TEXTO I Aquí tienes un texto en lengua vulgar.

Está plagado de expresiones incorrectas que tú debes subrayar, copiar en tu cuaderno y colocar al lado la expresión correcta.

“La madre era más buena que el pescado congelado. Viuda, pero buenísima, que lo cortés no quita lo paciente. El señor, pobrecito, se había muerto de cúbito supino.” “Como pude me salí y bajé al médico. Se me puso la pierna tan negra como la boca del lobo. -Como le siga dando estos sustos al corazón la voy a tener que colocar un pasatiempos. Se conoce que tenía la carne sorprendida del hueso.” “A los siete años me tiraba todo el día en la calle. No sabía ni leer ni escribir. Estaba hecha una alfabeta de manga entera.” “Nevaba una cosa mala. Tardábamos lo menos cuatro o cinco días en salir a la calle. Ahora, que tampoco te creas que estábamos deseando, porque allí había más tontos que otra cosa. El más mentado era el Pisapedos: un primo mío muy bajito que salía a pasearse y era enano. Tenía los dedos de los pieses asín y los de las manos igualmente, y sin en cambio, se caso con una tiarrona gigante. Iba andando y parecía un topo. Como los que salen en el circo. El único de mi familia que salió tan perjudicado de altura. Otro se apellidaba Gamba y era tan gordo que iba andando una cosa mala. Le quitabas la cabeza y salía rodando igual que un tonel. Era miope. De esos que ven de noche y de día no. De los que tienen el pelo muy blanco, muy blanco. Albano total.” “Lo poco que sé leer lo he aprendido en la televisión. O sea, las letras, que las junto y eso. Es al igual que mi hijo Marianín: él nunca ha atendido a la escuela pero sabe conducir y de cuentas porque le ha surgido de su propio interior. O sea, que los dos somos autómatas.” “Algunos delfines de semana me acercaba a las oficinas.” “La vida me había enseñado lo que yo pintaba en este planeta: menos que un cerdo a la izquierda” “A la estatua Nueva York, una mona con corona de espinas que sujeta un cucurucho de vainilla en lo alto, la observé al natural desde la bahía del muelle. La emoción me nubló la visibilidad atmosférica. Ya te digo. ¿Cómo no iba a llorar? Estaba por primera vez frente al mar. Y tuve mucha suerte porque me pilló un día con el océano a tope de agua. Llegaba prácticamente hasta la orilla. Una cosa mala. Si caen dos gotas más, se desborda y me veo enrolada en el arca de Nerón. Fíjate si nos sobra agua en la peñíscola ibérica y tuve que descubrir el Mediterráneo en América.” “Yo no sentía prácticamente de ningún oído, asín que fui a la consulta de un médico ornitorrinco.” (Guillermo Fesser, Cándida, memorias de una asistenta.)