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SIN SeNdero

Vladimiro montesinos torres

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IN ENDERO
Alerta Temprana
Ezer Editores Lima - Perú 2009
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VladImIro moNteSINoS torreS

© SIN Sendero, Alerta Temprana Primer Edición, Lima Octubre del 2009 © vmontesinos_evaldivia@hotmail.com © ESEY SAC Calle Genaro Castro Iglesias 141 - La Aurora Miraflores Diagramación y Portada ESEY S.A.C. Hecho el Depósito Legal en Biblioteca Nacional del Perú Nº 2009-14615 ISBN: **** Impresión: José Castro Jr. Chavín 196, Breña RUC: 10099529933 Telf.: 998237105 Noviembre 2009 Prohibida su reproducción total o parcial, por cualquier medio mecánico o electrónico, sin autorización escrita del editor. Printer in Perú

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Dedicatoria

“A los heroicos miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional del Perú, en todos los niveles de comando y grados de subordinación, y a los integrantes de la Comunidad de Inteligencia, que codo a codo con las valerosas Rondas Campesinas y Comités de Autodefensa, actuaron bajo la dirección y conducción política del presidente Alberto Fujimori Fujimori, para enfrentar a las redes y coaliciones terroristas de Sendero Luminoso y el M.R.T.A. que venían desarrollando la Guerra Asimétrica como variable principal de la guerra de Cuarta Generación (4GW) contra el Estado peruano”. Vladimiro Montesinos Torres Lima, 12 de Octubre de 2009

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ÍNDICE
Prólogo ..........................................................................................1

CAPÍTULO I
Antecedentes de la red terrorista Sendero Luminoso ................21

CAPÍTULO II
Inicio de la lucha armada y la guerra asimétrica ........................29

CAPÍTULO III
Gobierno de los 80 A. Período de Fernando Belaunde Terry (1980-1985) ...............39 B. Período de Alan García Pérez (1985-1990) ...........................53

CAPÍTULO IV
La Nueva Estrategia Contraterrorista de Alberto Fujimori Fujimori (1990-1995 y 1995-2000) ................79

CAPÍTULO V
La captura de Abimael Guzmán Reinoso .................................109

CAPÍTULO VI
La capitulación de Abimael Guzmán Reinoso .........................157

CAPÍTULO VII

La división y la subsecuente ruptura orgánica de la red terrorista Sendero Luminoso ..............................................239

CAPÍTULO VIII
El asalto a la residencia del Embajador de Japón por un comando operativo del MRTA y el rescate de los rehenes con la Operación Militar Chavín de Huantar ..............361
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CAPÍTULO IX
La captura de Oscar Ramírez Durand ......................................445

CAPÍTULO X
Sendero Luminoso en el Siglo XXI .........................................509

ANEXOS
Anexo 1: Siglas y Abreviaturas ................................................609 Anexo 2: Definiciones de Inteligencia .....................................613 Anexo 3: Conversación telefónica del 7 de febrero de 2000 entre Vladimiro Montesinos Torres con los dirigentes de SL, Osmán Morote Barrionuevo y María Pantoja Sánchez.............................................................621 Anexo 4: Evolución del accionar de la red terrorista Sendero Luminoso (1980-2009) .............................................636 Anexo 5: Situación del Perú en 1991 y 1992 ...........................637 Anexo 6: Cuadro Estadístico de Acciones Terroristas a nivel Nacional (SL-TA) periodo de 1991 a 1997 ...................638 Anexo 7: Delincuentes Terroristas capturados a nivel Nacional. Periodo 1980-1991-1996 ..............................639 Anexo 8: Comparación del número de sentenciados por delito de terrorismo antes y depués de la Ley de Arrepentimiento .......................................................640

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PRÓLOGO
No imaginé nunca escribir otro libro en las condiciones en que éste ha sido escrito, sin el auxilio, no ya de una computadora, ni de una modesta máquina de escribir. En pleno siglo XXI he redactado estas líneas a mano, como en tiempos pretéritos. Esto no tiene nada de romántico, quizá sí algo de gracioso e irónico. Sin embargo, en medio de todas estas dificultades ha primado la intención, no por debatir académicamente, o dejar unas memorias de mi experiencia como oficial de Inteligencia, sino de dar una voz de alerta temprana frente a sucesos que se han venido produciendo en el país en lo que va del corriente siglo, y que configuran un peligroso proceso de reconstitución organizacional, operativo y doctrinario de la red terrorista Sendero Luminoso. Han transcurrido 17 años desde que la DINCOTE capturara al máximo cabecilla senderista, Abimael Guzmán Reinoso, y vemos que la guerra aún continúa, claro está, por otros medios, en los que el factor militar no es lo primordial. Ello no significa en modo alguno que los senderistas hayan abandonado la lucha armada, pues el nuevo esquema estratégico de “pasar de tiempos de guerra a tiempos de paz”, no implica de manera alguna claudicar o tener que dejar de combatir. Lo que sucede es que por ahora esta nueva estrategia les demanda cambiar las formas de lucha, y orientar sus esfuerzos a la implementación y consolidación de la Ofensiva Legal (OL); la Guerra Política (GP) y el Accionar de los Organismos de fachada (AOF). El Senderismo es paciente, y está observando la agudización de las contradicciones al interior del actual sistema, y por ende, la
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creación de condiciones objetivas y subjetivas para reiniciar con fuerza la lucha armada. De eso que no quepa la menor duda. En esa línea de pensamiento, el nuevo esquema estratégico de la Guerra Revolucionaria (GR) que nos presenta esta red terrorista en el siglo XXI, tiene como primer y más importante factor de la ecuación a la Ofensiva Legal (OL) que ha desatado contra el Estado peruano, seguido por el de la Guerra Política (GP) como el otro componente, y además la acción concertada de los Organismos de Fachada (AOF) como tercer factor complementario a los precedentes. Y finalmente por Acciones Terroristas y Guerrilleras (ATG), las cuales por ahora son esporádicas en determinadas áreas geográficas del país. Por tanto, de la Guerra Revolucionaria (GR) que viene practicando, Sendero Luminoso –durante los nueve primeros años del siglo XXI– privilegia en ese orden los tres componentes no militares de la ecuación más que a las acciones terroristas y guerrilleras (ATG) que, momentáneamente, valga la redundancia, son todavía esporádicas y focalizadas en el Huallaga y el VRAE. La Ofensiva Legal (OL), que como primer factor de la ecuación viene desarrollando esta red terrorista contra el Estado peruano, se caracteriza por la inteligente utilización que hace –según el lenguaje marxista– de las entidades que conforman la superestructura estatal para maquiavélicamente debilitar a través de ellas al propio Estado y sus instituciones, a las que busca destruir a fin de poder construir –sin límite de tiempo– la República Popular de Nueva Democracia, e implantar el comunismo en el país. El primer gran objetivo de esta Ofensiva Legal (OL) senderista ha sido el progresivo y hábil desmontaje de toda la legislación en materia de lucha contra el terrorismo que se promulgara durante el gobierno del presidente Fujimori; esta legislación fue pieza clave de la estrategia integral que se implementó para hacer frente a las redes terroristas. ¿Cómo ha sido posible este desmontaje? Pues cuestionando la constitucionalidad de los decretos leyes que regulaban el delito de traición a la patria, en razón de que estos decretos atribuyen competencia a los tribunales militares para juzgar
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a los civiles que hayan cometido dicho delito, lo que consideran dizque atentatorio del derecho al Juez Natural. Esta Ofensiva Legal (OL), ha producido el efecto deseado por los comandos y planificadores terroristas, ya que lograron la nulidad de todos los procesos seguidos ante el Fuero Privativo Militar por delito de traición a la patria, la libertad de cuadros importantes de su organización, la desarticulación y anulación del marco jurídico duro, que con carácter de transitoriedad se implementó para una situación de guerra durante el gobierno del presidente Fujimori. Estos mecanismos, que no son, por cierto, inconstitucionales, le arrebataban la iniciativa al aparato legal senderista denominado Asociación de Abogados Democráticos. Hoy día, Sendero Luminoso tiene toda la iniciativa legal de su parte, y el Estado peruano, insólitamente, se mantiene inerme y arrinconado, pues no hace nada para poder recuperarla. Aquí se cumple la frase que alguna vez escuchara de boca del propio Abimael Guzmán Reinoso cuando conversáramos sobre el tema del Estado. Para Guzmán el Estado peruano es metafóricamente hablando “un elefante metido dentro de un pantano”, o dicho con mayor ironía “es un elefante metido en una caja de cristal”. En ambos casos el elefante (entiéndase el Estado) no puede moverse. Eso es lo que pasa ahora. Después de 17 años de la captura de Abimael Guzmán Reinoso, podemos constatar que Sendero Luminoso nunca estuvo paralizado, ya que durante todo este tiempo ha continuado desarrollando la Guerra Política (GP) en “nuevas y complejas situaciones” con el objetivo de poder acumular fuerzas a fin de seguir con la guerra popular, claro está, sin la presencia y conducción de Guzmán, pero en función de su “pensamiento guía”. Conforme a ello, todo indica que Sendero Luminoso se encontraría preparando la realización de su segundo congreso partidario con los cuadros que gracias a la Ofensiva Legal (OL) tiene en libertad, y con aquellos que se mantuvieron en la clandestinidad, a fin de que en dicho evento –que es la expresión de la voluntad partidaria– se legitime a una nueva dirección y estructura del partido,
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poniendo así el punto final al periodo de inflexión, para luego reiniciar las operaciones después de la reconstitución partidaria, reitero, sin la presencia y dirección de Abimael Guzmán, pero bajo los lineamientos doctrinarios del “pensamiento Gonzalo”. Ahora bien, ¿cuál ha sido la reacción del Estado peruano frente a este nuevo esquema de desarrollo de la Guerra Revolucionaria (GR) planteado y parcialmente ejecutado por la red terrorista Sendero Luminoso durante estos nueve primeros años del siglo XXI? Erróneamente se ha privilegiado –y se sigue haciéndolo hasta la actualidad– el cuarto factor de la ecuación, esto es, enfrentando militarmente, de manera prioritaria y exclusiva, a lo que es accesorio, es decir, a las Acciones Terroristas y Guerrilleras (ATG) senderistas que por ahora son esporádicas y están focalizadas en dos áreas geográficas del país, dejándose de lado –de manera incomprensible– los otros tres factores principales de la ecuación: la Ofensiva Legal (OL), la Guerra Política (GP) y el Accionar de los Organismos de Fachada (AOF) que hábilmente viene ejecutando Sendero Luminoso, valga la redundancia, prioritariamente. Esto sin percatarse, además, que al desarrollar a nivel nacional la Guerra Revolucionaria (GR) contra el Estado peruano, el senderismo coloca por ahora en un segundo plano las Acciones Terroristas y Guerrilleras (ATG). Frente a este modelo de Guerra Revolucionaria (GR), el Estado sólo responde militarmente en el Huallaga y en el VRAE, olvidándose del resto del territorio nacional, particularmente de la capital de la República, lugar donde esta red terrorista viene logrando, clandestinamente, un importante nivel de recomposición no militar de la organización. El privilegiar exclusivamente el factor militar de la lucha, en lugar de derrotar políticamente a Sendero Luminoso lo fortalece a éste, posibilita que ese enemigo interno se renueve doctrinariamente y, además, se envalentone por la debilidad del Estado y traiga en un futuro cercano más muerte y destrucción al país. ¿Cómo están organizadas las Fuerzas Armadas peruanas para enfrentar esta clase de guerra asimétrica?:
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La actual estructura organizacional, operativa y doctrinaria de las Fuerzas Armadas es la correcta y adecuada para cumplir con la finalidad primordial de garantizar la independencia, la soberanía y la integridad territorial de la República, vale decir para una posible guerra simétrica entre Estados, en la que se confronte el potencial militar de cada país. Para ese tipo de conflicto que corresponde a la fase de Guerra de Tercera Generación (3GW), la Seguridad Nacional reposa en la eficaz cooperación y la interoperabilidad que puedan alcanzar las respectivas instituciones armadas para la ejecución de operaciones militares conjuntas. Sin embargo, para atender la problemática que se viene presentando en el frente interno tenemos que previamente saber y comprender que estamos ante otro tipo de guerra, totalmente diferente a la simétrica entre Estados. Las Fuerzas Armadas no se enfrentan a otro ejército regular, sino que tiene que hacerlo contra otra clase de entidades. Se sigue olvidando lo más importante: que la red terrorista Sendero Luminoso era, es y seguirá siendo como enemigo un actor no estatal interno, predominantemente clandestino y asimétrico, motivado ideológicamente, y que viene operando en estrecha alianza táctica con las redes del narcotráfico formando coaliciones que coordinan entre sí sus acciones contra un enemigo común: el Estado peruano. Estos actores no estatales utilizan diversos factores como el engaño, la sorpresa, la velocidad, el movimiento, el empleo de armas de forma inesperada para tratar de alterar sustancialmente el escenario del enfrentamiento rompiendo todos los paradigmas y principios de la guerra. Es en este escenario que el Estado debe enfrentar a toda una conjunción estratégica de actores asimétricos en que no hay frente de batalla definido, pues el campo de batalla es el conjunto de la sociedad y donde no se distingue lo civil de lo militar ni la paz de la guerra. Se persiste en cometer los mismos errores de la década de los 80, pues todavía la mentalidad militar prevaleciente es propia de Guerra de Tercera Generación (3GW) y eso la impele a emplear fuerzas simétricas para enfrentarse con actores asimétricos. Es decir, no se ha producido el tránsito organizacional hacia una perspectiva
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adecuada a una estrategia de Guerra de Cuarta Generación (4GW), ni menos se ha diseñado la doctrina a aplicar en esta clase de guerra, lo cual vislumbra en el futuro reveses operacionales que se traducirán como siempre en lamentables “papelones” institucionales. De ahí el fracaso, pues prima, una vez más, la deformación profesional frente a estas nuevas corrientes o tendencias doctrinarias que deberían ser materia de estudio y análisis en la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas y en los diversos Estados Mayores como en la Comunidad de Inteligencia. Prioritariamente se debe redefinir la actual estructura organizacional de las Fuerzas Armadas para adecuarla a esta clase de guerra asimétrica que como variable principal de la 4GW viene practicando la red terrorista Sendero Luminoso contra el Estado peruano. Paralelamente a ello, tiene que diseñarse la nueva doctrina que a de regir el empleo de la fuerza, de modo que la planificación y ejecución de las operaciones militares estén enmarcadas dentro de los criterios rectores que norman los conflictos asimétricos. Sólo de esta manera se podrá enfrentar adecuadamente a estos actores no estatales internos y asimétricos que son predominantemente clandestinos y para los cuales la primera regla es que no hay reglas, hecho que deberíamos considerar y debiera causarnos preocupación por sus efectos letales y espectaculares. Es por eso que estoy ahora –con esta obra– cumpliendo con mi objetivo esencial: plantear las ideas y propuestas de solución en torno a este tema y difundirlas. Y lo he hecho gracias al apoyo invalorable de Estela Valdivia Alvarez y de amigos que se han tomado la molestia de leer los manuscritos, digitalizarlos luego y entregar más tarde el material a las prensas. Más allá de cualquier anécdota, la inquietud por buscar la verdad está presente en todos los hombres y en todos los tiempos. Y tal es la fuerza que nos mueve a encontrarla, por esquiva que se muestre, que al final la hallamos. Hay una verdad sepultada en el Perú, y es aquella que han desaparecido y enterrado todos aquellos a los que el odio, el revanchismo, la venganza y un sinfín de pasiones e intereses subalternos han esclavizado.
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Los autores de este pretendido vericidio han inventado una historia que jamás ocurrió. Hay que reconocer que lo han hecho con maestría, digna de mejor causa. Han mostrado al mundo no mentiras, que hubieran podido descubrirse fácilmente, sino medias verdades, verdades tergiversadas, exageraciones y efectos conocidos de la propaganda política y de las técnicas sicosociales. La verdad sobre la Pacificación Nacional en el Perú ha quedado, pues, sepultada bajo todos estos recursos del mayor cinismo y por un desvergonzado desinterés por el futuro del Perú. El maniqueísmo delata a los aprendices de vericidas. Según ellos, en el Perú de los 90 dos sanguinarios personajes –Fujimori y Montesinos– montaron un Estado policiaco y brutal que copió, e incluso superó, la brutalidad de los terroristas, que de pronto se convirtieron de victimarios en víctimas del terrorismo de Estado. Según esta novelesca y fantástica versión que ha avalado una “Comisión de la Verdad”, el gobierno de Alberto Fujimori no se diferenció de otros gobiernos que en América del Sur lucharon contra la subversión en la década de los setenta; incluso, de acuerdo a estas estimaciones el Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional podría ser comparable a regímenes anticomunistas como el de Suharto, que terminó con la vida de un millón de comunistas. O sea, Fujimori está en el rango de Suharto o Milosevic. Si esto no es delirio, ¿qué es? En el Perú, el 99 por ciento de la cúpula terrorista fue a parar a prisión. Como uno de los encargados en el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) de la Pacificación Nacional, jamás utilicé métodos vedados como aplicar una picana eléctrica, ahogamientos simulados en los interrogatorios, la privación de alimentos y de sueño, las humillaciones sexuales, la exposición a temperaturas extremas, la desnudez, la sujeción a posiciones forzadas por periodos prolongados, como se utiliza en Afganistán contra miembros de la red terrorista Al Qaeda, a fin de obtener información, no sólo porque son procedimientos inmorales, sino, por sobre todo, arcaicos, primitivos, innecesarios, inútiles, estúpidos e indignos de quien se consideraba, y se considera, a sí mismo, un hombre de Inteligencia
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anclado en su época. Desde luego, la caricatura que se ha hecho de mi persona, con alevosía, ventaja y cinismo, me muestra como un pedestre violador de los derechos humanos. A través de las páginas de este libro no pretendo defenderme solamente de tan abusiva, arbitraria y falsa caracterización, sino “desasnar” caricaturistas, que ignoran, o pretenden ignorar, todo el largo proceso de conversaciones que llevé a cabo personalmente con los principales líderes de Sendero Luminoso y que culminó con la capitulación de Abimael Guzmán. El señor Guzmán nunca fue torturado o drogado u obligado a autohumillarse. Con él y la cúpula de su organización, sostuve reuniones en las que se debatía dialécticamente, y en que finalmente se obtuvo, por fuerza de la razón dialéctica, la capitulación de Abimael Guzmán y compañía y posteriormente la ruptura orgánica de Sendero Luminoso al escindirse en dos bloques antagónicos entre sí. Entonces pregunto: ¿Dónde está el reino del terror? Hacia 1994 algún sector de la oposición política del Perú criticaba al Gobierno de Fujimori, y a mi persona particularmente, de tratar extrañamente a Abimael Guzmán, porque se le llevaba una torta ya sea por su cumpleaños o por el de la señora Elena Iparraguirre, y porque, en el contexto de las conversaciones para la capitulación senderista y en búsqueda de provocar la división de dicha red terrorista se otorgaba algunas granjerías al “presidente Gonzalo” y a la “camarada Miriam” como parte de una estrategia para lograr estos dos objetivos de inteligencia. ¿Cómo se conjuga esta situación de quien ha sido satanizado hasta el absurdo –Vladimiro Montesinos– con un proceder como el descrito? ¿Dónde está la estrategia antiterrorista y la esencia de la política de Estado contra el terror? En este proceso de conversaciones que ejemplifica el modo como se actuó en el SIN para consolidar la pacificación, o en los casos aislados y repudiables de Barrios Altos y La Cantuta? ¿Puede alguien en su sano juicio pensar, por otra parte, que en una larga guerra de más de veinte años no puedan ocurrir casos
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aislados, aberraciones que no son parte de una política clara y conocida? Esos hechos ocurren en toda guerra y nadie puede inferir por ello que existe una doble política: que por un lado se converse con la cabeza (Guzmán) y por otra parte se aliente eliminaciones extrajudiciales. Los casos de Barrios Altos y La Cantuta serían, efectivamente, episodios de una guerra sucia llevada a cabo por el Estado, si éste habría demostrado igual comportamiento con personajes terroristas de gran importancia y nivel, empezando por Abimael Guzmán y Víctor Polay, cabecillas de Sendero Luminoso y el MRTA, respectivamente. Es lo lógico. Pero estos caballeros y los principales cabecillas de ambas redes terroristas están vivitos y coleando y ninguno de ellos se ha quejado de tratos inhumanos, salvo que así se considere a la cadena perpetua y sus consecuencias penitenciarias. ¿Dónde está, entonces, la doble política? Política antiterrorista –durante el gobierno del presidente Fujimori– ha habido una sola y absolutamente respetuosa de los derechos humanos. Y que lo digan, repetimos, la cúpula terrorista, los miles de arrepentidos, los miles de acusados liberados durante los gobiernos de Paniagua y Toledo. ¿Qué habrían pensado de esto Pinochet, Videla, Trujillo, Suharto, Milosevic? Se habrían, sin duda, horrorizado, al ver aplicar una política que preservó la vida de las cabezas del terrorismo peruano. Si ha habido una sola política antiterrorista y ella ha sido respetuosa de la vida humana, los casos como los de Barrios Altos y La Cantuta, son excepción de la regla. ¿O es que alguien cree que la obra humana es perfecta? Es casi imposible pensar, repito, que en una guerra interna como la que vivimos, no se hayan producido desbordes aberrantes y por cierto repudiables. ¿Quién es culpable de ellos? No quien dirige la gran política del Estado, que no puede controlar miles de operaciones de las fuerzas armadas, que no puede conocer ni controlar el miedo, la venganza, el descontrol emocional y el “psicososearse” de las
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tropas o de los propios oficiales. Los combatientes no son marionetas que puedan manejarse desde Palacio de Gobierno o desde el SIN. Uno de los objetivos de este libro es desenterrar la verdad sobre la lucha que libró el régimen de Alberto Fujimori contra dos redes terroristas como Sendero Luminoso y el MRTA, y mostrarla tal cual es, a la opinión pública del Perú y el mundo. Mostrar que desde la perspectiva de la Guerra de Cuarta Generación (4GW) había que luchar desde un alto terreno moral, lo que implicaba una conjunción de ideas renovadoras en el campo de la Inteligencia y tecnología adecuada a las circunstancias. En este combate de diez años (1990–2000) contra dos redes terroristas abiertamente criminales y asociadas tácticamente al narcotráfico (formando coaliciones) es vital la participación de la DINCOTE y del SIN, institución esta última en la que como oficial de Inteligencia tuve la delicada misión de contribuir a organizar y hacer que funcione como el “sistema inmunológico” del Estado agredido –el Perú. Quieran reconocerlo, o no, los enemigos y los obcecados, ese “sistema inmunológico”, el Sistema de Inteligencia Nacional (SINA), funcionó. La Inteligencia en el Perú de los 90 pasó de viejos esquemas mentales a una visión estratégica moderna, capaz de enfrentar un fenómeno nuevo. Soy, sin falsa modestia, el responsable de que ello ocurriera, pues luché denodadamente por convencer al presidente Fujimori de acabar con las políticas erróneas de los 80 y actuar con políticas integrales y respetuosas de los derechos humanos. No me costó trabajo convencer al Jefe de Estado porque él había llegado por doble vía a la misma conclusión. Esa doble vía era el sentido común y su visión de matemático, hombre familiarizado con la implacable lógica. Que esta defensa funcionó eficazmente contra el cáncer del terrorismo, que hacia 1990 hacia metástasis en gran parte del territorio, es algo que sólo pueden poner en duda, repito, los tontos útiles o los enemigos acérrimos, ya que los propios dirigentes senderistas han admitido que la puesta en marcha de una nueva estrategia antiterrorista a partir del arribo al poder de Alberto
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Fujimori devolvió al Estado la iniciativa y una fuerza que terminó por desarticular a Sendero Luminoso y el MRTA. Sin embargo, todo el paciente, fino y meticuloso trabajo realizado, todo el ingente aprendizaje logrado con la experiencia de luchar exitosamente contra un enemigo que libraba una guerra asimétrica como variable principal de la Guerra de Cuarta Generación, y desde luego, toda la eficacia de un Gobierno que supo concebir una estrategia realmente integral, se ha ocultado, satanizado y hasta caricaturizado. Una ejemplar política antiterrorista se ha convertido, por obra de una vasta conspiración orquestada por los organismos de fachada del terrorismo internacional, en una política sistemática para violar derechos humanos, en guerra sucia, en un régimen de terror. Esa es la imagen que esta conspiración ha vendido, exitosamente, a la opinión pública nacional e internacional desde noviembre del año 2000. A estos organismos de fachada del terrorismo, más que a nadie, le interesaba desfigurar, caricaturizar, tergiversar groseramente la pacificación peruana. No puede haber ejemplos de éxito en la lucha contra el terror, hoy globalizado, especialmente después de los atentados del 11-S, el ataque terrorista contra las Torres Gemelas y el Pentágono que es a la fecha el más violento de la historia y que fue minuciosamente planificado por la red terrorista Al Qaeda bajo la dirección de su cabecilla Osama Bin Laden. La derrota que sufriera el terror en el Perú tiene que neutralizarse. Es lo que han hecho estos años todas las organizaciones pro terroristas, librando una exitosa guerra de propaganda negra. A ella se han prestado por interés político obvio los enemigos de Fujimori; a ella se han prestado intelectuales que han hecho de la “defensa” de la democracia y los derechos humanos, un caballito de batalla que sirve a su ego y a su “prestigio” y que les reporta, además, algunos dividendos económicos. El Perú debe quitarse la venda de los ojos y ver cómo los organismos seudodefensores de derechos humanos, los organismos
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de fachada del terrorismo, y los tontos útiles han desmontado en el presente siglo toda la legislación en materia de lucha antiterrorista que se promulgara durante el régimen de Fujimori, así como pulverizado a la Justicia Militar reduciéndola a su más mínima expresión, y ver también cómo después de este trabajo sibilino se aprestan, ya convertidos en víctimas, a pasar a una etapa distinta de esta Ofensiva Legal. Esta Ofensiva Legal, ha sido exitosa gracias a los tontos útiles y también a los infiltrados dentro del aparato del Estado. Han logrado, nada menos, que someter a la justicia como victimarios a quienes han actuado y actúan en defensa del Estado y la Legalidad, desde el ex presidente Fujimori (condenado a veinticinco años de prisión sin prueba alguna) hasta el soldado que combate en el VRAE y que lo piensa dos veces antes de disparar en legítima defensa, porque puede ser llevado a los tribunales. La razón de esto no es, pues, sólo desenterrar la verdad y exhibirla a la luz del día para que peruanos y extranjeros saquen sus propias conclusiones, sino para que los peruanos nos pongamos en guardia frente a lo que no es un “rebrote” del terrorismo, como suele llamarse a la andanada de nuevos atentados y emboscadas criminales contra las fuerzas del orden –al mejor estilo de los 80. Lo que está aconteciendo es el fin de la hibernación de Sendero Luminoso. Ello porque esta red terrorista nunca abandonó la guerra, una guerra prolongada que ya lleva un cuarto de siglo. El proyecto totalitario y genocida continúa y prosperará en tanto el sistema político no sea capaz de reaccionar y continúe hundiéndose en medio de contradicciones internas, que es lo que sueña el senderismo. Por ello es importante reconocer que la irrupción de Sendero Luminoso en la escena nacional es un hito de inmensa trascendencia histórica. Por primera vez en toda la historia de la República se pretende no sólo destruir el Estado, sino un modelo de vida, que a pesar de su imperfección ha venido siendo nuestro proyecto de identidad nacional: toda nuestra herencia cultural, un pasado de errática búsqueda de la felicidad colectiva, hechos gloriosos, la potencialidad de nuestro mestizaje. Sobre las cenizas de la “vieja sociedad”, Guzmán y sus seguidores planeaban construir un nuevo Estado y una nueva
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sociedad que reflejara, cabalmente, el pensamiento comunista en su vertiente contemporánea más radical: el marxismo-leninismomaoísmo-pensamiento “Gonzalo”. Esta sumatoria ideológica no posee otro ejemplo de realización material más que la Camboya de Pol Pot. Sendero Luminoso intentó, a partir de 1980, hacer realidad en el centro de América del Sur, en el Perú, un foco revolucionario de repercusión planetaria, de características similares a una de las más cruentas y espantosas experiencias revolucionarias de nuestros tiempos: la camboyana. Así como Saloth Sar cambió su nombre por el de Pol Pot, Abimael Guzmán Reinoso cambió el suyo por el de “presidente Gonzalo”. Pol Pot luego de su arribo al poder proclamó el nacimiento de la Kampuchea Democrática y declaró el inicio del “año cero”. Su epígono andino iba a replicar, con toda seguridad, el demencial plan de empezar de “cero” destruyendo todo vestigio del pasado capitalista y semifeudal. Todos recordarán como las hordas senderistas acabaron sin remordimientos con empresas agropecuarias y agroindustriales, con fino ganado, con laboratorios, con maquinaria, que no sólo representaba cuantiosa pérdida material, sino retraso tecnológico para el país, Y recordarán, igualmente, que al desprecio generalizado por la vida humana se sumaba el odio que este grupo demencial exhibía contra quienes representaban la ciencia y tecnología al servicio del desarrollo; para ejemplo está el asesinato de un grupo de técnicos japoneses que realizaban un voluntariado en el norte de Lima; muchos técnicos extranjeros fueron víctimas de atentados y hostilización por el “gran pecado” de contribuir a mejorar las condiciones de vida de los campesinos pobres del Perú, por sembrar una semilla de esperanza en un país subdesarrollado y atrasado. No es improbable que siguiendo este guión del absurdo y la locura, se continuara destruyendo maquinarias y equipos y hasta quemar bibliotecas, como hizo el Monstruo de Camboya. Este llegó en su delirio a imponer el carro tirado por mulas y a prohibir el uso de medicamentos modernos, con el fin de “comenzar de cero”: reinventar máquinas y descubrir drogas, no depender de Occidente. Pol Pot hacía realidad, con la sangre de sus adversarios, su utopía: Camboya, Kampuchea, se aislaría del mundo, y, para cubrir sus
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necesidades reinventaría todo echando mano de la sabiduría popular. Era el costo que se debía pagar para permanecer a salvo de la peste capitalista y burguesa que todo lo contaminaba. De esto nos libramos en los 90 y en este libro se describe, con precisión técnica, el sacrificadísimo trabajo de diez años en la Comunidad de Inteligencia y particularmente de todo el equipo de Inteligencia del SIN que tuve a mi cargo, bajo la jefatura del general EP Julio Salazar Monroe, y en la etapa final del contralmirante AP Humberto Rozas Bouniccelli. El libro, empero, no tiene la pretensión de imponer ninguna versión, menos la mía, ni la del SIN, sino ofrecer, del modo más transparente, los hechos documentados, de lo que ocurrió, realidad que la fantasía conspirativa a cubierto con una mano. En este libro se relata, sin violar los protocolos de seguridad, guardando la reserva y manteniendo el carácter clasificado de los archivos del SINA, entretelones desconocidos de la lucha antiterrorista, que tras su lectura y apreciación evidencian que recién ahora puede empezar a tenerse idea de lo que realmente fue la pacificación del Perú durante el gobierno del presidente Fujimori. E idea y magnitud de lo que nos esperaba si triunfaba el terror entre 1990 y el 2000. Pero, lo más importante y revelador: saber que el peligro no ha pasado, que la amenaza no se ha extinguido y que hoy, el germen del totalitarismo encarnado en el Nuevo Sendero está allí, al acecho. Vladimiro Montesinos Torres Octubre 2009

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CAPÍTULO I
ANTECEDENTES DE LA RED TERRORISTA
SENDERO LUMINOSO

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I.
El Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso (PCPSL) es una red terrorista que devino –luego de varias depuraciones ideológicas- en facción independiente del Partido Comunista que fundara José Carlos Mariátegui. Dicha red fue generada por Abimael Guzmán Reinoso aprovechando su condición de docente en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga y de los Colegios de Aplicación Guamán Poma de Ayala, conjuntamente con un puñado de seguidores allá por los años sesenta, en la ciudad de Ayacucho. Por aquel entonces algunos de estos personajes –entre ellos Guzmán– viajaron varias veces a la República Popular China, que en aquella época estaba liderada por Mao Tse Tung, para ser capacitados y entrenados en la Escuela Político-Militar de Shangai. Allí es donde los participantes lograron asimilar la experiencia de la revolución china triunfante, fundamentalmente todo lo que tiene que ver con la doctrina de la guerra popular y la construcción de un Nuevo Estado. Ahora bien, para ubicar en su exacto espacio político a la red terrorista denominada Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso y comprender su trayectoria, es necesario precisar algunos antecedentes de sus orígenes y de su vertiente ideológica. A partir de este marco, debemos recordar la década de los sesenta como etapa fundamental dentro del desarrollo de las corrientes marxistas leninistas en el Perú, pues se produjeron cuatro acontecimientos de singular importancia, como son: – La pugna chino-soviética – La revolución cubana – Los movimientos campesinos – Las guerrillas del MIR
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Estos sucesos determinaron que al interior del Partido Comunista Peruano se formen diversas corrientes de opinión que, finalmente, se polarizaron en dos grandes grupos: Uno liderado por Jorge del Prado, que adhería a la línea de Moscú y mantenía su caracterización de la sociedad peruana, señalando que era una sociedad de capitalismo dependiente y subdesarrollada y que, por tanto, el nudo de sus problemas estaba dado por las relaciones de dominación y dependencia que impedían el desarrollo de las fuerzas productivas en forma autónoma, por lo que la clase portadora de la revolución debía ser el proletariado, y que la captura del poder tenía que pasar por las concepciones leninistas de la guerra revolucionaria combinadas con la lucha legal electoral. El otro grupo liderado por el abogado Saturnino Paredes Macedo, que adhería al pensamiento marxista-maoísta, tipificaba a la sociedad peruana como semifeudal y semicolonial señalando que el nudo de los problemas estaba dado por las relaciones de servidumbre en el campo y por la organización neocolonial de la economía, considerando además que la clase motriz de la revolución era el campesinado y que la captura del poder debía hacerse a través de la guerra popular prolongada, desarrollándola desde el campo a la ciudad. Como ambas caracterizaciones de la sociedad peruana eran antagónicas, se produjo la ruptura que dio lugar al surgimiento del Partido Comunista Peruano – Unidad (pro soviético) y del Partido Comunista Peruano Bandera Roja (pro chino). En este contexto el origen de Sendero Luminoso se ubica en enero de 1964, cuando en la IV Conferencia del Partido Comunista Peruano se produce la escisión de los defensores de la línea pekinesa del tronco central de dicho partido. Entre los personajes de la rama escindida, que adoptó el nombre de PCP- Bandera Roja, figuraba Abimael Guzmán Reinoso. En noviembre de 1965, Bandera Roja realizó su V Conferencia Nacional, cuyos acuerdos permiten ubicar y definir a las organizaciones de la vertiente maoísta.
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En esta conferencia se aprobó: – La caracterización de la Sociedad Peruana como semifeudal y semicolonial. – El reconocimiento de que la captura del poder sólo podrá realizarse a través de la vía armada. – Que el campesinado es la clase motriz de la revolución. – Que el Partido debe militarizarse y actuar a través de la clandestinidad. – Que la lucha guerrillera es la forma principal de combate. – Que el camino es cercar las ciudades desde el campo. Este grupo constituido fundamentalmente por integrantes de la Juventud Comunista avanzaría, paulatinamente, hasta plantear en 1967 la conformación de otra organización, que en efecto se cristalizó en 1969, al crearse el Partido Comunista Peruano “Patria Roja”. A fines de 1970 se realizó el II Pleno del Comité del PCPPR, presidido por Abimael Guzmán Reinoso y Saturnino Paredes Macedo que lideraba Bandera Roja. Este último, ante los acuerdos del II Pleno, organizó un nuevo II Pleno del Comité Central, en el cual, entre otras acciones, se aprobó la expulsión de Abimael Guzmán, por traición a la línea proletaria y deserción de las filas del partido. Es en medio de esta larga, tediosa y burocrática lucha ideológica, política y orgánica, que la facción integrada por Guzmán se fue decantando, vía expulsiones mutuas, hasta llegar a convertirse en una red autónoma, en los años 70. En dicho año Abimael Guzmán Reinoso agrupó a su alrededor las pocas bases de Bandera Roja, que estaban en desacuerdo con Paredes; entre ellas el Comité Regional José Carlos Mariátegui de Ayacucho. Posteriormente, los seguidores de Guzmán se concentran en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, donde actúan a través del “Frente Estudiantil Revolucionario” (FER) y bajo la consigna “Por el Sendero Luminoso de José Carlos Mariátegui”. Estas dos palabras –Sendero Luminoso– de estirpe mariateguina, se convierten poco tiempo después en el membrete de la definitiva agrupación liderada por Guzmán.

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Alrededor de 1975, Guzmán se trasladó a Lima y empezó el trabajo de preparar a su red terrorista para iniciar la lucha armada en el Perú en función de conquistar el poder. Cabe agregar también que este fue un proceso de construcción ideológica, política y organizativa que se proyectó a nivel nacional. Estos últimos hechos son capitales para poder comprender cabalmente cómo fue posible que una red terrorista tan pequeña en su origen, pudiera iniciar y desarrollar la guerra interna que llegó a poner en jaque al Estado peruano. Durante el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, la llamada “fracción roja” de Sendero Luminoso actuó dentro del Comité Regional de Ayacucho, denominado José Carlos Mariátegui del PCP-Bandera Roja. Llegó a encapsularse en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga y dedicó sus primeros años a “desarrollar” el pensamiento Mariátegui, a la vez que en el terreno organizativo buscó ganar presencia en las instituciones magisteriales, universitarias y en el campesinado ayacuchano. Es a partir de su II Pleno que rompe con el PCP-Bandera Roja y pasa a constituirse como una red política autónoma. Entonces continúa con su campaña de “defensa de la Universidad” y llega incluso a controlar la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), para lo cual formalizó alianzas con grupos maoístas y el APRA, creando el Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho (FDPA); además llega a controlar varias filiales del SUTEP dando inicio a sus llamados Organismos Generados para “organizar y no movilizar” a los campesinos, obreros, sectores barriales, estudiantes y mujeres. Paralelamente controló la Escuela de Aplicación “Guamán Poma de Ayala” en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, y desde allí “la fracción r oja” realiza un trabajo de campo en Ayacucho, a la vez que empieza a darle vida a sus llamadas “Escuelas Populares” en casi todo el país. Entre 1970 y 1980, Sendero Luminoso se dedicó a la tarea de darle forma ideológica definitiva a su particular interpretación de la realidad peruana. Utiliza el pensamiento de Mao y el de
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Mariátegui. Paralelamente a esta tarea se orienta a la realización de una silenciosa labor de organización y concientización de sus cuadros. Culminada la organización inicial del partido y constituidas las bases de la infraestructura partidaria en la universidad, en el gremio magisterial y en el campo, “Sendero Luminoso” consideró que como organización estaba lista para iniciar la lucha armada a fines de la década del 70.

Los diferentes rostros de Abimael Guzmán Reinoso cuando rompe con Saturnino Paredes Macedo, líder de bandera Roja e inicia otras series de rupturas hasta decantarse y formar el Partido Comunista del Perú de corte marxista, leninista, maoísta - pensamiento Gonzalo. Sendero Luminoso marcaba distancia y declaraba la guerra al Estado peruano.

En cuanto a la ideología, Guzmán y sus más cercanos colaboradores intelectuales pretenden que Sendero Luminoso parte de una doctrina sintetizada como “Marxismo-leninismo-maoísmopensamiento Gonzalo”. Este último sería la interpretación que habrían hecho del marxismo aplicado a la realidad peruana. Aun cuando los científicos sociales peruanos, marxistas y no marxistas, no encuentran coherencia teórica y metodológica en las formulaciones senderistas, el PCP-“SL” sostiene que su ideología es la única expresión válida del marxismo en el mundo, y que ésta se forma porque:
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Del marxismo, interpreta la “Lucha de clases” y “La dictadura del proletariado” como las realidades del mundo, y en ese sentido, la revolución peruana como parte de la revolución mundial, a la cual pertenece y debe apoyar. Del leninismo, asimila la interpretación del imperialismo como nueva etapa del capitalismo y el concepto de que es el Partido el que debe realizar la revolución e instaurarse la “Dictadura” en representación y nombre del proletariado (sin partido no hay revolución). De Mao Tse Tung, toma las tesis de la guerra campesina contra el feudalismo (los malvados “Shenshi”), de la Revolución Democrático Burguesa contra el colonialismo y de las revoluciones culturales en la construcción del socialismo. Todo esto en el marco de la “Guerra Popular y Prolongada del Campo a la Ciudad”, constituyéndose todo este corpus, además, en enemigo de los “revisionismos” de la entonces Unión Soviética, China Popular y Albania, ya que aquellos no propugnan el cambio violento y han dejado de ser marxistasleninistas. De Mariátegui, interpreta libremente su pensamiento en la aplicación de los conceptos marxistas a la condiciones reales y concretas del Perú (cada pueblo tiene su propia revolución y se basa en sus propias fuerzas), especialmente al problema de la tierra y del indio como cultura sojuzgada.

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CAPÍTULO II
INICIO DE LA LUCHA ARMADA Y LA GUERRA ASIMÉTRICA

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II.
Después de más de diez años de trabajo clandestino, de adoctrinamiento y preparación de cuadros y luego de haberse llevado a cabo el IX Pleno Ampliado del Comité Central bajo la consigna “Definir y Decidir” (definir que el Partido estaba listo para dar un paso adelante y decidir que no había otro camino que el iniciar la guerra) y una vez concluida la llamada Primera Escuela Militar en la zona Este de Lima, dirigida personalmente por Abimael Guzmán, y denominada “ILA-80”; la red terrorista conocida como Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso (PCP-SL) aprobó la lucha armada y le declaró la guerra al Estado peruano con el objetivo de tomar el poder, construir la República Popular de Nueva Democracia e implantar el comunismo en el país. Las circunstancias por las que atravesaba el país no podían ser más propicias para el cuestionamiento de un Estado, que secularmente había postergado el objetivo de su esencia, que es construir el “Bien Común”. Sólo a comienzos del siglo XX se habían escuchado algunas voces contestatarias, voces que exigían el respeto de los derechos que asistían a las grandes mayorías empobrecidas y hasta arrinconadas en la miseria, de alcanzar estándares de vida compatibles con la dignidad humana. Lamentablemente aquellos que alguna vez enarbolaron banderas que reclamaban justicia social para los explotados, para los marginados y excluidos, se desviaron del camino que se habían trazado y se ubicaron mejor en la sociedad cuya estructura condenaban. Es decir, claudicaron. El hecho que marcó el inicio de la guerra se produjo cuando un comando operativo senderista atacó la oficina distrital del Jurado Electoral Provincial que conducía el registrador Florencio
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Conde en el Distrito de Chuschi de la Provincia de Cangallo del Departamento de Ayacucho y quemó públicamente las ánforas y padrones electorales de la mencionada sede el 17 de mayo de 1980, con ocasión de las elecciones presidenciales que fueran convocadas –después de doce años– por el Jurado Nacional de Elecciones durante el último año del Gobierno Militar que presidía el general de división EP Francisco Morales Bermúdez Cerruti. A partir de esa fecha, de infausta recordación, se inició en nuestra patria una larga y penosa etapa de dolor, muerte y destrucción. Una espiral luctuosa, de crecimiento constante, que significó la irreparable pérdida de decenas de miles de vidas y miles de millones de dólares en daños materiales, lo que supera largamente lo sufrido en la guerra por la Independencia Nacional y en la Guerra con Chile, que son los mayores conflictos en los que se vio involucrado el Perú. Hoy, a más de un cuarto de siglo de iniciada la guerra –el principal conflicto armado de la historia peruana– nos preguntamos: ¿qué es Sendero Luminoso? La red terrorista Sendero Luminoso era, es y seguirá siendo un actor interno no estatal predominantemente clandestino y asimétrico, motivado ideológicamente, y que viene operando en alianza estratégica con las redes transnacionales del narcotráfico al formar coaliciones –basadas en redes– que coordinan entre sí sus acciones contra un enemigo común: el Estado peruano. Este, así, debe enfrentar toda una conjunción estratégica de actores asimétricos. El desarrollo desmesurado de éstos, y su posterior “metástasis”, se ha producido por el esfuerzo de organización en redes descentralizadas que tienen un funcionamiento basado en agentes y células dispersas, nebulosamente conectadas, que han venido explotando las poderosas herramientas de comunicación tales como teléfonos celulares, satelitales e Internet, lo que les posibilita el reclutamiento, entrenamiento, comunicación y planificación clandestina de sus ataques asimétricos y un mejor control de sus integrantes.

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Por tanto, dicha red constituye un enemigo engañoso –elusivo, determinado y letal– que adapta su forma de entablar la guerra operando fuera del paradigma de un Estado-Nación practicando la Guerra Asimétrica como variable principal de la Guerra de Cuarta Generación (4GW), mientras que por el lado del Estado no sólo hubo –durante mucho tiempo– una falta de decisión política para asumir la necesidad de su defensa, sino un desconocimiento de la naturaleza político-militar de esta red terrorista, pues equivocadamente se opera con fuerzas militares de Tercera Generación para luchar contra adversarios de la Cuarta Generación. Es decir, no se ha operado la transición correspondiente. Estas nuevas formas de conflicto armado han cambiado las concepciones clásicas de la guerra porque el espectro se ha ampliado a dimensiones que van más allá de lo puramente militar, en cuyo escenario si bien las Fuerzas Armadas peruanas siguen siendo la principal herramienta del Estado a la hora de aplicar la fuerza hacia el exterior, el problema radica ahora en que no sólo se enfrentarán a otras Fuerzas Armadas regulares y homólogas en el frente externo, sino también tendrán que hacerlo contra otro tipo de entidades internas asimétricas en que el tradicional poder militar estatal –per se– ha perdido una gran parte de su utilidad, sobre todo en este tipo de guerra frente a actores no estatales como la red terrorista Sendero Luminoso.

Sendero Luminoso quemó públicamente las ánforas y padrones electorales que extrajo de la Gobernación Distrital del poblado de Chuschi el 17 de mayo de 1980, con ocasión de las elecciones presidenciales. A partir de esa fecha se inició en nuestra patria una larga y penosa etapa de destrucción, dolor y muerte. La paz nacional se acabó desde este humilde rincón de Cangallo en Ayacucho. 33

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¿Pero qué es realmente la Guerra Asimétrica como variable principal de la Guerra de Cuarta Generación (4GW) que practica la red terrorista Sendero Luminoso contra el Estado peruano? No es otra cosa que el enfrentamiento llevado a cabo por dicha red terrorista y los cárteles del narcotráfico –que al constituir una simbiosis se han convertido en las dos caras de la misma moneda– contra una fuerza superior de distinta capacidad y tamaño como son las fuerzas armadas peruanas. La red terrorista recurre al empleo de estrategias diferentes, que en su caso, siendo la fuerza más débil escapa a los métodos convencionales mediante prácticas operacionales que tienen por objeto explotar las vulnerabilidades de la parte más fuerte, recurriendo al uso de armas y tácticas innovadoras e imaginativas. Conciben los terroristas estas tácticas para tratar de desgastar y debilitar el poderío de las Fuerzas Armadas y su capacidad de utilizar de manera eficaz su superioridad en términos de medios convencionales. ¿Cuáles son la filosofía y las características básicas de esta forma de entablar la guerra? La esencia y sustancia de este tipo de guerra radica en que el oponente más débil, sin tener en consideración objeción ética alguna, practica la guerra más allá de las reglas generalmente aceptadas, desplegando técnicas y tácticas que no corresponden a las convencionales o tradicionales, rompiendo así con todos los parámetros o protocolos legalmente establecidos que pudieran limitar su efectividad y operatividad. Las características básicas son muy claras y definidas, pues el actor no estatal –en este caso la red terrorista Sendero Luminoso– no dispone de una base fija definida o predeterminada en el territorio nacional, observándose que opera en pequeñas células dispersas con autonomía logística (su estructura). Estas células están en constante movimiento u ocultas, lo que les permite dar la impresión de tener presencia en todos los ámbitos y a la vez en ningún lado. Esto obedece a estructuras de comando descentralizadas tácticamente, estructuras de las que parten las órdenes para ataques sorpresivos cuando la red lo considere conveniente.
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Esta situación fáctica dificulta su identificación y su localización por las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia. Estos pueden operar muy bien contra enemigos simétricos, pero no están preparados para enfrentar a los asimétricos, ya que todavía la mentalidad prevaleciente es la Guerra de Tercera Generación (3GW) y la consiguiente detección de amenazas convencionales o tradicionales. Los actores no estatales a los que nos estamos refiriendo, utilizan factores como el engaño, la sorpresa, la velocidad, el movimiento, el empleo de armas de forma inesperada para alterar el escenario del enfrentamiento y así obtener una ventaja sobre el oponente.

Abimael Guzmán Reinoso había pasado a la clandestinidad desde donde dirigía todas las acciones terroristas. Hasta ese entonces estas fotos era difundida por los medios de comunicación.

En la misma línea de pensamiento tenemos que, para el desarrollo de sus acciones militares, este adversario asimétrico –a través de sus planificadores y comandantes de operaciones– elige el terreno donde ejecuta sus emboscadas, explotando a su favor las áreas geográficas que pueden ser vulnerables para su adversario. Así, escoge el lugar más conveniente y el momento adecuado a fin de atacar sorpresivamente a las fuerzas del orden, con el propósito de causar el mayor daño posible y lograr de este modo una gran repercusión mediática a un mínimo costo. Con estos esporádicos golpes, directos y sorpresivos, la red terrorista Sendero Luminoso ha procurado poner en duda ante la opinión pública nacional e internacional los niveles y medidas de seguridad del Estado, pues los aspectos psicológicos de la población le son fundamentales, toda vez que busca generar miedo y dar una sensación de invulnerabilidad, situación que se complicará en el
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Perú debido a los elevados índices de inseguridad ciudadana –que campea por todos lados– en zonas urbanas y carreteras del país. Prueba de ello es el constante incremento de asaltos, secuestros y robos particularmente en Lima y Callao. En esta forma de guerra los conflictos suelen tener una duración prolongada en el tiempo, que para el caso peruano data del 17 de mayo de 1980 hasta la actualidad. Esto significa más de 29 años ininterrumpidos de guerra que Perú sufre por acción de la insania de dicha red terrorista, que pese a los contundentes golpes que recibió durante el gobierno del presidente Alberto Fujimori, está temporalmente en un proceso de hibernación estratégica en lo militar, razón por la cual –por el momento– sólo hay violencia esporádica focalizada.

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CAPÍTULO III
GOBIERNO DE LOS 80

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III.
A. PERIODO DE FERNANDO BELAUNDE TERRY (1980-1985)
Básicamente el inicio de la lucha armada coincide con la llegada al poder del presidente Fernando Belaunde Terry. El día en que éste asumía el mando de la Nación, el 28 de julio de 1980, Sendero Luminoso volaba su primera torre de alta tensión en las afueras de Huancavelica. Como quiera que en un comienzo las acciones militares fueron esporádicas y de pequeña magnitud y, básicamente, estuvieron focalizadas en el departamento de Ayacucho, el gobierno, lejos de realizar tareas de prevención y disuasión, evidenció una conducta irresoluta frente a la presencia de la red terrorista Sendero Luminoso. Simplemente le restó importancia y asumió, de plano, que se trataba de simples hechos marginales sin la menor trascendencia o repercusión nacional, razón por lo que consideró poco político aceptar, que dentro de la democracia pudiese producirse un movimiento terrorista. En consecuencia negó, rotundamente, la existencia de acciones subversivas y calificó estos hechos como “violencia aislada” en ese departamento, como obra de abigeos. En concordancia con esta perspectiva se entregó el manejo del problema exclusivamente a las Fuerzas Policiales y se las hizo responsables de la investigación de los delitos por ser su competencia funcional. De esta manera, y evidenciando un profundo desconocimiento de este tipo de conflictos asimétricos, se dio un tratamiento absolutamente policial a las acciones armadas de la red terrorista Sendero Luminoso. Años más tarde, miembros de Acción Popular han manifestado que cuando llegaron al gobierno en 1980 encontraron que los servicios de inteligencia habían sido desmantelados por el gobierno
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militar anterior –que presidía el general Francisco Morales Bermúdez Cerruti– y que no existía a esa fecha ningún documento respecto a Sendero Luminoso, vacío que argumentan les imposibilitó tener una clara percepción del problema. Esta versión es enteramente falsa, pues los órganos de inteligencia de las Fuerzas Armadas brindaban a los responsables de la decisión política, con cierta periodicidad, información sobre las actividades terroristas. Lo que sí es verdad es que en esos informes se incurría –muchas veces– en confusiones, pues se trataba de una red cuya estructura organizacional era pequeña y con poca presencia y aún no se entendía ni conocía este nuevo tipo de guerra asimétrica en el Sistema de Inteligencia. Con el objetivo de conocer la otra parte de la historia de la guerra interna en el Perú, contada nada menos por quien concibió, planificó, ejecutó y dirigió la autodenominada guerra popular contra el Estado peruano, y a fin de enriquecer la Base de Datos del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), le pregunté –en una de las largas entrevistas– a Abimael Guzmán Reinoso: –¿Cuál era el punto de vista de la dirección central de Sendero Luminoso con relación a la respuesta que dio el gobierno del presidente Fernando Belaunde Terry de encargarle exclusivamente la responsabilidad a las fuerzas policiales de combatirlos durante los primeros años del conflicto?
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El presidente Fernando Belaúnde vivía en 1980 el trauma del golpe de Estado que lo derrocó y por eso cometió el error de no encomendar desde un inicio a las Fuerzas Armadas el control de la subversión en Ayacucho. Ese temor presidencial, esa imprevisión e improvisación explican el avance arrollador de Sendero Luminoso durante su régimen.

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Me miró fijamente. Sonrió y antes de responder mi pregunta me lanzó otra: “¿Puedo fumar?” –¡Por supuesto! –le dije, y como estaba informado que era adicto a la marca Winston, tomé una cajetilla de cigarrillos de un paquete que adrede había llevado y lo invité a que sacara uno a sabiendas que era su delirio. –¡Gracias doctor Montesinos! –extrajo el cigarrillo con marcada ansiedad. Se lo encendí. –¿Usted no fuma? –me preguntó con curiosidad. –No, señor. Por el momento no –contesté en forma neutra, a fin de no brindar ninguna información a mi interlocutor. Luego le dije: –¡Comprendo la ansiedad del fumador! Este cartón de cigarrillos Winston es para usted. Se lo obsequio junto al encendedor con el que prendí su cigarrillo. ¡Tómelos, son suyos! –¡Gracias! ¡Es usted muy amable, doctor Montesinos! Respondiendo la pregunta, Guzmán manifestó que en la dirección central del Partido Comunista tenían muy en claro que el señor Fernando Belaunde Terry al asumir el gobierno el 28 de julio de 1980 sería renuente a dar un mínimo de espacio y responsabilidad a las Fuerzas Armadas, y más bien trataría de relegarlas a un segundo plano. Comprendían que Belaunde tendría temor de no poder controlar a los militares; el trauma que padecía desde la madrugada del 3 de octubre de 1968, día de su derrocamiento e instauración del llamado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, lo perseguía. Aún recordaba su deportación a Buenos Aires y su largo exilio de 12 años viviendo como profesor en universidades norteamericanas. De vuelta al poder tras este lapso, su línea política en la conducción del Estado sería mantener una lógica distancia con los militares y ese hecho quedó demostrado con la designación como ministros de Guerra, de Marina y de Aeronáutica a tres longevos oficiales retirados que pasaban los 75 años de edad cada uno y que se opusieron al golpe militar del general Juan Velasco Alvarado.
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Con esta respuesta se logra entender cómo es que dicha red terrorista aprovechó esa situación hábilmente a fin de expandir su radio de acción a otras localidades del Perú, y es así que durante dos años y medio no fueron combatidos como era menester hacerlo. Cuando se convirtieron en una amenaza indiscutible e inocultable la situación se tornó inmanejable para el gobierno belaundista. Ese fue el costo inmediato de un tratamiento errado de cabo a rabo. Tratar de delincuentes comunes a quienes eran exponentes de un nuevo tipo de guerra fue fatal. Pero no sólo el oficialismo, sino también la clase política en general, fueron incapaces de responder a este desafío antisistema que era una agresión planificada como guerra asimétrica. Las Fuerzas Policiales fueron desbordadas por una cruda realidad que no entendían ni conocían y se hacía indispensable el ingreso de las Fuerzas Armadas; el gobierno, pese a que no le agradaba tal perspectiva, no tuvo otra opción que declarar el estado de emergencia en Ayacucho y disponer la instalación de un Comando Político-Militar con sede en Huamanga (Cuartel Militar Cabitos 51) y a su vez ordenar el 30 de diciembre de 1982 el ingreso de las Fuerzas Armadas para el control de dicho departamento, asignándose la misión al general de brigada EP Roberto Clemente Noel Moral, Comandante General de la Segunda División de Infantería. No bien ingresaron las Fuerzas Armadas al control de la zona de Ayacucho se produce el lamentable asesinato de ocho periodistas el 26 de enero de 1983 en la comunidad campesina de Uchuraccay. Allí habían llegado, procedentes de Lima, los hombres de prensa. Quiso la fatalidad que fueran confundidos con senderistas por los comuneros de esos recónditos parajes andinos y, por esta razón, fueron linchados y posteriormente enterrados en fosas clandestinas. Este hecho conmocionó a la opinión pública nacional e internacional. En el Perú y fuera del país se supo entonces de la existencia de un clima de inusitada violencia en los Andes, resonaron los nombres de Ayacucho, Apurímac y Huancavelica en todas partes: esos eran los departamentos donde empezaba una orgía de sangre y destrucción que dejaría profundas cicatrices en la historia de la República. El caso Uchuraccay dio paso a una comisión investigadora designada por el gobierno. A partir de entonces el general Noel
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tuvo que dedicarse a tiempo completo a recibir la visita de diversas autoridades que viajaban constantemente de Lima a Ayacucho para indagar por los extraños y fatídicos acontecimientos. Como consecuencia de ello el Comandante General a cargo del Comando Político-Militar de Ayacucho, perdió la iniciativa en el desarrollo de las operaciones y se distrajo en sus tareas de comando, al tener que dedicarse a actividades que comprometieron su atención. El 27 de diciembre de 1982, previa a la decisión política de encargar al general Noel la misión de combatir a Sendero Luminoso, el presidente Fernando Belaunde dio un ultimátum de 72 horas para que los “subversivos” depongan las armas. Para el señor Belaunde, tan afecto a los gestos y a la formalidad, aquello significaba un acto democrático ineludible, que por cierto no tenía ningún sentido ni interés para los senderistas, embarcados ya en su proyecto genocida y de hundimiento del Estado burgués. Esto más que un dato histórico, es una anécdota que ilustra el grado de divorcio de la realidad que caracterizaba la actuación de la clase política tradicional. Transcurrido el término, y sin respuesta alguna, el Presidente se reunió con el Comando Conjunto y luego de escucharlos personalmente encargó a los militares la designación de la Jefatura

Las Fuerzas Policiales fueron desbordadas por una cruda realidad por ello, Fernando Belaúnde se vio obligado a declarar el estado de emergencia en Ayacucho y disponer la instalación de un Comando Político Militar con sede en Huamanga-Ayacucho y a su vez ordenar el 30 de diciembre de 1982, el ingreso de las Fuerzas Armadas para el control de la zona de Ayacucho, asignándose la misión al general de brigada E.P. Roberto Clemente Noel Moral. 43

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del nuevo Comando Político-Militar en Ayacucho, dándoles la responsabilidad de luchar contra la subversión. Con la curiosidad propia de un hombre de inteligencia le pregunté a Abimael Guzmán Reinoso: –¿Escuchó o tomó conocimiento del ultimátum de 72 horas que les dio el gobierno del presidente Belaunde para que depongan las armas? ¿Qué hicieron? –Sí, escuchamos por radio estando en Ayacucho en una reunión con algunos camaradas del comité central. –¿Qué decidieron? –repregunté sin dar tregua. –Vea, doctor Montesinos, ¡sólo faltaba que nos mandaran a los padrinos! –¿Explíqueme usted que quiere decir con eso, doctor Guzmán? –¡Oiga usted, estábamos en plena guerra interna que ya tenía más de dos años de iniciada y era absurdo que a esas alturas salgan con esa advertencia!

Las Fuerzas Policiales fueron desbordadas por una cruda realidad por ello, Fernando Belaúnde se vio obligado a declarar el estado de emergencia en Ayacucho y disponer la instalación de un Comando Político Militar con sede en Huamanga-Ayacucho y a su vez ordenar el 30 de diciembre de 1982, el ingreso de las Fuerzas Armadas para el control de la zona de Ayacucho, asignándose la misión al general de brigada E.P. Roberto Clemente Noel Moral. 44

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–¿Cómo es eso? –insistí dando la impresión de que no entendía la respuesta. –¡Esa exhortación reforzó nuestra apreciación de que las autoridades del Estado peruano no tenían la menor idea de la guerra que vivía el país! – ¿Por qué dice usted ello? –¡Pues si aquí no hay Convención de Ginebra ni declaratoria de guerra previa, menos podía dársenos un ultimátum cuando estábamos ganando el conflicto! –me contestó con un aire de autosuficiencia. –¿Pero comentaron algo entre ustedes? –volví a repreguntar. –¡Sí! ¡Nos reímos de la ingenuidad de su gobernante! Me fastidió la soberbia de Guzmán. Pero sin darle a notar mi molestia pasé sutilmente a otro tema. Como que no acusé el golpe. Lamentablemente este implícito reconocimiento de que el país estaba en guerra –al disponerse el ingreso de las Fuerzas Armadas– no estuvo acompañado del soporte legal respectivo ni del organizativo requerido, ni del marco de autonomía suficiente que por lo menos en grado mínimo se requería para poder lograr el objetivo de erradicar el fenómeno terrorista que vivía el país, y lo que es más grave, no hubo una decisión política firme y clara del estadista que demostrase no sólo que el gobierno estaba dispuesto a luchar contra este tipo de violencia, sino contra un proyecto que pretendía liquidar al Estado peruano. A ello debemos agregar que el haber pasado la red Sendero Luminoso a la total clandestinidad, y actuar en forma encubierta, las labores de los órganos conformantes del Sistema de Inteligencia Nacional, se hicieron muy difíciles y riesgosas, a lo que se añadió el casi nulo apoyo político y presupuestario para que su trabajo fuese más eficiente en aras de conocer en profundidad este tipo de conflicto asimétrico. Tan cierto es esto que el 2 de marzo de 1982, Sendero Luminoso –sin ser detectado por los organismos de seguridad y los servicios de inteligencia– realizó sorpresivamente la más grande operación terrorista emprendida por los planificadores de dicha agrupación al atacar con un
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comando operativo el penal de Huamanga. La operación fue por demás exitosa, pues tuvo como resultado la fuga de 304 internos, de los cuales aproximadamente unos setenta eran integrantes de esta red terrorista. Entre ellos se encontraban dos connotados militantes: Hildebrando Pérez Huarancca y Edith Lagos Sáenz. Entre tanto, las tropas del Ejército acantonadas en el Cuartel Militar Cabitos 51, se abstuvieron de intervenir, en razón de que las disposiciones del Reglamento de Servicio en Guarnición no lo permitían. En consecuencia: debido a las reglas tradicionales se permitió que el asalto dispuesto por la dirección central senderista prosperara sin una adecuada respuesta de las fuerzas del orden.

Con la muerte de Edith Lagos y su multitudinario cortejo fúnebre, Sendero Luminoso dejó de tener arraigo popular y se descubrió como un movimiento terrorista y salvaje. Foto de la CVR.

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Como es de suponer, este episodio hizo evidente el hecho de que Sendero Luminoso representaba una seria y peligrosa amenaza para el Estado Peruano. Para ese entonces dicha red terrorista incitaba a la población ayacuchana, mediante volanteo abierto, para que se una a la lucha armada. De este modo iniciaba, paralelamente, una nueva fase de ataques contra efectivos de las fuerzas del orden y comisarías o puestos policiales alejados, a fin de sustraer armamento y munición. Estos arteros ataques cobraban víctimas entre las autoridades civiles, funcionarios públicos de distintos niveles, creando de este modo una situación de caos, incertidumbre y temor en la población. Asimismo, se atentaba contra las torres de alta tensión a fin de dejar a oscuras diversas ciudades; la falta de algo de tan vital importancia para las actividades cotidianas como es el fluido eléctrico, producía la sensación de un vacío de poder, de la desaparición de las autoridades y su supuesto control y manejo de estos recursos. Esto subrayaba, aún más, la nula o escasa presencia del Estado en muchos poblados y caseríos andinos, en tanto anunciaba, por otra parte, la aparición de un nuevo poder, el de Sendero Luminoso. Al involucrarse a las Fuerzas Armadas en el conflicto, éste adquirió características especiales. Las Fuerzas Armadas fueron rescatando gradualmente las poblaciones localizadas en las denominadas “zonas liberadas” de la Sierra Sur (Ayacucho, Apurímac y Huancavelica), y que habían sido dominadas por la fuerza senderista. Sendero Luminoso por su parte, fue abriendo simultáneamente nuevos “frentes” en casi todo el territorio nacional, a la vez que entró en alianza con los cárteles del narcotráfico –formando coaliciones– instalándose estratégicamente en las zonas cocaleras del Huallaga donde hasta hoy permanecen sus remanentes. Efectivamente, producido en 1982 el “boom” de la coca, la zona del Alto Huallaga pasa a convertirse en objetivo prioritario tanto para el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), como para Sendero Luminoso.

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A partir de ese año, y luego del fracaso de su aliado “Puka Llacta” para enraizarse, disputándole el espacio al MRTA, Sendero Luminoso opta por desplazar desde Ayacucho a la zona cocalera, una columna fuertemente armada, la que de inmediato impone e implanta prácticas violentas, así como el mismo estilo de trabajo político-militar que tan buenos resultados le estaba dando con el campesinado pobre de la Sierra Sur. Conforme a ello, desde el inicio encuentra fuerte resistencia, pues los campesinos cocaleros no estaban dispuestos a dejar de cultivar coca, ni ser encuadrados casi militarmente y mucho menos cambiar el disoluto estilo de vida a que estaban acostumbrados. Por estas razones los avances senderistas en esta etapa fueron limitados, mientras que el MRTA avanzaba gradualmente. A fines de 1983, luego de evaluar los resultados de su trabajo en la zona, Sendero Luminoso cambia radicalmente su estrategia. De compulsiva pasa a convertirse en protectora de los intereses del campesino cocalero. Esta nueva estrategia se concreta en los siguientes ejes: • • • • • • Se encarga de brindar seguridad para que los campesinos puedan sembrar coca tranquilamente y sin zozobras. Se convierte en “intermediario” oficioso entre el campesinado productor y el colombiano acopiador, consiguiendo mejores precios a favor del campesino. Expulsa gradualmente y por la violencia, a las Fuerzas Policiales y todo asomo de legalidad oficial dentro de la zona bajo su control. Impone reglas de juego fijas para regular las relaciones de Sendero Luminoso con los pobladores. Erradica toda forma de corrupción, sancionando ejemplarmente a los infractores de la “justicia” senderista. Procede al “encuadramiento” de la población organizándola en comités populares bajo el control y dirección de “comisarios” designados por el Partido.

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El resultado de este viraje no se hace esperar y, al poco tiempo, en dura pugna con el MRTA y las fuerzas policiales, Sendero Luminoso prácticamente logra el control de toda la zona cocalera: sus columnas se desplazaban libremente. ¿Qué ganó la red terrorista Sendero Luminoso con su nueva estrategia?: • Una base social que se expresa en el respaldo casi total de la población de la zona. • Una base económica, resultante de su negociación con el narcotráfico al formar coaliciones con dichas redes. • Una base política, en la medida que al imponer su racionalidad y su violencia, desplazó a las autoridades legalmente constituidas. • Una base militar, desde el momento que sus columnas dominan totalmente el territorio que comprende la zona cocalera. Así, esta red terrorista no sólo consolida su presencia en una extensa zona del territorio nacional, sino que mediante los enormes recursos económicos obtenidos de su alianza con el narcotráfico, puede financiar a su organización cada vez más consolidada. De esta forma termina, pues, por imponerse y deja de ser una presencia extraña o invasora y pasa a convertirse en una realidad cotidiana, normal, sólidamente asentada y aceptada; ningún poblador se refiere a los senderistas como terroristas, los llama “cumpas” o “compañeros” y cuando se habla de Sendero Luminoso dicen, respetuosamente, “el Partido”. Esta situación llegó a extremo tal que en Uchiza, con el nombre de Comité de Desarrollo de Uchiza, se crea un verdadero “gobierno popular”, gobierno que imponía sus normas, aprobaba los programas de estudio en los colegios, otorgaba salvoconductos para entrar o salir de la zona, ejercía justicia, solucionaba conflictos, determinaba el margen de ganancia de los comerciantes y, por último, ejecutaba a los infractores de su “ley”. A partir de 1983 y en los años siguientes los ataques terroristas ya no se limitaron al campo sino que ampliaron su radio de acción
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con el objeto de destruir la infraestructura básica de ciudades como Huancavelica, Huancayo, Cerro de Pasco, Huánuco, Andahuaylas, Abancay y Lima. Así tenemos que, a partir de estas decisiones, comenzaron los ataques a las líneas de alta tensión que dieron lugar a apagones que dejaban ciudades enteras sin fluido eléctrico. Igualmente, en diversas ciudades del interior del país, la red terrorista llevó a cabo paros armados durante los cuales los senderistas tomaban el control de la ciudad, con la consiguiente suspensión del normal desarrollo de las actividades productivas. Como hitos de este período tenemos que, en julio de 1983, una enorme explosión dinamitera destruyó el local principal de Acción Popular, el partido gobernante, ubicado en el Paseo Colón del centro de Lima. Tras el atentado, casi todos los máximos dirigentes de los partidos políticos se hicieron presentes en este local partidario para expresar sentimientos de solidaridad con Acción Popular y de condolencia por las víctimas que cobró. Es recién con este suceso lamentable que se toma conciencia plena de la capacidad de Sendero Luminoso para golpear al sistema político, y lógicamente, del peligro real que para éste significaba. A este hecho se sumó otro: cuando el presidente Belaunde se reunía en Palacio de Gobierno con el presidente de Argentina, Raúl Alfonsín, un extraño ruido alteró la paz en la Plaza de Armas. Un comando operativo de la red había hábilmente burlado las medidas de seguridad y las barras de bloqueo y penetrado en dicha Plaza, corazón de la Capital del Perú, para inaugurar en esa ocasión, que consideraron sumamente propicia, la era de los coche-bomba. El extinto ex presidente argentino fue testigo, de oídas, por así decirlo, del primer coche-bomba que estalló en Lima. El mensaje, de gran contenido simbólico, era evidente, Sendero Luminoso desafiaba al poder legalmente constituido en sus narices y cuando estaba presente un dignatario extranjero. La red había alcanzado un objetivo estratégico altamente remunerativo en términos de publicidad. Esta operación producto de la capacidad organizativa y la temeridad de sus planificadores, que habían cumplido de modo riguroso con las cuatro fases de un ataque terrorista, se convertía en una noticia que daba la vuelta al mundo. Adicionalmente a toda esta situación, la red Sendero Luminoso activó sus demás comités regionales, y así, en un ritmo cada vez
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mayor se multiplicaron los atentados terroristas en el resto del país, con lo cual la violencia subversiva había hecho –metafóricamente hablando– metástasis. Durante este período la red terrorista también realizó atentados espectaculares contra connotadas personalidades, como es el caso del ataque al presidente del Jurado Nacional de Elecciones, doctor Domingo García Rada, hecho ocurrido el 24 de abril de 1985, en la víspera de los comicios presidenciales de ese año. Además, ante la ausencia de una decisión política firme para combatir a la red, y al hecho, por lo mismo, de no haberse definido con claridad los lineamientos estratégicos, el resultado fue que las Fuerzas Armadas tuvieron que extender sus líneas en todo el Perú, generándose problemas y dificultades de orden logístico, organizativo y operacional. Esto constituía una vulnerabilidad y una limitación para las fuerzas del orden, circunstancia que posibilitó que Sendero Luminoso siguiera llevando la iniciativa. El panorama se complica aún más cuando aparece en escena, en 1984, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), otro grupo terrorista, de tendencia castrista, que inició ese año sus acciones armadas. En síntesis, podemos señalar que durante el período 1980-1985, el presidente Belaunde, bajo el criterio erróneo que existía un hilo conductor y un nexo causal entre la participación de las fuerzas armadas contra el movimiento guerrillero de Mesa Pelada y Púcuta de finales de 1965 e inicios de 1966, con los hechos del 3 de octubre de 1968, es decir su derrocamiento a manos de los militares, se resistió a dar su aprobación para la implementación de cualquier campaña militar antiterrorista. Paranoicamente veía en ello un retorno de los militares al poder. Para colmo de males no existía tampoco ningún estudio sobre la naturaleza de la guerra asimétrica que venía desarrollando la red terrorista Sendero Luminoso contra el Estado peruano, hecho que dificultó la misión de la Fuerza Armada, pues no había propósitos estratégicos definidos por el estadista dando lugar a que la acción militar no tenga objetivos políticos que cumplir. Ese temor presidencial, esa imprevisión e improvisación demostradas indubitablemente explican el avance arrollador de Sendero Luminoso durante ese quinquenio.
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En el campo militar los señores comandantes generales que estuvieron al frente del Ejército Peruano durante aquella época, fueron los que a continuación se indica: • • • • • • • • Gral. Div. EP Pedro Ritcher Prada Gral. Div. EP Rafael Hoyos Rubio (fallecido) Gral. Div. EP Otto Eléspuru Revoredo Gral. Div. EP Francisco Miranda Vargas Gral. Div. EP Arnaldo Briceño Zevallos Gral. Div. EP Julián Julia Freyre Gral. Div. EP Francisco Maury López Gral. Div. EP Germán Ruiz Figueroa

Ellos al haber sido formados en un esquema estratégico de bipolaridad, bajo los lineamientos del Sistema Militar Interamericano regulado y garantizado por el TIAR, instrumento que fue suscrito en Río de Janeiro en 1947 y que tuvo su razón de ser en los años inciertos de la guerra fría entre los dos ejes del poder mundial, pero que carecía de justificación para imponer que América Latina se asocie inflexiblemente a uno de ellos en virtud de una hipotética amenaza extracontinental, tampoco entendieron la naturaleza de este tipo de conflictos promovido por actores no estatales internos. Por tanto, los señores comandantes generales que estuvieron al frente del Ejército Peruano hicieron una errónea apreciación de la situación al considerar el problema como un clásico brote guerrillero focalizado e inserto en la estrategia del movimiento comunista internacional –similar a la de la década de los 60– que se podía erradicar en muy poco tiempo. En ese contexto de error de percepción, aunado a una concepción doctrinaria anacrónica, diseñaron su política de comando institucional, la misma que los llevaba al empleo de fuerzas regulares organizadas operativamente para guerras simétricas, es decir las que se dan entre Estados y en que se confrontan los potenciales militares. Esta política, y la estructura organizacional que supuso su aplicación, resultó –como era previsible– totalmente ineficaz contra redes terroristas asimétricas que operan más allá de cualquier regla establecida. Estas redes supieron, hábilmente, sacar ventaja de esta limitación
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que a la postre se convirtió en una vulnerabilidad en el empleo del Ejército bajo principios doctrinarios que debían formar parte de la historia militar y no constituir la doctrina vigente. Finalmente, el día 5 de junio de 1985, a sólo 52 días del fin de su mandato, el presidente Belaunde promulgó la Ley Nº 24150 que norma las funciones del Comando Político-Militar en zonas declaradas en estado de emergencia y así pasó su gobierno sin poder detener el avance de las redes terroristas en su confrontación contra el Estado peruano, el que se mantuvo inerme por la falta de decisión política y de una comprensión adecuada del concepto de guerra asimétrica.

B. PERIODO DE ALAN GARCÍA PÉREZ (1985-1990)
En medio de dinamitazos, matanzas colectivas y la caída de poblaciones enteras en manos del terror, el 28 de julio de 1985 arriba al poder el viejo Partido Aprista. El flamante presidente, Alan García Pérez, se enfrenta a una cruda realidad: varias provincias del país estaban bajo el Régimen de Excepción de Estado de emergencia. Empero, la violencia terrorista no cesa, ni tampoco el crecimiento de la militancia senderista y emerretista; cada vez es más evidente un mayor control espacial del territorio por el terror. Frente a este escenario, García Pérez opta por un giro en el discurso oficial con relación a la guerra interna y crea una Comisión de Paz a la vez que hace, por primera vez, una crítica a las fuerzas armadas por presuntas violaciones de los derechos humanos. Si para el presidente Belaunde fue muy difícil aceptar la existencia del terrorismo dentro de un Estado de Derecho, para Alan García también fue duro –desde otra óptica– asumir el enfrentamiento con grupos radicales, ya que su partido –el APRA– se había proclamado siempre de izquierda e incluso adhería a la Internacional Socialista, entidad que apoyaba, a su modo, los movimientos de liberación del Tercer Mundo. En agosto de 1985, a pocos días de que García asumiera el poder, se producen los lamentables sucesos de Pucayacu, Accomarca y otros, perpetrados por personal de las fuerzas armadas. Estos
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hechos son descubiertos en septiembre del mismo año por una comisión investigadora del Congreso, y son reveladas, entonces, las ubicaciones donde se habían dolosamente ocultado a las víctimas de tales hechos repudiables. El presidente García brindó su total apoyo a la investigación respectiva. Ello explicaría la tentativa que infructuosamente realizó el gobierno de pretender cambiar la estrategia que privilegiaba exclusivamente el factor militar para enfrentar el terrorismo, a lo que se debe agregar la relación –al principio complicada– que el poder civil tuvo con las fuerzas armadas y cuyo punto más crítico lo constituyó el relevo del general de división EP Sinecio Jarama Dávila del comando de la Segunda Región Militar (Jarama era concuñado del Jefe de la Casa Militar de Palacio de Gobierno, general de brigada EP Víctor Raúl Silva Tuesta) y del Jefe del Comando Político-Militar de Ayacucho, general de brigada EP Wilfredo Mori Orzo, como consecuencia del caso Accomarca. Este cuadro situacional se le complicó al régimen aprista por lo que vino coincidentemente: en un corto período la red terrorista Sendero Luminoso realizó diversos atentados contra miembros de la Marina de Guerra del Perú que prestaban servicios en Lima. Uno de ellos, de gran impacto, aconteció el 16 de agosto de 1985 cuando personal de dicha institución estaba esperando el vehículo que los transportaría desde el distrito de Villa María del Triunfo donde se encontraban a la Base Naval del Callao. Los marinos fueron atacados por un comando operativo de Sendero Luminoso; el saldo fue varios heridos de gravedad. Posteriormente, el 14 de marzo de 1986 otra célula terrorista asesinó al capitán de corbeta AP Jorge Alzamora Bustamante, el cual había prestado anteriormente servicios en la ciudad de Ayacucho. Igualmente, el día 4 de mayo de 1986, un comando operativo senderista asesinó al contralmirante AP Carlos Ponce Canessa, integrante del Estado Mayor de la Marina de Guerra del Perú, en circunstancias que salía de su domicilio en Miraflores para dirigirse a la sede de la Comandancia General de dicha institución. Finalmente, el 14 de octubre de 1986 el vicealmirante AP Jerónimo Cafferata Marazzi fue salvajemente asesinado por un comando
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operativo de Sendero Luminoso cuando estaba comprando un periódico en un puesto de ventas de diarios en Surco. Este homicidio fue, al parecer, una represalia por la supuesta actuación de Cafferata en la matanza de los penales el 18 de junio de 1986. El APRA pensó, optimistamente, que se podía derrotar al terrorismo quitándole el apoyo de los sectores campesinos a través de la ejecución de políticas orientadas a estos sectores poblacionales y a otras zonas pauperizadas, para lo cual el crecimiento económico sería el factor determinante. Según este criterio, así se podría terminar con Sendero Luminoso. Sin embargo, para fines de 1986 la cruda realidad –monda y lironda– era otra, pues la violencia terrorista se había extendido a nivel nacional y el senderismo estaba ya ejecutando su “gran plan de conquistar bases de apoyo” y su “plan para desarrollar la guerra de guerrillas”, precisamente en todas las áreas rurales, a fin de alcanzar su objetivo de expandir la llamada guerra popular. Inicialmente el MRTA concedió al gobierno aprista una tregua, a la espera de que García cumpliera con la promesa electoral de un cambio social real, pero en 1987, decepcionado del curso y naturaleza del régimen, suspendió la misma y reinició la lucha armada abriendo un frente guerrillero en el departamento de San Martín. Allí lanzó un gran despliegue publicitario en los medios de comunicación nacionales y extranjeros. Dicha situación complicó aún más el problema de la violencia en el país, pues el Estado peruano tenía ahora que hacer frente a dos redes terroristas que estaban, además, formando coaliciones con redes internacionales del narcotráfico. Es entre los años 1988 y 1989 que Sendero Luminoso, bajo la jefatura y liderazgo absoluto de Abimael Guzmán Reinoso, realiza el evento de mayor importancia para esta red terrorista. Este fue su llamado “Primer Congreso Marxista Leninista Maoísta - Pensamiento Gonzalo (PCMLM-PG) llevado a cabo en Lima, en el inmueble sito en la Calle 2 Nº 459, Urbanización Mariscal Castilla del Distrito de Surco, ubicado nada menos que a pocas cuadras de distancia de la sede del Cuartel General del Ejército en Monterrico.
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Insólitamente las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia conformantes del Sistema de Inteligencia Nacional (SINA) no detectaron esta reunión realizada en las narices de la más importante sede de las Fuerzas Armadas del Perú. Sendero Luminoso sólo ha realizado un único congreso partidario desde el inicio de la lucha armada el 17 de mayo de 1980 hasta la ubicación y captura de Abimael Guzmán Reinoso y otros cabecillas senderistas por la DINCOTE, y esta situación continúa hasta la fecha, pues no se dispone de ninguna información veraz y creíble que brinde un indicio razonable de la realización de un segundo congreso en ausencia de su líder en prisión. Es por eso que en el seno de esta red se le denomina a este primer congreso como “el hito histórico”, ya que en dicho evento se efectuó un balance que va desde la década de los 60 hasta el ILA-80 y se aprueba además la Base de Unidad Partidaria que es el MLM-PG. A este congreso también lo consideran los senderistas como “hijo de la guerra popular y del partido”, porque según me manifestara Abimael Guzmán Reinoso en una de las tantas entrevistas que sostuviéramos, se llevó a cabo en las propias “narices de la reacción” en Lima. Y ello ocurrió con participación del comité central en pleno y a poca distancia, como ya señaláramos, del centro del poder militar, el emblemático Complejo del Ejército Peruano, sede del Cuartel General del Ejército.

Sendero Luminoso realizó el evento de mayor importancia para la red terrorista. Este fue su llamado “Primer Congreso Marxista Leninista Maoísta – Pensamiento Gonzalo (PCMLM-PG). En la foto, Abimael Guzmán Reinoso firmando libros al final del conclave terrorista que se realizó a pocas cuadras del Cuartel General del Ejército en Monterrico. 56

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La primera sesión del primer congreso ocurrió el 26 de enero de 1988 y fue antecedida por una sesión preparatoria de dos días (26 y 27 de enero de 1988), circunstancia en la que Abimael Guzmán Reinoso, como el principal mando de la dirección central, dio lectura a un informe. Aquí se seleccionó a los miembros titulares, suplentes y candidatos del comité central y se designó a Guzmán como “Presidente del Partido”, escogiéndose además a los integrantes del comité permanente y del buró político, aprobándose finalmente uno de sus documentos fundamentales: “El Marxismo Leninismo Maoísmo acerca del Pensamiento Gonzalo, el Programa y Estatutos y la línea Política General”. Esta sesión se extendió hasta el 7 de febrero de 1988 y antes de finalizar ésta, todos los asistentes en orden jerárquico, y como recordatorio de lo que consideraban un hecho histórico, pusieron sus seudónimos en la parte final de una bandera roja con la hoz y el martillo; ésta llevaba el titulo: “Partido Comunista Marxista Leninista Maoísta Pensamiento Gonzalo”. La segunda sesión se realizó del 27 de agosto al 16 de septiembre de 1988, y en ella nuevamente el propio Abimael Guzmán Reinoso, en orden a su jerarquía partidaria, abrió la misma dando lectura a un informe titulado “Campaña de rectificación para conquistar y construir mediante la guerra popular”. Este informe contenía cuatro vigas maestras –a decir de Guzmán–, que son: • • • • La campaña de rectificación ideológica. El esquema de los estatutos del partido. Los problemas en la historia del partido. El balance de la primera parte de la tercera campaña.

Como un elemento informativo de interés se menciona el acuerdo adoptado en esta segunda sesión en que se decide suspender a Elvia Nila Sanabria Pacheco, responsable del departamento de apoyo organizativo (DAO), por haber solicitado durante las exequias de Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah”, que el comité central designe una comisión investigadora con el objeto de conocer las causas de la muerte de quien el mismo Abimael Guzmán Reinoso llama “la más grande heroína del partido y de la revolución”. Cabe hacer mención a un hecho anecdótico: Guzmán ordenó colocar 26 rosas
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rojas en el velorio de la “camarada Norah”; el número simbolizaba los años que ella militó como comunista en su compañía. La tercera sesión se llevó a cabo del 18 al 29 de junio de 1989, y como era de rigor, Abimael Guzmán presentó al comité central un informe titulado “Sobre la tercera Sesión y la Agenda”, en que se analizó la situación de la lucha armada en el país luego de haber transcurrido nueve años. Lo más importante de esta tercera y última sesión plenaria fue la selección de los 18 miembros titulares, de los 3 suplentes y los 3 candidatos del comité central. Entre tanto, el régimen aprista se debatía en múltiples contradicciones. Así, tenemos que por un lado el gobierno condenaba enérgicamente el terrorismo, y por otra parte, en los hechos se recibía en Palacio de Gobierno como invitados oficiales a delegados del Frente Farabundo Martí, el equivalente salvadoreño del MRTA, o al conocido dirigente de la organización terrorista argentina “Montoneros”, Mario Firmenich. Como si esto fuera poco el propio presidente Alan García, en un discurso que diera en Ayacucho al inaugurarse el VII Congreso Nacional de la Juventud Aprista el 22 de mayo de 1986, dijo: “Debemos reconocer cómo Sendero Luminoso tiene militantes activos, entregados, sacrificados. Debemos reconocer algo que ellos tienen y nosotros no tenemos como partido (...) equivocado o no, criminal o no, el senderista tiene lo que nosotros no tenemos: mística y entrega (...) esa es gente que merece nuestro respeto y mi personal admiración porque son, quiérase o no, militantes. Fanáticos les dicen. Yo creo que tienen mística y es parte de nuestra autocrítica, compañeros, saber reconocer que quien subordinado o no, se entrega a la muerte, entrega la vida, tiene mística” (sic) . Al desconcertante discurso de García hay que sumar los honores que en Ayacucho rindiera Armando Villanueva del Campo a la terrorista Edith Lagos Sáenz calificándola de revolucionaria. Este insólito homenaje dejó atónita a la opinión pública que no podía creer que una de las máximas autoridades del gobierno hiciera reverencias a una organización criminal como Sendero Luminoso. Empezaba a ser más que evidente para el país que estas incoherencias y contradicciones políticas del régimen tenían su
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origen en la confusa ideología aprista y en la ausencia de una estrategia para combatir el terror. Al gobierno aprista no le quedaba sino improvisar respuestas para satisfacer a cada uno de los sectores sociales. En consecuencia, las fuerzas armadas debieron enfrentar el terrorismo sin un respaldo adecuado, sin directivas políticas precisas, sin un marco legal que posibilitase una acción efectiva frente a este tipo de conflicto asimétrico. Casi al finalizar el régimen aprista, la mayor parte de los peruanos desconfiaba de la capacidad del Estado y del sistema político para defenderse de la amenaza terrorista. Y es que una monstruosa hiperinflación había anarquizado la economía y además dos terceras partes del territorio nacional estaban bajo el Régimen de Excepción de Estado de Emergencia. Estos dos hechos eran suficientemente elocuentes respecto de la crisis de liderazgo que vivía el país. La moneda nacional no valía nada, un gran número de autoridades del interior del país habían renunciado o abandonado sus cargos y en otros casos habían sido cruelmente asesinadas por el terrorismo, los campesinos huían de sus tierras, empujados por la violencia; esto produjo una corriente migratoria que hizo estallar la provisión de servicios en las ciudades y causó además serios trastornos demográficos en el país. Nada funcionaba bien, salvo las redes y coaliciones terroristas que día a día, inexorablemente, se apoderaban del país. Una vez que la red terrorista Sendero Luminoso controló todo el eje andino y tuvo consolidada, sólidamente, su posición en las áreas cocaleras donde había formado coaliciones con las redes internacionales del narcotráfico, decidió pasar a la fase siguiente que consistía en el cerco de Lima y luego golpear al poder en su propia guarida. En suma, los resultados fueron una cadena indetenible de asesinatos y ataques terroristas, a cual más sanguinario, que nos mostraron entonces con todo dramatismo el serio peligro que atravesaba el Perú. Este ya dramático escenario se complica aún más cuando el 9 de julio de 1990 se produce la escandalosa fuga de 47 internos del MRTA –entre los que se encontraban los cabecillas Víctor Polay Campos, Alberto Gálvez Olaechea y Miguel Rincón Rincón– a través de un túnel de más de 300 metros que fue construido desde el exterior del
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establecimiento penitenciario Miguel Castro Castro. Estos trabajos de “ingeniería” terrorista no son, increíblemente, detectados por las fuerzas de seguridad ni los servicios de inteligencia; estos jamás se percataron de la construcción de un túnel de esta extensión, que fue cavado sin ninguna dificultad en el transcurso de muchos meses. Difícil de creer. Este túnel llevó a la libertad a toda la dirección política del MRTA a tan sólo 19 días para que finalizara el gobierno del presidente Alan García Pérez. Su sucesor, el ingeniero Fujimori, recibió esta herencia: un aparato de Estado cuya imagen se había deteriorado peligrosamente con esta fuga casi fantástica. Así culmina la década de los 80, con un país envuelto en una devastadora violencia, con dos grupos terroristas que tenían la iniciativa en este conflicto, y un Estado arrinconado, sin objetivos políticos definidos, con unas fuerzas armadas sin horizonte, desmoralizadas y sin poder hacer frente a este conflicto asimétrico contra actores no estatales que luchaban más allá de las reglas convencionales o tradicionales. Sendero Luminoso, el más dañino de estos dos grupos, ya se había convertido en una suerte de VIH ideológico que había penetrado en el tejido social y contra el que no existía vacuna alguna.
El 9 de julio de 1990 se produce la escandalosa fuga de 47 internos del M.R.T.A. –entre los que se encontraba el cabecilla Víctor Polay Campos. Un túnel de más de 300 metros fue construido desde el exterior del establecimiento penitenciario Miguel Castro Castro.

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¿Cuál era la percepción de la ciudadanía con respecto a la violencia terrorista al finalizar la década de los ochenta? La población tenía la percepción de que el terrorismo simplemente estaba ganando la guerra al Estado peruano y que éste se mostraba incapaz de poder garantizar un servicio básico esencial como es la seguridad interna. A la mayoría de los ciudadanos no les costaba mucho llegar a esta conclusión. Tenían muy en claro los orígenes modestos de la red Sendero Luminoso: esta banda terrorista había nacido como un minúsculo y provinciano grupo armado, pero había, con una estrategia eficaz y la ausencia de respuesta coherente y adecuada del Estado, hacerse de una presencia temible en casi todo el país; desarrollaba implacablemente sus acciones destructivas y había logrado crear un estado de zozobra e inquietud en la ciudadanía. Su capacidad para reponer cuadros era muy superior a las bajas que se le ocasionaba, todo lo cual daba la impresión que esta banda hacía retroceder poco a poco a la democracia, incapaz de defenderse ante este tipo de violencia. La matanza de campesinos, los paros armados, las voladuras de torres de alta tensión, los apagones en las principales ciudades del país, se volvieron cosas de todos los días. El terror ya no estaba sólo en los apartados pueblos de los Andes sino que se instalaba también, velozmente, en las zonas urbanas. Al término del gobierno aprista la situación existente en el Perú era la siguiente: • El país atravesaba por una aguda crisis económica y política que favoreció el avance inexorable de las redes terroristas y todo el proceso de la guerra interna. Ya no cabía duda alguna de que el programa económico del gobierno aprista había colapsado por una serie de medidas incoherentes autodenominada heterodoxia económica, debido a la hiperinflación y la honda inestabilidad política que generó el fallido intento de estatizar la banca. A raíz de esto último, el presidente Alan García Pérez perdió el respaldo de los sectores empresariales y financieros, con lo que éste se vio entre dos fuegos: el de una derecha resentida y con el sentimiento de haber sido utilizada y traicionada, y una izquierda que actuaba empujada por el ultraradicalismo terrorista. Las tensiones sociales y la
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inestabilidad política se vio agravada, además, por el total colapso de los servicios básicos; este hecho producía un plus de descontento generalizado que desde luego Sendero Luminoso capitalizaba. A consecuencia de la crisis de liderazgo en la lucha contraterrorista se estaba generando en la mayoría de la población peruana una creciente desconfianza respecto de la clase política en su conjunto. Esta se había desentendido de sus responsabilidades ante el país y se limitaba a criticar la acción gubernativa, creando un vacío democrático. El terrorismo en alianza con el narcotráfico se había extendido por casi todo el país y las dos terceras partes de nuestro territorio estaban bajo el Régimen de Excepción de Estado de Emergencia. La presencia del Estado se había “encogido” peligrosamente, pues en las zonas apartadas del país la gran mayoría de autoridades había renunciado o simplemente abandonado sus cargos; y en no pocos casos, habían sido ejecutadas por las organizaciones terroristas. El abandono masivo del campo a consecuencia del terror, provocó una indetenible corriente migratoria hacia Lima, haciendo estallar la provisión de servicios y generando serios problemas de desocupación, mendicidad, prostitución y delincuencia común. La legislación existente era propia para tiempos de paz y no para hacer frente a redes y coaliciones terroristas que practican la guerra más allá de las reglas. La Fuerza Armada bajo la mentalidad prevaleciente de Guerra de Tercera Generación tenía erróneamente una estructura organizacional, doctrinaria y operacional propia para una guerra simétrica frente a actores no estatales que estaban desarrollando una Guerra Asimétrica como variable principal de la Guerra de Cuarta Generación contra el Estado Peruano. El Perú había sido clasificado como un país muy peligroso en la región debido a los elevados índices de violencia terrorista casi generalizada en el país, razón por la cual

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todas las corrientes turísticas lo suprimían de sus itinerarios. El Departamento de Estado norteamericano lo consideraba “país de alto riesgo” y recomendaba a sus ciudadanos se abstengan de visitarlo. El Perú se proyectaba como un país inviable en el contexto latinoamericano y en el seno del Congreso norteamericano se comenzó a barajarse una probable solución a esa situación de crisis: balcanizar el país dividiéndolo en tres o cuatro franjas que supuestamente pasarían al control territorial de otros países vecinos en la región. En síntesis, debido a la carencia de un diagnóstico adecuado del problema y al total desconocimiento de que la red terrorista Sendero Luminoso era –es y será– un actor no estatal interno que desarrolla una guerra asimétrica más allá de las reglas, la respuesta del Estado –en el quinquenio 1985-1990– no sólo fue caótica, sino totalmente inadecuada al tipo de guerra que se enfrentaba. Ni en las propias Fuerzas Armadas se tenía conocimiento sobre la guerra asimétrica desarrollada por actores no estatales que formando redes y coaliciones estaban operando en el país, pues los reglamentos y manuales militares que inspiran y regulan la doctrina –en esa época– fueron diseñados para una guerra simétrica que es inaplicable en la lucha contra esta clase de enemigos que opera en redes. En el campo militar los señores comandantes generales que estuvieron al frente del Ejército Peruano durante dicho período son: • • • • • Gral. Div. Germán Ruiz Figueroa Gral. Div. Guillermo Monzón Arrunátegui Gral. Div. Enrique López Albújar Trint (fallecido) Gral. Div. Artemio Palomino Toledo Gral. Div. Jorge Zegarra Delgado

Dichos generales, al igual que sus antecesores en el quinquenio de 1980-1985, estuvieron formados doctrinariamente en un marco estratégico de bipolaridad, propio del enfrentamiento entre Este y Oeste, característico de la guerra fría y origen del Sistema Militar Interamericano. En este sistema la seguridad significaba para
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Estados Unidos el mantenimiento de poderosas fuerzas militares que pudieran garantizar su política de hegemonía mundial y la preservación del American Way of Life. El Sistema Militar Interamericano con sus respectivos organismos (el Comité Consultivo de Defensa, la Junta Interamericana de Defensa, el Colegio Interamericano de Defensa, la Conferencia de Ejércitos Americanos y las Conferencias Especializadas de Inteligencia, Comunicaciones, Operaciones Psicológicas) fue creado y sostenido para servir a determinados intereses, y no al interés común. La gran potencia de Occidente buscaba prevenir el peligro comunista en el interior del continente, en base al empleo de las fuerzas latinoamericanas, organizadas en un pretendido sistema y bajo tutela, en tanto EE.UU., en forma directa, atendía sus problemas de seguridad en ultramar y no sólo contra el peligro comunista, sino contra todo tipo de amenaza; este hecho fue determinante para que los ejércitos de la región adoptarán una estructura organizacional, operativa y doctrinaria bajo esos lineamientos y por ende la formación de sus cuadros de oficiales y la hipótesis de guerra estaban enmarcadas en una supuesta amenaza extracontinental para luchas simétricas. A ello obedece que no entendieran la naturaleza de los conflictos promovidos por actores no estatales internos y siguieran considerando a la guerra interna desarrollada por Sendero Luminoso como un brote guerrillero clásico que mantenía su accionar inmerso en el movimiento comunista internacional. Diagnosticado este problema como brote guerrillero, pensaron se podía erradicar en corto tiempo y es a partir de esa apreciación de situación errónea y al hecho que continuaban con la misma doctrina anacrónica, su política de comando institucional prosiguió dentro de la misma línea de sus predecesores en el quinquenio 1980-1985. La mentalidad militar prevaleciente no había cambiado en absoluto. Con ese marco de referencia, se dieron durante ese quinquenio diversos eventos tales como los de los días 18 y 19 de junio de 1986, jornadas en las que se produjo el motín de los penales de Lurigancho y El Frontón, hechos organizados por los internos pertenecientes a la red terrorista Sendero Luminoso. El presidente García ordenó
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el empleo de la Fuerza Armada para debelarlo, a fin de recuperar en el menor tiempo posible el control de dichos establecimientos penitenciarios. El resultado es conocido por todos. Por esa época también el gobierno aprista dio curso al diseño del Ministerio de Defensa, el mismo que se vio materializado recién el 1 de abril de 1987, cuando se promulga la Ley Nº 24654. A través de este dispositivo legal se crea dicho ministerio sobre la base de la integración de los ministerios de Guerra, Marina y Aeronáutica; así como del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, de la Secretaría de Defensa Nacional y de los organismos consultivos, de asesoramiento, de planeamiento, de apoyo y control. Mediante Decreto Legislativo Nº 434 de 1987, el Poder Ejecutivo aprobó la Ley Orgánica del Ministerio de Defensa, que determinaba su ámbito, finalidad, funciones generales y estructura
El presidente Alan García no entendió la naturaleza de Sendero Luminoso y lo tipificó como un brote guerrillero clásico que mantenía su accionar inmerso en el movimiento comunista internacional. Su política de comando institucional prosiguió

dentro de la misma línea de sus predecesores en el quinquenio 1980-1985. La mentalidad militar prevaleciente no había cambiado en absoluto. Durante su mandato se produjeron motines senderistas en los penales y pocos sobrevivieron a la intervención de las fuerzas de orden. 65

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orgánica y establecía, asimismo, que es el organismo representativo de las Fuerzas Armadas, estructura responsable de la aplicación de la política de Estado para la defensa integral del país, responsable de la preparación y desarrollo de las instituciones de las Fuerzas Armadas, así como de la movilización para casos de emergencia. Mediante Decreto Legislativo Nº 441 de 1987, el Poder Ejecutivo aprobó la Ley Orgánica de la Secretaría de Defensa Nacional, dispositivo que determinaba su competencia, funciones y estructura. Establecía ese D.L. que era el organismo de planeamiento, coordinación y asesoramiento del Ministerio de Defensa, en los campos militares, de la concepción y diseño integral de la política de defensa, formulación y difusión de la Doctrina de Seguridad y Defensa Nacional. El citado ministerio fue creado mediante una ley dada por el Parlamento Nacional, empero su normatividad concreta fue establecida por el propio Poder Ejecutivo al amparo de las facultades delegadas por el Congreso, y presuponía el cambio organizacional, operativo y doctrinario necesario para poder enfrentar adecuadamente a las redes terroristas. Pero ello tampoco fue así, pues dicho portafolio resultó un organismo con atribuciones mínimas, toda vez que el ministro de Defensa sólo estaba facultado para conocer aquellos planes previamente aprobados por las Fuerzas Armadas y no podía hacer absolutamente nada si no contaba con el apoyo de los respectivos comandantes generales, mucho menos podía dirigir ni supervisar la preparación de planes ni operaciones, limitándose en la práctica a ser un mero tramitador de los institutos militares ante las diferentes entidades del Estado. El primer ministro de Defensa del régimen aprista –que asumió el cargo el 14 de octubre de 1987– fue el general de división EP Enrique López Albújar Trint, un oficial general del arma de Caballería muy querido y respetado en su institución por haber sido en 1974 el fundador y primer director de la Escuela de Blindados del Ejército, inicialmente con sede en el Rímac. López Albújar poseía una mentalidad militar tradicional, a la antigua, su formación profesional castrense no era suficiente como para poder comprender el reto que significaban para la seguridad nacional las
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nuevas formas de amenaza que representaban las redes terroristas en coalición con las del narcotráfico. Durante su gestión no se realizó ningún cambio en la orientación sobre el empleo de la Fuerza Armada, la misma que continuó poniendo en práctica un esquema erróneo contra actores no estatales internos asimétricos. El hecho más significativo durante su gestión –que luego le costó la vida– fue el enfrentamiento que se produjo el 28 de abril de 1989 en la localidad de Los Molinos, en Jauja. Entonces, una patrulla del Ejército se encontró con dos camiones que transportaban un destacamento de MRTA; esa confrontación produjo una baja de 58 integrantes de dicha red terrorista. Mas tarde, el 9 de enero de 1990, en represalia, un comando operativo del MRTA asesinó cruelmente a López Albújar. Este ya había dejado su cargo de ministro de Estado. El MRTA lo acribilló a balazos en circunstancias en que conducía su vehículo sin personal de seguridad –en el Distrito de San Isidro, en Lima. Su sucesor en el citado portafolio y hasta concluir el régimen aprista en 1990, fue otro general de división EP –hombre duro y torpe– cuyo nombre, como en el pasaje cervantino, es preferible no recordar. Este, pues, jamás entendió conceptualmente la guerra asimétrica que venían desarrollando Sendero Luminoso y el MRTA contra el Estado peruano. Había llegado a tan alto cargo inexplicablemente y a él puede aplicarse el viejo aforismo “lo que Natura no da, Salamanca no lo presta”. Al dejar la Comandancia General del Ejército, el general López Albújar Trint –para asumir el cargo de ministro de Estado en la cartera de Defensa– fue relevado por el general de división EP Artemio Palomino Toledo, quien ejerció el cargo desde el 15 de octubre de 1987 hasta el 31 de diciembre de 1989, fecha en que pasó a la situación militar de retiro por haber cumplido 35 años de servicios a la Nación. En 1965, cuando cursaba el cuarto y último año de cadete en la Escuela Militar de Chorrillos el entonces capitán de infantería Artemio Palomino Toledo, fue nuestro “Capitán de Año Académico” e instructor del batallón de Cadetes de la Escuela de Oficiales en
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el curso de operaciones contraguerrilleras. Fue precisamente en ese año cuando el Ejército Peruano efectuó por primera vez una campaña militar para combatir el movimiento guerrillero que dirigió Luis de la Puente Uceda y otros en Mesa Pelada y Púcuta. Los criterios rectores que sirvieron de fundamento para el diseño de una doctrina de contraguerrillas en el Ejército Peruano, tuvieron como marco los lineamientos que norman el TIAR, en un contexto de bipolaridad y guerra fría frente a la amenaza que representaba el comunismo internacional contra el continente y particularmente el modelo guerrillero que difundía la revolución cubana dirigida por Fidel Castro con su aparato de inteligencia, la DGI, uno de los mejores entrenados y con más experiencia en el mundo. El capitán Palomino Toledo fue uno de los oficiales propulsores de esa línea doctrinaria que era patrocinada por la filosofía de seguridad nacional de los Estados Unidos, y que ha normado el planeamiento y la conducción de las operaciones contraguerrilleras en el Ejército Peruano. Posteriormente, esta línea se convirtió en la doctrina oficial de la institución y fue plasmada en el Manual del Ejército ME 41-1 denominado “Operaciones Contraguerrilleras”, manual para ser aplicado en todos los niveles de comando. A partir de entonces el Ejército Peruano ha mantenido inalterada en el tiempo su doctrina militar contrasubversiva, la misma que ha constituido fuente de consulta para el planeamiento, conducción y control de las operaciones militares. Es bajo esta guía errónea que los diferentes comandos y estados mayores la emplearon equivocadamente durante toda la década de los 80 para luchar contra redes terroristas que en coalición con las del narcotráfico se enfrentaban al Estado peruano. Ergo, la conducción política y la estrategia militar no comprendieron que el enemigo es un actor no estatal que practica la guerra asimétrica como variable principal de la guerra de cuarta generación, sin apoyo externo, como lo fueron las guerrillas de Luis de la Puente Uceda en 1965. Por tanto, las directivas del Comando Conjunto para los planes de la DIT estuvieron contaminadas con esta doctrina anacrónica.
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Esta obedecía a otra situación y a un modelo diferente de guerra que no era la que venía desarrollando Sendero Luminoso y el MRTA, más aún cuando, insólitamente, se planteaba como finalidad de las operaciones militares contrasubversivas destruir y/o neutralizar la llamada Organización Político-Administrativo (OPA) de los subversivos. Esta tarea, como se sabe, es responsabilidad de la conducción política del Estado, la misma que debía emplear todos los recursos humanos, económicos, físicos, psicosociales y políticos de la Nación para tal fin, y no constituir ello una responsabilidad de la estrategia militar en el desarrollo de sus operaciones. Craso error de lo que deben ser las relaciones entre la política y la estrategia militar. ¿Qué debe primar en este tipo de guerra? ¿Lo primero o lo segundo?, y ¿quién debe subordinarse ante el otro: la política o la estrategia militar? No saber responder acertadamente estas preguntas explica el fracaso al que venimos aludiendo en las páginas anteriores. La Escuela de Infantería del Ejército Peruano conduce anualmente los cursos básicos de tenientes y los avanzados de capitanes para los oficiales de dicha arma que están aptos al ascenso al grado inmediato superior. Al finalizar los estudios de capacitación por un período de seis meses, tanto unos como otros retornan a sus batallones de origen que constituyen la columna vertebral de la fuerza operativa del Ejército Peruano. Durante la década de los 80, y sólo para fines de instrucción en la citada escuela, se elaboraron uno que otro texto especial de la Escuela de Infantería. Estos no tuvieron el carácter de un texto oficial del Ejército, y contenían aspectos relativos a la guerra no convencional. Si bien es cierto significaban, en estricto rigor, una preocupación de la planta académica de dicha escuela por difundir entre sus oficiales alumnos del arma de Infantería aspectos relacionados a la materia, es del caso señalar que lamentablemente se prosiguió –por deformación profesional– con el mismo error conceptual y doctrinario de considerar a Sendero Luminoso y al MRTA como si fueran dos movimientos guerrilleros similares a aquellos de los años 60. Es en base a ese error garrafal de no conocer el tipo de guerra que se enfrentaba que se impartió una
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instrucción equivocada, responsable en gran medida del fracaso en la lucha contra estas redes terroristas en dicha década. Similar situación ocurrió a otro nivel en el Curso de Oficiales de Estado Mayor (COEM) que por dos años consecutivos impartió la Escuela Superior de Guerra del Ejército a oficiales del grado de mayor y comandante de todas las armas y servicios. Estos al concluir los estudios superiores de perfeccionamiento estaban aptos para integrar los estados mayores de las grandes unidades y unidades de combate del Ejército Peruano. En dicho centro superior se cayó en el mismo error de apreciación que se venía arrastrando desde la Escuela de Infantería, por cuanto la institución en sí estaba desorientada y resultaba incapaz de definir sus vigas maestras para el empleo de la fuerza en la guerra asimétrica contra redes terroristas. Esta situación era desconocida por la oficialidad, debido a que el conductor político no fijó con meridiana claridad sus objetivos políticos de gobierno, ni menos tuvo propósitos estratégicos definidos. Otro tanto pasó en la Escuela de Inteligencia del Ejército (EIE) que siempre fue la vanguardia institucional en difundir las nuevas corrientes doctrinarias en materia de seguridad, política y estrategia al capacitar a los oficiales alumnos mediante el Curso Básico de Inteligencia para capitanes y el Curso Superior de Inteligencia para comandantes. Lamentablemente, al optarse por la línea tradicional de “Inteligencia de Combate” para guerras simétricas en una guerra asimétrica contra actores internos que rompían todos los parámetros y principios de la guerra, no se dieron a conocer esas nuevas corrientes o tendencias doctrinarias, sino que primó, una vez mas, la deformación profesional. La nueva línea era un cambio de ciento ochenta grados en el arte de emplear y conducir las operaciones militares. Desde esa perspectiva un oficial de Inteligencia ya no se podía limitar al esquema convencional de informar a su comandante sobre el terreno, las condiciones meteorológicas y la situación del enemigo en el teatro de operaciones porque sencillamente no lo había, pues el teatro era ahora el conjunto de la sociedad atacada, en que no se distinguía lo civil de lo militar ni la paz de la guerra. Es decir,
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se había producido todo un cambio sustancial que sobrepasaba los clásicos principios en el arte de la guerra, realidad que no fue captada en su esencia por los analistas de inteligencia ni en los estados mayores de las Fuerzas Armadas. En julio de 1989, siendo Comandante General del Ejército el general Artemio Palomino Toledo, se publicó el Manual del Ejército ME 41-7 denominado “Guerra No Convencional Contrasubversión” en que se precisa el objeto del mismo, la finalidad y el alcance de dicho documento. Teniendo a la vista el Manual lo describiremos en su forma y contenido para que sea el propio lector quien saque sus conclusiones respecto a ese texto. Se trata de un libro pequeño, de bolsillo, que tiene como dimensiones 9 x 14 centímetros y un texto de letra cursiva diminuta, de fácil manejo por su tamaño. Está dividido en dos partes muy definidas: • La primera, referida a la subversión, en que se puede observar que en tan sólo 18 páginas –de tales dimensiones– trata sobre Sendero Luminoso y únicamente en 3 páginas –de igual medida–respecto al MRTA. La segunda, referida a la contrasubversión, contiene los aspectos específicos sobre el desarrollo de las operaciones que debe realizar el Ejército dentro del marco de la Defensa Interior del Territorio, aspecto en que expresamente se precisa que: “Los procedimientos de combate que se señala en este Manual son producto del conocimiento del enemigo...”.

Estando a ello, no preguntamos: ¿Es serio y responsable que después de 9 años de guerra interna el Comando del Ejército presente a la oficialidad una información tan elemental y simple sobre estas dos agrupaciones terroristas? ¿Resulta serio y responsable que a partir de una información elemental de Sendero Luminoso y el MRTA, se haya establecido los procedimientos para el planeamiento y conducción de las operaciones militares?

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A esta información pública tan elemental se le asigna la categoría de clasificación “Reservado”, propia de un hermetismo que caracteriza a las que son de gran valor para la seguridad. Si como señala el Manual, esas 21 páginas (18 + 3) constituyen el “producto del conocimiento del enemigo”, en puridad de verdad ello resulta preocupante y a la vez inverosímil. Habían transcurrido 9 largos años de guerra interna, por lo que tal conocimiento resultaba de una pobreza escandalosa y alarmante. Para el año 1989 tanto Sendero Luminoso como el MRTA ya habían difundido y publicado múltiples documentos partidarios –que fueron de público conocimiento–, por lo cual deviene en inexplicable, en ese entonces, que en el Ejército Peruano no se hayan percatado de ese hecho los analistas de inteligencia ni en el Estado Mayor como órgano de asesoramiento del Comando, en este caso, del general Palomino Toledo. La otra posibilidad es que este hecho comprobaría que en la década de los 80 el Ejército Peruano era una institución que vivía netamente aislada de la sociedad y al margen de la realidad nacional, y que no había la menor iniciativa para enviar a un sargento furriel a la librería “Horizonte” –ubicada a pocos metros de uno de los locales del Círculo Militar en el portal de la Plaza San Martín– o al Parque Universitario donde –en ese entonces– los libreros ambulantes tenían a la vista documentación de Sendero Luminoso y el MRTA. Era facilísimo adquirir estos textos e informarse adecuadamente. En todo caso se hubiera podido enviar a un oficial del grado de subteniente o alférez a los locales donde funcionaban los programas académicos de Ciencias Sociales, Derecho y Economía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos o al local del programa de Ciencias Sociales –uno de los más prestigiosos de la región– de la Pontificia Universidad Católica del Perú, o al mismo local del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) que cuenta con una librería especializada en la que se puede adquirir excelentes estudios y análisis, producto de las investigaciones de científicos sociales sobre la materia. El Manual –cualitativamente hablando– no contiene en modo alguno una presentación sobre la red terrorista Sendero Luminoso
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que pueda considerarse completa y acertada, y mucho menos con respecto a la red MRTA. A este grupo, repetimos, se le dedicaban tan sólo 3 páginas de un formato de 9 x 14. Parecía aquello una broma de mal gusto, si no fuera ejemplo patente de ociosidad mental y pavor hacia la producción intelectual. Todo un despropósito. Dicho esto, en atención a la precisión ofrecida a guisa de comentario, tomaremos únicamente dos puntos como referencia, para poder demostrar no sólo la pobreza de su contenido, sino la falsedad genérica de la información brindada a los usuarios. La línea militar de Sendero Luminoso está descrita en el punto 21 (ver páginas 11 y 12 del Manual) donde se dice ad pedem litterae: “S.L. a partir del 86, desarrolla una Guerra Popular Unitaria, delineando su Estrategia y Táctica Revolucionaria en 4 acciones destinadas a ganar la línea de masas” (sic)
“ACCIONES 1. Domi nar 2. Extorsionar 3. Asesinar 4. Engañar MEDIO Guerrillas Sabotaje Aniquilamiento Agit y propaganda OBJETIVOS Del campo a la ciudad Golpear la economía Someter el Sistema capitalista

Adoctrinar y mover las masas agua para el pez” (sic)

Siendo esta toda la información brindada respecto a la línea militar senderista, ¿cómo puede sostenerse que con dicha glosa citada al pie de la letra se describan las ideas directrices de la línea militar de esa red terrorista y en base a una información diminuta pueda considerarse que el citado Manual constituye un esfuerzo importante de sistematización realizado por el Ejército Peruano? El Manual no considera en modo alguno que la línea militar es una concepción a partir de la cual opera toda la estrategia y táctica de la red Sendero Luminoso para lograr su objetivo político. Asimismo, este Manual desconoce que la mencionada línea es un componente
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y un núcleo básico de la línea política general partidaria, la cual tiene tres vigas maestras, las mismas que no se mencionan ni por asomo. Es necesario por ello aclarar cuales son: • Primero, la llamada teoría de la guerra popular, que bajo el principio de “conservar las fuerzas propias y destruir las del enemigo” guía todo el accionar de dicha red a partir del cual se desarrolla todo un esquema basado en el pensamiento de Mao Tse Tung. Este, para Abimael Guzmán Reinoso, constituye el principio fundamental de los principios militares, para cuyo desarrollo implementó un conjunto de especificaciones que considera cuatro condiciones fundamentales: contar con ideología (en este caso el MLM-PG), con un partido que comande la guerra popular, caracterizar que continúa la ruta de cercar las ciudades desde el campo y contar con bases de apoyo. Segundo, la denominada guerra popular prolongada senderista, que se conoce como una guerra sin límite de tiempo debe pasar por la ofensiva estratégica, la consolidación estratégica y preparación para la contraofensiva y la ofensiva estratégica. Tercero, la estrategia y la táctica senderista, de las que la primera debe analizar las leyes que rigen las operaciones militares, pues ellas influyen sobre la guerra en su totalidad; y la segunda debe establecer las leyes específicas que norman una acción determinada. La unidad de estas dos caracterizaciones constituyen el Plan Estratégico Operativo.

Respecto al MRTA la situación es mucho peor, pues siendo la información brindada sobre dicha red terrorista tan exigua, ese hecho de modo alguno podría ser producto del “conocimiento del enemigo”. Resulta desconcertante que en el año 1989 cuando se publicó el citado Manual ME 41-7, el Ejército Peruano no poseyera ninguna información valiosa e útil sobre el MRTA pese a que este grupo terrorista ya venía operando hacía varios años en el país. Esto constituye una grave carencia de un elemento vital para la lucha contraterrorista y prueba fehaciente de la escandalosa ineptitud del Comando en 1989.
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En cuanto a la falsedad genérica, tenemos que el Manual en el punto 50 (página 38) bajo el título de “Congresos del PCPSL” señala en tan sólo dieciocho líneas que “La dirigencia de S.L. periódicamente (...) realiza congresos” y es “A partir del 3er congreso (que se había realizado en los primeros meses del año 83), SL estableció entre otros puntos ...” (sic) Esta aseveración constituye una información falsa, pues dicha red sólo ha llevado a cabo un congreso partidario al que consideran el primero y único de este tipo. Este único congreso ha tenido tres sesiones: la primera, del 26 de enero al 7 de febrero de 1988; la segunda, del 27 de agosto al 16 de septiembre de 1988, y la tercera, del 18 al 29 de junio de 1989. Esta información falsa, con errores tan gruesos, sólo demuestra la improvisación, la falta de responsabilidad y la poca seriedad con que se aprobó y difundió un Manual por parte del Comando de esa época. Habiendo comentado someramente el contenido de la primera parte, ahora pasaremos a la siguiente: referida a la contrasubversión. El Manual para la ejecución de las operaciones militares parte de una premisa que se apoya en una evaluación errónea de la estrategia y táctica que desarrollan Sendero Luminoso y el MRTA. Considera a estas dos organizaciones terroristas como si fueran dos movimientos guerrilleros tradicionales y por tanto el esquema operacional propuesto está basado en el empleo de los mismos métodos y procedimientos que utilizó el Ejército Peruano para combatir a la guerrilla de la década de los 60, guerrilla que tuvo como modelo la experiencia cubana de Fidel Castro Ruz. Si hacemos un simple cotejo de contenidos entre el Manual ME 41-1 “Operaciones Contraguerrilleras” de la década de los 60 con el Manual ME 41-7 “Guerra No Convencional-Contrasubversión” de julio de 1989, constataremos que este último –en esencia y sustancia– es casi un calco y copia del primero y tan cierto es esto que en la página 347 del propio ME 41-7 se recomienda consultar en el punto 2 al ME 41-1, ya glosado, cuando el accionar de los pretéritos movimientos guerrilleros fue totalmente diferente al que llevan a cabo estas dos redes terroristas que operaban formando
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coaliciones con las del narcotráfico y utilizando los adelantos tecnológicos en su confrontación con el Estado peruano. En el punto 74, página 73, el Manual considera que la Guerra Contrasubversiva “es una guerra de inteligencia en un 80% y de operaciones en un 20% ...”. Esto es un error sustantivo, pues en la guerra asimétrica desarrollada por redes terroristas la variable fundamental son las operaciones sicológicas que constituyen el arma básica e indispensable para este tipo de guerra porque influyen en todos los campos de la actividad humana. Conforme a ello, en la guerra contra las redes terroristas se debe considerar que esta es una guerra sicológica en un 50%, de inteligencia en un 40% y de operaciones en un 10%, pues la primera prima sobre las otras dos –que le son complementarias– para poder lograr el éxito en esta modalidad de guerras. En el punto 78, página 95, el Manual preceptúa como un “tercer paso” la “Destrucción de la Organización Político-Administrativa Local”, lo que considera es una operación policial dirigida a eliminar a los miembros de dicha organización. Esta disposición es totalmente errónea, pues la confrontación con las redes terroristas se da en primer lugar en el plano político, y ello es competencia de la política general del Estado. En segundo orden, no puede de ninguna manera constituir una responsabilidad circunscrita a la Policía Nacional o las Fuerzas Armadas por la naturaleza política de la guerra y, en tercer lugar, no menos importante por citarse en un tercer orden, es puntualizar que no cabe alguna “eliminación” contra nadie, pues la guerra asimétrica, como variable fundamental de la guerra de cuarta generación, se ha de librar desde un alto terreno ético, basado en las ideas y la tecnología. Siendo así, el término “eliminación” se entiende como un sinónimo de “desactivación”. Entonces, con mayor razón, la desarticulación de la OPA no puede constituir una operación policial dirigida, ni menos aún una operación de combate, pues la lucha es esencialmente política y ello es responsabilidad, perdonen la redundancia, de la conducción política.

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El Manual ME 41-7 de julio de 1989 es considerado –después de 9 años de guerra interna– como un hito, o el inicio de un cambio sustancial en la estrategia, que a su vez sirve para perfilar y orientar la directiva de dominio Nº 017-CCFFAA-PE-DI, del 20 de diciembre de 1989, que fuera aprobada por el presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general de división EP Artemio Palomino Toledo. Si esto es así, resulta que dicha “estrategia” no reúne ninguno de los requisitos de utilidad, pertinencia y conducencia para hacer frente a la guerra asimétrica que venían desarrollando Sendero Luminoso y el MRTA; por tanto, no puede ser considerada como una estrategia válida para esta clase de guerra contra actores no estatales internos que operan en redes y coaliciones, con lo cual se demuestra indubitablemente que durante toda la década de los 80 la mentalidad militar prevaleciente en las Fuerzas Armadas y particularmente en el Comando Conjunto, fue propia de guerra de tercera generación. Es decir, no se verificó el tránsito hacia una perspectiva adecuada a una estrategia de guerra de cuarta generación. De ahí el fracaso. La mayor prueba de esto último se encuentra documentada en las propias directivas emitidas por el Comando Conjunto para la Defensa Interior del Territorio y en los respectivos planes de operaciones para el empleo de la fuerza, con cuyos documentos públicos se acredita indubitablemente que las Fuerzas Armadas bajo el esquema de Guerra de Tercera Generación (3GW), de conformidad con los reglamentos correspondientes y dentro del concepto doctrinario de guerra simétrica, erróneamente desarrollaron las operaciones militares enfrentándose de manera convencional –con fuerzas regulares– contra actores no estatales que a su vez ejecutaban la guerra asimétrica contra el Estado peruano. Este, repetimos, indebidamente respondió simétricamente, militarizando un problema que va más allá de lo puramente militar y sin que el conductor político fijara los objetivos políticos de su gobierno en el período 1985-1990. Si partimos de la clásica ecuación que Guerra Revolucionaria (GR) es igual a Acciones Terroristas y Guerrillas (ATG) por Accionar de los Organismos de Fachada (AOF) por Guerra Política (GP) por Ofensiva Legal (OL), concluiremos que el avance y
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expansión de la red terrorista Sendero Luminoso en los 80 se debió a que acertadamente priorizó los tres componentes no militares de la ecuación más que a las Acciones Terroristas y Guerrilleras (ATG), en tanto que el Estado peruano erróneamente privilegió únicamente el primer factor de la ecuación para enfrentar este tipo de guerra sin entender los hacedores de política en dicha década que el Perú estaba frente a un problema de orden y naturaleza político-social y no puramente militar, y que el enemigo era un actor no estatal predominantemente clandestino y asimétrico que practicaba la guerra más allá de las reglas y utilizando tácticas y técnicas que no corresponden a las tradicionales.

ECUACIÓN
DÉCADA DE LOS 80 GR = ATG x AOF x GP x OL FACTORES PRIVILEGIADOS POR SENDERO LUMINOSO EN LA DECADA DE LOS 80 AOF x GP x OL (COMPONENTES NO MILITARES) FACTORES PRIVILEGIADOS POR EL ESTADO PERUANO EN LA DÉCADA DE LOS 80 ATG (COMPONENTE MILITAR)

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CAPÍTULO IV
LA NUEVA ESTRATEGIA CONTRATERRORISTA DE ALBERTO FUJIMORI FUJIMORI (1990-1995 Y 1995-2000)

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IV.
Al asumir el poder el presidente Alberto Fujimori Fujimori el 28 de julio de 1990, se encuentra con una cruda realidad: el Estado peruano atravesaba una crisis extrema, pocas veces vista en la historia republicana. El Estado peruano estaba quebrado, totalmente debilitado por el proceso hiperinflacionario devastador y el descontrol en el manejo macroeconómico que se desencadenó a finales de los 80, durante el régimen del presidente Alan García Pérez. En medio de este escenario ya de por sí dramático, la dirección central de la red terrorista Sendero Luminoso había decidido incrementar exponencialmente sus acciones militares en áreas urbanas, principalmente en Lima. ¿Cuál era la finalidad de esa decisión de la dirección central? Sencillamente generar en la población peruana pánico, zozobra e incertidumbre. Eso es lo que provocaban los ataques indiscriminados que no distinguían lo civil de lo militar, ni la guerra de la paz, pues no había un frente de batalla definido, toda vez que el campo de batalla era el conjunto de la sociedad. Con esta lógica los ataques se ejecutaban de manera dispersa, mientras las Fuerzas Armadas, sin entender lo que pasaba se enfrentaban simétricamente a un enemigo asimétrico, no visible y fantasmal; un enemigo que aparecía sorpresivamente y desaparecía utilizando los medios de comunicación para influir en la opinión pública con acciones letales y espectaculares. Ante esta situación catastrófica había que marcar el punto de quiebre y ruptura de esta vertiginosa caída hacia una crisis terminal, hacia un colapso total de la República. Y ese punto de quiebre, histórico, fue el anuncio del ingeniero Alberto Fujimori Fujimori que como Presidente de la República asumía la dirección y conducción de la guerra contra las redes terroristas Sendero Luminoso y
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MRTA que venían operando coaligadas con las organizaciones del narcotráfico. Es por ello que en su primer mensaje presidencial del 28 de julio de 1990 anunció una nueva estrategia contraterrorista. Esta comprendería la participación ordenada y coordinada de todo el aparato estatal mediante la implementación de un adecuado programa de pacificación nacional, cuyo propósito prioritario era luchar contra la miseria, la exclusión social, el analfabetismo y todo aquello que habiéndose mantenido antes y durante la etapa republicana constituyera un elemental caldo de cultivo para la prédica terrorista. Sin ser un gobierno que se autodefiniera de izquierda, la administración de Fujimori se propuso como tarea inicial del combate por erradicar el terror, la supresión de las condiciones sociales que definían a nuestra sociedad y país como subdesarrollado y dependiente. Para combatir eficazmente al terrorismo había que, paralelamente, combatir con la injusticia social a través de una adecuada política de desarrollo social, toda vez que la solución al problema del terrorismo en el país no era competencia exclusiva de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, cuya participación si bien es fundamental, no debía de constreñirse al aspecto puramente represivo sino darse dentro del marco de una estrategia integral con objetivos políticos precisos que definan los propósitos estratégicos del gobierno. El mensaje a la Nación aludido líneas arriba marca el inicio de la nueva estrategia integral del gobierno en materia de lucha contra el terrorismo y tiene como antecedente y punto de partida el Plan de Gobierno de “Cambio 90” de 1990, en que una de las doce principales líneas de acción estratégica señaladas era impulsar un programa de pacificación nacional. Debido a la gravedad de la crisis no cabía duda alguna que para el Perú era, y es actualmente –cuando escribo este libro– objetivo nacional la erradicación de estas redes terroristas. Estas redes, hay que repetirlo hasta el cansancio, se encuentran en coalición con las del narcotráfico configurando una peligrosa amenaza a la Seguridad Nacional. Ambas buscan permanentemente afectar la estabilidad y gobernabilidad del país, sin que les importe un comino el colapso de la sociedad peruana.
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Frente a esta situación de crisis generalizada que se vivía al inicio del gobierno del presidente Fujimori, éste definió como objetivos políticos para lograr la Pacificación Nacional los siguientes: • • Restablecer la paz y el orden constitucional basados en la justicia social y en la consolidación de la democracia. Erradicar las redes terroristas y las redes del narcotráfico que operan formando coaliciones entre sí, a través de una acción conjunta del Estado con la participación indispensable de la población organizada. Recuperar la presencia del Estado en su expresión administrativa en todo el territorio nacional y pacificar las áreas sometidas a la acción de las redes terroristas y del narcotráfico. Crear un sentimiento de estabilidad política y de confianza en el Estado por parte de la población. Paralelamente profundizar prioritariamente el esfuerzo del Estado y del gobierno para resolver los problemas socioeconómicos de las clases más necesitadas y de las zonas marginales y pauperizadas, realizando una reforma del aparato estatal encaminada a descentralizarlo.

• •

Se debe entender como Pacificación Nacional el proceso orientado a recuperar la situación de tranquilidad del país en un marco de orden, seguridad y desarrollo para la consecución de los objetivos nacionales. Por tanto, la pacificación –así entendida– debía ser integral y simultánea en todos los campos de acción de la Defensa Nacional con preeminencia en los campos político, económico y social, o sea los denominados campos no militares. Considerando la naturaleza política de la guerra y el hecho de que el terrorismo es un fenómeno político, había que hacerle frente a la agresión del terror con una estrategia nacional integral y diferente; es decir, había que emplear racionalmente todos los recursos humanos, económicos, físicos, sicosociales y políticos de la Nación, incluyendo sus fuerzas armadas para alcanzar los objetivos políticos del gobierno.
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En concordancia con esta línea de pensamiento, el diseño de la nueva estrategia integral suponía, previamente, conocer y entender el tipo de Guerra Asimétrica que practicaban las redes y coaliciones terroristas contra el Estado peruano a fin de poder estructurar una estrategia que privilegiara los tres factores no militares de la ecuación sin descuidar el componente militar, pero subordinándolo a los otros factores.

El presidente Alberto Fujimori, definió los objetivos políticos para lograr la Pacificación Nacional y el Orden Constitucional basados en la justicia social y en la consolidación de la democracia. Fue una decisión histórica y tuvo que hacer frente a la Guerra Asimétrica que, como variable principal de la Guerra de Cuarta Generación, venían desarrollando las redes terroristas Sendero Luminoso y el MRTA contra el Estado peruano. 84

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Ahora bien, como quiera que en el campo de la política general del Estado, la estrategia nacional es de incumbencia del jefe del Estado, la nueva estrategia así trazada y ejecutada resultaba lo suficientemente explícita para que las redes y coaliciones terroristas y del narcotráfico dejaran de ser una seria amenaza a los objetivos nacionales, a la gobernabilidad y a la estabilidad política del Perú. La estrategia militar es la ciencia y el arte de emplear las fuerzas armadas para alcanzar los objetivos políticos mediante el empleo, valga la redundancia, de la fuerza o la amenaza de su empleo. Por ello, una vez que el presidente Fujimori determinó muy claramente los objetivos políticos de su gobierno –en función al Objetivo Nacional– la estrategia militar, que es responsabilidad del conductor de las operaciones militares, recién pudo definir los objetivos propios que le permitieran alcanzar las metas políticas. Previamente, debió existir una clara subordinación de la estrategia militar a la conducción política del Estado, que es la única que puede determinar objetivos políticos, mas no objetivos militares. Contrario sensu, el estratega militar o conductor militar puede y debe fijar sus objetivos militares en función de los objetivos políticos y subordinarse a los mismos, pero no puede nunca fijar objetivos políticos, pues la guerra es política y es de responsabilidad del estadista. Es, en consecuencia, a partir de los objetivos políticos trazados por el presidente Fujimori que se construye todo el edificio, todo el esquema de la nueva estrategia, sobre la base de la cabal y lúcida comprensión de que la lucha era política, en primer término, y luego militar. Había, pues, que priorizar en dicha estrategia –insisto– los componentes no militares de la ecuación y el factor militar debía estar subordinado a los otros tres ejes de acción. Por tanto, la estrategia militar a cargo del Comando Conjunto tenía obligatoriamente que fijar sus objetivos militares y efectuar el planeamiento estratégico en función de los objetivos políticos del gobierno. Consecuentemente, la ecuación sería la siguiente:

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ECUACIÓN
DÉCADA DE LOS 90 GR= ATG x AOF x GP x OL CAMBIO POSICIONAL: FACTORES PRIVILEGIADOS POR EL ESTADO PERUANO EN LA DÉCADA DE LOS 90 AOF x GP x OL (COMPONENTES NO MILITARES) FACTOR SUBORDINADO A LOS OTROS FACTORES EN LA DÉCADA DE LOS 90 ATG (COMPONENTE MILITAR) FACTORES PRIVILEGIADOS POR SENDERO LUMINOSO EN LA DÉCADA DE LOS 90 AOF x GP x OL (COMPONENTES NO MILITARES) Como quiera que Sendero Luminoso tenía, y tiene, una estructura organizativa de red que operaba, y opera, con un conjunto de células diseminadas por todo el país, necesariamente las líneas directrices de sus mandos y planificadores terroristas debían, y deben, darse por intermedio de una vasta y compleja red de contactos y células escalonadas. Estas parten desde la dirección central, pasando a su vez por los diversos comités regionales y zonales que operaban, y operan, en distintas áreas geográficas y llegan a la fase ejecutiva más baja que estaba, y está, a cargo de un mando político y uno militar. Estos actuaban, y actúan, encuadrados organizadamente dentro de la población rural o urbana –según sea el caso– designando en ese nivel a los responsables de organización, de producción y de vigilancia de mujeres y niños. Para hacer frente a dicha situación en la década de los 80, la Defensa Nacional estuvo circunscrita, valga la redundancia, a la defensa de la soberanía, el territorio y al conocimiento de aspectos puramente castrenses. Esto la constriñó a un enfoque unilateral y exclusivamente militar en su concepción y aplicación, pues sólo se limitó a reconocer la existencia de amenazas a la soberanía, la
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independencia y la integridad territorial de la República. En este sentido su orientación estuvo centrada en una visión meramente territorial del país, y en consecuencia lo único que había que defender –dentro de esta óptica– era el territorio, razón por la cual dicha posición equivocadamente destacó la presencia y respuesta militares a las que erróneamente se subordinó toda la Nación. Craso error de la conducción política y, por ende, de la estrategia militar. De ahí el avance incontenible de Sendero Luminoso. Considerando que la Seguridad y Defensa Nacional deberían adoptar un alcance multidimensional –para no estar circunscritas a lo militar– en que se incluya factores políticos, económicos, sociales y militares, no tendría que haber –bajo ningún punto de vista ni circunstancia– un predominio de la visión militar, razón por la cual era necesario que el conductor político formule su concepto estratégico. En éste, lo militar sólo ocuparía una fracción, pues se debía considerar en el sentido más amplio aspectos políticos, económicos, sociales y medioambientales ya que se evidenciaba, cada vez con mayor intensidad, la necesidad de incursionar en otras disciplinas que permitiesen conocer los fenómenos causales de los desequilibrios estructurales que ponían en peligro la estabilidad interna de la Nación. Ello obligó al estadista –aún con mayor énfasis– a establecer la correlación entre los factores económicos, sociales y políticos y la alteración del orden interno, para ser proyectados a una moderna concepción de Defensa Nacional. De este modo, se eliminaba las contradicciones y las injusticias sociales, y así, se evitaba proseguir la acción en el campo puramente militar. Este fue el cambio posicional que supuso la nueva estrategia integral adoptada por el presidente Fujimori en la década de los 90 con el propósito de enfrentar a las redes terroristas que operaban formando coaliciones con el narcotráfico. Este cambio cuestiona la legitimidad de los fines de un Estado tradicional, para el que la seguridad representaba esencialmente la defensa del territorio, sin considerar los desequilibrios originados por factores económicosociales, el complejo fenómeno de la dependencia externa y todo aquello que, interna o externamente, afecte sustancialmente la vida de la Nación y el bienestar general.
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A partir de este marco de referencia se tuvo que hacer frente a la Guerra Asimétrica que como variable principal de la Guerra de Cuarta Generación venían desarrollando las redes terroristas Sendero Luminoso y el MRTA contra el Estado peruano. Hemos explicado ya que previamente se tenía que cuestionar y redefinir los clásicos conceptos de Seguridad Integral y Bienestar General, acorde con los objetivos políticos del gobierno y en armonía con los objetivos nacionales. En razón de que el Estado reclamaba como su finalidad esencial reconquistar el bienestar general de la población –en una situación de crisis generalizada como la que se vivía al finalizar la década de los 80–, se requería de una política de desarrollo de nuevo tipo, una política que se concrete en medidas políticoadministrativas en los diferentes sectores de la vida nacional –educación, economía, vivienda, energía y minas, salud pública, transporte y comunicaciones– toda vez que la falta de desarrollo económico y social encierra el germen de los conflictos sociales porque la insatisfacción de las necesidades genera la utilización de la violencia como válvula de escape. De esta manera el logro del bienestar general y la realización de una política de desarrollo necesitaban del establecimiento de una política de seguridad integral totalmente diferente y que sea capaz de garantizar la acción soberana del Estado en la consecución de sus objetivos frente a la amenaza de las redes y coaliciones terroristas que estaban poniendo en gran peligro la viabilidad del Perú como Estado-Nación, mediante la Guerra Asimétrica. Por tanto, la tradicional acepción de la Seguridad Nacional, debía ser redefinida, ya que la pérdida de su anterior concepción, la que sostenía que debía limitarse fundamentalmente a la defensa del territorio, obligaba a la búsqueda de nuevas formulaciones, pues la cantidad y complejidad de los problemas hacía necesario una mayor coordinación desarrollo-seguridad. Esto en razón de que el país se encontraba frente a amenazas de tipo político-ideológico que se venían manifestando en variadas y sutiles formas que ponían en peligro los objetivos nacionales y
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la consecución de política general, por lo que, correspondía pues, a la Seguridad Nacional proporcionar la garantía suficiente para neutralizar, desde una perspectiva político-social, las amenazas provenientes de actores no estatales que venían ejecutando un nuevo tipo de guerra de manera eficaz contra el Estado peruano. Dentro de este contexto la Seguridad Nacional tenía que asumir dimensiones más amplias, porque ella sólo podía cumplir su fin y cometido, a través de la hábil y armoniosa combinación de acciones políticas, económicas, sociales y militares en que el concepto tradicional se sustituye por otro según el cual la Seguridad Nacional es la situación que supone la capacidad para neutralizar, eficazmente, todas las amenazas que ponen en peligro los intereses nacionales, e implica, asimismo, el desarrollo coherente de las actividades del Estado, según la orientación de los objetivos nacionales y mediante el desarrollo del Potencial Nacional. Este debe ser mantenido permanentemente en condiciones capaces de neutralizar las amenazas y antagonismos existentes. En atención a la precisión otorgada, el concepto de Seguridad Nacional deja de ser una abstracción limitante en lo que concierne a la defensa del territorio y en la medida en que su contenido ideológico se adapta a la nueva doctrina política que propugna el Estado para hacer frente a las amenazas de orden político-social. Con la precisión mencionada, ahora constituye un valor que puede poseerse en mayor o menor grado y al que puede aspirarse con mayor o menor intensidad; pero para ello es fundamental la unidad nacional en torno al proceso de cambios. Después de haberse redefinido los clásicos conceptos de Seguridad Nacional y Bienestar General, el paso siguiente era hacer lo propio en la estructura organizacional, operativa y doctrinaria que erróneamente habían adoptado las Fuerzas Armadas durante toda la década de los 80 por la falta de decisión política de los sucesivos gobernantes en esos dos lustros. Ante ese vacío y al no contar con un marco estratégico integral, las Fuerzas Armadas mantuvieron una mentalidad en que prevalecía la Guerra de Tercera Generación y mostraron que sólo estaban preparadas simétricamente para conflictos simétricos –en los frentes externo e interno. En este
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último caso, esto se graficó ostensiblemente, repetimos, a partir de una equivocada apreciación de la estrategia de la red terrorista Sendero Luminoso y su organización político-militar, al tipificarla como un movimiento guerrillero similar al anterior de Mesa Pelada y Púcuta a fines de 1965 y comienzos de 1966 que, estuvo inserto en el movimiento comunista internacional dependiente del apoyo exterior y directivas de Cuba. A dicha errada apreciación se debe que la respuesta militar del Estado peruano para hacer frente a la Guerra Asimétrica que venían desarrollando en los años 80 actores no estatales internos –redes y coaliciones terroristas– haya sido totalmente inadecuada para este tipo de guerra; de ahí el clamoroso fracaso de la misma. En consecuencia, luego de todo este proceso de cambio posicional que significó el cuestionarse y el redefinir los conceptos tradicionales de Seguridad Integral y Bienestar General, que erróneamente primaron en la década de los 80 –por la conducta omisiva de los conductores políticos–, los oficiales de las Fuerzas Armadas en todos los niveles de Comando y grados de subordinación debían previamente reconceptualizar su función y actividades en el empleo de sus tropas, para lo cual tenían que entender y saber combinar las acciones políticas, económicas y sociales con las puramente militares. En ese orden de ideas, el militar profesional tendría la ineludible necesidad de proyectar y ampliar sus conocimientos fuera del campo castrense, a fin de poder asumir con eficiencia la creciente panorámica de sus responsabilidades, cuya magnitud lo obligaba primero a conocer y entender la política nacional. Ello porque la política de seguridad es parte integrante de esa política general, y, consecuentemente porque todo problema militar guarda estrecha relación con los factores económico, político y social. Esta nueva concepción de la misión de las Fuerzas Armadas –definida meridianamente por el presidente Fujimori– las obligaría a salir del tradicional enclaustramiento de sus cuarteles, en su misión de garantizar la integridad territorial contra amenazas externas del campo netamente militar, para que estuvieran en contacto cada vez
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mayor con los problemas socioeconómicos del país, en función de esta nueva misión de velar contra las amenazas de actores no estatales internos, respuesta que involucraba el conocimiento de los campos económico, sociológico, político, psicológico y militar. Es por esta razón que en la Guerra Asimétrica frente a actores no estatales internos, resultaba indispensable que los hombres que actuaran en el campo de la Estrategia Militar tengan un conocimiento adecuado de los problemas económico-sociales y políticos que confronta el país. Aquí las Fuerzas Armadas tendrían la necesidad de identificar, en base al nuevo concepto de seguridad, las vulnerabilidades de la realidad socioeconómica del medio donde actuarían y propender a su cambio. Evidentemente, ello requería una ampliación de su preparación, hasta ese momento fundamentalmente castrense, a fin de que pudieran tener, en primer lugar, la sensibilidad para captar los graves problemas que venían afectando a la Seguridad; y, en segundo, la capacidad para hacer llegar a los altos niveles de decisión, las observaciones y sugerencias que estimen necesarios. Estando a que la preparación de los cuadros desbordaba, pues, el campo castrense, ello obligaría por una parte, a impartir en todos los niveles la enseñanza de materias que permitieran al oficial una comprensión clara de los problemas nacionales, de la naturaleza esencialmente ideológica del terrorismo y de los campos en que éste se desarrollaba; y de otra, al cambio total de la errónea doctrina que estaba vigente, pero que era inoperante para enfrentar a actores no estatales internos que practicaban la Guerra Asimétrica. Es decir, los reglamentos militares y los manuales para fines de instrucción debían desecharse por anacrónicos e inconducentes para llevar adelante una respuesta correcta y efectiva al nuevo tipo de guerra ejecutada por redes y coaliciones terroristas. Para complementar la preparación profesional de los oficiales de las Fuerzas Armadas, en el marco de la nueva estrategia del gobierno, se hizo necesario abrir la posibilidad de que la oficialidad pueda estudiar otras carreras profesionales en distintas universidades del país y del extranjero. Esto suponía que dentro del plan de carrera
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del personal militar se debía contemplar su permanencia hasta por cinco años en aquellas guarniciones donde funcionaban estos centros de estudios superiores; asimismo, se tenía que asegurar la rotación equitativa de la oficialidad de manera racional con el objeto de que todos tengan igualdad de oportunidades con tal propósito. Ello fue posible porque el presidente Fujimori entendió la importancia de que nuestros oficiales complementen su formación con el estudio de otras profesiones, a fin de estar más capacitados para poder hacer frente a un nuevo tipo de guerra que desborda los conocimientos castrenses. El ingeniero Fujimori estaba convencido que la nueva mentalidad del oficial debía basarse en una permanente capacidad de análisis y en una lúcida perspectiva de la realidad nacional de los países que interesen para que a partir de esta posición critica, puedan estar en aptitud y capacidad de cumplir su misión fundamental y brindar su aporte positivo al desarrollo nacional y a la construcción de un nuevo orden enteramente justo. Como es de suponer, esta trascendental decisión rompió con todo un esquema en la mentalidad de los comandos de las respectivas instituciones castrenses, los cuales siempre fueron resistentes al cambio, al extremo de considerar –por una visión muy tubular de la realidad nacional– que los oficiales subalternos debían ser personas ejecutantes y no pensantes, pues, dizque, son los “peones” del Ejército. Esa línea de pensamiento errática fue tan rígida, que durante las décadas de los 60, 70 y 80, ningún oficial del Ejército Peruano pudo estudiar alguna profesión en cualquier universidad del país, pues no sólo estaba prohibido, sino que era muy difícil hacerlo por el sistema de horarios. Pero como toda regla tiene su excepción, fui el único oficial de armas del Ejército Peruano egresado –en 1966– de la Escuela Militar de Chorrillos, en la especialidad de Artillería, que durante los siete primeros años de oficial, estudió Derecho y Sociología en horario vespertino en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Complementariamente realicé más tarde estudios de Relaciones Públicas en la Escuela de Periodismo y Relaciones Públicas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, cuya sede era el antiguo local de la Plaza Francia –donde hoy funciona la
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librería Studium. Entonces dirigía dicha escuela doña Matilde Pérez Palacios. Finalmente, seguí el curso de Organismos y Conferencias Internacionales en la Academia Diplomática del Perú cuando fuera director el embajador Pedro Ugarteche Tizón. Considerando que los fines del Estado son el Bienestar y Seguridad, y que ambos son interdependientes e interactuantes, lo que se realice para alcanzar el Bienestar incide necesariamente en Seguridad y recíprocamente. La fuente de medios de que se vale el Estado para lograr sus fines es el Potencial Nacional, y consecuentemente es obligación del Estado desarrollarlo de manera integral en todos los niveles, niveles que incluyen factores como lo humano, lo económico, lo social y lo político. A medida que el Potencial Nacional se desarrolle, será más factible alcanzar los objetivos de Bienestar y Seguridad Nacional. En vista de la situación de emergencia nacional que se podía constatar al concluir la década de los 80, existía la imperiosa necesidad de propender por todos los medios a elevar los niveles de vida de la población peruana con el objeto de combatir el subdesarrollo y la dependencia que originaban las grandes contradicciones sociales en el país. Por tales consideraciones el reto que debían confrontar las Fuerzas Armadas era coadyuvar al fortalecimiento del Potencial Nacional y al consiguiente bienestar general de la ciudadanía. El presidente Fujimori fue y es un profesional calificado y, dada su experiencia académica universitaria tuvo la lucidez de apreciar y entender que no se podía derrotar al terrorismo militarizando las acciones del Estado, sino que había que considerar que las mismas debían estar fundamentalmente orientadas a ganar la adhesión de la población hacia las Fuerzas Armadas mediante obras de infraestructura destinadas a satisfacer las necesidades más urgentes de vastos sectores poblacionales marginados del país. Esta era una de las vigas maestras de la nueva estrategia integral de lucha contra las redes terroristas. Dicho esto en atención a la precisión dada, es que dispuso que el Ejército Peruano brinde su contribución al Desarrollo Nacional
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participando en actividades de acción cívica orientadas al desarrollo socioeconómico, sin descuidar, ni desvirtuar su preparación en el cumplimiento de su misión esencial, y sin competir, ni interferir con los organismos estatales en los que recaía la responsabilidad de promover dicho desarrollo. En esta línea de pensamiento, una política de desarrollo presuponía, entre otros aspectos, lo siguiente: • • • El establecimiento de metas claras hacia las cuales se orienta la lucha por el desarrollo; es decir, criterios realistas y compatibles con las aspiraciones de las mayorías. El fortalecimiento de la capacidad nacional para tomar decisiones firmes y formular una política autónoma y planificada, a fin de posibilitar los cambios requeridos. El fortalecimiento y la democratización del aparato administrativo del Estado para hacerlo más eficiente y dinámico y al servicio de los ciudadanos, sin distinción alguna.

Por tanto, la nueva política de acción cívica para lograr el acercamiento de las Fuerzas Armadas a la población y ganar su total adhesión, particularmente en aquellas zonas bajo la influencia de las redes terroristas, tuvo los ejes siguientes: – Primero, la implementación de un programa de carreteras; – Segundo, la implementación de un programa de cartografía; y – Tercero, el apoyo a programas de asistencia social e infraestructura diversa. En cuanto al programa de carreteras, había que tomar en consideración que la falta de una adecuada red vial, concebida de acuerdo a las necesidades económicas del país y los imperativos geopolíticos, constituía un factor sumamente negativo en la compleja tarea de efectuar un proceso de desarrollo equilibrado. Por tanto, era básico reducir nuestras diferencias regionales y las que existían entre las zonas rurales y urbanas, superando los obstáculos que se oponían a su intercomunicación.
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De ahí la participación preferente del Ejército –con sus batallones de ingeniería– en la construcción de vías de penetración a las difíciles regiones selváticas y a los focos potenciales de acción de las redes terroristas, pues no había ninguna posibilidad de interferencia y competencia con otros organismos del Estado o empresas privadas. Esta nueva política para la participación del Ejército en dichas actividades, tuvo en consideración los aspectos siguientes: • • Construcción de carreteras en zonas geográficas y económicamente difíciles que puedan contribuir al desarrollo socioeconómico del país. Construcción de carreteras que por sus limitadas posibilidades económicas habían sido diferidas en cuanto a su culminación, por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, pero que tenían –para los fines de la Pacificación Nacional– particular importancia. Construcción de carreteras de corta longitud y de urgente realización en las zonas más críticas, donde sólo los batallones de ingeniería del Ejército podían intervenir a corto plazo realizando importantes actividades de acción cívica. Estos batallones superaban peligrosas situaciones socioeconómicas, generadas por desastres u otras causales como la violencia terrorista. Mejoramiento y conservación de carreteras en los dos primeros casos.

De esta manera, la participación del Ejército Peruano estaría sujeta a lineamientos previamente establecidos y se ejecutaría de conformidad con los objetivos del nuevo “Plan Vial Nacional” elaborado por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, de acuerdo a la política del gobierno, cuya finalidad sería completar la red primaria de la estructura vial del país. Conforme a ello, la participación de dicha institución no fue producto de una concepción aislada, sino parte de un planeamiento integral de la política vial del país, la que se llevaría a cabo en cuatro campos de acción: mantenimiento, mejoramiento y conservación
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de la red existente, construcción de troncales de penetración y construcción de caminos vecinales. La ejecución del programa de carreteras por el Ejército fue posible debido a la realización de ciertas reformas organizativas y a la elevada especialización que habían alcanzado las unidades de ingeniería, acantonadas todas ellas a lo largo y ancho del país. Estas se encontraban siempre en aptitud de cumplir cabalmente las funciones técnico-administrativas necesarias, ya que contaban con la capacitación y perfeccionamiento de mecánicos y operadores en la Escuela de Ingeniería del Ejército. En cuanto a su equipamiento, la adquisición, mantenimiento y reemplazo de éste se vieron favorecidos por el aporte del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, tal y como lo dispuso el ingeniero Fujimori. El programa de cartografía nacional, a través del Instituto Geográfico Militar venía desde hace muchos años preparando y brindando los documentos cartográficos necesarios que le eran solicitados, por lo que a fin de ejecutar con mayor amplitud y desde una óptica macropolítica diversos proyectos de promoción establecidos por el Gobierno en función de los objetivos políticos, se dispuso que dicho instituto realizara en el menor tiempo posible, con alta precisión y gran economía, varios estudios cartográficos insustituibles en la promoción del desarrollo, tales como: • • • Levantamiento de la Carta Nacional a fin de disponer de un elemento básico de consulta para cualquier trabajo en el territorio. Proyectos de levantamientos especiales que soliciten los diversos sectores estatales y la empresa privada. Reproducción de documentos cartográficos especiales.

La cartografía tiene su aplicación más común en el estudio y realización del inventario de los recursos naturales, que es esencial en el planeamiento a mediano y largo plazo del desarrollo nacional, y en el diseño de proyectos de construcción de caminos y programas de colonización. En cuanto al apoyo a programas de asistencia social e infraestructura diversa, los batallones de ingeniería brindaron su
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valiosa colaboración en la apertura de trochas para facilitar el tránsito poblacional, en la construcción de todo tipo de puentes para el tránsito peatonal y vehicular, en la asistencia sanitaria y médica en zonas alejadas y sometidas a la violencia de Sendero Luminoso y el MRTA. Igualmente, el apoyo de estos batallones fue vital en la construcción de pistas y veredas en asentamientos humanos, en el asfaltado de carrozables, en el mejoramiento de la infraestructura de agua y desagüe en los conos de la capital y zonas marginales del interior, en la refacción y pintado de todos los colegios a nivel nacional, en el abastecimiento de agua a las áreas muy críticas que adolecían del líquido vital y en la construcción de losas deportivas multipropósito para entretenimiento de la juventud, todo lo cual viabilizó la adhesión de la población a favor del accionar de las Fuerzas Armadas, ya que el hombre de uniforme se convertía en un aliado de la ciudadanía y en el celoso guardián de la tranquilidad pública. Estando a que la táctica aplicada por las fuerzas del orden en la década de los 80 se orientaba al esquema erróneo que desarticulando la masa de maniobra de esta red se acababa con el fenómeno terrorista en el Perú, la acción del Estado se centraba en utilizar fuerzas regulares –preparadas doctrinaria y organizacionalmente para guerras simétricas– en combatir a los grupos dispersos llamados “Fuerzas de Base”, “Fuerza Local” y “Fuerza Principal” que integraban el denominado “Ejército Guerrillero Popular”, el cual operaba clandestina y asimétricamente en zonas rurales. En las áreas urbanas también se empleaban fuerzas regulares simétricas para combatir a los “Destacamentos” y “Grupos Especiales de Aniquilamiento” cuyas tareas eran esencialmente la realización de ataques asimétricos de terrorismo selectivo y destrucción de propiedad pública y privada. Crasos errores que debían ser corregidos como otro eje temático al diseñarse la nueva estrategia. Por ello tenía que replantearse esta táctica errónea, había que necesariamente hacerle modificaciones en la direccionalidad de la estrategia, centrando el esfuerzo en dos objetivos esenciales: primero, en la ubicación y captura de las cúpulas terroristas; y segundo, cerrando sus fuentes de financiamiento económico y de apoyo logístico, con lo cual la masa de maniobra –constituida por las
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bases sobre las que reposan los cabecillas– perdería la objetividad y perspectiva de su acción, por falta de directivas operacionales y carencia de medios. Consecuentemente, el nuevo esquema estratégico tenía que priorizar la captura de la dirigencia con sus comandos operacionales, y paralelamente neutralizar o romper sus relaciones de cooperación con los cárteles del narcotráfico con los que desde la década de los 80 formaba, y forma actualmente, coaliciones. Por ello, se debía establecer las nuevas misiones a las fuerzas del orden, privilegiando el trabajo de inteligencia a cargo de la DINCOTE como unidad especializada y sistémica, a la que se le asignó tareas específicas en la directiva presidencial para combatir el terrorismo. Esto hizo posible una mejora en la calidad de su trabajo y en el profesionalismo de sus integrantes. Igualmente a la DINANDRO, otra unidad especializada y sistémica, se le asignó tareas específicas en dicha directiva para enfrentar a los cárteles del narcotráfico transnacional a fin de luchar contra estas amenazas en sus dos frentes: terrorismo y narcotráfico, que eran, y son, las dos caras de una misma moneda. Otro aspecto del tema que nos ocupa, es la forma cómo enfrentar –y desarticular– todo el complejo y entramado esquema comunicacional que tenía Sendero Luminoso y que estaba, y está, basado en redes y células dispersas. Para hacer posible una respuesta eficaz a este esquema era, y es, indispensable el apoyo de la población, que es la única que puede conocer y discernir quién es quién entre la ciudadanía. Dicho esto, una viga maestra de la nueva estrategia era la creación de mecanismos institucionales que canalizaran la participación activa y democrática, libre y espontánea de la población, a través de sus propias organizaciones regionales, vecinales y locales, de tal modo que aislando a los sectores terroristas de su seno se lograra que éstos carezcan de cualquier clase de apoyo popular. Había, pues, que unificar y movilizar a la población en contra de la violencia senderista, en lugar de disgregarla y paralizarla. De esta forma se enfrentó la acción del terrorismo. Y lo acertado de este aspecto de la estrategia de pacificación lo prueba el éxito de
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las rondas campesinas y los comités de autodefensa, que fueron y son la mejor arma en la guerra asimétrica, pues la población al tener conciencia que podría ser blanco potencial de estas redes, articuló su defensa sobre la base de aislar a los elementos que consideraba potenciales integrantes de una red. Conforme a ello, los comités de autodefensa constituyen organizaciones de la población rural o urbana que surgen espontánea y libremente, con el objetivo de desarrollar actividades de autodefensa para evitar la infiltración de las redes terroristas y del narcotráfico, defenderse de los ataques provenientes de dichas redes y brindar apoyo a las Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú en las tareas de pacificación de las zonas en las que operan; en virtud de ello, es decir las necesidades de autodefensa, poseen una estructura y un funcionamiento flexibles. Estos comités están concebidos, y facultados, para que sus integrantes puedan hacer uso de armas de acuerdo a ley, previa autorización del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Su actuación destacada, complementando y apoyando las funciones de defensa y desarrollo que cumplen las Fuerzas Armadas y la PNP, es objeto de reconocimiento por el Estado a través de distinciones y honores, y de acuerdo a lo dispuesto en el reglamento respectivo. En ese orden de ideas, mediante Decreto Legislativo Nº 741 de 12 de noviembre de 1991 se reconoció a los comités de autodefensa como organizaciones de la población cuya función esencial era desarrollar actividades de autodefensa de su comunidad. Mediante este dispositivo quedaban facultadas para adquirir por compra, donación por parte del Estado o particulares, armas de caza del tipo calibre 12 GAUGE, retrocarga, versión tiro por tiro y munición tipo doble o triple cero, u otras previa autorización del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, estando por tanto autorizadas a la tenencia y uso de armas y municiones de uso civil para evitar la infiltración de células terroristas y del narcotráfico, así como a defenderse de los ataques de comandos operativos de dichas redes. Respecto a las rondas campesinas reconocidas por la Ley Nº 24571, se establece que éstas tienen como características ser
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pacíficas, democráticas, autónomas, destinadas al servicio de la comunidad y que contribuyen al desarrollo y a la paz social. Mediante Decreto Legislativo Nº 740 de 11 de noviembre de 1991, se les facultó para que puedan adquirir y usar armas y municiones de uso civil de manera análoga a los comités de autodefensa y con la misma finalidad antes mencionada. Para dicho propósito, y de una manera general, las rondas campesinas se organizan en tres niveles: – Primer nivel: Comité de Base, que está constituido por la Ronda de una comunidad, unidad de producción cooperativa, grupo campesino. Debe tener un mínimo de 30 ronderos activos. – Segundo nivel: Subsector o Comité Zonal, que está formado por el conjunto de cinco rondas, se organiza tomando en cuenta, básicamente, que exista la unidad geográfica del terreno que permita el apoyo mutuo para la defensa. Debe tener un número mínimo de 150 ronderos. – Tercer nivel: Sector o Comité Central, formado por cuatro subsectores. Deberá tener un número de 600 ronderos. En cuanto a las rondas urbanas, de una manera general se dividen en tres niveles: – Primer nivel: Grupo de calles. – Segundo nivel: Subsectores del distrito y/o Asentamientos Humanos. – Tercer nivel: Sector (Distrito y/o Asentamientos Humanos). Malinterpretando y más aún, pervirtiendo el principio de autonomía universitaria, las universidades estatales del país habían sido copadas por la red terrorista Sendero Luminoso. Estos centros de estudio se habían convertido en lugares de reclutamiento, entrenamiento y capacitación de cuadros y sus instalaciones servían de refugio a terroristas que tenían asegurada su impunidad en vista de que las fuerzas del orden estaban prohibidas de ingresar al “campus”. La anarquía y la ausencia de toda autoridad, no sólo perturbaba el normal desenvolvimiento de la vida académica, sino que era un peligro real para el conjunto de la sociedad. Era, pues,
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imperativo erradicar esta anarquía y este peligro y restablecer el principio de autoridad, recuperando para la sociedad peruana el rol de la universidad, trastocado y pervertido por la presencia de células terroristas que en las aulas universitarias, en los comedores y viviendas estudiantiles, eran fuente permanente de violencia, disturbios, desorden e incumplimiento de los programas curriculares. Por otro lado, siendo absolutamente indispensable resolver de manera definitiva el caos y el desgobierno existentes en los diversos establecimientos penales del país, los mismos que en lugar de ser centros de readaptación se habían convertido en verdaderas escuelas de adoctrinamiento político y en “territorios liberados” por los terroristas, se dispuso las medidas necesarias para, igualmente, restablecer el principio de autoridad a cargo del INPE, siendo esta medida otro principio de la nueva estrategia. De este modo se terminó con una situación de paradoja que había llegado al extremo de convertir a un establecimiento penal, repetimos, en territorio liberado, desde donde incluso salían muchas veces las órdenes y planeamiento para la realización de ataques terroristas. Por la inacción inaudita de anteriores gobiernos los centros de reclusión se habían vuelto las “luminosas trincheras de combate” donde a la vista de la opinión pública y ante la indiferencia de sus custodios operaban libremente los terroristas, sujetándose a las directivas de militarización de Sendero Luminoso. Otra viga maestra de la nueva estrategia para la Pacificación Nacional ha sido la legislación sobre arrepentimiento regulada por el D.L. Nº 25499 –que se promulgara el 16 de mayo de 1992– y su reglamento respectivo. En estos dispositivos se establecieron las normas y procedimientos para la reducción, exención y remisión de pena, que podrían beneficiar a aquellas personas que siendo integrantes de las redes terroristas Sendero Luminoso y el MRTA hubieren participado en acciones terroristas contra el Estado y la sociedad, pero que estuvieran dispuestos a formular una declaración de admisión de responsabilidad para que conste en un acta donde se consignaría lo siguiente: • Compromiso de arrepentimiento y de abandono voluntario y definitivo de toda actividad terrorista.
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• • • • •

Situación y cargo dentro de la red terrorista a la que pertenece. Confesión veraz de los hechos delictivos en que hubiere participado. Información veraz y oportuna sobre las redes terroristas, sus jefes, mandos, cabecillas y dirigentes y otros a criterio de la autoridad. Información que permita impedir o neutralizar futuras acciones terroristas. Firma e impresión digital del dedo índice derecho del solicitante.

La finalidad de la información debía permitir a las autoridades competentes adoptar las medidas que a continuación se indica: • • • • • • • • • Desarticular redes y coaliciones terroristas. Capturar a elementos de las redes Sendero Luminoso y el MRTA. Descubrir bases de entrenamiento y centros de adoctrinamiento de las redes terroristas que operan en coalición con redes del narcotráfico y hechos conexos. Detectar la infiltración de elementos terroristas en los diversos sectores de la población urbana y rural. Identificar personas y redes que apoyan a través de diversos medios a redes terroristas. Recuperar armamento, explosivos u otro material utilizado por las redes terroristas. Liberar personal cautivo y/o secuestrado por las redes terroristas. Conocer en detalle la forma y circunstancias de las acciones terroristas en las que participó. Evitar acciones y ataques terroristas.

Con la promulgación de dicho dispositivo legal y su correspondiente reglamentación se buscó dos objetivos definidos:

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– Primero, obtener valiosa información para el Sistema de Inteligencia Nacional (SINA) bajo la dirección de su ente rector, el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), de conformidad con lo dispuesto por el artículo 5 del D.L. 25499 concordante con el numeral 43 del Reglamento de la Ley de Arrepentimiento; – Segundo, golpear a los aparatos partidarios de las redes terroristas Sendero Luminoso y el MRTA y producir un desbande en sus filas. Estos dos objetivos fueron cumplidos cabalmente, pues durante la vigencia del D.L. 25499 y su reglamento respectivo, solicitaron acogerse a dicha norma 8 226 terroristas. De este total de terroristas que solicitaron acogerse a la Ley de Arrepentimiento, obtuvieron beneficios según el detalle siguiente: • • • • • Beneficios de exención de pena: 5 75 Beneficios de reducción de pena: 277 Beneficios de remisión de pena: 58 Declarados improcedentes: 387 Empadronados: 1 753 TOTAL 8 226

Considerando que el Perú era en la región un país que al concluir la década de los 80 se encontraba al borde del abismo y en una situación de inviabilidad por efecto de la guerra interna iniciada en 1980 por las redes terroristas que operaban en coalición con las redes del narcotráfico, y que a ello se sumaba el hecho de que el Estado peruano estaba quebrado e inmerso en devastadora hiperinflación desencadenada durante el régimen del doctor Alan García Pérez (1985-1990) era indispensable y urgente revertir esta dramática situación que había heredado al asumir el poder en 1990 el presidente Fujimori. Menester era, en suma, detener este proceso de deterioro y ruina con una decisión política que impulse una estrategia de lucha integral contra dichas redes y coaliciones. Es en este contexto que debe comprenderse dicho instrumento legal que permite el arrepentimiento de terroristas. Así como la caótica situación económica que se vivía en ese entonces.

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En efecto, había que frenar una hiperinflación –de 3 000 por ciento al año– que estaba generando una situación de caos y descontento social en vastos sectores de la población y que era obviamente utilizada por estas redes terroristas como caldo de cultivo para la guerra asimétrica que se vivía por entonces. Asimismo, se tenía que lograr reinsertar al Perú nuevamente en el sistema financiero internacional del cual habíamos salido durante la gestión del presidente García. La situación del Perú en el mundo financiero era tal que formaba parte de aquellos países a los cuales el Banco Mundial, el BID y el FMI consideraba “países parias”. Esto significaba ser calificados como inelegibles por no ser sujetos de crédito para la comunidad internacional. Sin duda, enfrentar todo esto demandaba no sólo visión, sino decisión de estadista. El presidente Fujimori estuvo a la altura de estos retos desde el inicio de su mandato. Frente a la persistencia de nuestra pobreza y subdesarrollo se tenía que reorientar el gasto social a fin de atender, sin demora, diversos programas sociales, reconstruir la infraestructura destruida por el terrorismo y sentar así las bases para el desarrollo y posterior crecimiento económico del país. En este contexto, la educación y la salud de la población constituían ejes fundamentales de la nueva estrategia de Pacificación Nacional y debían priorizarse, a fin de ganar la mente y los corazones de los ciudadanos. Estos al ver atendidas estas dos necesidades básicas y, además, otro servicio esencial como lo es el de la seguridad, recuperarían la confianza en el Estado y las autoridades. La nueva política de gobierno, la nueva estrategia de pacificación estaba logrando un doble propósito: primero, ganar la adhesión del pueblo; y segundo, que la ciudadanía recupere la confianza en quienes gobiernan. El presidente, como educador, era plenamente consciente que la columna vertebral de un país es la educación y, dentro de ella, particularmente, la educación temprana y el cuidado de la infancia. Había que proteger prioritariamente a la niñez, convirtiendo a ésta en objetivo central del desarrollo y de las políticas públicas. Por lo tanto, se tenía que priorizar a la infancia frente al estado de
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desnutrición infantil de menores de seis años, particularmente en las zonas rurales y altoandinas del país donde venían operando las redes terroristas. En esa línea de pensamiento, al Ministerio de Educación le correspondía diseñar programas para que el niño reciba una adecuada estimulación cognitiva, de lenguaje, motora y afectiva, esto es, además de una alimentación apropiada, se debería inculcar en los padres de familia –a través de campañas educativas– que brinden al infante dosis de amor que eleven su autoestima, y proporcionarle, además, estímulos que le permitan desarrollar su potencial como ser humano. De esta manera se debía sentar las bases para evitar el advenimiento de una juventud proclive a la violencia, a la drogadicción, al pandillaje pernicioso y al antisistema. Previniendo estos males se aseguraba en razonable medida futuras personas adultas que sean capaces de poder insertarse adecuadamente en la sociedad. Asimismo, se debía priorizar las labores de alfabetización en los departamentos de Ayacucho, Huancavelica, Apurímac, Puno y Cajamarca, dando los incentivos necesarios a fin de lograr que los maestros enseñen en provincias y con preferencia en aquellas zonas del país bajo el Régimen de Excepción de Estado de Emergencia, autorizando la construcción y el equipamiento de centros educativos en las áreas andinas más abandonadas por el Estado y zonas de emergencia. De esta forma se desarrollaba una política educativa con un nuevo modelo que recuse por igual a la violencia de las redes terroristas y del narcotráfico. Para ello resultaba indispensable restablecer el principio de autoridad en el seno del magisterio y en los diversos centros educativos del país, supervisando la labor educativa a fin de asegurar su eficiencia, evitando acciones de proselitismo a favor de las redes terroristas, fomentando el estudio y desarrollo de profesiones técnicas y realizando campañas de prevención del consumo de drogas tanto en los colegios como en los centros de estudios superiores y en las universidades públicas y privadas del país.
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Cabe resaltar que la política educativa no sólo mejoró en sus contenidos y en la protección de la infancia, sino que se preocupó del mejoramiento de la infraestructura al hacerse realidad la construcción de más de tres mil colegios a nivel nacional. El mantenimiento de estos planteles estuvo a cargo de los batallones de Ingeniería del Ejército que como parte de su tarea de Acción Cívica, debían todos los años –antes del inicio del período escolar– pintar locales, reacondicionar las aulas y carpetas y refaccionar los servicios higiénicos sin costo para los padres de familia. Por lo demás, los estudiantes recibían adicionalmente el desayuno escolar gratuito conjuntamente con los principales útiles de escritorio para amortiguar la economía familiar en época de crisis. En cuanto a la salud, se debía priorizar el mejoramiento de la misma en las zonas de emergencia y de menor desarrollo relativo en coordinación con las autoridades locales. Ello, a fin de reducir los elevados índices de mortalidad y subalimentación a través de los programas multisectoriales con prioridad en las zonas rurales donde operaban las redes terroristas. Igualmente se tenía que mejorar y ampliar la capacidad operativa de los servicios de salud con preferencia en las zonas urbanas marginales de Lima y el interior del país. Asimismo, el Servicio de Sanidad del Ejército debía, con su personal e infraestructura en cada Región Militar, brindar su apoyo a las autoridades locales del Ministerio de Salud para el mejor cumplimiento de sus funciones. Con relación a la agricultura, era necesario incrementar la producción agropecuaria, con prioridad en los departamentos de mayor incidencia terrorista como Ayacucho, Huancavelica, Apurímac y Junín. Es decir, se tenía que apoyar y brindar asistencia técnica con mayor énfasis a regiones como Los Libertadores, Huari, Inca y Andrés Avelino Cáceres para la formulación y ejecución de programas de producción agropecuaria intensiva, incrementando los programas de semillas, fertilizantes e insecticidas y control de plagas, ampliando la frontera agrícola, priorizando la recuperación de las áreas de cultivo no utilizadas, incrementando las granjas agropecuarias con participación de las universidades del país.

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Por otra parte, se debería buscar la sustitución de las plantaciones de coca, elaborando proyectos para el establecimiento de centros de investigación agraria en zonas cocaleras. Estos centros debían dedicarse al estudio e investigación de cultivos alternativos a la hoja de coca, asegurando el precio de garantía de aquellos de mayor rentabilidad, preservando su valoración en el mercado internacional, promoviendo la organización de los campesinos cocaleros en coordinación con las autoridades locales. Es decir, el objetivo era el desarrollo agrario alternativo en dichas zonas, a través del apoyo de la comunidad internacional para la sustitución de las plantaciones de coca, de las ofertas de la cooperación técnica internacional y de organismos extranjeros. De otro lado, se debería rehabilitar la infraestructura de riego afectada por los ataques terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA, fomentando, asimismo, la migración campesina de la ciudad el campo mediante incentivos como la adjudicación gratuita de tierras agrícolas de bajo riego, dictando normas que contemplen la mejor distribución y uso de tierras eriazas abandonadas con el propósito de adjudicarlas a los campesinos sin tierra, actualizando el mapa agrológico nacional y el de recursos hídricos, propiciando la constitución de organizaciones agrícolas para productores agropecuarios, todo esto a fin de racionalizar la actividad agropecuaria del país y hacer realidad una mayor asistencia técnica y crediticia por parte del Estado. En noviembre de 1991 el Ejecutivo presentó iniciativas complementarias requeridas para la implementación de la nueva estrategia, pero encontró una negativa de la oposición política que procedió a derogar los decretos legislativos expedidos. Este hecho produjo un lamentable vacío legal que terminó beneficiando directamente el terrorismo. Este vacío se traducía en ventajas para el terror en su guerra asimétrica contra el Estado peruano. Frente a dicha situación de entrampamiento, el presidente Fujimori tomó la decisión de dar paso el 5 de abril de 1992, al Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional. Este puso en vigencia los decretos sobre la Pacificación Nacional que habían sido

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anteriormente derogados por el Congreso Nacional, definiendo así un marco jurídico transitorio que permitía enfrentar el estado de guerra interna vivido en el país.

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CAPÍTULO V
LA CAPTURA DE ABIMAEL GUZMÁN REINOSO

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V.
Las capturas de Abimael Guzmán Reinoso (a) “Gonzalo”, de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam” y de otros, efectuadas por la DINCOTE el 12 de septiembre de 1992, a las 20:45 horas en un inmueble ubicado en la Calle 1 Nº 459, Los Sauces, Surquillo, fueron el resultado de un trabajo –muy profesional– de largo aliento que venía desarrollando eficazmente dicha unidad especializada de la Policía Nacional del Perú, la misma que alcanzó logros importantes en la lucha contra las redes terroristas, aplicando exitosamente la teoría de inteligencia policial operativa. Esta tiene dos vigas maestras: inteligencia más investigación, que constituyen las dos fases de un mismo fenómeno en que el factor sorpresa, la oportunidad, la planificación certera y la seguridad –entre otros– son principios de primer orden para la ejecución de cualquier operación contraterrorista. Los antecedentes se remontan al año de 1990, cuando el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la DINCOTE, al mando del mayor PNP Benedicto Jiménez Bacca, ejecuta su primera operación de inteligencia denominada “Isa” que concluyó el 1 de junio del mismo año con la intervención del inmueble sito en la Calle 2 Nº 459 Urbanización Monterrico Norte, y donde caen dos aparatos de Sendero Luminoso: el Departamento de Apoyo Organizativo (DAO) y la célula de dirección del Grupo de Apoyo Partidario (GAP). Estos aparatos caen con sus respectivos comandos operacionales y en esa oportunidad son detenidos Elvia Nila Zanabria Pacheco (a) “Juana” y Carlos Manuel Torres Mendoza (a) “Javier” –responsable del GAP–, y por segunda vez, Sibyla Arredondo Guevara (a) “Luisa”, viuda del escritor José María Arguedas. Respecto de la “camarada Luisa” hay que puntualizar que su participación en Sendero Luminoso se hallaba fehacientemente acreditada con medios
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probatorios fílmicos. Ella fue objeto de investigación mediante los procedimientos de observación, vigilancia y seguimiento (OVISE). En esa ocasión se desempeñaba como ministro del Interior, Agustín Mantilla Campos, y como director de la Policía Técnica el teniente general Fernando Reyes Roca. Restaban tan sólo 56 días para que culminara su mandato gubernamental el doctor Alan García Pérez y ya el ingeniero Fujimori era presidente electo para el período 1990-1995, tras haber triunfado en la segunda vuelta electoral. Ese año de 1990, el entonces coronel PNP Antonio Ketín Vidal Herrera, se desempeñaba como Director Nacional de Contrainteligencia del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), cargo que asumió debido a la recomendación que yo le formulara –en su oportunidad– al jefe del SIN, general de división EP Edwin Díaz Zevallos. Este me preguntó sobre la hoja de vida profesional de Vidal y yo le informé que lo conocía, porque habíamos sido compañeros de estudios en la Escuela Militar de Chorrillos (EMCH) en el año de 1961. Por circunstancias de la vida, Ketín Vidal no estuvo entre los cien primeros alumnos que pasaron de ser precadetes a cadetes de primer año en 1962, razón por la cual tuvo que salir de la EMCH para postular a la entonces Escuela de Oficiales de la PIP, a la que logró ingresar, graduándose años después como oficial de investigaciones.

El Teniente General PNP, Fernando Roca Reyes tomó la iniciativa de pedir apoyo político para fortalecer el aparato de inteligencia policial contra el terrorismo. Su actitud, muy valiosa para el país, fue la misma de otros altos oficiales como la del coronel PNP, Benedicto Jiménez Baca. Los resultados a partir de entonces fueron exitosos en la captura de los mandos militares y logísticos, como también de la cúpula de Sendero Luminoso. Foto de El Pacificador. 112

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Asimismo, le referí que durante su carrera profesional había prestado servicios en el área de inteligencia de su institución e incluso seguido –con otros miembros de las Fuerzas Armadas– un curso de capacitación en la Escuela de Inteligencia que tenía la KGB en Moscú durante la época en que Yuri Vladimirovich Andropov era su cuarto presidente, esto es entre 1967 y 1982, es decir, en plena guerra fría y bipolaridad, cuando la capacitación en el campo de la inteligencia estaba orientada esencialmente a la formación de oficiales del caso y analistas de inteligencia para el clásico espionaje entre estados. Al preguntarme sobre el motivo por el cual estuvo el coronel Vidal en el retiro, le informé que en 1985, a inicios del gobierno aprista, fue pasado a la situación policial de retiro, conjuntamente con otros oficiales generales, superiores y subalternos de su institución, por la causal de reorganización institucional. Igualmente tuve que manifestarle que fue comprendido en el atestado policial Nº 498D-DINTID-PNP formulado por el Equipo Técnico de Investigación Policial (ETIP) que presidía el general PNP Raúl Chávez Gonzales por hechos relacionados con una investigación efectuada contra el general PNP José Jorge Zárate durante su gestión como director de la Policía Fiscal, al estar vinculado el supradicho general con Reynaldo Rodríguez López. En aquella ocasión el coronel Vidal era su ejecutivo en dicha unidad. Por estos hechos el coronel Vidal, y otros miembros de la Policía, fueron procesados ante la Vocalía de Instrucción del Consejo Supremo de Justicia Militar en cuya causa ejercí su defensa técnica, hasta que al resolverse la contienda de competencia entablada, la instrucción pasó a conocimiento del Fuero Común por disposición de la Corte Suprema de Justicia. Teniendo como marco ese escenario el doctor Augusto Antonioli Vásquez, quien se desempeñaba como Asesor de la Alta Dirección del SIN en 1990, me formula a fines de junio de ese año una invitación por encargo del teniente general Fernando Reyes Roca, para reunirnos en el domicilio del citado funcionario policial, a fin de tratar sobre la problemática del terrorismo en el país y presentarnos a dos oficiales de su institución que eran conocedores de esa amenaza.
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Como el motivo de la reunión no era de carácter social, sino de trabajo respecto a un tema de interés nacional, acepté la invitación y ambos concurrimos al domicilio del referido general ubicado en la Calle Degas Nº 134 San Borja. Al teniente general Fernando Reyes Roca lo conocía de vista por razones profesionales –como abogado independiente– desde la década de los 80. Entonces Reyes Roca tenía el grado de coronel de la Policía de Investigaciones del Perú. Yendo al punto: fuimos recibidos con gran cordialidad y se nos mostró la preocupación por el peligroso avance del terrorismo en el Perú, particularmente en Lima y en zonas como Huaycán, Raucana y diversos conos de gran densidad poblacional. Conocido con el criptónimo de “doble ropa” –por las primeras letras de sus dos apellidos– el general Reyes Roca era consciente que la falta de decisión política del gobierno constituía el gran vacío del que adolecían las fuerzas del orden para poder luchar contra las redes terroristas, tanto más que tampoco existían objetivos políticos concretos que permitieran diseñar una adecuada estrategia de pacificación en el dominio militar. Era más o menos consciente de que la causa de ello era la poca o nula comprensión de las autoridades acerca de la problemática del terrorismo en el país. Por versión de dicho jefe policial tomamos conocimiento que cuando se desempeñaba como Director Superior de la Policía Técnica, había formado el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN), dependiente de la Dirección de Investigación Contra el Terrorismo (DIRCOTE), el cual fue creado en marzo de 1990 por dos oficiales altamente calificados en la lucha contra el terrorismo: el mayor Benedicto Jiménez Bacca y el capitán Félix Castro Tenorio, ambos de la Policía Técnica y provenientes de la ex Policía de Investigaciones del Perú. Estos incorporaron al teniente José Sánchez Alva, al alférez Jorge Luna Chu y al suboficial Jaime Cubas Hidalgo, de la misma procedencia que los dos primeros, con la misión de capturar a Abimael Guzmán Reinoso y a los integrantes del comité central de la red terrorista Sendero Luminoso. Nos habló de su experiencia en el comando de la DINCOTE y de las limitaciones y carencias que padeció al no haber contado, tampoco, con el apoyo logístico necesario ni la infraestructura
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organizacional requerida para este tipo de operaciones. En su tono de voz y gesticulación se podía auscultar un sentimiento de frustración profesional y personal que trató de transmitirnos. Luego de este claro mensaje, nos contó que a ese pequeño equipo de policías lo venía apoyando desde los primeros meses de 1990 por ser un personal incomprendido y marginado en su unidad, pese a que sus integrantes eran muy competentes. A ellos por intermedio de su secretario, el coronel PNP Arturo Marquina Gonzales, había dispuesto se les proporcionara un ambiente del tercer piso del edificio “Alcides Vigo Hurtado”, ubicado frente al local de la Prefectura en Lima. Nos pedía que evitáramos que a partir del 28 de julio de 1990, con el nuevo gobierno, se desintegrara y desactivara la oficina donde trabajaba este personal que de acuerdo a su criterio era, por su experiencia policial, el más idóneo en la lucha contra Sendero Luminoso. Para corroborar sus asertos nos solicitó nuestra anuencia para presentarnos a dos oficiales a fin de que éstos, personalmente y bajo el principio de inmediación, nos informen de su labor en la DINCOTE. Como dicha petición no sólo era comprensible, sino razonable, y estando a que la inmediación es la mejor forma de poder conocer directamente una versión, es que no tuvimos ningún inconveniente para reunirnos al día siguiente, a fin de escuchar las informaciones y ver lo que podríamos hacer en un futuro para apoyarlos en el cumplimiento de su misión. Tras esto nos despedimos. Vista nuestra aceptación, nos volvimos a reunir en su mismo domicilio al día siguiente, en cuya ocasión el general Reyes dispuso que ingresaran las dos personas a las cuales nos presentó como el mayor PNP Benedicto Jiménez Bacca y a un oficial cuya identidad y criptónimo guardo en reserva por razones de confidencialidad. Llamó a ambos, cariñosamente como “los cazafantasmas”, pues silenciosamente habían sido quienes en la DINCOTE diseñaron y ejecutaron exitosamente la operación de inteligencia “Isa” que concluyó el 1 de junio de 1990. Reiteró su solicitud de que los escucháramos, pues tenían buena información sobre Sendero Luminoso. Al mayor Jiménez ya lo conocía desde enero de 1990, cuando me fuera presentado en sus oficinas de la DINCOTE por un
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oficial de la Policía Técnica –que es un amigo común– debido al interés profesional que tuve para solicitarle me proporcionara una copia de una tesis suya sobre Sendero Luminoso, titulada: “Análisis Ideológico, Político y Militar de Sendero Luminoso, balance y perspectivas”. En primer lugar, por razones de antigüedad, tomó la palabra el mayor Jiménez, refiriendo que gracias al apoyo del general Reyes Roca su equipo había logrado un primer e importante éxito en la lucha contra dicha agrupación terrorista. Para alcanzar este objetivo había aplicado la teoría de la inteligencia policial operativa cuya finalidad es desarticular a las organizaciones terroristas ubicando y deteniendo a sus principales líderes; en base a ella planificó su primera operación de inteligencia “Isa”. Al preguntarle desde qué fecha el personal bajo su comando venía operando con esta teoría, y si en la DINCOTE todos eran conocedores de este procedimiento de inteligencia, señaló que su equipo lo fundó el 5 de marzo de 1990 con cinco personas, con el apoyo de un agente de la Dirección de Inteligencia Naval, conocido por el criptónimo de “Popeye”. Al equipo lo denominó Grupo Especial de Inteligencia (GEIN), y es con ese personal que provenía de las canteras de la entonces Policía de Investigaciones (PIP) que implementó y aplicó esa teoría para ejecutar su primera operación de inteligencia con muy buen resultado. De su labor sólo daban cuenta al general Reyes Roca, quien no sólo los apoyaba sino incentivaba personalmente dada su experiencia profesional en el campo de las investigaciones. Respecto a la DINCOTE, manifestó que como Unidad especializada de la Policía Nacional estaba laborando sin rumbo ni horizonte, y no tenía una estructura organizacional adecuada ni menos objetivos por alcanzar, tanto más que había resistencia al cambio, pues no trabajaba con este nuevo método y, para colmo, existían muchas divergencias internas que impedían su normal desarrollo. Por estas razones su equipo operaba al margen, y bajo dependencia directa del general Reyes; sólo para cuestiones administrativas tenía relaciones con el ejecutivo de la DINCOTE.

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Para tener una idea cabal de su excelente trabajo se le preguntó quién era la persona dentro de su equipo que se encargaba de planificar las operaciones. Jiménez refirió que él personalmente se hizo cargo del departamento de operaciones; este tenía por finalidad el diseño, planificación y ejecución de las mismas sin límite de tiempo, “haciendo de la paciencia un arte y de la espera una virtud”. Estas palabras, tan sensatas, nos causaron al doctor Antonioli y a mi persona una grata impresión. El doctor Antonioli, un hombre de inteligencia muy agudo y directo, le formuló dos preguntas: ¿Por qué le puso el nombre de “Isa” a su primera operación? ¿Qué tipo de ayuda requería de nosotros para continuar su labor en el comando del Grupo Especial de Inteligencia? Respecto a la primera pregunta el mayor Jiménez señaló que “Isa” era el seudónimo que solía utilizar Judith Díaz Contreras, una integrante de Sendero Luminoso que conformaba el Grupo de Apoyo Partidario (GAP), la cual había sido intervenida por estar presuntamente vinculada a dicha organización terrorista, pero que luego de las investigaciones policiales correspondientes –efectuada por la DINCOTE– fue puesta en libertad con el parte respectivo, al no disponerse de los medios probatorios que acreditaran su responsabilidad penal. Paradójicamente, en esa ocasión la mamá de un muchacho reclutado por “Isa”, al ver en situación de grave peligro a su hijo –ya involucrado en actividades terroristas– escribe una misiva y de manera anónima la deja en una dependencia policial. Esta carta denunciaba a esta mujer que bajo ese seudónimo operaba dentro de Sendero Luminoso. La misiva fue remitida por dicha entidad policial a la DINCOTE con el oficio de atención respectivo para conocimiento y fines pertinentes; en ella figuraba la identidad, la dirección domiciliaria y el número telefónico de “Isa”. Con todos estos elementos se desarrollaron –mucho tiempo después– las actividades de inteligencia tendentes a obtener los medios probatorios que permitieron desarticular a los dos aparatos de Sendero Luminoso antes mencionados.
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Con respecto a la segunda pregunta, contestó que lo primero era evitar que desintegraran a su equipo de trabajo a partir del 28 de julio de 1990, cuando asumiera el poder el ingeniero Alberto Fujimori. Abrigaba esperanzas de que más bien les permitieran continuar con sus actividades de inteligencia y les dieran apoyo económico y logístico para así poder seleccionar otro personal, a fin de entrenarlos con el conocimiento de su método de trabajo e incorporarlos posteriormente al GEIN. Conocidos sus requerimientos y estando a las bondades de su excelente trabajo de inteligencia, nos comprometimos a brindarles nuestro apoyo. Para ese efecto trasladaríamos sus inquietudes y necesidades al ingeniero Fujimori; a éste le íbamos a informar sobre ese primer resultado en la lucha contra Sendero Luminoso, pues el nuevo Jefe de Estado tenía muy en claro que el terrorismo era el principal problema del país y por ello una de sus principales políticas de gobierno sería enfrentar este flagelo con una nueva estrategia totalmente diferente a la de los 80. En suma, nos despedimos comprometiéndonos a tener otra reunión en el mismo domicilio del general Reyes en fecha no fijada en ese momento. Ante las carencias de equipamiento de que adolecía la DINCOTE, y viendo sus necesidades, por iniciativa propia obsequié en ese acto una filmadora marca SONY de mi propiedad –que procedí a sacar de mi vehículo– y la entregué para que el GEIN la utilizará en sus actividades de OVISE. El mayor Jiménez y el oficial a cargo del departamento de apoyo técnico, recibieron el modesto, pero vital equipo, comprometiéndome a gestionar un mayor apoyo ante los ministros de Defensa, Interior y jefe del SIN, los cuales deberían conocer de primera mano el trabajo de la DINCOTE. No está demás reiterar que tanto el mayor Jiménez como el oficial que lo acompañaba, nos causaron una buena impresión por su elevado profesionalismo y, principalmente, debido a la seriedad con que trataban un problema tan grave para el país. Realmente fue una reunión enriquecedora que nos permitió conocer de primera mano una línea informativa sobre el nivel de operatividad de la DINCOTE, así como sus carencias y limitaciones para poder cumplir adecuadamente con su misión.
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El 9 de julio de 1990, al producirse la escandalosa fuga de 47 internos del MRTA del penal Miguel Castro Castro, a través de un túnel de más de 300 metros que fue construido desde el exterior del penal sin haber sido detectado por las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia, y estando a la gravedad de los hechos, acordamos con el doctor Augusto Antonioli Vásquez en convocar a una reunión de emergencia al general Reyes Roca. Nos reuniríamos nuevamente en su domicilio para que nos informara con respecto a esa fuga, pues tan sólo faltaban 19 días para el cambio de gobierno y nosotros tendríamos que afrontar ese problema que agravaba la situación de la seguridad interna. La reunión se llevó a cabo el 10 de julio de 1990, en horas de la tarde, pues el día anterior el general Reyes –como es de suponerse– estuvo ocupado viendo ese problema en el Ministerio de Interior. Esta vez la reunión fue un poco tensa, pues con el doctor Antonioli lo bombardeamos de preguntas inquiriéndole que cómo era posible una fuga masiva que no haya sido oportunamente detectada por ningún órgano de inteligencia policial, y menos se haya tenido un solo indicativo de la construcción de un túnel de 300 metros de extensión, lo que comporta un amplio despliegue logístico en personal e infraestructura. ¡Cómo era posible que ese hecho haya pasado inadvertido para la policía!

Una de las fotos que el GEIN encontró en la casa de Monterrico. En ella aparecen los integrantes de los cuadros de mando de Sendero Luminoso y por primera vez se conoce la identidad de varios de ellos. Fotos de El Pacificador.

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Resultaba por lo demás sospechosa una inacción de las fuerzas del orden ante semejante hecho, que a priori podía considerarse como una fuga coordinada y encubierta por algún estamento del Estado. Sin embargo, el general Reyes negó tal hipótesis y en todo caso atribuyó esa supuesta negligencia al personal policial de seguridad de penales y, al propio INPE que tenía la administración de los establecimientos penitenciarios. Como nuestras preguntas no tenían ninguna respuesta lógica y coherente del general Reyes, y más bien se le notaba incómodo ante un interrogatorio que cualquier persona con un mínimo de sentido común, haría en base a la información de fuente abierta disponible, optamos por retirarnos cortando toda comunicación con dicho general, a quien nunca más lo volví a ver. En el año 2005 tomé conocimiento, por los obituarios que se publican en los diarios, de su sensible fallecimiento. Al salir de la casa del general Reyes nos cruzamos con el mayor Jiménez y el oficial adjunto –a cargo del departamento de apoyo técnico. Les pedimos que no se preocuparan porque ya habíamos informado detalladamente de la primera reunión al ingeniero Alberto Fujimori, quien nos había dado el encargo especial que cuidáramos que no los cambien de colocación ni desactiven su equipo a partir del 28 de julio de 1990. Además, les hicimos conocer a Jiménez y su adjunto que el próximo mandatario había dispuesto que apenas tomáramos conocimiento de la designación del nuevo Ministro del Interior hablaríamos con él para garantizar su permanencia en la DINCOTE. Finalmente, le señalamos que cualquier otro contacto entre nosotros se haría a partir de esa fecha y que siguieran con su trabajo de inteligencia con toda tranquilidad y normalidad y dando cuenta a sus jefes actuales. El caos y desgobierno que se vivía en los diversos establecimientos penitenciarios del país –al finalizar la década de los 80– había transformado a éstos de centros de readaptación de internos en “territorios liberados” por las redes terroristas. Esta crítica situación se vio lógicamente agravada por la fuga masiva de los 47 miembros del MRTA del penal de máxima seguridad Miguel Castro Castro. Frente a estos gravísimos hechos, el ingeniero Fujimori tomó inmediatamente dos decisiones trascendentales:
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La primera, nombrar como ministro de Justicia de su primer Gabinete, que juramentaría el 28 de julio de 1990, al doctor Augusto Antonioli Vásquez –funcionario del Servicio de Inteligencia Nacional– con la instrucción precisa de restablecer el principio de autoridad en todos los penales del país y coordinar con el nuevo ministro del Interior la recaptura de los 47 internos del MRTA que se fugaron escandalosamente del referido penal en la forma y circunstancias antes mencionadas. La segunda, nombrar como ministro del Interior a un general de división del Ejército Peruano en situación de actividad para que impusiera el orden y la disciplina en la Policía Nacional y adoptara todas las medidas del caso para la recaptura de dichos internos, coadyuvando con el ministro de Justicia en el restablecimiento del principio de autoridad en los diversos establecimientos penitenciarios y además para que redefina el trabajo de la DINCOTE y la DINANDRO a fin de que adecuen su estructura organizacional y operativa a la nueva estrategia integral de lucha contra las redes terroristas que actuaban en coalición con las del narcotráfico. Para el cumplimiento de esta delicada misión fue nombrado el general de división EP Adolfo Alvarado Fournier, estando a la propuesta que formulara al presidente Fujimori, el comandante general del Ejército, general Jorge Zegarra Delgado. Luego de juramentar el general Adolfo Alvarado Fournier como ministro del Interior el 28 de julio de 1990, su primer acto administrativo fue proponer al presidente Fujimori como Director General de la PNP al teniente general Adolfo Cuba y Escobedo, quien en mérito a la resolución suprema correspondiente, asumió el comando de la Policía Nacional. Al haberse definido la línea de mando y comando en el sector Interior y la PNP, y de conformidad con las disposiciones del Jefe de Estado, el doctor Augusto Antonioli Vásquez habló con el general Alvarado para que disponga no se efectúe ningún cambio de colocación o destaque de la DINCOTE a cualquier otra unidad policial al mayor Benedicto Jiménez Bacca y a todo el personal policial que conformaba el GEIN bajo su comando, y más bien se atienda sus requerimientos de personal y apoyo logístico.
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Lo propio se hizo con el nuevo director general de la PNP, teniente general Cuba y Escobedo, quien tomó debida nota de que por ninguna causal se debería de remover al personal del GEIN en la DINCOTE, y que este grupo operaba a órdenes del mayor Jiménez. Las respectivas gestiones ante el ministro del Interior y el DIRGEN constituyen la mejor evidencia que desde su primer día de gobierno el ingeniero Fujimori mostró la firme decisión política de apoyar y potenciar a la DINCOTE en la lucha contra las redes terroristas dentro del marco de una nueva estrategia integral. Prueba de ello es, como venimos señalando, que impidió que se desactivara el GEIN y se cambiara de colocación a cualquiera de sus integrantes. El Jefe de Estado tenía plena conciencia y estaba informado de que estos miembros de la PNP venían operando en la línea de trabajo correcta, y por tanto había que incentivarlos en lugar de desactivarlos. Teniendo en cuenta el importante logro obtenido por el equipo que comandaba el mayor Benedicto Jiménez Bacca en la ejecución de la operación de inteligencia “Isa” y constituyendo las redes terroristas que operaban en el país un grave factor de perturbación a la seguridad nacional, consideré necesario que en los más altos niveles de las Fuerzas Armadas se conociera directamente no sólo el resultado de dicha operación efectuada por este equipo de la DINCOTE, sino las carencias y limitaciones de esta unidad sistémica de la Policía Nacional, que era precisamente la encargada de combatir la amenaza del terrorismo. Con tal finalidad, se recomendó al presidente Fujimori que disponga que el ministro de Defensa, general de división Jorge Torres Aciego, convoque en su despacho a una reunión a la que deberían asistir los miembros del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y comandantes generales de sus respectivas instituciones, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y los jefes de los órganos de Inteligencia del sector Defensa. También deberían asistir por el sector Interior, el ministro del Interior, el director general de la Policía Nacional del Perú, el director general de Inteligencia del Ministerio del Interior; el jefe del SIN y yo como observador, para que todos escuchemos la exposición que debería hacer el mayor Jiménez Bacca sobre el particular.
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En cumplimiento de la disposición del presidente Fujimori la reunión se llevó a cabo en los primeros días del mes de septiembre de 1990 en la Sala de Acuerdos del Ministerio de Defensa con la asistencia de las siguientes personas: • • Gral. Div. EP Jorge Torres Aciego Ministro de Defensa, quien presidió la reunión. Tnte. Gral. FAP Arnaldo Velarde Ramírez Presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y Comandante General de la FAP. Almirante AP Luis Montes Lecaros Comandante General de la Marina de Guerra del Perú. Gral. Div. EP Jorge Zegarra Delgado Comandante General del Ejército. El jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Los directores de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. El jefe de la Segunda División de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. Gral. Div. EP Adolfo Alvarado Fournier Ministro del Interior Tnte. Gral. PNP Adolfo Cuba y Escobedo Director General de la PNP. El director general de Inteligencia del Ministerio del Interior. Gral. Div. EP Edwin Díaz Zevallos Jefe del SIN. Vladimiro Montesinos Torres Observador y Analista.

• • • • • • • • • •

El mayor Benedicto Jiménez Bacca con el apoyo de un oficial de su equipo y de elementos técnicos de la DINCOTE, expuso ante los asistentes los resultados de la operación de inteligencia “Isa”, mostrando la documentación de mayor importancia incautada por su personal en la intervención al inmueble sito en la Calle 2 Nº 459 Urbanización Monterrico Norte. En dicha ocasión desarticularon dos aparatos de Sendero
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Luminoso (el Departamento de Apoyo Organizativo y el Grupo de Apoyo Partidario) y detuvieron a 34 cuadros de dicha red terrorista –entre ellos algunos integrantes del comité central–, incautando vehículos que utilizaban para su desplazamiento en Lima y para la ejecución de sus operaciones, armas de fuego, abundante propaganda subversiva, cuadros de reglaje de diversas personalidades y miembros de las fuerzas del orden, así como medicamentos que utilizaba Abimael Guzmán Reinoso para el tratamiento de la soriasis, cigarrillos marca Winston y vinos que consumía. La reunión sirvió también para que el citado mayor expusiera sobre lo que la DINCOTE conocía respecto a la estructura organizacional de Sendero Luminoso, su desarrollo, balance y perspectivas futuras, sus conexiones en el exterior. Lo más importante era el hecho de que se había comprobado que Abimael Guzmán estaba vivo y radicaba en Lima; antes de esta comprobación se pensaba que era un mito, pues no se tenía la certeza si vivía o no y si continuaba liderando su red terrorista. Esta reunión sirvió igualmente para que se conociera que la DINCOTE venía trabajando artesanalmente en su misión de combatir el terrorismo en el país, las carencias y limitaciones con que operaba, la falta de apoyo logístico y recursos económicos que impedían y obstaculizaban su trabajo de manera eficaz, pese a todo lo cual el equipo del mayor Jiménez, con gran mística profesional, había obtenido un gran logro con la operación de inteligencia “Isa”. La exposición, igualmente, tuvo la bondad de que por primera vez un oficial de la PNP del grado de mayor expusiera nada menos que ante los ministros de Defensa, del Interior, los Comandantes Generales y otros altos mandos de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú, un tema que por la importancia y el nivel jerárquico de los asistentes le correspondería haberlo hecho a un general, y no a un mayor, de conformidad con las disposiciones reglamentarias correspondientes.

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Ese día se rompieron esas rígidas reglas que impedían a un oficial de cualquier institución, sin importar su grado jerárquico en el escalafón militar o policial, poder dirigirse sin ninguna intermediación y salvando el conducto regular –que imponían los reglamentos que norman la disciplina de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional– a sus superiores jerárquicos para exponer una materia que constituye uno de los principales problemas del país. Ese hecho fue un hito en la lucha contra las redes terroristas que sólo fue posible debido a una decisión política del presidente Fujimori, quien con gran lucidez posibilitó se llevará a cabo dicha reunión y exposición. Como resultado de esa exposición se acordó, por unanimidad, asignar recursos económicos de cada instituto a la DINCOTE para de esta forma abonar los gastos de alimentación de su personal durante el desarrollo de las operaciones. Igualmente se les proveyó de algunos vehículos, equipos de filmación, cámaras fotográficas y se atendió otras necesidades de urgencia hasta que el ministro del Interior, general Alvarado Fournier, obtuviera los recursos necesarios por gestiones de su Despacho ante el ministro de Economía, señor Juan Carlos Hurtado Miller. Al término de la reunión procedí a elevar un informe al ingeniero Fujimori, dándole a conocer los detalles de la misma, para su conocimiento y fines correspondientes. El Jefe de Estado dispuso –y así lo hizo saber al ministro del Interior– que cuando se llevara a cabo el proceso de ascensos para oficiales superiores en la PNP, se ascienda al grado inmediato superior al mayor Benedicto Jiménez Bacca y al mayor Marco Miyashiro Arashiro. Ambos ascendieron al grado de comandante el 1 de enero de 1991. El 15 de septiembre de 1990 el GEIN inicia la operación de inteligencia “Monterrico 90”, orientada a la desarticulación de todo el aparato de propaganda de Sendero Luminoso. Es así que las intervenciones policiales recién comenzaron cuatro días después, el 19 del mismo mes y año, y culminaron luego de cinco días con resultado positivo, pues se capturó a la mayoría de integrantes de la célula de dirección, así como al profesor Hugo Deodato Juárez Cruzat (a) “Germán” y otros, pese a que en dicha acción se perdieron
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los factores de sorpresa y de oportunidad que son principios rectores para la ejecución de cualquier operación de inteligencia. Dentro de la estructura de la red terrorista Sendero Luminoso los aparatos centrales constituían el estado mayor de dicha organización y éstos dependían directamente de la dirección central que estaba bajo la presidencia de Abimael Guzmán Reinoso. Sin embargo, pese a su importancia –como órgano de apoyo y asesoramiento– durante la década de los 80 no se pudo obtener ninguna clase de información que permitiese conocer su conformación y el importante rol que cumplían al interior de la red, y es recién a partir del 1 de junio de 1990 que se llegó a conocer de su existencia. Como resultado de esa intervención y con los medios probatorios hallados, se planificó esta nueva operación de inteligencia cuya misión consistía en identificar al responsable del aparato de propaganda, del cual sólo se conocía el nombre. Como ya se ha señalado, más adelante se le identificó plenamente: se trataba del profesor Hugo Deodato Juárez Cruzat; además, se pudo acceder a más información de valor que sirvió para conocer a los responsables de los aparatos centrales. ¿Cuántos y cuáles son los aparatos centrales de la red terrorista Sendero Luminoso? Dispone de diez, y son los siguientes: El primero, el departamento de logística (DL), que es el encargado de brindar un soporte de apoyo a todos los comités regionales de la red a nivel nacional a fin de atender sus requerimientos en equipo, armamento, munición, explosivos, identidades falsas, movilidad y todo aquello que se le solicite. El segundo, el grupo de trabajo especial (GET), que tiene por misión brindar apoyo económico para solventar los gastos de la dirección central y que atiende sus necesidades básicas de alimentación, alquiler de viviendas, vestido, medicinas, útiles de escritorio, entre otros. El GET estaba a cargo del profesor Luis Alberto Arana Franco (a) “Manuel”, quien fuera detenido el 20 de junio de 1992, luego de haber administrado de manera encubierta la academia de preparación preuniversitaria “César Vallejo” –de donde obtenía los recursos económicos requeridos–,
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que a su vez contaba con el apoyo de la academia ADUNI que se encontraba bajo su control, en análogas condiciones. El tercero, el departamento de propaganda (DP), cuya tarea es difundir la ideología de la red terrorista entre sus diversas células, así como llevar a cabo todas las campañas de propaganda a nivel nacional e internacional. El DP estuvo a cargo de Hugo Deodato Juárez Cruzat, quien fuera detenido en septiembre de 1990, en circunstancias que coincidieron con la desarticulación de todo el aparato. Era considerado como el delfín de Abimael Guzmán Reinoso. El cuarto, el agrupo de apoyo partidario (GAP), que se definía como un organismo generado de la red que se desarrollaba en las zonas urbanas del país, y cuya misión era crear los centros de resistencia para preparar la insurrección en las principales ciudades. Fue dirigido por Yobanka Pardavé Trujillo, quien tenía a su cargo una cadena de locales clandestinos a nivel nacional para encubrir sus operaciones, los contactos y las comunicaciones entre la propia red. Este último aparato central contaba a su vez con cuatro apéndices. El primero, la red de locales del GAP que administraba todos los inmuebles que disponían; el segundo, la red de recojo, almacenamiento y distribución de propaganda que brindaba apoyo al departamento de propaganda; el tercero, la red de inteligencia, cuya tarea era obtener información necesaria para planificar las operaciones contra los blancos de ataque; y cuarto, la red de economía y producción que tenía por finalidad obtener recursos para el sustento de la organización. El quinto, el departamento de apoyo organizativo (DAO), es el responsable de supervisar la marcha organizativa del Partido, el Ejército Guerrillero Popular y el Frente. Asimismo, le cabe como función, organizar todos los eventos y reuniones partidarias, llevando a cabo los traslados encubiertos de los participantes hasta el punto de reunión y su respectiva recepción y registro fotográfico y fílmico de cada acto para perennizarlos como parte del archivo documentario de la organización terrorista.
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En orden de importancia, el DAO le seguía al departamento central y es por eso que ocupó el inmueble donde se realizó el Primer Congreso del PCP-SL. EL DAO estuvo a cargo de la abogada Elvia Nila Sanabria Pacheco. El sexto, el grupo de traducciones o grupo intelectual popular (GIP), que tiene como tarea la traducción al español de cualquier documento, libro o información que en otro idioma le llegara a Abimael Guzmán Reinoso desde Europa o a cualquier instancia de la organización. Este grupo dependía directivamente de la dirección central. El séptimo, el grupo de trabajo especial en las cárceles (W.E.K.), tiene como misión el trabajo partidario en las diversas cárceles del país, centros de reclusión a los que denomina “luminosas trincheras de combate” y en los que miembros de la red se encuentran cumpliendo detención o condena por el delito de terrorismo y traición a la patria. Normalmente este grupo está conformado por elementos que habían recuperado su libertad, o por aquellos procesados que ejercían liderazgo en los penales. Contaban a su vez con el apoyo de familiares que visitaban los centros de reclusión y se convertían en las correas de transmisión de mensajes hacia el exterior. El octavo, el grupo de trabajo internacional, cuya tarea es generar comités de apoyo partidario en Europa y otros países latinoamericanos. Era el encargado esencialmente de efectuar el trabajo internacional de Sendero Luminoso. El noveno, el comité fundamental Socorro Popular del Perú (SOPO), ente encargado de la defensa legal de los elementos que se encuentren detenidos en instalaciones policiales o en los penales cumpliendo algún mandato de detención emanado de los órganos jurisdiccionales. Igualmente, es responsable de velar por la salud de todos los detenidos y realizar movilizaciones de protesta. Este comité es muy complejo por la naturaleza de sus funciones; incluso en algunas ocasiones realizó acciones de ataque cumpliendo directivas del comité central.
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El décimo, el departamento de seguridad, encargado de dar seguridad y protección a los principales dirigentes del Partido durante sus desplazamientos y cuando estaban encubiertos en los lugares o zonas donde pernoctaban. Posteriormente el GEIN da inicio a la operación de inteligencia “Huascaura” con el propósito de desarticular el aparato de logística de dicha red terrorista, sin límite de tiempo, pues fue una operación de largo aliento que culminó casi dos años después, como se verá más adelante. Asimismo, por disposición del presidente Fujimori, el Servicio de Inteligencia Nacional comenzó a brindar apoyo a la DINCOTE, particularmente al GEIN, con recursos económicos y vehículos. El dinero para la ejecución del plan de inteligencia “Caballero”, era entregado mensualmente a Benedicto Jiménez Bacca. Este firmaba los recibos correspondientes que obran en los archivos pasivos del SIN y en las rendiciones de cuentas referentes a los años 1990 (segundo semestre) y 1991, como gastos de acciones reservadas. Conservo copias en mi poder. A comienzos de diciembre de 1990 se llevó a cabo el proceso de ascensos en la PNP para oficiales subalternos y superiores y luego se efectuó el proceso para oficiales generales de esta institución. En dicha ocasión el coronel PNP Ketín Vidal Herrera se presentaba por primera vez a fin de poder ascender al grado de general de la Policía Nacional, en virtud de lo cual me pidió que lo recomendara ante el presidente Fujimori a efecto de que éste interpusiera sus buenos oficios ante el ministro del Interior y el director general de la Policía Nacional. En esa oportunidad el ingeniero Fujimori, luego de despachar con el ministro del Interior, general de división EP Alvarado Fournier, me refirió que ello no era posible por dos razones (según lo señalado por el teniente general Cuba y Escobedo, en su calidad de DIRGEN): la primera, el haber estado desde el 28 de julio de 1985 varios años en situación policial de retiro, y si bien había retornado años después a la actividad, tenía como un antecedente el estar comprendido en un atestado policial del que ya hemos
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hecho mención; y la segunda, porque era la primera presentación y figuraban otros coroneles con mayor antigüedad en el cuadro de mérito y con una excelente trayectoria, de modo que podía esperar un año tranquilamente. Ante tales argumentos no había nada que hacer, pensé dentro de mí. Al comunicarle este parecer al coronel Vidal Herrera, lejos de sentirse amilanado invocó la amistad que teníamos y recordó el año que estuvimos juntos en la Escuela Militar de Chorrillos. Invocando persistentemente este hecho, me pidió que solicitara al presidente Fujimori reconsiderara su posición, tanto más que ya no tenía ningún antecedente policial. Reconozco que me convenció su insistencia, la que trasladé yo ante el ingeniero Fujimori, quien para evitar seguir tocando el tema del pedido de ascenso del coronel Vidal a general, ordenó al general Alvarado lo incluyera en la nómina de ascendidos a generales de la Policía para su remisión al Senado de la República a efecto de la ratificación respectiva. De esa manera es que el presidente Fujimori propuso ante el Senado la ratificación del ascenso a general del coronel Vidal Herrera, pero ese año el Senado no llevó a cabo el proceso de ratificación de generales de la Policía, de modo que al concluir la Legislatura el 15 de diciembre de 1990 el trámite quedó pendiente para la siguiente Legislatura en abril de 1991. La situación administrativa del coronel Vidal Herrera al finalizar 1990, era la de un coronel propuesto por el Ejecutivo para el grado de general, cuya ratificación quedaba en suspenso durante los tres primeros meses de 1991 hasta que se iniciara la Legislatura y el Senado pueda ratificarlo de ser el caso. El 14 de enero de 1991 el general de brigada EP Julio Salazar Monroe asume la Jefatura del SIN en reemplazo del general de división EP Edwin Díaz Zevallos, que fue designado para ejercer el cargo de Agregado Civil en la Embajada del Perú en Argentina. Una de las primeras decisiones del general Salazar era poner a disposición de la Policía Nacional al coronel Vidal Herrera, de modo que mi antiguo compañero de estudios en la Escuela Militar de Chorrillos –al tomar conocimiento de dicha disposición– me solicitó abogara nuevamente ante el Jefe de Estado para su permanencia en
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la Dirección Nacional de Contrainteligencia del SIN durante los meses de enero, febrero y marzo de 1991. El ingeniero Fujimori aceptando mi pedido dispuso continuara prestando servicios en el SIN, mandato que acató el general Salazar –aunque no muy a gusto–, pues en esencia se sentía desautorizado, pero al explicarle comprendió que de ser ratificado en abril de 1991 solicitaríamos en vía de una hoja de recomendación su cambio de colocación a la DINCOTE como ejecutivo, pues es un hombre de inteligencia muy metódico y capaz, un gran analista con experiencia de antigua data que provenía de las canteras de la PIP y el SIN. Es que así permaneció en este último organismo de inteligencia durante todo el verano de 1991. Para principios de enero de 1991, y por disposición superior, el GEIN había incrementado su personal y por ende crecido como equipo de inteligencia al pasar de tener inicialmente 5 efectivos a 20 efectivos, los cuales fueron racionalmente distribuidos por su comando en los diversos departamentos que conformaban el GEIN. Es con esta nueva estructura organizacional que el 31 de enero de 1991 ejecuta la operación de inteligencia “Caballero”, orientada a la desarticulación del departamento central de Sendero Luminoso que venía operando encubiertamente en la Calle Buenavista Nº 265 de la urbanización Chacarilla del Estanque, en San Borja. Al ingresar el personal de DINCOTE a dicho inmueble detiene a Nelly Marión Evans Risco de Alvarez Calderón, una ex monja que había abandonado los claustros religiosos para contraer matrimonio con el ex sacerdote Carlos Alvarez Calderón de Ayulo, convirtiéndose posteriormente en una militante senderista que formó parte del anillo directo de cuadros que estaban permanentemente al lado de Abimael Guzmán. El 1 de febrero de 1991 también es intervenido otro inmueble, ubicado en la Calle Ricardo Flores Nº 265 interior 11 en Balconcillo, y se detiene a Natividad Méndez de Villegas, persona estrechamente vinculada a Nelly Evans. En este inmueble se encuentran cuatro videocasetes, en versión “V-8”, de gran valor, pues contenían imágenes fílmicas inéditas de toda la cúpula de la red terrorista Sendero Luminoso al concluir su Primer Congreso en junio de 1989.
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Estas fotos corresponden a uno de los vídeos incautados en la casa de la Calle Buenavista Nº 265 en la urbanización Chacarilla del Estanque, lugar donde fue capturada la ex monja, Nelly Marión Evans Risco de Alvarez Calderón. Estas tomas son del vídeo “Zorba el Griego”.

A estas filmaciones la DINCOTE las denominó video de “Zorba el Griego”, pues en una de las escenas se puede ver a Abimael Guzmán Reinoso y los 19 miembros del comité central bailar y hacer palmas al ritmo de la melodía de la película “Zorba el Griego”. Otro video de importancia es el que contiene las imágenes del sepelio de Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah” y el velatorio de ropas, que es una costumbre y tradición ayacuchana. Este velatorio se lleva a cabo dentro de la primera semana de fallecida una persona; en él se velan las pertenencias y objetos más apreciados por la difunta, o de cuyus, como se dice en latín. Dada la importancia de la documentación encontrada en la casa de la Calle Buenavista Nº 265 en la urbanización Chacarilla del Estanque, me constituí personalmente a dicho inmueble el 2 de febrero de 1991, en horas de la tarde. Fui recibido por Benedicto Jiménez Bacca, a quien felicité por el excelente trabajo de su equipo y luego pedí me mostrara todo el inmueble y las especies incautadas que estaban siendo seleccionadas para consignarse en el acta respectiva como medios probatorios.
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Me parecía increíble estar en el mismo inmueble donde Abimael Guzmán Reinoso había vivido acompañado de tres mujeres: Elena Albertina Iparraguire Revoredo, Nelly Marión Evans Risco de Alvarez Calderón y Angélica Salas La Cruz. Estas se turnaban para cuidar personalmente al “presidente Gonzalo”, le preparaban su alimentación y administraban –de acuerdo a un horario– sus medicinas para controlar la hipertensión arterial, la psoriasis y la polisistemia, que eran las tres enfermedades crónicas que padecía el líder senderista. Recorrí en silencio uno por uno todos los ambientes de la casa intervenida, observando cada pequeño detalle, deteniéndome en algunas habitaciones para analizar la documentación existente y los objetos que forman parte de la simbología de esta red terrorista. Pensaba dentro de mí, ¿algún día estaremos frente a frente Abimael Guzmán Reinoso y yo? El tiempo lo dirá, me contestaba a mí mismo en silencio. Efectivamente, 20 meses después cumpliendo una misión como oficial de inteligencia, lo encontré en la Isla San Lorenzo, y estuvimos frente a frente, desarrollando ambas partes una confrontación dialéctica, una auténtica lucha de dos líneas de pensamiento, totalmente contrapuestas: una la mía, que abogaba por la vida y la defensa de los derechos fundamentales de la persona, mientras que la otra, la de Guzmán, hacía gala de desprecio por la vida con tal de cumplir su proyecto político de destruir el Estado y tomar el poder para implantar el comunismo en el Perú. Estando al éxito obtenido por el GEIN en la ejecución de la operación de inteligencia “Caballero” y considerando la importancia de la documentación que personalmente pude tener en mis manos –en el inmueble de Buenavista–, la cual contenía valiosa información respecto a la cúpula terrorista y la manera cómo solía vivir su máximo líder, y estando, asimismo, al hecho de que en mi criterio Benedicto Jiménez Bacca debería tener plena autonomía en su trabajo profesional, el que –por su naturaleza–requería de un mayor apoyo, una gran capacidad de movimiento y libertad de acción para poder coordinar sus tareas de inteligencia con los diferentes estamentos del Estado, estime indispensable reiterar y
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reforzar aún más el apoyo del más alto nivel a su trabajo. Sólo así su comando le brindaría todas las facilidades del caso y se evitaría cualquier presión sobre su persona. Informado el presidente Fujimori de esta situación y comprendiendo que su Despacho debía adoptar todas las medidas dentro de la nueva estrategia de lucha contra las redes terroristas, tomó la decisión política –en uso de su atribución constitucional como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú y en su calidad de presidente del Sistema de Defensa Nacional– de emitir el 5 de febrero de 1991 un memorando dirigido al ministro del Interior “nombrando a Benedicto Jiménez Bacca como oficial de enlace de la DINCOTE con el Servicio de Inteligencia Nacional”. Esto se hacía a efectos de viabilizar “las tareas propias de ambos órganos en materia de Seguridad Nacional”. Con la emisión de dicho documento público, otorgado por un funcionario público en el ejercicio de sus atribuciones, se acredita indubitablemente que el presidente Fujimori desde un primer momento ha estado informado –en el nivel que concierne a un Jefe de Estado– de las actividades de la DINCOTE, y que por ello brindó todo su apoyo a dicha unidad. Ello se tradujo principalmente en el otorgamiento de libertad de acción a Benedicto Jiménez Bacca para que como jefe de operaciones del GEIN, desarrolle con plena autonomía sus tareas de inteligencia, que a la postre tuvieron éxito en la lucha contra Sendero Luminoso. El 7 de febrero de 1991 en horas de la noche el presidente Fujimori vio por conveniente dar un mensaje a la nación señalando, con meridiana claridad, los principales lineamientos políticos de la nueva estrategia que venía desarrollando el gobierno en la lucha contra las redes terroristas. En ese mensaje dejó claro el concepto estratégico del estadista como conductor de la guerra, para que a su vez la estrategia militar redefina su accionar desde la perspectiva de la Guerra Asimétrica que era y es –actualmente– el conflicto que sigue enfrentando el Estado peruano contra actores no estatales internos. En abril de 1991 el Senado de la República ratifica los ascensos de coroneles a generales en la PNP, con lo cual el coronel Antonio Ketín
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Vidal Herrera obtuvo su ansiado ascenso a general. Ante ese hecho, y por haber laborado como Director Nacional de Contrainteligencia en el SIN, y estando a la recomendación del general Julio Salazar Monroe, jefe del SIN, y de la mía, el ingeniero Fujimori dispone su cambio de colocación –por ascenso– del SIN a la DINCOTE, para apoyar al director de dicha dependencia policial, el general Héctor Jhon Caro, quien cuando desempeñó la Jefatura Departamental de Policía en Ancash, logró la captura del conocido dirigente senderista Antonio Díaz Martínez (a) “Alejandro”, integrante del comité central y uno de los ideólogos de la red terrorista. Héctor Jhon Caro ejercía el comando con gran solvencia, de manera eficiente y muy profesional. Con este cambio de colocación se rompió una tradición institucional en la PNP, pues en las unidades sistémicas como la DINCOTE sólo debía estar al comando un general y no dos, pero el presidente Fujimori –que es un buen administrador de personal– estimó pertinente la recomendación formulada y decidió romper esta tradición, pues en la lucha contra el terrorismo el Estado debe ubicar en los órganos respectivos a sus mejores y más experimentados funcionarios públicos. Para el Jefe de Estado el binomio de los generales Jhon Caro / Vidal Herrera, era la fórmula más conveniente, pues al ver sus legajos personales me dijo: “Mi instinto me dice que este será un buen comando en la DINCOTE”, y no se equivocó, pues 1991 y 1992 fueron dos años en que la DINCOTE reorientó su trabajo y reestructuró su esquema organizacional, el cual en la Sala de Conferencias del SIN fue expuesto por el propio general Jhon Caro acompañado únicamente del general Vidal Herrera, ante el ministro del Interior de la época y con la presencia del director general de la PNP, teniente general Adolfo Cuba y Escobedo; del jefe del SIN, general Julio Salazar Monroe, y de la mía. El 22 de junio de 1991 el GEIN pone en ejecución la operación de inteligencia “Leona”, siendo intervenidos –entre otros– los abogados Yobanka Pardavé Trujillo (a) “Rebeca” y Tito Valle Travesaño (a) “Eustaquio” –quien era pareja sentimental de dicha letrada–, y además un elemento muy importante para Sendero Luminoso, el profesor Víctor Zavala Cataño (a) “Rolando”, quien
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aparte de ejercer el mando militar de todo Socorro Popular (SOPO) era el arquitecto del lenguaje de las imágenes y de los mensajes gráficos que utiliza esta red terrorista para efectuar sus acciones de agitación y propaganda. Los tres intervenidos eran prominentes cuadros de la organización, y dirigían este aparato central de manera colegiada y operando en forma encubierta para desarrollar sus acciones en Lima y provincias. La desarticulación de SOPO constituyó un fuerte golpe a la red, pues perdieron importantes dirigentes y se incautó valiosa documentación que ha servido para conocer en profundidad la estructura de la agrupación. En septiembre de 1991 sucede un hecho lamentable en la DINCOTE: el oficial encargado de la tesorería cobra los sueldos para el pago de la planilla mensual de los haberes de todo el personal de dicha dependencia policial y procede a guardarlo en una gaveta de su oficina ubicada en las propias instalaciones de la DINCOTE, de cuyo lugar es robado por personas desconocidas. Todo el efectivo destinado nada menos que a los emolumentos del personal es hurtado, generando este hecho un grave problema y un tremendo malestar en dicha dependencia policial. Esta situación sólo pudo ser superada gracias a la oportuna intervención del presidente Fujimori –que al ser enterado del robo– se preocupó en solucionar el problema disponiendo lo conveniente para que en el día se abonen esos haberes, pues ese grave impasse no sólo afectaba la moral en la DINCOTE sino la tranquilidad de muchas familias policiales. Ante esa situación el teniente general Adolfo Cuba y Escobedo en su calidad de director general de la PNP, dispuso la investigación correspondiente por la Inspectoría y propuso el relevo del general Héctor Jhon Caro del comando de la DINCOTE, pues consideraba que el jefe es responsable de todo lo que pasa en su dependencia y ese hecho revelaba una grave falta de control. En suma, el general no podía continuar en esas circunstancias en el comando de la unidad. El cambio se materializó –muy a pesar del ingeniero Fujimori, del jefe del SIN, general Julio Salazar Monroe, y de mi persona
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que le guarda una gran consideración por su profesionalismo– el 27 de noviembre de 1991, día del Arma de Infantería en el Ejército Peruano. El general Antonio Ketín Vidal Herrera asumió el comando de la DINCOTE –que ya contaba con cerca de mil efectivos– para darle unidad y continuidad al trabajo de dicha dependencia. Por decisión del Jefe de Estado ya no se nombra a otro general como ejecutivo, asumiendo tales funciones el coronel más antiguo. Paradójicamente, ese día 27 de noviembre de 1991 el GEIN ejecuta la operación de inteligencia “Palacio”, en cuyas circunstancias se interviene a los integrantes que conforman el aparato político y militar del departamento de defensa de Socorro Popular que venía realizando sus operaciones en la zona sur de Lima, deteniéndose a Milton Douglas Silva Dávalos (a) “Omar” –que lo encabezaba– y a otros 14 elementos, los cuales eran mandos políticos y militares de los respectivos destacamentos y milicias de defensa. Durante el registro se encuentran planos y croquis de los ataques que realizarían ese mismo día en horas de la noche, así como explosivos, armas y municiones encubiertas entre sus prendas personales. El 11 de abril de 1992 el GEIN pone en ejecución la operación de inteligencia “Hipócrates”, logrando exitosamente la desarticulación de la célula de dirección que integraba el aparato de salud de Socorro Popular –de ahí proviene el nombre de la operación–, detectándose la forma de operar clandestina de las enfermeras, estudiantes de medicina y médicos que estaban a cargo de atender los problemas de salud de sus militantes y familiares sin que ello implique una labor exclusiva, pues se encontraban organizados en pequeños destacamentos que llevaban a cabo diversas acciones que incluso podían ser ataques terroristas contra cualquier objetivo. Dos días después, el 13 de abril de 1992, el GEIN convertido en la División de Inteligencia contra el Terrorismo (DIVICOTE-1) concluye la operación de inteligencia “Moyano” y logra la ubicación y captura de todos los elementos que conformaban la célula que dirigía el periódico autodenominado “El Diario”, que era un vocero de Sendero Luminoso y que circulaba clandestinamente a nivel nacional e internacional.
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Ese mismo día, 13 de abril de 1992, la DIVICOTE-2 que anteriormente operaba como Bredet (Brigada Especial de Detectives) bajo el comando del comandante Juan Gonzales Sandoval, intervino exitosamente a Peter Cárdenas Shulte (a) “Alejandro”, uno de los principales cabecillas de dicha red y que planificó la operación de búsqueda y eliminación del ex ministro de Defensa general Enrique López Albújar Trint, quien fuera ejecutado por un comando operativo entrenado específicamente para ese propósito como un acto de represalia contra el Ejército Peruano por los sucesos de Los Molinos en la localidad de Jauja en febrero de 1989. Gonzales Sandoval es un gran policía y excelente profesional de inteligencia que conoce en profundidad a las redes terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA por haber trabajado durante 16 años en lucha contraterrorista. En esa época el esfuerzo de búsqueda de su división estuvo orientado al MRTA. El 16 de mayo de 1992, el Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional promulga el Decreto Ley 25499, denominado Ley de Arrepentimiento, como una de las vigas maestras de la nueva estrategia para la Pacificación Nacional, que junto al Decreto Legislativo Nº 741, del 11 de noviembre de 1991, en que se reconoce a los comités de autodefensa como organizaciones de la población para desarrollar actividades de autodefensa de su comunidad, son los dos dispositivos de mayor importancia diseñados por el gobierno del ingeniero Fujimori en el proceso de lucha contra las redes terroristas que venían operando en el país. El 22 de junio de 1992, la DIVICOTE-1 ejecuta la fase final de la operación de inteligencia “Huascaura”, interviniendo a Luis Alberto Arana Franco (a) “Manuel”, su cónyuge y varios profesores que enseñaban en la Academia César Vallejo, todos los cuales integraban el grupo especial de trabajo (GET) componente del aparato de logística de Sendero Luminoso que venía operando de manera encubierta en la citada academia. La captura de Arana Franco constituyó la pieza clave que posibilitó dos meses después la ubicación y detención de Abimael Guzmán Reinoso. En efecto, si bien en un inicio Arana Franco negó rotundamente cualquier vinculación con la red terrorista, los medios probatorios acopiados pacientemente por el GEIN –convertido en
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DIVICOTE-1– desvirtuaron su esquema de defensa consistente simplemente en negar lo que era obvio en videos y fotos. Pero finalmente tuvo que reconocer la contundencia de las imágenes y los contenidos, que habían sido obtenidos por un trabajo de inteligencia de largo aliento. Incluso se hallaron fotografías que habían sido escondidas en una habitación del inmueble donde este sujeto vivía con su esposa e hijo. Allí aparece en tomas fotográficas inéditas en lo que fuera el funeral de Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah”. Al verse Arana Franco descubierto como un cuadro importante de Sendero Luminoso, un cuadro que jugaba un rol fundamental en el mantenimiento económico de la cúpula terrorista con los recursos que obtenía provenientes de la Academia César Vallejo, terminó por ser consciente que sería condenado por la Justicia Militar por el delito de traición a la patria con la pena de cadena perpetua. Esa pena se aplicaría no sólo a él sino a su propia esposa, dejando en el desamparo a su menor hijo de pocos meses de nacido, situación que lo hizo entrar en una profunda depresión y crisis emocional, pues no tenía la rígida formación de otros dirigentes senderistas. Arana Franco era una persona que podía ser manipulada para brindar información a cambio de incentivos. Para el momento en que Arana Franco fue detenido ya se había promulgado el Decreto Ley 24599, denominado Ley de Arrepentimiento, y si bien todavía no se había expedido el reglamento de dicho dispositivo, ya existía formalmente una norma que con gran acierto puso en vigencia el gobierno del ingeniero Fujimori. Esta legislación posibilitó el que dicha persona fuera beneficiada con la exención de la pena a cambio de brindar información oportuna y veraz que permitió la ubicación y captura de Abimael Guzmán Reinoso, de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo y otros, como se verá más adelante. Con gran acierto, Benedicto Jiménez Bacca y Marco Miyashiro Arashiro, le ofrecieron a Arana Franco incentivos iniciales como la puesta en libertad de su cónyuge –para que se encargara del cuidado de su menor hijo– y, lo que es más, proceder a devolverle el dinero incautado de la precitada Academia. Ante esa oferta Arana no dudó en aceptar la propuesta, para lo cual, en retribución, empezó a cooperar con la investigación en marcha.
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Así comenzó a rendir sus primeros frutos la Ley de Arrepentimiento, pues Arana, un hombre con instrucción superior y un nivel cultural aceptable, era consciente de que la reglamentación de una norma es cuestión de tiempo y, por lo tanto, la mejor salida para solucionar su problema personal y familiar pasaría por revelar a sus captores toda la información que conocía, a fin de que sea verificada y en un futuro muy cercano obtener su libertad, estando fuera de toda investigación previamente su mujer, y a salvo su hijo. Ese fue el principio que sirvió de inspiración para la dación de dicha ley: “doy para que des”. La información de mayor valor remunerativo que brindó fue que Abimael Guzmán Reinoso se encontraba residiendo en Lima. Como prueba manifestó que había tenido con éste una reunión en un punto determinado el 4 de abril de 1992. Entonces fue a encontrarse con “Gonzalo” guiado por un individuo identificado con el criptónimo de “Arturo”, el mismo que era el nuevo enlace con la dirección central del partido. De “Arturo” recibía instrucciones y a él daba cuenta, tanto de sus actividades a cargo del departamento de contabilidad como de la administración de la oficina de informática de la Academia César Vallejo. A él, asimismo, le proporcionaba dinero para atender los gastos que irrogaba el mantenimiento de la cúpula terrorista. Esta versión despejó cualquier duda sobre la ubicación de Guzmán. Como detalle digno de mencionarse para entender el porqué se produce el encuentro entre Arana y Guzmán, se debe anotar que Arana Franco mostró desconfianza a la hora de hacer entrega de dinero a una persona para él desconocida como “Arturo”. Este, al notar ese recelo hacia su persona, busca superar cualquier duda asegurándole que había consultado con la jefatura del partido a fin de poder tener los dos una reunión con el propio Abimael Guzmán Reinoso, a fin de dejar en claro que él era un enlace autorizado. Arana Franco debía estar atento a su comunicación telefónica para que se le indicara dónde y cuándo se produciría la reunión. Y es así que el día 4 de abril de 1992, en horas de la mañana y estando en el local de la Academia César Vallejo, Arana Franco recibe una llamada telefónica de su enlace. “Arturo” le da
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instrucciones para reunirse de inmediato con él en la primera cuadra de la avenida Brasil, en el distrito de Breña. Cuando se encontraron “Arturo” le hace saber, verbalmente, que el próximo contacto sería ese mismo día a las 18:30 horas en el Centro Comercial Risso, en el distrito de Lince, lugar donde debería estar puntualmente. Luego se despiden. A la hora acordada, Arana Franco llega al citado centro comercial en espera de su contacto. Procede a ubicar su viejo vehículo en el estacionamiento de dicho lugar. No tarda en distinguirlo entre la gente que andaba por allí. Intercambian saludos y luego empiezan a caminar separados, a corta distancia, por un breve término. Luego nuevamente se juntan a una seña de “Arturo” en una esquina de la avenida Arequipa para abordar un colectivo con dirección a Barranco. Se bajan en un paradero de una de las calles de ese distrito y vuelven a caminar separados por un breve término. Más tarde “Arturo” ingresa al local de un pequeño y discreto chifa-restaurante, seguido de Arana; ambos se sientan en una misma mesa para beber una botella de cerveza y hacer tiempo. Estando en el chifa, Arana Franco se percata de que en la puerta había parada una persona que usaba una gorra tipo Jorge Chávez y tenía una pequeña barba en forma de triángulo, lo que comúnmente se conoce como “chivita”. Este le hace señas a Arturo y luego desaparece por un momento, para luego volver a aparecer, un juego que supuestamente pretendía despistar o confundir a hipotéticos seguidores. Arana Franco y “Arturo” se paran un momento después y salen del chifa para abordar un taxi que los llevaría a Miraflores, a la altura de la famosa calle de las pizzas. Allí descienden y, nuevamente, ingresan juntos a una cafetería para tomar esta vez unas gaseosas. En esas circunstancias observa el director de la Academia César Vallejo, la presencia del mismo personaje con gorra y “chivita”. En esta oportunidad este llega a conversar –brevemente– con “Arturo” y luego desaparece del escenario. Acto seguido, “Arturo” le indica a Arana Franco que en ese instante deberían abordar un taxi más, para lo cual salen de la cafetería y abordan un vehículo que pasaba en ese instante. Se bajan a la altura del teatro Marsano, ubicado en el mismo distrito de
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Miraflores, y empiezan, nuevamente, a caminar juntos. Es entonces cuando Arana se percata, por tercera vez, de la presencia del hombre de la “chivita”, quien enciende un cigarrillo, y en ese instante –ante dicha señal– “Arturo” le indica a Arana, agarrándole del brazo, que ingrese a la cochera que estaba al costado del citado teatro. Entran y se dirigen a un auto Hyundai de color granate, encendido, y que pilotea una joven mujer. Luego del saludo protocolar correspondiente, la joven mujer (que posteriormente se conocería era la bailarina de ballet Maritza Garrido Lecca) le indica a “Arturo” que se siente en la parte delantera del automóvil, a su costado, mientras que a Luis Arana le pide lo haga en el asiento trasero. Por disposición de “Arturo” se tendió a lo largo de dicho asiento, cubriéndose la cabeza con una toalla que previamente extrajo la mujer de una bolsa de plástico que tenía en la parte delantera del carro. De esa manera el automóvil abandona la cochera, y con sus tres ocupantes parte presuroso hacia su destino. Allí Arana Franco volvería a ver, por segunda y última vez, a su líder Abimael Guzmán Reinoso. Luego de un breve recorrido, el vehículo se detiene en un inmueble, y acto seguido se abre la puerta de otra cochera. El auto ingresa y Arana Franco siente que la puerta se cierra sin saber el lugar donde se encontraba. Al bajarse del auto le quitan la toalla, e ingresan todos al interior de la casa hasta una habitación donde había una mesa pequeña y tres sillas. Maritza y “Arturo” le indican que tome asiento. A los pocos minutos aparece en persona nada menos que el mismo Abimael Guzmán Reinoso, el llamado “presidente Gonzalo”, para hablar con Arana. Lo acompaña “Arturo”. Cada uno se sienta en su respectiva silla para conversar. Guzmán confirma la designación de “Arturo” como el nuevo enlace con la dirección central. Le recomienda a éste y a Arana Franco que siempre adopten todas las medidas de seguridad en sus diversas actividades para evitar ser detectados por las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia, los que estaban desplegando todo el esfuerzo de búsqueda para su ubicación y captura.
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A partir de ese momento Arana despejó cualquier duda sobre “Arturo”, pues constata personalmente que gozaba de la confianza plena de Guzmán. En el transcurso de la reunión, la joven y agraciada mujer que conducía el auto atendía a las tres personas con vino y bocaditos. El encuentro tuvo una duración de aproximadamente una hora, luego de lo cual Guzmán se incorporó para despedirse, no sin antes volver a recordarles las cinco necesidades del partido, pues ellas contenían todas y cada una de las medidas de seguridad de Sendero Luminoso. El retorno de Arana estuvo signado por procedimientos similares a los que se pusieron en práctica cuando en la cochera abordó el auto. Al ingresar al auto le indican que proceda a ubicarse en el asiento posterior y le cubren la cabeza; el vehículo sale de la casa –sin saber Arana el lugar de ubicación– y toma el circuito de playas, pues el transportado se percata del itinerario por el silencio y sonido de las olas. Más tarde el auto está atravesando por la avenida Santa Cruz en el distrito de San Isidro, circunstancia en la que “Arturo” le autoriza a quitarse la toalla de la cabeza y levantarse para así poder bajarse en una esquina de la avenida Salaverry, a la altura del local de la Comandancia General de la Marina de Guerra del Perú. Desde allí podrá retornar a su domicilio. Con buen criterio y profesionalismo, y en mérito a la abundante información proporcionada por Arana Franco, que se ha descrito, Benedicto Jiménez procedió con el mismo informante a la reconstrucción de los hechos. Es decir, reconstruyó cada paso suyo, desde el instante en que se encontró con “Arturo” en el Centro Comercial Risso en Lince, hasta llegar a la playa de estacionamiento ubicada a un costado del teatro Marsano en Miraflores. Jiménez trazó como objetivo de su trabajo ubicar el número de la placa de rodaje y a quién le pertenecía el vehículo involucrado, pues esa sería una de las pistas lógicas para ubicar a Guzmán. El buen olfato de policía de Benedicto Jiménez, y su vasto conocimiento de Sendero Luminoso, hizo posible que adoptara esta línea correcta de investigación. Al concluir la reconstrucción del itinerario recorrido por Arana Franco hasta su llegada a la cochera ubicada a un costado del teatro Marsano, el personal del GEIN se dedicó a la identificación del
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número de placa de rodaje del automóvil marca Hyundai, color granate, para que una vez obtenida esa información solicitar a través de una petición a la DIROVE, los nombres y apellidos del propietario de dicho vehículo. Para ello fue necesario indagar ante la guardianía de la playa de estacionamiento. Lo que se obtuvo como resultado fue que dicho local era de propiedad de una asociación de maestros y el encargado del control un profesor que tenía sus oficinas en otro distrito, lugar adonde se remitían los talonarios de las facturas respectivas. Una vez ubicada esa oficina, el personal de la DINCOTE se constituyó en ella y le solicitó al encargado la exhibición de los talonarios de las facturas. Al ser puesto a la vista el archivo correspondiente –luego de un arduo trabajo de casi dos días seguidos– se encontró el talonario de registro del día 4 de abril de 1992, el que al ser revisado arrojó una anotación interesante: figuraba allí la estadía de un vehículo con placa de rodaje KQ-4805 marca Hyundai, pero no constaba el color del mismo. Ahora bien, estando al mérito de la anotación en el talonario de facturas, de la hora de entrada y hora de salida –en esa noche– que coincidía con la información brindada por Arana Franco, y que fue materia de reconstrucción, se determinó que ese era el vehículo buscado. Se procedió entonces a solicitar a la DIROVE que de manera encubierta obtenga la información del caso ante la Oficina Registral del Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Recibida la respuesta, entre un paquete de documentos con relación a diversos vehículos –estrategia ésta para evitar una fuga de información– se constató que el propietario del vehículo KQ4805 marca Hyundai, color granate, era Carlos Andrés Incháustegui De Gola. Con este valioso dato se solicitó información a la RENIEC para conocer sus generales de ley. Con toda esta indagación básica se fue alimentando progresivamente los ordenadores y enriqueciendo la Base de Datos del GEIN, de modo de ir perfilando un cuadro de situación respecto de la familia Incháustegui De Gola y su respectivo entorno, a fin de
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proceder luego a ubicar el objetivo e implementar una operación de OVISE con respecto a esta persona. Otra información de gran valor que proporcionó Arana para el desarrollo de las operaciones, fue el hecho de que recibió un encargo de su primer contacto con la dirección central –el cual se relevó posteriormente con “Arturo”– a fin de que buscara un inmueble con el objetivo de arrendarlo. Para este propósito le brindó una dirección que había obtenido de un aviso que salió publicado en un medio de comunicación, indicándole que vaya a verlo en la Calle 1 Nº 459 Los Sauces, Surquillo, para conocer las condiciones del arriendo y el estado de conservación del mismo. En circunstancias en que se encontraba en el interior del inmueble acompañado del hijo de la dueña de la inmobiliaria –que tenía a cargo momentáneamente el alquiler de la casa– escuchó la frenada brusca de un vehículo que se estacionó intempestivamente en el frontis de la vivienda, hecho que atrajo su atención y por curiosidad e instinto de seguridad se aproximó a una de las ventanas como para ver qué pasaba. Cual no sería su sorpresa al ver a la joven mujer que manejó el automóvil Hyundai color granate cuando fue conducido para la reunión con Guzmán. Ella estaba acompañada de la corredora de inmuebles hablando en voz alta sobre el alquiler de la casa, lo que lo asustó e hizo salir raudamente del lugar, sin que las dos mujeres se percataran de su presencia allí. Posteriormente, un Arana asustado en un primer momento, reaccionó tomando la iniciativa de hacer una llamada telefónica para preguntar si aún estaba en alquiler la casa ubicada en la Calle 1 Nº 459 Los Sauces, Surquillo, recibiendo como respuesta de la persona que contestó, que la casa ya había sido alquilada el día anterior. En base a esta última información, Benedicto Jiménez –quien no le gustaba dejar ningún cabo suelto– dispuso que Arana enseñara a su personal de confianza la ubicación de dicho inmueble, para en su oportunidad fijarlo como un blanco de vigilancia. Aún no se conocía que en esa vivienda se encontraban ocultos nada menos que Abimael Guzmán Reinoso, Elena Albertina Iparraguirre Revoredo y otros, acompañados todos ellos de una joven mujer llamada Maritza
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Garrido Lecca y su pareja, el hombre de la gorra y “chivita”, Carlos Incháustegui De Gola. Estando al mérito de dicho reconocimiento y teniendo en cuenta el cúmulo de información obtenida y evaluada, el personal del GEIN procedió a orientar el esfuerzo de búsqueda sobre dicho inmueble con el propósito de conocer quiénes lo habitaban y qué labores ejercían, para lo cual se realizaron varios reconocimientos in situ. Es así que los investigadores observan que de dicha casa salía una persona joven de sexo masculino con características físicas que coincidían con las proporcionadas anteriormente por Arana Franco: se trataba de un individuo que tenía la barba tipo chivita. Esto motiva que este personaje se convierta –ipso facto– en un blanco sujeto a un servicio de OVISE con el propósito de conocer toda su rutina y cadena de contactos. Durante el proceso de OVISE se aprecia que el objetivo era una persona que al desplazarse utilizaba todas las medidas de seguridad para evadir cualquier seguimiento, lo que a la postre obligaba a una mayor discrecionalidad en la vigilancia móvil a fin de no ser detectados. Con el seguimiento se constata que uno de los lugares de mayor concurrencia del hombre de la “chivita” era la residencial “El Remanso II” en La Molina. A este lugar se tuvo que infiltrar personal para que opere de manera encubierta como si fuera un elemento de seguridad que controla la entrada y salida de vehículos y personas a dicha residencial. Aquí lo que se buscaba era ubicar físicamente el automóvil marca Hyundai color granate de placa de rodaje KQ-4805, pues todo indicaba que en ese vehículo fue trasladado Arana Franco desde la cochera ubicada al costado del teatro Marsano en Miraflores, hasta el punto de encuentro desconocido donde se encontraba Abimael Guzmán Reinoso. De la discreta revisión del libro de control de ingresos que disponía el personal de seguridad en la entrada de la residencial, se constató que el automóvil había ingresado hasta en dos ocasiones a dicho lugar, transportando a visitas para determinada familia, en los meses de enero y febrero de 1992.
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Debido a la conducta sospechosa de este misterioso personaje, es que el oficial de la DINCOTE que conducía la operación, tomó la decisión correcta de disponer –a inicios de julio de 1992– la implementación de un servicio de OVISE en los alrededores de la casa ubicada en la Calle 1 Nº 459 Los Sauces, Surquillo. Se hacía esto con el procedimiento de vigilancia en vehículo y el método A, B y C a pie, hasta conseguir un puesto de observación fijo en un área cercana al objetivo, área que facilitara la visión de manera encubierta, bajo el principio de “ver sin ser visto”. La misión de la operación a estas alturas era vigilar al sujeto que tenía la barba tipo chiva y a la mujer que solía salir eventualmente de la casa para despedirse efusivamente desde la puerta del inmueble. Entre tanto, se buscaba un emplazamiento para la instalación del puesto fijo, hecho que dificultó momentáneamente el normal desarrollo de la operación. Al poco tiempo y luego de múltiples indagaciones por esa zona, se obtuvo la información de que en una casa de la Calle 1, ubicada cerca al objetivo, vivía con su familia un coronel de la Policía Nacional en situación de actividad procedente de la PIP. Desde ese lugar se tenía muy buena visibilidad del punto de observación debido a su ubicación estratégica, motivo por el cual Benedicto Jiménez Bacca decidió conversar con dicho coronel para que le proporcionara en alquiler un ambiente en el tercer piso de su vivienda. Este tercer piso estaba deshabitado y se podía instalar allí un puesto encubierto para vigilar el objetivo. El coronel, como buen policía, aceptó el pedido solicitado requiriendo a su vez no se comprometiera en absoluto a su familia, y con esa condición proporcionó una habitación vacía que disponía en el tercer piso. Es así que luego de los arreglos respectivos se instaló para víspera de Fiestas Patrias de 1992, el puesto de vigilancia que operó las 24 horas del día, en 3 turnos de ocho horas cada uno. Como un hecho anecdótico he de referir que el coronel de la Policía, dueño del citado inmueble, era compañero de promoción de la PIP de un amigo mío, el comandante Pablo Quinteros Tello, que por esa época, al estar en situación de retiro, colaboraba –como
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un elemento de búsqueda de informaciones en materia de lucha contra el terrorismo– con el Servicio de Inteligencia Nacional. A Quinteros se le contó los detalles de la entrevista que había tenido con Benedicto Jiménez y del hecho de haberles proporcionado un ambiente para que hagan vigilancia a un elemento terrorista, pidiéndole a su vez que gestionara una entrevista urgente con mi persona para informarme del caso y pedir un apoyo por medidas de seguridad familiar. Después de Fiestas Patrias recibí en los locales del SIN a mi amigo Pablo Quinteros Tello y a su compañero de promoción el coronel –hoy general retirado– cuyo nombre y apellidos omito en salvaguarda de su seguridad personal y familiar. A este general lo identifiqué con el criptónimo de “C” por la primera letra de su nombre real. “C” me narró con mayor precisión los detalles de cómo estaba operando el puesto de vigilancia de la DINCOTE en su domicilio. Como policía experimentado estimaba que Jiménez Bacca tenía entre manos un caso muy grande. Por su propia seguridad y en aras de colaborar con el SIN, me solicitó, pidiéndome la mayor reserva, ayuda para instalar un dispositivo de escucha encubierto en el ambiente de vigilancia, o cerca del mismo, para saber todo lo que se conversaba entre el personal que permanecía dentro de la habitación y sus comunicaciones radiales con el exterior. Esto se haría porque su familia tenía un fundado temor de que le sucediera algún impasse y era mejor precaver. La petición me pareció razonable, por lo que gestioné ante el departamento de apoyo técnico del SIN se instalara dispositivos diminutos para poder escuchar las conversaciones de la habitación del tercer piso y el equipo de grabación lo ubicara en el dormitorio de “C”, quien diariamente entregaba las cintas de audio al comandante Pablo Quinteros Tello en un punto de contacto de un centro comercial. Quinteros luego las traía al SIN y entonces se procedía a transcribirlas para luego informarle de algún hecho especial que motive su atención.

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Es así como fuimos obteniendo progresivamente valiosa información sobre los detalles de la vigilancia del inmueble donde –no se conocía aún–estaban ocultos Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo. Por expresa indicación del presidente Fujimori –que estuvo al tanto del hecho– no se interfirió en absoluto con la misión que muy profesionalmente venía desarrollando el personal del GEIN. Para casi fines de agosto de 1992, las tareas de observación y vigilancia sobre el objetivo incrementaron su intensidad. Para entonces ya se habían adaptado, y adoptado, todas las medidas de seguridad para cualquier intervención. En vista de ello Benedicto Jiménez dispuso la instalación de un servicio permanente que apoyara con vehículos debidamente equipados al puesto de vigilancia.

Dos momentos memorables de la noche de la captura. Abimael Guzmán Reinoso dice que lo podrán detener, pero que su pensamiento seguirá intacto en la revolución mundial. En la otra foto se muestra resignado, al lado de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo.

Apartir de ese momento las tareas aumentaron exponencialmente, al punto de haber logrado diseñar, muy hábilmente, toda una operación para tener a disposición los desperdicios de la cuadra con un vehículo alquilado que simulaba ser el recogedor ordinario y habitual de basura, pero en realidad esta unidad de transporte estaba conducida y manipulada por personal encubierto de la DINCOTE. Con esta ingeniosa fachada se recogía con facilidad, y toda normalidad, la bolsa de basura que entregaba nada menos que la joven mujer vigilada, a la que ya nos hemos referido. Recibido el paquete, este se trasladaba a la DINCOTE con el fin de analizar pormenorizadamente su contenido.
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Esta serie de operaciones que constituyeron el derrotero final fueron ejecutadas escrupulosamente, lo que determinó que Benedicto Jiménez Bacca contará con una sólida base para llevar adelante la fase final de la operación de inteligencia “Victoria”. El excelente trabajo del personal de la DINCOTE concluyó a las 20:45 horas del 12 de septiembre de 1992, cuando el inmueble ubicado en la Calle 1 Nº 459 Los Sauces, Surquillo, fue intervenido y en él se capturara a Abimael Guzmán Reinoso, Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, María Eugenia Pantoja Sánchez, Laura Zambrano Padilla, Maritza Garrido Lecca –la bella joven que conducía el vehículo marca Hyundai color granate– y su pareja Carlos Andrés Incháustegui De Gola, el hombre de la “chivita”. La noticia explotó en todos los medios de comunicación del Perú y del mundo. Las redacciones de los medios escritos, las cabinas de las radioemisoras y los sets de televisión se remecieron como ante un sismo de gran intensidad. Esa noche y el día siguiente constituyeron jornadas de intenso júbilo para todo el país. En todos los confines de la patria se respiró el ambiente que se respira el día de la liberación de la opresión o las cadenas a las que nos somete un invasor. En realidad se iniciaba la liberación del Perú del yugo del terror. Ese día de la intervención marcó un hito histórico en la lucha contra la red terrorista Sendero Luminoso, a partir del cual comienza otra etapa sustancialmente diferente a la anterior, pues ahora había que enfocar la lucha más en el campo de las ideas y desde la perspectiva de la Guerra Asimétrica como variable principal de la Guerra de Cuarta Generación. El presidente Fujimori en su condición de Jefe Supremo de la Policía Nacional hizo uso de las facultades que le confería la Ley de Situación Policial y otorgó el ascenso al grado inmediato superior a todo el personal de la DINCOTE perteneciente al GEIN por haber protagonizado excepcionales y meritorias acciones en la lucha contra el terrorismo, haciendo de esta manera un extraordinario aporte a la Pacificación Nacional. Por mandato de la Ley de Situación Policial, la aplicación de esta facultad potestativa sólo se podía aplicar hasta el grado de comandante, y así se hizo con Benedicto Jiménez que ascendió al
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grado de coronel. Hubo dos lamentables excepciones, el comandante Marco Miyashiro Arashiro y el técnico Cápac, quienes no fueron considerados en el ascenso otorgado al personal del GEIN, en mérito a una arbitraria investigación del Inspector de la DINCOTE, coronel Estremadoyro, que los consideró de manera abusiva como presuntos responsables de la supuesta venta de un video sobre la captura de Abimael Guzmán Reinoso y otros en que aparecían imágenes del general Ketín Vidal conversando con el líder senderista el 12 de septiembre de 1992. Esta imputación es completamente falsa, y en consecuencia el que no fueran considerados para un ascenso constituyó una escandalosa injusticia. Como la Ley de Situación Policial no permitía el ascenso al grado inmediato superior de un general de la Policía, me permití sugerir al presidente Alberto Fujimori que por esta única vez y de manera excepcional el Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional dispusiera el ascenso del general Vidal Herrera al grado inmediato superior de teniente general. El presidente Fujimori me encargó hacer el proyecto de dispositivo legal correspondiente para luego someter éste a consideración del Consejo de Ministros. Merced a esta sugerencia y a la aceptación de la misma por el Jefe de Estado, el 22 de octubre de 1992 el diario oficial “El Peruano” publicó en la separata de normas legales el siguiente Decreto Ley:

DECRETO LEY Nº 25766
Ascienden al Grado de Teniente General de la Policía Nacional del Perú EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA POR CUANTO: El Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional, con el voto aprobatorio del Consejo de Ministros, ha dado el Decreto Ley siguiente: Artículo Único.- Asciéndase a partir de la fecha, por excepcional acción meritoria, al Grado de Teniente General de la Policía Nacional del Perú, al General PNP Antonio Ketín VIDAL HERRERA.
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Dado en la Casa de Gobierno, en Lima, al primer día del mes de octubre de mil novecientos noventidós. ALBERTO FUJIMORI FUJIMORI Presidente Constitucional de la República OSCAR DE LA PUENTE RAYGADA Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Relaciones Exteriores, VÍCTOR MALCA VILLANUEVA Ministro de Defensa, CARLOS BOLOÑA BEHR Ministro de Economía y Finanzas, JUAN BRIONES DÁVILA Ministro del Interior, FERNANDO VEGASANTAGADEAMinistro de Justicia, VÍCTOR PAREDES GUERRA Ministro de Salud, ABSALON VÁSQUEZ VILLANUEVA Ministro de Agricultura, JORGE CAMET DICKMANN Ministro de Industria, Comercio Interior, Turismo e Integración, DANIEL HOKAMA TOKASHILO Ministro de Energía y Minas, AUGUSTO ANTONIOLI VÁSQUEZ Ministro de Trabajo y Promoción Social, ALFREDO ROSS ANTEZANA Ministro de Transportes y Comunicaciones, Vivienda y Construcción, JAIME SOBERO TAIRA Ministro de Pesquería, ALBERTO VARILLAS MONTENEGRO Ministro de Educación, MÁXIMO MANUEL VARA OCHOA Ministro de la Presidencia. POR TANTO: Mando se publique y cumpla, Lima, 1 de octubre de 1992. ALBERTO FUJIMORI FUJIMORI Presidente Constitucional de la República OSCAR DE LAPUENTE RAYGADA Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Relaciones Exteriores, JUAN BRIONES DÁVILA Ministro del Interior. El 5 de octubre de 1992 el ingeniero Alberto Fujimori concurrió a un evento especial en el Salón de Actos del Club de la Policía ubicado en el distrito limeño de Surco. Habían transcurrido tres semanas desde la captura de Abimael Guzmán, el líder de la red Sendero Luminoso. El ingeniero Fujimori se hacía presente en ese lugar para cumplir con la promesa del Gobierno peruano de entregar al personal del GEIN la suma de un millón de dólares que había ofrecido como recompensa por la captura de este cabecilla terrorista.
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Los fondos fueron proporcionados por el Servicio de Inteligencia Nacional, con cargo a su presupuesto ordinario de acciones reservadas para cumplir con los fines de la seguridad nacional. Estos fondos de dinero hicieron posible entregar diez mil dólares americanos a cada uno de los efectivos del GEIN, con excepción de Marco Miyashiro que no recibió su parte; pero por iniciativa de Benedicto Jiménez todo el equipo que laboró en la captura de Guzmán, en un gesto de solidaridad que los enaltece, dio una cuota personal para que Miyashiro recibiera también los diez mil dólares que en justicia le correspondía. Cuando mediante un Decreto Ley, el Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional asciende al grado de teniente general a Ketín Vidal Herrera, éste, al ostentar dicha jerarquía policial desde el 1 de octubre de 1992, pasó a ocupar el tercer puesto en orden de antigüedad en el escalafón de su institución, teniendo como más antiguos sólo al director general de la PNP, teniente general Alva Placencia, y al jefe de Estado Mayor de la PNP, teniente general Zuta Valqui. En tal sentido le correspondió ocupar –por disposición de la Ley de Situación Policial– el cargo de Inspector de la PNP que es el tercero en la estructura jerárquica policial. Por tanto, en vista de su antigüedad en la Policía y por el hecho de su nombramiento como Inspector de la PNP, ya Vidal no podía continuar en el comando de la DINCOTE. Esa fue la razón de su cambio de colocación, cambio que lo puso en línea de carrera para asumir el comando de la PNP años después. Al ascender Ketín Vidal del grado de coronel a general –según hemos visto– se desempeñaba como Director Nacional de Contrainteligencia del SIN, siendo relevado en esa dirección por el coronel PNP Carlos Domínguez Solís, quien asume oficialmente la jefatura de la DINCOTE el 1 de enero de 1993. Domínguez es a su vez relevado como director de Contrainteligencia del SIN. El general Domínguez es uno de los policías más brillantes de su institución. Domina los idiomas inglés, francés y alemán, y se ha capacitado en la rama de investigación en Francia, Alemania, Estados Unidos y Canadá. Proviene de las canteras de la Policía de Investigaciones del Perú (PIP) y del SIN y durante los 3 años
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que estuvo en el comando de la DINCOTE (1993, 1994 y 1995) se produjeron capturas de importantes dirigentes de las dos redes terroristas. Es el caso –a guisa de comentario– referirnos al frustrado proyecto de asalto y toma del Congreso de la República en 1995 por un comando operativo del MRTA. Este proyecto criminal abortó felizmente por la oportuna intervención personal del general Domínguez y sus agentes de la DINCOTE. Cuando el 20 de junio de 1992 cae detenido Luis Alberto Arana Franco, al ponerse fin a la operación de inteligencia “Huascaura” y estando vigente la Ley de Arrepentimiento, éste se acogió al Beneficio de Exención de la pena por la valiosa información que brindó para que la DINCOTE pudiera llegar hasta el inmueble donde se encontraba oculto Abimael Guzmán Reinoso. Arana Franco salió recién en libertad cuando se aprobó el reglamento de dicha ley mediante el D.S. Nº 015-93-JUS del 8 de mayo de 1993. El informe de la DINCOTE fue determinante para que el Organo Jurisdiccional le otorgara dicho beneficio al solicitante Arana Franco. El presidente Fujimori le encargó especialmente al ministro de Justicia de aquel entonces, Fernando Vega Santa Gadea, que en su condición de nexo natural entre el Poder Ejecutivo y Poder Judicial hiciera un seguimiento minucioso a dicho trámite y vea se le otorgue a Arana Franco, además de su libertad, los beneficios complementarios de una nueva identidad, y la asignación de los recursos económicos necesarios para la obtención de un trabajo en el extranjero, así como las máximas medidas de seguridad a su integridad personal y familiar, como un reconocimiento del Estado peruano por su aporte a la ubicación y captura de Abimael Guzmán Reinoso. Por tanto, las capturas de Abimael Guzmán Reinoso y de Elena Iparraguirre por la DINCOTE, deben verse como un paso sumamente importante y decisivo en el proceso de pacificación nacional e, igualmente, como el resultado lógico de un trabajo eficiente, paciente, profesional y comprometido. A partir de estas premisas, gradualmente, se fue capturando a mandos cada vez más importantes del senderismo. Es indudable que la “caída” de estos dirigentes fue mucho más allá de un simple accidente
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de trabajo, como pretendieron plantearlo los senderistas en un principio. En la práctica significó un durísimo golpe que echó por tierra sus planes de concretar el voceado “equilibrio estratégico” que entonces acababan de proclamar en un evento del partido. Este “accidente de trabajo” significó el desmantelamiento de sus órganos de dirección, y provocó que un número cada vez mayor de “periféricos o apoyantes” y de “masas” se acogieran a las leyes sobre arrepentimiento o, simplemente, se aparten del partido. Desde otra perspectiva, la histórica y decisiva captura de Guzmán, Iparraguirre y compañía, inmediatamente generó en la ciudadanía un clima de confianza. Confianza en la conducción política del Estado y en las instituciones estatales especializadas en la lucha contra el terrorismo y la subversión.

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CAPÍTULO VI
LA CAPITULACIÓN DE ABIMAEL GUZMÁN REINOSO

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VI.
Pese a todos estos éxitos que culminaron con la captura de los cabecillas de las dos redes terroristas, Abimael Guzmán Reinoso (a) “Gonzalo”, de Sendero Luminoso; y Víctor Polay Campos (a) “Rolando”, del MRTA, el presidente Fujimori fue consciente que estos logros no necesariamente significaban la derrota del terrorismo, de allí que para impedir que el Perú continúe sufriendo esa etapa de destrucción y muerte se propuso dos objetivos políticos inmediatos: – Primero, evitar el reagrupamiento y reorganización de las redes terroristas; y, – Segundo, conseguir que una cantidad de dirigentes y militantes se aparten de la lucha armada mediante la aplicación de la Ley de Arrepentimiento. Ahora bien, si dejamos de lado el llamado “mito Gonzalo” cuidadosamente construido por Sendero Luminoso alrededor de su cabecilla, lo único cierto y real es que Abimael Guzmán Reinoso es un hombre como cualquier otro y por tanto está sometido a los condicionamientos de la sociedad y del medio familiar e intelectual en el que se ha desarrollado. En este orden de ideas podemos concluir que es un individuo con un carácter y personalidad específicas, sujeto a pasiones, ambiciones, debilidades, temores, vanidades y todo el conjunto de valores y flaquezas que determinan y configuran a la persona humana en la sociedad. Si bien la captura de Abimael Guzmán Reinoso y de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo fueron un golpe contundente propinado al terrorismo, una importantísima victoria táctica de la DINCOTE contra la red Sendero Luminoso, el Estado peruano requería una derrota estratégica de la organización, a fin de revertir
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más de una década de violencia y destrucción que impedía el desarrollo del país, pues sólo de esta manera se podía sentar las bases para el despegue sin el peligro de esa amenaza. Es por ello que después de estas capturas y poco antes de que se diese inicio al proceso judicial que se les siguió a los cabecillas mencionados, se presentó la oportunidad propicia para someterlos a una Operación Especial de Inteligencia (OEI), aprovechando que se encontraban en un Centro de Reclusión Militar y bajo aislamiento. Esto debía hacerse con el objeto de que mediante un manejo psicológico, adecuadamente conducido, ellos llegaran al convencimiento de la necesidad de dar término a la violencia terrorista, en vista de que su aventura ya no tenía ninguna posibilidad de éxito, de que continuar en la lucha solo conduciría a la liquidación total y fracaso vergonzoso de su causa. Dicho con otras palabras, se pretendía que capitularan en toda la línea. De acuerdo a este concepto inicial el presidente Fujimori aprueba la recomendación que se le presentara y disponía que el

La enorme jaula donde fue presentado Abimael Guzmán Reinoso a la prensa nacional e internacional. Luego fue trasladado a lsla San Lorenzo 160

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Servicio de Inteligencia Nacional formulara el Plan de Operaciones de Inteligencia correspondiente. El Jefe de Estado me encarga la responsabilidad de conducir personalmente –como oficial del caso– la operación, en el más estricto secreto, debiendo sólo él ser informado del grado de avance y de los resultados obtenidos. El plan, formulado a fines de septiembre de 1992 se denominó “Misti 92”, y yo como arequipeño de pura cepa, usé este nombre emblemático para significar que el Estado peruano podía ser en su defensa también un volcán, y qué volcán más majestuoso y otrora temido que el Misti. Para neutralizar la amenaza cotidiana del terror colectivo instaurada por la guerra que había iniciado la banda terrorista de, curiosamente, otro arequipeño, Abimael Guzmán Reinoso, hablaría la montaña tutelar de la Ciudad Blanca. Para ese entonces ya había ocurrido el cruel y repudiable atentado terrorista en la calle Tarata –ubicada en el distrito de Miraflores del departamento de Lima–, donde el 16 de julio de 1992 siendo las 21:05 horas un comando operativo de la red terrorista Sendero Luminoso hizo explotar un coche bomba con 600 kilogramos de dinamita y anfo. La estruendosa explosión causó la muerte de 25 personas, e hirió a otros cientos, dejando, además 400 familias damnificadas por los cuantiosos daños materiales ocasionados. Este espantoso ataque terrorista, dirigido exclusivamente contra blancos civiles, mostró al país la entraña más cruel y homicida de Sendero Luminoso, pues la explosión producida fue un verdadero monumento a la barbarie y al crimen. Ya hemos dado cuenta de muertos, heridos y damnificados, pero lo que mejor ilustra la brutalidad e humanidad sin límites del terrorismo son los daños que sufriera una niña de 5 años de edad, Vanesa Quiroga, hija de una humilde vendedora que tenía un puesto ambulante en el lugar del atentado. Esta pequeña perdió la pierna izquierda como efecto de la devastadora explosión y se convirtió por ello en el símbolo de una tragedia indescriptible como fue el atentado de la calle Tarata. Este atentado, que superó a muchos por lo bestial e inhumano, sirvió para que la nación tomara conciencia de que las hordas senderistas estaban ya en Lima y eran capaces de cualquier cosa. Había que poner un punto de quiebre a esta peligrosa y demencial situación de violencia.
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Entonces, en armonía con los objetivos nacionales y en concordancia con los objetivos políticos de gobierno, me fijé dos objetivos de inteligencia que debía lograr en la Operación Especial de Inteligencia y que son: – Primero, lograr la capitulación de Abimael Guzmán Reinoso (a) “Gonzalo” y de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam”, como máximos dirigentes de la red terrorista; y, – Segundo, lograr la división o escisión de la red terrorista Sendero Luminoso produciendo de esta manera la ruptura orgánica de la agrupación. Estando a estos dos objetivos de inteligencia, la misión asignada en el plan de operaciones fue la siguiente: El Servicio de Inteligencia Nacional se encargaría de desarrollar una operación especial de inteligencia, destinada a establecer contacto en el centro de reclusión de la Base Naval del Callao con Abimael Guzmán Reinoso (a) “Gonzalo” y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam”, miembros titulares del Comité Permanente de la red terrorista Sendero Luminoso, con la finalidad de ganar la confianza, elaborar sus correspondientes perfiles, y conocer la concepción, organización, manejo, antecedentes históricos y otros, de estos detenidos. Asimismo, una vez conseguida la aproximación y alcanzados los objetivos previstos anteriormente, se trataría de crear una situación emocional adecuada para que dichas personas, en forma voluntaria, acepten la derrota de su organización y la necesidad de dar término definitivamente a la guerra interna en el Perú, mediante la capitulación. Para el cumplimiento de la misión, se determinó que la operación especial de inteligencia debía desarrollarse en dos etapas: La primera, en la que personal del Servicio de Inteligencia Nacional efectuase una aproximación a Abimael Guzmán Reinoso (a) “Gonzalo” y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam”, con el objetivo de generar una empatía que permitiese establecer con ellos un diálogo de adecuada fluidez, a fin de conocer: – Aspectos desconocidos de sus biografías
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– Las características de sus personalidades. – El grado de solidez intelectual y formación ideológica. – La opinión que tienen sobre la situación actual del país. – Su percepción sobre la política del gobierno respecto a la subversión. – Su opinión acerca de los partidos políticos. – Su apreciación personal sobre la actuación de los Servicios de Inteligencia. – Su opinión acerca del rol de las fuerzas del orden en la lucha contrasubversiva. – Su opinión sobre el clero. – Su estado de salud y necesidades primarias. La segunda: una vez conseguida la aproximación, establecido el diálogo y alcanzados los objetivos iniciales de la primera etapa, se daría inicio a la segunda etapa de la operación especial de inteligencia, con la finalidad de que tanto Abimael Guzmán Reinoso (a) “Gonzalo” como Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam” acepten espontánea y voluntariamente la derrota de su organización y la necesidad de dar término a la guerra interna que desde hacía doce años vivía el país, mediante la capitulación. Esto presuponía: – Reconocer que el Gobierno había recuperado la iniciativa y que Sendero Luminoso estaba en irreversible retroceso. – Reconocer el hecho de que cada vez era mayor el número de bajas y detenidos senderistas. – Reconocer que la inmensa mayoría de la población rechazaba a Sendero Luminoso. – Reconocer que la ciudadanía estaba cada día mostrando mayor disposición a colaborar con las fuerzas del orden. – Reconocer que sus capturas han significado un rudo golpe y el descabezamiento de su organización. – Reconocer que los Comités Regionales y Zonales de Sendero Luminoso estaban a la deriva o habían sido desactivados y que el llamado Ejército Guerrillero Popular (EGP) venía sufriendo derrota tras derrota.
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– Reconocer que ante este panorama, carecía de todo sentido continuar una lucha que adolecía de apoyo popular y no tenía la menor perspectiva de éxito, por lo que, de no aceptar esta realidad, estarían actuando con absoluta falta de objetividad, conducta que es impropia en quienes se proclaman marxistasleninistas-maoístas. –Reconocer que si se mantuviesen aferrados a una actitud rígida, lo único que obtendrían es que cada día fuese mayor el número de bajas senderistas y ellos serían los únicos responsables de esto. A estas alturas, en el Servicio de Inteligencia Nacional teníamos una clara comprensión de que las amenazas a la seguridad nacional del Perú provenían de actores internos no estatales asimétricos que estaban interactuando en alianza con organizaciones criminales transnacionales, quienes venían desarrollando una Guerra de Cuarta Generación –reitero– cuya característica principal es la Guerra Asimétrica contra el Estado peruano iniciada y ejecutada por la red terrorista Sendero Luminoso en conjunción estratégica con los cárteles del narcotráfico. También éramos conscientes de que este tipo de guerra doctrinariamente había que librarla desde un alto terreno moral, lo que implicaba una conjunción de ideas y tecnología. Por tanto, estaba claro que los ejes centrales en las formas de enfrentar y hacer la guerra son, primero las ideas y, luego, la tecnología. Consecuentemente, los factores de dominación en las guerras de Cuarta Generación no son los que provienen de la tecnología –si bien tienen un elevado impacto en el desarrollo de la misma–, sino los que derivan de las ideas. Dentro de este esquema estratégico, quienes se amolden o adapten a las oportunidades de innovación en el campo de las ideas –que son el producto de diversos factores– obtendrían y obtendrán ventaja con respecto al enemigo. Debíamos pues –y debemos– afrontar la amenaza de la Cuarta Generación con mejores ideas. Tomando como marco de referencia conceptual estas vigas maestras, se da inicio a una inédita operación especial de inteligencia, única en la historia de la comunidad de inteligencia peruana, lo cual
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constituyó un auténtico reto en mi carrera profesional como oficial de Inteligencia, y una enorme responsabilidad que asumí consciente de que debía estar a la altura de la misión encomendada. Tenía que demostrar la superioridad ética del Estado frente a la violencia homicida de Sendero Luminoso y ahora se presentaba la oportunidad al conducir personalmente –como oficial del caso– la operación que me pondría frente a frente nada menos que con Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, los dos máximos dirigentes de la red terrorista Sendero Luminoso. ¿Estaré a la altura de la misión?, me pregunté una y otra vez. Era una interrogación íntima, motivada más que por la duda, por la gravedad del encargo. Pero, en puridad de verdad, tenía la más firme convicción de que cumpliría ese encargo, y lograría los dos objetivos de inteligencia que me propuse para esta operación. No estaba en lo absoluto nervioso, pero sí algo emocionado por el inicio de esta tarea, la más importante de mi vida profesional. Me relajé antes de partir al encuentro de Guzmán e Iparraguirre. En mi dormitorio, sin nadie que me interrumpiera, como así lo dispuse, prendí el equipo de música y coloqué los discos compactos. Sin pensar por el momento en nada, me dejé llevar, me dejé transportar

El líder senderista estaba celosamente custodiado por personal de la Infantería de Marina en la Isla San Lorenzo. 165

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por las notas musicales de la tercera y luego la quinta sinfonías de Ludwig van Beethoven interpretadas por la famosa “Berlin Philharmonic Orchestra” bajo la dirección del celebérrimo maestro Herbert von Karajan. Según los melómanos entendidos, las mejores versiones de esas dos obras maestras. Cuando la música del gran autor alemán cesó, me incorporé y partí hacia mi destino, la Isla San Lorenzo. Durante el trayecto de la sede del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) hacia la Base Naval del Callao estuve pensativo repasando mentalmente todas las técnicas de aproximación al objetivo, para evitar generar suspicacias o desconfianza al realizar el contacto personal. Abrí una vez más la carpeta que contenía la “Ficha Básica de Personalidad” de Abimael Guzmán Reinoso, ficha que se tenía en la Base de Datos del SIN. La lectura de esta información era para un refresco de lo conocido de este enigmático personaje, alrededor del cual se había formado todo un mito, al punto de haberse elevado sus ideas y planteamientos al nivel de una categoría dialéctica, el llamado “Pensamiento Gonzalo”. Con una pretensión bastante audaz, los senderistas colocaban este cuerpo de ideas en el mismo plano que el pensamiento de Marx, Lenin o Mao. Me entretuve releyendo también durante el trayecto el contenido de su tesis “El Estado Democrático Burgués”. Me detuve en esa relectura cuando llegamos a la Base Naval del Callao. Fui recibido por el Director de Inteligencia Naval, quien nos condujo directamente hacia la Escuela Naval en La Punta. Allí nos esperaba el director de ese centro de estudios, quien inmediatamente nos guió hasta el muelle donde se encontraba una embarcación que desde ese día sirvió de transporte durante todo el tiempo que Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo permanecieron recluidos en la Isla San Lorenzo. Al llegar a la Isla San Lorenzo con personal y equipo técnico de apoyo del SIN, fuimos recibidos por el jefe de las instalaciones navales allí existentes. Este nos llevó a sus oficinas para esperar
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la llegada de los vehículos en los que nos transportaríamos al otro lado de la isla, lugar donde estaban recluidos Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, bajo custodia del personal de la Fuerza de Operaciones Especiales (FOES) de la Marina de Guerra del Perú –a cargo de la seguridad externa– y de elementos de la Dirección de Inteligencia Naval, quienes eran los responsables de la custodia directa y personal de los detenidos. Luego de una breve espera nos desplazamos en dos carros militares hasta llegar al área de reclusión y la primera impresión que tuve fue de asombro. Sí, de asombro, pues no me imaginé que la casa donde se alojaba el presidente Fujimori cuando iba de descanso los fines de semana a la mencionada isla, se había acondicionado como local de prisión exclusiva para Abimael Guzmán Reinoso. Adecuado a dicha situación coyuntural, el inmueble se encontraba rodeado de concertinas (alambradas de púas en forma ovalada), trampas cazabobos y minas antipersonales. Entre tanto, en los contornos exteriores personal del FOES tenía cuatro fortines con ametralladoras calibre punto 50, y se había construido un pequeño y único camino desde el exterior al interior de la vivienda, pues el resto era intransitable. Asimismo, se veía en el mar dos cañoneras y un submarino que brindaban protección acuática a la isla y los botes zodiac monomotores con elementos del FOES en estado de alerta. Es decir, toda una parafernalia bélica. Cabe señalar que el personal naval a cargo de la seguridad interna y externa estaba fuertemente armado y tenía el rostro cubierto con pasamontañas, dizque para que Abimael Guzmán Reinoso no conozca sus caras y pueda identificarlos posteriormente. Es por esta razón que gentilmente los marinos me ofrecieron un pasamontañas para colocármelo, pero con la misma cortesía, y con una sonrisa amable, rehusé esa prenda. Aceptar ese ofrecimiento contradecía la naturaleza del trabajo de inteligencia que se desarrollaría y la misión de nuestro Plan de Operaciones de Inteligencia. Había, pues, que contactar a los objetivos a rostro abierto y sin temor alguno. Ahora bien, por razones de estrategia decidí entrevistar en primer lugar a Elena Albertina Iparraguirre Revoredo. Quería
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tener una apreciación directa de su perfil personal y conocer su comportamiento carcelario en condiciones en las que era visitada sin las rigideces propias que imponían sus custodios navales. Nuevamente se insistió en que me pusiera un pasamontañas para cubrirme el rostro, lo cual otra vez rechacé, para asombro y estupor de los miembros de la Marina de Guerra, que no alcanzaban a comprender, dentro de su formación tradicional y sus parámetros mentales clásicos, por qué razones me atrevía a conversar con elementos de la más alta peligrosidad mostrando el rostro y revelando mi verdadera identidad. Esa es la diferencia conceptual entre una formación convencional simétrica con un proceder que guarde coherencia con la situación real que se vivía, que nada tenía que ver con esa formación, por respetable que fuese. Había que actuar, en toda circunstancia, sin perder de vista la lógica de la Guerra Asimétrica o Guerra de Cuarta Generación. A esta concepción debía enfrentársele con una perspectiva ética y moral distinta, con ideas nuevas; era él único modo de luchar exitosamente contra actores no estatales internos que operaban contra el Estado peruano. Por su alta peligrosidad Elena Albertina Iparraguirre Revoredo estaba recluida en uno de los ambientes que ocupaban los mayordomos de la residencia presidencial, a unos cincuenta metros de distancia aproximadamente. En ese lugar se había acondicionado un alojamiento como celda unipersonal. Este ambiente disponía de una tarima de cemento como cama y un retrete que funcionaba en el mismo sitio. La puerta externa era de fierro con una barra vertical con cinco candados de seguridad y una pequeña ventanilla en la parte media superior de la puerta, que se abría desde el exterior y por donde le alcanzaban sus alimentos. Tuve que pasar el rito que consistía en esperar que el oficial encargado de la custodia de Iparraguirre se comunicara por radio con cada uno de los miembros del personal de oficiales que tenía en su poder la llave de un candado. Estos se encontraban ubicados descentralizadamente en cinco puntos diferentes de la isla. Se produjo el diálogo radial siguiente: – ¡Charlie Uno, Charlie Uno de Alfa!
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– ¡Alfa contesta, Charlie Uno! ¡Adelante! – ¡Charlie Uno, venga! – ¡Comprendido Alfa, voy! Y así sucesivamente el oficial con el indicativo Alfa fue llamando a cada uno de los cinco Charlies. Estos llegaron en distintos vehículos, escalonadamente, con su uniforme camuflado y el correspondiente pasamontañas que les cubría el rostro, con su respectiva llave colgada en una cadena alrededor del cuello. Luego de este procedimiento operativo vigente (POV) se abrió la puerta de la celda e ingresé solo. La primera escena que se presentó a mis ojos fue la de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo recostada en su cama. Cuando advirtió mi presencia, sin compañía alguna y vestido de civil, con polo y pantalón, se incorporó instantáneamente tal si fuera un resorte comprimido. Entonces para generar un escenario distendido y no sienta ella ninguna presión le digo: –Tranquila señora Elena. Siéntese, por favor... Y ante todo disculpe, buenos días. –Buenos días, señor. –¿Sería usted tan gentil de concederme unos minutos de su tiempo para saber cómo está y en qué puedo servirla? Mis palabras la sorprenden y desconciertan, vacila unos instantes antes de contestarme sentada al pie de su cama. –¡No lo puedo creer! ¡Usted es el doctor Montesinos en persona! –Sí, señora Elena, soy Vladimiro Montesinos Torres. Mucho gusto de conocerla, estoy a sus órdenes. –Increíble que usted venga a verme. ¿Sabe cómo está el doctor Guzmán? –me inquiere educadamente. –Sé que está muy bien –le contesto de modo calculadamente parco. –¿Lo ha visto usted? –No, señora Elena. Recién lo voy a ver después de usted. Pienso que primero son las damas y luego los caballeros.
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–Qué educado, doctor. –Gracias, señora Elena. Dígame, ¿cómo la tratan y qué necesita? –Yo estoy bien, el trato es correcto como prisionera de guerra. –¿Qué desea le transmita al señor Abimael Guzmán en su nombre? –¿Puede llevarle algún recado mío? –Sí, claro, señora Elena. Le voy a proporcionar una hoja de papel, escríbale una nota. –Sí, una nota… –Pero no una carta de amor –bromeo. Su reacción es positiva, la ayuda a distenderse. –Ja, ja, ja, ja... –suelta una espontánea carcajada. En realidad nos reímos los dos al unísono y pronto percibo que así estaba logrando obtener alguna apertura de su parte. Solicité una hoja de papel y entró un oficial del FOES con pasamontañas, con un fólder con papeles; tomo uno y se lo entrego. –No tengo lapicero. ¿Me podría proporcionar uno? –Un momento –le contesto. Abro la puerta, que estaba junta, y le pido al oficial que me dé un lapicero, pues el mío estaba en mi maletín de mano. Este me alcanza uno y le indico que por favor le diga al personal que dentro de cinco minutos nos constituiremos al otro lugar. El oficial no me contesta y le repregunto: –Señor, ¿me escuchó usted? ¿Me entendió el servicio que le he solicitado? El FOES sigue mudo y no me contesta, y entonces le pregunto a su jefe: –¿Por qué no contesta? ¿Qué pasa? –Nada, señor, sólo que tenemos la orden de no hablar delante de los detenidos, pues nos pueden en el futuro identificar por la voz.
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Sonreí para mis adentros y pensé luego: ¡Qué tal fetichismo de esta gente, que tal rigidez mental! Son unos rígidos mentales. Sin duda, había que cambiar la formación militar de esta gente para adaptarla a lo que ocurría fuera de sus manuales castrenses, a este nuevo tipo de guerra. Después de recibir el bolígrafo del oficial “mudo”, entrego éste a la señora Iparraguirre y ella escribe una nota para Abimael Guzmán. Luego me la da, diciéndome: día. –¡Gracias! ¡Muchas gracias! Espero volver a verlo algún otro

–¿Usted quisiera que la visite en otras ocasiones? –le pregunto muy cortésmente. Ella sonriente y distendida me contesta: –¡Por supuesto! Me agradaría volver a verlo. –Así será, señora Elena. Volveré. Con su permiso. Le extendí la mano para despedirme y ella hizo lo mismo. Dentro de mí sentía la satisfacción y convicción de haber puesto de esa manera tan simple y expeditiva los cimientos de lo que posteriormente sería un largo año de conversaciones, conversaciones que más tarde rindieron sus frutos al concretarse la capitulación y posterior división, o escisión, de la red terrorista Sendero Luminoso. Inmediatamente me dirigí al otro local donde estaba recluido Abimael Guzmán Reinoso. Antes de entrar, el oficial al mando pidió las identificaciones correspondientes para anotar nuestro ingreso en su bitácora de control de personas que llegan a entrevistar –por cualquier razón– al detenido. Luego de las formalidades respectivas indicó que deberíamos ponernos los pasamontañas, pues esas eran las consignas del oficial de guardia. –Vea –le dije–, nosotros venimos en una misión especial y nos guiamos por otros protocolos que usted no entendería, como tampoco entendería por qué motivos venimos a ver a Guzmán. El oficial al mando pareció sentir la pegada de mis palabras, pero se puso rígido, no se amoscó y dijo, con voz majadera:
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–Disculpe señor, ¡esas son mis consignas! –Me parece correcto que las cumpla, pero recuerde que toda regla tiene su excepción y este es el caso. Consulte usted con su comando. Sin abandonar la rigidez, más bien acentuándola, empezó a comunicarse por radio. Después de unos minutos que hizo las consultas del caso, se cuadró. Le habían ordenado que no interfiriera en la misión de los miembros del SIN. –Adelante, señor. Pueden pasar, pero no deja de preocuparme que ingresen a rostro libre. ¡Estos terrucos son unos criminales, señor! No tienen piedad de nadie. Tenía razón el oficial, este muchacho que trataba de protegerme, los terrucos no tienen piedad de nadie. En cambio, yo sí sentí un poco de piedad por su ingenua preocupación. –Gracias, señor –respondí volviendo a constatar cómo la mentalidad militar tradicional estaba impregnada de distorsiones conceptuales y de una visión tubular e inflexible. Al ingresar al interior del local con el personal del SIN –camarógrafos, fotógrafos y un asesor de apoyo– nos encontramos con una habitación que tenía una mesa y varias sillas, y a continuación con otro ambiente, que estaba cerrado con una puerta de fierro compacta y una barra externa colocada en forma vertical con cinco candados de seguridad. Tuvimos que pasar por el mismo ritual de la vez anterior: que Alfa se comunicara radialmente con Bravo Uno, Bravo Dos, Bravo Tres, Bravo Cuatro y Bravo Cinco a fin de que éstos se apersonaran al lugar, como efectivamente sucedió. Llegaron escalonadamente uno por uno e iban ingresando con el rostro cubierto con un pasamontañas y la llave colgada con una cadena al cuello para abrir el candado que les había sido confiado. Una vez concluido con este anacrónico procedimiento se dispuso el retiro de todo el personal de seguridad, a excepción de un oficial de la Dirección de Inteligencia Naval, quien abriría la puerta
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de fierro para que salga Abimael Guzmán Reinoso en el momento que se le indique, pues los elementos técnicos del SIN tenían que adecuar el escenario antes de establecer contacto con el objetivo. Esta adecuación del escenario demoró aproximadamente una hora, pues era necesario que el sistema de filmación y grabación se instalara de manera encubierta, como una medida de contingencia, si es que nuestro objetivo pusiera reparos a una filmación abierta. Era necesario perennizar el proceso de conversaciones con el propósito de analizar cada sesión y determinar el curso de acción pertinente para el logro de los objetivos de inteligencia propuestos. Una vez listo el “escenario de contacto”, procedí a disponer que el oficial de Inteligencia Naval abriera la puerta de fierro, la dejara abierta, y se retirara, pues en el lugar no debía estar ningún personal militar uniformado, y menos con pasamontañas. Esto último generaría anticuerpos en la conducta psicológica del objetivo y era de interés fundamental presentar un escenario distendido. Incluso, habíamos provisto música ambiental de fondo que permitiera oír secuencialmente las sinfonías de Beethoven. Estando todo listo me acerqué –solo– a la puerta, mientras el personal del SIN esperaba en lo que podríamos llamar la antesala. Tras la puerta estaba Abimael Guzmán Reinoso; me dirigí a él: –Buenos días, doctor Guzmán. ¿Me permite usted que ingrese? Guzmán, con el ceño fruncido y el rostro adusto, vistiendo su traje a rayas con el histórico número 1509 puesto a la altura del pecho, me contesta de manera cortante: –Buenos días –luego se queda callado. Obviamente no se había roto el hielo. Repregunto: –Señor, ¿puedo pasar? –Pase usted –agregó secamente. Seguía conservando un gesto inamistoso. Me presento y le digo:
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–Soy Vladimiro Montesinos, funcionario del Servicio de Inteligencia Nacional. Desearía conversar con usted. –Sí lo conozco, doctor. Sé quien es usted. ¿Qué desea conversar conmigo en estas condiciones? –pregunta mirándome fijamente. –Bueno, ante todo desearía darle alguna noticia de la señora Elena Iparraguirre, pues pienso que usted está preocupado por ella –le respondo sin decirle que tenía una nota manuscrita, la cual guardaba para usarla en el momento adecuado. –¿Usted la ha visto? ¿Ha conversado con ella? ¿Cómo está de salud?

Secuencia de fotos del primer diálogo con el líder senderista, Abimael Guzmán Reinoso, orientado hacia la capitulación. 174

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Había dado en el blanco: le faltaban palabras para seguir preguntándome. Era evidente que tenía un interés especial por ella. Entonces le digo: –Tranquilo, doctor. Tome usted asiento. Ya no percibo ningún gesto inamistoso en Guzmán. Este se sienta. –¡Gracias! ¡Muchas gracias por su amabilidad! –¿Puedo sentarme, doctor? –le pregunto. –¡Claro! ¡Tome asiento acá! –se acomoda en su cama dejando un espacio para que me siente. Había dado el primer paso que era romper el hielo y generar una mínima empatía con el objetivo. Luego me siento a su lado, como para estar en el mismo plano de altura, y entonces lanza la interrogante contenida: –Dígame, ¿cómo está Miriam? La pregunta, refiriéndose a Elena Iparraguirre, denota una honda preocupación, actitud que constituía para la estrategia de la operación algo sumamente positivo: ya estaba desarrollando la conversación en la línea adecuada. Aproveché entonces este estado de ánimo, que era una suerte de puerta abierta, un lado sumamente vulnerable de Guzmán. También era su lado humano y esto no lo ignoraba, pero yo tenía que cumplir con mi misión, que en el fondo de todo era un objetivo superior, nacional. En esta singular confrontación, paz y respeto a la vida de la persona humana eran las dos vigas maestras, las ideas fuerza que debían primar sobre la violencia y la muerte provocadas por la guerra que azotaba al Perú, y en la que Abimael Guzmán Reinoso había tenido –y podía tener como símbolo– un papel protagónico. Él encarnaba en su persona un historial de muerte y destrucción, pues bajo su liderazgo Sendero Luminoso había desatado el más grande conflicto de la historia peruana, conflicto que ya duraba doce largos años consecutivos sin viso aparente de solución. Ese era –nada menos– el hombre que tenía al frente. Estábamos solamente
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los dos en una habitación acondicionada como celda y sentados al borde de una cama. Si bien su presencia me producía una mezcla de sentimientos encontrados –lo que igualmente le sucedería a cualquier persona que está en desacuerdo con el uso planificado y sistemático del terror como un medio de lograr el apoyo de la población civil indefensa–, sin embargo por laborar en el Servicio de Inteligencia Nacional tenía la misión y el reto de hacerlo capitular y luego buscar la división de su red terrorista a fin de debilitarla para que cese la ola de muerte y destrucción que nos azotaba cotidianamente, y por ende retornen la paz y la tranquilidad en el país. Prosiguiendo con la secuencia de la entrevista inicial que sosteníamos los dos, y respondiendo a la pregunta sobre “Miriam” (Elena) le dije a Abimael Guzmán Reinoso como quien no quiere la cosa: –Está bien de salud. La vi tranquila. Creo que a Elena más le preocupa usted –puntualicé al final, como para estimular su soberbia masculina. –Me alegro, qué buena noticia –respondió Guzmán con inocultable alegría. –Durante el tiempo que la entrevisté su principal interés era la salud suya –insistí en enredarlo con sus propios sentimientos. –Ella quería saber si le proporcionaban las medicinas que requiere usted. Además me preguntó si le preparaban su dieta. Con sus preguntas de hombre visiblemente enamorado, Abimael Guzmán me daba la oportunidad –magnífica– de bombardearlo de respuestas gratas para él. Se las daba una tras otra, sin tregua, a fin de provocarle un conflicto de sentimientos, de causarle ansiedad, de ser posible. Es decir, buscaba que se sumiera en un estado de confusión y se convierta, por ende, en una persona sugestionable. Pero para mi asombro el cerebro de este hombre no dejaba de funcionar con normalidad, pese a la situación en la que se encontraba: un severo confinamiento carcelario que como hemos
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reseñado líneas arriba era el que correspondía a un criminal muy peligroso, y aún más. Guzmán, como abogado, era consciente de que luego de su proceso penal en el Fuero Privativo Militar le esperaba una condena a la pena de cadena perpetua. Pero a pesar de encontrarse recluido en un lugar de máxima seguridad, sin la más mínima opción de recuperar su libertad, volvió, después de estas muestras pasajeras de sentimentalismo, a tratarme con gran frialdad y sin inmutarse. De repente, como si se diera cuenta de mi juego, me responde otra cosa diferente. –Doctor, ¿ha leído usted “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir, la compañera de Sartre? Frente a esta súbita y extraña pregunta que lógicamente buscaba desconcertarme y pretendía a su vez conocer y medir astutamente el nivel intelectual de su interlocutor, retruqué esa jugada de ajedrez y moviendo el alfil en el tablero –por decirlo metafóricamente– a una posición estratégica buscando la respuesta del oponente que luego permita ir a una situación de jaque, respondí muy velozmente: –Sí, por supuesto, y además he leído su otra obra, “La mujer rota”, –y añadí con un tono sarcástico–, ¿qué opinión tiene usted de este libro? –¡Ah…! –exclamó Abimael Guzmán Reinoso algo sorprendido de la respuesta, respuesta que sin duda no esperaba del oficial del caso, que tenía frente a él. Comprendió entonces, rápidamente, que su interlocutor estaba entrenado para cualquier contingencia en el campo. Como buscando una justificación luego me dice: –Usted comprenderá, doctor, que la jefatura y conducción del Partido me insume mucho tiempo. Uno desearía leer muchos libros… pero a veces no se puede, ¿no? –Sí, por supuesto, tiene usted razón –contesté pensando que la mejor manera de no contradecir una estratagema de engaño era dándole la razón a quien la ejecuta y por eso agregué ipso facto: –A mí me sucede lo mismo, doctor. Las recargadas labores no me permiten leer lo que necesito, o deseo, sino lo que buenamente pueda.
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Coincidía deliberadamente con él para medir su reacción y estar atento ante su próxima jugada. Luego de esta breve, pero intensa confrontación verbal en la que cada parte hizo lo posible por doblegar a su oponente, Guzmán dejó entrever que no deseaba continuar con ese duelo y me dice, entonces, a modo de distender la conversación: –¿Me puede usted hacer un gran servicio, doctor? –No uno, sino dos –le respondo sonriente. –Gracias, gracias. Por favor, dígale a Miriam que estoy bien, que el personal de custodia me proporciona los medicamentos puntualmente. –¿Y cómo es la alimentación? –le pregunto. –Es buena; usted ha sido militar y conoce mejor que nadie el rancho de los militares. –Qué me va usted a decir, si todos los días paso rancho –le contesto y no puedo reprimir una carcajada. Por primera vez veo a Abimael Guzmán distenderse. Ambos reímos a carcajadas. –Ja, ja, ja, ja…Veo que tiene usted respuesta para todo. El hielo, evidentemente se había roto, lo cual era una buena señal porque ahora el trato podía pasar a ser más coloquial y menos acartonado. Hasta ese momento los dos nos habíamos medido, pero a partir de ese instante dejamos ese toma y daca y la entrevista se tornó menos tensa. Ese era el primer objetivo que buscaba para poder pasar al otro ambiente y se encuentre con todo el equipamiento instalado y el personal del SIN como veedores y técnicos listos para dar inicio formal a las conversaciones. Como para consolidar esta parte de la reunión, le pregunto a boca de jarro: –¿Qué le agradaría tener de la señora Elena en este preciso instante? Se queda pensativo un momento, me mira luego y lleva simultáneamente su mano derecha a la altura de la sien, se acaricia
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la cabeza y unos segundos más tarde, de lo más profundo de su ser, emerge una modestísima solicitud: –¡Quisiera tener algo de su letra entre mis manos, para leer una y otra vez sus palabras! –¿Eso lo haría feliz, doctor Guzmán? Su rostro resplandece, rejuvenece, en él se instala como por arte de magia, la mirada de un muchacho enamorado. El filósofo del terror ha transmutado en una suerte de poeta del amor. –¡Por supuesto, doctor! Con Miriam hemos compartido los grandes, tristes, buenos y malos momentos de la lucha. Usted sabe cómo es la vida del Partido... Pero siempre juntos. –Bien, entonces haré un poco de magia… –¿Magia? –Diré las palabras mágicas: “abracadabra, pata de cabra…” Estaba llevando mi ironía al extremo, pero ya iba sacando de uno de mis bolsillos la nota que Elena Iparraguirre Revoredo me diera para Abimael Guzmán Reinoso. Levanto, triunfante, como un auténtico adivino, la hoja de papel doblada, que haría feliz a “Gonzalo”. Luego se la alcanzo. –Esto es para usted. La señora Elena se lo envía. Extiende la mano, coge el papel, y mirándome dice conmovedoramente: –Señor, ¿podría leerlo? –Sí, claro, léalo. Es para usted. Yo sólo soy un emisario. –Mil gracias, doctor –me dice con los ojos brillantes, más emocionado que nunca. –Discúlpeme un instante, mientras leo la nota de Miriam. –Adelante, tómese su tiempo. Me paré de la cama como para darle un poco de intimidad a ese momento, y me puse a observarlo de soslayo, a unos tres metros de distancia. No cabía duda alguna que estaba frente a un hombre
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de carne y hueso que mostraba una faceta sentimental totalmente desconocida: era una persona enamorada que devoraba la carta de su amada. Imaginaba qué pensarían sus seguidores más fanáticos si vieran a este hombre, con un impresionante historial de muerte y destrucción, transformado de repente, de una manera tan burguesa y romántica. Terminó de leer, levantó la cabeza y me miró con un rostro sonriente, con la alegría al tope. –Le rogaría me conceda un favor. ¿Podría enviarle una notita a Miriam? –Hágalo en el mismo papel. –Pero no tengo lapicero –responde con el rostro compungido. –No se preocupe, tome éste –le alcanzo mi bolígrafo. Piensa un momento, y luego, sentado, procede a escribir apoyando el papel en su rodilla derecha. Un breve silencio mientras escribe, y luego me devuelve el lapicero y me entrega la nota. En esta se podía leer: “Miriam, mi única, siempre: estar lejos uno del otro, por más que supiéramos iba a ser así, estruja el corazón, leer tu carta cuánto bien me ha hecho. Abimael”. Doblé la nota y la guardé en mi bolsillo. –Tenemos que pasar a la otra habitación para iniciar la reunión oficial. –Pero… ¿por qué me tienen con este traje a rayas? –se recuperó pronto, como si hubiera agarrado fuerza después de leer la nota de “Miriam”. –Vea, doctor Guzmán, ese tema lo tratamos en el otro ambiente. Arréglese y por favor luego salga. Lo espero –le respondí con cierta firmeza. Salí de su habitación, dando por concluido este breve episodio de ablandamiento del objetivo a fin de iniciar la ronda de conversaciones que durante aproximadamente un mes se llevarían a cabo en la Isla San Lorenzo. Estas conversaciones posteriormente continuarían de modo alternado en la Base Naval del Callao –donde se construyó
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el Penal Militar– y el local de la Dirección de Inteligencia Naval ubicada en el “Alfarte”. Después de haber concluido la primera etapa de la operación y logrado uno de los objetivos propuestos, con fecha 8 de noviembre de 1992 se presentó el Primer Informe de Evaluación al ingeniero Alberto Fujimori. Este informe contiene una descripción sumaria de los avances logrados con respecto a la ejecución de esta primera etapa del Plan de Operaciones. En dicho documento se indicó que la primera entrevista se llevó a cabo después de haberse efectuado el contacto inicial directo y personal con Abimael Guzmán Reinoso, quien luego se mostró renuente a conversar con el personal del Servicio de Inteligencia Nacional que realizaba la Operación Especial de Inteligencia, argumentando que mientras se le tuviera vistiendo un traje a rayas, debía entender que se trataba de un interrogatorio policial y no de una conversación académica, como se le propuso al iniciar la entrevista. La idea preconcebida, consistía en exaltar su ego, así es que en términos convenientes se le dijo que tenía toda la razón, y que por ello se consultaría a la superioridad sobre la posibilidad de que no siga con esa ropa en la próxima entrevista. Entre tanto, se le planteó la necesidad de entablar con él un diálogo de carácter académico sobre la realidad nacional, presentándose el personal del Servicio de Inteligencia Nacional como su interlocutor académico, petición que fue aceptada por Abimael Guzmán Reinoso. En tal sentido la primera entrevista de aproximación al objetivo concluyó sin mayores contratiempos, con el ofrecimiento de gestionar ante las autoridades competentes la autorización para que en la próxima reunión Guzmán vista su propia ropa, para así estar en igualdad de armas entre las partes. Es menester señalar, a título de información importante, que en el primer encuentro y con la finalidad de ganar la iniciativa a Abimael Guzmán Reinoso –y romper su esquema mental– se le manifestó que entre el oficial del caso y su persona existían obvias e insalvables diferencias, pues mientras la organización
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bajo su liderazgo estaba por la muerte y destrucción en el país, su interlocutor más bien apostaba por la paz, la vida y el respeto de la persona humana. Esto fue puntualizado y precisado, obviamente, antes de concluir la entrevista. Sin embargo, se le hizo presente que entre ambas partes habían dos puntos de coincidencia: los dos interlocutores eran de

Augusta La Torre, fue a la única mujer que amó de corazón. Abimael narra cómo la conoció y quién fue en su vida personal. También dejó vislumbrar cómo murió su joven esposa.

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Arequipa y abogados de profesión. Entonces se le explicó que si las autoridades no daban luz verde para que se cambie el traje a rayas y vista su propia ropa para las sendas entrevistas, yo en mi calidad de interlocutor académico me pondría un traje a rayas similar, para conversar de igual a igual. En tal sentido se le recordó el aforismo “el hábito no hace al monje”. A efecto de poder superar la mencionada contingencia fue necesario que el departamento de cubiertas y disfraces del Servicio de Inteligencia Nacional procediera a confeccionar –en pocas horas– un traje a rayas que “tácticamente usaría” como el oficial del caso en las entrevistas, y que de acuerdo al planeamiento emplearía el criptónimo de “002”, el mismo que estaría frente al interno “1509”, o Abimael Guzmán Reinoso. Es así que antes de participar en la segunda entrevista llevé a la mano el traje a rayas –con el citado código de manera visible–, y luego lo coloqué sobre una silla que estaba ubicada alrededor de una mesa redonda en un ambiente contiguo a su celda. Cuando salió Abimael Guzmán Reinoso vistiendo el traje a rayas y se encontró a mi persona como el oficial del caso, y que a mi lado, en otra silla había otro traje a rayas, frunció el ceño y miró muy serio a sus interlocutores. Luego tomó asiento en una de las sillas colocadas alrededor de la mesa redonda. Estaba perplejo y desconcertado, y miraba de reojo, de tanto en tanto, el traje a rayas que estaba en la silla con el número 002 de manera visible y pegado a la altura del pecho. Más tarde le manifesté que si en un máximo de diez minutos no autorizaban el cambio del traje a rayas, a fin de que se vista con sus prendas personales, no habría ningún impedimento para que como interlocutor académico yo utilizara el traje que tenía a la vista y en ese caso ingresaría a su celda para mudarme de ropa. Guzmán contestó con un movimiento de cabeza en sentido afirmativo. Para distender esos minutos de espera y expectativa le invité al cabecilla terrorista un cigarrillo de marca Winston. Este aceptó complacido y empezó a fumar con placer, dando varias pitadas y haciendo volutas de humo en medio de un silencio que parecía interminable. De pronto sonó el teléfono insistentemente. Un
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auxiliar contestó lacónicamente con la frase “comprendido, señor”, y mirando al objetivo le dijo: –Puede usted cambiarse el traje a rayas. –Muchas gracias –contestó con una sonrisa y una cazurra mirada de arequipeño. –Lamento que no se pueda demostrar a un paisano arequipeño y a un colega abogado, la veracidad del aforismo “el hábito no hace al monje” –le dije ante esa sonrisa enigmática e impenetrable y a fin de consolidar esta parte de la operación de manipulación. Antes de que ingresara a su celda, de un maletín cogí una caja de chocolates marca La Ibérica, fabricados en Arequipa, y la abrí. –Sírvase usted paisano un chocolate de nuestra tierra arequipeña. Gratamente sorprendido miró la caja y cogió dos chocolates, al tiempo que le volvía una sonrisa amistosa. –Caramba, gracias doctor. Es usted muy amable. Probaré después de muchos años los riquísimos chocolates que se fabrican en nuestro terruño. Y así empezó formalmente una inédita operación orientada al logro de los objetivos de inteligencia propuestos. En la segunda reunión, como quiera que aún se le notaba todavía una comprensible actitud de recelo, procedí a explicarle que esencialmente el ciclo de entrevistas que sostendríamos, tenía por finalidad llenar diversos vacíos relacionados con su vida personal y con su trayectoria política. Le expresé, igualmente, que “nos agrade o no nos agrade” la verdad era que los doce años de guerra interna que vivía el país, de todas maneras iban a ocupar un lugar en la historia, y a fin de evitar que ésta fuera tergiversada o adulterada por terceros, era conveniente que en estas reuniones se consignara en documentos la verdad de los hechos en base a su testimonio personal, ofrecido en forma libre y espontánea.

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Más aún, le dije que no interesaban aspectos puntuales de Sendero Luminoso, o que diese nombres de personas o circunstancias no conocidas de su organización; que las conversaciones académicas iban a desarrollarse en un plano elevado, de tipo doctrinario e ideológico, y que la única persona con quien podía hablar en ese nivel, era él, en su calidad de líder indiscutido. Que tanto él como quien le hablaba, habíamos leído textos fundamentales del marxismo, aunque interpretaran éstos desde orillas opuestas. Esto, sin embargo, no impedía de modo alguno sostener un diálogo alturado y civilizado. Pese a que trató de mostrar una actitud humilde, diciendo que él sólo era un soldado más de la revolución, resultaba evidente que le agradó lo que le dije. Exaltar su vanidad era importante. A partir de ese momento se mostró dispuesto a iniciar la charla. A pesar de que ya se lo había dicho, él hizo la salvedad de que no iba a delatar a nadie, y que se reservaba el derecho de no contestar las preguntas que consideraba inconvenientes. Una vez acortada la distancia inicial de rechazo, se realizó una serie de entrevistas diarias, de seis a siete horas de duración cada una. Ellas estaban orientadas hacia los temas considerados en la primera etapa de la Operación Especial de Inteligencia. Durante el proceso de las conversaciones quedé convencido de que Guzmán guardaba pocos recuerdos de su infancia. Sólo cuando se le mencionó la ubicación de la Escuela Primaria de Mollendo y se le habló de una profesora, pareció recordar algo. Más tarde contó que vivió con su padre en la Calle Ejercicios Nº 307 de Arequipa. Asimismo, dijo que tiene ocho hermanos: Eduardo (médico, estuvo en Estados Unidos y se enroló en el Ejército norteamericano, y fue enviado a Vietnam); Raúl (ingeniero); Carmen (ama de casa); Filiberto (abogado); Edgard (abogado y filósofo); Elizabeth (abogada), Gladys Susana (profesora, residente en Estados Unidos) y Artemio (abogado y filósofo). De sus hermanos, a la que más recuerda es a Gladys Susana porque cuando era pequeña la ayudaba a forrar sus cuadernos escolares.

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Hasta entonces nadie había mencionado en esbozo o nota biográfica alguna de Abimael Guzmán que éste vivió dos años con su madre doña Berenice Reinoso Cervantes en la localidad de Sicuani. Tenía ocho años de edad cuando llegó a esa ciudad por las actividades comerciales del padre. Tampoco nunca se conoció que, años después, vivió un tiempo en Chimbote, con unos tíos –hermanos de su madre–, y que posteriormente regresó al Callao donde concluyó de estudiar la Primaria en la Escuela Alberto Secada. Refirió que en 1947 inició sus estudios Secundarios en el Colegio Nacional Dos de Mayo del Callao, viviendo en casa de unos tíos. En el año 1949 retornó a la ciudad de Arequipa y continuó viviendo allí hasta concluir la Secundaria en el Colegio La Salle de dicha ciudad. Con gran sorpresa para mí, expresó que durante la Secundaria sintió vocación por la carrera militar y que le hubiera gustado pertenecer al Arma de Infantería en el Ejército Peruano. Al preguntarle por qué motivos hubiera querido ser infante, el cabecilla terrorista indicó que consideraba que dicha Arma es la reina de las batallas. Asimismo, me hizo saber que, desde 1955, ya en la Universidad San Agustín de Arequipa, tuvo simpatías por el Partido Comunista, pero que no pudo hacerse militante de éste sino hasta 1960. Ese año se anuló una directiva partidaria por la cual se daba preferencia al ingreso de obreros. Al dirigente del PCP que más recordaba era al doctor Chávez Bedoya y refirió que le impresionó hondamente la muerte de Stalin. Estando en la universidad eligió la carrera de Filosofía por ser la disciplina que más le atraía, pero igualmente se matriculó en la Facultad de Derecho para tener una profesión que le diera sustento económico. Además de sus dos conocidas tesis de Derecho y bachillerato en Filosofía, Abimael Guzmán Reinoso dice que inició la preparación de una tesis para el doctorado en Filosofía, que tenía por el título “Problemática del Hombre en el Marxismo”. Sin embargo, a pesar de haberla avanzado, las circunstancias de preparar la guerra interna le impidieron que pudiera terminarla. Incluso, años más tarde, estando ya en Ayacucho, trató de concluirla, pero
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entonces sus tareas partidarias y académicas se lo impidieron. Una vez que terminó sus estudios superiores, desempeñó la cátedra de “Introducción a la Filosofía y Ciencias Sociales” en la Universidad de San Agustín, en Arequipa. Contradiciendo diversas versiones y teorías, Abimael Guzmán cuenta que llegó a Ayacucho “de casualidad”, y no porque esa zona fuese potencialmente revolucionaria. Me reveló en una de estas entrevistas, que estando en Arequipa practicaba la abogacía en el estudio del doctor Gómez de la Torre, y, paralelamente, ejercía su cátedra. Frecuentaba, además, diversos círculos académicos, pero no estaba contento por el ambiente elitista de la intelectualidad arequipeña. Fue en esas circunstancias en que se enteró por un periódico de Lima que solicitaban profesores para la Universidad San Cristóbal de Huamanga, de Ayacucho. Esta había sido recientemente reabierta y estaba bajo la dirección de una comisión organizadora. Guzmán remitió su currículum para probar suerte y, para su sorpresa, poco tiempo después recibió la noticia de que había sido aceptado como catedrático de “Historia de la Filosofía”. Agrega enfáticamente que esta es la única razón por la que llegó a radicar en Ayacucho y no otra. En esa ciudad, se inscribió en el Colegio de Abogados, pero no llegó a ejercer la profesión, pese a que en varias oportunidades asesoró a la universidad sobre asuntos legales. Como anécdota cuenta que pensó quedarse en Ayacucho sólo un año, pero que sin embargo, más allá de su propósito, se fue quedando por haberse enamorado de Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah”. Otro aspecto poco conocido de su biografía, según contó, es que en cierta época solicitó licencia en la Universidad de Huamanga y vino a vivir a Lima, donde luego de inscribirse en el Colegio de Abogados de la capital ejerció la abogacía en el estudio del doctor Saturnino Paredes Macedo, ubicado en la calle Azángaro. Paredes por entonces era Secretario General del PCP-Bandera Roja. Guzmán narra también, con gran emoción, que durante su estancia en Lima trabajó algún tiempo en la Universidad Nacional de Educación “Enrique Guzmán y Valle” (La Cantuta), universidad de la que guarda un gran recuerdo.
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En 1968 regresó a Ayacucho; para ese entonces ya era Secretario de Organización dentro del Comité Central del PCPBandera Roja y responsable del Comité Regional “José Carlos Mariátegui” de Ayacucho. A partir de ese año comienza a socavar maquiavélicamente la jefatura de Saturnino Paredes, aun cuando se alínea junto a él a raíz de las divisiones al interior de Patria Roja y del grupo Estrella Roja. Con relación al PC del Perú-Patria Roja, niega enfáticamente la versión tan difundida de que Rolando Breña Pantoja (a) “Latino” y Jorge Hurtado (a) “Yoveraque” lo buscaron para que asumiera la jefatura del grupo que pasó a formar Patria Roja. Con respecto a los diversos viajes al extranjero, sostuvo que ha estado fuera del Perú sólo en tres oportunidades: las dos primeras en China Popular (durante el mes de febrero de 1965 acompañado de su esposa Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah”, y en el mismo año tres meses a partir de julio, en que viajó solo) y la tercera en Albania (en noviembre de 1967). Afirmó que nunca conoció personalmente a Mao Tse Tung, pero sí lo había visto una sola vez a distancia cuando presidía una ceremonia pública en Pekín. Asimismo, Guzmán aprovechó la ocasión para desmentir la versión circulante con relación a que su esposa Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah” fuera su alumna, pues ella estudiaba en la Facultad de Pedagogía, y él enseñaba en la de Filosofía en Ayacucho. También precisó que es falso que él la persuadiera para ingresar al Partido Comunista. A ella la conoció en una oportunidad en la que fue a ver a sus padres en el domicilio donde vivían para tratar sobre unas gestiones académicas; y que, una vez casados, ambos voluntariamente renunciaron a la posibilidad de tener hijos, para dedicarse íntegramente al trabajo partidario. Sin embargo, anotó, le hubiera gustado tener una hija, a la cual le hubiera puesto el nombre de Norah. Sobre la edad que tenía Augusta La Torre Carrasco cuando la conoció, Guzmán reveló que ella apenas tenía 16 años. Recordó que en esa época era una aplicada estudiante de religión y recién dos años después –al cumplir 18 años– contrajeron matrimonio un 3 de febrero de 1964, el que celebraron en la casa donde vivían sus suegros, ubicada en el jirón Tres Máscaras Nº 312, a poca distancia de la Plaza de Armas de Huamanga, en Ayacucho.
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Recordó con nostalgia que los testigos de su matrimonio fueron Delia Cabrera Carrasco y Hugo Carrera Carrasco, quienes eran los propietarios de la casa de Tres Máscaras, y que para esa ocasión sólo estuvieron presentes sus suegros, dichos testigos y sus tres cuñados: Carlos, Boris y Gisela. Respecto a sus suegros, Carlos La Torre Córdova, un reconocido militante del Partido Comunista Peruano, y Delia Carrasco Galdós, una profesora de educación primaria, fue muy enfático en precisar que desde su matrimonio, y a lo largo del tiempo, ha mantenido una relación muy estrecha que perdura hasta la actualidad, pese a que ambas personas radican en Suecia desde hace varios años. Guzmán solicitó se le permita tener contacto telefónico con ellos, lo que autoricé como oficial del caso en esta operación, pues de esas comunicaciones se obtenía valiosa información que sería utilizada como insumo para el análisis. Abimael Guzmán contó, igualmente, que Augusta La Torre Carrasco estudió la Primaria y Secundaria en el colegio de monjas María Auxiliadora de Huanta, y que a inicios de 1962 se mudó con sus padres a Huamanga para estudiar en la Escuela Normal de Mujeres de Ayacucho. Teniendo en cuenta que desde el inicio de la guerra interna, el 17 de mayo de 1980, hasta antes del fallecimiento de “Norah”, acaecido el 14 de noviembre de 1988, tanto ésta como su cónyuge Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo fueron los tres únicos miembros del Comité Permanente de Sendero Luminoso que dirigieron el inicio y desarrollo de la lucha armada en el país, era de máximo interés del Servicio de Inteligencia Nacional recopilar la mayor cantidad de información con respecto a la occisa. Ella había tenido la no desdeñable calidad de fundadora y dirigente principal de dicha red terrorista. En tal sentido había que obtener de Guzmán, nuestra principal fuente de información, todo lo concerniente en torno a ella. En línea de precisión se requería conocer las causales de la muerte de “Norah” y la fecha exacta de su fallecimiento, pues alrededor de ese hecho se había formado todo un misterio y tejido
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diversas versiones contradictorias entre sí. Era necesario precisar qué había ocurrido realmente, pero, por cierto, se le hizo presente a Guzmán que podía hacer uso de su derecho a mantener la reserva por tratarse de una persona fallecida. Sin embargo, éste ratificó que Augusta La Torre Carrasco falleció el 14 de noviembre de 1988 –a la edad de 42 años– en la ciudad de Lima, lugar donde fue velada de acuerdo a los procedimientos y rituales senderistas. Sobre este punto debemos señalar la existencia de un medio probatorio documental consistente en un revelador video que la DINCOTE encontró, e incautó, durante una operación en enero de 1991. En este video se observan imágenes que muestran los restos de una persona de sexo femenino, envuelta en una banderola roja con la hoz y el martillo: es el cadáver de Augusta La Torre Carrasco velado nada menos que por Abimael Guzmán Reinoso. Este pronuncia unas palabras, mientras contempla, visiblemente deprimido, a su difunta esposa y levanta el puño derecho golpeando el aire: “Ella fue capaz de aniquilar su propia vida para no levantar la mano contra el partido. Ella, en su lamentable confusión, en su enfermedad nerviosa, prefirió aniquilarse antes de golpear al partido”, lo que constituye un indicio importante de que “Norah” se habría suicidado. Finalmente, insistió que Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah”, es la única mujer por la que ha sentido un amor y afecto verdaderos, y respecto a su relación con Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam”, señaló que es su actual pareja y compañera y con quien tiene un vínculo directo, personal y necesario. Este vínculo es profundamente íntimo, según admitió. De lo hasta aquí reseñado, tenemos como uno de los elementos constitutivos de la personalidad de Abimael Guzmán Reinoso el hecho de que trata de presentar una imagen de modestia y de humildad, insistiendo a menudo en que él es sólo una simple tuerca dentro de la maquinaria de la historia. Incluso, cuando se trató sobre las consecuencias que habría tenido para su Partido el que cayese detenido, Guzmán insistió que “cualquier miembro del Comité Central podía reemplazarlo sin que el Partido sufriera ningún desmedro”.
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Sin embargo, cuando se profundizó el diálogo con respecto al futuro de Sendero Luminoso, la capacidad de su red para impedir las probables confrontaciones internas ante su ausencia en el liderazgo, así como para enfrentar la nueva estrategia que venía aplicando el presidente Fujimori, Guzmán de pronto se olvidó de la modestia y admitió que su “caída” significa un durísimo revés para su Partido. Este ha quedado sin conducción política y por primera vez reconoció y aceptó que iba a ser muy difícil reemplazarlo en la jefatura. Igualmente se observa que no puede reprimir una desmesurada soberbia, especialmente cuando habla del llamado “Pensamiento Gonzalo”. Él, personalmente, se siente “La cuarta espada del Marxismo” y el continuador de Mao Tse Tung, y está convencido de que ya entró al Olimpo de la historia y que el destino del Perú marchará inexorablemente de conformidad con lo que él ha planteado. En este orden de hechos, es revelador que todos los documentos que ha debido suscribir como consecuencia de su captura, los ha firmado como “Presidente Gonzalo”. De otro lado, las especulaciones de los psiquiatras con relación a su personalidad destructiva como consecuencia de ser hijo ilegítimo, carecen de todo fundamento, pues, el mismo Guzmán, insiste en destacar su gran afecto por la madrastra y, en cambio, casi ha olvidado todo lo concerniente a su madre. No hay, pues, ningún trauma psíquico proveniente de una infancia desdichada detrás de su crueldad; más bien, todo parece señalar que se trata de una actitud racional, fría y consciente, lo que sin duda lo hace un sujeto muy peligroso, ya que para lograr sus objetivos no vacilaría en matar a millones de seres humanos en el país. Igualmente, debe señalarse que su estado de salud influye en su actual comportamiento. Él está convencido de que la psoriasis y la artritis que padece son irreversibles, añade que ambas enfermedades son hereditarias y por ello fuera de control. Esto lo hace consciente de que sus facultades físicas cada día irán disminuyendo, hasta predecir que en pocos años ya no podrá seguir trabajando. Agrega que, incluso, en los meses previos a su detención, le era muy difícil desplazarse a otros lugares del país.
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Con relación a la tan publicitada policitemia de Guzmán, dijo que era un impedimento relativo y que sólo le limitaba la capacidad para estar temporadas largas en zonas de altura, pero que eso lo controlaba con medicinas adecuadas que le sirven para “aligerar” la sangre y que hasta hace poco tiempo se desplazaba por todo el Perú sin dificultad física alguna. Acepta que le gusta beber licor regularmente, incluso cuenta como anécdota que en una ocasión, regresando de una reunión partidaria en el sur, él y sus camaradas se habían pasado de tragos, y fueron detenidos en la Garita de Control de Pucusana, pero que no fue reconocido por los policías de servicio al momento de la inspección de vehículos y pasajeros. Esta versión, más las imágenes que se aprecian en el video incautado por la DINCOTE el 31 de enero de 1991, donde completamente embriagado ensaya pasos de la danza griega sirtaki, echa por tierra la imagen del líder sobrio, austero, por encima de las debilidades humanas, que la propaganda senderista construyó para mitificar su liderazgo en la red terrorista. La impresión que da Abimael Guzmán Reinoso a quien lo ve por primera vez es la de una persona que transmite una mezcla de intensidad, de astucia y tranquilo aplomo. Se mueve con un aire de tensión controlada, férrea disciplina y confianza en sí mismo, casi como si fuera un resorte recogido mostrando una fácil informalidad que, sin embargo, no engaña a un observador agudo. Su palpable estado de alerta es evidentemente el rasgo de un hombre a quien doce años de guerra interna en el Perú han impuesto la vital importancia del autodominio personal. Todo esto lo transmite con su cara ovalada y expresiva que está dominada por una penetrante mirada. Con relación a su nivel intelectual y formación ideológica, no cabe la menor duda de que Abimael Guzmán Reinoso ha leído y estudiado en alguna medida a los clásicos del marxismo, pero se infiere de las conversaciones que ha puesto un mayor énfasis en el estudio de los escritos de Mao Tse Tung. Delata este énfasis su forma de hablar e incluso su manera de pensar, que no va más allá de una repetición memorística de su ídolo chino.
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Esta visión rígida y tubular de la realidad y de la historia, constituye un serio impedimento de Guzmán para una comprensión cabal del desarrollo socioeconómico, del avance científico y tecnológico, de los métodos de pensamiento contemporáneos, así como de los cambios operados en el mundo de fines del siglo XX y principios del XXI. Guzmán pareciera estar varado, haber naufragado en el siglo XIX. Observa la realidad social a través del filtro del maoísmo, su línea de pensamiento quedó congelada en el pasado. Sería difícil aseverar hoy que Guzmán recuerda con precisión de exégeta a Marx o a Engels, pues cuando se trató sobre los problemas de Sendero Luminoso para descolgarse sobre las ciudades después de haber controlado, según ellos, todo el eje de la sierra, se le recordó que Marx no quería aceptar que el campesinado fuese una clase básica, pero que cambió esta opinión cuando Engels escribió un trabajo llamado “La guerra campesina en Alemania”. Para quienes hemos podido estudiar el marxismo, tanto el libro de Engels como las circunstancias por las que Marx aceptó el cambio, son hechos muy conocidos. Sin embargo, Guzmán ya no lo recordaba, quizá por la situación que vivía. Igualmente, cuando se le preguntó sobre cuál iba a ser en su criterio la imagen de la nueva sociedad socialista que pretendía construir en el Perú, pues ningún clásico del marxismo había adelantado nada con relación a este tema, Abimael Guzmán Reinoso no contestó y se quedó con la mirada perdida. Posteriormente aceptó que efectivamente nadie había escrito sobre ese tema. Pero como se trataba de una estratagema que se le había montado, a continuación se le dijo que Marx tenía otro escrito en el que dio algunas de las consideraciones generales que debía tener la nueva sociedad socialista. Guzmán, medio sorprendido y desconcertado, manifestó que no recordaba de qué trabajo se le estaba hablando, a pesar de que para un lector principiante del marxismo, “La Crítica al Programa de Gotha” es un libro de imprescindible estudio, incluso en los primeros años de las facultades de ciencias sociales de varias universidades del país.
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Con respecto a los problemas actuales, Guzmán ha venido consultando una variada bibliografía generalmente bajada de Internet. Así, por ejemplo, para analizar la nueva Estrategia Contrasubversiva del Estado peruano, que para Sendero era un problema de vida o muerte, se ha constatado que consultaba diferentes manuales del Ejército y diversos ensayos sobre la doctrina de los conflictos asimétricos. La conclusión es que por su visión dogmática siempre arriba a conclusiones divorciadas de la realidad, a pesar de haber tenido acceso a diversas fuentes de información. De esta forma Guzmán cae en un error que siempre criticaba precisamente Mao Tse Tung cuando se refería a aquellos intelectuales que se cortaban los dedos del pie para que les entre el zapato. En la era tecnológica Guzmán todavía sigue haciendo sus apuntes y balances partidarios a mano, pues quien conoce de computación es Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, a la que le incautaron computadoras cuando fue detenida el 12 de septiembre de 1992. Guzmán tiene, además, como sus fuentes complementarias de información sobre lo que sucede en el país y en el mundo exterior, las noticias que emiten los medios de comunicación masiva y lo que le transmiten los miembros de su Partido. Pero cuando se le dijo que, en el primer caso eran informaciones proporcionadas por el enemigo, y que, en el segundo, sus camaradas podían estar inventando éxitos o inflando avances, aseveró con firmeza que sus fuentes eran confiables. En cuanto a los libros de su preferencia, expresó que le gustan los trabajos de historia y estrategia militares. En cuanto al arte, tiene preferencia por la música, particularmente la clásica y su compositor preferido es Ludwig van Beethoven. Al preguntársele cuál era su opinión con respecto a la situación del país, señaló que en su criterio, el gobierno del presidente Fujimori estaba llevando a cabo la culminación del proceso de la Tercera Reestructuración del Estado peruano hacia el fascismo y el autoritarismo, trabajando –por ello– en favor del capitalismo burocrático y de los intereses norteamericanos. Esto, indicó, es a consecuencia de la agudización de la crisis económica que genera las condiciones favorables para que la lucha popular avance en el país.
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Sin embargo, reconoció que aún en el supuesto que existan esas condiciones, ello no ha podido hacerse efectivo porque su Partido no ha alcanzado todavía el grado de avance y desarrollo suficiente como para provocar la polarización general de la sociedad y porque, paralelamente a la “fascistización”, el Gobierno está dando una serie de medidas legales y organizativas que están sirviendo como marco a una estrategia básicamente político-militar, que le crea serios problemas a su organización; un proceso de renegociación de la dependencia vía reinserción en el Sistema Económico Mundial; una disciplina férrea en el manejo económico y un achicamiento del Estado para permitir que sean el mercado y las leyes de la oferta y la demanda los que regulen el proceso productivo nacional. Que, como es obvio, dichas medidas, en tanto no sean aprovechadas en el corto plazo por la lucha revolucionaria que lidera su Partido, y vayan consolidándose, harán difícil la derrota del Gobierno. Es precisamente en estas circunstancias –cuando Sendero Luminoso se encontraba en plena tarea de efectuar el balance de esta nueva situación, a fin de decidir las líneas estratégicas adecuadas y poder continuar su lucha victoriosa– que se produce su caída, es decir, es detenido por la DINCOTE, el 12 de septiembre de 1992. Sobre los partidos políticos peruanos, Abimael Guzmán Reinoso señaló con claridad que desde el inicio de la lucha armada en 1980, cada uno de los gobiernos ha significado una etapa distinta en esa lucha. Así, pues, pasó a la caracterización de cada uno de los gobiernos, en el período 1980 a 1992, respectivamente. Respecto al presidente Belaunde, dijo que desde el primer momento se dedicó a hacer simple y llanamente “avestrucismo”, negándose a reconocer que se había iniciado un proceso irreversible de lucha armada en el país. Por ello, se limitó a afirmar que se estaba ante un simple problema de tipo policial. Según Guzmán, esta actitud pasiva fue muy útil y favorable para Sendero Luminoso porque permitió que el Partido consolidara su presencia en los departamentos de Ayacucho, Apurímac y Huancavelica, a la vez que organizaba sus primeras bases de apoyo. Paralelamente, se fortalecía el Ejército Guerrillero Popular. Cuando a fines de 1982, ante la contundencia de los hechos, Belaunde recién comprende
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de que ya no podía tapar el Sol con un dedo, dispone el ingreso de las Fuerzas Armadas al conflicto. Pero éstas no estaban preparadas para el nuevo tipo de guerra asimétrica, de allí que se limitaron a la represión generalizada, olvidando el principio maoísta de que “la represión atiza la revolución”. Al presidente Alan García Pérez, lo señaló como responsable directo de las masacres de los penales, deuda de sangre que será cobrada tarde o temprano. Para Guzmán, García supuso al inicio de su gobierno que por tratarse de un modelo populista que llegaba al poder con fuerte respaldo popular, la lucha iría a disminuir; que esta percepción se fortaleció cuando el MRTA, formado por ex apristas, públicamente le concedió una tregua de un año. A esto se añadió el desarrollo de una actitud dual del régimen aprista para engañar a las masas, pues, mientras de un lado se mostraba como un gobierno progresista, preocupado por los intereses populares y que comprendía los movimientos de liberación del continente; por el otro lado, en actitud contraria, apoyó y dio su consentimiento a las formas más crueles de represión contra las masas avanzadas de la ciudad y más aún contra el campesinado pobre de la sierra. Es por eso que su famoso proyecto del Trapecio Andino fue un fraude y un rotundo fracaso. Este proyecto jamás caló en las masas. A manera de balance, de los cinco años de gobierno aprista, Abimael Guzmán dijo que, después de todo, y a fin de cuentas su Partido resultó fortalecido, mientras que el APRA y García dejaron el país con una hiperinflación brutal, lo que los hizo objeto del más absoluto descrédito y rechazo popular. Para Guzmán, los partidos de izquierda eran una mezcolanza de todas las tendencias, bajo el liderazgo del revisionismo del Partido Comunista de Jorge del Prado, es decir que este conglomerado estaba subordinado a los intereses geopolíticos de gran potencia que jugaba en ese entonces la Unión Soviética o la actual China Popular. Asimismo, dijo que todos estos partidos habían cumplido un rol nefasto, y nefando, en el contexto de las luchas populares, pues en lugar de crear las condiciones propicias para la liberación del pueblo, han hecho todo lo contrario: se han preocupado permanentemente en negociar beneficios personales o de cúpula,
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por lo que en las elecciones generalmente caen en el cretinismo parlamentario, olvidando que por ese camino no hay ninguna salida para el futuro del país desde su perspectiva. Al preguntársele cuál era su opinión sobre la política actual del Estado frente a la lucha armada, Abimael Guzmán Reinoso fue enfático en señalar que durante el gobierno del ingeniero Fujimori, y específicamente a partir del 5 de abril de 1992, se ha ido definiendo un nuevo modelo estratégico de lucha contra la subversión, pues desde esa fecha se han dado los instrumentos legales y organizativos complementarios que están posibilitando al Gobierno desarrollar un trabajo más fino. A él le parecía que existía una comprensión más clara de la naturaleza fundamentalmente política de la guerra y, en consecuencia, esa era la razón de haberse dictado las medidas que hicieron posible que sectores cada vez más vastos del campesinado y el proletariado se alineen al lado del Gobierno para combatir a su Partido. Además, reconocía hidalgamente, desde la orilla o colina contraria, que los aparatos de Inteligencia, al orientar su puntería hacia los niveles dirigenciales del Partido, venían demostrando con ello su profesionalismo, pues estaban efectuando un trabajo eficaz, lo que les ha permitido llegar cada vez mejor a los niveles más altos de la organización partidaria, capturando a importantes cuadros de nivel regional y nacional. En tal virtud, recalcó que en el documento partidario Acerca de las Dos Colinas en que se trata sobre el equilibrio estratégico y se hace un esbozo de balance de la colina enemiga, que para ellos es el Estado peruano, hay un análisis de la forma como el gobierno del presidente Fujimori venía implementando las acciones de Inteligencia, demostrando una evidente mejora en sus métodos contrasubversivos. Asimismo, aceptó Guzmán que su Partido, y él en particular, tuvieron una percepción equivocada y siguieron actuando bajo la premisa de que el Gobierno que se inició el 28 de julio de 1990 iba a continuar la secuela de la miopía política, burocratismo e ineficiencia de los gobiernos anteriores, pero que, luego de haber sufrido importantes derrotas, recién comprendieron que el
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enemigo había superado las limitaciones de regímenes anteriores, y ahora había una firme decisión política para llevar adelante la guerra contrasubversiva, situación que les ha ocasionado severos e irrecuperables daños a la organización. Es en este sentido que para el cabecilla terrorista ha habido un cambio sustantivo, un giro trascendente respecto del rol que venían cumpliendo las Fuerzas Armadas en la guerra. Para él, antes de 1990 las FF.AA. eran percibidas, sobre todo en el campo, como “ejércitos de ocupación”; ahora habían modificado su táctica y es a través de los llamados Programas de Acción Cívica que estaban adormeciendo la combatividad del pueblo peruano, quitándoles (a los senderistas) el espacio político que anteriormente tenían, a la vez que habían propinado duros golpes al Ejército Guerrillero Popular. Cuando se le preguntó sobre los jefes militares que le habían producido los golpes más fuertes a su Partido, fue muy preciso en reconocer que fueron primero el general de brigada EP Clemente Noel Moral y luego el general de brigada EP José Valdivia Dueñas. La opinión de Guzmán sobre las Fuerzas Armadas en esos doce años de guerra interna es que, a lo largo de la lucha, éstas habían ido perfeccionando significativamente sus tácticas y estrategias militares, así como su comportamiento. Esto fundamentalmente a partir del 28 de julio de 1990. Cuando entraron a la guerra, recién a fines de 1982, y hasta 1990 –piensa– prácticamente desconocían con qué tipo de enemigo se enfrentaban y por ello se dedicaron a una represión indiscriminada e irracional, la que, si bien les causó severos daños –pues Sendero Luminoso aún era muy pequeño–, tuvo como contrapartida el aumento del recelo y la enemistad del campesinado hacia los militares, a la vez que obligó a que su Partido tuviera que buscar nuevas zonas geográficas donde actuar, con lo que comenzó su “indetenible” proceso de expansión en todo el país. A efecto de conocer si es que su Partido había realizado alguna tarea de infiltración al interior de las Fuerzas Armadas, fue muy claro en señalar que jamás pretendieron infiltrar al Ejército y que el trabajo del Partido, hasta ahora, se había limitado a las acciones de propaganda, sobre todo entre la tropa y el personal subalterno de las fuerzas del orden en general.
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De otro lado, al haberse trasladado el eje de la lucha a las zonas urbanas, y especialmente a Lima, en lugar de generar la respuesta esperada, lo que se provocó fue una especie de frente de clases para enfrentar las acciones del Partido, con lo que éste se ha visto aislado y muchas veces combatido básicamente por los sectores populares marginales que, teóricamente, Sendero Luminoso consideraba como su mayor y mejor cantera revolucionaria. Guzmán pensaba que si tuviese que esbozar una conclusión, pese a que su Partido no había concluido todavía su balance de la lucha armada, tendría que reconocer que habían recibido fuertes y contundentes golpes y se encontraban en retroceso. Cuando se le preguntó sobre cuáles habrían sido los pasos que hubiera dado si es que no lo hubiesen capturado, Abimael Guzmán Reinoso respondió que habría ido a un replanteamiento total de la estrategia del Partido, frente al nuevo esquema estratégico del presidente Fujimori, porque éste sí tenía una clara decisión política y una estrategia sólida para enfrentarlos. En cuanto a los Servicios de Inteligencia –según se ha señalado párrafos ut supra– Abimael Guzmán Reinoso fue muy preciso y agudo al reconocer que el diseño de la nueva estrategia contrasubversiva del presidente Fujimori había comprendido cabalmente la esencia del proceso de la lucha armada, desde el momento en que puso el énfasis en el aspecto político de la contienda. Que, a partir de ese hecho, como es lógico, tenía que ir el Gobierno a un replanteamiento básico de los términos y condiciones de la lucha contrasubversiva. Para la red Sendero Luminoso la experiencia de los años 80 había demostrado (al Gobierno) que el privilegiar exclusivamente el factor militar de la lucha, en lugar de derrotar políticamente al Partido lo había fortalecido, y en vez de ganar la confianza de las masas, por el contrario, cada vez las iba apartando más y más del Estado. En ese orden de ideas, Guzmán señala que cuando el presidente Fujimori presentó en televisión el esquema de su nueva estrategia, se observó con absoluta claridad de que el eje de la lucha se iba a desplazar de los ataques genocidas contra las masas desarmadas, hacia el nivel dirigencial del Partido; o sea, hacia el elemento pensante y los organizadores.
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Es a partir de ese instante en que obviamente, esta nueva fase tenía que privilegiar los trabajos de Inteligencia, y en ese sentido considera que el más grande error de su Partido fue pensar que los aparatos de Inteligencia del Gobierno no iban a estar a la altura de su nueva responsabilidad, ya que no había hasta ese momento ningún indicativo de que hubieran cambiado sus hábitos burocráticos, su ineficiencia y sus limitaciones en el análisis y apreciación de la situación. Por ello, le llamó poderosamente la atención cómo es que en tan corto tiempo pudo producirse un cambio sustancial en cuanto a la capacidad de los órganos de inteligencia, particularmente de la DINCOTE, poniéndose estos entes a una altura que en realidad era sorprendente para su Partido, pues según fueron pasando los días veían con sorpresa cómo eran capturados cuadros de mayor jerarquía y se iban desmantelando importantes núcleos dentro de la organización, todo ello con una rapidez vertiginosa, que no les daba tiempo para recomponer sus estructuras, para efectuar cambios en sus modalidades de acción o para darle la protección adecuada a sus dirigentes del Comité Central. Respecto a su captura, Abimael Guzmán Reinoso reconoce que ella fue producto de esta nueva situación. El no pudo tampoco digerir mentalmente la velocidad de estos cambios y siguió actuando y movilizándose como en los buenos tiempos en que se trasladaba de un lugar a otro, por todo el país, haciendo uso tan sólo de elementales formas de camuflaje, sin recurrir a diversas técnicas para actuar encubierto y sin que nadie lo reconociera. Por tanto, todas esas versiones sobre una supuesta operación para cambiarle la cara, o que usaba máscaras, e incluso que había muerto, no pasaban de ser meras especulaciones sin base y que servían para justificar en los gobiernos de 1980 a 1990, la ineficiencia de sus aparatos de Inteligencia. En cuanto al clero, Abimael Guzmán Reinoso considera que como producto de la sociedad y del desarrollo de la historia no tiene un comportamiento uniforme. En el caso específico del Perú, la actitud del clero varía según su vinculación con los sectores de la sociedad; de ahí que se puede hablar de un clero indiferente o de un clero progresista. Sin embargo, la jerarquía eclesiástica siempre
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ha estado en el país y en el mundo, del lado del poder político de turno, del lado de la opresión y la injusticia, tratando de frenar el descontento de las masas, hipnotizándolas con su mensaje repartidor de premios en el más allá. Guzmán considera que en vista de que la revolución que pretende su red terrorista tiene proyección no sólo nacional, sino mundial, el clero con el Papa a la cabeza han comprendido que significa un peligro para sus intereses, de ahí que incluso Juan Pablo II vino al Perú en dos oportunidades con el objeto de avalar la política genocida de los gobiernos anteriores y santificar las armas de unas Fuerzas Armadas que se habían ensañado con el pueblo. En este punto Abimael Guzmán Reinoso enfatiza una conducta contraria a la Iglesia que es también producto de su ateísmo. Es por eso que en líneas generales, desde su posición personal considera que el clero peruano está del lado de la reacción y en contra de los intereses populares, por lo que el Partido debe combatirlo como se combate a cualquier enemigo. Sobre el estado de su salud se observa que Abimael Guzmán Reinoso se encuentra afectado por tres enfermedades que, aún siendo irreversibles, de momento no presentan un mayor peligro para su vida. Estas son: un proceso artrítico que le viene afectando la parte derecha de la cadera, obligándolo a cojear ligeramente; una policitemia (número exagerado de glóbulos rojos), enfermedad que no le afecta en absoluto mientras viva en zonas al nivel del mar, pero que le impide permanecer por tiempo largo en zonas de altura, pues el enrarecimiento de oxígeno hace que aumente peligrosamente el número de hematíes; finalmente, sufre de psoriasis, una enfermedad cuyo origen él considera que es hereditaria, pues también la tuvo su padre. Cabe señalar que esta enfermedad le causa prurito, por lo que permanentemente está rascándose todo el cuerpo, lo que le causa vergüenza cuando se le observa, pues ello ocasiona que se le vayan cayendo pedazos de piel. Por otra parte, la vida sedentaria que ha llevado en los últimos años, ya que según propia confesión no se ha movido de Lima, lo muestran subido de peso y sin un buen estado físico.

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Estas tres enfermedades lo obligan a seguir una dieta específica, y a usar diversos medicamentos que la Marina de Guerra del Perú le está proporcionando puntualmente para evitar imputaciones de violación a los derechos humanos. Frente a este cuadro, lo más probable es que durante su reclusión en el Penal Militar de la Base Naval del Callao se le agrave el proceso artrítico por la alta humedad de la zona; paralelamente, su encierro en una celda unipersonal y la certeza de que estará encerrado de por vida, habrá de influir negativamente en su conducta personal causándole un estado depresivo cada vez más agudo, lo que a su vez habrá de repercutir en su psoriasis. Con relación a sus necesidades básicas pidió, como prioridad, que se le permita tener relaciones íntimas con su compañera Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam”, también detenida en una celda separada en el penal. Asimismo, solicitó que se le proporcionen los remedios y la dieta adecuados para sus enfermedades. De igual modo, solicitó libros de historia, estrategia y, si fuera posible, material para poder escribir. Estos pedidos fueron atendidos, pues se requería que siguiera mentalmente lúcido y convenientemente informado del acontecer nacional e internacional para poder obtener – valga la reiteración– información sobre su modo de pensar y analizar el escenario político interno y conocer de primera fuente cómo es que pudo dirigir y desarrollar la guerra más cruenta de la historia peruana. Se aprovechó de estos pedidos para introducirlo en un determinado género de lectura. Se le proporcionó inicialmente los dos tomos de las “Memorias” de Henry Kissinger, a fin de que los lea y luego haga un comentario y análisis de su gestión cuando se desempeñó como Secretario de Estado norteamericano durante la administración de Nixon. La razón de ello es que Kissinger, como es sabido, fue el artífice del acercamiento de Estados Unidos hacia China, de la diplomacia directa con el primer ministro Chou En-lai, proceso que culminó con el viaje del presidente Richard Nixon a China para entrevistarse con Mao Tse Tung. Guzmán no conocía dichos textos. Le agradó recibirlos y posteriormente fueron
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materia de muchas horas de diálogo como una táctica de distender la relación en aras de lograr la misión de hacerlo capitular. En esas circunstancias, y con fecha 7 de febrero de 1993, aconteció algo anecdótico cuando estábamos tratando sobre el libro “La Diplomacia” de Henry Kissinger, específicamente el capítulo sobre el nuevo orden mundial, pues Abimael Guzmán interrumpió repentinamente el diálogo para entregar un documento escrito por él, de puño y letra. En éste me califica, en tanto interlocutor académico, como “persona de versátiles inquietudes convergentes, mente aguda e inquisitiva, urgida de resultados y buen manejo instrumental de su múltiple formación profesional como militar, abogado y sociólogo, que esto y su especial talento en cuestiones del poder aporten a la comprensión de la guerra popular, gesta indeleble de la historia peruana”. Desde luego, agradecí la generosidad y profundidad del comentario que provenía nada menos que del líder de la red terrorista Sendero Luminoso. Con respecto a la segunda etapa de la Operación Especial de Inteligencia, ésta ha sido sin duda alguna la más complicada y difícil de la misión, pues ha requerido de una mayor dedicación y persistencia en el trabajo. Este se ha desarrollado aproximadamente por espacio de un año y en forma diaria, a partir de las 20:00 horas hasta las 03:00 del día siguiente. Este ritmo de trabajo era necesario, pues se tenía que convencer a Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo –quienes toda su vida habían sostenido que la vía armada era la mejor y única manera de capturar el poder– para que cambiaran su manera de ver las cosas y acepten la capitulación, como un paso previo para lograr la división de la red terrorista Sendero Luminoso. Estos eran los dos objetivos de inteligencia que se buscaba. Si bien en la primera etapa se tuvo que utilizar el manejo de categorías marxistas para analizar la situación con ambos líderes de la red, en la segunda era imprescindible otro tipo de trabajo psicológico, muy fino, para guiar subliminalmente y sin dificultad alguna tanto a Abimael Guzmán Reinoso como a Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, hacia sus propias conclusiones. Al estar la dirección central de su organización privada de libertad, el continuar
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en esa situación la lucha armada carecía de sentido, y más bien lo que cabía era evitar el desbande y liquidación de su militancia. En ese orden de ideas, la segunda etapa se desarrolló de la siguiente manera: En un primer momento Abimael Guzmán Reinoso tuvo que reconocer, y aceptar, que después de doce años de lucha exitosa, las cosas habían tomado un giro inesperado. Su red terrorista había llegado a tener el control de todo el eje de la Cordillera de los Andes, y era capaz de descolgarse hacia cualquier ciudad de la costa o la vertiente amazónica; su organización le había causado serios contrastes al Estado peruano en la década de 1980 a 1990 y su Partido había estado en condiciones de poder llevar a cabo la toma de las ciudades. Sin embargo, el gobierno del presidente Fujimori no daba la menor señal de estar derrotado o de haber ingresado en una situación de inviabilidad institucional, criterio que fue compartido y luego apoyado por Elena Albertina Iparraguirre Revoredo. Abimael Guzmán Reinoso comentó que esta situación había sido objeto de serias y enconadas discusiones al interior del comité central, incluso antes de su captura. Por ello, y a fin de mantener la coherencia con los postulados del llamado “Pensamiento Gonzalo”, se vieron los senderistas en la imperiosa necesidad de disponer el traslado de importantes contingentes de su organización a las áreas urbanas, particularmente Lima, a fin de llevar a cabo acciones de agitación y propaganda, en la óptica de activar el proceso revolucionario y respaldar así la tesis maoísta de la invasión del campo a la ciudad. Esto también bajo el fundamento que vía migración interna ya se había producido esta invasión en forma pasiva y únicamente se necesitaba activarla. Asimismo, admitió un hecho muy importante: que el ámbito urbano tiene características y condiciones totalmente distintas a las zonas rurales del país y la mayoría de sus cuadros se habían preparado a lo largo de varios años para actuar concretamente en el campo. En las ciudades no disponían de personal suficientemente preparado política y militarmente, en cantidad y calidad, para esta labor. Y como las ciudades no eran un espacio neutro en términos
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políticos, ya que los sectores populares, que es donde tenían que ir a actuar, adherían a ciertas ideologías y determinados partidos, la lucha política le resultaría más compleja a la red. Frente a estas limitaciones, Abimael Guzmán Reinoso señaló que su organización optó por las alternativas siguientes: primero, efectuar ataques letales y espectaculares contra blancos selectivos y de connotación en la Capital, con el objetivo de demostrar que el Gobierno podía ser golpeado en su mismo corazón o centro de poder; y segundo, buscar copar por cualquier medio pacífico o violento las organizaciones populares, priorizando las vecinales, en el entendido de que éstas estaban conformadas en su gran mayoría por migrantes de la sierra del país. Para Guzmán Reinoso, con el primer objetivo el Partido pretendía crear un clima creciente de terror en la población limeña, paralizar el normal funcionamiento de los servicios públicos esenciales a fin de producir desconfianza en la población con relación a la capacidad del Sistema para defenderse y, fundamentalmente demostrar al país que su lucha armada avanzaba y pronto lograría el equilibrio estratégico. Con el segundo objetivo, se buscaba generar una serie de movimientos reivindicativos, cada vez más violentos, a manera de preparación de las masas para lo que sería la futura insurrección generalizada que obligaría al Gobierno a adoptar medidas cada vez más represivas y por ende totalmente impopulares. Si bien este esquema estratégico tenía, en teoría, cierto grado de coherencia, sin embargo, según reconocieron Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, en la práctica no funcionó. Y ello pese al alto número de bajas que tuvo su organización; esto se debió, en su criterio, a dos razones que pudieron conocerse a través de las sendas conversaciones que yo sostuviera con estos líderes terroristas. En primer lugar, debido a que el presidente Fujimori no cayó en la provocación, y en vez de implementar medidas de carácter represivo en el país, más bien priorizó una nueva estrategia, distinta a la de los gobiernos de Belaunde y García, pues apuntó no contra las masas sino contra las cabezas pensantes de Sendero Luminoso.
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En segundo lugar, porque las organizaciones populares rechazaron la violencia que pretendía imponer el terrorismo y, por el contrario, comenzaron a crear en forma espontánea nuevos esquemas organizativos de autodefensa, quedando así el Partido aislado de las masas populares. Frente a este difícil escenario, Abimael Guzmán Reinoso manifestó que se encontró ante una disyuntiva no prevista, pues, o retrocedían a las primigenias formas iniciales de la guerra en el campo –lo que conllevaba tácitamente a aceptar el fracaso rotundo de su postura estratégica y del llamado “Pensamiento Gonzalo”– o en cambio persistían en la cruda violencia urbana, pese al elevado costo que significaba para el Partido. Finalmente adoptaron esta última opción, que a la luz de los hechos fue el camino equivocado según sus propios comentarios y análisis evaluativo. Con relación a la situación en la “otra colina” manifestaron que en el Partido observaban cómo el gobierno de Fujimori expresaba cada vez con mayor énfasis su firme decisión política de enfrentarlos políticamente, y ello se demostraba con meridiana claridad por las medidas de orden político como el crear e implementar las rondas campesinas y los comités de autodefensa, y asimismo, por el nuevo rol asignado a las Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú. Estas dejaron de lado anacrónicos esquemas doctrinarios, totalmente desfasados, frente a este nuevo tipo de guerra desatada por actores no estatales asimétricos. Tanto para Abimael Guzmán Reinoso como para Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, la sumatoria de estos factores implementados coherentemente en el marco de una estrategia del Gobierno, claramente definida, fueron evidentemente la desencadenante de una serie continuada de tropiezos y fracasos en su organización, lo que obviamente se reflejó en el elevado número de militantes fallecidos o detenidos y procesados, en la desactivación de los principales aparatos partidarios, en la disminución sensible del reclutamiento de nuevos cuadros, y fundamentalmente, en la captura de dirigentes de mucho mayor nivel en el interior de la organización.
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Los hechos demostraban una cruda situación –según aceptaron los dos dirigentes–, pues la realidad se volvía en contra de su Partido, por lo que para evitar un colapso mayor había llegado la hora de llevar a cabo una evaluación de daños en profundidad con la finalidad de determinar las medidas que se debían adoptar y el curso de acción en adelante. A estas alturas de la operación y después de casi un año de intenso y paciente trabajo, y sobre todo, de mucha perseverancia, los fui induciendo, gradual y progresivamente, a Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo –los dos líderes más emblemáticos de la red terrorista Sendero Luminoso– a la capitulación. Había llegado, pues, el momento propicio para materializar la capitulación pública de estos cabecillas y sentar las bases para el logro de los objetivos de inteligencia, que tarde o temprano iban a lograrse. Hay aspectos de la ejecución del Plan de Operaciones que pudieran parecer sin importancia, pero sí la tienen. Como ya se reseñó, se llegó a establecer que Abimael Guzmán Reinoso tenía gran afición por la música clásica y que sentía admiración por Beethoven, y en especial por una de sus obras mayores, la Novena Sinfonía, llamada “Coral”. Esta obra él la asociaba al recuerdo de Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah”, quien, como ya se mencionó, ocupaba un lugar muy importante en su vida. Pero además pudimos averiguar que la canción preferida de “Norah” era “My Way” interpretada por el cantante norteamericano Frank Sinatra. “Norah” la cantaba a menudo. Por ello se dispuso que una entrevista de mucha importancia estuviera precedida de la escucha de estas dos obras. Todo pareció una gentileza, una delicadeza de mi parte. Se preparó como una sorpresa para ambos. Llegado el momento se les permitió ver y escuchar en video la grabación de la canción “My Way” interpretada por Frank Sinatra, y luego la Novena Sinfonía de Beethoven ejecutada por la Orquesta Sinfónica de Berlín. El objetivo era crear el clima emotivo adecuado que permitiese –en esta etapa de la operación– un diálogo fluido y esclarecedor
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con Abimael Guzmán Reinoso, a la vez de hacerle sentir a Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam”, su actual conviviente, que Guzmán Reinoso seguía recordando con especial afecto a quien fuera su esposa, generando así en ella la sensación de que a pesar de su entrega y esfuerzos, no iba a poder ocupar el lugar del primer amor de Guzmán, Augusta La Torre Carrasco. Como colofón, y a fin de amenguar el intenso momento emocional vivido por Abimael Guzmán Reinoso y su actual conviviente “Miriam”, se pasó la canción “New York New York” interpretada por Frank Sinatra, aprovechando para introducirlos subliminalmente en la aceptación de aquellos valores culturales del sistema contra el cual dieron inicio a la lucha armada en mayo de 1980. Habiéndose creado un estado anímico de aceptación en los objetivos, y a fin de materializar la capitulación de los mismos, se procedió inmediatamente a reflexionar con ellos –estábamos sólo los tres en un ambiente de la Dirección de Inteligencia Naval– sobre la situación de Sendero Luminoso y la perspectiva futura de su organización. Se continuó exaltando particularmente la soberbia y el ego de Abimael Guzmán Reinoso, presentándolo constantemente como el único ideólogo y máximo dirigente del Partido. Igualmente, se describía la realidad objetiva que enfrentaban ambos después de haber sufrido un durísimo golpe del cual no podrán reponerse en muy largo tiempo al estar condenados a la pena de cadena perpetua. Y, se les recordaba que la jefatura y dirección política, esenciales en toda estructura organizacional, en el caso de su Partido estaba acéfala, y por lo tanto sin rumbo, sin horizonte como para continuar la lucha armada en el Perú, pues habían perdido además totalmente la iniciativa y por ende el final del camino sólo dejaba ver la derrota. Frente a tantas evidencias, y como resultado de la evaluación de ellas –inducida sutilmente por mi persona– ambos cabecillas hicieron un replanteamiento acerca de las condiciones en que se encontraba el desarrollo de su lucha por la captura del poder, y llegaron a la conclusión de que no habían las condiciones adecuadas para proseguir las acciones armadas en el país, y que de no verificarse
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un giro radical en este aspecto, lo único que se iba a conseguir era la destrucción completa de su organización partidaria. Estando a las conclusiones a que había arribado Abimael Guzmán Reinoso y contando a su vez con el total respaldo de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, la otra integrante del comité permanente, ambos me expresaron su firme voluntad de dar término a la lucha armada mediante un “Acuerdo de Paz” que estarían dispuestos a plantear al presidente Fujimori. Para ello podrían hacer un llamamiento a su militancia a fin de que se adhiera a dicha petición y cesaran las acciones armadas en el Perú. Con este planteamiento, el objetivo correspondiente a la segunda etapa había sido, pues, alcanzado a plenitud, toda vez que Abimael Guzmán Reinoso se mostraba quebrado anímicamente –después de casi un año de lucha titánica entre dos voluntades y dos líneas de pensamiento que buscaron en todo momento imponerse una a la otra– y se lamentaba de la situación en que se encontraba su Partido, dejándome entrever al calor del diálogo, que se sentía responsable del descalabro sufrido, no sólo por su detención, sino por su errónea apreciación de la situación y que las consecuencias de este error serían funestas para sus camaradas (sus hijos, como les decía) que aún continuaban en la lucha. Asimismo, Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, pese a su fortaleza –en su doble rol de conviviente e integrante de la dirección central–, igualmente se mostraba quebrada anímicamente y lamentaba los errores cometidos, asumiendo la misma responsabilidad que su pareja Abimael Guzmán Reinoso. Metafóricamente podía decirse que los frutos estaban maduros y que sólo había que sacudir el árbol. Es por eso que al despedirme de ellos les digo: –Doctor Guzmán y señora Elena, ¿me autorizan ustedes a que comunique esta decisión suya al presidente Fujimori? –¡Por supuesto, doctor Montesinos! ¡Lo autorizamos a que en nombre de la Dirección Central del Partido le corra traslado de nuestra decisión al señor Presidente! –responde Guzmán casi al unísono con Elena Iparraguirre.
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–Bien –les contesto, y luego les pregunto si quisieran quedarse viendo televisión un tiempo adicional solos. –¡Sí, doctor! –respondieron ambos. –¿Cuánto tiempo necesitan? –pregunto. –¡Será una o dos horas! –contestan. –¡Quédense hasta que se cansen! Daré instrucciones al jefe de servicio para que ustedes permanezcan aquí hasta la hora que deseen y luego los trasladen al centro de reclusión. –¡Okey, doctor! –Buenas noches. –¡Buenas noches, doctor! –responde Abimael Guzmán Reinoso con un mejor tono de voz y aliviado emocionalmente, según percibí. –¡Que descansen! Mañana regreso con noticias. A continuación me dirijo a Elena Albertina Iparraguirre Revoredo y dándole un beso sorpresivo en la mejilla le expreso con una sonrisa y gesto travieso: –¡Que pasen una feliz noche... ambos! Ja, ja, ja, ja... soltamos carcajadas los tres. Después me retiré de los ambientes dando las indicaciones pertinentes al jefe de servicio. –¡Señor, los internos pueden quedarse viendo televisión hasta que se cansen! Medio sorprendido por esa disposición, me pregunta el jefe de servicio: “¿Cómo dice, señor? ¿Hasta que se cansen, señor?” –parece que pensaba que era una broma. –¡Sí, hasta que se cansen, esa es la consigna para usted! –¡Comprendido, señor! –contestó el jefe de servicio, que no entendía las razones de este tipo de consigna. Volvía a constatar por enésima vez que era imposible que una mentalidad castrense formada para una guerra simétrica pudiera comprender el porqué de una decisión de esta naturaleza y de
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tantas contemplaciones con estos “terrucos criminales” que habían asesinado al vicealmirante AP Gerónimo Cafferata, al contralmirante AP Ponce Canessa y al capitán de navío AP Vega Llona, según me comentó algo desconcertado el jefe de servicio en algún momento. Este hombre era incapaz de entender que estábamos inmersos en una guerra asimétrica que debía librarse desde un alto terreno moral, lo que implicaba el empleo de las ideas como una de las vigas maestras en la forma de enfrentar este tipo de guerra contra actores estatales internos. Me convencí una vez más que era necesario redefinir la doctrina vigente en las Fuerzas Armadas y enseñar en todos los centros de formación y capacitación los lineamientos de la Guerra de Cuarta Generación y su variable principal: la Guerra Asimétrica. Siendo un poco más de las 2 de la mañana me retiré de las instalaciones de la Dirección de Inteligencia Naval y al subir al vehículo el jefe de mi equipo de seguridad me dice: –¿Al SIN, señor? –No, nos vamos a Palacio de Gobierno. –Bien, señor. Ya estando en el vehículo, abro el estuche de discos compactos y busco la Tercera Sinfonía de Ludwig van Beethoven; la encuentro y le digo al conductor: –Ponga este CD. –Bien, señor. Y empieza la música con un volumen muy tenue, por lo que le digo al chofer: –Dele más volumen. –Sí, señor –respondió en un tono que dejaba entrever su desconcierto por el hecho de que a esas horas de la madrugada a alguien se le antojara escuchar música clásica. Sentía una profunda satisfacción por los resultados de mi trabajo silencioso y anónimo. Mis desvelos no habían sido en vano, pues
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a partir de ahora se abría un nuevo capítulo en la historia del Perú: alcanzar la tan ansiada paz que todos queríamos frente al principal conflicto que vivía el país hacía doce largos años. Escuchando la “Heroica” de Beethoven me propuse que la capitulación de Abimael Guzmán Reinoso y de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, tenía que darse de todas maneras como un paso previo a la ruptura orgánica de Sendero Luminoso. Durante el trayecto a Palacio de Gobierno fui informado por el edecán de turno que el ingeniero Fujimori se estaba desplazando a las instalaciones del Servicio de Inteligencia Nacional, por lo que dispuse al conductor de mi vehículo que comunique al jefe de escolta el cambio de ruta con el nuevo destino de nuestra caravana. Ya estando en el SIN le informé al presidente Fujimori que la Operación Especial de Inteligencia tenía un primer resultado positivo, toda vez que Abimael Guzmán Reinoso y la “camarada Miriam”, estaban dispuestos a solicitar al Gobierno las conversaciones que los llevara hacia la obtención de un Acuerdo de Paz que derive en concluir la guerra interna en el país, esto es, a capitular. El presidente Fujimori recibió la información, como es obvio, con gran satisfacción. Veía con claridad que la ocasión era propicia para hacer sentir el peso de la autoridad a los cabecillas de la red terrorista Sendero Luminoso. Me dio instrucciones de que le

Los más altos mandos de Sendero Luminoso capitulan y ordenan deponer las armas a sus huestes. Abimael y todos ellos firmaron su capitulación.

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transmitiera a los cabecillas terroristas de que el gobierno estaba en disposición de escucharlos, pero eso sí, debían de dirigirle una comunicación a su Despacho, reconociéndolo como Presidente de la República y, además, que tuvieran presente que no estaban en capacidad de negociar nada, sino de aceptar las reglas de juego que se les señalasen. Con ese concepto político retorné al día siguiente y me reuní con Guzmán y su compañera –únicamente los tres– en la sala de recibo del Director de Inteligencia Naval que se había acondicionado para tal fin. En ese lugar transmití dichas instrucciones y les indiqué que procedan a redactar una carta en que formulen su petición al Jefe de Estado, pues tenía la autorización de recibirla personalmente para llevársela a su Despacho. En tal virtud los dejaba solos para que en un término de 24 horas la formulen y la suscriban ambos como dirección política de su organización. Luego de transcurrido el término fijado de común acuerdo entre las partes, me constituí nuevamente a la Dirección de Inteligencia Naval, y estando en la antesala del despacho del director hice pasar a Abimael Guzmán Reinoso y Elena Iparraguirre Revoredo. Luego de los saludos protocolares respectivos, procedieron a mostrarme la carta redactada en limpio y dirigida al ingeniero Alberto Fujimori como Presidente de la República. Procedí a leerla, advirtiendo que no estaba firmada, por lo que señale que si ese era el texto definitivo debían de suscribirla colocando sus huellas dactilares en señal de conformidad con dicho documento. En ese acto, primero firmó Abimael Guzmán Reinoso imprimiendo su huella digital, luego lo hizo Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, siendo por tanto el único testigo directo de ese hecho que fue filmado y grabado a fin de tener un medio probatorio documental de la capitulación de ambos cabecillas de la red terrorista Sendero Luminoso. Concretado esto, había logrado mi primer objetivo de inteligencia. En dicha carta Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, como miembros de la dirección política de la red Sendero Luminoso, le solicitaban al presidente de la
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República ingeniero Alberto Fujimori Fujimori conversaciones que conduzcan a un Acuerdo de Paz, acuerdo de cuya aplicación derive la conclusión de la guerra que desde hacía más de trece años vivía el país. Debo insistir en señalar, en precisión histórica, que dicho texto fue redactado de puño y letra por Abimael Guzmán y tal cual como me fue entregado dicho documento elaborado por él y Elena Iparraguirre, en sus propios términos y lenguaje epistolar, lo puse en manos de su destinatario: Alberto Fujimori. Esto ocurrió en las instalaciones del Servicio de Inteligencia Nacional, en circunstancias que el Jefe de Estado preparaba su viaje a la ciudad de Nueva York para asistir a la 48º Asamblea General de las Naciones Unidas. El día anterior a su presentación ante dicho organismo internacional, el presidente Fujimori tuvo una cena privada con el ex secretario de Estado Henry Kissinger, quien por esa fecha se encontraba residiendo en la ciudad de Nueva York, lugar donde tenía sus oficinas particulares. Esta fue ocasión para que Fujimori analizando con Kissinger la situación del terrorismo en el Perú y la nueva estrategia del Gobierno para enfrentar esa amenaza, le mostrara para su conocimiento la carta que había recibido de los dos principales dirigentes de Sendero Luminoso. Kissinger sorprendido por ese logro, y agradeciendo el gesto del Jefe de Estado de hacerle conocer dicho documento, felicitó al presidente Fujimori no sin antes reconocer que el Perú recién estaba en la línea correcta en materia de lucha contra el terrorismo. Y es así que el 1 de octubre de 1993 el presidente Fujimori, ante atónitos diplomáticos y funcionarios de Naciones Unidas, anunció al mundo, en un histórico discurso pronunciado ante la 48º Asamblea General, que después de trece años de cruenta guerra interna en el Perú, conflicto que había ocasionado decenas de miles de muertes y la pérdida de miles de millones de dólares por la destrucción de la infraestructura del país, los cabecillas de la red terrorista Sendero Luminoso, Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, capitulaban ante el Estado. En una clara demostración de capitulación, le habían dirigido una comunicación escrita que en dicho acto Fujimori hizo pública ante la magna Asamblea, dando lectura a su texto para luego manifestar una rotunda negativa del Gobierno a un Acuerdo de Paz, pues
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su decisión política era la rendición incondicional de todos los dirigentes de dicha organización terrorista. Como es de suponer, este anuncio tuvo un fuerte impacto en la opinión pública nacional e internacional. Ya de retorno al país, el presidente Fujimori dirigió un Mensaje a la Nación el 4 de octubre de 1993 en donde por primera vez dio a conocer a la ciudadanía que por disposición suya se había efectuado una aproximación sistemática a los cabecillas terroristas detenidos en la Base Naval del Callao. Esta aproximación se había hecho con el propósito de que los cabecillas terroristas tomen conciencia del peso específico del Estado peruano y de la situación real en que se encontraba su organización terrorista. Informó, además, que Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo aceptaban que el Gobierno había recuperado plenamente la autoridad en el país. Asimismo, el jefe del Estado fue muy claro en reafirmar que su gobierno no haría ninguna concesión que pudiera significar un riesgo o un retroceso al proceso de Pacificación Nacional y que si la dirigencia de la red Sendero Luminoso deseaba efectivamente evitar que prosiga la guerra interna en el país, tenía necesariamente que plantear a su organización el cese de todas las formas de lucha que viene llevando a cabo, y si se produjera esa situación recién el Gobierno adoptaría las medidas que sean necesarias para asegurar la paz en el país. Y así todo el Perú pudo ver entonces a Abimael Guzmán Reinoso –junto a Elena Albertina Iparraguirre Revoredo– dando lectura a la primera carta que le dirigieran al presidente Fujimori y de la cual dio cuenta a la Asamblea General de las Naciones Unidas y luego al país. Ahora bien, ¿cuál fue la reacción inicial entre las filas del senderismo sobre la primera carta de Guzmán e Iparraguirre solicitando conversaciones para un Acuerdo de Paz al presidente Fujimori?

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En un principio, la reacción de la dirección partidaria senderista –tanto de lo que ellos llamaban “las luminosas trincheras de combate” (los penales) como la de los líderes fuera de la cárcel– pasó de la actitud inicial de sorpresa y desconcierto a una posición orientada a sosegar la incertidumbre de toda la militancia, para lo cual lanzaron inmediatamente una campaña de propaganda en el país y el extranjero en que sostenían diversas teorías explicativas de lo sucedido, entre las que podemos destacar tres. –La primera: de incredulidad, pues sostenían que quien aparecía ante las pantallas de televisión firmando la carta no era Abimael Guzmán Reinoso, sino otro individuo adecuadamente trucado. Es decir, el hombre que lucía como Guzmán era un actor; –La segunda: del abuso, que Guzmán había actuado bajo los efectos de sedantes e hipnotizado; y –La tercera: la del impostor, que señalaba que Guzmán había sido asesinado y se estaba utilizando un sosias; por tanto, todo esto era una patraña fraguada por el gobierno de Fujimori. El factor sorpresa utilizado por el ingeniero Fujimori descolocó a los dirigentes senderistas que se encontraban fuera de los penales. Estos estaban desconcertados, se mostraron totalmente incrédulos de haber visto en la televisión a sus máximos líderes capitulando, por lo que su primera reacción fue denunciar ese hecho como si fuera un montaje y una farsa aduciendo que no se puede aceptar “lo que va contra principios”, pues es norma comunista internacional “que no se dirige desde la cárcel”, siendo por ello imposible que el hombre que dirigió el inicio y desarrollo de la guerra popular hiciera un llamamiento para que el Partido celebrara conversaciones que conduzcan a un Acuerdo de Paz con el gobierno de Fujimori y que sea nada menos su “Presidente Gonzalo” quien propugne abandonar la guerra revolucionaria en el Perú. Habiendo mostrado el Comité Central de Sendero Luminoso –conformado por los líderes en libertad– la estrategia informativa que implementaría, así como los fundamentos ideopolíticos en que la sustentarían para restar validez a la capitulación de sus líderes
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luego de la aparición de estos en televisión, resultaba pertinente neutralizarla y desvirtuarla políticamente en todos sus extremos a fin de poder consolidar el proceso de capitulación en marcha. La mejor forma era con una nueva aparición pública que produciría un doble efecto: el primero, despejaría cualquier especulación, pues no se trataba de un impostor, de un individuo sedado o hipnotizado y de una patraña montada por el Gobierno, sino del propio Abimael Guzmán Reinoso, quien libre y espontáneamente expresaba su decisión de capitular; y segundo, nos permitiría sentar las bases para la división o escisión de Sendero Luminoso, que era el otro objetivo de inteligencia que me propusiera al desarrollar la Operación Especial de Inteligencia. Con el propósito de alcanzar este último objetivo –en el marco de un esquema estratégico de buscar la división de la citada red terrorista– previsoriamente habíase establecido el cronograma que hacía posible que desde la segunda quincena del mes de septiembre de 1993, empezara el traslado progresivo de los miembros emblemáticos de la dirección central que cumplían condena en el penal de Yanamayo (ubicado en el departamento de Puno) con destino a Lima, a fin de que en el momento adecuado se puedan reunir con sus líderes en la prisión militar de la Base Naval del Callao. Estando a la autorización concedida por el Consejo Supremo de Justicia Militar, se dispuso ese traslado a la capital al encontrarse los referidos internos bajo su jurisdicción, ante la solicitud que formulara el Servicio de Inteligencia Nacional por razones de Seguridad Nacional. En vista de las consideraciones precedentemente expuestas, el ingeniero Fujimori estuvo de acuerdo en que se efectúe una segunda aparición pública para cerrar el paso a mayores especulaciones que se podrían ir dando si es que no se aclaraba –por el propio Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo– las razones por las cuales los cabecillas terroristas habían formulado su petición de realizar conversaciones para un Acuerdo de Paz. Por lo tanto, se me autorizó realizar el contacto respectivo con estos dos líderes senderistas a fin de explicarles la situación existente y analizar –los tres– cuál sería el mejor curso de acción a seguir frente a este escenario.
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Con estos criterios orientadores me constituí de inmediato a la Base Naval del Callao. Allí me reuní, nuevamente, con Guzmán y su compañera en la sala de conferencias de la Dirección de Inteligencia Naval y les expuse la reacción de la dirigencia de su partido fuera de los penales después de su debut televisivo, mostrándoles toda la información de fuente abierta disponible y comentando la de fuente cerrada que sobre ese hecho teníamos en el Servicio de Inteligencia Nacional. Todo esto con el objeto de que procediéramos a la evaluación integral respectiva. Como línea de análisis di cuenta de la declaración emitida por el Comité Central del Partido Comunista del Perú (CC del PCP) después de la intervención del presidente Fujimori ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y de la presentación televisiva en que Guzmán diera lectura a su primera carta dirigida al Jefe de Estado. En dicho documento el citado comité plantea su posición advirtiendo que se trata de una patraña fabricada por la reacción “…en función de servir a esta necesidad contrarrevolucionaria –de aniquilar la guerra popular– y en su desesperación e impotencia ante el avance de la Guerra Popular y como parte de la guerra psicológica es que se ha montado la siniestra y proterva patraña que, por un lado, pretende infamar inútilmente al Presidente Gonzalo prosiguiendo su premeditado, alevoso y vesánico plan de aniquilarlo; y por otro, no es más que pregonar su negro sueño de capitulación de sendero (…) patraña burda y ridícula que nadie con dos adarmes de seso puede tomar en serio y que se esfumará, como sus antecesoras, ante el torbellino de la incesante Guerra Popular” (sic). Como una forma sutil de exaltar la vanidad de ambos, les manifesté a mis interlocutores que personalmente consideraba pertinente que en su calidad de líderes de la organización deberían desarrollar la línea y la estrategia en un nuevo documento, dando una orientación que marque el rumbo y los principios estratégicos de la nueva decisión histórica que habían formulado en la primera carta, pues estando a la posición del CC del PCP, lo fundamental era la línea ideológica y política, entendidas éstas como orientación y método para dirigir el partido prestando atención a la lucha de las dos líneas que –veíamos– se presentaba. Todo ello –insistí–
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requería de análisis por la Jefatura, pues constituyendo la dirección una cuestión indispensable, les correspondía a ellos mantener la línea política correcta. Luego de mi intervención, ambos interlocutores estuvieron de acuerdo en que era “prudente y necesaria” la ampliación de la primera carta, pues –en su criterio– la guerra interna no podía desarrollarse sino sólo mantenerse porque no existe la dirección proletaria –que mantiene una línea política justa y correcta que sea capaz de desarrollar la guerra popular con rumbo y dirección de clase– ni la centralización estratégica y condiciones internacionales favorables como cuestiones indispensables que los dirigentes de afuera del CC del PCP, no estudian ni analizan. Ante la coincidencia de opiniones convenimos con mis interlocutores a que en el plazo prudencial más breve, procedan a la redacción del nuevo documento, documento que ampliaría la primera carta y a la cual añadirían –a su primigenia petición– las consideraciones que estimaran convenientes. Así nos despedimos, dejándolos para que trabajen en la elaboración de lo que más tarde constituiría la segunda carta, documento que sirvió para consolidar el objetivo de la capitulación de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre. Posteriormente nos volvimos a reunir en el mismo local de la Dirección de Inteligencia Naval, donde me presentaron el texto de lo que sería la otra carta dirigida al presidente Fujimori, para que procedamos en ese acto a debatir su contenido y reajustar la redacción –entre los tres y sin participación de otros–, lo que efectivamente se hizo y luego de pasada en limpio a mano por el propio Abimael Guzmán Reinoso fue debidamente firmada por los otorgantes, quienes emitían el citado documento imprimiendo su huella digital en señal de conformidad con el mismo. El documento fue fechado a los seis días del mes de octubre del año 1993. Me lo entregaron, no formulé observación alguna poniéndolo luego en conocimiento del jefe de Estado. En esta carta felicitan al presidente Fujimori con los siguientes términos: “...y en lo que a nosotros más directamente se refiere, a
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partir de esa fecha y bajo su dirección política, ha desenvuelto una estrategia sistemática, coherente y desarrollada, en especial en el campo de la inteligencia, alcanzando reales éxitos principalmente con la captura de cuadros y dirigentes, entre ellos a nosotros los firmantes, lo que evidentemente constituye el más importante éxito del Estado peruano bajo su Jefatura, en esos trece años de guerra. De esta manera se visualiza favorablemente el camino que usted propende y lidera...” (sic). Asimismo, en dicho documento manifiestan que así como “… ayer bregaron por iniciar la guerra popular, hoy con igual firmeza y resolución se debe luchar por un Acuerdo de Paz por ser una decisión histórica de necesidad insoslayable, más aún considerando que la paz ha devenido en necesidad del pueblo, la nación y la sociedad peruana en su conjunto (…) siendo estas las razones por las cuales en nuestra anterior solicitud le pedimos y hoy reiteramos conversaciones que conduzcan a un Acuerdo de Paz de cuya aplicación permitirá concluir la guerra que desde hace trece años vive el país” (sic). Si consideramos que la red terrorista Sendero Luminoso ha producido una ola de violencia marcada por una creciente espiral luctuosa que ha ocasionado decenas de miles de vidas perdidas y miles de millones de dólares en pérdidas materiales, daños que superan largamente los sufridos por el Perú en la guerra por la Independencia Nacional y la infausta guerra con Chile, que son los mayores conflictos en los que se vio involucrado el país, frente a esa pavorosa realidad nos preguntamos válidamente: ¿Convenía a los altos intereses nacionales la capitulación de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo? ¿Era necesaria para la ansiada Pacificación Nacional lograr la división, escisión o ruptura orgánica de esta red terrorista después de trece años de guerra interna? ¿Sirvió a los altos intereses nacionales haber logrado la capitulación de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo?
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¿Servía a la Pacificación Nacional buscar la división, escisión o ruptura orgánica de la red terrorista Sendero Luminoso después de 13 años de guerra interna? Con la mayor objetividad posible y lejos de cualquier subjetivismo o apasionamiento, consideramos que después de trece años de guerra interna, el Perú requería conseguir la derrota estratégica de Sendero Luminoso en el dominio político –porque la lucha era y es política– para luego derrotarlo en el campo militar, y es en esa línea de pensamiento que busqué y logré la capitulación de la máxima jerarquía partidaria luego de un año de arduo trabajo respetando los derechos fundamentales de los dos líderes terroristas, confrontándolos en el terreno de las ideas bajo los lineamientos doctrinarios de la Guerra de Cuarta Generación y su variable principal la Guerra Asimétrica. Esto produjo un efecto político devastador al interior de esta organización, efecto que hasta hoy perdura debido a la crisis ideológica creada. Ese mismo día 6 de octubre de 1993 inicié una intensa actividad teniendo como norte mi otro objetivo: hacer realidad la división y ruptura orgánica de la red terrorista Sendero Luminoso para fragmentarla y neutralizar su letalidad en el país. Me entrevisté en primer lugar con Osmán Morote Barrionuevo (a) “Nicolás”, miembro del comité central que ya se encontraba en la Base Naval del Callao, quien al verme se quedó sorprendido y sólo atinó a saludarme. –Buenos días, doctor Montesinos. ¿A qué se debe su visita? –preguntó. –Buenos días, señor Morote. ¿Cómo me ha reconocido y sabe quién soy? –le pregunto a mi vez… Sin embargo, cumplo con el protocolo de presentarme formalmente. –Bueno… –Bien, soy Vladimiro Montesinos Torres, miembro del Servicio de Inteligencia Nacional. Vengo oficialmente a conversar con usted sobre los últimos acontecimientos de su partido. –Mucho gusto de conocerlo personalmente, doctor. Usted dirá –respondió Morote con buena predisposición, según pude percibir en su rostro.
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–¿Ha tenido usted la oportunidad de ver la presentación del señor Abimael Guzmán Reinoso y de la señora Elena Albertina Iparraguirre Revoredo solicitando conversaciones para un Acuerdo de Paz al presidente Fujimori? –pregunté como quien no quiere la cosa, tanteando la reacción de Morote. –Sí... Vi la primera presentación y hace poco rato han tenido la gentileza de permitirme ver una grabación en que aparece el doctor Guzmán acompañado de la camarada Miriam dando lectura a otra carta dirigida al presidente Fujimori. –Me alegro. Precisamente sobre ese tema desearía conversar con usted si me lo permite –agregué probando el terreno. –Está muy bien, doctor. Estoy dispuesto ha escucharlo. –Gracias, señor Morote –contesté. –Vea usted, para su información –continué– le comentaré que está en marcha hace un buen tiempo un proceso de conversaciones entre quien le habla, en su calidad de “interlocutor académico”, con el señor Guzmán y la señora Iparraguirre. Producto de las mismas son estas dos cartas, por lo que permítame ponerle a la vista los dos documentos originales que obran en mi poder para que los lea y vea que es la letra y firma de sus dos dirigentes. –Gracias, doctor. ¿Puedo leerlos? –preguntó Morote. –Por supuesto, para eso se los muestro… Me gustaría que conversemos sobre este tema. Se produjo un breve silencio en el ambiente mientras, un Morote sereno y aplomado, leía con detenimiento carta por carta. Al finalizar la lectura me devuelve las misivas. –Gracias, doctor. –¿Qué opina usted, señor Morote, de estos dos documentos firmados por la máxima instancia de su partido? –Vea, doctor, yo soy un miembro titular del Comité Central, y como tal acato disciplinadamente la decisión de la Jefatura de mi partido… Pero, ese no es el problema, pues considero se debería explicar las razones de esta decisión a los compañeros que están
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en las luminosas trincheras y a la militancia del exterior de los penales. –Me parece correcta su apreciación, señor Morote. ¿A usted le gustaría conversar esta situación con el señor Guzmán y la señora Iparraguirre? –Por supuesto, doctor… ¡Cómo no voy a querer conversar con el presidente Gonzalo y la camarada Miriam! Viendo la receptividad de Morote, le digo: –¡Entonces le doy una buena noticia! –¿Cuál, doctor? –Dentro de algunas horas vendrán por usted para llevarlo a una reunión con ellos. Allí nos veremos nuevamente. –Muchas gracias, doctor. Entonces me alistaré para el encuentro. –Hasta luego, señor Morote –y le extendí la mano. Él extiende la suya, y apretando la mía dice: –Hasta pronto, doctor. Gracias por este encuentro. –Bien –dije y me retiré para dirigirme al lugar donde estaba detenida María Guadalupe Pantoja Sánchez (a) “Doris”, otra integrante titular del comité central. Menudo trabajo que me esperaba… Pero lo hacía con mucha firmeza y con el convencimiento de que iba en la línea correcta para lograr la división de Sendero Luminoso, que era el otro objetivo de inteligencia buscado. Al llegar a la zona de reclusión donde estaba detenida dicha persona, indiqué que ingresaría para conversar con ella. Luego de las formalidades reglamentarias respectivas, la tenía frente a mí, custodiada en el interior de su ambiente por cuatro efectivos mujeres de la Dirección de Inteligencia Naval con el rostro cubierto con pasamontañas. Al verme ingresar los cuatro efectivos se pusieron de pie, simultáneamente, como un resorte que estaba comprimido y salta de pronto, circunstancia que aproveché para solicitarles me dejen a solas con la detenida. Se retiraron.

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María Guadalupe Pantoja Sánchez contemplaba en silencio la escena. Ya estando a solas con ella, le digo: –Por favor, siéntese señora, póngase usted cómoda. –Gracias, señor. –Señora Pantoja, ¿me permite usted que tome asiento en esta silla para conversar algunos temas de interés mutuo? –Sí, señor. ¿No tiene usted temor como sus compañeros militares de estar usted solo y sin armas frente a mí? –No, no tendría por qué tenerlo, pues veo en su rostro una actitud pacífica. –¿Qué?… ¿usted es psicólogo? –Nooo… Soy abogado. –Eso ya lo sabemos, doctor Montesinos –dijo con cierto tono burlón. Inmediatamente retruqué: –Pero también soy sociólogo egresado del Programa de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Para su información, uno de mis profesores fue el sociólogo Aracelio Castillo, conocido de ustedes en Ayacucho. ¿Lo recuerda usted? –Bueno, eso no lo sabíamos en el Partido. Tomo nota de ello... –respondió esta vez con un tonillo irónico. Nos reímos, y así empezó la conversación con esta menuda dirigente senderista, de humor a flor de piel y con quien cultivé una buena relación –para los fines de mi trabajo– al extremo de tomarme la libertad de ponerle el criptónimo de “Mexicana” por su segundo nombre, Guadalupe, al igual que a Osmán Morote Barrionuevo, a quien le decía “Nico” como diminutivo de su alias “Nicolás”. –Bueno, cumpliendo el protocolo me presentaré, señora Pantoja. Soy Vladimiro Montesinos Torres, miembro del Servicio de Inteligencia Nacional y, como le dije, desearía conversar con usted asuntos de mutuo interés.
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–Está bien, señor Montesinos –agregó. –¿Ha visto usted la intervención pública del señor Abimael Guzmán Reinoso y de Elena Iparraguirre Revoredo solicitando conversaciones para un Acuerdo de Paz al presidente Fujimori? –pregunté a boca de jarro. –Sí, he visto una sola aparición de ellos. No conozco de otra. –Entonces dispondré que nos muestren el video con una nueva grabación, ¿okey? –Como crea usted conveniente, señor. Me levanté y le pedí al jefe de servicio que traiga un televisor y un equipo de VHS para ver el video con las últimas imágenes de Guzmán y compañía. En tanto le digo a mi interlocutora: ¿Usted conoce la letra del señor Guzmán? –Por supuesto, señor. ¿Cómo no voy a conocer la letra del presidente Gonzalo? –Correcto. Aquí le muestro los originales de las dos cartas firmadas por el señor Guzmán y la señora Iparraguirre dirigidas al presidente Fujimori. Le ruego las lea, principalmente esta –le dije, mostrándole la segunda carta. Ella se puso a leerlas en silencio demorándose en la lectura de la segunda, cuyo contenido desconocía. Al concluir me dice: –Bien, es la decisión del presidente Gonzalo y de la camarada Miriam. ¿Qué podría yo decir al respecto? –me respondió de modo tajante. Sentí como que no estaba de acuerdo y por eso le repregunté: –¿Cómo dice? ¿Usted está en desacuerdo con esa decisión? –Por favor, doctor, no interprete mis palabras. Cuando le digo “¿qué podría yo decir al respecto?”, significa que si la dirección de mi Partido ha tomado esa decisión los miembros del Comité Central tenemos que acatarla disciplinadamente. Casi igual discurso que el usado por Morote. Tenían el mismo molde conceptual, pensé.

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Fuimos súbitamente interrumpidos por el jefe de servicio: –Permiso, señor, para instalar los equipos y vean el video solicitado. El técnico aquí presente lo tiene en su poder. –Gracias, señor –respondí mientras el técnico de la Armada Peruana con su uniforme de faena y el rostro cubierto con un pasamontañas procedía a la instalación y luego con una seña indicó que estaba lista la cinta de video. Instantes después se retiró sin mencionar palabra alguna para evitar que lo identifiquen por su voz. Reí otra vez para mis adentros. Cogí el control remoto y presione “play”, y segundos después apareció la imagen de Guzmán. Con la señora Pantoja escuchamos en silencio la lectura de la carta. Al concluir le pregunto: –¿Qué le parece, señora? –Impresionante el presidente Gonzalo, y qué serenidad la de la camarada Miriam. –Bien, ahora me despido por el momento, pues más tarde nos volveremos a ver con el señor Guzmán, la señora Iparraguirre y el señor Morote. –¿Qué?… ¿Nicolás estará también presente? –Así es María Guadalupe. Nos vemos más tarde, pues tengo otras reuniones. Me retiré, y procedí a desplazarme a la zona donde estaba detenida la abogada Martha Huatay Ruiz (a) “Rosa”, militante perteneciente a la Asociación de Abogados Democráticos, un organismo de fachada de Sendero Luminoso. Al estar frente a ella pude observar que tenía similar custodia de cuatro efectivos mujeres de la Dirección de Inteligencia Naval igualmente con el rostro cubierto con pasamontañas. A ellas igualmente les solicité que se retiraran. Me dejaron a solas con la detenida, situación que aprovechó la señora Huatay para increparme con diversas exigencias. –Que no se retiren mis custodias. No quiero permanecer sola con esta persona. ¿Qué quiere usted conmigo? ¿Qué desea? ¿Por qué dispone se retire la custodia? Pido la presencia de mi abogado en este momento.
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Ante ello dispuse permaneciera la custodia a fin de no darle ningún argumento de resistencia y calmarla. Luego le dije: –Tranquila, doctora Huatay. Por favor, desearía me permita hablarle unos minutos. –Usted es abogado y conoce muy bien que tengo derecho a contar con un letrado de mi libre elección para que me asista en este acto. –Efectivamente es su derecho ser asistida por una defensa técnica de libre elección para la toma de cualquier manifestación, y también tendría que estar presente un fiscal a fin de cautelar la legalidad. Pero… es el caso que yo no voy a tomarle su dicho. Al contrario, quisiera brindarle información actualizada del señor Guzmán y la señora Iparraguirre. Claro está, si usted lo permite. De lo contrario me retiraré. –Ah, bueno… Eso es otra cosa. Lo escucho, pero que no se retire la custodia. ¡Vaya –pensé–, qué tal carácter de esta mujercita! Luego dije: –Antes de que me escuche quisiera que veamos un video difundido hoy, y en que se aprecia a la dirigencia de su Partido solicitando al presidente Fujimori conversaciones para un Acuerdo de Paz. –¿Dónde está el video y el televisor? –preguntó. –Un momento, doctora. Ahora, recién con su consentimiento gestionaré para que en este instante traigan el video con el televisor a fin de poder verlo juntos –respondí y me paré, pidiendo el equipo. Después de visualizar la grabación las seis personas que estábamos en el mismo ambiente, tomé la iniciativa a fin de no darle tiempo diciéndole: –Doctora Huatay, en este acto se le pone a la vista los originales de las dos cartas dirigidas por el señor Guzmán y la señora Iparraguirre al presidente Fujimori. Por favor, le rogaría leerlas.

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Recibió las cartas y procedió a leerlas ceremoniosamente, con la parsimonia propia de los abogados. Al concluir tomó la iniciativa manifestando: –Usted ha sido militar y sabe que cuando el comando adopta una decisión los escalones subordinados deben cumplirla sin dudas ni murmuraciones. En este caso, en mi colina, cuando el presidente Gonzalo como Jefatura y la camarada Miriam como Dirección adoptan una decisión, todos debemos acatarla disciplinadamente, de implementarla. ¡Uf!… ¡Qué alivio sentí al escucharla! Entonces rápidamente le digo: –Veo que usted tiene las cosas muy claras, de modo que ya no caben mayores comentarios de mi parte. Más tarde nos veremos con los líderes de su Partido, y ahí podrán ustedes dialogar libremente. –Muy bien, doctor Montesinos, usted también es sabedor del aforismo jurídico “Roma Locutta, Causa Finita”, “Roma habló, la causa terminó”. La Jefatura habló y eso es. –Ah… disculpe, doctora Huatay. Por la emoción de ver a una colega no cumplí con el protocolo de presentarme y como usted también conoce los abogados podemos integrar cualquier pedido. Soy Vladimiro Montesinos Torres, miembro del Servicio de Inteligencia Nacional, a sus órdenes. –Sí… señor… Y bien que lo sabemos, ¿no? –Me alegro por ello y me despido hasta más tarde. Gracias por su atención colega –dije y ante ello Huatay me mira y responde con fino humor: –Vaya no más colega… Recuerde que entre gitanos no podemos adivinarnos la suerte –añadió y acto seguido soltó una carcajada, mientras las cuatro custodias desconcertadas contemplaban la escena. Ya contabilizaba tres entrevistas, pero aún me faltaba conversar con Rosa Angélica Salas La Cruz (a) “Lucía”, integrante del departamento central (DC), uno de los organismos de dirección partidaria de Sendero Luminoso. “Lucía” era una especie de
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secretaria privada del llamado “Presidente Gonzalo”. El DC estaba dirigido personalmente por Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam” y estaba conformado por un selecto grupo de militantes, todas ellas mujeres que vivían junto al líder, teniendo la responsabilidad de elaborar documentos para retransmitir las diversas disposiciones del Comité Central a las distintas instancias partidarias. Esta vez, por razones de estrategia y a fin de hacer más fluido el diálogo, le pedí al jefe del servicio que previo a mi ingreso instalaran el televisor y el VHS en el lugar de detención, de modo que cuando llegara ya debían estar ubicados en el lugar requerido. Es por eso que al ingresar lo primero que hice fue presentarme. –Señora Salas, soy Vladimiro Montesinos Torres, miembro del Servicio de Inteligencia Nacional y vengo a darle noticias sobre el señor Guzmán… –dije, pero la mujer no me dejó terminar. –¿Qué? ¿Usted ha visto al presidente Gonzalo? ¿Cómo está? ¿Y la camarada Miriam, qué sabe de ella? –Sí, señora Salas, para su información y conocimiento estoy en contacto permanente con ellos y venimos desarrollando un proceso de conversaciones hace un año, y de ese tema quería hablarle. Pero antes le rogaría permita se retiren las cuatro custodias a fin de conversar solos. ¿Okey? –Por supuesto, señor, no tengo ningún inconveniente a ello. Además veo su rostro y me dice que es una persona tranquila. Que se retiren, señor. –Señora Salas, ¿usted que ha estado cerca del señor Guzmán, conoce su letra? –Por supuesto, ¿cómo no voy a conocer la letra del jefe de mi Partido? ¿Por qué me pregunta eso, señor? –Porque voy a mostrarle estas dos cartas originales de puño y letra del señor Guzmán, con su respectiva firma y huella digital y con la firma de la señora Iparraguirre y huella digital correspondiente. –¿Puedo leerlas?
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–Sí… pero, previamente vamos a ver la grabación en que el señor Guzmán lee la última carta que es una ampliación de la primera. –Está bien, señor, y después de ello leeré estos documentos. Puse “play” y empezaron a verse las imágenes esperadas. “Lucía” escuchaba muy sorprendida, según pude percibir en sus gestos y ademanes, y al concluir la visualización de la cinta inmediatamente se puso a leer las cartas. Cuando terminó, le pregunto: –¿Está usted de acuerdo con la decisión de la jefatura de su partido? –¿Pero cómo no lo voy a estar si estoy viendo y leyendo estos documentos? Lo que no tengo claro es cómo se han desarrollado las conversaciones entre las dos colinas para que el presidente Gonzalo adopte esa decisión. Usted dice que ha estado en contacto con ellos. ¿Me podría usted explicar eso, señor? –Con mucho gusto, señora… Pero considero que quien mejor le podría explicar el tema es el propio señor Guzmán –le replico y ella me interrumpe y me dice: –¿De sus palabras debo colegir que veré al presidente Gonzalo y a la camarada Miriam? –Así es… Nos veremos dentro de un rato con ellos, y además estarán presentes el señor Morote, la señora Pantoja y mi colega la doctora Huatay. –¿Qué…? ¿Usted habló con ellos? ¿Qué opinan? –Sí, he hablado con ellos y me dicen los tres que si la Jefatura habló, todos tienen que cumplir su decisión. –Vaya, qué bueno, señor. –Entonces hasta más tarde –le respondí y salí para tomar un descanso antes de comenzar la segunda parte del trabajo que sería una reunión entre las cuatro referidas personas y su jefatura partidaria, con mi presencia obligatoria. Menuda tarea que tenía por delante… Pero dando pasos cortos y mirando lejos, pues la misión debía alcanzar su segundo objetivo, que era lograr la división de Sendero Luminoso.
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Siendo consciente de que un viraje radical, de ciento ochenta grados, en la línea ideológica y doctrinaria de la red terrorista Sendero Luminoso encontraría muchísima resistencia en su militancia partidaria, particularmente en la dirigencia fuera de los penales, pues siempre éstos han tenido como línea estratégica señalada por la misma Jefatura, que cualquier negociación propuesta es una capitulación en el Partido. En este sentido, la nueva posición de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Iparraguirre Revoredo aparecía como contraria a todo lo que habían sostenido hasta antes de su captura. Esto ocasionaría, inevitablemente, un cisma ideológico al interior del senderismo, el mismo que se expresaría en la agudización de la lucha de las dos líneas, que es precisamente lo que se buscaba. Ese hecho produciría definitivamente la división de Sendero Luminoso, el objetivo de inteligencia, reitero, que tenía como misión en esta parte de la operación. A estas alturas de la operación tenía muy claro el panorama: si quería cumplir con la misión de dividir y hacer realidad la ruptura orgánica de Sendero Luminoso dentro del esquema estratégico propuesto, debía previamente lograr que la dirección senderista recluida en los diversos penales del país, haga suya la nueva posición de Guzmán e Iparraguirre. La mejor táctica para poder viabilizar ese objetivo era traerlos a Lima y luego juntarlos con sus cabecillas en la prisión de la Base Naval del Callao para que allí el llamado “Presidente Gonzalo” imponga su liderazgo orgánico e ideológico, cuasi divino, y los convenza de la conveniencia de asumir la línea que él proponía. Luego trabajarían juntos, en equipo, para darle forma a la fundamentación de la nueva “Gran Decisión y Definición”. Para todo ello se tenía que facilitar el desplazamiento supervisado de estos dirigentes senderistas desde las diferentes prisiones del país, empezando por las de Lima, a fin de impulsar el Acuerdo de Paz. Al movilizar a los detenidos ocurría que los familiares, involuntariamente se convertían en faja de transmisión de mensajes que permitían lograr que el Partido y sus bases asuman luchar por el supradicho acuerdo, alineando así a los militantes con la propuesta de Abimael Guzmán Reinoso. Todo ello, en suma, con el evidente objetivo de conseguir la división de Sendero Luminoso.
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En tal sentido la presencia en Lima de los dirigentes senderistas Osmán Morote Barrionuevo, María Guadalupe Pantoja Sánchez, Martha Huatay Ruiz y Rosa Angélica Salas La Cruz, obedecía a este propósito estratégico, y la entrevista inicial que sostuviera con ellos me convenció de que todos ellos estaban dispuestos a que sea el propio Guzmán quien les presente la nueva posición de la Jefatura de su partido para que terminen haciéndola suya y luego la difundan en todos los penales de acuerdo con la línea de acción prevista. Es por ello que cuando vuelvo a reunirme con Guzmán y la “camarada Miriam”, los puse al corriente de las visitas que había llevado a cabo con cada uno de los cuatro dirigentes de su red terrorista y, desde luego, de la gran receptividad que encontré en los mismos respecto a la disposición de acatar disciplinadamente sus decisiones partidarias, puestas de manifiesto en las dos cartas dirigidas al presidente Fujimori. Por ello y de común acuerdo entre las dos partes se decidió que los dirigentes senderistas mencionados líneas arriba fueran incorporados a la reunión conjunta que llevaríamos a cabo, uno por uno. El primero en ingresar a la sala de conferencias de la Dirección de Inteligencia Naval donde estábamos reunidos, fue Osmán Morote Barrionuevo. Este se dirigió hacia donde estaba Guzmán y se paró frente a él: –Gusto de verlo, presidente Gonzalo. A usted y a la camarada Miriam. Ambos se abrazaron, y acto seguido Morote exclamó: “¡Larga vida presidente en la Jefatura del Partido!” Luego se dirigió donde estaba Iparraguirre. –Gusto de verla camarada Miriam –le dice. Y los dos también se abrazan. Luego se acerca al lugar donde yo estaba ubicado observando el ritual del encuentro. –Gusto de verlo nuevamente, doctor. Gracias por hacer posible este encuentro con la jefatura de mi Partido. –Es mi trabajo, señor Morote. Por favor, tome asiento al costado derecho del señor Guzmán para que ingrese su otra compañera.
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En eso anuncian el ingreso de María Guadalupe Pantoja Sánchez, quien a paso ligero se acerca donde Guzmán y lo abraza dándole un beso en la mejilla. –Es un honor estar de nuevo con usted, presidente Gonzalo, y ver a su lado a la camarada Miriam. –Gracias, camarada Doris –responde emocionado Guzmán. –¡Larga vida presidente en la jefatura del Partido! –exclama y enseguida se confunde en un largo abrazo con la señora Iparraguirre. –¡Qué alegría de verla, camarada Miriam! –le dice. Ambas se dan un beso en la mejilla. –Gracias, Doris –responde Elena Iparraguirre y luego, dirigiéndose a mi persona pregunta: –Doctor Montesinos, ¿dónde se sienta la camarada Doris? –A su costado, señora Elena. –Gracias. ¡Siéntate acá Doris! –ordena Elena Iparraguirre. “Doris” me hace una venia de saludo antes de sentarse, al cual respondo con otra venia y una sonrisa. Acto seguido hace su ingreso la abogada Martha Huatay Ruiz y al ver a Guzmán se pone a llorar, lo abraza y le dice: –Presidente, ¡qué alegría que esté vivo al igual que la camarada Miriam! ¡Yo pensé que la reacción atentaría contra sus vidas! –Estoy bien, camarada Rosa –contesta calmadamente Guzmán. –¡Larga vida presidente en la jefatura del Partido! –exclama Huatay y luego se dirige a la señora Iparraguirre; ambas se abrazan y besan en la mejilla. “Miriam” le pide a la “camarada Rosa” que se siente al costado de “Doris”, pero antes de hacerlo se acerca donde me encontraba y dice: –Veo que cumplió su palabra. Empezamos bien los gitanos –me dice en voz baja, ya sin el llanto inicial y se sienta donde le indicaron. De pronto hace su ingreso Rosa Angélica Salas La Cruz con el típico aire de secretaria de Guzmán y le dice:
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–Presidente, ¿tomó usted sus medicinas? Estaba preocupada, ¡no sabía si comía su dieta! ¡Veo que están bien! –Sí, gracias camarada Lucía –responde Guzmán. –¡Larga vida presidente en la jefatura del Partido! –repite la ”camarada Lucía” por cuarta vez, y a continuación se abraza con “Miriam”, a quien le da un beso en la mejilla. Luego se acerca donde me encontraba y exclama: –¡Gusto de verlo de nuevo, señor! –De igual modo, señora –le contesto. –¿Dónde tomo asiento? –pregunta “Lucía”. –En el sitio que indique la señora Iparraguirre –le respondo, ante lo cual “Miriam” le dice: –Camarada Lucía, ubíquese al costado del camarada Nicolás. –Comprendido, camarada Miriam. Nos encontrábamos, pues, reunidos en un mismo ambiente los seis integrantes de la dirección central de la red terrorista Sendero Luminoso y mi persona. No había en la sala de conferencias de la Dirección de Inteligencia Naval ningún custodio y ya las conversaciones se podían llevar a cabo como habían sido previstas, con la mayor normalidad posible. Siendo así, le solicité a Abimael Guzmán Reinoso procediera a exponer la posición de la dirección política ante sus partidarios, a fin de que éstos conozcan las razones por las cuales deberían luchar con firmeza por un Acuerdo de Paz como necesidad histórica insoslayable, es decir que sean conscientes y estén informados de que este Acuerdo demandaría suspender las acciones de la guerra popular en el Perú, pues ya no existían perspectivas futuras para su desarrollo, y menos tenía ya ninguna posibilidad de éxito, de tal modo que posteriormente todos en equipo procederían a analizar la situación que enfrentaban. Concluida la exposición de Abimael Guzmán Reinoso, hizo uso de la palabra la camarada “Miriam”, a fin de integrar los fundamentos de la medida adoptada, señalando que la cuestión de dirección es decisiva en su partido y que como no podía ser resuelta en buen tiempo no había otro camino que luchar por un Acuerdo de
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Paz. Por ello pidió autorización a Guzmán para que dejara abierta la instancia correspondiente, a efectos de que los integrantes de la dirección central reunidos procedan a expresar sus opiniones y formulen sus planteamientos. De esta forma se podría tomar una decisión consensuada sobre los pasos a seguir basándose en las dos cartas remitidas por la Jefatura al presidente Fujimori. Iniciado el debate interno, los miembros de la dirección central senderista expresaron sus diversos puntos de vista y apreciaciones, haciendo suya por unanimidad la posición de Guzmán. Todos estuvieron de acuerdo respecto de que al Partido no le quedaba otro camino que recurrir como solución al problema de dirección, buscar un Acuerdo de Paz y estando a la situación existente debían cesar además las acciones de guerra interna en el país, en buena cuenta: capitular. Llegados a este punto, y habiendo concluido en la necesidad de adoptar una decisión para implementar esta estrategia, me formularon los siguientes pedidos: –Primero, que se autorizara a los cuatro dirigentes presentes a permanecer en la Base Naval del Callao, junto con Guzmán e Iparraguirre para trabajar en equipo la fundamentación de la nueva Gran Decisión y Definición: el Acuerdo de Paz; –Segundo, que al hacerse pública la segunda carta puedan estar presentes los cuatro precitados miembros de la dirección partidaria flanqueando a la Jefatura en su presentación televisiva para dar una imagen de unidad monolítica frente al grupo escisionista que ya encabezaba Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano”; –Tercero, que se permita en un plazo no mayor de tres semanas que los cuatro dirigentes presentes emitan un pronunciamiento público de apoyo a la decisión de la jefatura de dirigir las dos cartas al presidente Fujimori solicitando conversaciones para el Acuerdo de Paz; –Cuarto, que se autorizara el traslado a la Base Naval del Callao de otros dirigentes del comité central recluidos en diversos penales, cuyos nombres se proporcionaría oportunamente, para que
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se integren al grupo de trabajo presente y ayuden a fundamentar la Gran Decisión y Definición: el Acuerdo de Paz; –Quinto, que se autorizara y facilitara el desplazamiento de los dirigentes que señale la jefatura por las diversas prisiones del país, para lograr el apoyo de la militancia al Acuerdo de Paz; –Sexto, que se les permita tener acceso a los medios de comunicación para disponer información sobre el acontecer nacional e internacional; –Séptimo, que se autorizara a los miembros de la dirección que visiten los penales para que puedan entrevistarse con su militancia e instruirlos sobre el Acuerdo de Paz; –Octavo, que se permita a los miembros de la dirección que visiten los penales para que puedan entrevistarse con sus familiares a fin de que los visiten y explicarles el Acuerdo de Paz. Vistos los pedidos formulados por Abimael Guzmán Reinoso, y considerando que la Operación Especial de Inteligencia tenía como objetivos de inteligencia, la capitulación de los líderes terroristas y la división o escisión de la red Sendero Luminoso; que dentro de ese esquema estratégico los pedidos formulados son compatibles con los dos objetivos propuestos; que siendo necesario consolidar la capitulación de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo; que para lograr la división de la red terrorista Sendero Luminoso es necesario producir un cisma ideológico de gran magnitud al interior de dicha organización; que este cisma debe agudizar las contradicciones internas y por ende genera la lucha antagónica de las dos líneas; que, para viabilizar ello es esencial diseñar los fundamentos conceptuales que brinden sustento a la decisión adoptada por la jefatura senderista; que, siendo de utilidad el pronunciamiento de apoyo de los cuatro miembros de la dirección central a la decisión de sus cabecillas; que, en este orden de ideas resulta conveniente que se incorporen al grupo de trabajo otros miembros de la dirección central recluidos en diversos penales; que, en orden a esta estrategia resulta necesario el desplazamiento de dirigentes por las diversas prisiones del país; que, igualmente es conveniente brindarles acceso a los medios de
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comunicación sin restricción alguna; que por tales consideraciones se resolvió admitir las peticiones solicitadas, agregando las reglas siguientes: –Primero, que no habrá ningún tipo de censura en la documentación que estructuren ya sea en equipo o individualmente; –Segundo, que sin perjuicio de lo anterior todo documento que elaboren –antes de ser difundido– deberá ser entregado al Jefe de Servicio para fotocopiarlo y ponerlo en conocimiento del escalón superior correspondiente; –Tercero, que en el término de 48 horas deberán proporcionar la relación nominal de los miembros de la dirección central que serían traídos a Lima; –Cuarto, que se debe comunicar los nombres de aquellos dirigentes que se desplazarán a los diferentes penales del país para los fines del apoyo logístico respectivo y la adopción de las medidas de seguridad; –Quinto, que en cada penal habrá un funcionario del Servicio de Inteligencia Nacional, el cual se identificará mostrando –como santo y seña– un gemelo de puño de camisa que será similar al que llevará cada dirigente al momento de desplazarse al penal asignado; –Sexto, que el citado funcionario será encargado de facilitar la comunicación entre los internos de Sendero Luminoso recluidos con el dirigente que se desplazaría desde Lima; –Séptimo, que asimismo, dicho funcionario viabilizará las comunicaciones personales, y de cualquier otra índole, con los familiares que visiten los penales, a fin de evitar les requisen aquellos documentos que servirán para informar a la militancia de la nueva Gran Decisión y Definición. –Octavo, cualquier otro requerimiento para los fines antes mencionados, será atendido en las provincias por el personal del Servicio de Inteligencia Nacional destacado a los penales y en Lima
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directamente por el interlocutor académico. Concluida la reunión se dispuso que los cuatro dirigentes senderistas permanezcan recluidos con los cabecillas de su organización en la misma prisión militar de la Base Naval del Callao, para que, de acuerdo a lo pactado, trabajen en equipo los fundamentos solicitados, debiéndoseles proporcionar no sólo los útiles de escritorio requeridos, sino también brindarles las facilidades a fin de que puedan permanecer juntos durante todo el día. Respecto a la alimentación se coordinó para que se mejore sustantivamente el rancho, como aporte al bienestar de los seis internos. Con relación a las actividades recreativas se logró que se les permitiera ver televisión y proyectar algunas películas, además de acceso a medios de comunicación, pues en el curso de esta operación –bajo mi directa responsabilidad– se tenía que respetar los derechos fundamentales de estos actores no estatales que se habían alzado en armas contra el Estado peruano. Esta era una forma de demostrarles la superioridad moral del Estado que querían destruir para instaurar la República Popular de Nueva Democracia e implantar el comunismo en el país. El 8 de octubre de 1993 retorné a la Base Naval del Callao, pues el ingeniero Fujimori dispuso se diera publicidad a la segunda carta que permitió consolidar la capitulación definitiva de la dirección política de la red terrorista Sendero Luminoso conformada por Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo como los dos dirigentes principales de mayor jerarquía del comité permanente de esta red. Ellos, en su presentación en televisión estuvieron flanqueados por los cuatro precitados miembros de la dirección partidaria Así culminó el proceso merced al cual se alcanzó el primer objetivo de inteligencia que me propusiera al iniciar la Operación Especial de Inteligencia. Es a partir de esta nueva difusión pública que se sentaron las bases para agudizar las contradicciones al interior de la organización terrorista con miras a producir la lucha antagónica de las dos líneas, a fin de producir la división y ruptura orgánica de Sendero Luminoso, que era el otro objetivo de inteligencia que se buscaba.
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CAPÍTULO VII
LA DIVISIÓN Y LA SUBSECUENTE RUPTURA ORGÁNICA DE LA RED TERRORISTA SENDERO LUMINOSO

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VII.
Luego de haber alcanzado mi primer objetivo de inteligencia procedí a retirarme de la Base Naval y durante el trayecto con destino a la sede central del Servicio de Inteligencia Nacional ubicado en Las Palmas, iba meditando sobre la misión que estaba cumpliendo, sobre su carácter reservado, pero evidentemente histórico y también sobre el desarrollo de las operaciones, siempre imaginadas como exitosas, pero que en todo momento podían echarse a perder. Pensaba en este sentido que para un oficial de inteligencia la diferencia entre el éxito y el fracaso está en la habilidad de adaptarse al enemigo. Creo que lo había logrado. A la gente con la que acababa de tratar no le interesa las reglas; todo lo que les importaba, eran los resultados de sus acciones destructivas y letales. Mi trabajo como hombre de inteligencia era detenerlos antes de que logren sus objetivos: causar más muertes y destrucción en el Perú. En una misión como la que cumplía hay un motivo y es completar el objetivo central de mi misión: lograr la división de la red terrorista Sendero Luminoso, es decir, escindirla o quebrarla en dos partes que luego se vuelvan antagónicas entre sí. Esto era algo que a todas luces resultaba impensable para cualquier analista durante los primeros trece años de guerra interna en el país. Sin duda, estaba ante el mayor reto que he tenido en mi carrera como Oficial de Inteligencia y la misión más difícil que cumplía como Oficial del Caso. Estando en la base –en el SIN– di cuenta al jefe del Servicio, general de división EP Julio Salazar Monroe, de la actividad realizada, y luego con su conocimiento y autorización, me reuní con el Director Nacional de Operaciones, cuya Dirección Nacional era el órgano de línea encargado de desarrollar la inteligencia operativa, tanto en el ámbito interno como en el externo, para
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hacer frente a los diversos factores de perturbación de la Seguridad Nacional. Era indispensable ponerlo al tanto de la parte pertinente de la operación para que en esta fase de la misión me apoyara con su personal, desplazando agentes a los diversos penales del país a fin de obtener información al facilitar y supervisar las entrevistas y los contactos entre los dirigentes de Sendero Luminoso –que irían de la Base Naval del Callao– con los internos de dicha organización y sus familiares durante las visitas ordinarias y especiales. Para ese propósito el concepto de la operación consistiría en que –bajo la cubierta de ser facilitadores de contactos– deberíamos conocer en profundidad cómo es que los dirigentes senderistas detenidos que actuaban en las llamadas “luminosas trincheras de combate” (los penales) se comunicaban con elementos de su partido en el exterior. Había que determinar el modo en que los dirigentes senderistas presos impartían directivas operacionales de ataques: sabíamos que utilizaban a sus familiares como faja de transmisión de mensajes, pero no el mecanismo empleado. La oportunidad era propicia para poder conocer todo el entramado de su comunicación interna, y luego tratar de infiltrarlo y reclutar colaboradores sin afectar la misión principal, que era la división de Sendero Luminoso. Con tal finalidad se debían formar varios equipos operativos por cada penal, los cuales en forma encubierta harían la observación, vigilancia y seguimiento de aquellos familiares que nuestros agentes de enlace desde el interior del penal identificaran. Determinado el objetivo a seguir al concluir cada visita, se procedía a su rastreo las 24 horas del día a fin de conocer sus movimientos y contactos fuera del penal, y de ser posible reclutar algunos colaboradores. En el equipo que actuaría en el interior del penal sólo un agente daría el rostro, pero con un adecuado disfraz que impida su identificación. Este agente tendría en su poder uno de los gemelos de un puño de camisa que utilizaría como medio de contacto ante el dirigente senderista que se desplazaría desde Lima con el otro gemelo que completaría el par que puede usar una persona. La sección de apoyo técnico del SIN proporcionaría personal y el equipo necesarios para implantar micrófonos encubiertos en
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aquellas áreas sensibles que dificulten el libre acceso de nuestros agentes en el interior de los respectivos penales. Ello con el objetivo de poder recopilar la mayor cantidad de información posible para la evaluación por nuestros analistas. Asimismo, el departamento de cubiertas y disfraces del SIN entregaría los juegos de gemelos necesarios que se distribuirían entre los agentes de campo y sus respectivos pares. Todo esto se le proporcionaría al Oficial del Caso a efecto de entregárselos a cada uno de los dirigentes senderistas en la prisión militar de la Base Naval del Callao, antes de su desplazamiento al centro de reclusión asignado. Igualmente, este departamento adecuaría los disfraces correspondientes para el uso de los agentes durante su permanencia en el penal. Con ese propósito el personal especializado en cubiertas y disfraces se desplazaría a cada penal para garantizar la continuidad en el empleo del disfraz en tanto dure esa etapa de la operación. Por otra parte, se coordinó con la Dirección de Inteligencia Naval para que diariamente me mantuviera informado de todas las conversaciones y documentos de trabajo que elaboren Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo con los cuatro precitados dirigentes de su red terrorista durante la fundamentación –en equipo– de su llamada nueva Gran Decisión y Definición. De este modo yo podría hacer también un seguimiento pormenorizado de las actividades de la cúpula senderista en el penal militar de la Base Naval del Callao que me permitiera conocer anticipadamente sus líneas de pensamiento y reajustar –de ser necesario– algunos detalles en el desarrollo de la operación que venía conduciendo. El primer logro visible –para la división o escisión de Sendero Luminoso– se empezó a perfilar cuando el 28 de octubre de 1993, en horas de la mañana, los seis dirigentes reunidos bajo la jefatura de Guzmán me informaron durante una conversación efectuada en la Base Naval del Callao, que ya tenían listo el pronunciamiento de respaldo a la iniciativa asumida por el “Presidente Gonzalo” y la “camarada Miriam”. Después me plantearon que de conformidad con el segundo pedido formulado por ellos, y aprobado por mi parte como interlocutor académico, este pronunciamiento se debería hacer
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público para conocimiento del país, de los dirigentes de su partido fuera de los penales y de su militancia en general. Leído el documento presentado en ese acto, y que estaba firmado por Osmán Morote Barrionuevo, María Guadalupe Pantoja Sánchez, Martha Huatay Ruiz y Rosa Angélica Salas La Cruz, estuve de acuerdo con su contenido y dispuse, por ello, que se grabara la lectura del mismo, para su difusión pública ese día, luego de la autorización respectiva por el ingeniero Fujimori. En el citado texto los supradichos dirigentes senderistas respaldaban la iniciativa asumida por la Jefatura de su partido, señalando que: “Como militantes del Partido Comunista del Perú, con muy alta sujeción a la Jefatura y a la Dirección Central, con cabal conciencia y pleno convencimiento de su insoslayable necesidad histórica, apoyamos las cartas del Presidente Gonzalo y la camarada Miriam dirigidas al Señor Presidente de la República, ingeniero Alberto Fujimori Fujimori, solicitándole conversaciones para llegar a un Acuerdo de Paz, cuya aplicación conduzca a concluir la guerra que por ya más de trece años vive el país, petición que hacemos nuestra y reiteramos”. Las frases más destacables para producir el cisma ideológico, y agudizar la lucha antagónica de las dos líneas al interior de la red terrorista son: “…alertamos y llamamos a la militancia a tener muy alta vigilancia, contra toda acción desesperada, aventurera, o de provocación de terceros (…) previniendo al máximo tales actos y denunciándolos rotunda e inmediatamente”. ¿Qué nos querían decir con esto? Pues que las acciones y la desobediencia de la dirigencia partidaria fuera de los penales ponían en peligro las conversaciones para poder arribar a un Acuerdo de Paz, amenazando echar por tierra y desestabilizar todo el esquema cuidadosamente diseñado por la dirección política senderista, para que su Partido siga manteniéndose, pues ya no podía dentro de las condiciones actuales desarrollar la guerra popular en el Perú.
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Esa noche los canales de televisión y las agencias internacionales de noticias difundieron la referida carta suscrita por los cuatro dirigentes senderistas antes mencionados, y al día siguiente, 29 de octubre de 1993, fue publicada y comentada en los diarios nacionales y extranjeros. La lucha de las dos líneas al interior de dicha organización terrorista se hacía por primera vez visible y pública al ponerse de manifiesto las severas diferencias existentes en su seno, lo cual obviamente generó un cisma ideológico que se debía explotar convenientemente por el Estado peruano. ¿Cómo? Agudizando las contradicciones entre lo que se llamaría “Sendero de adentro”, conformado por aquellos dirigentes actualmente detenidos y que adhieren al pedido de Guzmán de buscar un Acuerdo de Paz y concluir la guerra interna en el Perú; y el “Sendero de afuera”, conformado por el resto de la dirigencia, que estaba libre y que considera que la lucha armada debe proseguir en el país. Vale decir que con la Operación Especial de Inteligencia habíamos creado el escenario adecuado y la situación requerida para que estas dos líneas al separarse –por tener objetivos contrapuestos– colisionen entre sí, y como resultado de sus diferencias ideopolíticas se divida la red terrorista Sendero Luminoso en dos bandos antagónicos, que era precisamente el objetivo de la misión que con sentido histórico cumplía. Luego de este evento se produjo el desplazamiento de los cuatro dirigentes senderistas a los diversos penales del país para lograr, de un lado, el apoyo y adhesión de la dirigencia y militancia interna en tales centros de reclusión al Acuerdo de Paz; y de otro, para instruir a los familiares que los visiten a efectos de que igualmente los apoyen difundiendo las bondades de dicho acuerdo entre la dirigencia y militancia senderistas fuera de los penales. Por mandato del Consejo Supremo de Justicia Militar fueron desplazados a diversos penales los internos (cada uno llevaba consigo un gemelo que les serviría para identificarse con el agente del Servicio de Inteligencia Nacional que los contactaría en cada penal), como se había acordado y planificado.
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Así, Osmán Morote Barrionuevo fue desplazado al establecimiento penitenciario “Castro Castro” en Lima; María Guadalupe Pantoja Sánchez al penal de Yanamayo en Puno, y Martha Huatay Ruiz y Rosa Angélica Salas La Cruz al centro de reclusión de mujeres en Chorrillos, todos los cuales permanecieron en sus respectivos penales hasta el 25 de noviembre de 1993, cumpliendo cabalmente la tarea asignada, pues lograron que todos los internos de Sendero Luminoso recluidos apoyen la decisión de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo. De esta manera, la llamada línea “Sendero de adentro” se consolidó en su posición abriendo una brecha al interior de Sendero Luminoso, pues recusaba abiertamente a los dirigentes y militantes de la línea “Sendero de afuera” tildándolos de aventureros y exhortándolos a que se plieguen, disciplinadamente, a la decisión de la Jefatura de su partido. En tanto, se venía produciendo la presencia encubierta de los agentes del Servicio de Inteligencia Nacional en cada penal. Los agentes observaban la visita de los familiares y realizaban luego las tareas de vigilancia y seguimiento. Este meticuloso y minucioso trabajo nos permitió enriquecer de manera significativa nuestra Base de Datos en el SIN, especialmente en todo lo concerniente al tercer elemento constitutivo de la estructura de Sendero Luminoso que es el Frente Único o Nuevo Estado. En efecto, se confirmó la información que el PCP-SL, en el empeño de dar cumplimiento a los acuerdos de la Primera Sesión Plenaria y del Primer Congreso Nacional, había priorizado sus acciones en las zonas urbanas y más concretamente en Lima, en razón de que la base social del Frente Único se encuentra en los grupos sociales de las ciudades. Para ello es que organizó los llamados “organismos generados”, que venían actuando como organismos abiertos, semiabiertos y clandestinos, todos ellos vinculados en el propósito común de disputarle el espacio político urbano a la izquierda marxista legal y a otros partidos políticos. Entre las organizaciones abiertas tenemos:
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Socorro Popular. Asociación de Abogados Democráticos. Comité de Familiares de Prisioneros de Guerra y Detenidos. Coordinadora Clasista Magisterial. Coordinadora de Estudiantes Democráticos. Asociación por la Defensa de los Derechos del Pueblo. Comité de Defensa de los Artistas, Intelectuales y de la Cultura Popular. Luminosas Trincheras de Combate de El Frontón, Cantogrande y Lurigancho. Periódico El Diario. Federación Nacional de Trabajadores en Hoteles y Ramos Similares en el Perú. Federación Nacional de Trabajadores de Transportes y Comunicaciones. Comité de lucha de obreros y Trabajadores clasistas de la Carretera Central. Trabajadores Clasistas de VOLVO, TANASA, COPE, etc. Federación de Trabajadores del Cuero, Calzado y afines del Perú. Coordinadora de Sindicatos Clasistas de Lima Metropolitana. Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Movimiento de Obreros y Trabajadores Clasistas. Movimiento Clasista Barrial. Movimiento Juvenil Popular. Movimiento Femenino Popular. Movimiento de Trabajadores Ambulantes Clasistas. Movimiento de Artistas Populares. Movimiento Intelectual Popular.
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Entre las organizaciones semiabiertas tenemos: • • • • • • •

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• • • • • •

Movimiento Campesinos Pobres. Coordinadores Clasistas. Coordinadora Clasista Magisterial. Asociación por la Defensa de los Derechos del Pueblo. Centros de Resistencia. Escuelas Populares.

Entre las organizaciones clandestinas tenemos:

Con todos estos organismos generados por Sendero Luminoso se acredita indubitablemente que dicha organización subversiva estaba estructurada por un conjunto de redes internas que operaban coordinadamente entre sí formando coaliciones con otras redes internacionales, esta vez del narcotráfico. De estas redes, las que más avance real exhibían eran las que correspondían al aparato de guerra psicológica: la Asociación de Abogados Democráticos y Socorro Popular, ambas ligadas a redes internacionales de apoyo al terrorismo. El Movimiento de Obreros y Trabajadores Clasistas, era una red bastante agresiva, y estaba sostenida por una profusa propaganda cuyo objetivo era el insertarse en las luchas sindicales para violentarlas y conducirlas hacia la lucha armada. Partían de cuestionar a sus dirigencias tradicionales. El Movimiento Barrial, era otra red que buscaba estar presente en todas las movilizaciones sociales y sindicales con el afán de ganar prosélitos entre los descontentos y frustrados por la agudización de la crisis socioeconómica y las medidas de control social que tenían que aplicarse. Por otra parte, la red terrorista Sendero Luminoso mantenía fuerte presencia en los medios estudiantiles a través del Movimiento Juvenil Popular, y en el magisterio por intermedio de redes integradas al SUTEP y del propio SUTEP. El Comité de Familiares de Prisioneros de Guerra y Detenidos constituye una de las principales redes movilizadoras, actuando en
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diversas manifestaciones públicas senderistas. Resultaba notable la cantidad de familiares que podían movilizar y que se encuentran motivados y comprometidos por razones de sentimiento familiar y de orden político en otros casos. Igualmente se pudo conocer que a partir de la aplicación de la consigna “Combatir y Resistir”, las luchas reivindicativas laborales se expresarían en el futuro con características de violencia inusual, con enfrentamientos con las fuerzas del orden y adoptando formas organizativas realmente novedosas de guerra asimétrica frente a las tácticas que empleaban anteriormente. Un punto de interés que me llamó la atención, desde la perspectiva de la Inteligencia, fue la información que recibiera de la Dirección Nacional de Operaciones, en el sentido de que los dirigentes y cuadros del Partido debían sujetarse, por disposición de la dirección central, a las Cinco Necesidades del Partido, pues toda tarea que realizaban debía tener la categoría de clasificación de secreta manteniendo un “compartimentaje” en su ejecución para evitar ser detectados por las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia. Este hecho era evidente por la forma de operar encubierta con que actuaba Sendero Luminoso, pero que consideré pertinente profundizar personalmente con el propio Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, con el propósito de que la misma fuente me explicara el tema en cuestión. –Doctor Guzmán, ¿podría hacerme algún comentario sobre las Cinco Necesidades del Partido? –Por supuesto, doctor Montesinos. En aras de que usted como estudioso conozca nuestro criterio, le explicaré. –Okey, doctor. Adelante, lo escucho con el interés propio de un hombre de inteligencia. La “camarada Miriam” lanzó una carcajada y Guzmán sin inmutarse dijo: –Como usted comprenderá, en toda organización, y particularmente en la nuestra, las medidas de seguridad tienen por finalidad preservar, en primer lugar, la integridad de los dirigentes
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y de su militancia; y en segundo orden evitar que pueda destruirse nuestro partido por una indiferencia o negligencia de algún camarada. Por eso hemos aprobado un documento titulado “Aplicar sagazmente las cinco necesidades del Partido”, que constituye una directiva de la dirección política que contiene las normas de seguridad a cumplirse en todos los niveles y jerarquías partidarias, y es de obligatorio cumplimiento. –Qué interesante, doctor Guzmán. Dígame, ¿cuáles son las cinco necesidades del partido? –Sí… por supuesto. Le iba a explicar, pero como usted me interrumpió con su pregunta no pude continuar. Pero ahora le explicaré... –Mil gracias y disculpe por ese apuro de mi parte. –Las cinco necesidades del Partido son: el centralismo democrático, la clandestinidad, la disciplina, el secreto y la vigilancia político militar. Ahora le diré en qué consiste cada una de ellas. –Al centralismo democrático –continuó– se le considera como la fuerza principal o el núcleo fuerte que dirige nuestro Partido. Este implica la sujeción de todos los cuadros a las disposiciones de la Jefatura o dirección política. –Okey... –La clandestinidad es necesaria como una medida que tiene por objeto preservar a la dirección y todos los aparatos que conforman nuestro Partido. –Ajá... –La disciplina está basada en el hecho objetivo de que todo militante debe ceñirse a la mayoría guardando la regla de oro de no decir nada, negarlo todo, no delatar y sólo debe dar cuenta e informar al Partido y no a la reacción, jueces o fiscales. –Comprendo... –El secreto constituye la esencia del compartimentaje, el cual debe primar entre todos los niveles de nuestra organización.
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–Okey... –La vigilancia político-militar, es inherente al mando, pues constituye todas aquellas medidas que se imparten para evitar la penetración, la infiltración en los aparatos partidarios e implica actividades de contravigilancia y contrainteligencia. –Qué interesante, doctor Guzmán. Muchas gracias por su explicación. –¿Qué noticias tiene usted, doctor Montesinos, de los cuatro camaradas que se desplazaron a los penales? –Muy buenas noticias: me han reportado que todo es positivo para el apoyo a vuestra decisión. –Qué bien. ¿Cuándo retornan los camaradas? –Para el 25 de noviembre próximo (1993) estarán todos de regreso para informarles del resultado de su gestión –le informo. –Gracias, doctor. Dígame, ¿podrían venir otros camaradas? –Claro, dígame los nombres y haré las gestiones respectivas. –Bien, pero ellos deberían venir uno o dos días después del regreso de los cuatro camaradas –señala Guzmán. –Correcto, doctor Guzmán. Como a usted le gusta el Arma de Infantería, y el 27 de noviembre es el aniversario de dicha arma en el Ejército Peruano, para esa fecha estarán acá. Deme los nombres. –Un momentito –dice y luego suelta una lista: Edmundo Daniel Cox Beuseville, Víctor Zavala Cataño, Laura Zambrano Padilla, Fulgencio Jayo Díaz, José María Castillo Bellido y Walter Zenón Vargas. –Ya tomé nota –le digo. –¿Es posible que vengan todos, doctor Montesinos? –Sí. Todo es posible, pero, primero, voy a gestionar la orden judicial que autorice el traslado, y como todavía hay tiempo considero que estarán ese día con usted y la señora Iparraguirre. Luego de concluida la reunión tuve que hacer las coordinaciones pertinentes para que el Servicio de Inteligencia Nacional solicite al
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Consejo Supremo de Justicia Militar la autorización correspondiente, a fin de que el citado órgano jurisdiccional dispusiera el traslado a la Base Naval del Callao de los supradichos dirigentes senderistas para el 27 de noviembre de 1993. Y así, llegado el 25 de noviembre de 1993, retornaron a la prisión militar de la Base Naval del Callao: Osmán Morote Barrionuevo, María Guadalupe Pantoja Sánchez, Martha Huatay Ruiz y Rosa Angélica Salas La Cruz, quienes al reunirse con Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo les informaron del resultado de sus gestiones en cada penal, señalando con toda claridad que habían logrado alinear a la militancia de las “luminosas trincheras de combate” con la propuesta de la jefatura, pero que requerían de más tiempo con el objeto de concientizar a los familiares, a efecto de que estos pudieran hacer lo mismo con los dirigentes y cuadros fuera de la prisión. Al preguntarles si recibieron el apoyo necesario para facilitarles los contactos con los otros internos y sus familiares, manifestaron que efectivamente habían sido contactados en la forma y circunstancias previstas por el representante del SIN en cada penal, e informaron que ellos también estaban de acuerdo que se debe continuar con la tarea, pues era un trabajo de largo aliento que requería de tiempo y paciencia para lograr el referido objetivo. En dicha ocasión Guzmán les anuncio que para el 27 de noviembre de 1993 vendrían a Lima otros seis dirigentes a incorporarse al equipo de trabajo, a fin de ayudar a la elaboración de los textos que sirvieran de base para poder convencer con fundamentos a la militancia en libertad, de que la nueva posición expresaba los altos intereses de su partido. Llegado el 27 de noviembre de 1993 se llevó a cabo en las instalaciones del Servicio de Inteligencia Nacional una ceremonia conmemorativa por el día del Arma de Infantería en el Ejército Peruano y, como era tradición, se realizó un saludo protocolar en la Alta Dirección a los señores jefes, oficiales y personal subalterno de dicha Arma, los mismos que brindaban apoyo como personal calificado de las Fuerzas Armadas al acotado organismo de
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inteligencia. Se finalizó la reunión con la entonación de las notas del himno de dicha Arma y la entrega a los infantes presentes de un banderín recordatorio por parte del jefe del SIN, general de división EP Julio Salazar Monroe. Antes de salir de la sala de reunión solicité al oficial de órdenes me proporcionara un banderín recordatorio, y le indique al técnico de sonido entregara una grabadora junto con un CD del himno de Infantería al personal de apoyo del SIN que me acompañaría a la Base Naval del Callao para la reunión que tenía programada con Abimael Guzmán Reinoso y los demás dirigentes de su red terrorista.

La prodigiosa mente y memoria de Abimael Guzmán resultó sorprendente, sabía a la perfección la letra del Himno de la Infantería del Ejército Peruano y luego comentó todo sobre el CAEM y su fundador, el general José del Carmen Marín Arista a quien calificó de visionario de proyección continental. 253

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Al arribar a dicha Base me dirigí a las instalaciones de la Dirección de Inteligencia Naval para verificar el lugar de reunión y disponer la instalación de los equipos técnicos que se emplearían con la finalidad de perennizar la cita que tendría con toda la cúpula senderista, y luego de ello solicité la conducción de Guzmán y la “camarada Miriam” a la Sala de Conferencias a efecto de tener una entrevista preliminar con estos dos cabecillas, antes de llevarse a cabo la entrevista general con los otros dirigentes de su partido. Siempre imbuido del principio doctrinario de que todo hombre de inteligencia es permanentemente un órgano de búsqueda de informaciones –en cualquier nivel– y conociendo por versión del propio Guzmán que de haber sido militar le hubiese gustado escoger el Arma de Infantería, aproveché la coincidencia del aniversario y festejo de la referida Arma a efecto de introducirlo subliminalmente en temas militares a través de la escucha del himno de los infantes peruanos. De esta manera buscaba generar en su memoria recuerdos que me permitiesen obtener nuevas informaciones respecto al conocimiento que tenía sobre las Fuerzas Armadas en general y el Ejército Peruano en particular. Estando reunidos en la referida sala de conferencias le digo a Guzmán: –Doctor, ¿qué día es hoy? ¿Recuerda usted? Para mi sorpresa, poniéndose de pie acompañado casi inmediatamente por la “camarada Miriam”, da respuesta a mis preguntas recitando de memoria el himno de la Infantería del Ejército Peruano:

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Himno de Infantería
Gloria Peruana, arma bravía, es la noble INFANTERÍA Cuna de valientes, de heroica misión, Vibra en sus filas el orgullo que por siempre nos inspira a dar por la patria el corazón. iOh! Infante que siempre supiste en Ayacucho y en Tarapacá a la Patria brindarle la vida por su gloria y su libertad. Digno ejemplo dejaste en la historia, Siempre, siempre, la lucha regirás, Es tu gloria de Arica símbolo inmortal y tus filas torrentes de empuje y de valor, cuerpo a cuerpo decides la lucha con honor por la gloria de nuestro PERÚ. Siempre has sido la REINA DE LAS BATALLAS Mil combates libraste con tesón es tu lema “Paso de Vencedores” y la honra tu gran tradición. Digno ejemplo dejaste en la historia siempre, siempre la lucha regirás es tu gloria de Arica, símbolo inmortal y tus filas torrentes de empuje y de valor, cuerpo a cuerpo decides la lucha con honor por la gloria de nuestro PERÚ. Reaccionando sin inmutarme, a pesar de mi asombro, les manifesté al concluir el recital del himno: –Muy bien, lo felicito doctor Guzmán, por su estado de ánimo y buena memoria. Usted de haber sido militar sería un infante de corazón. Y retomando rápidamente la iniciativa en la conversación les expreso: –Bien. Ahora escucharemos las notas del himno de Infantería interpretadas por el coro de cadetes de la Escuela Militar de Chorrillos que para esta ocasión he traído –les anuncio. Guzmán
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me mira agradecido. Luego presionando el “play” de la grabadora les pido: –¡De pie, por favor señores! –digo con voz marcial. Nos levantamos en silencio los tres y escuchamos el himno cantado. Al terminar les digo: –Tomen asiento, por favor –les indico, habiendo ya creado así el escenario adecuado para hablar de temas militares bajo pretexto de recordar vivencias de temas castrenses. –Doctor Guzmán, ¿recuerda usted en su época de escolar que hizo el curso de Instrucción Premilitar? –Claro. Y se llamaba por sus siglas: IPM (Instrucción Premilitar). –¿Recuerda a sus instructores de Premilitar durante la secundaria? –Sí, recuerdo al famoso suboficial del Ejército de apellido Obando, conocido como el gordo Obando, un hombre muy alto y fornido, un gran instructor de orden cerrado que nos hacía marchar todo el tiempo. También era entrenador del equipo de atletismo y básquetbol del colegio. Tenía entendido que sus hijos o sobrinos fueron oficiales del Ejército. ¿Usted los conoce? –Me parece son dos hermanos, que creo, si mal no recuerdo (como que no tengo certeza), uno llegó a general y el otro no estoy seguro hasta que grado ascendió –le respondo. –Uno ha trabajado de general de brigada en Arequipa y el otro fue jefe de la Blindada en Lima. Incluso se le vio en la televisión cuando el presidente Fujimori ingresó a la Universidad de San Marcos y los estudiantes le arrojaron piedras. ¿Recuerda usted, doctor Montesinos? –Sí recuerdo ese hecho, señor Guzmán, pues fue de público conocimiento. Lo que no sé cuál de los dos hermanos estuvo en la División Blindada –contesto, pero bien que sabía yo que el hermano menor había sido Comandante General de la entonces 18ª División Blindada en 1991 y el hermano mayor trabajó en la entonces Tercera Región Militar con sede en Arequipa como Segundo Comandante en 1990.
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–¿Qué otro instructor militar recuerda usted, doctor Guzmán? –Bueno, después vino de instructor un teniente de Infantería, Manuel Reaño. Un gran oficial. Era un hombre muy recto y con mucho aplomo y porte militar. Él siempre nos hablaba de la Infantería para aquí y la Infantería para allá. Esta arma es la reina de las batallas, nos decía, y eso marcó en mi juventud la admiración por el arrojo del infante peruano en las guerras. –¡Qué interesante! Dígame, ¿usted recuerda alguna anécdota con dicho oficial? –le pregunto para que siga explayándose a sus anchas. –Sí, recuerdo que a él le gustaba que cuando nos tocara el curso de IPM, e ingresara al salón de clase, el brigadier diera la orden de atención y todos nos cuadráramos. Un día llegó y el brigadier no se encontraba, por estar indispuesto, y entonces nadie dio la voz de atención. –¿Y qué paso? –le pregunto como interesado en la anécdota que narraba. –Pues entró al salón, se paró al frente de la clase, y mirándome con cara de pocos amigos, muy serio me pregunta: “¿Usted… su apellido?” –Alumno Guzmán. –Oiga usted, ¿yo que soy? –Teniente. –Entonces responda correctamente. ¿Cuál es su apellido alumno? –¡Alumno Guzmán, mi teniente! –Muy bien. Ahora, alumno Guzmán, con voz de hombre dé la orden de atención, pues voy a ingresar nuevamente. –¡Sí, mi teniente!, le respondo y acto seguido sale de la clase el teniente Reaño, pero vuelve a ingresar por segunda vez al aula. Al verlo, ni corto ni perezoso digo en voz alta: –Alumnos, ¡atención!... Todos se ponen de pie y se produce un silencio sepulcral, tras lo cual el teniente dice:
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–¡Alumno Guzmán! –¡Sí, mi teniente!… –Para la próxima clase traiga usted una bolsa con tachuelas para que el brigadier haga gárgaras de tachuelas y tenga voz de hombre y no hable con una vocecita de señorita. ¡Este no es un colegio mixto, sino de hombrecitos! ¿Comprendido? –Comprendido, mi teniente –respondí… y todo el salón se mató de risa. Después nos reímos los tres del ingenio del teniente Reaño. –Dígame, ¿qué otras vivencias tiene de esa época? ¿Hacían ejercicios de tiro real? ¿Cómo eran las prácticas en IPM? ¿Los llevaba el oficial instructor a algún cuartel militar? –Claro, los sábados por la mañana desde muy temprano partíamos en ropa de faena, vestidos con el uniforme beis con cristina y corbata, del colegio La Salle hacia el cuartel Salaverry, ubicado en el distrito de Miraflores en Arequipa. –¿Qué actividades realizaban en ese cuartel? ¿Recuerda qué unidad del Ejército estaba instalada en ese cuartel? –le pregunto sin darle tregua. –Hacíamos ejercicios de triangulación con fusiles Mauser que nos prestaban. Nos tendíamos al suelo en grupos de diez y sobre un caballete estaba el fusil con el cual debíamos apuntar pasando el ojo derecho por la línea de mira y alza. Y luego, siguiendo una línea imaginaria, debíamos orientar al compañero que estaba frente al tirador a una distancia de cuarenta metros con un bull, para que con un lápiz colocara un punto donde se le indicaría que marque en el blanco. –Qué bonita experiencia –dije y pregunté inmediatamente: –¿Qué pasaba después de marcarse el primer punto? –Ah… Bueno, debía repetirse la simulación del tiro hasta completar los tres puntos y luego se formaba el triángulo uniendo dichos puntos a lápiz, y así tenía cada alumno su triángulo de tiro… Claro, no eran similares todos, pues en unos la figura era más
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grande que la de los otros, y ganaba quien hacía el triángulo más pequeño. –Dígame, doctor Guzmán, ¿en qué zona del cuartel Salaverry hacían los ejercicios de triangulación? –En el estadio de la unidad. Recuerdo que en esa época el cuartel Salaverry albergaba dos unidades de Infantería, los batallones números 13 y 45; cada uno al mando de un comandante del Ejército, según recuerdo, pues cada cierto tiempo ingresábamos al interior para tomar desayuno en el comedor de tropa. Luego un oficial nos mostraba las principales instalaciones para la instrucción de su personal. –¿Les enseñaron la galería de comando de esas unidades de Infantería, doctor Guzmán? –Si, incluso recuerdo a un comandante Oscar Ramírez Pérez, que después supe era el abuelo del camarada Feliciano. El padre de Feliciano es el ahora general retirado Oscar Ramírez Martínez. –No me diga, usted... ¡Qué curioso ese detalle! ¡Y qué buena memoria la suya! ¿Para el día de la Infantería visitaba usted el cuartel Salaverry? –Por supuesto. Desde muy temprano estábamos en el cuartel para la ceremonia inicial y luego en el evento destinado a la población. A las seis de la tarde era el paseo de antorchas y en el que participaba la banda de músicos tocando el himno de Infantería durante todo el trayecto por las calles de la ciudad. Detrás marchaba la tropa de los dos batallones cantando su himno y portando cada soldado una antorcha y nosotros los acompañábamos en el recorrido. ¡Realmente era un evento muy bonito y esperado cada año por la población arequipeña! –Así es, lo recuerdo también. Las horas que duraba el paseo de antorchas la tropa sólo cantaba el himno de Infantería. Era imposible que no aprendiéramos de memoria la letra… Además es muy bonita.
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–De su época de estudiante, ¿qué otros cuarteles militares de la ciudad de Arequipa recuerda? –Bueno, el cuartel Santa Martha donde había un batallón de ingenieros, pero después sus instalaciones se demolieron por el terremoto y esa unidad pasó a otro local que nunca lo visité. Más bien recuerdo el cuartel de Tingo, donde estaba el Grupo de Artillería Nº 3 “Coronel Justo Arias Araguez”, y en el que todos los dos de mayo, día de la Artillería, realizaban concursos de equitación en el estadio de la unidad. –Qué excelente memoria tiene usted, doctor Guzmán. Tengo curiosidad por saber a través suyo un hecho concreto. –Siga, doctor Montesinos. –Vea, en una intervención de la DINCOTE del 19 de septiembre de 1990 se captura a Hugo Deodato Juárez Crusatt (a) “Ricardo”, y al efectuarse el registro en una casa de Monterrico, se encontró una fotocopia de un estudio sobre Sendero Luminoso que pertenecía a la Escuela de Inteligencia del Ejército. En ese texto usted hizo diversas anotaciones y comentarios al costado de cada hoja con tinta roja... ¿Recuerda? –Ah, sí, recuerdo haber leído esa monografía que correspondía a un oficial del Ejército que estaba como alumno en el Curso Superior de Inteligencia para comandantes en la Escuela de Inteligencia del Ejército. –¿Cómo llegó a su poder ese estudio monográfico? ¡Claro, si es que usted desea contestar sin compromiso alguno! –No es un gran secreto que yo no pueda revelar. Vea, una militante del partido laboró como empleada doméstica de un oficial, alumno de dicha Escuela, y un día haciendo limpieza en la casa donde trabajaba, vio sobre el escritorio del dueño de casa la monografía que trataba de temas del Partido e informó a su respectivo comando, recibiendo la orden de sacar una fotocopia para entregarla a su contacto, que sería el encargado de remitirla a quien corresponda. De esa manera me llegó dicho documento.
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–¿Ese oficial del Ejército dónde vivía? ¿Lo recuerda? –De lo que sé, ocupaba con su esposa e hijos un inmueble ubicado en la Villa Militar de Chorrillos. Además de eso, no conozco ningún otro detalle. No me pregunte por favor su nombre y apellidos. –No se preocupe usted, sólo quería saber por curiosidad cómo le llegó ese documento. Esa información fue valiosa, pues permitió conocer la forma de obtención del documento, y además se pudo detectar, por acciones de contrainteligencia, el año de formulación de la monografía. Revisados los archivos de la Escuela de Inteligencia del Ejército, se determinó que fue elaborado por un comandante de Caballería que hizo el Curso Superior de Inteligencia en el año de 1987. Este vivía en esa época en la Villa Militar de Chorrillos, su esposa era natural del Cusco y la empleada de su casa era de Puno. A la chica la conocieron cuando dicho oficial prestó servicios en un Regimiento de Caballería en la localidad de Pomata. Así pudo llegar a conocerse la identidad de la empleada doméstica, que para el año de 1993 ya no prestaba servicios a su antiguo empleador, pues había retornado a su tierra natal a finales de 1990. Al ser ubicada y contrastada con los hechos admitió su responsabilidad y se acogió luego a los beneficios que concede la Ley de Arrepentimiento. Antes proporcionó valiosa información para el Sistema de Inteligencia Nacional. –Doctor Guzmán, ¿en su criterio qué militares han sido impulsores de las nuevas corrientes de pensamiento sobre la Defensa Nacional durante los últimos cincuenta años en el Perú? –De lo que hemos leído y estudiado para conocer a los formadores de la línea de pensamiento militar en vuestra colina, yo debo señalar en primer lugar al general Pando Egúzquiza, un hombre de gran sensibilidad y emoción social, defensor de un activo estratégico como es el petróleo. Pando fue incluso tildado de comunista, lo cual no era cierto, pero ese fue el calificativo que le colgaron las clases dominantes y la burguesía nativa, representantes
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en el país de los intereses de una empresa transnacional como la IPC. Murió en el año de 1967, en una modesta vivienda que tenía en el distrito de Lince, acompañado sólo de sus familiares. Después pasó al olvido. ¡Debería habérsele reconocido sus méritos de hombre con un pensamiento de avanzada, a pesar de no ser un revolucionario! ¿Usted lo recuerda, doctor Montesinos? –Por supuesto, yo era alférez del Ejército en 1967 y prestaba servicios en la División Blindada cuando falleció el general Pando Egúzquiza. De acuerdo al reglamento se le debían rendir honores militares con una División por su jerarquía, y le tocó esa misión a la gran unidad donde laboraba, de modo que como oficial formé parte del contingente militar que le rindió los honores fúnebres en su casa ubicada en la calle Santa Beatriz. La banda de la División tocó la marcha Morán al momento de la salida del ataúd de la vivienda. ¿Qué otro general recuerda usted? –pregunté de nuevo porque no podía darle tregua a un locuaz Abimael Guzmán. –Al general José del Carmen Marín Arista, el fundador del CAEM, quien fue otro militar visionario en vuestra colina, autor del llamado Proyecto Nacional, con el cual produjo un cambio en la línea de pensamiento en las Fuerzas Armadas, algo que repercutió en toda América Latina y cuyo prestigio traspasó nuestras fronteras. El general era profesor emérito en la Universidad Nacional de Ingeniería, y según comentarios de algunos camaradas que fueron sus alumnos, era un militar visionario. No existe ningún otro militar en el Perú que haya llegado a la altura del general José del Carmen Marín Arista; esa es mi opinión concreta, doctor Montesinos. –¿Qué otra información respecto al general José del Carmen Marín Arista posee usted, doctor Guzmán? –He leído bastante sobre su persona, así por ejemplo sé que se graduó en la Escuela Militar de Chorrillos allá por el año 1921 con el grado de subteniente del Arma de Infantería, siendo el espada de honor de su promoción y así, estando a su afán de superación, fue alumno en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde obtuvo el bachillerato en ciencias matemáticas.
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–¿Qué más recuerda usted de él? –Creo que realizó estudios en Francia, y al retornar fue el encargado de organizar el Arma de Comunicaciones en el Ejército Peruano. En la guerra con el Ecuador, en 1941, participó como jefe de la sección operaciones del Estado Mayor del Agrupamiento del Norte bajo las órdenes directas del general de brigada Eloy Ureta; asimismo, se desempeñó como ministro de Guerra durante el gobierno del presidente Bustamante Rivero, luego como director de la Escuela Militar de Chorrillos, dato que usted debe conocer, doctor Montesinos. Además fue catedrático de la Academia Diplomática y director fundador del Colegio Militar Leoncio Prado. –¡Su memoria es envidiable! ¿Qué otra cosa recuerda, doctor Guzmán? –Para mí lo más trascendente de su trayectoria como militar es el hecho de que cuando el “General de la Alegría”, que es como le llamaban a Manuel Odría, lo nombra como director del CAEM, para no asignarle un puesto de comando en el Ejército, él muestra una gran determinación y responsabilidad. Algo que sólo puede mostrar un educador. Él hizo de aquel centro de instrucción una importante fuente del pensamiento militar de las Fuerzas Armadas, con una extraordinaria proyección nacional. –¿En su organización, ustedes han podido leer algunos textos doctrinarios sobre Defensa Nacional elaborados por el CAEM? –Por supuesto, y le ruego que por favor no me pregunte el cómo los obtuvimos. –No se preocupe, doctor Guzmán; eso es lo último que me interesa. Lo que deseo, como analista, es ver el nivel de conocimiento que ustedes poseen sobre asuntos de Defensa Nacional. Le ruego que prosiga con su relato y disculpe la interrupción. –Gracias, doctor Montesinos, por su comprensión. Y bueno, continuando el tema del CAEM, hemos leído dos textos del general José del Carmen Marín Arista: “La Defensa Nacional: Conceptos Básicos” y “La Defensa Nacional: Procesos Fundamentales”.
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Asimismo, diversas ediciones sobre Planteamientos Doctrinarios y Metodológicos de la Defensa Nacional. –Veo que conocen la obra del general José del Carmen Marín. –En toda esta doctrina ha seguido predominando una visión puramente militar de los asuntos de defensa nacional. Esta se aplicó erróneamente contra nosotros durante los gobiernos de Belaunde y Alan García, sin entenderse la naturaleza política de la guerra revolucionaria. –Dígame, doctor Guzmán, ¿qué otros generales del Ejército podrían considerarse, en su criterio, como los continuadores de esta doctrina sobre Defensa Nacional del general José del Carmen Marín? –Bueno, pienso que influenció en tres generales, pero, desde luego, el trabajo de estos es de menor nivel. –¿Cuáles son esos generales? A ver si coincidimos, doctor Guzmán... –El general Giral Morzán, un gran militar que lamentablemente falleció estando en la situación de actividad, sin poder completar sus planteamientos doctrinarios. –¿Qué otro conoce? –inquirí. Era un toma y daca de preguntas y respuestas sin dar tregua a mi interlocutor mientras la “camarada Miriam” observaba, en silencio, ese intenso intercambio verbal, alturado y con respeto de ambas partes. –El general Juan Bossio Collas, quien fuera en 1960 el fundador del Servicio de Inteligencia Nacional durante el gobierno de Manuel Prado, al cual derrocaron los militares el 18 de julio de 1962. Usted todavía quizás no habría ingresado al Ejército ese año. –No, ya para 1962 era cadete en la Escuela Militar de Chorrillos, justamente cuando se produjo ese golpe… ¿Y qué más recuerda del general Juan Bossio Collas?
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–En 1961 fue designado Comandante General del Centro de Instrucción Militar conocido por sus siglas CIMP, revolucionando la formación de los oficiales del Ejército Peruano tanto en las Escuelas de Armas y Servicios como en la Escuela Superior de Guerra. Fue otro militar de avanzada en mi concepto. –¿Y cuál es el tercer general a que usted hizo referencia? –Es alguien que usted conoce y con quien trabajó bajo sus órdenes. –¿Cuál? –le pregunté, haciéndome el sorprendido. –El general Edgardo Mercado Jarrín, que fue primer ministro, canciller, ministro de Guerra y comandante general del Ejército durante el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada que presidía el general Juan Velasco Alvarado. –¿Qué conoce del general Edgardo Mercado Jarrín? –Es un hombre estudioso y un escritor prolífico. Es uno de los pocos generales del Ejército Peruano que ha escrito varios libros y diversos ensayos sobre temas de seguridad, política y estrategia militar. Pienso que su paso como canciller del gobierno de Velasco fue de gran utilidad en su formación política. Además tuvo como secretario general en la Cancillería al embajador Carlos García Bedoya, un brillante diplomático, fallecido tempranamente. –Bien, doctor Guzmán, podríamos estar conversando todo el día, pero recuerde, tenemos la reunión general con los otros dirigentes que ya están acá. Tengo que verlos y luego volver a reunirnos con todos ellos para los fines a que han venido, de modo que muy a mi pesar tenemos que terminar esta conversación. Considero interesante todo lo que le he escuchado, pues ha recordado personajes y hechos que nos gusten o no, son parte de la historia nacional. ¿Qué le parece si retomamos esta agradable charla en otra oportunidad? –Estoy a sus órdenes, doctor Montesinos. Cuando guste conversamos sobre estos temas.
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–Gracias, doctor Guzmán. Me voy a retirar para luego volver a vernos en grupo, ¿okey? –Okey, doctor. Vaya no más que nosotros esperaremos acá con paciencia a los camaradas. A medida que transcurría el tiempo, Guzmán se iba convirtiendo en un interlocutor más asequible, había en él una buena vena de charlista. Pero debía de mantenerlo mentalmente activo, proporcionándole diversos libros para que la lectura de éstos refresque su memoria, a fin de obtener la mayor cantidad de información posible de un hombre que ha puesto de vuelta y media al Estado peruano al concebir y dirigir la guerra más cruenta que ha sufrido el Perú. Al salir de la reunión, me constituí a la zona de seguridad donde estaban detenidos, en una misma área, Osmán Morote Barrionuevo, María Guadalupe Pantoja Sánchez, Martha Huatay Ruiz y Rosa Angélica Salas La Cruz. Luego del saludo protocolar correspondiente, el “camarada Nicolás” me preguntó si ya estaban en Lima los otros miembros de la dirigencia, seleccionados para la reunión programada con su “Presidente Gonzalo” y la “camarada Miriam”. Le contesté que sí y que precisamente en ese instante me encontraba de tránsito hacia el área donde permanecían –dentro de la Base Naval del Callao– para sostener una entrevista inicial con ellos y después recién podríamos tener la reunión general. En dicha ocasión le pregunté al “camarada Nicolás” su opinión respecto a que si debía visitar a cada uno de esos seis dirigentes por separado, o a todos juntos en un solo acto. Sobre el particular señaló que en su criterio era más conveniente que conversara con los seis en un solo momento, pues todos estaban plenamente de acuerdo en apoyar la decisión de la jefatura de su partido, recomendándome que interactuara con mayor persistencia con sus camaradas Edmundo Daniel Cox Beuseville (a) “Federico” y Víctor Zavala Cataño (a) “Ernesto” por ser los dos dirigentes más caracterizados de ese grupo. Estando a la recomendación de “Nicolás”, le solicité al jefe de servicio que reuniera en un solo lugar a los otros seis internos que
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recién habían llegado procedentes de diversos penales del país y que me hiciera el favor de no destacar a ningún personal de resguardo al interior del ambiente donde serían ubicados y que orientara sus medidas de seguridad al exterior del mismo local en la forma que estimara pertinente. Por último, le pedí que me avisara cuando estuviera listo todo para ingresar a la reunión con los internos. Luego de media hora fui notificado respecto de la conformidad de lo solicitado, razón por la cual me apersoné al ambiente de detención, e ingresé solo, sin ninguna seguridad, pese a las archiconocidas recomendaciones del personal de la Inteligencia Naval. Encontré en plena conversación a Laura Zambrano Padilla, Walter Zenón Vargas, Flumencio Jayo Díaz, José María Castillo Bellido, Víctor Zavala Cataño y Edmundo Daniel Cox Beuseville, quienes al verme se pusieron de pie y se quedaron en silencio, en lo que lógicamente interpreté como su anuencia para que tomara la iniciativa, cosa que por lo demás siempre hacía desde el principio. –Señores, buenos días. –Buenos días –contestaron los seis al unísono. –Me voy a presentar ante ustedes. Soy Vladimiro Montesinos Torres, funcionario del Servicio de Inteligencia Nacional, y vengo a ver cómo han llegado, si tienen algún problema o en qué puedo ayudarlos en la medida de mis posibilidades. Edmundo Cox Beuseville tomó la palabra: –En nombre de mis camaradas aquí presentes, le agradecemos su visita y preocupaciones. Sabemos que usted ha venido realizando un proceso de conversaciones con el presidente Gonzalo como jefatura y con la camarada Miriam como dirigente. Estamos de acuerdo con la decisión de la dirección política de nuestro Partido y entonces desearíamos saber cuándo nos reuniremos con nuestro presidente. –Dentro de unos treinta minutos vendrán por ustedes para trasladarlos a la zona de reunión. ¿Okey?

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–Muy bien, señor. ¿Usted también estará presente en el encuentro? –preguntó Cox. –Por supuesto que estaré con todos ustedes y también tendrán la gran posibilidad de conversar sin limitación alguna con sus otros compañeros, como Osmán Morote, María Pantoja, Martha Huatay y Rosa Salas. Ellos están en otro ambiente, pero luego todos nos reuniremos con los señores Guzmán e Iparraguirre. –Correcto, señor; entonces todos permaneceremos en espera de ser conducidos donde podamos ver a nuestro presidente Gonzalo –dijo Cox, quien al parecer se constituía como vocero natural de ese grupo. Cuando me reuní nuevamente con Guzmán, la señora Iparraguirre y los cuatro dirigentes primigenios en la Sala de Conferencias de la Dirección de Inteligencia Naval, les informé de mi encuentro con los seis últimos dirigentes y de la actitud positiva que había encontrado en ellos para apoyar su decisión, todo lo cual era un paso importante que posibilitaría ir perfilando la consolidación de la posición de estos dos cabecillas. Y, por supuesto, lo que ya era mi propósito y objetivos personales: producir la división de Sendero Luminoso mediante la ruptura orgánica de esta red en dos líneas antagónicas que debilitarían sustancialmente sus niveles de letalidad en contra del Estado peruano. Está suficientemente acreditado que en Sendero Luminoso existía una sujeción plena al liderazgo omnímodo de Abimael Guzmán Reinoso. Esta era una dictadura interna en que el “Pensamiento Gonzalo” constituía un dogma partidario; este hecho pude comprobarlo nueva e indubitablemente cuando ingresaron uno a uno los seis dirigentes senderistas a la reunión. Entonces se produjo el ritual siguiente: al entrar Edmundo Daniel Cox Beuseville se dirige a Guzmán con la misma fórmula protocolar, una monserga que ya hemos consignado líneas arriba: –¡Gusto de verlo presidente Gonzalo! ¡Larga vida presidente en la Jefatura del Partido! ¡Estamos acá presentes para cumplir disciplinadamente la decisión de la Jefatura!
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–¡Gracias, camarada Federico! ¡Salude ahora a la camarada Miriam y luego siéntese acá! –le ordena Guzmán a Cox. –¡Un saludo cordial camarada Miriam! –Cox obedece la orden. –¡Gracias camarada Federico! –responde “Miriam”. Luego van ingresando a la Sala de Conferencias: Víctor Zavala Cataño, Laura Zambrano Padilla, José María Castillo Bellido, Flumencio Jayo Díaz, Walter Zenón Vargas, quienes continúan con el mismo patrón de sumisión expresado por Cox: ¡Gusto de verlo presidente Gonzalo! ¡Larga vida presidente en la Jefatura del Partido! ¡Estamos acá presentes para cumplir disciplinadamente la decisión de la Jefatura! Guzmán acepta casi extasiado todas estas exageradas, un poco histriónicas muestras de sumisión que forman parte de un ritual que no sabía finalmente si era para impresionarme o era algo auténtico. Concluido este ritual de sujeción plena al liderazgo de Guzmán –que presenciaba como único testigo directo–, éste tomó la palabra para analizar la situación que enfrentaban exponiendo a todos los presentes las razones por las cuales su Partido debía bregar por un Acuerdo de Paz como “necesidad histórica insoslayable”. Desplegó su argumentación en torno a lo decisivo que es la cuestión de dirección en la organización; en el presente caso no podría ser resuelta en un buen tiempo, por lo que ese hecho les demandaba suspender las acciones de guerra en el país y cesar las operaciones, salvo las de la defensa. Conforme estaba previsto, los seis dirigentes terminaron haciendo suya esa decisión de la jefatura de su partido. Guzmán retomó la palabra como líder de su red terrorista y me solicitó en vía de ampliación a su petición anterior, se permitiera que los seis dirigentes recién llegados permanezcan junto a los otros cuatro, y su dirección política, “para trabajar en equipo la fundamentación de la nueva Gran Decisión y Definición.” Como el Consejo Supremo de Justicia Militar había autorizado el traslado de los dirigentes senderistas a Lima para que permanezcan en la Base Naval del Callao, y existiendo un mandato judicial que
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amparaba la reunión de los internos en un solo establecimiento penitenciario por razones de seguridad nacional hasta nueva orden, es que no tuve inconveniente en manifestarle a Guzmán que estaba autorizado para permitir que permanezcan juntos. Asimismo, haría las gestiones pertinentes para que el responsable del penal incluyera a los seis últimos dirigentes bajo el marco de las mismas medidas que se implementaron cuando llegaron los primeros cuatro internos. Tras esto me retiré para que Guzmán y su gente pudieran trabajar en equipo. Me comprometí a retornar el día 3 de diciembre de 1993, que es la fecha del cumpleaños de Abimael Guzmán Reinoso. De acuerdo al compromiso que había adoptado con toda la dirigencia senderista retorné a la Base Naval del Callao ese día, fecha en que se celebraba, como he dicho, el onomástico número 58 de Guzmán. Tenía ya pensado explotar convenientemente este hecho para los fines de la Operación Especial de Inteligencia que venía conduciendo. Esta ocasión tan especial me permitiría por primera vez demostrar ante toda la cúpula terrorista –reunida en una fecha de trascendencia para su organización– la superioridad ética y moral de quienes representando al Estado peruano éramos respetuosos de los derechos fundamentales de la persona humana así esté privada de su libertad. Conforme transcurría el tiempo y trataba más asidua y directamente a los senderistas volvía a un pensamiento recurrente: ¿por qué personas aparentemente racionales e inteligentes eran capaces de cometer, de perpetrar actos de crueldad y violencia contra semejantes en nombre de ideologías y abstracciones políticas? ¿Cuáles eran las causas del comportamiento destructivo? Había, sin lugar a dudas muchas teorías, de orden culturalista y de orden biológico, pero aún no existía una respuesta certera, una explicación que diera cuenta de este fenómeno. En todas estas entrevistas con Guzmán, Iparraguirre y el resto de la cúpula sólo comprobaba que ellos eran conscientes de una “tarea política” o una “tarea histórica” que debían acometer para lograr un fin. Respecto de los sangrientos y abominables medios que empleaban, que desde luego invalidaban moralmente todo fin supuestamente justo, parecían no tener conciencia. Sendero Luminoso tenía, y tiene, un programa y una ideología que justifica la violencia más extrema y en que por ejemplo la música así
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como el lenguaje de las imágenes y de los mensajes gráficos para hacer propaganda y penetrar entre las masas rurales y urbanas, se subordinan totalmente, junto con la acción armada al propósito de la captura del poder. Para lograr la “revolución”, el fin supremo, para humanizar la sociedad en la que vivimos, estos hombres debían descender a la animalidad. Era un monstruoso contrasentido. ¿Por qué ocurría esto? Estas y otras interrogaciones cruciales son las que me planteaba permanentemente. Ahora bien, el estar presente en esta reunión de Guzmán y sus hombres más cercanos y leales, los dirigentes senderistas más emblemáticos, me daba la oportunidad, la gran oportunidad para poder observar la conducta y los patrones de comportamiento grupal de los mismos, el control de sus impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la agilidad mental, el grado de autodisciplina de quienes se encontraban en esta ocasión alejados de las rígidas líneas de control... Al fin, era una circunstancia extraordinaria para poder analizar posteriormente la forma de interactuar entre ellos y ver el nivel de inteligencia emocional de cada uno. Como en otras oportunidades, pero especialmente en esta, pude poner a prueba el uso de determinados elementos, como la música para crear un ambiente de distensión, de recordación, de asociación de ideas que facilitara la fluidez de la conversación entre ellos, la confianza para hablar y tratar temas que eran de interés para el objetivo ya descrito. La estrategia contempló la utilización de un equipo de sonido ambiental y de video, con piezas de música culta que, salvo Guzmán, los otros jamás habían escuchado, pero también melodías adecuadamente seleccionadas en base a la información previa que se tenía sobre las preferencias personales de cada uno en determinados momentos de su vida. Esa música ligera simbolizaba el sistema contra el cual dirigían su lucha armada. Eran temas musicales populares, temas que con gran facilidad les traían a la memoria su infancia, la adolescencia, la juventud, sus padres, su primer amor, la universidad, la ruptura traumática con el orden establecido... En fin, y como podrá ya comprenderse, se trataba de provocarles conflictos emocionales internos. Qué instrumento más
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útil que la música, tan ligada a la dimensión sentimental del ser humano. En tal sentido se planificó la reunión para que durante todo el tiempo de esta se viera en una pantalla gigante las imágenes de los respectivos videos musicales a fin de que los presentes pudieran verlos y escucharlos como música ambiental de fondo, en virtud a una programación diseñada para producir el efecto deseado. Con estos criterios dispuse que cinco minutos antes de ingresar a la Sala de Conferencias se procediera a proyectar el concierto “Carmina Burana” de Carl Orff interpretado por la Orquesta Filarmónica de Berlín con el coro The Shin - Yu Kai, bajo la conducción del maestro Seyi Ozawa. Se trataba de que vean, escuchen solos y a su vez, yo pueda simultáneamente observarles sus rostros y reacciones en un monitor de un circuito cerrado cuando el coro interpretaba la parte de Fortuna Imperatrix Mundi. Fue algo sensacional observar la sorpresa y desconcierto de los senderistas al escuchar un tipo de música que no frecuentaban, y desde luego un concierto de cuya existencia nada sabían, pero cuyas notas parecían golpearles en lo más profundo de su ser cuando empezaron a observar en otra pantalla nada menos que imágenes, sin audio, del cruel y espantoso atentado de Tarata. Quise inicialmente avergonzarlos, particularmente en el onomástico de su líder, a través de este juego de música e imágenes y luego producir un giro de ciento ochenta grados con otro tipo de música para que los “ratones” (metafóricamente) se muevan de un lado a otro sin rumbo definido. Al ingresar yo al salón, todos se pusieron de pie. Como de costumbre me acerqué con el rostro sonriente donde Guzmán. –Doctor, que tenga un feliz cumpleaños –y le extendí la mano. –Muchísimas gracias, doctor Montesinos, por haber gestionado la autorización judicial correspondiente para estar en este día con la camarada Miriam y mis otros camaradas. –Por favor, tome usted asiento mientras saludo a cada uno de los
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señores –le respondí del modo más cortés y acto seguido procedí a saludar a los otros dirigentes. Luego me ubiqué en un ángulo frente a ellos, a una distancia de quince metros aproximadamente para ver las pantallas de televisión que estaban instaladas en el vértice opuesto a mi posición. Como los aparatos de control remoto los tenía en mi poder, presioné el botón “stop” y se interrumpió el concierto “Carmina Burana”, anunciándoles lo siguiente: –Señores, ahora escucharemos la canción “Happy Birthday Sweet Sixteen” (Feliz cumpleaños, dulces dieciséis) interpretada por el famoso cantante Neil Sedaka, uno de los preferidos del señor Edmundo Daniel Cox Beuseville. Ante dicho anuncio todos cambiaron de rostro y se sonrieron, mientras Cox se puso de pie y dijo: –Vaya, qué tal sorpresa, el poder escuchar a Neil Sedaka, y nada menos la canción “Feliz cumpleaños” que se la dedicamos en este día al presidente Gonzalo. El resto de los senderistas exclamaron al unísono: “¡Braaavoo… camarada Federico!” Al concluir la canción, Cox fue donde estaba Guzmán y le repitió: –¡Feliz cumpleaños, presidente Gonzalo! ¡Larga vida presidente en la Jefatura del Partido! Ambos se abrazaron, mientras todos aplaudían bajo mí observación. Cuando terminan los abrazos y aplausos, les digo: –Bien señores, ahora escucharemos la canción preferida de Augusta La Torre Carrasco, “My Way”, interpretada por Frank Sinatra –hice esto como para hincar en la vanidad de mujer a Elena Albertina Iparraguirre Revoredo. Todos aplauden mientras Guzmán se pone de pie, me hace una venia y al concluir la canción me dice: –¡Muchísimas gracias, doctor Montesinos! “Miriam” estaba muy seria, y en el fondo quizá enojada. Para cambiar su actitud les anuncio, como que no me daba cuenta de lo que pasaba:
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–Ustedes saben que la señora Iparraguirre ha estudiado en Francia, de modo que para su recuerdo (dicho con ironía) escucharemos a Liza Minnelli interpretando “Bonjour París”. Luego la canción “Cabaret”, también cantada por la misma artista. Espero que “Miriam” transporte su mente a París para rememorar su época universitaria –todos aplaudieron y “Miriam” le agarró las manos a Guzmán. Al finalizar las dos canciones me dirijo a la “camarada Miriam” y le pregunto: –Señora Elena, ¿le agradaron las canciones de Liza Minnelli? –Por supuesto, doctor Montesinos, cómo no me va a gustar Liza Minnelli si yo la he visto cantar en un concierto con Charles Aznavour. –Entonces, ¿qué le parece si escuchamos la canción “Mon Emouvant Amour” interpretada a dúo por Liza Minnelli y Charles Aznavour? –Huy... ¡gracias, doctor Montesinos! –me responde con una sonrisa de oreja a oreja. Concluida la canción le digo: –Señora “Miriam”, de mi parte escucharemos ahora del famoso compositor francés Paul Mauriat la canción “Love is Blue”. ¿Está usted de acuerdo? –¡Sí, claro! –responde entusiasmada como si el cumpleaños fuera el suyo. Había advertido la inestabilidad emocional de “Miriam”, tan sólo con esta sencilla técnica que apelaba a la música, e incidiendo en su orgullo de mujer aparentemente despechada por la recordación de la primera mujer de Guzmán, la finada Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah”. Pude darme cuenta, asimismo, de la gran capacidad que posee ella para manipular a las personas, y ello explicaría, en alguna medida, el hecho de que las mujeres que conforman los destacamentos especiales de aniquilamiento de Sendero Luminoso son las encargadas de dar el tiro de gracia a sus víctimas. Prosiguiendo con el desarrollo de la operación, incidí nuevamente en la soberbia de Guzmán señalando:
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–Señores, como el doctor Guzmán es la persona del cumpleaños considero deberíamos escuchar “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi. ¿Están de acuerdo? Notándose otra vez eufórico a Abimael Guzmán, sus otros camaradas me contestan: –¡Estamos de acuerdo!... ¡Que sea en honor del presidente Gonzalo! –Correcto, señores –les dije. Por lo visto estaban totalmente alineados y alienados con el “Pensamiento Gonzalo”. Al concluir la obra comenté: –Veo al señor Morote un poco serio. ¿O me equivoco, “Nicolás”? –¡Nooo, doctor! Estaba disfrutando después de mucho tiempo de buena música, con tranquilidad... –¡Qué bien! Entonces, en vista de que usted es hincha del trío Los Panchos, ¡escucharemos tres de sus canciones favoritas! –¿Cuáles? –pregunta curiosamente Morote. –“Rayito de Luna”, “Reloj” y “Me voy pa’l pueblo” –respondo astutamente para observar su actitud. –Usted parece adivino, doctor Montesinos. ¿Cómo sabía que soy un hincha del trío Los Panchos, y en especial de esas tres canciones? –Un pajarito me ha contado al oído que usted para cantando “Reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer...” ¿Verdad o me equivoco, señora Pantoja? –le pregunto a María Guadalupe Pantoja Sánchez como para involucrarla, ya que era la persona que me pasó la información. Ella me responde con un tono de ironía: –¿Yo, señor? ¡No, señor!… Todos ríen a mandíbula batiente. “¡Nicolás, descubrieron tus secretos!”, dice alguien por allí. Un Morote ruborizado reacciona y les dice a modo de réplica: –¡La próxima vez los haré cantar en honor del presidente Gonzalo “Me voy pa’l pueblo”! ¡Así es que están notificados!
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Todos ríen nuevamente... Entre tanto, al profesor Víctor Zavala Cataño se le veía callado, a pesar del importante rol que cumple dentro de Sendero Luminoso. Zavala era el arquitecto, el artífice del lenguaje de las imágenes y de los mensajes gráficos que utiliza esta red para llevar a cabo sus acciones de agitación y propaganda. Era una persona cultivada en letras y humanidades y tenía información de que a él le gustaba escuchar la suite “El Cascanueces” de Tchaikovsky, por lo que le dije: –Profesor Zavala, ¿qué le parece si escuchamos “El Cascanueces” de Tchaikovsky? Zavala se despabiló: –Totalmente de acuerdo con usted, me encantaría. –Por favor, a ver si nos proyectan el video respectivo –ordené a los técnicos. Me respondieron: “Claro, acá va”. Luego todos, en silencio, ensimismados, escucharon a Tchaikovsky. A estas alturas resultaba evidente la forma tan alturada como se desenvolvía la reunión y el respeto por los derechos fundamentales que les dispensaba a los internos pertenecientes a la dirigencia senderista. Por ello y para concluir la celebración, dispuse se pasara precisamente la música que simboliza el sistema contra el cual iniciaron la lucha armada. Empezamos con la canción “Satisfaction” de los Rolling Stones, lo cual sorprendió a los presentes: salir de Tchaikovsky y pasar, abruptamente, a Mick Jagger. Luego pasamos a oír música norteamericana como “Collar de Perlas”, “Pensilvania 6 - 5000” de Glen Miller, para seguir con Elvis Presley y “Return to Sender”; posteriormente continuamos con Elton John cantando “Don’t go Breaking” y para finalizar oímos a Stevie Wonder interpretar “Part Time Lover” y “Happy Birthday”, que quise adrede sea la última canción para luego concluir con el obsequio de una torta de chocolate por el cumpleaños con 58 velas –como símbolo de paz en el Perú– a Abimael Guzmán. El pastel llevaba en letras blancas el característico y tradicional saludo de onomástico y un eslogan del Gobierno:
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“FELIZ CUMPLEAÑOS” “Perú país con futuro volviendo la paz”. Antes de despedirme, Guzmán toma la palabra y me dice: –Doctor Montesinos, quien habla, como Jefatura, la camarada Miriam como dirigente, y los militantes del Partido Comunista del Perú aquí presentes, quisiéramos hacerle entrega de esta carta de reconocimiento a su persona y antes de dársela permítame le dé lectura… –Gracias, doctor Guzmán. Por favor, proceda a su lectura… Guzmán dio lectura a la carta que a continuación transcribo: “Señor Doctor: Vladimiro Montesinos Torres Señor Doctor: La ronda de conversaciones que en función de llegar a un acuerdo de paz los suscritos hemos desarrollado con usted es evidente y objetivamente un hecho de gran trascendencia, pues de su consecución y principalmente de su aplicación derivaría concluir la guerra que por más de 13 años vive el país. Las reuniones han sido desenvueltas en medio de obvias e insalvables diferencias ideológicas y políticas, como corresponde a quienes ubicados en orillas opuestas tratan un problema común. No obstante sus fructíferos resultados muestran la mutua comprensión de la necesidad insoslayable en las condiciones actuales de un acuerdo que plasme la paz que ha devenido en necesidad del pueblo, de la nación y de la sociedad peruana. Reiteramos una vez más que a nuestro partido hoy, principalmente por problemas de dirección, la realidad objetiva de la lucha de clases le demanda bregar por un acuerdo de paz. Es innegable la extraordinaria importancia de la ronda de conversaciones concretada aun si miopemente sólo se diera su simple realización, mas el logro y cumplimiento de sus objetivos haría de ella un hecho trascendental de la historia peruana contemporánea.

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Por esto, doctor Montesinos, expresamos a usted nuestro reconocimiento a su amplitud de comprensión y sagaz capacidad, a su tesonero esfuerzo y dedicación desde vuestra colina a la causa de la consecución de la paz en cuyos avances le corresponden una decisiva actuación. El Presidente Gonzalo, como jefatura, la camarada Miriam, como dirigente, ambos integrantes de la dirección central del Partido Comunista del Perú y los siguientes firmantes como militantes, le decimos y garantizamos que el partido siempre habrá de tener presente el papel fundamental que usted ha cumplido y continúe desempeñando en la histórica, compleja y difícil brega por la obtención de un acuerdo de paz y su cabal y completa aplicación en beneficio del pueblo, la nación y la sociedad peruana. Penal Militar Naval del Callao, 3 de diciembre de 1993. Firman: Abimael Guzmán Reynoso, Albertina Iparraguirre Revoredo, María Pantoja Sánchez, Laura Zambrano Padilla, Martha Huatay Ruiz, Osmán Morote Barrionuevo, Walter Vargas, Flumencio Jayo Díaz, José María Castillo Bellido, Víctor Zavala Cataño, Edmundo Daniel Cox Beuseville.”

Imagen de un hecho histórico. El autor del libro, Vladimiro Montesinos Torres, con Abimael Guzmán Reinoso, Elena Iparraguirre y todos los mandos políticos y militares de Sendero Luminoso, en donde el líder senderista reconoce el esfuerzo del autor a la causa de la consecución de la paz en el país. 278

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Al concluir la lectura les agradecí, y solicité autorización para filmar nuevamente la lectura de la carta con todos los presentes, incluyéndome, a fin de que ese hecho quede documentado como testimonio histórico para la posteridad. Luego me despedí hasta el día de Navidad. En efecto, retorné por breve término para el 24 de diciembre de 1993 con los panetones y el chocolate por Navidad, siendo esta la última reunión que sostuviéramos –en conjunto–, pues en los primeros días de enero de 1994 todos los internos, menos Guzmán e Iparraguirre, retornarían a sus penales de origen por mandato del Consejo Supremo de Justicia Militar. Esto se hizo ante la solicitud del Servicio de Inteligencia Nacional con el propósito de continuar adelante con su tarea de conseguir alinear a los militantes de Sendero con la propuesta de Guzmán. Ahora bien, durante todo el año de 1994 y el primer semestre de 1995, la dirigencia senderista desplazada por las prisiones del país trabajó, intensamente, a fin de conseguir el objetivo de alinear a los demás dirigentes y militantes. Esto fue verificado a través de la supervisión encubierta de agentes pertenecientes a la Dirección Nacional de Operaciones del Servicio de Inteligencia Nacional, quienes lograron constatar la mecánica como venía operando clandestinamente la comunicación desde los centros de reclusión hacia el exterior utilizando a los familiares como faja de transmisión de mensajes. Así tenemos que en la ejecución de esta tarea –de largo aliento– se fue progresivamente determinando las modalidades y métodos de acción de los contactos, así como hacia donde se orientaban sus directivas, las que, básicamente, se dirigían a los tres escenarios siguientes: –Primero, a los asentamientos humanos que conforman los barrios de la capital a los que se denominan “conos”, donde Sendero Luminoso había venido realizando un fuerte trabajo proselitista, y donde tenía presencia e influencia entre los pobladores desplazados por la violencia. Allí había desarrollado una fuerte presión sobre las dirigencias barriales para coparlas y luego infiltrarlas y es en
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este sector en el que incrementaron las acciones de propaganda y los discursos para apoyar la decisión de Abimael Guzmán. El seguimiento paralelo por parte del SIN permitió conocer la cadena de contactos y reclutar informantes. –Segundo, a las universidades, particularmente a los programas y facultades de Ciencias Sociales, a las viviendas y comedores universitarios en cuyos locales, y con las dirigencias estudiantiles realizaron un trabajo de captación de activistas para alinearlos con la nueva decisión de Guzmán, hecho que igualmente posibilitó detectar la red de contactos y reclutar informantes. –Tercero, a los sindicatos, a fin de lograr que los obreros apoyen las decisiones de la dirección política senderista. Para alcanzar este objetivo recurrieron a determinados elementos que tenían ascendencia como sindicalistas con el propósito de alinear a la mayor cantidad de personas afines a su lucha programática y que controlan las huelgas sostenidas por organizaciones sindicales contra sus empleadores. Esta situación también hizo posible poder conocer los contactos establecidos y reclutar informantes. Todo este esquema ha viabilizado clara e ineluctablemente la división de Sendero Luminoso y por ende la ruptura orgánica de la agrupación al haberse generado en su interior un Bloque Escisionista que llevó indubitablemente a su fraccionamiento progresivo desde los últimos meses del año 1993 hasta la actualidad y por el que los seguidores de esta línea iniciaron un plan para desconocer a su antigua dirección política partidaria, a la cual recusaban, y sólo esperaban el momento y las condiciones para ejecutarlo, creándose la tendencia “Proseguir” que persigue cambiar la dirección, la línea política, el Partido y el carácter de la guerra que desde su perspectiva debe seguir desarrollándose en el Perú. Todo este año y medio de arduo trabajo de campo de la Dirección Nacional de Operaciones para ir consolidando la ruptura orgánica de Sendero Luminoso entrañaba un doble propósito. Que yo continuara reuniéndome, periódicamente, con Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo en la Base Naval del Callao –a fin de informarles sobre los avances del trabajo de
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sus dirigentes en las prisiones y la reacción de los otros dirigentes y militantes fuera de los penales– y obtener nueva información de interés para enriquecer la Base de Datos del Servicio de Inteligencia Nacional durante las sendas conversaciones. ¿Qué consecuencias había tenido al interior de la red terrorista Sendero Luminoso las dos cartas de Abimael Guzmán Reinoso y la posterior adhesión de los dirigentes y militancia en prisión con la propuesta de realizar conversaciones para un Acuerdo de Paz que conlleven a concluir la guerra interna que hacía 13 años vivía el Perú? Luego de la sorpresa y desconcierto inicial que produjo al interior del senderismo la difusión de las cartas, y después de que la dirigencia comprobó de manera directa que las misivas eran auténticas y que Abimael Guzmán Reinoso, en su calidad de presidente y jefatura del partido les constreñía a aceptar los términos para solicitar un Acuerdo de Paz, se abrió un debate interno en dicha organización terrorista poniéndose de este modo a prueba el peso específico de Guzmán para imponer su jefatura y liderazgo. Estas dos cartas, que solicitaban la concreción del citado acuerdo, y el posterior respaldo unánime a esta decisión de la Jefatura por parte de dirigentes y cuadros actualmente recluidos en diversos penales del país, han producido consecuencias devastadoras al interior de la red terrorista Sendero Luminoso, pues a la crisis organizativa derivada de la captura de gran parte de su dirigencia, se sumaba ahora una crisis ideológica de gran magnitud y trascendencia que ha generado un cisma, y la consecuente ruptura orgánica de la organización en dos líneas antagónicas. Podría decirse que los efectos de estos hechos continuados se han producido en dos niveles o planos. En primer lugar, en el ámbito de sus colaboradores y simpatizantes, así como en el de su masa de maniobra –que está constituida por una gran cantidad de campesinos y pobladores que viven en las zonas marginales urbanas–, y en segundo lugar, en el ámbito mismo de su propia militancia.
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Con relación al primer nivel, tenemos que considerar que una cantidad significativa de colaboradores y simpatizantes con Sendero Luminoso se han retraído por temor a ser identificados por los servicios de inteligencia, y otra cantidad, mayoritaria, se ha acogido a los beneficios que concede la Ley de Arrepentimiento brindando valiosa información al Sistema de Inteligencia Nacional (SINA). Estos hechos son de singular importancia para la lucha contra el terrorismo, pues siendo la red Sendero Luminoso un partido de cuadros que operan clandestinamente, su militancia real y efectiva es reducida, ya que los requisitos para ser admitido como miembro de la red son totalmente rígidos y muy exigentes, de ahí la necesidad de la organización de contar con el apoyo político de aquellos que en su argot denominaron “apoyantes”. Estos sin ser militantes, cumplían diversas tareas, tanto en el campo como en las ciudades, realizando ataques terroristas, labores de agitación y propaganda, apoyo logístico, misiones de inteligencia y guerra psicológica. Este último grupo era, por lo general, reclutado por los operadores senderistas en las universidades, sindicatos y organizaciones vecinales. Constituían la cantera de donde la red hacía la reposición de sus bajas directas. Su importancia para la organización era fundamental, no sólo por el elevado número de sus integrantes, sino por la variedad de misiones que estos cumplían. Al retraerse una parte de los colaboradores y simpatizantes por temor a ser identificados por los servicios de inteligencia, y al acogerse otra a los beneficios de la Ley de Arrepentimiento, la red terrorista Sendero Luminoso se debilitó, pues el apoyo que recibía de estos sectores se redujo a la mínima expresión. Por otra parte, en cuanto al primer nivel se refiere, otro sector de importancia para la red senderista lo constituían los campesinos y pobladores que radican en los asentamientos y zonas urbano– marginales, los cuales eran empleados por la organización como masa de maniobra para la ejecución de múltiples tareas. En el caso concreto de los campesinos, la red utilizaba el método de reclutamiento forzoso o ganaba su simpatía a través de la atención
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de sus necesidades básicas; luego los encuadraba en la fuerza de base para que operen como milicia rural con responsabilidades en un ámbito geográfico restringido. Esta fuerza de base es la que tenía por tarea el derribamiento de torres de alta tensión, el levantamiento de cosechas, el arrasamiento de propiedades rurales, el proporcionar información, vigilar caminos y accesos a los poblados, dar cuenta de la presencia de personas extrañas, observar el comportamiento de autoridades y eventualmente participar en la realización de juicios populares. Esto último lo hacía Sendero Luminoso para hacerlos partícipes de hechos delictuosos e involucrarlos y sujetarlos al partido. Los cuadros más significativos y capaces de este grupo eran elegidos por los comandantes de operaciones para incorporarlos a la fuerza local que ejercía jurisdicción sobre una zona territorial más amplia. Los pobladores que radicaban en los asentamientos y zonas urbano-marginales eran empleados por la red terrorista para acciones de agitación y propaganda, tales como pegar carteles, volanteo, infiltraciones en mítines y marchas legales y en determinadas circunstancias eran utilizados para maniobras de distracción en zonas distintas de donde se ejecutaba el ataque principal. Cabe agregar que transcurrido un corto período de formación política en una Escuela Popular, los elementos de este grupo que destacaban en las misiones asignadas, pasaban a integrarse a los destacamentos, que es el equivalente urbano de la fuerza local campesina. Todo lo arriba reseñado nos puede dar una idea del vasto sector poblacional en que operaban libremente elementos potencial y activamente vinculados al senderismo. Es del caso señalar que luego de haberse producido la división de dicha red terrorista en dos líneas antagónicas, observamos que transitoriamente estos elementos han dejado de seguir sus órdenes y consignas, o de mostrar simpatía al partido, pues se había roto la unidad monolítica que siempre mostró Sendero Luminoso. Con relación al segundo nivel, e ingresando al ámbito propio de la militancia real de la red terrorista Sendero Luminoso, consideramos que sufrió un durísimo golpe debido a dos factores: el
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primero, de orden táctico, ante la crisis organizativa por la captura, procesamiento y condena de la dirigencia histórica; y el segundo, de orden estratégico, debido a la crisis ideológica que ha producido un cisma al interior de la red. Esto, repetimos, trajo como consecuencia una ruptura organizativa que ha dividido la agrupación en dos líneas antagónicas. Para una mejor comprensión de esta situación es menester señalar algunos antecedentes previos que nos permitirán entender, cabalmente, cómo se ha venido dando la dinámica interna en Sendero Luminoso. En efecto, con la aprobación de su V Gran Plan “Desarrollar Bases en función de la Conquista del Poder” –que comprende de agosto de 1989 a agosto de 1992– y estando a la concepción de la dirección central senderista que apuntaba a la consecución del equilibrio estratégico, la red terrorista se vio en la imperiosa necesidad de abrir sus puertas con el claro propósito de captar nuevos militantes. Este era un requerimiento urgente para atender las demandas de su crecimiento territorial y organizativo. Según Abimael Guzmán Reinoso, la dirección de su partido era consciente de que dicha decisión les acarrearía múltiples problemas derivados de la escasa formación ideológica de los recién incorporados, más aún si no estaban imbuidos en la tradición revolucionaria que es propia de los fundadores históricos de la red. Asimismo, precisa Guzmán, que ante el desafío de las nuevas tareas debía correlativamente modificarse los clásicos procedimientos o métodos artesanales que habían aplicado hasta ese entonces, para poder ingresar al empleo de los adelantos científicos y tecnológicos que permitieran convertir a su organización –que operaba como una red– en una auténtica maquinaria de guerra que tenga la capacidad de pasar a una fase o etapa cualitativamente superior en su objetivo por la conquista del poder. Es por ello que, utilizando un aforismo de Mao Tse Tung, el cabecilla senderista Guzmán siempre insistía en las reuniones con el comité central, que “quien quiere lo nuevo debe asumir los problemas de lo nuevo”. Con esto buscaba señalar que si bien su partido seguía siendo un partido de cuadros, debía abrir sus puertas
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y permitir el ingreso de elementos que no tenían la formación ideológica ni el fanatismo o sumisión de los iniciadores, con los riesgos que ello implicaba. Esto fue advertido por el propio Guzmán y explica las contradicciones que ahora se han producido al interior del senderismo. Para Guzmán una cosa es haber fundado y organizado un partido, tras una encarnizada lucha interna como la que él libró con el PCP-Bandera Roja, y otra cosa, totalmente diferente ingresar a una organización como Sendero Luminoso que lleva ya varios años de lucha armada y había logrado extenderse por casi todo el Perú. El trabajo de fundar y organizar Sendero Luminoso, en su concepto lo marcó a él y a un grupo pequeño en el que todos sus integrantes se conocían entre sí o estaban relacionados por vínculos familiares, aceptando voluntariamente la autoridad de la jefatura partidaria. La visión del partido y de la lucha armada tenía obligatoriamente que ser distinta entre los fundadores y los nuevos. Los primeros, con él a la cabeza, se habían dedicado totalmente a la tarea de la construcción del partido, dejando de lado familia, estudios, trabajo, viviendo en la clandestinidad para posteriormente dar el paso de levantarse en armas. No sólo ellos estaban en el partido, sino que el partido estaba en ellos, como una marca imborrable. Esto no ocurría con los “nuevos camaradas”. A mayor abundamiento de ese hecho concreto debemos señalar –de acuerdo a la versión de Guzmán– que realmente lo nuevo le ocasionó a Sendero Luminoso problemas internos serios que, debido a la dinámica de su crecimiento organizativo no se pudo controlar ni evaluar en su real magnitud, pese a los indicadores de alerta temprana de la dirección política a su dirigencia partidaria. Estos serios problemas internos emergieron a la superficie luego de las cartas de Guzmán y la posterior adhesión de la dirigencia a dicha decisión. Los problemas han salido a la superficie y se han expresado en la apertura de rumbos distintos, en diversas formas de interpretar la posición de la jefatura, y en las múltiples y recíprocas imputaciones que se vienen dando bajo el cargo de “traición al partido”.

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Universalmente reconocido en todos los partidos marxistasleninistas, es el hecho de tener orgánicamente desarrollados los mecanismos para que la dirección central nunca deje de funcionar. Hoy puede señalarse, empero, que al interior de Sendero Luminoso coexisten dos líneas antagónicas, sin ninguna posibilidad de entendimiento, por el hecho de haberse dividido la organización. La piedra de toque de esta situación es la manera distinta como se observa y analiza la actitud de Abimael Guzmán Reinoso y de Elena Albertina Iparraguire Revoredo, después de la solicitud de éstos de un Acuerdo de Paz al ingeniero Fujimori. Es, precisamente, este antagonismo –de “Sendero de adentro” y “Sendero de afuera”– expandido entre los militantes al tomar posición a favor o en contra del acuerdo, lo que los ha llevado a una ruptura orgánica, pese a proclamar estas dos líneas su adhesión al “Pensamiento Gonzalo”. Ambas facciones han intercambiado calificativos, y así, en tanto a los primeros se les denomina línea oportunista de derecha (LOD), a los segundos se les llama línea liquidacionista de izquierda (LLI). Ahora bien, ¿cuál es la posición de la línea oportunista de derecha (LOD)? Debemos partir de la premisa que las dos cartas suscritas por Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, evidentemente fueron dirigidas a la militancia de su partido y no a la opinión pública, consecuentemente la evaluación de las mismas fue dándose en el marco de las categorías de análisis que emplean los marxistas-leninistas para sopesar su viabilidad en el contexto de la guerra que venía desarrollando dicha red terrorista contra el Estado peruano. En ese orden de ideas, dicha línea está conformada en primer lugar, por todos aquellos dirigentes y militantes de Sendero Luminoso que se encuentran actualmente detenidos en los diversos establecimientos penitenciarios del país cumpliendo largas condenas y; en segundo lugar, por determinados dirigentes en libertad que operan en la clandestinidad, así como por un número variado de colaboradores, simpatizantes y masas de sectores rurales y urbano-marginales del país que le son afines, todos los cuales fueron adhiriéndose y acatando progresivamente el pedido que les formulara Guzmán al solicitar un Acuerdo de Paz.
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Vemos, pues, que al interior de esta red terrorista es un sector considerable el que acató el llamado de la dirección política de su partido, acatamiento basado no sólo en principios, sino por la posibilidad de obtener algún tipo de ventaja dentro de la situación en que se hallan, motivo por el que todos los seguidores de la referida línea han venido planteando desde fines de 1993 la realización de un “Segundo Congreso” partidario para la aprobación de las bases bajo la consigna de “Asumir y combatir por la nueva Gran Decisión y Definición”. Este hecho significaba que había llegado el momento de pasar a la lucha política, efectuando un cambio de eje ante la inviabilidad de seguir desarrollando la guerra por problemas de dirección. Y es recién a partir de fines del año 2000 que los seguidores de dicha línea están planteando la nueva consigna motivadora de luchar “Por una solución política a los problemas derivados de la guerra y buscar una amnistía general para la reconciliación nacional”, propuesta que se mantiene hasta la actualidad. Debemos señalar con toda claridad que las reales intenciones de “Sendero de adentro” –denominado por sus rivales partidarios como la línea oportunista de derecha (LOD)– es seguir desarrollándose, ahora, dentro de otras condiciones y si bien viene buscando trasladar el eje de lucha militar a la lucha política, eso obedece a que está –sin límite de tiempo– en espera de una mejor oportunidad para reiniciar la lucha armada y por ende las operaciones de guerra asimétrica; es por eso que para ellos es muy simple deponer las armas, declararse arrepentidos a fin de poder reintegrarse a la sociedad, disolver el partido, y al día siguiente pasar a ser ciudadanos con derecho a organizarse políticamente, a presentar incluso candidaturas, al igual que los partidos políticos legales. Ante este cuadro de situación nos preguntamos: ¿los seguidores de esta línea nos están ofreciendo un caramelo envenenado? Pronto lo sabremos. Ahora, ¿cuál es la posición de la llamada línea liquidacionista de izquierda (LLI)?
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Para los seguidores de esta línea es absolutamente válido el llamado que formulara Guzmán a la militancia partidaria cuando lo presentaron a la prensa encerrado en una jaula con traje a rayas y el número 1509 colocado a la altura del pecho. Por tanto, ese hecho implica que deben proseguir con las tareas determinadas por el III Pleno del Comité Central; esto es, continuar aplicando el IV Plan de Desarrollo Estratégico de la guerra popular para la conquista del poder, seguir desarrollando el VI y penúltimo Plan Militar a fin de construir la conquista del poder y formar y desarrollar el Frente Popular de Liberación y el Ejército Popular de Liberación. Consecuentemente, consideran que las cartas de Guzmán dirigidas al ingeniero Fujimori son una patraña y por tanto la militancia debe verlas como una capitulación de la jefatura y dirección política de su partido, pues si bien la caída de su líder ha significado un rudo golpe, ello no implica necesariamente que ese hecho los lleve a la rendición, pues es práctico elegir o nombrar un “suplente” a fin de garantizar la vida interna partidaria. De otra parte, sostienen que como Guzmán ha sido condenado a la pena de cadena perpetua, la lucha armada no puede esperar, pues sería la muerte del partido y echar por la borda el sacrificio de miles de militantes que habrían dado su vida en vano. Además, señalan que el mismo “Gonzalo” en diversas oportunidades ha referido: “si cae un hombre no cae el Partido. El Partido muere sólo cuando se desvía la línea”. Por tanto, desde esta última perspectiva, la posición de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo constituye una desviación de la línea correcta y consecuentemente es una “traición al Partido”. Y es por eso que hoy vemos que el grupo disidente de “Sendero de afuera” está conformado por dirigentes de diverso nivel y determinada militancia en libertad que si bien no niegan la validez del “pensamiento Gonzalo”, por haberlos dotado –según ellos– de todos los instrumentos de análisis necesarios para salir adelante, y al estar dadas las instrucciones para la conquista del poder, la instauración de un Estado de Nueva Democracia y la implantación del comunismo –y existiendo, desde su punto de vista,
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todos estos instrumentos– la línea correcta puede y debe seguir aplicándose para proseguir la lucha armada, aun cuando Guzmán ya no esté presente y los haya traicionado, por lo que proponen una especie de “gonzalismo sin Gonzalo” a fin de desmitificar al fundador, tal como sucedió en China. Lo señalado precedentemente plantea irónicamente una situación coincidente en muchos aspectos con lo acaecido en China Popular a la caída de Mao Tse Tung. En efecto, hay que recordar que estando vivo Mao, la dirección central lo aisló y dio por terminado el capítulo de la Gran Revolución Cultural Proletaria. Esta etapa fue impulsada por Mao para neutralizar a quienes buscaban la renovación de los veredictos justos, pero el líder fue finalmente confinado al papel de dios viviente aunque sin ningún poder, a la vez que izaban el “maoísmo como guía”. Cabe señalar que los seguidores de esta línea reafirman públicamente que la lucha armada es una ley universal de la historia, y por lo tanto proseguirán con sus acciones armadas en el país, como en efecto viene sucediendo aún después de la caída de Guzmán y la “camarada Miriam”. El representante significativo y emblemático de la línea liquidacionista de izquierda fue Oscar Alberto Ramírez Durand (a) “Feliciano”, el tercer integrante del comité permanente –que todavía no había sido capturado– y quien en un primer momento adujo que las cartas de Guzmán eran apócrifas, calificándolas además de patraña montada por el gobierno de Fujimori. Posteriormente, ante la evidencia de que efectivamente Guzmán e Iparraguirre eran los autores, pasó a cuestionarlos imputándoles que habían abandonado la línea correcta del partido. En dicha ocasión, y por tal motivo, “Feliciano” manifestó que él, en su condición de único miembro del comité permanente en libertad, asumía la dirección partidaria y decidía continuar la lucha armada. Lo hizo luego de efectuar las coordinaciones entre aquellos comités que subsistían y consideraban que Guzmán había claudicado al capitular ante el presidente Fujimori. En este sentido conformó el “Comité Central de Emergencia” con la siguiente composición:
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Oscar Alberto Ramírez Durand (a) “Feliciano”. Margie Evelyn Clavo Peralta (a) “Nancy”. María Rodríguez Neyra de la Mata (a) “Rita”. Pedro Quinteros Ayllón (a) “Luis”. Rodolfo Cárdenas Ruiz (a) “Gabriel”. Jorge Eduardo Olivares del Carpio (a) “Roldán”. Maruja Arango Chávez (a) “Berenice”.

Asimismo, dispuso que el grueso supérstite de su aparato armado hiciera un repliegue instalándose en la zona de ceja de selva, pasando a defender el Comité Regional del Huallaga. Paralelamente el Comité Metropolitano reconstituido quedó encargado de las tareas de capacitación política, dándosele máxima prioridad a la infiltración en las organizaciones sindicales y barriales de la capital. La presencia –en ese entonces– de Oscar Alberto Ramírez Durand en el comité permanente, en el buró político y en el comité central, elegido en el Primer Congreso del Partido, fue un claro indicativo de que la tendencia militarista había ganado presencia,

Cuando Abimael Guzmán y su mujer fueron increpados duramente por la matanza de Lucanamarca, con la intención de probar su reacción emocional ante una presión de palabras tan chocantes contra ellos, buscando hacerlos sentirse avergonzados cuando no arrepentidos, ellos en ningún momento mostraron signos de arrepentimiento. 290

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aun cuando por sucesos partidarios anteriores había sido sancionado varias veces, viéndose obligados los representantes de esta tendencia a efectuar una autocrítica interna como ocurrió, entre otros casos, por los excesos de Lucanamarca del 3 de abril de 1983. En esa fecha, por una decisión de la dirección central, aproximadamente ochenta elementos de un destacamento operativo de la red terrorista Sendero Luminoso, armados con hachas, cuchillos y armas de fuego de gran alcance, iniciaron un ataque a lo largo de un trayecto que comprendió las zonas de Yanaccollpa, Ataccara, Llacchua, Muylacruz, culminando en el pueblo de Lucanamarca, todas pertenecientes al distrito de Santiago de Lucanamarca, provincia de Huancasancos, Ayacucho. Esa atroz incursión senderista produjo un total de 69 muertos, entre los cuales habían ancianos, hombres, mujeres y niños, todos los cuales fueron brutal y salvajemente asesinados por elementos de Sendero Luminoso. Esta operación se realizó dizque como una respuesta al “uso de las mesnadas y la acción militar reaccionaria”, según reconociera el propio Abimael Guzmán Reinoso en la llamada “Entrevista del Siglo” en que acepta que “fue la propia Dirección Central la que planificó la acción y dispuso las cosas.” De ahí que la presencia de “Feliciano” en las máximas instancias de la red Sendero Luminoso no tenía otra explicación que el predominio gradual de una corriente militarista, pese a que para dicha red terrorista “la política manda sobre el fusil” y es esa tendencia la que impera en la línea liquidacionista de izquierda, tanto más que la dirigencia disidente denominaba a “Feliciano” como “el hermano mayor” hasta antes de su captura. Hoy esta misma línea es la que prosigue con el desarrollo de la lucha armada. Finalmente, los seguidores de esta línea señalan que se debe distinguir entre lo que se llama “Pensamiento Gonzalo”, como construcción ideopolítica, y el “Presidente Gonzalo” como militante y jefe del Partido, pues son distintos. En tal virtud, estiman que no hay razón alguna para que Abimael Guzmán Reinoso no haga su autocrítica, como es lo propio en los partidos comunistas y como él mismo lo ha exigido en todos los eventos internos al plantear la lucha de las dos líneas. Dentro de ese orden de ideas señalan
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que si los dirigentes actualmente detenidos, no van a poder actuar como miembros de una luminosa trinchera de combate, dando así el ejemplo a la militancia, entonces deben ser considerados como “bajas operativas”. En otro enfoque del tema que nos ocupa, la pregunta que fluye es: ¿qué pasos viene dando el grupo disidente que está a favor de proseguir la lucha armada luego de la capitulación de Guzmán y la ruptura orgánica de Sendero Luminoso? Se conoce que viene realizando las siguientes acciones: – Primero, recomponer gradualmente sus aparatos de dirección nacional y regional; – Segundo, replegar sus cuadros hacia la ceja de selva, lugar que le brinda visibles ventajas para desarrollar sus operaciones terroristas, en la perspectiva de contar con un santuario donde podría luchar por muchos años; – Tercero, estudiar, analizar y discutir la documentación partidaria, sobre todo en base a los acuerdos adoptados en eventos pasados, a fin de determinar el estado actual de la guerra; – Cuarto, evaluar a los cuadros y militantes antiguos a fin de establecer su nivel de adhesión a la nueva línea del partido; a la vez que desarrollar una activa campaña en las universidades, sindicatos y asentamientos humanos para la incorporación de nueva militancia. Dicho trabajo de captación se está efectuando a través de los organismos generados que actualmente funcionan en todo el país; – Quinto, crear una red urbana reclutada en los asentamientos humanos, a fin de mantener una activa presencia para la ejecución de futuros atentados, cuando así lo decidan sus planificadores y comandos operacionales; – Sexto, desarrollar acciones de guerra psicológica a fin de sensibilizar a la opinión pública, sobre todo a la internacional, con el objetivo de presentar a las Fuerzas Armadas peruanas como violadoras sistemáticas de los Derechos Humanos para frenar su iniciativa. Para lograr este propósito judicializan todo tipo de denuncias contra personal de las mismas como parte de la ofensiva legal y guerra política;
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– Séptimo, mantener bases de apoyo en zonas geográficas aisladas del Huallaga, así como en los valles de los ríos Apurímac y Ene. Vemos, pues, que “Sendero de afuera” es un grupo fanatizado que tiene capacidad destructiva y en la actualidad está tratando de recomponerse políticamente, mientras sus cuadros militares vienen operando en las zonas cocaleras convirtiéndolas en sus santuarios con miras a proseguir la lucha armada en todo el país. Respecto al ataque terrorista a Lucanamarca al que hemos hecho referencia anteriormente, es menester señalar –con fines analíticos– que se dieron todos los elementos configurativos del tipo de Guerra Asimétrica, pues dicho evento fue sorpresivo, de gran letalidad, altamente espectacular, produjo terror psicológico en la población, generó una enorme difusión en los medios de comunicación, siendo el campo de batalla el conjunto de la sociedad atacada en que no se ha distinguido lo civil de lo militar, por lo que para conocer las razones de esa brutal y salvaje matanza dirigida exclusivamente contra blancos civiles desarmados, recurrí directamente a la propia fuente que decidió tal barbarie terrorista. Y es así que en una de las tantas reuniones que sostuviera con Guzmán y la “camarada Miriam”, les pregunté a bocajarro y sin ambages lo siguiente: –Doctor Guzmán, quisiera hacer ciertas preguntas quizá incómodas para ustedes, pero a modo de reflexión y en aras de conocer la verdad de los hechos les pregunto: ¿por qué la dirección central ordenó la matanza de Lucanamarca el 3 de abril de 1983 contra una población civil indefensa? ¿Ustedes no tienen ningún remordimiento ni sienten vergüenza por haber ordenado dicha operación que causó la muerte de niños, ancianos, mujeres y hombres indefensos?... –mi interrogación era hecha con un tono de voz alto como para que notaran que estaba indignado por esos hechos crueles, y a su vez observar la reacción de mis interlocutores. Se produce un breve silencio y se miran mutuamente Guzmán y la “camarada Miriam”, como preguntándose ambos: ¿qué le pasa a Montesinos?, ¿por qué se molesta? Luego Guzmán toma la iniciativa y con absoluta frialdad y sin alterarse me responde:
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–Vea, doctor Montesinos, usted es militar y conoce las leyes de la guerra más aún que quienes la hemos conducido contra el Estado peruano, sin embargo también comprendemos que desde la óptica y perspectiva de su colina usted, sin que ello intente calificarlo de algún modo, sienta rechazo contra nosotros por esos hechos de la guerra, pero ambos lo entendemos, ¿no es así camarada Miriam? –Por supuesto, presidente Gonzalo. Es así porque guerra es guerra, doctor Montesinos, y usted debe haber estudiado eso en la Escuela Militar de Chorrillos... ¿no? –Mi pregunta concreta es: ¿por qué tomaron ustedes dos, semejante decisión de ordenar una matanza contra niños, ancianos desvalidos, mujeres indefensas y hombres desarmados? ¡Eso no es guerra, eso es barbarie y salvajismo de su parte contra seres humanos indefensos!... –dije con cierta rabia contenida ante la frialdad de mis interlocutores. –Mire, doctor Montesinos, en una guerra toda acción produce una lógica reacción del contrario. Ahora, quienes producen la acción no pueden conocer ni imaginar la magnitud de la respuesta del oponente. –Sí, doctor Guzmán, pero usted me está respondiendo con generalidades y conceptos doctrinarios, y yo le pregunto concretamente: ¿por qué dieron la orden para la matanza de Lucanamarca? –Nosotros desde la colina que representamos queríamos con ese golpe contundente que los militares se frenaran en su maniobra ofensiva, y entendieran que estaban frente a otro tipo de combatientes y a un nuevo modo de entablar la guerra, que era algo desconocido para una mentalidad militar tradicional o convencional como la de ellos, que se regía por reglamentos desfasados y una doctrina clásica para guerra entre Estados. Eso, creo, es lo positivo. El aspecto negativo del hecho es que hubo de nuestra parte excesos por la vehemencia del camarada Feliciano, que fue desbordado en el control de la operación que le encargó la dirección central partidaria. Pero basándonos en lo que sobre el particular dice Lenin, y considerando además a Carlos von Clausewitz, en su tratado “De
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la Guerra”, en toda guerra la masa en pleno combate puede rebasar y manifestar su profundo sentimiento de odio. Eso es normal y está perfectamente explicado por Lenin. Por ese motivo pueden cometerse excesos... pero el quid del asunto es llegar a un punto y no pasarlo, porque si lo sobrepasas te desvías. –De acuerdo a su razonamiento y propia lógica, doctor Guzmán, usted reconoce que hubo excesos en Lucanamarca. Entonces si esto es así: ¿quién sobrepasó la medida correcta y se desvió? Al unísono, como resortes comprimidos que se liberan, contestan Guzmán y “Miriam”: ¡Fue el camarada Feliciano!... pero antes desearía ahondar el tema –dice Guzmán después de ponerse ambos una coraza frente a los excesos. –Sí, doctor Guzmán... ¡Pero le insisto! ¿Quién planificó el ataque? –Fue la propia dirección central la que planificó la acción y ordenó el ataque, como le acabo de explicar. En tanto el camarada Feliciano tuvo la responsabilidad en el control de la operación. –¿Eso quiere decir que ustedes dos planificaron la matanza de Lucanamarca? –repregunté, dando la sensación de estar muy molesto por esos hechos, ante lo cual Guzmán respondió: –¡Doctor Montesinos... por favor, comprenda... no es una matanza lo que planificamos... fue una acción de defensa frente al uso de parte del Estado de sus mesnadas y por la acción militar reaccionaria de las Fuerzas Armadas contra nosotros! Mientras la “camarada Miriam” apoyando a Guzmán agrega: –¡Reiteramos que fue un acto de legítima defensa con el que respondimos de manera imaginativa, fue una acción contundente contra el enemigo para hacerle entender que la cosa no era fácil! –Pero, doctor Guzmán, señora “Miriam”, –insistí– ¿por qué atentar contra la población civil indefensa tomándola como un blanco de ataque? Claro, yo puedo entender una acción de ustedes
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contra personal militar e instalaciones de las fuerzas del orden... pero lo otro... francamente no entiendo. ¡Eso para mí es una crueldad de parte de ustedes dos! Me miraron medio sorprendidos por mi actitud y palabras tan duras, pues hasta entonces nunca les había hablado tan crudamente como lo estaba haciendo, que era para probar su reacción emocional ante una presión de palabras tan chocantes contra ellos, buscando hacerlos sentirse avergonzados cuando no arrepentidos, pero la verdad monda y lironda es que en ningún momento mostraron signos de arrepentimiento. Tanto es así que Guzmán me contestó sin rubor alguno: –Doctor Montesinos, si a nuestros camaradas les vamos a imponer determinadas restricciones, en el fondo no queremos que las aguas se desborden, y lo que necesitábamos era que las aguas precisamente se desborden... luego volverían a su cauce normal. ¡Eso está muy bien explicado por Lenin! Es así como ambos, en nuestra condición de dirección central, entendemos el exceso. –¿No lamentan, entonces, doctor Guzmán, esas muertes?... ¿Por qué son ustedes tan sectarios en su organización? Y perdonen lo que les diré, pero para mí los dos son unos rígidos mentales con una visión muy tubular de la vida. –Bueno... esa es su opinión, doctor Montesinos, y la respetamos, pero no la compartimos. –¿Qué le pasó a “Feliciano” por sobrepasarse en Lucanamarca? –pregunto simulando seguir enojado con ellos y con el mismo plan de observar su reacción. –Tuvo que hacer su autocrítica en el seno del partido como corresponde a todo militante comunista cuando comete un error de desviación como en este caso. Pues él, como responsable de controlar el desarrollo de la operación, no lo hizo, incumpliendo un mandato de la dirección política, con el resultado conocido. Concluido esto, me despedí de ellos, pues sentía en ese instante un gran rechazo frente a la actitud de gente tan fría y despiadada como
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Guzmán y su cómplice, la “camarada Miriam”. Durante el trayecto de la Base Naval del Callao a la sede del Servicio de Inteligencia Nacional en Las Palmas, le pedí al conductor del vehículo que prendiera el equipo de música y pusiera el disco con el “Concierto para piano en La menor” de Grieg. Al escuchar la melodía del piano recordé a mi querido padre y mi época de adolescencia, cuando él me hacía escuchar en la ciudad de Arequipa todos los sábados por las mañanas este hermoso concierto que nunca olvidaré y que, años más tarde, utilizaría como un elemento psicológico en la operación de confrontación de ideas con la cúpula senderista a fin de lograr su capitulación y posteriormente la ruptura orgánica de dicha red terrorista. Posteriormente, y luego de un intenso trabajo de seguimiento, los órganos de inteligencia de las fuerzas del orden lograron dos resonantes éxitos: la ubicación y captura de un grupo conformado por Margie Evelyn Clavo Peralta (a) “Nancy”, de Rodolfo Cárdenas Ruiz (a) “Gabriel” y de Jorge Eduardo Olivares del Carpio (a) “Roldán”, el 22 de marzo de 1995; y, meses después, el 23 de agosto de 1995, la ubicación y captura de otro, integrado por Maruja Arango Chávez (a) “Berenice”, con lo cual quedó severamente golpeado el grupo escisionista de dicha red terrorista y casi desactivado su llamado Comité Central de Emergencia conocido como “Sendero de afuera”, bajo la conducción de Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano”. En razón de que la segunda etapa de la Operación Especial de Inteligencia “Misti-92” estaba vigente, y siendo un objetivo prioritario conseguir que un número mayor de los que aún continuaban enrolados bajo el mando de “Feliciano” se aparten de esa línea divisionista, y a fin de impedir el consecuente reagrupamiento y organización operacional de la facción disidente, y considerando el hecho objetivo de que existe una división al interior de Sendero Luminoso, era necesario efectuar una Operación Especial de Inteligencia complementaria que debía estar orientada a erosionar la credibilidad de “Feliciano” y alejarlo de sus bases. Para alcanzar este objetivo se tendría que propiciar un deslinde ideológico entre quienes habían seguido la línea definida por
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Abimael Guzmán Reinoso versus quienes adherían al bloque escisionista de Oscar Ramírez Durand, y a la vez promover el que dicho deslinde se realice al interior del grupo de “Feliciano”, a fin de conseguir su aislamiento definitivo y posterior captura por las fuerzas del orden. Teniendo en cuenta este marco de referencia, y considerando que había concluido el proceso penal contra estos integrantes del llamado Comité Central de Emergencia, resultaba oportuno y conveniente a los fines de la misión diseñar un nuevo Plan de Operaciones con el citado propósito. El plan formulado a mediados de junio de 1995 se denominó “Deslinde 95” y le puse ese nombre porque lo que en esencia y sustancia buscaba, reitero, era producir un cisma ideológico al interior de la línea divisionista para aislar a “Feliciano” y debilitar al grupo “Proseguir” en la continuación de la lucha armada. Estando al Segundo Objetivo de Inteligencia de lograr la división o escisión de la red terrorista Sendero Luminoso, la misión asignada en el nuevo plan fue la siguiente: El Servicio de Inteligencia Nacional, se encargaría de desarrollar una Operación Especial de Inteligencia, destinada a lograr una aproximación entre Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, como representantes de la posición a favor del Acuerdo de Paz, con Margie Evelyn Clavo Peralta y otros, como representantes de la posición escisionista que está a favor de proseguir con la lucha armada en el Perú, a fin de que efectúen un deslinde ideológico que permita demostrar que Oscar Ramírez Durand ha optado por el camino equivocado y que con su manera irracional de actuar está conduciendo al partido a la liquidación total. Una vez logrado dicho propósito, es decir que la representante del grupo disidente y, eventualmente, los otros cabecillas detenidos que están en la misma línea sean convencidos de ello, había que propiciar hagan un llamamiento público a su militancia para cesar todas las operaciones de lucha armada contra el Estado en la convicción de que continuar con esas acciones carece de toda posibilidad de éxito.
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En la fase de ejecución del supradicho plan, como Concepto de la Operación se debía mantener la máxima confidencialidad, y considerando el éxito obtenido en el anterior Plan de Operaciones “Misti-92”, se estableció que sea yo quien como Oficial del Caso se encargue personalmente de la conducción y desarrollo de esta nueva acción. Para el cumplimiento de la misión, se determinó que la Operación Especial de Inteligencia debía desarrollarse en cuatro etapas: – La primera, gestionar ante el Consejo Supremo de Justicia Militar autorice el traslado de Margie Evelyn Clavo Peralta (a) “Nancy” al penal de la Base Naval del Callao; – La segunda, que se mantenga aislada a dicha interna de lo otros dirigentes recluidos en dicho penal militar a fin de que el Oficial del Caso pueda previamente evaluarla y luego “direccionarla” para la siguiente etapa; – La tercera, promover un encuentro de Margie Evelyn Clavo Peralta, con Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, con la finalidad de producir un deslinde ideológico entre ambas partes , y así obtener el rompimiento de la “camarada Nancy” con la línea escisionista que dirigía Oscar Ramírez Durand; – La cuarta, una vez obtenido el resultado de la tercera etapa persuadir a la “camarada Nancy” para realizar una declaración pública, que sería difundida por la televisión haciendo su autocrítica pronunciándose contra la línea de “Feliciano” y efectuando un llamado a quienes todavía lo seguían para que depongan su actitud, posibilitando así el aislamiento político y operacional de “Feliciano”. Como tareas del Plan se fijaron las siguientes: – Primero, la identidad del elemento del Servicio de Inteligencia Nacional que intervenía en la Operación Especial de Inteligencia, por razones de seguridad, sólo sería conocida por el señor Presidente de la República y el Jefe del Servicio de Inteligencia Nacional;
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– Segundo, debía mantenerse en estricto secreto el desarrollo de la Operación Especial de Inteligencia; – Tercero, no comunicación; habría ningún canal intermedio de

– Cuarto, el responsable del desarrollo de la Operación como Oficial del Caso sería el encargado de informar al señor Presidente de la República, y al Jefe del Servicio de inteligencia Nacional, sobre el grado de avance y de los resultados que se haya alcanzado; – Quinto, las reuniones de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo con Margie Evelyn Clavo Peralta, se efectuarían en un ambiente especialmente acondicionado del penal de la Base Naval del Callao; – Sexto, el Oficial del Caso sería el responsable de procesar y consolidar la información que se obtenga y en los términos que considere pertinentes presentaría informes de evaluación sobre los avances y desarrollo del Plan; – Séptimo, una vez aprobado el Plan de Operaciones “Deslinde 95” se pasaría a la fase de ejecución. Se daría inicio a la primera etapa gestionando ante el Fuero Privativo Militar el mandato para el traslado de Margie Evelyn Clavo Peralta a la Base Naval del Callao, así como su internamiento en el penal de máxima seguridad. Una vez recluida la referida interna en el citado centro penitenciario, se pasaría a la segunda etapa, que consistiría en mantenerla provisionalmente aislada de Guzmán y la “camarada Miriam”, para evaluarla como Oficial del Caso y prepararla así para la siguiente etapa. En tal sentido, se gestionó sea trasladada a la Sala de Conferencias de la Dirección de Inteligencia Naval con el objeto de realizar el encuentro previsto con el Oficial del Caso. Y así tenemos que por un espacio de tres días permaneció sola. Estaba bajo observación indirecta y durante las horas laborables en dicho ambiente se encontraba viendo televisión, leyendo periódicos
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y revistas del día o escuchando música que ella misma sintonizaba en un minicomponente acondicionado para que pudiera establecer por sí sola el “equilibrio racional- emocional” sin ninguna presión, y lejos del rigor que imponía la vida en una prisión de máxima seguridad. Con esta acción se buscaba crear un estado emocional de aceptación de parte de “Nancy”, lo que a su vez permitiría apreciar el nivel de inteligencia emocional cuando interactuara conmigo, situación en que mediría el control de impulsos, la agilidad mental, la motivación, la autoconciencia, su coeficiente intelectual, la empatía, el entusiasmo y su nivel de adaptación social. Al cuarto día me aparecí sorpresivamente en la puerta de la Sala de Conferencias y antes de ingresar le digo: –¡Buenos días, señora Margie Clavo! ¿Podría pasar para conversar con usted? –Sí, señor. Buenos días, pase usted –me contesta algo desconcertada, pero muy educadamente. –Señora, me presentaré: soy Vladimiro Montesinos Torres, funcionario del Servicio de Inteligencia Nacional, y he venido para conocer sus necesidades, requerimientos y atender, en la medida de mis posibilidades, sus peticiones. –Muchas gracias, señor. –Señora, ¿puedo sentarme acá frente a usted? –Sí, señor –contesta algo tímida, por lo que para lograr una empatía le digo: –Vea, antes de conversar, quisiera mostrarle dos libros y cuatro películas que le he traído para que usted seleccione a su libre albedrío con cuáles desea quedarse. –Ah... muchas gracias, señor Montesinos. ¿Podría ver los libros y las películas? –Por supuesto. Aquí tiene de Erich Fromm, “Podrá sobrevivir el hombre”, y de Samuel Huntington, “Choque de civilizaciones”. –Muchas gracias, señor. ¿Me puedo quedar con ellos? –pregunta con cierto recelo, como pensando que le podría negar tal petición.
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–Señora Margie, ¡se los obsequio!... Quédese con los dos libros y en algún momento hablamos de Erich Fromm, pues estoy leyendo otra de sus obras, “El miedo a la libertad”. Cuando termine se la pasaré. –Ay, qué bueno, señor, ¡veo que a usted le agrada la lectura! –Sí, por eso a menudo leo la famosa “Entrevista del Siglo” que dio el doctor Guzmán al periódico “El Diario”. –Ja, ja, ja, ja... –ríe. –¡No puedo creer que usted lea la entrevista al doctor Guzmán! –Pero, Margie... ¡tengo que conocer el “Pensamiento Gonzalo” de vuestro presidente!... – Ja, ja, ja, ja... –vuelve a reír y agrega: ¡Pero es una entrevista muy antigua! –Es cierto... pero hay que conocer su línea de pensamiento como dirección política del partido, y en ese sentido creo que “Feliciano” está equivocado en proseguir la lucha armada. ¡Es un hombre miope! ¿No le parece? –le brindé mi concepto inicial para ver su reacción. –Bueno... habría que analizar la situación. Cuando usted guste, señor. Esto es si a usted le interesa ahora profundizar el tema –respondió. Ante esas expresiones y en vista de que el momento no era adecuado todavía, cambié el giro de la conversación y sorpresivamente le digo: –En cuanto a las películas, como sé que a ustedes los del partido les gusta bailar el sirtaki, lo vi cuando clausuraron la Tercera Sesión del Primer Congreso, le he traído “Zorba el griego” con Anthony Quinn, Alan Bates e Irene Papas, para que la vean con el doctor Guzmán y la señora Iparraguirre y en recuerdo bailen otra vez los tres. ¿Qué le parece? –¿Qué? ¿Voy a ver al doctor Guzmán y a la señora Iparraguirre? –Sí... en algún momento tendrá la posibilidad de saludarlos –le contesto para observar la reacción, y ella responde:
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–Si ustedes así lo disponen... Viendo que todavía tenía cierta resistencia, le manifiesto: –Las otras películas que le dejaré son: “Sacco y Vanzzetti” con Gian María Volonte, “La Dolce Vita” con Marcello Mastroianni y Anita Ekberg, una mujer muy hermosa en su tiempo, y finalmente la última, “Il Sorpasso” con Vittorio Gassman. Véalas y en la próxima visita comentamos. –Correcto, señor. ¡Nunca pensé que usted sería una persona generosa! –Gracias, Margie. A propósito, ¿qué necesita usted? –Que se me permita hacer caminatas en el penal. Usted sabe que “mente sana en cuerpo sano”... ¡es la clave de la vida!... En eso los atenienses son sabios con su aforismo “mens sans in corpore sans” –sentencia y ríe nuevamente. –Téngalo por hecho. Antes de retirarme haré las gestiones que sean menester. –Gracias... nuevamente! gracias, señor Montesinos. ¡Espero verlo

–Descuide, “¡volveré!” como dijo el famoso general Mac Arthur. Hasta otro día –me despedí. Luego me retiré para coordinar le permitiesen realizar caminatas todo el tiempo que necesitara sin limitación alguna. Acto seguido fui a buscar a Guzmán y a la “camarada Miriam” para ponerlos al corriente de la situación. Luego de los saludos protocolares les narré el primer encuentro con Margie Clavo Peralta y les aseguré que pronto la verían, ante lo cual “Miriam”, con la zalamería propia de una mujer, siempre curiosa por saber los detalles, me dice: –Doctor Montesinos, ¿está más gordita o sigue igual? –Eso no le podría contestar, señora Elena, pues es la primera vez que la veo, y no tengo un referente anterior de ella salvo la del video en que están todos ustedes bailando. A propósito, le dejé la película “Zorba el griego” para que la vean ustedes con ella. –¡Ay, doctor Montesinos, qué ocurrente e ingenioso es usted! –exclama “Miriam”.
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–Pero claro, les estoy preparando el camino a los dos, de modo que la encuentren expedita durante el deslinde ideológico. Luego veamos si podemos lograr como un paso final que salga a la televisión para que formule su autocrítica pública y rompa con “Feliciano” por haberla engañado: sería un éxito. ¿Qué les parece el esquema? –¡Huy, qué bien! –dice “Miriam”. –¿Y usted qué opina, doctor Guzmán? –De acuerdo, doctor Montesinos... comparto su optimismo y esperamos ver pronto a la camarada Nancy, que es una buena compañera. –Okey, señores... Ahora los dejo juntitos, contentos, ¡y que la pasen bien! Sonríen ambos como dos tortolitos, pero luego me hacen pensar que en realidad estaba ante un dúo más temible que Bonnie and Clay. De retorno a la sede central del Servicio de Inteligencia Nacional me puse a revisar la “Ficha Básica de Personalidad” de Margie Evelyn Clavo Peralta (a) “Nancy” que existía en la Base de Datos del SIN para refrescar la información que tenía sobre ella y ver el rol que había cumplido dentro de la organización, así como su trayectoria personal. Pude constatar su antigua militancia en la red terrorista, militancia que databa desde inicios de la lucha armada senderista: había participado desde muy joven en la Primera Escuela Militar que llevará a cabo el Comité Central. Esta escuela funcionó clandestinamente del 2 al 19 de abril de 1980, en la zona Este de Lima, en una casa de Chaclacayo, y bajo la dirección del propio Guzmán. En su clausura suscribieron el compromiso siguiente: “Los comunistas de la I Escuela Militar del Partido, sello de los tiempos de paz y apertura de la guerra popular, nos ponemos en pie de combate como sus iniciadores, asumiendo bajo la dirección del Partido y ligados al pueblo, la forja de las invencibles legiones de hierro del Ejército Rojo del Perú. ¡El futuro está en el cañón de los fusiles! ¡La revolución armada ha comenzado! ¡Gloria al marxismo–leninismo– pensamiento Mao Tsetung! ¡Viva el Partido comunista del Perú! ¡Por el camino del camarada Gonzalo, iniciemos la lucha armada!”
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En la ceremonia de clausura de dicho evento Guzmán pronunció el discurso de cierre denominado “Somos los Iniciadores” y todos los participantes pusieron sus correspondientes seudónimos en la parte inferior de una bandera roja con la hoz y el martillo, en la cual figura la siguiente anotación: “INICIADORES-ILA 80. Desarrollar la militarización del Partido y llevar a cabo el boicot de las próximas elecciones de mayo de 1980”. Esto lo pude constatar personalmente durante una visita que hiciera a las instalaciones de la DINCOTE. Es al finalizar dicha Escuela que la red terrorista Sendero Luminoso aprobó el plan de inicio de la lucha armada en el Perú, bajo las consignas: ¡Lucha armada, gobierno de obreros y campesinos! ¡Centro es el campo, ciudad complemento! ¡Sabotajes! ¡Abajo el Gobierno Reaccionario! Cabe señalar que a todos los partícipes de la Primera Escuela Militar, Abimael Guzmán Reinoso les entregó un diploma, una boina verde con una estrella roja y un botón de bronce que lleva la inscripción: “1 Cía. Del EGP” (Primera Compañía del Ejército Guerrillero Popular), según constaté personalmente cuando inspeccioné, el 1 de febrero de 1991, la casa de Buenavista en Monterrico, San Borja. Esa casa había sido intervenida por la DINCOTE, la que luego incautó diverso material y documentación clave de Sendero Luminoso; en dicho inmueble funcionaba el Departamento Central (DC), uno de los organismos de dirección de la red terrorista. Asimismo, la “camarada Nancy” participó en el Congreso del Partido, evento en que fue nombrada por Guzmán –al ser integrante del Comité Central Histórico– como primera suplente del Buró Político. Por lo tanto la “camarada Nancy” ocupaba el sexto lugar en orden de jerarquía. A finales del año 1992 fue integrante del Comité de Dirección del Comité Regional del Sur y luego, a la caída de Guzmán, por decisión de “Feliciano”, pasó a ser miembro del Comité Central de Emergencia, ente que tenía la misión de organizar, dirigir, disponer todo lo concerniente a las tareas de tipo ideológico, político,
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organizativo y militar de la ahora llamada “línea liquidacionista de izquierda”. En su ficha figura que tenía un antecedente que databa de 1985, cuando fue detenida en Lima bajo la identidad falsa de Lucy Aydee Aranguren Gil, conjuntamente con Deodato Hugo Juárez Cruzat y Sybila Arredondo, viuda de Arguedas. Obtuvo la libertad el 15 de enero de 1986, por mandato del Vigésimo Cuarto Juzgado de Instrucción de Lima. Durante el nuevo encuentro que tuve con Margie Evelyn Clavo Peralta, la noté más suelta y menos tensa que durante nuestra primera reunión. Por ello y casi como jugando le dije: –¿Le gustó “La Dolce Vitta”? –Vea, señor Montesinos, esa es una película de la clase dominante de Italia, en donde se ve su decadencia. La verdad: no me interesó. –Ya sabía que así sería... Por eso, en compensación, le traigo esta otra película que estimo será de su interés: “El discreto encanto de la burguesía” del gran maestro Luis Buñuel. Es un filme progresista. –Vaya, ¡vaya qué título para más sugestivo! –Dígame, señora Margie, ¿cómo se siente? –Bien... dentro de la situación en que se vive. –¿Ha podido realizar sus caminatas diarias? –Ah... se me olvidaba agradecerle por su gestión ante las autoridades del penal. –Es mi obligación que usted tenga tranquilidad espiritual antes de conversar con los dos miembros de la dirección política de su partido. Así usted estará en óptimas condiciones para esclarecer su posición ideológica respecto a la decisión que han tomado ellos. ¿No le parece? –Bueno, nunca es malo conversar, ¿no? –Sí, pero, Margie, aquí el meollo del tema radica en que usted apoya la postura errónea de “Feliciano” y sobre eso hay que conversar.
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–Sí, claro, conversaremos cuando usted me diga. –Esa es una posición correcta, señora Margie. Me parece que en su decisión de conformar el llamado “Comité Central de Emergencia” ha pesado en usted la antigua amistad que tiene con “Feliciano” desde su época de estudiantes en la Universidad Nacional de Ingeniería. ¿Esto es correcto? –En parte sí... efectivamente nos conocemos desde cuando estudiábamos ambos en la Universidad Nacional de Ingeniería… –Yo sé que “Feliciano” al concluir sus estudios de secundaria en el Colegio San Francisco de Arequipa vino a vivir a Lima, e ingresó a la Universidad Nacional de Ingeniería, concretamente a la Facultad de Ingeniería electrónica. ¿Es verdad, señora Margie? –Es correcto. Lo conocí porque ambos estudiábamos en el mismo salón en la Facultad de Ingeniería. –De repente fueron enamorados ustedes... –Nooo, para nada. Somos buenos amigos de universidad y punto. –Pero Margie, “Feliciano” tiene fama de ser un mujeriego empedernido en el partido, y me parece raro que compartiendo el mismo salón, él no se haya fijado en usted. Ciego no es... ¡cojo tampoco lo era en esa época! –Ja, ja, ja, ja... –se ríe Margie– ¡Usted es bien ocurrente, señor! –Señora Margie, no es eso: usted es una persona interesante y “Feliciano” no creo que como arequipeño que es, no se haya percatado de su persona. ¡Eso no lo creo! –agregué con zalamería para observar sus reacciones e inteligencia emocional. –¿Por qué piensa usted eso? ¡Deme una razón para ello! –Se la daré. Si le gano, usted estará en deuda conmigo... ¿De acuerdo? –De acuerdo, señor Montesinos. –Vea... la información que dispongo es que cuando usted
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conoce a Oscar Ramírez Durand en la UNI, y todavía no utilizaba el seudónimo de “Feliciano”, es su persona quien lo convenció para que fuera miembro del Partido Comunista. ¿Es correcta mi información? –Huy, ¿cómo conoce ese pequeño detalle usted? –Pero es verdad ese hecho, Margie... –Sí, señor Montesinos, es verdad. Yo fui la persona que lo convenció para integrarse al Partido Comunista. –Es más, le brindaré otra información, señora Margie. –¿Cuál? ¡Usted me sorprende con cada cosa que sabe y dice! –Mire, ¿es verdad que el joven Oscar Ramírez alquiló un pequeño cuarto frente a la universidad ubicado en la calle Genaro Unger Nº 207, San Martín de Porres? –¿Cómo conoce usted ese dato tan preciso? –¿Quiere que siga contándole cositas de ustedes, Margie? –No, no señor; estoy impresionada con usted. –Entonces, si usted Margie tuvo el ascendiente como para haberlo convencido de que se convierta en miembro del Partido Comunista es porque él le hacía caso desde ese entonces. Y si esto es así, mi conclusión lógica es que hubo una breve relación sentimental entre ustedes, ¿verdad? –Ay, señor, ¡qué mal pensado es usted!… –No, Margie, no soy mal pensado, sólo me baso en hechos. Por ejemplo, algunos vecinos del inmueble de Genaro Unger en San Martín de Porres los vieron entrar solos al cuarto y permanecer largo tiempo sin salir. ¿Qué estaban leyendo? ¿“El Capital” de Marx, “El Imperialismo fase superior del capitalismo” de Lenin o haciendo meditación trascendental y yoga a la vez? La “camarada Nancy” bajó la cabeza y la mirada, noté en su rostro un intenso rubor. –Prefiero no contestar... me reservo ese derecho. ¿Está bien? –Vea, hay un viejo aforismo que dice: “quien calla otorga”. ¿Es aplicable a su caso?
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–Ja, ja, ja, ja... –ríe y la risa parece del embrollo en que la he metido con mis preguntas. Yo río también, como para que se distienda. Luego ella me dice: –¡Qué insistente y persistente es usted! –Mire, Margie, usted integra el Comité Central de Emergencia a pedido de “Feliciano” y asume la posición de proseguir la lucha armada en el país aceptando que él lidere la línea liquidacionista de izquierda, porque entre ustedes hay una relación personal, no digo ahora amorosa... pero por ahí empezó la amistad de ambos y luego lo demás cae por su propio peso. Ese es mi punto de vista. –¡Frío!, ¡frío!, como dicen, ja, ja, ja, ja... –vuelve a reír, pero esta vez su risa es un escudo nervioso, frágil. –Viendo su rostro Margie... y estando a sus respuestas mi percepción me dice que “donde camotes se asaron, cenizas quedaron”. –No opino... no digo nada. –Bien, supongamos que no hubo nada más allá que una amistad de juventud. Entonces, ¿por qué si no tiene usted ningún compromiso con él, no procede de una vez a efectuar un deslinde con la posición militarista de “Feliciano” y acata la decisión de la jefatura de su partido? –Eso tiene que ser materia de una conversación con el doctor Guzmán y la camarada Miriam, quiero que me expliquen las razones de su decisión, y si tienen la razón aceptaré disciplinadamente los mandatos de la Jefatura del Partido. –Correcto, así será. Pronto se verán los tres y aquí viene la pregunta del siglo: Margie Clavo finge un rostro lleno de pavor: –¡Por favor, no más preguntas!... ja, ja, ja, ja... –Esta es una pregunta muy simple: ¿verán ustedes tres la película “Zorba el griego”? –Quizás, quizás– contesta con cierto tonito irónico, ante lo cual retruco:
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–Quizás, quizás, quizás. Esa es una famosa canción interpretada por Nat King Cole y parte de su letra –tarareo– dice: “Estás perdiendo el tiempo, pensando, pensando…” –Ja, ja, ja, ja... ¡vaya, vaya, señor!... de repente tiene usted un video donde aparece Nat King Cole cantando a dúo con su hija Natalie la linda melodía “Unforgettable”... –¡Se lo traeré en una próxima oportunidad! ¿De acuerdo? –¡De acuerdo, señor Montesinos! –Dos preguntas finales. Por razones de orden histórico es necesario dilucidar si la Primera Escuela Militar se realizó en Chuschi o en Lima... –Se llevó a cabo en la zona Este de Lima por disposición del comité central bajo la dirección del doctor Guzmán. ¿Cuál es la segunda pregunta, señor? –Margie: ¿qué documentos se revisaron el penúltimo día en la parte final de la Escuela Militar? ¿Recuerda? –De lo que recuerdo, la “Lucha en la Convención 1962-1963”, el “Movimiento Campesino de 1963-1964”, las “Guerrillas de 1965 y el inicio de la lucha armada”, es lo que tengo en mi memoria, pues ha pasado mucho tiempo. –Gracias, señora Margie. Ahora me despido de usted, pues tengo otra reunión. –Hasta luego, señor. Gracias por su visita. Posteriormente me volví a reunir con Guzmán y la “camarada Miriam” y los puse al tanto de la entrevista sostenida con la señora Clavo, especialmente de la gran receptividad y disposición que había encontrado en ella para que pudieran reunirse entre los tres y efectuaran el deslinde ideológico respectivo. Como se dice, dejaba en la cancha de ambos el que pudieran demostrarle que “Feliciano” había optado por el camino equivocado al crear la facción “Sendero Rojo”, autoproclamarse jefe de la misma y propugnar la continuación de la lucha armada con sus seguidores refugiados en la ceja de selva del territorio peruano.
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Como noté que Guzmán estaba receptivo a seguir conversando después de la información que le brindara, opté por hablar de “Feliciano” para tratar de obtener alguna información adicional a la que disponíamos, por lo que de improviso le dije: –Doctor Guzmán, ¿cómo llega “Feliciano” a militar en su partido, quién lo contacta y presenta ante ustedes? –Vea, doctor Montesinos, usted se habrá dado cuenta de la estrecha amistad entre la camarada Margie Clavo y el camarada Feliciano… –Claro que sí, por eso le estoy preguntando a fin de cruzar la versión de ella con la de ustedes. –Me parece correcto, doctor. ¿Qué desearía conocer sobre ese particular? –Le reitero las preguntas: ¿cómo llega “Feliciano” a ser un militante en Sendero, quién lo contacta y presenta ante ustedes? –Miriam conoce a la camarada Nancy en la Universidad Nacional de Ingeniería y después de poco tiempo la recluta como militante, y es ella quien nos cuenta que conoce a un compañero que es natural de Arequipa, con el que tenía una relación sentimental. Este compañero se llamaba, y se llama, Oscar Ramírez Durand. Se le sugiere nos lo presente para ver la posibilidad de integrarlo como militante del Partido. –¡Qué interesante! ¿Entonces es Margie Clavo Peralta quien presenta a “Feliciano” ante “Miriam” y luego a usted? ¿Es correcto? –Sí, doctor Montesinos, es correcto. Miriam lo conoce y evalúa, y luego nos lo presenta a mí y a la camarada Norah, quien entabla inicialmente amistad con él. –¿Y luego qué pasó, doctor Guzmán? –Durante las conversaciones que sostuviéramos con él nos dijo que se sentía orgulloso de ser un provinciano arequipeño, recién llegado a Lima, que había logrado ingresar a la UNI en el primer intento para estudiar ingeniería electrónica.
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–Qué interesante la anécdota. ¿Qué otros hechos recuerda de esa época? –repregunté con el fin de poder obtener mayor información básica sobre “Feliciano”. –Le cuento, doctor Montesinos, que en un principio él simpatizaba ideológicamente con la posición de Vanguardia Revolucionaria. Vanguardia había formado círculos de estudios políticos sobre la realidad nacional en las diferentes universidades del país. Allí participaban los estudiantes en el debate político. –Dígame, ¿cómo fue que “Feliciano” decantó su afinidad por Vanguardia Revolucionaria para integrarse a Sendero Luminoso? –La historia es más o menos así: mientras nosotros conversábamos con Ramírez, sabiendo que era de Arequipa, en el Partido había un paisano mío llamado Javier Guevara, conocido como el camarada Alejandro, integrante del Comité Central, a quien le preguntamos si conocía a Oscar Ramírez Durand. Este nos manifestó que sí, por haber estudiado juntos en el colegio religioso San Francisco de Asís, en Arequipa. –¡Cómo es la vida! –me dije a mí mismo y para no cortar el relato pregunto: – ¿Y qué pasó después? –Bueno, el camarada Alejandro contó que a Feliciano le decían en el colegio “Peluca Ramírez”, o simplemente “Peluca”, que le gustaba salir siempre en la revista “Calienes”, una publicación interna del colegio San Francisco de Asís de Arequipa. Nos dijo también que había pertenecido al círculo estudiantil “Titanes Franciscanos”. Además nos contó que era un alumno muy aplicado, que le gustaba las matemáticas y la lógica, y que en estos cursos obtuvo las más altas calificaciones. –¿En esa época les enseñaban los cursos de Religión y Educación Cívica? –De lo que recuerdo nos contó el camarada Alejandro, me parece que esos cursos los llevaron en quinto de secundaria. –¿Cómo fue que “Feliciano” se incorpora posteriormente a Sendero Luminoso?
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–Según el camarada Alejandro, cada vez que Feliciano regresaba a Arequipa de vacaciones se reunían para conversar temas de política, y así lo fue introduciendo en los lineamientos ideopolíticos del Partido, de modo que para nosotros nos fue más fácil reclutarlo como militante, pues ya simpatizaba con la posición política de la organización. Además el camarada Alejandro lo recomendó ante el Comité Central y con nuestro apoyo se incorporó al Partido. Esa es la historia. ¿Qué le parece? –Muy interesante, pero tengo una inquietud… –¿Cuál, doctor Montesinos? –¿Qué es del “camarada Alejandro”, esto es de Javier Guevara, que no se escucha nada de él? –Pero... qué se va ha escuchar si está muerto... –respondió con cierta tristeza. –¿Alguno de ustedes sabe cómo y cuándo falleció Alejandro? –formulo la pregunta en plural para observar quién de los dos la contesta, y es así que ante el silencio de Guzmán, la “camarada Miriam” me dice: –El camarada Alejandro murió heroicamente, dirigiendo la lucha de los presos políticos de El Frontón, el 19 de junio de 1986. Fue durante la famosa matanza de los penales acaecida en la época del gobierno de Alan García Pérez. –Bueno, lo siento por él y por todos los que perdieron la vida en esa fecha, y por supuesto por todo el personal de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional del Perú, los huérfanos, las viudas, los mutilados, los desplazados que injustamente son víctimas de esta guerra que debemos concluir para que retorne la paz en el Perú –les dije en tono admonitorio. –En eso estamos, doctor Montesinos. Comprendemos, perfectamente, su posición y esa es la razón por la cual bregamos juntos, claro está, desde nuestras respectivas colinas para el Acuerdo de Paz. –Pasando a otro tema, dígame doctor Guzmán, ¿la relación sentimental entre “Feliciano” y Nancy se mantuvo durante un largo período?
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–No, pues, al poco tiempo el camarada Feliciano rompió la relación, ya que conoció a otra camarada y se enamoró de ella; sin embargo, nunca dejaron de ser buenos amigos. –Si esto es así, ¿usted cree que “Feliciano” por su amistad de antigua data con Nancy la haya convencido para integrar el “Comité Central de Emergencia” y cuestionar vuestra decisión? –De eso no me cabe la menor duda, pues el camarada Feliciano con tal de conseguir sus objetivos personales es capaz de todo. –¿Cómo definiría usted a “Feliciano” en dos palabras? –Inescrupuloso y arribista. Son las palabras que grafican su personalidad y además... –dice un Guzmán molesto, pero no termina. –¿Además qué, doctor Guzmán? –le repregunto. –Se cree un Rubirosa. Es un mujeriego empedernido, al punto de perder la cabeza por una mujer. Ante esta expresión interviene “Miriam” y dice: –La camarada Norah y yo, como mujeres, siempre le advertíamos que no jugara con los sentimientos de nuestras camaradas, pues conocíamos la costumbre que tenía de portarse como un galán en las diversas reuniones partidarias. –Con su permiso, doctor Guzmán, quisiera hacerle una pregunta delicada a la señora “Miriam”. –Adelante –responde Guzmán. –¿”Feliciano” alguna vez pretendió enamorar a la camarada Norah? Ya que era una mujer tan bonita y agraciada, pienso que le echó ojo… –Nooo, doctor Montesinos, usted no ha conocido a Norah; ella era una mujer de mucha personalidad y carácter. Feliciano le tenía terror cada vez que la veía. Parecía un autómata diciendo: “Sí, camarada Norah”, “Como usted disponga, camarada Norah”... –¿Ah sí?
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–Era un “chicheñó”, como el de la tradición de Ricardo Palma. –Ahora le preguntaré por usted, pero por favor, no se moleste señora “Miriam”. ¿Alguna vez el “camarada Feliciano” trató de enamorarla? –Jamás, doctor Montesinos. Le habría dado una cachetada y hubiera pedido se le someta a disciplina en el Partido –contesta una enfática “camarada Miriam” ante un Guzmán pensativo y quizás incómodo frente a mis preguntas. Cambié de giro en la conversación. –Doctor Guzmán, ¿cree que “Feliciano” está en capacidad de producir documentos o hacer pronunciamientos para enriquecer la teoría revolucionaria que usted desarrolló en el partido? –Nooo... doctor Montesinos. ¡El camarada Feliciano no tiene perspectiva estratégica, y nunca ha elaborado ningún documento partidario. Es un hombre ejecutante. No es un individuo pensante. Por eso siempre estaba en el campo, pues es una persona de acción, para ello es muy bueno. Más allá, no le da el cerebro para tanto. La “camarada Miriam” se ríe de buena gana festejando la ocurrencia de Guzmán. Viendo que esta parejita de camaradas seguían con una excelente disposición a responder temas sobre “Feliciano”, es que insistí con mis preguntas. –Si para ustedes es un axioma el dicho de Mao de que “la línea lo dice todo”, ¿cómo es que “Feliciano” y su grupo han tomado un camino distinto? ¿Quién está equivocado, “Feliciano” o ustedes? –Mire, doctor Montesinos... Feliciano siempre ha sido una persona díscola en todo orden de ideas. Él ha optado por el rumbo incorrecto por que no entiende que la esencia de la guerra popular es cuestión de dirección política. ¿Cómo se le puede pedir a un hombre que toda la vida ha sido yunque que a la hora nona se convierta en martillo? Es obvio que ha elegido el camino equivocado, pues la perspectiva de la guerra no es ahora el desarrollo sino simplemente su mantenimiento.
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–Gracias por su explicación, doctor Guzmán. ¿Entonces es correcta la información de que “Feliciano” es sólo un mando con formación militar, o también tiene capacidad organizativa, liderazgo y preparación ideológica como para nuclear en torno suyo al bloque escisionista? –Efectivamente, al camarada Feliciano le falta capacidad ideológica y política y experiencia de orden estratégica, es sólo un mando con formación militar, pese a que es un hombre eficiente, e inteligente. Pero es anárquico, rebelde, egoísta y sobre todo muy indisciplinado. Vea, le haré una infidencia para que usted tenga una idea cabal de lo que es este camarada... –¿Cuál...? –pregunté con gran curiosidad y sorprendido por este súbito arrebato de confianza. –El Comité Central durante una reunión plenaria le encargó en marzo de 1992, la tarea de buscar personalmente un lugar seguro en el interior del país para proceder al traslado de la dirección política partidaria. Cumplido ese objetivo, tendría que retornar a Lima a fin de dar cuenta del cumplimiento de la misión asignada. Luego nos desplazaríamos con toda seguridad al área protegida para evitar ser detectados por las fuerzas del orden que nos venían siguiendo los pasos… –¿Y qué pasó? –Bueno, simplemente que nunca retornó a Lima, y es por esa negligencia y por su arribismo enfermizo que se produce nuestra caída el 12 de septiembre de 1992, esto es cinco meses después de que el camarada Feliciano recibió la tarea de buscar una zona segura. Por tanto, históricamente él es responsable de esta situación. Razón tenía la camarada Norah cuando señalaba: “el camarada Feliciano nunca mira de frente a la cara de uno, siempre lo hace con una mirada de reojo”. “Obsérvalo”, me decía. ¡Cuánta razón tenía! –Vaya, vaya... Por lo visto “Norah” era una mujer con gran intuición, según infiero de sus comentarios. –Vea, doctor Montesinos, yo le contaré otro hecho que pinta de cuerpo entero a “Feliciano” –comenta airadamente la señora Iparraguirre.
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–A ver, a ver, que nos cuenta usted “Miriam”. –Cuando estuvimos al final de la tercera sesión de nuestro primer congreso partidario, todas las camaradas mujeres presentes me pidieron que por ningún motivo se debería permitir que el camarada Feliciano estuviera a solas con alguna compañera, pues haciéndose el borracho era casi un hecho que intentaría abordar, contra su voluntad, a cualquiera de mis camaradas. Por eso el camarada Germán (Hugo Deodato Juárez Cruzatt) había recibido el encargo del presidente Gonzalo de hacer respetar a las compañeras de los deslices de este individuo. A estas alturas ya tenía muy clara la evidente enemistad que existía entre la pareja Guzmán-Iparraguirre y el “camarada Feliciano”. Ella, supuestamente, se debía en gran medida a la responsabilidad que le tocaba en la detención de ambos por la DINCOTE, por no haber cumplido un encargo vital del Comité Central. Ya no ahondé más en este interrogatorio. Hay, obviamente, preguntas que quedaron sin respuesta: ¿Fue intencional ese hecho? ¿Es una negligencia inexcusable de “Feliciano”? ¿O es que Guzmán trata de echar la culpa de su detención a “Feliciano” para no reconocer el error de no haber salido oportunamente de Lima? Concluida la conversación, les indiqué que Margie Evelyn Clavo Peralta estaba autorizada para reunirse con ellos y que con ese propósito disponían de todo el tiempo necesario a fin de efectuar el deslinde ideológico respectivo. Una vez culminada esa fase, les pedí me avisaran por intermedio del jefe de servicio para reunirnos en conjunto los cuatro y analizar luego el curso de acción que adoptaríamos en adelante. Transcurrido un tiempo razonable, el 11 de septiembre de 1995, el Director de Inteligencia Naval me comunicó que había sido informado por el jefe de servicio del penal militar de la Base Naval del Callao, que el interno Abimael Guzmán Reinoso estaba solicitando que lo visitara, pues estaban listos para conversar conmigo.

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De inmediato alerté al personal técnico del SIN que nos desplazaríamos inmediatamente al exterior con destino al Callao por la ruta que elegiría antes de salir. Presuroso me alisté y partí contento por la ruta tres, pues era sabedor que ese día nos encaminábamos en la línea de consolidar la división de Sendero Luminoso con la posible presentación de la “camarada Nancy” en un medio televisivo. Al llegar a la Base Naval me dirigí a las instalaciones de la Dirección de Inteligencia Naval. En la Sala de Conferencias ya se encontraban reunidos Abimael Guzmán Reinoso, Elena Albertina Iparraguirre Revoredo y Margie Evelyn Clavo Peralta, quienes al verme se pusieron de pie. Nos saludamos. –Bien, señores, aquí estoy para escucharlos y conocer si llegaron a un entendimiento. –Sí, doctor Montesinos, le comunicamos que después de muchas conversaciones Miriam y yo hemos hecho reflexionar a la camarada Nancy, quien valientemente ha reconocido ante la Jefatura que había incurrido en un grave error y desviación de la línea correcta. Ella ha formulado su autocrítica como corresponde a todo miembro del Partido, y por tanto está en actitud de salir a la televisión y efectuar su autocrítica pública y denunciar a Feliciano por engañar a un grupo de camaradas al haber formado un bloque divisionista que traiciona a nuestro Partido. –Es una buena noticia, doctor Guzmán. Lo felicito a usted, a “Miriam” y a la señora Margie Clavo en particular por reconocer su error. Errar es humano y de hombres es reconocerlo, lo cual es aplicable al presente caso, pues cuando hablamos de hombres no se trata exclusivamente del género masculino. Muy bien. ¿Qué dice usted, señora Margie? –Sí, doctor Montesinos (era la primera vez que se dirigía de esa manera a mi persona), como muy bien le acaba de explicar el presidente Gonzalo, en presencia de la camarada Miriam, he reconocido todos mis errores y desviación en que incurrí, y como comunista que soy, me ha correspondido realizar la autocrítica que me corresponde. Como dice la Jefatura de mi Partido, estoy lista
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para salir en un medio televisivo para hacerlo públicamente en forma voluntaria porque considero es mi obligación y deber como comunista, con el Partido al que pertenezco. Cambié completamente de conversación a fin de evitar que siga “flagelándose”, y para que perciba que no le daba demasiada importancia a su rectificación. Quedó un poco desconcertada cuando le dije: –Correcto, señora Margie, en verdad es una decisión correcta la suya... A propósito, tenía pendiente con usted un video de Nat King Cole cantando a dúo con su hija Natalie: “Unforgettable”... Como usted sabe, este cantante falleció y la hija en homenaje a su padre hizo que técnicamente se combinaran las voces de ambos como si estuvieran interpretando juntos esa hermosa melodía... De modo que, como toda promesa es deuda, aquí tiene el video; se lo obsequio. El rostro se le iluminó a la “camarada Nancy”: –Muchísimas gracias, doctor Montesinos, por este gesto suyo. –No es nada… Para el doctor Guzmán le traigo este video de Ima Sumac, con música que escuchaban cuando se clausuró la Tercera Sesión del Primer Congreso de su Partido. ¿Recuerdan? –Por supuesto, señor doctor –contestó Guzmán eufórico, y refrescando la memoria agregó: –A la camarada Norah le agradaba escuchar a Ima Sumac... ¿Recuerdas Miriam? –Ay, sí Presidente, claro que lo recuerdo... Cuando se despida el doctor Montesinos escucharemos los tres a Ima Sumac. –Ahora para usted, “Miriam”, le traigo este video de Frank Pourcel titulado “Recordar es vivir”. Pueden escuchar “El cóndor pasa”, “Zorba el griego”, “La bamba” y “La flor de la canela”, entre otras canciones. –Gracias, gracias doctor. Usted siempre atento a los pequeños detalles.
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Esta última frase de la respuesta de “Miriam” (“Usted siempre atento a los pequeños detalles”) me hizo pensar, precisamente, en la minuciosidad del trabajo que se requería en estos casos. Había logrado mi propósito de incentivar a los tres objetivos con un paciente acopio de información, con un consiguiente cotejo de ésta y… con la música. La música, un arte aparentemente inofensivo, medio de disfrute y solaz, se convertía en el contexto de esta operación en una ciertamente eficaz, y hasta poderosa, arma para enfrentar a quienes luchaban contra el Estado con este tipo de Guerra Asimétrica como variable principal de la Guerra de Cuarta Generación. Abrigué la confianza, equivocadamente, que más tarde, los estudiosos y analistas de este proceso podrían darse cuenta que por parte del Estado y una institución como el SIN se usaba este tipo de medios y recursos para obtener o alcanzar algo tan trascendente como la capitulación del sanguinario y genocida grupo terrorista Sendero Luminoso. Sus más altos e importantes cabecillas y mandos no eran objeto de tortura alguna, ninguna forma de atentado contra la vida y la salud, ninguna humillación que vulnere sus derechos humanos, como insinuarían –o incluso afirmarían– más adelante los enemigos recalcitrantes del régimen con igual maldad que imaginación. Como queda claro por la descripción de estos hechos, absolutamente verídicos, documentados y comprobables, el Estado se situaba en un alto terreno moral, lo que implicaba una conjunción de ideas y tecnología, como se ha explicado párrafos ut supra. Estos desconocidos pasajes del proceso de pacificación constituyen, pues, un desmentido contundente frente a la irresponsable afirmación de que en tiempo de Fujimori existió una política sistemática de violación de derechos humanos. Ésta, de haber existido, se habría aplicado, en primer término contra los cabecillas. Contra ellos se habrían utilizado métodos vedados, esos métodos que condena la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH) suscrita el 22 de noviembre de 1969 en la ciudad de San José de Costa Rica y que es una de las bases del Sistema interamericano de protección de derechos humanos. Ahondaré más en el asunto, apelando a la comparación de procesos de pacificación contemporáneos. Esta comparación es menester hacerla para no caer en gruesas, cuanto injustas
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generalizaciones y arbitrariedades. La pacificación del Perú, a despecho de los falsificadores y embusteros que han pretendido falazmente presentarla como “El reino de la barbarie”, fue ejemplar. Aun con los casos aislados por todos conocidos, no puede ser, ni remotamente, comparada con otras experiencias de América del Sur. Pero contra todo criterio de justicia y de objetividad se ha evitado una comparación justa y necesaria a partir del examen y seguimiento minucioso del proceso. Este libro tiene, precisamente, entre sus objetivos revelar desconocidos pasajes, y lo más importante, dejar al descubierto una metodología del trabajo de inteligencia de las más avanzadas del mundo. Que se aplicó en el Perú y que, por obra y gracia de la conspiración del silencio, de la falsificación y la manipulación de individuos y organismos ligados de alguna u otra manera al terrorismo internacional, se ha ocultado al mundo. Dadas las dimensiones, alcances, objetivos logrados y metas por alcanzar de Sendero Luminoso antes de la captura de Abimael Guzmán, una respuesta tradicional, de represión indiscriminada habría producido otros resultados: miles de terroristas muertos y una represión sangrienta como ocurriera en Taiwán a partir de 1947 durante el régimen de Chiang Kai–shek, quien aplicó el terror anticomunista, y cuarenta años de represión y ley marcial. Y no puede dejarse de mencionar lo ocurrido en la Indonesia de Suharto a mediados de los años 60, donde se imputa al terrorismo de Estado muertes que se estiman entre 100 mil y 1,5 millones. ¿De qué estamos hablando, entonces, cuando se afirma que en el Perú de los 90 hubo una política sistemática de violación de derechos humanos? Pues, simplemente, del “Reino de la Mentira”, de una conspiración y orquestación para desfigurar hechos históricos en una magnitud y con una tendenciosidad nunca antes conocida en el Perú. En fin, sólo la Historia y los historiadores del futuro (espero que cercano) podrán abordar científicamente, con la objetividad debida, un proceso hasta ahora desconocido en sus aspectos fundamentales. Y ahora regreso a mi relato de las fases de la operación cuyo objetivo era lograr una capitulación de Sendero Luminoso.
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Después de darles en la yema del gusto, a “Gonzalo” y “Miriam”, tocaba el turno de obtener lo que buscaba de la “camarada Nancy”: que apareciera en las pantallas televisivas. Para ello tuvo que preparársele adecuadamente con las preguntas del caso y realizar los ensayos respectivos a fin de que su autocrítica se enmarque exactamente en los lineamientos trazados. El 17 de septiembre de 1995, en la edición del programa “Contrapunto”, el Canal 2 de televisión difundió la entrevista y declaración de arrepentimiento de la citada Margie Clavo (a) “Nancy”, de conformidad a lo establecido en el Plan de Operaciones “Deslinde 95”. “Nancy” hizo un llamamiento político a la militancia de Sendero Luminoso que seguía a Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano”, para que cese las operaciones en la convicción de que proseguir la lucha armada carece de toda posibilidad de éxito. Al día siguiente, 18 de septiembre, todos los medios de expresión escrita dieron la más amplia cobertura a la presentación televisiva de Margie Clavo Peralta, dejando constancia, en forma casi literal, del tenor de su declaración y destacando, por cierto, la importancia que para los fines de la Pacificación Nacional habría de tener este suceso en el futuro inmediato. Quedaba claro que era precisamente éste, el efecto deseado que se buscaba: que la noticia le llegara a “Feliciano” en la zona donde venía operando a fin de ir aislándolo progresivamente y derrotar políticamente a la línea liquidacionista de izquierda que él dirigía y trataba de “proseguir” con la lucha armada en el país. Este hecho fue de singular trascendencia en la medida de que era la primera vez que un dirigente de tan alto nivel dentro de la organización de Sendero Luminoso –como es el caso de Margie Clavo Peralta (a) “Nancy”, miembro del Comité Central Histórico y del Buró Político, designada por unanimidad en el Primer Congreso Nacional realizado por Sendero Luminoso– aceptaba presentarse ante la audiencia nacional para efectuar su autocrítica pública, reconociendo la serie de errores y desviaciones en que ha incurrido y pasar a continuación a hacer una denuncia contra Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano” (quien también fuera miembro de la Dirección Histórica senderista). A “Feliciano” lo acusó de haber
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fraguado una serie de documentos e inventado acuerdos, como es el caso de un inexistente Tercer Pleno del Comité Central y la aprobación de un supuesto Cuarto Gran Plan Estratégico, con la clara intención de mantener en el engaño a un pequeño grupo de “camaradas” que se habían marginado del llamado a un Acuerdo de Paz que en su momento públicamente hiciera el “Presidente Gonzalo”. En dicha entrevista, Margie Clavo Peralta también acusó a Ramírez Durand de conformar una “dirigencia usurpadora”, de adherir a una “línea liquidacionista” y de haber conformado un “bloque escisionista”, con el evidente propósito de apoderarse de la dirección partidaria y tratar inútilmente de suplantar al “Presidente Gonzalo”. Reconoció, autocríticamente, que había sido utilizada por “Feliciano”, quien la usó como un “mascarón de proa” para convalidar una serie de acuerdos y decisiones fraguadas y que ella había caído en ese error “cegada por el poder personal”, de lo que se encontraba sinceramente arrepentida. Ahora bien, estando a las informaciones brindadas por la “camarada Nancy”, de que las huestes de “Feliciano” venían operando en las apartadas zonas de selva baja, específicamente en Vizcatán y el codo del Ene, y que no se encontraban en capacidad de tener acceso a la señal de televisión; pero que, en cambio uno de sus hábitos consistía en escuchar todas las mañanas los noticiarios de las radios –y que para tal fin “Feliciano” tenía un personal adiestrado y dedicado a recabar información por esa vía– es que, como responsable de la conducción de la Operación, gestioné que la Dirección de Información Electrónica del SIN, estableciera cuáles eran las emisoras de radio que tenían capacidad para que sus ondas lleguen a ser escuchadas en esas zonas apartadas del país. Con esta última información se coordinó que se hiciera la difusión de la entrevista a Margie Clavo Peralta durante quince días consecutivos con una pauta de saturación planificada por la Dirección Nacional de Operaciones Sicológicas del SIN, para que cundiera el desconcierto dentro de los seguidores de “Feliciano” en esas áreas geográficas, entre los que estaban los “camaradas Alipio” y “José”, sus lugartenientes en el comando.
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Concluida con esta etapa de la operación con miras a lograr la ruptura orgánica de Sendero Luminoso y encontrándose sentenciado Jorge Eduardo Olivares del Carpio (a) “Roldán”, otro miembro del Comité Central de Emergencia que presidía “Feliciano”, decidí que debía efectuarse una aproximación con Guzmán e Iparraguirre (representantes de la posición orgánica) a fin de que efectúen un deslinde ideológico encaminado a demostrar que “Feliciano” había optado por el camino equivocado. Para esta fase de la operación decidí cambiar de método de trabajo a fin de que los senderistas no se percataran de los procedimientos de inteligencia utilizados en cada caso en particular. Por eso sólo les informé a Guzmán y la “camarada Miriam”, que Jorge Eduardo Olivares del Carpio sería trasladado al penal militar para que ellos hagan el trabajo de efectuar directamente el deslinde ideológico correspondiente. Igualmente les comuniqué que la “camarada Nancy” retornaría al penal de mujeres en Chorrillos, y luego de un mes sería trasladada al establecimiento penitenciario de Yanamayo, portando una pieza del par de gemelos a fin de continuar la tarea de alinear a los dirigentes y militantes senderistas fuera de prisión, con la decisión de la jefatura. Es así que luego de las coordinaciones del caso, y por disposición del Consejo Supremo de Justicia Militar, se obtuvo el traslado de Jorge Eduardo Olivares del Carpio (a) “Roldán” hacia la Prisión Militar de Alta Seguridad de la Base Naval del Callao, para que cumpla la condena a que había sido sentenciado oportunamente y con el objeto de que pueda entrevistarse con Abimael Guzmán Reinoso y Elena Iparraguirre, recluidos en dicho penal. Siguiendo el procedimiento anteriormente experimentado con Margie Clavo Peralta, se consiguió crear en Olivares del Carpio Peralta la impresión de que sus encuentros con Abimael Guzmán, a la hora del paseo diario de treinta minutos en el patio interior del penal, habían sido totalmente casuales. Así, en el primer encuentro, Olivares del Carpio aparentó no darse cuenta de la presencia de Guzmán, pero en los días posteriores ya no pudo mantener la misma actitud, pues de por medio estaba el enorme peso que implicaba cruzarse con quien hasta hacía poco tiempo había sido el cabecilla
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máximo de su organización partidaria. Del gesto respetuoso, pero disimulado, de saludo, gradualmente fueron iniciándose conversaciones discretas, en el entendido que estaba eludiendo la vigilancia permanente. A partir de estos primeros encuentros diarios, y supuestamente al margen de la vigilancia establecida, el intercambio de palabras fue haciéndose más frecuente, hasta que en determinado momento el mismo Olivares del Carpio solicitó que se le permitiese tener una reunión, la misma que por cierto contó con la “aceptación” de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo. Ante esta circunstancia, como responsable de la conducción de la operación, dispuse que se procediera a la realización de la entrevista solicitada, para lo cual se escogió el ambiente en el que anteriormente se habían realizado las conversaciones con Margie Clavo Peralta, aprovechando que se encontraba adecuadamente acondicionado con el equipo electrónico necesario, lo que permitía estar al tanto del cabal y exacto contenido de los temas que iban a tratar Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre con Olivares del Carpio. La reunión se realizaría con la mayor amplitud y tranquilidad, sin que los tres cabecillas senderistas advirtieran que estaban siendo puntualmente observados, vigilados y escuchados. Para los objetivos previstos por el Plan de Operaciones “Deslinde 95”, estas conversaciones orientadas a convencer a “Roldán” que había optado por el camino equivocado, eran de fundamental importancia. “Roldán”, además de pertenecer a la línea más fanatizada dentro de su organización partidaria, de tener una actitud de odio y revancha hacia el gobierno de Alan García Pérez porque años antes había experimentado la pérdida de un hermano, conocido con el alías de “Gringo”, en un enfrentamiento con las fuerzas del orden en el departamento de Puno, era el Coordinador Nacional de la facción disidente de “Feliciano”, circunstancia que le facilitaba la comunicación y el conocimiento de todos los comités y la militancia que aún continuaba en la lucha armada. Esto último explicaba bien el porqué era importante y de gran valor para el objetivo de la Pacificación, el que Olivares acatara las indicaciones de Guzmán Reinoso y decidiera apartarse de “Feliciano”.
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Conforme fueron desarrollándose las reuniones, gradualmente Olivares del Carpio fue cambiando de posición. Fue evolucionando desde una actitud de intransigencia hacía una actitud más comprensiva de los argumentos esgrimidos por Guzmán Reinoso quien, con sus razonamientos encuadrados dentro de categorías marxistas de análisis, le fue demostrando cómo es que con su “caída” habían variado por completo las condiciones y que, objetivamente, en la coyuntura, se carecía de la menor posibilidad de éxito. Esto era lo objetivo: lo que aguardaba a los liquidacionistas era la derrota si es que pretendían proseguir una lucha sin horizonte, sin conducción ideológico–organizativa y sin la dirigencia adecuada, pues “Feliciano”, al margen de carecer de las condiciones necesarias para reemplazar a la conducción de la Dirección Nacional, había optado por un camino ajeno a los principios del partido, limitándose a la violencia por la violencia misma y olvidando que ésta es un simple medio y no el objetivo de Sendero Luminoso. Guzmán Reinoso, igualmente estuvo en capacidad de demostrarle a “Roldán” cómo es que “Feliciano” con su actitud rebelde y pertinaz lo único que estaba consiguiendo era sabotear las posibilidades de arribar a un Acuerdo de Paz, y que la porción de la militancia que aún le seguía, fuese siendo gradualmente liquidada por las fuerzas del orden, en tanto se mantuvieran sin deponer las armas. Olivares del Carpio fue aceptando y haciendo suyos cada uno de los argumentos planteados por Guzmán e Iparraguirre, hasta llegar a un punto en el que reconoció haber sido engañado por “Feliciano”, quien les “vendió” a él y a otros la idea de que la aparición televisiva del “Presidente Gonzalo” sólo había podido ser posible con el uso de elementos químicos y de un “lavado de cerebro”; hecho que fue tajantemente desmentido por Guzmán, quien le expresó que su pronunciamiento público había sido resultante de un análisis largamente meditado que lo había llevado al convencimiento de que, producidos los hechos conocidos de su “caída”, ya no existían las condiciones requeridas para una continuación exitosa de la lucha armada y mucho menos por cierto para el logro del gran objetivo de la conquista del poder.

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A partir de estos razonamientos, Olivares del Carpio reconoció que no tenía respuesta coherente para demostrar lo contrario y sustentar sus anteriores posiciones de crítica y desacato, por lo que debía, hidalgamente, aceptar que había incurrido en una grave desviación y en un oportunismo vergonzoso al aceptar el cargo de Coordinador Nacional e integrarse a un Comité Central apócrifo, montado por Ramírez Durand “Feliciano” con el claro propósito de desconocer a la jefatura y de presentarse como el nuevo conductor de la organización. Llegados a este punto y culminado el deslinde ideológico, de acuerdo a prácticas partidarias anteriormente establecidas, Olivares del Carpio se declaró dispuesto a hacer su respectiva autocrítica, pues su posición anterior obedecía a sus caprichos personales, sin tener en consideración la línea política general y los principios fundamentales del partido. Finalmente, Olivares del Carpio expresó que además de renegar de su anterior línea errada, adhería ahora al llamado de la jefatura a favor de un Acuerdo de Paz y que, para que no quedase la menor duda respecto a la sinceridad de su nueva posición, se encontraba dispuesto a hacer una autocrítica pública con el objeto de que aquellos camaradas equivocados que aún siguen a “Feliciano”, retomen la línea correcta, posibilitando así que se avance en el logro del buscado Acuerdo de Paz y que se desenmascare el oportunismo del apócrifo Comité Central de Emergencia. A esta altura de las conversaciones, hice una evaluación de la situación y arribé a la conclusión de que Jorge Eduardo Olivares del Carpio (a) “Roldán” se encontraba ya en condiciones de salir a la luz pública, a través de un medio televisivo, para que hiciera su autocrítica, deslindando y condenando la conducta de “Feliciano” e invocando a sus camaradas equivocados a abandonar la línea oportunista y muestren su adhesión al Acuerdo de Paz propuesto por la Jefatura. De otro lado, considerando que como resultado de las conversaciones sostenidas Olivares del Carpio había aceptado que incurrió en una grave desviación de derecha y en “rastrero
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oportunismo” al desoír el llamado de Guzmán para que se depongan las armas a favor de un posible Acuerdo de Paz, ese error tenía que corregirse. Y la manera de corregir el error y respetar la auténtica Dirección Nacional Histórica designada por unanimidad en el Primer Congreso del Partido era que, aprovechando que como Coordinador Nacional estaba en capacidad de contactar con todas las bases senderistas, las visitara para difundir la correcta decisión de la Jefatura. Olivares del Carpio reconoció que al desacatar la invocación de la jefatura para adherir a un Acuerdo de Paz, había cometido una grave falta contra la disciplina partidaria; de todo lo cual estaba sinceramente arrepentido y expresaba su plena disposición para reincorporarse y trabajar a favor del citado Acuerdo de Paz, por lo que frente a esta posición nuevamente intervine para entrevistarme con los dos líderes terroristas y el converso “camarada Roldán” a fin de definir el curso de acción a seguir de allí en adelante. Para ello, contando con la anuencia de Guzmán Reinoso e Iparraguirre Revoredo, convencimos a Olivares del Carpio a fin de que, a través de un medio de difusión masivo, saliera ante la opinión pública haciendo una declaración autocrítica y formulando un llamado a la militancia senderista que aún persistía en desconocer lo solicitado por la jefatura, para que depongan las armas, se aparten de la errada línea que estaba desarrollando “Feliciano” y adhieran a la búsqueda de un Acuerdo de Paz, posibilitando así el fin de la violencia sediciosa en todo el país. Objetivamente, y sin duda alguna, este sería un logro de significativa trascendencia para la división o ruptura orgánica de Sendero Luminoso, como ya lo hemos anotado. Olivares del Carpio en su condición de Coordinador Nacional era quizá el único dirigente senderista de la facción de “Feliciano” que por las cualidades propias de su cargo había estado en capacidad de tomar contacto, conocer y ser conocido por todos los senderistas dispersos en el país y que aún continuaban siguiendo la línea desviacionista y violenta de “Feliciano”.

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En este entendido y aplicado el procedimiento establecido para las presentaciones públicas de aquellos dirigentes senderistas que aceptaran hacerlo, decidí que la de Olivares del Carpio (a) “Roldán” se hiciera en el Canal 4 de televisión, por corresponderle en el orden secuencial que previamente se había acordado, y que, paralelamente se elaborara un listado de preguntas a ser respondidas por éste, luego, por cierto, del adecuado ensayo previo para evitar errores, confusión o improvisaciones. En orden a lo señalado se tomó discreto contacto con un directivo del Canal 4 de televisión, el cual dispuso que un periodista del programa “La Revista Dominical” se encargara de la conducción de la entrevista. En cumplimiento de la orden emitida, dicho periodista concurrió a las instalaciones del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) y tomó contacto con mi persona a fin de hacer las coordinaciones necesarias y acordar los pasos conducentes al aseguramiento de una difusión exitosa. Fue en el Penal Militar de Alta Seguridad de la Base Naval del Callao y en mi presencia, así como del personal técnico del Servicio de Inteligencia Nacional, que se efectuaron los varios ensayos en los que Jorge Eduardo Olivares del Carpio (a) “Roldán” hacía una declaración dirigida al público externo, contestando el listado de preguntas que previamente se había elaborado, todo ello igualmente ante la presencia de Abimael Guzmán Reinoso y de Elena Iparraguirre Revoredo. Una vez que se tuvo la seguridad de que, gracias a los ensayos previos, la presentación pública de Olivares del Carpio iba a realizarse con toda normalidad y que, de acuerdo al contenido de las preguntas previamente formuladas, dicha presentación tendría una gran resonancia e impacto en la opinión pública y fundamentalmente en la militancia senderista, se procedió a tomar contacto nuevamente con el Canal 4 de televisión, haciéndoles saber que ya se estaba en condiciones de proceder a la grabación de las declaraciones de Jorge Eduardo Olivares del Carpio (a) “Roldán”. Como responsable de la operación recomendé que la presentación en televisión debía ser más dinámica y atractiva, para
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lo cual la persona encargada de hacer la entrevista tendría que viajar a la ciudad de Arequipa a fin de conversar con el padre de Olivares del Carpio, quien residía en la urbanización Vallecito de dicha localidad. Este reportaje se hacía con el objeto de obtener mayor información sobre la vida pasada de “Roldán”. Adicionalmente, se le proporcionó la dirección de la hermana de éste, que es propietaria de una farmacia en la misma zona, para que con todos estos elementos se diseñe un programa especial que pudiera hacer más espontánea la entrevista. Luego se le mostró –al encargado– un video con los ensayos previos realizados a fin de que se familiarizase con la personalidad de Eduardo Olivares del Carpio y comprendiera así, con mayor claridad, que el objetivo buscado iba mucho más allá de la simple primicia periodística, pues esta presentación podía contribuir positivamente a que muchos senderistas aún engañados y que seguían a “Feliciano”, renegasen de esta adhesión, comprendieran su error y se acogieran al llamado formulado por Abimael Guzmán Reinoso, contribuyendo así a la división y ruptura orgánica de Sendero Luminoso. Posteriormente, y de conformidad con lo programado, se llevó a cabo la presentación televisada de Jorge Eduardo Olivares del Carpio en Canal 4 de televisión, en el programa “La Revista Dominical”. De este modo se cumplió con el objetivo propuesto en la misión del Plan de Operaciones “Deslinde 95”: que los representantes más emblemáticos del bloque escisionista “Proseguir” que se encontraban detenidos, hicieran cada uno en su momento, un llamado público a la militancia que seguía a “Feliciano”, para que depongan las armas, en la firme convicción de que continuar con su accionar violento carecía de toda posibilidad de éxito. Dicha entrevista recibió una amplia cobertura en todos los medios de difusión nacionales, pues la presentación, como lo habíamos previsto, estuvo rodeada de varios aspectos relacionados con la vida anterior de Olivares del Carpio y su entorno familiar. Esto le dio mayor interés y espontaneidad a la presentación, mejorando la que anteriormente se hiciera a Margie Evelyn Clavo Peralta.
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Debe destacarse que en orden a que Jorge Eduardo Olivares del Carpio venía ejerciendo el cargo de Coordinador Nacional dentro de la dirección senderista, era casi seguro que su mensaje y llamamiento público para que los aún rebeldes senderistas se acojan al llamado Acuerdo de Paz y abandonen las huestes de “Feliciano”, habría de tener una muy amplia acogida, pues el mencionado Olivares por razón de su puesto mantenía relaciones personales y muy cercanas con las bases aún disidentes del senderismo, lo que no ocurría necesariamente con Margie Clavo Peralta cuya elevada jerarquía dentro de la organización terrorista no siempre le permitía “bajar a bases”, como ellos le llaman a la comunicación con su militancia. Olivares del Carpio fue sumamente enfático en la presentación de su autocrítica pública destacando que había sido “vilmente engañado” por “Feliciano”, quien le manifestó que el llamamiento para un Acuerdo de Paz efectuado por el “presidente Gonzalo” había sido arrancado a la fuerza y mediante el uso de la coacción psicológica y productos químicos por parte del Gobierno; cosa que estaba convencido que era más que una “burda patraña”, pues el mismo Abimael Guzmán y la “camarada Miriam” le habían explicado personalmente de la inutilidad de continuar una lucha armada que, en esas circunstancias carecía de sentido y horizonte. Olivares del Carpio fue muy convincente en el llamado que hizo a los senderistas que aún seguían en armas para que no continuaran siendo engañados y se quitaran del rostro el velo de “rastrero oportunismo” y el afán de destacar que absorbe a “Feliciano”, lo que lo estaba conduciendo a éste por una peligrosa pendiente a cuyo término sólo podrá hallarse la destrucción del partido que con tanta sangre, esfuerzo y sacrificio pudo construir el “presidente Gonzalo”. En este sentido, fueron muy duros los calificativos que empleó para acusar a “Feliciano” de todos los errores cometidos, imputándole directamente el estar buscando la destrucción de la organización al sabotear e impedir que pueda concretarse el llamado hecho por la jefatura del partido para arribar a un Acuerdo de Paz que ponga a fin a tantos años de lucha armada.

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En esta línea de pensamiento, Olivares del Carpio fue claro al señalar que la conformación de un “bloque escisionista” por “Feliciano”, era la más patente expresión de que había conformado una línea verdaderamente oportunista cuyo único objetivo era negar la validez del “pensamiento Gonzalo”, y conformar una dirigencia usurpadora, que sólo acate sus absurdas consignas de continuar la lucha armada, aún a sabiendas de que no podía desarrollarse por problemas de dirección. Después de la amplia difusión dada por la prensa a la presentación televisada de la autocrítica del “camarada Roldán” y estando a las graves imputaciones que hiciera contra Oscar Ramírez Durand, se decidió que la entrevista fuera reproducida por las emisoras de radio durante treinta días consecutivos para que el mensaje llegará a todo el territorio nacional y pudiera ser escuchado por los integrantes de la llamada facción “Sendero Rojo” que dirigía “Feliciano” en aquel entonces. Realizado el deslinde ideológico entre los seguidores de la línea definida por Abimael Guzmán Reinoso versus quienes adherían al bloque escisionista que lideraba Oscar Ramírez Durand, y a su vez logrado que dicho deslinde se efectúe igualmente de manera pública en el propio seno del grupo de “Feliciano”, habíamos cumplido con la misión asignada al Servicio de Inteligencia Nacional en la Operación Especial de Inteligencia “Deslinde 95”. Por ende, habíamos alcanzado el segundo Objetivo de Inteligencia que me propusiera: lograr la división o escisión de la red terrorista Sendero Luminoso, produciendo la ruptura orgánica de la agrupación. A partir de ese entonces se intensifica de manera muy fuerte la pugna ideológica que ya se venía dando en el seno de dicha red terrorista –desde que abimael Guzmán Reinoso dirigiera las dos cartas al presidente Fujimori solicitando un Acuerdo de Paz en octubre de 1993–, pues se había hecho más visible la pelea pública entre estas dos facciones al haberse producido la ruptura orgánica de la agrupación. Por un lado, estaba el llamado bloque escisionista “Proseguir” que cobró notoriedad cuando su cabecilla Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano” se declaró en contra del Acuerdo de Paz y encabezó
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esta corriente formando desde la clandestinidad un Comité Central de Emergencia para continuar con la llamada guerra popular en el país. “Feliciano” estableció como su centro de operaciones la zona de Vizcatán y desde allí se enfrascó en una pugna interna con los seguidores de su otrora líder Abimael Guzmán Reinoso. De otra parte, se encontraban quienes bajo el liderazgo de Abimael Guzmán apoyaban la nueva Gran Decisión y Definición, que era bregar por un Acuerdo de Paz y encaminarse a la realización del II Congreso del PCP-SL, pues en su criterio al haber sufrido el partido el más duro golpe en su dirección y siendo la esencia de la guerra popular una cuestión de dirección política, la perspectiva de la misma ya no sería viable. La pugna entre estas dos líneas ha sido más intensa en todos los penales del país, y entre los líderes de Sendero Luminoso en libertad. A partir de esto, cada línea trató y trata aún, de consolidarse y ganar terreno y seguidores en esa pugna ideológica. En vista de que Olivares del Carpio había desempeñado el cargo de Coordinador Nacional dentro de la dirección senderista del bloque “Proseguir”, consideré pertinente tener una entrevista personal con él, para tratar de obtener información sobre la llamada facción “Sendero Rojo” que lideraba “Feliciano”. Con ese propósito coordiné con el Director de Inteligencia Naval a fin de que dispusiera el acondicionamiento de una sala de reunión –en sus propias instalaciones–, la cual debía contar con determinada ambientación que reúna las características de un clásico salón de visitas arequipeño, es decir, por ejemplo, que cuente con adornos de sillar blanco y cuadros del volcán Misti y la campiña de la Ciudad Blanca, y como música de fondo se pusiera melodías del famoso compositor mistiano Benigno Ballón Farfán. Para ello proporcioné un conjunto de fotos que facilitara armar un escenario de contacto ad hoc. Ese era, estimé, el ambiente ideal para entrevistarme con Olivares del Carpio, pues de acuerdo a los reportes de inteligencia que disponía, su padre es una persona apasionada de la música del
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citado compositor arequipeño, y por propia versión del progenitor de Olivares, tenía la costumbre de hacer escuchar a todos sus hijos desde muy pequeños la música de Ballón Farfán. De modo que para el encuentro se montó una escenografía adecuada que me permitiese romper con los parámetros mentales de Olivares, pues éste salía recién del rígido ambiente del penal militar de la Base Naval del Callao, la ergástula llamada Némesis por los marinos, para ir a un ambiente que le recuerde su infancia, a sus padres, hermanos. Con esta parafernalia esperaba que brotara en lo más íntimo de su ser la nostalgia por el terruño: Arequipa, la blanca y heroica ciudad. Cuando ingresé a la sala de reunión se sorprendió al verme hojeando un folleto con las pinturas de Teodoro Núñez Ureta, un gran pintor arequipeño, y me dijo: –¡Señor Montesinos, lo veo a usted en este momento y me da la sensación de estar en mi casa de Vallecito, en Arequipa!... y es como que si su persona hubiera venido a visitar a mi querido padre... De entrada me di cuenta que había sido todo un acierto preparar como escenario un ambiente que le sea familiar al entrevistado, pues ello posibilitaba romper con las barreras que mentalmente, como corazas, construye un detenido de esta naturaleza. –¡Tome usted asiento, Jorge Eduardo, y recordemos los bellos lugares de nuestra tierra arequipeña, su comida y tradición! –¡Gracias, señor Montesinos! ¡En verdad me siento como en casa! –dijo sin ocultar todavía su emoción, ante lo cual respondí: –Eso es precisamente lo que deseaba, señor Olivares, pues yo también extraño nuestra ciudad y sus costumbres, y qué mejor que estar reunidos entre paisanos, ¿no? –le respondí con una frase hecha, previamente estudiada y que tenía como marco un protocolo establecido para generar empatía con el objetivo a fin de que nos pueda brindar información. –Sí, señor Montesinos, qué gusto poder conversar con usted. –Jorge Eduardo, le tengo una sorpresa.
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–¿Cuál, doctor Montesinos? –Mandé a preparar en el restaurante “Rincón Arequipeño” un chupe de camarones traídos de Ocoña, y como entrada un delicioso adobo con pan común de tres puntas, ¿qué le parece? –¡No me diga, paisano! ¡Yo pensé que nunca más probaría los camarones de Ocoña con tocola y todo en un sabroso chupe! ¡Qué delicioso es eso! ¿Verdad, señor Montesinos? –Bien, Jorge Eduardo, comencemos por el adobo que nos recuerde a Cayma un día domingo de madrugada en que toda la muchachada se reunía para el desayuno formando cola, ¿recuerda? –¡Sí, doctor, claro que recuerdo! Mientras comíamos el adobo con el pan de tres puntas acompañado de una taza de té con canela y matizado con anís Muñoz Nájar, se oían los yaravíes arequipeños como música de fondo. En un momento observo que Olivares del Carpio baja la cabeza, y le digo: –¿Qué le pasa, Jorge Eduardo? –él levanta la cara y con los ojos llorosos y la voz entrecortada me responde: –Disculpe usted, señor Montesinos... No sabe usted cuánto extraño a mi padre y a mi familia, en particular a mi hermano que murió en combate en Puno durante el gobierno de Alan García. –Comprendo, sé que es duro. Es fuerte. Lo entiendo, señor Olivares. Pero los hombres somos animales de costumbres y como tales nos adaptamos a cualquier situación. Piense usted que todo pasa. Creo que estas lágrimas deben servirle un poco para reflexionar y meditar. –Gracias, gracias doctor Montesinos. ¡Uno es hombre, pero hay momentos en la vida que uno se quiebra! –Lo sé en carne propia, Jorge Eduardo, y es más, sé como se siente uno cuando piensa que está atrapado y sin salida. ¡Pero...! –me quedé callado a fin de observar sus reflejos. –¿Pero qué, doctor Montesinos? –Vea, las cosas pueden mejorar para usted y su familia. Eso
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depende única y exclusivamente de su decisión. Pero antes probemos este sabroso chupe de camarones. Recuerde usted la famosa frase de Napoleón: los ejércitos andan sobre sus estómagos. O como solían decir nuestras abuelitas en Arequipa: barriga llena, corazón contento. –Ja, ja, ja, ja... –ríe y me dice a su vez: –¿Qué debo de hacer, señor? ¡Dígame! –Mire... yo necesito información de la gente del bloque “Proseguir” que actualmente lidera Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano”. Usted ha tenido contacto directo con ellos en su calidad de Coordinador Nacional. Ello ayudaría a que concluya la guerra interna en el Perú, como de manera correcta ha planteado el doctor Guzmán Reinoso. –Estoy de acuerdo. ¿Qué necesita usted, señor Montesinos? Pero, por favor, que no se entere el doctor Guzmán y menos la gente de Feliciano. Este paisano es hijo de un militar, pero le cuento que es un hombre muy desalmado, que no vacila mandar a matar sin ningún escrúpulo. Es una persona ambiciosa de poder. ¡Un doble cara! ¡Un hipócrita en quien no se puede jamás confiar! La traición es su característica. –Vaya, vaya, qué tal joyita es “Feliciano”. Aunque le parezca increíble a usted Jorge Eduardo, el doctor Guzmán y la señora Iparraguirre coinciden con la apreciación suya respecto de Oscar Ramírez. –Pero, señor Montesinos, ellos lo han tratado personalmente durante varios años… –Entonces, Jorge Eduardo, con mayor razón ellos saben de qué pie cojea “Feliciano”... –Ja, ja, ja, ja... claro, pero no por lo que es un cojo de verdad. Recuerdo que mi padre siempre nos decía: no hay cojo bueno. Según él, todos los cojos son malos. Ese dicho es perfectamente aplicable a Feliciano. –Bien. Necesito que usted, señor Olivares, nos apoye con toda la información que conozca para poder ubicarlo. ¿Estamos de acuerdo?
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–Estoy básicamente de acuerdo, pero debo saber las condiciones. –Me parece correcta su posición, señor Olivares. Para conocimiento suyo está vigente la Ley de Arrepentimiento que permite conceder a los peticionarios diversos beneficios, tales como la exención, reducción y remisión o atenuación de la pena en función del valor de la información proporcionada, y de acuerdo a un procedimiento establecido en dicha norma. –¿Podría leer dicha ley? –me pregunta ansiosamente. –Por supuesto, Jorge Eduardo, se la haré llegar más tarde para que usted la lea conjuntamente con su reglamento respectivo, pues ahí se establece detalladamente el procedimiento y los requisitos, a fin de acogerse a los diversos beneficios que usted puede obtener. –Muchas gracias, señor Montesinos. ¿Y ante quién debo solicitar mi pedido? –La persona que le proporcionará la ley y su reglamento, será la encargada de orientarlo y asesorarlo en su pedido. Daré instrucciones para que sea el agente de enlace entre nosotros, de modo que cualquier requerimiento suyo deberá ser canalizado a través de este elemento. ¿Okey? –¡Gracias! Pero, señor Montesinos, cuando retorne al penal, ¿cómo me contactaré con ese señor? –El agente de enlace entre nosotros será la misma persona que lo contactará oportunamente en el establecimiento penitenciario como una visita común y corriente. En casos de emergencia tiene la facultad de poder verlo en visita extraordinaria a cualquier hora y en el día que sea necesario el contacto. –¡Muy bien! Pero tengo algunas necesidades básicas, tales como los útiles de aseo, ropa, medicinas y algo de dinero para mis gastos que son mínimos. –No se preocupe de eso, señor Olivares. Esa persona será como un familiar suyo al cual usted le formulará sus pedidos y él tendrá la obligación de atenderlos. Ese es mi compromiso. Es más, dejaré instrucciones para que le faciliten la comunicación telefónica con su familia en Arequipa.
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–Gracias, señor Montesinos. –Le recomiendo sea prudente en su conversación telefónica para evitar cualquier inconveniente. Escuche las voces de sus seres queridos y transmítales tranquilidad, que la necesitan. Hágame caso, Jorge Eduardo. Yo sé por qué le doy esa recomendación. ¿Okey? Apreciando que mi interlocutor a estas alturas de la conversación estaba en la predisposición anímica de colaborar y a fin de ponerlo en un estado de mayor aceptación, opté por darle un incentivo motivador adicional antes de formularle determinadas preguntas sobre “Feliciano” y el bloque escisionista “Proseguir”: –Señor Olivares, tenga mi teléfono celular y llame usted directamente a Arequipa para saludar a su familia. –¿De verdad, señor Montesinos? –¡Tome, y haga la llamada a la Ciudad Blanca! –Bien, bien –contesta Olivares con voz nerviosa, como si no lo creyera. Extiende la mano y recibe mi pequeño aparato celular y anteponiendo el código de Arequipa desesperadamente efectúa la llamada demostrando estar nervioso y angustiado, pues mientras timbraba el teléfono se puso a caminar de un lado a otro en el ambiente donde nos encontrábamos los dos solos. En tanto, como música de fondo se escuchaba las letras de una conocida melodía: “blanca ciudad, hermoso cielo azul...”. Era algo como para romper el corazón a cualquier persona, al punto que sin querer me dejé jalar por la nostalgia del recuerdo de Arequipa. –¡Aló, aló! ¿Quién habla? –pregunta un ansiosísimo Olivares. De repente exclama: –¡Hermanita querida, soy yo, Jorge Eduardo! ¡Me han prestado un teléfono para poder llamar! Un silencio invadía la habitación mientras Olivares escuchaba las palabras de su interlocutora al son de otro yaraví arequipeño que el técnico de sonido hábilmente había puesto conociendo el desarrollo de la situación, pues desde un monitor seguía todos nuestros movimientos y detalles de la reunión.
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–¡Sí hermanita, estoy bien de salud! ¡No te preocupes! ¡Lástima que estás sola y no pueda hablar con todos ustedes! ¡Diles que los extraño, los quiero! ¡Apenas pueda los volveré a llamar! ¡Por favor, no llores, te lo ruego! Quiero escucharte alegre y despedirme con una sonrisa tuya. Así, ya ves, tú eres valiente. ¡Los quiero a todos! ¡Hasta pronto! –Y así, un Olivares sonriente pudo establecer recién por primera vez una comunicación telefónica con su familia desde que fue detenido. El incentivo había funcionado. –¡Gracias, doctor Montesinos! Es usted un buen paisano que sabe comprender los momentos difíciles por los que pasamos los seres humanos en algún momento de nuestras vidas. –Vea, Jorge Eduardo, los arequipeños tenemos una característica común por ancestro: somos solidarios con nuestros paisanos, aun cuando estemos en posiciones antagónicas como en este caso. –Sí, señor Montesinos, estoy de acuerdo con usted, pero hay una excepción. –¿Cuál, Jorge Eduardo? –le pregunto como si estuviera muy interesado en conocer su respuesta. –¡Feliciano, doctor! ¡Ese señor no es solidario con nadie! –Tiene usted toda la razón, Jorge Eduardo, pues al parecer es un paisano desclasado. A propósito, ¿cuando personal de la DINCOTE procede a la detención del señor Abimael Guzmán Reinoso y la señora Elena Iparraguirre Revoredo, dónde estaba usted? –Mire, doctor Montesinos, cuando el presidente Gonzalo y la camarada Miriam caen detenidos el 12 de septiembre de 1992, yo estaba en Huancayo en una reunión de compañeros del partido en el colegio Santa Isabel. De repente ingresa un compañero y nos dice a bocajarro: “Camaradas, tengo una mala noticia que acabo de escuchar por Radio Programas del Perú, que la reacción ha detenido a nuestro Presidente y varios camaradas”. –¿Qué hicieron ustedes en ese instante ante semejante noticia? –pregunté como demostrando curiosidad, para poder conocer las reacciones de las dirigencias de redes terroristas en situaciones de crisis y de gran presión. Olivares me contestó:
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–Buscamos una radio portátil para escuchar las noticias, y todos los compañeros, por medidas de seguridad, nos replegamos a las casas francas que disponía el partido en el área ante cualquier contingencia. Y, además, cortamos todo tipo de contacto hasta tener mayor información. –Señor Olivares, dígame, ¿qué personas son las que forman parte del entorno más cercano del “camarada Feliciano” actualmente? –Okey. El Comité Central de Emergencia que formó Feliciano para continuar con la lucha armada estaba integrado por Oscar Ramírez Durand, Margie Evelyn Clavo Peralta, María Rodríguez Neyra de la Mata, Pedro Quinteros Ayllón, Rodolfo Cárdenas Ruiz, Maruja Arango Chávez y quien le habla como Coordinador Nacional. Esta versión terminó por confirmar la información que manejábamos en el Sistema de Inteligencia Nacional sobre la formación del Comité Central de Emergencia por “Feliciano” después que se hiciera de público conocimiento las cartas que dirigiera Abimael Guzmán al presidente Fujimori. Asimismo, corroboró el conocimiento que teníamos sobre las identidades de las personas que lo conformaban. Por tanto, Olivares del Carpio estaba brindando una información veraz sobre la facción “Sendero Rojo” que dirigía Oscar Ramírez Durand. Ante ello opté por profundizar un poco la conversación a fin de ver qué otra información podría brindarme bajo las reglas de un contrainterrogatorio. –Jorge Eduardo, y en la zona donde normalmente se desplaza “Feliciano” para realizar sus operaciones, ¿qué personas lo secundan o apoyan? –Correcto. La línea militar la maneja exclusivamente con el camarada Alipio... –Disculpe que lo interrumpa Jorge Eduardo, pues necesito los nombres y apellidos para saber de qué personas hablamos, ¿okey? –De acuerdo, continuaré con mi relato. El nombre del camarada Alipio es Leonardo Huamán Zúñiga, un nativo de Iquicha (Huanta) que fue reclutado desde muy joven por Oscar Ramírez Durand,
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y a quien ha entrenado en tácticas de combate. Es un individuo extremadamente violento al igual que su patrocinador y mentor. El hecho de permanecer al lado de Feliciano le ha permitido conocer la zona de Vizcatán en profundidad. Feliciano lo tiene como su lugarteniente y lo emplea para sus operaciones, pues es un buen cuadro militar. –¿Usted conoce, señor Olivares, qué grado de instrucción tiene Leonardo Huamán Zúñiga (a) “Alipio” y su actual estado civil? –De lo que sé, sólo tiene instrucción primaria. No es una persona muy instruida, lo cual no quiere decir que por esa limitación sea un mal combatiente. –Eso lo entiendo perfectamente, señor Olivares. Por favor, siga... –Es una persona soltera, pero tiene una conviviente. –¿Cómo se llama? –Eso no sé, señor Montesinos, pues es un ámbito muy personal, que así no más no se puede conocer. Le dicen la camarada Zenia. Es lo que pude escuchar. –Muy bien. ¿En la parte política, qué personas secundan a “Feliciano”? –El camarada José... –Deme nombres, señor Olivares, luego me dice sus apelativos de combate. –Eso haré, señor Montesinos. El nombre de José es Víctor Quispe Palomino. –¿Quién es esa persona? Descríbala, por favor, señor Olivares. –Es un ayacuchano de más o menos unos 35 años actualmente. Según pude enterarme, su familia que es muy numerosa radicaba en Umaro, en el distrito de Vizchongo, provincia de Vilscashuamán, que queda al sur del departamento de Ayacucho. –¿Qué rol juega la persona de Víctor Quispe Palomino, a quien usted lo identifica como el “camarada José”?
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–En buena cuenta viene a ser el segundo al mando después de Oscar Ramírez Durand. –¿Qué grado de instrucción tiene el “camarada José”? ¡Si sabe, dígamelo, señor Olivares! –¡Por supuesto, señor Montesinos! Él ha realizado estudios en el programa de ciencias sociales en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga en Ayacucho. –¿Qué especialidad? ¿Sabe? –No sé si es Sociología o Antropología Social, pero eso fue en la época que el presidente Gonzalo era profesor en dicha universidad. –¿Qué conoce de su familia, señor Olivares? –El papá de Víctor Quispe Palomino, llamado Martín Quispe Mendoza, es un profesor de enseñanza primaria en Ayacucho. Es un antiguo militante del partido que aprovechó su calidad de maestro para introducir la ideología senderista en la zona de Umaro, donde vivía con su numerosa familia. –¿Sabe cuántos hermanos tiene Víctor Quispe Palomino? –Sí, señor Montesinos. En total son cinco hermanos. –Deme los nombres, Jorge Eduardo. –Sí, señor. Jorge Quispe Palomino, conocido como el camarada Raúl; Martín Quispe Palomino, llamado camarada Gabriel; la camarada Rina y otra hermana que al parecer no tiene militancia partidaria, cuyos nombres no recuerdo. –¿Víctor Quispe Palomino es soltero o casado? Independientemente de su estado civil, ¿quién es su pareja? –Bien, señor Montesinos: Haydée Zúñiga Córdova es su pareja actual. –¿Qué sabe usted, Jorge Eduardo, de esta mujer? –Ella es hermana de Javier Zúñiga Córdova, conocido como camarada Dalton, quien labora directamente bajo las órdenes de su cuñado Víctor Quispe Palomino.
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–Señor Olivares, ¿existe alguna vinculación o hecho resaltante que vincule a Víctor Quispe Palomino (a) “José” con alguno de los integrantes del Comité Central de Emergencia, excluyendo a usted y a Ramírez Durand? –¡Correcto! La relación que más conozco es con Margie Evelyn Clavo Peralta. –¿Cómo es eso, Jorge Eduardo? –Por versión de la propia camarada Clavo Peralta, tengo la información que en el año de 1985, en circunstancias que ella estaba acompañada de Víctor Quispe Palomino para hacer contacto en una calle del distrito de La Victoria en Lima, con Tito Valle Travesaño y Sybila Arredondo, la viuda de Arguedas, fueron intervenidos por personal policial de la DINCOTE, siendo detenidos y fichados. Pero lo curioso es que después el Poder Judicial ordenó la libertad de Quispe Palomino. De modo que tiene un antecedente policial y consecuentemente manifestaciones policiales de las que debería usted tomar conocimiento. –¡Gracias, Jorge Eduardo! Solicitaré una copia de ese atestado policial para tener mayores detalles. Otra inquietud... –Sí, señor Montesinos… –¿Usted conoce o ha tomado conocimiento si entre Margie Clavo Peralta y Oscar Ramírez Durand existió alguna relación sentimental? –¡Claro! En el partido se sabía que fueron pareja sentimental desde cuando ambos eran alumnos en la Universidad Nacional de Ingeniería. ¡Han sido incluso compañeros de carpeta! A mí, quien me llama y convence para integrar el Comité Central de Emergencia, es Margie Clavo Peralta. –En orden de importancia, en su criterio Jorge Eduardo, ¿cuál es la prelación jerárquica en la facción “Proseguir” que lidera “Feliciano”? –En mi concepto, señor Montesinos, el orden sería así: como jefe del bloque escisionista Proseguir está Oscar Ramírez Durand; en segundo lugar, Víctor Quispe Palomino. Y recién en tercer lugar, Leonardo Huamán Zúñiga.
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–Entonces, hablando en lenguaje senderista, primero es el “camarada Feliciano”; segundo, el “camarada José”, y tercero, el “camarada Alipio”. ¿Es correcto? –Es correcto, señor Montesinos. –Finalmente, dígame, ¿cuál es el área geográfica donde se mueve y viene operando “Feliciano”? ¿Cómo es la forma de comunicación que tiene “Feliciano” para establecer contacto con los integrantes del bloque Proseguir? –Esta facción opera en los valles de los ríos Apurímac y Ene. –Le insisto, Jorge Eduardo, ¿cómo se comunica “Feliciano” con los elementos de la facción “Sendero Rojo”? –Ah... ya. Lo hace a través de equipos de radio marca Yaesu que dispone cada estamento en su área de operaciones. –Le pregunto, ¿el propio “Feliciano” se comunica personalmente por radio? –¡Nooo, señor Montesinos! Él sabe que pueden intervenir las comunicaciones radiales y por eso delega en Alipio u otros elementos esa tarea, pero está muchas veces al costado del operador escuchando las transmisiones. –¿Pero alguna vez comunicaciones radiales? interviene personalmente en las

–Sí, señor, en algunas ocasiones lo hace por emergencia. Él cuida que no conozcan su voz las fuerzas del orden. –¿Existe un código para la comunicación? –Sí, doctor Montesinos, pero como es algo técnico no lo recuerdo. –Pero algún detalle debe conocer usted, señor Olivares. –Vea, de lo que me acuerdo la señal de identificación son silbidos cortos que utilizan para el reconocimiento. –¿Cómo es eso, señor Olivares? –Al encender la radio se empieza a mover la frecuencia entre hora y hora por un espacio de cinco minutos en que se puede
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escuchar unos silbidos en la radio. Al captar esa señal, usted tiene que contestar con otro silbido corto. Después escucha una palabra de un nombre cualquiera. Ejemplo: Martha; eso significa que ambos pasan a otra frecuencia preestablecida con ese nombre. Recién a partir de allí se inicia la comunicación. –Precise, ¿por qué no habla “Feliciano”? –Por temor a ser interceptado o escuchado por alguna patrulla cercana. –Entonces ahora escucharemos varias cintas de audio que contienen comunicaciones radiales para que usted me indique si en alguna de ellas aparece, o mejor dicho, se escucha la voz de “Feliciano”. –Muy bien, señor Montesinos. Nos tardamos como tres horas escuchando extractos de múltiples comunicaciones radiales que teníamos en el banco de voces del Servicio de Inteligencia Nacional, sin resultado positivo, hasta que en una de esas, Olivares del Carpio me dice: –¡Señor Montesinos…! –¿Qué pasa, Jorge Eduardo? –¡Bingo señor, está es la voz de Feliciano! ¡Qué repitan la voz de audio en la última conversación! –¡A ver técnico! Me dirijo al especialista y perito en identificar voces radiales y le indico: –¡Repita usted de nuevo lo último que hemos escuchado! –¡Muy bien, doctor Montesinos! –me contesta el técnico de sonido. En eso se escucha extractos de un diálogo radial que decía: –¡Me copia, me copia! –¡Afirma! –contestan. –¡Qué novelas!
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–¡Todo bien! –¿Cuál es tu cota? –¡Estoy por Eco 2, para luego hacer pacay! (empalme) –¡Te espero cabreando, chaqui, chaqui! –Que module el Abuelo (se refería a Alcides) por Tito (otra frecuencia de radio). –¡Comprendido, QAP uno! –(espera un minuto) Luego se escucha silbidos cortos de Alcides. –¡Dale, dale...! –¡Dígame profe la hora para hacer pacay! –¡A las tres en Eco 11! –A las tres por Gato (otra frecuencia). Dicho esto se termina la grabación y me dirijo a Olivares para preguntarle: –Señor Olivares… –Sí, señor Montesinos… –me responde inmediatamente con una mueca en el rostro que denotaba alegría. –¿Está usted seguro que una de las voces corresponde a “Feliciano”? –¡Sí, señor Montesinos! ¡Estoy completamente seguro! ¡Es la voz de Oscar Ramírez Durand! –¡Gracias! Por mi parte he terminado. ¿Usted tiene alguna pregunta final? –¡No señor, gracias por todo! A partir de ese momento el personal que desde nuestras instalaciones en el SIN operaba las radios y monitoreaba las comunicaciones radiales del VRAE, tenía registrada una supuesta voz de “Feliciano”. Ahora cuando la escucharan durante el proceso de monitoreo podían dar parte al oficial de control de voces a fin de poder fijar la ubicación en una carta de situación y realizar una operación con radiogonometría destinada a su captura.

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La nueva misión del Servicio de Inteligencia Nacional era consolidar la ruptura orgánica de Sendero Luminoso y lograr la ubicación y captura de Oscar Ramírez Durand, para iniciar así la desarticulación del bloque “Proseguir” que venía operando en el valle de los ríos Apurímac y Ene. Respecto a los elementos pertenecientes a las redes terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA que se habían arrepentido de sus actividades y renunciado a la militancia en estas organizaciones, el artículo 5 de la Ley de Arrepentimiento (Decreto Ley Nº 25499) concordante con el numeral 43 de su Reglamento (D.S. Nº 015–93– JUS) establecía que las autoridades del Ministerio Público, órgano jurisdiccional, y la Policía Nacional del Perú, según sea el caso, bajo responsabilidad, debían poner en conocimiento de la autoridad pertinente del Sistema de Inteligencia Nacional (SINA) toda la información sobre los casos de personas que hubieren participado o que se encontraren incursos en la comisión de los delitos previstos en el Decreto Ley Nº 25475, el mismo que establecía la penalidad para los delitos de terrorismo. Considerando que el Servicio de Inteligencia Nacional era el ente central y rector del SINA, y estando a que el jefe del SIN a su vez era la máxima autoridad del SINA, encargado de dirigirlo y representarlo, por mandato de la Ley de Arrepentimiento éste fue la autoridad pertinente que recibía toda la información y documentación concerniente a los elementos de las dos redes terroristas que habían sido merecedores –luego de un procedimiento especial– de los beneficios de exención, reducción y remisión de pena. Ante dicha problemática y para el adecuado cumplimiento de esa nueva misión y de las funciones asignadas, el Servicio de Inteligencia Nacional contaba con una estructura organizacional interna basada en los principios doctrinarios de flexibilidad y funcionalidad, lo que permitía readecuarse eficaz y oportunamente en relación a sus objetivos previstos en la ley para hacer frente a los diversos factores de perturbación de la seguridad nacional. Por ello, la Ley del SINA facultaba al jefe del SIN para que, mediante Resolución Jefatural, apruebe y/o modifique su
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estructura organizacional, los cuadros para Asignación de Personal, Presupuesto Analítico y demás acciones que sean necesarias en concordancia con la organización establecida en dicha Ley y su correspondiente Reglamento. Estando a dichas facultades, el jefe del SIN mediante Resolución Jefatural dispuso la creación de la Dirección Nacional de Pacificación (DINPA) dentro de la estructura del Servicio de Inteligencia Nacional, como un Órgano de Línea teniendo como funciones generales las siguientes: –Primero, planear, organizar, dirigir y ejecutar la producción y explotación sistemática de Inteligencia proveniente de todas las informaciones y documentación referidas a personas acogidas a los beneficios de exención, reducción y remisión de la pena a que se refiere la Ley de Arrepentimiento. –Segundo, planear, organizar y dirigir la verificación de las actividades que realizan las personas acogidas a la Ley de Arrepentimiento para detectar cualquier infracción a los compromisos asumidos por los beneficiarios. –Tercero, centralizar la información relacionada con la problemática de los desplazados como consecuencia del accionar de las organizaciones terroristas. –Cuarto, planear, organizar, dirigir y ejecutar las acciones de coordinación con los organismos públicos y privados, para la obtención de informaciones relacionadas con la problemática de los desplazados por la violencia terrorista y la de los acogidos a beneficios de la Ley de Arrepentimiento. –Quinto, informar a las autoridades competentes las infracciones a la Ley de Arrepentimiento en que incurriesen los beneficiarios. Hemos visto que durante la vigencia de la Ley de Arrepentimiento han sido 8 226 las personas que solicitaron acogerse a los beneficios de dicha norma, por lo que las tareas que tuvo que desplegar el Servicio de Inteligencia Nacional para estar en condiciones de poder verificar las actividades desarrolladas por cada una de estas
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personas, implicó un gran esfuerzo, pues se tuvo que conformar una infraestructura a nivel nacional que nos permitió agrupar descentralizadamente por áreas geográficas a los beneficiarios de acuerdo al lugar de su residencia, y luego desplazar a un número considerable de agentes de campo a dichas áreas a fin de constatar in situ el tipo de actividad de cada beneficiario en particular. En base a una “lista de verificación” diseñada para el efecto, los agentes de campo debían llenar por cada persona natural los datos consignados en dichas listas y remitir sus reportes a las subsedes locales de donde dependían para que éstas ingresen la información a su Base de Datos, y luego a su vez los transmitan por la red de comunicación segura a la Base de Datos de la sede central de la DINPA en el SIN para su correspondiente procesamiento integral que contenían las fichas de cada una de las 8 226 personas de manera conjunta. Lo propio se hizo con todas las personas desplazadas –de su respectivos ámbitos geográficos y hábitat natural– por acción de la violencia que desataron las redes terroristas contra diversas comunidades campesinas asentadas en las serranías del país, las cuales se vieron obligadas al abandono de sus tierras y ganado, emigrando a ciudades de la costa en salvaguarda de su integridad personal y familiar. El fenómeno de los desplazados por la violencia terrorista produjo un inusual movimiento migratorio del campo a la ciudad –lo que paradójicamente era similar a la estrategia de Sendero Luminoso de ir del campo a la ciudad en el desarrollo de la guerra popular prolongada– con la consiguiente secuela de generar problemas internos en las ciudades que no disponían de una infraestructura mínima que soporte un flujo migratorio masivo que terminó por hacer colapsar los servicios de agua, desagüe, salud, vivienda y problemas en la alimentación. Aquí el Servicio de Inteligencia Nacional tuvo que jugar un rol preventivo por intermedio de la Dirección Nacional de Pacificación (DINPA) alertando a las autoridades competentes –en tiempo real– de esta problemática que estaba generando conflictos sociales en
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diversas zonas marginadas y pauperizadas de la capital y principales ciudades del país. No obstante que casi para fines de 1995 había logrado mis dos Objetivos de Inteligencia que son: la capitulación de los máximos dirigentes de la red terrorista, Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo; y la división o escisión de esta red produciendo la ruptura orgánica de la agrupación; se debía continuar profundizando las acciones de inteligencia en el país para desarticular al bloque escisionista que conformaba la facción “Sendero Rojo”, la cual tenía como sus principales cuadros a Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano”, a Víctor Quispe Palomino (a) “José” y a Leonardo Huamán Zúñiga (a) “Alipio”. Ello presuponía dos tareas: –Primero, que la Dirección Nacional de Operaciones del SIN debía continuar con el desarrollo de sus actividades de inteligencia en los diversos establecimientos penitenciarios para tener permanentemente actualizado el cuadro de situación sobre el modus operandi de los integrantes del grupo “Sendero de adentro” y la red de contactos con que operaban para transmitir mensajes al exterior a los dirigentes en libertad y a su militancia utilizando a los familiares como faja de transmisión. –Segundo, que el SINA tenía que reorientar sus labores de obtención de informaciones a través de fuentes humanas y medios de recolección técnicos, coordinando el esfuerzo de búsqueda bajo las directivas impartidas por el SIN como ente central y rector de las actividades de la Comunidad de Inteligencia peruana, para conocer en profundidad las operaciones de “Sendero de afuera” y lograr prioritariamente la ubicación y captura del cabecilla del bloque escisionista “Proseguir”, Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano”, a fin de ponerlo a disposición de las autoridades judiciales competentes para su respectivo juzgamiento por los gravísimos actos de terrorismo cometidos en agravio del Estado y la sociedad. En base a estas dos vigas maestras durante el año de 1996 el SIN continuó con la ejecución de su plan anual de inteligencia para
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el adecuado y cabal cumplimiento de las funciones asignadas de producir, integrar, coordinar y realizar, en los niveles: nacional, dominio o campo de actividad y operativo, las actividades de inteligencia y contrainteligencia requeridas por la Seguridad y la Defensa Nacional. En virtud de ello monitoreaba todas las actividades del SINA en materia de lucha contra el terrorismo y narcotráfico como factores de perturbación de la Seguridad Nacional. Esto de ningún modo significó interrumpir las conversaciones que se venía desarrollando con Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo desde fines de septiembre de 1992, pues si bien se habían logrado los dos objetivos de inteligencia –la capitulación y la ruptura orgánica de la red terrorista Sendero Luminoso– la guerra interna continuaba en el país y por tanto, para hacerle frente, había que seguir desarrollando las labores de inteligencia desde la perspectiva de la Guerra Asimétrica como variable principal de la Guerra de Cuarta Generación. Por ello, durante una nueva entrevista con Abimael Guzmán le pregunté –para tener mayores elementos– sobre la conducta adoptada por “Feliciano” de desconocer a la jefatura de su partido y formar un bloque escisionista. –Doctor Guzmán, ¿usted considera que el “camarada Feliciano” se aprovecha de la detención suya y de la señora Elena Iparraguirre para llegar al extremo de desconocer su liderazgo y autoridad? –¡Por supuesto, doctor Montesinos! La línea revisionista y el bloque escisionista ya quebrado –por la autocrítica pública de los camaradas Margie Clavo Peralta y Jorge Eduardo Olivares del Carpio– tiene como cabeza negra al camarada Feliciano, el cual aprovechando de nuestra detención se atrevió a asaltar el Comité Central usurpando la dirección proletaria marxismo-leninismomaoísmo-pensamiento Gonzalo, para desenvolver y reeditar los viejos y siniestros cuatro cambios revisionistas que están llevando a la derrota la guerra popular y a la destrucción del partido.

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–¿Cuáles son esos cuatro cambios revisionistas, doctor Guzmán? ¡Explíqueme! –Con mucho gusto se los diré. Primero, cambiando la dirección roja por su dirección negra; segundo, cambiando la línea proletaria marxista–leninista–maoísta-pensamiento Gonzalo por su línea burguesa; tercero, cambiando el Partido Comunista por su partido revisionista; cuatro, cambiando la guerra popular por su guerra militarista burguesa enarbolando las negras banderas del movimiento fantástico de la cabeza, y el fusil manda al Partido. –¿Qué ha conseguido “Feliciano” con estos cuatro cambios revisionistas? –Vea, doctor Montesinos. Ha roto los principios proletarios de la lucha de clases, que el Partido manda al fusil y el poder es para el Partido y el pueblo, levantando el Partido contra mi persona –como su presidente– y la camarada Miriam, oponiéndose desenfrenadamente a la Nueva Gran Estrategia Política, socavando y saboteando cada paso y toda iniciativa dados por nuestra jefatura. –¿Esto quiere decir, ha abandonado la línea ideológica? –Claro, doctor Montesinos. Esta línea revisionista que oportunamente se ha desenmascarado y el bloque escisionista ya quebrado, han pasado a abandonar y renegar de manera abierta la ideología del proletariado, el marxismo-leninismo-maoísmopensamiento Gonzalo, llegando al extremo inaudito de sostener en su afirmación monstruosa que el presidente Gonzalo dirige a través del Partido y, así, autodenominarse maliciosamente portadores de mi pensamiento, atacando siniestramente de capitulación y violación de principios a la Nueva Gran Decisión y Definición de luchar por un Acuerdo de Paz y sentar las Bases para el Segundo Congreso. –¿Esto significa, doctor Guzmán, un cambio en la forma de hacer la guerra? –¡Indudablemente! Al pretender encubrirse con el velo de patraña para proseguir la guerra, han convertido la guerra popular en guerra militarista burguesa antimaoísta y antipensamiento Gonzalo,
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actuando con defensa pasiva al abandonar las bases de apoyo para emboscarse en los árboles enarbolando zonas inexpugnables, negando la gran condensación de la guerra popular hecha por el presidente Mao: “ellos combaten a su manera y nosotros a la nuestra”. –Si usted podría hacerle un emplazamiento al “camarada Feliciano”, ¿qué le diría? –¡Emplazamos públicamente al camarada Feliciano, cabeza negra del bloque escisionista y la línea revisionista ya quebrada a que, si algo le queda de trilogía comunista se autocritique, agache la cabeza ante la jefatura de su Partido, al Partido y la Revolución y que asuma nuestra responsabilidad de entrega como dirección y comité permanente histórico! –Doctor Guzmán, ¿podría usted explicar cuál es la trilogía comunista? –¡Sí, señor! La trilogía comunista es: posición de clase, espíritu de Partido y desinterés absoluto; lo que precisamente adolece el camarada Feliciano. –Doctor Guzmán, hablando de las relaciones entre guerra y política, ¿qué es guerra para usted? –Guerra es política con derramamiento de sangre y es cruenta. En tanto la política es guerra sin derramamiento de sangre y es incruenta. En ese sentido la lucha de clases es una constante guerra de clases dirigida por la política y tiene las dos formas que acabo de mencionar. –¿Puede usted ampliar estos últimos conceptos? –¡Naturalmente, señor Montesinos! Las dos son formas de lo que llamamos la gran guerra política que en esencia es la lucha de clases y esta última constituye el desarrollo de la contradicción entre lo que se llama revolución y contrarrevolución. Aquí la sustancia es luchar, provocar disturbios, lucha que se manifiesta en el proceso de contradicción. –¿Podría usted, doctor Guzmán, ser más explícito en cuanto a su explicación sobre estas leyes?
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–Bien. Las leyes son una lucha de clases que configuran una contradicción cuyos extremos son, de una parte, provocar disturbios, lo que encierra la ruina; y de otra, lucha que encierra victoria. En ambos extremos hay fracaso de por medio y así mientras lo viejo lleva a la ruina, lo nuevo nos lleva inexorablemente a la victoria. Por eso no hay que temer al fracaso, pues el quid es siempre luchar. –En esta línea de pensamiento que usted esboza, doctor Guzmán, ¿cuáles serían las cuestiones indispensables para que pueda triunfar la guerra popular desarrollada por su partido? –Correcto. La dirección proletaria, base de masas, centralización estratégica, ejército de nuevo tipo, guerra popular prolongada, condiciones internacionales favorables. –Si analizamos cada una de estas cuestiones, dígame doctor Guzmán, ¿cuál es la principal para usted? –Naturalmente, doctor Montesinos, la principal es la dirección política, pues ella mantiene durante la guerra una línea política justa y correcta, la misma que debe tener la gran capacidad de poder desarrollar la guerra con dirección de clase y rumbo adecuado. –¿En el caso de vuestro partido, qué sucede ahora? –Sencillamente no existe las condiciones internacionales favorables, que si bien no son una cuestión principal, pero es necesaria. Además tenemos problemas de dirección proletaria y de centralización estratégica. En este último caso Feliciano y los camaradas en libertad no están analizando los nuevos problemas, el rumbo. La base de masas no es debidamente abordada y dirigida, como debería corresponder en las nuevas condiciones en que nos encontramos en la actualidad. –Doctor Guzmán, le rogaría que haciendo un gran esfuerzo de síntesis me diga ¿qué ha logrado el Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso al desarrollar la guerra popular contra el Estado peruano? –Gracias por esa pregunta. Como una cuestión previa le diré que nosotros hemos trabajado durante un largo tiempo antes de poder iniciar ILA-80 y luego desarrollar exitosamente la guerra popular en el Perú. En ese orden de ideas se ha golpeado el viejo y caduco
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Estado peruano en lo que nosotros llamamos las tres montañas. –Disculpe la interrupción, doctor Guzmán, antes de continuar, ¿me podría aclarar cuáles son las tres montañas? –Bien. La semifeudalidad, el destronamiento del sistema imperante, el combate al capitalismo burocrático. Con ello la guerra popular ha generado en el país a partir del gobierno del señor Fujimori, un Ejército Peruano de nuevo tipo. Y hablando en términos macros se ha logrado la formación de un nuevo Estado que la clase actual puede dirigir ahora y no como antes que no lo podía. –Doctor Guzmán, haciendo una digresión del tema que nos ocupa, ¿cómo lo trataron cuando estuvo usted detenido en la DINCOTE? –¡Vea, en términos generales el trato fue correcto y alturado de parte de todo el personal policial a cargo de las investigaciones! –¿Cómo lo trataron en particular los señores oficiales a cargo de la investigación? ¿Recuerda alguna anécdota de ese momento? –¡Bien! Observé que los señores Benedicto Jiménez Bacca, Marco Miyashiro Arashiro y Luis Valencia Hirano formaban parte del núcleo fuerte y selecto del personal de la DINCOTE, que estuvieron al comando de las operaciones contra nosotros y en nuestro criterio son muy buenos profesionales que han cumplido con su deber desde la causa de vuestra colina. –¿Recuerda usted, doctor Guzmán, alguna anécdota? –¡Sí, recuerdo unas frases del general Ketín Vidal Herrera que me llamaron la atención! –¿Cuáles, doctor Guzmán? –Un día vino a verme al ambiente donde me encontraba recluido y estando a solas me dice: “Doctor, me he dado cuenta que en cualquier posición a usted siempre se le ve así como a un profeta con su barba imponente, pues es usted un auténtico filósofo”.
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–¿Eso le dijo el general Vidal Herrera a usted, doctor Guzmán? –¡Sí, doctor Montesinos, esas fueron sus palabras!, pero... –¿Pero qué, doctor Guzmán? ¡Hábleme con confianza! ¿Qué más le dijo? –El último día que estuvimos detenidos en la DINCOTE, si mal no recuerdo fue el 25 de septiembre de 1992, el general Vidal Herrera vino a verme a la celda todo misterioso y se me acerca haciéndome una señal para que lo escuchara con atención... –¿Qué le dijo ese día el general Ketín Vidal Herrera? –Cómo dándome un consejo en un tono de voz muy bajo, entendiendo para que nadie lo escuchara, me dice: “seguramente van a querer filmarlo en diversas posiciones para aprovechar su imagen, en ningún momento deje que lo tomen acongojado y deprimido”. –¿Y usted qué le contestó, doctor Guzmán? –Sólo atiné a responderle con un monosílabo: ¡Ya! –¿Recuerda otro hecho anecdótico con el general Vidal herrera? –¡Claro que sí! –¿Cuál, doctor Guzmán? –¡Estando un día reunidos con la camarada Miriam, el general Vidal nos contó acerca de los consejos que le había dado a Maritza Garrido Lecca para el momento de brindar su manifestación ante su propio personal policial! –¿Cuáles eran esos consejos? –¡Que en su manifestación policial tenía que ser muy concreta en sus respuestas, pues hay cosas que no le van a poder demostrar, que en todo caso evada la respuesta con un “no me acuerdo”! –¡Vaya, qué interesante lo que usted me cuenta, doctor Guzmán! ¿Usted me autoriza para que algún día pueda hacer público estas anécdotas?
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–¡Por supuesto, pues son hechos reales que así pasaron! Según se podrá advertir, la continuación de la ronda de conversaciones tuvo la virtud complementaria de ir enriqueciendo la Base de Datos del SIN sobre Sendero Luminoso, pues con la información que progresivamente se iba obteniendo fue posible conocer en profundidad la línea de pensamiento de Abimael Guzmán Reinoso, el líder más emblemático de la organización. Para ello, a lo largo del tiempo he mantenido la ronda de conversaciones en calidad de interlocutor académico, y en esa perspectiva siempre les he manifestado tanto a Abimael Guzmán como a Elena Iparraguirre y a los otros líderes con quienes me entrevisté, que sus versiones –dadas ante mi persona– serían el mejor testimonio de la historia de su partido. Presentada así la situación en 1996, y a fin de lograr la consolidación de la ruptura orgánica de dicha red terrorista para que la escisión sea irreversible y las fuerzas del orden así como los órganos de inteligencia conformantes del SINA estén en mejor posición de poder enfrentar articuladamente a cada bloque –que al estar divididos y en una posición antagónica irreductible eran más vulnerables–, fue necesario implementar un plan de operaciones sicológicas. Debía aprovecharse la pugna ideológica, programática y organizacional en las filas del otrora inaccesible, impenetrable e inexpugnable Sendero Luminoso, para inflingirle una derrota en términos políticos, cubriendo todos los espacios dejados en blanco o abandonados por esta red a fin de asegurar en estos la presencia permanente del Estado. ¿Cómo? Atendiendo las necesidades básicas de aquellos sectores poblacionales marginados y pauperizados del país, en los cuales hábilmente venía operando esta red terrorista. Había que desplazarlos y combatirlos políticamente en esas zonas, donde los decisivos campos de batalla fueron la mente de los hombres y el alma de los pueblos. El plan de operaciones sicológicas (OPSIC) formulado en el verano de 1996 se denominó “Consolidación”, pues lo que el SIN buscaba era profundizar la ruptura orgánica de la red terrorista Sendero
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Luminoso aprovechando el cisma ideológico que –por disposición del presidente Alberto Fujimori– habíamos logrado producir al interior de dicha agrupación generando dos bloques antagónicos. Uno conformado por los que seguían la línea programática definida por Abimael Guzmán Reinoso, que estaba en contraposición con el otro bloque, el escisionista de Oscar Ramírez Durand, en que este último a su vez había sufrido dos importantes deserciones: las de Margie Clavo Peralta y Jorge Eduardo Olivares del Carpio, que eran integrantes de su Comité Central de Emergencia. La Dirección Nacional de Operaciones Sicológicas (DINOS) como un Órgano de Línea del Servicio de Inteligencia Nacional fue la encargada de planificar y desarrollar la operación sicológica “Consolidación” en los ámbitos interno y externo, bajo mi dirección y supervisión en base a la directiva emitida por el jefe del SIN, en cumplimiento de los lineamientos de política establecidos por el ingeniero Fujimori en materia de lucha contra el terrorismo. Para el desarrollo de esta operación sicológica se tuvo que aplicar doctrinariamente los nueve principios de la guerra, que son: –Primero, el “Objetivo”, que era encaminar toda la operación hacia una meta claramente definida, decisiva y alcanzable que por disposición del ingeniero Fujimori fue ganar la mente de los hombres y el alma de los pueblos para desplazar a Sendero Luminoso del escenario nacional, y lograr la ansiada Pacificación Nacional. –Segundo, la “Ofensiva”, que significaba alcanzar y mantener en todo momento la iniciativa frente al adversario, explotándola convenientemente desde la perspectiva de la Guerra de Cuarta Generación que a de lucharse desde un alto terreno moral y en el campo de las ideas. –Tercero, la “Masa”, que significó concentrar todo el esfuerzo del aparato estatal en atender las necesidades básicas de la población en los puntos críticos y horas decisivas para quitarle el caldo de cultivo a Sendero Luminoso. –Cuarto, la “Economía de la fuerza”, asignando un mínimo de la potencia del aparato estatal necesario a los esfuerzos secundarios.
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–Quinto, la “Maniobra”, que conllevó a colocar a Sendero Luminoso en una posición de desventaja mediante la aplicación flexible del aparato estatal en aquellos lugares donde era necesario erradicar la violencia terrorista. –Sexto, la “Unidad de mando”, en que para cada objetivo de desarrollo se debía asegurar un esfuerzo cohesivo bajo un solo comando, a cargo de un funcionario de la administración pública. –Séptimo, la “Seguridad”, que debía observarse escrupulosamente para evitar que Sendero Luminoso pudiera obtener una ventaja inesperada. –Octavo, la “Sorpresa”, que consistía en enfrentar políticamente a Sendero Luminoso en un momento, una forma y un lugar inesperado con la presencia masiva del Estado. –Noveno, la “Simplicidad”, pues se debía preparar planes claros, sencillos y expedirse disposiciones simples y precisas para asegurar una comprensión cabal de parte de los funcionarios del Estado que los ejecutaban. La inteligencia requerida para implementar las operaciones sicológicas (OPSIC) consistió en la obtención de información precisa con respecto de determinado blanco auditorio en que se tenía que actuar. El conductor de la operación usa esta inteligencia para planear y efectuar la OPSIC. Este tipo de inteligencia debe incluir la identidad, ubicación, condiciones, vulnerabilidades, susceptibilidades y nivel de eficiencia respecto del auditorio al cual se dirige la operación sicológica. Estando a que la mayor parte de la inteligencia se generaba para fines operacionales de las fuerzas, el analista debía extraer de dicha inteligencia la información relacionada con las OPSIC. Para posibilitar que el esfuerzo nacional esté orientado básicamente a las tareas de desarrollo y al fortalecimiento y consolidación de la institucionalidad que permita crear las condiciones adecuadas para que la población pueda realizar sus actividades dentro de un clima de paz, de seguridad y de tranquilidad, la OPSIC buscó como su gran objetivo consolidar la fe de la ciudadanía en que la paz era una aspiración posible luego de una
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larga y nefasta etapa de dolor y destrucción que había vivido el país como consecuencia del accionar violento de las redes terroristas, las mismas que buscaban la destrucción del Estado para pretender implantar el comunismo en el Perú.

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CAPITULO VIII
EL ASALTO A LA RESIDENCIA DEL EMBAJADOR DE JAPÓN POR UN COMANDO OPERATIVO DEL MRTA Y EL RESCATE DE LOS REHENES CON LA OPERACIÓN MILITAR CHAVÍN DE HUANTAR

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VIII.
No obstante el notable esfuerzo del presidente Fujimori para lograr la Pacificación Nacional, y a pesar de los contundentes golpes recibidos y de la desactivación de la gran mayoría del aparato organizativo de la otra red terrorista que venía operando en el país, el 17 de diciembre de 1996, siendo las 20:30 horas, un comando operativo del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) en forma sorpresiva irrumpió violentamente en la residencia del embajador de Japón en el Perú, señor Morihisa Aoki, después de incursionar en la vivienda ubicada en el jirón Guillermo Marconi Nº 255 San Isidro, procediendo a la ocupación de dicha legación diplomática, tomando como rehenes a más de quinientas personas invitadas, entre las que se hallaban importantes personalidades como el propio embajador del Japón, el entonces canciller de la República, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, un hermano del ingeniero Fujimori, altas autoridades y funcionarios del gobierno, congresistas, embajadores de diversos países, generales de la Policía Nacional, periodistas y personalidades nacionales y extranjeras de círculos intelectuales, políticos, financieros y empresariales, todos los cuales habían concurrido a la residencia para celebrar el natalicio del emperador Akihito. En menos de quince minutos, en un audaz golpe de mano el comando operativo del MRTA tuvo bajo su control a una elevada cantidad de las personalidades más destacadas de la vida nacional, rompiendo todos los precedentes mundiales anteriores de secuestros y toma de rehenes por redes terroristas, lo cual produjo al inicio del suceso una clara ventaja a favor de quienes planificaron y ejecutaron la operación cumpliendo exitosamente con las fases de un ataque.

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Es preciso destacar que el Servicio de Inteligencia Nacional, como ente central y rector del Sistema de Inteligencia Nacional (SINA), desde varios meses antes de la captura de la residencia del señor embajador del Japón, había obtenido diversos indicativos de inteligencia, a través de los cuales podía concluirse que la red terrorista del MRTA estaba preparando un ataque de gran repercusión nacional e internacional. Conforme fue haciéndose más fino el trabajo de inteligencia fue obteniéndose un nivel de precisión mayor, hasta llegar a determinar que el MRTA se proponía varios objetivos políticos: –Primero, tomar un número significativo de rehenes o secuestrar a un personaje del más alto nivel dentro de la vida política del país, con el propósito de obligar al gobierno a que acepte un canje para posibilitar la libertad de los emerretistas que estaban purgando penas por delito de terrorismo en diversos centros penitenciarios del país. –Segundo, vengar el descalabro que habían sufrido el 30 de noviembre de 1995, cuando un comando operativo del MRTA fue sorprendido y apresado por el personal de la DINCOTE al mando del general PNP Carlos Domínguez Solís en una residencia de la Urbanización La Molina. Entonces los emerretistas se estaban preparando para realizar un ataque sorpresivo al Congreso de la República con el objetivo de tomar como rehenes a una gran cantidad de parlamentarios para impedir el normal desarrollo de las funciones del Poder Legislativo. De la información de inteligencia que el SIN fue proporcionando a la Policía Nacional del Perú, puede destacarse la siguiente: • Que, el MRTA había desplazado armamento, municiones y un contingente de fuerzas especiales desde su Frente Oriental “José Santos Atahualpa”, que se encargaría de realizar una acción de gran envergadura y connotación en Lima. Que, Néstor Cerpa Cartolini (a) “Evaristo”, por medios propios, había informado a su conviviente Nancy Gilvonio (detenida en el penal de Yanamayo en Puno), que su red iba a realizar una acción de importancia con el objeto de

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negociar su liberación y la de los demás militantes en prisión. Que, entre los objetivos propuestos estaban principalmente la toma de embajadas a fin de obtener rehenes de gran importancia y estar en capacidad de poder presionar al gobierno para que, luego de una negociación puedan lograr la liberación de todos sus militantes detenidos en diversos penales del país.

Dicho esto, en atención a la precisión dada, el Servicio de Inteligencia Nacional así como los órganos conformantes de la Comunidad de Inteligencia oportunamente proporcionaron por el canal correspondiente a los órganos de la Policía Nacional encargados del aspecto operativo: la DIRIN–PNP y la DINCOTE, la inteligencia colectada y debidamente procesada y analizada, a fin de que habiendo sido alertados, adopten las medidas preventivas adecuadas. Ante la contundencia de todos estos indicativos, además de otras informaciones que por razones de confidencialidad no se pueden todavía mencionar, cabe preguntarse entonces: ¿Por qué disponiendo de la inteligencia precisa y oportuna proporcionada por el SINA, se produjeron los hechos de la residencia del Embajador del Japón? ¿Por qué los órganos operativos de la Policía Nacional encargados de adoptar las medidas de seguridad pertinentes, no lo hicieron? En verdad, estas son algunas de las interrogantes que en su momento se hicieron todos los medios de comunicación y la ciudadanía en general. Más aún, muchos se preguntaban cómo es que habiendo concurrido a esa reunión personalidades de tanta significación e importancia en la vida del país se haya dejado prácticamente desguarnecida la residencia de la Embajada. A pesar de lo señalado con tanta claridad, ¿qué pasó? Veamos. La inteligencia proporcionada por el SIN y el SINA, sirvió para que la DIRIN-PNP orientara el esfuerzo de búsqueda a nivel de la Policía Nacional y formulara las respectivas notas de inteligencia, las mismas que fueron canalizadas ante su Comando y los correspondientes órganos de la institución.
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En base a ello el director general de la PNP, teniente general Antonio Ketín Vidal Herrera, emitió el memorando Nº 50-96DGPNP, CEOPOL, su fecha 15 de noviembre de 1996, ordenando a los Comandos de la VII-RPNP, DINCOTE y DINSE, adoptaran dentro del ámbito de su competencia, las medidas y acciones que sean menester, antes, durante y después del 30 de noviembre de 1996 con la finalidad de detectar y neutralizar posibles acciones que había previsto el MRTA, incluido el secuestro de personalidades con el fin de presionar al gobierno para obtener la liberación de miembros de dicha organización internos en diversos penales del país. Empero, no obstante ello, el comando de la VII-RPNP a cargo del teniente general PNP Luis Malásquez Durand, no dio debido cumplimiento a lo ordenado por el Director General de la PNP, con el memorando Nº 50-96-DGPNP-CEOPOL del 15 de noviembre de 1996, ni tomó en consideración ninguno de los indicativos de inteligencia disponibles para adoptar las medidas de seguridad necesarias que pudieran haber evitado el ataque terrorista. La VII-RPNP, como órgano responsable de la seguridad externa de la residencia del Embajador de Japón, nunca le otorgó importancia al evento social que se llevaría a cabo, pese que a él asistirían como invitados altas personalidades del país, lo cual se tradujo en un deficiente planeamiento por dicha unidad policial y en una ejecución ineficaz de las medidas de seguridad externa alrededor de la citada residencia, pese a que funcionarios de la Embajada del Japón con carta del 11 de diciembre de 1996 solicitaron oficialmente al Jefe de la VII-RPNP proporcione la seguridad del caso a la residencia de su embajador, con motivo de la recepción prevista y programada para el 17 de diciembre de 1996 a partir de las 17:00 horas. Ni el Área Policial Nº 8, órgano responsable directo de la seguridad externa de la residencia, ni el coronel PNP Wiclef Filemón Alzamora Albujar, Jefe Operativo del Dispositivo de Servicio Nº 299-96-VII- RPNP/EMR3 del 10 de diciembre de 1996, otorgaron el nivel de importancia a esta trascendente recepción diplomática, lo que se tradujo en múltiples deficiencias, tanto en el planeamiento como en la ejecución del servicio de seguridad externa del predicho local diplomático.
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La Inspectoría de la VII-RPN no cumplió, igualmente, con sus funciones de supervisar y controlar los servicios policiales el día 17 de diciembre de 1996, antes ni durante la realización del evento social, pese a tener cabal y oportuno conocimiento del referido Dispositivo de Servicio Nº 299-96-VII-RPNP/EMR3. Estando a la gravedad de los hechos la propia Policía Nacional –a través de sus órganos de control– formuló el parte administrativo-disciplinario Nº 001-97-JEM/PNP/EEI del 29 de enero de 1997, suscrito por el teniente general PNP Víctor Lavado Reyes, estableciendo las responsabilidades correspondientes. Este documento fue remitido al consejo de investigación respectivo para los fines de ley a que hubiere lugar. Igualmente, el teniente general Antonio Ketín Vidal Herrera, con conocimiento del ministro del Interior, general de división EP Juan Briones Dávila, y en uso de sus atribuciones, formalizó denuncia penal contra el personal policial responsable ante el Consejo Supremo de Justicia Militar, remitiendo el oficio Nº 101-97-DGPNP/SG del 20 de febrero de 1997, que tenía como documento adjunto el citado parte administrativo-disciplinario, relacionado con el resultado de la investigación efectuada respecto a la incursión del MRTA y a la toma de rehenes en la residencia del embajador de Japón, para la investigación del caso por ese órgano jurisdiccional contra quienes resulten responsables. Asimismo, no puede dejar de mencionarse que los funcionarios de la Embajada de Japón encargados de la seguridad de la residencia, tampoco adoptaron las medidas de seguridad al interior de la misma; esto en orden a la importancia de la reunión, y a la calidad de los invitados. Pero al margen de ello, debemos dejar claramente señalado que a la comunidad de Inteligencia le queda la íntima seguridad de que cumplió cabalmente con su obligación de proporcionar la información que alertaba a los órganos operativos sobre las intenciones de la red terrorista MRTA. La noche del 17 de diciembre de 1996 me encontraba laborando en uno de los ambientes de la Alta Dirección del SIN cuando
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escuchamos una alerta de seguridad de prioridad rojo –que era la más alta y grave para casos de máxima prioridad–, emitida por el Centro de Indicaciones de Respuesta Global del SIN. Este órgano, que estaba pendiente de cualquier información que pudiera recabarse sobre las redes terroristas en cualquier rincón del país, desempeñaba una función clave en una crisis como ésta y, precisamente, para eso lo teníamos, in a estaba al tanto de los hechos por los reportes de “último minuto” de la televisión. El Presidente dispuso el corte de las líneas telefónicas de la residencia, pues a través de las mismas el entonces canciller Tudela y el propio embajador Morihisa Aoki trataban insistentemente de poder comunicarse con él, obviamente presionados y bajo amenaza. Por eso lo más prudente era evitar cualquier contacto. Con la serenidad que caracteriza al ingeniero Fujimori, éste hizo una rápida apreciación político-estratégica y decidió como un primer paso a dar en esta situación de crisis –una de las más graves durante su gobierno– estabilizar el escenario de conflicto para no poner en riesgo la vida de los rehenes. Me indicó por ello, que tuviera lista una “Estimación Nacional Especial de Inteligencia” destinada a proporcionar la mayor evaluación colectiva de toda la información disponible en la Comunidad de Inteligencia peruana para decidir a qué debían atenerse quienes elaboraban las políticas sobre un tema que se consideraba de un interés imprevisto y urgente en cuanto a la seguridad nacional. Concluida la comunicación telefónica por la línea especial con el presidente Fujimori, de inmediato adopté las previsiones de activar y establecer el programa secreto denominado “Centro de Continuidad de Gobierno”. Este estaba especialmente diseñado por el SIN para reubicar a los funcionarios más importantes de la administración en diversos centros de seguridad alternativos que están totalmente separados entre sí, a fin de poder garantizar la unidad y continuidad del Gobierno en caso de que el Presidente o cualquiera de los otros miembros claves del régimen resultaran muertos o secuestrados. Asimismo, se dispuso la inmediata reconstrucción del guión de asalto, cuyo punto de partida fue la inspección que se realizó esa misma noche por personal especializado del SIN a la camioneta Chevy Van
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de placa de rodaje Nº OI–1359, pintada como una ambulancia con el logotipo de “Clave Médica”, que fue utilizada por los 14 miembros del comando operativo del MRTA para trasladarse desde algún lugar desconocido de Lima hasta el blanco de ataque seleccionado por los planificadores terroristas. Se constató que a dicha camioneta le fueron retirados todos los asientos de su interior para facilitar el transporte del grupo de asalto y además se advirtió que el vehículo fue reforzado y blindado con planchas de acero, las cuales tenían pequeños orificios a los costados a fin de ser utilizados como troneras para facilitar el uso de las armas en caso de enfrentamiento con las fuerzas del orden durante el desplazamiento a su objetivo. Ese 17 de diciembre de 1996 siendo las 23:45 horas de la noche, y luego de un poco más de dos horas de iniciada la operación de asalto a la residencia, el ingeniero Fujimori llegó a la sede central del Servicio de Inteligencia Nacional en Las Palmas. Lo hizo acompañado de su hijo Kenji, el ingeniero Absalón Vásquez y el señor Carlos Orellana. Se hacía presente para manejar personalmente la situación de crisis. Lo recibí no bien descendió de su vehículo. Inmediatamente le puse en conocimiento de la “Estimación Nacional Especial de Inteligencia” que me había encargado dos horas antes, por tratarse de un tema urgente que afectaba gravemente la seguridad nacional y por ende la estabilidad y gobernabilidad del país. En ese documento se presentaba una evaluación de lo que conocíamos –hasta ese momento– en la Comunidad de Inteligencia respecto al sorpresivo asalto y toma de rehenes en la citada residencia. En esas circunstancias el Departamento de Contraterrorismo del SIN nos hizo llegar un documento emitido por la Dirección Nacional del MRTA, impreso en una hoja con el título “Voz Rebelde: Comunicado Nº 1 del 17 de diciembre de 1996”, dirigido a la opinión pública y en que hacían de conocimiento que “el 17DIC96 a horas 20:30 la unidad de fuerzas especiales Edgard Sánchez ocupó militarmente la Residencia del Embajador de Japón, denominando a esta operación Oscar Torre Condesu y tomando como rehenes a diversas personalidades políticas, empresariales y miembros del cuerpo diplomático acreditados en el Perú, los mismos que serán liberados en la medida que el gobierno cumpla con las siguientes exigencias:
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1. Compromiso de cambiar de rumbo la política económica por un modelo que busque el bienestar de las grandes mayorías. 2. La liberación de todos los presos pertenecientes al MRTA y acusados de pertenecer a nuestra organización. 3. Traslado del comando que incursionó en la residencia del Embajador Japonés junto con todos los compañeros del MRTA hacia la selva central. Como garantes, también irían parte de las personalidades capturadas, debidamente seleccionadas y estando en nuestra zona guerrillera cumpliremos con liberarlos. 4. Pago de un impuesto de guerra.” Luego de leer dicho texto el presidente Fujimori, con la serenidad que lo caracteriza me pregunta: –¿Qué opina usted de este documento? –Vea, señor Presidente, las cuatro exigencias que plantea la Dirección Nacional del MRTA se encuadran dentro de los parámetros que conlleva una operación de esta naturaleza. Ellos se han hecho de una prenda remunerativa de gran valor a fin de luego negociar partiendo de pretensiones maximalistas, pues disponen de múltiples cartas para tratar de conseguir sus objetivos políticos y militares. Debemos partir por reconocer que el MRTA ha hecho una jugada maestra, que viéndola objetivamente constituye, por así decirlo, un jaque en el tablero. Pero, ahí está el quid del asunto, no es un jaque mate, de modo que debemos pensar en la respuesta del Estado frente a este ataque. –Este es un problema que debe encararse en forma integral y no de manera aislada. Debemos diseñar una estrategia global con un enfoque político y militar –respondió el presidente Fujimori. –Coincido con usted, señor –contesté. En ese instante nos alertaron por el intercomunicador interno para que escucháramos Radio Programas del Perú. Al subir el volumen del equipo escuchamos la voz del “comandante Hemigidio Huerta Loayza” –jefe de la operación de asalto–, que advertía que
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procederían a ejecutar al canciller Tudela dentro de un plazo de 24 horas si el Gobierno no cedía a las exigencias de la Dirección Nacional del MRTA. Menudo problema el que tenemos entre manos, pensé, cuando a los pocos minutos el edecán de Servicio de Palacio de Gobierno llama por teléfono y solicita conversar con el presidente Fujimori; le informa a éste que el Defensor del Pueblo y el padre Hubert Lanssiers ofrecían su mediación a fin de evitar que dicha amenaza se materializara. Frente a esta situación el Presidente señaló: –¡Esta es una bravata del MRTA! No debemos contestar nada. Tenemos que guardar silencio absoluto. Como Estado no podemos ceder de ninguna manera. ¿Por qué? Porque hay que ir midiendo y evaluando la reacción del MRTA. La estrategia inicial es el silencio. Hay que desesperarlos, sin responder nada. Veamos cuál es su reacción. Fue una decisión firme y correcta, perfectamente razonada, la del ingeniero Fujimori, pero, pensé, seguramente será muy criticado y cuestionado su silencio. ¡Y así ocurrió! De modo sorpresivo, siendo las 23:30 horas aproximadamente, el comando terrorista optó por liberar a un elevado número de rehenes: mujeres, ancianos de avanzada edad y personas sin ninguna vinculación con el mundo político o empresarial. No se trataba de un gesto humanitario o cosa parecida. La medida respondía a un evidente cálculo político y a razones de su propia seguridad. Entre las personas liberadas se encontraba la señora madre del ingeniero Fujimori y su hermana Rosa. Los terroristas no pudieron identificarlas. Dicha liberación la vimos por televisión estando los dos acompañados sólo por Kenji, quien al observar ese hecho le dice a su padre: –¡Mira, es mi abuela y mi tía Rosa que salen juntas, papá! El rostro del presidente Fujimori, cuyo tensión lo había mantenido inexpresivo, volvió a ser el de siempre. Un gran alivio espiritual –constatar que estaban a salvo su progenitora y su hermana–
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le devolvió color y energía. Esa noche pude, por esta circunstancia, conocer una faceta, una dimensión casi siempre oculta de un ser humano: la emoción. A pesar de su aplomo, serenidad y firmeza, Fujimori es también un mortal más. Hacia la medianoche y concluida la primera liberación de rehenes, el comando del MRTA tomó la decisión de separar a los mozos de los invitados que aún permanecían como rehenes, y luego dispusieron la libertad del personal de servicio. En esas circunstancias ocurrió algo insólito: todos pudimos ver por televisión al edecán del presidente Fujimori, capitán de fragata AP Rodolfo Reátegui Rodríguez, infiltrarse entre los mozos, desprovisto de su uniforme de marino y envuelto con una simple sábana. Con este improvisado atuendo “romano”, bastante ligero y discutible, Reátegui tomó las de Villadiego, fugándose de la residencia a riesgo de su vida. En ese instante salí de la sala de reunión y dispuse que localizaran al comandante Reátegui y lo condujeran al SIN, para que nos brindara la información que pudiera. Paralelamente, los medios de difusión comenzaron a especular sobre el número de asaltantes, sobre quien era la persona que los comandaba y sobre la magnitud de sus requerimientos, llegando incluso a mencionarse que en el asalto y la posterior toma masiva de rehenes habrían participado elementos terroristas extranjeros. Hasta ese momento no se conocía la identidad de la persona que comandaba la operación de asalto, pues quien aparecía como cabecilla tenía el rostro cubierto con un pañuelo con el símbolo del MRTA y se presentaba como el “comandante Hemigidio Huerta Loayza”. La pregunta es: ¿cómo el Servicio de Inteligencia Nacional determinó con absoluta claridad esa noche que el grupo terrorista estaba comandado por Néstor Fortunato Cerpa Cartolini (a) “Evaristo”, miembro de la Dirección Nacional del MRTA? El general PNP Carlos Domínguez Solís asistió en calidad de invitado y acompañado de su esposa a la recepción diplomática. Domínguez tenía un vasto conocimiento sobre las redes terroristas en el Perú, pues había sido jefe de la DINCOTE de 1993 a 1995; durante su comando se logró frustrar una operación espectacular de
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otro comando operativo del MRTA que pretendía asaltar el Congreso de la República el 30 de noviembre de 1995. En esa ocasión se ubicó el inmueble donde estaban preparándose los emerretistas para la operación de ataque; detuvieron a Miguel Rincón Rincón (a) “Francisco”, el comandante de la operación, evitando que se produjeran esos hechos. Por tanto, conocía perfectamente las identidades y los rostros de todos y cada uno de los integrantes de la Dirección Nacional del MRTA. Los miembros del MRTA deciden, en determinado momento, liberar esa misma noche a las mujeres y varones de avanzada edad; las esposas empezaron a despedirse de sus cónyuges y en esos instantes –por el constante movimiento de los emerretistas– de manera casual se le bajó el pañuelo del rostro al llamado “comandante Hemigidio Huerta Loayza”. Es en esa circunstancia que el general Domínguez logra identificarlo antes de que el cabecilla se cubra el rostro: el comandante de la operación era Néstor Cerpa Cartolini, conocido en el MRTA como “camarada Francisco”. Domínguez comunica ese detalle a su esposa antes de despedirse de ella, dándole la consigna que al salir de la residencia se dirigiera inmediatamente al Servicio de Inteligencia Nacional y pida entrevistarse con mi persona para proporcionarme dicha información, de absoluta credibilidad. Chelita, como buena esposa de un gran policía y un señor a carta cabal, ni bien salió de la residencia se vino al SIN en su propio vehículo y al llegar a sus instalaciones, que ya conocía porque Carlos Domínguez había sido director nacional de Contrainteligencia antes de ser jefe de la DINCOTE, solicitó entrevistarse urgentemente conmigo sin saber que en ese momento estaba yo reunido con el presidente Fujimori evaluando la situación. En la prevención le informaron que era imposible verme, pero ella conociendo el valor e importancia de la información insistió en poder entrevistarse conmigo, indicando que tenía una información de absoluta credibilidad referida a la toma de la residencia y que sólo podía dársela a mi persona por instrucciones del general Domínguez. Al ser informado por uno de mis secretarios, el teniente EP Mario Ruiz Agüero, de su presencia y pedido, dispuse que el oficial de servicio en la prevención recibiera la información y la transmita
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a mi secretaría por una línea segura de uso interno en el SIN, pero ella, por instrucciones de su esposo, no quiso hacerlo a una tercera persona, recurriendo esta vez a un “código de presión” que teníamos todo el personal de inteligencia y familiares para casos de emergencia cuando estuviéramos impedidos de movernos por estar sufriendo una amenaza. Cuando el teniente Ruiz menciona el “código de presión”, inmediatamente salí de la reunión con el ingeniero Fujimori y me dirigí a la sala de recibo de la prevención para entrevistarme con ella. Cuál sería su angustia que al verme se le cayeron las lágrimas. Después de reponerse me brindó la información antes referida. Le agradecí por ello y luego la conforté con unas breves palabras. –Chelita, tú sabes, Carlitos Domínguez es un gran policía. Además tú eres una buena mujer de un policía que conoce esta clase de problemas. ¡Anda a casa, quédate tranquila que liberaremos sano y salvo a Carlitos y los demás rehenes! No será fácil, tomará su tiempo, pero recuerda que los hombres de inteligencia debemos de tener paciencia en nuestro trabajo: eso lo sabes muy bien. Cualquier noticia que tenga, te llamaré, ¿okey? –De acuerdo. Gracias Vladimiro –respondió ella y se despidió con la satisfacción de haber cumplido con la misión encomendada. Inmediatamente pasé la información al Departamento de Contraterrorismo del SIN para que la difundiera a toda la Comunidad de Inteligencia, y luego me enviaran por correo electrónico encriptado la Ficha Básica de Personalidad de Néstor Cerpa Cartolini. Dicha información me llegaría a la oficina donde estaba reunido con el presidente Fujimori, disponiendo a su vez que los analistas apoyados por el personal de psiquiatras y psicólogos que laboraban en el SIN, hicieran una evaluación para tener el perfil detallado de Cerpa, y conocer, así, sus posibilidades y limitaciones personales en situaciones de crisis de alto riesgo y gran presión. A partir de ese momento el jefe de Estado conoció quién comandaba la operación de asalto a la residencia, y por consiguiente, ya estaba al tanto del tipo de adversario al cual tenía que enfrentar y desarmar, para lograr la liberación de los rehenes.
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Esa noche los acontecimientos sucedían uno tras otro de manera vertiginosa, de modo que ello nos obligaba a estar en un permanente estado de alerta. Felizmente el ingeniero Fujimori es una persona que tiene una capacidad de trabajo extraordinaria. Era y es conocido que todos los días laboraba ininterrumpidamente hasta horas de la madrugada, mantenía un ritmo que casi nadie podía seguir. Quienes hemos tenido el privilegio de trabajar cerca de él, podemos dar fe de su dedicación y entrega totales en aras de dar solución a todos los problemas que vivía el país. Los problemas, por grandes que fueran, los enfrentaba y resolvía con absoluta tranquilidad y serenidad. Es por estas razones que estaba convencido que bajo la dirección y liderazgo de Fujimori saldríamos victoriosos de esta situación de crisis que conmocionaba al país. Al poco rato se presentó en el SIN el capitán de fragata AP Rodolfo Reátegui Rodríguez, edecán del presidente Fujimori, y que en su representación concurrió a la residencia del embajador de Japón. Reátegui, como ya hemos dicho, logró escabullirse de la residencia mezclándose entre los mozos que fueron liberados esa noche. Una vez en el SIN le informó al jefe de Estado, en mi presencia, de todos los detalles que pudo observar desde el inicio del asalto hasta el momento en que se fugó. Luego de las preguntas de rigor fue derivado al Departamento de Contraterrorismo del SIN para que le tomaran la declaración respectiva. Con toda la información disponible que habíamos obtenido inicialmente, que se iría enriqueciendo progresivamente en el transcurso del proceso, a través del monitoreo de las comunicaciones y de la inteligencia de imágenes, con el Presidente pudimos determinar que nos encontrábamos frente a una operación terrorista de tipo político-militar. A nuestro entender, el MRTA se proponía con el asalto y toma de rehenes, los objetivos siguientes: –Primero, como probables objetivos políticos, los que a continuación se indica: • Demostrar ante la opinión pública nacional e internacional que, con esta acción de propaganda armada, el MRTA no había desaparecido como red terrorista en el Perú.
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Poner en evidencia que el MRTA tenía capacidad organizativa suficiente para planificar una operación espectacular de gran envergadura, elegir la oportunidad política y ejecutar en forma eficaz operaciones armadas, incluso en Lima, sede del poder central. Deteriorar la imagen del Gobierno en el exterior, presentando a nuestro país como un lugar inseguro y en el que no había garantía para el turismo y/o las inversiones extranjeras. Tratar de ganar una simpatía y adhesión de la opinión pública nacional e internacional, a través de acciones de gran impacto, como es el caso de la liberación de rehenes, en la que dio prioridad a los ancianos, enfermos, mujeres y personas ajenas a la política. Con ello el MRTA pretendía proyectar una imagen de organización rebelde civilizada y también poner en evidencia una supuesta posición irreductible del Gobierno que presidía Alberto Fujimori. Obligar a través del chantaje a que el presidente Fujimori, jefe del Estado, negocie con ellos, de igual a igual, en base a la retención forzada de un alto número de rehenes en su poder. Buscar conforme corriera el tiempo, que se incrementaran las presiones de los países con ciudadanos retenidos como rehenes, con la finalidad de que el Gobierno se vea ante la imperiosa necesidad de una salida rápida, negociada e incruenta a la crisis. Demostrar que los internos del MRTA detenidos y condenados por el delito de terrorismo en agravio del Estado y la sociedad, eran “presos políticos” a los cuales se les viola sus derechos humanos por el trato vejatorio de que son objeto en los diversos establecimientos penitenciarios del país. Lograr sensibilizar a los diversos organismos nacionales y extranjeros, vinculados a la defensa de los derechos humanos, a favor de sus exigencias promoviendo una corriente de solidaridad y comprensión acerca de sus reclamaciones.

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–Segundo, como probables objetivos militares, los que a continuación se indica: • La liberación de todos los miembros del MRTA que se encontraban purgando condenas por delito de terrorismo en establecimientos penitenciarios de máxima seguridad en el país. Demostrar ante el país que las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia adolecen de serias vulnerabilidades y deficiencias. Que pueden en cualquier momento o circunstancia, tomando la iniciativa y utilizando el factor sorpresa, atacar el blanco que con absoluta libertad decidieran elegir sus planificadores terroristas.

• •

Ahora bien, luego de este análisis determinamos que la forma como habían actuado, y el comportamiento que estaban adoptando los terroristas del MRTA era casi un calco, copia y repetición mecánica de la captura de la embajada de la República Dominicana en Bogotá, operación efectuada años atrás por un comando operativo de la red terrorista M-19, y que en ese orden de ideas había la alta probabilidad que podrían seguir sus pasos posteriores como un mismo modelo y patrón de conducta, motivo por el cual se solicitó al Departamento de Contraterrorismo del SIN que trajera todos los antecedentes e información básica que dispusiera en la Base de Datos sobre ese evento para poder analizarlo en profundidad, y efectuar un cotejo que nos permita tener una mayor visión panorámica y otra óptica del problema que entre manos tenía y debía el Gobierno solucionar. Mientras en el citado departamento los analistas avanzaban en la tarea del procesamiento de la información sobre los terroristas que ocupaban la residencia, el presidente Fujimori llegó a la conclusión de que el aparente “gesto” de la liberación de un alto número de rehenes, además del efecto político buscado, en el fondo era una medida adoptada para evitar ser desbordados por una cantidad tan elevada de personas, quedando retenidas contra su voluntad sólo aquellas que por su nivel e importancia servían para sus propósitos de chantajear al gobierno.
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La evidencia que teníamos sobre la identidad de la persona que había comandado la operación, Néstor Cerpa Cartolini, nos dejaba en claro que, si bien éste había podido ejecutar la operación militar de asalto y captura de rehenes en la residencia, carecía de las condiciones de capacidad y formación políticas requeridas para conducir conversaciones que apuntaran a una salida negociada. A esta conclusión se había arribado luego de estudiar su ficha básica de personalidad. Adicionalmente a ello, se precisó que el factor tiempo iba a actuar a favor del comando terrorista en los primeros días. Ello en la medida que el Gobierno iba a tener que soportar las presiones de gobiernos extranjeros y familiares de los rehenes; en los días siguientes esta clara ventaja terrorista inicial iba a revertir, pues nos dejaba un mayor margen de maniobra para la recopilación y recolección de toda la inteligencia requerida a fin de hacer frente a cualquier contingencia y apoyar eficazmente al presidente Fujimori con los insumos necesarios en las decisiones que tomara sobre el particular. La Dirección Nacional de Operaciones Sicológicas (DINOS) del SIN también aprovecharía la ventaja del tiempo para articular y ejecutar el plan de operaciones sicológicas “Aclaración”, plan destinado a dar a conocer ante la opinión pública nacional e internacional la verdadera naturaleza del MRTA: una red terrorista que operaba formando coaliciones con el narcotráfico. Así lo evidenciaba de modo abrumador su secuela de anteriores secuestros, su actividad homicida. Con este plan se buscaba revertir las iniciales simpatías que hubiera podido conseguir el MRTA en personas que carecían de información sobre sus antecedentes; luego de que estas se informaran debidamente, con pruebas irrefutables, esa simpatía inicial iba a trocarse en una clara actitud de condena. A estas alturas y siendo muy de madrugada, el presidente Fujimori me dice: –Vea usted, lo primero que hay que tener presente es que es una política del Gobierno no negociar con los líderes de las redes terroristas por ningún motivo o circunstancia. Partiendo de esa
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premisa básica, y teniendo en cuenta el análisis que hemos hecho sobre la situación en la residencia y sus implicancias políticas, considero que el Gobierno debe mantener un prudente silencio de 72 horas para ver la reacción de Cerpa Cartolini, y si es que intenta cumplir con su amenaza de ejecutar al canciller Tudela dentro de 24 horas. Y luego… ¿qué debemos hacer, según usted? –Señor, usted como estadista acaba de señalar algunas premisas fundamentales y, acaba de definir un curso de acción inicial. Ahora le cabe definir y fijar como director y conductor de la guerra los objetivos políticos del Gobierno, y luego trazar el rumbo de la estrategia que todos debemos seguir para el logro de esos objetivos. Eso es lo que pienso sería el siguiente paso suyo. –Correcto. Entonces debo decirle que el objetivo político primordial, y prioritario, del Gobierno es lograr la liberación por la vía pacífica de la totalidad de los rehenes. No sólo por elementales consideraciones humanitarias sino porque no se puede permitir que un pequeño grupo terrorista chantajee al Estado. En tal sentido, cualquier paso orientado a una solución del problema generado en la residencia, no puede tener como materia de negociación o de trato, la liberación de ningún terrorista del MRTA que se encuentre cumpliendo diversas condenas en diferentes penales. Conforme a ello, el requisito previo para una posible solución necesariamente debe pasar por deponer las armas. En previsión a cualquier circunstancia se debe preparar como hipótesis de contingencia una intervención militar de rescate, pero sólo se podrá ejecutar ésta con mi autorización. ¿Ha comprendido usted? –Sí, señor Presidente. Están muy claros los objetivos políticos del gobierno y nos demuestran que usted tiene muy definidos los propósitos estratégicos como estadista. Ahora falta que dé las disposiciones respectivas al Gabinete y las Fuerzas Armadas para su debido cumplimiento. –De eso me encargaré yo. Ahora manténgame informado si al cumplirse el plazo de 24 horas Cerpa Cartolini procede a la ejecución del canciller Tudela. Usted verá que no la hará por ningún motivo. De eso estoy muy seguro. Que su personal prepare una maqueta
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de la residencia y la tenga lista en el menor tiempo posible. ¿De acuerdo? –Muy bien, señor Presidente. Lo mantendré informado. Me gustaría compartir su optimismo con respecto a la amenaza de Cerpa, pero, usted comprenderá que como oficial de inteligencia tengo que ponerme en todos los extremos y no descartar nada. Con relación a la maqueta, estará lista en unas cuantas horas conforme lo acaba de disponer. –Correcto, hemos terminado por ahora. Tengo que cambiarme para ir a Palacio de Gobierno y convocar a una sesión del Consejo de Ministros y dar las disposiciones a las Fuerzas Armadas… El presidente Fujimori miró su reloj: eran las cinco de la mañana. –Buenos días… me retiro. –Buenos días, señor Presidente. Nos habíamos pasado la noche despiertos en medio de la agitación del suceso. Noches en vela, como esa se multiplicarían en el transcurso de los 126 días que se prolongaría la crisis de los rehenes; su seguimiento permanente nos permitiría descansar tan sólo muy pocas horas diarias, debido a la gran responsabilidad que recayó sobre el Servicio de Inteligencia Nacional y mi persona en particular. Presentadas así las cosas y en base a la misión asignada al Servicio de Inteligencia Nacional, de inmediato nos pusimos a trabajar en dos vertientes. La primera, consistía en establecer en qué medida los órganos operativos pertinentes habían aprovechado la Inteligencia Predictiva, que oportunamente les fuimos proporcionando, y con la que alertábamos acerca de la inminencia de una acción de envergadura y repercusión nacional e internacional por parte de la red terrorista MRTA, con el propósito de tomar rehenes de importancia a fin de canjearlos por sus militantes presos.

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La segunda, apuntó a desentrañar cuáles eran todos los demás objetivos políticos y militares buscados por los terroristas. Felizmente, en base a la amplia experiencia adquirida durante los largos años de lucha contra el terrorismo, el Servicio de Inteligencia Nacional disponía de la estructura organizacional y del personal adecuados para tan trascendental misión. Dedicación, profesionalismo y acrisolada mística, eran las armas con las que íbamos a enfrentar este nuevo reto. Éramos conscientes que no podíamos cometer ningún error, pues de la inteligencia que proporcionáramos oportunamente a los elementos operativos, dependía la vida de tantas inocentes personas que se encontraban sometidas contra su voluntad y en permanente peligro de muerte. Una vez más, no podíamos fallarle al Perú. Como es de suponer, apenas producido el hecho, hubo un despliegue descomunal de los medios de comunicación y la noticia sobrepasó al instante nuestras fronteras, convirtiéndose en un suceso de resonancia mundial. El Perú, por obra y gracia de un pequeño comando terrorista de una agrupación ya casi inexistente, era el centro de la atención internacional, como lo fueron en su momento el asesinato del presidente Kennedy, la caída del Muro de Berlín o la primera Guerra del Golfo. Paralelamente se recibieron muchos pronunciamientos y declaraciones de organismos internacionales, gobiernos y entidades, que nos expresaban su solidaridad y la esperanza de una pronta y feliz solución. Así, por ejemplo, el Grupo de Río aprobó un pronunciamiento condenando el acto terrorista. Nicholas Burns, vocero del Departamento de Estado, dio a conocer la enérgica condena del gobierno de Estados Unidos de Norteamérica “por la brutal captura de rehenes… no puede haber justificación para este vergonzoso acto de violencia y terrorismo”. Paralelamente el gobierno recibió sendos mensajes de Venezuela, Bolivia, España, Uruguay, Argentina, Canadá, Gran Bretaña y Brasil, entre otros países que ofrecieron su ayuda y expresaron su solidaridad con el momento difícil que se estaba viviendo.
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El 18 de diciembre de 1996 a las 8:00 horas fueron convocados todos los ministros a Palacio de Gobierno, y luego de la reunión del Gabinete en pleno con el presidente Fujimori, le consultaron al señor Domingo Palermo –por entonces ministro de Educación– si aceptaba ser designado interlocutor del gobierno con el MRTA. Este dio su conformidad, y a partir de ese entonces se convirtió en una de las personas del régimen que jugó un rol clave, de suma importancia, para tratar de lograr la liberación de todos los rehenes mediante una salida pacífica y a través del diálogo. Así empezó una larga y titánica tarea en aras de cumplir con la misión encomendada; durante los 126 días que duró la crisis de los rehenes, “el secuestro más dramático y numeroso e importante de la historia peruana”, como dijera el propio señor Palermo, quien era sabedor de que el Estado no podía negociar con elementos terroristas, y menos aún bajo la presión de una toma importante de rehenes. Transcurridas las 24 horas, Cerpa no cumplió con su amenaza de ejecutar al canciller Tudela –tal y como lo había previsto el presidente Fujimori– y en el SIN todos respiramos recién un aire de tranquilidad y alivio. Felizmente no se produjo el temido desenlace que todos rogábamos a Dios como cristianos que somos, no sucediera. Confieso que esa noche le puse una vela al Divino Niño Jesús dándole las gracias por mantener a salvo y con vida al señor Tudela. Dios escuchó mis súplicas, y así más tranquilo, pude cumplir con mis obligaciones. Para ese momento ya teníamos lista la primera maqueta de la residencia. Cuando le informé al ingeniero Fujimori, recuerdo que expresó: –¿Qué le dije? Hoy empieza el desmoronamiento del plan de Cerpa Cartolini. –Sí, señor Presidente; tenía usted toda la razón. –Yo estaba seguro que no cumpliría con esa amenaza. Ahora la iniciativa la tenemos nosotros. Estoy preparando un Mensaje a la Nación al cumplirse las 72 horas. Ya verá la firmeza y energía del Gobierno. A propósito, ¿la maqueta de la residencia está lista? –Sí señor, está lista.
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–Que la coloquen en mi cochera del SIN para tener una reunión con tres coroneles del Ejército esta misma noche. –Muy bien, señor Presidente. –Manténgame informado de cualquier novedad. –Comprendido, señor Presidente. Ese día, 18 de diciembre de 1996, por problemas de salud, y a lo largo del día, son liberados ocho rehenes. Entre ellos estaba el presidente del Patronato de Lima, Juan Gunther; el embajador retirado José de Cossio Ruiz de Somocurcio; el embajador de Canadá, Anthony Vincett (que se incorpora a partir de ese momento al grupo de Alto Nivel); el embajador de Alemania, Heribert Woeckell; el embajador de Grecia, Alcibiades Carokis; el consejero francés Hyacinthe D’Montera, el diplomático peruano Armando Lecaros y junto a ellos el señor Kotarro Kanashiro. Siendo las 23:00 horas llegó a las instalaciones del SIN el presidente Fujimori, siendo recibido por el general Julio Salazar Monroe. Luego de darle parte sobre las actividades desarrolladas durante todo el día, el jefe de Estado dispuso –a través de su edecán de servicio– que me apersonara a su despacho inmediatamente, cosa que hice indicándole que la maqueta de la residencia estaba confeccionada e instalada en su cochera del SIN. En ese acto bajamos del segundo piso por las escaleras y fuimos hasta su cochera, donde en un ambiente contiguo se encontraba instalada la maqueta. La vio, y como es característico en su personalidad, formuló diversas preguntas. Luego me dio algunas indicaciones para que se hicieran tomas fotográficas de todo el contorno de la residencia y luego se colocaran en todo el perímetro de la maqueta hecha de cartón a escala. La estructura de la maqueta posibilitaba destapar el techo para poder tener una visión completa de las habitaciones del segundo piso, e igualmente hacer lo propio con este piso, a efecto de poder ver la distribución de todos los ambientes del primer piso. Esta maqueta estaba ingeniosamente implementada con unos pequeños muñecos hechos de resina que simbolizaban a los rehenes y sus
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captores. Los muñecos verdes simulaban ser los 14 terroristas y los azules, los rehenes. Terroristas y cautivos se habían distribuido y ubicado en cada una de las habitaciones de ambos pisos, en función a la información disponible. Luego retornamos a su despacho, donde el presidente Fujimori me indicó que había dispuesto la concurrencia al SIN de los tres coroneles del Ejército que estarían a cargo de la planificación de la operación militar de rescate, que como hipótesis de contingencia debía preverse, y en ese sentido, me señaló que apenas llegaran se le informe a fin de tener una reunión en el ambiente de la cochera donde estaba ubicada la maqueta. A la 1:00 a.m. del día 19 llegaron al SIN los coroneles del Ejército Peruano José Williams Zapata, Luis Alatrista Torres y Jesús Reyes Tavera, quienes se presentaron ante el presidente Fujimori por orden del comando de su institución, para exponerle el plan de operaciones que habían formulado y expuesto a las 23:00 horas del día 18 ante los miembros del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Al ingresar los tres citados coroneles al lugar donde se encontraba la maqueta, se sorprendieron de verla tan completa y verídica: nunca se imaginaron que el presidente Fujimori como buen ingeniero que es, habría de tomar, como una de sus primeras decisiones la de disponer la confección de esta maqueta que sirvió durante los 126 días para las diversas reuniones que se tuvieron en la cochera del SIN con ocasión de la crisis de los rehenes. Ante la gran utilidad que tenía la maqueta, el coronel José Williams Zapata, como comandante de la fuerza de intervención le solicitó al jefe de Estado que el SIN les proporcionara una maqueta similar, para los ensayos de su personal. En ese instante el Presidente me indicó que se preparara otra y se proceda a entregarla al coronel Williams en la División de Fuerzas Especiales del Ejército que estaba ubicada frente al local del SIN, en Las Palmas.

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Antes de finalizar el día 19 de diciembre de 1996, se cumplió con la disposición impartida: el SIN atendió el requerimiento del coronel Williams. Esta vez dispuse la confección no de una, sino de dos maquetas, pues yo necesitaba una para desarrollar mis actividades de inteligencia como oficial del caso, encargado y responsable de conducir las actividades de inteligencia que requería la fuerza de intervención para ir perfeccionando diariamente la planificación de la operación militar de rescate, que era de su exclusiva competencia. El 19 de diciembre de 1996, llega al Perú el canciller de Japón, Yukihijo Ikeda, quien fue enviado por el gobierno de su país para asegurarse que el presidente Fujimori le dé prioridad a la seguridad de los rehenes, y señalar que apresurar una incursión militar era muy peligroso, pues ponía en riesgo la integridad de las personas retenidas contra su voluntad. En esa ocasión el ministro de Relaciones Exteriores Ikeda fue muy enfático en precisar que si hubiesen muchas víctimas, las relaciones diplomáticas entre Perú y Japón estarían en grandes problemas. El canciller japonés insistió ante la prensa que era muy peligroso el camino de intentar la solución mediante el uso de la fuerza en una forma tan prematura. Desde los primeros momentos Japón efectuó significativas presiones sobre el gobierno peruano. La gran potencia asiática brindaba una importante ayuda económica al Perú; esa ayuda –fue una sutil advertencia– podría interrumpirse si el presidente Fujimori tomaba la decisión de realizar una operación militar de rescate. Era obvio que los japoneses no comprendían cabalmente cuál era la situación del terrorismo en nuestro país, y por eso actuaban de esa manera, señaló más tarde el ingeniero Fujimori. Ese mismo día 19, son liberados cuatro rehenes más: los señores Juan Shimabukuru Yamashiro, Fidel Aray Aray y Noka Seikoto, quienes ejercían el comercio en la ciudad de Huacho. Asimismo, es evacuado el presidente de Nissan Motor, señor Carlos Chiapori Cambana, por tener serios problemas de salud. El viernes 20 de diciembre de 1996, es liberado un grupo de 38 rehenes adicionales, siendo las 19:25 horas. Entre ellos figuraban
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el entonces congresista Javier Diez Canseco; el embajador de Brasil, Carlos Luis Coutinho Pérez; el embajador de Egipto, Ismael Samy; el embajador de Corea del Sur, Lee Wong Young; el doctor Alejandro Toledo Manrique y el ingeniero Javier Sota Nadal. En esa ocasión el señor Javier Diez Canseco leyó un comunicado del MRTA que señalaba la disposición de este grupo terrorista de seguir liberando rehenes, si es que el presidente Fujimori les permitía comunicarse con los dirigentes emerretistas presos. Sostenían, además, que para facilitar una solución a la crisis, estaban liberando rehenes de manera incondicional. Asimismo, se leyó un mensaje de los rehenes, documento en el que éstos instaban a las autoridades a ingresar en una etapa de conversaciones con los secuestradores. Por su lado, los comunicados del MRTA, las múltiples declaraciones de Cerpa en Lima y de Isaac Velasco, su vocero en Europa, aunado a las pancartas que fueron colocando en las ventanas de la residencia, de una u otra manera contribuían a crear confusión y daban pie para que personas, grupos y organizaciones llamadas “progresistas” hicieran pronunciamientos que en nada contribuían a generar el mejor clima requerido para una eficaz solución de la crisis, en la medida que actuaban como factores de presión sicológica sobre el Gobierno peruano. El día 21 por la noche, el presidente Fujimori –de acuerdo a la estrategia diseñada por su despacho para el manejo de la situación de crisis– rompió recién su silencio y dio un sorpresivo Mensaje a la Nación en el que señaló que la principal preocupación del Gobierno era hallar una solución sin vulnerar los derechos humanos de los rehenes ni de sus captores. Dijo que sólo estará garantizado que no se usará la fuerza si el grupo terrorista depone las armas ante una comisión de garantes, y libera sin ninguna condición a todos los rehenes. Asimismo, denunció que el MRTA pretende iniciar un diálogo colocando un fusil AKM en la nuca del Estado y que eso era inaceptable para el Gobierno. Este mensaje constituyó la respuesta del presidente Fujimori, y a su vez un ultimátum, pues en esencia y sustancia lo que les dijo a los terroristas fue: “entreguen las armas y luego conversamos”.
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Si bien el silencio presidencial de 72 horas fue duramente criticado en el país y el extranjero, ello obedeció a que no se entendía, ni menos conocía, que el ingeniero Fujimori estaba desarrollando una meticulosa y fina estrategia política, hábilmente concebida por su persona, y en ese sentido los tres días de silencio que se impuso fue para compulsar y evaluar aspectos doctrinarios en materia de lucha contra las redes terroristas. Esto le permitió conocer al adversario, estudiar sus movimientos y señalar, a su vez, el curso de acción político a seguirse: “Señores, ustedes quieren utilizar el diálogo. Muy bien, hablemos; tienen todas las garantías del caso”. Para que no quede duda de la seriedad del Gobierno, el presidente Fujimori comprometió la participación de respetables personalidades, nacionales y extranjeras, de marcada solvencia, que servirían como garantes imparciales del diálogo propuesto. El 22 de diciembre de 1996, son liberados 225 rehenes, en subgrupos, los mismos que son trasladados al Hospital de Sanidad de la PNP; en este nosocomio son recibidos por el propio presidente Fujimori. Cabe destacar que entre los liberados estaban el embajador de Panamá, Carlos Luis Linares; el embajador de Cuba, Pedro Díaz Arce; el embajador de Venezuela, Horacio Arteaga; el embajador de Austria, Arthur Shusching; el vocal supremo Nelson Reyes Ríos y los miembros del Jurado Nacional de Elecciones, Rómulo Muñoz Arce y Ramiro de Valdivia Cano. Para tener una mayor capacidad de observación de la residencia del embajador Aoki, y poder realizar con mayor amplitud las tareas propias que demandaban las actividades de inteligencia –así como facilitar las labores de reconocimiento que debían efectuar los diversos niveles de la fuerza de intervención–, el ingeniero Fujimori estimó por conveniente que el SIN proceda a alquilar todas las viviendas situadas alrededor de la residencia. Es así que se procedió a rentar cinco inmuebles ubicados en la calle Marconi de San Isidro; éstos colindaban con la parte trasera de la residencia. Tuvo que efectuarse una ardua negociación con los dueños, que al final aceptaron luego de consignarse cláusulas en los contratos que nos obligaban a devolverles sus casas en las mismas condiciones en que nos las entregaban.
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Para el control y seguridad de todas las viviendas alquiladas, el jefe del SIN dispuso que el comandante EP Jesús Zamudio Aliaga –quien laboraba en la Oficina Ejecutiva de Seguridad y Protección del SIN– fuera la persona encargada de esa misión, razón por la cual debía permanecer durante el tiempo que durara la crisis a cargo de esa responsabilidad. Zamudio Aliaga cumplió cabalmente con ese encargo que abarcó el periodo que va del 20 de diciembre de 1996 hasta el 25 de abril de 1997. El 24 de diciembre de 1996 es liberado un rehén en razón de que el Tribunal de Apelaciones de Uruguay liberara a los peruanos Luis Alberto Samaniego y Sonia Gora Rivera, integrantes de la red terrorista MRTA, presos en Uruguay: luego de esa liberación, y siendo las 18:00 horas, es liberado el embajador de Uruguay, Tabaré Bocalandro Yopeyu Hirata. Ese día de Navidad estuvimos, como todos los días precedentes, con orden de inamovilidad absoluta en el SIN. Permanecíamos en las instalaciones del Servicio monitoreando minuto a minuto la situación que se vivía en la residencia y con la disposición de atender cualquier orden presidencial. A pedido del presidente Fujimori concurrieron en horas de la noche los tres coroneles del Ejército ya mencionados. Uno de ellos, el coronel José Williams continuó con la exposición de su plan de operaciones ante el jefe de Estado. A este oficial le preocupaba que el tiempo de aproximación de la patrulla de intervención desde la zona de posiciones en las casas aledañas hasta el local de la propia residencia, demorara un total de 15 minutos; ese tiempo permitía a los terroristas contar con una gran ventaja: detectar el inicio de la operación. De este modo se perdía el factor sorpresa y se corría el riesgo de que, en represalia, los terroristas ejecutaran rehenes. Siendo el objetivo de la misión el rescate de todos los rehenes sanos y salvos, la operación así concebida, con ese tiempo muerto de 15 minutos, no cumpliría su propósito. Más bien generaría una masacre de las personas que habían sido secuestradas. Ante esa atinada observación del presidente Fujimori, el coronel Williams le dice que podrían reajustar al máximo ese tiempo, reduciéndolo a no menos de 10 minutos, pero para eso tendría que sacrificar algunas
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fases del plan. Es decir, se disminuía el tiempo en 5 minutos al sacrificarse una etapa del plan, ¡pero el resultado sería el mismo!, pues los terroristas tenían 10 largos minutos para eliminar a los rehenes, lo que sería un desastre humanitario y político. En esas condiciones, como es lógico, el ingeniero Fujimori no daría de ningún modo su autorización para realizar la operación militar de rescate. Siendo una línea de pensamiento suya que “frente a los problemas siempre hay soluciones”, lanzó la idea de construir túneles para ganar esos 10 minutos de tiempo y mantener la sorpresa en el inicio de la operación, ya que en segundos la fuerza de intervención estaría sobre su objetivo, y los terroristas, al ser sorprendidos, no dispondrían de tiempo para eliminar a ningún rehén. Estando al concepto de la operación planteado por el jefe de Estado, como director y conductor de la guerra, le pregunto al conductor de la operación coronel Williams: ¿Dónde quiere usted que se construya los túneles para que ingrese la patrulla? Williams señaló en la maqueta, con la ayuda de un puntero, las casas desde donde debían construirse los túneles, y los lugares donde tendrían que concluir para mantener el secreto de la operación y la sorpresa en el ataque. A partir de ese momento el coronel Williams debía redefinir totalmente su plan de operaciones, pues había cambiado el concepto de la operación. Antes de retirarse los tres coroneles, el comandante de la patrulla le consulta al presidente Fujimori, quién se encargaría de la construcción de los túneles, pues su personal no podría hacerlo. El Presidente le responde que no se preocupara, pues esa tarea sería encomendada al Servicio de Inteligencia Nacional. Cuando con el ingeniero Fujimori nos encontrábamos ya en su despacho del SIN, los dos solos, me indicó que le encargaría al ingeniero Absalón Vásquez Villanueva traer unos mineros de Ayacucho para ponerlos a mi disposición. Con ellos debería encargarme de la construcción del primer túnel, en tanto el primer ministro Alberto Pandolfi buscaría a otro grupo de mineros de Cerro de Pasco para que me apoyaran en la construcción simultánea del
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resto de los túneles que requería el coronel Williams. Menuda tarea adicional que me encargaba el presidente Fujimori y que cumpliría cabalmente, pues era consciente que esa misión constituía un eje fundamental que tenía el director y conductor de la guerra. El 28 de diciembre de 1996, son liberados 20 rehenes por gestiones de monseñor Cipriani y del interlocutor oficial del Gobierno, el ministro Domingo Palermo. El 31 de diciembre de 1996, luego de las coordinaciones entre los interlocutores –a los que días antes se había sumado monseñor Juan Luis Cipriani– y el comando terrorista captor, se permitió por primera vez el ingreso de periodistas al interior de la residencia, ocasión en la que varios rehenes –entre los que se encontraban el propio embajador Aoki, el canciller Tudela y el congresista Siura– formularon declaraciones a la prensa nacional e internacional. Al término de esa “conferencia de prensa”, Néstor Cerpa Cartolini reafirmó que la posición de su grupo terrorista con relación a la liberación de los rehenes era inflexible y que “no veía una solución inmediata al problema”. Al margen de la repercusión que tuvo esta conferencia de prensa sui generis, se produjo una excelente oportunidad para que el SIN pudiera tomar nota, en forma directa, desde dentro de la residencia, de la edad y cantidad de terroristas, del tipo de armamento de que disponían, de las condiciones en que estaban viviendo los rehenes... En esa ocasión se logró infiltrar a un agente de inteligencia entre los periodistas que ingresaron. Este agente pudo apreciar, asimismo, el comportamiento, el grado de moral, la capacidad y la actitud de los elementos terroristas que se hicieron visibles. Ese mismo día, que es el último día del año y vísperas de año nuevo, son liberados dos rehenes: el embajador de Honduras, José Eduardo Rangel, y el cónsul de Argentina, Juan Antonio López Ibáñez. Así finaliza el año 1996 con el Perú viviendo una tragedia nunca vista a consecuencia de un golpe, ciertamente audaz y espectacular, de un comando operativo terrorista que logró apoderarse de una legación extranjera y cientos de personas, captando de este modo la atención de toda la prensa mundial.
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El 1 de enero de 1997 son liberados siete rehenes más por gestiones de monseñor Cipriani y el representante de la Cruz Roja, Michael Mining. Entre los liberados se encontraba José Kamiya Teruya, secretario de la Presidencia de la República, que se hizo pasar por funcionario de una empresa japonesa. Con el correr de los días arribaron a nuestro país cientos de periodistas extranjeros, en su mayoría invitados por los gobiernos y medios de difusión cuyos connacionales estaban entre los cautivos. Corresponsales de las más importantes cadenas de televisión e incluso “especialistas” de países amigos llegaron para ofrecer el aporte de su experiencia en este tipo de hechos, ofrecimientos que fueron agradecidos pero no aceptados, pues considerábamos que nuestro personal de inteligencia contaba con la suficiente experiencia y profesionalismo para enfrentar la situación. Entre tanto, en el Servicio de Inteligencia Nacional continuábamos trabajando sin descanso, día y noche, para aportar la inteligencia adecuada, dentro de los principios de oportunidad, objetividad y eficiencia, y basándonos en la definición clásica de la doctrina, en el sentido que inteligencia “es todo aquel conocimiento de algún hecho, fenómeno, persona o cosa en general, obtenido con el máximo rigor posible, que tiene un grado óptimo de verdad o predicción y que es determinado para una finalidad específica, como un elemento de juicio para la adopción de decisiones”. En las mentes y en los corazones de todos los hombres del SIN involucrados en esta titánica misión, resonaba permanentemente la frase “elemento de juicio para la adopción de decisiones”. Sabíamos que de la inteligencia que pudiéramos obtener dependía del éxito o el fracaso de la operación de rescate. El éxito significaba la liberación, sanos, de la totalidad de los rehenes. Éramos plenamente conscientes de la enorme responsabilidad que pesaba sobre el Gobierno en torno al manejo de problema tan delicado. A ese problema había que darle una solución acertada y satisfactoria. Es lo que esperaban con dolor y angustia los familiares de quienes estaban retenidos contra su voluntad en la residencia, era lo que esperaban millones de peruanos que querían que su Gobierno siguiera garantizándoles paz, seguridad y tranquilidad. Metafóricamente, todas estas expectativas
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pesaban sobre los responsables del éxito de la operación, como una descomunal masa de concreto. De sólo pensar que un grupo de terroristas desalmados, fríos y sanguinarios, pudiera, finalmente, imponer su voluntad por la fuerza, derrotando a la razón y a la ley, se nos escarapelaba el cuerpo. No sólo había en juego vidas humanas –algo que es invalorable– sino la estabilidad de toda una nación que acababa de salir de la pesadilla del reino del terror impuesto por Sendero Luminoso y el MRTA. De salirse con la suya Cerpa y sus secuaces, quedaba expedito el camino para experiencias similares en el Perú y fuera de él. Quedaría al desnudo la debilidad del Estado, la incapacidad de un Gobierno, la inoperatividad de sus servicios de Inteligencia (lo que era un contrasentido, luego de su performance a partir de 1990)... es decir, ¡un desastre total!, que se traduciría en una recuperación vertiginosa del terror, que volvería a las calles, a los coche bombas, a los secuestros, etc. Estaba, pues, en juego, algo muy grande: el destino del Perú. Esto quizá pueda entenderse mejor hoy, que curso estas líneas, y cuando el país, a pesar de las acciones terroristas esporádicas y focalizadas en el Huallaga y en el VRAE, vive un clima en el que prospera la producción, la inversión nacional y extranjera, y el turismo. ¿Qué habría pasado si hubiera capitulado el gobierno de Fujimori ante el comando emerretista de Cerpa? Simplemente la historia nacional habría sido otra, con otros actores, entre los cuales probablemente hubiera estado el propio Cerpa y otros terroristas más, ya liberados de las cárceles. Y lógicamente aquello habría tenido un obvio correlato en lo económico. Aunque se trata de especulaciones, son especulaciones legítimas: ¿podemos imaginarnos un Perú con las tasas de inversión que se dieron desde el 2000, con el auge agroexportador y minero conviviendo con los resurrectos MRTA y Sendero Luminoso? Dejo la respuesta a la imaginación y sentido común del lector. Ante este reto inmenso, el Gobierno, pues, se estaba jugando el todo por el todo: credibilidad, prestigio, respeto al Estado de Derecho, respaldo internacional y básicamente la opción para que los peruanos podamos vivir en paz y con seguridad. En fin,
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entendimos que todos estos conceptos estaban resumidos en las palabras del señor Presidente de la República cuando se dirigió al país expresando con firmeza que el gobierno jamás iba a aceptar conversar con los terroristas, bajo la presión de un fusil AKM en la nuca. En base a la experiencia que habíamos acumulado, y para el mejor cumplimiento de la misión encomendada, conformé varios equipos de trabajo, a fin de atender las tareas que tenía como responsable de conducir las acciones de inteligencia durante la crisis de los rehenes de acuerdo al detalle siguiente: –Primero, para proporcionar al Gobierno la inteligencia requerida durante el proceso de conversaciones entre el interlocutor Domingo Palermo y los miembros del MRTA. –Segundo, para proporcionar la inteligencia precisa, oportuna y eficaz al comandante de la fuerza de intervención para la realización del operativo militar de rescate. –Tercero, para dar cumplimiento a la disposición del presidente Fujimori, como presidente del Sistema de Defensa Nacional, de informarle el Día “D” y la Hora “H” de acuerdo a los lineamientos estratégicos esbozados por su despacho. –Cuarto, para la construcción de una réplica de la residencia del embajador de Japón, a fin de que sea utilizada por el personal de comandos en el ensayo de la operación militar de rescate. –Quinto, para la construcción de los túneles mediante los cuales la fuerza de intervención debía desarrollar por sorpresa una maniobra envolvente subterránea a fin de rescatar a los rehenes. En este punto, cabe formular algunas reflexiones. Estábamos ante un problema nunca visto en el país, pero, además, las experiencias similares en el exterior que habían sido coronadas por el éxito eran contadas con los dedos. En principio, éramos conscientes que en esta oportunidad no podíamos recurrir al procedimiento clásico que recomienda el empleo de agentes de penetración en el blanco objetivo: la residencia.
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Sin embargo, el destino hizo posible que se nos presentara otra oportunidad luego del corte de luz, agua (la que se restituyó muy rápidamente por razones sanitarias), de todas las comunicaciones y la cerrazón de la puerta principal de la residencia con unos bloques de madera por disposición del presidente Fujimori. Néstor Cerpa Cartolini solicitó la restitución de la luz, situación que fue creada adrede, para que cayeran en el engaño estratégico. Esto posibilitó el

Luego que el presidente Alberto Fujimori autorizara que la estrategia militar a cargo del conductor de las operaciones, diera inicio a la maniobra envolvente subterránea, factor sorpresa decisivo que produjo los resultados satisfactorios que el Perú y el mundo pudo admirar.

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ingreso al interior de la residencia de agentes del SIN, técnicos en electrónica, quienes aprovecharon para colocar algunos dispositivos de transmisión (que se alimentaban con la propia energía eléctrica) encubiertos en los tomacorrientes, facilitando de esta manera el trabajo de inteligencia. Esta oportunidad excepcional constituyó inicialmente una valiosa fuente de información que fue convenientemente utilizada por el equipo de analistas del SIN que tenía como una de sus funciones mantener permanentemente actualizada la “Carta de Situación de Inteligencia” referida a la crisis de los rehenes. Adicionalmente a ello, de entre los grupos de trabajo conformados en mi calidad de oficial del caso, dispuse que un equipo de expertos viajara a la selva con la finalidad de poder obtener la mayor información posible en cuanto a los antecedentes y datos personales de los integrantes del grupo del MRTA que eran oriundos de esa área geográfica del país, para de esta manera complementar la Ficha Básica de Personalidad que de cada uno de ellos disponíamos en el SIN. Hecho el acopio de esta información, remitiríamos luego copia al coronel José Williams. Otro grupo fue encargado de entrevistarse con los rehenes liberados, a fin de obtener un conocimiento más completo sobre las características de la residencia, la distribución de las habitaciones, los horarios impuestos por los terroristas a los cautivos en las distintas actividades por realizar –como el horario de alimentación, de despertarse, de asearse–, el estado anímico de los rehenes y también el de los terroristas, particularmente el tipo de trato que tenían entre ellos y con todos los rehenes. Del mismo modo, queríamos conocer con la mayor exactitud cuál era la conducta y actitud personales de Cerpa Cartolini, quién tenía ascendiente sobre él, cómo se comportaban las terroristas (había 2 mujeres) con los otros miembros del MRTA y con los rehenes. Si había alguna relación sentimental entre alguna de las terroristas con alguno de sus compañeros del comando operativo. Un tercer grupo analizaba el libro “Así nos tomamos la Embajada” cuyo autor es Rosemberg Pabón Pabón, el cual con 16
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miembros del denominado “Comando Jorge Marcos Zambrano” del M-19, en el año de 1979 tomó por asalto la embajada de la República Dominicana en Bogotá, Colombia. El objetivo era proyectar los futuros pasos que daría Cerpa Cartolini, pues sus acciones iniciales, y el desarrollo siguiente, nos insinuaron que podría estar copiando el libreto del M-19. A la vez compatibilizábamos nuestros análisis con el resultado de las informaciones que obteníamos dentro de las relaciones de cooperación con organismos homólogos de inteligencia. El cuarto grupo iba estructurando el complejo proceso de armar un mosaico, con piezas y pedacitos que formaban el rompecabezas de inteligencia con los perfiles de Cerpa Cartolini y de los otros emerretistas identificados ya plenamente, como Rolly Rojas (a) “El árabe” y otros. Otro grupo estaba a cargo de la información de campo, pues obtenía la inteligencia de las actividades al interior de la residencia por medios de recolección técnicos y otros procedimientos de obtención de información para su remisión a la Base de Datos del Departamento de Contraterrorismo, el que a su vez lo retransmitía a mi secretaria en el SIN para el análisis correspondiente. Toda la información obtenida por los diversos grupos era procesada para convertirse en inteligencia básica, actual y predictiva, en el “Centro de Análisis de Respuesta Rápida” cuyo funcionamiento –durante la crisis de los rehenes– estuvo a cargo de mi persona a fin de poder diseminar la información en tiempo real para conocimiento de los usuarios principales. El citado “Centro de Análisis de Respuesta Rápida” lo concebí e implementé –con autorización del jefe del SIN, general Julio Salazar Monroe– en la secretaría de mi oficina en el SIN y funcionó para centralizar toda la inteligencia disponible a efectos de que bajo los principios doctrinarios de celeridad, oportunidad y unidad de dirección, se disemine toda la inteligencia disponible para la toma de decisiones políticas por el presidente Fujimori y el perfeccionamiento del plan de operación militar para el rescate de los rehenes, bajo responsabilidad del coronel EP José Williams Zapata.
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Aquí debo reconocer el esfuerzo desplegado a lo largo de los 126 días –que duró la ocupación de la residencia por miembros del MRTA– de los entonces tenientes del Ejército Peruano Wilbert Ramos Viera y Mario Ruiz Agüero, quienes en calidad de secretarios me brindaron su invalorable apoyo para que funcionara eficientemente el “Centro de Análisis de Respuesta Rápida”. Por este aporte fueron felicitados por el jefe del SIN mediante la Resolución Jefatural Nº 058.1–97–SIN.01 del 28 de mayo de 1997, que reconocía los servicios prestados para salvar la vida de todos los rehenes. En dicho centro, y para utilizar las expresiones técnicas de la doctrina de inteligencia, teníamos que elaborar la estructuración de la situación estratégica operacional en la residencia, con el mayor grado de certeza posible, pues sin estos elementos la fuerza de intervención militar encargada de cumplir la hipótesis de contingencia no hubiera podido culminar su misión con éxito. El 1 de enero de 1997 llegaron a Lima, en horas de la noche, los mineros de Ayacucho al mando de un ingeniero. Fueron traídos al SIN por Absalón Vásquez Villanueva, quien los puso a mi disposición. Se les instaló convenientemente para que descansaran. Al día siguiente fueron introducidos de manera encubierta en una de las casas alquiladas alrededor de la residencia y que estaba a cargo del comandante Zamudio Aliaga, para efectuar el reconocimiento, planeamiento y programación del trabajo por realizar y luego presentar ese día sus requerimientos a fin de iniciar posteriormente la construcción del primer túnel. Este trabajo de construcción se inició el 2 de enero de 1997 y se le denominó “TUNA”, un código de seguridad para evitar fuga de información. Con respecto a los túneles mucho se ha especulado, llegándose a decir que nos fueron sugeridos por especialistas extranjeros, o que fuimos inspirados por la experiencia de los túneles empleados en la Guerra de Vietnam, todo lo cual, ahora se puede decir, es completamente falso. No tuvimos apoyo ni sugerencias de ningún especialista extranjero, pues fue una idea y concepción del presidente Fujimori, y si hubo algo que inspirara podría decirse que fue en todo caso la intención de devolverles a los terroristas con la misma
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moneda el sospechoso túnel que sirvió para la fuga de un elevado número de militantes del MRTA en los días finales del gobierno del doctor Alan García Pérez el 9 de julio de 1990. Para la construcción de los túneles de aproximación al objetivo los mineros debían trabajar las 24 horas en tres turnos de 8 horas cada uno, evitar todo tipo de ruido innecesario durante su trabajo, y permanecer aislados un tiempo indefinido, mucho más allá del tiempo que iba a demandar la construcción de una obra que no sabían dónde estaba ubicada, ni para qué iba a servir. La persuasión, más el incentivo económico, permitió convencer a este equipo conformado por peruanos, cuyos nombres mantendremos en el anonimato, pero que proporcionaron un aporte muy valioso al éxito de la operación, lo que ahora debemos reconocer. Es importante mencionar que el presidente Fujimori me encargó también la responsabilidad para la construcción de una réplica a tamaño real de la residencia del embajador del Japón, la misma que fue construida en un tiempo récord por un equipo de personal seleccionado. Esta obra se construyó con la máxima discrecionalidad, y una vez concluida, posibilitó que en dicho inmueble el personal militar designado para la operación de rescate efectuara los ensayos reales para la liberación de los rehenes, incluso utilizando los mismos explosivos y municiones que emplearían poco después durante el operativo “Chavín de Huantar”. Ya no se trataba de una maqueta para ensayos finalmente teóricos, pues se disponía, ahora, de una réplica exacta de la residencia, con sus mismas características y las mismas dificultades que enfrentarían más adelante los comandos. En los dos ensayos finales estuvimos presentes con el ingeniero Fujimori. En aquella ocasión el jefe de Estado pudo constatar las bondades de la ejecución del plan, particularmente en el uso de los explosivos, aspecto que se trató con la debida rigurosidad e importancia, habida cuenta de que trataba de buscar una suerte de riesgo cero, a fin de evitar que la honda expansiva pudiera causar daño a los rehenes ubicados en el segundo piso de la residencia.

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Por su parte, el grupo del MRTA, como hemos reseñado, fue en forma gradual liberando a grupos de rehenes. Cerpa Cartolini y Rolly Rojas habían acordado que sólo quedaran no más de 72 cautivos de los más de 500 que estuvieron en el interior de la residencia el día de la incursión terrorista. Esta reducción del número de rehenes a la vez que le facilitaba al MRTA la organización y el control de la residencia, indirectamente también nos había dado a los hombres de inteligencia la información acerca del por qué se había producido esta reducción de rehenes. Paralelamente, el vocero del MRTA en Europa, Isaac Velasco, al declarar el 4 de enero de 1997 a la agencia internacional de noticias France Press que “es el gobierno del presidente Fujimori el que pierde con el estancamiento de las negociaciones (...) nosotros tenemos todo el tiempo del mundo (...) esperamos que el gobierno peruano dé los próximos pasos, que reflexione, que escuche todas las propuestas y esté dispuesto a discutirlas”, nos confirmaba en la apreciación inicial de inteligencia que el factor tiempo era un elemento decisivo. Si bien al inicio pudo jugar a favor de los terroristas, ahora esta dinámica estaba revirtiendo y pasaba a jugar a favor nuestro, pues confirmaba también que Cerpa Cartolini había podido entrar a la residencia aprovechando el factor sorpresa, pero ahora no sabía cómo salir. Las declaraciones de su vocero había que interpretarlas como lo que eran: solamente bravatas que en el fondo mostraban desesperación. Poco después se produjeron irrupciones no autorizadas de periodistas a la residencia. Estas incursiones violentaron las medidas de seguridad policial dispuestas en el perímetro del local, acción que, por la forma imprudente e irresponsable como se produjo, pudo generar algún conflicto. Cerpa Cartolini supuso que estos inesperados desórdenes promovidos por un sector de la prensa eran actos de provocación del Gobierno. Enterados de esta lectura que Cerpa y “El árabe” hacían de esos hechos, de inmediato informamos al Gobierno y alertamos a la fuerza de seguridad para que adopten las medidas respectivas, a fin de que en lo sucesivo no se repitan estos sucesos.

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El 9 de enero de 1997, Néstor Cerpa Cartolini cursa una carta al presidente Fujimori señalando que: “El maltratar física y sicológicamente a los rehenes no está de acuerdo a nuestros métodos de actuar, quisiéramos que el presidente sepa diferenciar nuestra ética de no maltratar a los rehenes y que usemos eso como pretexto para el uso de la fuerza, nosotros no tenemos intención de publicar nuestras opiniones al exterior, ahora ya no es el momento de estar en guerra de bravatas”. El 10 de enero de 1997, el presidente Fujimori reiteró, con firmeza, que no habían ni habrán negociaciones con los terroristas, “lo que hay, es la búsqueda de una solución pacífica, pero sin hacer concesiones, como la liberación de presos (...) el Gobierno no cede ante los chantajes (...) no vamos a permitir que los terroristas, los cuales piden ahora un acuerdo de paz, sean liberados, luego de que han asesinado y cometido atentados contra el pueblo peruano”. Con estas palabras, que eran el fiel reflejo de una posición firme, todos aquellos que, consciente o inconscientemente, presionaban para que se den pasos a favor del MRTA, quedaban notificados de que el Gobierno no iba a caer en ese juego, ni cedería un ápice al requerimiento terrorista. Lo que deseaba el presidente Fujimori era ir preparando el terreno para poder lograr una salida pacífica, pero sin los obstáculos que Néstor Cerpa Cartolini ponía, sin las exigencias que mantenía. Y esto fue ocurriendo: ya no hablaban de la liberación de detenidos en los diversos penales del país, y entonces empezaba a verse la posibilidad de ingresar a la conversación definitiva. Interpretando la frase “dejémonos de bravatas”, el ingeniero Fujimori sintió que era el momento adecuado para iniciar el diálogo. A fin de llevar a cabo el proceso de conversaciones de manera armoniosa, el jefe de Estado pensó que era necesaria la presencia de una persona que sea considerada neutral por ambas partes, para lo cual solicitó la colaboración de monseñor Cipriani. Juan Luis Cipriani era una persona cuya trayectoria de permanente crítica a la violencia era ampliamente conocida. Dos días después, el ministro Domingo Palermo planteó oficialmente la formación de
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una Comisión de Garantes, ante la cual los captores depondrían las armas y liberarían a los rehenes. Esta comisión fue aceptada por el MRTA y finalmente estuvo integrada por monseñor Cipriani Thorne, el embajador de Canadá, Anthony Vincent, y Michel Minning, representante de la Cruz Roja en el Perú. Al grupo se sumó posteriormente el embajador Teresuke Terada en calidad de observador designado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón. El 17 de enero de 1997, es liberado un rehén a las 14:35 horas, por razones médicas, a solicitud de la Cruz Roja Internacional y por gestión del interlocutor oficial del Gobierno, Domingo Palermo. Se trataba en este caso del comandante PNP Luis Valencia Hirano, jefe de una división de inteligencia de la DINCOTE. Al salir de la residencia, Valencia Hirano, una persona con vasta experiencia en la lucha contra las redes terroristas, es conducido a las instalaciones del SIN para entrevistarlo. Se sostuvo con él una larga conversación, de la que como se esperaba se obtuvo importantes elementos que aclararon algunos vacíos sobre la situación al interior de la residencia capturada por el MRTA. Una vez que fue liberado el comandanteValencia, inmediatamente la reacción de Cerpa Cartolini fue disponer una rotación en la ubicación de los rehenes con el objetivo de desinformarnos. Cerpa conocía que el rehén liberado era un miembro de la DINCOTE y no tenía la menor duda que sería integrado al equipo que enfrentaba; por eso, a fin de que su información sobre la exacta ubicación de los cautivos quede desactualizada es que tomaron dicha decisión por medidas de seguridad. Lo que no calcularon, ni estuvo jamás en su imaginación y análisis, es que disponíamos de medios de recolección técnicos, los cuales nos permitieron a los hombres de inteligencia conocer en tiempo real todos los movimientos y conversaciones entre los propios terroristas, de modo que no caímos en un engaño estratégico. El 22 de enero de 1997, el presidente Fujimori se reunió por primera vez en Palacio de Gobierno con la Comisión de Garantes que ya estaba integrada por el representante del gobierno de Japón, embajador Terusuke Terada, como observador. Estuvo presente en
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esa reunión, además, el ministro de Educación Domingo Palermo, el interlocutor oficial del gobierno peruano con los miembros del MRTA que ocupaban la residencia asaltada. Tres semanas después de haberse iniciado los trabajos de excavación para la construcción del túnel “TUNA”, y al revisar los informes que eran enviados al SIN –donde se centralizaba toda la documentación con respecto a la situación de crisis en la residencia–, el ingeniero Fujimori encuentra una carta escrita en japonés, que estaba acompañada de una traducción, y que provenía de uno de los rehenes. En la misiva se denunciaba la existencia de extraños ruidos provenientes del piso. Entonces el Presidente me comenta: “Se están escuchando los ruidos de la construcción de los túneles”. Ante ello dispuso de inmediato que se efectuaran vuelos de helicópteros a baja altura sobre la residencia para atenuar los ruidos. Igualmente, me indicó que se instalaran varios altoparlantes en la parte exterior de la residencia, y se pusiera música con sonido de fuerte percusión para confundir a los del MRTA y se convencieran que en el supuesto de una operación militar de rescate, ésta sería de tipo tradicional, es decir una incursión frontal apoyada por vehículos blindados ligeros. Esta tarea fue encomendada al general PNP Fernando Gamero Febres, jefe de la VII-RPNP, a cargo de la seguridad perimétrica exterior de la residencia. Gamero instaló su puesto de comando general en la calle Barcelona Nº 415, desde donde brindó un valioso aporte al mantener la seguridad del área, utilizando para este fin un empadronamiento de personas y vehículos. A periodistas, camarógrafos y elementos técnicos de cadenas radiales se les otorgó pases identificándolos, para evitar el ingreso al área restringida de personas extrañas. Igualmente, se organizó una fuerza especial de intervención conformada por personal de la PNP, altamente calificado, para estar en condiciones de ejecutar operaciones policiales de alto riesgo en caso de cualquier contingencia; esta unidad coordinó permanentemente sus actividades con las Fuerzas Armadas y el Servicio de Inteligencia Nacional durante los 126 días que duró la crisis en la residencia.
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En cumplimiento de dicha disposición, el general Gamero hizo colocar un equipo de altoparlantes que cubrían todo el perímetro externo de la residencia y escogió música adecuada, con fines distractivos, e incluso pasó canciones típicas del oriente peruano, región de donde provenían la mayoría de los integrantes del comando operativo del MRTA. Era evidentemente un hábil recurso psicológico, pues se les generaba una recordación de su terruño, de su música, sus costumbres, toda una carga emotiva que golpeaba a los jóvenes terroristas, que buscaba deprimirlos, que bajen la guardia. Gran parte de ellos habían seguido a Cerpa por la fuerza de los acontecimientos o por impulsividad propia de la juventud. En el fondo eran otra suerte de rehenes. El uso de tanquetas de la policía desfilando alrededor de la residencia en medio de la música motivó una reacción de los emerretistas, pues abrieron fuego como respuesta, pero el personal policial mantuvo la calma y no contestó los disparos. En dicha oportunidad el presidente Fujimori recibió una llamada urgente del primer ministro de Japón, Ryutaro Hashimoto, manifestando su gran preocupación sobre esos hechos y expresando su temor por la realización de acontecimientos expresados que podían ser la señal de una probable incursión militar. El 25 de enero de 1997, llegan a Lima los mineros de Cerro de Pasco que había conseguido el primer ministro Alberto Pandolfi Arbulú. Puestos a disposición, son trasladados por el método de infiltración en forma encubierta a una de las casas aledañas a la residencia que estaba bajo custodia y seguridad del comandante Jesús Zamudio Aliaga, quien los recibió e instaló. Al día siguiente empieza con estos mineros que quedan al mando del comandante EP Carlos Meza Prado. A esta excavación para la construcción de otro túnel se le denominó “PERA”. Al día siguiente, es liberado un rehén minutos después de la una de la madrugada por tratarse de un caso de emergencia sanitaria y debido a la gestión de monseñor Cipriani y la Cruz Roja Internacional. En este caso se trataba del general PNP José Rivas Rodríguez, quien pese a su delicado estado de salud aceptó ser trasladado a las instalaciones del SIN para poder entrevistarlo
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y que nos precisara las medidas que adoptó Cerpa Cartolini y los demás miembros del MRTA cuando fue liberado el comandante PNP Valencia Hirano. Nos confirmó la información de que una vez puesto en libertad, hicieron un ejercicio de apresto, simulando un ataque frontal, y dispusieron no sólo la rotación sino la reubicación de los principales rehenes, para que la información que brinde Valencia no se ajuste al nuevo dispositivo que habían adoptado. Este mismo día 26 de enero, fecha en que se inició la construcción del túnel denominado “PERA”, el ingeniero Fujimori comisionó al primer ministro Alberto Pandolfi Arbulú para que fuera acompañado por mi persona a una de las casas de la residencia a fin de verificar, in situ, el avance de las obras. Para ese propósito tuvimos que usar ambos una peluca, a fin de que los mineros no nos reconocieran. Con ese mismo disfraz visitamos la casa donde se estaba construyendo el primer túnel, denominado “TUNA”, y luego nos retiramos, no sin antes reírnos el uno del otro por las pelucas que llevábamos puestas. Parecíamos “Los locos Adams”, me comentó en son de broma el señor Pandolfi. Esa fue la única vez que estuve en el perímetro de la residencia durante los 126 días de la crisis. Por su parte, el coronel Williams como responsable de comandar la operación militar de rescate, iba solicitando al Servicio de Inteligencia Nacional se le proporcionara determinada información de utilidad para el planeamiento de la operación y en orden a ello se le comunicó lo siguiente: • • Datos sobre la estructura física de la residencia: Para ello se tuvo que contactar con el primer dueño, el señor Rizo Patrón, el cual entregó los planos del local. La distribución de cada uno de los ambientes con especificación precisa de las puertas de entrada y salida, ventanas, baños, pasadizos, a pesar de que figuraban bien graficados a escala en la maqueta que le proporcionamos. Se quería una mayor precisión al respecto. Las características que se derivan del reforzamiento de


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todas las estructuras que había podido realizar el personal de la embajada, es decir la fortificación de las instalaciones con puertas blindadas, techo blindado, ventana reforzadas con mallas y rejas de seguridad, circuito cerrado de televisión. Ello se requería para el cálculo de la cantidad de los explosivos que debería utilizarse. Aquí el ingeniero Fujimori brindó un gran aporte, pues visitó en el hotel Olivar de San Isidro nada menos a la esposa del embajador Aoki y obtuvo una valiosa información, ya que como ella había vivido en la residencia conocía muchos detalles respecto a la estructura del local, cómo estaban construidas las ventanas que estaban ubicadas al lado de la escalera en la entrada principal y por dónde se abrían. La permanente ubicación física de los rehenes y de los terroristas. El estado emocional de los rehenes y el grupo terrorista. Las actividades diarias que cumplían tanto los rehenes como los del MRTA. Cuál era el plan de seguridad que tenían los terroristas para defender la residencia. Los horarios del servicio de guardia diurna y nocturna que tenían los del MRTA para custodiar a los rehenes y su probable ubicación. La cantidad de elementos terroristas que descansaban mientras los demás permanecían dispuestos cumpliendo las tareas asignadas. La clase de armamento, munición y explosivos que disponían los del MRTA. El sistema de comunicaciones que utilizaban entre ellos Si existía comunicación de Cerpa Cartolini con otros elementos del MRTA en el exterior. El momento en que los terroristas realizaban actividades recreativas entre ellos y de qué tipo. Las relaciones entre los terroristas varones con las dos mujeres que conformaban el comando operativo del MRTA.
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El detalle diario y pormenorizado de las actividades de la gente del MRTA y los rehenes para armar su carta de situación diaria.

En fin, además de estos puntos descritos, fueron muchísimas más las inquietudes y preguntas que el Servicio de Inteligencia Nacional debía estar en condiciones de responder, sin margen alguno de equívoco o de imprecisión. Nosotros comprendíamos que el presidente Fujimori, como director y conductor de la guerra, y el coronel Williams como conductor de la operación militar de rescate, tenían que disponer de respuestas concretas a toda una serie de interrogantes antes de arriesgar una acción en la que estaban en juego tantas vidas de por medio, las cuales sólo podían ser contestadas por la inteligencia. En lo que se refiere a la llamada diplomacia presidencial, el ingeniero Fujimori realizó múltiples viajes por diversos países, en busca de una solución pacífica para la crisis de los rehenes. Sólo Cuba y República Dominicana mostraron al gobierno peruano su gran disposición a brindar su colaboración en ese propósito, y estuvieron incluso dispuestos a recibir a todos los 14 miembros del MRTA si es que cumplían con liberar a los 72 rehenes que tenían cautivos en el local asaltado. Así tenemos que el primer viaje al extranjero fue el 2 de febrero de 1997 con destino a Canadá. En este país se llevó a cabo la “Cumbre de Toronto”, un encuentro entre el presidente Fujimori y el primer ministro de Japón, Ryutaro Hashimoto. De este encuentro salió una declaración conjunta en la que se acordó como puntos fundamentales los siguientes: –Primero, se promoverá en el más breve plazo posible el inicio de las conversaciones preliminares entre el interlocutor del gobierno peruano (entiéndase Domingo Palermo Cabrejos) y un representante del grupo MRTA. –Segundo, que esas conversaciones se realizarían dentro del marco del respeto irrestricto al ordenamiento jurídico del Estado peruano, así como todo aquello que en estos casos manda el derecho internacional.
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–Tercero, por tanto Perú y Japón rechazan la demanda de liberación de terroristas del MRTA que se encuentran en prisión. –Cuarto, Perú y Japón coinciden en que la preservación de la salud física y mental de los rehenes es condición indispensable para el desarrollo de las conversaciones que conduzcan a una salida pacífica de la crisis. –Quinto, se acuerda que las reuniones de las partes, en lo que a la Comisión de Garantes se refiere, contarán con la presencia del embajador de Japón Teresuke Terada, como observador del Gobierno de Japón. –Sexto, para concluir, el primer ministro Ryutaro Hashimoto como representante oficial del Gobierno de Japón coincidió con el Gobierno del Perú, en preservar la integridad física de los rehenes para lograr una solución pacífica, a menos que se atente contra la vida de las personas que estaban cautivas por el MRTA. Ese mismo día 2 de febrero, fecha en que se suscribía el “Acuerdo de Toronto”, se iniciaba la excavación del túnel denominado “MANGO”, sumándose a la construcción de los demás túneles que habían realizado los mineros de Ayacucho y Cerro de Pasco. El 3 de febrero de 1997, el jefe de Estado viajó a Washington para tener una reunión en la Casa Blanca con el presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton. En dicho encuentro el mandatario norteamericano le manifestó su total apoyo a la estrategia del gobierno peruano de lograr una salida por la vía pacífica a la crisis de los rehenes. Por su parte, el presidente Fujimori informó que su gobierno tenía como política de Estado respetar las normas del derecho internacional, y era en el contexto de ese marco normativo que se procedería a realizar conversaciones con los terroristas del MRTA, pero bajo el principio que el Estado peruano no cedería ni al chantaje ni a la intimidación, ni mucho menos abdicaría de ejercer su autoridad. Concluida dicha entrevista el ingeniero Fujimori asistió al local de la OEA, donde fue recibido por su secretario general, César Gaviria. Este le expresó, igualmente, su total respaldo y apoyo por la forma como se venía manejando la crisis de la embajada japonesa
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en Lima. Inmediatamente terminada la entrevista, el presidente Fujimori participó ante el pleno del Consejo Permanente de la OEA señalando que la situación de pobreza en el mundo no puede ser tomada como un pretexto ni utilizarse a fin de justificar una toma de rehenes. Al retornar de Washington, el jefe de Estado decidió hacer una escala en Santo Domingo para reunirse con el presidente de República Dominicana, Leonel Fernández. La reunión se llevó a cabo en las instalaciones del aeropuerto internacional Las Américas. Luego del intercambio de opiniones sobre la problemática de la embajada, el presidente Fernández se comprometió a estudiar el pedido de su homólogo peruano para ver la posibilidad de conceder asilo político a algunos miembros del MRTA. El 9 de febrero de 1997, el presidente Fujimori viajó a Londres para reunirse con el primer ministro británico John Mayor, quien ofreció su apoyo al gobierno peruano en las gestiones que estaba llevando a cabo para solucionar la crisis de los rehenes. En dicha oportunidad el jefe de Estado anunció que se iniciaría una ronda de conversaciones entre el interlocutor del gobierno Domingo Palermo y el representante del MRTA Rolly Rojas, conocido como “El árabe”, por información de Néstor Cerpa Cartolini y con la presencia de la Comisión de Garantes. El 11 de febrero de 1997, en presencia de la Comisión de Garantes se dio inicio, en la calle Thomas Edison Nº 215 , San Isidro, al proceso de conversaciones. Néstor Cerpa Cartolini, siguiendo el libreto diseñado por el M-19 y su operación de captura de la Embajada de República Dominicana en la ciudad de Bogotá, envía a su lugarteniente Rolly Rojas, como su representante, pues no consideraba conveniente que él, en calidad de cabecilla del comando operativo, concurriese a conversar con alguien designado como interlocutor, y que no era la primera autoridad del “gobierno enemigo”. En esto también imitó el ejemplo del terrorista colombiano Rosemberg Pabón que designó como su representante para el diálogo a la terrorista conocida como “La Chiqui”. Finalmente, Cerpa consideraba a Rolly Rojas como una persona más dura para negociar por su posición intransigente. Ese mismo día se inició la excavación del túnel denominado “SANDÍA”.
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En dicho inmueble se llevaron a cabo diez reuniones; durante ese periodo de la crisis y en las tres primeras, estuvo Rolly Rojas, quien se mostró intransigente, pues exigió en presencia de la Comisión de Garantes que el presidente Fujimori pusiera en libertad a 371 miembros del MRTA que cumplían condena, a cambio de liberar a los 72 rehenes. A partir de la cuarta reunión asistió por primera vez Cerpa Cartolini, insistiendo que el único camino para la solución pacífica de la crisis pasaba por la liberación de sus compañeros detenidos en diversos penales del país, petición que Domingo Palermo no aceptó y rechazó de plano. Para el presidente Fujimori la solución pacífica tenía que tener como una cuestión previa que se desestime toda petición y exigencia del MRTA de cualquier liberación de detenidos, en función de lo cual se trazó una estrategia que podría hacer reflexionar a Néstor Cerpa Cartolini por la intervención personal de Fidel Castro Ruz. El 2 de marzo de 1997, el presidente Fujimori se reúne por segunda vez con el presidente de República Dominicana, Leonel Fernández ,y en este encuentro ambos mandatarios analizaron una salida a la crisis y dejaron abierta la posibilidad formal de un eventual asilo de los 14 integrantes del MRTA en ese país, mostrando su disposición el presidente Fernández de extender el asilo solicitado por el gobierno peruano, dejando pendiente la definición de detalles, como el número de terroristas que quisieran aceptar ir a su país, así como la responsabilidad sobre su seguridad y custodia. El 3 de marzo de 1997, el ingeniero Fujimori llega sorpresivamente a La Habana para tener un encuentro con el presidente Fidel Castro, quien aceptó conceder asilo a los 14 miembros del MRTA e incluso remitió una carta personal a Néstor Cerpa Cartolini exhortándole a que deponga su aptitud y libere a los rehenes. En dicha oportunidad Castro planteó dos propuestas: primero, que el MRTA acepte dicho pedido de asilo a cambio de liberar a los 72 rehenes; y segundo, en caso que el gobierno peruano y el MRTA lleguen a un acuerdo tiene que haber una solicitud formal del Perú a Cuba, con el visto bueno del gobierno de Japón y de los gobiernos que conformaban la Comisión de Garantes, pues Cuba no quería poner en peligro el proceso de mejoramiento de su imagen internacional.
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Si bien la carta de Fidel Castro causó una emoción en Cerpa Cartolini, su respuesta cerró toda posibilidad de asilo, pues en ella señala que “...nuestro retiro de la residencia del embajador del Japón tiene como condición invariable la liberación por parte del gobierno peruano de nuestros compañeros en las cárceles. Con el conocimiento de su excelencia, debemos mantener nuestros principios y lealtades a nuestros ideales y no debemos rendirnos de ninguna manera, pedimos su comprensión.” Un día después, por radio se escuchó la voz de Cerpa denunciando que: “Nosotros hemos venido escuchando algunos ruidos debajo de lo que podía ser el centro de la residencia en sí. Todo indica que existe sin duda o por lo menos hay la intención desde nuestro punto de vista que habría un ataque militar. El día de mañana no vamos a asistir a las conversaciones, que se rompen a partir de ahora”. A estas alturas, el complejo sistema de túneles para ejecutar la maniobra envolvente subterránea por la fuerza de intervención que comandaba el coronel Williams prácticamente estaba concluido, pues faltaban sólo algunos detalles simples, como la iluminación y ventilación, que era un asunto de fácil implementación. Los del MRTA adoptaron algunos movimientos en la residencia, pues llevaron al segundo piso a los ciudadanos japoneses que se encontraban en el primer piso, lo cual nos abrió la gran posibilidad de no comprometer la integridad física de ningún rehén con la explosión que se efectuaría en la parte inferior del primer piso. Con esta medida dispuesta por Cerpa y captada por los medios técnicos de recolección, la operación militar de rescate se convirtió en una posibilidad más concreta. Mientras tanto, el general PNP Fernando Gamero Febres continuaba con la misión de difundir música especialmente seleccionada desde los exteriores de la residencia aún después de estos últimos hechos, pues el sonido de la música y la tensión que tenían los terroristas no los dejaba pensar con lucidez. En esas circunstancias se produjo un fuerte altercado entre el terrorista conocido como “Tito” y el embajador de Bolivia, Jorge Gumucio, quien se encontraba como rehén. El altercado se produjo
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debido a que el citado terrorista hizo una crítica contra Bolivia como país que no respetaba los derechos humanos, ante lo cual el diplomático reaccionó respondiendo que no insulte a su país, “ya que no se atenta contra los derechos humanos”. La respuesta no se hizo esperar, pues “Tito” rastrilló su arma y le apuntó a Gumucio, quien pensó que en ese momento moriría. Ese hecho fue captado en tiempo real por uno de los transmisores que en forma encubierta operaban en el interior de la residencia, de modo que al ser informado de tal situación alerté al presidente Fujimori, quien de inmediato dispuso que Domingo Palermo se constituyera al local de la residencia para verificar la situación existente. Felizmente la intervención de Cerpa evitó consecuencias mayores, pues le ordenó a “Tito” bajar el arma, disculpándose ante Gumucio. A partir de este hecho el ingeniero Fujimori supo que la situación en la residencia se deterioraba muy rápidamente y pensó que se podían romper en cualquier momento las condiciones acordadas en Toronto con relación a la seguridad de los rehenes. Como nosotros supusimos, todas las reuniones con Rolly Rojas y Néstor Cerpa terminaron en un rotundo fracaso, pues la gente del MRTA sólo buscaba entorpecer el camino a un entendimiento y les interesaba ganar tiempo sin saber para qué. Por ello, en el Servicio de Inteligencia Nacional, luego de este fracaso inicial, comprendimos que la operación de rescate pasaba a tener la prioridad y, en orden a su concreción, se decidió incrementar al máximo el esfuerzo de búsqueda de informaciones a fin de proporcionar una inteligencia precisa, oportuna y eficaz al Presidente de la República y al coronel José Williams Zapata. Mientras el trabajo continuaba aceleradamente en el Servicio de Inteligencia Nacional, desde las casas aledañas a la residencia y utilizando instrumentos con tecnología de última generación, se observaban de día y de noche hasta los mínimos movimientos del grupo terrorista. Los equipos avanzaban su trabajo y ya se disponía de un cuadro completo de las zonas que había minado con explosivos dentro de la residencia, de la rutina de sus actividades diarias y prácticamente ya estaban definidos los posibles puntos de
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acceso al local en base al conocimiento de la distribución de los ambientes y el tipo de construcción. Asimismo, el equipo de análisis estaba de acuerdo en que Cerpa Cartolini se hallaba entrampado a consecuencia de su personal incapacidad para manejar un problema como el de las conversaciones previas a un posible arreglo futuro, en la medida que carecía de capacidad y preparación política para ello. Y también arribamos a la conclusión de que el grupo del MRTA era consciente que la posibilidad de una intervención militar significaba para ellos una derrota total, ya que el MRTA se quedaba sin dirigencia, pues, teóricamente hasta ese momento, el único dirigente nacional libre, Hugo Avellaneda Valdez (a) “Eloy”, se encontraba en Europa; y finalmente, con un contraste militar de esta envergadura, ya no podrían disputarle ningún espacio político-militar a Sendero Luminoso. Dicho en otras palabras, no encontrar una salida negociada, significaba para ellos mucho que perder y, de otro lado, también estaban impedidos de llevar a la práctica sus amenazas iniciales de ejecutar a los rehenes, pues, de hacerlo, entrarían en contradicción con sus proclamas a favor de un Acuerdo de Paz y su posición de “respeto” a los derechos humanos. Todo lo indicado, nos mostraba con absoluta claridad que el MRTA había perdido la iniciativa y que, en una especie de huida hacia adelante, sólo le quedaba la opción de girar en círculo con relación a las conversaciones y sin saber hasta cuándo podía alcanzarle el tiempo. Entre tanto, en la cochera del SIN donde estaba instalada la maqueta casi todas las noches se efectuaban reuniones hasta horas de la madrugada, bajo la dirección del presidente Fujimori. Allí recibía las informaciones de inteligencia y sobre cómo se desarrollaría la operación militar de intervención, y a su vez daba las instrucciones precisas orientando y reajustando el trabajo, tanto en el campo de inteligencia al autor, como en el dominio militar a los coroneles Williams Zapata, Alatrista Torres y Reyes Tavera, quienes estaban presentes en todas las reuniones. Como el proceso de conversaciones había quedado empantanado, nosotros en el SIN aprovechábamos al máximo
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posible el tiempo disponible. Los dispositivos de transmisión técnicos ingresados encubiertamente a la residencia funcionaban con la mayor precisión y exactitud y el equipo designado estaba en la mejor capacidad de obtener inteligencia de la más alta calidad. Así por ejemplo, se requería que el vicealmirante AP Luis Giampietri –quien era nuestro canal de comunicación secreto con los rehenes– tuviera bajo su control y libre disposición dos transmisores que le permitieran comunicarse al exterior de la residencia con nosotros –que escuchábamos sus mensajes–, para lo cual dispuse que el departamento de apoyo técnico del SIN preparara una guitarra y una Biblia en que debía colocarse diminutos transmisores, sin que fueran detectados al ser revisados estos objetos. Luego de las pruebas de campo se le pidió a la señora esposa del vicealmirante Giampietri que colocara una dedicatoria a su esposo tanto en la guitarra como en la Biblia, con el fin de tener la seguridad de que aparentaran ser objetos personales y no haya ningún impedimento para que llegaran a su destinatario. Luego entregué la Biblia y la guitarra al presidente Fujimori después de explicarle qué contenían ambas especies y que con ellas se iba a facilitar el trabajo de inteligencia y asegurar la comunicación directa al rehén conocido por el criptónimo “Mar”. El jefe de Estado se encargó personalmente de enviarlas a través de una persona cuya identidad no estoy autorizado a revelar, pero sí decir que cumplió cabalmente con el encargo, pues tanto la Biblia como la guitarra llegaron al poder del destinatario, el cual se paseaba por la residencia aparentando leer la Biblia, cuando en realidad nos transmitía sus mensajes y en las circunstancias que no podía desplazarse aparentaba tocar la guitarra para igual propósito, pero siempre releyendo las dedicatorias de su amada esposa que fueron un soporte moral para este viejo (por la antigüedad) hombre de mar, que escogió como su propio criptónimo “Mar” por asociación de ideas con su pasión: la caza submarina. La información transmitida por el rehén “Mar”, y la captada de los otros medios técnicos de recolección de información, nos permitió conocer que Cerpa Cartolini no tenía mayor comunicación con los emerretistas jóvenes y que mayormente hablaba con “El árabe” y “Tito” para darles instrucciones sobre los pasos a dar en
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el futuro; en realidad, pudimos percibir que había una verticalidad que contrastaba con la camaradería que debería existir entre los integrantes de una red terrorista. También se pudo conocer los temores de Cerpa de que fuese capturado si es que inicialmente aceptaba participar en las conversaciones con el ministro Domingo Palermo. El hecho que tuvo suma importancia para el desarrollo de la solución pacífica, fue conocer anticipadamente que Cerpa tenía como objetivo máximo la liberación de la totalidad de los terroristas del MRTA presos y como objetivo mínimo la libertad de los integrantes de la Dirección Nacional de su organización que se encontraban condenados, incluyendo, por supuesto, entre los potenciales liberados, a su conviviente Nancy Gilvonio Conde. Dicha información nos permitió no sólo proporcionarle la inteligencia requerida al presidente Fujimori, sino que nos sirvió para poder afinar nuestros análisis y establecer como una conclusión de inteligencia predictiva que a Cerpa Cartolini no le interesaba aceptar ningún acuerdo que no pasase previamente por la liberación de sus camaradas presos, y como quiera que el presidente Fujimori había sido sumamente claro en su mensaje a la Nación que diera a las 72 horas de asaltada la residencia –que su gobierno no aceptaría ninguna condición que pasase por la liberación de los terroristas en prisión y que era un requisito indispensable que previamente el comando operativo que asaltó la residencia deponga las armas–, sólo quedaba el camino de la intervención militar a través de una operación de rescate, pues pese a todos los esfuerzos que desarrolló el jefe de Estado para lograr el asilo de los miembros del MRTA, las conversaciones quedaron congeladas en un callejón sin salida. Planteadas así las cosas, el señor Presidente de la República dispuso entonces que se acelerasen los preparativos para la ejecución de la operación de rescate, a la que le dio el nombre de “Chavín de Huantar”, y, a partir de ese momento no descuidó ninguna oportunidad, tanto de día como de noche, para ejercer una supervisión directa sobre los pasos previos a la fase de ejecución. Las coordinaciones entre la Inteligencia y el Comando encargado de la operación de rescate se habían afinado hasta en sus más mínimos detalles; nada se había dejado al azar, pues cada uno tenía definido su ámbito de competencia y responsabilidad. Se
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había producido, una perfecta simbiosis entra la Estrategia Militar y la Inteligencia Operativa para este tipo de situación inédita, que requería la coordinación más estrecha entre estos dos factores como condición sine qua non para que el jefe de Estado pueda adoptar la decisión política. Sólo faltaba por tanto que, tomando en consideración el momento más oportuno, el señor Presidente de la República diera la orden para el inicio de la operación. Entre tanto, las conversaciones continuaban entrampadas, pues las absurdas pretensiones de Cerpa Cartolini se estrellaban ante la firmeza de las instrucciones que directamente proporcionaba el señor ingeniero Fujimori. Todo parecía indicar –incluso ya se percibía como una sensación en la ciudadanía– que la vía pacífica había llegado a su fase de agotamiento y ahora sólo quedaba abierto el camino de la intervención armada. La tozudez de Cerpa hacía pensar que él también tenía la impresión de que no había más salida negociada y que voluntariamente había elegido el camino de una intervención militar arrastrando sanguinariamente consigo a los jóvenes equivocados que se plegaron a esta irresponsable aventura terrorista. Por su parte, el Presidente Fujimori era informado a toda hora de la situación y las condiciones existentes al interior de la residencia; él ya sabía que la operación “Chavín de Huantar” estaba lista y que sólo se esperaba que, en función de la evaluación del momento más oportuno, diera la orden correspondiente para su inicio. Para ello debe precisarse que el jefe de Estado había puesto como condición para dar inicio a esta operación, que la inteligencia lo mantuviera permanentemente informado para que pueda determinar el momento más oportuno; esto es, señalar el día “D” y la hora “H”. Tal momento debía ser cuando en el primer piso de la residencia se encontraran jugando fulbito Néstor Cerpa, “El árabe”, “Tito”, “Coné” y no menos de nueve de los catorce terroristas que conformaban el comando operativo que asaltó la residencia, para que recién en conocimiento de esta situación pudiera adoptar la decisión. Ese era el requisito fijado por el estadista, para dar inicio a la ejecución de un operación de rescate concebida y planificada para desarrollar en sorpresa una maniobra envolvente subterránea.
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El 13 de abril de 1997, Cerpa Cartolini hace conocer que los médicos, incluyendo los de la Cruz Roja, a partir de ese día sólo podrían atender a los pacientes que se encontraban delicados de salud, una vez por semana, restringiendo así no sólo el ejercicio de una acción elemental humanitaria, sino poniendo en grave peligro la integridad física y emocional de los rehenes. Estos al enterarse de esa injusta medida entraron en una situación de pánico generalizado. A partir de ese momento todo podía suceder por la desesperación de los rehenes.

Habíamos detectado que Cerpa Cartolini estaba enterado del intento de fuga de los rehenes, y no hubiera tenido el menor reparo en provocar una masacre, ya que en sus diálogos con “El árabe” habían acordado que el primer rehén que intentara fugar debía ser eliminado físicamente de manera ejemplarizadora.

Las informaciones que íbamos obteniendo nos permitieron detectar que el estado emocional de los rehenes amenazaba con ingresar a un proceso de crisis. Algunos de los factores desencadenantes: tantos días secuestrados, separados de sus seres queridos, viviendo en condiciones infrahumanas, sometidos a permanente presión y amenazas de los terroristas. Tal era la situación que algunos se planteaban la posibilidad de una salida desesperada, a través de una fuga masiva, sin reparar en el elevado número de muertos que esto podría ocasionar, pues, por otro lado igualmente habíamos detectado que Cerpa Cartolini estaba enterado de estas
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intenciones, y no hubiera tenido el menor reparo en provocar una masacre, ya que en sus diálogos con “El árabe” habían acordado que el primer rehén que intentara fugar debía ser eliminado físicamente de manera ejemplarizadora. Esta situación se agudizó debido a que Cerpa y sus secuaces empezaron a amedrentar a los rehenes militares y policiales llegando al extremo inaudito de despertarlos en las noches violentamente colocándoles un fusil AKM en la boca, generando así un estado de temor generalizado entre todos los rehenes. Frente a estos hechos que permanentemente se informaban al presidente Fujimori, los hombres de inteligencia nos hacíamos la pregunta: ¿hasta cuándo los rehenes iban a poder resistir una situación de esta naturaleza? Y los analistas llegamos a la conclusión, con respecto al estado de los rehenes, que la situación se hacía insostenible y que debía buscarse un desenlace lo más pronto posible. Frente a este escenario el presidente Fujimori dispuso que el coronel Williams y los 140 comandos de la Fuerza Armada ingresaran a las casas aledañas a la residencia y estuvieran listos para cuando se presentaran las condiciones señaladas que fijen el día y hora para iniciar la operación. La patrulla militar en coordinación con el personal del Servicio de Inteligencia Nacional –que tenía la custodia y seguridad de las casas aledañas– inició la infiltración el 19 de abril de 1997 a las 21:00 horas, empleando para su transporte dos camionetas cerradas tipo Combi con lunas polarizadas y distintivos de la PNP, que pertenecían al SIN, las cuales tenían capacidad para 15 efectivos equipados y, opcionalmente, se utilizó un patrullero con capacidad para 4 hombres equipados, que también pertenecía al SIN, culminando la infiltración el 21 de abril de 1997 a las 03:00 horas, respetando el horario de rutina establecido por el SIN con dos meses de anticipación: 21:00 / 24:00 / 03:00 horas, ante la presencia de más de mil periodistas nacionales y extranjeros que permanentemente monitoreaban el local de la residencia para informar a sus respectivos medios de cualquier hecho que sirva de noticia.
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El cumplimiento escrupuloso de dicha rutina y la forma de ingreso a las casas aledañas utilizándose los vehículos proporcionados por el SIN, posibilitó el ingreso ordenado de los 140 comandos sin haber sido detectados por ningún medio de comunicación ni por los terroristas, manteniéndose el absoluto secreto de la infiltración encubierta que fue dirigida por el comandante EP Jesús Zamudio Aliaga del SIN y supervisada por el coronel EP José Williams Zapata, en su calidad de comandante de la patrulla de la Fuerza Armada, con lo cual se logró mantener incólume el factor sorpresa y la iniciativa que deben darse en toda operación militar. Culminada exitosamente la fase de infiltración con la ubicación de todos los integrantes de la patrulla en sus respectivos puntos de reconocimiento del objetivo (PRO), a partir de ese momento todos estábamos pendientes de que la inteligencia informara que había llegado el momento exacto que cumplía la condición impuesta como requisito por el jefe de Estado. El 22 de abril de 1997, recibí en el “Centro de Análisis de Respuesta Rápida” la transcripción de la información de escucha en que el vicealmirante Luis Giampietri identificado como el informante “Mar” nos comunica lo siguiente: 220600 ABR 97 “NAVIDAD - 062” BIBLIOTECA - 267 1.– INFORMANTE : 2.– SALVADOR : 3.– TERRORISTAS : – – – (INFO) (SAL) (DDTT)

––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––– SE PERCIBE SILENCIO PERMANENTE. SE PERCIBE MURMURACIONES; AL PARECER SON DOS REHENES QUE CONVERSAN. SE RECIBE RUIDOS; AL PARECER MUEVE UN OBJETO

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(INFO):

– – – – –

– – –

ESTE ES MAR: 06:25 NO HAHABIDO HIMNO HASTA AHORA, ¡HOY! A LAS 06:00 SE HAN LEVANTADO A HACER SUS EJERCICIOS Y ESTÁN EN SU HABITACIÓN, CERPA Y DOS MAS MIRANDO A LA VENTANA, LOS OTROS ESCUCHANDO NOTICIAS EN LA HABITACION “GOLF”, ESO ES TODO POR AHORA, TERMINADO. SE PERCIBE QUE UN INDIVIDUO SE SIRVE AGUA, AL PARECER ES UN REHÉN. SE PERCIBE UNA PARTE DEL HIMNO DE LOS DDTT–MRTA Y LUEGO SE CAPTA OTRA MÚSICA CON MAS NITIDEZ. SE PERCIBE MÚSICA CRIOLLA, AL PARECER HAN PUESTO LA RADIO A TODO VOLUMEN. SE SIGUE PERCIBIENDO MÚSICA CRIOLLA. SE PERCIBE LAS NOTICIAS POR LA RADIO A LO LEJOS; AL PARECER HAN BAJADO EL VOLUMEN DE LA RADIO; LUEGO RUIDOS POR PARTE DE UN INDIVIDUO. (SILENCIO PERMANENTE) SE PERCIBE RUIDOS CON INTERFERENCIAS. SE ESCUCHA DE REPENTE: SE ESTREMECE EN AMÉRICA LATINA, PATRIA LIBRE SEA EL PORVENIR, SON LOS HIJOS DE LOS ANDES QUE COMBATEN EN MAÑANA SOCIALISTA LLEGARÁ, SON LOS HIJOS DE LOS ANDES QUE COMBATEN EN MAÑANA SOCIALISTA LLEGARÁ, LUZ ETERNA A LOS GUERRILLEROS, QUE ENTREGARON SU VIDA POR LA PAZ, CON SU EJEMPLO TERMINA EN EL PUEBLO LA SEMILLA DE LA LIBERTAD, CON SU EJEMPLO TERMINA EN EL PUEBLO LA SEMILLA DE LA LIBERTAD. VIVA EL SÁBADO DE DICIEMBRE DE TÚPAC AMARU, EN COMBATE TE HICISTE INMORTAL LOS MOLINOS EJEMPLO DE CORAJE EN LALUCHAPOR LAREVOLUCIÓN, LOS
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MOLINOS EJEMPLO DE CORAJE EN LA LUCHA POR LA REVOLUCIÓN. HOMBRES Y MUJERES DECIDIDOS SON AMANTES DE LA HUMANIDAD. AHORA MARCHA CON ANSIA... CON LAS ARMAS DE JUSTICIA, IGUALDAD, AHORA MARCHA CON ANSIA... CON LAS ARMAS DE JUSTICIA, IGUALDAD, EL PARTIDO REVOLUCIONARIO SE CONSTRUYE LA LUCHA POPULAR, JUNTO VAN EL PUEBLO Y SU VANGUARDIA FORJANDO LA FUERZA MILITAR, JUNTO VAN EL PUEBLO Y SU VANGUARDIA FORJANDO LA FUERZA MILITAR, VIVA EL SÁBADO DE DICIEMBRE DE TÚPAC AMARU. EN COMBATE TE HICISTE INMORTAL. LOS MOLINOS EJEMPLO DE CORAJE EN LA LUCHA POR LA REVOLUCIÓN, LOS MOLINOS EJEMPLO DE CORAJE EN LA LUCHA POR LA REVOLUCIÓN. (SAL): GLORIA Y HONOR A LOS HÉROES DE LOS MOLINOS (DDTT): ¡GLORIA, HONOR! (SAL): GLORIA Y HONOR A LOS HÉROES DE LOS MOLINOS DEL MRTA (DDTT): ¡GLORIA, HONOR! (SAL): ¿CUÁL ES EL OBJETIVO DE ESTA MISIÓN? (DDTT): ¡PRESOS LIBERTAD! (SAL) : A 126 DÍAS DE LA TOMA DE LA RESIDENCIA DEL JAPÓN (DDTT): AQUÍ NADIE SE RINDE, CARAJO (SAL): A 126 DÍAS DE LA TOMA DE LA RESIDENCIA DEL JAPÓN (DDTT): AQUÍ NADIE SE RINDE, ¡CARAJO! (SAL): POR LA PAZ Y LAS ARMAS; PAZ Y LA MUERTE (DDTT) : ¡VIVA EL PERÚ! (SAL) : PAZ Y LA MUERTE (DDTT) : ¡VIVA EL PERÚ!
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(SAL) : – (INFO)

– – (INFO) :

– – (INFO) :

DESCANSEN ARMAS, DESCANSO SE PERCIBE MURMURACIONES, LUEGO RUIDOS. ESTE ES MAR: VOY A TRATAR DE AVERIGUAR, AQUÍ NO SENTIMOS NADA DE RUIDOS EN ABSOLUTO, HAN CANTADO SU HIMNO A LAS 08:00 DE LA MAÑANA, HAN ESTADO TODOS ELLOS ACÁ EN PUNTO, ¡EEH! NO SÉ QUÉ RUIDOS PUEDAN SER, VOY A TRATAR DE AVERIGUAR DE QUÉ SE TRATA, TERMINADO. SE PERCIBE QUE UN INDIVIDUO CAMINA POR LA HABITACIÓN; LUEGO SE ESCUCHAN LAS NOTICIAS POR LA RADIO. SE PERCIBE RUIDO DESDE EL EXTERIOR POR UN AVIÓN. ESTE ES MAR: MENSAJE 001, APARENTEMENTE ESE RUIDO ESTÁ SIENDO PRODUCIDO POR LO QUE ESTÁN CARGANDO AGUA EN LOS BIDONES QUE ESTÁN EN EL HALL DE ENTRADA, ¡EEH! DEL EDIFICIO, LOS REHENES ESTÁN SUBIENDO LOS BIDONES EN ESTE MOMENTO Y LOS PONEN EN EL SUELO, NO IDENTIFICAMOS OTRO RUIDO, SON LAS 08:10 SE PERCIBE DESDE EL EXTERIOR EL SONIDO DE UNA SIRENA, AL PARECER ES DE UN PATRULLERO. SE PERCIBE QUE UN INDIVIDUO CAMINA POR LA HABITACIÓN, LUEGO RUIDOS CON UN OBJETO DE METAL. ESTE ES MAR: 08:19 EN EL SEGUNDO PISO ESTÁ CINCO EN LA HABITACIÓN “GOLF” INCLUIDO TITO Y CUATRO LECHONES Y UNO, GATO FLACO PARADO EN LA VENTANA QUE SE PUEDE VER DESDE AFUERA. CERPA, SALVADOR Y ARABE SE ENCUENTRAN ABAJO CON EL RESTO, ES TODO POR AHORA, TERMINADO.
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La lectura de dicho documento nos permite apreciar con meridiana claridad el fanatismo de los terroristas al cantar su himno y el objetivo de su misión: la libertad de los presos, y en ese propósito nadie se rinde, pues para ellos primaba la consigna motivadora que Salvador entonaba y todos respondían, cuyo texto resumidamente reitero: SALVADOR : ¡A los 126 días de la toma de la residencia del Japón! DDTT : ¡Aquí nadie se rinde, carajo! SALVADOR : ¡Por la paz y las armas; paz y la muerte! DDTT : ¡Viva el Perú! SALVADOR : ¡Paz y la muerte! DDTT : ¡Viva el Perú! Ese era el comando operativo terrorista que asaltó la residencia y mantuvo en un cruel cautiverio a 72 rehenes durante 126 días. ¿Qué les parece? De acuerdo a la rutina establecida, los terroristas todas las mañanas a las 6:00 a.m. hacían sus ejercicios físicos con las arengas políticas respectivas y normalmente jugaban fulbito en las tardes a partir de las 15:00 horas, con lo cual teníamos en el SIN un patrón de conducta establecido y por tanto, habiendo realizado esa mañana del 22 de abril de 1997 sus actividades programadas y al no haber jugado fulbito el día anterior, todos los indicios de probabilidad apuntaban a que ese día sí jugarían a partir de la hora acostumbrada, que era las 15:00 horas. Inmediatamente informé al presidente Fujimori sobre esta situación, pues él debía cumplir una diligencia judicial el 22 a las 14:30 horas en uno de los Juzgados Especializados en lo Civil de la Corte Superior de Justicia de Lima, sito en el local del ex Ministerio de Educación en la Av. Abancay; sin embargo se mantenía en alerta y dispuso que apenas se dieran las condiciones le informara por vía telefónica. Como responsable de la conducción de las acciones de inteligencia operacional estaba en el “Centro de Análisis de
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Respuesta Rápida” ubicado en la oficina personal que disponía en el SIN, siguiendo el desarrollo de los hechos y a partir de las 14:44 horas empiezo a recibir progresivamente en tiempo real la última comunicación que estaba transmitiendo el rehén “Mar” informando secuencialmente los sucesos en el interior de la residencia, de acuerdo al detalle siguiente: 221440 ABR 97 “NAVIDAD - 062” BIBLIOTECA - 272 1.– INFORMANTE – (INFO): : (INFO)

––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––– SE PERCIBE RUIDOS CON INTERFERENCIAS. ESTE ES MAR: MENSAJE NÚMERO 14 RECIBIDO, SON 14:43; AÚN NO HAN COMENZADO LOS CHANCHOS A JUGAR, INFORMAREMOS. AQUÍ EN LA RESIDENCIA, TERMINADO. (PAUSA) ESTE ES MAR: RECIBIDO SU MENSAJE 14:45. SOLAMENTE EN EL SEGUNDO PISO HAY UN LECHÓN, EL CHANCHO Y LOS TRES CHANCHITOS ESTÁN ABAJO. TODAVÍA NO HAN COMENZADO EL FULBITO, PERO SE SUPONE QUE LO HARÁN DENTRO DE ALGÚN MINUTO, CONFIRMO ESTA INFORMACIÓN. SON 14:49. SE RECIBE INTERFERENCIAS. SE RECIBE MURMURACIONES. 14, 15:00 HORAS, HAN INICIADO EL PARTIDO. VOY A CERTIFICAR EXACTAMENTE QUIÉNES SON LOS QUE ESTÁN INVOLUCRADOS; CERPA ESTÁ JUGANDO, TITO ESTÁ JUGANDO. PAUSA Y LUEGO SE PERCIBE DESDE EL EXTERIOR EL RUIDO DE UN HELICÓPTERO.
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– (INFO):

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– (INFO): (INFO): (RNI–1): (INFO): – – (INFO): – – (INFO):

SE PERCIBE QUE UN INDIVIDUO CAMINA POR LA HABITACIÓN. ESTE ES MAR: 15:05 ESTÁN LOS CHANCHOS EN EL CORRAL, EL CHANCHO MAYOR, LOS TRES CHANCHITOS Y CUATRO LECHONES. INDICAR CUENTA REGRESIVA, ESO ES LA RECEPCIÓN. SE PERCIBE RUIDOS CON INTERFERENCIAS. ESTE ES MAR: DIECISIETE ... 15; 15:10, ARRIBA UNO SOLO, UNO SOLO EN EL PASADIZO POR AHORA, ABAJO 13 CAMBIO, OCHO DE ELLOS JUGANDO FÚTBOL, INDICAR SI PUEDO YA, COMENZAR A HACER LOS PREPARATIVOS PARA LA GENTE, PARA MANDARLOS A SUS CAMAROTES Y NO ESTÉN CIRCULANDO POR LOS PASADIZOS, CAMBIO. SE PERCIBE RUIDOS CON INTERFERENCIAS, LUEGO SE ESCUCHA DESDE EL EXTERIOR EL RUIDO DE UN HELICÓPTERO. ESTE ES MAR: SE SIENTE EL RUIDO DEL HELICÓPTERO, POR ACÁ 17 Y 12. ESTE ES MAR: YA ESTOY LISTO PARA CUANDO ORDENEN ABRIR LA PUERTA, SON 17:14. 15:14 PERDÓN, 15:14 HORAS. SE PERCIBE EL RUIDO DESDE EL EXTERIOR DE UN HELICÓPTERO. SE PERCIBE SILENCIO PERMANENTE. PREPARO LA PUERTA. SUERTE, LO VAMOS A ESPERAR PARA LLEVARNOS. SE PERCIBE RUIDOS Y A LA VEZ CAMINAN POR LA HABITACIÓN. SE PERCIBE POR LA RADIO LA PROGRAMACIÓN HUMORÍSTICA. ESTE ES MAR: ARRIBA UNO, ABAJO 13, MARY ESTÁ ENFERMA, MARY ESTÁ ENFERMA.

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Al pronunciar el rehén “Mar”, las palabras finales: “Este es Mar: arriba uno, abajo trece, ¡Mary está enferma!, ¡Mary está enferma!”, que era el código de mensaje preestablecido para determinar que se daba el día “D” y la hora “H”, y siendo exactamente las 15:14 horas de ese día, y habiéndose cumplido todas las condiciones establecidas por el Presidente de la República, inmediatamente me comuniqué telefónicamente con el edecán de servicio que lo acompañaba en la diligencia judicial, solicitándole me comunicara urgentemente con el jefe de Estado. Establecida la comunicación le mencioné como santo y seña la clave que previamente habíamos acordado y recibí como respuesta lacónica: “PROCEDA”. Estando a dicha decisión, a las 15:17 horas comenzó la cuenta regresiva a cargo del coronel Williams, y siendo las 15:23 horas se inició la operación militar de rescate con las explosiones que sorpresivamente se dieron, desarrollándose una maniobra envolvente subterránea que mantuvo en todo instante la iniciativa. La operación en sí finalizó a los 16 minutos de la intervención; sin embargo, teniendo en cuenta la evacuación de heridos, concentración y desplazamiento de rehenes y sofocación del incendio, tuvo una duración aproximada de 33 minutos. Como es de suponer, y considerando que estábamos ante un problema de Estado, el presidente Fujimori solicitó la suspensión de la diligencia judicial que lo retenía. Siendo las 16:10 horas llegó al local donde funcionaba el COT en la sede de la Comandancia General de la Marina, y desde allí se dirigió al local de la residencia para ayudar en la evacuación de los rehenes al Hospital Militar Central y felicitar a los 140 comandos que valerosamente cumplieron su deber de soldados honrando el juramento ofrecido ante el ínclito coronel Francisco Bolognesi todos los días 7 de junio de cada año en la ceremonia de Juramento a la Bandera. A las 19:15 horas de ese 22 de abril de 1997, el presidente Fujimori informó al país sobre el resultado de la operación militar “Chavín de Huantar”, indicando que de los 72 rehenes liberados lamentablemente había fallecido durante el trayecto al Hospital Militar el vocal supremo Carlos Ernesto Giusti Acuña; y durante el
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enfrentamiento, dos valerosos comandos: el comandante EP Juan Valer Sandoval y el teniente EP Raúl Jiménez Chávez. Igualmente, habían fallecido en combate los 14 miembros del MRTA. Veintiséis, de los 140 comandos de la fuerza de intervención del Ejército Peruano resultaron heridos. Es decir, hubo un combate cruento con pérdidas de vidas en ambas partes, y un significativo número de heridos entre los miembros del Ejército. El 23 de abril de 1997, en horas de la mañana, concurrí por primera vez a la residencia del embajador de Japón con el propósito de recuperar la Biblia y la guitarra, pues por razones de seguridad nacional debía evitar la pérdida y deterioro de ambas especies, a fin de poder tener cada uno de los sofisticados dispositivos de transmisión de última generación que los técnicos habían colocado camufladamente y que sirvieron para que el vicealmirante Luis Giampietri, el rehén “Mar”, fuera brindándonos valiosa información. Esta, al ser procesada produjo la inteligencia precisa, oportuna y eficaz que posibilitó el planeamiento adecuado y una conducción exitosa de la operación militar Chavín de Huantar, luego que el presidente Alberto Fujimori autorizara que la estrategia militar a cargo del conductor de las operaciones, diera inicio a la maniobra envolvente subterránea, factor sorpresa decisivo que produjo los resultados satisfactorios que el Perú y el mundo pudo admirar. Luego de la realización de la operación militar Chavín de Huantar, cuyo éxito tuvo repercusión mundial y fue motivo de estudio entre los analistas y las instituciones de inteligencia, en el Servicio de Inteligencia Nacional hicimos una profunda evaluación y análisis de la lucha contra las redes terroristas en base a la experiencia que habíamos acumulado en los 126 días que duró la crisis de los rehenes en la residencia del embajador de Japón. Llegamos a la conclusión de que tenía que hacerse una redefinición en la estructura organizacional, operativa y doctrinaria del SIN, basada en los principios de flexibilidad y funcionalidad para poder enfrentar de manera eficaz a los actores no estatales internos que operaban en redes formando coaliciones con otras redes homólogas y contando con el apoyo de diversas organizaciones criminales.

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Vimos cómo es que estas redes y coaliciones terroristas cuentan con enormes posibilidades de acceso a medios modernos que les permiten ejercer mayor violencia y temor, pues tienen capacidad para poder desarrollar planes de desinformación o ejecutar acciones de guerra sicológica para engañar y someter la voluntad de grandes grupos humanos, convirtiéndose en organizaciones altamente destructivas y letales que actúan con gran espectacularidad. Esta situación nos obligaba a modificar los contenidos clásicos del espionaje y el contraespionaje, de la inteligencia y la contrainteligencia. Todo esto nos llevó a pensar en la necesidad de hacer algunos replanteamientos a la doctrina consagrada, y en ese momento en uso. ¿Por qué? El rastreo, la escucha, el seguimiento, la acumulación de información en las bases de datos y muchos otros pasos que son propios del accionar de la inteligencia, dejaron de ser la tediosa y rutinaria tarea que nos exigía miles de horas/hombre, pues a través de procesos informatizados y del empleo de tecnología de punta, se agilizaba el trabajo. Los avances de la tecnología prácticamente habían vuelto obsoletos algunos conceptos que se consideraban inconmovibles en las comunidades de inteligencia. Y para estar en mejor capacidad de combatir y erradicar estas prácticas que agreden a la organización y viabilidad de los Estados democráticos, no cabía la menor duda que, además de adoptar las nuevas tecnologías, debía también darse la capacitación adecuada al hombre, como factor irreemplazable en el accionar de la inteligencia. La experiencia nos había demostrado una vez más que sea cual fuere el grado o nivel de adelanto tecnológico de que se disponga para la ejecución de acciones de inteligencia, por más sofisticados y eficientes que sean, jamás podrán reemplazar la iniciativa, la creatividad y la capacidad para enfrentar situaciones inéditas que debe tener el hombre de inteligencia. Teniendo en cuenta estas consideraciones, precedentemente expuestas en mayo de 1997, fue creada la “Unidad Contraterrorista” conocida por las siglas (UCT), dentro de la estructura del Servicio de Inteligencia Nacional, como un Órgano de Apoyo dependiente de
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la Oficina Ejecutiva de Seguridad y Protección. Esta unidad quedó al mando de un oficial comando, el comandante EP Oscar Cáceres Rodríguez, y fue integrada por un selecto personal del Ejército y la PNP con experiencia de comandos y capacitación especializada en la lucha contra redes terroristas. La UCT fue instalada en un cuartel que construimos, con toda la infraestructura que se requería, para el funcionamiento y operatividad de una unidad contraterrorista de esta magnitud y naturaleza, la misma que debía estar en condiciones de intervenir frente a cualquier contingencia en el territorio nacional. A partir de ese momento la inteligencia debía tener un rol preventivo, y otro correctivo, en la lucha contra las redes terroristas Para la fase preventiva, el analista de inteligencia que guiaba al hombre de campo en la búsqueda de informaciones, o que dirigía a los oficiales del caso que manejaban redes de informantes y agentes de penetración, debía tener a su costado al director de tácticas de la UCT, quien tenía a su disposición los equipos tácticos de campo, listos para operar en cualquier instante y en cualquier lugar del país. Aquí el concepto de la operación debía estar orientado a evitar ataques terroristas y a detectarlos a tiempo, frustrarlos con los equipos tácticos de campo que debían ser guiados en tiempo real por el director de tácticas en el preciso momento en que se podría realizar un ataque terrorista. Había que evitar, en lo posible, las sorpresas. Ese es el rol preventivo de la inteligencia para las modernas corrientes doctrinarias. A la luz de los avances a que hemos hecho referencia, estas corrientes debían regir el accionar de los aparatos de inteligencia, ahorrando tiempo, que es vital, por la rapidez de las operaciones. De este modo se rompía con el clásico esquema de diseminar burocráticamente la información a las fuerzas de intervención que no vivían la situación como el director de tácticas de la UCT, que estaba en el centro de análisis de inteligencia.

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En la fase correctiva, de haberse producido un ataque terrorista imprevisto o sorpresivo, el factor tiempo es vital, pues en el inicio de una operación terrorista quien la comanda tiene que estabilizar el escenario y controlar la situación, y ello toma no menos de una hora, tiempo suficiente para que el analista de inteligencia, con el director de tácticas de la UCT, envíen los equipos tácticos de campo a fin de intervenir y controlar la situación aprovechando ese vacío inicial que constituye una vulnerabilidad. Este es el rol correctivo de la inteligencia dentro de la nueva doctrina que se implementó en el SIN a partir de mayo de 1997 y que logró evitar ataques terroristas de gran connotación en el país en el período de 1997 al 2000. Más tarde, con evidente miopía y falta de sentido común, se desactivó todo el SIN y dejó de funcionar la Unidad Contraterrorista (UCT), cuyo personal insólitamente fue dispersado. La derrota política y militar del MRTA lograda por la excelente operación Chavín de Huantar, sorprendiendo a muchos ha dejado al descubierto aspectos de su política de agitación y propaganda. Los emerretistas utilizaban como vía de difusión masiva el sitio de Internet de la Agencia Bolivariana de Prensa (ABP), órgano de fachada de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB), que ahora todos sabemos están directamente enlazadas con las FARC. De modo que los “descubrimientos” actuales sobre vinculaciones de organizaciones peruanas ligadas a redes terroristas y esta CCB son, como se dice en argot periodístico, simple refrito. Ya antes del año 2000 esos nexos quedaron evidenciados. La dirección estratégica del MRTA comandaba actualmente por Pedro Hugo Avellaneda Valdez (a) “Eloy” o “Negro”, e integrada por Isaac Velasco Fuertes (a) “Ciego” y Rodolfo Kleing Samanez (a) “Dimas”, ha reaparecido empleando la página web de la ABP desde que publicó un “comunicado del MRTA por la muerte y desaparición del comandante de las FARC Raúl Reyes”, en que se manifiesta que: “El MRTA inclina sus banderas frente a la vida del comandante Raúl Reyes, sindicalista como nuestro Néstor Cerpa. Inmortales ambos. Reciban cada uno de ustedes, miembros del secretariados, guerrilleras y guerrilleros farianos, reciban el saludo y el abrazo de sus hermanos y compañeros tupacamaristas”.
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Asimismo, vemos que actualmente los terroristas aprovechan todas las herramientas tecnológicas para difundir su ideología en las redes sociales Hi5 y Facebook, las más grandes del mundo. Según los sitios web, las páginas han sido creadas y son administradas por un individuo llamado supuestamente Paul Hunstand, quien sería un venezolano. Esta página tiene un link a la página del MRTA que viene siendo actualizada anualmente. Debemos recordar que los límites de la violencia extrema que desató el MRTA en el país, y que se pensaba eran sucesos de un pasado aparentemente superado, lamentablemente volverán a reproducirse. Quizás contra otros objetivos, y sin duda en circunstancias diferentes, pero se repetirán. La historia de los conflictos desatados por redes terroristas nos enseña que, cuando aparecen signos de reactivación de una red, y peor si es en coordinación con otras redes, la violencia volverá con un atentado sorpresivo sobre cualquier objetivo inesperado. Existe, pues, el riesgo de una probable amenaza. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? He ahí una tarea difícil que le correspondería en teoría a la DINI, bajo la dirección ejecutiva del general PNP (r) Danilo Guevara, un buen oficial general de Policía. Hoy, es un contexto diferente, pues las redes terroristas operan en un escenario de neoviolencia masiva, irracional, diversificada y descontrolada de las masas. El terrorismo busca, aquí y ahora, crear una situación insurreccional en el país a partir de protestas y demandas sociales de vastos sectores poblacionales. Estas expresiones se están orientando a crear un vacío de poder mediante el caos, que podría iniciarse en el volátil sur peruano y hacer explotar el Perú en mil pedazos por la injerencia extranjera. Aquí Chávez pone los petrodólares, los cubanos la experiencia y destreza conspirativa. El presidente venezolano es sólo el puño musculoso de lo que constituye una fina estrategia diseñada en Cuba por la socióloga chilena Martha Harnecker. La penetración cubano-venezolano-boliviana se realiza a través de operaciones clandestinas y encubiertas que deben desarticularse en la misma línea de Guerra Asimétrica como variable principal de la Guerra de Cuarta Generación. Este es el escenario en que viene operando clandestinamente el MRTA, utilizando organismos de fachada para encubrir sus operaciones mediante maniobras de distracción.
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Además, el MRTA conoce los procedimientos y técnicas que utilizan las Fuerzas Armadas peruanas en dominación de inmuebles, conoce los medios y las fuentes que emplean los servicios de inteligencia en el Perú. ¿Cómo? Muy fácil, observando el desarrollo del Juicio Oral Público que tramita desde hace dos años la Tercera Sala Penal Superior Especial de la Corte Superior de Justicia de Lima, en el local de la Sala de Juzgamientos ubicada en la Base Naval del Callao, contra mi persona, el coronel EP Roberto Huamán Ascurra, el coronel EP Jesús Zamudio Aliaga, como funcionarios del Servicio de Inteligencia Nacional, y otros. En dicho proceso el fiscal superior Martín Retamozo Roca en su acusación escrita del 22 de septiembre de 2006 y en la presentación del caso, al darse inicio al juicio oral, nos ACUSA como autores mediatos de “homicidio calificado”, en agravio de tres integrantes del comando operativo del MRTA que asaltó la residencia y secuestró inicialmente a más de quinientas personas, de las que finalmente quedaron 72 que fueron posteriormente liberadas con la operación militar Chavín de Huantar. Este fiscal solicita se me imponga VEINTE AÑOS de pena privativa de la libertad y a los coroneles Huamán y Zamudio QUINCE AÑOS de pena privativa de la libertad, por ser dizque “...responsables de la planificación de la operación de rescate, por ende de la instrucción a los comandos de dar muerte a los subversivos capturados con vida...” (sic), como consta en la página 107 de su acusación de marras. Es decir, el mundo está al revés. Escuchaba la requisitoria y los “fundamentos de hecho” para solicitarme una pena tan draconiana, y me parecía que vivía en otro mundo, pues a mi mente venían los recuerdos de aquellos largos 126 días en que casi no descansábamos ni dormíamos en el Servicio de Inteligencia Nacional, y no había día y hora inhábil para trabajar silenciosamente bajo la dirección y conducción del presidente Fujimori. Todo ello con el único objetivo de salvar 72 vidas que habían sido cruelmente secuestradas y sometidas a una sistemática tortura física y sicológica por los 14 miembros del MRTA.
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Nosotros desde el ámbito de la inteligencia pusimos un granito de arena para darle la información precisa, oportuna y eficaz al coronel José Williams Zapata a fin de que rescatara y pusiera término a ese calvario de esos seres humanos. Y por esa labor ahora tengo que sufrir una injusta condena de VEINTE AÑOS de pena privativa de la libertad. ¡No existe en esto lógica alguna! Yo, como oficial de inteligencia no tuve injerencia ni competencia en la planificación y ejecución de esa operación militar, ni mucho menos he dado alguna instrucción a los comandos para dar muerte a terrorista alguno del MRTA en la residencia recuperada, ni a nadie. Por estos mismos hechos el presidente Alberto Fujimori viene siendo procesado ante el Tercer Juzgado Penal Especial como autor mediato de homicidio calificado y se ha solicitado la ampliación de su extradición para que Chile autorice su juzgamiento en el Perú. Es decir, irán las copias de las declaraciones de todos los comandos y del personal de inteligencia que intervinieron en la operación militar Chavín de Huantar, brindándose así una valiosa información a la inteligencia chilena que gratuitamente conocerá las fuentes y los medios o procedimientos con que operan las Fuerzas Armadas peruanas y nuestros aparatos de inteligencia, ¡en detrimento de nuestra seguridad nacional! ¡¡Estamos advertidos!! Finalmente, los planificadores terroristas del MRTA disponen de los insumos más importantes para diseñar contramedidas y desarrollar técnicas que puedan neutralizar las que se exponen semanalmente en el juicio oral público que se nos sigue, lo cual les da una ventaja estratégica y táctica para futuros ataques terroristas. ¡Estamos igualmente advertidos! Después de la exitosa y ejemplar operación militar Chavín de Huantar se redefinió el rol de la inteligencia para enfrentar a las redes y coaliciones terroristas. Ello en base a los nuevos lineamientos doctrinarios y organizacionales, en que las tareas de inteligencia operacional y las operaciones tácticas de campo se unifican dentro de un solo estamento para poder operar eficazmente de manera simultánea debido a la fusión del centro de análisis de inteligencia con el centro de operaciones táctico bajo una sola unidad de conducción en el marco de los principios de flexibilidad,
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funcionalidad y economía táctica. Después de esta tarea de redefinición mencionada, retomé la ronda de conversaciones con Abimael Guzmán Reinoso en el penal militar de máxima seguridad de la Base Naval del Callao. –Doctor Guzmán, como sabrá por las noticias que se han difundido, no he podido venir a visitarlo debido a mis obligaciones funcionales, de modo que ofrezco las disculpas del caso. Ahora, si le parece, quisiera tocar el tema de la entrevista que usted diera en julio de 1988 al periódico El Diario, ¿está usted de acuerdo? –En primer lugar, comprendemos sus obligaciones, doctor Montesinos. Recién supimos de los sucesos en la residencia

Después de la exitosa y ejemplar operación militar Chavín de Huantar se redefinió el rol de la inteligencia para enfrentar a las redes y coaliciones terroristas.

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del embajador de Japón, cuatro meses después en razón que se suspendieron las visitas en el penal militar y se nos prohibió ver y escuchar todo tipo de noticias por las autoridades militares. Entendemos esa situación, y estoy de acuerdo en comentar dicha entrevista. –Gracias por su comprensión, doctor Guzmán. Entonces comenzaré con la célebre frase de Fray Luis de León: “como decíamos ayer...”. ¿Por qué razones brindó usted la entrevista a “El Diario” en el mes de julio de 1988? –Las razones por las cuales decidí dar esa entrevista, tienen que ver con la realización de nuestro Primer Congreso partidario. Digo esto pues, durante décadas hemos bregado para lograrlo, pero ha sido la guerra popular que iniciáramos en mayo de 1980 la que nos brindó las condiciones necesarias para recién concretizarlo. En consecuencia, el Primer Congreso tiene dos grandes progenitores: el Partido y la Guerra Popular, y constituye un hito histórico. –Dígame, doctor Guzmán, ¿este Primer Congreso estableció en alguna de sus tres sesiones la Base de Unidad Partidaria conocida por las siglas (BUP)? –Efectivamente, en dicho evento el Partido no sólo realizó un balance del largo camino que habíamos recorrido, sino que estableció la Base de Unidad Partidaria, con sus tres elementos. –Podría usted decirme, doctor Guzmán, ¿cuáles son los tres elementos de la Base de Unidad Partidaria? –Claro. Son la ideología –es decir, el marxismo-leninismo-maoísmopensamiento Gonzalo–; el programa, y el tercero, la línea política general, con su centro la línea militar. Para nosotros la realización del Primer Congreso es una gran victoria. Por ello dimos esa entrevista en julio de 1988 a “El Diario”. Esa fue la motivación principal. Además, dicho medio era la única tribuna que teníamos en ese tiempo. Y porque es una trinchera de combate al servicio del Partido. –Dígame, doctor Guzmán, ¿qué es el pensamiento Gonzalo? –Correcto. Debemos partir de la premisa de que si el marxismoleninismo-maoísmo no se aplica a una realidad concreta, de ninguna manera se puede dirigir una revolución ni transformar el viejo orden,
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ni crear un nuevo orden. Dentro de ese contexto, es la aplicación del marxismo-leninismo-maoísmo a la revolución peruana la que ha generado el pensamiento Gonzalo. –¿Cuál es la diferencia entre pensamiento guía y pensamiento Gonzalo? –Vea, doctor Montesinos, al inicio de ILA–80 lo que había era pensamiento guía, luego de la realización del Primer Congreso el Partido sancionó el pensamiento Gonzalo, pues se había producido un gran salto en ese pensamiento guía, debido precisamente a la guerra popular. En conclusión, podemos decir que ahora el pensamiento Gonzalo no es sino la aplicación del marxismo-leninismo-maoísmo a nuestra realidad concreta. –Doctor Guzmán, ¿por qué dice usted que el Primer Congreso les ha dado unanimidad? –Porque un Partido para que pueda enfrentar situaciones complejas y difíciles, como las que se enfrenta diariamente y las que ahora tenemos, necesariamente debe tener unanimidad. Esa unanimidad nos la ha dado el congreso partidario y ha sido lograda a través de la lucha de dos líneas. –¿Podría usted, doctor Guzmán, ampliar este concepto? –Vea, el Partido esencialmente es una contradicción y toda contradicción tiene dos aspectos en lucha, y de eso nada ni nadie se puede escapar. Además el congreso seleccionó el comité central como nivel supremo de un partido, convirtiéndose en el primer comité central del Primer Congreso. Lo que en este congreso se ha sancionado ha quedado convalidado en el nivel orgánico más amplio que tenemos. Es inconmovible, salvo nuevo mandato del máximo plenario de nuestro Partido. Por eso le reitero, el congreso es hijo de dos padres: el Partido y la Guerra Popular, pues sin la guerra popular nunca hubiéramos cumplido con esta tarea histórica que estuvo pendiente casi 60 años desde la fundación en el año 1928. –Dígame, doctor Guzmán, ¿por qué ustedes consideran el 19 de junio como “día de la heroicidad”? –Pues, sencillamente porque es una fecha que muestra ante el
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Perú y el mundo lo que son capaces de hacer los comunistas que somos firmes y revolucionarios consecuentes con nuestra posición. Ese día han muerto no sólo comunistas, sino camaradas que han sido revolucionarios. Por ello consideramos a ese día como una alta expresión del heroísmo que se dio en los penales el 19 de junio de 1986. ¡Es un grandioso ejemplo de combatividad y una expresión masiva de heroísmo, de entrega, de dar la vida por el Partido! –Doctor Guzmán, ahora le formularé una pregunta quizás incómoda para usted. ¿Cómo se sostiene su aparato partidario? Si desea, no me la conteste. –No se preocupe, doctor Montesinos, la voy a contestar. –Gracias, doctor Guzmán. ¡Adelante! –Usted debe saber que nuestro Partido no es un partido de masas, otra cosa es que el Partido tenga carácter de masas. ¿Por qué? Tiene carácter de masas en tanto siendo nuestro Partido una organización selecta, donde se selecciona a los mejores, a los que han sido probados, lo que a decir de Stalin: tienen madera, somos pocos numéricamente hablando con respecto a la gran masa. Sin embargo, ¡defendemos los altos intereses del proletariado! Por eso el Partido tiene carácter de masas, pero el Partido no es de masas. Nuestro Partido es un Partido de militantes, de dirigentes, una máquina de guerra como lo señalara Lenin. El partido es un sistema de organizaciones y es evidente que tiene necesidades. Por eso un partido debe apoyarse en las propias fuerzas. Esto es lo que hemos seguido como doctrina: apoyarnos en las propias fuerzas. –¿Podría usted ser más explícito, doctor Guzmán? ¿Qué es eso de “apoyarnos en las propias fuerzas”? –Correcto. Apoyarnos en nuestras propias fuerzas tiene que ver con las necesidades económicas, pero fundamentalmente con la orientación ideológica y política. Y es recién a partir de ello que podemos ver cómo asumir las necesidades económicas que inexorablemente siempre se nos presentan. Es en base a estos criterios rectores que en el Partido hemos resuelto el problema económico apoyándonos en las masas. Son las masas de nuestro pueblo, vale decir el proletariado, nuestra clase, las que nos
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sustentan. Por tanto, contestando su pregunta: quienes sustentan al partido son principalmente el campesinado y el proletariado. –¿Podría usted, doctor Guzmán, explicar cómo el presidente Mao Tse Tung concibe la guerra popular? –El presidente Mao Tse Tung concibe la guerra popular a partir de la contradicción. Son dos aspectos que están en contienda: uno la parte débil, y otro, la parte fuerte, que es transitoria. –¿Se podría decir que es la guerra entre el débil y el fuerte? –le pregunté en línea de precisión. –Sí. doctor Montesinos, es la guerra entre el débil y el fuerte. Con la diferencia que la fuerza del segundo es transitoria y no permanente. –¿Podríamos decir que se trata de una Guerra Asimétrica? –Es correcto, doctor Montesinos. Es la guerra de David contra Goliat. Esa es la característica de este tipo de guerra. Así la concibió el presidente Mao Tse Tung. En esta clase de guerra tiene que transcurrir un tiempo de defensiva estratégica, otro de equilibrio estratégico, y un tercero de ofensiva estratégica. –¿Esto quiere decir, doctor Guzmán, que cuando ustedes iniciaron ILA-80 lo hicieron bajo estos lineamientos doctrinarios que en puridad de verdades es lo que se considera doctrinariamente como la Guerra Asimétrica, pues contiene todos los elementos del tipo que configuran la misma? –Es correcto, doctor Montesinos. Cuando nosotros como la parte más débil iniciamos la guerra popular contra el Estado peruano, nos desenvolvíamos doctrinariamente dentro de la defensiva estratégica. Siendo inicialmente el campo lo principal y la ciudad su complemento. Así combatimos en todo el país. –¿Cómo han obtenido ustedes las armas y municiones que utilizan para enfrentarse a las fuerzas del orden? ¿Podría responderme a esta pregunta, doctor Guzmán? –Sí, señor. Vea, según el presidente Mao Tse Tung lo principal en la guerra es el hombre. El arma evidentemente es útil. Por ende nuestro problema principal apunta hacia el hombre. Al fortalecimiento ideológico y político de éste. Con relación a las
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armas, el presidente Mao nos decía que las armas las tiene el enemigo, por tanto el problema radica en quitárselas y eso es lo principal. –Disculpe que lo interrumpa, doctor Guzmán. ¿Usted me quiere decir que en base a esos conceptos ideopolíticos de Mao Tse Tung han arrebatado a las Fuerzas Armadas y a la Policía las armas que han utilizado en sus distintos ataques? –Es correcto, doctor Montesinos. –¿Cómo es eso, doctor Guzmán? Explíqueme. –Vea, una de las tácticas más comunes que empleamos en este tipo de guerra del débil contra el fuerte, es que nunca debemos tener un enfrentamiento directo con el Ejército Peruano por la superioridad numérica y su potencia de fuego. Ellos son más y disparan ráfagas cuando hacen contacto con nuestros elementos. Nosotros somos pocos y disparamos tiro por tiro para economizar la munición. Ese es el criterio doctrinario que empleamos. –Dentro de ese razonamiento suyo, ¿cómo obtienen las armas, doctor Guzmán? –Hemos desarrollado a lo largo de la guerra la táctica eficaz de realizar emboscadas contra las patrullas militares y policiales con gran resultado, pues se les ha dado fuertes y contundentes golpes tomando la iniciativa y utilizando el factor sorpresa. –¿Cómo es eso, doctor Guzmán? Acláreme. –Vea, nuestros comandantes de operaciones para planificar una emboscada eligen antes el terreno donde ejecutarán las operaciones, y luego escogen el lugar más conveniente y el momento adecuado con el propósito de realizar la emboscada en forma sorpresiva manteniendo en todo momento la iniciativa. ¿Por qué? Precisamente para obtener las armas y municiones que porta el personal militar de la patrulla emboscada. Esa es la forma como el Partido se ha venido agenciando el armamento. Esa es nuestra principal fuente. –¿Qué otras fuentes tenían ustedes para obtener armamento, doctor Guzmán? –Debo decirle, doctor Montesinos, que hay tres formas para obtener armas.
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–¿Cuáles son, doctor Guzmán? –La principal es arrancándoselas a los militares y policías. La segunda, es confeccionándolas. La tercera, comprarlas. –¿Ustedes han comprado armas, doctor Guzmán, para desarrollar la guerra popular contra el Estado peruano? –No. Por el alto costo que tienen las armas, y habiendo sido llevada la guerra popular con la máxima economía posible, la pregunta sería: ¿cómo resolvemos el problema? Lenin decía: tiene que conquistarse armas en grandes cantidades cualquiera que sea el costo que ello demande ¿De qué manera? Según el presidente Mao Tse Tung: arrancándoselas al enemigo. Además usted debe tener en cuenta, doctor Montesinos, que la dinamita, la humilde dinamita es el arma más simple del pueblo. Nosotros siempre hemos buscado las armas y que son de fácil obtención en la minas. El Perú es un país esencialmente minero, de modo que nunca nos faltaba dinamita. –¿Esto quiere decir que ustedes tomaban subrepticiamente dinamita de distintos asentamientos mineros para realizar atentados, doctor Guzmán? –Le aclaro, señor doctor: los camaradas que laboraban en los diversos asentamientos mineros donde eran explotados, como una contribución al Partido traían cartuchos de dinamita para ser utilizados en las acciones de los diferentes comités partidarios. Así fue, ya que las medidas de seguridad y el control en las minas son muy deficientes, y la policía tampoco controlaba. Así de simple. –Doctor Guzmán, ¿cuáles son las experiencias de mayor trascendencia que recuerde cuando estuvo en la China de Mao? –En la China de la época del presidente Mao Tse Tung tuve la extraordinaria posibilidad de estar en la Escuela Político-Militar de Shanghai, donde se nos enseñaba temas de orden político, filosofía marxista y asuntos de política internacional. Recuerdo eran clases magistrales impartidas por revolucionarios muy competentes, de alto nivel. –¿Recuerda usted a alguno de sus maestros en particular? –Sí, doctor Montesinos. A quien más recuerdo es al instructor que nos impartió clases de operaciones especiales abiertas y
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encubiertas. Era un auténtico operador de trabajo clandestino. Un maestro del arte del engaño, uno de los mejores entrenados, y con más experiencia. De él aprendí muchas cosas que para mí, inicialmente, eran desconocidas, pero luego me sirvieron en la conducción del Partido y en el diseño del trabajo clandestino, así como en la aplicación del compartimentaje que caracteriza las tareas del Partido. –De los temas militares, ¿qué es lo que más recuerda, doctor Guzmán? –Lo más resaltante era la práctica de las emboscadas contra enemigos más fuertes. El uso de explosivos y demoliciones. Usted sabe que los chinos son maestros en el uso de pirotécnicos. Para ellos todo se podía explosionar con el ingenio inagotable de las masas. Todo podía volar en mil pedazos. –¿Usted podría, doctor Guzmán, considerar que las enseñanzas recibidas en esa Escuela Político-Militar le sirvieron en su formación como líder de su partido? –¡Naturalmente! Mi estadía en China ha sido una experiencia imborrable. –Doctor Guzmán, pasando al tema de los organismos de dirección partidarios, ¿me podría decir cuáles son? –Después de analizar la experiencia de Lenin y del presidente Mao Tse Tung, cada partido debe resolver los problemas de dirección que tiene, para lo cual debe tomar en consideración las condiciones dadas en un tiempo determinado. Dicho esto, los organismos de dirección que nosotros consideramos en el Partido son: el comité central, el buró político, el comité permanente, la presidencia del partido, la dirección central, la comisión militar y el departamento central. –Ahora le agradecería haga una breve descripción de cada uno de ellos, ¿okey? –Muy bien, doctor Montesinos. –Para que haya un orden, yo le mencionaré uno por uno. ¿De acuerdo?
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–De acuerdo, doctor Montesinos. –Primero, el Comité Central (CC). –El comité central, constituye el organismo de máxima dirección y nosotros lo denominamos el centro del Partido. De la marcha de este comité depende el rumbo que toma todo el Partido, partiendo de la línea política general hasta llegar al diseño de los planes estratégicos y tácticos. Los integrantes de este comité eran todos dirigentes que se ubican en orden jerárquico y podían desempeñar otras funciones en los distintos comités y aparatos centrales. –Doctor Guzmán, ¿al desempeñar los miembros del comité central otras funciones, utilizaban el mismo seudónimo? –No, doctor Montesinos, se podía utilizar diversos seudónimos por cada función o tarea, por medidas de seguridad. Eso lo aprendí durante mi estadía en China. –Dígame, doctor Guzmán, en línea de precisión histórica, ¿cuándo se seleccionó por primera vez a los miembros del comité central? –Correcto. Es en la tercera sesión del Primer Congreso partidario que se llevó a cabo si mal no recuerdo en junio de 1989, en que se eligió por primera vez al comité central de nuestro Partido. –Ahora vamos por el segundo organismo, el Buró Político (BP). –Vea, el buró político estaba conformado en orden jerárquico por los cinco primeros miembros del comité central. –Me podría decir, doctor Guzmán, ¿quiénes son los cinco miembros del Buró Político y qué funciones cumplía? –El buró político estuvo integrado por quien le habla y los camaradas Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, Oscar Ramírez Durand, Hugo Deodato Juárez Cruzatt, fallecido, y Elizabeth Cárdenas Huayta. El Buró Político se avocaba a realizar funciones políticas de dirección partidaria. –Con respecto al Comité Permanente (CP), ¿qué podría decirme, doctor Guzmán? –Sí, doctor Montesinos, el Comité Permanente es considerado dentro del Partido como un aparato de dirección orgánica central que desempeñaba tareas de dirección política rutinarias en aquellos
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períodos en que el comité central no se reunía. Tenía una función netamente política y era presidido por mi persona. –En cuanto a la Presidencia del Partido, ¿qué puede decir, doctor Guzmán? –Bien. La presidencia del Partido recaía en mi persona, además era presidente de la Comisión Militar y presidente del Comité Organizador de la República Popular de Nueva Democracia. –Pero doctor Guzmán, ¿cuál es su rol como presidente de su partido? –Es un tema personal que no quería tocar, pero ya que usted me lo pregunta le diré que mi rol fundamental ha sido marcar la línea correcta dentro del Partido. Definir el rumbo y la orientación del Partido. En un primer momento esa orientación fue el pensamiento guía. Pero luego de nuestro Primer Congreso se convirtió en el pensamiento Gonzalo, que es, reitero, la aplicación del marxismoleninismo-maoísmo a nuestra realidad social en el país. –¿Le pregunto si a eso se debe que usted, doctor Guzmán, dirigía con plenos poderes el Partido, el Ejército Guerrillero Popular y el Frente? –Usted lo ha dicho. Al dirigirse los tres instrumentos de la revolución, que acabo de mencionar, es porque soy la única persona que define en nuestro Partido el rumbo y la dirección correcta y eso le da unidad y continuidad a la línea que ha de regir la vida partidaria. No se olvide que la ideología es lo fundamental, pues se aplica de manera concreta a la realidad peruana. Además, es el centro de la unificación partidaria. En síntesis, esa es mi gran responsabilidad como presidente de nuestro Partido en tanto viva por ser el auténtico fundador del Partido Comunista del Perú. –Con relación a la Dirección Central (DC), ¿qué podría decir, doctor Guzmán? –Bien, doctor Montesinos. La dirección central es integrada por el buró político y el comité permanente. En líneas generales le diré que entre sus funciones está la de confeccionar las distintas directivas que emite el Partido por intermedio del departamento de apoyo organizativo. –En cuanto a la Comisión Militar (CM), ¿qué puede decirme, doctor Guzmán?
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–Mire, señor doctor Montesinos, la comisión militar fue una de las diversas comisiones que el comité central tuvo a su cargo con el propósito de materializar sus funciones. La tarea fundamental de la comisión militar es formular los planes estratégicos operativos para los diferentes aparatos partidarios. –Finalmente, doctor Guzmán, ¿qué me puede decir del Departamento Central (DC)? –Ese organismo era mi secretaría personal, bajo la supervisión de la camarada Miriam. Básicamente redactaban los documentos del Partido, y luego los distribuían a los distintos comités y aparatos del Partido bajo el principio de centralismo democrático. –Pasando a otro tema, doctor Guzmán, ¿usted recuerda en qué parte de Lima estaba ubicado el último inmueble donde usted vivió con Augusta La Torre Carrasco, antes de pasar a la clandestinidad? –Sí, doctor Montesinos. Fue en la avenida Pershing Nº 510-B, en el distrito de Jesús María. Allí estuvimos viviendo con la camarada Norah y mis suegros, sus queridos padres don Carlos La Torre y doña Delia Carrasco Galdós. Por ellos guardo el mejor recuerdo y mi permanente agradecimiento por su calidad humana y profunda solidaridad que compromete mi eterna gratitud. Hasta ahora mantengo el recuerdo de sus rostros aquel día que nos despedimos de ellos con la camarada Norah, para partir a la clandestinidad sin tiempo ni espacio. Fue un día triste para ellos y nosotros. ¡Pero teníamos una misión que cumplir! Ese es mi último recuerdo de ellos. –En verdad que es una historia triste, doctor Guzmán, pero usted eligió ese rumbo en su vida. –Fue de común acuerdo con la camarada Norah, doctor Montesinos. ¡Fue una decisión de los dos! –me contestó Guzmán con un tono enérgico. En ese momento percibí en la mirada y en las palabras de Abimael Guzmán Reinoso, la huella profunda que había marcado en su vida Augusta La Torre Carrasco, la “camarada Norah”, a quien Guzmán en su velorio de noviembre de 1988, homenajeó colocando 26 rosas rojas en su féretro, rosas que simbolizaban los años que ella militó como comunista en su compañía.
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En otra ocasión que estábamos los dos reunidos, y para comprobar una vez más sus sentimientos, le comento: –Doctor Guzmán, como a usted le agradan las rosas rojas y cada rosa significa simbólicamente un año de vida que la “camarada Norah” como su compañera militó en el Partido Comunista al lado suyo, quisiera que escuchemos para esta oportunidad una canción muy bella. ¿Qué le parece? –¿Cuál canción, doctor Montesinos? –me preguntó intrigado. –“Red Roses for a Blue Lady”. Rosas rojas para una dama azul. Es una versión interpretada por la orquesta y coros de Ray Conniff –le respondí y de inmediato pulsé la tecla “play” en el dispositivo de control remoto del reproductor de CDs y la orquesta del célebre concertista soltó por los aires la canción. Entonces mi interlocutor se quedó estupefacto. Por un momento observé la mirada aparentemente perdida de Guzmán. La música lo transportó al pasado y me imaginé las mil imágenes que estarían bombardeando su cerebro a partir del recuerdo de “Norah”. Al terminar los dos minutos con veinticinco segundos que duró la canción, me dice: –¿Podría usted repetir nuevamente esta canción, doctor Montesinos? –Por supuesto, doctor Guzmán –le contesté y procedí a repetir la canción, mientras Guzmán encendió un cigarrillo Winston a tiempo que los coros de Ray Conniff regresaban con “Red Roses for a Blue Lady”. Fue otro momento de gran emotividad que logré generar en Abimael Guzmán para apreciar una vez más su inteligencia emocional teniendo en consideración los sentimientos, el control de los impulsos, la motivación y el entusiasmo a fin de poder observar nuevamente los rasgos más saltantes de su personalidad, y luego contrastarlos con la información que disponíamos en la Base de Datos del Servicio de Inteligencia Nacional. Mientras tanto, la lucha ideológica y política se daba intensamente al interior de Sendero Luminoso, cuya ruptura orgánica era un hecho irreversible que había logrado el Estado peruano desde la perspectiva de la Guerra de Cuarta Generación al enfrentar la amenaza de esta red terrorista.
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CAPÍTULO IX
LA CAPTURA DE OSCAR RAMÍREZ DURAND

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IX.
Siendo Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano” el cabecilla más emblemático del bloque escisionista “Proseguir”, facción denominada también “Sendero Rojo”, como ya se ha señalado el esfuerzo de búsqueda de información de la Comunidad de Inteligencia debía estar prioritariamente orientado a lograr su ubicación y captura, para lo cual el general Julio Salazar Monroe como jefe del SIN, estando a la recomendación que le formulara, decidió impulsar y apoyar los trabajos de inteligencia del Departamento de Subversión del Servicio de Inteligencia Nacional, a fin de poder ubicar a “Feliciano”, reforzando con un experto de alto nivel a dicho órgano que era el área encargada dentro de esta institución para centralizar toda la información e inteligencia disponible en la lucha contra las redes terroristas, ejerciendo la función de ente rector del Sistema de Inteligencia Nacional (SINA). El perfil profesional de dicho especialista debía tener dos características fundamentales: –Primero, ser diplomado en inteligencia y haber prestado servicios en la Comunidad de Inteligencia dentro del área de Contraterrorismo; –Segundo, tener la especialidad de comando dentro del Ejército Peruano. Visto el perfil requerido y efectuada la búsqueda en el Escalafón del Ejército, el oficial superior que tenía esa ocupación militar en dicha institución era el entonces coronel EP Eduardo Fournier Coronado. Fournier era diplomado en los cursos de Inteligencia Básica, Superior e Inteligencia Estratégica y había prestado servicios en el SIN entre los años de 1992 a 1994 a cargo del área
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de Contraterrorismo. Es un oficial estudioso y buen analista de inteligencia, escritor prolífico, autor de varias obras en que plasma su experiencia en el campo de inteligencia. Asimismo, se ha graduado en el Curso Regular de Comandos e Instructor de la Escuela de Comandos del Ejército. Era, pues, el oficial de inteligencia que reunía el perfil requerido para cumplir la misión especial de ubicar a “Feliciano”. Elegido el especialista de inteligencia, y después de las respectivas coordinaciones con el comando del Ejército, el 11 de diciembre de 1997 se presentó en el local del SIN el coronel Fournier solicitando entrevistarse con mi persona. Le transmití personalmente, y por encargo del general Salazar Monroe, su inmediato cambio de colocación a nuestro organismo de inteligencia para que asumiera la jefatura del Departamento de Subversión, cuya misión –en base a la directiva del presidente Fujimori– sería a partir de ese momento planificar, centralizar, dirigir y controlar todas las actividades de inteligencia del SIN orientándolas a la ubicación y posterior captura de Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano”. La captura de “Feliciano” era necesaria para lograr la desarticulación del bloque escisionista “Proseguir” que venía operando en el Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE). En marzo de 1998, la jefatura del SIN, estando a la nueva directiva presidencial del ingeniero Fujimori y actualizando documentos anteriores, emitió la Directiva Nº 003-98-SIN.01 cuyo objeto era normar las relaciones de coordinación de los órganos del SINA que participan en la lucha contra el terrorismo, factor de perturbación de la seguridad nacional. La finalidad de esta directiva era darle dirección, coordinar y efectivizar las actividades de inteligencia que realizan los componentes del SINA a fin de contribuir de manera eficaz con el cumplimiento de los objetivos del Supremo Gobierno en materia de Pacificación Nacional. Como alcance de dicha directiva se determinó que sea de observancia obligatoria por todos los órganos del SINA en la lucha contra las redes y coaliciones terroristas, debiendo comprenderse a: •
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Departamento de Subversión del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) bajo la jefatura del coronel EP Eduardo

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Fournier Coronado. División de Inteligencia del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas (DIEMFA). Dirección General de Inteligencia del Ministerio del Interior (DIGIMIN). Dirección de Inteligencia del Ejército (DINTE). Dirección de Inteligencia de la Marina de Guerra del Perú (DINTEMAR). Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea del Perú (DIFAP). Dirección de Inteligencia de la Policía Nacional del Perú (DIRIN).

De acuerdo al protocolo vigente el Departamento de Subversión del SIN, en base a la citada directiva de la jefatura, formuló varios planes de operaciones de inteligencia y contrainteligencia contra el terrorismo conocidos por las siglas POICT. La misión de estos planes era ubicar diversos objetivos de las redes terroristas que venían operando en distintas áreas geográficas del país. Conforme a ello, uno de los planes formulados por el coronel Fournier fue el POICT Nº 003, denominado con el código de “Solitario”. Este plan tenía como misión específica lograr la ubicación y posterior captura de Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano”, quien normalmente se movilizaba entre los departamentos de Ayacucho y Junín, departamentos donde venía operando el bloque escisionista “Proseguir” bajo su liderazgo. En cumplimiento a dicho POICT el Departamento de Subversión, bajo la jefatura del coronel Fournier, fue el área al interior del SIN que tuvo la responsabilidad de dirigir y ejecutar todas las operaciones de inteligencia que estimara necesarias para cumplir con su misión de ubicar a “Feliciano”. Ahora bien, considerando el principio de especialidad, o especialización, la Dirección de Inteligencia Naval (DINTEMAR) venía realizando inteligencia de comunicaciones (COMINT) sobre las comunicaciones radiales en HF que efectuaba la red terrorista
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Sendero Luminoso en el país, obteniendo de este modo valiosa información a través de ese procedimiento técnico. Sin embargo, este tipo de trabajo tenía una limitación, pues se requería identificar las voces de los senderistas que se comunicaban radialmente en HF, lo que obligó a la conformación de un banco de voces en el que se almacenaban progresivamente las que eran identificadas, para luego ser cotejadas mediante un programa especial informático –a cargo de expertos en la materia– con otras voces de similares decibeles, a fin de poder detectar con dicha técnica la identidad de quienes utilizaban ese medio de comunicación, y luego fijar sus coordenadas en el terreno. Estando a los principios de fluidez, precisión, oportunidad y eficacia que regían las acciones del Sistema de Inteligencia Nacional durante el gobierno del presidente Fujimori, la producción de inteligencia de la Dirección de Inteligencia Naval era remitida en tiempo real por el canal de inteligencia al Servicio de Inteligencia Nacional. Allí, bajo el principio de concentración, se centralizaba la conducción de toda la inteligencia disponible en la comunidad de inteligencia peruana, para producir a su vez bajo los principios de celeridad y unidad de dirección, la inteligencia requerida a nivel nacional, dominio o campo de actividad y operativo en función de los criterios y políticas determinadas por el Presidente de la República en su calidad de presidente del Consejo de Defensa Nacional. Conforme a ello, la DINTEMAR, bajo la dirección del contralmirante AP Manuel Arriarán Medina, logró en el primer trimestre de 1998 identificar cuál de las voces que tenía registrada pertenecía a Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano”. Una vez confirmada, procedió a profundizar el trabajo de inteligencia sobre las comunicaciones radiales que realizaba el cabecilla de “Proseguir” con los comandos del comité regional centro, que venían operando entre Junín y Ayacucho, para tratar de ubicarlo en el terreno con la inteligencia de señales y mediante el procedimiento de radiogonometría. Este trabajo permitió conocer determinadas posiciones geográficas que indicaban que “Feliciano” se movilizaba básicamente por el distrito de San Martín de Pangoa, provincia de Satipo, pero
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por su eventualidad no se podían fijar como para desarrollar un esquema de trabajo sistemático y continuo en el que los equipos de inteligencia de radiogonometría instalados en Pucallpa y Satipo tuvieran una comunicación radial más o menos fluida en el tiempo. Esto último era indispensable para ubicar la posición exacta de “Feliciano” en el terreno, debido a que éste, muy astutamente y para despistar, evitaba hablar por la radio para comunicarse con sus elementos de maniobra, y en cambio utilizaba a terceros. Había que esperar. Era un trabajo de largo aliento y de mucha paciencia. Entre otras cosas, en eso consiste el arte de inteligencia: en esperar. A partir del 27 de junio de 1998 los equipos de inteligencia de radiogonometría de la DINTEMAR, instalados uno en Pucallpa y el otro en Satipo, lograron fijar los movimientos de “Feliciano” y su pelotón de seguridad en el propio Vizcatán, punto desde el que comenzó a movilizarse hasta que llegó a la localidad de

Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano” cabecilla más emblemático del bloque escisionista “Proseguir”, fue capturado luego de un minucioso plan de inteligencia por el Ejército Peruano.

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Carrizales el 15 de agosto de 1998. Allí permaneció oculto en algún lugar de dicha zona hasta el 8 de marzo de 1999. Desde ese punto, y actuando encubierto, “Feliciano” comenzó a operar con el bloque escisionista “Proseguir”, pero fiel a su estilo, dispuso el envío de diversas comisiones a Lima y a Huancayo, en búsqueda de Ernestina Hinostroza Canchari (a) “Estela”. Esta mujer era su pareja preferida, el amor tormentoso que lo convirtió en un auténtico “varón domado”, tanto así que al jalar el hilo –desde su vivienda en Ate– para que saliera del escondite en Vizcatán, llegó desesperado por ella y allí cayó detenido. El equipo de inteligencia “Villar” –que debió su nombre a Esther Villar, autora de “El varón domado”– de la Dirección Nacional de Operaciones Sicológicas del SIN realizó una extraordinaria estrategia de manipulación para capturar al donjuanesco terrorista. Ello, por lo anecdótico, divertido e ilustrativo de la vida amorosa y sexual de los terroristas, será materia de otro libro, que escribiremos en su momento. El 13 de abril de 1999, el contralmirante AP Manuel Arriarán Medina remite al SIN el reporte de una interceptación radiogonométrica en que estaba la última posición geográfica de “Feliciano” y los desplazamientos que había efectuado hasta ese momento. Al recibir dicho documento convoqué de inmediato al general Fournier a las oficinas de la Alta Dirección, a fin de entregarle esa información de absoluta credibilidad, en razón de que era el funcionario encargado de dirigir y controlar todas las operaciones de inteligencia del SIN con el objetivo de fijar en el terreno a “Feliciano” para su posterior captura. El general Fournier, quien había ascendido a dicho grado desde el 01 de enero de 1999, con el profesionalismo que lo caracteriza, pues era el primer y único general del Arma de Inteligencia en el Ejército Peruano, siguiendo las instrucciones recibidas, dispuso la elaboración de tres cartas de situación, donde sobre el mapa del departamento de Junín, provincia de Satipo, se colocó un acetato (plástico especial) y en él se graficaron los movimientos realizados presuntamente por “Feliciano” y los senderistas que lo seguían. Estas tres cartas se iban actualizando cada vez que la DINTEMAR lograba obtener una interceptación radiogonométrica y dicha información obtenida por esos medios técnicos de recolección era
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complementada e integrada por la HUMINT, es decir la inteligencia obtenida por fuentes humanas. De las tres cartas de situación, una se ubicó en el despacho del jefe del SIN, contralmirante AP Humberto Rosas Bounicelli, otra en mi propia oficina y la tercera permanecía en el Departamento de Subversión a cargo de Fournier. El mayor EP José Mavila Chauca, un oficial del SIN especialista en operaciones de inteligencia contra redes terroristas, fue el funcionario encargado de llevar actualizadas las tres cartas de situación al desempeñarse como analista en el Departamento de Subversión. Mavila actuaba bajo la supervisión del coronel de la Policía José Haro Iparraguirre, ejecutivo de dicho departamento. Por razones propias del compartimentaje que rige las actividades de cualquier organismo de inteligencia, sólo tenían acceso a esas cartas de situación el general Fournier, el coronel Haro, el mayor Mavila, el jefe del SIN, mis secretarios los capitanes Mario Ruiz Agüero y Wilber Ramos Viera, y yo. Al presidente Fujimori lo informaba con la carta de situación que tenía a mi disposición. De conformidad con el principio de celeridad que normaba las actividades de inteligencia durante la década de los 90, toda la información disponible sobre “Feliciano” fue puesta en conocimiento del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, cuyo presidente era a la vez Comandante General del Ejército. Este emitió la correspondiente directiva de dominio encargando la responsabilidad de iniciar las operaciones contraterroristas en el departamento de Junín, provincia de Satipo, a la Zona de Seguridad Nacional del Centro (ZSNC) bajo el comando del general EP Carlos Indacochea Ballón, el que a su vez dispuso que la Subzona de Seguridad Nacional del Centro (SZNC–7) a cargo de la entonces 31ª División de Infantería con sede en Huancayo, se haga cargo directamente de las operaciones militares reforzada con la que fuera Primera División de Fuerzas Especiales, con sede en Las Palmas, Lima, frente a las instalaciones del SIN. Del mismo modo, dispuso que la Subzona de Seguridad Nacional del Centro Sur (SZNC–8) a cargo de la entonces 2ª División de Infantería, cuya guarnición está acantonada en Ayacucho, procediera a intensificar el patrullaje en su área de responsabilidad.
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Como las operaciones militares contraterroristas llevadas a cabo durante la última semana de abril, y durante el mes de mayo de 1999, no tuvieron al inicio un resultado positivo, nos causaba preocupación la aparente ineficacia castrense, situación que motivó al jefe del SIN, contralmirante Humberto Rosas, invitara al general Carlos Indacochea Ballón y a su segundo comandante, general José Huertas Torres, para que concurrieran a las instalaciones del Servicio de Inteligencia Nacional a fin de conocer directamente a través de la inmediación, los planes de la Segunda Región Militar en la zona de Satipo. Luego de esto se mantendría un intercambio fluido de informaciones con el propósito de hacer más ágil la interoperatividad de las grandes unidades del Ejército comprometidas en la misión de capturar a “Feliciano”, recomendando al final se pusiera un mayor empeño en todos los niveles de comando. Esta reunión de coordinación, vista en perspectiva, fue muy positiva para poder capturar posteriormente a “Feliciano”, gracias a la acertada conducción de las operaciones por ambos generales del Ejército Peruano. Luego dispuse al capitán Mario Ruiz Agüero que se comunicara con el general Fournier para que éste trajera su carta de situación actualizada con los últimos movimientos de “Feliciano” graficados en el acetato, a efectos de analizar el escenario y poder determinar nuestras posibilidades y las limitaciones que teníamos en el terreno con el objeto de realizar aquellas medidas correctivas que eran necesarias en el desarrollo de las acciones de inteligencia destinadas a la pronta ubicación de nuestro objetivo, de conformidad con lo establecido en el POICT “Solitario”. Vista la carta, y apreciada la situación en el teatro de operaciones, se pudo observar que estaba graficado en el acetato el itinerario recorrido por “Feliciano” y su posible posición geográfica en un punto indeterminado del terreno; asimismo, se apreciaba el dispositivo adoptado por las fuerzas de la Segunda Región Militar a fin de poder lograr el cerco de su objetivo. Ante dicho escenario se le solicitó su opinión al general Fournier para que nos ilustrara de la situación, señalando que el general Javier Lira como comandante general de la 31ª División de
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Infantería, había establecido su puesto de comando en la localidad de Satipo. En ese lugar se encontraba con el coronel Nicolás Valle, que era el jefe de Estado Mayor Operativo a cargo de conducir las operaciones militares para la ubicación y captura de “Feliciano” en función de la inteligencia disponible. Sin embargo, de acuerdo al criterio del general Fournier, existía una duda razonable respecto a que la persona identificada por el procedimiento de interceptación de radiogonometría como el “ingeniero” o “profesor”, fuera en realidad Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano”: no había forma de verificar si esa voz en verdad le correspondía, de ahí los posibles errores en la conducción de las operaciones y además, también, en la rutina del personal militar. Se le aseguró a Fournier que esa era la voz de “Feliciano”, pues el contralmirante Manuel Arriarán Medina había efectuado las verificaciones del caso antes de continuar con el proceso de las interceptaciones radiales, y a mayor abundamiento se realizó en su oportunidad un cotejo con la grabación que disponíamos en el Servicio de Inteligencia Nacional de la voz de este cabecilla terrorista durante una conversación radial. La voz fue en su momento, y en mi presencia, identificada por Jorge Eduardo Olivares del Carpio (a) “Roldán”. Para disipar cualquier duda sobre la ubicación de la posición de “Feliciano” y la identificación de su voz, el 15 de junio de 1999 en horas de la mañana se llevó a cabo una reunión de emergencia en el Servicio de Inteligencia Nacional, en donde estuvimos el contralmirante Humberto Rosas Bonicelli, jefe del SIN; el contralmirante Arriarán Medina, (DINTEMAR), el general Edgard Cano Cano, jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, el general Fournier y yo. En dicha ocasión se le preguntó a Manuel Arriarán si tenía disponible al informante o colaborador de la DINTEMAR para convocarlo, a fin de que con la presencia de todos los asistentes procediera a reconocer e identificar la voz de “Feliciano”, situación que no se pudo llevar a cabo debido a que se encontraba laborando en la localidad de Satipo. Por otro lado, Jorge Eduardo Olivares
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del Carpio, quien también conocía la voz de Ramírez Durand, no estaba en Lima, por obvias razones de seguridad. Para mí no había duda alguna que era la voz de “Feliciano”, y además conocía del profesionalismo con que actuaba la Dirección de Inteligencia Naval, y particularmente Manuel Arriarán Medina, quien desde su época de teniente primero en la Marina de Guerra del Perú se había especializado en inteligencia después de regresar de una beca en Argentina en 1982. Era y es, por tanto, una persona muy competente y capaz como oficial de inteligencia debido a la vasta experiencia que posee. Además, por principio doctrinario en inteligencia, toda información es válida, pues refleja una probabilidad y una posibilidad que no debe desperdiciarse por el otro principio de oportunidad. De modo que la conclusión fue que el general Edgard Cano Cano dispusiera estrechar el cerco de “Feliciano” en el teatro de operaciones, y que las tropas de la Segunda Región Militar se pusieran, como se dice, las pilas ante los movimientos inusitados de “Feliciano”, quien conocía perfectamente el terreno y la forma de operar del Ejército Peruano. Por ende, Fournier debía continuar con sus actividades de inteligencia conforme a lo previsto por el Departamento de Subversión del Servicio de Inteligencia Nacional. Tres días después, esto es el 18 de junio de 1999, el general Pedro Vilca Sánchez, director de Inteligencia de la Policía Nacional del Perú (DIRIN), me manifestó en el Servicio de Inteligencia Nacional –en una reunión de la Comunidad de Inteligencia para evaluar la lucha contra las redes terroristas– que tenía una colaboradora identificada con el criptónimo de “Paloma” que conocía a muchos elementos de Sendero Luminoso y particularmente a “Feliciano”. Derivé a esa colaboradora hacia el general Fournier para que coordinaran y pudieran explotar sus informaciones, de conformidad a los protocolos vigentes. Fournier, al ser informado de ese hecho por el general Vilca solicitó reunirse con “Paloma”, para que pudiera escuchar diversas grabaciones a fin de que identifique por la voz a las personas que se
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comunicaban. La reunión se llevó a cabo en una casa de seguridad que tenía la DIRIN, adonde concurrieron el general Fournier y el coronel José Haro, su ejecutivo en el Departamento de Subversión. El resultado fue positivo, pues “Paloma” –gracias al tino y sagacidad de Fournier– fue reconociendo uno a uno la voz y la identidad de quienes se comunicaban por radio. Entre las voces descubrió la que correspondía a “Feliciano” sin ninguna duda. Estando al mérito de esa información el general Fournier de inmediato dio cuenta al jefe del SIN, contralmirante AP Humberto Rosas Bouniccelli, quien a su vez me comunicó ese hecho, motivo por el cual dispuse que uno de mis secretarios, el capitán Wilbert Ramos Viera, llamara a Fournier para preguntarle por la colaboradora. Ramos me manifestó, con gran entusiasmo, que “Paloma” había identificado la voz de “Feliciano” y que éste, al parecer, se encontraría por las alturas del caserío de La LibertadChilca, frente a Hualcochopa, en los límites de los departamentos de Huancavelica, Ayacucho y Junín, separados por el río Mantaro. Al preguntarle a Fournier dónde estaba físicamente “Paloma”, y si podía venir, me contestó que se encontraba en Lima. Le pregunté si ella tenía la disposición de colaborar con nosotros y qué solicitaba a cambio de ello; me contestó que si bien estaba un poco temerosa, brindándole confianza y otorgándole garantías para salvaguardar su identidad, junto con una recompensa económica para rehacer su vida, brindaría su colaboración. “Dale lo que nos pida, que yo le daré cuenta al jefe del SIN”, fue mi respuesta categórica. “Que venga a la base, conversa con ella, analiza bien la información que brinde y me mantienes informado”. Esa fue mi decisión sobre el particular. A partir de ese momento el manejo de las operaciones de inteligencia recayeron en el general Fournier, quien tuvo dos reuniones más con “Paloma”. La primera, con oficiales de inteligencia de la Segunda División de Inteligencia del Estado Mayor de la Fuerza Armada (DIEMFA) y de la Segunda Región Militar; y la segunda, en la réplica de la residencia del embajador de Japón, que sirviera para los ensayos de la operación militar “Chavín de Huantar”. En esta última reunión estuvieron presentes
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los coroneles Haro Iparraguirre, Huamán Ascurra, la colaboradora “Paloma” y el general Fournier. Esta última reunión –a diferencia de la primera– fue muy productiva, pues “Paloma” reveló que conocía a un amigo que era maestro y el cual prestaba servicios por esos lugares. Este, si bien no formaba parte de la red terrorista Sendero Luminoso, sí conocía a varios terroristas. Su nombre era Rubén, y tenía la costumbre de bajar cada fin de mes a Huancayo con el objeto de cobrar sus emolumentos y en esas ocasiones solía comunicarse con “Paloma” para poder encontrarse. Ella señaló asimismo que su amigo Rubén conocía la vivienda de un sujeto llamado Romeo, el cual también era maestro, y él sí era un militante activo de Sendero Luminoso que radicaba en Huancayo e igualmente solía bajar para cobrar sus haberes y encontrarse con Rubén. Para el general Fournier estas informaciones y el conocimiento que tenía “Paloma” sobre dicha red terrorista, eran el punto de partida para lograr la ubicación de “Feliciano” y por tanto había llegado el momento adecuado para que el Departamento de Subversión del Servicio de Inteligencia Nacional organizara un equipo especial de inteligencia a fin de viajar a la localidad de Huancayo y desarrollar la fase pertinente del POICT “Solitario”. Con la autorización del contralmirante AP Rosas Bouniccelli, jefe del SIN, y el pleno conocimiento de mi persona, el general Fournier organizó el Equipo Especial de Inteligencia “Llanero” (EEI–LL), y a pedido del general Pedro Vilca Sánchez fueron incorporados a este equipo tres oficiales de la Dirección de Inteligencia de la Policía Nacional (DIRIN). El 24 de junio de 1999 partió con destino a Huancayo una avanzada de dicho equipo para reconocer el terreno y efectuar las primeras indagaciones. Este destacamento precursor estuvo integrado por el coronel Juan Jesús Vargas Ramos, el comandante Henry Cueva Meza, el mayor Eusebio Paredes Velásquez, el capitán Rolando Terrones, acompañados de la informante “Paloma”. A Vargas Ramos ya lo conocía por su destacada labor en la DINCOTE en el año de 1995; entonces dicha dependencia policial logró frustrar el asalto al Congreso de la República por un comando operativo del MRTA.
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El presidente Fujimori estuvo informado de que se había puesto en ejecución la fase operativa del POICT “Solitario”, con el viaje del destacamento precursor. Esa misma noche se dispuso una reunión del Comandante General del Ejército, del Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, del Comandante General de la Segunda Región Militar, del Director de Inteligencia Naval, del Jefe del SIN, del general Fournier y mi persona, en la sede del Servicio de Inteligencia Nacional. El jefe de Estado daría allí sus disposiciones como Presidente del Sistema de Defensa Nacional cuando fuera capturado “Feliciano” por el personal del Ejército Peruano perteneciente a la Segunda Región Militar. Al día siguiente, 25 de junio de 1999, partió con destino a Huancayo la otra parte del equipo especial de inteligencia conformada por dos agentes del Servicio de Inteligencia Nacional, el mayor Gedward Puma Aspirila y el suboficial Walter Coronado Castillo. Estos se sumarían al destacamento precursor. Siendo necesaria la presencia del general Fournier en Huancayo, a fin de dirigir, coordinar y supervisar en el terreno las operaciones de inteligencia orientadas a la ubicación de “Feliciano”, se autorizó su viaje, no sin antes recomendársele diera las instrucciones pertinentes al coronel José Haro Iparraguirre para el normal desarrollo del Departamento de Subversión durante su ausencia y que mantuviera informado de la evolución de los hechos al jefe del SIN y a mi persona a través de mis secretarios los capitanes Wilbert Ramos Viera y Mario Ruiz Agüero. De acuerdo al reporte de la Dirección de Inteligencia Naval, el mismo 25 de junio de 1999, “Feliciano” y su pelotón de seguridad llegaron a Ullá, procedentes de Carrizales, de donde salieron el 8 de marzo de 1999. Luego se conoció que desde Ullá, Ramírez Durand envió a “Alcides” a la ciudad de Huancayo, con el fin de preparar su propio ingreso a dicha localidad para tratar de evadir el cerco que le habían