /eus, donde los aqueos ofrecían sacrificios al dios, como autor de los presa ios todos& Cuando ellos vieron que el ave había sido enviada por /eus, arremetieron con m$s ímpetu contra los troyanos y sólo en combatir pensaron& ;D= 'ntonces nin uno de los d$naos, aunque eran muchos, pudo loriarse de haber revuelto sus veloces caballos para pasar el foso y resistir el ataque, antes que el (idida& >ue éste el primero que mató a un uerrero troyano, a A elao >radmónida, que, subido en el carro, emprendía la fu a7 hundióle la pica en la espalda, entre los hombros, y la punta salió por el pecho! A elao cayó del carro y sus armas resonaron& ;<0 @i uieron a Diomedes los Atridas, A amenón y Fenelao! los Ayantes, revestidos de impetuoso valor! Cdomeneo y su servidor Feriones, i ual al homicida 'nialio! 'urípilo, hijo ilustre de 'vemón! y en noveno lu ar, (eucro, que, con el fleGible arco en la mano, se escondía detr$s del escudo de Ayante (elamoníada& 6ste levantaba el escudo! y (eucro, volviendo el rostro a todos lados, flechaba a uno de la turba que caía mortalmente herido, y al momento tornaba a refu iarse en Ayante Ncomo un ni*o en su madreO, quien to cubría otra ve" con el reful ente escudo& ;8= 4Cu$l fue el primero, cu$l el #ltimo de los que entonces mató el eGimio (eucro5 .rsíloco el primero, ?rmeno, .felestes, Détor, Cromio, )icofontes i ual a un dios, Amopaón 1oliemónida y Felanipo& A tantos derribó sucesivamente al almo suelo& 'l rey de hombres, A amenón, se hol ó de ver que (eucro destruía las falan es troyanas, disparando el fuerte arco! y, poniéndose a su lado, le dijo7 ;30 29Caro (eucro (elamonio, príncipe de hombres: @i ue arrojando flechas, por si acaso lle as a ser la aurora de salvación de los d$naos y honras a to padre (elamón, que te crió cuando eras ni*o y te educó en su casa, a pesar de tu condición de bastardo! ya que est$ lejos de aquí, c#brele de loria& )o que voy a decir se cumplir$7 @i /eus, que lleva la é ida, y Atenea me permiten destruir la bien édificada ciudad de Clio, te pondré en la mano, como premio de honor #nicamente inferior al mío, o un trípode o dos corceles con su correspondiente carro o una mujer que comparta el lecho conti o& ;E; Kespondióle el eGimio (eucro7 ;E= 29Ploriosísimo Atrida: 41or qué me insti as cuando ya, solícito, ha o lo que puedo5 Desde que los recha"amos hacia Clio mato hombres, valiéndome del arco& .cho flechas de lar a punta tiré, y todas se clavaron en el cuerpo de jóvenes llenos de marcial furor! pero no consi o herir a ese perro rabioso& =II Dijo! y, apercibiendo el arco, envió otra flecha a %éctor con intención de herirlo& (ampoco acertó, pero la saeta se clavó en el pecho del eGimio Por itión, valeroso hijo de 1ríamo y de la bella Castianira, oriunda de 'sima, cuyo cuerpo al de una diosa semejaba& Como en un jardín inclina la amapola su tallo, comb$ndose al peso del fruto o de los

a uaceros primaverales, de semejante modo inclinó el uerrero la cabe"a que el casco hacía ponderosa& =IE (eucro armó nuevamente el arco, envió otra saeta a %éctor, con $nimo de herirlo, y también erró el tiro, por haberlo desviado Apolo! pero hirió en el pecho cerca de la tetilla a Arqueptólemo, osado auri a de %éctor, cuando se lan"aba a la pelea& Arqueptólemo cayó del carro, cejaron los corceles de pies li eros, y a00í terminaron la vida y el valor del uerrero& %ondo pesar sintió el espíritu de %éctor por tal muerte! pero, aunque condolido del compa*ero, dejólo y mandó a su propio hermano Cebríones, que se hallaba cerca, que empu*ara las riendas de los caballos& .yóle éste y no desobedeció& %éctor saltó del reful ence carro al suelo, y, vociferando de un modo espantoso, co ió una piedra y encaminóse hacia (eucro con el propósito de herirlo& (eucro, a su ve", sacó del carcaj una acerba flecha, y ya estiraba la cuerda del arco, cuando %éctor, el de tremolante casco, acertó a darle con la $spera piedra cerca del hombro, donde la clavícula separa el cuello del pecho y las heridas son mortales, y le rompió el nervio7 entorpecióse el bra"o, (eucro cayó de hinojos y el arco se le fue de las manos& Ayante no abandonó al hermano caído en el suelo, sino que, corriendo a defenderlo, lo cubrió con el escudo& Acudieron dos fieles compa*eros, Fecisteo, hijo de 'quio, y el divino Al$stor! y, co iendo a (eucro, que daba randes suspiros, to llevaron a las cóncavas naves& ==D 'l .límpico volvió a eGcitar el valor de los troyanos, los cuales hicieron arredrar a los aqueos en derechura al profundo foso& %éctor iba con los delanteros, haciendo ala de su fuer"a& Como el perro que acosa con $ iles pies a un jabalí o a un león, lo muerde por detr$s, ya los muslos, ya las nal as, y observa si vuelve la cara! de i ual modo perse uía %éctor a los melenudos aqueos, matando al que se re"a aba, y ellos huían esp$ntados& Cuando atravesaron la empali"ada y el foso, muchos sucumbieron a manos de los troyanos! los dem$s no pararon hasta las naves, y a00í se animaban los unos a los otros, y con los bra"os levantados oraban en vo" alta a todas las deidades& %éctor revolvía por todas partes los corceles de hermosas crines! y sus ojos parecían los de Por ona o los de Ares, peste de los hombres& =DI %era, la diosa de los níveos bra"os, al ver a los aqueos compadeciólos, en se uida diri ió a Atenea estas aladas palabras7 =D; 29.h dioses: 9%ija de /eus, que lleva la é ida: 4,o nos cuidaremos de socorrer, aunque tarde, a los d$naos moribundos5 1erecer$n, cumpliéndose su acia o destino, por el arrojo de un solo hombre, de %éctor 1ri$mida, que se enfurece de intolerable modo y ya ha causado ran estra o& =D8 Kespondióle Atenea, la diosa de ojos de lechu"a7 =D3 (iempo ha que ése hubiera perdido fuer"a y vida, muerto en su patria tierra por los aqueos! pero mi padre revuelve en su mente funestos propósitos, 9cruel, siempre injusto, desbaratador de mis planes:, y no recuerda cu$ntas veces salvé a su hijo abrumado por los trabajos que 'uristeo le había impuesto7 clamaba al cielo, llorando, y /eus me enviaba a socorrerlo& @i mi precavida mente hubiese sabido to de ahora, no hubiera escapado el hijo de /eus de las hondas corrientes de la 6sti e, cuando aquél lo mandó que fuera a la mansión de %ades, de sólidas puertas, y sacara del 6rebo el horrendo can de %ades& Al presente /eus me aborrece y cumple los deseos de (etis, que besó sus rodillas y le tocó la barba, suplic$ndole que honrase a Aquiles, asolador de ciudades& Día vendr$ en que me llame nuevamente su amada hija, la de ojos de lechu"a& 1ero unce los solipedos corceles, mientras yo, entrando en el palacio de /eus, que lleva la é ida, me armo para el combate! quiero ver si el hijo de 1ríamo, %éctor, el de tremolante casco, se ale rar$ cuando apare"camos en el campo de la batalla& Al uno de los troyanos, cayendo junto a las naves aqueas, saciar$ con su rasa y con su carne a los perros y a las aves&

=30 Dijo! y %era, la diosa de los níveos bra"os, no fue desobediente& )a venerable diosa %era, hija del ran Crono, aprestó solícita los caballos de $ureos jaeces& H Atenea, hija de /eus, que lleva la é ida, dejó caer al suelo el hermoso peplo bordado que ella misma había tejido y labrado con sus manos! vistió la t#nica de /eus, que amontona las nubes, y se armó para la luctuosa uerra& H subiendo al flamante carro, asió la lan"a ponderosa, lar a, fornida, con que la hija del prepotente padre destruye filas entenas de héroes cuando contra ellos monta en cólera& %era picó con el l$ti o a los corceles, y abriéronse de propio impulso rechinando las puertas del cielo de que cuidan las %oras 2a ellas est$ confiado el espacioso cielo y el .limpo2, para remover o colocar delante la densa nube& 1or allí, por entre las puertas, diri ieron aquellas deidades los corceles, dóciles al l$ti o& =E8 'l padre de /eus, apenas las vio desde el Cda, se encendió en cólera! y al punto llamó a Cris, la de doradas alas, para que le sirviese de mensajera7 =EE 29Anda, ve, r$pida Cris: %a" que se vuelvan y no les dejes lle ar a mi presencia, porque nin #n beneficio les reportar$ luchar conmi o& )o que voy a decir se cumplir$7 'ncojaréles los briosos corceles! las derribaré del carro, que romperé lue o, y ni en die" a*os cumplidos sanar$n de las heridas que les produ"ca el rayo, para que cono"ca la de ojos de lechu"a que es con su padre contra quien combate& Con %era no me irrito ni me encoleri"o tanto, porque siempre ha solido& oponerse a cuanto di o& BIE De cal modo habló& Cris, la de los pies r$pidos como el hurac$n, se levantó para llevar el mensaje! descendió de los montes ideos! y, alcan"ando a las diosas en la entrada del .limpo, en valles abundoso, hi"o que se detuviesen, y les transmitió la orden de /eus7 B0= 24Adónde corréis5 41or qué en vuestro pecho el cora"ón se enfurece5 ,o consiente el Cronida que se socorra a los ar ivos& Jed aquí to que har$ el hijo de Crono si cumple su amena"a7 .s encojar$ los briosos caballos, os derribar$ del carro, que romper$ lue o, y ni en die" a*os cumplidos sanaréis de las heridas que os produ"ca el rayo! para que co2 no"cas t#, la de ojos de lechu"a, que es con tu padre contra quien combates& Con %era no se irrita ni se encoleri"a tanto, porque siempre ha solido oponerse a cuanto dice& 91ero t#, temeraria, perra desver on"ada, si realmente to atrevieras a levantar contra /eus la formidable lan"a&&&: B;D Cuando esto hubo dicho, fuese Cris, la de los pies li eros! y %era diri ió a Atenea estas palabras7 B;8 29.h dioses: 9%ija de /eus, que lleva la é ida: Ha no permito que por los mortales peleemos con /eus& Fueran unos y vivan otros, cualesquiera que fueren! y aquél sea jue", como le corresponde, y dé a los troyanos y a los d$naos lo que su espíritu acuerde& B=; 'sto dicho, torció la rienda a los solípedos caballos& )as %oras desuncieron los corceles de hermosas crines, los ataron a pesebres divinos y apoyaron el carro en el reluciente muro& H las diosas, que tenían el cora"ón afli ido, se sentaron en $ureos tronos me"cladamente con las dem$s deidades& B=3 'l padre /eus, subiendo al carro de hermosas ruedas, uió los caballos desde el Cda al .limpo y lle ó a la mansión de los dioses! y a00í el ínclito dios que sacude la tierra desunció los corceles, puso el carro en el estrado y lo cubrió con un velo de lino& 'l lar ovidente /eus tomó asiento en el $ureo trono y el inmenso .limpo tembló debajo de sus pies& Atenea y %era, sentadas aparte y a distancia de /eus, nada le dijeron ni pre untaron! mas él comprendió en su mente to que pensaban, y dijo7 BB8 241or qué os hall$is tan abatidas, Atenea y %era5 ,o os habréis fati ado mucho en la batalla, donde los varones adquieren loria, matando troyanos, contra quienes sentís vehemente rencor& @on tales mi fuer"a y mis manos invictas, que no me harían cambiar de resolución cuantos diosés hay en el .limpo& 1ero os temblaron los hermosos miembros antes que lle arais a ver el combate y sus terribles hechos& Diré lo que en otro

caso hubiera ocurrido7 %eridas por el rayo, no hubieseis vuelto en vuestro carro al .limpo, donde se halla la mansión de los inmortales& BD8 Así dijo& Atenea y %era, que tenían los asientos conti uos y pensaban en causar da*o a los troyanos, mordiéronse los labios& Atenea, aunque airada contra su padre y poseída de fero" cólera, uardó silencio y nada dijo! pero a %era la ira no le cupo en el pecho, y eGclamó7 B<; 29Crudelísimo Cronida: 9Mué palabras proferiste: +ien sabemos que es incontrastable to poder! pero tenemos l$stima de los belicosos d$naos, que morir$n, y se cumplir$ su acia o destino& ,os abstendremos de intervenir en la lucha, si nos lo mandas, pero su eriremos a los ar ivos consejos saludables para que no pere"can todos víctimas de tu cólera& B<E Kespondióle /eus, que amontona las nubes7 B8I 2'n la próGima ma*ana ver$s, si quieres, oh %era veneranda, la de ojos de novilla, cómo el prepotente Cronión hace ran ri"a en el ejército de los belicosos ar ivos& H el impetuoso %éctor no dejar$ de pelear hasta que junto a las naves se levante el 1elida, el de los pies li eros, el día aquel en que combatan cerca de las popas y en estrecho espacio por el cad$ver de 1atroclo& Así lo decretó el hado, y no me importa que te irrites& Aunque lo vayas a los confines de la tierra y del mar, donde moran L$peto y Crono, que no disfrutan de los rayos del @ol %iperión ni de los vientos, y se hallan rodeados por el profundo ($rtaro! aunque, errante, lle ues hasta a00í, no me importar$ verte enojada, porque no hay nada m$s impudente que t#& B3B Así dijo! y %era, la de los níveos bra"os, nada respondió& )a brillante lu" del sol se hundió en el .céano, trayendo sobre la alma tierra la noche obscura& Contrarió a los troyanos la desaparición de la lu"! mas para los aqueos lle ó rata, muy deseada, la tenebrosa noche& B3E 'l esclarecido %éctor reunió a los troyanos en la ribera del vora inoso Lanto, lejos de las naves, en un lu ar limpio donde el suelo no aparecía cubierto de cad$veres& Aquéllos descendieron de los carros y escucharon a %éctor, caro a /eus, que arrimado a su lama de once codos, cuya reluciente broncínea punta estaba sujeta por $ureo anillo, así los aren aba7 BE8 29.ídme, troyanos, d$rdanos y aliados: 'n el día de hoy esperaba volver a la ventosa Clio después de destruir las naves y acabar con todos los aqueos! pero nos quedamos a obscuras, y esto ha salvado a los ar ivos y a las naves que tienen en la playa& .bede"camos ahora a la noche sombría y ocupémonos en preparar la cena! desuncid de los carros a los corceles de hermosas crines y echadles el pasto! traed pronto de la ciudad bueyes y pin Aes ovejas, y de vuestras casas pan y vino, que ale ra el cora"ón! amontonad abundante le*a y encendamos muchas ho ueras que ardan hasta que despunte la aurora, hija de la ma*ana, y cuyo resplandor lle ue al cielo7 no sea que los melenudos aqueos intenten huir esta noche por el ancho dorso del mar& ,o se embarquen tranquilos y sin ser molestados, sino que al uno ten a que curarse en su casa una lan"ada o un flecha"o recibido al subir a la nave, para que tema quien ose mover la luctuosa uerra a los troyanos, domadores de caballos& )os heraldos, caros a /eus, vayan a la población y pre onen que los adolescentes y los ancianos de canosas sienes se re#nan en las torres que fueron construidas por las deidades y circundan la ciudad! que las tímidas mujeres enciendan randes fo atas en sus respectivas casas, y que la uardia sea continua para que los enemi os no entren insidiosamente en la ciudad mientras los hombres estén fuera& %$ ase como os to encar o, ma n$nimos troyanos& Dichas quedan las palabras que al presente convienen! ma*ana os aren aré de nuevo, troyanos domadores de caballos! y espero que, con la protección de /eus y de las otras deidades, echaré de aquí a esos pe2

rros rabiosos, traídos por las parcas en los ne ros bajeles& Durante la noche ha amos uardia nosotros mismos! y ma*ana, al comen"ar el día, tomaremos las armas para trabar vivo combate junto a las cóncavas naves& Jeré si el fuerte Diomedes (idida me hace retroceder de las naves al muro, o si lo mato con el bronce y me llevo sus cruentos despojos& Fa*ana probar$ su valor, si me a uarda cuando lo acometa con la lan"a! mas confío en que, así que sal a el sol, caer$ herido entre los combatientes delanteros, y con él muchos de sus camaradas& Así fuera yo inmortal, no tuviera que envejecer y o"ara de los mismos honores que Atenea o Apolo, como este día ser$ funesto para los ar ivos& DB; De este modo aren ó %éctor, y los troyanos lo aclamaron& Desuncieron de debajo del yu o los sudados corceles y at$ronlos con correas junto a sus respectivos carros! sacaron pronto de la ciudad bueyes y pin Aes ovejas, y de las casas pan y vino, que ale ra el cora"ón, y amontonaron abundante le*a& Después ofrecieron hecatombes perfectas a los inmortales, y los vientos llevaban de la llanura al cielo el suave olor de la rasa quemada! pero los bienaventurados diqses no quisieron aceptar la ofrenda, porque se les había hecho odiosa la sa rada Clio y 1ríamo y su pueblo armado con lan"as de fresno& DD= Así, tan alentados, permanecieron toda la noche en el campo, donde ardían muchos fue os& Como en noche de calma aparecen las radiantes estrellas en torno de la ful ente luna, y se descubren los promontorios, cimas y valles, porque en el cielo se ha abierto la vasta re ión etérea, vense todos los astros, y al pastor se le ale ra el cora"ón7 en tan ran n#mero eran las ho ueras que, encendidas por los troyanos, quemaban ante Clio entre las naves y la corriente del Lanto& Fil fue os ardían en la llanura, y en cada uno se a rupaban cincuenta hombres a la lu" de la ardiente llama& H los caballos, comiendo cerca de los carros avena y blanca cebada, esperaban la lle ada de la Aurora, la de hermoso trono& CANTO IX* (mbajada a A$uiles- S)plicas
* A amenón, arrepentido y lamentando su disputa con Aquiles, por consejo de su anciano asesor ,éstor, despacha a -lises, Ayante y al viejo >éniG como embajadores ante Aquiles, para solicitar su ayuda, con plenos poderes para prometerle la devolución de +riseide y abundantes re alos que compensen la afrenta sufrida& 1ero Aquiles se mantiene obstinado a infleGible&

0 Así los troyanos uardaban el campo& De los aqueos habíase ense*oreado la in ente fu a, compa*era del lacial terror, y los m$s valientes estaban a obiados por insufrible pesar& Como conmueven el ponto, en peces abundante, los vientos +óreas y Céfiro, soplando de improviso desde la (racia, y las ne ru"cas olas se levantan y arrojan a la orilla multitud de al as! de i ual modo les palpitaba a los aqueos el cora"ón en el pecho& E 'l Atrida, en ran dolor sumido el cora"ón, iba de un lado para otro y mandaba a los heraldos de vo" sonora que convocaran al $ ora, nominalmente y en vo" baja, a todos los capitanes, y también él los iba llamando y trabajaba como los m$s dili entes& )os uerreros acudieron afli idos& )evantóse A amenón, llorando, como fuente profunda que desde altísimo pe*asco deja caer sus a uas sombrías! y, despidiendo hondos suspiros, habló de esta suerte a los ar ivos7 08 29.h ami os, capitanes y príncipes de los ar ivos: 'n rave infortunio envolvióme /eus Cronida& 9Cruel: Fe prometió y ase uró que no me iría sin destruir la bien murada Clio y todo ha sido funesto en a*o! pues ahora me manda re resar a Ar os, sin loria, después de haber perdido tantos hombres& Así debe de ser rato al prepotente /eus, que ha destruido las fortale"as de muchas ciudades y a#n destruir$ otras, porque su poder es inmenso& 'a, obremos todos como voy a decir7 %uyamos en las naves a nuestra patria tierra, pues ya no tomaremos a (roya, la de anchas calles&

;E Así dijo& 'nmudecieron todos y permanecieron callados& )ar o tiempo duró el silencio de los afli idos aqueos, mas al fin Diomedes, valiente en el combate, dijo7 =; 29Atrida: 'mpe"aré combatiéndote por tu imprudencia, como es permitido hacerlo, oh rey, en el $ ora, pero no te irrites& 1oco ha menospreciaste mi valor ante los d$naos, diciendo que soy cobarde y débil, lo saben los ar ivos todos, jóvenes y viejos& Fas a ti el hijo del artero Crono de dos cosas te ha dado una7 te concedió que fueras honrado como nadie por el cetro, y te ne ó la fortale"a, que es el mayor de los poderes& 9Des raciado: 4Crees que los aqueos son tan cobardes y débiles como dices5 @i tu cora"ón te incita a re resar, parte7 delante tienes el camino y cerca del mar ran copia de naves que desde Ficenas lo si uieron! pero los dem$s melenudos aqueos se quedar$n hasta que destruyamos la ciudad de (roya& H, si también éstos quieren irse, huyan en los bajeles a su patria! y nosotros dos, yo y 'sténelo, se uiremos peleando hasta que a Clio le lle ue su fin! pues vinimos debajo del amparo de los dioses& DI Así habló! y todos los aqueos aplaudieron, admirados del discurso de Diomedes, domador de caballos& H el caballero ,éstor se levantó y dijo7 D= 29(idida: )uchas con valor en el combate y superas en el consejo a los de tu edad! nin #n aqueo osar$ vituperar ni contradecir tu discurso, pero no has lle ado hasta el fin& 'res a#n joven 2por tus a*os podrías ser mi hijo menor2 y, no obstante, dices cosas discretas a los reyes ar ivos y has hablado como se debe& 1ero yo, que me vana lorio de ser m$s viejo que t#, lo manifestaré y eGpondré todo! y nadie despreciar$ mis palabras, ni siquiera el rey A amenón& @in familia, sin ley y sin ho ar debe de vivir quien apetece las horrendas luchas intestinas& Ahora obede"camos a la ne ra noche7 preparemos la cena y los uardias vi ilen a orillas del cavado foso que corre delante del muro& A los jóvenes se lo encar o! y t#, oh Atrida, m$ndalo, pues eres el rey supremo& .frece después un banquete a los caudillos, que esto es lo que te conviene y lo di no de ti& (us tiendas est$n llenas de vino, que las naves aqueas traen continuamente de (racia por el anchuroso ponto! dispones de cuanto se requiere para recibir a aquéllos, a imperas sobre muchos hombres& -na ve" con re ados, se uir$s el parecer de quien te dé mejor consejo! pues de uno bueno y prudente tienen necesidad los aqueos, ahora que el enemi o enciende tal n#mero de ho ueras junto a las naves& 4Muién lo ver$ con ale ría5 'sta noche se decidir$ la ruina o la salvación del ejército& 8E Así dijo, y ellos lo escucharon atentamente y lo obedecieron& A0 punto se apresuraron a salir con armas, para encar arse de la uardia, (rasimedes ,estórida, pastor de hombres! Asc$lafo y H$lmeno, hijos de Ares! Feriones, Afareo, Deípiro y el divino )icomedes, hijo de Creonte& @iete eran los capitanes de los centinelas, y cada uno mandaba cien mo"os provistos de luen as picas& @itu$ronse entre el foso y la muralla, encendieron fue o, y todos sacaron su respectiva cena& EE 'l Atrida llevó a su tienda a los príncipes aqueos, así que se hubieron reunido, y les dio un espléndido banquete& 'llos metieron mano en los manjares que tenían delante, y, cuando hubieron satisfecho el deseo de beber y de comer, el anciano ,éstor, cuya opinión era considerada siempre como la mejor, empe"ó a aconsejarles! y& aren $ndolos con benevolencia, les dijo7 E< 29Ploriosísimo Atrida: 9Key de hombres, A amenón: 1or ti acabaré y por ti comen"aré también, ya que reinas sobre muchos hombres y /eus te ha dado cetro y leyes para que mires por los s#bditos& 1or esto debes eGponer tu opinión y oír la de los dem$s y aun llevarla a cumplimiento cuando cualquiera, si uiendo los impulsos de su $nimo, pro2 pon a al o bueno! que es atribución tuya ejecutar lo que se acuerde& (e diré lo que considero m$s convenience y nadie concebir$ una idea mejor que la que tuve y si o teniendo, oh v$sta o de /eus, desde que, contra mi parecer, te llevaste la joven +riseide

arrebat$ndola de la tienda del enojado Aquiles& Pran empe*o puse en disuadirte, pero venció to $nimo fo oso y menospreciaste a un fortísimo varón honrado por los dioses, arrebat$ndole la recompensa que todavía retienes& Fas veamos todavía si podremos aplacarlo con a radables presentes y dulces palabras& 00B Kespondióle el rey de hombres, A amenón7 00D 2,o has mentido, anciano, al enumerar mis faltas& 1rocedí mal, no lo nie o! vale por muchos el varón a quien /eus ama cordialmente! y ahora el dios, queriendo honrar a ése, ha causado la derrota de los aqueos& Fas, ya que le falté, dej$ndome llevar por la funesta pasión, quiero aplacarlo y le ofre"co la muchedumbre de espléndidos presentes que voy a enumerar7 @iete trípodes no puestos a#n al fue o, die" talentos de oro, veinte calderas relucientes y doce corceles robustos, premiados, que en la carrera alcan"aron la victoria& ,o sería pobre ni carecería de precioso oro quien tuviera los premios que estos solípedos caballos lo raron& )e daré también siete mujeres lesbias, h$biles en hacer primorosas labores, que yo mismo esco í cuando tomó la bien construida )esbos y que en hermosura a las dem$s aventajaban& Con ellas le entre aré la hija de +riseo, que entonces le quité, y juraré solemnemente que jam$s subí a su lecho ni me uní con ella, como es costumbre entre hombres y mujeres& (odo esto se le presentar$ en se uida! mas, si los dioses nos permiten destruir la ran ciudad de 1ríamo, entre en ella cuando los aqueos partamos el botín, car ue abundantemente de oro y de bronce su nave y elija él mismo las veinte troyanas que m$s hermosas sean después de la ar iva %elena& H, si conse uimos volver a los fértiles campos de Ar os de Acaya, podr$ ser mi yerno y tendr$ tantos honores como .restes, mi hijo menor, que se cría con mucho re alo& De las tres hijas que dejé en el alc$"ar bien construido, Crisótemis, )aódice a Cfianasa, llévese la que quiera, sin dotarla, a la casa de 1eleo! que yo la dotaré tan espléndidamente, como nadie haya dotado jam$s a su hija7 ofre"co darle siete populosas ciudades 2Card$mila, 'nope, la herbosa %ira, la divina >eras, Antea, la de los hermosos prados, la linda 'pea y 1édaso, en vi*as abundante2, situadas todas junto al mar, en los confines de la arenosa 1ilos, y pobladas de hombres ricos en anado y en bueyes, que lo honrar$n con ofrendas como a una deidad y pa ar$n, re idos por su cetro, crecidos tributos& (odo esto haría yo, con tal de que depusiera la cólera& Mue se deje ablandar! pues, por ser implacable a ineGorable, %ades es para los mortales el m$s aborrecible de todos los dioses! y ceda a mí, que en poder y edad de aventajarlo me lono& 0<; Contestó ,éstor, caballero erenio7 0<= 29Ploriosísimo Atrida: 9Key de hombres, A amenón: ,o son despreciables los re alos que ofreces al rey Aquiles& 'a, elijamos esclarecidos varones que cuanto antes vayan a la tienda del 1elida& H, si quieres, yo mismo los desi naré y ellos obede"can7 >éniG, caro a /eus, que ser$ el jefe, el ran Ayante y el divino -lises, acompa*ados de los heraldos .dio y 'unbates& Dadnos a ua a las manos a imponed silencio, para ro ar a /eus Cronida que se apiade de nosotros& 08= Así dijo, y su discurso a radó a todos& )os heraldos dieron en se uida a uamanos a los caudillos, y los mancebos, coronando de bebida las crateras, distribuyéronla a todos los presentes después de haber ofrecido en copas las primicias& )ue o que hicieron libaciones y cada cual bebió cuanto quiso, salieron de la tienda de A amenón Atrida& H ,éstor, caballero erenio, fijando sucesivamente los ojos en cada uno de los ele idos, les recomendaba mucho, y de un modo especial a -lises, que procuraran persuadir al eGimio 1elión& 03; >uéronse éstos por la orilla del estruendoso mar y diri ían muchos rue os a 1osidón, que ci*e y bate la tierra, para que les resultara f$cil llevar la persuasión al altivo espíritu del '$cida& Cuando hubieron lle ado a las tiendas y naves de los mirmidones,

hallaron al héroe deleit$ndose con una hermosa lira labrada de ar énteo puente, que había co ido de entre los despojos cuando destruyó la ciudad de 'etión! con ella recreaba su $nimo, cantando ha"a*as de los hombres& 1atroclo, solo y callado, estaba sentado frente a él y esperaba que el '$cida acabase de cantar& 'ntraron aquéllos, precedidos por -lises, y se detuvieron delante del héroe! Aquiles, atónito, se al"ó del asiento sin dejar la lira y 1atroclo al verlos se levantó también& Aquiles, el de los pies li eros, tendióles la mano y dijo7 0E8 29@alud, ami os que lle $is: Prande debe de ser la necesidad cuando venís vosotros, que sois para mí, aunque esté irritado, los m$s queridos de los aqueos todos& 0EE 'n diciendo esto, el divino Aquiles les hi"o sentar en sillas provistas de purp#reos tapetes, y en se uida dijo a 1atroclo, que estaba cerca de él7 ;I; 29%ijo de Fenecio: @aca la cratera mayor, llénala del vino m$s a*ejo y distribuye copas! pues est$n debajo de mi techo los hombres que me son m$s caros& ;ID Así dijo, y 1atroclo obedeció al compa*ero amado& 'n un tajón que acercó a la lumbre puso los lomos de una oveja y de una pin Ae cabra y la rasa espalda de un suculento jabalí& Automedonte sujetaba la carne! Aquiles, después de cortarla y dividirla, la espetaba en asadores! y el Fenecíada, varón i ual a un dios, encendía un ran fue o! y lue o, quemada la le*a y muerta la llama, eGtendió las brasas, colocó encima los asadores ase ur$ndolos con piedras y sa"onó la carne con la divina sal& Cuando aquélla estuvo asada y servida en la mesa, 1atrocio repartió pan en hermosas canastillas! y Aquiles distribuyó la carne, sentóse frente al divino -lises, de espaldas a la pared, y ordenó a 1atroclo, su ami o, que hiciera la ofrenda a los dioses& 1atroclo echó las primicias al fue o& Fetieron mano a los manjares que tenían delante, y, cuando hubieron satisfecho el deseo de beber y de comer, Ayante hi"o una se*a a >éniG! y -lises, al advertirlo, llenó de vino la copa y brindó a Aquiles7 ;;= 29@alve, Aquiles: De i ual festín hemos disfrutado en la tienda del Atrida A amenón que ahora aquí, donde podríamos comer muchos y a radables manjares! pero los placeres del delicioso banquete no nos hala an porque tememos, oh alumno de /eus, que nos suceda una ran des racia7 dudamos si nos ser$ dado salvar o perder las naves de muchos bancos, si t# no lo revistes de valor& )os or ullosos troyanos y sus auGiliares, venidos de lejas tierras, acampan junto a las naves y al muro y han encendido una porción de ho ueras! y dicen que, como no podremos resistirlos, asaltar$n las ne ras naves! /eus Cronida relampa uea haciéndoles favorables se*ales, y %éctor, envanecido por su bravura y confiando en /eus, se muestra estupendamente furioso, no respeta a hombres ni a dioses, est$ poseído de cruel rabia, y pide que apare"ca pronto la divina Aurora, ase u2 rando que ha de cortar nuestras elevadas popas, quemar las naves con ardiente fue o y matar cerca de ellas a los aqueos aturdidos por el humo& Fucho teme mi alma que los dioses cumplan sus amena"as y el destino haya dispuesto que muramos en (roya, lejos de Ar os, criadora de caballos& 'a, lev$ntate si deseas, aunque tarde, salvar a los aqueos, que est$n acosados por los troyanos& A ti mismo te ha de pesar si no lo haces, y no puede repararse el mal una ve" causado! piensa, pues, cómo librar$s a los d$naos de tan funesto día& Ami o, tu padre 1eleo te daba estos consejos el día en que desde >tía lo envió a A amenón7 Q9%ijo mío: )a fortale"a, Atenea y %era te la dar$n si quieren! t# refrena en el pecho el natural fo oso2 la benevolencia es preferible 2y abstente de perniciosas disputas para que seas m$s honrado por los ar ivos jóvenes y ancianos&R Así te amonestaba el anciano y t# lo olvidas& Cede ya y depón la funesta cólera! pues A amenón te ofrece di nos presentes si renuncias a ella& H si quieres, oye y te referiré cuanto A amenón dijo en su tienda que te daría7 @iete trípodes no puestos a#n al fue o, die" talentos de oro, veinte calderas relucientes y doce corceles robustos, premiados, que

alcan"aron la victoria en la carrera& ,o sería pobre ni carecería de precioso oro quien tuviera los premios que estos caballos de A amenón con sus pies lo raron& (e dar$ también siete mujeres lesbias, h$biles en hacer primorosas labores, que él mismo esco ió cuando tomaste la bien construida )esbos y que en hermosura a las dem$s aventajaban& Con ellas te entre ar$ la hija de +riseo, que te ha quitado, y jurar$ solemnemente que jam$s subió a su lecho ni se unió con la misma, como es costumbre, oh rey, entre hombres y mujeres& (odo esto se te presentar$ en se uida! mas, si los dioses nos permiten destruir la ran ciudad de 1ríamo, entra en ella cuando los aqueos partamos el botín, car a abundantemente de oro y de bronce tu nave y eli e t# mismo las veinte troyanas que m$s hermosas sean después de la ar iva %elena& H, si conse uimos volver a los fértiles campos de Ar os de Acaya, podr$s ser su yerno y tendr$s tantos honores como .restes, su hijo menor, que se cría con mucho re alo& De las tres hijas que dejó en el palacio bien construido, Crisótemis, )aódice a Cfianasa, llévate la que quieras, sin dotarla, a la casa de 1eleo, que él la dotar$ espléndidamente como nadie haya dotado jam$s a su hija7 ofrece darte siete populosas ciudades 2Card$mila, 6nope, la herbosa %ira, la divina >eras, Antea, la de los amenos prados, la linda 'pea y 1édaso, en vi*as abundante2, situadas todas junto al mar, en los confines de la arenosa 1ilos, y pobladas de hombres ricos en anado y en bueyes, que te honrar$n con ofrendas como a un dios y pa ar$n, re idos por tu cetro, crecidos tributos& (odo esto haría, con tal de que depusieras la cólera& H, si el Atrida y sus re alos te son odiosos, api$date de los aqueos todos, que, atribulados como est$n en el ejército, te venerar$n como a un dios y conse uir$s entre ellos inmensa loria& Ahora podrías matar a %éctor, que llevado de su funesta rabia se acercar$ mucho a ti, pues dice que nin uno de los d$naos que trajeron las naves lo i uala en valor& =I8 Kespondióle Aquiles, el de los pies li eros7 =I3 29)aertíada, del linaje de /eus: 9-lises, fecundo en ardides: 1reciso es que os manifieste lo que pienso hacer para que dejéis de importunarme unos por un lado y otros por el opuesto& Fe es tan odioso como las puertas de %ades quien piensa una cosa y manifiesta otra& Diré, pues, lo que me parece mejor& Creo que ni el Atrida A amenón ni los d$naos lo rar$n convencerme, ya que para nada se a radece el combatir siempre y sin descanso contra hombres enemi os& )a misma recompensa obtiene el que se queda en su tienda, que el que pelea con bi"arría! en i ual consideración son tenidos el cobarde y el valiente! y así muere el hol a"$n como el laborioso& ,in una ventaja me ha procurado sufrir tantos pesares y eGponer mi vida en el combate& Como el ave lleva a los implumes hijuelos la comida que co e, priv$ndose de ella, así yo pasé lar as noches sin dormir y días enteros entre ado a la cruenta lucha con hombres que combatían por sus esposas& Conquisté doce ciudades por mar y once por tierra en la fértil re ión troyana! de todas saqué abundantes y preciosos despojos que di al Atrida, y éste, que se quedaba en las veleras naves, recibiólos, repartió unos pocos y se uardó los restantes& Fas las recompensas que A amenón concedió a los reyes y caudillos si uen en poder de éstos! y a mí, solo entre los aqueos, me quitó la dulce esposa y la retiene a#n7 que oce durmiendo con ella& 41or qué los ar ivos han tenido que mover uerra a los troyanos5 41or qué el Atrida ha juntado y traído el ejército5 4,o es por %elena, la de hermosa cabellera5 1ues 4acaso son los Atridas los #nicos hombres, de vo" articulada, que aman a sus esposas5 (odo hombre bueno y sensato quiere y cuida a la suya, y yo apreciaba cordialmente a la mía, aunque la había adquirido por medio de la lan"a& Ha que me defraudó, arrebat$ndome de las manos la recompensa, no me tiente! lo cono"co y no me persuadir$& Delibere conti o, -lises, y con los dem$s reyes cómo podr$ librar a las naves del fue o enemi o& Fuchas cosas ha hecho ya sin mi ayuda, pues construyó un muro,

abriendo a su pie ancho y profundo foso que defiende una empali"ada! mas ni con esto puede contener el arrojo de %éctor, matador de hombres& Fientras combatí por los aqueos, jam$s quiso %éctor que la pelea se trabara lejos de la muralla! sólo lle aba a las puertas 'sceas y a la encina! y, una ve" que allí me a uardó, costóle trabajo salvarse de mi acometida& H puesto que ya no deseo uerrear contra el divino %éctor ma*ana, después de ofrecer sacrificios a /eus y a los dem$s dioses, echaré al mar los car ados bajeles, y ver$s, si quieres y te interesa, mis naves surcando el %elesponto, en peces abundoso, y en ellas hombres que remar$n ustosos! y, si el lorioso a itador de la tierra me concede una nave ación feli", al tercer día lle ar$ a la fértil >tía& 'n ella dejé muchas cosas cuando en mal hora vine y de aquí me llevaré oro, roji"o bronce, mujeres de hermosa cintura y luciente hierro, que por suerte me tocaron! ya que el rey A amenón Atrida, insult$ndome, me ha quitado la recompensa que él mismo me diera& Decídselo p#blicamente, os lo encar o, para que los dem$s aqueos se indi nen, si con su habitual impudencia pretendiese en a*ar a al #n otro d$nao& ,o se atrevería, por desver on"ado que sea, a mirarme cara a cara, con él no deliberaré ni haré cosa al una, y, si me en a*ó y ofendió, ya no me embaucar$ m$s con sus palabras! séale esto bastante y corra tranquilo a su perdición, puesto que el próvido /eus le ha quitado el juicio& @us presentes me son odiosos, y ha o tanto caso de él como de un cabello& Aunque me diera die" o veinte veces m$s de lo que posee o de lo que a poseer lle are, o cuanto entra en .rcómeno, o en la e ipcia (eba, cuyas casas uardan muchas rique"as 2cien puertas dan in reso a la ciudad y por cada una pasan diariamente doscientos hombres con caballos y carros2, o tanto, cuantas son las arenas o los ranos de polvo, ni aun así aplacaría A amenón mi enojo, si antes no me pa aba la dolorosa afrenta& ,o me casaré con la hija de A amenón Atrida, aunque en hermosura rivalice con la dorada Afrodita y en las labores compita con Atenea, la de ojos de lechu"a! ni siendo así me desposaré con ella! elija aquel otro aqueo que le conven a y sea rey m$s poderoso& @i, salv$ndome los dioses, vuelvo a mi casa, el mismo 1eleo me buscar$ consorte& Pran n#mero de aqueas hay en la %élade y en >tía, hijas de príncipes que obiernan las ciudades! la que yo quiera ser$ mi mujer& Fucho me aconseja mi cora"ón varonil que tome le ítima esposa, di na cónyu e mía, y oce all$ de las rique"as adquiridas por el anciano 1eleo! pues no creo que val a lo que la vida ni cuanto dicen que se encerraba en la populosa ciudad de Clio en tiempo de pa", antes que vinieran los aqueos, ni cuanto contiene el lapídeo templo de Apolo, que hiere de lejos, en la rocosa 1ito& @e pueden apresar los bueyes y las pin Aes ovejas, se pueden adquirir los trípodes y los tostados ala"anes! pero no es posible prender ni co er el alma humana para que vuelva, una ve" ha salvado la barrera que forman los dientes& Fi madre, la diosa (etis, de ar entados pies, dice que las parcas pueden llevarme al fin de la muerte de una de estas dos maneras7 @i me quedo aquí a combatir en torno de la ciudad troyana, no volveré a la patria tierra, pero mi loria ser$ inmortal! si re reso, perderé la ínclita fama, pero mi vida ser$ lar a, pues la muerte no me sorprender$ tan pronto& Ho os aconsejo que os embarquéis y volv$is a vuestros ho ares, porque ya no conse uiréis arruinar la eGcelsa Clio7 el lar ovidente /eus eGtendió el bra"o sobre ella y sus hombres est$n llenos de confian"a& Josotros llevad la respuesta a los príncipes aqueos 2que ésta es la misión de los le ados2, a fin de que busquen otro medio de salvar las cóncavas naves y a los aqueos que hay a su alrededor, pues aquél en que pensaron no puede emplearse mientras subsista mi enojo& H >éniG quédese con nosotros, acuéstese y ma*ana volver$ conmi o a la patria tierra, si así to desea, que no he de llevarlo a viva fuer"a& B=I Así dijo, y todos enmudecieron, asombrados de oírlo! pues fue mucha la vehemencia con que se ne ó& H el anciano jinete >éniG, que sentía ran temor por las naves aqueas, dijo después de un buen rato y salt$ndole las l$ rimas7

B=B 2@i piensas en el re reso, preclaro Aquiles, y te nie as en absoluto a defender del vora" fue o las veleras naves, porque la ira penetró en tu cora"ón, 4cómo podría quedar2 me solo y sin ti, hijo querido5 'l anciano jinete 1eleo quiso que yo te acompa*ase el día en que te envió desde >tía a A amenón, todavía ni*o y sin eGperiencia de la funesta ue2 rra ni del $ ora, donde los varones se hacen ilustres! y me mandó que te ense*ara a hablar bien y a reali"ar randes hechos& 1or esto, hijo querido, no querría verme abandonado de ti, aunque un dios en persona me prometiera rasparme la veje" y dejarme tan joven como cuando salí de la %élade, de lindas mujeres, huyendo de las imprecaciones de Amíntor .rménida, mi padre, que se irritó conmi o por una concubina de hermosa cabellera, a quien amaba con ofensa de su esposa y madre mía& 6sta me suplicaba continuamente, abra"ando mis rodillas, que me juntara con la concubina para que aborreciese al anciano& Muise obedecerla y lo hice! mi padre, que no tardó en conocerlo, me maldijo repetidas veces pidió a las horrendas 'rinias que jam$s pudiera sentarse en sus rodillas un hijo mío, y los dioses 2el /eus subterr$neo y la terrible 1erséfone 2ratificaron sus imprecaciones& U1ensé matar a mi padre con el a udo bronce! mas al uno de los inmortales calmó mi cólera, haciendo que a mi cora"ón se representara la fama que tendría yo entre los hombres y los muchos baldones que de ellos recibiría, a fin de que no fuese llamado parricida entre los aqueos&V Desde entonces no tuve $nimo para vivir en el palacio con mi padre enojado& Ami os y deudos querían retenerme allí y me diri ían insistentes s#plicas7 de ollaron ran copia de pin Aes ovejas y fleGípedes bueyes de retorcidos cuernos! pusieron a asar muchos puercos rasos sobre la llama de %efesto! bebióse buena parte del vino que las tinajas del anciano contenían! y nueve noches se uidas durmieron aquéllos a mi lado, vi il$ndome por turno y teniendo encendidas dos ho ueras, una en el pórtico del bien cercado patio y otra en el vestíbulo ante la puerta de la habitación& Al lle ar por décima ve" la tenebrosa noche, salí del aposento rompiendo las tablas fuertemente unidas de la puerta! salté con facilidad el muro del patio, sin que mis uardianes ni las sirvientas lo advirtieran, y, huyendo por la espaciosa %élade, lle ué a la fértil >tía, madre de ovejas, a la casa del rey 1eleo& 'ste me aco ió benévolo! me amó como debe de amar un padre al hijo uni énito que haya tenido en la veje", viviendo en la opulencia! enriquecióme y p#some al frente de numeroso pueblo, y desde entonces viví en un confín de la >tía, reinando sobre los dólopes& H te crié hasta hacerte cual eres, oh Aquiles semejante a los dioses, con cordial cari*o! y t# ni querías it con otro al banquete, ni comer en el palacio, hasta que, sent$ndote en mis rodillas, te saciaba de carne cortada en pedacitos y te acercaba el vino& 9Cu$ntas veces durante la molesta infancia me manchaste la t#nica en el pecho con el vino que devolvías: Fucho padecí y trabajé por tu causa, y, considerando que los dioses no me habían dado descendencia, te adopté por hijo, oh Aquiles semejante a los dioses, para que un día me librases del cruel infortunio& 1ero, Aquiles, refrena tu $nimo fo oso! no conviene que ten as un cora"ón despiadado, cuando los dioses mismos se dejan aplacar, no obstante su mayor virtud, di nidad y poder& Con sacrificios, votos a radables, libaciones y vapor de rasa quemada los desenojan cuantos infrin ieron su ley y pecaron& 1ues las @#plicas son hijas del ran /eus, y aunque cojas, arru adas y bi"cas, cuidan de ir tras de .fuscación7 ésta es robusta, de pies li eros, y por lo mismo se adelanta, y, recorriendo la tierra, ofende a los hombres7 y aquéllas reparan lue o el da*o causado& Muien acata a las hijas de /eus cuando se le presentan, consi ue ran provecho y es por ellas atendido si al una ve" tiene que invocarlas& Fas si al uien las desatiende y se obstina en recha"arlas, se diri en a /eus Cronida y le piden que .fuscación acompa*e siempre a aquél para que con el da*o sufra la pena& Concede t# también a las hijas de /eus, oh Aquiles, la debida consideración, por la cual el espíritu de otros valientes se aplacó& @i el Atrida no te brindara esos presentes, ni te hiciera otros ofrecimientos para lo

futuro, y conservara pertina"mente su cólera, no te eGhortaría a que, deponiendo la ira, socorrieras a los ar ivos, aunque es rande la necesidad en que se hallan& 1ero te da muchas cosas, te promete m$s y te envía, para que por él rue uen, varones eGcelentes, esco iendo en el ejército aqueo los ar ivos que te son m$s caros& ,o desprecies las palabras de éstos, ni dejes sin efecto su venida, ya que no se te puede reprender que antes estuvieras irritado& (odos hemos oído contar ha"a*as de los héroes de anta*o, y sabemos que, cuando estaban poseídos de fero" cólera, eran placables con dones y eGorables a los rue os& Kecuerdo lo que pasó en cierto caso, no reciente, sino anti uo, y os lo voy a referir a vosotros, que sois todos ami os míos& Curetes y bravos etolios combatían en tor2 no de Calidón y unos a otros se mataban, defendiendo los etolios su hermosa ciudad y deseando los curetes asolarla por medio de Ares& %abía promovido esta contienda Trtemis, la de $ureo trono, enojada porque 'neo no le dedicó los sacrificios de la sie a en el fértil campo7 los otros dioses re al$ronse con las hecatombes, y sólo a la hija del ran /eus dejó aquél de ofrecerlas, por olvido o por inadvertencia, cometiendo una ran falta& Airada la deidad que se complace en tirar flechas, hi"o aparecer un jabalí, de albos dientes, que causó ran destro"o en el campo de 'neo, desarrai ando altísimos $rboles y ech$ndolos por tierra cuando ya con la llor prometían el fruto& Al fin lo mató Felea ro, hijo de 'neo, ayudado por ca"adores y perros de muchas ciudades 2pues no era posible vencerlo con poca ente, 9tan corpulento era:, y ya a muchos los había hecho subir a la triste pira2, y la diosa suscitó entonces una clamorosa contienda entre los curetes y los ma n$nimos etolios por la cabe"a y la hirsuta piel del jabalí& Fientras Felea ro, caro a Ares, combatió, les fue mal a los curetes, que no podían, a pesar de ser tantos, acercarse a los muros& 1ero el héroe, irritado con su madre Altea, se dejó dominar por la cólera que perturba la mente de los m$s cuerdos y se quedó en el palacio con su linda esposa Cleopatra, hija de Farpesa 'venina, la de hermosos tobillos, y de Cdas, el m$s fuerte de los hombres que entonces poblaban la tierra& NAtrevióse Cdas a armar el arco contra el soberano >ebo Apolo, a causa de la joven de hermosos tobillos, y desde entonces pusiéronle a Cleopatra su padre y su veneranda madre el sobrenombre de Alcíone, porque la madre, sufriendo la suerte del sufridísimo alción, deshacíase en l$ rimas mientras >ebo Apolo, que hiere de lejos, se la Clevaba&O Ketirado, pues, con su esposa, devoraba Felea ro la acerba cólera que le causaron las imprecaciones de su madre! la cual, acon ojada por la muerte violenta de un hermano, oraba mucho a los dioses, y, puesta de rodillas y con el seno ba*ado en l$ rimas, olpeaba mucho el fértil suelo invocando a %ades y a la terrible 1erséfone para que dieran muerte a su hijo& 'rinias, que va a en las tinieblas y tiene un cora"ón ineGorable, la oyó desde el 6rebo, y en se uida creció el tumulto y la ritería ante las puertas de la ciudad, las torres fueron atacadas y los etolios ancianos enviaron a los eGimios sacerdotes de los dioses para que suplicaran a Felea ro que saliera a defenderlos, ofreciéndole un rico presente7 donde el suelo de la amena Calidón fuera m$s fértil, esco ería él mismo un hermoso campo de cincuenta yu adas, mitad vi*a y mitad tierra labrantía& 1resentóse también en el umbral del alto aposento el anciano jinete 'neo! y, llamando a la puerta, diri ió a su hijo muchas s#plicas& Ko $ronle asimismo muchas veces sus hermanas y su venerable madre& 1ero él se ne aba cada ve" m$s& Acudieron sus mejores y m$s caros ami os, y tampoco consi uieron mover su cora"ón, ni persuadirlo a que no a uardara, para salir del cuarto, a que lle aran hasta él los enemi os& H los curetes escalaron las torres y empe"aron a pe ar fue o a la ran ciu2 dad& 'ntonces la esposa, de bella cintura, instó a Felea ro llorando y refiriéndole las des racias que padecen los hombres, cuya ciudad sucumbe7 Fatan a los varones, le decía! el fue o destruye la ciudad, y son reducidos a la esclavitud los ni*os y las mujeres de estrecha cintura& Felea ro, al oír estos males, sintió que se le conmovía el cora"ón! y,

dej$ndose llevar por su $nimo, vistió las lucientes armas y libró del funesto día a los etolios! pero ya no le dieron los muchos y hermosos presentes, a pesar de haberlos salvado de la ruina& H ahora t#, ami o, no pienses de i ual manera, ni un dios te indu"ca a obrar así! ser$ peor que difieras el socorro para cuando las naves sean incendiadas! ve, pues, por los re alos, y los aqueos te venerar$n como a un dios, porque, si intervinieres en la homicida uerra cuando ya no te ofre"can dones, no alcan"ar$s tanta honra aunque rechaces a los enemi os& <I< Kespondióle Aquiles, el de los pies li eros7 <I8 29>éniG, anciano padre, alumno de /eus: 1ara nada necesito tal honor! y espero que, si /eus quiere, seré honrado en las cóncavas naves mientras la respiración no falte a mi pecho y mis rodillas se muevan& .tra cosa voy a decirte, que rabar$s en tu memoria7 ,o me conturbes el $nimo con llanto y emidos por complacer al héroe Atrida, a quien no debes querer si deseas que el afecto que te profeso no se convierta en odio! mejor es que aflijas conmi o a quien me afli e& 'jerce el mando conmi o y comparte mis honores& 6sos llevar$n la respuesta, t# quédate y acuéstate en blanda cama, y al despuntar la aurora determinaremos si nos conviene re resar a nuestros ho ares o quedarnos aquí todavía& <;I Dijo, y ordenó a 1atroclo, haciéndole con las cejas silenciosa se*al, que dispusiera una mullida cama para >éniG, a fin de que los dem$s pensaran en salir cuanto antes de la tienda& H Ayante (elamoníada, i ual a un dios, habló diciendo7 <;B 29)aertíada, del linaje de /eus: 9-lises, fecundo en ardides: 9J$monos: ,o espero lo rar nuestro propósito por este camino, y hemos de anunciar la respuesta, aunque sea desfavorable, a los d$naos que est$n a uardando& Aquiles tiene en su pecho un cora"ón fero" y soberbio& 9Cruel: 'n nada aprecia la amistad de sus compa*eros, con la cual lo honr$bamos en el campamento m$s que a otro al uno& 9Despiadado: 1or la muerte del hermano o del hijo se recibe una compensación! y, una ve" pa ada la importante cantidad, el matador se queda en el pueblo, y el cora"ón y el $nimo airado del ofendido se apaci uan con la compensación recibida, y a ti los dioses te han llenado el pecho de implacable y funesto rencor por una sola joven& @iete eGcelentes te ofrecemos hoy y otras muchas cosas! séanos tu cora"ón propicio y respeta tu morada, pues estamos debajo de tu techo, enviados por el ejército d$nao, y anhelamos ser para ti los m$s apreciados y los m$s ami os de los aqueos todos& <B= Kespondióle Aquiles, el de los pies li eros7 <BB 29Ayante (elamonio, del linaje de /eus, príncipe de hombres: Creo que has dicho lo que sientes, pero mi cora"ón se enciende en ira cuando me acuerdo de aquéllos y del menosprecio con que el Atrida me trató en presencia de los ar ivos, cual si yo fuera un miserable advenedi"o& Cd y publicad mi respuesta7 ,o me ocuparé en la cruenta uerra hasta que el hijo del a uerrido 1ríamo, %éctor divino, lle ue matando ar ivos a las tiendas y naves de los mirmidones y las incendie& Creo que %éctor, aunque esté enardecido, se abstendr$ de combatir tan pronto como se acerque a mi tienda y a mi ne ra nave& <D< Así dijo& Cada uno tomó una copa de doble asa! y, hecha la libación, los enviados, con -lises a su frente, re resaron a las naves& 1atroclo ordenó a sus compa*eros y a las esclavas que adere"aran al momento una mullida cama para >éniG! y ellas, obedeciendo el mandato, hiciéronla con pieles de oveja una colcha y finísima cubierta del mejor lino& Allí descansó el viejo, a uardando la divina Aurora& Aquiles durmió en lo m$s retirado de la sólida tienda con una mujer que se había llevado de )esbos7 con Diomede, hija de >orbante, la de hermosas mejillas& H 1atroclo se acostó junto a la pared opuesta, teniendo a su lado a Cfis, la de bella cintura, que le había re alado Aquiles al tomar la eGcelsa 'sciro, ciudad de 'nieo&

<<E Cuando los enviados lle aron a la tienda del Atrida, los aqueos, puestos en pie, les presentaban $ureas copas y les hacían pre untas& H el rey de hombres, A amenón, los interro ó diciendo7 <8= 29'a: Dime, célebre -lises, loria insi ne de los aqueos& 4Muiere librar a las naves del fue o enemi o, o se nie a porque su cora"ón soberbio se halla a#n dominado por la cólera5 <8< Contestó el paciente divino -lises7 <88 29Ploriosísimo Atrida, rey de hombres, A amenón: ,o quiere aquél deponer la cólera, sino que se enciende a#n m$s su ira y te desprecia a ti y tus dones& Fanda que deliberes con los ar ivos cómo podr$s salvar las naves y al pueblo aqueo, dice en son de amena"a que echar$ al mar sus corvos bajeles, de muchos bancos, al descubrirse la nueva aurora, y aconseja que los dem$s se embarquen y vuelvan a sus ho ares, porque ya no conse uiréis arruinar la eGcelsa Clio7 el lar ovidente /eus eGtendió el bra"o sobre ella, y sus hombres est$n llenos de confian"a& Así dijo, como pueden referirlo éstos que fueron conmi o7 Ayante y los dos heraldos, que ambos son prudentes& 'l anciano >éniG se acostó allí por orden de aquél, para que ma*ana vuelva a la patria tierra, si así lo desea, porque no ha de llevarle a viva fuer"a& <E= Así habló, y todos callaron, asombrados de sus palabras, pues era muy rave lo que acababa de decir& )ar o rato duró el silencio de los afli idos aqueos! mas al fin eGclamó Diomedes, valiente en el combate7 <E8 29Ploriosísimo Atrida, rey de hombres, A amenón: ,o debiste ro ar al eGimio 1elión, ni ofrecerle innumerables re alos! ya era altivo, y ahora has dado p$bulo a su soberbia& 1ero dejémoslo, ya se vaya, ya se quede7 volver$ a combatir cuando el cora"ón que tiene en el pecho se lo ordene y un dios le incite& 'a, obremos todos como voy a decir& Acostaos después de satisfacer los deseos de vuestro cora"ón comiendo y bebiendo vino, pues esto da fuer"a y vi or& H, cuando apare"ca la hermosa Aurora de ros$ceos dedos, ha" que se re#nan junto a las naves los hombres y los carros, eGhorta al pueblo y pelea en primera fila& 80I (ales fueron sus palabras, que todos los reyes aplaudieron, admirados del discurso de Diomedes, domador de caballos& H hechas las libaciones, volvieron a sus respectivas tiendas, acost$ronse y el don del sue*o recibieron& CANTO X* #olonia
* Aqueos y troyanos espían los movimientos del contrario& -lises y Diomedes apresan a Dolón, del que consi uen información del campamento troyano&

0 )os príncipes aqueos durmieron toda la noche vencidos por pl$cido sue*o! mas no probó sus dul"uras el Atrida A amenón, pastor de hombres, porque en su mente revolvía muchas cosas& Como el esposo de %era, la de hermosa cabellera, relampa uea cuando prepara una lluvia torrencial, el rani"o o una nevada que cubra los campos, o quiere abrir en al una parte la boca inmensa de la amar a uerra! así, tan frecuentemente, se escapaban del pecho de A amenón los suspiros, que salían de lo m$s hondo de su cora"ón, a interiormente le temblaban las entra*as& Cuando fijaba la vista en el campo troyano, pasm$banle las muchas ho ueras que ardían delante de Clio, los sones de las flautas y "ampo*as y el bullicio de la ente! mas, cuando a las naves y al ejército aqueo la volvía, arranc$base furioso los cabellos, al"ando los ojos a /eus, que mora en lo alto, y su eneroso cora"ón lan"aba randes emidos& Al fin, creyendo que la mejor resolución sería acudir primeramente a ,éstor ,elida, el m$s ilustre de los hombres, por si

entrambos hallaban un eGcelente medio que librara de la des racia a todos los d$naos, levantóse, vistió la t#nica, cal"ó los nítidos pies con hermosas sandalias, echóse una roji"a piel de corpulento y fo oso león, que le lle aba hasta los pies, y asió la lan"a& ;D (ambién Fenelao estaba poseído de terror y no conse uía que se posara el sue*o en sus p$rpados, temiendo que les ocurriese al #n percance a los ar ivos que por él habían lle ado a (roya, atravesando el vasto mar, y promoviendo tan auda" uerra& Cubrió sus anchas espaldas con la manchada piel de un leopardo! p#sose lue o el casco de bronce, y, tomando en la robusta mano una lan"a, fue a despertar a su hermano, que imperaba poderosamente sobre los ar ivos todos y era venerado por el pueblo como un dios& %allólo junto a la popa de su nave, vistiendo la ma nífica armadura& Prata le fue a éste su venida& H Fenelao, valiente en el combate, habló el primero diciendo7 =8 241or qué, hermano querido, tomas las armas5 4Acaso deseas persuadir a al #n compa*ero para que vaya como eGplorador al campo de los troyanos5 Fucho temo que nadie se ofre"ca a prestarte este servicio de ir solo durante la divina noche a espiar al enemi o, porque para ello se requiere un cora"ón muy osado& B; Kespondióle el rey A amenón7 B= (anto yo como t#, oh Fenelao, alumno de /eus, tenemos necesidad de un prudente consejo para defender y salvar a los ar ivos y las naves, pues la mente de /eus ha cambiado, y en la actualidad le son m$s aceptos los sacrificios de %éctor& jam$s he visto ni oído decir que un hombre ejecutara en solo un día tantas proe"as como ha hecho %éc2 tor, caro a /eus, contra los aqueos, sin ser hijo de un dios ni de una diosa& Di o que de sus ha"a*as se acordar$n los ar ivos mucho y lar o tiempo& 9(anto da*o ha causado a los aqueos: Ahora, anda, encamínate corriendo a las naves y llama a Ayante y a Cdomeneo! mientras voy en busca del divino ,éstor y le pido que se levante por si quiere ir al sa rado cuerpo de los uardias y darles órdenes& .bedecer$nlo a él m$s que a nadie, puesto que los manda su hijo junto con Feriones, servidor de Cdomeneo& A entrambos les hemos confiado de un modo especial esta tarea& <I Dijo entonces Fenelao, valiente en el combate7 <0 24Cómo me encar as y ordenas que lo ha a5 4Fe quedaré con ellos y te a uardaré a00í, o he de volver corriendo cuando les haya participado tu mandato5 <B Contestó el rey de hombres, A amenón7 <D 2Muédate a00í, no sea que lue o no podamos encontrarnos, porque son muchas las sendas que hay por entre el ejército& )evanta la vo" por donde pasares y recomienda la vi ilancia, llamando a cada uno por su nombre paterno y ensal"$ndolos a todos& ,o te muestres soberbio& (rabajemos también nosotros, ya que, cuando nacimos, /eus nos con2 denó a padecer tama*os infortunios& 8; 'sto dicho, despidió al hermano bien instruido ya, y fue en busca de ,éstor, pastor de hombres& %allólo en su tienda, junco a la ne ra nave, acostado en blanda cama& A un lado veíanse diferentes armas 2el escudo, dos lan"as, el luciente yelmo2, y el labrado b$lteo con que se ce*ía el anciano siempre que, como caudillo de su ente, se armaba para ir al homicida combate, pues a#n no se rendía a la triste veje"& Cncorporóse ,éstor, apoy$ndose en el codo, al"ó la cabe"a, y diri iéndose al Atrida lo interro ó con estas palabras7 3; 24Muién eres t# que vas solo por el ejército y las naves, durante la tenebrosa noche, cuando duermen los dem$s mortales5 4+uscas acaso a al #n centinela o compa*ero5 %a2 bla& ,o te acerques sin responder& 4Mué deseas5 3< Kespondióle el rey de hombres, A amenón7 38 29,éstor ,elida, loria insi ne de los aqueos: Keconoce al Atrida A amenón, a quien /eus envía y se uir$ enviando sin cesar m$s trabajos que a nadie, mientras la

respiración no le falte a mi pecho y mis rodillas se muevan& Ja ando voy! pues, preocupado por la uerra y las calamidades que padecen los aqueos, no consi o que el dulce sue*o se pose en mis ojos& Fucho temo por los d$naos! mi $nimo no est$ tranquilo, sino sumamente inquieto! el cora"ón se me arranca del pecho y tiemblan mis robustos miembros& 1ero si quieres ocuparte en al o, ya que tampoco conciliaste el sue*o, bajemos a ver los centinelas! no sea que, vencidos del trabajo y del sue*o, se hayan dormido, dejando la uardia abandonada& )os enemi os se hallan cerca, y no sabemos si habr$n decidido acometernos esta noche& 0I; Contestó ,éstor, caballero erenio7 0I= 29Ploriosísimo Atrida, rey de hombres, A amenón: A %éctor no le cumplir$ el próvido /eus todos sus deseos, como él espera! y creo que mayores trabajos habr$ de pa2 decer a#n, si Aquiles depone de su cora"ón el enojo funesto& Cré conti o y despertaremos a los dem$s7 al (idida, famoso por su lan"a, a -lises, al velo" Ayante y al esfor"ado hijo de >ileo& Al uien podría ir a llamar al deiforme Ayante y al rey Cdomeneo, pues sus naves no est$n cerca, sino muy lejos& H reprenderé a Fenelao por ami o y respetable que sea y aunque te me enojes, y no callaré que duerme y te ha dejado a ti el trabajo& Debía ocuparse en suplicar a los príncipes todos, pues la necesidad que se nos presenta no es llevadera& 00E Dijo el rey de hombres, A amenón7 0;I 29.h anciano: .tras veces te eGhorté a que le ri*eras, pues a menudo es indolente y no quiere trabajar! no por pere"a o escase" de talento, sino porque, volviendo los ojos ha2 cia mí, a uarda mi impulso& Fas hoy se levantó mucho antes que yo mismo, presentóseme y te envié a llamar a aquéllos que acabas de nombrar& Jayamos y los hallaremos delante de las puertas con la uardia! pues a00í es donde les dije que se reunieran& 0;3 Kespondió ,éstor, caballero erenio7 0;E 2De esta manera nin uno de los ar ivos se irritar$ contra él, ni lo desobedecer$, cuando los eGhorte o les ordene al o& 0=0 Apenas hubo dicho estas palabras, abri ó el pecho con la t#nica, cal"ó los nítidos pies con hermosas sandalias, y abrochóse un manto purp#reo, doble, amplio, adornado con lanosa felpa& Asió la fuerte lan"a, cuya a u"ada punta era de bronce, y se encaminó a las naves de los aqueos, de broncíneas cora"as& 'l primero a quien despertó ,éstor, caballero erenio, fue a -lises, que en prudencia i ualaba a /eus& )lamólo ritando, y -lises, al lle arle la vo" a los oídos, salió de la tienda y dijo7 0B0 241or qué and$is va ando así, por las naves y el ejército, solos, durante la noche inmortal5 4Mué ur ente necesidad se ha presentado5 0B= Kespondió ,éstor, caballero erenio7 0BB 29)aertíada, del linaje de /eus: 9-lises, fecundo en ardides: ,o te enojes, porque es muy rande el pesar que abruma a los aqueos& @í uenos y llamaremos a quien conven a, para tomar acuerdo sobre si es preciso huir o luchar todavia& 0B3 Así dijo& 'l in enioso -lises, entrando en la tienda, col ó de sus hombros el labrado escudo y se juntó con ellos& >ueron en busca de Diomedes (idida, y lo hallaron delante de su pabellón con la armadura puesta, @us compa*eros dormían alrededor de él, con las cabe"as apoyadas en los escudos y las lan"as clavadas por el re atón en tierra! el bronce de las puntas lucía a lo lejos como un rel$mpa o del padre /eus& 'l héroe descansaba sobre una piel de toro montara", teniendo debajo de la cabe"a un espléndido tapete& ,éstor, caballero erenio, se detuvo a su lado to movió con el pie para que des2 pertara, y le daba prisa, increp$ndolo de esta manera7

0DE 29)ev$ntate, hijo de (ideo: 4Cómo duermes a sue*o suelto toda la noche5 4,o sabes que los troyanos acampan en una eminencia de la llanura, cerca de las naves, y que solamente un corto espacio los separa de nosotros5 0<; Así dijo& H Diomedes, recordando en se uida del sue*o, profirió estas aladas palabras7 0<B 2'res infati able, anciano, y nunca dejas de trabajar& 41or ventura no hay otros aqueos m$s jóvenes, que vayan por el campo y despierten a los reyes5 9,o se puede conti o, anciano: 0<3 Kespondióle ,éstor, caballero erenio7 0<E 2@í, hijo, oportuno es cuanto acabas de decir& (en o hijos eGcelentes y muchos hombres que podrían ir a llamarlos, pero es muy rande el peli ro en que se hallan los aqueos7 en el filo de una navaja est$n ahora una muy triste muerte y la salvación de todos& Je y ha" levantar al velo" Ayante y al hijo de >ileo, ya que eres m$s joven y de mí te compadeces& 088 Así dijo& Diomedes cubrió sus hombros con una piel talar de corpulento y fo oso león, tomó la lan"a, fue a despertar a aquéllos y se los llevó consi o& 03I Cuando lle aron adonde se hallaban los uardias reunidos, no encontraron a sus jefes durmiendo, pues todos estaban alerta y sobre las armas& Como los canes que uardan las ovejas de un establo y sienten venir del monte, por entre la selva, una terrible fiera con ran clamoreo de hombres y perros, se ponen inquietos y ya no pueden dormir! así el dulce sue*o huía de los p$rpados de los que hacían uardia en tan mala noche, pues miraban siempe hacia la llanura y acechaban si los troyanos iban a atacarlos& 'l anciano violos, ale róse, y para animarlos profirió estas aladas palabras7 0E; 29Ji ilad así, hijos míos: ,o sea que al uno se deje vencer del sue*o y demos ocasión para que el enemi o se re ocije& 0EB %abiendo hablado así, atravesó el foso& @i uiéronlo los reyes ar ivos que habían sido llamados al consejo, y adem$s Feriones y el preclaro hijo de ,éstor, porque aquéllos los invitaron a deliberar& 1asado el foso, sent$ronse en un lu ar limpio donde el suelo no aparecía cubierto de cad$veres7 allí habíase vuelto el impetuoso %éctor, después de causar ran estra o a los ar ivos, cuando la noche los cubrió con su manto& Acomodados en aquel sitio, conversaban! y ,éstor, caballero erenio, comen"ó a hablar diciendo7 ;IB 29.h ami os: 4,o sabr$ nadie que, confiando en su $nimo auda", vaya al campamento de los troyanos de $nimo altivo5 Mui"$ hiciera prisionero a al #n enemi o que ande re"a ado, o averi uara, oyendo al #n rumor, lo que los tróyanos han decidido7 si desean quedarse aquí, cerca de las naves y lejos de la ciudad, o volver$n a ella cuando hayan vencido a los aqueos& @i se enterara de esto y re resara incólume, sería rande su loria debajo del cielo y entre los hombres todos, y tendría una hermosa recompensa7 cada jefe de los que mandan en las naves le daría una oveja con su corderito 2presente sin i ual2 y se le admitiría adem$s en todos los banquetes y festines& ;03 Así habló& 'nmudecieron todos y quedaron silenciosos, hasta que Diomedes, valiente en la pelea, les dijo7 ;;I 29,éstor: Fi cora"ón y $nimo valeroso me incitan a penetrar en el campo de los enemi os que tenemos cerca, de los troyanos! pero, si al uien me acompa*ase, mi con2 fian"a y mi osadía serían mayores& Cuando van dos, uno se anticipa al otro en advertir lo que conviene! cuando se est$ solo, aunque se piense, la inteli encia es m$s tarda y la re2 solución m$s difícil& ;;8 Así dijo, y muchos quisieron acompa*ar a Diomedes& Dese$ronlo los dos Ayantes, servidores de Ares! quísolo Feriones! lo anhelaba el hijo de ,éstor! deseólo el Atrida

Fenelao, famoso por su lan"a! y por fin, también el sufrido -lises quiso penetrar en el ejército troyano, porque el cora"ón que tenía en el pecho aspiraba siempre a ejecutar audaces ha"a*as& H el rey de hombres, A amenón, dijo entonces7 ;=B 29(idida Diomedes, carísimo a mi cora"ón: 'sco e por compa*ero al que quieras, al mejor de los presentes! pues son muchos los que se ofrecen& ,o dejes al mejor y elijas a otro peor, por respeto al uno que sientas en tu alma, ni por consideración al linaje, ni por atender a que sea un rey m$s poderoso& ;BI %abló en estos términos, porque temía por el rubio Fenelao& H Diomedes, valiente en la pelea, replicó7 ;B; 2@i me mand$is que yo mismo desi ne al compa*ero, 4cómo no pensaré en el divino -lises, cuyo cora"ón y $nimo valeroso son tan dispuestos para toda suerte de trabajos, y a quien tanto ama 1alas Atenea5 Con él volveríamos ac$ aunque nos rodearan abrasadoras llamas, porque su pnidencia es rande& ;B3 Kespondióle el paciente divino -lises7 ;BE 29(idida: ,o me alabes en demasía ni me vituperes, puesto que hablas a los ar ivos de cosas que les son conocidas& 1ero, v$monos, que la noche est$ muy adelantada y la aurora se acerca! los astros han andado mucho, y la noche va ya en las dos partes de su jornada y sólo un tercio nos resta& ;DB 'n diciendo esto, vistieron entrambos las terribles armas& 'l intrépido (rasimedes dio al (idida una espada de dos filos 2la de éste había quedado en la nave2y un escudo! y le puso un morrión de piel de toro sin penacho ni cimera, que se llama cat&ty* y lo usan los mancebos que se hallan en la flor de la juventud para prote er la cabe"a& Feriones procuró a -lises arco, carcaj y espada, y le cubrió la cabe"a con un casco de piel que por dentro se sujetaba con muchas y fuertes correas y por fuera presentaba los blancos dientes de un jabalí, in eniosamente repartidos, y tenía un mechón de lana colocado en el centro& 'ste casco era el que Autólico había robado en 'león a Amíntor .rménida, horadando la pared de su casa, y que lue o dio en 'scandia a Anfidamante de Citera! Anfidamante to re aló, como presente de hospitaidad, a Folo! éste lo cedió a su hijo Feriones para que lo llevara, y entonces hubo de cubrir la cabe"a de -lises& ;8; -na ve" revestidos de las terribles armas, partieron y lejaron a00í a todos los príncipes& 1alas Atenea envióles una ar"a, y, si bien no pudieron verla con sus ojos, porque la noche era obscura, oyéronla ra"nar a la derecha del camino& -lises se hol ó del presa io y oró a Atenea7 ;83 29.yeme, hija de /eus, que lleva la é ida: (# que me asistes en todos los trabajos y conoces mis pasos, séme ahora propicia m$s que nunca, Atenea, y concede que volvamos a las naves cubiertos de loria por haber reali"ado una ran ha"a*a que preocupe a los troyanos& ;3= Diomedes, valiente en la pelea, oró lue o diciendo7 ;3B 29Ahora óyeme también a mí, hija de /eus: 9Cndómita: Acomp$*ame como acompa*aste a mi padre, el divino (ideo, cuando fue a (eba en representación de los aqueos& Dejando a los aqueos, de broncíneas cora"as, a orillas del Asopo, llevó un a radable mensaje a los cadmeos! y a la vuelta ejecutó admirables proe"as con tu ayuda, eGcelente diosa, porque benévola lo socorrías& Ahora, socórreme a mí y préstame tu amparo& ' inmolaré en tu honor una ternera de un a*o, de frente espaciosa, indómita y no sujeta a#n al yu o, después de derramar oro sobre sus cuernos& ;ED Así dijeron ro ando, y los oyó 1alas Atenea& H después de ro ar a la hija del ran /eus, anduvieron en la obscuridad de la noche, como dos leones, por el campo pues tanta carnicería se había hecho, pisando cad$veres, armas y dene rida san re&

;EE (ampoco %éctor dejaba dormir a los valientes troyanos pues convocó a todos los próceres, a cuantos eran caudillos y príncipes de los troyanos, y una ve" reunidos les eGpuso una prudente idea7 =I= 24Muién, por un ran premio, se ofrecer$ a llevar a cabo la empresa que voy a decir5 )a recompensa ser$ proporcionada& Daré un carro y dos corceles de er uido cuello, los mejores que haya en las veleras naves aqueas, al que ten a la osadía de acercarse a las naves de li ero andar 2con ello al mismo tiempo anar$ loria2 y averi Ae si éstas son uardadas todavía, o los aqueos, vencidos por nuestras manos, piensan en la huida y no quieren velar durante la noche porque el cansancio abrumador los rinde& =0= Así dijo& 'nmudecieron todos y quedaron silenciosos& %abía entre los troyanos un cierto Dolón, hijo del divino heraldo 'umedes, rico en oro y en bronce! era de feo aspec2 to, pero de pies $ iles, y el #nico hijo varón de su familia con cinco hermanas& 6ste dijo entonces a los troyanos y a %éctor7 =0E 29%éctor: Fi cora"ón y mi $nimo valeroso me incitan a acercarme a las naves, de li ero andar, para saberlo& 'a, al"a el cetro y jura que me dar$s los corceles y el carro con adornos de bronce que conducen al eGimio 1elión& ,o te ser$ in#til mi espionaje, ni tus esperan"as se ver$n defraudadas! pues atravesaré todo el ejército hasta lle ar a la nave de A amenón, que es donde deben de haberse reunido los caudillos para deliberar si huir$n o se uir$n combatiendo& =;3 Así dijo& H %éctor, tomando en la mano el cetro, prestó el juramento7 =;E 2@ea testi o el mismo /eus tonante, esposo de %era& ,in #n otro troyano ser$ llevado por estos corceles, y t# disfrutar$s perpetuamente de ellos& ==; Con tales palabras, jurando lo que no había de cumplirse, animó a Dolón& 6ste, sin perder momento, col ó del hombro el corvo arco, vistió una pelicana piel de lobo, cubrió la cabe"a con un morrión de piel de comadreja, tomó un puntia udo dardo, y, saliendo del ejército, se encaminó a las naves, de donde no había de volver para darle a %éctor la noticia& 1ues ya había dejado atr$s la multitud de carros y hombres, y andaba animoso por el camino, cuando -lises, del linaje de /eus, advirtiendo que se acercaba a ellos, habló así a Diomedes7 =B0 2'se hombre, Diomedes, viene del ejército! pero i noro si va como espía a nuestras naves o intenta despojar al #n cad$ver de los que murieron& Dejemos que se adelante un poco m$s por la llanura, y ech$ndonos sobre él lo co eremos f$cilmente! y si en correr nos aventajase, ap$rtalo del ejército, acometiéndolo con la lan"a, y persí uelo siempre hacia las naves, para que no se uare"ca en la ciudad& =BE Dichas estas palabras, tendiéronse entre los muertos, fuera del camino& 'l incauto Dolón pasó con pie li ero& Fas, cuando estuvo a la distancia a que se eGtienden los surcos de las mulas 2éstas son mejores que los bueyes para tirar de un sólido arado en tierra noval2, -lises y Diomedes corrieron a su alcance& Dolón oyó ruido y se detuvo, creyendo que al unos de sus ami os venían del ejército troyano a llamarlo por encar o de %éctor& 1ero así que aquéllos se hallaron a tiro de lan"a o m$s cerca a#n, conoció que eran enemi os y puso su dili encia en los pies huyendo, mientras ellos se lan"aban a perse uirlo& Como dos perros de a udos dientes, adiestrados para ca"ar, acosan en una selva a un cervato o a una liebre que huye chillando delante de ellos, del mismo modo el (idida y -lises, asolador de ciudades, perse uían constantemente a Dolón después que lo raron apartarlo del ejército& Ha en su fu a hacia las naves iba el troyano a topar con los uardias, cuando Atenea dio fuer"as al (idida para que nin uno de los aqueos, de broncíneas cora"as, se le adelantara y pudiera jactarse de haber sido el primero en herirlo y él lle ase después& 'l fuerte Diomedes arremetió a Dolón, con la lan"a, y le ritó7

=8I (ente, o te alcan"ar$ mi lan"a! y no creo que puedas evitar mucho tiempo que mi mano te dé una muerte terible& =8; Dijo, y arrojó la lan"a! mas de intento erró el tiro, y ésta se clavó en el suelo después de volar por cima del hombro derecho de Dolón& 1aróse el troyano dentellando 2los dientes crujíanle en la boca2, tembloroso y p$lido de miedo! -lises y Diomedes se le acercaron, jadeantes, y le asieron de las manos, mientras aquél lloraba y les decia7 =83 2%acedme prisionero y yo me redimiré& %ay en casa bronce, oro y hierro labrado7 con ellos os pa aría mi padre inmenso rescate, si supiera que estoy vivo en las naves aqueas& =3; Kespondióle el in enioso -lises7 =3= 2(ranquilí"ate y no pienses en la muerte& 'a, habla y dime con sinceridad7 4Adónde ibas solo, separado de tu ejército y derechamente hacia las naves, en esta noche obscura, mientras duermen los dem$s mortales5 4Acaso a despojar a al #n cad$ver5 41or ventura %éctor te envió como espía a las cóncavas naves5 4. te dejaste llevar por los impulsos de tu cora"ón5 =EI Contestó Dolón, a quien le temblaban las carnes7 =E0 2%éctor me hi"o salir fuera de juicio con muchas y perniciosas promesas7 accedió a darme los solípedos corceles y el carro con adornos de bronce del eGimio 1elión, para que, acerc$ndome durante la r$pida y obscura noche a los enemi os, averi uase si las veleras naves son uardadas todavía, o los aqueos, vencidos por nuestras manos, piensan en la fu a y no quieren velar porque el cansancio abrumador los rinde& BII Díjole sonriendo el in enioso -lises7 BI0 2Prande es el presente que tu cora"ón anhelaba& 9)os corceles del a uerrido '$cida: Difícil es que nin uno de los mortales los sujete y sea por ellos llevado, fuera de Aquiles, que tiene una madre inmortal& 1ero, ea, habla y dime con sinceridad7 4Dónde, al venir, has dejado a %éctor, pastor de hombres5 4'n qué lu ar tiene las marciales armas y los caballos5 4Cómo se hacen las uardias y de qué modo est$n dispuestas las tiendas de los troyanos5 Cuenta también lo que est$n deliberando7 si desean quedarse aquí cerca de las naves y lejos de la ciudad, o volver$n a ella cuando hayan vencido a los aqueos& B0; Contestó Dolón, hijo de 'umedes7 B0= 2De todo voy a informarte con eGactitud& %éctor y sus consejeros deliberan lejos del bullicio, junto a la tumba del divino Clo! en cuanto a las uardias por que me pre untas, oh héroe, nin una ha sido desi nada, para que vele por el ejército ni para que vi ile& 'n torno de cada ho uera los troyanos, apremiados por la necesidad, velan y se eGhortan mutuamente a la vi ilancia& 1ero los auGiliares, venidos de lejas tierras, duermen y dejan a los troyanos el cuidado de la uardia, porque no tienen aquí a sus hijos y mujeres& B;= Jolvió a pre untarle el in enioso -lises7 B;B 246stos duermen me"clados con los troyanos o separadamente5 Dímelo para que lo sepa& B;< Contestó Dolón, hijo de 'umedes7 B;8 2De todo voy a informarte con eGactitud& %acia el mar est$n los carios, los peonios, armados de corvos arcos, y los léle es, caucones y divinos pelas os& 'l lado de (imbra to obtuvieron por suerte los licios, los arro antes misios, los fri ios, que combaten en carros, y los meonios, que armados de casco combaten en carros& Fas 4por qué me hacéis esas pre untas5 @i dese$is entraros por el ejército troyano, los tracios recién venidos est$n ahí, en ese eGtremo, con su rey Keso, hijo de 'yoneo& %e visto sus corceles que son bellísimos, de ran altura, m$s blancos que la nieve y tan li eros como el viento& @u carro tiene lindos adornos de oro y plata, y sus armas son de oro, ma níficas, encanto de la

vista, y m$s propias de los inmortales dioses que de hombres mortales& 1ero llevadme ya a las naves de li ero andar, o dejadme aquí, atado con recios la"os, para que vay$is y comprobéis si os hablé como debía& BB< Fir$ndolo con torva fa", le replicó el fuerte Diomedes7 BB8 2,o esperes escapar de ésta, Dolón, aunque tus noticias son importantes, pues has caído en nuestras manos& @i te dej$semos libre o consintiéramos en el rescate, vendrías de nuevo a las veleras naves de los aqueos a espiar o a combatir contra nosotros! y, si por mi mano pierdes la vida, no ser$s en adelante una pla a para los ar ivos& BDB Dijo! y Dolón iba, como suplicante, a tocarle la barba con su robusta mano, cuando Diomedes, de un tajo en medio del cuello, le rompió ambos tendones! y la cabe"a cayó en el polvo, mientras el troyano hablaba todavía& Muit$ronle el morrión de piel de comadreja, la piel de lobo, el fleGible arco y la in ente lan"a! y el divino -lises, co iéndolo todo con la mano, levantólo para ofrecerlo a Atenea, que preside los saqueos, y oró diciendo7 B<; 2%uél ate de esta ofrenda, 9oh diosa: @er$s t# la primera a quien invocaremos entre las deidades del .limpo& H ahora uíanos hacia los corceles y las tiendas de los tracios& B<D Dichas estas palabras, apartó de sí los despojos y los col ó de un tamarisco, cubriéndolos con ca*as y frondosas ramas del $rbol, que fueran una se*al visible para que no les pasaran inadvertidos, al re resar durante la r$pida y obscura noche& )ue o pasaron delante por encima de las armas y de la ne ra san re, y lle aron al rupo de los tracios que, rendidos de fati a, dormían con las hermosas armas en el suelo, dispuestos ordenadamente en tres filas, y un par de caballos junto a cada uerrero& Keso descansaba en el centro, y tenía los li eros corceles atados con correas a un eGtremo del carro& -lises violo el primero y lo mostró a Diomedes7 B88 26ste es el hombre, Diomedes, y éstos los corceles de que nos habló Dolón, a quien matamos& 'a, muestra tu impetuoso valor y no ten as ociosas las armas& Desata los ca2 ballos, o bien mata hombres y yo me encar aré de aquéllos& B3; Así dijo, y Atenea, la de ojos de lechu"a, infundió valor a Diomedes, que comen"ó a matar a diestro y a siniestro7 sucedíanse los horribles emidos de los que daban la vida a los olpes de la espada, y su san re enrojecía la tierra& Como un mal intencionado león acomete al reba*o de cabras o de ovejas, cuyo pastor est$ ausente, así el hijo de (ideo se abalan"aba a los tracios, hasta que mató a doce& A cu$ntos aquél hería con la espada, el in enioso -lises, asiéndolos por un pie, los apartaba del camino, para que lue o los corceles de hermosas crines pudieran pasar f$cilmente y no se asustasen de pisar cad$veres, a lo cual no estaban acostumbrados& )le ó el hijo de (ideo adonde yacía el rey, y fue éste el decimotercio a quien privó de la dulce vida, mientras daba un suspiro! pues en aquella noche el nieto de 'neo aparecíase en desa radable ensue*o a Keso, por orden de Atenea& D#rante este tiempo el paciente -lises desató los solípedos caballos, los li ó con las riendas y los sacó del ejército a uij$ndolos con el arco, porque se le olvidó tomar el ma nífico l$ti o que había en el labrado carro& H en se uida silbó, haciendo se*a al divino Diomedes& DI= Fas éste, qued$ndose a#n, pensaba qué podría hacer que fuese muy arries ado7 si se llevaría el carro con las labradas armas, ya tirando del timón, ya levant$ndolo en alto! o quitaría la vida a m$s tracios& 'n tanto que revolvía tales pensamientos en su espíritu, presentóse Atenea y habló así al divino Diomedes7 DIE 21iensa ya en volver a las cóncavas naves, hijo del ma n$nimo (ideo& ,o sea que hayas de lle ar huyendo, si al #n otro dios despierta a los troyanos& D0; Así habló& Diomedes, conociendo la vo" de la diosa, montó sin dilación a caballo, y también -lises, que los a uijó con el arco! y volaron hacia las veleras naves aqueas&

D0D Apolo, que lleva arco de plata, estaba en acecho desde que advirtió que Atenea acompa*aba al hijo de (ideo! e, indi nado contra ella, entróse por el ejército de los troyanos y despertó a %ipocoonte, valeroso caudillo tracio y sobrino de Keso& Como %ipocoonte, recordando del sue*o, viera vacío el lu ar que ocupaban los caballos y a los hombres horriblemente heridos y palpitantes todavía, comen"ó a lamentarse y a llamar por su nombre al querido compa*ero& H pronto se promovió ran clamoreo a inmenso tumulto entre los troyanos, que acudían en tropel y admiraban la peli rosa aventura a que unos hombres habían dado cima, re resando lue o a las cóncavas naves& D;< Cuando ambos héroes lle aron al sitio en que habían dado muerte al espía de %éctor, -lises, caro a /eus, detuvo los veloces caballos! y el (idida, ape$ndose, tomó los cruentos despojos que puso en las manos de -lises, volvió a montar y picó a los corceles& 6stos volaron o"osos hacia las cóncavas naves, pues a ellas deseaban lle ar& ,éstor fue el primero que oyó las pisadas de los caballos, y dijo7 D== 29.h ami os, capitanes y príncipes de los ar ivos: 4Fe en a*aré o ser$ verdad lo que voy a decir5 'l cora"ón me ordena hablar& .i o pisadas de caballos de pies li eros& .jal$ -lises y el fuerte Diomedes trajeran del campo troyano solípedos corceles! pero mucho temo que a los m$s valientes ar ivos les haya ocurrido al #n percance en el ejército troyano& DBI A#n no había acabado de pronunciar estas palabras, cuando aquéllos lle aron y echaron pie a tierra& (odos los saludaban ale remente con la diestra y con afectuosas palabras& H ,éstor, caballero erenio, les pre untó el primero7 DBB 29'a, dime, célebre -lises, loria insi ne de los aqueos: 4Cómo hubisteis estos caballos7 penetrando en el ejército troyano, o recibiéndolos de un dios que os salió al camino5 Fuy semejantes son a los rayos del sol& @iempre entro por las filas de los troyanos! pues, aunque anciano, no me quedo en las naves, y jam$s he visto ni advertido tales corceles& @upon o que los habréis recibido de al #n dios que os salió al encuentro, pues a entrambos os aman /eus, que amontona las nubes, y su hija Atenea, la de ojos de lechu"a& DDB Kespondióle el in enioso -lises7 DDD 29,éstor ,elida, loria insi ne de los aqueos: >$cil le sería a un dios, si quisiera, dar caballos mejores a#n que éstos, pues su poder es muy rande& )os corceles por los que pre untas, anciano, lle aron recientemente y son tracios7 el valiente Diomedes mató al due*o y a doce de sus compa*eros, todos aventajados& H cerca de las naves dimos muerte al decimotercio, que era un espía enviado por %éctor y otros troyanos ilustres a eGplorar este campamento& D<B De este modo habló! y muy ufano, hi"o que los solípedos caballos pasaran el foso, y los dem$s aqueos si uiéronlo alboro"ados& Cuando estuvieron en la hermosa tienda del (idida, ataron los corceles con bien cortadas correas al pesebre, donde los caballos de Diomedes comían el tri o dulce como la miel& -lises dejó en la popa de su nave los cruentos despojos de Dolón, para uardarlos hasta que ofrecieran un sacrificio a Atenea& Ambos entraron en el mar y se lavaron el abundante sudor de sus piernas, cuello y muslos& Cuando las olas les hubieron limpiado el abundante sudor del cuerpo y recreado el cora"ón, metiéronse en pulimentadas pilas y se ba*aron& )avados ya y un idos con craso aceite, sent$ronse a la mesa, y, sacando de una rebosante cratera vino dulce como la miel, en honor de Atenea to libaron&

CANTO XI* Principal"a de Agamenón
* 'n la batalla entre aqueos y troyanos, aquéllos llevan la peor parte7 A amenón, Diomedes y -lises resultan heridos& Ante la clara ventaja de los troyanos, Aquiles envía a 1atroclo junto a ,éstor&

0 )a Aurora se levantaba del lecho, dejando al ilustre (itono, para llevar la lu" a los dioses y a los hombres, cuando, enviada por /eus, se presentó en las veleras naves aqueas la cruel Discordia con la se*al del combate en la mano& @ubió la diosa a la in ente nave ne ra de -lises, que estaba en medio de todas, para que lo oyeran por ambos lados hasta las tiendas de Ayante (elamonio y de Aquiles! los cuales habían puesto sus bajeles en los eGtremos, porque confiaban en su valor y en la fuer"a de sus bra"os& Desde a00í daba aquélla randes, a udos y horrendos ritos, y ponía mucha fortale"a en el cora"ón de todos los aqueos, a fin de que pelearan y combatieran sin descanso& H pronto les fue m$s a radable batallar que volver a la patria tierra en las cóncavas naves& 0D 'l Atrida al"ó la vo" mandando que los ar ivos se apercibiesen, y él mismo vistió la armadura de luciente bronce& 1#sose en torno de las piernas hermosas rebas sujetas con broches de pl$ta, y cubrió su pecho con la cora"a que Ciniras le había dado por presente de hospitalidad& 1orque hasta Chipre habí$ lle ado la noticia de que los aqueos se embar2 caban para (roya, y Ciniras, deseoso de complacer al rey, le dio esta córa"a que tenía die" filetes de pavonado acero, doce de oro y veinte de esta*o, y a cada lado tres cer#leos dra ones er uidos hacia el cuello y semejantes al iris que el Cronión fija en las nubes como se*al para los hombres dotados de palabra& )ue o, el rey col ó del hombro la espada, en la que relucían $ureos clavos, con su vaina de plata sujeta por tirantes de oro& 'mbra"ó después el labrado escudo, fuerte y hermoso, de la altura de un hombre, que presentaba die" círculos de bronce en el contorno, tenía veinte bollos de blanco esta*o y en el centro uno de ne ru"co acero, y lo coronaba Por ona, de ojos horrendos y torva vista, con el (error y la >u a a los lados& @u correa era ar entada, y sobre la misma enrosc$base cer#leo dra ón de tres cabe"as entrela"adas, que nacían de un solo cuello& Cubrió en se uida su cabe"a con un casco de doble cimera, cuatro abolladuras y penacho de crines de caballo, que al ondear en to alto causaba pavor! y asió dos fornidas lan"as de a u"ada broncínea punta, cuyo brillo lle aba hasta el cielo& H Atenea y %era tronaron en las alturas para honrar al rey de Ficenas, rica en oro& B8 Cada cual mandó entonces a su auri a que tuviera dispuestos el carro y los corceles junto al foso! salieron todos a pie y armados, y levantóse inmenso viento antes que la au2 rora despuntara& Delante del foso orden$ronse los infantes, y a éstos si uieron de cerca los que combatían en carros& H el Cronida promovió entre ellos funesto tumulto y dejó caer desde el éter san uinoso rocío porque había de precipitar al %ades a muchas y valerosas almas& D< )os troyanos pusiéronse también en orden de batalla en una eminencia de la llanura, alrededor del ran %éctor, del eGimio 1olidamante, de 'neas, honrado como un dios por el pueblo troyano, y de los tres Antenóridas7 1ólibo, el divino A enor y el joven Acamante, que parecía un inmortal& %éctor, armado de un escudo liso, lle ó con los primeros combatientes& Cual astro funesto, que unas veces brilla en el cielo y otras se oculta detr$s de las pardas nubes! así %éctor, ya aparecía entre los delanteros, ya se mostraba entre los #ltimos, siempre dando órdenes y brillando por la armadura de bronce como el rel$mpa o del padre /eus, que lleva la é ida& <8 Como los se adores caminan en direcciones opuestas por los surcos de un campo de tri o o de cebada de un hombre opulento, y los manojos de espi as caen espesos, de la misma manera, troyanos y aqueos se acometían y mataban, sin pensar en la perniciosa

fu a& C ual andaba la pelea, y como lobos se embestían& Po"$base en verlos la luctuosa Discordia, #nica deidad que se hallaba entre los combatientes! pues los dem$s dioses permanecían quietos en los hermosos palacios que se les había construido en los valles del .limpo y todos acusaban al Cronida, el dios de las sombrías nubes, porque queria coneeder la victoria a los troyanos& Fas el padre no se cuidaba de ellos! y, sentado aparte, ufano de su loria, contemplaba la ciudad troyana, las naves aqueas, el brillo del bronce, a los que mataban y a los que la muerte recibían& 3B Al amanecer y mientras iba aumentando la lu" del sa rado día, los tiros alcan"aban por i ual a unos y a otros y los hombres caían& Cuando lle ó la hora en que el le*ador prepara el almuer"o en la espesura del monte, porque tiene los bra"os cansados de cortar randes $rboles, siente fati a en su cora"ón y el dulce deseo de la comida le ha lle ado al alma, los d$naos, eGhort$ndose mutuamente por las filas y peleando con bravura, rompieron las falan es teucras& A amenón, que fue el primero en arrojarse a ellas, mató primeramente a +i$nor, pastor de hombres, y después a su compa*ero .ileo, h$bil jinete& 6ste se había apeado del carro para sostener el encuentro, pero el Atrida le hundió en la frente la a u"ada pica, que no fue detenida por el casco del duro bronce, sino que pasó a través del mismo y del hueso, conmovióle el cerebro y postró al uerrero cuando contra aquél arremetía& Después de quitarles a entrambos la cora"a, A amenón, rey de hombres, dejólos allí, con el pecho al aire, y fue a dar muerte a Cso y a Antifo, hijos bastardo y le ítimo, respectivamente, de 1ríamo, que iban en el mismo carro& 'l bastardo uiaba y el ilustre Antifo combatía& 'n otro tiempo Aquiles, habiéndolos sorprendido en un bosque del Cda, mientras apacentaban ovejas, atólos con tiernos mimbres! y lue o, pa ado el rescate, los puso en libertad& Fas entonces el poderoso A amenón Atrida le envainó a Cso la lan"a en el pecho, sobre la tetilla, y a Antifo lo hirió con la espada en la oreja y lo derribó del carro& H, al ir presuroso a quitarles las ma níficas armaduras, los reconoció! pues los había visto en las veleras naves cuando Aquiles, el de los pies li eros, se los llevó del Cda& +ien así corno un león penetra en la uarida de una $ il cierva, se echa sobre los hijuelos y despeda"$ndolos con los fuertes dientes les quita la tierna vida, y la madre no puede socorrerlos, aunque esté cerca, porque le da un ran temblor, y atraviesa, a"orada y sudorosa, selvas y espesos encinares, huyendo de la acometida de la terrible fiera! tampoco los troyanos pudieron librar a aquéllos de la muerte, porque a su ve" huían delante de los ar ivos& 0;; Alcan"ó lue o el rey A amenón a 1isandro y al intrépido %ipóloco, hijos del a uerrido Antímaco Néste, anado por el oro y los espléndidos re alos de Alejandro, se oponía a que %elena fuese devuelta al rubio FenelaoO7 ambos iban en un carro, y desde su sitio procuraban uiar los veloces corceles, pues habían dejado caer las lustrosas riendas y estaban aturdidos& Cuando el Atrida arremetió contra ellos, cual si fuese un león, arrodill$ronse en el carro y así le suplicaron7 0=0 2%a"nos prisioneros, hijo de Atreo, y recibir$s di no rescate& Fuchas cosas de valor tiene en su casa Antímaco7 bronce, oro, hierro labrado! con ellas nuestro padre lo pa aría inmenso rescate, si supiera que estamos vivos en las naves aqueas& 0=< Con tan dulces palabras y llorando hablaban al rey, pero fue amar a la respuesta que escucharon7 0=3 21ues si sois hijos del a uerrido Antímaco que aconsejaba en el $ ora de los troyanos matar a Fenelao y no dejarle volver a los aqueos, cuando vino a título de embajador con el deiforme -lises, ahora pa aréis la insolente injuria que nos infirió vuestro padre& 0B= Dijo, y derribó del carro a 1isandro7 diole una lan"ada en el pecho y lo tumbó de espaldas& De un salto apeóse %ipóloco, y ya en tierra, A amenón le cercenó con la espada

los bra"os y la cabe"a, que tiró, haciendola rodar como un montero, por entre las filas& 'l Atrida dejó a éstos, y se uido de otros aqueos, de hermosas rebas, fuese derecho al sitio donde m$s falan es, me"cl$ndose en montón confuso, combatían& )os infantes mataban a los infantes, que se veían obli ados a huir! los que combatían desde el carro daban muerte con el bronce a los enemi os que así peleaban, y a todos los envolvía la polvareda que en la llanura levantaban con sus sonoras pisadas los caballos& H el rey A amenón iba siempre adelante, matando troyanos y animando a los ar ivos& Como al estallar vora" incendio en un boscaje, el viento hace oscilar las llamas y to propa a por todas partes, y los arbustos ceden a la violencia del fue o y caen con sus mismas raíces, de i ual manera caían las cabe"as de los troyanos puestos en fu a por A amenón Atrida, y muchos caballos de er uido cuello arrastraban con estrépito por el campo los carros vacíos y echaban de menos a los eGimios conductores! pero éstos, tendidos en tierra, eran ya m$s ratos a los buitres que a sus propias esposas& 0<= A %éctor, /eus le sustrajo de los tiros, el polvo, la matan"a, la san re y el tumulto! y el Atrida iba adelante, eGhortando vehementemente a los d$naos& )os troyanos corrían por la llanura, deseosos de refu iarse en la ciudad, y ya habían dejado a su espalda el sepulcro del anti uo Clo Dard$nida y el cabrahí o! y el Atrida les se uía al alcance, vociferando, con las invictas manos llenas de polvo y san re& )os que primero lle aron a las puertas 'sceas y a la encina detuviéronse para a uardar a sus compa*eros, los cuales huían por la llanura como vacas aterrori"adas por un león que, present$ndose en la obscuridad de la noche, da cruel muerte a una de ellas, rompiendo su cervi" con los fuertes dientes y tra ando su san re y sus entra*as! del mismo modo el rey A amenón Atrida perse uía a los troyanos, matando al que se re"a aba, y ellos huían espantados& 'l Atrida, manejando la lan"a con ran furia, derribó a muchos, ya de pechos, ya de espaldas, de sus respectivos carros& Fas cuando le faltaba poco para lle ar al alto muro de la ciudad, el padre de los hombres y de los dioses bajó del cielo con el rel$mpa o en la mano, se sentó en una de las cumbres del Cda, abundante en manantiales, y llamó a Cris, la de doradas alas, para que le sirviese de mensajera7 03< 29Anda, ve, r$pida Cris: Dile a %éctor estas palabras7 Fientras vea que A amenón, pastor de hombres, se a ita entre los combatientes delanteros y destro"a filas de hombres, retírese y ordene al pueblo que combata con los enemi os en la encarni"ada batalla& Fas así que aquél, herido de lan"a o de flecha, suba al carro, le daré fuer"as para matar ene2 mi os hasta que lle ue a las naves de muchos bancos, se pon a el sol y comience la sa rada noche& 0ED Así dijo! y la velo" Cris, de pies li eros como el viento, no dejó de obedecerlo& Descendió de los montes ideos a la sa rada Clio, y, hallando al divino %éctor, hijo del belicoso 1ríamo, de pie en el sólido carro, se detuvo a su lado, y le habló de esta manera7 ;II 29%éctor, hijo de 1ríamo, que en prudencia i ualas a /eus: 'l padre /eus me manda para que te di a lo si uiente7 Fientras veas que A amenón, pastor de hombres, se a ita entre los combatientes delanteros y destro"a sus filas, retírate de la lucha y ordena al pueblo que combata con los enemi os en la encarni"ada batalla& Fas así que aquél, heri2 do de lan"a o de flecha, suba al carro, te dar$ fuer"as para matar enemi os hasta que lle ues a las naves de muchos bancos, se pon a el sol y comience la sa rada noche& ;0I Cuando Cris, la de los pies li eros, hubo dicho esto, se fue& %éctor saltó del carro al suelo sin dejar las armas! y, blandiendo afiladas picas, recorrió el ejército, animóle a luchar y promovió una terrible pelea& )os troyanos volvieron la cara a los aqueos para embestirlos! los ar ivos, por su parte, cerraron las filas de las falan es! reanudóse el combate, y A amenón acometió el primero, porque deseaba adelantarse a todos en la batalla&

;03 Decidme ahora, Fusas, que poseéis olímpicos palacios, cu$l fue el primer troyano o aliado ilustre que a A amenón se opuso& ;;0 >ue Cfidamante Antenórida, valiente y alto de cuerpo, que se había criado en la fértil (racia, madre de ovejas& 'ra todavía ni*o cuando su abuelo materno Ciseo, padre de (eano, la de hermosas mejillas, to aco ió en su casa! y así que hubo lle ado a la loriosa edad juvenil, lo conservó a su lado, d$ndole a su hija en matrimonio& Apenas casado, Cfidamante tuvo que dejar el t$lamo para ir a uerrear contra los aqueos7 lle ó por mar hasta 1ercote, dejó allí las doce corvas naves que mandaba y se encaminó por tierra a Clio& (al era quien salió al encuentro de A amenón Atrida& Cuando ambos se hallaron frente a frente, acometiéronse, y el Atrida erró el tiro, porque la lan"a se le desvió! Cfidamante dio con la pica un bote en la cintura de A amenón, m$s abajo de la cora"a, y, aunque empujó el astil con toda la fuer"a de su bra"o, no lo ró atravesar el labrado tahalí, pues la punta al chocar con la l$mina de plata se torció como plomo& 'ntonces el poderoso A amenón asió de la pica, y tirando de ella con la furia de un león, la arrancó de las manos de Cfidamante, a quien hirió en el cuello con la espada, dej$ndole sin vi or los miembros& De este modo cayó el desventurado para dormir el sue*o de bronce, mientras auGiliaba a los troyanos, lejos de su joven y le ítima esposa, cuya ratitud no lle ó a conocer después que tanto le había dado7 habíale re alado cien bueyes y prometido cien mil cabras y mil ovejas de las innumerables que sus pastores apacentaban& 'l Atrida A amenón le quitó la ma nífica armadura y se la llevó, abriéndose paso por entre los aqueos& ;B3 Advirtiólo Coón, varón preclaro a hijo primo énito de Anténor, y densa nube de pesar cubrió sus ojos por la muerte del hermano& 1#sose al lado de A amenón sin que éste to notara, diole una lan"ada en medio del bra"o, en el codo, y se lo atravesó con la punta de la reluciente pica& 'stremecióse el rey de hombres, A amenón, mas no por esto dejó de luchar ni de combatir! sino que arremetió con la impetuosa lan"a a Coón, el cual se apresuraba a retirar, asiéndolo por el pie, el cad$ver de Cfidamante, su hermano de padre, y a voces pedía auGilio a los m$s valientes& Fientras arrastraba el cad$ver por entre la turba, cubriéndolo con el abollonado escudo, A amenón le envasó la broncínea lan"a! dejó sin vi or sus miembros, y le cortó la cabe"a sobre el mismo Cfidamante& H ambos hijos de Anténor, cumpliéndose su destino, acabaron la vida a manos del rey Atrida y descendieron a la morada de %ades& ;<B 'ntróse lue o A amenón por las filas de otros uerreros, y combatió con la lan"a, la espada y randes piedras mientras la san re caliente brotaba de la herida! mas así que ésta se secó y la san re dejó de correr, a udos dolores debilitaron sus fuer"as& Como los dolores a udos y acerbos que a la parturienta envían las Clitias, hijas de %era, las cuales presiden los alumbramientos y disponen de los terribles dolores del parto! tales eran los a udos dolores que debllitaron las fuer"as del Atrida& De un salto subió al carro! con el cora"ón afli ido mandó al auri a que le llevase a las cóncavas naves, y ritando fuerte dijo a los d$naos7 ;8< 29.h ami os, capitanes y príncipes de los ar ivos: Apartad vosotros de las naves surcadoras del ponto el funesto combate! pues a mí el próvido /eus no me permite combatir todo el día con los troyanos& ;3I Así dijo& 'l auri a picó con el l$ti o a los caballos de hermosas crines, diri iéndolos a las cóncavas naves! ellos volaron o"osos, con el pecho cubierto de espuma, y envueltos en una nube de polvo sacaron del campo de la batalla al fati ado rey& ;3B %éctor, al notar que A amenón se ausentaba, con penetrantes ritos animó a los troyanos y a los licios7

;s< 29(royanos, licios, d$rdanos que cuerpo a cuerpo combatís: @ed hombres, ami os, y mostrad vuestro impetuoso valor& 'l uerrero m$s valiente se ha ido, y /eus Cronida me concede una ran victoria& 1ero diri id los solípedos caballos hacia los fuertes d$naos y la loria que alcan"aréis ser$ mayor& ;E0 Con estas palabras les eGcitó a todos el valor y la fuer"a& Como un ca"ador a"u"a a los perros de blancos dientes contra un montara" jabalí o contra un león, así %éctor 1ri$2 mida, i ual a Ares, funesto a los mortales, incitaba a los ma n$nimos troyanos contra los aqueos& Fuy alentado, abrióse paso por los combatientes delanteros, y cayó en la batalla como tempestad que viene de to alto y alborota el viol$ceo ponto& ;EE 4Cu$l fue el primero, cu$l el #ltimo de los que entonces mató %éctor 1ri$mida cuando /eus le dio loria5 =I0 Aseo, el primero, y después Autónoo, .pites, Dólope Clítida, .feltio, A elao, 'simno, .ro y el bravo %ipónoo& A tales caudillos d$naos dio muerte, y adem$s a muchos hombres del pueblo& Como el Céfiro a ita y se lleva en furioso torbellino las nubes que el velo" ,oto tenía reunidas, y ruesas olas se levantan y la espuma lle a a to alto por el soplo del errabundo viento! de esta manera caían delante de %éctor muchas cabe"as de ente del pueblo& =0I 'ntonces ran estra o a irreparables males se hubieran próducido, y los aqueos, d$ndose a la fu a, no habrían parado hasta las naves, si -lises no hubiese eGhortado al (idida Diomedes7 =0= 29(idida: 41or qué no mostramos nuestro impetuoso valor5 'a, ven aquí, ami o! ponte a mi lado& Jer on"oso fuera que %éctor, el de tremolante casco, se apoderase de las naves& =0< Kespondióle el fuerte Diomedes7 =08 2Ho me quedaré y resistiré, aunque ser$ poco el provecho que lo remos! pues /eus, que amontona las nubes, quiere conceder la victoria a los troyanos y no a nosotros& =;I Dijo, y derribó del carro a (imbreo, envas$ndole la pica en la tetilla i"quierda! mientras -lises hería al escudero del mismo rey, a Folión, i ual a un dios& Dej$ronlos tan pronto como los pusieron fuera de combate, y penetrando por la turba causaron confusión y terror, como dos embravecidos jabalíes que acometen a perros de ca"a& Así, habiendo vuelto a combatir, mataban a los troyanos! y en tanto los aqueos, que huían de %éctor, pudieron respirar placenteramente& =;3 Dieron también alcance a dos hombres que eran los m$s valientes de su pueblo y venían en un mismo carro, a los hijos de Férope percosio7 éste conocía como nadie el arte adivinatoria, y no quería que sus hijos fuesen a la homicida uerra! pero ellos no lo obedecieron, impelidos por las parcas de la ne ra muerte& Diomedes (idida, famoso por su lan"a, les quitó el alma y la vida y los despojó de las ma níficas armaduras& -lises mató a %ipódamo y a %ipéroco& ==< 'ntonces el Cronida, que desde el Cda contemplaba la batalla, i ualó el combate en que troyanos y aqueos se mataban& 'l hijo de (ideo dio una lan"ada en la cadera al héroe A $strofo 1eónida, que por no tener cerca los corceles no pudo huir, y ésta fue la causa de su des racia7 el escudero tenía el carro al o distante, y él se revolvía furioso entre los combatientes delanteros, hasta que perdió la vida& Atisbó %éctor a -lises y a Diomedes, los arremetió ritando, y pronto si uieron tras él las falan es de los troyanos& Al verlo, estremecióse el valeroso Diomedes, y dijo a -lises, que estaba a su lado7 =B8 2Contra nosotros viene esa calamidad, el impetuoso %éctor& 'a, a uardémosle a pie firme y cerremos con él& =BE Dijo! y apuntando a la cabe"a de %éctor, blandió y arrojó la in ente lan"a, y no le erró, pues fue a dar en la cima del yelmo! pero el bronce recha"ó al bronce, y la punta no

lle ó al hermoso cutis por impedírselo el casco de tres dobleces y a ujeros a uisa de ojos, re alo de >ebo Apolo& %éctor entonces retrocedió un buen trecho, y, penetrando por la turba, cayó de rodillas, apoyó la robusta mano en el suelo y obscura noche cubrió sus ojos& Fientras el (idida atravesaba las primeras filas para reco er la lan"a que en el suelo se había clavado, %éctor tornó en su sentido, subió de un salto al carro, y, diri iéndolo por en medio de la multitud, evitó la ne ra muerte& H el fuerte Diomedes, que lan"a en mano lo perse uía, eGclamó7 =<; 29.tra ve" te has librado de la muerte, perro: Fuy cerca tuviste la perdición, pero te salvó >ebo Apolo, a quien debes de ro ar cuando sales al campo antes de oír el estruendo de los dardos& Ho acabaré conti o si m$s tarde to encuentro y un dios me ayuda& H ahora perse uiré a los dem$s que se me pon an al alcance& =<3 Dijo! y empe"ó a despojar el cad$ver del 1eónida, famoso por su lan"a& 1ero Alejandro, esposo de %elena, la de hermosa cabellera, que se apoyaba en una columna del sepulcro de Clo Dard$nida, anti uo anciano honrado por el pueblo, armó el arco y lo asestó al hijo de (ideo, pastor de hombres& H mientras éste quitaba al cad$ver del valeroso A $strofo la labrada cora"a, el manejable escudo de debajo del pecho y el pesado casco, aquél tiró del arco y disparó! y la flecha no salió in#tilmente de su mano, sino que le atravesó al héroe el empeine del pie derecho y se clavó en tierra& Alejandro salió de su escondite, y con rande y re ocijada risa se loriaba diciendo7 =3I 2%erido est$s! no se perdió el tiro& .jal$ que, acert$ndote en un ijar, lo hubiese quitado la vida& Así los troyanos tendrían un desaho o en sus males, pues te temen como al león las baladoras cabras& =3B @in turbarse le respondió el fuerte Diomedes7 =3D 29>lechero, insolente, eGperto sólo en manejar el arco, mirón de doncellas: @i frente a frente midieras conmi o las armas, no te valdría el arco ni las abundantes flechas& Ahora te alabas sin motivo, pues sólo me ras u*aste el empeine del pie& (anto me cuido de la herida como si una mujer o un insipiente ni*o me la hubiese causado, que poco duele la flecha de un hombre vil y cobarde& De otra clase es el a udo dardo que yo arrojo7 por poco que penetre deja eG$nime al que to recibe, y la mujer del muerto des arra sus mejillas, sus hijos quedan huérfanos, y el cad$ver se pudre enrojeciendo con su san re la tierra y teniendo a su alrededor m$s aves de rapi*a que mujeres& =E< Así dijo& -lises, famoso por su lan"a, acudió y se le puso delante& Diomedes se sentó, arrancó del pie la a uda flecha y un dolor terrible recorrió su cuerpo& 'ntonces subió al carro y con el cora"ón afli ido mandó al auri a que lo llevase a las cóncavas naves& BI0 -lises, famoso por su lan"a, se quedó solo! nin #n ar ivo permaneció a su lado, porque el terror los poseía a todos& H imiendo, a su ma n$nimo espíritu así le hablaba7 BIB 29Ay de mí: 4Mué me ocurrir$5 Fuy malo es huir, temiendo a la muchedumbre, y peor a#n que me cojan qued$ndome solo, pues a los dem$s d$naos el Cronión los puso en fu a& Fas 4por qué en tales cosas me hace pensar el cora"ón5 @é que los cobardes huyen del combate, y quien descuella en la batalla debe mantenerse firme, ya sea herido, ya a otro hiera& B00 Fientras revolvía tales pensamientos en su mente y en su cora"ón, lle aron las huestes de los escudados troyanos, y, rode$ndole, su propio mal entre ellos encerraron& Como los perros y los florecientes mo"os cercan y embisten a un jabalí que sale de la espesa selva a u"ando en sus corvas mandíbulas los blancos colmillos, y aunque la fiera cruja los dientes y apare"ca terrible, resisten firmemente! así los troyanos acometían entonces por todos lados a -lises, caro a /eus& Fas él dio un salto y clavó la a uda pica en un hombro del eGimio Deyopites! mató lue o a (oón y a 'nnomo! alanceó en el

ombli o por debajo del cóncavo escudo a Muersidamante, que se apeaba del carro y cayó en el polvo y co ió el suelo con las manos! y, dej$ndolos a todos, envasó la lan"a a C$rope %ip$sida, hermano carnal del noble @oco& 6ste, que parecía un dios, vino a defenderlo, y, deteniéndose cerca de -lises, hablóle de este modo7 B=I 29Célebre -lises, varón incansable en urdir en a*os y en trabajar: %oy, o podr$s loriarte de haber muerto y despojado de las armas a ambos %ip$sidas, o perder$s la vida, herido por mi lan"a& B=B Cuando esto hubo dicho, le dio un bote en el liso escudo7 la fornida lan"a atravesó el luciente escudo, clavóse en la labrada cora"a y levantó la piel del costado! pero 1alas Atenea no permitió que lle ara a las entra*as del varón& 'ntendió -lises que por el sitio la herida no era mortal, y retrocediendo dijo a @oco estas palabras7 BB0 29Ah infortunado: Prande es la des racia que sobre ti ha caído& )o raste que cesara de luchar con los troyanos, pero yo te di o que la perdición y la ne ra muerte te alcan"ar$n hoy! y, vencido por mi lan"a, me dar$s loria, y a %ades, el de los famosos corceles, el alma& BB< Dijo, y como @oco se volviera para huir, clavóle la lan"a en el dorso, entre los hombros, y le atravesó el pecho& 'l uerrero cayó con estrépito, y el divino -lises se jactó de su obra7 BDI 29.h @oco, hijo del a uerrido %ípaso, domador de caballos: (e sorprendió la muerte antes de que pudieses evitarla& 9Ah mísero: A ti, una ve" muerto, ni el padre ni la veneranda madre te cerrar$n los ojos, sino que te des arrar$n las carnívoras aves cubriéndote con sus tupidas alas! mientras que a mí, si muero, los divinos aqueos me har$n honras f#nebres& BD< Así diciendo, arrancó de su cuerpo y del abollonado escudo la in ente lan"a que @oco le había arrojado! brotó la san re y afli ióle el cora"ón& )os ma n$nimos troyanos, al ver la san re, se eGhortaron mutuamente entre la turba y embistieron todos a -lises, y éste retrocedió, llamando a voces a sus compa*eros& (res veces ritó cuanto un varón puede hacerlo a vo" en cuello! tres veces Fenelao, caro a Ares, to oyó, y al punto dijo a Ayante, que estaba a su lado7 B<D 29Ayante (elamonio, del linaje de /eus, príncipe de hombres: .i o la vo" del paciente -lises como si los troyanos, habiéndole aislado en la terrible lucha, lo estuviesen acosando& Acud$mosle, abriéndonos calle por la turba, pues lo mejor es llevarle socorro& (emo que a pesar de su valentía le suceda al una des racia solo entre los troyanos, y que después los d$naos te echen muy de menos& B8" Así diciendo, partió y si uióle Ayante, varón i ual a un dios& 1ronto dieron con -lises, caro a /eus, a quien los troyanos acometían por todos lados como los roji"os cha2 cales circundan en el monte a un corní ero ciervo herido por la flecha que un hombre le disparó con el arco 2s$lvase el ciervo, merced a sus pies, y huye en tanto que la san re est$ caliente y las rodillas $ iles! póstralo lue o la velo" saeta, y, cuando carnívoros chacales lo despeda"an en la espesura de un monte, trae la fortuna un vora" león que, dispersando a los chacales, devora a aquél2! así entonces muchos y robustos troyanos arremetían al a uerrido y sa a" -lises! y el héroe, blandiendo la pica, apartaba de sí la cruel muerte& 1ero lle ó Ayante con su escudo como una torre, se puso al lado de -lises y los troyanos se espantaron y huyeron a la desbandada& H el marcial Fenelao, asiendo de la mano al héroe, sacólo de la turba mientras el escudero acercaba el carro& B3E Ayante, acometiendo a los troyanos, mató a Doriclo, hijo bastardo de 1ríamo, a hirió a 1$ndoco, )isandro, 1íraso y 1ilartes& Como el hinchado torrente que acreció la lluvia de /eus baja rebosante por los montes a la llanura, arrastra muchos pinos y encinas secas, y arroja al mar ran cantidad de cieno, así entonces el ilustre Ayante desordenaba y

perse uía por el campo a los enemi os y destro"aba corceles y uerreros& %éctor no lo había advertido, porque peleaba en la i"quierda de la batalla, cerca de la orilla del 'scamandro7 a00í las cabe"as caían en mayor n#mero y un inmenso vocerío se dejaba oír alrededor del ran ,éstor y del marcial Cdomeneo& 'ntre todos revolvíase %éctor, que, haciendo arduas proe"as con su lan"a y su habilidad ecuestre, destruía las falan es de jóvenes uerreros& H los divinos aqueos no retrocedieran a#n, si Alejandro, esposo de %elena, la de hermosa cabellera, no hubiese puesto fuera de combate a Facaón, pastor de hombres, mientras descollaba en la pelea, hiriéndolo en la espalda derecha con trifurcada saeta& )os aqueos, aunque respiraban valor, temieron que la lucha se inclinase, y aquél fuera muerto& H al punto habló Cdomeneo al divino ,éstor7 D00 29.h ,éstor ,elida, loria insi ne de los aqueos: 'a, sube al carro, pón ase Facaón junto a ti, y diri e presto a las naves los solípedos corceles& 1ues un médico vale por muchos hombres, por su pericia en arrancar flechas y aplicar dro as calmantes& D0< Dijo! y ,éstor, caballero erenio, no dejó de obedecerlo& @ubió al carro, y tan pronto como Facaón, hijo del eGimio médico Asclepio, lo hubo se uido, picó con el l$ti o a los caballos y éstos volaron de su rado hacia las cóncavas naves, pues les ustaba volver a ellas& D;0 Cebríones, que acompa*aba a %éctor en el carro, notó que los troyanos eran derrotados, y le dijo7 D;= 29%éctor: Fientras nosotros combatimos aquí con los d$naos en un eGtremo de la batalla horrísona, los dem$s troyanos son desbaratados y se a itan en confuso tropel hom2 bres y caballos& Ayante (elamonio es quien los desordena! bien lo cono"co por el ancho escudo que cubre sus espaldas& 'nderecemos a aquel sitio los corceles del carro, que a00í es m$s empe*ada la pelea, mayor la matan"a de peones y de los que combaten en carros, a inmensa la ritería que se levanta& D=0 %abiendo hablado así, a"otó con el sonoro l$ti o a los caballos de hermosas crines& @intieron éstos el olpe y arrastraron velo"mente por entre troyanos y aqueos el velo" ca2 rro, pisando cad$veres y escudos! el eje tenía la parte inferior cubierta de san re y los barandales estaban salpicados de san uinolentas otas que los cascos de los corceles y las llantas de las ruedas despedían& %éctor, deseoso de penetrar y deshacer aquel rupo de hombres, promovía ran tumulto entre los d$naos, no dejaba la lan"a quieta, recorría las filas de aquéllos y peleaba con la lan"a, la espada y randes piedras! solamente evitaba el encuentro con Ayante (elamonio Uporque /eus se irritaba contra él cuando combatía con un uerrero m$s valienteV& DBB 'l padre /eus, que tiene su trono en las alturas, infundió temor en Ayante y éste se quedó atónito, se echó a la espalda el escudo formado por siete boyunos cueros, paseó su mirada por la turba, como una fiera, y retrocedió volviéndose con frecuencia y andando a paso lento& Como los canes y los pastores del campo ahuyentan del boíl a un tostado león, y, vi ilando toda la noche, no le dejan lle ar a los pin Aes bueyes! y el león, $vido de carne, acomete furioso y nada consi ue, porque caen sobre él multitud de venablos arrojados por robustas manos y encendidas teas que le dan miedo, y, cuando empie"a a clarear el día, se escapa la fiera con $nimo afli ido! así Ayante se alejaba entonces de los troyanos, contrariado y con el cora"ón entristecido, porque temía mucho por las naves de los aqueos& De la suerte que un tardo asno se acerca a un campo, y venciendo la resistencia de los ni*os que rompen en sus espaldas muchas varas, penetra en él y destro"a las crecidas mieses! los muchachos lo apalean! pero, como su fuer"a es poca, sólo consi uen echarlo con trabajo, después que se ha hartado de comer! de la misma manera los animosos troyanos y sus auGiliares, reunidos en ran n#mero, perse uían al ran Ayante, hijo de (elamón, y le olpeaban el escudo con las lan"as& Ayante unas

veces mostraba su impetuoso valor, y revolviendo detenía las falan es de los troyanos, domadores de caballos! otras, tornaba a huir! y, moviéndose con furia entre los troyanos y los aqueos, conse uía que los enemi os no se encaminasen a las veleras naves& )as lan"as que manos audaces despedían se clavaban en el ran escudo o caían en el suelo delante del héroe, antes de lle ar a su blanca piel, deseosas de saciarse de su carne& D8D Cuando 'urípilo, preclaro hijo de 'vemón, vio que Ayante estaba tan abrumado por los copiosos tiros, se colocó a su lado, arrojó la reluciente lan"a y se la clavó en el hí2 ado, debajo del diafra ma, a Apisaón >ausíada, pastor de hombres, dej$ndole sin vi or las rodillas& Corrió en se uida hacia él y se puso a quitarle la armadura& 1ero advirtiólo el deiforme Alejandro, y disparando el arco contra 'urípilo lo ró herirlo en el muslo derecho7 la ca*a de la saeta se rompió, quedó col ando y apes aba el muslo del uerrero& 6ste retrocedió al rupo de sus ami os, para evitar la muerte, y, dando randes voces, decía a los d$naos7 D38 29.h ami os, capitanes y príncipes de los ar ivos: Deteneos, volved la cara al enemi o, y librad del día cruel a Ayante que est$ abrumado por los tiros y no creo que escape con vida del horrísono combate& 1ero deteneos afrontando a los contrarios, y rodead al ran Ayante, hijo de (elamón& DE; (ales fueron las palabras de 'urípilo al sentirse herido, y ellos se colocaron junto a él con los escudos sobre los hombros y las picas levantadas& Ayante, apenas se juntó con sus compa*eros, det#vose y volvió la cara a los troyanos& DE< @i uieron, pues, combatiendo con el ardor de encendido fue o! y, entre tanto, las ye uas de ,eleo, cubiertas de sudor, sacaban del combate a ,éstor y a Facaón, pastor de pueblos& Keconoció al #ltimo el divino Aquiles, el de los pies li eros, que desde la popa de la in ente nave contemplaba la ran derrota y deplorable fu a, y en se uida llamó, desde la nave, a 1atroclo, su compa*ero7 oyólo éste, y, parecido a Ares, salió de la tienda& (al fue el ori en de su des racia& 'l esfor"ado hijo de Fenecio habló el primero, diciendo7 <I< 241or qué me llamas, Aquiles5 4,ecesitas de mí5 <I8 Kespondió Aquiles, el de los pies li eros7 <I3 29Divino Fenecíada, carísimo a mi cora"ón: Ahora espero que los aqueos vendr$n a suplicarme y se postrar$n a mis plantas, porque no es llevadera la necesidad en que se hallan& 1ero ve 1atroclo, caro a /eus, y pre unta a ,éstor quién es el herido que saca del combate& 1or la espalda tiene ran semejan"a con Facaón el Asclepíada, pero no le vi el rostro! pues las ye uas, deseosas de lle ar cuanto antes, pasaron r$pidamente por mi lado& <0< Así dijo& 1atroclo obedeció al amado compa*ero y se fue corriendo a las tiendas y naves aqueas& <03 Cuando aquéllos hubieron lle ado a la tienda del ,elida, descendieron del carro al almo suelo, y 'urimedonte, servidor del anciano, desunció los corceles& ,éstor y Facaón dejaron secar el sudor que mojaba sus cora"as, poniéndose al soplo del viento en la orilla del mar! y, penetrando lue o en la tienda, se sentaron en sillas& 'ntonces les preparó una miGtura %ecamede, la de hermosa cabellera, hija del ma n$nimo Arsínoo, que el anciano se había llevado de (énedos cuando Aquiles entró a saco en esta ciudad7 los aqueos se la adjudicaron a ,éstor, que a todos superaba en el consejo& %ecamede acercó una mesa ma nífica, de pies de acero, pulimentada! y puso encima una fuente de bronce con cebolla, manjar propio para la bebida, miel reciente y &sacra harina de flor, y una bella copa uarnecida de $ureos clavos que el anciano se había llevado de su palacio y tenía cuatro asas 2Dada una entre dos palomas de oro2 y dos sustent$culos& A otro anciano le hubiese sido difícil mover esta copa cuando después de llenarla se ponía en la mesa, pero ,éstor la levantaba sin esfuer"o& 'n ella la mujer, que parecía una diosa, les preparó la

bebida7 echó vino de 1ramnio, raspó queso de cabra con un rallo de bronce, espolvoreó la me"cla con blanca harina y los invitó a beber así que tuvo compuesto el potaje& Ambos bebieron, y, apa ada la abrasadora sed, se entre aron al deleite de la conversación cuando 1atroclo, varón i ual a un dios, apareció en la puerta& Jiolo el anciano! y, levant$ndose del vistoso asiento, le asió de la mano, le hi"o entrar y le ro ó que se sentara! pero 1atroclo se eGcusó diciendo7 <B3 2,o puedo sentarme, anciano alumno de /eus! no lo rar$s convencerme& Kespetable y temible es quien me envía a pre untar a qué uerrero trajiste herido! pero ya lo sé, pues estoy viendo a Facaón, pastor de hombres& Joy a llevar, como mensajero, la noticia a Aquiles& +ien sabes t#, anciano alumno de /eus, lo violento que es aquel hombre y cu$n pronto culparía hasta a un inocente& <DD Kespondióle ,éstor, caballero erenio7 <D< 24Cómo es que Aquiles se compadece de los aqueos que han recibido heridas5 9,o sabe en qué aflicción est$ sumido el ejército: )os m$s fuertes, heridos unos de cerca y otros de lejos, yacen en las naves& Con arma arrojadi"a fue herido el poderoso (idida Diomedes! con la pica, -lises, famoso por su lan"a, y A amenón! a 'urípilo flech$ronle en el muslo, y acabo de sacar del combate a este otro, herido también por una saeta que un arco despidió& 1ero Aquiles, a pesar de su valentía, ni se cura de los d$naos ni se apiada de ellos& 4A uarda acaso que las veleras naves sean devoradas por el fue o enemi o en la orilla del mar, sin que los ar ivos puedan impedirlo, y que unos en pos de otros sucumbamos todos5 Ha el vi or de mis $ iles miembros no es el de antes& 9.jal$ fuese tan joven y mis fuer"as tan robustas como cuando en la contienda levantada entre los eleos y nosotros por el robo de bueyes, maté a Ctimoneo, al valiente %iperóquida, que vivía en la 'lide, y tomé represalias: Ctimoneo defendía sus vacas, pero cayó en tierra entre los primeros, herido por el dardo que le arrojó mi mano, y los dem$s campesinos huyeron espantados& 'n aquel campo lo ramos un espléndido botín7 cincuenta vacadas, otras tantas manadas de ovejas, otras tantas piaras de cerdos, otros tantos reba*os copiosos de cabras y ciento cincuenta ye uas bayas, muchas de ellas con sus potros& Aquella misma noche lo llevamos a 1ilos, ciudad de ,eleo, y éste se ale ró en su cora"ón de que me correspondiera una ran parte, a pesar de ser yo tan joven cuando fui al com2 bate& Al alborear, los heraldos pre onaron con vo" sonora que se presentaran todos aquéllos a quienes se les debía al o en la divina 6lide, y los caudillos pilios repartieron el botín& Con muchos de nosotros estaban en deuda los epeos, pues, como en 1ilos éramos pocos, nos ofendían! y en a*os anteriores había venido el fornido %eracles, que nos maltrató y dio muerte a los principales ciudadanos& De los doce hijos del irreprensible ,eleo, tan sólo yo quedé con vida! todos los dem$s perecieron& 'n reídos los epeos, de broncíneas cora"as, por tales hechos, nos insultaban y urdían contra nosotros inicuas acciones&2'l anciano ,eleo tomó entonces un reba*o de bueyes y otro rande de cabras, esco iendo trescientas de éstas con sus pastores, por la ran deuda que tenía que cobrar en la divina 6lide7 había enviado cuatro corceles, vencedores en anteriores jue os, uncidos a un carro, para aspirar al premio de la carrera, el cual consistía en un trípode! y Au ías, rey de hombres, se quedó con ellos y despidió al auri a, que se fue triste por lo ocurrido& Airado por tales insultos y acciones, el anciano esco ió muchas cosas y dio lo restante al pueblo, encar ando que se distribuyera y que nadie se viese privado de su respectiva porción& %echo el reparto, ofrecimos en la ciudad sacrificios a los dioses&2 (res días después se presentaron muchos epeos con carros tirados por solípedos caballos y toda la hueste reunida! y entre sus uerreros se hallaban ambos Folión, que entonces eran ni*os y no habían mostrado a#n su impetuoso valor& %ay una ciudad llamada (rioesa, en la cima de un monte conti uo al Alfeo, en los confines de la arenosa 1ilos7 los

epeos quisieron destruirla y la sitiaron& Fas así que hubieron atravesado la llanura, Atenea descendió presurosa del .limpo, cual nocturna mensajera, para que tom$ramos las armas, y no halló en 1ilos un pueblo indolente, pues todos sentíamos vivos deseos de combatir& A mí ,eleo no me dejaba vestir las armas y me escondió los caballos, no teniéndome por suficientemente instruido en las cosas de la uerra& H con todo eso, sobresalí, siendo infante, entre los nuestros, que combatían en carros! pues fue Atenea la que dispuso de esta suerte el combate& %ay un río nombrado Finieo, que desemboca en el mar cerca de Arene7 a00í los caudillos de los pilios a uardamos que apareciera la divina Aurora, y en tanto afluyeron los infantes& Keunidos todos y vestida la armadura, marchamos, lle ando al mediodía a la sa rada corriente del Alfeo& %icimos hermosos sacrificios al prepotente /eus, inmolamos un toro al Alfeo, otro a 1osidón y una re al vaca a Atenea, la de ojos de lechu"a! cenamos sin romper las filas, y dormimos, con la armadura puesta, a orillas del río& )os ma n$nimos epeos estrechaban el cerco de la ciudad, deseosos de destruirla! pero antes de lo rarlo se les presentó una ran acción de Ares& Cuando el resplandeciente sol apareció en to alto, trabamos la batalla, después de orar a /eus y a Atenea& H en la lucha de los pilios con los epeos, fui el primero que mató a un hombre, al belicoso Fulio, cuyos solípedos corceles me llevé& 'ra éste yerno de Au ías, por estar casado con la rubia A amede, la hija mayor, que conocía cuantas dro as produce la vasta tierra& H, acerc$ndome a él, le envasé la broncínea lan"a, lo derribé en el polvo, salté a su carro y me coloqué entre los combatientes delanteros& )os ma n$nimos epeos huyeron en desorden, aterrori"ados de ver en el suelo al hombre que mandaba a los que combatían en carros y tan fuerte era en la batalla& )ancéme a ellos cual obscuro torbellino! tomé cincuenta carros, venciendo con mi lan"a y haciendo morder la tierra a los dos uerreros que en cada uno venían! y hubiera matado a entrambos Folión Actorión, si su padre, el poderoso 1osidón, que conmueve la tierra, no los hubiese salvado, envolviéndolos en espesa niebla y sac$ndolos del combate& 'ntonces /eus concedió a los pilios una ran victoria& 1erse uimos a los eleos por la espaciosa llanura, matando hombres y reco iendo ma níficas armas, hasta que nuestros corceles nos llevaron a +uprasio, fértil en tri o, la roca .lenia y Alesio, al sitio llamado la colina, donde Atenea hi"o que el ejército se volviera& Allí dejé tendido al #ltimo hombre que maté& Cuando desde +uprasio diri ieron los aqueos los r$pidos corceles a 1ilos, todos daban racias a /eus entre los dioses y a ,éstor entre los hombres& (al era yo entre los uerreros, si todo no ha sido un sue*o&2 1ero del valor de Aquiles sólo se aprovechar$ él mismo, y creo que ha de ser randísimo su llanto cuando el ejército pere"ca& 9.h ami o: Fenecio to hi"o un encar o el día en que to envió desde >tía a A amenón, est$bamos dentro del palacio yo y el divino -lises y oímos cuanto aquél to encar ó& ,osotros, que entonces reclut$bamos tropas en la fértil Acaya, habíamos lle ado a la bien habitada casa de 1eleo, donde encontramos al héroe Fenecio, a ti y a Aquiles& 1eleo, el anciano jinete, quemaba dentro del patio pin Aes muslos de buey en honor de /eus, que se complace en lan"ar rayos! y con una copa de oro vertía el ne ro vino en la ardiente llama del sacrificio, mientras vosotros preparabais carnes de buey& ,os detuvimos en el vestíbulo! Aquiles se levantó sorprendido, y co iéndonos de la mano nos introdujo, nos hi"o sentar y nos ofreció presentes de hospitalidad, como se acostumbra hacer con los forasteros& @atisficimos de bebida y de comida el apetito, y empecé a eGhortaros para que os vinierais con nosotros! ambos to anhelabais y vuestros padres os daban muchos consejos& 'l anciano 1eleo recomendaba a su hijo Aquiles que descollara siempre y sobresaliera entre los dem$s, y a su ve" Fenecio, hijo de Tctor, lo aconsejaba así7 Q9%ijo mío: Aquiles te aventaja por su abolen o, pero t# le superas en edad! aquél es mucho m$s fuerte, pero ha"le prudentes advertencias, amonéstalo a instr#yelo y te obedecer$ para su

propio bien&R Así lo aconsejaba el anciano, y t# lo olvidas& 1ero a#n podrías record$rselo al a uerrido Aquiles y qui"$s lo raras persuadirlo& 4Muién sabe si con la ayuda de al #n dios conmoverías su cora"ón5 Pran fuer"a tiene la eGhortación de un ami o& H si se abstiene de combatir por al #n vaticinio que su madre, enterada por /eus, le ha revelado, que a lo menos te envíe a ti con los dem$s mirmidones, por si lle as a ser la aurora de sal2 vación de los d$naos, y to permita llevar en el combate su ma nífica armadura para que los troyanos te confundan con él y cesen de pelear, los belicosos aqueos que tan abatidos est$n se reanimen, y la batalla ten a su tre ua, aunque sea por breve tiempo& Josotros, que no os hall$is eGtenuados de fati a, recha"aríais f$cilmente de las naves y tiendas hacia la ciudad a esos hombres que de pelear est$n cansados& 3IB Así dijo, y conmovióle el cora"ón dentro del pecho& 1atroclo fuese corriendo por entre las naves para volver a la tienda de Aquiles '$cida& Fas cuando, corriendo, lle ó a los bajeles del divino -lises 2allí se celebraba el $ ora y se administraba justicia ante los altares eri idos a los dioses2 re resaba del combate, cojeando, 'urípilo 'vemónida, del linaje de /eus, que había recibido un flecha"o en el muslo7 abundante sudor corría por su cabe"a y sus hombros, y la ne ra san re brotaba de la rave herida, pero su inteli encia permanecía firme& Jiolo el esfor"ado hijo de Fenecio, se compadeció de él y, suspirando, dijo estas aladas palabras7 30< 29Ah infelices caudillos y príncipes de los d$naos: 9Así debíais en (roya, lejos de los ami os y de la patria tierra, saciar con vuestra blanca rasa a los $ iles perros: 1ero dime, héroe 'urípilo, alumno de /eus7 41odr$n los aqueos sostener el ataque del in ente %éctor, o perecer$n vencidos por su lan"a5 3;; Kespondióle 'urípilo herido7 3;= 291atroclo, del linaje de /eus: Ha no habr$ defensa para los aqueos que corren a refu iarse en las ne ras naves& Cuantos fueron hasta aquí los m$s valientes yacen en sus bajeles, heridos unos de cerca y otros de lejos por mano de los troyanos, cuya fuer"a va en aumento& 1ero s$lvame llev$ndome a la ne ra nave, arr$ncame la flecha del muslo, lava con a ua tibia la ne ra san re que fluye de la herida y ponme en ella dro as calmantes y salutíferas que, se #n dicen, te dio a conocer Aquiles, instruido por Muirón, el m$s justo de los centauros& 1ues de los dos médicos, 1odalirio y Facaón, el uno creo que est$ herido en su tienda, y a su ve" necesita de un buen médico, y el otro sostiene vivo combate en la llanura troyana& 3=8 Contestó el esfor"ado hijo de Fenecio7 3=3 24Cómo acabar$ esto5 4Mué haremos, héroe 'urípilo5 Cba a decir al a uerrido Aquiles to que ,éstor erenio, protector de los aqueos, me encar ó! pero no te dejaré así, abrumado por el dolor& 3B; Dijo! y, co iendo al pastor de hombres por el pecho, llevólo a la tienda& 'l escudero, al verlos venir, eGtendió en el suelo pieles de buey& 1atroclo recostó en ellas a 'urípilo y sacó del muslo, con la da a, la a uda y acerba flecha! y, después de lavar con a ua tibia la ne ra san re, espolvoreó la herida con una raí" amar a y calmante que previamente había desmenu"ado con la mano& )a raí" le calmó todos los dolores, secóse la herida y la san re dejó de correr& CANTO XII* Combate en la muralla
* )os troyanos asaltan con éGito la muralla y el foso del campamento aqueo& %éctor, con una ran piedra, derriba la puerta de entrada al campamento y abre una vía de acceso a sus tropas&

0 'n tanto que el fuerte hijo de Fenecio curaba, dentro de la tienda, a 'urípilo herido, acometíanse confusamente ar ivos y troyanos& Ha no había de contener a éstos ni el foso ni el ancho muro que al borde del mismo construyeron los d$naos, sin ofrecer a los dioses hecatombes perfectas, para que los defendiera a ellos y las veleras naves y el mucho botín que dentro se uardaba& )evantado el muro contra la voluntad de los inmortales dioses, no debía subsistir lar o tiempo& Fientras vivió %éctor, estuvo Aquiles irritado y la ciudad del rey 1ríamo no fue eGpu nada, la ran muralla de los aqueos se mantuvo firme& 1ero, cuando hubieron muerto los m$s valientes troyanos, de los ar ivos unos perecierón y otros se salvaron, la ciudad de 1ríamo fue destruida en el décimo a*o, y los ar ivos se embarcaron para re resar a su patria! 1osidón y Apolo decidieron arruinar el muro con la fuer"a de los ríos que corren de los montes ideos al mar7 el Keso, el %ept$poro, el Careso, el Kodio, el Pr$nico, el 'sepo, el divino 'scamandro y el @imoente, en cuya ribera cayeron al polvo muchos cascos, escudos de boyuno cuero y la eneración de los hombres semidioses&2 >ebo Apolo desvió el curso de todos estos ríos y diri ió sus corrientes a la muralla por espacio de nueve días, y /eus no cesó de llover para que m$s presto se sumer iese en el mar& Cba al frente de aquéllos el mismo 1osidón, que bate la tierra, con el tridente en la mano, y tiró a las olas todos los cimientos de troncos y piedras que con tanta fati a echaron los aqueos, arrasó la orilla del %elesponto, de r$pida corriente, enarenó la ran playa en que estuvo el destruido muro y volvió los ríos a los cauces por donde discurrían sus cristalinas a uas& =B De tal modo 1osidón y Apolo debían proceder m$s tarde& 'ntonces ardía el clamoroso combate al pie del bien labrado muro, y las vi as de las torres resonaban al chocar de los dardos& )os ar ivos, vencidos por el a"ote de /eus, encerr$banse en el cerco de las cóncavas naves por miedo a %éctor, cuya valentía les causaba la derrota, y éste se uía peleando y parecía un torbellino& Como un jabalí o un león se revuelve, or ulloso de su fuer"a, entre perros y ca"adores que a rupados le tiran muchos venablos 2la fiera no siente en su $nimo auda" ni temor ni espanto, y su propio valor la mata2 y va de un lado a otro, probando las hileras de los hombres, y se apartan aquéllos hacia los que se diri e, de i ual modo a it$base %éctor entre la turba y eGhortaba a sus compa*eros a pasar el foso& )os corceles, de pies li eros, no se atrevían a hacerlo, y parados en el borde relinchaban, porque el ancho foso les daba horror& ,o era f$cil, en efecto, salvarlo ni atravesarlo, pues tenía escarpados precipicios a uno y otro lado, y en su parte alta randes y puntia udas estacas, que los aqueos clavaron espesas para defenderse de los enemi os& -n caballo tirando de un carro de hermosas ruedas difícilmente hubiera entrado en el foso, y los peones meditaban si podrían reali"arlo& 'ntonces lle óse 1olidamante al auda" %éctor, y dijo7 <0 29%éctor y dem$s caudillos de los troyanos y sus auGiliares: Diri imos imprudentemente los veloces caballos al foso, y éste es muy difícil de pasar, porque est$ eri"ado de a udas estacas y a lo lar o de él se levanta el muro de los aqueos& Allí no podríamos apearnos del carro ni combatir, pues se trata de un sitio estrecho donde temo que pronto seríamos heridos& @i /eus altitonante, meditando males contra los aqueos, quiere destruirlos completamente para favorecer a los troyanos, deseo que lo realice cuanto antes y que aquéllos pere"can sin loria en esta tierra, lejos de Ar os& 1ero si los aqueos se volviesen, y viniendo de las naves nos obli aran a repasar el profundo foso, me fi uro que ni un mensajero podría retornar a la ciudad huyendo de los aqueos que nuevamente entraran en combate& 'a, procedamos todos como voy a decir& )os escuderos ten an los caballos en la orilla del foso y nosotros si amos a %éctor a pie, con armas y todos reunidos! pues los aqueos no resistir$n el ataque si sobre ellos pende la ruina&

3I Así dijo 1olidamante, y su prudente consejo plu o a %éctor, el cual, en se uida y sin dejar las armas, saltó del carro a tierra& )os dem$s troyanos tampoco permanecieron en sus carros! pues así que vieron que el divino %éctor lo dejaba, ape$ronse todos, mandaron a los auri as que pusieran los caballos en línea junto al foso, y, habiéndose ordenado en cinco rupos, emprendieron la marcha con los respectivos jefes& 33 Cban con %éctor y 1olidamante los m$s y mejores, que anhelaban romper el muro y pelear cerca de las cóncavas naves! su tercer jefe era Cebríones, porque %éctor había dejado a otro auri a inferior para cuidar del carro& De otro rupo eran caudillos 1aris, Alc$too y A enor& 'l tercero lo mandaban %éleno y el deiforme Deífobo, hijos de 1ríamo, y el héroe Asio %irt$cida, que había venido de Arisbe, de las orillas del río @eleente, en un carro tirado por altos y fo osos corceles& 'l cuarto lo re ía 'neas, valiente hijo de Anquises, y con él Arquéloco y Acamante, hijos de Anténor, diestros en toda suerte de combates& 1or #ltimo, @arpedón se puso al frente de los ilustres aliados, eli iendo por compa*eros a Plauco y al belicoso Asteropeo, a quienes tenía por los m$s valientes después de sí mismo, pues él descollaba entre todos& (an pronto como hubieron embra"ado los fuertes escudos y cerrado las filas, marcharon animosos contra los d$naos! y esperaban que éstos, en ve" de oponerles resistencia, se refu iarían en las ne ras naves& 0I3 (odos los troyanos y sus auGiliares venidos de lejas tierras si uieron el consejo del eGimio 1olidamante, menos Asio %irt$cida, príncipe de hombres, que, ne $ndose a dejar el carro y al auri a, se acercó con ellos a las veleras naves& 9Cnsensato: ,o había de librarse de las funestas parcas, ni volver, ufano de sus corceles y de su carro, de las naves a la ventosa Clio! porque su hado infausto lo hi"o morir atravesado por la lan"a del ilustre Cdomeneo Deuc$lida& >uese, pues, hacia la i"quierda de las naves, al sitio por donde los aqueos solían volver de la llanura con los caballos y carros! hacia aquel lu ar diri ió los corceles, y no halló las puertas cerradas y ase uradas con el ran cerrojo, porque unos hombres las tenían abiertas, con el fin de salvar a los comp$*eros que, huyendo del combate, lle aran a las naves& A aquel paraje endere"ó los caballos, y los dem$s to si uieron dando a udos ritos, porque esperaban que los aqueos, en ve" de oponer resistencia, se refu iarían en las ne ras naves& 9Cnsensatos: 'n las puertas encontraron a dos valentísimos uérreros, hijos allardos de los belicosos lapitas7 el esfor"ado 1olipetes, hijo de 1irítoo, y )eonteo, i ual a Ares, funesto a los mortales& Ambos estaban delante de las altas puertas, como en el monte unas encinas de elevada copa, fijas al suelo por raíces ruesas y eGtensas, desafían constantemente el viento y la lluvia! de i ual manera aquéllos, confiando en sus manos y en su valor, a uardaron la lle ada del ran Asio y no huyeron& )os troyanos se encaminaron con ran alboroto al bien construido muro, levantando los escudos de secas pieles de buey, mandados por el rey Asio, H$meno, .restes, Adamante Asíada, (oón y 'nómao& 1olipetes y )eonteo hall$banse dentro a insti aban a los aqueos, de hermosas rebas, a pelear por las naves! mas, así que vieron a los tróyanos atacando la muralla y a los d$naos en clamorosa fu a, salieron presurosos a combatir delante de las puertas, semejantes a montaraces jabalíes que en el monte son terrero de la acometida de hombres y canes, y en curva carrera tronchan y arrancan de raí" las plantas de la selva, dejando oír el crujido de sus dientes, hasta que los hombres, tir$ndoles venablos, les quitan la vida! de parecido modo resonaba el luciente bronce en el pecho de los héroes a los olpes que recibían, pues peleaban con ran denuedo, confiando en los uerreros de encima de la muralla y en su propio valor& Desde las torres bien construidas los aqueos tiraban para defenderse a sí mismos, las tiendas y las naves de li ero andar& Como caen al suelo los copos de nieve que impetuoso viento, a itando las pardas nubes, derrama en abundancia sobre la fértil tierra, así llovían los dardos que arrojaban aqueos y troyanos, y lbs cascos y abollonados escudos sonaban

secamente al chocar con ellos las in entes piedras& 'ntonces Asio %irt$cida, dando un emido y olpe$ndose el muslo, eGclamó indi ando7 0<B 291adre /eus: Fuy fala" te has vuelto, pues yo no esperaba que los héroes aqueos opusieran resistencia a nuestro valor a invictas manos& Como las abejas o las fleGibles avispas que han anidado en fra oso camino y no abandonan su hueca morada al acercarse los ca"adores, sino que luchan por los hijuelos, así aquéllos, con ser dos solamente, no quieren retirarse de las puertas mientras no pere"can, o la libertad no pierdan& 08= Así dijo! pero sus palabras no cambiaron la mente de /eus, que deseaba conceder cal loria a %éctor& 08D .tros peleaban delante de otras puertas, y me sería difícil, no siendo un dios, contarlo todo& 1or doquiera ardía el combate al pie del lapídeo muro! los ar ivos, aunque llenos de an ustia, veíanse obli ados a defender las naves! y estaban apesarados todos los dioses que en la uerra prote ían a los d$naos& 'ntonces fue cuando los lapitas empe"aron el combate y la refrie a& 03; 'l fuerte 1olipetes, hijo de 1intoo, hirió a D$maso con la lan"a por el casco de broncíneas carrilleras7 el casco de bronce no detuvo a aquélla cuya punta, de bronce también, rompió el hueso! conmovióse el cerebro y el uerrero sucumbió mientras combatía con denuedo& Aquél mató lue o a 1ilón y a órmeno& )eonteo, hijo de Antímaco y v$sta o de Ares, arrojó un dardo a %ipómaco y se lo clavó junto al ce*idor! lue o desenvainó la a uda espada, y, acometiendo por en medio de la muchedumbre a Antífates, lo hirió y lo tiró de espaldas! y después derribó sucesivamente a Fenón, H$2 meno y .restes, que fueron cayendo al almo suelo& 0ED Fientras ambos héroes quitaban a los muertos las lucientes armas, adelantaron la marcha con 1olidamante y %éctor los m$s y m$s valientes de los jóvenes, que sentían un vivo deseo de romper el muro y pe ar fue o a las naves& 1ero detuviéronse indecisos en la orilla del foso, cuando ya se disponían a atravesarlo, por haber aparecido encima de ellos, y dejando el pueblo, a la i"quierda, un ave a orera7 un $ uila de alto vuelo, llevando en las arras un enorme dra ón san riento, vivo, que se estremecía y no se había olvidado de la lucha, pues encorv$ndose hacia atr$s hirióla en el pecho, cerca del cuello& 'l $ uila, penetrada de dolor, dejó caer el dra ón en medio de la turba! y, chillando, voló con la rapide" del viento& )os troyanos estremeciéronse al ver en medio de ellos la manchada sierpe, prodi io de /eus, que lleva la é ida& 'ntonces acercóse 1olidamante al auda" %éctor, y le dijo7 ;00 29%éctor: @iempre me increpas en las juntas, aunque lo que propon a sea bueno! mas no es decoroso que un ciudadano hable en las reuniones o en la uerra contra lo de2 bido, sólo para acrecentar tu poder& (ambién ahora he de manifestar lo que considero conveniente& ,o vayamos a combatir con los d$naos cerca de las naves& Creo que nos ocurrir$ lo que diré, si vino realmente para los troyanos, cuando deseaban atravesar el foso, esta ave a orera7 un $ uila de alto vuelo, que dejaba el pueblo a la i"quierda y llevaba en las arras un enorme dra ón san riento y vivo, y lo hubo de soltar presto antes de lle ar al nido y darlo a sus polluelos& De semejante modo, si con ran ímpetu rompemos ahora las puertas y el muro, y los aqueos retroceden, lue o no nos ser$ posible volver de las naves en buen orden por el mismo camino! y dejaremos a muchos troyanos tendidos en el suelo, a los cuales los aqueos, combatiendo en defensa de sus naves, habr$n muerto con las broncíneas armas& Así lo interpretaría un au ur que, por ser muy entendido en prodi ios, mereciera la confian"a del pueblo& ;=I 'ncar$ndole la torva vista, respondió %éctor, el de tremolante casco7 ;=0 291olidamante: ,o me place lo que propones y podías haber pensado al o mejor& @i realmente hablas con seriedad, los mismos dioses te han hecho perder el juicio! pues me

aconsejas que, olvidando las promesas que /eus tonante me hi"o y ratificó lue o, obede"ca a las aves aliabiertas, de las cuales no me cuido ni en ellas paro mientes, sea que vayan hacia la derecha por donde aparecen la aurora y el sol, sea que se dirijan a la i"quierda, al tenebroso ocaso& Confiemos en las promesas del ran /eus, que reina sobre todos, mortales a inmortales& 'l mejor a Aero es éste7 combatir por la patria& 41or qué te dan miedo el combate y la pelea5 Aunque los dem$s fuéramos muertos en las naves ar ivas, no debieras temer por to vida! pues ni tu cora"ón es belicoso, ni te permite a uardar a los enemi os& H si dejas de luchar, o con tus palabras lo ras que otro se absten a, pronto perder$s la vida, herido por mi lan"a& ;D0 Así, habiendo hablado, echó a andar& @i uiéronlo todos con fuerte ritería, y /eus, que se complace en lan"ar rayos, enviando desde los montes ideos un viento borrascoso, levantó ran polvareda en las naves, abatió el $nimo de los aqueos, y dio loria a los troyanos y a %éctor, que, fiados en las prodi iosas se*ales del dios y en su propio valor, intentaban romper la ran muralla aquea& Arrancaban las almenas de las torres, demolían los parapetos y derribaban los "ócalos salientes que los aqueos habían hecho estribar en el suelo para que sostuvieran las torres& (ambién tiraban de éstas, con la esperan"a de romper el muro de los aqueos& Fas los d$naos no les dejaban libre el camino, y, prote iendo los parapetos con boyunas pieles, herían desde allí a los enemi os que al pie de la muralla se encontraban& ;<D )os dos Ayantes recorrían las torres, animando a los aqueos y eGcitando su valor! a todas partes iban, y a uno le hablaban con suaves palabras y a otro le re*ían con duras frases porque flojeaba en el combate7 ;% 29.h ami os, ya entre los ar ivos se$is los preeminentes, los mediocres o los peores, pues no todos los hombres son i uales en la uema: Ahora el trabajo es com#n a todos y vosotros mismos to conocéis& ,adie se vuelva atr$s, hacia los bajeles, por oír las amena"as de un troyano! id adelante y animaos mutuamente, por si /eus olímpico, fulminador, nos permite recha"ar el ataque y perse uir a los enemi os hasta la ciudad& ;88 Dando tales voces animaban a los aqueos para que combatieran& Cuan espesos caen los copos de nieve cuando en un día de invierno /eus decide nevar, mostrando sus armas a los hombres, y, adormeciendo los vientos, nieva incesantemente hasta que cubre las cimas y los riscos de los montes m$s altos, las praderas cubiertas de loto y los fértiles campos cultivados por el hombre, y la nieve se eGtiende por los puertos y playas del espumoso mar, y #nicamente la detienen las olas, pues todo lo restante queda cubierto cuando arrecia la nevada de /eus, así, tan espesas, volaban las piedras por ambos lados, las unas hacia los troyanos y las otras de éstos a los aqueos, y el estrépito se elevaba so2 bre todo el muro& ;EI Fas los troyanos y el esclarecido %éctor no habrían roto a#n las puertas de la muralla y el ran cerrojo, si el próvido /eus no hubiese incitado a su hijo @arpedón contra los ar ivos, como a un león contra bueyes de retorcidos cuernos& @arpedón levantó en se uida el escudo liso, hermoso, prote ido por planchas de bronce, obra de un broncista que sujetó muchas pieles de buey con varitas de oro prolon adas por ambos lados hasta el borde circular! al"ando, pues, la rodela y blandiendo un par de lan"as, se puso en marcha como el montara" león que en mucho tiempo no ha probado la carne y su $nimo auda" le impele a acometer un reba*o de ovejas yendo a la alquería sólidamente construida! y, aunque en ella encuentre pastores que, armados con venablos y provistos de perros, uardan las ovejas, no quiere que lo echen del establo sin intentar el ataque, hasta que, saltando dentro, o consi ue hacer presa o es herido por un venablo que $ il mano le arroja! del mismo modo, el deiforme @arpedón se sentía impulsado por su $nimo a asaltar el muro y destruir los parapetos& H en se uida dijo a Plauco, hijo de %ipóloco7

=0I 29Plauco: 41or qué a nosotros nos honran en la )icia con asientos preferentes, manjares y copas de vino, y todos nos miran como a dioses, y poseemos campos randes y ma níficos a orillas del Lanto, con vi*as y tierras de pan llevar5 1reciso es que ahora nos sosten amos entre los m$s avan"ados y nos lancemos a la ardiente pelea, para que di a al uno de los licios, armados de fuertes cora"as7 Q,o sin loria imperan nuestros reyes en la )icia! y si comen pin Aes ovejas y beben eGquisito vino, dulce como la miel, también son esfor"ados, pues combaten al frente de los liciosR& 9.h ami o: .jal$ que, huyendo de esta batalla, nos libr$ramos para siempre de la veje" y de la muerte, pues ni yo me batiría en primera fila, ni to llevaría a la lid, donde los varones adquieren loria! pero, como son muchas las clases de muerte que penden sobre los mortales, sin que éstos puedan huir de ellas ni evitarlas, vayamos y daremos loria a al uien, o al uien nos la dar$ a nosotros& =;E Así dijo! y Plauco ni retrocedió ni fue desobediente& Ambos fueron adelante en línea recta, si uiéndoles la numerosa hueste de los iicios& 'stremecióse al advertirlo Fenesteo, hijo de 1éteo, pues se encaminaban hacia su torre, llevando consi o la ruina& .jeó la cohorte de los aqueos, por si divisaba a al #n jefe que librara del peli ro a los compa*eros, y distin uió a entrambos Ayantes, incansables en el combate, y a (eucro, recién salido de la tienda, que se hallaban cerca& 1ero no podía hacerse oír por m$s que ritara, porque era tanto el estrépito, que el ruido de los escudos al parar los olpes, el de los cascos uarnecidos con crines de caballo, y el de las puertas, lle aba al cielo! todas las puertas se hallaban cerradas, y los troyanos, detenidos por las mismas, intentaban pe2 netrar rompiéndolas a viva fuer"a& H Fenesteo decidió enviar a (ootes, el heraldo, para que llamase a Ayante7 =B= 2Je, divino (ootes, y llama corriendo a Ayante, o mejor a los dos! esto sería preferible, pues pronto habr$ aquí ran estra o& 9(al car a dan los caudillos licios, que siempre han sido sumamente impetuosos en las encarni"adas peleas: H si también a00í se ha promovido recio combate, ven a por lo menos el esfor"ado Ayante (elamonio y sí alo (eucro, eGcelente arquero& =D0 Así dijo! y el heraldo oyólo y no desobedeció& >uese corriendo a lo lar o del muro de los aqueos, de broncíneas cora"as, se detuvo cerca de los Ayantes, y les habló en estos términos7 =DB 2&29Ayantes, jefes de los ar ivos, de broncíneas cora"as: 'l caro hijo de 1éteo, alumno de /eus, os rue a que vay$is a tener parte en la refrie a, aunque sea por breve tiempo& Mue fuerais los dos, sería preferible! pues pronto habr$ a00í ran estra o& 9(al car a dan los caudillos licios, que siempre han sido sumamente impetuosos en las encarni"adas peleas: H si también aquí se ha promovido recio combate, vaya por lo me2 nos el esfor"ado Ayante (elamonio y sí alo (eucro, eGcelente arquero& =<B Así habló! y el ran Ayante (elamonio no fue desobediente& 'n el acto dijo al .ilíada estas aladas palabras7 =<< 29Ayante: Josotros, t# y el fuerte )icomedes, se uid aquí y alentad a los d$naos para que peleen con denuedo& Ho voy a00$, combatiré con aquéllos, y volveré tan pronto como los haya socorrido& =8I Así habiendo hablado, Ayante (elamonio partió y con él fueron (eucro, su hermano de padre, y 1andión, que llevaba el corvo arco de (eucro& )le aron a la torre del ma n$nimo Fenesteo, y, penetrando en el muro, se unieron a los defensores que ya se veían acosados! pues los caudillos y esfor"ados príncipes de los licios asaltaban los parapetos como un obscuro torbellino& (rabaron el combate y se produjo ran vocerío& =83 >ue Ayante (elamonio el primero que mató a un hombre, al ma n$nimo 'picles, compa*ero de @arpedón, arroj$ndole una piedra rande y $spera que había dentro del

muro, en la parte m$s alta, cerca del parapeto& Difícilmente habría podido sospesarla con ambas manos uno de los actuales jóvenes, y aquél la levantó y, tir$ndola desde lo alto a 'picles, rompióle el casco de cuatro abolladuras y aplastóle los huesos de la cabe"a! el troyano cayó de la elevada torre como salta un bu"o, y el alma separóse de los miembros& (eucro, desde to alto de la muralla, disparó una flecha a Plauco, esfor"ado hijo de %ipóloco, que valeroso acometía! y, diri iéndola adonde vio que el bra"o aparecía desnudo, to puso fuera de combate& @altó Plauco y se alejó del muro, ocult$ndose para que nin #n aqueo, al advertir que estaba herido, profiriera jactanciosas palabras& Apesadumbróse @arpedón al notario! mas no por esto se olvidó de la pelea, pues, habiendo alcan"ado a Alcmaón (estórida, le envasó la lan"a, que al punto volvió a sacar7 el uerrero, si uiendo la lan"a, dio de cara en el suelo, y las broncíneas labradas armas resonaron& Después, co iendo con sus robustas manos un parapeto, tiró del mismo y lo arrancó entero! quedó el muro des uarnecido en su parte superior y con ello se abrió camino para muchos& BII 1ero en el mismo instante acert$ronle a @arpedón Ayante y (eucro7 éste atravesó con una flecha el lustroso correón del ran escudo, cerca del pecho! mas /eus apartó de su hijo las parcas, para que no sucumbiera junto a las naves! Ayante, arremetiendo, dio un bote de lan"a en el escudo7 la punta no lo atravesó, pero hi"o vacilar al héroe cuando se disponía para el ataque& @arpedón se apartó un poco del parapeto, pero no se retiró del todo, porque en su $nimo deseaba alcan"ar loria& H volviéndose a los licios, i uales a los dioses, los eGhortó diciendo7 BIE 29.h licios: 41or qué se afloja tanto vuestro impetuoso valor5 Difícil es que yo solo, aunque haya roto la muralla y sea valiente, pueda abrir camino hasta las naves& Ayudadme todos, pues la obra de muchos siempre resulta mejor& B0= Así habló& )os licios, temiendo la reconvención del rey, junto con éste y con mayores bríos que antes, car aron a los ar ivos! quienes, a su ve", cerraron las filas de las falan es dentro del muro, porque era rande la acción que se les presentaba& H ni los bravos licios, a pesar de haber roto el muro de los d$naos, lo raban abrirse paso hasta las naves! ni los belicosos d$naos podían recha"ar de la muralla a los licios desde que a la misma se habían acercado& Como dos hombres altercan, con la medida en la mano, sobre los lindes de campos conti uos y se disputan un peque*o espacio, así, licios y d$naos estaban separados por los parapetos, y por cima de los mismos hacían chocar delante de los pechos las rodelas de boyuno cuero y los li eros broqueles& Ha muchos combatientes habían sido heridos con el cruel bronce, unos en la espalda, que al volverse dejaron indefensa, otros por entre el mismo escudo& 1or doquiera torres y parapetos estaban re ados con san re de troyanos y aqueos& Fas ni aun así los troyanos podían hacer volver la espalda a los aqueos& Como una honrada obrera co e un peso y lana y los pone en los platillos de una balan"a, equilibr$ndolos hasta que quedan i uales, para llevar a sus hijos el miserable salario, así el combate y la pelea andaban i uales para unos y otros, hasta que /eus quiso dar eGcelsa loria a %éctor 1ri$mida, el primero que asaltó el muro aqueo& 'l héroe, con pujante vo", ritó a los troyanos7 BBI 29Acometed, troyanos domadores de caballos: Komped el muro de los ar ivos y arrojad a las naves el fue o abrasador& BB; Así dijo para eGcitarlos& 'scuch$ronlo todos! y reunidos fuéronse derechos al muro, subieron y pasaron por encima de las almenas, llevando siempre en las manos las afiladas lan"as& BBD %éctor co ió entonces una piedra de ancha base y a uda punta que había delante de la puerta7 dos de los m$s for"udos hombres del pueblo, tales como son hoy, con dificultad hubieran podido car arla en un carro! pero aquél la manejaba f$cilmente porque el hijo

del artero Crono la volvió liviana& +ien así como el pastor lleva en una mano el vellón de un carnero, sin que el peso lo fati ue, %éctor, al"ando la piedra, la conducía hacia las tablas que fuertemente unidas formaban las dos hojas de la alta puerta y estaban ase uradas por dos cerrojos puestos en dirección contraria, que abría y cerraba una sola llave& %éctor se detuvo delante de la puerta, separó los pies, y, estribando en el suelo para que el olpe no fuese débil, arrojó la piedra al centro de aquélla7 rompiéronse ambos quiciales, cayó la piedra dentro por su propio peso, recrujieron las tablas, y, como los cerrojos no ofrecieron bastante resistencia, desuniéronse las hojas y cada una fue por su lado, al impulso de la piedra& 'l esclarecido %éctor, que por su aspecto a la r$pida noche semejaba, saltó al interior7 el bronce relucía de un modo terrible en torno de su cuerpo, y en la mano llevaba dos lan"as& ,adie, a no ser un dios, hubiera podido salirle al encuentro y detenerlo cuando traspuso la puerta& @us ojos brillaban como el fue o& H volviéndose a la turba, alentaba a los troyanos para que pasaran la muralla& .bedecieron, y mientras unos asaltaban el muro, otros afluían a las bien construidas puertas& )os d$naos refu i$ronse en las cóncavas naves y se promovió un ran tumulto& CANTO XIII* Batalla junto a las naves
* /eus, cuya voluntad diri ía los acontecimientos, abandona de momento sus planes, y 1osidón aprovecha la circunstancia para or ani"ar la resistencia en el bando aqueo& Al sufrir la presión de los troyanos por la i"quierda y por el centro, inician el contraataque por la derecha&

0 Cuando /eus hubo acercado a %éctor y los troyanos a las naves, dejó que sostuvieran el trabajo y la fati a de la batalla, y, volviendo a otra parte sus ojos reful entes, miraba a lo lejos la tierra de los tracios, diestros jinetes! de los misios, que combaten de cerca! de los ilustres hipomol os, que se alimentan con leche! y de los abios, los m$s justos de los hombres& H ya no volvió a poner los brillantes ojos en (roya, porque su cora"ón no temía que inmortal al uno fuera a socorrer ni a los troyanos ni a los d$naos& 0I 1ero no en vano el poderoso 1osidón, que bate la tierra, estaba al acecho en la cumbre m$s alta de la selvosa @amotracia contemplando la lucha y la pelea& Desde a00í se divisaba todo el Cda, la ciudad de 1ríamo y las naves aqueas& 'n aquel sitio habíase sentado 1osidón al salir del mar! y compadecía a los aqueos, vencidos por los troyanos, a la ve" que cobraba ran indi nación contra /eus& 08 1ronto 1osidón bajó del escarpado monte con li era planta! las altas colinas y las selvas temblaban debajo de los pies inmortales, mientras el dios iba andando& Dio tres pasos, y al cuarto arribó al término de su viaje, a ' as! a00í, en las profundidades del mar, tenía palacios ma níficos, de oro, resplandecientes a indestructibles& )ue o que hubo lle ado, unció al carro un par de corceles de cascos de bronce y $ureas crines que volaban li eros! y se uidamente envolvió su cuerpo en dorada t#nica, tomó el l$ti o de oro hecho con arte, subió al carro y lo uió por cima de las olas& Debajo saltaban los cet$ceos, que salían de sus escondrijos, reconociendo al rey! el mar abría, o"oso, sus a uas, y los $ iles caballos con apresurado vuelo y sin dejar que el eje de bronce se mojara conducían a 1osidón hacia las naves de los aqueos& =; %ay una vasta ruta en lo hondo del profundo mar entre (énedos y la escabrosa Cmbros! y, al lle ar a ella, 1osidón, que bate la tierra, detuvo los corceles, desunciólos del carro, dioles a comer un pasto divino, p#soles en los pies trabas de oro indestructibles a indisolubles, para que sin moverse de aquel sitio a uardaran su re reso, y se fue al ejército de los aqueos&

=E )os troyanos, enardecidos y semejantes a una llama o a una tempestad, se uían api*ados a %éctor 1ri$mida con alboroto y vocerío! y tenían esperan"as de tomar las naves de los aqueos y matar entre ellas a todos sus caudillos& B= Fas 1osidón, que ci*e y bate la tierra, asemej$ndose a Calcante en el cuerpo y en la vo" infati able, incitaba a los ar ivos desde que salió del profundo mar, y dijo a los Ayantes, que ya estaban deseosos de combatir7 B8 29Ayantes: Josotros salvaréis a los aqueos si os acord$is de vuestro valor y no de la fu a horrenda& ,o me ponen en cuidado las audaces manos de los troyanos que asaltaron en tropel la ran muralla, pues a todos resistir$n los aqueos, de hermosas rebas! pero es de temer, y mucho, que pade"camos al #n da*o en esta parte donde aparece a la cabe"a de los suyos el rabioso %éctor, semejante a una llama, el cual blasona de ser hijo del prepotente /eus& -na deidad levante el $nimo en vuestro pecho para resistir firmemente y eGhortar a los dem$s! con esto podríais recha"ar a %éctor de las naves, de li ero andar, por furioso que estuviera y aunque fuese el mismo .límpico quien to insti ara& DE Dijo así 1osidón, que ci*e y bate la tierra! y, tocando a entrambos con el cetro, llenólos de fuerte vi or y a ilitóles todos los miembros y especialmente los pies y las manos& H como el avil$n de li eras alas se arroja, después de elevarse a una altísima y abrupta pe*a, endere"ando el vuelo a la llanura para perse uir a un ave, de aquel modo apartóse de ellos 1osidón, que bate la tierra& 'l primero que le reconoció fue el $ il Ayante de .ileo, quien dijo al momento a Ayante, hijo de (elamón7 <3 29Ayante: -n dios del .limpo nos insti a, transfi urado en adivino, a pelear cerca de las naves! pues ése no es Calcante, el inspirado au ur7 he observado las huellas que dejan sus plantas y su andar, y a los dioses se les reconoce f$cilmente& 'n mi pecho el cora"ón siente un deseo m$s vivo de luchar y combatir, y mis manos y pies se mueven con impaciencia& 8< Kespondió Ayante (elamonio7 88 2(ambién a mí se me enardecen las audaces manos en torno de la lan"a y mi fuer"a aumenta y mis pies saltan, y deseo pelear yo solo con %éctor 1ri$mida, cuyo furor es insaciable& 30 Así éstos conversaban, ale res por el bélico ardor que una deidad puso en sus cora"ones! en tanto, 1osidón, que ci*e la tierra, animaba a los aqueos de las #ltimas filas, que junto a las veleras naves reparaban las fuer"as& (enían los miembros relajados por el penoso cansancio, y se les llenó el cora"ón de pesar cuando vieron que los troyanos asaltaban en tropel la ran muralla7 contempl$banlo con los ojos arrasados de l$ rimas y no creían escapar de aquel peli ro& 1ero 1osidón, que bate la tierra, intervino y reanimó f$cilmente las esfor"adas falan es& >ue primero a incitar a (eucro, )eito, el héroe 1enéleo, (oante, Deípiro, Feriones y Antíloco, a uerridos campeones, y, para alentarlos, les dijo estas aladas palabras7 ED 29Mué ver Aen"a, ar ivos jóvenes adolescentes: >i ur$bame que peleando conse uiríais salvar nuestras naves! pero, si cej$is en el funesto combate, ya luce el día en que sucumbiremos a manos de los troyanos& 9.h dioses: Jeo con mis ojos un prodi io rande y terrible que jam$s pensé que lle ara a reali"arse& 9Jenir los troyanos a nuestros bajeles: 1arecíanse antes a las medrosas ciervas que va an por el monte, débiles y sin fuer"a para la lucha, y son el pasto de chacales, panteras y lobos! semejantes a ellas, nunca querr$n los troyanos afrontar a los aqueos, aunque fuese un instante, ni osaban resistir su valor y sus manos& H ahora pelean lejos de la ciudad, junto a las naves, por la culpa del caudillo y la indolencia de los hombres que, no obrando de acuerdo con él, se nie an a defender los bajeles, de li ero andar, y reciben la muerte cerca de los mismos& Fas, aunque el héroe Atrida, el poderoso A amenón, sea el verdadero culpable de todo,

porque ultrajó al 1elida de pies li eros, en modo al uno nos es lícito dejar de combatir& Kemediemos con preste"a el mal, que la mente de los buenos es aplacable& ,o es decoroso que decai a vuestro impetuoso valor, siendo como sois los m$s valientes del ejército& Ho no increparía a un hombre tímido porque se abstuviera de pelear! pero contra vosotros se enciende en ira mi cora"ón& 9.h cobardes: Con vuestra indolencia haréis que pronto se a rave el mal& 1oned en vuestros pechos ver Aen"a y pundonor, ahora que se promueve esta ran contienda& Ha el fuerte %éctor, valiente en la pelea, combate cerca de las naves y ha roto las puertas y el ran cerrojo& 0;D Con tales amonestaciones, el que ci*e la tierra insti ó a los aqueos& Kodeaban a ambos Ayantes fuertes falan es que hubieran declarado irreprensibles Ares y Atenea, que enardece a los uerreros, si por ellas se hubiesen entrado& )os tenidos por m$s valientes a uardaban a los troyanos y al divino %éctor, y las astas y los escudos se tocaban en las cerradas filas7 la rodela apoy$base en la rodela, el yelmo en otro yelmo, cada hombre en su vecino, y chocaban los penachos de crines de caballo y los lucientes conos de los cascos cuando al uien inclinaba la cabe"a& 9(an api*adas estaban las filas: Cru"$banse las lamas, que blandían audaces manos, y ellos deseaban arremeter a los enemi os y trabar la pelea& 0=< )os troyanos acometieron unidos, si uiendo a %éctor, que deseaba ir en derechura a los aqueos& Como la piedra insolente que cae de una cumbre y lleva consi o la ruina, porque se ha des ajado, cediendo a la fuer"a de torrencial avenida causada por la mucha lluvia, y desciende dando tumbos con ruido que repercute en el bosque, corre se ura hasta el llano, y a00í se detiene, a pesar de su ímpetu, de i ual modo %éctor amena"aba con atravesar f$cilmente por las tiendas y naves aqueas, matando siempre, y no detenerse hasta el mar! pero encontró las densas falan es, y tuvo que hacer alto después de un violento choque& )os aqueos le afrontaron! procuraron herirlo con las espadas y lan"as de doble filo, y apart$ronle de ellos, de suerte que fue recha"ado, y tuvo que retroceder& H con vo" penetrante ritó a los troyanos7 0DI 29(royanos, licios, d$rdanos que cuerpo a cuerpo pele$is: 1ersistid en el ataque! pues los aqueos no me resistir$n lar o tiempo, aunque se hayan formado en columna cerrada! y creo que mi lan"a les har$ retroceder pronto, si verdaderamente me impulsa el dios m$s poderoso, el tonante esposo de %era& 0DD Con estas palabras les eGcitó a todos el valor y la fuer"a& 'ntre los troyanos iba muy ufano Deífobo 1ri$mida, que se adelantaba li ero y se cubría con el liso escudo& Feriones arrojóle una reluciente lan"a, y no erró el tiro7 acertó a dar en la rodela hecha de pieles de toro, sin conse uir atravesarla, porque aquélla se rompió en la unión del asta con el hierro& Deífobo apartó de sí el escudo de pieles de toro, temiendo la lan"a del a uerrido Feriones! y este héroe retrocedió al rupo de sus ami os, muy dis ustado, así por la victoria perdida, como por la rotura del arma, y lue o se encaminó a las tiendas y naves aqueas para tomar otra lan"a rande de las que en su bajel tenía& 0<E )os dem$s combatían, y una vocería inmensa se dejaba oír& (eucro (elamonio fue el primero que mató a un hombre, al belicoso Cmbrio, hijo de Féntor, rico en caballos& Antes de lle ar los aqueos, Cmbrio moraba en 1edeo con su esposa Fedesicasta, hija bastarda de 1ríamo! mas así que lle aron las corvas naves de los d$naos, volvió a Clio, descolló entre los troyanos y vivió en el palacio de 1ríamo, que le honraba como a sus propios hijos& 'ntonces el hijo de (elamón hirióle debajo de la oreja con la ran lan"a, que retiró en se uida! y el uerrero cayó como el fresno nacido en una cumbre que desde lejos se divisa, cuando es cortado por el bronce y vienen al suelo sus tiernas hojas& Así cayó Cmbrio, y sus armas, de labrado bronce, resonaron& (eucro acudió corriendo, movido por el deseo de quitarle la armadura! pero %éctor le tiró una reluciente lan"a!

violo aquél y hurtó el cuerpo, y la broncínea punta se clavó en el pecho de Anfímaco, hijo de Ctéato Actorión, que acababa de entrar en combate& 'l uerrero cayó con estrépito, y sus armas resonaron& %éctor fue presuroso a quitarle al ma n$nimo Anfímaco el casco que llevaba adaptado a las sienes! Ayante levantó, a su ve", la reluciente lan"a contra %éctor, y si bien no pudo hacerla lle ar a su cuerpo, prote ido todo por horrendo bronce, diole un bote en medio del escudo, y recha"ó al héroe con ran ímpetu! éste dejó los cad$veres, y los aqueos los retiraron& 'stiquio y el divino Fenesteo, caudillos atenienses, llevaron a Anfímaco al campamento aqueo! y los dos Ayantes, que siempre anhelaban la impetuosa pelea, levantaron el cad$ver de Cmbrio& Como dos leones que, habiendo arrebatado una cabra a unos perros de a udos dientes, la llevan en la boca por los espesos matorrales, en alto, levantada de la tierra, así los belicosos Ayantes, al"ando el cuerpo de Cmbrio, lo despojaron de las armas! y el .ilíada, irritado por la muerte de Anfímaco, le separó la cabe"a del tierno cuello y la hi"o rodar por entre la turba, cual si fuese una bola, hasta que cayó en el polvo a los pies de %éctor& ;I< 'ntonces 1osidón, airado en el cora"ón porque su nieto había sucumbido en la terrible pelea, se fue hacia las tiendas y naves de los aqueos para reanimar a los d$naos y causar males a los troyanos& 'ncontróse con él Cdomeneo, famoso por su lan"a, que volvía de acompa*ar a un ami o a quien sacaron del combate porque los troyanos le habían herido en la corva con el a udo bronce& Cdomeneo, una ve" to hubo confiado a los médicos, se encaminaba a su tienda, con intención de volver a la batalla& H el poderoso 1osidón, que bate la tierra, díjole, tomando la vo" de (oante, hijo de Andremón, que en 1leurón entera y en la eGcelsa Calidón reinaba sobre los etolios y era honrado por el pueblo cual si fuese un dios7 ;0E 29Cdomeneo, príncipe de los cretenses: 4Mué se hicieron las amena"as que los aqueos hacían a los troyanos5 ;;0 Kespondió Cdomeneo, caudillo de los cretenses7 ;;; 29.h (oante: ,o creo que ahora se pueda culpar a nin #n uerrero, porque todos sabemos combatir y nadie est$ poseído del eG$nime terror, ni deja por flojedad la funesta batalla! sin duda debe de ser rato al prepotente Cronida que los aqueos pere"can sin loria en esta tierra, lejos de Ar os& Fas, oh (oante, puesto que siempre has sido belicoso y sueles animar al que ves remiso, no dejes de pelear y eGhorta a los dem$s varones& ;=0 Contestó 1osidón, que bate la tierra7 ;=; 29Cdomeneo: ,o vuelva desde (roya a su patria y ven a a ser ju uete de los perros quien en el día de hoy deje voluntariamente de combatir& 'a, toma las armas y ven a mi lado! apresurémonos por si, a pesar de estar solos, podemos hacer al o provechoso& ,ace una fuer"a de la unión de los hombres, aunque sean débiles! y nosotros somos capaces de luchar con los valientes& ;=E Dichas estas palabras, el dios se entró de nuevo por el combate de los hombres! a Cdomeneo, yendo a la bien construida tienda, vistió la ma nífica armadura, tomó un par de lan"as y volvió a salir, semejante al encendido rel$mpa o que el Cronión a ita en su mano desde el resplandeciente .limpo para mostrarlo a los hombres como se*al, tanto centelleaba el bronce en el pecho de Cdomeneo mientras éste corría& 'ncontróse con él, no muy lejos de la tienda, el valiente escudero Feriones, que iba en busca de una lan"a! y el fuerte Diomedes dijo7 ;BE 29Feriones, hijo de Folo, el de los pies li eros, mi companero m$s querido: 41or qué vienes, dejando el combate y la pelea5 4Acaso est$s herido y te a obia puntia uda flecha5 4Fe traes, qui"$s, al una noticia5 1ues no deseo quedarme en la tienda, sino pelear&

;=B Kespondióle el prudente Feriones7 /ss 29Cdomeneo, príncipe de los cretenses, de broncíneas cora"as: Jen o por una lan"a, si la hay en tu tienda! pues la que tenía se ha roto al dar un bote en el escudo del fero" Deífobo& ;DE Contestó Cdomeneo, caudillo de los cretenses7 ;<I 2@i la deseas, hallar$s, en la tienda, apoyadas en el lustroso muro, no una, sino veinte lan"as, que he quitado a los troyanos muertos en la batalla! pues jam$s combato a distancia del enemi o& %e aquí por qué ten o lan"as, escudos abollonados, cascos y relucientes cora"as& ;<< Keplicó el prudente Feriones7 ;<8 (ambién poseo yo en la tienda y en la ne ra nave muchos despojos de los troyanos, mas no est$n cerca para tomarlos! que nunca me olvido de mi valor, y en el combate, donde los hombres se hacen ilustres, apare"co siempre entre los delanteros desde que se traba la batalla& Mui"$ al #n otro de los aqueos de broncíneas cora"as no habr$ fijado su atención en mi persona cuando peleo, pero no dudo que t# me has visto& ;8B Cdomeneo, caudillo de los cretenses, díjole entonces7 ;8D 2@é cu$n rande es tu valor& 41or qué me refieres estas cosas5 @i los m$s se*alados nos reuniéramos junto a las naves para armar una celada, que es donde mejor se conoce la bravura de los hombres y donde f$cilmente se distin ue al cobarde del animoso 2el cobarde se pone demudado, ya de un modo, ya de otro! y, como no sabe tener firme $ni2 mo en el pecho, no permanece tranquilo, sino que dobla las rodillas y se sienta sobre los pies y el cora"ón le da randes saltos por el temor de las parcas y los dientes le crujen! y el animoso no se inmuta ni tiembla, una ve" se ha emboscado, sino que desea que cuanto antes principie el funesto combate222, ni a00í podrían baldonarse to valor y la fuer"a de tus bra"os& H, si peleando te hirieran de cerca o de lejos, no sería en la nuca o en la espalda, sino en el pecho o en el vientre, mientras fueras hacia adelante con los uerreros m$s avan"ados& Fas, ea, no hablemos de estas cosas, permaneciendo ociosos como unos simples! no sea que al uien nos increpe duramente& Je a la tienda y toma la fornida lan"a& ;ED Así dijo! y Feriones, i ual al velo" Ares, entrando en la tienda, co ió en se uida una broncínea lan"a y fue en se uimiento de Cdomeneo, muy deseoso de volver al comba2 te& Como va a la uerra Ares, funesto a los mortales, acompa*ado de la >u a, su hija querida, fuerte a intrépida, que hasta el uerrero valeroso causa espanto! y los dos se ar2 man y saliendo de la (racia endere"an sus pasos hacia los éfiros y los ma n$nimos fle is, y no escuchan los rue os de ambos pueblos, sino que dan la victoria a uno de ellos, de la misma manera, Feriones a Cdomeneo, caudillos de hombres, se encaminaban a la batalla, armados de luciente bronce& H Feriones fue el primero que habló, diciendo7 =I8 29Deuc$lida: 41or dónde quieres que penetremos en la turba7 por la derecha del ejército, por en medio o por la i"quierda5 1ues no creo que los melenudos aqueos dejen de pelear en parte al una& =00 Kespondióle Cdomeneo, caudillo de los cretenses7 =0; 2%ay en el centro quienes defiendan las naves7 los dos Ayantes y (eucro, el m$s diestro arquero aqueo y esfor"ado también en el combate a pie firme! ellos se bastan para recha"ar a %éctor 1ri$mida por fuerte que sea y por incitado que esté a la batalla& Difícil ser$, aunque ten a muchos deseos de pelear, que, triunfando del valor y de las manos in2 victas de aquéllos, lle ue a incendiar los bajeles! a no ser que el mismo Cronión arroje una tea encendida en las li eras naves& 'l ran Ayante (elamonio no cedería a nin #n hombre mortal que coma el fruto de Deméter y pueda ser herido con el bronce o con randes piedras! ni siquiera se retiraría a vista de Aquiles, que rompe las filas de los

uerreros, en un combate a pie firme! pues en la carrera Aquiles no tiene rival& Jamos, pues, a la i"quierda del ejército, para ver si presto daremos loria a al uien, o al uien nos la dar$ a nosotros& =;3 Así dijo! y Feriones, i ual al velo" Ares, echó a andar hasta que lle aron al ejército por donde Cdomeneo le aconsejaba& ==I Cuando los troyanos vieron a Cdomeneo, que por su impetuosidad parecía una llama, y a su escudero, ambos revestidos de labradas armas, anim$ronse unos a otros por entre la turba y arremetieron todos contra aquél& H se trabó una refrie a, sostenida con i ual tesón por ambas partes, junto a las popas de las naves& Como aparecen de repente las tempestades, suscitadas por los sonoros vientos un día en que los caminos est$n llenos de polvo y se levanta una ran nube del mismo, así entonces unos y otros vinieron a las manos, deseando en su cora"ón matarse recíprocamente con el a udo bronce por entre la turba& )a batalla, destructora de hombres, se presentaba horrible con las lar as picas que des arran la carne y que los uerreros manejaban! ce aba los ojos el resplandor del bronce de los lucientes cascos, de las cora"as recientemente bru*idas y de los escudos reful entes de cuantos iban a encontrarse! y hubiera tenido cora"ón muy auda" quien al contemplar aquella acción se hubiese ale rado en ve" de afli irse& =BD )os dos hijos poderosos de Crono, disintiendo en el modo de pensar, preparaban deplorables males a los héroes& /eus quería que triunfaran %éctor y los troyanos para lo2 rificar a Aquiles, el de los pies li eros! mas no por eso deseaba que el ejército aqueo pereciera totalmente delante de Clio, pues sólo intentaba honrar a (etis y a su hijo, de $ni2 mo esfor"ado& 1osidón había salido ocultamente del espumoso mar, recorría las filas y animaba a los ar ivos, porque le afli ía que fueran vencidos por los troyanos, y se indi 2 naba mucho contra /eus& C ual era el ori en de ambas deidades y una misma su prosapia, pero /eus había nacido primero y sabía m$s, por esto 1osidón evitaba el socorrer abiertamente a aquéllos, y, transfi urado en hombre, discurría, sin darse a conocer, por el ejército y le amonestaba& H los dioses inclinaban alternativamente en favor de unos y de otros la re*ida pelea y el indeciso combate! y tendían sobre ellos una cadena inquebrantable a indisoluble que a muchos les quebró las rodillas& =<0 'ntonces Cdomeneo, aunque ya semicano, animó a los d$naos, arremetió contra los troyanos, llen$ndoles de pavor, y mató a .trioneo& 6ste había acudido de Cabeso a Clio cuando tuvo noticia de la uerra y pedido en matrimonio a Casandra, la m$s hermosa de las hijas de 1ríamo, sin obli ación de dotarla! pero ofreciendo una ran cosa7 que echaría de (roya a los aqueos& 'l anciano 1ríamo accedió y consintió en d$rsela! y el héroe combatía, confiando en la promesa& Cdomeneo tiróle la reluciente lan"a y le hirió mientras se adelantaba con arro ante paso, la cora"a de bronce que llevaba no resistió, clavóse aquélla en medio del vientre, cayó el uerrero con estrépito, a Cdomeneo dijo con jactancia7 =8B 29.trioneo: (e ensal"aría sobre todos los mortales si cumplieras lo que ofreciste a 1ríamo Dard$nida cuando te prometió a su hija& (ambién nosotros te haremos promesas con intención de cumplirlas7 traeremos de Ar os la m$s bella de las hijas del Atrida y te la daremos por mujer, si junto con los nuestros destruyes la populosa ciudad de Clio& 1ero sí ueme, y en las naves surcadoras del ponto nos pondremos de acuerdo sobre el casamiento! que no somos malos sue ros& =3= %ablóle así el héroe Cdomeneo, mientras le asía de un pie y le arrastraba por el campo de la dura batalla! y Asio se adelantó para ven arlo, present$ndose como peón delante de su carro, cuyos corceles, obernados por el auri a, sobre los mismos hombros del uerrero resoplaban& Asio deseaba en su cora"ón herir a Cdomeneo, pero anticipósele éste y le hundió la pica en la ar anta, debajo de la barba, hasta que el bronce salió al

otro lado& Cayó el troyano como en el monte la encina, el $lamo o el elevado pino que unos artífices cortan con afiladas hachas para convertirlo en m$stil de navío! así yacía aquél, tendido delante de los corceles y del carro, rechin$ndole los dientes y co iendo con las manos el polvo ensan rentado& (urbóse el escudero, y ni siquiera se atrevió a torcer la rienda a los caballos para escapar de las manos de los enemi os& H el belicoso Antíloco se lle ó a él y le atravesó con la lan"a, pues la broncínea cora"a no pudo evitar que se la clavase en el vientre& 'l auri a, jadeante, cayó del bien construido carro! y Antíloco, hijo del ma n$nimo ,éstor, sacó los caballos de entre los troyanos y se los llevó hacia los aqueos, de hermosas rebas& BI; Deífobo, irritado por la muerte de Asio, se acercó mucho a Cdomeneo y le arrojó la reluciente lan"a& Fas Cdomeneo advirtiólo y burló el olpe encon iéndose debajo de su liso escudo, que estaba formado por boyunas pieles y una l$mina de bru*ido bronce con dos abra"aderas, la broncínea lan"a resbaló por la superficie del escudo, que sonó ron2 camente, y no fue lan"ada en balde por el robusto bra"o de aquél, pues fue a clavarse en el hí ado, debajo del diafra ma, de %ipsenor %ip$sida, pastor de hombres, haciéndole doblar las rodillas& H Deífobo se jactaba así, dando randes voces7 B0B 2Asio yace en tierra, pero ya est$ ven ado& >i #rome que, al descender a la morada de sólidas puertas del terrible %ades, se hol ar$ su espíritu de que le haya procurado un compa*ero& B08 Así habló& @us jactanciosas frases apesadumbraron a los ar ivos y conmovieron el cora"ón del belicoso Antíloco! pero éste, aunque afli ido, no abandonó a su compa*ero, sino que corriendo se puso cerca de él y le cubrió con el escudo& ' introduciéndose por debajo dos ami os fieles, Fecisteo, hijo de 'quio, y el divino Al$stor, llevaron a %ipsenor, que daba hondos suspiros, hacia las cóncavas naves& B;B Cdomeneo no dejaba que desfalleciera su ran valor y deseaba siempre o sumir a al #n troyano en tenebrosa noche, o caer él mismo con estrépito, librando de la ruina a los aqueos& 1osidón dejó que sucumbiera a manos de Cdomeneo, el hijo querido de 'sietes, alumno de /eus, el héroe Alc$too Nera yerno de Anquises y tenía por esposa a %ipodamía, la hija primo énita, a quien el padre y la veneranda madre amaban cordialmente en el palacio porque sobresalía en hermosura, destre"a y talento entre todas las de su edad, y a causa de esto casó con ella el hombre m$s ilustre de la vasta (royaO7 el dios ofuscóle los brillantes ojos y parali"ó sus hermosos miembros, y el héroe no pudo huir ni evitar la acometida de Cdomeneo, que le envainó la lan"a en medio del pecho, mientras estaba inmóvil como una columna o un $rbol de alta copa, y le rompió la cora"a que siempre le había salvado de la muerte, y entonces produjo un sonido ronco al quebrarse por el olpe de la lan"a& 'l uerrero cayó con estrépito! y, como la lan"a se había clavado en el cora"ón, movíanla las palpitaciones de éste! pero pronto el arma impetuosa perdió su fuer"a& ' Cdomeneo con ran jactancia y a vo" en rito eGclamó7 BB<29Deífobo: Ha que tanto te lorías, 4no te parece que es una buena compensación haber muerto a tres, por uno que perdimos5 Jen, hombre admirable, ponte delante y ver$s quién es este descendiente de /eus que aquí ha venido! porque /eus en endró a Finos, protector de Creta, Finos fue padre del eGimio Deucalión, y de éste nací yo, que reino sobre muchos hombres en la vasta Creta y vine en las naves para ser una pla a para ti, para to padre y para los dem$s troyanos& BDD Así dijo! y Deífobo vacilaba entre retroceder para que se le juntara al uno de los ma n$nimos troyanos o atacar él solo a Cdomeneo& 1arecióle lo mejor ir en busca de 'neas, y le halló entre los #ltimos! pues siempre estaba irritado con el divino 1ríamo, que no le honraba como por su bravura merecía& H deteniéndose a su lado, le dijo estas aladas palabras7

B<= 29'neas, príncipe de los troyanos: 's preciso que defiendas a tu cu*ado, si por él sientes al #n interés& @í ueme y vayamos a combatir por tu cu*ado Alc$too, que te crió cuando eras ni*o y ha muerto a manos de Cdomeneo, famoso por su lan"a& B<3 Así dijo& 'neas sintió que en el pecho se le conmovía el cora"ón, y se fue hacia Cdomeneo con randes deseos de pelear& 6ste no se dejó vencer del temor, cual si fuera un ni*o, sino que to a uardó como el jabalí que, confiando en su fuer"a, espera en un paraje desierto del monte el ran tropel de hombres que se avecina, y con las cerdas del lomo eri"adas y los ojos brillantes como ascuas a u"a los dientes y se dispone a recha"ar la acometida de perros y ca"adores, de i ual manera Cdomeneo, famoso por su lan"a, a uardaba sin arredrarse a 'neas, $ il en la lucha, que le salía al encuentro! pero llamaba a sus compa*eros, poniendo los ojos en Asc$lafo, Afareo, Deípiro, Feriones y Antíloco, a uerridos campeones, y los eGhortaba con estas aladas palabras7 B30 2Jenid, ami os, y ayudadme! pues estoy solo y temo mucho a 'neas, li ero de pies, que contra mí arremete& 's muy vi oroso para matar hombres en el combate, y se halla en la flor de la juventud, cuando mayor es la fuer"a& @i con el $nimo que ten o, fuésemos de la misma edad, pronto o alcan"aría él una ran victoria sobre mí, o yo la alcan"ana sobre él& B38 Así dijo! y todos con el mismo $nimo en el pecho y los escudos en los hombros se pusieron al lado de Cdomeneo& (ambién 'neas eGhortaba a sus ami os, echando la vista a Deífobo, 1aris y el divino A enor, que eran asimismo capitanes de los troyanos& Cnmediatamente marcharon las tropas detr$s de los jefes, como las ovejas si uen al carnero cuando después del pasto van a beber, y el pastor se re ocija en el alma! así se ale ró el cora"ón de 'neas en el pecho, al ver el rupo de hombres que tras él se uía& BE< 1ronto trabaron alrededor del cadaver de Alc$too un combate cuerpo a cuerpo, blandiendo randes picas! y el bronce resonaba de horrible modo en los pechos al darse botes de lan"a los unos a los otros& Dos hombres belicosos y se*alados entre todos, 'neas a Cdomeneo, i uales a Ares, deseaban herirse recíprocamente con el cruel bronce& 'neas arrojó el primero la lan"a a Cdomeneo! pero, como éste la viera venir, evitó el olpe7 la broncínea punta clavóse en tierra, vibrando, y el arma fue echada en balde por el robusto bra"o& Cdomeneo hundió la suya en el vientre de 'nómao y el bronce rompió la concavidad de la cora"a y des arró las entra*as7 el troyano, caído en el polvo, asió el suelo con las manos& Acto continuo, Cdomeneo arrancó del cadaver la in ente lan"a, pero no le pudo quitar de los hombros la ma nífica armadura, porque estaba abrumado por los tiros& Como ya no tenía se uridad en sus pies para recobrar la lan"a que había arrojado, ni para librarse de la que le arrojasen, evitaba la cruel muerte combatiendo a pie firme! y, no pudiendo tampoco huir con li ere"a, retrocedía paso a paso& Deífobo, que constantemente le odiaba, le tiró la lan"a reluciente y erró el olpe, pero hirió a Asc$lafo, hijo de 'nialio! la impetuosa lan"a se clavó en la espalda, y el uerrero, caído en el polvo, asió el suelo con las manos& H el ruidoso y robusto Ares no se enteró de que su hijo hubiese sucumbido en el duro combate porque se hallaba detenido en la cumbre del .limpo, debajo de $ureas nubes, con otros dioses inmortales por la voluntad de /eus, el cual no permitía que intervinieran en la batalla& D;< )a pelea cuerpo a cuerpo se encendió entonces en torno de Asc$lafo, a quien Deífobo lo ró quitar el reluciente casco, pero Feriones, i ual al velo" Ares, dio a Deífobo una lan"ada en el bra"o y le hi"o soltar el casco con a ujeros a uisa de ojos, que cayó al suelo produciendo ronco sonido& Feriones, abalan"$ndose a Deífobo con la celeridad del buitre, arrancóle la impetuosa lan"a de la parte superior del bra"o y retrocedió hasta el rupo de sus ami os& A Deífobo sacóle del horrísono combate su hermano carnal 1olites7 abra"$ndole por la cintura, to condujo adonde tenía los r$pidos

corceles con el labrado carro, que estaban al o distantes de la lucha y del combate, obernados por un auri a& 'llos llevaron a la ciudad al héroe, que se sentía a otado, daba hondos suspiros y le manaba san re de la herida que en el bra"o acababa de recibir& DBI )os dem$s combatían y al"aban una ritería inmensa& 'neas, acometiendo a Afareo Caletórida, que contra él venía, hirióle en la ar anta con la a uda lan"a7 la cabe"a se inclinó a un lado, arrastrando el casco y el escudo, y la muerte destructora rodeó al uerrero& Antíloco, como advirtiera que (oón volvía pie atr$s, arremetió contra él y le hirió7 cortóle la vena que, corriendo por el dorso, lle a hasta el cuello, y el troyano cayó de espaldas en el polvo y tendía los bra"os a los compa*eros queridos& Acudió Antíloco y le quitó de los hombros la armadura, mirando a todos lados, mientras los troyanos iban cerc$ndole ya por éste, ya por aquel lado, a intentaban herirle! mas el ancho y labrado escudo paró los olpes, y ni aun consi uieron ras u*ar la tierna piel del héroe con el cruel bronce, porque 1osidón, que bate la tierra, defendió al hijo de ,éstor contra los muchos tiros& Antíloco no se apartaba nunca de los enemi os, sino que se a itaba en medio de ellos! su lan"a, lamas ociosa, siempre vibrante, se volvía a todas partes, y él pensaba en su mente si la arrojaría a al uien, o acometería de cerca& D<I ,o se le ocultó a Adamante Asíada lo que Antíloco meditaba en medio de la turba! y, acerc$ndosele, le dio con el a udo bronce un bote en medio del escudo! pero 1osidón, el de cer#lea cabellera, no permitió que quitara la vida a Antíloco, a hi"o vano el olpe rompiendo la lan"a en dos partes, una de las cuales quedó clavada en el escudo, como estaca consumida por el fue o, y la otra cayó al suelo& Adamante retrocedió hacia el rupo de sus ami os, para evitar la muerte! pero Feriones corrió tras él y arrojóle la lan"a, que penetró por entre el ombli o y las partes verendas, donde son muy peli rosas las heridas que reciben en la uerra los míseros mortales& Allí, pues, se hundió la lan"a, y Adamante, cayendo encima de ella, se a itaba como un buey a quien los pastores han atado en el monte con recias cuerdas y llevan contra su voluntad! así aquél, al sentirse herido, se a itó al #n tiempo, que no fue de lar a duración porque Feriones se le acercó, arrancóle la lan"a del cuerpo y las tinieblas velaron los ojos del uerrero& D8< %éleno dio a Deípiro un tajo en una sien con su ran espada tracia, y le rompió el casco& 6ste, sacudido por el olpe, cayó al suelo, y rodando fue a parar a los pies de un uerrero aqueo que to al"ó de tierra& A Deípiro tenebrosa noche le cubrió los ojos& D30 Pran pesar sintió por ello el Atrida Fenelao, valiente en el combate! y, blandiendo la a uda lan"a, arremetió, amena"ador, contra el héroe y príncipe %éleno, quien, a su ve", armó el arco& Ambos fueron a encontrarse, deseosos el uno de alcan"ar al contrario con la a uda lan"a, y el otro de herir a su enemi o con una flecha arrojada por el arco& 'l 1ri$mida dio con la saeta en el pecho de Fenelao, donde la cora"a presentaba una concavidad! pero la cruel flecha fue recha"ada y voló a otra parte& Como en la espaciosa era saltan del bieldo las ne ru"cas habas o los arban"os al soplo sonoro del viento y al impulso del aventador, de i ual modo, la amar a flecha, repelida por la cora"a del lorioso Fenelao, voló a to lejos& 1or su parte Fenelao Atrida, valiente en la pelea, hirió a %éleno en la mano en que llevaba el pulimentado arco7 la broncínea lan"a atravesó la palma y penetró en el arco& %éleno retrocedió hasta el rupo de sus ami os, para evitar la muerte! y su mano, col ando, arrastraba el asta de fresno& 'l ma n$nimo A enor se la arrancó y le vendó la mano con una honda de lana de oveja, bien tejida, que les facilitó el escudero del pastor de hombres& <I0 1isandro embistió al lorioso Fenelao& 'l hado funesto le llevaba al fin de su vida, empuj$ndole para que fuese vencido por ti, oh Fenelao, en la terrible pelea& Así que en2 trambos se hallaron frente a frente, acometiéronse, y el Atrida erró el olpe porque la lan"a se le desvió! 1isandro dio un bote en el escudo del lorioso Fenelao, pero no pudo

atravesar el bronce7 resistió el ancho escudo y quebróse la lan"a por el asta cuando aquél se re ocijaba en su cora"ón con la esperan"a de salir victorioso& 1ero el Atrida desnudó la espada uarnecida de ar énteos clavos y asaltó a 1isandro, quien, cubriéndose con el escudo, aferró una hermosa hacha, de bronce labrado, provista de un lar o y liso man o de madera de olivo& Acometiéronse, y 1isandro dio un olpe a Fenelao en la cimera del yelmo, adornado con crines de caballo, debajo del penacho! y Fenelao hundió su espada en la frente del troyano, encima de la nari"7 crujieron los huesos, y los ojos, ensan rentados, cayeron en el polvo, a los pies del uerrero, que se encorvó y vino a tierra& 'l Atrida, poniéndole el pie en el pecho, le despojó de la armadura! y, blasonando del triunfo, dijo7 <;I 29Así dejaréis las naves de los aqueos, de $ iles corceles, oh troyanos soberbios a insaciables de la pelea horrenda: ,o os basta haberme inferido una ver on"osa afrenta, infames perros, sin que vuestro cora"ón temiera la ira terrible del tonante /eus hospitalario, que al #n día destruir$ vuestra ciudad eGcelsa& .s llevasteis, adem$s de muchas rique"as, a mi le ítima esposa, que os había recibido ami ablemente! y ahora dese$is arrojar el destructor fue o en las naves surcadoras del ponto, y dar muerte a los héroes aqueos! pero qui"$s os ha amos renunciar al combate, aunque tan enardecidos os mostréis& 91adre /eus: Dicen que superas en inteli encia a los dem$s dioses y hombres, y todo esto procede de ti& 4Cómo favoreces a los troyanos, a esos hombres insolentes, de espíritu siempre perverso, y que nunca se pueden hartar de la uerra a todos tan funesta5 De todo lle a el hombre a saciarse7 del sue*o, del amor, del dulce canto y de la a radable dan"a, cosas m$s apetecibles que la pelea! pero los troyanos no se cansan de combatir& <BI 'n diciendo esto, el eGimio Fenelao quitóle al cad$ver la ensan rentada armadura! y, entre $ndola a sus ami os, volvió a pelear entre los combatientes delanteros& <B= 'ntonces le salió al encuentro %arpalión, hijo del rey 1ilémenes, que fue a (roya con su padre a combatir y no había de volver a la patria tierra7 el troyano dio un bote de lan"a en medio del escudo del Atrida, pero no pudo atravesar el bronce y retrocedió hacia el rupo de sus ami os para evitar la muerte, mirando a todos lados, no fuera al uien a herirlo con el bronce& Fientras él se iba, Feriones le asestó el arco, y la broncínea saeta se hundió en la nal a derecha del troyano, atravesó la veji a por debajo del hueso y salió al otro lado& H %arpalión, cayendo a00í en bra"os de sus ami os, dio el alma y quedó tendido en el suelo como un usano! de su cuerpo fluía ne ra san re que mojaba la tierra& 1usiéronse a su alrededor los ma n$nimos pafla ones, y, colocando el cad$ver en un carro, llev$ronlo, afli idos, a la sa rada Clio! el padre iba con ellos derramando l$ rimas, y nin una ven an"a pudo tomar de aquella muerte& <<I 1aris, muy irritado en su espíritu por la muerte de %arpalión, que era su huésped en la populosa 1afla onia, arrojó una broncínea flecha& %abía un cierto 'uquenor, rico y valiente, que era v$sta o del adivino 1oliido, habitaba en Corinto y se embarcó para (roya, no obstante saber la funesta suerte que a00í le a uardaba& 'l buen anciano 1oliido habíale dicho repetidas veces que moriría en penosa dolencia en el palacio o sucumbiría a manos de los troyanos en las naves aqueas, y él, queriendo evitar los baldones de los aqueos y la enfermedad odiosa con sus dolores, decidió it a Clio& A éste, pues, 1aris le clavó la flecha por debajo de la quijada y de la oreja7 la vida huyó de los miembros del uerrero, y la obscuridad horrible le envolvió& <8= Así combatían con el ardor de encendido fue o& %éctor, caro a /eus, a#n no se había enterado, a i noraba por entero que sus tropas fuesen destruidas por los ar ivos a la i"quierda de las naves& 1ronto la victoria hubiera sido de los aqueos& 9De tal suerte 1osidón, que ci*e y sacude la tierra, los alentaba y hasta los ayudaba con sus propias fuer"as: 'staba %éctor en el mismo lu ar adonde había lle ado después que pasó las

puertas y el muro y rompió las cerradas filas de los escudados d$naos& A00í, en la playa del espumoso mar, habían sido colocadas las naves de Ayante y 1rotesilao! y se había levantado para defenderlas un muro bajo, porque los hombres y corceles acampados en aquel paraje eran muy valientes en la uerra& <3D )os beocios, los jonios, de ro"a ante vestidura, los locrios, los ptiotas y los ilustres epeos detenían al divino %éctor, que, semejante a una llama, porfiaba en su empe*o de ir hacia las naves! pero no conse uían que se apartase de ellos& )os atenienses habían sido desi nados para las primeras filas y los mandaba Fenesteo, hijo de 1éteo, a quien se2 uían >idante, 'stiquio y el valeroso +iante& De los epeos eran caudillos Fe es >ilida, Anfión y Dracio& Al frente de los ptiotas estaban Fedonte y el belicoso 1odarces7 aquél era hijo bastardo del divino .ileo y hermano de Ayante, y vivía en >ílace, lejos de su patria, por haber dado muerte a un hermano de 'riópide, su madrastra y mujer de .ileo! y el otro era hijo de Cficlo >il$cida& Ambos se habían armado y puesto al frente de los ma n$nimos ptiotas, y combatían en unión con los beocios para defender las naves& 8I0 'l $ il Ayante de .ileo no se apartaba un instante de Ayante (elamonio7 como en tierra noval dos ne ros bueyes tiran con i ual $nimo del sólido arado, abundante sudor brota en torno de sus cuernos, y sólo los separa el pulimentado yu o mientras andan por los surcos para abrir el hondo seno de la tierra, así, tan cercanos el uno del otro, estaban los Ayantes& A0 (elamonio se uíanle muchos y valientes hombres, que tomaban su escudo cuando la fati a y el sudor lle aban a las rodillas del héroe& Fas al .ilíada, de cora"ón valiente, no le acompa*aban los locrios, porque no podían sostener una lucha a pie firme7 no llevaban broncíneos cascos, adornados con crines de caballo, ni tenían rodelas ni lan"as de fresno! habían ido a Clio, confiando en sus arcos y en sus hondas de retorcida lana de oveja, y disparando a menudo destro"aban las falan es teucras& Aquéllos peleaban al frente con %éctor y los suyos! éstos, ocultos detr$s, disparaban! y los troyanos apenas pensaban en combatir, porque las flechas los ponían en desorden& 8;= 'ntonces los troyanos hubieran vuelto en deplorable fu a de las naves y tiendas a la ventosa Clio, si 1olidamante no se hubiese acercado al auda" %éctor para decirle7 8;< 29%éctor: 'res reacio en se uir los pareceres ajenos& 1orque un dios te ha dado esa superioridad en las cosas de la uerra, 4crees que aventajas a los dem$s en prudencia5 ,o es posible que t# solo lo re#nas todo& )a divinidad a uno le concede que sobresal a en las acciones bélicas, a otro en la dan"a, al de m$s a00$ en la cítara y el canto, y el lar ovidente /eus pone en el pecho de al unos un espíritu prudente que aprovecha a ran n#mero de hombres, salva las ciudades y to aprecia particularmente quien to posee& 1ero voy a decir lo que considero m$s conveniente& Alrededor de ti arde la pelea por todas partes! pero de los ma n$nimos troyanos que pasaron la muralla, unos se han retirado con sus armas, y otros, dispersos por las naves, combaten con mayor n#mero de hombres& Ketrocede y llama a los m$s valientes caudillos para deliberar si nos conviene arrojarnos a las naves, de muchos bancos, por si un dios nos da la victoria, o alejarnos de ellas antes que seamos heridos& (emo que los aqueos se desquiten de lo de ayer, porque en las naves hay un varón incansable en la pelea, y me fi uro que no se abstendr$ de combatir& 8B3 Así habló 1olidamante, y su prudence consejo plu o a %éctor, que saltó en se uida del carro a tierra, sin dejar las armas, y le dijo estas aladas palabras7 8D0 291olidamante: Ke#ne t# a los m$s valientes caudillos, mientras voy a la otra parte de la batalla y vuelvo tan pronto como haya dado las conveniences órdenes& 8DB Dijo! y, semejante a un monte cubierto de nieve, partió volando y profiriendo ritos por entre los troyanos y sus auGiliares& (odos los caudillos se encaminaron hacia el bravo 1olidamante 1antoida así que oyeron las palabras de %éctor& 6ste buscaba en los combatientes delanteros a Deífobo, al robusto rey %éleno, a Adamante Asíada, y a Asio,

hijo de %írtaco! pero no los halló ilesos ni a todos salvados de la muerte7 los unos yacían, muertos por los ar ivos, junto a las naves aqueas! y los dem$s, heridos, quién de cerca, quién de lejos, estaban dentro de los muros de la ciudad& 1ronto se encontró, en la i"quierda de la batalla luctuosa, con el divino Alejandro, esposo de %elena, la de hermosa cabellera, que animaba a sus compa*eros y les incitaba a pelear! y, deteniéndose a su lado, díjole estas injuriosas palabras7 8<E 29Fiserable 1aris, el de m$s hermosa fi ura, mujerie o, seductor: 4Dónde est$n Deífobo, el robusto rey %éleno, Adamante Asíada y Asio, hijo de %írtaco5 4Mué es de .trioneo5 %oy la eGcelsa Clio se arruina desde la cumbre! hoy te a uarda a ti horrible muerte& 88B Kespondióle a su ve" el deiforme Alejandro7 88D 29%éctor: Ha que tienes intención de culparme sin motivo, qui"$s otras veces fui m$s remiso en la batalla, aunque no del todo pusil$nime me dio a lu" mi madre& Desde que al frente de los compa*eros promoviste el combate junto a las naves, peleamos sin cesar contra los d$naos& )os ami os por quienes pre untas han muerto, menos Deífobo y el robusto rey %éleno! los cuales, heridos en el bra"o por in entes lan"as, se fueron, y el Cronión les salvó la vida& )lévanos adonde el cora"ón y el $nimo to ordenen! nosotros to se uiremos presurosos, y no han de faltarnos bríos en cuanto lo permitan nuestras fuer"as& F$s a00$ de lo que éstas permiten, nada es posible hacer en la uerra, por enardecido que uno esté& 833 Así diciendo, cambió el héroe la mente de su hermano& 'ndere"aron al sitio donde era m$s ardiente el combate y la pelea! a00í estaban Cebríones, el eGimio 1olidamante, >alces, .rteo, 1olifetes, i ual a un dios, 1almis, Ascanio y Fores, hijos los dos #ltimos de %ipotión! todos los cuales habían lle ado el día anterior de la fértil Ascania para reempla"ar a otros, y entonces /eus les impulsó a combatir& A la manera que un torbellino de vientos impetuosos desciende a la llanura, acompa*ado del trueno del padre /eus, y al caer en el mar con ruido inmenso levanta randes y espumosas olas que se van sucediendo, así los troyanos se uían en filas cerradas a los caudillos, y el bronce de sus armas relucía& Cba a su frente %éctor 1ri$mida, cual si fuese Ares, funesto a los mortales7 llevaba por delante un escudo liso, formado por muchas pieles de buey y una ruesa l$mina de bronce, y el reful ence casco temblaba en sus sienes& Fovíase %éctor, defendiéndose con la rodela, y probaba por codas partes si las falan es cedían, pero no lo ró turbar el $nimo en el pecho de los aqueos& 'ntonces Ayante adelantóse con li ero paso y provocóle con estas palabras7 30I 29Jarón admirable: 9Acércate: 41or qué quieres amedrentar de este modo a los ar ivos5 ,o somos ineGpertos en la uerra, sino que los aqueos sucumben debajo del cruel a"ote de /eus& (# esperas destruir las naves, pero nosotros tenemos los bra"os prontos para defenderlas! y mucho antes que to consi as, vuestra populosa ciudad ser$ tomada y destruida por nuestras manos& Ho to ase uro que est$ cerca el momento en que t# mismo, puesto en fu a, pedir$s al padre /eus y a los dem$s inmortales que tus corceles de hermosas crines sean m$s veloces que los avilanes! y los caballos to llevar$n a la ciudad, levantando ran polvareda en la llanura& 3;0 Así que acabó de hablar, pasó por cima de ellos, hacia la derecha, un $ uila de alto vuelo! y los aqueos ritaron, animados por el a Aero& 'l esclarecido %éctor respondió7 3;B 29Ayante len ua" y fanfarrón: 4Mué dijiste5 Así fuera yo para siempre hijo de /eus, que lleva la é ida, y me hubiese dado a lu" la venerable %era y o"ara de los mismos honores que Atenea o Apolo, como este día ser$ funesto para todos los ar ivos& (# también ser$s muerto entre ellos si tienes la osadía de a uardar mi lar a pica7 ésta te

des arrar$ el delicado cuerpo! y t#, cayendo junto a las naves aqueas, saciar$s a los perros de los troyanos y a las aves con to rasa y tus carnes& 3== 'n diciendo esto, pasó adelante! los otros capitanes le si uieron con vocerío inmenso! y detr$s las tropas ritaban también& )os ar ivos movían por su parte ran alboroto y, sin olvidarse de su valor, a uardaban la acometida de los m$s valientes troyanos& H el estruendo que producían ambos ejércitos lle aba al éter y a la morada resplandeciente de /eus& CANTO XIV* (ngaño de +eus
* /eus, por una atia a"a de %era, cae rendido por el suerto, y 1osidón se pone al frente de los aqueos& Ayante pone fuera de combate a %éctor, y sus hombres tienen que retorceder m$s a00$ del muro y del foso del campamento aqueo&

0 ,éstor, aunque estaba bebiendo, no dejó de advertir la ritería! y hablando al Asclepíada, pronunció estas aladas palabras7 = 24Cómo crees, divino Facaón, que acabar$n estas cosas5 junto a las naves es cada ve" mayor el vocerío de los robustos jóvenes& (#, sentado aquí, bebe el ne ro vino, mientras %ecamede, la de hermosas tren"as, pone a calentar el a ua del ba*o y te lava después la san rienta herida! y yo subiré prestamente a un alto"ano para ver lo que ocurre& E Dijo! y, después de embra"ar el labrado escudo de reluciente bronce, que su hijo (rasimedes, domador de caballos, había dejado a00í por haberse llevado el del anciano, asió la fuerte lan"a de broncínea punta y salió de la tienda& 1ronto se detuvo ante el ver on"oso espect$culo que se ofreció a sus ojos7 los aqueos eran derrotados por los feroces troyanos y la ran muralla aquea estaba destruida& Como el piéla o inmenso empie"a a ri"arse con sordo ruido y purp#rea, presa iando la r$pida venida de los sonoros vientos, pero no mueve las olas hasta que /eus envía un viento determinado! así el anciano hall$base perplejo entre encaminarse a la turba de los d$naos, de $ iles corceles, o endere"ar sus pasos hacia el Atrida A amenón, pastor de hombres& 1arecióle que sería lo mejor ir en busca del Atrida, y así lo hi"o! mientras los dem$s, combatiendo, se mataban unos a otros, y el duro bronce resonaba alrededor de sus cuerpos a los olpes de las espadas y de las lan"as de doble filo& ;8 'ncontr$ronse con ,éstor los reyes, alumnos de /eus, que antes fueron heridos con el bronce 2el (idida, -lises y el Atrida A amenón2, y entonces venían de sus naves& 6stas habían sido colocadas lejos del campo de batalla, en la orilla del espumoso mar7 sac$ronlas a la llanura las primeras, y labraron un muro delante de las popas& 1orque la ribera, con ser vasta, no hubiera podido contener todos los bajeles en una sola fila, y adem$s el ejército se hubiera sentido estrecho! y por esto los pusieron escalonados y llenaron con ellos el ran espacio de costa que limitaban altos promontorios& )os reyes iban juntos, con el $nimo abatido, apoy$ndose en las lan"as, porque querían presenciar el combate y la clamorosa pelea! y, cuando vieron venir al anciano ,éstor, se les sobresaltó el cora"ón en el pecho& H el rey A amenón, diri iéndole la palabra, eGclamó7 B; 29.h ,éstor ,elida, loria insi ne de los aqueos: 41or qué vienes, dejando la homicida batalla5 (emo que el impetuoso %éctor cumpla la amena"a que me hi"o en su aren a a los troyanos7 Mue no re resaría a Clio antes de pe ar fue o a las naves y matar a los aqueos& Así decía, y todo se va cumpliendo& 9.h dioses: )os aqueos, de hermosas rebas, tienen, como Aquiles, el $nimo poseído de ira contra mí y no quieren combatir junto a las naves& D; Kespondió ,éstor, caballero erenio7

D=21atente es lo que dices, y ni el mismo /eus altitonante puede modificar to que ya ha sucedido& Derribado est$ el muro que esper$bamos fuese indestructible reparo para las veleras naves y para nosotros mismos! y junto a ellas los troyanos sostienen vivo a incesante combate& ,o conocerías, por m$s que to miraras, hacia qué parte van los aqueos acosados y puestos en desorden7 en montón confuso reciben la muerte, y la ritería lle a hasta el cielo& Deliberemos sobre lo que puede ocurrir, por si nuestra mente da con al una tra"a provechosa! y no propon o que entremos en combate, porque es imposible que peleen los que est$n heridos& <B Díjole el rey de hombres, A amenón7 <D 29,éstor: 1uesto que ya los troyanos combaten junto a las popas de las naves y de nin una utilidad ha sido el muro con su foso que los d$naos construyeron con tanta fati a, esperando que fuese indestructible reparo para las naves y para ellos mismos! sin duda debe de ser rato al prepotente /eus que los aqueos pere"can sin loria aquí, lejos de Ar os& Antes yo veía que el dios auGiliaba, benévolo, a los d$naos, mas al presente da loria a los troyanos, cual si fuesen dioses bienaventurados, y encadena nuestro valor y nuestros bra"os& 'a, procedamos todos como voy a decir& Arrastremos las naves que se hallan m$s cerca de la orilla, echémoslas al mar divino y que estén sobre las anclas hasta que ven $ la noche inmortal, y, si entonces los troyanos se abstienen de combatir, podremos echar las restantes& ,o es reprensible evitar una des racia, aunque sea durante la noche& Fejor es librarse huyendo, que dejarse co er& 3; 'l in enioso -lises, mir$ndole con torva fa", eGclamó7 3=29Atrida: 4Mué palabras se te escaparon del cerco de los dientes5 9%ombre funesto: Debieras estar al frente de un ejército de cobardes y no mandarnos a nosotros, a quienes /eus concedió llevar al cabo arries adas empresas bélicas desde la juventud a la veje", hasta que pere"camos& 4Muieres que dejemos la ciudad troyana de anchas calles, después que hemos padecido por ella tantas fati as5 Calla y no oi an los aqueos esas palabras, las cuales no saldrían de la boca de nin #n varón que supiera hablar con espíritu prudente, llevara cetro y fuera obedecido por tantos hombres cuanto son los ar ivos sobre quienes imperas& Kepruebo del todo la proposición que hiciste7 sin duda nos aconsejas que echemos al mar las naves de muchos bancos durante el combate y la pelea, para que m$s presto se cumplan los deseos de los troyanos, ya al presente vencedores, y nuestra perdición sea inminente& 1orque los aqueos no sostendr$n el combate si las naves son echadas al mar! sino que, volviendo los ojos adonde puedan huir, cesar$n de pelear, y tu consejo, príncipe de hombres, habr$ sido da*oso& 0I= Contestó el rey de hombres, A amenón7 0IB 29-lises: (u dura reprensión me ha lle ado al alma! pero yo no mandaba que los aqueos arrastraran al mar, contra su voluntad, las naves de muchos bancos& .jal$ que al2 uien, joven o viejo, propusiera una cosa mejor, pues le oiría con usto& 0IE H entonces les dijo Diomedes, valiente en la pelea7 00I 2Cerca tenéis a tal hombre 2no habremos de buscarle mucho2, si os hall$is dispuestos a obedecer! y no me vituperéis ni os irritéis contra mí, recordando que soy m$s joven que vosotros, pues me lorío de haber tenido por padre al valiente (ideo, cuyo cuerpo est$ enterrado en (eba& 'n endró 1orteo tres hijos ilustres que habitaron en 1leurón y en la eGcelsa Calidón7 A rio, Felas y el caballero 'neo, mi abuelo paterno, que era el m$s valiente& 'neo quedóse en su país! pero mi padre, después de va ar al #n tiempo, se estableció en Ar os, porque así to quisieron /eus y los dem$s dioses, casó con una hija de Adrasto y vivió en una casa abastada de rique"a7 poseía muchos tri ales, no pocas plantaciones de $rboles en los alrededores y copiosos reba*os, y aventajaba a todos los aqueos en el manejo de la lan"a& (ales cosas las habréis oído referir como ciertas que

son& ,o sea que, fi ur$ndoos qui"$s que por mi linaje he de ser cobarde y débil, despreciéis lo bueno que os di a& 'a, vayamos a la batalla, no obstante estar heridos, pues la necesidad apremia! pon $monos fuera del alcance de los tiros para no recibir herida sobre herida! animemos a los dem$s y ha amos que entren en combate cuantos, cediendo a su $nimo indolente, permanecen alejados y no pelean& 0== Así se eGpresó, y ellos le escucharon y obedecieron& 'charon a andar, y el rey de hombres, A amenón, iba delante& 0=D 'l ilustre 1osidón, que sacude la tierra, estaba al acecho! y, transfi ur$ndose en un viejo, se diri ió a los reyes, tomó la diestra de A amenón Atrida y le dijo estas aladas pa2 labras7 0=E 29Atrida: Aquiles, al contemplar la matan"a y la derrota de los aqueos, debe de sentir que en el pecho se le re ocija el cora"ón pernicioso, porque est$ totalmente falto de juicio& 9Así pereciera y una deidad le cubriese de i nominia: 1ero los bienaventurados dioses no se hallan irritados del todo conti o, y los caudillos y príncipes de los troyanos ser$n puestos en fu a y levantar$n nubes de polvo en la llanura espaciosa! t# mismo los ver$s huir desde las tiendas y naves a la ciudad& 0B8 Cuando así hubo hablado, dio un ran alarido y empe"ó a correr por la llanura& Cual es la ritería de nueve o die" mil uerreros al trabarse la contienda de Ares, tan pu2 jante fue la vo" que el soberano 1osidón, que bate la tierra, arrojó de su pecho& H el dios infundió valor en el cora"ón de todos los aqueos para que lucharan y combatieran sin des2 canso& 0D= %era, la de $ureo trono, miró con sus ojos desde la cima del .limpo, conoció a su hermano y cu*ado, que se movía en la batalla donde se hacen ilustres los hombres, y se re ocijó en el alma! pero vio a /eus sentado en la m$s alta cumbre del Cda, abundante en manantiales, y se le hi"o odioso en su cora"ón& 'ntonces %era veneranda, la de ojos de novilla, pensaba cómo podría en a*ar a /eus, que lleva la é ida& A0 fin parecióle que la mejor resolución sería ataviarse bien y encaminarse al Cda, por si /eus, abras$ndose en amor, quería dormir a su lado y ella lo raba derramar dulce y placentero sue*o sobre los p$rpados y el prudente espíritu del dios& @in perder un instante, fuese a la habitación labrada por su hijo %efesto 2la cual tenía una sólida puerta con cerradura oculta que nin una otra deidad sabía abrir2, entró, y, habiendo entornado la puerta, lavóse con ambrosía el cuerpo encantador y lo untó con un aceite craso, divino, suave y tan oloroso que, al moverlo en el palacio de /eus, eri ido sobre bronce, su fra ancia se difundió por el cielo y la tierra& -n ido el hermoso cutis, se compuso el cabello y con sus propias manos formó los ri"os lustrosos, bellos, divinales, que col aban de la cabe"a inmortal& 'chóse en se uida el manto divino, adornado con muchas bordaduras, que Atenea le había labrado, y sujetólo al pecho con broche de oro& 1#sose lue o un ce*idor que tenía cien borlones, y col ó de las perforadas orejas unos pendientes de tres piedras preciosas randes como ojos, espléndidas, de racioso brillo& Después, la divina entre las diosas se cubrió con un velo hermoso, nuevo, tan blanco como el sol, y cal"ó sus nítidos pies con bellas sandalias& H cuando hubo ataviado su cuerpo con todos los adornos, salió de la estancia, y, llamando a Afrodita aparte de los dioses, hablóle en estos términos7 0EI 24Muerr$s complacerme, hija querida, en lo que yo te di a, o te ne ar$s, irritada en tu $nimo, porque yo protejo a los d$naos y t# a los troyanos5 0E= Kespondióle Afrodita, hija de /eus7 0EB 29%era, venerable diosa, hija del ran Crono: Di qué quieres! mi cora"ón me impulsa a efectuarlo, si puedo hacerlo y ello es factible& 0E8 Contestóle dolosamente la venerable %era7

0E3 2Dame el amor y el deseo con los cuales rindes a todos los inmortales y a los mortales hombres& Joy a los confines de la fértil tierra para ver a .céano, padre de los dioses, y a la madre (etis, los cuales me recibieron de manos de Kea y me criaron y educaron en su palacio, cuando el lar ovidente /eus puso a Crono debajo de la tierra y del mar estéril& Cré a visitarlos para dar fin a sus rencillas& (iempo ha que se privan del amor y del t$lamo, porque la cólera anidó en sus cora"ones& @i apaci uara con mis palabras su $nimo y lo rara que reanudasen el amoroso consorcio, me llamarían siempre querida y venerable& ;,0 Kespondió de nuevo la risue*a Afrodita7 ;0; 2,o es posible ni sería conveniente ne arte lo que Aides, pues duermes en los bra"os del poderosísimo /eus& ;0B Dijo! y desató del pecho el cinto bordado, de variada labor, que encerraba todos los encantos7 hall$banse a00í el amor, el deseo, las amorosas pl$ticas y el len uaje seductor que hace perder el juicio a los m$s prudentes& 1#solo en las manos de %era, y pronunció estas palabras7 ;0E2(oma y esconde en tu seno el bordado ce*idor donde todo se halla& Ho te ase uro que no volver$s sin haber lo rado lo que tu cora"ón desea& ;;; Así dijo& @onrióse %era veneranda, la de ojos de novilla! y, sonriente a#n, escondió el ce*idor en el seno& ;;B Afrodita, hija de /eus, volvió a su morada y %era dejó en raudo vuelo la cima del .limpo, y, pasando por la 1ieria y la deleitosa 'matia, salvó las altas y nevadas cumbres de las monta*as donde viven los jinetes tracios, sin que sus pies tocaran la tierra descendió por el Atos al fluctuoso ponto y lle ó a )emnos, ciudad del divino (oante& Allí se encontró con el @ue*o, hermano de la Fuerte, y, asiéndole de la diestra, le dijo estas palabras7 ;== 29@ue*o, rey de todos los dioses y de todos los hombres: @i en otra ocasión escuchaste mi vo", obedéceme también ahora, y mi ratitud ser$ perenne& Adormece los brillantes ojos de /eus debajo de sus p$rpados, tan pronto como, vencido por el amor, se acueste conmi o& (e daré como premio un trono hermoso, incorruptible, de oro! y mi hijo %efesto, el cojo de ambos pies, te har$ un escabel que te sirva para apoyar las nítidas plantas, cuando asistas a los festines& ;B; Kespondióle el dulce @ue*o7 ;B= 29%era, venerable diosa, hija del ran Crono: >$cilmente adormecería a cualquier otro de los sempiternos dioses y aun a las corrientes del río .céano, del cual son oriundos todos, pero no me acercaré ni adormeceré a /eus Cronión, si él no lo manda& Fe hi"o cuerdo tu mandato el día en que el muy animoso hijo de /eus se embarcó en Clio, después de destruir la ciudad troyana& 'ntonces sumí en rato sopor la mente de /eus, que lleva la é ida, difundiéndome suave en torno suyo! y t#, que intentabas causar da*o a %eracles, conse uiste que los vientos impetuosos soplaran sobre el ponto y lo llevaran a la populosa Cos, lejos de sus ami os& /eus despertó y encendióse en ira7 maltrataba a los dioses en el palacio, me buscaba a mí, y me hubiera hecho desaparecer, arroj$ndome del éter al ponto, si la ,oche, que rinde a los dioses y a los hombres, no me hubiese salvado! lle uéme a ella huyendo, y aquél se contuvo, aunque irritado, porque temió hacer al o que a la r$pida ,oche desa radara& H ahora me mandas reali"ar otra cosa peli rosísima& ;<= Kespondióle %era veneranda, la de ojos de novilla7 ;<B 2.h @ue*o, 4por qué en la mente revuelves tales cosas5 4Crees que el lar ovidente /eus favorecer$ tanto a los troyanos, como en la época en que se irritó prote ía a su hijo %eracles5 'a, ve y prometo darte, para que te cases con ella y lleve el nombre de esposa tuya, la m$s joven de las Pracias U1asitea, de la cual est$s deseoso todos los díasV&

;8I Así habló& Ale róse el @ue*o, y respondió diciendo7 ;80 2'a, jura por el a ua inviolable de la 6sti e, tocando con una mano la fértil tierra y con la otra el brillante mar, para que sean testi os los dioses de debajo de la tierra que est$n con Crono, que me dar$s la m$s joven de las Pracias, 1asitea, de la cual estoy deseoso todos los días& ;88 Así dijo& ,o desobedeció %era, la diosa de los níveos bra"os, y juró, como se le pedía, nombrando a todos los dioses subtart$reos, llamados (itanes& 1restado el juramento, partieron ocultos en una nube, dejaron atr$s a )emnos y la ciudad de Cmbros, y si uiendo con rapide" el camino lle aron a )ecto, en el Cda, abundante en manantiales y criador de fieras! allí pasaron del mar a tierra firme, y anduvieron haciendo estremecer debajo de sus pies la cima de los $rboles de la selva& Det#vose el @ue*o antes que los ojos de /eus pudieran verlo, y, encaram$ndose en un abeto altísimo que había nacido en el Cda y por el aire lle aba al éter, se ocultó entre las ramas como la montara" ave canora llamada por los dioses calcis y por los hombres cymindis, ;E; %era subió li era al P$r aro, la cumbre m$s alta del Cda! /eus, que amontona las nubes, la vio venir! y apenas la distin uió, ense*oreóse de su prudente espíritu el mismo deseo que, cuando o"aron las primicias del amor, acost$ndose a escondidas de sus padres& H así que la tuvo delante, le habló diciendo7 ;E3 29%era: 4Adónde vas, que tan presurosa vienes del .limpo, sin los caballos y el carro que podrían conducirte5 =II2 Kespondióle dolosamente la venerable %era7 =I02 Joy a los confines de la fértil tierra, a ver a .céano, ori en de los dioses, y a la madre (etis, que me recibieron de manos de Kea y me criaron y educaron en su palacio& Cré a visitarlos para dar fin a sus rencillas& (iempo ha que se privan del amor y del t$lamo, porque la cólera invadió sus cora"ones& (en o al pie del Cda, abundante en manantiales, los corceles que me llevar$n por tierra y por mar, y ven o del .limpo a particip$rtelo! no fuera que to irritaras si me encaminase, sin decírtelo, al palacio del .céano, de profunda corriente& =0; Contestó /eus, que amontona las nubes7 =0= 29%era: All$ se puede ir m$s tarde& 'a, acostémonos y ocemos del amor& Lam$s la pasión por una diosa o por una mujer se difundió por mi pecho, ni me avasalló como ahora7 nunca he amado así, ni a la esposa de CGión, que parió a 1intoo consejero i ual a los dioses! ni a D$nae Acrisiona, la de bellos talones, que dio a lu" a 1erseo, el m$s ilustre de los hombres! ni a la celebrada hija de >éniG, que fue madre de Finos y de Kadamantis i ual a un dios! ni a @émele, ni a Alcmena en (eba, de la que tuve a %eracles, de $nimo valeroso, y de @émele a Dioniso, ale ría de los mortales! ni a Deméter, la soberana de hermosas tren"as! ni a la loriosa )eto! ni a ti misma7 con tal ansia te amo en este momento y tan dulce es el deseo que de mí se apodera& =2;E Keplicóle dolosamente la venerable %era7 =R 29(erribilísimo Cronida: 9Mué palabras proferiste: 9Muieres acostarte y o"ar del amor en las cumbres del Cda, donde todo es patente: 4Mué ocurriría si al uno de los sempiternos dioses nos viese dormidos y lo manifestara a todas las deidades5 Ho no volvería a tu palacio al levantarme del lecho! ver on"oso fuera& Fas, si lo deseas y a tu cora"ón le es rato, tienes la c$mara que tu hijo %efesto labró, cerrando la puerta con sólidas tablas que encajan en el marco& Jamos a acostarnos allí, ya que el lecho apeteces& =B0 Kespondióle /eus, que amontona las nubes7 =B; 29%era: ,o temas que nos vea nin #n dios ni hombre7 te cubriré con una nube dorada que ni el @ol, con su lu", que es la m$s penetrante de todas, podría atravesar para mirarnos&

=B< Dijo, y el hijo de Crono estrechó en sus bra"os a la esposa& )a divina tierra produjo verde hierba, loto fresco, a"afr$n y jacinto espeso y tierno para levantarlos del suelo& Acost$ronse allí y cubriéronse con una hermosa nube dorada, de la cual caían lucientes otas de rocío& =D; (an tranquilamente dormía el padre sobre el alto P$r aro, vencido por el sue*o y el amor y abra"ado con su esposa& 'l dulce @ue*o corrió hacia las naves aqueas para llevar la noticia al que ci*e y bate la tierra! y, deteniéndose cerca de él, pronunció estas aladas palabras7 =D8 291osidón: @ocorre pronto a los d$naos y dales loria, aunque sea breve, mientras duerme /eus, a quien he sumido en dulce letar o, después que %era, en a*$ndole, lo ró que se acostara para o"ar del amor& =<0 Dicho esto, fuese hacia las ínclitas tribus de los hombres& H 1osidón, m$s incitado que antes a socorrer a los d$naos, saltó en se uida a las primeras filas y les eGhortó diciendo7 =<B 29Ar ivos: 4Cederemos nuevamente la victoria a %éctor 1ri$mida, para que se apodere de los bajeles y alcance loria5 Así se lo fi ura él y de ello se jacta, porque Aquiles permanece en las cóncavas naves con el cora"ón irritado& 1ero Aquiles no har$ ran falta, si los dem$s procuramos auGiliarnos mutuamente& 1ero, ea, procedamos todos como voy a decir& 'mbra"ad los escudos mayores y m$s fuertes que haya en el ejército, cubríos la cabe"a con el reful ente casco, co ed las picas m$s lar as, y pon $monos en marcha7 yo iré delante, y no creo que %éctor 1ri$mida, por enardecido que esté, se atreva a esperarnos& H el varón, que siendo bravo, ten a un escudo peque*o para prote er sus hombros, déselo al menos valiente y tome otro mejor& =83 Así dijo, y ellos le escucharon y obedecieron& )os mismos reyes 2el (idida, -lises y el Atrida A amenón2, sin embar o de estar heridos, los pusieron en orden de batalla, y, recorriendo las hileras, hacían el cambio de las marciales armas& 'l esfor"ado tomaba las m$s fuertes y daba las peores al que le era inferior& (an pronto como hubieron vestido el luciente bronce, se pusieron en marcha7 precedíales 1osidón, que sacude la tierra, llevando en la robusta mano una espada terrible, lar a y puntia uda, que parecía un rel$mpa o! y a nadie le era posible luchar con el dios en el funesto combate, porque el temor se to impedía a todos& =33 1or su parte, el esclarecido %éctor puso en orden a los troyanos& H 1osidón, el de cer#lea cabellera, y el preclaro %éctor, auGiliando éste a los troyanos y aquél a los ar ivos, eGtendieron el campo de la terrible pelea& 'l mar, a itado, lle ó hasta las tiendas y naves de los ar ivos, y los combatientes se embistieron con ran alboroto& ,o braman tanto las olas del mar cuando, levantadas por el soplo terrible del +óreas, se rompen en la tierra! ni hace tanto estrépito el ardiente fue o en la espesura del monte, al quemarse una selva! ni suena tanto el viento en las altas copas de las encinas, si arreciando mu e! cu$nto fue el riteno de troyanos y aqueos en el momento en que, vociferando de un modo espantoso, vinieron a las manos& BI; 'l preclaro %éctor arrojó el primero la lan"a a Ayante, que contra él arremetía, y no le erró! pero acertó a darle en el sitio en que se cru"aban sobre el pecho la correa del escudo y el tahalí de la espada, uarnecida con ar énteos clavos, y ambos prote ieron el delicado cuerpo& Crritóse %éctor porque la lan"a había sido arrojada in#tilmente por su mano, y retrocedió hacia el rupo de sus ami os para evitar la muerte& 'l ran Ayante (elamonio, al ver que %éctor se retiraba, co ió una de las muchas piedras que servían para cal"ar las naves y rodaban entonces entre los pies de los combatientes, y con ella le hirió en el pecho, por cima del escudo, junto a la ar anta! la piedra, lan"ada con ímpetu, iraba como un torbellino& Como viene a tierra la encina arrancada de raí" por el& rayo del

padre /eus, despidiendo un fuerte olor de a"ufre, y el que se halla cerca desfallece, pues el rayo del ran /eus es formidable, de i ual manera, el robusto %éctor dio consi o en el suelo y cayó en el polvo7 la pica se le fue de la mano, quedaron encima de él escudo y casco, y la armadura de labrado bronce resonó en torno del cuerpo& )os aqueos corrieron hacia %éctor, dando recias voces, con la esperan"a de arrastrarlo a su campo! mas, aunque arrojaron muchas lan"as, no consi uieron herir al pastor de hombres, ni de cerca ni de lejos, porque fue rodeado por los m$s valientes troyanos 21olidamante, 'neas, el divino A enor, @arpedón, caudillo de los licios, y el eGimio Plauco2, y los otros tampoco le abandonaron, pues se pusieron delante con sus rodelas& )os ami os de %éctor lo levantaron en bra"os, sac$ronlo del combate, condujéronle adonde tenía los $ iles corceles con el labrado carro y el auri a, y se lo llevaron hacia la ciudad, mientras daba profundos suspiros& B== Fas, al lle ar al vado del vora inoso Lanto, río de hermosa corriente que el inmortal /eus en endró, bajaron a %éctor del carro y le rociaron el rostro con a ua7 el héroe cobró los perdidos espíritus, miró a lo alto, y, poniéndose de rodillas, tuvo un vómito de ne ra san re! lue o cayó de espaldas, y la noche obscura cubrió sus ojos, porque a#n tenía débil el $nimo a consecuencia del olpe recibido& BBI )os ar ivos, cuando vieron que %éctor se ausentaba, arremetieron con m$s ímpetu a los troyanos, y sólo pensaron en combatir& 'ntonces el velo" Ayante de .ileo fue el pri2 mero que, acometiendo con la puntia uda lan"a, hirió a @atnio 'nópida, a quien una n$yade había tenido de 6nope, mientras éste apacentaba reba*os a orillas del @atnioente! Ayante .ilíada, famoso por su lan"a, lle óse a él, le hirió en el ijar y le tumbó de espaldas! y, en torno del cad$ver, troyanos y d$naos trabaron un duro combate& >ue a ven arle 1olidamante 1antoida, h$bil en blandir la lan"a! e hirió en el hombro derecho a 1rotoenor, hijo de Areílico7 la impetuosa lan"a atravesó el hombro, y el uerrero, cayendo en el polvo, co ió el suelo con sus manos& H 1olidamante eGclamó con ran jactancia y a vo" en rito7 BDB 2,o creo que el bra"o robusto del valeroso 1antoida haya despedido la lan"a en vano! al #n ar ivo la recibió en su cuerpo, y me fi uro que le servir$ de b$culo para apo2 yarse en ella y descender a la morada de %ades& BD3 Así dijo& @us jactanciosas palabras apesadumbraron a los ar ivos y conmovieron el cora"ón del a uerrido Ayante (elamoníada, a cuyo lado cayó 1rotoenor& 'n el acto arrojó Ayante una reluciente lan"a a 1olidamante, que se retiraba! éste dio un salto oblicuo y evitóla, libr$ndose de la ne ra muerte! pero en cambio la recibió Arquéloco, hijo de Anté2 nor, a quien los dioses habían destinado a morir7 la lan"a se clavó en la unión de la cabe"a con el cuello, en la eGtremidad de la vértebra, y cortó ambos li amentos! cayó el uerrero, y cabe"a, boca y narices lle aron al suelo antes que las piernas y las rodillas& H Ayante, vociferando, al eGimio 1olidamante le decía7 B8I 2KefleGiona, oh 1olidamante, y dime sinceramente7 4)a muerte de ese hombre no compensa la de 1rotoenor5 ,o parece vil, ni de viles nacido, sino hermano o hijo de Anténor, domador de caballos, pues tiene el mismo aire de familia& B8D Así dijo, porque le conocía bien! y a los troyanos se les llenó el cora"ón de pesar& 'ntonces Acamante, que se hallaba junto al cad$ver de su hermano para prote erlo, envasó la lan"a a 1rómaco, el beocio, cuando éste co ía por los pies al muerto a intentaba llev$rselo& H en se uida jactóse Acamante randemente, dando recias voces7 B8E 29Ar ivos que sólo con el arco sabéis combatir y nunca os cans$is de proferir amena"as: 'l trabajo y los pesares no han de ser solamente para nosotros, y al #n día recibiréis la muerte de este mismo modo& Firad a 1rómaco, que yace en el suelo, vencido por mi lan"a, para que la ven an"a por la muerte de un hermano no sufra dilación& 1or

esto el hombre que es víctima de al una des racia, anhela dejar un hermano que pueda ven arle& B3< Así dijo& @us jactanciosas frases apesadumbraron a los ar ivos y conmovieron el cora"ón del a uerrido 1enéleo, que arremetió contra Acamante! el cual no a uardó la acometida del rey 1enéleo& 6ste hirió a Clioneo, hijo #nico que a >orbante 2hombre rico en ovejas y amado sobre todos los troyanos por %ermes, que le dio muchos bienes2 su esposa le había parido7 la lan"a, penetrando por debajo de una ceja, le arrancó la pupila, le atravesó el ojo y salió por la nuca, y el uerrero vino al suelo con los bra"os abiertos& 1enéleo, desnudando la a uda espada, le cercenó la cabe"a, que cayó a tierra con el casco! y, como la fornida lan"a se uía clavada en el ojo, co ióla, levantó la cabe"a cual si fuese una flor de adormidera, la mostró a los troyanos y, blasonando del triunfo, dijo7 DI0 29(eucros: Decid en mi nombre a los padres del ilustre Clioneo que le lloren en su palacio! ya que tampoco la esposa de 1rómaco Ale enórida recibir$ con ale re rostro a su marido cuando, embarc$ndonos, nos vayamos de (roya los aqueos& DI< Así habló& A todos les temblaban las carnes de miedo, y cada cual buscaba adónde huir para librarse de una muerte espantosa& DI3 Decidme ahora, Fusas, que poseéis olímpicos palacios, cu$l fue el primer aqueo que al"ó del suelo cruentos despojos, cuando el ilustre 1osidón, que bate la tierra, inclinó el combate en favor de los aqueos& D00 Ayante (elamonio, el primero, hirió a %irtio Pirtíada! Antíloco hi"o perecer a >alces y a Férmero, despoj$ndolos lue o de las armas! Feriones mató a Foris a %ipotión! (eucro quitó la vida a 1rotoón y 1erifetes! y el Atrida hirió en el ijar a %iperenor, pastor de hombres7 el bronce atravesó los intestinos, el alma salió presurosa por la herida, y la obscuridad cubrió los ojos del uerrero& H el velo" Ayante, hijo de .ileo, mató a muchos! porque nadie le i ualaba en perse uir a los uerreros aterrori"ados, cuando /eus los ponía en fu a& CANTO XV* -ueva o.ensiva desde las naves
* /eus se despierta, y Apolo lleva a los troyanos a las posiciones de antes de la intervención de 1osidón7 dentro del campamento aqueo& Puiados por /eus atacan las naves aqueas y les ponen en fu a&

0 Cuando los troyanos hubieron atravesado en su huida el foso y la estacada, muriendo muchos a manos de los d$naos, lle aron al sitio donde tenían los corceles a hicieron alto amedrentados y p$lidos de miedo& 'n aquel instante despertó /eus en la cumbre del Cda, al lado de %era, la de $ureo trono& )evantóse y vio a los troyanos perse uidos por los aqueos, que los ponían en desorden, y, entre éstos, al soberano 1osidón& Jio también a %éctor tendido en la llanura y rodeado de ami os, jadeante, privado de conocimiento, vo2 mitando san re! que no fue el m$s débil de los aqueos quien le causó la herida& 'l padre de los hombres y de los dioses, compadeciéndose de él, miró con torva y terrible fa" a %era, y así le dijo7 0B 2(u en a*o, %era maléfica a incorre ible, ha hecho que %éctor dejara de combatir y que sus tropas se dieran a la fu a& ,o sé si casti arte con a"otes, para que seas la primera en o"ar de tu funesta astucia& 41or ventura no te acuerdas de cuando estuviste col ada en lo alto y puse en tus pies sendos yunques, y en tus manos $ureas a inquebrantables esposas5 (e hallabas suspendida en medio del éter y de las nubes, los dioses del vasto .limpo te rodeaban indi nados, pero no podían desatarte 2si entonces lle o a co er a al2 uno, le arrojo de estos umbrales y lle a a la tierra casi sin vida2 y yo no lo raba echar del cora"ón el continuo pesar que sentía por el divino %eracles, a quien t#, promoviendo

una tempestad con el auGilio del viento +óreas, arrojaste con perversa intención al mar estéril y llevaste lue o a la populosa Cos! a00í le libré de los peli ros y le conduje nuevamente a Ar os, criadora de caballos, después que hubo padecido muchas fati as& (e to recuerdo para que pon as fin a tus en a*os y sepas si to ser$ provechoso haber venido de la mansión de los dioses a burlarme con los oces del amor& =B Así dijo& 'stremecióse %era veneranda, la de ojos de novilla, y habl$ndole pronunció estas aladas palabras7 =< 2@ean testi os la (ierra y el anchuroso Cielo y el a ua de la 6sti e, de subterr$nea corriente 2que es el juramento mayor y m$s terrible para los bienaventurados dioses2, y tu cabe"a sa rada y nuestro t$lamo nupcial, por el que nunca juraría en vano7 ,o es por mi consejo que 1osidón, el que sacude la tierra, da*a a los troyanos y a %éctor y auGilia a los otros! qui"$s su mismo $nimo le incita a impele, y ha debido compadecerse de los aqueos al ver que son derrotados junto a las naves& Fas yo aconsejana a 1osidón que fuera por donde t#, el de las sombrías nubes, le mandaras& B8 Así dijo& @onrióse el padre de los hombres y de los dioses, y le respondió con estas aladas palabras7 BE 2@i t#, %era veneranda, la de ojos de novilla, cuando te sientas entre los inmortales estuvieras de acuerdo conmi o, 1osidón, aunque otra cosa mucho deseara, acomodaría muy pronto su modo de pensar al nuestro& 1ero, si en este momento hablas franca y sinceramente, ve a la mansión de los dioses y manda venir a Cris y a Apolo, famoso por su arco! para que aquélla, encamin$ndose al ejército de los aqueos, de cora"as de bronce, di a al soberano 1osidón que cese de combatir y vuelva a su palacio! y >ebo Apolo incite a %éctor a la pelea, le infunda valor y le ha a olvidar los dolores que le oprimen el cora"ón, a fin de que rechace nuevamente a los aqueos, los cuales lle ar$n en cobarde fu a a las naves, de muchos bancos, del 1elida Aquiles& 6ste enviar$ a la lid a su compa*ero 1atroclo, que morir$, herido por la lan"a del preclaro %éctor, cerca de Clio, después de quitar la vida a muchos jóvenes, y entre ellos al divino @arpedón, mi hijo& Crritado por la m#erte de 1atroclo, el divino Aquiles matar$ a %éctor& Desde aquel instante haré que los troyanos sean perse uidos continuamente desde las naves, hasta que los aqueos tomen la eGcelsa Clio& H no cesar$ mi enojo, ni dejaré que nin #n inmortal socorra a los d$naos, mientras no se cumpla el voto del 1elida, como lo prometí, asintiendo con la cabe"a, el día en que la diosa (etis abra"ó mis rodillas y me suplicó que honrase a Aquiles, asolador de ciudades& 83 Así dijo& %era, la diosa de los níveos bra"os, no fue desobediente, y pasó de los montes ideos al vasto .limpo& Como corre velo" el pensamiento del hombre que, habien2 do viajado por muchas tierras, las recuerda en su refleGivo espíritu, y dice Qestuve aquí o a00íR y revuelve en la mente muchas cosas, tan r$pida y presurosa volaba la venerable %era, y pronto lle ó al eGcelso .limpo& )os dioses inmortales, que se hallaban reunidos en el palacio de /eus, levant$ronse al verla y le ofrecieron copas de néctar& H %era, rehusando las dem$s, aceptó la que le presentaba (emis, la de hermosas mejillas, que fue la primera que corrió a su encuentro, y habl$ndole le dijo estas aladas palabras7 EI 29%era: 41or qué vienes con esa cara de espanto5 @in duda te atemori"ó tu esposo, el hijo de Crono& E; Kespondióle %era, la diosa de los níveos bra"os7 E= 2,o me lo pre untes, diosa (emis! t# misma sabes cu$n soberbio y despiadado es el $nimo de /eus& 1reside t# en el palacio el festín de los dioses, y oir$s con los dem$s inmortales qué des racias anuncia /eus! fi #rome que nadie, sea hombre o dios, se re ocijar$ en el alma por m$s ale re que esté en el banquete&

0II Dichas estas palabras, sentóse la venerable %era& Afli iéronse los dioses en la morada de /eus& Aquélla, aunque con la sonrisa en los labios, no mostraba ale ría en la frente, sobre las ne ras cejas& ' indi nada, eGclamó7 0IB 29Cu$n necios somos los que tontamente nos irritamos contra /eus: Mueremos acercarnos a él y contenerlo con palabras o por medio de la violencia! y él, sentado aparte, ni de nosotros hace caso, ni se le da nada, porque dice que en fuer"a y poder es muy superior a todos los dioses inmortales& 1or tanto sufrid los infortunios que respectivamente os envíe& Creo que al impetuoso Ares le ha ocurrido ya una des racia! pues murió en la pelea Asc$lafo, a quien amaba sobre todos los hombres y reconocía por su hijo& 00= Así habló& Ares bajó los bra"os, olpeóse los muslos, y suspirando dijo7 00D 2,o os irritéis conmi o, vosotros los que habit$is olímpicos palacios, si voy a las naves de los aqueos para ven ar la muerte de mi hijo! iría, aunque el destino hubiese dispuesto que me cayera encima el rayo de /eus, dej$ndome tendido con los muertos, entre san re y polvo& 00E Dijo, y mandó al (error y a la >u a que uncieran los caballos, mientras vestía las reful entes armas& Fayor y m$s terrible hubiera sido entonces el enojo y la ira de /eus contra los inmortales! pero Atenea, temiendo por todos los dioses, se levantó del trono, salió por el vestíbulo y, quit$ndole a Ares de la cabe"a el casco, de la espalda el escudo y de la robusta mano la pica de bronce, que apoyó contra la pared, diri ió al impetuoso dios estas palabras7 0;329)oco, insensato: 4Muieres perecer5 'n vano tienes oídos para oír, o has perdido la ra"ón y la ver Aen"a& 4,o oyes lo que dice %era, la diosa de los níveos bra"os, que acaba de ver a /eus olímpico5 4. deseas, acaso, tener que re resar al .limpo a viva fuer"a, triste y habiendo padecido muchos males, y causar ran da*o a los otros dioses5 1orque /eus dejar$ en se uida a los altivos troyanos y a los aqueos, vendr$ al .limpo a promover tumulto entre nosotros, y casti ar$ así al culpable como al inocente& 1or esta ra"ón te eGhorto a templar tu enojo por la muerte del hijo& Al #n otro superior a él en valor y fuer"a ha muerto o morir$, porque es difícil conservar todas las familias de los hombres y salvar a todos los individuos& 0B; Dicho esto, condujo a su asiento al furibundo Ares& %era llamó afuera del palacio a Apolo y a Cris, la mensajera de los inmortales dioses, y les dijo estas aladas palabras7 0B< 2/eus os manda que vay$is al Cda lo antes posible y, cuando hubiereis lle ado a su presencia, haced lo que os encar ue y ordene& 0BE )a venerable %era, apenas acabó de hablar, volvió al palacio y se sentó en su trono& 'llos bajaron en raudo vuelo al Cda, abundante en manantiales y criador de fieras, y halla2 ron al lar ovidente Cronida sentado en la cima del P$r aro, debajo de olorosa nube& Al lle ar a la presencia de /eus, que amontona las nubes, se detuvieron! y /eus, al verlos, no se irritó, porque habían obedecido con preste"a las órdenes de la querida esposa& H, hablando primero con Cris, profirió estas aladas palabras7 0D3 29Anda, ve, r$pida Cris: Anuncia esto al soberano 1osidón y no seas mensajera fala"7 F$ndale que, cesando de pelear y combatir, se vaya a la mansión de los dioses o al mar divino& H si no quiere obedecer mis palabras y las desprecia, refleGione en su mente y en su cora"ón si, aunque sea poderoso, se atrever$ a esperarme cuando me dirija contra él, pues le aventajo mucho en fuer"a y edad, por m$s que en su $nimo no tema decirse i ual a mí, a quien todos temen& 0<3 Así dijo& )a velo" Cris, de pies veloces como el viento, no desobedeció! y bajó de los montes ideos a la sa rada Clio& Como cae de las nubes la nieve o el helado rani"o, a

impulso del +óreas, nacido en el éter! tan r$pida y presurosa volaba la li era Cris! y, deteniéndose cerca del ínclito 1osidón, así le dijo7 08B 2Jen o, oh 1osidón, el de cer#lea cabellera, que ci*es la tierra, a traerte un mensaje de parte de /eus, que lleva la é ida& (e manda que, cesando de pelear y combatir, te vayas a la mansión de los dioses o al mar divino& H si no quieres obedecer sus palabras y las desprecias, te amena"a con venir a luchar conti o y te aconseja que evites sus manos! porque dice que te supera mucho en fuer"a y edad, por m$s que en tu $nimo no temas decirte i ual a él, a quien todos temen& 03B Kespondióle muy indi nado el ínclito 1osidón, que bate la tierra7 03= 29.h dioses: Con soberbia habla, aunque sea valiente, si dice que me sujetar$ por fuer"a y contra mi querer a mí, que disfruto de sus mismos honores& (res somos los her2 manos hijos de Crono, a quienes Kea dio a lu"7 /eus, yo y el tercero %ades, que reina en los infiernos& (odas las cosas se a ruparon en tres porciones, y cada uno de nosotros par2 ticipó del mismo honor& Ho saqué a la suerte habitar constantemente en el espumoso mar, toc$ronle a %ades las tinieblas sombrías, correspondió a /eus el anchuroso cielo en medio del éter y las nubes! pero la tierra y el alto .limpo son de todos& 1or tanto, no procederé se #n lo decida /eus! y éste, aunque sea poderoso, permane"ca tranquilo en la tercia parte que le pertenece& ,o pretenda asustarme con sus manos como si tratase con un cobarde& Fejor fuera que con esas vehementes palabras ri*ese a los hijos a hijas que en endró, pues éstos tendrían que obedecer necesariamente to que les ordenare& ;II Keplicó la velo" Cris, de pies veloces como el viento7 ;I0 24%e de llevar a /eus, oh 1osidón, de cer#lea cabellera, que ci*es la tierra, una respuesta tan dura y fuerte5 4,o querrías modificarla5 )a mente de los sensatos es fleGi2 ble& Ha sabes que las 'rinias se declaran siempre por los de m$s edad& ;ID Contestó 1osidón, que sacude la tierra7 ;I< 29Diosa Cris: Fuy oportuno es cuanto acabas de decir& +ueno es que el mensajero comprenda to que es conveniente& 1ero el pesar me lle a al cora"ón y al alma, cuando aquél quiere increpar con iracundas voces a quien el hado hi"o su i ual en suerte y destino& Ahora cederé, aunque estoy irritado& Fas to diré otra cosa y haré una amena"a7 @i a despecho de mí, de Atenea, que impera en las batallas, de %era, de %ermes y del rey %efesto, conservare la eGcelsa Clio a impidiere que, destruyéndola, alcancen los ar ivos una ran victoria, sepa que nuestra ira ser$ implacable& ;03 Cuando esto hubo dicho, el dios que bate la tierra desamparó a los aqueos y se sumer ió en el mar! pronto los héroes aqueos le echaron de menos& 'ntonces /eus, que amontona las nubes, dijo a Apolo7 ;;0 2Je ahora, querido >ebo, a encontrar a %éctor, el de broncíneo casco& Ha el que ci*e y bate la tierra se fue al mar divino, para librarse de mi terrible cólera! pues hasta los dioses que est$n en torno de Crono, debajo de la tierra, hubieran oído el estrépito de nuestro combate& Fucho mejor es para mí y para él que, temeroso, haya cedido a mi fuer"a, porque no sin sudor se hubiera efectuado la lucha& Ahora, toma en tus manos la é ida floqueada, a ítala, y espanta a los héroes aqueos, y lue o, cuídate, oh t# que hieres de lejos, del esclarecido %éctor a inf#ndele ran vi or, hasta que los aqueos lle uen, huyendo, a las naves y al %elesponto& 'ntonces pensaré to que fuere conveniente hacer o decir para que los aqueos respiren de sus cuitas& ;=< Así dijo, y Apolo no desobedeció a su padre& Descendió de los montes ideos, semejante al avil$n que mata a las palomas y es la m$s velo" de las aves, y halló al divino %éctor, hijo del belicoso 1ríamo, ya no postrado en el suelo, sino sentado7 iba cobrando $nimo y aliento, y reconocía a los ami os que le circundaban, porque el aho o

y el sudor habían cesado desde que /eus, que lleva la é ida, decidió animar al héroe& Apolo, el que hiere de lejos, se detuvo a su lado y le dijo7 ;BB 29%éctor, hijo de 1ríamo: 41or qué te encuentro sentado, lejos de los dem$s y desfallecido5 4(e abruma al #n pesar5 ;B< Con l$n uida vo" respondióle %éctor, el de tremolante casco7 ;B824Muién eres t#, oh el mejor de los dioses, que vienes a mi presencia y me interro as5 4,o sabes que Ayante, valiente en la pelea, me hirió en el pecho con una piedra, mientras yo mataba a sus compa*eros junto a las naves de los aqueos, a hi"o desfallecer mi impetuoso valor5 >i ur$bame que vena hoy mismo a los muertos y la morada de %ades, porque ya iba a eGhalar el alma& ;D= Contestó el soberano Apolo, que hiere de lejos7 ;DB2Cobra $nimo& 'l Cronión te manda desde el Cda como defensor, para asistirte y ayudarte, a >ebo Apolo, el de la $urea espada! a mí, que ya antes prote ía tu persona y tu eGcelsa ciudad& 'a, ordena a tus muchos caudillos que uíen los veloces caballos hacia las cóncavas naves! y yo, marchando a su frente, allanaré el camino a los corceles y pon2 dré en fu a a los héroes aqueos& ;<; Dijo, a infundió un ran vi or al pastor de hombres& Como el corcel ave"ado a ba*arse en la cristalina corriente de un río, cuando se ve atado en el establo come la ceba2 da del pesebre, y rompiendo el ron"al sale trotando por la llanura, yer ue or ulloso la cervi", ondean las crines sobre su cuello y ufano de su lo"anía mueve li ero las rodillas encamin$ndose al sitio donde los caballos pacen, tan li eramente movía %éctor pies y rodillas, eGhortando a los capitanes, después que oyó la vo" de Apolo& Así como, cuando perros y pastores persi uen a un corní ero ciervo o a una cabra montés que se refu ia en escarpada roca o umbría selva, porque no estaba decidido por el hado que el animal fuese co ido! si, atraído por la ritería, se presenta un melenudo león, a todos los pone en fu a a pesar de su empe*o! así también los d$naos avan"aban en tropel, hiriendo a sus enemi os con espadas y lan"as de doble filo! mas, al notar que %éctor recorna las hileras de los suyos, turb$ronse y a todos se les cayó el alma a los pies& ;30 'ntonces (oante, hijo de Andremón y el m$s se*alado de los etolios 2era diestro en arrojar el dardo, valiente en el combate a pie firme y pocos aqueos vencíanle en el $ ora cuando los jóvenes contendían sobre la elocuencia2, benévolo les aren ó diciendo7 ;3< 29.h dioses: Prande es el prodi io que a mi vista se ofrece& 9Cómo %éctor, libr$ndose de las parcas, se ha vuelto a levantar: Pran esperan"a teníamos de que hubiese sido muerto por Ayante (elamoníada! pero al #n dios prote ió y salvó nuevamente a %éctor, que ha quebrado las rodillas de muchos d$naos, como ahora volver$ a hacerlo también, pues no sin la voluntad de /eus tonante aparece tan resuelto al frente de sus tropas& 'a, procedamos todos como voy a decir& .rdenemos a la muchedumbre que vuelva a las naves, y cuantos nos loriamos de ser los m$s valientes permane"camos aquí y rechacémosle, yendo a su encuentro con las picas levantadas& Creo que, por embravecido que ten a el cora"ón, temer$ penetrar por entre los d$naos& =II Así dijo, y ellos le escucharon y obedecieron& Ayante, el rey Cdomeneo, (eucro, Feriones y Fe es, i ual a Ares, llamando a los m$s valientes, los dispusieron para la batalla contra %éctor y los troyanos! y la turba se retiró a las naves aqueas& =I< )os troyanos acometieron api*ados, si uiendo a %éctor, que marchaba con arro ante paso& Delante del héroe iba >ebo Apolo, cubierto por una nube, con la é ida impetuosa, terrible, hirsuta, ma nífica, que %efesto, el broncista, diera a /eus para que llev$ndola amedrentara a los hombres& Con ella en la mano, Apolo uiaba a las tropas& =00 )os ar ivos, api*ados también, resistieron el ataque& )evantóse en ambos ejércitos a uda ritería, las flechas saltaban de las cuerdas de los arcos y audaces manos arrojaban

buen n#mero de lan"as, de las cuales unas pocas se hundían en el cuerpo de los jóvenes poseídos de marcial furor, y las dem$s clav$banse en el suelo! entre los dos campos, antes de lle ar a la blanca carne de que estaban codiciosas& Fientras >ebo Apolo tuvo la é ida inmóvil, los tiros alcan"aban por i ual a unos y a otros, y los hombres caían& Fas así que la a itó frente a los d$naos, de $ iles corceles, dando un fortísimo rito, debilitó el $nimo en los pechos de los aqueos y lo ró que se olvidaran de su impetuoso valor& Como ponen en desorden una vacada o un hato de ovejas dos fieras que se presentan muy entrada la obscura noche, cuando el uardi$n est$ ausente, de la misma manera, los aqueos huían desanimados, porque Apolo les infundió terror y dio loria a %éctor y a los troyanos& =;3 'ntonces, ya eGtendida la batalla, cada caudillo troyano mató a un hombre& %éctor dio muerte a 'stiquio y a Arcesilao7 éste era caudillo de los beocios, de broncíneas cora"as! el otro, compa*ero fiel del ma n$nimo Fenesteo& 'neas hi"o perecer a Fedonte y a Laso! de los cuales el primero era hijo bastardo del divino .ileo y hermano de Ayante, y habitaba en >ílace, lejos de su patria, por haber muerto a un hermano de su madrastra 'riópide, y Laso, caudillo de los atenienses, era conocido como hijo de 'sfelo +ucólida& 1olidamante quitó la vida a Fecisteo, 1olites a 'quio al trabarse el combate, y el divino A enor a Clonio& H 1aris arrojó su lan"a a Deíoco, que huía por entre los combatientes delanteros! le hirió en la eGtremidad del hombro, y el bronce salió al otro lado& =B= 'n tanto que los troyanos despojaban de las armas a los muertos, los aqueos, arroj$ndose al foso y a la estacada, huían por todas partes y penetraban en el muro, constre*idos por la necesidad& H %éctor eGhortaba a los troyanos, diciendo a vo" en rito7 =B8 2Arrojaos a las naves y dejad los cruentos despojos& Al que yo encuentre lejos de los bajeles, a00í mismo le daré muerte, y lue o sus hermanos y hermanas no le entre ar$n a las llamas, sino que lo despeda"ar$n los perros fuera de la ciudad& =D; 'n diciendo esto, a"otó con el l$ti o el lomo de los caballos! y, mientras atravesaba las filas, animaba a los troyanos& 6stos, dando amena"adores ritos, uiaban los corceles de los carros con fra or inmenso! y >ebo Apolo, que iba delante, holló con sus pies las orillas del foso profundo, echó la tierra dentro y formó un camino lar o y tan ancho como la distancia que media entre el hombre que arroja una lan"a para probar su fuer"a y el sitio donde la misma cae& 1or allí se eGtendieron en buen orden! y Apolo, que con la é ida preciosa iba a su frente, derribaba el muro de los aqueos, con la misma facilidad con que un ni*o, ju ando en la playa, desbarata con los pies y las manos to que de arena había construido& Así t#, >ebo, que hieres de lejos, destruías la obra que había costado a los aqueos muchos trabajos y fati as, y a ellos los ponías en fu a& =<8 )os aqueos no pararon hasta las naves, y a00í se animaban unos a otros, y con los bra"os al"ados, profiriendo randes voces, imploraban el auGilio de las deidades& H especialmente ,éstor erenio, protector de los aqueos, oraba levantando las manos al estrellado cielo7 =8; 291adre /eus: @i al uien en Ar os, abundante en tri ales, quemó en to obsequio pin Aes muslos de buey o de oveja, y to pidió que lo rara volver a su patria, y t# se lo prometiste asintiendo! acuérdate de ello, oh .límpico, aparta de nosotros el día funesto, y no permitas que los aqueos sucumban a manos de los troyanos& =88 Así dijo ro ando& 'l próvido /eus atendió las preces del anciano ,elida, y tronó fuertemente& =8E )os troyanos, al oír el trueno de /eus, que lleva la é ida, arremetieron con m$s furia a los ar ivos, y sólo en combatir pensaron& Como las olas del vasto mar salvan el costado de una nave y caen sobre ella, cuando el viento arrecia y las levanta a ran altura, así los troyanos pasaron el muro, e, introduciendo los carros, peleaban junto a las popas con lan"as de doble filo! mientras los aqueos, subidos en las ne ras naves, se defendían

con pérti as lar as, fuertes, de punta de bronce, que para los combates navales llevaban en aquéllas& =EI Fientras aqueos y troyanos combatieron cerca del muro, lejos de las veleras naves, 1atroclo permaneció en la tienda del bravo 'urípilo, entreteniéndole con la conversación y cur$ndole la rave herida con dro as que miti aron los acerbos dolores& Fas, al ver que los troyanos asaltaban con ímpetu el muro y se producía clamoreo y fu a entre los d$naos, imió! y, bajando los bra"os, olpeóse los muslos, suspiró y dijo7 =EE 29'urípilo: Ha no puedo se uir aquí, aunque me necesites, porque se ha trabado una ran batalla& (e cuidar$ el escudero, y yo volveré presuroso a la tienda de Aquiles para incitarle a pelear& 4Muién sabe si con la ayuda de al #n dios conmoveré su $nimo5 Pran fuer"a tiene la eGhortación de un compa*ero& BID Dijo, y salió& )os aqueos sostenían firmemente la acometida de los troyanos, pero, aunque éstos eran menos, no podían recha"arlos de las naves! y tampoco los troyanos lo2 raban romper las falan es de los d$naos y entrar en sus tiendas y bajeles& Como la plomada nivela el m$stil de un navío en manos del h$bil constructor que conoce bien su arte por habérselo ense*ado Atenea, de la misma manera andaba i ual el combate y la pelea, y unos luchaban en torno de unas naves y otros alrededor de otras& B0D %éctor fue a encontrar al lorioso Ayante! y, luchando los dos por una nave, ni aquél conse uía arredrar a éste y pe ar fue o a los bajeles, ni éste lo raba recha"ar a aquél, a quien un dios había acercado al campamento& 'ntonces el esclarecido Ayante dio una lan"ada en el pecho a Calétor, hijo de Clito, que iba a echar fue o en un barco7 el troyano cayó con estrépito, y la tea desprendióse de su mano& H %éctor, como viera con sus ojos que su primo caía en el polvo delante de la ne ra nave, eGhortó a troyanos y licios, diciendo a randes voces7 B;D 29(royanos, licios, d$rdanos, que cuerpo a cuerpo pele$is: ,o dejéis de combatir en esta an ostura! defended el cuerpo del hijo de Clito, que cayó en la pelea junto a las na2 ves, para que los aqueos no lo despojen de las armas& B;E Dichas estas palabras, arrojó a Ayante la luciente pica y erró el tiro! pero, en cambio, hirió a )icofrón de Citera, hijo de F$stor y escudero de Ayante, en cuyo palacio vivía desde que en aquella ciudad mató a un hombre7 el a udo bronce penetró en la cabe"a por encima de una oreja! y el uerrero, que se hallaba junto a Ayante, cayó de espaldas desde la nave al polvo de la tierra, y sus miembros quedaron sin vi or& 'stremecióse Ayante, y dijo a su hermano7 B=8 29Muerido (eucro: ,os han muerto al Fastórida, el compa*ero flel a quien honr$bamos en el palacio como a nuestros padres, desde que vino de Citera& 'l ma n$nimo %éctor le quitó la vida& 1ero 4dónde tienes las mortíferas flechas y el arco que to dio >ebo Apolo5 BB; Así dijo& .yóle (eucro y acudió corriendo, con el fleGible arco y el carcaj lleno de flechas! y una ve" a su lado, comen"ó a disparar saetas contra los troyanos& ' hirió a Clito, preclaro hijo de 1isénor y compa*ero del ilustre 1olidamante 1antoida, que con las riendas en la mano diri ía los corceles adonde m$s falan es en montón confuso se a itaban, para con raciarse con %éctor y los troyanos! pero pronto ocurrióle la des racia, de que nadie, por m$s que lo deseara, pudo librarle7 la dolorosa flecha se le clavó en el cuello por detr$s! el uerrero cayó del carro, y los corceles retrocedieron arrastrando con estrépito el carro vacío& Al notarlo 1olidamante, su due*o, se adelantó y los detuvo! entre ólos a Astínoo, hijo de 1rotiaón, con el encar o de que los tuviera cerca, y se me"2 cló de nuevo con los combatientes delanteros& BD3 (eucro sacó otra flecha para tirarla a %éctor, armado de bronce! y, si hubiese conse uido herirlo y quitarle la vida mientras peleaba valerosamente, con ello diera final

al combate que junto a las naves aqueas se sostenía& Fas no dejó de advertirlo en su mente el próvido /eus, y salvó la vida a %éctor, a la ve" que privaba de loria a (eucro (elamonio, rompiéndole a éste la cuerda del ma nífico arco cuando to tendía7 la flecha, que el bronce hacía ponderosa, torció su camino, y el arco cayó de las manos del uerrero& 'stremecióse (eucro, y dijo a su hermano7 B<8 29.h dioses: Al una deidad que quiere frustrar nuestros medios de combate me quitó el arco de la mano y rompió la cuerda recién torcida, que até esta ma*ana para que pudiera despedir, sin romperse, multitud de flechas& B80 Kespondióle el ran Ayante (elamonio7 B8; 29.h ami o: Deja quieto el arco con las abundantes flechas, ya que un dios lo inutili"ó por odio a los d$naos! toma una lar a pica y un escudo que cubra tus hombros, pelea contra los troyanos y anima a la tropa& Mue aun siendo vencedores, no tomen sin trabajo las naves de muchos bancos& @ólo en combatir pensemos& B83 Así dijo& (eucro dejó el arco en la tienda, col ó de sus hombros un escudo formado por cuatro pieles, cubrió la robusta cabe"a con un labrado casco, cuyo penacho de crines de caballo ondeaba terriblemente en la cimera, asió una fuerte lan"a de a u"ada broncínea punta, salió y volvió corriendo al lado de Ayante& B3B %éctor, al ver que las saetas de (eucro quedaban in#tiles, eGhortó a los troyanos y a los licios, ritando recio7 B3< 29(royanos, licios, d$rdanos, que cuerpo a cuerpo combatís: @ed hombres, ami os, y mostrad vuestro impetuoso valor junto a las cóncavas naves! pues acabo de ver con mis ojos que /eus ha dejado in#tiles las flechas de un eGimio uerrero& 'l influjo de /eus lo reconocen f$cilmente así los que del dios reciben eGcelsa loria, como aquéllos a quienes abate y no quiere socorrer7 ahora debilita el valor de los ar ivos y nos favorece a nosotros& Combatid juntos cerca de los bajeles! y quien sea herido mortalmente, de cerca o de lejos, cumpliéndose su destino, muera! que ser$ honroso para él morir combatiendo por la patria, y su esposa a hijos se ver$n salvos, y su casa y hacienda no padecer$n menoscabo, si los aqueos re resan en las naves a su patria tierra& DII Así diciendo les eGcitó a todos el valor y la fuer"a& Ayante, a su ve", eGhortó asimismo a sus compa*eros7 DI; 29Mué ver Aen"a, ar ivos: Ha lle ó el momento de morir o de salvarse recha"ando de las naves a los troyanos& 4'sper$is acaso volver a pie a la patria tierra, si %éctor, el de tremolante casco, toma los bajeles5 4,o oís cómo anima a todos los suyos y desea quemar las naves5 ,o les manda que vayan a un baile, sino que peleen& ,o hay mejor pensamiento o consejo para nosotros que éste7 combatir cuerpo a cuerpo y valerosamente con el enemi o& 's preferible morir de una ve" o ase urar la vida, a dejarse matar paulatina a infructuosamente en la terrible contienda, junto a las naves, por uerreros que nos son inferiores& D0B Con estas palabras les eGcitó a todos el valor y la fuer"a& 'ntonces %éctor mató a 'squedio, hijo de 1erimedes y caudillo de los focios! Ayante quitó la vida a )aodamante, hijo ilustre de Anténor, que mandaba los peones, y 1olidamante acabó con .to de Cilene, compa*ero del >ilida y jefe de los ma n$nimos epeos& Fe es, al verlo, arremetió con la lan"a a 1olidamante! pero éste hurtó el cuerpo 2Apolo no quiso que el hijo de 1$ntoo sucumbiera entre los combatientes delanteros2, y aquél hirió en medio del pecho a Cresmo, que cayó con estrépito, y el aqueo le despojó de la armadura que cubría sus hombros& 'n tanto, Dólope )ampétida, h$bil en manejar la lan"a N)ampo )aomedontíada había en endrado este hijo bonísimo, que estuvo dotado de impetuoso valorO, se lan"ó contra el >ilida y, acometiéndole de cerca, diole un bote en el centro del escudo! pero el >ilida se salvó, racias a una fuerte cora"a que prote ía su cuerpo, la cual había sido

re alada en otro tiempo a >ileo en 6fira, a orillas del río @eleente, por su huésped el rey 'ufetes, para que en la uerra le defendiera de los enemi os, y entonces libró de la muer2 te a su hijo Fe es& 6ste, a su ve", dio una lan"ada a Dólope en la parte inferior de la cimera del broncíneo casco, adornado con crines de caballo, rompióla y derribó en el polvo el penacho recién te*ido de vistosa p#rpura& H mientras Dólope se uía combatiendo con la esperan"a de vencer, el belicoso Fenelao fue a ayudar a Fe es! y, poniéndose a su lado sin ser visto, clavó la lan"a en la espalda de aquél7 la punta impetuosa salió por el pecho, y el uerrero cayó de cara& Ambos caudillos corrieron a quitarle la broncínea armadura de los hombros! y %éctor eGhortaba a todos sus deudos a increpaba especialmente al esfor"ado Felanipo %icetaónida! el cual, antes de presentarse los enemi os, apacentaba fleGipedes bueyes en 1ercote, y, cuando lle aron los d$naos en las encorvadas naves, fuese a llio, sobresalió entre los troyanos y habitó el palacio de 1ríamo, que le honraba como a sus hijos& A Felanipo, pues, le reprendía %éctor, diciendo7 DD= 4@eremos tan indolentes, Felanipo5 4,o te conmueve el cora"ón la muerte del primo5 4,o ves cómo tratan de llevarse las armas de Dólope5 @í ueme! que ya es necesario combatir de cerca con los ar ivos, hasta que los destruyamos o arruinen ellos la eGcelsa Clio desde su cumbre y maten a los ciudadanos& DDE %abiendo hablado así, echó a andar, y si uióle el varón, que parecía un dios& A su ve", el ran Ayante (elamonio eGhortó a los ar ivos7 D<0 29.h ami os: 9@ed hombres, mostrad que tenéis un cora"ón pundonoroso, y aver on"aos de parecer cobardes en el duro combate: De los que sienten este temor, son m$s los que se salvan que los que mueren! los que huyen no alcan"an loria ni socorro al uno& D<D Así dijo! y ellos, que ya antes deseaban derrotar al enemi o, pusieron en su cora"ón aquellas palabras y cercaron las naves con un muro de bronce& /eus incitaba a los troya2 nos contra los aqueos& H Fenelao, valiente en la pelea, eGhortó a Antíloco7 D<E 29Antíloco: ,in #n aqueo de los presentes es m$s joven que t#, ni m$s li ero de pies, ni tan fuerte en el combate& @i arremetieses a los troyanos a hirieras a al uno&&& D8; Así dijo, y alejóse de nuevo& Antíloco, animado, saltó m$s a00$ de los combatientes delanteros! y, revolviendo el rostro a todas partes, arrojó la luciente lan"a& Al verlo, huyeron los troyanos& ,o fue vano el tiro, pues hirió en el pecho, cerca de la tetilla, a Felanipo, animoso hijo de %icetaón, que acababa de entrar en combate7 el troyano cayó con estrépito, y la obscuridad cubrió sus ojos& Como el perro se abalan"a al cervato herido por una flecha que al saltar de la madri uera le tira un ca"ador, dej$ndole sin vi or los miembros, así el belicoso Antíloco se arrojó sobre ti, oh Felanipo, para quitarte la armadura& Fas no pasó inadvertido para el divino %éctor! el cual, corriendo por el campo de batalla, fue al encuentro de Antíloco! y éste, aunque era luchador brioso, huyó sin esperarle, parecido a la fiera que causa al #n da*o, como matar a un perro o a un pastor junto a sus bueyes, y huye antes que se re#nan muchos hombres! así huyó el ,estórida! y sobre él, los troyanos y %éctor, promoviendo inmenso alboroto hacían llover dolorosos tiros& H Antíloco, tan pronto como lle ó a juntarse con sus compa*eros, se de2 tuvo y volvió la cara al enemi o& DE; )os troyanos, semejantes a carniceros leones, asaltaban las naves y cumplían los desi nios de /eus, el cual les infundía continuamente ran valor y les eGcitaba a combatir, y al propio tiempo abatía el $nimo de los ar ivos, priv$ndoles de la loria del triunfo, porque deseaba en su cora"ón dar loria a %éctor 1ri$mida, a fin de que éste arrojase el abrasador y vora" fue o en las corvas naves, y se efectuara de todo en todo la funesta s#plica de (etis& 'l próvido /eus sólo a uardaba ver con sus ojos el resplandor de

una nave incendiada, pues desde aquel instante haría que los troyanos fuesen perse uidos desde las naves y dana loria a los d$naos& 1ensando en tales cosas, el dios incitaba a %éctor 1ri$mida, ya de por sí muy enardecido, a encaminarse hacia las cóncavas naves& Como se enfurece Ares blandiendo la lan"a, o se embravece el pernicioso fue o en la espesura de poblada selva, así se enfurecía %éctor7 su boca estaba cubierta de espuma, los ojos le centelleaban debajo de las torvas cejas y el casco se a itaba terriblemente en sus sienes mientras peleaba& H desde el éter /eus prote ía #nicamente a %éctor, entre tantos hombres, y le daba honor y loria! porque el héroe debía vivir poco, y ya 1alas Atenea apresuraba la lle ada del día fatal en que había de sucumbir a manos del 1elida& %éctor deseaba romper las filas de los combatientes, y probaba por donde veía mayor turba y mejores armas! mas, aunque ponía ran empe*o, no pudo conse uirlo, porque los d$naos, dispuestos en columna cerrada, hicieron frente al enemi o& Cual un pe*asco escarpado y rande, que en la ribera del espumoso mar resiste el ímpetu de los sonoros vientos y de las in entes olas que a00í se rompen, así los d$naos a uardaban a pie firme a los troyanos y no huían& H %éctor, resplandeciente como el fue o, saltó al centro de la turba como la ola impetuosa levantada por el viento cae desde to alto sobre la li era nave, llen$ndola de espuma, mientras el soplo terrible del hurac$n brama en las velas y los marineros tiem2 blan amedrentados porque se hallan muy cerca de la muerte, de tal modo vacilaba el $nimo en el pecho de los aqueos& Como da*ino león acomete un reba*o de muchas vacas que pacen a orillas de eGtenso la o y son uardadas por un pastor que, no sabiendo luchar con las fieras para evitar la muerte de al una vaca de retorcidos cuernos, va siempre con las primeras o con las #ltimas reses! y el león salta al centro, devora una vaca y las dem$s huyen espantadas, así los aqueos todos fueron puestos en fu a por %éctor y el padre /eus, pero %éctor mató a uno solo, a 1erifetes de Ficenas, hijo de aquel Copreo que llevaba los mensajes del rey 'uristeo al fornido %eracles& De este padre obscuro nació tal hijo, que super$ndole en toda clase de virtudes, en la carrera y en el combate, campeó por su talento entre los primeros ciudadanos de Ficenas y entonces dio a %éctor loria eGcelsa& 1ues al volverse trope"ó con el borde del escudo que le cubría de pies a cabe"a y que llevaba para defenderse de los tiros, y, enred$ndose con él, cayó de espaldas, y el casco resonó de un modo horrible en torno de las sienes& %éctor to advirtió en se uida, acudió corriendo, metió la pica en el pecho de 1erifetes y le mató cerca de sus mismos compa*eros que, aunque afli idos, no pudieron socorrerle, pues temían mucho al divino %éctor& <D= 1or fin lle aron a las naves& Defendíanse los ar ivos detr$s de las que se habían sacado primero a la playa, y los troyanos fueron a perse uirlos7 Aquéllos, al verse obli ados a retirarse de las primeras naves, se colocaron api*ados cerca de las tiendas, sin dispersarse por el ejército porque la ver Aen"a y el temor se to impedían, y mutua a incesantemente se eGhortaban& H especialmente ,éstor, protéctor de los aqueos, diri íase a todos los uerreros, y en nombre de sus padres así les suplicaba7 <<0 29.h ami os: @ed hombres y mostrad que tenéis un cora"ón pundonoroso delante de los dem$s varones& Acordaos de los hijos, de las esposas, de los bienes, y de los pa2 dres, vivan a#n o hayan fallecido& 'n nombre de estos ausentes os suplico que resist$is firmemente y no os entre uéis a la fu a& <<8 Con estas palabras les eGcitó a todos el valor y la fuer"a& 'ntonces Atenea les quitó de los ojos la densa y divina nube que los cubría, y apareció la lu" por ambos lados, en las naves y en la lid sostenida por los dos ejércitos con i ual tesón& Jieron a %éctor, valiente en la pelea, y a sus propios compa*eros, así a cuantos estaban detr$s de los bajeles y no combatían, como a los que junto a las veleras naves daban batalla al enemi o&

<8B ,o le era rato al cora"ón del ma n$nimo Ayante permanecer donde los dem$s aqueos se habían retirado! y el héroe, andando a paso lar o, iba de nave en nave llevando en la mano una ran percha de combate naval que medía veintidós codos y estaba refor"ada con clavos& Como un diestro cabal ador esco e cuatro caballos entre muchos, los uía desde la llanura a la ran ciudad por la carretera, muchos hombres y mujeres le admiran, y él salta continuamente y con se uridad del uno al otro, mientras los corceles vuelan! así Ayante, andando a paso se uido, recorría las cubiertas de muchas naves y su vo" lle aba al éter& @in cesar daba horribles ritos, para eGhortar a los d$naos a defender naves y tiendas& (ampoco %éctor permanecía en la turba de los troyanos, armados de fuertes cora"as7 como el $ uila ne ra se echa sobre una bandada de alí eras aver 2 ansos, rullas o cisnes cuellilar os2 que est$n comiendo a orillas de un río! así %éctor corría en derechura a una nave de ne ra proa, empujado por la mano poderosa de /eus, y el dios incitaba también a la tropa para que le acompa*ara& <E< De nuevo se trabó un re*ido combate al pie de los bajeles& %ubieras dicho que, sin estar cansado ni fati ados, comen"aban entonces a pelear& 9Con tal denuedo luchaban: %e aquí cu$les eran sus respectivos pensamientos7 los aqueos no creían escapar de aquel desastre, sino perecer! los troyanos esperaban en su cora"ón incendiar las naves y matar a los héroes aqueos& H con estas ideas asalt$banse unos a otros& 8IB %éctor lle ó a tocar la popa de una nave surcadora del ponto, bella y de curso r$pido! aquélla en que 1rotesilao lle ó a (roya y que lue o no había de llevarle otra ve" a la patria tierra& 1or esta nave se mataban los aqueos y los troyanos7 sin a uardar desde lejos los tiros de flechas y dardos, combatían de cerca y con i ual $nimo, valiéndose de a udas hachas, se ures, randes espadas y lan"as de doble filo& Fuchas hermosas da as, de obscuro reca"o, provistas de man o, cayeron al suelo, ya de las manos, ya de los hombros de los combatientes! y la ne ra tierra manaba san re& %éctor, desde que co ió la popa, no la soltaba y, teniendo entre sus manor la parte superior de la misma, animaba a los troyanos7 803 29(raed fue o, y todos api*ados, trabad la batalla: /eus nos concede un día que lo compensa todo, pues vamos a tomar las naves que vinieron contra la voluntad de los dioses y nos han ocasionado muchas calamidades por la cobardía de los viejos, que no me dejaban pelear cerca de aquéllas y detenían al ejército& Fas, si entonces el lar ovidente /eus ofuscaba nuestra ra"ón, ahora él mismo nos impele y anima& 8;< Así dijo! y ellos acometieron con mayor ímpetu a los ar ivos& Ayante ya no resistió, porque estaba abrumado por los tiros7 temiendo morir, dejó la cubierta, retrocedió hasta un banco de remeros que tenía siete pies, p#sose a vi ilar, y con la pica apartaba del navío a cuantos llevaban el vora" fue o, en tanto que eGhortaba a los d$naos con espantosos ritos7 8== 29.h ami os, héroes d$naos, servidores de Ares: @ed hombres y mostrad vuestro impetuoso valor& 4Creéis, por ventura, que hay a nuestra espalda otros defensores o un muro m$s sólido que libre a los hombres de la muerte5 Cerca de aquí no eGiste ciudad al una defendida con torres, en la que hallemos refu io y cuyo pueblo nos dé auGilio para alcan"ar ulterior victoria! sino que nor hallamos en la llanura de los troyanos, de fuertes cora"as, a orillas del mar y lejos de la patria tierra& )a salvación, por consi uiente, est$ en los pu*os! no en ser flojos en la pelea& 8B; Dijo, y acometió furioso con la a uda lan"a& H cuantos troyanos, movidos por las eGcitaciones de %éctor, quisieron llevar ardiente fue o a las cóncavas naves, a todos los hirió Ayante con su lar a pica& Doce fueron los que hirió de cerca, delante de los bajeles& CANTO XVI*

Patroclea
* Al advertirlo, 1atroclo suplica a Aquiles que rechace al enemi o! y, no consi uiéndolo, le rue a que, por lo menos, le preste sus armas y le permita ponerse al frente de los mirmídones para ahuyentar a los troyanos& Accede Aquiles, y le recomienda que se vuelva atr$s cuando los haya echado de las naves, pues el destino no le tiene reservada la loria de apoderarse de (roya& Fas 1atroclo, enardecido por sus ha"a*as, entre ellas la de dar muerte a @arpedón, hijo de /eus, persi ue a los troyanos por la llanura hasta que Apolo le desata la cora"a& 'uforbo lo hiere y %éctor lo mata&

0 Así peleaban por la nave de muchos bancos& 1atroclo se presentó a Aquiles, pastor de hombres, derramando ardientes l$ rimas como fuente profunda que vierte sus a uas som2 brías por escarpada roca& (an pronto como le vio el divino Aquiles, el de los pies li eros, compadecióse de él y le dijo estas aladas palabras7 8 241or qué lloras, 1atroclo, como una ni*a que va con su madre y deseando que la tome en bra"os, la tira del vestido, la detiene a pesar de que lleva prisa, y la mira con ojos llorosos para que la levante del suelo5 Como ella, oh 1atrocio, derramas tiernas l$ rimas& 4Jienes a participarnos al o a los mirmidones o a mí mismo5 4@upiste t# solo al una noticia de >tía5 Dicen que Fenecio, hijo de Tctor, eGiste a#n! vive también 1eleo '$cida entre los mirmidones, y es la muerte dé aquél o de éste to que m$s nos podría afli ir& 4. lloras qui"$s porque los ar ivos perecen, cerca de las cóncavas naves, por la injusticia que cometieron5 %abla, no me ocultes lo que piensas, para que ambos lo sepamos& ;I Dando profundos suspiros, respondiste así, caballero 1atroclo7 ;0 29.h Aquiles, hijo de 1eleo, el m$s valiente de los aqueos: ,o te irrites, porque es muy rande el pesar que los abruma& )os que antes eran los m$s fuertes, heridos unos de cerca y otros de lejos, yacen en las naves 2con arma arrojadi"a fue herido el poderoso Diomedes (idida! con la pica -lises, famoso por su lan"a, y A amenón! a 'urípilo flech$ronle en el muslo2, y los médicos, que conocen muchas dro as, oc#panse en curarles las heridas& (#, Aquiles, eres implacable& jam$s se apodere de mí rencor como el que uardas: 9.h t#, que tan mal empleas el valor: 4A quién podr$s ser #til m$s tarde, si ahora no salvas a los ar ivos de muerte indi na5 9Despiadado: ,o fue tu padre el jinete 1eleo, ni (etis tu madre! el lauco mar o las escarpadas rocas debieron de en endrarte, porque tu espíritu es cruel& @i te abstienes de combatir por al #n vaticinio que tu veneranda madre, enterada por /eus, te haya revelado, envíame a mí con los dem$s mirmidones, por si lle o a ser la aurora de la salvación de los d$naos! y permite que cubra mis hombros con tu armadura para que los troyanos me confundan conti o y cesen de pelear, los belicosos d$naos que tan abatidos est$n se reanimen y la batalla ten a su tre ua, aunque sea por breve tiempo& ,osotros, que no nos hallamos eGtenuados de fati a, recha"aríamos f$cilmente de las naves y de las tiendas hacia la ciudad a esos hombres que de pelear est$n cansados& B< Así le suplicó el muy insensato! y con ello llamaba a la terrible muerte y a la parca& Aquiles, el de los pies li eros, le contestó muy indi nado7 BE29Ay de mí, 1atroclo, del linaje de /eus, qué dijiste: ,o me absten o por nin #n vaticinio que sepa y tampoco la veneranda madre me dijo nada de parte de /eus, sino que se me oprime el cora"ón y el alma cuando un hombre, porque tiene m$s poder, quiere privar a su i ual de lo que le corresponde y le quita la recompensa& (al es el ran pesar que ten o, a causa de las contrariedades que mi $nimo ha padecido& )a joven que los aqueos me adjudicaron como recompensa y que había conquistado con mi lan"a, al tomar una bien murada ciudad, el rey A amenón Atrida me la quitó como si yo fuera un miserable advenedi"o& Fas dejemos lo pasado, no es posible uardar siempre la tra en el cora"ón, aunque había resuelto no deponer la cólera hasta que la ritería y el combate lle aran a mis bajeles& Cubre tus hombros con mi ma nífica armadura, ponte al frente de

los belicosos mirmidones y llévalos a la pelea! pues ne ra nube de troyanos cerca ya las naves con ran ímpetu, y los ar ivos, acorralados en la orilla del mar, sólo disponen de un corto espacio& (oda la ciudad de los troyanos ha comparecido confiadamente, porque no ven mi reluciente casco& 1ronto huirían llenando de muertos los fosos, si el rey A amenón fuera justo conmi o! mientras que ahora combaten alrededor de nuestro ejército& Ha la mano de Diomedes (idida no blande furiosamente la lan"a para librar a los d$naos de la muerte, ni he oído un solo rito que viniera de la odiosa cabe"a del Atrida7 sólo resuena la vo" de %éctor, matador de hombres, animando a los troyanos, que con voceno ocupan toda la llanura y vencen en la batalla a los aqueos& 1ero t#, 1atroclo, échate impetuosamente sobre ellos y aparta de las naves esa peste! no sea que, pe ando ardiente fue o a los bajeles, nos priven de la deseada vuelta& %a" cuanto te voy a decir, para que me procures mucha honra y loria ante todos los d$naos, y éstos me devuelvan la muy hermosa joven y me ha an adem$s espléndidos re alos& (an lue o como los alejes de las naves, vuelve atr$s! y, aunque el tonante esposo de %era te dé loria, no quieras luchar sin mí contra los belicosos troyanos, pues contribuirías a mi deshonra& H tampoco, estimulado por el combate y la pelea, te encamines, matando enemi os, a Clio! no sea que al uno de los sempiternos dioses baje del .limpo, pues a los troyanos los quiere mucho Apolo, el que hiere de lejos& Ketrocede tan pronto como hayas hecho brillar la lu" de la salvación en las naves, y deja que se si a peleando en la llanura& .jal$, 9padre /eus, Atenea, Apolo:, nin uno de los troyanos ni de los ar ivos escape de la muerte, y nos libremos de ella nosotros dos, para que podamos derribar las almenas sa radas de (roya& 0I0 Así éstos conversaban& Ayante ya no resistía7 vencíanle el poder de /eus y los animosos troyanos que le arrojaban dardos! su reful ence casco resonaba de un modo horrible en torno de las sienes, olpeado continuamente en las hermosas abolladuras! y el héroe tenía cansado el hombro derecho de sostener con firme"a el vers$til escudo, pero no lo raban hacerle mover de su sitio por m$s tiros que le endere"aban& Ayante estaba abrumado por continuo y fati oso jadeo, abundance sudor manaba de todos sus miembros y apenas podía respirar7 por todas partes a una des racia sucedía otra& 00; Decidme, Fusas, que poseéis olímpicos palacios, cómo por ve" primera cayó el fue o en las naves aqueas& 00B %éctor, que se hallaba cerca de Ayante, le dio con la ran espada un olpe en la pica de fresno y se la quebró por la juntura del asta con el hierro& Muiso Ayante blandir la truncada pica, y la broncínea punta cayó a to lejos con ran ruido& 'ntonces el eGimio Ayante reconoció en su espíritu irreprensible la intervención de los dioses, estremecióse porque /eus altitonante les frustraba todos los medios de combate y quería dar la victoria a los troyanos, y se puso fuera del alcance de los tiros& )os troyanos arrojaron vora" fue o a la velera nave, y pronto se eGtendió por la misma una llama ineGtin uible& Así que el fue o rodeó la popa, Aquiles, olpe$ndose el muslo, dijo a 1atroclo7 0;< 29@us, 1atroclo, del linaje de /eus, h$bil jinete: Ha veo en las naves la impetuosa llama del fue o destructor7 no sea que se apoderen de ellas, y ni medios para huir ten2 amos& Apres#rate a vestir las armas, y yo entre tanto reuniré la ente& 0=I Así dijo, y 1atroclo vistió la armadura de luciente bronce7 p#sose en las piernas ele antes rebas, ajustadas con broches de plata! prote ió su pecho con la cora"a labrada, reful ente, del '$cida, de pies li eros! col ó al hombro una espada de bronce, uarnecida de ar énteos clavos! embra"ó el rande y fuerte escudo! cubrió la fuerte cabe"a con un hermoso casco, cuyo penacho, de crines de caballo, ondeaba terriblemente en la cimera, y asió dos lan"as fuertes que su mano pudiera blandir& @olamente dejó la lan"a pesada, rande y fornida del eGimio '$cida, porque Aquiles era el #nico aqueo capa" de

manejarla7 había sido cortada de un fresno de la cumbre del 1elio y re alada por Muirón al padre de Aquiles, para que con ella matara héroes& )ue o, 1atroclo mandó a Automedonte 2el ami o a quien m$s honraba después de Aquiles, destructor de hombres& y el m$s fiel en resistir a su lado la acometida del enemi o en las batallas2 que en anchara en se uida los caballos& Automedonte unció debajo del yu o a Lanto y +alio, corceles li eros que volaban como el viento y tenían por madre a la harpía 1odar a, la cual, paciendo en una pradera junto a la corriente del .céano, los concibió del Céfiro& H con ellos puso al eGcelente 1édaso, que Aquiles se llevó de la ciudad de 'etión cuando la tomó! corcel que, no obstante su condición de mortal, se uía a los caballos inmortales& 0DD Aquiles, recorriendo las tiendas, hacía tomar las armas a todos los mirmidones& Como carniceros lobos dotados de una fuer"a inmensa despeda"an en el monte un rande corní ero ciervo que han matado y sus mandíbulas aparecen rojas de san re, lue o van en tropel a lamer con las tenues len uas el a ua de un profundo manantial, eructando por la san re que han bebido, y su vientre se dilata, pero el $nimo permanece intrépido en el pecho, de i ual manera los jefes y príncipes de los mirmidones se reunían presurosos alrededor del valiente servidor del '$cida, de pies li eros& H en medio de todos el belicoso Aquiles animaba así a los que combatían en carros, como a los peones armados de escudos& 0<3 Cincuenta fueron las veleras naves en que Aquiles, caro a /eus, condujo a Clio sus tropas! en cada una embarc$ronse cincuenta hombres! y el héroe nombró cinco jefes para que los ri ieran, reserv$ndose el mando supremo& Del primer cuerpo era caudillo Fenestio, el de labrada cora"a, hijo del río 'sperqueo, que las celestiales lluvias alimentan7 habíale dado a lu" la bella 1olidora, hija de 1eleo, que siendo mujer se acostó con una deidad, con el infati able 'sperqueo! aunque se creyera que to había tenido de +oro, hijo de 1erieres, el cual se desposó p#blicamente con ella y le constituyó una ran dote&2 Fandaba la se unda sección el belicoso 'udoro, nacido de una soltera, de la hermosa 1olimela, hija de >ilante! de la cual enamoróse el poderoso Ar icida al verla con sus ojos entre las que dan"aban al son del canto en un coro de Artemis, la diosa que lleva arco de oro y ama el bullicio de la ca"a! el benéfico %ermes subió en se uida al aposento de la joven, uniéronse clandestinamente y ella le dio un hijo ilustre, 'udoro, li ero en el correr y belicoso& Cuando Clitía, que preside los partos, sacó a lu" al infante y éste vio los rayos del sol, el fuerte 'quecles Actórida la tomó por esposa, constituyéndole una ran dote, y el anciano >ilante crió y educó al ni*o con tanto amor como si hubiera sido hijo suyo&2 'staba al frente de la tercera división el belicoso 1isandro Fem$lida, que, después del compa*ero del 1elión, era entre todos los mirmidones quien descollaba m$s en com2 batir con la lan"a&2 )a cuarta línea estaba a las órdenes de >éniG, a uijador de caballos! y la quinta tenía por jefe al eGimio Alcimedonte, hijo de )aerces& Cuando Aquiles los hubo puesto a todos en orden de batalla con sus respectivos capitanes, les dijo con vo" pujante7 ;II 29Firmidones: ,in uno de vosotros olvide las amena"as que en las veleras naves diri íais a los troyanos mientras duró mi cólera, ni las acusaciones con que todos me acriminabais7 Q9CnfleGible hijo de 1eleo: @in duda tu madre te nutrió con hiel& 9Despiadado, pues retienes a tus compa*eros en las naves contra su voluntad: 'mbarquémonos en las naves surcadoras del ponto y volvamos a la patria, ya que la cólera funesta anidó de tal suerte en to cora"ón&R Así acostumbrabais hablarme cuando os reuníais& 1ues a la vista tenéis la ran empresa del combate que tanto habéis anhelado& H ahora cada uno pelee con valeroso cora"ón contra los troyanos& ;0I Así diciendo, les eGcitó a todos el valor y la fuer"a! y ellos, al oír a su rey, cerraron m$s las filas& Como el obrero junta randes piedras al construir la pared de una elevada casa, para que resista el ímpetu de los vientos, así, tan unidos, estaban los cascos y los

abollonados escudos7 la rodela se apoyaba en la rodela, el yelmo en el yelmo, cada hombre en su vecino, y los penachos de crines de caballo y los lucientes conos de los cascos se juntaban cuando al uien inclinaba la cabe"a& 9(an apretadas eran las filas: De2 lante de todos se pusieron dos hombres armados, 1atroclo y Automedonte! los cuales tenían i ual $nimo y deseaban combatir al frente de los mirmidones& Aquiles entró en su tienda y al"ó la tapa de un arca hermosa y labrada que (etis, la de ar entados pies, había puesto en la nave del héroe después de llenarla de t#nicas y mantos, que le abri asen contra el viento, y de afelpados cobertores& A00í tenía una copa de primorosa labor que no usaba nadie para beber el ne ro vino ni para ofrecer libaciones a otro dios que al padre /eus& @acóla del arca, y, purific$ndola primero con a"ufre, la limpió con a ua cristalina! acto continuo lavóse las manos, llenó la copa, y, puesto en medio del recinto con los ojos levantados al cielo, libó el ne ro vino y oró a /eus, que se complace en lan"ar rayos, sin que al dios le pasara inadvertido7 ;== 29/eus soberano, Dodoneo, 1el$s ico, que vives lejos y reinas en Dodona, de frío invierno, donde moran los selos, tus intérpretes, que no se lavan los pies y duermen en el suelo: 'scuchaste mis palabras cuando to invoqué, y para honrarme oprimiste duramente al pueblo aqueo& 1ues también ahora c#mpleme este voto7 Ho me quedo donde est$n reu2 nidas las naves y mando al combate a mi compa*ero con muchos mirmidones7 ha" que le si a la victoria, lar ovidente /eus, a inf#ndele valor en el cora"ón para que %éctor vea si mi escudero sabe pelear solo, o si sus manos invictas #nicamente se mueven con furia cuando va conmi o a la contienda de Ares& H cuando haya apartado de los bajeles la ritería y la pelea, vuelva incólume con todas las armas y con los compa*eros que de cerca combaten& ;BE Así dijo ro ando& 'l próvido /eus le oyó! y de las dos cosas el padre le otor ó una7 concedióle que apartase de las naves el combate y la pelea, y ne óle que volviera ileso de la batalla& %echa la libación y la ro ativa al padre /eus, entró Aquiles en la tienda, dejó la copa en el arca y apareció otra ve" delante de la tienda, porque deseaba en su cora"ón presenciar la terrible lucha de troyanos y aqueos& ;D8 )os mirmidones se uían con armas y en buen orden al ma n$nimo 1atroclo, hasta que alcan"aron a los troyanos y les arremetieron con randes bríos, esparciéndose como las avispas que moran en el camino, cuando los muchachos, si uiendo su costumbre de molestarlas, las irritan y consi uen con su imprudencia que da*en a buen n#mero de per2 sonas, pues, si al #n caminante pasa por a00í y sin querer las mueve, vuelan y defienden con $nimo valeroso a sus hijuelos! con un cora"ón y $nimo semejantes, se esparcieron los mirmidones desde las naves, y levantóse una ritería inmensa& H 1atroclo eGhortaba a sus compa*eros, diciendo con vo" recia7 ;<E 29Firmidones compa*eros del 1elida Aquiles: @ed hombres, ami os, y mostrad vuestro impetuoso valor para que honremos al 1elida, que es el m$s valiente de cuantos ar ivos hay en las naves, como to son también sus uerreros, que de cerca combaten! y cono"ca el poderoso Atrida A amenón la falta que cometió no honrando al mejor de los aqueos& ;8= Con estas palabras les eGcitó a todos el valor y la fuer"a& )os mirmidones cayeron api*ados sobre los troyanos y en las naves resonaron de un modo horrible los ritos de los aqueos& ;83 Cuando los troyanos vieron al esfor"ado hijo de Fenecio y a su escudero, ambos con lucientes armaduras, a todos se les conturbó el $nimo y sus falan es se a itaron& >i ur$banse que, junto a las naves, el 1elida, li ero de pies, había renunciado a su cólera y había preferido volver a la amistad& H cada uno miraba adónde podría huir para librarse de una muerte terrible&

;3B 1atroclo fue el primero que tiró la reluciente lan"a en medio de la pelea, a00í donde m$s hombres se a itaban en confuso montón, junto a la nave del ma n$nimo 1rotesilao! e hirió a 1irecmes, que había conducido desde Amidón, sita en la ribera del AGio de ancha corriente, a los peonios, que combatían en carros7 la lan"a se clavó en el hombro derecho! el uerrero, dando un emido, cayó de espaldas en el polvo, y los peonios compa*eros suyos huyeron, porque 1atroclo les infundió pavor $l matar a su jefe, que tanto sobresalía en el combate& De este modo 1atroclo los echó de los bajeles y apa ó el ardiente fue o& )a nave quedó allí medio quemada, los troyanos huyeron con ran alboroto, los d$naos se dispersaron por las cóncavas naves, y se produjo un ran tumulto& Como cuando /eus fulminador quita una espesa nube de la elevada cumbre de una ran monta*a y aparecen todos los promontorios y las cimas y valles, porque en el cielo se ha abierto la vasta re ión etérea! así los d$naos respiraron un poco después de librar a las naves del fue o destructor! pero no por eso hubo tre ua en el combate& 1ues los troyanos no huían a carrera abierta desde las ne ras naves, perse uidos por los belicosos aqueos! sino que a#n resistían, y sólo cediendo a la necesidad se retiraban de las naves& =I< 'ntonces, ya eGtendida la batalla, cada jefe mató a un hombre& 'l esfor"ado hijo de Fenecio, el primero, hirió con la a uda lan"a a Areílico, que había vuelto la espalda para huir7 el bronce atravesó el muslo y rompió el hueso, y el troyano dio de ojos en el suelo& 'l belicoso Fenelao hirió a (oante en el pecho, donde éste quedaba sin defensa al lado del escudo, y dejó sin vi or sus miembros& 'l >ilida, observando que Anficlo iba a acometerlo, se le adelantó y lo ró envasarle la pica en la parte superior de la pierna, donde m$s rueso es el m#sculo7 la punta des arró los nervios, y la obscuridad cubrió los ojos del uerrero& De los ,estóridas, Antíloco traspasó con la broncínea lan"a a Atimnio, clav$ndosela en el ijar, y el troyano cayó a sus pies! el hermano de Atimnio, Faris, irritado por tal muerte, se puso delante del cad$ver y arremetió con la lan"a a Antíloco! y entonces el otro ,estórida, (rasimedes, i ual a un dios, le previno y antes que Faris pu2 diera herir a Antíloco le acertó él en la espalda7 la punta des arró el tendón de la parte superior del bra"o y rompió el hueso! el uerrero cayó con estrépito, y la obscuridad cubrió sus ojos& De tal suerte, estos dos esfor"ados compa*eros de @arpedón, h$biles tiradores, a hijos de Amisodaro, el que alimentó a la indomable Muimera, causa de males para muchos hombres, fueron vencidos por los dos hermanos y descendieron al 6rebo&2 Ayante .ilíada acometió y co ió vivo a Cleobulo, atropellado por la turba, y le quitó la vida, hiriéndole en el cuello con la espada provista de empu*adura7 la hoja entera se calentó con la san re, y la purp#rea muerte y la parca cruel velaron los ojos del uerrero&2 1enéleo y )icón fueron a encontrarse, y, habiendo arrojado sus lan"as en vano, pues ambos erraron el tiro, se acometieron con las espadas7 )icaón dio a su enemi o un tajo en la cimera del casco, que adornaban crines de caballo! pero la espada se le rompió junto a la empu*adura! 1enéleo hundió la suya en el cuello de )icón, debajo de la oreja, y se lo cortó por entero7 la cabe"a cayó a un lado, sostenida tan sólo por la piel, y los miembros perdieron su vi or&2 Feriones dio alcance con sus li eros pies a Acamante, cuando subía al carro, y le hirió en el hombro derecho7 el troyano cayó en tierra, y las tinieblas cubrieron sus ojos&2 A 'rimante metióle Cdomeneo el cruel bronce por la boca7 la lan"a atravesó la cabe"a por debajo del cerebro, rompió los blancos huesos y conmovió los dientes! los ojos llen$ronse con la san re que fluía de las narices y de la boca abierta, y la muerte, cual si fuese obscura nube, envolvió al uerrero& =D0 Cada uno de estos caudillos d$naos mató, pues, a un hombre& Como los voraces lobos acometen a corderos o cabritos, arrebat$ndolos de un hato que se dispersa en el monte por la impericia del pastor, pues así que aquéllos los ven se los llevan y

despeda"an por tener los #ltimos un cora"ón tímido! así los d$naos car aban sobre los troyanos, y éstos, pensando en la fu a horrísona, olvid$banse de su impetuoso valor& =D3 'l ran Ayante deseaba constantemente arrojar su lan"a a %éctor, armado de bronce! pero el héroe, que era muy eGperto en la uerra, cubriendo sus anchos hombros con un escudo de pieles de toro, estaba atento al silbo de las flechas y al ruido de los dardos& +ien conocía que la victoria se inclinaba del lado de los enemi os, pero resistía a#n y procuraba salvar a sus compa*eros queridos& =<B Como se va eGtendiendo una nube desde el .limpo al cielo, después de un día sereno, cuando /eus prepara una tempestad, así los troyanos huyeron de las naves, dando ritos, y ya no fue con orden como repasaron el foso& A %éctor le sacaron de a00í, con sus armas, los corceles de li eros pies! y el héroe desamparó la turba de los troyanos, a quienes detenía, mal de su rado, el profundo foso& Fuchos veloces corceles, rompiendo los carros de los caudillos por el eGtremo del timón, a00í los dejaron&2 1atroclo iba adelante, eGhortando vehementemente a los d$naos y pensando en causar da*o a los troyanos! los cuales, una ve" puestos en desorden, llenaban todos los caminos huyendo con ran clamoreo! la polvareda lle aba a to alto debajo de las nubes, y los solípedos caballos volvían a la ciudad desde las naves y las tiendas& 1atroclo, donde veía m$s ente del pueblo desordenada, a00í se encaminaba vociferando! los uerreros caían de cara debajo de los ejes de sus carros, y éstos volcaban con ran estruendo& A0 lle ar al foso, los caballos inmortales que los dioses habían re alado a 1eleo como espléndido presente lo salvaron de un salto, deseosos de se uir adelante! y, cuando a 1atroclo el $nimo le impulsó a ir hacia %éctor para herirlo, ya los veloces corceles de éste se to habían llevado& Como en el oto*o descar a una tempestad sobre la ne ra tierra, cuando /eus envía violenta lluvia, irritado contra los hombres que en el foro dan sentencias inicuas y echan a la justicia, no temiendo la ven an"a de los dioses! y todos los ríos salen de madre y los torrentes cortan muchas colinas, braman al correr desde lo alto de las monta*as al mar purp#reo y destruyen las labores del campo! de semejante modo corrían las ye uas troyanas, dando lastimeros relinchos& =EB 1atroclo, cuando hubo separado de los dem$s enemi os a los que formaban las #ltimas falan es, les obli ó a volver hacia los bajeles, en ve" de permitirles que subiesen a la ciudad! y, acometiéndoles entre las naves, el río y el alto muro, los mataba para ven ar a muchos de los suyos& 'ntonces envasóle a 1rónoo la brillante lan"a en el pecho, donde éste quedaba sin defensa al lado del escudo, y le dejó sin vi or los miembros7 el troyano cayó con estrépito& )ue o acometió a (éstor, hijo de 'nope, que se hallaba enco ido en el lustroso asiento y en su turbación había dejado que las riendas se le fuesen de la mano7 clavóle desde cerca la lan"a en la mejilla derecha, se la hi"o pasar por los dientes y to levantó por cima del barandal& Como el pescador sentado en una roca pro2 minente saca del mar un pe" enorme, valiéndose de la cuerda y del reluciente bronce, así 1atroclo, al"ando la brillante lan"a, sacó del carro a (éstor con la boca abierta y le arrojó de cara al suelo! el troyano, al caer, perdió la vida&2 Después hirió de una pedrada en medio de la cabe"a a 'rilao, que a acometerle venía, y se la partió en dos dentro del fuerte casco7 el troyano dio de manos en el suelo, y le envolvió la destructora muerte&2 H sucesivamente fue derribando en la fértil tierra a 'rimante, Anfótero, 'paltes, (lepólemo Damastórida, 'quio, 1iris, Cfeo, 'vipo y 1olimelo Ar éada& B0E @arpedón, al ver que sus compa*eros, de cora"as sin cintura, sucumbían a manos de 1atroclo Fenecíada, increpó a los deiformes licios7 B;; 29Mué ver Aen"a, oh licios: 4Adónde huís5 @ed esfor"ados& Ho saldré al encuentro de ese hombre, para saber quién es el que así vence y tantos males causa a los troyanos, pues ya a muchos valientes les ha quebrado las rodillas&

B;< Dijo! y saltó del carro al suelo sin dejar las armas& A su ve" 1atroclo, al verlo, se apeó del suyo& Como dos buitres de eorvas u*as y combado pico ri*en, dando chillidos, sobre elevada roca! así aquéllos se acometieron vociferando& Jiolos el hijo del artero Crono! y, compadecido, dijo a %era, su hermana y esposa7 B== 29Ay de mí: )a parca dispone que @arpedón, a quien amo sobre todos los hombres, sea muerto por 1atroclo Fenecíada& 'ntre dos propósitos vacila en mi pecho el cora"ón7 4lo arrebataré vivo de la luctuosa batalla, para llevarlo al opulento pueblo de la )icia, o dejaré que sucumba a manos del Fenecíada5 B=E Kespondióle %era veneranda, la de ojos de novilla7 BBI 29(erribilísimo Cronida, qué palabras proferiste: 4-na ve" m$s quieres librar de la muerte horrísona a ese hombre mortal, a quien tiempo ha que el hado condenó a morir5 %a"lo, pero no todos los dioses to to aprobaremos& .tra cosa voy a decirte, que fijar$s en la memoria7 1iensa que, si a @arpedón le mandas vivo a su palacio, al #n otro dios querr$ sacar a su hijo del duro combate, pues muchos hijos de los inmortales pelean en torno de la ran ciudad de 1ríamo, y har$s que sus padres se enciendan en terrible ira& 1ero, si @ar2 pedón te es caro y tu cora"ón le compadece, deja que muera a manos de 1atroclo Fenecíada en re*ido combate! y cuando el alma y la vida le abandonen, ordena a la Fuerte y $l dulce @ue*o que lo lleven a la vasta )icia, para que sus hermanos y ami os le ha an eGequias y le erijan un t#mulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos& BD3 Así dijo& 'l padre de los hombres y de los dioses no desobedeció, a hi"o caer sobre la tierra san uinolentas otas para honrar al hijo amado, a quien 1atroclo había de matar en la fértil (roya, lejos de su patria& B<; Cuando ambos héroes se hallaron frente a frente, 1atrocio arrojó la lan"a, y, acertando a dar en el empeine del ilustre (rasimelo, escudero valeroso del rey @arpedón, dejóle sin vi or los miembros& @arpedón acometió a su ve"! y, despidiendo la reluciente lan"a, erró el tiro! pero hirió en el hombro derecho al corcel 1édaso, que relinchó mientras perdía el vital aliento& 'l caballo cayó en el polvo, y el $nimo voló de su cuerpo& >orcejearon los otros dos corceles por separarse, crujió el yu o y enred$ronse las riendas a causa de que el caballo lateral yacía en el polvo& 1ero Automedonte, famoso por su lan"a, halló el remedio7 desenvainando la espada de lar a punta, que llevaba junto al fornido muslo, cortó apresuradamente los tirantes del caballo lateral, y los otros dos se endere"aron y obedecieron a las riendas& H los héroes volvieron a acometerse con roedor encono& B88 'ntonces @arpedón arrojó otra reluciente lan"a y erró el tiro, pues aquélla pasó por cima del hombro i"quierdo de 1atroclo sin herirlo& 1atroclo despidió la suya y no en bal2 de! ya que acertó a @arpedón y le hirió en el tejido que al denso cora"ón envuelve& Cayó el héroe como la encina, el $lamo o el elevado pino que en el monte cortan con afiladas hachas los artífices para hacer un m$stil de navío! así yacía aquél, tendido delante de los corceles y del carro, rechin$ndole los dientes y co iendo con las manos el polvo ensan rentado& Como el roji"o y animoso toro, a quien devora un león que se ha presentado entre los feGípedes bueyes, brama al morir entre las mandíbulas del león, así el caudillo de los licios escudados, herido de muerte por 1atrocio, se enfurecía! y, llamando al compa*ero, le hablaba de este modo7 BE029Caro Plauco, uerrero afamado entre los hombres: Ahora debes portarte como fuerte y auda" luchador! ahora to ha de causar placer la batalla funesta, si eres valiente& Je por todas partes, eGhorta a los capitanes licios a que combatan en torno de @arpedón y defiéndeme t# mismo con el bronce& Constantemente, todos los días, seré para ti motivo

de ver Aen"a y oprobio, si, sucumbiendo en el recinto de las naves, los aqueos me despojan de la armadura& 91elea, pues, denodadamente y anima a todo el ejército: DI; Así dijo! y el velo de la muerte le cubrió los ojos y las narices& 1atroclo, sujet$ndole el pecho con el pie, le arrancó el asta, con ella si uió el d9afra ma, y salieron a la ve" la punta de la lan"a y el alma del uerrero& H los mirmidones detuvieron los corceles de @arpedón, los cuales anhelaban y querían huir desde que quedó vacío el carro de sus due*os& DIE Plauco sintió hondo pesar al oír la vo" de @arpedón y se le turbó el $nimo porque no podía socorrerlo& Apretóse con la mano el bra"o, pues le abrumaba una herida que (eucro le había causado dispar$ndole una llecha cuando él asaltaba el altó muro y el aqueo defendía a los suyos! y oró de esta suerte a Apolo, el que hiere de lejos7 D0B 2.yeme, oh soberano, ya te halles en el opulento pueblo de )icia, ya te encuentres en (roya! pues desde cualquier lu ar puedes atender al que est$ afli ido, como lo estoy ahora& (en o esta rave herida, pade"co a udos dolores en el bra"o y la san re no se seca! el hombro se entorpece, y me es imposible manejar firmemente la lan"a y pelear con los enemi os& %a muerto un hombre fortísimo, @arpedón, hijo de /eus, el cual ya ni a su prole defiende& C#rame, oh soberano, la rave herida, adormece mis dolores y dame fortale"a para que mi vo" anime a los licios a combatir y yo mismo luche en defensa del cad$ver& D;8 Así dijo ro ando& .yóle >ebo Apolo y en se uida calmó los dolores, secó la ne ra san re de la rave herida a infundió valor en el $nimo del troyano& Plauco, al notarlo, se hol ó de que el ran dios hubiese escuchado su rue o& 'n se uida fue por todas partes y eGhortó a los capitanes licios para que combatieran en torno de @arpedón& Después, en2 caminóse a paso lar o hacia los troyanos! buscó a 1olidamante 1antoida, al divino A enor, a 'neas y a %éctor armado de broncé! y, deteniéndose cerca de los mismos, dijo estas aladas palabras7 D=3 29%éctor: (e olvidas del todo de los aliados que por ti pierden la vida lejos de los ami os y de la patria tierra, y ni socorrerles quieres& Hace en tierra @arpedón, el rey de los licios escudados, que con su justicia y su valor obernaba a )icia& 'l broncíneo Ares to ha matado con la lan"a de 1atroclo& .h ami os, venid a indi naos en vuestro cora"ón7 no sea que los mirmidones le quiten la armadura a insulten el cad$ver, irritados por la muerte de los d$naos, a quienes dieron muerte nuestras picas junto a las veleras naves& DB3 Así dijo& )os troyanos sintieron rande a inconsolable pena, porque @arpedón, aunque forastero, era un baluarte para la ciudad! había llevado a ella a muchos hombres y en la pelea los superaba a todos& Con randes bríos diri iéronse aquéllos contra los d$naos, y a su frente marchaba %éctor, irritado por la muerte de @arpedón& H 1atroclo Fenecíada, de cora"ón valiente, animó a los aqueos! y dijo a los Ayantes, que ya de combatir estaban deseosos7 DD< 29Ayantes: 1oned empe*o en recha"ar al enemi o y mostraos tan valientes como habéis sido hasta aquí o m$s a#n& Hace en tierra @arpedón, el que primero asaltó nuestra muralla& 9Ah, si apoder$ndonos del cad$ver pudiésemos ultrajarlo, quitarle la armadura de los hombros y matar con el cruel bronce a al uno de los compa*eros que lo de2 fienden:&&& D<; Así dijo, aunque ellos ya deseaban recha"ar al enemi o& H troyanos y licios por una parte, y mirmidones y aqueos por otra, cerraron las falan es, vinieron a las manos y empe"aron a pelear con horrenda ritería en torno del cad$ver& Crujían las armaduras de los uerreros, y /eus cubrió con una da*osa obscuridad la re*ida contienda, para que pro2 dujese mayor estra o el combate que por el cuerpo de su hijo se empe*aba&

D<E 'n un principio, los troyanos recha"aron a los aqueos, de ojos vivos, porque fue herido un varón que no era ciertamente el m$s cobarde de los mirmidones7 el divino 'pi2 eo, hijo de A acles ma n$nimo! el cual reinó en otro tiempo en la populosa +udeo! lue o, por haber dado muerte a su valiente primo, se presentó como suplicante a 1eleo y a (etis, la de ar énteos pies, y ellos le enviaron a Clio, abundante en hermosos corceles, con Aquiles, destructor de las filas de uerreros, para que combatiera contra los troyanos& 'pi eo echaba mano al cad$ver cuando el esclarecido %éctor le dio una pedrada en la cabe"a y se la partió en dos dentro del fuerte casco7 el uerrero cayó boca abajo sobre el cuerpo de @arpedón, y a su alrededor esparcióse la destructora muerte& Apesadumbróse 1atroclo por la pérdida del compa*ero y atravesó al instante las primeras filas, como el velo" avil$n persi ue a unos rajos o estorninos7 de la misma manera acometiste, oh h$bil jinete 1atroclo, a los licios y troyanos, airado en to cora"ón por la muerte del ami o& H co iendo una piedra, hirió en el cuello a 'stenelao, hijo querido de Ctémenes, y le rompió los tendones& Ketrocedieron los combatientes delanteros y el esclarecido %éctor& Cuanto espacio recorre el luen o venablo que lan"a un hombre, ya en el jue o para ejercitarse, ya en la uerra contra los enemi os que la vida quitan, otro tanto se retiraron los troyanos, cediendo al empuje de los aqueos& Plauco, capit$n de los escudados licios, fue el primero que volvió la cara y mató al ma n$nimo +aticles, hijo amado de Calcón, que tenía su casa en la %élade y se se*alaba entre los mirmidones por sus bienes y rique"as7 escap$base Plauco, y +aticles iba a darle alcance, cuando aquél se volvió repentinamente y le hundió la pica en medio del pecho& +aticles cayó con estrépito, los aqueos sintieron hondo pesar por la muerte del valiente uerrero, y los troyanos, muy ale res, rodearon en tropel el cad$ver! pero los aqueos no se olvidaron de su impetuoso valor y arremetieron denodadamente al enemi o& 'ntonces Feriones mató a un combatiente troyano, a )aó ono, esfor"ado hijo de .nétor y sacerdote de /eus Cdeo, a quien el pueblo veneraba como a un dios7 hirióle debajo de la quijada y de la oreja, la vida huyó de los miembros del uerrero, y la obscuridad horrible le envolvió& 'neas arrojó la broncínea lan"a, con el intento de herir a Feriones, que se adelantaba prote ido por el escudo& 1ero Feriones la vio venir y evitó el olpe inclin$ndose hacia adelante7 la in ente lan"a se clavó en el suelo detr$s de él y el re atón temblaba! pero pronto la impetuosa arma perdió su fuer"a& 1enetró, pues, la vibrante punta en la tierra, y la lan"a fue echada en vano por el robusto bra"o& 'neas, con el cora"ón irritado, dijo7 <0829Feriones: Aunque eres $ il saltador, mi lan"a to habría apartado para siempre del combate, si to hubiese herido& <0E Kespondióle Feriones, célebre por su lan"a7 <;I29'neas: Difícil lo ser$, aunque seas valiente, aniquilar la fuer"a de cuantos hombres sal an a pelear conti o& (ambién t# eres mortal& @i lo rara herirte en medio del cuerpo con el a udo bronce, en se uida, a pesar de to vi or y de la confian"a que tienes en to bra"o, me darías loria, y a %ades, el de los famosos corceles, el alma& <;< Así dijo! y el valeroso hijo de Fenecio le reprendió, diciendo7 <;8 29Feriones: 41or qué, siendo valiente, to entretienes en hablar así5 9.h ami o: Con palabras injuriosas no lo raremos que los troyanos dejen el cad$ver! preciso ser$ que al #no de ellos baje antes al seno de la tierra& )as batallas se anan con los pu*os, y las palabras sirven en el consejo& Conviene, pues, no hablar, sino combatir& <=; 'n diciendo esto, echó a andar y si uióle Feriones, var<n i ual a un dios& Como el estruendo que producen los le*adores en la espesura de un monte y que se deja oír a to lejos, tal era el estrépito que se elevaba de la tierra espaciosa al ser olpeados el bronce, el cuero y los bien construidos escudos de pieles de buey por las espadas y las lan"as de doble filo& H ya ni un hombre perspica" hubiera conocido al divino @arpedón, pues los

dardos, la san re y el polvo to cubrían completamente de pies a cabe"a& A it$banse todos alrededor del cad$ver como en la primavera "umban las moscas en el establo por cima de las escudillas llenas de leche, cuando ésta hace rebosar los tarros7 de i ual manera bullían aquéllos en torno del muerto& /eus no apartaba los reful entes ojos de la dura contienda! y, contemplando a los uerreros, revolvía en su $nimo muchas cosas acerca de la muerte de 1atroclo7 vacilaba entre si en la encarni"ada contienda el esclarecido %éctor debería matar con el bronce a 1atroclo sobre @arpedón, i ual a un dios, y quitarle la armadura de los hombros, o convendría eGtender la terrible pelea& H considerando como to m$s con2 veniente que el bravo escudero del 1elida Aquiles hiciera arredrar a los troyanos y a %éctor, armado de bronce, hacia la ciudad y quitara la vida a muchos uerreros, comen"ó infundiendo timide" primeramente a %éctor, el cual subió al carro, se puso en fu a y eGhortó a los dem$s troyanos a que huyeran, porque había conocido hacia qué lado se inclinaba la balan"a sa rada de /eus& (ampoco los fuertes licios osaron resistir, y huyeron todos al ver a su rey herido en el cora"ón y echado en un montón de cad$veres! pues cayeron muchos hombres a su alrededor cuando el Cronión avivó el duro combate& )os aqueos quit$ronle a @arpedón la reluciente armadura de bronce y el esfor"ado hijo de Fenecio la entre ó a sus compa*eros para que la llevaran a las cóncavas naves& H en2 tonces /eus, que amontona las nubes, dijo a Apolo7 <<8 29'a, querido >ebo: Je y después de sacar a @arpedón de entre los dardos, límpiale la ne ra san re, cond#cele a un sitio lejano y l$vale en la corriente de un río, #n ele con ambrosía, ponle vestiduras divinas y entré alo a los veloces conductores y hermanos emelos7 el @ue*o y la Fuerte& H éstos, transport$ndolo con preste"a, lo dejar$n en el rico pueblo de la vasta )icia& Allí sus hermanos y ami os le har$n eGequias y le eri ir$n un t#mulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos& <8< Así dijo, y Apolo no desobedeció a su padre& Descendió de los montes ideos a la terrible batalla, y en se uida levantó al divino @arpedón de entre los dardos, y, conduciéndole a un sitio lejano, lo lavó en la corriente de un río! un iólo con ambrosía, p#sole vestiduras divinas y entre ólo a los veloces conductores y hermanos emelos7 el @ue*o y la Fuerte& H éstos, transport$ndolo con preste"a, to dejaron en el rico pueblo de la vasta )icia& <3B 1atroclo animaba a los corceles y a Automedonte y perse uía a los troyanos y licios, y con ello se atrajo un ran infortunio& 9Cnsensato: @i se hubiese atenido a la orden del 1elida, se hubiera visto libre de la funesta parca, de la ne ra muerte& 1ero siempre el pensamiento de /eus es m$s efica" que el de los hombres Naquel dios pone en fu a al varón esfor"ado y le quita f$cilmente la victoria, aunque él mismo le haya incitado a combatirO, y entonces alentó el $nimo en el pecho de 1atroclo& <E; 4Cu$l fue el primero y cu$l el #ltimo que mataste, oh 1atroclo, cuando los dioses to llamaron a la muerte5 <EB >ueron primeramente Adrasto, Autónoo, 'queclo, 1érimo Fé ada, 'pístor y Felanipo! y después, 6laso, Fulio y 1ilartes& Fató a éstos, y los dem$s se dieron a la fu a& <E3 'ntonces los aqueos habrían tomado (roya, la de altas puertas, por las manos de 1atroclo, que manejaba con ran furia la lan"a, si >ebo Apolo no se hubiese colocado en la bien construida torre para da*ar a aquél y ayudar a los troyanos& (res veces encaminóse 1atroclo a un $n ulo de la elevada muralla! tres veces recha"óle Apolo, a itando con sus manos inmortales el reful ence escudo& H cuando, semejante a un dios, atacaba por cuarta ve", increpóle la deidad terriblemente con estas aladas palabras7 8I8 29Ketírate, 1atroclo del linaje de /eus: 'l hado no ha dispuesto que la ciudad de los altivos troyanos sea destruida por to lan"a, ni por Aquiles, que tanto te aventaja&

80I Así dijo, y 1atroclo retrocedió un ran trecho, para no atraerse la cólera de Apolo, el que hiere de lejos& 80; %éctor se hallaba con el carro y los solípedos corceles en las puertas 'sceas, y estaba indeciso entre uiarlos de nuevo hacia la turba y volver a combatir, o mandar a voces que las tropas se refu iasen en el muro& Fientras refleGionaba sobre esto, presentósele >ebo Apolo, que tomó la fi ura del valiente joven Asio, el cual era tío materno de %éctor, domador de caballos, hermano carnal de %écuba a hijo de Dimante, y habitaba en la >ri ia, junto a la corriente del @an ario& Así transfi urado, eGclamó Apolo, hijo de /eus7 8;0 29%éctor: 41or qué te abstienes de combatir5 ,o debes hacerlo& .jal$ te superara tanto en bravura, cuanto te soy inferior7 entonces te sería funesto el retirarte de la batalla& Fas, ea, uía los corceles de duros cascos hacia 1atroclo, por si puedes matarlo y Apolo to da loria& 8;< 'n diciendo esto, el dios volvió a la batalla& 'l esclarecido %éctor mandó a Cebríones que picara a los corceles y los diri iese a la pelea! y Apolo, entr$ndose por la turba, suscitó entre los ar ivos funesto tumulto y dio loria a %éctor y a los troyanos& %éctor dejó entonces a los dem$s d$naos, sin que fuera a matarlos, y endere"ó a 1atroclo los caballos de duros cascos& 1atroclo, a su ve", saltó del carro a tierra con la lan"a en la i"quierda! co ió con la diestra una piedra +lanca y eri"ada de puntas que llenaba la mano! y, estribando en el suelo, la arrojó, hiriendo en se uida a un combatiente, pues el tiro no salió vano7 dio la a uda piedra en la frente de Cebríones, auri a de %éctor, que era hijo bastardo del ilustre 1ríamo, y entonces obernaba las riendas de los caballos& )a piedra se llevó ambas cejas! el hueso tampoco resistió! los ojos cayeron en el polvo a los pies de Cebríones! y éste, cual si fuera un bu"o, cayó del asiento bien construido, porque la vida huyó de sus miembros& H burl$ndose de él, oh caballero 1atroclo, eGclamaste7 8B= 29.h dioses: 9Fuy $ il es el hombre: 9Cu$n f$cilmente salta a lo bu"o: @i se hallara en el ponto, en peces abundance, ese hombre saltaría de la nave, aunque el mar estuviera tempestuoso, y podría saciar a muchas personas con las ostras que pescara& 9Con tanta facilidad ha dado la voltereta del carro a la llanura: 's indudable que también los troyanos tienen bu"os& 8D0 'n diciendo esto, corrió hacia el héroe con la impetuosidad de un león que devasta los establos hasta que es herido en el pecho y su mismo valor lo mata! de la misma manera, oh 1atroclo, te arrojaste enardecido sobre Cebríones& %éctor, por su parte, saltó del carro al suelo sin dejar las armas& H entrambos luchaban en torno de Cebríones como dos hambrientos leones que en la cumbre de un monte pelean furiosos por el cad$ver de una cierva, así los dos a uerridos campeones, 1atroclo Fenecíada y el esclarecido %éctor, deseaban herirse el uno al otro con el cruel bronce& %éctor había co ido al muerto por la cabe"a y no lo soltaba! 1atroclo lo asía de un pie, y los dem$s troyanos y d$naos sostenían encarni"ado combate& 8<D Como el 'uro y el ,oto contienden en la espesura de un monte, a itando la poblada selva, y las lar as ramas de los fresnos, encinas y corte"udos cornejos chocan entre sí con inmenso estrépito, y se oyen los crujidos de las que se rompen, de semejante modo troyanos y aqueos se acometían y mataban, sin acordarse de la perniciosa fu a& Alrededor de Cebríones se clavaron en tierra muchas a udas lan"as y aladas flechas que saltaban de los arcos! buen n#mero de randes piedras herían los escudos de los que combatían en torno suyo! y el héroe yacía en el suelo, sobre un ran espacio, envuelto en un torbellino de polvo y olvidado del arte de uiar los carros& 888 %asta que el sol hubo recorrido la mitad del cielo, los tiros alcan"aban por i ual a unos y a otros, y los hombres caían& Cuando aquél se encaminó al ocaso, los aqueos eran

vencedores, contra to dispuesto por el destino! y, habiendo arrastrado el cad$ver del héroe Cebríones fuera del alcance de los dardos y del tumulto de los troyanos, le quitaron la ar2 madura de los hombros& 83= 1atroclo acometió furioso a los troyanos7 tres veces los acometió, cual si fuera el r$pido Ares, dando horribles voces! tres veces mató nueve hombres& H cuando, semejante a un dios, arremetiste, oh 1atroclo, por cuarta ve", viose claramente que ya lle abas al término de to vida, pues el terrible >ebo salió a to encuentro en el duro combate& Fas 1atroclo no vio al dios! el cual, cubierto por densa nube, atravesó la turba, se le puso detr$s, y, alar ando la mano, le dio un olpe en la espalda y en los anchos hombros& Al punto los ojos del héroe padecieron vérti os& >ebo Apolo le quitó de la cabe"a el casco con a ujeros a uisa de ojos, que rodó con estrépito hasta los pies de los caballos! y el penacho se manchó de san re y polvo& Lam$s aquel casco, adomado con crines de caballo, se había manchado cayendo en el polvo, pues prote ía la cabe"a y hermosa frente del divino Aquiles& 'ntonces /eus permitió también que to llevara %éctor, porque ya la muerte se iba acercando a este caudillo& A 1atroclo se le rompió en la mano la pica lar a, pesada, rande, fornida, armada de bronce! el ancho escudo y su correa cayeron al suelo, y el soberano Apolo, hijo de /eus, desató la cora"a que aquél llevaba& 'l estupor se apoderó del espíritu del héroe, y sus hermosos miembros perdieron la fuer"a& 1atroclo se detuvo atónito, y entonces desde cerca clavóle a uda lan"a en la espalda, entre los hombros, el d$rdano 'uforbo 1antoida! el cual aventajaba a todos los de su edad en el manejo de la pica, en el arte de uiar un carro y en la velo" carrera, y la primera ve" que se presentó con su carro para aprender a combatir derribó a veinte uerreros de sus carros respectivos& 6ste fue, oh caballero 1atroclo, el primero que contra ti despidió su lan"a, pero a#n no to hi"o sucumbir& 'uforbo arrancó la lan"a de fresno! y, retrocediendo, se me"cló con la turba, sin esperar a 1atroclo, aunque le viera desarmado! mientras éste, vencido por el olpe del dios y la lan"ada, retrocedía al rupo de sus compa*eros para evitar la muerte& 303 Cuando %éctor advirtió que el ma n$nimo 1atroclo se alejaba y que lo habían herido con el a udo bronce, fue en su se uimiento, por entre las filas, y le envainó la lan"a en la parte inferior del vientre, que el hierro pasó de parte a parte! y el héroe cayó con estrépito, causando ran aflicción al ejército aqueo& Como el león acosa en la lucha al indómito jabalí cuando ambos pelean arro antes en la cima de un monte por un escaso manantial donde quieren beber, y el león vence con su fuer"a al jabalí, que respira anhelante, así %éctor 1ri$mida privó de la vida, hiriéndolo de cerca con la lan"a, al esfor"ado hijo de Fenecio, que a tantos había dado muerte& H blasonando del triunfo, profirió estas aladas palabras7 3=I291atroclo: @in duda esperabas destruir nuestra ciudad, hacer cautivas a las mujeres troyanas y llev$rtelas en los bajeles a to patria tierra& 9Cnsensato: )os veloces caballos de %éctor vuelan al combate para defenderlas! y yo, que en manejar la pica sobresal o entre los belicosos troyanos, aparto de los míos el día de la servidumbre, mientras que a ti to comer$n los buitres& 9Ah, infeli": ,i Aquiles, con ser valiente, to ha socorrido& Cuando saliste de las naves, donde él se ha quedado, debió de hacerte muchas recomendaciones, y hablarte de este modo7 Q,o vuelvas a las cóncavas naves, caballero 1atroclo, antes de haber roto la cora"a que envuelve el pecho de %éctor, matador de hombres, te*ida de san reR& Así te dijo, sin duda! y t#, oh necio, te dejaste persuadir& 3B= Con l$n uida vo" le respondiste, caballero 1atroclo7 3BB 9%éctor: L$ctate ahora con altaneras palabras, ya que te han dado la victoria /eus Cronida y Apolo! los cuales me vencieron f$cilmente, quit$ndome la armadura de los hombros& @i& veinte uerreros como t# me hubiesen hecho frente, todos habrían muerto

vencidos por mi lan"a& Fat$ronme la parca funesta y el hijo de )eto, y, entre los hombres, 'uforbo, y t# lle as el tercero, para despojarme de las armas& .tra cosa voy a decirte, que fijar$s en la memoria& (ampoco t# has de vivir lar o tiempo, pues la muerte y la parca cruel se te acercan, y sucumbir$s a manos del eGimio Aquiles '$cida& 3DD Apenas acabó de hablar, la muerte le cubrió con su manto7 el alma voló de los miembros y descendió al %ades, llorando su suerte porque dejaba un cuerpo vi oroso y joven& H el esclarecido %éctor le dijo, aunque muerto le veía7 3DE291atroclo: 41or qué me profeti"as una muerte terrible5 4Muién sabe si Aquiles, hijo de (etis, la de hermosa cabellera, no perder$ antes la vida, herido por mi lan"a5 3<; Dichas estas palabras, puso un pie sobre el cad$ver, arrancó la broncínea lan"a y lo tumbó de espaldas& Cnmediatamente se encaminó, lan"a en mano, hacia Automedonte, el deiforme servidor del '$cida, de pies li eros, pues deseaba herirlo, pero los veloces caballos inmortales, que a 1eleo le dieron los dioses como espléndido presente, ya to sacaban de la batalla& CANTO XVII* Principal"a de enelao
* @e entabla un encarni"ado combate entre aqueos y troyanos para apoderarse de las arenas y el cad$ver de 1atroclo& 1or fin, Fenelao y Feriones, prote idos por los dos Ayante, car an a sus espaldas con el cad$ver de 1atroclo y se lo llevan al campamento&

0 ,o dejó de advertir el Atrida Fenelao, caro a Ares, que 1atroclo había sucumbido en la lid a manos de los troyanos! y, armado de luciente bronce, se abrió camino por los combatientes delanteros y empe"ó a moverse en torno del cad$ver para defenderlo& Como la vaca primeri"a da vueltas alrededor de su becerrillo mu iendo tiernamente, porque an2 tes i noraba lo que era el parto, de semejante manera bullía el rubio Fenelao cerca de 1atroclo& H coloc$ndose delante del muerto, enhiesta la lan"a y embra"ado el liso escudo, se aprestaba a matar a quien se le opusiera& (ampoco 'uforbo, el h$bil lancero hijo de 1$ntoo, se descuidó al ver en el suelo al eGimio 1atroclo, sino que se detuvo a su lado y dijo a Fenelao, caro a Ares7 0; 29Atrida Fenelao, alumno de /eus, príncipe de hombres: Ketírate, suelta el cad$ver y desampara estos san rientos despojos! pues, en la re*ida pelea, nin uno de los troyanos ni de los auGiliares ilustres envasó su lan"a a 1atroclo antes que yo lo hiciera& Déjame alcan"ar inmensa loria entre los troyanos& ,o sea que, hiriéndote, te quite la dulce vida& 03 Kespondióle muy indi nado el rubio Fenelao7 0E291adre /eus: ,o es bueno que nadie se vana lorie con tanta soberbia& ,i la pantera, ni el león, ni el da*ino jabalí que tienen ran $nimo en el pecho y est$n or ullosos de su fuer"a se presentan tan osados como los h$biles lanceros hijos de 1$ntoo& 1ero el fuerte %iperenor, domador de caballos, no si uió o"ando de su juventud cuando me a uardó, después de injuriarme diciendo que yo era el m$s cobarde de los uerreros d$naos, y no creo que haya podido volverse con sus pies para re ocijar a su esposa y a sus venerandos padres& Del mismo modo te quitaré la vida a ti, si osas afrontarme, y te aconsejo que vuelvas a tu ejército y no te pon as delante, pues el necio sólo conoce el mal cuando ya est$ hecho& == Así habló, sin persuadir a 'uforbo, que contestó diciendo7 =B 2Fenelao, alumno de /eus, ahora pa ar$s la muerte de mi hermano, de que canto te jactas& Dejaste viuda a su mujer en el reciente t$lamo! causaste a nuestros padres llanto y dolor profundo& Ho conse uiría que aquellos infelices cesaran de llorar, si, llev$ndome to cabe"a y tus armas, las pusiera en las manos de 1$ntoo y de la divina >rontis& 1ero no se

diferir$ mucho tiempo el combate, ni quedar$ sin decidir quién haya de ser el vencedor y quién el vencido& B= Dicho esto, dio un bote en el escudo liso del Atrida, pero no pudo romper el bronce, porque la punta se torció al chocar con el fuerte escudo& 'l Atrida Fenelao acometió, a su ve", con la pica, orando al padre /eus, y, al it 'uforbo a retroceder, se la clavó en la parte inferior de la ar anta, empujó el asta con la robusta mano y la punta atravesó el delicado cuello& 'uforbo cayó con estrépito, resonaron sus armas y se mancharon de san re sus cabellos, semejantes a los de las Pracias, y los ri"os, que llevaba sujetos con anillos de oro y plata& Cual frondoso olivo que, plantado por el )abrador en un lu ar solitario donde abunda el a ua, crece hermoso, es mecido por vientos de toda clase y se cubre de blancas flores! y, viniendo de repente el hurac$n, te arranca de la tierra y te tiende en el suelo! así el Atrida Fenelao dio muerte a 'uforbo, hijo de 1$ntoo y h$bil lancero, y en se uida comen"ó a quitarle la armadura& <0 Como un montara" león, confiado en su fuer"a, co e del reba*o que est$ paciendo la mejor vaca, le rompe la cervi" con )os fuertes dientes, y, despeda"$ndola, tra a la san re y todas las entra*as! y así los perros como los pastores ritan mucho a su alrededor, pero de lejos, sin atreverse a it contra la fiera porque el p$lido temor los domina, de la misma manera nin uno tuvo bastante $nimo en su pecho para salir al encuentro del lorioso Fenelao& H el Atrida se habría llevado f$cilmente las ma níficas armas del 1antoida, si no te hubiese impedido >ebo Apolo! el cual, tomando la fi ura de Fentes, caudillo de los cícones, suscitó contra aquél a %éctor, i ual al velo" Ares, con estas aladas palabras7 8D 29%éctor: (# corres ahora tras lo que no es posible alcan"ar7 los corceles del a uerrido '$cida& Difícil es que nin uno ni de los hombres ni de los dioses los sujete y sea por ellos llevado, fuera de Aquiles, que tiene una madre inmortal& H en tanto, Fenelao, belicoso hijo de Atreo, que defiende el cad$ver de 1atroclo, ha muerto a uno de los m$s esfor"ados troyanos, a 'uforbo 1antoida, acabando con el impetuoso valor de este caudillo& 3; 'l dios, habiendo hablado así, volvió a la batalla& %éctor sintió profundo dolor en las ne ras entra*as, ojeó las hileras y vio en se uida al Atrida que despojaba de la espléndida armadura a 'uforbo, y a éste tendido en el suelo y vertiendo san re por la herida& Acto continuo, armado como se hallaba de luciente bronce y dando a udos ritos, abrióse paso por los combatientes delanteros cual si fuese una llama ineGtin uible encendida por %efesto& ,o le pasó inadvertido al hijo de Atreo, que imió al oír las voces, y a su ma n$nimo espíritu así le dijo7 E0 29Ay de mí: @i abandono estas ma níficas armas y a 1atrocio, que por ven arme yace aquí tendido, temo que se irritar$ cualquier d$nao que to presencie& H si por ver Aen"a peleo con %éctor y )os troyanos, como ellos son muchos y yo estoy solo, qui"$s me cerquen! pues %éctor, el de tremolaiite casco, trae aquí a todos )os troyanos& Fas 4por qué el cora"ón me hace pensar en tales cosas5 Cuando, oponiéndose a la divinidad, el hombre lucha con un uerrero prote ido por al #n dios, pronto le sobreviene rave da*o& Así, pues, nin uno de )os d$naos se irritar$ conmi o porque me vean ceder a %éctor, que combate amparado por )as deidades& 1ero, si a mis oídos lle ara la vo" de Ayante, valiente en la pelea, volvería aquí con él y sólo pensaríamos en luchar, aunque fuese contra un dios, para ver si lo r$bamos arrastrar el cad$ver y entre arlo al 1elida Aquiles& @ería esto to mejor para hacer llevaderos los presentes males& 0I< Fientras tales pensamientos revolvía en su mente y en su cora"ón, lle aron las huestes de los troyanos, acaudilladas por %éctor& Fenelao dejó el cad$ver y retrocedió, volviéndose de cuando en cuando& Como el melenudo león, a quien alejan del establo los

canes y los hombres con ritos y venablos, siente que el cora"ón auda" se le enco e y abandona de mala ana el redil! de la misma suerte apart$base de 1atroclo el rubio Fenelao, quien, al juntarse con sus ami os, se detuvo, volvió la cara a los troyanos y buscó con los ojos al ran Ayante, hijo de (elamón& 1ronto le distin uió a la i"quierda de la batalla, donde animaba a sus compa*eros y les incitaba a pelear, pues >ebo Apolo les había infundido un ran terror& Corrió a encontrarle! y, poniéndose a su lado, le dijo estas palabras7 0;I 29Ayante: Jen, ami o! apresurémonos a combatir por 1atroclo muerto, y qui"$s podamos llevar a Aquiles el cad$ver desnudo, pues las armas las tiene %éctor, el de tremolante casco& 0;= Así dijo! y conmovió el cora"ón del a uerrido Ayante, que atravesó al momento las primeras filas junto con el rubio Fenelao& %éctor había despojado a 1atroclo de las ma 2 níficas armas y se lo llevaba arrastrando, para separarle con el a udo bronce la cabe"a de los hombros y entre ar el cad$ver a los perros de (roya& 1ero acercósele Ayante con su escudo como una torre! y %éctor, retrocediendo, lle ó al rupo de sus ami os, saltó al carro y entre ó las ma níficas armas a los troyanos para que las llevaran a la ciudad, donde habían de causarle inmensa loria& Ayante cubrió con su ran escudo al Fenecíada y se mantuvo firme& Como el león anda en torno de sus cachorros cuando llev$ndolos por el bosque le salen al encuentro los ca"adores, y, haciendo ala de su fuer"a, baja los p$rpados ocultando sus ojos, de aquel modo corría Ayante alrededor del héroe 1atroclo& 'n la parte opuesta hall$base el Atrida Fenelao, caro a Ares, en cuyo pecho el dolor iba creciendo& 0BI Plauco, hijo de %ipóloco, caudillo de los licios, diri ió entonces la torva fa" a %éctor, y le increpó con estas palabras7 0B; 29%éctor, el de m$s hermosa fi ura, muy falto est$s del valor que la uerra demanda: Cnmerecida es tu buena fama, cuando solamente sabes huir& 1iensa cómo en adelante defender$s la ciudad y sus habitantes, solo y sin m$s auGilio que los hombres nacidos en Clio& ,in uno de los licios ha de pelear ya con los d$naos en favor de la ciudad, puesto que para nada se a radece el combatir siempre y sin descanso contra el enemi o& 4Cómo, oh cruel, salvar$s en la turba a un obscuro combatiente, si dejas que @arpedón, huésped y ami o tuyo, lle ue a ser presa y botín de los ar ivos5 Fientras es2 tuvo vivo, prestó randes servicios a la ciudad y a ti mismo! y ahora no to atreves a apartar de su cad$ver a los perros& 1or esto, si los licios me obedecieren, volveríamos a nuestra patria, y la ruina m$s espantosa amena"aría a (roya& Fas, si ahora tuvieran los troyanos el valor auda" a intrépido que suelen mostrar los que por la patria sostienen contiendas y luchas con los enemi os, pronto arrastraríamos el cad$ver de 1atroclo hasta Clio& H en se uida que el cuerpo de éste fuera retirado del campo y conducido a la ran ciudad del rey 1ríamo, los ar ivos nos entre arían, para rescatarlo, las hermosas armas de @arpedón, y también podríamos llevar a Clio el cad$ver del héroe! pues 1atroclo fue escudero del ar ivo m$s valiente que hay en las naves, como asimismo to son sus tropas, que combaten cuerpo a cuerpo& 1ero t# no osaste esperar al ma n$nimo Ayante, ni resistir su mirada en la lucha, ni combatir con él, porque to aventaja en fortale"a& 0<E Fir$ndole con torva fa", respondió %éctor, el de tremolante casco7 08I 29Plauco: 41or qué, siendo cual eres, hablas con tanta soberbia5 9.h dioses: (e consideraba como el hombre de m$s seso de cuantos viven en la fértil )icia, y ahora he de reprenderte por to que pensaste y dijiste al ase urar que no puedo sostener la acometida del in ente Ayante& ,unca me espantó la batalla, ni el ruido de los caballos! pero siempre el pensamiento de /eus, que lleva la é ida, es m$s efica" que el de los hombres, y el dios pone en fu a al varón esfor"ado y le quita f$cilmente la victoria,

aunque él mismo le haya incitado a combatir& Fas, ea, ven ac$, ami o, ponte a mi lado, contempla mis hechos, y ver$s si seré cobarde en la batalla, como has dicho, aunque dure todo el día! o si haré que al uno de los d$naos, no obstante su ardimiento y valor, cese de defender el cad$ver de 1atroclo& 03= Cuando así hubo hablado, eGhortó a los troyanos, dando randes voces7 03B 29(royanos, licios, d$naos, que cuerpo a cuerpo pele$is: @ed hombres, ami os, y mostrad vuestro impetuoso valor, mientras visto las armas hermosas del eGimio Aquiles, de que despojé al fuerte 1atroclo después de matarlo& 033 Dichas estas palabras, %éctor, el de tremolante casco, salió de la funesta lid, y, corriendo con li era planta, alcan"ó pronto y no muy lejos a sus ami os que llevaban hacia la ciudad las ma níficas armas del hijo de 1eleo& Allí, fuera del luctuoso combate se detuvo y cambió de armadura7 entre ó la propia a los belicosos troyanos, para que la dejaran en la sacra Clio, y vistió las armas divinas del 1elida Aquiles, que los dioses celestiales dieron a 1eleo, y éste, ya anciano, cedió a su hijo, quien no había de usarlas tanto tiempo que lle ara a la veje" llev$ndolas todavía& 0E3 Cuando /eus, que amontona las nubes, vio que %éctor, apart$ndose, vestía las armas del divino 1elida, moviendo la cabe"a, habló consi o mismo y dijo7 ;I0 Q9Ah, mísero: ,o piensas en la muerte, que ya se halla cerca de ti, y vistes las armas divinas de un hombre valentísimo a quien todos temen& %as muerto a su ami o, tan bueno como fuerte, y le has quitado i nominiosamente la armadura de la cabe"a y de los hombros& Fas todavía dejaré que alcances una ran victoria como compensación de que Andrómaca no recibir$ de tus manos, volviendo t# del combate, las ma níficas armas del 1eliónR& ;IE Dijo el Cronión, y bajó las ne ras cejas en se*al de asentimiento& )a armadura de Aquiles le vino bien a %éctor, apoderóse de éste un terrible furor bélico, y sus miembros se vi ori"aron y fortalecieron! y el héroe, dando recias voces, endere"ó sus pasos a los aliados ilustres y se les presentó con las resplandecientes armas del ma n$nimo 1elión& H acerc$ndose a cada uno para animarlos con sus palabras 2a Festles, Plauco, Fedonte, (ersíloco, Asteropeo, Disénor, %ipótoo, >orcis, Cromio y el au ur 6nnomo2, los insti ó con estas aladas palabras7 ;;I 29.íd, tribus inn#meras de aliados que habit$is alrededor de (roya: ,o ha sido por el deseo ni por la necesidad de reunir una muchedumbre por lo que os he traído de vuestras ciudades, sino para que defend$is animosamente de los belicosos aqueos a las esposas y a los tiernos infantes de los troyanos& Con este pensamiento abrumo a mi pueblo y le eGijo dones y víveres para eGcitar vuestro valor& Ahora cada uno ha a frente y embista al enemi o, ya muera, ya se salve, que tales son los lances de la uerra& Al que arrastre el cad$ver de 1atrocio hasta las filas de los troyanos, domadores de caballos, y ha a ceder a Ayante, le daré la mitad de los despojos, reserv$ndome la otra mitad, y su loria ser$ tan rande como la mía& ;== Así dijo& (odos arremetieron con las picas levantadas y car aron sobre los d$naos, pues tenían randes esperan"as de arrancar el cuerpo de 1atroclo de las manos de Ayante (elamoníada& 9Cnsensatos: @obre el mismo cad$ver, Ayante hi"o perecer a muchos de ellos& H este héroe dijo entonces a Fenelao, valiente en la pelea7 ;=3 29.h ami o, oh Fenelao, alumno de /eus: Ha no espero que sal amos con vida de esta batalla& ,i temo tanto por el cad$ver de 1atroclo, que pronto saciar$ en (roya a los perros y aves de rapi*a, cuanto por tu cabe"a y por la mía! pues el nublado de la uerra, %éctor, todo to cubre, y a nosotros nos espera una muerte cruel& 'a, llama a los m$s va2 lientes d$naos, por si al uno to oye&

;B< Así dijo& Fenelao, valiente en la pelea, no desobedeció! y, al"ando recio la vo", dijo a los d$naos7 ;B3 29.h ami os, capitanes y príncipes de los ar ivos, los que bebéis en la tienda de los Atridas A amenón y Fenelao el vino que el pueblo pa a, mand$is las tropas y os viene de /eus el honor y la loria: Fe es difícil ver a cada uno de los caudillos& 9(an rande es el combate que aquí se ha empe*ado: 1ero acercaos vosotros, indi n$ndoos en vuestro cora"ón de que 1atroclo lle ue a ser ju uete de los perros troyanos& ;D< Así dijo& .yóle en se uida el velo" Ayante de .ileo, y acudió antes que nadie, corriendo a través del campo& @i uiéronle Cdomeneo y su escudero Feriones, i ual al homicida 'nialio& 4H quién podría retener en la memoria y decir los nombres de cuantos aqueos fueron lle ando para reanimar la pelea5 ;<; )os troyanos acometieron apinados, con %éctor a su frente& Como en la desembocadura de un río que las celestiales lluvias alimentan, las in entes olas chocan bramando contra la corriente del mismo, refluyen al mar y las altas orillas resuenan en torno! con una ritería tan rande marchaban los troyanos& Fientras tanto, los aqueos permanecían firmes alrededor del cad$ver del Fenecíada, conservando el mismo $nimo y defendiéndose con los escudos de bronce! y el Cronión rodeó de espesa niebla sus relucientes cascos, porque nunca había aborrecido al Fenecíada mientras vivió y fue servidor del '$cida, y entonces veía con desa rado que el cad$ver pudiera lle ar a ser ju uete de los perros troyanos& 1or esto el dios incitaba a los compa*eros a que lo defendieran& ;8B 'n un principio, los troyanos recha"aron a los aqueos, de ojos vivos, y éstos, desamparando al muerto, huyeron espantados& H si bien los altivos troyanos no consi uieron matar con sus lan"as a nin #n aqueo, como deseaban, empe"aron a arrastrar el cad$ver& 1oco tiempo debían los aqueos permanecer alejados de éste, pues los hi"o volver Ayante! el cual, así por su fi ura, como por sus obras, era el mejor de los d$naos, después del eGimio 1elión& Atravesó el héroe las primeras >ilas, y parecido por su bravura al jabalí que en el monte dispersa f$cilmente, dando vueltas por los matorrales, a los perros y a los florecientes mancebos, de la misma manera el esclarecido Ayante, hijo del ilustre (elamón, acometió y dispersó las falan es de troyanos que se a itaban en torno de 1atroclo con el decidido propósito de llevarlo a la ciudad y alcan"ar loria& ;33 %ipótoo, hijo preclaro del pelas o )eto, había atado una correa a un tobillo de 1atroclo, alrededor de los tendones! y arrastraba el cad$ver por el pie, a través del re*ido combate, para con raciarse con %éctor y los troyanos& 1ronto le ocurrió una des racia, de que nadie, por m$s que to deseara, pudo librarlo& 1ues el hijo de (elamón, acometiéndole por entre la turba, le hirió de cerca por el casco de broncíneas carrilleras7 el casco, uarnecido de un penacho de crines de caballo, se quebró al recibir el olpe de la ran lan"a manejada por la robusta mano! el cerebro fluyó san uinolento por la herida, a lo lar o del asta! el uerrero perdió las fuer"as, dejó escapar de sus manos al suelo el pie del ma n$nimo 1atroclo, y cayó de pechos, junto al cad$ver, lejos de la fértil )arisa! y así no pudo pa ar a sus pro enitores la crian"a, ni fue lar a su vida, porque sucumbió vencido por la lan"a del ma n$nimo Ayante& A su ve", %éctor arrojó la reluciente lan"a a Ayante, pero éste, al notarlo, hurtó un poco el cuerpo, y la broncínea arma alcan"ó a 'squedio, hijo del ma n$nimo ífito y el m$s valiente de los focios, que tenía su casa en la célebre 1anopeo y reinaba sobre muchos hombres7 clavóse la broncínea punta debajo de la clavícula y, atraves$ndola, salió por la eGtremidad del hombro& 'l uerrero cayó con estrépito, y sus armas resonaron& =0; Ayante hirió en medio del vientre al a uerrido >orcis, hijo de >énope, que defendía el cad$ver de %ipótoo! y el bronce rompió la cavidad de la cora"a y des arró las entra*as7

el troyano, caído en el polvo, co ió el suelo con las manos& Arredr$ronse los combatientes delanteros y el esclarecido %éctor! y los ar ivos dieron randes voces, retiraron los cad$veres de >orcis y de %ipótoo, y quitaron de sus hombros las respectivas armaduras& =0E 'ntonces los troyanos hubieran vuelto a entrar en Clio, acosados por los belicosos aqueos y vencidos por su cobardía! y los ar ivos hubiesen alcan"ado loria, contra la vo2 luntad de /eus, por su fortale"a y su valor! pero el mismo Apolo insti ó a 'neas, tomando la fi ura del heraldo 1erifante 'pítida, que había envejecido ejerciendo de pre onero en la casa del padre del héroe y sabía dar saludables consejos& Así transfi urado, habló Apolo, hijo de /eus, diciendo7 =;8 29'neas: 4De qué modo podríais salvar la eGcelsa Clio, hasta si un dios se opusiera5 Como he visto hacerlo a otros varones que confiaban en su fuer"a y vi or, en su bravura y en la muchedumbre de tropas formadas por un pueblo intrépido& Fas, al presente, /eus desea que la victoria quede por vosotros y no por los d$naos! y vosotros huís temblando, sin combatir& === Así dijo& 'neas, como viera delante de sí a Apolo, el que hiere de lejos, le reconoció, y a randes voces dijo a %éctor7 ==D 29%éctor y dem$s caudillos de los troyanos y sus aliados: 's una ver Aen"a que entremos en Clio, acosados por los belicosos aqueos y vencidos por nuestra cobardía& -na deidad ha venido a decirme que /eus, el $rbitro supremo, ser$ a#n nuestro auGiliar en la batalla& Farchemos, pues, en derechura a los d$naos, para que no se lleven tranquilamente a las naves el cad$ver de 1atroclo& =B; Así habló! y, saltando mucho m$s all$ de los combatientes delanteros, se detuvo& )os troyanos volvieron la cara y afrontaron a los aqueos& 'ntonces 'neas dio una lan"ada a )eócrito, hijo de Arisbante y compa*ero valiente de )icomedes& Al verlo derribado en tierra, compadecióse )icomedes, caro a Ares! y, par$ndose muy cerca del enemi o, arrojó la reluciente lan"a, hirió en el hí ado, debajo del diafra ma, a Apisaón %ip$sida, pastor de hombres, y le dejó sin vi or las rodillas7 este uerrero procedía de la fértil 1eonia, y era, después de Asteropeo, el que m$s descollaba en el combate& Jioto caer el belicoso Asteropeo, y, apiad$ndose, corrió hacia él, dispuesto a pelear con los d$naos& Fas no le fue posible! pues cuantos rodeaban por todas partes a 1atroclo se cubrían con los escudos y calaban las lamas& Ayante recorría las filas y daba muchas órdenes7 mandaba que nin uno retrocediese, abandonando el cad$ver, ni combatiendo se adelantara a los dem$s aqueos, sino que todos rodearan al muerto y pelearan de cerca& Así se lo encar aba el in ente Ayante& )a tierra estaba re ada de purp#rea san re y caían muertos, unos en pos de otros, muchos troyanos, poderosos auGiliares, y d$naos! pues estos #ltimos no peleaban sin derramar san re, aunque perecían en mucho menor n#mero porque cuidaban siempre de defenderse recíprocamente en medio de la turba, para evitar la cruel muerte& =<< Así combatían, con el ardor del fue o& ,o hubieras dicho que a#n subsistiesen el sol y luna, pues hall$banse cubiertos por la niebla todos los uerreros ilustres que peleaban alrededor del cad$ver del Fenecíada& )os restantes troyanos y aqueos, de hermosas rebas, libres de la obscuridad, luchaban al cielo sereno7 los vivos rayos del sol herían el campo, sin que apareciera nin una nube sobre la tierra ni en las monta*as, y ellos combatían y descansaban alternativamente, hall$ndose a ran distancia unos de otros y procurando librarse de los dolorosos tiros que les diri ían los contrarios& H en tanto, los del centro padecían muchos males a causa de la niebla y del combate, y los m$s valientes estaban da*ados por el cruel bronce& Dos varones insi nes, (rasimedes y An2 tíloco, i noraban a#n que el eGimio 1atroclo hubiese muerto y creían que, vivo a#n, luchaba con los troyanos en la primera fila& Ambos, aunque estaban en la cuenta de que

sus compa*eros eran muertos o derrotados, peleaban separadamente de los dem$s! que así se to había ordenado ,éstor, cuando desde las ne ras naves los envió a la batalla& =3B (odo el día sostuvieron la ran contienda y el cruel combate& Cansados y sudosos tenían las rodillas, las piernas y m$s abajo los pies, y manchados de polvo las manos y los ojos, cuantos peleaban en torno del valiente servidor del '$cida, de pies li eros& Como un hombre da a los obreros, para que la estiren, una piel rande de toro cubierta de rasa, y ellos, co iéndola, se distribuyen a su alrededor, y tirando todos sale la humedad, penetra la rasa y la piel queda perfectamente eGtendida por todos lados, de la misma manera tiraban aquéllos del cad$ver ac$ y acull$, en un reducido espacio, y tenían randes esperan"as de arrastrarlo los troyanos hacia Clio, y los aqueos a las cóncavas naves& -n tumulto fero" se producía alrededor del muerto! y ni Ares, que enardece a los uerreros, ni Atenea por airada que estuviera, habrían hallado nada que baldonar, si to hubiesen presenciado7 tare funesto combate de hombres y caballos suscitó /eus aquel día sobre el cad$ver de 1atroclo& 'l divino Aquiles i noraba a#n la muerte del héroe, porque la pelea se había empe*ado muy lejos de las veleras naves, al pie del muro de (roya& ,o se fi uraba que hubiese muerto, sino que después de acercarse a las puertas volvería vivo! porque tampoco esperaba que lle ara a tomar la ciudad, ni solo, ni con él mismo& Así se to había oído muchas veces a su madre cuando, habl$ndole separadamente de los dem$s, le revelaba el pensamiento del ran /eus& 1ero entonces la diosa no le anunció la ran des racia que acababa de ocurrir7 la muerte del compa*ero a quien m$s amaba& B0; )os combatientes, blandiendo afiladas lan"as, se acometían continuamente alrededor del cad$ver! y unos a otros se mataban& H hubo quien entre los aqueos, de broncíneas cora"as, habló de esta manera7 B0D 29.h ami os: ,o sería para nosotros acción loriosa la de volver a las cóncavas naves& Antes la ne ra tierra se nos tra ue a todos! que preferible fuera, si hemos de permitir a los troyanos, domadores de caballos, que arrastren el cad$ver a la ciudad y alcancen loria& B;I H a su ve" al uno de los ma n$nimos troyanos así decía7 B;0 29.h ami os: Aunque la parca haya dispuesto que sucumbamos todos junto a ese hombre, nadie abandone la batalla& B;= Con tales palabras eGcitaban el valor de sus compa*eros& @e uía el combate, y el férreo estrépito lle aba al cielo de bronce, a través del infecundo éter& B;< )os corceles de Aquiles lloraban, fuera del campo de la batalla, desde que supieron que su auri a había sido postrado en el polvo por %éctor, matador de hombres& 1or m$s que Automedonte, hijo valiente de Diores, los a uijaba con el fleGible l$ti o y les diri ía palabras, ya suaves, ya amena"adoras! ni querían volver atr$s, a las naves y al vasto %elesponto, ni encaminarse hacia los aqueos que estaban peleando& Como la columna se mantiene firme sobre el t#mulo de un varón difunto o de una matrona, tan inmóviles permanecían aquéllos con el ma nífico carro& Cnclinaban la cabe"a al suelo, de sus p$rpados caían a tierra ardientes l$ rimas con que lloraban la pérdida del auri a, y las lo"anas crines estaban manchadas y caídas a ambos lados del yu o& BB0 A0 verlos llorar, el Cronión se compadeció de ellos, movió la cabe"a, y, hablando consi o mismo, dijo7 BB= Q9Ah, infelices: 41or qué os entre amos al rey 1eleo, a un mortal, estando vosotros eGentos de la veje" y de la muerte5 4Acaso para que tuvieseis penas entre los míseros mortales5 1orque no hay un ser m$s des raciado que el hombre, entre cuantos respiran y se mueven sobre la tierra& %éctor 1ri$mida no ser$ llevado por vosotros en el labrado carro! no lo permitiré& 41or ventura no es bastante que se haya apoderado de las armas y se loríe de esta manera5 Daré fuer"a a vuestras rodillas y a vuestro espíritu, para que

llevéis salvo a Automedonte desde la batalla a las cóncavas naves! y concederé loria a los troyanos, los cuales se uir$n matando hasta que lle uen a las naves de muchos bancos, se pon a el sol y la sa rada obscuridad sobreven a&R BD< Así diciendo, infundió ran vi or a los caballos7 sacudieron éstos el polvo de las crines y arrastraron velo"mente el li ero carro hacia los troyanos y los aqueos& Automedonte, aunque afli ido por la suerte de su compa*ero, quería combatir desde el carro, y con los corceles se echaba sobre los enemi os como el buitre sobre los $nsares! y con la misma facilidad huía del tumulto de los troyanos, que arremetía a la ran turba de ellos para se uirles el alcance& 1ero no mataba hombres cuando se lan"aba a perse uir, porque, estando solo en el sa rado asiento, no le era posible acometer con la lan"a y sujetar al mismo tiempo los veloces caballos& Jiole al fin su compa*ero Alcimedonte, hijo de )aerces %emónida! y, poniéndose detr$s del carro, dijo a Automedonte7 B<E 29Automedonte: 4Mué dios te ha su erido tan in#til propósito dentro del pecho y to ha privado de te buen juicio5 41or qué, estando solo, combates con los troyanos en la pri2 mera fila5 (u compa*ero recibió la muerte, y %éctor se vana loria de cubrir sus hombros con las armas del '$cida& B8B Kespondióle Automedonte, hijo de Diores7 B8D 29Alcimedonte: 4Cu$l otro aqueo podría sujetar o a uijar estos caballos inmortales mejor que t#, si no fuera 1atroclo, consejero i ual a los dioses, mientras estuvo vivo5 1ero ya la muerte y la parca to alcan"aron& Keco e el l$ti o y las lustrosas riendas, y yo bajaré del carro para combatir& B30 Así dijo& Alcimedonte, subiendo en se uida al velo" carro, empu*ó el l$ti o y las riendas, y Automedonte saltó a tierra& Advirtiólo el esclarecido %éctor! y al momento dijo a 'neas, que a su lado estaba7 B3D 29'neas, consejero de los troyanos, de broncíneas cora"as: Advierto que los corceles del '$cida, li ero de pies, aparecen nuevamente en la lid uiados por auri as débiles& H creo que me apoderaría de los mismos, si t# quisieras ayudarme! pues, arremetiendo nosotros a los auri as, éstos no se&& atrever$n a resistir ni a pelear frente a frente& BE0 Así dijo! y el valeroso hijo de Anquises no dejó de obedecerle& Ambos pasaron adelante, prote iendo sus hombros con sólidos escudos de pieles secas de buey, cubiertas con ruesa capa de bronce& @i uiéronles Cromio y el deiforme Areto, que tenían randes esperan"as de matar a los auri as y llevarse los corceles de er uido cuello& 9Cnsensatos: ,o sin derramar san re habían de escapar de Automedonte& 6ste, orando al padre /eus, llenó de fuer"a y vi or las ne ras entra*as! y en se uida dijo a Alcimedonte, su fiel compa*ero7 DI029Alcimedonte: ,o ten as los caballos lejos de mí! sino tan cerca, que sienta su resuello sobre mi espalda& Creo que %éctor 1ri$mida no calmar$ su ardor hasta que suba al carro de Aquiles y obierne los corceles de hermosas crines, después de darnos muerte a nosotros y desbaratar las filas de los uerreros ar ivos! o él mismo sucumba, peleando con los combatientes delanteros& DI8 Así habiendo hablado, llamó a los dos Ayantes y a Fenelao7 DI3 29Ayantes, caudillos de los ar ivos: 9Fenelao: Dejad a los m$s fuertes el cuidado de rodear al muerto y defenderlo, recha"ando las haces enemi as! y venid a librarnos del día cruel a nosotros que a#n vivimos, pues se diri en a esta parte, corriendo por el luctuoso combate, %éctor y 'neas, que son los m$s valientes de los troyanos& 'n la mano de los dioses est$ to que haya de ocurrir& Ho arrojaré mi lan"a, y /eus se cuidar$ del resto&

D0< Dijo! y, blandiendo la in ente lan"a, acertó a dar en el escudo liso de Areto, que no lo ró detener a aquélla7 atravesólo la punta de bronce, y ras ando el cinturón se clavó en el empeine del uerrero& Como un joven hiere con afilada se ur a un buey montara" por detr$s de las astas, le corta el nervio y el animal da un salto y cae, de esta manera el troyano saltó y cayó boca arriba y la lan"a a uda, vibrando a#n en sus entra*as, dejóle sin vi or los miembros&2 %éctor arrojó la reluciente lan"a contra Automedonte, pero éste, como la viera venir, evitó el olpe inclin$ndose hacia adelante7 la fornida lan"a se clavó en el suelo detr$s de él, y el re atón temblaba! pero pronto la impetuosa arma perdió su fuer"a& H se atacaron de cerca con las espadas, si no les hubiesen obli ado a separarse los dos Ayantes! los cuales, enardecidos, abriéronse paso por la turba y acudieron a las voces de su ami o& (emiéronlos %éctor, 'neas y el deiforme Cromio, y, retrocediendo, dejaron a Areto, que yacía en el suelo con el cora"ón traspasado& Automedonte, i ual al velo" Ares, despojóle de las armas y, lori$ndose, pronunció estas palabras7 D=3 2'l pesar de mi cora"ón por la muerte del Fenecíada se ha aliviado un poco! aunque le es inferior el varón a quien he dado muerte& DBI Así diciendo, tomó y puso en el carro los san rientos despojos! y en se uida subió al mismo, con los pies y las manos ensan rentados como el león que ha devorado un toro& DB= De nuevo se trabó una pelea encarni"ada, funesta, luctuosa, en torno de 1atroclo& 'Gcitó la lid a Atenea, que vino del cielo, enviada a socorrer a los d$naos por el lar ovidente /eus, cuya mente había cambiado& De la suerte que /eus tiende en el cielo el purp#reo arco iris, como se*al de una uerra o de un invierno tan frío que obli a a suspender las labores del campo y entristece a los reba*os, de este modo la diosa, envuelta en purp#rea nube, penetró por las tropas aqueas y animó a cada uerrero& 1rimero endere"ó sus pasos hacia el fuerte Fenelao, hijo de Atreo, que se hallaba cerca! y, tomando la fi ura y vo" infati able de >éniG, le eGhortó diciendo7 DD< 2@ería para ti, oh Fenelao, motivo de ver Aen"a y de oprobio que los veloces perros despeda"aran cerca del muro de (roya el cad$ver de quien fue compa*ero fiel del ilustre Aquiles& 9Combate denodadamente y anima a todo el ejército: D<o Kespondióle Fenelao, valiente en la pelea7 D<0 291adre >éniG, anciano respetable: .jal$ Atenea me infundiese vi or y me librase del ímpetu de los tiros& Ho quisiera ponerme al lado de 1atroclo y defenderlo, porque su muerte conmovió mucho mi cora"ón! pero %éctor tiene la terrible fuer"a de una llama, y no cesa de matar con el bronce, prote ido por /eus, que le da loria& D<8 Así dijo& Atenea, la diosa de ojos de lechu"a, hol $ndose de que aquél la invocara la primera entre todas las deidades, le vi ori"ó los hombros y las rodillas, a infundió en su pecho la audacia de la mosca, la cual, aunque sea ahuyentada repetidas veces, vuelve a picar porque la san re humana le es a radable! de una audacia semejante llenó la diosa las ne ras entra*as del héroe& 'ncaminóse Fenelao hacia el cad$ver de 1atroclo y despidió la reluciente lan"a& %all$base entre los troyanos 1odes, hijo de 'etión, rico y valiente, a quien %éctor honraba mucho en la ciudad porque era su compa*ero querido en los festines! a éste, que ya emprendía la fu a, atravesólo el rubio Fenelao con la broncínea lan"a que se clavó en el ce*idor, y el troyano cayó con estrépito& A0 punto, el Atrida Fenelao arrastró el cad$ver desde los troyanos adonde se hallaban sus ami os& D3; Apolo incitó a %éctor, poniéndose a su lado después de tomar la fi ura de >énope Asíada! éste tenía la casa en Abides, y era para el héroe el m$s querido de sus huéspedes& Así transfi urado, dijo Apolo, el que hiere de lejos7 D3< 29%éctor: 4Cu$l otro aqueo te temer$, cuando huyes temeroso ante Fenelao, que siempre fue uerrero débil y ahora él solo ha levantado y se lleva fuera del alcance de los

troyanos el cad$ver de tu fiel ami o a quien mató, del que peleaba con denuedo entre los combatientes delanteros, de 1odes, hijo de 'etión5 DE0 Así dijo, y ne ra nube de pesar envolvió a %éctor, que en se uida atravesó las primeras filas, cubierto de reluciente bronce& 'ntonces el Cronida tomó la esplendorosa é ida floqueada, cubrió de nubes el Cda, relampa ueó y tronó fuertemente, a itó la é ida, y die la victoria a los troyanos, poniendo en fu a a los aqueos& DE8 'l primero que huyó fue 1enéleo, el beocio, per haber recibido, vuelto siempre de cara a los troyanos, una herida leve en el hombre! y 1olidamante, acerc$ndose a él, le arrojó la lan"a, que des arró la piel y lle ó hasta el hueso&2 %éctor, a su ve", hirió en la mu*eca y dejó fuera de combate a )eito, hijo del ma n$nimo Alectrión! el cual huyó espantado y mirando en torno suyo, porque ya no esperaba que con la lan"a en la mano pudiese combatir con los troyanos&2 Contra %éctor, que perse uía a )eito, arrojó Cdomeneo su lan"a y le dio un bote en el peto de la cora"a, junto a la tetilla! pero rompióse aquélla en la unión del asta con el hierro! y los troyanos ritaron& %éctor despidió su lama contra Cdomeneo Deuc$lida, que iba en un carro! y por poco no acertó a herirlo! pero el bronce se clavó en Cérano, escudero y auri a de Feriones, a quien acom2 pa*aba desde que partieron de la bien construida )icto& Cdomeneo salió aquel día de las corvas naves al campo, como infante! y hubiera procurado a los troyanos un ran triunfo, si no hubiese lle ado Cérano uiando los veloces corceles7 éste fue su salvador, porque le libró del día cruel al perder la vida a manos de %éctor, matador de hombres& A Cérano, pues, hirióle %éctor debajo de la quijada y de la oreja7 la punta de la lan"a hi"o saltar los dientes y atravesó la len ua& 'l uerrero cayó del carro, y dejó que las riendas vinieran al suelo& Feriones, inclin$ndose, reco iólas, y dijo a Cdomeneo7 <;; 2Aquija con el l$ti o los caballos hasta que lle ues a las veleras naves! pues ya t# mismo conoces que no ser$n los aqueos quienes alcancen la victoria& <;B Así habló! a Cdomeneo fusti ó los corceles de hermosas crines, ui$ndolos hacia las cóncavas naves, porque el temor había entrado en su cora"ón& <;< ,o les pasó inadvertido al ma n$nimo Ayante y a Fenelao que /eus otor aba a los troyanos la inconstante victoria& H el ran Ayante (elamonio fue el primero en decir7 <;E 29.h dioses: Ha hasta el m$s simple conocería que el padre /eus favorece a los troyanos& )os tiros de todos ellos, sea cobarde o valiente el que dispara, no yerran el blanco, porque /eus los encamina! mientras que los nuestros caen al suelo sin da*ar a nadie& 'a, pensemos cómo nos ser$ m$s f$cil sacar el cad$ver y volvernos, para re ocijar a nuestros ami os! los cuales deben de atli irse mirando hacia ac$, y sin duda piensan que ya no podemos resistir la fuer"a y las invictas manes de %éctor, matador de hombres, y pronto tendremos que caer en las ne ras naves& .jal$ al #n ami o avisara r$pidamente al 1elida, pues no creo que sepa la infausta nueva de que ha muerto su compa*ero amado& 1ero no puedo distin uir entre los aqueos a nadie capa" de hacerlo, cubiertos como est$n por densa niebla hombres y caballos& 91adre /eus: 9)ibra de la espesa niebla a los aqueos, serena el cielo, concede que nuestros ojos vean, y destr#yenos en la lu", ya que así te place: <B3 Así dijo! y el padre, compadecido de verle derramar l$ rimas, disipó en el acto la obscuridad y apartó la niebla& +rilló el sol y toda la batalla quedó alumbrada& H entonces dijo Ayante a Fenelao, valiente en la pelea7 <D0 2Fira ahora, Fenelao, alumno de /eus, si ves a Antíloco, hijo del ma n$nimo ,éstor, vivo a#n! y envíale para que vaya corriendo a decir al belicoso Aquiles que ha muerto su compa*ero m$s amado& <DD Así dijo! y Fenelao, valiente en la pelea, obedeció y se fue, como se aleja del establo un león después de irritar a los canes y a los hombres que, vi ilando toda la

noche, no le han dejado comer los pin Aes bueyes 2el animal, $vido de carne, acomete, pero nada consi ue porque audaces manos le arrojan muchos venablos y teas encendidas que le hacen temer, aunque est$ enfurecido2! y al despuntar la aurora se va con el cora"ón atli ido7 de tan mala ana, Fenelao, valiente en la pelea, se apartaba de 1atroclo, porque sentía ran temor de que los aqueos, vencidos por el fuerte miedo, lo dejaran y fuera presa de los enemi os& H se lo recomendó mucho a Feriones y a los Ayantes, diciéndoles7 <<E 29Ayantes, caudillos de los ar ivos: 9Feriones: Acordaos ahora de la mansedumbre del mísero 1atroclo, el cual supo ser amable con todos mientras o"ó de vida& 1ero ya la muerte y la parca le alcan"aron& <8= Dicho esto, el rubio Fenelao partió mirando a todas partes como el $ uila Nel ave, se #n dicen, de vista m$s perspica" entre cuantas vuelan por el cieloO, a la cual, aun estando en las alturas, no le pasa inadvertida una liebre de pies li eros echada debajo de un arbusto frondoso, y se abalan"a a ella y en un instante la co e y le quita la vida! del mismo modo, oh Fenelao, alumno de /eus, tus brillantes ojos diri íanse a todos lados, por la turba numerosa de los compa*eros, para ver si podrías hallar vivo al hijo de ,éstor& 1ronto le distin uió a la i"quierda del combate, donde animaba a sus compa*eros y les incitaba a pelear& H deteniéndose a su lado, hablóle así el rubio Fenelao7 <3D 29'a, ven ac$, Antíloco, alumno de /eus, y sabr$s una infausta nueva que ojal$ no debiera darte: Creo que t# mismo conocer$s, con sólo tender la vista, que un dios nos manda la derrota a los d$naos y que la victoria es de los troyanos& %a muerto el m$s valiente aqueo, 1atroclo, y los d$naos le echan muy de menos& Corre hacia las naves aqueas y an#ncialo a Aquiles! por si, d$ndose prisa en venir, puede llevar a su bajel el cad$ver desnudo, pues las armas las tiene %éctor, el de tremolante casco& <EB Así dijo& 'stremecióse Antíloco al oírle, estuvo un buen rato sin poder hablar, llen$ronse de l$ rimas sus ojos y la vo" sonora se le cortó& Fas no por esto descuidó de cumplir la orden de Fenelao7 entre ó las armas a )aódoco, el eGimio compa*ero que a su lado re ía los solípedos caballos, y echó a correr& 8II )levado por sus pies fuera del combate, fuese llorando a dar al 1elida Aquiles la triste noticia& H a ti, oh Fenelao, alumno de /eus, no te aconsejó el $nimo que te quedaras a00í para socorrer a los fati ados compa*eros de Antíloco, aunque los pilios echaban muy de menos a su jefe& 'nvióles, pues, el divino (rasimedes! y volviendo a la carrera hacia el cad$ver del héroe 1atroclo, se detuvo junto a los Ayantes, y en se uida les dijo7 8I3 2Ha he enviado a aquél a las veleras naves, para que se presente a Aquiles, el de los pies li eros! pero no creo que Aquiles ven a en se uida, por m$s airado que esté con el divino %éctor, porque sin armas no podr$ combatir con los troyanos& 1ensemos nosotros mismos cómo nos ser$ m$s f$cil sacar el cad$ver y librarnos, en la lucha con los troyanos, de la muerte y la parca& 80D Kespondióle el ran Ayante (elamonio7 80< 2.portuno es cuanto dijiste, ínclito Fenelao& (# y Feriones introducíos prontamente, levantad el cad$ver y sacadlo de la lid& H nosotros dos, que tenernos i ual $nimo, llevamos el mismo nombre y siempre hemos sostenido juntos el vivo combate, os se uiremos, peleando a vuestra espalda con los troyanos y el divino %éctor& 8;; Así dijo& Aquéllos co ieron al muerto y al"$ronlo muy alto! y ritó el ejército troyano al ver que los aqueos levantaban el cad$ver& Arremetieron los troyanos como los perros que, adelant$ndose a los jóvenes ca"adores, persi uen al jabalí herido! así como éstos corren detr$s del jabalí y anhelan despeda"arlo, pero, cuando el animal, fiado en su fuer"a, se vuelve, retroceden y espantados se dispersan! del mismo modo los troyanos

se uían en tropel y herían a los aqueos con las espadas y lan"as de doble filo! pero, cuando los Ayantes volvieron la cara y se detuvieron, a todos se les mudó el color del semblante y nin uno osó adelantarse para disputarles el cad$ver& 8== De tal manera ambos caudillos llevaban presurosos el cad$ver desde la batalla hacia las cóncavas naves& (ras ellos suscitóse fero" combate7 como el fue o que prende en una ciudad, se levanta de pronto y resplandece, y las caWs se arruinan entre randes llamas que el viento, enfurecido, mueve! de i ual suerte, un horrísono tumulto de caballos y uerreros acompa*aba a los que se iban retirando& Así como mulos vi orosos sacan del monte y arrastran por $spero camino una vi a o un ran tronco destinado a m$stil de navío, y apresuran el paso, pero su $nimo est$ abatido por el cansancio y el sudor7 de la misma manera ambos caudillos transportaban animosamente el cad$ver& Detr$s de ellos, los Ayantes contenían a los troyanos como el valladar selvoso eGtendido por ran parte de la llanura refrena las corrientes perjudiciales de los ríos de curso arrebatado, les hace torcer el camino y les se*ala el cauce por donde todos han de correr, y jam$s los ríos pueden romperlo con la fuer"a de sus a uas! de semejante modo, los Ayantes apartaban a los troyanos que les se uían peleando, especialmente 'neas Anquisíada y el preclaro %éctor& Como vuela una bandada de estorninos o rajos, dando horribles chillidos, cuando ven al avil$n que trae la muerte a los pajarillos, así entonces los aqueos, perse uidos por 'neas y %éctor, corrían chillando horriblemente y se olvidaban de combatir& Fuchas armas hermosas de los d$naos fu itivos cayeron en el foso o en sus orillas, y la batalla continuaba sin intermisión al una& CANTO XVIII * /abricación de las armas
* Aquiles, al enterarse de la noticia de la muerte de su ami o 1atroclo, ansía ven arlo& @u madre, (etis, pide a %efesto que fabrique un escudo que reemplace al que %éctor tomó como botín del cad$ver de 1atroclo&

0 Fientras los troyanos y los aqueos combatían con el ardor de abrasadora llama, Antíloco, mensajero de veloces pies, fue en busca de Aquiles& %allóle junto alas naves, de altas popas, y ya el héroe presentía lo ocurrido! pues, imiendo, a su ma n$nimo espíritu así le hablaba7 < 29Ay de mí: 41or qué los melenudos aqueos vuelven a ser derrotados, y corren aturdidos por la llanura con dirección a las naves5 (emo que los dioses me hayan causado la des racia cruel para mi cora"ón, que me anunció mi madre diciendo que el m$s valiente de los mirmidones dejaría de ver la lu" del sol, a manos de los troyanos, antes de que yo falleciera& @in duda ha muerto el esfor"ado hijo de Fenecio& 9Cnfeli": Ho le mandé que, tan pronto como apartase el fue o enemi o, re resara a los bajeles y no quisiera pelear valerosamente con %éctor& 0D Fientras tales pensamientos revolvía en su mente y en su cora"ón, lle ó el hijo del ilustre ,éstor! y, derramando ardientes l$ rimas, diole la triste noticia7 0329Ay de mí, hijo del a uerrido 1eleo: @abr$s una infausta nueva, una cosa que no hubiera de haber ocurrido& 1atroclo yace en el suelo, y troyanos y aqueos combaten en torno del cad$ver desnudo, pues %éctor, el de tremolante casco, tiene la armadura& ;; Así dijo! y ne ra nube de pesar envolvió a Aquiles& 'l héroe co ió ceni"a con ambas manos, derramóla sobre su cabe"a, afeó el racioso rostro y la ne ra ceni"a manchó la di2 vina t#nica! después se tendió en el polvo, ocupando un ran espacio, y con las manos se arrancaba los cabellos& )as esclavas que Aquiles y 1atroclo habían cautivado salieron afli idas! y, dando a udos ritos, fueron desde la puerta a rodear a Aquiles! todas se olpeaban el pecho y sentían desfallecer sus miembros& Antíloco también se lamentaba,

vertía l$ rimas y tenía de las manos a Aquiles, cuyo ran cora"ón deshacíase en suspiros, por el temor de que se cortase la ar anta con el hierro& Dio Aquiles un horrendo emido! oyóle su veneranda madre, que se hallaba en el fondo del mar, junto al padre anciano, y prorrumpió en sollo"os! y cuantas diosas nereidas había en aquellas profundidades, todas se con re aron a su alrededor& Allí estaban Plauce, (alía, Cimódoce, ,esea, 'spío, (oe, %alia, la de ojos de novilla, Cimótoe, Actea, )imnorea, Félite, Hera, Anfítoe, T ave, Doto, 1roto, >erusa, Din$mene, DeG$mene, Anfínome, Calianira, Dóride, 1$nope, la célebre Palatea, ,emertes, Apseudes, Calianasa, Clímene, Hanira, Hanasa, Fera, .ritía, Amatía, la de hermosas tren"as, y las restantes nereidas que habitan en el hondo del mar& )a blanquecina ruta se llenó de ninfas, y todas se olpeaban el pecho& H (etis, dando principio a los lamentos, eGclamó7 D; 2.íd, hermanas nereidas, para que sep$is cu$ntas penas sufre mi cora"ón& 9Ay de mí, des raciada: 9Ay de mí, madre infeli" de un valiente: 1arí a un hijo ilustre, fuerte a insi ne entre los héroes, que creció semejante a un $rbol! le crié como a una planta en terreno fértil y to mandé a Clio en las corvas naves para que combatiera con los troyanos! y ya no le recibiré otra ve", porque no volver$ a mi casa, a la mansión de 1eleo& Fientras vive y ve la lu" del sol est$ an ustiado, y no puedo, aunque a él me acerque, llevarle socorro& Cré a ver al hijo querido y me dir$ qué pesar le afli e ahora que no interviene en las batallas& <D Así diciendo, salió de la ruta! las nereidas la acompa*aron llorosas, y las olas del mar se rompían en torno de ellas& Cuando lle aron a la fértil (roya, subieron todas a la playa donde las muchas naves de los mirmidones habían sido colocadas junto a la del velo" Aquiles& )a veneranda madre se acercó al héroe, que suspiraba profundamente! y, rompiendo el aire con a udos clamores, abra"óle la cabe"a, y en tono lastimero pronunció estas aladas palabras7 8= 29%ijo: 41or qué lloras5 4Mué pesar te ha lle ado al alma5 %abla! no me to ocultes& /eus ha cumplido lo que t#, levantando las manos, le pediste7 que todos los aqueos, privados de ti, fueran acorralados junto a las naves y padecieran ver on"osos desastres& 83 'Ghalando profundos suspiros, contestó Aquiles, el de los pies li eros7 8E 29Fadre mía: 'l .límpico, efectivamente, lo ha cumplido! pero 4qué placer puede producirme, habiendo muerto 1atroclo, el fiel ami o a quien apreciaba sobre todos los compa*eros y tanto como a mi propia cabe"a5 )o he perdido, y %éctor, después de matarlo, le despojó de las armas prodi iosas, encanto de la vista, ma níficas, que los dioses re alaron a 1eleo, como espléndido presente, el día en que lo colocaron en el t$lamo de un hombre mortal& .jal$ hubieras se uido habitando en el mar con las inmortales ninfas, y 1eleo hubiese tomado esposa mortal& Fas no sucedió así, para que sea inmenso el dolor de tu alma cuando muera tu hijo, a quien ya no recibir$s vuelto a la patria, pues mi $nimo no me incita a vivir, ni a permanecer entre los hombres, si %éctor no pierde la vida, atravesado por mi lan"a, recibiendo de este modo la condi na pena por la muerte de 1atroclo Fenecíada& EB Kespondióle (etis, derramando l$ rimas7 ED 2+reve ser$ tu eGistencia, a ju" ar por lo que dices, pues la muerte te a uarda así que %éctor pere"ca& E8 Contestó muy afli ido Aquiles, el de los pies li eros7 Ee 2Fuera yo en el acto, ya que no pude socorrer al ami o cuando lo mataron7 ha perecido lejos de su país y sin tenerme al lado para que le librara de la des racia& Ahora, puesto que no he de volver a la patria tierra, ni he salvado a 1atroclo ni a los muchos ami os que murieron a manos del divino %éctor, permane"co en las naves cual in#til peso de la tierra, siendo tal en la batalla como nin uno de los aqueos, de broncíneas

cora"as, pues en el $ ora otros me superan& .jal$ pereciera la discordia para los dioses y para los hombres, y con ella la ira, que encruelece hasta al hombre sensato cuando m$s dulce que la miel se introduce en el pecho y va creciendo como el humo& Así me irritó el rey de hombres, A amenón& 1ero dejemos to pasado, aunque afli idos, pues es preciso refrenar el furor del pecho& Cré a buscar al matador del ami o querido, a %éctor! y yo recibiré la muerte cuando lo dispon an /eus y los dem$s dioses inmortales& 1ues ni el fornido %eracies pudo librarse de ella, con ser carísimo al soberano /eus Cronida, sino que la parca y la cólera funesta de %era le hicieron sucumbir& Así yo, si he de tener i ual muerte, yaceré en la tumba cuando muera! mas ahora anaré loriosa fama y haré que al unas de las matronas troyanas o dardanias, de profundo seno, den fuertes suspiros y con ambas manos se enju uen las l$ rimas de sus tiernas mejillas& Cono"can que durante lar o tiempo me he abstenido de combatir& H t#, aunque me ames, no me prohíbas que pelee, que no lo rar$s persuadirme& 0;8 Kespondióle (etis, la de ar énteos pies7 0;3 2@í, hijo, es justo, y no puede reprobarse que libres a los afli idos compa*eros de una muerte terrible! pero to ma nífica armadura de luciente bronce la tienen los troyanos, y %éctor, el de tremolante casco, se vana loria de cubrir con ella sus hombros& Con todo eso, me fi uro que no durar$ mucho su jactancia, pues ya la muerte se le avecina& (# no penetres en la contienda de Ares hasta que con tus ojos me veas volver! y ma*ana, al romper el alba, vendré a traerte una hermosa armadura fabricada por %efesto& 0=3 Cuando así hubo hablado, dejó a su hijo! y volviéndose a sus hermanas de la mar, les dijo7 0BI 2+ajad vosotras al anchuroso seno del mar para ver al anciano marino y el palacio del padre, a quien se lo contaréis todo! y yo subiré al elevado .limpo para que %efesto, el ilustre artífice, dé a mi hijo una ma nífica y reluciente armadura& 0Bs Así habló& )as nereidas se sumer ieron prestamente en las olas del mar, y (etis, la diosa de ar énteos pies, endere"ó sus pasos al .limpo para procurar a su hijo las ma nífi2 cas armas& 0B3 Fientras la diosa se encaminaba al .limpo, los aqueos, de hermosas rebas, huyendo con ritería inmensa a vista de %éctor, matador de hombres, lle aron a las naves y al %elesponto! y ya no podían sacar fuera de los tiros el cad$ver de 1atroclo, escudero de Aquiles, porque de nuevo los alcan"aron los troyanos con sus carros y %éctor, hijo de 1ríamo, que por su vi or parecía una llama& (res veces el esclarecido %éctor asió a 1atroclo por los pies a intentó arrastrarlo, eGhortando con horrendos ritos a los troyanos! tres veces los dos Ayantes, revestidos de impetuoso valor, le recha"aron& %éctor, con2 fiando en su fuer"a, unas veces se arrojaba a la pelea, otras se detenía y daba randes voces, pero nunca se retiraba del todo& Como los pastores pasan la noche en el campo y no consi uen apartar de la presa a un fo oso león muy hambriento! de semejante modo, los belicosos Ayantes no lo raban ahuyentar del cad$ver a %éctor 1ri$mida& H éste to arrastrara, consi uiendo inmensa loria, si no se hubiese presentado al 1elión, para aconsejarle que tomase las armas, la velo" Cris, de pies li eros como el viento! a la cual enviaba %era, sin que to supieran /eus ni los dem$s dioses& Colocóse la diosa cerca de Aquiles y pronunció estas aladas palabras7 08I 29)ev$ntate, 1elida, el m$s portentoso de los hombres: Je a defender a 1atroclo, por cuyo cuerpo se ha trabado un vivo combate cerca de las naves& F$tanse a00í los aqueos defendiendo el cad$ver, y los troyanos acometiendo con el fin de arrastrarlo a la ventosa Clio& H el que m$s empe*o tiene en llev$rselo es el esclarecido %éctor, porque su $nimo le incita a cortarle la cabe"a del tierno cuello para clavarla en una estaca& )ev$ntate, no ya" as m$s! aver Aéncese tu cora"ón de que 1atroclo lle ue a ser ju uete

de los perros troyanos! pues ser$ para ti motivo de afrenta que el cad$ver reciba al #n ultraje& 030 Kespondióle el divino Aquiles, el de los pies li eros7 03; 29Diosa Cris: 4Cu$l de las deidades te envía como mensajera5 03= Díjole la velo" Cris, de pies li eros como el viento7 03B 2Fe manda %era, la ilustre esposa de /eus, sin que lo sepan el eGcelso Cronida ni los dem$s dioses inmortales que habitan el nevado .limpo& 038 Keplicóle Aquiles, el de los pies li eros7 033 24Cómo puedo ir a la batalla5 )os troyanos tienen mis armas, y mi madre no me permite entrar en combate hasta que con estos ojos la vea volver, pues ase uró que me traería una hermosa armadura fabricada por %efesto& 'ntre tanto no sé de cu$l uerrero podría vestir las armas, a no ser que tomase el escudo de Ayante (elamoníada! pero creo que éste se halla entre los combatientes delanteros y pelea con la lan"a por el cad$ver de 1atroclo& 0E< Contestóle la velo" Cris, de pies li eros como el viento7 0E8 2+ien sabemos nosotros que aquéllos tienen tu ma nífica armadura! pero muéstrate a los troyanos en la orilla del foso para que, temiéndote, cesen de pelear! los belicosos aqueos, que tan abatidos est$n, se reanimen, y la batalla ten a su tre ua, aunque sea por breve tiempo& ;I; 'n diciendo esto, fuese Cris, li era de pies& Aquiles, caro a /eus, se levantó, y Atenea cubrióle los fornidos hombros con la é ida floqueada, y adem$s la divina entre las diosas circundóle la cabe"a con $urea nube, en la cual ardía resplandeciente llama& Como se ve desde lejos el humo que, saliendo de una isla donde se halla una ciudad sitiada por los enemi os, lle a al éter, cuando sus habitantes, después de combatir todo el día en horrenda batalla, fuera de la ciudad, al ponerse el sol encienden muchos fue os, cuyo resplandor sube a to alto, para que los vecinos los vean, se embarquen y les libren del apuro, de i ual modo el resplandor de la cabe"a de Aquiles lle aba al éter& H acerc$ndose a la orilla del foso, fuera de la muralla, se detuvo, sin me"clarse con los aqueos, porque respetaba el prudente mandato de su madre& Allí dio recias voces y a al una distancia 1alas Atenea vocifer< también y suscitó un inmenso tumulto entre los troyanos& Como se oye la vo" sonora de la trompeta cuando vienen a cercar la ciudad enemi os que la vida quitan, tan sonora fue entonces la vo" del '$cida& Cuando se dejó oír la vo" de bronce del héroe, a todos se les conturbó el cora"ón, y los caballos, de hermosas crines, volvíanse hacia atr$s con los carros porque en su $nimo presentían des racias& )os auri as se quedaron atónitos al ver el terrible a incesante fue o que en la cabe"a del ma n$nimo 1elión hacía arder Atenea, la diosa de ojos de lechu"a& (res veces el divino Aquiles ritó a orillas del foso, y tres veces se turbaron los troyanos y sus ínclitos auGiliares! y doce de los m$s valientes uerreros murieron atropellados por sus carros y heridos por sus propias lan"as& H los aqueos, muy ale res, sacaron a 1atroclo fuera del alcance de los tiros y coloc$ronlo en un lecho& )os ami os le rodearon llorosos, y con ellos iba Aquiles, el de los pies li eros, derramando ardientes l$ rimas, desde que vio al fiel compa*ero des arrado por el a udo bronce y tendido en el féretro& %abíale mandado a la batalla con su carro y sus corceles, y ya no podía recibirlo, porque de ella no tornaba vivo& ;=E %era veneranda, la de ojos de novilla, obli ó al sol infati able a hundirse, mal de su rado, en la corriente del .céano& H una ve" puesto, los divinos aqueos suspendieron la enconada pelea y el eneral combate& ;B= )os troyanos, por su parte, retir$ndose de la dura contienda, desuncieron de los carros los veloces corceles y se reunieron en el $ ora antes de preparar la cena& Celebraron el $ ora de pie y nadie osó sentarse! pues a todos les hacía temblar el que

Aquiles se presentara después de haber permanecido tanto tiempo apartado del funesto combate& >ue el primero en aren arles el prudente 1olidamante 1antoida, el #nico que conocía to futuro y to pasado7 era ami o de %éctor, y ambos nacieron en la misma noche! pero 1olidamante superaba a %éctor en la elocuencia, y éste descollaba m$s que él en el manejo de la lan"a& H aren $ndoles benévolo, así les dijo7 ;DB 21ensadlo bien, ami os, pues yo os eGhorto a volver a la ciudad en ve" de a uardar a la divinal aurora en la llanura, junto a las naves, y tan lejos del muro como al presente nos hallamos& Fientras ese hombre estuvo irritado con el divino A amenón, fue m$s f$cil combatir contra los aqueos! y también yo ustaba de pernoctar junto a las veleras naves, esperando que acabaríamos tomando los corvos bajeles& Ahora temo mucho al 1elida, de pies li eros, que con su $nimo arro ante no se contentar$ con quedarse en la llanura, donde troyanos y aqueos sostienen el furor de Ares, sino que luchar$ para apoderarse de la ciudad y de las mujeres& Jolvamos a la población! se uid mi consejo, antes de que ocurra to que voy a decir& )a noche inmortal ha detenido al 1elida, de pies li eros! pero, si ma*ana nos acomete armado y nos encuentra aquí, conoceréis quién es, y lle ar$ o"oso a la sa rada Clio el que lo re escapar, pues a muchos de los troyanos se los comer$n los perros y los buitres& 9.jal$ que tal noticia nunca lle ue a mis oídos: @i, aun2 que estéis afli idos, se uís mi consejo, tendremos el ejército reunido en el $ ora durante la noche, pues la ciudad queda defendida por las torres y las altas puertas con sus tablas randes, labradas, sólidamente unidas& 1or la ma*ana, al apuntar la aurora, subiremos armados a las torres! y si aquél viniere de las naves a combatir con nosotros al pie del muro, peor para él! pues habr$ de volverse después de cansar a los caballos, de er uido cuello, con carreras de todas clases, llev$ndolos errantes en torno de la ciudad& 1ero no tendr$ $nimo para entrar en ella, y nunca podr$ destruirla! antes se to comer$n los veloces perros& ;3B Fir$ndole con torva fa", eGclamó %éctor, el de tremolante casco7 ;3D 291olidamante: ,o me place lo que propones de volver a la ciudad y encerrarnos en ella& 4A#n no os cans$is de vivir dentro de los muros5 Antes todos los hombres dotados de palabra llamaban a la ciudad de 1ríamo rica en oro y en bronce, pero ya las hermosas joyas desaparecieron de las casas7 muchas rique"as han sido llevadas a la >ri ia y a la en2 cantadora Feonia para ser vendidas, desde que /eus se irritó contra nosotros& H ahora que el hijo del artero Crono me ha concedido alcan"ar loria junto a las naves y acorralar contra el mar a los aqueos, no des, 9oh necio:, tales consejos al pueblo& ,in #n troyano to obedecer$, porque no lo permitiré& 'a, procedamos todos como voy a decir& Cenad en el campamento, sin romper las filas! acordaos de la uardia y vi ilad todos& H el troyano que sienta ran temor por sus bienes, j#ntelos y entré uelos al pueblo para que en com#n se consuman! pues es mejor que los disfrute éste que no los aqueos& Fa*ana, al apuntar la aurora, vestiremos la armadura y suscitaremos un re*ido combate junto alas cóncavas na2 ves& H si verdaderamente el divino Aquiles pretende salir del campamento, le pesar$ tanto m$s, cuanto m$s se arries ue& 1orque intento no huir de él, sino afrontarle en la batalla horrísona! y alcan"ar$ una ran victoria, o seré yo quien la consi a& Mue 'nialio es a todos com#n y suele causar la muerte del que matar deseaba& =0I Así se eGpresó %éctor, y los troyanos le aclamaron, 9oh necios:, porque 1alas Atenea les quitó el juicio& 9Aplaudían todos a %éctor por sus funestos propósitos y ni uno siquiera a 1olidamante, que les daba un buen consejo: (omaron, pues, la cena en el campamento! y los aqueos pasaron la noche dando emidos y llorando a 1atroclo& 'l 1elida, poniendo sus manos homicidas sobre el pecho del ami o, dio comien"o a las sentidas lamentaciones, me"cladas con frecuentes sollo"os& Como el melenudo león a quien un ca"ador ha quitado los cachorros en la poblada selva, cuando vuelve a su

madri uera se afli e y, poseído de vehemente cólera, recorre los valles en busca de aquel hombre, de i ual modo, y despidiendo profundos suspiros, dijo Aquiles entre los mirmidones7 =;B 29.h dioses: Janas fueron las palabras que pronuncié un día en el palacio para tranquili"ar al héroe Fenecio, diciendo que a su ilustre hijo le llevaría otra ve" a .punte tan pronto como, tomada Clio, recibiera su parte de botín& /eus no les cumple a los hombres todos sus deseos! y el hado ha dispuesto que nuestra san re enroje"ca una misma tierra, aquí en (roya! porque ya no me recibir$n en su palacio ni el anciano caballero 1eleo, ni (etis, mi madre, sino que esta tierra me contendr$ en su seno& Ahora, ya que ten o de penetrar en la tierra, oh 1atroclo, después que t#, no to haré las honras f#nebres hasta que trai a las armas y la cabe"a de %éctor, tu ma n$nirno matador& De ollaré ante la pira, para ven ar to muerte, doce hijos de ilustres troyanos& H en tanto permane"cas tendido junto a las corvas naves, te rodear$n, llorando noche y día, las troyanas y dardanias de profundo seno que conquistamos con nuestro valor y la in ente lan"a, al entrar a saco opulentas ciudades de hombres de& vo" articulada& =B= Cuando esto hubo dicho, el divino Aquiles mandó a sus compa*eros que pusieran al fue o un ran trípode para que cuanto antes le lavaran a 1atroclo las manchas de san2 re& H ellos colocaron sobre el ardiente fue o una caldera propia para ba*os, sostenida por un trípode! llen$ronla de a ua, y metiendo le*a debajo la encendieron7 el fue o rodeó la caldera y calentó el a ua& Cuando ésta hirvió en la caldera de bronce reluciente, lavaron el cad$ver, un iéronlo con pin Ae aceite y taparon las heridas con un un uento que tenía nueve a*os! después, coloc$ndolo en el lecho, lo envolvieron de pies a cabe"a en fina tela de lino y lo cubrieron con un velo blanco& )os mirmidones pasaron la noche alrededor de Aquiles, el de los pies li eros, dando emidos y llorando a 1atroclo& H /eus habló de este modo a %era, su hermana y esposa7 =D8 2)o raste al fin, %era veneranda, la de ojos de novilla, que Aquiles, li ero de pies, volviera a la batalla& @in duda nacieron de ti los melenudos aqueos& =<I Kespondió %era veneranda, la de ojos de novilla7 =<0 29(erribilísimo Cronida: 9Mué palabras proferiste: @i un hombre, no obstante su condición de mortal y no saber Canto, puede reali"ar su propósito contra otro hombre, 4cómo yo, que me considero la primera de las diosas por mi abolen o y por llevar el nombre de esposa tuya, de ti que reinas sobre los inmortales todos, no había de causar males a los troyanos estando irritada contra ellos5 =<3 Así éstos conversaban& (etis, la de ar énteos pies, lle ó al palacio imperecedero de %efesto, que brlllaba como una estrella, lucía entre los de las deidades, era de bronce y habíalo edificado el cojo en persona& %alló al dios ba*ado en sudor y moviéndose en torno de los fuelles, pues fabricaba veinte trípodes que debían permanecer arrimados a la pared del bien construido palacio y tenían ruedas de oro en los pies para que de propio impulso pudieran entrar donde los dioses se con re aban y volver a la casa& 9Cosa admirable: 'staban casi terminados, falt$ndoles tan sólo las labradas asas, y el dios preparaba los clavos para pe $rselas& Fientras hacía tales obras con sabia inteli encla, lle ó (etis, la diosa de ar énteos pies& )a bella Caris, que llevaba luciente diadema y era esposa del ilustre cojo, viola venir, salió a recibirla, y, asiéndola por la mano, le dijo7 =3D 241or qué, oh (etis, la de lar o peplo, venerable y cara, vienes a nuestro palacio5 Antes no solías frecuentarlo& 1ero sí ueme, y to ofreceré los dones de la hospitalidad& =33 Dichas estas palabras, la divina entre las diosas introdujo a (etis y la hi"o sentar en un hermoso trono labrado, tachonado con clavos de plata y provisto de un escabel para los pies& H, llamando a %efesto, ilustre artífice, le dijo7 =E; 29%efesto: Jen ac$, pues (etis to necesita para al o&

=E= Kespondió el ilustre cojo de ambos pies7 =EB 2Kespetable y veneranda es la diosa que ha venido a este palacio& >ue mi salvadora cuando me tocó padecer, pues vime arrojado del cielo y caí a lo lejos por la voluntad de mi insolente madre, que me quería ocultar a causa de la cojera& 'ntonces mi cora"ón hubiera tenido que soportar terribles penas, si no me hubiesen aco ido en su seno 'urínome y (etis! 'urínome, hija del retluente .céano& ,ueve a*os viví con ellas fabricando muchas pie"as de bronce 2broches, redondos bra"aletes, sortijas y collares2 en una cueva profunda, rodeada por la inmensa, murmurante y espumosa corriente del .céano& De todos los dioses y los mortales hombres, sólo to sabían (etis y 'urínome, las mismas que antes me salvaron& %oy que (etis, la de hermosas tren"as, viene a mi casa, ten o que pa arle el beneficio de haberme conservado la vida& @írvele hermosos presentes de hospitalidad, mientras recojo los fuelles y dem$s herramientas& B0I Dijo! y levantóse de cabe al yunque el i antesco e infati able numen que al andar cojeaba arrastrando sus r$ciles piernas& Apartó de la llama los fuelles y puso en un arcón de plata las herramientas con que trabajaba! enju óse con una esponja el sudor del rostro, de las manos, del vi oroso cuello y del velludo pecho, vistió la t#nica, tomó el fornido cetro, y salió cojeando, apoyado en dos estatuas de oro que eran semejantes a vivientes jóvenes, pues tenían inteli encia, vo" y fuer"a, y hall$banse ejercitadas en las obras propias de los inmortales dioses& Ambas sostenían cuidadosamente a su se*or, y éste, andando, se sentó en un trono reluciente cerca de (etis, asió la mano de la deidad, y le dijo7 B;B 241or qué, oh (etis, la de lar o peplo, venerable y cara, vienes a nuestro palacio5 Antes no solías frecuentarlo& Di qué deseas! mi cora"ón me impulsa a ejecutarlo, si puedo ejecutarlo y es hacedero& B;3 Kespondióle (etis, derramando l$ rimas7 B;E 29%efesto: 4%ay al una entre las diosas del .limpo que haya sufrido en su $nimo tantos y tan raves pesares como a mí me ha enviado el Cronida /eus5 De las ninfas del mar, #nicamente a mí me sujetó a un hombre, a 1eleo '$cida, y tuve que tolerar, contra toda mi voluntad, el t$lamo de un hombre que yace ya en el palacio, rendido a la triste veje"& Ahora me envía otros males7 concedióme que pariera y alimentara un hijo insi ne entre los héroes, que creció semejante a un $rbol, to crié como a una planta en terreno fértil y to mandé a Clio en las corvas naves, para que combatiera con los troyanos! y ya no le recibiré otra ve", porque no volver$ a mi casa, a la mansión de 1eleo& Fientras vive y ve la lu" del sol est$ an ustiado, y no puedo, aunque a él me acerque, llevarle socorro& )os aqueos le habían asi nado, como recompensa, una joven, y el rey A amenón se la quitó de las manos& Apesadumbrado por tal motivo, consumía su cora"ón, pero los troyanos acorralaron a los aqueos junto a los bajeles y no les dejaban salir del campamento, y los próceres ar ivos intercedieron con Aquiles y le ofrecieron espléndidos re alos& 'ntonces, aunque se ne ó a librarles de la ruina, hi"o que vistiera sus armas 1atroclo y envióle a la batalla con muchos hombres& Combatieron todo el día en las puertas 'sceas! y los aqueos hubieran destruido la ciudad, a no haber sido por Apolo, el cual mató entre los combatientes delanteros al esfor"ado hijo de Fenecio, que tanto estra2 o causaba, y dio loria a %éctor& H yo ven o a abra"ar tus rodillas por si quieres dar a mi hijo, cuya vida ha de ser breve, escudo, casco, hermosas rebas ajustadas con broches, y cora"a! pues las armas que tenía las perdió su fiel ami o al morir a manos de los troyanos, y Aquiles yace en tierra con el cora"ón afli ido& B<; Contestóle el ilustre cojo de ambos pies7

B<= 2Cobra $nimo y no to apures por las armas& .jal$ pudiera ocultarlo a la muerte horrísona cuando el terrible destino se le presence, como tendr$ una hermosa armadura que admirar$n cuantos la vean& B<3 Así habló! y, dejando a la diosa, encaminóse a los fuelles, los volvió hacia la llama y les mandó que trabajasen& 'stos soplaban en veinte hornos, despidiendo un aire que avi2 vaba el fue o y era de varias clases7 unas veces fuerte, como lo necesita el que trabaja de prisa, y otras al contrario, se #n %efesto lo deseaba y la obra to requería& 'l dios puso al fue o duro bronce, esta*o, oro precioso y plata! colocó en el tajo el ran yunque, y co ió con una mano el pesado martillo y con la otra las tena"as& B83 %i"o lo primero de todo un escudo rande y fuerte, de variada labor, con triple cenefa brillante y reluciente, provisto de una abra"adera de plata& Cinco capas tenía el escudo, y en la superior rabó el dios muchas artísticas fi uras, con sabia inteli encia& B3= A00í puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infati able y la luna llena! a00í las estrellas que el cielo coronan, las 1léyades, las %íades, el robusto .rión y la .sa, llamada por sobrenombre el Carro, la cual ira siempre en el mismo sitio, mira a .rión y es la #nica que deja de ba*arse en el .céano& BEI Allí representó también dos ciudades de hombres dotados de palabra& 'n la una se celebraban bodas y festines7 las novias salían de sus habitaciones y eran acompa*adas por la ciudad a la lu" de antorchas encendidas, oíanse repetidos cantos de himeneo, jóvenes dan"antes formaban ruedos, dentro de los cuales sonaban flautas y cítaras, y las matronas admiraban el espect$culo desde los vestíbulos de las casas&2 )os hombres estaban reunidos en el $ ora, pues se había suscitado una contienda entre dos varones acerca de la multa que debía pa arse por un homicidio7 el uno, declarando ante el pueblo, afirmaba que ya la tenía satisfecha! el otro ne aba haberla recibido, y ambos deseaban terminar el pleito presentando testi os& 'l pueblo se hallaba dividido en dos bandos, que aplaudían sucesivamente a cada liti ante! los heraldos aquietaban a la muchedumbre, y los ancianos, sentados sobre pulimentadas piedras en sa rado círculo, tenían en las manos los cetros de los heraldos, de vo" potente, y levant$ndose uno tras otro publicaban el juicio que habían formado& 'n el centro estaban los dos talentos de oro que debían darse al que mejor demostrara la justicia de su causa& DIE )a otra ciudad aparecía cercada por dos ejércitos cuyos individuos, revestidos de lucientes armaduras, no estaban acordes7 los del primero deseaban arruinar la pla"a, y los otros querían dividir en dos partes cuantas rique"as encerraba la a radable población& 1ero los ciudadanos a#n no se rendían, y preparaban secretamente una emboscada& Fujeres, ni*os y ancianos subidos en la muralla la defendían& )os sitiados marchaban llevando al frente a Ares y a 1alas Atenea, ambos de oro y con $ureas vestiduras, hermosos, randes, armados y distin uidos, coino dioses! pues los hombres eran de estatura menor& )ue o en el lu ar esco ido para la emboscada, que era a orillas de un río y cerca de un abrevadero que utili"aba todo el anado, sent$banse, cubiertos de reluciente bronce, y ponían dos centinelas avan"ados para que les avisaran la lle ada de las ovejas y de los bueyes de retorcidos cuernos& 1ronto se presentaban los reba*os con dos pastores que se recreaban tocando la "ampo*a, sin presentir la asechan"a& Cuando los emboscados los veían venir, corrían a su encuentro y al punto se apoderaban de los reba*os de bueyes y de los ma níficos hatos de blancas ovejas y mataban a los uardianes& )os sitiadores, que se hallaban reunidos en junta, oían el vocerío que se al"aba en torno de los bueyes, y, montando $ iles corceles, acudían presurosos& 1ronto se trababa a orillas del río una batalla en la cual heríanse unos a otros con broncíneas lan"as& Allí se a itaban la Discordia, el (umulto y la funesta 1arca, que a un tiempo co ía a un uerrero vivo y recientemente herido y a otro ileso, y arrastraba, asiéndolo de los pies, por el campo de la

batalla a un tercero que ya había muerto! y el ropaje que cubría su espalda estaba teni*o de san re humana& Fovíanse todos como hombres vivos, peleaban y retiraban los muertos& DB0 Kepresentó también una blanda tierra noval, un campo fértil y vasto que se labraba por tercera ve"7 ac$ y acull$ muchos labradores uiaban las yuntas, y, al lle ar al confín del campo, un hombre les salía al encuentro y les daba una copa de dulce vino! y ellos volvían atr$s, abriendo nuevos surcos, y deseaban lle ar al otro eGtremo del noval profundo& H la tierra que dejaban a su espalda ne reaba y parecía labrada, siendo toda de oro! to cual constituía una sin ular maravilla& DDI Prabó asimismo un campo real donde los jóvenes se aban las mieses con hoces afiladas7 muchos manojos caíar al suelo a lo lar o del surco, y con ellos formaban avilla7 los atadores& (res eran éstos, y unos rapaces co ían los manojos y se los llevaban a bra"ados& 'n medio, de pie en un surco, estaba el rey sin desple ar los labios, con el cora"ón ale re y el cetro en la mano& Debajo de una encina, los heraldos preparaban para el banquete un corpulento buey que habían matado& H las mujeres aparejaban la comida de los trabajadores, haciendo abundantes puches de blanca harina& D<0 (ambién entalló una hermosa vi*a de oro, cuyas cepas, car adas de ne ros racimos, estaban sostenidas por rodri ones de plata& Kode$banla un foso de ne ru"co acero y un seto de esta*o, y conducía a ella un solo camino por donde pasaban los acarreadores ocupados en la vendimia& Doncellas y mancebos, pensando en cosas tiernas, llevaban el dulce fruto en cestos de mimbre! un muchacho ta*ía suavemente la harmoniosa cítara y entonaba con tenue vo" un hermoso lino, y todos le acompa*aban cantando, profiriendo voces de j#bilo y olpeando con los pies el suelo& D8= 1uso lue o un reba*o de vacas de er uida cornamenta7 los animales eran de oro y esta*o, y salían del establo, mu iendo, para pastar a orillas de un sonoro río, junto a un fleGible ca*averal& Cuatro pastores de oro uiaban a las vacas y nueve canes de pies li eros los se uían& 'ntre las primeras vacas, dos terribles leones habían sujetado y conducían a un toro que daba fuertes mu idos& 1erse uíanlos mancebos y perros& 1ero los leones lo raban des arrar la piel del corpulento toro y tra aban los intestinos y la ne ra san re! mientras los pastores intentaban, aunque in#tilmente, estorbario, y a"u"aban a los $ iles canes7 éstos se apartaban de los leones sin morderlos, ladraban desde cerca y rehuían el encuentro de las fieras& D38 %i"o también el ilustre cojo de ambos pies un ran prado en hermoso valle, donde pacían las c$ndidas ovejas, con establos, cho"as techadas y apriscos& DEI 'l ilustre cojo de ambos pies puso lue o una dan"a como la que Dédalo concertó en la vasta Cnoso en obsequio de Ariadna, la de lindas tren"as& Fancebos v doncellas de rico dote, co idos de las manos, se divertían bailando7 éstas llevaban vestidos de sutil lino y bonitas uirnaldas, y aquéllos, t#nicas bien tejidas y al o lustrosas, como frotadas con aceite, y sables de oro suspendidos de ar énteos tahalíes& -nas veces, moviendo los diestros pies, daban vueltas a la redonda con la misma facilidad con que el alfarero, sent$ndose, aplica su mano al torno y to prueba para ver si corre, y en otras ocasiones se colocaban por hileras y bailaban separadamente& Pentío inmenso rodeaba el baile y se hol aba en contemplarlo& 'ntre ellos un divino aedo cantaba, acompa*$ndose con la cítara! y así que se oía el preludio, dos saltadores hacían cabriolas en medio de la muchedumbre& <I< 'n la orla del sólido escudo representó la poderosa corriente del río .céano& <IE Después que construyó el rande y fuerte escudo, hi"o para Aquiles una cora"a m$s reluciente que el resplandor del fue o! un sólido casco, hermoso, labrado, de $urea cimera, y que a sus sienes se adaptara, y unas rebas de d#ctil esta*o&

<0B Cuando el ilustre cojo de ambos pies hubo fabricado todas las armas, entre ólas a la madre de Aquiles& H (etis saltó, como un avil$n desde el nevado .limpo, llevando la reluciente armadura que %efesto había construido& CANTO XIX* 0enunciamiento de la cólera
* 1enrechado con la armadura que le había fabricado %efesto, Aquiles se remncilia con A amenón& +riseide lamenta la muerte de 1atroclo y el ejército aqueo se prepara para la batalla que va a tener lu ar&

0 )a Aurora, de a"afranado velo, se levantaba de la corriente del .céano para llevar la lu" a los dioses y a los hombres, cuando (etis lle ó a las naves con la armadura que %efesto le había entre ado& %alló al hijo querido reclinado sobre el cad$ver de 1atroclo, Clorando ruidosamente y en torno suyo a muchos ami os que derramaban l$ rimas& )a di2 vina entre las diosas se puso en medio, asió la mano de Aquiles y hablóle de este modo7 3 29%ijo mío: Aunque estamos afli idos, dejemos que ése ya" a, ya que sucumbió por la voluntad de los dioses! y t# recibe la armadura fabricada por %efesto, tan eGcelente y bella como jam$s varón al uno la haya Clevado para prote er sus hombros& 0; )a diosa, apenas acabó de hablar, colocó en el suelo delante de Aquiles las labradas armas, y éstas resonaron& A todos los mirmidones les sobrevino temblor! y, sin atreverse a mirarlas de frente, huyeron espantados& Fas Aquiles, así que las vio, sintió que se le recrudecía la cólera! los ojos le centellearon terriblemente, como una llama, debajo de los p$rpados! y el héroe se o"aba teniendo en las manos el espléndido presente de la deidad& H, cuando bubo deleitado su $nimo con la contemplación de la labrada armadura, diri ió a su madre estas aladas palabras7 ;0 29Fadre mía: 'l dios te ha dado unas armas como es natural que sean las obras de los inmortales y como nin #n hombre mortal las hiciera& Ahora me armaré, pero temo que mientras tanto penetren las moscas por las heridas que el bronce causó al esfor"ado hijo de Fenecio, en endren usanos, desfi uren el cuerpo 2pues le falta la vida2 y co2 rrompan todo el cad$ver& ;3 Kespondióle (etis, la diosa de ar énteos pies7 ;E 2%ijo, no te turbe el $nimo tal pensamiento& Ho procuraré apartar los importunos enjambres de moscas, que se ceban en la carne de los varones muertos en la uerra& H, aunque estuviera tendido un a*o entero, su cuerpo se conservaría i ual que ahora o mejor todavía& (# convoca al $ ora a los héroes aqueos, renuncia a la cólera contra A amenón, pastor de pueblos, $rmate en se uida para el combate y revístete de valor& =8 Dicho esto, infundióle fortale"a y audacia, y echó unas otas de ambrosía y rojo néctar en la nari" de 1atroclo, para que el cuerpo se hiciera incorruptible& BI 'l divino Aquiles se encaminó a la orilla del mar, y, dando horribles voces, convocó a los héroes aqueos& H cuantos solían quedarse en el recinto de las naves, y hasta los pilo2 tos que las obernaban, y como despenseros distribuían los víveres, fueron entonces al $ ora, porque Aquiles se presentaba, después de haber permanecido alejado del triste combate durante mucho tiempo& 'l intrépido (idida y el divino -lises, servidores de Ares, acudieron cojeando, apoy$ndose en el arrimo de la lan"a 2a#n no tenían curadas las raves heridas2, y se sentaron delante de todos& A amenón, rey de hombres, Cle ó el #ltimo y también estaba herido, pues Coón Antenórida habíale clavado su broncínea pica durante la encarni"ada lucha& Cuando todos los aqueos se hubieron con re ado, levant$ndose entre ellos dijo Aquiles, el de los pies li eros7 D< 29Atrida: Fejor hubiera sido para entrambos, para ti y para mí, continuar unidos que sostener, con el cora"ón an ustiado, roedora disputa por una joven& Así la hubiese muerto

Trtemis en las naves con una de sus flechas el mismo día que la cautivé al tomar a )irneso! y no habrían mordido el anchuroso suelo tantos aqueos como sucumbieron a manos del enemi o mientras duró mi cólera& 1ara %éctor y los troyanos fue el beneficio, y me fi uro que los aqueos se acordar$n lar o tiempo de nuestra disputa& Fas dejemos lo pasado, aunque nos hallemos afli idos, puesto que es preciso refrenar el furor del pecho& Desde ahora depon o la cólera, que no sería ra"onable estar siempre irritado& Fas, ea, incita a los melenudos aqueos a que peleen! y veré, saliendo al encuentro de los troyanos, si querr$n pasar la noche junto a los bajeles& Creo que con usto se entre ar$ al descanso el que lo re escapar del fero" combate, puesto en fu a por mi lan"a& 8B Así habló! y los aqueos, de hermosas rebas, hol $ronse de que el ma n$nimo 1elión renunciara a la cólera& H el rey de hombres, A amenón, les dijo desde su asiento, sin levantarse en medio del concurso7 83 29.h ami os, héroes d$naos, servidores de Ares: +ueno ser$ que escuchéis sin interrumpirme, pues lo contrario molesta hasta al que est$ ejercitado en hablar& 4Cómo se podría oír o decir al o en medio del tumulto producido por muchos hombres5 (urbaríase el orador aunque fuese elocuente& Ho me diri iré al 1elida! pero vosotros, los dem$s ar ivos, prestadme atención y cada uno penetre bien mis palabras& Fuchas veces los aqueos me han diri ido las mismas 1alabras, increp$ndome por to ocurrido, y yo no soy el culpable, sino /eus, la 1arca y 'rinia, que va a en las tinieblas! los cuales hicieron padecer a mi alma, durante el $ ora, cruel ofuscación el día en que le arrebaté a Aquiles la recompensa& Fas, 4qué podía hacer5 )a divinidad es quien lo dispone todo& %ija veneranda de /eus es la perniciosa .fuscación, a todos tan funesta7 sus pies son delicados y no los acerca al suelo, sino que anda sobre las cabe"as de los hombres, a quienes causa da*o, y se apodera de uno, por lo menos, de los que contienden& 'n otro tiempo fue acia a para el mismo /eus, que es tenido por el m$s poderoso de los hombres y de los dioses! pues %era, no obstante ser hembra, le en a*ó cuando Alcmena había de parir al fornido %eracles en (eba, ce*ida de hermosas murallas& 'l dios, lori$ndose, dijo así ante todas las deidades7 Q.ídme todos, dioses y diosas, para que os manifieste lo que en el pecho mi cora"ón me dicta& %oy Clitia, la que preside los partos, sacar$ a lu" un varón que, perteneciendo a la familia de los hombres en endrados de mi san re, reinar$ sobre todos sus vecinos&R H habl$ndole con astucia, le replicó la venerable %era7 QFentir$s, y no llevar$s al cabo to que dices& H si no, ea, .límpico, jura solemnemente que reinar$ sobre todos sus vecinos el ni*o que, perteneciendo a la familia de los hombres en endrados de to san re, cai a hoy entre los pies de una mujer&R Así dijo! /eus, no sospechando el dolo, prestó el ran juramento que tan funesto le había de ser& 1ues %era dejó en raudo vuelo la cima del .limpo, y pronto lle ó a Ar os de Acaya, donde vivía la esposa ilustre de 'sténelo 1ersida! y, como ésta se hallara encinta de siete meses cumplidos, la diosa sacó a lu" el ni*o, aunque era prematuro, y retardó el parto de Alcmena, deteniendo a las Clitias& H en se uida participóselo a /eus Cronida, diciendo7 Q91adre /eus, fulminador: -na noticia ten o que darte& Ha nació el noble varón que reinar$ sobre los ar ivos7 'uristeo, hijo de 'sténelo 1ersida, descendiente tuyo& ,o es indi no de reinar sobre aquéllos&R Así dijo, y un a udo dolor penetró el alma del dios, que, irritado en su cora"ón, co ió a .fuscación por los nítidos cabellos y prestó solemne juramento de que .fuscación, tan funesta a todos, jam$s volvería al .limpo y al cielo estrellado& H, volte$ndola con la mano, la arrojó del cielo& 'n se uida lle ó .fuscación a los campos cultivados por los hombres& H /eus emía por causa de ella, siempre que contemplaba a su hijo reali"ando los penosos trabajos que 'uristeo le iba imponiendo& 1or esto, cuando el ran %éctor, el de tremolante casco, mataba a los ar ivos junto a las popas de las naves, yo no podía olvidarme de .fus cación, cuyo funesto influjo había

eGperimentado& 1ero ya que falté y /eus me hi"o perder el juicio, quiero aplacarte y hacerte muchos re alos, y t# ve al combate y anima a los dem$s uerreros& Joy a darte cuanto ayer lo ofreció en tu tienda el divino -lises& H si quieres, a uarda, $unque estés impaciente por combatir, y mis servidores traer$n de la nave los presentes para que veas si son capaces de apaci uar tu $nimo los que te brindo& 0Bs Kespondióle Aquiles, el de los pies li eros7 0B< 29Atrida loriosísimo, rey de hombres, A amenón: )ue o podr$s re alarme estas cosas, como es justo, o retenerlas& Ahora pensemos solamente en la batalla& 1reciso es que no perdamos el tiempo hablando, ni difiramos la acción 2la ran empresa est$ a#n por acabar2, para que vean nuevamente a Aquiles entre los combatientes delanteros, aniquilando con su broncínea lan"a las falan es teucras& H vosotros pensad también en combatir con los enemi os& 0DB Contestó el in enioso -lises7 0DD 2Aunque seas valiente, deiforme Aquiles, no eGhortes a los aqueos a que peleen en ayunas con los troyanos, cerca de Clio! que no durar$ poco tiempo la batalla cuando las falan es ven an a las manos y la divinidad eGcite el valor de ambos ejércitos& .rdénales, por el contrario, a los aqueos que en las veleras naves se harten de manjares y vino, pues esto da fuer"a y valor& 'stando en ayunas no puede el varón combatir todo el día, hasta la puesta del sol, con el enemi o! aunque su cora"ón lo desee, los miembros se le en2 torpecen sin que él lo advierta, le rinden el hambre y la sed, y las rodillas se le doblan al andar& 1ero el que pelea todo el día con los enemi os, saciado de vino y de manjares, tiene en el pecho un cora"ón auda" y sus miembros no se cansan hasta que todos se han retirado de la lid& 'a, despide las tropas y manda que preparen el desayuno! el rey de hombres, A amenón, trai a los re alos en medio del $ ora para que los vean todos los aqueos con sus propios ojos y to re ocijes en el cora"ón! jure el Atrida, de pie entre los ar ivos, que nunca subió al lecho de +riseide ni se juntó con ella, como es costumbre, oh rey, entre hombres y mujeres! y t#, Aquiles, procura tener en el pecho un $nimo beni no& Mue lue o se te ofre"ca en el campamento un espléndido banquete de reconciliación, para que nada falte de lo que se te debe& H el Atrida sea en adelante m$s justo con todos! pues no se puede reprender que se apaci ue a un rey, a quien primero se injurió& 03B Dijo entonces el rey de hombres, A amenón7 03D 2Con a rado escuché tus palabras, )aertíada, pues en todo lo que narraste y eGpusiste has sido oportuno& Muiero hacer el juramento! mi $nimo me lo aconseja, y no ser$ para un perjurio mi invocación a la divinidad& Aquiles a uarde, aunque esté impaciente por combatir, y los dem$s continuad reunidos aquí hasta que trai an de mi tienda los presentes y consa remos con un sacrificio nuestra fiel amistad& A ti mismo lo te encar o y ordeno7 esco e entre los jóvenes aqueos los m$s principales! y, encamin$ndoos a mi nave, traed cuanto ayer ofrecimos a Aquiles, sin dejar las mujeres& H (altibio, atravesando el anchuroso campamento aqueo, vaya a buscar y prepare un jabalí para inmolarlo a /eus y al @ol& 0E3 Keplicó Aquiles, el de los pies li eros7 0EE 29Atrida loriosísimo, rey de hombres, A amenón: (odo esto debierais hacerlo cuando se suspenda el combate y no sea tan rande el ardor que inflama mi pecho& 9Hacen insepultos los que mató %éctor 1ri$mida cuando /eus le dio loria, y vosotros nos aconsej$is que comamos: Ho mandana a los aqueos que combatieran en ayunas, sin tomar nada! y que a la puesta del sol, después de ven ar la afrenta, celebraran un ran banquete& %asta entonces no han de entrar en mi ar anta ni manjares ni bebidas, a causa de la muerte de mi compa*ero! el cual yace en la tienda, atravesado por el a udo bronce, con los pies hacia el vestíbulo y rodeado de ami os que le lloran& 1or esto, aquellas cosas

en nada interesan a mi espíritu, sino tan sólo la matan"a, la san re y el triste emir de los uerreros& ;0D Kespondióle el in enioso -lises7 ;0< 29.h Aquiles, hijo de 1eleo, el m$s valiente de todos los aqueos: 'res m$s fuerte que yo y me superas no poco en el manejo de la lan"a, pero to aventajo mucho en el pensar, porque nací antes y mi eGperiencia es mayor& Acceda, pues, to cora"ón a to que voy a decir& 1ronto se cansan los hombres de pelear, si, haciendo caer el bronce muchas espi as al suelo, la mies es escasa, porque /eus, el $rbitro de la uerra humana, inclina al otro lado la balan"a& ,o es justo que los aqueos lloren al muerto con el vientre, pues siendo tantos los que sucumben unos en pos de otros todos los días, 4cu$ndo podríamos respirar sin pena5 @e debe enterrar con $nimo firme al que muere y llorarle un día, y lue o cuantos hayan escapado del combate funesto piensen en comer y beber para vestir otra ve" el indomable bronce y pelear continuamente y con m$s tesón a#n contra los enemi os& ,in #n uerrero deje de salir a uardando otra eGhortación, que para su da*o la esperar$ quien se quede junto a las naves ar ivas& Jayamos todos juntos y eGcitemos al cruel Ares contra los troyanos, domadores de caballos& ;=3 Dijo! mandó que le si uiesen los hijos del lorioso ,éstor, Fe es >ilida, (oante, Feriones, )icomedes Creontíada y Felanipo, y encaminóse con ellos a la tienda de A amenón Atrida& H apenas hecha la proposición, ya estaba cumplida& )lev$ronse de la tienda los siete trípodes que el Atrida había ofrecido, veinte calderas relucientes y doce caballos! a hicieron salir siete mujeres, diestras en primorosas labores, y a +riseide, la de hermosas mejillas, que fue la octava& Al volver, -lises iba delante con los die" talentos de oro que él mismo había pesado, y le se uían los jóvenes aqueos con los presentes& 1u2 siéronio todo en medio del $ ora! al"óse A amenón, y al lado del pastor de hombres se puso (altibio, cuya vo" parecía la de una deidad, sujetando con la mano a un jabalí& 'l Atrida sacó el cuchillo que llevaba col ado junto a la ran vaina de la espada, cortó por primicias al unas cerdas del jabalí y oró, levantando las manos a /eus! y todos los ar ivos, sentados en silencio y en buen orden, escuchaban las palabras del rey& 6ste, al"ando los ojos al anchuroso cielo, hi"o esta ple aria7 ;D3 2@ean testi os /eus, el m$s eGcelso y poderoso de los dioses, y lue o la (ierra, el @ol y las 'rinias que debajo de la tierra casti an a los muertos que fueron perjuros, de que jam$s he puesto la mano sobre la joven +riseide para yacer con ella ni para otra cosa al una, sino que en mi tienda ha permanecido intacta& H si en al o perjurare, envíenme los dioses los muchísimos males con que casti an al que, jurando, contra ellos peca& ;<< Dijo! y con el cruel bronce de olló el jabalí que (altibio arrojó, haciéndole dar vueltas, a ran abismo del espumoso mar para pasto de los peces& H Aquiles, levant$ndose entre los belicosos ar ivos, habló en estos términos7 ;8I 29/eus padre: Prandes son los infortunios que mandas a los hombres& Lam$s el Atrida me hubiera suscitado el enojo en el pecho, ni hubiese tenido poder para arrebatar2 me la joven contra mi voluntad! pero sin duda quería /eus que muriesen muchos aqueos& Ahora id a comer para que lue o trabemos el combate& ;8< Así se eGpresó! y al momento disolvió el $ ora& Cada uno volvió a su respectiva nave& )os ma n$nimos mirmidones se hicieron car o de los presentes, y, llev$ndolos hacia , el bajel del divino Aquiles, dej$ronlos en la tienda, dieron sillas a las mujeres, y servidores ilustres uiaron a los caballos al sitio en que los dem$s estaban& ;3; +riseide, que a la $urea Afrodita se asemejaba, cuando vio a 1atroclo atravesado por el a udo bronce, se echó sobre el mismo y prorrumpió en fuertes sollo"os, mientras con las manos se olpeaba el pecho, el delicado cuello y el f lindo rostro& H, llorando aquella mujer semejante a una diosa, así decía7

;38 29.h 1atroclo, ami o carísimo al cora"ón de esta desventurada: Jivo te dejé al partir de la tienda, y te encuentro difunto al volver, oh príncipe de hombres& 9Cómo me persi ue una des racia tras otra: Ji al hombre a quien me entre aron mi padre y mi venerable madre, atravesado por el a udo bronce al pie de los muros de la ciudad! y los tres hermanos queridos que una misma madre me diera murieron también& 1ero t#, cuando el li ero Aquiles mató a mi esposo y tomó la ciudad del divino Fines, no me dejabas llorar, diciendo que lo rarías que yo fuera la mujer le ítima del divino Aquiles, que éste me llevaría en su nave a >tía y que allí, entre los mirmidones, celebraríamos el banquete nupcial& H ahora que has muerto no me cansaré de llorar por ti, que siempre has sido afable& =I0 Así dijo llorando, y las mujeres sollo"aron, aparentemente por 1atroclo, y en realidad por sus propios males& )os caudillos aqueos se reunieron en torno de Aquiles y le suplicaron que comiera! pero él se ne ó, dando suspiros7 =ID 2Ho os rue o, si al uno de mis compa*eros quiere obedecerme a#n, que no me invitéis a saciar2el deseo de comer o de beber! porque un rave dolor se apodera de mí& A uardaré hasta la puesta del sol y soportaré la fati a& =IE Así diciendo, despidió a los dem$s reyes, y sólo se quedaron los dos Atridas, el divino -lises, ,éstor, Cdomeneo y el anciano jinete >éniG para distraer a Aquiles, que estaba profundamente afli ido& 1ero nada podía ale rar el cora"ón del héroe, mientras no entrara en san riento combate& H acord$ndose de 1atroclo, daba hondos y frecuentes suspi ros, y así decía7 =0D 2'n otro tiempo, t#, infeli", el m$s amado de los compa*eros, me servías en esta tienda, dili ente y solícito, el a radable desayuno cuando los aqueos se daban prisa por traba el luctuoso combate con los troyanos, domadores de caba Clos& H ahora yaces, atravesado por el bronce, y yo estoy ayuno de comida y de bebida, a pesar de no faltarme, por la soledad que de ti siento& ,ada peor me puede ocurrir! ni que supiera que ha muerto mi padre, el cual qui"$s llora all$ en >tía por no tener a su lado un hijo como yo, mientras peleo con los troyanos en país eGtranjero a causa de la odiosa %elena! ni que falleciera mi hijo amado que se cría en 'sciro, si el deiforme ,eoptólemo vive todavía& Antes el cora"ón abri aba en mi pecho la esperan"a de que sólo yo perecería aquí en (roya, lejos de Ar os, criador de caballos, y de que t#, volviendo a >tía, irías en una velo" nave ne ra a 'sciro, reco erías a mi hijo y le mostrarías todos mis bienes7 las posesiones, los esclavos y el palacio de elevado techo& 1orque me fi uro que 1eleo ya no eGiste! y, si le queda un poco de vida, estar$ afli ido, se ver$ abrumado por la odiosa veje" y temer$ siempre recibir la triste noticia de mi muerte& ==3 Así dijo, llorando, y los caudillos imieron, porque cada uno se acordaba de aquéllos a quienes había dejado en su respectivo palacio& 'l Cronión, al verlos sollo"ar, se compadeció de ellos, y al instante diri ió a Atenea estas aladas palabras7 =B; 29%ija mía: Desamparas de todo en todo a ese eGimio varón& 4Acaso tu espíritu ya no se cuida de Aquiles5 %$llase junto a las naves de altas popas, llorando a su compa*ero amado! los dem$s se fueron a comer, y él si ue en ayunas y sin probar bocado& 'a, ve y derrama en su pecho un poco de néctar y ambrosía para que el hambre no le atormente& =BE Con tales palabras insti óle a hacer to que ella misma deseaba& Atenea emprendió el vuelo, cual si fuese un halcón de anchas alas y a uda vo", desde el cielo a través del éter& Ha los aqueos se armaban en el ejército, cuando la diosa derramó en el pecho de Aquiles un poco de néctar y de ambrosía deliciosa, para que el hambre molesta no hiciera flaquear las rodillas del héroe! y en se uida re resó al sólido palacio del prepotente padre& )os uerreros afluyeron a un lu ar al o distante de las veleras naves& Cuan numerosos caen los copos de nieve que envía /eus y vuelan helados al impulso del

+óreas, nacido en el éter, en tan ran n#mero veíanse salir del recinto de las naves los reful entes cascos, los abollonados escudos, las fuertes cora"as y las lan"as de fresno& 'l brillo lle aba hasta el cielo! toda la tierra se mostraba risue*a por los rayos que el bronce despedía, y un ran ruido se levantaba de los pies de los uerreros& Arm$base entre éstos el divino Aquiles7 rechin$ndole los dientes, con los ojos centelleantes como encendida llama y el cora"ón traspasado por insoportable dolor, lleno de ira contra los troyanos, vestía el héroe la armadura re alo del dios %efesto, que la había fabricado& 1#sose en las piernas ele antes rebas ajustadas con broches de plata! prote ió su pecho con la cora"a! col ó del hombro una espada de bronce uarnecida con ar énteos clavos y embra"ó el rande y fuerte escudo cuyo resplandor semejaba desde lejos al de la luna& Como aparece el fue o encendido en un sitio solitario en to alto de un monte a los nave antes que va an por el mar, abundante en peces, porque las tempestades los alejaron de sus ami os! de la misma manera, el resplandor del hermoso y labrado escudo de Aquiles lle aba al éter& Cubrió después la cabe"a con el fornido yelmo de crines de caballo que brillaba como un astro! y a su alrededor ondearon las $ureas y espesas crines que %efesto había colocado en la cimera& 'l divino Aquiles probó si la armadura se le ajustaba, y si, Clev$ndola puesta, movía con facilidad los miembros! y las armas vinieron a ser como alas que levantaban al pastor de hombres& @acó del estuche la lan"a paterna, pesada, rande y robusta, que entre todos los aqueos solamente él podía manejar7 había sido cortada de un fresno de la cumbre del 1elio y re alada por Muirón al padre de Aquiles para que con ella matara héroes& 'n tanto, Automedonte y Tlcimo se ocupaban en uncir los caballos7 sujet$ronlos con hermosas correas, les pusieron el freno en la boca y tendieron las riendas hacia atr$s, at$ndolas al fuerte asiento& @in dilación co ió Automedonte el ma nífico l$ti o y saltó al carro& Aquiles, cuya armadura relucía como el f#l ido %iperión, subió también y eGhortó con horribles voces a los caballos de su padre7 BII24Lanto y +alio, ilustres hijos de 1odar a: Cuidad de traer salvo a la muchedumbre de los d$naos al que hoy os uía cuando nos hayamos saciado de combatir, y no le dejéis muerto a00$ como a 1atroclo& BIB H Lanto, el corcel de li eros pies, bajó la cabe"a 2sus crines, cayendo en torno de la eGtremidad del yu o, lle aban al suelo, y, habiéndole dotado de vo" %era, la diosa de los níveos bra"os, respondió desde debajo del yu o7 BI3 2%oy te salvaremos a#n, impetuoso Aquiles! pero est$ cercano el día de tu muerte, y los culpables no seremos nosotros, sino un dios poderoso y la 1arca cruel& ,o fue por nuestra lentitud ni por nuestra pere"a que los troyanos quitaron la armadura de los hombros de 1atroclo! sino que el m$s fuerte de los dioses, a quien parió )eto, la de hermosa cabellera, matóle entre los combatientes delanteros y dio loria a %éctor& ,osotros correríamos tan veloces como el soplo del Céfiro, que es tenido por el m$s r$pido& 1ero también t# est$s destinado a sucumbir a manos de un dios y de un hombre& B03 Dichas estas palabras, las 'rinias le cortaron la vo"& H muy indi nado, Aquiles, el de los pies li eros, le dijo7 B;I 29Lanto: 41or qué me vaticinas la muerte5 ,in una necesidad tienes de hacerlo& Ha sé que mi destino es perecer aquí, lejos de mi padre y de mi madre! mas, con todo eso, no he de descansar hasta que harte de combate a los troyanos& B;B Dijo! y, dando voces, diri ió los solípedos caballos por las primeras filas&

CANTO XX * Combate de los dioses
* )os dioses, en asamblea eGtraordinaria, no se ponen de acuerdo sobre a quién habia que favorecer& Aquiles, enfurecido, vuelve al combate y mata a tantos troyanos que los cad$veres obstruyen la corriente del río Lanto&

0 Fientras los aqueos se armaban junto a los corvos bajeles, alrededor de ti, oh hijo de 1eleo, incansable en la batalla, los troyanos se apercibían también para el combate en una eminencia de la llanura& B /eus ordenó a (emis que, partiendo de las cumbres del .limpo, en valles abundante, convocase al $ ora a los dioses, y ella fue de un lado para otro y a todos les mandó que acudieran al palacio de /eus& ,o faltó nin uno de los ríos, a eGcepción del .céano! y de cuantas ninfas habitan los bellos bosques, las fuentes de los nos y los herbosos prados, nin una dejó de presentarse& (an lue o como lle aban al palacio de /eus, que amontona las nubes, sent$banse en bru*idos pórticos, que para el padre /eus había construido %efesto con sabia inteli encia& 0= Allí, pues, se reunieron& (ampoco el que bate la tierra desobedeció a la diosa, sino que, diri iéndose desde el mar a los dioses, se sentó en medio de todos y eGploró la voluntad de /eus7 0< 241or qué, oh t# que lan"as encendidos rayos, llamas de nuevo a los dioses al $ ora5 4Acaso tienes al #n propósito acerca de los troyanos y de los aqueos5 'l combate y la pelea vuelven a encenderse entre ambos pueblos& 0E Kespondióle /eus, que amontona las nubes7 ;I 2'ntendiste, t# que bates la tierra, el desi nio que encierra mi pecho y por el cual os he reunido& Fe cuido de ellos, aunque van a perecer& Ho me quedaré sentado en la cumbre del .limpo y recrearé mi espíritu contemplando la batalla! y los dem$s 9dos hacia los troyanos y los aqueos y cada uno auGilie a los que quiera& 1ues, si Aquiles combatiese sólo con los troyanos, éstos no resistirían ni un instante la acometida del 1elión, el de los pies li eros& Ha antes huían espantados al verlo! y temo que ahora, que tan enfurecido tiene el $nimo por la muerte de su compa*ero, destruya el muro de (roya contra la decisión del hado& =0 Así habló el Cronida y promovió una ran batalla& )os dioses fueron al combate divididos en dos bandos7 encamin$ronse a las naves %era, 1alas Atenea, 1osidón, que ci*e la tierra, el benéfico %ermes de prudente espíritu, y con ellos %efesto, que, or ulloso de su fuer"a, cojeaba arrastrando sus r$ciles piernas! y endere"aron sus pasos a los troyanos Ares, el de tremolante casco, el intonso >ebo, Trtemis, que se complace en tirar flechas, )eto, el Lanto y la risue*a Afrodita& B0 Fientras los dioses se mantuvieron alejados de los hombres, mostr$ronse los aqueos muy ufanos porque Aquiles volvía a la batalla después del lar o tiempo en que se había abstenido de tener parte en la triste uerra, y los troyanos se espantaron y un fuerte temblor les ocupó los miembros, tan pronto como vieron al 1elión, li ero de pies, que con su reluciente armadura semejaba al dios Ares, funesto a los mortales& Fas, lue o que las olímpicas deidades penetraron por entre la muchedumbre de los uerreros, levantóse la terrible Discordia, que enardece a los varones! Atenea daba fuertes ritos, unas veces a orillas del foso cavado al pie del muro, y otras en los altos y sonoros promontorios! y Ares, que parecía un ne ro torbellino, vociferaba también y animaba vivamente a los troyanos, ya desde el punto m$s alto de la ciudad, ya corriendo por la +ella Colina, a orillas del @imoente& DB De este modo los felices dioses, insti ando a unos y a otros, los hicieron venir a las manos y promovieron una re*ida contienda& 'l padre de los hombres y de los dioses tronó

horriblemente en las alturas! 1osidón, por debajo, sacudió la inmensa tierra y las eGcelsas cumbres de los montes! y retemblaron así las laderas y las cimas del Cda, abundante en manantiales, como la ciudad troyana y las naves aqueas& Asustóse Aidoneo, rey de los infiernos, y saltó del trono ritando! no fuera que 1osidón, que sacude la tierra, la des arrase y se hicieran visibles las mansiones horrendas y tenebrosas que las mismas deidades aborrecen& 9(anto estrépito se produjo cuando los dioses entraron en combate: A0 soberano 1osidón le hi"o frente >ebo Apolo con sus aladas flechas! a 'nialio, Atenea, la diosa de ojos de lechu"a! a %era, Trtemis, que lleva arco de oro, ama el bullicio de la ca"a, se complace en tirar saetas y es hermana del que hiere de lejos! a )eto, el poderoso y benéfico %ermes! y a %efesto, el ran río de profundos vórtices, llamado por los dioses Lanto y por los hombres 'scamandro& 8D Así los dioses salieron al encuentro los unos de los otros& Aquiles deseaba romper por el entío en derechura a %éctor 1ri$mida, pues el $nimo le impulsaba a saciar con la san re del héroe a Ares, infati able luchador& Fas Apolo, que enardece a los uerreros, movió a 'neas a oponerse al 1elión, infundiéndole ran valor y habl$ndole así, después de tomar la vo" y la fi ura de )icaón, hijo de 1ríamo7 3= 29'neas, consejero de los troyanos: 4Mué es de aquellas amena"as hechas por ti en los banquetes de los reyes troyanos, de que saldrías a combatir con el 1elida Aquiles5 3< H a su ve" 'neas le respondió diciendo7 38 291ri$mida: 41or qué me ordenas que luche, sin desearlo mi voluntad, con el animoso 1elión5 ,o fuera la primera ve" que me viese frente a Aquiles, el de los pies li eros7 en otro tiempo, cuando vino adonde pacían nuestras vacas y tomó a )irneso y a 1édaso, persi uióme por el Cda con su lan"a! y /eus me salvó, d$ndome fuer"as y a ili"ando mis rodillas& @in su ayuda hubiese sucumbido a manos de Aquiles y de Atenea, que le precedía, le daba la victoria y le animaba a matar léle es y troyanos con la broncínea lan"a& 1or eso nin #n hombre puede combatir con Aquiles, porque a su lado asiste siempre al una deidad que le libra de la muerte& 'n cambio, su lan"a vuela recta y no se detiene hasta que ha atravesado el cuerpo de un enemi o& @i un dios i ualara las condiciones del combate, Aquiles no me vencería f$cilmente! aunque se loriase de ser todo de bronce& 0I= Keplicóle el soberano Apolo, hijo de /eus7 0IB 29%éroe: Kue a t# también a los sempiternos dioses, pues dicen que naciste de Afrodita, hija de /eus, y aquél es hijo de una divinidad inferior& )a primera desciende de /eus, ésta tuvo por padre al anciano del mar& )evanta el indomable bronce y no to arredres por oír palabras duras o amena"as& 00I Apenas acabó de hablar, infundió randes bríos al pastor de hombres! y éste, que llevaba una reluciente armadura de bronce, se abrió paso por los combatientes delanteros& %era, la de los níveos bra"os, no dejó de advertir que el hijo de Anquises atravesaba la muchedumbre para salir al encuentro del 1elión! y, llamando a otros dioses, les dijo7 00D 2Considerad en vuestra mente, 1osidón y Atenea, cómo esto acabar$! pues 'neas, armado de reluciente bronce, se encamina en derechura al 1elión por eGcitación de >ebo Apolo& 'a, ha $mosle retroceder, o al uno de nosotros se pon a junto a Aquiles, le infunda ran valor y no deje que su $nimo desfalle"ca! para que cono"ca que le quieren los inmortales m$s poderosos, y que son débiles los dioses que en el combate y la pelea prote en a los troyanos& (odos hemos bajado del .limpo a intervenir en esta batalla, para que Aquiles no pade"ca hoy nin #n da*o de parte de los troyanos! y lue o sufrir$ to que la 1arca dispuso, hilando el lino, cuando su madre te dio a lu"& @i Aquiles no se entera por la vo" de los dioses, sentir$ temor cuando en el combate le sal a al encuentro al una deidad! pues los dioses, en dej$ndose ver, son terribles&

0=; Kespondióle 1osidón, que sacude la tierra7 0== 29%era: ,o te irrites m$s de to ra"onable, pues no te es preciso& ,i yo quisiera que nosotros, que somos los m$s fuertes, promoviéramos la contienda entre los dioses& Jay$2 monos de este camino y sentémonos en aquella altura, y de la batalla cuidar$n los hombres& H si Ares o >ebo Apolo dieren principio a la pelea o detuvieren a Aquiles y no le dejaren combatir, iremos en se uida a luchar con ellos, y me fi uro que pronto tendr$n que retirarse y volver al .limpo, a la reunión de los dem$s dioses, vencidos por la fuer"a de nuestros bra"os& 0BB Dichas estas palabras, el dios de los cer#leos cabellos llevólos al alto terraplén que los troyanos y 1alas Atenea habían levantado en otro tiempo para que el divino %eracles se librara de la ballena cuando, perse uido por ésta, pasó de la playa a la llanura& Allí 1osidón y los otros dioses se sentaron, eGtendiendo en derredor de sus hombros una impenetrable nube! y al otro lado, en la cima de la +ella Colina, en torno de ti, oh >ebo, que hieres de lejos, y de Ares, que destruye las ciudades, acomod$ronse las deidades protectoras de los troyanos& 0D= Así unos y otros, sentados en dos rupos, deliberaban y no se decidían a empe"ar el funesto combate& H /eus desde lo alto les incitaba a comen"arlo& 0D< (odo el campo, lleno de hombres y caballos, resplandecía con el lucir del bronce! y la tierra retumbaba debajo de los pies de los uerreros que a luchar salían& Dos varones, se*alados entre los m$s valientes, deseosos de combatir, se adelantaron a los suyos para encontrarse entre ambos ejércitos7 'neas, hijo de Anquises, y el divino Aquiles& 1resentóse primero 'neas, amena"ador, tremolando el sólido casco7 prote ía el pecho con el fuerte escudo y vibraba broncínea lan"a& H el 1elida desde el otro lado fue a oponérsele como un vora" león, para matar al cual se re#nen los hombres de todo un pueblo! y el león al principio si ue su camino despreci$ndolos! mas, así que uno de los belicosos jóvenes le hiere con un venablo, se vuelve hacia él con la boca abierta, muestra los dientes cubiertos de espuma, siente emir en su pecho el cora"ón valeroso, se a"ota con la cola muslos y caderas para animarse a pelear, y con los ojos centelleantes arremete fiero hasta que mata a al uien o él mismo perece en la primera fila! así le insti aban a Aquiles su valor y $nimo esfor"ado a salir al encuentro del ma n$nimo 'neas& H tan pronto como se hallaron frente a frente, el divino Aquiles, el de los pies li eros, habló diciendo7 083 29'neas: 41or qué te adelantas tanto a la turba y me a uardas5 4Acaso el $nimo te incita a combatir conmi o por la esperan"a de reinar sobre los troyanos, domadores de caballos, con la di nidad de 1ríamo5 @i me matases, no pondría 1ríamo en tu mano tal recompensa! porque tiene hijos, conserva entero el juicio y no es insensato& 4. qui"$s te han prometido los troyanos acotarte un hermoso campo de frutales y sembradío que a los dem$s aventaje, para que puedas cultivarlo, si me quitas la vida5 Fe fi uro que te ser$ difícil conse uirlo& Ha otra ve" te puse en fu a con mi lan"a& 4,o recuerdas que, hall$ndote solo, te aparté de tus bueyes y te perse uí por el monte Cda corriendo con li era planta5 'ntonces huías sin volver la cabe"a& )ue o te refu iaste en )irneso y yo tomé la ciudad con la ayuda de Atenea y del padre /eus, y me llevé las mujeres haciéndolas esclavas! mas a ti te salvaron /eus y los dem$s dioses& ,o creo que ahora te uarden, como espera tu cora"ón! y te aconsejo que vuelvas a tu ejército y no te quedes frente a mí, antes que pade"cas al #n da*o! que el necio sólo conoce el mal cuando ha lle ado& 0EE H a su ve" 'neas le respondió diciendo7 ;II 291elida: ,o creas que con esas palabras me asustar$s como a un ni*o, pues también sé proferir injurias y baldones& Conocemos el linaje de cada uno de nosotros y

cu$les fueron nuestros respectivos padres, por haberlo oído contar a los mortales hombres! que ni t# viste a los míos, ni yo a los tuyos& Dicen que eres prole del eGimio 1eleo y tienes por madre a (etis, ninfa marina de hermosas tren"as! mas yo me lorío de ser hijo del ma n$nimo Anquises y mi madre es Afrodita7 aquéllos o éstos tendr$n que llorar hoy la muerte de su hijo, pues no pienso que nos separemos sin combatir, después de diri irnos pueriles insultos& @i deseas saberlo, to diré cu$l es mi linaje, de muchos conocido& 1rimero /eus, que amontona las nubes, en endró a D$rdano, y éste fundó la Dardania al pie del Cda, en manantiales abundoso! pues a#n la sacra Clio, ciudad de hombres de vo" articulada, no había sido edificada en la llanura& D$rdano tuvo por hijo al rey 'rictonio, que fue el m$s opulento de los mortales hombres7 poseía tres mil ye uas que, ufanas de sus tiernos potros, pacían junto a un pantano&2 'l +óreas enamoróse de al unas de las que vio pacer, y, transfi urado en caballo de ne ras crines, hubo de ellas doce potros que en la fértil tierra saltaban por encima de las mieses sin romper las espi as y en el ancho dorso del espumoso mar corrían sobre las mismas olas&2 'rictonio fue padre de (ros, que reinó sobre los troyanos! y éste dio el ser a tres hijos irreprensibles7 Clo, As$raco y el deiforme Panimedes, el m$s hermoso de los hombres, a quien arrebataron los dioses a causa de su belle"a para que escanciara el néctar a /eus y viviera con los inmortales& Clo en endró al eGimio )aomedonte, que tuvo por hijos a (itono, 1ríamo, )ampo, Clitio a %icetaón, v$sta o de Ares& As$raco en endró a Capis, cuyo hijo fue Anquises& Anquises me en endró a mí, y 1ríamo al divino %éctor& (al alcurnia y tal san re me lorío de tener& 1ero /eus aumenta o disminuye el valor de los uerreros como le place, porque es el m$s poderoso& 'a, no nos di amos m$s palabras como si fuésemos ni*os, parados así en medio del campo de batalla& >$cil nos sería inferimos tantas injurias, que una nave de cien bancos de remeros no podría Clevarlas& 's voluble la len ua de los hombres, y de ella salen ra"ones de todas clases! h$llanse muchas palabras ac$ y a00$, y cual hablares tal oir$s la respuesta& Fas 4qué necesidad tenemos de altercar, disputando a injuri$ndonos, como mujeres irritadas, las cuales, movidas por roedor encono, salen a la calle y se "ahieren diciendo muchas cosas, verdaderas unas y falsas otras, que la cólera les dicta5 ,o lo rar$s con tus palabras que yo, estando deseoso de combatir, pierda el valor antes de que con el bronce y frente a frente peleemos& 'a, acomet$monos en se uida con las broncíneas lan"as& ;DE Dijo! y, arrojando la fornida lan"a, clavóla en el terrible y horrendo escudo de Aquiles, que resonó randemente en torno de ella& 'l 1elida, temeroso, apartó el escudo con la robusta mano, creyendo que la luen a lan"a del ma n$nimo 'neas lo atravesaría f$cilmente& 9Cnsensato: ,o pensó en su mente ni en su espíritu que los eGimios presentes de los dioses no pueden ser destruidos con facilidad por los mortales hombres, ni ceder a sus fuer"as& H así la pesada lan"a de 'neas no perforó entonces la rodela por haberlo im2 pedido la l$mina de oro que el dios puso en medio, sino que atravesó dos capas y dejó tres intactas, porque eran cinco las que el dios cojo había reunido7 las dos de bronce, dos interiores de esta*o, y una de oro, que fue donde se detuvo la lan"a de fresno& ;8= Aquiles despidió lue o la in ente lan"a, y acertó a dar en el borde del liso escudo de 'neas, sitio en que el bronce era m$s del ado y el boyuno cuero m$s tenue7 el fresno del 1elión atravesólo, y todo el escudo resonó& 'neas, amedrentado, se enco ió y levantó el escudo! la lan"a, deseosa de prose uir su curso, pasóle por cima del hombro, después de romper los dos círculos de la rodela, y se clavó en el suelo! y el héroe, evitado ya el olpe, quedóse inmóvil y con los ojos muy espantados de ver que aquélla había caído tan cerca& Aquiles desnudó la a uda espada! y, profiriendo horribles voces, arremetió contra 'neas! y éste, a su ve", co ió una ran piedra que dos de los hombres actuales no podrían llevar y que él manejaba f$cilmente& H 'neas tirara la piedra a Aquiles y le acertara en el

casco o en el escudo que habría apartado del héroe la triste muerte, y el 1elida privara de la vida a 'neas, hiriéndole de cerca con la espada, si al punto no lo hubiese advertido 1osidón, que sacude la tierra, el cual dijo entre los dioses inmortales7 ;E= 29.h dioses: Fe causa pesar el ma n$nimo 'neas, que pronto, sucumbiendo a manos del 1elión, descender$ al %ades por haber obedecido las palabras de Apolo, que hiere de lejos& 9Cnsensato: 'l dios no le librar$ de la triste muerte& Fas 4por qué ha de padecer, sin ser culpable, las penas que otros merecen, habiendo ofrecido siempre ratos presentes a los dioses que habitan el anchuroso cielo5 'a, librémosle de la muerte, no sea que el Cronida se enoje si Aquiles lo mata, pues el destino quiere que se salve a fin de que no pere"ca sin descendencia ni se eGtin a del todo el linaje de D$rdano, que fue amado por el Cronida con preferencia a los dem$s hijos que tuvo de mujeres mortales& Ha el Cronión aborrece a los descendientes de 1ríamo! pero el fuerte 'neas reinar$ sobre los troyanos, y lue o los hijos de sus hijos que sucesivamente na"can& =IE Kespondióle %era veneranda, la de ojos de novilla7 =0I 29.h t# que sacudes la tierra: Kesuelve t# mismo si has de salvar a 'neas o permitir que, no obstante su valor, sea muerto por el 1elida Aquiles& 1ues así 1alas Atenea como yo hemos jurado repetidas veces a vista de los inmortales todos, que jam$s libraríamos a los troyanos del día funesto, aunque (roya entera fuese pasto de las voraces llamas por haberla incendiado los belicosos aqueos& =03 Cuando 1osidón, que sacude la tierra, oyó estas palabras, fuese! y andando por la li"a, entre el estruendo de las lan"as, lle ó adonde estaban 'neas y el ilustre Aquiles& Al momento cubrió de niebla los ojos del 1elida Aquiles, arrancó del escudo del ma n$nimo 'neas la lan"a de fresno con punta de bronce que depositó a los pies de aquél, y arrebató al troyano al"$ndolo de la tierra& 'neas, sostenido por la mano del dios, pasó por cima de muchas filas de héroes y caballos hasta lle ar al otro eGtremo del impetuoso combate, donde los caucones se armaban para pelear& H entonces 1osidón, que sacude la tierra, se le presentó, y le dijo estas aladas palabras7 ==; 29'neas: 4Cu$l de los dioses te ha ordenado que cometieras la locura de luchar cuerpo a cuerpo con el animoso 1elión, que es m$s fuerte que t# y m$s caro a los inmortales5 Ketírate cuantas veces le encuentres, no sea que lo ha a descender a la morada de %ades antes de lo dispuesto por el hado& Fas, cuando Aquiles haya muerto, por haberse cumplido su destino, pelea confiadamente entre los combatientes delanteros, que no te matar$ nin #n otro aqueo& =BI Así diciendo, dejó a 'neas allí, después que le hubo amonestado y apartó la obscura niebla de los ojos de Aquiles& 6ste volvió a ver con claridad, y, imiendo, a su ma n$nimo espíritu le decía7 =BB 29.h dioses: Prande es el prodi io que a mi vista se ofrece7 esta lan"a yace en el suelo y no veo al varón contra quien la arrojé, con intención de matarle& Ciertamente a 'neas le aman los inmortales dioses! 9y yo creía que se jactaba de ello vanamente: J$yase, pues! que no tendr$ $nimo para medir de nuevo sus fuer"as conmi o, quien ahora huyó ustoso de la muerte& 'Ghortaré a los belicosos d$naos y probaré el valor de los dem$s enemi os, saliéndoles al encuentro& === Dijo! y, saltando por entre las filas, animaba a los uerreros7 ==B 29,o permane"c$is alejados de los troyanos, divínos aqueos: 'a, cada hombre embista a otro y sienta anhelo por pelear& Difícil es que yo solo, aunque sea valiente, persi a a tantos uerreros y con todos luche! y ni a Ares, que es un dios inmortal, ni a Atenea, les sería posible recorrer un campo de batalla tan vasto y combatir en todas panes& 'n to que puedo hacer con mis manos, mis pies o mi fuer"a, no me muestro

remiso& 'ntraré por todos lados en las hileras de las falari es enemi as, y me fi uro que no se ale rar$n los troyanos que a mi lan"a se acerquen& =<B Con estas palabras los animaba& (ambién el esclarecido %éctor eGhortaba a los troyanos, dando ritos, y ase uraba que saldría al encuentro de Aquiles7 =<< 29Animosos troyanos: 9,o tem$is al 1elión: Ho de palabra combatiría hasta con los inmortales! pero es difícil hacerlo con la lan"a, siendo, como son, mucho m$s fuertes& Aquiles no llevar$ al cabo todo cuanto dice, sino que en parte lo cumplir$ y en parte lo dejar$ a medio hacer& Cré a encontrarlo, aunque por sus manos se pare"ca a la llama! sí, aunque por sus manos se pare"ca a la llama, y por su fortale"a al reluciente hierro =8= Con tales voces los eGcitaba& )os troyanos calaron las lan"as! trabóse el combate y se produjo ritería, y entonces >ebo Apolo se acercó a %éctor y le dijo7 =8< 29%éctor: ,o te adelantes para luchar con Aquiles! espera su acometida me"clado con la muchedumbre, confundido con la turba& ,o sea que consi a herirte desde lejos con arma arrojadi"a, o de cerca con la espada& =8E Así habló& %éctor se fue, amedrentado, por entre la multitud de uerreros apenas acabó de oír las palabras del dios& Aquiles, con el cora"ón revestido de valor y dando horribles ritos, arremetió a los troyanos, y empe"ó por matar al valeroso Cfitión .trintida, caudillo de muchos hombres, a quien una ninfa n$yade había tenido de .trinteo, asolador de ciudades, en el opulento pueblo de %ida, al pie del nevado (molo7 el divino Aquiles acertó a darle con la lan"a en medio de la cabe"a, cuando arremetía contra él, y se la dividió en dos partes& 'l troyano cayó con estrépito, y el divino Aquiles se lorió diciendo7 =3E 29Haces en el suelo, .trintida, el m$s portentoso de todos los hombres: 'n este lu ar te sorprendió la muerte! a ti, que habías nacido a orillas del la o Pi eo, donde tienes la heredad paterna, junto al %ilo, abundante en peces, y el %ermo vora inoso& =E= Así dijo jact$ndose& )as tinieblas cubrieron los ojos de Cfitión, y los carros de los aqueos lo despeda"aron con las llantas de sus ruedas en el primer reencuentro& Aquiles hirió, después, en la sien, atraves$ndole el casco de broncíneas carrilleras, a Demoleonte, valiente adalid en el combate, hijo de Anténor! y el casco de bronce no detuvo la lan"a, pues la punta entró y rompió el hueso, conmovióse interiormente el cerebro, y el troyano sucumbió cuando peleaba con ardor& )ue o, como %ipodamante saltara del carro y se diese a la fu a, le envasó la pica en la espalda7 aquél eGhalaba el aliento y bramaba como el toro que los jóvenes arrastran a los altares del soberano %eliconio y el dios que sacude la tierra se o"a al verlo! así bramaba %ipodamante cuando el alma valerosa dejó sus huesos& @e uidamente acometió con la lan"a al deiforme 1olidoro 1ri$mida, a quien su padre no permitía que fuera a las batallas porque era el menor y el predilecto de sus hijos& ,adie vencía a 1olidoro en la carrera! y entonces, por pueril petulancia, haciendo ala de la li ere"a de sus pies, a it$base el troyano entre los combatientes delanteros, hasta que perdió la vida7 al verlo pasar, el divino Aquiles, li ero de pies, hundióle la lan"a en medio de la espalda, donde los anillos de oro sujetaban el cinturón y era doble la cora"a, y la punta salió al otro lado cerca del ombli o! el joven cayó de rodillas dando lastimeros ritos! obscura nube le envolvió! e, inclin$ndose, procuraba sujetar con sus manos los intestinos, que le salían por la herida& B0E (an pronto como %éctor vio a su hermano 1olidoro co iéndose las entra*as y encorvado hacia el suelo, se le puso una nube ante los ojos y ya no pudo combatir a distancia! sino que, blandiendo la a uda lan"a a impetuoso como una llama, se diri ió al encuentro de Aquiles& H éste, al advertirlo, saltó hacia él, y dijo muy ufano estas palabras7

B;D 2Cerca est$ el hombre que ha inferido a mi cora"ón la m$s rave herida, el que mató a mi compa*ero amado& Ha no huiremos asustados, el uno del otro, por los senderos del combate& B;3 Dijo! y mirando con torva fa" al divino %éctor, le ritó7 B;E 2iAcércate para que m$s pronto lle ues de tu perdición al término: B=I @in turbarse, le respondió %éctor, el de tremolante casco7 B=0 291elida: ,o esperes amedrentarme con palabras como a un ni*o! también yo sé proferir injurias y baldones& Kecono"co que eres valiente y que te soy muy inferior& 1ero en la mano de los dioses est$ si yo, siendo inferior, te quitaré la vida con mi lan"a! pues también tiene afilada punta& B=3 'n diciendo esto, blandió y arrojó su lan"a! pero Atenea con un tenue soplo apartóla del lorioso Aquiles, y el arma volvió hacia el divino %éctor y cayó a sus pies& Aquiles acometió, dando horribles ritos, a %éctor, con intención de matarlo! pero Apolo arrebató al troyano, haciéndolo con ran facilidad por ser dios, y to cubrió con densa niebla& (res veces el divino Aquiles, li ero de pies, atacó con la broncínea lan"a, tres veces dio el olpe en el aire& H cuando, semejante a un dios, arremetía por cuarta ve", increpó el héroe a %éctor con vo" terrible, diri iéndole estas aladas palabras7 BBE 29.tra ve" te has librado de la muerte, perro: Fuy cerca tuviste la perdición, pero te salvó >ebo Apolo, a quien debes de ro ar cuando sales al campo antes de oír el estruendo de los dardos& Ho acabaré conti o si m$s tarde te encuentro y un dios me ayuda& H ahora perse uiré a los dem$s que se me pon an al alcance& BD= Así dijo! y con la lan"a hirió en medio del cuello a Dríope, que cayó a sus pies& Dejóle, y al momento detuvo a Demuco >iletórida, valeroso y alto, a quien pinchó con la lan"a en una rodilla, y lue o quitóle la vida con la ran espada& Después acometió a )aó ono y a D$rdano, hijos de +iante7 habiéndolos derribado del carro en que iban, a aquél le hi"o perecer arroj$ndole la lan"a, y a éste hiriéndole de cerca con la espada& (ambién mató a (ros Alastórida, que vino a abra"arle las rodillas por si compadeciéndose de él, que era de la misma edad del héroe, en ve" de matarlo le hacía prisionero y to dejaba vivo& 9Cnsensato: ,o conoció que no podría persuadirle, pues Aquiles no era hombre de condición beni na y mansa, sino muy violento& Ha aquél le tocaba las rodillas con intención de suplicarle, cuando le hundió la espada en el hí ado7 derramóse éste, llenando de ne ra san re el pecho, y las tinieblas cubrieron los ojos del troyano, que quedó eG$nime& Cnmediatamente Aquiles se acercó a Fulio! y, metiéndole la lan"a en una oreja, la broncínea punta salió por la otra& F$s tarde hirió en medio de la cabe"a a 'queclo, hijo de A enor, con la espada provista de empu*adura7 la hoja entera se calentó con la san re, y la purp#rea muerte y la parca cruel velaron los ojos del uerrero& 1osteriormente atravesó con la broncínea lan"a el bra"o de Deucalión, en el sitio donde se juntan los tendones del codo! y el troyano esperóle, con la mano entorpecida y viendo que la muerte se le acercaba7 Aquiles le cercenó de un tajo la cabe"a, que con el casco arrojó a to lejos, la medula salió de las vértebras y el uerrero quedó tendido en el suelo& Diri ióse acto se uido contra Ki mo, ilustre hijo de 1íroo, quX había lle ado de la fértil (racia, y le hirió en medio del cuerpo7 clavóle la broncínea lan"a en el pulmón, y le derribó del carro& H, como viera que su escudero Areítoo torcía la rienda a los caballos, envasóle la a uda lan"a en la espalda, y también le derribó en tierra, mientras los corceles huían espantados& BEI De la suerte que, al estallar abrasador incendio en los hondos valles de $rida monta*a, arde la poblada selva, y el viento mueve las llamas que iran a todos lados! de la misma manera, Aquiles se revolvía furioso con la lan"a, persi uiendo, cual una deidad, a los que estaban destinados a morir! y la ne ra tierra manaba san re& Como, uncidos al

yu o dos bueyes de ancha frente para que trillen la blanca cebada en una era bien dispuesta, se desmenu"an presto las espi as debajo de los pies de los mu ientes bueyes! así los solípedos corceles, uiados por el ma n$nimo Aquiles, hollaban a un mismo tiempo cad$veres y escudos! el eje del carro tenía la parte inferior cubierta de san re y los barandales estaban salpicados de san uinolentas otas que los casos de los corceles y las llantas de las ruedas despedían& H el 1elida deseaba alcan"ar loria y tenía las invictas manos manchadas de san re y polvo& CANTO XXI * Batalla junto al r"o
* 'ste río pide ayuda al río @imoente y quiere sumer ir a Aquiles, pero el dios %efesto le obli a a volver a su cauce& Apolo se transfi ure en troyano y se hace perse uir por el héroe para que los dem$s puedan entrar en la ciudad! conse uido su objeto, el dios se descubre&

0 Así que los troyanos lle aron al vado del vorti inoso Lanto, río de hermosa corriente a quien el inmortal /eus en endró, Aquiles los dividió en dos rupos& A los del primero echólos el héroe por la llanura hacia la ciudad, por donde los aqueos huían espantados el día anterior, cuando el esclarecido %éctor se mostraba furioso! por allí se derramaron entonces los troyanos en su fu a, y %era, para detenerlos, los envolvió en una densa niebla& )os otros rodaron al caudaloso río de ar énteos vórtices, y cayeron en él con ran estrépito7 resonaba la corriente, retumbaban ambas orillas y los troyanos nadaban ac$ y acull$, ritando, mientras eran arrastrados en torno de los remolinos& Como las lan ostas acosadas por la violencia de un fue o que estalla de repente vuelan hacia el río y se echan medrosas en el a ua, de la misma manera la corriente sonora del Lanto de profundos vórtices se llenó, por la persecución de Aquiles, de hombres y caballos que en el mismo caían confundidos& 08 Aquiles, v$sta o de /eus, dejó su lan"a arrimada a un tamari" de la orilla, saltó al río, cual si fuese una deidad, con sólo la espada y meditando en su cora"ón acciones crueles, y comen"ó a herir a diestro y a siniestro7 al punto levantóse un horrible clamoreo de los que recibían los olpes, y el a ua bermejeó con la san re& Como los peces huyen del in ente delfín, y, temerosos, llenan los senos del hondo puerto, porque aquél devora a cuantos co e, de la misma manera los troyanos iban por la impetuosa corriente del río y se refu iaban, temblando, debajo de las rocas& Cuando Aquiles tuvo las manos cansadas de matar, co ió vivos, dentro del río, a doce mancebos para inmolarlos m$s tarde en eGpiación de la muerte de 1atroclo Fenecíada& @acólos atónitos como cervatos, les ató las manos por detr$s con las correas bien cortadas que llevaban en las fleGibles t#nicas y encar ó a los ami os que los condujeran a las cóncavas naves& H el héroe acometió de nuevo a los troyanos, para hacer en ellos ran destro"o& =B Allí se encontró Aquiles con )icaón, hijo de 1ríamo Dard$nida! el cual, huyendo, iba a salir del río& Ha anteriormente le había hecho prisionero encamin$ndose de noche a un campo de 1ríamo7 )icaón cortaba con el a udo bronce los ramos nuevos de un cabrahí o para hacer los barandales de un carro, cuando el divinal Aquiles, present$ndose cual imprevista calamidad, se to llevó mal de su rado& (ransportóle lue o en una nave a la bien construida )emnos, y a00í to puso en venta7 el hijo de Lasón pa ó el precio& Después 'etión de Cmbros, que era huésped del troyano, dio por él un cuantioso rescate y enviólo a la divina Arisbe& 'scapóse )icaón, y, volviendo a la casa paterna, estuvo celebrando con sus ami os durance once días su re reso de )emnos! mas, al duodécimo, un dios le hi"o caer nuevamente en manos de Aquiles, que debía mandarle al %ades, sin que )icaón to deseara& Como el divino Aquiles, el de los pies li eros, le viera inerme 2sin casco, escudo ni lan"a, porque todo to había tirado al suelo2 y que salía del río con el

cuerpo abatido por el sudor y las rodillas vencidas por el cansancio, sorprendióse, y a su ma n$nimo espíritu así le habló7 DB 29.h dioses: Prande es el prodi io que a mi vista se ofrece& Ha es posible que los troyanos a quienes maté resuciten de las sombrías tinieblas! cuando éste, libr$ndose del día cruel, ha vuelto de la divina )emnos, donde fue vendido, y las olas del espumoso mar que a tantos detienen no han impedido su re reso& Fas, ea, haré que pruebe la punta de mi lan"a para ver y averi uar si volver$ nuevamente o se quedar$ en el seno de la fértil tierra que hasta a los fuertes retiene& <B 1ensando en tales cosas, Aquiles continuaba inmóvil& )icaón, asustado, se le acercó a tocarle las rodillas! pues en su $nimo sentía vivo deseo de lfbrarse de la triste muerte y de la ne ra 1arca& 'l divino Aquiles levantó en se uida la enorme lan"a con intención de herirlo, pero )icaón se enco ió y corriendo le abra"ó las rodillas! y aquélla, pas$ndole por cima del dorso, se clavó en el suelo, codiciosa de cebarse en el cuerpo de un hombre& 'n tanto )icaón suplicaba a Aquiles! y, abra"ando con una mano sus rodillas y sujet$ndole con la otra la a uda lan"a, sin que la soltara, estas aladas palabras le decía7 8B 2(e lo rue o abra"ado a tus rodillas, Aquiles7 respétame y api$date de mí& %as de tenerme, oh alumno de /eus, por un suplicante di no de consideración! pues comí en to tienda el fruto de Deméter el día en que me hiciste prisionero en el campo bien cultivado, y, llev$ndome lejos de mi padre y de mis ami os, me vendiste en )emnos7 cien bueyes te valió mi persona& Ahora te daría el triple por rescatarme& Doce días ha que, habiendo padecido mucho, volví a Clio! y otra ve" el hado funesto me pone en tus manos& Debo de ser odioso al padre /eus, cuando nuevamente me entre a a ti& 1ara darme una vida corta, me parió )aótoe, hija del anciano Altes, que reina sobre los belicosos léle es y posee la eGcelsa 1édaso junto al @atnioente& A la hija de aquél la tuvo 1ríamo por esposa con otras muchas! de la misma nacimos dos varones y a entrambos nos habr$s dado muerte& Ha hiciste sucumbir entre los infantes delanteros al deiforme 1olidoro, hiriéndole con la a uda pica! y ahora la des racia lle ó para mí, pues no espero escapar de tus manos después que un dios me ha echado en ellas& .tra cosa to diré que fijar$s en la me moria7 ,o me mates! pues no soy del mismo vientre que %éctor, el que dio muerte a to dulce y esfor"ado ami o& E8 Con tales palabras el preclaro hijo de 1ríamo suplicaba a Aquiles, pero fue amar a la respuesta que escuchó7 EE 29Cnsensato: ,o me hables del rescate, ni to menciones siquiera& Antes que a 1atroclo le lle ara el día fatal, me era rato abstenerme de matar a los troyanos y fueron muchos los que co í vivos y vendí lue o! mas ahora nin uno escapar$ de la muerte, si un dios lo pone en mis manos delante de Clio y especialmente si es hijo de 1ríamo& 1or Can2 to, ami o, muere t# también& 41or qué te lamentas de este modo5 Furió 1atroclo, que tanto te aventajaba& 4,o ves cu$n allardo y alto de cuerpo soy yo, a quien en endró un padre ilustre y dio a lu" una diosa5 1ues también me a uardan la muerte y la 1arca cruel& Jendr$ una ma*ana, una tarde o un mediodía en que al uien me quitar$ la vida en el combate, hiriéndome con la lan"a o con una flecha despedida por el arco& 00B Así dijo& Desfallecieron las rodillas y el cora"ón del troyano que, soltando la lan"a, se sentó y tendió ambos bra"os& Aquiles puso mano a la tajante espada a hirió a )icaón en la clavícula, junto al cuello7 metióle dentro toda la hoja de dos filos, el troyano dio de ojos por el suelo y su san re fluía y mojaba la tierra& 'l héroe co ió el cad$ver por el pie, arrojólo al río para que la corriente se to llevara, y profirió con jactancia estas aladas palabras7 0;; 2Ha" ahí entre los peces que tranquilos te lamer$n la san re de la herida& ,o te colocar$ tu madre en un lecho para llorarte, sino que ser$s llevado por el vora inoso

'scamandro al vasto seno del mar& H al #n pe", saliendo de las olas a la ne ru"ca y encrespada superficie, comer$ la blanca rasa de )icaón& Así pere"c$is los dem$s troyanos hasta que lle uemos a la sacra ciudad de Clio, vosotros huyendo y yo detr$s ha2 ciendo ran ri"a& ,o os salvar$ ni siquiera el río de hermosa corriente y ar énteos remolinos, a quien desde anti uo sacrific$is muchos toros y en cuyós vórtices ech$is vivos los solípedos caballos& Así y todo, pereceréis miserablemente unos en pos de otros, hasta que hay$is eGpiado la muerte de 1atrocio y el estra o y la matan"a que hicisteis en los aqueos junto a las naves, mientras estuve alejado de la lucha& 0=< Así habló, y el río, con el cora"ón irritado, revolvía en su mente cómo haría cesar al divinal Aquiles de combatir y libraría de la muerte a los troyanos& 'n tanto, el hijo de 1eleo diri ió su in ente lan"a a Asteropeo, hijo de 1ele ón, con $nimo de matarlo& A 1ele ón le habían en endrado el AGio, de ancha corriente, y 1eribea, la hija mayor de Aces$meno! que con ésta se unió aquel río de profundos remolinos& 'ncaminóse, pues, Aquiles hacia Asteropeo, el cual salió a su encuentro llevando dos lan"as! y el Lanto, irritado por la muerte de los jóvenes a quienes Aquiles había hecho perecer sin compasión en la misma corriente, infundió valor en el pecho del troya2no& Cuando ambos uerreros se hallaron frente a frente, el divino Aquiles, el de los pies li eros, fue el primero en hablar, y dijo7 0DI 24Muién eres t# y de dónde, que osas salirme al encuentro5 Cnfelices de aquéllos cuyos hijos se oponen a mi furor& 0D; Kespondióle el preclaro hijo de 1ele ón7 0D= 29Fa n$nimo 1elida: 41or qué sobre el abolen o me interro as5 @oy de la fértil 1eonia, que est$ lejos! vine mandando a los peonios, que combaten con lar as picas, y hace once días que lle ué a Clio& Fi linaje trae su ori en del AGio de ancha corriente, del AGio que esparce su hermosísimo raudal sobre la tierra7 AGio en endró a 1ele ón, famoso por su lan"a, y de éste dicen que he nacido& 1ero peleemos ya, esclarecido Aquiles& 0<0 Así habló, en son de amena"a& 'l divino Aquiles levantó el fresno del 1elión, y el héroe Asteropeo, que era ambideGtro, tiróle a un tiempo las dos lan"as7 la una dio en el escudo, pero no to atravesó porque la l$mina de oro que el dios puso en el mismo la detuvo! la otra ras u*ó el bra"o derecho del héroe, junto al codo, del cual brotó ne ra san re! mas el arma pasó por encim$ y se clavó en el suelo, codiciosa de la carne& Aquiles arrojó entonces la lan"a, de recto vuelo, a Asteropeo con intención de matarlo, y erró el tiro7 la lan"a de fresno cayó en la elevada orilla y se hundió hasta la mitad del palo& 'l 1elida, desnudando la a uda espada que llevaba junto al muslo, arremetió enardecido a Asteropeo, quien con la mano robusta intentaba arrancar del escarpado borde la lan"a de Aquiles7 tres veces la meneó para arrancarla, y otras tantas careció de fuer"a& H cuando, a la cuarta ve", quiso doblar y romper la lan"a de fresno del '$cida, acercósele Aquiles y con la espada le quitó la vida7 hirióle en el vientre, junto al ombli o! derram$ronse en el suelo todos los intestinos, y las tinieblas cubrieron los ojos del troyano, que cayó anhelante& Aquiles se abalan"ó a su pecho, le quitó la armadura! y, blasonando del triunfo, dijo estas palabras7 03B 2Ha" ahí& Difícil era que t#, aunque en endrado por un río, pudieses disputar la victoria a los hijos del prepotente Cronión& Dijiste que to linaje procede de un río de ancha corriente! mas yo me jacto de pertenecer al del ran /eus& 'n endróme un varón que reina sobre muchos mirmidones, 1eleo, hijo de 6aco! y este #ltimo era hijo de /eus& H como /eus es m$s poderoso que los nos, que corren al mar, así también los descendientes de /eus son m$s fuertes que los de los ríos& A tu lado tienes uno rande, si es que puede auGiharte& Fas no es posible combatir con /eus Cronión& A éste no le

i ualan ni el fuerte Aqueloo, ni el rande y poderoso .céano de profunda corriente del que nacen todos los ríos, todo el mar y todas las fuentes y randes po"os! pues también el .céano teme el rayo del ran /eus y el espantoso trueno, cuando retumba desde el cielo& ;II Dijo! arrancó del escarpado borde la broncínea lan"a y abandonó a Asteropeo a00í, tendido en la arena, tan pronto como le hubo quitado la vida7 el a ua turbia ba*aba el cad$ver, y an uilas y peces acudieron a comer la rasa que cubría los ri*ones& Aquiles se fue para los peonios que peleaban en carros! los cuales huían por las m$r enes del vo2 ra inoso río, desde que vieron que el m$s fuerte caía en el duro combate, vencido por las manos y la espada del 1elida& 6ste mató entonces a (ersíloco, Fidón, Astípilo, Fneso, (rasio, 'nio y .felestes& H a m$s peonios diera muerte el velo" Aquiles, si el río de profundos remolinos, irritado y transfi urado en hombre, no le hubiese dicho desde uno de los profundos vórtices7 ;0B 29.h Aquiles: @uperas a los dem$s hombres tanto en el valor como en la comisión de acciones nefandas! porque los propios dioses te prestan constantemente su auGilio& @i el hijo de Crono te ha concedido que destruyas a todos los troyanos, ap$rtalos de mí y ejecuta en el llano tus proe"as& Fi hermosa corriente est$ llena de cad$veres que obstruyen el cauce y no me dejan verter el a ua en la mar divina! y t# si ues matando de un modo atro"& 1ero, ea, cesa ya! pues me tienes asombrado, oh príncipe de hombres& ;;; Kespondióle Aquiles, el de los pies li eros7 ;;= 2@e har$, oh 'scamandro, alumno de /eus, como t# lo ordenas! pero no me abstendré de matar a los altivos troyanos hasta que los encierre en la ciudad y, peleando con %éctor, él me mate a mí o yo acabe con él& ;;8 'sto dicho, arremetió a los troyanos, cual si fuese un dios& H entonces el río de profundos remolinos diri ióse a Apolo7 ;;E 29.h dioses: (#, el del arco de plata, hijo de /eus, no cumples las órdenes del Cronión, el cual to encar ó muy mucho que socorrieras a los troyanos y les prestaras to auGilio hasta que, lle ada la tarde, se pusiera el sol y quedara a obscuras el fértil campo& ;== Dijo& Aquiles, famoso por su lan"a, saltó desde la escarpada orilla al centro del río& 1ero éste le atacó enfurecido7 hinchó sus a uas, revolvió la corriente, y, arrastrando muchos cad$veres de hombres muertos por Aquiles, que había en el cauce, arrojólos a la orilla mu iendo como un toro, y en Canto salvaba a los vivos dentro de la hermosa corriente, ocult$ndolos en los profundos y anchos remolinos& )as revueltas olas rodeaban a Aquiles, la corriente caía sobre su escudo y le empujaba, y el héroe ya no se podía tener en pie& Asióse entonces con ambas manos a un olmo corpulento y frondoso! pero éste, arrancado de raí", rompió el borde escarpado, oprimió la hermosa corriente con sus muchas ramas, cayó entero al río y se convirtió en un puente& Aquiles, amedrentado, dio un salto, salió del abismo y voló con pie li ero por la llanura& Fas no por esto el ran dios desistió de perse uirlo, sino que lan"ó tras él olas de sombría cima con el propósito de hacer cesar al divino Aquiles de combatir y librar de la muerte a los troyanos& 'l 1elida salvó cerca de un tiro de lan"a, dando un brinco con la impetuosidad de la rapa" $ uila ne ra, que es la m$s for"uda y velo" de las aves! parecido a ella, el héroe coma y el bronce resonaba horriblemente sobre su pecho& Aquiles procuraba huir, desvi$ndose a un lado! pero la corriente se iba tras él y le perse uía con ran ruido& Como el fontanero conduce el a ua desde el profundo manantial por entre las plantas de un huerto y con un a"adón en la mano quita de la re uera los estorbos! y la corriente si ue su curso, y mueve las piedrecitas, pero al lle ar a un declive murmura, acelera la marcha y pasa delante del que la uía! de i ual modo, la corriente del río alcan"aba continuamente a Aquiles, porque los dioses son m$s poderosos que los hombres& Cuantas veces el divino Aquiles, el de los pies li eros, intentaba esperarla, para ver si le perse uían todos los inmortales

que tienen su morada en el espacioso cielo, otras tantas, las randes olas del río, que las celestiales lluvias alimentan, le a"otaban los hombros& 'l héroe, afii ido en su cora"ón, saltaba! pero el río, si uiéndole con la r$pida y tortuosa corriente, le cansaba las rodillas y le robaba el suelo a00í donde ponía los pies& H el 1elida, levantando los ojos al vasto cielo, imió y dijo7 ;8= 29/eus padre: 4Cómo no viene nin #n dios a salvarme a mí, miserando, de la persecución del río, y lue o sufriré cuanto sea preciso5 ,in una de las deidades del cielo tiene tanta culpa como mi madre, que me hala ó con falsas predicciones7 dijo que me matarían al pie del muro de los troyanos, armados de cora"a, las veloces flechas de Apolo& 9.jal$ me hubiese muerto %éctor, que es aquí el m$s bravo: 'ntonces un valiente hubiera muerto y despojado a otro valiente& Fas ahora quiere el destino que yo pere"ca de miserable muerte, cercado por un ran río! como el ni*o pórqueri"o a quien arrastran las a uas invernales del torrente que intentaba atravesar& ;3B Así se eGpresó& 'n se uida 1osidón y Atenea, con fi ura humana, se le acercaron y le asieron de las manos mientras le animaban con palabras& 1osidón, que sacude la tierra, fue el primero en hablar y dijo7 ;33 291elida: ,o tiembles, ni te asustes& 9(al socorro vamos a darte, con la venia de /eus, nosotros los dioses, yo y 1alas Atenea: 1orque no dispone el hado que seas muerto por el río, y éste dejar$ pronto de perse uirte, como ver$s t# mismo& (e daremos un prudente consejo, por si quieres obedecer7 no descanse to bra"o en la batalla funesta hasta haber encerrado dentro de los ínclitos muros de Clio a cuantos troyanos lo ren escapar& H cuando hayas privado de la vida a %éctor, vuelve a las naves! que nosotros to concederemos que alc$nces loria& ;E3 Dichas estas palabras, ambas deidades fueron a reunirse con los dem$s inmortales& Aquiles, impelido por el mandato de los dioses, endere"ó sus pasos a la llanura inundada por el a ua del río, en la cual flotaban cad$veres y hermosas armas de jóvenes muertos en la pelea& 'l héroe caminab$ derechamente, saltando por el a ua, sin que el anchuroso río lo rase detenerlo! pues Atenea le había dado muchos bríos& 1ero el 'scamandro no cedía en su furor! sino que, irrit$ndose a#n m$s contra el 1elión, hinchaba y levantaba a to alto sus olas, y a ritos llamaba al @imoente7 =I3 29%ermano querido: Luntémonos para contener la fuer"a de ese hombre, que pronto tomar$ la ran ciudad del rey 1ríamo, pues los troyanos no le resistir$n en la batalla& Jen al momento en mi auGilio7 aumenta to caudal con el a ua de las fuentes, concita a todos los arroyos, levanta randes olas y arrastra con estrépito troncos y piedras, para que ano2 nademos a ese fero" uerrero que ahora triunfa y piensa en ha"a*as propias de los dioses& Creo que no le valdr$n ni su fuer"a, ni su hermosura, ni sus ma níficas armas, que han de quedar en el fondo de este la o cubiertas de cieno& A él to envolveré en abundante arena, derramando en torno suyo mucho cascajo! y ni siquiera sus huesos podr$n ser reco idos por los aqueos7 tanto limo amontonaré encima& H tendr$ su t#mulo aquí mismo, y no necesitar$ que los aqueos se to erijan cuando le ha an las eGequias& =;B Dijo! y, revuelto, arremetió contra Aquiles, al"$ndose furioso y mu iendo con la espuma, la san re y los cad$veres& )as purp#reas ondas del río, que las celestiales lluvias alimentan, se mantenían levantadas y arrastraban al 1elida& 1ero %era, temiendo que el ran río derribara a Aquiles, ritó, y dijo en se uida a %efesto, su hijo amado7 ==0 29)ev$ntate, estevado, hijo querido! pues creemos que el Lanto vora inoso es tu i ual en el combate: @ocorre pronto a Aquiles, haciendo aparecer inmensa llama& Joy a suscitar con el Céfiro y el velo" ,oto una ran borrasca, para que viniendo del mar eGtienda el destructor incendio y se quemen las cabe"as y las armas de los troyanos& (# abrasa los $rboles de las orillas del Lanto, métele en el fue o, y no to dejes persuadir ni

con palabras dulces ni con amena"as& ,o cese tu furia hasta que yo te lo di a ritando! y entonces apa a el fue o infati able& =B; Así dijo! y %efesto, arrojando una abrasadora llama, incendió primeramente la llanura y quemó muchos cad$veres de uerreros a quienes había muerto Aquiles! secóse el campo, y el a ua cristalina dejó de correr& Como el +óreas seca en el oto*o un campo recién inundado y se ale ra el que to cultiva, de la misma suerte, el fue o secó la llanura entera y quemó los cad$veres& )ue o %efesto diri ió al río la resplandeciente llama y ardieron, así los olmos, los sauces y los tamariscos, como el loto, el junco y la juncia que en abundancia habían crecido junto a la hermosa corriente& An uilas y peces padecían y saltaban ac$ y all$, en los remolinos o en la corriente, oprimidos por el soplo del in enioso %efesto& H el río, quem$ndose también, así habiaba7 =D8 29%efesto: ,in uno de los dioses te i uala y no quiero luchar conti o ni con tu llama ardiente& Cesa de perse uirme y en se uida el divino Aquiles arroje de la ciudad a los troyanos& 4Mué interés ten o en la contienda ni en auGiliar a nadie5 =<0 Así habló, abrasado por el fue o! y la hermosa corriente hervía& Como en una caldera puesta sobre un ran fue o, la rasa de un puerco cebado se funde, hierve y rebosa por todas partes, mientras la le*a seca arde debajo! así la hermosa corriente se quemaba con el fue o y el a ua hervía, y, no pudiendo it hacia adelante, paraba su curso oprimida por el vapor que con su arte produjera el in enioso %efesto& H el río, diri iendo muchas s#plicas a %era, estas aladas palabras le decía7 =<E 29%era: 41or qué tu hijo maltrata mi corriente, atac$ndome a mí solo entre los dioses5 ,o debo de ser para ti tan culpable como todos los dem$s que favorecen a los troyanos& Ho desistiré de ayudarlos, si t# lo mandas! pero que éste cese también& H juraré no librar a los troyanos del día fatal, aunque (roya entera lle ue a ser pasto de las voraces llamas por haberla incendiado los belicosos aqueos& =88 Cuando %era, la diosa de los níveos bra"os, oyó estas palabras, dijo en se uida a %efesto, su hijo amado7 =8E 29%efesto hijo ilustre: Cesa ya, pues no conviene que, a causa de los mortales, a un dios inmortal atormentemos& =30 Así dijo& %efesto apa ó la abrasadora llama, y las olas retrocedieron a la hermosa corriente& =3= H tan pronto como el $nimo del Lanto fue abatido, ellos cesaron de luchar porque %era, aunque irritada, los contuvo! pero una re*ida y espantosa pelea se suscitó entonces entre los dem$s dioses7 divididos en dos bandos, vinieron a las manos con fuerte estrépito! bramó la vasta tierra, y el ran cielo resonó como una trompeta& .yólo /eus, sentado en el .limpo, y con el cora"ón ale re reía al ver que los dioses iban a embestirse& H ya no estuvieron separados lar o tiempo! pues el primero Ares, que horada los escudos, acometiendo a Atenea con la broncínea lan"a, estas injuriosas palabras le decía7 =EB 241or qué nuevamente, oh mosca de perro, promueves la contienda entre los dioses con insaciable audacia5 4Mué poderoso afecto to mueve5 4Acaso no te acuerdas de cuando incitabas a Diomedes (idida a que me hiriese, y co iendo t# misma la reluciente pica la endere"aste contra mí y me des arraste el hermoso cutis5 1ues me fi uro que ahora pa ar$s cuanto me hiciste& BII Apenas acabó de hablar, dio un bote en el escudo floqueado, horrendo, que ni el rayo de /eus rompería, allí acertó a dar Ares, manchado de homicidios, con la in ente lan"a& 1ero la diosa, volviéndose, aferró con su robusta mano una ran piedra ne ra y eri"ada de puntas que estaba en la llanura y había sido puesta por los anti uos como linde de un campo! e, hiriendo con ella al furibundo Ares en el cuello, dejóle sin vi or los miembros& Jino a tierra el dios y ocupó siete ye uadas, el polvo manchó su cabellera y

las armas resonaron& Kióse 1alas Atenea! y, lori$ndose de la victoria, profirió estas aladas palabras7 B0I29,ecio: A#n no has comprendido que me jacto de ser mucho m$s fuerte, puesto que osas oponer tu furor al mío& Así padecer$s, cumpliéndose las imprecaciones de tu airada madre que maquina males contra ti porque abandonaste a los aqueos y favoreces a los or ullosos troyanos& B0D Cuando esto hubo dicho, volvió a otra parte los ojos reful entes& Afrodita, hija de /eus, asió por la mano a Ares y le acompa*aba, mientras el dios daba muchos suspiros y apenas podía recobrar el aliento& 1ero la vio %era, la diosa de los níveos bra"os, y al punto dijo a Atenea estas aladas palabras7 B;I 29.h dioses: 9%ija de /eus, que lleva la é ida: 9Cndómita: Aquella mosca de perro vuelve a sacar del da*oso combate, por entre el tumulto, a Ares, funesto a los mortales& 9Anda tras ella: B;= De tal modo habló& Ale rósele el alma a Atenea, que corrió hacia Afrodita, y al"ando la robusta mano descar óle un olpe sobre el pecho& Desfallecieron las rodillas y el cora"ón de la diosa, y ella y Ares quedaron tendidos en la fértil tierra& H Atenea, vana lori$ndose, pronunció estas aladas palabras7 B;3 29.jal$ fuesen tales cuantos auGilian a los troyanos en las batallas contra los ar ivos, armados de cora"a! así, tan audaces y atrevidos como Afrodita que vino a socorrer a Ares desafiando mi furor! y tiempo ha que habríamos puesto fin a la uerra con la toma de la bien construida ciudad de Clio: B=B Así se eGpresó& @onrióse %era, la diosa de los níveos bra"os& H el soberano 1osidón, que sacude la tierra, dijo entonces a Apolo7 B=< 29>ebo: 41or qué nosotros no luchamos también5 ,o conviene abstenerse, una ve" que los dem$s han dado principio a la pelea& Jer on"oso fuera que volviésemos al .lim2 po, a la morada de /eus eri ida sobre bronce, sin haber combatido& 'mpie"a t#, pues eres el menor en edad y no parecería decoroso que comen"ara yo que nací primero y ten o m$s eGperiencia& 9.h necio, y cu$n irrefleGivo es to cora"ón: Ha no te acuerdas de los muchos males que en torno de Clio padecimos los dos, solos entre los dioses, cuando enviados por /eus trabajamos un a*o entero para el soberbio )aomedonte! el cual, con la promesa de darnos el salario convenido, nos mandaba como se*or& Ho cerqué la ciudad de los troyanos con un muro ancho y hermosísimo, para hacerla ineGpu nable! y t#, >ebo, pastoreabas los fleGípedes bueyes de curvas astas en los bosques y selvas del Cda, en valles abundoso& Fas cuando las ale res horas trajeron el término del ajuste, el soberbio )aomedonte se ne ó a pa arnos el salario y nos despidió con amen"as& A ti te amena"ó con venderte, atado de pies y manos, en lejanas islas! ase uraba adem$s que con el bronce nos cortaría a entrambos las orejas! y nosotros nos fuimos pesarosos y con el $nimo irritado porque no nos dio la pa a que había prometido& 9H todavía se lo a radeces, favoreciendo a su pueblo, en ve" de procurar con nosotros que todos los troyanos pere"can de mala muerte con sus hijos y castas esposas: B<0 Contestó el soberano Apolo, que hiere de lejos7 B<; 29+atidor de la tierra: ,o me tendrías por sensato si combatiera conti o por los míseros mortales que, semejantes a las hojas, ya se hallan florecientes y vi orosos comiendo los frutos de la tierra, ya se quedan eG$nimes y mueren& 1ero absten $monos en se uida de combatir y peleen ellos entre sí& B<3 Así diciendo, le volvió la espalda! pues por respeto no quería lle ar a las manos con su tío paterno& H su hermana, la campestre Trtemis, que de las fieras es se*ora, lo increpó duramente con injuriosas voces7

B8; 24%uyes ya, t# que hieres de lejos, y das la victoria a 1osidón, concediéndole inmerecida loria5 9,ecio: 41or qué llevas ese arco in#til5 ,o oi a yo que te jactes en el palacio de mi padre, como hasta aquí to hiciste ante los inmortales dioses, de luchar cuerpo a cuerpo con 1osidón& B83 Así dijo, y Apolo, que hiere de lejos, nada respondió& 1ero la venerable esposa de /eus, irritada, increpó con injuriosas voces a la que se complace en tirar flechas7 B30 24Cómo es que pretendes, perra atrevida, oponerte a mí5 Difícil to ser$ resistir mi fortale"a, aunque lleves arco y /eus to haya hecho leona entre las mujeres y te permita matar, a la que te pla"ca& Fejor es ca"ar en el monte fieras a restes o ciervos, que luchar denodadamente con quienes son m$s poderosos& H, si quieres probar el combate, empie"a, para que sepas bien cu$nto m$s fuerte soy que t#! ya que contra mí quieres emplear tus fuer"as& B3E Dijo! asióla con la mano i"quierda por ambas mu*ecas, quitóle de los hombros, con la derecha, el arco y el carcaj, y riendo se puso a olpear con éstos las orejas de Trtemis, que volvía la cabe"a, ora a un lado, ora a otro, mientras las veloces flechas se esparcían por el suelo& Trtemis huyó llorando, como la paloma que perse uida por el avil$n vuela a refu iarse en el hueco de eGcavada roca, porque no había dispuesto el hado que aquél la co iese& De i ual manera huyó la diosa, vertiendo l$ rimas y dejando allí arco y aljaba& H el mensajero Ar icida dijo a )eto7 BE3 29)eto: Ho no pelearé conti o, porque es arries ado luchar con las esposas de /eus, que amontona las nubes& L$ctate muy satisfecha, delante de los inmortales dioses, de que me venciste con to poderosa fuer"a& DI; Así dijo& )eto reco ió el corvo arco y las saetas que habían caído ac$ y acull$, en medio de un torbellino de polvo! y se fue en pos de su hija& )le ó ésta al .limpo, a la morada de /eus eri ida sobre bronce! sentóse llorando en las rodillas de su padre, y el divino velo temblaba alrededor de su cuerpo& 'l padre Cronida co ióla en el re a"o! y, sonriendo dulcemente, le pre untó7 DIE24Cu$l de los celestes dioses, hija querida, de tal modo te ha maltratado, como si en su presencia hubieses cometido al una falta5 D00 Kespondióle Trtemis, que se recrea con el bullicio de la ca"a y lleva hermosa diadema7 D0; 2(u esposa %era, la de los níveos bra"os, me ha maltratado, padre! por ella la discordia y la contienda han sur ido entre los inmortales& D0B Así éstos conversaban& 'n tanto, >ebo Apolo entró en la sa rada Clio, temiendo por el muro de la bien edificada ciudad7 no fuera que en aquella ocasión lo destruyesen los d$naos, contra lo ordenado por el destino& )os dem$s dioses sempiternos volvieron al .limpo, irritados unos y envanecidos otros por el triunfo! y se sentaron junto a /eus, el de las sombrías nubes& Aquiles, persi uiendo a los troyanos, mataba hombres y solípedos caballos& De la suerte que cuando una ciudad es presa de las llamas y lle a el humo al anchuroso cielo, porque los dioses se irritaron contra ella, todos los habitantes trabajan y muchos padecen randes males, de i ual modo Aquiles causaba a los troyanos fati as y da*os& D;< 'l anciano 1ríamo estaba en la sa rada torre! y, como viera al in ente Aquiles, y a los troyanos puestos en confusión, huyendo espantados y sin fuer"as para resistirle, empe"ó a emir y bajó de aquélla para eGhortar a los ínclitos varones que custodiaban las puertas de la muralla7 D=0 Abrid las puertas y sujetadlas con la mano hasta que lle uen a la ciudad los uerreros que huyen espantados& Aquiles es quien los estrecha y pone en desorden, y temo que han de ocurrir des racias& Fas, tan pronto como aquéllos respiren, refu iados

dentro del muro, entornad las hojas fuertemente unidas! pues estoy con miedo de que ese hombre funesto entre por el muro& D=8 Así dijo& Abrieron las puertas, quitando los cerrojos, y a esto se debió la salvación de las tropas& Apolo saltó fuera del muro para librar de la ruina a los troyanos& 6stos, acosados por la sed y llenos de polvo, huían por el campo en derechura a la ciudad y su alta muralla& H Aquiles los perse uía impetuosamente con la lan"a, teniendo el cora"ón poseído de violenta rabia y deseando alcan"ar loria& DBB 'ntonces los aqueos hubieran tomado a (roya, la de altas puertas, si >ebo Apolo no hubiese incitado al divino A enor, hijo ilustre y valiente de Anténor, a esperar a Aquiles& 'l dios infundióle audacia en el cora"ón, y, para apartar de él a las crueles 1arcas, se quedó a su lado, recostado en una encina y cubierto de espesa niebla& Cuando A enor vio lle ar a Aquiles, asolador de ciudades, se detuvo, y en su a itado cora"ón vacilaba sobre el partido que debería tomar& H imiendo, a su ma n$nimo espíritu le decía7 DD= 29Ay de mí: @i huyo del valiente Aquiles por donde los dem$s corren espantados y en desorden, me co er$ también y me matar$ sin que me pueda defender& @i dejando que éstos sean derrotados por el 1elida Aquiles, me fuese por la llanura troyana, lejos del muro, hasta lle ar a los bosques del Cda, y me escondiera en los matorrales, podría volver a Clio por la tarde, después de tomar un ba*o en el río para refrescarme y quitarme el sudor& Fas 4por qué en tales cosas me hace pensar el cora"ón5 ,o sea que aquél advierta que me alejo de la ciudad por la llanura, y persi uiéndome con li era planta me dé alcance! y ya no podré evitar la muerte y las 1arcas, porque Aquiles es el m$s fuerte de todos los hombres& H si delante de la ciudad le sal o al encuentro&&& Julnerable es su cuerpo por el a udo bronce, hay en él una sola alma y dicen los hombres que el héroe es mortal! pero /eus Cronida le da loria& D80 'sto, pues, se decía! y, enco iéndose, a uardó a Aquiles, porque su cora"ón esfor"ado estaba impaciente por luchar y combatir& Como la pantera, cuando oye el ladrido de los perros, sale de la poblada selva y va al encuentro del ca"ador, sin que arrebaten su $nimo ni el miedo ni el espanto, y si aquél se le adelanta y la hiere desde cerca o desde lejos, no deja de luchar, aunque esté atravesada por la jabalina, hasta venir con él a las manos o sucumbir, de la misma suerte, el divino A enor, hijo del preclaro Anténor, no quería huir antes de entrar en combate con Aquiles& H, cubriéndose con el liso escudo, le apuntaba la lan"a, mientras decía con fuertes voces7 D3= 2Prandes esperan"as concibe tu $nimo, esclarecido Aquiles, de tomar en el día de hoy la ciudad de los altivos troyanos& 9Cnsensato: +uen n#mero de males habr$n de pa2 decerse todavía por causa de ella& 'stamos dentro muchos y fuertes varones que, peleando por nuestros padres, esposas e hijos, salvaremos a Clio! y t# recibir$s aquí mismo la muerte, a pesar de ser un terrible y auda" uerrero& DEI Dijo& Con la robusta mano arrojó el a udo dardo, y no erró el tiro! pues acertó a dar en la pierna del héroe, debajo de la rodilla& )a reba de esta*o recién construida resonó horriblemente, y el bronce fue recha"ado sin que lo rara penetrar, porque lo impidió la armadura, re alo del dios& 'l 1elida arremetió a su ve" con A enor, i ual a una deidad! pero Apolo no le dejó alcan"ar loria, pues, arrebatando al troyano, le cubrió de espesa niebla y le mandó a la ciudad para que saliera tranquilo de la batalla& DEE )ue o el que hiere de lejos apartó del ejército al 1elión, valiéndose de un en a*o& (omó la fi ura de A enor, y se puso delante del héroe, que se lan"ó a perse uirlo& Fien2 tras Aquiles iba tras de Apolo, por un campo panie o, hacia el río 'scamandro, de profundos vórtices, y corría muy cerca de él, pues el odio le en a*aba con esta astucia a fin de que tuviera siempre la esperan"a de darle alcance en la carrera, los dem$s troyanos, huyendo en tropel, lle aron ale res a la ciudad, que se llenó con los que a00í se

refu iaron& ,i siquiera se atrevieron a esperarse los unos a los otros, fuera de la ciudad y del muro, para saber quiénes habían escapado y quiénes habían muerto en la batalla, sino que afluyeron presurosos a la ciudad cuantos, merced a sus pies y a sus rodillas, lo raron salvarse& CANTO XXII* uerte de %&ctor
* Aquiles, después de decirle que se ven aría de él si pudiera, torna al campo de batalla y delante de las puertas de la ciudad encuentra a %éctor, que le esperaba! huye éste, aquél le persi ue y dan tres vueltas a la ciudad de (roya! /eus co e la balan"a de oro y ve que el destino condena a %éctor, el cual, en a*ado por Atenea se detiene y es vencido y muerto por Aquiles, no obstante saber éste que ha de sucumbir poco después que muera el caudillo troyano&

0 )os troyanos, refu iados en la ciudad como cervatos, se recostaban en los hermosos baluartes, refri eraban el sudor y bebían para apa ar la sed! y en tanto los aqueos se iban acercando a la muralla, con los escudos levantados encima de los hombros& )a 1arca funesta sólo detuvo a %éctor para que se quedara fuera de Clio, en las puertas 'sceas& H >ebo Apolo dijo al 1elión7 3 241or qué, oh hijo de 1eleo, persi ues en velo" carrera, siendo t# mortal, a un dios inmortal5 A#n no conociste que soy una deidad, y no cesa to deseo de alcan"arme& Ha no te cuidas de pelear con los troyanos, a quienes pusiste en fu a! y éstos han entrado en la población, mientras to eGtraviabas viniendo aquí& 1ero no me matar$s, porque el hado no me condenó a morir& 0B Fuy indi nado le respondió Aquiles, el de los pies li eros7 0D 29.h t#, que hieres de lejos, el m$s funesto de todos los dioses: Fe en a*aste, trayéndome ac$ desde la muralla, cuando todavía hubieran mordido muchos la tierra antes de lle ar a Clio& Fe has privado de alcan"ar una loria no peque*a, y has salvado con facilidad a los troyanos, porque no temías que lue o me ven ara& H ciertamente me ven aría de ti, si mis fuer"as to permitieran& ;0 Dijo y, muy alentado, se encaminó apresuradamente a la ciudad! como el corcel vencedor en la carrera de carros trota velo" por el campo, tan li eramente movía Aquiles pies y rodillas& ;D 'C anciano 1ríamo fue el primero que con sus propios ojos le vio venir por la llanura, tan resplandeciente como el astro que en el oto*o se distin ue por sus vivos rayos entre muchas estrellas durante la noche obscura y recibe el nombre de "perro de .rión", el cual con ser brillantísimo constituye una se*al funesta porque trae eGcesivo calor a los míseros mortales! de i ual manera centelleaba el bronce sobre el pecho del héroe, mientras éste corría& Pimió el viejo, olpeóse la cabe"a con las manos levantadas y profi2 rió randes voces y lamentos, diri iendo s#plicas a su hijo& %éctor continuaba inmóvil ante las puertas y sentía vehemence deseo de combatir con Aquiles& H el anciano, ten2 diéndole los bra"os, le decía en tono lastimero7 =3 29%éctor, hijo querido: ,o a uardes, solo y lejos de los ami os, a ese hombre, para que no mueras presto a manos del 1elión, que es mucho m$s vi oroso& 9Cruel: Así fuera tan caro a los dioses, como a mí7 pronto se lo comerían, tendido en el suelo, los perros y los buitres, y mi cora"ón se libraría del terrible pesar& Fe ha privado de muchos y valientes hijos, matando a unos y vendiendo a otros en remotas islas& H ahora que los troyanos se han encerrado en la ciudad, no acierto a ver a mis dos hijos )icaón y 1olidoro, que parió )aótoe, ilustre entre las mujeres& @i est$n vivos en el ejército, los rescataremos con bronce y oro, que todavía to hay en el palacio! pues a )aótoe la dotó

espléndidamente su anciano padre, el ínclito Altes& 1ero, si han muerto y se hallan en la morada de %ades, el mayor dolor ser$ para su madre y para mí que los en endramos! porque el del pueblo durar$ menos, si no mueres t#, vencido por Aquiles& Jen adentro del muro, hijo querido, para que salves a los troyanos y a las troyanas! y no quieras procurar inmensa loria al 1elida y perder t# mismo la eGistencia& Compadécete también de mí, de este infeli" y des raciado que a#n conserva la ra"ón! pues el padre Cronida me quitar$ la vida en la senectud y con acia a suerte, después de presenciar muchas desventuras7 muer2 tos mis hijos, esclavi"adas mis hijas, destruidos los t$lamos, arrojados los ni*os por el suelo en el terrible combate y las nueras arrastradas por las funestas manos de los aqueos& H cuando, por fin, al uien me deje sin vida los miembros, hiriéndome con el a udo bronce o con arma arrojadi"a, los voraces perros que con comida de mi mesa crié en el palacio para que lo uardasen despeda"ar$n mi cuerpo en la puerta eGterior, beber$n mi san re, y, saciado el apetito, se tender$n en el pórtico& Hacer en el suelo, habiendo sido atravesado en la lid por el a udo bronce, es decoroso para un joven, y cuanto de él pueda verse todo es bello, a pesar de la muerte! pero que los perros destrocen la cabe"a y la barba encanecidas y las panes verendas de un anciano muerto en la uerra es to m$s triste de cuanto les puede ocurrir a los míseros mortales& 88 Así se eGpresó el anciano, y con las manos se arrancaba de la cabe"a muchas canas, pero no lo ró persuadir a %éctor& )a madre de éste, que en otro sitio se lamentaba llorosa, desnudó el seno, mostróle el pecho, y, derramando l$ rimas, dijo estas aladas palabras7 3; 29%éctor: 9%ijo mío: Kespeta este seno y api$date de mí& @i en otro tiempo te daba el pecho para acallar tu lloro, acuérdate de tu ni*e", hijo amado! y penetrando en la muralla, recha"a desde la misma a ese enemi o y no sal as a su encuentro& 9Cruel: @i te mata, no podré llorarte en tu lecho, querido pimpollo a quien parí, y tampoco podr$ hacerlo tu rica esposa, porque los veloces perros te devorar$n muy lejos de nosotras, junto a las naves ar ivas& EI De esta manera 1ríamo y %écuba hablaban a su hijo, llorando y diri iéndole muchas s#plicas, sin que lo rasen persuadirle, pues %éctor se uía a uardando a Aquiles, que ya se acercaba& Como silvestre dra ón que, habiendo comido hierbas venenosas, espera ante su uarida a un hombre y con fero" cólera echa terribles miradas y se enrosca en la entrada de la cueva, así %éctor, con ineGtin uible valor, permanecía quieto, desde que arrimó el terso escudo a la torre prominente& H imiendo, a su ma n$nimo espíritu le decía7 EE 29Ay de mí: @i traspon o las puertas y el muro, el primero en diri irme baldones ser$ 1olidamante, el cual me aconsejaba que trajera el ejército a la ciudad la noche funes2 ta en que el divinal Aquiles decidió volver a la pelea& 1ero yo no me dejé persuadir 2mucho mejor hubiera sido aceptar su consejo22, y ahora que he causado la ruina del ejército con mi imprudencia temo a los troyanos y a las troyanas, de ro"a antes peplos, y que al uien menos valiente que yo eGclame7 Q%éctor, fiado en su pujan"a, perdió las tropasR& Así hablar$n! y preferible fuera volver a la población después de matar a Aquiles, o morir loriosamente delante de ella& 4H si ahora, dejando en el suelo el abollonado escudo y el fuerte casco y apoyando la pica contra el muro, saliera al encuen2 tro del irreprensible Aquiles, le dijera que permitía a los Atridas llevarse a %elena y las rique"as que Alejandro trajo a Clio en las cóncavas naves, que esto fue to que ori inó la uerra, y le ofreciera repartir a los aqueos la mitad de lo que la ciudad contiene! y m$s tarde tomara juramento a los troyanos de que, sin ocultar nada, formarian dos lotes con cuantos bienes eGisten dentro de esta hermosa ciudad5&&& Fas 4por qué en tales cosas me hace pensar el cora"ón5 ,o, no iré a suplicarle! que, sin tenerme compasión ni respeto, me mataría inerme, como a una mujer, tan pronto como dejara las armas& Cmposible es

mantener con él, desde una encina o desde una roca, un coloquio, como un mancebo y una doncella! como un mancebo y una dondella suelen mantener& Fejor ser$ empe"ar el combate cuanto antes, para que veamos pronto a quién el .límpico concede la victoria& 0=0 (ales pensamientos revolvía en su mente, sin moverse de aquel sitio, cuando se le acercó Aquiles, i ual a 'nialio, el impetuoso luchador, con el terrible fresno del 1elión sobre el hombro derecho y el cuerpo prote ido por el bronce que brillaba como el resplandor del encendido fue o o del sol naciente& %éctor, al verlo, se puso a temblar y ya no pudo permanecer allí! sino que dejó las puertas y huyó espantado& H el 1elida, confiando en sus pies li eros, corrió en se uimiento del mismo& Como en el monte el avil$n, que es el ave m$s li era, se lan"a con f$cil vuelo tras la tímida paloma, ésta huye con tortuosos iros y aquél la si ue de cerca, dando a udos ra"nidos y acometiéndola repetidas veces, porque su $nimo le incita a co erla, así Aquiles volaba enardecido y %éctor movía las li eras rodillas huyendo a"orado en torno de la muralla de (roya& Corrían siempre por la carretera, fuera del muro, dejando a sus espaldas la atalaya y el lu ar ventoso donde estaba el cabrahí o! y lle aron a los dos cristalinos manantiales, que son las fuentes del 'scamandro vora inoso& 'l primero tiene el a ua caliente y lo cubre el humo como si hubiera allí un fue o abrasador! el a ua que del se undo brota es en el verano como el rani"o, la fría nieve o el hielo& Cerca de ambos hay unos lavaderos de piedra, randes y hermosos, donde las esposas y las bellas hijas de los troyanos solían lavar sus ma níficos vestidos en tiempo de pa", antes que lle aran los aqueos& 1or a00í pasaron, el uno huyendo y el otro persi uiéndolo7 delante, un valiente huía, pero otro m$s fuerte le perse uía con li ere"a! porque la contienda no era por una víctima o una piel de buey, premios que suelen darse a los vencedores en la carrera, sino por la vida de %éctor, domador de caballos& Como los solípedos corceles que tom$n parte en los jue os en honor de un difunto corren velo"mente en torno de la meta donde se ha colocado como premio importante un trípode o una mujer, de semejante modo aquéllos dieron tres veces la vuelta a la ciudad de 1ríamo, corriendo con li era planta& (odas las deidades los contemplaban& H /eus, padre de los hombres y de los dioses, comen"ó a decir7 0<3 29.h dioses: Con mis ojos veo a un caro varón perse uido en torno del muro& Fi cora"ón se compadece de %éctor, que tantos muslos de buey ha quemado en mi obsequio en las cumbres del Cda, en valles abundoso, y en la ciudadela de (roya! y ahora el divino Aquiles le persi ue con sus li eros pies en derredor de la ciudad de 1ríamo& 'a, delibe2 rad, oh dioses, y decidid si lo salvaremos de la muerte ó dejaremos que, a pesar de ser esfor"ado, sucumba a manos del 1elida Aquiles& 088 Kespondióle Atenea, la diosa de ojos de lechu"a7 083 29.h padre, que lan"as el ardiente rayo y amontonas las nubes: 4Mué dijiste5 4De nuevo quieres librar de la muerte horrísona a ese hombre mortal, a quien tiempo ha que el hado condenó a morir5 %a"lo, pero no todos los dioses te lo aprobaremos& 03; Contestó /eus, que amontona las nubes7 03= (ranquilí"ate, (rito enia, hija querida& ,o hablo con $nimo beni no, pero conti o quiero ser complaciente& .bra conforme a tus deseos y no desistas& 03< Con tales voces insti óle a hacer lo que ella misma deseaba, y Atenea bajó en raudo vuelo de las cumbres del .limpo& 033 'ntre canto! el velo" Aquiles perse uía y estrechaba sin cesar a %éctor& Como el perro va en el monte por valles y cuestas tras el cervatillo que levantó de la cama, y, si éste se esconde, a"orado, debajo de los arbustos, corre aquél rastreando hasta que nuevamente lo descubre! de la misma manera, el 1elión, de pies li eros, no perdía de vista a %éctor& Cuantas veces el troyano intentaba encaminarse a las puertas Dardanias, al pie de las tomes bien construidas, por si desde arriba le socorrían disparando flechas!

otras tantas Aquiles, adelant$ndosele, lo apartaba hacia la llanura, y aquél volaba sin des2 canso cerca de la ciudad& Como en sue*os ni el que persi ue puede alcan"ar al perse uido, ni éste huir de aquél! de i ual manera, ni Aquiles con sus pies podía dar alcance a %éctor, ni %éctor escapar de Aquiles& 4H cómo %éctor se hubiera librado entonces de las 1arcas de la muerte que le estaba destinada, si Apolo, acerc$ndosele por la postrera y #ltima ve", no le hubiese dado fuer"as y a ili"ado sus rodillas5 ;ID 'l divino Aquiles hacía con la cabe"a se*ales ne ativas a los uerreros, no permitiéndoles disparar amar as flechas contra %éctor7 no fuera que al uien alcan"ara la loria de herir al caudillo y él lle ase el se undo& Fas cuando en la cuarta vuelta lle aron a los manantiales, el padre /eus tomó la balan"a de oro, puso en la misma dos suertes de la muerte que tiende a lo lar o 2la de Aquiles y la de %éctor, domador de caballos2, co ió por el medio la balan"a, la desple ó, y tuvo m$s peso el día fatal de %éctor, que descendió hasta el %ades& Al instante >ebo Apolo desamparó al troyano& Atenea, la diosa de ojos de lechu"a, se acercó al 1elión, y le dijo estas aladas palabras7 ;0< 2'spero, oh esclarecido Aquiles, caro a /eus, que nosotros dos procuraremos a los aqueos inmensa loria, pues al volver a las naves habremos muerto a %éctor, aunque sea infati able en la batalla& Ha no se nos puede escapar, por m$s cosas que ha a Apolo, el que hiere de lejos, postr$ndose a los pies del padre /eus, que lleva la é ida& 1$rate y respira! a iré a persuadir a %éctor para que luche conti o frente a frente& ;;B Así habló Atenea& Aquiles obedeció, con el cora"ón ale re, y se detuvo en se uida, apoy$ndose en el arrimo de la pica de asta de fresno y broncínea punta& )a diosa dejóle y fue a encontrar al divino %éctor& H tomando la fi ura y la vo" infati able de Deífobo, lle óse al héroe y pronunció estas aladas palabras7 ;;E 29Fi buen hermano: Fucho te estrecha el velo" Aquiles, persi uiéndote con li ero pie alrededor de la ciudad de 1ríamo& 'a, deten $monos y rechacemos su ataque& ;=; Kespondióle el ran %éctor, de tremolante casco7 ;== 29Deífobo: @iempre has sido para mí el hermano predilecto entre cuantos somos hijos de %écuba y de 1ríamo, pero desde ahora ha o cuenta de tenerte en mayor aprecio, porque al verme con tus ojos osaste salir del muro y los dem$s han permanecido dentro& ;=3 Contestó Atenea, la diosa de ojos de lechu"a7 ;=E 29Fi buen hermano: 'l padre, la venerable madre y los ami os abra"$banme las rodillas y me suplicaban que me quedara con ellos 29de tal modo tiemblan todos:2, pero mi $nimo se sentía atormentado por rave pesar& Ahora peleemos con brio y sin dar reposo a la pica, para que veamos si Aquiles nos mata y se lleva nuestros san rientos despojos a las cóncavas naves, o sucumbe vencido por to lan"a& ;B< Así diciendo, Atenea, para en a*arlo, empe"ó a caminar& Cuando ambos uerreros se hallaron frente a frente, dijo el primero el ran %éctor, el de tremolante casco7 ;DI2,o huiré m$s de ti, oh hijo de 1eleo, como hasta ahora& (res veces di la vuelta, huyendo, en torno de la ran ciudad de 1ríamo, sin atreverme nunca a esperar tu acometida& Fas ya mi $nimo me impele a afrontarte, ora te mate, ora me mates t#& 'a, pon amos a los dioses por testi os, que ser$n los mejores y los que m$s cuidar$n de que se cumplan nuestros pactos7 Ho no te insultaré cruelmente, si /eus me concede la victoria y lo ro quitarte la vida! pues tan lue o como te haya despojado de las ma níficas armas, oh Aquiles, entre aré el cad$ver a los aqueos& 1órtate t# conmi o de la misma manera& ;<I Fir$ndole con torva fa", respondió Aquiles, el de los pies li eros7 ;<0 29%éctor, a quien no puedo olvidar: ,o me hables de convenios& Como no es posible que haya fieles alian"as entre los leones y los hombres, ni que estén de acuerdo los lobos y los corderos, sino que piensan continuamente en causarse da*o unos a otros, tampoco puede haber entre nosotros ni amistad ni pactos, hasta que cai a uno de los dos

y sacie de san re a Ares, infati able combatiente& Kevístete de toda clase de valor, porque ahora te es muy preciso obrar como belicoso y esfor"ado campeón& Ha no te puedes escapar& 1alas Atenea te har$ sucumbir pronto, herido por mi lan"a, y pa ar$s todos juntos los dolores de mis ami os, a quienes mataste cuando manejabas furiosamente la pica& ;8= 'n diciendo esto, blandió y arrojó la fornida lan"a& 'l esclarecido %éctor, al verla venir, se inclinó para evitar el olpe7 clavóse la broncínea lan"a en el suelo, y 1alas Atenea la arrancó y devolvió a Aquiles, sin que %éctor, pastor de hombres, lo advirtiese& H %éctor dijo al eGimio 1elión7 ;8E 29'rraste el olpe, oh Aquiles, semejante a los dioses: ,ada te había revelado /eus acerca de mi destino, como afirmabas! has sido un h$bil forjador de en a*osas palabras, para que, temiéndote, me olvidara de mi valor y de mi fuer"a& 1ero no me clavar$s la pica en la espalda, huyendo de ti7 atraviésame el pecho cuando animoso y frente a frente to acometa, si un dios te lo permite& H ahora u$rdate de mi broncínea lan"a& 9.jal$ que toda ella penetrara en tu cuerpo: )a uerra sería m$s liviana para los troyanos, si t# murieses! porque eres su mayor a"ote& ;3E Así habló! y, blandiendo la in ente lan"a, despidióla sin errar el tiro, pues dio un bote en medio del escudo del 1elida& 1ero la lan"a fue recha"ada por la rodela, y %éctor se irritó al ver que aquélla había sido arrojada in#tilmente por su bra"o! paróse, bajando la cabe"a, pues no tenía otra lan"a de fresno! y con recia vo" llamó a Deífobo, el de luciente escudo, y le pidió una lar a pica& Deífobo ya no estaba a su lado& 'ntonces %éctor comprendiólo todo, y eGclamó7 ;E8 29.h: Ha los dioses me llaman a la muerte& Creía que el héroe Deífobo se hallaba conmi o, pero est$ dentro del muro, y fue Atenea quien me en a*ó& Cercana ten o la per2 niciosa muerte, que ni tardar$, ni puedo evitarla& Así les habr$ placido que sea, desde hace tiempo, a /eus y a su hijo, el que hiere de lejos! los cuales, benévolos para conmi o, me salvaban de los peli ros& Ha la 1arca me ha co ido& 1ero no quisiera morir cobardemente y sin loria, sino reali"ando al o rande que lle ara a conocimiento de los venideros& =I< 'sto dicho, desenvainó la a uda espada, rande y fuerte, que llevaba en el costado& H enco iéndose, se arrojó como el $ uila de alto vuelo se lan"a a la llanura, atravesando las pardas nubes, para arrebatar la tierna corderilla o la tímida liebre! de i ual manera arremetió %éctor, blandiendo la a uda espada& Aquiles embistióle, a su ve", con el cora"ón rebosante de fero" cólera7 defendía su pecho con el ma nífico escudo labrado, y movía el luciente casco de cuatro abolladuras, haciendo ondear las bellas y abundantes crines de oro que %efesto había colocado en la cimera& Como el Jéspero, que es el lucero m$s hermoso de cuantos hay en el cielo, se presenta rodeado de estrellas en la obscuridad de la noche, de tal modo brillaba la pica de lar a punta que en su diestra blandía Aquiles, mientras pensaba en causar da*o al divino %éctor y miraba cu$l parte del hermoso cuerpo del héroe ofrecería menos resistencia& 6ste lo tenía prote ido por la eGcelente armadura de bronce que quitó a 1atroclo después de matarlo, y sólo quedaba descubierto el lu ar en que las clavículas separan el cuello de los hombros, la ar anta que es el sitio por donde m$s pronto sale el alma7 por a00í el divino Aquiles envasóle la pica a %éctor, que ya lo atacaba, y la punta, atravesando el delicado cuello, asomó por la nuca& 1ero no le cortó el ar uero con la pica de fresno que el bronce hacía ponderosa, para que pudiera hablar al o y responderle& %éctor cayó en el polvo, y el divino Aquiles se jactó del triunfo, diciendo7 ==0 29%éctor: Cuando despojabas el cad$ver de 1atroclo, sin duda te creíste salvado y no me temiste a mí porque me hallaba ausente& 9,ecio: Muedaba yo como ven ador, mu2

cho m$s fuerte que él, en las cóncavas naves, y te he quebrado las rodillas& A ti los perros y las aves te despeda"ar$n i nominiosamente, y a 1atroclo los aqueos le har$n honras f#nebres& ==< Con l$n uida vo" respondióle %éctor, el de tremolante casco7 ==8 2(e lo rue o por tu alma, por tus rodillas y por tus padres7 9,o permitas que los perros me despedacen y devoren junto a las naves aqueas: Acepta el bronce y el oro que en abundancia te dar$n mi padre y mi veneranda madre, y entre a a los míos el cad$ver para que lo lleven a mi casa, y los troyanos y sus esposas lo entre uen al fue o& =BB Fir$ndole con torva fa", le contestó Aquiles, el de los pies li eros7 =BD 2,o me supliques, 9perro:, por mis rodillas ni por mis padres& .jal$ el furor y el coraje me incitaran a cortar tus carnes y a comérmelas crudas& 9(ales a ravios me has inferido: ,adie podr$ apartar de tu cabe"a a los perros, aunque me trai an die" o veinte veces el debido rescate y me prometan m$s, aunque 1ríamo Dard$nida ordene redimirte a peso de oro! ni, aun así, la veneranda madre que te dio a lu" te pondr$ en un lecho para llorarte, sino que los perros y las aves de rapi*a destro"ar$n to cuerpo& =DD Contestó, ya moribundo, %éctor, el de tremolante casco7 =D< 2+ien lo cono"co, y no era posible que te persuadiese, porque tienes en el pecho un cora"ón de hierro& Pu$rdate de que atrai a sobre ti la cólera de los dioses, el día en que 1aris y >ebo Apolo te dar$n la muerte, no obstante tu valor, en las puertas 'sceas& =<0 Apenas acabó de hablar, la muerte le cubrió con su manto7 el alma voló de los miembros y descendió al %ades, llorando su suerte, porque dejaba un cuerpo vi oroso y joven& H el divino Aquiles le dijo, aunque muerto lo viera7 =<D 29Fuere: H yo recibiré la 1arca cuando /eus y los dem$s dioses inmortales dispon an que se cumpla mi destino& =<8 Dijo! arrancó del cad$ver la broncínea lan"a y, dej$ndola a un lado, quitóle de los hombros las ensan rentadas armas& Acudieron presurosos los dem$s aqueos, admiraron todos el continente y la arro ante fi ura de %éctor y nin uno dejó de herirlo& H hubo quien, contempl$ndole, habló así a su vecino7 =8= 29.h dioses: %éctor es ahora mucho m$s blando en dejarse palpar que cuando incendió las naves con el ardiente fue o& =8D Así al unos hablaban, y acerc$ndose to herían& 'l divino Aquiles, li ero de pies, tan pronto como hubo despojado el cad$ver, se puso en medio de los aqueos y pronunció estas aladas palabras7 =83 29.h ami os, capitanes y príncipes de los ar ivos: Ha que los dioses nos concedieron vencer a ese uerrero que causó mucho m$s da*o que todos los otros juntos, ea, sin dejar las armas cerquemos la ciudad para conocer cu$l es el propósito de los troyanos7 si abandonar$n la ciudadela por haber sucumbido %éctor, o se atrever$n a quedarse todavía a pesar de que éste ya no eGiste& Fas 4por qué en tales cosas me hace pensar el cora"ón5 'n las naves yace 1atroclo muerto, insepulto y no llorado! y no lo olvidaré, mientras me halle entre los vivos y mis rodillas se muevan! y si en el %ades se olvida a los muertos, aun a00í me acordaré del compa*ero amado& Ahora, ea, volvamos cantando el pe$n a las cóncavas naves, y llevémonos este cad$ver& %emos anado una ran victoria7 matamos al divino %éctor, a quien dentro de la ciudad los troyanos diri ían votos cual si fuese un dios& =ED Dijo! y, para tratar i nominiosamente al divino %éctor, le horadó los tendones de detr$s de ambos pies desde el tobillo hasta el talón! introdujo correas de piel de buey, y lo ató al carro, de modo que la cabe"a fuese arrastrando! lue o, reco iendo la ma nífica armadura, subió y picó a los caballos para que arrancaran, y éstos volaron o"osos& Pran polvareda levantaba el cad$ver mientras era arrastrado! la ne ra cabellera se esparcía por

el suelo, y la cabe"a, antes tan raciosa, se hundía toda en el polvo! porque /eus la entre2 ó entonces a los enemi os, para que allí, en su misma patria, la ultrajaran& BID Así toda la cabe"a de %éctor se manchaba de polvo& )a madre, al verlo, se arrancaba los cabellos! y, arrojando de sí el blanco velo, prorrumpió en tristísimos sollo"os& 'l padre suspiraba lastimeramente, y alrededor de él y por la ciudad el pueblo emía y se lamentaba& ,o parecía sino que toda la eGcelsa Clio fuese desde su cumbre devorada por el fue o& )os uerreros apenas podían contener al anciano, que, eGcitado por el pesar, quería salir por las puertas Dardanias! y, revolc$ndose en el estiércol, les suplicaba a todos llamando a cada varón por sus respectivos nombres7 B0< 2Dejadme, ami os, por m$s intranquilos que estéis! permitid que, saliendo solo de la ciudad, vaya a las naves aqueas y rue ue a ese hombre pernicioso y violento7 acaso respete mi edad y se apiade de mi veje"& (iene un padre como yo, 1eleo, el cual le en endró y crió para que fuese una pla a de los troyanos! pero es a mí a quien ha causado m$s pesares& 9A cu$ntos hijos míos mató, que se hallaban en la flor de la juventud: 1ero no me lamento tanto por ellos, aunque su suerte me haya afli ido, como por uno cuya pérdida me causa el vivo dolor que me precipitar$ en el %ades7 por %éctor, que hubiera debido morir en mis bra"os, y entonces nos hubiésemos saciado de llorarle y pla*irle la infortunada madre que le dio a lu" y yo mismo& B;E Así habló llorando, y los ciudadanos suspiraron& H %écuba comen"ó entre las troyanas el funeral lamento7 B=0 29.h hijo: 9Ay de mí, des raciada: 41or qué, después de haber padecido terribles penas, se uiré viviendo ahora que has muerto t#5 Día y noche eras en la ciudad motivo de or ullo para mí y el baluarte de todos, de los troyanos y de las troyanas, que to saludaban como a un dios& Jivo, constituías una eGcelsa loria para ellos! pero ya la muerte y la 1arca to alcan"aron& B=8 Así dijo llorando& )a esposa de %éctor nada sabía, pues nin #n vera" mensajero le llevó la noticia de que su marido se quedara fuera de las puertas! y en lo m$s hondo del alto palacio tejía una tela doble y purp#rea, que adornaba con labores de variado color& %abía mandado en su casa a las esclavas de hermosas tren"as que pusieran al fue o un trípode rande, para que %éctor se ba*ase en a ua caliente al volver de la batalla& 9Cnsensata: C noraba que Atenea, la de ojos de lechu"a, le había hecho sucumbir muy lejos del ba*o a manos de Aquiles& 1ero oyó emidos y lamentaciones que venían de la torre, estremeciéronse sus miembros, y la lan"adera le cayó al suelo& H al instante dijo a las esclavas de hermosas tren"as7 BDI 2Jenid, se uidme dos! voy a ver qué ocurre& .í la vo" de mi venerable sue ra! el cora"ón me salta en el pecho hacia la boca y mis rodillas se entumecen7 al #n infortunio amena"a a los hijos de 1ríamo& 9.jal$ que tal noticia nunca lle ue a mis oídos: 1ero mucho temo que el divino Aquiles haya separado de la ciudad a mi %éctor auda", le persi a a él solo por la llanura y acabe con el funesto valor que siempre tuvo! porque jam$s en la batalla se quedó entre la turba de los combatientes, sino que se adelantaba mucho y en bravura a nadie cedía& B<I Dicho esto, salió apresuradamente del palacio como una loca, palpit$ndole el cora"ón, y dos esclavas la acompa*aron& Fas, cuando lle ó a la torre y a la multitud de ente que a00í se encontraba, se detuvo, y desde el muro re istró el campo! en se uida vio a %éctor arrastrado delante de la ciudad, pues los veloces caballos lo arrastraban despiadadamente hacia las cóncavas naves de los aqueos! las tinieblas de la noche velaron sus ojos, cayó de espaldas y se le desmayó el alma& Arrancóse de su cabe"a los vistosos la"os, la diadema, la redecilla, la tren"ada cinta y el velo que la $urea Afrodita le había dado el día en que %éctor se la llevó del palacio de 'etión, constituyéndole una

ran dote& A su alrededor hall$banse muchas cu*adas y concu*adas suyas, las cuales la sostenían aturdida como si fuera a perecer& Cuando volvió en sí y recobró el aliento, lament$ndose con desconsuelo dijo entre las troyanas7 B88 29%éctor: 9Ay de mí, infeli": Ambos nacimos con la misma suerte, t# en (roya, en el palacio de 1ríamo! yo en (eba, al pie del selvoso 1laco, en el alc$"ar de 'etión, el cual me crió cuando ni*a para que fuese desventurada como él& 9.jal$ no me hubiera en endrado: Ahora t# desciendes a la mansión de %ades, en el seno de la tierra, y me dejas en el palacio viuda y sumida en triste duelo& H el hijo, a#n infante, que en endramos t# y yo, infortunados&&& ,i t# ser$s su amparo, oh %éctor, pues has fallecido! ni él el tuyo& @i escapa con vida de la luctuosa uerra de los aqueos, tendr$ siempre fati as y pesares! y los dem$s se apoderar$n de sus campos, cambiando de sitio los mojones& 'l mismo día en que un ni*o queda huérfano, pierde todos los ami os! y en ade2 lante va cabi"bajo y con las mejillas ba*adas en l$ rimas& .bli ado por la necesidad, dirí ese a los ami os de su padre, tir$ndoles ya del manto, ya de la t#nica! y al uno, compadecido, le alar a un vaso peque*o con el cual mojar$ los labios, pero no lle ar$ a humedecer la ar anta& 'l ni*o que tiene los padres vivos le echa del festín, d$ndole pu*adas a increp$ndole con injuriosas voces7 "9Jete, enhoramala:, le dice, que tu padre no come a escote con nosotros"& H volver$ a su madre viuda, llorando, el huérfano Astianacte, que en otro tiempo, sentado en las rodillas de su padre, sólo comía medula y rasa pin Ae de ovejas, y, cuando se cansaba de ju ar y se entre aba al sue*o, dormía en blanda cama, en bra"os de la nodri"a, con el cora"ón lleno de o"o! mas ahora que ha muerto su padre, mucho tendr$ que padecer Astianacte, a quien los troyanos llamaban así porque sólo t#, oh %éctor, defendías las puertas y los altos muros& H a ti, cuando los pe2 rros se hayan saciado con tu carne, los movedi"os usanos te comer$n desnudo, junto a las corvas naves, lejos de tus padres! habiendo en el palacio vestiduras finas y hermosas, que las esclavas hicieron con sus manos& Arrojaré todas estas vestiduras al ardiente fue o! y ya que no te aprovechen, pues no yacer$s en ellas, constituir$n para ti un motivo de loria a los ojos de los troyanos y de las troyanas& D0D Así dijo llorando, y las mujeres imieron& CANTO XXIII * Juegos en 1onor de Patroclo
* )ue o Aquiles celebra unos espléndidos funerales en honor de 1atroclo, mientras ata el cad$ver de %édor por los pies a su carro y se to lleva arrastr$ndolo por el polvo! y desde entonces todos los días, al aparecer la aurora, to vuelve a arrastrar hasta dar tres vueltas alrededor del t#mulo de 1atroclo&

0 Así emían los troyanos en la ciudad& )os aqueos, una ve" lle ados a las naves y al %elesponto, se fueron a sus respectivos bajeles& 1ero a los mirmidones no les permitió Aquiles que se dispersaran! y, puesto en medio de los belicosos compa*eros, les dijo7 < 29Firmidones, de r$pidos corceles, mis compa*eros amados: ,o desatemos del yu o los solípedos corceles! acerquémonos con ellos y los carros a 1atroclo, y llorémoslo, que éste es el honor que a los muertos se les debe& H cuando nos hayamos saciado de triste llanto, desunciremos los caballos y aquí mismo cenaremos todos& 0; Así habló& 'llos se uían a Aquiles en compacto rupo y emían con frecuencia& H sollo"ando dieron tres vueltas alrededor del cad$ver con los caballos de hermoso pelo7 (etis se hallaba entre los uerreros y les eGcitaba el deseo de llorar& Ke adas de l$ rimas quedaron las arenas, re adas de l$ rimas se veían las armaduras de los hombres& 9(al era el héroe, causa de fu a para los enemi os, de quien entonces padecían soledad: H el

1elida comen"ó entre ellos el funeral lamento colocando sus manos homicidas sobre el pecho de su ami o7 0E 29Alé rate, oh 1atroclo, aunque estés en el %ades: Ha voy a cumplirte cuanto te prometiera7 he traído arrastrando el cad$ver de %éctor, que entre aré a los perros para que lo despedacen cruelmente! y de ollaré ante tu pira a doce hijos de troyanos ilustres, por la cólera que me causó tu muerte& ;B Dijo! y, para tratar i nominiosamente al divino %éctor, lo tendió boca abajo en el polvo, cabe al lecho del Fenecíada& Muit$ronse todos la luciente armadura de bronce, de2 suncieron los corceles de sonoros relinchos, y sent$ronse en ran n#mero cerca de la nave del '$cida, el de los pies li eros, que les dio un banquete funeral espléndido& Fuchos bueyes blancos, ovejas y balantes cabras palpitaban al ser de ollados con el hierro! ran copia de rasos puercos, de albos dientes, se asaban, eGtendidos sobre la llama de %e2 festo! y en tomo del cad$ver la san re corría en abundancia por todas partes& == )os reyes aqueos llevaron al 1elida, el de los pies li eros, que tenía el cora"ón afli ido por la muerte del comp$*ero, a la tienda de A amenón Atrida, después de persuadirlo con mucho trabajo! ya en ella, mandaron a los heraldos, de vo" sonora, que pusieron al fue o un ran trípode por si lo raban que aquél se lavase las manchas de san re y polvo& 1ero Aquiles se ne ó obstinadamente, a hi"o, adem$s, un juramento7 B= 29,o, por /eus, que es el supremo y m$s poderoso de los dioses: ,o es justo que el ba*o moje mi cabe"a hasta que pon a a 1atroclo en la pira, le erija un t#mulo y me corte la cabellera! porque un pesar tan rande no volver$ lamas a sentirlo mi cora"ón mientras me cuente entre los vivos& Ahora celebremos el triste banquete! y, cuando se descubra la aurora, manda, oh rey de hombres, A amenón, que trai an le*a y la coloquen como conviene a un muerto que baja a la re ión sombría, para que pronto el fue o infati able consuma y ha a desaparecer de nuestra vista el cad$ver de 1atroclo, y los uerreros vuelvan a sus ocupaciones& =B Así dijo! y ellos le escucharon y obedecieron& Dispuesta con prontitud la cena, comieron todos, y nadie careció de su respectiva porción& Fas, después que hubieron satisfecho de comida y de bebida al apetito, se fueron a dormir a sus tiendas& Muedóse el 1elida con muchos mirmidones, dando profundos suspiros, a orillas del estruendoso mar, en un lu ar limpio donde las olas ba*aban la playa! pero no tardó en vencerlo el sue*o, que disipa los cuidados del $nimo, esparciéndose suave en torno suyo! pues el héroe había fati ado mucho sus fornidos miembros persi uiendo a %éctor alrededor de la ventosa Clio& 'ntonces vino a encontrarle el alma del mísero 1atroclo, semejante en un todo a éste cuando vivía, tanto por su estatura y hermosos ojos, como por las vestiduras que llevaba! y, poniéndose sobre la cabe"a de Aquiles, le dijo estas palabras7 <E 24Duermes, Aquiles, y me tienes olvidado5 (e cuidabas de mí mientras vivía, y ahora que he muerto me abandonas& 'ntiérrame cuanto antes, para que pueda pasar las puertas del %ades! pues las almas, que son im$ enes de los difuntos, me recha"an y no me permiten que atraviese el río y me junte con ellas! y de este modo voy errante por los alrededores del palacio, de anchas puertas, de %ades& Dame la mano, te lo pido llorando! pues ya no volveré del %ades cuando hay$is entre ado mi cad$ver al fue o& ,i ya, o"ando de vida, conversaremos separadamente de los ami os! pues me devoró la odiosa muerte que el hado, cuando nací, me deparara& H tu destino es también, oh Aquiles semejante a los dioses, morir al pie de los muros de los nobles troyanos& .tra cosa te diré y encar aré, por si quieres complacerme& ,o dejes mandado, oh Aquiles, que pon an tus huesos separados de los míos7 ya que juntos nos hemos criado en tu palacio, desde que Fenecio me llevó de .punte a vuestra casa por un deplorable homicidio 2cuando encoleri"$ndome en el jue o de la taba maté involuntariamente al hijo de Anfidamante2,

y el caballero 1eleo me aco ió en su morada, me crió con re alo y me nombró tu escudero! así también, una misma urna, la $nfora de oro que te dio tu veneranda madre, uarde nuestros huesos& E= Kespondióle Aquiles, el de los pies li eros7 EB 241or qué, cabe"a querida, vienes a encar arme estas cosas5 (e obedeceré y lo cumpliré todo como lo mandas& 1ero acércate y abracémonos, aunque sea por breves instantes, para saciarnos de triste llanto& EE 'n diciendo esto, le tendió los bra"os, pero no consi uió asirlo7 disipóse el alma cual si fuese humo y penetró en la tierra dando chillidos& Aquiles se levantó atónito, dio una palmada y eGclamó con vo" l# ubre7 0I= 29.h dioses: Cierto es que en la morada de %ades quedan el alma y la ima en de los que mueren, pero la fuer"a vital desaparece por entero& (oda la noche ha estado cerca de mí el alma del mísero 1atroclo, derramando l$ rimas y despidiendo suspiros, para encar arme to que debo hacer! y era muy semejante a él cuando vivía& 0I3 Así dijo, y a todos les eGcitó el deseo de llorar& (odavía se hallaban alrededor del cad$ver, sollo"ando lastimeramente, cuando despuntó la Aurora de ros$ceos dedos& 'ntonces el rey A amenón mandó que de todas las tiendas saliesen hombres con mulos para ir por le*a! y a su frente se puso un varón eGcelente, Feriones, escudero del valeroso Cdomeneo& )os mulos iban delante! tras ellos caminaban los hombres, llevando en sus manos hachas de cortar madera y so as bien torcidas! y así subieron y bajaron cuestas, y recorrieron atajos y veredas& Fas, cuando lle aron a los bosques del Cda, abundante en manantiales, se apresuraron a cortar con el afilado bronce encinas de alta copa que caían con estrépito& )os aqueos las partieron en rajas y las car aron sobre los mulos& 'n se uida éstos, midiendo con sus pasos la tierra, volvieron atr$s por los espesos matorra2 les, deseosos de re resar a la llanura& (odos los le*adores llevaban troncos, porque así to había ordenado Feriones, escudero del valeroso Cdomeneo& H los fueron dejando su2 cesivamente en un sitio de la orilla del mar, que Aquiles indicó para que a00í se eri iera el ran t#mulo de 1atroclo y de sí mismo& 0;8 Después que hubieron descar ado la inmensa cantidad de le*a, se sentaron todos juntos y a uardaron& Aquiles mandó en se uida a los belicosos mirmidones que tomaran las armas y uncieran los caballos! y ellos se levantaron, vistieron la armadura, y los caudillos y sus auri as montaron en los carros& Cban éstos al frente, se uíales la nube de la copiosa infantería, y en medio los ami os llevaban a 1atroclo, cubierto de cabello que en su honor se habían cortado& 'l divino Aquiles sosteníale la cabe"a, y estaba triste porque despedía para el %ades al eGimio compa*ero& 0=3 Cuando lle aron al lu ar que Aquiles les se*aló, dejaron el cad$ver en el suelo, y en se uida amontonaron abundante le*a& 'ntonces el divino Aquiles, el de los pies li eros, tuvo otra idea7 separ$ndose de la pira, se cortó la rubia cabellera, que conservaba espléndida para ofrecerla al río 'sperqueo! y eGclamó apenado, fijando los ojos en el vinoso ponto7 0BB 29'sperqueo: 'n vano mi padre 1eleo te hi"o el voto de que yo, al volver a la tierra patria, me cortaría la cabellera en tu honor y te inmolaría una sacra hecatombe de cin2 cuenta carneros cerca de tus fuentes, donde est$n el bosque y el perfumado altar a ti consa rados& (al voto hi"o el anciano, pero t# no has cumplido su deseo& H ahora, como no he de volver a la tierra patria, daré mi cabellera al héroe 1atrocio para que se la lleve consi o& 0D; %abiendo hablado así, puso la cabellera en las manos del compa*ero querido, y a todos les eGcitó el deseo de llorar& H entre ados al llanto los dejara el sol al ponerse, si Aquiles no se hubiese acercado a A amenón para decirle7

0D< 29Atrida: 1uesto que la ente aquea to obedecer$ m$s que a nadie, y tiempo habr$ para saciarse de llanto, aparta de la pira a los uerreros y m$ndales que preparen la cena! y de to que resta nos cuidaremos nosotros, a quienes corresponde de un modo especial honrar al muerto& Muédense tan sólo los caudillos& 0<0 Al oírlo, el rey de hombres, A amenón, despidió la ente para que volviera a las naves bien proporcionadas! y los que cuidaban del funeral amontonaran le*a, levantaron una pira de cien pies por lado, y, con el cora"ón alli ido, pusieron en lo alto de ella el cuerpo de 1atrocio& Delante de la pira mataron y desollaron muchas pin Aes ovejas y fleGípedes bueyes de curvas astas! y el ma n$nimo Aquiles tomó la rasa de aquéllas y de éstos, cubrió con la misma el cad$ver de pies a cabe"a, y hacinó alrededor los cuerpos desollados& )levó también a la pira dos $nforas, llenas respectivamente de miel y de aceite, y las abocó al lecho! y, eGhalando profundos suspiros, arrojó a la ho uera cuatro corceles de er uido cuello& ,ueve perros tenía el rey que se alimentaban de su mesa, y, de ollando a dos, echólos i ualmente en la pira& @i uiéronles doce hijos valientes de troyanos ilustres, a quienes mató con el bronce, pues el héroe meditaba en su cora"ón acciones crueles& H entre ando la pira a la violencia indomable del fue o para que la devorara, imió y nombró al compa*ero amado7 08E 29Alé rate, oh 1atroclo, aunque estés en el %ades: Ha te cumplo cuanto te prometí& 'l fue o devora conti o a doce hijos valientes de troyanos ilustres! y a %éctor 1ri$mida no le entre aré a la ho uera para que to consuma, sino a los perros& 03B Así dijo en son de amena"a& 1ero los canes no se acercaron a %éctor& )a diosa Afrodita, hija de /eus, los apartó día y noche, y un ió el cad$ver con un divino aceite rosado para que Aquiles no lo lacerase al arrastrarlo& H >ebo Apolo cubrió el espacio ocupado por el muerto con una sombna nube que hi"o pasar del cielo a la llanura, a fin de que el ardor del sol no secara el cuerpo, con sus nervios y miembros& 0E; 'n tanto, la pira en que se hallaba el cad$ver de 1atroclo no ardía& 'ntonces el divino Aquiles, el de los pies li eros, tuvo otra idea7 apartóse de la pira, oró a los vientos +óreas y Céfiro y votó ofrecerles solemnes sacrificios! y, haciéndoles repetidas libaciones con una copa de oro, les ro ó que acudieran para que la le*a ardiese bien y los cad$veres fueran consumidos prestamente por el fue o& )a velo" Cris oyó las s#plicas, y fue a avisar a los vientos, que estaban reunidos celebrando un banquete en la morada del impetuoso Céfiro& Cris lle ó corriendo y se detuvo en el umbral de piedra& Así que la vieron, levant$ronse todos, y cada uno la 9lamaba a su lado& 1ero ella no quiso sentarse, y pronunció estas palabras7 ;ID 2,o puedo sentarme! porque voy, por cima de la corriente del .céano, a la tierra de los etíopes, que ahora ofrecen hecatombes a los inmortales, para entrar a la parte en los sacrificios& Aquiles rue a al +óreas y al estruendoso Céfiro, prometiéndoles solemnes sacrificios, que vayan y ha an arder la pira en que yace 1atroclo, por el cual imen los aqueos todos& ;0; %abló así y fuese& )os vientos se levantaron con inmenso ruido, esparciendo las nubes! pasaron por cima del ponto, y las olas crecían al impulso del sonoro soplo, lle aron, por fin, a la fértil (roya, cayeron en la pira y el fue o abrasador bramó randemente& Durante toda la noche, los dos vientos, soplando con a udos silbidos, a itaron la llama de la pira, durante toda la noche, el velo" Aquiles, sacando vino de una cratera de oro, con una copa de doble asa, to vertió y re ó la tierra, a invocó el alma del mísero 1atroclo& Como sollo"a un padre, quemando los huesos del hijo recién casado, cuya muerte ha sumido en el dolor a sus pro enitores, de i ual modo sollo"aba Aquiles al quemar los huesos del ami o! y, arrastr$ndose en torno de la ho uera, emía sin cesar&

;;< Cuando el lucero de la ma*ana apareció sobre la tierra anunciando el día, y poco después la aurora, de a"afranado velo, se esparció por el mar, apa $base la ho uera y moría la llama& )os vientos re resaron a su morada por el ponto de (racia, que emía a causa de la hincha"ón de las olas alborotadas, y el 1elida, habiéndose separado un poco de la pira, acostóse, rendido de cansancio, y el dulce sue*o le venció& 1ronto los caudillos se reunieron en ran n#mero alrededor del Atrida! y el alboroto y ruido que hacían al lle ar despertaron a Aquiles& Cncorporóse el héroe! y, sent$ndose, les dijo estas palabras7 ;=< 29Atrida y dem$s príncipes de los aqueos todos: 1rimeramente apa ad con ne ro vino cuanto de la pira alcan"ó la violencia del fue o! recojamos después los huesos de 1atroclo Fenecíada, distin uiéndolos bien 2f$cil ser$ reconocerlos, porque el cad$ver estaba en medio de la pira y en los eGtremos se quemaron confundidos hombres y caballos2, y pon $moslos en una urna de oro, cubiertos por doble capa de rasa donde se uarden hasta que yo descienda al %ades& Muiero que le erij$is un t#mulo no muy rande, sino cual corresponde al muerto! y m$s adelante, aqueos, los que estéis vivos en las naves de muchos bancos cuando yo muera, hacedCo anchuroso y alto& ;BE Así dijo, y ellos obedecieron al 1elión, de pies li eros& 1rimeramente apa aron con ne ro vino la parte de la pira a que alcan"ó la llama, y la ceni"a cayó en abundancia! des2 pués reco ieron, llorando, los blancos huesos del dulce ami o y los encerraron en una urna de oro, cubiertos por doble capa de rasa! dejaron la urna en la tienda, tendiendo sobre la misma un sutil velo! tra"aron el $mbito del t#mulo en torno de la pira, echaron los cimientos, a inmediatamente amontonaron la tierra que antes habían eGcavado& H, eri ido el t#mulo, volvieron a su sitio& Aquiles detuvo al pueblo y le hi"o sentar, formando un ran circo! y al momento sacó de las naves, para premio de los que vencieren en los jue os, calderas, trípodes, caballos, mulos, bueyes de robusta cabe"a, mujeres de hermosa cintura y luciente hierro& ;<; 'mpe"ó eGponiendo los premios destinados a los veloces auri as7 el que primero lle ara se llevaría una mujer diestra en primorosas labores y un trípode con asas, de vein2 tidós medidas! para el se undo ofreció una ye ua de seis a*os, indómita, que llevaba en su vientre un feto de mulo! para el tercero, una hermosa caldera no puesta al fue o y lu2 ciente a#n, cuya capacidad era de cuatro medidas! para el cuarto, dos talentos de oro! y para el quinto, un vaso con dos asas no puesto al fue o todavía& H, estando en pie, dijo a los ar ivos7 ;8; 29Atrida y dem$s aqueos de hermosas rebas: 'stos premios que en medio he colocado son para los auri as& @i los jue os se celebraran en honor de otro difunto, me llevaría a mi tienda los mejores& Ha sabéis cu$nto mis caballos aventajan en li ere"a a los dem$s, porque son inmortales7 1osidón se los re aló a mi padre 1eleo, y éste me los ha dado a mí& 1ero yo me quedaré, y también los solípedos corceles, porque perdieron al ilustre y beni no auri a que tantas veces derramó aceite sobre sus crines, después de lavarlos con a ua pura& Ambos, habiéndose quedado quietos, sienten soledad de él! y con las crines col ando hasta tocar la tierra permanecen en pie y afli idos en su cora"ón& 9Adelantaos, pues, los aqueos que confiéis en vuestros corceles y sólidos carros: ;38 Así hablo el 1elida, y los veloces auri as se reunieron& )evantóse mucho antes que nadie el rey de hombres 'umelo, hijo amado de Admeto, que descollaba en el arte de uiar el carro& 1resentóse después el fuerte Diomedes (idida, el cual puso el yu o a los corceles de (ros, que había quitado a 'neas cuando Apolo salvó a este héroe& Al"óse lue o el rubio Fenelao Atrida, del linaje de /eus, y unció al carro una ye ua y un caballo veloces7 'ta, propia de A amenón, y 1odar o, que era suyo& %abía dado la ye ua a A amenón, como presente, 'quepolo, hijo de Anquises, por no se uirle a la ventosa Clio y o"ar tranquilo en la vasta @ición, donde moraba, de la abundante rique"a que /eus le

había concedido! ésta fue la ye ua que Fenelao unció al yu o, la cual estaba deseosa de corren2 >ue el cuarto en aparejar los corceles de hermoso pelo Antíloco, hijo ilustre del ma n$nimo rey ,éstor ,elida7 de su carro tiraban caballos de 1ilos, de pies li eros& H su padre se le acercó y empe"ó a darle buenos consejos, aunque no le faltaba inteli encia7 =I< 29Antíloco: @i bien eres joven, /eus y 1osidón to quieren y to han ense*ado todo el arte del auri a& ,o es preciso, por tanto, que yo lo instruya& @abes perfectamente cómo los caballos deben dar la vuelta en torno de la meta, pero tus corceles son los m$s lentos en correr, y temo que al #n suceso desa radable ha de ocurrirte& 'mpero, si otros caballos son m$s veloces, sus conductores no to aventajan en obrar sa a"mente& 'a, pues, querido, piensa en emplear toda clase de habilidades para que los premios no se to escapen& 'l le*ador m$s hace con la habilidad que con la fuer"a! con su habilidad el piloto obierna en el vinoso ponto la velo" nave combatida por los vientos! y con su habilidad puede un auri a vencer a otro& 'l que confía en sus caballos y en su carro les hace dar vueltas imprudentemente ac$ y acull$, y lue o los corceles diva an en la carrera y no los puede sujetar, mas el que conoce los arbitrios del arte y uía caballos inferiores clava los ojos continuamente en la meta, da la vuelta cerca de la misma, y no le pasa inadvertido cu$ndo debe a uijar a aquéllos con el l$ti o de piel de buey7 así los domina siempre, a la ve" que observa a quien le precede& )a meta de ahora es muy f$cil de conocer, y voy a indic$rtela para que no dejes de verla& -n tronco seco de encina o de pino, que la lluvia no ha podrido a#n, sobresale un codo de la tierra! encuéntranse a uno y otro lado del mismo, cuando el camino acaba, sendas piedras blancas! y lue o el terreno es llano por todas partes y propio para las carreras de carros7 el tronco debe de haber pertenecido a la tumba de un hombre que ha tiempo murió, o fue puesto como mojón por los anti uos! y ahora el divino Aquiles, el de los pies li eros, to ha ele ido por meta& Acércate a ésta y den la vuelta casi toc$ndola carro y caballos! y t# inclínate en el fuerte asiento hacia la i"quierda y anima con imperiosas voces al corcel del otro lado afoj$ndole las riendas& 'l caballo i"quierdo se aproGime tanto a la meta, que pare"ca que el cubo de la bien construida rueda haya de lle ar al tronco, pero u$rdate de chocar con la piedra7 no sea que hieras a los corceles, rompas el carro y causes el re ocijo de los dem$s y la confusión de ti mismo& 1rocura, oh querido, ser cauto y prudente& 1ero, si a uijando los caballos, lo ras dar la vuelta a la meta, ya nadie se to podr$ anticipar ni alcan"arte siquiera, aunque uíe al divino Arión 2el velo" caballo de Adrasto, que descendía de un dios2 o sea arrastrado por los corceles de )aomedonte, que se criaron aquí tan eGcelentes& =BE Así dijo ,éstor ,elida, y volvió a sentarse cuando hubo enterado a su hijo de to m$s importante de cada cosa& =D0 Feriones fue el quinto en aparejar los caballos de hermoso pelo& @ubieron los auri as a los carros y echaron suertes en un casco que a itaba Aquiles& @alió primero la de Antíloco ,estórida! después, la del rey 'umelo! lue o, la de Fenelao Atrida, famoso por su lan"a! en se uida, la de Feriones! y por #ltimo, la del (idida, que era el m$s h$bil& 1usiéronse en fila, y Aquiles les indicó la meta a to lejos, en el terreno llano! y encar ó a >éniG, escudero de su padre, que se sentara cerca de aquélla como observador de la carrera, a fin de que, reteniendo en la memoria cuanto ocurriese, les dijese lue o la verdad& =<; (odos a un tiempo levantaron el l$ti o, dej$ronlo caer sobre los caballos y los animaron con ardientes voces& H éstos, alej$ndose de las naves, corrían por la llanura con suma rapide"! la polvareda que levantaban envolvíales el pecho como una nube o un torbellino, y las crines ondeaban al soplo del viento& )os carros unas veces tocaban al fértil suelo, y otras daban saltos en el aire! los auri as permanecían en los asientos con el

cora"ón palpitante por el deseo de la victoria! cada cual animaba a sus corceles, y éstos volaban, levantando polvo, por la llanura& =8= Fas, cuando los veloces caballos lle aron a la se unda mitad de la carrera y ya volvían hacia el espumoso mar, entonces se mostró la pericia de cada conductor, pues todos aquéllos empe"aron a alopar& Jenían delante las ye uas, de pies li eros, de 'umelo >eretíada& @e uíanlas los caballos de Diomedes, procedentes de los de (ros! y estaban tan cerca del primer carro, que parecía que iban a subir en él7 con su aliento calentaban la espalda y anchos hombros de 'umelo, y volaban poniendo la cabe"a sobre el mismo& Diomedes le hubiera pasado delante, o por to menos hubiera conse uido que la victoria quedase indecisa si >ebo Apolo, que estaba irritado con el hijo de (ideo, no le hubiese hecho caer de las manos el lustroso l$ti o& Afli ióse el héroe, y las l$ rimas humedecieron sus ojos al ver que las ye uas corrían m$s que antes, y en cambio sus caballos aflojaban, porque ya no sentían el a"ote& ,o le pasó inadvertido a Atenea que Apolo ju ara esta treta al (idida! y, corriendo hacia el pastor de hombres, devolvióle el l$ti o, a la ve" que daba nuevos bríos a sus caballos& H la diosa, irritada, se encaminó al momento hacia el hijo de Admeto y le rompió el yu o7 cada ye ua se fue por su lado, fuera de camino! el timón cayó a tierra, y el héroe vino al suelo, junto a una rueda, hirióse en los codos, boca y narices, se rompió la frente por encima de las cejas, se le arrasaron los ojos de l$ rimas, y la vo", vi orosa y sonora, se le cortó& 'l (idida uió los solípedos caballos, desvi$ndolos un poco, y se adelantó un ran espacio a todos los dem$s! porque Atenea dio vi or a sus corceles y le concedió a él la loria del triunfo& @e uíale el rubio Fenelao Atrida& ' inmediato a él iba Antíloco, que animaba a los caballos de su padre7 BI= 2Corred y alar ad el paso cuanto pod$is& ,o os mando que compit$is con aquéllos, con los caballos del a uerrido (idida, a los cuales Atenea dio li ere"a, concediéndole a él la loria del triunfo& Fas alcan"ad pronto a los corceles del Atrida y no os quedéis re"a ados para que no os aver Aence 'ta con ser hembra& 41or qué os atras$is, eGcelentes caballos5 )o que os voy a decir se cumplir$7 se acabar$n para vosotros los cuidados en el palacio de ,éstor, pastor de hombres, y éste os matar$ en se uida con el a udo bronce si por vuestra desidia nos llevamos el peor premio& @e uid y apresuraos cuanto pod$is& H yo pensaré cómo, valiéndome de la astucia, me adelanto en el lu ar donde se estrecha el camino! no se me escapar$ la ocasión& B08 Así dijo& )os corceles, temiendo la amena"a de su se*or, corrieron m$s dili entemente un breve rato& 1ronto el belicoso Antíloco alcan"ó a descubrir el punto m$s estrecho del camino 2había allí una hendedura de la tierra, producida por el a ua estancada durante el invierno, la cual robó parte de la senda y cavó el suelo2, y por aquel sitio uiaba Fenelao sus corceles, procurando evitar el choque con los dem$s carros& 1ero Antíloco, torciendo la rienda a sus caballos, sacó el carro fuera del camino, y por un lado y de cerca se uía a Fenelao& 'l Atrida temió un choque, y le dijo ritando7 B;< 29Antíloco: De temerario modo uías el carro& Detén los corceles! que ahora el camino es an osto, y en se uida, cuando sea m$s ancho, podr$s anarme la delantera& ,o sea que choquen los carros y seas causa de que recibamos da*o& B;E Así dijo& 1ero Antíloco, como si no le oyese, hacía correr m$s a sus caballos pic$ndolos con el a uijón& Cuanto espacio recorre el disco que tira un joven desde lo alto de su hombro para probar la fuer"a, tanto aquéllos se adelantaron& )as ye uas del Atrida cejaron, y él mismo, voluntariamente, dejó de avivarlas! no fuera que los solípedos caballos, trope"ando los unos con los otros, volcaran los fuertes carros, y ellos cayeran en el polvo por el anhelo de alcan"ar la victoria& H el rubio Fenelao, reprendiendo a Antíloco, eGclamó7

B=E 29Antíloco: ,in #n mortal es m$s funesto que t#& Je enhoramala! que los aqueos no est$bamos en to cierto cuando to teníamos por sensato& 1ero no te llevar$s el premio sin que antes jures& BB; Después de hablar así, animó a sus caballos con estas palabras7 BB= 2,o aflojéis el paso, ni ten $is el cora"ón afli ido& A aquéllos se les cansar$n los pies y las rodillas antes que a vosotros, pues ya ambos pasaron de la edad juvenil& BB< Así dijo& )os corceles, temiendo la amena"a de su se*or, corrieron m$s dili entemente, y pronto se hallaron cerca de los otros& BB3 )os ar ivos, sentados en el circo, no quitaban los ojos de los caballos! y éstos volaban, levantando polvo por la llanura& Cdomeneo, caudillo de los cretenses, fue quien distin uió antes que nadie los primeros corceles que lle aban! pues era el que estaba en el sitio m$s alto por haberse sentado en un alto"ano, fuera del circo& .yendo desde lejos la vo" del auri a que animaba a los corceles, la reconoció! y al momento vio que corría, adelant$ndose a los dem$s, un caballo ma nífico, todo bermejo, con una mancha en la frente, blanca y redonda como la luna& H poniéndose en pie, dijo estas palabras a los ar ivos7 BD8 29.h ami os, capitanes y príncipes de los ar ivos: 4Jeo los caballos yo solo o también vosotros5 1aréceme que no son los mismos de antes los que vienen delanteros, ni el mismo el auri a7 deben de haberse lastimado en la llanura las ye uas que poco ha eran vencedoras& )as vi cuando doblaban la meta! pero ahora no puedo distin uirlas, aunque re istro con mis ojos todo el campo troyano& Mui"$ las riendas se le fueron al auri a, y, siéndole imposible obernar las ye uas al lle ar a la meta, no dio feli"mente la vuelta7 me fi uro que habr$ caído, el carro estar$ roto, y las ye uas, dej$ndose llevar por su $nimo enardecido, se habr$n echado fuera del camino& 1ero levantaos y mirad, pues yo no lo distin o bien7 paréceme que el que viene delante es un varón etolio, el fuerte Diomedes, hijo de (ideo, domador de caballos, que reina sobre los ar ivos& B8= H el velo" Ayante de .ileo increpóle con injuriosas voces7 B8B 29ldomeneo: 41or qué charlas antes de to debido5 )as voladoras ye uas vienen corriendo a lo lejos por la llanura espaciosa& (# no eres el m$s joven de los ar ivos, ni tu vista es la mejor, pero siempre hablas mucho y sin substancia& 1reciso es que no seas tan $rrulo, estando presentes otros que to son superiores& 'sas ye uas que aparecen las primeras son las de antes, las de 'umelo, y él mismo viene en el carro y tiene las riendas& B3; 'l caudillo de los cretenses le respondió enojado7 B3= 2Ayante, valiente en la injuria, detractor! pues en todo lo restante est$s por debajo de los ar ivos a causa de tu espíritu perverso& Apostemos un trípode o una caldera y nom2 bremos $rbitro al Atrida A amenón para que manifieste cu$les son las ye uas que vienen delante y t# lo aprendas perdiendo la apuesta& B33 Así habló& 'n se uida el velo" Ayante de .ileo se al"ó colérico para contestarle con palabras duras& H la contienda habría pasado m$s adelante entre ambos, si el propio Aquiles, levant$ndose, no les hubiese dicho7 BE; 29Ayante a Cdomeneo: ,o alterquéis con palabras duras y pesadas, porque no es decoroso! y vosotros mismos os irritaríais contra el que así to hiciera& @entaos en el circo y fijad la& vista en los caballos, que pronto vendr$n aquí por el anhelo de alcan"ar la victoria, y sabréis cu$les corceles ar ivos son los delanteros y cu$les los re"a ados& BEE Así dijo! el (idida, que ya se había acercado un buen trecho, a uijaba a los corceles, y constantemente les a"otaba la espalda con el l$ti o, y ellos, levantando en alto los pies, recorrían velo"mente el camino y rociaban de polvo al auri a& 'l carro, uarnecido de oro y esta*o, corría arrastrado por los veloces caballos y las llantas casi no dejaban huella en el tenue polvo& 9Con tal li ere"a volaban los corceles: Cuando

Diomedes lle ó al circo, detuvo el luciente carro! copioso sudor corría de la cervi" y del pecho de los corceles hasta el suelo, y el héroe, saltando a tierra, dejó el l$ti o col ado del yu o& 'ntonces no anduvo remiso el esfor"ado 'sténelo, sino que al instante tomó el premio y to entre ó a los ma n$nimos compa*eros! y mientras éstos conducían la cautiva a la tienda y se llevaban el trípode con asas, desunció del carro a los corceles& D0B Después de Diomedes lle ó Antíloco, descendiente de ,eleo, el cual se había anticipado a Fenelao por haber usado de fraude y no por la mayor li ere"a de su carro! pero, así y todo, Fenelao uiaba muy cerca de él los veloces caballos& Cuando el corcel dista de las ruedas del carro en que lleva a su se*or por la llanura Nlas #ltimas cerdas de la cola tocan la llanta y un corto espacio los separa mientras aquél corre por el campo inmensoO7 tan re"a ado estaba Fenelao del eGimio Antíloco! pues, si bien al principio se quedó a la distancia de un tiro de disco, pronto volvió a alcan"arle porque el fuerte vi or de la ye ua de A amenón, de 't$, de hermoso pelo, iba aumentando& H si la carrera hubiese sido m$s lar a, el Atrida se le habría adelantado, sin dejar dudosa la victoria&2 Feriones, el buen escudero de Cdomeneo, se uía al ínclito Fenelao, como a un tiro de lan"a! pues sus corceles, de hermoso pelo, eran m$s tardos y él muy poco diestro en uiar el carro en un certamen&2 1resentóse, por #ltimo, el hijo de Admeto tirando de su hermoso carro y conduciendo por delante los caballos& Al verlo, el divino Aquiles, el de los pies li eros, se compadeció de él, y diri ió a los ar ivos estas aladas palabras7 D=< 2Jiene el #ltimo con los solípedos caballos el varón que m$s descuella en uiarlos& 'a, démosle, como es justo, el se undo premio, y llévese el primero el hijo de (ideo& D=E Así habló y todos aplaudieron lo que proponía& H le hubiese entre ado la ye ua 2pues los aqueos lo aprobaban2, si Antíloco, hijo del ma n$nimo ,éstor, no se hubiera levantado para decir con ra"ón al 1elida Aquiles7 DBB 29.h Aquiles: Fucho me irritaré conti o si llevas a cabo to que dices& Jas a quitarme el premio, atendiendo a que recibieron da*o su carYo y los veloces corceles y él es esfor"ado, pero tenía que ro ar a los inmortales y no habría lle ado el #ltimo de todos& @i le compadeces y es rato a to cora"ón, como hay en tu tienda abundante oro y posees bronce, reba*os, esclavas y solípedos caballos, entré ale, tom$ndolo de estas cosas, un premio a#n mejor que éste, para que los aqueos to alaben& 1ero la ye ua no la daré, y pruebe de quit$rmela quien desee lle ar a las manos conmi o& DDD Así habló& @onrióse el divino Aquiles, el de los pies fi eros, hol $ndose de que Antíloco se eGpresara en tales términos, porque era ami o suyo! y en respuesta, díjole estas aladas palabras7 DD3 29Antíloco: Fe ordenas que dé a 'umelo otro premio, sac$ndolo de mi tienda, y así lo haré& Joy a entre arle la cora"a de bronce que quité a Asteropeo, la cual tiene en sus orillas una franja de luciente esta*o, y constituir$ para él un presente de valor& D<= Dijo, y mandó a Automedonte, el compa*ero querido, que la sacara de la tienda! fue éste y llevósela! y Aquiles la puso en las manos de 'umelo, que la recibió ale re2 mente& D<< 1ero levantóse Fenelao, afli ido en su cora"ón y muy irritado contra Antíloco& 'l heraldo le dio el cetro, y ordenó a los ar ivos que callaran& H el varón i ual a un dios habló diciendo7 D8I 29Antíloco: (#, que antes eras sensato, 4qué has hecho5 Desluciste mi habilidad y atropellaste mis corceles, haciendo pasar delante a los tuyos, que son mucho peores& 9'a, capitanes y príncipes de los ar ivos: Lu" adnos imparcialmente a entrambos7 no sea que al uno de los aqueos, de broncíneas cora"as, eGclame7 "Fenelao, violentando con mentiras a Antíloco, ha conse uido llevarse la ye ua, a pesar de la inferioridad de sus corceles, por ser m$s valiente y poderoso&" H si queréis, yo mismo lo decidiré! y creo que

nin #n d$nao me podr$ reprender, porque el fallo ser$ justo& 'a, Antíloco, alumno de /eus, ven aquí y, puesto, como es costumbre, delante de los caballos y el carro, teniendo en la mano el fleGible l$ti o con que los uiabas y tocando los corceles, jura, por el que ci*e y sacude la tierra, que si detuviste mi carro fue involuntariamente y sin dolo& D3< Kespondióle el prudente Antíloco7 D38 21erdóname, oh rey Fenelao, pues soy m$s joven y t# eres mayor y m$s valiente& ,o te son desconocidas las faltas que comete un mo"o, porque su pensamiento es r$pido y su juicio escaso& Apací Aese, pues, tu cora"ón7 yo mismo te cedo la ye ua que he recibido! y, si de cuanto ten o me pidieras al o de m$s valor que este premio, preferina d$rtelo en se uida, oh alumno de /eus, a perder para siempre tu afecto y ser culpable delante de los dioses& DE< Así habló el hijo del ma n$nimo ,éstor, y, conduciendo la ye ua adonde estaba el Atrida, se la puso en la mano& A éste se le ale ró el alma7 como el rocío cae en torno de las espi as cuando las mieses crecen y los campos se eri"an, del mismo modo, oh Fenelao, tu espíritu se ba*ó en o"o& H, respondiéndole, pronunció estas aladas palabras7 <I; 29Antíloco: Aunque estaba irritado, seré yo quien ceda! porque hasta aquí no has sido imprudente ni li ero y ahora la juventud venció a la ra"ón& Absténte en lo sucesivo de querer en a*ar a los que to son superiores& ,in #n otro aqueo me ablandaría tan pronto, pero has padecido y trabajado mucho por mi causa, y tu padre y tu hermano también! accederé, pues, a tus s#plicas y te daré la ye ua, que es mía, para que éstos sepan que mi cora"ón no fue nunca ni soberbio ni cruel& <0; Dijo! entre ó a ,oemón, compa*ero de Antíloco, la ye ua para que se la llevara, y tomó la reluciente caldera& Feriones, que había lle ado el cuarto, reco ió los dos talentos de oro& Muedaba el quinto premio, el vaso con dos asas! y Aquiles levantólo, atravesó el circo y lo ofreció a ,éstor con estas palabras7 <03 2(oma, anciano! sea tuyo este presente como recuerdo de los funerales de 1atroclo, a quien no volver$s a ver entre los ar ivos& (e doy el premio porque no podr$s ser parte ni en el pu ilato, ni en la lucha, ni en el certamen de los dardos, ni en la carrera, que ya to abruma la veje" penosa& <;B Así diciendo, se to puso en las manos& ,éstor recibiólo con ale ría, y respondió con estas aladas palabras7 <;< 2@í, hijo, oportuno es cuanto acabas de decir& Ha mis miembros no tienen el vi or de antes, ni mis pies, ni mis bra"os se mueven $ iles a partir de los hombros& .jal$ fuese tan joven y mis fuer"as tan robustas como cuando los epeos enterraron en +uprasio al poderoso Amarinceo, y los hijos de éste sacaron premios para los jue os que debían celebrarse en honor del rey& Allí nin uno de los epeos, ni de los pilios, ni de los ma n$nimos etolios, pudo i ualarse conmi o& Jencí en el pu ilato a Clitomedes, hijo de 6nope, y en la lucha a Anceo 1leuronio, que osó afrontarme! en la carrera pasé delante de Cficlo, que era robusto! y en arrojar la lan"a superé a >ileo y a 1olidoro& @ólo los hijos de Tctor mé dejaron atr$s con su carro porque eran dos! y me disputaron la victoria a causa de haberse reservado los mejores premios para este jue o& 'ran aquéllos hermanos emelos, y el uno obernaba con firme"a los caballos, sí, obernaba con firme"a los caballos, mientras el otro con el l$ti o los a uijaba& Así era yo en aquel tiempo& Ahora los m$s jóvenes entren en las luchas! que ya debo ceder a la triste senectud, aunque entonces sobresaliera entre los héroes& Je y contin#a celebrando los jue os f#nebres de tu ami o& Acepto ustoso el presente, y se me ale ra el cora"ón al ver que to acuerdas siempre del buen ,éstor y nó dejas de advertir con qué honores he de ser honrado entre los aqueos& )as deidades to concedan por ello abundantes racias&

<D0 Así habló! y el 1elida, oído todo el elo io que de él hi"o el ,elida, fuese por entre la muchedumbre de los aqueos& 'n se uida sacó los premios del duro pu ilato7 condujo al circo y ató en medio de él una mula de seis a*os, cerril, difícil de domar, que había de ser sufridora del trabajo! y puso para el vencido una copa de doble asa& H, estando en pie, dijo a los ar ivos7 <D3 29Atrida y dem$s aqueos de hermosas rebas: Cnvitemos a los dos varones que sean m$s diestros, a que levanten los bra"os y combatan a pu*adas por estos premios& Aquél a quien Apolo conceda la victoria, reconociéndolo así todos los aqueos, condu"ca a su tienda la mula sufridora del trabajo! el vencido se llevar$ la copa de doble asa& <<B Así habló& )evantóse al instante un varón fuerte, alto y eGperto en el pu ilato7 'peo, hijo de 1anopeo& H, poniendo la mano sobre la mula paciente en el trabajo, dijo7 <<8 2Acérquese el que haya de llevarse la copa de doble asa, pues no creo que nin #n aqueo consi a la mula, si ha de vencerme en el pu ilato& Fe lorío de mantenerlo mejor que nadie& 4,o basta acaso que sea inferior a otros en la batalla5 ,o es posible que un hombre sea diestro en todo& )o que voy a decir se cumplir$7 al campeón que se me opon a le ras aré la piel y le aplastaré los huesos! los que de él hayan de cuidar quédense aquí reunidos, para llev$rselo cuando sucumba a mis manos& <8< Así se eGpresó& (odos enmudecieron y quedaron silenciosos& H tan sólo se levantó para luchar con él 'uríalo, varón i ual a un dios, hijo del rey Fecisteo (alayónida, el cual fue a (eba cuando murió 'dipo y en los jue os f#nebres venció a todos los cadmeos& 'l (idida, famoso por su lan"a, animaba a 'uríalo con ra"ones, pues tenía un ran deseo de que alcan"ara la victoria, y le ayudaba a disponerse para la lucha7 atóle el cinturón y le dio unas bien cortadas correas de piel de buey salvaje& Ce*idos ambos contendientes, comparecieron en medio del circo, levantaron las robustas manos, acometiéronse y los fornidos bra"os se entrela"aron& Crujían de un modo horrible las mandíbulas y el sudor brotaba de todos los miembros& 'l divino 'peo, arremetiendo, dio un olpe en la mejilla de su rival que le espiaba! y 'uríalo no si uió en pie lar o tiempo, porque sus hermosos miembros desfallecieron& Como, encresp$ndose la mar al soplo del +óreas, salta un pe" en la orilla poblada de al as y las ne ras olas to cubren en se uida, así 'uríalo, al recibir el olpe, dio un salto hacia atr$s& 1ero el ma n$nimo 'peo, co iéndole por las manos, lo levantó! rode$ronle los compa*eros y se to llevaron del circo 2arrastraba los pies, escupía espesa san re y la cabe"a se le inclinaba a un lado! sent$ronle entre ellos, desvanecido, y fueron a reco er la copa doble& 8II 'l 1elida sacó después otros premios para el tercer jue o, la penosa lucha, y se los mostró a los d$naos7 para el vencedor un ran trípode, apto para ponerlo al fue o, que los aqueos apreciaban en doce bueyes! para el vencido, una mujer diestra en muchas labores y valorada en cuatro bueyes, que sacó en medio de ellos& H, estando en pie, dijo a los ar2 ivos7 8I8 2)evantaos, los que hay$is de entrar en esta lucha& 8I3 Así habló& Al"óse en se uida el ran Ayante (elamonio y lue o el in enioso -lises, fecundo en ardides& 1uesto el ce*idor, fueron a encontrarse en medio del circo y se co ieron con los robustos bra"os como se enla"an las vi as que un ilustre artífice une, al construir alto palacio, para que resistan el embate de los vientos& @us espaldas crujían, estrechadas fuertemente por los vi orosos bra"os! copioso sudor les brotaba de todo el cuerpo! muchos cruentos cardenales iban apareciendo en los costados y en las espaldas! y ambos contendientes anhelaban siempre alcan"ar la victoria y con ella el bien construido trípode& 1ero ni -lises lo raba hacer caer y derribar por el suelo a Ayante, ni éste a aquél, porque la ran fuer"a de -lises se to impedía& H cuando los aqueos mosas rebas ya empe"aban a cansarse de la lucha, dijo el ran Ayante (elamonio7

8;= 29)aertíada, del linaje de /eus, -lises, fecundo en ardides: )ev$ntame, o te levantaré yo! y /eus se cuidar$ del resto& 8;D %abiendo hablado así, lo levantaba! mas -lises no se olvidó de sus ardides, pues, d$ndole por detr$s un olpe en la corva, dejóle sin vi or los miembros, le hi"o venir al suelo, de espaldas, y cayó sobre su pecho7 la muchedumbre quedó admirada y atónita al contemplarlo& )ue o, el divino y paciente -lises al"ó un poco a Ayante, pero no consi uió sóstenerlo en vilo! porque se le doblaron las rodillas y ambos cayeron al suelo, el uno cerca del otro, y se mancharon de polvo& )evant$ronse, y hubieran luchado por tercera ve", si Aquiles, poniéndose en pie, no los hubiese detenido7 8=D 2,o luchéis ya, ni os ha $is m$s da*o& )a victoria quedó por ambos& Kecibid i ual premio y retiraos para que entren en los jue os otros aqueos& 8=3 Así dijo& 'llos le escucharon y obedecieron! pues en se uida, después de haberse limpiado el polvo, vistieron la t#nica& 8BI 'l 1elida sacó otros premios para la velocidad en la carrera& 'Gpuso primero una cratera de plata labrada, que tenía seis medidas de capacidad y superaba en hermosura a todas las de la tierra& )os sidonios, eGimios artífices, la fabricaron primorosa! los fenicios, después de llevarla por el sombrío ponto de puerto en puerto, se la re alaron a (oante! m$s tarde, 'uneo Lasónida la dio al héroe 1atroclo para rescatar a )icaón, hijo de 1ríamo! y entonces Aquiles la ofreció como premio, en honor del difunto ami o, al que fuese m$s velo" en correr con los pies li eros& 1ara el que lle ase el se undo se*aló un buey corpulento y pin Ae, y para el #ltimo, medio talento de oro& H estando en pie, dijo a los ar ivos7 8D= 2)evantaos, los que hay$is de entrar en esta lucha& 8DB Así habló& )evantóse al instante el velo" Ayante de Iileo, después el in enioso -lises, y por fin Antíloco, hijo de ,éstor, que en la carrera vencía a todos los jóvenes& 1usiéronse en fila y Aquiles les indicó la meta& 'mpe"aron a correr desde el sitio se*alado, y el .ilíada se adelantó a los dem$s, aunque el divino -lises le se uía de cerca& Cuanto dista del pecho el huso que una mujer de hermosa cintura revuelve en su mano, mientras devana el hilo de la trama, y tiene constantemente junto al seno, tan inmediato a Ayante corría el divinal -lises7 pisaba las huellas de aquél antes de que el polvo cayera en torno de las mismas y le echaba el aliento a la cabe"a, corriendo siempre con suma rapide"& (odos los aqueos aplaudían los esfuer"os que reali"aba -lises por el deseo de alcan"ar la victoria, y le animaban con sus voces& Fas cuando les faltaba poco para terminar la carrera, -lises oró en su cora"ón a Atenea, la de ojos de lechu"a7 88I 2?yeme, diosa, y ven a socorrerme propicia, dando a mis pies m$s li ere"a& 880 Así dijo ro ando& 1alas Atenea le oyó, y a ilitóle los miembros todos y especialmente los pies y las manos& Ha iban a co er el premio, cuando Ayante, corriendo, dio un resbalón 2pues Atenea quiso perjudicarle2 en el lu ar que habían llenado de estiércol los bueyes mu idores sacrificados por Aquiles, el de los pies li eros, en honor de 1atroclo! y el héroe llenóse de bo*i a la boca y las narices& 'l divino y paciente -lises le pasó delante y se llevó la craters! y el preclaro Ayante se detuvo, tomó el buey silvestre, y, asiéndolo por el asta, mientras escupía el estiércol, habló así a los ar ivos7 83; 29.h dioses: -na diosa me&da*ó los pies! aquélla que desde anti uo acorre y favorece a -lises cual una madre& 83B Así dijo, y todos rieron con usto& Antíloco recibió, sonriente, el #ltimo premio! y diri ió estas palabras a los ar ivos7 8382.s diré, ar ivos, aunque todos lo sabéis, que los dioses honran a los hombres de m$s edad, hasta en los jue os& Ayante es un poco mayor que yo! -lises pertenece a la e2 neración precedente, a los hombres anti uos, dicen que es ya de edad provecta, pero

vi oroso, y contender con él en la carrera es muy difícil para cualquier aqueo que no sea Aquiles& 8E= Así dijo, ensal"ando al 1elida, de pies li eros& Aquiles respondióle con estas palabras7 8ED 29Antíloco: ,o en balde me habr$s elo iado, pues a*ado a tu premio medio talento de oro& 8E8 Así diciendo, se to puso en la mano, y Antíloco lo recibió con ale ría& Acto continuo el 1elida sacó y colocó en el circo una lar a pica, un escudo y un casco, que eran las armas que 1atroclo había quitado a @arpedón& H puesto en pie, dijo a los ar ivos7 3I; Cnvitemos a los dos varones que sean m$s esfor"ados, a que, vistiendo las armas y asiendo el tajante bronce, pon an a prueba su valor ante el concurso& A0 primero que lo re tocar el allardo cuerpo de su adversario, le ras u*e el vientre atreves$ndole la armadura y le ha a brotar la ne ra san re, daréle esta ma nífica espada tracia, tachonada con clavos de plata, que quité a Asteropeo& Ambos campeones se llevar$n las restantes armas y les daremos un espléndido banquete en nuestra tienda& 300 Así dijo& )evantóse en se uida el ran Ayante (elamonio y lue o el fuerte Diomedes (idida& (an pronto como se hubieron armado, separadamente de la muchedumbre, fueron a encontrarse en medio del circo, deseosos de combatir y mir$ndose con torva fa"! y todos los aqueos se quedaron atónitos& Cuando se hallaron frente a frente, tres veces se acometieron y tres veces procuraron herirse de cerca& Ayante dio un bote en el escudo liso del adversario, peor no pudo lle ar a su cuerpo, porque la cora"a to impidió& 'l (idida intentaba alcan"ar con la punta de la luciente lan"a el cuello de aquél, por cima del ran escudo& H los aqueos, temiendo por Ayante, mandaron que cesara la lucha y ambos contendientes se llevaran i ual premio! pero el héroe dio al (idida la ran espada, ofreciéndosela con la vaina y el bien cortado ce*idor& 3;< )ue o el 1elida sacó la bola de hierro sin bru*ir que en otro tiempo lan"aba el for"udo 'etión7 el divino Aquiles, el de los pies li eros, mató a este príncipe y se llevó en las naves la bola con otras rique"as& H, puesto en pie, dijo a los ar ivos7 3=0 29)evantaos los que hay$is de entrar en esta lucha: )a presente bola procurar$ al que venciere cuanto hierro necesite durante cinco a*os, aunque sean muy eGtensos sus fértiles campos! y sus pastores y labradores no tendr$n que ir por hierro a la ciudad& 3=< Así habló& )evantóse en se uida el intrépido 1olipetes! después, el vi oroso )eonteo, i ual a un dios! lue o, Ayante (elamoníada, y, por fin, el divino 'peo& 1usiéronse en fila, y el divino 'peo co ió la bola y la arrojó, después de voltearla, y todos los aqueos se rieron& )a tiró el se undo, )eonteo, v$sta o de Ares& 'l ran Ayante (elamonio la despidió también, con su robusta mano, y lo ró pasar las se*ales de los anteriores tiros& (omóla entonces el intrépido 1olipetes y cuanta es la distancia a que lle a el cayado cuando to lan"a el pastor y voltea por cima de la vacada, tanto pasó la bola el espacio del circo! aplaudieron los aqueos, y los ami os del esfor"ado 1olipetes, levant$ndose, llevaron a las cóncavas naves el premio que su rey había anado& 3DI )ue o sacó Aquiles a"ulado hierro para los arqueros, colocando en el circo die" hachas randes y otras die" peque*as& Clavó en la arena, a lo lejos, un m$stil de navío después de atar en su punta, por el pie y con del ado cordel, una tímida paloma! a invitóles a tirarle saetas, diciendo7 3DD 2'l que hiera a la tímida paloma llévese a su casa Codas las hachas randes! el que acierte a dar en la cuerda sin tocar al ave, como m$s inferior, tomar$ las hachas peque*as& 3DE Así dijo& )evantóse en se uida el robusto caudillo (eucro y lue o Feriones, esfor"ado escudero de Cdomeneo& 'charon dos suertes en un casco de bronce, y, a it$ndolas, salió primero la de (eucro& 6ste arrojó al momento y con vi or una flecha,

sin ofrecer a Apolo una hecatombe perfecta de corderos primo énitos! y, si bien no tocó al ave 2ne óselo Apolo2, la amar a saeta rompió el cordel muy cerca de la pata por la cual se había atado a la paloma7 ésta voló al cielo, el cordel quedó col ando y los aqueos aplaudieron& Feriones arrebató apresuradamente el arco de las manos de (eucro, acercó a la cuerda la flecha que de antemano tenía preparada, votó a Apolo sacrificarle una hecatombe de corderos primo énitos! y, viendo a la tímida paloma que daba vueltas a00$ en lo alto del aire, cerca de las nubes, disparó y le atravesó una de las alas& )a flecha vino al suelo, a los pies de Feriones! y el ave, pos$ndose en el m$stil del navío de ne ra proa, inclinó el cuello y abatió las tupidas alas, la vida huyó velo" de sus miembros y aquélla cayó del m$stil a lo lejos& )a ente lo contemplaba con admiración y asombro& Feriones tomó, por tanto, todas las die" hachas randes, y (eucro se llevó a las cóncavas naves las peque*as& 33B )ue o el 1elida sacó y colocó en el circo una lar a pica y una caldera no puesta a#n al fue o, que era del valor de un buey y estaba decorada con flores& Dos hombres diestros en arrojar la lan"a se levantaron7 el poderoso A amenón Atrida y Feriones, escudero esfor"ado de Cdomeneo& H el divino Aquiles, el de los pies li eros, les dijo7 3EI 29Atrida: 1ues sabemos cu$nto aventajas a todos y que así en la fuer"a como en arrojar la lan"a eres el m$s se*alado, toma este premio y vuelve a las cóncavas naves& H entre aremos la pica al héroe Feriones, si te place lo que te propon o& 3ED Así habló& A amenón, rey de hombres, no dejó de obedecerle& Aquiles dio a Feriones la pica de bronce, y el héroe Atrida tomó el ma nífico premio y se lo entre ó al heraldo (altibio& CANTO XXIV * 0escate de %&ctor
* )os dioses se apiadan de %éctor, y /eus encar a a (etis que amoneste a su hijo para que devuelva el cad$ver, a la ve" que manda a 1riamo, por medio de Cris, que con un solo heraldo vaya con ma níficos presentes a la tienda de Aquileo para rescatar el cuerpo de %éctor& 1ríamo obedece y parte con el heraldo ideo y dos carros! antes de lle ar al campamento se les aparece %ermes, que los uía hasta la tienda del héroe! entra 1ríamo y, ech$ndose a los pies de Aquiles, le diri e la s#plica m$s conmovedora! Aquiles entre a el cad$ver, los dos ancianos lo conducen a (roya y se celebran con toda solemnidad las honras f#nebres de %éctor, que era el principal sostén de la ciudad asediada&

0 Disolvióse la junta y los uerreros se dispersaron por las veloces naves, tomaron la cena y se re alaron con el dulce sue*o& Aquiles lloraba, acord$ndose del compa*ero querido, sin que el sue*o, que todo to rinde, pudiera vencerlo7 daba vueltas ac$ y a00$, y con amar ura traía a la memoria el vi or y ran $nimo de 1atroclo, to que de mancom#n con él había llevado al cabo y las penalidades que ambos habían padecido, ora combatiendo con los hombres, ora surcando las temibles ondas& Al recordarlo, prorrumpía en abundantes l$ rimas! ya se echaba de lado, ya de espaldas, ya de pechos! y al fin, levant$ndose, va aba inquieto por la orilla del mar& ,unca le pasaba inadvertido el despuntar de la aurora sobre el mar y sus riberas7 entonces uncía al carro los li eros cor2 celes y, atando al mismo el cad$ver de %éctor, arrastr$balo hasta dar tres vueltas al t#mulo del difunto Fenecíada! acto continuo volvía a reposar en la tienda, y dejaba el cad$ver tendido de cara al polvo& Fas Apolo, apiad$ndose del varón aun después de muerto, le libraba de toda injuria y lo prote ía con la é ida de oro para que Aquiles no lacerase el cuerpo mientras lo llevaba por el suelo& ;; De tal manera Aquiles, enojado, insultaba al divino %éctor& Al contemplarlo, compadecíanse los bienaventurados dioses a insti aban al vi ilante Ar icida a que

hurtase el cad$ver& A todos les ustaba tal propósito, menos a %era, a 1osidón y a la vir en de ojos de lechu"a, que odiaban como antes a la sa rada Clio, a 1ríamo y a su pueblo por la injuria que Alejandro había inferido a las diosas cuando fueron a su caba*a y declaró vencedora a la que le había ofrecido funesta liviandad& Cuando, después de la muerte de %éctor, lle ó la duodécima aurora, >ebo Apolo dijo a los ínmortales7 == 2@ois, oh dioses, crueles y maléficos& 4Acaso %éctor no quemaba en vuestro honor muslos de bueyes y de cabras esco idas5 Ahora, que ha perecido, no os atrevéis a salvar el cad$ver y ponerlo a la vista de su esposa, de su madre, de su hijo, de su padre 1ríamo y del pueblo, que al momento to entre arían a las llamas y le harían honras f#nebres! por el contrario, oh dioses, queréis favorecer al pernicioso Aquiles, el cual concibe pensamientos no ra"onables, tiene en su pecho un $nimo infleGible y medita cosas feroces, como un león que, dej$ndose llevar por su ran fuer"a y espíritu soberbio, se encamina a los reba*os de los hombres para adere"arse un festín, de i ual modo perdió Aquiles la piedad y ni siquiera conserva el pudor que tanto favorece o da*a a los varones& Aquél a quien se le muere un ser amado, como el hermano carnal o el hijo, al fin cesa de llorar y lamentarse, porque las 1arcas dieron al hombre un cora"ón paciente& Fas Aquiles, después que quitó al divino %éctor la dulce vida, ata el cad$ver al carro y lo arrastra alrededor del t#mulo de su compa*ero querido! y esto ni a aquél le aprovecha, ni es decoroso& (ema que nos irritemos contra él, aunque sea valiente, porque enfureciéndose insulta a to que tan sólo es ya insensible tierra& DD Kespondióle irritada %era, la de los níveos bra"os7 D< 2@ería como dices, oh t# que llevas arco de plata, si a Aquiles y a %éctor los tuvierais en i ual estima& 1ero %éctor fue mortal y diole el pecho una mujer! mientras que Aquiles es hijo de una diosa a quien yo misma alimenté y crié y casé lue o con 1eleo, varón cordialmente amado por los inmortales& (odos los dioses presenciasteis la boda! y t# pulsaste la cítara y con los dem$s tuviste parte en el festín! 9oh ami o de los malos, siempre pérfido: <B Keplicó /eus, el que amontona las nubes7 <= 29%era: ,o te irrites tanto contra las deidades& ,o ser$ el mismo el aprecio en que los ten amos! pero %éctor era para los dioses, y también para mí, el m$s querido de cuantos mortales viven en Clio, porque nunca se olvidó de dedicamos a radables ofrendas, jam$s mi altar careció ni de libaciones ni de víctimas, que tales son los honores que se nos deben& Desechemos la idea de robar el cuerpo del auda" %éctor7 es imposible que se ha a a hurto de Aquiles, porque siempre, de noche y de día, le acompa*a su madre& Fas, si al uno de los dioses llamase a (etis para que se me acercara, yo le diría a ésta lo que fuere oportuno para que Aquiles, recibiendo los dones de 1ríamo, restituyera el cad$ver& 88 Así se eGpresó& )evantóse Cris, de pies r$pidos como el hurac$n, para llevar el mensaje! saltó al ne ro ponto entre @amos y la escarpada Cmbros, y resonó el estrecho& )a diosa se lan"ó a lo prófundo, como desciende el plomo asido al cuerno de un buey montara" que lleva la muerte a los voraces peces& 'n la profunda ruta halló a (etis y a otras muchas diosas marinas que la rodeaban7 la ninfa lloraba, en medio de ellas, la suerte de su hijo irreprensible, que había de perecer en la fértil (roya, lejos de la patria& H, acerc$ndosele Cris, la de los pies li eros, así le dijo7 33 2Jen, (etis, pues to llama /eus, el conocedor de los eternales decretos& 3E Kespondióle la diosa (etis, de ar énteos pies7 EI 241or qué aquel ran dios me ordena que vaya5 Fe da ver Aen"a juntarme con los inmortales, pues son muchas las penas que conturban mi cora"ón& 'sto no obstante, iré para que sus palabras no resulten vanas y sin efecto&

E= 'n diciendo esto, la divina entre las diosas tomó un velo tan obscuro que no había otro que fuese m$s ne ro& 1#sose en camino, precedida por la velo" Cris, de pies r$pidos como el viento, y las olas del mar se abrían al paso de ambas deidades& @alieron éstas a la playa, ascendieron al cielo y hallaron al lar ovidente Cronida con los dem$s felices sempiternos dioses con re ados en torno suyo& @entóse (etis al lado de /eus, porque Atenea le cedió el sitio, y %era p#sole en la mano una copa de oro y la consoló con palabras& (etis devolvió la copa después de haber bebido& H el padre de los hombres y de los dioses comen"ó a hablar de esta manera7 0IB 2Jienes al .limpo, oh diosa (etis, afli ida y con el $nimo a obiado por vehemente pesar& )o sé& 1ero, aun así y todo, voy a decirte por qué to he llamado& %ace nueve días q#e se suscitó entre los inmortales una contienda acerca del cad$ver de %éctor, y de Aquiles, asolador de ciudades, a insti aban al vi ilante Ar icida a que hurtase el muerto, pero yo prefiero dar a Aquiles la loria de devolverlo, y conservar así tu respeto y amistad& Je en se uida al ejército y amonesta a tu hijo& Dile que los dioses est$n muy irritados contra él y yo m$s indi nado que nin uno de los inmortales, porque enfurecién2 dose retiene a %éctor en las corvas naves y no permite que to rediman! por si, temiéndome, consiente que el cad$ver sea rescatado& H enviaré la diosa Cris al ma n$nimo 1ríamo para que vaya a las naves de los aqueos y redima a su hijo, llevando a Aquiles dones que aplaquen su enojo& 0;I Así se eGpresó! y (etis, la diosa de ar énteos pies no fue desobediente& +ajando en raudo vuelo de las cumbres del .limpo, lle ó a la tienda de su hijo7 éste emía sin cesar, y sus compa*eros se ocupaban dili entemente en preparar la comida, habiendo inmolado dentro de la tienda una rande y lanuda oveja& )a veneranda madre se sentó muy cerca del héroe, le acarició con la mano y hablóle en estos términos& 0;3 29%ijo mío: 4%asta cu$ndo dejar$s que el llanto y la triste"a roan tu cora"ón, sin acordarte ni de la comida ni de la cama5 +ueno es que oces del amor con una mujer, pues ya no has de vivir mucho tiempo! la muerte y el hado cruel se te avecinan& H ahora préstame atención, pues ven o como mensajera de /eus& Dice que los dioses est$n muy irritados contra ti, y él m$s indi nado que nin uno de los inmortales, porque enfureciéndote retienes a %éctor en las corvas naves y no permites que lo rediman& 'a, entre a el cad$ver y acepta su rescate& 0=3 Kespondióle Aquiles, el de los pies li eros7 0=E 2@ea así& Muien trai a el rescate se lleve el muerto, ya que con $nimo benévolo el mismo .límpico lo ha dispuesto& 0B0 De este modo, dentro del recinto de las naves, pasaban de madre a hijo muchas aladas palabras& H en tanto, el Cronida envió a Cris a la sa rada Clio7 0BB 29Anda, ve, r$pida Cris: Deja to asiento del .limpo, entra en Clio y di al ma n$nimo 1ríamo que se encamine a las naves de los aqueos y rescate al hijo, Clevando a Aquiles +ones que aplaquen su enojo& Jaya solo, sin que nin #n troyano se le junte, y acomp$*ele un heraldo m$s viejo que él, para que uíe los mulos y el carro de hermosas ruedas y condu"ca lue o a la población el cad$ver de aquél a quien mató el divino Aquiles& ,i la idea de la muerte ni otro temor al uno conturbe su $nimo, pues le daremos por uía el Ar icida, el cual le llevar$ hasta muy cerca de Aquiles& H cuando haya entrado en la tienda del héroe, éste no to matar$, a impedir$ que los dem$s to ha an& 1ues Aquiles no es insensato, ni temerario ni perverso, y tendr$ buen cuidado de respetar a un suplicante& 0DE Así dijo& )evantóse Cris, la de pies r$pidos como el hurac$n, para llevar el mensaje! y, en lle ando al palacio de 1ríamo, oyó llantos y alaridos& )os hijos, sentados en el patio alrededor del padre, ba*aban sus vestidos con l$ rimas, y el anciano aparecía en medio,

envuelto en un manto muy ce*ido, y tenía en la cabe"a y en el cuello abundante estiércol que al revolcarse por el suelo había reco ido con sus manos& )as hijas y nueras se lamentaban en el palacio, recordando los muchos varones esfor"ados que yacían en la llanura por haber dejado la vida en manos de los ar ivos& Det#vose la mensajera de /eus cerca de 1ríamo, y habl$ndole quedo, mientras al anciano un temblor le ocupaba los miembros, así le dijo7 080 2Cobra $nimo, 1ríamo Dard$nida, y no te espantes! que no ven o a presa iarte males, sino a participarte cosas buenas7 soy mensajera de /eus, que, aun estando lejos, se interesa mucho por ti y te compadece& 'l .límpico te manda rescatar al divino %éctor, llevando a Aquiles dones que aplaquen su enojo& Je solo, sin que nin #n troyano se te junte, acompa*ado de un heraldo m$s viejo que t#, para que uíe los mulos y el carro de hermosas ruedas, y condu"ca lue o a la población el cad$ver de aquél a quien mató el divino Aquiles& ,i la idea de la muerte ni otro temor al uno conturbe to $nimo, pues tendr$s por uía el Ar icida, el cual te llevar$ hasta muy cerca de Aquiles& H cuando hayas entrado en la tienda del héroe, éste no te matar$ a impedir$ que los dem$s lo ha an& 1ues Aquiles no es insensato, ni temerario, ni perverso, y tendr$ buen cuidado de respetar a un suplicante& 033 Cuando esto hubo dicho, fuese Cris, la de los pies li eros& 1ríamo mandó a sus hijos que prepararan un carro de mulas, de hermosas ruedas, pusieran encima un arca y la su2 jetaran con so as& +ajó después al perfumado t$lamo, que era de cedro, tenía elevado techo y uardaba muchas preciosidades! y, llamando a su esposa %écuba, hablóle en estos términos7 0EB 29.h infeli": )a mensajera del .limpo ha venido, por orden de /eus, a encar arme que vaya a las naves de los aqueos y rescate al hijo, llevando a Aquiles dones que apla 2 quen su enojo& 'a, dime7 4qué piensas acerca de esto5 1ues mi mente y mi cora"ón me insti an vivamente a ir a00$, a las naves, al campamento vasto de los aqueos& ;II Así dijo& )a mujer prorrumpió en sollo"os y respondió diciendo7 ;I0 29Ay de mí: 4Mué es de la prudencia que antes to hi"o célebre entre los eGtranjeros y entre aquéllos sobre los cuales reinas5 4Cómo quieres ir solo a las naves de los aqueos y presentarte ante los ojos del hombre que te mató tantos y tan valientes hijos5 De hierro tienes el cora"ón& @i ese uerrero cruel y pérfido lle a a verte con sus propios ojos y te co e, ni se apiadar$ de ti, ni te respetar$ en lo m$s mínimo& )loremos a %éctor desde lejos, sentados en el palacio! ya que, cuando le di a lu", el hado poderoso hiló de esta suerte el estambre de su vida7 que habría de saciar con su carne a los veloces perros, lejos de sus padres y junto al hombre violento cuyo hí ado ojal$ pudiera yo comer hinc$ndole los dientes& 'ntonces quedarían ven ados los insultos que ha hecho a mi hijo! que éste, cuando aquél to mató, no se portaba cobardemente, sino que a pie firme defendía a los troyanos y a las troyanas de profundo seno, no pensando ni en huir ni en evitar el combate& ;08 Contestó el anciano 1ríamo, semejante a un dios7 ;03 2,o te opon as a mi resolución, ni me seas ave de mal a Aero en el palacio& ,o me persuadir$s& @i me diese la orden uno de los que viven en la tierra, aunque fuera adivino, ar#spice o sacerdote, la creeríamos falsa y desconfiaríamos a#n m$s! pero ahora, como yo mismo he oído a la diosa y la he visto delante de mí, iré y no ser$n ineficaces sus pa2 labras& H si mi destino es morir en las naves de los aqueos, de broncíneas cora"as, to acepto7 m$teme Aquiles tan lue o como abrace a mi hijo y satisfa a el deseo de llorarle& ;;3 Dijo, y, levantando las hermosas tapas de las arcas, co ió doce ma níficos peplos, doce mantos sencillos, doce tapetes, doce palios blancos, y otras tantas t#nicas& 1esó lue o die" talentos de oro& H, por fin, sacó dos trípodes relucientes, cuatro calderas y una

ma nífica copa que los tracios le dieron cuando fue, como embajador, a su país, y era un soberbio re alo! pues el anciano no quiso dejarla en el palacio a causa del vehemente deseo que tenía de rescatar a su hijo& H volviendo al pórtico, echó afuera a los troyanos, increp$ndolos con injuriosas palabras7 ;=E 29Cdos ya, hombres infames y vituperables: 41or ventura no hay llanto en vuestra casa, que venías a afli irme5 4. creéis que son pocos los pesares que /eus Cronida me envía, con hacerme perder un hijo valiente5 (ambién los probaréis vosotros& Fuerto él, ser$ mucho m$s f$cil que los ar ivos os maten& 1ero antes que con estos ojos vea la ciudad tomada y destruida, descienda yo a la mansión de %ades& ;B8 Dijo, y con el cetro echó a los hombres& 6stos salieron apremiados por el anciano& H en se uida 1ríamo reprendió a sus hijos %éleno, 1aris, A atón divino, 1amón, Antífono, 1olites valiente en la pelea, Deífobo, %ipótoo y el conspicuo Dío! a los nueve los increpó y les dio órdenes, diciendo7 ;D= 29Daos prisa, malos hijos, ruines: .jal$ que en lu ar de %éctor hubieseis muerto todos en las veleras naves& 9Ay de mí, desventurado, que en endré hijos valentísimos en la vasta (roya, y ya puedo decir que nin uno me queda: Al divino Féstor, a (roilo, que combatía en carro, y a %éctor, que era un dios entre los hombres y no parecía hijo de un mortal, sino de una divinidad, Ares les dio muerte! y restan los que son indi nos, embusteros, dan"arines, se*alados #nicamente en los coros y h$biles en robar al pueblo corderos y cabritos& 1ero 4no me prepararéis al instante el carro, poniendo en él todas estas cosas, para que emprendamos el camino5 ;<= Así dijo& 'llos, temiendo la reconvención del padre, sacaron un carro de mulas, de hermosas ruedas, ma nífico, recién construido! pusieron encima el arca, que ataron bien! descol aron del clavo el corvo yu o de madera de boj, provisto de anillos, y tomaron una correa de nueve codos que servía para atarlo& Col aron después el yu o sobre la parte anterior de la lan"a, metieron el anillo en su clavija, y sujetaron a aquél, at$ndolo con la correa, a la cual hicieron dar tres vueltas a cada lado y cuyos eGtremos reunieron en un nudo& )ue o fueron sacando de la c$mara y acomodando en el pulimentado carro los innumerables dones para el rescate de %éctor! uncieron las mulas de tiro, de fuertes cascos, que en otro tiempo habían re alado los misios a 1ríamo como espléndido presente, y acercaron al yu o dos corceles, a los cuales el anciano en persona daba de comer en pulimentado pesebre& ;30 Fientras el heraldo y 1ríamo, prudentes ambos, uncían los caballos en el alto palacio, acercóseles %écuba, con $nimo abatido, llevando en su diestra una copa de oro, llena de dulce vino, para que hicieran la libación antes de partir! y, deteniéndose delante del carro, dijo a 1ríamo7 ;38 (oma, ha" la libación al padre /eus y suplícale que puedas volver del campamento de los enemi os a to casa! ya que tu $nimo lo incita a ir a las naves contra mi deseo& Kue2 a, pues, al Cronión Cdeo, el dios de las sombrías nubes que desde lo alto contempla a (roya entera, y pídele que ha a aparecer a tu derecha su velo" mensajera, el ave que le es m$s querida y cuya fuer"a es inmensa, para que, en viéndola con tus propios ojos, vayas, alentado por el a Aero, a las naves de los d$naos, de r$pidos corceles& H si el lar ovidente /eus no te enviase su mensajera, yo no te aconsejaría que fueras a las naves de los ar ivos por mucho que lo desees& ;EE Kespondióle 1ríamo, semejante a un dios7 =II 29.h mujer: ,o dejaré de hacer lo que me recomiendas& +ueno es levantar las manos a /eus, para que de nosotros se apiade& =I; Dijo así el anciano, y mandó a la esclava despensera que le diese a ua limpia a las manos& 1resentóse la cautiva con una fuente y un jarro& H 1ríamo, así que se hubo lavado,

recibió la copa de manos de su esposa! oró, de pie, en medio del patio! libó el vino, al"ando los ojos al cielo, y pronunció estas palabras7 =I3 291adre /eus, que reinas desde el Cda, loriosísimo, m$Gimo: Concédeme que al lle ar a la tienda de Aquiles le sea yo rato y de mí se apiade! y ha" que apare"ca a mi derecha to velo" mensajera, el ave que to es m$s querida y cuya fuer"a es inmensa, para que después de verla con mis propios ojos vaya, alentado por el a Aero, a las naves de los d$naos, de r$pidos corceles& =0B Así dijo ro ando& .yóle el próvido /eus, y al momento envió la mejor de las aves a oreras, un $ uila rapa" de color obscuro, conocida con el nombre de percnón& Cuanta anchura suele tener en la casa de un rico la puerta de la c$mara de alto techo, bien adaptada al marco y ase urada por un cerrojo, tanto espacio ocupaba con sus alas, desde el uno al otro eGtremo, el $ uila que apareció volando a la derecha por cima de la ciudad& A0 verla, todos se ale raron y la confian"a renació en sus pechos& =;; 'l anciano subió presuroso al carro y to uió a la calle, pasando por el vestíbulo y el pórtico sonoro& Cban delante las mulas que tiraban del carro de cuatro ruedas, y eran obernadas por el prudente Cdeo! se uían los caballos que el viejo a uijaba con el l$ti o para que atravesaran prestamente la ciudad! y todos los ami os acompa*aban al rey, derramando abundantes l$ rimas, como si a la muerte caminara& Cuando hubieron bajado de la ciudad al campo, hijos y yernos re resaron a Clio& Fas, al atravesar 1ríamo y el heraldo la Clanura, no dejó de advertirlo el lar ovidente /eus, que vio al anciano y se compadeció de él& H, llamando en se uida a su hijo %ermes, le habló diciendo7 ==B 29%ermes: 1uesto que te es rato acompa*ar a los hombres y oyes las s#plicas del que quieres, anda, ve y conduce a 1ríamo a las cóncavas naves aqueas, de suerte que nin #n d$nao le vea ni le descubra hasta que haya lle ado a la tienda del 1elida& ==E Así habló& 'l mensajero Ar icida no fue desobediente7 cal"óse al instante los $ureos divinos talares que le llevaban sobre el mar y la tierra inmensa con la rapide" del viento, y tomó la vara con la cual adormece los ojos de cuantos quiere o despierta a los que duermen& )lev$ndola en la mano, el poderoso Ar icida emprendió el vuelo, lle ó muy pronto a (roya y al %elesponto, y echó a andar, transfi urado en un joven príncipe a quien comien"a a salir el bo"o y est$ raciosísimo en la flor de la juventud& =BE Cuando 1ríamo y el heraldo lle aron m$s all$ del ran t#mulo de Clo, detuvieron las mulas y los caballos para que bebiesen en el río& Ha se iba haciendo noche sobre la tierra& Advirtió el heraldo la presencia de %ermes, que estaba junto a él, y hablando a 1ríamo dijo7 =DB 2Atiende, Dard$nida, pues el lance que se presenta requiere prudencia& Jeo a un hombre y me fi uro que al punto nos ha de matar& 'a, huyamos en el carro, o supliqué2 mosle, abra"ando sus rodillas, para ver si se compadece de nosotros& =Dd Así dijo& (urbósele al anciano la ra"ón, sintió un ran terror, se le eri"ó el pelo en los fleGibles miembros y quedó estupefacto& 'ntonces el benéfico %ermes se lle ó al viejo, tomóle por la mano y le interro ó diciendo7 =<; 24Adónde, padre mío, diri es estos caballos y mulas durante la noche divina, mientras duermen los dem$s mortales5 4,o temes a los aqueos, que respiran valor, los cuales to son malévolos y enemi os y se hallan cerca de nosotros5 @i al uno de ellos to viera conducir tantas rique"as en& esta obscura y r$pida noche, 4qué resolución tomarías5 (# no eres joven, éste que te acompa*a es también anciano, y no podríais recha"ar a quien os ultrajara& 1ero yo no te causaré nin #n da*o y, adem$s, te defendería de cual2 quier hombre, porque te encuentro semejante a mi querido padre& =8; Kespondióle el anciano 1ríamo, semejante a un dios7

=8= 2Así es, como dices, hijo querido& 1ero al una deidad eGtiende la mano sobre mí, cuando me hace salir al encuentro un caminante de tan favorable au urio como t#, que tienes cuerpo y aspecto di nos de admiración y espíritu prudente, y naciste de padres felices& =83 Díjole a su ve" el mensajero Ar icida7 =8E 2@í, anciano, oportuno es cuanto acabas de decir& 1ero, ea, habla y dime con sinceridad7 4mandas a ente eGtra*a tantas y tan preciosas rique"as a fin de ponerlas en cobro! o ya todos abandon$is, amedrentados, la sa rada Clio, por haber muerto el varón m$s fuerte, to hijo, que a nin uno de los aqueos cedía en el combate5 =3< Contestóle el anciano 1ríamo, semejante a un dios7 =38 24Muién eres, hombre eGcelente, y cu$les los padres de que naciste, que con tanta oportunidad has mencionado la muerte de mi hijo infeli"5 =3E Keplicó el mensajero Ar icida7 =EI 2Fe quieres probar, oh anciano, y por eso me hablas del divino %éctor& Fuchas veces le vieron estos ojos en la batalla, donde los varones se hacen ilustres, y también cuando lle ó a las naves matando ar ivos, a quienes hería con el a udo bronce& ,osotros le admir$bamos sin movernos, porque Aquiles estaba irritado contra el Atrida y no nos dejaba pelear& 1ues yo soy servidor de Aquiles, con quien vine en la misma nave bien construida! desciendo de mirmidones y ten o por padre a 1olíctor, que es rico y anciano como t#& @oy el m$s joven de sus siete hijos y, como lo decidiéramos por suerte, tocóme a mí acompa*ar al héroe& H ahora he venido de las naves a la llanura, porque ma*ana los aqueos, de ojos vivos, presentar$n batalla en los contornos de la ciudad7 se aburren de estar ociosos, y los reyes aqueos no pueden contener su impaciencia por entrar en combate& BID Kespondióle el anciano 1ríamo, semejante a un dios7 BI< 2@i eres servidor del 1elida Aquiles, ea, dime toda la verdad7 4mi hijo yace a#n cerca de las naves, o Aquiles lo ha desmembrado y entre ado a sus perros5 B0I Contestóle el mensajero Ar icida7 B00 29.h anciano: ,i los perros ni las aves lo han devorado, y todavía yace junto a la nave de Aquiles, dentro de la tienda& Doce días lleva de estar tendido, y ni el cuerpo se pudre, ni lo comen los usanos que devoran a los hombres muertos en la uerra& Cuando apunta la divinal aurora, Aquiles lo arrastra sin piedad alrededor del t#mulo de su compa2 *ero querido! pero ni aun así lo desfi ura, y t# mismo, si a él te acercaras, lo admirarías de ver cu$n fresco est$7 la san re le ha sido lavada, no presenta mancha al una, y cuantas heridas recibió 2pues fueron muchos los que le envasaron el bronce2 todas se han cerrado& De tal modo los bienaventurados dioses cuidan de to buen hijo, aun después de muerto, porque era muy caro a su cora"ón& B;B Así habló& Ale róse el anciano, y respondió diciendo7 B;D 29.h hijo: +ueno es ofrecer a los inmortales los debidos dones& jam$s mi hijo, si no ha sido un sue*o que haya eGistido, olvidó en el palacio a los dioses que moran en el .limpo, y por esto se acordaron de él en el fatal trance de la muerte& Fas, ea, recibe de mis manos esta linda copa, para que la uardes, y uíame con el favor de los dioses hasta que lle ue a la tienda del 1elida& B=; Díjole a su ve" el mensajero Ar icida7 B== 2Muieres tentarme, anciano, porque soy m$s joven! pero no me persuadir$s con tus rue os a que acepte el re alo sin saberlo Aquiles& )e temo y me da mucho miedo de2 fraudarle7 no fuera que después se me si uiese al #n da*o& 1ero te acompa*aría cuidadosamente en una velera nave o a pie, aunque fuera hasta la famosa Ar os, y nadie osaría acometerte, despreciando al uía&

BBI Dijo! y, subiendo el benéfico %ermes al carro, reco ió al instante el l$ti o y las riendas a infundió ran vi or a los corceles y mulas& Cuando lle aron al foso y a las torres que prote ían las naves, los centinelas comen"aban a preparar la cena, y el mensajero Ar icida los adormeció a todos! en se uida abrió la puerta, descorriendo los cerrojos, a introdujo a 1ríamo y el carro que llevaba los espléndidos re alos& )le aron, por fin, a la elevada tienda que los mirmidones habían construido para el rey con troncos de abeto, cubriéndola con un techo inclinado de frondosas ca*as que cortaron en la pradera! rode$bala una ran cerca de muchas estacas y tenía la puerta ase urada por una barra de abeto que quitaban o ponían tres aqueos juntos, y sólo Aquiles la descorna sin ayuda& 'ntonces el benéfico %ermes abrió la puerta a introdujo al anciano y los presentes para el 1elida, el de los pies li eros& H ape$ndose del carro, dijo a 1ríamo7 B<I 29.h anciano: Ho soy un dios inmortal, soy %ermes! y mi padre me envió para que fuese tu uía& Fe vuelvo antes de lle ar a la presencia de Aquiles, pues sería indecoroso que un dios inmortal se tomara p#blicamente tanto interés por los mortales& 'ntra t#, abra"a las rodillas del 1elida y suplícale por su padre, por su madre de hermosa cabellera y por su hijo, para que conmuevas su cora"ón& B<3 Cuando esto hubo dicho, %ermes se encaminó al vasto .limpo& 1ríamo saltó del carro a tierra, dejó a Cdeo con el fin de que cuidase de los caballos y mulas, y fue derecho a la tienda en que moraba Aquiles, caro a /eus& %allóle dentro y sus ami os estaban sentados aparte! sólo dos de ellos, el héroe Automedonte y Tlcimo, v$sta o de Ares, le servían, pues acababa de cenar! y, si bien ya no comía ni bebía, aun la mesa continuaba puesta& 'l ran 1ríamo entró sin ser visto, acercóse a Aquiles, abra"óle las rodillas y besó aquellas manos terribles, homicidas, que habían dado muerte a tantos hijos suyos& Como quedan atónitos los que, hall$ndose en la casa de un rico, ven lle ar a un hombre que, poseído de la cruel .fuscación, mató en su patria a otro varón y ha emi rado a país eGtra*o, de i ual manera asombróse Aquiles de ver al deiforme 1ríamo! y los dem$s se sorprendieron también y se miraron unos a otros& H 1ríamo suplicó a Aquiles, diri iéndole estas palabras7 B3< Acuérdate de tu padre, Aquiles, semejante a los dioses, que tiene la misma edad que yo y ha lle ado al funesto umbral de la veje"& Mui"$ los vecinos circunstantes le oprimen y no hay quien te salve del infortunio y de la ruina! pero al menos aquél, sabiendo que t# vives, se ale ra en su cora"ón y espera de día en día que ha de ver a su hijo, lle ado de (roya& Fas yo, desdichadísimo, después que en endré hijos eGcelentes en la espaciosa (roya, puedo decir que de ellos nin uno me queda& Cincuenta tenía cuando vinieron los aqueos7 die" y nueve procedían de un solo vientre! a los restantes diferentes mujeres los dieron a lu" en el palacio& A los m$s el furibundo Ares les quebró las rodillas! y el que era #nico para mí, pues defendía la ciudad y sus habitantes, a ése t# to mataste poco ha, mientras combatía por la patria, a %éctor, por quien ven o ahora a las naves de los aqueos, a fin de redimirlo de ti, y trai o un inmenso rescate& 1ero, respeta a los dioses, Aquiles, y api$date de mí, acord$ndote de to padre! que yo soy todavía m$s di no de piedad, puesto que me atreví a lo que nin #n otro mortal de la tierra7 a llevar a mi boca la mano del hombre matador de mis hijos& DI8 Así habló& A Aquiles le vino deseo de llorar por su padre! y, asiendo de la mano a 1ríamo, apartóle suavemente& 'ntre ados uno y otro a los recuerdos, 1ríamo, caído a los pies de Aquiles, lloraba copiosamente por %éctor, matador de hombres! y Aquiles lloraba unas veces a su padre y otras a 1atroclo! y el emir de entrambos se al"aba en la tienda& Fas así que el divino Aquiles se hartó de llanto y el deseo de sollo"ar cesó en su alma y en sus miembros, al"óse de la silla, tomó por la mano al viejo para que se levantara, y, mirando compasivo su blanca cabe"a y su blanca barba, díjole estas aladas palabras7

D03 29Ah, infeli": Fuchos son los infortunios que tu $nimo ha soportado& 4Cómo osaste venir solo a las naves de los aqueos, a los ojos del hombre que te mató tantos y tan valientes hijos5 De hierro tienes el cora"ón& Fas, ea, toma asiento en esta silla! y, aunque los dos estamos afli idos, dejemos reposar en el alma las penas, pues el triste llanto para nada aprovecha& )os dioses destinaron a los míseros mortales a vivir en la triste"a, y sólo ellos est$n descuitados& 'n los umbrales del palacio de /eus hay dos toneles de dones que el dios reparte7 en el uno est$n los males y en el otro los bienes& Aquél a quien /eus, que se complace en lan"ar rayos, se los da me"clados, unas veces topa con la desdicha y otras con la buena ventura! pero el que tan sólo recibe penas vive con afrenta, una ran hambre le persi ue sobre la divina tierra y va de un lado para otro sin ser honrado ni por los dioses ni por los hombres& Así las deidades hicieron a 1eleo claros dones desde su nacimiento7 aventajaba a los dem$s hombres en felicidad y rique"a, reinaba sobre los mirmidones, y, siendo mortal, le dieron por mujer una diosa& 1ero también la divinidad le impuso un mal7 que no tuviese hijos que reinaran lue o en el palacio& (an sólo en endró uno, a mí, cuya vida ha de ser breve! y no le cuido en su veje", porque permane"co en (roya, muy lejos de la patria, para contristarte a ti y a tus hijos& H dicen que también t#, oh anciano, fuiste dichoso en otro tiempo! y que en el espacio que comprende )esbos, donde reinó F$car, y m$s arriba la >ri ia hasta el %elesponto inmenso, descollabas entre todos por tu rique"a y por to prole& Fas, desde que los dioses celestiales to trajeron esta pla a, sucédense alrededor de la ciudad las batallas y las matan"as de hombres& @#frelo resi nado y no dejes que de to cora"ón se apodere incesante pesar, pues nada conse uir$s afli iéndote por to hijo, ni lo rar$s que se levante, antes tendr$s que padecer un nuevo mal& DD; Kespondió en se uida el anciano 1ríamo, semejante a un dios7 DD= 2,o me ha as sentar en esta silla, alumno de /eus, mientras %éctor yace insepulto en la tienda& 'ntré amelo cuanto antes para que lo contemple con mis ojos, y t# recibe el cuantioso rescate que te traemos& .jal$ puedas disfrutar de él y volver al patrio suelo, ya que ahora me has dejado vivir y ver la lu" del sol& DDE Fir$ndole con torva fa", le dijo Aquiles, el de los pies li eros7 D<o 29,o me irrites m$s, oh anciano: (en o acordado entre arte a %éctor, pues para ello /eus me envió como mensajera la madre que me dio a lu", la hija del anciano del mar& Comprendo también, oh 1ríamo, y no se me oculta, que un dios te trajo a las veleras naves de los aqueos! porque nin #n mortal, aunque estuviese en la flor de la juventud, se atrevería a venir al ejército, ni entraría sin ser visto por los centinelas, ni desatrancana con facilidad nuestras puertas& Absténte, pues, de eGacerbar los dolores de mi cora"ón! no sea que a ti, oh anciano, no to respete en mi tienda, aunque siendo mi suplicante, y viole las órdenes de /eus& D80 Así dijo& 'l anciano sintió temor y obedeció el mandato& 'l 1elida, saltando como un león, salió de la tienda, y no se fue solo, pues le si uieron dos de sus servidores7 el héroe Automedonte y Tlcimo, que eran los compa*eros a quienes m$s apreciaba desde que había muerto 1atroclo& 'n se uida desen ancharon caballos y mulas, introdujeron el heraldo, vocero del anciano, haciéndole sentar en una silla, y quitaron del lustroso carro los inmensos rescates de la cabe"a de %éctor& (an sólo dejaron dos mantos y una t#nica bien tejida, para envolver el cad$ver antes que lo entre ara para que lo llevasen a casa& Aquiles llamó entonces a las esclavas y les mandó que lo lavaran y un ieran, traslad$ndolo a otra parte para que 1ríamo no viese a su hijo! no fuera que, afli iéndose al verlo, no pudiese reprimir la cólera en su pecho a irritase el cora"ón de Aquiles, y éste lo matara, quebrantando las órdenes de /eus& )avado ya y un ido con aceite, las esclavas lo cubrieron con la t#nica y el hermoso palio, después el mismo Aquiles lo levantó y

colocó en un lecho, y por fin los compa*eros lo subieron al lustroso carro& H el héroe suspiró y dijo, nombrando a su ami o7 DE; 2,o te enojes conmi o, oh 1atroclo, si en el %ades te enteras de que he entre ado el divino %éctor a su padre! pues me ha traído un rescate di no, y de él te dedicaré la debida parte& DE< %abló así el divino Aquiles y volvió a la tienda& @entóse en la silla, labrada con mucho arte, de que antes se había levantado y que se hallaba adosada al muro, y en se uida diri ió a 1ríamo estas palabras7 DEE 2(u hijo, oh anciano, rescatado est$, como pedías7 yace en un lecho, y al despuntar la aurora podr$s verlo y llev$rtelo& Ahora pensemos en cenar, pues hasta ,íobe, la de hermosas tren"as, se acordó de tomar alimento cuando en el palacio murieron sus dos v$sta os7 seis hijas y seis hijos florecientes& A éstos Apolo, airado contra ,íobe, los mató disparando el arco de plata! a aquéllas dioles muerte Trtemis, que se complace en tirar flechas! porque la madre osaba compararse con )eto, la de hermosas mejillas, y decía que ésta sólo había dado a lu" dos hijos, y ella había tenido muchos! y los de la diosa, no siendo m$s que dos, acabaron con todos los de ,íobe& ,ueve días permanecieron tendidos en su san re, y no hubo quien los enterrara porque el Cronión a la ente la había vuelto de piedra! pero, al lle ar el décimo, los dioses celestiales los sepultaron& H ,íobe, cuando se hubo cansado de llorar, pensó en el alimento& %$llase actualmente en las rocas de los montes yermos de @ípilo, donde, se #n dice, est$n las rutas de las ninfas que bailan junto al Aqueloo, y aunque convertida en piedra, devora a#n los dolores que las deidades le causaron& Fas, ea, divino anciano, cuidemos también nosotros de comer, y m$s tarde, cuando hayas transportado el hijo a Clio, podr$s hacer llanto sobre el mismo, y ser$ por ti muy llorado& <;< 'n diciendo esto, el velo" Aquiles levantóse y de olló una blanca oveja! sus compa*eros la desollaron y prepararon bien como era debido! la descuarti"aron con arte, y, co iendo con pinchos los peda"os, los asaron cuidadosamente y los retiraron del fue o& Automedonte repartió pan en hermosas cestas, y Aquiles distribuyó la carne& 'llos alar aron la diestra a los manjares que tenían delante! y, cuando hubieron satisfecho el deseo de comer y de beber, 1ríamo Dard$nida admiró la estatura y el aspecto de Aquiles, pues el héroe parecía un dios! y, a su ve", Aquiles admiró a 1ríamo Dard$nida, con2 templando su noble rostro y escuchando sus palabras& H, cuando se hubieron deleitado, mir$ndose el uno al otro, el anciano 1ríamo, semejante a un dios, dijo el primero7 <=D 2F$ndame ahora, sin tardan"a, a la cama, oh alumno de /eus, para que, acost$ndonos, ocemos del dulce sue*o& Fis ojos no se han cerrado desde que mi hijo murió a tus manos, pues continuamente imo y devoro innumerables con ojas, revolc$ndome por el estiércol en el recinto del patio& Ahora he probado la comida y rociado con el ne ro vino la ar anta, pues desde entonces nada había probado& <B= Dijo& Aquiles mandó a sus compa*eros y a las esclavas que pusieran camas debajo del pórtico, las proveyesen de hermosos cobertores de p#rpura, eGtendiesen sobre ellos tapetes y dejasen encima afelpadas t#nicas para abri arse& )as esclavas salieron de la tienda llevando antorchas en sus manos, y adere"aron dili entemente dos lechos& H Aquiles, el de los pies li eros, chance$ndose, dijo a 1ríamo7 <DI 2Acuéstate fuera de la tienda, anciano querido! no sea que al uno de los caudillos aqueos ven a, como suelen, a consultarme sobre sus proyectos! si al uno de ellos lo viera durante la velo" y obscura noche, podría decirlo en se uida a A amenón, pastor de pueblos, y qui"$s se diferina la entre a del cad$ver& Fas, ea, habla y dime con sinceridad durante cu$ntos días quieres hacer honras al divino %éctor, para, mientras tanto, permanecer yo mismo quieto y contener el ejército&

<DE Kespondióle en se uida el anciano 1ríamo, semejante a un dios7 <<I 2@i quieres que yo pueda celebrar los funerales del divino %éctor, haciendo lo que voy a decirte, oh Aquiles, me dejarías complacido& Ha sabes que vivimos encerrados en la ciudad! y la le*a hay que traerla de lejos, del monte, y los troyanos tienen mucho miedo& Durante nueve días to lloraremos en el palacio, el décimo to sepultaremos y el pueblo celebrar$ el banquete f#nebre, el undécimo le eri iremos un t#mulo y el duodécimo volveremos a pelear, si necesario fuere& <<3 Contestóle el divino Aquiles, el de los pies li eros7 <<E 2@e har$ como dispones, anciano 1ríamo, y suspenderé la uerra tanto tiempo como me pides& <80 Así, pues, diciendo, estrechó por el pu*o la diestra del anciano para que no sintiera en su alma temor al uno& 'l heraldo y 1ríamo, prudentes ambos, se acostaron, a00í en el vestíbulo de la mansión& Aquiles durmió en el interior de la tienda, sólidamente construida, y a su lado descansó +riseide, la de hermosas mejillas& <88 )as dem$s deidades y los hombres que combaten en carros durmieron toda la noche, vencidos del dulce sue*o! pero éste no se apoderó del benéfico %ermes, que meditaba cómo sacaría del recinto de las naves al rey 1ríamo sin que lo advirtiesen los sa rados uardianes de las puertas& ', inclin$ndose sobre la cabe"a del rey, así le dijo7 <3= 29.h anciano: ,o te inquieta el peli ro cuando duermes así, en medio de los enemi os, después que Aquiles te ha respetado& Acabas de rescatar a tu hijo, dando muchos presentes! pero los otros hijos que a00$ se quedaron tendrían que dar tres veces m$s para redimirte vivo, si lle aran a descubrirte A amenón Atrida y los aqueos todos& <3E Así dijo& 'l anciano sintió temor y despertó al heraldo& %ermes unció caballos y mulas, y acto continuo los uió por entre el ejército sin que nadie to advirtiera& <E; Fas, al llé ar al vado del vorraa inoso Lanto, río de hermosa corriente que el inmortal /eus había en rendrado, %ermes se fue al vasto .limpo& )a Aurora de a"afranado velo se esparcía por toda la tierra, cuando ellos, imiendo y lament$ndose, uiaban los corceles hacia la ciudad, y les se uían las mulas con el cad$ver& ,in #n hombre ni mujer de hermosa cintura los vio lle ar antes que Casandra, semejante a la $urea Afrodita! pues, subiendo a 1ér amo, distin uió el carro y en él a su padre y al heraldo, pre onero de la ciudad, y vio detr$s a %éctor, tendido en un lecho que las mulas conducían& 'n se uida prorrumpió en sollo"os y fue clamando por toda la ciudad7 8IB 2Jenid a ver a %éctor, troyanos y troyanas, si otras veces os ale rasteis de que volviese vivo del combate! pues era el re ocijo de la ciudad y de todo el pueblo& 8I8 Así dijo, y nin #n hombre ni mujer se quedó allí, en la ciudad& (odos sintieron intolerable con oja y fueron a juntarse cerca de las puertas con el que les traía el cad$ver& )a esposa querida y la veneranda madre, ech$ndose las primeras sobre el carro de hermosas ruedas y tocando con sus manos la cabe"a de %éctor, se arrancaban los cabellos! y la turba las rodeaba llorando& H hubieran permanecido delante de las puertas todo el día, hasta la puesta del sol, derramando l$ rimas por %ector, si el anciano no les hubiese dicho desde el carro7 80< 2%aceos a un lado para que yo pase con las mulas! y, una ve" to haya conducido al palacio, os hartaréis de llanto& 803 Así habló! y ellos, apart$ndose, dejaron que pasara el carro& Dentro ya del ma nífico palacio, pusieron el cad$ver en torneado lecho a hicieron sentar a su alrededor cantores que preludiaban el treno7 éstos cantaban dolientes querellas, y las mujeres respondían con emidos& H en medio de ellas Andrómaca, la de níveos bra"os, que sostenía con las manos la cabe"a de %éctor, matador de hombres, dio comien"o a las lamentaciones eGclamando7

8;D 29Farido: @aliste de la vida cuando a#n eras joven, y me dejas viuda en el palacio& 'l hijo que nosotros 9infelices: hemos en endrado es todavía infante y no creo que lle ue a la mocedad! antes ser$ la ciudad arruinada desde su cumbre, porque has muerto t# que eras su defensor, el que la salvaba, el que prote ía a las venerables matronas y a los tiernos infantes& 1ronto se las llevar$n en las cóncavas naves y a mí con ellas& H t#, hijo mío, o me se uir$s y tendr$s que ocuparte en oficios viles, trabajando en provecho de un amo cruel! o al #n aqueo to co er$ de la mano y to arrojar$ de lo alto de una torre, 9muerte horrenda:, irritado porque %éctor le matara el hermano, el padre o el hijo! pues muchos aqueos mordieron la vasta tierra a manos de %éctor& ,o era blando tu padre en la funesta batalla, y por esto le lloran todos en la ciudad& 9.h %éctor: %as causado a tus padres llanto y dolor indecibles, pero a mí me a uardan las penas m$s raves& ,i siquiera pudiste, antes de morir, tenderme los bra"os desde el lecho, ni hacerme saludables advertencias que hubiera recordado siempre, de noche y de día, con l$ rimas en los ojos& 8B< Así dijo llorando, y las mujeres imieron& H entre ellas, %écuba empe"ó a su ve" el funeral lamento7 8B3 29%éctor, el hijo m$s amado de mi cora"ón: ,o puede dudarse de que en vida fueras caro a los dioses, pues no se olvidaron de ti en el fatal trance de la muerte& Aquiles, el de los pies li eros, a los dem$s hijos míos que lo ró co er vendiólos al otro lado del mar estéril, en @amos, Cmbros o )emnos, de escarpada costa! a ti, después de arrancarte el alma con el bronce de lar a punta, lo arrastraba muchas veces en torno del sepulcro de su compa*ero 1atroclo, a quien mataste, mas no por esto resucitó a su ami o& H ahora yaces en el palacio, tan fresco como si acabaras de morir y semejante al que Apolo, el del ar énteo arco, mata con sus suaves flechas& 8<I Así habló, derramando l$ rimas, y eGcitó en todos vehemente llanto& H %elena fue la tercera en dar principio al funeral lamento7 8<; 29%éctor, el cu*ado m$s querido de mi cora"ón: Fi marido, el deiforme Alejandro, me trajo a (roya, 9ojal$ me hubiera muerto antes:! y en los veinte a*os que van transcurridos desde que vine y abandoné la patria, jam$s he oído de to boca una palabra ofensiva o rosera! y si en el palacio me increpaba al uno de los cu*ados, de las cu*adas o de las esposas de aquéllos, o la sue ra 2pues el sue ro fue siempre cari*oso como un padre2, contenías su enojo aquiet$ndolos con tu afabilidad y tus suaves palabras& Con el cora"ón afli ido lloro a la ve" por ti y por mí, des raciada! que ya no habr$ en la vasta (roya quien me sea benévolo ni ami o, pues todos me detestan& 88< Así dijo llorando, y la inmensa muchedumbre prorrumpió en emidos& H el anciamo 1ríamo dijo al pueblo7 883 2Ahora, troyanos, traed le*a a la ciudad y no tem$is nin una emboscada por parte de los ar ivos! pues Aquiles, al despedirme en las ne ras naves, me prometió no causar2 nos da*o hasta que lle ue la duodécima aurora& 83; Así dijo& 1ronto la ente del pueblo, unciendo a los carros bueyes y mulas, se reunió fuera de la ciudad& 1or espacio de nueve días acarrearon abundante le*a! y, cuando por décima ve" apuntó la aurora, que trae la lu" a los mortales, sacaron llorando el cad$ver del auda" %éctor, lo pusieron en lo alto de la pira y le prendieron fue o& 833 Fas, así que se descubrió la hija de la ma*ana, la Aurora de ros$ceos dedos, con re óse el pueblo en torno de la pira del ilustre %éctor& H cuando todos acudieron y se hubieron reunido, apa aron con ne ro vino la parte de la pira a que la violencia del fue o había alcan"ado! y se uidamente los hermanos y los ami os, imiendo y corriéndoles las l$ rimas por las mejillas, reco ieron los blancos huesos y los colocaron en una urna de oro, envueltos en fino velo de p#rpura& Depositaron la urna en el hoyo, que cubrieron con muchas y randes piedras, y eri ieron el t#mulo& %abían puesto

centinelas por todos lados, para no ser sorprendidos si los aqueos, de hermosas rebas, los acometían& )evantado el t#mulo, volviéronse! y, reunidos después en el palacio del rey 1ríamo, alumno de /eus, celebraron un espléndido banquete f#nebre& 3IB Así hicieron las honras de %éctor, domador de caballos& FIN DE ILÍADA

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