Capítulo VI

Sirenas, Tláloc y peces
n el exconvento de Tepeapulco también podemos encontrar la representación de animales, dioses y seres sobrenaturales acuáticos. Por ejemplo, tenemos la representación de un pez (foto 88) muy parecido a los dibujos de peces que están en el Códice Florentino. Recordemos que cerca de Tepeapulco se encuentra el lago de Tecocomulco, además de otros lagos que se forman en época de lluvias, sobre todo en Apan. Para el siglo XVI, en la región de los Llanos de Apan, la producción del pulque, la ganadería y la pesca eran las principales actividades productivas. También tenemos la figura de un dios acuático y pluvial azteca: Tláloc (foto 89). ¿Que tiene qué hacer un dios pagano azteca dentro de un templo cristiano? Esa pregunta también se ha hecho con las pinturas en el interior de la iglesia de Ixmiquilpan, en donde se ven representaciones de guerreros y dioses como Tezcatlipoca compartiendo con santos católicos. Y la sirena (foto 90) que se encuentra junto con Tláloc y el pez, la única relación existente que los une es el elemento agua. Bien sabemos que el mito de las sirenas tiene un origen grecolatino y que estas leyendas fueron traídas por los soldados y sacerdotes españoles.

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Foto 88. Relieve de un pez. Jardín sur del exconvento.

Foto 89. Relieves de Tláloc, cocodrilo, tortuga y caracol. Jardín sur del exconvento.

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Foto 90. Sirena (relieve). Jardín sur del exconvento.

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Sirenas
El único ser de torso, cabeza y brazos humanos y cola de pez. Así han descrito los testigos a esos minúsculos seres que han llamado sicklonkis o osimonkis, “provenientes del reino de las burbujas”, o los Bubleland o “niños del agua”. La sirena, en el mundo de la mitología y el folklore, es la criatura que habita en el mar. A las sirenas se las describe con frecuencia asomándose a la superficie del agua, o sentadas en una roca, peinándose su largo y rubio cabello con una mano y un espejo en la otra. Tal vez el lector haya visto alguna vez en la prensa algún anuncio ofreciendo una misteriosa sustancia, que al ser vertida en el agua, produce el nacimiento de esos extrañísimos seres. Gustavo E. Plinia, investigador de estos seres, estudió cuidadosamente estas criaturas acuáticas averiguando que proceden del huevo de artemia marina, un pequeño crustáceo de agua salada cuya cría es alimentada después de manera especial y secreta. Se dice que las sirenas se distinguen por su belleza, aunque ésta sea algo fría. Que sus cabellos son largos y rubios, sus ojos grandes y verde o verde azulado, y que tienen los dientes muy blancos; también se afirma que las sirenas-niñas son muy lindas (foto 91). Innumerables son los habitantes de las aguas, especies animales y vegetales aún desconocidas, y lo mismo ocurre con seres feéricos y legendarios. Las sirenas son, entre ellos, los más conocidos. Les siguen en popularidad las ondinas

Foto 91. Sirena.

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y las ninfas. Quizá algunos hayan oído hablar de las mujeres-foca, de las hadas lavanderas o de las náyades. Para los antiguos griegos, las ninfas eran los espíritus elementales del agua. Ellos dieron nombre a todas las razas de ninfas: Oceánidas y Nereidas, para las ninfas marinas, verdaderas antepasadas de las sirenas; Náyades, Creneas y Pegeas, las ninfas de las fuentes; Potamides, las ninfas de los ríos; Limnades, las de los lagos. Oréades, ninfas de las montañas; Napeas y Auloníades, ninfas de los valles; Melíades, ninfas de los prados; Dríades y Hamadríades, ninfas de los bosques; Corícides, ninfas de las cuevas.

El origen de las sirenas
Difícil es dilucidar el verdadero origen de las sirenas. Dejando a un lado a las antiguas sirenas con forma de mujeres-ave, se dice que la primera mujer-pez conocida fue Atargatis, la diosa de la luna, protectora de la fecundidad y el amor. Atargatis, perseguida por Mopsos, se sumergió en el lago Ascalón con su hijo, y se salvó gracias a su cola de pez. Esta leyenda se confunde con la de la diosa siria Derceto, que también se arrojó a las aguas del mismo lago, después de matar a uno de sus sacerdotes y abandonar a la hija de ambos en el desierto. Derceto recibió la cola de pez como símbolo de su pecado, y su hija, criada por las palomas, se convirtió en Semíramis, reina de Babilonia. También puede encontrarse una semejanza con las sirenas en la diosa Afrodita, hija del semen de Zeus convertido en espuma de mar, que fue diosa del amor y protectora de los marinos. Su espejo ha sido heredado por toda la estirpe de sirenas. Para buena parte de los sabios griegos, sin embargo, las sirenas tienen por padre a Aqueloo, un río personificado en figura de hombre con cola de pez. En cuanto a la madre, la confusión crece, pues puede ser la diosa de la memoria o alguna de sus hijas, las musas.

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Quizá las sirenas sean hijas de la elocuencia (foto 92), de la danza (foto 93), de la tragedia (foto 94) o de la música (foto 95). Hasta podrían ser hijas de Ceto, la ballena.

Oceánidas y nereidas
El dios Océano y su hermana Tetis tuvieron trescientas hijas, las oceánidas, que luego se extendieron por todos los mares y los abismos marinos. Una de ellas, Dóride, fue madre de otras cincuenta ninfas de agua, las Nereidas, llamadas así en honor a su padre Nereo, de la raza de los Viejos del Mar, creada también por Océano y Tetis. Las nereidas habitan en el Mar Mediterráneo, y cada una de ellas representa una de las formas de este mar. Por ejemplo, Talía (foto 96) es la sirena verde, y Glaucea, la azul. Dinamenea simboliza el vaivén de las olas, y Cimodaré, la calma. Una de las Nereidas, Anfitrite, fue amante de Poseidón y madre de los Tritones. Las Nereidas protegían a los barcos, y no cantaban para atraer a los marinos, sino para complacer a su padre. Los antiguos describieron a las Nereidas con el cuerpo cubierto de escamas y formas de pez. A partir de aquí, el mito de la Sirena fue creciendo por todo el mundo como las ondas en la superficie calma del agua. Sirenas, canciones y leyendas “Encantan a los mortales que se les acercan. ¡Pero es bien loco el que se detiene para escuchar sus cantos! Nunca volverá a ver a su mujer ni a sus hijos, pues con sus voces de lirio las sirenas lo encantan, mientras que la ribera vecina está llena de osamentas blanqueadas y de restos humanos de carnes corrompidas...” Este texto escrito hace 2,800 años es probablemente el origen de la más antigua y conocida de las leyendas: las sirenas que atraen a los marinos con sus voces mágicas, y hacen encallar los barcos y ahogarse los tripulantes. Homero lo imaginó así, y así nos lo contó en La Odisea. En la mitología griega, las sirenas viven en una isla del Mediterráneo. Su canto es tan bello, que los marinos que las escuchan no pueden resistírseles y arrojan sus naves contra los arrecifes. Los sobrevi-

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Foto 92. Rhetorica, musa de la elocuencia. Fuente: Tarot de la Mantegna, siglo XV, 1488.

Foto 93. Polimnia, musa del canto sagrado y de la danza. Fuente: Tarot de Mantegna, siglo XV, 1488.

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Foto 94. Melpómene, musa de la tragedia. Fuente: Tarot de Mantegna, siglo XV, 1488.

Foto 95. Mvsicha, musa de la música. Fuente: Tarot de Mantegna, siglo XV, 1488.

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vientes son asesinados sin piedad. Cuando Ulises abandona la morada de la hechicera Circe, sabe que debe pasar cerca de la isla de las sirenas. Siguiendo los consejos de la hechicera, el astuto héroe recurre a una estratagema que le permitirá oír y no obstante salvar la nave y a sus compañeros. Tapa los oídos de sus hombres con cera después de haberles pedido ser sólidamente atado al mástil. Así podrá saciar su curiosidad escuchando el canto de las sirenas, sin ceder a su encantamiento. Este canto se revela melodioso y desgarrador, y está colmado de bellas promesas. Ulises les grita a sus compañeros que lo desaten, pero por supuesto éstos permanecen sordos a sus gritos. Finalmente, el barco Foto 96. Talia, musa de la comedia. Fuente: Tarot de Mantegna, siglo XV, 1488. pasa y los héroes escapan al funesto destino de tantos otros marinos. Sin embargo, Ulises no es el único en enfrentar a las sirenas. El poeta mítico Orfeo, que acompaña a Jasón en su búsqueda del vellocino de oro, logra también resistir a su fatal encanto. En el instante en que Jasón y sus hombres, los argonautas, atraídos por las melodiosas voces, cambian de rumbo y se dirigen peligrosamente hacia los arrecifes de la isla, Orfeo toma su lira y entona un canto tan sublime que cubre las melopeas de las sirenas y salva a los marinos de su mortal contemplación. Las ondinas o hadas de los ríos son de una gran belleza y así como ondinas se les denomina a las criaturas femeninas, el término mas-

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culino es Wallanos. Aman y gobiernan el agua y se encuentran en sus profundidades, dirigiendo grupos de minutes, que trabajan continuamente, guiando el agua por su cauce natural y hasta su salida al mar. Las nereidas o hadas del mar para el género femenino y ensines para el masculino, son los que controlan las aguas del mar, sobretodo cuando hay tormentas, ya que sin su trabajo el efecto del agua en las costas sería devastador. Prestan gran ayuda al hombre, sobre todo en alta mar. Permanecen un año en plano físico y 100 años en plano astral. Trabajan en grupos y forman parejas en las que se intercambian poderes.

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