«La triste historia de un loco enamorado»

Parecía una obsesión: «Me vas a amar, me vas a amar, me vas a amar». La última vez que se besaron, en la calle aledaña a la reunión en la que se vieron después de tantos años, ella pareció mostrar un gran interés por él mientras lo besaba. Lo miró con ojos de una mujer enamorada, o al menos, eso creyó ver él. Ella lloró; él la consoló secando sus lágrimas y mirando dentro de esos dos profundísimos ojos del color del café cargado. Ella lo abrazó y lo besó sin que él se acercara primero. La pasión fue mutua. Mientras se besaban, ella lo abrazó fuertemente y le acarició el rostro. Él hizo lo mismo, pero acariciando sus caderas y su cintura, mientras se confundían en un beso prohibido por el destino marcado desde años atrás. Pudieron estar juntos, pero ese destino mezquino que vedaba su pasión, era más fuerte que cualquier cosa con la que ellos pudieran luchar. Jugaron a decirse la verdad. Y cómo dolió. La realidad le calló la boca a su vaga locura, y por un momento, se vieron inmersos en un ímpetu inenarrable que mermó en la palidez de los labios de él. Jugaron a decirse la verdad. Él jugó a decir la verdad, dispuesto a todo, a quebrar esa barrera de lo imposible para acallar ese destino maldito que ensombrecía sus esperanzas. Acaso ella, dentro de su misterio, realmente sentía que podía compartir algo más con él, que simples besos esporádicos. Una palabra bastaba para que dejaran de jugar a las escondidas, tras la tenue luz de aquel frío poste que alumbraba sus almas tan distintas. Tan diferentes en disposición y quizás en amor. ¿Amor? Eso cree él y, aún hoy, no está seguro. Probablemente su historia no tenga final, incluso antes de haber sido escrita, y el «por qué» tan sólo reposa, escondido bajo el alma de aquella que le regaló un instante de felicidad, apenas, y que él, con regocijo, esperaba sea eterno. Y ambos, confundidos, tras unos pocos besos más, volvieron por donde vinieron y aquí jamás pasó nada, pero lo que más duele es el «jamás pasará nada entre nosotros» que él asume que ella asegura con una certeza infinita. Nada, eso es lo que ellos saben que sucederá entre el amor y placer que existe en cada uno de sus espíritus. Él siente que la ama, pero no lo sabe con certidumbre, ella… Escondida tras esa caparazón que siempre le mostró, sin remordimientos, siempre ocultará el feliz final que les depararía un «sí, podemos intentarlo». Él cree que ella es cobarde, ella cree que él es tonto. Él asegura que su destino tiene bien mas ella asume que no. Pero una historia jamás tendrá principio ni final si aún no ha sido escrita. Él tiene las hojas en blanco, dispuestas a ser llenadas por el cadencioso ritmo de sus huesudas muñecas; y ella, tiene la pluma con la cual no está dispuesta a escribir sobre el blanquísimo papel que él le obsequia, sea por temor o por pensar que, lo que siente por ese muchacho, jamás se podrá convertir en amor. Él está agradecido, pero siente su alma vacía tras aquel momento mágico en su vida, y siempre le dolerá no saber que es lo que ella guarda. «Si sientes dolor, yo lo puedo curar, eres mi amor y lo sé, aprende tú a saberlo».

Él se lo quiere creer y en su locura ya es una realidad: «me vas a amar». «Me vas a amar». Micky Bane 26/07/06 . Jamás es tarde para cambiar de piel. aquel momento no fue suficiente. ¿Qué es un suspiro en la respiración de la vida? Acaso nada. para él. juntos.Y ahora. no te amo aún. mientras él camina por las calles. sabe que todo depende del camino que ella elija. Para él la eternidad no es suficiente. pero él se dice a si mismo «me vas a amar. pero te necesito». porque. «Gracias. Pero lo es todo si va dirigido hacia aquel que lo provocó. yo lo sé…». meditando el amargo desenlace. -FIN. Y sufrirá… Él sufrirá siempre el dolor de no saber que les depararía el futuro. como una obsesión que se repite así mismo: «me vas a amar».