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Cuentos de Terror

Cuentos de Terror

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  • Me parecía que los ruidos se acercaban cada vez más; luego
  • Halston miró a Drogan interrogativamente
  • Drogan se puso rígido. “Esa es una manera injusta y perjudicial de ponerlo”
  • Halston se encogió de hombros
  • Luego había llegado el gato
  • Halston asintió y echó una mirada intencionadamente a su reloj
  • Halston asintió
  • Halston tragó y escuchó un click seco en su garganta. “¿Y el gato volvió?”
  • El viento gimió solitariamente afuera e hizo un extraño ruido ululante en la
  • Lo golpeó con sus puños cerrados y sintió sólo la elástica y blanda flexión de
  • La luna se había ocultado. Faltaba una hora para el amanecer
  • Sus manos no se movían
  • El gato ronroneó en su oído como un trueno
  • Halston le habló
  • El gato lo miró
  • Desapareció
  • El nombre del granjero era Will Reuss
  • Will Reuss miró. Y gritó
  • El gato hizo fuerza para salir y se estiró con una languidez obscena
  • El Zampaespectros
  • -¡Entre!
  • -He caminado a través del bosque que nos separa -de Mayfair
  • -¿Que has atravesado... el Bosque del Diablo... esta noche... y... solo?
  • -Y la noche pasada hubo luna llena... ¡Dios mío!
  • Pero su tono era tan grave como el de un sacerdote cuando replicó:
  • LOS AMADOS MUERTOS
  • H. P. LOVECRAFT & C. M. EDDY
  • H. P. Lovecraft
  • El señor Mayer se volvió hacia ella con cierta brusquedad
  • F I N
  • EL DESCONOCIDO
  • Ambrose Bierce
  • -No son los primeros en explorar esta región -comentó con voz grave
  • Berry Davis
  • -¿Y qué me dice de Berry Davis? Tendría que haberle disparado
  • -Habría sido totalmente innecesario: no podrías haberle matado otra vez
  • John Flanders
  • -¡Miren la ventana! Está abierta. ¡Es de allí de donde ha caído!
  • -De donde ha caído... o de donde ha saltado
  • -¿Vivía en esta casa?
  • -¿Qué estaba haciendo aquí entonces?
  • -Esta casa le pertenecía
  • -¡Tenga su chelín!
  • Es así como White vino a entrar en posesión del libro que buscaba
  • Levantó la cabeza y lanzó un espantoso grito de horror
  • White entonces perdió el conocimiento
  • -¡El diablo! -balbuceó el inspector
  • Suspira y toma la jarra de agua del lavaplatos. La mueve en sus manos. “No
  • Los gatos de Père Lachaise
  • Pierre miró al atigrado gato
  • Pierre detuvo sus pasos: parecía estar reconsiderando la situación
  • L PANTANO DE LA LUNA
  • Drew asintió
  • Drew cerró los ojos. Aborrecía la visión de sus manos
  • Una arruga apareció junto a su boca
  • Stephen King
  • INTRODUCCIÓN
  • La puerta se entreabrió de repente
  • Anthony Reynard extendió una mano y desenganchó la cadena de la puerta
  • Aguardó hasta que Reynard encendiera su cigarrillo y luego le preguntó:
  • Wharton también se levantó
  • Wharton negó con la cabeza
  • Louise miró dudosamente de uno a otro
  • Sólo que esta vez fue Reynard quien lo dijo
  • Reynard le entregó la espátula ciegamente
  • Wharton fijó la vista en un charco de mercurio que destellaba débilmente
  • Pero el suelo era sólido
  • La puerta... ¿dónde estaba la puerta? De repente deseó estar afuera
  • Sería después de medianoche cuando Jeff se despertó
  • Entonces el cuchillo se abatió sobre él
  • Jeff se levantó ahogando un grito de dolor y encendió la lámpara
  • Marie empezó a gimotear
  • -¡Eh! ¿qué pasa aquí?
  • -Es Marie. Está tarumba
  • -Sí. Se ha creído que tenemos la tela y que pensamos largarnos dejándola
  • -Quizá sea fiebre
  • -Échale una mirada -dijo Jeff
  • Mike contempló a Marie. Ella tenía los ojos en blanco y echaba espuma por
  • -Me parece que tienes razón -suspiró Mike-. No es fiebre. ¿Qué hacemos
  • -No sé. Habrá que vigilarla -Jeff se volvió hacia Luis-. Fue una suerte que
  • El indio asintió
  • -Sí. Enferma de la cabeza. Tendremos que llevarla a la choza y atarla al
  • Jeff lanzó un gruñido
  • -Yo curar -dijo-. Muy bueno
  • -¿Qué es eso? ¿Uno de vuestros mejunjes indios?
  • En los opacos ojos de Luis apareció una sombra de reproche
  • -No sabía lo que se hacía. Está mal de la cabeza
  • -Pero ella herirte. Yo no permitir que nadie hacer daño al señor. Tú mi jefe
  • -¿Y Marie?
  • Mike dejó escapar un gruñido
  • -¿Tan mal está?
  • -¿Quieres decir que necesita un médico de la cabeza?
  • -Eso es -suspiró Jeff
  • Mike le miró unos momentos
  • -¿Dejándome a mí solo?
  • -Alguien tiene que quedarse aquí esperando el dinero
  • Jeff miró a su socio entornando los ojos
  • -¿Te fiarías de mí?
  • -Bueno -suspiró Jeff-. Hagámoslo así
  • Pero ¿por qué trajiste a Marie?
  • Jeff se despejó instantáneamente
  • -¿Qué ha pasado? -murmuró
  • Luis se encogió de hombros
  • -Ella estar perfectamente -dijo Luis
  • Jeff se tranquilizó
  • Jeff rompió a sudar
  • -Comprendo. El dinero se fue. El traidor de mi socio se fue. ¿Y Marie?
  • -Ella estar bien. Yo hacer lo que tú querías
  • -¿La llevaste tú solo a Belén?
  • -¿En la jungla? Pero
  • David Langford
  • El médico estuvo de acuerdo
  • A las 10.45 de la mañana siguiente se despertó
  • Cerró el libro convulsivamente. No quería ni oír hablar de ojos
  • EL RECUERDO
  • Henry alzó la arrugada fotografía y la pasó ante los rostros de su pandilla
  • El grupo se alejó remoloneando; dudaban si debían darle a Will un toque
  • Will bajó la vista hacia Biffle y lo sacudió un poco más
  • La jaula de tía Enedina
  • Mis hijos flacos y deJUGUEMOS A LOS VENENOS
  • Cogieron entre todos a Michael y lo empujaron por la ventana
  • Michael cayó desde tres pisos de altura. Michael murió
  • El colapso de Mr. Howard se produjo al día siguiente. Se negó a volver a
  • Donald Bowers se levantó
  • Después volvió a sentarse
  • Mr. Howard elevó las cejas
  • Isabel y Clara abrieron la boca y se volvieron acusadoramente hacia los dos
  • Clara Parris miró los dos pequeños nombres grabados en la acera
  • Mr. Howard salió precipitadamente de la casa
  • Mr. HOWARD - R.I.P
  • EL ANTIMACASAR
  • Mrs. Renner le lanzó una mirada extrañamente velada
  • Lucy elevó las cejas
  • Tampoco escuchó la quejumbrosa protesta del viejo Aaron:
  • Aaron se marchó
  • Desde el interior del establo le llegó la voz quejumbrosa y precavida de
  • Mrs. Renner estaba gimoteando y gritaba frenéticamente:
  • La voz de Stan parecía llena de una serenidad tranquilizadora
  • Stan se inclinó sobre la mujer postrada
  • Lucy se estremeció
  • H. P. LOVECRAFT Y C. M. EDDY JR
  • Vació el vaso de un sorbo y continuó jugando con su sombrero
  • Hizo una dramática pausa y lanzó al aire unos tenues anillos de humo
  • Malcolm Bruce levantó la vista
  • EL CUARTO DE GOMA
  • Luego lo recordó. Hitler averiguó la respuesta. Emery sabía ya qué debía
  • Y la puerta se cerró estruendosamente
  • RAMSEY CAMPBELL
  • LA CABEZA
  • Nadie sabía del zumbido o la luz y Jon nunca lo contó porque era parte del
  • La figura agachada cabeceó
  • Y él habló
  • Jon sacudió la cabeza porfiadamente
  • Pero puedes ser la voz de Dios
  • Entonces Jon sonrió y la respuesta llegó

LA RISA DEL VAMPIRO ROBERT BLOCH El destino nos juega extrañas bromas, ¿no es así?

Hace seis meses yo era un psiquiatra de fama, y en la práctica de mi profesión gozaba de un éxito más que moderado; hoy soy un interno en un sanatorio para enfermos mentales. En mi especialidad como alienista y médico, habla confiado muchas veces a mis pacientes a la misma institución en la que hoy me encuentro confinado, y ahora -¡ironía de las ironías!- soy su hermano en mi desgracia. Y no obstante, en realidad no estoy loco. Me enviaron aquí porque quise decir la verdad, y no era la clase de verdad que los hombres se atreven a revelar o a reconocer. Soy consciente de que mi papel en el asunto me llevó a sufrir una fuerte depresión nerviosa, pero no me afectó demasiado. Mi historia es cierta; lo juro -pero ellos no me creyeron. Naturalmente, no tenía pruebas suficientes que ofrecer; no he visto al Profesor Chaupin desde aquella noche repleta de acontecimientos del pasado Agosto, y mis subsiguientes investigaciones fallaron al acreditar su pretensión a un puesto en Newberry College: Esto, no obstante, sólo atestigua la validez de mi declaración; una declaración que me envió a este vergonzoso confinamiento, a una muerte en vida que aborrezco. Hay otra prueba concreta que podría dar si me atreviera, pero sería demasiado horrible. No debo conducirles al mismo lugar de aquel cementerio desconocido, indicarles el pasadizo que se abre bajo aquella tumba. Es mejor que sufra solo, que el mundo se ahorre el conocimiento que destruye la cordura. Con todo, es difícil para mi vivir así, y a la monotonía de mis días se añade el tormento sin fin de mis sueños nocturnos. Es por esto que he decidido escribir este relato. Quizás el desarrollo de mi historia servirá de algun modo a aliviar el difícil peso de mis recuerdos. El asunto empezó un día del pasado Agosto en mi oficina de la ciudad. Aquella mañana había sido una aburrida espera, y la larga y cálida tarde llegaba a su fin cuando la enfermera hizo entrar al primer paciente. Era un caballero que venía a verme por primera vez; un hombre que se presentó como el Profesor Alexander Chaupin, de Newberry College. Hablaba de una forma sibilante, con un peculiar acento extranjero que me hizo presumir que no era natural de este país. Le invité a que se sentara y procuré estudiarlo rápidamente mientras aceptaba mi invitación. Era alto y delgado. El cabello comenzaba a blanquear, tirando a platino, aunque por su aspecto general aparentaba tener unos cuarenta años. Sus ojos verdes, vacilantes, se hundían bajo una pálida frente protuberante, bajo unas cejas largas y oscuras. La nariz era ancha, con sensuales ventanillas, pero sus labios eran delgados, un contraste físico que en seguida llamó mi atención. Las huesudas manos que descansaban sobre la mesa eran extraordinariamente pequeñas, con largos dedos rematados por uñas afiladas, y pensé que se dedicaba a trabajos de consulta y al estudio. Su postura flexible era como la de una pantera en reposo; tenía la desenvoltura de un aventurero y los modales

refinados. A la luz del sol pude observar su rostro, y vi que todo su semblante estaba cubierto con una red de finas arrugas. También noté la extraña palidez de su piel, que indicaba alguna afección dermatológica. Pero lo más extraño de él era su modo de vestir. La ropa, evidentemente nueva, era incongruente en dos aspectos: demasiado elegante para presentarse a aquella hora y además, no parecía hecha para él. Su traje era curiosamente holgado, los pantalones grises a rayas le pendían, y la chaqueta parecía desplomarse sobre su cuerpo. Había barro seco en sus zapatos de cuero y no llevaba sombrero. Sin duda, era un tipo excéntrico, quizás, un esquizofrénico, con tendencia a la hipocondría. Me preparé para hacerle las preguntas de rutina, pero en seguida me interrumpió. Me dijo que era un hombre de negocios, y que me iba a informar al instante de sus dificultades, sin necesidad de preliminares o presentaciones. Se acomodó en el sillón, donde la luz del sol se diluía en sombras, se aclaró la garganta y empezó. Dijo que estaba preocupado por ciertas cosas que había leido y oído; le proporcionaban extraños sueños, y a menudo le procuraban periodos de incontrolable melancolía. Esto interfería en su trabajo, y por consiguiente no podía hacer nada, pues sus obsesiones estaban fundadas en la realidad. Finalmente había decidido venir a verme para hacer un análisis de sus dificultades. Le pedí que me contara sus sueños e imaginaciones, esperando oír una de las usuales descripciones del dispéptico. Mi suposición, sin embargo, demostró ser funestamente incorrecta. El sueño más corriente sucedía en lo que llamaré el Cementerio de la Misericordia, por razones que pronto se sabrán. Este se hallaba en un antiguo lugar, grande y medio abandonado en la parte más vieja de la ciudad, que había sido próspera a Últimos del pasado siglo. El lugar exacto de sus visiones nocturnas era dentro y en los alrededores de cierta bóveda recluida, situada en la parte más arcaica y derruida del cementerio, y los incidentes del sueño siempre sucedían de noche, bajo una pálida y sepulcral luna. Fantásticas visiones parecían acariciar lúgubremente el paisaje nocturno, y habló vagamente de voces que oía a medias que le instaban a avanzar hasta que se encontraba en el paseo de grava que conducía a las puertas de la tumba. Por lo general, sus sueños empezaban de esta manera, en medio de un sueño tranquilo. De pronto, se hallaba caminando por la noche por un sendero bordeado de árboles y entraba en esta tumba desatando las cadenas enmohecidas que cerraban sus puertas. Una vez dentro, no hallaba dificultad en conducir sus pasos por la oscuridad, sino que con misteriosa familiaridad se dirigía directamente a cierto nicho que estaba entre los ataudes. Entonces, se arrodillaba y apretaba un pequeño y escondido resorte o palanca entre las desmenuzadas piedras del suelo. Un pivote mostrándole una pequeña entrada que conducía a una caverna que se hallaba empotrada abajo. Al llegar aquí habló del húmedo salitre que emanaba de este pasadizo y de los peculiares olores nauseabundos que salían de la profunda oscuridad. No obstante, en sus

sueños no se sentía repelido, sino que entraba rápidamente en la misma y después descendía por una serie de interminables y largas escaleras cortadas en la piedra y la tierra, y bruscamente se encontraba en el fondo. Luego empezaba otro largo viaje a través de laberintos y bóvedas sepulcrales. Sucesivamente, vagaba por cavas y criptas, túneles y horadados fosos abismales, todos envueltos en la negrura de la noche inmemorable. Al llegar aquí se detuvo en su narración, y su voz se redujo a un estridente y excitado susurro. El horror venía siempre después. Se encontraba en una sucesión de cámaras oscuramente iluminadas, y mientras permanecía encubierto en las sombras, veía cosas. Estos eran los moradores de la cueva de abajo; los lívidos engendros que hacían presa en la muerte: éste era su botín. Habitaban en cavernas oscuras construidas con huesos humanos y adoraban los dioses primitivos ante altares en forma de cráneo. Había galerías que condudan a las tumbas y fosos aún más hondos en donde estaban al acecho de sus presas vivas. Estos eran los espantosos seres nocturnos que contemplaba en sus sueños: eran los vampiros. Debió haber visto la expresión de mi cara, pero no titubeó. Su voz, mientras continuaba, se hacía más tensa. No tenía intención de describir esos monstruos, excepto para decir que era horroroso contemplarlos. Era fácil para él reconocerlos a causa de ciertos actos signnicativos que siempre ejecutaban. Era la visión de estos actos, más que otra cosa, lo que lo horrorizaba. Hay cosas que no deben siquiera insinuarse a mentes sanas, y entre ellas se encontraban las que le perseguían por las noches. En sus visiones, esos seres no se le acercaban y parecían no preocuparse de su presencia; continuaban entregándose a horrendos festines en las cámaras sepulcrales o a unirse en orgías sin nombre. Pero de esto no diría más. Sus viajes nocturnos siempre acababan con el tránsito de una vasta procesión de estas monstruosidades por una caverna aún más profunda, un viaje que veía desde el borde superior. Una visión rápida y estremecedora de los reinos inferiores le recordaban el Infierno de Dante, y gritaba en sus sueños, mientras veía la procesión demoníaca desde el borde, había perdido pie precipitándose dentro del enjambre sepulcral que había abajo. Aquí, su sueño terminaba afortunadamente y se despertaba bañado en sudor frío. Noche tras noche, las visiones se sucedían, pero esto no era lo peor de sus preocupaciones. ¡Su auténtica obsesión, su verdadero pavor consistía en el conocimiento de que estas visiones eran ciertas! Al llegar aquí le interrumpí con impaciencia, pero él insistió en proseguir. ¿No había visitado el cementerio desde sus primeros sueños y no había encontrado la misma bóveda que reconocía a través de sus visiones? ¿Y qué había de los libros? Le habían enviado para que iniciara una extensa investigación entre los libros particulares de la biblioteca de un colega antropólogo. Seguramente, yo, como hombre instruido, debía admitir las

veladas y sutiles verdades reveladas de modo tan furtivo en tales libros como Los misterios del Gusano, de Ludvig Prinn, o el grotesco Ritos Negros, del místico Luveh-Kerapht, el sacerdote del escondido Bast. Recientemente, había emprendido algunos estudios en el loco y legendario Necronomicon de Abdul Alhazred. No pudo impugnar el misterio que se halla detrás de todas esas cosas como el censurado e infame Fábula de Nyarlathotep, o La leyenda de Elder Saboth. Aquí irrumpió en un divagador discurso sobre los oscuros secretos míticos, con frecuencia alusiones a las antiguas creencias, como el labuloso Leng, el oscuro N'ken y el diablo encantado Nis; también habló de las blasfemias de la luna de Yiggurath y la secreta parábola de Byagoonae, el Sin Rostro. Era evidente que estos desvaríos eran la llave que abría sus dificultades, y con este argumento conseguí calmarle lo suficiente para explicárselo. Sus lecturas e investigaciones le habían producido este ataque, y añadí que no debía someter su cerebro a estas meditaciones, y que estas cosas son peligrosas para las mentes normales. Había leído y oído lo suficiente para saber que tales ideas no estaban concebidas para que los hombres las buscaran o comprendieran. Además, no debía tomarse demasiado en serio estos pensamientos. pues después de todo, estas leyendas eran únicamente alegóricas. No existen vampiros ni demonios mitológicos, debía verse que estos sueños podían ser interpretados simbólicamente. Cuando terminé, se sentó en silencio durante un momento. Dio un suspiro y luego habló con mucha cautela. Para mí era muy fácil decirlo, pero él pensaba diferente. ¿No había reconocido el lugar de sus sueños? Intervine con una observación sobre la influencia del subconsciente, pero él, sin hacer caso de mi aseveración, continuó. Luego, me informó con una voz que vibraba con una excitación histérica, me contaría lo peor. Aún no me había contado todo lo que sabía y lo que le había ocurrido cuando descubrió la bóveda de su sueño en el cementerio. No se había detenido al ver corroborar sus visiones. Hacía algunas noches, había llegado aún más lejos. Entró en la necrópolis y encontró el nicho en la pared; descendió las escaleras y sorprendió el resto. Cómo se las arregló para regresar, nunca lo supo, pero en todas estas excursiones, que habían sido tres, él había siempre regresado y por lo visto se había ido a dormir, y a la mañana siguiente siempre estaba en la cama. Era cierto -me dijo-, ¡había visto esos seres! Ahora, debía ayudarle en seguida, antes de que cometiera algún acto irreflexivo. Le calmé con dificultad, mientras procuraba encontrar un método de tratamiento lógico y eficiente. Se hallaba casi al borde de la locura. De nada serviría persuadirle o intentar convencerle de que había soñado todos aquellos incidentes, de que su sistema nervioso le había llevado a alucinaciones afines. No podía esperar que él se diera cuenta, en su estado presente, que los libros responsables de su enfermedad habían sido escritos por mentes desordenadas

de un silencioso bosquecillo en el corazón del cementerio. imperturbable. vestido como el día anterior. Su satisfacción fue tan grande al saber que estaba dispuesto a acompañarle. Un terror atávico me estremeció involuntariamente. Por fin llegó. en respuesta a sus reiterados ruegos. No sentía ningún placer en seguir aquella desagradable tarea. y después. Estaba dispuesto a recibir al Profesor Alexander Chaupin. Era evidente que el único camino abierto era alegrarle. Por lo tanto. No me preocupé en dejar que mis pensamientos descansaran sobre las sepulturas. me hallaba de pie en la entrada del cementerio. Estaba seguro de que después de la noche siguiente podría demostrar de una manera concluyente la falsedad de sus aberraciones y efectuar una cura inmediata. Aquí. quedamos que a las diez de la noche del día siguiente nos encontraríamos en el cementerio. desatada en su locura. cerramos un trato. provisto de altas botas. que casi era patético el verlo. ni les contaré cómo desatamos las cadenas que cerraban la tumba. En resumidas cuentas. A las diez. La noche la pasé en un frenesí de investigaciones y meditaciones calculadas. me condujo al fin por una larga avenida cubierta de árboles hasta los prohibidos portales de la tumba que pretendía haber profanado. demostrarme la verdad de lo que había manifestado. y al parecer. De pronto. Juntos escalamos la baja muralla que rodeaba la necrópolisS. El se comprometía a conducirme al lugar donde pretendía que ocurrían sus sueños y viajes.y con el propósito de producir locos delirios. me condujo a través de un jardín de grava iluminado por la luna y dentro de las sombras que se deslizaban. No voy a entrar en detalles sobre lo que siguió. Luego. y me sonrió como un chiquillo cariñoso a quien le han regalado un nuevo juguete. sujeto a grotescas pesadillas como un niño de tres años! En el acto decidí escribir una monografía sobre los procedimientos que debía seguir. Su partida me dejó en un estado de gran excitación. en escuchar el tráfago de los gusanos. y los rayos de la luna no penetraban hasta ese lugar. mientras mi mente insistía. Debo confesar que sentía una extraña inquietud y un espantoso terror nocturno. de mejor humor. y la mañana siguiente en una rápida lectura de la edición expurgada del conde d'Erlette Cultes des Goules. Sentí un consuelo cuando Chaupin. ¡Por fin veía un caso digo de estudio: un profesor inteligente. una chaqueta de lana gruesa y un casco de minero con una lámpara en el extremo. un colega bien educado. aunque sólo fuera para tener una compañía. o la diabólica densidad de las sombras que las circundaban. me hallé ansioso esperando la llegada de mi paciente. ni a describir el espantoso . las piedras de las tumbas parecían mirar de soslayo burlonamente en medio de la oscuridad. El anochecer me encontró dispuesto para la tarea. y luego demostrarle concretamente el completo engaño de sus creencias. Le prescribí un sedante suave para que lo tomara aquella noche. arreglé los menores detalles de nuestra futura cita y nos despedimos hasta la noche siguiente.

aunque de mala gana. la mera existencia de un pasaje hacia una tumba no conducía necesariamente a demostrar sus otras pretensiones. Me di cuenta. Después de esto creería y sólo con la creencia podría ayudarle. pronto lo íbamos a ver. No estaba preparado para creer en aquellas jerigonzas incoherentes de Chaupin sobre imaginarios vampiros.interior del mausoleo. con repulsión. “Déjeme que le muestre la verdad -dijo. esperándonos? ¿Alguna banda de refugiados? ¿Fugitivos que acaso huían de la ley? ¿Quién podía residir en aquel foso? Quizás accidentalmente habían encontrado aquel lugar escondido. Me rogaba que continuara. esto no significaba que estuviera completamente cuerdo. Pero aunque me horrorizaba reconocer la posibilidad. un viaje que conducía a los secretos desconocidos bajo los cadáveres enterrados. Ningu no de los dos decíamos nada. Encontró el nicho y apretó el botón secreto. No obstante. No me gustaban las furtivas ratas que roían incesantemente desde innumerables agujeros . Por primera vez vacilé. presa del más espantoso pánico . algo me dijo que debíamos continuar y comprobarlo con nuestros ojos. Era como un viaje por el más fantástico reino de la pesadilla. en realidad. Si el hombre estaba loco. Si no lo estaba.aunque Chaupin parecía extrañamente tranquilo.y ya no dudará más. La entrada parecía la boca de un monstruo mitológico. le di mi consentimiento. Bajamos por una escalera en declive en forma de serpentina hasta el pasaje de piedra húmeda que estaba socavado en la sólida roca. que mi trabajo estaba muy lejos de haber llegado a su fin.. Por consiguiente. esto no lo curaba de su obsesión. A este impulso interior.. ¿por qué suponer que había realmente una malvada y retorcida verdad en su relato y que abajo algo nos acechaba. hasta que se nos mostró el túnel que había abajo. Me quedé horrorizado ante esta inesperada revelación. Es suficiente para mí declarar que la promesa de Chaupin fue ampliamente cumplida. y luego me puse a su lado para que me enseñara el camino. para continuar. ¿qué pasaría luego? Aún así. y mientras continuábamos. No podía permitir que mi nombre se viera envuelto en un escándalo. pero si me negaba tendría que pedir a la policía que hiciera una investigación del lugar. Aquí todo era secreto excepto para los gusanos. y una ráfaga de temor hirió mis sentidos manteniéndolos en un estado de tensión sobrenatural. de que debíamos descender hasta aquellas profundidades y dejar arregladas de una vez para siempre todas aquellas preguntas todavía sin respuesta. empecé a desear que siguieran así. Estaba. Varios factores contribuían a mi creciente inquietud. El túnel era caliente y húmedo y en el aire flotaba el olor de vida putrefacta. Debía de haber estado mirando dentro de aquel negro orificio durante varios minutos. su mente podría al fin descansar respecto a su singular sospecha. bueno. Chaupin añadió sus ruegos. Quizá si fuera con él hasta el fondo del foso. Ya no tenía duda respecto a la validez de las declaraciones del profesor. Me las había demostrado más allá de toda duda. pues encontró el nicho a la luz de nuestros cascos de minero. Fue esto último lo que me decidió. ya sabría cuidar de mí. En este caso.

pero Chaupin me agarró fuertemente y hundió sus finos dedos en mis hombros mientras me aconsejaba que guardara silencio.diminutos que se alineaban en la segunda espiral del pasaje. Empecé a comprender la causa de aquella hinchazón y las probables fuentes de su alimentación. No me atrevía a mirar otra vez. Empecé a temblar. abajo. no fuera que mi imaginación evocara la probable imagen de lo que podía subir de abajo y ascender por aquella escalera. . Me mostró una extensión abierta pequeña y de superficie lisa. cuya vela lanzaba extrañas sombras sobre los agujeros de la pared. mi mente rehusó comprender la importancia de este descubrimiento. murmuraba aterradoramente lo que nos acechaba en la oscuridad. desapareciendo casi inmediatamente en una de las excavaciones que nos precedían. de donde colgaban hileras de colosales estalactitas y varios pilares de gran anchura. Me daba cuenta de lo nervioso que me ponía todo aquel asunto y en vano traté de razonar conmigo mismo. Rápidamente. también me di cuenta de que Chaupin parecía saber el camino perfectamente. abajo. Sentí de pronto que este antiguo sendero no había sido construido para nada normal o parecido a la normalidad. recibí todavía otra sorpresa. nuestro camino cada vez se estrechaba más hacia una oscuridad más profunda y húmeda. Me dejó tan de repente que no tuve ni tiempo de decirle que me oponía a su propuesta. y no temí que mis pensamientos incidieran en las últimas revelaciones que podrían encontrarse más adelante. me traería las pruebas. Hablaba con voz bisbiseante mientras caminábamos juntos. debía esperar aquí mientras él se adelantaba en las tinieblas: al regresar. en aquella oscura y sombría caverna bajo tierra. pero cuando al fin estalló claramente en mi cerebro. Abajo. Durante un buen rato nos deslizamos en el más absoluto silencio. como ultravioleta. Las paredes resquebrajadas del túnel parecían vacías y espantosas a la luz de la antorcha. había unas aberturas que daban a otras excavaciones que conducían a perspectivas sin fin de una noche olvidada. Quería demostrar ahora que sus palabras eran ciertas. parecía que habíamos profanado con nuestra intrusión algunos misterios que hubiera sido mejor no ver. Luego. Un aire de horror heló mi corazón. ahuyentando los temores para concentrarme en algún objeto definido. ¿y si fuera cierto que él había estado antes aquí. En las escaleras no había polvo. la escalera terminó bruscamente en una cueva. dio unos pasos rápidos hacia delante. blandas. Un enjambre de ellas invadió la escalera. Había una luz azulada. Al decir esto. encubriendo mi terror pueril. qué pasaba con el resto de su historia? Al mirar hacia abajo. Luego. y me pregunté cuál sería su origen. Al fondo. me sentí de pronto lleno de asombro. en la densa oscuridad. uno al lado del otro. ¡Parecía como si las hubieran estado usando constantemente! Durante un momento. fosforescente. gruesas y abotargadas. Mientras proseguíamos no había nada tranquilizador a nuestro alrededor. entonces. me apresuré a seguir a mi silencioso guía.

el crujiente escarbar de frenéticos movimientos. Me volví y subí corriendo la escalera subterránea con la velocidad que da la más profunda desesperación. No me atrevía a mirar hacia atrás. luego. excepto el del miedo mortal y la risa de horror. Me afanaba con dificultad y chillé con todas mis fuerzas. luego brotó un ronco aullido en las escaleras directamente debajo de mí. ¡Estaban llegando! Seguí corriendo. ¿qué podría sucederle en aquel laberinto del fondo? ¿Y qué me pasaría a mí? Había sido un loco en venir. atasqué la piedra en su sitio. cuando era demasiado tarde. pero sabía que se estaban acercando al hueco de la escalera. más cerca. Quizás aquellos libros no eran tan absurdos como pensaba: la tierra puede abrigar los secretos más horribles en su pecho sin piedad. arriba. Arriba. Un bestial aullido que me dejó extenuado con sus tonos infrahumanos. pues sabía muy bien lo que aquel grito significaba. al rítmico trueno de los pasos de abajo. El silencio era aún más potente. acompañado de una risa nauseabunda y espantosa. Llegué cuando la luz de mi casco se apagaba. sin atrever a preguntarme qué era lo que esperaba. mientras mi cuerpo ardía de angustia y espanto. lleno aún de los rostros de los primeros horrores que se adelantaban. La luz arrojaba sombras sobre las paredes de estalactitas y se estrechaba alrededor del oscuro círculo luminescente que procuraba mi pequeña antorcha. Los minutos se arrastraban como larvas y nada rompía aquella mortal quietud. Ahora sabía -ahora. todo el asunto era una locura. que iba en aumento. brotó sobre el aire sepultado. No necesitaba mirar atrás. de inenarrable locura. desconcertadamente profundas. jadeando. más cerca. Me tambaleé hacia arriba. enfermizas. mis horrorizados oídos captaron claramente la cadencia de unos pies que corrían. Los cabellos se erizaron en mi nuca. Entonces llegó el grito: un grito rápido. más cerca. ahogándome: una verificación en mi alma que consumía cualquier pensamiento. . No me gustaban esas sombras: eran retorcidas. ¿Volvería Chaupin? ¿Era todo un monstruoso engaño? ¿Estaba Chaupin loco. parecía insinuar cosas sin nombre que aún debían venir: se burlaba de manera intolerable de mi creciente miedo y soledad. pero los horrorosos aullidos me pisaban los talones. Por fin se terminaron las escaleras y yo trepaba locamente por la estrecha abertura mientras los monstruos corrían por la oscuridad a pocos pasos de mí. No oía nada más que el clamor de esos pies o zarpas hasta que mi aliento raspaba en mis oídos cuando daba la vuelta a la primera espiral de aquellas interminables escaleras. o todo era cierto? En ese caso. ¡Pobre Chaupin! Me parecía que los ruidos se acercaban cada vez más. y sentí que mi alma se partía. mientras aceleraba el tramo de escalera sin fin que se retorcía como una serpiente en la tierra. Pero no me atreví a detenerme a reflexionar. pues en seguida oí unas suaves pisadas que llegaban de lo más profundo de las tinieblas. arriba.Me senté en la oscuridad y esperé.que las palabras de Chaupin eran ciertas.

Nunca lo olvidaré. la moribunda luz llameó por un segundo y pude ver al primero de mis perseguidores al resplandor de la luz. Nunca olvidaré aquella noche. aquel momento loco cuando vi a los monstuos a la luz de la antorcha: la risa. ¡ Pues el primero y principal de todos fue la risa del malvado monstruo conocido por los hombres como el Profesor Chaupin! El gato del infierno (Título original: “The Cat From Hell”. 1977 y luego —con correcciones— en Tales of Unknown Horror.Pero al hacerlo. publicado originalmente en Cavallier. Luego se apagó. Traducción de Gabriel Vaianella) Stephen King . aunque la muerte sería bien recibida por lo que he llegado a ser. nunca más encontraré el sueño que tanto ansiaba. Cerré de golpe el portal y pude llegar tambaleándome al mundo de los mortales. 1978. por más que quisiera borrar aquellos espantosos recuerdos. No me atrevo ni a matarme por temor a que me entierren en lugar de ser quemado. los babeantes horrores de abajo. pero hay un recuerdo por el que daría incluso mi alma para conseguir borrarlo para siempre de mi cerebro. pues ahora conozco toda la verdad del asunto.

45 de cañón corto que pendía bajo su axila en una pistolera con resorte que ponía el arma en su palma con sólo un toque. sintió que conocía al gato. Halston asintió... Tenía experiencia en ver tales cosas. Su rostro estaba inmóvil y sereno. un gato. Fue un momento extraño para Halston. la rabia y la orina. mitad blanca. y atrapado en cada pupila negra y casi circular había un prisma de lumbre. . Durante ese único momento. como un tétrico carbón de odio. “Su víctima está justo detrás suyo”. Halston se movió rápidamente. preguntó Halston. cualquier cosa que el viejo —Drogan— dijera quedaría registrado. Si Loggia era el intermediario. “¿Con quién habló?”. empuñando el híbrido calibre . malhumorada. en realidad— era fría y silenciosa. Saltó del sofá. “Quiero que cometa un asesinato”. que era un hombre sin imaginación y sin supersticiones. Los únicos sonidos eran el bajo crujido del fuego en el gran hogar de piedra y el bajo gemir del viento de noviembre afuera. Halston pudo oler los amarillos aromas del miedo. estaba todo bien. la mano dentro de su abrigo deportivo hecho a medida. se la había brindado a dieciocho hombres y seis mujeres en su carrera como asesino independiente. Su voz era trémula y alta. pasando por su hocico. dijo el viejo. aterrorizado y listo para morir. Le repugnaron. todos mezclados. Halston y el gato se observaron el uno al otro. Por un momento. Sus reflejos eran su vida y siempre estaban en un alfiler puntiagudo. Y si había un micrófono en la habitación. La casa —la mansión. cayó en una rodilla. arrodillado en el piso con el arma apuntando. Conocía el aspecto de la muerte.Halston pensó que el viejo en la silla de ruedas se veía enfermo. se dio la vuelta. dijo Drogan suavemente. Su cara era una división perfecta: mitad negra. De cerca. La línea divisoria iba desde la cima de su cráneo plano directamente hasta su boca. “¿A quién quiere matar?”. aunque si alguna vez hubiera visto uno con rasgos tan inusuales seguramente lo recordaría. Dice que lo conoce”. “Con un hombre llamado Saul Loggia. La muerte era el negocio de Halston. Un momento después estaba afuera y apuntando a. pero no hizo ninguna señal. Drogan presionó el botón de la consola construida en el brazo de su silla de ruedas y ésta avanzó zumbando. Sus ojos era enormes en la penumbra. “Entiendo que eso es lo que hace”.

“No puedo creerlo”. Eran los únicos animales que le gustaban. Luego pasó. “No necesito explicar nada. tú y yo. Ya había decidido dar este peculiar golpe. “Al principio. Los gatos eran los asesinos del mundo animal. Uno de los laboratorios más grandes del mundo. de hecho. “¿Cuánto es?”. El lindo y amigable minino ha asesinado a tres personas en esta casa. por favor”.. “¿Me contrató para matar a un gato?”. “Farmacéuticos Drogan”. El gato. El señor Loggia dijo que doce mil era su honorario habitual”. Había sacado un sobre grueso de debajo de la sábana que cubría sus piernas. Soy viejo. y Halston les tenía respeto. Halston se sentó. “Sí.. Dios —si existía uno— los había hecho máquinas de matar perfectas y reservadas. Estaba dormido. pero lo haré”. dijo Drogan. pero prefiero morir en mi propio tiempo”. su mano apretando automáticamente al gato en su falda. Habrá otros seis mil cuando me traiga pruebas de que el gato está muerto. Del bolsillo de su bata le alcanzó a . “Y yo no las hago”. y no quisiera que se meta en esto a la ligera. Halston asintió otra vez. dicen. estoy enfermo.Y el pensamiento se repitió como un eco en Halston: Nos conocemos. A Halston le gustaban los gatos. Apartó el arma y se paró. “Siéntese. Estaba lleno de billetes de cien y de cincuenta. dijo Halston. dijo Drogan. todos viejos. él lo escucharía. ¿sabe quién soy? ¿De dónde viene el dinero?”. Miró a Halston por un momento con esos enormes ojos oscuros. Halston lo hizo. “Mire en el sobre. “Seis mil dólares. Y la piedra angular de nuestro éxito financiero ha sido esto”. las pupilas rodeadas por finos anillos verde-dorados. No soporto una broma”. “Es muy amigable”. dijo Drogan. “Prevenido es preparado. Eso me deja sólo a mí. y luego se calmó y comenzó a ronronear Halston miró a Drogan interrogativamente. Mire aquí dentro”. “Debería matarlo a usted por esto. viejo. Así no pensará que estoy loco”. y no necesitaba ninguna charla previa. aún ronroneando. Y parece que necesito justificarme. Halston asintió. saltó ágilmente a su falda. que había estado agazapado en el respaldo del sofá. Se las arreglaban solos. “Primero de todo. Pero si Drogan quería hablar.

Pagó”. pero esa nota trémula y petulante volvió a su voz... Las justificaciones lo aburrían. verá.”. “No me siento culpable en lo más mínimo”. El gato dormitaba y ronroneaba en la falda de Halston bajo las caricias suaves de los dedos fuertes y expertos asesinos de Halston. Es extremadamente adictivo... tranquilizante y un alucinógeno suave. “Quince mil animales de prueba murieron para que cientos de miles de seres humanos. recogiendo Dios sabe qué gérmenes en su pelaje. eh. el viento gemía alrededor de la gran casa de piedra. “En el período de prueba de cuatro años que permitió que la FDA aprobara el Tri-Dormal-G. Nuestras pruebas estuvieron confinadas casi exclusivamente a gatos..Halston un pequeño frasco de píldoras sin etiqueta. “Tri-Dormal-phenobarbin. su hermana Amanda. Es una combinación de analgésico... siempre afuera.. casi quince mil gatos. preguntó Halston. ¿eh?”. “Usted dijo que el gato asesinó a tres personas”.. Prescripto casi exclusivamente para los enfermos terminales. La voz del viejo seguía y seguía.. siempre tratando de traer algo con sus tripas afuera dentro de la casa para que lo veas. Halston se encogió de hombros. “Es ampliamente prescripta en todo el mundo. fue desarrollado en los años cincuenta en nuestros laboratorios de New Jersey. Son animales detestables y portadores de enfermedades.. expiraron”. Ocasionalmente un nudo de pino explotaba en el hogar. Halston silbó. Drogan ignoró la pregunta. Lo descubrió. vagando por las cocheras. Drogan se puso rígido. Siete meses atrás había habido cuatro de ellos aquí: Drogan. Nunca me han gustado los gatos. compuesto G. “Esa es una manera injusta y perjudicial de ponerlo”. su amiga . “¿Usted la toma?”. dijo Halston. “¿A cuántos limpiaron?”.. Había invierno en la garganta de ese viento. “Olvídese”. Drogan comenzó a hablar. “Ese gato vino aquí siete meses atrás.. que a los setenta y cuatro era dos años mayor que Drogan. Miró al gato durmiendo en la falda de Halston con un odio muerto. fue mi hermana la que quiso quedárselo. Es un sintético. Afuera.. “Y ahora piensa que éste volvió para atraparlo. lejos en la zona de Connecticut. debido a la cualidad única del sistema nervioso felino”. Es remarcablemente útil para ayudar al enfermo terminal a afrontar sus condiciones y ajustarse a ellas”. Casi cuatro mil gatos por año. tensándolo como una serie de resortes de acero cubiertos con pellejo y músculo. dijo Drogan.

Disfrutaban fastidiándome.de toda la vida Carolyn Broadmoor (“de los Westchester Broadmoors”. veinte años atrás. viniendo de una vieja corpulenta como mi hermana. Luego había llegado el gato.. El gato ignoraba la comida. Gage. y varias veces le acertaba. Obsceno. “¿Mejor que freírles los nervios?”. está hambriento’. Era vieja. Trató de alejarlo. Pero no se acercaba a mí. usted sabe. Así que planeaba bajar las escaleras. “Dormía en su cuarto”. Siempre lo hacía. Gage se había levantado a preparar el desayuno y había encontrado a Amanda Drogan yaciendo a los pies de la escalera principal en un lecho de loza rota y Little Friskies. Le sirvió un plato de leche. Odiaba a los gatos. que estaba gravemente afectada por un enfisema y Dick Gage. Por la mañana venía una criada. miren al pobrecito. Estaba ronroneando.. “Pero lo descubrió”. “Pero pagaron”. A esa altura. Miró a Halston sombríamente. dijo Drogan. Siempre lo había hecho. pero Amanda se había salido con la suya. Amanda Drogan había notado al gato e insistía en quedárselo. cocinaba y servía el jerez de la tarde. Cuando el gato se negó a irse. Repugnante. Drogan había protestado vehementemente. provocándome con eso”. Los cuatro habían vivido de esta manera por casi dos años.. una deprimente colección de viejos y su criado familiar. maullando. El gato estaba frotándose contra sus piernas. “Lo entró ella misma. conducía el gran Lincoln Mark IV. Le tiraba palos y piedritas. “Fue Gage quien lo vio primero. un empleado que había estado con la familia Drogan por veinte años. dijo Drogan. susurró. Creo que la despertó. le había instruido a Gage a ponerle comida envenenada. aún. Era su manera de vengarse de mí. no . mi queridito? ¿Necesita salir a hacer popó?’. Sus ojos hinchados apuntaban ciegamente hacia el techo. Nunca lo ha hecho. literalmente como vidrio. Pero no se iba. Había sangrado muchísimo por la boca y la nariz. Su espalda estaba rota. Drogan lo ignoró y continuó. preguntó Halston. que había pasado los sesenta. gimiendo y vagando alrededor de la casa. justo como ahora. Una cosa terrible e inhumana”. A mediados de mayo.. Grandes y tentadores platos de comida para gatos Calo mezclados con Tri-Dormal-G. Sus únicos placeres eran The Hollywood Squares y esperar a ver quién sobreviviría a quién. ‘Oh. Era poco más que un saco de huesos. Carolyn y ella le susurraban. Sabían lo que yo sentía por los felinos desde el programa de pruebas del Tri-Dormal-G. por supuesto. ambas piernas estaban rotas y su cuello se había hecho añicos. “Lo trataba como a un bebé. dijo Drogan). por supuesto. La gente los deja al lado de la carretera para que mueran al final del verano. de hecho. aparentemente. ‘¿Tiene hambre. Solía decir que a Sam no le gustaban realmente sus Friskies a menos que estuvieran humedecidos con un poco de leche. en sus brazos. Olía la comida. Ella tenía su plato.

Llegaron a la escalera y el gato se le cruzó.. A los gatos les gusta llevarse a los bebés y a los viejos cuando están dormidos. Eso es lo que el doctor dijo.. Una médium de Hartford le había dicho (por sólo veinte dólares) que el alma de Amanda había entrado en el cuerpo felino de Sam. “¿Por qué no se deshizo del gato en ese momento. “Hubiera sido lo mismo que un suicidio”. pudo haber sido de esa forma. comiendo Little Friskies tranquilamente. “Cerca del final de junio.. los viejos huesos destrozados. y el enfisema era muy malo. Sam había sido de Amanda. Pero yo sabía. “Muerte por accidente. obsesionada con el asunto... La mujer tenía setenta años. Era una mujer enferma. pensó Halston. Al final se detiene al pie de la escalera. Medio dormida. Y robarles el aliento”. le preguntó a Drogan. “Por supuesto. Vivía aquí en el segundo piso en una habitación especialmente controlada y súper humedecida. la nariz y las orejas chorreando sangre. que se había convertido en algo así como un experto lector entre las líneas de las vidas humanas. hombre”. ella se iba. Porque Carolyn Broadmoor había amenazado con irse si lo hacía. Halston. y estaba loca con el tema del espiritualismo. Halston asintió y echó una mirada intencionadamente a su reloj. Pero yo sabía”. le dijo a Drogan.. “¿Qué dijo el forense?”.. y que el viejo era reacio a dejarla ir por un gato. Recordé. demasiado asustada para gritar. Sí. Fue una gran fumadora hasta los últimos dos años de su vida. y si Sam se iba. . sólo vino y escribió el certificado de defunción y listo. el recipiente estrellándose.. perfectamente capaz de recoger a ese gato e irse con él a New York o a Londres o incluso a Monte Carlo. Yo la quería aquí. sospechó que Drogan y la vieja Broadmoor habían sido amantes mucho tiempo atrás. Los Friskies esparciéndose mientras caía patas para arriba.”.muy firme cuando estaba de pie. En su mente vio a la vieja cayendo. viviendo en la miseria como resultado de un número de malas inversiones en los años sesenta. Estaba histérica. aparentemente. señor Halston.”.. la hizo tropezar. dijo Halston. “Todos tenemos que irnos alguna vez.. con Amanda muerta?”. “En su mente aún era una joven saludable. los ojos brillando. por supuesto. El doctor pareció tomarlo como algo común. Y el gato ronroneante comienza a bajar las escaleras. De hecho ella era la última de una gran familia. dijo Drogan. Gage me lo dijo”. y si el gato tenía que quedarse. murió en la noche. Pero el gato estaba en la habitación.

“Un cuento de viejas”. “Basado en hechos, como la mayoría de los llamados cuentos de viejas”, contestó Drogan. “A los gatos les gusta amasar cosas suaves con sus patas, verá. Una almohada, una tela de lana gruesa... o una sábana. Una sábana de cuna o una sábana de viejo. El peso extra en una persona que es débil para empezar con...”. La vos de Drogan se apagó, y Halston pensó en eso. Carolyn Broadmoor dormida en su cuarto, su respiración entrando y saliendo de sus dañados pulmones, el sonido casi perdido en el silbido de los humedecedores especiales y los aire acondicionados. El gato con sus extrañas marcas blancas y negras salta silenciosamente en su cama de solterona y observa su cara vieja y arrugada con esos brillosos ojos negros y verdes. Se arrastra sobre su flaco pecho y pone su peso ahí, ronroneando... y la respiración disminuye la velocidad... y disminuye... y el gato ronronea mientras la vieja se ahoga lentamente por el peso en el pecho. No era un hombre imaginativo, pero Halston se estremeció un poco. “Drogan”, dijo, mientras continuaba acariciando al gato. “¿Por qué no lo mata? Un veterinario le daría el gas por veinte dólares”. Drogan dijo “El funeral fue el primer día de julio; hice enterrar a Carolyn en nuestra parcela del cementerio al lado de mi hermana. Como ella hubiera querido. El 3 de julio llamé a Gage a esta habitación y le entregué una cesta de mimbre... una especia de canasta para picnic. ¿Entiende a qué me refiero?”. Halston asintió. “Le dije que meta al gato adentro y que lo lleve a un veterinario en Milford y que lo pongan a dormir. Dijo ‘Sí, señor’, tomó la cesta y salió. Muy propio de él. Nunca más lo vi con vida. Hubo un accidente en la carretera. Condujeron al Lincoln hacia el linde de un puente a más de sesenta millas por hora. Dick Gage murió instantáneamente. Cuando lo encontraron había arañazos en su cara”. Halston se quedó en silencio mientras la imagen de cómo podía haber sido se formaba nuevamente en su cerebro. No había ningún sonido en la habitación más que el calmo crepitar del fuego y el calmo ronronear del gato en su falda. El gato y él juntos frente al fuego hubieran sido una buena ilustración para ese poema de Edgar Guest, ese que dice: “El gato en mi falda, el buen fuego del hogar/ ...Un hombre feliz, deberías preguntar”. Dick Gage conduciendo el Lincoln por la carretera hacia Milford, violando el límite de velocidad quizás por cinco millas por hora. La cesta de mimbre a su lado: una especie de canasta para picnic. El chofer está vigilando el tránsito, quizás está pasando a un gran camión Jimmy y no nota la peculiar cara negra de un lado y blanca del otro que asoma de un lado de la cesta. Del lado del conductor. No lo nota porque está pasando al camión grande y ahí es cuando

el gato salta sobre su cara, babeando y arañando, sus garras rasgando un ojo, perforándolo, desinflándolo, cegándolo. Sesenta millas por hora y el zumbido del gran motor del Lincoln y la otra garra enganchada sobre el puente de la nariz, excavándolo con exquisito y condenado dolor; quizás el Lincoln comienza a virar a la derecha, en el camino del Jimmy, y su claxon suena estridentemente, pero Gage no puede oírlo porque el gato está gritando, el gato está cubriendo su cara como una enorme y peluda araña negra, las orejas echadas hacia atrás, los ojos verdes brillando como focos del infierno, las patas traseras moviéndose nerviosamente y escarbando la suave carne del cuello del viejo. El auto vira violentamente hacia la otra dirección. El linde del puente se asoma. El gato se baja de un salto y el Lincoln, un brillante torpedo negro, golpea el cemento y salta como una bomba. Halston tragó y escuchó un click seco en su garganta. “¿Y el gato volvió?”. Drogan asintió. “Una semana después. El día en que enterraron a Dick Gage, de hecho. Justo como dice la vieja canción. El gato volvió”. “¿Sobrevivió un choque de auto a sesenta millas por hora? Difícil de creer”. “Dicen que cada uno tiene nueve vidas. Cuando vuelve... ahí es cuando comencé a preguntarme si no podría ser un... un...”. “¿Un gato del infierno?”, sugirió Halston suavemente. “A falta de una palabra mejor, sí. Una clase de demonio enviado...”. “Para castigarlo”. “No lo sé. Pero temo que sí. Lo alimento, o mejor dicho, la mujer que viene a hacerlo por mí lo alimenta. A ella tampoco le gusta. Dice que esa cara es una maldición de Dios. Por supuesto, ella es de acá”. El viejo trató de sonreír y falló. “Quiero que lo mate. He vivido con él durante los últimos cuatro meses. Vaga en las sombras. Me mira. Parece estar... esperando. Me encierro en mi habitación cada noche y aun así me preguntó si me voy a despertar temprano en la mañana y lo voy a encontrar... acurrucado en mi pecho... y ronroneando”. El viento gimió solitariamente afuera e hizo un extraño ruido ululante en la chimenea de piedra. “Al fin me contacté con Saul Loggia. Él me recomendó a usted. Lo llamó un stick, creo”. “Un one-stick. Significa que trabajo por mi cuenta”. “Sí. Dijo que nunca lo arrestaron, ni siquiera sospecharon. Dijo que parece que siempre cayera parado... como un gato”. Halston miró al viejo en la silla de ruedas. Y de repente sus manos musculosas y de dedos largos estaban paseándose por el cuello del gato.

“Lo haré ahora, si quiere”, dijo suavemente. “Le partiré el cuello. Ni siquiera sabrá...”. “¡No!”, gimió Drogan. Respiró larga y temblorosamente. El color había subido a sus pálidas mejillas. “No... aquí no. Llévelo afuera”. Halston sonrió sin gracia. Volvió a acariciar muy suavemente la cabeza y los hombros y el lomo del gato dormido. “Está bien”, dijo. “Acepto el contrato. ¿Quiere el cuerpo?”. “No. Mátelo. Entiérrelo”. Hizo una pausa. Se encorvó hacia adelante en la silla de ruedas como un viejo buitre. “Tráigame la cola”, dijo. “Así puedo arrojarla al fuego y verla arder”. Halston conducía un Plymouth 1973 Plymouth con un motor Cyclone Spoiler a medida. El auto estaba levantado y reforzado, y andaba con el capó apuntando hacia la carretera en un ángulo de veinte grados. Él mismo había reconstruido el diferencial y la parte trasera. Los cambios eran Pensy, el acoplado era Hearst. Descansaba en enormes Bobby Unser Wide Ovals y tenía un techo de poco más de sesenta. Dejó la casa de Drogan poco después de las 9:30. La fría superficie de la luna creciente se veía a través de las harapientas nubes de noviembre. Conducía con todas las ventanillas abiertas, porque el hedor amarillo de la vejez y el terror parecían haberse quedado en su ropa y no le gustaba. El frío era duro y cortante, a ratos entumecedor, pero era bueno. Estaba llevándose lejos a ese hedor amarillo. Salió de la carretera en Placer's Glen y condujo a través del silencioso pueblo, que estaba custodiado por una sola baliza amarilla en la intersección, a la completamente respetable velocidad de treinta y cinco millas por hora. Fuera del pueblo, yendo por la Ruta Estatal 35, aceleró un poco al Plymouth, dejándola andar. El afinado motor Spoiler ronroneó como el gato había ronroneado en su falda esta tarde. Halston esbozó una sonrisa. Se movían entre campos congelados de noviembre llenos de tallos de maíz secos a poco más de setenta millas por hora. El gato estaba en una bolsa de compras gruesa, atada en la punta con un cordel fuerte. La bolsa estaba en el asiento del pasajero. El gato estaba adormecido y ronroneando cuando Halston lo metió, y había ronroneado durante todo el viaje. Sentía, quizás, que a Halston le había gustado y que lo llevaría a su casa. Como él, el gato era un one-stick. Extraño golpe, pensó Halston, y se sorprendió al ver que estaba tomándolo seriamente como un golpe. Quizás lo más extraño de ello era que en realidad le gustaba el gato, sentía un parentesco con él. Si se las había arreglado para deshacerse de esos tres viejos decrépitos, más a su favor... especialmente Gage, que lo estaba llevando a Milford para una cita terminal con un veterinario con el cabello cortado a cepillo que habría estado más que feliz por meterlo en una cámara de gas de cerámica del tamaño de un horno de microondas. Sentía

un parentesco pero no la necesidad de echarse atrás con el golpe. Le haría la cortesía de matarlo rápido y bien. Detendría el auto fuera del camino, al lado de uno de esos campos áridos de noviembre, y lo sacaría de la bolsa y lo acariciaría y ahí le rompería el cuello y le cortaría la cola con su navaja. Y, pensó, enterraré el cuerpo honorablemente, salvándolo de los carroñeros. No puedo salvarlo de los gusanos, pero puedo salvarlo de las lombrices. Estaba pensando esas cosas mientras el auto se movía a través de la noche como un fantasma azul oscuro y ahí fue cuando el gato caminó frente a sus ojos, sobre el tablero de instrumentos; la cola alzada arrogantemente, su cara blanca y negra volteada hacia él, su boca pareciendo sonreírle. “Ssssshhhh...”, silbó Halston. Miró hacia su derecha y vislumbró un agujero —mordido o arañado— a un lado de la bolsa de compras gruesa. Miró hacia delante otra vez... y el gato levantó una pata y le pegó juguetonamente. La pata se deslizó por la frente de Halston. Se lo quitó de un golpe y los grandes neumáticos del Plymouth gimieron mientras se movía errático de un lado al otro del estrecho camino asfaltado. Halston golpeó al gato en el tablero de instrumentos con el puño. Estaba bloqueando su campo visual. El gato lo peleó, arqueando su lomo, pero no se movió. Halston levantó el puño otra vez, y en lugar de asustarse, el gato saltó sobre él. Gage, pensó. Justo como Gage... Pisó los frenos. El gato estaba sobre su cabeza, bloqueándole la visión con su vientre peludo, arañándolo, surcándole la cara. Halston mantenía el volante inflexiblemente. Golpeó al gato una, dos, tres veces. Y de repente el camino se había ido, el Plymouth estaba andando por la cuneta, chocando en cada salto. Luego, el impacto, tirándolo hacia adelante contra el cinturón de seguridad, y el último sonido que escuchó fue al gato gritando inhumanamente, la voz de una mujer padeciendo un dolor o a punto de llegar al clímax sexual. Lo golpeó con sus puños cerrados y sintió sólo la elástica y blanda flexión de sus músculos. Luego, un segundo impacto. Y oscuridad. *** La luna se había ocultado. Faltaba una hora para el amanecer. El Plymouth yacía en una barranca cubierta de niebla. Había una maraña de alambre de púas enredada en la rejilla. El capó se había abierto, y aros de humo del radiador roto salían para mezclarse con la niebla. Ninguna sensación en sus piernas.

En un repentino y ágil movimiento como de seda. la pata golpeó la mejilla de Halston. Alfileres y agujas. como el gato Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas. Mordió el vientre del gato y no consiguió nada salvo pelo. Sensación. Más probablemente para siempre. escarbando. El gato saltó sobre su cara. El dolor era enorme. El gato abrió la boca y le siseó. Lo miró con enojo. La parte trasera del gran motor Cyclone Spoiler había embestido contra sus piernas. Ardientes líneas de dolor bajaron por su garganta. Las garras delanteras del gato estaban enganchadas en sus oídos. Halston trató de levantar sus manos para sacárselo de encima. el firme ronronear del gato. cerca. El gato ronroneó en su oído como un trueno. brillantemente . Sus manos no se movían. Dolor. Era. Halston mordió al gato. De repente. Halston pudo entender cómo Drogan podía haber pensado que era un gato del infierno. las orejas echadas hacia atrás. Paralizado. Sus pensamientos se rompieron cuando notó una sensación débil y hormigueante en las manos y los antebrazos. dijo Halston. Mirando ese rostro extraño y esquizofrénico. Adentro. gruñó Halston. El gato se tensó por un momento y luego se relajó otra vez. Contusión espinal. ¿no?”. Y el hilo tibio de sangre.Miró hacia abajo y vio que el cortafuego del Plymouth se había hundido con el impacto. Su voz era ronca y seca. arquear el lomo y estirarse. “Bájate de mí”. Su garganta emitió un sonido de sobresalto y desconcierto —¡yowk!— y saltó sobre el asiento. Quizás temporariamente. y las garras estaban afuera esta vez.. babeando. el predatorio graznido de un búho cayendo sobre algún animal pequeño y escurridizo. Halston cerró los ojos y abrió la boca. “Se suponía que no tenía que hacer eso. en la distancia. pensó. y le obedeció. Sensación.. sujetándolas. Por un momento su cara se enterró en un pelaje suave y seco. Parecía sonreír. Afuera. las garras afuera. Le ordenó a su cabeza moverse hacia la derecha. Otra vez. saltó sobre su hombro. Halston lo vio pararse.

Halston escuchó el golpe en el asiento trasero. Eso era lo primero. zumbidos y hormigueo en sus piernas. pero tampoco le gustaba tenerlo detrás de él y fuera de la vista. Quizás a mí también me queden algunas vidas. Un hilo de sangre se le metió en el ojo. Tener cuidado con el gato.. Un sonido detrás de él. se sentía exactamente igual a cuando un miembro que se ha quedado dormido comienza a despertarse. pero no mucho. Se crisparon pero casi no pudieron salir de su falda Inclinó la cabeza hacia adelante y comenzó a sacudirla de un lado al otro.. Pero el gato no estaba esperando eso y se desprendió. el resto de tus nueve vidas se van a ir de una vez. Se crisparon en su falda. como un susurro de tela rasgada.45 especial en la pistolera debajo de su brazo izquierdo. eso resolvería ambos problemas de una vez. Intentó con el espejo retrovisor. Se fue a dormir ahí atrás. Y. debía haber sufrido una lesión en la nuca cuando el Plymouth chocó. Bastaba con saber que su espina no estaba cortada. Halston trató de levantar sus manos. Gato del infierno una mierda. . Lo que podía tomar pasaba a través del pelo. como un hombre sacudiéndose el jabón de los ojos. Siseando y chillando. Si llego a alcanzarla. El choque lo había torcido y todo lo que reflejaba era el barranca cubierta de hierba en la que había terminado. El pecho del gato estaba apretado contra su nariz. Ronroneo. quizás alguien apareciera. pero era remotamente posible. pero todavía no era capaz de moverlas. Volvió su cabeza hacia atrás y gritó en agonía. Más hormigueo. Débiles latidos de dolor en sus pies. Le era posible tomar algo de aire por la boca.agudo. No era muy probable a las 4:30 de la mañana en un camino como éste. enterrados y seguramente destrozados bajo el motor. que no iba a terminar su vida como un bulto muerto atado a una cabeza parlante. Pensó en la . gatito. el gato se sostuvo. ¿Y qué estaba haciendo el gato ahí atrás? No le gustaba tenerlo en su cara. Luego salir de los destrozos. Le era difícil respirar. En ese momento a Halston no le importaban sus pies. Trató nuevamente de mover sus manos. pero era inútil. para levantar una y enjugarse la sangre. Halston podía sentir la sangre chorreando por sus mejillas. Sus orejas se sentían como si hubieran sido empapadas con líquido de encendedor y luego prendidas fuego.

El gato era un resorte babeante de furia. La línea del amanecer estaba apareciendo en el cielo del este. Era una criatura de corazonadas. Un ruido en el asiento trasero. y el sentimiento de que había cometido un error de repente fue aplastante. e incluso mientras saltaba. un pájaro cantó. Cinco minutos. Pero pronto. Se resbalaron de su falda y golpearon el asiento del Plymouth. Vete y llévate tu cola contigo”. Las dejó caer fláccidamente.. . Halston intentó con sus manos otra vez y logró moverlas un cuarto de pulgada antes de que cayeran otra vez. Se levantaron. El dolor era gigantesco. Halston supo lo que iba a hacer y abrió su boca para gritar El gato aterrizó en la entrepierna de Halston. ¿Quieres mi consejo? Sal por la ventana. detrás de él.. pensó.Y aun aunque no fuera así. Nunca hubiera sospechado que podía haber un dolor semejante en el mundo. Estaba seguro. Sintiendo continuamente a su cuerpo inundarse de una serie de incursiones de alfileres y agujas. “No he fallado ni una vez en un golpe que acepto. Halston volteó su cabeza y miró el rostro blanco y negro. Absurdamente (o quizás en una reacción instintiva ante su roce con la muerte) tuvo una erección durante alrededor de un minuto. los ojos brillantes con sus enormes pupilas oscuras. terrible. como grandes arañas tropicales. Una pulgada. ¿qué podía hacer? Era una cosita flaquita. Halston deseó haber estado paralizado. Brillaban pálidamente. En algún lugar. Están todas abiertas. gatito. diez a lo sumo. Halston se sentó y esperó. Entonces el cuerpo del gato se tensó. Halston le habló. escarbando. Halston intentó nuevamente con sus manos. Difícil echarse una paja en esta circunstancia. En ese momento. El gato lo miró. ¿Cometí un error? se preguntó confusamente. Media pulgada. El gato le estaba sonriendo. Y pronto. probablemente pesara cuatro libras mojado. temblando locamente. pronto sería capaz de mover las manos lo suficiente como para agarrar su pistola. Estoy recuperando mis manos. arañándole las bolas. las garras afuera. Todavía no. aun si de alguna manera estaba planeando asesinar. Éste podría ser el primero.

sobre los campos escarchados de Connecticut. sacarlo de un tirón. Las garras delanteras se movían. obstruyéndola. Se movía perezosamente de un lado al otro. Era algo que poseía una intención maligna y asesina. Levantó sus manos lentamente para agarrar al gato.. y sus manos apretaron sólo la cola del gato. un proyectil peludo. metiéndose más y más adentro.. Sobresaliendo de su boca abierta había dos pulgadas de tupida cola. El amanecer llegó en silencio.. Echó una última mirada al rostro blanco y negro bajo las orejas aplastadas. deshilachándole la lengua como un pedazo de hígado. retorciéndose. Y en ese momento Halston supo que era más que un gato. El gato estaba forzando su entrada a la boca. Desapareció. Se metió en su boca. destruirlo. los ojos enormes y llenos de un odio lunático. Se había deshecho de tres viejos y ahora se iba a deshacer de John Halston. y ahí fue cuando el gato cambió de dirección y saltó sobre su cara. su voluntad de sobrevivir superó a la parálisis del impacto.Halston gritó. Su extraño rostro blanco y negro se debía haber metido muy adentro de su garganta. con alambre de púas enredado en la parrilla como una maraña de lana de acero. y comenzó a ahogarse. pensó. Iba camino a Placer's Glen para conseguir la renovación de la pegatina para su camión cuando vio al sol del final de la mañana brillando sobre algo en el barranco detrás del camino. Un terrible sonido de arcada salió de la garganta de Halston. sobre su boca. mitad negra. Sus ojos brillaron. Miraron sin mirar la llegada del amanecer a través del parabrisas del Plymouth. Sus manos cayeron de vuelta en su falda y los dedos tamborilearon sin sentido en sus muslos. Estiró los brazos para agarrarlo. la boca bien abierta. mitad blanca. Oh.. Su estómago se replegó y vomitó. Dios. que estaba hinchándose como una manguera de jardín flexible. Podía sentir su mandíbula crujiendo más y más para dejarlo entrar. Lo amordazó. El vómito bajó por su tráquea. El nombre del granjero era Will Reuss. luego se nublaron. Un pájaro gimió en algún lado otra vez. En ese punto extremo. achatando el cuerpo. Su cuerpo se sacudió. . Estacionó en la banquina y vio al Plymouth yaciendo en un ángulo ladeado e inestable en la cuneta. De alguna manera había metido todo el cuerpo dentro de su boca.

El Zampaespectros El Zampaespectros H. Asomando estaba la cara blanca y negra jaspeada de sangre de un gato. y. Se salió. La organización Roper no lo incluiría nunca más en sus encuestas presidenciales. Eddy. justo arriba de la hebilla del cinturón. agarrando la camisa del hombre muerto y tirando. sus ojos enormes y brillantes.Bajó y se quedó sin aliento. Lovecraft y C. Agitándose. Manchas de sangre comenzaron a florecer como rosas siniestras. Como si hubiera dejado un trabajo sin terminar. en los despoblados lugares a que me conducen mis vagabundeos.. le murmuró al brillante día de noviembre. y oigo procedentes del vacío infinito los ecos demoníacos de alaridos y gruñidos y un detestable crujir de huesos.. a pesar de la . La puerta del conductor estaba trabada. Me encontraba en Maine. M. El gato hizo fuerza para salir y se estiró con una languidez obscena. Will Reuss miró. Estaba alcanzando el abrigo cuando notó que la camisa del tipo muerto estaba agitándose. Luego salió por la ventana abierta de un salto. Jr. Reuss lo vio moverse a través de la hierba muerta e irse.P. después de oscurecido. “Santo Dios”. el día del solsticio de verano. Todavía tenía puesto el cinturón de seguridad. y abultándose. Hasta aquella noche siempre había tenido cuidado de contratar un guía. aunque la llamada de la naturaleza era tan fuerte como en el presente. Una veintena de cuervos levantaron vuelo graznando en un campo cercano. Su cara estaba manchada con sangre. En aquellos días tenía menos conocimientos de lo forestal. Reuss se tambaleó hacia atrás. Y gritó. Sobre el ombligo de Halston. aunque diversas circunstancias me obligaron repentinamente a confiar en mi propia habilidad. con la idea de buscar una identificación. “¿Qué diablos?”. dando alaridos. Se inclinó hacia adentro y desabrochó el cinturón de seguridad. le dijo más tarde a un periodista del periódico local. ¿Lunatismo? ¿Acceso de fiebre?¡Desearía creerlo así! Pero cuando me encuentro solo. me estremezco de nuevo al evocar aquella noche de espectros. las manos sobre la cara. un agujero irregular había sido arañado en su carne. Había un tipo sentado detrás del volante. pero Reuss se las arregló para abrirla tirando con las dos manos. los ojos abiertos y brillando vacíos en la eternidad. Parecía estar apurado.

El clima malogró mis planes. sin embargo. Había demasiados «asuntos importantes» para pueblo tan pequeño y me constaba que los naturales mentían. elegí la sombra más espesa que pude encontrar y procedí a comer las viandas que me habían preparado en la posada. Extranjero como era. el sendero. un pedazo de empanada rancia y una botella de vino muy flojo. La llegada del mediodía sorprendió mis ropas empapadas de sudor y me sentí vencido pese a todos mis tenaces propósitos. parecía raro que todo quisque contara con prontas y fáciles excusas. Si me ponía en camino nada más despuntar el alba. no precisamente un festín suntuoso. había comenzado ya mi itinerario hacia los bosques. El proyecto parecía bueno y resolví intentarlo solo. aseveraban ellos. Constaban éstas de unos cuantos bocadillos anodinos. A medida que el sol subía en dirección a su cenit. una automática en el bolsillo y la faltriquera llena de arrugados billetes de diverso valor. podía llegar a Glendale aproximadamente a la puesta del sol. el hato de la comida en la mano. pero si suficiente para mi estado de extremo cansancio. . sus rayos calcinaban más y más los pequeños brotes de hierba. tendría que cruzar vastas zonas de bosque. se perdía bajo la lujuria vegetal y desaparecía en más de un punto. o así al menos lo decían. y de ningún modo dificultoso para un mozarrón vigoroso. fui recibido con claras muestras de rechazo y evasión.extrema necesidad que tenía de trasladarme de Mayfair a Glendale el día siguiente. siempre que preguntaba por un guía. pues la juventud es tozuda y desde la infancia me había reído de supersticiones y cuentos de viejas. que por cierto me retrasaría. sintiendo hambre. Por la distancia que me habían anticipado y un conocimiento previo de mi velocidad de marcha. excusas que no hacían sino asegurarme que el camino a través del bosque era la mar de cómodo.desde que otro caminante lo hollara. y comencé a preguntarme si llegaría a tiempo a mi cita. En cuanto a mí. Sin duda habían pasado semanas -tal vez meses. Al cabo. mi presencia en mi punto de destino no era realmente necesaria hasta el día siguiente. no obstante. Así. Por otro lado. tenía la suficiente experiencia campestre para replegarme. Probablemente me habría puesto en camino aun albergando sospechas. A menos que tomara la larga ruta que atraviesa Petewisset. evitando así pasar la noche al sereno. Paralelamente a estas dificultades. aun cuando en virtud de un error de cálculo me cogiera la noche en aquellos parajes. abrasaba mi ánimo y oxidaba mi energía a cada paso. El caso es que todos tenían «deberes inaplazables». antes de que el sol se alzara. consideré que llegaría a Glendale poco después del crepúsculo. dejando que la pereza de aquellos palurdos siguiera cosechando méritos. no deteniéndose siquiera ante las matas más gruesas. no daba con persona que quisiera conducirme. Ni siquiera entonces sospeché nada. a medida que se internaba en lo más profundo del bosque. siempre que siguiera la dirección norte.

Cuando abrí los ojos era ya el crepúsculo. Un momento más y vi una luz. se levantaba un edificio. y aunque todavía caminaba automáticamente. tendría una antigüedad de unos setenta años. Mi huésped. subiendo presurosamente los escalones de entrada y llamando a la puerta. me precipité hacia ella: ¡ojalá hubiera dado media vuelta y escapado! Había una especie de claro imperfecto y allí. Al cerrar la puerta a mis espaldas me vi asaltado por un olor particular que dominaba la casa. aunque era muy flojo. elusivo. presumí. penetré en un oscuro recibidor iluminado por la claridad filtrada a través de una puerta abierta a. pues. un olor que de algún modo sugería una presencia animal. sirvió para rematar la obra que el caluroso día había comenzado. por su arquitectura. Deseoso solamente de refugio. apenas definible. con el propósito de reposar unos minutos antes de emprender de nuevo el último tramo de mi viaje. En vez de ello. Al instante. la modorra ganó puntos y quedé sumido en un profundo sueño. pero entre cabeceos y bostezos. bajo la sombra de los árboles. y al mirar al cielo vi con temor que negros cúmulos de nubes estaban congregándose y formando una sólida muralla de oscuridad que profetizaba violenta tormenta. Las nubes bajas se hacían más y más amenazadoras y el viento aumentaba hasta ribetear el huracán. mano derecha. procedí a tenderme en el suelo. me resigné ante lo inevitable. . Un vientecillo culebreó sobre mis mejillas y acabó de reanimarme. Creo que fue una estupidez beber aquel vino.Hacía demasiado calor para que el tabaco constituyera un placer. pero la perspectiva de una noche en el bosque se me hizo muy repugnante bajo las condiciones antedichas. mi llamada fue respondida por una profunda y agradable voz que se limitó a decir: -¡Entre! Empujando la puerta cerrada sin llave. Había luz en una de las ventanas de la planta baja y hacia ella corrí espoleado por el impacto de otra gota' de lluvia. lanzándome a través del claro. pero me detuve sorprendido cuando me vi ante una pequeña casa pulcra y exquisita y de dos pisos. Mi propósito había sido descansar unos momentos. que daba acceso a una habitación llena de libros y que contaba con la ventana que yo había visto iluminada desde el exterior. Entonces sentí sobre mi mano una gota de lluvia. Había esperado una choza o cabaña de pastores. Supe entonces que no llegaría a Glendale hasta la mañana siguiente. con la fachada hacia el claro y la parte trasera hacia el bosque primitivo. de manera que no encendí la pipa. debía de ser cazador o trampero. Un relámpago " distante iluminó el cielo y fue seguido de un ominoso trueno que pareció ocultar malignos propósitos. luz de una ventana a través de los árboles y las tinieblas. evanescente. La oscuridad cubría el bosque como un espeso manto. Decidí entonces avanzar un poco más con la esperanza de encontrar un refugio antes de que se desatara la tempestad. o de cualquier manera relacionado con alguna tarea que justificase el tufo. pero su conservación y ocasionales reparaciones le prestaban un aire decididamente civilizado.

pero partí con la esperanza de llegar por la mañana a Glendale y la inminencia de una tormenta me obligó a buscar refugio. -Venga -invitó-. orejas perfectamente delineadas y situadas más bien bajas y rezagadas en el conjunto de la cabeza y ojos grises y enormemente expresivos. Mi huésped pareció hacer caso omiso de los elementos y me dirigió otra sonrisa cuando me respondió. -Sea bienvenido a la pobre hospitalidad que puedo ofrecerle. No pude menos de lamentarme que un hombre de personalidad tan seductora hubiera escogido vivir como un recluso. Si tiene hambre. Su voz era suave y bien modulada y sus ojos contenían una calma casi hipnótica. Era un individuo delgado. aunque su habla era fluida y perfecta. La luz procedente de una gran lámpara pronunciaba sus facciones y mientras me miraba con curiosidad me dediqué a estudiarlo con ánimo de no perder ningún detalle. Soy cojo de una pierna. le pregunté si debía preparar comida para ambos. Era sorprendentemente guapo. Puedo permanecer en la cocina lo mismo que aquí. cogió leña del montón apilado en una esquina y se dirigió a la chimenea. declinó la oferta. se dirigió a la puerta con pasos largos y renqueantes y advertí que sus velludos brazos colgaban de una manera curiosa que contrastaba con la delicadeza de las manos. cejas regulares que se encontraban en ángulo sesgado sobre la nariz.El hombre que había hablado estaba sentado en un sillón junto a una mesa de mármol ubicada en el centro y tocado con una bata de estar en casa. Además. un vívido relámpago estalló en el exterior y el primer nuncio de una lluvia torrencial se dejó sentir contra la ventana. de cara magra y recién afeitada. cortésmente. Un momento después. tomé un bocado antes de que llegara usted. . casi luminosos de tanta animación. una vez encendido el fuego. mostró una dentadura magnífica de blancas piezas y cuando me invitó a sentarme con un gesto de su mano aprecié la finura y delgadez de ésta. cabellos brillantes. Cuando sonrió dándome la bienvenida. Tras levantarse y alcanzar con ello una altura impresionante. ya que me temo que no podrá ser mucha. de color gris. encontrará abundancia en la cocina: abundancia de comida. Lo seguí hasta el recibidor y la estancia que se abría al otro lado. -Lamento importunarle -aventuré-. -Me pareció detectar z un furtivo rasgo de acento extranjero en su tono. ya que no de ceremonia. -Hace demasiado calor para comer -me dijo-. cuyas uñas parecían haber sido tratadas con exquisitez. de modo que tendrá que hacer usted la mayor parte de las cosas durante su espera. así como de sus dedos largos. Como corroborando mis palabras. Coja la lámpara. blondos v perfectamente peinados.

poca necesidad de lámpara tenía. perteneciente a lo ajeno. Tras haber fumado tres pipas en silencio.Después de lavar los platos utilizados para la comida. una sinceridad que despejó cualquier duda que yo hubiera podido albergar respecto de su hospitalidad. Y así se lo dije a mi huésped. el punzante olor a keroseno inundó mi olfato. pude ver que sus ojos brillaban de manera casi fosforescente en medio de la sombría habitación que acababa de dejar. pero quedó en silencio cuando le expliqué que era forastero. Al apagar la lámpara de un soplido y dejar por ende la casa a oscuras. silencioso. Más allá de la puerta vi el recibidor y la escalera. Por otro lado. descontando la luz de la luna. Pensé que reanudar mi viaje no era -una mala idea. En cuanto a la tormenta. Ciertamente. y percibí que pese a la oscuridad se desplazaba con seguridad inequívoca. Cuando alcancé el segundo rellano pude oír el renqueo de mi huésped que cruzaba el recibidor y se dirigía a la habitación que se abría frente a la cocina. Me gustaría levantarme nada más salir el sol y continuar mi camino. y medio me asaltó durante un segundo el lejano recuerdo de la selva y el círculo de ojos que suele brillar un poco más allá del radio del campamento. En el piso de arriba hay dos dormitorios disponibles: me sentiré muy honrado si acepta ocupar uno de ellos. -Llévese la lámpara -dijo-. tenía la certeza de que me toleraba como víctima de la imprevista tormenta y no por razones que se contuvieran en un genuino sentido de la hospitalidad. Cuando estoy solo me paso la mitad del tiempo a oscuras.y creo que lo mejor será que me vaya a la cama. Su habitación es la que está a mano derecha. la luna se perfilaba tras las nubes y la lluvia había menguado hasta no ser más que un simple calabobos. de manera que medité y concluí considerando que su silencio debía ser el resultado de la prolongada separación a que se sometía respecto de sus semejantes. No tengo otra. no pude menos de percibir una cierta cualidad de extrañeza que emanaba de él. que difícilmente podría explicar. algo sutil. parecía haber pasado su punto culminante. llegó el momento en que tuve que reprimir un bostezo. No es fácil encontrar combustible y suelo ir muy de tarde en tarde al pueblo. Va a pie y le quedan tres horas largas hasta Glendale. Había sinceridad en la oferta. Subí los peldaños. permanecí un rato sentado y fumando una pipa. Mi huésped me señaló la puerta con un gesto. El exterior se despejaba por momentos. pero no me importa permanecer en la oscuridad. -Lo mejor será que espere a mañana -observó-. al final de la escalera. La tormenta había cesado y cuando entré en la habitación que se me había asignado me encontré con los brillantes rayos de una luna llena que se derramaba sobre la cama a través de una ventana sin cortinas encarada al sur. Cogiendo la lámpara y volviéndome en el recibidor para darle las buenas noches. -Ha sido un día agotador para mí -dije. Mi huésped me preguntó unas cuantas cosas sobre los pueblos vecinos. sin apagar del todo aquel otro olor casi animal . Mientras lo veía allí.

Todas las viejas historias dé posaderos ladrones me asaltaron al pronto cuando el momento siguiente reveló que los pasos eran fuertes. Sin duda. Sacudí las cenizas de la pipa. No haría mucho rato que llevaba allí sentado cuando mis sensibles oídos captaron el sonido de unos pasos que subían las escaleras. con los nervios en tensión. respirando el aire fresco de la noche.que había advertido en el momento de mi llegada. pesados. pues yo había leído sucesos relativos a hombres que. según lo pidiese la ocasión. Alto. pues no podía admitir ni por un instante que había estado oculto en cualquiera de las dos estancias o el recibidor de la planta baja. dados sin la menor cautela. me coloqué tras la puerta en un lugar desde el que no pudiera ser visto. Cómo podía haber entrado en la casa sin que yo lo advirtiese estaba más allá de mis facultades. me senté en la única silla de la habitación y. Estaba ya desvistiéndome cuando me detuve al instante. reflexioné. haría bien guardándolo. se metió en la cama. acordándome del dinero que llevaba encima. retrocedí con el corazón zumbando y. pero al instante consideré que lo mejor era percatarme de que el incidente no constituía en conjunto un efecto secundario del vino ingerido en el bosque. crucé la habitación y. Notando el desarreglo de la cama. arreglando las ropas de la cama de manera que pareciese que cubrían un cuerpo. aunque posiblemente se tratara de una ilusión provocada por la sorpresa. so pretexto de la hospitalidad. llené y encendí la pipa y me dispuse a descansar o vigilar. Arrojando sus vestidos sobre la silla que yo había estado ocupando. no vacilan en robar. según lo había escuchado anteriormente. tras lanzar un grito asustado. Mi primer impulso fue buscar a mi huésped y pedirle una explicación. . Mientras lo observaba atentamente a la luz de la luna. Me deslicé hasta la corma y puse una mano en el hombro del hombre que dormía. se me figuró que mi vista atravesaba su robusto cuerpo. Me sentía todavía débil y con cierto desmayo y a pesar de la cena reciente tenía tanta hambre como si no hubiera comido nada desde el mediodía. Me acerqué a la ventana Y 1a abrí. Enseguida. el extraño murmuró algo para sí en idioma extranjero y procedió a apartar las frazadas. oculto en un rincón oscuro. acomodó las sábanas sobre él y al cabo de unos momentos su respiración semejó la de un hombre dormido. era un renqueo suave. y descuidados. los ojos saliéndoseme de las órbitas. tras empuñar y sacar la automática. de anchas espaldas. me levanté de la silla. Así. se trataba indudablemente de un extraño. Pues mis dedos habían atravesado la forma dormida y cogido sólo la sábana de abajo. pero sin caer en la trampa de creer que estaba ocupada. ni siquiera en matar. La puerta se abrió y a la luz de la luna vi a un hombre que jamás había visto anteriormente. el rostro medio oculto por una espesa barba cuadrada y el cuello hundido en un alto y negro alzacuello de un modelo pasado de moda en América hacía tiempo. me guardé ésta en el bolsillo y. ya que el paso de mi huésped. a continuación. al extranjero que les pide asilo.

Y de nuevo percibí aquel picante olor animal. La silueta de la cama se removió. pasos renqueantes. Cegado por el miedo. pero resignado ya a vérmelas con cualquier hecho con o sin nombre. como si hubiera sido herida por alguna bala perdida. tembloroso hasta los tuétanos. mientras corría escaleras abajo. esta vez con doble fuerza. el mismo miedo me lanzó hacia la puerta y me obligó a volver la cabeza en el instante mismo de emprender la fuga: atónito.. Aquellos gritos me habían devuelto a la realidad y al cabo de un segundo empuñaba de nuevo mi automática y vaciaba su contenido en la monstruosidad lupina que tenía delante. Cojo. Cómo di con el sendero que llevaba a Glendale y cómo me las arreglé para seguirlo es algo que no sabré jamás. El animal se acercó lentamente y entonces -mientras la etérea figura profería un alarido de angustia y terror inequívocamente humanos qué ningún fantasma de leyenda podría falsificarse lanzó de un salto contra la garganta de su víctima. En aquel momento. ascendiendo. su garganta demoníaca emitió el ululato más aturdidor que jamás he oído. Mis nervios estallaron. como los de un perro. oí otros pasos en la escalera. cuando ya estaba a punto de admitir mi locura o mi estado hipnótico. surgida de aquélla. ascendiendo. El hombre era intangible y no obstante podía verlo allí. nauseabundo.. Entonces. oír su respiración y contemplar su silueta echada de lado bajo las sábanas.Un análisis completo de mis agitadas sensaciones sería inútil. pude oír el crujido de los huesos.. Los gritos cesaron y se desvanecieron en medio de un gorgoteo de sangre y los asustados ojos humanos se tornaron vidriosos. Su mirada se desvió hacia la cama y se quedó glotonamente fija en la espectral silueta dormida que allí había. Intrigado y moviéndome como en un sueño. pues una de sus patas quedaba en el aire.. lobuno aullido que paralizó mi corazón. volví a ocultarme tras la puerta abierta. pues los ojos que en aquel momento me miraban embutidos en aquella cabeza infernal eran los ojos grises y fosforescentes de mi huésped en el momento de mirarme desde la oscuridad de la cocina Ignoro en puridad si la bestia me vio. vi que el lobo había hundido los dientes en el cuerpo de su víctima. Tuvo lugar en aquel momento la culminación de las impresiones sensitivas y la devastadora formulación de un pensamiento. oí inequivocadamente los impactos de los proyectiles estériles que se estrellaban contra la pared opuesta. relampagueando a la luz de la luna aquella blanca y firme dentadura en el momento de cerrarse sobre la yugular del fantasma que gritaba. Sólo sé que la salida del sol me sorprendió en la colina que se eleva en el límite del bosque y alberga en su . suaves. y sin embargo. La bestia giró la cabeza hacia mí y al hacerlo se me cayó la pistola de la mano y chocó ruidosamente contra el suelo. ascendiendo. Sin embargo. al parecer. denso. abrió los ojos y se encogió al ver lo que tenía ante sí. Se trataba del mismo cuerpo que yo había atravesado con la mano momentos antes. amortiguados. La creciente sucesión de horrores paralizó en seguida mi voluntad y mi conciencia. Entonces. en aquel claro de luna espectral penetró la fantasmal silueta de un inmenso lobo gris. echando la cabeza hacia atrás.

falda las desparramadas casas que componen el pueblo. sin abrigo. Reanudé el camino colina abajo y me interné por las estrechas calles salpicadas aquí y allá de trechos de acera empedrada y pórticos coloniales. ¡Dios mío! -Me miró con curiosidad-. la azul amenaza del Cataqua. sudor. sabrías lo que hay que saber respecto del Bosque del Diablo. quedando a lo lejos. -Vamos. y no obstante sabía que no debía parecer muy serio después de las primeras observaciones. solo? El anciano me contempló con una curiosa mirada. pálido y tan empapado de. guapo. la luna llena. Sin sombrero. Vasili y lo demás. mitad horror mitad incredulidad.. -Hubo un tiempo en que se instalaron algunos rusos entre este lugar y Mayfair: emigraron después de un jaleo que organizaron los nihilistas. -¿Dónde vas tan temprano. Me sentí un tanto aturdido... pelo amarillo y maneras refinadas. -Claro. el Bosque del Diablo. Recuérdese lo que había presenciado y recuérdese que jamás había oído hablar de la historia hasta después de haber atravesado la experiencia y huido aterrorizado de aquel crujir de huesos. a burlarse de mí? Pero su tono era tan grave como el de un sacerdote cuando replicó: -Debes de ser nuevo en estos lugares. Si no lo fueras. ¿tengo pinta de tonto? ¿A qué juega.como si la tormenta de la noche anterior me hubiera cogido de lleno. no me atreví a entrar en el pueblo hasta no haber recuperado un tanto la compostura. ¿Viste algún rastro de Vasili Oukraninov o del Conde? -Oiga... Soy como un burro: todo orejas. muchacho? ¿Y ese aspecto? ¿Estás hecho un asco. -Y la noche pasada hubo luna llena. hijito. Pero no necesitaba yo la vitalidad ni la convicción que cualquier poeta habría suministrado. hasta que di con la mansión Lafayette.. centelleando en la distancia. Se .. -¿Que has atravesado. despojándola de vitalidad y convicción y extirpándole colorido. No habría llegado a tiempo si hubiera venido por Potowisset y no podía llegar más tarde del mediodía de hoy. detalles y atmósfera. un tío alto. esta noche. Vasili Oukraninov era uno de ellos. sé que está rabiando por contármelo. y.. Entonces me contó la leyenda de forma escueta.. cuyo propietario me vio de lejos. -He caminado a través del bosque que nos separa -de Mayfair..

LOS AMADOS MUERTOS H. que era un esclavo del demonio: un hombre lobo y comedor de hombres. hijito.. LOVECRAFT & C.. hijito.. Ya puedes imaginarte quién era el lobo.. hijito. Todos pusieron al Conde sobre aviso. EDDY Es media noche.. cuando estoy solo después de oscurecido en lugares despoblados y oigo los demoníacos ecos de aquellos alaridos y gruñidos y aquel crujir de huesos. De vez en cuando llegaba un viajero que contaba la extraña historia de un lobo con ojos humanos que había estado a punto de darle caza. No soy ningún Conde y puedo dar fe de lo que digo. ¿me dices que has atravesado el bosque?” -Le repito que si -dije haciendo lo posible por no parecer un charlatán-. y un tétrico lobo gris inclinado sobre él con las fauces ensangrentadas. Era todo demasiado absurdo y artificial a la luz del día. hasta ser al fin uno con los muertos que amo. esto fue hace sesenta años. me estremezco de nuevo al evocar aquella noche espectral.. El tío era valiente y la única precaución que tomó fue decir a un grupo de hombres que si al cabo de un tiempo prudencial no estaba de regreso fueran a buscarle a la casa de Vasili. Y la gente suele decir que cada luna llena. donde languideceré interminablemente. sino de hechos contundentes. Así lo hicieron. ¿no viste ni oíste nada? -Ni papa. pues lo mataron: lo llenaron bien lleno de plomo y lo enterraron en la casa y luego quemaron el lugar. pues se trataba de un hombre educado y buen vecino. y tú.. o Vasili Oukraninov? -Vaya. Una noche. Antes del alba darán conmigo y me encerrarán en una celda negra. “Entonces envió gente a Mayfair en busca del Conde (su nombre era Feodar Tchemevsky y había comprado a Fowler la casa de techo holandés que está en State Street) para que acudiera a verle. . Me alejé con un encogimiento de hombros. yo aún era un crío..decía. “Se construyó una casa en el bosque más o menos a un tercio de la distancia que nos separa de Mayfair y vivía allí solo. Pero. uno de los viajeros acertó a disparar contra el lobo y la siguiente ocasión que el ruso vino a Glendale caminaba cojeando. hijo. Y dígame: ¿qué fue del lobo. Pero a veces. No se trata de meras sospechas. ¿qué pasó cuando los hombres llegaron a la casa de Oukraninov? -Encontraron el cuerpo del Conde hecho papilla. Aquello acabó por encajar. sin embargo. Era noche de luna llena. un lobo con los ojos como Oukraninov. M. mientras insaciables deseos roen mis entrañas y consumen mi corazón. ¿Sabes?. abuelo. pero lo recuerdo como si hubiese sido ayer. P. pero dijo que él sabia cuidarse. pero.

Cualquier asunto que tendiera a arrancarme de mi inercia habitual sólo representaba para mí una promesa de inquietudes . prosaica y monótona apatía. Fenham tenía su cupo de chismosos de lengua venenosa. lo hubiera hecho en alguna ciudad de carne en descomposición y huesos que se deshacen. mi única luz es la de las estrellas y la de una angosta media luna. Tenía dieciséis años cuando acudí a mi primer funeral. Cuando llegué a la adolescencia. perfilándose contra el enfurecido cielo.. además.Mi asiento es la fétida fosa de una vetusta tumba. me comparaban con mis padres agitando la cabeza con ominosa duda en vista de la gran diferencia. con un silencio cuya intensidad promete lo solemne y lo espantoso. Un sepelio en Fenham era un suceso de primer orden social. Mi vida carecía de alicientes. me torné aún más sombrío. quizás hubiera superado esta temprana tendencia al aislamiento. semejando el espectral caudillo de una horda fantasmal. o porque no poseía el suficiente vigor para participar en ellos. Me tildaban de aguafiestas y "vieja" porque no me interesaban los rudos juegos infantiles que ellos practicaban. las inclinadas y decrépitas lápidas yacen medio ocultas por masas de nauseabunda maleza en descomposición. Sumamente ascético. Me parecía ser preso de algo que ofuscaba mis sentidos. Todo es quietud . pero para mí es el aroma del Elíseo. el envés de una lápida caída y desgastada por los siglos implacables. ¡Porque la presencia de la muerte es vida para mí! Mi temprana infancia fue de una larga. un solemne monumento alza su austero chapitel ahusado. A mi alrededor. Algunos de los más supersticiosos me señalaban abiertamente como un niño cambiado por otro. pálido. el funeral era el de un personaje tan conocido como el de mi abuelo. ya que nuestra ciudad era señalada por la longevidad de sus habitantes. llamaban la atención sobre rumores difusos y misteriosos acerca de un tataratío que había sido quemado en la hoguera por nigromante. podía asegurarse que el pueblo entero acudiría en masa para rendir el debido homenaje a su memoria. descolorido. Pero yo no contemplaba la próxima ceremonia con interés ni siquiera latente. trababa mi desarrollo. como sepulcrales centinelas guardando descuidadas tumbas. de haberlo deseado. mientras que otros. entorpecía mis actividades y me sumía en una inexplicable insatisfacción. Cuando. que sabían algo sobre mis antepasados.terrorífica quietud -. El aire está enrarecido por el nocivo olor de los hongos y el hedor de la húmeda tierra mohosa. Y sobre todo. acelerando la estancada sangre en mis venas y forzando a latir mi lánguido corazón con júbilo delirante. con mayores oportunidades para encontrar amistades. enclenque y sujeto a prolongados raptos de mórbido ensimismamiento. De haber podido elegir mi morada. morboso y apático. De haber vivido en una ciudad más grande. Sus imaginaciones maledicentes achacaban mi temperamento letárgico a alguna anormalidad aborrecible. mi pupitre.. pues su proximidad brinda a mi alma escalofríos de éxtasis. fui relegado por los muchachos saludables y normales de mi propia edad. aunque puedo ver tan claramente como si fuera mediodía. Como todas las poblaciones rurales.

Mis ojos intentaban traspasar los párpados cerrados del difunto y leer el secreto mensaje que ocultaban. Observé el rostro sosegado y surcado por infinidad de arrugas. Mientras rememoro lentamente ese instante portentoso. de haber siquiera soñado la verdadera causa de mi reanimación. recuerdo. tan furtivamente me envolvió que apenas puedo determinar su llegada. había vuelto a ser el de siempre. La población estaba tan volcada en la ceremonia que el radical cambio de mi conducta pasó desapercibido para todos. Mi mismo ser parecía cargado de electricidad estática y sentí mi cuerpo tensarse involuntariamente. Mi corazón dio un repentino salto de júbilo impío batiendo contra mis costillas con fuerza demoníaca. la seguí por la estancia hasta el féretro donde yacía el cuerpo de mi abuelo. el vigoroso codazo maternal me devolvió a la actividad. la potencia del estímulo comenzó a perder efectividad. fue mi iniciación en los solemnes ritos de tales ocasiones.. De puertas afuera. me pareció que el abuelo estaba inmensamente contento. Una vez más. Al final de la quincena. excepto para mi padre y mi madre. y los maledicentes buscaron algún otro sujeto más propicio.físicas y mentales. me arrancó de mi normal apatía captando mi atención. Al contrario. No hubo nada fuera de lo normal en el funeral de mi abuelo salvo la voluminosa colección de ofrendas florales. Ellos. Antes. vagos e indefinidos desasosiegos me turbaban. . como tratando de librarse de las acotadas paredes de mi caja torácica. Me sentí sacudido por algún extraño y discordante sentido de regocijo. había una total ausencia del deseo de superar la inactividad.. me hubieran rehuido como a un ser leproso y obsceno. y no vi nada que causara demasiado pesar. pero en la quincena siguiente. no obstante. los apiñados montones de fragantes ramilletes. me alejé de él con vitalidad recién descubierta. Había llegado con pies de plomo hasta el ataúd tapizado de negro. alguna abominable poción preparada con las blasfemas fórmulas de los archivos de Belial. Tan suave. estrechando silenciosamente su cerco con sutil insidia. estaba cara a cara con la Muerte. y tratando de hurtarme a sus cáusticas condenas sobre mi actitud poco filial. En uno o dos días había vuelto por completo a mi languidez anterior. Por primera vez. aunque no era total y devoradora insipidez del pasado. convine en acompañarles. el ovalado ataúd con sus sombrías colgaduras. pero esto. me parece que debe haberse originado con mi primer vistazo a la escena del funeral. Era como si hubiera bebido grandes sorbos de algún exótico elixir. las demostraciones de dolor por parte de los ciudadanos congregados. Una salvaje y desenfrenada sensualidad complaciente me envolvió. plácidamente satisfecho. Cediendo ante las presiones de mis padres. Algo en la estancia oscurecida. los chismosos locales encontraron nuevo material para sus corrosivas lenguas en mi alterado comportamiento. Saliendo de mi momentáneo ensueño merced a un codazo de mi madre. Acompañé al cortejo hasta el cementerio con mi ser físico inundado de místicas influencias vivificantes. Una funesta y maligna influencia que parecía provenir del cadáver mismo me aferraba con magnética fascinación. ahora.

a pesar de la proverbial longevidad de mis conciudadanos. infinitamente más horrible. Las tragedias vienen a menudo de tres en tres. que había una singularidad en mi constitución que sólo respondía a la espantosa presencia de algún cuerpo sin vida. la hubiera rechazado enérgicamente. me habría aislado para siempre del resto del mundo. los siguientes cinco años me trajeron la muerte de mis padres. un amor más grande . También el murió bruscamente.que el que más hubiera sentido hacia él cuando estaba vivo. de haber adivinado el execrable poder oculto tras mi corto periodo de alegría. lanzándome a increíbles cotas de seráfica satisfacción.Yo. pero había poseído bastantes bienes mundanos como para ser lo suficientemente independiente. sin detectar el fulgor entusiasta de mis ojos cuando finalmente logré que aceptara mi condenable punto de vista. pasando mis restantes años en penitente soledad. Mi padre no era un hombre rico. No creo ser capaz de expresar los reprensibles. tras un momento de sobria reflexión. Pocos días más tarde. en un accidente de la naturaleza mas inesperada. Mi octogenario patrón trató por todos los medios de disuadirme de realizar la inconcebible tarea de embalsamar su cuerpo. Mi madre fue la primera. otra vez latió con velocidad galopante enviando la sangre caliente a recorrer mis venas con meteórico fervor. ¡ Qué lejos estaba de imaginar que sería el objeto de mi primera lección práctica!.con mucho . de ahí que. agitó la cabeza aprobadoramente. la muerte era la fuerza motora de mi vida. me entrevisté con el único enterrador de Fenham y le pedí que me admitiera como aprendiz. del deseo repugnante y profano. con el alma sedienta de ese diabólico néctar que parecía saturar el aire de la estancia oscurecida. Demasiado bien sabía que. Ahora sabía que era como el delirio provocado por las drogas y que pronto pasaría. por culpa de alguna afección cardiaca insospechada hasta el momento. frenético por la bestial intoxicación de la que la totalidad de mi existencia dependía. Como su único . En cambio. a través de alguna extraña maldición satánica. y tan genuino fue mi pesar que me sentí sinceramente sorprendido de verlo burlado y contrarrestado por ese casi perdido sentimiento de supremo y diabólico éxtasis. De nuevo mi corazón brincó salvajemente. dejándome igualmente ávido de su poder maligno. los desquiciados pensamientos que barrieron en tumultuosas olas de pasión mi desbocado corazón mientras trabajaba sobre aquel cuerpo sin vida. El golpe causado por la muerte de mi madre había afectado visiblemente a mi padre. Sacudí de mis hombros el fatigoso manto de inacción. Busqué la cámara mortuoria donde yacía el cuerpo de mi madre. Amor sin par era la nota clave de esos conceptos. sólo para reemplazarlo por la carga. Cada inspiración me vivificaba. Creo que de haber sacado a relucir una idea tan trasnochada como la de mi empleo en otra ocasión. pero no podía controlar mis anhelos más de lo que podía deshacer los nudos gordianos que ya enmarañaban la madeja de mi destino.

Era una furtiva figura que se camuflaba con los árboles y lanzaba esquivas miradas sobre su espalda.abandonaría sus indescriptibles deberes para arrancar a sangre fría la vida de sus semejantes? Planeaba cada crimen con astucia demoníaca. había perdido sabor para mí. Nada era demasiado horripilante para mi impía sensibilidad. una empresa que mantenía las mayores pompas fúnebres de la ciudad. por un momento. yo sentía una suprema sensación de seguridad. párrafo tras párrafo de soluciones imposibles. La venta de los bienes me proveyó de un medio fácil de asegurarme la salida y me trasladé a Bayboro. con su cómodo aislamiento. columna tras columna de ansioso morbo sobre abominables atrocidades.. y rogaba a todos los dioses obscenos de los abismos inferiores para que dieran rápida y segura muerte a los residentes de la ciudad. los periódicos matutinos pudieron vocear a su clientela ávida de sensación los detalles de un crimen de pesadilla..donde la Muerte presumiblemente ocupa los asuntos cotidianos . pura y perniciosa. recelaría que un empleado de pompas fúnebres . y sospechas contrapuestas y extravagantes. mi año de aprendizaje me resultó sumamente útil. noches negras como boca de lobo. Me aplique a mi tarea con celo inusitado. una vuelta al arrebatador tumulto de las arterias que transformaba mi hosco trabajo en devota dedicación. me encontré en una especie de paradójica situación. aunque cada satisfacción carnal tiene su precio. variando el método de mis asesinatos para que nadie los supusiera obra de un solo par de manos ensangrentadas. Llegué a odiar los días que no traían muertos en los que refocilarme. Por otra parte. Cada cadáver nuevo traído al establecimiento significaba una promesa cumplida de impío regocijo. era incitado por aquel silencio de mausoleo a idear nuevas e indecibles formas de . El resultado de cada incursión nocturna era una extática hora de placer.¡Oh. Aquí. De cuando en cuando. cuando la luna de la medianoche se oculta tras pesadas nubes bajas. pues ¿quién.heredero.. y pronto me convertí en un maestro en mi oficio electo. porque ya la proximidad de la muerte estaba convirtiéndose en una obsesión. Con todo.. ese doble t postrer placer tenía lugar.. Mi temprana juventud había sido un fracaso total en cuento a prepararme para el contacto con el mundo moderno.. No tuve problemas para lograr una buena colocación como asistente de la Gresham Corporation. Tras una de esas noches de merodeo. una ciudad a unos 50 kilómetros. una silueta empeñada en alguna misión maligna. un placer siempre aumentado por la posibilidad de que su deliciosa fuente fuera más tarde asignada a mis deleitados cuidados en el curso de mi actividad habitual. Llegaron entonces las noches en que una sigilosa figura se deslizaba subrepticiamente por las tenebrosas calles de los suburbios. recuerdo escaso y delicioso! Durante las largas noches en que buscaba el refugio de mi santuario. pero la sencilla vida de Fenham. Incluso logré que me permitieran dormir en los establecimientos. de irreverentes gratificaciones. la longevidad de sus habitantes anulaba el único motivo que me había hecho buscar empleo.

las persianas rotas. así. Fui uno de los primeros en alistarme y uno de los últimos en volver. rondé cementerios. hundido en un sueño monstruoso.resultaba mucho mejor marcharse que invitarle a descubrir los motivos ocultos tras mis actos. cuatro años de infernal osario ensangrentado. En cada vagabundo hay una latente necesidad de volver a los lugares de su infancia... que mis nervios estaban alterados. Vagué de ciudad en ciudad.. me encontré recorriendo los familiares y apartados caminos de Fenhman. Educada pero firmemente.mortales explosiones de histéricas granadas. hasta un crematorio. Deshabitadas y ruinosas granjas se alineaban junto a las cunetas.. que necesitaba un largo descanso de las repelentes tareas que mi oficio exige. el encanto que envolvía los ambientes de mi juventud había desaparecido totalmente.. Unos pocos meses más tarde....prodigar mis afectos a los muertos que amaba.. los incultos terrenos de detrás.. cualquier sitio que me brindara la oportunidad de estar cerca de la muerte que tanto anhelaba... aunque en sentido inverso. Entonces llegó la Guerra Mundial. Con todo esto. La pequeña ciudad de mis recuerdos casi había duplicado su tamaño a pesar de su despoblamiento en tiempo de guerra.. Tras eso. por simpatía hacia la maltratada esposa y el mal nutrido hijo que compartían su suerte.. Apenas había un puñado de casas ocupadas.. me arrancó de mis salaces sueños. no me atreví a permanecer mucho tiempo en un lugar por miedo a que algún acto abierto descubriera mi secreto a un mundo hostil. Mr.¡los muertos que me daban vida! Una mañana. mientras que los años habían deparado un retroceso igual en la propia ciudad.. aunque entre ellas estaba la que una vez yo considerara mi hogar. también los años habían traído cambios. volví mis pasos a Bayboro.. acuciado por algún temerario impulso errante. ¡Cuán poco sabía de los demoníacos deseos que espoleaban mi detestable anormalidad! Fui suficientemente juicioso como para ver que el responder sólo le reafirmaría en su creencia de mi potencial locura. que mi impresionable juventud estaba demasiado profundamente afectada por la funesta atmósfera del lugar. llegó para encontrarme tendido sobre una fría losa. Instintivamente busqué mi primitivo .. de pueblo en pueblo... El sendero descuidado e invadido por malas hierbas. letales humaredas de gases venenosos. ¡con los brazos alrededor del cuerpo rígido. Gresham acudió mucho más temprano de lo habitual.el monótono silbido de balas sardónicas. Trabajé en depósitos de cadáveres.. todo era una muda confirmación de las historias que había obtenido con ciertas indagaciones: que ahora cobijaba a un borracho disoluto que arrastraba una mísera existencia con las faenas que le encomendaban algunos vecinos. nauseabundo légamo de trincheras anegadas de lluvia. cuatro años de trascendente satisfacción. Aquí. grotescos restos de cuerpos aplastados y destrozados..humeantes frenesíes de las fuentes del Flegeton (1). me indicó que debía irme. tieso y desnudo de un fétido cadáver! Con los ojos llenos de entremezcla de repugnancia y compasión.

estaría temporalmente a salvo. puesto que la epidemia de gripe había hecho presa de Mr. Sentía el espionaje. Si pudiera llegar a esta meta. en alguna de esas maléficas escapadas. Con un ágil movimiento. Las porras de la policía abrieron grandes brechas en la puerta. pero sí lo suficiente como para volver la marea de sospechas en mi dirección. Rompí la ventana con una silla. pero el demoníaco deseo me aferraba con torturantes tentáculos y me obligaba a proseguir. tropezando con los podridos troncos de árboles moribundos cuyas ramas desnudas se extendían como brazos grotescos tratando de estorbarme con su burlón abrazo. y comencé a acortar los períodos entre mis odiosas explosiones. dejé una pequeña pista. la prensa amarilla dio la bienvenida a los diabólicos detalles de mis crímenes. pero aun así era incapaz de contener la imperiosa demanda de más muerte para acelerar mi enervado espíritu. descubriendo que aún existía. por estrechas calles mal iluminadas. a través de mugrientos patios traseros. Una vez más. Gresham. Inmediatamente. De cierta forma. mi mente estaba volviéndose progresivamente insensible a cualquier otra influencia que no fuera la satisfacción de mis enloquecidos anhelos. Enseguida llegó la noche en que el estridente silbato de la policía me arrancó de mi demoníaco solaz sobre el cuerpo de mi postrer víctima. en algún lugar. Huí saltando inseguras vallas. pero con nombre desconocido y un "Sucesor de" sobre la puerta.. Comenté mi aprendizaje bajo Mr. . Alguna fatídica disposición me hizo pedir trabajo. Hice a un lado la precaución. no lo bastante como para ordenar mi arresto. Una oportuna vacante me aseguró la inmediata recolocación. comparándolos con las rojas semanas de horror que habían pasmado ala ciudad años atrás. detrás.. Una vez más la policía lanzó sus redes.. Comprendí que pisaba suelo resbaladizo. Entonces volvieron erráticos recuerdos sobre noches escarlatas de impíos peregrinajes y un incontrolable deseo de reanudar aquellos ilícitos placeres. cerré la hoja y la guardé en el bolsillo de mi chaqueta. Gresham con cierto recelo. pensé en los boscosos pantanos que se alzaban más allá de la ciudad.¡nada! Mi sed del nocivo néctar de la muerte creció hasta ser un fuego devastador. pequeños detalles de vital importancia para identificarme.. cruzando míseras casas destartaladas. Dejé deslizar. Durante todo este tiempo. Me descolgué hasta un callejón mientras las figuras vestidas de azul irrumpían por la destrozada puerta. Antes del alba me había lanzado de cabeza por el ansiado despoblado. un rastro fugitivo. mientras que los muchachos estaban en ultramar. lanzándome a otra serie de condenables desmanes. sacando entre sus enmarañados pliegues. agradeciendo al destino haber elegido uno de los distritos más pobres como morada. extendiéndose unos 60 kilómetros hasta alcanzar loa arrabales de Fenham. pero se había llevado a al tumba el secreto de mi poco ética conducta. con una ensangrentada navaja todavía firmemente asida.lugar de trabajo.

me adelanté a explorar contorneando las protectoras sombras como un fantasma obsceno. En ese tiempo los cuerpos debían haber sido descubiertos. Las ventanas de mi nariz temblaban con dulces recuerdos. bueno. Tres silenciosos cuerpos dormían para no despertar. Quizás habían decidido que mi cuerpo yacía oculto en alguna charca o se había desvanecido para siempre entre los tenaces cenagales.. Y aun mi alma endurecida por el pecado se agitó durante un instante al encontrarme ante mi domicilio natal. por primera vez había sido lo bastante descuidado como para dejar alguna prueba tangible de identidad. Tenía remota la esperanza de haberlos hecho perder el rastro. y la sed había dejado mi garganta agotada y reseca. con los sentidos alerta y los músculos listos para la acción. no había oído sonido de voces extrañas ni los crujidos de pesados cuerpos entre la maleza. hambre del estímulo que sólo encontraba en la proximidad de los muertos. Tras la primera y frenética noche. hasta que unos ronquidos estentóreos indicaron el lugar donde encontraría remedio a mis sufrimientos. empapado y demacrado. Pero. Mis engarfiados dedos se deslizaron hacia su garganta.Los diablos de las funestas deidades a quienes había ofrecido mis idólatras plegarias debían haber guiado mis pasos hacia aquella amenazadora ciénaga.. macilento. el lugar de mi retiro de juventud. Horas más tarde volvía a ser el fugitivo. Un momento más tarde había alzado una de las destrozadas ventanas y me había deslizado por el alféizar.¿dónde estarían? -. podían esperar. Además. La mujer y el niño . que sin ella me apagaría como una lámpara vacía. pero no osaba mostrarme. rondaba por los bosques a kilómetro y medio de Fenham. Reuní todas mis restantes energías para aplicarme en la tarea de satisfacer mi inicuo apetito.. con mucho. Luego. . Me permití un vistazo de éxtasis anticipado mientras franqueaba la puerta de la alcoba. esos inquietantes recuerdos pasaron. El silencio me recibió. Una semana más tarde. Escuché durante un instante. a sabiendas de que la alarma debía haber sido radiada. Aun el más obtuso de los policías rurales seguramente relacionaría la tragedia con mi huida de la ciudad vecina. Como una pantera. Una vez más sentí la extraña sensación de ser guiado por algún invisible acólito de Satanás. No fue hasta que la brillante luz del día invadió mi escondrijo que visualicé las inevitables consecuencias de la temeraria obtención alivio. El hambre ría mis tripas con agudas punzadas. Sabía que era parte integral de la vida misma. En su lugar llegó el ávido y abrumador deseo. lo peor era el insoportable hambre de mi famélico espíritu. pero una renovada fortaleza robada era mía.. Había eludido por fin a mis perseguidores. Con pasos felinos recorrí las familiares estancias. Tras las podridas cercas de esa vieja casa aguardaba mi presa. No podía engañarme demasiado con el pensamiento de que tal deseo era un simple capricho de la imaginación. me acerqué a la tendida forma sumida en el estupor de la embriaguez. A pesar del peligro que implicaban mis movimientos.

quizás......que los interminables meses de indescriptible miseria. Me apresuré a través de la larga noche.. distantes estrellas danzan embriagadoramente en demoníaco acompañamiento.. El simple chasquido de una ramita seca bajo mis pies conjuraba inquietantes imágenes mentales.. (1) un río de fuego. ¡para perder mis días en anhelos desesperados..las huellas dactilares en las gargantas de mis recientes víctimas. fantasmas grises de asesinados espíritus desfilan ante mí en silenciosa burla. el distante ladrido de los sabuesos. etéreos fragmentos de melodías no escritas en celestial crescendo. al amparo de la oscuridad protectora.. dedos espectrales me llaman por señas. Con un silencioso ruego a los demonios que dominaban mi destino. uno de los cinco que existen en el H EL ALQUIMISTA ... bordeé Fenham y me interné en los bosques de más allá.mucho mejor . un millar de diminutos martillos baten espantosas disonancias sobre yunques en el interior de mi caótico cerebro.. una vez más..... residía en alcanzar esta meta antes de ser capturado. escribir.. lo sabía. ¡La navaja de afeitar! Aguardaba olvidada en mi bolsillo desde mi huida de Bayboro. Mi única esperanza. la sangre fresca traza grotescos dibujos sobre las carcomidas y decrépitas lápidas..... ¡Dios! ¿Pueden haber pasado escasas doce horas desde que partí hacia mi espectral santuario? He vivido una eternidad en cada pesada hora. Había viajado en un amplio semicírculo. no puedo. Esa noche. la persistente llamada de la perturbadora maldición y supe que me derrumbaría de no volver a experimentar la exótica intoxicación que sólo llegaba en la proximidad de mis adorados muertos. me volví encaminando mis pasos en la dirección de mi último baluarte. cálida. abrasadoras lenguas de invisible llama estampan la marca del Infierno en mi alma enferma. El mediodía trajo. Antes del alba tuve el primer indicio definido de la renovada persecución. Pero he alcanzado una espléndida recompensa ¡El nocivo aroma de este descuidado paraje es como incienso para mi doliente alma! Los primeros reflejos del alba clarean en el horizonte. hordas fantasmales se apiñan sobre las tumbas en descomposición. Su hoja ensangrentada reluce extrañamente en la menguante luz de la angosta luna. Dejaré esta relación tras de mí para que algún alma pueda quizás entender por qué hice lo que hice. pero mejor . Durante todo el día temblé preso de aprensión nerviosa. Si me esforzaba en línea recta. pero durante la mañana pude sentir cómo mi artificial fortaleza menguaba.. más... ¡Vienen! ¡Mis agudos oídos captan el todavía lejano aullido de los perros! Es cuestión de minutos que me encuentren y me aparten para siempre del resto del mundo. la medianoche me encontraría en el cementerio donde había enterrado a mis padres años atrás.. hasta que al final sea uno con los muertos que amo! ¡No me cogerán! ¡Hay una puerta de escape abierta! Una elección de cobarde. Un rápido tajo en mi muñeca izquierda y la liberación está asegurada.

castigados durante generaciones por las tormentas. Mi padre murió a la edad de treinta y dos. hace diecinueve años. el último de los desdichados y maldecidos condes de C. y la carencia de compañía que eso acarreaba se veía aumentada por el extraño cuidado que mi añoso guardián se tomaba para privarme del trato de los muchachos campesinos. Pierre me había dicho que tal restricción era debida a que mi nacimiento noble me colocaba por encima del trato con aquellos plebeyos compañeros. condes y aun reyes han sido desafiados. Durante siglos sus almenas han contemplado ceñudas el salvaje y accidentado terreno circundante. pasaron los primeros años de mi atormentada vida. los salvajes barrancos y las grutas de la ladera. muchos barones. Yo no era más que un chiquillo. sirviendo de hogar y fortaleza para la casa altanera cuyo honrado linaje es más viejo aún que los muros cubiertos de musgo del castillo. sin que nunca resonara en sus espaciosos salones el paso del invasor. primero una. que recuerdo que se llamaba Pierre. Con el paso de las edades. las tablazones comidas de gusanos y los deslucidos tapices del interior. de falda cubierta por los árboles nudosos de la selva primordial. mi cuidado y educación corrieron a cargo del único servidor que nos quedaba. el foso seco y polvoriento. y. P. se levanta la vieja mansión de mis antepasados. Lovecraft Allá en lo alto. Entre esos muros. Sus antiguos torreones. Antoine. un hombre anciano y fiel de notable inteligencia.H. luego otra. Ahora sé que su verdadera intención era ahorrarme los vagos rumores que corrían acerca de la espantosa maldición que afligía a mi linaje. así como las baldosas sueltas. todo narra un melancólico cuento de perdidas grandezas. las cuatro torres fueron derrumbándose.. formaban en la época feudal una de las más temidas y formidables fortalezas de toda Francia. hasta que tan sólo una sirvió de cobijo a los tristemente menguados descendientes de los otrora poderosos señores del lugar. alcanzado por una piedra de uno de los abandonados parapetos del castillo. ha negado a los vástagos del linaje la oportunidad de mantener sus posesiones en su primitivo esplendor. coronando la herbosa cima un montículo escarpado. . vine al mundo. y entre las oscuras y sombrías frondas. un mes después de mi nacimiento. cosas que se contaban en la noche y eran magnificadas por los sencillos aldeanos según hablaban en voz baja al resplandor del hogar en sus chozas. demolidos por el lento pero implacable paso del tiempo. Nunca conocí a mis progenitores. la maleza que invade los patios. Por entonces. Pero todo ha cambiado desde aquellos gloriosos años. habiendo fallecido mi madre al darme a luz. Desde las aspilleras de sus parapetos y desde sus escarpadas almenas. Una pobreza rayana en la indigencia. aquellos cuyas moradas se desperdigaban por los llanos circundantes en la base de la colina. y las derruidas piedras de los muros. unida a la altanería que impide aliviarla mediante el ejercicio del comercio. Fue en una de las vasta y lóbregas estancias de esa torre que aún seguía en pie donde yo.

un mozo tan avezado como él mismo en las artes ocultas. a modo de sacrificio al diablo. alguien de no pocos talentos. aunque al abandonar la infancia conseguí fragmentos inconexos de conversación. mi creencia en lo sobrenatural era firme y arraigada. el brujo. colmada de sombras. evitados por las gentes de bien. eran sospechosos de las prácticas más odiosas. cuando el viejo castillo en el que me hallaba era una fortaleza temida e inexpugnable. En él se hablaba de cierto anciano que una vez vivió en nuestras posesiones. El viejo Michel era acusado de haber quemado viva a su esposa. y tenía fama de ducho en los terribles arcanos de la magia negra y la alquimia. Poco fue lo que me permitieron saber de mi propia ascendencia. y que ahora empezaba a volverse turbiamente terrible. En mi vigésimo segundo cumpleaños. de lo contrario hubiera hecho a un lado con desprecio el increíble relato que tenía ante los ojos. Esos estudios y temas que tocaban lo oscuro y lo oculto de la naturaleza eran lo que más llamaban mi atención. Aunque hasta ese momento había considerado un atributo de familia el que los hombres fueran de corta vida. mientras que el mozo sentía por su padre una devoción más que filial. Su contenido era de lo más inquietante. en lo tocante a las incontables desapariciones de hijos pequeños de campesinos. a través de las oscuras naturalezas de padre e hijo brillaba un rayo de humanidad y redención. Pero. había pasado de padre a hijo durante muchas generaciones y había sido continuado por cada poseedor. debido a su siniestra reputación. el malvado viejo quería a su retoño con fiera intensidad. y comencé a relacionarlas con los desvaríos del anciano. ocupaba mis horas de infancia en hojear los viejos tomos que llenaban la biblioteca del castillo. habiendo sido por ello apodado Le Sorcier. y una lectura pormenorizada confirmó la gravedad de mis temores. A lo que me refiero es a la temprana edad en la que los condes de mi linaje encontraban la muerte. En ese tiempo. había estudiado. fue sólo la clara renuencia mostrada por mi viejo preceptor a la hora de hablarme de mi línea paterna lo que provocó la aparición de ese terror que yo sentía cada vez que se mentaba a mi gran linaje. más tarde reflexioné en profundidad sobre aquellas muertes prematuras. de usual sobrenombre Mauvais. que a menudo mencionaba una maldición que durante siglos había impedido que las vidas de los portadores del título sobrepasasen la barrera de los treinta y dos años. Michel Mauvais tenía un hijo llamado Charles. buscando cosas tales como la piedra filosofal y el elixir de la eterna juventud. el malhadado. y que tenían alguna relación con un particular acontecimiento que yo siempre había considerado extraño. Fue quizás merced a tales contornos el que mi mente adquiriera pronto tintes de melancolía. Quizás. El papel me hizo retroceder a los tiempos del siglo XIII. . y. Ambos. era de nombre Michel. dejados escapar involuntariamente por una lengua que ya iba traicionándolo con la llegada de la senilidad. y lo poco que supe me sumía en hondas depresiones. y en vagar sin ton ni son por el perpetuo crepúsculo del espectral bosque que cubría la falda de la colina. A pesar de su clase. según decía. al principio. se tendía a señalar su puerta.Aislado de esa manera. librado a mis propios recursos. aunque su rango apenas rebasaba el de campesino. el añoso Pierre me entregó un documento familiar que.

y. fue encontrado muerto en un campo cercano y sin mediar causa aparente. Al dejar el conde y sus amigos la mísera cabaña del alquimista. Pero cuando. sacó de su túnica una redoma de líquido incoloro que arrojó al rostro del asesino de su padre. años después. no hubo otro pensamiento que el de pesar por su deceso. el conde puso sus manos sobre el anciano mago y. y me fui progresivamente sumergiendo en los misterios del . la figura de Charles Le Sorcier hizo acto de presencia bajo los árboles. repentinamente. al aflojar su abrazo mortal.Una noche el castillo de la colina se encontró sumido en la más tremenda de las confusiones por la desaparición del joven Godfrey. hijo de Robert. desapareciendo al amparo de la negra cortina de la noche. Louis. la víctima ya había expirado. Según lo leído. se me hizo ahora más preciosa a cada día que pasaba. causante inocente de toda la tragedia y ahora portador de un título. Roberts. así que cuando Godfrey. a la edad de treinta y dos años. pronunció con voz apagada pero terrible la maldición que. Antoines y Armands privados de vidas felices y virtuosas cuando apenas rebasaban la edad que tuviera su infortunado antepasado al morir. tenida hasta entonces en tan poco. Entretanto. aunque implacables bandas de campesinos batieron las frondas cercanas y las praderas que rodeaban la colina. hallando al viejo Michel Mauvais mientras trasteaba en un inmenso caldero que bullía violentamente. anunciándolo muy tarde. parecía cierto que no me quedaban sino once años. murió traspasado por una flecha en el transcurso de una cacería. Nunca descubrieron rastro del asesino. yendo lentamente al encuentro del conde. con apenas treinta y dos años. en adelante. hijo del conde Henri. saltando hacia atrás al negro bosque. Mi vida. Luego. El tiempo y la falta de recordatorios aminoraron la idea de la maldición de la mente de la familia del conde muerto. de nombre Robert. «Nunca sea que un noble de tu estirpe homicida Viva para alcanzar mayor edad de la que ahora posees» proclamó cuando. Sin más demora. la crónica ominosa recorría los siglos: Henris. los campesinos dieron en murmurar acerca de que su amo apenas sobrepasaba los treinta y dos cumpleaños cuando fue sorprendido por su temprana muerte. Un grupo de búsqueda. invadió la choza de los brujos. fue descubierto ahogado en el foso a la misma fatídica edad. El conde murió sin decir palabra y fue sepultado al día siguiente. La charla excitada de los domésticos más próximos le reveló lo sucedido. llevado de furia y desesperación desbocadas. desde ahí. afligiría a la casa de C. aunque pareció indiferente en un principio al destino de su padre. ya que el pobre Michel había sido muerto en vano. el nuevo joven conde. los alegres criados proclamaban el descubrimiento del joven Godfrey en una estancia lejana y abandonada del edificio. encabezado por el frenético padre.

y. Dado que la mayoría de mis antepasados fueron abatidos poco después de llegar a la edad exacta que tenía el conde Henri al morir. no encontraba explicación para la extraña maldición que afligía a mi familia. yo aguardaba en cualquier instante la llegada de una muerte desconocida. a menos de una semana de la fatídica hora que yo sabía había de marcar el límite final a mi estancia en la tierra. Mis ojos descubrieron muebles cubiertos por polvo de siglos. El suceso culminante de mi vida tuvo lugar durante una de mis exploraciones más largas en la parte abandonada del castillo. En el transcurso de la tarde me dediqué a los niveles inferiores. por otra parte. más allá de la cual yo no tenía siquiera atisbos de esperanza de conservar el hálito. Había empleado la mejor parte de la mañana yendo arriba y abajo por las escaleras medio en ruinas. Al final estuve cerca del momento tanto tiempo contemplado con aprensión. la ciencia moderna no me había perturbado y trabajaba como en la Edad Media. e inmensos murciélagos agitaban sus alas huesudas e inmensas por todos lados en las. Guardaba el cálculo más cuidadoso de mi edad exacta. Telarañas en una profusión nunca antes vista brotaban por doquier. ya que cada oscilación del péndulo del gran reloj de la biblioteca desgranaba una pizca más de mi condenada existencia. podía llegar tan lejos como para buscar alguna explicación natural. vacías tinieblas. aun de los días y horas.oculto mundo de la magia negra. me volví nuevamente a los estudios ocultos y de nuevo me esforcé en encontrar un hechizo capaz de liberar a mi estirpe de esa terrible carga. No me casaría jamás. tan empeñado como estuvieran el viejo Michel y el joven Charles en la adquisición de saber demonológico y alquímico. no habían sido hollados por ser humano durante casi cuatro siglos. bajando a lo que parecía ser un calabozo medieval o . En qué extraña forma me alcanzaría la maldición. ya que las ramas restantes de la familia se habían extinguido. En algo estaba plenamente resuelto. siendo el único ser humano de la gran fortaleza. pondría fin conmigo a la maldición. en uno de los más castigados de los antiguos torreones. el viejo Pierre fue reclamado por el otro mundo. Pasaba mucho tiempo explorando las torres y los salones ruinosos y abandonados del viejo castillo. pero estaba decidido a que. eso no sabía decirlo. atribuyendo las tempranas muertes de mis antepasados al siniestro Charles Le Sorcier y sus herederos. Muchos de los objetos hallados resultaban extraños y espantosos. no me encontrara atemorizado o pasivo. al decir del viejo Pierre. desmoronándose en la putridez de largas exposiciones a la humedad. En los pocos momentos de pensamiento racional. y en el total aislamiento mi mente fue dejando de rebelarse contra la maldición que se avecinaba para casi llegar a acariciar ese destino con el que se habían encontrado tantos de mis antepasados. Lo enterré sin ayuda bajo las piedras del patio por el que tanto gustara de deambular en vida. al menos. Cuando yo frisaba los treinta. pero descubriendo tras minuciosas investigaciones que no había descendientes conocidos del alquimista. Solitario como era. Con renovado vigor. me apliqué al examen del viejo castillo y cuanto contenía. Así quedé para meditar en soledad. Aunque leía cuanto caía en mis manos. que el temor juvenil me había llevado a rehuir y que.

y pude entenderlo gracias a mis prolongadas investigaciones en los tratados de los viejos alquimistas y demonólogos. Cesando tras un tiempo en mis esfuerzos. el suelo se tornó sumamente húmedo y pronto. Deteniéndome. más alta de lo normal. cómo había vuelto en secreto al lugar. profundas en saber. hijo de Godfrey. escuché crujir la pesada puerta a mis espaldas. Cuando al fin me volví y encaré la fuente del sonido. En un antiguo marco gótico se encontraba una figura humana. descubrí que un muro sólido. en un campo. e hizo hincapié en el crimen cometido por mi antepasado contra el viejo Michel Mauvais. estableciéndose ignorado en la abandonada estancia subterránea. a cuyo titubeante resplandor vislumbré una escalera de piedra. Cómo había apresado a Robert. Relató cómo el joven Charles había escapado al amparo de la noche. pero inhumanas en su maldad. ante la prueba de la existencia de un hombre o un espíritu. girando lentamente sobre sus oxidados goznes. en la época en que éste alcanzó la edad que tuviera su padre al ser asesinado. anunciando mi próximo fin. mis ojos debieron desorbitarse ante lo que veían. emprendí el descenso. estaba extrañamente cargada de hombros y casi perdida dentro de los voluminosos pliegues de su peculiar vestimenta. me había vuelto un trecho hacia la escalera. eran de una mortal y marmórea blancura como nunca antes viera en un hombre. Encontrarme en un lugar tan completamente abandonado como yo creía que era el viejo castillo.quizás un polvorín subterráneo. manteniendo así la loca profecía de su vengativa maldición. manteniéndome sujeto al sitio. llenas de arrugas. provocó a mi mente un horror de lo más agudo que pueda imaginarse. Ahora se clavaban en mí. Mientras deambulaba lentamente por los pasadizos llenos de incrustaciones al pie de la última escalera. Tan pronto como la antorcha. de increíble profusión. que resistió firmemente cualquier intento mío de abrirla. recreándose en la venganza de Charles le Sorcier. Su figura. impedía mi avance. más bajo. forzándolo a ingerir veneno y dejándolo morir a la edad de treinta y dos. consumidas. manchado por el agua. directamente bajo mis pies. Sin previo aviso. sus mejillas. Su frente. la misma en cuyo umbral se recortaba ahora el odioso narrador. la figura habló con una voz retumbante que me hizo estremecer debido a su honda impiedad e implícita malevolencia. Sus largos cabellos y frondosa barba eran de un negro intenso y terrible. descubriendo una negra abertura de la que brotaban tóxicas humaredas que hicieron chisporrotear mi antorcha. Pon fin. Era un hombre vestido con un casquete y una larga túnica medieval de color oscuro. Este túnel resultó de gran longitud y finalizaba en una masiva puerta de roble. semejantes a garras y nudosas. volviendo al cabo de los años para matar al heredero Godfrey con una flecha. y sus manos largas. lacerando mi alma con su odio. ardió libre y firmemente. que yo había abatido hacia las repelentes profundidades. fui a poner los ojos sobre una pequeña trampilla con anillo. Esa aparición hablaba de la maldición suspendida sobre mi casa. cuando sufrí de repente una de las impresiones más profundas y enloquecedoras que pueda concebir la mente humana. enjuta hasta asemejarla a un esqueleto. rezumante con la humedad del lugar. logré alzarla con dificultad. El lenguaje empleado en su discurso era el decadente latín usado por los menos eruditos durante la Edad Media. a la luz de mi trémula antorcha. Entonces me . Pero lo más extraño de todo eran sus ojos. Mis inmediatas sensaciones no son susceptibles de análisis. cavernas gemelas de negrura abisal. Los peldaños eran muchos y llevaban a un angosto pasadizo de piedra que supuse muy por debajo del nivel del suelo. Girándome para volver sobre mis pasos.

aunque sabedor ahora de cómo había logrado ese hombre llegar al castillo. pero no me detuve a cerciorarme. ardía en deseos de saber más del ser siniestro que había perseguido durante siglos a mi linaje. y caí desmayado al suelo fangoso. Los labios agrietados intentaron articular . y. ya estremecidos. desapareció de mis hombros. alzó una redoma de cristal con evidente intención de acabar con mi vida. Esos ojos espantosos estaban ahora cerrados. En una esquina se encontraba una inmensa pila de reluciente metal amarillo que centelleaba de forma portentosa a la luz de la antorcha. El grito de espanto y de maldad impotente que lanzó el frustado asesino resultó demasiado para mis nervios. alumbrando la horrible escena con un resplandor fantasmal. recordando lo ocurrido. me tanteé los bolsillos en busca de eslabón y pedernal. todo estaba espantosamente a oscuras y. era este malvado personaje. al acercarme. y arrojé mi antorcha. con un estremecedor sonido que recordaba el siseo de una serpiente. Lleno de asombro. Entonces esos horribles ojos. me giré y accedí a la estancia que había al otro lado de la puerta gótica. y cómo había llegado al interior del castillo? ¿Por qué podía querer vengar la muerte del pobre Michel Mauvais y cómo se había transmitido la maldición durante el gran número de siglos pasados desde la época de Charles le Sorcier? El peso del espanto. temblé ante la idea de tener que soportar aún más. y explayándose sobre la búsqueda de Charles le Sorcier del elixir que podría garantizarle el goce de vida y juventud eternas. y que había convertido mi propia juventud en una interminable pesadilla. Llevado por algún protector instinto de autodefensa. Cuando por fin recobré el conocimiento. pero bruscamente volvió el diabólico resplandor y. ahora moribunda. sufrido durante años. Charles le Sorcier hubiera debido morir. viéndome ahora libre. ya que estaba afectado de forma extraña por la experiencia sufrida. Intenté pasar con el rostro vuelto junto a los restos de aquel extraño. Por un instante su entusiasmo pareció desplazar de aquellos ojos terribles el odio mostrado en un principio. mas oscuros que la cara quemada donde se albergaban. Debía de tratarse de oro. creí oírle exhalar débiles sonidos. como si la vida no hubiera escapado por completo de él. Desasosegado por la visión. pero fue la curiosidad lo que acabó imponiéndose. me volví. la luz renacida reveló el cuerpo retorcido y achicharrado del misterioso extraño. Horrorizado. Escuché cómo la ampolla se rompía de forma inocua contra las piedras del pasadizo mientras la túnica del extraño personaje se incendiaba. padre e hijo. ¿Quién. Enseguida. ya que el hombre se perdió en digresiones. luché contra el encanto que me había tenido inmóvil hasta ese momento. se abrieron para mostrar una expresión imposible de identificar. y encendí la antorcha de repuesto. Dispuesto a seguir explorando. Al fondo de la estancia había una abertura que conducía a uno de los muchos barrancos abiertos en la oscura ladera boscosa. según las leyes de la naturaleza. hablándome sobre los profundos estudios de alquimia de los dos magos. me incliné para examinar la figura acurrucada y abrasada del suelo. tal como hiciera Charles le Sorcier seiscientos años antes con mi antepasado. contra el ser que amenazaba mi vida.dejó imaginar cuál era la solución de la mayor de las incógnitas: cómo la maldición había continuado desde el momento en que. ya que sabía que aquel a quien había abatido era lo que hacía peligrosa la maldición. pero. Allí encontré lo que parecía ser el laboratorio de un alquimista. me preguntaba.

Entonces. recuperó la voz y con aliento agonizante vociferó las palabras que en adelante habrían de perseguirme durante todos los días y las noches de mi vida. los ojos como pozos relampaguearon una vez más malévolamente en mi contra. Se cuentan casos como el del matrimonio que desapareció sin dejar . Súbitamente. ¿No puedes adivinar mi secreto? ¿No tienes bastante cerebro como para reconocer la voluntad que durante seis largos siglos ha perpetuado la espantosa maldición sobre los tuyos? ¿No te he hablado del gran elixir de la eterna juventud? ¿No sabes quién desveló el secreto de la alquimia? ¡Pues fui yo! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo que he vivido durante seiscientos años para perpetuar mi venganza. inerme como veía a mi enemigo. que generalmente llega una vez que el matrimonio ha abandonado el piso. Saber qué casa es recomendable o cuál debe ser cuidadosamente evitada es algo que acaba intuyéndose a base de experiencia. alzó su espantosa cabeza del suelo húmedo y hundido. A pesar de todo. se despierta y se le ocurre pedir pipí.palabras que yo no acababa de entender. Ante mi evidente ignorancia. —¡Necio! —gritaba—. porque también podéis encontraros con casos especiales que en un principio parecen no ofrecer dificultad: un angelote rubio que duerme como un tronco en su cunita justamente hasta que sus padres abandonan el piso. recuerdo que. me sentí estremecer al observarlo. Una vez capté el nombre de Charles le Sorcier y en otra ocasión pensé que las palabras «años» y «maldición» brotaban de esa boca retorcida. aquel miserable. Hay matrimonios jóvenes que no renuncian a salir al cine o al teatro y necesitan de vez en cuando de los servicios de lo que en argot se denominan «canguras». PORQUE YO SOY CHARLES LE SORCIER! EL BEBE SIN NOMBRE P. Generalmente el trabajo no tiene complicaciones. o mantener una mínima continuidad en la sesión de achuchones con el amigo de turno. animado por un último rescoldo de energía. y si eso ocurre basta con tachar de la lista la casa en cuestión. un caramelo y caprichos que en otras circunstancias no se le hubieran antojado. Martín de Cáceres Hoy en día no resulta difícil para una estudiante obtener unos ingresos extra dedicándose a cuidar niños algunas noches por semana. Pero ni las más avezadas «canguras» pueden asegurar que no va a surgir un imprevisto que les amargue la noche. salvo cuando se trata de niños difíciles. Si alguna se topa con un asunto de estos es seguro que ya no se podrá seguir en paz la película de la televisión. sólo entonces. y entonces. hasta el punto de que. Pero. no fui capaz de encontrar un significado a su habla entrecortada. agua. cuidado. estando yo paralizado por el miedo.

Una mujer alta y delgada. La mujer pareció vacilar un momento. en una tarea que. deberían ser considerados normales. Al poco rato la señora Mayer regresó al salón con pasos silenciosos. —El señor Mayer —dijo la mujer. Sea como fuere. abandonando a su hijo en manos de su cuidadora (y. puede convertirse a veces en algo sumamente inquietante. le ruego que no entre en la habitación de no ser completamente . —Vengo por lo del niño —repuso Lucía. Después advirtió que el objeto punzante era un anillo de considerables proporciones que figuraba una especie de coleóptero o araña. lo que es peor. que la muchacha estrechó notando un ligero pinchazo. en cuyo lomo queratinoso había incrustada una piedra de un rojo muy oscuro. —¿Qué desea? —preguntó cortésmente pero con sequedad. por otra parte y a todas luces. por favor. No creo que se despierte antes de que nosotros volvamos. vestida de noche con sobria elegancia. y descartando cualquier ánimo moralizador. pero luego una cierta sonrisa afloró a sus labios y retrocedió invitando con un gesto a Lucía. pero en todo caso aquí hay un walky-talky que permite escuchar cualquier ruido procedente del dormitorio. lejos de resultar cómoda. sin haber abonado sus servicios). sirva el relato de esta verídica historia para advertencia de las intrépidas «canguras» que se comprometen. apareció en el umbral. *** Lucía pulsó el timbre y al cabo de unos instantes se sintió observada a través de la mirilla. quizá demasiado alegremente. un hombre que contemplaba la noche a través del amplio ventanal se volvió cuando ellas entraron. o el de la que tuvo que habérselas con un subnormal de quince años que pretendía ejecutar con su colaboración actos que. En el salón. Estaba terminando de arreglarme —dijo.rastro. Se oyó el descorrerse de un cerrojo de seguridad y alguien desde el interior del piso le franqueó la entrada. —Pase. El caballero se aproximó a Lucía y le tendió la mano. —Está dormido —dijo dirigiéndose a Lucía—. De todas formas — continuó—.

Y aproximándose a la mesa escribió algo en una hoja de papel que situó bajo el teléfono—. —Pero lo llamarán de algún modo —adujo la muchacha. señorita? —Nada va a ocurrir. Aquí tiene —dijo—.. . —¿Pueden dejarme un número de teléfono por si surgiera algún imprevisto? — preguntó Lucía. Un fuerte viento barrió las nubes y la luna llena hizo su aparición. —¿El nombre? —preguntó la joven.. —No lo hemos bautizado —explicó por fin—. En todo caso. allí hay algo que le agrada y que suele calmarle — añadió señalando un biberón colocado en una estantería—. —dijo Lucía.. pero no utilice este numero de no ser estrictamente necesario. —Desde luego.. La señora Mayer apartó la vista del rostro de su esposo y miró a Lucía esbozando una sonrisa forzada. Déjelo a su alcance y salga de la habitación. pero ningún sonido salió de su boca. Se oyó un aullido lastimero y el hombre lobo hundió sus garras en la garganta del periodista. El señor Mayer se volvió hacia ella con cierta brusquedad. que él no la vea: es una criatura muy sensible y podría asustarse.. —¿Cómo? —¿Cuál es el nombre del niño? Un espeso silencio descendió sobre la habitación. Y desde luego —añadió—.. —No la pedirá —aseguró con firmeza la mujer—. querido —intervino la señora Mayer recalcando las palabras y mirándole fijamente a los ojos. —Es la costumbre —musitó Lucía excusándose. pero solamente en último extremo explicó—. —Naturalmente —ratificó la mujer sin apartar los ojos de su esposo. —respondió la señora Mayer sin dar otra aclaración. —Si me pidiera agua. El señor Mayer entreabrió los labios como para decir algo. En realidad es fruto de una adopción.imprescindible. —¿Qué quiere decir.

En otras. Lucía se abalanzó sobre el televisor temiendo que aquel sonido despertara a la criatura y lo desconectó de un manotazo. En efecto. «bonito». que mostraba haberse desarrollado extraordinariamente. pero que continuaba vestido con prendas propias de un recién nacido. pero Lucía las contemplaba distraídamente: los Mayer se habían marchado y ella no se había vuelto a acordar de preguntarles el nombre del niño. Le había parecido percibir un sonido procedente del walky-talky. La pantalla quedó en blanco y un estridente pitido invadió la estancia. Claro que en caso de necesidad siempre existía la posibilidad de llamarle cosas como «rico». Realmente conocer el nombre era importante. incapaz de mantener por más tiempo. Algunas instantáneas mostraban solamente la cunita sin nadie alrededor. se aproximó al pasillo al fondo del cual se hallaba la habitación del niño y advirtió que. a pesar de que la puerta continuaba cerrada. pero podía suplirse adoptando un tono de voz afectuoso y desde luego exento de cualquier vacilación que pudiera dejar translucir el miedo. Las imágenes se sucedían en la pantalla del televisor. Lucía creyó notar determinado olor e inspiró profundamente para cerciorarse. Se hizo un silencio súbito y la muchacha lamentó que las emisiones hubieran finalizado. Alargó su mano para tomar la revista que había estado hojeando y advirtió que estaba fuera de su alcance. y había una en la que aparecía la madre sosteniendo en brazos a su hijo. «encanto». pero tras unos instantes de escucha volvió a depositar el receptor sobre el diván y reguló el volumen de la televisión hasta que los alaridos del hombre lobo y los estertores del periodista alcanzaron una intensidad discreta. la madre aparecía sentada cerca de la cuna del bebé y rodeándola con sus brazos. se convirtió en una mueca horrorosa una décima de segundo antes de que su rostro desapareciera definitivamente. pero las ropitas infantiles abrigaban de tal forma al niño que era imposible ver siquiera la punta de su nariz. En aquella fotografía hubiera podido contemplarse el rostro de la criatura si no hubiera sido porque alguien había recortado cuidadosamente la porción de cartulina correspondiente a la cabeza del niño. con voz melodiosa y dulce. Por alguna razón. a la que seguramente no era ajeno el hombre lobo. La señora Mayer sostenía en brazos a la criatura. el olor parecía proceder del dormitorio. Avanzó unos pasos y la intensidad de las emanaciones . cuando había vuelto a sentarse lo había hecho en la parte del diván que le permitía contemplar toda la habitación teniendo la pared a su espalda.Lucía disminuyó el volumen de la televisión y prestó atención al minúsculo altavoz conectado con el dormitorio del pequeño. y su imagen quedó congelada unos segundos en la pantalla luciendo una estereotipada sonrisa que. La presentadora se despidió de los espectadores deseándoles un feliz descanso. pero en ninguna de ellas era posible contemplar ni un dedo de la criatura. Examinó detenidamente el salón y se detuvo especialmente en las fotografías enmarcadas en plata sobre la repisa de la chimenea: el matrimonio Mayer y su hijo eran el tema de todas ellas.

era que el niño la viera. ya no estaba segura de que procedieran de excrementos infantiles. encendió un cigarrillo. La noche se había tornado desapacible y parecía como si algo pugnara por penetrar a través de las ventanas con el concurso del viento. Al cabo de una media hora el hedor fue cediendo. Lucía se levantó del diván y abrió las ventanas de par en par. Con la oleada de frío que invadió la estancia. comenzó a hojear otra revista. el olor procedente de la habitación se le hizo insoportable. al poco rato. y dio unos pasos por la habitación. y por otra parte. Cuando se encontraba a mitad del pasillo creyó de nuevo que alguien había pronunciado su nombre. ¿Podría considerarse este como un caso de emergencia? Lo que no sería posible evitar. que tan pronto parecían resultado de la descomposición de un cuerpo muerto como efluvios desprendidos de una ciénaga putrefacta. la señora Mayer le había advertido que no entrase en la habitación si no era completamente imprescindible. Realmente la intensidad de aquellas emanaciones era excesiva. La puerta del fondo del pasillo la atraía tomo si se tratase de un imán. Por otra parte. al mismo tiempo. a no ser que efectuara la operación en completa oscuridad. pero la especie de suspiro que dio forma a aquel desmayado «Lucía» parecía proceder de la habitación del pequeño y del comedor. No se oía ni el más leve susurro. pero estaba tan sugestionada que. en algún sitio tenía que haber pañales de repuesto. ¿Acaso el walky-talky habría amplificado aquel bisbiseo o sólo se trataba del roce de una sábana que su imaginación había transformado en un murmullo articulado? . La muchacha consultó su reloj y comprobó con desánimo que no eran más que las doce menos diez. y al rato la fetidez parecía sumergir a la muchacha en las profundidades de un nauseabundo pozo negro. en cuya lectura no era capaz de concentrarse. tumbándose en el diván. No pudiéndolo soportar por más tiempo. Con ánimo de disipar definitivamente las repulsivas emanaciones.aumentó. Finalmente decidió no darse por enterada del pequeño suceso y. pero ningún susurro vino a sumarse al rumor del aire que golpeaba obstinadamente los cristales. Permaneció inmóvil un momento con el oído atento al menor ruido. La pestilencia había sido tan intensa que los vestidos de Lucía se hallaban impregnados de aquel nauseabundo olor. Instantes después el olor parecía el propio de una pocilga. ¿Qué hacer si lo que sospechaba era cierto? Nadie la había dado instrucciones para cambiar al bebé. y al frotar la cerilla contra el raspador creyó oír pronunciar su nombre en una especie de murmullo. pero parecía lógico intentarlo si se había producido lo que imaginaba. y la joven corrió de nuevo las cortinas dejando las ventanas tal y como las había encontrado. Avanzó cautelosamente hasta situarse a pocos centímetros de ella y acercó su cabeza a la superficie de madera. Abandonó definitivamente la revista. Al salón iban llegando oleadas pestilentes. el repugnante olor pareció disiparse en parte. pero la temperatura exterior era muy baja y la muchacha optó por abrir y cerrar los balcones cada cierto tiempo. y había sido prevenida expresamente sobre este particular.

y la monstruosa respiración recuperó el cadencioso ritmo primitivo. que se reacomodaban tras su paso. Lucía se aproximó al altavoz para que el silbido del viento al colarse por alguna rendija del balcón no interfiriera en la escucha. La joven regresó al comedor y vio que la botella se había hecho añicos y el líquido repulsivo se extendía por la alfombra en una gran mancha palpitante. Cada una de las fases de aquella respiración. En efecto. su volumen se expandía con cada inspiración que salía del altavoz para contraerse seguidamente al tiempo de la expiración. La respiración era ahora angustiosamente precipitada y tenía algo de agónico estertor. el goteo de un grifo en algún lugar de la casa. Se aproximó con el oído atento y percibió el rumor de sus propios pasos. de forma clara y distinta. algo rodó desde la mesa al suelo y se oyó un ruido de cristales rotos. la tetina de goma de aquel biberón aparecía deformada quizá por efecto de un calor intenso. si es que lo era. Al mismo tiempo se oyó un formidable estertor como de alguien que despierta de una terrible pesadilla. el nervioso tiritar de un frigorífico y la respiración. los ocasionales crujidos de los muebles. porque resultaba poco tranquilizador saberse a pocos metros de un bebé cuya boca pudiera acoplarse a aquel extraño adminículo. Poco faltó para que la dejara estrellarse contra el suelo cuando vio de cerca su contenido. Lucía comprobó asqueada que lo que había en la botella era una sustancia coagulada de un extraño color. Por un momento le pareció que el nauseabundo líquido coagulado. Como si la repulsiva masa estuviese sometida a movimientos de sístole y diástole. salvo por un detalle: cada inspiración duraba un intervalo de tiempo desmesurado. se extendía durante treinta y cinco o cuarenta segundos. así Lucía advirtió que del pequeño altavoz del walky-talky surgía a intervalos regulares un sonido que podría ser identificado con el de la cadenciosa respiración de un durmiente. y era seguida de una expiración igualmente prolongada. una serie de ruidos en los que hasta el momento no había reparado. pero no caprichosamente. notó que su contenido se licuaba en ciertas zonas. Acercándose a la zona del diván para contemplarla mejor a la luz de la lámpara.Regresó al comedor y sus ojos se posaron sobre el pequeño transmisor que yacía sobre el diván. Por otra parte. . el rechinar de las tablas del parquet. de un extraño rojo oscuro. Con el oído prácticamente pegado al transmisor. Sobre todo aquella respiración. sino siguiendo el ritmo de la singular respiración. Como acaece a veces en que comenzamos de pronto a oír el tictac de un reloj que ha estado funcionando sin interrupción. manteniendo sus ojos sobre el biberón. Lucía se levantó de su asiento y se acercó al pasillo al final del cual se encontraba la puerta del dormitorio. su vista fue a parar sobre el biberón situado en la pequeña mesa cercana. Hasta ella llegaban perfectamente individualizados el batir del viento en las ventanas. Al llegar el ritmo a un cierto punto casi paroxístico. iba perdiendo rigidez y comenzaba a resultar pastoso por algunos puntos. De esta forma el contenido de la botella fue pasando al estado líquido cada vez con mayor rapidez. Aquel aguzar el sentido del oído era la causa de que ahora captara inevitablemente. Se aproximó a la estantería y tomó la botella en forma de biberón que le había mostrado la señora Mayer. porque el ritmo de la respiración y paralelamente los movimientos de aquella masa se iban acelerando. al menos esto fue lo que Lucía deseó pensar.

la barra del cerrojo no se movió ni un milímetro. Se mantuvo inmóvil unos instantes y luego. como cuando una criatura desconsolada trata de pedir algo. produciendo un ruido ensordecedor. Una voz agónica pronunció varias veces el nombre de Lucía. decidió entrar en el dormitorio del bebé con la intención de poner fin a aquella incertidumbre. A punto de perder la serenidad volvió a tirar hasta que le dolió la mano. con el tercero y más sutil de sus sentidos. De súbito una oleada de hedor insoportable llegó hasta la muchacha. al tiempo que algo pronunciaba el nombre de Lucía repetidamente.La muchacha fue retrocediendo pegada a la pared hasta la puerta del piso. Después se oyeron varios suspiros prolongados y del walky-talky surgió un susurro que se fue articulando. Como ella ya suponía de antemano. percibió a la criatura: la fetidez embotaba su olfato. La tercera vez que marcó y obtuvo el tono de ocupado se sintió desfallecer porque supo que desde aquel número no le llegaría ninguna ayuda: la cifra que aparecía escrita en el papel era la misma que estaba escrita en el disco del teléfono que sus manos aferraban. el ocupante de aquella cuna podía disponer de dos metros y medio de largo por uno y medio de ancho. Evidentemente. con un rápido movimiento. De pronto se produjo un movimiento que agitó la gasa con que estaba cubierta la cuna y. como de gigantesco fuelle. pero obtuvo el mismo resultado. Poco a poco su vista se fue acomodando a la oscuridad y pudo ver la cuna cubierta de encaje amarillento: sus ojos recorrieron con asombro aquel desproporcionado lecho infantil. La respiración comenzó a agitarse. deteniéndose unos instantes para que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad en que estaba sumida la habitación. Asió el pomo de la puerta y lo hizo girar. La respiración se fue mezclando en el pequeño altavoz con un extraño gemido. la criatura avanzó bamboleándose por el pasillo. contemplaba el inmenso mueble fascinada. la fatigosa respiración y aquellos chasquidos como de crustáceo herían sus oídos. y la muchacha. Insistió nuevamente mientras del dormitorio de la criatura surgían descomunales golpes. una especie de llanto ahogado. empuñó el pomo del cerrojo y tiró con todas sus fuerzas. hasta que no pudo más y otro torbellino de fetidez nauseabunda inundó sus pulmones. pero la visión de aquel ser enorme y vacilante que desprendía baba por su boca . el palpitante abdomen de aquel ser se precipitó contra el suelo. Inclinándose para no golpear el techo. Incapaz de ver más. El pánico de Lucía llegó al paroxismo cuando. que trató de contener la respiración. Incapaz de moverse. aunque se hubiera negado a aceptarlo. Lucía huyó de la habitación y aproximándose al teléfono tomó la hoja de papel que la señora Mayer había depositado bajo el aparato y marcó aquel número con mano trémula: al cabo de unos instantes llegó hasta su oído la señal de que la línea estaba ocupada. adquiriendo un ritmo exacerbado. mientras en sus oídos resonaban violentos estertores procedentes de aquel lecho y su garganta ardía sumergida en aquella fétida atmósfera. Avanzó lentamente por el pasillo. reuniendo las escasas fuerzas que le quedaban.

querida —respondió el señor Mayer. La criatura avanzó hacia ella produciendo chasquidos con un par de apéndices cartilaginosos y dejando un pegajoso rastro tras de sí. —Me pregunto si cabrá en tres bolsas de basura —comentó ella al tropezar con un hueso pelado. Cristina. y la nauseabunda palpitación de aquel viscoso cuerpo la dejaron paralizada. O bien: Rosa. —Cierto. Fue un momento difícil. —No hace falta que me lo recuerdes —replicó la dama al parecer molesta. —El nombre —repuso él concisamente. Pedro. Luciano. Antonio.. —¿De qué se trata? —inquirió la señora despojándose del echarpe. Carmen. Cuando a punto de perder el sentido creía haber llegado ya al límite del horror. El señor Mayer cedió el paso a su mujer y ambos entraron en el piso. —enumeró ella—.. —A propósito —comentó el caballero—.. la multitud de endebles patas agitándose sin cesar.disforme. María Luisa. —Y no quiero que vuelva a repetirse —puntualizó Mayer severo. gustó el infame sabor del monstruo. Y como si el destino no quisiera dejar ningún cabo suelto. Un instante después el cuerpo de la muchacha quedó bajo su sombra y Lucía se sintió presa de innumerables patas temblorosas. y la lengua de la infeliz víctima. Hay un detalle que me gustaría discutir.. la criatura la oprimió contra ella y las manos de la infortunada joven palparon un repugnante tejido blando y viscoso. —Está bien: Juanito. *** Alguien introdujo la llave en la cerradura y el cerrojo se descorrió suavemente. —Eso es tarea tuya. . la opresión fue tan brutal que el rostro de la muchacha chocó contra aquella masa nauseabunda. a punto ya de ser estrangulada.

Hemos permitido que su existencia escapara a nuestro conocimiento tan sólo por falta de creencia. aunque la noción de este primum mobile se hubiese introducido por sí misma. entre los designios de la Divinidad se contaba el de que el hombre comiera. con todos los órganos que representaran una tendencia.. ¡Goyito! ¿Has cenado bien. los moralistas que los precedieron también habían pasado por alto. con razón o sin ella. precioso? Fin. no han hecho sino seguir en principio los pasos de sus predecesores. hemos determinado. EL DEMONIO DE LA PERVERSIDAD Edgar Allan Poe En la consideración de las facultades e impulsos de los prima mobilia del alma humana los frenólogos han olvidado una tendencia que. la constructividad. a dictarle propósitos. rey mío. los spurzheimistas. clásico y a la vez actual. El metafísico y el lógico. ya eternas. por ejemplo. Habiendo sondeado de esta manera. que. no podíamos entender de qué modo era capaz de actuar para mover las cosas humanas. ¡Se llamará Gregorio! Para todos. se llamará Gregorio. No es posible negar que la frenología. sea fe en la Revelación o fe en la Cábala. las intenciones de Jehová. habiendo decidido que la voluntad de Dios quiere que el hombre propague la especie. a éste un órgano de la alimentividad para alimentarse. No podíamos entender. No creímos que esa tendencia tuviera necesidad de un impulso. la casualidad. La dama pareció complacida. En materia de frenología. Y lo mismo hicimos con la combatividad. y en gran medida toda la metafísica. y este órgano es el acicate con el cual la Deidad fuerza al hombre.. y depositando sobre una silla su echarpe cuidadosamente doblado se dirigió hacia la habitación del fondo del pasillo al tiempo que decía con voz cantarina: —¡Gregorio! ¡Gregorio! ¿Dónde está esa criatura? Asómate. de fe. es decir. un sentimiento moral o una facultad del puro intelecto. Asignamos. ya temporales. quieras que no. se ponen a imaginar designios de Dios. Y en este ordenamiento de los principios de la acción humana. descubrimos inmediatamente un órgano de la amatividad. En segundo lugar. todos la hemos pasado por alto. No podíamos percibir su necesidad. pues.—¡No! —rechazó el señor Mayer. en una palabra. la ídealidad. primitivo. primero (por lo demás era bastante natural hacerlo). Nunca se nos ha ocurrido pensar en ella. deduciendo y estableciendo cada cosa a partir del destino preconcebido del hombre y tomando como fundamento los propósitos de su Creador. han sido elaboradas a priori. a comer. Y añadió tras unos momentos de reflexión: ¡Ya lo tengo! Un nombre evocador. construyen sobre estas intenciones sus innumerables sistemas mentales. . a gusto. irreductible. simplemente por su gratuidad. aunque evidentemente existe como un sentimiento radical. más que el hombre que piensa o el que observa. en parte o en su totalidad. Con la perfecta arrogancia de la razón.

que cuando persistimos en nuestros actos porque sabemos que no deberíamos hacerlo. después de todo. Es un impulso radical. El que habla advierte el desagrado que causa. ¿cómo hemos de comprenderlo en sus tendencias esenciales y en las fases de la creación? La inducción a posteriori hubiera llevado a la frenología a admitir. Pero una mirada mostrará la falacia de esta idea. El impulso crece hasta el deseo. . el anhelo hasta un ansia incontrolable y el ansia (con gran pesar y mortificación del que habla y desafiando todas las consecuencias) es consentida.Hubiera sido más prudente. la mejor réplica a la sofistería que acaba de señalarse. no hay ninguna más fuerte. Su principio concierne a nuestro bienestar. y en lo que siempre hace ocasionalmente. pero en el caso de esto que llamamos perversidad el deseo de estar bien no sólo no se manifiesta. Esta invencible tendencia a hacer el mal por el mal mismo no admitirá análisis o resolución en ulteriores elementos. sin embargo. por ejemplo. algo paradójico que podemos llamar perversidad a falta de un término más característico. lo sé. Si se apela al propio corazón. el deseo hasta el anhelo. teme y lamenta la cólera de aquel a quien se dirige. hubiera sido más seguro fundar nuestra clasificación (puesto que debemos hacerla) en lo que el hombre habitual u ocasionalmente hace. un motivo no motivado. o. La combatividad. Se dirá. No es más incomprensible que característica. Nadie que consulte con sinceridad su alma y la someta a todas las preguntas estará dispuesto a negar que esa tendencia es absolutamente radical. es breve. como principio innato y primitivo de la acción humana. preciso y claro. por lo demás. En teoría ninguna razón puede ser más irrazonable. se le ocurre la idea de que puede engendrar esa cólera con ciertos incisos y ciertos paréntesis. en cambio de fundarla en la hipótesis de lo que Dios pretende obligarle a hacer: Si no podemos comprender a Dios en sus obras visibles. la única que nos impele a su prosecución. un vehemente deseo de torturar a su interlocutor con circunloquios. tiene toda la intención de agradar. sino que existe un sentimiento fuertemente antagónico. Se sigue que el deseo de estar bien debe ser excitado al mismo tiempo por algún principio que será una simple modificación de la combatividad. elemental. a la cual se refiere la frenología. sólo con dificultad refrena su curso. y así el deseo de estar bien es excitado al mismo tiempo que su desarrollo. de hecho. Es nuestra salvaguardia contra todo daño. se hallará. podemos llegar a modificar la proposición y decir que bajo sus incitaciones actuamos por la razón de que no deberíamos actuar. tiene por esencia la necesidad de autodefensa. pero. No hay hombre viviente a quien en algún período no lo haya atormentado. ¿cómo lo comprenderíamos en los inconcebibles pensamientos que dan vida a sus obras? Si no podemos entenderlo en sus criaturas objetivas. Tan seguro como que respiro sé que en la seguridad de la equivocación o el error de una acción cualquiera reside con frecuencia la fuerza irresistible. nuestra conducta no es sino una modificación de la que comúnmente provoca la combatividad de la frenología. un móvil sin motivo. en realidad. primitivo. En el sentido que le doy es. Este solo pensamiento es suficiente. Para ciertos espíritus. el lenguaje más lacónico y más luminoso lucha por brotar de su boca. en ciertas condiciones llega a ser absolutamente irresistible. si esto se considera una contradicción en los términos. Bajo sus incitaciones actuamos sin objeto comprensible.

pero con este verdadero aumento de ansiedad llega también un indecible anhelo de postergación realmente espantosa por lo insondable. por lo menos. Por grados aún más imperceptibles esta nube cobra forma. Pero si la contienda ha llegado tan lejos. y. sin embargo. como el vapor de la botella de donde surgió el genio en Las mil y una noches. usando la palabra sin comprensión del principio. adquiere consistencia una forma mucho más terrible que cualquier genio o demonio de leyenda. de la sustancia con la sombra. El día siguiente llega. no podemos hacerlo. piensa arrojarse en él.Tenemos ante nosotros una tarea que debe ser cumplida velozmente. He hablado tanto que en cierta medida puedo responder a vuestra pregunta. La crisis más importante de nuestra vida exige. sentimos malestar y vértigo. la sombra es la que vence. Aceptar por un instante cualquier atisbo de pensamiento significa la perdición inevitable. Miramos el abismo. Nos estremece la violencia del conflicto interior. Este anhelo cobra fuerzas a medida que pasa el tiempo. somos libres. Y porque nuestra razón nos aparta violentamente del abismo. Y esta caída. y podríamos en verdad considerar su perversidad como una instigación directa del demonio sí no supiéramos que a veces actúa en fomento del bien. Vuela. Si no hay allí un brazo amigo que nos detenga. nos consumimos de ansiedad por comenzar la tarea. una débil apariencia de justificación de estos grillos y esta celda de . de lo definido con lo indefinido. puedo explicaros por qué estoy aquí. Inexplicablemente. ¿y por qué? No hay respuesta. Las perpetramos simplemente porque sentimos que no deberíamos hacerlo. y en la anticipación de su magnifico resultado nuestra alma se enardece. estremecido al borde de un precipicio. digo. por la simple razón de que implica la más espantosa y la más abominable entre las más espantosas y abominables imágenes de la muerte y el sufrimiento que jamás se hayan presentado a nuestra imaginación. nos quedamos. por eso nos acercamos a él con más ímpetu. Suena la hora y doblan a muerto por nuestra felicidad. o si fallamos en el súbito esfuerzo de echarnos atrás. La antigua energía retorna. aunque temible. Nuestro primer impulso es retroceder ante el peligro. En lenta graduación. y con él una ansiedad más impaciente por cumplir con nuestro deber. la dejamos para mañana. desaparece. nuestro malestar y nuestro vértigo se confunden en una nube de sentimientos inefables. nos arrojamos. ¡Ay. Al mismo tiempo es el canto del gallo para el fantasma que nos había atemorizado. Pero en esa nube nuestra al borde del precipicio. Debe tiene que ser emprendida hoy y. sin embargo. esta fulminante aniquilación. La última hora para la acción está al alcance de nuestra mano. es demasiado tarde! Estamos al borde de un precipicio. Es simplemente la idea de lo que serían nuestras sensaciones durante la veloz caída desde semejante altura. nos destruimos. es sólo un pensamiento. energía y acción inmediatas. puedo mostraros algo que tendrá. luchamos en vano. de esos que hielan hasta la médula de los huesos con la feroz delicia de su horror. a grandes voces. y justamente por eso. por esta simple razón la deseamos con más fuerza. Examinemos estas acciones y otras similares: encontraremos que resultan sólo del espíritu de perversidad. pues la reflexión no hace sino apremiarnos para que no lo hagamos. Ardemos. Sabemos que la demora será ruinosa. Más acá o más allá de esto no hay principio inteligible. Trabajaremos ahora. salvo que sentimos esa actitud perversa. No hay en la naturaleza pasión de una impaciencia tan demoníaca como la del que.

En un acceso de petulancia les di esta nueva forma: «Estoy a salvo. Me proporcionaba un placer más real que las ventajas simplemente materiales derivadas de mi crimen.» Heredé su fortuna y todo anduvo bien durante varios años. Pero le sucedió. Cada ola sucesiva de mi pensamiento me abrumaba de terror. Tenía ya alguna experiencia de estos accesos de perversidad (cuya naturaleza he explicado no sin cierto esfuerzo) y recordaba que en ningún caso había resistido con éxito sus embates. casi en voz alta. Sabía que mi víctima tenía la costumbre de leer en la cama. al fin. Por fin.» No bien pronuncié estas palabras. Caminé vigorosamente. en el candelero de su dormitorio. sentí que un frío de hielo penetraba hasta mi corazón. era estar perdido. la vela que allí encontré por otra de mi fabricación. El martirio no sería menor si la canción en sí misma fuera buena o el cría de ópera meritoria. Al principio hice un esfuerzo para sacudir esta pesadilla de mi alma. me descubría permanentemente pensando en mi seguridad y repitiendo en voz baja la frase: «Estoy a salvo». Torturante por lo obsesiva. La idea impresionó de inmediato mi imaginación. No dejé huella de una pista por la cual fuera posible acusarme o siquiera hacerme sospechoso del crimen. me sorprendí en el momento de murmurar. la casual insinuación de que podía ser lo bastante tonto para confesar el asesinato del cual era culpable se enfrentaba conmigo como la verdadera sombra de mi asesinado y me llamaba a la muerte. Rechacé mil planes porque su realización implicaba una chance de ser descubierto. torturante. más rápido. el machacón estribillo de una canción vulgar o algunos compases triviales de una ópera. Pero no necesito fatigaros con detalles impertinentes. meses enteros medité en los medios del asesinato. Si no hubiera sido tan prolijo. Ahora advertiréis fácilmente que soy una de las innumerables víctimas del demonio de la perversidad. Semanas. A la mañana siguiente lo hallaron muerto en su lecho. una época en que el sentimiento agradable llegó. en gradación casi imperceptible. o. me hubiérais considerado loco. Y ahora. Sabía también que su habitación era pequeña y mal ventilada. encontré el relato de una enfermedad casi fatal sobrevenida a madame Pilau por obra de una vela accidentalmente envenenada. o no me hubiérais comprendido. Es imposible que acción alguna haya sido preparada con más perfecta deliberación. Así es como.condenado que ocupo. Es harto común que nos fastidie el oído. Un día. a convertirse en una idea obsesiva. Ni una sola vez cruzó por mi cerebro la idea de ser descubierto. como la chusma. Apenas podía librarme de ella por momentos. Sentía un deseo enloquecedor de gritar con todas mis fuerzas. las palabras acostumbradas. para terminar corriendo. leyendo algunas memorias francesas. mientras vagabundeaba por las calles. Aceleré aún . yo sabía bien. pues. Es inconcebible el magnífico sentimiento de satisfacción que nacía en mi pecho cuando reflexionaba en mi absoluta seguridad. demasiado bien que pensar. por fin. Durante un período muy largo me acostumbré a deleitarme en este sentimiento. en mi situación. y el veredicto del coroner fue: «Muerto por la voluntad de Dios. estoy a salvo si no soy lo bastante tonto para confesar abiertamente. o más bien la memoria. cada vez más rápido. ay. Yo mismo hice desaparecer los restos de la bujía fatal. No necesito describir los fáciles artificios mediante los cuales sustituí.

Si hubiera podido arrancarme la lengua lo habría hecho. sentándose en una roca. caí por tierra desmayado. Después de relatar todo lo necesario para la plena acusación judicial. y entonces algún demonio invisible — pensé— me golpeó con su ancha palma en la espalda. suministros. El secreto. irrumpió de mi alma. armas: «un equipo». Por un momento experimenté todas las angustias del ahogo: estaba ciego. abrí la boca para respirar. ¿para qué diré más? ¡Hoy tengo estas cadenas y estoy aquí! ¡Mañana estaré libre! Pero. aturdido. una mano más ruda me aferró por el hombro. los únicos seres vivos que habíamos visto eran serpientes de cascabel y sapos cornudos. y que hizo que cada uno de la media docena de «caballeros aventureros» que éramos nosotros nos irguiéramos. Nadie puso en duda su afirmación. sin dejar de estar sentados. a lo que hay que añadir que había en sus palabras algo que podía interpretarse como un desafío. Además. y lleváramos una mano al arma: un acto que en aquel tiempo y lugar era significativo. Y todo eso significa camaradas. pero una voz ruda resonó en mis oídos.más el paso. Pudo surgir quizás una duda con respecto a qué tipo de hombre podían ser los camaradas de aquel desconocido tan escasamente ceremonioso. sordo. ¿dónde? FIN EL DESCONOCIDO Ambrose Bierce Un hombre salió de la oscuridad y penetró en el pequeño círculo iluminado por nuestro lánguido fuego de campamento. debía tener compañeros no muy lejos. largo tiempo prisionero. Salté como un loco por las calles atestadas. Pero. como si temiera una interrupción antes de concluir las breves pero densas frases que me entregaban al verdugo y al infierno. Durante una semana. Sentí entonces la consumación de mi destino. El desconocido no prestó ninguna atención a aquel acto y volvió a hablar con el mismo tono monótono y carente de inflexión con el que había pronunciado su primera frase: . Me volví. pues no era un lugar en el que resultara conveniente vivir o viajar solo. En un desierto de Arizona no se puede coexistir demasiado tiempo tan sólo con criaturas como aquéllas: uno debe llevar animales. el populacho se alarmó y me persiguió. él mismo era prueba de esa verdad. Dicen que hablé con una articulación clara. Al fin. pues no formaba parte de nuestro grupo y debía de encontrarse en algún lugar cercano cuando acampamos. -No son los primeros en explorar esta región -comentó con voz grave. una posición de expectativa. pero con marcado énfasis y apasionada prisa. sin contarnos a nosotros ni a nuestros animales.

ese aspecto me fue esquivo. Pero al cabo de una semana el propósito de la expedición había cambiado: en lugar de descubrir riquezas. Desgraciadamente. cruzar el río Gila en algún punto cercano a Big Bend. En ocasiones. Llevábamos un buen equipo. Había un poco de caza desperdigada por las montañas. y cuando traté de anotar mis impresiones. Kent y Berry Davis. como si pretendiera fijarlos en la memoria de su público. William Shaw. podríamos seguir avanzando. todos ellos de Tucson. el visitante siguió hablando: -El país no era entonces lo que es ahora. George W. El hombre repitió los nombres lenta y claramente. Nos dedicábamos a la prospección y teníamos la intención de. Cualquiera puede contar una historia: la narración es una de las facultades elementales de nuestra raza. Habíamos llegado demasiado lejos para poder regresar.-Hace treinta años. donde teníamos entendido que había un asentamiento. Kent y Berry Davis. y cerca de las infrecuentes charcas. cada uno de los cuales le observaba ahora atentamente. pero a solas y en campo abierto cede a las tensiones y torsiones deformadoras que le rodean. No había ni un solo rancho entre el Gila y el Golfo. Como nadie rompiera el silencio. me siento incapaz de hacerlo con algún grado de confianza. Pensamientos semejantes cruzaron mi mente mientras observaba al hombre desde la sombra de mi sombrero. Si teníamos la suerte de no encontrarnos con los indios. cuando habíamos agotado el suministro de carne . George W. Pero el talento para la descripción es un don. me gustaría ser capaz de describir el aspecto de ese hombre: eso sería lo natural. ¿pero qué podía estar haciendo allí. y ocultándonos durante el día lo mejor que podíamos. William Shaw. Sin duda se trataba de un grillado. en las maneras de ese historiador voluntario no se sugería ningún propósito inamistoso. cabalgando por la noche para evitar a los indios y el calor intolerable. en el corazón de un desierto? Puesto que he decidido contar esta historia. cruzaron los montes de Santa Catalina y viajaron hacia el oeste. pues más tarde ninguno de nosotros coincidió en cuanto a la ropa que llevaba o el aspecto que tenía. intentábamos conservar la vida. Un hombre es como un árbol: dentro de un bosque de compañeros crecerá tan recto como su naturaleza individual y genérica se lo permita. No éramos tan nuevos en el país como para no saber que la vida solitaria de muchos hombres de las llanuras había producido una tendencia a desarrollar excentricidades de conducta y de carácter que no siempre eran fáciles de distinguir de la aberración mental. Ramón Gallegos. Sus actos se asemejaban más a los de un lunático inofensivo que a los de un enemigo. hierba suficiente para evitar que nuestros animales murieran de hambre. así que seguimos avanzando. y en cierta medida extrañamente. hasta el punto más lejano que permitía la configuración del país. pero carecíamos de guía: tan sólo Ramón Gallegos. si no encontrábamos nada. de manera que lo que teníamos delante no podía ser peor que lo que nos aguardaba detrás. pues se había reducido algo la aprensión de que sus posibles compañeros estuvieran en algún lugar de la oscuridad que parecía rodearnos como si fuera un muro negro. que tenía inclinado para que la luz del fuego no me diera en los ojos.

con los rifles preparados. Allí estaríamos a salvo durante algún tiempo: un solo hombre con un rifle de repetición podría defender la entrada contra todos los apaches del mundo. directamente enfrente de nosotros. lo que Dios quisiera: todo era comida. y cuando llegamos al campo abierto que había más arriba recibimos los disparos de una docena de rifles. sabíamos día y noche que nos vigilaban. Sabiendo que nos superaban en número de diez a uno. cuando rodeábamos una cordillera tratando de encontrar algún paso. He vivido sin religión y no conozco la de ustedes. Conservábamos el valor. pero los apaches disparaban muy mal cuando lo hacían deprisa. . La lucha era inevitable: presionamos a nuestros débiles animales para que subieran el barranco mientras hubiera espacio para poner una pezuña. el chaparral sólo se extendía una corta distancia por la pendiente. cortándonos cualquier retirada en esa dirección y obligándonos a ascender. otras un antílope. » Una mañana. nos atacó un grupo de apaches que había seguido nuestro rastro hasta un barranco que no está lejos de aquí. señores. permitiendo al desconocido proseguir el relato: -Los salvajes también desmontaron y algunos de ellos subieron el barranco hasta más allá del punto por el que nos habíamos ido. si les sorprendo. Veinte metros más arriba. hasta que nuestro sufrimiento se hizo insoportable. pero la esperanza era un término del recuerdo. luego. Corrimos hacia ella y nos encontramos en una caverna tan grande como una habitación ordinaria de una casa. George W. Desgraciadamente. no tomaron ninguna de sus habituales y cobardes precauciones. Un gesto de desaprobación de nuestro jefe le hizo callar. un puma. » No vimos después a ninguno de aquellos indios. disparando y gritando.de animales salvajes y vaciado nuestras cantimploras. Kent y Berry Davis. Pero todos conservamos el rifle: Ramón Gallegos. más allá del borde de los matorrales. un coyote. pero para mí ha llegado el momento de ganarle la partida al apache. abandonando todo nuestro equipo al enemigo. la mañana del cuarto día. Ramón Gallegos dijo: » -Señores. sino que se lanzaron sobre nosotros al galope. Perdónenme.. no sé mucho del buen Dios ni de lo que a éste le complace. pero por el humo y el resplandor de las hogueras que habían encendido en el barranco. ni uno solo de nosotros podría dar tres pasos sin caer abatido. vigilando por turnos. y quiso Dios que ninguno de nosotros cayera. una estrecha abertura. Entonces. desde el margen de los matorrales: sabíamos que si intentábamos salir. había unos riscos verticales y. Resistimos durante tres días. una charca o una pequeña laguna en el fondo de un arroyo nos permitían restaurar nuestras fuerzas y salud. Pero contra el hambre y la sed no teníamos defensa. por lo que éramos capaces de disparar a algún animal salvaje que también hubiera buscado el agua. -El mismo y viejo grupo -comentó el humorista que había entre nosotros. teníamos que pasar varios días sin comer ni beber. William Shaw. bajamos de nuestras sillas y nos dirigimos hacia el chaparral que había en una de las pendientes. A veces era un oso.. Era un hombre del oeste que no estaba familiarizado con las costumbres decentes de la relación social.

. » -Y recibe nuestras almas. » -Perdónanos nuestros pecados -dijeron ellos. » Yo era el jefe y me correspondía hablar. Kent y Berry Davis. » -Fue un hombre valiente. » -Tiene razón -dijo William Shaw. Kent. Kent. » Extendí los miembros de Ramón Gallegos y le puse un pañuelo sobre el rostro. y yo quedé en pie delante de ellos. Kent. Supo cuándo morir y cómo. William Shaw y George W. » Así lo hicieron. venid y arrodillaos. Padre Nuestro -dijo William Shaw. Kent dijo que pensaba lo mismo. » -Tiene razón -dijo George W. Se produjo una rápida conmoción al otro lado del fuego de campamento: un miembro de nuestro grupo se había puesto en pie pistola en mano. » -Dios Todopoderoso. » Y así nos dejó: a William Shaw. acercó la pistola a su sien y dijo: » -Madre de Dios. -Y recibe nuestras almas. Unámonos a Ramón Gallegos. .» Se arrodilló en el suelo rocoso de la cueva. un poco más.. » Y George W. » -Dios Todopoderoso. Entonces William Shaw dijo: » -Me gustaría seguir teniendo ese aspecto. George W. » -¡Amén! » -¡Amén! » Les coloqué junto a Ramón Gallegos y cubrí sus rostros. ven a por el alma de Ramón Gallegos. o ser despellejados vivos: eso es de mal gusto. » -Dios Todopoderoso. Padre Nuestro -dije yo. » -Así será -dije yo-: Los diablos rojos aguardarán una semana. » -Perdónanos nuestros pecados -dije yo. Es una estupidez morir de sed y caer bajo las balas de los apaches. Padre Nuestro -dijo George W.

maldita sea! Y me han puesto nervioso. El desconocido se levantó y nos pareció muy alto bajo la luz del fuego menguante. que permanecía sentado. Reiterando su lista de muertos.. Si formó parte de ese grupo. pues la luna está alta. Los demás acostaos de nuevo u os arrojaré al fuego a patadas. -Había cuatro -repitió él-: Ramón Gallegos. es que había cinco hombres. Este tipo es un lunático o simplemente un mentiroso: un sencillo mentiroso al que Yountsey no tiene derecho a matar. ¡Pero no hicieron ninguno. El centinela se retiró obediente. aquí hay algo que no concuerda -dije yo-. yo mismo he visto las tumbas y mañana las veremos todos. Kent y Berry Davis. detente! Todos nos habíamos puesto en pie. Los enterraron allí. dijo: . probablemente a sí mismo. vergonzosamente mutilados y sin el cuero cabelludo. Yountsey.. -Capitán. pensé que les correspondía a ellos hacer cualquier movimiento. inmóvil y aparentemente sin prestar atención. -Capitán. En ese momento se aproximó a nosotros un miembro del grupo que había estado de guardia llevando el rifle en la mano y algo excitado. nuestro capitán se lanzó sobre él y le sujetó la muñeca. -¡Detente.-¿Y tú te atreviste a escapar? -gritó-. caminó hacia la oscuridad y no volvimos a verle. ¿Has tenido el valor de permanecer vivo? ¡Eres un perro cobarde y yo haré que te unas a ellos aunque luego me ahorquen a mí! Pero saltando como una pantera. y no regresó en toda la noche. William Shaw. Alguien cogió a Yountsey por el otro brazo. en los alrededores de la boca de esa cueva. y no ha nombrado a uno de ellos. inusual. George W. durante la última media hora he visto a tres hombres allí arriba-dijo señalando en la dirección que había tomado el desconocido-. salvo el desconocido. -Vuelve a tu puesto y quédate allí hasta que vuelvas a verlos -contestó el capitán-. Hace años encontraron cuatro cuerpos de hombres blancos. pero como no tenían armas y yo les cubría con la mía. lanzando juramentos. Aquí hay algo. Cuando estábamos preparando nuestras mantas. pues por prestar atención a su historia nos habíamos olvidado de alimentarlo. -Cierto -contestó el capitán soltando al insurgente. Pude verlos claramente. que se sentó-. que era un temperamental. Sam Yountsey.

. que dejaron allí en su ridícula posición de muñeco desarticulado hasta que llegó el comisario. -Habría sido totalmente innecesario: no podrías haberle matado otra vez.-Le ruego que me perdone. capitán. El diablo de cera John Flanders Le diable de cire. Duérmete. El comisario era pequeño y regordete y daba la sensación de estar aún medio dormido. inspector White? -Puede que se trate de un asesinato. van Hageland. es Bascrop. Vivía como un ermitaño -respondió White. -Es un asunto sin importancia -afirmó lacónicamente el jefe de policía-. Soltero y bastante rico.. o de donde ha saltado. recopiladas por A. Aunque iba a desembocar a Cornhill. Las miradas se quedaron fijas por un instante sobre la forma humana que podía adivinarse bajo su grosera cubierta y luego se dirigieron hacia el piso superior de una casa triste cuya vieja fachada dejaba ver un letrero carcomido que decía: «Se alquila». Traducción de I. Pasó aún algún tiempo antes de que los policías descubrieran el cuerpo. en compañía de un joven de rostro inteligente.. asesinato. Este apareció pronto caminando por la acera opuesta. Kent. suicidio? ¿Qué opina usted. recubierta por un trozo de tela grasienta. ¿pero quién diablos piensa usted que son? -Ramón Gallegos. ¡Es de allí de donde ha caído! -De donde ha caído. la calle estaba casi desierta. El grupo de mirones estaba compuesto principalmente por personas que tenían que levantarse muy temprano para acudir al despacho o a la fábrica. Editorial Bruguera S. La multitud se había agolpado en torno a una cosa horrible. -¿Accidente. pero la causa no está todavía muy clara. -¡Miren la ventana! Está abierta. Libro Amigo 338. Era un amanecer gris y algunos faroles brillaban aún. 1975. William Shaw y George W. . aquí y allá. -¿Y qué me dice de Berry Davis? Tendría que haberle disparado. A. De un suicidio tal vez. ¿Conocía usted al muerto? -Sí. Rived en Las mejores historias diabólicas.

-¡Vamos! -dijo secamente White-. pero por el otro lado daba sobre un barrio sucio. inspector White. La marca rectangular debe ser la del libro. White no tuvo que reflexionar mucho para descubrir la causa. el desgraciado debía tenerlo en la mano en el momento de su caída.! No será más que una encuesta breve. sobre esta última se veía una gran vela que sin duda había apagado alguna ráfaga de aire poco después del drama. Resultó ser viejo. pues no estaba de acuerdo con esto. cuya madera no parecía limpia más que en tres sitios. y este hombre tal vez supiera algo. El jurado había desechado la posibilidad de asesinato y el inspector White continuó la investigación por su propia cuenta. Son cosas que pasan. Sobre la mayoría de las puertas podía leerse esta inscripción escrita con tiza: «Llámeme a las cuatro». subió la escalera hasta el tercer piso y llegó por fin a la habitación misteriosa: cuya ventana había quedado abierta. Al pasar había notado que todas las habitaciones estaban por completo desprovistas de mobiliario. la calle desembocaba sobre Cornhill. de mala fama y callejuelas infectas. Entró en la casa vacía.. Lo único que me han contado es que un hombre que estaba harto de la vida ha saltado de un tercer piso. a la luz de esta vela. Por lo tanto. White continuó su razonamiento. Deme el libro que ha encontrado cerca del cadáver o presento una denuncia contra usted. -¿Qué estaba haciendo aquí entonces? -Esta casa le pertenecía. En ésta. -Yo no sé nada. ¿Pero dónde está el libro? Nadie más que yo ha entrado en esta casa desde la muerte del propietario. y repugnante. . o vigilante..ha debido sentarse aquí para leer. Una fina capa de polvo cubría la mesa. En cuanto a estos dos redondeles sin duda son los codos del pobre hombre.-¿Vivía en esta casa? -No. En los alrededores vivía probablemente algún guardián de noche. sucio. absolutamente nada. sin embargo. claro que no. había varios objetos de aspecto miserable: una silla de caña y una mesa de madera blanca. No va a llevarle mucho tiempo. Por un lado. puesto que está para alquilar. -¡Ah. Recibió a WhIte sin ninguna cortesía. bueno. -Bascrop -se dijo. El joven detective se había sorprendido de la expresión de angustia que había conservado después de la muerte el rostro del poco sociable Bascrop. y apestaba a alcohol. El polvo mostraba en efecto las huellas de dos círculos vagos y de un rectángulo perfecto.

sin embargo. Una vez que llegó a la habitación del drama. se sentó donde Bascrop debía haber estado y abrió el libro por la página que ya había visto antes. murmuró para sí. Tuvo. este libro bien vale un chelín. Podría muy bien tratarse de un asesinato. no era completa. hacia la ventana. En aquel tiempo los verdugos solían quemar esta clase de libros y no andaban equivocados». White no ha podido nunca describir con precisión qué es lo que vio en aquel momento. Además. su rostro tenía una expresión muy grave. encendió la vela. -¡Tenga su chelín! Es así como White vino a entrar en posesión del libro que buscaba. Levantó la cabeza y lanzó un espantoso grito de horror. obligándole a retroceder andando hacia atrás. Pero cuando hubo terminado la lectura carraspeó un poco para aclararse la garganta y entonces oyó como un reloj vecino daba las doce campanadas fatídicas. Se trataba de un texto en prosa bastante confusa que el Inspector no comprendía en absoluto. Comenzó a leerla lentamente. Incluso hoy en día duda de que viese realmente algo. empujó la puerta medio desencajada de la casa siniestra y subió las escaleras en la obscuridad. . yo no he estado por allí. El vigilante vaciló aún un momento y luego acabó murmurando con aire mezquino: -Sabe usted. «Un libro de magia -murmuró el inspector. En ella estaba escrito: «Encended la vela un cuarto de hora antes de la medianoche y leed la fórmula en voz alta». sin embargo. Poco antes de la medianoche regresó a la calle desierta.-Encontrar no es robar -dijo aquel triste individuo con una risita-. Una página que tenía la esquina doblada le llamó la atención. -¡Tenga cuidado! -le amenazó White-. la impresión clara de que un ser obscuro y amenazador avanzaba hacia él.que data nada menos que del siglo XVI. «¿Por qué no he de ensayar yo también?». Se puso a hojearlo lentamente. ya que la luna llena iluminaba el cielo con su luz helada y dejaba pasar bastante claridad a través de los cristales empolvados de las ventanas como para que pudiera verse dentro. Cuando hubo terminado. Esta.

Una detonación seca rasgó el silencio de la noche y la vela saltó hecha pedazos. aún estaba despierto en él. sabe. ¿qué otra hipótesis podría él arriesgar? A menos que. White entonces perdió el conocimiento. Porque. que tenía que continuar retrocediendo y que finalmente acabaría por caer sobre la barandilla para ir a estrellarse contra el pavimento tres pisos más abajo. la clave del misterio era precisamente la vela. de la que los brujos de aquella época conocían la fórmula. No. sin embargo. Debía tener por lo menos cuatro siglos y estaba fabricada con una cera llena de alguna materia terriblemente volátil.. Supo que tenía que abrir aquella ventana.. -¡El diablo! -balbuceó el inspector. lo mejor era no pensar más en este asunto. es lo que usted ha hecho. Y. si hubiera fallado usted la vela hubiese corrido sin duda la misma suerte que el desgraciado Bascrop. -Bueno. Una fuerza invisible y poderosa le empujaba. no andar lejos de la verdad. boom. Además. White no tenía deseo alguno de entablar una discusión sobre este tema. El Sueño de Harvey Janet se aleja del lavaplatos y.Un pánico terrible le oprimió el corazón. pero una especie de instinto. sin embargo. el del policía acostumbrado a luchar por su vida. La extensión del texto mágico que había que leer fue calculado de tal forma que la vela tenía que arder durante un cuarto de hora entero. capaz de envenenar el cerebro humano y de despertar en la víctima la idea obsesiva del suicidio. Su voluntad estaba apunto de abandonarle y él se daba perfecta cuenta de ello. -Amigo mío. observándola.. Confieso que esto no es más que una suposición. pero creo. El médico que estaba a la cabecera de su cama cuando se despertó movió la cabeza sonriendo. en un instante su esposo por casi treinta años se encuentra sentado en la mesa de la cocina con una camiseta blanca y un par de bóxers Gran Perro. amigo mío -dijo el doctor-. Con un esfuerzo sobrehumano consiguió echar mano a su revólver y concentrando en su brazo toda la energía de que podía disponer apuntó a la sombra misteriosa y apretó el gatillo. Más y más a menudo ha . no había oído contar nunca que nadie pudiese abatir al diablo con la ayuda de un simple revólver. que es tiempo más que suficiente para que una habitación se llene por completo de un gas peligroso.

Harvey en la mañana. esto es tan sólo practicar a ser viejo. Teme que ella dé la vuelta dejando lo que esté haciendo y lo vea sentado allí en medio de un mañana demasiado soleada. Esto hace ver tan leve la vida. y quien aún puede sellar un negocio. con las piernas bien separadas para que ella pueda ver la insuficiente hinchazón de su entrepierna (como si le preocupara) y vea los callos amarillos en los inmensos dedos de sus pies. espera estar equivocada. por lo que trabajaron y en ocasiones (afrontémoslo) se aferraron. un hombre de sesenta que parece de cincuenta (bueno. que siempre le hicieron pensar en Wallace Stevens engañando al Emperador del Helado. No puede evitar preguntarse si esto es por lo que lucharon. cualquier día entre semana Harvey Stevens está listo y ansioso de irse hacia las seis y cuarenta y cinco. tan estúpida de alguna manera. preparándose para el día. vello blanco en sus mejillas. Janet y su amiga Hannah se han asustado una a la otra últimamente (como niñas contándose historias de fantasmas durante una noche fuera de casa) intercambiando cuentos de Alzheimer: quién ya no puede reconocer a su esposa. quién ya no puede recordar los nombres de sus hijos.encontrado un sábado en la mañana a este entre semana comodoro de Wall Street en ese mismo lugar y vestido de esa manera: con los hombros caídos y un vacío en el ojo. no cree realmente que estas apariciones silenciosas de la mañana del sábado tengan nada que ver con un Alzheimer de inicio temprano. No obstante. Si aquí es a donde se llega al salir de los bosques . por lo que superaron su inevitable infidelidad de edad madura. el cabello erizado atrás como Alfalfa el de los Little Rascals envejecido y estúpido. Teme que cuando él se retire será así todas las mañanas. por lo menos hasta que le dé un vaso de jugo de naranja y le pregunte (con una impaciencia en aumento que no podrá evitar) si quiere cereal o sólo una tostada. cincuenta y cuatro) con cualquiera de sus mejores trajes. Harvey en camiseta y con sus bóxers. y ella lo odia. Sentado allí silencioso dopadamente contemplativo en vez de listo y ansioso. comprar al margen. piensa. por lo que criaron y casaron a tres chicas. No. o vender con los mejores. Dios. tetillas caídas que se aprecian en la parte de adelante de la camiseta.

el cocker spaniel. sus piernas blanquecinas. Jenna. este parqueadero . este . refiriéndose a su sinusitis. su gusto por la marihuana. Y entonces un día cometiste el error de mirar por encima de tu hombro y descubriste que las niñas habían crecido y que el hombre con el que luchabas por seguir estando casada se sentaba con las piernas aparte. como si fuera contra la ley hacer algo diferente. “¿Cómo están esta mañana?” pregunta él. sus alergias veraniegas tienen su lado bueno. Cuando cae el . En algún lugar en la mayoría de estas fotografías (usualmente atrás) se encontraban Janet y el hombre con quien se casó. en el concurso de gramática del condado donde “murciélago” resultó ser su Waterloo. Stephanie. pero. setenta y cinco. atrapada en pleno salto a través de la regadora del césped. ya no tiene que escuchar el ocasional pedo tibio mientras los soldados de Harvey se consumen aún más en el sueño. Ya no tiene que dormir con él ni pelear por las cobijas a media noche. tres veces. . dos.oscuros. las tarjetas de crédito y los hombres mayores aún lejos en el horizonte. Ignoraste la mayoría de las mentiras en el camino pero te aferraste a aquella que decía que la vida importaba. al igual que un número de cosas malas. la mayor. Se veía como lo que los matones de “Los Soprano” llamaban un ente. piensa Janet. una. observando en el sol. incluso siete horas. Voltea de nuevo al lavaplatos y estornuda delicadamente. y por Dios que podía parecer de cincuenta y cuatro con cualquiera de sus mejores trajes. Porque no sabías. y en él eran aún jóvenes y aún interesantes en sus posibilidades: Trisha. refiriéndose a sus alergias. La respuesta es no muy bien. Mantuviste un álbum de fotos y recuerdos dedicado a las niñas. con un sombrero y ondeando una varita sobre Tim. y eso es más que suficiente. Demonios. la menor. ¿entonces por qué alguien lo haría? Pero la respuesta es fácil. La mayoría de noches durante el verano ella logra seis. . . pero sentado ahí en la mesa de la cocina así parecía de setenta. . siempre sonriendo.

¿y qué clase de padres ponen la vida de su hijo en las manos de un jodido collie? Se giró de nuevo hacia él.otoño y él se vuelve a mudar del cuarto de invitados. el agua ya apenas tibia. Realmente me desperté gritando”. el niñito (Timmy. Todavía observándolo. Preguntándose si está bromeando. “Afortunadamente no dormiste anoche conmigo. olvidando la jarra aún con un último huevo en ella. Todo lo que le llega es un vago recuerdo de sus días de cortejo. tormentosas. o atrapado por una roca. justo cuando está pensando (y no por vez primera) en cómo su vida ya no tiene sorpresas. Si es alguna clase de chiste matutino bizarro. él dice en una voz extrañamente casual. Jax. pasarán a ser cuatro. Suspira y toma la jarra de agua del lavaplatos. y gran parte de ellas. Harvey diciéndole algo como “Soñé contigo”. sabe. dice. dice. Ella está sorprendida. Y entonces. Un año. ella lo suficientemente joven como para pensar que era dulce en vez de falaz. Tuve un mal sueño. su nombre era Timmy) siempre caía en un pozo o era mordido por una serpiente. Y aunque no se lo dice – heriría sus sentimientos. en vez de Janet o Jan? El último es un apodo que ella odia en secreto. “¿No me escuchaste?” “No”. ¿Tuvo un mal sueño? ¿Harvey? Intenta recordar cuándo ha mencionado Harvey alguna vez haber tenido algún sueño cualquiera y no tiene suerte. y todavía no le gusta lastimar sus sentimientos. al menos en lo que a ella compete – se alegrará. ningunas profundidades maritales por explorar. La hace pensar en esa empalagosa actriz de “Lassie” cuando era niña. “No tan mal”. La mueve en sus manos. Pero Harvey no es un hombre de . “¿Que tú qué?” “Me desperté gritando”. él no volverá a mudarse a su cuarto. esto es lo que hace ahora las veces de amor entre ellos. ¿Hace cuánto no la llamaba Jax.

Su idea de humor es contar anécdotas en la comida sobre sus días en la Armada. Se detiene. y me obligué a detenerme. toma la trituradora de pimienta. de una manera en que no la ha visto en años. no pudiera cerrar mi boca para decirlas. y él nunca lo sabe). justo cuando estaba pensando que la vida es vana. “¿Cuál fue tu sueño?” pregunta. de cualquier forma– pero no esta mañana a las dos y cuarenta y siete”. Incluso su sombra sobre la pared por encima de la tostadora se ve de alguna manera más allí. con las cejas alzadas (necesita depilarlas otra vez. Le gustaría decirle que dejara de hacer eso. “Me escuché. y tuve que prender la luz por un momento. “Dicen que si cuentas tus sueños no se harán realidad”. Estos días parece que siempre puedo orinar –un poco. sonando extrañamente tímido. pasándose entre las manos la trituradora de pimienta. Ella las ha escuchado todas al menos cien veces.. Estamos en Connecticut. se ve como si él importara. no sé. otra vez tienen ese aire salvaje. y aquí sucede una cosa extraña: por primera vez en acaso cinco años desde que se quedaron despiertos hasta media noche discutiendo si debían conservar o vender la acción de Motorola (terminaron vendiéndola). qué estará dividido en tres partes. y aquí está la Cosa Extraña No.bromas. Pero estaba temblando. Cuando llega junio siempre estamos en Connecticut. Y mi voz era más baja. como Gaula. Pronto uno de los dos irá por el periódico. Sonaba como si me hubieran golpeado. y empieza a pasársela de una mano a otra. Intenté orinar. “Gritaba palabras. Se detiene sentado allí al sol.. ¿y por qué debería ser así? ¿Por qué.. ella está interesada en algo que él tiene que decir. pero no era realmente capaz de decirlas. como su mismo corazón palpitante.. que la pone nerviosa (como la negritud exclamativa de su sombra en la pared. Ella piensa. Ella puede ver las motas de polvo volando en la luz. 2: en un instante Harvey la ve. dice. que de repente ha empezado a . Parecen darle un halo. debería parecer tan plena? Es una mañana de verano al final de Junio. Para nada como mi propia voz”. “No sé si quiero decirte”. Se gira. “¿Eso dicen?” Él considera la idea. y no pude. Era como si . le dice ella.

porque ésta tiene su propia sombra –se desplaza por la mesa como la sombra de una pieza de ajedrez inmensa. De repente no quiere que la vida sea algo más que vana. “Siempre me levanto antes que tú los sábados”. lo que realmente dicen es que si cuentas tus sueños se volverán verdad. “Mañana del sábado. Tendrás un ataque al corazón. Vano está bien. sólo miren a las actrices de las películas si tienen alguna duda. plena como un ladrillo. Piensa en el gato de Cheshire diciéndole a Alicia “Todos aquí estamos locos”. pero si una actriz de . “Lo sé. con una viciosidad que le es completamente ajena. dice pacientemente. y ella puede ver los vellos blancos en el interior de sus muslos. aunque habría podido jurar que todo ese sin sentido terminó hace dos o tres años. igual a esta. Una vez él jugó tenis. él ya está hablando y a ella se le ocurre que éste es su castigo por pensar que la vida es vana. Sí. sólo que tú no te habías levantado aún”. Abre la boca para decirle que lo dijo al revés. y tal vez discutirán poner un anuncio de tu muerte en el diario. piensa febrilmente. Ella piensa. Y entonces él deja a un lado la trituradora de cualquier modo. como si tuviera un flash caliente. hombre blanco. Nada debe anunciarse. dice ella. pero esto era un sueño”. y de repente no quiere escuchar el estúpido sueño de Harvey. el que lo hizo despertar gritando y sonando como un hombre con un golpe. y no tiene idea de por qué eso la asusta pero así es. Nada debe anunciarse. incluso las tostadas que hay allí tienen sombras. es la mañana del sábado y nada debe anunciarse. vano es bueno. ¿cómo pudo haber pensado lo contrario alguna vez? “Soñé que era de mañana y que bajaba a la cocina”. dice.acelerar su ritmo sin ninguna razón). La vida es realmente como una canción de Jethro Tull. pero no quiere distraerlo de lo que quiera que suceda en su cabeza de sábado por la mañana. donde los músculos están deteriorados y decaídos. eso es lo que acabará contigo. pero aquellos días se fueron. lo que debería estar bien pero de alguna forma no lo está. febrilmente. pero es muy tarde.

Realmente hay una sensación de algo que se acerca. “Pero era como hoy”. “Brillante es una palabra chistosa para referirse a una sombra ¿o no? ‘Plena’. Vio la abolladura del Volvo de Frank Friedman ella misma. la frente y el cuello. o una bailarina medio famosa de los cuarenta. luego sonríe. que Frank había estado en la Calabaza y había tocado algo en el parqueadero. “y miré fuera y vi que había una abolladura en el costado del Volvo de Friedman. y pensó lo mismo. que no molestara así al universo. Hace una pausa.películas B de los cincuenta muriera ese día. “Harvey–” “Me acerqué a la ventana”. Él levanta una mano y agita las motas dándoles vida alrededor de su cabeza y ella quiere gritarle que no haga eso. cuando los planes son tranquilos? Si lo he pedido. y su corazón late más rápido que nunca. “Podía ver mi sombra en el piso y nunca se había visto tan brillante o plena”. el sol brillaba”. cuando el mundo está en silencio. y ella ve lo quebrados que están sus labios. Ella siente de pronto que se desmayará. “Quiero decir. o tal vez realmente está rezando. y supe –de alguna manera– que Frank había estado bebiendo y que la abolladura ocurrió camino a casa”. piensa . Admítelo. . Sólo que Harvey no es ese tipo de hombre. “Jugar” no es el “método” de Harvey Stevens. Ciertamente es posible. puede sentirlo.. La idea de que Harvey también ha visto esto la interpreta como si él estuviera jugando con ella por una extraña razón. y ¿por qué estaría pasando justo ahora? ¿Ahora. por favor admítelo. ni siquiera te darían eso. el cuarto de invitados donde él duerme en las noches de verano tiene una esquina sobre la calle. cuando salió a la puerta a ver si el periódico había llegado (y no era así). dice él. lo siento. Ella tiene sudor en las mejillas. también”. ¿Cómo se ve el otro tipo? había sido su pensamiento exacto. dice él..

dice Harvey. muchas preocupaciones por los extraños en autos que ofrecen paseos y dulces. que contar un mal sueño es como poner una estaca en el vampiro del corazón. Trisha es su hija mayor. y tu madre realmente dijo que si contabas tus sueños no se harían realidad. Tienen tres niñas. Pero a la vez quiere escuchar la parte escabrosa. Jenna la alegre divorciada. “Pensé en comerme uno solo”. Me encantó –¡quería almorzar a las siete de la mañana!” Él ríe. “y miré dentro. como se verían las piernas de Harvey si intentara jugar tenis. Tres niñas. dice Harvey. Alguna vez estuvo en el Club de Teatro y ahora no podía proyectar su voz a través de la cocina. “No quiero oír el resto”. todo el mundo quiere escuchar la parte escabrosa. piensa ella desde su lugar junto al lavaplatos. No quiero escuchar la parte escabrosa. y Jenna no detesta eso. “y era Trisha”. que idolatraba a Houdini y a Blackstone antes de descubrir a los chicos. dice. “Sólo dijo . Junto a la taza está el frasco de mayonesa. “y entonces pensé. Lo contesté al instante porque no quería despertarte. lo que significa muchos dientes bajo muchas almohadas. Se encuentran en una taza tras los platos. y aquí viene lo escabroso. ocultarlos como un diente bajo la almohada. y vi una bandeja de huevos cubierta. y en cómo esperaba que su madre tuviera la razón.“Fui a la nevera”. Los músculos de su pecho se sentían flácidos. todos estamos locos aquí. lo que quiere decir que se supone que debes contar las pesadillas y guardarte los sueños buenos para ti. ¿Quieres escuchar la parte escabrosa?” No. Y el teléfono sonó. junto con una ensalada verde. lo que habría significado muchas precauciones. Ella ha estado planeando servir los huevos al almuerzo. Janet –Jax– observó a la jarra en el lavaplatos. si hago eso ella me gritará. “Alcé la bocina”. homónima a una de los gemelos Bush. dice Harvey. No. estos días insiste en que la gente la llame Jen. Una de ellas vive cerca en el camino. Los otros habían sido rotos y sus yemas habían sido sacadas. pero con una voz tan baja que apenas puede escucharse ella misma. Al único huevo hervido que quedaba.

como siempre fue. Y al comienzo no hubo respuesta. “Si no hace algo con la bebida y conducir eventualmente va a matar a alguien”? “Y entonces Trish dijo lo que sonaba como un ‘lisio’ o ‘lisa’. desde la primera palabra. Como si intentara hablar pero casi nada le saliera porque no lograba reunir la fuerza o tomar aire. a todas las hermosas cosas en crecimiento que la hacen estornudar y que se le lloriqueen los ojos. ¿o no? Porque Janet –quien fue Jax en Sarah Lawrence. al menos hasta que crecen y se vuelven de alguien más. luego unas cuantas más de esas medias palabras. y antes de que la conversación llegara al Alzheimer habían discutido primero sobre Lucy Friedman y luego sobre Frank. Janet acomodada en la silla de la ventana en la sala y observando su propiedad de un acre en Westport. apenas ‘Papá’. Bueno. Jax la que da excelentes besos a la francesa. “Dije. ¿Es esa la palabra? Elidiendo la primera sílaba y que lo que realmente decía era ‘policía’. estaba asustada incluso antes de que Harvey mencionara la abolladura en el costado del Volvo de Frank Friedman. Cómo siempre conoces a los tuyos. Justo allí”. aquellas medias palabras susurradas. . aquella que progresó eventualmente hasta las historias de fantasmas del Alzheimer. pero en el sueño yo sabía que estaba ¿elidiendo? . Señaló a la silla en lo que llaman el rincón del teléfono. ‘Hola. . pero sabía que era Trisha. Me estaba enloqueciendo con eso. No palabras sino medias palabras. Y fue allí cuando me empecé a preocupar”. Jax la que fumó Gitanos y afectaba el placer de los que tomaban tequila– Janet ha estado asustada por un buen rato ahora. y ¿cuál de ellos lo había dicho? ¿Cuál de ellos había dicho. entonces. ¿Sientes eso de que siempre sabes?” Sí. la reina del Teatro. y me senté. Le pregunté qué de la policía.una palabra al comienzo. pensé. Jax en el Club de Teatro. Trish. Y pensar en eso la hace pensar en la conversación telefónica que tuvo con su amiga Hannah hace menos de una semana. Siente que siempre se sabe. . qué intentaba decir sobre la policía. “Hubo más silencio. Pensé que me había colgado y luego escuché unos soniditos como susurros. ¿por qué llamas tan temprano. querida? Tu madre aún está acostada’. él es muy lento. Hannah en la ciudad.

pero luego dijo ‘número’. y supe que una de las niñas . cuando Clinton había sido el gran kahuna y el mundo había sido (en su humilde opinión. Además. Debe recordarle que Jenna vive cerca en el camino –Jen. Y mientras habían muchas cosas sobre Harvey que ya no le gustaban. Luego escuché ‘asesinada’. Podría haberse algunas veces aburrido de la integridad. Janet asiente torpemente. es decir. sino porque aquellas grandes compañías de energía eran como una especialidad para él. está diciendo Harvey. va a la puerta de la cocina y mira fuera al brillante día de junio. con un trillón de gotas de rocío aún brillando en la hierba! Y aún su corazón martilleaba en su pecho y el sudor resbalaba por su rostro y quiere decirle que debe detenerse. Incluso había pertenecido a una comisión Presidencial unos años antes. Usualmente a la hora de la cena. Decidieron sacar su número de la lista hace dos años porque los reporteros la pasaban llamando a Harvey por el desastre de Enron. pero sabe lo que es. Lo cual es indudablemente parte de la atracción. tan claro como una campana. este sueño terrible. que es su pequeña versión de lo que supone es el sueño americano. Jen la que trabaja en el Video Stop en la villa y se pasa demasiadas noches los fines de semana bebiendo en la Calabaza con aquellos como Frank Friedman. algo que sabía perfectamente bien era que él tenía más integridad en su dedo meñique que todos esos corruptos de Enron juntos. “y no iba a hablar. observa Sewing Lane. los sueños no tienen que ser lógicos ¿o sí? Los sueños son poemas del subconsciente. porque no podía soportar más quedarse callada. Y supe –por la forma en que intentaba decir ‘policía’– que intentaba decirme que la policía la había llamado a ella porque no tenían nuestro número”. No porque él tuviera algo que ver con Enron per se. por lo menos) un lugar ligeramente mejor y más seguro. ¡Qué calmada reposa esta mañana. “Todas estas pequeñas medias palabras susurradas”. no debe contar su sueño. Y ahora. quien es tan viejo que podría ser su padre. tal vez no si tienen prisa de hallar algo o decirle algo a alguien. ¿Pero no tiene la policía una forma de hallar los teléfonos que no están en lista? Bueno.

Viiva eer toooro. y en medio de la mancha hay un manchón que podría ser tierra o incluso cabello. como tú lo haces. Qué maravilloso. como la jodida Elección de Sophie. ‘¡Dime cuál! ¡Dime cuál ¡Por Dios. El sol hacía que su camiseta casi fuera demasiado resplandeciente para verla. ‘Iiime ual. Se detiene de nuevo. “Para entonces supe que estaba en la cama.” Harvey emitió una risita. sino Jenna o Stephanie. ‘Iii .estaba muerta. La que era Jax está usando toda su mente. Y estuve tan asustado. sus considerables poderes de pensamiento. Empecé a gritarle. iiii-ee ual’. “Me quedé allí con la piel de gallina. sonaba como la voz de un extraño. . así es como sonaba. y temblando. y a la luz brillante de la mañana Janet ve que hay una mancha roja en el medio de la abolladura en el costado del Volvo de Frank Friedman. Simplemente lo supe. porque estaba hablando por teléfono. diciéndome que sólo era un sueño. . pero también pensando en lo real que era.. Puede ver a Frank conduciendo yéndose hacia las aceras a las dos de la mañana. demasiado borracho incluso para entrar al corredor. inconsciente de que su esposa ya no lo escucha. Dime cuál.. Dime cuál. Ella puede verlo tambaleándose hasta la casa con la cabeza gacha. respirando fuertemente. asumiendo que exista tal cosa. . Harvey quedó en silencio. mucho menos al garaje –la puerta es estrecha y todo eso. Las motas de polvo bailaban alrededor de su rostro. en una manera horrible”. Considerando. Trish. desde luego.eee ual. dime cuál!’ Sólo entonces el mundo real empezó a desangrarse . No Trisha. y no pude entender nada de lo que decía. pensando. dice finalmente. es una camiseta de un anuncio de detergente. Ish!’ ”. para obligarse a cree que lo que . pensando en cómo decir lo que sigue. “Me quedé allí esperando que corrieras y vieras qué estaba mal”. Realmente me senté allí preguntándome cuál quería que fuera. pero podía escuchar esta voz baja que no sonaba en absoluto como la mía. Trish.

¡Qué ironía! Ahora Colin se veía encerrado en un manicomio. Es un número equivocado. Pero éste no era más que un curandero y un zote. allí en su habitación. Colin sabía lo que se hacía. No podía comprender por qué Colin no acudía al taller junto con los demás. parece palpitar en sus ojos. el mundo está quieto. Cuando suena el teléfono. piensa ella. como tantos otros. loco y todo. Triste gracia. Queda en silencio y la cocina pertenece al sol y a las motas bailarinas. Los médicos le tenían por loco. no acabó allí. ¿o no?” dice finalmente. Colin sabia más psicopatología de lo que Starr podría nunca aprender. Llevaba años con ellas.. gritaría si pudiera reunir el suficiente aire. antes de darse cuenta de que se movían. una verdadera autoridad cuando Starr era todavía un interno nervioso y más que verde. ¡Vamos!. porque si cuentas tus sueños no se vuelven realidad. Pero.. sobre todo. Escucha a Harvey levantarse e ir hasta el rincón al sonar de nuevo. y el doctor Starr era su cuidador.ve no es sangre sino la pintura interior del Volvo donde la original se levantó por el golpe. plenos como ladrillo. el doctor Starr. ¡que no es humo de pajas! Había sido un especialista de renombre. cirujano.. Harvey dice. Colin habla sentido ganas de hacerle salir la nariz por el cogote. Cada detalle tan claro y tan brillante”. “¿Alo?” LAS FIGURILLAS DE BARRO ROBERT BLOCH Colin había venido trabajando en aquellas figuritas de arcilla durante mucho tiempo.. cubriría sus oídos si pudiera levantar las manos.. Eso sí que era «terapia ocupacional» de verdad. pacientemente modeladas año tras año. “Un sueño como ese es cómo un poeta –uno de los realmente grandes– debe ver su poema. Habían permanecido en coma varios meses a raíz de aquella dantesca explosión. Colin habla volado junto con la base de la Cruz Roja en Yprès. y una tercera vez. neurocirujano. para trenzar cestas de mimbre o asientos y respaldos de esparto. afuera. y más de una vez. y . y no aquella ridiculez de las figuritas. pero sus nervios resultaron destrozados. Janet observa el Volvo a través de la calle. “Es sorprendente lo lejos que llega la imaginación. “Pintura interior” son dos palabras que su subconsciente ha estado más que dispuesto a evocar. Así eran indefectiblemente las opiniones del doctor Starr. doctor. También él había sido médico: doctor Edgar Colin. y había usado en total centenares de kilos de arcilla. Tiene que serlo.

compró herramientas adecuadas para su trabajo. Starr le había animado al principio.. Hombres y mujeres parecían en efecto réplicas de la realidad. Era una labor delicada y de gran precisión. Sus figuras acabadas corrían indefectiblemente la misma suerte: eran furiosamente estrujadas para dar. Con todo.. La mesa de su habitación se llenó pronto del instrumental propio del escultor. al fin se salió con la suya. colocó vísceras de igual material en el interior de formas cada vez más complicadas y perfectas. Vino por último el gran triunfo de dominar las glándulas y los nervios con sus complejas terminaciones sensitivas. no habían perdido nada de su destreza ni. e incluso su delicadísima estructura nerviosa.. ahí estaba el fallo. Luego vino el gran paso: ¡el cerebro! Se aprendió todas y cada una de sus circunvoluciones.. rasgos muy propios y aun capas epidérmicas y minúsculos pelos que Colin insertaba pacientemente en sus diminutos cuerpos. Era algo demencial. pero le libraba de pensar.. Colin se sentía insatisfecho. inclusive el sistema nervioso. actividad que poco a poco fue convirtiéndose en su afición predilecta. diez. a Starr. a la perfección. minúsculo. Le llevó años y fueron miles los intentos fallidos y las figuras destrozadas. Sus primeras figurillas de arcilla le habían reportado gran atención y elogios de terceros.. Colin deseaba crear mortales completos en miniatura. los intrincados sistemas arterial y venoso. tendones. tejido muscular. las terminaciones y el origen de cada nervio.. creó esqueletos de arcilla y los fue dotando de todos sus órganos.cuando se hubo recuperado físicamente dijeron que tenía dementia praecox. hechas a la delicada labor de la cirugía intracraneal. y para ello debía estudiar más. Pero ¿de qué servía todo aquello? Era un fraude. Trabajaba ocho.. un engaño. al fin.. Como cirujano. pero con el tiempo sí. en miniatura. carne. convertidas en masas deformes. Por fin se decidió a reunir todos sus conocimientos. estructura dérmica. y de vasos. estudiar. glándulas. de todo. ambiciones que no eran sino el deseo ferviente y siempre renovado de abordar tareas cada vez más difíciles. Su familia le envió fondos. de largos y ágiles dedos. se habla sentido revivir gracias a este redescubierto interés. apenas perceptible. Fue entonces cuando tuvo su primer roce con Víctor Starr: al pedir los libros de Anatomía.. Deseaba ocuparse. Era bueno sentir sus dedos nuevamente activos asiendo. Tan pronto como pudo valerse por sí mismo solicitó barro de modelar. Starr se había echado a reír. de sus ambiciones. muchas veces habla realizado piezas anatómicas de yeso con fines didácticos. Tras meses de esforzada dedicación.. Hizo esqueletos de arcilla. Aquellas grandes manos. recuperado de su estupor. contra la pared. los repliegues de la materia gris cortical. Ahora trabajaba con arcilla. si no lancetas y escalpelos. sus órganos. hasta el extremo de que llegó a conocer todos los órganos del cuerpo humano. no tenía . y le enviaron aquí.. hasta doce horas al día. pero no se sentía feliz. Su trabajo no era bastante bueno. Llegó al extremo de poder reproducir cualquier elemento del organismo con los ojos cerrados. Arcilla. Superado el coma. Estudiar. otros instrumentos no menos maravillosos: objetos capaces de cortar. la textura del cerebro. Poseían músculos. tallar y reformar cuerpos. ¡qué más daba! No le había importado al principio. En su interior no había sino arcilla. De manera que Colin aprendió a duplicar perfectamente la estructura ósea del hombre. por así decir. cada vez más complejas.

Se sentía desorganizado. El brazo no siempre seguía a la pierna. y uñas que encajaban perfectamente en las extremidades. Con la llegada de la muerte. y que no tenía un cuerpo.más objeto que éste. absorto. Starr temía que aquella desusada ocupación no hiciera más que agravar el estado de su paciente. Como de costumbre. en cambio. con labios delicadamente tallados. Colin siguió con su trabajo. en su cerebro. cada célula era una unidad. El doctor Starr acudía a verle de vez en cuando con la vana intención de hacerle desistir de aquella absorción fanática. pero cierto.? -exclamó Starr. Algunos órganos lo hacían antes que otros. sino porque acaso la ciencia pudiese obtener algunos datos importantes sobre su caso. sabía que era lo único que le conservaba todavía la razón. -No me interrumpa.. -¿Cerebros? ¡Santo Dios! Starr miró por encima del hombro de su paciente.. como en sus hombrecillos de barro. Todo en él parecía adquirir una vida propia. una mano. con un completo sistema vascular. Estoy poniéndoles los pensamientos -sentenció Colin. elementos perfectamente individualizados y distintos entre sí. un sistema vascular. sino un corazón.. uno no abandonaba la vida de golpe. no porque aquello le importara. con efecto impreciso aún. una pierna.. que iban desasociándose cada vez más. últimamente. Y es que. que parecía ir desenrollándose como un ovillo. Su cerebro y su cuerpo habían dejado de ser una entidad. fuera cual fuese su efecto. Debía seguir trabajando para conservar la razón. sino mil estructuras distintas y separadas. -¿Qué está haciendo? -preguntó. pese a las risas. formadas capa sobre capa. Una tarde sorprendió a Colin inclinado sobre tres diminutas pellas de arcilla.. a fin de que éste le hiciera objeto de especial observación. algunas células duraban más. -Cerebros para mis hombres -respondió Colin. ¡Era fascinante ver una mesa llena de minúsculas miniaturas de hombres y mujeres! El doctor Starr no opinaba igual. La labor le mantenía con vida. aplicaba sus finísimas lancetas atendiendo a un esquema extraído de un libro. en las que. sino un millar. estructuras auriculares y ópticas correctas. con terminales nerviosas independientes. Aquella conmoción violenta. A la postre. Starr se había reído. era. A veces se le antojaba que no era ya una persona. Los nervios ya no funcionaban coordenadamente con la sangre. Ahora construía cuerpos. a lo que los demás decían. Las antiguas deflagraciones parecían reproducirse de nuevo en su cabeza. una cabeza. a la monotonía de tantos años de reclusión. un hígado. propiciaba aquella gradual anarquía orgánica. .. Le llevó varios días el completar el primero. Cuerpos reales. ¡para incorporar a cráneos de arcilla! -¿Qué.. cuando no estaba trabajando. No era un ser humano unificado. Colin notaba que le estaban ocurriendo cosas extrañas. Sí ¡eran cerebros! Reproducciones pequeñísimas y perfectas del cerebro humano. unos pulmones. En una o dos ocasiones trató de explicar al doctor Starr lo que ocurría. impecables en todos sus detalles. A Colin le daban ganas de echarse a reír en sus barbas. Este. Pero ¡no debiera ser así en vida! Sin embargo.

-¿Ah. Su propio cuerpo se debilitaba por momentos. -¿Qué? El doctor Starr había entrado sin hacer ruido. ¿Y qué? ¿De qué iba a servirle aquello? Era un demente. les había dado parte de si. enfermedad. Puede que una parte de mi substancia vital haya sido transferida. ¿Pensamientos en cerebros para muñecos de barro? Al día siguiente. me estoy desintegrando. -Me decía tan sólo que debo experimentar con mis muñecos de arcilla -respondió apresuradamente. no puede. algo sí acertaba a presumir. Parece cansado. Se sentía exhausto y le faltaba la respiración. precisamente ahora que. incorporada a estos nuevos cuerpos. El médico enarcó las cejas.. Si aquellas figuras estaban animadas por su vida. «Además. Mientras Colin hablaba así. como sometido a un vaciamiento interior. Soy Frankenstein.. he estado pensando.. por tanto. Colin. ¡Era verdad! El esfuerzo de tanta concentración le había cubierto de sudor. »¿Por qué no? -se dijo-. Y las figuras se movieron. «Frankenstein -murmuró Colin-. Duplicad este mecanismo perfectamente y ¿por qué no ha de vivir? Quizá la vida sea simple electricidad. experimentar -exclamó en voz alta. como Dios. no soy como Frankenstein. ¡es imposible! Es todo lo que tengo y lo que me conserva vivo. totalmente inmóviles ahora. el cuerpo humano no es más que un mecanismo adaptado para reaccionar ante los estímulos. Eran él. de igual modo que controlaba las de su cuerpo. No.. quedo. . ¿Cómo usar su poder? -Primero. él podría controlar sus acciones. ejecutado acciones coherentes con cuatro cuerpos. quizá tenga que ver con ello. ¿Qué sabemos de la Creación. para sí mismo. agotado casi. -Lo siento. Soy como Dios. Las había creado. Colin miró de reojo a sus figurillas.. Quizá este trabajo no sea en verdad bueno para usted. que deberé prohibirle que siga modelando. quiero decir.» Sin embargo. Estoy perdiendo mi identidad. Mi. Colin notó que sus hombrecillos de barro se movían. si? Sabe... recluído en un asilo. «Dios». me temo.. ¡era el colmo! Starr contemplaba la escena maravillado. afortunadamente. era demasiado. de la Vida? Fisiológicamente. aunque no alcanzo a qomprender cómo. Se acurrucó en un extremo de la habitación. Colin cerró los ojos y se echó atrás estremecido. Sobresaltado.¿Pensamientos? Aquello era una verdadera locura.. Sin mi trabajo yo. «Soy Dios» susurró. en voz baja. -Pero.. absorto en sus pensamientos. las figurillas de barro le contemplaban y asentían al unisono. -¿Prohibírmelo? El doctor Starr asintió con la cabeza. -Su voz se convirtió en un susurro-. sí. pero real. -No puede. ¿Por qué no? Había dirigido cuatro mentes a la vez. Tengo la impresión de que se está causando un daño innecesario con todo esto.

La irrupción de éstos le libró in extremis. El gran descubrimiento. Ahora. ¡sus queridas criaturas! ¡Sus obras vivientes! Las destrozarían. pero ¿podrían en verdad aniquilar la vida? ¡Sería un asesinato! Colin sollozó amargamente mientras pensaba en ello y se prodigaba en sus ensoñaciones. Quiero que tenga la oportunidad de reencontrarse a sí mismo. . Puede que estuviera loco. y habría aprendido a concentrarse mentalmente para lógrar controlar y dirigir a voluntad una verdadera horda. Se daba cuenta de que su cuerpo iba enajenándose de él. ¡Si tan sólo pudiere pagarle en igual moneda! Quizá sí.. no parecían formar parte ya de su organismo. adiestrados por él y prestos a sus órdenes. Se habían ido. el único responsable. Quizá pudiese matar a Starr. Una nueva raza. Colin. ¡Starr! El era el causante de sus males. de vivir de nuevo. por tanto. Había oscurecido cuando el paciente despertó de un mundo plagado de odios. Colin nunca había sido violento.. Aquella tarde se había concentrado en la tarea de darles vida. Pero de algo estaba seguro: sin el barro enloquecería aún más. sus ideas. Todo venía de la excitación de aquella tarde. Y luego ¡al mundo! al mando de un ejército de barro. cierto.. Podría haber creado una raza.-El médico soy yo. ¿Cómo? Tenía que averiguar los planes de Starr. Compañeros. diferentes tipos de cerebro y. ¡Una verdadera civilización particular! Y aún más. ¿Qué? Sí. Ahora. y atacar a los enfermeros y guardianes para devolverle la libertad. ellos y la luz volverían de nuevo para despojarle de sus figurillas. esclavos.. con tales pensamientos y sueños. de mentalidad e idiosincrasia. el doctor sintió de pronto su garganta atenazada por unos dedos poderosos que hacían presa en su vena yugular con precisión qulrúrgica. Le había llevado a la locura. poblado de criaturas que le obedecerían a rajatabla.. centenares de figurillas. susceptible de propagarse ¡y siempre a su servicio! Un centenar de figurillas de manos diestras y dientes afilados podrían dar al traste con los barrotes de su celda. Estaba solo. A un estado horrible y desconocido de conflicto mental que no era capaz siquiera de comprender. destacando un emisario de barro. de unidades diminutas. Mañana. Era inútil. Puede que un día hubiera un mundo poblado de pequeños hombrecillos de arcilla. el día también. Colin fue reducido y atado al lecho. Mañana retiraremos el barro. todo habla terminado. ¿Cómo? Enviándole un hombrecillo de barro. Starr le había sentenciado a muerte. que reflejaban ahora la luz de la luna. y luego la estúpida decisión de Starr. Se echó atrás en pánico y trató de repeler la agresión al tiempo que gritaba ahogadamente para llamar la atención de los enfermeros. pero capaces de ocultarse fácilmente en el terreno y de desplazarse sin ser vistas en cualquier lugar. Sus ojos. Habría creado un mundo propio. ¡Lo que podría haber hecho con sus poderes! ¡No había límites! Habría construido docenas.

El piso vibró atronadoramente. Pero el instinto y la memoria le guiaban. los suyos. está acabado. Sus pasos producían monstruosas vibraciones. tenía visión de las cosas. ¿por qué no proyectar también facultades especiales en las figurillas? La luz de la lámpara no iluminó tanto su rostro como la sonrisa que lo distendía. siguió un estrujamiento agónico. el sudor vino a bañar su cuerpo. El instinto le guió hasta la puerta correcta. Colin se agazapó bajo la imponente barrera del sillón. -Este hombre... escaló aquella ladera y alcanzó por fin las elevadas crestas de las rodillas de Starr. ¡Claro! Era un temblor infinitesimal. pero fue demasiado tarde. hay un modo.. llegó al suelo..Pero ¿cómo hacerlo? La arcilla es. te lo digo. hablaba Jerris. El Colin de barro no podía ver.. Intentó atacarme esta tarde cuando le dije que iba a llevarme sus figurillas de barro. Colin. Se deslizó por debajo de ella.. «Piensa. lo sean. no habría tiempo de recorrer todo el pasillo de ida y vuelta.. pero ¿qué haces tú con un muñeco colgando en tu pierna? ¿Muneco en mi pierna? ¡Colin! En su lecho. se dijo. sonoro y rotundo para sus oídos de arcilla. algo se cerró violentamente en torno a su persona.. Los pies de barro se desgastarían antes de mucho.. arcilla. -Sí. estallarían al estimulo de sonidos reales. piensa -sé decía-. por muy perfectos que fueran. En cualquier caso. su cruel destino era su salvación. Había irrumpido en un mundo de gigantes. Luego. Colin se tendió junto al zócalo. Sí. Carecía de ojos. y a todos los efectos. ¡Sí!.. Colin se hundió desmadejadamente en su lecho y su mundo se pobló de destellos rojizos. Otra parte de él -los propios ojos de Colin. ¡Cualquiera hubiera dicho que se trataba de cachorros vivos de su propiedad! Puede que él lo piense así... Aquellas hebras medirían más de un palmo. y cortaban como navajas. sobre todo. Jerris podía pasar... Se produjo una conmoción increíble. El hombrecillo estaba descendiendo de la mesa. que eran las de su otro yo de barro. puede que él lo crea así. . En tensa concentración. pero Starr. Dos titanes atronaban el espacio.. Orden en las ideas.. oscuridad. Apareció el pie de un coloso. al fin y al cabo. Colin trató desesperadamente de retirar la vida de su creación. imperceptible al oído humano.. Colin notó el impacto en sus propios pies.. Ahora. para sus oídos. El doctor Starr y el profesor Jerris.. tropezó con la alfombra. Tomó una figurilla y empezó a trabajar en sus pies. recluido en su habitación. Claudicación total incipiente. Más arriba resonaban estruendos... Su locura. la cuarta corredor abajo. es posible! -exclamó Colin con voz ahogada.observó el quiebro de la figurilla para salvar el vano entre puerta y marco. Y los oídos. Y que para él. unas voces. Siguió su camino.. »Claro. de despojarla del oído y de las sensaciones cinestésicas. Ahora se deslizaba por una de las patas. Si sus facultades se desorganizaban y le cabía el poder de proyectar su yo en el barro. Se esforzó por distinguir las palabras retumbantes.

Tenía el poder. ¡No se tenía en pie! ¡No podía andar! Los pies estaban en la figurilla. y rodó de bruces por los suelos. nada más. cuyo recuerdo asociado al de aquella figurilla minúscula. Pero. con prisas. Jerris hizo un gesto vago con las manos. sí. Colin saltó bruscamente del lecho. Colin fingió sumirse en el letargo. Por fin había perdido su compostura. Starr no dijo más y abandonó bruscamente la estancia con su requisa. ¿Habría soñado? «¿Soñado?».. ¡Estaba sordo! ¡Su oído! Lo habla proyectado en la figurilla de barro. Ahora los había perdido. Colin permaneció encamado. Había dado muerte a un hombre y reducido a la invalidez a otro. terrible el buscar en sus oídos unas crestas óseas ahora ausentes.. de memoria. pues. Se incorporó. susurró. no eran vísceras colgantes lo que se habla visto? ¿Fue un retorcimiento agónico o un efecto de la luz? . Vida en barro. de brazos extraordinariamente musculosos. de sus miembros. ¡No podía andar! Enajenación de sus facultades. y anoche. pues se acercaba la noche. ¡Lo vi bien! Starr sonrió. ¡era real! Sus oídos. Starr pagaría. pero resueltamente. Buscó un espejo. y cuando Starr la estrujó. olvidándose de su cargo-. Starr era el culpable.. ¡Era sordo! El pensamiento era demencial. -¡Te digo que esa condenada cosa estaba viva! -exclamó Jerris. y había sido destruido cuando Starr la estrujó.. estaba incompleto.y Colin siguió trabajando. sus piernas se habían incorporado de alguna manera misteriosa al hombre de arcilla. -Era barro. Muy bien. Allí y ahora. sirviéndose de su propia y peculiar desintegración física podía trasplantar parte de sí mismo a la materia. la introspección característica del esquizoide. como creador que insufla hálito vital en el barro. Delicadamente. carecía de rostro. asida a la pernera del pantalón de Starr. ¡Gracias a Dios. Concentrándose.La luz le dio en pleno rostro. como un artista. Podía animar sus figurillas de barro y también concederles una vida especial. que no había cedido sus ojos! Pero era horrorosa la visión de aquellos muñones donde habían estado sus piernas. Los dientes tampoco eran malos. lleno de pánico. de uñas largas y afiladas. Asida. Starr no debía ver sus piernas sin darse cuenta de que ya no oía. y mientras trabajaba en su creación sonreía como quien comparte una gracia con alguien. arcilla. . Era un hombre perfecto. así lo había querido él. ¿no era acaso una estructura osteiforme. Sí. o con algo. perfectamente formada. Cayeron las sombras. No discutamos más por esto.. diestramente.. entonces. Era horrible y era odioso. y lo aplasté -replicó-. Colin lo planeó todo minuciosamente. aunque de barro. Colin puso manos a la obra. y de su obra no quedaba más que una masa deforme. La sonrisa se dibujó lenta. Colin tomó la figurilla oculta debajo de las ropas del lecho. No se levantó para la visita vespertina. No oía. donde nada podría haberse adherido durante mucho tiempo.

los ojos saltaron de órbitas perfectamente modeladas y rodaron grotescamente sobre la mesa. El tono era conminatorio. poseía ojos y rostro.. se decía Jerris. De aquello con muñones en lugar de piernas.. quizá.. se movía. Pero. a la contemplación de lo que yacía en el lecho.. y.. loco o sano. pero no hacia el consultorio sino en dirección a las habitaciones de los pacientes. Luego fueron unos gemidos. Starr apagó las luces y se aprestó a la duermevela de su guardia de noche. Y. ¡tan asombrosamente precisa en sus detalles más mínimos! Sin embargo. que iba descomponiéndose como rasgada por manos invisibles hasta convertirse en pulpa. finísimo. como todos. Echó a correr. en vez de cuatro.. Era sorprendente cómo le habla afectado aquel asunto. Las costillas se hundieron.. había entrado en el despacho de Starr. Y dio la luz. La . con la cabeza caída a un lado. Era un minúsculo roedor hecho de arcilla. Un ratoncillo que proyectaba contra la pared la sombra perfecta y diminuta de. era todo barro. era un hombre en miniatura como los que construía Colin. y era de arcilla. No se había movido cuando Starr se hizo con ella. La obra era tan perfecta. en cuyo azogue se revelaba un rostro dormido. Sí. Jerris se encogió de hombros una vez más y abandonó el despacho. el momento fue largo. tenía un juego supletorio. simple y ordinaria arcilla. con un espejo caído sobre el pecho. He tenido ya demasiada paciencia.. que no era rostro.. como Colin. Buscó las llaves..! Tuvo que parpadear varias veces. al fin. paralizado. de barro también. Fue el primero en alcanzar el consultorio. siguió con la vista fija en aquella faz sin rostro. El gemido se reprodujo a lo lejos. Pero. era un genio. Un ratón sin pelo.. lo vio.. ¡qué diablos. Jerris conocía bien sus costumbres.. Ahogó una exclamación.. pasillo abajo. Ocurrió así. ¡era para enfermar! ¡Y el vello.. desmadejado entre cinceles y martillos. Colin está loco... ¡un hombre! Tenía rostro y levantó la mirada. yo. ¡Qué largo se le hizo el instante y qué torpes se le antojaron los dedos! Abrió. Jerris sacudió la cabeza asintiendo para sí mismo. Corrió como nunca.. de que Jerris lo oyera.. que aquellos ojos le habían guiñado. Estaba loco. El hombrecillo de barro habla hecho su trabajo y el doctor Starr estaba muerto. al otro extremo del pasillo. sin rabo. El alarido procedente de la habitación de Starr debía haberse producido treinta segundos antes. Habrá que usar la fuerza. Y. no. un minuto antes que los demás. más aún. huyendo pasillo abajo sobre dos patas. Algo arrancó el semblante del hombre yacente separando la cabeza del cuello.-¡Déjate de cavilaciones y acuéstate! -concluyó Starr sofocando a duras penas una carcajada irónica-. Vio lo que esperaba ver. La visión de aquella figurilla le habla conmovido muy desagradablemente. Como una rata pequeña. y en lo sucesivo le trataré como tal. de ti no volvería a hablar de hombrecitos de barro y demás.. presurosa. horrorizado. como los jirones de aquella piel asombrosamente dispuesta en sucesivas capas! Colin. Deja de preocuparte por un demente. Fue un momento infinito el que dedicó. Jerris casi llegó a creer que lo había visto. Starr aparecía hundido en su silla. No lo pensó dos veces.

empezada hace cuatro años. se graduó en la universidad de Oklahoma. quizá. Se sentía irritado después de haber perdido media mañana intentando convencer a su esposa de que acudiera al funeral de Osear. El director de A Touch of Paris expresó su interés acerca de algún relato de ficción relacionado con París. Hace poco. Bateman odiaba llegar tarde. Es una de las personas que difícilmente dejan crecer la hierba bajo sus pies. Trata de la muerte». habla sajado la yugular. de los dientes. en su último espasmo agónico. ahora marrones y pegajosos. subiendo hacia la entrada del crematorio de Pére Lachaise. Florida. enseñando inglés y escribiendo artículos para una revista de noticias. El director de la revista le puso un nuevo título a la historia. Los gatos de Père Lachaise Neil Olonoff Los gatos de Père Lachaise : fue publicada en Francia en A Touch of Paris. cuya cabeza y rostro arrancó. y yo nunca hubiera llegado a encontrarla si otro escritor. Ahora.diminuta figura marrón habla clavado unas uñas maravillosamente formadas en la garganta del durmiente y con destreza qulrurgica y ayuda. no me hubiera llamado la atención sobre ella. Neil Olonoff nació en Brooklyn en 1950. y normalmente reside en Miami. precisamente en su punto más vuluerable. Metro. Tim Sullivan. Estremecido de horror. He restituido aquí el título original a petición del autor. Jerris tiró de la figurilla y la estrujó entre sus enfebrecidos dedos. en cuyo rostro increiblemente perfecto y diminuto brillaba con infinita grandeza la sonrisa triunfal de la muerte. se sentía más irritado aún por tener que abrirse camino entre un grupo de . Olonoff me escribía diciendo: «Estoy terminando mi primera novela. no tan efectivo. Antes de que acudieran los demás tuvo tiempo aún de recoger del suelo la cabeza arrancada. el creador. y ha vivido un año en Sao Paulo. a mi modo de ver. Starr murió antes de que pudiera librarse de aquella imagen humana diabólicamente perfecta. y Olonoff respondió con Los gatos de Pére Lachaise. entre otros trabajos. Brasil. Estaba viviendo en París en la época en que escribió esta historia. no obstante. Jerris aplastó también el pequeño rostro de Colin. una revista en lengua inglesa dedicada a los turistas que visitan esa ciudad. Olonoff ha trabajado también como auxiliar en psiquiatría y como exportador.

el río subió de nivel a su alrededor. Aunque primero mencionaría los niños. Se entretuvo un momento en la puerta de la estancia del crematorio. el difunto. Tomaron sus huellas dactilares. Sencillamente. La puerta del homo crematorio estaba alzándose para revelar el resplandor rojo en su interior. Normalmente las cremaciones de los indigentes se hacen de cuatro a la vez. o quizá el hecho de que ella estuviese resfriada. hacía doce años. Se decidió por el resfriado. Caminaron lentamente a lo largo de uno de los senderos pavimentados del cementerio. sorprendido. pero no dijo nada. —Hemos tenido suerte de que lo incineren solo —dijo Pierre a Bateman—. el sencillo ataúd de pino avanzó hacia allí. Antes de que la familia se enterara de su muerte. era el cuñado de Pierre. Pierre respondió casi rudamente con una mecánica inclinación de cabeza y le dijo a su hermana que se fuera a casa. que quería recibir las cenizas él solo. Eso era todo. Oscar. ¡Maldita fuera su testarudez! Los niños eran una buena excusa. el famoso cementerio en el 20° arrondissement. La policía lo encontró allí. Bateman alzó la vista. pisó descuidadamente una cola. Pero los gatos no salieron en estampida. Pierre estaba sentado en medio del pequeño grupo de acompañantes que hacían guardia frente a la puerta del homo funerario. Podía decirse que había muerto a causa de la bebida. cansado de mirar constantemente a sus pies. En vez de ello. Ahora vaciló. Pierre. Era un . durante una tormenta. arquearon sus lomos y le miraron con malevolencia. sin ninguna corte d'identité. Osear se había ahogado tras perder el conocimiento a causa del frío bajo el Pont Neuf. Éste observó la decepción de Pierre al no ver a Alicia a su lado. alarmados. El grupo se dispersó. Con un gemido de maquinaria automática. pero de una forma más bien macabra. La puerta descendió. pensó divertido. Bateman se sentó detrás de Pierre y su hermana. Con una nerviosa mirada por encima del hombro hacia los gatos. Pierre se volvió y vio a Bateman. A Bateman le recordó aquella vez en que había observado la sala del tribunal durante el divorcio de Pierre y Alicia. el cuerpo había sido llevado al crematorio público de Pére Lachaise. por supuesto.enormes gatos tomando el sol en los amplios escalones. y los dos hombres salieron fuera del crematorio y caminaron cruzando la gran plaza pavimentada. preparando una explicación para la ausencia de Alicia. pero Osear había nacido en Toulouse. Mientras el grupo se levantaba con un suspiro colectivo. Quizá pudiera evitar las miradas de reproche de Pierre. Bateman dijo: —Lo sentimos mucho. que siempre hacían que se sintiera culpable. Lo más sencillo era seguir adelante con el funeral de los pobres. parpadeando ante las manchas de luz que salpicaban el suelo. El maullido fue lo suficientemente fuerte como para despertar a los muertos. Al llegar casi arriba. Bateman penetró en la fría penumbra del crematorio.

Su camino se vio entonces cruzado por uno de los grandes gatos que residían en el cementerio. junto a cuya tumba de granito estaban pasando. —Mira esos gatos —dijo Pierre—. Pierre hacía alguna observación sobre cada uno. añadiendo nuevas propiedades a la colección de arte de un hombre que era propietario de varios almacenes en Nueva York. su hija y la posición de Pierre en la fábrica de ladrillos y tejas de su suegro se convirtieron en algo secundario ante la supremacía del hecho que llenaba ahora sus vidas: su mutuo amor. Durante varios meses. —¿Cómo está ella? —preguntó Pierre. pensó. Él gastó sus ahorros en viajes aéreos. La mente de aquel hombre era la de un ingeniero. Alicia también era así. el resto del mundo había parecido fundirse en el entorno. Bateman podía mirar al frente y captar los más notables detalles de los caminos del cementerio. de la diferencia de sus caracteres. él y Alicia estuvieron pegados a las líneas telefónicas que unían París y Nueva York. espiándole a uno desde detrás de las tumbas. Bateman se hallaba en viaje de compras. Janine era la hija de Pierre.agradable atardecer. Bateman sonrió. —Está bien —dijo Bateman. Finalmente. y Bateman supuso que se alimentaban de ratones de campo y de otros roedores. consciente de que a Pierre le resultaba difícil superar su timidez y cortedad. tan sólo un bebé cuando Alicia se divorció de él. Bateman se sentía divertido ante esta confirmación. Mientras pasaban junto a ellos. —También está bien —dijo Bateman. Bateman sintió pena por él. de actuar como si las condiciones reales de la vida y las exigencias de los convencionalismos simplemente no existieran. Cuando se había iniciado su aventura en una pequeña galería de arte de la Rué du Bac. y las hojas de los viejos árboles se agitaban sobre sus cabezas. Tenía la sensación de que era capaz de predecir cualquier cosa que Pierre fuera a decir. Son enormes. refiriéndose a Alicia. Parecían estar por todas partes. Pero Bateman tampoco se sentía tan comunicativo como de costumbre. reflexionando que no estaba más seguro de los sentimientos de ella que de los de Allan Kardek. Bateman convenció al rico neoyorquino de que lo enviara . Eran enormes. emboscándose en las húmedas criptas. estrictamente orientada a lo concreto y real. Pierre era un hombre adusto y silencioso por naturaleza. pero hoy parecía estar buscando una forma de prolongar la conversación. Su matrimonio con Pierre. —¿Y Janine? —preguntó Pierre. el médium espiritista muerto hacía mucho. no por vez primera. Bateman siempre había sido capaz de ignorar lo obvio.

Bateman imaginó que Pierre hubiese preferido tenerlos a ambos junto a él. DeLaye era el nombre de soltera de Alicia y el nombre de la compañía de su padre. Dijo: —Hablé con uno de los hombres que trabajan en el crematorio antes de que tú llegaras. Janine creció como una niña feliz. —DeLaye tiene que reparar constantemente los revestimientos internos de ladrillo —dijo Pierre. y de algún modo halló entre ambas dedicaciones algo de tiempo para su bebé. . Detrás de un árbol vio cómo desaparecía la cola de un gato. Pierre nunca encontró a otra mujer que le conviniera. por no mencionar los últimos doce solitarios años. Pero el período anterior al divorcio fue doloroso para todos ellos. pero a medida que iba acostumbrándose a la situación. Pocos años más tarde.permanentemente a París. Ella traía a menudo a Janine al apartamento de él o a la galería. Bateman miró a Pierre. entiendo. Durante aquel año. pero por una vez hubo como una chispa de animación. —Oh. Le pregunté por los hornos y cosas así. empezó a preguntar por ella e incluso a dejarle mensajes. Pierre lo aceptó sin una palabra de protesta. reflexionando que probablemente esa misma reprimida y poco imaginativa cualidad era la que le había permitido sobrevivir aquel tenso período. Las primeras veces que esto ocurrió. para la cual seguía trabajando Pierre. ¿Crees que hay alguien que les da de comer? Pierre se echó a reír de aquella forma ahogada tan característica. Sus ojos mantenían su eterna expresión de tristeza. Alicia prosiguió a la vez su floreciente carrera como artista y su amor con el norteamericano. Pierre permaneció junto a Alicia durante todo ese tiempo por el bien de Janine. Cuando Bateman la llamaba desde Nueva York. aunque a veces también la dejaba con Pierre. preparando biberones y cuidando de sus diarreas matinales. Bateman y Alicia escandalizaron a sus amigos y familiares viviendo su aventura a plena luz. —¿Qué quieres decir? —preguntó Bateman. una especie de agitación de la cabeza con los labios apretados. —Me pregunto qué comerán esos gatos —dijo—. Era un sacrificio del cual Bateman no hubiera sido capaz. que no tener a ninguno. era inevitable que algunas veces Pierre se pusiera al aparato. Bateman colgaba. Luego. Debido a ello. Bateman abría su propia galería. de los cuales apenas salía sonido alguno de regocijo. aun sin el amor de Alicia.

Además. A menudo. —Los hornos poseen quemadores a gas que alcanzan los mil doscientos grados —dijo Pierre—. ¿Qué hacen entonces? —Bueno. —Sea como sea. —Pierre se interrumpió mientras doblaban una esquina. El tipo ése me contó una curiosa historia acerca de los gatos. excepto que eso supone que tienen que retirar los cadáveres antes. El cráneo y el cerebro constituyen un problema mayor. cuando se trata de un cuerpo grande. —dijo Bateman.. —Sí. los huesos no se hallan completamente reducidos a cenizas. Y puedes imaginar. ya sabes.. —Estás bromeando —dijo Bateman—. No es mucho trabajo.. —¡Dios mío! ¿Has visto ese gato? —dijo Bateman—. Pero el gas es tan caro estos días que intentan economizarlo reduciendo el tiempo entre cremaciones. de modo que los hornos no tengan oportunidad de enfriarse. rodeado de líquido. con un principio de náusea en su pecho.. —¿De qué se trata? El gato atigrado estaba mirando a Bateman con la expresión maníaca que adoptan cuando están hambrientos. Debe de pesar sus buenos diez kilos. generalmente rompen los huesos con la raclette. Se necesita mucho más tiempo para incinerar un cadáver congelado. —Sí. —Ya entiendo. el tipo dijo. —Eso tiene sentido. es uno de los grandes —dijo—. en verano los cuerpos deben mantenerse a una temperatura muy cercana a la congelación. —¿El cerebro? —Oh. . especialmente uno de los que han sido congelados en el depósito de cadáveres. sí.—Los ladrillos tienen que ser reemplazados cada cuatro años o así. —Una raclette? ¿Como la que utilizan los panaderos? —Más o menos. Pero eso no es lo peor. Se halla encerrado. No sé si creerla. y es muy difícil de quemar. Pierre miró al atigrado gato.

Algunas estaban amuebladas con una especie de silla baja de respaldo almohadillado. Minutos más tarde. un enorme perro pastor alemán permanecía de pie. hablando con uno de los muchachos. diseñada para poder arrodillarse y rezar. Bateman sabía que la tumba que contema los restos de Víctor Hugo estaba en algún lugar por aquella zona. como si estuvieran a punto de atacarlo en masse. Incluso a aquella distancia podía ver los desnudos colmillos y la cola bajada entre las piernas del perro. Bateman podía ver la plaza del Crematorio y al otro lado el Columbario. Bateman apartó la vista. Harley Davidson. dos muchachos y dos chicas caminando directamente por entre las tumbas sin preocuparse por el sendero que había entre ellas. El sol se ocultó tras una nube y entonces miró su reloj.» «Patrick. para colgar coronas. 1984. alguna permanecían abiertas. ¿Las cinco y media ya? Se estaba haciendo tarde. pintada con spray en brillantes colores sobre una losa de granito sin labrar.» Y finalmente. La bicicleta era una estupenda forma de ver el cementerio. Jim. y el anillo de gatos se contrajo en tomo al animal. incluso después de todo aquel tiempo transcurrido. inmóvil. Algunas llevaban años allí. aunque uno no podía vagabundear entre las tumbas.» «La Serpiente. Caminó un poco sendero abajo. Aunque la mayoría de las criptas estaban cerradas con llave. The Doors». Para Bateman resultaba consternante. Uno de ellos avanzó hacia el perro. Retrocedieron. Bateman miró hacia atrás y vio a Pierre arrodillado junto a las bicicletas. pero otras parecían recientes. observando al hombre mientras tiraba del perro. Pierre siguió en su lugar. Rodeándole había una docena de enormes gatos. procurando no ver las profanaciones practicadas allí para conmemorar a una estrella del rock norteamericana. procedente del Crematorio. sin duda acerca de sus máquinas. Los senderos eran lisos y libres de tráfico. Miró hacia las sombras de una que había sido utilizada . un hombre apareció blandiendo un largo palo hacia los agazapados gatos. No les estaba prestando mucha atención. Los ciclistas avanzaron hacia ellos hablando en inglés. El gato más cercano lanzó un amago hacia el perro. Sus ojos fueron atraídos por una extraña escena. llamada prie-dieu. Algunas tenían ganchos en las paredes. cuando. donde instalaban las urnas conteniendo las cenizas. alejándolo. Hubo sonido de risas y una especie de forcejeo entre los chicos y chicas en el recodo del sendero. En medio de la plaza. Bateman y Pierre podían oír sus risas mientras examinaban las anticuadas inscripciones. leyendo los nombres y comentarios. Las tumbas eran pintorescas. «Quiero joderte. Se detuvieron a contemplar los centenares de inscripciones garabateadas con tiza o pintura. muchas de ellas obscenas. Un poco más abajo pudo descubrir los de Rothschild y Gertrude Stein. Parecía como si no les importara nada. por eso habían dejado sus bicicletas encadenadas juntas y se habían encaminado por entre las tumbas cubiertas de hierba. la explicación: «Jim Morrison. Había un pequeño grupo de ciclistas descansando en aquella curva del camino. Pierre todavía seguía atrás.Habían llegado a una sección de las tumbas cubierta con pintadas. Se sintió avergonzado por ellos.

dándose la vuelta. Creí que te habías ido en bicicleta con ellos. un trozo de metal. Deseaba salir de aquel lugar. o aquel gato le observaba con una mirada particularmente salvaje? Nunca le habían gustado demasiado los gatos. Yo también tengo. ¿Tenía miedo de que Pierre. Pierre tenía algo. Lo siento. nunca le había colgado el teléfono. ¿Era su imaginación. tengo algo que hacer. —¿El qué? —preguntó Pierre. había sido tan cooperativo como era posible imaginar. Le dije a mi mujer que esta noche saldríamos a cenar. me refiero a Alicia. —Por un momento había olvidado con quién estaba hablando. pensó Bateman. Pierre era diez veces más generoso que él. Pierre alzó lentamente la vista. a juzgar por la cantidad de botellas de vidrio verde esparcidas por el suelo. Por supuesto. frunciendo el ceño. caminaron por un atajo entre las hileras de decrépitas tumbas y denso follaje.. Enrollado en el acolchado asiento del antiguo prie-dieu había un enorme gato gris de ojos amarillos. pudiera tomarse alguna especie de venganza física? Nunca había dicho una palabra en contra de Bateman. —De veras. las manos unidas a su espalda. ¡Casi las seis! Realmente tenía que irse. y estaba dándole vueltas con sus dedos. Disimuló su impresión con una risa nerviosa. y Bateman se sintió más avergonzado aún de su secreta burla. .. —No —dijo Pierre. Se merecía su simpatía. pero ya era demasiado tarde para rectificar—. Las sombras iban alargándose. —Antes me estabas contando algo —dijo Bateman. Notaba una especie de picor en su cuero cabelludo. sus ojos vidriosos fijos en un inimaginable éxtasis felino. Pierre andaba con la mirada baja. tras todos aquellos años. sus ojos brillando repentinamente. no su desprecio. y Bateman se sintió incómodo caminando delante de Pierre. —Por supuesto —dijo Pierre—.. mostrando la punta de sus lenguas. estás aquí! —dijo Bateman—. Miró de nuevo su reloj. En un tenso silencio. los encontraba positivamente repulsivos. su ayuda. Cuando abrían sus bocas.como refugio por generaciones de borrachos. en su mano. Parecía como si Bateman hubiera interrumpido algún monólogo interior. —¡Oh. Como cornudo. Pierre —dijo Bateman—. —Realmente debo irme —dijo Bateman—. nunca había dejado de transmitir uno de sus mensajes. Era la primera vez que veía a Pierre mostrar su temperamento. y eso le cogía por sorpresa. pensó Bateman. Bateman lamentó inmediatamente aquel pensamiento. Estaba irritado. y se encontró ante su rostro. Se volvió en redondo para llamar a Pierre.

Bateman tropezó con enredaderas mientras intentaba seguir los pasos de Pierre. con verjas de hierro oxidado. Aunque supongo que sería interesante conocer la verdad. con el imponente edificio silueteado ahora por el rojizo sol. —No sé a qué te refieres —murmuró Bateman. examinando el contenido de un pequeño plato. espero que tengas razón —dijo Pierre—. Retrocedió cautelosamente fuera de la pequeña estructura de piedra. Pierre estaba arrodillado en el deteriorado reclinatorio de una de las criptas. Abandonaron la plaza y continuaron hacia la salida a través de una sección de viejas tumbas. .—Sí —dijo—. Aunque el hombre del Crematorio parecía hablar seriamente. —Sí. —Sea como sea. al Columbario. Avanzaban entre grandes árboles que bloqueaban el sol. —Pierre. —Los gatos —dijo Pierre—. con gran cantidad de tumbas abandonadas y muy pocas espléndidas y bien cuidadas. Y muchos otros también. Tú piensas que deberían estar muertos de hambre. Vamos. En dos ocasiones. Quizá pueda mostrarte lo que comen los gatos. Probablemente alguien les da de comer. —¡Increíble! —oyó exclamar a Pierre—. —dijo Bateman. Aquel era un sector de «bajo alquiler».. pero ni yo mismo lo creo. Habían salido. ¡El tipo decía la verdad! Bateman salió a una zona de hierbas altas casi oculta de la sección principal. Allí había un pequeño grupo de antiguas tumbas familiares. estás hablando con rodeos. —Dijo que lo había puesto en algún lugar por aquí —murmuró Pierre. por la parte de atrás. —No sigo tus. En cada uno se fijaba una placa grabada con el nombre y las fechas. Algunos estaban vacíos y señalados con un «Réservée». Preferiría que dijeras con claridad lo que piensas. formando terrazas a varios niveles. Preguntaste cómo consiguen estar tan gordos. —No importa. —¿De la misma forma que lo haces tú? —preguntó Pierre. subiendo una pendiente para alcanzar el nivel superior.. No era más que una pared de nichos. en los cuales se depositaban las urnas. Cruzaron el amplio patio que daba frente al Crematorio.

. Sus malignos ojos brillaban dorados bajo la agonizante luz. —¡Abre. Ve con cuidado. Después de que se fueran. hay mierda de gato por todas partes. Era inútil. pero no fue así. La aplastó contra la pared de piedra con el dorso de la mano. junto con el ahogado sonido de varios pares de almohadilladas patas. Tuvo que arrodillarse en el prie-dieu para echar una ojeada a lo que había en el plato. Pero nunca antes había visto un cerebro de aquel tamaño. un enorme gato. Lo recordó arrodillado con los muchachos junto a la tumba de Jim Morrison. «Meaouuu». Parecía como si fuera a desmoronarse al primer golpe. como si algo aterrizara en el techo. De nuevo empujó con su hombro. oyó. Había no menos de veinticinco grandes gatos congregados en torno a la puerta de otra tumba. El enorme rostro de un gato apareció en la ventana opuesta a la verja. intentando descubrir qué era lo que había en el pequeño plato de cerámica. Sufrió un violento sobresalto cuando una araña reptó por su mano. dificultado por el angosto espacio. Los rostros de otros dos aparecieron en su lugar. No hay nada tan inconfundible como el tejido cerebral. Bateman dio un paso hacia la angosta oscuridad. con sus retorcidas circunvoluciones. No podía retroceder lo suficiente para tomar impulso. Está demasiado oscuro ahí dentro. Tenía que haber sido Pierre. supuso. Era la hora de cerrar. No hubo respuesta. Aquello no era un accidente. y ya estaba parcialmente consumido. de los usados en las cadenas para bicicletas. Mira ahí. Hubo un suave y sordo ruido y el crujido de hojas sobre él. a su lado. Estaba seguro de que Pierre aún se hallaba cerca. Hubo un fuerte che metálico. él llevaba un trozo de brillante metal en su mano. Pierre! —gritó. El gato de la ventana saltó al interior. Había una corona marchita y una cruz de plástico suspendidas de ganchos a su derecha. Se volvió en redondo. sin lugar a dudas. Lo reconoció inmediatamente. Se estremeció y escrutó la penumbra de la cripta.—Echa una ojeada —dijo—. Lanzó todo su peso contra la verja de hierro. —No podrás verlo desde aquí —dijo Pierre—. Alguien tocó un silbato. —No me extraña —dijo Bateman—. Bajó la mirada a la cerradura de la puerta y vio el brillo de un robusto candado con cerradura de combinación. No sentía ningún deseo de ensuciarse los pantalones en aquel suelo. Empezó a alzarse del prie-dieu cuando oyó un fuerte chirrido y sintió que la puerta de la tumba se cerraba contra la suela de sus zapatos. Por los gatos. pero no pudo distinguir a nadie.

y éste dio un salto de dolor. Bateman —oyó—. Pierre había dado media vuelta y empezaba a andar sendero abajo. Bateman se aferró a los oxidados barrotes de su jaula mientras Pierre desaparecía de su vista. Éste arqueó su lomo y bufó. que habían empezado a atacar sus piernas. ¿no es verdad? Hace seis meses yo era un conocido y bastante celebrado psiquiatra en ejercicio. Bateman sintió un agudo dolor y lanzó una patada al gato. Bateman casi estaba histérico: —¿Están atacándome! —gritó—. ignorando las uñas afiladas como cuchillos. Había el asomo de una sonrisa aflorando a sus labios. sonando muy fuerte en el reducido espacio. —¡Pierre! —gritó—. como habían estado a punto de hacer en la plaza? No conseguiría defenderse de ellos en aquel claustrofóbico espacio. Tres gatos aparecieron repentinamente en el suelo. abre eso! —Sólo son gatos —dijo Pierre—. hacia la salida. —¡Que alguien me ayude! —gritó. arrancó al animal y lo estrelló contra la pared. inclinando la cabeza como si sintiera curiosidad por ver su reacción. ¡Por favor. ¿Qué ocurriría si atacaban todos a la vez. junto a él.El enorme gato en el suelo dio un zarpazo a su tobillo. ¡Piensa en Alicia? Pierre detuvo sus pasos: parecía estar reconsiderando la situación. Con toda su fuerza. ¡Por el amor de Dios! Hubo varios golpes sordos a su lado. exhibiendo en su rostro la misma expresión afligida de siempre. Uno de los gatos clavó sus uñas en la pantorrilla de Bateman. mientras pateaba a los otros. enorme y negro. Además. aunque su mirada seguía siendo compasiva. hoy me encuentro . Otro. estaba en la ventana. Apenas podía mover brazos y piernas. —No te preocupes. —¡Por el amor del cielo! —gritó Bateman—. a unos metros de distancia de la verja. Saltó hacia él y sintió cómo le clavaba sus uñas en la nuca y una pata delantera trazaba surcos junto a su ojo derecho. Entonces vio a Pierre. Le diré que llegarás tarde para cenar. LA MUECA DEL MONSTRUO ROBERT BLOCH El destino juega malas pasadas. no sé la combinación.

pero no me creen. La rica luz del atardecer me permitió observar con detalle su rostro. sin embargo. contradicción fisonómica en la que reparé al instante. Esto. Le rogué que tomara asiento y traté de componerme una primera impresión mientras procedía con lo sugerido. dicho sea de paso. y ésta no era de la clase que los hombres osan revelar o reconocer. No debo llevarles al lugar exacto. Diríase que sobraba una talla. La nariz era larga. pero sería demasiado terrible. esta pausada revisión de mi caso contribuya a aliviarme en parte del opresivo peso de mis recuerdos. de sensuales aletas. este relato. Pero es duro vivir así. Hablaba de modo sibilante y con una peculiar entonación que me hizo pensar que no había nacido en este país. Las estrechas manos me parecieron sorprendentemente pequeñas. Profesor Alexander Chaupin. Se trataba de un caballero al que jamás había atendido con anterioridad. con largos y ahusados dedos terminados en uñas de tamaño fuera de lo común. y mis investigaciones subsiguientes revelaron la inexistencia de su presunta ocupación en Newberry College. era su peculiar manera de vestir. Sus penetrantes ojos verdes destacaban contra la palidez de su abombada frente. Reparé asimismo en la notable palidez de su tez. no hace más que abonar la validez de mi declaración. y poseía toda la gracilidad y aplomo de un extranjero seguro de sí mismo. hecho que atribuí a algún trastorno dermatológico. . quizá. esta aborrecible muerte en vida. sumando a la miseria de mis días el tormento de mis interminables noches. Claro que carezco de pruebas tangibles que ofrecer: nunca más he vuelto a ver al profesor Chaupin desde aquella malhadada noche de agosto. y señalarles el pasaje que se abre por detrás de aquella tumba. enteramente cubierto de minúsculas arrugas. que podría dar si me atreviera. Hay aún otra prueba. en aquel cementerio anónimo. con la esperanza de que. Me han ingresado aquí porque decidí contar la verdad. Su continente todo me hizo pensar en una pantera en reposo. casi platinados. ¡Qué ironía! Ahora soy su hermano en la desgracia. de cabellos asombrosamente blancos. Es mejor que sólo sea yo quien sufra y que al mundo le sea vedado ese conocimiento que destruye la razón. ¡lo juro!. Pero lo más sorprendente. Era alto y seco. como asistencia para la lectura o la búsqueda frecuente de referencias en los textos. Sin embargo. decidí. no estoy realmente loco. Lo que digo es cierto. los pantalones grises de rayadillo caían en demasía y la chaqueta se abombaba de forma extraña. sin embargo. me ha valido esta reclusión vergonzosa. que. dijo llamarse. su aspecto y constitución física general convenían más bien a un hombre de unos cuarenta años. del Newberry College. no me trastornó de manera irreversible. sin duda. Su atuendo. pero los labios eran finos. no obstante. Todo empezó un dia de agosto último en mi despacho de la ciudad. Verdad es que mi participación en el asunto me llevó a sufrir una grave crisis nerviosa. declaración que. resultaba incongruente en dos sentidos: era excesivamente formal para aquella hora del día y parecía sentarle mal. La mañana había sido de poco movimiento y la bochornosa tarde iba llegando a su fin cuando la enfermera introdujo al primer paciente. mantenidas probablemente así. De ahí que haya decidido pergeñar esta declaración.recluido en un sanatorio para casos mentales. Como médico alienista más de una vez he enviado pacientes a esa misma institucion en la que ahora me veo confinado. concreta. aunque de buena calidad y en impecable estado. acentuada por la negrura de las gruesas cejas.

resultó desastrosamente errónea. Al parecer se sucedían las visiones fantásticas en aquel panorama sombrío. antaño floreciente. por lo demás perfectamente conciliado. en su sueño no se sentía en absoluto repelido por aquella circunstancia.Observé la presencia de unas diminutas pellas de barro seco en sus botas. El sueño más frecuente giraba en torno a lo que llamaré el Cementerio de la Misericordia por razones pronto evidentes. sin preliminares ni introducciones innecesarias. que conducía a la verja de una tumba particular. dijo. Iba a formularle algunas preguntas de rutina cuando rompió a hablar por su cuenta. Sin embargo. y procedería a informarme inmediatamente de su dificultad. sino que. Era un hombre muy ocupado. parecía no experimentar dificultad alguna en hallar su camino a pesar de la oscuridad reinante. que. y empezó sin más. Una vez en el interior. qué duda cabía. túneles y fosas que se . con tendencias hipocondriacas. por algunas cosas que habían llegado a sus oídos y que había leído. Mi suposición. Se trata de un viejo y antiguo solar semiabandonado en el sector más viejo de la ciudad. Estaba preocupado. de gravilla. En fin. le dificultaba su trabajo. Iba penetrando más y más en las entrañas de la tierra. sobre todo. de manera que el rostro quedara en penumbra. según sus palabras. por el contrario. sin embargo. Entonces iniciaba un nuevo y prolongado viaje a través de cavernas y laberínticos recovecos que parecían no tener fin. La localización exacta de esta visión nocturna era en torno y en el interior de un mausoleo situado en la parte más derruida y arcaica del camposanto. Se reclinó en su asiento. Todo ello. Se arrodillaba ante él y después de presionar ligeramente sobre un resorte o palanca oculto entre los cascajos del piso quedaba expuesta una pequeña abertura o paso a una tenebrosa caverna. afirmó. lo cual le llevaba cada vez más abajo a través de una interminable sucesión de escalones tallados en la misma pared rocosa. con extraña facilidad y aun pericia. a la luz de una luna mortecina y espectral. apenas susurradas. sin embargo. le provocaban sueños extraños y a menudo caía en fases de incontrolable melancolía. parecían instarle a que tomara una senda concreta. y que no llevaba sombrero. se aclaró la garganta nerviosamente. tanto era así que. quizá. un esquizofrénico. De repente se veía caminando en plena noche a lo largo de una vereda bordeada de árboles. Llegado a este punto. De pronto se daba cuenta de que había llegado al fondo. La pesadilla surgía sin excepción en mitad de un sueño. ¡Y es que sus obsesiones tenían un fundamento real! Finalmente había decidido acudir a mi consulta para someter sus cuitas a mi análisis. atravesando cuevas y criptas. cuyo acceso ganaba después de soltar las cercas herrumbrosas que protegían su entrada. esperando en cierto modo que todo parara en una serie de imágenes harto comunes en un dispéptico. por delante de él. no podía hacer nada para remediarlo. Los incidentes del sueño tenían lugar siempre a la caída de la noche. hasta llegar a aquella tumba. seguía diciendo. un tipo excéntrico. parecía urgirle seguir adelante. en concreto hacia la última parte del siglo pasado. el paciente hablaba de los vapores nitrosos y olores nauseabundos que creía percibir a su alrededor y. como preludio de unas voces. se dirigía indefectiblemente a un nicho concreto. Le pedí que me contara esas pesadillas y fantasías tan molestas.

no cabía duda alguna de que yo admitiría esas verdades sutiles y veladas. Al llegar a este punto hacia una pausa en su relato y su voz adquiría timbre y tono de frenética y estridente excitación.le antojaban abismales. Y ésos eran los horrendos seres que veía en sueños. Disponían de innumerables túneles que conducían a las tumbas. y se despertaba totalmente en sudor. ¿Acaso no había visitado aquel cementerio a las pocas repeticiones del sueño y no había hallado en verdad la cripta que en su pesadilla había aprendido a reconocer al instante? ¿Y qué podía decirle de los libros? Aquella situación le había impulsado a realizar una profunda y extensa investigación en la sección privada de la biblioteca antropológica de la institución donde trabajaba. entre las sombras. No le era difícil reconocer su carácter y naturaleza debido a ciertos actos muy significativos. El horror venia a continuación. Pero no deseaba seguir hablando sobre aquello. más que nada. salvo para dccir que cran horripilantes. Poblaban aquellas cavernas revestidas de huesos humanos y adoraban a dioses primitivos en altares sustentados por calaveras. y siempre rodeado de la densísima negrura de la noche inmemorial. aunque no era éste el peor de sus males. pero hizo caso omiso de ella. la horrible ralea que medraba de los muertos. sin embargo. esos seres no se le acercaban y. En sus sueños. ignoraban o despreciaban su presencia. La . perdía pie de pronto y se veía precipitado a las tenebrosas honduras. Noche tras noche habían venido repitiéndose sus sueños. lo que le llenaba de pánico. el sacerdote del críptico culto Bast. Se trataba de los habitantes de aquel medio. Y era la contemplación de esas prácticas. No intentaría describir esas criaturas. y no le era posible contener el llanto siquiera dormido. al parecer. eso. furtivamente manifiestas en obras tales como Misterios del gusano de Ludvig Prinn o los grotescos ritos de Magia negra del místico Luveh-Keraphf. Tan sólo el fugaz atisbo de los reinos de aquellas profundidades le recordaba algunos pasajes del Infierno dantesco. veía cosas. al proseguir. particularmente obscenas y estremecedoras. Súbitamente llegaba a una serie de oquedades o cámaras tenuemente iluminadas. Sus escapadas nocturnas terminaban siempre con el paso de una nutrida procesión de estas monstruosidades a través de una caverna aún más inferior. precisamente. reflejaba la tensión que le embargaba. Su voz. Como hombre ilustrado y culto. Debió ver la expresión de mi rostro. Mientras contempiaba esta procesión demoníaca. desfile que él contemplaba desde una cornisa elevada. proseguían con sus escalofriantes actos en aquellos osarios o intervenían en licenciosas orgías sin nombre. Lo que le producía el mayor y más horroroso pánico era su conocimiento de que ¡aquellas visiones correspondían a la realidad! Llegado a este punto. los indescriptibles vampiros y monstruos de la noche. Hacía poco que él mismo había llevado a cabo algunos estudios en el legendario y demencial Necronomicón de Abdul Alhazred. Afortunadamente su pesadilla se interrumpía aquí. él insistía en proseguir. y allí. Hay cosas que ni siquiera han de ser insinuadas a una mente sana. lo que constituía sus terribles pesadillas era. y de profundos pozos en los que acechaban a presas vivas. yo le interrumpía cada vez impacientemente. dijo. que siempre llevaban a cabo.

por tanto. No debía sobrecargar su cerebro con tales especulaciones. pero él desestimó mis razones con un gesto vago de su mano y siguió su perorata. ni demonios. con frecuentes alusiones a retazos de tradición antigua como los relativos al harto fabulado Leng. ¡en seguida!. No podía decirme cómo logró regresar a su casa. echó escaleras abajo y halló. Por consiguiente. la enorme falacia de sus creencias. Me llevaría al lugar donde decía haber localizado sus sueños y objeto de . cerramos un trato. tampoco debía tomarse en serio aquellos pensamientos. Y tampoco podía esperar que se diera cuenta. que podía ser muy peligrosa. y él mismo se daría cuenta de que sus sueños podían ser objeto de una interpretación simbólica. esas cosas eran peligrosas para mentes normales. habló también de blasfemias tales como la Luna de Yiggurath y la parábola secreta de Byagoona la Sin Rostro. efectivamente. Pero sus conocimientos llegaban más lejos.verdad es que no pude refutar los arcanos sugeridos y temerosamente abordados en la infamante y prohibida Fábula de Nyarlathotep o en la Leyenda del Anciano Saboth. después de todo. No hay vampiros. Permaneció en silencio unos instantes cuando hube acabado. antes de que cometiera una locura. de que su sistema nervioso le había sometido a alucinaciones. el resto. esas narraciones eran meramente alegóricas. y en respuesta a sus reiterados ruegos. ¿Acaso no había visitado personalmente el lugar de sus sueños? Interpuse una observación acerca de la influencia del subconsciente. Yo mismo había leído y aprendido lo suficiente sobre todo aquello para saber que semejantes ideas no debían ser abordadas con excesiva intención ni con ánimo de comprenderlas. Era evidente que se encontraba al borde de una seria crisis.. en su presente estado de ánimo. Mi interlocutor se lanzaba ahora a un deshilvanado y presuroso discurso sobre oscuros mitos mágicos y secretos. No se había detenido ante la corroboración de sus visiones. y. Todas mis palabras hacían justicia a mi profesión. Con voz temblorosa y llena de excitación histérica añadió entonces que iba a revelarme lo peor. Además. al tenebroso N'ken y a la demoníaca y posesa Nis... Estaba claro que la única vía que parecía quedarme abierta era. Era obvio que estas incoherentes explosiones verbales me habían de dar la clave de su problema. resultaban propias en una persona como yo. para demostrarle al fin. ¡había visto aquellas cosas! Era necesario que le ayudara. Era inútil intentar persuadirle o convencerle de que esos últimos incidentes habían sido tan soñados como los primeros. pero las tres veces que había repetido su excursión al escenario de aquellos actos había acabado por encontrarse a la postre nuevamente en su lecho. y tras ardua y difícil argumentación. Lo calmé con dificultad mientras trataba de hallar un trataminto lógico y eficaz dadas las circunstancias. dijo.. Sus lecturas e investigaciones habían sido causa de su crisis. de que los libros responsables de su aflicción eran meramente el producto demencial de mentes trastornadas. Había ido aún más lejos. Suspiró y me habló de nuevo con voz grave y expresión resuelta. Y es que no me había dicho aún todo lo que era preciso saber sobre los sucesos concurrentes en su descubrimiento de la cripta del cementerio. Era verdad todo lo que me decía. logré calmarlo lo suficiente para exponérselo así. ni monstruos. por el momento. expliqué. la de contemporizar. Hace unas noches penetró en la necrópolis y dio con el nicho en cuestión.

Debí quedarme . en efecto. Dediqué gran parte de aquella velada al estudio y a la investigación de todas y cada una de las circunstancias del caso. Su alegría ante el acuerdo resultaba patética. Había lápidas dispersas por doquier. me condujo por último senda arriba. Me propuse evitar que mis pensamientos giraran demasiado tiempo en torno a lo macabro de las circunstancias. amén de una súbita nictafobia. La verdad. Le prescribí un sedante ligero para aquella noche. Tanto. hizo presión sobre el punto anunciado y. calzado con botas altas. Estaba convencido de que. impasible. no me seducía ni poco ni mucho la tarea que me aguardaba.sus excursiones. En suma. Confieso. y me sentí hasta aliviado cuando el profesor Chaupin. aunque intensa. me sonrió como niño al que acaba de serie regalado el más preciado de los juguetes. que me sorprendí de pronto rezando para mis adentros para que llegara de una vez mi compañero. un caso digno de estudio: ¡un profesor de universidad. presa de pesadillas y terrores nocturnos propios de un niño! Resolví escribir una monografía que registrara los resultados del tratamiento. Baste decir que salvamos las cadenas que cerraban la tumba y que el interior de la misma era sobrecogedor. No podría soportar el extenderme demasiado en detalles concernientes a lo que siguió. de la edición expurgada del Culte des Goules del conde d'Erlette. Un temor atávico hizo que reprimiera un violento y repentino temblor ante la evocación de las activas poblaciones de gusanos que medraban bajo nuestros pies. Ahí tenía. y me demostraría la verdad de lo que afirmaba. como si aquel lugar concreto perteneciera a una sección más antigua. a nuestros pies se abrió un túnel de acceso a las profundidades. pero con mejor ánimo. culto. y que la súbita e indescriptible opresión del pánico hizo presa de mí. Por lo demás. iluminadas por una fantasmagórica luna. Al anochecer me hallaba ya dispuesto a lo que viniera. y la mañana siguiente. convine en reunirme con él a las diez de la noche del día siguiente en el cementerio. a una revisión apresurada. hasta llegar a una zona recluida. Estaba más que claro que le satisfacía sobremanera mi decisión. abrigado por una gruesa chaqueta de lana y tocado con un casco de minero provisto de una linterna. No se hizo esperar en demasía.. totalmente a oscuras. bien educado. pues descubrió el nicho en cuestión a la luz de las linternas de nuestros cascos. y a eso de las diez. ¡la promesa del profesor Chaupin se cumplió plenamente!. se revelaría la incontrovertible falacia de sus preocupaciones y de que el efecto curativo sería inmediato.. a la noche siguiente. Traspusimos juntos la pequeña cerca que limita el recinto. Su partida me dejé en un estado de gran excitación. que me era difícil eludir cierta sensación de incomodo. inteligente. entre unos árboles de gran follaje hasta desembocar frente al imponente mausoleo que décía haber profanado. por fin. aguardaba la llegada de mi paciente junto a la puerta principal del abandonado camposanto. Excuso decir que me quedé atónito ante aquello. dispuse los pormenores de nuestro encuentro y me despedí de él. Apareció de igual guisa que yo más o menos. no obstante. y seguidamente me condujo a través de las diferentes secciones del lugar.

También el profesor guardó silencio. y. asentados en semejantes escondrijos? Puede que hubieran dado con él por pura casualidad. y a medida que avanzábamos no pude reprimir el deseo ferviente de que siguiera así. tendría que recurrir a la policía para que investigara el lugar.¿y si realmente había algo en verdad maligno en su relato acerca de lo que albergaban aquellas tinieblas? ¿Alguna cuadrilla de refugiados. Si el hombre estaba verdaderamente loco. para mi sorpresa. ¡No había en los escalones rastro de polvo alguno! Diríase que . Me rogaba. Con una repulsión que no podía explicar. pues. Quizá si le acompañaba hasta el término del corredor su mente se tranquilizaría al fin en lo que a la fatalidad de sus otras sospechas se refería. y ¡abajo fuimos! Era una escalerilla serpenteante tallada en la roca. perdida en aquel antro. creería. que le acompañara. Pero -y sólo con profundo pánico me atreví a reconocer la posibilidad. Y a este impulso interno Chaupin sumó sus demandas verbales. y sólo con fe estaría en situación de curarlo. No abrigaba ya ninguna duda acerca de la validez de las afirmaciones del profesor. en fin. Era un viaje a través de los confines más fantásticos de una horrenda pesadilla.. Todo allí era secreto. un camino que llevaba a remotas criptas de ignorados abismos de la tierra. Las había probado con creces. El aire parecía portar el hediondo olor de materias que se corrompen. No podía permitir que mi nombre se viera mezclado en un asunto que encerraba tan magnificas oportunidades para levantar un escándalo público. pronto sabría a qué atenerme. Chaupin aparecía desconcertantemente sereno. La abertura se me antojó semejante a las fauces de un monstruo mítico. si era verdad que había estado allí con anterioridad. ¡y todas aparecían pletóricas de carnes y lustrosas de pelaje! Empecé a concebir toda suerte de conjeturas para explicarme su estado y cuáles podrían ser las fuentes de su comida. Fueron varios los factores que contribuyeron a mi creciente malestar. de que debíamos descender a aquellas profundidades y resolver de una vez por todas las cuestiones aún pendientes.. decía. ¿qué decir del resto de su historia? Mi mirada. no me gustaban las ratas que iban surgiendo atropelladamente de los infinitos recovecos que salpicaban aquella fantástica espiral de escalones. y se disiparían todas mis dudas. era obvio que no se había curado de su obsesión. captó de pronto otra imagen sobrecogedora. pero si me negaba a hacerlo. fugitivos de la ley quizá. salvo para los gusanos. Fue este último argumento el que me decidió. Si no. hacía calor y todo era muy húmedo. sin decir palabra. reparé en que Chaupin parecía conocer el camino a la perfección. Vacilé por primera vez. yo sabría cuidarme. En el lugar parecía haberse congregado un verdadero ejército de roedores. De la otra. Debía dejarle que me mostrara la verdad. algo me dijo que tendríamos que proseguir y ver por nosotros mismos. Me di cuenta de que iba entrándome un pánico irremediable y de que. Luego. asentí con la cabeza y me hice a un lado para que abriera camino. me di cuenta de que mi tarea distaba mucho de su fin. la mera existencia de un pasadizo no demostraba necesariamente la verdad de todos sus asertos. No es que estuviera dispuesto a creer la incoherente retahíla de Chaupin sobre monstruos imaginarios y demás. De una parte.anonadado contemplando absorto la oquedad. pero ¿y si hubiera sido así? Aun en este caso. ello no significaba que estuviera totalmente cuerdo. Sin embargo. Por consiguiente.

diríase que habíamos profanado con nuestra intrusión algunos misterios ignotos. al tiempo que aumentaba la humedad del ambiente. ¿Regresaría Chaupin? ¿Se trataba de un engano monstruoso? ¿Estaba loco Chaupin. No había nada reconfortante en nuestro entorno. Y no me atreví a dejar que mis pensamientos se desbocaran en oonjeturas sobre lo que podía esperarnos más adelante. y me pregunté cuál podría ser su origen. De golpe dejó de haber escalones y nos encontramos en una cueva. Vi un pequeño espacio abierto.eran de ¡uso constante! Por unos instantes mi mente rehusó comprender todo el significado de aquel descubrimiento. durante largo rato en medio de un abrumador silencio. Proseguimos. No me atreví a creer plenamente en mi hallazgo por miedo a que mi sobreexcitada imaginación conjurara la probable imagen de lo que podía ascender desde aquellas profundidades. yo debía esperarie allí mientras él se aventuraba un poco más adelante. aprecié la existencia de varias aberturas o accesos a nuevos túneles que conducían. acechaba al amparo de las sombras que nos rodeaban. Me di cuenta de que empezaba a ponerme irremediablemente nervioso y traté en vano de desechar mis temores con razonamientos elaboradísimos en torno a complejos temas. mi asombro no conoció límites. Quizá aquellos llbros no fueran tan absurdos como había pensado: puede que la Tiérra alimente terribles y espantosos secretos en su eterno pecho. Iba a demostrarme que sus palabras respondían única y exclusivamente a la verdad. pero en este instante Chaupin me tomó bruscamente del brazo y clavó sus uñas en mi hombro al tiempo que me conminaba a guardar silencio. aunque no me atrevía a pensar qué. Seguí sentado en la oscuridad y aguardé. sobre la que pendían numerosas ristras de colosales estalactitas. Me habló en susurros mientras permanecíamos acurrucados uno junto al otro en aquella caverna subterránea de insondables arcanos. Y así diciendo. cuya base estaba constituida por gigantescos pilares. cuya linterna proyectaba extrañas sombras sobre los angostos muros. Abajo. de superficie más o menos lisa. Me dejó de manera tan repentina que no me dio tiempo de formular mis objeciones a su plan. me precipité en pos de mi silencioso guía. a otros tantos miradores sobre las interminables vistas de la noche del olvido. Rechazando presurosamente mis desvaríos.. pero cuando al fin se abrió paso a los mecanismos de mi razón. abajo y más abajo. Las paredes irregulares y abovedadas de aquel túnel resultaban verdaderamente opresivas a la vacilante luz de nuestras lámparas. A su regreso. donde la oscuridad se hacía más densa. Temí que el corazón se me paralizara por momentos. . Percibí una luz azulada. Se me ocurrió de pronto que aquella vía no podía haber sido abierta por nadie que no fuera anormal o cuyo estado no rayara en la locura. Me puse a temblar. por aquella escalera. fosforescente como la ultravioleta. pues. según él. tendría las pruebas necesarias. ¿qué no podría sucederle en aquel laberinto tenebroso? ¿Y qué me ocurriría a mi? Había sido un tonto en haberme dejado persuadir.. nuestro camino iba haciéndose cada vez más estrecho. o era verdad lo que decía? Y de ser así. se incorporó y desapareció casi al instante por una de las galerías que se abrían al frente. Más allá. todo aquello era demencial. fue desgranando en mi oído y con voz apenas audible un escalofriante recuento de lo que. al parecer.

Me di la vuelta y corrí. Un repentino crescendo de locura indescriptible se desbordó en aquella pesada atmósfera. pero hay una imagen por cuya desaparición de mi mente darla el alma. No me gustaban aquellas sombras: me parecían distorsionadas. el enloquecedor recuerdo del instante en que vi a los monstruos horrísonos.. a la luz de mi lámpara.. forzado y desfalleciente. Grité. adelante. No podía oír otra cosa que el clamor de aquellos pies desenfrenados. aunque la muerte sería bien recibida por el despojo humano en que me he convertido. grité más. ¡o patas!. mis horrorizados oídos habían captado claramente la cadencia de infinitos pasos precipitados. era una cruel burla a mi creciente miedo y a mi soledad. hasta que fue mi propio resuello. Nunca olvidaré porque conozco ahora toda la verdad. adelante. pues comprendí. creciente por momentos.. más cerca. No me atrevo a darme muerte por miedo a que me entierren en vez de incinerarme. Comprendí en aquel momento -cuando ya era demasiado tarde. Asegurada la losa.. Los minutos pasaban con una lentitud exasperante y nada venía a romper aquella quietud angustiosa.. Pero no me detuve a ponderar el alcance de mi descubrimiento. Coloqué la losa justo en el momento en que la llama de mi linterna exhalaba sus últimos rayos vacilantes. No me atreví a mirar. alertado por un sordo rumor procedente de las sombras más densas. espantosos. Acabaron por fin los escalones y me lancé de cabeza por la estrecha abertura. que. No era preciso que volviera la vista atrás. mientras mi cuerpo se consumía en la agonía. los cabellos se me erizaron. ¡Venían! ¡Se acercaban! Redoblé mis esfuerzos ante el desenfrenado ritmo de mis seguidores. y mi alma conoció de pronto la más dolorosa agonía. busqué vacilante y ansioso el mundo de los hombres. corrí como un loco escaleras arriba. un aullido bestial cuyos tonos semihumanos fueron pespunteados por una risa desencajada y burlona. mientras aquellas criaturas trasponían a oscuras los últimos diez metros que nos separaban. cada vez más cerca. . insanas. Vueltas y más vueltas. ¡Pobre Chaupin! Me pareció que percibía los sonidos cada vez más cerca. haciendo un último esfuerzo por ganar distancia y por llevar aire a mis pulmones. desconcertadamente profundas. Nunca olvidaré esa noche por mucho que me esfuerce en borrar su horrible recuerdo.La luz azul se deshacía en sinuosas sombras sobre las paredes estalactíticas y parecía concentrarse alrededor del tenue círculo luminoso creado por mi minúscula linterna. escalones y tramos serpenteantes. el que vino a sumarse cuando enfilaba la primera espiral de aquellas interminables escaleras a la cacofonía que atronaba mi cerebro. Adelante. burlones. más cerca. el postrer espasmo del pábilo proyectó su luz sobre la forma que encabezaba el tropel de mis perseguidores. pero el vociferante horror me pisaba los talones. Entonces estalló el griterío. Mi alma se había llenado de un conocimiento que no dejaba lugar para más sentimíento que el miedo cerval. identifiqué al poco como atropellado tumulto de frenética carrera. Luego fue un horrísono alarido a sólo dos o tres rellanos de mí. pero antes de extinguirse dcl todo. Jamás me será dado conciliar el sueño que tanto anhelo. con la celeridad de una desesperación sin limites. pero sabía que cerraban distancias. Pero el silencio era aún más poderoso: insinuaba todo lo indecible por venir.que Chaupin habla dicho la verdad. Seguí ascendiendo a trompicones.

y escuché sus gritos cuando el ser le atacó. y le felicité cuando recompró el viejo castillo junto al pantano. el castillo gris veía alzarse una torre tras otra sobre sus restaurados muros. Tras volver a Irlanda. Y entonces me envió una carta pidiéndome que le visitase. Lovecraft Denys Barry se ha esfumado en alguna parte. Había intimado con Denys Barry en América. pero ni todos los campesinos y policías del condado de Meath pudieron encontrarlo. ni a él ni a los otros. Pero después surgieron problemas y los campesinos dejaron de bendecirlo y lo rehuyeron como a una maldición. pero aquellos días ya resultaban remotos. P. así que durante generaciones el castillo había permanecido vacío y arruinado. sin nadie con quien hablar fuera de los nuevos criados y peones contratados en el norte. aunque los buscaron por todas partes. La fuente de todos los problemas era la ciénaga. Barry me escribía a menudo contándome cómo. y cómo los campesinos lo bendecían por devolver los antiguos días con su oro de ultramar. mientras el oro de los cielos iluminaba el verde de las colinas y arboledas y el . De Kilderry procedía su padre. en el somnoliento Kilderry. Los de su estirpe antaño se enseñoreaban sobre Kilderry. en alguna región espantosa y remota de la que nada sé. entre parajes ancestrales. y habían construido y habitado el castillo. según me contó Barry la noche de mi llegada al castillo. Alcancé Kilderry en el ocaso veraniego. y allí era donde quería disfrutar de su riqueza. mediante sus cuidados. Y ahora me estremezco cuando oigo croar a las ranas en los pantanos o veo la luna en lugares solitarios. ya que se había quedado solo en el castillo. Estaba con él la última noche que pasó entre los hombres. tal como se alzaran ya tantos siglos antes.¡Pues el primero y principal de ellos era el risueño y babeante horror conocido bajo el nombre de profesor Chaupin! L PANTANO DE LA LUNA H. donde éste se había hecho rico.

que no debían desvelarse. donde. sobre un lejano islote. y con un espantoso espíritu guardián que habitaba las extrañas ruinas antiguas del lejano islote que divisara al ocaso. tras nuestro encuentro. única en ser unánimemente repetida. unas extrañas ruinas antiguas resplandecían de forma espectral. Cuentos de luces danzantes en la penumbra lunar y vientos helados que soplaban cuando la noche era cálida. en los fabulosos años . Tenían que ver con alguna absurda leyenda tocante a la ciénaga. empalideciendo al saber que iba a Kilderry. América no lo había dejado intacto y odiaba ver abandonada la amplia y hermosa extensión de la que podía extraer turba y desecar las tierras. pero los campesinos de Ballylough me habían puesto en guardia y decía que Kilderry estaba maldita. viéndolo decidido. Los campesinos habían abandonado Kilderry porque Denys Barry iba a desecar la gran ciénaga. ya que el tren no pasa por Kilderry. decían los campesinos. lo maldijeron marchándose a Ballylough con sus escasas pertenencias. por lo que casi me estremecí al ver los altos torreones dorados por el resplandor. que procedía del norte. Las leyendas y supersticiones de Kilderry no lograron conmoverlo y se burló cuando los aldeanos primero rehusaron ayudarle y más tarde. Pero Barry se encontraba solo entre forasteros. estaba el que la maldición caería sobre quien osase tocar o drenar el inmenso pantano rojizo. pero a mí me habían susurrado cosas. Y esa noche. así que me pidió que lo visitara. Pero descollando sobre todas esas locas fantasías. Cuando supe qué temores habían expulsado a la gente de Kilderry. Barry me contó por qué. secretos que permanecían ocultos desde que la plaga exterminase a los hijos de Partholan. El crepúsculo resultaba verdaderamente grato. El coche de Barry me había recogido en la estación de Ballylough. estrafalaria y absurda. me reí tanto como mi amigo. Los aldeanos habían esquivado al coche y su conductor. En su lugar contrató trabajadores del norte y cuando los criados le abandonaron también los reemplazó. A pesar de su gran amor por Irlanda.azul de la ciénaga. Había secretos. ya que tales miedos eran de la clase más indeterminada. de fantasmas blancos merodeando sobre las aguas y de una supuesta ciudad de piedra sumergida bajo la superficie pantanosa.

por lo que. no obstante. Influida por la leyenda que me había contado Barry. Sentía. Al tumbarme. y estaba dispuesto a explorar a fondo el pantano en cuanto lo desecasen. Había ido con frecuencia a las ruinas blancas del islote pero. y aniquilarían los pequeños regatos sembrados de conchas y los tranquilos estanques azules bordeados de juncos. creí escuchar débiles sonidos en la distancia. Ahora se estaba a punto de comenzar los trabajos de drenaje. Me sentí muy somnoliento cuando Barry me hubo contado todo aquello. Un criado me condujo a mi alcoba. sones extraños y medio musicales que me provocaron una rara excitación que tiñeron mis sueños. pude ver desde la ventana las silenciosas moradas abandonadas por los campesinos. dominando la aldea y la llanura que había al pie del pantano. así como la propia ciénaga. a la luz lunar. ya que el viaje durante el día había resultado fatigoso y mi anfitrión había estado hablando hasta bien entrada la noche. y que ahora alojaban a los trabajadores del norte. las remotas' ruinas antiguas. al despertar. así como de los montes boscosos que la ampararon cuando los hombres de Nemed llegaron de Escitia con sus treinta barcos. se encontraba demasiado deteriorado para ofrecer una idea de su época de gloria. en la ciénaga que parecía al acecho. gran interés por las antigüedades. Tales eran los absurdos cuentos que habían conducido a los aldeanos al abandono de Kilderry. pero los viejos de Kilderry hablan de una ciudad protegida por su diosa de la luna tutelar. y a lo lejos. resplandeciendo de forma blanca y espectral sobre el islote. y también columbré la iglesia parroquial con su antiguo chapitel. y los trabajadores del norte pronto despojarían a la ciénaga prohibida del musgo verde y del brezo rojo. que se hallaba en una torre lejana. sentí que todo había sido un sueño. aunque evidentemente muy antiguas y su estilo guardaba muy poca relación con la mayoría de las ruinas irlandesas. mi mente había merodeado en . y al oírlos no me resultó extraño que Denys Barry no hubiera querido prestarles atención. En el Libro de los invasores se cuenta que esos retoños de los griegos fueron todos enterrados en Tallaght.previos a la historia. ya que las visiones que tuve resultaban mas maravillosas que cualquier sonido de flautas salvajes en la noche. Pero la mañana siguiente.

Entonces escuché un reloj en algún lejano descansillo de abajo tocando las dos y supe que estaba despierto. la anciana sacerdotisa de la luna. Al anochecer. Por un instante no fui capaz de determinar si me encontraba despierto o dormido. decidí que debía estar despierto y en el castillo de Kilderry. Por sexta vez se habían quedado dormidos. Pero aún me llegaba el monótono toque de flauta a lo . pero yo me reía más.sueños en torno a una imponente ciudad. ubicada en un valle verde. ya que la mayoría parecía desasosegada por culpa de algún sueño. frisos e inscripciones evocaban de diversas maneras la gloria de Grecia. cuyas calles y estatuas de mármol. Los peones no estaban tan contentos como debieran. donde Cleis. Y esa noche el sonido de resonantes flautas y peristilos de mármol tuvo un final brusco e inquietante. despertando de una forma muy lenta y aturdidos. yacía fría y silenciosa con una corona de marfil sobre sus sienes de plata. Esa mañana y tarde deambulé a solas por la aldea bañada por el sol. actuando como si no hubieran descansado. pero no se interesaron por él hasta que no mencioné los extraños sonidos que creí oír. sentía un creciente deseo de posar los ojos sobre los arcaicos secretos que la prieta turba pudiera ocultar. nos echamos a reír juntos. pero cuando vi sobre el suelo el helado resplandor lunar y los perfiles de una ventana gótica enrejada. porque él se sentía perplejo ante la actitud de sus trabajadores norteños. ya que aunque me disgustaba ver el musgo y el brezo y los pequeños regatos y lagos desaparecer. villas y templos. Barry cenó conmigo y me comunicó que comenzaría el drenaje en dos días. He dicho que desperté de repente y alarmado. Les conté el mío. aunque intentaban en vano recordarlo. Cuando compartí ese sueño con Barry. aun cuando se habían acostado temprano la noche antes. ya que vi caer sobre la ciudad del valle una pestilencia. ya que Barry estaba ocupado con los planes finales para comenzar su trabajo de desecación. y luego la espantosa avalancha de las laderas boscosas que cubrieron los cuerpos muertos en las calles y dejaron expuesto tan sólo el templo de Artemisa en lo alto. Me alegré. Entonces me miraron de forma rara y dijeron que ellos también creían recordar sonidos extraños. hablando aquí y allá con los fatigados trabajadores.

acometiendo una danza circular como las que los sicilianos debían ejecutar en honor a Deméter en los viejos días. pero las flautas me atormentaban y tenía que hacer o mirar algo. de naturaleza medio indeterminada. ante todo. pero en cuanto vi el resplandor del sol a través de la enrejada ventana oriental me convencí de que lo que creía haber visto no era algo real. que habían dormido hasta muy tarde y no recordaban nada de la noche anterior salvo brumosos sueños de sones estridentes. habiéndolo presenciado. ¿Cómo sospechar lo que estaba a punto de contemplar? Allí. La amplia llanura. Este asunto del espectral toque de flauta me atormentaba de veras y me pregunté si los grillos de otoño habrían llegado antes de tiempo para fastidiar las noches y acosar las visiones de los hombres. No me dejaba dormir y me levanté impaciente. que sin embargo sugerían meditabundas y pálidas náyades de las amenazadas fuentes de la ciénaga. se desarrollaba un espectáculo que ningún mortal. Sólo por casualidad llegué a la ventana norte y oteé la silenciosa aldea. No quería mirar. Más tarde encontré a Barry en la librería. las siluetas bailando entre las sombras y. la dorada luz lunar. ya alto. absorto en .lejos. aunque a pesar de mi miedo noté que la mitad de aquellos danzarines incansables y maquinales eran los peones que yo había creído dormidos. junto a Ciane. a la luz de la luna que fluía sobre el espacioso llano. Soy propenso a extrañas fantasías. aunque no lo bastante débil como para creérmelas. recorriendo la estancia. Al son de flautas de caña que despertaban ecos sobre la ciénaga se deslizaba silenciosa y espeluznantemente una multitud entremezclada de oscilantes figuras. bajo la luna de cosecha. mientras que la otra mitad eran extraños seres blancos y aéreos. el estridente y monótono son de flautas producían un efecto que casi me paralizó. aires extraños. ya que lo que deseaba era dormir. por lo que en esta ocasión me limité a preguntar a los peones. podría nunca olvidar. No sé cuánto estuve contemplando esa visión desde la ventana del solitario torreón antes de derrumbarme bruscamente en un desmayo sin sueños del que me sacó el sol de la mañana. Mi primera intención al despertar fue comunicar a Denys Barry todos mis temores y observaciones. así como la llanura al pie de la ciénaga. que me hacían pensar en alguna danza de faunos en el remoto Menalo. salvajes.

los planos para la gran faena que iba a acometer al día siguiente, y por primera vez sentí el roce del mismo miedo que había ahuyentado a los campesinos. Por alguna desconocida razón sentía miedo ante la idea de turbar la antigua ciénaga y sus tenebrosos secretos, e imaginé terribles visiones yaciendo en la negrura bajo las insondables profundidades de la vieja turba. Me parecía locura que se sacase tales secretos a la luz y comencé a desear tener una excusa para abandonar el castillo y la aldea. Fui tan lejos como para mencionar de pasada el tema a Barry, pero no me atreví a proseguir cuando soltó una de sus resonantes risotadas. Así que guardé silencio cuando el sol se hundió llameante sobre las lejanas colinas y Kilderry se cubrió de rojo y oro en medio de un resplandor semejante a un prodigio. Nunca sabré a ciencia cierta si los sucesos de esa noche fueron realidad o ilusión. En verdad trascienden a cualquier cosa que podamos suponer obra de la naturaleza o el universo, aun que no es posible dar una explicación natural a esas desapariciones que fueron conocidas tras su consumación. Me retiré temprano y lleno de temores, y durante largo tiempo me fue imposible conciliar el sueño en el extraordinario silencio de la noche. Estaba verdaderamente oscuro, ya que a pesar de que el cielo estaba despejado, la luna estaba casi en fase de nueva y no saldría hasta la madrugada. Mientras estaba tumbado pensé en Denys Barry, y en lo que podía ocurrir en esa ciénaga al llegar el alba, y me descubrí casi frenético por el impulso de correr en la oscuridad, coger el coche de Barry y conducir enloquecido hacia Ballylough, fuera de las tierras amenazadas. Pero antes de que mis temores pudieran concretarse en acciones, me había dormido y atisbaba sueños sobre la ciudad del valle, fría y muerta bajo un sudario de sombras espantosas. Probablemente fue el agudo son de flautas el que me despertó, aunque no fue eso lo primero que noté al abrir los ojos. Me encontraba tumbado de espaldas a la ventana este, desde la que se divisaba la ciénaga y por donde la luna menguante se alzaría, y por tanto yo esperaba ver incidir la luz sobre el muro opuesto, frente a mí; pero no había esperado ver lo que apareció. La luz, efectivamente, iluminaba los cristales del frente, pero no se trataba del

resplandor que da la luna. Terrible y penetrante resultaba el raudal de roja refulgencia que fluía a través de la ventana gótica, y la estancia entera brillaba envuelta en un fulgor intenso y ultraterreno. Mis acciones inmediatas resultan peculiares para tal situación, pero tan sólo en las fábulas los hombres hacen las cosas de forma dramática y previsible. En vez de mirar hacia la ciénaga, en busca de la fuente de esa nueva luz, aparté los ojos de la ventana, lleno de terror, y me vestí desmañadamente con la aturdida idea de huir. Me recuerdo tomando sombrero y revólver, pero antes de acabar había perdido ambos sin disparar el uno ni calarme el otro. Pasado un tiempo, la fascinación de la roja radiación venció en mí el miedo y me arrastré hasta la ventana oeste, mirando mientras el incesante y enloquecedor toque de flauta gemía y reverberaba a través del castillo y sobre la aldea. Sobre la ciénaga caía un diluvio de luz ardiente, escarlata y siniestra, que surgía de la extraña y arcaica ruina del lejano islote. No puedo describir el aspecto de esas ruinas... debí estar loco, ya que parecía alzarse majestuosa y pletórica, espléndida y circundada de columnas, y el reflejo de llamas sobre el mármol de la construcción hendía el cielo como la cúspide de un templo en la cima de una montaña. Las flautas chirriaban y los tambores comenzaron a doblar, y mientras yo observaba lleno de espanto y terror creí ver oscuras formas saltarinas que se silueteaban grotescamente contra esa visión de mármol y resplandores. El efecto resultaba titánico –completamente inimaginable– y podría haber estado mirando eternamente de no ser que el sonido de flautas parecía crecer hacia la izquierda. Trémulo por un terror que se entremezclaba de forma extraña con el éxtasis, crucé la sala circular hacia la ventana norte, desde la que podía verse la aldea y el llano que se abría al pie de la ciénaga. Entonces mis ojos se desorbitaron ante un extraordinario prodigio aún más grande, como si no acabase de dar la espalda a una escena que desbordaba la naturaleza, ya que por la llanura espectralmente iluminada de rojo se desplazaba una procesión de seres con formas tales que no podían proceder sino de pesadillas. Medio deslizándose, medio flotando por los aires, los fantasmas de la ciénaga, ataviados de blanco, iban retirándose lentamente hacia las aguas

tranquilas y las ruinas de la isla en fantásticas formaciones que sugerían alguna danza ceremonial y antigua. Sus brazos ondeantes y traslúcidos, al son de los detestables toques de aquellas flautas invisibles, reclamaban con extraordinario ritmo a una multitud de tambaleantes trabajadores que les seguían perrunamente con pasos ciegos e involuntarios, trastabillando como arrastrados por una voluntad demoníaca, torpe pero irresistible. Cuando las náyades llegaban a la ciénaga sin desviarse, una nueva fila de rezagados zigzagueaba tropezando como borrachos, abandonando el castillo por alguna puerta apartada de mi ventana; fueron dando tumbos de ciego por el patio y a través de la parte interpuesta de aldea, y se unieron a la titubeante columna de peones en la llanura. A pesar de la altura, pude reconocerlos como los criados traídos del norte, ya que reconocí la silueta fea y gruesa del cocinero, cuyo absurdo aspecto ahora resultaba sumamente trágico. Las flautas sonaban de forma horrible y volví a escuchar el batir de tambores procedente de las ruinas de la isla. Entonces, silenciosa y graciosamente, las náyades llegaron al agua y se fundieron una tras otra con la antigua ciénaga, mientras la línea de seguidores, sin medir sus pasos, chapoteaba desmañadamente tras ellas para acabar desapareciendo en un leve remolino de insalubres burbujas que apenas pude distinguir en la luz escarlata. Y mientras el último y patético rezagado, el obeso cocinero, desaparecía pesadamente de la vista en el sombrío estanque, las flautas y tambores enmudecieron, y los cegadores rayos de las ruinas se esfumaron al instante, dejando la aldea de la maldición desolada y solitaria bajo los tenues rayos de una luna recién acabada de salir. Mi estado era ahora el de un indescriptible caos. No sabiendo si estaba loco o cuerdo, dormido o despierto, me salvé sólo merced a un piadoso embotamiento. Creo haber hecho cosas tan ridículas como rezar a Artemisa, Latona, Deméter, Perséfona y Plutón. Todo cuando podía recordar de mis días de estudios clásicos de juventud me acudió a los labios mientras los horrores de la situación despertaban mis supersticiones más arraigadas. Sentía que había presenciado la muerte de toda una aldea y sabía que estaba a solas en el castillo con Denys Barry, cuya audacia había desatado la maldición. Al pensar en él me acometieron nuevos terrores y me desplomé en el suelo, no inconsciente, pero sí físicamente incapacitado. Entonces sentí el helado soplo

desde la ventana este, por donde se había alzado la luna, y comencé a escuchar los gritos en el castillo, abajo. Pronto tales gritos habían alcanzado una magnitud y cualidad que no quiero transcribir, y que me hacen enfermar al recordarlos. Todo cuanto puedo decir es que provenían de algo que yo conocí como amigo mío. En cierto instante, durante ese periodo estremecedor, el viento frío y los gritos debieron hacerme levantar, ya que mi siguiente impresión es la de una enloquecida carrera por la estancia y a través de corredores negros como la tinta y, fuera, cruzando el patio para sumergirme en la espantosa noche. Al alba me descubrieron errando trastornado cerca de Ballylough, pero lo que me enloqueció por completo no fue ninguno de los terrores vistos u oídos antes. Lo que yo musitaba cuando volví lentamente de las sombras eran un par de incidentes acaecidos durante mi huida, incidente de poca monta, pero que me recomen sin cesar cuando estoy solo en ciertos lugares pantanosos o a la luz de la luna. Mientras huía de ese castillo maldito por el borde de la ciénaga, escuché un nuevo sonido; algo común, aunque no lo había oído antes en Kilderry. Las aguas estancadas, últimamente bastante despobladas de vida animal, ahora hervían de enormes ranas viscosas que croaban aguda e incesantemente en tonos que desentonaban de forma extraña con su tamaño. Relucían verdes e hinchadas bajo los rayos de luna, y parecían contemplar fijamente la fuente de luz. Yo seguí la mirada de una rana muy gorda y fea, y vi la segunda de las cosas que me hizo perder el tino. Tendido entre las extrañas ruinas antiguas y la luna menguante, mis ojos creyeron descubrir un rayo de débil y trémulo resplandor que no se reflejaba en las aguas de la ciénaga. Y ascendiendo por ese pálido camino mi mente febril imaginó una sombra leve que se debatía lentamente; una sombra vagamente perfilada que se retorcía como arrastrada por monstruos invisibles. Enloquecido como estaba, encontré en esa espantosa sombra un monstruoso parecido, una caricatura nauseabunda e increíble, una imagen blasfema del que fuera Denys Barry.

—Drew. Manos de granjero a las que el viento. tenemos mucha hambre. como si ya no fuera necesario. sin la menor expresión.La Guadaña Ray Bradbury De repente se acabó el camino. Llegaba junto a la pequeña casa blanca que pertenecía al campo de trigo y allí desaparecía. y después junto a un gran campo de trigo solo en aquel desierto. Los dedos de Molly rozaron su muñeca con suavidad. ¿qué vamos a hacer ahora? Drew se miró las manos. Los niños. Su voz sonaba opaca. Los labios de Molly estaban casi tan blancos como su rostro. junto a él: —Seguramente hemos tomado un desvío equivocado. se despertaron y asomaron las cabezas por entre los bultos y mantas polvorientos. mientras que su piel aparecía bañada de sudor. sin moverse del rincón donde estaba. que iban en el asiento de atrás. papá? ¿Vamos a comer ahora. —Drew. Recorría el valle como cualquier otro camino. sin hablar. ¿Podemos comer ahora. Molly dijo. . y preguntaron: —¿Por qué nos paramos. Aborrecía la visión de sus manos. papá? Drew cerró los ojos. dulcemente. papá? Papá. contemplándose las grandes y rugosas manos de granjero. entre laderas de tierra yerma y pedregosa y encinas. por encima del respaldo del asiento. les había arrebatado la granja. quizá en esa casa nos podrían dar algo para comer. Drew asintió. No importaba demasiado porque allí mismo se les había terminado la gasolina. seco y hambriento. pero secos. Drew Erickson frenó el viejo cacharro y permaneció sentado allí. que nunca tenía bastante buena marga que comer.

una camisa blanca y una corbata negra. Entre las manos del anciano había una espiga de trigo. Que lo acepte todo libremente. Bajó del coche y emprendió el camino hacia la casa. Estaba allí para ser leído. como una cosa que ha sido golpeada con dureza durante demasiado tiempo. moviendo sus labios pálidos y resecos. como un hombre enfermo o medio ciego. todavía fresca.. sin preguntar. Drew llamó tres veces. no importa. Lo sabía antes de entrar. Debió saber que iba a morir porque vestía sus ropas de enterrar: un viejo traje negro. Sea cual sea su nombre o de donde proceda. y que tenga en cuenta que yo. Una espiga madura. soy sólo el . Ninguno de nosotros ha mendigado nunca ni mendigará ahora. Drew entró en la habitación. doy y lego esta granja con todas sus pertenencias al hombre que llegue. mirándole. al mirar por una puerta abierta. dorada y cargada de grano. o de avisar a un pariente. La puerta de la casa estaba abierta.En la pared. —Mendigar —masculló—. Era ese tipo de silencio. Entonces. Iba en dirección a la cocina. John Buhr. sin doblar. Drew frunció el ceño mientras leía el texto.Una arruga apareció junto a su boca. Cruzó por un pequeño vestíbulo a un cuarto de estar limpio y no muy grande. La granja es suya. No pensaba en nada. Poco a poco fue cediendo la rigidez de su cuello y de su espalda. Su rostro se puso blando e inexpresivo. de paz. Al volverse vio sus ojos y también los de Susie y del pequeño que le miraban. caliente. Caminaba sin seguridad. yo. La mano de Molly se cerró sobre su muñeca. se apoyaba una guadaña. Estaba más allá de todo pensamiento. vio al muerto. Tal vez una petición para que se le enterrara. Al que se encuentre junto a mí en mi lecho de muerte: Estando sano de juicio y solo en el mundo. de puntillas. Sabía que la muerte estaba dentro de la casa. Llevaba poco tiempo muerto porque aún no había perdido esa última expresión tranquila. En el interior sólo había un silencio y una cortina blanca en la ventana moviéndose en el aire pesado. sin preguntas. Era viejo y descansaba sobre una cama limpia y blanca. como un animal. limpio y aseado. Había cierto aire tranquilo en el muerto. la guadaña y la tarea que corresponda. John Buhr. así como el trigo. informe. junto a su cama. al lado de la cabeza del anciano. como he declarado. La hoja de papel. Se quitó el sombrero viejo y polvoriento y se quedó junto a la cama. estaba sobre la almohada.

En la cuarta mañana. Miró el testamento. Su pálida cara se tensó. —Drew —preguntó Molly. —¡Ven. ¡Kirie eleisón! Drew volvió sobre sus pasos a través de la casa y abrió la puerta de tela metálica. por qué aprieta tan fuerte la espiga entre sus dedos? Justo en aquel momento se rompió el silencio al llegar los niños corriendo hacia el porche.. lo había visto con sus propios ojos y no quería haraganear. pese a que un solo hombre lo había trabajado. Detrás de la casa descubrió un pequeño granero y en el granero un toro y dos vacas. . barrieron la casa.» En aquel momento. A Molly se le cortó el aliento. Molly entró en la casa y él la acompañó al dormitorio.. pronunciaron unas palabras apropiadas. tocino.. Molly! Que los niños se queden en el coche. Se levantó al despuntar el alba y se llevó la guadaña. Se quedaron a vivir en la casa. o tal vez tres. y luego mirarse unos a otros sorprendidos porque todo hubiese ocurrido de aquel modo.que da. —Nuestra suerte ha cambiado. porque había comida en la cocina. y grandes recipientes de metal para la leche. Brillaba como una media luna. ¿por qué. y sus estómagos estaban llenos y había incluso un cigarro para que él fumara por las noches. cerdo y cordero. no el que manda. Enterraron al viejo en una colina. En su hoja habían grabadas unas palabras: «El que me empuña. montones de comida. —Es demasiado bueno para ser verdad. las palabras no significaron nada para él. Tocó la guadaña.Era un campo de trigo muy grande. Tres días de no hacer nada eran suficientes para cualquier hombre. Y en la caseta del pozo habían grandes trozos de ternera. simplemente —dijo Drew—. empuña el mundo. Debe haber algún truco. Demasiado para un solo hombre. descargaron el coche y comieron algo. dos años. sosteniéndola delante de él mientras caminaba hacia el campo. Y esto lo firmo y rubrico este día tercero de abril de 1938 (firmado) John Buhr. la guadaña. y había un pozo cubierto y un manantial debajo de unos árboles que lo mantenían fresco. Había una mantequera y una caja de quesos. Drew Erickson descansaba en la cama mirando la guadaña y comprendió que ya era hora de ponerse a trabajar porque en el campo grande el grano ya estaba maduro.. se mordió los labios y se agarró a él. Tendremos trabajo. comida y un techo sobre nuestras cabezas para guardarnos de la lluvia. recorrer la tierra y dormir en buenas camas. La levantó en sus manos y la blandió. y el campo de trigo sacudido por el viento caliente al otro lado de la ventana. mirando las manos cruzadas del viejo—. como para alimentar una familia cinco veces mayor durante un año. regresaron. Durante tres días no hicieron otra cosa que ordenar la casa.

con viento y con silencio. No se lo comentó a Molly ni tampoco le contó otras cosas sobre el campo. Hizo unos barcos de juguete para el pequeño Drew y para Susie. anduvo un poco por el patio de atrás. con pequeñas raíces. No iba a trabajar. La tumba estaba al sol. —Meneó la cabeza—. Y a la mañana siguiente. Era pura idiotez cortar el grano cuando se pudría tan pronto como caía. La guadaña. sino el silencio de cosas que vivían bien y felizmente. No tenía ganas de comer. pero el sol se le había metido en la cabeza y le dolía. llenas. en realidad le ardía. en silencio. sí —dijo. los apoyó en las rodillas cuando volvió a sentarse en el porche. sólo para asegurarse que el hombre seguía allí. pero en voz alta. y volvió a salir. se limpió las . Nunca demasiado a la vez para que pueda cortar lo maduro cada día. Así que Drew Erickson volvió a bajar para utilizar su guadaña. El trigo. Miró hacia abajo y vio la cantidad de tierra que poseía. y qué beneficios podría reportarle pues así no podía venderlo. quizá con la vaga esperanza que encontraría alguna idea sobre el campo. le picaba todo. ahora su rostro estaba cubierto de tierra y piedras. se vistió.. No sabía bien por qué. Al final de la semana decidió no hacer nada en unos días. Así no queda sino grano verde. Después de todo. como por ejemplo que el trigo se pudría a las pocas horas de haberlo cortado. sacudía y volvía a levantar. Se quedó en la cama. disfrutando porque le parecía importante. Encontró a las vacas esperándole. El trigo no solía hacerlo. Nunca había visto un campo de trigo como aquél. Se quedó en el porche fumando un cigarrillo. en trozos de semillero. Drew Erickson se frotó la barbilla. y las ordeñó y puso la leche en los recipientes de metal en la caseta del pozo. pero lo era. Salió a ordeñar las vacas. y.Al finalizar el primer día de trabajo. el trigo que había cortado y que se estaba pudriendo. volvió a entrar y preguntó a Molly qué había salido a hacer. hizo como si agarrara algo en el aire. curioso. muy importante. tenían comida a mano.. Pero el viejo no le comentó nada de esto. hablando con nadie en particular. había arraigado y crecía de nuevo en forma de pequeños brotes verdes. trozos de trigo maduro y trozos de trigo recién cortados por su mano. otro trozo maduro. los dedos. Se pasó el resto de la mañana sentado en el porche liando cigarrillos. No podía dejar el trigo sin tocar. pero pensando en otras cosas. seguro. Maduraba en grupos separados. se dijo: —Si voy segando el trigo en los diez próximos años. y había una expresión perpleja en su rostro. Siguió contemplando el trigo que el viento doblaba. Se puso en pie. —Has salido a ordeñar las vacas. Y ese trigo madura así. qué y por qué se comportaba de ese modo. Un par de veces durante el día se dirigió hacia la colina donde estaba la tumba del viejo. preguntándose cómo. no creo que pase por el mismo sitio dos veces. luego se fue a batir la leche para hacer mantequilla y separó el suero. entró en la casa con la guadaña al hombro. cada uno apartado de los otros. Las palmas de las manos le picaban y le ardían. Es condenadamente grande el campo. Se levantó. Flexionó los brazos. —Oh. No estaba demasiado preocupado. escuchando el silencio de la casa que no era nada parecido a un silencio de muerte. Siempre había nuevos trozos maduros. nacido de nuevo. Muy. y desayunó despacio. El trigo cubría unas tres millas en dirección a las montañas y tenía unos dos acres de anchura. Al día siguiente.

. ¡¡Maldita sea! Entró en el dormitorio y descolgó la guadaña. La tenía en las manos. Piensa. La cabeza ya no le dolía. El grano debía cortarse cada día. con las manos abiertas. Molly estaba sentada ante la mesa azul de la cocina pelando patatas cuando entró dando traspiés. Volvía a estar intacto. Arriba. Les oyó. silbando. y basta. cayendo de rodillas junto a las espigas—. —¿Por qué? —Porque nos vamos —dijo con voz apagada. pensando todo el tiempo en el trigo.hubiesen cortado un tercer brazo.. Drew Erickson dejó caer la guadaña y se inclinó para sujetarse el estómago. . de hambre y necesidad. con trigo viviente en ella. sin decidirse a hacer nada. A la una de la tarde no hacía otra cosa que entrar y salir de la casa. Piensa en el extraño dibujo de trigos verdes y maduros. Abajo. Otra vez arriba. Pero sin música. Ni un sólo día dejó de segar. O casi. Tenía una sensación como si le. —¡He matado a alguien! —jadeó.. El trigo se agitaba como una marea amarilla junto a sus tobillos. arrastrando la guadaña tras él. Arriba. Arriba. Sólo un zumbido en sus oídos. pensando en cavar una zanja de riego. Segando. Abajo. la llevó al campo de trigo maduro y se puso manos a la obra. Abajo. Sólo pareció muy preocupado y después de aquel día guardaba la guadaña cuando no la utilizaba. El cielo giró como un tiovivo en la feria de Kansas. o que había perdido algo de sí mismo. No les gritó... Abajo. —¡Recógelo todo! —le dijo mirando al suelo. Algo que tenía que ver con sus manos y sus brazos.manos en los pantalones. Pero bueno. Un mediodía. He matado a muchos. Abajo y a través. abajo y a través.. En su cabeza se iban amontonando las cosas. Los días fueron pasando como caballos mansos. Susie y el pequeño Drew reían y jugaban con la guadaña mientras su padre comía en la cocina. Después. Piensa en el viejo y en el trigo que tenía en las manos cuando murió. Se echó a reír mirando la guadaña en sus manazas. Se sintió fresco. Piensa en esta tierra muerta. era puro instinto. El mundo le daba vueltas. sentada. Había recuperado su tercer brazo. Las manos dejaron de picarle. ahogándose. Drew Erickson empezó a considerar su trabajo como una especie de dolor seco. Tenía que cortarse. Se dijo que estaba un poco loco. en el modo como crece. Arriba. Salió y se la quitó de las manos. con los ojos nublados. Arriba. —¡Molly! La vio nadar en el agua de sus ojos. en lo maduro y precioso que estaba y en como ansiaba ser cortado. y trató de liar otro cigarrillo y se volvió loco con la picadura y las mezclas y lo tiró todo refunfuñando. esperando a que él se desahogara. pero en realidad. Oyó el viento murmurando en el campo. en realidad era un campo de trigo de lo más corriente. sujetándose el pecho. ¿Por qué? Pues porque sí. Tan ilógico como el rayo cayendo sin dañar. volvió a sentarse. Pero estaba allí.

. cuando Drew se acercó caminando al pueblo.. —Tú también lo sabes.. ¡Acabo de matar a mi madre! —¡Basta! —le dijo ella con firmeza. una semana después.—¿Nos vamos?. Cuando llegó a la casa parecía haber envejecido cien años. Era como si. Cada vez que se utiliza la guadaña en el trigal. hace una semana. como desatinado. cuando lo corté. Ella la recogió en un arranque de rabia y la apoyó en un rincón. Molly se levantó. . ahora asustada y furiosa —. —Mi madre murió.. Tendió la carta a Molly y le contó lo que decía con voz helada e insegura. La guadaña cayó de sus manos al suelo. Oh. para ver si había correspondencia. salvaje. Todo lo que supo decir Drew Erickson fue: —Mete a los niños en el coche.. Su corazón. es tierra pobre para el trigo. con la carta en la mano. hace un mes. ¡Cállate! —Oh.—Es el viejo.. Cárgalo de comida. Les siegas y.Leyó en la Biblia. Pasó rápidamente las páginas. Madura a trozos. junto a la casa. El martes pasado. Les llegaron ruidos desde el exterior soleado.. el martes a la una de la tarde. —Llevo diez años contigo. comprensiva: —Viajamos durante mucho tiempo y casi no comimos hasta que llegamos aquí. A veces no teníamos otra cosa que oraciones y polvo que llevarnos a la boca. y vuelve a crecer. y ahora. voces tristes. —Crees que estoy loco. Así es como descubrí ahora mismo lo. hoy. Molly. era como si cortara mi propia carne.. El miércoles siguiente. Oí que alguien gritaba. Molly se le quedó mirando. En el trigo —insistió—.. y esta guadaña. Y cuando lo corto. ahí fuera. No te lo había dicho. y le dijo. Sus ojos eran como vidrios azules. Pero es malo. pero espera a que te lo cuente todo. Pero fíjate cómo crece y madura. —El campo crece mal. Ahora. Y no te lo he dicho todo. La sentí morirse.... esta carta. y tú no has dejado de trabajar todos los días y estás cansado. ruidosamente. Desde entonces leyó algo de la Biblia todos los días. —Drew —dijo su mujer. muere un millar de personas. Molly.. Parecía el rumor del trigo movido por un viento suave. No es normal. ayúdame. distante.. —murmuró... —¡Siéntate y escucha! —le ordenó. Molly. ¡Pidiéndome que no les mate! —¡Drew! No la oía. se pudre. Y a la mañana siguiente ha rebrotado sin mi ayuda. ¿Sabes lo que hacía aquí? Es el trigo.. dejó el cuchillo y las patatas a un lado.. »Molly. un poco cada día. —Corté un tallo de trigo y la maté. encontró una carta para ellos en la oficina de correos. —¡Drew! —Su voz fue como un latigazo en su rostro. sin expresión. de pronto nos viene esta suerte y no puedes o no sabes soportarla.. Diciéndome que pare. Los niños reían a la sombra de la gran encina.. —Oigo voces. Fue a buscar la Biblia al cuarto de estar. Nos vamos a California. alzando la vista de vez en cuando para ver los cambios en el rostro de Drew.

lo tuvo allí sin ruido. secreto. «¡El que me empuña. el mismo viento. Al tocarlos. Tenían derecho a comer y vivir decentemente. Se dio cuenta en un arranque de fuerza y de horror. Y de pronto. haciéndole brillar uno de sus ojos azules. Arriba. Recogió la guadaña. torcido y poderoso. ¡Arriba! «¡El que me empuña!» ¡Abajo! «¡Empuña el mundo!» No tenía más remedio que aceptar el trabajo con cierta filosofía. Otra pasada de la guadaña y los segaba a todos. Obsesionado con la idea de ser el que empuñaba la guadaña. —¿Cuánto tiempo hace que ocurre esto? ¿Nadie está enterado de este campo y de su utilización excepto el hombre de la guadaña. La voz de Drew reflejaba espanto. crecido. El valle parecía antiguo.. El mismo cielo. Si lo planeaba cuidadosamente —miró el trigo¾ él. abajo. ¿no es verdad? Y me cediste la tierra. Era simplemente el medio de tener casa y alimentos para su familia. A la mañana siguiente se dirigió a la tumba del viejo. antes que él mirara. y cuando yo muera. —Trabajaste en el campo toda tu vida porque tenías que hacerlo. empuña el mundo!» —Nos quedamos. nunca más! Por las ventanas se veía el cielo azul. El mismo brote. brillando. empuñando una tosca guadaña de madera. el mismo trigo. Había un solo brote de trigo. Cuatro o cinco gotas de agua colgaban y caían. apartando la mirada. quizás. te vestiste para la tumba.—Nos quedaremos aquí. que el viejo había sostenido en las manos varias semanas atrás. El sol. pensó. Supiste que era tu vida. nunca lo cortaría. seco. Cuando descubriera el lugar donde crecía el trigo que era Molly y Susie y el pequeño Drew. —De acuerdo —dijo—. Las palabras grabadas en el metal aparecieron deslumbrantes. delante de él. en el centro. Precisamente él.. —¡Nos quedamos! —dijo Molly. Susie. el campo ya estaba ahí. tu corazón falló y falleciste. brillaron. inclinado. Habló con el viejo sin obtener respuestas. Tenía una expresión resignada y cansada. después de todos esos años. Arriba. fresco. Era seguro. Arriba y abajo. Así fue como ocurrió. Cuando los indios bailaban en el prado. Movió la cabeza. . y trabajando con torpeza a través del trigo viviente. se arrodilló y miró los pocos granos de trigo. Cada grano era una vida que cortaba limpiamente por la mitad. y un día te encontraste con tu propia vida creciendo allí. ¡No quiero que mis hijos vuelvan a pasar hambre. Temblando. Y viniste a casa. donde es seguro que comeremos. Drew.? De repente se sintió muy viejo. como un aviso. Drew volvió al trabajo. abrumado. La segaste. Molly y los niños podían vivir eternamente. imagino que deberé cederla a otro.. daba en mitad de la cara tranquila de Molly.. Allí mismo. dormiremos y tendremos una vida larga y llevadera. abajo.lentamente del grifo de la cocina. momificado. Molly. ¿Y antes de los indios? Algún Cro-Magnon musculoso y despeinado. Nos quedaremos.

Por la noche fumó su pipa en el porche y contó cuentos a los niños para oírles reír. Recorrió el lugar donde las vidas de su mujer y de sus hijos crecían al sol. ¡Y basta! exclamó. Nada. y utilizó su guadaña al otro extremo del campo.. También eso era raro. esforzándose por no mirar. A Molly le pareció muy raro que llegara a casa tan pronto y que la besara en la mejilla. A la hora de la cena. es que el trigo sigue pudriéndose cuando cae? Asintió. se acostó temprano y se sumió en un sueño profundo.. No podía dormir. Leyó sus nombres en el trigo cortado y no pudo seguir. como si ya no fueran sus hijos. pero se quedó un buen rato contemplándolo. sin ninguna razón.—Hoy has terminado pronto. medio despierto. pero allí estaba. Ciertas partes necesitaban ser cortadas ahora. ¿Qué ocurriría en el mundo si no volvía a ir más al campo? ¿Qué pasaría con la gente a punto de morir y que esperaba la llegada de la guadaña? Esperaría y vería. Oía el viento en el trigo. tragando saliva en silencio. Drew no pudo terminar de comer. Drew Erickson permaneció sentado. Metió la guadaña en la bodega y guardó la llave. extraños. A media noche se encontró caminando en el campo. Necesitaba que lo segaran. Caminando como un loco. con la guadaña en las manos. no sabrían dónde segar y dónde no. No recordaba haber abierto la puerta de la bodega ni sacado la guadaña. estuvo haciendo cosas por la casa con poco ánimo. Molly comentó:. —Eso es precisamente lo que hace falta —asintió Molly—. caminando asustado. y se sirvió más carne. Al cabo de una hora sabía que había traído la muerte a tres de sus antiguos y queridos amigos de Missouri. Molly se quejó de dolor de cabeza. —Tengo que quedarme aquí toda mi vida.. —Era sólo una sugerencia. recogió la guadaña y se apartó del trigo. Molly siempre se quedaba hasta muy tarde y siempre llena de vida. —¿Qué quieres decir? —Nada —respondió. caminando entre el grano a la luz de la luna. De pronto soltó el tenedor y dijo: —¡Quién sabe lo que querría hacer esa gente del gobierno! Incluso podrían.. Pero ya no le gustaba su trabajo. cansados. El campo de trigo ondulaba bajo la luz de la luna. Había acabado con la siega de una vez por todas. Ella sugirió: —Deberías escribir a los de Agricultura y decirles que vengan a verlo. —Se le dilataron los ojos—. Pero no rieron mucho. sin dejar de masticar—. Y empezar de nuevo. —No.. donde sabía que no podía cometer ningún error.¿Y si los hubiera cortado sin darse cuenta? Se puso en pie. Molly respiraba dulcemente cuando él fue a apagar la lámpara de petróleo y se metió en la cama. ¿Es. y salió dando un portazo. ni voy a entregar este campo a ningún forastero para que lo are. Podrían segar en la parte que no conviene. olvídalo. No puedo dejar que vengan y me echen a perder el trigo. con semilla nueva. y parecía un mar. Parecían retraídos. Protestó: —No voy a escribir a ningún gobierno. sentía deseos de emprender el trabajo con sus manos y sus dedos. . incluso podrían querer arar todo el campo..

¡La casa! Con un grito. cubriendo los suelos de yeso fundido y listones chamuscados. El interminable y silencioso sueño sin luna. los armarios. Un resplandor rojo se reflejaba en su cuello sudoroso.. con su piel intacta. vino con ellas. —¡Molly! ¡Susie! El fuego iba asentándose satisfecho. Sin tener en cuenta el calor que salía de las ruinas..Entre estos granos había muchos que eran viejos. Drew se detuvo. Un olor espeso. Drew corrió alrededor de la casa una docena de veces. se liberó. ni una cerradura ni un umbral que no estuviera envuelto en llamas. con su pecho subiendo y bajando. Estaba como un forastero en una tierra nueva y diferente. enroscándose en pequeños rizos. Ahí el salón y al otro lado la alcoba donde. encogiéndose. Cuando llegó al pie de la colina no quedaba ya ni un madero. y no quedaba nada salvo rescoldos y ceniza. estaban cansados y tenían grandes deseos de dormir. mirando la gran hoguera. Sillas quemadas. después que los techos le habían caído encima y las . Algo se elevó por encima de la colina hacia el cielo. después que las paredes se habían desplomado rugiendo. le obligaba a caminar. se detuvo en medio y cayó de rodillas. lamiendo las estrellas.. con sus encinas.. brillando. la cocina de hierro. incrédulo. completamente solo. se retorcía rugiendo en el estallido de fuego. —¡Molly! ¡Susie! ¡Drew! —gritó desde el patio. No obtuvo respuesta. Allí estuvo hasta que las llamas murieron.La guadaña le aprisionaba. ¡No me pidas esto! Las estrellas siguieron sentadas en el cielo. el olor caliente.. como si estallara. el vestíbulo. buscando el modo de entrar. Entre las ruinas de su dormitorio humeante yacía sobre un lecho de pavesas. el humo dejó de subir y llegó despacio el nuevo día. La echó al suelo. Dormía entre vigas caídas y trozos retorcidos de alambre y metal. se agarraba a sus palmas. Aquí. como si se derrumbara. Su rostro tranquilo reposaba con un listón ardiendo sobre una mejilla. Drew se metió dentro. Aquí. El calor se arrastró colina arriba y él se encontró en medio.. Donde Molly seguía viva. Luego se sentó donde el fuego iba asando su cuerpo y esperó a que todas las paredes se desplomaran. La pequeña casa blanca. a fuego. Nadie salía corriendo. Entró corriendo hasta que sus cejas se quemaron y su piel se arrugó como papel ardiendo. Sobre su cara cayeron unas pavesas. Cayó dando tumbos y lo dejó pasar sobre su cabeza. desesperadamente. Si trabajo con la guadaña mataré a Molly y a los niños. debatiéndose. con brazos de color rojo. Dormía como si nada hubiera ocurrido. Hacía un ruido crujiente. Detrás de él oyó un ruido sordo. salió corriendo entre el trigo. Sus manos pequeñas y blancas estaban a sus costados cubiertos de pavesas. Era aún muy oscuro para poder ver mucho. la mesa... se levantó pesadamente. respirando. ni gritando. Era como una cosa viva. Nadie gritaba dentro. —¡Molly! Viva y durmiendo después del fuego. —No quiero matar a nadie más —gimió—. como un golpe. y un hedor ácido.. era la cocina. hasta que los últimos techos se combaran. Sin saber cómo.

delirando. No podían vivir. fuegos. Y por todo el mundo millares como ellos. ¡Una.. Está bien. Sabía por qué habían dormido durante el incendio y continuaban durmiendo ahora. ni la lastimaba en modo alguno. Sacudió a los niños como si fueran los culpables. Su pelo oscuro se apoyaba en un montón de brasas al rojo. despierten! Su madre está. Molly. víctimas de accidentes. Ni se movió. Sus zapatos desprendían humo después de haberse abierto paso entre montones de restos ardientes. sin querer volver a reír. Simplemente. —¡Molly! Se inclinó sobre ella. 30 de mayo de 1938. Alguien gritó. . sollozando desesperadamente. medio sonrientes. Pero como si nada. Se volvió con una ira latente. ¡Drew! —y volvió a manejar la guadaña. pero se habían prolongado simplemente porque él se negó a segar el trigo. sorprendidos a mitad de camino. luego a correr a largas zancadas hasta el centro del campo. con su rostro surcado de arrugas. No se despidió de su familia. Así era como debió haber sido. sin importarle. El poder de la guadaña y del trigo. Pero como él no había utilizado la guadaña. muerta no. y levantó la guadaña y la bajó. se dijo. Sus vidas debían haber terminado ayer. sintiendo el ansia en sus brazos a medida que el trigo azotaba sus piernas. ni le oyó ni dijo nada. y otra.. No estaba viva.llamas se habían alzado a su alrededor. y en el trigo maduro. Una casa había ardido y se les había caído encima y todavía estaban vivos. Los niños también estaban bien. despierten! Respiraban pero no se movieron. Volvió a dejarlos en el suelo y se quedó de pie. maldiciendo una y otra vez. estaban sumidos en sus sueños. Y todo porque un hombre tenía miedo de cosechar el grano maduro. No se volvió a mirar la casa destruida por el fuego. de derecha a izquierda. —¡Susie! —exclamó después—. Encontró la guadaña. ¿Muerta? No. de izquierda a derecha. como Molly y los niños. ni muertos ni vivos. Todo porque un hombre pensaba que podía dejar de trabajar con la guadaña y que nunca volvería a trabajar con ella. esperando. mirándolos. Debían haber muerto en el fuego. Pero.. sin seleccionar. Detrás de una cortina de humo descubrió dos pequeñas figuras acurrucadas sobre el rescoldo. Y entonces. despierta! ¡Niños. Llevó a los tres al borde del campo de trigo. —¡Molly. Sabía por qué Molly yacía allí. pero no quemado. Si se le hubieran quemado los pies y se les hubieran separado de los tobillos. nada podía herirles. Pequeños suspiros temblaron en sus labios entreabiertos. rodeada de fuego que no la tocaba.. enfermedades. Le tocó la mejilla y estaba fresca. No estaba muerta. avanzó de nuevo por el trigo y segó de derecha a izquierda.. Sólo yacía allí. Caminó rápidamente y después comenzó a trotar.. Está bien. Su camisón de. y siguieron durmiendo. —¡Niños. esperaban. dormidos. —¡Molly! —gritó. Volveré a usarla. suicidios. Lo cruzó gritando y de pronto se paró. y otra vez! Fue dejando enormes cicatrices en el trigo verde. contenida.. durmiendo. fresca en medio del infierno. no se habría dado cuenta. niños.algodón estaba manchado de cenizas.

en los interminables campos de trigo. he dejado el cuento tal cual era. cortando con la furia y la rabia de un hombre que había perdido tanto. segando. incluso después de tantos años. La hoja siguió segando enloquecida.. El grano lloraba como una lluvia verde. sin parar nunca. Moscú y Tokio. A pocas millas de la carretera principal. .. la primera historia que por fin me reportó un dinero. el resultado final sería una historia completamente distinta. un coche viejo se sale de la carretera. cayendo. como una fiera. hay una escena en la que un campesino que vive en el quinto pino se golpea una mano con una herramienta mientras repara su auto. Hiroshima. demasiado ocupado segando el trigo verde en lugar del maduro. por un camino de tierra que no conduce a ninguna parte. el editor de Weird Tales. a través de los cielos continentales de Siberia. Griner se mira la mano ensangrentada y luego murmura: «Naá. uno que trabaja como un loco. Salvo por dos o tres palabras cambiadas y por el agregado de un párrafo interrumpido (que probablemente fuera un error tipográfico en primer lugar). Darrell Schweitzer. sólo a unas pocas millas de la carretera abarrotada de tráfico en dirección a California. Asia se estremeció. quienes andan buscando a un par de tipos que les conduzcan sus coches río abajo. le pregunta a este colega. se detiene humeante delante de la ruina quemada de una casa blanca al final del camino de tierra. la India temblaron. segando. ¡Abajo! Las bombas destruyeron Londres. tras todos aquellos años. no es tan malo como pensaba». chocando. El Piso de Cristal Stephen King INTRODUCCIÓN En la novela Deliverance de James Dickey. Y los hornos de Belsen y de Buchenwald ardieron. Y los hongos vomitaron soles cegadores en White Sands. a la luz de un sol ciego y una mirada de fuego en sus ojos que nunca duermen. África despertó en la noche. Si empezaba a hacer cambios. Uno de los hombres de la ciudad. Bikini y más arriba. segando.. si se lastimó mucho. me ofreció introducir algunos cambios si lo deseaba. Corea. de día y de noche. para pedir información al granjero que ven más allá. Pero no consiguen ayuda ni respuesta. Indochina.jurando. que ya no le importaba lo que le estaba haciendo al mundo. La hoja iba despidiendo sangre roja. De esa manera me sentí luego de releer El Piso de Cristal.Y la guadaña siguió segando. Muy de vez en cuando.. tanto. Egipto.. pero decidí que seguramente no sería una buena idea. riendo. Y Drew Erickson sigue con su guadaña. con la hoja reluciendo a la luz del sol y cayendo bajo el sol con un zumbido cantarín. El granjero está demasiado ocupado en el campo. de nombre Griner. a lo largo de muchos años.

El mensaje es muy simple: puedes aprender. en el verano de 1967. Lowndes. cuando me encontraba a unos dos meses de mi vigésimo cumpleaños. se terminópublicando en The Magazine of Fantasy and Science Fiction bajo el título de La Noche del Tigre). Recuerdo el momento en que se me ocurrió la idea para el relato. Y si la mantienes encendida puede llegar a convertirse en un fuego grande y resplandeciente. se publicará este otoño como parte de una colección de novelas cortas llamada Cuatro Después de la Medianoche. pero me lo aceptó luego de tanto ofrecérselo. puedes mejorar. Y al menos se advierte una señal del esfuerzo por crear personajes que sean algo más que figuras de papel pintado. ¡por fin alguien me había pagado un dinero real por algo que había sacado de mi cabeza! Las primeras páginas del relato son torpes y están mal escritas —se nota que son el producto de la mente de un narrador de historias que aún está por desarrollarse—. y puedes publicar. Y además puedo notar un curioso eco de El Piso de Cristal en un muy reciente trabajo titulado El Policía de la Biblioteca. coleccionando cartas de rechazo de revistas tales como F&SF. se produce una genuina sensación de terror cuando el señor Wharton descubre que lo están esperando en la Habitación Oriental. pero ninguno me produjo una mayor satisfacción. Aquel primer cheque fue por treinta y cinco dólares. He cobrado algunos más abultados desde entonces. que es la abuelita de todas ellas. pero no son ni «el muchacho bueno» ni «el muchacho malo». destellando débilmente en la oscuridad. Fue fascinante descubrir que la misma imagen me estuvo rondando durante todo este tiempo. una novela corta. . Claro que no lo hice tan bien como lo hubiera deseado. intentando ser publicados. W. y pienso que si lo lees. como así también una recopilación inmensamente más popular llamada Sexology. El auténtico villano se encuentra tras esa puerta enyesada. Durante casi dos años había estado intentando venderle una historia a Robert A. sin aviso de trompetas. Si esa pequeña chispa está allí. Pero principalmente estoy permitiendo que la historia sea reeditada para enviarles un mensaje a los jóvenes escritores que ahora mismo están allí afuera. por supuesto. Supongo que ésa es al menos parte de la razón por la que acepté que este poco notable trabajo fuera reimpreso luego de tantos años. La imagen fue tan intrigante que escribir la historia se convirtió en una necesidad. Midnight Graffiti y. No fue escrita por dinero: fue escrita para que yo pudiera averiguarlo. Iba caminando por un sendero embarrado para ver a un amigo y por ningún motivo en especial comencé a preguntarme cómo sería estar de pie en un cuarto con el suelo de espejo. quien editaba dos revistas de horror y fantasía para Health Knowledge (The Magazine of Horror y Startling Mystery Stories). y comenzó con este cuento. pero la última parte es mejor de lo que recordaba. si la memoria no me falla. Éste último. apenas mejor que El Piso de Cristal. Wharton y Reynard son antagonistas. Weird Tales.El Piso de Cristal fue escrito. Me pasó a mí. tarde o temprano. apareció como suelen hacerlo las ideas: de casualidad. llegarás a entender lo que quiero decir. Ya me había rechazado varios relatos amablemente (uno de ellos. es muy probable que alguien la advierta.

dejando la puerta entreabierta. sombrero en mano. y algo de experiencia. Entonces llegó al porche y todo el conjunto de la casa desapareció de su vista. repleto de gabletes y cúpulas festoneadas con ventanas vacías. no es tan malo como pensaba. corrupto y sobredimensionado.todavía hay una diferencia entre lo que espero llevar a cabo y lo que realmente soy capaz de hacer. Una veleta de latón se inclinaba a unos ochenta grados por sobre un tembloroso tejado cubierto de ripio. Era vieja. Soy Charles Wharton. lo dejé atrás con dos cosas valiosas: una historia vendible tras cinco años de cartas de rechazo. No se trata de una casa. De modo que aquí está y. pensó. y la floja inclinación de su boca le empezó a trabajar sobre las encías desnudas—. Casi hasta imaginó que podía oler cómo el dulzón olor de la decadencia emanaba del vestido de arrugada seda negra que ella llevaba. —He venido a ver a Anthony Reynard —dijo Wharton. —Oh. —El señor Reynard no está para nadie. —¿Sí. con la empañada efigie de un chiquillo que lo vigilaba apantallándose los ojos con una mano. El hermano de Janine. —La mujer desapareció. a unos divanes cola de caballo tapizados. un enorme y gigantesco mausoleo. como dice aquel colega Griner en la novela de Dickens. otoño de 1990 Wharton subió los amplios escalones con lentitud. horrorosamente vieja. Wharton se alegró de no alcanzar a distinguirlos. escuchándola repetirse huecamente entre los oscuros recovecos internos de la casa. y Wharton apenas pudo reconocer el año 1770 biselado en el vidrio. Stephen King Estraído de Weird Tales. La cara le colgaba desde el cráneo como una masa fláccida. y la mano que apoyaba sobre la cadena de la puerta estaba grotescamente deformada por la artritis. reflexionó. sino de un mausoleo. Una tumba estaría bien. Está de duelo. en lo absoluto. Wharton espió las oscuras sombras caoba que le deban forma a unas sillas comunes de respaldo alto. a altos y . estirando el cuello para poder abarcar mejor la monstruosidad victoriana en la que había muerto su hermana. señor? —El ama de llaves lo miró con fijeza. —Él me atenderá —aseguró Wharton—. Había una ventanilla matizada de rosa sobre la puerta. No obstante. Parecía crecer en la cima de la colina como un hongo venenoso. —Sus ojos se ensancharon un poco. Tocó la anticuada campanilla. La puerta se entreabrió de repente. Un minuto.

Reynard apagó el fósforo y lo tiró en el hogar. —Sí. Janine.angostos estantes de biblioteca. —Adelante. con la cabeza proyectada hacia adelante. . y a paneles de madera esculpidos con motivos floridos. pero cerró la boca con un brusco chasquido. encerrando a Wharton en la decadente oscuridad de la casa—. señor Wharton. Bajo las cuencas de los ojos tenía unos anillos azules que parecían contusiones. Wharton se hundió profundamente en ella. Aterrizó sobre una de las carboneras de hierro. —Así es. Pareció querer agregar algo más. como si hubiera perdido mucho peso. —¿Quiere tomar asiento? Estoy seguro de que tendrá algunas preguntas. Janine. Lo siento. pensó él. Le ofreció uno a Wharton sin decir una palabra. Wharton se introdujo en la vaga semioscuridad de la casa. Lo condujo hasta el fondo de la sala y le señaló una silla. Anthony Reynard extendió una mano y desenganchó la cadena de la puerta. estudiando con curiosidad al hombre que se había casado con su hermana. una gárgola cincelada que observó a Wharton con mirada de sapo. poniéndose a buscar los cigarrillos. —Hizo un gesto vago—. de ojos abatidos y profundamente hundidos. que pareció engullirlo en lugar de sostenerlo. —Por alguna razón lo dijo de una manera mucho más lacónica de lo que hubiera preferido. Quise muchísimo a su hermana. señor Wharton —dijo lentamente. Mi más sincero pésame. Reynard suspiró y asintió con lentitud. Janine. El traje que llevaba se veía arrugado y le colgaba flojo. Resultó obvio que cuando volvió a hablar se estaba callando lo que fuera que estuvo a punto de decir. pensó Wharton. —¿Mi hermana ya recibió sepultura? —preguntó Wharton. Janine. Reynard se sentó junto a la chimenea. Parece cansado. Aguardó hasta que Reynard encendiera su cigarrillo y luego le preguntó: —¿Cómo falleció? Su carta no explicaba gran cosa. Viejo y cansado. ¿Cómo pudiste vivir aquí? ¿Cómo rayos pudiste resistirlo? Una alta figura de hombros vencidos se materializó de repente desde la oscuridad. —Cerró la puerta con lentitud. y éste negó con la cabeza.

Wharton también se levantó. fumado a medias.. Estaba limpiando uno de los cuartos que se encuentran del lado de los aleros.. alegre. Maldita cosa. —Cuando tragó le sonó un chasquido en la garganta. —Usted no comprende. Wharton sintió que su mirada era atraída inexorablemente por la carbonera. —Si se trata simplemente de algunas tablas sobre la puerta. Tendría que haberse hecho mucho tiempo atrás. alzándose sobre él. y ella creía que lo mejor sería desempolvarlos bien antes de comenzar a hacerlo. —¿Murió. —Temo que sí —contradijo Wharton con frialdad—. La habitación se ha entablado por completo. La habitación ha sido clausurada. Teníamos pensado pintar. La boca se le torcía hacia arriba en una mueca rara. Reynard apagó su cigarrillo. ella era mi. —No es por eso —lo interrumpió Reynard—. Wharton dejó de mirarla con cierto esfuerzo. hacia algún chiste privado. Reynard se puso de pie de repente. Se resbaló. Estaba usando la escalera de mano.. —Imposible.. ¿por qué diablos se estaría riendo tanto? —Eso no me importa. Necesito ver ese cuarto. —No puede hacerlo. Yo me desesperé. —Inclinó la cabeza y se puso una mano sobre la frente—. —¿Qué está usted insinuando? . Se rompió el cuello. en seguida? —Sí. La gárgola lo miraba de soslayo. y sus ojos parecían volverse hacia adentro. —Estoy empezando a preguntarme si no tendrá algo escondido allí dentro —dijo tranquilamente. Después de todo. —Quiero ver donde ocurrió.—Se cayó —contó—. Desde el exterior no se advierte otra cosa que la pared.. con la cabeza cenicienta.. acurrucada y encogida.

¿Tal vez el señor Wharton. —No puedo. Deseosa de pintarlo. Apareció la vieja ama de llaves. Ella estaba limpiando. —Vé al grano. —¿Señor? —El señor Wharton parece tener algunas preguntas sobre la muerte de su hermana. Quizás piquemos algo después. Louise.? Wharton negó con la cabeza. eso es.. señor —sus ojos relucieron con vivacidad—.. señor Wharton. aquí presente.. —Como usted diga. Por favor déjeme solo. —Déjeme solo —masculló él—..Wharton agitó la cabeza un poco aturdido. con calma—.. señor? —Venga un segundo.. Limpiando la Habitación Oriental. ¿Por qué él no estaba muy interesado? . no estaba muy interesado porque. ¿Qué estaba insinuando? ¿Que quizás Anthony Reynard había asesinado a su hermana en esta cripta de la Guerra de la Revolución? ¿Que aquí podría llegar a haber algo más siniestro que rincones tenebrosos y horrendas carboneras de hierro? —No sé qué es lo que estoy insinuando —respondió. —Gracias. sólo que tuvieron que enterrar a Janine con una prisa del demonio. para luego desaparecer. pasándose una floja lengua por los labios durante un momento. —Ella se volvió para irse. —¿Louise? —¿Sí. —La cena está lista. pero no tengo hambre. Louise ingresó lentamente en el cuarto. Supongo que el señor Reynard. dejándole tan sólo desesperación y un sordo dolor. con el rostro precipitándose desde la oscura caverna del vestíbulo. ¿Podría usted contarle todo lo que sepa al respecto? —Sí. señor Reynard. Tengo que saber. señor. —Muy bien. entonces. estaba. Louise —dijo Reynard con impaciencia. Durante un momento la cólera ardió luminosamente pero luego se extinguió. —No —saltó Wharton—. y que en este momento usted está actuando de manera algo extraña.

a la Habitación Oriental. El piso es de cristal.Louise miró dudosamente de uno a otro. Louise se encaminó al vestíbulo y las sombras se la tragaron. —Prosigue —le pidió Reynard. —Bien —dijo Wharton en voz baja—. con la voz pesada. —Renuente. resignado—. —Sí. Todo este asunto me resulta gracioso.. —¡Le estoy diciendo que ésa no fue la razón! —gritó Reynard de repente—. apreció el ávido fruncimiento de la floja carne de su boca cuando la mujer se dispuso a relatar la preciosa historia—. Se derrumbó de golpe sobre su silla y miró sin ver hacia la penumbra del techo abovedado—. Todo el piso es un espejo. .. —Maldito idiota—susurró Wharton—. Maldito asesino idiota. —Sí. Es un espejo. —Dígale que se marche —solicitó. Wharton se volvió hacia Reynard. —Sí —convino Reynard—. —¿Y qué hay que saber de allí? —le preguntó Wharton. tenso.—De nuevo advirtió cómo ella se relamía. —¿Está queriendo decirme que la dejó subirse a una escalera de mano en un cuarto con suelo de vidrio? —La escalera tenía asideros de goma —comenzó Reynard—.. ¡Yo amaba a su hermana! ¡Nadie siente más que yo el hecho de que haya muerto! ¡Pero se lo advertí! ¡Dios sabe que le advertí lo referente a aquel piso! Wharton era oscuramente consciente de que Louise los observaba de manera ávida. Pero ésa no fue. señor. Váyase a cuidar la cena. Al señor Reynard no le gusta que nadie entre en la Habitación Oriental. ¿No se llevó a cabo ni siquiera una pesquisa? —No —respondió Reynard. señor. —¿Peligrosa? —Por el piso —aclaró ella—. La gente de por aquí conoce todo lo referente a la.. recolectando chismes como una ardilla junta las nueces. Si no lo averigua aquí lo hará en el pueblo. Me parece que tiene ciertas explicaciones que hacer. sientiendo que la sangre le subía al rostro. Reynard. Siempre dijo que era peligrosa.

hacia la vacía pared de yeso del extremo del corredor. Por primera vez Reynard lo estaba mirando directamente a los ojos. Y una voz sonó dentro de él: Márchate de aquí. Márchate de aquí.. Su hermana está más allá del cuidado y más allá de la venganza. —Algo en la callada desesperación de sus palabras hizo que Wharton alzara la vista. Su mirada saltó de la sonriente gárgola de la chimenea hasta el busto polvoriento y de mirada vacía de Cicero en el rincón. —Márchese de aquí —repitió—. —¡Al diablo con su palabra! —lo interrumpió Wharton de golpe—.—La Habitación Oriental trae mala suerte —explicó Reynard—.. —Yo. ¡No quiero verlo morir! —la voz se le elevó en un lamento —. inmóviles en las tinieblas crepusculares. y la voz volvió a hablar. Un millar de ojos con vida pero insensibles parecieron mirarlo desde las sombras.. ahora mismo voy a hablar con el alguacil. Cada palabra que sale de su boca me obliga más y más a inspeccionar aquel cuarto. Le doy mi palabra. Algunas personas incluso hasta asegurarían que está maldita. —Nada. —Escúcheme —soltó Wharton de mal genio. Reynard lo condujo por el vestíbulo. Reynard. Sólo que esta vez fue Reynard quien lo dijo. Es allí. y luego se desplazó a los extraños paneles tallados de las paredes. y márchese. y eran unos ojos espantados. —¿Qué? —preguntó Reynard. Venga. —Muy bien. Ahora bien. Acepte mi palabra de que su hermana murió de manera natural.. iré con el comisionado del condado.. ¡No quise ver morir a nadie más! Wharton sintió que un breve escalofrío lo recorría. No parecía haber luz eléctrica allí... a través del comedor vacío con el candelabro que recogía y reflejaba la última luz del día. pensó Wharton. Se detuvieron al final del pasillo. —Las palabras fueron como el lejano doblar de la campana de un cementerio—. —empezó a decir sin quererlo. Y si el alguacil no me ayuda.? —Por favor. Wharton pudo ver sobre el suelo la espátula . Y si el comisionado del condado no me ayuda. Por favor. no voy a cambiar de idea. más allá de la cocina. señor Wharton. y de repente se produjo un raro deslizamiento en el pozo que era su estómago.. y pasando la despensa. sintiendo que el dolor le aumentaba como vapor en una tetera—... con la esperanza brillándole en la mirada. macilentos—. ¿va a admitirlo o tendré que bajar hasta ese pueblo y. Reynard.

y finalmente se partió. Wharton. Wharton fijó la vista en un charco de mercurio que destellaba débilmente. —Haga lo que tenga que hacer.. escarbando en el suave y reciente yeso. flexible. y un fragmento extraviado de El Gato Negro de Poe le resonó en la mente: Yo había cercado al monstruo dentro de la tumba. No pienso formar parte de esto. todos ellos pareciendo inclinarse encima suyo en el mismísimo umbral del desequilibrio. Advirtió que la habitación era alta. cómo pudo caerse Janine? . Se acercó a la escalera y examinó las patas. paselo que pase.para revocar. todavía húmeda. desplazó la mirada por los alrededores del cuarto. hasta que la espátula raspó contra la puerta de la Habitación Oriental. que utilizara Reynard para tapiar la puerta. el de la marchita criada. Con la mano abriéndose y cerrándose sobre el mango de la espátula y cierta aprensión. Su propio reflejo colgaba suspendido debajo de él. internándose en las brillantes profundidades del espejo. Márchate de aquí. unido sólo de los pies. Pero. Pero el suelo era sólido. Con una súbita y áspera maldición atacó la pared. ¿y si la escalera no había resbalado. con todo el aspecto de sostenerse de cabeza en aquel aire tenue. el de la gárgola de la carbonera. La puerta giró pesadamente hasta quedar abierta. con el yeso desparramándose como una piel muerta. Me lavo las manos de lo que pueda suceder. Le agregaban un efecto distorsionante al extraño cuarto.. Lentamente. Estaba rodeado de estantes de libros vacíos. esperando a medias hundirse en un fluido cálido. todos parecieron mezclarse y fundirse ante él. el del chiquillo de la veleta. Lo suficientemente alta como para caerse y —compuso una mueca—matarse. como de cuento de hadas. Reynard le entregó la espátula ciegamente. y parecía bastante sólida.. Parecía brillar con una luz propia en aquella etérea oscuridad. Todos los rostros. El yeso se resquebrajó. Escarbó más allá del yeso hasta que pudo alcanzar el tirador de la puerta. La escalera de mano todavía estaba allí. Wharton contempló cómo el otro se alejaba por el pasillo. Lo accionó y luego tiró de él hasta que las venas se le destacaron sobre las sienes.. Hizo que se mareara por el simple hecho de mirarlo. todos sonriendo por algo que él no lograba entender. Tenían una base de goma. se agrietó. tal como Reynard había dicho. Wharton entró en el cuarto.

con la nausea formando ya una gris lesión gris en su corazón. —Voy a necesitar el yeso —dijo en voz baja.Traiga el palo. La puerta. se corrigió. ¿dónde estaba la puerta? De repente deseó estar afuera.. pero no lo logró. con mirada lúgubre. un pequeño charco de sangre se extendía sobre el suelo y en el . —Louise —graznó alrededor de la seca pelota de vómito que se le formó en la garganta—. mirando los gemelos siameses que se observaban uno al otro en el medio de aquella habitación de dos techos y sin ningún piso. como lo había supuesto... dentro del espejo. Solamente sería el suelo si estuviera de pie sobre mi cabeza..De algún modo se encontró otra vez mirando fijamente a través del suelo. y no por primera vez.. sostenido tan sólo por la estúpida idea de que estaba parado en el piso. y aquel otro no era más que un inofensivo reflejo del techo. cuando pudo alcanzarlo. Intentó mirar más allá de las plateadas profundidades del espejo. Louise surgió de la oscuridad y le alcanzó a Reynard un palo con el extremo en forma de gancho. Wharton se dio vuelta torpemente. si de verdad había un espejo allí. Estudió la cara retorcida y suavemente le cerró los ojos de mirada fija. No. señor. —Sí.. se gritó de repente a sí mismo. Lo arrastró despacio hacia la puerta y. tiró de él. No se encontraba del todo parado sobre el piso.. No a través del suelo. Se preguntó. mi otro yo es el que está parado sobre su cabeza. A través del espejo. a medio camino entre el suelo y el techo idéntico. abriéndose allí abajo. —¡Reynard! —gritó—. Eso era tonto. cualquiera podría verlo. Él lo deslizó a través del estanque de plata brillante y atrapó el cuerpo que yacía sobre el cristal. ¡Despabílate!. y Reynard miró hacia el cuarto. había vuelto a suceder. ¡Me estoy cayendo! Reynard llegó corriendo. pero allí sólo estaban los estantes locamente inclinados y la escalera que se proyectaba y el horrible abismo bajo sus pies. Se detuvo frente al umbral de la puerta. Ella se volvió para irse. y una nausea súbita le subió por la garganta. Se equilibraba en el tenue aire. Estaba parado en el piso. porque allí estaba el suelo.. En la habitación. Comenzó a sentir vértigo. Era una realidad. y no lo estoy.

Su expresión era tranquila. Luchó con ella. no! . Se oyó un agudo chirrido cuando la hoja del machete rasgó la grosera lona de la hamaca. LA CURA Autor: Robert Bloch The cure Sería después de medianoche cuando Jeff se despertó. Era un hombrecillo de cara morena y largo flequillo que bien hubiera podido pasar por un muñeco de madera. -¿Sí. La hoja se hundió en el tobillo de Jeff. que dio un grito. sonriendo. Jeff se levantó ahogando un grito de dolor y encendió la lámpara. Entonces el cuchillo se abatió sobre él. sangre que colgaría allí sin ninguna prisa. Jeff vio brillar el acero a la luz de la luna con el tiempo justo para dar media vuelta. La choza estaba a oscuras. se abalanzó sobre Marie y la sujetó por la espalda. -¿Está bien. Una sombra apareció en la puerta oscureciendo la luz de la luna.techo. al lado de la hamaca. Jeff extendió los brazos y ella se adelantó. y en sus ojos bailaban puntitos luminosos. pero por la puerta entraba un rayo de luna. ¡Eso. pareciendo encontrarse en el centro. Sus manos resbalaban sobre aquella piel caliente y sudorosa. Marie lanzó un gruñido sordo y volvió a descargar el machete. de pie. Al dar media vuelta vio a Marie. La llama dorada de su cabello brillaba junto a sus blancos senos. Estaba desnuda. señor? -¡No! -musitó Jeff-. Un muñeco de madera que apoyaba su machete en la garganta de Marie. Luis sujetaba a la desnuda muchacha por los brazos. señor? -Supongo. y de la que uno esperaría que podría quedar goteando por siempre.

Eu sus turbios ojos castaños no había expresión alguna. ¿Qué hacemos ahora? -No sé. -Deja que nosotros nos ocupemos de ello -propuso Mike-. Primero te mataré.. Mike contempló a Marie. No es fiebre. . Habrá que vigilarla -Jeff se volvió hacia Luis-. -¡Eh! ¿qué pasa aquí? Mike penetró en la choza. lo juro! Creías que yo no sabía nada. Pensáis marcharos dejándome aquí para que me muera. Tendremos que llevarla a la choza y atarla al catre. -Échale una mirada -dijo Jeff.Luis se encogió de hombros y dejó caer el machete. Ella tenía los ojos en blanco y echaba espuma por los labios. Pero no lo consentiré. Enferma de la cabeza. pero salieron: -Es Marie. Jeff se encogió de hombros Las palabras salieron con dificultad. pero no soltó a la mujer.. jadeando ligeramente tras la ascensión por la escalera. -Te atacó con un machete. El dinero ha llegado. Los miró fijamente. Fue una suerte que vinieras.. Ella tener mala cara. ¿verdad? Tú y Mike lo tenéis. Está sangrando una atrocidad. Jeff. Está tarumba. -Quizá sea fiebre. El indio asintió.. Enferma de la cabeza. te mataré. -Yo verla salir de choza con machete y seguirla. Si hubiera algún médico por aquí. Se ha creído que tenemos la tela y que pensamos largarnos dejándola aquí. Será mejor que tú te cures ese tobillo. -Me parece que tienes razón -suspiró Mike-. ¿eh? -Sí. ¿verdad? -Sí. Marie empezó a gimotear. -¡Te mataré. pero estoy al corriente.

la botella y se disponía a echar un chorro en la herida cuando volvió Luis. Si estos indios entendieran nuestro idioma estaríamos listos. -Ella lo necesita más que yo. todos vamos a acabar sonados. -¿Qué es eso? ¿Uno de vuestros mejunjes indios? En los opacos ojos de Luis apareció una sombra de reproche. la oirás gritar desde aquí. En aquel pantano de la jungla hasta un arañazo podía resultar peligroso. No me extraña que haya perdido el juicio. Jeff. eres español. Tenemos que llevarla cuanto antes a un médico. Encontró. Quería desinfectar la herida. al encontrarle allí. Como no llegue pronto la tela. Muy bueno. Eres un buen chico. Yo español. Yo no permitir que nadie hacer daño al señor. Hace semanas que lo veo venir. -Jeff se tumbó en la hamaca y Luis le envolvió el tobillo. Mike y Luis sacaron de la choza a Marie y la bajaron por la escalera. un trapo untado. -No sabía lo que se hacía. se acercó al escritorio y empezó a buscar coñac. En la mano traía algo. señor. ¿Cómo está Marie? -Señor Mike atarla fuerte. La compresa abrasaba-. -Pero ella herirte. Debía ser media tarde cuando Mike volvió a subir a la choza. -Está bien. Ahora vete y déjame descansar. ¿no? -Está bien. al fin.Jeff lanzó un gruñido. -¿Tan mal está? -Tan mal. Berreando a pleno pulmón acerca del dinero. Éste no el lugar para una mujer. preguntó: -¿Y Marie? Mike dejó escapar un gruñido. Jeff se despertó y. El indio se deslizó al exterior y Jeff se hundió en un pesado sopor. Luis. . -Yo no ser indio. cojeando. -Hizo una pausa y preguntó-: ¿Por qué no querer matarla? Ella casi matarte. como una compresa. -Yo curar -dijo-. -Si escuchas atentamente. -Jeff lanzó un suspiro-. Está mal de la cabeza. Tú mi jefe.

Con eso bastará. se quedó amodorrado. Hagamos esto. No preocuparte. -Tú descansar -dijo a Jeff gravemente-. Luis no acababa de ver claro. -¿Te fiarías de mí? -¿Por qué no? -sonrió Mike-. hemos de esperar el dinero. Desde allí. Podríamos llevárnosla a Belén Luis y yo. Cuando tú recibas el dinero. ya estará curada. . Yo decir mujeres cuidar y darte de comer. -¿Dejándome a mí solo? -Alguien tiene que quedarse aquí esperando el dinero. Mike le miró unos momentos. -No tienes que viajar -contestó Mike-. -Me gustaría saber cuánto tardará en curar esa herida. Aún nos quedan unos mil. nos dirigiremos a Belén en barco. Es una ciudad bastante grande y habrá psiquiatras. Además. Jeff miró a su socio entornando los ojos. Luis y yo llevaremos a Marie en la piragua hasta Santarem. Mike. Entonces podremos salir a la costa y embarcar en algún buque de carga que nos lleve a Belén.Jeff se sentó. Cuando lleguemos a Belén. pero escuchó muy atentamente las instrucciones que le dio Jeff y prometió volver para informarle tan pronto como fuera posible. Hagámoslo así. El dinero puede tardar todavía un mes. -Ya te he dicho que ahora no puedo viajar. Somos camaradas. Quizá lo mejor sea llevarla ahora. ¿eh? Jeff asintió. Untaré al capitán y nadie se fijará en lo que diga Marie. Cuando los otros se marcharon. Seguramente habrá alguna clínica donde ella pueda quedarse. -¿Quieres decir que necesita un médico de la cabeza? -Eso es -suspiró Jeff. ap1astando un mosquito de un manotazo. No podemos tenerla atada ese tiempo. Y así lo hicieron. Claro que me fío de ti. ¿no? Hicimos el trabajo juntos. -No puedo viajar con esta pierna. buscaré un buen médico de la cabeza y la dejaré en sus manos. ¿Quieres que lo hagamos así? -Bueno -suspiró Jeff-. Marie y Luis partieron a la mañana siguiente. ¿Acaso tú no te has fiado de mí por lo que se refiere a Marie? -Mike se secó el sudor de la frente-.

por Marie. mientras escuchaba el ruido de la lluvia. la jungla. Todo sale bien. Tenía clase. . Ahora es un hombre importante. tenía que serlo. sino una estrella de televisión. tienes la suerte de tropezar con un indio medio tonto llamado Luis. le cambiaban las compresas. Os instala en sendas chozas y todo lo que hay que hacer es esperar a que el correo traiga el dinero. Periódicamente. decides enterrarte en un lugar apartado. a ti y a tus amigos. y esto hace de él tu esclavo. No una desgraciada. En Cuba no. Reconocen los billetes y acaban por dar contigo. en vez de indio. Limpiaban la choza y le abanicaban con hojas durante las horas de calor. Te pasas un año planeando el golpe al coche acorazado. Allí.Fueron transcurriendo los días y Jeff seguía amodorrado. Las regiones pantanosas del interior del Brasil. en la playa. La querías y estabas decidido a conseguirla. No se ensuciaba las manos con pelagatos. por lo que diste el golpe. Te pones en contacto con un individuo llamado González que vive en Cuba. Das el golpe. le caes simpático y él se empeña en convertirse en tu criado porque le has comprado el primer par de zapatos que ha tenido en su vida. Prevés todas las contingencias y hasta encuentras la forma de poder huir con el dinero. Al fin cunsigues hacer una combinación. donde nadie que tenga dincro o sentido común pueda pensar en ir. Entretanto. con la ayuda de Mike. Decides esperar allí a que González te mande la mercancía. echado en la hamaca. pues las cosas podrían torcerse. Pero era real. En realidad. trataba de convencerse de que nada de lo que le estaba sucediendo era real. Tienes preparado un pasaporte falso. en una piragua río arriba hasta su poblado. porque ella quiso venir y en segundo lugar porque tú la querías a ella. Está orgulloso de volver a casa con tres norteamericanos. seguro de que no puede fallar. Hasta aquí. tienes que esconderte. el cual se aviene a cambiar los dólares por pesos si se le cede la tercera parte del botín. fue por ella. Las mujeres del poblado iban a llevarie comida. ni en ninguna ciudad. porque era la mujer más hermosa del mundo. Pero ¿y entonces? Si uno es listo. Pero ¿por qué trajiste a Marie? En primer lugar. cuando llega el momento de deshacerse del botín. aunque sea preciso liquidar a uno de los guardianes que van en el coche. pues la fiebre reapareció. todo resulta sensato. Le tratas como si fuera español. Pero la herida debió infectarse. Después de pensarlo bien. Se necesitaba buen dinero para conseguir sus favores. puede hacer una buena faena sin que le pesquen. pero las complicaciones vienen después. te embarcas en un vapor de carga y llegas a Porto de Moz. Se ofrece para llevaros. Jeff.

Mike y Luis se habían marchado. buscándolos. En América del Sur podría vivir como una reina. por las noches. día tras día. Hacía una semana que apenas podía dormir. Resultaba gracioso que no le guardara rencor por haberle atacado con el machete. no sabe lo que hace. Ojalá hubieran encontrado un buen médico para que ella sanara pronto. y sólo le quedaba una botella de coñac. mientras la lluvia repicaba en el techo de la choza y en tu mismo cráneo hora tras hora. Hasta que. -¡Luis! -gritó-. donde llueve durante todo el día y los mosquitos son un tormento. Aquella espera era horrible. se emborrachó de tal modo que volvió a olvidar que Marie. ¿Dónde estaba el maldito correo? ¿Dónde estaba Luis? ¿Dónde estaba Marie? Por fin cedió la fiebre y Jeff recordó dónde estaba Marie. Luis se esfuerza en ser un buen criado. Si no. Empezó a gatear por la choza. No era de extrañar que Marie perdiera el juicio. de modo que ni siquiera puede uno bañarse. No tenía nada que hacer. Y Jeff estaba seguro de que también él se volvería loco si no llegaba pronto el dinero. Era como los tambores que resonaban en el calvero. No podía resistir más. aunque hable inglés. con la mirada fija en el río. Pues la jungla no es sitio para una mujer. Y te la llevaste porque tenías miedo de dejarla. Cuando uno pierde la razón. Estaba en Belén. los indios hacen sonar tambores y flautas. se tirita de fiebre. él se pasaba el día sentado a la puerta de la choza. Y también pican los peces del río. Luis los habría guardado. Y. noche tras noche. con Mike y Luis. se bebe coñac y se espera. una noche. comprendió que iba a estallar. Puesto que el tobillo estaba ya curado. ¡Pero todo eso fue un disparate! Un enorme disparate. Aquí.Le hablaste de un trabajo y le prometiste el oro y el moro. Aquí se suda. Aquí. donde las chozas están construidas sobre unos postes metidos en viejas latas de petróleo. No encontraba los zapatos. Y pican. al día siguiente emprendería él solo el viaje hacia la costa. Pero las hormigas entran. Semana tras semana esperando que llegara el correo con el dinero. Y la trajiste aquí. de todos modos. El coñac era como el fuego y como la luz de la luna. pero no es más que un indio estúpido. Quizás el coñac le hiciera bien. para impedir que entren las hormigas. ¡Luis! . Se va a la selva con los demás y puede que hasta beba sangre y use flechas envenenadas. No tenía a nadie con quien hablar. En cuanto pudiera salir de la jungla se repondría. Entonces decidió echar mano del coñac. se come carne de cabra. Jeff se emborrachó.

Y, de pronto, apareció Luis. Allí estaba Luis; no tenía que preocuparse. Jeff se puso en pie, bamboleándose, y se quedó mirando al hombrecillo de ojos terrosos. ¡El bueno de Luis! ¡El criado perfecto! Él se ocuparía de todo, ahora que había vuelto... ¡Había vuelto! Jeff se despejó instantáneamente. -¿Qué ha pasado? -murmuró. Luis se encogió de hombros. -Cosas malas, señor. -Marie, ¿le ha ocurrido algo a Marie? -preguntó Jeff agarrándose a la mesa. -Ella estar perfectamente -dijo Luis. Jeff se tranquilizó. -Bien, entonces podré soportarlo. ¿Qué pasó? ¿Acaso González nos traicionó? -No, señor. Señor Mike lo tenía en la piragua. Ellos creían que yo dormir, pero yo vi cómo lo contaba mientras bajábamos por el río. Él decir a tu mujer que el correo llegar antes de salir ellos de aquí. Ahora él huir con ella después de matarme a mí. -Rata asquerosa... -Por favor, señor, no alarmarse. Entonces señor Mike arrastrarse hasta mí con su cuchillo, para matarme. Pero yo estar despierto y esperando con machete preparado. Luchamos. El dinero caer al río. Qué pena, ¿verdad? Pero tu honor estar salvado. Yo matar señor Mike. Jeff rompió a sudar. -Comprendo. El dinero se fue. El traidor de mi socio se fue. ¿Y Marie? -Ella estar bien. Yo hacer lo que tú querías. -¿La llevaste tú solo a Belén? Luis se encogió de hombros. -Por favor, señor, Yo ser un hombre sencillo. No tener educación para ir solo a Belén. Yo atarla y volver río arriba. Llevarla a poblado amigo. Allí encontrar el médico.

-¿En la jungla? Pero... -Mira. -Luis abrió un paquete que sacó de la pechera y un objeto rodó sobre la mesa-. Mejor que en Belén. Un buen trabajo, ¿no? Jeff miró fijamente aquel objeto. Desde luego, era un buen trabajo. La cabeza de Marie no era mayor que una naranja. Las 3.47 de la Madrugada

David Langford David Langford es mejor conocido, en los círculos de ciencia ficción, como editor de una revista: Ansible. Nacido el año 1953 en el sur de Gales, Langford se licenció en Física por el Brasenose College de Oxford, y trabajó como físico, en el Atomic Weapons Research Establishment de Aldermaston, hasta 1980. Desde entonces, y como autor free-lance, ha escrito sobre ciencia ficción, divulgación científica, futurología, microcomputadores, etc. Entre su variada obra destaca: War in 2080: A Book of Definitive Mistakes & Misguided Predications (La guerra en 2080: Un libro sobre errores decisivos y pronósticos desencaminados), escrito en colaboración con Chris Morgan, The Necronomicon (con George Hay, Robert Turner y Colin Wilson, la novela The Space Eater (El comedor de espacio) y una narración satírica de próxima aparición, The Leaky Establishment (El establecimiento agrietado). Langford vive con su mujer, Hazel, «en una enorme casa semiderruida, en Reading, rodeado de 7.000 libros y de bastante carcoma». Langford, que no suele escribir relatos de terror, ha conseguido con Las 3.47 de la madrugada la elaboración de una de sus mejores pesadillas. Fue escrita para The Gruesome Book (El libro horripilante), una antología de Ramsey Campbell, con cuentos aterradores que conmocionan a los lectores jóvenes. Dekker estaba soñando. En su sueño había nebulosas de brillantes colores, una ladera de blanda hierba, una mujer cuyos ojos y sonrisa eran lo más maravilloso del mundo... Pero el sueño se agrió. Espirales de tinta mezclándose con agua clara; conocidos matices oscuros desparramando sus tintes en el paisaje particular de Dekker. Sin transición, Dekker se quedó de repente solo, mirando atónito el imprevisto espectáculo que ofrecía su brazo desnudo. No sentía ningún tipo de dolor; sin embargo, un agujero redondo y negro se le había abierto en la carne, y de él salían delgadísimos pelos; pelos delgadísimos que eran antenas de insectos tanteando el aire. Se aprestó a ponerse una venda, pero los bichos se sumergieron, agitándose, y de repente, más agujeros pequeños se le fueron abriendo por las carnes. Contrajo las mandíbulas y notó como sus dientes se quebraban con una desagradable sensación: como si mascase barras de tiza o estuviese arañando con el rastrillo la cazuela de barro que apareció un día en él jardín. Al igual que desde una doble visión soñolienta, le parecía estar observando el próximo paso desde el

interior y el exterior de sus ojos al mismo tiempo; sus ojos, incluso los globos oculares. —¡No...! De repente, el lejano rincón de la conciencia que sabía que todo era un sueño tomó el control y su infierno particular se colapsó, apareciendo en una negra y sofocante habitación con las piernas y los brazos agarrotados, y con un sabor en la boca parecido al que habría dejado un animal que hubiese anidado allí durante la noche, un animal de costumbres sucias y desagradables. Se frotó los legañosos ojos y rodó penosamente hasta el otro extremo de la cama, donde tenía el despertador. De nuevo las 3.47 de la madrugada. El corazón le latía desaforadamente; señales de terror recorrían sus venas. Los riñones le urgían a realizar una excursión escalera abajo; pero Brian Dekker ya había pasado antes por eso. A este tipo de sueños seguía siempre una secuencia de terror en la cual la más terrible oscuridad le aguardaba en la escalera; los escalones cubiertos con la blanda alfombra eran tan invitadores como los desmoronados y legamosos peldaños que descienden hasta la cripta de un mausoleo. Encender la luz no era una solución; eso simplemente alejaba la oscuridad más allá de las puertas, al corredor y a la escalera, y en ese corredor podía estar esperando, acechante, algo dispuesto a tirársele encima. Mejor se quedaba en la cama. Las 3.47 de la madrugada. Seguía temblando. Se quedó mirando los dígitos de color rojo, esperando que saltase el 7. ¿Era la cuarta o la quinta vez? El 3.47 no tenía nada de milagroso. Sólo que cuando uno conectaba aquel reloj digital, algún mecanismo interno seleccionaba dicha hora de inmediato; y si se quería ajustar correctamente el tiempo, había que manipular los mandos, que estaban en la parte trasera; y si se producía un corte del fluido eléctrico, al volver la luz el reloj se fijaba de nuevo en las 3.47. Fuera como fuese, siempre la misma hora. Dekker había comprado el nuevo despertador porque el ruido del viejo lo mantenía despierto hasta que lo introducía dentro del cajón o lo ponía debajo de la almohada, en cuyo caso la alarma sonaba demasiado débil como para despertarlo a la mañana siguiente. El nuevo reloj electrónico tenía un zumbido penetrante que despertaba a Dekker de inmediato, y además era bastante silencioso; el único problema era su luminosidad roja: discreta durante el día, pero escandalosa por la noche; se la podía ver incluso a través de los párpados cerrados. Solucionó el problema durmiendo de espaldas al reloj; un triunfo genuino, una victoria del hombre sobre la máquina. Ahora sólo le quedaba superar la costumbre de despertarse tan temprano con un extraño jadeo asmático, un jadeo cuya única excepcionalidad consistía en que lo despertaba por completo antes de que hubiese podido aspirar el aire suficiente como para emitir un grito.

Cinco noches ya. Cinco, una detrás de otra. Cinco veces, las cosas que más odiaba en el mundo: antenas de insectos tocándole la piel, dientes quebrándose y cayendo; odiaba a los dentistas. Y lo peor que podía sucederle a nadie: ceguera y malformación; sus ojos podrían quedar... No. Nada de pensarlo otra vez, en aquella tétrica oscuridad. «Concéntrate en cosas reales —se dijo—, eventos tranquilizadores, hechos concretos, como en las novelas de detectives.» «Muy bien, inspector —pensó—, le contaré todo lo que sé. Sueño el mismo sueño cada noche, desde hace cinco. Cinco días seguidos. El sueño es, es... tal como ya se lo he descrito. Cada noche me despierto aterrado a las 3.47 de la madrugada. Sí, demasiado asustado para salir de la cama. Ridículo, ¿eh?... Por supuesto que lo he intentado con somníferos. No estoy loco, ¿sabe? Cada noche, durante los últimos cinco días, he sido machacado por ese temor, un temor millones de veces más fuerte que cualquier pastilla, cinco noches, una detrás de otra... »¿Cada noche desde que compré el despertador? ¿Por qué?... Ah sí. Es un detalle importante. Estoy seguro.» Luego se quedó dormido; los somníferos lo rescataron de la vigilia y lo sumieron en una suave y cálida oscuridad, en la que no había ni sueños ni pensamientos, únicamente una imagen fugaz de una mujer pálida y morena, cuyos rasgos no se parecían a los de las indias o las pakistaníes que Dekker solía encontrar en la ciudad o en el trabajo... Por la mañana el reloj zumbó muy eficientemente, y Dekker se deslizó escalera abajo tentando las paredes; un dolor de cabeza, que intuía era del tipo provocado por una hemorragia cerebral, le hacía gruñir de rabia. Se tomó una, dos, tres tabletas de paracetamol con el café del desayuno, y dejó que la tercera se le deshiciese en la lengua, dejándole un sabor recio, como si estuviese tragando chapas de metal. La treta psicológica de intentar relajarse, cepillándose los dientes, lavándose y afeitándose, no le aportó ninguna mejoría; pensó en el trabajo, en las facturas que debía revisar y las declaraciones del impuesto sobre el valor añadido que estaba preparando, y el estómago se le sacudió convulsivamente. Optó por usar el teléfono. —Hola, ¿el despacho de Jenkins y Grey? Sí, bien. Soy Brian Dekker... ¿Podría decirle al señor Grey que hoy no iré, que estoy enfermo? Gracias... Adiós. El médico estuvo de acuerdo. —Necesita un descanso. Ha estado trabajando en exceso. —Tengo sueños terribles —empezó a contarle Dekker.

—Ha estado trabajando demasiado. Su ficha dice que no ha estado de baja en los últimos tres años. Ridículo. Todos necesitamos un descanso de vez en cuando. —Me desvelo cada noche, a la misma hora... —Le recetaré un tónico reconfortante. Tenga. Y aquí la baja para una semana. Venga a verme dentro de siete días si no se encuentra mejor. ¡El siguiente! —Sí, pero... ¿qué me dice de esas pesadillas? —Tómeselo con calma. ¡El siguiente! A Dekker no le daba mucha confianza el jarabe embotellado que le había suministrado el farmacéutico a cambio de la receta. Y decidió tomar algunas precauciones suplementarias por su cuenta. De vuelta a casa pasó por el supermercado para hacerse con una botella de whisky, ni muy caro ni muy barato. El resto del día se lo pasó holgazaneando por la casa y leyendo novelas policíacas o periódicos. «NUEVA HUELGA EN MARCHA. CRISIS EN ORIENTE MEDIO. ESCÁNDALO EN UNA FÁBRICA MALAYA», proclamaban los titulares, mientras en el piso de arriba el despertador iba pasando sus lentos y luminosos dígitos de neón rojo. Alrededor de las ocho de la tarde Dekker calentó en el horno un pastel de verduras algo dudoso, y se lo comió con alubias cocidas. A las nueve ya había limpiado los platos. Abrió la botella de whisky y se sirvió una buena medida en un vaso alto. No tenía especial predilección por el whisky, pero pensó que mejor si probaba a apurarlo con buen estilo. ¡Salud! Se levantó, llevando consigo el vaso, llegó hasta la puerta de la sala y desde allí avanzó en una oscuridad espesa y acechante. Trató de recordar la letra de una canción que tenía en la punta de la lengua. Intentaba emparejar las palabras con la melodía. ¿Cómo era? Tum, tummity tum... Era divertido, no lograba recordar la melodía; y sin embargo la letra estaba allí, danzando incansable en su cabeza. Por entonces, el nivel de la botella de whisky había sufrido una seria mengua, y Dekker, en un alarde de inmensa devoción, se fue en busca del tónico que le recetase el doctor aquella misma mañana. Después de algunos intentos, poco exitosos, de llenar con el jarabe una cucharilla de café, se largó un buen trago. El sabor de la pócima le espoleó en busca de la botella de whisky.

le resultó familiar por unos instantes.. no. Recordaba el doloroso terror de sentir sus dientes cuarteándose y crujiendo como barras de tiza.. Recordaba..47 de la madrugada estaba inconsciente. A las 3. Las imágenes afloraban a su cerebro con nítida claridad.. Una fotografía en The Times —otra vez información sobre una fábrica de componentes electrónicos en Malaysia— captó su atención. Toda la habitación zumbaba y le daba vueltas. al mirarla de nuevo más cuidadosamente. Y acabó vertiendo más sobre su regazo que en el vaso. Pura superstición. aunque lo intentase con todas sus fuerzas. No es la calavera de un ahorcado.. .. Se las arregló para intentar servirse más whisky. puede que no haya tenido los sueños simplemente porque ayer no llegué a subir al piso de arriba para dormir. aunque intentaba olvidarlo. »Lo mejor sería que me desprendiera del despertador. La mujer que empaquetaba los aparatos de radio por muy poco dinero al día porque no había ningún otro trabajo. aquello goteaba por sus mejillas cual lentas y enormes lágrimas. Luego. El vaso se le escurrió de entre los dedos. Pero eso sería estúpido. Recordaba la agonía que sentía al ver las antenas de los insectos agitándose sobre su piel con movimientos intermitentes.. —No se trataba de una prueba. Es únicamente un maldito despertador que sólo tiene un par de meses. la sensación de notar su cabeza inflándose como un balón. —¡No.. pero quizás estando ebrio pueda mantenerme alejado de las pesadillas. si ese maldito despertador tiene algo que ver con todo ello. sus globos oculares hinchándose hasta que era incapaz de cerrar los párpados. y de que vientos helados le silbaban en la cabeza.A eso de las once tuvo de repente la desagradable sensación de estar totalmente sobrio. no encontró ninguna referencia que le ...45 de la mañana siguiente se despertó. ni siquiera de un experimento realizado bajo control —se dijo en voz alta—. Sus ojos hinchándose hasta. y después.. mientras que sus brazos y piernas no querían moverse apropiadamente. nooooo! —gimió..estallar en pequeñas y húmedas explosiones gelatinosas. y derramó el resto. tras haber vaciado su estómago un par de veces y dominado su dolor de cabeza con algunas pastillas. Ahora bien. ni un talismán diabólico de Transilvania.. Inclinó el vaso sobre sus ateridos labios. A las 10. tratando de incorporarse y cayendo. un par de semanas quizá.. la mujer de la fotografía. Dekker volvió a reflexionar sobre su problema con el sueño. A las doce estaba inconsciente. al igual que una ebullición descontrolada.. mientras restos desgarrados de los globos oculares pendían de las cuencas. Volvió a pasar otra tranquila pero dolorosa velada.

temblando y sudando.50. con una sonrisa incómoda. —No es nada personal. dentro del cual. «ESCÁNDALO EN UNA FÁBRICA MALAYA. La noche se tomó informe. pero. Dekker se sumergió en las nebulosas márgenes de la duermevela. y quedó tumbado sobre la cama. le bailaba en la memoria la idea de que los sueños. donde los dientes mascaban arena y desaparecían. había visto. Dekker se despertó jadeante con las últimas imágenes de terror martilleándole en las sienes. ¿Había añadido algo más. al darle la vuelta. El aparato zumbó en su mano cuando lo alzó. No llevaba impresa ninguna marca. se supone que sólo se desarrollan durante unos escasos segundos de tiempo real.» Se sentó y alcanzó el despertador. A través de la conexión le llegaba una ducha de chispas brillantes que lo conmocionó hasta la rigidez. alejado de su cuerpo. cuando conectó el familiar rostro de sus sueños (tan familiar que estaba seguro de haberlo contemplado cada una de las noches en que soñó) con la foto de The Times. Se lo mandaron por correo. pensó mientras permanecía allí tumbado con un pánico infantil hacia la oscuridad y trataba de contener su impulso de taparse la cabeza con las sábanas y las mantas.resultase familiar. Vagaba delirante en la oscuridad. por un instante. Tenía la impresión de que le habían puesto un enchufe en la cabeza. Al igual que las imágenes de un calidoscopio. una pálida mujer morena lo miraba fijamente. Sin embargo. Su mente era un mapa vacío lleno de temor. sin que supiese de dónde venía. Pronto se sumergió en el sueño..47.. Ésa fue la única sensación en todo el día que alteró su anodina monotonía. dentro del difuminado espacio en el que cosas con patas brotaban de su piel. volvió a ser atrapado por el diabólico sueño. Al anochecer todavía no se sentía completamente bien. incluso los más complejos.. Pulsó el interruptor de la luz tratando de alejar de sí la oscuridad. pero una noche sin pesadillas le había dado bastante confianza. Le sacó la lengua al despertador cuando se introdujo en la cama. Lo había adquirido mediante uno de esos anuncios en la prensa que promocionan aparatos a precios muy económicos.. estiró las sábanas y dejó que la oscuridad lo rodease amistosamente. vacía de miedos y de pesadillas. . como una cosa viva y cálida que temblara de miedo y cuyo corazón latiera tan fuertemente que dejase oír un leve zumbido. pasó del terror al agotamiento. En tan poco espacio de tiempo se podían cebar muchas locuras angustiantes. girando lentamente. Allí. para ver ante sí los dígitos 3. sin palabras? Sus manos estaban ocupadas con un reloj digital desmantelado. la inscripción: MALAYSIA. donde los ojos se hinchaban cual balones horrendos. Mujeres reunidas en asamblea. Pero recordaba que en el reverso. y del agotamiento a la soñolencia. que ahora señalaba las 3. de la cama y de las 3. grabada en el frágil plástico. después de bastantes aventuras en extraños y ardientes países.47 llameando en la noche.

abrirlo significaba destruirlo. Empezó a imaginarse una mujer malaya. explotada en una fábrica de componentes electrónicos. Dekker las repasó todas. la obra completa llegaba a los doce volúmenes) se hablaba de los malayos en numerosas ocasiones.. Bien. Sólo pensarlo le causaba hilaridad. y curiosamente comentaba: «.. una maldición. el objeto era una unidad precintada. ¿cómo se puede llegar a creer en una maldición por motivaciones políticas? ¿Por el derecho al trabajo. uno compra estas baratijas y con ello contribuye a que la fábrica prospere. y tu enemigo quedará ciego». en realidad. «Podría ser —pensó—. »Sin embargo. Pero ¿qué le he hecho yo a ella? »Bueno —se respondió—. Ese era. ningún parecido con éste. La rama dorada.. incluso. ¿por qué no?» A la mañana siguiente alimentaba de nuevo otro dolor de cabeza. ¿acaso iba a encontrar en su interior la imagen de un cadáver moldeada en cera. por el derecho a clavar alfileres en figuras de cera? »Y de todos modos. que realiza su propio sabotaje industrial al incluir. No quería ni oír hablar de ojos. Cerró el libro convulsivamente. entre los circuitos que monta por tan poco dinero. Apareció entre pilas de antiguas revistas de ciencia ficción. si desmantelaba el reloj. es ridículo. y se dispuso a volver a conciliar el sueño.. perfora el ojo de la imagen. En la versión abreviada de La rama dorada (por todos los demonios. Se comió el bacon (grasiento) y los huevos (quemados). precisamente. realmente era algo a tener presente. Dekker miró los periódicos y se encontró con dos fotos de mujeres malayas oprimidas. Se sintió agitado por la idea de que había cierta similitud entre las caras de la fotografía y el rostro que veía en sus sueños. Quiero decir. aunque ninguna de ellas tenía.Estuvo a punto de echarse a reír. que eso demostraba que era real. Uno podría pensar que eso demostraba. Volvió a abrir el libro y en la página 105 encontró: «Los malayos . La primera de ellas trataba sobre figuras de cera. que no era una imagen que se le había colado de rondón en la mente al estudiar las fotos de The Times. en lo que los agentes inmobiliarios denominaban el segundo dormitorio y que Dekker conocía como habitación de los trastos. apagó la luz. Dejó el reloj sobre la mesita. y subió al piso de arriba en busca del ajado ejemplar del libro sobre magia y religión que había comprado hacía años. por el derecho a la huelga. acechándole entre los circuitos impresos? Desafortunadamente. Uno podría pensar.. pero se le heló la sonrisa en los labios ante la posibilidad de que su fantasía tuviese un origen verídico. Lo cual no sería una mala idea.

47 y de algún modo eso hace que tu propio despertador interior se conecte a esa hora. día tras día. Los psicólogos farfullarían algo así como neurosis compulsivas.. querido Brian. «He roto el maleficio —se dijo con alivio—. la habitación tenía algo extraño. . ¿No dijo eso alguien?» Las 3. El espíritu humano está en su punto más bajo justo antes del amanecer. puesto que el fondo psicológico de la cuestión está encadenado a esos dígitos de neón rojo. algo que podía romper el maleficio y acabar de una vez por todas con el asunto. como si las paredes fuesen meros tabiques en un vestíbulo enorme de cemento húmedo y los ecos resonaran de un lado a otro hasta apagarse... despertándolo con la misma gentileza que si le hubiesen lanzado un cubo de agua helada sobre el estómago. El único sonido en la habitación era el discreto zumbido del despertador.tienen la creencia de que un destello luminoso en el ocaso puede provocar fiebres a una persona débil». Ningún comentario específico. puso astutamente la alarma a las 3.30 de la madrugada. Podré observar las 3. a las larvas que anidan en mi subconsciente!» Aunque bien iluminada y cálida. En la sorprendente oscuridad que le rodeaba.47 de la madrugada..47 reluciendo en el despertador sin ninguna pesadilla a la vista. Un zumbido gimiente le apartó de sus vagos e inocuos devaneos oníricos.42. igualmente. «Todo mental.30 le observaban concienzudamente. Entonces. Dekker encendió la luz de la mesita y luego se incorporó para encender la de la habitación. destellando fulgores rojizos durante toda la noche? Más adelante se leía: «Seguramente.. Durante el día Dekker se tragó muy concienzudamente su dosis del tónico prescrito. ¿Qué más se podía esperar de un libro editado en 1922? No había nada sobre la significación esotérica de las 3. ¡Y eso concierne.. dominado por sus temores. Te despiertas con una pesadilla a las 3. No eres más que una persona débil a la que han provocado unas fiebres. incluso con los ojos cerrados. pero sólo si duermes cerca de ese despertador. ¿qué pensarían de los dígitos de neón. Y por la tarde se le ocurrió otra idea. nada acerca de antenas o dientes. en ningún otro lugar del mundo el arte de arrebatar por la fuerza el alma a una persona es cultivado con mayor dedicación —o llevado al más alto refinamiento— que en la península malaya». Antes de acostarse. nada que indicase cómo una maldición podía reptar entre los circuitos impresos. no había ni el más mínimo indicio de amenaza u opresión. «Son las primeras horas de la madrugada las que provocan esa sensación —pensó Dekker—. Las 3. Esos números que se pueden ver resplandeciendo en la oscuridad. Se sentó en la cama. deseando que el reloj dejara de avanzar.

como plastilina..» Sin embargo. al igual que esas pesadillas eternas contenidas en unos pocos segundos de sueño.44. como si las antenas de unos insectos le estuviesen tanteando la piel.47 de la madrugada. el pálido rostro de una mujer morena le sonreía amargamente. sin moverse durante horas. Apretó las mandíbulas y. EL RECUERDO Vincent McHardy . y fragmentos diminutos le volaron entre los labios. Esto es histeria. gritó salvajemente. Quiso cerrar los ojos.las 3. en los lugares apropiados.45. no quiero mirarme debajo de las mangas. Es como esas beatas a las que les brotan llagas. tenía la seguridad de que había algo bajo las mangas de su pijama.. Las 3. Las 3..» ¿Dónde había leído esa frase? Estaba con ese pensamiento en la cabeza cuando notó un cosquilleo sobre los brazos. con un crujido blando. «Entre la medianoche y el alba. Se dejó ir. esta vez la sensación no fue indolora como en sus pesadillas.46. junto con sus llantos. Y en alguna otra parte de su exacerbada conciencia. Se postró sobre el lecho cuando criaturas de largas patas aparecieron sobre el dorso de sus manos y más dientes se le partieron cual trozos de tiza. »Son sólo imaginaciones. ansiando desesperadamente refugiarse en el sueño que tenía antes de. como estigmas...Las 3. Se negó a mirar. Sospecho que veré eso y los dientes y el resto. No quiero. No. «¡Histeria! ¡Alucinación! ¡Tiene que ser eso! ¡Por favor!» Una parte de su mente sollozaba una y otra vez.. cuando el pasado es pura decepción. se le estaban dilatando dolorosamente. se le deshicieron los dientes hasta convertirse en polvo. La hinchazón de sus ojos era increíble. «¡Dios mío —pensó—. pero éstos se habían hinchado ya de tal manera que no pudo bajar los párpados. El tiempo subjetivo se estiraba más y más. La última cifra parecía estática. Se le nubló y distorsionó la visión. Sin embargo. .

Sus relatos breves han aparecido en varias publicaciones: Reader's Choice. Moonscape. McHardy está ahora buscando un editor para que le publique una colección de sus relatos de terror. en un período de cuatro años. seguro que recibirá varías propuestas. —William. y dice haber leído hasta quince veces desde que lo tuviese en sus manos por vez primera Something Wicked This Way Comes [Algo perverso viene de allí]. Biffle.. Su boca abierta trataba de captar las bolitas que iban de un lado a otro en el fondo del estuche. No era nada fácil enseñar a 32 estudiantes. Will se enderezó en su silla. Te buscas problemas por una baratija como ésta. —Señorita Brock. Te quedas castigado hasta las cuatro. recientemente. La señorita Brock tiró enérgicamente del cajón de su mesa. The Horror Show. —No creo que valga la pena castigarte. esperando que ella no hubiese visto lo que él sabía que sí había sido captado por su mirada acechante. un laberinto. ¿Por qué. como siempre. el payaso en forma de laberinto. Si tiene muchos más tan espeluznantes como El recuerdo. Pero no puedo hacer una excepción... Había quedado semicubierto por los . trae eso aquí inmediatamente. y otras. se decidió a escribir. —dijo.. McHardy estuvo viajando algún tiempo. pensó la señorita Brock. de Ray Bradbury) ha dirigido sus pasos como escritor hacia la fantasía y el terror. abre la mano. El recuerdo fue publicado por primera vez en una pequeña revista canadiense. Cómics. Will pudo oír el gemido sollozante de Biffle desde el interior de la mesa de la maestra. Después de tres años de estudios de antropología en la universidad de York. Will mostró su mano abierta. Gomas de mascar. mostró sus ojos ciegos y huecos. —William. se quedó silencioso. «¿Por qué ahora? —pensó Will mientras se acercaba a la mesa—. En su interior se apilaban los tesoros confiscados entre los alumnos de la clase 402. Su entusiasmo desde adolescente por la literatura fantástica (siendo joven leyó 35 libros Dark Shadows y 76 Doc Savage. Siéntate. Damnations. Quarry. Veamos lo que escondes. Conteniendo las lágrimas. Cogido en falta. Ontario. he dicho ahora. ni siquiera con un alumno favorito.Nacido el 26 de abril de 1955. Mientras regresaba a su sitio. Pistolas de agua vacías. hasta que. —Vaya. y también ha sido vendido para su emisión por la radio canadiense. Era difícil que pasase un día sin que el apetito del cajón de su mesa fuese saciado con algún nuevo juguete. todo tiene que ser ahora?» —Venga. el escritor canadiense Vincent McHardy reside normalmente en Agincourt.

sacad vuestros libros de geografía. Temblando.tebeos de Tommy Huspens sobre monstruos del cine. No tenía suficiente con las chucherías de los otros. Su amistad había sido sellada con sangre. ¿Por qué había permitido que ella viese a Biffle? Falta de precaución era todo lo que se le ocurría. tenía que actuar con diligencia.. Lo había cogido. Biffle ya le había demostrado su magia. Nacida entre la sangre. escribió ocho veces la palabra FUERA. Las serpientes trazaban círculos alrededor del pupitre. la esparció por encima del pupitre. y había bajado la guardia. Will extrajo del bolsillo trasero de su pantalón cuatro plumas de paloma y cuatro de estornino. colocándolas alrededor de su silla. en la oscuridad. La luz del semáforo estaba en ámbar. —William. Buscaba con avidez algo grande como postre. sino para aprender. pero ¿por cuánto tiempo? ¿Qué podía pasarle sin la protección de Biffie? Él debía regresar. Era su única oportunidad. Sin apartar la vista de la maestra. Se habían colado por la ventana en grupo compacto. y John gritó: «Corre. Estaba a salvo. Él se paró y Biffie sonrió. lo conseguiremos». chicos. Se había sentido seguro en la escuela. lejos de la protección de Biffle. suavemente. buscaban un resquicio para avanzar. Lo había olido. Éste tenía cuatro años. Jamás le pegó. Nunca le regañaba. Habían empezado a aparecer en el momento en que ella encerró a Biffle. —Luego añadió—: Ahora. Sus lenguas colgaban lánguidas. masticado y tragado. Ellos podrían. Una vez a salvo del peligro que culebreaba por el suelo. John cruzó y lo atropellaron. Contenidas por el momento.. como hacían sus padres. Humedeciéndose los dedos. hizo una pelotita con los residuos. Will se volvió hacia la ventana y lanzó afuera la pelotita. Desmenuzándola hasta convertirla en un fino polvo. Dentro. Will no se enteró de lo que la profesora había dicho. Tantos años de rapiña la habían vuelto avariciosa. Ella siempre se había portado muy bien con él. La señorita Brock permaneció de cara a la pizarra. Biffie había salvado a Will y condenado a su hermano. Las serpientes dejaron de moverse acechando. estaba preocupado a causa de las serpientes que se estaban acercando a su pupitre. Ya conoces las normas. deja de sollozar —dijo la señorita Brock—. las dejó en el suelo. y había ido a la ciudad a realizar las compras navideñas con su hermano mayor. No estáis aquí para jugar. se enderezó. Luego. atraídas por el olor de su miedo. Biffle pudriéndose en la . debía concluir con sangre. No tenía ninguna oportunidad allí encerrado. Todos los juguetes van al cajón. Solo. desde la primera vez que apareció en la vida de Will. Sacó del bolsillo de su camisa la piel seca de una serpiente. dando a Will la oportunidad de formular un último conjuro. Fue entonces cuando Will vio a Biffle sentado sobre un banco lleno de nieve.

desde cualquier punto. Will conocía a Henry. confundiéndose con el alquitrán. cogía en falta a los truhanes y los castigaba con fría determinación. quien se había proclamado a sí mismo cabecilla del recreo. Will observó como una gota de sudor se le formaba a la maestra en la barbilla. y la temperatura descendió. y le cerró la boca abierta por el miedo. contempló a la señorita Brock desplegando su magia. ¿Qué te pasa? Pareces enfermo. Algunos continuaban los debates interrumpidos el día anterior. La campana del recreo rescató a los alumnos de los misterios de la geografía. Podía intentar hacer un trato con ella. Will se apercibió del cambio y cerró las piernas. Puso color en sus tristes ojos vacíos. se sentó a la sombra. Se formaron grupos. resbalaba y se le deslizaba por el cuello hasta perderse en las profundidades del vestido. Entre sus piernas abiertas dibujó a Biffle.. Nadie cuestionaba su autoridad. Observando y a la espera. Marcó los cuatro puntos cardinales con las siglas B-I-F-F. apoyándose en el muro de ladrillos opuesto al edificio del vigilante.. pero no poseía nada factible para realizar un intercambio. sur. Por el momento. . Desde su solitario observatorio. este y oeste alrededor del dibujo: depositó cuatro canicas transparentes. Su poder como bruja era incomprensible. Norte. era débil. ¿Qué hacer? Estaba perdido. mira a quién tenemos aquí —dijo Henry cuando se hubo aproximado—.oscuridad. era todo lo que podía hacer. Pero sabía en cada momento lo que estaba haciendo cada uno de ellos. y sabía que iba a tratar de sacar partido de esa oportunidad. Sin la protección de Biffle no se atrevía a darles alguna oportunidad jugando como los otros muchachos.. ellas no se habrían atrevido a sacar las cabezas si Biffle hubiese permanecido con él. Henry Kenner y su banda dieron la vuelta a la esquina y lo vieron. Estando de espaldas. Su método de defensa era burdo. Pero él estaba preparado. Solo. y él no tema fuerza para obligarla.. Un nubarrón tapó el sol. excepto de Will. ¿Por qué no le muestras a él la fotografía? Quizá le levante la moral. marcas o movimientos con las manos. Los juegos y charlas acapararon la actividad de los chicos. —Vaya. Hojas de yerba seca corrieron por el patio. el compinche de Henry—. éste puede servir —dijo Fred Bollo. se desparramaron por el ardiente asfalto del patio. una hoja seca sacudida por la brisa más suave. Pero si es el favorito de la profesora. vaya. La actividad se adueñó de todos y cada uno de los muchachos. Deberías visitar al veterinario. Ella no estaría dispuesta a devolvérselo por las buenas. Nunca la había visto usando conjuros. Al igual que las cuentas de un collar roto. Se sentó dentro de un círculo trazado con tiza. —Oye. una última solución a la desesperada. Podía llegar en cualquier instante. media circunferencia sobre el suelo y la otra media sobre la pared. Había gastado todos sus recursos en mantener alejadas a las serpientes.

—Will.—Acabas de leerme los pensamientos. tú. Sus secuaces se adelantaron y sujetaron a Will. ¿entiendes? Estás en deuda conmigo. Te estoy haciendo un favor. Te estoy mostrando lo que ellos no quieren que sepas. supo que el círculo había sido violado. deben aprender por el camino difícil. Risas de burla brotaron del corrillo. échale un vistazo a tu señorita. anticipándose a sus movimientos. —Aja —rugió Henry—. Sin embargo. Fred fue el primero en dejar de reír. —¿Cómo os habéis atrevido. Alguien ha perdido sus canicas —dijo. las mandó lejos de sus disposiciones alrededor de la órbita. Toma. no te lo tomes así. Fred. Henry alzó la arrugada fotografía y la pasó ante los rostros de su pandilla. —Eh. Henry se sacó del bolsillo de la chaqueta una fotografía arrugada y con un gesto lleno de arrogancia se la plantó a Will delante de los ojos. Las dejan por ahí tiradas. apercibiéndose de lo que había en el lugar donde Will había estado sentado. cogiéndolo por los brazos. De un violento puntapié. el efecto sobre Will fue auténtico. mira esto. . Es una lástima lo poco que se preocupa la gente de sus pertenencias. haciendo que se extravíen. La fotografía era una burda falsificación. Estás aquí para ser educado. favorito. incorporándose enérgicamente. Justo en el momento en que lo intentó. Henry le dio un empujón y lo aprisionó contra la pared. El grupo se alejó remoloneando. ignorantes? ¿Cómo osáis intentar arrebatarle el alma? ¡Dadme eso! Pero. y el cuerpo de una revista para hombres. ellos no te van a enseñar este tipo de cosas. La intriga del mal había derrumbado su única defensa. ¿no? Bien. —Os digo que el favorito va a empezar a comprender quién manda aquí. Bueno. abierta como un pez destripado. —¡Pandilla! —gritó. pero le fue imposible. La húmeda mano de Henry sostenía un retrato de la señorita Brock desnuda. Will intentó mantenerlos cerrados. abriéndose paso. la cabeza la habían recortado de un panfleto de la Asociación de Padres y Maestros. dudaban si debían darle a Will un toque definitivo. Will trató de apoderarse de la fotografía.

Vomitaba sangre. Y enfrentándose al hecho de ser contemplado por la mirada . Pasaron unos instantes y luego ella lanzó un grito. y se concentró en sus lágrimas. Tocándose la cara con un dedo. Todos los ojos confluyeron sobre ella. Pestañeando. La primera evidencia no tardó en acontecer. Will trasladó otra lágrima. A los diez minutos de empezada la clase. pensó Will. Indagando en lo hondo de sus bolsillos. el trozo de tiza que ella estaba usando se partió en dos. formar una defensa. Pero la señorita Brock ignoró tal posibilidad. y Biffle pudo hablar. Henry la tenía en la palma de la mano. Tenía la muerte encima. La muerte sería lenta y dolorosa. Se las colocó bajo la lengua. La señorita Brock se acercó al armario en busca de un mapa. Will se acordó de un roedor que había matado a tiros tiempo atrás. se rompió el tacón del zapato y se dio un fuerte golpe en la espalda. y empezó la lección. El poder de Henry había acabado con la clarividencia interior de la maestra. y se esparcían sobre su frente. iba de un desastre a otro. El silencio se hizo en el aula. y le dijo a Will que viniese una hora antes el día siguiente. rojo y amarillo. Ella debería tomar precauciones. Las clases de la tarde se convirtieron en una pesadilla. confundida.Relajándose. El animal se quedó sentado tras recibir los tres impactos. Cayeron sobre el rostro de Biffle. La señorita Brock dio por finalizada la clase antes de la hora. Will podía ver como Henry estaba contemplando el retrato de ella. Will extrajo dos monedas de plata. Y no tenía nadie en quien confiar. Los trozos que quedaron eran demasiado pequeños para escribir con comodidad. Azul. su imagen vudú destruida. A través de sus irritados ojos pudo ver el rostro de Biffle pateado. lanzar un conjuro. Ni lo intentó. Will se dejó caer y empezó a llorar. Nunca antes había hecho esto. La señorita Brock estaba perdida. No había nada que hacer. dos hileras más atrás. —Por ahora estamos a salvo. patinó. Will esperaba que Henry fuese descubierto. que apareció totalmente cubierta de pintura. Podía cerrar el puño y estrujarla cuando él quisiese. Desde su posición. su maldición exterminada. Pasó el resto de la jornada con constantes dolores. provocó que dos gruesos lagrimones se deslizasen por sus mejillas. El ataque final se produjo a las tres menos diez. Tenemos tiempo —dijo. Se sentó y quedó prendida del mágico magnetismo que la sonrisa de Henry tema. Pero decidió aguardar y seguir jugando por un rato. Cuando se aproximaba a un armario próximo a su mesa en busca de otra barra. Pronto se haría evidente que la señorita Brock estaba en peligro. para cumplir con su castigo. y éste pudo ver. los colores le goteaban por el lado izquierdo de su cara. Estaba perdida. incluso podía usar los tesoros que guardaba en su mesa. Su sentido del orden se había debilitado. El estante que soportaba los potes de pintura se había caído de sus soportes cuando ella intentó tirar del mapa. Esperemos y veamos.

una tumba era un lugar demasiado cruel para su memoria. Pero la devoción y su optimismo la hicieron reconsiderar sus ideas. Honestamente. en su casa. La mayoría de ellos fue detrás de su líder hasta el campo. Han salido corriendo.llena de satisfacción de Will y morir humillado ante él. El partido sería interrumpido. En contra de todas las previsiones. Aquel maldito coche se negó a que le cerrasen la ventanilla. Y podía acontecerle esa noche. En las horas de lectura siempre se entretenía con la historia de David y Goliat. Luego se quedó mirando cómo empezaba el partido. vidriosos. Allí murió. Empezó a trepar por la pendiente opuesta. Sus ojos quedaron en blanco. El recuerdo de una gloria pasada. Me está otorgando el tiempo suficiente —masculló Will. Estará ocupado durante el encuentro. —Te han abandonado tus ejércitos. Will escogió una piedra del tamaño de su mano. el roedor usó sus últimas energías para deslizarse debajo de unas piedras. y estaba a medio camino cuando Will. le lanzó la piedra. . Will se escondió más todavía. —Mejor. Medio deslizándose. alcanzó el fondo. saltando de su escondite. Éste nunca dejaba de coger ese atajo para ir a su casa. sentado en su pupitre. Fútbol —gritó Henry. La muerte era una comunión privada. medio tropezando. Will cruzó el campo pensando en su historia favorita. comprimido entre la fría tierra. abriéndose paso entre los muchachos. La señorita Brock se iba a ir a su casa a morir. solo. y a la espera de su castigo. Will fue el último en salir. Will lo intentaría también. si no tendrás miedo el resto de tu vida. el aula. Si un caballo te tira. que permaneció abierta durante todo el largo trayecto desde la escuela hasta su casa. solía decir. Goliat. Al entrar en el aula a las ocho menos cuarto se alegró de ver que Will ya estaba allí. Cuarenta kilómetros bajo la lluvia y con el frío viento entrando con toda libertad en el coche. Y yo me voy a asegurar de que nunca más te levantes. excusando su presencia por el resfriado que había cogido la tarde anterior. De repente. Le maravillaba cómo David había vencido al gigante. empezó a llover. Sobre la cresta de la ladera apareció la cabeza de Henry. La gracia y la belleza de sus enseñanzas se acabarían para siempre. el día anterior había sido el peor de toda su carrera como profesora. Henry cayó de espaldas. Había estado a punto de tirar la toalla. —Bien patanes. La señorita había pensado llamar al día siguiente por la mañana. vuelve a montarlo de inmediato. Will abrió su cuchillo de monte y empezó su trabajo. a solas. Hoy todo iría mejor. intentó lo imposible y lo consiguió. y se escondió en la torrentera a la espera de Henry. El campo finalizaba en una torrentera que lo separaba de unos sembrados.

¿qué fue eso? Will bajó la vista hacia Biffle y lo sacudió un poco más.. Sonrojándose de ira. sólo tengo un Biffle. —Oh. señorita Brock —dijo Will levantándose—. Will se quedó sentado. Todos nos equivocamos alguna vez.. señorita Brock? —He oído un zumbido. tomó a la mesa haciendo sonar fuertemente sus pasos. esa era la razón por la que no había tomado la baja.. . —¿De verdad? ¿Es eso cierto? ¿Qué razones tienes? La mayoría de muchachos odian el venir y no pueden aguardar al momento de salir. Has tenido la desvergüenza de traer otro juguete estando castigado. todas aquellas cosas terribles. te voy a dar la oportunidad de mostrarme cuántos juguetes más tienes guardados. es tan sólo un amigo. —¿Qué fue eso? —¿Qué fue qué. No quería imponerte ningún castigo. William. —Oh.. tomó a Biffle. La hemos estado esperando. —Pero si es igual que el de ayer. pero estoy aquí desde mucho antes —le contestó Will. ¡Dios sabe qué acabarían haciendo los otros! —Yo. arrepentida de su debilidad. No existen más. y tarde o temprano siempre pagamos por nuestros errores. Pero tengo que dar ejemplo ante los otros muchachos.. Igual que. ¿por qué has venido un cuarto de hora antes? —Ya lo sé. La señorita Brock sonrió burlonamente mientras ascendía el escalón de la tarima. Sí. —¿Biffle? ¿Quién es Biffle? Te estoy hablando de ese pasatiempo. —Está equivocada.. venga. No quise serlo. ¿Qué hace que tú seas diferente? —Quería arreglar todo lo que ocurrió ayer. Luego. William. Yo. —De acuerdo. Era la primera vez que tenías un patinazo. Si paso por alto tus faltas.—William. William. enderezándose sobre su silla. Te has ganado dos semanas de castigo. Tampoco fui tan dura contigo. La señorita Brock pateó el suelo con sus tacones.

Era importante para ellos saber cómo iba la engorda. Will la miró compasivo. Tuve suerte de que no me viese. —Pequeño vándalo. »No se vaya. y miró en él. la loca. Me has estado robando en el cajón. No quería que muriese. Biffle dice que ahora está bien. —Sabía que la estaban martirizando. Ya no tiene nada que temer. ¿Qué más has cogido? Abrió el cajón con un tirón violento. Puede quedarse con nosotros. Usted está en el centro. y con su mano que la tocaba. Él no es celoso. Levantando su puño. El zumbido finalizó. La cerradura estaba rota. hasta que fue demasiado tarde para él. tratando de hablar por encima de los alaridos de la señorita Brock. ni siquiera me preguntaban cómo seguía. Yo también le daba de comer a las gallinas y a los marranos. en cambio. lo estaba aguardando. A él le gusta usted. junto con su lengua que hablaba mal de usted. Tía Enedina vivía encerrada en el cuarto de trebejos que está en el patio de atrás. Se lo he ofrecido junto con sus ojos que la contemplaban. No se preocupe. Las bolitas se habían introducido en los agujeros de los ojos. Y estoy contento de haberlo cazado a tiempo. El retrato estaba en el centro. nadie volvió a visitarla. Lo has roto tú. hasta que cayó al suelo despachurrándose. un niño pequeño. Emplazados a su alrededor se hallaban dos ojos. y trozos de astillas rasgadas emergían del borde de la mesa. Le he devuelto el control. Yo se lo he capturado. era demasiado fuerte. una lengua y una mano derecha. Por éstos sí me preguntaban. lanzó con fuerza a Biffle por encima del pupitre de Will. Pero no se dio cuenta de que yo. y con sumo interés. »No se preocupe más. Mi madre dice que enloqueció de soledad. Había cinco objetos. —Sucio ladrón. La jaula de tía Enedina Adela Fernández Desde que tenía ocho años me mandaban a llevarle la comida a mi tía Enedina. Nosotros la protegeremos. Tenía que intentarlo. levántese.A mitad de la frase se dio cuenta de que el cajón de su mesa había sido forzado. a nadie le . »Señorita Brock. Conforme se acostumbraron a que yo le llevara los alimentos.

Yo lo tenía escondido en una caja de zapatos. La verdad. y en todos estos años. Apenas podía distinguirla.importaba que tía Enedina se consumiera poco a poco. Dice que estaba a punto de casarse y en la víspera de su boda un hombre sucio y harapiento tocó a la puerta preguntando por ella. El hombre se fue sin darle más detalles. Ella. entre ellas. El pajarero de la plaza no ha querido regalarme ninguno. yo no he podido llevarle su canario. Piensan que al igual que el eclipse. cuando todo se puso oscuro y los perros aullaron. y mi tía Enedina enloqueció de soledad. Ahora tengo diecinueve años y nada ha cambiado. Tal como lo dijo aquel hombre. le dijo que para siempre sería una mujer soltera y que él compadecido de su futuro le regalaba una enorme jaula dorada para que se consolara en su vejez cuidando canarios. Goyita. En casa a mi no me dan dinero. la vieja cocinera. Cuando voy a verla es lo único que me pide. Es Goyita también la que cuenta muchas cosas. cómo enloqueció mi tía Enedina. y el día que le robé el suyo a Doña Ruperta por poco me cuesta la vida. A la tía nadie la quiere. El . Se subía sobre la jaula dorada y se mecía. así me hice hombre. Por ella he aprendido a comprender la razón por la que nadie me quiere. y a golpes me obligaron a devolvérselo. me descubrieron. hoy decidí darle caricias.. Entré al cuarto. el novio no se presentó a la iglesia. A mí tampoco porque soy negro. así fueron siempre. es la única que habla conmigo. se movía de un lado a otro. Mi madre nunca me ha dado un beso y mi padre dice que no soy su hijo. Se dio cuenta de que eso para mí era fascinante. Ella me dice que mi piel es negra porque nací aquel día del eclipse. Ese hombre le auguró que su novio no se presentaría a la iglesia. yo le quito la luz a la gente. ya subiéndose a los muebles o encaramándose en un montó de periódicos. Tía Enedina vive con su jaula y con su sueño: tener un canario. en la diaria tarea de llevarle comida a los animales y a la tía. acostumbrada a la oscuridad. Así eran las cosas. a mí me da mucha lástima la tía y como nunca he podido traerle su canario. Parecía una rata gris metiéndose entre la chatarra.. Me cuenta Goyita que así fueron las cosas y deben de haber sido así.

Todo esto a cambio de un canario que por más que me empeñaba. Posiblemente quiere asegurar el alimento del canario. ¡Qué difícil me fue atraparla! Estaba sucia y apestosa. a causa de mi soledad y el haberla notado apacible. pero me las arreglé bien para estar con ella. ya ha pasado más de un año. Me enredaba en los hilachos de su vestido de organza. Ella se ríe como ratón.balanceo era algo más que triste. Todos los días le llevo un poco de alpiste. Le hablo de mi promesa y ella ríe como un ratón y pega de saltos. me dañaba. Me pide alpiste. . puedo decir que hasta un poco mansa. Después de aquello. cada vez que llegaba con sus alimentos. huesuda. babea y pega de saltos y mueve negativamente la cabeza. costara lo que costara. Parecía una de esas arañas grandes y zancudas de pancita pequeña y patas largas. comencé a perseguirla. Pensé que ya no arañaría. Tía Enedina me lastimaba. Por eso entré. A tía Enedina la he notado más calmada. pero eso comenzó a fastidiarme. Llegué a entrar repetidas veces. me mordía y sus huesos afilados y puntiagudos se encajaban en mi carne. Lo bueno es que se ha conformado con los puñitos de alpiste que diariamente le llevo. entre tumbos y tropezones. A tientas. Desde aquellos días en que yo le hacía el amor han pasado ya dos años. Su rostro tenía una gran semejanza con la imagen de la Santa Leprosa de la capilla de San Lázaro. Han pasado ya tres meses que no entro al cuarto. No fue fácil hacerle el amor. Lo del canario parece imposible. Porque me sentí demasiado solo resolví entrar al cuarto de la tía Enedina. de ese que compra Goyita para su jilguero. Así que decidí mejor darle un canario. cadavérica. sacaba la mano de uñas largas y buscaba mi contacto. No puedo conseguirlo. me incrustaba sus uñas. no podía regalarle. Yo no quiero volver a tocarla y le he propuesto para su jaula el jilguero de Goyita.

Michael se debatió. Howard no dio ninguna razón. Green Bay. apretándose alrededor de Michael en el aula. Michael murió. Así es que. agolpándose y resollando. les dijo que si les contaba la verdad. su maestro. Howard abandonó Madison City. albinos. Más tarde. Mis hijos flacos y deJUGUEMOS A LOS VENENOS Ray Bradbury —¡Te odiamos! —Gritaron los dieciséis chicos y chicas.. Yo la necesitaba y esperé largo rato hasta que me acostumbré a la penumbra y fue cuando pude ver dentro de la jaula a dos niñitos. Todos aquellos niños tenían ocho o nueve años. escuálidos. esqueléticos. Mr. Se marchó a vivir en un pequeño pueblo cercano. Howard se produjo al día siguiente. —¡Te odiamos! Y los dieciséis chicos y chicas juntos. —¡Esperad! —Gritó.Ya dentro del cuarto. donde permaneció durante siete años. manteniéndose con los ingresos que conseguía de escribir historias y poesía. abrieron una ventana. Tía Enedina les daba alpiste y los contemplaba tiernamente ahí encaramada sobre la jaula.. quise hacerle el amor pero ella se encaramó en la jaula. aún no había llegado. pero Mr. —Pero ¿por qué? —Le preguntaron sus amigos. Había tres pisos de altura hasta la acera. La policía se encogió de hombros de forma elocuente. creerían que se había vuelto loco. entró en aquel momento en el aula. El colapso de Mr. Nada se pudo hacer. . Permaneció en silencio y una luz terrible llenó sus ojos. Se negó a volver a enseñar en su vida. no comprendían lo que estaban haciendo. el maestro. Michael cayó desde tres pisos de altura. Howard. Howard. El recreo había terminado. Michael gritó. Mr. Cogieron entre todos a Michael y lo empujaron por la ventana. Mr.

Mr. con vuestros motivos. a veces creo realmente que los niños son como invasores procedentes de otra dimensión. ningún adorno. No tengo miedo de vosotros —de pronto su mano tembló y empujó atrás su silla. La otra. ninguna excitación a lo Peter Pan —lanzó entonces un resoplido y preguntó—: ¿Os he asustado? Lo he conseguido. y a Donald Bowers y a Charlie Hencoop—. Se detuvo. con el propósito de llamar así a los ángeles negros. ni a preguntar a vuestros mayores. En el otoño de su séptimo año de autoforzado retiro. Ante la falta de un sustituto adecuado. después aún subió más para jugar con las gafas. Todos ellos miraban a Mr. desgraciadamente. y hasta que no seáis adultos. frunciendo el ceño—. sin una mota de polvo. —A veces —siguió diciendo. mirando a William Arnold y a Russell Newell. Las niñas estaban apoyadas en los respaldos de sus asientos. a veces creo que los niños son pequeños monstruos surgidos del infierno porque ni siquiera el demonio puede soportarlos. —Sois otra raza completamente distinta. cayó enfermo un buen amigo de Mr. recordadlo. y sus brillantes ojos negros pasaron de un rostro a otro de sus pequeños oyentes. vuestras desobediencias —siguió diciendo Mr. Howard como si estuvieran hipnotizados. Newell. Las pocas mujeres a las que se aproximó siempre deseaban tener. vuestras creencias. niños. ¡Bien! Bien y bueno. La mayor parte de sus palabras sonaron muy poco familiares en las orejas limpias y sucias de Arnold. Y. ¡Eh! — lanzó una penetrante mirada a través de la habitación—. ¿Qué estáis murmurando por ahí atrás? ¿Algo sobre nigromancia o alguna otra cosa? . Bowers y los demás. hijos. Pronto descubriréis que un reglazo en la mano no es ningún sueño. no tenéis ningún derecho a exigir privilegios. aprisionando sus trenzas. aquí no habrá fantasías. Quiero que sepáis dónde estamos. —A veces —dijo Mr. se posaba en la solapa de la chaqueta mientras hablaba. cerrada y apretada. Mantenía una mano en la espalda. Howard fue convocado y convencido de que su deber era hacerse cargo de la clase.No se casó nunca. Pero el tono de su voz les hacía sentir miedo. creo que se debe hacer todo lo posible por reformar sus pequeñas mentes incivilizadas. Yo no os temo. —Vivís en vuestro mundo de fantasía —dijo. Howard aceptó.. Dándose cuenta de que el compromiso no podía durar más de unas pocas semanas. desde luego. para que él no estirara de ellas como si fueran cuerdas de campanas. Howard. Sois.. En consecuencia. Mr. un maestro. No sois humanos. limpia. Howard aquella mañana de un lunes de setiembre mientras caminaba lentamente por los pasillos laterales de la clase—. que saben mejor que vosotros lo que se debe hacer.. Os lo merecéis. Howard—. Bien.. como un pálido animal. Se detuvo y colocó su elegante trasero sobre la silla situada detrás de la mesa. mientras todos los ojos estaban fijos en él—.

Esta tarde. cae y se muere —explicó Isabel Skelton con prontitud. —No nos gusta usted. Howard. os quedaréis una hora y lavaréis las pizarras. queda envenenado. Mr. Howard elevó las cejas. la verdad. William Arnold echó a correr. —Sólo voy a demostrarle cómo jugamos a los venenos —dijo el chico. al mismo tiempo. —¡Vuelve aquí! —le gritó Mr. jugando a los venenos. —¿Y bien? —pidió el hombre—. Mr. Eso es todo lo que dijimos. Después volvió a sentarse. levantando la mano. —Me agrada la franqueza. saltamos sobre él. ¿Y bien. Después de las clases. Bien. sorprendidos. . saltando sobre un bloque de cemento que había en la acera—. con el rostro contraído. —¡Veneno! —exclamó el maestro. Dio un golpe seco y agudo con su bastón sobre la acera. jovencitos? Donald Bowers se levantó. —¡Oh! —exclamaron.—¿Qué es nigromancia? —Preguntó una niña pequeña. Howard se encontró con cuatro de sus alumnos. Gracias por vuestra honestidad. con las hojas de otoño cayendo a su alrededor. Explicádmelo. Pero. ¿Y cómo se juega a los venenos? De mala gana. —¿Lo hacéis de veras? —preguntó Mr. después de las clases. —Discutiremos eso cuando nuestros dos jóvenes amigos. Cada vez que llegamos ante un hombre muerto. retrocedieron como sí hubieran sido golpeados con el bastón sobre sus espaldas. los señores Arnold y Bowers expliquen qué estaban murmurando. —Si salta uno sobre la tumba de un hombre muerto. —¡Eh! ¿Qué estáis haciendo? Los dos chicos y las dos chicas. Howard. mientras se dirigía a casa. ¿Qué estabais haciendo antes de llegar yo? —Jugando a los venenos —explicó William Arnold. después dijo con un estudiado sarcasmo—: Veneno. debo deciros que no tolero la rebelión poco seria. veneno.

—Mr.. —¡Hablad más alto! —Sí. Terrill —dijo. —No lo hiciste —dijo Isabel. en un gesto de impaciencia—. ¿De dónde habéis sacado esa idea del hombre muerto? —¿No lo ve? —preguntó Clara Parris señalando con su regla—. tumbas. Howard—. —Mentiras deliberadas —dijo Mr. casi al unísono. envenenamientos —dijo burlonamente Mr. Mr. mirándose los pies—. Kelly y Mr. Howard se alejó rápidamente por la calle. Falsificación del más alto calibre. Clara. Da igual —levantó la mirada y añadió—: Es tarde. de mal humor. Terrill no están enterrados aquí? ¿Lo ves. Howard. Isabel y Clara abrieron la boca y se volvieron acusadoramente hacia los dos chicos. Kelly y Mr. Eso son simplemente los nombres de los albañiles que mezclaron y colocaron el cemento de la acera. Bueno. —Se ha echado a perder todo —comentó Clara. William Arnold esperó hasta haberle perdido de vista antes de decir: —Espero que algún pájaro deje caer algo justo en su nariz. —¡Ridículo! —replicó Mr. —¡Dijisteis que eran lápidas de tumbas! —gritaron las dos. Hasta luego.—Hombres muertos. ¿esto no son tumbas? ¿Mr. Clara Parris miró los dos pequeños nombres grabados en la acera. ¡Buen Dios! Señores Arnold y Bowers. pegando golpecitos con su bastón. Lo son. señor —replicaron de nuevo. Me voy a casa. poniendo mala cara—. Howard. sigamos jugando a los venenos —dijo Isabel. En este cuadrado están los nombres de dos hombres muertos. ilusionada. Isabel? Es lo que te he dicho una docena de veces. tirándose al suelo y haciendo como que echaba espumarajos por la boca—. leyéndolos—. ¿comprenden? —Sí. —¡Estoy envenenado! —gritó de pronto Donald Bowers.. Tengo que marcharme a casa. Entonces. no harán más estas cosas. casi. mirando de soslayo—. ¡Mirad! ¡Estoy envenenado! ¡Ahhhh! . señor —murmuraron los chicos. —Sí —dijo William Arnold. —Vamos.

no hay nada detrás. Había un cráneo blanco en la ventana. —Otra semana como ésta —se dijo a sí mismo—. Howard a sí mismo. inclinándose sobre las marcas de tiza. todo esto es una tontería. ¡Dios... Mr. murmurando—: Eres una pequeña bruja. La forma en que los chicos se subían a los árboles para mirarle mientras comían manzanas. Durante el resto del día. las noches que llegaban con mayor prontitud. Tendrán que intentarlo de alguna otra manera. la sacudió violentamente y después la dejó en el suelo. la silenciosa espera. y todo como si fuera perfectamente inocente.. permaneció en pie sobre ella y sobre las marcas de tiza. No puedes jugar aquí —declaró él. El nerviosismo. No tardaré en estar lejos de aquí y. El sábado por la mañana. lloriqueando y pasándose las manos por los ojos. —¡Deja de hacer eso! Abalanzándose al exterior. después. el odio fue creciendo entre él y los niños. y los gritos y sonidos producidos por los pequeños monstruos en cada arbusto y sombra no le dejaron descansar. casi la tiró al suelo en su agitación. las rabietas repentinas por nada. no! Volvió a entrar en su casa. bebiéndose un vaso de brandy detrás de otro—. Isabel echó a correr. lamentándose. ¡Por el amor de Dios! ¿Por qué no podremos nacer todos adultos? Y transcurrió otra semana. Pentagramas. se sirvió un vaso lleno de brandy y se lo bebió. . no se atreverán a tocarme —se dijo Mr. Y. enojada y echó a correr. las borró con su pañuelo. y me volveré loco de atar —se llevó una mano a su dolorida cabeza—. Rimas y conjuros..—¡Oh! —exclamó Clara. —Pero no me tocarán. de ellos. ¡Oh.. Howard miró por la ventana que daba a la calle y lanzó un juramento al ver a Isabel Skelton haciendo señales de tiza sobre la acera y saltando después sobre ellas. entretanto. los días cada vez más cortos. En cualquier caso. Ve corriendo y dile a tus pequeñas cohortes que has fracasado.. el olor melancólico del otoño posándose por toda la ciudad. como si fuera a golpearla. —No importa. No lo conseguirán conmigo. —¡Adelante. No lo conseguirán. —Sólo estaba jugando a la pata coja —dijo la niña. al mismo tiempo que contaba una monótona cancioncilla. pequeña tonta! —gritó él con furia—. qué inocente! ¡Eres un pequeño diablo! Hizo un gesto. No tardaré. El odio y el temor crecían juntos. pero se detuvo. estuvo oyendo a los niños jugando al tú-la-llevas. La agarró. y después.

—¡Eh. las ventanillas de la nariz. todo había terminado y. el sótano olía a carbón y a escorias de hulla. no prestaron atención a los niños que jugaban a los venenos en la calle Oak Bay durante todos los otoños siguientes. no encontró más que pequeñas motas de polvo flotando en el aire iluminado por el sol: las habitaciones estaban vacías. la apisonarían y colocarían una nueva capa de cemento. y que montones de tierra húmeda y fría caían sobre sus pantalones. La tierra se abrió bajo él. una araña y una carta descolorida. con estallidos de cólera y acusaciones. entrando y saliendo por los agujeros donde colocaban las nuevas tuberías. ¡Había un cráneo blanco en la ventana! No cabía la menor duda de que la mano de un niño sostenía el cráneo. las tuberías. hasta que fue demasiado tarde. Había tenido que ahuyentar continuamente a los niños de la zanja de la tubería del agua en construcción que estaba frente a su casa. dejando la acera como estaba. los lugares ocultos. Estuvo llamando durante cinco minutos. su chaqueta.. Gracias a Dios. Mr. —Una cosa muy curiosa lo que le sucedió a Mr. y siempre estaban subiendo y bajando. miraban a su alrededor y observaban después las marcas que había en el bloque y que decían: . Cuando finalmente abrió la puerta y se introdujo en la vivienda. Eso eliminaría a los niños. Howard —dijo muchas veces durante los años siguientes. Pero. llamó a la puerta de Mr. Howard salió precipitadamente de la casa. A los chicos les encantan las excavaciones. siendo como son. sobre su espalda. pero vio las figuras moviéndose precipitadamente por delante y por debajo de él. los ojos. los trabajadores rellenarían de tierra la zanja. Se escuchaba una risa infantil procedente del exterior. sin dejar de gritar. apoyándolo contra el cristal. las orejas. Había sido una semana muy larga. con los huevos envueltos en una servilleta.. vosotros! —explotó en medio de los tres chicos que empezaban a correr. tuvo la impresión de que se ponía en marcha una verdadera avalancha. las conducciones y las zanjas. al día siguiente. sus zapatos... mientras perdía la conciencia. Las vio como si estuvieran unidas y no pudo recordar la razón de ello. justamente ahora. La vecina.Eran las ocho de la noche de un jueves. dándose un golpe terrible en la cabeza con una tubería y. Ni siquiera cuando los niños saltaban sobre un bloque cuadrado y extraño de cementó. Echó a correr detrás de ellos. y en el ático no había más que una rata. golpeándolo y moviéndolo. sobre su nuca y sobre su cabeza. Howard al día siguiente. La calle estaba oscura. llenándole la boca. muy poco observadores. provocada por su caída. Y los adultos. Cayó y quedó en un pozo.

R.I. HOWARD . ¡No os crucéis por delante de mamá! ¡Vámonos ya! . niños. —¿Quién es Mr.Mr.P. —¿Y qué significa eso de R. Howard.? —¡Ah! ¿Quién lo sabe? ¡Estás envenenado! ¡Lo has pisado! —Vamos.I.P. Billy? —¡Ah! Supongo que será el tipo que puso aquí el cemento. vamos.

mentes.. confinada en su cama a causa de las fiebres reumáticas. dándose cuenta entonces de que lo que había estado oyendo desde hacía varias noches no era un sueño.. había recogido de una mísera granja del condado para que le hiciera los recados.. Renner. Kathy Renner. Renner. sin nadie con quien hablar.! ¿Quieres despertarla? Lucy se sentó entonces en la cama.. el pobre anciano a quien. Era una voz aguda y cacareante. medio en serio— en su acción de escuchar. ¿Cómo podía una madre escuchar aquel . y a quien se le negaba el solaz de una simpática compañía por temor a que la excitación pudiera producirle un ataque al corazón. Estaba dispuesta a espiar una conversación en aquella casa de sucesos extraños. casi involuntaria. El saber que no querían que escuchara lo que su patrona y el hombre estaban discutiendo. escuchó un suave gemido. introdujo cierta fascinación —medio maliciosa. El asco de Lucy se sublevó contra la falta de eficacia de Mrs. bastante en consonancia con el hombre seco y menudo a quien pertenecía. de modo que pudiera escuchar mejor los murmullos que sonaban al otro lado de la puerta de su dormitorio. comían alpiste y trinaban. de doce años de edad. y llorando toda la noche a causa del hambre. ya completamente despierta ante aquellas voces bajas que sonaban en el pasillo. si es que Kathy no lo supo. Fue demasiado para ella. —Porque no era una buena mujer. señora. estaba gimiendo suavemente: —¡Mamá! ¡Tengo hambre! ¡Mamá! ¡Tengo hambre! ¡Aquella pobre niña! Allí sola durante todo el día. ¡Escúchala ahora! ¿Cómo voy a hacerla callar? ¡Dímelo! Lucy también escuchó. —¡Shhh. Lucy Butterfield volvió la cabeza sobre la almohada. EL ANTIMACASAR Autor: Greye La Spina —No duró mucho tiempo —dijo la voz resentida de Mrs. —Kathy tiene que ser alimentada —dijo el agudo murmullo de Mrs. Lucy sabía que aquélla era la voz de Aaron Gross. Tendría usted que haberlo sabido. Renner —. según le había explicado su patrona. fuera de su dormitorio. Desde una de las habitaciones cerradas situadas a lo largo del pasillo. si con ello pudiera encontrar alguna clave que la condujera a la misteriosa desaparición de Cora Kent..

dejando por ese tiempo su nuevo y responsable puesto de jefe de compras en el departamento de lencería de Munger Brothers. Acuérdese de mis palabras. Se había marchado al campo en su cupé. como si un inexplicable presentimiento le impulsara a dar una explicación: —¡Escúchala! ¡Oh. mí pequeña Kathy! No puedo soportarlo. Teniendo como fondo aquel extraño sonido. con un gruñido. alejada del camino. y las investigaciones realizadas sólo pudieron poner de manifiesto el hecho de su desaparición. Esta noche no puede hacer nada —accedió Aaron. Los ojos grises de Lucy vagabundearon por la habitación. Cora no había vuelto al trabajo. se hundió en el silencio. La antigua granja holandesa de Pennsylvania. No voy a permitir que siga teniendo hambre. No vas a detenerme. Renner. No puedo llegar hasta ellos esta noche.. Te digo que vuelvas a la cama. Lo sentirá si lo hace. —¡Mamá! ¡Tengo hambre! ¡Mamá! Lucy permaneció despierta durante mucho rato. llevándose un pequeño telar y cajas de hilos de colores. Los pasos se fueron alejando suavemente por el pasillo. —No lo haga. Todo había comenzado con la desaparición de Cora Kent. a excepción del quejumbroso gemido procedente de la habitación de la niña. Aaron. —¡Silencio! Vuelve a la cama. pues su dulce y penetrante perfume parecía formar parte de la vida campesina a la que se había entregado durante unas vacaciones de dos semanas. Alguien . Déjame esto a mí. ¡No lo haga! Los accidentes son una cosa. pero a propósito es otra. No puede seguir así. la inmediata superior de Lucy en el departamento de lencería de Munger Brothers. Permítame coger una estaca aguda. A Lucy le había agradado la señorita Kent como compañera de trabajo y por eso consintió de mala gana en hacerse cargo de su responsabilidad. Renner. entre las dos ventanas que daban al sur. Era para ella algo muy agradable el que su patrona se las trajera diariamente frescas. Al final de su período de vacaciones. débilmente visible en la semipenumbra de una estantería situada en el viejo escritorio.lastimero ruego sin atenderlo? Se escuchó la voz ronca de Mrs. la puerta de ella está cerrada y hay madreselvas dentro. —Bueno. y. yo soy la madre de Kathy. Después de todo. sus pensamientos se detuvieron en la razón de su estancia en la granja de Mrs. hasta posarse con extrañeza sobre un jarrón alto de madreselvas amarillas. en el condado de Bucks. y entonces tendrá un problema doble. no será como la primera vez. Si ahora sucede lo mismo.. Ya sabe lo que sucedió con la otra chica. en Filadelfia. situada en la región de Haycock. pero mañana voy a sacar esa madreselva. No conseguía dormirse mientras continuaba aquel desgraciado murmullo. señora. señora. señora. ¡No lo haga! —protestó agudamente la quejumbrosa voz de Aaron—.

pero. Renner. parecían una especie de símbolos antiguos. Lucy llegó a un acuerdo con Mrs. Brunner quedaría encantada al recibir una pieza de un tejido evidentemente original. después de terminar las clases semanales de sus ya avanzados estudios de medicina. los tapetes que había en el lavabo. Era una bonita obra de artesanía. Propuso comprárselo e inmediatamente Mrs. Mrs. Lucy sabía que la madre de Stan. y el antiguo escritorio con sus altas estanterías y cajones a ambos lados del elevado espejo. por encima de todo. después. Tenía la sensación de que Cora no se podía haber alejado mucho. En el museo de Doylestown se enteró de los nombres de los tejedores de la comarca y. Cuando Lucy regresó a Doylestown para recoger sus pertenencias. Dio también a su futura suegra la dirección de Mrs. y las marcas irregulares que cruzaban el centro eran divertidas. quedaría encantada con aquel tejido antiguo. Lucy lanzó una exclamación de entusiasmo al ver la colcha que cubría la vieja cama. así es que estableció su cuartel general en Doylestown. Al tercer día de su período de vacaciones. Lucy se prometió a sí misma descubrir quién había confeccionado aquel tejido. Le tocaba su período de vacaciones tres semanas después del de la señorita Kent y ella insistió en disfrutarlas como una preparación parcial para hacerse cargo de su nuevo trabajo. y su mirada evitó rápidamente los ojos escrutadores de Lucy. en las afueras de Quakertown. se sintió atraída por el antimacasar prendido con un alfiler en el respaldo del sillón. El antimacasar no tenía un aspecto tan estrafalario como le había parecido al principio. Renner. La atención de Lucy se dirigió hacía un sillón tapizado con un material que. Los bloques decorativos de las esquinas y de las partes central superior e inferior no estaban tan pobremente diseñadas. Renner. con la que mantenía excelentes relaciones. según Mrs.tenía que asumir la tarea y Lucy era la siguiente. Nunca me gustó. Renner dijo con una cierta inquietud que aquello no lo había tejido ella misma. Renner para pasar una semana en su granja. Me agrada esta oportunidad de desprenderme de él. La patrona la observó de una forma extraña y negó haber . escribió una breve nota dirigida a la madre de Stan y le incluyó el antimacasar. donde había numerosas granjas aisladas. Decidió recorrer el campo para ver si podía descubrir alguna clave que explicara la misteriosa desaparición de Cora Kent. aun cuando el dibujo central había sido hecho de cualquier modo. una vez contara con la confianza de la patrona. con pensión completa. sus preguntas la llevaron a la granja de Mrs. Preguntó directamente a Mrs. Renner si Miss Cora Kent había estado alguna vez en aquel lugar. mientras continuaba la tarea de detective que ella misma se había impuesto. había sido tejido por ella misma. capital del condado de Bucks. y recibir lecciones con el propósito de aprender a tejer. Renner desprendió el alfiler y dijo secamente: —Tómelo. Encontró una pista en la región de Haycock. Mrs. y estaba segura de que se lo enseñaría a Stan cuando viniera a casa a pasar con ella el fin de semana. En la habitación del piso superior que daba a la fachada y que iba a ser la suya.

y sus ojos negros casi cerrados. Por la noche.escuchado siquiera aquel nombre. Después. recordando repentinamente las palabras de su patrona murmuradas la noche anterior. de que el jarrón de madreselvas brillaba . Al parecer. pues a Lucy se le pidió que no hiciera ruido en la casa durante el día. Kathy se pasaba el día durmiendo. pues podía sufrir un ataque al corazón a causa de sus fiebres reumáticas. ¿Por qué la madre de Kathy no daba algo de comer a la pobre niña? El morirse de hambre no estaba incluido en ningún régimen contra las fiebres reumáticas. el ruido no molestaba a la pequeña niña enferma ya que. No fue hasta la tarde del día siguiente cuando. de todos modos. Mrs. en sí misma. refiriéndose a alguna otra ocasión anterior. de repente. Se escuchó el débil sonido de una puerta abriéndose y los lamentos disminuyeron. los labios apretados. Renner. como. escuchando las llorosas quejas de la niña. se fueron desvaneciendo con el sueño en la aún activa mente de Lucy. Renner había mentido deliberadamente al decir que nunca escuchó aquel nombre. por ejemplo. Mrs. pidiendo disculpas. Lucy levantó la mirada al oír el sonido de una blusa almidonada. se mantenía despierta. con la sensación de que ya se habían atendido las necesidades de Kathy. con las cejas fruncidas. Ahora. También había una nota de la lavandería. Cuando ella deshizo el paquete y apartó la envoltura. Lucy estaba sentada en la cama. al entrar en su habitación para coger las tijeras que podría necesitar en su aprendizaje con el telar. Se encontró con Mrs. El viernes por la mañana. pues la deliberada mentira de Mrs. Renner y la malhumorada desaprobación de Aaron sobre el comportamiento de su patrona. El hombre actuó con tanta desconfianza y temor que Lucy quedó extrañada. K. deslizándose cómodamente en la cama.». un misterio. se volvió de espaldas y entró en la casa. Después. El pañuelo llevaba las iniciales «C. Las enigmáticas observaciones de Mrs. Había un pañuelo que no le pertenecía y que tenía bordadas unas iniciales. escrita a lápiz. Aquello significaba que Cora Kent había estado en la granja Renner. Mrs. donde ella había dejado ropa a lavar. Lucy se sintió alterada sin saber exactamente por qué. por aquel vecindario. había once en lugar de diez. la puerta cerrada con llave de la habitación donde estaba confinada Kathy Renner. Lucy se acostó. Lucy contó las pequeñas piezas. Renner no dijo nada: sólo se quedó mirando fijamente. se dio cuenta. Fue entonces cuando Lucy recibió el primer impacto de una siniestra intuición. a la dirección de su propietaria. que miraba fijamente el pañuelo de Cora. Aaron Gross trajo a Lucy un paquete de la lavandería de Doylestown. Esta sólo era una de las pequeñas cosas que empezaron a preocuparla. su segundo día de estancia en la granja Renner. dispuesta a dormir. Cora Kent tenía que haberlo dejado en alguna parte. Renner le había dicho en un tono definitivo que no deseaba que nadie molestara a Kathy excitándola. El pañuelo había sido enviado equivocadamente a otro cliente y se devolvía ahora. él la cogió y la arrugó como si temiera que alguien se diera cuenta de que ella había dado su dirección antes de acudir a la granja. Renner era.

Renner. Había una urdimbre blanca de hilo en punto de cruz. explicó Mrs. evitando astutamente el tener que llevarlas a través de toda la casa. —¿Qué clase de bordado puede hacerse en punto de cruz? —preguntó Lucy. se dirigió a su habitación bastante temprano y. con ella misma. asomándose por la ventana abierta. Renner—. —Toda clase de bordados —contestó Mrs. No vale la pena empezar esta noche. Se preguntó inútilmente qué relación podría existir entre los lamentos de hambre de Kathy y las madreselvas. La mayor parte se trata de trabajo hecho a mano — manipuló las palancas ilustrando lo que decía a medida que hablaba—. Las colocó en el pesado vaso de gres para los dientes que se encontraba en el anaquel del lavabo. tal y como había hecho desde el principio. y había dejado sobre ella un pequeño telar de unos treinta y cinco centímetros de anchura. donde el elevado telar de Mrs. Es un trabajo difícil con las lámparas de queroseno. Será mejor que. Lucy dijo que apenas si podía esperar. —Mañana podrá usted bordar una toalla blanca de algodón con orillas de colores —dijo bruscamente—. Se agitó en su profundo sueño y se despertó ante el sonido del pomo de la puerta. quejándose: . Mrs. al principio. pero miró con desconfianza a Mrs. haga usted bordados sencillos. ¿verdad? —probó a preguntar Lucy. incluso. pensando en el antimacasar que había enviado a la madre de Stan. Lucy pensó maliciosamente que. Le parecía increíble estar a punto de confeccionar los bordados de una toalla con sus propias manos y dentro de los breves límites de un mismo día. De todos modos. pues reconoció inmediatamente uno de los modelos vendidos en la tienda donde trabajaba. Con la vaga idea de obstaculizar el propósito de Mrs. pudo escuchar unos débiles pasos que se retiraban y el gemido de la pequeña niña enferma. Lucy lo examinó con interés. El trabajo hecho a mano no resulta tan fácil y ocupa mucho más tiempo. cerró la puerta con llave. La patrona había limpiado una mesa en la gran sala de estar del piso bajo. E. Mrs. la pieza con la pequeña mano atravesada sobre figuras bordadas en ella. para realizar un bordado sencillo. una costumbre adquirida en las pensiones de la ciudad donde había vivido. Lucy se las arregló para arrancar varías ramas de lilas y de madreselvas. Renner. después. —El antimacasar que me dio es trabajo hecho a mano. Renner cuando la mujer le explicó que se trataba de una máquina muy antigua que le había dado hacía años una antigua estudiante que ya no la necesitaba. Renner tendría que ponerse al descubierto y explicarle qué razones tenía para llevárselas. que giró cautelosamente.por su ausencia. para quitar aquellas flores. Renner le lanzó una mirada extrañamente velada. No le dijo nada de esto. Renner ocupaba mucho espacio. insinuado la noche del viernes a Aaron. Con punto de cruz se puede hacer casi todo.

Cuando bajó. —He tirado esas flores. yo no las quiero —dijo la patrona con un tono de voz y una actitud airados. aunque el calor sofocante del día parecía suficiente como para haberle hecho renunciar a cualquier artículo de ropa superflua. se dirigió directamente hacia Lucy. —¿Puso usted esas flores en su habitación? —preguntó. Y no necesita traer más. después. Renner no se encontraba evidentemente muy bien. Renner—. le hicieron mostrarse rebelde. Mrs. Sus ojos estaban rodeados por círculos oscuros y llevaba un pañuelo algo suelto y atado alrededor de su cuello. por un momento. y preparó la lanzadera para efectuar un tejido sencillo. —No tengo ningún miedo a tener flores en mi habitación por la noche. El tono de su voz era el de una orden y el resentimiento natural de Lucy. pero su intuición le dijo que en aquella pregunta se escondía mucho más de lo que aparecía en la superficie. con una expresión ceñuda en el rostro y los labios duramente apretados. casi creyó que la niña se encontraba muy cerca de su puerta cerrada con llave. Esa es la razón por la que saqué las otras. Si quiere usted permanecer en mi casa. No son saludables por la noche. no puedo entrar! ¡No puedo entrar! A la mañana siguiente. Renner. momentos después. tengo hambre! Le pareció escucharlo tan cerca que. tendrá que pasárselas sin flores en su dormitorio. Cuando Lucy se sentó ante el telar. No quiero que haya flores en mis dormitorios por la noche. —Bueno. Lucy dejó el trabajo y volvió el rostro hacia Mrs.—¡Mamá. Renner. la dejó allí trabajando y se dirigió al piso superior para arreglar la habitación de su huésped. Mrs. —No veo ninguna buena razón para discutir por unas pocas flores. Creyó oír decir a la niña: —¡Mamá. Renner —insistió con tozudez. porque haré lo mismo con ellas. Mrs. fingiendo sorpresa. así como su ahora excitada curiosidad. señorita. —No son buenas en una habitación por la noche —espetó Mrs. con desaprobación. . ella le enseñó a cambiar los hilos. —Me gustan mucho las flores —murmuró. Lucy elevó las cejas.

Renner abrigaba inicuos propósitos misteriosamente relacionados con la ausencia de . Lucy desenroscó la tapa del frasco y olió su contenido. Pero la expresa mención de las madreselvas le hizo tomar la decisión de arrancar algunas más de la parra que subía por la pared de la ventana. Parecía sentirse satisfecha ante la afirmación de su autoridad como dueña de la casa. Lucy subió a su habitación y volvió a cerrar la puerta con llave. Pero. El olor era inconfundible. ¿Por qué aquella mujer había adoptado una posición tan dura en esa cuestión? ¿Por qué le había dicho al viejo Aaron que iba a «sacar las madreselvas»? ¿Qué había en las madreselvas que impulsara a Mrs. hasta el punto de que cuando llegó la noche. Lucy se quedó medio dormida en la hamaca. Mrs. Quedó paralizada. Lucy ya había terminado una pequeña toalla de algodón blanco. Si Mrs. deslizó el respaldo de una silla bajo el pomo de la puerta. desde luego que no llevaré flores a mi dormitorio. mirándolo curiosamente. Como una medida adicional de precaución. Lucy estaba decidida a tenerlas allí. como sí aquello tuviera algo que ver con las quejas de Kathy Renner: «¡Mamá. sido violentamente arrancados y arrojados al suelo. Renner no las quería en la habitación. Un escalofrío de recelo recorrió su cuerpo. Había visto un frasco igual en la mesa del despacho de Cora Kent. El aire fresco del campo y el abundante suministro de buena comida campestre se combinaron para llevar una rápida pesadez a sus párpados. no tenía la menor duda de que Cora Kent había estado allí antes que ella. tengo hambre!»? Lucy no podía situar en su lugar correcto todas las piezas del rompecabezas.—Si lo plantea de esa forma. Aquella noche. con bordes en color. poniendo finalmente al descubierto un pequeño frasco azul casi lleno de pastillas blancas. Ahora sabía que el pequeño telar debía ser el de Cora. comenzó a ladrar furiosamente alrededor de las raíces de unos arbustos cercanos. Se despertó cuando un pequeño perro callejero. Otra prueba muda era el pañuelo con las iniciales. Si Mrs. empezó a sentir cierta amenaza sobre su propia seguridad. Deslizó rápidamente el frasco en el interior de su blusa. Volvió a cerrar la ventana y se sentó en el borde de la cama. con franqueza. Todos los brotes de madreselvas que se encontraban al alcance de la mano habían. extrañada e inquieta. El resto del domingo se pasó iniciando a Lucy en las intrincadas tareas del bordado decorativo con punto de cruz. Renner avanzó con paso decidido. Renner había apartado de la ventana. como huésped de la casa Renner. al que había visto de vez en cuando salir y entrar en el establo de la granja Renner. Por primera vez desde que llegó allí. bajo la ventana. Renner a quitarlas de la habitación de su huésped. debo decirle que eso de que no sean saludables me parece algo tonto. Ahora. Sus pensamientos se dirigieron hacia las flores que Mrs. Abrió lentamente la ventana y se asomó al exterior. Apartó al perro y recogió el frasco. y Cora le había comentado algo en el sentido de que el ajo era bueno para las personas inclinadas a la tuberculosis. Alguien había previsto ya su reacción.

Podría haberse dirigido hacia el cobertizo donde estaba aparcado su coche. pasarían camiones y coches. como si todo su ser la estuviera abandonando para salir al encuentro de aquellos labios infantiles que se adherían con tanta fuerza a su cuello. Será mucho mejor de ese modo.. Lucy sabía que no podría enfrentarse adecuadamente a la situación que pudiera plantearse.madreselvas. señora. Está dormida. Era como si algo la hubiera abandonado. ¡Shhh. ¿Qué tendrían que ver las madreselvas con su propia seguridad personal? Se preparó para meterse en la cama y apagó con decisión la lámpara de queroseno. La niña acercó sus pequeños y cálidos labios a su cuello. por donde. Podría haber sido muy divertido a plena luz del día. Se sintió invadida por el cansancio y no tardó en caer en un profundo sueño. Se sentía cansada. en la mañana del lunes. Sus sueños eran extraordinariamente reales v cuando finalmente se despertó.! Tampoco escuchó la quejumbrosa protesta del viejo Aaron: —No puede hacer eso. el sibilante murmullo de Mrs. Lucy sabía que ya era hora de levantarse. No escuchó. de algún modo. Pero cuando se disponía a protestar por la falta de cuidado de la niña. con muy pocos ánimos para realizar el más mínimo esfuerzo físico. A la vista de aquellos enrojecidos pinchazos. señora. recordando el último sueño en el que una niña vestida de blanco se había acercado tímidamente a su cama. Mamá ha sacado las madreselvas. Ningún sonido llegó hasta Lucv. en lo que Lucy creyó ser un beso. Elevó involuntariamente una mano. deslizándose junto a ella hasta que sus propios brazos rodearon a la pequeña y tímida intrusa.. lanzó un débil grito. oculta detrás de colinas pobladas de espesos bosques. casi débil y.. pensó. llevándosela al cuello. pero no era ésa la situación. Vio con toda claridad aquellas dos marcas en su cuello. Kathy. . Fue un sueño muy inquietante y su recuerdo dejó en ella una mezcla de antipatía y fascinación. pues. profundamente dormida en su habitación cerrada con llave. Ya puedes entrar.. exhausta. como dos pequeños pinchazos. Lucy se levantó de la cama y se dirigió hacia el espejo. Se sentó en la cama. se encontró lánguidamente echada en la cama.! ¡Kathy! Puedes venir ahora. Lucy suponía que siempre podría andar o echar a correr hasta alcanzar la carretera principal. sin duda alguna. Aun cuando «ellos» hubieran averiado el vehículo. Déjeme que coja la estaca. en la aislada granja Renner. un beso como Lucy no había experimentado jamás en su vida. su mente y sus músculos se vieron invadidos por una completa relajación. allí donde la niña de su sueño la había besado de un modo tan extraño e intenso. estúpida y supersticiosa. como si un gran escarabajo hubiera cortado la carne delicada con sus agudas mandíbulas. Sus dedos notaron una pequeña protuberancia. Se dijo a sí misma que se estaba comportando como una boba demasiado imaginativa. Sintió una punzada cruel. Renner: —¡Shhh.

pero sabía que debía abandonar la granja Renner lo antes posible. No sé nada de máquinas. También estaba segura de que ese algo tenía que ver con ella. en el cobertizo situado en la parte trasera del establo. con su tono quejumbroso—.? Se quedó mirando fijamente el cuello. señorita. Pero no sé cómo sacarlas. pero cuando se acercó descubrió con desmayo que tenía dos pinchazos.? —No puede usted utilizarlo ahora mismo. Aaron no hizo ningún comentario. y mucho menos reparar la segunda rueda pinchada. —Necesitaré una caja para mantener elevada esta parte cuando coloque el gato debajo de la otra rueda —sugirió. Se volvió. no podía expresar con palabras de qué tenía que huir. Y ni siquiera sabía cómo sacar o colocar aquella rueda de recambio. La impaciencia y el recelo se mezclaron en la voz de la joven. —Creo que podré elevar el coche.. Como era normal. reflejado en el espejo. Halló su automóvil donde lo había dejado. Se quedó mirando fijamente el inútil vehículo.. tocándose con suavidad las marcas rojas. ¿Podría llegar hasta su coche y escapar? ¿Escapar. mientras ella trataba de colocar el gato y empezaba después a elevar el coche del suelo. señorita. pero sabía que existía algo perjudicial en la misma atmósfera de la granja Renner. con desánimo. tratando de sonreír con despreocupación. —¿Qué le ha pasado a mi coche? ¿Quién. pero quiero disponer del coche para ir a la ciudad. observándola. Abrió el portaequipajes y comenzó a sacar las herramientas. Parecía estar bien. —Yo tampoco. La voz aguda de Aaron Gross llegó suavemente a sus oídos. En realidad. Se sintió invadida por un terror irracional. sólo disponía de una rueda de recambio. Nunca lo he hecho hasta ahora. No podía dar ninguna coherencia a sus pensamientos y se encontró con que únicamente estaba pensando en una cosa: en huir..Ahora estaba convencida de que algo andaba mal. De compras —añadió rápidamente. con esos dos pinchazos —dijo Aaron. ¿Quiere que lleve las ruedas a un garaje para que se las arreglen? —Eso sería estupendo —contestó con alivio—. Permaneció en un extremo del cobertizo. Era incapaz de analizar con precisión la naturaleza de lo que andaba mal. Le sería imposible alejarse en su automóvil de la granja Renner. Lucy se vistió con precipitación y se las arregló para salir de la casa sin encontrarse con su patrona. para enfrentarse a él con una mirada acusadora. y aquella necesidad se fue convirtiendo en una convicción cada vez más fuerte a cada momento que pasaba. En su mente sólo aparecía con toda claridad un pensamiento inquietante e incontrovertible: Cora Kent había visitado la granja Renner y nadie la había visto desde entonces. Aaron. ..

—Mi coche tiene dos pinchazos. había pertenecido a Cora Kent. Se detuvo llena de desesperación.. Más que preguntar. Quería marcharse de allí antes de que cayera la noche. No puedo comprender cómo ha ocurrido — dijo Lucy. a pesar de sus frenéticos intentos con las tuercas y los pernos. pero no puedo sacarlas. con los ojos casi cerrados y los labios contraídos en una mueca. Respirando con dificultad y despeinada. se dijo a sí misma. ¿quiere que le pida al mecánico que venga? —¡Oh. Al salir. Renner permaneció impasible. Desde el interior del establo le llegó la voz quejumbrosa y precavida de Aaron: —Señorita. no consiguió mover nada. Con eso sería suficiente. y sin dar la menor señal de haber escuchado sus palabras. Mrs. salió del cobertizo para buscarle. Aaron puede hacer sus recados. trabajaría en el telar que. Renner! —llamó Lucy—. El rostro de Mrs. a él y a usted. después. —¡Oh! Pero yo quiero ir a la ciudad —insistió Lucy con vehemencia. le volvió la espalda y se dirigió hacia la casa sin pronunciar ninguna otra palabra. ¡Mrs. afirmó: —No necesita ir a la ciudad. ahora estaba convencida. Mientras Aaron permanecía fuera. Pensó que podría convencerle para que fuera a buscar un mecánico a la ciudad.. —No necesita su coche hasta que no se marche de aquí —dijo Mrs. mientras con sus dos gruesas manos acariciaba suavemente el delantal azul que cubría sus anchas caderas. Renner! Quisiera que Aaron llevara las dos ruedas a la ciudad para que las reparen. Renner. Observó a Lucy con un rostro impasible. Renner apareció ante ella. —¡Mrs. Renner con frialdad. pero. Lucy consiguió desprender el tapacubos. Una vez que el mecánico estuviera allí. .Aaron se marchó. Renner. bajaría su maleta y se las arreglaría para marcharse con él a la ciudad y para que alguien fuera a recoger su coche en cuanto las ruedas estuvieran reparadas. Dígale que yo sola no puedo sacar esas dos ruedas. Mrs. Podría pagarle bien. en espera de que Aaron represara con la caja. —¿Hay algo que ande mal? —preguntó Mrs. Aaron! Eso sería maravilloso. Así no despertaría las sospechas de Mrs. Renner siguió su camino y desapareció en el interior de la casa sin volverse.

Los hilos sueltos de las esquinas parecían serpientes enroscadas que se elevaban sobre sus colas. Sabía por qué se habían elegido las serpientes adaptables como motivo de decoración. y avanzó mucho más rápidamente de lo que había pensado. Al cabo de un instante. y el del centro era como una serpiente con la cola en la boca. . ¿verdad? —siguió preguntando Lucy con implacable crueldad. era casi como si otros dedos estuvieran colocando el hilo en su lugar. Mrs. Comenzó a confeccionar la cenefa con una creciente excitación. El bordado avanzaba. De repente se dio cuenta de quién había tejido el antimacasar. Estuvo aquí. —¿Qué le sucedió a Cora Kent? —preguntó a bocajarro. ¡Si parece un S-O-S! —¿De veras? —siseó entonces Mrs. Las manos de Lucy se elevaron hacia su boca para ahogar un horrorizado grito de protesta. Sé que estuvo aquí. Estaba justo detrás de Lucy. extrañada ante lo que había bordado en tan corto espacio de tiempo—. —No duró mucho tiempo. en vez de los suyos. y ella tenía casi la impresión de que sus dedos eran guiados. —¡Cómo! —dijo de pronto en voz alta. Renner pareció desmoronarse. Cogió las tijeras que estaban sobre la mesa y cortó el bordado de través con deliberada intención. Lucy se sentó ante el telar y comenzó a probar con un hilo de color. no pudo expresar ninguna palabra. como una autómata. en inútiles gestos de desesperación. con los ojos muy abiertos y llenos de horror—. preguntó—: ¿Sacó usted las madreselvas de su habitación? Asombrosamente. —¡Así! —exclamó Mrs. Pasó el tiempo. Se sintió contenta al comprobar que Mrs. Renner. No era tan difícil como había imaginado.Regresó a la casa andando lentamente. para ver si podía hacer una cenefa ornamental como la del antimacasar que enviara a la madre de Stan. Su actitud de indomable decisión desapareció mientras inclinaba el cuerpo de un lado a otro. podía escuchar sus pasos cuando caminaba de un lado a otro de la gran cama. ¿Qué le hizo usted? —y como si las palabras hubieran surgido de repente en su mente. elevando la cabeza. reflejando en su asombrado rostro todas aquellas ideas y se dispuso a enfrentarse con ella. Renner estaba arriba arreglando el dormitorio. Por un momento. Empezó a retorcerse las manos. con todo el coraje y la fortaleza de propósito que pudo encontrar en sí misma. al recordar en el fondo de sus pensamientos la conversación escuchada. El significado de aquella acción resultó demasiado claro para ella. Renner significativamente. Miró a Mrs. Renner con oscura decisión. mirando fijamente los símbolos bordados con sus ojos casi cerrados y la boca contraída en una mueca. la obra de Lucy había quedado destruida sin remedio.

En la otra mano tenía un pesado mazo de madera. En su mano sostenía una robusta estaca. como si el silencio hubiera terminado por apoderarse de él. sólo pronunció una palabra: —¡Kathy! Sus labios se apartaron ligeramente para permitir que escapara el sonido.. —Pensó que duraría más tiempo. inconsciente. Mrs. Renner retrocedió dando traspiés y se desmoronó. absorbido poco a poco por la profunda quietud. uno de cuyos extremos terminaba en una punta aguda. sin moverse. en un sillón. El grito murió en amplias oleadas. Era como si se sintiera incapaz de iniciar la escena siguiente del drama. .. Lucy permaneció junto al telar. Lanzó un grito. Era como si la casa y todo lo que hubiera en ella estuvieran esperando un acontecimiento irrevocable. Renner se fijaron rápidamente en la estaca. viéndose obligada a esperar su llegada. encogida. Tenía que alimentar a Kathy. Después. débil. subiendo las escaleras. Los pasos de Aaron se detuvieron. añadiendo—: Yo no sabía que estaba enferma.Mrs. En el piso de arriba se abrió una puerta. Renner estaba gimoteando y gritaba frenéticamente: —¡No! ¡No! Parecía sentirse totalmente desprovista de fortaleza física. Aaron se introdujo en la cocina y Lucy escuchó sus pasos. sobre el mar de silencio. frente a su obra destrozada. Renner se deslizo hacia el suelo. ¿no es cierto? Pensé que. —¿Cómo sabe eso? —preguntó con voz ronca. Mrs. Hasta Mrs. Surgió con un sonido de ruedas y de frenos y una voz que pronunciaba su nombre repetidas veces. Renner dejó de gritar. se extendió un largo y penetrante grito de atormentada agonía. ¿no es así? En realidad. Durante un largo y terrible momento. ¿verdad? Aaron se encontraba en la puerta de la cocina. Continuó gritando lastimosamente. protestando por algo que las vertiginosas conjeturas de Lucy no podían convertir en pensamientos tangibles. no quería que Kathy la matara. Los ojos de Mrs. se hizo el más absoluto silencio. Mientras su cuerpo caía del sillón. incapaz de levantarse del sillón en el que se había hundido su cuerpo.

El ha sido quien ha terminado con el vampirismo de Kathy. —Eso se lo puedes agradecer a la acción de Aaron. Lucy. —Creo que se acercó una vez. Ahora. Lo que ha hecho no será comprendido por las autoridades. Stan? . —Aaron ha matado a Kathy con una estaca afilada y un mazo —dijo. los puntos rojos habían desaparecido. —¿Alimentada.. y Cora no pudo resistir el esfuerzo —Mrs. de modo que Kathy tomó lo que Cora Kent pudo darle.—¡Lucy! ¡Lucy! ¡Cómo! Era Stan. Stan se inclinó sobre la mujer postrada. Su madre trató de satisfacerla.? —Está perfectamente sano y no hará daño a nadie. —Imposible —balbució Lucy—. La voz de Stan parecía llena de una serenidad tranquilizadora.? Lucy se tocó el cuello. pues cualquier examen demostrará que Kathy estaba muerta mucho antes de que él introdujera esa estaca puntiaguda en su corazón. —Aaron no ha matado a Kahy. —No es más que un desvanecimiento —dijo. pero no pudo.. noche tras noche. —¿Cómo lo sabías. ¿hizo ella. Lucy? Todo lo que Kathy quería era sangre.. sintiéndose enferma. cuando Lucy encontró su propia voz. Incomprensiblemente.. La he estado escuchando. Kathy estaba muerta desde hace muchas semanas. pero dudo que hagan otra cosa que declararle loco.. —Lucy. Stan —dijo con indecisión—. Stan la apretó contra sí y ella se sintió segura entre los brazos fuertes y protectores del hombre. pidiendo ser alimentada. ¿Cómo era que Stan había llegado hasta allí? ¿Cómo es que ahora sus brazos la rodeaban en un gesto de protección? Fue entonces. las marcas rojas han desaparecido. Renner dijo que Cora no resistió mucho.. —¿Y Aaron. Pero creí que era un sueño.

Hace siglos que no te veo. P. a buscarte. querido. ¡Levanta el ánimo!» Me acerqué al mueble bar y llené un pequeño vaso con el vino de una botella. viejo? Parece que has visto un fantasma. distraído. Bruce. Su castigo puede que no sea muy severo. Las comisuras de sus labios tenían un rictus espasmódico. y atisbaban furtivos por entre los rincones de la habitación. Su flaca y desgarbada figura se acomodó con torpeza en la silla que le ofrecía mientras comenzaba a jugar con su sombrero entre los dedos. M.» « Dejé la puerta abierta y me siguió al interior de la habitación. nunca se dio cuenta de que Kathy estaba muerta. ¿eh. —Así es que también has descubierto eso. —Lo más probable es que esté mentalmente enferma. LOVECRAFT Y C. «Gracias. peligro. —¿Qué le ocurrirá ahora a Mrs. Lucy. Lucy? ¿Sabías que aquella pobre joven bordó símbolos taquigráficos en toda la pieza? En cuanto me di cuenta de que decían «Vampiro. Regresas a la ciudad conmigo y allí informaremos a las autoridades de lo que ha ocurrido. . Entra. Prague. «¡Bébete esto!» Vació el vaso de un sorbo y continuó jugando con su sombrero. Renner? —Eso es algo difícil de decir. «¿Qué te ocurre. Recoge tus cosas. Cora Kent». Probablemente. « Hola. —Vamos. Sus profundos ojos tenían un mirar asustado. no me siento demasiado bien esta noche. EDDY JR. me vine para acá. como si buscasen algo escondido dispuesto a echarse sobre él en cualquier momento.—Por el antimacasar que le enviaste a mí madre. Su rostro estaba ojeroso y sin color. Lucy se estremeció. —¿Con el S-O-S en el borde? —se aventuró a preguntar Lucy. CENIZAS H. muerte. Pero puede ser acusada de asesinato si es que encuentran el cuerpo de Cora.» «¡No hace falta que lo digas! ¿Qué es lo que va mal?» Malcolm Bruce se agitó inquieto en su silla.

empezó. de mi atracción por el conocimiento de lejanas e inexploradas regiones.» «Recordarás. Verlo en aquel estado de nervios no era normal. y él lo tomó. el silencio entre los dos continuó. «Hace unos cuatro meses yo estaba buscando trabajo. «¿Quieres decir de Arthur Van Allister?» «¡El mismo! ¿O sea que le conoces?» «¡Desde luego! Hace años que le conozco. Le ofrecí un cigarro. y pude convencerle de que sabia lo suficiente de química como para serle útil. en el colegio. que cuando ambos estábamos en la escuela. Se acordaba de cuando yo estaba.» Asentí. Una vez más fue el hombre dominante. con un trabajo anodino. preguntándome qué podía haberle afectado de aquella manera. «me acaba de suceder la experiencia más diabólica y terrible que puede acontecerle a un hombre. y yo le contesté. Su nerviosismo parecía desaparecer poco a poco. Prague.Lo miré en silencio. Después comenzó a estar tan embebido en su trabajo que no tenía tiempo de ser amable con nadie. Van Allister publicó un anuncio en el que requería un ayudante. la señorita. Pero. Conocía a Bruce y lo tenía catalogado como un hombre tranquilo y con voluntad de acero. Ya había escuchado más de una historia de miedo en aquella misma mesa. No estoy muy seguro de si debo contártelo o no. yo era muy aficionado a la química. que yo conocía. mecánicamente. Yo le ayudé a diseñar el laboratorio insonorizado en el ático de su casa. a pesar de mi gusto por lo sobrenatural y peligroso. ¡cosa que no te reprocharía! Pero es cierto. y Bruce siguió hablando. me han contado historias tan extrañas que algunos hombres darían años de su vida por escucharlas. seguro de sí mismo. «Tenía una joven de secretaria. Marjorie Purdy. Desde el momento en que renunció a su profesorado de química en la escuela para dedicarse a sus experimentos. Era la típica mujer que se dedicaba por completo a su trabajo. Sonrei. pues tengo miedo de que pienses que estoy loco. Debía haber alguna especie de peculiaridad en mi forma de ser que inspiraba confianza a los demás. me he visto condenado a una vida prosaica y aburrida. Había . tan eficiente como bonita. ¡hasta la última palabra!» Hizo una dramática pausa y lanzó al aire unos tenues anillos de humo. «¿Has oído hablar alguna vez del profesor Van Allister?». Pero. «Prague». preguntó Bruce. hasta que Bruce no encendió el segundo cigarrillo.

por favor?” »Fui a la otra habitación y cogí uno de los conejos que guardamos. Se negó firmemente a darnos cualquier tipo de información sobre sus características. »Sólo era cuestión de tiempo que tanta camaradería se convirtiese en una profunda amistad. Nos dijo que iba a realizar una serie de experimentos que. la señorita Purdy y yo estábamos solos cada vez más tiempo. mientras veíamos cómo el líquido se esparcía por el recipiente donde estaba el aterrado animalillo. Pasaba casi todo su tiempo libre en el laboratorio con nosotros. ¡Aquella chica se desenvolvía con la química como el pato en el agua! »Hace aproximadamente dos meses el profesor Van Allister dividió el laboratorio en dos estancias. mostrándonos un pequeño recipiente que contenía un líquido incoloro. metódicamente. cuando el profesor estaba ocupado. le darían una fama universal. "Aquí tengo lo que va a ser el mayor descubrimiento químico jamás conocido. junto con las cobayas. . dijo. »Esto también nos permitía tener más tiempo libre. quedando una de ellas para su uso personal. Voy a probar delante de vosotros su eficacia. para nuestros experimentos. ¿podrias traerme uno de los conejos.. embutida en ropas blancas desde la cabeza a los pies. Van Allister nos invitó a su cuarto de trabajo. »Por entonces. incluyendo los guantes de goma que llevaba en las manos. Sentía una creciente admiración por la delicada joven que parecía moverse con genuina seguridad entre olorosos frascos y densas mezclas químicas. de tal forma que llegó un momento en el que yo dependía de su ayuda en mis experimentos más difíciles. Jamás vi que titubease ante mis requerimientos. »Anteayer. Nuestra amistad se hizo más fuerte. yació el contenido del frasco en el embudo. »Puso al pequeño animalillo en una caja de cristal lo suficientemente grande para que cupiese y cerró la tapa Después colocó un embudo de cristal en un pequeño agujero que había sobre la tapa. «Destapó el recipiente y echó su contenido sobre la caja donde estaba el conejillo. si tenían éxito. »“ ¡Ahora vamos a descubrir si mis semanas de esfuerzos continuados han tenido éxito o han fracasado!” »Lenta. Nos acercamos para ver mejor. El profesor permanecía encerrado en su habitación durante días y no aparecía ni tan siquiera para comer.ayudado algunas veces a Van Allister en el laboratorio. y pronto descubrí que mostraba mucho interés en este trabajo y que hacia sus propios experimentos. «"Por fin lo he conseguido”. Bruce.

¡Este preparado reduce instantáneamente a cenizas a cualquier objeto que toque. no sabíamos qué podía ocurrir si nos descubría en aquella amorosa aptitud. En cualquier momento. y procuré no mirada ni una sola vez hasta que mis ocupaciones en el laboratorio estuvieron terminadas. señorita Purdy. Debo admitir que mi mente estaba helada cuando me dijo que podíamos irnos. Me asombraba de que fuese capaz de seguir con mi trabajo en tal estado. De su rostro emanaba un júbilo malsano y sus ojos brillaban con una expresión salvaje y cruel. la señorita Purdy no pudo contener sus nervios. mientras que mi mente vagaba por lejanas y deliciosas regiones de ensueño. Su voz adoptó un tono de superioridad cuando nos dijo: »“Bruce -y usted también. Le dejarnos solo tras las pesadas puertas que separaban su cuarto de trabajo. hasta que abrió los ojos y vi el amor reflejado en ellos. »La sensación de su cuerpo delicado y tembloroso sobre el mio era insoportable. blancas cenizas! »El profesor Van Allister se volvió hacia nosotros con un aire de triunfal satisfacción. La acerqué suavemente hacia mí pegando mi boca a la suya. »Esperarnos a que Van Allister recogiera en un pequeño frasco todo lo que había quedado del conejillo. ladrillo -cualquier cosadesaparecerían ante su paso. . ¡Un ejército equipado con bombas de cristal llenas con mi fórmula podría ser capaz de aniquilar el mundo! Madera.»La señorita Purdy emitió un grito de asombro. piedra. ¡Pues en el sitio donde hacía sólo unos momentos había habido un conejo vivo y aterrado. ocupándose mecánicamente de sus tareas. »Pasé el resto de la jornada como en un sueño. mientras que yo parpadeaba para asegurarme de que lo que veía era cierto. ahora no habla más que un montoncito de livianas. »Marjorie estuvo ocupada con sus tareas de secretaria durante el resto del día. blancas cenizas!” »Miré a la señorita Purdy. Actuaba como un autómata. sin dejar más restos que lo mismo que ha quedado del conejillo con el que he experimentado. »Después de una deliciosa eternidad volvimos de nuevo a la tierra. ¡un montoncito de ténues. dado su estado actual de ánimo. el profesor podía salir de su retiro y. Sufrió un desmayo y habría caído al suelo si yo no la hubiese sujetado eq mis brazos.habéis tenido el privilegio de contemplar el éxito de los resultados de una fórmula que revolucionará el mundo. La besé varias veces presionando con mis labios los suyos. Su rostro estaba tan blanco corno la bata que vestía. con el suficiente conocimiento como para darnos cuenta de que aquel laboratorio no era el lugar más idóneo para aquellas ardientes demostraciones. metal. «Una vez a salvo y solos. excepto al cristal! Pensad en lo que puede significar. una máquina bien engrasada. rojos y delicados.

recordaré esa noche mientras viva! El momento más feliz de mi vida fue cuando Marjorie Purdy me dijo que se casaría conmigo. »Cuando volví eché de menos la presencia de Marjorie. con la puerta ligeramente abierta. »Pregunté a la servidumbre. Transcurrió la jornada con dulces sentimientos mientras trabajaba. no podrás entender el delirio que te produce pensar en ella! Y Marjorie hacía que pensase continuamente en ella. ¡Prague. pero ninguno la había visto salir de la casa. En cuan. »Ayer fue otro día de éxtasis y arrobamiento. Comencé a caminar de un lado a otro de la habitación como un tigre enjaulado. Se dio sin reservas a mí. »Ya no tenía ganas de trabajar. la sensación de angustia se agrandaba.»Aquella noche nos dedicamos a disfrutar de nuestra nueva felicidad. aunque al mirar el reloj me di cuenta de que sólo eran las siete y media. «El profesor estaba en su cuarto de trabajo. Ante mis ojos aparecían las más horribles visiones. cuando el mayordomo me dijo que Van Allister requería mi presencia en el laboratorio. pero no fue así. Pronto se hizo de noche y seguía sin rastro de mi querida niña. pero todas las veces fue en vano. Y seguía sin volver a escuchar su voz. a la única mujer del mundo. pero mientras estuviese bajo su techo él era mi maestro. »Hacia el mediodía de hoy tuve que salir a la farmacia a comprar unos productos que necesitaba para completar uno de mis experimentos. Luego siguió otra noche de amor. Prague. los peores hechos que pudieran acontecería. »No tenía ningunas ganas de hacer experimentos. Prague! ¡No puedes imaginarte cuánto he sufrido! Desde las cumbres del amor sublime me he visto sumido en las más oscuras simas de la desesperación. »Parecía que había pasado una vida entera. . Miré si todavía estaban su sombrero y su abrigo. ni les había dejado ningún mensaje dirigido a mí. y me veía obligado a obedecerle. ya que estaba encerrado en su cuarto de trabajo. Cada minuto se alargaba una hora. Me dijo que me acercase y que cerrara la puerta del laboratorio. »Según iba atardeciendo.to sonaba el teléfono o el timbre de la puerta renacían en mí las esperanzas de volver a escuchar su voz. ¡cada hora una eternidad! »¡Buen Dios. ¡Si nunca has amado a una mujer en la vida. No había visto al profesor desde el experimento con el conejillo.

En breves instantes. blancas cenizas. Una calma antinatural se apoderó de mí. terribles instantes. Rebosaba del mismo líquido incoloro que había estado dentro de la pequeña botella. dos días antes. Sabía que no quedaba ni un sólo rastro que pudiera delatarme. Por otra parte. ¡y en su lugar sólo quedaba un pequeño montoncito de livianas. mi alma se colmó de pánico.«Debido a mi estado de ánimo en aquellos momentos. Choqué contra el taburete y mis dedos se cerraron sobre el frasco que contenía las cenizas. ¡introduje el cuerpo en el cajón de la muerte! »Desapareció en un instante. sobre una alta mesa de mármol. No podía haber otra explicación. y además tenía la ventaja añadida de su estado de tranquilidad y autocontrol. mi mente actuó como una cámara fotográfica. un loco ceñudo con un solo objetivo! «Lo siguiente que soy capaz de recordar es la imagen del profesor y la mía forcejeando desesperadamente. ¡De repente. tuve que enfrentarme ante la dura y fría verdad: había asesinado a una persona. levanté el silencioso cuerpo del profesor y con mucho cuidado. ¡la mujer a la que yo había jurado lealtad y protección mientras durasen nuestras vidas! »Mis sentidos se nublaron. Aunque ya era viejo. mis cenizas se mezclarían con las de la mujer que había amado. registrando todos los hechos que sucedieron a continuación. »Aún bajo los efectos del acaloramiento. mientras contemplaba el resultado de mi acción y fueron pasando los efectos de mi locura. bastante más del que había mostrado al golpearle. Tanto el líquido como el profesor se habían esfumado. ¡Las cenizas del frasco era todo lo que habla quedado de Marjorie Purdy! «El mundo quedó suspendido durante unos largos. en un rincón de la habitación. «A la izquierda. había otro frasco de cristal. ¡después me volví un loco. »Poco a poco fue empujándome hacia el recipiente de cristal. habla un recipiente de cristal del tamaño y forma aproximados de un ataúd. En el centro de la habitación. reposaban el sombrero y el abrigo de la mujer que había decidido unir su vida a la mía. exceptuando el hecho de que yo había sido la última persona que había sido vista con el profesor. aún conservaba una fuerza similar a la mía. No pude reprimir un escalofrío involuntario cuando vi que estaba lleno de ligeras. lo levanté por encima de mi cabeza y golpeé el cráneo de mi oponente con todas las fuerzas que me quedaban! Sus brazos se relajaron de inmediato y su desvaída figura cayó al suelo inconsciente. cuando me di cuenta de lo que había sucedido. sobre un taburete de cristal. ¡no había más que cenizas! . vi algo más que hizo que mi corazón dejase de latir! «Sobre una silla. ¡Con un último y supremo esfuerzo. blancas cenizas! »Pero.

escúchame.. seguramente Van Allis-ter te dijo algo. Prague. yo. “Las cenizas tienen que ser las de la mujer desaparecida. «Bruce. viejo amigo. indicándome también que podía tomarme el resto de la tarde.» «No sé qué pudo decir. que sacudía la cabeza. oculta entre las manos. así que te he contado toda la verdad. ¡tenemos que encontrarla!» Ya en la calle.. paramos un taxi y en breves instantes el mayordomo nos permitió entrar en la casa de Van Allister. Viste el sombrero y el abrigo de la mujer sobre la silla y. «¡Bruce!» Malcolm Bruce levantó la vista. Insistí. tiene que hallarse en algún rincón de la casa. Una vez en el exterior.. ¡Ahora que Marjorie no está. El profesor ha experimentado con ella. las vi.. sólo quiero aliviar mi torturado cerebro. puedes hacer lo que prefieras.” y cosas por el estilo. hace unos minutos.. No había forma de contener mis nervios. ¡Ya te he dicho que me convertí en un loco salvaje! «Entonces tienes que venir conmigo. en tu estado de ánimo.. «Necesitaba hablar con alguien. Prague! ¿Adónde quieres ir a parar?» «Entonces no estás totalmente seguro.»Me puse el sombrero y el abrigo. «¿Estás total y absolutamente seguro que las cenizas que contenía el frasco eran las de Marjorie Purdy?» «¡Pues. y le dije al mayordomo que el profesor me había dado estrictas órdenes de que no se le molestase. Aquí estoy. y si está allí. ¿Estás seguro de que Marjorie Purdy ha muerto?» «Estoy seguro. la vida ya no significa nada para mí!» La voz de Bruce se estremeció por la emoción cuando pronunció el nombre de la mujer a la que amaba. tomaste una conclusión precipitada.. Me incliné sobre la mesa y observé con atención la mirada del hombre desesperado que se acurrucaba alicaído en el sillón. y profería débiles lamentos. sólo recuerdo que vagué de aquí para allá hasta darme cuenta de que me hallaba en tu apartamento. todo mi autocontrol se vino abajo... Si no ha muerto. . Me levanté. Se que puedo confiar en ti. La puerta del cuarto de trabajo del profesor aún estaba entornada. No sabía dónde dirigirme. Vamos.. Bruce abrió el laboratorio con su llave.» Sus ojos se dilataron ante tal sugerencia y su cuerpo se puso rígido. me puse el sombrero y el abrigo y me acerqué a Bruce.

hasta que reparó en Bruce y sus ojos se iluminaron de repente con la felicidad de encontrarle allí. Bruce. el profesor me hizo llamar a su cuarto de trabajo. Era imposible que nadie me oyese. dejándonos el paso libre. Retrocedí unos pasos y di una fuerte patada sobre la madera. pensé que éste era el motivo y cogí el abrigo y el sombrero para ganar tiempo. »Se dirigió a la pequeña antesala y sacó esa especie de ataúd de cristal del arca que habéis visto. sin previo aviso. la metió en la cerradura y abrió la tapa con manos temblorosas. cerca de la ventana. A la izquierda.» «Es igual. Después de varios intentos. pero ni tan siquiera se movió. Luego puso las cenizas en un frasco de cristal sobre el taburete que hay en el laboratorio. había una puerta cerrada. Atravesé la habitación y tiré del manillar. Bruce preparó una infusión que hizo resbalar por entre sus labios. Como ya sabes. insistí. Después de unos momentos. . atravesó la habitación hasta situarse ante un arca de caoba. me atacó por detrás. sus ojos comenzaron a abrirse. Pronto me dominó y me ató las manos y los pies. «Entonces me dijo algo que es lo único que recuerdo. ceñudo.Mis ojos barrieron la habitación reconociendo todos sus rincones. Cerró la puerta del pequeño cuarto y. la mujer nos contó todo lo que habla sucedido: «Cuando Malcolrn se fue. ¡y que yo sería la testigo de su éxito! Me desmayé. »Entonces sacó un mastín que debía haber atrapado de algún sitio y lo redujo a cenizas delante de mis ojos. al atardecer. ¡Por lo menos eso parecía a mis aterrados sentidos! Vertió la suficiente cantidad de ese horrible líquido como para rebosar el recipiente. con un grito inarticulado. me comunicó que te había elegido a ti como conejillo de indias. el laboratorio está totalmente insonorizado. «Empezó a ponderar sobre el privilegio que era ser la primera persona en dar su vida por una causa tan digna. Más tarde. con toda la calma del mundo. ¡Tenía la intención de experimentar su compuesto con una persona humana!» Se estremeció ante el recuerdo. hay que abrir esta puerta». Miró asombrada el cuarto donde se hallaba. «Aquí está. ¡rápido! ¡Tiene que darle el aire!» Entre los dos llevamos el desmayado cuerpo de la mujer hasta el laboratorio. Escogió una de las llaves de su llavero. Prague. Como me mandaba frecuentemente a hacer algún que otro recado. después de los primeros intercambios de palabras. la cerradura saltó. «¿Adónde da?» «Es sólo una antesala donde el profesor acostumbra a guardar sus aparatos. Después.

aparte de un cuadrado de veinticinco centímetros en el rincón izquierdo del fondo que debía servir de retrete. En lo alto. le dijeron. las llaves y el cinturón. igual que la puerta. ¡Era sofocante! Cada vez me costaba más respirar. de modo que no pudiera causarse daño alguno a menos que se mordiera las muñecas. a pesar de todo. De acuerdo. pero. Pero eso habría sido una locura. Tenemos problema de espacio. Sólo temporalmente. Es mejor que estar en la celda grande con todos los borrachos. le dijeron. »Por fin. Malcolm. . Lo sentimos. Bruce se dirigió directamente al recipiente. solo en una pequeña habitación. lo metieron en el cuarto de goma. cogiendo en su mano un puñado de livianas. que me matara a mí también! Tenía la garganta dolorida y seca. lo trasladaremos a otra celda dentro de un par de horas. «¿Dónde está el profesor?» Bruce la llevó en silencio hasta el laboratorio. Todavía en silencio. Y la puerta se cerró estrepitosamente. Lo único que podía hacer era aguardar. Para empezar. su voz era un susurro nervioso y ronco. incluso. y Emery no estaba loco. blancas cenizas. estaban acolchadas por todas partes. ya ha llamado a su abogado pero tómese las cosas con calma hasta que él llegue aquí. amigo. pues lo siguiente que recuerdo es que me desperté dentro del arcón en donde me habéis encontrado. Incluso el suelo estaba acolchado. desperté para encontrarme a tu lado. ¡No sabía qué haría cuando tú no estuvieses! ¡Rogué. en las horas maravillosas y felices que habíamos pasado juntos los últimos días. no había opciones. atrapado casi en un extremo de los bloques de celdas. esto está abarrotado. nada en cuanto te metían en el cuarto de goma. carentes de ventanas. Le habían quitado el reloj de pulsera y la cartera. Las paredes. aunque tendría que tomar carrerilla. incluso los cordones de los zapatos. Un hombre normalmente activo podía recorrer de un salto la distancia que separaba las paredes. una bombillita brillaba tenuemente detrás de la red protectora. seguramente alejada del suelo. en el grueso muro acolchado. sin hacerse daño. Malcolm». El techo que rodeaba la luz también estaba acolchado.»El profesor debía tener miedo de que alguien se enterase. el cuarto era pequeño: seis pasos de largura y otros tantos de anchura. No había nada más que hacer. le dijeron. probablemente para amortiguar los ruidos. para que fuera imposible rasgarlo o arrancarlo. Pensaba en ti. Allí estaba él. ¡y. dejó que resbalasen suavemente entre sus dedos! EL CUARTO DE GOMA ROBERT BLOCH Emery insistió en que no estaba loco. le dijeron. porque él acababa de rebotar. todo comenzó a oscurecerse. El almohadillado era sin costuras. Ella se estremeció ante la visión del ataúd de cristal. Y era absurdo intentarlo. desde el suelo hasta el techo.

. y él no podía controlarlos. les diría. Cuando lo sacaron al corredor y le dejaron en la sala de visitas estaba de nuevo muy calmado. y todo se habría echado a perder. Soledad entre sombras y en silencio. Emery empezó a ir de un lado a otro.. El truco. te golpeas la cabeza en las paredes y pides a gritos que te saquen de allí.Sala de confinamiento.. Antes de darse cuenta de lo que hacía. Pero ¿cuánto tiempo era demasiado tiempo? ¿Cuánto tiempo tardaría en llegar el abogado? Seis pasos adelante. Y allí no había nada que pudiera causarle daño. El silencio no daña. ¿qué sabía él? Nadie lo sabía. y nadie más iba a oírles. Pero puesto que la sombra había desaparecido. Sigue andando. Creyeron verlo. Eso era exactamente: no una habitación. Estaba totalmente cuerdo. seis pasos atrás. completamente dominado. no podrían demostrar nada. la otra habitación. No. como estaba cuando lo encontraron en la habitación. No. Mantente lejos de esas sombras de los rincones. Más oscuras y más densas. Fue como una pesadilla. Quizá se sentía eso cuando se estaba loco. ¿Qué le ocurría. lo mismo una y otra vez. Algo parecía moverse allí. igual que un animal en una jaula. Y quizás ese término de la jerga no fuera tan popular si más personas se viesen enfrentadas a la realidad. ¿De dónde había salido eso? Un desliz freudiano. Sabía que iba a chillar de un momento a otro. naturalmente. Pero no estaba loco ahora. Buen detalle que no hubiera chillado. Seis pasos hacia delante. así la llamaban. y la soledad. También las sombras podían hacer enloquecer. Al diablo con Freud. «Cuarto de goma» era el término popular. Y también las sombras eran sus amigas. Si no estás loco al entrar. No si él guardaba silencio. Había sombras en aquel otro cuarto y nadie podía haberlo visto con claridad cuando lo encontraron. Emery sintió que se tensaban los músculos de su garganta. dejando las paredes en sombras.. sentado al otro lado de la enrejada barrera. ¿Cómo era aquel dicho? La violencia es oro. sólo dejar hablar al abogado. El grisáceo y esponjoso acolchado ahogaba sus pasos y absorbía la luz de la bombilla. arañas. Y entonces se abrió la puerta a su espalda y con la luz del corredor la sombra desapareció. Las sombras eran cada vez más oscuras. si dejaba hablar a su abogado. Y si él guardaba silencio nadie lo sabría nunca. guarda silencio. Igual que el silencio. estaba enloqueciendo a pesar de todo? Seis pasos adelante. la de la casa. Aunque lo hubieran encontrado. En ese caso ellos habrían estado seguros de su locura. seis pasos hacia atrás. en el rincón derecho del fondo. Las sombras ocultan todo. y en ese caso él debía de haber estado loco cuando sucedió aquello. Desgarras. Emery se tranquilizó. una simple jaula. te vuelves loco antes de salir. se había olvidado: no debía decirles nada. El silencio era su amigo. pero normalmente era una celda acolchada. consiste en no permanecer allí demasiado tiempo. Su abogado le aguardaba allí. nada de violencia. Y si permaneces demasiado tiempo en una jaula te transformas en animal. seis pasos atrás.

un hecho cruel. el Evangelio se habría extendido por el mundo entero y no habría existido violencia. pulcro. los judíos mataron al Redentor en la Cruz. limpio.. los romanos mataron a los griegos. pero era un hecho. Se trata de un hecho. pasaba horas leyendo. pájaros que comían gusanos. Emery conocía muchos hechos de la segunda guerra mundial ya que había leído muchos libros en la biblioteca en vida de su madre. los cristianos mataron a los bárbaros. tener cuidado y decir las cosas apropiadas. se aferró a los hechos. Pero los judíos mataron a Nuestro Señor. Eso explicó Emery al abogado. El siempre se había preocupado por su madre. decía ella. los bárbaros mataron a los romanos. como los que comieron a su madre hasta matarla. Después de la muerte de ella Emery leyó más. Los negros mataron a los blancos. Habló muy despacio. decía ella. no bebía. eligió las palabras con sumo cuidado. Lo sensato era no mencionarlo. sin antecedentes policiales. pero eso parecía una tontería. Así pues. los orientales mataron a otros orientales. los musulmanes mataron a los cristianos y los hindúes mataron a los musulmanes. Por la noche. Vaya al grano. dijo el abogado. Todo lo que existe (gérmenes.. animales. Nadie nos oye. no era un pendenciero. Por eso consintió participar en salidas de dos parejas y entonces . Quiso advertir a su abogado que le estaban espiando. La gente que trabajaba con él en la tienda lo llamaba ratón de biblioteca pero a él no le molestaba. Emery meneó la cabeza y sonrió porque él no era tan tonto. pero Emery sabía que todo dependía de ello. se cuidó de él mismo tal como su madre le había enseñado. él lo sabía. Fue entonces cuando realmente se interesó por la historia.. Explicó al abogado lo que todos sabían de él. dijo Jesús. Trabajador. responsable. no fumaba. personas) mata otras cosas para sobrevivir. los indios mataron a otros indios. no era desordenado. La segunda guerra mundial tuvo lugar antes de que él naciera. Emery estaba acostumbrado a esa clase de reacción. dijo el abogado. La había escuchado otras veces cuando intentaba explicar cosas a las mujeres que conoció tras el fallecimiento de su madre. animales que comían pájaros. Mejora tu mente. Amaos los unos a los otros. le dijeron. pero no profundizó. personas que comían animales y microorganismos que comían personas. Mamá no aprobaba que él fuera con chicas y Emery solía enfadarse por ello. La violencia es oro e incluso las paredes tienen oídos. Los ratones de biblioteca no existían. Emery aún recordaba los chillidos de su madre. Sal de tu caparazón. Leer es mejor que ver tanta violencia por televisión. Esa era la parte difícil. Era un hombre decente. cuando no podía dormir. ¿a qué venía tanto alboroto? Supongamos que usted me lo explica. Si el Redentor hubiera vivido. plantas. Mamá siempre se enorgullecía de su hijo y estaría orgullosa de él ese día si viviera aún. la cuidó. los blancos mataron a los indios. sentado en su cuarto. Había gusanos que comían microorganismos de la tierra.Eso dijo el abogado. los protestantes mataron a los católicos. pagaba sus facturas. hacer comprender al hombre. y al morir ella siguió preocupándose de la casa. Los griegos mataron a los persas. tenía trabajo fijo. En cuanto ella murió los compañeros de trabajo le dijeron que la compañía femenina le sería provechosa. los católicos mataron a los judíos. puede explicarme todo. y lo mataron por ello.

Le explicó cómo era su vida. para tomar el poder. para librarse de los judíos tal como había hecho en Alemania. Había otras personas en esas tiendas y todas miraban a Emery. Atavíos y banderas. La historia se repite. Los vencedores escribían los relatos y. pero por la mirada del abogado dedujo que todo era inútil. sin recurrir a otra cosa que no fueran hechos. al otro lado del enrejado. como mínimo ella lo entendería porque conocía los hechos. Emery fue una de las pocas personas capaz de leer entre mentiras y distinguir la verdad. ¿Y si los judíos la buscaban? Lo cogerían a él también. En cierta ocasión estuvo a punto de poner un anuncio para tratar de localizar a una de esas mujeres. Los caracoles sabían protegerse en un mundo donde todos matan para vivir. Y Emery regresó a su caparazón.averiguó que su madre tenía razón. sólo escribían mentiras. las esvásticas. Los judíos mataron a Hitler igual que mataron al Redentor. y los judíos mataron al Redentor. pero todos observaban. Demasiado grande al principio. Emery explicó todo esto con enorme paciencia. Mentían acerca de Hitler. pero estos conflictos no fueron nada comparados con la segunda guerra mundial. y él recurrió a esos recuerdos y empezó a coleccionarlos. igual que un caracol. pero pensó que podía ser peligroso. Hechos. Exponga hechos. Las chicas se reían de él cuando comentaba hechos. Hitler conocía los planes de los judíos y trató de impedirlos. adoptó una expresión que disgustó a Emery. y también eso es un hecho. por eso invadió otras naciones. y demasiado vacío. Podía encontrar recordatorios de la verdad fuera de los libros. Su cara. Pero en esta ocasión llevó al abogado con él. A veces Emery pensaba que si conocía a una de ellas podría arreglarse con ella y ser feliz. dijo el abogado. Eso era un hecho. porque al cabo de poco tiempo algunos compañeros de trabajo le hicieron preguntas sobre su colección: las fotos de los líderes del partido. Los judíos habían planeado una guerra para destruir el mundo. Banqueros judíos de todo el mundo financiaron las guerras napoleónicas y la primera guerra mundial. A veces él creía oír murmullos cuando estaba de espaldas y daba por hecho que los mirones tomaban notas. Eso no era producto de su imaginación. Pero nadie lo comprendió y al final los ejércitos financiados por los judíos ganaron la guerra. El abogado de Emery meneó la cabeza. que en realidad era un gran caparazón que lo protegía. puesto que habían ganado los judíos. Entonces comenzó a entender lo que ocurría. Nadie pronunciaba palabra. Difícil creer que esas niñas fueran ya mujeres cincuentonas. cascos y medallas de acero. cuando fue a las tiendas de antigüedades donde vendían esa clase de objetos. Libros sobre la segunda guerra mundial. Era la expresión de la gente . Y Emery le habló de la segunda guerra mundial. las insignias y las fotografías de niñas que ofrecían flores al Führer en mítines y desfiles. Pero cuanto más leyó tanto más comprendió que casi todos los libros no contenían hechos. Era preferible permanecer en su caparazón. También las cruces de hierro eran recordatorios: los judíos destruyeron al Redentor en una cruz y ahora trataban de destruir las mismas cruces. Ahí empezó la verdadera matanza. debido a los hechos. hasta que Emery comenzó a llenarlo con libros. solo en su casa. del partido nazi y sus ideales.

maquinando y espiando a sus enemigos. pero no se dio cuenta hasta que el abogado le rogó que se calmara. Algunas veces se llaman árabes. preguntó el abogado. Y le habló de la conspiración. Emery estaba hablando en voz más alta en ese momento. cuando contempla los animales a través de barras o alambradas. ¿Alguna vez ha visto un terrorista? No. habían querido electrocutarlo sin conseguirlo. Y los compañeros de su trabajo que se mofaban de su colección también eran espías. Cogían a los hijos de otras personas y les lavaban el cerebro. esvásticas y cruces de hierro habían sido enviadas a las tiendas para espiarle. Fue entonces cuando Emery decidió que debería explicar el resto al abogado. Emery pensaba que ella intentaba asustarlo. empezó a chillar y su madre lo sacó justo a tiempo. Y también habían estado allí. ellos son demasiado listos para eso. los educaban para ser terroristas políticos en países del mundo entero (Italia. le explicó Emery. al encender el televisor. Y cuando las demás naciones se destruyeran unas a otras. Los secuestros de toda índole que ocurrían en la actualidad formaban parte de la conspiración. pero ahora comprendía que su madre estaba diciéndole la verdad. Israel dominaría el mundo. Indonesia. Le explicó por qué hacía tanto calor en la sala de visita: los agentes judíos estaban en acción de nuevo. ya que ellos querían precisamente eso: enviar uno de sus asesinos en lugar del técnico. Parecía un cortocircuito pero Emery no era tan tonto. Y estuvo solo a oscuras. Se esparcen por todo el mundo. se produjo una explosión. pero si deseaba que aeyeran en él. preparar otra guerra. Ellos fueron los responsables de las bombas puestas en Irlanda del Norte y de los asesinatos de Latinoamérica. Pero tienen espías. y detrás de unas gafas de esquiador hay un rostro judío. La conspiración internacional judía era responsable de todo ello. Las . el Oriente Medio) de forma que nadie sospechara los hechos reales. la responsabilidad de los judíos. el terror luce gafas de esquiador. Intentaron atropcllarlo con sus coches al cruzar la calle. Pórtate bien o el judío te cogerá. Irlanda. ¿Qué le hace pensar que esos terroristas van detrás de usted?. vio que el judío atravesaba la puerta. Como cuando ella lo sorprendió masturbándose y lo encerró en el armario. Los hechos reales. Y los terroristas que actuaban tapándose los ojos con gafas de esquiador también formaban parte del plan. En el mundo actual. tramando. y sabían que él había averiguado la verdad. Hacía dos semanas. Mamá lo sabía. Cuando él era pequeño y hacía una travesura mamá solía decirle que se portara bien. Emery sabía ahora que ese era el medio que empleaban para conseguir reclutas. Los terroristas llevaban ya varios meses detrás de él. decía mamá. Las personas que Emery vio al comprar banderas. sus agentes están por todas partes. Él era demasiado listo para llamar a un reparador. pero él se salvó. su abogado debía conocer todos los hechos. El judío te cogerá. De lo contrario el judío lo habría cogido. planeaban matarle. provocando miedo y confusión. El rostro del abogado estaba enrojeciendo y Emery reparó en el detalle. Era un riesgo. le dijo.cuando va al zoo. pero sólo para confundir a la gente.

y sólo con el tiempo supo qué estaban diciéndole. y si no comía. Si lo era. Ese era su plan. igual que vampiros. Cuando sonaba el teléfono. sal. Emery no podía dormir ya debido a los ruidos de las paredes. por el amor del Redentor. Era preferible esconderse en su dormitorio con las cruces de hierro y las esvásticas en las paredes. asqueroso ario. No sabía hebreo. Pero él no salía. Pues dígamelo. pero poco a poco fue captando voces. Buscó por todas partes. él no contestaba. y quizás eso fuera cierto. al principio fue un zumbido. Tenía hambre. seguramente alguien de la tienda llamaba para preguntarle por qué no iba a trabajar. Pero ellos lo hicieron arder en un búnker. Serviría para protegerle. un símbolo sagrado. con antifaces de esquiador para ocultar sus caras. Se presentaban todas las noches. Por el amor de Dios. Sal. porque eso era lo que ellos deseaban. Y no pensaba salir de la casa. Mataron al Redentor. Hacía dos días se quedó sin latas. Tenía suficientes alimentos enlatados y otras cosas para resistir y era más seguro no moverse. Porque también el Führer debió de oír las voces y comprendió que ellos lo acosaban. obligarlo a salir para poder atacarlo y matarlo. repuso el abogado.únicas personas que en la actualidad hacen visitas a domicilio son los asesinos. Antes miró a hurtadillas por todas las ventanas. pero él no intentaba apagar la calefacción. . Emery sabía el porqué. Saber que estaba allí era suficiente protección. Lo único que podía hacer era arriesgarse. Eso no significaba que salir fuera seguro. Entonces debieron de poner los aparatos en las paredes. sal y muere. y lo protegía. A veces el calor aumentaba tanto que acababa empapado de sudor. Pero Emery no quería hablar con un médico. Y Emery dijo que sí. por supuesto. pero sabía que los aparatos estaban allí. moriría. sal estés donde estés. Decidió ir al supermercado. Algunos libros de historia afirmaban que Hitler era un loco. Les demostraría que podía soportarlo. Esos médicos judíos formaban parte de la conspiración. Igual que la gran fotografía del Führer. La esvástica es un símbolo muy antiguo. que se lo explicaría. pero no vio a nadie con gafas de esquiador. Emery era demasiado listo para eso. Eso era lo único que debía hacer: volver al trabajo para que pudieran asesinarlo en el camino. No era extraño que insistiera en hablar de la respuesta al problema judío. porque los judíos también empleaban gente ordinaria. ¿No puede entenderlo? El abogado contestó que no y dijo que quizás Emery debía hablar con un médico y no con él. mucha hambre. Los terroristas querían matarlo de hambre pero él era demasiado listo para eso. Durante dos semanas Emery se las apañó como pudo sin electricidad. incluso a oscuras. Los terroristas poseían aparatos para calentar cosas y por la noche él escuchaba un zumbido en la oscuridad. Y antes de salir se puso en el cuello una cruz de hierro con cadena. Ellos estaban corrompiendo la raza humana y Hitler tenía que frenarlos. Llegaban y musitaban. Lo que él debía decir a continuación era estrictamente confidencial. por el amor de Dios. dio golpes en las paredes y no encontró nada.

pero comprendió que debía hacer algo. Emery trató de explicarse. quizá porque no se había afeitado o cambiado de ropa desde hacía días. ¿Cómo te has perdido?. y por eso fue andando. ¿Ve lo que han conseguido? ¡Todo el mundo se asusta de estar fuera por la noche! Eso le dijo la niña. quizá de cinco años. Emery no vio espías y agentes por allí. Dime el nombre de tu mamá y la telefonearé para que venga a recogerte. mortalmente asustada. Y había sombras en la calle. pero era otra señora. pero como no volvía salió del automóvil para buscarla en la tienda y ya no estaba allí. quiero que venga mi mamá. además. diciendo por favor. porque los terroristas podían haber colocado una bomba. Luego creyó verla calle abajo y echó a correr. Sintió deseos de entrar y cerrar la puerta. La empleada lo miró de una forma extraña. No sabía dónde estaba y ¿querría él llevarla a casa. Pero no existe ya protección. por favor? Emery sabía que no podía hacer eso. sombras junto a la casa de Emery. Era absurdo ir en coche. El problema es que nunca se puede estar seguro en estos tiempos. dijo la pequeña. con unos ojazos color castaño y cabello rizado. le dijo Emery. aunque naturalmente ellos eran lo bastante listos para no dejarse ver. todo el mundo quiere alguien que lo proteja. De todos modos pudo salir. Si había alguien cerca oiría a la pequeña. Una niña llorando. Otro logro de los terroristas: hacer que la gente tuviera miedo a pasear sola por la calle.Cuando anochecía. Emery le dijo que entrara. Era de noche cuando salió del supermercado con la bolsa llena de latas. Siguió andando. le preguntó. y aunque no vio nada sospechoso temblaba de pies a cabeza cuando llegó al supermercado. con todas las luces apagadas debido a los terroristas. La casa tenía un olor raro por la falta de ventilación y hacía mucho calor. Emery cogió latas con la máxima rapidez posible y se alegró de llegar al final de la cola de la caja sin más problemas. Estaba a oscuras. Emery fue al supermercado. Los clientes tenían aspecto de personas normales. subió los escalones del porche y no vio que la pequeña lo había seguido hasta que abrió la puerta. . Él quería ayudar pero no podía arriesgarse a estar hablando en la calle. Allí había grandes tubos fluorescentes y ninguna sombra. no con esos terroristas al acecho. lléveme con mi mamá. y no había un alma en la calle. pero la niña se puso a llorar otra vez. La niña dijo que estaba aguardando en el coche delante del supermercado mientras mamá iba de compras. pero la niña lloró con más fuerza porque la oscuridad la asustaba. escandalosamente. Todo el mundo anda perdido en estos tiempos. aunque empezaba a dolerle la cabeza. Me he perdido. Y estaba llorando. Se sintió extraño al estar en la calle de nuevo. No te asustes. Emery lo comprendió. a la espera de su oportunidad. Se hallaba de pie en la esquina del bloque cuando Emery la vio: una monada. Emery confiaba en volver a casa antes de que ellos actuaran. calle abajo. señor. Me he perdido. escondidos en las sombras.

¿Qué sabes tú de los nazis?. Mamá me lo explicó. que si él la llevaba a la Calle Sexta le señalaría la casa. De pronto la verdad brotó como un fogonazo. preguntó él.. para arrancarle la cruz de hierro y matarlo. Pero él no podía decirlo a nadie.. Una niña arranca la estrella y el Golem cae muerto. Rubelsky era un apellido judío. Y pensándolo bien. De eso nada. No quiero hablar de eso. Luego lo recordó. El problema judío. Esa forma de mirar aumentó el dolor de cabeza de Emery. luciendo la estrella de David en el pecho. Por eso habían enviado a la niña. . al no encontrar el pulso a la niña. Hitler averiguó la respuesta. Aquel enorme monstruo petrificado cobra vida en el ghetto judío. la del Golem. ¿Qué ocurrió luego?. ¿Eres judía?. Rabelsky. un fogonazo que hizo palpitar la cabeza de Emery... dijo él. ¿Qué pretendían? ¿Por qué lleva cosas feas?. Emery probó con apellidos similares: Rubelski. No había ningún Rubelsky. Emery agarró la linterna que guardaba en la cocina para los apuros y fue al salón para buscar el apellido en el listín. Era como en aquella antigua película que Emery había visto hacía tiempo. le puso sus manos en torno al cuello sólo para que dejara de llorar. pero desconocía la dirección. todo el mundo tenía teléfono. Eso significaba que su suposición era correcta. Pero no había estrujado con fuerza. Roubelsky. preguntó. Pertenecía a un barrio judío. Y abofeteó a la pequeña. Qué hacer. Era difícil oír con claridad a causa del zumbido de las paredes. Es como la de los nazis. Tenía la mano extendida hacia la cadena. le dijo. Emery no estaba dispuesto a ir a ninguna parte. Esa cosa que lleva en el cuello. hubo una especie de crujido y luego.Ella le facilitó el nombre (señora Rubelsky. Lo mataron en Belsen. preguntó el abogado. Y él no podía tolerar que encontraran así a la niña. y menos a la Calle Sexta. La habían dejado en la calle como un cebo. no con fuerza pero ella se puso a llorar. Ella era uno de ellos. dijo ella. Al principio. ese era el problema. Emery no podía soportarlo. pensó que la había matado. Quitese eso. preguntó. que la pequeña era uno de ellos. ¿Qué estás mirando?. Los nazis son malos. contestó ella. Nada. la cadena con la cruz de hierro. dijo Emery. Curioso. Esa cruz de hierro. Entonces la niña dijo que no tenían teléfono. dijo ella. sabiendo que ella dejaría entrar en su casa. Pero no podía contenerse. Rebelsky. la muerte debió de producirse cuando la niña tocó la cruz de hierro. y sus ojazos castaños se abrieron cada vez más. ¿Estás segura?. Emery sabía ya qué debía hacer. La niña dejó de llorar y miró a Emery. Mataron a mi abuelito. Sylvia Rubelsky). La pequeña dijo que no importaba. estaba hablando de eso. sabía que la gente jamás creería en unos terroristas que enviaban una pequeña judía a su casa para matarlo.

Matar a la pequeña judía no fue un accidente. Podía admitir la verdad. que entraron en la casa y encontraron a Emery. Les pidió a gritos que lo soltaran. Apretar los cuellos de las chicas que . traicionado y a la espera de la crucifixión. Eso era imposible.. ¿No comprendían que él debía de ser uno de ellos? En lugar de prestarle atención lo llevaron por el corredor hasta el cuarto de goma y lo metieron allí de un empujón. exigiría un juicio justo. Prometieron que me pondrían en otra celda. Así funcionaba la conspiración: lo obligarían a dormir para siempre.. dijo el abogado. Un horno de gas. no como había mentido al abogado. Y después llegaron otros agentes por el lado del enrejado que ocupaba Emery y lo agarraron por los brazos. que no escucharan al abogado judío. había dicho el vigilante. permanecería en vela. Pero el hombre no le hizo caso. Dios mío. Alegaría locura. Ya sabía cómo se había sentido el Redentor. él sabía qué hacía en el momento que le rodeó el cuello con sus manos. abajo. comer. dijo Emery.Hacía calor allí y todavía más abajo. algunas personas opinaban que Jesucristo y el Führer también estaban locos. el médico vendrá a darle algo para que pueda dormir. Y la puerta se cerró estruendosamente. Debía tener mucho cuidado. Para que durmiera. Vuelva aquí. Emery volvía a encontrarse en el cuarto de goma. Oh. y no gritó que lo sacaran. No podía rehuir el juicio. Aunque lo encerraran en un cuarto de goma como ese sobreviviría. igual que los aliados cuando mataron a nuestro Führer. No debería mentir. Emery sabía que no estaba loco. El juez creería en los judíos tanto como Poncio Pilato. Y el juez lo sentenciaría a muerte. Lo acusarían de pederasta y asesino. Podría andar. Pensar en cómo los había engañado. Un vigilante dijo tranquilo. Apretó tanto como pudo porque ése había sido siempre su deseo. donde estaba funcionando la caldera de la calefacción. Sí. Los policías explicarían que habían oído gritar a la niña. hablar. a todos los terroristas judíos dispuestos a matarlo. Emery no había muerto todavía pero no tenía escapatoria. Y bastó con pensar en ello para que se sintiera mejor. pero en esta ocasión no paseó. También Emery había sido traicionado. No quiero estar aquí. Pero él no lo consentiría. Dios mío. no podía escapar del cuarto de goma. Estar loco no era una desgracia. traicionado por el abogado judío. ¿O sí? La respuesta surgió de improviso. dijo Emery. continuó musitando algo al vigilante. Y lo único que debía hacer era fingir. Oh. se acercó a la puerta que había al otro lado del enrejado y llamó al vigilante. No estoy loco. dormir y pensar. Y de pronto el abogado se levantó. De nada iba a servirle. pero podía engañarlos para que lo creyeran. esa era la respuesta. Allí la llevó. y lo único que podía hacer era esperar la llegada del doctor judío.

Pero no había nada detrás de las gafas. Pero tuvo que mirar porque la sombra estaba cambiando. Emery y el otro chiflado que la semana anterior se abrió las venas de las muñecas a mordiscos. Lo que había hecho en realidad era resolver el problema judío. pero no era un rostro. nada en absoluto. Emery retrocedió mientras la figura se deslizaba hacia él suave y silenciosamente por el acolchonado suelo. Y en ese momento estaba ocurriendo lo mismo. a salvo para siempre allí. por supuesto. que se apretó a la pared del cuarto de goma. y Emery vio negras gotitas que caían de las humosas muñecas en el momento que los dedos se cerraban en torno a su cuello. Dos muertes en la misma celda. ella no estaba muerta cuando la llevó abajo y abrió la puerta del horno. Moverse y retorcerse como una nube. Y eso había hecho él. Sólo los locos ven moverse las sombras. Recordaba haberlas visto antes. No había partido el cuello de la niña. Era sólo una coincidencia. lo había estrangulado. los de los compañeros de trabajo que no le escuchaban cuando hablaba de su colección y sí. Se hallaba a salvo ya. Pero el chillido no brotó.. Apoplejía. cobrando forma. Fallo cardiaco. pinchó los mismos ojos. Lo había resuelto y ellos no podrían tocarle un dedo. había querido apretar también el cuello de su madre porque ella siempre había hecho lo mismo con él. Y estaba avanzando. Fue en ese momento cuando Emery enloqueció realmente. Sólo encontraron a Emery. Eran unas gafas de esquiador. la figura de un hombre. con la cara negra. introdujo los dedos en los agujeros de los ojos. el terrorista loco que llevaba unas gafas de esquiador. Vio el negro rostro con gran claridad. Doble vista . pero la gente podía pensar cosas raras si lo averiguaban. dijeron. No la mires. Los brazos de la figura se alzaron y las manos se extendieron. y estaba muerto. pensó. Lo único que le disgustaba eran las sombras. recordaba que la del rincón del fondo había parecido volverse más oscura y más espesa. Emery lo vio de pie en el rincón.se reían de él. Pero sobre todo quería estrujar a los judíos. Mejor redactar un rápido informe médico y cerrar el caso. había destrozado su vida. en el cuarto de goma. lo diría. Emery golpeó las gafas de esquiador.. La amenazadora figura avanzaba delante de Emery. los asquerosos terroristas semitas que pretendían acabar con él y destruir el mundo. Cerrar también el cuarto de goma mientras se ocupaban del informe. una nube de humo que sale de un horno de gas. Estás imaginando cosas.. a salvo de todos los terroristas y espíritus malignos ansiosos de venganza. Un hombre vestido de negro. Cuando se abrió la puerta del cuarto de goma la sombra había desaparecido. y abrió la boca para chillar. lo había ahogado.

Key esperaba a Hester la primera vez que su piso comenzó a tener aquel aire hogareño. sus largas pestañas le tocaron el párpado como la promesa de otro beso. el piso le pareció cálido de verdad. y no sólo debido a la calefacción central. Al cabo de seis semanas. en la cumbre de sus poderes. ¡en dos mil palabras! Mi nuevo ejemplo de escritor profesional es el autor de Incarnate. contenido en unas dos mil palabras». haciendo sonar bajo sus pies los listones del suelo de madera. me gustaría publicar uno de tus tour de force en mi próxima antología». de manera que durante nuestro encuentro sonreímos mucho. me comporto de manera impetuosa al hablar. lo que me llegó de Merseyside fue esta joya de relato corto que ahora ofrezco al lector. Se encontraba en plena tarea de preparar café cuando se preguntó a qué hogar se parecía su piso. y el silencio actuó como una densa cortina de niebla. El recorrió las habitaciones de su casa en medio de aquel placentero silencio. . «Ramsey.. —Lamento llegar tarde. Hasta aquel momento. reconoció el sonido. The Face That Must Die. Por primera vez. le abrió la puerta a Hester. —Puedo hacerlo yo solo —protestó. Enarcó una ceja. tras recorrer el breve vestíbulo. dije. El timbre sonó con suavidad. Retrocedió. A menudo. Sólo su interés en las buenas relaciones anglonorteamericanas le hizo mostrarse comedido. y eso mismo hice aquella noche en Tucson. luego las dos. En «Doble vista». y The Nameless. añadí: «Nada confuso. Su trama es asombrosamente clara y me pasé temblando durante todo el tour de force. algo que me asuste. y cuando la puerta de la cocina se cerró tras él. el maestro. el lector encontrará a Campbell. La pareja que vivía en el de arriba había salido un rato. ¿Listo para empezar? —Acabo de preparar café —repuso queriendo decir que sí. cuando me pongo nervioso. y se habían acordado de apagar la televisión. Ésta le rozó la mejilla con sus carnosos labios. cruzó la sala dejando atrás la estantería de libros y discos y. Tuve que grabar al alcalde —murmuró ella—. sólo habíamos intercambiado un par de cartas. aunque lamentó en el acto su petulancia. expresado. carraspeamos otro tanto. Demasiado tarde para echarme atrás. él había amortiguado el tono de la caja de resonancia..RAMSEY CAMPBELL Conocí a Ramsey Campbell en la World Fantasy Convention. —Traeré la bandeja.

Key se echó a reír ante ese comentario y le dio unas palmaditas en la mano. durante un rato. Al cabo de un momento. después. comenzaron a charlar. se dedicó a leer las aventuras de Sherlock Holmes. penetraba por la ventana. —No me hagas caso. sus pasos apresurados hasta el televisor. Cerró la puerta con llave y. acaso sin pretender hacerlo? Sin duda. los campos abiertos le infundieron valor. ¿No habría dicho la verdad. una y otra vez. a voz en cuello. Desde luego. Pero se vio recompensado por una caricia en los labios de aquellos dedos largos y frescos. Será que me ha asaltado la segunda infancia. y se dirigió hacia la puerta trasera. sin embargo. y le llevó aromas de la incipiente primavera y una ráfaga de lluvia que le empapó el rostro. Hester ilustraría las críticas de Key con fragmentos de aquellas composiciones musicales. en ese momento.O sea. que había fregado a fondo aquella mañana. La pareja del piso de arriba no tardó en regresar. Cada segundo que pasaba le hacía sentirse menos seguro de cuánto se parecía el ruido producido por la puerta al de otra que había en la casa donde transcurrió su niñez.. Cruzó la cocina. lo asaltó. de repente. se apresuró a volver a la cocina y cerró la puerta. despotricó contra la acústica de las grabaciones de Brahms. —Otro monólogo impecable y sin guión —comentó ella—. —Con tal que te mantenga joven. para poder pensar. elogió la claridad de Tallis. no hacía falta que pensara en las consecuencias negativas de aquella casa.. hasta que las manos comenzaron a temblarle. y repasó los discos que había escuchado ese mes. la ansiedad de que se marchara.. Desde la puerta trasera de la casa de su infancia se alcanzaba a ver el cementerio. Se sintió azorado y divertido a la vez por haber contestado a Hester de mal modo. después que ella se hubiera tomado el trabajo de ir hasta allí para grabarle. pero aquello no le había molestado en aquel entonces: incluso llegó a inventar historias para asustar a sus amigos. Perdóname por no mostrarme más sociable —se disculpó—. El olor a madera húmeda que penetró en la cocina sería producto del tiempo. no faltaría más.. sobre el trasfondo de un tiroteo en Abilene o Dodge City o algún corral. creyó oír los arañazos de un perro en ella. Se sentó a la luz del sol de marzo que. el viento soplaba sobre los campos enfangados. Key les oyó dejar las bolsas de las compras en el suelo de la cocina. a través de los árboles rechinantes. pero afuera no encontró ningún animal. entre nube y nube. En cuanto el coche de Heste se hubo alejado. Una vez en la emisora de aquella radio. se dijo. mientras escuchaba con atención. Pasado el breve jardín. «El cansancio». aquello debería alegrarle: había tenido una infancia feliz. Al quitarle el cerrojo. ¿Iremos al cine esta semana? —Si quieres. como si no se hubiesen enterado de que los espectadores debían . Sin embargo. soy un viejo gruñón —masculló. que el hecho de envejecer traía consigo volverse así de quisquilloso. y.

se había arrojado al suelo. descubrió que aguzaba el oído para ver si le llegaban sonidos que prefería no sentir. Él se sentía impaciente de tanto ocultarse debajo de la escalera cada vez que las sirenas aullaban. Hasta que la sirena no aulló. Key vio cómo las tumbas saltaban por los aires y. a su espalda. de esperar a que sus papeles de reclutamiento llegaran para poder ir a combatir contra los nazis. porque había descubierto que la disposición de las habitaciones era la misma que la de la planta baja de la casa de su infancia.mantenerse silenciosos o. al menos. aquella pacífica claridad consiguió ensimismarle. en el piso de arriba. En la oscuridad. Cuando la sintonía concluyó. el ruido producido por la puerta de su habitación le había sonado mucho más familiar que de costumbre. de manera que cuando por fin se durmió. pero quizá fueran las descargas de estática del televisor de los vecinos. Entonces. la luz brillante. y mucho más para convencerse de que no seguía sumergido en el sueño. que aquel día . ya tarde. los vecinos se sentaron a la mesa casi al mismo tiempo que Key. lápidas. Aunque tal vez la de ellos no despediría aquel leve olor a madera húmeda debajo del linóleo. De todos modos. Pero sus ojos se abrieron de mala gana y miraron fijamente en la oscuridad. Se pasó el día haciendo su valoración de algunos discos y esperando a Hester. Hubiera sido mucho más extraño si la disposición fuese diferente. Se había dirigido hacia la parte trasera de la casa y mirando fijamente el cielo. Tuvo que luchar durante largo rato para despertarse en su piso. fue incapaz de moverse. no levantar demasiado la voz. y la doble imagen del sonido de cubiertos le hizo sentir como si se encontrara en la cocina de arriba y en la suya propia al mismo tiempo. se colocó los auriculares y puso una sinfonía de Bruckner en el compact disc. En el último instante. y lo lamentó mucho. fragmentos de un ataúd y todo aquello que la explosión había levantado cayó sobre él y ennegreció el cielo. aplastando el parterre de flores de su padre. A la hora de la cena. Ocurrió al comienzo de uno de aquellos ataques aéreos que a punto estuvieron de lograr que aquel pueblo pasara al olvido. oyó hacerse añicos la ventana de la cocina. a pesar del pánico. estaba más que dispuesto a irse a la cama. No dejaba de creer que oía arañazos en la puerta trasera. Aquel día había salido del refugio en cuanto la señal de «ha pasado el peligro» empezó a sonar. La bomba cayó en el cementerio. azul y transparente. la música se elevó con sus montañosas formas. ¿Y qué había de malo si le recordaba la puerta de su antiguo dormitorio? Envejecer consistía en revivir antiguos recuerdos. De repente. pero. soñó con el día en que la guerra apareció en su vida. no pudo conciliar el sueño. Después de la cena. No había por qué asombrarse: de joven se había pasado años sintiéndose vulnerable después de haber estado tan cerca de la muerte. Una onda expansiva que arrastraba tierra. un bombardero extraviado sobrevoló el lugar y dejó caer una bomba que debía de estar destinada al astillero del río. una vez acostado.

mientras le sujetaba el rostro entre sus frescas manos y lo miraba con fijeza. en la cama.. No cesaba de recordar el levantamiento del cementerio. pero. Pero incluso después de que lo cambiaran. entonces. Key había dado un recital de piano. Tumbado. ya lo habían limpiado todo. las armas disparaban de manera acompasada. aunque. En el cine. un vecino había cubierto con madera la ventana destrozada. Y entonces siguieron las desastrosas consecuencias. sintió que las películas tenían demasiado diálogo. por primera vez en su vida. un almacén situado cerca del astillero y convertido en sala cinematográfica. y. y en aquel entonces había esperado verla ansiosamente. Key estuvo bebiendo con Hester en el bar hasta la hora de cerrar. pero ¿acaso no eran demasiados? La locuacidad de Ciudadano Kane cedió por fin paso a la música. pero los auriculares no lograron cubrir el ruido que le llegaba de arriba. alguien lanzó una bomba.. Cuando Hester se alejó en su coche. Y la madera tenía aspecto de estar bastante nueva: el ligero olor podía emanar del cementerio. para poder reponer el cristal.sonaba mucho más lejano. Key había oído a sus padres discutir por lo de la ventana. y fue entonces cuando advirtió que no deseaba quedarse solo con sus crecientes recuerdos. Los aviones pasaban en vuelo rasante. El vecino había jurado que era madera que le había sobrado de unas obras que hiciera en su casa. aún le quedaba el sabor de los juveniles labios. pero olfateó con fuerza cuando Key se puso el abrigo. Se sirvió una generosa copa de escocés. proyectaban Ciudadano Kane. casi indefenso. De todos modos. —Tendré que hablar con el propietario de tu casa sobre esto de la humedad. Al regresar a casa. a su edad. era lo único que podía esperar de la chica. Ahora. en cuanto se encontró bien. —Cuídate —recomendó ella al despedirse en la puerta. . para entonces. Hester le dijo que no había visto animales cerca de los apartamentos. No le apetecía irse a la cama hasta no sentirse más tranquilo. Los preludios de Debussy pudieron haberle calmado. la ventana había conservado aquel asqueroso olor a madera podrida. Mientras sus padres lo llevaban al hospital. La habían filmado el mismo año de la bomba. apartó de un empellón el pequeño piano y se disponía a subir la escalera como una tromba para quejarse cuando oyó otro sonido. Quizá estuviera relacionado con el levantamiento del cementerio. La puerta de la cocina se abrió. Se quitó los auriculares. Al invitar a Hester a su piso para tomar café no hizo más que posponer esos recuerdos. que pareció deseoso de tragárselo. La explosión estremeció a Key. se había dado cuenta de que sus padres no estaban seguros de dónde había salido la madera que estaba clavada de un extremo al otro del marco.

a la larga.«Quizá el impacto de la bomba la ha entreabierto». Permaneció tumbado e intentó que tanto él como su sentido de la realidad dejaran de estremecerse. por el terror de no saber qué podía estar esperándolo allí? No era preciso que se levantara para probarse a sí mismo que eso no iba a ocurrir. seguramente desaparecería el panorama de aquel cuarto que no era. recordó que no había cerrado la puerta del dormitorio. pero ¿qué significaba eso? ¿Iba a dejarse arrastrar de nuevo por las sensaciones que experimentara después de salir del hospital. Medio adormilado. Y fue esa creciente convicción la que. En ese momento. .. la puerta trasera cuarteada en la que creyó oír unos arañazos. y se quedó helado. el rincón en el que el nuevo papel pintado no tapaba del todo el antiguo. Tal vez el olor y los arañazos fueran ciertos. Pero en el dormitorio de su infancia no había teléfono. por ejemplo. Lo miró con los párpados entornados: miró el techo. pegajosos. como si esa rabia lograra impulsarle a cerrar las dos puertas antes de tener la ocasión de sentirse incómodo. más urgentes. Se sentó en la cama con un gesto de rabia. hubiera sido imposible que oyese los impacientes zarpazos. de lo contrario. como si temiera que su solo aliento lo hiciese desaparecer. allí. alguien de arriba la había apagado. Cerró de un portazo. su único refugio posible. Todo lo vio con una especie de pavor paralizante. y. la puerta de la cocina habría vuelto a abrirse. se dejó caer sobre la cama. ¡y vio la cocina! La cocina de sus padres. y en ese momento.. El sonido de los arañazos lo despertó. el pánico lo invadió. Ahora que la televisión podía haberle ayudado a convencerse del lugar en que se encontraba. tampoco. Aquel sonido le resultó ineludiblemente familiar. sus párpados se abrieron. El jadeante silencio fue roto por los arañazos cada vez más fuertes. el cristal viejo sobre el antiguo fregadero de piedra. de desiguales medidas. Hester. le permitió quedarse dormido. las floreadas cortinas. Se encontraba en su dormitorio. el aliento se le cortó en la garganta. pensó distraído. Nada le ocurriría mientras siguiera tumbado. Se disponía a aferrar el pomo cuando el olor a madera podrida le dio de lleno. Se dirigió veloz hacia la puerta. y tendió la mano hacia el teléfono que había junto a su cama. en el dormitorio que llevaba sin ver desde hacía casi cincuenta años. De sólo pensar que tenía que buscar la causa de aquel sonido. bajo e inclinado. Se dijo que no podía haber visto lo que creyó ver. siempre y cuando tuviera la certeza de que podría levantarse. Si alguien lo acompañaba. seguramente. por el miedo de aventurarse en las habitaciones de su propia casa.

al menos. El gastado linóleo se había partido como una fruta podrida. Cruzó la habitación a grandes zancadas y se dirigió hacia el cuarto principal. vio su reflejo en el espejo que había encima de la chimenea. para que. La hizo girar en la cerradura y. Giró la llave con tal violencia que la partió. No comprendió que era un camión hasta que se encontró en su camino. o una parte suficiente de una mano como para hacerle una seña temblorosa. —Al viejo todavía le queda vida —gruñó. y hacia él también se irguió una forma borrosa. La llave que siempre había estado en la puerta trasera le quemó la palma de la mano con su frialdad. Seguía en la casa de sus padres. no sería así.. Si tenía que morir. Unas sillas desvencijadas se acurrucaban alrededor del hogar. Poco antes de que el vehículo lo embistiera. atrapado en el trance que lo tenía prisionero desde que despertara. no lo cogieran por la espalda. Corrió hacia la puerta principal y se lanzó a la calle.. y estuvo a punto de caer cuando tropezó con una novela en Braille. el rostro de Hester en el fugaz instante en que recuperó la vista. Pero estaba ciego. Los rescoldos crepitantes ardían con fuerza y. pero ahora recordaba lo que había tenido que olvidar hasta que él y sus padres se mudaron después de la guerra.. debajo del suelo. que se estrelló contra su rostro como si fuera hielo fino. dejando atrás el hornillo ennegrecido y el fregadero de piedra para enfrentarse a los arañazos. de reojo. A la carrera cruzó el cuarto principal. los dedos se le agarrotaron. Luego se echó a un lado para apartarse del profundo abismo. Abrió la puerta de la cocina de par en par y avanzó a paso largo. al aire nocturno. Nunca se había visto tan envejecido. tambaleante. En aquella otra ocasión.. tantos años atrás. Estaba atrapado. .. deseó haber podido ver. En aquella otra ocasión. El hedor a tierra y a podredumbre se elevó hacia él. Un sonido agudo le llenó los oídos y avanzó hacia él a toda velocidad. una mano.Se acurrucó contra la almohada. sólo había oído los arañazos. se producían a su espalda. pero ahora vería de qué se trataba. Te esperábamos. se levantó. tantos años atrás. —Ven con nosotros —susurró una voz desde una boca que parecía taponada de barro—. Los urgentes zarpazos cedieron para dar paso al sonido de madera astillada.. se había negado a dejarse intimidar y juró por Dios que tampoco se dejaría asustar en ese momento. El pavor le había borrado la memoria. la abertura tendría su misma altura. de la señal indicadora de que el bombardeo había pasado. Los arañazos no provenían de la puerta. aterrorizado: después. una vez al menos. y por ella asomaban los listones partidos. como lo había estado desde que la bomba cayera. entonces. Creyó que se trataba de la sirena. Se obligó a volverse con piernas temblorosas. Key avanzó. el miedo los volvió torpes.

quería hacer algo. Pero el . ni cuando lo hizo Grope. Los tullidos eran muy viejos para cazar o trabajar en los campos y no podían hacer más. Cada banda tenía la suya. Grope era el más grande de toda la cueva. Entonces Jon guardó el cuchillo debajo del cinturón de su slip y bajó a los túneles para buscar a alguien a quien pudiera hacérselo. cuando Jon tenía diez años. ja. pero siempre dejaban algunos para cuidar las hogueras. Sólo que no podía atrapar ninguno de los más chicos porque corren cuando lo ven venir. Jon recuerda que una vez cuando él era un pequeño. produciendo ruido. Grope encuentra un chico que trata de robar comida de una olla. Por eso. Entonces agarró una antorcha y bajó al túnel lateral de Grope muy despacio y con cuidado. Y después de eso se mantienen lejos de las hogueras. Cuando recorría los túneles laterales. La bronca existía. y no dejaba que nadie se lo hiciera a sus damas mayores o sus chicos excepto él. ja. por si alguien se escondía allí. Y sabe que si no tuviera cuidado alguno de los grandes se lo haría a él. pero no olvidan. Grope había salido a cazar cabezas con la pandilla y Jon no confiaba en los otros. excepto a la hora de comer. Jon pudo escuchar los sonidos exteriores —risas y gritos y lamentos. pero al menos Grope impedía a los otros ofenderlo. Aunque llovía las mujeres estaban afuera en los campos y los chicos corrían sueltos por la cueva con sus cuchillos y mazas. llovía demasiado como para que él saliera a matar a alguien. pero Jon estaba inquieto. Desde la parte superior de la cueva contempló la tormenta. diciéndose que la lluvia era marica. por lo que a la mayoría se los mataba. A él no le atraía. con un tullido cuidando que nunca se apagara.LA CABEZA The Head (1976) Robert Bloch Una mañana. era seguro quedarse en la gran cueva ahora. Entonces Jon se mantuvo en medio de la gran cueva donde las hogueras de las cocinas iluminaban el camino. hermano. Grope lo agarra y lo estrella contra una roca. Los otros chicos ríen. Pero se sentía bien. Los chicos nunca iban a las hogueras solos. Luego ella misma termina en la olla.

las paredes. sino algo más." Buen día. La boca se abre también. Jon pasó por rocas caídas. boca cerrada también. el zumbido lo asustó. sólo algún ruido detrás de las paredes lisas. Jon. flotando dentro de la burbuja con las cosas largas y finitas que le salían de las orejas y el cuello. pero Jon empezó a trepar cuando era un chico pequeño y fue siempre el único. Y la cabeza dice. Muerta. El secreto residía en una pequeña cueva de la pared lisa con más zumbido y guiños de luces de abajo de un estante con perillas. Nadie sabía del zumbido o la luz y Jon nunca lo contó porque era parte del secreto. El lugar secreto estaba muy abajo. toda arrugada y peluda. lo miran. Ojos bien cerrados. Había rocas caídas dentro de los túneles. Hasta que Jon tuerce perillas como hizo la primera vez. Pudo oír su voz que lo decía. Y no era realmente su voz —sólo la emisión . duro y brillante. Había muchas madrigueras retorcidas a través de la roca y Jon conocía bien su camino. Eso era el secreto real. Nunca lo lastima. demasiadas para que los grandes treparan. Casi nunca nadie va hasta allí. "Buen día. Jon. Como su cuchillo. Y entonces él fue donde estaba el zumbido. donde las paredes eran lisas.túnel estaba vacío y él se arrastró en la oscuridad hasta que pasó el lugar donde se duerme y encuentra el hueco de entrada a las madrigueras más allá. Entonces él tuerce perillas que no se aflojan. La luz venía de algún lado atrás como el zumbido. Una gran cabeza. Así encontró el lugar secreto. Cuando acudió allí por primera vez. pero se acostumbró después de un tiempo. que él trató de romperlo con una roca pero la roca rebotó. No rocas. Ahora se quedó donde no necesitaba antorcha porque había luz. pero pudiera ser que no fuera la mañana: el tiempo no tenía importancia aquí. pero viene más luz de la burbuja brillante y luego pudo ver lo que había dentro. Jon recuerda cómo lo asustó hace tiempo ver la gran burbuja brillante en el estante. Ahora las chispas saltan de las cosas largas y finitas. Los ojos se abren.

dijo el Señor. Ellos habían anticipado los resultados. Yo soy la resurrección y la vida. indistinta. Era la única salida que habían encontrado. Ese había sido el plan. pudieran salvar el conocimiento. ¿Recuerdas lo que te dije las otras veces que viniste. bajo estas condiciones. Inapropiado. Más tarde o más temprano alguien los encontrará. Ahora escucha atentamente. Seleccionad las mentes. estos chinos. Y las computadoras no eran la solución. sobre los interruptores? . Entonces los remanentes de la raza humana. eventualmente la atmósfera se desprenderá de la polución. y enganchadlos a los mecanismos autosuficientes de input y output. a la mala interpretación. por supuesto. Una solución química. podía ser que no hubieran sido aún descubiertas. seleccionad los poquísimos psicológicamente aptos para soportar semejante stress y preservadlos. Un niño. no se podía generar energía perpetua ni mantenerla en una escala suficiente como para alimentar grandes unidades. como su audición. en la cual el cerebro era preservado y reactivado eléctricamente. merodeando por las cuevas y dando con esta unidad. Razonaron que todo conocimiento registrado es perecedero —libros y cintas y microfilms están sujetos a la desintegración. no podían salvar la vida humana. Habrá supervivientes. reactivando su conciencia. había llevado a esta resurrección. -Bien. O.artificial del mecanismo alimentado por el débil impulso eléctrico de su lengua y nervios laríngeos. no podían salvar los artefactos. Pero tal vez. La única fuente segura de sabiduría seguía siendo la mente. de hecho se había llegado a ella exactamente antes del amenazado holocausto termonuclear. y no tendrían ninguna utilidad para quien no tuviera un sofisticado entrenamiento. Los chinos no habían perfeccionado esta variación de la técnica criónica. amplificada electrónicamente. podía ser que no lo fueran nunca. preparados para la regeneración. —Jon. y ésta era la solución. No podían salvar la atmósfera. Había otras mentes enterradas en varios lugares subterráneos de alta seguridad. Ubicadlos en refugios de seguridad estratégicamente situados a gran profundidad. manipulando torpemente los artilugios extraños. aunque se preserven. las secretas fuentes de ciencia y arte y saber que estaban esperando para reconstruir un nuevo mundo de las ruinas. Mejor corregir eso. Pero la ley de posibilidades. Miró a la criatura agachada frente a él. tropezarían con las reservas secretas. Borrosa. ¿Cómo era la vieja frase? Inteligentes como el demonio. fuera de foco. ¿puedes oírme? La figura agachada cabeceó. Y un pequeño niño los conducirá. la ley de accidente.

" Hermano. ¿Qué término conocería? —La perilla. la semblanza de supervivencia de una subcultura urbana basada en el concepto de agrupación y territorio. Empújala para arriba. "Cuéntame algo. Sus confrontaciones previas habían producido poco más que el conocimiento del nombre de Jon. resguardo. Sí. como tantas otras antes. ahora podía ver con claridad. este antropoide blanco? Ni siquiera blanco. ninguna conciencia de continuidad. La criatura cabeceó nuevamente. arrancado de la civilización. remontándose a las estrellas. ¿Pero era mejor? ¿Era realmente mejor tener una visión clara de esta figura semidesnuda. Tenían fuego. siempre habían vivido en cuevas. hermano. Lo que importaba ahora era que esta criatura era todo lo que quedaba de la humanidad. ¿cómo se podía educar esto? ¿Cómo podría tan sólo comunicarse con claridad? Pero tenía que hacerlo. Algo lo estaba desconcertando. su lenguaje se reducía a una jerga tosca. Otra vez. Salvajes. . un producto de generaciones de endogamia en la oscuridad perdida. Todo esto era lo que había recogido en pacientes interrogatorios. Podía hablar. debía. no era importante. cuando la gente caminaba libre y orgullosa sobre la faz de la tierra y construía sus ciudades resplandecientes cuyas agujas se perdían en lo alto. Le contó de los viejos tiempos.La criatura pestañeó. armas toscas. Esta criatura pertenecía a la humanidad. No entendía la palabra. Dios. en realidad. Desechó la idea. Interruptor. y se inclinó hacia adelante. Así está mejor. era el único camino. Jon. —Allí. hermano. siempre cazando grupos de otras cuevas para complementar ocasionalmente con carne su dieta diaria. La perilla de la izquierda. Por lo que Jon sabía. construían sus esperanzas más altas aún. sino un nuevo cruce étnico de Caucásico y Negroide. Despacio —no mucho— solo un poquito. la única esperanza superviviente. La esperanza del futuro. los días de la inocencia antes de las guerras. a lo que quedaba de ella. y tal vez era todo. siempre escarbando la cicatrizada superficie exterior y superior para encontrar yemas para los cocimientos. su gente no tenía historia. —Cómo hablar de algo. Despojado de todo. Y él habló. le contó a Jon la historia.

Había existido la esperanza de un paraíso en la tierra. pensamientos que no dormían jamás. o hablar o aun moverse. Por eso ahora no importaba realmente si Jon le creía o no. por supuesto. Sigue hablando. El infierno era el dolor y el miedo de estar vivo y consciente en esa oscuridad. con su falta de comunicación a todo nivel— había sido como la torre de Babel. manténlo interesado. absolutamente aislado. El infierno era eterno. Si para él había sido difícil concebir la simplicidad del Jardín del Edén. Para la mayoría. cuánto más difícil debía de ser para Jon percatarse de la realidad de una civilización complicada. los super y subsónicos. Estaba escuchando. Pero el verdadero significado de infierno les había sido revelado solamente a unos pocos. un cuento. Del radar. El infierno era estar a solas con sus pensamientos para siempre.Eso es lo que era para Jon. los láseres. Fábulas. pensamientos que resonaban eternamente con un griterío inaudible que destrozaba el cráneo. —Y entonces. incapacitado de ver. Cuéntale de cualquier cosa. una pesadilla que nunca terminaba. De algún modo. Así le sonaban a él los relatos bíblicos en los viejos tiempos. agazapados en esta cueva. de todas las maravillas y tropiezos del mundo. el macrocosmos. Aterrizamos en la luna. sexual. folklore. los dáctilos y pterodáctilos. Sus supervivientes no se refugiaron en la cima de las montañas. Se escuchó a sí mismo —a la emisión mecánica de su pensamiento. Y sin embargo era verdad. repentina y breve. comenzarnos la conquista del espacio. este nuevo mundo era el Jardín del Edén del cual hablaba —la Tierra antes de la Caída. religiosa. política. siempre escuchaba. No más de lo que la humanidad había creído en el Jardín del Edén. el microcosmos. Hasta la misma guerra final era como un Diluvio que aniquilaba el mundo. Los hijos de Noé.y reconoció en qué medida todo ello sonaba como un cuento de hadas. El infierno era una oscuridad que nunca moría. Y la creciente disidencia que había conducido a la guerra —la lucha racial. fantasías. hasta que la humanidad lo convirtió en un infierno. Y ése era su infierno cuando Jon lo apagaba. Jon. . de todo. Ése era su infierno. siempre que estuviera dispuesto a escucharlo. Él sabía realmente lo que era el infierno. la fusión. en su lugar estaban dentro de ellas. dejándolo solo en la oscuridad. el infierno había sido una horrorosa pesadilla de dolor y miedo. la fisión. como él. ideológica. antes de que Jon lo encendiera. Porque si estaba escuchando no lo apagaría. pero obviamente no creía. seguida de un olvido piadoso.

interminable. Tú sabes. —¡Cuéntame! Contarle ¿qué? Dónde estaban las palabras. Cuenta de grandes matanzas. escucharme y aprender. Y también la raza humana renacerá con el saber por usted conservado. por su propio bien. Más matanza —dijo Jon—. Pero había obedecido. enseñarle. los científicos y cirujanos transpirando al esgrimir sus escalpelos bajo las hirvientes luces electrónicas antes de la oscuridad final. rescatarlo del salvajismo. Hay otras cosas en la vida además de matar y comer y copular. el procedimiento que lo situó bajo el cuchillo en el momento mismo en que la tierra temblaba y las cimas se derrumbaban sobre su cabeza. por el bien de Jon. rascándose una axila. sacar a su gente de la barbarie. —Cuenta cómo haces bombas —Jon sonrió—. Grandes matanzas. Bombas. Y tú tampoco sabes. cuando lo enciendan. Él no quería hablar de la guerra. Por eso debes escucharme. La guerra. Tú no eres un hombre —eres un niño. Spinoza. Jon sacudió la cabeza porfiadamente. Buda. Lao Tsé. ¿Y qué palabras servirían —las de Jesús. el propósito que lo había sostenido a través del vacío terrible. filósofos. sabios o eruditos en la historia de la humanidad le podían mostrar la solución? Tenía que encontrar ahora esas palabras. hermano. estaba aburrido—. cómo podía llegar a él. ¿no lo entiende? No es la muerte ¡estará vivo! Es inevitable que alguien lo encuentre tarde o temprano y cuando esto suceda. Si me escuchas puedo enseñarte. —Pero maldito sea. —Yo no sé —dijo él—. Confucio. a esa oscuridad ciega. enterrado vivo dentro de una montaña. Algún día yo mato a Grope. eso era Información Reservada. . Mahoma. usted renacerá. Un cerebro. Operación Supervivencia —así la habían denominado. —No. Platón. todos habían obedecido.—Ya lo contaste —Jon se puso de mal humor. Shakespeare? ¿Qué profetas. Alta Seguridad. Ésa era la esperanza que había sido depositada junto a él en la oscuridad. las órdenes selladas y la directiva que lo habían mandado aquí al Área Secreta. Estaba nuevamente reticente. Pero eso no era lo que Jon quería oír. sacerdotes. aunque sólo fuera para que no lo apagara. para no ser vuelto a ese silencio incesante. Sus palabras le volvieron a la mente. esa no es la forma.

Montaña. las palabras de los tiempos. Entonces habló. los ojos desasosegados. ¿No había conducido Moisés a una multitud nómada a través del desierto. —No matarás —dijo. sabía que se volvería loco. Supongamos que Moisés hubiera ido a las montañas. Tú no eres Dios. Sí. —No. Él me ha conducido a las aguas calmas. ése era el camino. el destino de Dios. escondida a la espera de traer nuevamente al mundo la luz de la verdad. encendiéndolo. aburrido e impaciente. el destino de Jon. ahora. Ves. —Yo mato a Grope. y escalado una montaña? Supongamos que la Babel bíblica y el Diluvio fueran alegorías. Firme. Dios no tendría temor de ser apagado. resentidos. Supongamos que hubiera habido entonces una destrucción termonuclear ¿y la misma solución? Los científicos de una civilización olvidada habían dado con el secreto de la salvación. Tú puedes ser la voz de Dios y Jon puede ser Moisés. Dios estaría muerto. La salvación por medio de la oración. Jon frunció el ceño. final e irrevocablemente loco. y sin su voz. Porque si era apagado otra vez. sólo en la oscuridad. Grope es tu padre. . el destino del mundo. Desierto. Sólo Dios tenía ese poder. para que pueda conducir a su gente a la Tierra Prometida. A Dios no le espantaría la oscuridad como le espantaba a él. Jon estaba buscando la perilla. Háblale con las palabras de Dios. ¿entiendes? Jon gesticuló. tropezado con ese mecanismo. las palabras de sabiduría. el arañar. encontrado la cueva. sacudiendo la cabeza. ¿Entendería? ¿Había quedado en esta criatura la humanidad suficiente como para comprender la verdad? La respuesta decidiría para siempre su destino. sólo el contorsionar. y no habría ninguna voz de Dios. las palabras que nunca morían. Salvación. el desesperado retorcerse de su cerebro a punto de explotar. Habría oscuridad en los cielos y la tierra. un camino para la salvación de sí mismo. para siempre. preservando una inteligencia viva hasta el día en que fuera encontrada por algún primitivo sobreviviente. Honra a tu padre y a tu madre. Él ha restaurado mi alma. —El Señor es mi pastor: Nada me faltará. Ahora Jon escuchaba. y oído la voz de Dios. ¡Pero tenía que haber un camino! Un camino para la salvación de Jon y de los otros. Él no podía impedirlo. Pero puedes ser la voz de Dios. Recuérdalo. las palabras de Dios. Habló las únicas palabras que salvarían al mundo. No estaba interesado. Buscando. Él me ha hecho yacer en verdes praderas.

—Eso es basura.Entonces Jon sonrió y la respuesta llegó. . Y lo apagó. hermano —dijo Jon.

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