Daniel Medvedov

M isery & M ystery


Viena 2011 / Barcelona 2017
Hay una relación entre el misterio y la miseria. La relación es que detrás de toda miseria humana
hay un misterio. . .
No basta con usar a las palabras en el flujo verbal del diario convivir: es necesario un
conocimiento y un saber que inserta la palabra en el lugar y tiempo que le corresponde en el
lenguaje. Lenguaje y lengua, he aquí una gran diferencia. Nadie nos obliga a hablar o a no hablar.
Per no hablar no significa callar: existe una comunicación no-verbal que todo el mundo conoce y
usa, espontáneamente, de modo natural. Estamos todos muy bien preparados para utilizar y
entender la comunicación no-verbal.

Deseo sugerir una lista de miserias humanas para formular mi discurso. He aquí los puntos:
1. La miseria familiar de la educación
2. La miseria corporal de la salud
3. La miseria monetaria
4. La miseria del conocimiento
5. La miseria política, social y sexual
6. La miseria espacial y la falta de hogar
7. La miseria del juego y del arte
8. La miseria poética y la incapacidad de entender el misterio del cambio
9. La miseria folclórica y los malentendidos de conceptos como “patria”, “raza”, “tradición”
10.La miseria teológica y mística y la incapacidad de comprender el silencio

Cada uno de estos puntos tiene sus casos particulares.
Lo sabemos: toda miseria humana nos es familiar a todos, pues hemos oído muchas historias y
acaso, alguno, habrá sufrido en carne propia los embates de la traición y del desencanto.
No voy a llover sobre lo mojado. No voy a regocijarme en los detalles de la incompetencia y de la
manipulación.
Voy a ahorrar esa energía para plantear el bello decir de la sinceridad sin palabras, de la
consideración sin gestos, del cariño sin motivo ni causa.
El siglo pasado ha visto el brillo de la enseñanza de los grandes maestros: Peter Deunoff, Osho,
Rudolf Steiner, Krishnamurti, Gurdieff, y tantos otros.
Pero este nuevo siglo tiene nuevos guías. Cada generación tiene sus guías.
Cada uno aporta su grano de saber a la cultura, al bello decir, a la autenticidad del mensaje, a la
sencillez del comportamiento, a la expulsión de la teatralidad y de los uniformes.
He aquí el caso de Hayao Miyazaki, el autor japonés de las películas de dibujos animados, como
“El Viaje de Chihiro”, “Princesa Mononoke” “El Castillo Volante” etc. En su mundo, Miyzaki
muestra el deseo de la emancipación para llegar a ser un ser humano autentico. El autor habla a
una generación nueva, los niños que nacieron en el Siglo XXI, los que vivirán en los primeros
treinta y tres años de este nuevo evo de la cibernética: el retorno a la sencillez, el retorno al uso de
la inteligencia y de la función de los objetos instrumentales operativos, a la dignidad humana, a la
postura y a la mirada firme.
Asistimos, casi sin percatarnos, al nacimiento del guerrero moderno, que no se amedrenta frente a
los embates de la naturaleza.

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