Fedor M.

Dostoievsky DEMONIIOS EDITORIAL PORRUA MÉXICO 2009

INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN ......................................................................1 EL PRÍNCIPE HARRY. PETICIÓN DE MANO ...............................25 AJENOS PECADOS .................................................................40 LA ASTUTÍSIMA SERPIENTE ...................................................74 LA NOCHE ............................................................................94 EL DESAFÍO .......................................................................128 PIOTR STEPÁNOVJCH SE AGITA ............................................156 ENTRE LOS NUESTROS ........................................................177 EL ZAREVICH IVÁN ..............................................................187 REGISTRAN LA CASA DE STEPÁN TROFÍMO VICH ...................191 FILIBUSTEROS. UNA MAÑANA FATAL ....................................196 EL FESTIVAL. PRIMERA PARTE .............................................207 FINAL DE FIESTA ................................................................219 NOVELA TERMINADA ...........................................................232 ÚLTIMA DECISIÓN ...............................................................242 NOCHE LABORIOSA.. ...........................................................268 EL ÚLTIMO VIAJE DE STEPÁN TROFÍMOVICH ..........................282 FINAL ................................................................................298

Fedor Dostoievski nació en 1821. Su padre, cirujano del “Hospital de Santa María” de Moscú, era miembro de la nobleza, circunstancia a la que Dostoievski parecía conceder gran importancia, ya que se sintió en extremo afligido cuando, en ocasión de su condena, le quitaron el rango y, al salir de presidio, hizo presión sobre algunos influyentes para que le fuera devuelto. Pero la nobleza en Rusia era muy distinta de la de otros países europeos. Se podía, por ejemplo, obtenerla consiguiendo una modesta categoría al servicio del gobierno, y parece que significaba sólo un escalón por encima del campesino y del comerciante, y esto era ya bastante para creerse un caballero. En realidad, la familia de Dostoievski pertenecía a la clase de profesionales pobres. Su padre era un hombre muy recto. Se privaba no sólo de lujos, sino hasta de comodidades con el fin de poder dar una buena educación a sus siete hijos, y ya desde su más tierna edad les enseñó que debían habituarse al trabajo y a las desventuras, preparándose para los deberes y obligaciones de la vida. Vivían muy apiñados en las dos o tres habitaciones que formaban el hogar del médico en el hospital. Los hijos no estaban autorizados a salir solos, no les daban dinero para que lo llevaran en el bolsillo, ni tampoco contaban con amigos. El doctor tenía alguna clientela particular, además del sueldo del hospital, y en el curso del tiempo adquirió una pequeña propiedad a cien millas de Moscú, y desde entonces la madre y los hijos pasaban allí el verano. En este tiempo fue cuando probaron por primera vez el gusto a la libertad. Cuando Dostoievski tenía dieciséis años murió su madre, y el médico llevó a sus dos hijos mayores, Miguel y Fedor, a San Petersburgo, a fin de que ingresaran en la Escuela Militar de Ingenieros. Miguel, el mayor, fue rechazado por no reunir las condiciones físicas requeridas, y Fedor quedó separado de la única persona a quien quería. El joven se sintió solitario y triste. Su padre no podía o no quería enviarle dinero y a él le resultaba imposible adquirir las cosas más necesarias, como libros y calzado; ni siquiera podía pagar los gastos regulares de la escuela. El doctor, habiendo colocado a sus hijos mayores y dejado a otros tres al cuidado de una tía en Moscú, abandonó su clientela y se retiró, con sus dos hijos menores, a su propiedad en el campo. El hombre se dio a la bebida. Con sus hijos había sido muy severo, pero con sus siervos era brutal y un buen día éstos le asesinaron. Fedor tenía dieciocho años. Estudiaba bien, aunque sin el menor entusiasmo y, una vez concluidos sus estudios en la Academia, fue destinado a la Sección de Ingenieros del Ministerio de la Guerra. Entre la parte que le correspondió de la finca de su padre y el sueldo, disponía de cinco mil rublos al año. Alquiló un departamento, empezó a sentir una costosa pasión por el juego de billar, se dio a derrochar el dinero a manos llenas y, cuando dimitió su empleo pues encontraba el trabajo en la Sección de Ingeniería “tan insulso como las patatas”, estaba lleno de deudas. Hasta los últimos días de su vida vivió acribillado por las deudas. Era un derrochador empedernido y, aunque la situación le llevaba a veces a la desesperación, jamás le fue posible adquirir la fuerza de voluntad necesaria para vencer sus caprichos. Uno de sus biógrafos ha sugerido que el deseo de sentir confianza en sí mismo era en cierto modo responsable de su hábito de derrochar el dinero, ya que ello le proporcionaba sensación de poder; éste halagaba asimismo su exorbitante vanidad. Más tarde se verá a qué extremos sumamente mortificantes le condujo esta desgraciada debilidad. Mientras se encontraba en la Academia había empezado a escribir una novela y, ahora, habiendo decidido ganarse la vida como escritor, la terminó. Se llamaba Pobres gentes. No conocía a nadie en el mundo literario, pero un amigo, llamado Grigorovich, tenía un pariente, Necrasov, que se proponía lanzar una revista y se ofreció a enseñar a éste la novela. Un día, Dostoievski se retiró muy tarde a su casa. Se había pasado la velada leyendo la novela a un amigo y discutiéndola con él. A las cuatro de la mañana se dirigió a su casa a pie. No se metió en la cama, sino que abrió la ventana y se sentó junto a ella. De pronto le sorprendió una llamada en la puerta. Grigorovich y Necrasov se precipitaron dentro de la habitación casi con lágrimas en los ojos, y le abrazaron una y otra vez. Habían empezado a leer la novela, turnándose para hacerlo en voz alta, y cuando concluyeron, a pesar de ser tan tarde, decidieron correr a despertar a Dostoievski. “No importa que esté dormido, se dijeron. Le despertaremos. Esto es más importante que el sueño.” Necrasov llevó al día siguiente el manuscrito a Belinsky, el más destacado crítico de la épo ca y éste se entusiasmó tanto como los otros dos. La novela fue publicada y Dostoievski se encontró convertido de la noche a la mañana, en un hombre famoso. No le sentó muy bien el éxito. Una cierta Madame Panaev-Bolovachev ha descrito la impresión que Dostoievski le produjo cuando fue a visitarla. “A primera vista se podía notar que el recién llegado era un

hombre extremadamente nervioso y de temperamento impresionable. Bajo y delgado, tenía el cabello rubio, un color de hombre de escasa salud, ojos grises y pequeños, que vagaban inquietos de objeto en objeto, y unos pálidos labios que se fruncían sin cesar. Casi todos los presentes le conocían; sin embargo se mostraba tímido y no tomaba parte en la conversación general, pese a que diversos asistentes a la fiesta intentaron tirarle de la lengua para alejar su reserva y hacerle sentir que también él era miembro de nuestro círculo. No obstante, después de aquella velada, vino con frecuencia a vernos, y su timidez comenzó a desaparecer. Incluso llegó a discutir cuando alguna leve contradicción parecía impelerle a dar mentís. La verdad era que su juventud, combinada con un temperamento nervioso, le privaba del dominio de sí mismo y le impulsaba a mostrar su presunción y sus conocimientos de escritor. Es decir, que deslumbrado por su súbita y brillante entrada en el campo de la literatura, y confundido por los elogios que le prodigaron los grandes del mundo de la literatura, él, como los espíritus impresionables, no podía disimular su triunfo ante jóvenes escritores cuya entrada había sido mucho más modesta... A través de sus frases capciosas y su tono de altisonante orgullo, decía que se consideraba inmensamente superior a sus compañeros... Dostoievski suponía que todos tenían en menos su talento y, como veía en cada inofensiva palabra un deseo de rebajar su obra y de afrentarle personalmente, acudía siempre a visitarnos en un estado de ánimo resentido y ávido de pelearse, de arrojar contra sus detractores toda la cantidad de bilis que almacenaba en su pecho.” Cuando se encontraba en el apogeo de su triunfo, Dostoievski firmó contratos para escribir una novela y un número de cuentos. Con los anticipos que obtuvo empezó a llevar una vida tan disipada que sus amigos, por su propio bien, lo llevaban a su casa a la fuerza para que trabajase. Pero se peleaba con todos, incluso con Belinsky, que tanto había hecho por él, pues afirmaba que no estaba convencido de la “pureza de su admiración” y él se consideraba un genio y el más grande de los escritores rusos. Sus deudas aumentaron, viéndose precisado a trabajar con verdadera prisa. Antes ya había padecido una misteriosa enfermedad de los nervios, y ahora, al caer enfermo,
creyó que se volvía loco o tuberculoso. Las novelas escritas en tales circunstancias fueron fracasos, además de ilegibles. Los que antes le habían elogiado con tanto entusiasmo, le atacaban ahora violentamente, y la opinión general fue de que se hundía irremisiblemente.
***

A primeras horas de la mañana del día 29 de abril de 1854, Dostoievski fue arrestado y conducido a la fortaleza de Pedro y Pablo. Se había unido a un grupo de jóvenes imbuidos de las ideas socialistas corrientes entonces en el occidente de Europa, que propugnaban ciertas reformas sociales, en especial la abolición de los siervos y la supresión de la censura, y que se reunían una vez por semana para discutir sus ideas. Aquellos jóvenes publicaban un periódico clandestino, para divulgar entre el público artículos escritos por los miembros del grupo. La policía los había mantenido durante algún tiempo bajo vigilancia y, al final, detuvieron a todos el mismo día. Después de varios meses de cárcel comparecieron ante un tribunal, y quince de ellos, entre los cuales se encontraba Dostoievski, fueron condenados a muerte. Un día invernal por la mañana fueron conducidos al lugar de la ejecución, pero cuando los soldados se disponían a ejecutar la sentencia, llegó un mensaje con la orden de que la muerte había sido conmutada por trabajos forzados en Siberia. Dostoievski fue condenado a cuatro años de prisión en Omsk; luego tendría que servir como soldado raso. De nuevo en la fortaleza de Pedro y Pablo escribió la siguiente carta a su hermano Miguel: “Hoy, 22 de diciembre, hemos sido conducidos todos a la plaza Semenov. Allí se nos leyó la sentencia de muerte, nos dieron a besar la cruz, rompieron las espadas sobre nuestras cabezas y nos pusieron nuestros atavíos fúnebres: camisas blancas. Tres de nosotros fueron colocados ante el paredón para el cumplimiento de la sentencia de muerte. Yo era el sexto de la hilera, y nos llamaban en grupos de tres, así que a mí me correspondía el segundo grupo. Me quedaba sólo un momento de vida. Pensé en ti, hermano mío, en los recuerdos que guardo de ti. En ese último instante sólo tú ocupaste mi mente. Entonces me di cuenta de lo mucho que te quiero, mi querido hermano... Tuve tiempo de abrazar a Plestchiev y a Durov, que se encontraban cerca, despidiéndome de ellos. Finalmente tocaron a retirada y los que estaban atados al muro fueron retirados de allí; luego se nos leyó que su Majestad Imperial nos perdonaba la vida. Al final se nos comunicaron las nuevas sentencias”.

En La casa de los muertos ha descrito Dostoievski los horrores de la vida en la cárcel. Hay un punto en el cual es necesario hacer hincapié. A las dos horas, un recién llegado se encuentra en amigables relaciones con los otros presidiarios y convive familiarmente con ellos. “Pero con un caballero las cosas son distintas. No importa lo sencillo, lo amable y lo inteligente que éste sea. Acabará siendo una persona odiada y despreciada, jamás comprendida, y lo que es peor aún, no merecedora de confianza. Nadie lo mira como a un amigo o a un camarada, y aunque a lo largo de los años pueda lograr que cesen de tomarle por un imán de los insultos, le será imposible vivir su propia vida, no podrá verse libre del torturante pensamiento de que vive solitario y es un extraño para los demás.” Dostoievski no era tan gran caballero como así lo parece. Sus orígenes eran tan modestos como su propia

vida, y, salvo un breve período de gloria, se había visto siempre agobiado por la pobreza. Durov, su amigo y compañero de prisión, era querido por todos. Parece como si la soledad que sentía Dostoievski y el sufrimiento que ésta le producía fuera en parte ocasionada por sus propios defectos de carácter, su orgullo, su egoísmo, su susceptibilidad y su pronta irritación. La soledad en que vivía en medio de doscientos compañeros le hizo retraerse sobre sí mismo: “A través de este aislamiento espiritual —escribe— obtuve la oportunidad de volver a vivir mi vida pasada, de examinarla hasta su más mínimo detalle, de juzgar toda mi existencia anterior y de juzgarme a mí mismo rigurosa e inexorablemente”. El Nuevo Testamento era el único libro que le permitían tener y lo leyó incesantemente. Esta lectura ejerció una gran influencia sobre él. Desde entonces practicó la humildad y la necesidad de suprimir los deseos humanos del hombre normal. “Antes de todo, humíllate, escribía. Considera cómo ha sido tu vida pasada, considera lo que puedes ser capaz de hacer en el futuro, considera lo grande que es la masa de mezquindades, de pequeñeces y de torpezas que espían en el fondo de tu alma.” La prisión, al menos en aquel tiempo, acobardaba a su altanero y dominador espíritu. Cuando salió de ella ya no era un revolucionario sino un firme sustentador de la autoridad de la corona y del orden establecido. También era un epiléptico. Cuando concluyó el tiempo de su prisión, fue enviado para completar su sentencia como soldado raso a la guarnición de una pequeña ciudad de Siberia. Era una vida dura. Pero él aceptó sus penas como parte del castigo que merecía por su crimen, pues había llegado a la conclusión de que sus actividades reformadoras eran pecado, y escribió a su hermano: “No me quejo; ésta es mi cruz y la he merecido.” En 1856, debido a la intercesión de un antiguo compañero de escuela, fue ascendido y entonces su vida resultó más tolerable. Hizo amigos y se enamoró. El objeto de su amor fue una cierta María Dmitrievna Isaeva, esposa de un deportado político que se moría de tanto beber y de tuberculosis, y era madre de un niño. A ella se le describe como una bonita rubia de mediana estatura, muy delgada, apasionada y exaltada. Poco se sabe de ella, salvo que era de naturaleza tan suspicaz, celosa y torturadora como el propio Dostoievski. Este fue su amante, pero pasado algún tiempo, Isaev, su marido, fue trasladado del pueblo en que vivía Dostoievski a otro puerto fronterizo situado a cuatrocientas millas de allí, y en tal lugar murió. Fedor escribió a la mujer y le propuso matrimonio. La viuda titubeó, en parte porque los dos eran verdaderos menesterosos, y en parte porque había entregado ya su corazón a un joven maestro “animoso y simpático” llamado Vergunov, y había sido su amante. Dostoievski, profundamente enamorado, se sintió loco de celos, pero con su gusto por lacerarse a sí mismo y quizá también por el placer de novelista de verse a sí mismo como personaje de novela, hizo una cosa característica. Declaró a Vergunov que lo quería como a un hermano y encargó a uno de sus amigos que le llevase dinero para que María Isaeva pudiera casarse con su amante. Por lo que se ve, estaba dispuesto a representar el papel de un hombre con el corazón sangrante que se sacrifica por la felicidad de su bienamada. Pero no pudo representarlo, pues la viuda abrió los ojos ante la suerte que le esperaba. Aunque “animoso y simpático”, Vergunov no tenía un cuarto, mientras que Dostoievski era ahora oficial. Su perdón no podía tardar en llegar, y no había razón para que no escribiera de nuevo libros de gran éxito. La pareja se casó en 1857. No tenían dinero y el novelista había andado pidiendo prestado por todas partes y ahora le era imposible pedir más. Volvió de nuevo a la literatura. Pero como era un ex presidiario, tenía que solicitar autorización para poder publicar, y esto no era nada fácil conseguirlo. Tampoco le resultaba fácil su vida matrimonial. En realidad era muy poco satisfactoria y Dostoievski atribuía a su esposa una naturaleza suspicaz y dolorosamente fantasiosa. No se percataba de que él era tan impaciente, peleador, neurótico y poco seguro de sí mismo como lo había sido en los primeros tiempos de su vida. Empezó varias novelas, las abandonó a medio terminar, empezó otras y, en general, produjo poco, y este poco de escasa importancia. En 1859, como resultado de sus solicitudes y de la influencia de sus amigos, le autorizaron para regresar a San Petersburgo. El profesor Ernest Simmons, de la Universidad de Columbia, en su interesante e instructivo libro sobre Dostoievski, hace notar que los medios que empleó para recobrar su libertad de acción fueron abyectos. “Escribió poemas patrióticos, uno de ellos celebrando el cumpleaños de la emperatriz viuda Alejandra, otro sobre la coronación de Alejandro iT, y un canto fúnebre a la muerte de Nicolás 1. Fueron enviadas cartas de súplica a personas influyentes e incluso al nuevo zar. En ellas hace protestas de amor al joven monarca, al que describe como un sol brillante por el que está dispuesto a dar su vida. Confiesa el crimen por el que ha estado preso, pero insiste en que está arrepentido de él, y que ahora sufre por opiniones que ya ha abandonado.”

Dostoievski se instaló con su esposa y su hijastro en la capital. Hacía diez años que la había abandonado como presidiario. En unión de su hermano Miguel empezó a publicar un periódico literario. Se llamó Tiempo, y para él escribió Dostoievski La casa de los muertos y Humillados y ofendidos. Ambas novelas fueron un éxito y sus circunstancias mejoraron. En 1862, dejando el periódico en manos de Miguel, visitó Europa Occidental. No le gustó. Determinó que París era “una ciudad muy aburrida”, que sus habitantes se interesaban por el dinero y carecían de amplitud espiritual. Le sorprendió la miseria de los pobres de Londres y la hipócrita respetabilidad de los pudientes. Estuvo en Italia. Pero no se interesaba por el arte. Vivió una semana en Florencia sin visitar la Galería de los Uffizi; todo el tiempo se lo pasó leyendo los cuatro volúmenes de Los miserables de Víctor Hugo. Regresó a Rusia sin visitar Roma ni Venecia. Su esposa, a quien él había dejado de querer, había contraído la tuberculosis y ahora era una inválida crónica. Algunos meses antes de partir para el extranjero, Fedor, que tenía entonces cuarenta años, conoció a una joven que había llevado un cuento con el fin de que se lo publicaran en su periódico literario. Se llamaba Polina Suslova. Tenía veinte años, era bella y virginal, pero para demostrar que sus ideas eran avanzadas se había cortado el cabello y usaba lentes oscuros. Dostoievski se sintió prendado de ella, y a su regreso a San Petersburgo la sedujo. Más tarde, debido a un desgraciado artículo de uno de los que lo sostenían, el periódico fue prohibido y Dostoievski decidió marchar de nuevo al extranjero. La razón que dio para ello fue que necesitaba que le curasen la epilepsia, que desde hacía un tiempo venía agravándose. Pero esto era una simple excusa. Lo que deseaba era ir a Wiesbaden para jugar, ya que había inventado un sistema para hacer saltar la banca, aparte de que había dado una cita a Polina Suslova en París. Dejó a su esposa enferma en Vladimir, una ciudad situada a poca distancia de Moscú, pidió dinero prestado a la “Fundación para los autores necesitados” y partió para el extranjero. En Wiesbaden perdió gran parte de su dinero y tan sólo se pudo apartar de las mesas de juego porque su pasión por Polina era aún más fuerte que su pasión por la ruleta. Habían convenido en ir a Roma juntos, pero mientras le esperaba, la emancipada joven tuvo que ver con un joven español estudiante de medicina. La joven se sentía contrariada cuando Fedor la dejaba para ir a jugar, proceder que las mujeres no aceptan de buen grado, y se negó a continuar sus relaciones con Dostoievski. Este aceptó la situación, y le propuso a la muchacha ir a Italia “como hermano y hermana” y como seguramente no sabía qué hacer, la joven aceptó. Aquel arreglo, complicado por la circunstancia de que andaban tan cortos de dinero que en ocasiones tenían que empeñar sus cosas, no fue un éxito, y después de algunas semanas de recriminaciones se separaron. Dostoievski regresó a Rusia, donde encontró a su esposa casi moribunda. Tardó seis meses en morir. El viudo escribió a un amigo: “Mi esposa, el ser que me adoraba y al que yo amaba más allá de toda medida, expiró en Moscú, en donde se había instalado un año antes de morir de tisis. Yo la seguí hasta allí y en aquel invierno jamás me separé de la cabecera de su lecho... Amigo mío, ella me quería sin medida y yo le devolvía el afecto en un grado que escapa a toda expresión. Sin embargo, nuestra vida de matrimonio no fue feliz. Algún día, cuando me encuentre contigo, te contaré toda la historia. Por el momento, déjame que te diga que, aparte de que nos sentíamos desgraciados cuando estábamos juntos, jamás perdimos nuestro mutuo amor. Por el contrario, nos habíamos unido mucho más debido a nuestra misma tristeza. Eso te parecerá extraño, pero es la pura verdad. Ella era la mejor y más noble mujer que he conocido Jamas...” Exageraba algo su devoción. Durante aquel invierno fue dos veces a San Petersburgo con motivo de la nueva revista, cuya publicación había iniciado en unión de su hermano. Su tendencia ya no era liberal como lo había sido Tiempo, y fracasó. Miguel murió después de una breve enfermedad, dejando tras sí grandes deudas, y su hermano se sintió obligado a sostener a la viuda y a los hijos, así como a su amante y al hijo de ésta. Pidió prestados diez mil rublos a una tía rica, pero en 865 tuvo que declararse en bancarrota. Debía dieciséis mil rublos en pagarés y cinco mil bajo palabra. Sus acreedores estaban preocupados, y para escapar de ellos, pidió de nuevo prestado a la “Fundación para autores necesitados”, consiguiendo al propio tiempo un adelanto sobre una novela que tenía que entregar en determinada fecha. Provisto de este modo, se dirigió a Wiesbaden para probar suerte de nuevo ante las mesas de juego y reunirse otra vez con Polina. Hizo a la joven una oferta de matrimonio. Pero no la aceptó. Era evidente que aunque ella lo hubiese querido alguna vez, no lo quería ya. Podía suponerse que si ella cedió fue porque era un autor conocido y como editor de una revista podía serle de alguna utilidad. Pero la revista había desaparecido. La apariencia de Dostoievski siempre había sido insignificante, y ahora tenía ya cuarenta y cinco años, estaba calvo y sufría epilepsia. Tengo la impresión de que nada exaspera tanto a una mujer como el deseo sexual de

un hombre que físicamente le repele, y cuando, para decirlo de una vez, éste no toma esto como una respuesta, ella puede muy bien llegarlo a odiar. Así sucedió, según imagino, con Polina. El novelista atribuyó su cambio de sentimientos a una razón más halagadora para él. A su debido tiempo hablaré de ello y del efecto que en él produjo. Habían gastado el dinero y Dostoievski escribió a Turguenev, con el que se había peleado y a quien detestaba y despreciaba, pidiéndole dinero prestado. Turguenev le envió cincuenta táleros y con ese dinero Polina se fue a París. Durante un largo mes Fedor permaneció en Wiesbaden. Estaba enfermo y sin un centavo. Tenía que permanecer quieto en su habitación para no despertar un apetito que no tenía medios de satisfacer. Al fin llegó a un estado tal que escribió a Polina pidiéndole dinero. Al parecer, ella ya estaba ocupada en otro asunto y no se sabe qué le contestó. Obligado por el látigo de la necesidad y contra el tiempo, como él decía, empezó otro libro. Este fue Crimen y castigo. Al cabo, en contestación a una carta que había escrito a un viejo amigo de los días de Siberia, recibió el suficiente dinero para poder abandonar Wiesbaden y, mediante una segunda ayuda de su amigo, llegó por fin a San Petersburgo. Mientras trabajaba aún en Crimen y castigo, recordó que tenía que entregar un libro en determinada fecha. Debido al inicuo contrato que había firmado, si no entregaba el libro a tiempo, el editor tenía derecho a quedarse con todo lo que escribiera durante los siguientes nueve años sin pagarle un centavo. La fecha estaba al caer. Dostoievski trabajaba como un demonio. Entonces una persona perspicaz le sugirió que empleara a una taquígrafa. Así lo hizo el novelista, y en veintiséis días escribió una obra titulada El jugador. La taquígrafa, que se llamaba Ana Grigorievna, tenía veinte años. Pero era honesta. Resultó muy eficiente, práctica, paciente y una devota admiradora suya, y a principios de 1867 Dostoievski se casó con ella. Su hijastro, la viuda de su hermano y los hijos de su hermano, imaginando que el escritor ya no los sostendría, como había venido ha- ciendo hasta entonces, rompieron desde el principio las hostilidades contra la pobre muchacha,
actuando tan acremente y haciéndola tan desgraciada que Ana convenció a Fedor para que abandonara Rusia una vez más. De nuevo estaba agobiado por las deudas. Al principio, Ana Grigorievna encontró difícil la vida al lado del celebrado autor. La epilepsia de éste se agravó. Era irritable, poco sensato y vano. Continuaba escribiéndose con Polina Suslova, cosa que no podía agradar a Ana. Pero como era una joven dotada de gran sensatez, se guardó para sí el disgusto que esto le producía. Fueron a Baden-Baden y aquí Dostoievski comenzó de nuevo a jugar. Como de costumbre perdió todo cuanto tenía y, como de costumbre, escribió a todo el que podía estar en condiciones de ayudarle con dinero, y cuando éste llegaba, se iba derecho a las mesas de juego para perderlo. Empeñaron todo lo que tenían de valor, fueron pasando de alojamiento en alojamiento, cada vez más baratos, y a veces no tenían nada que llevarse a la boca. Ana estaba embarazada. He aquí el extracto de una de las cartas de Dostoievski. Acababa de ganar cuatro mil francos: “Ana Grigorievna me rogó que me contentara con los cuatro mil francos y dejase de inmediato el juego. Pero allí había una oportunidad tan fácil y capaz de remediarlo todo... ¿Y los ejemplos? Además de las ganancias personales de uno, cada día se ve a otros que ganan veinte mil y treinta mil francos, aunque bien es verdad que no se ve a los que pierden. ¿Y no hay tantos en el mundo? El dinero me es más necesario a mí que a los demás. Saqué más dinero que perdí. Empecé a perder mis últimos recursos, trastornándome hasta enfebrecer. Perdí. Empeñé mis trajes y Ana Grigorievna ha empeñado todo lo que tenía, hasta su última joya. ¡Qué ángel! ¡Cómo me consoló y cómo sufrió en aquel maldito Baden, dentro de las dos pequeñas habitaciones, encima de la herrería, donde tuvimos que buscar refugio! Al fin, todo se perdió. ¡Oh, esos viles alemanes! Todos ellos, sin excepción son unos usureros, truhanes y bribones. El propietario, sabiendo que no teníamos a dónde ir hasta que recibiésemos dinero, elevó los precios. Al fin pudimos escapar y dejar Baden.” El niño nació en Ginebra. Dostoievski continuó jugando. Repetía amargamente que perdía el dinero con que tenía que proveer a su esposa y a su hijo de los cuidados que tanto precisaban. Pero corría a la casa de juego en cuanto tenía unos francos en el bolsillo. A los tres meses, con profunda aflicción por parte del padre, murió el niño. Ana estaba de nuevo embarazada. La pareja se encontraba en tal estado que Dostoievski tenía que pedir prestadas sumas de cinco o

diez francos a casuales conocidos a fin de poder comprar comida para él y su esposa. Crimen y castigo fue un éxito de público e inmediatamente se puso a trabajar en otro libro. Este nuevo libro se tituló El idiota. Su editor se mostró de acuerdo en remitirle doscientos rublos cada mes. Pero su desgraciada debilidad seguía dominándole, y Dostoievski se veía obligado a pedir más y más anticipos. El idiota no gustó, y entonces empezó a escribir otra novela, El eterno marido, y otra, muy larga, titulada Los demvnios. Mientras tanto, de acuerdo con las circunstancias, que creo que serían peores cuando agotaron por completo su crédito, Dostoievski, su esposa y su hijo iban de sitio en sitio. Pero sentían nostalgia por la patria. Jamás habían disimulado que no les gustaba Europa. Al novelista no le había producido ninguna impresión la cultura y la distinción de París, la Gemütlichkeit, la música de Alemania, el esplendor de los Alpes, la sonriente pero enigmática belleza de los lagos suizos, el gracioso encanto de la Toscana y los tesoros de arte que distinguen a Florencia. La civilización occidental burguesa le pareció decadente y corrompida, y estaba convencido de que se encontraba próxima su desaparición. “Aquí me siento aburrido y menguado, escribió desde Milán, y estoy perdiendo el contacto con Rusia. Echo de menos el aire ruso y la gente rusa”. Sentía que

Un hombre con un carácter un poco consistente no hubiera aceptado la experiencia de la prisión con sumisión tan completa. y sólo volvió al lado de su esposa cuando aquella ligera joven lo rechazó. que él tomaba como el genio peculiar del pueblo ruso. en conjunto. Se había convertido en un ardiente paneslavista. que era sostenido oficialmente. Pero carecían de dinero y el editor había anticipado ya todos los derechos que podía pagar por los distintos números de la novela. Es. los deshonrosos procedimientos a que se veía forzado a recurrir —cuando obtuvo dinero de la “Fundación para autores necesitados” se lo dieron para que escribiera. finalmente. Se hicieron muy populares. Dostoievski recurrió a él de nuevo. Jamás se le ocurría pensar que los demás podrían cansarse de oírle hablar de sí mismo y de sus obras. Escribió una novela titulada El adolescente y. es decir. No es una buena novela. El lector recordará que. pintores. Los dos primeros números habían aparecido ya y ante el temor de no poder seguir publicando la novela. pero esta sumisión no le privó de hacer todo lo que pudo para que el castigo le fuera remitido. por culpa de las dificultades financieras. Pero Dostoievski resultaba ofensivo. Su fama fue en constante aumento y al morir. Después de haber leído esa novela se comprende que se dejara arrastrar por el juego. y Dostoievski ha descrito la forma en que un golpe de suerte puede premiar esa desacreditada tendencia. Estos amigos pensaban que Dostoievski podría representar un apoyo en la lucha del gobierno contra las reformas y le ofrecieron el bien pagado puesto de director de un periódico titulado El ciudadano. Así. Acaso se debiera esto al decidido desprecio que sentía hacia sus compañeros escritores. su obra mejor construida. era considerado ya por muchos como el más grande escritor de su tiempo. y a partir de entonces publicó ella los libros con tanto provecho que hasta el final de sus días se vio ya libre Dostoievski de estas preocupaciones. en la que llevaba pensando largo tiempo y a la que dedicó más atención de la que. El experimento dio resultado. Los Dostoievski regresaron al fin a San Petersburgo. Los que rodean la mesa de juego tienen los ojos . como más o menos lo son todos los que en arte tienen algún instinto creador. por su parte. La vanidad es la enfermedad corriente de los artistas. con su sed de servicio en pro de la humanidad. Carecía por completo de todo dominio sobre sí mismo. Dostoievski aceptó su sentencia como el castigo debido a su pecado. Dostoievski permaneció al frente del periódico un año. AlÁ Los años de vida que le quedaban pueden ser recorridos brevemente. Los hermanos Karamazov. no para que jugara —. sean escritores. Dostoievski escribió una novela corta llamada El jugador. su obra maestra. Era un exhibicionista. El escritor tenía cincuenta años y le quedaban diez de vida. la miseria suya y la de los que quería. El curso de los acontecimientos sugiere que Dostoievski era excesivamente optimista. Los demonios fue recibida con agrado y el ataque de los jóvenes radicales del día procuró al autor amigos en los círculos reaccionarios. Pero en nada se manifestaba tan patentemente su debilidad como en la manía del juego. y Dostoievski llegó a considerarse un maestro y un profeta. Esto le llevó a la indigencia. encontrándose su primera esposa enferma y próxima a morir. En su desesperación. no obstante las humillaciones que tenía que soportar. Ya he contado a qué bajezas descendió en sus peticiones a personas de poder e influencia. casi súbitamente en 1881. La impresión que uno recibe es de que se trataba de un carácter muy poco afable. Ana. Con esto se combinaba quizá la falta de confianza en sí mismo.” He procurado relatar los hechos principales de la vida de Dostoievski sin hacer ningún comentario. Esto no parece lógico. que ahora llamamos complejo de inferioridad. músicos o actores. la constante necesidad de andar mendigando a unos y a otros. Este es un papel por el que muy pocos autores han dejado de sentir inclinación. para cumplir un contrato. había podido dedicar a las anteriores. que no obstante todo esto él era incapaz de resistir a la tentación. a menos que volvieran a Rusia. Se ha asegurado que su entierro dio ocasión a “una de las más extraordinarias demostraciones de sentimiento público que se hayan visto en la capital de Rusia. y veía en las masas rusas con su amor fraternal. él la abandonó sin el menor reparo para seguir a Polina Suslova a París. Su principal interés radica en que en ella describen vívidamente los sentimientos que se ceban en una infortunada víctima y que él conocía tan bien. Pero entonces presentó la dimisión porque surgió una diferencia con el editor.nunca podría acabar Los demonios. estaba deseando volver a su país. envió dinero para los pasajes. Esto ocurría en 1871. Ni la prudencia ni el sentido del deber lograban detenerle cuando se encontraba entre las garras de la pasión. Con el título El diario de un autor escribió una serie de ensayos. Ana había convencido a su marido para que le dejara publicar Los demonios. la posibilidad de sanar todos los males no sólo de Rusia sino del mundo entero. que ya estaban hartos de darle dinero.

su mensaje literario y la tendencia de sus escritos lo que hace que su figura nos resulte querida. buscaba para la regeneración de Rusia.. el cual le impuso como penitencia confesar el hecho al hombre que odiaba más en el mundo. el biógrafo escribió una carta a Tolstoi que Aylmer Maude ha publicado en su biografía de este autor y que con algunas omisiones doy ahora: “Durante todo el tiempo que permanecí escribiendo tuve que luchar con una sensación de disgusto. rencoroso. me confesó que alardeaba una vez de haber violado a una niña en la casa de baños.. me dije. su intuición. Arriesgué aquel gulden. Era malo.. un profesor. libertino y estaba lleno de envidia. En Suiza. y se experimenta una sensación extraña cuando solo en tierra extranjera. como sugiere Gide.. es el centro de la atracción general. El relato ofrecido por Strakhov está. Dostoievski hizo una pausa. son tan infalibles que pueden gobernar la suerte. Lo importante es la fuerza de voluntad. como opuesto a la inteligentsia.” Es cierto que su sentimentalismo era enfermizo y su humanitarismo sin base. Gané. El remedio que él propugnaba para la terrible miseria del pobre era “idealizar sus sufrimientos y extraer de ellos un modo de vivir. Cuando salía del casino noté que aún llevaba un gulden de oro en el bolsillo de mi chaleco. En una palabra... Con esto podré cenar. en presencia mía. intentando dominar mis malos sentimientos. consumido por el remordimiento. no sabiendo si se tendrá algo que comer en aquel día. todas esas novelas tienden a exculpar a su autor y muestran que las más negras felonías pueden existir al mismo tiempo que los más nobles sentimientos.” La historia de la violación de la niña ha molestado mucho a los admiradores de nuestro novelista. Acciones que le atraían y de las que se jactaba. se siente dueño de su destino. Lo había perdido todo. Dostoievski hizo su confesión a Turguenev. Lo peor de todo es que se enorgullecía de ello y jamás se arrepentía de sus innobles acciones. Turguenev había elogiado calurosamente a Dostoievski cuando éste irrumpió en el campo de la literatura. y en relación con esta obra. qué hubiera sucedido si entonces no me hubiese atrevido a arriesgarlo?” La vida oficial de Dostoievski fue escrita por un cierto Strakhov. aristocrático. Pero no había caminado un centenar de pasos cuando cambié de intención y volví sobre mis pasos. incluso le ayudó económicamente. Ése era Turguenev. Los mirones no hacen caso del hombre desafortunado. pero existe una versión que sostiene que. lejos de nuestra patria y de nuestros amigos. En lugar de reformas prácticas. No puedo considerar a Dostoievski como a un hombre bueno y feliz. ¿Qué XX INTRODUCCIÓN INTRODUCCIÓN XXI hubiera sucedido si entonces me hubiese acobardado. niña que le fue llevada por su institutriz. Atacó violentamente a los radicales que trataban de aliviar al pueblo. y veinte minutos más tarde salí del casino llevando ciento setenta güldenes en el bolsillo. Pero Fedor le odiaba porque era un “occidentalista”. sin duda. absolutamente todo. pues su talento. A todo esto se mezclaba una especie de enfermizo sentimentalismo y unos vidriosos sueños de humanitarismo. rico y afortunado. justamente antes de mi fracaso final. esperaba que Turguenev actuase como uno de sus propios personajes —los de . trató tan mal a su criado. qu la escuchó en silencio. Fue un notable ejemplo de determinación.. ¡Un ejemplo! Esto es lo que el último gulden puede representar. A lo largo de toda su vida fue presa de pasiones que le hubieran hecho sentirse ridículo y desdichado de haber sido menos inteligente o menos malvado. Sólo he de recordar lo que me sucedió hace siete meses en Rulettenburgo. Pero cuando éste gana experimenta una intoxicadora sensación de poder. hace exclamar a un jugador. se sienten maravillados y lo admiran. Tenía muy escasa familiaridad con el “pueblo”. y han afirmado que no era cierta. que incluso es mirado con malsana desconfianza. Ana aseguró que jamás le había hablado de esto. le ofrecía consuelo religioso y místico. un antiguo amigo suyo. Me di cuenta vívidamente de esos sentimientos mientras escribía su biografía.puestos en el afortunado ganador como si se tratara de un ser superior. el verdaderamente último.. “Por una vez tengo que mostrar fuerza de voluntad para poder transformar mi destino en una hora. al que. Dostoievski se lo contó a un viejo amigo. Estas escenas eran constantes. basado en simples habladurías. se arriesga el último gulden. Dostoievski era incapaz de dominar su carácter. que el hombre se rebeló y le replicó: ‘Yo soy también un ser humano!’ Recuerdo lo que me emocionaron estas palabras que reflejaban las ideas corrientes en la libre Suiza sobre los derechos del hombre y que fueron dirigidas a uno que siempre estaba predicando sentimientos de humanidad para el resto del género humano. y son esos sueños. Viskavatov. Quizá. y sentía escasa simpatía hacia su dura y amarga suerte.

es decir. sentía por él un profundo cariño. Dostoievski era vanidoso. lejos de lamentarlo. informal. es una versión más recia del Iván de Los hermanos Karamazov. sin embargo. Y continuó. Polina Alexandrovna de El jugador. Al igual que los personajes de sus novelas. Raskolnikov. como él le sacaba a otros y. mostrarse confiados. y lo mismo hace Stavrogin en un capítulo de Los demonios. Dostoievski. Me desprecio profundamente”. a su despreciable hijastro y al inútil y borracho Andrés. Es curioso que utilizara el vergonzoso episodio en dos de sus libros. Se sentía satisfecho de tener que entendérselas con un reducido número de personajes. En cambio. Stavrogin de Los demonios es simplemente una repetición del Svidrigáilov de Crimen y castigo. Era. si persiste después de la adolescencia. sólo parecía sentir no poder hacer más por ellos de lo que hacía. Sus personajes soñaban a menudo despiertos. Y abandonó la habitación dando un portazo. con una asombrosa falta de tacto. tras de lo cual se habrían reconciliado. Era caritativo. envidioso. la consideraba en todos los sentidos superior a él. Svidrigáilov confiesa la misma fea acción. tiene sueños diurnos más precisos y detallados ÁÁII INIKUVULLIUIN que la mayoría de la gente. costaría creer que hubiese sido capaz de crear a Alyosha Karamazov. Aun estando sin un centavo. que el príncipe Myshkin de El idiota. yo no creo que cometiera el asqueroso crimen de que se acusaba. Quizás el don creador. capítulo que su editor se negó a publicar. Antes de casarse con Ana Grigorievna. generosos y amables con el prójimo. Balzac y Dickens crearon un gran número de personajes. perdidos los estribos: “Pero todavía más le desprecio a usted. en cierto modo. por la misma naturaleza de su don. estúpidos o listos. Pero lo hizo como si se tratara del argumento de una novela y esto era.Dostoievski— hubiera actuado. tengo que decírselo a usted. un carácter odioso. Sirve tan sólo para hacer que una obra imperfecta sea aún más imperfecta. están . Esto era todo lo que tenía que decirle”. en suma. Apenas podía creer que había encontrado por fin a alguien que. siempre se las arreglaba para reunir algo que dar a su cuñada. admiraba y respetaba a Ana. A veces son de tal naturaleza que pueden utilizarlos en sus novelas olvidándolos luego. y éstos se repiten novela tras novela. Alyosha. El héroe de este libro. Si lo fuera. como esas personas a quienes sólo les gustan los objetos bellos cuando los poseen. Por todo eso. Se sentían fascinados por la diversidad de los seres humanos. así el don creador se desarrolla mejor en un terreno encenagado. retorcida y morbosa sensibilidad de Dostoievski. de Los hermanos Karamazov. experimentaba un acusado deseo de rebajarse a sí mismo. Había colocado la vergonzosa historia en sus novelas y dejó ya de interesarle. es el mismo hombre. Probablemente se da en todo artista creador. contó la fea historia a una muchacha que estaba cortejando. Es mala y estúpida. Pero el novelista. No sé de nadie en que la dicotomía entre el hombre y el escritor haya sido mayor que en Dostoievski. y lo mismo que el melón es más dulce cuando crece en el estiércol. una facultad normal en la niñez y en la temprana juventud. desconsiderado. rastrero. En realidad esto nos sucede a todos. sospecho que Dostoievski no se interesaba más que en sí mismo. Jamás negó dinero a un mendigo o a un amigo. y la contradicción entre su poder y su obra es más sorprendente. y en los demás sólo cuando le afectaban a él íntimamente. y su imaginación se enardecía ante las diferencias que sorprendían en ellos y las peculiaridades que los individualizaban. Todos son emanaciones de la torturada. Todavía hay menos variedad en sus personajes femeninos. eran ellos mismos y. tengo que decírselo a usted. de los que se daba perfecta cuenta. jactancioso. él se sintió atormentado por temor de que ella se aburriese sola con él. su hermano menor. Ellos le sacaban a él. No es el único escritor que ha mordido la mano que le daba de comer. representa un nial que sólo puede florecer a expensas de los normales atributos humanos. Le habían estafado una de aquellas escenas que nadie podía describir mejor que él. a mi entender. y no me parece improbable que narrase el dudoso incidente a los demás como una experiencia personal. no obstante sus defectos. Tal vez sea ésta la razón de por qué no habló jamás de ello a Ana Grigorievna. egoísta. originalidad que hizo de él uno de los supremos novelistas que en el mundo han sido. Lizabeta de Los demonios. quizá el personaje más encantador de toda la producción novelística. por ende. abrazándole y besándole con las lágrimas resbalando por sus mejillas. lo que significaba aquel escabroso asunto. Katrina y Grushenka de Los hermanos Karamazov son la misma mujer. También resultaría imposible imaginar que hubiese creado asimismo al santo padre Zosima. Es tal vez significativo que en este mismo libro trazara una maliciosa caricatura de Turguenev. mezquino e intolerante. Nastasia de El idiota. materia digna de ser puesta en circulación. Pero nada de eso ocurrió: “Turguenev. Pero se nota más en los escritores que en las otras artes. y parece como si la caricatura hubiese sido colocada en el libro para proporcionar a su autor una oportunidad de airear su malicia. y emociona saber que durante los cuatro años que estuvieron ausentes de Rusia. Poseía. Pero ésta no es toda la historia. Dostoievski era el menos severo de los hombres. El manantial de la sorprendente originalidad de Dostoievski. En Crimen y castigo. y es muy probable que a él le sucediera lo mismo. Amaba. a excepción de la epilepsia. pues su medio de expresión es la palabra. a la amante de su hermano. No importaba que los hombres fueran buenos o malos. Mientras estaba en la cárcel aprendió que los hombres podían cometer horribles crímenes y. Era un persistente sueño que a la par le fascinaba y le horrorizaba. no era lo bueno de su persona sino lo malo. suspicaz.

Y también hemos conocido a algunas muchachas tan bonitas. El sufrimiento que ésta le produjo. Un crítico ha llamado a este documento de una época y de una lucha. las indignidades a las que le arrastró. al mismo tiempo. He aquí por qué para el sentido común sus actividades parecen inverosímiles y sus motivos locamente inconscientes. la experiencia de la vida o ese sentido de la decencia que evita que un hombre se infame a sí mismo. Los personajes de Turguenev se parecen mucho a la gente corriente. resultan ineficaces. estaba convencido de que le amaba. Pero en las criaturas de la invención de nuestro novelista no sucede esto. Algunos años después de la ruptura. Dostoievski la encontró en San Petersburgo y le hizo una nueva proposición de matrimonio. y sin embargo. el denominado nihilismo terrorista. publicada en 1871-72 es una novela típicamente política. W. Ella la rechazó. lleno de cólera.modeladas directamente sobre Polina Suslova. En El idiota. alegres. despreocupados. Sería absurdo negarlo. que por lo visto salvaba su herida vanidad. Pero también es absurdo negar que al mismo tiempo es capaz de un desinterés sublime. contemplamos con verdadero asombro su extraño proceder. Cuatro personajes se elevan sobre todos los demás: Stavrogin y Verchovenski. las mujeres modeladas sobre ella. Nosotros. valientes y afectuosos. la música y la literatura tienen algún valor para corregir las perversidades de carácter. Y en Los hermanos Karamazov. Carecen de cultura. de egoísmo y generosidad. No sé lo que pretendía decir con esto. rencorosas y malévolas porque Polina lo era. esos personajes no saben nada de todo esto. Una hormiga es tan real como un arzobispo. a la vez que someterse a él y sufrir en sus manos. por un amor que llega a la ternura y por un odio repleto de malicia. estaba equivocado. de bondad y maldad. SOMERSET MAUGHAM La novela Los demonios. desean dominar y torturar al hombre que aman. ¿hay rusos así? ¿Había rusos así en la época de Dostoievski? Turguenev y Tolstoi fueron contemporáneos suyos. El sabía que ella le odiaba. por ejemplo. Pero son extraordinariamente interesantes. Sus personajes débiles. el príncipe Nyshkin y Alyosha. Sus malos instintos no son suavizados por la educación. encantadoras e ingenuas como su hermana Natacha. de tendencias y de predisposiciones que le cierran ese camino y el otro. Todos sabemos hasta qué cumbres puede elevarse en un momento de crisis y demostrar entonces una nobleza que ni él ni los demás sabían que existiera en él. en suma. y todos hemos conocido a jóvenes de otros países como el Nicolás Rostov de Tolstoi. verdaderas almas malditas de la acción. y ahora te vengas de ello. para curar el dolor y para liberar en parte el alma de la servidumbre humana. gozan de un maligno placer mostrándose descorteses unos con otros simplemente por el gusto de herir y humillar. como el proceder natural de los rusos. Son histéricas. Poseen maneras infames. Sólo tienen pasiones. También era consciente de la dualidad que existía en él y traspasó esto a todos sus personajes con voluntad. derrochadores. Los otros dos. Pero él se negó a creer que fuera consecuencia de que ella no le quería. le dijo a Polina. excelentes individuos. Ni nos sería difícil encontrar en nuestro país a un hombre como el obeso. y lo aceptamos. Es una pandilla terrible. con toda su dulzura. El hombre es una criatura llena de imperfecciones. Varvara escupe a su hermano a la cara porque está dispuesto a casarse con una mujer que ella no aprueba. . Pero la misma palabra dualidad sugiere una simplificación de la naturaleza humana que no está de acuerdo con los hechos. y entonces concibió la idea. “el libro de la gran ira”. No ejercen el menor dominio sobre ellos ni se respetan a sí mismos. de que una mujer da tanta importancia a su virginidad que sólo puede odiar al hombre que se la quita sin estar casado con ella. los de la Europa Occidental. Si quería decir que poseían cualidades morales que los elevaban sobre el común de los hombres. estúpido. Si el arte. Pero. Está hecho con elementos tan discordantes que es sorprendente que puedan existir juntos en el mismo individuo. “No puedes perdonarme. en la cual Dostoievski adopta una clara postura contra el movimiento revolucionario de aquellas décadas. Están extrañamente desprovistos de los atributos de seres humanos. Están constituidas con un deseo de dominar y con un deseo de someterse.” Dostoievski estaba lo bastante convencido de la verdad de esto para utilizar la idea más de una vez. Lo más fuerte de su ser es el interés que siente por sí mismo. Dostoievski sostenía que sus extraños personajes eran más reales que la misma realidad. Satov y Kirillov. y. uno el instrumento pasivo y el otro el activo del espíritu demoniaco que domina sobre todo. Spinoza nos ha dicho que: “Todo llega tan lejos como se esfuerza en perseverar en su propio ser”. Dimitri. El hombre es una amalgama de vicios y virtudes. El autor mueve varios episodios en torno a uno central: la organización de delitos por medio de los cuales el jefe del movimiento trata de ligar entre sí a los conjurados. y se ha querido ver en algunos de sus protagonistas a personajes representativos de aquella contienda. cuando la señora HohlakOv le niega el préstamo de una gran suma de dinero que no tiene el menor motivo para prestarle. y así. generoso y simpático Peter Bezurkhov. e incluso congraciarse uno con el otro para formar una plausible armonía. de terrores de toda clase y el valor necesario para enfrentarse con ellos. Si es que lo aceptamos. en el suelo de la habitación en que ella le ha recibido. En ellos palpita la vida. debido a que una vez te diste a mí. fueron el estímulo que necesitaba para satisfacer su masoquismo. escupe. sabemos que no es raro que un hombre dé su vida por un amigo.

Pero la actividad de Trofimovich terminó en el preciso instante en que empezaba. créome obligado a tomar el hilo de mi narración de un poco lejos. por mejor decir. Sólo ni el “vórtice” ni tampoco las “circunstancias” hubieron de aparecer pués. los famosos actores de nuestra pasada generación y un tiempo —aunqu sólo tuviese la duración de un minutillo— en que su nombre pronunciáron lo muchos de los que entonces pugnaban por abrirse paso casi poniéndol al nivel de los de Chaadáyev. a pesar de eso.al confiársele el gobierno. por lo menos. ya traían al guna inquieta idea acerca de él. In¡ Esteban. donde los hombres tenían unas dos viorchkas de estatura. ALGUNOS PORMENORES DE LA BIOGRAFÍA DEL HONORABILÍSIMO STEPÁN TROFÍMOVICH VERJOVENSKII Al emprender la descripción de recientes y algo extraños acontecimientos ocurridos en nuestra hasta aquí apacible ciudad. era.. En una novela satírica inglesa del pasado siglo. al fin. si cabe expresarse así.. tanto más cuanto que me inspira estimación. pero aun de modo más inocente e inofensivo. también para desarrollar una llante disertación encareciendo la importancia cívica y hanseática de la — dad alemana de Hanau en el período comprendido entre 1413 y 1428. sin embargo. un hombre inteligentísimo y c gran capacidad. Berdiaev veía en esta obra de Dostoievskj una novela. por efecto de un “vórtice de coincidentes circunstancias”. Y. a acariciar el grato sueño de su posición civil. Lo diré sin ambages: Stepán Trofimovich desempefió realmente entre nosotros cierto papel especial y. que lo había seducido de una vez para siempre e inspirádole. de “deportado”.. en ese caso. para que se apartasen y diesen un rodeo delante de él. que les era sugerida allá arriba. y ante t . y hasta según parece. pero eso sí. un tal Gulliver. por ejemplo. hasta de ciencia. suele ocurrirles eso. Granovskii y Herzen. sino que ni siquiera yo nunca sujeto a vigilancia. sabido que Stepán Trofimovich no sólo no vivió aquí en nuestro go deportado. por así decirlo. al volver del país de los liliputienses. rante los veinte años últimos. 3 4 FEDOR M. No es que yo le compare con un actor de teatro. pero eso no aitoriza a decir que antes no lo hubieran conocido. irremisiblemente se habría dado por ol dido. ¿cómo cirlo?. Pero téngase en que a los hombres de ciencia. hijo de Trófimó. en el transcurso de muchos años. ¡qué fuerza de imaginac personal! Sinceramente creyó él toda su vida que en algunas esferas lo c sideraban un constante peligro. y gustaba de tal papel con pasión. gran asombro de mi parte. bueno. porque era una excelente persona. Gustábale extraordinariamente. Bielinskii. Tuvo tiempo para dar sólo algunas conferen cias acerca de los árabes. p otra parte. cívico. al venir a posesionarse del cargo. imaginándose todavía ser grande y ellos pequeños. hace unos días. una idea que había acabado. y los cocheros ordinarios le propinaban latigazos. empezando por mencionar algunos pormenores biográficos del talentudo y honorabilísimo Stepán Trofimovich’ Verjovenskii.representan la posibilidad del paso del espíritu demoniaco a la liberación de la fe. Volvió del extranjero. que entonce empezaba a darse a conocer en el extranjero. Yo hasta creo que todo el mundo ha acabado ya por olvidarlo en todas partes. aunque. en punto a la ciencia. según parece. de una propensión continua y noble.ces al honorabilísimo Stepán Trofimovich. su situación de “desterrado” y.” CAPÍTULO PRIMERO A GUISA DE PRÓLOGO. Puede que se tratase más bien de la costumbre o. que sin él no habría podido vivir. Por lo cual se burlaban de él y le gruñían. por erigirlo sobre un pedestal elevadísimo y muy grato para su amor propio. ¡guárdeme Dios!. tanto. en una palabra: en la ciencia ri hizo gran cosa. con pruebas irrebatibles que a no le tenía nadie el menor miedo. de fuente enteramente fidedigna. por decirlo así. cuando. hasta tal punto habíase habituado a considerarse grande entre ellos. poco a poco. no hizo nada.. Si alguien le hubiese demostrado en aquel . que siempre estaban al tanto de sus pasos que cada uno de los tres gobernadores que entre nosotros se sucedieron ¿.. Estas dos palabrejas tienen un prestigio clásico a su modo. Sirvan estos pormenores de introducción a la referida crónica y a la historia que yo tenía intención de describir hace tiempo. que aun al pasear por las calles de Londres gritábales a los transeúntes y a los cocheros. Ahora ha sido. sino de la futura. desde los tiernos años. por decirlo así. según es cosa aceptada entre nosotros. 3 señalando al mismo tiempo las especiales y nada claras razones de que importancia no . pero ¿tenían razón? ¿Qué no puede la costumbre? La costumbre vino a poner casi en ese extremo a Stepán Trofimovich.. “no de la época contemporánea. acá en Rusia. un hombre. y brilló como lector en una cátedra universitari en las postrimerías del año 40. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 5 discutiblemente hubo un tiempo en que perteneció a la famosa pléyade c. Después de esto.

pero que sienten grandes ansias de hacerlo. y al final de todo. Suspendió también sus lecciones. pero que no llegó a mandar por no saber a quién dii girla. por su abs luta inocencia en nuestros tiempos. pero él declinó la proposición con vis ble disgusto. salen tortugas con ciertas frases sacramentales en latín. en una revista mensual y progresiva. y que casi hacía temblar el edificio. Es decir. en Berlín. que el asunto no se presta para nada en absoluto. que traducía a D y hablaba de George Sand.. a gotó a los eslavófilos de entonces y le acarreó de un golpe entre nosol muchos y encarnizados enemigos. pero afirmaban también que en Petersburgo habían descubierto.. aunque todos los días . pero entonces (es decir. en una antología revolucionaria y sin que Stepán Trofimovie supiese lo más mínimo. luego viene otro de no sé qué fuerzas. de pronto. En general.. huye con una facha muy cómica. y todas las razas sienten ansia de ella. Bueno. Aquél al principio se asustó. Viene a ser una alegoría. y ni siquiera le permitía a la criada hacer la cama. Exponer el argumento me resulta dificil. el cual va arrancando y chupando unas hierbas. pero con acentos de supremo humorismo. con su firma y magníficamente encuadernado en cordobán rojo. sintiendo en sí superabundancia de vida. y cuando dialogan parece como si riñeran por algo vago. por el propio Stepán Trofimovich. hábil y deliberadamente. y durante el día lo ocultaba debO jo de los colchones. aún por encarnar.. seguramente el año 30) escribíanse muchas cosas por el estilo. pero con ribetes de suprema importancia. por aquel entonces.se sostuviese.. monstruosa y hostil al régimen. y que recuerda la segunda parte del Fausto. no hace mucho. y para que viesen a quién bían perdido). que se entera. y aparece un lugar salvaje. ocupa Su puesto y da principio en el acto una nueva vida con un nuevo objeto. por decirlo así. Como adrede. busca su olvido y lo halla en el zumo de esas hierbas. publicaron nuestro poema “allá”. al que sucede un coro de hombres. es extraño. El Joven representa la muerte. Puede decirse que casi dormía con el ejempi de la antología que le habían enviado. y hasta. pero e toy convencido de que en los secretos recovecos de su corazón sentíase e: traordinariamente halagado. de forma liricodramática. Esos coros cantan algo muy confuso. Y por último. y a la pregunta de un hada: “Por qué chupa aquellas hierbas?”. que n leyó por dos veces. en su mayor parte maldiciones. a decir verdad. La escena ábrela un coro de mujeres. Aquello de su inocencia absoluta no le hizo pizca de gracia hasta le achacó a eso la frialdad con que por espacio de dos meses justos condujo conmigo. Muy 1 podría ser esto. en forma de una copia hecha de puño y letra. en su primerísima juventud. cayó en mis manos el año pasado nada más. si mal no recuerdo. porque alguien (indudablemente alguno de sus enemigos de Petersburgo) hubo de escribirle una carta. Luego —pero después de perder la e dra— escribió (en venganza. encima de mi mesa. perder cuanto antes el juicio (deseo que acaso estuviese de más). formada por treinta hombres. Esa disertación. una terrible sociedad. y nos encontramos frente a cierta Vida ociosa. y del que habían encontrado una copia hecha entre dos aficionados y en poder de un estudiante. y cuando ya la han elevado hasta lo más alto. en aquella misma época. el comienzo de un profundísimo estudio. Por lo demás. donde por entre unas rocas vaga un hombre civilizado. y que hasta la progresiva vista había sido afectada por la publicación de la primera mitad. Luego. El referido poema lo tengo ahora aquí. Decían luego que había sido prohibida toda prisa la continuación del referido estudio. un coro de espíritus. vuelve a cambiar la escena. Pero de pronto cambia la escena. pero que su principal deseo se reduce a. pero la Humanidad. Pero ¿qué importa? De pronto. porque. en la que también cantan incluso los insectos. sale un joven de indescriptible belleza montado en un caballo negro y seguido de una multitud espantosa de todas las razas. supongamos que del Olimpo.. ya en la postrera escena sale de pronto la torre de Babel y unos atletas la elevan cantando una canción de nueva esperanza. No lo sé de fijo. contesta que él. Yo le 6 FEDOR M. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 7 propuse el año pasado a Stepán Trofimovich que lo publicase. entonces el soberano. todos los personajes se pasan todo el tiempo cantando. no entiendo nada de él. y casi por la época en qi yo le propuse publicarlo aquí. no carece de poesía ni de algún talento. En resumidas cuentas: que anduvo alborotado todo un mes. es decir.. e el extranjero. Finalmente. Murmuraban que se reunían allí para traducir a Fourier. en la que le exponía ciertos motivos por los que alguien le exigía determinadas explicaciones. fue a ver al gobern dor y escribió la más noble carta de justificación a Petersburgo. canta no sé qué un mineral. porque ¿qué no era posible entonces? Aunque en el presente es más probable que no ocurriese nada y que todo se redujese pereza del autor para terminar su trabajo. c que sobre las ideas de una nobleza inusitada de cierto caballero de sé qué época o algo por el estilo. compuesto seis años atrás. también en Moscú se incautaron de un poema de Stepán Trofimovich. pues este poema lo encontraron en aquel tiempo peligroso.

Además. que siempre era posible. al afligii Stepán Trofimovich. con la que hubo de casarse en su primera juve tud. la cau efectiva de ese corte en su carrera no había sido otra que la delicadísir proposición que ya antes le hiciera. enviáronlo a R sia. estaba lindando con los Skvoréschniki. solía tener frecuentes y desagradables al tercados con Varvara Petrovna. sumamente pequeña. en la que se disponía a probar sus alas aquilinas. clásica amistad que por él sentía Varvara Petrovna. pero que Dios os guarde de pensar en algo superfluo y ocioso. además. que se hunda Rusia! “. sí apareció la posibilidad de mantenerse erguido en pie todo el resto de la existencia. y. aun antes de cumplirse el año. a veces) y por el! andaba con frecuencia tristón. aunque tal actitud sea bastante molesta. pero. Lo diré sin rodeos: todo 5C logró por el ardiente interés y la preciada. unas tres o cuatro veces al año caía regularmente e lo que ellos llamaban la “tristeza cívica”. por lo que. pero aquella expresión era muy del agrado de la honorabilísim Varvara Petrovna. lo arregló todo definitivamente. consagrarse a la ciencia y enriquecer las patrias glorias con profundísimas investigaciones. además de la tristeza cívica. aún incapaz de discernimiento. tales abrazos se han de entender en el sentido más sublimemente moral. no pasaba de ser un imitador. por otras en parte delicadas razones. y luego volvió a reiterar. Entonces fue y se reco: cilió también conmigo. y dejándole niño de cinco años “fruto de su primero. soberbia posesión que en los arrabales de nuestro gobierno tenían los Stavróguines. feliz y aún no entibiado amor’ según la expresión que se le escapó una vez. La muerte repentina de su segunda mujer. en la hi pocondría. Más adelante. Telegrama no hubo ninguno. empezó a dar se también al champaña. hablando conmigo. y precisamente a raíz de quedar viudo de su primera mujer. Nuestro Stepán Trofimovich. y tuvo que sufrir mucho con aquel criatura. Al chico. en cambio. en la paz del gabinete y sin el estorbo de las abrumadoras tareas universitarias. Ob servaré tan sólo que era hombre de conciencia (es decir. que sobre todo no tenía ninguna aptitud en especial. Pero en aquella ocasión sentía él ambiciones. verdaderamente se desvivía por jugar a las cartas. con las alas caídas. Step’ Troflm0hi rehusó entonces la proposición de Varvara Petrovna2 y diose prisa a contraer nuevas nupcias. Esa proposición se la hizo por p mera vez cuando aún estaba en Berlín. si es lícito expresarse así hablando de la amistad. de encargarse de la educación y de todo el desarrollo espi tual de su único hijo. Las más exquisitas y delicadas relaciones unieron para siempre a esas dos tan notables criaturas. “como el reproche en persona” ante la Patria según la expresión de cierto poeta nuestro: ¡Encarnación del reproche te erguiste ante la patria. lo que da fe de su bondad extraordinaria. con especial premura optó por asegurarse a sí mismo. ¡Le hubierais visto en el club jugando a las cartas! ¡Todo él estaba diciendo: Cartas! “jAquí estoy jugando con ustedes al yeralasch!3 ¿Es que esto es posible? ¿Quién tiene la culpa de esto? ¿Quién acabó con mis actividades habituales y las redujo al yeralasch? ¡Ah. es decir. Varvara P trovna Stavróguina. hubo también otras razones para que no aceptase el papel de preceptor: deslumbrábale la fama. por lo demás encantadora. después de haber estado tres años separada de él. estoy convencido ahora plenamente de que habría podido continu hablando de los árabes hasta que hubiese querido. En el transcurso de su amistad de veinte año con Varvara Petrovna. pero la lista de Varvara . 3 Especie de juego de naipes. acordóse de la proposición que ya antes hacía vacilar su designio. 2 Bárbara. y se cansaba de estar en pie y con harta frecuencia se ladeaba. Pero quédese esto para más adelante. por así decirlo. 11 Hágase cuenta que yo no afirmo que él no tuviera que sufrir nada en abs luto. a decir verdad. por la insuficiencia de recursos pa mantenerla. para 1 decir nada de una brillante retribución. comparado con semejantes personalidades. en calidad de supremo pedagogo y amigo. que su carrera había quedado interrumpida para toda su vida “por vórtice de las circunstancias”. de un profesor inolvidable. tanto más cuanto que para el régimen eso era bastante. mujer del teniente general del mismo nombre y not blemente rica. Y si se ha de decir toda la verdad. donde se crió a cargo de unas tías lejanas. sencillamente.aguardaba recibir un telegrama de algún sitio. Acabó yéndo a París. desde el primer momento. He empleado la expresión “echóse en los brazos”. seguía siendo la encarnación del reproche —hay que hacerle justicia—. con sólo haber dado 1 necesarias explicaciones. o FEDOR M DOSTOIFVSKI LOS DEMONIOS 9 Pero. Su primera mujer había sido una aturdida señ rita de nuestro gobierno. con una arisca alemata de Berlín. El cargo de prcceptor aceptólo también porque la finquita que le legara su primera mujer a Stepán Trofimovich. so bre todo en los últimos tiempos. y altivamente largaba una sota. creciente con el tiempo. hija de Pedro. y a su vez aspiraba a la cátedra. si tal era su gusto. Las tales investigaciones no aparecieron por ninguna parte. más de veinte años. Pero aparte de esto. de su pl cido y nada rencoroso corazón. Pero aunque se ladease y echase de costado. liberal-idealista! Pero la personalidad a que se refería el poeta puede que tuviera derecho a mantenerse en esa actitud. de una vez para siei pre. mostr ba aspecto arrogante. Echóse él en brazos de esa amistad y ésta fue corroborándose en ci transcurso de veinte años. que no había llegado a vivir con él ni un año. y por así decirlo. Pero ahora. allá en las selvas.

pero enconado al ventilarlo. todo! —me respondió poco menos que atacado de fiebre y envió. envidiaba su cultura y su talento. efectivamente. pero él no llegó a advertir ni una vez siquiera. que acababa por darle uno de sus ataques de colerina. lO FEDOR M. y se sofocaba de vergüenza. y a raíz de las más ínti mas efusiones con Varvara Petrovna. en medio de la má exaltada tristeza.. habíale contado a una persona extraña cóm ella lo mantenía por vanidad. a raíz de una refriega entre ellos por un motivo insignificante. le tenía odi y no se atrevía a demostrárselo claramente por temor a que él la dejase echase a perder así su reputación literaria. lo cuidó como niñera por espacio de veinte años. sino que prolijamente le describía todo eso a ella mism en elocuentísimas cartas confesándole bajo su firma íntegra que. después de tener a su amigo todo el día esperando la respuesta. de tal carta y luego de la carta entera.. que era un fruto suyo y ella lo tenía y mantenía por algo más que por la pura “envidia de sus talentos”. ayer mismo por ejemplo. Además. una mujer-mecenas. con el solo fin de participarme que Varvara Petrovna era “un ár gel de honradez y de delicadeza y que él era su antítesis”. en algún momento especial. El venía a ser como un ensueño suyo. eran en ocasiones el desfogue habitual de sus trastornos nerviosos y representaban cierto curso curioso en su constitución fisica. sin que a pesar de ello se puedan sepí rar. ¡Y cuánto le ofendían. a él le gustaba escribir con locura. Yo me quedé aterrado y le rogué no enviase la carta. Podéis figuraros después de esto hasta qué grado de histerismo solían llegar a veces los ataques nerviosos de aquel hombre. hay amigos que casi se quieren comer el uno otro. etc. El más honrado deber.. Lo guardaba de toda molestia. le escribía a ella cartas a pesar de vivir en su misma casa. soltaba de pronto la risa del modo más ingenuo. no pocas veces aquel mismo día se echaba a reír y hacía servir champaña si iban amigos. el primero que riñe y romp la amistad. su criaturita. a toda prisa me mandaba llamar o iba él mismo buscarme. Yo mismo. tenía que dar se a la embriaguez. Era un mujer clásica. que a consecuencia de todo es se despreciaba profundamente y había decidido darse una muerte violent y de ella aguardaba la última palabra. limitándose a mirarla un momento a los ojos. Hacíalo así. Efectivamente. y toda la vida se la pasan así. hubo de visitar a Varvara Petrovna cierto barón pe . y animado por su misma serenidad. al otro día ya estaba dispuesto a crucificarse a mismo por su ingratitud. y todo por ese estilo. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 11 Iv Una vez. sentía odio hacia él. de modo que ya no se atrevía a recordar lo del día anterior. la que había de resolverlo todo. Sé de buena fuente que ella leía siempre con la mayor atención esas cartas y las guardaba en un cofrecito suyo. voy a contaros dos anécdotas. No sólo vení corriendo a yerme. y hasta podría decirse su invención.. antes de que se corriesen los primeros rumores de la emancipa1 ción de los siervos. si tal cosa viene a ocurrir. porque a veces se volvía muy raro. Pero ella no se olvidaba de cosa alguna. En el fondo había entre ellos una diferencia: la de que Varvara Petrovna no le habría escrito nunca cartas semejantes. veíase con él ¿orno si tal cosa. etc. en ocasiones hasta la esclavitud. mucho. mientras él solía olvidarse demasiado pronto. Separarse es imposible. cuando se trataba de su reputación de poeta. III Hay amistades extrañas.. cuando toda Rusia de pronto se enfurruñó y dispuso renacer del todo. me muero si no le confieso todo. a pesar de todo. lo que me propongo hacer. la epístola. de un mes. que una vez arrancó de la pare un pedazo de estuco. Capital fue el influjo que durante veinte años ejercí aquella mujer sublime sobre su pobre amigo. de fijo y con mucha frecuencia. entre tales amigos. y en los trances de histerismo le escribía hasta dos epístolas en un solo día. que sólo procedía con arreglo a las mí sublimes figuraciones. ¡Así que con qué encono no lo miraría ella en aquellos momentos sin que él notara nada! Quizá dentro de una semana. Poco a poco lo iba manipulando. Luego. tanto. el más inocente de todos los delincuentones. saltaba de pronto del di ván y se ponía a dar puñetazos contra las paredes. de su actuación de hombre culto y de ciudadano. o de medio año. cual si nada de particular hubiese pasado desde la víspera. Yo sé punto fijo que Stepán Trofimovich algunas veces. ordenadas y clasificadas. De ella es preciso hablar p separado. pude leer una de esas cartas suyas. y hasta tal punto se torturaba. Habí instantes en que hasta de sí mismo poníase a hablar en tono humorístic Pero nada temía tanto Varvara Petrovna como el tono humorístico. de pronto se acordaba de tal expresión. en una ocasión. con todos sus detalles. Su rencor rayaba en lo inverosímil. celos y desprecios continuos. pintándome con vivos colores todos sus secretos?” (Y qué c sas no dijo entonces!) Pero vean ustedes lo que casi siempre ocurría der pués de aquellos llantos. Varvara Petrovna. Posible es que preguntéis: “Cómo es posibJe esta enterado de pormenor tan nimio? Pero ¿y si yo mismo hubiera sido testig del lance? Y si Stepán Trofimovich hubiera venido a echarse llorando e mis brazos.Petrovna túvole toda 1 vida apartado de toda suerte de triviales tendencias. —No es posible. hasta lo último. naturalmente. tuvo noches en que las preocupaciones no la dejaron dormir. A decir verdad.. que era para ella como un hijo. cae enfermo y hasta muere. al irse ella. además de lo cual las guardaba también en su corazón. A propósito de eso. a ella tales suposiciones! Teníale cierto impaciente amor en medio de odios. sin pizca de alegría. Esos ataques que le daban parecidos a colerinas. sin ir m lejos. a cambio de todo esto.. Pero ella exigíale a él.

nada. es decir. pálida. le pidiese su mano?” Pensamiento cínico. Varvara Petrovna. Es posible que sólo se tratase allí de un juego puramente femenil por su parte. pero en el té apenas si le dirigió la palabra. además. tanto más notable resulta. pasado el tiempo del luto. porque los últimos cuatro años había vivido completamente separada de su marido por incompatibilidad de caracteres. y así fue durante algunas tardes. inexploradas están las honduras del corazón de la mujer hasta el presente. porque sus relaciones con la alta sociedad. Parecía apegarse al corazón de su amigo. Sólo dos veces en toda su vida le dijo: “Nunca olvidaré esto que hecho!” El lance con el barón era ya el segundo. con una cara excesivamente entrelarga. que me decido también a contarlo. Al ver a la sala Varvara Petrovna. hombre que contaba con poderosísimas influencias estaba muy al tanto del asunto. de lo ocurrido nunca hizo mención. El barón. Stepán Trofimovich no era hombre capaz de revolcarse en el fpn y. pero el primero fue t bién tan característico y significó tanto. pertenecían a Varvara Petrovna. . huesuda. aunque fuera tan célebre. no elevada. pero de pronto encaróse con Stepán movich y. Luego diose prisa en sin olvidarse de tenderle también a Stepán Trofimovich dos dedos. que por entonces empezaban difundirse.No se habría hecho ilusiones con él la inconsolable viuda y no se prometería que. era el caso que se había educado desde la misma fancia en una distinguida casa de Moscú y. de pronto. no podía sentirlo mucho. hasta se echó a llorar por dos veces de puro indeciso (lloraba con bastante frecuencia). bajo la impresión de un cambio en su destino. Naturalmente Stepán Trofimovich casi nunca se separaba de ella. altivo. Varvara Petrovna estimaba mucho semeja tes visitas. con extraordinaria c sía. que hacía pensar en algo caballuno. Pero continúo. adonde se dirigía destinado al ejército de operaciones. hízole mucha impresión lo inesperado de la noticia. en el destino de S Trofimovich. A los trece años de eso. y cuanto más noble de condición es el hombre. Por las tardes. que iba de paso. hablaba más que de costumbre. iban siendo cada vez más débiles. Dios sabe lo que se ha de pensar de ello. bien. aunque sólo sea por la variedad de la cultura. Lanzó aquel grito por lo bajo y hasta una manera distinguida. ya parecía como si no hubiese p. El barón permaneció en su casa una hora y tomó allí el té. en conjunto. a la primera mirada. Dio en profundizar en el asunto y encontró algo parecido a esto: “Capital enorme. hacían una tardes maravillosas. Cada vez titubeaba más Stepán Trofimovich. Eso sin contar con que por nada del mundo habría trocado ella su apellido de Stavróguina por el de él. camino de Crimea. era ella lista y reparona. hasta es posible que el tal entusiasmo fuese p. No se h” presente amigo alguno. Natu mente. Es preciso pensar que no tardó ella en percatarse de la extraña expreSiOn del rostro de su amigo. Al afirmar el barón absoluta veracidad de los primeros rumores. y le pasaba una pensión. después de muerto s marido. y él. en primavera. pero Verdaderamente. en el mes de mayo. algo pizpireto y. aparte la significación social y las relaciones. Pero Varvara Petrovna invitó y presentó a Trofimovich. Pero no fue así. deslizó una frase aludiendo a la ternura inherente a todos los corazon rusos en forma de un magno acontecimiento. Esto se hace sin darse cuenta. así como Skvoréschniki. respecto a una gran reforma. sus modales eran de lo más distinguidos. se lo recordó y echó en cara.4 Ambos amiguitos salían todas las tardes al jardín y allí se estaban hasta la noche en un cenador comunicándose mutuamente sus sentires y pensares. al mismo tiempo. Varvara Petrovna se había quedado viuda y se vistiÓ de luto riguroso. echando fuego por los ojos. Fue el año cincuenta y cinco. De pronto vino un extraño pensamiento a torturar a Stepán Trofimovich: “. r samente a raíz de haberse recibido en Skvoréschniki la noticia de la del teniente general Stavroguin. y se encerró en soledad completa. en instante trágico. pero téngase en cuenta que lo elevado de la organización contribuye muchas veces a la tendencia a pensamientos cínicos. y al último cesaron por complej to. el francés lo h bIaba como un parisiense. estúvose callada unos tres minul como si buscase algo en la mesa. Había florecido la cheriomuJa. torturábase con dudas. Pero a pesar de todo. en el cenador. ya antes de eso. Por lo demas. primero. y se puso pálida otra exactamente igual que trece años antes al recriminarlo por prir vez. pudo contenerse y gritó: “Hurra!” y hasta hizo no sabemos qué gesto la mano. amarilla. hija única de un opulento labrador). tuvo comprender la clase de gente de que Varvara Petrovna se rodeaba con tc y vivir en la soledad de un gobierno.(El teniente general poseía. había oído hablar de él algo. ditado y aquel gesto lo hubiese estudiado ante el espejo media hora ante tomar el té. Así que el barón.gués. le soltó por lo bajo: —Nunca olvidaré esto que ha hecho! Al otro día. no insistiremos. Stepán Trofimovich. al ver a su amigo. simbólico de entusiasmo. por tanto. ciento cincuenta almas y el sueldo. su cara dio en expresar involuntariamente algo de voluntarioso y zumbón. harto inocente en 4 Morera. un viejo aturdido que falleció a consecue cia de trastornos gástricos. pero por fuerza algo hubo de salirle mal. al parecer. Aunque de al parecer. o h como si hubiese oído. era una mujer alta. pero todo el caudal. Varvara Petrovna distaba mucho de ser una beldad. aunque a renglón seguido. A decir verdad. pero lo más probable es que no se hubiese empezado a labrar en el corazón de Varvara Petrovna nada capaz de justificai las suspicacias de Stepán Trofimovich. Solían tener momentos poéticos. es verdad. Mayo estaba en plena florescencia.. de una manifestación inconsciente de femenil exigencia tan natural en algunos casos sumamente femeninos. de suerte que el apenas se dignó sonreír.

que estaba casi en el mismo jardín. Los primeros años. sobre todo cuando se sentaba en verano en el jardín. Era un traje distinguido característico: sobretodo negro. inmóvil. que ‘ gaban en tomo a la radiante luna. se le escapo una vez. No pasaba a creer que hubiese quedado aquello. al termino de los cincuenta años. y bajaba la cabeza con abatimiento. sombrero blando (en verano. y sumido en poéticas meditaciones. como a hombre que padece por la ciencia. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS ¡3 ocasiones. por primera vez. y los paliques siguiera siendo tan poéticos e interesantes. lo que hizo que se abreviaran las entrevistas en el cenador. de sus profesores. a veces. era muy g. observaré que. Además. por cierta quetería cívica. pero enseguida. diez años después me contaba en voz b’ ese triste episodio. llevóselo entonces a Moscú. No había hecho él más que e en sus habitaciones. que la cosa era seria. aún se encontraba soltera en un distinguido pensionado de Moscú. hasta el punto de que es posible que. todos los días. a mi juicio. y ¡no haces nada con ellos! ¡No te sale nada!”. después del diálogo más animado y poético. aún soñaba Stepán Trofimovich con escribir alguna obra. como le suele ocurrir a todas las señoritas que están en el internado: que se enamoran de lo primero que ven. Con mucha frecuencia nos decía: “Parece que estás dispuesto a trabajar. tanto más cuanto que aquella misma noche enfermo de veras y tuvo que guardar cama por espacio de dos semanas tas. al mismo tiempo. donde tenía algunas relaciones selectísimas entre literatos y hombres de ciencia. por espacio de cincuenta años nada menos. Pero lo curioso de esto no es esa propiedad de todas las señoritas. ya al caer noche. pero sin jamás perder su dignidad. más bien. con un gran nudo y los picos al bastón con puño de plata. había dejado de lado la lectura. Pero éstas son minucias. y todos los días poníase en serio a escribirla. sino que hasta parecía ner a gala la seriedad de sus años. Diez segundos largos estuvo observándole a los ojos en si:E: con firme e implacable mirada. cansado. abrochado casi h arriba. cuando he aquí que una vez. pero él deseaba otra cosa. pero resultó que tampoco Moscú fue satisfactorio. sobre todo. Ante él estaba de nuevo Varvara F trovna de la que acababa de dejar hacía cuatro minutos a lo sumo. también de viejo era extraordinariamente sugestivo. no tenía más remedio que mirar a veces de modo extraño a su amiga. con un libro abierto al lado. a Paul de Kock. a la puesta del sol. de enfrascarse en la alta política de nuestros asuntos interiores y exteriores. Tenía pelo castaño. ¿qué vejez es esa de los cincuenta y tres años? Pero. en la primera mitad de su estancia en casa de Varvara Petrovna. tenía los labios fruncidos y trémulos los bordes. Aunque esto fue muy al último. Pero a pesar de su sueño de una alucinación. Para distraerle y. hacia el final de su vida. melena hasta los hombros. no sólo no se las daba de joven. a mirar las leves nubecillas. Pero. de batista. estuvo pendiente de la continuación y. entre paréntesis. Dicen que. y plantarse. además. por decirlo así. y de pronto murmuró de carrerilla: —Jamás olvidaré lo que me ha hecho! Cuando Stepán Trofímovich. o. con ambas manos apoyadas en el bastón. que no podía sufrir el pensamiento de que tuviesen olvidado a su amigo y nadie lo echase de menos. Sin duda. aquello tenía que conferirle todavía más grandeza a nuestros ojos.12 FEDOR M. especialmente. finalmente. al mismo tiempo. blancas como plumón. Pero también esto es minucia. el retrato poeta Kukólnik5 litografiado el año ochenta en alguna edición de sus versos. que vino a caer esa estampita en manos de Varvara Petrovna cuando. estrechándose con calor las manos en la misma puerta d aquella ala de la casa que ocupaba Stepán Trofimovich. ci desenlace de aquel episodio. y sólo en los últimos tiempos empezaron a salirle canas. y embutido en su traje. Solía ocurrir también una cosa: que se saliese al jardín llevando consigo a Tocqueville ostensiblemente y’ escondido en el bolso. corbata blanca. toda su vida. él se toda su vida inclinado a pensar que todo aquello había sido una alucina precursora de enfermedad. con afanosa cavilosidad encendido un cigarro. Observaré. tienes reunidos los materiales. de joven. los leía constantemente. y Ella misma le hizo el traje que llevó toda su vida. haciendo un gesto con la mano. conservara Varvara Petrovna el tal retrato entre el número de sus más íntimas preciosidades. L bigotes y la barba se los afeitaba. alto. me juró que hasta tal punto se quedó estupefacto. . y. de paja). Varvara Petrovna comprendió. sino el que. Todos los se trasladaba a aquel pabellón. Pero en la segunda mitad parecía haberse olvidado ya hasta del pasado. delante de abierta ventana. mejor dicho. Su p semblante estaba como amoratado. Los periódicos y revistas que Varvara Petrovna recibía en gran número. de chas alas. pero de corte elegante. Y como ella no le habló luego ni vez de aquello y todo había pasado como si no hubiera sido. ideara aquel traje para Stepán Trofimovich. a nadie le soy preciso”. Sentía tentaciones. gó a estremecerse y volver la cabeza. Pero las tardes continuaron como antes. “Me tienen olvidado. Respecto al libro. Aquella fuerte hipocondría se apoderó de él. por efecto de ello. parecía un patriarca o. En el acto enamoróse del retrato. separáronse los dos e la mejor armonía. que había tenido tiempo de fumarse. a propósito del retrato de Kukólnikov. que vio ni sintió irse a Varvara Petrovna. flaco. des enorme casa señorial de Skvoréschniki. para restaurar sus fuerzas. renunciaba a la empresa. de los de caligrafia y dibujo. en un banco. además. cuando de pronto un ligero ruido le c. melena hasta los hombros. Y aunque así fuese. Por los progresos de la literatura rusa interesábase también extraordinariamente. junto a un florido arbusto de lilas. de largos faldones. parecido al del poeta en la lámina litográfica. y también.

taml se acordaron de él: al principio en las publicaciones extranjeras. En todas las caras estaba escrito que acababan de descubrir algún secreto trascendental.” Confesión notable. pero como si reconocieran en ello una belleza especial. Por lo demás. Admirado de ver h. volvió a comprometido en asuntos políticos y. dramaturgos. explicó ella hallarse dispuesta a fundar una vista y consagrarle desde entonces toda su vida. pero que s jaba sentir en todas partes. tomar parte activa en la nueva actuación de un modo absoluto e divisible. Al principio. Y esto mortificaba también: ¿es que era in ble explicarse y averiguar a punto fijo lo que significaban aquellas Varvara Petrovna. pero que no tardaron en ser olvidadas. todo se reducía a que lo ti nían olvidado y nadie lo echaba de menos. se conducían muy bien. y. ponerlo todo en claro. Eran individuos muy serios y muy corteses. Stepán Trofimovich llegó a penetrar en el más elevado de sus círculos. que se había muerto y prometió escribir su necrología. En primer lugar. autor de unas novelillas que en su tiempo alcanzaro 0 gran boga. Pero el jeto aparente del viaje era avistarse con su único hijo. pero era evidente que. Algunos (aunque no todos. VI permanecieron en Petersburgo casi toda la saison invernal.6 Luego hubo quien dijo en letras de n. Pero. como lo hizo. sonaron aplausos furibundos. pero lo acogieron con alegría. cual irisada pompa de jabón. Empezó a leer . Resentida. en aquel de donde arrancaba el movimiento. lo que aquélla no echó en saco roto. El criterio de Stepán Trofimovich sobre movimient generales era en grado sumo arrogante: para él. aquellas celebridades positivas y ya por encima de toda duda eran aguas mansas. Hasta que. hierba rastrera. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS Era aquél un tiempo especial: acercábase algo nuevo. más de los hechos. hasta 1k a compararlo con Rádischev. muy desde luego. Nunca hasta entonces había ella visto tales literatos. por lo menos intentarlo. ingenio. Stepán Trofimovich fue solemnemente invitado a explicarle “t esas ideas” de una vez por todas. sino que se volvieron más densas. con admiración de su parte. dónde había llegado. pero sus explicaciones resultaron de t punto insuficientes. 1’ sose a escribir cartas. en una proporción microscópica y con explicaciones humillantes. de posible. Corrían diversos n res. sin embargo. en el estrado mismo. Reñían. y con las que Varvara Petrovna hacía mucho tiempo que estaba en las mejores relaciones. 6 Autor de un libro sobre los horrores de la esclavitud: Un viaje de Petersburgo Moscú. en una de esas lecturas literarias públicas. Entre otras cosas. Stepán Trofimovici inmediatamente. Quedó decidido trasladarse inmediatamentt Petersburgo. Luego siguieron ya acudiendo sin necesidad de invitación: el uno llevaba al otro. pero saltaba a la vista que no tenían tiempo. era evidente que los demás les temían. a lo sumo. Todo. como hombre que había padecido la deportación. tenía otra razón muy principal para aquel viaje. teniéndolo a honra. aunque luego le fue conmutada pena por la de deportación a Siberia. publicaciones extranjeras prohibidas y hasta proclam (todo esto podía procurárselo). como de quien había disfrutado allí de cierta boga. ni mucho menos) presentábanse también borrachos. novelistas. y algo también muy extraño. los cuales acudieron enseguida en gran número. descubierta el día antes. por último. Con lágrimas en los ojos lo recordaba nueve años después. revivió y se reanimó mucho. y luego. y en su encendióse una ilusión: ponerse en movimiento y demostrar sus f”’ Varvara Petrovna volvió también en seguida a tenerle fe en todo y h todo lo posible por apoyarlo. escritores satíricos “acusadores”. dicos y revistas. sobre t en número extraordinario. Amnistiado más tarde por Pablo 1. que se encontraban entonces en Petersburgo. que no era otra cosa que el de reanudar sus antiguas altas amistades. por efecto de la estructura femenina de su naturale había empeñado en penetrar a toda costa sus secretos. que acababa a la zón su curso de Ciencias en un Liceo petersburgués. aunque era evidente que ninguno de ellos sabía de él la menor cosa ni había oído más sino que “representaba la idea”. Invitó a literatos. Eran vanidosos hasta lo imposible. las sombras no sólo no se aclararon. había ciertas ideas que los acompañaban. hasta en Skvoréschnjkj. pero allí había críticos. pero de un modo enteramente franco. 14 FEDOR M. “Le juro a usted y lo sostengo —me decía él mismo (pero a mi solo y en secreto)— que nadie del público sabe ni sabía nada concreto acerca de mí. coglan a Stepán Trofimovich y se lo llevaban y lo exhibían en reuniones literarias públicas. a la paz interior. 5C deshizo sin tardanza. Era menester. de ser posible. en 1 tersburgo. Todos ellos se mostraban orgullosos hasta la rareza. Tal maña se dio él. Todo su altivo criterio r pecto a las cosas contemporáneas quedó soslayado al punto. Varvara Petrovna lanzóse por entero a las “nuevas ideas”. que también acudieron un par de veces al salón de Varvara Petrovna. aunque más por su temperamento de artista que por gratitud. Harto dificil era saber qué era lo que escribían. sin embargo. por el que en 1790 lo condenaron a muerte. pero sólo consiguió marearse la cabeza. Presentáronse allí también dos o tres antañonas celebridades literarias. Las ilusiones volaron. ya que entonces. Organizó veladas en su casa. y algunos sencillamente adulaban a todo aquel revoltillo y vergonzosamente hacían por buscarle las gracias. Los directores del mismo estaban inverosímilmente altivos. como uno de los lectores. cual si con ello cumpliesen un deber. tenía. ahondar en todo personalmente y. tanto más incomprensibles. cer acto de presencia en el gran mundo. optó por darse. pues. no obstante todo su olimpismo. que duraron cinco minutos. Stepán Trofimovich se volvió todavía más altivo: d rante el camino empezó a tratar a Varvara Petrovna poco menos que Ci aire protector.5 KukÓlnik. podía darse así tan clara cuenta de su . a poco de ello. le respondieron enseguida. amenazado con nueva deportación. pero cuanto más p:’ las contestaciones. las altas amistades apenas si respondieron. literato insignificante. Cuando aquél salió por primera vez a un estrado. Los hechos eran más o menos conocidos.

presentáronse en casa de Varvara Petrovna cinco literatos. Los honrados resultaban mucho r” nos comprensibles que los pícaros y tunantes. mientras que señor. ni él mismo lo sabía). Continuar más tiempo en petersburgo habría sido. cuatro seguramente no perseguían con aquello ningún fin adquisitivo y solamente se tomaban tales calores en nombre de la “causa común”. Indiscutiblemente. aunque habría podido hablar más.. teniente general. compuestos un poeta del pueblo expresamente para aquella ocasión. ante el público. amigo y compí ñero de armas del difunto general Stavroguin. en aquellos tiempos. En su última lectura. tanto más cuanto que también a Stepán Trofimovich le llegó su “fiasco” definitivo. ni con mucho. El viejísimo general Iván Ivánovich Drózdov. es un general. en un cuadrito. en instantes de amargur que ella. de aquellos cinco individuos. imposible. del que somos humildes súbditos. hasta el punto de que allí. de la ssión del Ejército y la Armada. Al c. de restaurar a Polonia sobre el Dniéper. pero recio y alto decía que no le llegaban a Puschkin. de algún escándalo que había ocurrido en el Pasaje. empezó a acudir a su casa todavía más gente. n obstante ciertos detalles asombrosos.situación. en una de las veladas de Varvara Petrovna. y he servido a mi soberano. En las ve] das hablaba poco. también había seguido teniéndole envi Sin duda que comprendía que no le era posible alternar con aquellos r tos. cual si su señor no fuese el mismo que el nuestro. de la supresión de las herencias. Le obligaron a firmar dos o tres protestas colectivas (. el incidente fue denunciado en la Prensa. como si no encontra nada peor que decirle eso de general. con toda su histérica ji paciencia de mujer. naturalmente. fue y se echó a llorar. Iván Ivánovich se sulfuró: “Sí. efectivamente. Stepán Trofimovich me dijo a mí luego. Ella le estuvo atendiendo toda la noche. de los derechos de la mujer. Hablaban de suprimir la censura y la letra ierr. p lo visto. Varvara Petrovna no había encargado ni remotamente a nadie estudiar ni resolver nada respecto a su revista. s soy general. en otro sitio. Varvara Petrovna lo condujo a casa apenas con vida. Lo franco de tal inculpación corrió parejo con 1 inesperado. cuando así habla”. lo que dio motivo a que se rieran todavía más de él. tadora del trabajo. Al exponer Varvara Petrovna su intención de p’ car una revista. pero lo que más h. y recuerdo que. de la convenie cia de parcelar Rusia. No pudo sufrirlo. efectivamente. de la milia. tienen costumbre de decir burlonamente: “Yo he servido a mi soberano. y también ella firmó. hasta muy atrayentes. “el cual estaba hecho un carcamal”. y. no podía acordarse de ello sin sentirse ofendido. usted todavía figura. creíanse obligados a mirarla con desprecio y con no encubiert zumba. Qn m ‘a traité comme un vieux bonnet de coton!. diez años más tarde. y empezó a reivindicar los derechos del arte. por razas. a las botas. como a tres gos retrógrados. le manifestaron que habían estudiado a fondo el asunto de su revista y le llevaron su resolución. me zumbaba en la cabeza este estribillo: . y tenía también ingenio cuando. a la que nunca nadie podría perdonar. entre el ruido del tren. muchos individuos con graduación de g::: 7 La vigésimo séptima letra del alfabeto ruso. se la cedería enseguida a ellos. a las primeras de cambio dijo: “Usted.7 de reemplaz el alfabeto ruso por el latino. pero era indudabi que también había muchas personas honradas. por la mañana temprano. luego de fundar la revista. de los hijos y de los curas.. día. de alguno que había sido deportado el día a tenor. Con cara severa. no obstante visitar a Varvara trovna. estaba de acuerdo en lo inútil y cómico de la palabra “patria”. b’ de sostener una discusión. que aguardaba siempre algo. sino otro para su uso particular. es decir. a usted lo aprecian..” Armóse un escándalo intolerable. En los periódicos iJ»’ dos apareció una caricatura que representaba malignamente a Varvara trovna.contra qué?. al general y a Stepán Trofimovich. Al día siguiente mismo.. le hacía tomar unas gotas de laurel y hasta ser de día le estuvo repitiendo: —Usted es todavía útil. etc. —Nos vinimos como atontados —contaba Stepán Trofimovich—. etc. La resolución consistía en que ella. Lo más patético era que. imaginándose que iba a conmover los corazones y teniendo a honra su “expulsión”... hombre dignísimo (pero a s modo) y al que todos aquí conocíamos. y empezaron a allegarse f mas colectivas contra el “rasgo escandaloso” de Varvara Petrovna. que tenía el valor de una “e” Ir” y que. la yor parte de aquellos individuos nuevos. pensó triunfar con la elocuencia cívica. en una federación voluntaria. con arreglo a los derechos de una asociación libre. Por lo demás. Yo nunca pude figurarme aquello. tres de ellos completamente desconocidos y a los que nunca había visto. pese a toda su embriaguez. balbucía aturdidamente. de la ca Krayevskii. DOSTOIEVSKI Los DEMONIOS 17 tra cierto “hecho escandaloso”. un destacado jovencito. con los dineros. pero no podía decirse quié gobernaban a quiénes. eres un mocito y un ateo. de reforma agraria y las proclamas.” es decir. firmó. pero e guida le lanzaron a la cara la inculpación de que era una capitalista y . Era claro que e aquel revoltillo de gentes nuevas había muchos pícaros. el cuadrito llevaba también unos versitos. que quiso poner en la calle inmediatamente al general. a pesar de todo. Observaré por cuenta que. estaba también de acuerdo con la idea de que la religión era nociva. los recibía con avidez. r’ comía de un modo horrible y le tenía un miedo espantoso al ateísmo. convenían en reconocerle el derecho de propiedad y enviarle todos los años la sexta parte de las ganancias líquidas. era escuchar. A Varvara Petrovna también la obligaron a firmar al pie de otra protesta con- 16 FEDOR M.. sumamente terco e irascible. Lo silbaron implacablemente. han suprimido los bolcheviques. en pleno estrado. El cual. Por delicadeza. sobre todo. y se volvería volando a Skvoréschniki sin olvidar llevarse consigo a Stepán Trofimovich. pero..

”. Stepán Trofimovich partió con entu siasmo. Cuanto a An drejeff es decir. aunque fuese dans le pays de Makar et de ses veaux’ 1 del que ya recordará hablábamos con frecuencia. hasta llegar a Moscú. dirigiéndose a mt en un arrebato de inspiración—. ¡como si. caída ei el fango. y la segunda. de energía acerada e inflexible cual una roc cuando ahora cualquier Andrejeff. según y dijimos. pero únicamente por la finura y distinción. guardando también aquella carta—. y lo encontraba ingenioso. me sentí tranquilo: una impresión extraña. . todo es noble: mucha música. noble. apasionado colec cionista de antigüedades rusas. allí. Nuestro tiempo volverá y tomará a encauzar por el camin firme todo lo que se tambalea. peut bri ser mon éxistence en deux?”. mis primeros entusiasmos y mis primeros tormentos. luz en la traspasada tiniebla y manchas hasta en el sol. ando por las bibliotecas. y el diablo sabe cuántas cosas más. en Petersburgo.. en absoluto no era eso. era. uno solo seremos siempre. y etc. y no era eso tampoc lo que nosotros buscábamos. Yo no reco nozco nada. deliberadamente. no puede usted figurarse qué pena y 8 Viek (El siglo) título pensado para la revista. nombre de un critico. un tío raro.Dónde estáis las dos?”. sin duda sabiendo entenderlos y traducirlos mejor. un ortodoxo payaso con barba. aunque tuvieran que separarse por algún tiem po. en el gobiemo de O*** (a expens de Varvara Petrovna). sin pizca de respeto.. en los gastos secretos suyos.. Andréyev. ella comprendía que era preciso. Toda su vida el muchacho. e pasado. jugueti de estúpidos chicos! En nuestros tiempos no era así. ¡Ni puedo olvidar nada! Aquí en Berlín todo me recuerda mi vida antigua. No. Por lo que se refiere al hijo de Step Trofimovich. Por las noches nos estamos de charla con la gente moza hasta clarear el día.. ideas de eterna belleza. sencillamente. Lo recuerdo con una sonrisa. En Moscú fue donde recobré el juicio cabal. con su barba blanca y sus grandes gafas de plata. con una tiíta. ya hacía medio año. murmuró Varvara Petrovna). efectivamente. motivos españoles. valor de una fin quita que le había comprado (al lado de Skvoréschniki). abandonada en un rincón. corro. que me lo distraigan. La frase dans le pays de Makar et de ses veaux quería decir: “donde Makar no llevó sus vacas”. ¡Qué encanto había conservado Nadechka Nikoláyevn&° incluso ahora! Le envía un saludo. sueños de renovación de la Humanidad. probablemente para invertirlos antes d viaje. 18 FEDOR M. 9 Liov Kambiek. Varvara Petrovna envió a su amigo a extranjero a “descansar”. De lo contrario. he ido a ver a los profesores. no.Viek y Viek 8 y Liov Kambiek Liov Kambiek y Viek y Viek. Su joven esposo y sus tres sobrinos están en Berlín. se acordaba él de sus dos difuntas mujeres. en tout pays. ¿Estaría bebido al escribir la carta? Esa Dundásova. Al atravesar la frontera. destrozado! —le escribía a Varvara Petrovna—. amigo mío —solía exclamar. “Allí resucitaré —exclamaba—. a tendencia. y son las nuestras veladas casi atenienses. con unas deciatim de bosque para leña. nueva. Finalmente.. ¿cómo se atreve a enviarme ningún saludo? Aunque. todo lo actual.. porque los primeros dineros que d él recibiera se habían ido todos. arqueólogo autodidacto.. fiel amiga mía! Yo estoy de corazón con usted y con los suyos. Varvara Petrovna leyó con ansiedad aquella carta primera y subrayando con el lápiz la exclamación “. después de todo. confronto. sobre todo. la había pasado. la primera después de tantos largos años. en Petersburgo. la Madona de la Sixtina.. de armonía. después de todo derecho a demandar aquel breve plazo. todo esto son desatinos! —decidió Varvara Petrovna. etc. poco hacía. anoto. mi amadísimo hijo? ¿Dónde. con otros necios como ellos. yo mismo. Aunque Varvara Petrovna proveyó a su amigo abun dantemente de recursos al expedirlo a Berlín. palpitando. pero eso lo hacía como donosura. ¿qué va ocurrir? VII A raíz de la vuelta de Petersburgo. ¡Oh amiga mía. a setecientas verstas de Skvoréschniki. ¿Dónde est ella? ¿Dónde están ahora las dos? ¿Dónde estáis. lo había visto un par de veces en toda su vida: la primera nacer. en las necesidade de entonces de Stepán Trofimovich. donde el joven se prepa raba para ingresar en la Universidad. hubiera podido enContrar algo distinto allí! ¡Oh. expuesta a todos los golpes.. Ese culto comer ciante. no había acabad de pagarle a Stepán Trofimovich los cuatrocientos rublos. —Bah. finalmente. etc. nuestro comerciante de la lc calidad: un tendero.. ángeles míos a los qu nunca merecí? ¿Dónde mi hijo. y por poco se echa a llorar cuando An drejeff le rogó que aguardase un mesecito.. me consagraré la ciencia!” Pero en las primeras cartas de Berlín insistía en su nota sempi tema: “El corazón. aunque tenía. etc. Stepán Trofíniovich contab con aquellos cuatrocientos rublos. a la calle y allí se la encuentn usted de pronto. que a veces tenía sus choques con Stepá Trofimovich en punto a saber y. la marcó con su número y la gt’ardó en una cajita. traducía de un modo pésimo a veces los refranes rusos y los dichos populares al francés. En la segunda carta recibida de Berlín variaba un tanto la canción: “Trabajo doce horas al día (“Si siquiera fuesen once”. mi yo antiguo. DOSTOIEVSKi LOS DEMONIOS ¡9 qué rabia se apoderan de su alma cuando lleva usted mucho tiempo vene rando una gran idea y vienen de pronto y se la roban a usted unos ignoran tes y la lanzan. antes de mi partida. falta de proporción.. Renovó su amistad con la excelente familia Dundásov. Quien se entretiene hasta clarear el día en esas veladas atenienses no se está luego doce horas enredado con los libros. Stepán Trofimovich. sí. finalmente yo.

de la Universidad. y el día del pago era casi siempre un día de colerina. cuando Var vara Petrovna le permitió vivir en otra casa. sostenía raras y remotas relaciones. y había sido protegido suyo. como individuos libres que no tienen compromiso alguno uno con otro. y en las altas esferas no lo recibían. gran liberal y con fama de ateo en la pobla clon. viniendo a caer en la . y se volvió a Skvoréschnjki Sus últimas cartas sólo contenían efusiones del amor más sentimental a su lejana amiga. solía decir donosamente Stepán Trofimovich. Los arrechuchos histéricos y los llantos sobre mi hombro. que había entrado en la casa. en el mejor tren. de las de un honrado pa dre de familia. Siguióla Schátov. además. Era éste miembro de club. en invierno vi via en su casa de la ciudad. terrateniente. siempre que le herían en sus convicciones. es decir. como su favorita. Su mujer temblaba al sol pensamiento de no darle gusto a Varvara Petrovna. Vivieron juntos unas tres semanas.por cuenta de Varvara Petrovna todos lo semestres. y venídose a vivir con una vieja tía. su aficion al estudio. 20 FEDOR M. Además. Con su hermana Dascha’4 también pupila de Varvara Petrovna. funcionario del go biemo. en tomo suyo fuese consolidando un círculo de amigos aunque siempre reducido. averigüé una novedad esPantosa para mí. y hasta más aburrido que antes. como perrillos falderos. No le era a ella simpático tampoco Schátov. La entrevista de ambos amigos fue entusiastica. y luego se separaron. viviendo sabe Dios cómo. Más adelante. tenía tres hijas menores Guardaba a su familia en el temor de Dios y encerrada. y literalmente estaban salpicadas con las lágrimas de la separación. perdía con altivez y disfrutaba de respetos. el rien de plus! Mais r. en su finca de las afueras. Entre nosotros siempre estaba taciturno y enfurruñado. Er hombre inquieto. al nido natal.Pero se divirtió poco. sino que. A Varvara Petrovna. Largo tiempo vagó él luego solo por Europa. que vivía con ella. aunque intervenía poco e la tertulia todos la llamábamos nuestra patrona. Varvara Petrovna. DOSTO1EVSKI LOS DEMONIOS 21 VIII Luego hízose entre nosotros la paz y se prolongó por espacio de todos esto nueve aflos. era sumamente aho rrativo. cuatro meses no pudo aguantar. a la que enterró al cabo de unos meses. y sin duda también por causa de la pobreza. y a poco casóse con ella en Ginebra. y castig doloroso. Sól se le puso un poco colorada la nariz. Habíase casado en segundas nupcias con una mujer jovencita y guapi ta. la pasábamos muy divertidos. amigo mío. el inolvidable y blandengue Iván Osípovich’2 era pariente cercani SUyO y había sido en cierta ocasión su protector. hija de Nicolai. marchó al extranjero. en verano. Hay criaturas extraordinariamente acostumbradas a la casa. por el contrario. Pero nosotros gustábamos de su ingenio. una vez de manos de un oficial. Juntamente con la familia de dicho comerciante. todo volvió a seguir su curso de antes. El vino se compraba en la tiend del referido Andréyev. 1 Es decir. aún gozamos de mayor libertad Nos reuníamos allí dos veces por semana. A los dos meses el comerciante la despidió “por librepensadora”. rien de plus!’ O Esperancita. expresión equivalente a la española “Donde Cristo dio las tres voces”. “Al fin del mundo”. de su ayuda de cámara. En el extranjero había rectificado Schátov radicalmente algunas de sus ideas socialistas de antes. y prefirió colocarse en casa de un comerciante civilizado como preceptor de sus hijos. se había afincado en el pueblo definitivamente. Poco a poco. Pável Fiodórov. Se pagaba . cuando lo expulsaron de la Universidad. en el pueblo h estimaban poco. pero de cuando en cuando. miembro que fue de la tertulia sólo el último año Schátov había sido estudiante. . De los niños se encargaba también una institutriz: una señorita rusa. que le había aportado su dote. Je suis un simple parásito. a Consecuencia de cierta historia estudiantil. y. y a la que habían tomado más bien por sus pocas pretensiones. había tornado a nuestro pueblo. y vino a aumentar así su bonachone ria. de niño habia Sido discípulo de Stepán Trofímovich. El miembro más extraño de la tertulia era Liputin. hasta el punto de haber re presentado casi tanto como nuestro actual gobernador. y otra. ocupaba un puesto modesto. y en el servicio habíase apañado para una casita y un capital. Después de la lección d Petersburgo. El gobernador ante rior. igualmente. ni siquiera respondió a la carta que ella le había escrito. y lo habían expulsado. No le era simpático por su orgullo y su ingratitud. hombre ya nada joven. vivaracha. dicen que hacía de limpiabotas en las calles y que en un puerto había trabajado como cargador. se irritaba en términos morbosos y se iba mucho de la lengua. no turbaban lo más mínimo nuestra felicidad Me maravilla que Stepán Trofimovich no engordase en aquel tiempo. A los dos días. y el acatamiento po aquella de la buena sociedad del gobierno llegó a rayar en idolatría. en vísperas del viaje. y. “A Schátov hay que atarlo antes de ponerse a discutir con él”. además. no acudiese inmediatamente a ella. As que aquello redundó en bien de Stepán Trofimovich. A Varvara Petrovna no le era simpático. qu se prolongaban regularmente. pero él sabía siempre buscarle la gracia. “Amigo mío — decíame Stepán Trofimovich a las dos semanas y con el mayor sigilo—. y nunca pudo perdonarle el que. pues era hijo de un siervo de 12 IVfl hijo de Osip. Nunca ha bia tenido tanta significación e influencia como en los últimos siete años ei la buena sociedad de nuestro gobierno. su personal maligna alegría. pero le tenía afecto. era un hombre esplenético y que ya más de una vez había llevado su castigo. Por último hacía de eso un año. pero es que entonces tenía unas ganas horribles de viajar por el extranjero. so bre todo cuando no le dolía el champaña. aunque muchos lo consi deraban únicamente como un hombre “culto”. más bien en calidad de diadkat3 que de gouverneur.

En su aspecto exterior. no obstante. y. muy rubias. y tomó parte en el baile. y se fue de allí medio muer-1 to de vergüenza. de un modo secreto y anónimo. Varvara Petrovna. de todo punto. bajo de estatura. por el contrario. pero también él es de los que no se sientan. sobre todo. Esforzábase por vestir con pulcritud. y. funcionario de la localidad que tenía algún parecido con Schátov. le dijo: “Amiga mía. Esta lo reci con calor. El tal Lebíadkin. después de mirarlo de hito en hito. aturrullóse. a pesar de su extraordinaria pobreza. todos ellos juntos. de gruesos labios. Afirmaban que Virguinskii. melenudo. Todas ellas recibían periódicos. fueron más allá de la ciudad. como en secreto. DOSTOIEVSKI una tienda. que. y otra estuvo a punto de embarcarse en un vapor con un compañero que le habían destinado como ayudante. . Virgüinskii estaba como febrilmente alegre. en el fondo. pero. Esta y todas las señoras profesaban las ideas más extremas. servía y mantenía a una tía y una herma• na de su mujer. el aura o término medio que en todas partes se acomoda. —. levantóse. Schátov a sus ideas: era desgarbado. respondía. Una vez. que pronunciase tales palabras. Por la noche. tenazmente rastrero y como avergonzado. nunca renunciaré a estas luminosas ilusio nes”. fue y le manifestó que quedaba destituido. . también trabajaba en los comercios. Era uno de esos rusos idealistas a los que de pronto les hace impresión una idea vigorosa y no parece sino que de buenas a primeras los abruma. para leer. y no le gustaba que ninguno d nosotros fuese a verlo. hirsutas. Este sujeto. y rara vez me eché yo a la cara un fervor espiri tual más honrado. concluyendo por mirar por encima del hombro al dueño de la casa. Llegó él. LOS DEMONIOS 23 22 FEDOR M. —Todos ustedes son “de los que no se sientan”— hacíale notar jo samente a Virguinskii—. antes de cumplirse el año de casados. cierto Virguinskii. y un mirar arisco.rrojo. al bosque. no he notado esa li. Contaban de Virguinskii. muy leves. soltera había vivido mucho tiempo en Petersburgo. según se titulaba. a todos nosotros nos trataba paternalmente.ta. Sólo sabía tirarse del bigote. cien rublos. y sin que . cierto forastero. dijo Varvara Petrovna una vez. hasta ahora te amaba únicamente. y siempre llevaba. resultó después un individuo muy sospechoso. . Vivía solo. y no era en modo alguno capitán de Estado Mayor retirado. Liputin diose por ofendido. rubiosco. pero todo esto resultaba en ellas algo burdo. que se hizo trizas. está usted “verde”. después de su enfermedad. pero de pronto. con unas cejas espesas. los cien rublos. pero es dudoso. Tenía veintiséis años. Analizarla no es cosa que ellos pueden nunca.. fija la estúpidamente en el suelo y sonriendo como bobo y.ción que hallé en Petersburgq entre esos seminaristes.mi. y con sentimiento muy sincero. tropezó y derribó suelo su preciado costurero. ahora ya te respeto”.para aguantar la miseria. “No me asombra ya que su mujer lo dejase”. ancho de hombros. estaba casado. y no pocas lo dejaba atónito. con sus ribetes. y allí comía y allí dormía. sin siquiera darle importancia alguna. a veces. a pesar de todo. sin acabar de escucharla y en el punto más interesante de su peroración. comiendo con gusto el pan ajeno. que por nada del mundo cedía a igualarse y siempre estaba revuelto. “en familia”. por lo bajo. de i. “Yo nunca. pero aun en aquella ocasión defraudó él bochornosamente sus peranzas. pero se puso enfermo en vísperas de la partida. que su mujer. al extremo de la ciudad. sencillamente. como procedentes de s antigua ama. a las dos semanas de su retiro. y a veces le objetaba r mente. permaneció en total allí cinco minutos. Era pobre. Liputin le recriminó luego mucho por no haber devueltol en aquella ocasión. Dorotea. me decía con ojos radiantes. Virguinskii. pero en su mayor parte a” didacto. y vivía de lo que Dios quería. . De esas “luminosas ilusiones” hablaba quedo.. haberlos tomado y hasta ido a darle las gri cias. a tomar el té en unión de unos amigos. y que ella prefería a Lebíadkin. en general. —Usted es. por lo demás. a mi juicio. frente ceñuda. a descubrir el secreto. Stepán Trofimovich lo trataba afabilidad. A Varvara Petrovna no recurría en demanda de ayuda. beber y despotricar los mayores absurdos que imaginarse pueden. con desprecio. antes que la notificación de su mujer dándole el retiro. y. Un joven lamentable y pacífico. en vez de eso.. Dificil es imaginarse hasta dónde llegaba su ca’” . Una vez se le vio tras el mostrador de 13 Ayo. se trataba d “ideas que se encuentran en el arroyo”. en silencio. Era de estatura bastant elevada. periódicos y libros. con una cultura notable. no faltaba nunca a la tertulia de Stepár Trofimovich. desmañado. de manera harto indelicada. Acudía también por las noches un joven. si así se lo hubiesen di Madame Virguinskaya ejercía en el pueblo la profesión de comadrona. 4 Diminutivo de Daria. pero extraordinariamente flaco. y le tienen una fe apasionada. dicen que se echó a llorar con el corazón encogido. a media voz. para siempre. p saba ya de los treinta.exageración contraria.. Todas las altivas cuchufletas de Stepán Trofimovich tocante a a nas de sus ideas las acogía con mansedumbre. En sus cabellos quedaba siempre un remolino tal. y habría h tado el primer rumor incluso de nuestros rinconcillos progresistas de la c pital para que lo arrojasen todo por la ventana. El dicho Virguinskii e hombre de corazón puro. se fue inmediatamente a vivir con ellos. hizo un saludo de costadillo. . y toda su vida transcurre luego como en los últimos espasmos bajo las piedras que les arrojan y que ya a medias los aplastan. dignas de un romano de la antigüedad.. de pronto. aceptó el dinero y fue a darle las gracias a Varvara Petrovna. aunque saltaba a la vista que era enteramente opuesto a él en todos sentidos: éste era tambié “padre de familia”. como a propósito de otra cosa una vez Stepán Trofimovich. reflex. Schátov se sentaría de muy buena gana. envióle. todos son semejantes a usted. aunque en us—.Y yo? —le preguntó Liputin.

después de un vino de marca conocida. era cosa de nada. Y le era. Varvara Petrovna hubo de oírlo una vez y le gritó: “iAbsurdo. le era necesario un auditorio. porque él. y en los intermedios hacía el cerdo. corno a todo hombre c ingenio. El “liberalismo sublime” y “liberal sublime”. negóse a ir a presentarle sus excusas a Lebíadkin. Recordaba algunas veces a los amigos de su mocedad —todos ellos personalidades principales en la historia de nuestra evolución—. liberal sin ningún objeto. Stepán Trofirno15 De 1861. además. y desde mucho antes empezamos a hacer brindis en su honor. Y se pasó el dedo índice en tomo al cuello. a pesar de todo. gritos y lloriqueos. corrupción y ateísmo. y estábamos perfectamente seguros de que eso podría ocurrir de un modo enormemente rá- 1 pido y fácil. pero algo digresivamente. El gran día del 19 de febrero’5 lo celebramos con entusiasmo. escritos por algún burgués liberal de antaño: Vendrán los campesinos con sus hachas. y todo el tiempo que aquél estuvo dándole la lata casi no habló palabra.mediara la menor discusión. Desfilaban también por nuestra tertulia huéspedes eventuales: iba por alli el judío Líamschin. en tono doctoral pronosticábamos que Francia. A Stepán Trofimovich. nunca nos habló de sus asuntos domésticos. sobre Dios en general y sobre el “Dios ruso” en p: ticular. con una jovialidad liberal enteramente rusa. acompañados por Líamschin.manidad. pero ella no llegó a dárselo. Sólo una vez. que estaba bailando el cancán él solo. repetir por centésima vez anécdotas rusas escandalosas. pero de pronto. que se le reconociese que cumplía el alto deber de propagar la idea. en nuestro siglo de hu. al volver en ml compañía de casa de Stepán Trofimovich. acompañado de una hermana y animado de nuevas intenciones. aunque algo antinaturales. cogiéndome la mano. —. Algún tiempo estuvo asistiendo a la tertulia un viejecillo estudioso. Cuando ya s ponía muy aburrido. industria y ferrocarriles. Era todo aquello muchísimo antes. a Stepán Trofímovich: —Será una lástima que a los burgueses sus antiguos siervos también les proporcionen. El gigante tuvo tanto miedo. y siempre persistió este rumor. hubo de hablarme muy por encima de su situación. y le era indispensable. de locura.Schátov ni Virguinskii. Tocábamos también el tema de Humanidad. a coro. aunque no sé si nos salió bien. y se puso furiosa. Al Papa hacía ya muchísimo tiempo que le habíamos pronosticado el papel de simple metropolitano. y vez. ideas optimistas sobre sia y el “alma rusa”. Aunque. Llevó Liputin al dé 24 FEDOR M. algunas contrariedades. aunque no con mucha frecuencia— se desbordaba el entusiasmo. pero murió. esto último por haberse puesto de rodillas para sincerarse con la consorte. en nada se Opone a la “causa común”. sin embargo. poníase a tocar. es decir. que a punto fijo no lo recuerdo. el parto con los primeros lloros del crío. lo hizo agacharse y se puso a aturdirlo con chillidos. después c cesarismo. Y. lo acusaron de ideas poco firmes. eso en nada. y durante algún tiempo lo recibimos por cuestión de principio. Liputin.Cher ami—replicóle Stepán Trofimovich benévolamente—. que la había oído. recordábalos con unción y ternura. nosotros nos limitábamos a charlar del modo. Puede que al pobre “padre de familia” se le distrajese el espíritu con nosotros y necesitase nuestra tertulia. la tormenta. etcétera. magistral pianista. de todos bidas y por todos repudiadas. Algún tiempo antes de ese magno día. en medio de sus alegrías. absurdo!”. pero luego diose por ofendido con toda la vehemencia de una persona decente. sólo son posibles en Rusia. en la Italia unificada. Pero es porque el “sublime liberalismo ruso” no entendía de otro modo las cosas. cogió con ambas manos de los pelos al gigante Lebíadkin. sarcástico. sólo r” ese objeto lo invitaban. pasaría a ser una potencia de segundo orden. Ix Durante algún tiempo decían de nosotros que nuestra tertulia era un viverc de librepensamiento. por lo demás. cantamos la Marsellesa. hízole observar. iba el capitán Kartúzov. El capitán de Estado Mayor diose prisa en desaparecer y no volvió al pueblo hasta una última ocasión. y teníamos h convicción absoluta de que este problema milenario. más inocente y grato. Algo por el estilo. pero de él hablaremos más adelante. preciso también tener a alguien con quien beber champaña cambiar. que ni siquiera hizo por defenderse. Virguinskii se pasó la noche entera pidiéndole perdón a su mujer de rodillas. Cuando se había bebido mucho —lo que solía o rrir.. exclamó con vehemencia: —Eso no es nada: es sólo un caso frecuente. pero también como con cierta envidia. el judío Líamschin (un modesto funcionario postal). además de lo cual. crea usted que “eso” —repitió el gesto en tomo al cuello— . vich empezó a rezongar para sí unos versos famosos. y Stepán Trofimovich vivía en la misma casa que Varvara Petrovna. etc. pero luego dejamos ya de recibirlo. y muy bien. fecha de la abolición de la esclavitud. cuando aún no habían aparecido por a1 . DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 25 rigo polaco deportado Slontsevsky. Stepán Trofimovich disertaba a veces de arte. f nalmente. También comentábamos los chismes locales. Algo terrible ocurrirá. juzgábamos severamente del futuro destino de Europa y el gé nero humano. profiriendo a veces fallos inclementes.

Además. tenía fe! ¡Ahora ya la he perdido. —Amigos míos. Pero pasó el gran día. fue a ver corriendo al gobernador. Cuando trabajemos. que debían pedirse a otro gobierno por telégrafo. pero sigo y seguiré llamando al trabajo hasta lo último. como gente atropellada. todos los alemanes mismos. y en la que se hacia resaltar la tesis de que el muchik era también un hombre. célebre francesa de origen judío (1821-1853).. finalmente. enviaron allá fuerzas. algo indispensable para la obra. pero a mí me llenó de asombro en aquella ocasión Stepán Trofimovich. Observaré que entre nosotros muchos suponían que el día del manifiesto pasaría algo extraordinario. así lo bueno como lo bello. en aquello. llenos de cólera. sobrevinieron ciertos disturbios. y hasta el punto de que casi en vísperas ya del día grande hubo de porfiarle a Varvara Petrovna que se marchase al extranjero. que durante dos s fueron nuestros maestros. también Stepán Trofimovich compartía esa manera de pensar. ¡Todo de nuestra señoril. va todavía al colegio a alguna Peterschule alemana.. que Rusia es un problema demasiad grande para que nosotros solos podamos resolverlo sin los alemanes y sin e trabajo. Es hora de mirar las cosas con más lucidez y no confundir nuestro olor rústico a resma con el bou quet de 1 ‘inipératrj Liputin inmediatamente diole la razón. para que lo sepáis. bien educada ociosidad! Yo afirmo que será así durante treinta i años. tendrán. todo eso es h_ to viejo para ser joven. a raíz de los rumores sobre Antón Petrov.16 exclamó entusiasmado: “No cambio a Rachel por un campesino!” Yo estoy dispuesto a ir más allá. sie. Veinte años llevo ya tocando a rebato y llamando al trabajo. al ver por primera vez en escena a la Rachel. Hemos ceñido coronas de laurel en sus cabezas piojosas. s pática. y le propuso comunicar inmediatamente su comparecencia en Fe’ 1 burgo a quien procediese. 18 Jefe de un grupo de campesinos sublevados. Rachel. aparecida en 1847. pasó también algún tiempo después. Un notable poeta ruso. —Nosotros. toda Europa. pero lo más probable es que no haya ocurrido nada. Así d: pronto... estudia en librillos alemanes y aprende su eterna lección alemana. por espacio de algunos años seguidos. Pero como nosotros no hemos de trabajar nunca. nuestra nacionalidad.’7 y las había que hasta de París les escribían a sus adminis16 Isabel Félix. Gritaba en el club que hacían falta más tropas. entonces tendremos nuestra opinión. hasta la sepultura. Al parecer. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 27 tradores ordenándoles portarse en adelante con los campesinos lo más humanamente posible. en relación con aquello. Stepán Trofimovich se rió de lo lindo. Además. Yo aplaudo al maestro alemán. Hizo resaltar ante nosotros algunas ideas notables acerca del carácter del hombre ruso en general y del campesino ruso en particular. que también en nuestro gobierno y a quince verstas a lo sumo de Skvoréschniki. No hablo. en una palabra: que no las tenía todas consigo. no sabemos hacer nada.. sin venir a cuento. Entre nosotros todo de la ociosidad. tanto. ante todo. como es notorio. eso sería bastante para Rusia.no redundará en provecho alguno: ni de nuestros burgueses ni de nadie en general. durante todo un milenio. Por aquella vez Stepán Trofimovich hasta tal punto hubo de emociorlarse. Y eso que ahora andan hablando de no sé qué opinión general que acaba de “nacer” entre nosotros. y como adrede. sólo nos dio la kamarinskaya. y el maestro alemán le manda ponerse de rodillas cuando se le antoja. loco. todos estos paneslavismos y nacionalismos. Pero ¿es que no comprenden que para la invención de la verdad es necesario. le rogó que no lo molestara. y surgió la “opinión general”. naturalmente. 17 Novela de ambiente campesino. a pesar de que nuestras cabezas nos impiden cada vez más pensar. el propio conocimiento de la cosa. yo daría todos los campesinos rusos juntos por una Rachel. si algo faltaba. opinión entre nosotros aquellos que hasta ahora nos suplieron en el ti es decir. tiraré de la cuerda hasta que toquen para mis funerales! . sin cabeza. nunca se presentó entre nosotros sino en forma de distracción de señores de club. de Grigorovich. y todo un sector de la literatura. y aseguróle que él. Sucedió. y. que nos asustó. no falto en esto de ingenio. aunque efectivamente haya sido “alumbrada”. sin embargo.. la propia práctica? De balde no se logra nunca nada. moscovitas. que.. De nuestro trabajo no sabemos vivir. y.. que nada h sido “alumbrado” y que todo siga como antes. no tenía arte ni parte. el trabajo. es decir. por el estilo de lo que profetizaba Liputin y todos los llamados personajes de viso y grandes señores. La antigüedad rusa. salieron hablando de nacionalismo... Gracias que todo pasó en seguida y se deshizo en salvas. Nosotros. pero observando que obrar contra su conciencia y alabar al campesino era. que hasta las damas de la alta sociedad vertían lágrimas al leer Antón Gorémik. El nacionalismo. FEDOR M. pour notre Sainte 1. en atención a sus años. como llovida del cielo. se ha venido consagrando a ellos como a una alhaja recién descubierta.. Los hemos puesto de moda.. como aseguran ahora los periódicos. —nos aleccionó—... el trabajo propio.. bajo la protec divina. A juicio mío.. que todo eso viene de la ociosidad. y la altiva sonrisa volvió a asomar a los labios de Stepán Trofimovich. del tiempo de Igor. A los tres años. ¡Yi consagré mi vida a esa misión. hemos andado muy de prisa con nuestros campesinos —dijo rematando uno de sus notables pensamientos—.

. sobre todo Bielinskii. Antes pagano. ¡toda la carta! Pero bromas aparte. a pesar de todo. Stepán Trofimovich. no veía un elefante en un museo. no soy cristiano. Schátov. estoy de acuerdo en lo esencial de la cosa. Entre nous soit dit. tanto... sino 19 Desde 1846. al parecer. Por lo que se refiere al cristianismo.. aunque. indicándole benévolamente con la mano la silla. ¡no comprendo qué tenga yo que ver con eso! Por más que sç afanen aquí nuestros denunciadores. con el sincero respeto que me inspira. como el eslavófilo moscovita.. y puesto que yo. y revolviéndose como un oso en su sitio. y con qué ardor! Pero qué. Ya eso sólo de que el cristianismo no haya comprendido a la mujer. que terminó entre ellos. para que lo sepa! Habitualmente. usted también va incluido aquí. firmemente convencido de que ahora ya todo se había concluido y que en absoluto y para siempre había roto sus amistades con Stepán Trofimovich. echando fuego por los ojos—. con la cabeza baja y revolviéndose impaciente en la silla. somos. ¡Digo la verdad! Es un hecho que se justifica. No puedo creer como mi Nastasia (la criada) o como cualquier señorito.. Señor. exactamente igual que el “curioso” de Krilov. “No comprendo por qué aquí todos me tienen por ateo! —solía decir—. lo mismo que todos nosotros ahora. ni sufrieron por él.. pero su interior. a Schátov hay que descartarlo. tan “simpáticos” “talentudos” y “liberales”? Nuestro maestro creía en Dios.. o como los antiguos griegos. pierden también la creencia en la patria y se vuelven ateos o indiferentes. y eso únicamente porque con el nombre de pueblo sólo entendían ustedes al pueblo francés.. unos asquerosos ateos y unos pervertidos indiferentes. 2g FEDOR M. por más que usted se esfuerce en imaginárselo para su consuelo! —refunfuñó malhumorado. y usted también. ¡Oh. tercamente fija la mirada en el suelo. que cree ‘por si acaso’. a la vista salta por esa carta misma. inmediatamente. según tan magníficamente ha descrito George Sand en una de sus novelas geniales. ¡No puedes amar lo que no conoces. —Cómo que ésos no amaron a su pueblo? —clamó Stepán Trofimovich—. Aunque rebasaba con frecuencia la medida. o como nuestro simpático Schátov. ¡Y eso que tenía más talento que todos ustedes! Ustedes no sólo no reparan en el pueblo. El año cuarenta y siete. sabían sufrir por él y sabían. y es más.. en la misma medida. esos mismos viejos absurdos rusos.. después de todo. CAPiTULO II . no. Schátov cree ‘a la fuerza’. ¡No podía. que estaba en el extranjero. de pronto... y se abochornaban de que el pueblo ruso no fuera lo mismo. ¿no se oyen también ahora a veces. Bielinskii buscar su salvación en el aceite de vigilia o en el rapónchigo con guisantes’ Pero allí saltó Schátov. Yo creo en Dios. yo no quiero ser jesuita. no tiene Dios! Tenga usted por seguro que cuantos dejan de comprender a su pueblo y cortan sus vínculos con él. Sabían amar a su pueblo. nadie puede imaginarse nada más cómico que el instante en que Gógol (jel Gógol de entonces!)’9 leyó aquella frase y. de Schátov no gustaba de mimos. y toda su atención era para los misántropos sociales franceses. al mismo tiempo. rompía a reír. Cuanto a las devociones. yo creo como en el Ser que se reconoce en mí a sí propio... ¡Ahí tiene usted por qué todos ustedes.. discrepar de él cuando hacía falta no darle la razón en ciertas ideas. yo. ayunos. y nada más! ¡Y usted también. —iNunca esos hombres que usted dice amaron a su pueblo. como el gran Goethe.¡Oh! ¡Cómo asentíamos nosotros! ¡Aplaudíamos a nuestro maestro. después de esas gratas frasecitas? —decía. pero vergonzoso. Bielinskij. efectivamente. con lo que amaban a Rusia. Naturalmente.. inesperadamente. bastaría. miraban al pueblo ruso por encima del hombro. ¡Y ésta es la pura verdad! ¡Pero quien no tiene pueblo.. Su facha era burda. Gógol profesaba la ortodoxia oficial. Después de refunfuñar algo entre dientes2° en contestación a las deferentes palabras de Stepán Trofimovich.. llevaban vino. escribió a Gógol su famosa carta recriminándole violentamente por creer ‘en un Dios’. diré y recalcaré: ¡ésos eran hombres!...Cómo no quererle. ni se sacrificaron lo más mínimo. Bielinskii.! —iNi a Rusia ni a su pueblo! —clamó también Schátov.. es más: por usted lo digo. de lo más delicado. Pero éste siempre apresurábase a detenerlo a tiempo. después de proferir semejante monólogo (cosa que le ocurría con frecuencia).. etcétera. él era el primero que con ello sufría. y Stepán Trofimovich pronunciaba el correspondiente brindis en recuerdo de alguno de los grandes hombres de antaño. El huraño. —. Schátov cogía su gorra y se dirigía a la puerta. siempre y doquiera. mais distingons. se quitaba la gorra y volvía a sentarse en la misma silla de antes... al de París. y ellos nunca se preocuparon del pueblo ruso! Todos ellos. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 29 que se conducían con él con un desdén humillante.

EL PRÍNCIPE HARRY. PETICIÓN DE MANO
1

En el mundo había otra persona a la que Varvara Petrovna estaba no menos ligada que a Stepán Trofimovich...: su único hijo, Nikolai Vsevolódovich Stavroguin.21 Para confiarle su educación había sido llamado Stepán Trofimovich. Tenía entonces el muchacho ocho años; pero el atolondrado del general Stavroguin, su padre, vivía por aquel tiempo ya separado de su mámascha; así que el chico se había criado bajo la exclusiva dirección de aquélla. Menester es hacerle justicia a Stepán Trofimovich, pues acertó a granjearse el afecto de su discípulo. Todo su secreto se reducía a que tam20 Literalmente: “Por debajo de la nariz” (Pad nos). 2! Nicolás, hijo de Vsevolod.

bién él era otro chico. Yo entonces no existía aún, y él necesitaba siempre de un amigo sincero. No tuvo reparo alguno en hacer su amigo de aquel chico, no bien hubo crecido un poco. Tan naturalmente coincidieron, que no había entre ellos ninguna distancia. Más de una vez hubo de despertar a su amigo, a la sazón de diez u once años, por la noche, para desahogar en llanto ante él sus sentimientos ofendidos o revelarle algún secreto doméstico, sin pararse a pensar que esto estaba rematadamente mal. Abrazábanse el uno al otro y lloraban. El muchacho sabía que su madre lo quería mucho; pero es dudoso que él la quisiese también mucho. Ella hablaba poco con él; rara vez lo apremiaba mucho en algo; pero él siempre sentía fija en su persona, como algo morboso, la atenta mirada de la madre. Por lo demás, en todo lo referente a instrucción y desarrollo moral, tenía su madre plena confianza en Stepán Trofimovich. Por aquel entonces todavía creía en él. Es preciso pensar que el pedagogo hubo de alterarle algo los nervios a su discípulo. Cuando, a los dieciséis años, ingresó aquél en el Liceo, era un muchacho enclenque y pálido, extrañamente manso y taciturno (luego distinguióse por su extraordinaria fuerza fisica). Es necesario suponer asimismo que ambos amigos lloraron, abrazándose por la noche; pero todo ello según ciertas anécdotas caseras. Stepán Trofimovich sabía hacer vibrar el corazón de su amigo hasta el diapasón más profundo y provocar en él la primera aún vaga sensación de aquella eterna, santa tristeza, que cuando un alma selecta la ha experimentado y conocido, no la cambia ya luego nunca por un vulgar contento (hay incluso aficionados que estiman en más esta pena que la más plena alegría, suponiendo que ésta fuera posible). Pero, en todo caso, estaba bien que discípulo y maestro, aunque tarde, se separasen para seguir distintos caminos. Del Liceo, los dos primeros años fue el joven a su casa a pasar las vacaciones. En la época del viaje a Petersburgo de Varvara Petrovna y Stepán Troflmovich, asistió algunas veces a las veladas literarias que daba su madre, donde escuchaba y observaba. Hablaba poco y seguía tan tímido y taciturno como antes. Para Stepán Trofimovich tenía la misma tierna deferencia que antes, pero con un poco más de reserva; de temas trascendentales y de las evocaciones del pasado era evidente que rehusaba hablar con él. Acabado que hubo el curso a instancias de su mámascha, entró a servir en el Ejército, y no tardó en ser destinado a uno de los más brillantes regimientos de guardias montados. No fue a ver a su mamá con el uniforme, y sólo de tarde en tarde le escribía desde Petersburgo. Varvara Petrovna le enviaba dinero sin tasa, a pesar de que, por efecto de las reformas, las rentas de sus tierras habían bajado tanto, que al principio no percibía siquiera la mitad que antes. Por lo demás, gracias a su mucha economía, había logrado ahorrar un capitalito, no del todo insignificante. Se interesaba mucho por los triunfos de su hijo en la alta sociedad petersburguesa. Lo que ella no había logrado lo lograba ahora el joven oficial, rico y con porvenir. Reanudaba relaciones, en las que ella ni soñar podía ya, y en todas partes era acogido con gran deferencia. Mas no tardaron en llegar a oídos de Varvara Petrovna hasta extranos rumores; el joven parecía haber perdido el juicio, y, de pronto, se ha30 FEDOR M. DOSTOIEVSKI
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bía descarriado. No es que jugara o bebiera en demasía; hablaban tan sólo de cierto desenfreno salvaje, de personas atropelladas por su caballo, de una conducta felina con una dama de la alta sociedad, con la que había tenido relaciones y habíala afrentado después en público. Algo hasta demasiado francamente repugnante había en todo aquello. Añadían que era un matón que reñía e insultaba por el solo placer de insultar. Varvara Petrovna emocionóse y afligióse. Stepán Trofimovich aseguróle que todo aquello eran únicamente los primeros turbulentos arrebatos de un temperamento demasiado rico, que ya se aplacaría el mar

y que todo aquello era semejante a la juventud del príncipe Harry, que comete tantos desafueros con Falstaff, Pomson y mistress Quickly, según nos describe Shakespeare. Varvara Petrovna no gritó aquella vez: “Absurdo, absurdo!” según solía en los últimos tiempos gritarle a Stepán Trofimovich, sino que, por el contrario, escuchóle muy atenta, hizo que se lo explicase más detalladamente, cogió el libro de Shakespeare y, con atención extraordinaria, leyó la crónica inmortal. Pero la crónica no la tranquilizó; es más: no le encontró tanta semejanza con su caso. Febrilmente aguardó la respuesta a algunas de sus cartas. La respuesta no tardó; a poco recibióse la fatal noticia de que el príncipe Harry había tenido, casi al mismo tiempo, dos desafios, de los cuales había tenido la culpa, dejando muerto en el campo a tino de sus adversarios y malherido al otro, y a consecuencia de todo ello se hallaba sujeto a proceso. Paró la cosa en que lo degradaron, lo inhabilitaron y lo mandaron a servir a un regimiento de Infantería, y eso por una gracia especial. El año 63 logró distinguirse un poco; le dieron una cruz y lo ascendieron a suboficial, y luego, con cierta rapidez a oficial. En todo este tiempo, Varvara Petrovna le había escrito centenares de cartas a la capital, llenas de preguntas y ruegos. Se permitió humillarse un tanto en ocasión tan desusada. Después de su ascenso a oficial, el joven no se dejó ver, no volvió a Skvoréschniki, y dejó en absoluto de escribirle a su madre. Supieron allí, finalmente, por conductos secundarios, que se encontraba otra vez en Petersburgo, pero que ya no se le veía, como antes, en sociedad; parecía como si se ocultase. Averiguaron que estaba viviendo en una compañía extraña, que se trataba con gente de lo peor de Petersburgo, con ciertos funcionarios que iban con las botas rotas, con ciertos militares retirados, que pedían noblemente limosna, borrachos; que visitaba sus sórdidas viviendas, pasaba los días y las noches en oscuros tugurios, y Dios sabe en qué callejas, que iba descendiendo cada vez peor vestido, y que todo esto, por lo visto, le gustaba. Dinero no le pedía a la madre; tenía él sus tierrecillas...: una alquería que había sido del general Stavroguin, que, aunque poco, algo le rentaba, y que, según rumores, tenía arrendada a un alemán de Sajonia. Finalmente, suplicóle su madre fuese a verla, y el príncipe Harry presentóse en nuestra ciudad. Entonces fue cuando yo lo vi por primera vez, que hasta allí nunca lo había visto. Era un joven muy guapo, de veinticinco años, y confieso que me hizo impresión. Yo esperaba encontrarme con un tío desharrapado, estragado por
el ViciO y dado al aguardiente. Por el contrario era el más exquisito gentieman de cuantos he podido ver, sumamente bien vestido; se conducía como sólo puede conducirse un señor, avezado a las más refinadas buenas formas. Pero no fui yo sólo el asombrado; asombróse también todo el pueblo, que Sin duda conocía ya toda la biografia del señor Stavroguin y hasta con tales detalles, que es imposible figurarse por qué conducto les llegarían, y lo más pasmoso es que la mitad de ellos resultaban exactos. Todas nuestra señoras estaban como locas con el nuevo huésped. Habíanse dividido en dos bandos rotundos: el uno lo idolatraba, el otro lo aborrecía hasta la venganza; pero también las de este último bando estaban trastornadas. A las del primero cautivábalas, sobre todo, el presumir que en su alma debía de encerrar algún secreto fatídico; a las otras agradábales resueltamente el que fuese un homicida. Resultaba también que estaba muy bien educado; hasta tenía cierta cultura. Cultura, claro está, no se requería para deslumbrarnos; pero él podía juzgar también de temas cotidianos muy interesantes, y lo que es más de estimar, con discreción notable. Lo recuerdo como una rareza; todos los del pueblo, desde el primer día, diputáronlo por hombre sumamente discreto. Era poco locuaz, distinguido sin afectación, de una modestia asombrosa y, al mismo tiempo, osado y seguro de sí mismo, como ninguno aquí. Nuestros petimetres lo miraban con envidia y se eclipsaban por completo ante él. Me chocó también su cara: tenía el pelo negrísimo, los ojos claros, plácidos y brillantes; la tez, muy delicada y blanca; el color de sus mejillas, demasiado radiante y puro; los dientes, como perlas; los labios como el coral... Parecía una beldad pintada, y, al mismo tiempo, tenía algo de repulsivo. Decían que su cara recordaba una máscara, aunque muchos hablaban también, entre otras cosas, de su extraordinaria fuerza fisica. Era de estatura casi alta. Varvara Petrovna lo miraba con orgullo, pero también con inquietud. Vivió entre nosotros medio año..., indolente, pacífico, bastante adusto; presentábase en sociedad, y con inflexible atención observaba toda la etiqueta vigente en el gobierno. Era pariente del gobernador por parte de su padre, y en su casa lo recibían como a pariente próximo. Pero pasaron algunos meses, y la fiera enseñó de pronto sus garras. A propósito, haré notar de pasada que nuestro simpático, blandengue, Iván Osípovich, nuestro gobernador, era algo afeminado, pero de buena familia y con relaciones —lo que explica que estuviera entre nosotros tantos años—, y constantemente hacía aspavientos por la menor cosa. Por su cortesía y hospitalidad hubiera debido ser mariscal de la nobleza del buen tiempo viejo, y no gobernador en unos tiempos tan ajetreados como los nuestros. En la ciudad decían siempre que quien dirigía el gobierno no era el, sino Varvara Petrovna. Cierto que esto lo decían con mala intención; pero, no obstante, era.., una mentira rematada, ¡Y poco ingenio que se gastaba allí a cuenta de esto! Por el contrario, Varvara Petrovna, en los últimos años, de un modo particular y consciente, manteníase alejada de toda alta significación, no obstante el extraordinario respeto que toda la buena sociedad le mostraba, y voluntariamente se encerraba en los severos límites que
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ella misma se había fijado. En lugar de aspirar a una alta significación, dio de pronto en ocuparse en sus cosas domésticas, y en dos... o tres años volvió a levantar la rentabilidad de sus posesiones hasta casi la altura de antes. En vez de los poéticos arrechuchos de otro tiempo (viajes a Petersburgo, proyectos de publicación de una revista, etc.), empezó a ahorrar y escatimar. Hasta alejó de su lado al propio Stepán Trofimovich, permitiéndole tomar un cuarto en otra casa (sobre lo cual venía él porfiándole hacía tiempo con pretextos distintos). Poco a poco, Stepán Trofímovich dio en llamarla de mujer prosaica, o todavía más jocosamente, de “su prosaica amiga”. Claro que estas bromas sólo se las permitía en forma sumamente discreta, y se llevaba mucho tiempo eligiendo el momento adecuado. Todos nosotros sus deudos, comprendíamos —y Stepán Trofimovich más sensiblemente que todos— que el hijo era para ella ahora una nueva ilusión y hasta un nuevo ensueño. Su pasión por su hijo había empezado en la época de sus triunfos en la buena sociedad petersburguesa, y se hizo especialmente fuerte cuando recibió la noticia de su degradación a soldado raso. Y, no obstante, era visible que ella le temía, y se conducía con él como una verdadera esclava. Advertíase que temía algo vago, misterioso, que ella misma no podía decir, y muchas veces, de soslayo y atentamente, poníase a mirar a Nicolas, imaginando y pensando quién sabe qué..., y he aquí que de pronto la fiera fue y enseñó sus garras. II Nuestro príncipe, de pronto, sin venir a cuento, cometió dos o tres groserías imposibles con distintas personas; es decir, lo principal era que aquellas insolencias resultaban completamente inauditas, completamente distintas de todo, enteramente de otra índole de las que habitualmente se cometen, en absoluto feas y pueriles, y el diablo sabrá con qué objeto, sin venir lo mínimo a cuento. Uno de los más honorables viejos de nuestro club, Piotr Pávlovich 22 Gagánov, hombre ya de edad y hasta benemérito, había contraído la costumbre de soltar con vehemencia, a cada palabra “No; lo que es a mí no me conducirán de la nariz!” Bueno. Pues una vez en el club, como a propósito de no sé qué tema candente saliese con aquel aforismo delante de la pandilla de socios del club, reunida en tomo suyo (toda ella gente principal), Nikolai Vsevolódovich, que se mantenía aparte solo, y con el que nada iba, llegóse de pronto a Piotr Pávlovich, cogióle inopinada, pero fuertemente, por la nariz, con dos dedos, y le hizo dar a su zaga dos o tres pasos por la habitación. Odio no podía tenerle ninguno al señor Gagánov. Puede pensarse que esto fue una pura chiquillada, naturalmente imperdonable; referían después que en el mismo instante de realizar aquella operación estaba él pensativo, “exactamente como enajenado”, pero esto fue mucho después cuando lo recordaron y se lo representaron. En su cólera, todos al principio sólo recordaban el segundo instante de la operación, cuando él ya seguramente se había dado perfecta cuenta de todo, y no sólo no se aturrulló sino que, por el contrario sonrióse maligna y alegremente “sin el menor arrepentim1t0 Armóse un revuelo espantoso; todos lo rodearon. Nikolai Vsevolód0h volvióse y quedóseles mirando a todos, sin contestar a nadie y contemplando curioso a las personas que lanzaban exclamaciones. Por último, de pronto, como si recapacitase de nuevo —así, por lo menos, lo referían—, frunció el ceño, acercóse con paso firme al agraviado Piotr Pávlovich, y de carrerilla, con visible disgusto, balbuceó: —Usted de seguro me disculpará... Yo, verdaderamente, no sé cómo de pronto se me ocurrió.., esa estupidez... La indolencia de la excusa pareció un nuevo agravio. Arreciaron los gritos. Nikolai Vsevolódovich se encogió de hombros y se fue. Todo esto era muy estúpido, por no decir nada de la falta de educación: grosería calculada e ideada, como parecía a simple vista, y que, por tanto, representaba un agravio insolente, premeditado y ofensivo hasta más no poder para toda nuestra buena sociedad. Así lo entendieron todos. Empezaron por excluir inmediata y unánimemente al señor Stavroguin del número de los socios del club; luego decidieron dirigirse, en nombre de todo el club, al gobernador, y solicitar de él que inmediatamente (sin aguardar a que la Justicia interviniese en el asunto) le echase una reprimenda al desvergonzado agresor, a aquel “matón de la capital, en virtud del poder administrativo que le estaba conferido, calmando de ese modo la inquietud de todas las personas decentes de nuestra ciudad ante tales atentados”. Con maligna inocencia añadían a eso que “era posible que también para el señor Stavroguin se encontrase alguna ley”. Esa frase precisamente fue la que llevaban preparada para el gobernador, con objeto de pincharle, aludiendo a Varvara Petrovna. La idearon con fruición. El gobernador, como adrede, no estaba a la sazón en la ciudad; había ido no lejos de allí a apadrinar a un niño de una simpática y reciente viuda, a la que el marido había dejado en

estado interesante; pero sabían que no tardaría en estar de regreso. Entre tanto, tributaron al honorable y ofendido Piotr Pávlovich toda una ovación; lo abrazaron y lo besaron; toda la ciudad desfiló por su casa. Proyectaban también en su honor un convite público, y sólo ante sus insistentes ruegos desistieron de la idea, quizá pensando que, a pesar de todo, a aquel tío le habían tirado de la nariz, no habiendo, por tanto, nada que festejar. Y, sin embargo, ¿cómo había podido ocurrir? Era precisamente de notar la circunstancia de que ninguno de nosotros, en toda la ciudad, había atribuido proceder tan raro a locura. Lo cual quiere decir que de Nikolai Vsevolódovich, aun estando en todo su juicio, tendían a esperar semejante Conducta. Por mi parte, tampoco yo hasta hoy puedo explicánnelo, aunque por los acontecimientos que siguieron de cerca podría parecer todo explicado y, por lo visto, de un modo para todos satisfactorio. Añadiré todavía que cuatro años después Nikolai Vsevolódovich, contestando a preguntas mías Sobre ese incidente del club, respondióme malhumorado: “Sí, yo no estaba entonces del todo bien.” Pero no hay que anticipar las cosas.
22 Pedro, hijo de PaHo,

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Curioso me resultó también el arrebato de animadversión general co que todos se lanzaron entonces contra “aquel insolente matón de la capi tal”. A todo trance empeñábanse en ver una intención descarada y un prc pósito deliberado de ofender de un golpe a toda la buena sociedad. Verde deramente que nadie podía verlo con buenos ojos y que todos le tenía antipatía... Pero ¿por qué? Hasta ese último incidente, ni una vez siquier había reñido con nadie ni a nadie había ofendido, sino que se había portad cortésmente con todos, como caballero de un figurín de moda, si es lícit expresarse así. Supongo que lo odiaban por orgullo. Hasta nuestras señor que habían empezado por idolatrarle, clamaban contra él más alto que lo hombres. A Varvara Petrovna le hizo aquello una impresión tremenda. Confesól luego a Stepán Trofimovich que hacía ya mucho tiempo que todo aquello 1 presentía, que cada día en aquel medio año había estado temiendo algo pn cisamente “por el estilo”, confesión notable viniendo de una madre. “Y empezó!”, pensaba ella, estremeciéndose. A la mañana siguiente a aquell noche fatal del club fue prudente pero enérgica, a tener una explicación co su hijo, y, sin embargo, había que ver cómo temblaba, la pobre, pese toda su decisión. En toda la noche no había dormido, y además, había id muy de mañana a aconsejarse con Stepán Trofimovich y a llorar con él, 1 que no le había ocurrido antes nunca delante de gente. Quería que Nico las, por lo menos, le dijese algo, se dignase darle alguna explicación. Nicola, siempre tan cortés y respetuoso con su madre, la escuchó durante un rat( huraño, pero serio; de pronto se levantó, sin responder una palabra; besól la mano y se fue. Aquel mismo día, por la noche, como adrede, fue y pr movió otro escándalo, aunque mucho menos importante y más dentro de 1 corriente que el primero, si bien, no obstante, por efecto de la general dis posición de los ánimos, vino a redoblar los clamores del pueblo. Precisamente ya había vuelto nuestro amigo Liputin. Presentóse en cas de Nikolai Vsevolódovich a raíz de las explicaciones de éste con su madre y con firmeza le rogó le hiciese el honor de ir a su casa aquel mismo día a oscurecer, con motivo de ser el cumpleaños de su esposa. Varvara Petrovn hacía ya mucho tiempo que veía con inquietud las amistades tan ruines d Nikolai Vsevolódovich, aunque no se atrevía a decirle nada a ese respect Ya, además de ésa, tenía algunas amistades entre ese tercer estado de nues tra sociedad, y hasta más bajo todavía...; pero es porque ésa era su inclina ción. En casa de Liputin no había estado hasta entonces, aunque se tratab con él. Adivinaba que Liputin lo invitaba ahora, por efecto de su escándal de la noche antes en el club, y que, como liberal de la localidad, entusias mábase sinceramente con el tal escándalo, y pensaba que así había que con ducirse con los viejos del club, y que aquello estaba muy bien. Nikolai Vse volódovich echóse a reír y le prometió no faltar. Reuniéronse muchos invitados: era gente no ordinaria, sino culta. Lipu tin, que era vanidoso y envidioso, sólo un par de veces al año reunía invita dos en su casa; pero en esas dos ocasiones no andaba con ahorros. El má
honorable de sus invitados, Stepán Trofimovich, no asistía por hallarse enfermo. Sirvieron el té, y había preparada una buena merienda y vodka; jugábaSe en tres mesas, y los muchachos, en espera de la cena, bailaban a los acordes del piano. Nikolai Vsevolódovich levantó de su asiento a madame Liputin —que era una señora sumamente guapa, la mar de tímida con él—, a dar unas vueltas de danza, sentóse junto a ella, le dio conversación, la hizo reír. Al fijarse por último en lo

guapa que era, cuando se reía, fue y de pronto delante de todos los invitados, la cogió por la cintura y le dio un beso en la boca, y luego otro, y otro, con toda dulzura. Asustada la pobre mujer, se desmayó. Nikolai Vsevolódovich cogió el sombrero, acercóse al marido confuso, en medio del general revuelo, y, balbuciéndole aprisa un “no se enoje usted”, salióse de la casa. Liputin corrió detrás de él, al recibimiento, diole por su propia mano el pellico, y con reverencias lo despidió en la escalera. Al otro día, igual que la otra vez, pusiéronle aditamentos bastante chistosos a esta en realidad inocente historia, relativamente hablando; aditamentos que por entonces hasta redundaron en honor de Liputin, que supo sacar de ahí todo el partido posible. A las diez de la mañana, en casa de la señora Stavróguina, presentóse la criada de Liputin, Agafia, una chica desenvuelta, vivaracha y coloradota, de treinta años, que iba de parte de su amo a ver a Nikolai Vsevolódovich y se empeñaba en que había “de verlo a él mismo”. Varvara Petrovna acertó a hallarse presente en la entrevista. —Serguieyi Vasílievich23 (es decir, Liputin) —dijo de carrerilla Agaña— le saluda a usted y desea saber cómo está usted de salud, cómo ha pasado la noche después de lo de ayer y cómo se encuentra ahora, después de lo de ayer. Nikolai Vsevolódovich se sonrió. —Pues salúdalo de mi parte y dale las gracias a tu señorito, y dile de mi parte, Agafia, que es el hombre más listo de toda la ciudad. —A eso me encargó él le contestara —respondió Agafia todavía con más desenfado— que eso ya lo sabe él sin necesidad de que usted se lo diga, y que le desea a usted otro tanto. —Pero... ¡cómo! ¿Cómo podía saber lo que iba yo a decirle? —Yo no sé cómo se las habrá arreglado para saberlo; pero al salir yo, y cuando ya había andado un buen trecho, oigo que me dicen.., había salido detrás de mí, destocado y todo: “Mira —dice—, Agáfluschka,24 si por casualidad te dijera: “Dile a tu amo que es el hombre más listo de toda la ciudad” tú vas y en el acto contestas: “Eso ya lo sabe él de sobra, y otro tanto le desea a usted...” III Finalmente tuvo lugar también la conferencia con el gobernador. Nuestro Simpático y blandengue Iván Osípovich no había hecho más que llegar y 23 Sergio, hijo de Basilio. 24 Diminutivo de Agafia (Agaia).
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acabado de oír la vehemente queja del Club. Sin duda era necesario algo, pero él se aturrullaba. Nuestro hospitalario vejete se parecía también d su joven pariente. Resolvió, por último, inducirle a presentar excusas a del club y al agraviado, pero en forma satisfactoria, por carta si era precis y luego, con mucha blandura, persuadirlo para que nos dejara y se f por ejemplo, a hacer un viaje de estudios por Italia, o a cualquier otro li extranjero. En el salón de donde salió aquella vez a recibir a Nikolai volódovich (otras veces éste entraba a título de pariente y se paseaba toda la casa con plena libertad), hallábase Alíoscha Teliátriikov, funcionan y, además, individuo de la casa del gobernador, que estaba sellando i.. paquetes en un extremo, junto a una mesa; en el cuarto contiguo, junto a ventana más próxima a la puerta, encontrábase un forastero, un grueso y s note coronel, amigo y antiguo compañero de servicio de Iván Osípovi_ que leía La Voz; naturalmente, sin fijarse lo mínimo en lo que pasaba en c salón; hasta estaba vuelto de espaldas. Iván Osípovich hablaba bajito, e en un susurro, pero no decía más que futesas. Nicolas tenía cara poco a ble, nada de pariente, estaba pálido, cabizbajo, y escuchaba enarcando 1 cejas, cual si pugnase con un dolor intenso. —Usted tiene un buen corazón, Nicolas, y noble ——dijo, entre otras sas, el viejo—; es usted un hombre educadísimo, se ha tratado con la más elevada, y aquí hasta ahora se ha portado también de un modo irn chable, con lo que había tranquilizado el corazón de su mátuschka, a ç. tanto queremos todos... Y hete aquí que ahora todo vuelve a presentar con un colorido tan enigmático y tan peligroso para todos! Le hablo a como amigo de su familia, como hombre de edad que sinceramente le re y es pariente suyo; y cuyas palabras no pueden ofenderle... Dígame u ted qué es lo que le impulsa a actos tan desenfrenados, tan fuera de toda r gla y medida. ¿Qué ocurrencias son esas que parecen cosa de delirio? Nico/as, escuchaba con disgusto e impaciencia. De pronto pareció zar por sus ojos algo astuto y burlón. —Voy a decirle a usted lo que me impulsa —declaró malhumorado,, después de esparcir la vista en tomo suyo inclinóse al oído de Iván vich. Alíoscha Teliátnikov adelantóse unos tres pasos más hacia la ventan y el coronel se puso a toser por detrás de La Voz. El pobre Iván Osípovi fue, y muy solícito y confiado alargó la oreja: era curioso hasta más no der. Y he aquí que de pronto ocurrió algo enteramente imposible, y de o parte demasiado claro en un sentido. El vejete, de pronto, sintió que P’Z las, en vez de susurrarle algún interesante secreto, le hincaba los dientes, con bastante brío tiraba de la parte superior de su oreja. Se estremeció y F faltó el aliento. —Nico1as!, qué broma es ésa? —lamentóse, maquinalmente, con y” que no era la suya.

Alíoscha y el coronel aún no habían podido comprender nada, ciéndoles, además, que los otros cuchicheaban; pero a pesar de todo lo quietaba la desolada cara del anciano. Se miraban el uno al otro con L.. ñoS ojos, sin saber qué pensar, si lanzarse a prestarle ayuda, como estaba conveiuido, o aguardar todavía. Nico/as es posible que lo notase, y tiraba de la oreja de un modo mas doloroso. _/Nico/as, Nico/as! —volvió a quejarse su víctima—. Vaya..., basta de bromas... Un momento más, y de fijo muere el pobre de susto; pero el monstruo tuvo compasión y le soltó la oreja. Todo aquel pánico mortal prolongóse aún un minuto, y después de eso hubo de darle un ataque. Pero a la media hora detenían a Nicolas y lo conducían, por lo pronto, al Cuerpo de guardia, donde lo encerraron en un calabozo aparte, con un centinela a la puerta. La decisión había sido dura; pero nuestro blandengue gobernador hasta tal punto se había enojado, que no tuvo inconveniente en cargar con toda la responsabilidad, incluso para con Varvara Petrovna. Con el general estupor, a dicha señora, que había ido desalada y nerviosa a ver al gobernador en demanda de inmediatas explicaciones, no la dejaron pasar del portal, teniendo que volverse a su casa sin apearse del coche y sin dar crédito a sus ojos. Pero al fin se explicó todo! A las dos de la madrugada el detenido, que hasta entonces había demostrado una tranquilidad asombrosa, empezó de pronto a rebullirse, se puso a dar puñetazos reiterados en la puerta; con su fuerza extraordinaria logró arrancarle la reja de hierro, rompió un vidrio y se hizo sangre en la mano. Cuando el oficial de guardia acudió con su gente y armado de llaves y mandó abrir el calabozo para entrar y lanzarse sobre ci preso furioso y reducirlo, comprobóse que aquél tenía un ataque vivísimo de fiebre blanca; así que lo llevaron a casa de su mámascha. Todo se explicó de una vez. Nuestros tres doctores expresaron su opinión unánime de que tres días antes de caer enfermo ya podía haber estado delirando, y aunque, por lo visto, conservase su conocimiento y su astucia, no estaba ya, sin embargo, en su juicio ni era dueño de su voluntad, lo que, de otra parte, venían a confirmar los hechos. Resultó, pues, que Liputin había adivinado eso antes que nadie. Iván Osípovich, hombre delicado y sensible, quedó sumamente corrido; pero, cosa curiosa, también él consideraba a Nikolai Vsevoiódovich capaz de cualquier locura, aun en sus cabales. En el club se abochornaron también todos y quedaron perplejos, pensando cómo no habían notado síntoma tan obvio ni encontrado desde el primer momento la única explicación posible a todas las extravagancias. Hubo también, naturalmente, escépticos, pero no tardaron en rendirse. Nico/as se pasó en la cama dos mesecitos largos. De Moscú hicieron ir a un célebre médico para celebrar consulta; toda la ciudad desfiló por la casa de Varvara Petrovna, La cual perdonó. Cuando en primavera Nicolas estuvo ya completamente restablecido y, sin oponer objeción alguna, accedio a la proposición de su mamá para que hiciese un viaje a Italia, aquélla rogóle que les hiciese a todos los nuestros sendas visitas de despedida y, COn este motivo, se disculpase con ellos hasta donde fuera posible y necesario, Nico/as accedió de muy buen grado. En el club se supo que había tenido con Piotr Pávlovich Gagánov las explicaciones más delicadas en su propia casa y que aquél había quedado completamente satisfecho. Al esas visitas, Nicolas mostrábase muy serio y hasta sombrío. Todos lo gían con visible interés; pero se desconcertaban y se alegraban much que se fuese a Italia. Iván Osípovich hasta derramó unas lagrimillas; p. pesar de todo, no se decidió a abrazarlo ni al despedirse por última y Cierto que algunos quedaron convencidos de que aquel haragán no E sino burlarse sencillamente de todos y de que la enfermedad... había algo por el estilo. Fue a ver también a Liputin. —Dígame —preguntóle—: ¿cómo pudo usted adivinar de antem aquello que yo dije de su listeza y decirle a Agafia lo que había de testar? —Pues mire usted —dijo Liputin sonriendo—: porque yo lo ti usted por hombre de talento y porque de antemano se podía adivinar su r puesta. —Sin embargo, la coincidencia es notable. Pero permítame usted: ;t tenía usted por hombre de talento al enviarme a Agafia y no por un —Por un hombre inteligentísimo y discretísimo, sólo que hacía creyese que no estaba usted en su juicio... Además usted fue y adivinó tonces en seguida mis pensamientos, y, por conducto de Agafia, me ez patente de listo. —Bueno, usted se equivoca un poco; yo, efectivamente..., estaba fermo... —balbuceó Nikolai Vsevolódovich adusto—. ¡Bah! —excl luego—. ¿Es que de veras me cree usted capaz de acometer a la gente pleno juicio? ¿Por qué habría de hacerlo? Liputin inclinóse y no supo responder. Nico/as púsose algo pálido, no es que se lo pareció a Liputin. —En todo caso, tiene una jocosa manera de pensar —prosiguió ? las—. Pero respecto a Agafia, comprendo que usted la mandó a insultarm —No iría a provocarlo a usted en desafio! —Ah, mire! ¡Pero si tengo entendido que a usted no le hacen g- los duelos!... —Para qué traducirlo del francés? —dijo Liputin, volviendo a narse. —Bah! ¡Bah! Pero ¿qué es lo que veo? —exclamó Nico/as, repara de pronto en un libro de Considerant, puesto en el lugar más visible, ma de la mesa—. Pero ¿es usted fourierista? ¡No faltaba más! Pero ¿ésta es, acaso, una traducción del francés? —dijo riendo y dando con los dec. en el libro. —No, eso no es una traducción del francés! —replicóle Liputin c cierta rabia—. ¡Esta es una traducción de la lengua universal de la Humail dad, y no tan sólo del francés! ¡De la lengua universal de la Humanidad, la república social y de la armonía, eso! ¡Y no sólo del francés!... —Pero, demonio, si no hay tal lengua! —y Nicolás continuaba

_Dios sabe lo que hará esa gente! —pensó Nicolas. Sabíamos por conducto de Stepán Trofimovich que había recorrido toda Europa. y también se había casado con una dote con derable.A veces basta una futesa para fijar exclusivamente y por largo nuestra atención. y chascó los dedos. podía sin ninguna preocupación calc larse en doscientos mil rublos su caudal personal. al parecer. fuera de los hechos que quedan referidos. temiendo. le habían p metido venir a visitarlos a fines de agosto. que en lo mínimo se asemejase a un futuro miembro “de la república y la armonía universales sociales”. en Islandia había estado. Contaban también que durante un invierno había asistido a las lecciones en una Universidad germánica. Al partir para el extra jero. y cuando en cien verstas a la redonda no había un solo hombre. y luego se trasladó a Suiza. luego se había adherido a no sé qué expedición científica a Islandia. los cuales. al parecer. entre otras cosas. recibió una carta de París de la generala Praskovia Ivánovna25 Drózdova —a la que Varvara Petrovna llevaba ocho años de no ver ni escribirle—. que de todas las impresiones que en todo aquel tiempo le causara nuestra población. que se embriagaba por las noches de entusiasmo ante las fantásticas visiones del futuro falansterio. Escribíale poco a la madre —una vez en medio año y todavía menos—. pero Varvara Petrovna no se enojaba ni se resentía. en un momento decidióse y resolvióse: cogió a su 25 Praskovja hija de Juan. de practicar una cura de aguas que proponía llevar a cabo en VernexMontreux. déspota celoso y grosero con su familia. a VernexMontreux. sumisamente. que a la sazón se hallaba en París. la inconsolable Praskovia Ivánovna fuese con su hija al extranje con el propósito. Y esto él. y a mediados de abril fue y se plaj en París. con motivo una considerable pérdida en los naipes que de pronto apareció. aunque. lo que hacía m cho tiempo ya no le ocurría. la que más rotundamente quedó grabada en su memoria fue la fea y hasta ruin figurilla de aquel funcionario del gobernador. Hubo de enojarse con él en aquella ocasión. que no había tenido más hijos sus segundas nupcias. que en el pueblo casi se olvidaron de él. a pesar de que en la familia del conde K*** (personaje muy influyente en Petersburgo). Eran gente rica. sin contar el que había corresponderle a la muerte de su madre. La carta era breve y dejaba traslucir claramente su objeto. que guardaba las sobras de la comida y los cabos de vela bajo llave “ al mismo tiempo. con las ventanas cerradas. A su regreso a la patria proponíase establecerse para siempre ya nuestro gobierno. comunicóselo todo Stepán Trofimovich. se portaba con más tacañería que antes y economizaba con más afán llevando muy a mal las pérdidas de Stepán Trofímovich a los naipes. Pero todav en Suiza sentía en su corazón que al abandonado amigo había que recoi pensarlo después al regreso. ‘It) FEDOR M. —Hurra! —exclamó Stepán Trofimovich. que llevaba much años vacía. tanto más cuanto que hacía mucho tiempo q lo trataba con . que escatimaba “en la casa”. en cuya próxima implantación en Rusia y en nuestro gobierno tenía tanta fe como en su propia existencia. Mostrábase muy entusiasmado. A la muerte del general. Pero ni sus sueños ni sus quejas se los comunicaba a nadie. dejando a Dasc’ con los Drózdoves. según noticias que ella trajo. Volvió sola en julio. IV Nuestro príncipe estuvo viajando tres años largos. había ahorrado mucho en los timos tiempos para su hija. Las relaciones ya establecidas con su hijo las aceptaba sin protestar. tanto. pero servicio del general Iván Ivánovich26 (que había sido amigo de Varvara 1 trovna y compañero de armas de su esposo) impedíale siempre visitar n guna de sus magníficas posesiones. un buen capital. empezando por él mismo. Praskovia Ivánovi que en su primer matrimonio había sido la señora Túschina —lo mismo q su amiga del colegio. había tenido ocasión de hablar con Praskovia Iv novna satisfactoriamente. en la que le participaba que Nikolai Vsevolódovich había estado a verla y habíase hecho muy amigo de Liza (su hija única) y tenía intenciones de acompañarlas aquel verano a Suiza. era un fervoroso sectario de Dios sabe qué futura “armonía social”. q a la sazón tenía siete años. Finalmente. Liza. Al morir. en la segunda mitad del ve no. Varvara Petrovna alegróse mucho. que se había casado por segunda vez y cogido los dineros de la esposa. Tenía en el pueblo una gran casa. ni siquiera se despidió de él como era debido. tanto más cuanto que todo el tiempo la ausencia de su amiga lo había pasado muy triste. El capitán de Caballería retirado Tuschin era también hombre posibles y con algunas aptitudes. y nada le comunicó sus planes “a aquella hembra”. Andaba forjándose ciertos planes para sus adentros y. Los Drózdoves eran también terratenientes de nuestro gobierno. era recibido como hijo. que luego se fue de la lengua. en atención a la brevedad. se afligía y soñaba con su Nico/as sin cesar. de suerte que casi no salía de allí. A juicio suyo. por lo visto. y efectivamente. ocurrida el a anterior. pero ahora observaré. alargándose hasta Egipto y visitado Jerusalén. Transcritas quedan las palabras principales del señor roguin. Varvara Petrovna no anduvo mucho tiempo pensándolo. Varvara Petrovna—. en abril del presente año. lególe a su hija única. no contenía más insinuaciones. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 41 pupila Dascha (hermana de Schátov). perplejo al acordarse a veces del inesperado fourierista. Ahora que Lizaveta Nikoláye na27 tenía alrededor de veinte años. avaro y usurero. de venida. Hasta se había apartado visiblemente un poco de Stepán Trofimovich. y no bien estuvo de regreso. y hasta estuvo con él muy expansiva.

si puede. gracias a una L inesperada o a cualquier otro medio no menos inesperado. chez nous.. blandengue Iván Osípovich.lo concedo— hombre notablemente guapo.. y en un instante lo pusieron de buen humor. juntamente con lo cual inicióse un cambio notable en la actitud de casi toda la sociedad del pueblo respecto a Varvara Petrovna y... por vous montrer Son pouvoir.. Pero cedo. ocurrió el arribo de nuestro gobernadOr Andrei Antónovich28 von Lembke. que en seguida le han llenado los oídos con el cuento de que yo soy un corruptor de la juventud y un predicí dor del ateísmo en el gobierno... En un mot: e Andrei Antónovich. 28 Andrés hijo de Antón. 11gó hasta el desmayo. Además. Con especial gracejo. “Anda..desvío. De la futura gobernadora (que no llegaría hasta el otoño) repetían que. alegre y amable.. ante la opinión de r» tras damas.. no podría satisfacer en 1 vida.. yo sólo hoy.. por consiguiente. recién sacadito del horno. eso es. como debe ser. echó literalmente del templo a una 5oguida familia inglesa. —Hable de otra cosa. Todos. que de sólo oír mentar a Von Lembke. Cuando a usted la “denunci ron”. al par que preciosas observaciones. sin la ayuda de Varvara Pctrovna. ces interminables mots russes! Per° no es posible que sepa usted prácticamente lo que significa el entusiasmo administrativo ni qué cosa sea ésa. hasta con sus cosas desagradables. estoy cansada. en cambio era también una verdadera aristócrata y no “ninguna desgraciada Varvara Petrovna”. tanto. hija de Nicolás. Inmediatamente ha procedido a informarse.. no siete verstas. eso en esa gente llega hasta el entusiasmo administrativo... lo sustituyeron 26 Juan. no sé por qué conducto.. Sabía a ciencia cierta que algunas de nuestras damas tenían intención de dejar de visitar a Varvara Petrovna. cuando usted vaya a sacar un billete. Stepán Trofimovich. —El señor Von Lembkc viene destinado al gobierno. hijo de Juan. sino está hecho un carcamal. —Ya lo sabía yo! ¡Ya me lo figuraba en Suiza! —exclamó ella. un adminiStd0r ruso y lo que quiere decir un administrador ruso novel. es decir. y supo el revuelo de la buena sociedad. Sospechaba con angustia que irían a denunciarlo al nuevo gobernador como a hombre peligroso.. y termine en guida. Vous savez. ya él había tenido ocasión de hacer enojosas. recalcando coquetona y vanidosamente las palabras— lo que quiere decir.. el g bierno de nuestro buenazo. y.. recién hecho. tremendo! No es que se haya puesto viejo.. Quelle idée rouge! S hablándome de Lembke. revivieron el alma abatida de Stepán Trofimovich. Varvara Petrovna se poma hasta mala. ven que voy a demostrarte hasta dónde llega mi poder”. —El entusiasmo administrativo! No sé lo que es. —. co0 el solo pretexto de que “eso de que los extranjeros huroneasen por los t10S rusos no estaba bien y que fuesen en el momento indicado”. finalmente.not: yo sólo quería decir que éste es uno de esos individu que empiezan a actuar de administradores a los cuarenta años. aunque era bastante orgullosa. —En un . se destacan. Por lo menos.. —Y usted hace ejercicio? ¿Anda usted todos los días siete versia como le mandaron los médicos? —No.. Stepán Trofímovich. sin duda alguna sabrá —dijo. en ausencia de Varvara Petrovna. Aquel diachok era Víctima de un ataque de entusmo administrativo. a pesar de esa corbata roja.. al parecer. quiero decir. se lo ruego. la despectiva indiferencia con que escuchó las intenciones de nuestras señoras. tenía miedo no estando allí Varvara PetrOvna.De dónde saca usted que sea un hombre guapo? Si tiene ojos cordero. . les dames charmantes. momentos antes de empezar el servicio de Cuaresma — vous savez ces chants el le ljvre de Jov—. —En grado sumo. 29 Coadjutor. rviosa—.. en un mot: figúrese usted la última insignificancia puesta en la taquilla de una estación para la venta de unos puercos billetes. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 43 —Abrevie usted. hablando en términos generales. pasó a hablarle de la llegada del nuevo goberllador —Usted. Atormentábale una deuda considerabl y antigua que.. ahora ya ha venido.. excellente amie.. en la buena sociedad. no siempre. sino diez! ¿Ha dado ted un bajón tremendo. sobrevinieron golpe otros motivos de perplejidad. Aquella rápida y misteriosa separación... Luego. sabían ya que la nueva gobernadora y Varvara Petrovna se habían conocido allá en Petersburgo. En un mol: hC leído que un diachok29 de uno de nuestros templos del extranjero— maiS c ‘est trés curieux— echó. sobrecogió tímido corazón de Stepán Trofimovich y como adrede.. El aspecto animoso y triunfal de Varvara Petrovna. y en el acto esa insignificancia se considerará con derecho a mirarle a usted con ojos de Júpiter.. Es decir. aunque tudesco ruso de religión ortodoxa y hasta . —LEs verdad? —Yo he tomado también mis medidas. cuarentón... y luego.. y se habían separado llenas de mutua antipatía. 42 FEDOR M. —Pues verá usted. diciendo que era usted quien “gobernaba el .. de pronto. también a Stepán Trofimovich.. en mayo del año actual había terminado. que hasta c edad no han sido nada.. Me hizo usted una impresión horrible cuand vi hace un momento. se lo ruego. 27 Isabel. et ji a montré son poli Vojr. A propós ¿lleva usted esa corbata roja hace mucho tiempo? —Yo... ¡Ahora va usted a andar. si realmente tiene algo que decir.

—Vraiment? —En París y en Suiza. Porque usted ha leído la carta de la Drózdova. ¿Por qué se asombra usted? Sin duda que él se t’” por un gran hombre.. ¡Oh. allí había intriga. —Es posible que tenga usted razón. De pronto va me dice que todas mis suspicacias son.. la llevaban a todas partes de corto. —iBah. Remoto. en un momento. relacioncillas. sino una mujer que sabe distinguir lo falso y lo estúpido donde los encuentro. es charlatanería pura. _—Y dicen que ella le lleva a él dos años? _Cinco. pero allí había intriga. ella quería separar al hijo de la madre. el novelista? —Sí. y cómo me inquieta usted! ¿Qué es lo que lee ahora? —Yo. —Absurdo. hasta que ya a las tres iba yo y. pero ahora con él se trata. como a una niña. y Praskovia no es más que una mujer ciega. le buscaba pareja. —Oiga usted. se va volviendo tan desaliñado. a su lado. y me encuentro con la Lembke y.. Por lo d más.. impedida.. sino una mujer. a los bailes que dábamos en tiempos de Vsevod Nikoláyevich.. Ella le busca las gracias al conde K*** por r dio de Nico/as. ‘i por poco no me encontré con ellos en Suiza. 1 lía Mijáilovna. sobre todo. ¡Un tío finchado! Ella vendrá con él. No hay más remedio que decirlo una vez.. Ahí es posible que haya alguna historia por culpa de ese primito. creo que no puede estar más clara. y me gusta en ella que no suelta de la mano a su madre. y una mujer con carácter. vous savez. sino que es la Lembke la que todo lo trama. porque todo eso. de día en día. una falsa. ¡Oh. pero durante mi he pensado mucho en usted. Y si no hubiera sido por las instancias de Nicolas para que lo dejase por ahora. yo. alguna tertulia l ría. y Praskovia volvió a ponerse de mi parte. —áParienta? ¡Qué coincidencia tan notable! Dicen que es ambicios y. —Así lo dijo? —Que “eso se había acabado”... s un copec. En otro tiempo me escr una carta. y lo temía mucho. Así que el referido enredo es enteramente cosa de la Lembke. en todo lo tocante a ciencf soy. Tiene intención de organizar algo aquí. Vendrá por un mes: quiere vender la última finca que aquí le queda. —Me parece que estoy viendo la mosquita. A mí me parece que él está contra toda esa intriga y nada desea. Tampoco antes lo quería. Pero luego solía pasarse toda la noche allí sentada. ¿Sabe usted . yo le respondo en su cara que es una idiota. estúpida.. usted. venida directamente d Petersburgo. Yo no quisiera que lo pusieran a usted de ateo. Pocas veces he conocido yo a una mujer más débil de carácter y. sin embargo. Stepán Trofimovich: yo. me movía la cola delante de la puerta.. ese primito. Hasta los cuarenta años estuvo soltera. todo lo cambié. —Del extranjero... esa tonta confiada. las juergas. Yo desearía que usted fuese mejor vestido. p que usted lo sepa.. ¡la cosa está clara! Naturalmente. y buena. una necia mala es todavía más estúpida —contradíjole Stepán Trofimovich. Recibirlos en casa no estaba bien. no lo quisiera. Noble y apasionada. y a Praskovia yo la haré entrar en razón. por lástima. sin falta. La he visto allí. sin embargo. Tenía entonces veinticinco años y. el ci las cartas y la fama de ateo. y sin duda que toda su finalidad consistirá ahora en arrastrarlo por 1 salones. ¿eh? ¿Y qué me encuentro? Esa misma necia de Drózdova (porque siempre fue una necia) de pronto se me queda mirando inquisitiva: ¿por qué he ido? ¡Puede usted figurarse su asombro! Miro. A su mujer. pero yo la he dejado en las mejores relaciones con Nicolas. y ayee cette morgue. Usted comprenderá: todo el asunto depende de Liza. . que tiene grandes relaciones. ¿Puede haber algo más estúpido que una estúpida buena? —Una necia mala. Son dos intrigantes. Es parienta de la Drózdova. enviándole a cualquier caballero. y ahora ha adquirido algo de notoriedad gracias a su Von 1 ke. y éste me ha prometido venir por aquí. es usted un Bismarck! —No soy ningún Bismarck.. Lo mismo que antes: los amigos. con su mosca de turquesa en la frente. ha deshecho usted. —Mais. Karmazínov es pariente de ella? —áCómo? ¿Pariente de madame Von Lembke? —Sí.. ma chére. no me vengo de allí sin decirle las verdades a esa falsa. delante de usted. para colmo. la veremos aquí a fines de agosto. muy calladito. Yo quiero ser siempre justa. —Karmazínov. hasta modesto. —Lo comprendo. sin que nadie la sacara a bailar. pura fantasía. —Intriga que. se permitió decir que “eso se había acabado”.. en Moscú. y Praskovia... S . de ella. porque ¿se acuerda usted de Liza? —Charmante enfant! —Pues ahora ya no es ninguna enfant.pán Trofimovich.. el sobrino del viejo Drózdov. para noviembre. ma bonne amie. y doble de buena. el escritor. He adquirido una convicción. —Le digo a usted que llego y en seguida me encuentro con una intriga. una ignorante. estuvo en casa. La Lembke es.gobierno”. yo. Estima mucho a Nicolas. sin duda alguna. pero si en el fondo no tiene parentesco alguno con esa Lizaveta Nikoláyevna! ¿Qué tal tipo tiene? —Mire usted: es un joven oficial. Su madre. Pero Liza está nuestra parte. pedía como una limosna que la invitásemos... A mí esa fama no me hace pizca de g’ Stepán Trofimovich. espero que él se digne reconocerme a mí.

. suspiraba profundamente y t’ naba poco menos que llorando. Stepán Trofimovich.. porque seguramente no soy yo ningún Pascal. Bebía más.. cómo ha dicho usted? —He dicho que on trouve loujours plus de moines que de raison. y está muy pagado de sí —c. no sobre todo en los últimos tiempos. me de mirar con malos ojos más de un individuo hasta la consumación de siglos. s que los hay más que nosotros.. Todo aquel día y toda aquella noche los pasó muy triste. todo el tiempo se le va en hablar.. ¡Oh Dios. ¡Y de qué modo tan raro se ríe ahora!. sobre todo. me atormnt Ya tendremos tiempo de hablar. se agencia usted unas costumbres imposibles. pero habían de ser siempre nuevos. se vuelve decrépito. oí decir algo del hijo de usted: algo malo. me . llamar. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 47 y Malas costumbres había contraído. Usted empieza a soltar Saliva cuando se ríe. estaba más llorón y más débil de los r vios. eso es ya señal de vejez. todos esos Karmazínoves. ¡Dios.Cómo.Cómo está Daria Pávlovna? —Se refiere usted a Dascha? ¿Qué se figuraba usted? —miróle Varvara Petrovna con curiosidad—.. —Ma foi!.. y por esto... si quiero. —Agudo y exacto. Por lo menos. me Im. et plus. ¡Pero basta. dispensar a la criatura? 1 mo? mismo.. —Es una frase de Pascal. no puede pasarse sin el vino y las cartas. se había vuelto medroso. concedía g atención a los sueños.. —No puedo aguantar a su Schátov. asomábase la ventana. . nuestro amigo. quiere decir que los hay r justos.. pasando. como su inseparable Liputin? —tPor qué no ha de ser “mío” e “inseparable”? —protestó Stepán Trofimovich tímidamente. era todo él un puro melindre. de lo malo.. . nosotros los rusos no sabemos decir nada en nuestra lengua. Por lo menos. —4Dóndc anda ahora? —prosiguió Varvara Petrovna severa y tajante. y pre estaba ansioso de distracciones. ¿Por qué razón? En primer lugar. él le tiene a usted infinito respeto. finalmente. naturalmente.k a hacerse cargo de la herencia de su madre.. con los Drózdoves la dejé.. e ‘est une histoire bien béte? Je vous attendais..’nie. de presentarse como ejemplo.. a la libertad de conciencia? Tengo el der a no ser beatón y supersticioso. supongamos que yo estoy equivocado.—j. Su cara había adquirido la propiedad cambiar con extraordinaria rapidez. —Hum! En eso es posible que no vaya descaminado. va usted y se rodea de no sé qué pandilla. basta. comme on trouve toujours plus de moines que de raison. no lee más que a Paul de Kock y no escribe una letra cuando todos ellos escriben. no hace más que apandar dinero. que t’ le a algo inesperado. ma bonne amie. pero ¿no tengo mi & cho humano. 46 FEDOR M. Era menester estarle siempre contand chismes.. Yo. inevitable. No hacía más que presentir algo. ¿Y Schátov? ¿Lo mis —Irascible mais bon.. yo estoy de acuerdo con ello. y usted. Muy bien de salud.. en Suiza. mordíase pensativo los labios. no bueno. Si los hay más sabios. Me gustaría que esos sujetos sintiesen estimación hacia usted. déjeme en paz. y ha partido a S.. de la expresié más triunfal a la más grotesca y aun estúpida. estoy rendida! Pero ¿no es posible. cómo ha descendido usted! ¡Oh. ¡Lo único que necesitaba esa gente para colmo de alegria! Usted ahora no hace más que quitarse la máscara.. y cómo me inquieta!. anécdotas del pueblo. Decaía visible y rápidamente. Et puis. eterno.. ¡Ay Stepán TrofímoviCh. ¿Es posible. yo he venido a hablarle seriamente.. Cuand no iba nadie a visitarlo. porque ellos no valen lo que su dedo meñique. efectivamente. y era to que se volvía sucio. es lícito trabar amistad con semejante gentuza. —.. —Ya me figuraba yo que no era de usted. ¿Por qué no dice usted las cosas tan lacónica y justamente y siempre divaga tanto? Eso es mucho mejor que lo del entusiasmo administrativo.. bonne a. No sufría la soledad. poníase a vagar por sus habitaciones. hasta ahora no hemos dicho nada.. seriamente! —Chére. como yo estoy de acuerdo con ello. en cambio. estaba muy emocionado..Qué convicción es ésa? —Pues la de que no somos usted y yo los más sabios del mundo.. cuántas malas costumbres ha contraído usted! Karmazínov no ha de venir a verlo. habló largo y tendido. y que nosotros podemos estar equivocados. por ejemplo. en segundo lugar.. chére. —El. ¿no es eso? Mais. supremo.. —Oh. —Seguro que eso no ha salido de su cabeza: lo debe usted de haber cado de alguna parte. —Por lo visto. chére amie! —Ahora que todos esos Lembkes. pour vous racontes. usted intercala y recuerda tales frases en la conversación. —Basta. ¿cómo se conduce? ¿Qué es lo que ellos van a ver? ¿Qué es lo que yo voy a mostrarles? En vez de ofrecerse noblemente en testimonio.. es malo.

le toca interrogar acerca de esas razones a su Daria Pávlovna. del que Praskovia Ivánovna era evidente no acertaba a formarse idea concreta. a mí me da mismo. Aquella vez no hubo vino. y no sobrino —corrigió Varvara Petrovna. A poco de eso hubimos de conocer a Stepán Trofimovich “dispensó” a la criatura. Tous les hommes de génie et de progrés en Russie é. Praskovia Ivánovna bajó el diapasón. no he sacado nada —terminó Praskovia Ivánovna—. Liza está ofendida. No sé la razón. y. 48 FEDOR M. sont et seront toujours des jugadores et des borrachos. \ años habían arraigado en él esa halagüeña y tranquilizadora convicción. no podía aguantar bromas Y se había vuelto él también guasón”. ¿qué ha de hacer un hombre que está predestinad a servir de “reproche”? ¿Cómo no ha de apoltronarse?. —Hijo.) —De Lizaveta. Celebro mucho haberle traído a usted.. no sólo como .. a usted. neralmente. el más inquietante enigma: Nicolas se había separado de ellos en julio. ya de antiguo. no obstante todos los “nuevos e. nuestra nueva gobernadora. hasta aquel mismo día. en realidad. y de tal índole. y se p nía ya más consolado. Me recrimia ¿por qué? ¿Porque no escribo? ¡Qué idea tan rara! . que tan ir”’ tunamente le atormentaba en aquella ocasión. por lo visto. me explicó la tristeza principal. finalmente. Varvara Petrovna. antes. las Drózdoves. y la queja principal que tenía de su hija Elizaveta Nikoláyevna era precisamente la de que “su hija no era su amiga”. casi siempre. ¿Presentiría él aquella noche la prueba colosal que en futuro tan cercano le aguardaba? VI Me estoy acercando ahora a la descripción de aquel incidente.. y hasta terminó echándose a llorar y deshaciéndose en las más afectuosas efusiones. y es posible que fuera ésa una de sus convicciones de que más trabajo le costara desprenderse. y era evidente que mía su deseo reiterado de mandar por él. especial. Severamente requirió las más precisas y satisfactorias explicaciones. tan esperada por todos en el pueblo. apoltronado? “Usted —dice — debe ofrecerse como “ejemplo y reproche’ Mais. por su orgullo y su obstinación. y produjo una impresión notable en la buena sociedad. “Nikolai Vsevolódovich era también orgulloso.. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 49 un joven.. y que lleva el mismo ludo. sólo de cosa estuvo convencido firmemente. Aquella mujer.. partió con él y con su familia para Petershurgo. da principio mi crónica. con el que. lo mismo que Stepán Trofimovich. de su “profesor”.. pero sentimental. pero todo sin ilación. A fines mismos de agosto volvieron también. es decir. sobrino. Por último. Su aparición precedió poco tiempo a la llegada de su parienta. habiéndose encontrado a orillas del Rin al conde K***. concertado. A mí me pareció. no podía nunca. volvióse a r y con una extraña desolación. —Pero ¿por qué está siempre enfadada? —quejábase a cada u como un niño—. Pero de ambos curiosos sucesos hablaré más adelante. pero he podido ver con mis propios ojos que entre ella y Nikolai Vsevolódovich ha ocurrido algo. si es su hijo. que él mismo no podía precisarla. la desavenencia había empezado debido al Carácter terco y burlón” de Liza. sino que hasta le rogó de un modo especial no diese a sus recientes palabras importancia alguna. que lo sea.. qui boivent en poi. hasta Sospechoso.... por último. Praskovia 1váno. mejor que mejor. por último.. Pero a Varvara Petrovna no era posible impresionarla con efectos y enigmas sentimentales. resultaba clara una cosa: que. y largo rato deteníase ante él. ¿Acaso no se cuenta ella? Y. hasta entonces. nos” y todos los “cambios de ideas” de Varvara Petrovna. no sólo se desdijo al último. pero se fue de allí c.contó much cosas. nos traían una botellita. Según sus relatos. amiga mía. Pero. De las inculpaciones formuladas contra Daria Pávlovna. je suis un hombre decaído! Sí. que tan ansiosamente la esperaba.tado ni como hombre de ciencia famoso. efectivamente. o sea que le sultaba encantador para su corazón femenino. en parte olvidado. L. recordar el apellido de Stepán Trofimovic y siempre le llamaba el “profesor”. se me ha quitado un peso de encima.. efectivamente. entre Liza y Nicolas había habido algún disgusto. —Bueno. necesitaba siempre de una amistad sincera. me dijo: —Alon cher. finalmente. pues las había proferido “en un estado de nerviosidad” En resumen: que todo aquello resultaba muy vago. pero. entre nous soit dit. y yo todavía no soy tan jugador ni tan borracho. que L alguna preocupación. cuando nos veíamos a solas y él empezaba a Iamentar conmigo. a su favorita. ¿Porque me e. irritable.. (El conde tenía tres hijas casaderas. de todas sus explicaciones y efusiones. Es un joven como todos: muy vivaracho y . Muchas veces aquella acercóse al espejo. al cabo de un rato. sino como hombre guapo.. por ahora me limitaré a hacer constar que Praskovia lvánovna aportó a Varvara Petrovna. Proferidas fueron esas venenosas palabras con notable nervosidad. y aunque estuviese muy enamorado. Varvara Petrovna hacía mucho tiempo ya sabía que él no me ocultaba nada. Era evidente que la “agriada mujer” las llevaba preparadas y de antemano se complacía en su efecto. según creo. y se la transmito de mi mano a la suya. A mi juicio.

Ahora estáte quieta y escúchame.. de la gente. contraba en todo aquello algo turbio y extraño. e inmediatamen se va. que no quiso decir. Varvara Petrovna estuvo contemplándola de hito en hito largo rato. Varvara Petrovna.cha. me veo obligado una vez más a atestiguar que por la mañana ya no tenía ella sospecha alguna de Dascha. que hasta empezaron a doler las muelas y cogí un reúma. Siéntate en esa otra silla.. pero tú misma mejor que nadie sabes hasta qué punto todo eso es un absurdo.. tampoco podía admitir la idea de que Nicolas pudiese gustarle a ella. de las ciudades. en el corazón. y Liza dio en reñir con I’ lai Vsevolódovich por el menor motivo. ella misma r... Varvara Petrovna concibió la idea de un proyecto para acabar de una vez. ambas se sentaron a hacer labor.desenvuelto... y no hay que echarme a mí la culpa de que parezcan inverosímiles. Se pasó pensando en e toda la tarde y toda la noche. en la conciencia? —Nada —repitió Dascha quedo.. Pero a mí mátuschka. para darle celos a Nikolai Vsevolódovich. proyecto notable por lo inesperado. de todo cuanto hubiera podido notar. —Le escribiré en seguida. y hasta tal punto ese ponderado lago me empachó. con la incertidumbre. el disgusto no ti’ trascendencia: absurdo todo. todo se arreglar todavía. y. pues echaría a perder todo. Tú eres juiciosa. Vsevolódovich va y recibe una carta de la condesa. pero algo débil. Despidiéronse afectuosameni y Liza. Das. iba muy alegre y aturdida y solícita. pero s nada de particular. tes. ha vuelto a tratarse con ella con el mismo cariño de .” Por la mañana. “Praskovia fue toda su vida muy sentimental. nencia Se han traído. si usted no le dice nada. A mi juicio. que estaba sentada a su lado.. no hablarle de nada de esto ahora a Liza. No es hombre Nicolas para hu: chicas burlonas. siguiendo la costumbre ya para siempre establecida. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 53 u . cuando Daria Pávlovna estaba sirviendo el té en el veladorcito. en vez de ponerse celoso. muy amigo del muchacho. en voz alta. no obstante. A Liza esto la puso furiosa. Aquella mañana. Daria. cual si no advirtiese nada y como todo le diese igual. Por lo demás. Bueno. perá a hablar. pero con cierta malhumorada firmeza. A mí los médicos me han prohibido tomarme gustos. como metió. La opinión “de Praskovia” antojábasele 1 inocente y sentimental. Como cronista. ¿Qué tendría en su corazón al concebirlo? Dificil sería aceptarlo. nunca la había tenido: estaba harto segura de ella. —Ya me lo figuraba! Has de saber. suponiendo que exista esa 30 Diminutivo de Daria (Dorotea)... —En el alma.. corrientes y hasta . Después del té.... que yo nunca dudo de ti. sin duda se quedó con algo dentro. Varvara Petrovna escribióle aquel mismo día a Nicolas rogándole ciese por estar allí un mes antes de lo convenido. ponte enfrente de mí. siempre que Nikolai Vsevolódovich no tarde en venir. fue un error. sobre todo de la naturaleza.. hay diferencia de edades. —Daria —atajóla de pronto Varvara Petrovna—. s gún he podido ver. en un día lo arregla todo para el viaje. Está escrito en los l. —Estáte quieta. y mucha. Varvara Petrovna le mandó que le contase sus impresiones del extranjero. Dime. él es todavía un hombre guapo. díjose para sí. más apática. monótona... y no voy a ponerme por anticipado a explicar todas las contradicciones de que adolecía. a pesar de todo. por contrario. a decir verdad. Pero ahora. que el lago de Ginebra da dolor de muelas: tiene esa propiedad. ¿no tienes nada de particular que quisieras contarme? —No. d los tiempos del colegio —pensaba—. Praskovia echó muy pronto la culpa a Daria. Es más: yo le aconsejaría usted. artes e industrias. Aquí media otra razón. También conozco muy bien a Daria. no muy asombrada. hízose. No habían t do más que conversaciones corrientes y. sin embargo. censuro yo esto mucho: son cosas de chicas. de modo que ni a mí ni a madre nos dejaba vivir. En una palabra: Stepán TrofimoVich. No bien se hubo ido él. en ¿ tas. es posible que por vigésima vez desde el día anterior. Pero. Ni una pregunta tocante a las Drózdoves ni a la vida de las Drózdoves. El jovencito no tardó irse (tenía mucha prisa por ir no sé a dónde). se quedó muy pensativa.. convencida: —Todo eso son absurdos! Observó únicamente que Dascha mostraba cierto aspecto de cansancio y que parecía más mansita que antes. Pero. y así se enterará usted mejor.. nada —y Dascha se quedó pensativa un momento y miró a Varvara Petrovna con sus luminosos ojos. En primer lugar. por lo menos. todo eso me hizo una impresión terrible. al cual tú siempre estimaste.. que quiero verte bien. al acompañarlo.30 desde luego. no hables. en eso Liza no se condujo bien: empezó a a tar intimidad con el joven. y se puso hecha un demonio.. y la ayudaba a bordar. Había notado que aquél solía blar con Dascha. Eso es. aunque por lo demás. Además. Si no hay más que eso. a Daria. Liza. ¿qué? 52 FEDOR M. y hasta de nombrarle. junto a la mesita de costura. de las costumbres.: ¿quieres tú casarte? Dascha respondió con una larga mirada inquisitiva. En cambio. además. aunque.Sólo que Nikolai Vsevolódovich. Sólo que ello era fingido. llevóse media hora contándole cosas con su voz igual. y a mí no me decía nada. aquí a ese oficial y lo han instalado en su casa COmO pariente. me limitaré a exponer los sucesos de manera exacta. absur —Tocante a Dáschenka. según como ocurrieron. y en tu vida no debe de haber errores. Pero..

Hasta ahora evidente que Dascha había respondido a todas sus esperanzas. arrojóse en sus brazos y se echó a llorar. Ocurrió esto en ocasión de hallarse sentado a la mesa en u. y por fin éstas se pusieron en marcha. El pobre Stepán Trofimovich estaba solo y nada presentía. dijo Varvara Petrovna cuando la chica sólo tenía doce años. que se gó de enseñarle a Dascha el francés. él fue el primero que descubrió a D había empezado a instruir a Dascha cuando todavía Varvara Petrovna pensaba en ella. en su casa! ¡Y a pie! Hasta tal punto quedó sorprendido. Con triste ensimismamiento llevaba largo rato mirando por la ventana. y por nada del mundo la habría aceptado de los Drózdove Pero era que él también se había prendado de aquella niña encantadora. Liza. entre ellos un francés auténtico. para las criaturas! Lizaveta Nikoláyevna Túschina estudió con él de 1 ocho a los once años (naturalmente Stepán Trofimovich le daba leccion sin retribución.. dejando sola a Dascha. que “el carácter de Daría no se parecía en nada al de su 1’ mano” (es decir. La indignación más noble e chable hirvió en su alma cuando. Fueron también a casa profesores del Gimnasio. Ocurrió aquello tres años justos antes del actual inesperado capricho de Varvara Petrovna. Siéntese de una vez. fija en la mirada mortificada y recelosa de su pupila. agradecida. Nastasia! ¿Qué está haciendo su Nastasia? Abre. qué atmósfera! ¡Ni siquiera ha tomado usted el té y son las doce! ¡ Su felicidad consiste en. con un tiempo semejante y a hora tan intempestiva. pero no dijo nada. —Está usted solo. Vuelvo a repetirlo: ¡era admirable la atracción que t. y ç: . estará mejor para. Súpolo éste. a ver a Stepán Trofimovich. que se olvidó de cambiarse de traje y la recibió tal y como estaba. En segui asignóle capital y llamó a su casa. una visión extraña había surgido ante sus ojos: ¡Varvara Petrovna. pero de entusiasmo. por si veía venir a algún amigo.. Así. De pronto. lo que tenemos que hablar. hay que cambiar el empapelado. era menester encender la estufa. enseñóle a tocar el piano. —exclamó débilmente. barre. En el patio helaba.. me alegro. mátuschka.. con voz lastimera. Dascha se puso muy colorada. y Dascha se puso entusiasmada. tengo que hablarle de un asunto. y como tenía la propiedad de apegarse con vehemencia y . sorprendió.. al carácter de su hermano. siendo c tonces despedida bruscamente. Transcurrió así lar tiempo. Pero Liza no en irse. de una ‘ para siempre. por las aceras de húmedas losas y por los pisos de blas.. aunque sea quince veces al día. efectivamente. Nosotros vámonos a la sala. También a éste lo despidieron de . Stepán Trofimovich se irguió. Varvara Petrovna aplaudió y le dio gracias por su magnífica idea. mátuschka... en forma que parecía echarlo. a todo proyecto. Cierre usted más la puerta. Pero barre aquí siquiera una vez en la vida. En realidad. y una vez la cogió improviso. Praskovja Pávlovna había tenido razón al llamarla su favori Hacía ya mucho tiempo que Varvara Petrovna había decidido. —Ensucian!.. el desorden! ¡ Su deleite. no puedo con sus amigos! ¡Pero está usted siempre fumando! ¡Señor. Stepán Trofimovich despreocupóse de ella. Irremisiblemente. pero no pasó de ahí la cosa. quedó él sorprendido su hermosura. Sinceramente la quería d_. Pero yo le envié a usted unos papeles con unos dibujitos. Cuando empezaron a acudir profesores dar clase a Dascha. muy satisfecho de sus respuestas. Desconcertada Liza.. extraordinariamet modesta. Siéntese usted de una vez. hacía frío.poco fue desviando de ella su atención por completo. ¿A dónde va usted? ¿A dónde va usted? ¿A dónde va usted? —Yo. teniendo ya ella diecisiete años.. Iván Schátov). y terminó por proponerle un curso serio y amplio de literatura rusa. explicóle a su discípula que la próxima vez se ocuparían en el examen de la Canción de Igoriev. Arrancaban del período antiguo. VII Era cierto que no exponía a Daria a un agravio. se ... al ponerse el chal. r’ de Varvara Petrovna. viuda dc clase noble. en seguida —gritó desde otro cuarto Stepán Trofimovich—. no sabemos por qué. pero de pronto levantóse Varvara Petrovna y declaró que ya se habían acabado las lecciones. Pero su principal pedagogo fue pán Trofimovich. Stepán Trofimovich empezó a prepararse de un modo especial para las lecciones. por el contrario. que se perecía por esos relatos. historia de la Humanidad. la primera lección resultó atrayente: Varvara Petrovna la escuchó. respiró. la e: permaneció allí hasta que la pupila cumplió los dieciséis años. saliendo a su encuentro. pero fue usted a cambiarse de ropa! —Y lo miró. de la Tierra. barre! ¡Qué sucia está la sala! —cuando pasaron a ella —. que va a enterarse. Se había puesto la americana encima de la camisola—. —exclamó nerviosamente Nastasia. a todo pensamiento luminoso. zumbona. a miss Kreegs. la ventana y la puerta de par en par. —Pues barre tú. a cada ilusión que la fascinaba. Pero no iba ninguno. Estaba hablando con la joven. que ella mansa y suave. su infancia. en reñir! Pero ¿qué papeles son éstos que andan desparramados por el suelo? ¡Nastasia. —Ma bonne amie!. Una pobre señora forastera. Las lecciones referentes a las poblaciones tivas y al hombre primitivo resultaban más interesantes que los cuento bes. remedaba después con gracia en su casa a Stepán Trofimovich. y recitaba poemas para explicarle la estructura del Universo. también lloró Stepán Trofimovich.to.. de una discreción rara y. Una vez. consi rábase ahora y siempre su protectora. se lo suplico. Aquí me tiene otra vez. capaz de las mayores abnegaciones. ¿Por qué no eligió? Siéntese y escuche. Al terminar Stepán Trofimovich y retirarse. “En vida no habrá yerros”. sobre todo. —Ah.. como institutriz.Y fuese ligera. en su eterna camisola de algodón rosa. inmediatamente decidió adoptar a Dascha como hija.

hombre huero. usted necesita tener siempre una r fiera al lado.. que no he de leerlas.. —Excellente3’ amie! —volvió a temblarle la voz—. ¡Ah!. ¿Y qué va a ser de usted? Pero ella será p usted una buena aya. t ‘ estará como en un espejo. puede ser su salvación. las paredes giraban en tomo suyo. —Gui. que yo considero deber mío.. ¡Cuántas no se pierden simplemente por la mala dirección de sus id:’ Además. a exponerle todas las ventajas. pusilánime! —1Pero.. un corazó: afectuoso. escribir mis Cuentos de la historia de España. cuando yo misma digo que es un ángel de bondad! —exclamó. que usted la ama! A Stepán Trofimovich le daba vueltas la cabeza.... pero no entiende nada de la vida.. pues ella le traerá a usted limpieza. DOSTOIEVSKJ LOS DEMONIOS 55 abría unos ojos tamaños y temblaba. sino la mitad de la vida. yo nunca pude imaginarme que usted resolviese entregarme.. Aludió también a los ocho mil que le eran necesarios a él. Mañana.. Detalladamente le habló de la dote. oui. Yo me moriré. huero. Nastasia! Ni qué decir tiene que al otro día dio él su conformidad. ¿Comprende? F no se apure usted. Sin duda que tendrá usted que dirigirse a ella y rogarle le haga el honor. Usted tiene fama. que ya es hora de que prepare usted sus obras y piense de una en usted mismo. y hágamelo saber. Sólo sabía que aquello había de ser según ella decía.. Se repuso. . que no estamos en el teatro. yo también estaré aquí. —Gui. a esta misma hora.. —Ya veo que c’est égal —dijo ella despectivamente—. dirigirá sus pensamientos.. —Pero. es que ya soy un viejo! —iQué importan sus cincuenta y tres años! Los cincuenta años no el término. y espero que sea satisfactoria..! ¡Oh. Quiso hablar. formará para la vida. gracias a Dios! No me ve’ con gestos. a otra.. c ‘est égal! —y la miró con Ojos extraviados.. enérgica. obligada todavía a inclinarme delante de usted cuando le traigo tal tesoro. qué desmayos le dan! ¡Nastasia. L. las niñas son las que se entregan. pero ¿acaso usted se figura que yo c. Usted es inteligente y culto. ¿y ella? ¿Le ha hablado usted? —Por ella no se apure ni tiene por qué curiosear. además. Varvara Petrovna cogió su pa—Ya veo que con usted no tengo nada más que hablar. de pronto... vendré por la respuesta definitiva. alcanzará usted honor. Explicóle todo de un tirón. como que no podía ser de otro modo. —Precisamente —balbuceó él. —Pues vea usted qué a cuento viene. que objetarle y no a ceder sería inútil y que tendría que casarse irremisiblemente. que no voy a morirme tan pronto. Lo escuchó todo. je suis incapable. ¡Compréndalo usted bien. cobra usted una pensión. Stepán Trofimovich FEDOR M. —Mais ma bonne amie. Nastasia! ¡Agua! Pero no fue precisa el agua. mientras que usted se casa — replicóle Varvara Petrovna con acritud. un ángel de bondad! Esta feliz idea se me ocurrió a t estando todavía en Suiza. ya halagado por la hábil lisonja de Va vara Petrovna—. ni tampoco basura. Mais c ‘est une enfant! —Una niña que tiene ya veinte años. ¡Yo. Mais.. ¡Señor. Procure usted que no haya aquí nadie. nombre. Venga a casa cuando ya lo haya pensado... Sólo mediaba una circunstancia. mujer! 3! El texto dice: “Excelente” —Usted no es ninguna señorita. se lo suplico. j ‘ai pris un mo! pour un autre. ¡Por tercera vez a mis años y con una e quilla! —dijo finalmente—. ¿qué va a ser de la pobre? Pero con usted estará ell tranquila y también yo lo estaré. U.... ¡Ella es una n jercita hacendosa. hasta el punto de matarse por ellos.. Stepán Trofimovich. a pedir su mano? ¡Cuando es usted quien d: biera.. es una chica modesta.lo suplico. Pero no me escriba cartas. —Pero de aquí a mañana puede usted descansar y pensarlo bien. en términos rotundos y convincentes. ¡Además. orden. que aquí estoy yo.. Usted sabe también cuánto lo ella. aunque sea de noche. de rodillas. pero no pudo marse de ello una idea enteramente clara. corregirá su carácter. pero le faltó la y.. pero ¿qué parece esto? ¡Nastasia.. ¡sálvela! En todo caso.. Si yo me muero. Era aquélla una extraña idea a la que no acababa de hacerse.... precisamente estoy reuniendo materiales para ponerme a. juiciosa. malhumorada— En su casa hay suciedad..

. encargóse. aunque no sea más que a por ejemplo. de pronto. sino que había sido propiedad de su primera mujer. ocho mil rublos.. que yo también c-: Está por llegar el día del cumpleaños de usted. En primer lugar.. Por el contrario. 32 Pedro. por lo pronto. dejábase traslucir en medio de todas esas exclamaciones lastimeras. atendidas la noble condición y el desinterés raguas.. hijo de Esteban. contrario. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 59 aunque muy poquito. a su hijo Piotr Stepánovich32 Verjovenskii. Usted no tiene que preocupi se. Se dirá y se hará cuanto sea menester. Decididamente. Un día antes h” usted con ella. a hurtadillas de Varvara Petrovna. y se fue.. le contestó irritada: —1Para qué? En primer lugar. Ya veré.. fuese por lo que fuese. Invite u a sus amigos.. toda la renta de la tierra se la guardaba en el bolsillo y.VIII La entre nosotros llamada posesión de Stepán Trofimovich (cincuenta almas.... Pero puede que ella me irrite finalmente. según la vieja cuenta y contigua a Skvoréschniki) no era suya. un badinguet..esto. pero en su velada no mencionaremos nac hablaremos del particular.. es ésa una noble decisión. ya fuera de sí. no hay que festinarse —añadió. mostraba un tono nuevo. Yo también callaré. Je suis un forçat. no quería dar más explicaciones. Todo él valía. además. Y he aquí que ahora. con menor ruido posible. por fin. por lo menos. —jCómo que no! —balbuceó el novio.. y encargando a su padre se ocupase sin tardanza de la venta. yo me encargaré de todo. cuando el hijo se hizo mayor de edad. El trato hecho resultábale ventajoso al joven.. el bosque. sino únicamente lo daremos a entender con rectas. y el lo vendía por cinco mil. mirando el nudo d su corbata—. sobre todo.. siendo así que antes de ese arreglo no rentaba ni quinientos (y hasta es posible que rentase menos). de administrar las tierras.. ¿No lo comprende usted? Es posible que yo haya dicho que porque me aburre la vida y me da todo lo mismo. ¡Ay. Había c. sin la menor solemnidad. ¿Ha oído usted? Quiere llegar al extremo de que yo perder la paciencia. los mil rublos íntegros era Varvara Petrovna quien los enviaba. pero usted aquí ni entra ni s& ¿Para qué? ¿Qué papel habría de hacer usted? Así que no vaya usted ni criba cartas. —Bueno. aunque. mediante poderes. Pero.. Liputin? “No habrá más que esto. y entonces me dé ya todo igual. ¡un hombre acorralado contra la pared! Y al mismo tiempo. ¡Dios sabe cómo se habría llegado a eso! Por lo demás. se enteró de todo.. que constituía su valor principal. La cual castañeteó los dientes cuando. Hasta pueden ustedes dos irse de viaje una tempo da. El tal bosque ya hacía tiempo que lo iba vendiendo a trozos. Stepán Trofimovich no pasaba de ser un tutor. —exclamó él. visibler alterada... de la que tan poco caso suele hacer en vida.” ¡Hay que ver! ¡Pero esto es el colmo! ¡Esto ya. do ánimos. por consiguiente. si es preciso. —aplaudió Varvara Petrovna. que era menester que hablase con la novia.. 58 FEDOR M. decididamente. pero V Petrovna. no diga usted nada. ella haya tenido ese capricho? ¡Pero yo soy un hombre serio y puedo avenirme a someterme a las ociosas fantasías de una mujer loca! ¡Yo tr deberes para con mi hijo y.. todo ello será como he d no se apure usted. Al parecer. no sé cómo llamarlo!. la arruinó.. que yo lo dispongo todo. aunque ya haremos juntos la elección. además. Tenga usted preparado el té de la tarde. ¡no querer! “Estése quietecito y no vaya por a Pero ¿por qué. no contribuyendo a esa suma Stepán Trofimovich ni con un solo rublo. y no bien hubo visto venir a Varvara Petrovna ci la ventana. se dio prisa en buscar otro. me consideraré ofendido y rehuSaré.. Y no diga ni pío. la extraordinaria pasividad de Stepán Trofimovic bíala impresionado.. he de tener yo que casarme? ¿Sólo p:. después de escuchar asentimiento. Y dentro de dos semanas la boda. por lo demás. pero sin v ni entremeses. Pero.. y luego..33 se lo ruego. plantándose delante de mí y alzan las manos—. a fin de cuentas. y para conmigo mismo! Yo cargo con víctima.. CAPÍTULO III . —iEso me gusta!. por la noche volvimos a beber. su padre le enviaba todos los años hasta mil rublos a título de renta de la propiedad. perteneciéndole ahora. no hay más ni puede haber más . algo de aturdido y travieso.. escondiendo aquél bajo la almoha —Magnífico!.. salía su hijo anunciando su propósito de ir allá para vender sus tierras. Et enfin le ridicule. Pero es que solía perder mucho al juego en el club y no se atrevía a pedirle dinero a Varvara Petrovna. inmediatamente después de casados. por lo demás. yo vendré a hacerle una sita en su compañía. b oído usted la voz de la razón. Puede que yo también los acompañe. p ahora guarde silencio... Por lo demás. algo de triunfal y aturdido. ¿Qué dirán en el club? ¿Qué dirá... Insistió en que hacer las co así no era posible. Stepán Trofimovich estaba maravillado. no comprendía él su s aún no había examinado el problema desde otros puntos de vista!. y. y. algo de caprichosa ufanía. Era claro que. cediéndosela en arrendamiento a un comerciante y parcelando.

. a fin de renovar la amistad. por culpa de ella había enflaquecido y perdido los ánimos. ni siquiera sabía si había algo de serio en todo aquello. sin saber por qué. aunque en toda aquella semana no vimos a nadie. la revelación de aquel creto. por el 33 Literalmente: “Ni ruido ni alma” (Ni siuju ni dujio). sobre todo. permaneciendo siempre solos.. prometía devolverlas sin abrir. violenta. cuando usted se presta a su exi cia? —objeté. y nunca podía saberlo a punto fijo.. todas aquellas desatenciones y vaguedades. y aún no sabía si iba a casarse o no. cosa que sólo podía . y aunque también ella tenía que comunicarle muchas cosas. al otro día estaba ya más ti mendo y malhumorado que nunca. Semejan proceder ofendía algo mi amor propio.. Quedó satisfecho de la frase y nos echamos al coleto aquella noche botellita.ble. sin tregua. De Lizaveta 1 láyevna hablaba con cierto entusiasmo. Transcurrió una semana. En cuanto a sus cartas. lo confieso. reconocía yo mismo que fesar ciertas cosas debía de ser difícil. yo. Con la novia hasta entonces no se había avistado. llevaba algo a mal tosquedad de sus sentimientos y la fealdad de algunas suspicacias s Enfadado. .. sino ante sus contertulios temía presentarse. todos los días me mandaba llamar. y “oportunamente” le daría a Conocer cuándo podría ir a verla. doliéndose él mismo de ello cada día. logré que d de mí confesase todo. figurábase él que inmediatamente iba a encontral su lado el alivio de todos sus actuales sinsabores y hasta la resolución sus más apremiantes dudas. por más que hiciese. ideas propias. pues ya L.. pues me estuve casi sin separarme un momento de él. Y. pues andaba muy atareada. Desde cierto punto de vista prendía exactamente algunos aspectos de su situación y hasta la c nía con mucha precisión en esos puntos. además. —Oh. todo aquello era nada en comparación con la principal de sus preocupaciones. y también. menos que ahora que accedo. El se limitó a mirarme. de todos modos. . sin saber la razón. Era aquello algo que le abochornaba más que todo. y. . En su casa. y todo lo veía e”— Según mi profundísima convicción de entonces. aunque. preguntado por él. de aquella preocupación principal de Stepán Trofimovich. r que lo inculpase demasiado. en que tanto cariño le había tenido. Esa carta la leí yo mismo: él me la dio a leer. por todo se enfada. con toda intención lo iba dejando para cuando anduviera más sobrada de tiempo que ahora.mente! Pero. A una de sus primeras cartas (y le había escrito muchedumbre de ellas) replicóle rogándole se abstuviese por algún tiempo de molestarla. . Dicha preocupación le atormentaba extraordinariamente. aburrido de servirle de confidente. que ya habían do. en los que no creía necesai andar con secretos. Ahora se ha vuelto como una especie tendera. ni siquiera sabía si era su novia. Pero aquello fue sólo un instante. si yo no accediese.. ya que eso “eran garambainas”. en calidad de su más allegado confidente. hasta tal punto. Lo principal era que yo tenía unas r enormes de que me la presentaran. ¡Ahora todo ha cambiado! ¡Dice que todo eso es habladuría! Desprecia el pasado. LA_) LJJIVflJ1NiU contrario. Puede usted creer que entonces ideas. En Lizaveta Nikoláyevna esperábase encon una criatura extraordinaria. Por su genio quisquilloso sospechaba que ya todos en el pueblo estaban enterados de todo. Incluso salir de paseo con objeto de hacer el indispensable ejercicio no osaba hasta que ya era enteramente de noche y reinaba oscuridad completa. no le t bría hecho honor a éste. rri.. y cómo ha cambiado! —decíame a veces. llegado el caso mentía y se aturrullaba delante de mí como q chico. tanto mayor era su enojo contra mí por eso mismo. económica. joven todavía. Lo atormentaba. Y. sabe que ella entonces sabía hablar?. sin embargo. Sin duda recordaba de pequeña. y. ¡Qué distinta era antes. de pasada. y de lo que nunca quería hablar ni conmigo. —Pero ¿por qué se enfada ahora. refiriéndose a ra Petrovna—. no quería recibirlo.. siéndole yo tan necesario como el agua o el aire. y principales. al lado de mi pobre amigo comprometido para casarse. gracias a mi crueldad. y no sólo en el club. Por lo que yo estaba más enojado con él era porque no acababa de cidirse siquiera a hacerles una visita a las Drózdoves. que en esa desdichada semana tuve yo mucho que sufrir. sin embargo. para mí incomprensible. —Cher ami. que cuanto más disimulaba conmigo. y eso cada día preparábase para hacerlo. la vergüenza. cuando hablábamos ambos!. Pero. sin embargo. Ni qué decir tiene que yo hacía y mucho tiempo que adivinara aquel secreto principal.. por lo demás. no llegó a ir a verla. pero es que le daba vergüenza hasta de mí.AJENOS PECADOS Transcurrió una semana. Observaré. no podía estar r mí dos horas. y empezó a adelantar el asunto. pero fuera eso. cosa que ellas deseaban. se enfadaría terriblemente.

hubo de ocurrirme en el c. Empezó a hablarme de las novedades del pueblo. o. A mí parecíame siempre que el rasgo principal de su carácter era la envidia. pero Stepán Trofimovich insistió en su idea: L1traImente: “Tomar a corazón” (Prjnimat ki serdisu). por el contrario. sino que. en mi opinión. Yo callé. de la llegada de la “gobernadora con nuevas historias”. que yo iba a ayudarle. cosa rara. Luego sentí algún desvío hacia sus obras. que irremisiblemente había de figurarse que allí había algún secreto. no sólo no mostró curiosidad alguna ni me preguntó por Stepán Trofimovich. No obstante serme tan fastidioso. Se llevó hablando un cuarto de hora. había hecho acopio de cosas que contar. Extraordinaria impresión habíanme hecho p aquel entonces mis frecuentes encuentros con ella —naturalmente. Me encontré con Karrnazínov. dio muestras de extraordinaria agitación. a los siete u ocho días de haber dado su confor para la boda. reconozco que tenía el don de hacerse escuchar. Al contarle yo aquella misma tarde a Stepán Trofimovich mi encuentro de por la mañana con Liputin y la conversación que habíamos tenido.. tan pronto. Después de por espacio de cinco días. y que tan pronto como saliera de su casa me pondría a cotorrear y chismorrear por todo el pueblo. sobrino del difunto general DróZd0’’ Mi ceguera duró sólo un momento. El insistía en una notificación. durante algún tiempo. las primitivas obras suyas. Hablando en términos generales. a los que ya previniera. cosa de que yo le disuadí. de costumbre. etcétera. que no podía yo dejarlo. que él se había encerrado en casa. y les rogaba lo dejasen completamente tranquilo. Ese tío. Resultó que él ya estaba enterado de todo por nuestros amigos. etc. era un espía verdadero. yo mismo lo imposible de mis sueños. par estaba claro que Stepán Trofimovich lamentaba mucho haber manifest delante de mí aquellas suspicacias y haberse ido de la lengua.. etc. Sabía de antemano que no había de creer ni una sola de mis palabras. no tardando en reconocer. las novelas tend sas que escribió en los últimos tiempos no me agradaron ya tanto com primeras. de la oposición que ya se bosquejaba en el club. cuando iba yo. Pero fui. y no me animaba. ésos ya no me gustaron en absoluto. temía ir a verlo. que abarcaba muchos años. En tanto yo me imaginaba estas cosas. tal instante existió realmente. circular. por último. sucedió que. no volvimos a hablar palabra de Liputin. A Karmazínov lo leía yo desde que era pequeño. en la Ile— cuando salía de paseo a caballo. Todos los nuestros fueron advertidos desde el principio. pero estoy convencido de que él no sólo sabe ya c: dos sus pormenores todo lo referente a “nuestra” situación. constituían el deleite de mi adolescencia y juventud. ñada por su presunto pariente. Sabía al minuto las mas recientes novedades. a instancias suyas. y con tanta gracia. que sólo se lo querían ocultar a él. pero. aquél.lograr por rción de Stepán Trofimovich. y era de admirar ver hasta qué punto tomaba a pecho 34 cosas que a veces no le afectaban lo mínimo. hallábase en un estado de agitación extraordinaria y alegrábase de encontrar en mí una oyente. a verlos a todos para decirles que Varvara Petrovna habíale encargado a nuestro “viejo” (así llamábamos entre nosotros a Stepán Trofimovich) no sé qué trabajo importante. es decir. todos nuestros señores . Verdaderamente. mejor dicho. de que todos gritaban ideas nuevas y de cómo se hacían oír de todos. de que Stepán Trofirnovich. así que podéis figuraros lo enfadado que estaría yo una temporada con mi pobre amigo por su terca reclusión. oficialmente. a eso de las once. a ver a mi ofendido amigo. y en un caballo magnífico. el guapo oficial. y me hizo a quemarropa esta pregunta: “Está enterado o no Liputin?” Yo traté de demostrarle que era imposible enterarse así. nato. no podría recibirlos. y en seguida dio otro rumbo a la conversación. algo que ni usted ni yo sabemos aún. en las que había tanta poesía natura sus últimos libros. Pero. etc. aparte de que no tenia por quién saberlo. si me atrevo a expresar también opinión en asunto tan delicado. cuando ya no haya r dio. sobre todo cuando la tomaba con algo. Stepán Trofimovich. sino que vía sabe algo más. él mismo me atajó cuando yo empecé a disculparme de no haber ido a verlo a su casa antes. aunque sólo fuera un instante. hube de encontrármelo en la calle.. a modo inopinado—. Sus novelita cuentos eran conocidos de toda la generación pasada y aun de la actual me volvía loco con ellos. pero aquellas palabras querían decir mucho. con el consiguiente asombro de mi parte. ordenar no sabía qué correspondencia. A Liputin fue al único que no fui a ver. y se sabía de memoria a todo el pueblo. y es posible sepamos nunca o lo sepamos cuando ya sea tarde. II Una mañana. “el gran escritor”. 62 FEDOR M. principalmente las cosas feas. inesperadamente. una aventura. como lo ponder Liputin. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 63 —Mire usted: lo creerá o no lo creerá —concluyó.

Vestía algo a lo antiguo. lo lisonjeaba. Sabía que podía lograrlo por mediación de Stepán Trofimovich. desde luego. Cori unos labios finos. Así se leía entre renglones: “Interesaos por mí. Pese a la plena coiflp05t3. de ser posible. un caPote Con capuchón. Pero ante el primer príncipe. Cuando llegaron a nosotros los recientes rumores de que venía Karmazínov. suponiendo que antes le hubiese :ido presentado. Su amor propio. Y he aquí que de pronto me tropiezo con él en una bocacalle.. sentí unos grandes deseos de verle. porque yo estaba transido de horror y no tenía fuerzas para volver la vista. bVOR M. Siga usted por esta calle k derecho y doble por la primera bocacalle a la izquierda. con botones de nácar al lado. yo fui y cerré los ojos. de la memoria de la g al morir. a los que suele tomárseles en vida casi por genios. Estoy seguro de que en verano llevaría sin lugar a dudas L botinas de color ciruela. Cuentan que se lo 1’ncontra a usted. La rapidez con que esto a rre entre nosotros se asemeja a un cambio de decoración en el teatro. ¿Verdad que esto es interesante?” Al expresarle yo a Stepán Trofimovich mi opinión sobre el artículo de Karmazínov. como los que llevarían en aquella época del año allá en Suiza o en el norte de Italia. por lo menos. apenas surge otra nueva g ración que viene a suceder a aquella en la cual actuaron. va y me pregunta con una melosa. ante el rimer hombre que le inspirase temor. había sido escrito únicamente con el fin de lucirse.35 Y eso cuando usted todavía no se había despedido de él. aquél me dio la razón. Porque yo estaba vuelto de espaldas. hasta tal punto histérico. al cruzar el andén de la estación con la gobernadora. del que había sido él mismo testigo y presenciado el salvamento de los náufragos y la extracción de los ahogados. de buen tono. ninguno de esos hombres venidos al mundo para decir su palabra Verdad es también que esos mismos señores de talento mediano. las rocas. Era un viejo bajito. largos. naturalmente. y como de pronto.. conocerlo. que h leído sus obras y sentido . comprendió mediatamente que yo lo había conocido. allá en algún punto del litoral inglés. y del que se aguardaba un extraordinario y serio influjo sobr movimiento social. —Muchas gracias. consideraba su deber más sagrado olviarse de usted. sino que ocurre que. Pero. Al encontrarme c él. aunque algo chillona: —tMe podría usted decir por dónde se llega más pronto a la calle kov? —. con una carita bastante colorada y espesas melenas blancas que le salian por debajo del sombrero cilíndrico y le colgaban en torno de sus orejas limpias. las tablas desperdigadas del navío? Eso ya os lo describo yo con mi potente pluma. en seguidita se —exclamé.-. la tormenta. como de una m0s1.. muestra al último tal endeblez y pequeñez en su b ideológica. bastante largo y ampuloso. tirilla.. Un año hacía que leyera yo en una revista un artículo suyo. estaba parado en una bocacalle y miraba con mucha atención. Describía la pérdida de un vapor. b todo si lo necesitaba. todas las prendas menudas e su indumentaria: pasadores. no sucede en absoluto así con Puschkin. inteligentes. resentíase de un modo morboso y procuraba vengarse. pasan al o y a la indiferencia general como por ensalmo. Pero si está aquí mismo. no s desaparecen sin dejar rastro. una nariz algo gruesa y unos Ojillos penetrantes. poseído por emoción desusada—.A la calle Bikov?. oderosas y con la alta sociedad más que su propia alma. y. ante el primer conde. de los que gasta la . era vanidoso. ya me lo habían presentado tres días antes. en serio consideraba eso como del mejor y más elevado tono. dicen. yo. pequeñines. de sólo unos cincuenta y cinco años. hasta en vida. Maldición sobre tal minuto.de talento.. de astuto diseño. cómo no pude soportar ese espectáculo y me aparté. En el acto lo conocí. Al que yo le estaba mirando con curiosidad. al parecer.. de c: goría media. yo. guantes. que nadie lamenta el que tan pronto deje de escribir. lo halagaba. Gógol. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 65 fina cintita negra. asume a veces proporciones dignas de adn ción. hasta tal punto. suelen gastarse por modo lamentable entre nosoti sin siquiera notarlo ellos lo mínimo. sonrosadas y menudas. Su limpio rostro no era del todo bello. eran. No pocas veces resulta que el escr al que durante largo tiempo se le atribuyó una extraordinaria profund de ideas. Dios sabe por lo que empiezan a tomarse a sí mismos: cuando n por dioses. sin duda. De Karmazínov contaban que estimaba sus amistades con g. al decli de sus honrosos años. Todo ese artículo. t ancianos de pelo blanco no lo notan y se resienten. pendientes de una 5 En alguna versión se suprimen estas comparaciones.. El lo advirtió todo en un momento. le seducía con su sencillez.. y al perfecto conocimiento de las buenas maneras. ni siquiera en aquellos círculos sociales que menos se interesan por la literatura. ¿Para qué mirar a ese ahogado con un niño muerto en sus muertos brazos? Miradme mejor a mí. sin duda alguna. ¿Qué os importan a vosotros el mar. s todo al final de su carrera. estaba azorado y mostra aire servil. con la misma ofensiva indolencia que de una viruta. que nunca podía disimular su irritabilidad de autor.. que yo sabía quién era. mirad cómo me porté yo en ese instante.. Si por acaso alguien le ofendía con su indiferCnc. altanero. allá en otros tiempos habían sido amigos. y.. escrito con unas pretensiones feroces a la más ingenua poesía y a la psicología además. Moliére y Voltaire. y. al parecer. lentes de concha.

Le mandaré a usted a María y a Fomuschka. Pero no bien hube proferido el nombre de KarmaZíflOV.” La del día anterior: “Si se dignase.. lo recogeré yo mismo —dijo con tono amabil mo. en seguida me percaté y me é ve. haría una hora a lo sumo. Eso es lo que yo pienso. y delataba la alborotada y ambiciosa emoción de Varvara Petrovna ante el temor de que Karmazínov se olvidase de ir a visitarla. es decir. y me puse c lorado como un imbécil. —No se apure usted. del día anterior. Sospecho que eso sería. poco menos que furioso—. no sé por qué. cuando montó en cólera. o. Cerca está. que tenía en su mano izquierc Aunque no. lo encontré sumamente cambiado..S. la segunda. 5: Como no vaya hoy a visitarle. 1 él y lo recogió del suelo. que hace mucho tiempo tenía intención de regalarle. pero con tal aspecto de distracción.. ¡Lea.” ‘Estoy convencida de que en su casa habrá montones de basura y columnas de humo del tabaco. El muy cuco sacó de la situación todo el pr’ posible. lo más digno. Le envío un tapiz de Bujara y dos jarrones de China. debajo del retrato de Goethe. también las habría de cuatro y de cinco días antes). mi Tenniers (por una temporada). no sé lo que pensará usted. se presenta. como un “ridículo”. por fin. no le diga usted una palabra. ya no irá en absoluto. además. y.. o. no era un bolso. la última: y. y el Tenniers. “P. anduve a su zaga diez sos. lea! Sacó un cofrecito y arrojó encima de la mesa tres pedacitos de papel. allí siempre los hay —y he aquí que por p” echo a correr en busca de un coche. Es posible que Vaya a verle esta tarde. garrapateados aprisa con lápiz. no me miente su nombre!. y la última la había recibido aquel mismo día. pero al encaminarme casa de Stepán Trofímovich solté de pronto la carcajada. me hable usted de él. acójalo usted con exquisíta cortesía. v.No podría usted decirme dónde podría encontrar más pronto un c che? —volvió a gritarme. mejor dicho aún. s. Estoy perfectamente convencido de que no lo alcé del suelo. hoy visitar a usted esta mañana. uno de esos tiguos “ridículos” de señora... haciendo como que se me adelantaba.Un coche? La parada más próxima la tiene ahí. en media hora lo dejarán todo listo. Aquel encuent se mc antojó tan cómico. finalmente. cuélguelo usted a la derecha. Cierto que se vino a mí con cierta avidez en cuanto me vio y se puso a escucharme. precisam lo que él aguardaba de mí. De pronto se le cayó al suelo el bolso. Ni la más leve alusión. Si. volvi hacerme otro saludo con la cabeza y se fue derecho hacia donde yo le i’ cara. La de aquel mismo día. que al principio era evidente que no comprendía mis palabras.” . ni una palabra. con gran asombro mío. ¡Desagradable voz! —. No le diga nada ni le recuerde nada. incluso los detalles. y con el aire de no haber estado sin verse ni un día. Naturalmente. Grito desagradable. Pero usted no se entremeta y estése quletecito en la cocina. —exclamó. La primera esquela era de dos días antes. Sonrióse. dejándome abochor do. De mí. y. Era igual que si yo lo hubiese recogido.. pero procure hablarle sólo de nimiedades. se lo ruego. De pronto volvió a detenerse. s. luego que ya vio que yo no iba a recogerle su “ridículo”. que en el acto resolví distraer con su relato a Stepán TrofímOViCh y describirle toda la escena. “Si me dignase. todos de Varvara Petrovna. a mi juicio. pero él observó muy bien mi movimiento y me siguió con aquella antipática sonrisa. en fin de cuentas. sería no recibirle. III pero aquella vez. finalmente. hoy visitarle. no pude disimularlo.. aunque. después lo cual me hizo otra inclinación de cabeza y se fue. no sé lo que f. me fui tras él. Los jarrones puede colocarlos enel alféizar de la ventana. Por espacio de cinco n me tuve por deshonrado del todo y para siempre. He aquí la primera.devoción hacia él desde la misma infancia y en aquel instante me azoraba y adoptaba un aire servil. pero primer movimiento fue indiscutible. Entonces sucedió algo que nunca olvidaré. junto a la catedral. mientras lo arreglan. —. No sé por qué. que allí resaltará más y por las mañanas nunca falta luz. mejor d como una cartera. ahí. sino algo así como una cajita. o de algo científico. su texto era insignificante. la de tres días antes (probablemente. Mire: aquí tiene.. lo único que sé es que yo me lancé a cogerlo.

y el Tenniers lo he guardado en la cómoda. de puño y letra de Varvara Petrovna. por consiguiente.. Pero. responda usted inmediatamente ¿Lo cree usted o no lo cree? Pero yo callaba adrede. En aquel mismo instante entró en el cuarto Liputin. En respuesta a la aturdida mirada del hipnotizado Stepán Trofimovich. Au diable le Karmazínov! Au diable la Lembke! Los jarrones los Jj escondido en el recibimiento. Hasta se puso pálido. n ‘est ce pas?. Lo dejé en el gobierno de J*** hará diez días. comme ami el c me témoin. y entonces. . cogió el sombrero y el bastón y salió rápidamente de la sala. sobre todo. Sentóse aprisa él también. El señor Kirillov. lo menos. pero si iba usted a salir! Y a mí me habían dicho que usted estaba retenido en casa por sus ocupaciones. Oiga usted bien: ¡exigido! he enviado otro cachito de papel como ésos. respondiend a mi inquisitiva mirada—. Me tomo ci atrevimiento de interrumpir su soledad. cogiéndose de mi mano. no toleraré tapujos en esto. en silencio. no quiero mentir. E. . De pronto. irme de aquí y desaparecer para siempre. encima de la mesa. y estoy perdido! —balbuceó. miraba a Liputin. . Lo miró y me lo pasó. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 67 Yo leí y me sonreí de verle en tal estado de agitación por semejant futesas. Y. con nobleza. y de clase especial. y. es decir. habíase dado prisa a cambiar su eterna corbata por otra roja. y de pronto. No quiero ponerme colorado. del despotismo de una hembra loca. lv Por qué había de ser hombre perdido por culpa de Liputin. y hasta le temblaban las manos. ahí la tiene usted. Todo el tiempo. a pesar de todo. en tanto yo leía. señor mío? —terminó de pronto. Yo salté asustado. se permitió sonreír de mis palabras. cogiern mi zurrón. me miraba a mí. si así lo piden el L y el alto principio de independencia? ¡Stepán Verjovenskii no es ésta la mera vez que responde al despotismo con la magnanimidad. —. amigo del hijito de usted. El se detuvo como fulminado. nunca hasta entonces había visto así. con morbosa altaneri examinándome de pies a cabeza—. Vous me seconderez. cual si volviese en sí. era cosa que yo ignoraba. venir a yerme en absoluto — dijo en el mismo tono de pálida serenidad que generalmente precede a algún arrebato extraordinario. eso del encargo lo ha añadido usted! —observó el huésped. En toda su agitación había algo que decididamente me ofendía. fuera de sí. Después de haberle examinado inquisitivamente. y en voz alta. Hasta aparentaba no atreverme a ofenderle con una respuesta negativa.mo a otro del cuarto.. y. . No hay tal encargo en absoluto..66 FEDOR M. su susto era extraordinario. yo lo seguí maquinalmente.. liberté. exclamó: —Le traigo un huésped. —Puede que usted se aburra a mi lado. oh.. Ya el solo aspecto de Liputin al entrar indicaba que aquella vez tenía especial derecho a entrar en casa. pero a Verjovenskii es cierto que lo conozco. inmediatamente. Stepán Trofimovich dioles maquinalmente la mano y los invitó a sentarse. En el papelito. Venía acompañado de un sujeto desconocido.. en silencio. en aquel mismo momento entró Nastasia y.. bre al pie de una tapia! ¡Responda usted. daba carreras de un e.Es que usted se figura —empezó otra vez. con ingenuidad. desusada. —Bah. el honorabilísimo Piotr Stepánovich. mirándome de un amenazante. —No quiero saber su emoción! —exclamó. de usted. 37 Pronúncianse separadamente las dos “eles”. el je proclame pi. cual si yo le tuviese por un hombre ruin. y estoy aguardando. que me devolvió anoche. alargóle a Stepán Trofimovich un papelito en el que había algo garrapateado con lápiz. y resolví observarlo atentamente. no concedía importancia a la frase: yo lo achacaba todo a los nervios. luego me explicaré.37 distinguido ingeniero-arquitecto. no! Pero. no obstante todas las prohibiciones. señor mío! ¡Oh.. y trae un encargo suyo. del despotismo más ignomi nioso y cruel que puede haber en este mundo.. con f queza.mento. ba pálido. pero de pronto se detuvo ante mí en una actitud L. o. ¡mi zurrón de mendigo!.. había escrito muy ligadas estas tres palabras: “Estése en casa. dejáronse oír en el corredor voces y ruido de gente. ted no cree que yo pueda encontrar en mí la magnanimidad suficiente acabar mis días de preceptor en casa de un comerciante o morirme de L. ¿Soy yo un hombre ruin.. con VOZ tajante—. muy íntimo de él. garrapateado con lápiz. forastero. en tanto hablaba. ¿Qué me importa a mi t ella se desviva por culpa de Nikólenka?36 Je m ‘en fiche. aunque usted hace un n. Acaba de llegar. El sombrero y el bastón teníalos allí.. encima de la r:: debajo de ese libro.. por no poder contestarle afirmativamente. echándomelo sobre los dé hombros. y no personalmente. además.. observé de que. Que me lo confiesen todo. Yo le insté para que bebiese un poco de agua. entonces es posible yo asombre a toda una generación con mi magnanimidad. —Es Liputin. y de buena gana dejaría de. —Oh. le he exigido a ella que me reciba en el acto. debajo de L’homme qui nl. G. al parecer. no he de tener fuerza moral bastante para.. p conducto de Nastasia.0v (mi apellido).. no quiero de secretos. Je m ‘en fiche! ¡Tiene ánimos para preocupare por Karmazínov y no responde a mis cartas! Aquí tiene usted una carta r sin abrir. pero sin soltar de la mano el sombrero y el baston y sin advertirlo. Quiero que Daria Pávlovna ma me explique todo por su propia boca y delante de todo el mundo. aunque se t:_.” Stepán Trofimovich. es que usted puede figurarse que y Stepán Verjovenskii.

Se levantó. cuatro años. putin lo ha visto y lo toma a burla. y otra vez volv rebullirse. Él se limita a recoger observaciones. El ingeniero mostraba una agitación extraña. el señor Kii lov con cierta dignidad—. lo siento mucho —dijo Stepán Trofimovich. hasta su parte moral no desde luego.. Yo llevo cuatro años de apenas ver g te. ha pasado tanto tiempo en el extranjero. estúpidamente.Cómo? ¿Qué dice usted?. Pero usted ha procedido a. Llega en él a resultac sorprendentes. al sentirlo llegar?” y Estábamos los dos junto a la puerta. No estoy ofendido. Durante más de cuatro años rehusé hablar y encontrarme con nadie.. Pero usted no tiene deree a eso. Liputin se frotaba las manos entusiasmado por la feliz arenga de Stepán Trofimovich. El ingeniero escuchaba con una sonrisa pálida y despectiva. rehuyendo. no es en modo alguno porque tema vayan ustedes a denunciarme a las autoridades.. según ha dicho. que ya están resueli del todo. el trato de la gente. —Lo estudia. estrechándole la mano de buen grado y aprisa—. Era el instante en que el dueño de la casa y sus huéspedes intercambiaban las últimas y más afectuosas palabras. brusco. Liputin estaba visiblemente complacido. no tuve t----alguno para estudiarlo! —declaró de nuevo el ingeniero. ya ha comenzado a tudiarlo y ha escrito un curiosísimo artículo sobre las causas concomitan de los casos de suicidio en Rusia. es más: soslaya esa parte moral. —Puede que haya incurrido en culpa y que esté equivocado al califil de artículo su labor literaria. desconcertado.. Yo no hago tonterías. eso quiere decir que nos vayamos! —dijo el señor Kirillov. y de repente prorrumpió en la más jovial y clara risa. olvidándose de Rusia. mejor dicho. en el diván. —Y es posible que haga usted muy bien —Stepán Trofimovich pudo contenerse. No hay nada artículo. cogiendo el sombrero—. ha de miramos. porque yo me olvido de las cosas. limitándonos a miramos. y al mismo tiempo dice que sustenta el principio de la destrucción universal.. allá usted.. Yo no discuto acerca de esos temas. y a mí parecióme que le sentaba muy bien. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 71 —AYo tampoco conozco en absoluto al pueblo ruso y. por favor.36 Diminutivo despectivo de Nikolai. Yo tengo a menos hablar. ¡Pues no le encargarán la construcción de la vía férrea! —. y con aire cándido y la mano tendida llegóse a Stepán Trofimovich —Siento que no esté usted bien y haber venido. Hasta el propio Liputin se olvidó de su risita.. Si yo. Me chocan las discusiones. —Le deseo a usted toda clase de triunfos entre nosotros.. sin duda a nosotros. Kirillov. Por un r nuto todos callaron. pero aquí no estoy enfadado con nadie —continuÓ huésped con atropellado hablar—.toma. Aléksieyi Nilich va más lejos que todos. para mí resulta clara. . sino simplemente contrariado por la libertad que a... Mais cela passera. sin querer. Nunca me gustó discutir.. diablo! —exclamó. pero ta la esencia del problema o. y lo mismo a usted nosotros. Por un instante asumió su rostro la más infantil expresión.. Si go una convicción. Yo no hacía más que decirme con asombro: “.Por qué Stepán Trofimovich le tendrá ese miedo a Liputin y por qué gritaría: ‘¡Estoy perdido!’. enteramente de improviso.. con extrañeza. en general.. —Usted perdone.. y se separaban contentos.. Sólo una cosa me preocupa: usted quiere construir nuestro ferrocarril. más de lo que pidieron en el último Congreso de la 1 En este sentido. —respondió Stepán Trofimovich. levantándose resueltam te del diván—.. finalmente.. Pero no me siento bien de salud y estoy quebrantado.. pero a aquellas palabras ya nadie respondió.. de las causas de que menten o disminuyan los suicidios en la sociedad. Está bien que lo haya dicho. y. —Pero usted no tiene el menor derecho —balbuccó iracundo—. Yo lo comprendo y hago caso . aunque sostiene el novísi principio de la general destrucción en aras de buenos y definitivos f Reclama más de cien millones de cabezas para la implantación del s común en Europa.. incurran en la necedad de pensarlo. rusos arraigados. porque yo nunca hablo con nadie. en atención a sus fines. Y si a usted no le expongo mis ideas —terminó inopinadamente mirándonos a todos con entereza—. Stepán Trofímovich quedó con la palabra interrumpida.-. Dispénseme. impensadamente. le expuse a usted nos puntos de vista y usted exagera. Yo le hice a usted fidencialmente unas preguntas. Yo he escrito semejante artículo. 70 FEDOR M. y. ¡Ah. nada de eso... yo no escribo y usted no tiene el menor derecho.. lo estudia —encareció Liputin—. atención a mis fines. —Todo eso es estúpido. de que no hay para qué hablar ahora. Comprendo que si usted. Liputin —declaró. Señor.

. Liputin? Eso es estúpido. —Pero si es un tunante! —1Como si entre nosotros no pudiera haberlos! —dijo... le contaría a usted. yo repito lo que él mismo dice cuando está borracho. para contársela. Según parece. Lebíadkin es un idiota y un hombre completamente huero. no sólo está loca. ése mismo. desapareció de aquí. colérico.. a su hermana. y enteramente innecesario. antes se titulaba simplemente Capitan de Estado Mayor. hace semana y media iba cc pies descalzos. y él la “ entrar en razón” con la nagaika. al ingeniero... que del mío no hablo? —Es estúpido.. Bueno.. seguramente. rELfl.I —jBah! ¿Qué me importa a mí su graduación? ¿Qué hermana ésa?. después de t estoy enteramente de acuerdo con usted respecto a los tunantes. sencillamente. del suyo. pues otra vez será. y por eso el señor Lebíadl desde hace ya muchos años.. F que tiene dinero. la nobleza de los impulsos del corazón. Además... para la acción inútil y.. todos los días. putin. se encogió de hombros y salió del piso. LOS DEMONIOS 73 El ingeniero frunció el ceño. se puso colorado. Stepán Trofimovich. en casa de Virguinskii? —Pero si a ése lo cogieron por hacer moneda falsa! —Pues ha vuelto ya va a hacer tres semanas. Por lo que hace a su hermana. ahí tiene usted toda la historia que parece como si se asustase usted. con eso? ¡Porque usted. por modestia. que está loca. A su hermana le dan todos los días no sé qué ataques. y los dos tuvieron un altercado violento —añadió Lipu —Per ¿por qué habla usted tanto. la sedujo no sé quién. así. alardea. por la mañana y por la noche.. —Lebíadkin! Pues un capitán retirado. sino que es c además.. se ha n al pabellón. y ahora... ya que Aléksieyi Nilich tiene tanta prisa. ¿Por qué? _-dijo Aléksieyi Nilich. UUIUIItVF. —Ah. p: visto. le pega con el latigo con una verdadera nagaika de cosaco.. que eso se arregla mucho más barato. ¿Por qué surgen ahora. Yo me voy. marcialmente estético...)n. secretos!... de pronto. de pronto. es decir. ¡hasta la vista! —Su hermana? ¿Enferma? ¿Con la nagaika? —exclamó Stepán Trofimovjch cual si de pronto le hubiesen dado a él también con el látigo—. —exclamó Stepán Trofimovi sin poder contenerse. Aunque para mí todo eso es verborrea de borrac Sencillamente.. —Ay Dios mío.. indudablemente. El capitán Lebíadkin.. que al parecer se ocultaba en un lugar do. Stepán Trofimovich fue y se abalanzó sobre él. eran c dos de Petersburgo. de todo punto nocivo. pero ahora ya ha vuelto con ella. a cada instante está queriendo cir algo! —Pero si todo eso son futesas. Si no. lo cogió por un hombro. ¿Por qué habla usted tanto?. —Ese mismo es “nuestro” Lebíadkin. _tPor qué ocultar. aunque. por decirlo así.. pero mal gusto..” No comprendo cómo Schátov sigue viviendo en el de arriba. percibe una cantidad del seductor como nización por la ofensa inferida al honor de la familia. deduce de su charla. para reventar! ¡Hasta la vista! Pero. s todo con usted! Pero ¿qué más? ¿Qué más? ¿Qué ha querido usted L.. ya la conocerá usted. —Misterios. no por falsificar moneda. Liputin —refunfuñó aquél. una anécdota que le haría reír. —Habla usted mucho. yo no me refería a eso. Aléksieyi Nilich sólo estuvo con ellos tres días. “A las mujeres —dice— hay que i dirles respeto. entre n_.Será verdad todo eso? —inquirió Stepán Trofimovich. lo metió violentamente . por lo r.. _Aléksieyi Nilich hasta le quitó una vez de las manos la nagaika y la tiró por la ventana. sino únicamente buscar a esta hermana suya. dispone de . LVI. —. pero ahora. para estar más tranquilo.. diri... Es más: con esa intención vine. ¿No se acuerda ted. y con sus ojillos maliciosos parecía sondear el i rior de Stepán Trofimovich. tros tantos misterios y tantos secretos?. ¿Que hermana es ésa? ¿Quién es ese Lebíadkin? Tornóle en un momento el susto de hacía poco. ¡A Varvara Petrovna se refiere la anécdota que me hizo reír anteayer.. qué lástima! —exclamó Liputin con clara sonrisa—. rublos. que sereno se c Es un hombre irascible y. y de un modo n particu lar. Dios mío. es absolutamente cierto.. Y Aléksieyi Nilich se ha mudado a un pabellón de la misma casa para no verlo Pero bueno. Stepán Trofimovich! Por lo c. volviéndose por un momento. volviéndose cuando ya estaba casi fuera del cuarto y como quien dice al vuelo— porque ha tenido no sé qué disgusto con el capitán Lebíadkin por culpa de la hermana..—Está hoy de tan mal humor -dijo Liputin. Quiero decir que el tal capitán.. que mandó llamarme. yo mismo he podido verlo. Hasta la vista. en esto... ¿dice usted Lebíadkin? Pero si entre nosotros había Lebíadkin. echándose a reír. aunque.

. Por favor. exactamente.. sencillamente. fijese usted. se puso encarnada. “Usted recordará —me dice— que hace cuatro años Nikolai V dovich. empiece. para rebajarse hasta el extremo de pedirle el secreto? ¿Qué le parece? ¿No ha tenido usted noticias inesperadas de Nikolai Vsevolódovich? —No sé. con un tono muy serio: “Yo quiero —dice— que usted me comprenda y sin error alguno.” Bueno. (Tales fueron. ¿Cuáles no deben de ser su agitación y su inquiet para que se haya dirigido. fue a verlo a usted a inst mías. Le sup usted.en el cuarto y lo hizo sentar en una silla. y ayer. no sólo más que nosotros. Sale.. ¿qué tal? —Usted. además. Noticia alguna.. le haré observar a usted... para decir alguna ruindad como ésa y. franca e ingenuamente. Todo lo cual ha tenido que influir carácter. sino más que cuanto nosotros pudiéramos saber nunca —Por favor.. alegría. se asustó. —balbuceó Stepán Trofimovich—. Liputin.. cómo usted. Liputin.. a un hombre como yo. sus palabras. me promete no olvidar unca que yo le estoy hablando confidencialmente. Stepán Trofimovich! —balbuceó Liputin como sobrecogido de un miedo horrible—. y pareció perder el tino.. y me resisto a creer. con lento que tiene... me enviaron a mi casa a un hombre: “Le r’ a usted que esté allí mañana a las doce.. Pero volvió a empezar. —Cállese y siga! ¡Yo le ruego vivamente.. El ingeniero. hasta que todo se puso en claro. siga adelante. puede usted contar con °ue de ahora en adelante en absoluto me tendrá siempre dispuesta a servirle cuanto pueda. —balbuceó Stepán Trofimovich.. cierto rumbo de pensamientos. Pero. de pronto.. y solemnemente dejóse caer en i.. tanto VI De pronto. ha. con n. estoy allá tirando de la campa Me conducen a la sala. —Pues verá usted —dijo. de otro ir ¿cómo voy a estar yo sentado y usted delante? De la emoción se va a. Pero sí puede habe extraño. y si. hosco. me diga en s toda la verdad. los miraba a ambos.. lo que le está una madre.. que hasta hizo una pausa minuto justo y.. ner a dar carreras.. Liputin. Miró. señor Kirillov. tanto. porque lo tengo a uste hombre listo e inteligente. cómo encontró usted entonces a Nicolai Vsevolódovich.. qué opinión tiene de él ahora9 —Aquí ya se atascó del todo. algo todavía peor! En un momento me acordé de su inquietud porque Liputin supiese de nuestro asunto. capaz. que era evidente no podía coordinar sus pensamientos—. que se hallaba enfermo. fijese usted!.. sin rodeos. sin ambages. usted sabe harto bien que sólo ha venido aquí a eso.. Me ha desconcertado usted. LOS DEMONIOS 75 —Pero haga el favor de sentarse usted también.... Sé también que antes de eso ya habían hablado ustedes varias v Dígame usted. que a ella eso no le sienta.. que vuelva y no se vaya. que no le creo. Stepán Trofimovich se contuvo.. Fue y me mandó llamar de pronto y me preguntó “confidencialmente” cuál era mi opinión personal.... se lo ruego vivamente! Siéntese usted. le dicen a Usted! tin. de formarse una opinión más independiente.. sin duda. —Liputin. hace tres días. es decir. ¿No es para asombrarse? —iUsted sí que está loco! —balbuceó Stepán Trofimovich. pero le haré observar a usted. y. ¿Estaría loco Nikolai Vsevolódovich o estaría en su juicio?. Claro que yo no hablo de locura. Llevo varios días sin verla. y usted un extraño. usted me hace tal impresión. capaz de hacer una observación exacta ( cumplidos!). Yo me asusté. Nikolai Vsevolódovich ha experimentado en la vida a desgracias y muchas vicisitudes.. cual si no hubiese oído a Stepán Trofimovich—. ¡Usted sabe cómo me ha do siempre! Va derecho al asunto. y sin el menor rodeo! —De haber sabido que iba a hacerle a usted tanta impresión. luego que se restableció. desde semejante altura. Eso no está bien. a la hora en punto. me hacen aguardar un minuto. esas rarezas le afectó a usted personalmente.. yo he advertido en él 1’ qué constante desasosiego y un ansia de abandonarse a tendencias les.. He mandado ahora llamarlo... ¡Pero yo pensaba que ya lo sabría usted por la misma Varvara Petrovna! —jUsted no pensaba nada de eso! ¡Pero empiece. —aquí titubed poco—. tenía la vista fija en el suelo. no con acento patético. ¿Qué juicio se formó ustej d y. tan toda la ciudad anduvo perpleja. 4 impresión le hizo a usted en general?. —No. . por Dios. que si le dicen a usted confidencialmente una cosa y usted va y delante de todo el mundo... además. especial.. Nikolai Vsevolódovi aquella ocasión. porque. según su costumbre de r pre.. —No sé por dónde empezar.. se sien sentó frente a mí. incluso. Liputin.. una señora de mucho talento!) Por lo menos. y yo admiraL exactitud con que Varvara Petrovna acertaba a explicarme el asunto.. Usted —dice— comprende.. finalmente —así lo dijo: le suplico—. —insistió Liputin. mirando con mucho tiento a Stepán Trofimovich—. ¡eso no es posible de & manera! —esto lo dijo con firmeza y orgullo—. cometió algunas excentricidades. tendencia a cierta o ción personal. no hubiera dicho una palabra. Pero yo soy madre de él. ¡Pero usted.” ¿Puede usted imaginarse? dejo todo.

. Estábamo la taberna Filíppova.. sobre todo. se queda pensativo. irritado—.. o. es usted un espía. —tEs cierto? —inquirió Stepán Trofimovich. a cualquiera que se le pregunte. Stepán Trofimovich miraba con perplejidad a ambos contendientes. en todo caso. “Sí —dijo—. Anoche. es decir. _Aléksieyi Nilich conoce harto bien a Nikolai Vsevolódovich —conti0 UÓ. está loco.. de eso podría usted informarse por Aléksieyi Nilich. a su modo. a qué se parece en lo estúpido el c tán Lebíadkin. lo que era su maniobra favorita. y aunque luej— haya tratado. en el transcurso de los años. —Yo preferiría no hablar de esto —respondió Aléksieyi Nilich. efectivamente. mencionar un caso sumamente extraño. que era un individuo de fino talento y juicio sano. por consiguiente. no lo dijo. ni merece la pena gastarse con él el dine pesar de todos sus secretos. sólo que eso no puede fluir. respecto a lo que usted preguntaba del capitán Lebíadkin. loco.. Pero u no puede creer. le convidaré para que se vaya de la lengua y me cuente. y.. no le he dicho a usted toda mi opinión. en absoluto. y no yo a él.. y no le creo lo más mínimo! —Pero ¿qué dice usted? Si yo estoy más interesado que nadie. naturalmente le doy a usted aquí más que un extracto de sus palabras. señor! Y que Dios me castigue si. aun incluyendo a Aléksieyi Nihich? —No comparto su opinión. Pero aquí.. que para mí no tienen importancia. sólo que eso no puede fluir. ¿No ve usted que me han prometido gratitud eterna? Y precisamente quería yo. que hace el cuarto. —Yo no lo emborraché. y. Al contrario: fue él quien se gastó el d cuando hace doce días vino a yerme para pedirme quince copecs y me vidó champaña.. También a él (siempre el influjo de ayer y después de mi conversación con Aléksieyi Ni’ “Vamos a ver —le digo—. ¿qué de particular tiene? ¿Acaso somos nosotros unos extraños. pronto le hubiese yo dado un latigazo en plena espalda sin su permii sencillamente. para tirarle de la lengua. hay una comparación rusa que denota el r pues bien. no andaban con cumplidos. cuando ni remotamente pensaba en hacernos felices con su venida. “Sí —dijo——. dio un brinco. ni más ni menos que ahora: “Sí —dice—.. Y sólo al cabo de media hora fue y dio de prontc puñetazo en la mesa.Y de qué le conoce Lebíadkin? —Oh. además. —Yo no sé nada.” Sobre qué hubiera de influir. a veces parecía algo raro. Aléksieyi 1’ eso de meterse a criticar poniéndose al margen de la cuestión. ¡le temo. pero A lh yi Nilich lo sabe todo al dedillo y se calla.•. Stepán Trofimovich. Los dos se entregaban ellos mismos. sólo que lo disimula. Liputin. Liputin alzó los brazos. mucho talento.. A mí parecíame que Liputin había llevado allí al tal Aléksieyi Nilich con la intención de obligarle a hablar de lo que él quería delante de tercera persoa. Nuestro príncipe. si es ciso. Pero me ha dado usted una idea.” Stepán Trofimovich permanecía pensativo y recapacitaba intensame —1. Usted no tiene derecho a mezclarme a mí en este asunto. Figúrese usted: Aléksieyi Nilich. de locura?” En una palabra: que le repetí la pregunta de Varvara Petrovna... hará cinco o seis años. sin duda que nosotros tres guardaremos el secreto. capitán: ¿qué le parece a usted? ¿Estará Ir serpiente astuta o no lo estará?” ¿Lo creerá usted? No parecía sino ç. Yo. Pero. Usted hizo beber a Lebíadkin hasta r rracharlo. aunque antes nunca se le hubiera ocurrido.” Y tampoco aquella vez explicó lo del influjo. Le ruego a que no me inmiscuya. porque mire: es estúpido como. también se considera ofendido por Nikolai Vsevolódovich. “Pero ¿no le notó usted —digo—. “Sí —dijo—. 39 Bez evó pozvolenia. lo es. sí. me dirigí a Aléksieyi Nihich con una pregunta lejana: “Usted —le digo—. si así cabe expresarse de la vida de Nikolai Vsevolódovich. más bien psicológico que simplemente extraño. no sé nada. Voy a contradecir su derecho. algo así como extravío de ideas o un giro especial de pensamiento. aunqu sé si para usted la tendrán.. “Me desconcierta —dice— este hombr una sierpe astuta” —son palabras textuales—.. que se inclina ante su ingenio. por decirlo así. muy poco —respondió el ingen con su constante nerviosidad—. Yo. —iChismoso yo! ¿Por qué no decir espía? Está bien. bajo el influjo de la conversación con Varvara Petrovna (ya puede usted figurarse la impresión que me haría).. antes que todos nosotros. fue hace ya mucho tiempo. en esa época poco conocida.. de pronto. tan pensativo. tanto en el extranjero como en Petersburgo. ¿conoció ya de antes a Nikolai Vsevolódovich? ¿Qué opinión le mereció a usted respecto a inteligencia y aptitudes?” Pero él me contestó lacónicamente.. alzando de pronto la frente y echando fuego por sus ojillos—. Yo soy espía y. que hasta se le pasó la borrachera.. todos secretos —repuso Liputin con acritud. que 1 un momento me puso de espía. y luego fue y se q pensativo. idea se comprende. fuerza es inferirlo. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 77 conociera en Petersburgo. pero es posible que también esté enajenado. a propósito de esto. como haciendo protesta de inocencia. sí. esa idea. y. También a mí me ha traído aquí j eso..—Confidencialmcnte.. frunciendo el ceño. éste lo conoció en Petersburgo.” Fíjese usted: cuando a Aléksieyi Nilich puede parecerle algo raro. se trataba entonces con . para que hablase. todo esto parece chismorreo. en seguida se le . pero mire t. o algo. pero a usted. conozco poquísimo a Nikolai Stavroguin.. es que. y. Así que. da vergüenza decir Ii qué extremo es estúpido.. Aunque yo lo 76 FEDOR M. encarándose con AlékS leyi Nihich.

. porque yo los considero a tedes como amigos —volvió a un lado y a otro los ojillos con ingenua presión—. lo que no tendría nada de raro.” Lebíadkin también.. y que es.. —Tenga cuidado. Pero éste. se exprese de ese modo y que por Su Excelencia.. digna de toda fe. ¡Es el cebo! Y lo principal: siempre anda entre mujeres: mariposones y gallos bravos son. y considero una villanía.. a la que le arrean con el látigo. sonrisa de bochorno y desolaciÓn absoluta. no estuviese loca y no fuera coja además. Porque para que vea usted: si esa mademoiselle Lebíadnika. VII stepán Trofimovich quedóse un momento en pie pensativo.cierta gente bastante rara en Petersburgo. fíjese usted. y usted un villano!. con una mujercita linda y joven. ésa es una duda lamentable! Alguna equivocación. en evidentes intimidades q Nikolai Vsevolódovich. le da un bofetón en los carrillos. que no habían sido tresci tos. y a Varvara Petrovna la tranquilicé ayer. 7tt FEDOR M. en lo de los setecientos rublos.” ¡Ah. y que por esta razón había sufrido el capitan Lebíadkin “en su dignidad familiar”. por ejemplo. al mismo tiempo. Usted dirá que éstos son chismes. en nombre de Nikolai Vsevolódovich.. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 79 yo grito cuando ya todo el mundo dama. Está bien que usted. pensaría yo también que.. aunque para él no es obstáculo. ¿es que va usted a ir otra vez allá? Piense usted en lo que puede resultar. figúrense ustedes. por decirlo así.. como usted quiera... recibió la noticia exactísima. ¡E:. Sólo que eso desmentiría su gusto exquisito. —Paso hasta porque sea un desatino. —No le crea usted. y con sentimiento lo escu9 porque. en una palabra. por eso me dirijo a usted. y hablo por mí. —SEso es en usted una ruindad. y. le enviaron. con la mía? Si tropiezan con un hombre plenam magnánimo.: hizo. —Tenga cuidado. por consiguiente. o agraviar a una mujer casada. estando en Suiza. y yo no hago más que escuc asentir.. sí! Usted puede servir de testigo. y luego. Entonces fue también. Liputin. —Pero a mí eso ¿qué me importa? Yo soy el primero en gritar que es un hombre de inteligencia finísima y refinadísima. había sido víctima de la pasión de nuestro general. “Pero de su carácter —le dije— no puedo responder. delante de todo el mundo. cuando conoció a Aléksieyi Nilich. Al cruzar la puerta percatóse de que yo lo acompañaba. Stepán Trofimovich. Cargan con. y ¡. por Dios. y va tando por las calles. asentir no está prohibido... y. de un extraño . se aclarará. Ha dado la casualidad. diciéndoselo así. amenaza con hacerlo así. —Esa. Hijos de terratenientes con alitas. anoche: “Su carácter me ha hecho sufrir. “Usted —dijo— está personalmente interesado en el asunto.. Con lamentable y trastornada sonrisa. y quiere nunciarla a la policía. —Pero ¿qué le pasa a usted? ¡Si yo lo acompaño! —azoróse L: saltó de la silla y echó a correr en seguimiento de Aléksieyi Nilich. de l’accident. y me dijo: _Ah. según parece. y suavemente salióse del cuarto. ¿y no es eso lo mismo que si toda la ciudad clamase? ¿Ç culpa tengo yo? Yo hablo aquí entre amigos. una modesta huérfana. sino mil. pero yo no puedo más.. solterón empedernido. del modo q. cierre la puerta con llave para que no entre nuestro príncipe. Pero mire usted: Varvara Petrovna fue derecha ayer a dar en el mismo blanco. como él mismo dice. Liputin! . un desatino. está bien que diga usted que soy un chismoso y hasta un espía. con sólo que se le antoje.. los rublos que le habían enviado. s tando de pronto de la silla.” ¡No faltaba más que así no fuera! ¡Qué menos podía hacer cuando tuve que aguantarle un insulto delante de la gente! A la cuenta.. por lo menos. Hoy le estrechará usted la mano.. —tQue todo el mundo dama? ¿Qué es lo que dama todo el mundo1 —Quiero decir que el capitán Lebíadkin va vociferando borracho toda la ciudad. y. cuando ya se ha enterado de todo por mí y hasta con curiosidad desmesurada!. también he tenido que soportar eso. y levante barricadas en la propia casa. sino mil. y no me intereso en la cosa por mera chismorrería... todo. diré por conducto de quién. aunque también se trata de una nobilísima sona y. trescientos rublos para que se los entregase al capitán bíadkin. Pero si se casase usted. Stepán Trofimovich. mero.. no le crea usted! Se trata de un error. me miró como sin yerme. cogió su sombrero y su bastón. con tal que les coja a punto. en pago de su hospitalidad. Pechórines4° devoradores de corazones. de parte de una nobilísij señorita... algún tiempo después. de que no habían sido tresc tos.. pero 40 Protagonista de una obra de Liermontov: El héroe de nuestro tiempo. Vous m ‘acfl ‘est-ce pas? —Stepán Troflmovich. “iDe modo que —i Lebíadkin— esa señorita me ha estafado setecientos rublos! “. Pero ¿a Su Excelencia qué le importa deshonri una señorita nobilísima. y Lebía es un borracho —exclamó el ingeniero con indescriptible emoción—. le obligan a cubrir con su honrado nombre pecados ajenos. basta! Salióse aprisa del cuarto. me ponga de espía. —dijo Stepán Trofimovich. como los amorcillos antiguos. según parece. —Pero si usted mismo es esa nobilísima persona que le aseguró a bíadkin. una ruindad! —dijo el ingeniero. le prevengo que Nikolai Vsevolódovich está al venir y sabrá volver por sus fueros. a la que ten honor de conocer. los rublos que le habían enviado! El capitán me lo ha cont todo en su borrachera. y mañana. ya que todavía está usted tan juvenil. tengo mis razones. levantánd del asiento y poniéndose pálido. de que a Su ExceL cia. pero esa nobilísima señorita está mezclada.

—i.. Yo no quise dejarlo. ni siquiera liputinesca. qui est si grand el si bon! se acuerda usted de su relato de cómo Colón había descubierto América todos habían prorrumpido en gritos: “Tierra. era proferida delante de mí. por fin. deteniéndose un momento: —Yo no puedo casarme por “pecados ajenos”. pasos. con todo su buen corazón y. ¡Dios. dice que yo después tenía fiebre por las noches y en el sueño taba “Tierra.. cunada sobre la silla—. y siguió camino adelante.. pero yo sé que la tiíta miente. yo. pero ahora resaltaba claro que él había pensado todo eso aun antes de ver a Liputin. sabe todo. Yo recordé en aquel momento lo que oyera de que se había puesto e enferma cuando de once años se la llevaron a Petersburgo. Mavrikii Nikoláyevi qué fe me infundía en aquel tiempo en Dieu. como una música. —jPero si es él! Stepán Trofimovich. vayan allá en seguida! —gritó alto y jovialmente—. Stepán Trofimovich. —Usted. me dijo. Mire usted: esa seña . La miró como en éxtasis y no pudo articular palabra. no se inquiete u ted por Mavrikii Nikoláyevich.? El aya.colas. y que éste no había hecho otra cosa que confirmar sus sospechas y echar leña al fuego. puede usted llorar sobre sus hombros cuando guste. irremisiblemente. Sig siendo la misma tiíta de siempre: mala. Ésas eran las palabras que yo aguardaba. Stepán Trofimovi por lo visto es usted otra vez desgraciado. mediante aquella boda con un hombre honrado. La despótica manera de conducirse de Varvara Petrovna sólo se la explicaba por su deseo de tapar cuanto antes. pero si no ha cambiado nada! —lo examinaba.Quién me tranquilizaría?”. conduciéndolo a la fuerza a casa. Yo estaba decididamente fuera de mí. y yo se lo explicaré a usted todo —dije. hace ni cho tiempo. y en seguida lo conocí. quíteselo del todo un in tante. Considero esto un milagro.La tiíta lo ha ofendido? —prosiguió ella sin escucharle—. Pero ¿se acuerda usted cuando se me echó usted en los b zos. pero qué bien me mentía él entonces. alce la cabeza. ¿Por qué mira us de ese modo a Mavrikii Nikoláyevich? Es el hombre mejor y más leal todo el globo terráqueo. antes de oír a Liputin? Me miró sin contestar. pero todo lo de usted.. Nosotros no habíamos visto nada. vil pensamiento ha podido ocurrírsele a usted. injusta y eternamente inaprecial para nosotros. Yo hace un instante gritaba: “j.. cuan oí su voz. 11 faut tout ce que fe veux! Pero. como la última vez. sin tener aún para ello base alguna. —Oh Dieu. después de haber andado unos cien —Vamos en seguida a casa. qui est ki haul el qui est si grand et si bon! M usted: yo me sé de memoria todas sus lecciones. Por fin. y también hay canas. tierra!” ¿Y recuerda usted cuando me contó la historia Hamiel? ¿Y se acuerda de la descripción que me hacía de los pobres ei grantes que van de Europa a América? Y nada de eso era verdad: luego sabido cómo hacen la travesía.. cuando en mitad de la calle pone a gritar eso de quién le daría la paz? ¿Es usted desgraciado? ¿Sí? —Ahora soy dichoso. FEDOR M. los nobles pecadillos de su inapreciable Ni. Le habría perdonado que hubiese dado fe a las palabras de Liputin por su femenil pusilanimidad. póngase de puntillas. —Pero ¿tan sucio.entusiasmo.41 entusiasmado se ha puesto al yerme! Pero ¿por qué ha dejado usted p dos semanas sin ir a yerme? La tiíta asegura que estaba usted enferma que no era posible molestarlo. tierra!”. y yo me puse a consolarlo y a llorar? Sí. después de toda una semana de vacilación y titubeo. —balbuceó él. que él estará en pie todo el tiempo.. Ma kii Nikoláyevich. con su eterno acompañante. que fuese usted primero a yerme. deteniéndose de pronto.. que quiero darle un besito en frente. en su enferr dad lloraba y preguntaba por Stepán Trofimovich. a nuestro lado. Hacía doce años que no lo veía. ¿es usted? ¿Usted? —vibró una voz fresca.. y usted no tendrá más remedio que quererlo tal como yo.. Detuvo el caballo. pero yo quería irrem’ blemente. qui es! si grand e! si bon! ¡Oh. cuando nos despedimos. que se me ocultaba. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 81 —Me ha conocido y se ha alegrado! ¡Mavrikii Nikoláyevích. esa frase secreta. Alío Frolovna. con todo su luminoso talento. Yo no ha más que dar pataditas en el suelo y reñirle a usted. mientras que él.. Quería ser testigo de su entrevista con Varvara Petrovna. que hay aquí unas arruguitas. y de pronto surgió junto a nosotros una amazona. y por eso mandaba buscarlo. tan. juvenil. sonora. con voz entrecortada de ah rozo—.. en el jardín.. palomito. tes que no acaba usted de conocerme? 1 Stepan Trofimovich cogió la mano que ella le tendiera y unciosamente a beso. muchas arruguitas en torno de los ojo en los carrillos.. —En Dieu! En Dieu. etje commence ¿i croire. quién me tranquilizaría! —exclamó. —Vayan. Pero. pero los ojos son los mismos! ¡Yo que he cambiado! 6He cambiado? Pero ¿por qué está usted tan silencioso. casi era aquello mejor que la verdad. ¡Se conserva igual hasta un extremo ridículo! ¡ no. Yo anhelaba que recibiera irremisiblemente su castigo. Lizaveta Nikoláyevna. No había tenido reparo en sospechar de la muchacha desde el primer día. Quítese el sombrero..

incesante. siempre me pondré t.. s duda. más cerca! Dios. c yataganes cruzados. morena y chupada de c ¡pero había algo en aquel rostro que avasallaba y seducía! Cierto r emanaba de la mirada ardiente de sus ojos negros. en instantes como éstos. y encima de ellos un puñal . guapo y de un aspecto irreprochable. Yo habría querido traerle a usted un pastel en vez de un ramo. Efectivamente. según me parecía a mí entonces. . años. une minute de bonheur! No habrían transcurrido más de diez minutos. no sé con qué objeto. Por lo demás. de la que todo el mundo se percataba al momento de haberlo conocido. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 83 los calmucos: oblicuos. Dieu! —exclamaba—. ¡Bueno. se presentaba vencedora y para vencer”. nervioso. empieza otra. pero Mavrikii Nikoláyevich me asegura que eso no se estila en Rusia. stepán TrofimOvich se sentó en el diván y rompió a llorar. tiene usted ahí col mi retrato! ¡Démelo acá. estaba enferma. en agitación. pero flexible y fuerte. las Drózdoves casi no habían empezado todavía a hacer visitas. luego otra se acaba. donde todo el invierno hay ramos de flores para los disantos. por su orgullo.. por ser parienta de la gobernadora. Nosotros nos volvimos a casa. cuando. hombre de ciencia? Yo toda la vida pensé ç Dios lo sabe. muchos anhelos magníficos y los más justos principios. ¡Oh! La Pobrecilla sufría mucho.. dentro de un instante. Conque váyase usted y dispóngase a recibirme allí. ra. en inquietud. —Aquí tiene usted este ramilletito. parece como si no estuviese nada contenta ra. era su desasosiego morboso. hasta chocaba por la irregularidad de sus facciones. Empieza una tL. diole un beso en la frente. no puedo mirarlo —volvió a sentarse en el divá Se acabó una vida. pero eso era enteramente injusto. Por lo demás. hace un instante estuve en casa de madame Chevalier. había olvidado su promesa de presei tarme. —Por qué yo. y. y con este motivo comentaban cáusticamente su enfermedad. y en ocasiones hasta no sé conseguiría ser buena._-Dieu.. a ser amigos. Alta. Ahora. Tenía los ojos como los de 41 Mauricio. efectivamente. En aquel temperamento había. no obstante su maravillosa y dehicadísima bondad. ofendiese a la gente. y mire usted. pero todo ella parecía buscar eternamente su equilibrio y no encontrarlo. más cerca.. huesuda.. en el caos. p:. me habría de poner muy alegre cuando lo viese a usted y lo recordase. Y se alejó al galope con su caballero. Desde entonces estaba allí colgado de la pared. ¡Ay Dios. Es posible que ella se impusiese h to severas exigencias. a los ci.. Sentóse en el diván y examinó con la mirada la habitación. ya algunas veces había fijado en mí la vista. Todos los finales parecen cortados a cuchill ¡Mire qué cosas más viejas estoy diciendo. estaré allá. todos sabían ya que montaba a caballo por prescripClon del médico. Stepán Trofimovich. no asentían a aquellas ponderaciones.. El tal Mavrikii Nikoláyevich era un capitán de artillería. y con el retrato en la mano fue a mirarse en el espejo. acompañada de Mavrikii Nikoláyevich. de treinta y tres años.. todo L.ta OS está mirando desde la ventana... luego. En seguidita. al recordar el pasado. es natural que la aparición de Lizaveta Nikoláyevna montando a caballo y absteniéndose de visitar a nadie. Entre nosotros hasta entonces no había habido amazonas. era pálida. No lo r’ gue usted ahora. lo recuerdo! Aquel excelente retrato en miniatura a la acuarela. en su emoción.. so terco. habíanselo enviado las Drózdoves a Stepán Trofimovich desde Peter burgo haría nueve años. —Pero ¿por qué ha colgado usted mi retrato debajo de esos puñale ¿Y por qué tiene usted aquí tantos puñales y sables? Tenía. _—Vous et le bonheur. en tercero. —Pronto. despechadas. usted y Mavrikii. a primera vista. en primer lugar. pero sí sé que lo deseaba enormemente y que se L turaba esforzándose por ser algo buena. adusta. Hasta Pudiera ser más bien fea del todo. Parecía orgullosa. y no buscaba amistades. Toda la ciudad hablaba ya de su belleza. ahora a su casa! Yo sé dónde vive usted. 82 FEDOR M. levantándose para recibirla. era taciturno. el enfermizo estado de Praskovia Ivánovna. tómelo! —exclamó. Había también algunas que odiaban ya a Lizaveta Nikoláyevna. sonriendo. de Liza. colgados de la pared. aunque algunas de nuestras señoras y señoritas. Lo que más resaltaba en ella a la primera mirada. Enfin. devolviéndole el retrato—. parecía muy apático. que lo recuerdo. Decían luego muchos de nosotros que era hombre de cortos alcances. y así hasta el infinito. No me detendré a describir la belleza de Lizaveta Nikoláyevna. a pesar de lo que lo quiero a usted. pero qué justas son! Me miró. de alta estatura. con una fisonomia seria y hasta. y todo se aclaró después. delgada. lo que ofendía a los demás. no diré que fuese una beldad. presentóse ella.. según lo prometido. la miraban con malos ojos.¿Quiere usted adivinarlo.. y cómo ha encanecido! E inclinándose en la silla. Ahora van ustedes. sin hallar nunca en sí misma las fuerzas necesaria para cumplirlas. Yo seré la primera en visitarlo. vous arrivez en méme temps! Dijo él. hijo de Nicolás. —Pero ¿tan mona era yo de niña? ¿Es posible que ésta sea mi cara? Se levantó. aunque la culpa de aquel retraimiento la tenía. y luego no lo soltaré en todo el día. efectivamente. por pasearse todos los días a caballo. En segundo lugar.

? —AY. a las doce. pero. —Oh. el vousferez un bienfail. volví al cabo de dos horas.. no se apure por él! —Pero... ¡Oh. añadiendo que lleva preparada una carta. Porque usted se lo confió a Nastasia. —Ah. muy en deuda con usted y. ¿está usted listo? Se fueron. c.. entraba en la casa y fue el primero en reconocerme. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 85 —Man ami! —díj orne Stepán Trofimovich. Se me ocurrió llamar abaj casa del capitán Lebíadkin. qué cosas tiene usted... ¿a qué avergonzarse tampoco de que usted sea un hombre bueno? ¡Vaya. pero me atraganté. Si así fuese. ya al salir a la calle. Oiga usted.. verdaderamente. Yo me encargo de todo. Si usted quiere que le dé el encargo. ¿no? Ella dice que usted mismo se lo dijo. poniéndose todo encarnado—. —balbuceó Stepán Trofimovich. vivía en su compañía una vieja fi cha.. Mavrikii Nikoláyevich! ¡ Stepán Trofimovicl1. do yo vuelva... Lo celebro mucho. qué le pasa a usted? —exclamó ella asombrada—. El . Me han dicho que conoce tres idiomas. na un pabellón de madera en el patio.. se lo ruego!. fui y le conté a grandes rasgos todo. pues como todo el mundo! ¡Vaya una ciencia! —Pero acaso todos. Es absolutamente necesario que esté aquí a las diez o las once. hube de tropezarme inopinadamente con el señor Ki llov. yo no quise decir esa palabra... desde luego!. tampoco aquella vez estaba.. —Ya sé que es su hermano. Considérese usted amigo de Mavri Nikoláyevich. —se puso encarnada y se aturrulló —. necesito alguien que me ayude.. que para él habría resultado demasiado grande.. que yo quise respond algo. J’étais si nerveux el malade etpuis. —Yo conozco bastante bien a Schátov —dije yo—. verdaderamente —atajóle ella con impaciencia—. sino porque necesito quien me ayude. Schátov podía no cer caso de ella: era tan terco. A Dascha tampoco he podido verla. resolví volver por allí al otro día temprano. Recordé que. ya a las ocho... y que puede encargarse de trabajos literarios. mejor. mejor.. Pero vaya usted allá pronto. cual si no hubiese nadie dentro... C curiosidad pasé por delante de la puerta de Lebíadkin. bajo el influjo de recientes relatos.. ¡Basta! ¡Pero no tuvo usted en cuenta que ella comadrea con toda la ciudad! Pero dejemos esto que. Yo me había formado de t:: una idea ridícula: ¿es usted el confidente de Stepán Trofimovich? Yo me puse encarnado. lo entiende usted? Stepáfl Trofimovich concibió en seguida temor. yo me refería únicamente. En aquel pabellón. Será verdad que ocultan algo. ¿qué es lo que sabe? _Anda. pués de todo.cherqués auténtico. yo le dije una vez. y cuanto antes. “de todo”. Ella se echó a reír. que lo sepan. verdaderamente lo supo por Alíoscha Frolovna. con dos. Vivía encerrado en su c• to y él vivía solo. corrí en seguida a casa de Schátov.. ya lo sé —dijo ella—. y me present —Ya lo sé. Ah. por fin. es lo mismo. tampoco confiaba mucho. pero ¿cómo se ha enterado usted. Al cer esa pregunta miróme de un modo tan directo. se me olvidaba —volvió a sentarse—. tan encogido.. C ‘est le meilleur el le plus irascible homme du monde —Ya había oído decir que era un tipo algo raro. dentro de media hora irá usted a vernos! ¡Dios y cuánto tenemos que hablar! Ahora he de ser yo también su confidente de todo.. con todos! VIII A Schátov no lo hallé en casa. pero también & nían cerrado y ni siquiera había luz. Stepán Trofimovich adivinó. que era la que le servía. Aunque.. yo estoy en deuda. ¡Admirable! Agradecida. naturalmente. perdóneme. —Pero. ahora mismo voy allá. Yo. no ridículo lo que yo.. a ella fue a decírselo su Nastasia de usted. “Mamá” t bién ha oído hablar mucho de usted. sin nada de servidumbre. la esquela. —Oh. 84 FEDOR M. Pero no me refería a eso. según dijera Liputin. Renegando de aquel fiasco. —Venga conmigo —dijo—. me dirigí a su casa con objeto de dejarle una quela si no lo veía. Dios. mi nodriza... ¡Lo que quería saber es qué clase de hombre es! —c ‘esl un pense creux d ‘ici. yo podría darle mucho. Yo no quería creerlo. y preguntarle por Schátov. Por último. Mavrikii Nikoláyevich lo sabe todo.. —Yo no lo hago en modo alguno por lo del bienfait. Tampoco. P nalmente. que es un chico bonísimo. Tiíta antes no me permitió pasar a ver a Dascha.. porque decía que le dolía la cabeza. alcanzándome en el tal—. Mavrikii Nikoláyevich. ya es hora de irnos.. ¿quién es Schátov? —jSchátov! Pues el hermano de Daria Pávlovna. después de todo. —Y como no tenía ningún confidente a mano y estaba ahí Nastasia. —Yo. ¿Aceptará el trabajo? A mí me lo han recomendado.. tenía alquilado desde aquella r. que comemos temprano. Como empezas preguntarme. entre ellos el inglés. —Pues claro! Mámascha.. —Dígale usted que vaya a yerme mañana por la mañana.

. Liputin es listo. tenía una taberna. dos tazas de loza. Quiere? No me rehusé. es lo que retrae a la gente. el otro. es decir. una gran mesa procedente de alguna isba o de alguna na. me gusta mucho y lo bebo. de llegar nosotros. del suicidio? —preguntéle. _Yo pensaba que usted tomaría el té —dijo—. con curiosidad. de los libros. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 87 Natu Parecía ensimismado. dos mesas de juego del “hombre”. también es verdad. sonrióse con su pueril sonrisa de antes. había encendido una lamparilla. sino que sólo le expliqué cosas insignificantes. o es un envidioso.. . o los que lo hacen por rabia. Yo anoche le di crédito a Liputin. —. pero impaciente. y él fue quien me lo dijo primero. éstos lo hacen de pronto. pero éste ha forjado toda una historia. ante la cual la vieja. eso es todo. A mí me asombró que quisiese hablar. sólo que ha comprendido mal. Él se amohinó grandemente. hasta que amanece. otra tetera pequeña con té abundante. Hay dos clases de suicidas: o los que se matan una pena muy grande. al parecer parienta . al entrar. La vieja trajo en seguida el té. En aquella en que nosotros tramos. que en alguna de ellas tiene. porque Liputin. —A mí me gusta el té —dije— por la noche. —Pero si ya lo sabe usted todo: antes Liputin estaba débil. el té de noche resulta dificil. dos prejuicios la retraen. —Por lo demás. El señor Kirillov. y de las paredes c ban dos retratos grandes y borrosos.. púsose a dar vueltas por la habitaclon. unas sillas y un diván con el respaldo de rejilla y duros almohadon cuero.. ya que Lebíadkin estaba borracho.. sacó un sobre. él.. decidí aprovechar la ocasión. que ba en un rincón. —Fue una estupidez. o delirando. desde hace mucho tiempo. o porque están h por cualquier otra causa. no eran sino vaciedades. Las habitaciones del pabei estaban limpias. Yo con Liputin no hablé. todo se me vuelve tomar té. yo todavía sé poco.Cuál es la pequeña? —El dolor... —Pero ¿se acuesta usted al amanecer? _Siempre. de distintos tamaños y enterame[ como de un baratillo.. Yo como poco. Yo me excusé y le aseguré que no trataba de examinarlo. o impaciente. He comprado té. a juzgar por su aspecto. de edad todavía veinte años. todavía sin deshacer. lacre y un sello cristal. de pronto. —tY hoy a mí? —dije riendo. —Sí. porque yo busco únicamente las causas de que la gente no se atreva a matarse. poco en el dolor. El se puso encarnado.. al óleo: uno del difunto emperador 1’ kolai Pávlovich. 86 FEDOR M. toscamente pintada. pero el empapelado sucio. en otra nueva casa y en otra calle. Por un minuto guardamos silencio.se había encargado de mirar por la antigua. pero él insistió. ésos lo piensan mucho. destocado.. dos sólo dos: una muy pequeña. Liputin tiene mucha fantasía. cree usted así? No contestó. —Dijo verdad: yo escribo.. y aquella vieja. una gran tetera de agua hirviendo. en ese caso? —Es lo primero. Después de haber crito el sobre. usted establece tantas categorías... y todo un plato hondo de terrones de azúcar. —El dolor? Pero ¿tanta importancia tiene. Yo le objeté que no era preciso.dueño de la casa. encendió una vela. En un rincón había una imagen antigua. —O en todas ellas juntas. —Antes.Cómo que no se atreva la gente? ¿Acaso hay pocos suicidios? —Poquísimos. de no sé qué obispo.. y de nimiedades ha hecho montañas. —Eso él mismo lo sacó de su cabeza. levantóse y pensativo. una cómoda madera de aune. —Selle usted su carta y ponga el sobre. según usted. ¡es un caos! Pero ¿es verdad lo que dijo antes de que usted quería escribir un libro? —tPor qué no habría de serlo? —y volvió a amoscarse y a fijar la vista en el suelo. Estos no sólo p. En el extranjero. que encajar. otra muy grande. por fuerza. Sólo que eso es igual. Todo vaciedades. cogí el gorro.. —. Pero todo eso es igual. Esta última palabra me chocó. sino que proceden de pronto.. los muebles eran descabalados.. y de su maleta. Pero los que están en su j cio. sobrevinieron discrepancias enojosas —observé.. pan blanco. como haciendo memoria de lo que me hablabi1 —Yo.

no obstante expresarse con calor. —Eso es lo mismo —repuso él serenamente. Quien venza el dolor y el miedo. temería usted mucho hubiese dolor. no obstante. ése inmediatamente será Dios. Surgirá un hombre nuevo. Matarán a la mentira. por matar el miedo. simplemente. si le cayera encima. y las ideas y los sentimientos todos. y el hombre es desdichado. ¿la expiación? —Es lo mismo. y cambiará fisicamente. El que se atreva a matarse descubre el secreto del engaño. Entonces empezará una nueva vida. No con el fin de matar el miedo. Dios es el dolor del miedo a la muerte. —tAntes? Lo de antes fue grotesco —repuso sonriendo—. ése será Dios. —Encuentro extraño que antes estuviera usted tan nervioso y ahora esté tan tranquilo. ¿para usted existe Dios? _Existe y no existe. feliz y orgulloso. con tranquilo orgullo. la grande? —El más allá.. —Eso es ruin. Quien se atreve a matarse es Dios. el primer doctor. pero en el miedo a la piedra hay dolor. Entonces la historia se dividirá en dos partes: del gorila al aniquilamiento de Dios y del aniquilamiento de Dios a. deteniéndose delante de mí—. cho: lo sería todo el mundo. el más allá. y todo eso es un engaño —centelleábanle los ojos—. —Bueno. El primer hombre de ciencia. —Pero ¿no hay ateos que no creen lo más mínimo en el más allá? Volvió a guardar silencio. Al cual le dará lo mismo vivir que no vivir. Todo el que desee la plena libertad está obligado a atreverse a matarse. Si no fuera por los prejuicios.Al gorila? al cambio de la tierra y del hombre fisico. pero en tanto no cayese. Y el mundo cambiará también. la vida es espanto. El más allá. —Tiene usted razón. Ahora el hombre ama la vida. todo será nuevo. La piedra no produce el dolor. aún abundarían más. Ahora el hombre no es todavía ese otro hombre. entonces existirá el hombre nuevo.. Quien se mata sólo por eso. Todos sabrían que no habría dolor.Una piedra como una casa? Sin duda que sería horrible. —Es decir. está colgando. en la cabeza. Lamento que usted parezca reírse —añadió medio minuto después. —. casi con desprecio—. y nunca me río —añadió con tristeza.. —Finalidad? ¡Pero entonces nadie querrá vivir! —Nadie —profirió enérgicamente. sino todos por miedo y no con ese fin. Ahora todos pueden hacer que no haya Dios ni nada. Y el otro Dios dejará de ser. —Pero ¿acaso no hay medios de morir sin dolor? —Imagínese usted —dijo. y. A mí no me gusta reír. todos rían que lo hubiese. y en eso quizá consista el cambio.—Pero ¿acaso los hay que estén en su juicio? —Muchísimos. Esa es toda la finalidad. —Yo no me refiero al miedo. No hay más libertad que ésa: ahí está todo. —tTodo el mundo nada menos? El guardó silencio. Ahora dolor y espanto. ¡ése será el hombre nuevo! Quien suprima el dolor y el espanto.. . sentirían i cho miedo. de un millón de pudes? mente que no habría dolor. y los actos cambiarán.Piensa usted por usted? —No hay más remedio que pensar cada cual por uno —declaró. ¿y la segunda razón. ¿sentiría dolor? —. La libertad absoluta existirá cuando dé lo mismo que no vivir. ése será un dios.. y no hay nada más. ima una piedra del tamaño de una casa grande. porque ama la vida: he ahí cómo lo entiendo —observé—. vida es dolor. —El hombre le teme a la muerte. todos se matarán. Pero nadie lo hizo hasta ahora ni una sola vez. y todo eso es un engaño. y usted. Será Dios el hombre. —. —Pero ninguno por esa causa. d de ella. La vida ahora por dolor y espanto. niéndose colorado—. —Eso es igual. —Suicidas los ha habido a millones.. ¿No cree usted que el hombre ha de cambiar entonces en lo fisico? —Si ha de dar lo mismo vivir que no vivir. pero ¿habría dolor? —LUna piedra como una montaña. —Puede que no le dé tiempo —observé. y lo que manda -la Naturaleza. Y así obra.. —Según eso.

y usted.v... DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 89 —Pero permítame usted una pregunta: ¿por qué habla tan mal el r. y con dificultad articulaba las palabras.. c’ do. no será por haber estado extranjero. Liputin me alcanzó. Yo he hablado así toda la vida. colorado y sumamente beodo. A Dascha. Del amor la bomba inflamada... hasta la puerta.. —Por lo visto. cul. acercándome su cara de borracho.. si. ¿Amigo o enemigo? ¡Habla! —iEs de los nuestros. Yo no puedo pensar en otra cosa.si. ¡Espera! ¡Una variante! A la estrella amazona: Pasa la estrella a caballo.. Todos piensan en una cosa y en seguida en otra. —Otra pregunta delicada..—. aunque yo hacía los mayores esfuerzos por zafarme—. extraordinario —añadió.Con usted? Se portó usted tan bien antes. ¿Es que se le ha olvidado a usted en esos cinco años de estancia en el tranjero? —Pero ¿acaso lo hablo mal? No sé.. hablaba poco. —Estimo las relaciones con la buena sociedad. es de los nuestros! —chilló al lado la voc de Liputin—. ¿Qué le parece a usted? . Es el señor G.díjome. . mo. . Ix No había hecho más que asomar la nariz al alto umbral de la puerta. cree usted? —sonrióse con cierto asombro—. si son leales.. de otras amazonas seguida. y me sonríe desde lo alto. no hablaba nada.. si son leales. .. . Me levanté y cogí el gorro. clá. . a mí me da todo igual.. los muy r El capitán Lebíadkin. . a fgnat en el pecho hirió. versos! . si. mayor que yo. Y otra vez con amargo tormento de Sebastopol el Mancó lloró.. yo lo h visto de lejos.. Ignat Lebíadkin... yo le creo a usted enteramente eso que de que no le agrada el trato de la gente y gusta poco de hablar con Pero ¿por qué entonces se ha puesto usted ahora a hablar conmigo? —j. El capitán retirado Ignat Lebíadkin. pues esos versitos “a la estrella amazona” ha ido y los ha metido en un sobre. con los dedos. al servicio mundo entero y de los amigos. —No tiene tiempo. de pronto.—Sí. to. de diez viorschkas de alto. no tiene tiempo. pero Comprendo que no puedo ser como todos. ¡Deténte! —dijo. ruborizándose—. 88 FEDOR M.. cogiéndome por el paletó. es igual. para cerrarla cuando fuese. —No. _—Hay que ver qué himno! ¡Es un himno.tí. me había soltado de sus manos y echado a correr por la calle. en atención a tu cultura. —(. Me acompañó con un farolillo. A mí Dios me ha atormentado toda la vida —termino de pronto. un joven que ha recibido educación c y está relacionado con la más alta sociedad. —Aunque no haya estado yo en Sebastopol y tampoco sea manco. q es cul. y mañana se los va a enviar a Lizaveta Nikoláyevna con su firma. Dile que soy un caballero de honor. va a su casa —díjole Liputin—. decidí para mis adentros.. con fuerza. muchísimo.. pero. y toda la vida me la Paso pensando en una sola.mo. —Te perdono. Ya la puerta. ¿Por qué? No. gordo. yo. al fi al cabo... cogióme una recia mano por el pecho. tuve otro encuentro. . ¿No sabe usted lo que acabo de averiguar acerca de él? —añadió precipitadamente—. mucho. no sé —aturrullóse de pronto—. con pelo rufo. Usted tiene un gran parecido con un hermano mío. apenas podía tenerse en pie delai de mí. . que aún s’ con su farolito en la mano.. pero en seguida lo bajó. aris.. Mañana se lo contará todo a Lizaveta Nikoláyevna.. fornido.. Entregaré su esquela. no sé qué les pasará a los demás. no le da a usted el té noches muy alegres.. debió de influir mucho en la manera de pensar usted.. es decir. —Lo levantará Aléksieyí Nilich. y Dascha. —Pero otra vez éste! —gritó al reparar en Kirillov. . alzó el puño... con asombrosa efusividad.Quién eres? —gritó una voz—. ¿Oyó usted los versos? Bueno. Es una sierva y no se atreve. No. .crática chiquilla. En ese instante se cayó al suelo porque yo. Por lo demás.. “Ni qué decir tiene que está loco”. r muy grande. si no eres un asno! Estos gaznápiros no comprenden nada..tí. —A Lizaveta? —volvió él a gritar—. que se murió 1 siete años.

¡qi den con Dios! Eso es. “Puede usted obtener de ella una respuesta definitiva.. enamorado como una gata. no lo compr do.. Está enamorado. En ella edía a Stepán Trofimovich que. ¡Oh. queje comprends pas. en general. tiíta!”.. sino también es un terrateniente de nuestro gobierno. no. a las doce punto. —Pues pierde usted! —exclamó Liputin echándose a reír—. y hay algo encerrado. y yo iría allí.é.” La esquelita e taba concebida en términos corteses. Lise. ¡Y con las ganas que tenía Usted de enterarse! Sólo una cosa le diré: que este imbécil no es un simple capitán. “Usted estaba aquí. ponía mi nombre). —Pero ¿cómo no le da a usted vergüenza? —exclamé. pero Lise es lista.. ¡Ha la vista! x Stepán Trofimovich me aguardaba con impaciencia histérica. he perdido completamente el hilo. que llegó a insultarla. léala usted. todavía esperaba.. —Ahora. ¡Pobre. secretos. Esos dedos de amigo. —A usted lo han trastornado todas esas ruindades y chismes de Liputin. señor.Es ésa la formalidad que usted quería?” _Fíjese usted en esa frase irritada respecto a la formalidad. no le diré nada más. lo confieso. si no llegara ese domingo. para que vea usted: empezó odiándola... Celte pauvre 1 ta. yo amo y r peto a ese ángel como en otro tiempo. ahora averigüe usted lo demás. es decir. pero enérgicos. ¿todo ese enfado suyo no será por el temor que le tiene a su rival? —tQué.. le lanzó insultos al pasar!. fuese a verla. Bueno. c.. los primeros cinco nutos. ¿Por qué Praskovia ha de tener ese empeño en que Nicolas esté lo ¡Está empeñada en ello esa mujer. en todas partes actúa usted de inspirador —díj ele con rabia. Pardon. en doscientas almas. c ‘est dicule.—Apostaría cualquier cosa a que ha sido usted quien le ha sugerido esa idea. y la falta de respeto Karmazínov. —Conque ahora tenemos ésas? Y todavía más grande? —Bueno. tout est dit: ya sé que todo está consumado.43 y. prometía llamar a Schátov. la visita a las Drózj ves lo había trastornado hasta el último extremo! —Mon ami. de pronto. usted lo y ¿es verdad que está loco?” Y de dónde provenga esta idea. trata a todos despóticamente. ¡y por Dios. . pero mire usted: no lo creerá si le digo que yo casi me había olvidado ya de todo eso. es decir. por su parte. el domingo. —Amigo mío. ¿No sabe usted que quiere aventurarse a pedir su mano? ¡En serio. pues más pequeña. esa Praskovia. pero de fuente sumamente fi42 Diminutivo despectivo de Daria. ¡Ay. pero ahora. y qué ingrato he sido! Diome la carta que acababa de recibir de Varvara Petrovna. Al parec habíase arrepentido ella de su imponente “Estése en casa. y bastante notable. p una Korobochka mala. en castigo. Korobochka. Hacía ya u hora que había vuelto. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 91 dedigna. y le aconsejaba llevase consigo algún amigo suyo (entre paréntesis. pero por mi estupidez. léala usted.é? —grité. Hasta tal punto le era antipática Lizaveta Nikoláyevna por eso de montar a caballo. Allí ahora están muy tirantes.. sí.. todo el tiempo. tenemos a gobernadora. y cuánto la he torturado en tal momentos! Je suis un ingrat! Figúrese usted que vuelvo y me encueni con una carta suya.. brave homme tout de méme. Figúrese usted que también allí todo está rodeado de misterios. que no miento! Ahora mismo acabo de enterarme. ¿le bastará a usted? ¿. y.. absurdos. al modo antiguo. 90 FEDOR M. enteramente como en otro tiemj pero a mí me parece que las dos me esperaban únicamente para poner claro alguna cosa. usted va muy lejos. porque Nikolai Vsevolódovich le vendió hará unos días todas sus posesiones. y además. es lo mismo. y dicen que se tiene que poner compresas de vm gre en la cabeza... no me había olvidado. verdaderamente. como hermano de Daria Pávlovna. yo no le digo más. está empeñada! Ce Maurice. Porque las dos acaban ahora de enterarse de las h tonas de Nicolas aquí hará cuatro años. y. suerte que ella no los oyó. chére amie. sin poder con nerme. una Korobochka violenta y de proporciones indw blemente más grandes. sólo que no me interrum usted. en interés y después de eso. ella no hace más que decir: “Tiíta. como la llama.. para tirarme de la lengua.. acaba usted de tocar otro punto doloroso con sus amistosos dedos. de todas esas ruindades. esa idea de la locura de ce Lipoutine. señor G .. sin ir más lejos.. Pero con la vieja han reñido. C’est terrible! 10h. . ¿cómo ha podido ella escribirle la primera dei París a cette pauvre amie?. y. Lo encontré como borracho. sino que todo siguiera como antes! Usted vendría aquí como antes. Liputin: en todas partes donde se comete alguna ruindad allí está usted. deteniéndome. por lo menos. Enfin. pobre amiga mía de toda la vida! Confieso que esta “súbita” resolución del Destino como que me ha aplastado. Enjín. y de pronto. a veces. 43 En alguna versión se suprime el símil.. es un tipo: es la inmortal creación de Gógol. y la falta de respeto de la sociedad. que se lanzaron sobre mí con esas narices y esas orejas. en serio! —Yo le admiro a usted. —Amigo mío. ¡Anteayer. —Sin embargo. hoy sale con esos versos. Ella. Yo. porque todo eso me marea.. me encuentro ahora completamente solo. pensé que estaba borracho. pero. valoradas.. Mavrikii Nikoláyevich. mientras .. y ahora precisamente vamos a presentarnos nosotros c nuestras quejas y nuestras cartitas. dentro de dos días. son implacables. llegó a insultana. en la calle. o como e le llama.. quitand Lise. y en ese caso. . y no sé con qué cretos petersburgueses.. ¡Oh. y lacónica..

finalmente. todo aquello eran lumnias del canalla de Liputin. y aunque se tratase de “pecados aje’ nos”. en lo que seca y tajantemente le expresé mi o nión de que... —jAhora lo comprendo! —exclamé con calor—. y se sentó. referíle mi conversación con rillov. pienso que resulta muy noble! Supóngase usted que.. por lo menos. el niño quiere casarse. broma.. y vuelve a casarse. sin embargo —dicen ellas—. sino tampoco hacían mella en mí sus elogios.” Las dos me aconsejaron. todo aquello era un absurdo. y empieza a escribirle cartas y más cartas. Porque fijese usted cuánta basura. hace poco mandé barrer. y el domingo será un hombre casado. que hace falta una mujer en esta casa. y. no puede pasarse sin mujer. c aburrido Stepán Trofimovich—.... Yo. porque en el fondo le duele el corazón. La pauvre amie se enfadaba mucho por la basura q aquí hay. yo c todo aplastado. avec celle chére amie (oh!.. todavía se sale con la suya. o que hubiera empezado a haber. según dicen. Brave homme tout de méme. Sea como sea.. cuánto veneno guarda esa cajita!44 Ni tampoco me aconsejó particularmente Lise: “Pero ¿por qué se casa usted? ¿No tiene usted bastante con los placeres de la ciencia?” Y se echó a reír... hubiera hal algo. pensaba para mis adentros que la Providencia me la enviaba al declinar de mis azarosos días y que ella me cuidaría. y. C ‘est un monstre. por lo c Dios con él. a propósito de aquélla. ahora ya no se oirá su voz! Vingl-ans! Y. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 93 un libro en el suelo. y añadí que aquél es posible que estuviese loco. .. lo dice. y cómo escucha! Yo le perdoné su r con qué cara escuchaba. y. sólo un poquito reservada... efectivamente.¡cómo me mak[ go por ello! —cQué le escribió usted? —Oh.. con todo el egoísmo de un niño. ¡oh!. por qué le escribiría aquella carta? Sí. Pero ahora. Durante veinte años ha mirado por mí como una nodriza cette pauvre tiíta. pero un tanto encogido. y ce Maurice.. según parece... por lo demás. por lo visto. yo. Tampoco ahora me asustan. Coquetean con ellos. que faire?.. como. Yo obré única mente a impulsos de nobles sentimientos. Oh. y que así. ¿Y qué derecho t:: usted para ponerlos a los dos frente a frente? —Pero. en tanto estaba aquí sentado con usted. no acabe usted de matarme. mais. -- le envié a Daria Pávlovna ayer una carta. Cuanto desorden. es decir. humana. y qué estúpidamente se ha conducido! —se me escapó a mí sifl querer.. 92 FEDOR M.... dice de ella. Praskovia no me aconsejó. ¿Y por qué yo insistiría.. para no entremeterni entre ellos ni atravesarme como un poste en su camino. “C’est un ange. en Petersburgo.. Tocante a los chismo sobre Daria Pávlovna. Yo estoy obligado interrogar sus corazones previamente. crea que obré a impulsos de un sentimiento not. y ella le cuidará a usted.. Yo traté a gente en aquel tiempo. Ces gens-lá supposenl la nature el la ciété humaine autres que Dieu ne les a faites el qu ‘elles ne le soni rJ ment. C’étail béte. Calló.podía haber sido en alguna forma víctima de Nicolas en aquella época mática de su vida. Stepán Trofimovich cuchó mis aseveraciones con aspecto distraído. le ha ‘.. en efecto. ahora pienso en esa mujer magnánima. Yo aproveché aquel paréntesis y le conté mi sita a la casa de Filipov. estúpidamente! —encareció él hasta con ansia— Nunca ha dicho usted nada más acertado. tout est dit. además. . y tambi movido de un noble sentimiento. y va y se casa. me caso. recibido un anónimo.. y no sólo no me intimidaban sus insultos. Lise idolatra a Daria Pávlovna. ¿quién es ese L kin? Lise escucha. al que no había razón para no creerle.. para. escucha. pero que eso era todo.estuve en casa de Lise. . Yo. me esforcé por ser feliz y me aseguré a mí mismo que lo era. como una cucaracha. así que ¿a qué venía escribir? ¿No es verdad? _Otra vez estamos en las mismas! . del todo paciente. sieyi Nilich. lo afirmaba /. mientras ella tiene que ponerse fomentos de vinagre en la cabeza..... la hermana de Lebíadkin (a la que no había .en Suisse. mon cher. Yo le participaba que le había escrito hacía cinco días a Nicolas. y que por algo Lebí recibía dinero de Nicolas.. Y de pronto. por lo menos. ¡oh. Yo le perdoné su risa. pero ¡es que hay que ver cómo soy yo y el carácter que tengo: tan huero y antipático! Porque yo soy un niño blandengue. ¡Oh... y también Praskovia. fijandoi el suelo sus cansados ojos. después de veinte años. no querría yo hacer su papel: tual. —No está loco. y. “Usted. Todo esto se amontona. pero sin su inocencia. Se le echan encima sus achaques.. el enfin. _Estúpidamente. estaba rendido y desconcertado. cabizbajo. Enfin. figúrese usted: Nicolas. como graciosamente la llama Lise. pero es un individuo de cortos alcances —dijo.enfin. paciente con mis defectos. y c to la ofendí entonces)... sí.” Mafoi!. parlons d’autre chose.. —10h Dios.. amigo mío. no me grite. pero no Stepán Verjovenskii. y ya hay 44 Retruécano: korobochka significa “cauta”. me esperaba cosas terribles: rese usted. según la expresión de Liputin. cual si no le afectasen más mínimo. sus tierras a Lebíadkin. lo había olvidado.

La vida conyugal me pervierte. de pronto. en su rllez. —Vingt-ans! Y ni una sola vez me comprendió.. Mavrikii. cual asaltado repentinamente por una nueva idea—.. del que ya le hablé a usted. de todo espíritu independiente. Y aunque yo sea indigno de 1 marme tu padre. sabía de antemano a lo que se exponía. enfifl tout est dii’. que es lo único que acertó a decir bien otro romántico como usted: Schátov. —inqul’ rl. .. asombrado. la muerte moral de toda alma orgullosa. —El señor Schátov.. se echó a llorar. tout est dit.. sólo una! —dijo. en respuesta a mi carta. Liputin me propuso antes que hiciese por librarme de Nicolas levantando barricadas.. pero. mi futuro cuñado. Schátov se había quedado tímidamente en la puerta. ¿Por qué no habría de haber aunque sólo fuera esta semana sin domingo? Si le miracle existe. oh. vamos a ver: ¿qué le costaría a la Providencia borrar del calendario aunque sólo fuera ese domingo para demostrarle al ateo su poder et que tOut soit dit? ¡Oh. qué vergüenza! Tiota. y si pudiera no llegar nunca ese pasado mañana. sin duda por de Schátov. domínate a ti mismo”... la “tiíta”. Y para usted también creo que es hora acostarse: voyez vous... sólo por la f_. mi Petruschka!. lo sé. de lo contrario. el sabio no teme mirar de frente a la verdad. . es decir.. y se puso a asegurarle que sí era el vals ella decía. hijo mío. yo también estoy dispuesto a dominarme. 1 ra sólo él. Bueno. yo para ti. Después de gracias por haber ido.. por espacio de veintO anos. ahora no me asusta usted con sus gritos.v. no hay más remedio. después de decirme merci. —Oh. de otro modo. y yo sólo procedí así. senté ayer. y. ¡Pero otra vez se amoSca! Pobre amigo mío. el matrimonio es. me caso. p laissez moi. tan a la moda en sus tiempos. tiota”. Mavrikii Nikoláyevich. es posible que se enfade conmigo por mi librepensamiento. con esos atributos... salió diciendo que aquél no era el vals.. me quita las energías. —.. ya se lo j -. aunque antes merecería que me llamasen tigre. CAPÍTULO IV LA COJITA Schátov no anduvo reacio. obstante haberle temido siempre a Liza.. ahora se consolaba con su retruécano.. “Si quieres dominar el mundo. mamá! . ¿Y por qué grita usted? Pues únicamente porque no es usted el que se casa y no le hacen llevar el consabido adorno en la cabeza. el valor para servir a la causa. que sepa ella. Con nuestra llegada se alegre Liza se puso encarnada de gusto.. pero totalmente desesperado—. mon ami. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 95 preciso que lo sepa. que ella ha sido l Uflica mujer a quien yo he estado adorando por espacio de veinte años! E 94 FEDOR M. g amigo mío y de Stepán Trofímovich. y al empezar aquélla complacerla. aunque por breve rato.. Estaba enferma. su dre y Mavrikii Nikoláyevich.. Le bon Dieu. De buen grado le tomo su aforismo. y ya llevaba unos de no hacer otra cosa que manifestar caprichos y enfadarse por todo. ¡oh. J injusto. Todos ellos. juntando pronto las manos. y apena salía ya a la calle. No habría sido quien era si no hubiese sacado a relucir su librepensamiento barato. . y. ¿quién querría tomarse tantos trabajos en vano? Nastasia. y por qué no estará aquí! ¡Oh. tan cansado. no los míos. para colmo. estaban en un gran salón y discutían._Oh. Bueno. al crear a la mujer. usted no conoce a la mujer. Liza. y ella no supo comprenderme! —Pero ¿de quién habla usted? ¡Yo tampoco lo comprendo!. La dre quería que su hija le tocase algún vals al piano. de retruécano. por lo menos..Y cuál es el profesor? —iPero si no hay ningun profesor. de rabia. pero estoy seguro de que fue ella la que “le” estorbó e hizo que la creara en esa forma y. Por primera vez le oía tal confesión y expresada en tono tan enérgic No ocultaré que me entraron unas ganas horribles de soltar la carcajada. ese Liputin es un necio. me arrastrarán a ce qu ‘on appele el yugo. cuánto la amaba yo! ¡Veinte años. —Sólo una esperanza me queda ya. naturalmente que no serán míos. porque la conozco a fondo. voy a acostarme un poco para coordinar mis i Estoy tan cansado. puede salvarme. lo condujo al lado de su madre. luego vienen los hijos. ¿qué es lo que voy a dominar en vez del mundo entero? Amigo mío. La mujer engaña incluso al ojo que todo lo ve. acercóse a éste y lo examinó curiosa. Llegamos allí casi al mismo tiempo: y también iba a hacerle mi primera visita. ¡Eso es horrible! Y sí pensase que yo me caso por miedo o por necesidad? ¡Oh. claro... la vieja.. ese domingo! —exclamó.¡Oh... mi pobre hijo. Se le habían hinchado las piernas. sin embargo. presentóse a mediodi en casa de Lizaveta Nikoláyevna. salió a la defensa de Liza. son las doce. y el señor G. y. y. ahora no tiene usted delante al Stepán Verjovenskii de otro tiempo: ése está enterrado! Enfin.

vamos las dos! La tal Zemirka. Yo. —Antón Lavréntievich. adiós. —Pero eso de que no había ningún inglés es una mentira. es decir. Sólo que Nikolai Vsevolódovich alardea. encarándose conmigo.. —El señor G.. no le hizo caso y se subió al diván donde estaba sentada Liza. Fuese. —El doctor acaba de llegar —anunció una doncellita. nos pusimos a prestar atencion. —Y ¿había entonces aquí algún inglés? —No. ¿Usted estaba aquí cuando Nicolai Vsevolódovich vino hace cuatro años? Yo le contesté afirmativamente. ¿ha oído usted?. es igual. a falta de algo mejor. y el señor Schátov es. No conozco SU nombre —dijo. ¿por que no habla usted entre tanto con l kii Nikoláyevich? Le aseguro a usted que los dos han de salir ganando tratarse más a fondo —dijo Liza. Todos. con la que tan despiadadamente me dejara Liza.. —Si no había ningún Harry.. —Es que mamá. tú misma me lo dijiste. Nosotros. malhumorada.. . al hijo de Stepán Trofimovich. . un antiguo diante. pero se me bía figurado que lo llamaba para otra cosa. —Antón Lavréntievich. la vieja. hasta por la noche sueña con profesores! —clamó Liza contrariada. luego también nos admitieron consulta.—Sí que lo hay. . —Y también los veo despierta.v.. Zemirka. El señor G. encarándose conmigo. —Tiíta. todos mienten. también encontraron cierta semejanza entre Nikolai Vsevolódovich y el príncipe Harry del Enrique IV. del salon. resultó ser puramente literario. II El asunto que Lizaveta NikoláyeVna tenía que tratar con Schátov. —i. pequeñita. de fijo. y sobre todo.Es usted militar? —dijo. _tEstá usted empleado con Stepán Trofimovich? Pero ¿es profesor? —Ay mamá. a Schátov. La vieja se levantó y se puso a llamar a la perrita: —Zemirka. de Shakespeare.No quieres? Pues yo tampoco quiero.Cuando se le hinchan las piernas. _Estudiaflte o profesor.. No sé por qué. los dos mienten. Conoce muy bien a Shakespeare. me acompañe usted. soy empleado. bátiuschka. todo es uno: todos salen de la universidad. no había ninguno. . Yo misma le he leído el primer acto de Otelo. pero ahora está muy molesta: Mamá. Y Varvara Petrovna y Stepán Trofimovich. vieja. Pero aquel de Suiza gastaba bigote y barba. —No. gran amigo de Stepán Trofimovich —saltó en seguida Liza. y por eso dice mamá que no había ningún inglés —nos explicó Liza. sin dejar de mirarle con la misma extraordinaria curiosidad del principio. el cual se puso radiante de satisfacción bajo su mirada. su pelo revuelto. púseme a conversar con Mavrikii Nikolá vich. siempre se pone así. no había tampoco ningún inglés. Liza se echó a reír. lo llama siempre profesor —dijo Liza. —Les aseguro a ustedes que mamá lo hace con toda intención —encontró Liza necesario explicarle a Schátov—. . . hijo rnu fl- de Lorenzó. 45 Antonio. _i. a un diváfl. están dando las doce: es la hora de tomar la medicina. que iba a venir un profesor: Li seguro que es ése —y señaló despectivamente. usted comprenderá está enferma —susurróle a Schátov. —Nunca le dije a usted ni en sueños que hubiera de venir ningún r fesor. a mi por un oído me entra y por otro me sale.. al ver que no se ocultaban de nosotros y que hab1aban voz alta. kii Nikoláyevich. y amistosamente sonrióle a Mavrikii koláyevich. con asombro mío.v es empleado. LOS DEMONIOS 97 —Bueno. usted... yo y ?. Mavrikii Nikolayevich. Pero tú siempre has de contradecir a tu madre. Sólo que a ti te exasperan las discusiones. y ayer Stepán Trofimovich. iré sola y mañana saldré de paseo. y llevóse a Schátov al otro extremo de la sala. una chucha repugnante. yo sólo llamaba a Zemi Gracias a Dios.

por r rias.. Muchas person querrían informarse luego. ¿por qué no laborar por un fin . con arreglo a un plan determinado y a una determinada idea. y me alegré mucho de haberla tenido. —Hay que examinar el asunto y pensarlo. cuando estaba aún en el extranjero. limitándome a una selección de sucesos que más o menos bien. —. que todo lo iluminase. con ser hechos principales. y además. todo eso. a un designio. todo puede entrar con arreglo a un criterio determinado. tal n pilación podría representar todo lo característico de la vida rusa en un L. se guardan los periódicos revueltos en las estanterías o se los tira. todas las palabras y discursos. aturdida. no es menester recopilar los hechos con arreglo a ninguna tendencia. Sería. J chos de los sucesos publicados dejan impresión y perduran en la memoi de los lectores. es de los nueva —pensé—. con su índice correspondiente. las leyes. Este es un proyecto. muy convenieijl para lo que. Liza. terminó. La selección de los sucesos indica ya cómo se les aprecia. Alzó. el cuadro de la vida espiritual. que esa idea se me ocurrió de pronto ella sola. yo no lo decía por eso. Pero Lizaveta Nikoláyevna defendió con calor su idea. —. enorme. Pero supongamos que sea grueso. pueden quedar fuera de una 0b1icación de esa índole. Yo tengo poca comprensión y no soy nada inteligente. que podría útil en algo. a una intención. y hasta las noticias de inundaciones y algunas disposiciones del Gobierno. Yo comprendo que todo depende del plan. las resoluciones del Gobierno. se ocupase en cosas que no parecían pias de ella. —Persigue? —Acaso no es ésa la palabra? —inquirió. las disposiciones municipales. —Conque es posible un libro así? —dijo Liza. Los tkases. La seriedad con que se habia puesto a explicarle a Schátov planes llegó a producirme hasta asombro. es preciso que se halle en todas las mesas —afirmaba Liza—. y nada grueso t ocO” _aseguraba—. La empresa literaria era de esta índole. buenos y malos. La idea de usted no está mal. Transcurre 1 año. y no en balde ha estado en Suiza. con los anos. rápidamente. así que Solo persigo lo que veo claro. —Pero si la idea no es nada: lo importante es el plan! —dijo Liza. Schátov empezaba a comprenderla. Quizá hagan falta muchas experiencias. necesitaba colaborador. a su juicio. pero luego.Todo se reducía a que Lizaveta Nikoláyevna hacía ya tiempo tenía proyectada la publicación de un libro. —En vez de un océano de hojas. pero la idea es viable. a pesar de que sólo se publicaría una pequeña parte de todos los acontec mientos ocurridos. fija la vista en el suelo y sin asombrarse lo más mínimo de c una señorita mundana. y aunque se explicaba de un modo oscuro e insuficiente.. la personalidad del pueblo ruso en un momento determinado Sin duda que podría entrar de todo: curiosidades. moral.. Sin duda que no van a recogerse y publicarse todos. “Por lo visto. resultarían gruesos libros. se les olvida. Sonriendo. —No tiene que ser así en absoluto. Se había acalorado mucho. eso es t —observó Schátov. pero sacando de todo solamente aquello propio para pintar la época. «El libro sería uno solo. actos de abnegación. apenas sabremos cómo hacerlo. sin levantar todavía la cabeza.. Y. Muchas otras cosas podrían también excluirse. por decirlo así. “Es menester que todo el mundo lo compre. Tengo dinero por mi casa. porque yo no sé El . íntima de la vida rusa en el espacio del año. La imparcialidad: he ahí la tendencia única.ral? Además.Quiere decir que saldrá algo con una tendencia. y ordenados por meses y días. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 99 —A mí me parecía. Hace falta experiencia. Es una idea útil. sin saber a veces el día ni el lugar. por su absoluta inexper ncia en esos menesteres. incendios.. con arreglo a un plan.Eso lo ha ideado usted misma? —preguntóle a Liza afectuosa y Como vergonzosamente. y en ellos riamente se da cuenta de muchedumbre de acontecimientos. Se publican en Rusia muci dumbre de periódicos y revistas en la capital y en provincias. —También puede emplearse. pero ¡qué trabajo buscar en ese maremágnum hojas. sin contar con que resultaría indispensable para el investigador.. una agrupación de hechos con arreglo a determinada tendencia? — murmuró aquél. los ojos y le resplandecían de satisfacción: hasta tal Punto se interesaba en el proyecto.. En cambio. y por eso me he dirigido a usted”. finalmente. —Pero es que la tendencia no está mal —replicó Schátov—. también resultará ‘1aro. toda la recopilación. los rompe o se emplean para envolver o para hacer gorros de dormir. De un golpe no se puede hacer nada. todos los actos. 1 98 FEDOR M. finalmente.” Schátov la escuchaba atención. Y aunque publiquemos el libro. alborozada. ni siquiera el año en que oc el suceso. si se reunieran todos esos sucesos por años en bro. el libro habría de ser curioso hasta para la lectura somera. es imposible evitar que se manifieste al hacer la selección.. yo no me a pensarla. expresasen la vida moral de la nación. porque lo principal estriba en el plan y en el carácter de la exposición de los acontecimientos. pero en seguida vi q era posible llevarla a la práctica sin un colaborador. no obstante dificultad y duda al expresarse..

que piensa n a mí me habló de usted Piotr Stepánovich Verjovenskii en Suiza — dió apresuradamente. su más rendido amigo. atropellándose. —Mire usted esto —encaróse de pronto conmigo. será también mi socio en la edición del Iremos a partes iguales: usted pondrá el plan y el trabajo. —Ya se Alli segun parece vive tambien cierto capitan el señor bíadkin.. cogiendo cima de una silla un fajo de periódicos preparado y envuelto—. La carta del infusorio está. —j. Mavrikii Nikoláyevich está dispuesto a impedirlo. aquí están los periódicos —dijo Liza. me consta q ne usted mucho talento y.. Inmediatamente comprendí que se trataba de algún estúpido. porque yo no v servirle —dijo. pero e” guida bajó los ojos..De qué asuntos habla usted? Mavrikii Nikoláyevich —gritó—. en unión de su madre. nada más. habiendo hecho toda la campaña en el servicio de Intendencia. Schátov. A dias. No desdeñe usted mi petición. por último bajando de un modo muy extraño la voz. cE un susurro. Schátov se puso colorado. nal y los medios para costear la edición. Liza se puso colorada. de amazona. (Compuesto por un ignorante. ¿no? Schátov lanzóle una mirada instantánea. maneció un minuto sin responder. ‘A la perfección de la señorita Túschina 1Senorita Yelizaveta Nikoláyevna! ¡Oh. y me pondría muy hueca con las ganan —Bueno. o desde el microscopio.. es preciso que también el señor la conozca. la ideai. Muchas cosas puedo comunicarle. La idea del matrimonio podrá parecerle grotesca. indignado—. Así que como yo ya lo considero a usted como mi . una lágrima vierto. según lo tomara. al vuelo. ¿Podría el sol enfadarse con un infusorio porque éste. en verso. Pero ¿dónde vive usted? —En la calle de la Epifanía. los versos son siempre algo absurdo y justifican lo que en prosa parecería una insolencia. que ahora pertenece a un misántropo. al que usted desprecia. que considero vulgar. acerqué a la mesa. U acá esa carta de antes. Usted piensa el plan. Capitán Lebíadkin. pero no tardaré en poseer una propiedad de doscientas almas. Lo conozco... que se interesa por los perros y los caballos. no haciendo caso de él lo más mínimo por razón de su desarrollo incompleto. el libro tendrá aceptación.colaborador. ¿no es así? —dijo Liza. —cDe dónde saca usted que yo sea capaz de idear el plan? —Me han hablado de usted. apenas detenida. cuando con su pariente. yo. tendrá que buscar usted otro. y.) “Señorita: Más que nadie lamento no haber perdido gloriosamente el brazo en Sebastopol. desde su gota de agua. y yo un don Nadie. desdeña al humilde infusorio. y se ocupa en la causa. y hasta enviar a alguien a Siberia merced a documentos que obran en mi poder. y hasta ahora no se la he enseñado a maman por no afectarla más. —La carta la recibí ayer —nos explicó Liza muy colorada y presurosa—. desdoblando gran emoción la carta—. —También a mí Nikolai Vsevolódovich me ha hablado de usted. —Por lo demás. Yo tentado en ellos seleccionar algunos sucesos. naturalmente. Porque el libro cubrirá los g: ¿no es eso? —Si acertamos en el plan. pero me a mucho que el libro se vendiese. —Para estas cosas. y numerarios usted lo Schátov tomó el paquete. pero yo ¿qué papel voy a desempeñar? —1Pero silo he llamado a usted para que sea mi colaborador!. fija la vista en el suelo. como antes. qué hermosa parece Yelizaveta Túschina. ya sé yo lo que tengo que hacer. pero comprendo lo infinito. y donde figura la más alta sociedad. ¿Ha visto usted alguna vez algo parecido? 1 usted el favor de leerla en voz alta. con motivo de una disputa. Pero si vuelve a las andadas. y a su espalda. naturalmente. que también tiene sus ratos libres. De pronto. Usted es una diosa de la antigüedad. Mire usted todo eso como cosa de poesía. pasa a caballo y sus cabellos con el aire juegan o cuando con su madre en la iglesia se arrodilla y se vislumbra el carmín de sus rostros devotos! Entonces ansío nupciales y legítimos goces. en casa de Filippov.” —Eso lo ha escrito un borracho y un truhán! —exclamé yo.. le dirigiese una poesía? Hasta el mismo club de protección a los animales que funciona en Petersburgo. ya que nunca estuve allí. detrás de Mavrikii Nikoláyevich. —Le advierto a usted que yo no lo hago por interés. donde los hay en abundancia.. con el envoltorio en la mano. y aquí me han dicho. Tampoco yo he llegado a desarrollarme... —Lléveselos a casa y mírelos. —Yo también. Usted es un hombre de mucho talento.

yo estaba allí de más y que nada de aquello me incumbía. alarmada.. dirigióse a la puerta.. Mañana le haré saber. de la impresión. quisiera preguntarle para indagar qué Puede esperarse todavía de él. Liza estaba completamente desconcertada tras su actitud. —Se despide siempre así? —preguntóme. por tanto. —Es lo mismo —murmuró quedo—. y creo que r:. no tengo tiempo. —Pues de lo principal. luego aquella carta estúpida. Allí había algo encubierto. que demasiado había yo permanecido para ser la primera visita. cuando menos. III Sin duda que era “extraño”. aquello de la imprenta y la precipitada salida de Schátov precisamente cuando ella se puso a hablarle de la imprenta. —Sí.. Se fue. Liza se enfadó. Si nos resolvemos a hacer la edici ¿a qué imprenta acudiremos? Tenga usted en cuenta que ésta es una c tión importante. ¡Crea usted que no se trata ninguna broma. me recomendó a u precisamente como capacitado para eso y enterado del oficio. —Porque Piotr Stepánovich. para despedirme de . deténgase usted! —gritó. recapacitando... —Y dicen que la tiene tiranizada. sólo que se me olvidó.Por qué se imagina usted que yo sea capaz de dirigir una prenta? —preguntó Schátov malhumorado. Schá Co no pequeño asombro.. —Es un borracho y un bribón —refunfuñó. ¿es cierto? Schátov volvió a mirar a Liza. estando en Suiza. parecióme.Hablar de qué?. que. unos instantes quedóse 1 rándola de hito en hito. y. —. —No puedo ser su colaborador. lo recuerdo ahora. por qué? ¿Es que se ha enfadado usted? —inquirió L con voz afligida e implorante. Schátov. y después de refunf un “A mí no me importa nada de eso!”. por último. cambió de semblante. pero Schátov volvió de pronto. —Ah. —. en la que demasiado claramente se insinuaba la idea de una delación “merced a unos documentos”.. como de mala gana. cual si quisiera penetrar en el fondo de su alma. y en las impr de acá no hay elementos para una edición así.Colaborador y usted vive allí también. y de pronto se fue. fuese cho a la mesa y dejó allí el fajo de periódico que se había llevado. y de la que ninguno de ellos decía nada. Me acerqué a Lizaveta Nikoláyevna.Por qué.. sino que hablaban de otra cosa.. y que en serio quiero llevar a la práctica mi idea! —ase róle Liza con inquietud creciente—. —Dicen que vive con una hermana! —inquirió Liza.. leí yo en voz alta el siguiente envío: —‘Pero ¿es tan estúpido? 100 FEDOR M. —Es un hombre maravillosamente extraño! —observó Mavrikii T láyevich en voz alta. Permaneció e todavía unos segundos.. riendo. consentirá con tal que esté a su nombre. Todo aquello me hizo pensar que allí había ocurrido. Yo me encogí de hombros. antes de estar yo. —Yo conocía a un general que hacía unos versos con ese estilo servé yo. —. Liza—. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 101 —No.. Yo no creía en modo alguno en la! edición. Yo hace ya tiempo que dí poner una imprenta. ¿A dónde va u Si nos queda todavía mucho que hablar. El timbre de su voz pareció impresionarle. Hasta carta me dio para usted. no tiene nada de estúpido cuando no está borracho. porque a Moscú no vamos a ir para eso. aunque fuese a nombre de usted. algo que yo ignoraba. con una hermana. Pero ya era también hora de despedirse. No quiero. —También por esa carta se ve que tiene talento —dijo el Mavrikii Nicoláyevich inopinadamente. pero en todo aquello había algo suma turbio.

de evidente lucha interior.. al lado de la mesa.. en silencio.. muy cavilosa. —Dígale usted que yo tengo muchos deseos y no puedo aguardar pero que antes no le engañé. he hablado de. sonriendo. modo estúpido con Schátov. —No tengo más remedio que verla. estrechóme la mano a modo de despedida y corr unirse con el abandonado Mavrikii Nikoláyevich. temía comprometerse poniendo su confianza en un hombre que casi desconocido. intensa. Su femenil sonrisa. que no admitía ni la sombra de una contradicción—. Encontré a Lizaveta. quieto. no comprendo cómo podría hacerse —empecé yo—. Mavrikii Nikoláyevich. ¡Iré allá L de fijo. zarme. abrumado por mi promesa y sin comprender bien lo . —Por lo demás.1.. pero he oído decir que es coja. y. yo e tivamente. _Ah. —Pues entonces. Necesito verla con mis propios ojos y le pido a usted su ayuda.. —Es honrado. presa de visible perplejidad. pero estaba pálida. 102 FEDOR M. anoche mismo lo oí decir —dije. Iré a ver a Schátov. Salude usted de mi parte a Stepán Trofimovich. con la cabeza baja y mirando inmóvil un puntito elegido en la alfombra. labra de honor. haciei memoria. a las tres. Se hallaba de pie en medio del cuarto. impaciente.. Lizaveta Nikoláyevna? —inquirí yo. —La señora o Lizaveta Nikoláyevna?. —Verá usted lo que voy a hacer —recapacité un poco—. y dígale que venga a yerme en seguida.. Yo sólo ella. con presurosa solicitud y también en un susurro.. —Antes de las tres no puedo venir a verla mañana —dije yo. tana.. Estoy segura de que usted es absolutame honrado.. adicto a mí. permítame usted enterar de la cosa a Schátov. y aquella indirecta de haber notado mi adhesión ya el día a.. y.. —No la he visto nunca.bía ocurrido.... Puede que él se fuera porque es muy honi y no le gustó que yo le engañase de ese modo. hasta la vista! —díjome en su tono de afectuosidad acostumbrado—. donde ahora estaba solo Mavrikii Nikoláyevich. usted también. no en el salón ya. me era un poquito a’ —dijo... y hasta iba ya por la escalera cuando un criado logró alcan—La señora le ruega a usted que haga el favor de volver. sino en un recibimiento contiguo. El salón. y aunque todo el mundo se entere. Había visto a una mujer verdaderamente desesperada. en un momento como aquél. iré a verla yo pase lo que pase. parecían traspasarme u . rápidamente. pero de pronto me cogió de la mano. ¿Es cierto que es coja? Yo me quedé atónito. así que haga por arreglarlo. pero. Yo me fui. y continuaba en el mismo sitio. Perdone usted: mamá no puede venir a despedirlo. si para mañana no se arregla. además. ¿No podría usted prepararme una entrevista con ella para hoy mismo? A mí me dio mucha lástima de ella. “de fijo” que la veré! Me ingeniaré la forma en que la veré. in — esa Lebíadkina. —Si no me arregla usted una entrevista para mañana. mostraba sus puertas herméticamente cerradas. quiero publicar el libro y poner una imprenta. Yo no lo engañaba.. DOSTOIEVSKI LOS DEMON!OS 103 tengo confianza en usted y no tengo a nadie más.Parecía como si se hubiese olvidado de que yo estaba allí.. A mí me entraron unos extraños deseos de ayudarla en todo. porque Mavrikii Nikoláyevich se niega a acompañarme. Me retiré. Liza me sonrió. me llevó a la ven—Yo quiero verla en seguida —murmuré. yo misma iré a Verla sola. a la coja. tan para mí. ¿De modo que es cierto lo que yo le nuaba ayer a Stepán Trofimovich de que usted. q. Antón Lavréntievich se va. es honrado —afirmé yo con calor. fijando en mí una mirada ardiente.A quién desea usted ver. —. —Esta última. —Eso es imposible.

a mirarme severa y hoscamente. Estaban discutiendo de pie. los tres al mismo tiempo. aunque de antemano que no me ayudaría en nada. 1V Sólo por la noche. a las doce y veinticinco minutos justos. y cerró la puerta con el cerrojo. por casualidad. adusta y sombría. de pronto. Si Liputin soñaba allá para sabe Dios cuándo en la posibilidad de implantar el falansterio con nuestro gobierno. —No. por último. con la persuasión más ingenua de que así yo me levantaría y me iría. Sus movimientos eran desmañados y lentos. colocando otra vela en vez de la que se había consumido. no que haga chistes. fingió lo contrario. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 105 . Schigálev empezó. En cambio. sino de un modo concreto pasado mañana nor la mañana. todo eso se debe a lacayismo de pensamiento —observó tranquilamente Schátov. Schigálev. a mí no me ha parecido ese individuo dado al chiste. Pude ver asombro que tenía visita: Aléksieyi Nilich y un señor al que conocía y geramente: un tal Schigálev. ¡lastima. y lo ponía a uno en la puerta como si se echase de allí a su personal enemigo. antes. sino que. Schátov se levantó de la silla. a las ocho dadas. para cuando se cumpliesen 1- cías. El tal Schigálev llevaba ya unos dos meses entre nosotros. pero me daba lástima. en la calle. sólo sabía decir que publicaba alguno que otro a lo en un periódico progresista de Petersburgo. yo no tenía la menor idea de cómo habría de hacer para s” apuro. Según parece. —Son hombres de papel. Se retiraron sin despedirse. Aquel silencio estúpido se prolongó por espacio de tres minutos largos. tanto más cuanto que a aquél. y seguramente no por hostilidad a mi persona. limitándonos a estrechamos las manos con aire de dos conspiradores. a amohinarse. y sólo Schigálev. Parecía como si aguardase la destrucci mundo.. que me lo encontrase sentado muy mohíno en un rincón. 104 FEDOR M. cuando todos callaron. Finalmente. en general. y todos. obstante. al despedirnos volvía siempre infaliblemente. —Gansos!46 —dijo mirándome y como riéndose convulsivamente. de suerte que yo también tuve que sentarme. largas. —El ateísmo ruso nunca va más allá de un retruécano —dijo Schátov. y hubo de parecerme extraño aquello de que se hubiera puesto a discutir. me respondiese de mala gana y sólo al cabo de un rato se animase y empezase a hablar con gusto. era muy raro). A mí me hizo pésima impresión. y al parecer discutiendo.. hermano de la mujer de Virguinskii. Es más: ni siquiera sabía a punto fijo qué era lo que había qw una entrevista. Tenía cara de enojo. siempre que yo iba a verlo (lo que. sino porque él era así. pero ahora de pronto todos se sentaron. al encontrármelo ahora en casa de Schátov hube de asombrarme. le dijo a Schátov que había salido a acompañarlo: —Recuerde usted que está obligado a rendir cuentas. pero en silencio y sin darnos la mano. lo encontré en casa. saltaron como resorte de las suyas. Virguinskii me lo había 1 sentado. Lo que más me chocó en él fuerOfl orejas. como especialmente despegadas. Ya desde la escalera podía oírse que estaban hablando en voz muy alta. sencillamente no sabe hablar. Sólo presentía algo. no le gustaban las visitas. que es posible no hubiese. Pero. ya en la puerta. no s dónde habría venido. a pesar de todo. extraordinariamente grandes. por lo de apena si entonces cruzamos la palabra. probablemente habríame tapado 1r dos y no habría querido seguir escuchando. 46 Becadas o chochas (Kuliki). En mi vida he visto cara humaní repelente. Era lo general.el corazón. Nosotros. pero no bien me presenté yo. que se había sentado en un pico de la mesa y apoyado ambos codos en las rodillas. anchas y carnosas. —Les escupo a esas cuentas de usted y a ningún diablo le estoy obligado a nada —díjole Schátov. he todo! Sus secretos se convirtieron de pronto para mí en algo sagradc aunque hubiese podido descubrirlos. este otro sabía a punto fijo el día y la hora en que eso iba a ocurrir. por otra parte. pero ¿qué entrevista? ¿Cómo ponerlas a ellas una otra? Toda mi esperanza se cifraba en Schátov. es algo ateo. no obstante conocerme. y no para allá quién sabe cuándo. me dirigí a su casa. Aléksieyi Nilich y yo cambiamos un ligero saludo. —Estuve tomando el té anoche en casa de Aléksieyi Nilich —observé Yo—.

lacayos. quince. ideas. ¡ni tendría tampoco contra quién conspirar! Aquí sólo h: odio bestial. ante los norteamericanos. les hemos quitado L tantes cosas del bolsillo a los alemanes. ¿Qué le pasa a usted? —Pero no se disculpe usted. ante todo. pagábamos no sólo con gusto. pero fidedigno.. y. la dejara a ella en Ginebra. —Stepán Trofimovich asegura que usted tiene la monomanía . El patrono. igual que yo. haber vivido muchos años con los norteamericanos. sino que se ejecuten también —observé yo. “liberal moderado” —rió también Scháto’ Sabe usted —saltó de pronto— que yo también es posible que haya h mal al hablar de “lacayismo de pensamiento”. do. en vez de los treinta dólares convenidos. estudiantes.S. usted. Ellos serían los primeros en ser horriblemente desgraciad cambiase de pronto el régimen de Rusia aunque fuese de acuerdo c:. había estado en relaciones Con Nikolai Stavroguin en París. no pudimos más. —Sin embargo. Entonces sólo yo r casta de lacayos. 1’ tros liberales rusos son. lo estoy viendo. infinito. y decidí que aquello estaba bien y me había hecho mucha gracia. Hasta nuestros oídos había llegado el rumor vago.Querria usted saber el nombre de ese hombre? —c. Una vez estábamos comiendo. sin embargo. somos unos niños pequeños.Quién? ¿Qué enfermedad? —Me refiero a Kírillov.. Nosotros por el contrario... yo me limité a cambiar una mirada con Kirillov. que me envió cien rublos. después de eso.. con nuestros últimos diner “para probar por uno mismo la vida del emigrante norteamericano. comprobar el estado del hombre c situación social para él más dura. y que me agito en convulsiones. que se les ha infiltrado en el organismo. nos cansábamos. “Si es así. Callamos un minuto. cierta magnánima entereza. abordar a una tierra desconocida.. —. nos h. —Ese otro fue en América donde contrajo su enfermedad. Cuando Schátov se encontraba en América. De pronto alzó la cabeza. para estar a su nivel. A nadie podrían entonces env ni escupirle. por una cosa que valía un copec. sólo para “conocer por propia experiencia”. durante algún tiempo.” ¿Qué más? Cuando a nosotros. y un tipó fue y me metió la mano en el bolsillo y me sacó mi peine y se puso a peinarse con él. —Es raro que entre nosotros no sólo ocurran esas ideas. según su costumbre. —Pero usted es un. estuvo muy a do en la comparación. los revólveres. que no le temo. —j.. —Gente de papel —asintió Schátov.. etcétera. de que su mujer... se ríe. caímos enfermos. Pero ¿cómo salieron ustedes de allá? —Yo le escribí a un hombre de Europa. por experiencia “personal”. que no en irse a América! —Nosotros allí nos contratamos como obreros al servicio de un p no.. aunque.. fija en el suelo la vista. —Les cogimos dos grívenes y les hemos devuelto cien rublos. Yo estuve con él allí. _-Pero ¿es que el patrono pudo pegarles a ustedes en Norteamérica? vaya.. De pronto levantóse..Quién fue? —Nikolai Stavroguin. en eso hay. y precisamente hacía dos años. en tanto hablaba. pensado en seguida: “Tú eres el hijo de lacayo y no yo!” —En absoluto pensé tal cosa. también más de una vez nos calentó el cuerpo a olpeS.. Stepán Ti1 movich dijo la verdad al decir que yo estaba debajo de una piedra.. es decir. hasta cuando se exaltaba. Lo elogiábamos todo: el espiritismo.—También inedia en ello el odio —prosiguió. y estuvimos durmiendo en el uelo en un poblacho cuatro meses seguidos. y de modo. o. y también propietarios ta oficiales. Kirillov a lo dejamos. y sólo piensan en limpian botas a alguien. ¡Mejor habrían hecho ustedes en dirigirs cualquier lugar del campo de nuestro gobierno en la época de la siega “a co probar por propia experiencia”. sino hasta con entusiasmo.Vaya. tenía todo el tiempo. Nunca me habló de eso.. y que era preciso haber nacido en Norteamérica. riendo—. por Dios. ¿por que se empeña ahora en decirme su nombre .. —. c. seguramente lo insultarían ustedes! _-Nada de eso. ya haCia mucho que. él pensaba únicamente en una cosa y yo en otra. etcétera.. y todos animados de ese alto propósito. Nosotros. después de un minut silencio—. por último. seguramente. a Rusia. Schátov. atravesar el océano en un buque de emigrantes. —iQué botas! ¡Vaya una alegoría! —No hay tal alegoría! Usted. había a sus órdenes seis rusos. pero ahora también usted será lacayo.” He ahí con qué objeto nos embarcarn —Señor! —dije riendo—. Y trabajábamos. al haceros las cuentas. por lo menos. me pagó sólo cho y a Kirillov. no hay que buscar nada de lágrimas invisibles del mundo bajo la risa ble! Jamás se dijo en Rusia frase más falsa que la referente a esas lágri invisibles —exclamó casi con rabia. fue a su escritorio de madera de tilo y se puso a buscar algo.. cuatro meses dormi: en el suelo de una choza. pero no aplastado. echándome a reír. —Para qué hablar de ello? Hace tres años que nos embarcamos c: buque de emigrantes para los Estados Unidos.. a decir verdad.. la ley de Lynch. Entonces flOS quedamos sin trabajo.. ya se ha puesto furioso! —dije. y ésta llegara a ser rica y dichosa.bamos nos atormentábamos. que “nosotros los rusos. desde el primer momento dijimos Kirillov y yo. —Pero ¿Acaso ha estado usted en América? —preguntéle. los vagabundos. maravi do—. alemanes —dije. nos pedían un dólar.

y en darme detalles?”, pensé. —Hasta ahora no se los he devuelto —dijo, encarándose de pronto nuevamente conmigo, y, después de mirarme atentamente, fue a sentarse en el Sitio de antes, en un rincón, y preguntóme con voz entrecortada, que pa- recia del todo otra:
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—Usted, sin duda, habrá venido a algo. tQué se le ofrece a usted Yo en seguida se lo referí todo por riguroso orden histórico, y que, aunque ya ahora había tenido tiempo de recapacitar después de arrechucho, estaba todavía más desorientado; comprendía que allí rz. algo de mucha importancia para Lizaveta Nikoláycvna; que deseaba ‘ mente ayudarla, siendo lo malo que no sólo no sabía cómo cumplir 1. mesa que le había dado, sino que ni siquiera comprendía qué era, conc mente, lo que le prometiera. Luego, en términos sugestivos, asegurélc vez más que ella no quería ni pensaba engañarle, que allí había habid guna mala inteligencia y que ella estaba bastante disgustada por el modo que había tenido él de retirarse... El me escuchaba atento. —Es posible que yo, según mi costumbre, cometiese antes alguna pidez... Bueno; pero si no se explica por qué mc vine de allí así..., rpara ella. Se levantó, se acercó a la puerta, la entreabrió y se puso a escuc lado de la escalera. —,Desea ver, usted mismo, a esa persona? —Eso es lo que necesito; pero ¿cómo arreglármelas? —exclamé borozado. —Pues iremos allá, sencillamente, cuando esté sola. Cuando él y, le pegará si sabe que nosotros hemos estado a verla. Yo voy con frecu a verla a escondidas de él. Hace poco tuve que pegarle yo para que zurrara. —,Usted? —Eso mismo; lo cogí por los cabellos y lo aparté de ella; quiso me, pero lo atemoricé, y así quedó la cosa. Temo que vuelva borrr acuerde... y le siente la mano en venganza. Inmediatamente bajamos. y La puerta de la casa de Lebíadkin estaba sólo entornada, no cerra todo; así que entramos con toda libertad. Todas sus habitaciones se cían a dos cuartitos fcos y chicos, con las paredes ahumadas, de las r”’ gaban materialmente pedazos del sucio empapelado. Allí, durante años, había tenido su dueño, Filippov, la taberna, hasta que la traslad nueva casa. Las demás habitaciones, que antaño habían pertenecido a berna, estaban ahora cerradas, y estas dos las ocupaba Lebíadkin. El ir je se componía de unos bancos sencillos y unas mesas de pino, apar una vieja butacona sin brazos. En la segunda salita, en un rincón, habíi cama con una colcha de indiana, que pertenecía a mademoiselle Lebí en cuanto al capitán, al acostarse por las noches, rodaba al suelo, y L. cas veces vestido y todo. Por doquiera, suciedad, desorden, abandon trapo grande, mojado, estaba tirado en la primera habitación en el s:: allí en aquella pocilga, veíase un zapato viejo destrozado. Saltaba a la vista ue allí nadie se cuidaba de nada: la estufa no se encendía, la comida no esaba dispuesta; ni siquiera tenían samovar, según detalladamente me contó Schátov. El capitán había llegado a la ciudad con su hermana en un estado de miseria absoluta, y, como dijera Liputin, efectivamente, al principio iba a pedir a las casas; pero habiendo recibido inesperadamente dinero, en seguida se dio a la bebida y hasta perdió el juicio con el vino, de suerte que ya no tenía tiempo para atender su casa. Mademoiselle Lebíadkin, a la que yo tenía tanto afán por ver, estaba plácida y discretamente sentada en el segundo aposento, ante la mesa de cocina, en un banco. No nos dijo nada al abrir nosotros la puerta, y, ni siquiera se movió de su sitio. Schátov decía que allí no se cerraba nunca la puerta y que una vez había quedado abierta de par en par toda la noche. A la luz de una vela opaca y tenue en un candelero de hierro, vi una mujer de unos treinta años, de una delgadez enfermiza, que vestía un traje oscuro, viejo, de indiana, y tenía al descubierto el largo cuello, y el cabello, oscuro, fino, hecho un moño en la nuca, del tamaño del puño de un chico de dos años. Nos miró con expresión bastante alegre; además del candelero, tenía delante, encima de la mesa, un espejito de madera, una vieja baraja, un librillo de coplas y un panecillo alemán blanco, al que ya le había dado uno o dos mordiscos. Saltaba a la vista que mademoiselle Lebíadkin se ponía blanquete y colorete y se pintaba los labios. Teñíase también las cejas, que ya, de por sí, teníalas largas, finas y oscuras. En la frente, estrecha y alta, pese al blanquillo, se le marcaban con toda claridad tres largas arrugas. Yo ya sabía que era coja, pero aquella vez, delante de nosotros no se levantó ni anduvo. Allá, en tiempos, en su primera mocedad, aquel rostro chupado pudo parecer no del todo feo: pero sus serenos, amables ojos grises, todavía eran notables: algo de soñador y sincero iluminaba su plácida y casi alegre mirada. Aquella alegría serena, tranquila, que se expresaba también en su sonrisa, asombróme después de lo que oyera decir de que la castigaban con la nagaika y todas aquellas cosas deshonrosas de su hermano. Cosa rara: en vez de la enojosa y hasta temerosa aversión que, por lo general, sentimos en presencia de todos los sujetos semejantes a ella, castigados por la mano de Dios, ami me fue casi agradable verla desde el primer momento, y sólo quizá piedad, pero nunca repulsión, llegué luego a sentir. —Ahí se está sentada, y literalmente no se mueve de ahí, y se pasa todo el día solita, echándose las cartas o mirándose al

espejo —díjome desde elumbral señalando a ella, Schátov—; ni siquiera come, ya lo ve usted. La vieja que vive en el pabellón le trae algo de cuando en cuando. ¡Por Cristo, cómo pueden dejarla sola, sin más que la vela! Con asombro de mi parte, Schátov hablaba alto, como si ella no estuviese en la habitación. —Buenos días, Schátuschka! —díjole afectuosamente mademoiselle Lebiadkina.

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—Te traigo visita, Maria Timoféyevna47 —dijo Schátov. —Bueno, pues se le harán los honores. No sé a quién me traes, recuerdo tampoco de nada —dijo, mirándome de hito en hito a la luz vela. E inmediatamente volvió a encararse con Schátov (ya no volvió a rar en mí en todo el tiempo del diálogo, ni más ni menos que si no e’ ra presente). —Te aburrías, ¿verdad? de dar vueltas solo en tu cuartucho —i - riéndose, con lo que dejó ver dos magníficas hileras de dientes. —Sí, me aburría, y, además, tenía que verte. 2 Schátov acercó un banquillo a la mesa, se sentó y me hizo sentar lado. —La charla a mí siempre me gusta, sólo que, a pesar de todo, cuentro algo ridículo, Schátuschka: pareces un fraile. ¿Cuándo te pei Trae acá la cabeza, te la arreglaré otra vez —dijo, sacando un peine e” sillo—. ¿Es que desde la última vez que te la peiné no has vuelto a te en ella? —Resulta que yo no tengo peine —dijo Schátov riendo. —j,De veras? Pues te regalo el mío, no éste, sino otro, pero recu me lo. Con el gesto más serio, púsose a peinarle, y hasta le sacó la rr lado; inclinóse un poco hacia atrás, lo miró a ver si estaba bien y y: guardarse el peine en el bolsillo. —Sabes una cosa, Schátuschka? —dijo moviendo la cabeza—. un chico hasta de talento, y, no obstante, te aburres. Todos vosotros ir recéis raros; no comprendo cómo os hartáis de aburrimiento.Y más pena, no aburrimiento. Yo estoy alegre. —j,También estás contenta con tu hermano? —Te refieres a Lebíadkin? Es mi criado. Y me es del todo igual esté aquí o que no esté. Yo le grito: “1Lebíadkifl, tráeme agua! ¡Lebíad dame los zapatos!”, y corre a hacerlo; a veces, pecas: tú te burlas de é, —Y así es, punto por punto —dijo Schátov dirigiéndose a mí alto ceremonias—. Lo trata exactamente igual que a un criado; yo mismo oído gritarle: “1Lebíadkin, dame agua!”, yal hacerlo así, se reía; la diferencia estriba en que él no iba corriendo por el agua, sino que, en eso, se ponía a pegarle; pero ella no le tiene miedo. Le dan no sé q: ques nerviosos casi todos los días y pierde el conocimiento, tanto que no se acuerda de nada de lo que acaba de ocurrir y siempre pierde la y del tiempo. ¿Usted piensa que se acuerda de que entró usted? Puede acuerde; pero ya seguramente lo ha trastocado todo a su manera, y nos toma por otros personajes distintos de lo que somos, aunque sí r_ que yo soy Schátuschka. No importa que yo hable recio: a los que le deja en seguida de escucharlos, y se lanza al punto a soñar para sí; c se lanza. Es una soñadora extraordinaria; por espacio de ocho horas, un día se está en un mismo sitio sin moverse. Ahí tiene un panecillo; es poslble que desde esta mañana sólo le haya dado un mordisco y que le dure hasta el otro día. Mire usted: ya se ha puesto a echar las cartas... _Echo y vuelvo a echar las cartas, Schátuschka; pero nada me sale ._dijo de pronto Maria Timoféyevna, que había oído las últimas palabras. y, sin mirar, alargó la mano izquierda al panecillo (también, probablemente por haberle oído mentar). Cogiólo finalmente; pero, después de tenerlo un rato en la mano izquierda, y distraída por la conversación, que había vuelto a animarse, volvió a dejarlo encima de la mesa sin advertirlo y sin morderlo ni una vez. _Siempre me sale lo mismo: un camino, un hombre malo, una villanía de no sé quién, un lecho de muerte, una carta de no sé dónde, noticias inesperadas... A mí todo esto me parecen patrañas, Schátuschka, ¿qué piensas tú? Si la gente miente, ¿por qué no han de mentir las cartas? —de pronto se puso a barajarlas—. Esto mismo le dije yo una vez a la madre Praskovia, una honrada mujer que venía a mi celda a que le echara las cartas a escondidas de la madre superiora. Y que no era la única que iba. Se quejaban, movían la cabeza, sentábanse en fila, y yo, a todo esto, riéndome. “Pero vamos a ver: ¿de dónde va usted, madre Praskovia, a recibir ninguna carta, cuando en doce años no la ha recibido? Una hija suya se le había casado allá en Turquía, y durante doce años, no oyó ni pío de ella. Pero no hago yo más que sentarme al otro día a tomar el té, por la noche, con la madre superiora (que era de casta de princesas), y veo que se halla también presente una señora forastera, una gran soñadora, y un monje del monte Athos, que me pareció harto ridículo. ¿Y qué te figuras, Schátuschka? Pues ese monje, aquella misma mañana, habíale traído a la madre Praskovia una carta de su hija desde Turquía. ¡Ahí tienes el valet de carreau..., la noticia inesperada! Tomamos el té, y el monje de Athos le dice a la madre abadesa: “Y, ante todo, venerable madre abadesa, ha bendecido el Señor su convento con haberle dado a guardar bajo su techo tan preciadísimo tesoro.” “Qué tesoro dice?”, —pregunta la madre abadesa—. Pues la bienaventurada madre

Lizaveta estaba en el claustro emparedada, en una hornacina de una sáchena de largo por dos arschjnas de alto, y llevaba allí, detrás de una reja de hierro, diecisiete años, con sólo una camisa de estameña así en verano como en invierno, y siempre, con una pajita o una varilla prendida en la tela, se mortificaba, y nada decía, ni se peinaba, ni se lavaba en diecisiete anos. En invierno le llevaban una piel y, además, todos los días, un canastito Con un pan y una jarra de agua. Los peregrinos la contemplaban, plañían, Suspiraban, daban dinero. “He ahí nuestro tesoro —respondió la madre abadesa (se había puesto de mal humor; no podía soportar a Lizaveta)—. Lizayeta hace todo eso por pura maldad, por pura obstinación, y todo eso es un infundio.» A mí no me hicieron gracia esas palabras, porque también que- rna, entonces emparedarme así. “Pues yo creo cligo que Dios y la Naturaleza son todo uno.” Todos a una me replicaron: “Vaya ocurrencia!”
47 Maria, hija de Timoteo.

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LOS DEMONIOS III

La abadesa se echó a reír, díjole al oído no sé qué a la señora, me 1’ me estuvo acariciando, y la señora me regaló un lacito color rosa. que te lo enseñe? Bueno; pues el monje fue y se puso allí a sermone; pero con tanta amabilidad y placidez hablaba y con tanto talento, sí, ç me estaba quietecita escuchándole. “i,Has comprendido?”, me pre “No —le dije —, no he comprendido nada, y déjeme usted en paz!” 1 entonces me dejaron ya completamente en paz, sola, Schátuschka. Por tiempo también, al salir de la iglesia, una de las religiosas, que viví con nosotras castigada por hacer profecías, fue y me preguntó: “La r de Dios, ¿qué cosa es? ¿Qué piensas tú?” “La gran madre —respondí. esperanza del género humano.” “Así es —dice—; la gran madre de 1 meda tierra es, y en esto se encierra para el hombre una gran alegr toda pena terrestre y toda lágrima terrenal... es alegría para nosotr cuando hayas empapado con tus lágrimas la tierra hasta media arscr profundidad, en seguida te sentirás consolada. Y nunca, nunca más v a tener amarguras, que así dice la profecía.” Esas palabras me hicier tonces una impresión grande. Desde aquel día, al hacer la oración, trarme en tierra, siempre la beso, la beso y lloro. Y mira, Schátuscl creas que hay en estas lágrimas nada malo; y aunque tú no tengas p lo mismo: las lágrimas te corren de pura alegría. Ellas solas te coi verdad. Estaba yo una vez a la orilla de un lago; a un lado, nuestro n teno; al otro..., nuestra afilada montaña, tan afilada, que la llaman la n taña Aguda. Subo por esa montaña, me vuelvo de cara al Oriente, me; tro en tierra, me echo a llorar y más llorar, y no recuerdo cuánto t estaría llorando, ni lo recordaba entonces, ni sabía entonces nada. yanto después, me vuelvo atrás, y el sol se ponía: pero ¡qué grande, q diante, qué glorioso!... ¿Te gusta a ti mirar el sol, Schátuschka? Es u cer que raya en tristeza. Me vuelvo otra vez hacia el Oriente, y una s una sombra de nuestra montaña, allá lejos, en el lago, como una flec rría, estrecha, larga, larga, y una versta más allá, hasta la misma lago, y allí la isla de piedra fue y la dividió; y al partirla en dos, a ponerse el sol, y todo, de pronto, se sumió en tinieblas. Y a mí tambic pezó a entrarme mucha pena, y de pronto volví en mí. Y a mí me da i... miedo de la oscuridad, Schátuschka. Y siempre lloro más por mi nene.. —Pero ¿has tenido alguno? —dijo, dándome con el codo, Schátov, había escuchado todo aquello con mucha atención. —Pues claro! Un niño pequeñín, coloradito, con unos piececitos nutos; y toda mi pena es porque no recuerdo si es niño o niña. Unas lo recuerdo niño, y otras, niña. Y yo, al darle a luz, fui y lo envolví .-- landas y encajes, y le puse unos lacitos color rosa, lo cubrí de flores; recé una oración; sin bautizar, cargué con él y lo llevé al través de un que; y me daba miedo el bosque y me parecía feroz, y lo que más me llorar es que lo di yo a luz sin haber conocido hombre. —Puede que sí lo conocieras —inquirió Schátov con cautela. _Me haces reír, Schátuschka, con tu reflexión. Puede que sí lo conociera puede; pero ¿qué más da, si es lo mismo que si no lo hubiera conocido 7 ¡Ahí tienes un acertijo nada dificil, adivina! —dijo riendo. _A dónde llevaste al niño? —Lo eché a un estanque —dijo ella, suspirando. Schátov volvió a darme con el codo. _Pero ¿Y si no hubieras tenido tal niño y todo eso fuera puro delirio? _Diflcil pregunta me haces, Schátuschka —respondió ella, pensativa y sin admirarse lo más mínimo ante tal pregunta—. Tocante a eso, no te diré nada; es posible que no lo hubiese; a mi juicio, sólo se trata de tu curiosidad; pero, sea como sea, es lo cierto que no paro de llorar por él y que lo Veo en mis sueños —y gruesas lágrimas corrieron de sus ojos—. Schátuschka, Schátu5’, ¿es verdad que se te escapó tu mujer? —y de pronto echóle ambas manos a los hombros y quedósele mirando compasiva—. No te enfades, que ya ves que yo también tengo mis penas. ¿Sabes, Schátuschka, que he tenido un sueño? El volvía a mí, me llamaba, me decía: “Gatita, gatita mía, yente conmigo.” Y mira: eso de “gatita” era lo que a mí más me gustaba. “Me quiere”, pienso. —Acaso venga también cuando estés despierta —murmuró Schátov a media voz. —No, Schátuschka; eso es sólo un sueño... No vendrá en la realidad. Ya sabes la canción: No necesito tu nuevo y alto palacio; en esta celda me quedaré; aquí viviré segura,

por ti a Dios le rezaré.. —Ay, Schátuschka, Schátuschka, querido mío!, ¿por qué nunca me preguntas nada? —Pero ¿por qué no dices qué es lo que no te pregunto? —No lo diré, no lo diré aunque me corten el pescuezo; no lo diré —apresuróse a protestar ella— aunque me quemen viva, no lo diré. Y por más que tenga que sufrir, no lo diré, no lo sabrá nadie. —Bueno; ya lo ves: a cada cual lo suyo —dijo Schátov en tono aún mas quedo, bajando cada vez más la cabeza. —Pero, si me lo preguntaras, es posible que lo dijese, es posible que lo dijese —repitió solemnemente—. ¿Por qué no me lo preguntas? ¡Pregúntamelo, pregúntamelo dulcemente, Schátuschka; es posible que te lo diga; ruegame, Schátuschka, de modo que yo acceda..., Schátuschka, Schátuschka! Pero Schátov callaba. Un minuto prolongóse el general silencio. Lágrimas corrían quedas por sus blanquecinas mejillas, seguía con las manos Puestas en los hombros de Schátov; pero ya no lo miraba. ---i,Y qué tengo yo que ver contigo y tus pecados? —y Schátov levan- tose de pronto del banco—. ¡Levántese usted! —y tiró del taburete y volvió a dejarlo en el sitio de antes.
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—Vendrá, y para que no se entere... Es hora de irnos. —1Ah, tú no hablas más que de mi criado! —dijo riendo, de Maria Timoféyevna—. ¿Es que le tienes miedo? Bueno; adiós, huéspedes, pero escuchad un momento lo que voy a decir. Antes aquí ese tal Nilich con Filippov, el dueño de la finca, el de la barba - el mío, en aquel instante, me estaba sentando la mano. Y el dueño casa fue y lo cogió y lo zarandeó por la habitación y el mío gritaba: no tengo la culpa: pago culpas ajenas.” ¿Y querrás creer que todos echamos a reír?... —Ay Timoféyevna; pero si en vez del tipo de la barba roja, quien te lo quitó de encima, tirándole de los cabellos! El casero veros anteayer, y os riñó; tú estás confundida. —Deténte, que también podrías estar confundido tú. Vaya, ¿a qué por nimiedades? ¿No da igual que fuese uno u otro quien le sentó la r —dijo riendo. —Vámonos —dijo Schátov, cogiéndome de pronto por un que ha sonado la puerta; si nos encuentra aquí, le pegará. Y apenas habíamos tenido tiempo de salir corriendo a la escalera, c, do se oyó en la puerta un grito de borracho y sonaron insultos. Schátov vóme a su cuarto y cerró con llave... —Estése usted aquí un ratito, si no quiere historias. Mire cómo j cual un marranillo; seguramente estará tambaleándose en el umbral; t los días da la costalada. Pero no pudimos evitar la historia. VI Schátov estaba en pie junto a la puerta cerrada, y escuchaba del lado escalera; de pronto dio un brinco. —Sube, ya lo sabía yo! —balbuceó con rabia—. ¿De modo que a lo tendremos aquí hasta la medianoche? Sonaron algunos recios puñetazos en la puerta. —Schátov, Schátov, abre! —gritaba el capitán—. ¡Schátov, amigo. Vine a verte a la alborada, a decirte que salió el sol, que con sus ardientes rayos por... los bosques... penetró. a anunciarte que ya me desperté (“1E1 demonio te lleve! ‘), me desperté bajo las fron. . das... (“Exactamente bajo las ramas, ¡ja, ja, ja! ‘2 Todos los pajarillos... me ruegan ansiosos les diga lo que voy a beber, a beber..., no sé lo qüe voy a beber... —iQue el diablo se los lleve con su estúpida curiosidad!... Scha ¿comprendes?... ¡qué gusto da vivir al sol!

—No conteste usted nada —me murmuró Schátov de nuevo. .__Abre de una vez! ¿No comprendes que hay algo más elevado que una riña entre hombres? Hay momentos en la vida de un hombre no.. .ble... Schát0’, yo soy bueno; yo te pido... Schátov, al diablo las proclamas, ¿no? Silencio. _No comprendes tú, so borrico, que estoy enamorado, que me he comprado un frac? Mira: el frac del amor; quince rublos;

el amor de un capitán exige distinción mundana... ¡Abre!... —volvió a gritar con furia, y tomó a golpear con insistencia la puerta. _Que el diablo te lleve!... —gritó Schátov de pronto, furioso tam_ Es. . .cla. . yo...! ¡Eres un esclavo, y tu hermana, una esclava y una... ladrona! —Y tú vendiste a tu hermana. —1Mientes!... Lo estoy aguantando con paciencia, cuando con una sola palabra podría... ¿No comprendes quién es ella? _Quién? —y Schátov volvió a acercarse a la puerta, curioso. —Pero ¿no lo comprendes? —Ya lo comprendo; pero di tú quién es. —No me falta valor para decirlo. Yo tengo siempre valor para decirlo todo en público. —Tú no te atreves —azuzóle Schátov, y me hizo una seña con la cabeza para que escuchara. —Que no me atrevo? —Para mí, que no te atreves. —Que no me atrevo? —Pues dilo, si es que no les temes a los palos de los señores... ¡Tú eres un cobarde, y eso que eres todo un capitán! —1Yo..., yo... Ella..., ella es... _balbuceó el capitán con voz temblona y agitada. —Qué? —y Schátov aguzó el oído. Sobrevino un silencio, por lo menos, de medio minuto. • —Ca. . .na.. . lla!, —sonó, finalmente al otro lado de la puerta, y el ca- pitan retiróse rápidamente abajo, hirviendo como un samovar, tropezando ruidosamente en cada escalón. —No; es listo, y no se irá de la lengua estando borracho -dijo Schátov, apartándose de la puerta. —Pero ¿qué es eso? —inquirí. 1 Schátov hizo un gesto, abrió la puerta y se puso otra vez a escuchar del ado de la escalera; escuchó largo rato, y hasta bajó de puntillas algunos peldanos Por fin volvió. —No oigo nada, no le ha reñido, lo cual quiere decir que se fue derecho a acostarse. Ya es hora de que usted se retire. —Oiga usted, Schátov: ¿qué debo yo deducir de todo esto ahora? —Ah, deduzca usted lo que quiera! —contestóme él con voz de cansancio y malhumor, y se sentó a su mesa-escritoriO.

bién. 114 FEDOR M. DOSTOIEVSKI
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Yo me fui. Un pensamiento inverosímil arraigaba cada vez más en imaginación. Pensé con pena en el día siguiente...
VII

Aquel “día siguiente”, es decir, el domingo en que debía resolverse irrr cablemente el destino de Stepán Trofimovich, fue uno de los días más n bles de mi crónica. Fue el día de lo inesperado, el día de ruptura con lo sado y de anudación con lo nuevo, un día de claras iluminacio sombras todavía más densas. Por la mañana, según ya sabe el lector, yo obligado a acompañar a mi amigo a casa de Varvara Petrovna, por i. cación especial de aquélla, y a las tres de la tarde tenía que estar en casa Lizaveta Nikoláyevna para contarle.., yo mismo no sabía qué, y secund la... tampoco sabía en qué empresa. Y, a todo esto, resolvióse todo c nadie habría supuesto. En una palabra: fue un día de coincidencias r brosas. Empezó porque al presentamos Stepán Trofimovich y yo en casa Varvara Petrovna a las doce en punto, según ella nos había indicado, encontramos en casa: aún no había vuelto de misa. Mi pobre amigo tan conmovido o, mejor dicho, tan agobiado, que aquella circunstancia aterró; casi exánime, desplomóse en una silla en la sala. Yo le ofrecí vaso de agua; pero, a pesar de su palidez y del temblor de sus manos, i. sóla dignamente. A propósito: su traje, en aquella ocasión, distinguíase su extraordinario atildamiento: camisa casi de etiqueta, de batista fina; bata blanca, sombrero flamante en la mano, guantes de color de paja fr. y hasta esencias. No habíamos hecho más que sentarnos, cuando llegó t bién Schátov, introducido por un criado, indudablemente invitado de u oficial. Stepán Trofimovich levantóse y le tendió la mano; pero Scháto después de miramos a los dos de hito en hito, dio media vuelta, se fue a rincón, sentóse allí y no nos hizo siquiera una inclinación de cabeza. S Trofimovich volvió a mirarme asustado. Así nos estuvimos algunos minutos, en completo silencio. Stepán Tn fimovich empezó de pronto a murmurarme al oído aprisa algo que yo r entendí; además, poseído de emoción, él mismo dejaba las palabras sin t minar y pasaba a otra cosa. Volvió a entrar el criado a arreglar no sé qué la mesa, aunque, probablemente..., para miramos a nosotros; Schátov, pronto, encaróse con él, preguntándole recio: —Aléksieyi Yegórich,48 ¿no sabe usted si Daria Pávlovna fue con e —Varvara Petrovna fue a la iglesia sola, y Daria Pávlovna se arriba en su cuarto, pues no está muy bien —expuso Aléksieyi Yeg( con empaque y decoro. Mi pobre amigo volvió a mirarme alarmado e inquieto; tanto, que finalmente, acabé por volver la cabeza a otro lado. De pronto, en el dejóse oír el ruido de un coche, y cierto lejano revuelo en la casa nos

ió que la dueña de la misma había vuelto. Todos dimos Ufl brinco en nuestras sillas; pero de nuevo lo inesperado: oyóse ruido de muchos pasos, lo cual quería decir que la señora no había vuelto sola, cosa que ya resultaba harto ra’, citado ella a esa hora. OyóSe por último, entrar a alguien con una prisa extraña, cual si viniera corriendo, y así no podía ser VarVara Petr0a quien entrase. Y, de pronto, casi lanzóse dentro del cuarto, jadeante y con extraordinaria agitación. Detrás de ella, algo despacio y mucho más suavemente, entró Lizaveta Nikoláyevra y con Lizaveta NikoláyeVfla, del brazo..., ¡Maria Timoféyevna! Si lo hubiera soñado, no lo habría creído. Para explicar esta circunstancia, absolutamente inesperada, es imprescindible retroceder una hora y contar detalladamente la extraordinaria aventura que hubo de ocurrirle a Varvara Petrovna en la catedral. Ante todo, en la misa, reuníase casi toda la 0blaciófl es decir, naturalmente, la clase más elevada de nuestra sociedad. Sabían que asistiría la gobernadora por primera vez después de su llegada. Haré notar que entre nosotros ya habían corrido rumores de que era librepensadoi y “a la nueva usanza”. Ninguna señora ignoraba tampoco que era espléndida y vestía con exquisito gusto; así que el atavío de nuestras darlas distinguióse aquella vez por lo elegante y llamativo. Varvara Petrovna fue la única que se presentó modestamente y, como siempre, vestida toda de negro; así, invariablemente, venía vistiendo durante los cuatro años dIUrnos. Al llegar a la catedral colocóse en el sitio de costumbre, a la izquierda en primera fila, y un criado de librea púsole delante un almohadón de terciopelo para que apoyase las rodillas al hacer las genuflexiones; en uiaa palabra: todo según costumbre. Pero observaremos también que en aquella ocasión todo el tiempo que duró la misa estuvo ella orando con extraordinario fervor; hasta aseguraban luego, al hacer memoria, que había lágrimas en sus ojos. Terminó, por fin, la misa, y nuestro protoierei, el padre Pável, salió a decir un solemne sermón. En la ciudad gustaban sus sermones los tenían en gran aprecio; hasta lo persuadían para que los publicase; pero él no acababa de decidirse. Pero aquella vez el sermón resultó especialnleate largo. Y he aquí que, estando todavía en el sermón, llegó a la catedral una dama en un droschki de alquiler, de estilo antiguo, es decir, de aquellos en que las señoras sólo podían ir sentadas de costado, sujetándose a la cintura del cochero y bamboleándose con los vaivenes del vehículo como briznas de hierba al viento. Coches así todavía se ven en nuestra ciudad. El coche se detuvo en la esquina del templo —porque habla en el portal muchos coches y hasta gendarmes—, y apeóse de él la dama, dándole al auriga cuatro COpecs en plata. —ó,Que es poco, Vanya? —dijo al reparar en so semblante—. ¡Pues es todo lo que tengo! —añadió lastimera. —Bueno; Dios sea contigo; montaste sin ajustas el precio —y el cochero hizo un ademán y la miró como diciendo: “Además, que es un pecado ofenderte.” Luego, guardándose bajo la blusa su bolso de piel, hostigó a los

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48 Alejo, hijo de Yegor.

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caballos y se alejó, escoltado por las risas de los cocheros que por bía. Risas y también asombro siguieron a la dama todo el tiempo que en llegar al pórtico de la catedral, atravesando por entre los coches y cayos que aguardaban la pronta salida de sus señores. Y, efectiva,,,,.,,, nía algo de extraordinario e inesperado para todos la aparición súbil una persona así, en la calle, en medio de la gente. Era de una flacura e miza; cojeaba un poco; iba muy acicalada de blanquete y colorete; i, al aire el largo cuello, sin pañuelo ni capuchón; vestía solamente un oscuro, viejo, no obstante hacer un día frío y ventoso, aunque claro, de tiembre; llevaba la cabeza enteramente destocada, con el pelo recogidc un moño en la nuca, y, prendida en él, al lado derecho, una rosa artif una de esas rosas con que se adornan los querubines por Pascua Florida querubín de ésos, en una guirnalda de rosas de papel, había visto yo e, anterior en un rincón, al pie de las imágenes, cuando estuve en casa de ria Timoféyevna. Para que nada faltase, la señora referida, aunque iba la cabeza baja, muy modosa, no dejaba al mismo tiempo de sonreír, ... y fiestera. De haberse detenido un momento más, es posible que no la biesen dejado entrar en el templo... Pero ella logró escabullirse y, ya tro, abrióse paso, sin llamar la atención, hacia delante. Aunque ya iba mediado el sermón y toda la muchedumbre apiñada llenaba las naves escuchaba, con absoluta y plena atención, algunos ojo volvieron curiosos a mirar a la que entraba. Esta arrodillóse sobre el del templo, inclinando hacia él su rostró, maquillado de blanquete; _, neció así largo rato, y, al parecer, lloraba; pero, alzando luego la freni poniéndose en pie, no tardó en recobrarse y distraerse. Alegremente, c. sible satisfacción extraordinaria, púsose a pasear su mirada por las caras los fieles, por las paredes de la catedral; con especial curiosidad escudri ba a las señoras, llegando incluso a ponerse de puntillas, y hasta por c veces echóse a reír, haciendo un ruidillo extraño. Pero terminó el sermóE llevaron la

sin reparar en nada. por fin. casi s: ro. hizo ademán de asir la mano de Varvara Petrovna. Era miembro de una Sociedad de Beneicencia de la capital. —iAnda. pero no 1 bría dado dos pasos. ya soñaba con fundar ro Comité por el estilo en Moscú y con ir extendiendo gradualmente su atividad por todos los gobiernos. que contemplaban la escena. avergonzada. Por últino. El c de librea la precedía.Quién es? ¿Quién es? Varvara Petrovna paseó sobre)s circunstantes su mirada imperiosa e inquisitiva. dicen.. duda encerraba una intención cáustica y aguda a su modo. que agitaba aire. abriéndose paso por entre el gentío. y se lo dioa desconocida. Sólo Dios conoce el fondo de Is corazones. le fue comunicado a Varvara Petrovna. había tzndado un Comité local de señoras para socorrer a las parturientas más pores de la ciudad y del gobierno. po de gente estorbóle por un momento el paso. para socorrer a los que se habían quedado en la miseria. —balbuceó la “desdichada”. —LEs usted desdichada? ¿Necita usted ayuda?. pero.. tuvo que detenerse un momento e las apreturas. es de los Lebíadkines —dijo. levántese usted. al msmo tiempo. y de él un billete de diez rublos.. cual si le se miedo. sobre todo público. lo que. por un pico. La inusitada cortesía de la gobernadora. allanándole el camino. su tenacidad. los c con taimada curiosidad y. —Dónde vive usted? ¿Es que absolutamente nadie sabe dónde vive?. quinientos rublos. rica. naturalmente. y sin duda tomaba a la desconocida por alguna mendiga de la claaja. se dirigía allá derecha y como no viese a nadie delante de ella. y ese rasgo se comentó en la localidad. —inquirió Varvara Petrovna.. Pero junto a la salida misma. desusada criatura. y con aspecto grave. aquélla se la besó con unción. pero supongo que Varvara Petrovna se detuvo ahora hasta corDierta satisfacción en el pórtico catedralicio. al Comité principal. por su parte. y el primitivo pensamiento se iba ensanchando cada z más en la exaltada imaginación de su fundadora. no le dolía dar direro. pero con ojos minuciosos. ué es lo que pide? —inquirió Varvara Petrovna. nos se lo envolvió al cuello a la pedigüeña. mirando de nuevo. con unas ansias inocentes escándalo. Entre nosotros le reprochaban mucho suvanidad. que.cruz.. En un reciente año de hambre había enviado a Petersbirgo. calculadora y hasta ahorrativa. con esa mirada con que los niños acarician cuando pic algo. se de los hombros su chal negro (de bastante precio). La gobernadora acercóse a la cruz la primera. He venido lamente para besar su mano. cogiendo con dedos de la mano izquierda. tendióle la mano. y la nueva gobernadora. los unos con severo asombro. piense lo que piense y ponás chistes que haga ella a cuenta de la vanidad de mi caridad. y de pronto se echó a ír con aquella su extraña risita. Varvara Petrovna se detuvi y de pronto una extraña. con algunas otras añadidur. en el pórtico. —. triunfaban de todos los obstáculos.: prendieron. cuando se detuvo... antes de la designaci ófl del nuevo gobernador. arrodillada a sus pies. —observó Varvara Petrovna d pronto. deseando visiblemente cederle tio a Varvara Petrovna. prácticas y materiales. así todos lo . Varvara Petrovna hubo de amohinarse. una mujer con una rosa de p en los cabellos. se lo ruego! Aquélla se levantó. mirando más atentamenti la suplicante. sobre todo para fines benéficos. pero inmediatamente sacó del bols su portamonedas de nácar. Todos callaban. ¿Tiene frío?. iegún decían. —Necesito. sin querer. Varvara Petrovna. sin necesidad de todos le cedían. —ibuceó la “desdichada” con voz entrecortada de emoción—. sabiendo que por delante de ita había de pasar en seguida la gobernadora. Mc apresuraré a notar aquí. sobre tod. yque vea ella cómo a mí me da todo lo mismo. a la que no era fácil intimidar. Pero he aquí que entre tanto hubo llegar la gobernadora. pero la notoria energía del carácter de Varvara Petrovna y. y con ella toda la caterva de nuestras damas y vi dignatarios. retiró de pronto la suya... q. en torno Pero ya el primer grupo no estaba allí. —y de nuevo volvió a echarse a reír. —Sólo a eso vino? —y Var Petrovna sonrió con risa compasiva. —Está usted temblando. con el súbito cambio deobernador. he venido.. impaciente. así debió de comprenderlo también Varvara Petrovna. hacía muy poco.. eran todas caras conocidas. —Pero levántese usted. como antes. y después de ella todos. al mismo tiempo. ya había tenid Ocasión de hacer en sociedad algunas objeciones mordaces y. un buen hombr en respuesta a la pregunta de Varvara Petrovna: . Varvara Petrovna estaba muy interesada enuello. respecto a lo poco práctico de la idea fundamenLl de semejante Comité. Ésta lo tomó. mu nas. el billete recibido.. lo más brevemente posible. —dijo uno entre la gente. muchos se habían detenido.. ¡Ahí viener’a todos!” —cQué le pasa a usted. aunque en los últimos años se había vuelto.. —Según parece.. la Sociedad taba ya constituida. diez rublos le ha da. que al vuelo recogió un lacayo. miróla con graves y severos ojos. Y he aquí que. mientras los había también que hasta empezaban a sonreírse.. La gobernadora. 118 FEDOR M. y despojándose del capuchón. y con sus propias i. más tacaña. DOSTOJEVSKI LOS DEMONIOS 119 —Déme la mano!. Con más pueril mirada. que aún seguía arrodillada. fue a echarse a sus de rodillas. y después encaminóse derecha a la salida. todo se detuvo. Sus agradecidos c brillaban hasta con cierto entusiasmo. llegóse a la cruz. y con el aire de la más imperturbable nidad. Aquélla la contemplaba llenae timidez. que. un apiñado . que.

las caras de algunos de los circunstantes resplandecieron de satisfacción. no hay más remedio que d cirlo. un tipo con lentes. Pero ¿quién es Lebíadkin? —Capitán se hace llamar. por el contrario.. que a la sazón tenía en las manos—. y con penetrantes ojos miró a la enloquecida muchacha.nuestro honrado y estimar comerciante Andréyev. es la señora Lebíadkina? —No. Nikoláyevna. —Pero ¿no es usted hermana de Lebíadkin? —Mi hermano es el Lebíadkin. a Mavrikii Nikoláyevich. adiós. Ésta. ya sabes que por mi gusto te tendría siempre conmigo.. tiíta. —Se lo agradezco extraordinariamente -dijo Varvara Petrovna con un cortés y digno saludo. La general impresión fue magnífica. Aquella mirada lo decidió todo: resolvió llevarse consigo. pero se le olvidó avisarle a usted -dijo Liza. para que la distrajese. —exclamó Varvara Petrovna. 1-Taré observar que Lizaveta Nikoláyevna había estado en la misa al lado de la gobernadora. y.. temblando—... por fortuna nadie la oyó. Julie. rica. dejó a la gobernadora y se acercó a Varvara Petrovna. ch&re. Liza.. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS En una palabra: que toda la ciudad vio de pronto claro que lulia lovna no había desatendido hasta entonces a Varvara Petrovna ni deja visitarla. traje ruso y s brero de copa. tan. besando a Varvara Petrovna. por prescripción facultativa. pero ¿qué dirá tu madre? -dijo Varvara Petrovna dignamente. Varvara Petrovna hasta retrocedió un paso. ILIJ FEDOR M. —miró a la “desdichada”—. -dijo Julia Mijaílovna de pronto con pasmosa amabilidad—. ¡Yo tengo la culpa. —Tiíta. hace un momento lo decía. que me voy con la tía! -dijo Liza. —Es necesario poner término a esto —se le escapó—. con mucho gusto te llevaré. —Y a mí me resulta tanto más agradable —continuó su charla Julia Mijaílovna casi con entusiasmo. rica —instóle Varvara Petrovna a mademoiselle L kina. ¿Conque us. yo no soy la Lebíadkina. cousine. la propia Varvara Petrovna era 1 “tenía a raya” a lulia Mijaílovna. del templo.. tiíta. hijo de Simeón. elevado.. —Rica mía.. aparte la satisfacción de estar con usted. echaré a correr detrás de su coche y me pondré a gritar —murmuróle al oído a Varvara Petrovna rápida y desesperadamente. es su hermana. Liza contóme después que la Lebíadkina no había dejado ‘ de un modo histérico durante los tres minutos del trayecto y que ‘ Petrovna iba “como sumida en un sueño . —Tiíta! ¡tiíta! ¡Lléveme también consigo! —sonó la voz de Lizave. qu ‘avez vous done. y de allí la llevarán a usted a la suya. que nos han confiado —Julia Mijaílovna sonrióse de un modo seductor. Bueno.. —tLebíadkin? ¿Casa de Filippov?. infaliblemente. ¿Quiere usted conmigo? —Sí. y le dio un par de besos. La casa de Varvara Petrovna estaba muy cerca catedral. suponiendo que lulia Mijaílovna quiera dejarte —volvióse a la gobernadora con franco aspecto e ingenua dignidad. y palideció. como fuera... a Liza. ante el coche que se había acercado. y hubo algunas sonrisas oportunas y obsequiosas. llevándose consigo. la “desdichada” corrió mu tenta a la portezuela. infaliblemente quería ir... barba blanca. —Suba usted. que mantenía abierta un lacayo. no tienes más remedio que llevarme —suplicó Liza.. puede llamársele así.. y en el mismo pórtico... volviéndose rápida a su desagradablemente asombrada chére cousine. hasta el extremo de que ésta se 1 apresurado a visitarla. —Pues mire lo que voy a hacer: ahora. cuanto que. Julia Mijaílovna tendióle efusivamente su mano. quien cambió una mirada de inteligencia con Varvara Petrovna. había ido a dar un paseo en coche. y Varvara Petrovna. —Oh! Sin duda que no quiero privarle de ese gusto. Yo misma.. ya estoy lista! Si no me lleva usted consigo... me la voy a 1””’ a mi casa.. —Tal sentimiento la honra a usted —aprobó Varvara Petrovna majestuosamente. Es de suponer que h burlado ahora su vigilancia para salir —dijo Nikón Semíonich49 bajando 19 voz. Liza —e inmediatamente añadió en voz alta—: Naturalmente. tanto más cuanto que yo misma. a estar segura de que aquélla habría de recibi prestigio de Varvara Petrovna rayó en lo extraordinario. gracias. sé muy bien la cabecita fantástica terca.. seguramente.. —Cómo! ¡Cojea usted!. mientras Praskovia Ivánovna. Lise?. pero de pronto atUITullóSe al reparar en la extraordinaria emoción de Liza.. Nikón Semíonich.. atolondrado. —Mais. Ya tenía alguna idea. le alargó la suya. con toda solicitud. pero no lo comprendieron. Chére cousine. poniéndose hasta colorada de grata emoción—. tiíta. es un hombre. complet te asustada. —Ay.. quiero! —y la señora Lebíadkina batió palmas. no te enfades. —Ya le entiendo a usted. palomita. (Todos lo notaron. de compasión. a Liza la seduce ahora un sentimiento tan hermoso. Viven en casa de Fi ppov. sino que. 49 Nicón. de pronto. —Y a maman dígale también que vaya luego por mí a casa de la tía: maman. en la calle de la Epifanía. rica mía. Nikón Semíonich. —inquirió la gobernadora con expresiVO asombro. El coche arrancó.

. Schátov no 1 alzado la cabeza. que no se esperaba semejante enojo. Como así la llamaba a usted Liza. tapices. en sus labios se contraía una risa.. rica —instóle a Maria Timoféyevna.. y se dejó caer sobre el respaldo de la silla.. con su henmno. el sudor le corría por las sienes.. é. pero COflti1Ó sentado. murmuró. que se estremecib en su silla. según la person: presión de Liza.. batiendo palmas.é? —exclamó Varvara Petrovna incorporándose en su asiento—.. —balbuceó Stepán Trofimovich. . Fíjate. habla. en francés! ¡A la vista salta en seguida que per ce a la más alta sociedad! —dijo.se a reír de sí misma por haberle dicho merci al criado. Resultábale claro ahora que todos sabían algo.. y de pronto echó. —Siéntese usted aquí. CAPÍTULO V LA ASTUTÍSIMA SERPIENTE 1 Varvara Petrovna tiró de la campanilla y se dejó caer en un sillón junt ventana. las chucherías que había sobre la mesa. beba el café aprisa y caliéntese —Merci —dijo Maria Timoféyevna tomando la taza. ¿quién es? —Yo. rica.. A Varvara Petrovna no se le escapaba esa soflr a todo esto.. y decididamente guardó silencio. . di algo! —Vive en la misma casa que yo. —Yo. —No vale la pena hablar de ello. —Tiíta. . por indicación suya.. Su mirada iba penetran Varvara Petrovna a la cojita. junto a la gran mesa redonda—. yo.Y qué? Schátov volvió a turbarse. disponiéndose a escuchar aquel diálogo en francés._exclaflló ella de pronto—. pero en seguida. se echó a temblar de modo convulsivo. con deleite Y menor confusión contemplaba la magnífica sala de Varvara Petrovna: muebles. Pero se presentó un criado. Ufl oficial. no estará usted enfadada.Conoces a esta mujer? —interpelóle luego la genera —La conozco —refunfuñó Schátov. que voy y me digo: si no será él! ¡Cómo es que ha venido! —y prorrumpió en risa jovial. mirando con tamaños ojos a Varvara Petrovna—. ¿eh? _inquirió cOfl cierta aturdida gracia.. cual si fue culpable de todo. habla en seguida! —Pero ¿qué?. ¿qué tal? Pero miren a esta mujer. y viceversa.na la miró casi asustada.... Varvara ...Qué es lo que yo veo? ¡Vamos. ¿Soy yo tiíta tuya? ¿Qué es lo que se habrá figurado? Maria Timoféyevna. dans quelle inquietude.. yo pensaba que debía llamarla así _balbuceó. . y se turbó—. deseosos de ocultarle alguna cosa. —se sonrió con sonrisa superflua. —. el gran crucifijO de bronce que había en un rincón. . Todos callábamos y aguardábamos algún desenlace.. S Trofimovich. —Ah. los viejos frescos del techo. _. y al mismo tiempo todos tenían temor y eludían contestar sus preguntas. cual si le diese un ataque. —iUna tacita de café ahora mismo. hace tanto tiempo que no te veo. —exc con voz conciliadora Stepán Trofimovich. qué es eso de Liza? uiero decir esta señorita c indicó con un dedito a Lizaveta Niko láyevna —d. Hasta se puso colorado por su decisión. _tQué es lo que sabes? ¡A ver. _1. —Qué. en francés. Entró un lacayo y llevóle en una bandej ita de plata la tacita de café que había pedido. la lámpara de china.De modo que ya la trata usted de Liza a secas? .. Maria Timoféyevna deleite. con Schátov). pero nada buena. Maria Timoféyevna estaba muy divertida. dirigióse a Maria Timoféyevna: —Usted. Ya usted lo está viendo. cuanto antes! ¡No despidan e che! —Mais chére et excellente amie. indicé un sitio en medio de la habitación. cuadros en las paredes. Schátuschka! . Pero al encontrarSe con la ceñuda mirada de Varvara Petrovna llenóse de timidez y dejó la taza encima de la mesa.. los álbumes.magnético”. Yo miré a Liza (r sentada en un pico.__1De modo que estás aquí. y Stepán Trofimovich estaba consternado. casi en fila. estaba arrecida hace un momento. —Además. —Sin duda que de ti no hay que esperar nada! xc1amó con enojo Varvara Petrovna.

como es natural. y poco menos que súbditos. y siempre prefería la guerra franca. Praskovia Ivánovna. —Vuelva usted a ponérselo en seguida y quédese con él para siempr Retírese y siéntese bébase su taza de café. siempre se volvía más irritante. jadeante y “trastornada” Praskovia Ivánovna. hasta se s al oír las últimas palabras de Maria Timoféyevna. en el umbraj mostróse. y con la enfermedad.. ya hacía cinco días que no se veían ambas señoras. —Oh bátiuschka a duras penas he podido llegar! Liza. A mí parecíame que quería levantarse e irse. de los cuartos contiguos llegó cierto desusado r mor de pisadas y voces. que la habían incomodado desmedidamente. . II Para Praskovia lvánovna no había en esa acogida nada de inesperado. ¿qué es lo q haces con tu madre? —chilló.. cojeando. poco menos que despectivamente. Pero sólo en sueños he visto yo semejante b —y se echó a reír como sin querer. mátuschka. Haga el favor. puedo decir que Praskovia Ivánovna había adquirido ya la ingenua convicción de que Varvara Petrovna estaba obligada a temblar ante ella. siempre. levantóse del asiento y.. si no fuera por mis piernas! —añadió con desgarrado acento. No me sentaría en su casa. lo mismo que tantas personas débiles de carácter. Varvara Petrovna. y de pronto. —Buenos días. ocultando apenas su enojo. que consienten durante largo tiempo que las ofendan sin protestar. de esa que tiene a su lado. pero lo principal era que Praskovia Ivánovna había acertado en adoptar para con ella una actitud extraordinariamente altiva. Stepán Trofimovich. Yo ya S bía que ibas a venir. Stepán Trofimovich. —Chére amie. ¿Qué está haciei do Daria Pávlovna? —Está algo indispuesta. rita. por favor. desde la misma infancia. según ya mencioné de pasada. Añadiré. pero en seguida volvió a dejarse caer en su silla. con toda la ira q: atesoraba.. no podíamos amilanar gran cosa con nuestra presencia a las dos amigas de la infancia de sobrevenir entre ellas una reyerta. entre tanto. vengo por mi hija! Varvara Petrovna la miró por encima del hombro.. —Tome usted. Lo que más la irritaba eran las inculpaciones secretas. que estaba en pie desde la llegada de Varvara Petrovna. En aquel momento. y aunque so calor d amistad. se dirigió a ella. La última visita había corrido a cargo de Varvara Petrovna. bastante aturrullados estamos ya sin ted!. —Mi pañuelo a cuadros. Yo no podía pensar en ello sin pánico. habían llegado a sus oídos extraños rumores. y con desolación buscó mi mirada. la de la doncella. serénese. quitándose de pronto de sobre los hombros el chal negro antes le pusiera Varvara Petrovna. Pero en el caso presente las c cunsta1as eran especiales. Varvara Petrovna recapacitó y se tranquilizó un tanto. rica. rezongando algo para sí. la cual salió de casa “de las Drózdoves” ofendida y mortificada.rtUK M. el que compré en Ginebra. finalmente. se me olvidó devolvérselo no tome a mal mi desate ción —dijo. Déjenos usted en paz por lo menos. sino porque era visible que se hallaba bajo el poder de otra impresión poderosa. los que nos encontrábamos en la sala. En los últimos días. Empiezo a comprenderla a usted. Miraba ahora al vacío. Aquélla.. III —Oh! ¡Aquí! —dijo Praskovia Ivánovna. pero no por su “terco carácter”. —permitióse empezar de nuevo Stepán Trofimovi —Ah. Praskovia Pávlovna. estaba indignada. y. aún más ofensivas. indicando un sillón junto a la mesa y dejándose caer en él pesadamente con ayuda de Mavrikii Nikoláyevich—. distinguíase por la extraordinaria vehemencia del ataque en cuanto las cosas tomaban un giro favorable para ella.. levantóse para salir su encuentro y. parecido al de antes. —Pues ve y dile que haga el favor de venir. y. —/Matuschka Varvara Petrovna. pero muy irritables. Fuese de ello lo que se quisiera. ensimismada. desfogando en aquel chillido. le dijo. según costumi bre de todas las personas débiles. solapadas. entre ambas familias había sobrevenido una ruptura completa. que todos nosotros. nos consideraban como a gente suya. Schátov se revolvió en su asiento. que cogió vuelo la sonrisa. haz el favor de sentarte. Verdaderamente estaba ahora enferma. Sin temor a equivocarme. El carácter de Varvara Petrovna era franco y de una diafanidad orgullosa. sin siquiera conceder larga atención al chillido de su madre. no tome nada. si es lícito expresarse así. sobre todo por su vaguedad. Se presentó Agascha. Liza se levantó. e’ carecidamente aunque se halle algo indispuesta. V: vara Petrovna. dejóse caer en una silla al oír aquel chillido de Praskovia Ivánovna. Pero también era visible que se apoderaba de Varvara Petrovna el demonio del más arrogante orgullo cuando por algún concepto podía sospechar que la consideraban humillada. VOSJOJEV5KI LOS DEMONIOS —Usted misma la llamó así antes —dijo Maria Timoféyevna enw”tonándose un poco—. veíase claro en toda la expresión de su rostro. Las eS de la incipiente ruptura seguían siendo todavía para Varvara Petrovna un misterio y. La mirada de Varvara Petrovna resbaló suspicaz nerviosa por todas nuestras caras. tire de la panilla. Se hizo un silencio. había tratado a su antigua COndiscípula de internado de un modo despótico. Mavrikii Nikolá yevich la llevaba del brazo. y hasta a Maria Timoféyevna dejó de prestarle la atención de antes.5° su doncella fi. Añade que se lo ruego. por tanto.

no estamos para risas. —Por lo visto. malhumorada. en la pensión. adojtó un g’ empaque. —y Varvara etrovna le lanzó una mirada de odio. 1 siempre has vivido de imaginaciones. recta como una flecha pronto a lanzarse del arco. hemos jugsdo a las ti ñecas. no se te ha olvidado lo del pope. mejor es también para ti que si fueran extraños. en la que era de sentía un vivo dolor (tic douloUreUX). de sentarte en mi casa? De tu difunto marido gocé yo toda su vida la L. Vimos a habla: ¿qué te pasa ahora? ¿Qué es lo qi. echóse a reír jovialmente al ver aquel . pero se detuvo ante la centelleante mirada de su hija. disgustada? —Pero tú. eo la pensión. pequeña. Maria Tim(oféyevna tenía muchas sanas de t mar otra tacita. Su cara se puso verde. encarándose furiosa con Varvara Petrovna— ¡Dicen. No quiero café. madre mía. y nosotras dos. Varvara Petrovna esbozó una sonrisa crispada. —tSabes una cosa.ie te has imaginado? ¿Par qué e. —Bueno. has venido ya en unia disposición de espíriti harto n:. ja. Lizaveta Nikoláyevna. ja! Prorrumpió en una risa sarcástica. mátuschka. por lo visto. Durante diez segundos miró severa y fijamente a Praskovia Ivánovna.. —Mátuschka. Varvara petrovna. con permiso de lulia Mijaílovna. tómalo y ti te enfades. que todos los presentes son de casa —dijo. —Pero ¡qué inteligente te has vuelto esta semana! —No es que me haya vuelto inteligente esta semana. por fin..) Stepán Trofimovich lo aceptó. ¿por qué mete a mi en tus escándalos? Ahí tienes lo que he venido a saber. es tu recurso. por qué no 1. no sé si será verdad. porque quería conocer la historia de esta desgraciada para poder serle útil. yo también le ruego que sea más comedida —exclamó de rorito. Praskovia Iwánovna. tad sincera. de niñas.50 Diminutivo de Agafia (gata). no le temo tanto como otras a la opinión pública. ¡De seguro te acordariás. con esa desesperada energía que ya no repara en las consecuencias con tal de producir impresión en el momento. ¿qué verdad es esa que se ha puesto de manifiesto y qué quieres tú decir con esas palabras? —Ahí está sentada toda la verdad! —dijo. Pruskovja Ivánovna. —Pero ¿qué es lo que te pasa. que hable usted de escándalos? —dijo Liza. —“La historia de esta desgraciada!” —recalcó Praskovia Ivánovna cOfl maligna sonrisa—. —Yo. Yo vine aquí de propio impulso. ¿cómo sigues de las piernas? Voy a decir que te traigan café.. y cómo nademoiseh Lefeburé te hizo confesar que era menitira? Pero tú no mentía. pero ¿te acuerdas cómo ibas y le asegurabas a toda [a clase ç: estabas pedida en matrimonio por el hús. Pero para mí todD eso es . señalando con el dedo a Maria Timoféyevna.ar Scháblikin. te lo ruego por mi honor. Praskovia. Maria Timoféyevna. —Qué verdad es esa que se ha puesto de manifiesto esta semana? Oye. toria. —Ya me lo figuraba’ Siempre salles hablando de la pensi5n cuando dispones a reprocharme algo. Praskovia Ivánovna: no me exasperes. pero. te ha llegado ya tu hora! Varvara Petrovna se había incorporado en su asiento. pero luego Eecapacitó 1 lo rechazó dignamente. (El café. —tEn mis escandalos9 _y Varvara Petrovna se irguio de ponto en su asiento amenazante. y hasta había alargado ya la mano. con sombría tranquilidad—. Praskovia Ivárnovna. eres tú la que con aire de orgullo tiemblas ante la opinión de los demás. túí me tratas lo mismo qu a una n. ‘ _Qué dices? —y la mámascha dispúsose a lanzar otro chillido. amiga mía? Pues que segur mente cuando has venido aquí es porqiue te has imaginado no sé qué. Que has hablado mucho de sobra. con aire de enferma llevç los dedos de la mano derecha a la sien del mismo lado. da gracias a Dios. sino q sencillamente.. mamá. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 125 Varvara Petrovna alzó un poco la frente. —Ah!. vaya! Y. 124 FEDOR M.. poniéndose encamada—. seguida de un ataque de ts. ya que tienes tan btna memoria! ¡Ja.. r: lo dejó encima de la mesa. que habías impuesto tu ascendiente a toda la ciudad. Ya me fastidia eso de la pensión. que había estado todo el tiempo mirándola con alegre curiosidad. de pronto. por lo demás. te enaimoraste del pope que ms enseña ba la doctrina. sino que esta semana se ha puesto de manifiesto la verdad. Y en cuanto a que los presentes sean personas de confianza. también lo rechazaron otros exceptuá donos a Mavrikii Nikoláyevich y a mí.. muy satisfecha Ipor ello de sí misma. Praskovia Ivánovna. Pero ¿está bien que tú te metas en semejantes “historias”? ¡Ay mátuschka! ¡Ya estamos hartos de tu despotismo! —dijo. Praskovia Ivánovna hizo un gesto con las manos. explícamelo todo en este mismo instante. —Ahora.. rechazó con la imano el servicio de café que le l un criado. de pronto. —“Mamá”. _Cómo es posible. Tc has enfadado por lo qie te dije la pensión. te habías imaginado todo eso para halagarte.

me encargué de entregar al señor Lebíadkin. habíase acercado a Varvara Petrovna. basta mis oídos había llegado la noticia de que el señor Lebíadkin hablaba por ahí dando a entender como si yo no le hubiera entregado toda la cantidad.dedo extendido hacia ella. Pero ¿por qué la vitupera mi lacayo. con sus empalidecidos labios. en un exmo de la habitación. una puerta de escape. Schátuschka: no se te parece tu hermana en lo r mínimo! ¿Cómo mi hermano a semejante beldad tuvo el descaro de llamai la Dascha la sierva? Daria Pávlovna. entre tanto. hagan el favor. trescientos rublos en total. escamoteado dinero siendo tan bien educada y tan simpática? ¡Porque usted es simpática.. que hasta se produjo cierta alarma. pe desconcertada por las exclamaciones de Maria Timoféyevna volvióse r damente. sabiendo únicamente que iba a afincarse en nuestra misma ciudad. su hermano Siguió un silencio. al señor Lebíadkin. yo soy culpable de haber proferi palabras imprudentes. ¿no hay quien le traiga un poco de agua? —No gimas. —iSeñor Jesucristo!—. fijando en la desequilibrada una 1 e inmóvil mirada. y ustedes. aunque no se apartó de él. un tanto tranquiliz da—. le impresionó nuestra inquietud. es la primera vez que la veo. Dascha —dijo Varvara Petrovna con una calma atroz— más cerca. púsose colorado. y retrepóse. mátuschka. por favor. aunque l:: ya mucho tiempo que tenía curiosidad por conocerla. ¿La conoces? —Nunca la he visto hasta ahora —respondió quedo Dascha. Stepán Trofimovich fue el primero en verla hizo un movimiento rápido. en el asiento. me encargó a mí dárselo. Stepán Trofimovich fue el primero en apresurarse a ayudarla a ella. yo también me acerqué. —tComprendes tú algo? —preguntóle Varvara Petrovna con digno orgullo. simpática. palideciendo. con firmeza. ¿es que se han vuelto todos locos? —exclamó Varvara Petrovna. _Je encargó entregarlo el mismo Nikolai Vsevolódovich? —Tenías ansias por enviarle ese dinero. En aquel instante abrióse sin ruido. puedes ver a esa mujer. simpática. —No comprendo nada. entusiasmada. alma mía. —Cómo!. a instancias de Nikolai Vsevo1ód0 d. pero yo. F lo visto no había debido de oír hablar de Maria Timoféyevna. cuando estaba todavía en Suiza.. te lo ruego. alborozada.. ya que de ti hablan. aquí. pero la que más se asustó fue la propia Praskovia Ivánovna. Pues ¡mira. Seguramente el dinero que yo... Praskovia Ivánovna. en caso de establecerse aquí el señor LebíadkiT —Pues entonces. —Siéntate. pero es que me han exasperado más que nada L anónimos con los cuales no sé qué gentecillas me odian. cuya presen cia nadie le había anunciado. y. ¿qué dinero. con sus ojos abiertos de par par. se lo digo a usted de corazón! — concluyó. apártense. 126 FEDOR M.. pero yo esas palabras no las comprendo. Y como ignoraba su dirección. Varvara Petrovna la miraba en silencio. Varvara Petrovna. reclinóse en el respaldo de la silla. sentada y todo. aunque algo quedo. s ñores. —Y yo a usted. P. tengo una hija. levantóse como pudo. y no sé por qué dijo en alta: “Daria Pávlovna!”. Se había puesto tan pálida. —tOíste lo del dinero? —Ése es. y despu de una pausa. Varvara Petrovna. Liza misma se levantó de su asiento. le escamoteaste? ¿De qué hablaba esa mujer hace un instante? —De eso ya no sé nada. Eran trescientos . y si te los env sen a ti. —Mátuschka! —prosiguió Praskovia Ivánovna. lo que hizo que todas las miradas convergiesen a una en la recién llegada. agitando su manecita. pero ¿ésa es su Daría Pávlovna? —exclamó Maria Timof& yevna—. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS —jMátuschka.. añadió—: Debe de ser la hermana enferma de un tal r Lebíadkin. la cual lanzó Un chillido. ¡Amiga mía. es posible que usted le h. y así se quedó ante su silla. y dejóse ver Daria Pávlovi Detúvose y giró la vista en torno suyo. porque cada gesto suyo revela su fina educación —exclamó Maria Timoféyevna con admiración —. y la escuchaba atónita... y casi gritó con voz plañidera: 1. no hace falta el agua! —articuló Va Petrovna. perdóname mi mala intención.

y dirigiéndose manifiestamente a los espectadores. ya harto ma simulados. Una taflta de café se le puede enviar. porque en todo me gusta la justicia. Varvara Petrovna —saltó de pronto. una carta grotesca.. que tengo intención de contarlo todo. es tiempo de irnos —exclamó Praskovia Ivánovna malhum da y levantándose de su asiento. Todo anónimo es digno desprecio por el solo hecho de no venir firmado. finalmente. y s biendo que Nikolai Vsevolódovich tiene muchos enemigos. es. hablaste de unos anónimos. sintiese lo que sintiese en su interior. después de escuchar atentamente a Maria TimoféyC0’ Le ruego a usted haga el favor de tocar el timbre. Varvara Petrovna. Con su perii se trata de un hombre al que no es posible admitir en sociedad. —Es imposible. Pero ya has empezado tú misma. y el más rencoro . saltando de su asiento— lo manden con los lacayos. observaré qué dificil le habría sido a cualquiera desconcertar y aturrullar por largo rato a aquella joven. o. respondía-en el acto a todas las preguntas con exactitud. Pero ya el solo hecho de que tú hayas tomado parte en este asunto me tranquiliza. sabré velar por ti. Pero mira. sin duda tendría sus razones para conducirse de ese modo. —C ‘est un homme maihonnéte el fe crois méme que c ‘esi un évadé ou quelque chose dans ce genre —volvió a balbucir Stepán Trc vich. en confesarlo. Se detuvo y no acabó. Haz el favor. Que se ponga allí en el cuarto de ellos a jugar a las cartas.. —Es preciso acabar _repltl0 Varvara Petrovna. y como madrina tuya que soy. Daria Pávlovna parecía completamente tranquila ya. Profería ahora todas sus contestaciones Siri atropellarse. a donde ella te indiqu —El señor Lebíadkin lleva algún tiempo abajo.. fruncido el ceño.. y tú. poniéndose colorado.. pero yo lo desprecio profundamente.. serenidad y justeza... inmediatamen mandé por un hombre de aquí enemigo suyo en secreto. bolsillo. Cierto que tú. Cuando hablaba Daria Pávlo la escuchaba ella con una mueca altiva en los labios. —Liza. yo. Si piensas de otro r. poniéndose otra vez encarnado y aturrullándose. Stepán Trofímovich tocó el timbre. soy la p. obré estúpidamente. amiga mía: tú hasta con la conciencia limpia has podido. pies a cabeza.. Varvara Petrovna. no me mancharía con ella. y a ti te duelen las nas. no te envidio. calumnia. si Nikolai Vsevolódovich no se dirigió a mí para darme ese encargo. Ma Nikoláyevich. y con cha insistencia pide ser recibido. y ya incurriste en ella al rio tener ninguna clase de trato con un villano así.. Haz el vor. cometer alguna imprudencia. mejor dicho. Por lo visto. te lo agradezco. DOSTOJEVSKJ LOS DEMONIOS 129 tado.. ante todo. Por un instante Varvara Petrovna recapacitó: —Sí —dijo. el cual desapareció. Pero tú te has manchado. sino que te lo hizo a ti. aunque mirando tan sólo a Dascha—. —Que espere —dijo Varvara Petrovna dirigiéndose a Aléksieyi rovich. perdk también los estribos. le pesaba haberse puestc malas antes. La mirada de Varvara Petrovna no se apartaba de ella en tanto hablaba. recuerdo la expresión. En todo caso. Y. Los rumores propalados por ese tunante confirman tu yerro. con firmeza. —balbuceó con vehemencia. en tu lugar. Antes me enajené y te dije algunas f intolerables. sí. y de pronto se adelantó todo —Sí. inquieto. no guardaría esa basura L. es un hombre imposible. Daria. No me creo con derecho a curiosear en cosas de las que hacen para mí un secreto. te diré que yo también he recibido hace seis un anónimo. —Lo mejor de todo será que cuando el venga a verla —dijo de pronto Maria Timoféyevna. que había estado callado todo el tiempo —.. Praskovia lvánovna. bajo la impresión de un susto. te lo ruego —detúvola ‘ vara Petrovna. Pero yo me enteraré bien de todo.. siéntate. Después de recapacitar. por tu ignoradia del mundo. con la mayor indignación. Pero lo que más impresionó a mí fue el aspecto de Lizaveta Nikoláyevna al tiempo de c•’ Daria Pávlovna. Así. en general... e.. la cual “estaba llamada a desempeñar en i destino un gran papel”. Aléksieyi Yegóro dispónte a llevar a la señora Lebíadkin a su casa. sábelo. sin la menor huella de su primera súbita emoción y sin el menor desconcierto que pudiera certificar que se confesaba en algo culpable. niéndose y tartamudeando—. y trescientos rublos le entregué. Pero ahora es preciso acabar. siempre con la misma extraordinaria serenidad—.. fin c ‘est un homme perdu el quelque chose comme un forçat évadé. perdóname. aguardando. Y sacudió expresivamente ¡a cabeza. Sus ojos centellearon de odio y desprecio. Stepán TrofimoV’ 128 FEDOR M. Entró el muy solemne Aléksieyj Yegórovjch. Si yo también me he enterado de esa r nante historia. En ella no sé qué bribón me aseguraba Nikolai Vsevolódovich se había vuelto loco y que debía ponerme en g dia contra cierta mujer coja. —El coche —ordenó Varvara Petrovna—. lo mirab. —Espera un minuto. mientras nosotras tomamos aquí café.rublos.

y si hay alguna posibilidad de “dejarlo pasar”. por efecto de su amor propio irritado. el frac y la ropa limpia. Maria Timoféyevna por poco se muere de risa. caballero —Varvara Petrovna se incorporó en asiento—. de ocupar esa silla.. con el sombrero y 1 guantes en las manos. Mavrikii Nikoláyevich hizo una reverencia y salió. pero sí en el estado de la pesadez. Con pesar veo que tú estás ahora cansada y fuera de ti. y el izquierdo. Todo esto. pues.. y hablando con él. Maria Timoféyevna. algo abotagada y lacia. pe no obstante. y hasta pareció como si no la hubiese oído. pobre Praskovia Ivánovna. Le escucharé a usted de igual modo de ahí. Algo de triunfal y arrogante brillaba en el rostro de Varvara Petrovna. y podíase adivinar que. es decir. “dejar pasar” ahora mismo a ese hombre sospechoso. traslucíanse en la expresión de su fisonorn Tenía un miedo horrible. bigote y patillas. que hacía bastante mal efecto. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 131 tán sus guantes negros. pelirrufo. recio. Es posible que quisiese él mirar más atentamente en tori suyo. en la que sostenía sombrero de copa. El le lanzó i mirada de fiera. IV Ya dije algo del aspecto exterior de aquel individuo: alto. pero hasta entonces no se había decidido. no me voy todavía. —He venido. Una gran desconfianza de sí mismo.. Varvara Petrovna lo tuvo todo un minuto. Un minuto después estaba de vuelta con el señor Lebíadkin. Dios sea contigo. mirándolo despiadada. prepa se y decidirse en unos tres cuartos de hora. pero en sus palabras vibraba una férrea decisión. junto a puerta. “mamá”. tráigaselo. pero hizo un esfuerzo y se contuvo. sino que me estaré aquí un poco más con la tiita —dijo con voz serena. Llevaba también el capi ¡30 FEDOR M. sin más pérdida de tiempo. Ten la seguridad de que nunca dejaré de quererte.. encontrando su figura terriblemente ridícula. pero sufría también su am propio. Ven acá. de los que el derecho. Pero Liza no le contestó. Liza atravesó la habitación. lle do el caso. Sabi es que el mayor sufrimiento de semejantes individuos. Pare que sería bastante sacudirle un par de veces por los hombros para que y viese a estar borracho. no obstante todo su miedo. Pero lo que más chocaba en él era que se presentaba de frac y vestido de limpio. dio algunos pasos rápidos hacia Varvara trovna. tenía er mano. amiga mía. Esta la besó. adiós. cubría la mitad de su gruesa mano izquierda. hubo de quirirlos (según supe después) por consejo de Liputin.. según tú misma has dicho. en un momento descubrí con asombro la innoble procedencia del anónimo. con frase impropia. te “asedian”. No había duda que si había venido ahora (en un che de punto) había sido también por consejo de tercera persona y contaj con la ayuda de alguien. la apartó un poco de sí. y deja que te dé otro beso. unos ojillos pequeñines. y allí se puso como a mirar al vacio. y no apartaba su estúpida mirada de la cara de V vara Petrovna. de pronto. que él solo no habría acertado a vestirse. Sobre todo. se lo causan s propias manos y la imposibilidad reconocida de hacer algo decoroso c ellas. carrillos que le temblaban a cada movimiento que hacía con la cabeza. la cogió de la mano. todavía sin calzar. de unos cuarenta años. Si también a ti. sírvase usted decirnos su nombre —dijo tranquila expresivamente. Además. miróla Con sentimiento y. señora. que el “frac del amor” de que le hablara. y que era la primera vez que ponía. No taba borracho. Ahí tienes todo lo que quería decirte a título de explicación. Liza. Liza no tiene nada que hacer aquí. con miras a no qué misteriosos fines. y con ellos. —Mavrikii Nikoláyevich. —Yo. cuando por cualqu rara circunstancia se encuentran entre la buena sociedad. santiguóla y volvió a besarla. y una nuez gruesa y prominente. sea la que fuere la suerte que te depare el destino. Entró impetuoso en el salón. yo soy la primera en lamentar haber sido causa inocente de ello. Hay individuos a los que les va mal hasta la ropa limpia. que es imposible “recibirlo”. —gritó como si tocara una trompeta. capaz de decidirse. te han molestado “por mi culpa” con semejantes despreciables anónimos. tengo que pedirle un gran favor. dio media vuelta y fue a sentarse en el sitio indicado. eso saltaba a la vista. con una cara barrosa. con la estúpida mirada perdida en el vacío. Temblaba a ojos vistas a cada movimiento de su cuerpo. ir placableniente largo. —Dios mío. del que Mavrikii Nikoláyevich dijo. que le estaba muy ajustado y no acababa de entri del todo. Yo siempre bendije Su santa voluntad. . El capitán se detuvo. y así podré. después. pero él no se inmutó. de reluciente pelambre. verle mejor. además. con el mismo silencio y como ensimismada. pero de pronto se detuvo delante de su madre. —Haga el favor. juntando en gesto de desvalimiento las manos. tenga la bondad de ir a buscar abajo a ese hombre.. a cualquier insolencia. ¿qué tienes? —exclamó Praskovia Ivánovna. pero de pronto tropezó en la puerta con alfombra. Liza volvió a su mismo sitio. en aquella situación. fue a sentarse en el mismo rincón de antes. pr bablemente. aun suponiendo que hubiese bido la escena que se había desarrollado en el pórtico de la catedral. y en silencio se detuvo ante Varvara Petrovna. yo he resuelto. —En primer lugar. inyectados en sangre. de un mirar harto ladino a veces. El capitán se quedó sin moverse en su silla. Resultaba. y.y despreciable de todos sus enemigos. —Bueno. Iba a decir algo más. se echó a reír nuevo. a Schí existía realmente. Liza —en la voz de Varvara Petrovna vibraban lágrimas—. y al mismo tiempo insolenci cierta nerviosidad constante. como decía en cierta ocasión Liputin replicando a la ruidosa recriminación que le hiciera Stepán Trofimovich por su desaseo. tristeza y turbiedad de hombre que despierta de pronto después de muchos días de juerga.

corríanle por las goterones de sudor. señora!. fraternal. magníficos son sus aposentos. Stepán vich y yo nos adelantamos. que tanto me ha interesado. usted ha perdido el juicio. acabó de perder el aplomo. pero seguramente.Eso de en un estado no quiere decir en un estado.Por qué? —inquirió Varvara Petrovna con voz ya algo insegura. berme equivocado respecto a su hermana y tomádola por una pobre. que burló mi vigilancia.. le ofreció el dinero contado. Mavrikii Nikoláyevich.una ardua hazaña... señora. ... extrajo de ella un fajo de billetes pequeños y se puso a contarlos con sus dedos temblones en un arrechucho de impaciencia.. a usted se le acepta t Pero con una mano toma y con la otra le da sus veinte rublos en conce de aportación para uno de los comités de Beneficencia de que usted. per que por lo pronto llamaremos Maria la Desconocida. sin más dilación. a un criado. mi hermana. —. Era de ver que quería cuanto antes explicar algo. —Señora. que se lo lleve. tranquilícense ustedes. efectivamente. . silo desea. pero por vet “usted”. usted le ha dado a ella diez rublos. Le ruego bién vuelva a ocupar su sitio de antes. y hasta era muy preciso. —Señora. que. —Entienda usted bien. Mi hermana y yo no somos nada. muerto en el Cáucas vista del mismo Ermólov. caballero.. y ella los tomó. sacó del bolsillo una cartera. acercándose de pronto a Varvara Petrovna. —Veinte rublos. señora! De nadie en el mundo habría t dinero esta Maria la Desconocida.. Sudaba a más y mejor. se agachó un poco para recogerlo. fijó la vista en el suelo y se llevó la r derecha al corazón. hermana suya? —Mi hermana. señora.. Esta pobre criatura. Siento mucho. para que se acuerde de Lebíadkin. • _y volvió a rebullirse en el asiento. pero franca.. porque Dios no permitirá que así sea siempre! ra. los dedos se le engarabitaban. que mostró usted en el pórtico. literalmente. señora —se levantó de pronto con el fajo de billetes en la mano y el rostro bañado en sudor de tanto apuro. que en otro caso se estremecería sepulcro el oficial de Estado Mayor. Sólo una cosa no comprendo: por qué de mí sola p ella aceptar algo y nada en absoluto de otros. Se detuvo y se puso encarnado. me dé una explicación sobre ello. en la que puede apuntarse el que quiera.. —Haga el favor! —y Varvara Petrovna volvió a atajarle—. Pero de su reputación está orgulloso Lebíadkin. por lo pronto. el capitán. señora.. De pronto se detuvo. y crea usted. señora.. —Señora. señora —se precipitó y volvió a ponerse encarnado—. —Y ¿hace mucho tiempo que está así? —dijo Varvara Petrovna recalcando un poco las palabras. al reparar en el billetito que había caído sobre la alfombra. Eso es. en los últimos tiempos. necesito. un billetito verde se le voló de la cartera y fue a caer.¡Aquí está el dinero. que allí puede usted suscribirse con su aportación. y. caballero.—Fraternal? —Es decir. señora! Al decir esto... —Llame usted a sus gentes. también bajo la inspira de Liputin. que no estoy tan mal educado como puedo parecer a primera vista. sino únicamente en el sentido de que yo soy hermano de mi hermana. su abuelo. —Nunca lo permitiré —declaró Varvara Petrovna atropelladamente y Con cierto temor. — Señora.. Un hermano no debe mancillar. respiraba dificultosamente. en su salón. llevándose a la frente un dedo. pero nL. para colmo de vergüenza. ése es un secreto que me he de llevar a la tumba! —resi dió el capitán. —1Caballero! —y Varvara Petrovna alzó la frente. fraternal. se puso encarnado y.. señora. y.. emocionado.. gracias a no estoy loco! —nos aseguró a todos. de Maria la Desconocida.. ¿me permite usted hacerle una gunta. en la alfombra. El capitán calló de pronto. sin más ni más. haciendo zigzags. he venido a darle gracias. Usted lo recalcó tanto.. comparados con el lujo que aquí vemos. soy un e insignificante. y. señora —se aturrulló enormemente—. —En ese caso. pero después le dio vergüenza e hizo un gesto en el aire con la mano. Tenemos. sin duda. además. —No. de reputación puesta en tela de juicio... no. y ta se apartó un poco en su asiento. ¡Oh señora.. ¿es. s así que es tan rica. Guardó un silencio sombrío. sólo “por lo pronto”. a la rusa. con el alma? . He venido. —Vea usted en qué estado se halla! —concluyó él inesperadamente. Eso es. . señora. DL tUOR Si. comprendiendo él mismo que el manipuleo con el dinero en la mano le comunicaba un aspecto todavía más estúpido. calumniadores. —Señora —exclamó de pronto—..__Capitán Lebíadkin —contestó con voz tonante—. Se agachó. Todo aquello relativo a los comités de Beneficenci llevaba probablemente preparado de antemano. Siguió un silencio.. Varvara Petrovna lo contemplaba con ojos penetran —Esa lista —dijo severamente— está siempre abajo.. porque se encuentra en un estado. no es lo que usted se piensa! Yo. completamente asustada ya.. en la portería. VOS lUlbVSlÇj —tQué es esto? —exclamó aquélla. pero a usted. yo he venido a darle a usted las gracias por la generosidad a la rusa. cual . sí.. lo recogió. Yo le ruego guarde ahora su dinero y no lo agite así en el aire. es miembro. directa. una sola. no terminaba de contar el dinero. Varvara Petrovna aguardaba sin quitarle ojo. señora.. —Tranqui1ícense ustedes. señora! ¡Oiga usted. ñora. apellidada Lebíadkin. ya que usted misma publicó en las Noticias Mosc tas que usted tiene la lista de suscriptores.

se pern te usted hablar con demasiado calor. Había también una razón para que Varvara Petrovna. me veo obligado a llevar el ordini nombre de Ignat. titulada La cucarp ¿puedo leérsela a usted? —tQuiere usted leernos alguna fábula de Krilov? —No. Praskovia Ivánovna estaba. pero cuya sola presencia. en la actitud de nuestro general defensor.. venciendo su repugnancia. señora. ¿no puede decir nada más concreto? —Yo puedo leerle a usted un poema: La cucaracha.Por qué?”. sin embargo. Érase una cucaracha infantil que hubo de caerse en un jarro . pero ¡todavía no lo estoy! Señora. Crea usted también. por fin. y en seguida se propasarán a insolencias...palabrillas de “por qué” se hallan difundidas por todo el Universo desde primer día de su creación. señora! —y volvió a dar un brinco en su asiento. una per: no.. y. y con los ojos muy abiertos contemplaba de hito en hito al fogoso capitán. probablei11e te sin advertirlo y golpeándose el pecho—. no atendía a las preguntas y hablaba de sí mismo tan atropelladamente. sin ánimo de ofender. escribió una fábula a lo Krilov. alguna vez en la vida? _Usted quiere decir. que a veces se le trababa la lengua. —.Puedo hacerle a usted aún otra pregunta. Cuando no se encuentran en su ambiente. y. grita a su Creador: “. Ya había vuelto a andar por la habitación. sencillamente. Pero. señora. ¡Calla. . ¡Aquí. si es así. decididamente. en cuanto lo conciben..lí. por qué? ¡Señora! ¡A mi juicio. pero ceded ante ellos un pelo solamente.. —Ha sufrido usted. y nada más! —y Varvara Petrovna se cneo] rizó y perdió la paciencia—. señora? —Todo eso es absurdo. Stepán Trofimovich también temblaba.é. .Es posible morir únicamente por nobleza de alma? —No sé. Mavrikii Nikoláyevich estaba en pie. sin embargo.. sin embargo. por comprenderlo demasiado bien. Pero lo más extraño de todo era que Maria Timoféyevna no sólo había dejado de reírse. señora. . y hace siete mil años que no obtiene testación. es posible que me exprese con nerviosidad. Schátov seguía en la misma actitud. y nada más! —Usted. sin más arreqi ves. bullen tantas.. yo todavía no estoy loco! Llegaré a estarlo. —No se apure. y. iba y venía.bi. sin escucharla. —Señora. usted me preguntaba. ya sabré yo cuándo hay que atajarle. . .Por qué?” Yo Sigo aguardando la respuesta. alrededor del e” juegan los niños. caballero. y podría recibir mi rublos de un editor. con toda franqueza. tantas cosas. si. Pues si es así. señora.. .. s ramente. Es característica de estos individuos la absoluta incapacidad para reprimir sus deseos. que ha de asombrarse el mismo Dios al abrirlo el día del Juicio! _Hum! Eso es mucho decir.La qué. guiñando el ojo—. — Señora. poeta de alma. sencillamente. por el contrario. corazón sin esperanza! Y aporreóse el pecho frenéticamente. —Señora —prosiguió. nunca me formulé pregunta semejante. a cada instante. no quiero leer ninguna fábula de Krilov. ma. me veo obligado a vivir en un cuchitm ¿Por qué. —Todo eso son absurdas alegorías —dijo. Por lo demás. seguía la declamaC1Ó de su hermano. lo estaré. muerta de miedo. mustia mirada. señora? —Hágala. Usted no ha contestado todavía a mi pregunta: “. que ha sufrido o está sufriendo por culPa de alguien. considero una solencia. aunque en verdad no comprendía en absoluto de qué se trataba. ¿Por qué? Yo soy poeta. señora. se hubiese decidido a escuchar a tal hombre. yo puede que siera llamarme Ernest. todas éstas son suposiciones. _i. en este corazón. sino que se había puesto espantosamente triste. —]Señora. esos sujetos suelen empezar con timidez. además.. —i. no sabe usted! ¡Que no se formuló nunca semejante pregunta! _exclamó con patética ironía—. un amigo mío. El capitán se había ya acalorado.. señora: ¿por qué? La cc tación va en el fondo de esta fábula. escrita con letras de fuego. y. ¿Es justo que precisamente el capitán Lebíadkin vaya a contesi eso. Sólo Daria Pávlovna parecíame a mí tranquila. LOS ULMUINIUS 1 J’ —tQue no he contestado a su “por qué”? ¿Que está usted aguardan mi contestación a su “por qué”? —dijo el capitán. obra mía. A decir verdad. Rusia es un capricho de la I raleza. y la Naturaleza toda. Había apoyado el codo derecho en la mesa. y con larga. . enojada. el incontenible anhelo inmediatamente lo traslucen. Varvara Petrovna_.—Hágala. lo mareaba. Son solamente alegorías. a la que no había mirado ni una sola vez. no estaba muy despejado: encontrábase allí también Lizaveta Nikoláyevna. pero por todo lo contrario. . al parecer. Liza se había puesto algo pálida. —Lea usted su fábula. tampoco estoy tan mal educado ni pervertido que no comprenda que Rusi posee un gran fabulista en Krilov. Porque ¿qué piensa usted? Yo quisiera llaniarme prínci de Montbar. al que el ministro de Instrucción Públic ha hecho erigir un monumento en el jardín de Verano. manoteaba. lo que yo. no soy más que Lebíadkin. sino una fábula u propia. el capitán—. y sin terminar la frase pasaba a otra.

con una riencia de energía desusada. un no. hay circunstancias que obligan a soportar más bien el oprobio de la familia antes que proclamar en voz alta la verdad.. . Aléksieyi Yegórovich. en respuesta a la interrogante mirada de Varvara PILJ Yo la recuerdo especialmente en ese momento: primero se puso p pero de pronto sus ojos centellearon. de estatura a más que mediana.. aunque sólo sea a grandes rasgos.. con los cabellos rubios.o FEDOR M. acercóse Niktfor. y la moda. pero la cucaracha no rechista. en la portería. basta! Señora. la Sagascidad de Lebíadkin. ¡No se irá de la lengua Lebíadkin. suele ocurrir que se ponga a escribir cartas en versos magníficos. i. Nikifor coge el vaso y. Era un joven de veintisiete años. Todavía no está terminado del todo. y Cu do en verano las moscas suben por los vasos. Hasta e pitán se quedó parado como un poste en medio del salón. en ese escape. alguien parecía correr. unas pisadas menudas. Quería ya ofender. de Nikolai Vsevolódovich. al que no esperaba hasta dentro de un mes. las moscas. —No. que a usted le enviara Nikolai Vsevolódovich y que usted no recibiera. —Señora.. una persona que no era en modo alguno Nikolai Vsevolódov sino un joven completamente desconocido para todos. Y he aquí que en la sala contigua. rrumpan. en que no rechista. vierte en la letrina toda la comida. no sólo por .. que apenas le apuntaba. y muy ufano. . señora! Estaba como ciego. demostrar su poder.ra. el más tonto lo entiende. —Quiere decir que era verano —atropellóse el capitán.11. . una habitación grande y espaci sonaron pisadas.. . ya mancillar en alguna forma.bi. no me u. pero es igual —farfulló el capitán—. Todos también estaban desconcertados. En aquel instante. boquiabiert mirando a la puerta con ojos enormemente estúpidos. sí. en vez de lo esperado. y reconozca su grandeza de alma. Varvara Petrovna estaba terriblemente enojada.. fijese usted. Se irguió en su asiento.. El viejo y digno servidor parecía hallarse e estado de agitación extraordinaria. finalmente. es la vieja botella del húsar cantada por Denis Davídov. y en el fondo de la botella.. permítame usted que le pregunte. . ¿qué es eso? —exclamó Varvara Petrovna. traordinariamente menudas.de los que suelen usar a cazar moscas destinados. un poco alarmado por el campanillazo de Stepán Tr’ vich.tra. ya verán... —Nikolai Vsevolódovich se ha servido llegar en este instante. no me interrumpan ustedes. pero tiene su lado flaco: tiene un escape abierto a las pasiones. siempre se manifiesta. señora. señora. todo junto. no lo cogerás por la cola! Pues ahí.simo anciano. . pero que luego querría recoger a costa de las lágrimas de toda su vida. el grito alzaron: “Ya está nuestro vaso harto lleno a Júpiter le clamaron. a pesar del griterío. Lebíadkin puede irse de la lengua hasta respecto a una noble señorita. so color de noble indignación de un alma mortificada por las ofensas. crespos y bastante largos.. Pero ¡luego que voló el pájaro. cosa que ya se debía haber hecho hace tiempo. .. Su sitio ocupó la cucaracha. y hacia acá —dijo. Pero fijese usted. (no hacía más que mover las manos). señora. se atreve usted a acusar a una persona que pertenece a mi casa? —]Una calumnia! —vociferó Lebíadkin. esperando el final. Pero ¡basta.sino también por la fatal coincidencia con el presente instante. que se aproximaban ligeras. cosa de la que se han aprovechado sus calumniadores. se pone en ellos un cebo r matarlas. representa a la Naturaleza —añadió atropelladamente. resultaba extraña. fijese usted bien. describir a personaje súbitamente aparecido. ... oyóse un timbrazo. su suntuosa mansión Podiría pertenecer al más noble personaje. sentía su importancia. púsose a dar vueltas por la habitación. —Lebíadkin es muy listo. Stepán Trofimovich — Varvara Petrovna. Y en vano se cierne sobre él un lobo maligno y le echa a beber a cada instante. y Me permito detenerme y. Y ese escape. La gada de todo punto inopinada. Iba bien vestido. Ahí tiene usted la respuesta a su “por qué” —exclamó triunfalmente—. pero no con elegancia. porque deslustra el sentimiento de lo bello. no se irá de la lengua Lebíadkin. ca. señora —y guiñó los ojos con repulsiva sonrisa—.. y de pronto irrumpié la sala. abajo. e inmea tamente acudió. —Señor. FiJese usted bien. ya verán. moscas y cucaracha. poseíale la inspiración. ¡La cu. señora: la cucaracha no rechista. aproximadamente. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 137 —Haga usted el favor de tocar el timbre. Pero en tanto alzaban sus voces.. se imaginaba seguramente algo. alzando trágicamente la dies. gesticulan con la nerviosa impaciencia del actor al que le impiden declamar—. —Pero ¿por qué dineros.. pt y un bigotillo incipiente.cha no rechista! Por lo que se refiere a Nikifor. Cuando se encuentra en ese escape. Pero Lebíadkin es liisto.. no es una calumnia.

En un momento se plantó delante de Varvara Petrovna. pero después se os hacía antipático. al mismo tiempo. pugnando por z de aquellos brazos. ¿cómo va usted de las piernas. a mí aun ahora mismo me parece que venía hablando desde la habitación contigua y que hablando entró en la nuestra. Tenía la cabeza alargada hacia la nuca y como aplanada por los L de suerte que resultaba con la cara aguda. Ya sabía yo que había decir chocheces. no desvaríes. no haber tenido ocasión de verla a usted en el extranjero y presentarle personalmente mis respetos. Tenía una gran presunción.. aunque. la mirada. buída.5’ Al principio. —Pues Nikolai Vsevolódovich. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 139 tantas cosas que comunicarle. con aplomo y sin rebUSse las palabras en el bolsillo. basta. no desvaríes. y precisamente por efecto de la excesiva claridad de su discurso.. siempre fui culpable para contigo! —No. según parece. siempre acopladas y siempre dispuestas al punto. terriblemente roja y con una punta sumamente aguda. Yo le he avisado a mi viejo. y hasta no se enfada con él. ¿cómo no se lo dijeron a usted? Por lo visto. Y. cuando. 1 labios. que debía de ser extraordinariamente larga y fina. de esto hablaremos después. nada de gestos. según lo que veo. Sus ideas eran tranquilas. él se vino. —Pero ¡si llevaba diez años de no verte! . las L ciones. pero. y. como siempre se enfadaba en Suiza. sonriendo.. Su conversación era de una claridad maravillosa. derecho hacia acá. cuánto celebro encontrármela a usted al primer paso.. y con especial atención fijólos en el capitán —. y. Empezabais a figuraros que su lengua debía de tener una forma especial. alta y estrecha. —jYo siempre. la naricilla. 138 FEDOR M. tenía 51 Otras versiones suprimen el símil. que entro y pienso encontrarlo aguardándome desde hace un cuarto de hora. debe llevar tiempo aquí.. precisamente en un momento que responderá a su expectación y. —Pero ¿quién? ¿Quién le mandó a usted venir? —inquirió Varvara Petrovna. además. y hasta resultaba desenvuelt recía un individuo extravagante. Parecía que fl die era capaz de aturrullarlo: en toda circunstancia.. la honorabilisima Praskovia Ivánovna no se ha olvidado tampoco de su “profesor”. Pero cuánto siento. pero c lo visto.parecía a la primera mirada cargado paldas y pesadote. batió palmas y lanzóse hacia su hijo —. sin embargo. y entre toda clase gente se mantenía siempre el mismo. menudas. a la carrera. hará media hora. por lo demás... Pero podría enviarse a alguien en su busca. a su cálculo —aquí paseó los ojos por la habitación. no obstante su apariencia arrebatada. pequeña y respingona. —Petruschka! —exclamó Stepán Trofimovjch. concienzudas y definitivas. pues dicho joven hizo irrupción en la sala. Andaba y se movía muy de prisa. Hablaba de prisa. cuando menos.. estaba perfectamente sano y fuerte. Pero has de ser más discreto. —Imagínese usted. ¡ea!. Lizaveta Nikoláyevna. y es más: um’había estado enfermo. según su costumbre. ¿Fomentos? Eso debe de ser muy conveniente.. pero sin atropellarse. largos y finos. Un pliegue seco en las mejillas y alreded de los pómulos le daba el aspecto de un convaleciente de grave “‘ dad. y lágrimas corrj de sus ojos. Pero. Liza —. que continua e involuntariamente estaba siempre agitándose. Praskovia Ivánovna? ¿Tenían razón los médicos suizos al aconsejarle en consulta el clima del terruño?. La frente. justas. Pierre. yo soy el primero en anunciárselo. Varvara Petrovna —dijo de un tirón—. mo fani!.. te lo suplico. y. Nadie habría dicho que era feo. pero ¡si no te había conocido! —abrazólo fuerte. te de su estupor. y verdaderamente. pero no lo notaba lo más mínimo. sus palabras caían como pepitas de oro.. en cuanto yo puedo juzgar. ¿Es que usted verdaderamente se entera en este instante? Pues su equipaje. basta. y me mandó que viniese dentro de un cuarto de hora. a todo esto. —Bueno. ¿Cómo?. La expresión de su cara era literalmente enfermiza pero eso era sólo en apariencia. todos los que allí e mos encontramos después sus modales muy distinguidos y su convers siempre ceñida al asunto.. para asir la mano que alegremente le tendía. esto os agradaba. seguramente no tardará en presentarse. saliendo por un i. nos hemos reunido en casa de Kirillov. fuertes. Varvara Petrovna — dio media vuelta rápida—. pero su cara no le fue a nadie simp ca. cuánto celebro poder estrechar su mano —fuese en un vuelo hacia ella. Bueno. hace ya hora y media que llegó. sin embargo. pero no había tal cosa. te lo suplico —balbuceó apresuradamente Petruschka. de aquel caudal de palabras siempre prestas. Esto se advertía especialmente.. Ah.

me pareció de una decidida. y todo su aspecto decía que un momento más.. de pronto. Después de besarle la mano. Pero ¿se debería eso a que estaba ahora más . eso no es posible en absoluto —díjole él con magnífica sonrisa. sin moverse de su sitio. Con la misma voz FFDOR M. Mientras que ahor ahora.. hay fisonomías que sen todas las veces que se dejan ver. llevósela respetuosamente a los labios y se la besó. hubo de dirigirle a su hijo. esbozó lentamente una benévola sonrisa. acercóse despacito a su mámascha. al parecer. de pronto. Es posible que hubiese ambas cosas.. completamente sin freno. que aquélla no se atrevió a retirar la mano. respirando afanosa. pero ¡suelta esas manos! ves que molestas a los demás?. pensativa y como abstra En una palabra: que a mí me parecía cual si hubiéramos dejado de verná día anterior. toda muerta de susto.’ a la vista que era el mismo que hacía cuatro años: la misma distribuci. ¡Le ruego a usted que me diga ahora mismo. Varvara Petrovna. Pero una cosa me chocó: antes. pero recuerdo que yo me acerqué rápidamente a ella (me hallaba casi a su lado). al mismo tiempo. murmuróle: —Pero ¿yo puedo. finalmente. pero ya está aquí Nikolai Vsevol vich!. —Usted no puede estar aquí —. toda inquisitiva.. y su extraordinaria decisión en algunos momentos desusados. dirigióse hacia Maria Timoféyevna. misma gravedad. el entusiasmo que dificilmente soportan las personas. como en un foco. Recordaré también.. pues me pareció que iba a desmayarse. podía ser para ella uno de esos instantes en los que de pronto. Como cuatro años atrás. es su mujer legítima! Recuerdo sobradamente aquel instante.. por ejemplo. en fin. y un momento se detuvo en el umbral. se echase a reír alborozada. que casi le demudaba el semblante. Dificil sería describir las caras de los circunstantes en ciertos momentos. haga cuenta de que el presente instante. extendiendo. no hagas sandeces. recalcando cada palabra con firme voz. aunque las hayáis visto cien veces. Su leve sonrisa era lo mismo de oficialmente afectuosa y lo x mo de engreída. —Nikolai Vsevolódovich! —repitió. de todo lo presente y hasta de todo lo futuro. y hasta.. ahí la tiene. por decirlo así... te lo ruego. ruego al H tenga presente que tal era el carácter de Varvara Petrovna. como en acción de súplica. lo creo. ahora mismo. de pasada. aquel gesto y aquella exclamación —pregunta cuya posibilidad no podía suponer ni aun en labios de la misma Varvara Petrovna—. y.. ¡Ah. sus manos.. como antes. —Mon enfant! —Bueno. recuerdo que Maria Timoféyevna. si es verdad que. y cada uno de sus movimientos revelaba la estimación más sincera. si es verdad que esta desgraciada cojita. mírela.. “asemejaba una máscara”.que antes y parecía haber adelgazado un poco? ¿O sería que alguna s idea resplandecía ahora en su mirada? —jNikolai Vsevolódovich! —exclamó. por lo visto. recuerdo también el entusiasmo. y. creo que me quieres. melodiosa. estaba ya en la habitación. echarme a sus pies de hinojos? —No. ¡Deténte un momento! Pero para explicar aquella horrible pregunta que de pronto sucec.. en el que acaso se cifrase la explicación de la posibilidad de la pregunta que ella. se reconcentra toda la esencia de la vida: de todo lo vivido. inquebrantable influjo sobre su madre.. enteramente y. sin contestar palabra. bía entrado muy despacio.. deteniéndolo con un gesto u rioso—. con un forzado balbuceo. desde la primera mirada. había momentos en su vida en los cuales se entregaba toda. aunque tenía fama de su cara.. lentamente.. levantóse de su asiento y adelantóse hacia él. y miró de hito en hito a la madre. no sé por qué. su mirada igualmente severa. según la expresiói cierta mala lengua de las señoras de la localidad.. irguiéndose toda en su S aunque sin abandonarla. y del que hacía poco diera cuenta irritada a Praskovia Ivánovna. Por último. en la que se advertían vibraciones de reto—. de sentido práctico y doméstico que poseía.. todavía no lo habíais advertido. que ya nadie habría podido decir que s asemejaba una máscara. parecen aportar consigo algo nuevo. con piando con serenos ojos la concurrencia. ni el más leve cambio operóse en su rostro. Le ruego. Le ruego también recapacite que. el mismo andar reposado de entonces y casi el mismo de joven. Y tan fuerte era su eterno. el anónimo que había recibido. callándose.díjole Nikolai Vsevolódovich con voz afable. paseó una vez más la mirada por todo el salón. él no pestañeó siquiera. Nikoiai Vsevolódovich efectivamente. que hizo que ella. La cuitada. efectivamente.. efectivamente. Yo. que mantuvo toda su vida. y.. Estaba ante ella en la más respetuosa actitud. Limitóse a mirarlo. y no podría sufrir la incertidumbre. indiscutible: tanto. lo más principal de su texto.—Tanta menos razón para efusiones. ésa.. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 140 . cogióle la mano. S. Pero él seguía callado. si me permitís la frase. cuando por primera vez lo conocí. pero. exact te igual me impresionó ahora a la primera ojeada que le eché. pánico y entusiasmo. y en sus ojos fulguró una extraordinaria ternura. No lo h olvidado lo más mínimo. no obstante su extraordinaria entereza de alma y la considerable dosis de juicio.

y.. Yo he olvidado ahora un poco el orden en que todo aqw se produjo.. y yo. de contar anécdotas ajenas. cual si hubiera tocado un reptil. e induciabl desde el punto y hora que se presentó Nikolai Vscvolódovich. suspirando y dándole la mano. ción. hay también casos en los que se resiste un hombre a dar una explicación personal. sin embargo.. atónitos. Nikolai Vsevolódovich. tanto su hija no se levantase. Entre tanto. con su hablar rotundo. y. todos habíamos callado. —Desde luego. aunque su amigo más adicto para usted un hombre extraño. y más que nada lo que hicieron fue pro exclamaciones. que Nikolai Vsevolódovich no es culpable en lo más mínimo al no haber contestado a su pregunta de usted. Estoy seguro de que él mismo me lo pediría. y si está usted seguro de darle con ello una satisfacción. que sufría un tanto por su condescendencia. inclinó la cabeza.. pero.. a mayor abundamiento. ni su metido. A una mosca Ir’ podido oírse. con . pude verlo. que había vuelto a sentarse en un sillón. y con mirada fija. —Si mc da usted palabra de que eso no hiere la delicadeza de Nikolai Vsevolódovich en sus sentimientos. —Lo escuchan a usted con reserva o cautela —anuncióle Varvara Petrovna.dió: —Piense que es usted soltera. La pobre tenía sus preocupaciones. a la que no le oculta nunca na. . Pero de todos.. que no es su marido.. Liza. Yo ignoraba aún el carácter de aquel individuo en absoluto. que me son conocidos. Le escuchó. has oído lo que él acaba de decirle aquí? Pero la otra ya ni responder podía. con mucha solicitud y tacto. a la que seguía tratando de convencer. si usted quiere. en realidad no es ninguna anecdota —empezó el declamador—. la condujo puerta. y. .Quiere usted decir que fue testigo de cierto caso fortuito del que resultó. y. siendo ineludiblemente necesario que de ello se encargue una tercera persona. —Vamos —dijo. y fuera de las prácticas corrientes. Varvara Petrovna. En una pala que se desplomó toda de costado sobre una silla. cuando todos romp de pronto a hablar. Estaba poseído de un pánico grande.. —Es indispensable. habría rodado por el suelo.. el capitán seguramente trataba escabullirse. se puso c rada. Es indispensable. Hasta. ese mal entendimiento? —inquirió Varvara Petrovna. hace un momento. pero piotr Stcpánovich lo Cogió de un brazo y no lo dejó ir.. el cual corrió desolado a Varvara Petrovna. volvió a sentarse. poco. Créame usted. En tanto se desarrollaba toda esa escena entre Nikolai Vsevolódovl Maria Timoféyevna. levantóse de pronto de la silla. y daba muestras de un sonrojo tremendo. y de traza harto rara. porque se armó un alboroto. pero en su cara había algo de contracción c pulsiva. seguiale a él casi colgando de su brazo. Estaba visiblemente contrariada por su caída. El en seguida la cogió y la sosttj asióla fuerte de la mano. en una palabra: que daba muchas vueltas por la 1. —. pero no bien hubieron salido ellos. los fue siguiendo hasta la misma puerta. yo la acompañaré ‘‘ coche y. y que me pongo en ridículo al hacerlo de por mí. es indispensable —decíale el joven. saltó asiento y gritóle a Praskovia Ivánovna: —Has oído.. si es que no hay más remedio que emplear esa vaga palabra de “honor”. y recuerdo que lo escuchaba ansiosa: hasta tal punto había llegado a apoderarse también de su atención.. y. si lo permite. Una novelita bastante interesante. Usted misma ve. Luego silencio. hacia mí. Dirigióse también a 1 via Ivánovna y a Lizaveta Nikoláyevna. hiriéndola en una fibra harto sensible. en Petersburgo. cojeando mucho. Lo advertí.to. y en tanto ellos. Varvara petrovna. Sin duda debió verse sin precaución. Bastante extraño resultaba. hubo de conocer a ese caballero. mediante una explicación radical. Praskovia Ivanovna. También balbuceó no sé qué de un modo presuroso y cortado Mavrikii Nikoláyevich. pero Varvara Petrovi reparó en él. Estaba plantado ante ella.. Así que déme usted su mano y véngase. aunque el asunto es nimio: lo conozco desde Potersburgo. por lo demás. una satisfacción. Además. VI Hablaron. en primer lugar.. y también yo la experimento. Mirando en silencio al lo. que aquí se trata de un error. con gestos. sus intenciones.. el insistente empeño de aquel caballerete caído inopinadamente del cielo. como pensativa. Varvara Petrovna. la conduciré a su casa. si no maravillosas. confusa. ni su padre. que se había puesto toda colorada. Hará cinco años. a Varvara Petrovna. el propio Nikolai Vsevolódovich no le concede a este asunto la menor importancia. pero largo rato estuve sin comprender. a la que le resulte más fácil exponer ciertas manifestaciones delicadas. De sobra comprendo que nadie me ha facultado para mediar. Stepán Trofimovich lanzó r qué exclamación en francés y juntó las manos. porque hay en ella cosas. por lo que se limitó a refunfuñar sé qué y a manotear. a cada palabra vía la cabeza en dirección a Liza y la contemplaba con inconsciente . y estoy convencido de que Lizaveta Nikoláyevna con curiosidad habrá de oírla. por último.. y de no haber estado la silla. que todo ese cuento le hace honor a Nikolai Vsevolódovich. Pero en este instante ocurrió un leve contratiempo. a ese mismo señor Lebíadkin. la cosa está clara como la luz y es sencilla como un dedo. y cayóse sobre su pierna enferma. da. Aunque un novelista desocupado POdna sacar de ella una novela. admirables. —Testigo y actor —apresuróse a afirmar Piotr Stepánovich. y hasta acalorándose una vez tóle a su padre. Así s” los dos. que está ahí plantado. el que más se exalt Piotr Stepánovich. Pero había hecho tragar el anzuelo a Varvara Petrovna.. pero en cuanto a levantarse e irse. —La cosa es breve. no se atrevía siquiera a pensarlo.

Varvara Petrovna. “UY qué?”. él. al último. trata de escabuilirse Usted dispense. por lo demás. Añadiré que Nikolai Vsevolódovich estimaba mucho al tal Kirillov. irónj con otras palabras no puedo definirla. a una impedida. ¡Mucho nos reíamos con todo esot paro la cosa en que cuando a Nikolai Vsevolódovich se le ocurrió por entonces venirse acá. de considerarlo algo así como su prometido. Nikolai Vse lódovich le llamaba entonces a ese caballero su Falstaf es decir —aci de pronto—. misma hermana que acaba de retirarse de aquí. SI no más. que eçta. como a una criatura. concluyó perdiendo definitivamente sus facultades mentales. No hubo indignacj(’ caballeresca alguna en pro de una inocencia ofendida. Mademoisejie Lebíadkjna que por algún tiem iba con mucha frecuencia a ver a Nikolaj Vsevolódovich. y. al parecer. Pero la inocencia defendida no olvidó aquello. Una vez más le ruego me dispense Varvara Petrovna. fuese puro capricho. Pero Nikolai Vsevolódovich. tendrá usted que resp der. no lo dude. que por costumbre se está siempre callado. Hay fundamento para suponer que en su fancia. señor Kirillov. Yo. que se tratase de un nuevo estudhbo de un hombre desilusionado con el fin de ver hasta dónde podía conduCir a una pobre loca. s preguntar la causa. como todo acabó bien. que yo me burlo de ella. no le aconsejo a usted que se escurra. çoflCedamos.. con lo que iba a acabar de trastomarla. porque ella es mejor que todos nosotros. y. todo el mundo se reía de ella. al parecer. pero entonces. LOS DEMONIOS ba allí (un hombre sumamente original. toda la operació consumóse entre risas. estaba prenda de su fisico. y ella afligió. el tal Ki íillOV. infaliblemente de uniforme y detenía a los transei tes de mejor aspecto. así que pasaré de larg pero en seguida empezaron a burlarse de ella unos malos sujetos. y aun entonces no dejó de ocuparse en algo. Repito qi no me doy buena traza para describir lós sentimientos. en realidad. a pr férence con unos empleados. que no se atrevía a “raptar únicamente por tener muchos enemigos y obstáculos por parte de la falmlla o alguna otra razón por el estilo. y sumatnefltc raro. Varvara Petrovna Este tal Lebíadkin tenía una hermana. “Usted —decía-— con toda intención ha elegido a la última de las criaturas. 1 principal fueron los ensueños. apenas habrá cambiado dos palabras seguidas en todo el tiempo? Hay cosas. hicieron las paces y se pusieron a b ber un ponche. porque está aquí ahora). seducía también tonces a Nikolai Vsevolódovjch Hablo tan sólo de aquel tiempo. del cielo. a Nikolai Vsevolódovich que estaba tratando a aquella 8ior1ta como a una marquesa.. por lo general. como adred exasperaba todavía más los ensueños. dio eft tratar a mademoise/le Lebíadkina con inopinado respeto. como decía Kirillov. con la que. pensara usted. con toda intención. Él vagaba bajo los cos de Gostinyj Dvor. y.melodiosa. él. se lo bebía. de pronto. recibiera educación Nikolai Vsevolóe vich no fijaba nunca en ella la menor atención. recuerdo muy bien que ella llegó hasta el extremo. y se albergaban en casas ajenas. Pues él le respondió: “Usted piensa. Varv Petrovna Y. fijese usted. se pone usted a engañarla. Naturalme te. DOSTOIEVSKI la boca abierta.” Pero ¿en qué es tan culpable un hombre de las fafltaslas de una loca. de las que no . le señaló una pensión anual considerable. del que todos se ríen y qu todos se les permite se rían de di. cogió a uno de aquellos funcionarios por el pescuezo lo tiró a la calle por la ventana de un segundo piso. si menester. por decirlo así. un carácter antiguo burles que. pero hasta entonces no había ella notado. dejó antes dispuesto lo concerniente a su subsistencia. Yo. únicamente pof ver lo que de ahí sale. Ambos hermanitos carec de un rincón propio. de trescientos rublos. Iba a asistir a las casas. poníase jugar a las cartas con una grasienta baraja. por su parte. de las que. En general. Aquella Sodoma era espantosa. porque en la abyección no llegó é caer.. Estoy hablando sólo aquel tiempo. gravemente a 142 FEDOR M. quitando el “buenos días” y el “adiós”.. no estaba como ahora. gracias a alguna protectora. es su propia expresión me confía muchas cosas. por su rareza. Nikolai Vse lódovich llevaba entonces en Petersburgo una vida.. cuando menos. al que ya conocerá usted. cubierta de eterno oprobio y de golpes. en el espacio de aquellos dos o tres meses. se funcionario retirado de Intendencia (ya ve usted cómo le recuerdo bie Tanto yo como Nikolaj VsevolódoVjch estamos sobradamente enterados todas sus proezas de aquí. hízole obsenlar. En resumen: supongamos que todo esto. y lo que recogía. por lo que se refiere a la “rareza”. y hablándole con mimo. y. y el que más se reía era el propio Nikolaj Vsevol’ dovich. porque yo la estimo de veras. yo atenúo el cuadro aquella vida criminal. Kirillov. con tal que le den dinero. Varvara Pctrovna. un brillante en el Sucio fondo de su vi Yo comprendo que describo mal los sentimientos. por así decirlo. fantasía de hombre prematuramente estragado. Pero una vez que la habían ofendido. ni hablaba con ella. puestas de cuatro copecs. pues rectifique usted. La cabeza no la tenía ya en regla. pero en este caso. bueno. en vez de tomarla a broma. por último. que estaba allí. como los pajarillos. a pei de todo.” Y si viera usted con qué tono tan serio SO lo dijo! A todo esto. lo recuerdo. Vary Petrovna.. Su hermana se mentaba. Era. servía. luego. una vida que. de pronto. y sabiendo que esa criatura va a morirse de su grotesco amor a usted.

El narrador. Chéire. vida (iadmirablemente exacta su expreión!). se diisponía a hablar mucho y c1 exaltación. Va. demasiado categórica? —Oh. —Ustd se equivoca al calificar 6to de “rareza”.) Pero las no tuvo nunca a su lado ni un Horaio ni una Ofelia. Si usted quiere. Varvara Petrovna. ¡y cuánto siente que usted. Una mujer. se detuvo y encaróse con Lebíadkin. según la ngnífica comparación de Stepán li fimovich.. ¡Oh. g en su modetstia (otra magnífica expresin suya... chére. Piotr Stepa vich? como usted quiera! Tamlén yo estoy cansado. Un hombre orguloso y prematuramente ofendido.. lo menos aL mi modo de ver. —Y usted. la gente! Usted no comprende que él la defienda de su ofensor. de pronto. dido a Nicolas).. precisamente de ese contraste resultó l desdicha: de haber estado esa desdichada en otra situación. Ol... impedida y medio loca. ¡Oh. que e junto a la mesa. corno todos.. se lo suplico.. Varvara Petrovna —saltó Piotr Stepánovich—. aguarde usted —Vrvara Petrovna contúvole. Esa fe me la infundía usted a rií misma cuando lloraba con toda alma. una rareza. todo. eso es algo más elevado q una rareza. tendría. si no es más que eso!. mos a ver: ¿habría podido Nikolai Vsevolódovich explicar él mism0 todo esto en contestación a la pregunta de usted. aunque tampoco haya compren. Piotr tepánovich. no. Era presa de vivísima exaltación. —Hum!. Stepán Trofimovich. sino que hasta ponerse a hablar de ellas ya acusa falta de inteligencia... no comprende que él no se ría de ella.sólo es imposible hablar de un modo inteligente.. —No.. sS. sí. ahora de eso salen haciendo una historia. a fondo en las personas. c gén su comparación de usted. al que ni un le quitaba el ojo. y. y no se puede decir más. Y mire usted: allí fue a encontrarse con una criatura vejada de todo el mundo. usted acabaL de describirnos9 A mí me isulta clara ahora esa “ironía” de . llega hastaL esa “ironía” que ha dich usted con tanta exactitud. por otra. Para terminar del todo. y que sería perfecta si no s(pareciese más todavía a Hamlet. para poder comprenderlo! . después.. después de todo esto.. esa insaciable sed de contras tes. la elevación de su alma y de su cación. concedámoslo.. y. Yo. y. y en tales circunstancias? usted. y qué bien he hecho en dejarle hablar! —Y fijese usted. —Et avez raisOfl —asintió Sepán Trofimovich con sentimiento convicción. —No. Bueno.. una mujef es la única que puede comprender esto. (Lo del demonio ironía es Ottra maravillosa expresión su’a. nada. por una arte. Varvara Petrovna. —j. lo que aquí ha pasado.. por lo visto. que la rodee de respetos “como a una marquesa” (ese KiriIIo cala. —Todavía no. es sible que hace mucho tiempo se hubiee salvado del triste y “súbito ¿ nio de la tronja”. y frente al eñor Lebíadkin. sino siquiera que no le sea por esta vez. conozco. no. Stepán Trofimovich).Terminó usted? —inquirió. Sólo tuvo a su ti dre.. que a mí m parece sumamente comprensible que una Crijatura como Nicolas pudier frecuentar esos sucios parajes q. en parte. en seguida va usted a ver de que se trata. que.usted. Stepán Trofimovich.. ese SOltnbrío fondo del cuadro en c. En u palabra: el príncipe Harry.. sí... muchas g—En Ut santiamén cogió una silla( la colocó de suerte que vino a dar entre Varvara Petrovna. por visto. pero Varvara Petrovna le contuvo. con dolor lo sigue equivocándose. ¿Y qu puede hacer una madre sda.. —é. reconcentró toda su a ción. es decir. se lo aseguro a u algo hasta sagrado. por 51u constante fe en Nicolas. Y. Y 5i usted siempre junto a Niclas —y en parte declamaba ya vara Petrovna_ se hubiese encontrad como un Horacio apacible. pero se detuvo.. y al mismo tiempo dotada. Piotrr Stepánovich. Sí.ie se destaca como un brillante.. deténgase usted por un momento. es posible. de los más nobles sentimientos.. —Graccias. que toda su vida h estropeado. Pero ¿por qué P toma usted asiento.. p sando que cera peligroso interrumpirla. si usted lo permitC que hacerle una preguntita a ese caballero.. OSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 145 no tenía yo derecho al der que en algunos casos le resulta fácil a un tercero dar explicaciones qe al propio interesado? Sí. Trofimovich dio un pas hacia delante. sin embargo. puede que nc hubiese llegado a concebir ilusión tan descabellada. Praskovia Ivánovna.Er1 qué? —Vei. Y Step. racias especiales a usted. demasiado! ‘43 144 FEDOR M. Piotr Stepánovich. no que no sea usted mujer. —Basta. Pero en una cosa s equivoca usted.... Piotr Stepánovich. no bien lo hub advertido.

iba a hablar de protección. novna. adelantóse rápidamente dos pasos y se puso todo encamado. lo que no 1 hasta hace poco. incapaz de comprenderlo. amenazadores arrebatos. la cual contemplaba a Piotr ‘ novich.. y tal cosa dispuso. cuánto he sufrido toda mi vida. esté tranquila. y sabré descubrir a sus autores. Es un deber que estoy puesta a cumplir religiosamente. comprendo todo eso. inclinase ante ella.. y a esa criatura.disponerlo de otro modo... Tampoco conozco detalles..mándose súbitamente—. por mi parte. Hoy mismo quedará bajo mi protección. Usted no lo creerá. qué? Es posible que yo me haya portado mal contigo hoy. toda entera. en ilusión. la comprendo a usted. viose o . —Comprenderá usted entonces ese arranque. . Piotr Stepánovich. puede q más sus amigos que sus enemigos. —Basta de eso. —Crea usted que yo. Reconozco esa fogosidad. qué genio el mío! Me reconozco en Nicolas. —Oh. también lo deseo —balbuceó Pioti Stepánovich con voz entrecortada. De este modo. esté tranquila.. Varvar Petrovna. precisamente. cosa que yo sinceramente deseo. él se los contará a ted. DOSTOIEVSKI 147 LOS DEMONIOS gra su vida toda. la erige de pronto en ideal. en un generoso arrebato de ternura. que hasta entonces había permanecido en pie. ¡Nunca. —Y fijese usted: no es él tan rico como usted piensa. y si. mátuschka —murmuró aquélla.. además. bastante c cio para contestar a toda esa maldad. hasta muy confortable. mediante la alegación no sé qué derecho sobre ella. Cuando me enviaron el primer ? preciable anónimo. en su mano. hizo toda clase de esfuerzos por averiguar dónde bían escondido su papel del Estado. finalmente. poco má o menos. No sé a punto fijo c Nikolai Vsevolódovich habría arreglado la cosa. hacía por cazar mi pero yo volví a tiempo la cabeza..da. tantc más cuanto que ya le estoy obligada. —Lo cual estará muy bien.—En el sentido de que cuanto peor. malhumorada—. algo impaciente ya. pero no cierta triunfal ironía. y trayéndosela aquí. Varvara Petrovna —revolvióse Piotr Stepánovich..jarla —exclamó. ese caballero.. Piotr Stepánovich. a esa desdichada criatura. dispuesta a atormentarlo en la primera ocasión. me atormentaban por todos lados. para sofocai esa ilusión en ese desdichado organismo (por qué Varvara Petrovna emplearía aquí la palabra organismo. por el cual en esa ceguera de nobleza elige el hombre de pronto una criatura indigna de él en todot sentidos. sacándola entonces del convento. es posible que entonces me compren. .. con absurdas exigencias. le pega. no puedo explicármelo). de pronto. caso de no pagarle en lo sucesivo la pensión a él mismo. Perdone usted: antes no concluí del todo. en cierto sentido —dijo Piotr Stepánovic completamente animado—. y qué culpable soy c Nicolas!. a su hermana. ¿Puede usted imagmnase tal cosa? Señor Lebíadkin. ese mismo señor L -. pero bajo una vigilancia discreta.. Praskovia -. juzgóse en seguida con derecho a disponer de la pensión que le habían nado a su hermana. ¡Oh. que con la religión: cuanto peor vive el hombre o más apuros y pobreza pasa el pueblo todo. P a mi juicio. la voluntaria donación de Nikolai Vsevo dovich la considera ya como una obligación. con acudir a los Tribunales. sin saber por qué. ¿no es verdad “todo” lo que acabo de decir? El capitán. tanto más tenazmente sueña con la recompensa en el Paraíso. estaba obligadc a burlarse de ella y tratarla como los demás funcionarios? ¿acaso usted nc reconoce la elevada piedad. a despecho de todo.. —Pero a esa pobre. —Y todavía. no tuve. y sólo ha conservado el corazón. concentra en ella todos sus ensueños. Varvara Petrovna. hay que acabar con todo esto. con aire enfermizo. Varvara Petrovna—. con que Nicolas de pronto espetóle severamente a Kirillov: “Yo no me burlo de ella”? ¡Sublime. y él entonces apenas si recibía algo de mí. amiga mía —añadió. hace poco. Puede que precisamente por eso de ser digna de él. ¿Cc prende usted? Pero ¿qué pensará usted que hizo entonces el señor Let kin? Pues. Aquí no cuida de su a mentación. en silencio. La comprendo a usted.. Y a ella también..’ todos. santa contestación! —“Sublime!” —balbuceó Stepán Trofimovich. tanto mejor la comprendo a usted.. finalmente. la tiraniza. pero al cabo de un año llándose ya en el extranjero.. —Pero usted no puede figurarse qué enredos han urdido aquí. —Comprendo. ¡Oh. pero dígame usted: ¿es que Nicolas. tengo el propósito de . Varvara Petrovna). al enterarse de lo sucedido.. es decir.. Con esto pasa lo mismo. nunca me perdonaré esa bardía! —Ya había oído hablar de los anónimos —dijo Piotr Stepánovich. L. recientemente. esa posibilidad de violentos. a esa demente que t lo ha perdido. Piotr Stepánovicl Stepán Trofimovich. pero sé solamente que a la interesada la habían internado en no sé monasterio. recibe por no sé qué cond una suma considerable de Nikolai Vsevolódovich. —No es del todo así.. torturado incluso a la pobre Praskovia Ivánovna. La rica soy yo. Puede usted figurarse que al p en aquella ocasión Nikolai Vsevolódovich (prosigo por donde había d mi relato. Y si llegáramos a intimar. le consa 146 FEDOR M. ante todo. . Ya hemos hablado demasiadi —y volvió a mirar tímidamente a Liza. así sus enemigos como la gentuza y sus mismos amigos. cien mil sacerdotes se desviven todavía para fomentar sus ilusiones y sus ensueños. el noble temblor de todo el organismo. y no él.

yo eso no lo sé. el capitán pareció haberse quedado petrificad pronto en su presencia.. capó. Pues. —Usted mismo sabe. Está usted muy nervioso. en ese caso. rectifiqueme. conejo ante la serpiente boa. haga el favor de hablar. Piotr Stepánovich —respondióle con —Pero no antes que haya usted dado alguna contestación a mi primera pregunta: ¿Es verdad “todo” lo que he dicho? —Es verdad —profirió Lebíadkin con voz sorda. señor Lebíadkin? Piotr Stepánovich le lanzó una penetrante mirada. Nicolas? —dijo Varvara Petrovna sin poder conten se. ... ahora es solamente cuando empiezo a desperti —jHum! Y he sido yo quien le ha despertado? —Sí. en la más respetuosa actitud. —A usted. —Piotr Stepánovich. ahora le ruego que conteste a mi pregunta: ¿Es verdad o no lo es “todo” lo que acabo de decir? Si usted cree que no es verdad. Es preciso observar que Piotr Stepánovich estaba sentado. proteste usted.. en tanto el capitán se hallaba en pie. puede en el acto hacer las rectificaciones oportunas. se ha conducido usted cruelmente conmigo _—dijo. El capitán se estremeció y miró aterrado a Piotr Stepánovich. __Cómo cruelmente? ¿Por qué? Pero permita usted: después hablaremos de crueldad o de blandura.. yo he r durmiendo cuatro años bajo la nube que se cernía. con las piernas cruzadas. finalmente. le están aguardando. dio dos pasos hacia la puerta. entonces es el hombre culpable? —exclamó. quiso decir algo. rápidamente. Piotr Stepánovich. después de lo cual se detuvo y guardó silencio. que hacer observar? Si usted cree que soy injusto. que. 1 . rarme. Pero aquélla hizo un ademán de asentimiento. Piotr Stepánovich. por ahora. —No tiene usted nada que añadir. Usted mismo sabe. y. sin quitarle ojo. VII Estaba contento y tranquilo. ante él. —No. manifieste en voz alta su indignacj —No.. sí. —Pero.. no puedo rectificar nada. La vacilación del señor Lebíadkin desagradó mucho. —Yo. muy pudiera ocurrir. —Amenazó usted recientemente a Nikolai Vsevolódovich? —Eso. Puede que le acabase de ocurrir algo muy no. fija la vista en el suelo. —Pero ¿acaso tiene usted algo que rectificar? —y miró con malicia al capitán—. DOSTO[EVSKI LOS DEMONIUS la familia y el oprobio inmerecido se atraviesan ante las criaturas. no lo dijo. Después de aguardar un momento.. Pero Nicolas soltó una carcajada rotunda. Lo decía adentros —balbuceó de nuevo el capitán. —balbuceó el capitán. —?Qué significa eso del honor de la familia y del oprobio inmerec —No quería referirme a nadie. Pero en la puerta hubo de tropezar con Nikolai Vsevolódovich cual se echó a un lado. eso fue en su mayor parte culpa del vino.. es usted quien me ha despertado.. como si se le escaparan aquellas palabras. pero es el caso que parecía e_: mente contento. —Yo. y alzó los ojos hacia SU sayón. no tengo que objetar nada. —LEs verdad “todo”? —Todo es verdad.. presurosa. ¿casualmente está usted ahora despejado. Vsevolódovich lo apartó con la mano y penetró en el salón. al parecer. olvidándose de nuevo. El capitán saludó. ¿Puedo. le han ofendido mucho mis expresiones a sito de su persona y su modo de conducirse. pero hasta ahora no he empezado a exponerla en su “ve dero” aspecto. 14 FEDOR M. al parecer. y como muerto en el acto. Piotr Stcpánovich? —Ahora ya. siempre que Varvara Petrovna no estime necesario. se detuvo de llevóse la mano al corazón. a su encuentro. Pero permítame usted: todavía no he pasado a hablar de su ducta en su verdadero sentido. Por su rostro pasó un temblor maligno. a Piotr Stepánovich. —Me perdonas. ¿Por qué no puede usted hablar? El capitán callaba. y salió. a nadie quise aludir. Hasta le corría el sudor por las sienes. . que aún no conocíamos nosotros. despejado. Lebíadkin. Piotr Stepánovich —alzó de pronto la cabeza—. Piotr Stepánovich.__-Piotr Stepánovich. —Permítame usted que me retire. cuando el honor de energía. Puede que pase a hablar de ella. Piotr Stepánovich.. es la primera vez que lo oigo.

llamó a su lado dos veces seguidas a Mavrikii Nikoláyevich. que. se lo explicaré todo. puede usted ver claro. pero ahora. —jRomperse una pierna! —exclamó Liza—. qué injustamente alto es usted.. —Unas dos horas —respondió Nico/as.. esta vez por SU apresuramiento. le estoy muy reconocido a Piotr Stepánovich. Al llegar aquí. —En todo caso. la antepenúltima estación. al salir de aquí. sin duda. mostraba un aspecto de perfecta indiferencia. y se tapaba la boca con el pañuelo.. volviendo a y hasta aturrullándose. pero no bien se inclinaba aquél hacia ella. pero de pron asaltóle un pensamiento. _Caballeresca? Pero ¿hasta aquí ha llegado? —dijo Nicolas riendo—. Liza empezó de pronto a reírse. pero siempre elevado en punto a sentimientos. no obstante la emoción que mostrara media hora antes. Pero ésta apenas si volvió hacia él la cabeza. Varvara Petrovna también seguía con la vista a Liza.. lo que quiere decir.. pero no desmedidamente alto. hubiera debido contar alguna anécdota. “Mamá”. Mavrikii NikoláyeViCh! Y volvió a echarse a reír. Hay que sostener la fama local. haciéndose cada vez más clara y sonora.. seguía mirando en torno suyo). pero luego la risa fue subiendo de tono.. aunque.. Nico/as.—jEso es! —exclamó. ahora el asunto está terminado y referido. ha sido. En tanto Nikolai VsevolódoviCh estuvo hablando con Varvara Petrovna. Adivino lo que les habrá relatado aquí. 150 FEDOR M. —Yo. esforzábase visiblemente por reprimirse. maman. (Al decir esto. Mavrikii Nikoláyevich era de elevada estatura. naturalmente. y en mismo vagón acabamos de hacer el viaje. Nikolai Vsevolódovich.. —El Señor nos asista! Y Praskovia Ivánovna santiguóse. y que quería ir contigo la semana pasada a Matviéyevo. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 151 —i. efectivaa mente. pero al proferir SI cortesías. se me quitó la preO(ción. hace mucho que llegó? —balbuceó. cual si desease decirle algo por lo bajo. pero su exaltación no cedió. pero con ojos centelleantes. me rompiese ufl día la cabeza. Los últimos vagones de nuestro tren descarrilaron esta n che. acej cándose—. mirándola de hito en hito. —Yo. Ahora también tenía nuevas preocupaciones. Y encaróse con Praskovia Ivánovna. al fin y al cabo. Varvara Petrovfla.) Ha de saber usted. Desde el momento en que salió el capitán y se tropezó en la puerta con Nikolai Vsevolódovich. traslucióse en su voz. desde el amanecer. en su calidad de realista. y yo se lo recomiendo a usted especialmente en este aspecto. Y a Piotr Step novich me lo encontré en Matviéyevo. Al hablar miraba rápidamente en torno suyo. Nicolas. a mí pudiera muy bien ocurrirme. maman. sino todo lo contrario. —Primero fui con Piotr Stepánovich a ver a Kiriilov. De este modo. con el aire más inocente y sencillo. de mi parte. no puede mentir. Porque él siempre habla largo y tendido cuando cuenta algo. su caballo de batalla. que Piotr Stepánovich. a su primera aparición. Observaré que estaba sumamente discreto y cortés. . Habría podido inferirse que se reía del pobre Mavrikii Nikoláyevich. usted misma lo dice. Por lo demás. al principio de un modo quedo y entrecortado. como monto todos los días a caballo. Usted. cambió con él una mirada instantánea. iba pensando en el coche: “O do menos. que yo estoy loco. mamaíta. abrazó tiernamente a su madre. hasta de aburnmjent —tY dónde va usted a alojarse? —Aquí. esas dos horas? —dijo. me rompiese ambas piernas. firme.. atropelladamente—. comprendió aquel dejo. —Usted me perdonará _respondió ella. por consiguiente. siempre de una caballeresca nobleza. podemos dejarlo a un lado —añadió. habrá visto a Mavrikii Nikoláyevich.. no se asuste usted. para que nos hubiér mos roto una pierna. Y una vibración seca.. —No te aguardaba antes de un mes.. Yo veo que está enterada de todo. al punto soltaba la carcajada. —Piotr Stepánovich nos ha contado una vieja historia petersburgUes de la vida de un bicho raro —encareció Varvara Petrovna solemnemeflte de Un hombre caprichoso y loco. Fíjense ustedes en que.. bonachón y chancero—. “mamá”. ¡Dios. —“Mamá”.Dónde estuviste hasta ahora. y por poco si me rompo una pierna. Se había puesto muy encarnada. lleva en la cabeza un archivo. después de todo. usted. que no le toca a usted pedirme a mí erdón. —i. es el reconciliador universal. se acercó a saludarla.. Ya yo.. unque. “mamá”. y que si en todo esto ha habido algo de locura.Usted. su manía. aguardaba en Matviéyevo —asintió Pio Stepánovich—. maman. El contraste con su anterior sombrío aspecto era extraordinario. y. ¡Cómo salirme así! ¡ al recordar que quedaba aquí Piotr Stepánovich. claro que quitando circunstancias especiales en que estima más el éxito que la verdad (al decir esto. Este es su papel. El tren llega a las diez. y estima más la verdad que el éxito.. desde luego.

Había acertado. Liza se abrazó a su madre. si he acertado. Pero en el camino. mirándola a la cara.. de que se calumnia a sí propio... Varvara Petrova diose prisa en llevárselas a las dos a sus habitaciones. Nikolai Vsevolódovich se acercó a cada uno de nosotros y nos fue saludando a todos menos a Schátov. no obstante. —jEn cambio. Se le acercó en seguida Piotr Stepánovich. Estoy segura. . pero dificil habría sido oírlo... Stepán Trofimovich se puso a hablar a Nikolai Vsevolódovich de algo sumamente chistoso. antes al contrario. —Por qué. Sus chistes y alusiones eran triviales. por lo visto. y se puso a hablar aprisa y jovialmente. ¿Qué estoy diciendo? Figúrese usted que he venido precisamente pi eso. —jDios. Efectivamente. asegurando que no tenía más remedio que estarse allí todavía un rato y descansar. pues no ha querido hacer un chiste! —exclamó Liza.. Dascha se revolvió en su asiento al verlo llegar. Me esfuerzo por recórdar ahora cada detalle de los últimos momentos de aquella memorable mañana. rompió en risa. que continuaba sentado en un rincón y cOn la vista más fija todavía que antes en el suelo. sí! A propósito de S’ za. resultaba más interesante. y si Stepán Trofimovich. entre asombrado confundido. de pronto. donde se puso a susurrarle algo muy aprisa. ¡Ah. y ella misma se sentó a su lado.. y que el aire fresco le sería luego muy provechoso para sus nervios enfermos. sea usted amable. diga que ello lo considerará una suerte. a Suiza? —exclamó Stepán Trofimovich. se pasaría usted todo el santo día asegurándome que. Nikolai Vsevolódovich lo escuchaba muy indolente y distraído. sin piernas. Al cabo de un minuto. de suma importancia. casi con violencia. de nadie me dejaría conducir más que de usted. pero ella. —i. —Espero. y yo. ¿me conducirá usted del brazo si cojeo? —volvió a reírse—. ¿Cómo iba usted a llevanne del brazo. Empezó también a lloriquear. —tCómo? Pero ¿no piensas ir? Pero ¡si tú también te casas!. Pero de pronto acercóse también Nikolai Vsevolódovich. cogióle Stepán Trofimovich y se lo llevó a una ventana. cuando volvieron las señoras. —Perdone usted mi indiscreción —insistió. Daria Pávlovna? ¡Bah! ¿Por qué habría de ser? Su rubor está diciendo que he adivinado.. Convendría darle en seguida un vaso de agua. Dime —encaróse rápidamente con Step Troflmovich—. Me escribiste. por qué felicitarla a usted.. y qué felicitaciones 153 LOS DEMONIOS 152 FEDOR M. Recuerdo que cuando nos quedamos solos. y de pronto otra vez volvió a erguirse y. con su sonrisita oficial. por qué felicitar —saltó. y por poco se me olvida... y págueme la apuesta con otra igual. todos se afanaban e iban por agua. pero aquél apresuróse a dirigirse a Daria Pávlovna. cuente con ello.Mavrikii Nikoláyevich. si no igualaríamos? Y prorrumpió en una risa morbosa. ¿cuándo marchas a Suiza? —cYo. riendo—. que no molestaré a nadie con mi felicitación —observó. aunque sólo fueran diez minutos. no pretendía la gloria. la mamá. y rápidamente irguióse con visible azoramiento y rubores en todo el rostro. resultaría todavía más baja.Se le puede saludar a usted. sin las señoras (excepto Daria Pávlovna. y al último hasta con impaciencia y como deseando escapar. Sólo una cosa no encuentro bien. Pero supongamos que sólo mC rompo una pierna. que no se había movido de su sitio). ¿por qué se ha de felicitar a nuestras bellísimas y honorables señoritas. a Daria Pávlovna. de la mañana a la noche. por eL honor de usted mismo. o no? —dijo. pero ha de saber usted que yo había recibido con toda intención un aviso. finalmente. _1Histérica! —me susurró al oído Piotr Stepánovich—. Pero no estuvieron allá dentro largo rato: unos cuatro minutos nada más..no! Pero hay que ver hasta qué punto es usted egoísta. que ya se había quedado libre. por lo visto. Usted es desmesuradamente alto. por la misma puerta por donde había salido antes Daria Pávlovna.. Si tal cosa me ocurriese. lloraba en su hombro. DOSTOIEVSKI son las que más las hacen ruborizarse? Bueno. no ose usted nunca tomar por ese cami. Atendía con mucha solicitud a Liza. sin piernas. —.. pues acepte usted mi feli tación. Piotr Stepánovich—. casi con horror—. ¿No lo sabía? —Sí. a juzgar por la expresión de su cara y por los gestos con que acompañaba el cuchicheo. me llevaría usted solo. ya sabía que estaba usted avisado. con cierta expresión especial del semblante. con su lento paso. y nadie más que usted! —También entonces será usted quien me conduzca a mí. Se apartó de la ventana. la besó ardientemente.. finalmente.. alzando la voz—. Lizaveta Nikoláyevna —dijo Mavrikii Nikoláyevich con más seriedad todavía..Una suerte con una pierna menos? Y Mavrikii Nikoláyevich frunció seriamente el ceño. A Liza la hizo sentar Varvara Petrovna en el sitio de antes. ¡Mavrikii Nikoláyevich. Dascha respondióle no sé qué. Bueno. ¿Recuerda usi que en Suiza apostó a que nunca se casaría?.

tenemos gran afición a los naipes. me dispuse. cuanto antes. o.. 156 FEDOR M. Pero. En fin de cuentas: que te casas. con la cara entre las manos... Bueno. por escribir así. escru. DOSTO1EVSKI LOS DEMONIOS 157 bies. y sin duda. para esto último precisamente la forjamos. toda amarilla de coraje. pero luego “déjalo todo y ven volando a salvarme”. —j. A todo esto. si hay en esto algo que yo no entiendo —dijo piotr StepánOvich. y yo ni siquiera sé nada. de veras. él me metió miedo. que se casaba por los “pecados ajenos cometidos en Suiza”. y diciéndole que “volara a “salvarlo”? ¿Así. “él es indigno de ella”. y. lo hacías para la posteridad. por la expresión de las caras.. yo. sobre todo. Si también tú —soltó. en esos diez segundos pasaron bastantes cosas horrj. n te critico ni te condeno. Señales de los tiempos. Aquí está la carta. he incurrido en una “metida de pata”. que no hacemos más que hablar y hablar.. miren ustedes: yo pensa-.tando los rostros—. habrá tenido para ello sus razones —dijo Varvara Petrovna con malicia. ¿Es verdad que se casa. de nu yo me tienes a tus órdenes. por mi estúpida confesión. si eso te agrada. i pide perdón. En una palas bra: “pecados”. Bueno. ¿Comprende usted algo des... Varvara Petrovna. y. en parte. concedamos que le dé por ahí... nobilísima.. por hablar tan sin objeto! —Al contrario. yo. aunque escribiéndome a mí.. estoy seguro de que usted me censura ahora.... ¿Que soy un lenguaraz? Pero. a “salvarlo”! A mí mismo. mire usted. en realidad.. algo en nuestras cuentas flaquea. Espero que no cometeré ninguna indiscreció El mismo me escribió diciéndome que toda la ciudad lo sabía y todos lo licitaban. dime sólo una cosa. _Stepán Trofimovich le escribió a usted.. —Es decir. Y. En primer lugar.. que era evidente había desempeñado un papel. soy de tus íntimos. de pronto. según mi costumbre. textualmente? —acercóse de pronto Varvara Petrovna. ¿no es eso.. COfl la cara contraída y los labios temblones. por lo demás. ya que para ti es lo mismo. ¿Qué hago yo? ¿Voy a ponerle el puñal al cuello? ¿Voy a ser yo un acreedor implacable? El me escribe aquí no sé qué de una dote. que ti comprendo nada de ella? Pero tú. eso sobra del todo. soy aquí un extraño. etcé. y si a todo tran quieres conocer mi opinión.. ¡Ah. según me escribes y ruegas en la misma carta. Me caso.. Aquellos “pecados”.. es de él.. necesitas “salvarte”. infiero —volvióse. no paraba de examinamos a todos. lo confieso: a veces no acababa de leerlas. pero por los cuales se nos ocurre de pronto inventar una historia horrible con ribetes de nobleza. un hombre que me habrá visto u par de veces en su vida. Varvara Petrovna. Aquí. eso sobra. Stepán Trofimovich. Varvara Petrovna.. no lo hubiera sabido. sin interrupción. a pesar de todo. Aunque. después de todo. de tus allega dos y yo.. y. Stepán Trofímovich. po mis pecados o por los pecados ajenos.. quizá de los más inocentes. y en los últimos dos. Nikolai Vsevolódovich. Pero esa carta. Pero lo principal en esto es que no entiendo lo principal. Pero ¿creerá usted.pués de esto? Aunque. veo que usted ha perdido la paciencia. como Nikolai= Vsevolódovich dice: por mi precipitación.. Es su estilo. al contrario.. pero has de reconocer que. y. cuál. me entraron remordimientos de conciencia. ¿Es que también a ti escribió Stepán Trofimovich algo por ese estilo? —Recibí una carta suya. aquellos “pecados ajenos”. Con maligna fruición había escuchado todas las “verídicas” efusiones de Piotr Stepánovich. inocentísima y. sin duda serán pecadillos de esos nuestros. y... pero por ciertos pecados o circunstancias. naturalmente. Ya sabe usted...Qué quiere decir eso de Pierre?. a no ser por usted. hay que reconocerlo por fin...” Bueno. al disponer a contraer matrimonio en terceras nupcias. como asustado y con más precipitación todavía—. esa carta la leí hasta el final. Mira. etcétera.. ahora. y veo que todos saben algo.. Varvara Petrovna: cartas interminables. Imaginese usted. carta sobre carta. además. o algo por el estilo. Pero. hasta el punto de que para rehuir el asedio. se figura que falta con ello ciertos deberes paternales para conmigo.. Aquí me hablas de no sé qué “pecados cometidos en Suiza”. naturalmente. “se ve obligado a casarse y partir para Suiza”. Porque. tera. efectivamente. le estoy muy agradecida por lo que acaba de decir. finalmente. Por primera vez en veinte años abro los ojos. Perdóname. o tres meses. lo ignoraba yo entonces. “La novia —dices— es una perla y un diamante. la culpa. infiero que.. es decir. No lo creerá usted: junto a los re glones más felices hay otros la mar de desesperados. después de todo. no te des por ofendido. e imposible no decirlo. mejor. pero que desempeñaba un papel era evidente. Stepán Trofimovich. y hasta harto burdamente lo desempeñaba.—Pierre! —exclamó Stepán Trofímovich. ba que era de los tuyos. acabas de decir que has venido avisado. de tus íntimos. por lo demás. . Varvara Petrovna. —Por el contrario —prosiguió ella—. Varvara Petrovna? —ene róse rápidamente con ella—. vine y lando para decirte que en modo alguno me opongo a ello. por culpa de mi estúpida franqueza. y veo. Stepán Trofimovich? Pues bien: dejemos esto. no obstante. ¡por Dios. Stepán Trofimovie si hay que felicitarte o que “salvarte”.. y yo. y eso concedamos que te hace honor. sencillamente. inopinadamente. estando como estamo a mil verstas de distancia que no lo lleve a mal y le dé mi consentimiento Tú no te des por ofendido. me suplica. sólo salía de noch Tengo la carta en el bolsillo. mire usted..

52 que toda su vida anduvo buscando el peligro. allí mismo y sin provocarlo a desafio. y evidentemente.tiró sus manos atrás y se las cruzó a la espalda. sin ardor. sin perder en absoluto la serenidad. aunque. se embriagaba con su emoción y lo había convertido en una necesidad de su naturaleza. re. únicamente por no avenirse en modo alguno a someterse a las exigencias de su padre. he ahí. la sensación del miedo. disparar a su vez y matarle con una tranquilidad rayana en fiereza. Contaban. En uit desafio podía aguantar impávido el disparo de su adversario. El primero de los dos que bajó los ojos fue Schátov. que con tanto afán buscaban antaño algunos individuos. en los buenos viejos tiempos.. oyóse un grito terrible. pero ya no con el mismo paso con que la cruzara antes. A Nikolai Vsevolódovich lo estudié detenidamente en los últimos tiempos. Vuelvo a repetirlo: yo lo tenía entonces y le sigo teniendo ahora (que ya todo ha terminado) por un hombre que al recibir una bofetada o alguna otra ofensa de hecho parecida. en su juventud se batía por cualquier cosa. lanzó un grito y desplomóse cuan larga era en el suelo.. En medio de la cólera desmedida que a veces le asaltaba. . para no tropezar con nadie ni derribar ningún objeto al suelo. . Pero. no sólo con los osos. sin pizca de placer y únicamente por una necesidad imprescindible y de un modo indolente. Sólo que estaba horriblemente pálido. Callaba. no obstante. Y. multitud de hechos suyos. en otro caso se habrían estado más tranquilos y la emoción del peligro no se habría convertido en una necesidad de su naturaleza. sin embargo. n. . de los que aún perduraban ahora en nuestra sociedad algunos recuerdos legendarios. Parecía como si mascullase algo. Pero.. La continua embriaguez de la victoria y el conocimiento de que no hay quien les venza.Volveré a recordarle al lector que Nikolai Vsevolódovich pertenecía al número de esos temperamentos en los que no hace mella el miedo. aunque no por ello habría dejado. Naturalmente. creo que no lo provocaría a desafio. inquietos en su actividad. habría matado infaliblemente a su agresor en el acto. atormentado y desdoblado de los individuos de nuestro tiempo no admite hoy la necesidad de aquellos inmediatos y primitivos combates. pero. y el temperamento nervioso. porque se vio obligado a bajarlos. cosa rara. . n. tan victoriosa e intrépidamente como L. lentamente. pero su cólera era fría. si es lícito expresarse así. ‘ aun a Lérmontov. Pude ver cómo Lizaveta Nikoláyevna cogía a su mamá por el hombro y a Mavrikii Nikoláyevich de una mano. eso era lo que los halagaba. si hubiera sido menester. no obstante. cogiese una esfera de hierro al rojo vivo con el fin de probar su entereza y luego. ese hombre habría soportado algo parecido a lo que experimentó en aquellos diez segundos Nikolai Vsevolódovich. y hasta es posible que en grado sumo. A los diez segundos sus ojos miraban fríamente. No se había levantado apenas después de haberse tambaleado vergonzosamente de costado. Yo lo compararía con esos antiguos señores. hubo de sufrir hambre. Salió despacio. en el caso presente ocurrió algo distinto y asombroso.. estoy seguro de no mentir.. A mí me parece que si hubiera un hombre que. Al irse se le destacó especialmente el mechón de pelo que tenía tieso sobre el cogote. y no se había extinguido aún en el salón el eco del puñetazo como un ruido mojado. y. en Siberia. y. ahora que estoy escribiendo esto. El referido L. no sé qué pasaría en su interior: yo sólo veía lo externo. . a decir verdad.. miedo. . por ejemplo. Llegó hasta la puerta cautamente. dicho sea de pasada. Así que tenía que sostener muchas luchas. del “decabrista” L. serena y. con la cabeza baja y como cavilando. y no sólo en los duelos hacía gala de su estoicismo y energía de carácter. Nikolai Vsevolódovich es posible que hubiese mirado a L.. En un desafio habría matado a su rival y habría acometido a los osos. Hasta hoy creo oír los porrazos que daba con la nuca en la alfombra. antes que nada. desmayada. . y habría luchado también con un bandido en el bosque. entreabrió la puerta sólo el espacio de una rendija. . y hasta que le hubiese puesto de eterno cobarde que trata de dominar su 52 Comprometido en la sublevación de diciembre (:dekabr. de aquellos tiempos acá habían transcurrido muchos años. y no olvidaba que por un homicidio no consumado en duelo infaliblemente lo enviarían a presidio. serenos. y gustaba de encontrarse en los bosques siberianos con los fugados del presidio. que encontraba injustas.. la más repulsiva y feroz que puede haber.n por encima del hombro.. Luego. Pero vencer su propio miedo.. de matar a su ofensor y sin el menor titubeo. Si alguien lo abofe teara. . en el mismo momento. cio. aventajaba a L. su mirada parecía apagada. en ruso) de 1825 contra la autocracia. llevándoselos de allí. antes de ser deportado. de pronto. n. son más feroces que los osos. con un cuchillo acometió a un oso. lo que les seducía. aguantase el intolerante dolor y concluyese por vencerlo. levantando un poco los hombros. dio media vuelta y se salió de la sala. y pasaba muchos apuros para buscarse el pan. conservaba siempre el pleno dominio de sí mismo.. que. era precisamente hombre para eso y habría matado con plena conciencia. “razonable”. naturalmente. . En cuanto a la cólera. así que tuvo que salir poco menos que de costadillo. por ejemplo.. durante diez segundos. Luego.. cuando inmediatamente cogió a Schátov con ambas manos por los hombros: pero en seguida. por consiguiente. y por circunstancias personales conozco. Nikolai Vsevolódovich es posible que fuera más colérico que los dos juntos.. miraba a Schátov y se ponía pálido como su camisa. doblegándose casi hasta medio cuerpo por efecto de la bofetada recibida. No hay duda de que esos individuos legendarios eran capaces de sentir. Creo también que tampoco era presa nunca de esos cegadores arrebatos de ira en los que se pierde el jui. naturalmente. en cambio. sino que en el acto mataría a su agresor.. casi aburrido. con especial desgaire.. no lo habría expresado así en voz alta. hasta que. CAPÍTULO PRIMERO . y por dos o tres veces tiraba de ellos.

Schátov. pero no general sino particulares.LA NOCHE Transcurrieron ocho días. aunque no sabían de qué. nosotros. sabido de los primeros. Lizaveta Nikoláyevna según decían. así como su hermana. mayoría de nuestros jóvenes de la buena sociedad oía todo eso con y con aire de absoluta indiferencia. en Conversación con su padre. el desmayo de Lizaveta koláyevna. frunciendo las ce: sabe Dios con qué fundamento que Nikolai Vsevolódovich tenía no Sé asunto especial en nuestro gobierno. naturalmente afectada. saltando. por el cual quise informarme de Maria Timoféyevna. ya sabemos de qué se trata. y éste le interesaba a “todo el mundo”. acercóse con recios pasos a la puerta y me gritó a pleno pulmón: ‘Schátov no está en casa. Muchas señoras (y de las de vida más mundana) interesábanse p “enigmática cojita”. no obstante. no tanto por rabia. que Stavroguin no era hombre aguantar tamaña ofensa y mataría a Schátov pero en secreto. y éste ya lo sabía todo.” Yo entonces me vine. sin duda. La antigua mosidad general de nuestra buena sociedad hacia Nikolai Vsevolódo manifestábase claramente. en una idea: decidimos que el culpable de que se hubiesen difundido aquellos rumores no podía ser otro que Piotr Stepánovich. Pero lo que nos asombraba era el pensar cómo tan pronto y con tanta exactitud había podido divulgarse todo. puesto que se había ido de allí muy asustado (y el miedo al enemigo quita la rabia que se le tiene). en la casa de Filippov no sabían nada. en cama fiebre. No hay que decir que en la ciudad corrían los más distintos rumores a cuenta del bofetón. con repugnai detalles de que se le había partido un diente y se le había hinchado el c lb a consecuencia del golpe. nos fijamos. otro tanto aseguraban de Nikolai Vsevolódovich. raros y casi secretos. Decían también por los rincones que e pueblo iba a ocurrir un homicidio. No me recibió. sin embail escuchaban con avidez. y.siguiente. naturalmente. Fui a verlo el miércoles y llamé a la puerta. Entonces él. por último. llamé otra vez. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 163 sorte. del desmayo de Lizaveta Nikoláyevna y de lo demás ocurrido el domingo. sobre todo. Helos aquí: decían algunos. y por . pero convencido por un dato indudable de que estaba en casa. pero todos. y al parecer. por lo visto. Y qué no llegaron a decir! los charlatanes vino a favorecerles el misterio de la situación: dos casas nadas a piedra y lodo. Hasta las personas serias esforzábanse por parlo. en el club. y con susto observábamos de lejos los acontecimientos. y hasta su protectora. pero dándonos mutuamente ánimos. Stepán Trofimovich y yo. se habían ido sin decir a dónde y como huyendo. lo había. como llamaban a Maria Tiinoféyevna. Ahora que ya todo pasó y estoy escribiendo esta crónica. Ni uno siquiera de los que se habían hallado presentes al lance tenía que haberse visto en la necesidad ni salido ganando nada con divulgar el secreto de lo sucedido. con miras a los ulter sucesos de mi relato. habiendo hasta suspendido sus ocupaciones en la población. pasó sin moverse de él todos esos ocho días. al principio nos encerramos en nuestras casas. me e contré a Liputin. como antes. y que. sumamente extraños y cuya exi cia recuerdo únicamente para prevenir al lector. Esta idea había hallado aceptación. que por d J . nos imaginábamos las cosas más extrañas. le llevaba diversas noticias. como parienta Lizaveta Nikoláyevna. aunque éste hacía algún tiempo. He aquí lo más notable: al día siguiente lunes por la noche. como tratase de una vendetta corsa. Yo iba solamente acá y allá. de la cama. No obtuve contestación. hasta la última palabra. cuanto por no poderse contener. al otro día mismo. pero entonces aún nada sabíamos y. sin las que no habría podido pasarse. aunque sólo fuera ¡ que el asunto le afectaba directamente a Julia Mijaílovna. Criados no estaban presentes. Stepán Trofimovich y yo. habíase encerrado en su cuarto. En voz baja contaban que había arrebat su honra a Lizaveta Nikoláyevna y que habían tenido relaciones en Cierto que las personas prudentes se reprimían. Por lo menos. sobre todo. sólo Lebíadkin podía haber contado algo. de suerte que los señores se apresuraron a ocultar a los Lebíadkines procedieron muy a’ Pero en el primer plano figuraba. le aseguró que ya se había encontrado él con aque1l5 historias en todas las bocas. Pero Lebíadkin. Corrían también otros rumores. Las había que l ta deseaban ansiosamente verla de cerca. desaparecieron sin dejar rastro. no sin temor por la osadía de la proposición. conocíanlas hasta en sus más nimios detalles la gobernadora y su con161 162 FEDOR M.

y. por haber sido un revolucionario en el extranjero. hombre muy orgulloso y altivo. efectivamente. así que no pc haber nada de aquello otro. triunfos que le hacían especial impresión entonces hasta a Stepán Trofimovich. además de eso. que indudablemente anhelaba y ansiaba. Finalmente. Y también que a los dos días de su visita Julia Mijaílovna había mandado a saber cómo seguía Varvara Petrovna. hombre muy mundano e hijo del difunto Pável Pávlovich Gagánov. Puede que tanto él como yo exagerásemos. aquel mismo anciano honorable con el que Nikolai Vsevolódovich había tenido cuatro años antes aquel choque extraordinario por su rudeza y subitaneidad de que ya hice mención antes. sino como parte interesada. pro tiendo ser en lo sucesivo útil a su patria. y figurándose. una gran influencia. hasta la primera aparición de Nikolai Vsevolódovich. era éste: el antiguo revolucionario se presentaba en la patria amable. tanto. que en los últimos días ya no se atrevía nadie a hablarle de ello. hasta el punto de que el señor von Lembke se dolía. En casa del gobernador era también muy bien recibido Piotr Stepánovich. por . Haré notar también que. de un modo vago y entrecortado proferidas en el club por el capitán de Guardias retirado Artemii pávlovich Gagánov. hasta el punto de que en seguida dieron en tratarlo como a un íntimo o como a un niño mimado. y éste. Había llegado el domingo. que ella había empezado ya a adquirir entre nosotros. entre nosotros era sabido que al zemstvo tro gobierno lo miraban en la capital con particular atención. en cuenta sus relaciones con los jóvenes progres tas de ambas poblaciones.. era muy dificil llevarse bien. poco a poco. Luego demostróse que Piotr Stepáno había venido a la localidad con cartas de recomendación sumamente p rosas. Piotr Stepánovich se hizo amigo en un momento de toda la ciudad. a los cuatro días de estar entre nosotros. que acababa de regresar de Petersburgo. cual me decía furioso Alíoscha Teliátnikov. incluso el gran critor. palabras.. Todas aquellas primeras precipitadas alusiones a la historia del domingo escuchábalas fría y severamente. hab aún algo especial. madrina de julia Mijaílovna. se pt muy ufana con la carta de la vieja influyente. sino hasta con honores.mediación del conde de K se había relacionado en Petersburgo con ciertos encumbrados persofli que hasta era posible que hubiese entrado en el servicio y ahora le hubii encargado alguna comisión. el señor K mazínov tenía. sin duda que sólo en el más alto sentido. pero h notar que la culpa de muchos de esos rumores habíanla tenido. comía con Tulia Mijaílovfla t casi a diario. p quede esto para más adelante.. hasta cierto puntO algunas breves. “según podía probarse con los periódicos en la mano”. En primer lugar. quedóse pensativo. De este modo arraigó en todas partes la idea de que Tulia Mijaíbovna conocía no sólo toda esa misteriosa historia. en el más vago posible. sin duda. pero de esto hablaremos más adelante. Habíala conocido en Suiza. sólo sin sufrir la menor molestia. Sin embargo. sin embar ¡64 FEDOR M. y que en ese caso el mismo servicio requiere el individuo en cuestión parezca lo menos posible un funcionario. Liputin susurróme en una ocasión que.2 trataba a Piotr Stepánovich con mucha deferencia.. El gran escritor temblaba nerviosamente ai la novísima juventud revolucionaria. temporada. Observaré. y que en el vestíbulo de su casa le habían manifestado que “estaba enferma y no podía recibir”. debido a su carácter. a Piotr Stepánovich lo habían condenado una habiendo comprado el perdón a cambio de revelar otros nombres. dio en defender a Varvara Petrovna. de una yj señorona de Petersburgo. algo curioso. y con el que.. Julia Mijaílovna estimaba hasta más no poder sus contadas y con to trabajo adquiridas relaciones del “gran mundo”. al principio de mi relato. sin duda. Parte de la buena sociedad le había reconocido talento práctico y tacto. por lo menos. pero su rápido éxito en casa de Su Excelencia encerraba. con razón o sin ella. La tal vieja. S con carácter confidencial. habiendo traído para la gobernadora una. Hasta su marido empezó a tratar a Piotr Stepánovich o familiarmente. Todos inmediatamente quedaron enterados de que Tulia Mijaílovna había hecho a Varvara Petrovna una visita desusada.. pero malignas. y ya empezaba a verse “rodeada”. pero. él Pasaba. y el martes ya se le veía. ahora. Su misma protección explicaba también hasta cierto punto los rapidísimos triunfos de Piotr Stepánovich en nuestra buena sociedad. seg los rumores que corrían. lo hacía objeto muchas atenciones y lo consideraba un “joven digno. en coche con Artemii Pávlovich Gagánov. observando cuerdamente que un hombre que ‘ del escándalo y había empezado entre nosotros por dejarse dar un b: no tenía el menor parecido con un funcionario. haber tomado parte en la publicación de folletos y asistido a congreSos. Cuando las personas reservadas y serias se reían de esos rumores. es decir. y no tardó en vitarlo a su casa. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 165 go. al había conocido por medio de Nikolai Vsevolódovich. cuyo marido era uno de los más influyentes p sonajes. y antes niño mimado también en la casa del otro gobernador. sino también su sentido secreto hasta en los más nimios pormenores. Semejante solicitud de parte de un hombre tan pagado sí mismo hízole a Stepán Trofimovich más impresión que todo. no obstante toda su mundanidad. pero yo i lo explicaba de otra suerte. Re esos rumores no hacían más que cruzar y desaparecer sin dejar r. al invitar a su casa a un nihilista. y era un opulentí simo propietario de nuestro gobierno y su distrito. hacía constar en su ca que también el conde de K*** era muy amigo de Piotr Stepánovich. a propósito de esto. funcionario retirado. servación producía efecto. les hacían presente en 1 baja que no querían decir que hubiese entrado a servir oficialmente. ¡ay!. y no como neutral. no obstante no hallarse apenas en esta de recapacitar. pese a antiguos er res”. Pero el hecho. Yo le repetí esas venenosas pa bras a Stepán Trofimovich.

saltaba a la vista.. pero a mí no se me pasaban por alto. observaré que durante aquellOS 2 Se refiere a Karmazínov. ¡Oh. pertenecen al léxico de las cocineras. sin fijarse en que son nom!. permanecía tranquilo. Su madre no tenía esa sonrisa. cuando era un mamoncillo. bueno. a pesar de haberte enviado por correo! Ji ru! Pero yo estoy de acuerdo. Ji rif lrop. Sin duda que usted se ríe. quieres hacerte pasar ante LOS DEMONIOS ib! 166 F[[)OR M. las cuentas relativas a la propiedad r matáronlas de un modo que ni ellos se enteraron. a raíz de la segunda entrevista con Piotr Stepánovich. Sospechaba yo que de buena gana se habría dejado ver.. Al principio. concedido. Tampoco podía pasarse sin noticias en todo aquel tiempo.. y un ruso no puede ser de otro modo que como usted y yo. es decir. no me callaba con los gestos.. y 4 apoderado de Varvara Petrovna. —jCher. sin pizca de realidad. Todo aquello una connivencia. como chuchos al sol. días apenas si conocía yo a mi viejo amigo. . Pero las dos entrevistas con el hijo le produjeron un efecto morboso. qué caricatura! “Pero —le grito— ¿es que tú. se arrastri ba ante esos mozalbetes de un modo humillante. tuvo una colerina. además.. además. parecíame también que la secreta y enérgica resolución adoptada le abandonaba y que empezaba a acariciar alguna nueva idea seductora. y a Step4 Trofimovich se limitaron a participarle que todo estaba ya arreglado. c ‘est le mot. Ocurría así por momentos. De nuevo se hizo el silencio. dejando de lado los hechos. pero en el alto sentido de la palabra. ¡qué trajines! Qué irritable vanidad de cocineras. A veces. no lo comprendo. debían. Aléksieyi YegóroviCl le llevó a firmar un documento. —espetóme de pro —Oh. A propósito de dignidad. son vencedores! ¡Dónde está ahí Byron! Y. y todo lo pagó. ninguna de las dos me hallé presente. sin duda! —exclamé yo. “Tú —dice— a mí no me has dado de comer y me enviaste por la posta y. lo mandé a Berlín al gobierno de***. Estoy hoy muy nervioso. afrontado la lucha.. —Pus.. saltan y gritan de alegría. cuando estaba tendido a lo largo en el diván. —Je voulais convertir. son felices. que en sus manos estaba la llave del futuro de Rusia. estaba muy tranquilo. se sentó y se puso a esperar no sé qué.desconocimie de la cosa. Yo no comprendo a Turguéniev. ten en cuenta que he enfermado del corazón de tanto pensar en ti toda mi vida. lo que a me parecía un prodigio. siendo como eres. auténtico. sentido patriota! Por lo demás.. por la posta. ¿Lo e prende usted? —No. para hablar de asuntos. Su Basarov es un personaje ficticio. inmediatamente me hacía un gesto con la mano para que no pasara adelante. 1/ rif heaucoup. Tiene una SOfl ta extraña. salido de su soledad.. dado la última batalla. y. y lo urdieron con hilo blanco y lo representaron muy —No me refería a eso. sobre todo el lunes. En ocasiones. —Pero ¿por qué ha reñido usted con él. se había vuelto asombrosamente taciturno. pero. —Passons —volvió a empezar a los cinco minutos—. convengo en que todas estas expresiones son absurdas. su ayuda de cámara. p4 desgracia para mí. claro que quedándose con la finca. hace un momento me. El tal Basarov es una vaga mezcla de Nózdrev y de Byron. Los dos días subsiguientes a las entrevistas los pasó tendido en el diván y liado a la frente un paño empapado en vinagre. por lo demás. los aplastaré —se le escapó el jueves por la tarde. ellos fueron los primeros en rechazarlo entonces por no parecerse a nada. con un paño liado a la cabeza. Varvara Petrovna carg con todo. pero en cuanto yo. Cetie pauvre t E/le entendra (le bel/es choses! ¡Oh amigo mío. La primera vez visitó el miércoles. el domingo obraron de acuerdo. aunque no lo quebrantaron. me has robado. DOSTOILVSKI la gente por un Cristo’?” Ji nt. aguzando el oído—. me lanzaba al fondo del asunto y me ponía a hacer suposiciones. Stepán Trofimovich? yo escapar con tono de reproche. a los cuatro días de su primer encuentro. Hasta aquel instante aún no me había dicho una sola palabra en todo el día. sobre todo. y ni siquiera le escribió a Varvara Petrovna una sola carta desde aquel domingo. Yo no le he dado de comer ni de beber. que lamentable ansia de faire du bruit aulour de son nom. estuvo enfermo.. y todo lo demás. Sabe usted que todo aquello lo urdieron ex samente con hilo blanco para que lo notaran los que. Dio con esa idea. ahora lo veo yo mismo. sobre todo porque ellos le dedicaban a él la menor atención. ¡Mírelos usted atentamente.. yo siempre me reconocí ruso. que aquél firmó en silencio y con dignid extraordinaria. Ji nt toujours. fis chéri y todo lo demás. Conducíase como nunca se condujera antes. —Son ladinos. Habíase asido a alguna idea definitiva y extraordinaria que le infundía tranquilidad. de acuerdo. Passons. o sea. A propósito. 11 /ó-dedans que/que chose d ‘aveugie cf de buche! —Irremisiblemente —respondí. IT Piotr Stepánovich fue también un par de veces a ver a su padre. —Tant mieux..” Concedido lo de la posta —terminó como delirando. de acuerdo.” “Pero ¡infeliz —le grito yo—. por lo demás..

Al otro día me encontré a Lizaveta Nikoláyevna a caballo en compañía de Mavrikii Nikoláyevich. el cual sólo concedió alguna atención a las noticias referentes a los Lebíadkines. como a parásitos dañinos! Nosotros.. une impUi sanee. al parecer. había una lámpara con su pantalla. llegado que hubo de nuevo al diván. “Yo mismo los llevé allá”. Todo eso se lo conté a Stepán Trofimovich. “Pero ¿comprendes tú —le grito— que si ponéis guillotina en primer plano y con tanto entusiasmo es únicamente porq1 cortar cabezas es lo más sencillo. me saludó con la cabeza. He dck jado de comprender. nada tranquila. exactamente t5t imprescindible. La fluxión estuvo a punto de du 169 . muy afectuosamente.” TI’ Eran las siete de la noche. algo pesado.. y dejando a los Lebíadkines. Se levantó. o como ellos dicen: “El rodar de esas teiiegas que ll van pan a la Humanidad” es más útil que la Madona de la Capilla Sixtifl o como digan ellos. Une bétise dans ce genre. porque. pero. para bien de la Humanidad. se echó a reír y.. vestido como para salir a la calle. pero el rumor de haber perdido un diente resultó exagerado. anticuado. ¡Oh.. y hay por qué invocar al ingenio francés. siempre ha sido así. mezclarla con algunas mentiras. pero ahora ya estaba de nuevo firme. dices. y ya. la boda se daba casi por hecha. haces frascs ingeniosas “mientras descansas tus miembros -empleó una frase más CI11 da— en un diván de terciopelo”. no nos esforzamos por eso. Tenía la mirada pensativa y reconcentrada. está bien cuando los dos están de buenas. a partir de esa noche da principio una “nueva historia. Pero. generalmente. Había estado realmente enfermo con Una fluxión a la boca. y que. _Cher —concluyó de pronto.. —saltó de pronto con vehem cia—. en el curso de la conversación. cara de cansancio y algo demacrada. y. vamos. pero aquí habrá un fin. pero. delante de él. ¿Qué opina ust ¿Hay algo que no comprendemos en ese grito de victoria? Yo querría lo hubiese... Me hizo una seña con sus radiantes ojos desde lejos. Supe su marcha por Liputin. levantándose rápidamente—.. púsose a dar vueltas por la sala con emoción visible. por el lunes por la noche. Nikolai Vsevolódovich hallábase solo en su gabinete. es decir. Pero eso es mentira. Pero ¿no comprendes —‘1k grito—. con conocimiento del asunto. era la primera vez que salía después de su enfermedad. dejóse caer en él exánime. —Dicen que es el ingenio francés. Los testeros y rincones de la amplia habitación quedaban en penumbra. que indolencia rusa. fue y me participó de pronto que Lizaveta Nikoláyevich se iba a casar con Mavrikii Nikoláyevich. más remedio. después de haber descrito nuestra enigmática situación en el transcurso de aquellos ocho días. lis sont tout sirnplement des paresseux. no disponía a hacerlo. ¿no cree usted que todo esto ha de parar inevitablemente en algo? _Indudablemente —asentí. a los rusos debería suprimírS les. sencillamente. no entiendo ni jota. El también permaneció callado largo rato. una habitación que ya antes era muy de su agrado. Empezaré por el octavo día después de aquel domingo. Siempre la gente lo hizo Es posible que haya ahí algo que no comprendemos. nuestro repugnante parasi mo en la escala de los pueblos. mientras que tener ideas es lo más dit cil?” Vous étes des paresseux? Votre drapeau est une guenille. Yo querría. nues humillante incapacidad para producir una idea. cuando aún no sabíamos nada. pasaré a describir los últimos acontecimientos de mi crónica. la desgracia corno la felicidad? 1/ rif? Tú. aunque no se había dado publicidad al proyecto. nero. no comprendes que al hombre le es tan necesaria. Y fijese usted en esa costumbre nueSUS de hablar5 padree hijo de “tú”. En la mesa. Esos carros.—Amigo mío. Guardé silencio. irremisiblemente. añadió Liputin. es necesario. Passons. el cual. en realidad. amueblada de un modo. —Vous ne comprenez pas. al barrio de la Alfarería. había sufrido también un desgarro en la cara interior del labio Superior. ¿y si riñen? r por un minuto volvió a guardar silencio. cubierta de tapices. por decirlo así. ¡en el inundo nada acaba. tse fijado usted en ello? Para que la verdad parezca verosímil. irremisiblemente. díjome también que los hermanos Lebíadkines se habían ido a vivir al otro lado del río.. Estaba sentado en un pico del diván. en ab soluto. alta de techo. la verdad auténtica siempre resulta inverosímil. El diente no había hecho más que moverse. Pero ahora. ¿Por qué calumniar al i nio francés? Ahí no hay más. pero ya se le había cicatrizado. en absoluto. y fuera estuvo hasta el lunes... en la forma en que todo se ha descubierto y explicado ahora.. El viernes por la mañana tuvo que salir Piotr Stepánovich no sé a dónde.

ya cerrada. usted plantea la cuestión francamente. ¡Vaya. para que no le cogiera de improviso —balbuceo Piotr Stepanovich atropelladamente y con nngenui o dad acercandose a la mesa y fijando la vista un momento en el pisapapeles y en el pico de la carta. ha andado muy movido. no usted. porque el enfermo no quería que lo viese el médico y dejarse sajar el flemon a su tiempo y esperaba que el absceso se reventase él solo.. —Nunca se queda escuchando —observó friamente Nikolai Vsevolódovich j —ÍEs que si se le ocurriera escuchar. y mañana tal vez saldrá usted a la calle. Si usted supiese las cosas que he tenido que decirles.. y eso indefectiblemente al oscurecer cuando ya no habia luz y aun no habian encendido lumbre No recibia tampoco a Piotr Stepanovich el cual sin embargo iba dos y tres veces al dia a casa de Varvara Petrovna mientras estuvo en la ciudad Y he aqui finalmente que el lunes al volver por la mañana de su ausencia de tres dias despues de haber recorndo toda la ciadad y comido en casa de ¡u ha Mijailovna Piotr Stepanovich presentose por la tarde finalmente en casa de Varvara Petrovna que con impaciencia le aguardaba Habian levan tado la prohibicion Nikolai Vsevolodovich recibia Varvara Petrovna mis ma condujo al visitante hasta la puerta del gabinete hacia tiempo que de seaba aquella entrevista de los dos y Piotr Stepanovich le habia dado palabra de ir cornendo a verla en cuanto se despidiese de Nicolas y a con tarselo todo Con timidez llamo a la puerta de Nikolai Vsevolodovich y como no obtuviera contestacion se atrevio a entreabrir aquella cosa de dos viorchkas. —No me refería a eso. algún reproche? Por lo demás. es decir. ¿no? —Es posible. —Tranquilícelos usted. —Es decir. Vine para ser desde ahora siempre franco. no me refería a eso. Sólo le he oído decir ami madre que usted. ¿quiere decir que antes no lo era? .. No voy a exa5Peb0 a usted con “nuestro” asunto.. —No sé nada. He echado por delante a la mujer de Schátov.. Aunque desde luego que las sabe —y se echó a reír. como defendiéndose de un ataque horrible—.168 FEDOR M DOSTO[FVSKI rarle toda la semana.. rumores de las relaciones que ustedes tuvieron en París. volviéndose a la puerta. mi mayor temor al venir acá era que usted no quisiese plantear bien las cosas.. ¿cómo vamos de salud? Por lo que veo. adoptando un aire jocoso y amigable —. que abrió por sí mismo la puerta y pasó. sólo que he venido a hablar con usted a solas. Nikolai Vsevolódovich no había oído el golpe dado a la puerta. —Nicolas tpuedo hacer pasar a Piotr Stepanovich9 —inquino queda y comedidamente pugnando por mirar a su hijo al traves de la lampara —1Puede puede sin duda que puede’ —grito con voz alta y jovial el propio Piotr Stepánovich. sino unicamente la timida pregunta de su madre a la que no habia tenido tiempo de contestar Tenia delante unicamente en aquel momento una carta que acababa de leer y que le habia dejado muy pensativo Se estremecio al oir la inesperada exclamacion de Piotr Stepanovich y diose prisa a ocultar la carta bajo un pisapapeles cosa que no logro del todo un pico de la carta y casi todo el sobre asomaban al exterior —Con intención grité con todas mis fuerzas. una vez al día.. pero. Nada tengo que objetar. se lo digo para que se pavonee. alzando alegremente la voz y arrellanándose en una poltrona—. después de todo. sobre todo en su actual situación He venido únicamente por el lance del domingo y sólo en la medida imprescinde He venido en busca de las más francas explicaciones. muy bien. sino a su misma madre apenas si le permitía pasar a verlo.. al mismo tiempo. ¿No lo tomará a mal? —Estoy seguro de que usted no ha hecho sino lo que ha podido. que necesito ante todo yo. ¿qué quiere decir eso de “no ha hecho sino lo que ha podido”? ¿Es. —Y sin duda habra tenido tiempo para ver como escondia yo debajo de este pisapapeles una carta que acababa de leer — dijo Nikolai Vsevolo dovich tranquilamente sin moverse de su sitio —CUna carta9 Dios le guarde a usted y a sus cartas Y a mi oque me interesan9 —exclamo el visitante— pero lo principal —murmuro de nuevo. —Yo no quiero plantear nada bien —dejó escapar Nikolai Vsevolódovich con alguna nerviosidad. No sólo al médico. es verdad. pero inmediatamente echóse a reír. acaso. lanzando las palabras en cascada.. por fin lo LOS DEMONIOS cacé! Ante todo. —Eso. tranquilceme a mí! —gesticuló con énfasis. está usted equivocado —gesticuló Piotr Stepánovich. lo que viene a explicar el incidente del domingo. yo eso era lo único que temía Aunque. y eso por un instante. y señalando hacia allí con la cabeza. que yo no he dicho nada concreto —exclamó de pronto Piotr Stepánovich.. y alegrándose de la irritabilidad de su huésped—. finalmente.! —repuso Piotr Stepánovich. —Bueno.

pues decidí definitivamente que lo n era hablar. Los que saben hablar bien hablan ç Ahí tiene usted otra ineptitud mía. va a s nerle a uno animado de secretas intenciones? Es más: cada cual se raría personalmente ofendido contra quien dijera que uno las tiene. no se apure. por fin. Perol además. por falta de talento. le doy palabra. ¿Y por qué digo yo tantas palabras me sale? Pues porque no sé hablar. mucho. S usted.. y. cuando yo no le había pedido a usted nada. mandándome a volar. a su juicio? Precisamente me precipité con ineptitud mediana. pensaba al princj callar. para que usted vea cómo soy ahora de franco.. es decir.nunca me sale lo que quiero decir. mire usted. No se apure. entre par sis. Verdaderamente. Pero a mí me lo perdonaron todo. por cipado sabía que ésa era también su personal opinión. pero como la. y. y precisamente relacionado con lo del domingo —saltó Piotr Stepánovich—.—Usted mismo lo sabe.Eh? ¡Cómo! ¿Usted. desde luego. Se ríe usted? ¿Cómo? ¿Qué? _Nada —dijo finalmente. Le ruego vaya cuanto antes al asunto.. espond0 por usted. para que usted se enfadase en el acto. consiguiente. usted tiene talento’ Pero usted vuelve a sonreír Otra vez me excedí. efectivamente. y esto ya es inapreciable. a cada palabra mía. en segundo lugar. echándose a reír. porque yo. al disponerme a venir aquí. Nikolai Vsevolódovich—. que ted cree en mi ingenuidad. ¿no es así? Por sonrisa veo que me da la razón. Resulta. aquí tiene un e pb: yo siempre hablo mucho. —Eso es. cosa que.. —Pero usted estará de acuerdo conmigo. recordaba ahora. sino tO lo contrario: escuchaba hosco y algo impaciente. al parecer. hace diez días. ¿Cómo me atrevía yo a dármelas de listo? pero yo se lo iba a explicar en seguida. y que de antemano acepto ¶ias suS condiciones. y así los he sacado a todos del aprieto. ni las one tamPoco. explI me muy de carrerilla. Entonces ya t me lo perdonan. porque ser tonto es más fácil que ser uno mismo. Passons. por la sencilla razón de que el tío listo que editaba a proclamas resulta aquí más estúpido que ellos mismos. como dice pápascha. Niko1 Vsevolódovich guardaba un silencio obstinado.. Nikolai Vsevolódovich no se había sonreído lo más mínimo. —. despectivamente tranquila y hasta zumbona. . la contó usted precisamente para suscitar dudas y dar a entender que había connivencia y acuerdo. lo celebro mucho.. vamos a ver: ¿cuál es mi propio? Un justo equilibrio: ni imbécil ni listo. a lo tonto. después de esto. porque un asunto me trae. Usted no me hubiera dicho: “Usted tiene taler bien. y en segundo lugar. y en absoluto no me definí de ese modo para vocar en retorno sus alabanzas: “No.. ¿no es así? Yo. en términos generales.. acá. no se enoje usted por mi verbosidad. Vamos a ver: ¿cómo me porté yo el domingo. venía decidido... lo he calificado de inepto. ¡ apure. se lo han dicho a usted. por lo visto. ya veo que he vuelto. que carezco es en mí natural. porque les conté una simpática historia.. Usted se sonríe. sin duda. ¿por qué no habría de utilizarlo con arte?1 utilizo. por ser yo mismo. Pero. le aseguro a usted que no he venido en modo alguno a C01fl prometerle a usted con mi compañerismo.. ser uno mismo.. al último. finalmente.. un extremo. venía de la luna. porque nadie lo cree. muchas palabras. pidez es. vaya. ¿no es así? Nada más irreal que 170 FEDOR M. a desempeñar un papel. _Cóm0? ¿Qué? ¿Ha dicho usted algo? Ya veo. lo admito. de ahora en adelante. quería dárinej tonto. ¿no es así? —Qué? Es posible que así sea —dijo con leve sonrisa Nikolai ‘ lódovich. Sería preferible no desempeñar papel alguno. Yo he empleado la astucia en muchos casos. y. eso de callar a ç de todo tiene sus peligros. Yo. no me estaba bien. hace un momento. se pone en guardia. concedido. y los extremos suscitan curi opté. pero no estaba usted delante. cierta curiosidad inquieta. es decir. porque. bueno: ¿quiere usted escuchar? En la expresión del semblante de Nikolai Vsevolódovich. le aseguro a usted que hOY he de hablar de nada delicado. eso de callar supone un gran talento. agitándose más que antes—: al venir acá. ha dicho “todo es igual”? —bah buceó Piotr Stepánovich (Nikolai Vsevolódovich no había dicho nada) Claro. lo creo. bueno. Para que usted vea. es decir. de modo que el interlocutor acabase por dejarme hablando lo mejor de todo. su sonrisa con la jactanciosa frase de “empleé la astucia”. mire usted. lo tienen ustedes aquí decidido entre todos. según parece a equivocarme. en primer término. suelo echarme a reír. bastante falto de d-’ como caído de la luna. lo creo. usted no había puesto condiciones. caramba. que. sin duda. según dicen las personas sensatas. Y a propósito. por lo visto. pero. pero. mucho. no. siempre embrollarme con los voltijos. ¿no es verdad? Pero como este d. en primer lugar. y a mí. no está usted tan fr’ dotes. no obstante todo el deseo del huésped de irritarle con la insolencia de aquellas ingenuidades preparadas de antemano e intencionalmente burdas. lo confieso. celebro mucho esa sonrisa como prólogo a una explicación. DosrolEvsKl LOS DEMONIOS 171 ser uno como es. a esta población. y de ca . —Oiga usted —dijo Piotr Stepánovich. porque yo mismo sé que oy digno de que me las pongan.. hombre. Pero ¿sabe usted que está hoy t rriblemente receloso? Yo he venido a verle con el alma abierta y alegre.. y del mismo modo torpísimo me apoderé de la conversación por la fuerza. traslucióse. Pero. se harta hasta el colmo y no me entiende ¡tres ventajas de una vez! Fíjese usted: ¿quién. y. a pesar de todo. ¿no es verdad? —Es decir.. yo no me enfado. inepcia e inepcia. claro.

de aquí a cinco días. de Fonto. Ahí tiene usted toda mi nueva táctica. no me pregunte. A propósito: yo meesperaba que su mátuschka me espetase de prontO la pregunta principal. pero que exige sev dad en todos los otros. ahora ya nunca volveré a coniprometerlo a la manera antigua: ahora emplearé un procedimiento nuevo. ese de las orejas largas. sacan libros. . es abo dejemos esto. Yo. —Pero no hay nada que decir. Y figúrese usted: otro día ya estaba enterada de que yo había hecho que Maria TimoféyeVt se mudase al otro lado del río. Piotr Stepánovich apresuróse a mirarlo. Ii bre. —óDe modo que Liputin está enterado? —No había otro remedio. ¿Qué será eso? —Pues que le he dado palLbra hoy de pedir. porque quería cogerlo y comprometerlo. propósito también: los Lebíadkines aquel mismo día se mudaron de c lo sabrá usted. ¿A usted le parece curioso el que yo sea ahora tan franco con usted? Pues precisamente porque ahora todo ha cambiado. volvió a dejarse caer n mente en el sillón. se reunirán e iremos una noche. Nikolai Vsevolódovich cOfl inesperada franqueza. ¿Por qué ahora es usted tan franco? —No se enfade usted. frunciendo el ceño. por último. sino.Por lo demás. Piotr Stcpánovich Ya sé quién ha sido. Ahora en todo se ha de hacer su plena voluntad. Liputin. sólo que Julia Mijaíl se lo prohibió. Efectivamente. una sólo. Pero ¿quién otro puede haber sido? Es interesante. sino alguna vez. Yo. en un tono totalmente distinto Y Con cierta especial emoción. en serio. sin uda. —j.. basta de eso. no. . en serio. _-No. se lo ruego. je! Así que no hay más remedio que —. acaso fuera preciso. yo únicamente le dije que usted no mata! a nadie. Peró se apure usted: no ahora mismo. mire usted. vamos. pero co había pregunta alguna ni por qué irse tampoco. ¿Se ríe usted? Pero enhorabuena yo también me río. A propósito: sería preciso ir a ver a los nuestros. concedido que sea un torpe. _-Liputin. Yo lo hice así precisamente para que usted observase todo el juego. El camino antiguo se acabó del todo. ¡je. y otras cosas oportunas por el estilo. sobre todo. —A propósito —dijo como si no lo hubiera oído y cambiado aprisa conversación—. se prestan a la discusión. porque yo. como para ahuyentar preguntas. eso es! —asintió Piotr Stepánovich como poseído de entusiasmo—. dicho sea de pasada —volvió a saltar en segui aquí hay quienes dicen que usted va a matarlo. sólo apreciable en un sentido. Aguien parecido a Schátov. aunque quien tanto se precipita es un torpe.. como crías de cuervo en el nido. Basta. ante todo.Usted dice que ha cambiado de modo de pensar respecto a —inquirió. ya que esa expresión de los “nuestros” no es de su agrado. tanto. —dijo Ni Vsevolódovich pensativo—. es de una importancia tremenda . hoy llego. al principio.. 4 _-Ya sabía yo que no habíL sido usted. Auncue después de todo. y.. manoteando. no he de decir nada. —No era posible otra cosa. Están aguardando con las abiertas. no me fulmine con los ojos. Virguinskii.. —A propósito. no se lo figure usted. me afanaba por usted. y se pone toda radiante.. pero Liputin. —No. fue sincero. usted no me fulmina. había hablado en serio. es dec’ ellos. de pronto. todos los días. —He cambiado de opinión respecto a usted en el momento en que ted. —Eso ya no lo hice yo “a lo torpe”. desde luego. ¿Recibió usted mi carta con su nueva dirección? —La recibí a su tiempo. —Me lo figuro. el furierista. ¿Fue usted quien se lo dijo? —No pensé tal cosa. he cambiado de modo de pensar acerca de usted. —Es curioso. se lo diré a usted. ese que d ra su propio sistema. estaba de U1 humor terrible. serio. sinceramente. Liputin. Ahora va a llover. atreverá. el ho universal. pero. usted mismo lo sabe. que Nikolai Vsevolódovich lo miró Curioso L)S DEMONIOS 172 FEDOR M DOSTOIEVSKI —.. y si quiere dice “no”. es ecir.. con fuerte propensión a lo policíaco.—Eso es.. se lo he dicho sólo para prevenirlo. en cambio. y hacen apuestas y tanto. pero soy serio. que si quiere dice “sí”. todo pasó y se volvió arena. si.Va usted a presentarme allí como a un jefe? —dijo con la mayor dolencia posible Nikolai Vsevolódovich. por soliej Si resultó torpe. y también tuve que hablarle mucho. quería saber hasta qué punto tenía usted miedo. He estado dos o tres veces a ver a la respetadísima Van’ Petrovna. De “nuestro” asunto no hablaré hasta que usted mismo lo ordene. ¿no? Es igual. Por lo demás. que Lembke pensaba ya avisar a la policía. Sólo que no vuelva usted a escribirme cartas. no —bdbuceó.. están resentidos porque dicen que desatiendo y los trato con desvío. después de lo de Schátov. qué huésped les llevamos gente fogosa. Pero ahora en Serio. Y. pero b basta. se echó las manos a la espalda.. Ah!. un tanto tranquilizado. de pronto. Se levantó.Ha cambiado usted de táctica? d —No hay táctica. Les vertiré. la mano de Lizaveta Nikoláyevna—dijo..

y en lo sucesivo será imprescindible. yo tengo mi táctica: miento. por Dios. Gagánov. —Lo hastío —saltó. jovial. estoy a su servicio. en más alto grado que nunca. que lo comprometo tanto. es decir. Por Dios.Elogia usted la administración? —Pero ¡si no hay más remedio! Es lo único que hay en Rusia de natural y conseguido. ¿No sabe usted que. Del incidente del domingo no dice nada. sin duda —babuceó Piotr Stepánovich como vacilante—. dando a veces 1 1t paseos por la habitación y subrayando los pasos más animados de su perorata con sombrerazos en la rodilla. ya lo sabe usted. Julia Mijaílovna lo sabe y se lo consiente.. mucho más. en el distrito.. cual si no reparase en la momentánea agitación de Nikolai Vsevolódovich—. de pnnto. —Eso no tiene importancia. —En ruso. pero contiOU ó allí y siguió hablando sir interrupción. A propósito: aquí.. es decir. y yo.. lo comprendo.suróse a decir. A propósito: gracias una vez más por su carta. precisamente cuando todos la andan buscando. Pero yo. y está convencida de que usted los vencerá a todos con sólo presentarse. Tengo mucha curioidad por ver cómo va usted a presentarse mañana. casi dando un salto y haciendo un fuerte movimiento hacia delante. El viernes . Me rodean. ¿lo sabía usted? Seguramente.. Piotr Stepánovich—. ahora no. a mí me llevó allá el otro día por la mañana. Seguramente tendrá prparada más de una broma. —. la primera. —Noto que a usted hoy le s muy dificil enfadarse. según parece. Julia Mijaílovna me defiende. pero ahora. usted tiene razói: de debajo del yugo se escaparía ella con sólo que usted se dignase llamala. corren rumores de que ya está omprometida. ¡qué severidad de formas. Cuando partí yo.. —Claro. Estuve con él. ellos lo tienen todo asimilado. me habló de usted pestes. pero con modales. una gente curiosa. y de pronto suelto una frase inteligente..” Lembke me insta a entrar en el servicio para corregirme. porquie sé que usted ha pensad con anticipación en sus cosas y todo lo tiene resuelto. ¿No se enfadará usted conmigo porque le hable sí? Nikolai Vsevolódovich nole respondió. Es un verdadero necio. en Dújovo. siempre y en todas partes. ella se imagina que usted puede sabe Dios cuánto. riendo. Yo. Aunque. vuelta a mentir. pero no. Ellos aquí tienen sus reglas. Las mujeres de Balzac con láminas —dijo. Famosa posesión. lo que acabó ya de irritar a Piotr Stepánovich. usted es ahora un personaje enigmático y romántico. ni palabra. cómo . claro que no toda la verdad. Lembke también escribe novelas. ¿no se enfadará usted? —Nada. Pero ¿qué es esto? He tirado un libro —agachóse a recoger el kapesake que había derribado—. ¿Se ríe? Pues mire usted. A usted le es tan indiferente su salud como la salud de la “gatita gris”. Sabe usted que yo lo trato malísimamente. y. magnífica casa. A mí ya todos me hacen aspavientos: “Con aptitudes. yo. miento. —.. Nikolai Vsevolódovich qudósele mirando atenta y fríamente. Anoche. hay skoptsi. enteramote nuevo.. aunque en pie. qué discreción! Nos haría falta a nosotros algo por ese estilo. todos le tienen a usted por espía? Yo les sigo la corriente.. No lo he leído.. de lo delicado. y empiezo a temer por usted. de su asiento Piotr Stepánovich. ya que a usted no le gusta la palabra “nuetro”. situación ventajosísima.. —Pero ¿es que está él ahora en Dújovo? —irguióse Nikolai Vsevolódovich de pronto en la silla. es decir. sí!.. y le tiene a usted una estimación que raya en lo supersticioso. Pero ¿está bien Julia Mijaílovna? —Esa es una costumbre mundana que tienen todos ustedes. Y a propósito: Gagánov está muy enfadado con usted. —A propósito: ¿le ha dich usted en serio a su mámascha eso de Liza. en el distrito. naturalmente.—1Ah. no obstante. tenemos un regimiento de Infantería..uele decirse en estos casos. —Es porque tengo fiebre. pasando el día en Dújovo. Aquí. ¿comprende usited? Nikolai Vsevolódovich boezó. —Puede creérsele. Todos le temen al conde de K***. —No. Todos esperan de usted hasta lo inverosímil. para todo.. que está usted verde. Yo en el acto le dije toda la verdad. no hablaré de eso. sin duda. a escondidas. que abre unos ojos tamaños. sób para tranquilizarla. luego. también. cogió SU sombrero redondo. Pero en otra ocasión. sin embargo. que no perjudicara al asunto? Repare usted cmo no he dicho nuestro asunto. pero caído de la luna.yeta Nikoláyevna? —inquirió. por lo demás.. ¿No se enfada usted porque hable así? —No. nada pienso —apr. —áSí? —inquirió Nikolai Vsevolódovich como si le interesara. —óY si se lo hubiera dichcen serio? —preguntó con voz firme Nikolai Vsevolódovich. Yo sólo quería de:irle que estoy seriamente a su disposición. —No. Pero adiós. acuéstese usted.. —Qué piensa usted? —Nada. los aplaudo. escuche usted esta anécdota.Cómo. —Yo pensaba divertirlo a usted todavía con los Lembke —exclamó. ya hacía calor. no —exclamó de pronto —. y entoda ocasión. pregunta por ella. e hizo ademán de irse. y regresamos juntos —dijo Piotr Stepánovich. Pues está bien.. Yo aplaudo eso. Por lo demás. abriéndolo de pronto —. no me enfado. y también hasta la superstición espera de usted mucho. Julia Mijaílovna..

pero. Imagínese usted que yo creía que buscaba usted el bastón. —Quiero decir la maleta de usted. el frac y los tres pares de pantalones. Bueno. sus efectos. usted se acuesta. ¡Ah. puede menospreciarme cuanto guste. según recomendó usted.. por dinero. puso un pie delante de otro y volvió a adoptar su primera actitud. porque Schátov. ¿Llegaron? ¿Es cierto? —Sí. —Ah. vous comprenez? Estuvimos hablando de ateísmo. ¡Ah!. por la ciudad y sus contornos. sitan ridículo le parezco. se había levantado de pronto con cierta extraña contracción en el semblante. —Cómo? —y Nikolai Vsevolódovich quedósele mirando sin comprender. mañana. —He hablado. diose un sombrerazo en la rodilla. el coche me está aguardando porque yo por estas calles no me atrevo a aventurarme por las noches.. un antiguo siervo nuestro. en voz alta.por la noche estuve yo bebiendo en B*** con los oficiales. Nikolai Vsevolódovich: vamos a dejar las cuestiones personales de una vez para siempre. un foco de cólera. la tomamos con Dios. como usted sabe. hace el papel de un gentleman —dijo Nikolai Vsevolódovich riendo—. figúrese usted. en todos los sentidos. aunque. ¿no? —Bien. —Aquí algunos me consideran como rival de usted para con Lizaveta Nikoláyevna. Es un individuo dispuesto a todo. no la limpian hace quince años y esquilman a los trabajadores. Alegres. no frunza el gesto. lo vendió como soldado y se guardó el dinero. LOS DEMONIOS ¡77 —Mire usted —y de pronto rompió a hablar atropelladamente. Porque allí están las prendas de usted y mi americana. le había prometido a Varvara Petrovna pasar a visitarla. hay quinientos obreros.. Pero ¿qué es eso? ¿Coge usted su bastón? ¡Ah. cual si hablase consigo mismo: “Si no hay Dios. pero ahora vuelvo a pedírselo. Porque allí tenemos tres. pero. A propósito: Schátov asegura que si en Rusia hay alguna vez revolución. todos queríamos preguntarle. según cuentan. sí. ¿Es verdad que piensa usted aprender equitación? Piotr Stepánovich sonrióse de un modo convulsivo. Es un sujeto muy notable. señalando ya directamente al pisapapeles—. desde luego. voy a decirle a usted otra cosa: es interesante la fábrica de los Schpigúlines. tampoco tenía derecho a arriesgar su vida el domingo. con voz trémula y contenida—. y. naturalmente.. se me olvidaba lo más importante: acaban de decirme que nuestra maleta llegó de Petersburgo. ¿cómo no preocuparme del tipo? —dijo riendo—. después de todo. ni decía nada. pero me escabullo. a pesar de todo. y entonces. abrió los brazos y se fue. ¿no? Yo querría que usted se fijase en esto. ¿qué capitán soy yo?” Cogió el gorro. no insisto. ha hablado con él? —inquirió Nikolai Vsevolódovich. en marcha. no. hará quince años. El patio estará a oscuras. Había allí un capitán con la barbita canosa. pero también tiene ideas. ¿lo toma usted a risa? Usted mismo lo ha de ver con sólo que me dé un plazo breve. puedo arreglarlo todo. y estoy seguro de que no prescindirá usted de mí.. pero de pronto fue y se plantó en mitad de la habitación y.. vuelvo a advertirle... naturalmente. mi padre. por ejemplo. clavando en él los ojos. hace un momento me lo dijeron. allí. Ya le había pedido a usted un plazo. naturalmente. ¿comprende? —He oído decir que usted aquí. Pero dígame. brevísimo. recuerde. el frac. pequé. chillábamos. —Yo le digo —exclamó de un tirón—. pero asomando todavía la cabeza desde la puerta. que también yo soy un individuo dispuesto a todo.. aunque.! —Pídaselo usted a Aléksieyi.. yo. sin aguardar contestación. efectivamente. bueno. Piotr Stepánovich echóse a reír. Que. anda merodeando ahora un tal Fedka. lv . los dueños son millonarios. a todo. otra cosa! Si habló usted antes seriamente respecto a Lizaveta Nikoláyevna. Le aseguro a usted que entre los obreros los hay que tienen noticia de la Internazionale. —Sí? Yo no lo comprendía. Nada. a su modo. naturalmente. ¡Qué cabeza tengo! —volvióse de pronto a mitad de camino—. De mí no se oculta.. mire usted. Pero adiós. y enteramente estoy a sus órdenes. que estaba muy callado y no decía palabra. ¿verdad? Usted. y mañana se sentirá con más ánimos. —Expresó un pensamiento bastante atinado —bostezó por tercera vez Nikolai Vsevolódovich. Nikolai Vsevolódovich no buscaba nada. obra de Scharmer. mire usted. cuando vino a verlo a usted. mañana. ha de empezarse de manera irremisible por el ateísmo. un preso fugado de Siberia.. Puede que tenga razón. después de todo. De pronto se fue.. no es el bastón!. ¿quién le fue con el cuento? ¡Hum! Las ocho en punto. —Si usted necesita algo para el señor Gagánov —le espetó de pronto Piotr Stepánovich. a propósito: aquí. no podría usted ahora mismo. —Usted. los pantalones y la ropa blanca. sería mejor que se dejase de cosas personales por algún tiempo. —Bueno. no lo haré más —dijo Nikolai Vsevolódovjch.

levantándose del diván. que daba la una. de pronto. ¿A qué hora manda usted que se le espere? —añadió. Con alguna inquietud volvióse a mirar la hora. Lentamente fue a sentarse en el diván. garrapateó al final de la carta dos palabras y volvió a ponerla en la bandeja. El piquito de la carta seguía asomando como antes por debajo del pisapapeles. más de una hora. Aléksieyi Yogórovich iba tal y como estaba. salióse de puntillas. con el corazón palpitante y con mucho tiento. que daba al corredor. con una nueva enojosa sensación de malestar y un pesar nuevo. —Son las nueve y media —dijo con voz queda. lóbrego y húmedo. y. No hacía más que pensar: ¿no le diría. dio un golpecito en la puerta. que tanto había sufrido aquellos días con sus cavilaciones. le ofreció en la bandeja la carta. y de pronto entróle miedo. cerró la puerta por donde entrara Varvara Petrovna. a las nueve en punto. Pero. Llevaba en una mano un paletó de abrigo. ni el más leve movimiento en todo el cuerpo se delataba. Del corredor pasó a una escalera trasera. de un gran reloj de pared. sacando de debajo del pisapapeles la escondida carta. no tuvo paciencia. encima de una silla. él mismo abrió los ojos. una bufanda y el sombrero. inmóvil. —Desde las ventanas no se verá. siguió sentado aún diez minutos. En un rincón del vestíbulo había en prevención un farolillo y un paraguas. Varvara Petrovna. alumbrándose el camino unos tres pasos por delante con el farolillo. y dejando las prendas que llevaba en un rincón. pero casi en el mismo momento abrióse la puerta trasera. una bandejita de plata. sin contar con que ya está revisado todo —repuso el criado queda y comedidamente. Permaneció contempiándolo tres minutos. de haber sido posible. angosta. denso. a pesar de lo intempestivo de la hora. y ahora es imposible saber nada de ella. recapa. seguido de Aléksieyi Yegórovjch. salióse en silencio al corredor. y una fría sonrisa asomó a sus labios. de pronto. citó y mandó que le llevasen otra. y al irse Piotr Stepánovich. después de vestirse y coger el sombrero. al diván. Advirtiendo que tenía puesta una ligera chaqueta de terciopelo.Posible es que pensara al irse que Nikolai Vsevolódovich. casi sin respirar. iba a ponerse a aporrear las paredes. y todo ese tiempo en la misma inmovilidad. —No se verá nada? —inquirió. y desde luego que se habría alegrado de poderlo ver. en la misma actitud. Nikolai Vsevolódovich también cogió un lápiz de encima de la mesa. en el pico de antes. tan derecho y tan inmóvil. Leído que hubo aquellas líneas. pero pronto se repuso. visiblemente preocupado. en la que había una carta. y ahora vísteme —dijo. más propia para las visitas nocturnas de cumplido. y en la otra. Si Varvara Petrovna hubiese continuado allí tres minutos más. detúvose en la puerta. con dos renglones garrapateados a lápiz. y de nuevo. salió en silencio al viejo jardín. que había prometido pasar a verla y no cumplió su palabra. pero enteramente impasible. —Entregarás esto en seguida que me vaya. al quedarse solo.La mátuschka se acostó? —Se encerró en su cuarto. no obstante no haber allí nada de nuevo ni de particular. decididamente asemejaba una inanimada figura de cera. atreviéndose a hacer la pregunta. abrióla ella misma. —A causa de esta lluvia extraordinaria hay en las calles un barro intolerable —expuso Aléksieyi Yegórovich con el aire de realizar un vago intento de disuadir por última vez a su señor de salir a la calle. ni un músculo de su rostro se contrajo. de paño. las cejas un poco enarcadas. —. según su costumbre de estos últimos días. y cerró los ojos como por efecto del cansancio. por fin. Pareció impresionarle ver que se hubiese dormido tan pronto y que hubiese podido quedarse dormido así. como mirando terca y curiosamente a algún objeto que le hubiese chocado en un rincón del aposento. acercóse. que consistía en un papelito abierto. Durmió largo rato. Dos minutos permaneció junto a la mesa. Finalmente se oyó un rumor quedo. de seguro que no habría podido soportar la agobiante sensación de aquella inmovilidad letárgica y lo habría despertado. Finalmente. aventuróse ella misma a visitar a Nicolas. los angostos senderuelos de arena estaban enfangados y resbaladizos. pero las cejas aparecían seriamente fruncidas. algo definitivo? Despacito. oscuro como una cueva. Pero el señor. y fue a salir al vestíbulo. inmóvil. como antes. . santiguólo aprisa y se alejó sin sentir. Aléksieyi Yegórovich. que daba directamente al jardín. Al ver que Nicolas estaba tendido. Nikolai Vsevolódovich. y con la misma inmovilidad de antes. y dejóse ver el ayuda de cámara. abriendo el paraguas. Pero estaba muy equivocado: Nikolai Vsevolódovich se quedó muy tranquilo. visto que no tenía contestación. pero él no se molestó en ir a taparlo. No tardó en quedarse del todo dormido. de piedra. El viento alborotaba y agitaba las copas casi peladas de los árboles. hasta el punto de ser casi imposible advertir su respiración. Tenía la cara pálida y seria. de frac y sin sombrero.

Era evidente que acaibaba de tener una llantina. señor. hasta hirviendo —afirmó Kirillov con satisfacción—. gritaba el rorro. por fin. la pelota fue a rodar por debajo de un armario. está usted lleno de barro. Lea usted esta carta de Gagánov. directamente al pabellón de Kirillov. que gustaba de oír y leer la palabra de Dios. Schátov cerró la ventana. la cual rebotaba en el techo. al verle acurrucóse contra la vieja y rompió en un largo llanto infantil. Nikolai Vsewolódovich encaminóse hacia la luz. levantándose del suelo con la pelota en la mano.A qué se debe que haya venido? —A un asunto. y costaba trabajo ver nada. volvía a caer. por debajo del armario. en enaguas. —Stavroguin! —dijo Kiriilov. la vieja. que seguía en pie. Estaba ya completamente calado por la lluvia. pero en aquei instante alargaba las manecitas. peota! “. donde Kirillov estaba ttomando el té. al parecer. pero en el desván. ‘*‘ como no había allí campanilla. buscaron una puertecita. sin dar muestras del menor asombro ante la inesperada visita—. “Peota. ante la cerrada puerta de la oscura y vieja casa de Filíppova. recién sacado. parábala el nene con sus torpes manecitas. y el niño gritaba: “Peota. Abrióse un wentanuco. lágrimas quedaban todavía en sus ojos. las mejillas muy encendidas. hundiéndose a cada paso unas tres viorschkas en el cieno. la dejó luego encima de la mesa y lo miró expectante. “Peota. —No te apures. Kirillov botaba en el suelo una gran pelo. —Yo. Rodeando por sinuosos senderos todo el jardín. —No rechinará la puerta? —informóse Nikolai Vsevolódovich. En medio de la habitación. Nikolai Vsevolódovich entró en la habitación. . fueron a salir a la misma tapia de piedra. batía palmas y se reía corno se ríen bIos niños. a una larga y solitaria calle pavimentada. Aléksieyi Yegórovich repitió con voz firme su voto: nunca antes se habría decidido a proferir tales palabras en voz alta delante de su señor. pero en la última. con sólo una camisilla. de su cunita. la leyó. el pelito rubio alborottado en rizos. no lo desairo. antes de entrar. —. de pronto. —Sí. gritaba el nene. había luz y se oían risas y unos gritos extraños. peota!”. pugnando por alcanzar con la mano. el niño. de goma. lbs piececitos descalzos. hombre serio y severo. Schátov miró largo rato. pero la calle de la Epifanía estaba lejos aún. que daba a una calleja estrecha y apartada y estaba casi siempre cerrada. Nikolai Vsevolódovich se sentó. Nikolai Vsevodólovich cerró la puerta. ahora. —Que Dios lo bendiga. parienta del casero. un minuto. se guardó la llave en el bolsillo yi echó a andar por la callejuela. En los brazos tenía un niño de año y medio. Se acabó de levantar del todo. Nikolai Vsevolódovich cruzó el alto umbral y. si está caliente —dijo Nikolai Vsevolódovich—. la pelota. que ambos se sabían de memoria. Salió. por callejas extraviadas. Era un viejo criado. siéntese usted. El vestíbulo y las dos primetras habitaciones estaban a oscuras. Aléksieyi Yegórovich. peota!” Kirillov cogía la pelota. —Enterado. sentóse enfrente de él y preguntóle: —. ¿recuerda usted lo que le conté en Petersburgo? Kirillov cogió la carta. y allí. en casa de Schátov. pero si es que sólo proyecta obras —Cómo? —y Nikolai Vsevolódovich se detuvo. Estoy todo calado. aquélla se lo ilevó de allí en seguida. el cabello destocado. en un rincón de la misma. El té estaba en la mesa. había luz. con las ventanas cerradas. ni siquiera entornado. Pero Aléksieyi Yegórovich le participó que el día anterior la había untado de aceite “y hoy también”. Eran pasadas las diez cuando se detuvo. sobre todo.Es usted? —inquirió. sin decir palabra. sin medias y con una piel de lliebre. pasó de largo. bajó y abrió la puerta. que había sido ayo de Nikolai Vsevodólovich y lo había mecido en sus brazos. y Schátov miró hacia la calle: hacía una oscuridad horrible. —Si se decide a ir lejos. a la una y media. FinalImente. y Tfodo allí estaba abierto. —repuso el no invitado huésped. a las dos lo más tarde. —. detúvose en la puerta.—A la una. El piso bajo. ¿quiere usted té? buenas. entre sollozos.ita colorada. La ciudad érale conocida como la palma de su mano. y casi de un trago se bebió la taza de té que le habían servido. Kirilbov tiróse al suelo y estiróse. —Caliente. le advierto que no me inspira ninguna confianza esta gentuza. pero. púsose a aporrear la puerta. finalnnente. pero cuya llave teníala ahora en su mano Aléksieyi Yegórovich. botábala. Abrió la puerta y entregó la llave a Nikolai Vsevolódovich.Más? —Gracias. Ante él. Kirillov. y Kirilbov apresurábase otra vez a cogerla. estaba totalmente vacío. desde la partida de los Lebíadkines. con un pie ya en la c allejuela. pero no importa: yo limpiaré luego el suelo con un trapo mojado. y especialmente al otro lado del río —no pudo menos de decirle.

de allí tina cajita de madera de palma. interiormente forrada de terciopelo rojo. iré. y. siempre que él. —Sí. Aguarde. y es que. le ruego a usted arregle las cosas de este modo: el duelo ha de ser a una distancia de diez pasos y avanzando. a la una o las dos. —Quiere batirse. —Tiene usted muchas irmas. mostraba ahora Don visible ufanía sus preciadas armas. Esa es cosa suya. Me ha referido algunos juicios que de mí ha hecho en público. por mi parte. ya comprenderá usted que él quiere batirse en serio. Tengo. magníficas. —. casi un mendigo. además. Sin ser amigo mío ni haber cruzado conmigo la palabra. y son de mucho precio.istola? —Bueno. balas. pero no más. reparaba en su pobreza. ¿no? —Magnífico. Su padrino dir otro tanto de la suya. El no me respondió. a pesar de todo. al fin. he venicb a saber si usted accedería a proponerle esas condiciones. me lo encontré hará un mes en Petersburgo. —Ya sé que no se avendrá. dos suertes. sobre todo. Le rogaba que tomase en consideración mis excusas. aunque no como ésta. un revólver. Kirillov. pero del que iba sacando cosas a medida que las iba necesitando. hoy recibo esta carta. hace cuatro años. sin duda. y que yo. Nos habremos visto unas tres veces en sociedad. —Aquí está todo: pólvra. Hágame el favor: procure hacerlo así. más de una se ha escrito así. estaba dispuesto a darle toda clase de excusas. y con toda franqueza le decía que de seguro estaría él enfadado conmigo por el incidente de marras con su padre. y luego. Puschkin le escribió a Heekern. ha hallado el modo de ser insolentísimo. El le escucha a usted y no se aviene. . pero ahora me lo encuentro aquí enteramente rabioso. Arma. —Usted ha dicho que nadie ha recibido nunca una carta igual —observó Kirillov—. de mucho. —A diez pasos es demtsiado cerca —observó Kirillov. la pistola. como usted sabe —empezó a explicar Nikolai Vsevolódovich—. añadiendo que estaba dispuesto a repetírselas por escrito. Las cartas recibidas se considerarían como no existentes. indecente en sumo grado. pero no se avendrá —dejó escapar Kirillov. Pero él no ha de avenirse. Usted conferencia con él. Kirillov agachóse delarte de su baúl.” Yo he venido con la esperanza de que no se negará usted a ser mi padrino. Por último.—Al tal Gagánov. después de un minuto de silencio y con cierta circunspecC1Ó I1 —Según las mismas —respondióle Kirillov. que nunca. Pobre. y lo echaremos a pares y nones. sumamente caras.. y ha formulado contra mí sorprendentes inculpaciones. sobre la base de que mi conducta de entonces no fue premeditada y se debió a mi estado de enfermedad. por primera vez en la vida. pues a doce. pero hay una cosa que usted ignora. y de ella extrajo un par de pistolas. pero. Volvió a agacharse an:e el cofre y sacó otra cajita con un revólver americano de seis tiros. me envió inopinadamente una carta. La habrá escrito furioso. todavía sin desocupar.. Yo le contesté inmediatamente en la misma carta. al venirse entonces de Petersburgo antes que yo. 1 1 1 —Demasiadas concesicnes. llena de insultos y con estas palabras: “Su carota abofeteada. y tanto más extraña cuanto que no exponía en ella las razones de haberla escrito. He ahí todo. cartuchos. —Bueno. ¿Sabe inted cargar las pistolas? —Sé. prometiese no volverle a escribir más cartitas. la de isted o la suya. completamente ofensivos. según las mismas ideas de antaño? —preguntóle Stavroguin. pero lo envía a ustei a su padrino. Diga usted: ¿cómo se batirían? —La idea es que yo querría terminar mañana el asunto definitivamente. brevemente acertando en seguida a qué se refería su luésped. Ya se lo dije a usted entonces. nos reuniinos todos en el lugar degnado. como seguramente nadie recibió nunca otra igual. —Tiene usted todo esb. A las nueve de la mañana va usted a verlo. supongamos que alrededor de las once. Dígame qué le digo. por lo demás. que estaba en un rincón. Bueno. aquí en el club. creo. por su parte.. Sacó. sin duda adquiridas a costa de extraodinarios sacrificios. —Se las propondré. eso no. y se vino. Le daré mi palabra de que usted no ha tirado con ella. —Ante todo. Nikolai Vsevolódovich le explicó su deseo de que al mismo día siguiente fuese a ver a Gagánov y le recordase sus anteriores excusas. Yo tengo una pistola.Quiere usted ver la .

Es un pensamiento muy justo. cuando se me ocurrió una vez. Pero ahora usted contempla a la Luna desde aquí. es decir. sobre todo.Le gustan a usted los niños? —Me gustan —asintió Kirillov. ¿Y qué? —Como está decidido a pegarse un tiro. el vientre. es igual. Cuando digan —balbuceé. aún con mayor tiento.. después de un largo silencio. Está en cama. Yo lo entretengo con la pelota.. Yo veo ahora muchas cosas como por vez primera. que allí han de estarse riendo y escupiendo sobre su nombre mil años. que duró tres minutos—. —áEs que cree usted en la otra vida eterna? —No.. porque no será necesario. y siempre se me ha ocurrido una nueva idea. no. vilipendiosa. Así lo dice allí. Usted sabe aquí. La compré en Hamburgo para tirarla y cogerla. su nuera. sino una idea. y supongamos que allí se entregaba usted a todas estas necedades ridículas. la sentí como enteramente nueva. —Yo. aunque. una acción vergonzosa. repentinamente se detiene el tiempo y se vuelve eterno. entre tanto. con toda precisión y exactitud.. en toda la Luna. volvió a colocar los dos estuches en el cofre. después de recapacitar. amo la vida. sumamente ruin y. no en la otra vida eterna. como usted sabe. con indiferencia. y eso es otra. ridícula. Se extinguirá en la mente. ¿Qué le importa a usted ahora todo eso que allí hizo usted ni que esa gente haya de estar escupiéndole un milenio? ¿No es verdad? —No sé —repuso Kirillov—. tiene uno momentos en que. ¿Qué importa entonces la gente ni que se estén escupiendo mil años? —Pero ¿califica usted de nueva esa idea? —dijo Kirillov. comprendo eso de pegarse un tiro —empezó de nuevo Nikolai Vsevolódovich.. A Stavroguin no dejaba de mirarlo con sus negros ojos sin brillo. como si no le hiciese mucha gracia la pregunta. Yo no he estado en la Luna —añadió. y la muerte no existe en absoluto. —Eso no depende de mí. por las noches grita mucho. El tiempo no es un objeto. Algunas veces lo he pensado.Sentir una idea? —atajóle Kirillov—. despacio y como pensativo—. —De quién es ese niño que estaba aquí? —La suegra de la vieja ha llegado.. i2 FEDOR M. que se había quedado un tanto mohíno. Tres días. Si cometiera una mala acción o. de seguro.. con un sentimiento tranquilo.Y procedió a poner enema de la mesa las armas. enferma. también después de algún silencio. no la califico. —Supongamos que hubiera usted vivido en la Luna —interrumpióle Stavroguin sin escucharle y prosiguiendo el curso de su pensamiento—. eterna. Es una niña. —Yo.. Hay momentos. —Eso apenas es posible en nuestro tiempo —dijo Nikolai Vsevolódovich.. —tCuándo? —inquirió Nikolai Vsevolódovich. pero al mismo tiempo visiblemente dispuesto a contestar a otras. satisfecho. Esto está bien. y la vieja se lo trae acá. En el Apocalipsis jura el ángel que no habrá más tiempo. Hay muchas ideas que se han tenido siempre y que de pronto parecen nuevas. Una pelota de Hamburgo. con el niño. por lo demás.. —. —.Espera usted alcanzar tales minutos? —Sí. entonces no habrá más tiempo. . —LEso quiere decir que ama también la vida? —Sí.. también sin la menor ironía. La madre duerme. los mismos desde el principio de los siglos —murmuró Stavroguin con cierta malhumorada tristeza.. La vida existe. sentándose después en el mismo sitio de antes. sino en esta de aquí. únicamente para deslindar los hechos.. desde luego.. —Lo sé. y de pronto la idea: un tiro en la sien y se acabó. DOSTOILVSKI LOS DEMONIOS 1 &5 Kirillov. pero bueno y afable. —Dónde lo esconderán entonces? —En ninguna parte lo esconderán. Y cuando todo hombre haya alcanzado la dicha. —j. tal que la recordase la gente al cabo de mil años y me escupiese por espacio de mil años. sin pizca de ironía. —Viejos tópicos filosóficos. —Y eso qué? ¿Por qué mezclar ambas cosas? La vida es una cosa. Robustece la espalda.

naturalmente. inmediatamente. según parece.. El viento la había arrebatado. Ahí tiene usted toda la idea. —Pero no hace mucho se acaloró usted tanto. —j. Kirillov. los ojos y me imaginaba una hoja verde. por la noche. también eso está bien. y no la otra. Yo entonces aún no sabía que era feliz.. Todo está bien. y quien no se la rompe. Esa nuera se morirá. frunciendo el ceño. y su nombre será hombre-dios. muy feliz —respondió éste.0 ¿Por qué? Yo no expongo ninguna alegoría. ¿Ha visto usted la hoja. Solamente por eso.De modo que usted ha caído en la cuenta de que era bueno? —Soy bueno. —Sí. de bueno que era aquello. La hoja es bella. el martes. de pronto. Todo está bien. no lo estarán. Si ellos supieran que estaba bien.. —Al que se lo enseñó lo crucificaron...Dios-hombre? —Hombre-dios.. —Pero y quien se muere de hambre y quien ofende y deshonra a una joven. a una hoja. un poco verde. no me refiero más que a la hoja. serán buenos. eran las tres menos veintitrés minutos. Todo es bello. de venas sobresalientes. De pronto lo he descubierto. Abría los ojos y no creía. Estaba usted tan disgustado con Liputin! ¿No? —Hum! . desde el primero al último. es muy feliz. porque era ya el miércoles. Paré el reloj. .. también lo está. y hoy ella no ha tenido tiempo . Cuando yo tenía diez años cerraba en invierno. la hoja del árbol? —La he visto.—balbuceó Kirillov. —. —Cuándo supo usted que era feliz? —La semana pasada. no. con toda intención. pero podrida por los bordes. . . estoy de acuerdo con usted —murmuró Stavroguin.. —En eso. el miércoles. yo la he encendido. —áQué es eso? ¿Alguna alegoría? —N. —LEn señal de que el tiempo ha de detenerse? Kirillov guardó silencio. y todos. ¡todo! El que se da cuenta. —j. y volvía a cerrarlos. pero la nena quedará.Ha sido usted quien ha encendido la lámpara ante la imagen? —Sí. cual si en aquella idea se encerrase una vida. porque no saben que son buenos. Cuando se enteren. Eso es todo. y el sol resplandecía. otra vez—. —El que les enseñe que todos son buenos pondrá fin al mundo. DOSTOIEVSKI —Bien.—Unos y los mismos desde el principio de los tiempos. Yo estaba dando paseos por la sala. Está bien para aquel que sabe que todo está bien.. Es menester hacerles saber que son buenos. —cEs usted creyente? —A la vieja le gusta que la lámpara esté encendida. no forzarán a la muchacha. —Usted.. ¿también eso está bien? 1 ¡ 184 FEDOR M. —El viene. —No son buenos —empezó. —6Y cómo fue eso? —No recuerdo. y otros no habrá nunca —asintió Kirillov con centelleante mirada. El hombre es desdichado porque no sabe que es dichoso. cual si expresase la contestación más vulgar. Todo da igual. —Yo veía hace poco una amarilla. Yo ahora ya no riño. lo estarían.Todo? —Todo. pero mientras no sepan que están bien. inmediatamente es feliz en el mismo instante.. que ya hay una diferencia.. todo. Y quien le rompe la cabeza por la muchacha. —.

contemplando su pálido rostro. pero al salir a él.Yo no tenía ni pólvora. no. Sus ojos volvieron a rebrillar. Stavroguin frunció el ceño y le miró con disgusto.No se olvidará usted de lo de mañana? —Ah!. —Bajo a abrirle la puerta. Levantóse. espere. hace cuatro años y medio.. —Pase y siéntese —contestó Schátov—. Le ha costado su dinero. no quería rendirme a usted.. a las nueve. —j. Usted ha tergiversado mi idea. fui y le compré a ese pillo de Liamschin un revólver con el último dinero que me quedaba. —Tiene usted una cualidad muy notable -dijo Nikolai Vsevolódovich. —Entonces he acertado. Stavroguin. —. Esté tranquilo. con ojos firmes y fijos.Por qué? —inquirió Kirillov. y usted también ha acertado —prosiguió Stavroguin en tono tranquilo—. Puede que ahora también lo esté. —dijo Schátov con impaciencia y secamente. todo expectante. al parecer. —Apuesto algo a que cuando vuelva por aquí. aguarde. —No es así —replicó Kirillov. Luego me vine a casa. cabizbajo. ya creerá usted en Dios —dijo.. en esa repisa. Digame: ¿por qué parece que se confiesa usted conmigo al expresarme su idea de que yo iba a venir a matarlo? Pero yo no vengo ahora a hacer las paces con usted.” Y me despierto a las siete. . ¿Por qué? —detúvole Nikolai Vsevolódovich—. desde luego que no! ¡Qué estupidez! Mi hermana. Recuerde lo que usted significa en mi vida. levantándose también. y ahora. —Ah. y mañana la gente dirá que de casa de Schátov tiraron a la calle un revólver. sí.. Me acuesto y digo: “A las siete. que voy yo. Cierre la puerta. volviendo a bajar la cabeza. —Venga usted por la noche. ¿me dio usted aquel golpe por mis relaciones con su mujer? IO t1UuK M. tenía fiebre. Cuando Nikolai Vsevolódovich asomó a los umbrales de su piso. encontróse Stavroguin en una tiniebla absoluta y empezó a buscar a la izquierda la escalera del mezzanino. casi pateando en el suelo. y de la más alta de sus tres repisas con libros cogió un objeto. Schátov no llegó a salir. Miraba a la cara de Stavroguin. siéntese.. Aguarde. ¿Por qué no vino? —Tan seguro estaba usted de que vendría? —Sí. estaba delirando. Mire usted: una araña va subiendo por la pared. desde el primer momento. pensativo—. divisóle en un rincón.i’. —Usted me ha tenido en tortura —dijo. Vuelva a colocarlo en su sitio. Aguarde. De pronto. Explíqueme usted: en primer lugar. —No lo tire usted.. Desde entonces. creería. Schátov! Está bien. me dijo.. eso es. ¿Cuándo? —. madrugaré. Adiós. VI El portal de la casa vacía en que vivía Schátov estaba abierto. riendo. —jPuedo pasar para hablarle de un asunto? —inquirió desde el umbral. Se levantó y abrió la ventana. aún no cree —dijo Nikolai Vsevolódovich. Kirillov. —No se moleste.Ni tampoco porque diera usted crédito a los chismorreos referentes a Daria Pávlovna? —iNo. tiene usted razón: Maria Timoféyevna Lebíadkina es mi esposa legítima. por la mañana temprano. Era un revólver. Ésa es una broma mundana. con quedo susurro—. 1 —Adiós.. ¿no? . ne abrirá Schátov. pero como aún no se ha enterado de que cree en Dios. volvió junto a la mesa y se sentó enfrente de Nikolai Vsevolódovich. —Una noche con la fiebre me dio por soñar que usted venía a matarme. y al otro día. pero abrió su puerta. ni balas. “A las diez Y me despierto a las diez...j —Usted mismo sabe que no fue por eso —dijo Schátov. sino a hablar de algo inexcusable.. Usted me agredió por ella.. con la que me casé en Petersburgo.Y usted no reza todavía? —Yo le rezo a todo.—. levantándose y cogiendo el sombrero. —Si usted se diera cuenta de que creía en Dios. yo la miro y le doy gracias por subir por la pared. En aquella semana había enflaquecido... jiuiuirv. Cerró la puerta con llave. Yo sé despertarme cuando quiero. junto a la mesa.. lo había olvidado. pero en sus ojos no había burla alguna. lo tengo ahí. arriba abrióse una puerta y dejóse ver luz.

diga. ¿no? Usted también aceptó con la esperanza o a condición de que ésta sería la última exigencia de ellos para con usted. casi sin ilación: —Yo. —Eso es absurdo! —exclamó Schátov—. yo también le diré. Ese es mi derecho: el derecho de mi conciencia y el pensamiento. —Comprendo.. antes de su viaje a América. y después de eso lo dejarían en paz. —Demasiado tiempo le he estado aguardando —dijo Schátov como enajenado. ahorre palabras. no sé qué imprenta y la conservase en su poder hasta entregársela a la persona que se le presentara a usted de parte de ellos. En virtud de determinadas circunstancias. No me llegué a usted con la intención de castigarle. Pero vea usted una cosa que. comprendo. Hable usted de su asunto.. Tiene muchos agentes.. haga el favor. A usted nunca le pierden de vista. por su mentira. ha venido aquí para resolver de una vez el asunto de .. sino de un modo completamente fortuito. dando un puñetazo en la mesa—. y un miembro de su sociedad. de no haber sido por su mátuschka. pero usted. Se sentó. por mi pobreza.. al parecer. —No se apure usted. Aguarde usted —atajóle Schátov. con el aire de un hombre que se limita a cumplir con un deber—. hasta de aquellos que ignoran que sirven a la sociedad. Ese Verjovenskii es un hombre tal. y murmuró. ¿Usted me pregunta qué es lo que sé? Pues sé que usted ingresó en la sociedad en el extranjero. ha facilitado informes acerca de usted. en su mismo vestíbulo. Ellos no le contestaron a usted. Piotr Verjovenskii. A enviar dinero. y..rando con extraños ojos a Stavroguin. yo no lo engaño —prosiguió Stavroguin con bastante frialdad. sea verdad o mentira. hace dos años.. con sus propias orejas o con las ajenas. Dice que es posible. me he visto obligado hoy a elegir esta hora y venir a advertirle a usted que es posible que lo asesinen.. —.. Pero —examinó a Stavroguin— ¿qué es lo que sabe usted de seguro. lo mismo que usted. —El tal asunto no es de esa categoría —empezó Nikolai Vsevolódovich.. —Bueno. ¿no? Pero. como usted mismo es posible haya hecho otro tanto con él.. por la caída de usted.. pero en lo esencial.. Yo. apresurándose a sacar de la mesa un cajón.. Ese ha venido por aquí cuatro veces a decirme que es posible. riendo. traía un asunto inexcusable. Lo hice así por lo mucho que usted significa en mi vida. —Lo había adivinado. Yo no lo sé todo con todos sus pormenores. aunque. A propósito: dispense usted que no le respondiera a su carta y me limitase. después de mi enfermedad. entre otras cosas. Y ahora tampoco pienso... a raíz de nuestra última conversación. Yo hubiera tardado mucho en dcvolvérsclos.. luego.. Yo les he explicado con toda claridad que me separo en absoluto de ellos. Siento que tenga usted fiebre. —En América cambió usted de ideas. pues le engaña. furioso. pero le encargaron que tomase aquí en Rusia. no obstante sus palabras. Nikolai Vsevolódovich—... o no lo está? —Está de acuerdo. mi. —dijo respirando con dificultad... ignoraba hasta ahora: esos señores no tienen la menor intención de soltarle a usted. Esos cien rublos me los regaló ella hace nueve meses. no lo he sabido por ellos. de la que tanto me hablaba usted luego en su carta.. —Sé que podría amenazarme un peligro —dijo lentamente—.. Rompí con ellos. y no lo creía —balbuceó aquél. no grite —atajóle Nikolai Vsevolódovich con mucha seriedad—. oía y callaba. Hasta el borracho de Lebíadkin pudiera haberse comprometido a seguirle a usted los pasos. Al acercarme a usted aún no sabía que fuera a agredirle. —Mire. que yo estoy en mi derecho. Schátov miróle ansiosamente.Schátov. creo que así fue. Me consta que hasta Kirillov. y de él un billete de banco color arco iris—. y al volver a Suiza quiso separarse de la sociedad. Todo esto.Y me agredió? Schátov se puso encamado. ¡No aguantaré más! No hay fuerzas capaces. aunque ¿quién con esos imbéciles puede atar cabos? —exclamó de pronto. enteramente desconcertado. Pero siga usted. por lo visto. mirándole con curiosidad—. —tUsted. y levantóse de su asiento—.. Tome usted: ahí tiene los cien rublos que me envió. de manos de no sé quién. Pero permita usted: ¿de veras sabía usted ya que iban a atentar contra su vida? —Ni siquiera pensaba en ello. que pudiera estar escuchándonos ahora. usted miembro de la sociedad? —En sus ojos veo que usted lo esperaba todo de mí menos eso —observó. Yo no les temo. y cuando aún conservaba su vieja organización. ¿cómo podía saberlo? —Porque yo también soy del número de ellos.. si a mano viene. por último... hubiera sucumbido allí.. que casi no pertenece a ellos.. mejor: ¿está de acuerdo ahora Verjovenskii con los argumentos de usted. a no ser por usted. como usted.

y nada más. con rabia.se porque el peligro pueda venirnos de unos idiotas. usted no sabe. porque nunca ingresé en ella. Stavroguin. sí! Hay un momento en que deja de ser un payaso y se convierte en un. y cuenta para ello con plenos poderes. mirándolo interrogativamente. la idea fundamental no es más estúpida que sus similares. Alzó incluso las manos. y. que. explíqueme... medio loco. el cual es tan solapado. Lo pude observar ya en aque¡la carta que me escribió en América. A mi juicio. era más poderosa que la noticia de un peligro particular—. Pero ellos ahora han deliberado y resuelto que también es peligroso dejarme escapar a mí. ¿Sabe usted lo fuerte que puede ser un hombre solo? Haga el favor de no reírse.. Mejor será que prescindamos de mí en absoluto. Tienen relaciones con la Internationale. pero claro que sólo en teoría. cooperé a la reorganización de la sociedad sobre una nueva base. tan lacayuno? ¡Usted miembro de una sociedad! ¡Vaya una proeza para Nikolai Vsevolódovich! —exclamó. —Oh. Pero lo de usted es otra cosa. y permítame añadir que no sé por qué están convencidos de que usted es un espía.. cual si nada pudiera haber para él más amargo y monstruoso que aquel atroz descubrimiento.. lo hacía únicamente a título de hombre desocupado. —Es una chinche. —Perdone usted —dijo. por ignorancia para conducir el asunto. que no sabe nada de Rusia —exclamó. Verjovenskii es un fanático. entre nosotros todo puede intentarse. Es verdad que. y en parte. que le preocupaba demasiado.. —Usted lo conoce poco. —Pero. Pero son ya las once y cuarto —consultó el reloj y se levantó del asiento—. ¿Es eso cierto? Schátov contrajo la boca al oír tal pregunta. por lo general. saltando con ímpetu de su asiento. ¿cómo ha podido mezclarse en un absurdo tan bochornoso. aquí no hay que ofender. en absoluto —interrumpióse de pronto Schátov—. asiéndose a su primitiva idea.. aquí. delatará. Yo se lo he advertido para que no se descuide. Todos ellos. que es muy capaz de oprimir el gatillo de una pistola. ¿a quién iba a delatar? —exclamó. Por el contrario. Si usted quiere. desde el primer momento. ¿Usted me pregunta cómo he podido caer en semejante antro? Después de lo que le he comunicado. A mi pregunta —repitió. Schátov. hasta cierto punto. Le II 188 FEDOR M. pero. en efecto. déj eme usted que el diablo me lleve. al parecer. pero. No hay duda que hay mucho de fantasía. que firman tres hombres y medio! ¿Y cree usted que sean capaces? —En parte. no conocen ellos mucho a Rusia. también yo estoy sentenciado. por lo visto. expliquéles que yo no era camarada suyo. Le ruego a usted que recuerde una expresión de usted mismo. el movimiento de nuestra organización rusa es tan oscuro y casi siempre tan inesperado. Por lo demás. —Usted. han sabido diseminar agentes por Rusia. mire usted: quizá tan sólo algo menos que nosotros. Pero yo también he de hacerle luego otra . —Qué le pasa? —inquirió Nikolai Vsevolódovich. y. furioso. además. un radical? —Oh. y que si aún no ha delatado. Yo.. cual ocurre siempre en estos casos. hasta con pereza. ellos siempre están dale que dale con la pena capital y garrapateando en papel sellado. —Pero ¿usted no les teme? —No. se complacen terriblemente en ponerse unos a otros de espías. casi desolado. Quisiera hacerle a usted una pregunta de todo punto secundaria. Haga usted cuenta que Verjovenskii es un hombre terco.. no —prosiguió. —. —Haga. soslayando la pregunta—.. me mira como a un sol.. para suprimirlo a usted en el momento necesario como a un hombre que sabe demasiadas cosas y pudiera delatar. y que si por casualidad les ayudaba. Nikolai Vsevolódovich—. Están convencidos de que yo soy otro espía. un estúpido. Stavroguin—. estoy hasta obligado a alguna franqueza en este punto. DOSTOIEVSKI 189 repito a usted que ésta es la pura verdad.. sobre todo. Mire usted: en un sentido estricto. Si puede usted explicarme algo respecto a usted. a mi juicio. no se trata de su talento.. —Con gusto. Usted.. y a sí mismo se tiene por un escarabajo comparado conmigo. hasta han encontrado una manera bastante origi LO DEMONIOS nal. no pertenezco absolutamente a esa sociedad.usted.. Por lo que se refiere a sus intenciones. un ignorantón. aun suponiendo que yo fuera un espía. tan estúpido.. a juzgar por todos los indicios. por Dios! —dijo con inexpresable agitación—. tiene usted razón. con su anterior indiferencia. No. que sólo se considera agente de su sociedad. ni he pertenecido antes. y ya contra otros más importantes que usted y yo han alzado la mano. pero usted. La pandilla exagera su talla y su significación. haga esa pregunta. —Por Dios! —exclamó Schátov.Verjovenskii. febril. proferida en tono tan indiferente. efectivamente admirado. no les temo mucho. y tengo mucho más derecho que usted a dejarla. —exclamó.. usted. aquí no hay nadie más que Piotr Verjovenskii. Y.

.. a ese casamiento? —No.. Otra vez vuelve usted a sonreírse con su antipática sonrisa de hombre mundano. Me oía. Deje ese tono y adopte un tono humano. Schátov? Schátov se cubrió la cara con las manos. Pero siga. por lo menos —exclamó-—. sin embargo —insistió con violencia Schátov—. —6Sabe usted.. hablemos de lo principal. si esto es posible.. ¡no hablaré por nada del mundo! Su enajenación rayaba en deliro. Usted habla con una flema. Maria Timoféyevna es virgen. ni podía tenerlo. —Dejemos esto. volvióse. de que ha de cambiar de tono. —Pero ¿es posible? —balbuceó.Sí? —Lo he aguardado a usted muchísimo tiempo.. Sentóse en una silla. —(.. me dieron su palabra de callar. Seis hojas de papel. Oiga usted: yo exijo. —tQué le sucede. No ha tenido ningún hijo. No Jo digo por mí. dentro de unos días. Veo con dolor que está usted febril. constantemente pensaba en usted. pero sólo por un poco de tiempo. cuando debía rogar. Nikolai Vsevolódovich ante la fogosa insinuación de Schátov. —. y si no ha trascendido al público hasta ahora ha sido porque los dos únicos testigos de la boda. Kirillov y Piotr Verjovenskii. ¡Calle usted.. nuestro matrimonio. y que ella gustaba de verle y oírle. ¿No comprende usted que está obligado a perdonarme ese golpe de marras en la cara.. Oiga usted: ¿acaso le obligaron.. de pronto. en seguida?.. ¡Le he estado esperando tanto tiempo!. pero. respeto para mi! —grito Schátov—. Nosotros somos dos seres. 190 FEDOR M. no hablaré..Y lo que ella dice de su hijo? —inquirió.. por qué hizo usted todo eso y por qué ahora se decide a esa penitencia? —Su pregunta es ingeniosa y sarcástica.. por lo menos con interés. Schátov. —Si le he concedido media hora —dijo grave y serio—. sabe usted. no puedo.. pero ahora mismo. aguarde un poco.En qué sentido lo dice? No hay para ello dificultad alguna. ¿Cómo es eso? —Sí..pregunta. Desde América ya le escribí a usted diciéndoselo.. desconcertado.... para después. No para mi persona.. exijo. Los testigos de la boda están aquí. en atención a los más altos fines —dijo Nikolai Vsevolódovich. algo burlonamente—. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 191 —No me refería a eso.. y estoy seguro de oírle a usted algo nuevo.. Usted es el único hombre que podría.. es la primera vez que lo oigo. aunque sólo fuere porque con ello le hice a usted saber su infinita fuerza?. yo sé por qué me casé entonces y por qué ahora me decido a esa “penitencia”. al que tengo el honor de contar ahora en el número de mis parientes. nadie me obligó por la fuerza —dijo. Schátov. cogió fuerte por los hombros a Stavroguin. ¡Haga usted su pregunta! Stavroguin aguardó un poco. cuando para mí el tiempo es tan preciado. Todo se hizo entonces en Petersburgo de un modo absolutamente legal y limpio. —Permita usted. y luego empezó: —He oído decir que usted tenía aquí cierta influencia sobre Maria Timoféyevna. y. para acabar... ¡Oh. de lo contrario. Nikolai Vsevolódovich frunció el ceño y pareció ponerse más en guardia. ¿Comprende usted lo que significa exigir cuando debería uno suplicar? —Comprendo que de ese modo se eleva usted sobre todo lo corriente.. —j. lo exijo. —Yo pido. casi aterrado.. calle usted! Dígame: ¿puede usted concederme todavía diez minutos. —Ah! ¡Ya me lo figuraba yo! Escuche usted. —Pero a condición. sonriendo. y. —Recuerdo muy bien su larga carta. de lo principal: llevaba dos años aguardándole a usted. . crea usted que tengo la intención de escucharle. —dijo Schátov... —cHabla de su hijo? ¡Bah! Yo no sabía nada.. pero también yo tengo intención de asombrarle. —Pues yo tengo el propósito de hacer público.. le concedo media hora. quizá por la fuerza. por última vez en el mundo. pero nada más. con premura febril y sin venir a cuento.Larga para ser leída? Conformes.. lo que tarde en decir unas palabras. como usted ha dicho. sino por usted. el propio Lebíadkin. —. Sí. cuándo me comprenderá usted! ¡Largo el bárich3! Comprenda usted que yo lo exijo. y nos hemos encontrado en lo infinito. ¡el diablo se la lleve’ sino para otra cosa.. Le ruego me permita.

. Nikolai Vsevolódovich. “Nuestra” conversación no existió en absoluto. Sí. forzosamente. 3 Hijo de noble.. y por lo visto a toda prisa. no mía. Había allí únicamente un profesor. poco antes de su partida para América.. y me aferraba por última vez a esa cloaca. que lanza palabras enormes.. sin notarlo—. —Y ya se está usted riendo. se lo ruego.. Yo era el discípulo y usted el maestro. ¡Oh. Y de pronto. le recuerde —insistió una vez más Stavroguin— que yo empecé haciéndole a usted una pregunta a propósito de Maria Timoféyevna. Yo no creía en usted entonces. luego! Y Schátov agitó despectivamente las manos. Es dificil cambiar de dioses. —Pero. y fuese derecho a su tema principal. porque mo quería creer. —Permítame usted. yo se lo contaba a usted todo. Toda esa frase suya y hasta la expresión “deífico”. Seriamente. ¿Sabe usted qué pueblo es ése y cuál es su nombre? la actitud de usted. resucitado de entre los muertos. lanzando fuego por los ojos y levantando el índice de la mano derecha. bueno. no es sino la conclusión de aquel coloquio que tuvimos hace dos años en el extranjero. VII —Sabe usted? —empezó. así creo recordarlo.. con el aspecto de un hombre al que de pronto lo interrumpen en el paso más interesante.. —Y usted no me dejó concluir —terminó zumbón. nal de nuestra conversación.Aguardaba algo por el estilo? Pero ¿a usted mismo no le eran conocidas estas palabras? —Conocidísimas. por último. debo inferir. Suya personal. —Ah. qué gente! —le atajó Schátov. Ya preveo adónde va usted a parar. por lo menos para ella muy principal. yo no pude eliminar en seguida de mi sangre lo que en ella llevo desde niño. destinado a renovar y salvar al mundo en nombre de un nuevo Dios y al que se le han dado únicamente las llaves de la vida y de la nueva palabra?. sin embargo. dígame seriamente: ¿no leyó usted hasta el final aquella carta mía desde América? ¿Es posible . Al contrario. casi amenazador.. sentóse él también. echándose hacia delante en su silla. atreviéndose. de pronto. y había constituido todos los entusiasmos de mis ilusiones y todas las lágrimas de mi inocencia.. Por lo menos. aguardaba de usted algo por el estilo. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 193 —Esa frase entera es de usted. evidentemente. 1 ¡ 192 FEDOR M. y que. —Y qué? Schátov se puso. y no sólo el fi. a plantarse. precisamente después de esas palabras mías fue y se afilió usted a la sociedad. y después partió para América. y un discípulo. aunque os mira. que ese pueblo es el pueblo ruso. no acierta a comprender vuestra pregunta. qué importa. —Sí.—Siéntese usted! —gritó Schátov. si recuerdo bien.. —Tranquilícese usted. —. Pero la simiente quedó y se desarrolló. ¿Sabe usted qué pueblo es ahora en toda la Tierra el único pueblo “deífico”. desde América le escribi a usted diciéndoselo. serio.

así que hasta este instante no le he faltado al respeto. al diablo! —y Schátov hizo un ademán despectivo—. —Y entonces? —Exactamente lo mismo que hoy. Aunque ya lo ha visto usted. pero se contuvo. entonces: “Quien no sea ortodoxo. gesticulando: —Recuerde usted su expresión: “Un ateo no puede ser ruso. Ande. sin imperio terrestre. Oh. acaso por aquellos mismos días había usted envenenado el corazón de ese desdichado. —cEs usted ateo? ¿Es usted ahLora ateo? —Sí. y. y no llegó a mirarlo. pero vamos a ver: ¿qué deduce usted de todo esto? Le repito que ni a usted.que no la leyera usted del todo? —Leí de ella tres carillas.. si sólo se trata de la conclusión. —No.. —Que no se burlaba! En América dormí tres meses en un montón de paja. era únicamente por culpa del catolicismo.. —Yo no le pedí a usted respeto para mí al iniciar la conversación. —. sólo diez líneas.. No ha podido olvidar eso. ¿cómo pudo entonces decirla?. sin conceder la menor atención a la pregunta—. Yo recuerdo ahora nuestras conversaciones. sin duda que lo repetiría ahora también. Usted dijo una vez. 4 Neterpielivyi. —Ah. siempre tenía la intención.. y por él supe que por el mismo tiempo que usted implantaba en mi corazón a Dios y a la patria.. desdichado. les di un vistazo a las de en medio. usted sostenía que Roma exaltaba a un Cristo que había cedido a la tercera tentación. El ateo inmediatamente deja de ser ruso. sólo la conclusión! —Repítala.. Le recordaré otra cosa. Stavroguin—: ¿a qué conduce todo este intolerable4 y. —No es que me burlase de usted en aquella ocasión. por fin.. mírelo ahora.. no podía subsistir en la Tierra. porque había rechazado al infecto Dios de Roma y no buscaba otro nuevo. los actuales eslavófilos la rechazan. sino que me he estado sentado hasta ahora y respondo tranquilamente a sus preguntas y. He ahí lo que me abruma a mí ahora. Pero le aseguro que me hace pésimo efecto esa repetición de pensamientos míos caducados.Sí? —asintió Nikolai Vsevolódovich como interrogando. 194 FEDOR M. prefería quedarse con Cristo a irse con la verdad? ¿No decía usted esto? ¿No lo decía usted? —Pero permítame. ¿No podría usted dejarlos en paz? —cQue si creyera? —exclamó Schátov. —Usted insiste en que estamos fuera del espacio y del tiempo. no pierda mi nombre en el ridículo. y que después de haberle enseñado a todo el mundo que Cristo. gritos. no puede ser ruso. Permítame repetir ante usted toda su principal idea de entonces. es igual. Schátov le interrumpió. ésta es una de las más justas indicaciones de una de las principales particularidades del alma rusa. Yo soy necio y torpe. —Cállese! —gritó Schátov de pronto—. Usted precisamente. —Si yo creyera eso. La supcsición de usted de que todo eso pasó al mismo tiempo es casi exacta.. —Yo no me puse en pie a la primera de sus palabras. enigmático. Ahí tiene lo que entonces decía. Pero ¿no me decía usted que si matemáticamente le demostrasen que la verdad existía fuera de Cristo. malintencionado examen? —Este examen pasará para siempre. las dos primeras y la última. Pero usted iba muy lejos: usted aseguraba que el catolicismo romano no era cristianismo.. decía que si sufría Francia. —En primer lugar. le haré notar que el propio Kirillov acaba de decirme que es feliz y es bueno. a mí también preguntarle —dijo. con su talento ya podría comprenderlo — balbuceó con indignación Schátov... no di por terminado el diálogo. Schátov volvió a inclinarse de nuevo hacia delante en el asiento y a alzar también el índice. es su criatura. DOSTOIEVSKI ... déjelo. y usted nunca más volverá a acordarse de él. además. no me fui. de ese maníaco de Kirillov.” —Supongo que se trata de una idea eslavófila.. Stavroguin hizo ademán de mirar el reloj. ni a ése. Usted corrolboró en él el error y la calumnia y llevó su razón hasta la locura. exaltaba al Anticristo y había perdido a todo el mundo occidental.. el catolicismo. La gente hoy es ya instruida..Usted pregunta? ¿Se le ha olvidado? Y. Por lo demás... sin embargo... por ese mismo hecho. Si usted se retracta ahora de aquella frase de entonces tocante al pueblo. ni a otro he engañado. No mentía al expresarme como un creyente -profirió Nikolai Vsevolódovich con mucha seriedad—. por usted adivinada. al lado de un. le aseguro que es posible que yo pensase más en mí que en usted —profirió Stavroguin.” ¿Lo recuerda? —. alzando la voz.

como dicen las Escrituras. siempre. y bochornosamente lo adula. La nación que pierde esa fe. una sola de las 1 . la plaga más terrible de la Humanidad. Jamás la razón estuvo capacitada para definir lo malo y lo bueno. desde las primeras lineas. —No pienso que no las haya cambiado —observó Stavroguin con cautela—. El socialismo. sino siempre cada una ha tenido el suyo. sin idea del mal y del bien. como también lo llaman. Así han creído todas.. Nunca ha habido todavía un pueblo sin religión. tanto más suyo es su dios. elevo la nacionalidad hasta Dios. siempre de un modo vergonzoso y lamentable. y su mal y su bien propio. porque yo no tengo más que la semiciencia. quitando sólo lo relativo a la semiciencia. a pesar de todo. es el cuerpo de Dios. y así será hasta la consumación de los tiempos. —Que yo reduzco a Dios a la categoría de atributo de la nacionalidad? —exclamó Schátov—. y apasionadamente las ha alterado. y al mismo tiempo niega el final. todas las que se han puesto a la cabeza de la Humanidad. Cuanto más fuerte un pueblo. Los griegos divinizaron la Naturaleza y legaron al inundo su religión. Pero ¿ha sido alguna vez de otro modo? El pueblo. que sus ideas y sus palabras nada he alterado: ni una palabra siquiera. Todas éstas son sus propias palabras. a lo sumo.. Pero la verdad es una. cuya procedencia nos es desconocida e inexplicada. y la misma distinción entre lo malo y lo bueno empieza a esfumarse y desaparece. que es mío. por tanto. el hambre y la guerra.. con la desecación de las cuales nos amenaza tanto el Apocalipsis.. Francia. que es una institución atea y que tiende a estructurar con arreglo a los principios de la ciencia y la razón exclusivamente. Nunca aún ha sucedido que todas o muchas naciones tuviesen un dios común. ni para separar lo malo de lo bueno. Cuando los dioses se generalizan. La finalidad de todo movimiento de un pueblo. el principio moral.. mientras seguía mirando. El principio estético según dicen los filósofos. es un tirano como hasta hoy no lo hubo. Los pueblos se desplazan y mueven por otra fuerza. El alma de la vida. Cuando empiezan a generalizarse en muchas naciones las ideas del mal y del bien. y dejó a las naciones el imperio. Roma divinizó la nación en el imperio. por virtud de su misma esencia. es únicamente la búsqueda de su dios. en la vida de los pueblos. con amor y superstición. tiene que ser ateísmo. sólo porque el ateísmo es. Es indicio de la destrucción de las nacionalidades el que los dioses empiecen a ser comunes. Basta ese detalle de que usted rebaja a Dios a la categoría de un simple atributo de la nacionalidad. deja de ser nación. en el curso de toda su larga historia. ante el que tiembla incluso la ciencia misma. ahora y desde el principio de los siglos. sin advertirlo. y la fe en él como en el único verdadero. amenazador. Por esta particularidad se ha distinguido la semiciencia. desde el principio de los tiempos. es decir. a no ser. y a todos los demás dioses del mundo los excluye. Esa fuerza es la fuerza de la insaciable ansia de llegar hasta el final. imperiosa y dominadora. la “corriente de aguas vivas”. sucumben las naciones. ya que concretamente declara. Toda nación sólo se conserva como tal nación mientras tiene su dios propio. La razón y la ciencia. Un tirano que tiene sus sacerdotes y sus esclavos. desempeñaron solamente un papel secundario y servil. Cuando una gran nación no cree que ella sola posee la verdad (en ella sola y en ella exclusivamente).LOS DEMONIOS 195 —Ningún pueblo —empezó a decir. sin excepción alguna. en seguida se convierte en un material etnográfico. ningún pueblo se ha organizado todavía con arreglo a los principios de la ciencia y la razón. ignorada hasta nuestros días. sino irremisible y exclusivamente al primero. y cayó en el ateísmo. ni una vez ha habido un modelo de eso. hasta ahora inimaginable. peor que la peste. indefectiblemente suyo. como yo suelo denominarla. por el contrario. sino a él mismo. todas las grandes naciones. Una verdadera gran nación nunca puede avenirse al papel secundario. mientras cree que con su dios ha de vencer y echar del mundo a todos los demás dioses. y no sólo sus palabras.. fue solamente la encarnación y desarrollo de la idea del dios romano. empezó de pronto a seguir a Schátov. Stavroguin. y. mejor que el catolicismo romano. Es la fuerza de la continua e incansable afirmación de su existir y la negación de la muerte. en toda nación y en todo período de su vida. a Stavroguin—. Dios es la personalidad sintética de todo el pueblo. Usted las acogió apasionadamente. Los hebreos vivieron únicamente para aguardar al Dios verdadero y dejarle al mundo este Dios verdadero. La semiciencia. mueren los dioses y la fe en ellos. un déspota ante el cual todo se prosterna. “La búsqueda de Dios”. Todo pueblo tiene su noción propia del mal y del bien. aun de una manera aproximada. por pura estupidez. La ciencia ha dado únicamente soluciones con los puños. Con tensa y especial atención. juntamente con las mismas naciones. por lo menos. Por el contrario. como si leyera en un libro. la filosofia y el arte. y por eso la aborrezco tanto. que ellos llaman socialismo. todas las que por algo han descollado. tomado desde el principio hasta el fin. es decir. Contra los hechos es imposible arremeter. pero deja de ser una gran nación. si no cree que es la única capacitada y predestinada para resucitar y salvar a todas por medio de su verdad. equivocóse.

usted. ni un sonido?. Schátov. al contrario. es menester Dios. volviendo a sentarse—. es verdad que usted perteneció en Petersburgo a una sociedad secreta bestial y lúbrica? ¿Es verdad que el marqués de Sade podía haber sido recibido entre ustedes? ¿Es cierto que ustedes seducían y corrompían a menores? Hable usted. Pero ¡dejemos mi nombre en paz! Se trata de usted.. y le aseguro a usted por tercera vez que querría mucho sos. Y de pronto. ¿Por su singular aptitud para el crimen? —Así me lo han dicho. Y. creo en su ortodoxia. a propósito: permítame usted lo moleste con una pregunta. en el acto le mato.naciones puede poseer al dios verdadero. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 197 196 sus vehementes palabras. con FEDOR M. pero sólo después de un largo silencio. Yo soy un hombre sin talento. interrógueme con otras.. creeré en Dios.. fuera de sí. Creo que un nuevo advenimiento tendrá lugar en Rusia.. absurdas palabras. .Cómo? —inquirió Schátov—. maligno. Schátov.. como desesperado. el verbo único de la renovación y resurrección.tener todo lo que usted acaba de decir.. donde hizo usted esa frase. con otras —Nikolai Vsevolódovich lo miró severamente—....... y sólo puedo dar mi sangre.. en el sitio le dejo! —He dicho esas palabras. Schátov echóse a temblar todo. por lo menos eso me han dicho transmitiéndome sus palabras. pero a los niños no los he ultrajado! —declaró Stavroguin. Dígame usted: ¿usted cogió ya su liebre... En sus palabras reconozco mi modo de pensar de hace dos años.. que ha exagerado usted mis pensamientos de entonces. sucias. o no cree? —Creo en Rusia. Ha expresado el pensamiento de que yo podría desempeñar para ellos el papel de un Stenka Rezin “por mi singular aptitud para el crimen”. Schátov.. al contrario —dijo Stavroguin con extraordinaria seriedad y reserva.. reclinando en ambas manos la frente. sin apartar de él sus ojos centelleantes—. hasta la última palabra. Oh. por qué a mí todos me brindarán banderas? Piotr Verjovenskii también está convencido de que yo podría enarbolar su bande. Se había puesto pálido y tenía los ojos inyectados de sangre. —tEn Dios? ¿En Dios? —Yo. Fue allá. sólo usted podrá enarbolar esta bandera! No acabó de hablar y. bestial y cualquier proeza. como todos los hombres sin talento. y es posible. no de mí.. en PetersburgO. Ni un músculo se contrajo en la cara de Stavroguin. —Pero ¡usted las dijo! —prosiguió. con pasión. Para hacer un guisado de liebre. incluso la de . y nada más. y cómo desprecio su orgullosa sonrisa y su mirada en este instante! Saltó de su asiento. ¿qué me importa a mí la risa de usted en este instante? ¿Qué se me da a mí de que usted no me entienda en absoluto. Creo en el cuerpo de Cristo.. ahora. _Permítame. y. como antes.. Schátov. sólo quería saber una cosa: ¿cree usted en Dios. Yo sólo le he hecho saber que soy un libro desgraciado y aburrido. que quería coger la liebre por las patas traseras. dejóse caer de bruces sobre la mesa. con otras. Schátov.. y. —1Porque yo no le he dicho a usted que no crea en absoluto! xclamó finalmente—.Necesita usted una liebre? —. aunque las demás naciones tengan también sus dioses propios y grandes. —balbuceó.Có. —No. ¡Usted. o sigue ésta corriendo? —No tenga el atrevimiento de interrogarme a mí con esas palabras. o palabras enteramente nuevas. Hasta espuma asomaba en sus labios. ¡Dejemos en paz también mi sangre! Yo hablo de usted.. Me parece como que eran hasta más exclusivistas. ni una palabra. como Nózdrev. —.. y nada más hasta ahora.. La única nación “deífera”. Por usted llevo bailando media hora desnudo. aquél se gloriaba precisamente de haberla cogido. y si es verdad. es la nación rusa. con aire de reto. según dicen.. molidas ya en todos los molinos moscovitas.. Creo. —Yo solamente le haré observar a usted como una rareza —añadió de pronto Stavroguin—. ha revivido en mí muchos recuerdos de desusada fuerza. imperioso. —Al contrario. no tenga la osadía de mentir —exclamó enteramente enojado—. pero que. y.. sin moverse de su silla—. para creer en Dios. ahora. furioso—. ¿Es verdad que ustedes creían que no había distinción entre diversión voluptuosa.. Nikolai Stavroguin no puede mentir delante de Schátov. es posible que me tenga usted por un imbécil.. orno? —De usted es esa baja expresión —rió. —Hum! Pero ¿es verdad que usted —y se rió malignamente—. Stavroguin —clamó de pronto. que ya no sabe distinguir si sus palabras en este momento son viejas. es menester la liebre. tanto más cuanto que yo creo tener a ello pleno derecho. yo le he estado aguardando aquí dos años. y ahora ya no le diré a usted. en absoluto. contemplábalo cual si quisiera abrasarlo en su mirada.1 ra. ¡que le ha pegado en la cara! ¡Dígalo usted todo.. más absolutos. —.

Deber suyo era. Schátov —declaró fríamente Nikolai Vsevolódovich. idiota y coja! Cuando usted le mordió la oreja al gobernador. ni yo. teniendo en la otra la vela—.. ¿quiere usted hacer público mañana su casamiento?.. ¿Acaso no veo en su cara que acaricia usted alguna nueva y peligrosa idea?. ni se fue. se equivoca un poco... renuncie a sus riquezas. DOSIOIEVSKI 199 LOS DEMONIOS —Sin duda. otra cosa: yo he venido a rogarle a usted. No quiero contestar —balbuceó Stavroguin. sino que se arroja de cabeza a la sima. —A Dios por el trabajo? ¿Por qué trabajo? —Por el del muchik. porque ha dejado de conocer a su pueblo.. así que nada tengo que renunciar. pero sólo he encontrado una exaltada furia.. ya que usted es el único que tiene alguna influencia sobre su pobre razón. Llevo media hora bajo su látigo. porque es usted un señorito. por el placer de los remordimientos de conciencia. —A quién? .. Lo digo por si acaso. porque era Stavroguin el que me escuchaba. Eso fue un arrechucho de los nervios. Stavroguin—. finalmente. la voz de Nikolai Vsevolódovich—. usted acaba de recordármelo: sabe usted que yo no tengo nada de rico. usted me dejó hablar. si le era posible.. —Acabe de hablar. acabe de hablar! Usted ha venido a advertirme de un peligro. hijo de su siervo de usted. ¿por qué he de estar condenado a creer en usted por los siglos de los siglos? ¿Habría quizá podido hablarle así a otro? Soy pudoroso.dar la vida por Ja Humanidad? ¿Es cierto que ustedes en ambas cosas encontraban una belleza y placer idénticos? —Responder a eso es imposible. no abandonase tampoco en lo sucesivo a Maria Timoféyevna. desaparecerá como vil podredumbre: por el trabajo ha de buscarlo. y no la conocerán ni usted ni los Verjovenskii. —Sé que no puede y sé que no miente. hijo y padre.. explicanne su intención. porque también yo soy un señorito. —Usted es ateo. ¡Un reto al sentido común resultaba ya de por sí bastante seductor! ¡Stavroguin y una mendiga escupible. todo está en eso.. ¿Sabe usted por qué entonces contrajo aquel matrimonio tan oprobioso y ruin? Pues ¡porque en eso la ignominia y el atolondramiento rayaron en lo superlativo! ¡Oh. si de veras no tiene ninguna mira deliberada al despedirme de este otro modo.. ¡Ah! Se ríe. —Usted supone que a Dios se le puede encontrar por el trabajo. a pesar de todo... —Yo. Usted ha perdido la noción de la diferencia entre el bien y el mal. que de buen grado se hubiera levantado e ídose. por lo menos... Vendrá una nueva razón del pueblo. porque hablaba con Stavroguin... Yo esperaba que así lo haría. cada vez más pálido. ni que decir tiene Oiga usted: váyase a ver a Tijón. usted no se pasea al filo.. Le ruego a usted que me abra la puerta. tras él. y lo menos que podía usted hacer era despedirme cortésmente. ¿la sintió? —Usted es un psicólogo —dijo. riéguela con lágrimas. bajando los ojos. y precisamente por Ci de campesino —continuó después de recapacitar. yo puedo arreglarlo todo: yo cogeré su liebre. usted se refiere a Maria Timoféyevna —y Scháto agitó una mano... no lo maté a usted. Vaya. Nikolai Stavroguin! —Siento no poder quererle a usted. pero ni se levantó. —No sé tampoco por qué el mal es odioso y la virtud hermosa.. Usted se casó por el placer de atormentarse. ¿Es que voy a besar las huellas de sus pies cuando usted se haya ido? ¡No puedo arrancármelo a usted del corazón.Mira deliberada? I9? rEDOR M. ¿sintió usted voluptuosidad? ¿La sintió? Señorito ocioso. Mire usted.. por lo demás. bien. Me eché las manos atrás. y no he tenido reparo en mostrarme al desnudo.. de lo contrario. todo trémulo—. A propósito —añadió de pronto. yo. Stavroguin. pasando a otra idea—. aquella mañana. pida usted perdón! —exclamó. En cuanto a las causas de mi boda. el lacayo Paschka. como si efectivamente hallase algo nuevo y serio que mereciese reflexión—. —. Oiga usted: encontrará a Dios por el trabajo. cogiéndolo por los hombros. —Bien. impetuoso. Oiga usted.. ¿teme que sea ésta una actitud? Pero Stavroguin no reía. Bien.. —profirió Stavroguin casi con dolor. —Bese usted la tierra. ¿Acaso Kirillov? Pero él no tomaba parte. Schátov lanzóse. Se levantó de la silla. Yo casi estoy en la incapacidad de asegurar el futuro de Maria Timoféyevna. No he tenido reparo en poner en ridículo una gran idea al apropiármela... ha podido proporcionarle a usted esos informes? —inquirió con forzada risa—. ¿Quién. por el deleite moral. Stavroguin callaba. pero sé por qué el sentimiento de esa distinción se borra y pierde en señores como los Stavróguines —continuó Schátov. el último señorito. —Está usted pálido! —Pero ¿qué es lo que usted quiere? —exclamó.

Además. encontróse en medio de un largo Y u medo puente de barcas.. usted lo sabe. y esperándolo estoy de su bondad. me quedé sin probar bocado. sin alejarse de la orilla. —A qué viene eso? nue mas —A nada. Porque dice: “Pápascha. —4Te prometió algo Piotr Stepánovich en mi nombre? —El no me ofreció nada. ¿podría usted favorecerme con tres rublos para calentarme un poco con té? —Eso quiere decir que estabas al acecho. con una visera media deshecha. La oscuridad y la lluvia seguían como antes. tú eres Fedka.Me conoces? —preguntóle Nikolai Vsevolódovich. aguardándome en este sitio.. voz queda —No vendre mas a verle. tampoco entró nada en mi cuerpo. Ni un alma alrededor. al otro. se dejó 0ir una voz familiarmente cortés. me lo enseñaron en la estación apenas se detuvo el tren. así que yo. salga y abriole la puerta de la calle. eso no me gusta. la calle per a en una multitud de confusas callejuelas. y. ésa es toda mi ocupación hasta ahora. de pronto. bastante simpática.7 pero luego.. llevaba una gorra de paño toda mojada. y no iba borracho. que todo el mundo conoce. pero atinando ment con su camino y hasta sin apenas preocuparse de ello. 9 —áMe permitiría usted. cobijarme bajo su paragua5 b su Efectivamente. donde estaba como monedero falso. Schatov. que se me hacía muy largo aquello y me cansé de aguardar el fin. el presidiario? —Me pusieron en la pila Fiodor Fiodórovich. finalmente pasó bajo la monta hundiendo los pies en el barro. Además.Te fugaste del presidio? —Cambié la suerte. ayuné. y al otro. creyente sobre la Tierra. iré.. casi “codo con codO como dicen nuestros soldados. al otro día. el río. por lo demás.. en atravesando los umbrales.” Señor. tuvo a bien morirse. Van a verlo ahora en peregrinacion. en su cabeza. —uQué haces aquí? —Pues ya lo ve: pasearme día y noche. Las veinticuatro horas. Vaya usteu. CAPÍTULO II LA NOCHE (Continuación) Atravesó toda la calle de la Epifanía. por estar enfermo. hace una vida retirada. —Por aquí —alumbróle Schátov por la escalera—. ahora que no me dijo concretamente en qué a 5 Teodoro. y de pronto descubrióse un espacio ai1lPh10. pero no puedo presentarme delante de ella sin un rublo. en otro tiempo te perdió jugando a las cartas en el club. que le paítiO taro. Tenía otra cosaco e1 pensamiento. hijo de Teodoro. seguramente negros. Nuestros ingresos.—A Tijón. Piotr Stepánovich me ha prometido agencíarme un pasaporte para andar por toda Rusia... a salir de su hondo ensimismamiento.. Se lo agradezco a usted. —Señor Stavroguin. . —A Piotr Stepánovich? Tú. casi por debajo de su mismo codo. Así que ¿no será su merced generoso? Porque mire usted. Nikolai Vsevolódovicli largo ra o vagó en torno a cercados. fui y les tiré dos docenas de piedras a los perros. sólo me dijo que podía serle a usted de utilidad si llegaba la ocasión. al disponer el convite fúnebre por él. como los gitanos. nunca hasta ahora freo nte a esa clase de individuos. tenía los ojos grandes. Mi tío. y con admiración miraba en tomo suyo. Años. adivinábase que era así aun en aquella oscuridad. cuando de pronto. por ejemplo. El paseante caminaba al lado suyo. tienen sus altibajos. en la tripa te saldrán carasculis. Ya ve usted. Agua del río.. caballero. iba ves i do ligera y malamente. aO paraguas. era un homb de esta tura mediana y con el aspecto de un burguesillo venido a menos. el ex obispo. antes de eso ya había oído hablar de usted.. en nuestro monasterio de San Yefimiev. —é. t-1 le da? Vamos a ver: ¿qué más le da? —Es la primera vez que lo oigo. una forma humana se deslizó o quiso deslizatt. Nikolai Vsevolódovich. Nikolai VsevolódoVi indO . tanto. Dejé los libros y la campanilla y las cosas de Iglesia. una viejecita devota de Dios. Las casas convirtiéronse en tugurios. —ú. Parecía moreno LOS DEMONIOS 201 recio. sino que lo hice yo únicamente teniendo en cuenta su rumbosidad. melenuda y crespa. debía de tener cuarenta. el domingo pasado. moso. con mucho fuego y un destello amarillo. porque estaba condenado a presidio por mucho tiempo. declaro Stavroguin. musculoso y cetrino.5 hasta ahora tenemos por aquí a mi madre. como comerciante. Acortando el paso. con ese acento re calcado y dulzón que usan entre nosotros los propietarios harto civilizo 05 o los jóvenes horteras del Gostinyi Dvor. en cuanto era posible en aquella tiniebla. cuando. ¿Quién te mandó? —Mandármelo no me lo mandó nadie. tengo por aquí cerca una parienta que me aguarda.. también la semana pasada en la cárcel de aquí.6 Mire usted: el viernes me puse de pastas como canónigo. aquí en la ciudad.se a mirar. Tijón.. todos los días le pide a Dios por mí para no perder en vano el tiempo en la estufa. tanto. y yo encuentro injusta esa falta de humanidad. cuanta quieras.

se lo digo a usted. no me salgas más al paso ni en el puente ni en ninguna parte. amenazador. sin duda con objeto de que le sirviese de guía al tardío huésped que aguardaban. estaba abierta de par en par. la ropa toda calada. —Vetc o te ato! —dijo. es una cosa y usted. y en el alféizar brillaba una vela....Y quién te ha dicho que yo cruzaría el puente de noche? —Esto. Escucha. era más divertido ir así. . no te he de dar ni un copec. Era una casita de madera.. punto fijo. señor. no me atreveré a molestarlo a usted. tenga la bondad. DOSTOIEVSKI —En ese caso tendré cuidado de proporcionarme una cuerda. porque en Rusia no se puede hacer nada sin documentos.. señor. — Lárgate! —Pero ¿conoce usted bien el camino? Hay tantas callejuelas. Por lo general. Oyóse en seguida su voz impaciente y tímida. tú. —Por fin vino! —dijo afanoso y solícito. le es fácil hoy vivir en el mundo. probablemente el dueño de la casa. es . lo dejaré abierto aquí en un rincón. y se figura que me tiene cogida el alma. A unos treinta pasos de distancia.. Y yo es posible que del martes al miércoles sea sólo un idiota. en ese caso. aparte de eso de ser un canalla. —Si no hubiera usted dado su palabra terminante de que vendría. plantada en el portal. Se retiró. porque esta ciudad. —tPor qué? —Piotr Stepánovich. Marcha! —Ah. eso es! Aguardaré a usted al regreso. caballero. cualquiera diría que la llevaba el demonio en una cesta y se le derramó. cuando menos déme alguna cosa. ya distinguió Nikolai Vsevolódovich la figura. caballero. pero el jueves soy más listo que él. Se cree que yo. Y tengo. Buen viaje. que había salido impaciente a otear el camino. y así vive. sobre todo. en usted confio y no en mí. porque he oído hablar mucho de usted. Fiodor: a mí me gusta que me entiendan lo que digo de una vez para siempre. pero por la compañía. porque nunca sabe reprimirse. porque se hace una idea suya de los hombres. —Palabra de honor: si te encuentro. preocupado. Yo.. a escondidas de Piotr Stepánovich.. sin contar con él. . hacerle reverencias a una bota que no a una alpargata. caballero... —Yo me voy a la izquierda. voy y te entrego a la policía.: “es un imbécil”. como ante Dios.. Pero podía suceder también que el vagabundo no hubiese mentido y solicitase entrar a su servicio espontáneamente y. no antes de haber llegado al portal y cerrado el paraguas. —. me digo yo. además. Cuando él dice que un hombre: “es un canalla’. fuera de ese nombre de imbécil ya no tiene para él oingún otro. no dice ya nada más de él. ya te lo he dicho! —Pero usted sí me es necesario a mí. ha dado usted calor con su paraguas a un huérfano. La puerta del zaguán. necesidad de ti no tengo ni tendré en la vida. que daba a la habitación alumbrada por dos velas... lo confieso. tenga la bondad.. o mata de heno u horquilla en el costado aibo siena kiok libo viii vi bok).. El sabe que yo ahora bebo los vientos por un pasaporte.. Es mejor.. allí estaré.. gracias a lo estúpido que es el capitán Lebíadkin. es la mar de tacaño. ante usted. señor. habría desconfiado. —Piénselo usted. ya van cuatro noches que le aguardo a usted en este puente con el objeto de demostrar que no necesito a nadie para encontrar por mí mismo mi camino. Cuando dice. —No me eres absolutamente necesario. Aquel hombre caído del cielo estaba absolutamente convencido de serle imprescindible y se daba prisa en decírselo con demasiada insolencia. “como Martín de Jabón”. lo he sabido indirectamente. LOS DEMONIOS 203 202 F[DOR M. el capitán Lebíadkin. volviéndose. literalmente en el fila mismo de la ciudad. como ante Dios. mirando el reloj.Es usted? ¿Es usted? —Yo —asintió Nikolai Vsevolódovich. el paraguas. sólo por esto le estaré agradecido toda la vida.. de un hombre de alta estatura. estás muy engreído! —Yo. cosa que sólo por delicadeza me callo. tras las cuales extendíanse huertecillas. pero no resiste a la crítica.. Nikolai Vsevolódovich al entrar en la sala. pues era él—. pequeña. Aparte de eso. Nikolai Vsevolódovich prosiguió su camino. señor: ¿se atrevería a hacer daño a un huérfano? —No. y si no me haces caso. y no se fla de mí lo más mínimo. Nikolai Vsevolódovich. Yo podría servirle a usted de guía. la cosa resultaba más curiosa. es “astrólogo” y conoce todos los planetas de Dios. Así que tres rublos que usted me dé por tres días y tres noches por el aburrimiento. y yo ante usted. otra. está chorreando.. —6. con él no gastaba cumplidos. enteramente aislada. Una de las ventanas tenía abiertos con toda intención los postigos. 7 Literalmente. Haga el favor. te maniato. recién construida y aún no revestida de planchas por fuera. el puente se acabó. Piotr Stepánovich.. 11 La casa a la cual iba Nikolai Vsevolódovich estaba en una calleja solitaria entre vallas. —La una menos cuarto —dijo.6 Literalmente: “. a la derecha. A Piotr Stepánovich. porque Piotr Stepánovich quiere ver si yo tengo paciencia de cosaco.

la de esa desdichada que está allí. Agafia no duerme. . Hasta las paredes destilan resma.. dos mesillas de madera de tilo. y con mucho respeto y tino quitó la servilleta de encima de la mesa del rincón. se dispuso a escuchar. .. El capitán Lebíadkin llevaba ya ocho días sin emborracharse. tenía la cara abotagada y amarillenta.. no! ¿Cómo sería posible? Al contrario.. se advertía harto claro que él mismo no sabía en qué tono debía expresarse ni qué tema convendría más tocar. era un cuarto reducido. a una solución.. recordando la Naturaleza. —i. Eso es producto de la generosidad de usted para festejar la nueva casa. sin posada. lluvia. Nikolai Vsevolódovich sentóse en una silla. . en general? —inquirió. . una botellita de color verde y una larga botella de Burdeos. además. finalmente. DOSTOIEVSKI cuenta lo larguísimo de la caminata y el natural cansancio —sonrióse dulzonamente. cubierta con un tapete. —GEl qué? —dijo. luego. reparando en ella de pronto.. en este corazón bullían cosas que yo ignoraba en tanto estaba aguardándole! He aquí que ahora va usted a decidir mi suerte y..Cómo? —De oír cuál ha de ser mi suerte. Templanza. no tengo pizca de cultura! ¡Todo lo eché a perder! ¿Quiere usted creerlo. Nikolai Vsevolódovich. Yo no tengo reloj. sobre todo.... ni un vaso. vivo corno el ermitaño Zósimo... repuso Lebíadkin en un susurro—. y luego. cubierto con una servilleta? —dijo. y después se levantó de puntillas. se puso a arreglarse —y contrajo la boca en una sonrisilla que quería ser jovial. con la lengua fuera. y yo soy. toda cargada de cosas y cubierta con un mantel limpísimo. ¡Ah.. —i. tengo un espíritu independiente. a la manera antigua. los muebles más indispensables. con trémula impaciencia. ahora está levantada. antes tengo que terminar con usted. —i..cido. únicamente un servidor. de día. en el rincón. la otra en un rincón. ¿Quiere usted verla? —y señaló a la puerta entornada de la otra habitación.de. Desde ayer he hecho todo lo posible por honrarle a usted.. todo enteramente nuevo.Es usted quien se ha tomado esos trabajos? —Yo. intranquila. echándose las cartas. —Dígame usted: Maria Timoféyevna. Pero.. Nikolai Vsevolódovich... Nikolai Vsevolódovich. —No está durmiendo? —Oh. sino únicamente por la impaciencia que me ha consumido toda la semana por llegar. Quedaron al descubierto algunos entremeses: jamón. qué era de mí? De noche.. usted ya lo sabe. yo..! ¿No querría tomar té? —No se moleste. y esta enorme distancia. desde esta tarde le está aguardando a usted. por así decirlo. Nikolai Vsevolódovich.. es indiferente. llamaré. —Aquí.. me desahogaré con usted del todo como hace cuatro años! Usted se . soledad y pobreza: el voto de los caballeros antiguos. ¡Pero.. con conocimiento del asunto y casi con elegancia... —Bien. una junto al diván. ternera. a pesar de todo.. sin conseguirlo. cejijunto. evidentemente.. Nikolai Vsevolódovich. —El samovar está hirviendo desde las ocho.... sardinas. no yo.. según la genial expresión del poeta.. ¿Por qué no se sienta usted? —Agra. Nikolai Vsevolódovich’?: aquí por vez primera me he liberado de las pasiones vergonzosas. a pesar de todo. sillas y diváfl de madera.—Y. se ha enfriado. ni una gota! Tengo mi rincón y llevo seis días gozando de la paz de la conciencia. Nikolai Vsevolódovich esparció la vista en torno suyo. Haga el favor —inclinóse. Aunque. es lo que tiene usted allí. porque no me atrevería. allí.. a su particular generosidad. El capitán no se atrevió a sentarse en el diván. ¿Qué he sido yo. volviéndose también Lebíadkin—.. También el sol dicen que se enfriará a su vez.En general? Usted mismo lo sabe. no. bajo de techo. si hace falta. teniendo también en LOS DEMONIOS 205 204 FEDOR M. —Hum!... aunque. sino que en el acto procuróse otra silla y. está usted tan calado. aquí —en seguida. se te adelantan los acontecimientos. sí. Pero no lo digo por reproche. —Ya ve usted —y señaló en torno suyo—. gracias a su generosidad. agradecido e independiente! —se sentó—.. la mirada.. no me atrevería.. así que. y por la ventana sólo se ven huertas. indecisa. así que aquí es usted el amo. pero ahora. toda la habitación daba muestras del mayor aseo. Además.. como todo el mundo. curiosa y.Cómo está. pero. queso. ¡No me arrebate este último caudal! —terminó conmovido. señalando un sitio junto a la mesita delante del diván. como antes. Maria Timoféyevna para estas cosas. sin forrar y sin cojines. todo servido con mucho primor. —Cree usted que los caballeros antiguos hacían esos votos? —LEs posible que esté equivocado? ¡Ay. y apenas supo que iba usted a venir. —se encogió compasivamente de hombros—.. —i.

y “basta”! —i.. y me he renovado. lejos de reírse. engañan. ¡Qué importaba que me llamasen un Falstaff shakespiriano. que toda la segunda mitad de la vida del hombre. por espacio de mucho tiempo. Nikolai Vsevolódovich. al sacar a relucir sus versos.dignaba entonces escucharme. y eso no lo prohíben las leyes. aunque. inquirió. ¡Ay. otra finalidad especial y muy delicada: el capitán. En borrachos como él.” ¡Eso es! El capitán se expresaba con vehemencia y. su esqueleto a los estudiantes de la Facultad local y su piel para un tambor. todos los galanteadores desaparecerían. pues lo tomarían como liberalismo. Pero basta de péñola. Nikolai Vsevolódovich—. ¿se acuerda usted.” Pues así he cantado yo. Usted mismo dicen que también se enfadó. y eso que usted algunas veces se divirtió con mis versitos. había hecho oficios de bufón. Tan sólo he escrito una poesía. como la serpiente. prohibirían mi piel para tal fin. un delirio. recuerdo. y por eso me limito a los estudiantes. Yo tengo ahora grandes temores. aunque así fuere —cautamente mirólo Lebíadkin—. De todas sus frases. en caso de que se cayese del caballo. Nikolai Vsevolódovich. algo de estropeado y loco. y también un imbécil.. el cual dejó todo su enorme caudal a las fábricas y a las ciencias positivas. en el caso de que se cayese del caballo. Nikolai Vsevolódovich?.Qué pasaría entonces?” Es decir. —Veo que usted no ha cambiado lo más mínimo. pero a condición. a la Humanidad y a los estudiantes.Usted. con suspicacia: —i. De ese modo alcanzaba dos fines. no pasaba a creerlo. Nikolai Vscvolódovich.Có. se justificaba en un punto. y me formulé literalmente esta pregunta: “i. una vez quedé desconcertado al encontrarme al paso co cierta amazona.” ¡Eso es. Vamos a ver: .: el poético y el servil. leía mis versos. al regimiento de infantería de Akmolinsk. generalmente. a condición de que en la frente le peguen. que han estado bebiendo muchos años. mo? Eso únicamente aguardaba el capitán. en el que tuve el honor de hacer mis primeras armas. mitad por astucia y mitad con sincero entusiasmo.. Que quisiera yo dejar mi piel para un tambor. incluso. en estos cuatro largos años —dijo. con la botella por delante. se valen de tretas y resultan casi más listos que los demás si a mano viene. Nikolai Vsevolódovich. pero no de la inteligencia. yo he leído en los periódicos la biografia de un norteamericano. hasta un piojo puede enamorarse.. que dijo usted estando todavía allá en Pctersburgo: “Es preciso ser efectivamente un gran hombre para saber resistir. creía en la belleza del testamento del norteamericano. asediado de enemigos! Pero ahora. Una fantasía.) / —“En caso de que se rompiese una pierna”. pero también.JINIU. pero al mismo tiempo procedía con malicia y quería mover a risa a Nikolai Vsevolódovich. ¡Piotr Stepánovich se ha portado de un modo horrible conmigo! Nikolai Vsevolódovich escuchaba curioso y miraba atento. justamente! —Bueno. por ejemplo. capitán. capitán. para que día y noche toquen en él el himno nacional norteamericano. que siempre por alguna razón constituía para él un peligro y en el que siempre se sentía cada vez más culpable. Quiero legar mi esqueleto a la Academia. para el que antes.. siempre se advierte al fin algo de incoherente. Nikolai Vsevolódovich. —i. Zi. de indeciso. y a quién se lo deja? —A la patria. le gustaba que Nikolai Vsevolódovich siempre se burlara de sus versos y se riera de ellos hasta retorcerse a veces de risa. para que todos los días tocasen en él delante de todo el regimiento el himno nacional ruso. Pero aquél.Qué poesía es ésa? —“En caso de que se rompiese ella una pierna. distaba mucho de encontrarse en un estado armónico. ¿Y qué deja en él.. usted significaba tanto en mi destino!. además. aunque había dejado de emborracharse. pero ahora había. 206 FLDOR M. como Gógol su Última novela. ¿cómo se ha conducido? —jBorracho y. algo más afectuoso. es decir. in saecula saeculorum. sólo quedaría fiel el poeta con el corazón partido en el pecho. mientras que ellos. un marbete con esta inscripción: “Librepensador arrepentido. pero usted toda su vida ha prodigado el ingenio. Y. por lo visto. a las costumbres contraídas en la mitad primera. sin embargo. tiene el propósito de publicar su testamento en vida y obtener a cuenta de él una recompensa? —Pero aunque así fuere. Nikolai Vsevolódovich. ¿es verdad? Eso es muy triste. en verdad. por lo demás. ¡Que Liputin y Piotr Stepánovich digan algo por el estilo! ¡Oh y qué cruelmente se ha portado conmigo Piotr Stepánovich! —Pero usted mismo. Por lo visto. —Cierto.. una. además. La cosa es clara.. y sólo de usted aguardo el consejo y la luz. ¿sabe usted que tengo hecho ya testamento? —Curioso. nosotros somos unos pigmeos en comparación con el vuelo del pensamiento en los Estados Unidos de Norteamérica! Rusia es un juego de la Naturaleza. todos los pretendientes se quitarían de en medio “hasta mañanita temprano”. al sentido común. el capitán. sobre todo.. Está visto. . naturalmente. ahora ya todo eso pasó. esa persona se ofendió por mi carta y por mis versos. en la que recordará usted anunció a toda Rusia que “se la había sacado de adentro. —Sublimes palabras! ¡Usted resuelve el enigma de la vida! —exclamó el capitán. Estimaba y apreciaba desmedidamente su poesía. pues era un gran amigo de las sentencias—. pero delirio de poeta. se reduce. DOSTOIFVSKI IAJ> vr VI. ¡Para que vea usted cuál es mí suerte! Hasta versos he dejado de hacer. en virtud de alguna ladina ambigüedad de su espíritu.

¿qué dirá su madre. allá en las casas nos daban.. el haberla sacado del convento. dispénseme.. divulgadas en secreto.. por ganar una apuesta que hice estando bebido. iniciaba objeciones. esto. “lo mismo a la policía que a la buena sociedad”. le haría una demanda. Sueño con la resurrección. y mucho más interesante que antes resultó y en doble fuego se encendió por ella el que ya antes ardía en una llama intensa. ¿Y yo qué voy a hacer? —Usted. con espanto. —Como usted quiera. Nikolai Vsevolódovich. le agradaba ese tema y contaba mucho con él.. —Y permita usted —observó. pero apenas si me queda algo. —Pero y yo. Yo me casé con su hermana porque quise.¿a quién podía yo hacer daño con una fantasía? Además. piénselo usted mismo! —Nikolai Vsevolódovich.. mándaselos.De dónde viene ese dinero’?” Yo mc aturrullo y no puedo contestar. con daño de la dignidad del apellido. según parece. se lo juro. no bromeo.. ¡Ay. ¡Bienhechor mío! ¿Puedo contar con que no me ha de rehusar los medios para el viaje? Como al sol lo he estado esperando toda la semana.. qué dirán en el gran mundo? —A mí se me da u ardite de ese gran mundo.. quien de todo tiene la culpa es Liputin: “Mándaselos. no pondrá los pies en casa. ¿qué va a ser de mí si usted me deja por completo de su mano? —Pero ¿no quiere usted ir a Petersburgo para cambiar de carrera?.. un misterio fatal. Nikolai Vsevolódovich? —No. su casaniento. por tanto. un delirio ante todo. además.. —Pero si soy pariente suyo! —De parientes semejantes hay que huir. ¿Qué pensarán.. Yo recibo de usted dinero y de pronto me ha lódovich. to secreto.. mis enemigos. —Usted. pero Nikolai Vsevolódovich conteníalo siempre imperioso. —Es usted terriblemente estúpido. y yo se los mandé. —iCómo que no me afecta! —exclamó el capitán—. he oído decir que usted tenía la intención de presentar . sus regaños. ¿aspiraba a su mano? —Mis enemigos. El capitán clamaba.. etc. su dispendio de dinero. siendo necesario explicárselo. —Pero si ella. —Pienso en Petersburgo —saltó de pronto Lebíadkin. todo hombre tiene derecho a escribir”. usted no querrá atentar. —Pues no. Seca y brevemente enumeró todos los crímenes del capitán: su borrachera. un casamiefl. alojamiento. destinado a Maria Timoféyevna. su modo de conducirse con Daria Pavlovna. ¡Por qué he de seguir yo dándole a usted dinero. no es de su incumbencia ni le afecta lo más nínimo.? —Bah! Que diga la que quiera... Por lo demás. aturrullándose por complet.. eqá medio loca! —Yo tomaré las mtdidas necesarias. empezó a creer. por los servicios de ella. capitán. ni siquiera comprendía. porque aquí el principal soy yo!. si así me vielle en gana.. todo aquello se acabaría por sí solo. eso no puede ser. etc. ¿No estará usted hablando en broma. mientras que ahora. —Pero. Nikolai Vsevolódovich. Pero irguióse. con perjuicio de mi hermana. es posible que todavía recpacite usted.. sus insolentes cartitas con amenazas. de suerte que Lebíadkin. —Concedido. no presenta cómo iba a defraudarle! Tranquila y exactamente cual si se tratase de la más corriente disposición doméstica.. pero es lo último que me queda! —dijo el capitán. como la de los subsidios. por lo menoi. —Pero ¿piensa llevar a su mujer a su casa’? —Puede que sí. A 1 propósito: es verdad. y.. y ahora lo proclamaré así en voz alta delante de todo el mundo. y. cual si no hubiese habido nunca mles versos—. El capitán abrió unos oos tamaños. tanto la cuestión de la dignidad del apellido. desaués de una juerga. Antes.. y yo. Nikolai Vsevolódovich. ¿por qué había yo de darle ese dinero? Nikolai Vsevolódovich pareció enojarse de pronto. tenía intención de hacer público a todos. naturalmeite. en absoluto. quizá al siguiente o al otro. extendió la mano y empezó: La beldad de las beldades una pierna se rompió. cen esta pregunta: “i.cribir eso del “oprobio de la familia”. Profirió esas palabrss con cierta animosidad especial. ¿Qué oprobio puede haber para usted en el hecho de que su hermana sea la mujer legítima de un Stavroguin? —Pero es un casamiento secreto. pero yo no le creo. —Un delirio. en otro caso. comunicóle Nikolai Vsevolódovich que de ahí a unos días. gesticulaba. El capitán había alzado la voz. finalmente—: usted no hace más que es. siempre mis enemigos! —Diga usted los versos! —interrumpióle severamente Nikolai Vsevo —Bueno basta —dijo con un ademán Nikolai Vsevolódovich.

—De corazón a corazón. sin embargo. sin saber nada. la cosa no iba con usted. —Vaya. avezado a su papel de bufón. disolved los matrimonios. ahora la gente sensata calla. así. a la ley natural’ Salian de pronto imprimiendo en esos papeles que se echasen a la calle con las hoces — J eso Á y tuviesen presente que el que sale pobre por la mañana puede volver rico a casa por la tarde. Era la más estúpida historia de un imbécil que se entremete en lo que no le incumbe y casi no se percata de la gravedad de aquello hasta el último instante. lo repartía. gracias a Dios. Usted no ha tomado parte en nada.208 FEDOR M. me íntima que tengo que obedecer. Pero si no ha escrito ninguna carta. sin venir a cuento: “Cerrad en seguida las iglesias. juzgueme usted? —y el capitan con lagrimas en los ojos y desesperadamente empezo a exponer a toda prisa su historia en aquellos cuatro años.. pero. o todavía no? ¿Ha tenido usted ocasión de hacer algo semej ante? ¿No le ha escrito usted a nadie alguna carta por pura estupidez7 —No. ¿no se habrá ido usted de la lengua aquí con alguien? Diga la verdad.. que hasta un temblor corrióle por la espalda al capitán—. de pronto. fue dejan. inclinándose sobre la mesa. —Estando borracho.da. he abogado por la libertad social de la mujer.. Liputin es un traidor. gracias a Dios KorováyeV. Pues por este papelito de cinco renglones estuve a punto de perderme. Nikolai Vsevolódovich —exclamó—. —Oiga usted. Si usted tenía: ese pensamiento. El capitán abrió la boca. porque yo he oído decir algo. capitán —díjole Stavroguin de pronto con seriedad desusa. pálido. que en esto me distingo de Derchavin. con qué recursos cuento!. Piotr Stepánovich. acabad con Dios. porque “qué otros recursos tenía yo. me soltaron después. efectivamente. pero. al enviarle a Korováyev algunos rublos falsificados en francia.. Yo le abrí mi co. había conservado hasta el último instante cierta incredulidad: ¿estaría. “sin tener la menor culpa”. yo soy un esclavo. Y allí. ¡Figúrese usted! A mí mismo me entraban calofríos. no he tenido ocasión de hacer nada. cinco o seis líneas por toda Rusia. —Nikolai Vsevolódovich! —exclamó el capitán temblando—. usted miente al decir que no pensaba... mirándolo fijo. no habla. coged las cuchillas”. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 209 una denuncia ante las autoridades con objeto de obtener así su perdón descubriendo a los demás.8 ¡Pero con qué recursos cuento. estando borracho. por poco si me cogen. un gusano. el año pasado. .. pero no hay que ser imbécil. a Liputin. y no un dios.. colgándolos de los cordones de las campanillas.. o sería que quería divertirse tan sólo? ¿Tendría de veras la osada intención de dar publicidad a su matrimonio. En el mes de junio fui al distrito de *** a repartir proclamas. Lebíadkin: ¿ha denun ciado usted a alguien. Usted quiere ir para eso a Petersburgo. Hasta entonces habíase expresado con cierta ambigüedad. repartiendolos como periodicos cuando iba al teatro metiendolos en los sombreros y en los bolsillos de la gente Luego recibio dinero de ellos por esa faena. qué otros recursos tenía yo” En dos gobiernos del distrito habia repartido toda clase de basura Oh. Y también de pronto. en el regimiento los oficiales me zurraron de lo lindo. hace ya tiempo que me viene con amenazas.. como suena. no pensaba hacerlo —repuso el capitán. dilató los ojos y no contestó. hasta el punto de que Lebíadkin. y. Oiga y diga la verdad. ¡Cómo se portó el domingo conmigo! Nikolai Vsevolódovich. se ahogó oportunamente en un estanque. y. Aquí. habérselo guardado para usted. suprimid el derecho de herencia.do caer diversos papeles en las escaleras introduciendolos a docenas por debajo de las puertas. y. Confesóle que estando todavía en Petersburgo “se dejó arrastrar al principio sencillamente por amistad como un verdadero estudiante. enojado el señor. lo que más me atormentaba era que era contrario a las leyes civiles y sobre todo. en casa de Virguinskii. aunque sin serlo”. Dicen que estoy obligado.razón —balbuceó el capitán. así que no me pudieron pescar. sí. —Nikolai Vsevolodovich juzgueme usted. por su borrachera y su: haraganería. y Dios sabe qué cosas más. —No iba usted a tener el valor de denunciar a su vaquita de leche. o se trataría solamente de una broma? Pero ahora el severo aspecto de Nikolai Vsevoló dovich hasta tal punto resultaba convincente.

sino que a él era a quien se lo tenían. dígale a él. se puede escribir so capa de estupidez. casi inmediatamente que hubo salido a la escalinata y abierto el paraguas.. y ya él me adivinó el sueño. —Pero ¿es de veras? —.No lo cree usted? —Pero ¿acaso va usted a dejarme como a unos zapatos viejos? —Ya veré —dijo Nikolai Vsevolódovich riendo—. a usted puede ocurrirle todo. y.. sin embargo. amigo mío: ¿es que me amenaza algún peligro? Solamente lo aguardaba a usted para preguntárselo. miedo que le tengo! ¡Vaya. ¡Vaya. Lebíadkin! ¿Y a qué salir a hurtadillas. y solamente me empuja a Petersburgo para que los denuncie a todos. Verdaderamente.. Oiga usted —dijo. —En una frase ha definido usted el “mínimo” de los derechos del hombre. nunca puedo ponerlo en claro. La proclamación de su matrimonio parecíale absurda. ¡Ah.. que corría a todo lo largo de aquélla.. miedo que le tengo! ¡Ah.. Y. Ahora déjeme. pero. y estaba amueblado con la misma vulgaridad. a la escalinata. por lo demás... Lebíadkin. adulón. qué teme ahora. “cierto que de un excéntrico como él todo puede esperarse... después de la afrenta del domingo y más que nunca? He aquí que vino a asegurarme que iba él mismo a dar publicidad a su matrimonio. empezó a germinar en su aturdida y ladina cabeza la tranquilizadora idea de siempre de que lo estaban engañando y le mentían. Lebíadkin!. vive de hacer daño a la gente. o. ¿soy digno yo de usarlo? —dijo el capitán.. siendo así. después de recapacitar—: si usted quiere. ya es hora de ver a Maria Timoféyevna —y se levantó de la silla —Nikolai Vsevolódovich. 8 La “ch” tiene aquí el valor de una “jota” francesa. como en el otro cuarto.. bueno. además.. Aquí hay una de dos cosas: o es que él teme por haberse comprometido. j . no te resbales. caviloso. en el que. III El cuarto de Maria Timoféyevna era doble de grande del que el capitán ocupaba.” 1 ¡Tunante! Apenas si me había quedado adormilado. Pero ya balbucía maquinalmente. —Está bien.No le habrá escrito a alguien por pura estupidez?” ¡Hum! Según eso. no tenía por qué sentir miedo. ¿Ha comprendido? —Nikolai Vsevolódovich. Naturalmente. para que nadie.. cuando desea publicidad? Y si teme. —A Petersburgo sin duda no le dejarían ir. Tengo 1 miedo con Piotr Stepánovich. “Pero si mienten y andan con astucias.. Como si él mismo me animase a ir. y. que Liputin ha mentido y que usted sólo se proponía asustarme a mí con una denuncia. —cruzó por su cabeza. estaba harto agobiado por aquellas noticias y aturrullado hasta el colmo. LOS UlMONIOS 21! —De un paraguas todo el mundo es digno. es decir. suponiendo que yo también estaba comprometido y que de ese modo podría sacarme más dinero. veíase una imagen con una lamparilla encendida. precisamente ahora. ¿cuáles son SUS intenciones con Maria Timoféyevna? —Pues las que ya le he dicho. no teme nada.. sobre ella ardía una lámpara..... Bueno. Tome el paraguas. a quien usted sabe. que se olvidó de escuchar. ¡Ah. por miedo a que yo se la diese. delante del diván. de una sola hoja. Vuelven a portarse como hace cinco años. cuidado. El capitán hasta escupió. la cama estaba separada de la habitación por una larga cortina verde.. y salióse de nuevo. pueda escuchar?. ¡Oh. pero.. impensadamente... de noche. pero ¿y si él mismo teme. En un rincón. —áNo quiere usted que esté de centinela mientras tanto en las escalinatas.. no vayas a escurrirte!” Hasta tal punto estaba preocupado. encima de una mesa. Porque las habitaciones son pequeñas. había un mantel rojo. todo el suelo cubríalo una magnífica alfombra. y encima de la mesa estaban colocados los mismos objetos de marras: una baraja... aunque yo le diese el dinero para el viaje. precisamente en estos cuantos días. algo se traen.. ¿No será ése un consejo? “Usted va a Petersburgo por eso. sin embargo. mucho cuidado. Aunque escuchar era dificil: la puerta era gruesa. —Muchas cosas las ignoraba en absoluto —dijo—. y hablaban muy quedo. no se sentaba Maria Timoféyevna. y claro que le tengo miedo! ¿Quién me mandaría irme de la lengua con Liputin? El demonio sabrá lo que se traen entre manos estos demonios.Nikolai Vsevolódovich lo escuchaba todo con curiosidad. junto a la mesa se encontraba un gran sillón mullido. sólo se percibían algunos vagos rumores. ¿a quién iba yo a denunciar? “. quédese en la escalinata. —El paraguas de usted. Nikolai Vsevolódovich echóse a reír.

por lo visto. pero cuando Nikolai Vsevolódovich se acercó a ella. volviendo a mirarla. algo raro le ocurrió también al huésped. No me mire usted a mí tampoco hasta que yo misma se lo pida. por qué no me mira. Maria Timoféyevna. tirado al desdén. caballerescas. para que pueda verle luego bien —dijo con voz bastante firme. en el rostro de la pobre mujer reflejóse un perfecto espanto: corriéronle por él espasmos.un espejito. llevaba anudado el cabello en un moñito en la nuca. grandísimos deseos de mirarlo. príncipe —repitió por tercera vez con voz firme. no obstante. en un instante cambió la expresión de su rostro. en el coche. y es posible que la misma expresión de antes asomara a sus ojos. —Hice mal. El sonido de aquellas cariñosas palabras surtió su efecto: desapareció el susto. Pero el huésped volvió en sí. con sigilo. además. propias para regalos de Navidad en los colegios. con mi imprevista llegada. y. en su mayor parte. un relato de un viaje popular. —persuadióla Nikolai Vsevolódovich. a pesar de las prohibiciones. tendiéndole la mano. pero que conteníase con tesón y mantenía la vista baja. por favor. las manos. cuando estaba dormida —dijo. oiga usted. Cuando me dijo usted entonces. y hubiera lanzado gritos. no obstante. la asusté. Nikolai Vsevolódovich no llevaría así un minuto. una recopilación de historietas morales y. con una expresión antipática. y. Y de pronto estremecióse de nuevo toda ella y retrocedió. en el diván. y de pronto se echó a llorar exactamente lo mismo que una niña asustada.. una tímida sonrisa asomó a sus labios. Veía que ella sentía a veces grandes. sin moverse de su sitio. que iba a hacer público nuestro matrimonio. —Buenas noches. soñando. hasta una maligna complacencia en su susto. El capitán había mentido al decir que ella se había hecho la toileue. lo mismo que entonces. sino tomar una resolución. cuando. me asusté ante la idea de que se concluyese el secreto. me mirarán de reojo. mirándolo de un modo raro. puede que expresase aversión. y veo que para nada sirvo. a qué viene toda esta farsa? —exclamó él sin poder contenerse. de pronto. Por último. abrió los ojos y se incorporó rápidamente. ha tenido usted un mal sueño —prosiguió él con sonrisa cada vez más atenta y mimosa. —tPor qué se mantiene usted vuelta a otro lado.Y usted cómo sabe que yo he soñado “con eso”?. Pero. según advirtiera el capitán. agitada por ellos. —(. Tímidamente tendióle la mano. —Hum! ¡Qué extraño me parece todo esto! —murmuró ella de pronto. con esa misma traza? —iBah. contemplaba su rostro. —Tranquilícese. Maria Timoféyevna. —Siéntese. tendré la vista baja. pero aquella vez no pudo se212 FEDOR M. alzando por delante. —Oiga usted. medio tendida en el diván. Como la vez de marras.. Nikolai Vsevolódovich se sentó y quedó a la expectativa. el cual continuó en pie en el mismo sitio. ¿Qué teme usted? ¿Es que no me conoce?. Tenía puesto el mismo trajecito oscuro que el domingo en casa de Varvara Petrovna. Veíanse. Sé vestir. príncipe —exclamó ella de pronto. como para resguardarse. El huésped. Ahora ya no sé. y acercóse a la mesa con la más cortés y afable sonrisa. en el semblante—. no hago más que pensar. tras un minuto de expectación. Tan pronto bajaba la vista como le flechaba con una rápida y envolvente mirada. se había quedado dormida. recostada en un almohadón de crin. casi malhumorada—. con una intención irónica y algo nueva—. siguió ella mirándolo con recelo y esforzándose visiblemente por comprender algo. estaba toda ella muy dada de blanquillo y colorete. Lo mismo que entonces. pero sólo de pronto. impaciente. Por último. Pero. a pesar de todo. alzando la voz—. —Oiga usted. el otro. si es que todo esto no fueron visiones de la mal despierta Maria Timoféyevna. un librito de coplas y hasta un panecillo blanco. el brazo. Un nuevo sentimiento apoderábase de él visiblemente más y más. Sin duda me asedian los malos sueños. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 213 guir hablando largo rato: en silencio mirábale ella con aquella misma penosa incertidumbre y aquella misma dolorosa idea en su pobre cabecita y pugnando. dos libros con láminas de colores: uno. sin duda. pero ¿por qué lo he visto a usted.. príncipe. sobre todo habiendo criados.. aguardaba al huésped. despertóse ella cual si hubiese sentido su mirada. implacable y terco. El domingo me fijé yo en muchas cosas en esa casa. recibir también sabría: no es nada dificil ofrecer una taza de té. y disponiéndose a prorrumpir otra vez en llanto. —Por lo visto. . Había también un álbum con diversas fotografias. le ruego.. con fija y penetrante mirada. Siéntese —añadió casi con impaciencia. cerró tras de sí la puerta. un momento más. Pero ella parecía no haberle oído.. púsose a examinar a la durmiente. sobrevino un silencio bastante largo. príncipe —balbuceó. alzó. dejemos los sueños! —profirió él. Puede que aquella mirada fuese severa en demasía. junto a mí. El chal negro que le regalara Varvara Petrovna yacía. pareció no tranquilizarse. junto a la puerta. por comprender. desnudo el largo y seco cuello. adaptado para la juventud. aunque. Pero ahora no se apure usted: no voy a mirarle. enojada.

por tercera vez. está muy resentida con ellas. sino sólo de mí misma. —Por lo demás.. príncipe.. —Por qué está usted tan enfadada? ¿Es que teme que yo deje de amarla? —Yo no me preocupo de usted lo más mínimo. Yo estaré sentada. el domingo. todos reñían Unos con otros. Quiero ver qué sucede. no. Puede que todos me mirasen entonces como a algo inesperado. sólo que no sé en qué puedo ser culpable: en esto consiste mi desgracia eterna. en ese cuarto. La condesa me comería de buena gana. —Usted. Tarde es para empezar la vida por tercera vez. para no echarme a reír. me repele todo eso. porque usted vino. se lo pregunto: ¿por qué vino usted. Pero aquel susto duró sólo un momento. una vieja mundana ridícula. Tanta riqueza y tan poca alegría. y tomaré en la mano un libro. reunirse y reírse con el alma es cosa que ignoran. Quiso decir algo más. casi furioso. Aunque. pero de pronto. y qué odioso me resulta su monasterio! Pero ¿por qué había de volver a él ni con quién tampoco? Ahora ya estoy sola. durante estos cinco años. pensando: “cQué parentesco entre ellos y yo?” Cierto que para condesa se requieren sólo condiciones morales —puesto que para las atenciones de la casa hay de sobra criados— y hasta cierta coquetería mundana para saber recibir a los extranjeros. su cara esbozó una extraña sonrisa recelosa. Siempre. todos estos cinco años. Vamos a ver. por lo visto. y de repente entrará usted tras cinco años de ausencia. Vuélvase usted también hacia mí y míreme un poco más atentamente. no puede él asociarse a esa gentecilla. sobre todo al entrar usted.No querría usted volver de nuevo al monasterio? —Vaya. Lo que yo ahora temo es dejar de amar a alguien. porque siempre hay de por medio más lástima que vergüenza.Quién? ¿Yo? No —y rióse candorosamente—. Pero. mirándolo con esfuerzo Ha engordado usted mucho. —Hum! —murmuró Maria Timoféyevna. juzgando humanamente. demudóle de nuevo el rostro el temor de antes. aunque me haya regalado un chal negro. Rezo y rezo. Quiero examinarlo por última vez.. como si hubiese adoptado una resolución súbita—. y no se me aparta del pensamiento la idea de mi culpa para con él. Rióse despectivamente. Mi Lebíadkin también se lució. —Debo de ser muy culpable ante “él” por algo muy gordo —añadió de pronto. sin contestar a la pregunta. Sólo Dascha es un ángel.. —tCómo entrar? ¿A dónde voy a entrar? —Yo. yo. al que excomulgaron en siete catedrales? Nikolai Vsevolódovich callaba. Porque él sabe que más bien tengo yo compasión de ellas que ellas de mí. Y ahora veo que tenía razón. de paso. voy a volverme hacia usted y a mirarlo —dijo. claro. —De dónde lo infiere? —Sólo temo que tenga “él” alguna parte en todo esto —prosiguió. siempre. Pero. aunque me haya hecho subir a su coche con ella. día y noche. a pesar de todo. Yo los miraba a todos ustedes ese día. ya me figuraba yo que había usted de salir proponiéndome la vuelta al monasterio! ¡Oh. —Tengo entendido que en mi ausencia llevaba usted una vida muy dura con su hermano. Yo temo mucho que ellos no “lo” exasperen a “él” con algún reto imprudente a cuenta mía.. todos parecían enfadados. Maria Timoféyevna? —. yo no me enojo. no apartaba la vista del techo. es más. pero sigo quietecita en mi asiento. Levántese ahora mismo y póngase detrás de la puerta. me miraban con desolación. se levante y entre —dijo de pronto con voz firme y rotunda. ¿verdad? La madre de ella es. y otra vez volvió a echarse hacia atrás. no he hecho otra cosa que imaginarme cómo había de entrar “él”.. sin reparar en ella —. cual si nada aguardase.. hostil. ¿También “él”? ¿Es que “él” habrá cambiado? (La barbilla y los labios le temblaban. Porque fue usted el que entró.Aquella señorita tan guapa no dejó de mirarme en todo el tiempo. —Pero ¿qué le pasa a usted? —exclamó Nikolai Vsevolódovich. —Quién se lo dijo a usted? Absurdo. Nikolai Vsevolódovich. un techo. de todos modos. —Yo hace mucho rato que la miro. “La” madre “de usted” sólo parece la abadesa de un convento: me inspira temor. —No tema usted ni se alarme —dijo crispando la boca.) Oiga usted: ¿ha leído la historia de Grischka Otrépiev. por cierto. como hablando consigo misma—. a mí no me importa que le dé a él alguna vergüenza de mí. ahora no me da lástima de nadie. sencillamente. ¿no es verdad. resguardándose con los brazos. aquella vez. quiere usted decírmelo? —. I3JOIJ1SVNj LOS DLMONJOS —Yo. enteramente sola. muy bien pintado. después de todo. he estado temiendo haberle faltado en algo. —Le suplico. . ahora es mucho peor: ahora tengo pesadillas. Todos se han conjurado. En absoluto. por lo demás.

por último. Dinero me queda para poder vivir sin pedirle nada a nadie. pero a ella era ya dificil asustarla... di? ¿Es que por piedad te dejan estar en su cocina? Todo su engaño lo vislumbro. ¿Conque voy a pasarme cuarenta años en esas montañas? Echóse a reír. —Te le pareces mucho. allí hay un lugar. en Suiza. —Basta —dijo. —. Señor! ¡Y yo que he sido feliz todos estos cinco años con sólo pensar que mi . —Por qué me llama usted príncipe y.. pero. El pareció ensombrecerse. abalanzándose a Nikolai Vsevolódovich—. irá adonde quiera y hará lo que guste.Y qué? ¿Viviremos allí cuarenta años? —asintió Nikolai VsevolódoviCh. muy mohíno. si quiere. Le leeré libros. pero tal insolencia.. Tendrá usted criadas. dando un brinco. enajenada. que mi Lebíadkin me lo ha contado. Pero.. “No es “él” —me dije—. —Hum! Por nada del mundo iré allá.. pero mucho. lo tendrá. en todos estos cinco años. ¿Le diste muerte o no? ¡Confiésalo! —Pero ¿por quién me tomas? —exclamó él. Usted rezará. ¿Te tomó a sueldo. en cambio. pero muy lejos de aquí? Allá en las montañas. —iDe modo que usted. Yo no la tocaré. peor todavía que Lebíadkin. por quién me toma? —inquirió rápidamente. como hacía en Petersburgo.” Jamás se avergonzó mi águila ante una señorita del gran mundo. Maria Timoféyevna. ¿Vive aún? —exclamó. sarcástica y malhumorada—. toda su atención. y me levantaste. altiva y solemne. Qué paciencia empieza a tener hoy la gente! No. ¿No estará usted del todo loca? —se le escapó con impaciencia—.Cómo? Pero ¿no es usted el príncipe? —Nunca lo he sido. no es “él”!. —(. ¡Oh. es posible que hasta seas pariente suyo. no. —Señor! —y juntó las manos—. adivinó el enredo.. ¿Quiere usted vivir conmigo toda la vida. ¡ —.. ¡Qué gente tan ladina! Sólo que el mío es un águila auténtica y príncipe. al caerme. El mío saluda a Dios. en mi cara. Yo estaba ahí sentada y me asombraba: ¿Qué búho ciego es ese que ha venido? No. —Pero ¿quién te conoce a ti. mientras que a ti Schátuschka (simpático mío. eres un mal cómico. me contará por las noches. palomito mío!) en las mejillas te abofeteó. Si usted no quiere. nunca. si puede. historias. dando una palmada en la mesa—. dentro de lo posible.Nikolai Vsevolódovich rechinó para sí los dientes y rezongó algo mmteligible.. eres un mochuelo y un mercachifle. al último. Tampoco yo me moveré en toda mi vida de mi sitio. usted mismo. quién eres tú y de dónde has salido? Pero mi corazón. ¡No es éste mi príncipe! —y levantó la cabeza.. palomito. ella se le echó a reír en su cara. Usted no ha de vivir nunca en un palacio. Haga el favor: reconcentre usted. en toda la vida le dirigiré la palabra. parecióme como si un gusano me royese el corazón.. Todo cuanto desee. con todo descaro.. si no quiere. y este sitio es triste. ¿Quiere usted? ¿Se decide? ¿No se arrepentirá. El la cogió con violencia por encima del codo. Saluda con toda reverencia a la condesa de mi parte y dile que me envíe un emisario más digno que tú. a todos ustedes.. mientras que tú. hasta que “él” venga!. Le ruego a usted. Mañana he de hacer público nuestro matrimonio. y largo rato guardó luego silencio y recapacitó. ¿Y por qué tuviste miedo de entrar aquel día? ¿Quién te asustó entonces? Cuando vi tu infame cara. no me atormentará con sus lágrimas y sus maldiciones? Le oía con desusada curiosidad. sale confesando que no es príncipe? —Digo que nunca lo fui. mi corazón. si usted quiere. desde el primero. los tengo calados. si así lo desea. —Todo esto me parece increíble —dijo. no es posible que el águila se vuelva mochuelo. hijo mío.Ni conmigo? —Pero ¿quién es usted para que yo fuese allá en su compañía? ¡Cuarenta años seguidos clavada en una montaña. pavoneábase triunfal.. por el brazo.. con la cara descompuesta. Todo lo esperaba de “sus” enemigos. que me escuche. desengáñese. no tendrá que hacer trabajo alguno. hemos de pasar toda la vida en un mismo sitio. No se apure usted: yo nunca la abandonaré ni la llevaré a un manicomio.

. . —1Fuera ese cuchillo. ja! ¡Ja. prosiguió su camino. De rodillas postrado en el suelo. porque en este mundo no se puede vivir sin recursos. ¿Te dieron mucho por ha216 FEDOR M. No se equivocaba. en verdad. en el mismo sitio de antes. también con dirección a una larga y solitaria calleja. con los codos revueltos hacia la espalda. al otro lado de los montes.. hasta sin oponer resistencia alguna. —Y cuando Dios me condujo a la iglesia —prosiguió—.. robaste hace poco en una iglesia. en un momento. el cual.. Saltaba a la vista que era hombre práctico y serio. acto seguido. De pronto chocóle la idea de que se había olvidado por completo de él y que se había olvidado en el preciso instante en que a cada minuto repetía para sí: “El puñal. dando tumbos. ja. asiéndose con todas sus fuerzas al asustado Lebíadkin. —Yo.. cojeando y tambaleándose. ja! —Oh. porque me dijeron que era de similor.águila. 4 pero lo veía todo. pero aquella vez tomó Stavroguin hacia la izquierda. Nikolai Vsevolódovich. lo arrojó contra el puente. púsose en pie. qué visiones has soñado? —clamó él. caballero. puñal. siguió su camino sin detenerse.repi. el puñal!” Cogió al vagabundo por el pescuezo. vivía y volaba cara al sol!. descubrió alegremente su dentadura y.. impostor! —exclamó ella imperiosamente—. el pícaro vagabundo esperó tranquilo el desenlace. todo de plata pura. lo tuve que dar casi de balde. y una corta y ancha cuchilla de zapatero. desgraciada. ja. venía a ser él como pan comido. cual si nada hubiera pasado. que ella se dio un fuerte golpe en los hombros y la cabeza contra el diván. —Degollaste al sacristán? . pero casi al punto comprendió que ante su adversario. no sé dónde. no le temo a tu puñal! —tPuñal? —Sí. pudo todavía gritarle. en el peligro. en la oscuridad: —Grischka Ot. animada y jovialmente. sino hasta con dignidad. Y mire usted: crea usted en Dios. Por mi orfandad sucedió así.. El barboquejo de San Nikolai.. tema! IV —El puñal. sin saber por qué. qué delicia celestial!”. púsose a hablarle. ¡Ja. “ah. sujetándola todavía fuertemente del brazo. y ya en la escalinata. por lo visto. doce rublos. que había vuelto a incorporársele. De este modo cruzaron ambos el puente y salieron a la ribera. dando zancadas por el fango y los charcos. a decir verdad. a. pero de pronto. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 217 cer este papel? ¿Te aviniste a desempeñarlo por una gran suma de dinero? Yo no te hubiera dado ni un grosch. sin escuchar por algún rato al vagabundo. al verlo. entré allí primero a rezar —contestó el vagabundo lenta y cortésmente. que me ha castigado por mis culpas: por el cinturón del diácono y demás cosas sólo me dieron. hace un momento. . y no sólo gravemente. en el distrito. también esta vez aguardábale allí el propio Fedka. De la anterior familiaridad “amistosa” no quedaba ya ni rastro. por la que se llegaba más pronto al centro de la población que por el anterior camino de la calle de la Epifanía. sin creer. allá. . al principio. lo dejó y apartóse. dicen que tú por aquí. había momentos en que le entraban unas ganas muy grandes de echarse a reír. entre chillidos y risas. que le había acometido inesperadamente.ev.. impostor!. —Verdaderamente. . 1 —Qué dices. ¿es cierto? — inquirió Nikolai Vsevolódovich de pronto. y con $ todas sus fuerzas apartóla de sí. Tú llevas el puñal en el bolsillo. pero el terco truhán no le dejó. II Nikolai Vsevolódovich. El otro. . sino que le fue escoltando sin apartarse y hasta guardando la distancia de un paso. —Largo de aquí. que sacara quién sabe de dónde. sacaste el puñal. qué idiota! —refunfuñó Nikolai Vsevolódovich. sabe olvidar las ofensas. injustamente ofendido. donde se encontrara con Fedka. sin fijarse en el camino. pero... sin saber por qué. pensé. . El echó a correr. y el cuchillo desapareció tan rápidamente como había surgido. y. Por un momento pensó aquél en revolverse. volviéndose. con todas sus fuerzas. otra vez silencioso y sin volverse. se comprimía y dominaba la risa. ¡Habla. brilló en su mano. pero ella inmediata mente lanzóse en su seguimiento. Verdaderamente.na. ¡Yo soy la esposa de mi príncipe. Pensabas que yo dormía. tanto. el puñal! —repetía él con insaciable rabia. que. al entrar. Volvió enteramente en su juicio ya en el puente. guárdalo. guárdalo en seguida! —“ordenó” con impaciente gesto Nikolai Vsevolódovich. se quitó la gorra. Nikolai Vsevolódovich ya se había quitado con la mano izquierda su bufanda para atarle las manos. con toda la rabia que tenía acumulada. se aguantó y se calló. en total.

Al enviar la víspera esa carta y quedar aguardando con febril impaciencia el desafio. porque es sumamente avaro y duro de corazón en punto a ayudar a nadie. Además. en nuestra situación. y no hace más que mirarte asombrado. condiscípulo del colegio y. Te pones a hablarle. no cree ni el valor de un grosch. sin embargo. estar sin recursos no es posible. para comunicarle su misión. DOSTOIEvSKI LOS DEMONIOS su esperanza puesta en usted. sólo que nadie lo sabe. y sacando del bolsillo el portamonedas. le presentara Nikolai Vsevolódovich. ah!” Nikolai Vsevolódovich tiróle. Así que Kirillov. caían en los charcos. como carnero al agua. ¿Querrá usted creer que en casa del capitán Lebíadkin. a las dos de la tarde. pero ¿por qué dar el golpe para eso. en medio de su borrachera. aquella carta. caballero. porque a nosotros nos es imposible vivir sin recursos. estando en esa disposición. pero ya solo. soy para usted como un hijo o un hermano. Su móvil secreto. luego otro. un cuarto. hincado de rodillas en el barro. de buscarse un padrino. decidió a Nikolai Vsevolódovich a desafiarlo. al que acaba usted de visitar. Nikolai Vsevolódovich rompió a reír fuerte. y sin dejar de reír. pero luego. así que resolvió. donde no lo haya publicado así. sobre todo. que fue la que. Falté. El malandrín habíase quedado buscando. 1 entróse por una calleja. por último. Al rápido curso del asunto contribuyó el irrefrenable deseo de Artemii Pávlovich Gagánov de batirse a todo trance. donde guardaba cincuenta rublos en billetes. ah CAPÍTULO III EL DESAFÍO Al día siguiente. los billetes. ni tampoco a nadie. Además. Era indispensable que Nikolai Vsevolódovich lo desafiase. tuvimos una disputa sobre quién había de cargar con el saco. —Eso mismo. a las nueve de la mañana. aventados por el cierzo. agachábase cuando caían en el fango y gritaba: “Ah. su amigo. sencillamente su morboso odio a Stavroguin por la ofensa inferida a su familia cuatro años atrás. yo sabía que podía llevarme siempre ciento cincuenta rublos. hasta el último ser. ¿Conque me da usted los tres rublejos o no? Dígamelo usted claro.. me aconseja también Piotr Stepánovich. algunas veces quedaba la puerta abierta de par en par toda la noche. lo aligeré un poco. Y. y dice que todo es obra de la Naturaleza. que ya en el Creador celestial. y él dormía borracho en el suelo. pasando de la confianza al desaliento. todo el fajo. con sólo aguardar un poco? Porque el capitán Lebíadkin (con mis propias orejas lo he oído) siempre ha tenido FEDOR M. y estaba furioso. que. Yo. porque a Piotr Stepánovich jamás le hablaría así. al presentarse en su casa al otro día. donde rodaba todo el dinero de sus bolsillos? Con mis propios ojos fui a verlo. ni aun la más ínfima tasca. porque. Mavrikii Nikoláyevich Drózdov. yo también empecé a cifrar en usted ini esperanza. y no comprende que es nuestro destino no poder vivir sin una ayuda bienhechora.Puede que entrase. no podía comprender cómo se había aguantado el bofetón de Schátov. que nos hizo con el dedo del barro. verificóse el proyectado desafio. cuando aún vivían en casa de Filippov. No comprendía la conducta de su adversario.. es decir. además. sobre todo después de las pacíficas excusas que ya. Fedka cogiólos al vuelo. finalmente. después un tercero y. y toda una hora pudieron oírse aún en la sombra sus entrecortadas exclamaciones: “Ah. extrajo de él uno. caballero. Todas las excusas y . calculando morbosamente las probabilidades.Cómo con tus propios ojos? ¿Es que entraste allí alguna noche? —j. porque él no tenía para hacerlo el pretexto más mínimo. encontró ya preparado el terreno. —Y cómo no lo mataste? —Eché mis cuentas y me abstuve. —Sigue matando y robando. dos años antes. al ser de día. finalmente. hacíasele duro confesarlo. —j. junto al río. Durante todo un mes había estado insultándolo impunemente y no había podido apurar su paciencia. Había decidido en su interior que aquél era un cobarde descarado. inusitada en punto a grosería. para que yo sepa la verdad.—Desde luego que yo hice el robo de acuerdo con él. por último. Y habiéndoselo oído decir muchas veces. cuando podía llevarme mil quinientos. no dejó. y no hay taberna por aquí. él mismo consideraba tal pretexto imposible. sujeto a quien estimaba. casi con las mismas palabras que usted.

iba con ellos un criado. lo que comunicó a Mavrikii Nikoláyevich. con lo que el caballo se encabritaba y mostraba intenciones de alzarse sobre las patas traseras. ya antes había querido dejar una vez el servicio. por el “noble” giro de sus pensamientos. se rebullía en su asiento. 9 Artemio. Así se convino. Artemii Pávlovich. hijo de Pablo. en el último instante. Juzgaba que no debía contiruar deshonrado en el servicio. a emprender nada definitivo. con las que sostenía cordiales relaciones. Por raro que parezca. por si hacía falta conducir a un herido. que guiaba Artemii Pávlovich. entre Skvoréschniki. Se había retirado de coronel. Kirillov. y en la fábrica de los Schpigullines. y de haber llegado a general. 220 FEDOR M DOSIEVSKI LOS DEMONIOS 221 Es lástima que haya que acelerar el plato y no haya tiempo para entregarse a descripciones. y si no se terminaba así. en Petersburgo se hizo conocer. fue l manifiesto del 10 de febrero. iba vestido bastante ligero. aunque éstos ignorasen lo umrrido Verdaderamente. que no había querido confiar al criado. y con la izquierda. además. Casi en el mismo instante compareció también Nikolai Vsevolódovich en unión de Kirillov. referente a la emancipación de los campesinos. pensando que su adversario confiaba demasiado en el triunfo. abría la boca asombrado y porfiaba por lograr una reconciliación. tocóle a Kirillov servir las pistolas. Era hombre metido . A no haber sido por la palabra dada al compañero. volverían a disparar. quedóse con la esperanza de poder servir. SL principal pretexto o.. se calló y no siguió hablando. harto cruel. que nunca había montado hasta entonces. sin embargo. con paletó y sombrero blaico de fieltro. por lo demás.desusadas manifestaciones de Nikolai Vsevolódovich fueron rechazadas con extraordinaria vehemencia. El quisquilloso de Gagánov.9 adivinando sus intenciones.. personalmente ofendido. II Hasta ahora no hemos hablado de su aspeo exterior. corrían rápidamente por el frío cielo. Era aquello algo inconsciente. La lluvia del día anterior había cesado. pero habiendo advertido que Artemii Pávlovich. En cambio. Apeóse de su char ¿x banes. manteníase en la silla audaz y erguido. cel deshonor de su apellido. turbias. aunque sólo fuera de algo. y de facciones hasta guapas. Los padrinos echaron suertes. los árboles hacían un rumor denso y bamboleante con sus copas y crujían en sus raíces. hacía ya mucho tiempo. es decir. bien cebado. Sólo se les agregó un aditamento. yes posible que hubiera resultado un buen general. Parecía muy cansado. con la publicación del manifiesto. colocaron en su sitio a los adversarios y enviaron trescientos pasos atrás al coche y los criados. y estaba convencido de que constituía una nuncha para el regimiento y para sus camaradas. Cargaron las armas y se las entregaron a los duelistas. hubo de conformarse con que “fueran tres los disparos y no cuatro”. con esa graduación. y se volvió a otro lado. hasta el punto de que no es posible dejar de dedicarle a él especialmeite unas palabras. por Nikolai Stavroguin. habría parecido más imponente. sino a caballo. pero no en coche. entre muchas personalidades notables. volverían a hacer otro disparo. de unos treinta y tre años. que no se había enterado hasta el día anterior de la marcha del asunto.. era capaa de convencerse él mismo del humanitarismo de la medida y hasta de las ventajas económicas de la reforma. no asustaba lo más mínimo al jinete. De suerte que a las dos de la tarde tuvo lugar el encuentro en Brikovo. blanco. casi obeso. mucho antes del agravio. para caracterizar al individuo. que por cualquier cosa se ofendía rápida y grandemente. pero es imposible rescindir en absoluto de toda observación. lo que. y por una razón totalmente distinta. Nubes rastreras. de pronto hubo de sentirse. y sintió que le temblaban las manos. Mavrikii Nikoláyevich. sin la menor objeción. pero tanto más fuerte cuanto más inconsciente Hasta la muerte de su padre no se decidió. Nikolai Vsevolódovich estaba más pálid que de costumbre. de otra. no estimaba necesario disimular su enojosa disposición de espíritu. y hasta un tercero. Pero rtemji Pávlovich era en aquellos momentos el más digno de atención de t(dos. No es posible pasar en silencio. el propietario más opulento de nuestro gobierno que no había de perder tanto con el manifiesto y que. Al saludo de Nikolai Vsevolódovich no respondió en absoluto. todo lívido de ira. Gagánov y Mavrikii Nikoláyevich llegaron al lugar del encuentro en un elegante char ¿1 bancs. como dio la gente baja. después del agravio inferido a su padre en el cub. mejor dicho. tiraba a cada instante de las riendas. con el pelo rubio y escaso. estimó aquello de presentarse a caballo como un nuevo insulto. pero hasta entonces anduvo vacilando. Midieron la distancia. por lo demás. Era hombre de elevada estatura. todas las condiciones del encuentro señaladas por Stavroguin fueron aceptadas en el acto al pie de la letra. muy atento a los pormenores de la misión que había acptado. por ignorancia. se habría ido de allí en el acto. Kirillov transmitió el reto. fue quella idea que por tanto tiempo hubo de atormentarje tan dolorosamente. por el estilo de un sentimiento. y también acompañado de un doméstico. en un bosquecillo de los suburbios. pero hacía humedad y viento. era una tarde muy triste. pero sin la menor oficiosidad y casi sin curiosidad por el fatal y tai inminente desenlace del asunto. llevando en la mano derecha el pesado estuche con las pistolas. Mavrikii Nikoláyevich estabatriste y preocupado. ante proposiciones tan inauditas. que el principal pretexto para pedir el retiro. igualmente a caballo. Kirillov frunció el ceño y se opuso al tercer disparo. Kirillov se mostraba completamente traquilo e indiferente. cuatro años antes. pero como no consiguiera nada. desbandadas. de una parte. su ocasión para pedir el retiro. cuando ni siquiera había creído necesario un coche. de cuando en cuando fruncía el ceño. o sea que si en los primeros disparos no acontecía nada decisivo.

que acababa de regresar del extranjero.. Luego sacó un pañuelo y se lo lió al dedo meñique. que yo no comprendo el insulto. reduciéndose todo a un rasguño insignificante. con harta seriedad. —Yo estoy perfectamente de acuerdo con la opinión de Nikolai Vsevolódovich —declaró Kirillov.... pero disparó muy alto y casi sin apuntar. no se trata de usted personalmente. y se ponía rojo al comparar. Ya en la infancia. reconciliarse? Esta es obligación del padrino. Mavrikii Nikoláyevich. arraigaron en él algunas ideas románticas. casi lloraba entonces de vergüenza al pensar que en los tiempos del Imperio moscovita podía el zar castigar corporalmente al boyar ruso. pregúntenle por qué me ha desafiado —gritó Gagánov.. ¡Ese es otro agravio! ¡Quiere hacer imposible el duelo! —Yo tengo derecho a disparar como quiera. no me considero ofensor.. sin escuchar—. ahora que ya tienen ustedes las pistolas en las manos y sólo falta dar la señal. entre los cuales tuvo el honor de empezar y rematar su educación..Por qué me gasta esos miramientos? —clamó Gagánov. estuvo a punto de hacerle perder el juicio. digan ustedes lo que quieran —hace tiempo que quería decirlo—.. si es usted mi padrino y no mi enemigo. no lo tiene! ¡Explíquenselo. A la palabra “tres”. ¡Tres!. ¿no querrían.. en vez de dar la señal del combate. Además de esto. que conocía notablemente bien su servicio y cumplía con todos sus deberes. toda su parte de ópera. adolecía de una inquietud terrible. Yo le escupo. es un prejuicio. colocado en su sitio. Yo desprecio sus miramientos. que aprecian extraordinariamente la ranciedad y pureza de su sangre noble y. Pero no le consiento a nadie inmiscuirse en mi derecho.. todas las costumbres rusas considerábalas otras tantas cochinadas. salió diciendo de pronto. Además.. toda vez que se han ofrecido excusas. después de eso. Kirillov en el acto anunció que el duelo. ¡Dos!. no podía sufrir la historia rusa. y. . —Pero ¿es posible tal cosa? —exclamó Gagánov con vehemencia. Incluso en aquel grave medio petersburgués en que alternara en los últimos tiempos condúj ose con altivez extraordinaria. gustábanle los castillos. Aseguraban que sabía hablar en las asambleas y que tenía el don de la palabra. Explíquele usted a ese hombre. dirigiéndose siempre a Mavrikii Nikoláyevich. si no se daban por satisfechos los contendientes. —Yo digo —gritó Gagánov (tenía la garganta seca) encarándose de nuevo con Mavrikii Nikoláyevich— que ese hombre —señaló otra vez hacia Stavroguin-— ha disparado al aire. sino que su bala habíale rozado el dedo al adversario.. pero. no obstante. Aquel hombre rígido. —Vuelvo a suscribir mi ofrecimiento de presentar todas las excusas posibles —declaró Nikolai Vsevolódovich con extraordinaria solicitud.. y la menor demora lo exasperaba. en el fondo de su alma era un soñador. los adversarios adelantáronse el uno hacia el otro. —. que semejante proceder sólo conduce a agravar la ofensa. He disparado alto porque no quiero matar a nadie. hecho un demonio. que está bien para los franceses. ¿no es así? Se puso todo colorado. la caballería. sin llegar al hueso. ¡Una!.. Otro rasgo suyo: pertenecía a esa casta de nobles. ¿Por quién me toma. acogió de pronto al vuelo la idea de Kirillov. Una expresión morbosa asomó a su rostro cuando Kirillov. El encuentro en Petersburgo con Nikolai Vsevolódovich. y dijo también: —Estoy enteramente de acuerdo con las palabras del señor Kirillov. Como con toda intención. Yo. No considera una vergüenza retirarse y dejarme en el terreno. pero que desde la víspera sufría por su condescendencia y docilidad. claro que por pura fórmula.. y lamento que usted lo haya tomado a mal. cada día más contados. que había guardado hasta entonces silencio. En el presente momento.. delante de ustedes?. No encuentra posibilidad de que yo le ofenda. en aquella escuela militar especial para los alumnos más distinguidos y ricos. encarándose con Mavrikii Nikoláyevich y pateando el suelo de puro furioso—. Entonces fue cuando advirtieron que Artemii Pávlovich no había errado enteramente el blanco. le salía espuma de la boca.. en general.. Mavrikii Nikoláyevich —señaló con la pistola en dirección de Nikolai Vsevolódovich—. —Si es que tanto le teme a la sangre. ni a usted ni a ningún otro. sumamente severo..en sí. pero que aún subsisten en Rusia. con tal que lo haga según las reglas —afirmó Nikolai Vsevolódovich con entereza.. intencionadamente. preocúpanse de ellas.. tocando las partes blandas.. La idea de que no es posible reconciliarse en el terreno. —Le doy mi palabra de que no he querido en modo alguno ofenderle —declaró Nikolai Vsevolódovich con impaciencia—. Parecíale como si aún no estuviera arreglado el asunto. en todos sus treinta y tres años no dijo “esta boca es mía”. por última vez.. y a los cinco o seis pasos disparó. 6Y es usted mi padrino? Usted no hace más que poner- me nervioso para que no atine —volvió a patear el suelo. la vida medieval. Un segundo se detuvo. según explicó a todos: —Sólo lo digo por fórmula. En verdad. Rara vez le acontecía hablar tanto y con tanta emoción. —Se acabaron las negociaciones! ¡Ruego atención a la señal! —gritó Kirillov con todas sus fuerzas—.. continuaría. explíquenselo! —gritó Gagánov.. reservado. Adelantóse también Nikolai Vsevolódovich y alzó la pistola. y después de cerciorarse de que había fallado el tiro. volvióse rápidamente a su puesto.. Gagánov inmediatamente alzó la pistola.

al retirarse. Las manos le temblaban demasiado para que hiciese blanco. Usted no sabe lo que yo traigo en el pensamiento. y aquella vez el blanco sombrero de fieltro voló de la cabeza de Nikolai Vsevolódovich. puede continuar el desafio —dijo Mavrikii Nikoláyevich dirigiéndose a Gagánov. si no hubiese convenido en lo intencionado del fallo.. dispare! Pero sonó el tiro. dieron la voz de mando.—tCómo no había de desafiarlo a usted? —intervino Kirillov—. 1 224 FEDOR M. —Yo hice. El disparo había sido bastante certero. cuanto pude. pero Stavroguin dejó de lado su anterior cortesía.. vuelta a fallarle el tiro a Gagánov y vuelta a tirar aF aire Stavroguin. disparó a un lado. Gagánov estaba como agobiado. sino que afectaba apuntarle a su adversario. y desde allí. Nikolai Vsevolódovich podía afirmar francamente que él disparaba como era debido.. impaciente. se entretenía en examinar con Kirillov el sombrero. . no haga esperar a su adversario! —exclamó Mavrikii Nikoláyevich con extraordinaria emoción al ver que Stavroguin. —Yo no he dicho en modo alguno que vaya a disparar siempre al aire! —exclamó Stavroguin. ¡Es igual! Yo he sido provocado en desafio y hago uso de mi derecho. pero aquél pareció no entenderle. Kirillov. ocupen sus respectivos puestos —ordenó Kirillov. Mavrikii Nikoláyevich nada dijo. necio y he vuelto a ofenderle —dijo. —tQué es lo que quiere usted? —contestóle aquél. ¿cómo desembarazarse de usted? —Observaré tan sólo una cosa —profirió Mavrikii Nikoláyevich. de antemano. III —Por qué va usted tan taciturno? —preguntóle. sin embargo. Kirillov cogió el sombrero y se lo devolvió a Nikolai Vsevolódovich.. pero ya a Gagánov era imposible disuadirlo... un cuarto de viorchka más abajo. con la pistola baja e inmóvil. no puede. Stavroguin. Stavroguin se estremeció. Callaba también Kirillov. asegura que disparará al aire. —No. que se le encabritaba. Si el adversario. además. —Otra vez! —gruñó. y aquella vez. —Está usted en todo su derecho —asintió Kirillov. Apuntaba con la pistola. miró a Gagánov. cual si se olvidase de disparar. en voz queda. a Kirillov cuando ya estaban cerca de la casa. —Señores. y todo habría concluido. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 225 Stavroguin se reprimió. disparaba una arschina por encima de su sombrero. Colocaron por tercera vez a los contendientes en sus respectivos sitios.. por razones de delicadeza y. demasiado rato está usted apuntando —gritóle Kirillov con vehemencia—... —Tire. no tiene nada de necio. pase lo que pase. haciendo un esfuerzo y con dolor. Después de disparar al bosque. sino que entregó su pistola a Kirillov y a toda prisa dirigióse adonde estaban los caballos. que están claras. —Yo no quise ofender a ese. se quitó el sombrero y le hizo un saludo con la cabeza a Mavrikii Nikoláyevich. rechinando los dientes—. ¡Dispare. El duelo había terminado. Usted no quería avenirse a razones. apuntó. no directamente al cielo o a un árbol. que había perdido ya toda la paciencia—. al bosque. aquella vez Gagánov adelantóse hasta el mismo límite. y como voy a disparar otra vez ahora mismo. Voy a tirar por tercera vez. Montaron en los caballos y se alejaron al galope. dio media vuelta. seguía el asunto—. a doce pasos. Su cara expresaba ira... continuar el duelo. —Demasiado rato.. casi cayéndose del caballo. ni por lo más remoto hago imposible el duelo. aguardaba a su vez. —Sí. Aquella segunda vez incluso apuntó más bajo. Vuelta a disparar. Callaba. aunque. todavía más verosímilmente. Acerca de estos disparos al aire habría mucho que hablar. naturalmente. Mavrikii Nikoláyevich se le acercó y le dijo algo. el casco del sombrero resultó traspasado bastante abajo. —Si es así.. ha vuelto usted a ofenderle —asintió Kirillov—. por lo demás. que. y. ni siquiera se volvió a su puesto. prescindiendo de toda delicadeza..

—Golpeado solamente? —Eso no es cosa suya. Que. —Oye. ¿Por qué todos esperan de mí algo que de los demás no esperan? ¿Por qué yo he de aguantar lo que nadie aguanta y cargar con pesos que nadie carga? —Yo pensaba que usted mismo buscaba esos pesos. —En modo alguno! —repuso Kirillov. voy a casa.Quiere usted pasar? —propuso Nikolai Vsevolódovich. Creía que usted quería matarlo de verdad. De lo contrario. me habría matado él sin desafio. Si a mí se me hace la carga ligera. No hay que avergonzarse mucho de eso. y se encontraba a la sazón en sus habitaciones”. muy contenta con la salida de Nikolai Vsevolódovich —la primera después de ocho días de enfermedad— a dar un paseo a caballo. —.. Iv Inmediatamente supo por Aléksieyi Yegórovich que Varvara Petrovna. —. —No había necesidad de ofender.. —Busco cargas. como justificándose. —(. Es posible que no lo hubiese matado. y si notas que ella viene a mis habitaciones. —Si no quería usted verter sangre. —tPues qué había que hacer entonces? —Había que matar. es por razón de la naturaleza.. riendo. Nikolai Vsevolódovich entró en su casa muy agitado. Stavroguin mostraba aspecto de gran preocupación..Que yo buscaba esos pesos? —Sí. —... volviéndose para estrecharle la mano—. viejo —dijo. —tLamenta usted que no lo haya matado? —Yo no lamento nada. a respirar el aire puro. había mandado enganchar el coche e ido sola. y es posible también que a usted se le haga pesada por la misma razón. —Yo creía que usted lo buscaba —terminó Kirillov con terrible sangre fría.... Guardaron silencio por un minuto. —No disparé porque no quería matar. llegado el momento. cuando menos. No sabe usted lo que busca. —No. un poquito. porque en aquellos ocho días casi había olvidado lo que era eso de respirar un aire puro”. ¿por qué se expuso a que él lo matara?.. —dijo Stavroguin. sino sólo. Vaya a tomar el té. Lleve la carga. —Ni presuma. —Empiezo a no entender nada —declaró Stavroguin con rabia—. se lo aseguro a usted —dijo. —Por lo menos. no la pierdas hoy de vista en todo el día. yo mismo la llamaré. —Sé que soy un carácter insignificante. —Si yo no lo hubiese desafiado. Y frunció grandemente el ceño al oír que Daria Pávlovna “se había negado por motivos de salud a acompañarla. ¡Adiós! Apeóse del caballo y metióse bajo el brazo el estuche de las pistolas. no hay mérito alguno. no podré recibirla. —Usted.. —Eso no es cosa suya. ¿usted lo ha notado? —Sí. usted no es hombre fuerte. cual si de pronto se decidiese—. ¿Has oído? —Se lo diré —asintió Aléksieyi Yegórovich con tristeza en la voz y bajando la vista. . pero no presumo de fuerte.Soportar otro bofetón? —Sí. supongo que no estará enfadado conmigo. —cLa acompañaba Daria Pávlovna? —Nikolai Vsevolódovich atajóle al viejo con rápida pregunta. Que así se lo ruego yo mismo. Y Stavroguin le tendió la mano.Tanto se nota? —Sí. soportar otro bofetón. no trato de ganarle con él a nadie. Habían llegado a la puerta de la casa.—cQué hubiera debido hacer? —No desafiarlo. aprisa e inquieto. “como otras veces. deténla y dile que por unos días. y nada más. —Pero no antes de cerciorarte bien de que ella se dirige a mis habitaciones. —Al diablo con el mérito. estaba casi desconcertado..

por lo visto. —Me voy. Pero no antes que la veas venir. Estoy resuelta. mire usted: está usted deseando hacerme una pregunta. Estoy un poco indispuesto. se celebraron las entrevistas. estoy convencida. hoy mismo se enterará de todo por la gente. sin contestar a la pregunta referente al término. ¿No va a ser hoy la publicación de la boda? —añadió con impaciencia. Dascha. Tráeme. con interés. ni ha derramado sangre? —inquirió ella. aún es hora... —Y ¿cuál ha de ser ese término? —dijo.. adiós. y. ni a ésa ni a otra. —Estaba ahí mismo aguardando a que él se fuera para entrar yo. y usted lo sabe mejor que nadie —dijo Daria Pávlovna rápidamente y con entereza—. Fedka. —Yo no me he expresado así. ja!. —No es menester inquietarla. Varvara Petrovna sospecha demasiado de nuestras relaciones. al irse él. no puedo vivir tampoco en casas como ésta. y mejor que mejor. en efecto. Entonces me llamará usted y vendré. Nikolai Vsevoiódovich. a despecho de todo su juicio. eso aguardo.t° —Pero ¿está usted seguro de que ése era un fantasma? —Oh. Usted lo sabe. No puedo ser la mujer de nadie. sin motivo alguno. —Lo sé. asistiré enfermos o me haré vendedora de libros. Yo nunca he podido saber qué es lo que usted quiere.. —Para esto habrá un término. no.Usted no está herido. Mostraba serenidad en la mirada.. al fin de los fines. —También yo pensaba que era menester concluir. pero no sé escribir —añadió con pena. me escondí tras de la puerta a la derecha. que probablemente habré de llamarla a usted.Está usted muy enfermo? —inquirió ella. como usted dice.. ¡Dios! ¡Y este hombre quiere prescindir de mí! —Oiga usted.. ¿Por qué se pierde usted a sí misma? —Sé que.. —Bueno. que no habrá error. Ahora. Por lo demás. Pero. —j. para deshacer nuestro matrimonio y sin dejar rastro. déjeme.. siempre se contó conmigo. al fin de los fines. no la llamara a usted y le huyera? —Eso no es posible. por nada. mientras... sonriendo. no he matado a nadie. —Ha sido una cosa estúpida.Y si. sí las pierdo.. Dascha. acudirá. Me parece que le inspiro interés. —En eso hay mucho de desprecio hacia mí. Por mi mediación. y usted. iré por ahí ofreciendo el Evangelio. hasta ahora. no sé. no se apure. He oído lo que usted le ha dicho. a pesar de su esquela. —Una frase es digna de la otra. Me pidió por anticipado tres rublos.. el té en seguida. como lo inspiran unos enfermos más que otros a quienes los cuidan. pero a las discretas. que sospeche... Un diablejo me propuso anoche en el puente asesinar a Lebíadkin y a Maria Timoféyevna. si quieres... —En el mundo nada termina. pero tenía la cara pálida.. —De dónde sales? —exclamó Stavroguin. por fin. “al fin de los fines”. —Nunca. Pero no se trata de eso. Si no me quedo con usted. —tSe lo encontró usted anoche y le hizo esa proposición? Pero ¿es que no ve usted que tratan de envolverlo en sus redes? —1Bah! Que así sea. pero me dio a entender con toda claridad que toda la operación no valdría menos de mil quinientos. Soy tan ruin y brutal. o. puede que nos hayamos muerto todos. —Hace tiempo que quería romper con usted. y no me vio. casi con amargura. y. ni mañana. cuando en el mismo momento abrióse aquella misma puerta y dejóse ver en el umbral Daria Pávlovna. ni por lo más remoto lo era! Era. Yo iba LOS DEMONIOS 227 también a escribirle a usted. y ahora está convencido de que le he entregado el anticipo. —. Dios es testigo de que yo deseo con todas mis veras que usted nunca necesite de mí. no. ¿Qué cree usted que hice yo? Pues le di todo el dinero que llevaba en el portamonedas. —. a la loca? —A las locas no las pierdo. —Pero eso quiere decir que también lo hay. un bandido fugado del presidio. . ¿Por qué me mira usted de ese modo tan raro? —. ¿De modo que ahora ya hemos terminado? —Usted sigue aguardando siempre el término? —Sí. me meteré a hermana de la Caridad. mirándolo de un modo especial—. —Usted sabe que no es sólo desprecio.—Pierda usted cuidado.No perderá usted a la otra. —No. usted me llamará. No había hecho el viejo más que retirarse. Dascha: yo ahora veo por todas partes fantasmas. Déjeme. Yo también querría no perderla a usted. ¡Vaya un diablejo sabiendo de cuentas! ¡Un tenedor de libros! ¡Ja. como esas viejecitas devotas que acuden a los entierros y prefieren unos difuntos a otros. No lo quiero. me quedaré sola con usted. —Hoy.. pasado mañana. mejor todavía. No pude recibirla a usted anoche. en sus ojos lo veo —afiadió con una sonrisa maligna e irritada. sencillamente. puede usted perderme. el presidiario.

que iba en compañía de Lizaveta Nikoláyevna. ¡Hum!. escrofuloso. bueno.. a pesar de ello? O Buchhalter en el texto. no en voz alta. —Que Dios le libre a usted de su demonio. de su noviazgo con Mavrikii Nikoláyevich. Asistió. tapándose la cara con las manos. mejor dicho. no podía haber ya duda alguna. perdóneme esta estúpida broma. Muchos de sus antiguos enemigos se declararon amigos suyos.. Pero ¿acaso no se atreve usted. o. consumado en Suiza y con la inevitable participación de lulia Mijaílovna. ¡Una enfermera!. Parece como que estoy atiborrado de risa. Ocurrió esto así: como al otro día mismo del suces celebrase su santo la señora del presidente de la nobleza de nuestro gobier. inquieta. No hizo más que entrar. y se dirigió a la puerta. radiante de hermosura y especialmente alegre. qué demonio mío es ése! Era. repugnante. Dascha le cogió la mano. aquella noche hablaban de él todavía con cierta cautela. Por lo demás. damente difundida. 1CAPÍTULO IV TODOS A LA EXPECTATIVA La impresión producida en toda nuestra buena sociedad por la historia. Además. —Oiga usted —gritóle él con una sonrisa maligna. juntando las manos—.. del desafio. se me pegan de ellos los malos modales. infaliblemente.. —No hay pregunta alguna ni hay duda ninguna tampoco. había de andar mezclada en ellos Julia Mijaílovna. luego de recapacitar i y un asqueado desprecio expresó su semblante—. o.. reunióse en su casa toda la ciudad. y. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 229 Salió sin volverse y sin contestar. si cerrase el trato y luego la llamase a usted. en una palabra: “si ¿Comprende usted? Vamos.. 228 FEDOR M. —Vendrá aún después del trato! —murmuró él.Dascha se intimidó. lo que a muchas señoras an tojósele al punto particularmente sospechoso. y por qué. puede que también me haga falta. a decir algo? Lo miró con dolor y reproche. mucho. llámeme cuanto antes! —Oh. Mire usted: desde anoche tengo unas ganas enormes de reírme. ¿vendría usted. Es preciso observar que por el reciente suceso y por ciertas circunstancias de él derivadas. descoll6.. Pero a la donosa pregunta de un general retirado. más vale que calle —exclamó. daba al suceso una significación que interesaba mucho la inmensa mayoría. Lizaveta Nikoláyevna respondió con toda claridad aquella noche que tenía novio. un diablillo menudo.. —Conque está usted segura de que no cerraré citrato con Fedka? —Oh Dios! —exclamó ella. henchidos de expectación. algún fatídico secreto de familia. Es dificil explicar por qué tan tenazmente se mantenían tales rumores. no. sin parar. lo sé en el ruido que hace el coche al detenerse ante la escalinata.. La causa principal de tan inesperado cambio en la opini6 pública fueron unas cuantas palabras proferidas con extraordinaria oportuni4 dad en voz alta por una persona que hasta entonces no se había manifestada y que. fue especialmente notable por la unanimi dad con que todos se apresuraron a ponerse incondicionalmente de parte d Nikolai Vsevolódovich. puede. ¡Chist! Mi madre ha llegado. de pronto. como ahuyentando con gestos la pregunta. allí. desvaríos. sencillamente. mejor dicho... Dascha. Todas se obstinaban en imaginar algu na novela. Si. cuando todos volvieron hacia ella unos ojos raros. A propósito de esto. nadie sabía aún nada de las .. ¿Por qué me atormenta así? —Bueno. llámeme.. rápi. pero personalmente importante del que luego hablaremos. pero mucho rato. también Julia Mijaílovna. Pero ¿qué pasaba? Ninguna de nuestras señoras quería creer en tal noviazgo. crispada—.

¿Se trata aquí con alguien? El general calló. nos estamos aquí hablando de principios morales — hízole observar un viejecito del club a otro con noble ímpetu de autocrítica. —Aquí no se trata de la juventud... Todos sabían que Artemii Pávlovich aquella mañana. probablemente por haber notado esa costumbre en los rusos que han estado en el extranjero o en aquellos ricos burgueses rusos de antaño que se arruinaron en la reforma agraria. Y sólo con el galante objeto de exponer su frente a los tiros de un hombre enloquecido y quitárselo de encima. Para ello contaban con el antes mencionado general. El general se relamió los labios. Alguien habló también de Varvara Petrovna. como aguardando respuesta. terrateniente. con el que no sólo estaba reñido. naturalmente. Aquí no se trata de la juventud: . por decirlo así. estaban ansiosos esperando que alguno iniciara primero la conversación. —Pues es muy sencillo —vibró. Estaba en Karlsbad.. las suavizaba y las alargaba. ha. Piotr Mijaílovich. temprano. regalo del zar: —Lamento no haberme encontrado aquí hace unos años. había sido un siervo. la voz de lulia Mijaílovna. pero él desdeña la opinión de la sociedad. Y. despreciaba el agravio por el ofensor. la sociedad aturdida. uno de los más distinguidos miembros de nuestro club. —Eso es. de las damas. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 231 cuencias.. acerca del cual estaban todos equivocados: un personaje casi dotado de una severidad ideal de pensamiento. El también. Apareció un persona je nuevo. ¿Acaso puede causar asombro el que Stavroguin se bata con Gagánov y no conteste a la agresión del estudiante? ¡No va a provocar a desafio a un hombre que ha sido su siervo! Palabra significativa. todos. precisamente de aquello de que todo el mundo hablaba aún con circunspecto murmullo. Stepán Trofimovich también había observado en cierta ocasión que cuanto más se arruinaba un burgués tanto más suavemente pronunciaba y alargaba las palabras. se le había ocurrido hasta entonces. de golpe. sin embargo. En eso consistía su papel especial. “después de su enfermedad”. todo lo menudo y anecdótico pasó. irntada. —Y. por un hombre culto y redimido de la servidumbre. y no se equivocaron. y que él fue y se escondió debajo de la mesa. a último término. al modo antiguo. sin embargo. por lo demás. eso es —con fruición asintió el otro—. y hasta por uno de ellos lo mandaron al Cáucaso como soldado raso. que no se eleva a la altura de los verdaderos principios. procedentes de su yeguada de Stavroguin. De pronto oigo decir que lo ha ofendido aquí cierto estudiante.. usted y yo. Ninguno de los dos duelistas. sino del magnífico tronco de caballos grises que tiraba de su coche. Aparte de que parecía tener cierto parentesco remoto con Artemii Pávlovich. Todo lo escandaloso y chismoso. El general dijo de pronto que se había encontrado aquel día al “joven Stavroguin” a caballo. como obedeciendo una orden.j bía sido molestado. en presencia de sus primas. revolviendo entre sus dedos una tabaquera de oro. gustaba mucho. Y todavía se habla de la juventud. sino que tenía un pleito. Idea tan sencilla y clara a nadie. aunque de ellos hable.. con el peso de su generalato. pero sin advertirlo. y ayer va y me dice Stepán Vistskii que Stavroguin se ha batido con Gagánov. posiciones de la autoridad. sin haber sufrido ningún contratiempo. Además. que llevaba ya dos días saliendo otra vez.. a propósito del cual corrían entonces por aquí tantos rumores. se había marchado a sus tierras de Dújovo.. pero con un modo de pensar originalísimo. Iván Aleksándrovich —saltó un tercero—. ¡Hum! Pero ¿es verdad que está loco? Por entonces lo decían.dis-. El tal general. de hablar alto en las grandes reuniones. Hum! Esto suena a cosa de los guardias imperiales de hace veinte años. galanteador. y no especialmente de ella. En sociedad rumores y chismes. y de pronto dijo. entre otras cosas. recalcaba de un modo particular y pronunciaba suavemente las palabras. que se supiera. mira con menosprecio al hombre que se ha dejado pegar en la cara. El general hablaba como un hombre conocedor. Abierta quedaba ya la puerta a la impaciencia general. abriendo así la puerta a la impaciencia unánime.. en nuestra sociedad. es decir. habían fijado en ella de pronto la mirada—. al ver que todos. Ofendido mortalmente por un estudiante. de pronto. También él una vez había tenido dos duelos. Todos callaron en seguida. sin embargo. no muy rico. ¡Hum! A mí me interesa mucho ese joven. Palabra que tuvo extraordinarias conse 230 FFDOR Si. Iván Aieksándrovich. Surgió otro sentido.

aquí se trata de un astro y no de u joven cualquiera; así es como hay que entenderlo. —Pues eso es lo que necesitamos. Estamos faltos de hombres. Allí lo principal consistía en que el “hombre nuevo” resultaba, además, “de indiscutible nobleza”, era un terrateniente riquísimo del gobiern y, por consiguiente, no podía menos de considerársele como un sostén y un factor importante. Por lo demás, ya hablé antes de la mentalidad de nues tros propietarios rurales. Hubo otras salidas: —No se limitó a no desafiar al estudiante, sino que fue y se echó la manos a la espalda; fijese usted en esto, Excelencia —insistió uno. —Y no lo llevó a los nuevos Tribunales —agregó otro. —A pesar de que el nuevo Tribunal lo hubiese condenado, por ofens “personal” a un noble, a quince rublos de multa. —No; ya le diré yo a usted el secreto de los nuevos Tribunales —ex clamó un tercero, fuera de sí—. Si un individuo roba o comete cualquie otra fechoría por el estilo y lo cogen con las manos en la masa, que se vay corriendo a su casa, si aún es tiempo, y mate a su madre. En un momen se lo disculparán todo, y las señoras, en los estrados, agitarán sus pañuelo de batista. Esta es la pura verdad. —La verdad, la verdad! No podrían prescindir de las anécdotas. Recordaron la amistad de Ni kolai Vsevolódovich con el conde K***. Las severas singulares ideas de conde K*** tocante a las últimas reformas, eran conocidas. Notoria cm también su rara actividad, algo reprimida en los últimos tiempos. Y he aqu que de pronto se les hizo a todos indudable que Nikolai Vsevolódovich es taba en relaciones con una de las hijas del conde K***, aunque nadie ada cía el fundamento de tal rumor. Tocante a aventuras extrañas en Suiza di Lizaveta Nikoláyevna, dejaron de hacer mención de ellas. Recordemos
este propósito que las Drózdoves por este tiempo habían tenido ya ocasión de hacer todas las visitas que hasta entonces aplazaran. Lizaveta Nikoláyevna les parecía ya a todos la más vulgar de las señoritas “ue coquetean” con sus nervios. Su desmayo el día de la llegada de Nikolai Vsevolódovjch explicábase ahora, sencillamente, por el susto que le inspiró la grosera conducta del estudiante. Hasta exageraban el prosaísmo de aquello mismo que antes se esforzaban por pintar con colores fantásticos, y de cierta cojita se habían olvidado por completo; hasta se avergonzaban de acordarse. Aunque hubiera de por medio cien cojas..., ¡quién no ha sido joven! Hicieron resaltar el respeto con que Nikolai Vsevolódovich trataba a su madre, atribuyéndole diversas virtudes; hablaron con unción de su cultura, adquirida en aquellos cuatro años en la Universidad tudesca. El proceder de Artemii Pávlovich fue calificado terminantemente de antipolítico, En cambio, a Julia Mij aílovna reconociéron le definitivamente una gran perspicacia De este modo, cuando, finalmente, se presentó el propio Níkolai Vsevolódovich, todos lo acogieron con la seriedad más ingenua; en todos los ojos, vueltos hacia él, leíase la más impaciente expectación Nikolai Vsevolódovich encerróse inmediatamente en el más severo mutismo, con lo que, naturalmente, dio a todos más gusto que si se hubiese metido en largas explicaciones. En una palabra: todo le salía bien, estaba de moda. En la sociedad del gobierno, quien una vez se presenta, ya no puede esconderse nunca. Nikolai Vsevolódovich volvió, como antes, a cumplir exactamente con todas las reglas. No lo encontraban alegre. “Hombre que ha sufrido, hombre que no es como los demás, tiene también preocupaciones.” Hasta su orgullo y aquella huraña indolencia que tantos enemigos le había granjeado, cuatro años antes, ahora le valían simpatías y respetos. La que más triunfal estaba era Varvara Petrovna. No puedo decir si se dolería mucho de sus malogradas expectativas tocantes a Lizaveta Nikoláyevna. Aquí le sirvió, sin duda, también el orgullo de la familia. Y algo extraño: Varvara Petrovna creyóse de pronto muy de veras que Nico/as, efectivamente, “había elegido” entre las hijas del conde K***; pero o más raro de todo es que diera crédito a rumores que habían llegado a sus oídos, como a los de todos, llevados por el viento. No se atrevía a intenogar directamente a Nikolai Vsevolódovich. Dos o tres veces, sin embargo, no pudo contenerse, y, jovialmente, hubo de reprocharle el que fuera tan poco franco con ella Nikolai Vsevolódovich se sonrió y continuó callando. Aquel silencio fue interpretado como señal de aquiescencia. Pero, no obstante, a pesar de todo esto, no se olvidaba ella de la cojita. Su recuerdo pesaba sobre su corazón como una piedra, como una pesadilla; la torturaba con extrañas apariciones y fantasmas, y todo ello al mismo tiempo que acariciaba aquellos sueños respecto a la hija del conde K***. Pero de esto hablaremos después. Naturalmente, en la buena sociedad volvieron a conducirse con Varvara Petrovna con extraordinario y solícito respeto; pero ella se aprovechaba poco de él y se dejaba ver contadas veces, 232 FEDOR M. DOSTOIEVSKI
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Hizo, sin embargo, una visita solemne a la gobernadora. Ni qué decir tiene que nadie quedó más halagada y satisfecha que ella con las referidas y significativas palabras de Julia Mijaílovna en la velada de la

Presidencia. Quitáronle mucho pesar de su corazón, y de un golpe desvanecieron mucho de lo que le había estado atormentando desde aquel nefasto domingo. No comprendía a esa mujer. Y, francamente, con su efusividad característica, díjole a Julia Mijaílovna que había ido a “darle las gracias”. Julia Mijaílov. na se sintió muy halagada; pero se mantuvo a la expectativa. Por aquel tiempo empezaba a darse cuenta de su importancia, acaso en demasía. Vino a decir, por ejemplo, en el curso de la conversación, que nunca había oído hablar de la actuación y la cultura de Stepán Trofimovich. —Yo, desde luego, recibo y distingo al joven Verjovenskii. Es muy atolondrado; pero es todavía muy joven; por lo demás, de sólida cultura; pero no en modo alguno un crítico retirado. Varvara Petrovna apresuróse a hacer constar que Stepán Trofimovich nunca había actuado de crítico, sino que, por el contrario, toda su vida ha-; bía vivido en su casa. Se dio a conocer por circunstancias “demasiado conocidas de todo el mundo”, al principio de su carrera, y en los últimosi tiempos con sus trabajos relativos a la historia de España. Ahora querría escribir sobre las actuales universidades germánicas y también no sabría qu acerca de la Madona de Dresde. En una palabra: Varvara Pctrovna no que ría rebajar a Stepán Trofimovich a los ojos de lulia Mijaílovna. —,De la Madona de Dresde? ¿No será de la Sixtina? Chére Varvaral Petrovna, yo he pasado dos horas delante de ese cuadro, y salí de allí encantada. No comprendía nada, y me hallaba en un estado de suma admiración, Karmazínov dice también que es dificil comprenderla. Ahora nadie entiende nada: ni los rusos ni los ingleses. Toda esa fama le viene de los antiguos. j —,Eso quiere decir que ahora priva una nueva moda? —Yo creo que no se debe desatender tampoco a nuestra juventud. Gritan de ellos que son comunistas, y, a juicio mío, es menester protegerlos y apreciarlos. Yo lo leo ahora todo (todos los periódicos, organización de co munas, ciencias naturales), todo lo recibo y lo leo, porque es preciso, a fiR de cuentas, saber dónde vives y con quién tratas. No es posible pasarse la vida entera en las alturas de la fantasía. Yo me he trazado e impuesto la; norma de mimar a nuestra juventud y mantenerla así al filo del abismos Créame usted, Varvara Petrovna, que sólo nosotras, la buena sociedad, con nuestra benéfica influencia y nuestro afecto, podemos detenerlos al filo delS precipicio, al que los impele la rabia que les da de todas estas viejucas. Por1 lo demás, celebro también haber sabido por usted de Stepán Trofimovich. Usted me ha sugerido una idea: puede sernos útil en nuestra fiesta literaria. Yo, ya lo sabe usted, organizo una jornada festiva, por suscripción, a bene ficio de las institutrices pobres de nuestro gobierno. Están diseminadas pot toda Rusia; se cuentan hasta seis de nuestra región; además, hay dos tele grafistas, dos que toman lecciones en una Facultad, y las demás quisierafl

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estudiar también, pero carecen de medios. La suerte de la nujer rusa es horrible, Varvara Petrovna. De esto hacen ahora una cuestió universitaria, y hasta el Consejo de Estado e ha ocupado en ello en una de sus sesiones. En nuestra extraña Rusia se puede hacer todo. Y luego, ccn sólo cariños y vivO interés inmediato de toda la sociedad podríamos endereZar esta gran empresa común por el camino verdadero, ¡Oh Dios, cuántis personalidades mundanas no tenemos nosotns! Sin duda, las tenemos, sób que andan desperdigadas. Unámonos y selemos más fuertes. En resurridas cuentas: yo empezaré por celebrar una m2tinée literaria, seguida de un ligero almuerzo; después habrá un descanso, y aquella misma noche, un bale. Hubiera querido empezar la velada por lcs cuadros Vivos; pero, según parece, ocasionarían muchos gastos, y, ademas, para el público, habrá una o dos quadrilles con antifaces y disfraces característicos, representando comcidas tendencias literarias. Esta donosa idea s le ha ocu1rido a Karmazíno, el cual me ayuda mucho. ¿Sabe usted que a a leernos su última obra, algo todavía inédito? Piensa dejar la pluma y no escribir más. Su último trabajo será su despedida del público. Es una csa lindísima que se titula Aterci. El título es francés; pero él encuentra es:o más divertido y hasta más exacto. Yo también soy de esa opinión. Pienso que Stepán Trofimovich podría leer también algo breve, y... no tan científico. Según parece, Fiotr Stepánovich y algún otro van a leernos cosas. Piotr Stepánovich iráa verla a usted y le llevará el programa, o, mejor dicho, permítame usted amí misma llevárselo. —Y permítame también a mí suscribirme a su lista. ‘ransmitiré su deseo a Stepán Trofimovich, y o misma iré a requerirlo. Varvara Petrovna volvio a casa definitivamente emantada. Sentíase dispuesta a defender como ur héroe a Julia Mijaílovna, y, sin saber por qué, estaba muy enfadada con Stepán Trofimovich el cual, el pobre, sin saber lo más mínimo, estaba muy quietecito en su casa.

—Estoy prendada de ella, y no comprendo cómo he ,odido equivocarme respecto a esta mujer —íjoles a Nikolai Vsevolódoich y a Piotr StePánovich, que fue aquella noche a visitarla. —Pero es el caso que va usted a tener que hacer las paces con el viejo —observó Piotr Stepánovich—. Está desesperado. Lo a relegado usted completamente a la cocina. Xyer se encontró al paso ccn el coche de usted, hizo un saludo y usted volvió la cabeza a otro lado. Mwe usted: es preciso sacarlo fuera; yo tengo mi plan respecto a él, y puede sernos útil todavía. —Oh, él leerá! —No se trata sólo de eio. Yo también quería ir hoy a verlo. ¿Se lo digo? —Como usted quiera. No sé, después de todo, cóno se las arreglará Usted —continuó ella con prplejidad—.. Yo tenía intenzión de tener una explicación con él, y pensaba haberle señalado día y sitb —y frunció mucho el ceño.
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digo. —Bah! No vale la pena de señalar día. Yo voy, sencillamente, y se lo
—Bueno; dígaselo. Pero añada usted que yo, irremisiblemente, le he de señalar día. No olvide usted decírselo. Piotr Stepánovich fuese sonriendo. En general, según recuerdo yo, estaba por aquel tiempo especialmente malhumorado y hasta se permitía violen- tos desfogues de impaciencia con casi todo el mundo. Es raro que todos se lo perdonasen. En general, prevalecía la opinión de que había que mirarloj de un modo especial Observare que con extraordinario disgusto habia sabido del duelo de Nikolai Vsevolódovich. Cogióle desprevenido; hasta se. puso verde cuando se lo contaron. En eso es posible que sufriera su amor propio; no se enteró del lance sino al día siguiente, cuando ya todos tenían noticia de él. —Porque usted no tenía derecho a batirse .díjole a Stavroguin, a los cinco días, cuando se lo encontrara casualmente en el club. Es digno de notarse que durante esos cinco días no se habían visto, no obstante visitar Piotr Stepánovich casi diariamente a Varvara Petrovna. Nikolai Vsevolódovich miróle en silencio, con aire distraído, cual si no comprendiese de qué se trataba, y siguió adelante, sin detenerse. Cruzó el gran salón del club en dirección al buffet. —Estuvo usted a ver a Schátov... Se propone usted publicar el matrimonio con Maria Timoféyevna —insistió, corriendo tras él y cogiéndole, como distraído, por el hombro. Nikolai Vsevolódovich se zafó de pronto, y, volviéndose rápido hacia, él, le lanzó una mirada amenazante. Piotr Stepánovich se le quedó mirando, sonriendo, con una extraña, larga sonrisa. Fue cosa de un instante. Nikolai Vsevolódovich siguió su camino. Al viejo fue a verlo en seguida que se despidió de Varvara Petrovna, y si tanta prisa se dio fue solo por mala idea para vengarse de un agravio ante rior del que hasta entonces no tenia yo noticia Es el caso de que en el curso de su última entrevista, precisamente el jueves de la semana pasada, Stepán Trofimovich, que, por lo demás había iniciado una discusion fue y acabo echando de alli a Piotr Stepanovich a palos Ese episodio me lo habia tenido el oculto pero ahora rio bien se hubo presentado allí Piotr Stepánovich con su eterna sonrisita, tan ingenuamente altiva y con su mirada antipaticamente curiosa que escudriñaba los rincones cuando inmediatamente Stepan Trofimovich me hizo una señal a escondidas para que no me fuese De este modo se evidenciaron delante de mí sus verdaderas relaciones, porque aquella vez pude oír todo lo que hablaron. Stepan Trofimovich estaba sentado medio tendido en el divan Desde aquel jueves de manas había adelgazado y se había puesto amarillo. Piotr Stepanovich con el aire mas familiar sentose Junto a el cruzandose de piernas, sin cumplidos, y ocupando en el diván más sitio del que permitía el respeto a su padre. Stepán Trofimovich, en silencio y con dignidad, hízose a un lado. En la mesa había un libro abierto. Era ¿Qué hacer?...” ¡Ay, no tengo más remedio que reconocer una extraña flaqueza de nuestro amigo: su idea de que debía dejar aquella soledad y reñir la última batalla, cada vez iba tomando más cuerpo en su deslumbrada imaginación. Adiviné que había leído y “estudiado” esa novela para, en caso de un choque inevitable con “los que vociferaban”, conocer de antemano sus tácticas y argumentos por su propio “catecismo”, y de ese modo estar apercibido para refutarlos triunfalmente “en su cara”. ¡Oh, y cómo le atormcntó ese libro! Arrojábalo a veces, desesperado, y, saltando de su sitio, poníase a dar zancadas por la habitación, casi enloquecido. —Reconozco que la idea fundamental del autor es cierta —decía, como febrilmente—; pero por eso mismo resulta más horrible. Es nuestra idea misma, exactamente nuestra idea. Nosotros fuimos los primeros en lanzarla, en desarrollarla, en prepararla... Y qué pueden decir ellos de nuevo, después de nosotros? Pero, ¡Dios mío, cómo lo han deformado, estropeado y echado a perder todo!... —exclamaba, dando con los dedos en el libro—. ¿Es que tendíamos a esas conclusiones?... ¿Quién podría reconocer aquí la idea primitiva? —j,Te instruyes? —dijo Piotr Stepánovich, sarcástico, cogiendo el libro de encima de la mesa y leyendo el título—. Ya era hora. Yo te traeré algo mejor, si quieres.

Stepán Trofimovich volvió a guardar un digno silencio. Yo estaba sentado en un pico del diván. Piotr Stepánovich explicó aprisa el objeto de su visita. Naturalmente Stepán Trofimovich impresionóse desmedidamente, y le escuchó intimidado, aturdido, presa de extraordinaria indignación. —Y esa lulia Mijaílovna se imagina que yo voy a leer algo en su casa. —Ten en cuenta que no te necesitan en absoluto. Por el contrario, lo hacen por halagarte y halagar también a Varvara Petrovna. Pero, desde luego, que no te negarás a leer. Además, que tú también me parece que lo estás deseando —sonrió irónico—. Vosotros, los viejos, tenéis un amor propio desmedido. Pero oye, sin embargo, una cosa: no es preciso que estés tan mohíno. ¿No tienes algo escrito, una historia de España o algo así? Pues dámela, que yo la vea antes, y así no habrá peligro de que se te duerma el auditorio. Aquella grosería imprevista y harto desnuda de sus observaciones era malignamente deliberada. Aparentaba creer que con Stepán Trofimovich no se podía hablar en otro tono y con otras expresiones más delicadas. Stepán Trofimovich continuó, impertérrito, sin reparar en las ofensas. Pero las noti I Chtó dielal?, de Chernichevskii, libro que hizo gran impresión en su tiempo.
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236 FEDOR M. DOSTOIEVSKI cias que acababan de comunicarle le producían una impresión cada vez más inquietante. —cY ha sido ella misma, “ella misma” la que te encargó que me lo dijeses tú? —inquirió, palideciendo. —Mira: ella quiere señalarte día y sitio para una explicación recíproca; reliquias de vuestro sentimentalismo. Tú has estado coqueteando con ella por espacio de veinte años y la has acostumbrado a los más grotescos procederes. Pero no te apures; ahora ya todo eso ha cambiado; ella misma est diciendo a cada instante que ahora empieza a “ver claro”. Yo le he explica. do francamente que toda esa amistad vuestra.., es, sencillamente, un simpi derroche mutuo de basura. Ella me ha contado muchas cosas, hermanit Uf, y qué papel tan lacayuno has estado tú haciendo todo el tiempo! Has colorado me ponía por ti. —Que yo he estado haciendo un papel lacayuno? —no pudo meno’ de exclamar Stepán Trofimovich. —Peor, porque has sido para ella un parásito, es decir, un lacayo invo. luntario. Somos perezosos para trabajar, y tenemos apetencia de dinero Todo eso lo comprende ella ahora; por lo menos, es unL horror lo que de t cuenta. Hay que ver, hermanito, lo que me he reído con tus cartas a ella ¡Bochornoso y asqueroso! Pero ¿tan pervertido estás, tan pervertido? ¡En 1 limosna hay algo que corrompe para siempre!... Tú eres un lamentabi ejemplo. —j,Te ha enseñado mis cartas? —Todas. Es decir, ¿cómo leerlas todas? ¡Ufl Hay qjue ver cuánto papel has emborronado; creo que hay allí más de dos mil cartas... Y mira un, cosa viejo yo pienso que vosotros tuvisteis un momento en que ella estuv dispuesta a casarse contigo. ¡De qué modo más estúpido te condujiste! Yo, sin duda, hablo desde tu punto de vista; pero, a pesar die todo, eso era me> jor, que no ahora, que estuviste a punto de casarte “por los ajenos pecados como un payaso que hace reir por el dinero —Por el dinero Ella ella dice que por el dinero —grito Stepan Trofimovich morbosamente. —Pues ¿por qué había de ser?... ¡Qué cosas tienes! Ahora, que yo te he defendido Porque este es el unico camino que tienes para la justifica cion Ella comprendia que te hacia falta dinero como a cada quisque y que en ese sentido tenias razon Yo le he demostrado como dos y dos son cua tro que ustedes se habian proporcionado ventajas reciprocas Ella habia sido la capitalista y tu su bufon sentimental Por lo dennas ella no esta en fadada por lo del dinero aunque tu la has exprimido como a una cabra A ella lo que le da rabia es haber tenido puesta su fe en ti durante veinte años, haberse dejado coger en la trampa de tu nobleza y haberse visto obligada a mentir tanto tiempo En esto ella misma miente no co nfesara nunca pero por eso mismo lo habras de pagar No comprendo comio no has adivinado que alguna vez tendrias que ajustar cuentas Porque tu rio eres enteramente necio Yo anoche le estuve aconsejando que te metiera en un asilo no te
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apures; en un asilo decente; no hay ofensa. Ella, según parece, va a hacerlo. ¿Recuerdas la última carta que me escribiste, estando yo en el gobierno de j***, hace tres semanas? —tSe la enseñaste a ella? —dio un brinco con espanto Stepán Trofimovich. —No faltaba más sino que no lo hubiera hecho. Fue lo primerito. Eso mismo que tú me decías en la carta de que ella te

estaba esquilmando..., que estaba envidiosa de tu talento; bueno; y también aquello de los “ajenos pecados”. ¡Vamos a ver, hermanito, a propósito, cuidado que tienes amor propio!... ¡Cuánto me he reído! En general, tus cartas son aburridísimas. Tienes un estilo horrible. Yo muchas veces me abstenía de leerlas, y todavía conservo una sin abrir. Mañana te la enviaré. Pero ésa, esa última carta tuya..., era el colmo de la perfección. ¡Cuánto me he reído, cuánto me he reído! —Monstruo, monstruo! —gritó Stepán Trofimovich. —Vamos, qué diablos; contigo no se puede hablar! Oye: ¿vuelves a enfadarte, como el jueves pasado? Stepán Trofimovich irguióse amenazante. —tCómo te atreves a hablarme en ese lenguaje? —j,Qué lenguaje? ¡Sencillo y claro! —Pero dime de una vez, so monstruo, si eres mi hijo o no lo eres. —Eso tú lo sabrás mejor. Claro, todo padre, en estos casos, suele estar en tinieblas!... —Calla, calla!... —exclamó Stepán Trofimovich, todo alterado. —Ya estás gritando y refunfuñando, como el jueves de marras, en que quisiste levantarme el bastón?... Pero mira: has de saber que yo, entre tanto, descubría un documento. Por curiosidad, toda la noche estuve rebuscando en la maleta. Verdaderamente, nada de concreto; puedes estar tranquilo. Sólo esta carta de mi madre al polaco aquél. Pero, a juzgar por su carácter... —Una palabra más, y te abofeteo. —Para que se vea lo que es la gente! —y de pronto encaróse conmigo Piotr Stepánovich—. Ya ve usted: del mismo modo anduvimos el jueves. Yo celebro el que ahora, por lo menos, esté usted presente y pueda juzgar. Ante todo, un hecho: él me reprocha porque hablo así de mi madre, pero ¿no me impulsa él mismo a ello? En Petersburgo, cuando yo era todavía alumno del Gimnasio, ¿no me despertaba él un par de veces en la noche, me abrazaba y se echaba a llorar, como una hembra? ¿Y qué se figura usted que me contaba entonces? Pues esas mismas escandalosas historias de mi madre. A él fue a quien primero se las oí. —Oh, yo lo hacía entonces con una intención elevada! ¡Oh, tú no me comprendías! ¡Nada, nada comprendías! —Pero, a pesar de todo, en ti resultaba eso más villano que en mí. ¡Sí, más villano; confiésalo! Aunque, si quieres, que a mí me da igual. Yo lo decía desde tu punto de vista. Del mío no te preocupes; no culpo a mi madre. Si eres tú, serás tú; si es el polaco, será el polaco; a mí me da lo mis-

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mo. Yo no tengo la culpa de que en Berlín os pasasen esas cosas tan e das. ¿Pero podía esperarse de vosotros algo más inteligente? ¿No sois V( tros, después de todo, unos seres ridículos? Y no te da también a ti lo r mo que yo sea tu hijo o no lo sea? Oiga usted —dijo, encarándose nuevo conmigo—: un rublo no se gastó en mí en toda su vida; hasta dieciséis años me ignoró en absoluto; luego, aquí, mc ha robado, y a’- grita que toda su vida le ha dolido el corazón por mí, y se retuerce a como un actor. Pero yo no soy Varvara Petrovna, cuidado! Se levantó y cogió el sombrero. —Te maldigo y te retiro mi nombre —dijo Stepán Trofimovich :: diendo sobre él la mano, todo lívido, como un muerto. —Para que se vea a qué estupidez puede llegar un hombre!... — Piotr Stepánovich, hasta asombrado—. ¡Bueno; adiós, viejo; no volver poner los pies en tu casa! El artículo envíalo cuanto antes, no lo olvide procura, si puedes, que no contenga desatinos. ¡Hechos, hechos y hech Y, sobre todo, breve. ¡Adiós!
III

Por lo demás, mediaban en todo eso motivos secundarios. Piotr Stepár vich, efectivamente, tenía ciertas intenciones encubiertas respecto a su dre. A juicio mío, contaba con lanzar al viejo a la desesperación y así pulsarlo a cualquier escándalo lamentable de cierta índole. Le hacía f eso para ulteriores y secundarios fines de que más adelante hablaré. De los y planes semejantes abrigaba él por entonces una muchedumbre duda, fantásticos todos. Tenía, además, en el pensamiento otro mártir, te de Stepán Trofimovich. En general, tenía no pocas víctimas en la iL., nación, según pudo verse después; pero con ésta contaba él partícularmen y no era otra cosa que el señor von Lembke. Andrei Antónovich von Lembke pertenecía a esa raza favorecida por 1 Naturaleza que en Rusia cuenta, según las estadísticas, con unos c cientos de miles de individuos, y que es posible ignoren ellos mismos componen con toda su masa una alianza perfectamente organizada. Aliam desde luego, no deliberada ni premeditada, pero que existe en toda la r, de por sí, sin palabras ni convenios, como algo moralmente obligatorio que consiste en el recíproco apoyo que todos los individuos de esa raza S prestan los unos a los otros, siempre, dondequiera y en las circunstanci que fuere. Andrei Antónovich había tenido el honor de educarse en una esas elevadas instituciones rusas de enseñanza, adonde acudía una juvent de familia influyente o rica. Los alumnos de esa institución, casi a raíz terminar el curso, estaban destinados a desempeñar empleos bastante iz.. tantes en algunas secciones del servicio imperial. Andrei Antónovicht2 t un tío coronel

u

de Ingenieros y otro panadero; pero en dicho elevado colegí tuvo ocasión de encontrarse con bastantes compañeros de raza. Era un c marada jovial; resultaba bastante torpe para los estudios; pero todos 1 querJ’ Y cuando ya en las clases superiores muchos de aquellos jóvenes, 50bre todo rusos, sabían hablar de muy encopetadas cuestiones contemporáneas y de un modo que sólo parecían aguardar a salir de allí para resolver todos los problemas, Andrei Antónovich seguía ocupándose todavía en las cosas más ingenuas y escolares. Todos se reían mucho con sus candorosísi1 aS ocurrencias, acaso simplemente cínicas; pero se había propuesto ese objeto. En clase, cuando el profesor le hacía alguna pregunta..., sonábase las narices, con lo que hacía reír tanto al maestro como a los condiscípulos. g el dormitorio solía representar cuadros vivos, con general aplauso. A veceS tocaba el piano, con la nariz (y con bastante gusto), la obertura de Fra- Diávolo. Distinguíase también por su voluntario desaliño en el vestir, juzgando esto, él sabría por qué, muy ingenioso. El último año le dio por componer versitos en ruso. Su lengua materna conocíala, no por la gramática, como muchos de esa raza que viven en Rusia. Aquella afición a los verSoS hízole amigo de un compañero sombrío y como ensimismado, hijo de un pobre general ruso, y al que tenían en el colegio por un futuro gran escritor. El cual se condujo con él con ínfulas de protector. Pero sucedió que al salir del colegio, ya a los tres años, aquel melancólico camarada, que había dejado su puesto en el servicio para consagrarse a la literatura, y a consecuencia de ello hubo de verse vagando por las calles con los zapatos rotos y rechinando los dientes de hambre, con un paletó de verano ya entrado el otoño, encontróse de pronto en el puente de Anischkin con su antiguo protegé, Lembka, como todos, por lo demás, lo llamaban en aquel tiempo. Cómo! ¡Pues ni siquiera lo reconoció a la primera ojeada, y se detuvo, maravillado! Ante él estaba un joven irreprochablemente vestido, con unas patillas rubias, rizadas artificialmente, con lentes, zapatos de charol, guantes flamantes, un paletó, obra de Scharmer, y una cartera debajo del brazo. Lembka acogió cariñosamente a su compañero, díjolc su dirección y lo invitó a su casa alguna que otra nochecita. Resultó también que ya no se llamaban Lembka, sino Von Lembke. Su condiscípulo es posible que fuera a visitarlo sólo por mala idea. En la escalera, bastante modesta y en modo alguno de parada, pero cubierta de una alfombra roja, le salió al paso y lo interrogó el suizo. Arriba sonó ruidosamente una campanilla. Pero, en lugar de la riqueza que el visitante esperaba encontrar, halló a su Lembka en su cuartito muy reducido, de aspecto lóbrego y mísero, partido en dos por una gran cortina verdeoscuro, amueblado de un modo cómodo, pero con enseres antiguos, con visillos color verdeoscuro en las angostas y altas ventanas. von Lembke se alojaba en casa de un pariente remoto, un general, que lo protegía. Acogió al huésped con finura, estuvo con él serio y de una afectuosidad rebuscada. Hablaron también de literatura pero dentro de unos límites decorosos. Un criado de corbata blanca les llevó un té bastante deficiente, con unos bizcochitos secos. El visitante, por mala idea, pidió un poco de agua de seltz. Se la sirvieron; pero con cierta demora, lo que pareció desconcertar a Von Lembke, que llamó por segunda vez al criado y le repitió la orden. Por lo demás, indicó a su huésped si no quería tomar algún bocado, recibiendo visiblemente una gran satisfacción cuando aquél rehusó la oferta, y, por último, se fue. Sencillamente, Lembke estaba entonces empe 1
Andrés, hijo de Antón.

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zando su carrera, y vivía a expensas de un general de su misma raza, p...... naje de viso. Por aquel tiempo hubo de enamorarse de la quinta hija del referido neral, y, según parece, la muchacha le correspondió. Pero a Amelia, sin ebargo, se la dieron, llegado el momento, a un viejo panadero tudesco, a guo compañero del viejo general. Andrei Antónovich no la lloró mucho, se construyó un teatrito de papel. Se alzaba el telón, salían los actores, 1cían gestos y ademanes; en los palcos se sentaba el público; la orques mediante un mecanismo, tocaba sus violines; el director esgrimía la y en el patio de butacas caballeros y oficiales batían palmas. Todo e de papel; todo era idea y obra del propio Von Lembke, que se llevó h do ese teatrito medio año. El general organizó ex professo una velada ma para exhibir el teatrito. Las cinco hijas del general, con la recién Amelia, su marido y muchas señoritas y señoras, con sus respectivos alema nes, atentamente, contemplaron y elogiaron el teatrillo. Luego bailaroi Lembke quedó muy satisfecho, y no tardó en consolarse. Transcurrieron los años, y fue adelantando en su carrera. Servía pre en puestos muy visibles, y siempre a las órdenes de algún compafler de raza, acabando por ocupar un cargo muy importante en relación con a edad. Hacía ya mucho tiempo que quería casarse, y mucho tiempo tambi que lo pensaba prudentemente. A escondidas de su jefe, enviaba cuente lbs a la redacción de un periódico, pero no se los publicaban. Luego cc truyó un ferrocarril, y tampoco le salió mal: entraba el público en el con baúles y sacos, con niños y perros, y subía a los vagones. Los cond tores y mozos iban y venían; sonaba la campanilla, daban la señal, y el t. se ponía en movimiento. En esta cuca obrita empleó todo un año. Pero,., pesar de todo, era menester casarse. El círculo de sus amistades era bastant amplio, casi en su mayoría formado por alemanes; pero él se dirigió L bién a las esferas rusas, naturalmente, a las familias de los jefes. Por últim cuando ya había cumplido los treinta y ocho años, entró en posesión de t: herencia. Muriósele su tío, el panadero, y le dejó treinta mil rublos en testamento. Lo cosa estaba bien. El señor Von Lembke, no obstante el - empaque de su esfera de servicio, era un hombre sumamente modesto. bríase dado por satisfecho con cualquier carguillo, siempre que estuvi bien retribuido y fuera

Von Lembke se puso a la defensiva. por lo menos no le daba importancia. se puso horriblemente enfadada con su marido. Al enterarse de aque Tulia Mijaílovna. que escuchaban los fieles con las manos juntas. bebía y casi dormía en su casa. parecía no notar aquello lo más mínimo. no se habría permitido nunca aquel poilo familiaridad semejante. sensible a la poesía. hasta cuando hablaba con seriedad aparente. Escuchó aquél sin ocultar su aburrimiento. tranquilo. Según ella. púsose a bostezar sin la n” flor cortesía. en vez d Ernestina o la Minna esperada. siempre tan celosa de los fueros del esposo. Los primeros dos o tres meses transcurrieron muy satisfactoriamente. Por otra parte. podía pronunciar hasta un discurso. le daba protectoramente palmadas en el hombro. de entonces no le había devuelto el manuscrito. Pero he aquí que hubo de presentarse Piotr Stepánovich y empezó a pasar algo raro. f enamorándose él de ella. Piotr Stepánovich no le presentó sus excusas. Imaginando que sería un joven fogoso. Pero. no obstante ir diariamente su casa. soñaba con verse en seguida rodeada. elegía direcciones.se. no carecía él de dotes. a pesar de todo. por la mañana. carecía de mesura. desde el primer momento mostró una decidida falta de respeto para Andrei Antónovich. y. que había encargado y traído de Suiza. Julia Mijaílovna. y se arrogó sobre él unos raros derechos.. y en el fondo. en un armario. Consistía aquello en que el joven Verjovenskii. y Andrei Antónovich fue y se lo dio. aunque no tardó en adivinar. no le hizo ni un elogio. El punto flaco consistía en que Andrei Antónovich le había dado pie desde el principio. dedicábase a construir una iglesia protestante de papel. por lo menos. aunque carecía de formas sociales”. Quería ella infundirle su propia ambición. Una vez. no carecía tampoCO de ciertos residuos y esbozos de ideas y hasta había pescado ese tinte de liberalismo indispensable. formar su juicio. escuchar con profunda atención y en silencio. por lo demás. le había hablado su novela. “había aprovechado la ocasión para echar un sueñecito”. salía el pastor a pronunciar un sermón. tenía también unos ademanes muy correctos. . hubo de presentársele de pronto Julia M lovna. El destino habíala tenido demasiado tiempo en el número de las solteras. aquélla limitóse a hacerle observar que estaba visto que no sabía conducirse con el debido tacto. Von Lembke se tragó el anzuelo. y a sus preguntas daba por toda respuesta risas.independiente. Al establecerse entre nosotros. después de reír de su irritabilidad. Aquél explicóle que había ido a visitarle. casa. y tras el largo y eterno perseguir la carrera. según el antiguo cálculo. Tenía planes. t’. encontróse al joven en su gabinete durmiendo en un diván. con su tacto de funcionario. y en público le decía las cosas más inesperadas. Von Lembke llegó hasta a asustarse un poco. sin que nadie lo hubiese invitado. que especialmente el gobierno no tenía por qué inspirarle miedo alguno. Desde aquel tiempo empezó a no contar ella sino consigo misma. sino que. Von Lembke diose por ofendido y volvió a quejarse a su esposa. y que en el caso presente se tomó por muestra de arrepentimiento. “era inge 242 FEDOR M. Pero he aquí que. o con cualquier otra cosa por el e lo. En cambio le permitió escribir novelas a escondidas. y de ese modo de pensar fue toda su vida. poco a poco. ¡hasta versos! Cuarenta años no son cosa de broma De allí a poco le dieron a él un cargo y una condecoración y después lo destinaron a nuestro gobierno. una señora se enjugaba las lágrimas con el pañuelo. contaba con una alta protección. cogió toda aquella obra. lejos de eso. hasta con cierto susto. sin reparar en gastos. empezaba a experimentar ahora la necesidad de descanso. con ella. El joven era su favorito: comía. le envió unos versitos. Julia Mijaílovna. pero aquello no servía de nada. que habría podido pasar por otra nueva ofensa. y como no lo hallase en casa. Era de notar que. Su carrera se volvió entonces un grado más importante. sabía presentarse y conducir. y sobre todo. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 243 nuo y franco.1_ lb le agradó mucho. a medida que se iba sintiendo r novio. al volver a casa. estaba decidida a dominar el gobierno. en tanto. Lo malo fue que era aturdida o poco menos. inquietábala a ella el que parecía sentir ya muy poco estímulo. Piotr Stepánovich parecía reírse de él en su cara. le gastó una burda broma. al último sonaba el órgano. y la encerró en su cuarto. gracias a Dios que sólo dos capítulos. un viejecillo se sonaba las narices. A ella L. no bien tuvo noticia de ella. de conocerse hubo de leerle una noche. y al irse pidióle el manuscrito para. hasta que por fhubo de decirle que se le había perdido en la calle. poseía doscientas almas además. El día de la boda. Las ideas sucedíanse ahora una tras otra en su irritada mente. Von Lembke c guapo y ella pasaba ya de los cuarenta. ya en los primeros d’. mientras que Julia Mijaíbovna. le llamaba delante de la gente “joven”. El mod y apocado Von Lembke comprendió que podía ser vanidoso. Por aquella vez hizo las paces. y él. como llevaba tanto tiempo de soñar con un oyente. Julia Mijaíbovna empezó a influir sobre su marido.

que se había dejado coger burdamente. Pues delante de todo el mundo lo he dicho claramente: “Señores míos.. no es eso —protestó. no habiendo más discrepancia que la tocante al momento? Aquí von Lembke. por razones políticas o para aquietar las pasiones. señalando a las proclamas. ‘r no puedo emplear la tolerancia cuando él. naturalmente. es decir: todo lo viejo. Con el inocente fin de desarmarlo con su beralismo. así lo entiendo yo. —Sabe usted que yo soy “el amo del gobierno”? —prosiguió. se equivoca. queridísimo Piotr Stepánovich: ¿usted me llama funcionario del Gobierno? Sea. no puedo cumplir con ninguna. incluso. transijo con la República. se resintió mucho. Figúrate el papel que hago cuando me veo obligado a escuchar semejantes cosas delante ( todos. muy pronto —dijo. con todo lo que usted quiera transijo. paralelamente supongamos que refuerza los poderes de los gobernadores y yo. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 245 el Gobierno funda allá una república. — balbuceó von Lembke. cada vez más herido en su amor propio—. no como aficiona sino sencillamente movido de una útil curiosidad. no. sigan ustedes adelante. y. progresen. y que. Además. por la muchedumbre de mis obligaciones. pero nosotros. también servimos a la cosa pública. Al contraer matrimonio... por otro lado. Comprendía que no estaba en condiciones de soportar borrascas familiares. yo procedo con suavidad. usted. —Pero ¿cómo puede usted ser funcionario del gobierno cuando usted mismo está de acuerdo en que hay que derribar las iglesias y marchar con picas sobre Petersburgo. Supongamos que FEDOR M. Comprenda usted que unos a otros nos somos indispensables. por ejemplo. Mire usted. lo que debe reformarse. cuando menos. Así lo imaginó toda su vida. ahí. le había enseñado su colección personal. derriben. —Nada de pronto. que había ido reuniendo dadosamente de cincuenta y nueve años a la fecha. Tulia Mijaílovna tuvo con él por fin una explicación franca. a fuer de joven y. en absoluto. Nada: yo soy Tory y usted whig. porque sin nosotros no haríais más que estropear a Rusia. porque eres tres veces más sensato que él y estás incomparablemente más alto en la escala s”” Ese joven conserva aún muchos vestigios de sus antiguos desvaríos de brepensador. no obstante. delibl radamente. no lo escuchaba nadie. en último resultado. yo se lo digo a usted. de acuerdo. Nosotros no somos enemigos vuestros. —De acuerdo. cuando sea preciso. Piotr Stepánovich callaba y se mostraba más serio que de costumbre. y nuestra misión consiste en preocuparse del decoro. ¿Funcionario independiente? Sea.—Le habrás hablado también de la capillita? —inquirió casi aterr Von Lembke empezó a reflexionar decididamente. sobre todo.. —Pero. para embrutecerla y evitar así que se rebele. y. —No es eso.Y por qué no? Usted es hombre de talento y seguramente no cree.. siento que estoy dispuesto. lo que hubo de despertar más todavía las suspicacias del orador. yendo Y viniendo por el despacho—. que tenía bastantes quebraderos de cabeza con su gobierno. como usted. sin excluir. cuando usted teme es señal de que no es pronto. Piotr Stepánovich presumiendo su objeto. de toda r” de proclamas rusas y editadas en el extranjero. ¿Sabe usted que yo. el Suyo. bueno. yo.. todavía pronto. díjole que en una línea de algunas de aquellas proclamas había más idea que en cualquier negocio. . de lo que hablaremos & pués. se exhorta a la destrucción de las iglesias. y lo tengo a raya. de otra parte. Lembke se dio por ofendido. puedo decir con toda verdad que no tengo aquí nada que hacer? Todo el busilis está en que aquí todo depende del criterio del Gobierno. En una palabra: supongamos que el Gobierno me ordena por telégrafo activité dévorante. y allí. sostiene que es moral emborrachar a la gente con vodka. Nosotros nos limitamos a sostener lo que ustedes derriban. —iPero es que el diablo sabe lo que dice! —objetó Von Lembke—. Es preciso tratar bien a nuestra juventud. casi inquisitivo. soñando con Minnas y Ernestinas. sobre todo. gobernador. son simplemente chiquilladas. ignorante de nuestras finalidades. Era aquélla una materia especial. —No puedes enfadarte por esto —díjole ella—. Al decir eso. pero de p es imposible ponerles coto. también nos mantendremos dentro de los límites imprescindibles. estoy con usted completamente de acuerdo. y así os salvaremos de vosotros mismos. Andrei Antónovich iba asumiendo una vehemencia de pathos. Andrei Antó. Pero permítame usted: ¿cómo procedo yo? Nosotros tenemos responsabilidad y. Gustaba de hablar discreta y liberalmente desde el mismo Petersburgo. sino que comprende harto bien que la fe le es necesaria para embrutecer al pueblo. en la que padecía el corazón y r simplemente la vanidad del mando.. novich nunca hubiera pensado en desavenencias y pugnas familiares para k futuro. y que a no ser por nosotros se vendría abajo. despojándola de su aspecto decente. a mi juicio. La verdad es más honrosa que la mentira. Von Lembke recordó una reciente conversación que l’’ tenido con Piotr Stepánovich. pero entre nosotros es pronto. íntima. —Pero para esto es aún pronto. delante de todo el mundo y en rl presencia. —. qué digo con la República. y yo me entrego a esa activité dévorante. y eso que le era r civo pensar y se lo tenían prohibido los médicos. y es menester hacerlo gradualmente.

haz el favor de enseñármelas. Si él hubiese tomado parte en alguna chiquillada. una doble vida..para la prosperidad y florecimiento de todas las instituciones gubernamentales sólo se necesita una cosa: reforzar los poderes de los gobernadores. Pero si dejan de ser imprescindibles. Pero. si ocurriera algo. Haré observar.. Voy a contestar a tu primera pregunta: ese joven ha venido a mí muy recomendado. después de oír el relato de aquel diálogo. irremisiblemente. pues no se encontrará rastro de ellas.? Yo puedo irme de la lengua. sobre todo cuando estamos a solas. los habré apartado de su perdición. a pesar de todo... vivan. de fanático. es decir: hace falta que existan (estoy de acuerdo en que esto es indispensable). Es un fraseur inofensivo. por decirlo así.. Piotr Stepánovich. suelta usted ironías y se las echa de bourru bienfaisant. Todo según el criterio del Gobierno. Aprovechándose de mi bondad... me atraigo a todos ellos y los agrupo en torno mío. pero he sabido que en el distrito de *** han aparecido unas proclamas. mire usted: ya he hablado en Petersburgo de lo indispensable de poner un centinela especial a la puerta de la casa del gobernador. —Pero ¿no puedo yo tampoco —dijo en su defensa Von Lembke— tratar autoritariamente a tu favorito. —Bueno. bueno. por buen corazón. Von Lembke..” Mire usted: es necesario que todas esas instituciones. y de otra parte es menester que no existan. Yo no sabía que tú guardases esa colección de proclamas. sulfurándose.. II —Se las reclamaré! —dijo... yo sería la primera en saberlo por su conducto. como usted quiera —murmuró Piotr Stepánovich—. Pero de esto hablaremos después. —Y tú se las dejaste! —clamó. mostrándoles un nuevo camino para sus ambiciones. dando por terminado el diálogo—.. Yo. y ejerce un influjo extraordinario entre los jóvenes de la capital. pero no obtuvo respuesta. dos. —Por demasiado buen corazón. billetes falsos. que de haber sido menos pagada de sí misma y menos ambiciosa Tulia Mijaílovna.. usted nos abre camino y nos prepara el triunfo. Andrei Antónovich crispó el semblante. en el acto surgirán ante mí. quedó muy disgustada. Me profesa una adhesión de fanático. —Pues porque uno es poco para que le respeten a usted. plantándosele delante Von Lembke.. Von Blümer era un funcionario de la Cancillería del gobernador. Pues si de pronto esas instituciones se estiman indispensables. —Usted. pero ¿cómo es que hasta ahora no se ha encontrado ninguno? ¿Quién te lo ha dicho? —Pues Von Blümer. y en todo me hace caso. Le hacen falta. y estoy por decir que. —defendióse torpemente Von Lembke—. —Necesita usted dos —declaró Piotr Stepánovich. —Pero ese rumor data del verano. enfadada.. no habría pasado entre nosotros nada de lo que logró llevar a cabo aquella chusma ruin.. no hablaría como habla aquí conmigo y contigo. —Qué nosotros son ésos y a qué triunfo alude? —plantósele delante Von Lembke con asombro.. He ahí cómo entiendo yo lo de la activité dévorante. Dios sabe lo que se permite. El me profesa una adhesión cordial. —No te las devolverá. ¡De mucho de eso fue ella responsable! CAPÍTULO V . Proclamas. el diablo sabe qué. pueden hacer ellos. anticipándome a los acontecimientos. pero es que él me pidió que se las dejase por un día. —Pero. déjame en paz con tu Von Blümer y no te atrevas nunca a recordármelo! Tulia Mijaílovna se sulfuraba y hasta estuvo un minuto sin poder hablar. ¡Qué torpeza! —Indudablemente voy a mandar pedírselas. tanto provinciales como jurídicas. Julia Mijaílovna—. ¿Quién es él para temerle tanto y quién soy yo para no atreverme a hacer nada? —Siéntate y tranquilízate! —contúvole lulia Mijaílovna—. Cierto que esa idea. —tPor qué dos? —inquirió. al cual le tenía ella un odio especial. tiene talento y dice a veces cosas muy agudas. Julia Mijaílovna. y ésta es imposible como no se amplíen las atribuciones de los gobernadores.. Estamos hablando cara a cara. por mediación de él.. Y si yo. Pero.. y hasta saltó de su asiento—. Aguardo la respuesta. —Pero en tanto se les trata con tanto mimo. Karmazínov me ha asegurado que tiene amistades en todas partes. —Oh. —Mira: no te inquietes por lo de Verjovenskii —dijo. usted.

algunos lances escandalosos. ya de antes lanzada. en Skvoréschniki. casi le buscaba la gracia a Julia Mijaílovna. Dificil sería precisar por qué aquella mujer. pero no es posible que todo se debiese únicamente a Julia Mijaílovna. elogiaban a la nueva gobernadora por haber sabido reunir a la buena sociedad y prestarle de pronto animación. todos procedentes de la buena sociedad de la población. y que de pronto habíale caído en gracia al gobernador por saber tocar el piano. Alrededor de ella se agitaba continuamente Piotr Stepánovich. que ésta había ofrecido para ese día.1 mente en la sociedad femenina empezó a traslucirse cierta ligereza. al margen. aunque algo estropeada por los malos tratos del marido. Todavía no habían resuelto dónde había de celebrarse el baile nocturno: si en la enorme casa de la Presidente de la nobleza. a sus amistades e influencia. no tanto Liputin. o en la de Varvara Petrovna. tan orgullosa. La misma Varvara Petrovna deseaba vivamente que eligiesen su finca. Los jóvenes organizaban meriendas. y hasta tenía por regla. porque de lo contrario. aun. fueron lanzadas algunas 1 ideas sumamente incoherentes. hasta con toda intención las preparaban y provocaban ellos mismos para dar lugar a episodios chistosos. pero entonces todo el mundo se echó a reír y se regocijó. en verdad. algunas señoras y señoritas y. Luego. con la vista fija en el curso de los sucesos pero tampoco esas personas refunfuñaban lejos de eso hasta sonrenan Recuerdo que se formo por entonces espontaneamente un circulo bastante amplio cuyo centro verdaderamente radicaba en el salon de Julia Mi jaílovna. en cuanto se presentaban. Extraña resultaba entonces aquí la disposición de los ánimos. Por el contrario. una partida considerable de personas. en voz alta y con aire bastante satisfecho explicaba que habían de llevarse todos una grata sorpresa cuando empezase el rigodón literario. que se apiñaba en torno a ella. hacer diversas chiquilladas efectivamente a veces bastante libres En dicho circulo figura ba también algunas simpáticas señoras. Especial. a porfia. y no se puede decir que poco a poco.que no procediesen de la buena sociedad. poco me.. formado ciertamente por jóvenes. Estaba de moda cierto desorden espiritual. una morenita todavía muy joven. sin parar mientes. permitir la fusión de las clases sociales. que una vez había ido a visitar a Stepán Trofimovich. y que probablemente habría ido allí con alguna misión secreta. veladas. Mantuviéronse.ANTES DEL FESTIVAL El día del festival organizado por Julia Mijaílovna por subscripción a beneficio de las institutrices de nuestro gobierno. y también el modesto empleado Liamschin. Aquel círculo íntimo. Ponían a sus vecinos apodos jocosos porque no reparaban apenas en nada. al principio. culparon a Julia Mijaílovna. A nuestra ciudad la trataban como a una ciudad de imbéciles. Como por el viento. incluso. pero muchos del comité insistían en que allí “habría más libertad”. a su vez. de los que no era culpable en modo alguno Julia Mijaílovna. Julia Mijaílovna observó que a veces débese. de que Nikolai Vsevolódovich era hombre que te. Sobrevino algo divertido. Probablemente le agradaba que ella.. una 1 1 1 . que aunque no se agitaba. Sucedieron.nos que se humillase ante Nikolai Vsevolódovich y lo tratase con más mimo que a nadie. por ejemplo. La copiosa subscripción incitaba a dispendios: querían hacer algo prodigioso. que la mujer de un teniente de ¡a localidad. a veces desfilaban por toda la ciudad en una verdadera cabalgata: en coches y a caballo.1 nía relaciones misteriosas con el mundo más misterioso. ¿quién va a instruirlas? El comité secreto-doméstico había decidido que la fiesta tuviese un carácter democrático. ya había sido varias veces anunciado y diferido. permitíase. pero se aceptaban. Sucedió. a cada paso. muchos. incluso. DOSTOIEVSKI 247 LOS DEMONIOS lovna contaba como redactor del futuro diario independiente del gobierno. al que lulia Mijaí 24b FEDOR M. ligero. seguía haciendo por arraigar en la casa del gobernador la idea. cuando todo hubo terminado. Subscripciones y donativos los había en abundancia extraordinaria. Buscaban aventuras. ésa era la razón de que la fuesen aplazando.. finalmente Karmazínov. Vuelvo a repetirlo: Piotr Stepánovich siempre. no diré que siempre agradable. Skvoréschniki caía algo lejos. en voz baja.

De nuevo aquel pícaro de Líamschin. en un dros- 1 chki de punto para hacer las consiguientes visitas. Pero. fue y le puso a escondidas a la vendedora en su saco. de rodillas. jinetes en sus corceles. El teniente. toda aquella cabalgata rodeó el coche. vindicando su perdida honra. Otra vez. se puso a jugar al tresillo con la gran ilusión de ganar lo suficiente para comprarse una mantilla. Allí cogiéronla en seguida nuestros guasones. únicamente risas. en la ciudad. —Eso responde a los gustos locales —dijo—. y mostróse muy disgustada con el proceder de la dama desenvuelta. una muchacha de diecisiete años. una honrada mujer. mire usted: todo el mundo lo toma a risa: usted es la única que se enfada. a contárselo al marido. donde tenía el teniente su alojamiento. conocida en toda la población. aunque de la pequeña burguesía. pero a 1 pesar de todo armaron el escándalo consiguiente. porque en la boda se había emborrachado. Aquél no sólo se lo negó. es. y en vez de ganar. partici. y aunque la pobre tenienta no pertenecía a aquella sociedad que rodeaba a Julia Mijaílovna. al cuarto día. tomando parte en las diversiones y en los bailes. que había sido casi testigo del lance. al volver a casa con su mujer. una persona excéntrica y revoltosilla que la conocía. cuando menos. Desde luego que no 1 1 las casas.. entraron en Toda la ciudad comentó el caso. Esa lamentable historia suscitó en todas partes. el cual. a la 1 puerta. lióse a golpes con ella. No se sabe a punto fijo lo que ocurriría entre los cónyuges. pero las dos ventanas de la casucha de madera. quedándose después a 248 FEDOR M. La pobrecilla percatóse de que había hecho una locura y. recordó su antigua audacia: resolvió pedir en secreto un préstamo. osado. por 1 ejemplo. que mandan nuestras costumbres han de hacerse al otro día mismo de la boda. en casa de un modesto funcionario. de hacerles especial agravio a los recién casados absteníanse. Piotr Stepánovich y Liputin. todos lo tomaron a risa. 1 Pero había chiquilladas ya insufribles. honrado padre de familia. allí mismo. Murmuraban de ella. una beldad. y tuviéronla cuatro días sin dejarla volver al lado de su marido. no obstante haberle ésta presentado a la tenienta el primer día de su rapto. Pero al otro día mismo ya los habían perdonado a todos en virtud de la intervención de Piotr Stepánovich y de unas palabras de Karmazínov. haciendo como que iba a comprarle libros. sin hacer caso de las lágrimas. no obstante sus canas. con ayuda de un seminarista que pasaba la vida ganduleando en espera de una cátedra en un colegio. fueles corriendo con el cuento a todos. un chico repugnante. algunos jinetes en caballitos cosacos de alquiler. Naturalmente. se la llevó consigo de huéspeda. Aquélla se enojó también mucho y hasta estuvo a punto de echar de su casa a los guasones. Todos le aconsejaban que llevase a su marido ante el juez y denunciase su historia. y. hubo de casar con una hija de aquél. por lo demás. medio muerta de miedo. estuvieron dos semanas sin abrirse. por atolondramiento. también funcionario modesto. y quieras que no. a los de la velada. característico y. como. actuarían de testigos. pase lo que pase. gritos y súplicas que aquélla le dirigía. Pero de pronto se enteraron de que la primera noche de la boda el novio se había conducido bastante mal con la muchacha. riendo. Líamschin. y le fue dando escolta toda la mañana por la población. que efectivamente vivía con muchos apuros. todos a caballo. Julia Mijaílovna enfadóse con los guasones cuando éstos le fueron con el cuento. de cierto cariz. sino que se quedaban aguardando. una de las señoras que formaban parte de aquellas “cabalgatas”. al hijo de nuestro alcalde. un joven procedente de otro distrito. con alegres risotadas. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 249 pasar la noche en la casa. que no se había enmendado con los años. y volvió a tener con Julia Mijaílovna una animada escena. Por la ciudad había hecho su aparición una mujer que iba vendiendo el Evangelio. apenas clareó el día. al oscurecer. sino que fue. El marido callaba. Le aseguraban que todos la apoyarían.. Pero entonces fue Von Lembke el que se enfadó. fue a buscarla.noche.1 paba a la sazón en casi todos los lances escandalosos de nuestra atolondrada mocedad. implorando su perdón. no tardaron en dar esto al olvido. Este encontró la “broma” bastante ingeniosa. colmáronla de finezas y obsequios. Temiéndole al marido y no sabiendo cómo pagar. escaPóse de sus protectores Y corrió al lado de su esposo. Vivía Con la desenvuelta dama y días enteros se los pasaba recorriendo con ella y con los otros la ciudad. Al mostrarse nuestros recién casados en las calles. sin contar más que con su sueldo. todo un fajo de magníficas fotografias . sin osar defenderse. perdió quince rublos. porque acerca de esas vendedoras de libros acababan de publi- 1 1 carse curiosas informaciones en los periódicos. En un santiamén organizóse una pandilla de diez individuos.

con los brazos tendidos a la Providencia: Pas un pouce de notre terrain. lanzáronse juramentos. empiezan sus notas a fundirse con las de La Marsellesa. el cual. siéntese la cerveza desmedidamente bebida. para distraemos. Pero lo principal fue que. sollozando en el pecho de Bismarck y dándoselo todo. Los nuestros aplauden. no oculta que está irritada y resentida. Y he aquí que una noche hubieron de robar la imagen: rompieron el cristal. espantarlo. salieron a relucir también las fotografias. La Marsellesa está en el ápice de su entusiasmo. imitando en sus veladas. resultó chistosa. y que lo uno no obsta para lo otro. Encerraron a la vendedora en la prevención. vacila. se extingue. Empezaba con los amenazadores acentos de La Marsellesa: Qu’un sang impur abreuve nos sillons. conduciéndola fuera de la población. de cigarros finos. y hasta por la noche. y esta historia no puedo menos que incluirla en mi crónica. en Augustin. las exigencias de millones. ¿quién lo echa?” La paz está firmada. en un pico. Dios sabe de cuántos. todo. los otros venían. Los que se acercaban santiguábanse. y he aquí que de pronto. se vuelve enormemente estúpida. que la fechoría fue obra del presidiario Fedka. según sus propias palabras. merced a los esfuerzos de Mavrikii Nikoláyevich. con imponentes condecoraciones al cuello. a distintos judíos. abajo. al par que las magistrales notas del himno de triunfo. Cuando la pobre mujer fue a sacar en el mercado los sagrados libros. Corrió luego el rumor de que Líamschin había plagiado aquella pieza a un joven talentoso y modesto. pero esto es secundario. algo al lado. Aquella vez lulia Mijaílovna había echado definitivamente de su casa a Líamschin. pas une de nos forteresses. de champaña y de rehenes. embutida en una hornacina. Sus acordes parecen degenerar del modo más estúpido en los de Augustin.. como a una inoportuna e insignificante mosca. pero Mein lieber Augustin cobra más bríos que nunca. inopinadamente. y se hubiese producido una colisión. intencionadamente sacrificadas para aquel objeto. “la buena risa y la broma alegre”. y La Marsellesa. son las suyas lágrimas de indignación. Recuerdo que nuestras autoridades andaban bastante despistadas. La pie“ za. al cabo de cuatro meses. cubierta con una reja. la furia de la vanidad. tenía su talentillo. en el vals chabacano. óyense broncos sonidos. efectivamente. entre otras personas. cuyo nombre omito. Augustin se convierte en un insistente rugido. Los unos iban. al propio Stepán Trofimovich. de pronto. había llegado ya por aquel tiempo al colmo de su ascendiente sobre Julia Mijaílovna. No habría hablado especialmente de ese tunante ni habría merecido que se detuviese uno en él. murmullos. hállase una gran imagen de la madre de Dios. Constantemente había allí un gentío. Además. Pero ya se ha visto obligada a fundir sus notas con las de Mein lieber Augustin. Oíanse unas palabras de reto: la embriaguez de las futuras victorias. A la entrada de nuestra enorme plaza del mercado encuéntrase la antigua iglesia de la Natividad de la Virgen. que algunos años había estado haciendo la corte a Stepán Trofimovich. que al final habría sido decididamente imposible echarlo: se labía hecho harto preciso.. no sé si de mucho valor. y la persuadieron para que la escuchase. a saltos. Sonaron risas. que con indignación había sabido los íntimos pormenores de aquella fea historia. El tunante. jovial e insolente. según dicen. Augustin cada vez está más insolente.. Todos se retorcían de risa. Julia Mijaílovna sonríe y dice: “Bueno: vamos a ver. En el muro exterior. un ratoncillo vivo. Stepán Trofimovich me aseguraba una vez que los más altos talentos artísticos pueden ser los pillastres más terribles. de pronto. Cierta mañana corrió por toda la ciudad la noticia de un monstruoso y repugnante sacrilegio. que había estado en el pueblo. según después se supo por un anciano respetabilísimo. pero dicen que en él tuvo también parte Líamschin. en la que. que cuenta bastante antigüedad en nuestra añosa población. vuelve a oírse todavía: qu’un sang impur abreuve nos sillons. con la noticia de que había urdido una pieza para el piapo. Pero entonces es Augustin el que se enfurece. por su parte. La guerra franco-prusiana ha terminado. Entonces nadie habló de Líamschin ni en absoluto dio que sospechar. pero es que ocurrió una historia ignominiosa. lágrimas y juramentos. amigo suyo. Aquel truhán. pero muy cerca. y que así se quedó en el anonimato. Se ha reconciliado por completo: es Jules Favre. además del robo. con el título de La guerra franco-prusiana. la confesión de una mujer sorda o un parto. Positivamente sábese ahora. pero que no bajaría de cien personas. el gentío apiflóse. besaban la . que de un modo servil sabía buscarle la gracia a Piotr Stepánovich. y de la corona y la túnica arrancaron algunas piedras preciosas y perlas. pero aquella misma noche los nuestros. repara. se muestra alegre y ufano.obscenas procedentes del extranjero. Esta parece irritarse. formando toda una pandilla. agresivamente. en casa de Julia Mijaílovna. no la pusieron en libertad. arrancaron los barrotes. solamente. pero inmediatamente conviértese. efectivamente. desde hace mucho tiempo. pero ahora todos aseguraban que fue él quien metió en la urna el ratón. La gente habíase apiñado en el lugar del sacrilegio desde por la mañana. Pero. según aseguran. ahora caricaturizaba. y que amaba. La Marsellesa no repara en ellos. tanto. con el título de Un liberal del año 40. pero Augustin cobra bríos. sonaban los vulgares acordes de Mein lieber Augustin. lo condujeron a casa de Julia. por último. quiere sacudírselo de encima. también tuvo él su parte. cometieron un sacrilegio absurdo y burlón: detrás del cristal roto de la imagen encontróse. de no intervenir a tiempo la policía.. De cuando en cuando. por la mañana. en su propia grandeza.

escuchaban las palabras del buen varón. —preguntó. Lizaveta Nikoláyevna. decía luego que. Semión Yakóvlevich. y junto al platillo. Los donativos. volvieron a montar en la calesa. y con mucha unción prosternóse tres veces hasta el suelo. sino que.se en un santiamén sus pendientes de brillantes y los puso en la bandeja. los dos. IT Dos días después del suceso que acabo de describirme la encontré en una reunión muy numerosa. del cual monasterio. a la fonda de la ciudad. en tres calesas. en voz alta. apartando con bastante desconsideración a la gente. pero hostil. que montaba un caballo cosaco de alquiler. quitó. desde aquella funesta mañana. El mozalbete de los lentes sacó el portamonedas. como antes. DOSTOIEVSKI veces las diversiones generales. Aquél no rehuía a 13 Simeón. Lo visitaban todos. ofreció un rublo. con insistencia. toda conmovida. que no hay que andar con remilgos con las distracciones. conocido no sólo entre nosotros. Apeóse de su cabalgadura. si no disponía allí mismo otra cosa el propio Semión Yakóvlevich. y me explicó que todos se dirigían a un lugar muy interesante. y afirmaba ahora que aquél le había mandado echar de allí con una escoba y arrojádole luego por su propia mano dos patatas asadas de gran tamaño. Entre los jinetes pudo ver también a Piotr Stepánovich. hará dos meses. atiborrado de billetes. según me contaron. Después sacó el portamonedas. En los últimos tiempos estaba siempre alegre hasta el descaro. volvió a montar.’3 nuestro varón ejemplar y profeta. daban una limosna. en un departamento. ¿Se puede?. Apoyáronla. que ya no lo dejó después hasta su misma partida de la población. sin pena ni duelo. después de rezar.. diole las riendas a su acompañante. Inmediatamente surgió la idea de ver al suicida. hablase poco y rara vez. Recuerdo que una de ellas dijo allí mismo. había empezado a notar en su marido aquel extraño abatimiento. sin remilgos. pero como en él solo llevara algunos grívenes. Al dingirse la expedición. . —Está permitido —respondió aquél—. un monje. Arreboles de indignación corrieron por su rostro. acompañada de Mavrikii Nikoláyevich. en el que se sentía bastante mal. Llegó en un droschki un comerciante gordo y amarillo. el gentío guardaba silencio. y en esos casos siempre tenía una cara decorosamente alegre. y se alejó al galope. la empresa resultaba excéntrica: se dirigían al otro lado del río. por lo mismo. besó la imagen. Ninguno de los dos se quitó el sombrero.. sin exteriorizar ni agrado ni enojo. y estaban aguardando a la policía. Recuerdo que a la una de la tarde estaba yo aquel día en la plaza. también a caballo. y sobre todo al monasterio de la Virgen. y sólo a las tres de la tarde cayeron las autoridades en la cuenta de que era posible hacer que la gente no se quedase allí estacionada. según parece sigue acompañándole en Suiza. a veces considerables. Líamschin era el único que había estado allí antes alguna vez. LOS DEMONIOS 253 252 FEDOR M. Todos se prometían una gran diversión.imagen. y las caras eran graves y desabridas. y acercóse a la imagen en el preciso momento en que echaban el copec. Efectivamente. mandó parar la calesa y. y parecía sobremanera contenta. hijo de Jacob. a casa del comerciante Sevastianov. y se fue. y ella me presentó. con el traje manchado de barro. un rumor sordo. apeóse del coche. prosternarse y dar el óbolo. suspirando.. que “se aburre una tanto. hacía ya diez años. extrajo de él un copec de cobre y II echólo en la bandeja. en el vehículo. nuestras damas no habían visto nunca un suicida. postróse de hinojos ante la imagen. ¿Para adornar la imagen?. riendo y hablando recio. sino también en los gobiernos cercanos y hasta en las capitales.. y aparecía el platillo eclesiástico. Entre la gente hubo. donde. Llegó también una calesa con dos señoras de la localidad en compañía de dos de nuestros guasones. en verdad. La gente callaba. —Se puede?. unas elegantes señoras. acababa de suicidarse un forastero. rodeadas de jinetes. que por indicación suya continuó montado. En aquel momento llegó al galope. con motivo de enfermedad. aunque. siempre había en casa de Semión Yakóvlevich un fraile. riendo. atravesando el puente. donde continúa descansando después de su breve actuación en nuestro gobierno. Lizaveta Nikoláyevna montó en su caballo. pasase de largo. a sus compañeras de excursión. prosternóse hasta el suelo. vivía tranquilamente.. Toda ofrenda es buena. y uno se caló los lentes. será interesante”.le al monje. y a Nikolai Vsevolódovich. sobre todo los forasteros. A Von Lembke aquel lamentable suceso hízole la más sombría impresión. Me hizo una señal con la mano. sobre la accra fangosa. alguien dijo de pronto que en la fonda. quitóse su sombrero redondo. Ninguno de los excursionistas había visto aún a Semión Yakóvlevich.. porfióme para que me uniese a la expedición. y. En las calesas me hicieron sitio. hacían una reverencia y dejaban un donativo. lulia Mijaílovna. Reía a carcajadas. en uno de los cuartos. que se dirigía no sé a dónde. pasaban inmediatamente a una iglesia. los guantes. Los jóvenes (de los que uno ya no lo era) apeáronse también del coche y abriéronse paso hasta la imagen.

Y como todos lo habían visto ya todo. franco. nos dejaron pasar. acostádose inmediatamente y dormido de un tirón hasta las diez de la noche. bastante grande. hermanas y tías. sobre el diván. sereno y afable. y. y su lívida carilla parecía como de mármol. a las cinco de la tarde. con una gruesa verruga junto a la aleta izquierda de la nariz. un chico de unos diecinueve años nada más. en algún cuarto trasconejado. Alegría general. en que. a la ciudad. Toda nuestra tropa entró de golpe. había sido juicioso y prometía. Un tercero soltó de pronto: “. directamente. Le confiaron aquellos cuatrocientos rublos. cogió del plato un racimito de uvas. uvas. imitólo. que tenía a honra el papel de bufón. con la esperanza de encontrar en algún sitio. Generalmente. cigarros y encargó una cena de seis o siete platos. Nadie observó en él nada de particular. seria. Sangre había salido muy poca. bajo la dirección de una parienta. se salieron. en sus viejas sillas de cuero o en el diván. parecía tranquilo. tinta y la cuenta. Por debajo del sobretodo le asomaba una camisa bastante tosca. y los calzaba en zapatillas. Así que había tenido que pegarse el Lro alrededor de la una de la madrugada. efectuase varias compras para el ajuar de la hermana mayor. El tiro se lo había dado con un pequeño revólver de dos cañones. y entre ellas vi. No había hecho más que tomarse una sopa de pescado ligero. estaba abierta de par en par. que. pidió una chuleta. De sus palabras se infería que aquel muchacho era hijo de familia. tres días antes. y el camino al pabellón. Estaba allí llorándole uno que parecía vecino suyo. y le llevaron 254 FEDOR M. He oído decir que había sido. inflado. el puro le provocó náuseas. El cuarto en que recibía y comía el bienaventurado era harto espacioso.Por qué entre nosotros es tan frecuente perder la cabeza y pegarse un tiro. alguna banca montada o. y que aún figuraba en el escalafón. con asombro. otro. hasta entonces. pero blanca. pero que nos recibiría. barba afeitada. Pero ni una cosa ni otra había aquella noche. con madre. ningún dolor mortal advertíase en su rostro. por la puertecilla de la valla. a Lizaveta Nikoláyevna. El suicida yacía. en pleno corazón. aunque Líamschin díjole no sé qué al guardia. sus acompañantes distinguíanse por su ingenio y la gran presencia de ánimo. medio tendido. pidió champaña. de la casa del comerciante. alojóse en la fonda y fue de allí. pero los afortunados pasaban. al club. Inmediatamente nos dijeron que Semión Yakóvlevich estaba comiendo en aquel instante. De vuelta en la fonda. risas y alocado parloteo fueron doble de animados en el resto de la jornada. DOSTOIEVSKI . de su puño y letra. riendo. amarillento. al parecer. La frase “había tirado” estaba así en la esquela. Vestía a la alemana: un negro sobretodo. aunque hubiese sido sólo por un rato. Líamschin. después. si le placía. bellísima. y a eso de la medianoche. que llegaba a la cintura. bastante guapo. en viaje de negocios. Nuestras señoras contemplaban en silencio. Al despertarse. tenialos enfermos. por indicación del santo. Al despertarse al día siguiente.Sólo unas cuantas se quedaron aguardando a la puerta. el revólver había resbalado de su mano a la alfombra. la cual mandó “despejar el cuarto”. La puerta. y los hacía sentar. con rubio y abundoso pelo. con algún que otro pelo. con un rostro en óvalo regular y una frente despejada. Luego. no se avisté con la parienta. trátese de quien se trate. se había presentado borracho. a su otra mitad. luego. que iba a casarse. con tres ventanas. fruto de diez años de ahorro. otro concluyó que. se había dado la gran vida. Los visitantes habituales quedábanse del lado acá de la valla. en cuyos cuatro renglones se encontraban tres faltas gramaticales. rubio y calvo. naturalmente. papel. El cuarto del individuo que se había pegado el tiro estaba abierto. Uno observó que aquélla había sido la mejor salida y que nada más acertado había podido ocurrírsele al joven. la víspera. en cada desgracia del prójimo hay siempre alguna idea secundaria alegre. La botella de Cháteau d’Iquem estaba por la mitad. funcíonario. una botella de Cháteau d’Iquem. aunque era raro que nadie hubiese oído la detonación y no se hubiesen entera- do hasta hoy a la una. Era joven. Encima de la mesa había una esquela. Llegamos a casa de Semión Yakóvlevich a la una en punto de la tarde. hinchada la mejilla derecha y la boca algo torcida. pero sin chaleco ni corbata. suspirando de susto y entreteniéndolo cori sus inacabables recomendaciones. en un arrabal de que la noche anterior oyera hablar. en seguida. Todos los nuestros lo contemplaron con ávida curiosidad. pidiendo no se culpara a nadie de su muerte y explicando que se mataba porque “había tirado” cuatrocientos rublos. no sé cuándo. Era un hombre bastante alto. visto que no contestaba. El chico. y se acosté a dormir casi sin conocimiento. de forros deshilachados. como si aún viviese. casi dichosa. fuese en seguida a casa de unos gitanos que vivían al otro lado del río. y que del pueblo lo habían enviado a la ciudad para que. por lo menos alguien con quien jugar. que no llegó a tocar los manjares que le llevaron. de unos cincuenta y cinco años. unos ojillos pequeñines y una expresión de semblante plácida. Pero no le dejó acabar la llegada de la policía. Pero el champaña lo emborraché. amodorrada. los pies. y llevóse dos días sin parecer por la fonda. y partido transversalmente en dos mitades por una valla de madera. el resto de la pandilla penetró por el sucio pasillo. en un rincón. un tercero alargó la mano al Cháteau diquem. tanto. de uvas quedaba también media bandeja. Llegado que hubo. fresco como una manzana. Estaba ya rígido. echaron abajo la puerta. como si se nos fuese a todos el suelo de debajo de los pies?” Al razonador lo miraron con malos ojos. y las llevase a casa. se alojaba en el cuarto contiguo. sin discusión. un propietario. Finalmente. de pared a pared. oraciones y señales de cruz. él se sentaba infaliblemente en un sillón viejo. su expresión era apacible. La muerte había tenido que ser instantánea. hombre corpulento.

Desdeñando a los ricos e importantes. los circunstantes. —iPadrecito!. ¡Semión Yakóvlevich! —clamó de pronto una voz lamentosa. —cCómo hacerlo. vestido a la rusa. llegado de otra ciudad del distrito.. Semión Yakóvlevich? ¡Anda y hazio con ellos! —clamó la viuda—. los flechó a todos con sus ojillos. En otra mesa. y eso que hasta entonces todos los días le habían dado su vasito. a la que los nuestros habían arrinconado contra la pared—. Aquella vez los agraciados fueron el frailecillo trashumante. Los donativos en metálico iban casi todos a parar al cepillo del fraile. más para él! —le echaron otro poco más. pero no a todos..Hizo usted lo que le mandó la última vez Semión Yakóvlevich? —inquirió aquél de la viuda con voz queda y apacible. solía mandar le sirviesen té a un rústico o a alguna viejecita. suspiró ruidosa y profundamente. un sacristán. con un terroncillo nada más. sin azúcar. El propietario volvió a suspirar ruidosa y hondamente. le añadieron otra porción—. A los que estaban de rodillas y a todos los demás visitantes los empujaban o los atropellaban. y el viejecillo peregrino. de cuarenta y cinco años. una señora anciana.. Había allí también un chico de dieciséis años. peregrino. —ordenó Semión Yakóvlevich. al otro. un hombre corpulento. Seinión Yakóvlevich no la miró siquiera. me amenazan con el Senado. más cerca que ninguno. que se mantuvo tercamente en su sitio. al cual era muy aficionado.’4 —Con azúcar! —ordenó de pronto Semión Yakóvlevich. Llevaba allí cerca de una hora.bía una bandeja con unas dos docenas de vasos.. Toda una hora. de la dama noble venida a menos. Todos los demás visitantes estaban del lado acá de la valla. Han presentado una querella contra mí. así tratan a su madre. Pero Semión Yakóvlevich se abismó en el silencio y acabóse de comer sus papas.. Líamschin. se hallaba presente también un venerable monje de pelo blanco. santiguándose.. desdeñando el pobreterío. señalando al comerciante Cien mil rublos. menos al propietario. aunque quizá gordo en exceso. quien designaba a los afortunados. luego que ya le habían echado el vaso. En el cuarto había concurrencia: una docena de visitantes. varias libras de azúcar molida. un pañuelo de seda. El comerciante sorbía en silencio su jarabe. Son unos antropófagos. otras veces. y aguardaba con unción una mirada o una palabra de Semión Yakóvlevich. se limpió con la servilleta y le sirvieron el té. sino que se lo servían también a los visitantes. Además de los criados. Cuatro hombres estaban de rodillas. En torno suyo se afanaban tres criados. como si levantasen y dejasen caer grandes odres. armando un alegre y burlón revuelo. quitando un corpulento mercader. . una pieza de tela. Todos nos echamos a reír. —. de frac. Lo servían también de distinto modo: al uno. Al fornido fraile del cepillo no le dieron ningún té. y al que conocían por El cien mil rublos. ¿Qué querría decir eso de buenas vistas?. muy desenvuelto. con azúcar. quevedos y hasta gemelos de teatro. —Con más azúcar!. En una mesita hervía un samovar enorme. por lo general. que estaba sentado con mucha modestia y con la vista baja. con barba. Semión Yakóvlevich. con un cepillo en la mano. Mas nunca comía. padre. ¡Más.. Este se acercó a la valla. eran un viejecito de cabeza blanca. así como impertinentes. el cual se había adelantado y puéstose en fila con el propietario. pagados por el comerciante: uno. hace mucho tiempo que ardía en ansias de conocerlo —canturrió con tina sonrisa y guiñando un ojo aquella desenvuelta dama de nuestra calesa que había hecho antes la advertencia de que no había que andar con remilgos en punto a diversiones. Dígame algo: aconseje a esta pobre huérfana. el otro asemejaba un mozo de cuerda. el tercero. se lo hacía servir a algún cebado y opulento mercader. que estaba de hinojos junto a la misma valla. finalmente. Nuestras damas abriéronse paso hasta la misma valla. miraba con unos gemelos. Las alegres y ávidamente curiosas miradas convergieron en Semión Yakóvlevich. que recibió cité con azúcar. frontera. Finalmente. que estaba de hinojos. —Pregunta —ordenó Semión Yakóvlevich al criado de facha de sacristán. padrecito. también. y. pero el que más llamaba la atención era el propietario. Solía tomar el té no solo. al que se lo sirvieron sin ella. pequeñín y flaco. y aquél seguía sin fijarse en él. y al lado ha. un par de babuchas bordadas. Todos aguardaban su turno. gente del pueblo. otra de lana. amontonábanse los donativos: algunos pilones de azúcar.LOS DEMONIOS 255 un segundo plato: papas cocidas con sal. sin atreverse a hablar de por sí. El propietario. en su mayoría. siendo él mismo. repitieron la operación. y un frailecillo trashumante. —Semión Yakóvlevich. dígame alguna cosa. —Buenas vistas! ¡Buenas vistas! —dignóse decir con bronca voz de bajo y con una leve exclamación. noble y arruinada. tranquilo e indolente. y a estotro. dos libras de té.. de “la gente del pueblo”. y hasta se asió con ambas manos a la valla. pero bebía mucho té. Esas disposiciones solían sorprender por lo inesperadas. —Señor! —murmuraron. pero recia hasta un extremo inesperado. dos de los cuales estaban sentados junto a Semión Yakóvlevich. etcétera. y un propietario. aguardando su bendición. al otro lado de la valla. por lo menos.

¿Acaso ellos no me arrastraron por la fuerza hacia el fuego cuando ardió la casa Verjischin? Una gata muerta me metieron en el cofre. finalmente. sin embargo. Este no se atrevió a rehusar y se quedó con la moneda. volviendo la vista a los pilones de azúcar que detrás de ella transportaba el chico. padrecito! —clamó la viuda. confusa—. padrecito. al que le habían mandado interrogar. LflJ. He soñado con un pájaro. un cuarto. ¡No cabe duda: es una profecía! —Cargue en lo sucesivo su corazón de bondad y misericordia. ordenaba el santo varón. —Echenla. —j. El propietario. Semión Yakóvlevich. —jSeñor. Encima de la mesa quedaban todavía dos pilones enteros. que son capaces de todo lo ignominioso... con un gesto. junto a la misma puerta—. más!”.. de pronto. pero Semión Yakóvlevich había mandado que le diesen una libra. con la escoba!. no irme de las manos —respondió el propietario con ener —tL cumplió? —inquirió el monje. —Oro sobre oro —no pudo menos de decir el fraile del monasterio. . en un arrechucho de irritado amor propio. La viuda viose rodeada de azúcar por todos lados. padrecito? —Una profecía es.. Semión Yakóvlevich sin hacerle caso. ¿por qué no me contesta usted nada. —dijo la viuda. y los tres criados volvieron al poco rato cargados con uno de los pilones de azúcar que le habían sido dados y luego quitados a la viuda. —iOh. y luego vaya a ver a sus hijos. asumiendo. El sacristán cogió a la viuda de un brazo. quiere decir la alegoría —declaró el corpulento fraile del monasterio en voz queda. un cuervo que salía volando del agua y volando se fue al fuego. ¡Me va a hacer daño! O es acaso alguna profecía. y ella. ésta llevóse. qué bueno eres! ¿Por qué me das tanto? —gritó la pobre. —Más. —Semión Yakóvlevich. —Pregúntale! —ordenó de pronto. —Semión Yakóvlevich —clamó una voz allá atrás. de seguro —afirmó alguien entre el gentío. acercóse lentamente al propietario.. y. Le llevaron otro pilón. señalando un pilón de azúcar. IVA. al que se habían olvidado de llevarle té. —No reñir. échenlo! ¡Con la escoba.. en recompensa. échenla! —ordenó Semión Yakóvlevich. enfurecida—. ¿Qué quiere decir ese sueño? —El hielo —profirió Semión Yakóvlevich. serenándose. cogió el pilón y dióselo a la viuda.. —-ordenó Semión Yakóvlevich manoteando.Qué pecado cometió? Y no se le mandó que hiciera alguna expiación? gía. más! —ordenó. Aquél lanzóse sobre los que se iban. que estaba en pie a su lado. por lo visto. huesos de sus huesos: he ahí lo que. como en otras ocasiones. Le llevaron un tercer pilón. El fraile del convento. de pronto. 14 Existe alguna versión que suprime el símil. El sacristán y el muchachito atravesaron la valla. pero ufana. —Para ése —ordenó Sernión Yakóvlevich señalando con el dedo al comerciante Cien mil rublos. dejóse conducir hacia la puerta. —Pero ¿por qué me das tanto?. Señor! —suspiró y santiguóse la gente—.—Dale uno! —ordenó Semión Yakóvlevich. —Qué sabes tú de eso.. y una libra le dieron a la viuda. quítenselo! —ordenó Semión Yakóvlevich al mozo de cuerda.3IAJL1ZVN1 Lu utMur1AJ ¿) / —jUna libra más! —ordenó Semión Yakóvlevich. cuando hace tanto tiempo que me intereso por usted? —insistió nuestra amiga. tres. —jEchenlo.. El fraile del monasterio lanzó un suspiro: todo aquello habría podido ir a parar a su convento. levantando del suelo medio imperial. —No puedo cumplirlo: la propia fuerza me domina. señalando al propietario que estaba de rodillas. —iQuítenle uno. “Más. sin aguardar el cumplimiento de la penitencia. —En su sitio ha dejado una moneda de oro —declaró el fraile. el papel de profeta. dio un brinco y se salió del cuarto. Acercóse el muchachito.

iba un tanto pálido. por el contrario y con toda seriedad. por un momento. perplejo. Ella cogióle con ambas manos el brazo por encima del codo. —Aceite! ¡Aceite! —murmuró Semión Yakóvlevich. que Liza. le daban en los últimos tiempos. con una charla apresurada. —volvió a repetir Semión Yakóvle. interrogó a Semión Yakóvlevich como antes. otra vez a Mavrikii Nikoláyevich al lado de acá de la valla. En silencio entregó el joven la taza del té a una viejecita que estaba a sus espaldas. . y quedósele mirando a la cara.. Mavrikii Nikoláyevich —empezó ella de pronto. largo. y no por maldad —todo lo contrario: ella lo estimaba. encarándose con ella.. pensando en él. Liza. con afectada sonrisa: —Peto ¿qué es eso. Es menester decir que.. Oiga usted. LJO FLUOR M. con azúcar —ordenó Semión Yakóvlevich de pronto. pero exigía con insistencia. Sus ojos reflejaban susto. Aseguraban. alzó rápida la mano a la altura de su cara.. hubo de tropezarse en la puerta. —Buenas vistas. Una de las señoras de nuestra calesa. buenas vistas! . desgarbado. levántese! —exclamaba como loca—. fogosa—: póngase de rodillas sin más dilación. Allí estaba de rodillas. al ver aquella humillación suya. en ti. en seguida! ¡Cómo se ha atrevido a hacer eso! Mavrikii Nikoláyevich levantóse del suelo. Liza. después del episodio con Mavrikii Nikoláycvich. No sé lo que con ello querría decir. ridiculo Pero los nuestros no reían: lo inesperado del hecho produjo en todos una impresión morbosa.. queriendo. que me había hecho tantas ilusiones. sin embargo. Ese señor que estaba ahí de rodillas se fue. al ver a Nikolai Vsevolódovich. Es posible que pensase que ella había de sentir vergüenza de sí misma. El criado sirvió el té y se lo llevó equivocadamente al pisaverde de los lentes. sin embargo. ¡Lo quiero sin más remisión. . amaba y respetaba. en tanto los caballeros prorrumpían en homéricas carcajadas. que Nikolai Vsevolódovich en todo el camino de regreso. encarándose con él—. y confieso que. sino acaso algunos. Profirióla furioso y con una claridad espantosa. Y así terminó nuestra excursión a casa de Semión Yakóvlevich. a la vista de todos. sostenida por Mavrikii Nikoláyevich. terca. Mavrikii Nikoláyevich la miró. Nuestras damas empezaron a chillar. dicen que allí ocurrió todavía un lance sumamente enigmático. Mavrikii Nikoláyevich tomó el vaso. No Sé por qué. en la mitad íntima de Semión Yakóvlevich y se echó allí en medio de rodillas. no vi nada. de pronto. penetró. indicando a Mavrikii Nikoláyevich. detuviéronse y quedáronse mirando el uno al otro de una manera rara. a arrebatos de un odio ciego hacia él. lanzó un grito. cual si fuera presa de un ataque. DOSTOIEVSK[ LOS DEMONIOS —Levántese. por fin. parecióme que los dos.ti. Pienso que se hallaba sobradamente desconcertado en su alma delicada y sencilla por el grosero y cruel capricho de Liza en presencia de todos. abrió la puertecilla de la valla. Yo fui el único entonces en no creer lo Recuerdo. sobre todo. hágame ese gran favor. en toda nuestra tropa armóse un gran revuelo. no obstante haberse encontrado ambos varias veces. no se habían acercado el uno al otro ni cambiado palabra. y se fueron de allí a la carrera. Semión Yakóvlevich. tirándole con ambas manos de un brazo. —Se lo ruego a usted. de un modo implacable. probablemente.. borrar la impresión. sin que nadie lo invitase. desde luego. con Nikolai Vsevolódovich. Confieso que yo. Semión Yakóvlevich? ¿Es que no va usted a decirme nada? ¡Yo. desde aquel domingo del desmayo. al largo! —rectificó Semión Yakóvlevich. Dicen que cuando toda la partida se lanzó fuera. Todos volvieron los ojos a Liza. todos los demás afirmaban haber visto. Si no se hinca de rodillas.. III . y seguramente lo hubiese abofeteado de no haberse apresurado aquél a retirarse. Pude ver cómo ambos se daban de manos a boca en la puerta. y él lo sabía de sobra—. Pero yo pude haber visto mal por entre la gente. vich.—A ése. de pronto. ruidosa y chillona. aunque. no todos pudieron verlo en aquel revuelo.! —En. pero.! —dijo de pronto. sobre todo hacía un momento. profiriendo una palabra materialmente irreproducible. por lo que tanto había porfiado. en aquellas apreturas. Llevóse. Es posible que no le hiciese a ella gracia la expresión de su rostro o alguna sonrisita suya. he descrito con tanta minuciosidad nuestra excursión. sino por cierta inconsciente aversión que por momentos la dominaba.. lo quiero!. profirió un ¡ay! Y se lanzó al otro lado de la valla.. Sin duda que ningún otro sino él se habría decidido a tratar de corregir a una mujer por medio tan ingenuo y comprometido. púsose pálida. que quiero yo ver qué tal está así. —Mavrikii Nikoláyevich —dijo Liza. todos los nuestros prorrumpieron en risas. no se acerque a mí más. ¡Levántese en seguida. Mavrikii Nikoláyevich atribuía aquellos arrechuchos caprichosos que. Allí ocurrió una escena rápida e interesante: COn todas sus fuerzas púsose ella a levantar de su postura a Mavrikii Nikolayevich.. Y. en cambio.. hizo un saludo marcial y procedió a beber. por tercera vez. insistente. inesperadamente. —SAl largo. póngase usted en su lugar también de hinojos. con la imperturbable gravedad de su rostro. por mí.

trescientos rublos. En caso de morir yo. ¿Ha oído? —No hace mucho que. en el extranjero o aquí. hasta entonces. Sin interrumpir su trabajo. y al balbucir aquél unas palabras de salutación. calle. oí de esos mismos labios otras exigencias —con lenta y triste claridad dijo Stepán Trofirnovich—. sin mirarlo. y. después de todo. —Alto. lo escribiremos.’5 un hombre que había visto mucho y era un especialista en punto a decorados.. No comprendo el símil. ¿Y a qué viene eso del cosak du Don saltando sobre su tumba?. ¿Tiene usted bastante con eso al año? ¡Yo creo que no es poco! A los casos de g’” extraordinarios proveeré yo. hablando de carrerilla—. ¿no es verdad? 15 Diminutivo de Fomá: Tomás. y estuve aguardando cinco minutos. están tomadas disposiciones especiales. y sobre todo aquel mismo día. Varvara Petrovna.. a pesar de esa vileza que usted nos atribuía en sus cartas íntimas a mí y a su novia. Se había dado demasiada prisa en marcarle el tono. Pero Varvara Petrovna inmediatamente se dio cuenta. y si debería haber uno o dos. Ahora. envíeme a criados y váyase a vivir donde quiera. dónde se les había de poner. es posible que sólo fuese en apariencia. Los mil doscientos rublos de su pensión los considero yo un deber sagrado. —cEn un asilo? —LEn un asilo? Al asilo no se va con tres mil rublos de renta. Encontró a su amiga en el salón grande.: tendremos mil quinientos rublos. Pero usted quería. 26U FEDOR M. la entrevista de Stepán Trofimovich con Varvara Petrovna. ¿Qué seguiría a aquello? —Aguarde usted. Yo me sometí. Varvara Petrovna llegó muy preocupada a su casa del suburbio. escoltada por el fiel y viejo Aléksieyi Yegórovich y Fomuschka. DOSTOIEVSKI 261 LOS DEMONIOS Él se crispó.Casi al mismo tiempo. y hay allí ya un coronel. mejor. y todos los días esperaba la repentina invitación. era imposible reconocerla. Usted no bailó nada. dejó el lápiz encima de la mesa. que yo lo celebraré mucho. con insistencia y con la misma rapidez.. que así se ajustará más a la realidad. delante de una mesita de mármol. siempre que no sea en mi casa. tome ese dinero. dónde situar el buffet. un convenio. el mejor modo de distribuir las plantas y las flores. y. tenemos que hablar de un asunto. Stepán Trofimovich! . Efectivamente. y está gestionando su ingreso un general. pero será mejor que vayamos derechos al grano. Traduzcamos esto e” dinero. por fin. dónde colocar las nuevas cortinas.. con una corbata nueva. lo llevaba escrito en la cara. Es usted terriblemente locuaz. En general. Fomuschka estaba ocupado en medir con una arschina la altura de la tribuna y de las ventanas. indicóle un sitio junto a ella. —Stepán Trofimovich. Así podrían ver todos qué casa era la mejor y dónde se daban más arte para recibir y tenían más gusto para organizar un baile. Está destinado a las personas más honorables. en Moscú. viva todo lo más que pueda. —Me senté. hubo de ocurrírsele mandar un coche en busca de Stepán Trofimovich. Parecía como si la hubiesen cambiado. sin saber por qué. Veía en ella a otra mujer distinta de la que conocía hacía veinte años. Este estaba prevenido y preparado desde mucho antes. que luego hablará usted. fue únicamente por delicadeza.. allí en Skvoréschniki. sino que vino a yerme. Pues bien. ya caigo! —agregó. Pero usted recibe ahora de mí. “apretándome el corazón” —me contaba él después—. en la hornacina. ¡Ah. en medio de las más vivas preocupaciones. Juro que estaba maravillada de mi estoicismo aquella última vez. Se celebró en Skvoréschniki. ¿no es eso? Si usted quiere. déjeme decirle. mientras Varvara Petrovna iba apuntando las cifras y poniendo notas al margen. con camisa limpia y guantes. y tendremos tres mil. no se muera usted: viva. tuvo lugar. Al llegar a la casa vacía recorrió las habitaciones. Dieron principio las consultas y deliberaciones: qué muebles se habían de llevar de la casa de la ciudad. y de la antigua inaccesible “alta dama” (expresión de Stepán TrofimOvich) se hubiese convertido en la mujer mundana más vulgar y aturdida. créalo usted. además de eso. Ahora es otra cosa totalmente distinta.. C ‘était comme un petit cosak du Don. el cuarto y la servidumbre y toda la manutención. riendo—. para gastos imprevistos. lápiz y papel en ristre. invitando a toda la ciudad. diole a toda prisa la mano. qui sautait sur sa propre tombe. en Petersburgo. hízole una inclinación de cabeza a Stepán Trofimovich. con su viva inteligencia.. Si no se lo hice notar así entonces. y bailé la danza cosaca a gusto suyo.. la comparaison peut etre permise. usted quería casarse.. habiéndola aplazado. etc. etc. Piotr Stepánovich le gastó esa broma del asilo Se trata en el fondo de un asilo particular que vale la pena de tenerse en cuenta. de que. qué objetos. la víspera había quedado acordado que la fiesta próxima había de celebrarse en casa de la presidenta de la nobleza. Oui. que ésta meditaba hacía tanto tiempo y con tanta anterioridad habíale anunciado a su antiguo amigo. de pronto.. Al montar en el coche se santiguó: se había decidido su suerte. La plenísima convicción de que todo había concluido me infundía fuerzas que a ella misma la sorprendieron. Y he aquí que. o. aunque verdaderamente no sé qué podrá responderme — prosiguió ella. nadie le impediría a ella dar la suya. Por el contrario. ¿no es verdad? Añadiré aún. era la suya una expresión ba ingenua. qué cuadros. Si se fuese usted alla con su . Aunque. Le aseguro a usted que tenía entonces usted mismo unas ganas tremendas de casarse. Estoy segura de que usted traerá apercibidas sus palabras campanudas y hasta sus frasecitas. sentada en un divancito. y rápidamente volvióse a Stepán Trofimovich. muy dado de cosmético y de perfumes. después de aquella fiesta.

Y. —Aquél fue solamente un momento de pusilanimidad. Al volver usted del extranjero. Ahora ya está eso pasado de moda.. eso es todo? ¿Todo lo que queda de veinte años de amistad? ¿Es ésta nuestra despedida irrevocable? —Usted le tiene una afición horrible a las exclamaciones. qué palabras tan extrañas! ¡Lecciones aprendidas de memoria!. que no quieren traba jar.. La limosna corrompe as al que la da como al que la recibe. que vivía en mi casa porque no le pagaban sueldo. Yo temía entonces las persecuciones. —Passons. yo le dije a usted que tenía intención de editar una revista y consagrarle toda mi vida.. y cuando yo también viajé y le expresé a usted mis impresiones acerca de la Madona. Recuerde usted. Varvara Petrovna—. en ese caso. eso es. ¡También a usted le han puesto ya el uniforme! ¡También usted está alegre. Stepín Trofimovich. y que.. acuérdese..Qué es cosa probada? —La Madona para nada sirve.. ya está dicho todo. 262 FEDOR M. ¿por qué plato de lentejas ha vendido usted su libertad? —Yo no tengo por qué repetir palabras ajenas —exclamó furiosa. usted se empeña en hacer que yo le quede todavía obligada. aún estarían sin abrir. ¿Que ha hecho usted por mí en estos veinte años? Usted me negaba hasta los libros. pero. —No fue así. al punto. además. Para que vea usted e lo que han venido a parar ahora todas sus teorías. —exclamó él amargamente—... ni pierde el tiempo en esas cosas más que los viejos recalcitrantes. y nada más. en cuanto las he mirado a la primera luz del libre examen. Siempre sale usted con nuestros veinte años de amistad. y usted. me lanzó una mirada irónica y de pronto se puso terriblemente hosco. ofendida. Usted es un estilista. Confieso que yo siempre le tuve a usted únicamente por un crítico. me miró con altivez y no me dejó hablar una palabra. lo asustado que vino a yerme y cómo me rogó que en el acto le diese un certificado en forma de carta de que la proyectada revista era cosa únicamente mía. pero sencillamente. Pero. le rogaba que me sirviese de guía? Pues Capefigue y más Capefigue. y adoptaba sus medidas.... también usted está al sol! Chére. Es cosa probada. Ninguna de sus cartas me las escribió usted a mí. con la esperanza de ganar. Varvara Petrovna—. no un amigo. no alcanza su objeto. un minuto de íntima confianza. sin embargo. usted es un crítico literario. y. por ejemplo.. por que hoy todo eso son absurdos y únicamente figuraciones suyas. un mutuo verter basura. cuando nuestro viaje a Petersburgo. porque en él puede echarse agua: este lápiz es útil. ¿Qué era lo que me daba usted a leer cuando yo... porque persecuciones en Petersburgo no podía usted tenerlas. Este jarrón es útil. Esté usted seguro que yo tengo mi lenguaje propio. a no ser por el encuadernador.. Y. —Usted sonríe irónico. Allí podría dedicarse a las ciencias y echar alguna partidita de preférence. cuando se había extendido la noticia de la revista. de l limosna? Y. que yo encargaba para usted. luego en febrero. —Passons? —exclamó. no fue así. los primeros años. J’ai oublié. cual si no pudiera yo experimentar tan sutiles sensaciones como usted. un deleite del rico en su riqueza y poder. y nada más.. Usted tenía celos hasta de mi evolución cultural. el placer de la limosna es un placer altivo e in moral. además. —Dios. y en la comparación de l que él significa con lo que significa el mendigo. y. Pruebe usted a dibujar una manzana y póngala junto a otra de veras. sin embargo. —Eso es. Haga por recordar . y la amistad.. Veinte años de mutuo amor propio. porqu4 no hace sino aumentar la mendicidad. Aquella vez. se agolpan en torno a los dadivosos como los “puntos” alrededor de 14 mesa de juego.. probablemente no fue así. usted no acabó de escucharme y altivamente fue y se sonrió para su corbata. Hoy la gente habla burda.. ¿Recuerda usted eso? Usted se ha distinguido en extralimitarse toda la vida. sin embargo. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 263 —No fue así. —. ya lo sabe usted: de ahora en adelante hemos de vivir completamente separados. pero ¿acaso va usted a acabar con todo por impresiones tan nimias? ¿Es que no ha habido más cosas dignas de mención entre nosotros en tantos años’? —Es usted la mar de calculista.. porque con él se puede escribir. —No fue así. mientras que aquélla es una cara de mujer peor que todas las otras caras naturales.. chére. ¿Acaso ha hechc usted muchas limosnas en su vida’? Ocho grívenes en total. Pero ¿qué me hablaba usted. sino a la posteridad. que aquellos jóvenes venían a mi casa y no a la suya y que usted no era más que un preceptor probado. cuál se quedaría usted’? Seguro que no se equivoca. no tenía usted por qué ufanarse ante mí. Stepán Trofimovich.dinero encontraria tranquilidad satisfaccion y una servidumbre numerosa. Hoy nadie nadie se preocupa ya de la Madona. es sólo una palabra prestigiosa: en realidad. los grosches d cobre que les arrojan no alcanzan ni a la centésima parte. de usted todos se ríen. Los gandules. —Era lo mismo.

a pie.. Concedido que es un viejo. hace mucho tiempo que la cambiaron de ese modo. estaba segura ya. esa misma noche cogeré mi zurrón. Pero ya empiezo yo también ver claro. Stepán Trofimovich. de que usted vivía FEDOR M. o. envenenamientos.cuánto dio usted la última vez. hasta eso hemos llegado. Desde este momento no aceptaré nada. Stepán Trofimovich. —Karmazínov. —iBasta! —y se levantó de su asiento—. Esté usted seguro. Necesito preguntarlC todavía una cosa. breve. la cosa se ha arreglado por mi mediación. basta! No ruegue.. levantándose y echando fuego por los ojos. del lacayo hediondo y perverso que subióse a una escalera con un puñal en la mano y rasgó el divino rostro del magno ideal en nombre de la igualdad. que. no vale W que un vaso o un lápiz. como representante del siglo pasado. calumnia. —jQué estúpido es todo eso! . de ese ideal de la Humanidad. y luego.. que se haya quedado muy rezagado con respecto a ellos. ¡Siempre la tal Madona! Bueno. Dios le ayude! —Sí. Karmazínov dice que sería raro no encontrar algún asunto interesante en la historia de España. en todo caso. Stepán Trofimovich. con todo el ingenio de que es capaz. y todos verán que usted es un simpático. vaya un gustO de hacer dormir a la gente. Ahora. para acabar mis días de preceptor en casa de un comerciante o morirme en cualquier parte de hambre al pie de Un cercado. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 265 únicamente para terminar llenándonos de ignominia a mí y a mi casa con sus calumnias. Stepán Trofimovich. Lo han invitado a usted a leer algo en una matinée litera’ ria. concedido también. —Seguro que con usted. —Tampoco yo ahora puedo sufrir la petulancia de el. suba usted a la tribuna con una honrada sonrisa. Allí había cortes brillantes. la envidia y. todos los obsequios de usted. —Su tal Karmazínov es una vieja gruñona y necia. como a veces sabe usted contarlas. que no puedo. mi zurrón de mendigo. ¿Qué quiere usted decir con eso de entrar como preceptor en casa de un comerciante o morirse al pie de una tapia? Maldad. finalmente. y nada más! —Usted siempre me ha despreciado. ¡Basta! Y ¿qué desearle a uS ted ya. Otra sería la cosa si tomase usted alguna historieta cortesana. Dios mío. allí había hermosas damas.. desde hace años. como no sea el arrepentimiento? —Siéntese un minuto más. que ya conoce todo el mundo. ese talento casi imperial! Usted se va demasiado de la lengua. y quizá cuatrO Usted grita y no hace más que embrollar las cosas. No querrán oírle. —Oh. y l hacía así únicamente por el ansia de ejercer poder sobre mí. y la aderezase además con otras anécdotas y frases ingeniosas suyas. y qué dispendio de palabras ajenas! Pero ¿hemos llegado has eso de la nueva estructura de la sociedad? ¡Desdichada.. chére. hasta donde me ha sido posible. de la Edad Media o de la historia de España. pero interesante. Todos a una le acusan a usted. ¡Vaya. mejor dicho. Y ¿por qué mostrarse irremisiblemente ridículo y tedioso? Por el contrario. de la Madona. y mi culto será irreprochable. En resumidas cuentas: un hombre chapado a la antigua... ¡buscándome temas!. pero yo termino como un caballero fiel a mi dama. —Al manicomio? —Es posible. Hablaré de la historia de aquel ruin esclavo. déme usted ese gusto. Pero. agudo vestigio del pasado. cuanto he podi do. Lo repito: le he defendido a usted con todas mis fuerzas. bueno. lo reconocerá en el preámbulo. ¡Ya está dicho! AIea jacta est! Volvió a levantarse. Yo lo he defendido a usted. La limosna en la sol ciedad actual debería estar prohibida por la ley. Dígame: ¿qué es lo que pie& sa leer? —Pues precisamente algo acerca de ese zar de los zares. pero levantaré una tormenta que acabará con todos ellos o sólo conmigo. todas sus pensiones y promesas de futuros beneficios y me iré por ahí. se lo ruego! —Chére. hará dos años. —Karmazínov. ese estúpido grafómano. la digestión. pero usted. pero lo bastante inteligente para ser capaz de apreciar debidamente lo monstruoso de algunas ideas que hasta aquí profesó. Stepán Trofimovich. que yo sólo hablo en interés suyo. —Estaba segura —dijo. Stepán Trofimovich. concedido que sea un hombre del siglo pasado. porque su opinión me fue siempre más preciada que todo. hast esa lulia me lleva cien verstas de delantera. pero hago justicia a su talento. —Pero ¿no va a leer nada de Historia? —exclamó Varvara Petrovna cOfl amargura—. y cuente tres anécdotas. Varvara Petrovna—. En la nueva estructura so cial no habrá pobres. Leeré lo de la Madona. una anécdota. Resuenen mis anatemas. Usted me ocu1tab cuidadosamente todas las nuevas ideas. —Tal es mi suerte. según usted. con su sonrisa. resulte vencido o vencedor. dejaré todos mis trastos.. luego. Chére. de la Sixtina.

La pobre señora (a mí nlC inspira mucha lástima) pudo haber conseguido lo que tanto le seducía y deslumbraba: la gloria y demás. Y ¿por qué tenía que ocultarse? Verdaderamente. sino que termina rá usted tranquilamente en mis brazos. con la mira de robustecer la autoridad gubernativa. no podía comprender aquella noble delicadeza de un noble carácter. El anterior gobernador. en algunos sitios se había declarado una fuerte peste bovina. es imposible prescindir de ciertas explicaciones. en el presente momento hacía estragos el cólera. por ejemplo. DOSTOIEVSKI está dispuesto a decir que sí. de pronto.. Pero en esa Verdad es sumamente dificil hacerle creer a una mujer. Asediaban su mente extraños y malignos presentimientos. rara vez le hacía objeciones a ella. Stepán Trofimovich! —Aiea jada est! Hízole un profundo saludo y se volvió a su casa. sintióse especialmente predestinada. Yo siempre pensé que entre nosotros existía algo más elevado que la pitanza. tras días de sumisión. lo que inquietaba vivamente a Julia Mijaílovna. quien 16 Literalmente: “. que ya estoy camino de corregirme. adiós. llenando de asombro a Julia Mijaílovna. más hipócrita. En cambio. “sobre la cual se hubiese posado una aureola”. sino que ni siquiera discutía la medida en que su mujer había participado en el cumplimiento de sus personales deberes. es más. gris escarcha cubre mi futuro camino. Hiciéronse algunos compromisos enojosos con el mismo objeto: individuos dignos.. Pero seguiré hablando de Julia Mijaílovna.. no sé cómo.. y el viento sopla de la próxima tumba!. y entre el pueblo cada vez arraigaba más la estúpida creencia de que habían sido intencionados. a ninguna casa de comerciante. Pero en marcha. es el que triunfa. ¡Adiós. había tomado dos o tres medidas sumamente arriesgadas y casi en pugna con las leyes. no obstante toda su penetración. Sin duda. no todo iba bien. y de ahi se originaron no pocas torpezas. o por los muchos y lamentables fiascos de su primera juventud. por una mutación de la suerte. sueños míos!. Aunque. creyóse poco menos que una ungida. y von Lembke es taba cada vez más triste y preocupado. Al dar principio a esta crónica me propuse otro objeto. Quién sabe si también ella tendría ganas de llorar. Tardíamente en camino. es usted demasiado egoísta: A ninguna parte irá usted. como quien dice. que todo esto son chiquilladas. prescindo en absoluto de todo ese aspecto administrativo.. tan blandengues CAPÍTULO VI PIOTR STEPÁNOVJCH SE AGITA había dejado las cosas en algún desorden. cosa rara.. Además. Tulia Mijaílovna. —Yo no entiendo jota de latín —declaró Varvara Petrovna. va avanzando el otoño. Verdaderamente. de pronto empezó a amoscarse por “verdaderas nimiedades”. Todo esto se supo después. he vivido a costa de usted. hablo el lenguaje del nihilismo. nunca he sido un miserable. no sólo lo afirmaba todo. A algunas quejas y demandas. pero la gorronería no fue nunca el más elevado principio de mis actos. Pero todo esto. Lo que más chocaba a Julia Mijaílovna era que cada día se volvía más taciturno. ¡Oh. sólo que su indignación y su capricho prevalecieron una vez más sobre su ánimo. Sí. ¡Ay!. no obstante. Por desdicha. sentía la necesidad de desquitarse con breves minutos de rebeldía. allá fuera.’6 y en esa aureola se cifraba su desdicha. por ejemplo. sin necesidad de aquellos violentos y excentricos pasos a que se entregó entre nosotros desde el primer día. únicamente a instancias de ella habían dejado de ser perseguidos. y. habría sido más que habitual de no haber habido otras razones que alteraran el sosiego de que hasta allí había disfrutado el bendito de Andrei Antónovich. que de pronto le brotaran. todo el verano habíanse registrado en las poblaciones y aldeas muchos incendios. Yo puedo tener toda suerte de flaquezas. La cuitada sintióse de pronto el juguete . . que para conocer muchos de los acontecimientos que ocumeron entonces en nuestro gobierno no hay más que tener un poco de paciencia y aguardar un poco. Cogió su sombrero. cobrando su pensión y recibiendo a sus amigotes estrafalarios de los martes. de los Tribunales y de Siberia. de por sí. Al contrario. De los errores administrativos no me toca tampoco juzgar. porque no es ningún moño que pueda cubrir toda cabeza femenina. Nunca. ¡Veinte años! Aiea jada est! Su rostro aparecía salpicado por las lágrimas. El bandidaje había aumentado el doble en relación con lo que fuera antes. Von Lembke. en marcha por el nuevo sendero: Henchido de un amor puro fiel a la dulce ilusión. Pero por exceso de idealismo.. se había dado sistemáticamente el silencio por respuesta. una fría. —Sólo sé una cosa: o sea. A instancias suyas. las brumas se extienden por los campos. una lengua” (de fuego). El día de la fiesta había sido designado definitivamente. naturalmente. Eso sucedió así... No me incumbe ni sabría referir algunas cosas. y casi siempre se echaba él toda la culpa. y a ella le daban la razón a porfia.—Usted nunca me ha estimado. todavía palpitante d emoción. no llegaba a tanto. Además. conteniéndose con todas sus fuerzas. 266 FEDOR M. Nunca estará usted en condiciones de cumplir sus amenazas..

a pesar de todo. que no eran tampoco unas proclamas nuevas. los encarrilaría. No había duda que había perdido el juicio. así el robustecimiento del poder gubernativo como el elemento democrático. lanzando un inesperado chillido.. por lo menos averiguóse que en los últimos tiempos habíase entregado a las más inesperadas rarezas. Todos en la ciudad temieron. y la desenvoltura casi tabernaria de la mocedad que la rodeaba. El descubrimiento de la conspiración. por decirlo así. Con ese objeto envióle a Piotr Stepánovich. Se imaginaba el asunto en un aspecto enojosamente falso. en forma de atriles. así era. en sendos soportes. Molleschott. por ejemplo. recién llegado de Petersburgo. luego enfermaron también otros hombres. pero la conjuración. Esperaba que él le revelase toda la conspiración política. Piotr Stepánovich. Por la cantidad de libros que se encontraron en su casa pudo inferirse que era hombre muy leído. mejor dicho. ninguno de ellos se perdería. Muchos maestros calentábanse alrededor de ella las manos y se aprovechaban de su ingenuidad en el breve plazo de su gobierno. En su habilidad tenía ella plena confianza. Puede que hasta mediante alguna confidencia. irremisiblemente. la eficacia del “mimo” a los jóvenes para tenerlos a raya. es decir. y el tono severo de los salones aristocráticos. bajando impetuosamente la cabeza. pero a Andrei Antónovich diole mucho que pensar. la más extravagante y la que más caracterizaba a la pobre señora. era muy de su agrado. No soportó la reprimenda. Pero le resultaba simpático. también. De haber tenido cincuenta mil francos. dos imágenes de la patrona. y una de ellas la había hecho pedazos con un hacha. todo eso bullía en su fantasioso cerebro. No había más remedio que alegrano y tranquilizarlo. En dicha fábrica de Schpigulin acababa de empezar entonces aquella misma “historia schpigulinesca” de que tanto hablaron entre nosotros y que con tantas variantes trascendió a la prensa de la capital. Sucedió aquello delante de toda la compañía. grave de aspecto. se descubriría. que la halagaba. Había arrojado de su cuarto. contribuía a afianzar en su ánimo aquella extraña idea. Pero lo que más chocó a Andrei Antónovich fue que el administrador de la fábrica de Schpigulin había llevado a la policía. y Büchner. Por trabajo que cueste admitir esto. la gratitud de Petersburgo. con la esperanza de influir sobre su melancolía con algún medio de infundir ánimos que él conociese. Los paquetes estaban aún sin deshacer. Pero. ocupáronle en los bolsillos y en su alojamiento todo un fajo de las más desesperadas proclamas. adicto a ella hasta la idolatría. por otra razón. Se lo imaginaba en tratos con todo. de noche. puede que se hubiera embarcado con rumbo a las islas Marquesas. y. a mi juicio. otras idénticas se habían encontrado. del modo más burdo. las obras de Vogt. entre otros. ¡Como si se hubiesen visto pocas! Además. salvaría también a los demás. Soñaba con “hacer felices a todos” y conciliar lo irreconciliable. al mismo tiempo. Observaré que en la . Todas las ventajas de un golpe. Tres semanas antes había enfermado y muerto allí un obrero del cólera asiático. de primera mano. no debían inspirar inquietud. Las proclamas en sí no querían decir nada. Porque así como había salvado. por ese mismo tiempo. siempre taciturno y hosco. embistió contra su jefe y con todas sus fuerzas le mordió en un hombro. con su silencio en unos casos y sus alusiones en otros. con todo lo revolucionario de Rusia.. aunque al mismo tiempo bajito. y las ideíllas sociales. al mismo tiempo que se imaginaba ser completamente original. y. El subteniente era un hombre joven. afirmaba que ya entonces había podido ver allí esas mismas hojas. sometido a Piotr Stepánovich (de eSo estaba inquebrantablemente convencida). y el librepensamiento. Piotr Stepánovich. con unirlos a todos y a todo en la idolatría a su persona. era preciso que siquiera por el día de la fiesta se mostrase Andrei Antónovich más alegre. sin embargo. un subteniente había sido objeto de una reprimenda verbal de parte de su jefe LOS DEMONIOS 267 inmediato. ¡Y qué revoltijos salieron de allí so cariz de independencia! Eran de su gusto tanto los grandes terratenientes como el elemento aristocrático. por la violencia. No sé por qué parecíale a ella que en el gobierno se ocultaba. que había estado mes y medio antes por el distrito y el gobierno vecinos. El hecho era vulgar. En su habitación tenía colocadas. dos o tres fajos de hojas exactamente iguales a las del subteniente.de los más diversos influjos. se conduciría con miras a una suprema justicia. Piotr Stepánovich ya hacía mucho tiempo que no ponía los pies en el despacho del señor von Lembke. y. el progreso en la carrera. en el gobierno de J*** y Liputin. ella los salvaría a todos. Tenía también sus favoritos. que habían introducido. como aquel segundón “de que con tan alegre humorismo nos habla el señor Herzen en una de sus obras”. según dijeron luego. hasta que. y ninguno de los trabajadores había podido leer las hojas. una conspiración política. daría informes de ellos en ese sentido.. y las nuevas instituciones. En el distrito (el mismo que acababa de visitar Piotr Stepánovich). gordo y coloradote. y de pronto abalanzóse al superior. Al detenerlo. Ninguno. en la fábrica. Penetró en él ahora en el preciso instante en que el paciente se encontraba en una disposicion especialmente adusta II Habia alli una combinacion que el señor von Lembke no acertaba a expli carse. y ante cada uno de los tres atriles ardía un cirio de los de las iglesias. pudieron apartarlo. porque el cólera hacía ya estragos en el vecino gobierno. que asombró a toda la compañía. y hasta es posible que la historia y todo el liberalismo ruso tuviesen que bendecir su nombre.

lo cual no es cosa mía. Piotr Stepánovich irrumpió en el despacho sin anunciarse. según después se averiguó. y dio una palmada sobre la proclama que había enc de la mesa—. y. reinaba tan inveterada suciedad. los capítulos noveno y décimo no hablan más que de amor. y. Lembke se puso encarnado y se ablandó... por lo demás.. la glorificación de la felicidad doméstica.. Esto viene a aumentar su colección. —1Ah. y sobre todo en las viviendas de los obreros. un íntimo. de día no tengo tiempo. por las noches. dirigióse a la puerta. no tenía más remedio que haberlo. la buena vida. a pesar de todo. ¡Hay que ver el trabajo que usted me ha dado! Lembke bajó severamente los ojos. sin boroto y sin agitarse lo más mínimo. no obstante toda la finura que usted emplea. pa unos minutos horribles. Por la carta de Igrénev estuve a punto de ponerme a aullar.. por lo menos. aunque no me agradase.. Y no tenga la osadía.. y le ruego tenga presente. hasta madrugada. y. caballero. no sabemos por qué. Inmediatamente. inclusive —. Por aquel mismo tiempo fue cuando entregaron a Andrei Antónovich las proclamas de parte del administrad de la fábrica. Pareció contraérseie el r:. ¿Sabe usted? El es sensible. —Vamos. apenas si la habían reconocido.. sans que celá paraisse! Bueno... son. Porque. Pero la fábrica de los Schpigulines. padrecto. caballero. diablos. cometieron la estupidez de acudir a la policía. Pero ¡sabe usted cómo hacernos reír. A propósito. cállese usted! —dijo von Lembke.. A solas. Anteayer la encontré fregando el suelo.. —Y yo que pensaba que cuando un hombre. la arrojé torpemente encima de la cómoda. al mismo tiempo. porque yo no podía dejar la lectura.. —Dos noches seguidas llevo sin dormir. pues fue y rodó por detrás de la cómoda. ¡Hay que ver! Al lector lo encanta usted. le cogí a usted. sencillamente lo hubiese golpeado. son. y Andrei Antónovich insistió enérgicamente en s inmediato cumplimiento. ¡Adiós! No vuelva . Ay! Es que mediaba. pues sí que está enfadado de veras! —Cállese usted. dejarla. Y se atreva. Estuvieron limpiando la fábrica tres semanas. que iba con un encargo de Tulia T lovna. Von Lembke frunció. los caudales. pero eso mismo agrava su culpa. aquí tiene usted su novela— y colocó encima de la mesa un voluminoso cuaderno.. El lector es siempre estúpido. que en la misma fábrica. porque yo nunca he sido crítico. El desdichado de Andrei Antónovich había llega a trastornarse hasta el punto de haber empezado los últimos días a sentir celoso de Piotr Stepánovich. ¡El diablo sabe lo que son! ¡Y qué humorismo tenía usted guardado! Reía a carcajadas. y usted. manos Schpigulines pasaba la vida constantemente en Petersburgo. Al verle.. Los trabajadores empezaron a murmurar. Antes de llegar el visitante daba valsones por despacho. reclamaron las cue justas. se estaba leyéndole a uno una novela suya y le pedía su c nión. Anteayer encontré el manuscrito. fueron y la cerraron. como es natural. gobernador escondido! —exclamó r Piotr Stepánovich. Los capítulos cuarto y quinto son. ¿no es eso’? Andrei Antónovich se puso encarnado. y usted. esa idea no me gusta. que no estoy dispuesto absoluto a aguantar su sansfaçon. El administrador robábales en las cuentas a los n» ranos. Dios sabe hasta dónde habrían llegado. no podía.. pateando la alfoi bra—. a raíz de aquellas disposiciones de la autoridad.. millonarIos y gentede influencia. A mí 17 El autor llama a este empleado en el transcurso de la obra. me lo leí por entero. pero son de efecto. Además es para escupir. Y he aquí que de pronto todos empezaron a clamar que en ella se encontraba la raíz y el foco de la enfermedad. lo eximía a uno de esas fórmulas oficiales. . no obstante la viva oposición de lulia Mijaílovna.. pero que sofrenaba con todas sus fuerzas. Yo. Pero basta. d detúvose junto a la mesa. que si no había habido ya allí cólera. —6Dónde la encontró usted? —preguntó. —Pero ¿qué es eso? ¿Está usted enfadado? —Permítame usted le haga notar.. A P Stepánovich hasta le pareció que había cambiado una mirada significat con su jefe. DOSTOIEVSKI se adoptaron medidas. los Schpigulines. la prole. Bueno. cautamente. cometía descaradamente toda cias desafueros.. sobre todo por las noches. por usted. Pero.. adem una circunstancia que ignoraban por completo Piotr Stepánovich y E:’: misma lulia Mijaílovna. para salirle al paso al no invitado huésped. 268 FEDOR M. como buen amigo. alemán sumamente desmañado y agrio. ¿a dónde va usted a parar? Esa es la eterna historia.población habíanse adoptado medidas sanitarias satisfactorias en lo posible.. deje eso en seguida! —exclamó temblando de cólera—. además. ¿no? ¿Acerté o no? Por lo que al final se refiere. malhumorado. por lo visto. y otro.. pues estoy descontento. parece como que lo quiere presentar por el lado falso. convendría que los hombres de talento lo ilustrasen. con una efusión de júbilo que no podía reprimir. al entrar. Uno de los L. que se había llevado consigo de P tersburgo.7 un empleado de su cancillería. —Figúrese usted. referente a limpiez hizo un viaje a Moscú. pero no se fue. primero Blum y Blümer. enrollado en forma de cilindro y cuidadosamente envuelto en un papel azul. dos días seguidos. hablando a solas con B1ümer. lo retuve. como tiene forma cilíndrica. El emplead al entrar Piotr Stepánovich. Nosotros hemos adoptado siempre esta última grafia para no desorientar al k Mijaílovna me recibe en un plan íntimo... ¿Cómo comprender? —dijo Piotr Stepánovich con alguna curiosidad.. el ceño. —Deje.

. sencillamente. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 27! III —i. un hacha. la misma: “Personalidad luminosa” es. Piotr Stepánovich. es la misma. mas despreció toda amenaza. Andrei Antónovich. serán nimiedades? —señaló con la cabeza a las proclamas—. a acabar con el imperio. un hacha.. frunciendo el ceño. se refugió en el extranjero. la venganza imperial persigulóle y el boyazo lo acoSó fiero. Piotr Stepánovich tumbóse en el diván. sin hacerle caso. pero este asunto. y entregar al baldón eterno. Y hasta las había con un grabado. también trae el hacha. qué hombre tan blando es usted! —Yo. yo. —Se la ocuparon a aquel oficial. matrimonio y familia. de pronto a alzarse en su duro abatimiento. —. y la limpiaron. había venido a decirle dos palabras necesarias. con un hacha arriba. —Sí. el crimen del mundo viejo. Vamos. —jA. tiene uno sus cavilaciones.—Es que no tengo otra. —Ay. Por fuerza ha tenido que perder el juicio. para marchar sin titubeo. yfue predicando a las gentes el fraterno.Un plante? Disparate.. y sentándose junto a la mesa—. Yo puedo traerle cuantas quiera de esas hojas. Soy amigo de esa personalidad desde que estaba en el extranjero. —y von Lembke volvió a enfadarse. desde Smolensk hasta Taschkent. pero. —Claro que sí.. de que aquél fuese a comunicarle algo nuevo. impertérrito. a hacer comunes los bienes.. a todo esto. —Pero ¿por qué se asusta usted del hacha? —Yo del hacha... je! Pero ¿no sabe usted que los obreros de esa fábrica no han de tardar en lanzar ellos también proclamas? —tCómo es eso? —miróle von Lembke con severidad.. Yo lo mandé. Eso es. no tengo nada de blando.usted a enfadárseme.. de repente. ¿no es cierto? —inquirió Stepánovich. Azótelos a todos.. y creo que lo hace usted sin intención. Escribe usted novelas. impresa en el extranjero. en primer lugar. Yo pasé allá con ellos dos días. pero no entre usted así. . Mire usted. Es usted un hombre blando. del knut. por lo visto.. —Como le digo. Siéntese y dígame esas dos palabras. y en segundo. —Pero hay un plante de obreros. todo se vuelven contrariedades —balbuceó. —No es que yo esté de ningún modo. —.Qué cavilaciones son ésas? ¿Probablemente. Hablaba con el joven reprimiendo su curiosidad.. Andrei Antónovich. a veces. Lo aguardaba en masas erguido. Aquél desapareció con cara larga y mustia.. huyendo del verdugo del (sar.. Pero siéntese usted.Dice usted que ya la vio en el extranjero? —apresuróse a inquirir von Lembke. es un asunto tal. idéntica. a acabar con la nobleza.. —Lo sé. ya tuve ocasión de verlas en el gobierno de J*** —Es decir. No los pierda de vista. pero como está usted así.ah.. Hará cuatro meses o cinco. otro viejo amigo! —interrumpióle Piotr Stepánovich. suplicios. 270 FEDOR M.. entre otras cosas. desdobló el papel y leyó en voz alta los siguientes versos: PERSONALIDAD LUMINOSA No era de estirpe insigne. —Pero dígame: ¿conocía usted a ese oficial? —Claro que sí. Andrei Antónovich. ¿cuándo estuvo usted allá? —Claro que no había de ser estando ausente. pero en verso—. encogiendo las piernas. no me asusto. iglesia.Qué quiere decir a la antigua? ¿Qué consejo me da usted? Han limpiado la fábrica. . Pero el pueblo. —Pero ¡cuántas cosas ha visto usted en el extranjero! —observó von Lembke escrutadoramente. fijándose en otro documento que asomaba bajo el pisapapeles.. se rebelan. a veces tiene uno que hacer. me la sé de memoria: “Personalidad luminosa”. las tenazas y el tormento. ¿Dónde la han recogido? —j. Y aquí habría que proceder a la antigua. la horca. aguardaba Impaciente su regreso.. de hacerle un guiño a BiLimer para que los dejara solos. Piotr Stepánovich. Vamos a ver. Al dar comienzo la revuelta. igualatorio y libre credo. creció en medio del pueblo. Hacía mucho que no lo veía. tan a su manera. median en él circunstancias. y asunto concluido. Permítame usted — cogió una proclama—. también por el estilo de una proclama. había cogido su novela y guardádola bajo llave en un librero de roble y tenido ocasión. lo ordené y la han limpiado. . —Cuáles? ¿Lo que le trajeron de la fábrica? ¡Je.. pero ya sin cólera.

por exceso quizá de sentimientos generosos y delicade.. Pues bien. en resumen: que es es cosa secundaria. No me gusta precipitarme. y. impaciente. cuando. comprenda usted... con suma fineza.. No sólo en las novelas ha d.No lo sabe usted? . tocante a otras. porque usted es un hombre con vista.. si usted quiere. ted cuenta de mi vida anterior —dijo.. el que dio aquella bofetada. desgraciado. me presentaron a ella como un hombre honrado...: Yo no tengo culpa de creerle a usted un hombre nobilísimo.. pues. comprenderá —prosiguió— que al decirle a usted su nombre se lo entrego a él mismo. Sobre todo. y qué significa todo eso? —altivamente inquirió. Usted compre . y’ sobre todo. —Cómo! ¡Notable! ¡Se diría que me está usted interrogando. pero... a solas en su despacho. loco.. Y no terminó porque yo fuese un delator. de dónde las sacó? tal cinco hom —Pues a pesar de todo... no como el diablo sabe qué tremenda política.. en una palabra. los soltará. sobre todo. vamos. —Ya s. ¿cómo pudo difundirla por aquí y en provjncjas. ahora. la última semana. ¡diantre!. porque yo sólo di explicaciones acerca de lo que me preguntaron. Las personas que.. bue. sino porque no podía ser de otro modo. he venido a verle para pedirle la salvació& de un honibre estúpido. ya se lo he dicho. Andrei Antónovich. —Pero ¿por qué entonces hubo de morderle al jefe? —Pero permítame usted.. por ejemplo. lo insultaba para sus adentros con todas sus fuer. usted Siempre me confunde con su lógica.. ha sido siervo.. a mi regreso. en términos generales. ese “estudiante”. váyase todo eso al diablo. En esto vo la diferencia entre el hombre ruin y el hombre honrado al qu sencillamente se le imponen las circunstancias. ahora que esto ha salido al exterior y usted les ha echado el guante y no. Permitame usted. un hombre cohibido. Casi le faltaba el aliento. El cuitdo... le digo a usted que son bres.... —i. ¡diantre!. y mis manifestaciones hubieron de parecerle satisfactorias..... qué es lo que usted desea4 —Pues salvarle. guardé silencio. aguardo ya... si está cluyÓ von Lembke. Yr y apreciará la mientos de humanidad.. Vive en esta localidad. en su talento.Sta en el gobierSolo.1 zas por sus inexplicables triunfos con Julia Mijaílovna. Andrei Antónovich! Mire usted —empezó de pronto con extraordinaria gravedad—: eso de haber visto ya esas hojas en el extranjero. enteradas del asunto. el hacha —con Hum! Ya veo que es el culpable de la proclaaenbargo.. Creo que mi intervención en este asunto ha terminado y a nadie estoy obligado a dar cuentas. ¡demonio!. se lo confieso. si usted vio estos versos en el extranjero y luego aparecen aquí en poder de ese oficial... con curiosidad. ya sé —dijo von Lembke.. y... apreció von Lembke y como hacía ya tiempo que se lo imagi. como el cosa desde su verdadero punto de vista Y no como DiO5 que ha sufrido necio sueño de un mentecato. entre tanto. yo. Piotr Stepánovich se cruzó de piernas. como. si usted no acaba de explicarse? —Es verdad.. y.. Bueno. a éstas —señal4 con el dedo a la “Personalidad luminosa”—. Vamos.. principalmente por las noches. mostrarse oisted humano —con burdo sarcasmo observó. finalmente. sobre todo. porqte no valía la pena hablar de ello. como inmediatamente. no acertaba a justificarse. a ojos vistas.... yo qué sé. y de pronto se interrumpió. Bueno. sobre todo. añadiré que me ha asombrado usted no poco. que yo.. Tenga en cuenta que yo hace más de ocho años que lo conozco. fijese mucho. mientras esos estúpidos. esa “personalidad luminosa”.. que era su amigo —dijo Piotr Stepárovich fuera de sí—.] naba. le escribieron a lulia Mijaílovna hablándole de mí. porque se lo entrego. Bueno.. —. un hombre franco. yo he venido a decirle a usted una cosa seria. entornando los ojos—. en primer hi gar. es Schátov. Haga el favor. Pero bueno. y en lo sucesivo no hani de despintársele. Von Lembke estaba poseído de cierta emoción. yo. Yo no tengo la culpa de creer en usted.Una súplica? ¡Hum! ... En resumidas cuentas: que era.be qué. no de y. de un infeliz. esfcrzándose por ocultar su curiosidad.. Ya lo sabe usted todo! — Schtov! Pero ¿quién es ese Schátov? —Schátov es el “estudiante” mencionado aquí.. ¿no es así? ¿No es así? —Pero ¿cómo puedo yo adivinar...... pero joven. —Pues. Se trata de un asunto importante para mí. y ha hecho usted bien en mandar retirarse a ese deshollinador. pero torpe y antipolíticO. ¡diantre!.. capaz de comprender. Y. —é. que esos imbéciles. no. y Todo esto es insignificante. yo no estoy obligado a darle a us o la mano—.za sobrada. LOS DEMONIOS —En Petersburgo —empezó— yo me expresé con franqueza respecto a muchas casaS. casi sublime—. siguen. Piotr Stepánovich. además.A quién se refiere usted.. tengo que hacerle una súplica extraordinaria. todos ellos juntos son tresj0 en sus sentien el extranjero no llegarán a diez. vaya. de talento. sí.. ahora. sobre todo.—Es posible que no haya sido así. concretamente. pues de otro modo no haría ahora con mi presencia la felicidad de esta población. se lo comuniqué a quien procedía. pongamos diez... nombre de sus sentimientos de humanidad. por lo visto.. Pero permítame usted: ¿de qué lo acusan.. —Usted. haciendo Un láres y medio.

. imprimidla en el extranjero.. —Pues a Kirillov. y sólo contenía un par de rengJ “La personalidad luminosa no puedo imprimirla aq0 guna otra cosa.. ovich— que él —Como usted ve. —Yo es posible que supiese algo. que todavía no está claro —inquirió von Lembke con ladina ironía.. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 275 —Desde luego que sí.—i.. en ninguna imprenta clandestina. eso quiere decir —dijo Piotr SteP0 podía impritenía en su poder.. Pero —Si los versos son.. diablo? sus afiliados. atrás. vaya.—Iv. que se halla. oiga lo que se dice toda la verdad. un maníaco.. Buenada. ¿No lo sabía usted? Porque ¡es una lástima que uste se finja el ignorante conmigo.. SOn suyOS0 jo.. hará medio año. Scháto 0ra Petrovna haLembke miró de hito en hito a Piotr Stepmnovjch. aquélla encima —Aquí tiene usted los indicios —exclamó.. y él los tov. 1 Pero ¿quién es ese Kirillov? —Pues un ingeniero forastero. desde al Lembk desdobló la esquela.. sin embargo. ba en el extranjero. sin duda que tenemos ahí al subteniente y algún Ot pare usted de posible que también Schátov. sacó del bolsillo un librito y de él una Cartita. y algún otro máS usted por Schácontar.. que Schátov es u°f5rIdiéndose de la —Ah! —y Piotr Stepánovich agitó la mano. parecía escrita medio gún lugar del extranjero. Pero yo he venido a rogaa suya. pero de las mandó imprimir en el extranjero... también lo serán I5 ¿qué indicios le hicieron sospechar de Schátov? de apurar la paPiotr Stepánovich. es preciso salvarle. ¡Basura y miseria!. Bueno. Su subteniente es posible que procediese como lo ha hecho en un ataque de fiebre blanca. Vaya. Creo que está claro. Ahí tiene lo que sé proclamas nada sé. hábilmente—. suyos. pero aL110 pedía que se mirlos. ¡el diablo se lo lleve! ¿Comprende usted lo que aquí. estos versos.. V5 decir?. arroja0 de la mesa. VaØ bía tenido razón al decir que tenía mirada de cordero. vaya. ¿a qué vienen tantas preguntas? Convulsivamente enjugóse el sudor de su frente. que actuó de padrino de Stavroguin en su desafio... O todo. algunas veces.. y poíeq los imprimiesen en el extranjero. Pero ¿a quién le hacía él ese ruego? Eso es lo. cuando hace ya muchísimo tiempo que está usted enterado de estos versos y de todo! ¿Cómo vinieron a parar a su mesa? ¿Por casualidad? Y siendo así. cono ed: voy a decirle abrumadora sagacidad de su interlocutor—. un loco.. pero ése es un loco de ... porque esos versos. y es no.. —asintió Lembke. ¿‘ ji i tampoco nin 274 FEDOR M.. proclamas. —Pero usted sabía. De las proclamas no sé cosa alguna..Por qué habría de saberlo. Esa carta está dirigida a Kirillov. con el aire de un hombre que a5 ciencia.

.. —por fin. en su cancillería algún escrito suyo.. eso ha sido todo. Pero ¿es que usted a lulia Mijaílovna no le. se deshandó la nidada. De seguro.. . Kirillov y el subteniente. Usted ha visto cosas. después de haber descorrido ante él el velo. Andrei Antónovich! Mire usted: yo estimo muchísimo su amistad y le profeso una gran estimación.. ¡Ay Andrei Antónovich... Le seré útil..cito! ¿Sabe por qué me he dirigido a usted ahora? Pues porque usted es. pero hablarle a ella como acabo de hacerlo con usted. dos nobles de veinte años. incluso a Kirillov.. irremisiblemente.. de sesenta. pero hay que dejar pasar seis días.. Le digo a us. todo lo que usted quiera. dando nombres y todo. parece que ya el difunto Herzen se los dedicó a Schátov. Ellos me miran con antipatía por haber vuelto. ta!. Su mujer se le escapó con Stavroguin.remate. Ya conoce usted a tres: Schátov. Es un secreto.. pero no tengo nada de miope.. A los demás. Pero necesito seis días. Y. y amistosamente traerlo aquí. porque esto es cosa que gusta.. Yo ya he echado mis cuentas: seis días nada menos... la opinión que de mí tiene Herzen. usted mismo. si supiera el Gobierno qué clase de gente es ésa. Yo mismo les seguiré la pista. ha revelado todavía nada? —. con una experiencia extrañamente segura del servicio.. hasta se asombraron de que fueran tan pocos. Pero déme usted a Schátov. ¿Puede usted guardar un secreto? —. de remate. al extranjero. pero con la expresión de semblante de. es demasiado fogosa. ¡quia.. o diez hombres. Eso es.. que la escribió. sin embargo. Pues aquí tiene una pregunta: ¿por qué no interviene en el asunto gente más distinguida? ¿Por qué todos son estudiantes menores de veinte años? ¿Y si fueran muchos?. Yo es posible hasta que le haya dejado entrever algo. se lo certifico... Seguramente se echará a sus pies y se pondrá a lloriquear. de sólo verlos. un millón de sabuesos andan en su.. no les toque usted en siete días y yo se los traigo a usted todos en un fajo. Esto es como lo del gobierno de J***. desde ios casos de Petersburgo. ¡caramba!. y se los sabe de memoria. Porque ella quiere asombrar desde aquí a Petersburgo. y a todos los demás se los daré en una bandeja.. padre. a este mismo despacho y someterlo a interrogatorio. allí cogieron con proclamas a dos estudiantes. dos nombres.” —Permita usted. supongo. y. —Claro que sí.... —Según eso. él mismo en aquella época me la enseñó. pero prométame usted a Schátov.. siente uno hastío. desdichado. ¿Por qué conoce usted que esta carta iba dirigida al señor Kirillov y. lo había adivinado todo Lembke—.. Yo mismo. no les sentaría tanto la mano! Todos ellos son unos imbéciles.. espontáneamente. Si quiere usted lograr algún resultado. cuando todavía vagaba por el extranjero. en seguida los lanzaría a los cuatro vientos. pero los versos. Usted es hombre inteligente. un hombre serio. ¿Y qué movimientos son esos de acá? ¿Se refiere usted a las proclamas? Pero ¿quién interviene en ello? Un subteniente atacado de fiebre blanca y dos o tres estudiantes. Yo no la contradigo en nada. sobre todo. un alumno del Gimnasio.. Usted debe de tener. donde también Schátov se esconde. ya en memoria de su conocimiento. Todo ese grupo lamentable supongo se compondrá de. ¿por qué? —Cómo no iba usted a comprenderlo! ¡Y el diablo sabe por qué he estado hablándole tanto! Oiga: déme usted a Schátov y que el diablo se lle ji ve a todos los demás. He aquí. un hombre. se comprende.1 ted que da grima. además.. No. después de todo.. un profesor y un mayor retirado. ¡diantre!. un millón. —STa. ¡Ah.A ella? Dios me libre. Las proclamas. porque ya sabe usted que contradecirla es peligroso. cl cual está ahora encerrado en la casa de Filíppov. Lo mejor de todo sería llamarlo en secreto. por ejemplo. sólo los “he visto . Yo he tenido ocasión de asistir en Suiza a sus Congresos... y.. Andrei Antónovich. Tengo interés por él. pero si se mueve usted antes. Mire usted. Y Schátov los difundió entre la juventud. ¡Pocas cosas me enseñaron entonces! En cuanto a esos versos. quien dice: “Al ruiseñor no se le alimenta con fábulas. usted se ha dignado afinnar que esta carta estaba dirigida al extranjero.... busca y van a encontrarse ¿con qué? Pues con siete hombres. ta.. Lembke escuchaba con atención.. pero no soy un imbécil. Trátelo con cariño y él mismo se lo dirá todo. Pero si le dijera a ella. Es un hombre nervioso.. Ya lo pensaba yo. recomendación...... pero aquí no se ve dirección.. ya como elogio. Y. embrutecido por la bebida. ni una palabra a lulia Mijaílovna.Es desde allí desde donde dirigen estos movimientos de acá? —Pero ¿quién los dirige? Tres hombres y medio. y crea usted que no hay más..Cómo? —y Lembke abrió unos ojos tamaños—... Usted todos los días tiene que entender en estos asuntos. respecto a Kirillov. nueve. efectivamente el señor Schátov? —Confronte usted esa letra con la de Schátov y se convencerá. sobre todo. —..

y también con aspecto amable por lo visto bajo el influjo de las ultimas palabras— Yo acepto. sino en bien de la cosa. verdaderamente. —No he hablado yo poco! Y sigo hablando. anechuchos —insistió—. celebro mucho que el asunto. Oiga usted. naturalmente. eso es todo. hasta ahora. levantándose también. sobre todo. seis días de plazo. por decirlo así. para acabar de halagar y rendir a “Lembke”. hablaba completamente en otro estilo. no digamos seis días. no voy a atarle a usted las manos. agradecido.. padre.. cuando coja usted la pluma para escribir “allá”. esté definido —dijo von Lembke.. lamentando horriblemente al mismo tiempo que aquel grosero se atreviese a hablar de lulia Mijaílovna con excesiva libertad. —He oído. No sólo a usted. —Lembke no se decidió a expresar su pensamiento—. Mire usted. no me explico. —Naturalmente. —Pero usted cuelga cada palabra en un gancho. He oído que usted. Es posible que tuviera necesidad de penetrar su carácter.. por j nuestra antigua amistad. finalmente. afable—. a fuer de joven. pero. del Gobierno. Yo únicamente lo hago por Schátov —añadió Piotr Stepánovich con nobleza—.. es decir. vamos. no le ponga usted a una mujer un plazo de seis días! Porque reconozca usted que tengo alguna 1 experiencia. tenga para mí algún elogio. ¡Ay Andrei Antónovich. no sin satisfacción.. —Bueno. por ejemplo... Piense usted mismo. no sin gracia.. . al volver del extranjero. je! ¡Qué hombre más prudente! —observó... mi querido y estimado Andrei Antónovich: usted es listo. no había más remedio que conocerlo a usted y por eso le he hablado en ese estilo.. que era harto prematuro. me saldría mejor la cuenta. que no he de desmentir. en son de arrepentimiento. ni sabría cómo. Pero a mí nadie todavía “allí” me encargó estudiar su carácter ni traje de “allí” ningún cometido semejante. he aquí lo que necesito.. je! — soltólePiotr Stepánovich.. Vamos a ver: ¿a qué conduce eso de los mordiscos en el hombro? Usted mismo ha convenido conmigo. ¿y qué? —Yo. No es posible que no realice usted investigaciones.. en estos asuntos. sólo que no procede aplicar estas ideas como esos imbéciles lo hacen. Pero debe usted de contar con sabuesos y polizontes de sobra. porque ahora allí reservarán toda su gratitud para usted. a los gorriones los espanta. y usted mismo sabe que puedo entender algo. —Concedido. no tengo intención de entremeterme. levantándose del diván.. ¡Je. Entiendo algo de ellos. hasta genial. literaria.. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 277 tenerse.. —Seis días. —Por el contrario. y esté usted seguro de que haré todo cuanto pueda para hacer resaltar su celo. Eso es un prejuicio de la juventud. —Eso es. de las instituciones sociales y. creer que tenemos tantos.—Sí. A Piotr Stepánovich parecióle que aquello era poco y que había que secundar el golpe. y si me moviera el interés o cualquier idea de lucro. ¡je. alegre y atolondrado. —No hay tal cosa —repuso Lembke. ¿comprende? ¿Será posible que comprenda? Y aunque yo haya dado mis explicaciones a quien corresponde. Piotr Stepánovich con jovialidad—. ¡Je. pero no me espante usted la caza antes de tiempo: eso es cuanto me atrevo a esperar de su talento y de su experiencia... —tPara qué mi carácter? —Pues para lo que yo sé —volvió a reírse—. sus servicios. de la fe de los campesinos. al volver del extranjero. y que usted en estos días no se mueva. que llevo mucho tiempo aquí sentado y no hay que hablar tanto —añadió. dio explicaciones a quien correspondía. —murmuró Andrei Antónovich. a las pocas palabras.. Pero bueno. Concedido que es una mujer. especialmente refiriéndome a eso.. tiene unos arrechuchos. —Yo no convine en que fuera prematuro. no para mí. por qué un hombre de determinadas ideas no podría actuar en provecho de esas sus sinceras convicciones.. seis horas no sabe con276 FEDOR M. No le pido a usted esos seis días de plazo por capricho.. si quiere. je! Pero adieu. solamente por Schátov. sino a otros muchos los calo de ese modo. podría yo muy bien no revelarle a usted esos dos nombres y dirigirme desde luego “allá”. de pronto. “allá” donde di mis primeras explicaciones. pero hasta “eso” no ha llegado ni llegará. pero a mí me parecía que usted aquí.

porque directamente se va a eso. Al verla tendré confianza e iré a besar la misericordiosa mano enviada de la capital. la de ahora será una de tantas. desesperado servidor que cae a sus pies... al honrar al culpable. y temiendo por ambas partes se ensaña con quien se abstuvo. es completamente opuesto.. ¡es tan estúpida! Porque esa gente es instruida y de seguro que no escriben tan mal. Adieu.. anda por medio el vodka. —Yo me inclino a creer que se trata de un guasón anónimo. si antes la Autoridad no toma sus medidas. una luz. En la ventana de la portería ponga como señal. cY tan graciosas como ésa? —Sí. Porque yo pensaba que usted no carecía de informes respecto a él. Dentro del sobre había una carta. ¡Hum! Stavroguin. sacando la lengua. —Yo no sé nada. —Claro.. efectivamente. —tCómo Stavroguin? —1Como son tan amigos! —Oh. Se prepara una sublevación. LJOlU11jV&j LOS DEMONIOS 279 Incógnito. hay varios miles de proclamas y por cada una se levantarán cien hombres. “De vuestra Excelencia. permítame usted —exclamó Lembke —todavía una cosita y lo dejo. todas las noches. También se trata del ateísmo. según su cargo. los modos. porque le valdrá una condecoración. porque si no. alguien quisiera hacer una denuncia? —Es inverosímil —falló Piotr Stepánovich secamente—. yo no sé nada. sólo yo puedo formularla. Si quiere usted una denuncia ruUlvi. dirigida a Lembke y recibida el día anterior. ¿cómo voy a vivir? No tendrá usted que arrepentirse. y. —Permítame usted. pero completamente. Yo mismo he estado comprometido durante muchos años. una broma. —Bueno. y mire usted. me retorcerán el pescuezo. —Aquí tiene un documento de esa misma categoría. sin duda.. anónima. El pueblo. se lo . a propósito.Y si. Piotr Stepánovich.. ¿De distinto estilo? ¿De diferente letra? —De distinto estilo y de distinta letra. Y hasta me asombra usted. además.. Sacó de uno de los cajones de su mesa un sobre. de lo contrario.. permítame usted una palabra: si ese tal Kirillov ha sido padrino de Stavroguin. claro! —. arruina esto y lo otro. no. en regla para la salvación de la Patria y también de la Iglesia y las imágenes. había venido aquí con ciertas instrucciones.Pero. —Sobre todo. Pero a condición de que me han de indultar por telégrafo. librepensador arrepentido. pero con una condición: que ha asignarme una pensión. Corrió hacia la puerta. pues si ya las ha habido. la tercera sección. —Es lo más probable que así sea. Avis au lecteur! —Pero ¡cómo! ¿Es posible? —exclamó Lembke con incredulidad—. una carta extraña. y los demás. absolutamente nada.: muy repugnantes. porque. no. es usted tal. —Y se supone que no van a venir firmadas. Piotr Stepánovich. Avis au lecteur! —dijo Piotr Stepánovich de pronto y con vehemencia. —Sobre todo. con gran contrariedad. leyó lo siguiente: “Excelentísimo señor: Porque.. de Petersburgo.. con toda su listeza. porque se les han ofrecido muchas recompensas y el pueblo es estúpido. A usted no se la dan. a las siete. porque es tan estúpida! —tY ha recibido usted otras cartitas desde que está aquí? —He recibido dos anónimas. no! Ahí no ha acertado usted. Tómelo y dígame su opinión. ¿Qué querrá decir eso del telegrama de la sección tercera y la pensión? Es. es que acaso el señor Stavroguin. de una broma. y se lo enseño a usted porque me inspira la mayor confianza.18 a mí solo. según los informes que tenía respecto a él. tan graciosas. A mí Julia Mijaílovna me había dicho que. Hay que proceder con tiento.. allá ellos. Por la presente le informo de un atentado contra la vida de los altos funcionarios y contra la Patria. porque tales son mis circunstancias.

y con toda su obsequiosidad. contóle con gran sentimiento toda la historia de Blümer y la amistad que los unía desde la misma infancia. pensaba. Seguro que doy con el autor y traigo. y en todas partes donde pudo. La larga residencia en Petersburgo había dejado en su espíritu huellas imborrables. Pero áquella idea suya era falsa. casi de ma—Sí. a Julia Mijaílovna? ¡8 Nombre con que se designaba a la policía secreta. sino que realmente existen. ¡Sobre todo. pero no tengo más remedio que dedicar aquí a este insignificante personaje. y con daño para él. pero nunca llegó a entender ni una palabra de ellas. cuando de pronto se le presentó Blümer. —Sí. ay!. que ella. terco y tozudo como un buey. y una vez hasta se vio emplazado con otros ante los Tribunales. y el diablo sabe cómo resolverán ellos sus cosas!”. sentíase tan mortificado y desvalido. el juicio de que era tonto de remate. cuando no había allí nadie. Blümer no te entonces entre nosotros ningún amigo. lulia Mijaílovna una vez lo despidió. que hasta allí se había escondido. colorado.. en plena luna de miel. —Tome usted —accedió von Lembke.. sumido en imaginaciones. y poseen un tipo especial. pero no había podido vencer la obstinación de su marido.Von Lembke explicóle que aquella carta había aparecido el día anterior en la portería. una adhesión antigua y uncioSa. si eso era posible. hasta entonces. Era escrupuloso. Tan pronto amortizaban un puesto como cambiaba el gobierno. que otra vez volvía a sentirse intranquilo. Pero en aquel mismo instante. con el ofensivo secreto de su parentesco. Andrei Antónovich le imploró. aunque con cierto titubeo. tampoco a ella se la he enseñado! —exclamó Lembke. vio a su lado la cara de Blümer. asustado—. todavía más cuidadosamente q. —cQué piensa usted de ella? —inquirió Piotr Stepánovich. al final. Fue aquél su primer disgusto de casados. ¿cómo es posible? A nadie. Andrei Antónovich sintió Siempre por él la más viva simpatía. Lembke no cedió ni un paso y le explicó que no echaría a Blümer nada de este mundo ni lo alejaría de su lado. pero Julia Mija na se consideró agraviada para siempre y hasta apeló a los soponcios. Pero. Como todo hombre dolorosamente quisquilloso. diría que usted se lo había merecido cuando le escribían de ese modo. desde el primer momento y para siempre. Es posible que dentro de tres días pueda yo presentarle al autor de la carta. —i. Antes que a los otros se lo traigo. algunas palabras. Pero adiós. estaba tan cansado de los últimos días. Salió del despacho de von Lembke enteramente convencido de que cuando menos por seis días lo había tranquilizado. y en modo alguno por su falta de dotes. a medida de sus adelantos en el servicio. Pido perdón al lector. Pero se convino. no obstante algunas complicaciones nuevamente sobrevenidas. las antiguas dudas convirtiéronse en pavesas. hasta sentimental. Fuera de Andrei Antónovich. el presidiario. Por lo menos. alto. embargo. abochornado. y sobrevino inmediatamente a raíz de su boda. un pariente remoto. que toda su vida habían tenido cuidadosa y temerosamente escondido. que su alma anhelaba sosiego. sí —dijo von Lembke. en tener oculto el parentesco. Andrei Antónovich mostrábase siempre extraordinaria y alegremente crédulo en el primer momento de salir de la incertidumbre. El nuevo rumbo de las cosas se le presentaba al principio con un cariz bastante simpático. DOSTO1EVSKI pendiente de él. cuidadosamente de ella. Los alemanes “desdichados” no son ningún mito. con todos sus instintos presentía que en las palabras de Piotr Stepánovich se encerraba algo de todo punto monstruoso. había dicho muy certeramente de él que “se forjaba al hombre a su modo y luego ya vivía con esa idea”.Se la ha enseñado usted a alguien? —No. usted sería el primero en sufrir las consecuencias. fuera de toda forma y convenio. A Andrei Antónovich profesábale. y en cambiarle a Blümer el pronombre el nombre. pues también él se llamaba Andrei Antónovich. El tal Blümer resultaba hasta pariente de Andrei Antónovich. —Oiga usted: déjeme a mí eso. gracias a Dios. Se hubiera impresionado tanto. L de asombrarse viéndose obligada a tragar a Blümer. pero Fedka. deLOS OEMONIUS 280 FEDOR M. y ese plazo le era absolutamente preciso. cargado de hombros. melancólico. y se hubiera enfadado horriblemente conmigo. buscábale un puestecito subalterno. como adrede. quitando únicamente un boticario 1 1 . nunca nadie le mostró afecto. arisco. lo convenido! IV Piotr Stepánovich es posible que no fuera ningún imbécil. Blümer pertenecía a la extraña clase de alemanes “desdichados”. sino no sabemos por qué. “aunque el diablo sabe lo que puede ocurrir con esa ‘nueva generación’. tanto. pero en demasía y sin necesidad. Dios me guarde. Ahora estaba como en un bosque. lo mismo que su mujer y sus numerosos hijos. aunque siempre a destiempo. Ya conocemos la lógica femenina. aunque sólo sea. Todo el tiempo de la visita de Piotr Stepánovich había estado aguardando no lejos de allí. tendiendo los brazos. y se fundaba tan sólo en que se había formado de Andrei Antónovich. La historia oficial y hasta secreta “de la nueva generación” le era harto conocida —era hombre curioso y coleccionaba proclamas—. Además. pero de ahí no pasaba. hasta en Rusia. —Ah.

—Blümer. —Esa no es más que una máscara. tu proyecto es estúpido.. tú no sabes nada. y ten en cuenta. obl’’ a escuchar su novela en lecturas secretas a solas. por lo visto. hállase convencido de que allí sienipre se oculta un vivero de incredulidad y de socialismo. se estuvo seis horas das hecho un poste. adelantándose con paso firme hasta él y llevándose al corazón la mano diestra—. deseando. retirado — diose con la mano en el pecho—. lamentóse en compañía de su larga y flaca consorte de la desdichada debilidad que sentía su bienhechor por la literatu ra rusa. —Blümer. —Pero tú confundes al padre con el hijo. Usted también. dejará ir la ocasión de distinguirse si se muestra indulgente con el verdadero culpable. Andrei Antónovich miró dolorosamente a Blümer al entrar éste. Blümer! —gritó de pronto. nada más que un docent. todas las obras de Herzen. Por el señor Verjovenskii nadie muestra interés. que siempre te miro t blando de susto. usted está asistido de todos los poderes —insistió ¡ mer respetuosa. —Blümer. y luego. —Seguramente encontraremos todo lo que buscamos —dijo Blümer. pero no se rindió. poseo un catálogo aproximado. que había sentido la voz de su mujer en la habitación contigua. permítame! —insistió. pero tercamente. y. —El ha sido un docent. el hijo se burla abiertamente del padre. oprimiéndose todavía más fuerte el pecho con entrambas manos. además. y del susto de haberlo dicho se me tranquilamente. Blümer adelantóse más y no prestó oídos. según costumbre. von Lembke. —ilulia Mijaílovna!.. —Y. y en cuanto al servicio. Blümer. —Usted siempre dice algo agudo. Permítame. Acabaremos por dar con la pista verdadera de estas proclamas. Líamschin y Teliátnikov aseguran que encontraremos todo lo apetecible. e inmediatamente empezarán las bromas en la ciudad y todo lo habremos echado a perder. esto podría arreglarse de una manera más delical sin darle publicidad. no pasa de ser asesor del colegio. es aquí un personaje principal. la que armará loha Mijaílovna. por la mañana tempranito. Viose.. —Blümer. Yo. observando toda suerte de d1icadezas con las personas y toda la severidad de formas prescrita por la ley. Julia Mijaílovna.. sin embargo. por si acaso. —j. seguido de risas. observaba una vida tr diosa y solitaria. —Te ruego. no hacía visita alguna. sudando. El guarda en su casa todos los libros prohibidos: Pensamientos.. y todo hombre honrado. por el contrario. El joven Verjovenskii me resulta muy sospechoso. Hacía ya mucho tiempo que le eran reconocidos también los pecadillos literarios de Andrei Antónovich. mm pobre Blümer’ —Y muchas proclamas —prosiguió Blümer. acabo de convencerme de que eso no es de esa manera. insignias no posee ninguna. sin reparar en la observación—. te lo digo yo. esos libros los tiene todo el mundo. absoluto no lo es. alzará la voz. Estuvo sujeto a vigilancia secreta. No se llevan bien.alemán. conjurar la continuación del diálogo q: con su llegada había interrumpido Piotr Stepánovich.. a pesar de todo. 1 . qué ingenuo eres. al volver a su casa. No encontraremos nada. Blümer estremecióse.. que me dejes en paz —empezó con apresurada carrerilla. Esos jóvenes. y se armará un griterío feroz. tú me eres tan adicto y servicial. —Oh Dios. La generala Stavróguina le ha retirado declaradamente su protección. e indudablemente lo estará todavía.. tú has jurado atormentarme! Ten en cuenta que. sobre todo. usted tiene el deber indudable de obrar. Y respecto a los desórdenes que se han producido ahora. Haremos un registro inopinado.En virtud de las palabras de ese joven falso y ViCiOSO del que usted mismo sospecha? Lo ha vencido a usted con lisonjas a su talento literario. lo echaron del colegio como sospechoso de maquinaciones contra el gobierno. de River. apelando a todas sus fuerzas para no dom y sonreír. Ha sido profesor. suponiendo que los haya en esta ordinaria ciudad. ¡Vete. pero con ello se perjudica.. encorvándose y acercándose cada vez con menudos pasitos a Andrei Antónovich. es hombre conocido. Estuvieron allí no hace mucho.

en un tono seco y sin pasar de lo más indispensable..1 que vivía en la casa y hacía ya mucho tiempo regentaba todos los a-’ domésticos.. y aquella vez hizo él lo mismo. 282 FEDOR M. ¡Oh. La viejecilla escribía casi diariamente a Moscú. hasta con avidez. en la que el joven desplomóse.. Piotr Stepánovich había estado ya antes en su casa. El gran escritor vivía en casa de una hermana suya. diciendo cómo había pasado la noche y lo que se había dignado comer. se d. Hacía cuatro que le había enviado su manuscrito i (que se proponía leer en la mañana literaria del festival organizado por Mijaílovna). plenamente cc cido de halagar la vanidad del joven dándole a conocer antes que a i.I. en tanto se enjugaba con la servilleta y con el aire de la más honda alegría. de aquel diálogo entre superior y subalterno derivó una cosa inesperada. que provocó un escándalo y l inspiró una rabia feroz a Tulia Mijaílovna.tían ante su pariente. llamó nerviosamente al criado y. La estructura mental del “ho” de más talento” de Rusia interesábale a Piotr Stepánovich. magnífica. res vulgares. volvió a sentarse en el diván. luego. calzaba unos zapatos muy suaves y silenciosos y guantes. estaba engullendo su chuleta de todas las mañanas con medio vasito de vino tinto. pero hasta allí por alguna razón. ambos. efectivamente. de suerte que ambas mejillas toparon. sin invitarlo nunca..minóse a toda prisa a la calle de la Epifanía. efectivamente. aunque él la trataba con finura. Pero Piotr Stepánovich sabía ya por experiencia que cuando iba a besar a alguien limitábase a presentar la mejilla. con gran sentimiento suyo. pero.. ya que no había avisado a nadie de su visita. o sería que se excedió en aquel caso en provecho de su bienhechor firmemente convencido de que el éxito coronaría sus gestiones? Como v remos más adelante. levantándose del . y una vez envió allá un telegrama con la noticia de que.. en Moscú. encorvado en fuerz del respeto dirigióse a la puerta de puntillas. había rehuido toda explicación con él. eso sí. Detúvose. después de haber comido con el alcalde de la población. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS —Vete! —dijo rechinando los dientes Andrei Antónovich—. en silencj0 y respetuosamente. y hasta desde el c anterior. al ver a Blümer. Blümer. pero al llegar éste aquella vez encontrábanse amboS. Pero el gran escritor. una parienta remota y pobre del chambeláfl. En su cuarto sólo osaba entrar alguna que otra vez. algo abierto de brazos. ¿Habría interpretado.diván. que devoraba en su presencia. Haz lo que quieras. y siempre habíale cogido comiendo aquella chuleta matinal. Todo el mundo en la casa andaba de puntillas desde la llegada del señor Karmazínov. una gran obra. —Pero ¿no. A mí me parece que el joven había acabado. pero sólo por un momento. y el otro. por adivinar que si no lo tenía por caudillo de todo el movimiento secreto’ revolucionario de Rusia entera. rióse y penetr6 en ella. alzó malhumorado la voz al . infatuado. y lanzóle una mirada altanera y agresiva. Karmazínov.. de un modo que demostraba claramente que esperaba una respuesta cortésmente negativa. casada con chambelán y propietario. pero. . cual si la presencj3 allí de aquel hombre constituyese para ella un agravio.. ridícula para muchos. sumiéndole en el momento más crítico en la más deplora ble indecisión. lo aguardaba. Dios mío! Alzóse la cortina y dejóse ver lulia Mijaílovna. la última exclamación histérica de Andrei Antónovich como una franca autorización para proceder según de seaba. aquel alma “casi de estadista”. sencillamente lo halagaba. El criado que le servía a la mesa vestía de frac.. de suerte que el honor de recibirlol correspondióle a una anciana. cambiando por aquella vez de costumbre. no obstante toda su finura. De von Lembke . se había visto obligada a tomar una cucharada de una medicina. lo que despertó su : terés. Después de la chuleta servíanle una tacita de café. —A. pero al pasar por la de L ante la casa en que vivía Karmazínov. tanto el marido como la mujer.. por lo menos sí lo consideraba uno de l individuos más iniciados en los secretos de la revolución rusa y con una discutible influencia sobre la juventud. y lo había hecho así por pura amabilidad. hízole una profunda reverencia y. Piotr Stepánovich hacía ya mucho tiempo observaba aquel caballero vanidoso. insultantemente desdeñoso para los s. naturalmente. y con mucha amabilidad indicóle a Piotr Stepánovich una butaca frente a él. haciéndose el desentendido. detúvose de pronto. . después de besarlo. finalmente.ah! —exclamó Karmazínov. no querría usted almorzar? —preguntó el dueño de la casa. . Aquel día fue para Piotr Stepánovich muy atareado. Cuando entró Piotr Stepánovich. Una sombra de ofendida estupefacción entenebreció el rostro del dueño de la casa. y acabó por desconcertar a An drei Antónovich. Le contestaron que “lo estaban aguardando”.. costumbre característica de los rusos cuando son ya muy conocidos. Piotr Stepánovich manifestóse en seguida dispuesto a almorzar.

. mirábale de reojo. aunque suavizando cada palabra al pronunciarla y ceceando a lo señor—. —No. —Yo. ¿nada? —De literatura rusa? Permítame usted. con extraordinario apetito. No tengo tiempo de sobra. encima de la mesa._. pero temo enfermar en este clima —respondió el escritor con su voz chillona.. engullósela en un santiamén. —Ese grosero —Karmazínov. y. al venir.. pero cada cual tiene su gusto. o En el camino.. o Caminando. y con él mi manuscrito. por hacer ejercicio. al que. habrá leído. aquí está! —y Piotr Stepánovich sacóse del bolsillo tr’-—— un mazo de pliegos de cartas—. Pues me olvidé de él por completo y no lo he leído. he leído algo. otra. El hombre de gcnio me gusta a mí que tenga algo de estúpido.. No.. . poco. Siguió un sdencio. ¿Y no es él un genio entre ea gente. Figúrese u desde que usted me las dio las llevo aquí en este bolsillo posterior con e moquero. según costumbre suya de todos los días después de almorzar. Debo habérmelo dejado en casa. Moscú. no.mandarle que llevara otro almuerzo. Llevaron el almuerzo. algo así. se me había olvidado. y también envía otra a una casa de banca. al parecer. Verdaderamente no sé. contó las hojas. y con mucho respeto lo dejó por el momento a lado. ya encontraré. —Alto ahí. —tYa no le queda mucho tiempo para estar aquí? —preguntó Piotr Stepánovich.. Karmazínoy. Se han an-ugado un poco.. —Pero ¿nc lo trae usted? —inquietóse de pronto hasta el punto de pender la comida y quedarse mirando a Piotr Stepánovich con aire de s. lo mejor enviar por él en seguida.. sin duda. probablemente habrá comprend do todo lo buido de mis palabras. no recuerdo. engullendo el último bocado y apurando la última gota—.. y vino mándele servir. mejor será que yo envíe por él a su casa ahora mismo. —Sí. —Usted.. pensativo.. pero yo le había enviado mi manuscrito. que llegaba hasta el suelo. con botones de nácar.. no obstante el calor que hacía en la habitación. en el extranjero. desde su butaca. y café. lo que no se avenía bien con su abdomen. que tengo un hambre desaforada —contestó Piotr Stepánovich en tanto examinaba con plácida atención el traje del anfitrión.. —Ah! ¿Se refiere usted a ese Bonjour?. con avidez.Cómo es eso? Pero ¡si no le había dicho que fuese a venir! —No. El señor Karmazínov vestía una bata casera por el estilo de un levitón. lee poco —inquirió sin poder contenerse. echó mano a su original. además. —Qué quiere usted: ¿chuleta o café? —informóse de nuevo... pero es que Moscú puede arder. —j. Aunque también es posible que no mienta y que sea con toda sinceridad un imbécil. Porque Julia Mijaílovich dice que usted siempre guarda varias copias: i. Pero no se apure usted. s:. por lo demás. Sobre las rodillas tenía echada una manta de lana a cuadros. F extraviarse y hasta pueden robárselo. en los bolsillos no lo tengo. la tercera. ese grosero. mi manuscrito con avidez. y ahora. puede llevarse el diablo? Se levantó del diván y empezó a dar vueltas por la habitación de un extremo al otro. en Petersburgo. en poder de un notario. bebióse el vino y apuró el café.. —Sí.. pero de modo que no lo perdiese un instan de vista. Piotr Stepánovich. bastante prominente.. —Eso es. Lo aguardaba desde ayer.Enfermo? —preguntó Piotr Stepánovich. les aseguré a todos que era usted un hombre de muchísimo talento.. —Chuleta.Su manuscrito? ¿Qué manuscrito? j IbL)UR M. leyó usted? —. —Merci. pero que se le había quedado ya muy corta. por lo visto. ¿Lo. lanzóse sobre la chuleta. enfermo. DUSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 285 Karmazínov mostró una sorpresa enorme. y con el mal conformado arranque de sus piernas. en una mcsita especial. —. —Se lo agradezco —respondió Piotr Stepánovich tranquilamente. y eso que dice es mentira. mente. —No. repasólo cuidadosa.. —Pero ¿quién iba a robarlo? ¿Por qué se asusta usted de ese r. todos andan locos por usted. no he tr nido tiempo. —Y de literatura rusa. A lo largo del camino. después de haber encendido un cigarro.

porque todos están convencidos de su poder.. lo confieso. —Y de Stavroguin. no hay más remedio que vivir con su siglo. de pronto. nada de eso —prosiguió el señor Karmazínov. el instinto. Yo estoy convencido del éxito de esta propaganda secreta.. que yo no creo en lo más mínimo en el dios ruso... un país de mendigos vanidosos con sus altas categorías. y todos saben muy bien que no tienen a qué agarrarse. y a cada vuelta de un rincón al otro bamboleaba. allí el imperio es de piedra. relativamente. —Aquí hay un tal Schátov —informóle el gran escritor— y. mediante algún ardid. no sin sarcasmo—. Las miran con perplejidad. Para el hombre ruso. asombro. El pueblo todavía sigue más o menos apegado al dios ruso. mente el engaño y demuestran que aquí no hay a dónde agarrarse ni apo. Ha venido para que yo le haga directamentc una pregunta. aún soy partidario del honor. y no será menester más que indicárselo. se hunde Babilonia. me perezco por las formas antiguas. E cuanto veo. a lo largo d toda su historia. aunque pienso que durará lo que yo). Cuando un barco se hunde. figúrese usted. el honor es L sólo una carga superflua. efectivamente. mente expresado.. ¿qué piensa usted? —No sé. a todo esto. aunque no lo reconozcan. No. —Hum! Si allí.. drá atraer más pronto. donde puede hacerse todo lo que se quiera sin el menor obstáculo. Pero yo quiero desgastarme lo más tarde posible. Se alegrará de encontrar cualquier salida. en Europa no son aún tan valientes. en Rusia. en mayor número cada año. —Julia Mijaílovna mc rogó que. allí el clima es mejor. de mirar cara a. él fue. Yo pertenezco a la vieja generación. pero por puro apocamiento. —. toda la idea revolucionaria rusa se reduce a la negación del honor. Esa facultad de mirar a la verdad cara a cara es privativ solamente de la actual generación rusa. Dicen en voz alta lo que callan todos. efectivamente. Proclamando el “derecho al deshonor” es como se le po. ¿no? —No. Comprendo muy bien por qué los rusos con capital escapan todos al extranjero. En ellas lo que predomina (no• obstante la forma) es ese atrevimiento. en Europa todavía no comprenden esto. cara a la verdad. Europa durará lo que yo me figuro. Pues se la haré. Yo. según está. En la nobleza rusa hay algo que se desgasta con extraordinaria rapidez en todos sentidos.—Vine especialmente a vender una finca. y ahora me dispongo a marcharme al extranjero. pero el dios ruso. dígame: ¿qué piensa de ellas? —Todo el mundo las teme. y todo irá a diluirse en el fango. Piotr Stepánovich no insistió. Pero ¿por qué lo decía? —Porque habla de no sé qué. Pero. recalcando. las ratas son las primeras en abandonarlo. riendo. Denuncian abierta. ¿Qué opina usted? —Yo no sé nada. pero sólo por la fuerza de la costumbre. miserable y. será una sorpresa. DOSTOILVSKI todo está condenado. sencillamente. . —Es una excelentísima persona.lito y apenas podía mantenerse ante la reforma de los campesinos.. ahí tiene usted. A mí me gusta ver eso tan osada e intrépida. No. sus palabras.do mañana —inquirió. Ahí tiene usted los ferrocarriles. y lo tengo a honra. estaba muy ma. y yo creo que causará g. pero esgrime su maza en las tinieblas y aporrea a los suyos. Me han enseñado estas proclamas de aquí. Y siempre fue para él una carga. el pie derecho—. y. benévolo. A mí me han calumniado ante la juventud rusa. señor. peligroso. y la edificación de piedra más sólida. sí. De pronto se detuvo. tengo intenciones de vivir lo más posible. ¿No fue él quien le dio una bofetada a Stavroguin? —Sí. Rusia. allí todavía hay en qué apoyarse. El gobierno es el único que trata todavía de oponerse. hasta ahora inaudito. pero no se la diré a usted porque es un secreto. Todos hace mucho tiempo cayeron. y ése n’ hace más que callar y mirarme. Ye. a juzgar por los últimos datos. no lo he visto.yarse. —Como quiera. así que son poderosas. —Creo que se vino usted acá porque allí esperaban una epidemia de cólera después de la guerra. no hay apenas nada que pueda hundirse. Nada. Aquí 26 FEDOR M. La Santa Rusia es un país de madera. pero a precisamente esto es lo que se anhela. porque Rusia es ahora el país del mundo por excelencia. Yo tomé parte siempre en todos sus movimientos.Y en el europeo? —Yo no creo en ninguno. Piotr Stepánovich. por lo menos se tambaleaba bastante. y ahora dependo de mi administrador. sin embargo usted empezó a hablar de las proclamas. La Santa Rusia es el país que menos estabilidad ofrece de todos. y su inmensa mayoría vive en chozas. —Sí.. no tiene porvenir. que es un tarambana. —dijo Karmazínov con énfasis—. Lo que se derrumba entre nosotros no son piedras. en cambio. y a lo que puedo juzgar. Es. su caída será más grande (en eso estoy perfectamente de acuerdo con usted. Yo me he hecho alemán. efectivamente —dijo. no. viera el modos de sacarle a usted qué sorpresa es esa que nos prepara para el baile de pasa.. me estoy habla que te habla —pensó—. jacarandoso.

cierto sentido”. —No se trata de ningún pacto. Piotr Stepánovic. ni yo me he comprometido a nada. En el suelo había una pelota. Piotr Stepánovich. que abría las piernas y agitaba de un modo especial. Bueno. ya frío..Tendrás tiempo... Usted se enoja por la palabra. —A primeros de mayo próximo empezará. Pero pacto no lo hay ni ha habido. no es ningún imbécil. y aquella vez estaba haciendo gimnasia en medio del cuarto. —De acuerdo. cuando este “espíritu. no es más que una rata que huye! ¡No nos denunciará! Y corrió por la calle de la Epifanía a casa de Filippov. por encima de su cabeza. ¡Qué magnífica pelota. y penetró en el cuarto—. —tCómo entender eso? ¿Quiere decir que usted sigue con sus antigu ideas? —Eso quiere decir. —dijo. —Parece que cuida usted mucho su salud —dijo en voz alta y jovial. Entonces no hubo nada más que mi voluntad. como de costumbre. “. u ted está equivocado. y yo fui y se lo conté a él para que lo sepa. 288 FEDOR M. y sól’ mi voluntad hay ahora. después de esto. a usted se contentarían con azotarlo. Transcurrió un minuto de silencio. —Se lo agradezco sinceramente —dijo Karmazínov con voz penetrante. también para cuidar la salud —murmuró secamente—. que no se habían llevado. Karmazínov le tendió. de pronto. y hasta con demasiada seriedad.. ni yo me he comprometido a nada. Piotr Stepánovich cogió el sombrero y se levantó. VI Piotr Stepánovich pasó primero a ver a Kirillov.. casi de estadista”. ya sin reír. pero yo he venido para recordarle nuestro pacto. La salud es salud.Karmazínov le había tomado odio a Stavroguin porque aquél había adquirido la costumbre de no reparar nunca en él. ambas manos. Piotr Stepánovicl detúvose un minuto en el umbral. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS —He venido por un minuto nada más. Tome asiento.. haga usted su voluntad. Aquél estaba. Kirillov se explicaba de un modo tajante y descortés. no podemos ya dudar de nosotros (se echó a reír). es decir. —Y qué —dijo. aún más animoso. hasta asustado. uf. ¿cuándo podría ocurrir? —Yo no sé —contestóle con cierta grosería Piotr Stepánovich.. de pronto. —El dijo que si a él lo colgaban de un árbol. de pronto. solo. Karmazínov. —Eso es lo que procede —asintió Karmazínov. como se azota a un campesino. —Oiga usted: ¿qué piensa usted hacer? —y Piotr Stepánovich sal bruscamente del asiento. —Cuál? —La de antes. y tan respetuosamente me da las gracias por los datos recibidos. ¡Hum! Pero ¡él. —Sí. Se aproxima.. Encima de la mesa se veía el té matinal. de algún tiempo . Pero me sentaré. y para la Intercesión todo habrá concluido —dejóse decir. —Cómo que se lo contó? —y volvió a reírse Karmazínov. Para vender su finca tendrá usted tiempo. Ambos se miraron de hito en hito. con voz melosa y con una entonación especial. y. de huir del buque! —pensó Piotr Stepánovich al salir a la calle—. —Usted ya dijo eso otra vez.. Ambos se miraron todavía más atentamente. —Es posible que antes. —Mi voluntad.Aproximadamente! ¿Poco más o menos? —asintió. sino fuerte. de pronto. si se estuviera destinado a realizarse todo eso. —. sin soltarle las manos—. siempre que ésta nW haya cambiado —y Piotr Stepánovich volvió a sentarse con aire satisfe. Piotr Stepánovich. de acuerdo. cho—. y cómo bota! ¿Le sirve también para hacer gimnasia? Kirillov se puso el sobretodo. Usted. —tQué pacto? —tCómo que qué pacto? —exclamó. que proyectan. —Ese calavera —dijo riendo—. si aquí ocurriera algo de eso que dicen las proclamas. los brazos. la fecha —terminó con un giro torpe. estrechándole las manos. rata. en el fondo. en señal de despedida. y también lo tendrá para marcharse —murmuró Piotr Stepánovich con mayor grosería aún. se informa tan crédulamente del día y la hora. sería el primero que colgasen de un árbol. pero no por pura fórmula.

acá se vuelto de muy mal humor; y, además, evita visitarnos. Por lo demás, estoy perfectamente convencido de que no ha cambiado. —jMe es usted muy poco simpático, pero no puedo estar enteramente seguro! Aunque no reconozco cambio ni no cambio. —Sin embargo, sepa usted —y Piotr Stepánovich volvió a alarmarse— es menester que vuelva a expresarse con sentido para no confundirse. Este asunto exige exactitud, y usted me embrolla la mar. ¿Me permite usted que hable? —Hable usted —dijo Kirillov, mirando a un extremo de la habitación. —Usted hace ya mucho tiempo que se propuso quitarse la vida... Por lo menos, esa idea tenía usted. ¿Es cierto? ¿No estoy equivocado? —Siempre tuve esa idea. —Magnífico. Fíjese en que nadie le obligaba a ello. —No faltaba más! ¡Qué tonterías dice usted! —Bueno, bueno; yo me he expresado muy estúpidamente. Sin duda que sería una estupidez obligar a eso a nadie; prosigo: usted era miembro de la sociedad cuando ésta tenía aún su organización antigua, y se confió entonces con uno de los miembros de la misma. —No me confié, sino que, sencillamente, se lo dije. —Bueno. Sería ridículo en esto “confiarse”; ¡vaya una confesión! Usted, sencillamente, se lo dijo, y muy bien. —No, no está muy bien, porque usted escudriña demasiado. Yo no estoy obligado a darle a usted cuenta de nada, ni usted puede comprender mis
ensamientos. Yo quiero privarme de la vida, porque ésa es mi a, porque nO quiero aguantar el terror de la muerte; porque..., porque. ..; pero ¿que falta le hace saberlo?... ¿Qué le interesa a usted? ¿Quiere un pocO de te. gstá frío. Déjeme que le traiga otro vaso. piotr Stepánovich, efectivamente, había cogido la tetera Y buscaba un vaso limPio. Kirillov fue al aparador y le trajo un vaso limpio. _Acabo de almorzar en casa de Karmazínov —observó el huesped—. Sudando lo escuché y sudando vine hacia acá... Me moría de sed ._-Pues beba. El té frío es bueno. KirillOv volvió a sentarse, y de nuevo fijó la mirada en un rincofl. —En la sociedad se figuraron —prosiguió con el mismo tono de voz— que yo podía serles útil matándome, y que cuando ustedes hubi° hecho alguna trastada y estuviesen buscando a los autores, yo, de pr00tO podia pegarme un tiro y dejar una carta declarándome culpable de todo, de suerte que no pudiesen sospechar de ustedes en todo un año. _Aunque sólo fuese unos días; hasta un día tiene su preciO. —Bien. En se sentido me dijeron que si yo quería, aguardase Yo dije que aguardaría hasta que expirase el plazo fijado por la socieda’i, porque a mí me daba lo mismo. —Sí; pero recuerde usted que se comprometió, cuando fuese a escribir su carta de suicida, a hacerlo de acuerdo conmigo y habiendo venido a Rusia; está usted..., vamos, en una palabra, a mi disposición; claro d para esos efectos; para todo lo demás es usted, indudablemente, dueno e sus actos —añadió Piotr Stepánovich casi con amabilidad. —Yo no me comprometí; accedí, porque a mí me es igual. —Muy bien, muy bien; yo no tengo la menor intención de herir su amor propio; pero... —Aquí ya no se trata de amor propio... —Pero recuerde usted que se le dieron ciento veinte táleros para el viaje; es decir, tiene usted recibido dinero. —No hay tal cosa —clamó Kirillov, poniéndose encarnado Por eso no he recibido dinero. Eso no se paga. —Se paga a veces. —Miente usted. Yo le expliqué todo en una carta desde p0tsbg0, Y en Petersburgo le aboné a usted ciento veinte táleros, a usted, en su propia mano..., que los enviaría si no se quedó con ellos. —Bien, bien; no discuto nada; se los envié. Pero, sobre todo, sigue usted en la misma idea que antes? —En la misma. Cuando usted venga y me diga: “ahora”, en seguida lo hago... ¿Será muy pronto? —No pasarán muchos días... Pero tenga en cuenta que la cada la hemos de escribir entre los dos esa misma noche. —O de día. Usted dijo que tenía que cargar con la responsabilidad de las proclamas, ¿no? —Y de algo más.

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—Yo no voy a cargar con todo. —cPor qué no ha de cargar? —y otra vez volvió a alarmarse Piotr Stepánovich. —Eso no quiero; basta. No quiero hablar más de esto. Piotr Stepánovich se dominó y cambió de conversación. —Y pasando a otra cosa —advirtió—, ¿será usted esta noche de los nuestros? Es el día de Virguinskii, y con ese motivo nos reunirnos. —No quiero. —Hágame el favor de ir. Es preciso. Es preciso imponer por el número y por el aspecto... Usted tiene una figura...; vamos, que tiene usted una cara fatal. —tCree usted? —dijo Kirillov riendo—. Bueno; pues iré, pero no por la cara. ¿Cuándo? —Oh!, temprano: a las seis y media. Y mire usted: puede usted entrar, j sentarse y no hablar con nadie, por mucha gente que haya. Sólo que, mire usted: no olvide llevar consigo papel y lápiz. —Para qué? —j,No dice usted que todo le da igual? Se trata de un ruego particular mío. Usted no hará más que sentarse, no hablar con nadie, escuchar y de cuando en cuando, hacer como que toma notas; vamos, que dibuja usted algo en el papel. —iQué absurdo! ¿Por qué? —Pero ¿no le da a usted todo igual? Usted siempre está diciendo que le da todo igual. —No; ¿por qué? —Pues porque el miembro de la sociedad, el inspector, se ha detenido en Moscú, y yo a algunos de ellos les dije que era muy posible que el inspector nos visitara; y ellos pensarán que el inspector es usted, y como usted lleva ya aquí tres semanas, será mayor su asombro. —Farsa. Ustedes no tienen ningún inspector en Moscú. —Bueno, concedido; que el diablo se lo lleve. A usted, ¿qué se le da de eso, y por qué se le hace tan cuesta arriba? Usted es también miembro de la sociedad. —Dígales que soy el inspector; me estaré sentado en silencio, pero nada de papel ni lápiz. —Pero ¿por qué? —Porque no quiero. Piotr Stepánovich se enfureció, hasta se puso verde, pero volvió a dominarse, se levantó y cogió el sombrero. —,Está “ése” en su casa? —Sí. —Está bien. No tardaré en llevármelo, no se apure. —Yo no me apuro. No hace más que pasar las noches. La vieja está en el hospital, la nuera se murió; llevo dos días solo. Yo le he enseñado un si-

tio en el tabique, donde hay una tabla que se quita; por allí se introduce y no lo ve nadie. —No tardaré en llevármelo. —Dice que él tiene muchos sitios donde pasar la noche. —Miente; lo andan buscando, y aquí, por ahora, pasa inadvertido. ¿Es que ha hablado usted con él’? —Sí, toda la noche. Dice horrores de usted. Yo anoche le leí el Apocalipsis y le di té. Me escuchó con mucha atención, con mucha atención, toda la noche. —Ah demonio, va usted a convertirlo al cristianismo! —Ya es cristiano. Descuide usted: matará. ¿A quién quiere usted que mate? —No es para eso para lo que lo quiero, sino para otra cosa... Y Schátov, ¿conoce a Fedka? —Yo a Schátov, ni le hablo, ni le veo. —Han reñido ustedes? —No; no estamos reñidos, sino solamente que no nos hablamos. Demasiado tiempo hemos dormido juntos en Norteamérica. —Voy a pasar ahora a verlo. —Como usted quiera. —Yo, con Stavroguin, puede que también venga a la casa de usted, cuando salgamos de allá, a eso de las diez. —Vengan ustedes. —Tengo que hablar con él de algo importante... Mire usted: déme usted su pelota. ¿Para qué la quiere? Yo también hago gimnasia. Mire: se la pagaré. —Llévesela. Piotr Stepánovich se guardó la pelota en el bolsillo trasero. —Pero yo no le facilitaré nada contra Stavroguin —murmuró Kirillov mientras acompañaba a su huésped. Este lo miró asombrado, pero no le contestó. Las últimas palabras de Kirillov desconcertaron a Piotr Stepánovich extraordinariamente; no había tenido aún

tiempo de pensar en ellas; pero en la escalera, camino del cuarto de Schátov, esforzóse por modificar su nada satisfactorio aspecto, adoptando una expresión afable. Schátov estaba en casa y algo enfermo. Estaba echado en la cama, aunque vestido. —iQué fiasco! —exclamó Piotr Stepánovich desde la puerta—. ¿Seriamente enfermo? La afable expresión de su rostro había súbitamente desaparecido; algo de maligno le brillaba en los ojos. —Un poco —nerviosamente incorporóse Schátov—; enfermo no estoy; sólo un poco la cabeza... Hasta se aturrullaba; la inesperada aparición de visita semejante lo habia asustado. —Yo he venido a hablarle de un asunto que no es compatible con la enfermedad —empezó Piotr Stepánovich rápida y como imperativamente—. 292 FEDOR M. DOSTOIEVSKI
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Pennítame sentarme, y usted, vuelva a acostarse; así. Hoy, con pretexto de ser el cumpleaños de Virguinskii, nos reunimos en su casa unos cuantos de los nuestros, no habrá otros; se han tomado medidas. Yo iré con Nikolai Stavroguin. A usted, naturalmente, no he de llevarle allá a rastras, sabiendo su actual modo de pensar; es decir, con objeto de que allí no lo mortifiquen y por temor a que usted nos denuncie. Pero resulta que no tiene usted más remedio que ir. Allí encontrará usted a aquellos individuos con los cuales se ha de resolver el modo como definitivamente ha de abandonar usted la sociedad y a quién ha de entregar lo que en su poder se encuentra. Procederemos con discreción; yo me lo llevaré a usted a un rincón; habrá mucha concurrencia, y no es preciso que se enteren. Confieso que me ha costado mucho trabajo convencerlos; pero ahora, por lo visto, están todos conformes, a condición, naturalmente, de que entregue usted la imprenta y todos los papeles. Entonces podrá usted irse por cualquiera de los cuatro puntos cardinales. Schátov lo había escuchado ceñudo y malhumorado. Su sobresalto nervioso de antes había desaparecido por completo. —Yo no reconozco la obligación de darle a nadie cuentas —declaró sin ambages—. Nadie puede violentar mi voluntad. —En modo alguno. A usted se le habían confiado muchas cosas. Usted no tenía derecho a romper de buenas a primeras. Y, por último, usted nunca habló de eso con claridad, por lo que se ha colocado en una situación ambigua. —Yo, al venir acá, me expliqué con toda claridad en una carta. —No, no con claridad —rebatió Piotr Stepánovich tranquilamente—j Yo, por ejemplo, le había enviado a usted Una personalidad luminosa, para que la imprimiese aquí y guardase los ejemplares hasta que fuese preciso e su poder, y también dos proclamas. Usted contestó con una carta enigmáti’ ca, que no decía nada terminante. —Yo me negaba claramente a encargarme de la impresión. —Sí, pero no claramente. Usted escribía: “No puedo”, pero no caba por qué. Cabía pensar que no podía por causas puramente materiales No puedo no quiere decir lo mismo que no quiero. Así lo comprendieroE ellos, y dedujeron que usted, a pesar de todo, estaba conforme en continu unido a la sociedad, y, por tanto, podía seguir confiándosele cosas y, a mismo, comprometiéndose. Aquí dicen que usted, sencillamente, pretendí engañarnos, para, después de haber conseguido alguna confidencia de iportancia, denunciarnos. Yo lo defendí a usted con todas mis fuerzas, 3 mostré su contestación por escrito en dos renglones, como un docu que le favorece. Pero yo mismo he tenido que reconocer, después de de nuevo, que esas dos líneas son vagas y hacen pensar en un engaño. —Pero ¿tan cuidadosamente ha guardado usted esa carta? —i,Qué tiene de particular que la haya conservado? En casa la todavía. —Bueno; ¡al diablo! —exclamó Schátov con rabia—. Que esos imbéciles se figuren que yo iba a denunciarlos, ¡a mí qué! ¡Quisiera ver qué es lo que ustedes pueden hacerme! —Vengarse de usted y, al primer triunfo de la revolución, colgarlo! —cCuando se hayan ustedes apoderado del Poder y subyugado a Rusia? —No se ría usted. Le repito que lo he defendido. Así que, a pesar de todo, le aconsejo que no falte allí hoy. ¿A qué vienen esas inútiles palabras, inspiradas en un falso orgullo? ¿No es mejor separarse amistosamente? Porque, en todo caso, a usted le toca entregar la caja y los tipos y esos viejos papeles; también de eso hablaremos más despacio. —Iré —respondió Schátov, bajando, caviloso, la frente. Piotr Stepánovich lo contemplaba de soslayo desde su sitio. —Stavroguin irá? —inquirió de pronto Schátov alzando la cabeza. —Irá indudablemente. —Ja...,ja! Otra vez guardaron un minuto de silencio. Schátov, descortés y nervioso, reía. —Y esa ruin Personalidad luminosa que yo no quise imprimir aquí, ¿la han impreso? —La han impreso. —i,Les han hecho creer a los estudiantes que el mismo Herzen se la escribió a usted en su álbum? —El mismo Herzen. Hubo otro silencio de tres minutos. Schátov se levantó, finalmente, de la cama. —Váyase usted de aquí; no quiero estar en su Compañía.

—Me voy —asintió Piotr Stepánovich hasta con alegría, levantándose inmediatamente—. Una palabra sólo: Kirillov, por lo visto, ¿está ahora completamente solo en su departamento, sin criada? —Solo completamente. Váyase, que no puedo permanecer a solas con usted en el cuarto. ¡Vaya, tú estás muy bien! —pensó Píotr Stepánovich_. Bien estarás también esta noche; yo necesito ahora un hombre como tú, y pedirlo mejor es imposible, pedirlo mejor es imposible. ¡El propio dios ruso me ayuda! VII Probablemente tuvo mucho que hacer aquel día, con distintas gestiones, y, por lo visto, con éxito, según se traslucía en la alegre expresión de su semblante, cuando por la noche, a las seis en punto, presentóse en casa de Nikolaj Vsevolódovich Pero no lo hicieron pasar en seguida; con Nikolai Vsevolódovich acababa de encerrarse en su despacho Mavrikii NikoláyeVich Esa noticia, por un instante, preocupóle. Sentóse junto a la puerta misma del despacho, con objeto de ver salir al visitante. Oíase el rumor del diálogo, pero era imposible distinguir las palabras. La visita duró breve rato; a poco oyóse ruido, sonó una voz extraordinariamente recia y rotunda, 294 FoOR M. D0s1OIEVSKI
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y después se abrió la puerta y salió Mavrikii Nikoláyevich con la cara sumamente pálida. No se fijó en Piotr Stepánovich, y rápidamente pasó de largo. Piotr Stepánovich irrumpió inmediatamente en el despacho. No puedo menos de dar cuenta detallada de la brevísima entrevista de los dos “rivales”, entrevista imposible al parecer, atendidas las circunstancias, pero que, sin embargo, celebróse. Sucedió la cosa de este modo: Nikolai Vsevolódovich estaba ensoñando en su despacho después de comer, tendido en el diván, cuando Aléksieyi Ycgórovich le anunció una visita inesperada. Al oír aquel nombre, saltó del diván y negóse a creerlo. Mas no tardó en asomar la sonrisa a sus labios, una sonrisa de altivo triunfo y, al mismo tiempo, de profundo e incrédulo asombro. Mavrikii Nikoláyevich, al entrar, pareció desconcertarse ante aquella sonrisa; por lo menos, detúvose de pronto en medio del cuarto, como indeciso: ¿seguiría adelante o se volvería? El dueño de la casa inmediatamente cambió de expresión, y, con aire de seria perplejidad, adelantóse a su encuentro. Aquél no cogió la mano que le tendían; torpemente, cogió una silla, y, sin decir palabra, sentóse antes que el dueño de la casa, sin aguardar su invitación. Nikolai Vsevolódovich sentóse de costado en su diván y, sin quitarle ojo a Mavrikii Nikoláyevich, callaba y aguardaba. —Si puede usted, cásese con Lizaveta Nikoláyevna -dijo, de pronto, Mavrikii Nikoláyevich, y eso fue lo más curioso: habría sido imposible inferir por el tono de su voz qué era aquello: súplica, recomendación, concesión u orden. Nikolai Vsevolódovich continuó callado; pero el huésped, por lo vistoj había dicho ya todo lo que había ido a decir, y lo miraba terco, aguardando su respuesta. —Si no me equivoco (aunque, por lo demás, es esto harto cierto), Liza-I yeta Nikoláyevna está ya comprometida con usted —dijo Stavroguin, final mente.

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—Comprometida —asintió Mavrikii Nikoláyevich con voz firme y clara. j —Han... reñido ustedes?... Y usted dispense, Mavrikii NikoláyeviCh. —No, ella me “ama y me estima”: tales son sus palabras. Sus palabra son más preciosas que todo. —De eso no hay duda. —Pero usted sabe bien que, aunque esté ella bajo el mismo yugo, e llamándola usted, nos deja a mí y a todos y se va con usted. —Bajo el mismo yugo? —Y después del yugo. —,No estará usted equivocado? —No. Por entre el constante odio que le demuestra, sincero y r resplandece a cada instante el amor..., la locura..., el más sincero y dido amor y... locura. Por el contrario, al través del amor que por mí s se trasluce el odio... más grande. Nunca hubiera podido yo antes imagina me esas metamorfosis. —Pero yo me admiro. ¿Cómo es posible, sin embargo, que venga usted a ofrecerme la mano de Lizaveta Nikoláyevna? ¿Tiene usted algún derecho para ello? O es que viene usted de parte de ella. Mavrikii Nikoláyevich frunció el ceño, y por un instante bajó la cabeza.

—Mire usted: todo eso sólo son palabras por parte de usted —dijo de pronto—, palabras vindicativas y triunfales; estoy seguro de que usted comprenderá entre líneas, y, además, ¿hay aquí margen para una vanidad mezquina? ¿No es bastante satisfacción para usted? ¿Será preciso insistir, poner los puntos sobre las íes? Pues bien; pondré los puntos sobre las íes, si tanta falta le hace a usted humillarme; derecho no tengo ninguno; que venga de parte de ella, es imposible. Lizaveta Nikoláyevna no sabe nada de esto; pero su novio ha perdido el último destello de inteligencia y resulta digno del manicomio, y por si algo faltaba, viene él mismo a contárselo a usted. En todo el mundo, sólo usted puede hacerla a ella feliz.., y sólo yo... desdichada. Usted la hace rabiar, usted la persigue, pero no sé por qué no se casa con ella. Si se trata de una disputa amorosa ocurrida en el extranjero, si es preciso sacrificarme a mí..., sacrifiquenme. Ella es muy desdichada, y yo no puedo sufrirlo. Mis palabras no son un consentimiento ni una orden, así que no pueden herirle su amor propio. Si usted quisiese ocupar mi puesto ante el altar, podría hacerlo sin ningún permiso de mi parte, y yo, sin duda, no tendría que venir a verle, insensato. Tanto más cuanto que nuestra boda, después de este paso que acabo de dar, es imposible. ¿No sería un miserable si la llevase ahora al altar? Lo que yo hago aquí y el hecho de entregársela a usted, su más irreconciliable enemigo, representan a mis ojos una bajeza tal, que yo seguramente no la soportaré. —Va usted a pegarse un tiro cuando nos echen a nosotros las bendiciones? —No, mucho después. ¿Para qué manchar de sangre su traje de boda? Pero es posible también que no me mate ni ahora ni luego. —Al hablar así se propone usted, sin duda, inquietarme. —,A usted? ¿Qué puede significar para usted una simple mancha de sangre? Se puso pálido, y los ojos le echaron fuego. Siguió un minuto de silencio. —Disculpe usted las preguntas que le hago —empezó de nuevo Stavroguin—. Alguna de ellas no tengo el menor derecho a hacérsela, pero una sí tengo pleno derecho a formulársela; dígame usted: ¿en qué datos se funda para pensar así de mis sentimientos hacia Lizaveta Nikoláyevna? Me refiero al grado de esos sentimientos, la creencia en el cual le ha permitido a usted venir hasta aquí... y aventurarse a esa proposición. —Cómo? —y hasta se estremeció un tanto Mavrikii Nikoláyevich—. Pero... ¿Acaso no ha pretendido su mano? ¿Es que no la ha pedido ni quiere pedirla? ¿No lo adivina ni lo quiere adivinar? —En general, de mis sentimientos respecto a ésa u otra mujer, no puedo hablar con tercera persona ni con nadie, fuera de esa sola mujer. Dispen
se usted, hasta ese punto soy de raro. Pero, en cambio, voy a decirle a usted en todo lo demás la verdad: yo soy casado y no puedo casarme ni “pedir la mano” de ninguna mujer. Mavrikii Nikoláyevich quedóse tan estupefacto, que se echó hacia atrás en su asiento, y un rato quedóse mirando de hito en hito a Stavroguin. —Figúrese usted, yo jamás lo habría pensado —balbuceó—. Usted dijo entonces, aquella mañana, que no era casado..., y yo me creí que no lo era... Estaba horriblemente pálido; de pronto dio con todas sus fuerzas un puñetazo en la mesa. —Si usted, después de esa confesión, no deja a Lizaveta Nikoláyevna y la hace desdichada, lo mataré a usted a palos como a un perro junto a una cerca. Se levantó y salió aprisa del cuarto. Piotr Stepánovich, al entrar, halló al dueño de la casa en la más inesperada disposición de ánimo. —Ah, es usted! —dijo Stavroguin, riendo alto; parecía reírse de la sola figura de Piotr Stepánovich, que entraba con tan ansiosa curiosidad. —Estaba usted escuchando detrás de la puerta? ¡Alto! ¿A qué ha venido usted? ¿Es que yo le había prometido a usted algo?... ¡Ah, sí! Comprendo; la visita “a los nuestros”. Vamos allá. Lo celebro mucho, y nada podría habérsele ocurrido ahora más oportuno. Cogió el sombrero, y ambos salieron inmediatamente de la casa. —,Usted se reía de antemano ante la idea de ver a los “nuestros”? —observó Piotr Stepánovich con tono jovial, ya pugnando por marchar al paso con su compañero de camino, por la estrecha accra de losas, ya andando por el arroyo, metido en el barro porque su compañero no reparaba en que iba solo por en medio de la accra, sin preocuparse más de su propia persona. —Yo no me reía —contestó Stavroguin en voz alta y jovial—. Por el contrario, estoy seguro de que allí voy a encontrarme con una gente muy seria. —“Imbéciles melancólicos”, como usted tuvo a bien llamarlos en una ‘> ocasión. —No hay nada más alegre que un imbécil melancólico. —Eso lo dice usted por Mavrikii Nikoláyevich. Estoy seguro de que vino ahora a cederle la novia, ¿no? He

sido yo quien le ha inducido indirectamente a ello, ya puede usted figurárselo. Y si no la cede, nosotros mismos se la quitaremos, ¿no? Piotr Stepánovich sin duda sabía que se arriesgaba al meterse por tales senderos, pero cuando le excitaba la curiosidad, ya era preferible que SC arrojase a todo antes de permanecer en la incertidumbre. Nikolai Vsevol&’ dovich se limitó a reírse. —,Y usted pensaba todavía ayudarme? —inquirió. —Si usted me requiere. Pero mire usted: sólo hay un buen camino. —Conozco ese camino que dice. —Ah, si?, no, hasta ahora es un secreto. Pero picos stsdoe todo secreto cuesta dinero. Sé cuánto vale también —rezongó para sí Stavroguir ose reprimió y nada dijo. —Cuánto? ¿Qué ha dicho usted? —dijo Piotr StepslloL.inquieto. —Ya lo dije; pero ¡al diablo usted y su secreto? Msrs5ra me diga qué gente hay reunida en su casa. Ya sé que vamos a uresopeaños; pero ¿quién habrá allí concretamente? —Oh, pues toda clase de tipos! Hasta Kirillov vaj:. —6Todos miembros de secciones? —jQue el diablo cargue con usted, y qué aprisa vat ?eru sitodavía no hay ninguna sección organizada! —Pero ¿cómo ha podido usted distribuir tantas prodoss1 —Allá, adonde vamos, no habrá más que cuatro nsualasde sección en total. Los demás, mientras esperan, se espían entre sjqotisy me vienen luego con el cuento a mí. Todo éste es un material qusul000iso organizar y coordinar. Es gente que promete. Aunque usted isOsl redactado los estatutos, de modo que no hay que explicarle nada. —Entonces el trabajo cunde, ¿no? ¿No hay dificultues? —tQue si cunde? A más no poder. Voy a hacerIere]sque más influye en todo esto... es el uniforme. Nada hay más poderosuiueel uniforme. Yo, con toda intención, he ideado cargos e secretarios, emisarios secretos, cajeros, presidentes, registrudoses; a los camaradas les gusta eso mucho y lo aceptan muy hons.Luego viene, naturalmente, el poder del sentimentalismo. Ya sabe usledusal socialismo, entre nosotros, se difunde principalmente por el senlimetlssmo. Pero eso es lo malo, porque ahí tiene usted a esos subteniertqse muerden. Vienen después los pícaros mondos y lirondos; bueno; éstssbuena gente, a veces muy útil, pero se le lleva a uno mucho tiempo, pueolsque estarla vigilando sin descanso. Bueno; y, finalmente, el poder nislincipal —el cemento que todo lo liga—, la vergüenza de la propia opisus Üh, si viera usted qué poder es ése! ¿Y quién habrá hecho eso, quiso isdil “simpático” que se tomó el trabajo de hacer que no les quedase iO5 sola idea propia en la cabeza? A vergüenza lo tienen. —Y siendo así, ¿por qué se toma usted tantos calores? —Pero como es tan sencillo, que se abre la boca depsrsiicómO no tragárselos? Pero ¿es que usted, seriamente, no cree posible eléxito? ¡Ah, fe si hay, pero falta voluntad! Sí, precisamente con esos irdiduOs es posible el éxito. Yo le digo a usted que por mí se arrojaríanolfssgo; bastaría con decirles que no eran bastante liberales. Los imbécilestsseprochan el haber engañado aquí a todos diciéndoles que hay un C00ite central con ‘Innumerables ramificaciones”. Usted mismo me lo censcrou Vez; pero ¿qué engaño es ése? El Comité central.., somos ustedyyvlrsrsificaciofles habrá cuantas se quiera. —Pero ¿todo se ha de reducir a esa gentuza? —Es el material. También ésos sirven. —j,Y usted sigue contando conmigo? —Usted es el jefe, usted es la fuerza; yo sólo soy su segundo, su secre! tario. Nosotros, ya usted lo sabe, bogaremos en un esquife con velas de seda y remos de roble; en la popa irá una hermosa joven, Lizaveta Nikoláj yevna... o como diga, ¡diantre!, la canción... _Basta! ijO Stavroguin, echándose a reír—. No, prefiero darle consejo. Usted, ¿no es verdad?, cuenta por los dedos las fuerzas que comj ponen sus grupos. Todo se reduce a los títulos y al sentimentalismo; tod eso está bien como aglutinante, pero hay algo mejor: induzca usted a cuatr miembros de sección a matar al quinto, con el pretexto de que es un dela tor, y luego a todos, por la sangre vertida los tendrá atados en un solo ha* Con sus esclavos puede hacerlo: no se le sublevarán ni le pedirán cuentas ¡Ja, ja, ja! Pero tú.., pero tú esas palabras me las has de pagar —pensó para Piotr Stepánovich— y esta misma noche. Demasiadas cosas te has permiti do ya. Así, poco más o menos, tenía que pensar Piotr StepánoviCh. Por lo más, ya habían llegado a casa de Virguinskii. —,Usted, Sin duda, va a presentarme allí como a un miembro, llega del extranjero, en relaciones con la Internacional, como un inspector? — quirió, de pronto, StavrogUifl.

que está iniciado en todos los s_7 importantes. de su profesión no se le advertían huellas. Paró la cosa en que hubo de limitarse a actuar en las casas ricas exclusivamente. _QuedamoS en que hablará usted. El. le gustaba el dinero con pasión. —Bueno. que invitar amigos al cumpleaños era una estupidez consumada y “que no había motivo alguno para alegrarse”. Mandaban llamarla incluSo los propietarios del distrito. —No. hasta la más tolerante de nuestras Señoras volvióle la espalda con significativo desdén. sí.. ése es su papel. de su mujer. Stavroguin. no hace falta más. parecía. prescindiendo de las Otras tres comadronas que había en la ciudad. yo siempre lo hago cuando me reúno con ellos. nada de inspector. Stavroguifl hasta se detuvo asombrado en medio de la calle. sinceramente.. ding anse a Arma Projórovna’9 (es decir. de pronto Piotr Stepánovich. y no había en ella más inquilinos. ¿no? _preguntóle. que Karmazínov dice que. Pero madame Virguunskaya tomó aquello como si le hubiera sido necesario: Es de notar que aquellas severas señoras. Verjovenskii: ¿no será usted de la alta Policía? —Quien discurre esas preguntas no las hace. Piotr Stepánovich. con el capitán Lebíadkin. sin duda. y no simple11 te por fórmula. insolente y tranquilo. —Pero ¡si yo no he dicho tal cosa! ¡Ja. y ya lo sabe ted. además. hablará? —. aunque hombre de aptitudes y muy lejos de ser “un pobre hombre”. acabó por no 19 Irene. —íExcelentes palabras! ¡Palabras de oro! —exclamó Stavroguin—. en la calle de la Hormiga. Basta. —Comprendo. sin embargo. compóngase la fisonomía.. hija de Projor. además. de una vez para siempre.Cuál? _inquirió Piotr Stepánovich —Pues que hablaré allí. dueño de la casa. es cosa facilísima. hemos llegado. los esposos Virguinskii habían convenido entre sí. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 303 .De dónde saca usted eso? —Ahora está obligado a hablar. hasta ahora no soy de la alta Policía. de un solo piso. La misma madame Virguinskaya. ya por ese solo hecho se encontraba más bajo que nadie en la escala social: hasta más bajo que la mujer de un pop.—No. —Que el diablo se lo lleve! ¡Acaba usted de sugerirme una idea! —. hablaba “con arrogancia”. hasta ese extremo tenía fe todo el mundo en su ciencia suerte y habilidad en los lances decisivos. habían. el inspector no lo será usted.. pero aquella velada en modo alguno parecíase a las habituales veladas con que se celebran los cumpleaños en provincias. pero luego le daré una zurra.. Era una casa de madera. Desde el principio de su estancia allí. roguin escupió y siguió adelante.. Ha dado derechamente en el clavo! El derecho al deshonor.. —A propósito: hace un momento le dije a KarmazíflOV. afrontó su mirada. que usted había dicho de él que habría que azotarlo. pero usted si un miembro fundador del extranjero. 5jflO como azotan a los campesinos: fuerte. que ejercía la profesión de comadrona. gracias. cuando se encontraban en estado interesante. Aunque. Pero desde sus estupidísímas e imperdonablemente francas relaciones con un picarón. Con pretexto de ser el cumpleaños del.. que sé pegar. Todo se reduce a poner mal gesto. ya le he oído a usted. a la Virguinskaya). doctrina es la negación del honor y que con el franco derecho al desb es como más fácilmente puede uno atraerse al hombre ruso. 302 FEDOR M. CAPÍTULO VII ENTRE LOS NUESTROS Virguinskii vivía en casa propia. ja! —No importa.. usted. no obstante el cargo oficial de su marido. Comprendiendo muy bien su poder. en realidad.. con eso ¡los los atraeremos en seguida a todos sin faltar uno solo.se reunido allí quince invitados. es decir.. no un farol. —Sepa usted. Algunos años lograban rehuir por completo a la gente. algo estrafalario: gustaba de la soledad y. pero es que estamos entre nosotros. Pero oiga usted... —No. ¿Usted. Se non é vero.

II Verjovcnskii. Por si eso fuera poco. por el contrario. Estaba allí. pero. por la rapidez de su conformidad. un mO cetón robusto. pero. muy fogoso y apasionado. pariente próximo de Virguinskii. No tomaba parte en n pero le gustaba escuchar. y hasta con desdén. el hijo de nuestro alcalde. todos los allí congregados sospechaban los unos de los otr adoptaban mutuamente altivas actitudes. renlatamdlitc aviejado. Stavroguin hizo un cortés saludo. sino que. pero un odio asesino. según la ma organización secreta y también por Verjovenskii. con su silla algo apartada de la fila de las demás y fija en el suelo la vista. pero sin mirar al suelo. Acudieron. —Té para Stavroguin —ordenó a la echadora—. ¿quiere? —esto ya a Verjovenskii. a contarles en recompensa alguna anécd principal. Aquello acabó de irritarlos y miembro Schigálev ya había incitado a los demás a “pedirle cuentas”. púsose después en claro. por su mano. no obstante estar todos aguardándole. Llevaba consigo algunos centenares de ejemplares de un llamamiento litografiado. los trataba severidad notable. pe naturalmente. Y. A propósito de estos individuos secundarios. de acuerdo con Líamschin. El mayor resultaba ser tío suyo. en parte. Pero Verjovenskii no tenía el menor deseo de satisfacer su leg ma curiosidad. que estaba sentado con el sombrío aspecto de un joven herido en su dignidad y que sufría a ojos vistas por culpa de sus dieciocho años. indudablemente. y proclamas. no había querido probar el té ni el pan. el mismo chico repulsivo. y cuando se le antojase. estaba también compro tido. tengo también la de que altos miembros del primer quinquevirato sospechaban aquella n que en el número de los huéspedes de Virguinskii había miembros de pos para ellos desconocidos. flaturalm te. por no obstante toda su estupidez. que no lo habían visto nunca. en resumj cuentas. 304 FEDOR M. Pero el dueño de la casa est sin embargo. no tomaba tampoco parte en nada. y sin tomar parte apenas en la discusión. y hay en Rusia muchos individuos así. había también individuos por encima de toda suspicacia. DOSTOIEVSKI . para terminar un colegial. habría considerado el negarse a esto último como una vil rematada. supongo. y aquel día volvía a verla después de diez años. un artillerito muy joveñ que sólo hacía unos días había llegado. Al entrar Stavroguin y Verjovenskii tenía coloradas las mejillas como amapolas. lápiz en ristre. siendo él joven. hacía 4 cada momento anotaciones en su cuadernito. con Stavroguin. según. o representaban el tipo del noble amor propio humillado hasta bilis o el del primer noble arranque de la fogosa juventud. introdujo aquel li’ brito de fotografias obscenas en el saco de la vendedora de marras. un yor. por generoso bochorno. uno de ellos cojo. Había ido allí también nO e explico para qué. —Stavroguin. afectaron apenas reparar en ellos. el plácido aspecto de la perfección triunfante encerrada en sí misma. al parecer. procedente de un establecimíenø militar de enseñanza. pero que había ido al cumpleaños espo neamente y no había sido posible echarlo. No he mentado a Schátov. severa. como si obedeciesen una orden. un chico silencioso que aún no había tenido tiem de hacer amistades. reclutada entre los alumOS de la clase superior del colegio. con notable indolencia. examinaba tercamente a cada uno de los que hablaban con su inmóvil mirada sin brillo y lo escuchaba todo sin la menor emoción ni extrañeza. novelesco. Había también allí un colegial gandul que. sino que había ido allí a un asunto. en el pico trasero de la mesa. ocurría que. por lo menos. de modales desenvueltos. ¿quiere usted té? —Démelo —respondió aquél. por ejemplo. habían pasado paquetes teros de La Campana. y no les refirió nada superfluo. vido a ir. Así. hoy mismo. La estudiante. pero al mismo tiempo recelosO con una sonrisa inmutablemente halagüeña. Piotr Verjovenskii estaba obligado a aprecj* noble hazaña y. también muy callado. y. no obstante ser la primera vez que la veía. y precisamente por su marido. Los de invitados. y del que ya hice mención al contar la historia de a tenientma Toda la noche permaneció callado. que daba clase en un colegio. no bien hubo éste tomado asiento. No lejos de él estaba Kirillov. no ahora. obra suya. Aquel mocoso era ya jefe je una partida independiente de conspiradores. y ni por un momento había soltado de la mano su gorra. Todos veían aquello. dejóse caer en una silla a la cabecera de la mesa. pero tenía sus preocupaciones personales: pensaba permanecer allí un día o dos a lo sumo. y al par. Por lo demás. y que a ella le había pasado otro tanto con él. con el consiguiente asombro. Tenía un aire malhumorado y hasta arrogante. y que se encontraba de pronto ahora en casa de Vfrguinskii. Acababa de tener con su tío una discusión por sus ideas sobre la cuestión femenina. pero rió sé por qué esforzábanse por aparentar que no lo advertían. todos. hombre muy rabiosillo y notablemei4 vanidoso. y dos o tres oficiales. le lanzaban miradas preocupadas y furtivas. callaba lúgubremente. ya de unos cuarenta y cin4 años. Supongo que lo sabía todo. casi sin saludar a nadie. de dieciocho años. también fundados en la ciudad. y aunque ya no se atrevía ni a hojear ni a repartirlas. La dueña de la casa encaróse. finalmente. así que. Algunos de los invitados. Ignórase si estaría enterada madame Virguinskaya de la existencia del quinquevirato. donde se habían reunj muchos individuos secundarios. Eran de este n mero dos o tres profesores. para que no dijeran luego que no se habían atre. en casa de Virguinskii. y luego continuar viajando por todas las ciudades en que hubiera Universidad para “denunciar los sufrimientos de los pobres estudiantes e inducirles a la protesta”. Y usted.mente. un hombre de todo punto inocente que ni siquiera habían invitado. porque el mayor “no podría nunca delatar”. De los últimos. se levantaría y se iría. no obstante. toda la vida había gustado de meterse don quiera se reunían los liberales más extremados. En general. Es de notar que el colegial había sentido odio hacia ella desde el primer instante. cual si de ese modo quisiera demostrar que no era un invitado. tranquilo. lo que infundía a toda la reu un aire desconcertante y hasta.

—Nadie le privará del derecho a hacer uso de la pilabra —animóle.. por la misma abundancia de ellot. ése es mi flaco! No te retuerzas de ese modo —gritóle a la estudiante. —Es decir. y me gusta oír discusiones con talento. Yo también pido la palabra.. se lo prohíbo. Es harto sabido que la Humanidad primitiva. no es ninguna antigualla. Yo es ésta la primera vez que lo veo. debes conducirte con modestia. nosotros sabemos.Qué tengo yo que ver con que me haya llevado en los brazos? Yo no le pedía a usted que me llevara. señor oficial descortés. —. —Antigualla —refunfuñó el colegial desde el otro pico de la mesa. aunque sean. —añadió con acritud. poco menos que desesperado.. estoy ofendido.ración. nada entiende —exclamó la estuliante. —jTodas son así! —dijo el mayor.Cómo es eso? —dijo. y se embrolló defitivamente —Si no sabe usted hablar. y le tengo cariño a mi época. la estudiante. aquello a usted. y después una franca carcajada el mayor.. si yo no acabo de expresar mi pensamiento. su vez Stavroguin. que se revolvía en la silla—.Qué es una antigualla? Hollar los prejuicio.LOS DEMONIOS 305 —Déme. Pero en el grupo de los profesores oyéronse risas. para vergüenza de t dos. dando un puñetazo sobre la mesa. .. —Pero permítame usted observar que me está fatando a la conside. cállese —gritó la dueñade la casa. y que. Además. —Stavroguin —empezó la dueña de la casa—. ¿Cuál es su opinión? —cQue de dónde han podido tomarlo? —interpeló. le proporcionaba una satisfacción. asustada ante el trueno y el relámpago.. —Sólo quería decir —exclamó todo encendido deochorno y mirando tímidamente en torno suyo —que usted sólo se propuía lucir su talento.. ¿quién les pregunta esto a unos invitados? Pc1 démelo con leche. —Haga el favor de callar y no dirigirse a mí familiarmente con esos burdos símiles. y si yo quiero expresar mi opinión como cualquiei otro. —Yo sólo quise decir —replicó el colegial con ma agitación horribl4 —que los prejuicios. casi sin quitarle ojo a Stavroguin—. por el contrario. Claro que no voy fastidiarlo con semejante disparate. ants de usted llegar estaban discutiendo aquí acerca de los derechos de la fanlia. Ahora mismo estaba hablando de eso. Eso es. no sé cómo se llama —falló. sintiéndose ante él débil. y dirigiéndose a Stavroguin. permítame usted: yo soy un liberal. —Pero cómo. tajante. únicamente se le invita a o mascullar las frases de ese modo. —. De las mujeres. echándose hacia delante. porque ha venido el señor Stavroguin. respecto a los cumpleaños. Y permítame usted hacerle observar que usted no osará hablarme de “tú” más que al modo ciudadano. es todavía una cosa nueva —en un momento saltó li estudiante. Líamschin y el colegial. y no quiero saber nada de su parentesco. y parece que estás sentada en una aguja. —Pero tú no ahondes tanto —espetóle el mayor—.. que inmediatamente corearon. sino que. noes porque no lo tenga. Pero ¿de dónde han podido tomar el derecho y los deberes de la familin el sentido de ese prejuicio con que ahora se los imaginan? Ese es el prblema.. —Debía usted escribir un vodevil —díjole la dueña de la casa a StavrogUin. Eres una señorita. de pnto. echándo se hacia delante en su silla—. —Mucho divaga. y que se podría emplear el ngenio en algo más útil. que no hay prejuicios inocente. que el prejuicio de Dios se deriva del trueno y el relámpago —interrumpió. —rezongó el colegial. pero le prevengo. la estudiante. cosa viej y se les deba supr mir.. la estudiante. Pero ¿de dónde procede el prejuicio de la familia? ¿De dónde han podido sacar a la misma familia? —Eso no es enteramente lo mismo. sino al contrario. —A mí me parece que cada cual tiene derecho a iacer uso de la palabra. con enérgico disgusto. por ejemplo. Mire ese oficial —señaló a su pariente. que hace mucho tiempo está resudo. sin duda. El colegial saltó de su silla. de una vez para siempre. —Supongo que la respuesta a esa contestación resultaría indecente —observo Stavroguin. sino. ya que sin es todo el mundo pierde. claro que sí. el mayor—. todos saben ya que sor una estupidez y un antigualla. de hombre. Le ruego no vuelva a dirigine la palabra —intimóle la joven con dureza... —Eso no redunda en honor suyo. de éstas de ahora. —quiso hacer observar la dueña de la casa. abomino. y está demostranlo toda la insignificancia de su educación. ¡No. —Pero ¡si yo soy tu tío. desde otro pico de la mesa. que hablar de ello es perder un tiempo prelioso. porque nadie le entiende. que estaba sentado frente a él—: No.. —Esa idea es puerca e inmoral. deificó al enemigo invisible. si te he tenido en mis brazos de niña! —. riendo—.. ¿también usted acepta esas fiestas —dijo la estudiani de pronto. por lo visto. porque en su casa dan una basura infame en vez de té. la dueña de la casa—. eso que hoy celebra un cumpleaños. por inocentes qu sean.

Esa es toda la clave de su generación. le invito a hacerlo sin pérdida de tiempo. —Nada es moral ni inmoral! —saltó en seguida. —dijo de pronto. . ‘ sin embargo. que viene de Petersburgo.. no bien empezó a hablar la estudiante. supongamos que la gente de talento no cree. Bueno.” Esto está en los diez mandamientos. caen como moscas. porque se pone a querer enterarnos de lo que estamos hartos de saber todos. burbuja de jabón. desde Bielinskii.Eso ya. señor colegial.. alzando la voz. que hay que acabar con Dios de un tiro. sería a la tercera. —Pues yo sostengo —insistió aquél— que usted. los muy estúpidos. —Eso ya lo sabía yo.. 306 FEDOR M. sale diciéndome que no hay Dios. —Yo quería informar a la reunión de los sufrimientos y la protesta de los estudiantes. no a la segunda. hasta los patrones se los hacen los hom bres. pero. y a la segunda palabra. —Con ardor. ¡Eso es otra cosa! Yo es posible que no crea. el colegial. no diré. sobre todo después de haber observado algunas sonrisas y hasta muestras de perplejidad entre los huéspedes por primera vez invitados. y miró significativamente al marido. ¡qué prisa! Bueno..vía en los húsares. y hoy viene. 2’ las encenderías. —Usted no hace más que mentir. cuando aún ser. saltaba por las noches de la cama en calcetines y me ponía a santiguarme delante de la imagen. 20 Esa es mi opinión. y. Virguinskii—. Yo cuento con usted. digo. Kapitón Maksímovich. es una niña. Ahí la tiene usted a ésa: la he llevado en mis brazos.. Si alguno desea hablar de algo más atinente al asunto o tiene algo que comunicar. me apre suro a darle un abrazo. al cuello. ¿qué sabes tú de Dios? Porque a ti te lo ha enseñado eso un estudiante. claro. pero. he bailado con ella la mazurca cuando tenía diez años.. Por la mañana. —Estupidilla! —exclamó el mayor. si usted mismo me ha dicho que no cree en Dios —gritó desde el extremo de la mesa Liputin. pero no del todo. mucho antes de que a usted se lo enseñaran.. y como estamos perdiendo el tiempo en discusiones inmotales. y de nuevo parece que se te desprende la fe. —Y no tiene usted baraja? —inquirió con toda la boca Verjovenskii. Sin el hombre. pero tú. 4fj ¿Quién tiene la culpa de que usted sea un estúpido y no se haya enterado de nada hasta ahora? Se da por ofendido y se enrabia.. echándosela. —Se pierde un tiempo de oro escuchando discusiones estúpidas —fallo la dueña de la casa. me adhiero a su pregunta —exclamó la estudiante. que usted no supo decir bien. —No. enérgica. ya me preocupaba de Dios. ¡Gracias le doy a Dios por no ser casado! Ni la más pequeña innovación. —Y usted es un estúpido. por amor. además. usted no sabe decir nada —exclamó la dueña de la casa con indignación. de todos modos. He aquí con qué palabras se lo demostré yo a usted antes. Yo. y no a la segunda palabra. ¿Hay Dios o no lo hay? Hasta tal punto me atormentaba eso. yo demostraré —acalorándose el mayor. aunque no crea del todo. señor Stavroguin.dame Virguinskaya al marido. con pruebas. Le aseguro a usted que toda esa cuestión femenina la han forjado para ellas los hombres. Si Dios considera necesario. y que son inmorales. porque ya entonces no podía estar tranquilo. Como dueña de la casa. —Pero ¿acaso no vamos a acabar nunca? —interrogóle. naturalmente. En todos los versos se da por descontado que los húsares beben y se divierten. De los mandamientos: “Honra a tu padre y a tu madre”. aunc ue no tengo el honor de conocerlo. sin poderse contener. dirigióse a Stavroguin—. simplemente una falta de originalidad. La estudiante se envalentonó. ni 20 En alguna otra edición se suprime el símil. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 307 un sencillo patrón se les ocurre. sino porque usted invocó sus derechos. todos sus defectos — repuso la estudiante con4 desdén y cual si tuviera a menos entrar en explicaciones con aquel hom. bre—.—Usted no hace más que estorbar a los otros. —Señores. he notado que de día se pierde siempre algún tanto la fe.. dirigiéndose a la dueña de la casa. lo sabe toda Rusia. Yo precisamente le decía a usted antes que a todos nosotros nos ha enseñado el Catecismo: “Si honras a tu padre y a tus parientes. —6Qué tiene que ver que yo lo haya dicho?. como recién llegado. Toda su cuestión femenina es. Yo.. —Eso es. ma... pero eso será su talento. en general. ofrecer una recompensa. avergonzábase de la insignificancia de aquellas discusiones. te distraes. insúltamc! —Pero permítame usted. pidiéndole a Dios que me infundiese fe. resulta que ese Dios de ustedes es inmoral. vivirás muchos años y serás rico. ¿lo creerán ustedes. . Si te hubiera enseñado a encender lamparillas. roja de indignación por las palabras del mayor.. usted es un hombre malo y yo antes le demostré.

desde allí. esperando cada cual la respuesta del vecino. y como usted no levantaba la suya. también yo —clamó una voz. Los hubo también que fueron a levantarla y luego se arrepintieron. de pronto. —1A votar. no hace falta. Unos la levantaron. aporreando poco menos que a puñetazo limpio el piano. que oigan desde la calle que estamos de fiesta y tenemos música. Si no se quiere9 —inquino el oficial —1Ah y que poca costumbre tenemos todavia de constitucion —ob servo el mayor —Señor Liamschin haga el favor aporrea usted de un modo el piano. —Tampoco yo comprendo —exclamó otro. entendido! —Hay alguno que no quiera sesión? . Basta. —Yo. se levanta la mano. Arma Projórovna. DOSTOIEVSKI —Pero si le aseguro a usted. por el buen orden y por salir de dudas. La “hábil” pregunta hizo impresión. —También yo creo que. no. LOS DEMONIOS 309 308 FEDOR M. otros. que no la haya —Yo he votado por la sesión —dijo el colegial. y todos. que las ventanas son muy altas. que levante la mano derecha —propuso madame Virguinskaya. pues! —dijo la dueña de la casa—. Y en caso de que nos estén espiando —explicó. —Ah diablo! —gruñó Líamschin. —Uf diablo! Yo no comprendo nada —exclamó un oficial. propongo votar la contestación a la pregunta: “Estamos celebrando sesión. —Otra vez! —exclamó Líamschin—. ¿Les parece bien. dirigiéndose a mada. aunque es un tanto vaga. ¿por qué no levantó usted la mano? —Yo tenía la vista fija en usted. que no haya votación? —No hace falta. —No. levante el brazo derecho. dirigiéndose a Verjovenskii—. y quien no la quiera. le ruego que se siente al piano. —Pues yo le digo a usted que la precaución es siempre imprescindible. —Me adhiero en un todo a la proposición —asintió Liputin—. —No. Todo eso es pura fantasía de su parte. —Pues si es así. Líamschin. fijaron sus miradas en Verjovenskii y en Stavroguin. —También yo me adhiero. eso estará más en el orden —corroboró Virguinskii. ¿No quiere usted ser útil a la causa? 2! Ante las imágenes. —Quien desee que haya sesión. Lo pregunto. yo sí comprendo —exclamó un tercero—: para decir que sí. señores. Todos se miraron unos a otros.me Virguinskaya. ¡Como si no le hubiera atronado ya bastante los oídos! —Le ruego encarecidamente que se siente al piano. ¿Quién iba a pescar nada. sesión! —clamaron por todos lados. usted puede. tampoco yo la levanté. que no es posible oir nada —observo el profesor cojo —Por Dios Arma Projorovna que no se entiende nadie? —salto Liamschin— Y ademas vaya’ que no quiero tocar mas Yo he venido aquí como invitado y no a teclear. o sencillamente no pasamos de constituir una reunión cualquiera de simples mortales que han venido invitados. no hace falta votación ninguna. propongo repetir la votación. Y se sentó al piano y empezó a toquetear un vals. contesten todos a una voz: ¿celebramos sesión o no la celebramos? —Sesión. siga sentado y no levante el brazo. sencillamente. —Pero entonces. Señores. o no lo estamos?” —dijo madame Virguinskaya. que hasta allí había permanecido callado y con cierto empaque—. Además. que nadie nos oye. votar cuando lo llamen. aunque se pusiese a escuchar? —Nosotros mismos no nos entendemos —dijo una voz.—Yo me atrevería a formular una pregunta —dijo suavemente el profesor cojo. más que nada. Quien desee que haya sesión. —Qué estúpido! Yo no la levanté por haber sido quien lo había pro puesto. —tQuien no la desea9 —interrogo el colegial —Pero tes que lo hace usted adrede9 —grito colerica madame Vir guinskaya —No permita usted quien quiere y quien no quiere porque es preciso definirlo con mas exactitud —dijeron dos o tres voces —Quien no quiere no quiere —Eso si Pero que hay que hacer levantar o no levantar el brazo. —Pero ¿qué quiere decir que “sí”? —Pues que haya sesión. Se arrepintieron y volvieron a alzarla. —Señores —propuso Virguinskii—. Desearía saber si estamos nosotros aquí ahora celebrando una sesión. efectivamente.

—Pido la palabra —dijo malhumorado. cogería a esas nueve décimas partes de la Humanidad con las que no se sabe qué ha cer y las haría polvo.Hablar de qué? No. si alguno desea hablar de algo más atinente al asunto. levantóse lentamente de su sitio. que había ido por el coñac y se lo ponía ahora delante a Verjovenskii. —. —Verjovenskii. Muchos miraban con inquietud el cuaderno. destina sus nueve décimas partes a la esclavitud? Hace mucho tiempo que me lo sospechaba. —Es menester elegir presidente —gritaron de varios sitios. No obtuvo respuesta. —El dueño de la casa.Qué parentesco es ése? ¿Es que quiere usted tomarme el pelo? —Y. ¿no tiene usted nada que comunicamos? —inquirió directamente el dueño de la casa. señor grai cioso. Schigálev. Pero se cortó. induda blemente. o tiene algo que comunicar. con Líamschin—. todos la queremos.. Todas las miradas convergieron de nuevo en Stavroguin y en Verjovenskii. no. —La tiene —declaró Virguinskii. encargada de servir el té. 11.. que había traído en las manos. ya que así se le ha llamado.J LOS ¡JLMONIOS biendo qué hacerse con la gente. éste se mostraba de todo punto indiferente. —Pues yo. no sabe la cosa tan profunda que ha acertado a decir. —Absolutamente nada —y se retrepó. —Pero ¿qué es una sesión? —clamó una voz.. El orador se sentó.. diante. vuelvo a presentar mi primera proposición. que empe4 zaría a vivir de un modo científico. el dueño de la casa! —Señores.. pero Liputin. con vehemencia. es necesario contentarse con el paraíso terrenal. no me refería al coñac. juntamente con el vaso. y sin alzat los ojos. en la silla—. sin plato ni bandeja. —jAsí sólo puede hablar un payaso! —dijo colorada de rabia. —cHabla usted así de su hermano? —preguntó el cojo. Ya se había levantado varias veces. querría una copita de coñac. naturalmente. y otra cosa no puede haber en la Tierra —concluyó Schigále imperiosamente. el pa raíso terrenal. Yo. que lo haga sin perder tiempo. Quedóse en pie y callado. ¿no quiere? —Gracias. no quiero. Usted. —Stavroguin. una canallada — observó con saña la estudiante. —Ahora le traerán el coñac —anuncióle la dueña de la casa a Verjo venskii. encarándose. guardó silencio durante medio minuto y luego dijo Con voz grave: —Señores. con lúgubre y malhumorado aspecto. trabajar para los aristócratas y obedecerles como a diø. —Aquí está el coñac —descortés y despectivamente anunció la parienta. —Yo digo que si quiere usted hablar o no. la estu.. dejando sólo una partida de gente selecta. Pero como su idea es irrealizable. —He venido a hablar de los sufrimientos de los desdichados estudiantes y de las incitaciones para lanzarlos en masa a la protesta. no bebo. .—No.. Al otro pico de la mesa le había salido ya un competidor. Virguinskii y el profesor cojo parecían estar satisfechos.v. además. lo cual es.Ja1t)lDV)f. por lo demás. —Lo que yo propongo no es ninguna canallada. Se levantó la estudiante. pero firme. y usted. bostezando. —Y es posible que ésa fuera la mejor solución del problema —dijó Schigálev. en vez de ese paraíso —exclamó Líamschin—.. Silencio general. pero útil —le susurró al oído madame Virguinskay&. y todas las miradas convergieron en él. Schigálev. —Un payaso es él. siendo así —empezó el elegido Virguinskii—. el de las orejas largas. I. y melancólicamente colocó un cuaderno abultado y garrapateado con una letra menudita encima de la mesa. sino el paraíso. siguió cortándose las uñas. Por lo demás. —j. —Pero ¡eso es un absurdo en toda regla! —se le escapó a Verjo venskii. ses.

a reunimos y constituir agrupaciones con el único fin de la destrucción universal. Hasta es posible que sea más dificil lo último. Le aseguro a usted que es el que menos se aparta de la realidad. no son corderos que se vayan a ofrecer ellos mismos a la matanza. según sé de buena fuente. personalmente. sabemos. no se ha de conseguir. se podría mejor saltar el abismo. todos esos “derechos al trabajo”. Sabemos que a nuestra hermosísima patria la señalaba un Index misterioso como el país más capaz de realizar la magna obra. —. —Yo no dije por Schigálev lo del absurdo —masculló Verjovenskii—. —También hemos oído decir que se esperaba en ella —encareció el cojo—. Cabet y el propio Proudhon presentan multitud de las más despóticas y fantásticas soluciones al problema. no ha habido nada nuevo de tal bulto que hayamos de lamentar no haberlo visto. todo ese schigaleviSmO. ya sabía yo que iba a aburrirme —murmuró Verjovenskii. y su paraíso terrenal. ¿no sería preferible reunir todas nuestras cosas e irnos a vivir al Pacífico. pongamos treinta. no obstante. ¿qué recompensa van a darme? Te pones a hacer propaganda. irremisiblemente. a iniciar el ataque.Por qué ha de ser un absurdo? —insistió en seguida el cojo. mientras que. en este poblacho. sobre todo en Rusia —volvió a aventurar Liputin. cortando radicalmente cien millones de cabezas y aligerándose así de peso. —Bueno. —Permítame usted —saltó el cojo. —Bueno. en silencio. Nosotros..Qué le importa a usted mi toilette? —Tan dificil es cortar cien millones de cabezas como transformar el mundo mediante la propaganda. con el pretexto de que por más que se haga para salvar al mundo. acercóse la vela para ver mejor. por así decirlo.. Sólo que. no podrías dar cima a esa degollina. señores —y alzó un tanto los ojos—: a mi juicio. por lo menos me doy el gustazo de hablar. se la cortarán -dijo Verjovenskii. y allí cerrar los ojos definitivamente? 314 FEDOR M. pasaba las noches enteras con sus amigos discutiendo y decidiendo los más nimios pormenores. revolviéndose en su asiento—. mediante hoj itas diversas impresas en el extranjero. el mismo de cuya pérdida se lamenta la Humanidad. y los jefes me asignan un carguito al servicio de la cuestión social. un absurdo? El señor Schigálev es. —Sin embargo. sin duda. que no haya usted venido para discutir. —Es lamentable. A nosotros nos invitan. hasta cierto punto. por lo menos. El señor Schigálev es posible que haya acertado con más claridad de juicio a resolver el asunto. suponiendo que alguna vez haya existido. mejor es hablar de alguna cosa que no estarse ahí sentado. y muy lamentable también que ahora esté tan ocupado con su toilette. miren ustedes: en el caso de una gradual resolución de la tarea por la propaganda.. a una de aquellas islas. —Hasta el juicio pierden algunos —observó de pronto el mayor. porque. Mientras que. en cambio.—. yo. muy lamentable. tan poco acorde con la realidad como la schigalevschina de que usted acaba de hablar tan despectivamente.. Bielinskii. ¡caramba!. de la futura organización social. y sin duda dignos de compasión por ello. hasta ahora. pero tenga presente que Fourier. —Bueno: pero yo no he venido aquí a discutir —murmuró. aunque provincianos. bueno. Herzen toda su vida no se preocupó de otra cosa. todos esos libros de los Fourier y los Cabet. como pueden escribirse centenares de miles. —Permítame usted —dijo el cojo. significativamente.. ¿Por qué. los detalles cocineriles. antes de cincuenta años. pero como aun en las circunstancias más favorables. como atreviéndose por fin. cada vez más exaltado—.. Verjovenskii. Vean ustedes. La idea es magnífica. precisamente.. y cual si no notara su imprudencia. Comprendo que aquí. y es posible que hasta te corten la lengua. que en el mundo. Las discusiones y juicios acerca de la futura organización social constituyen una necesidad verdadera para todos los pensadores contemporáneos. algo salgo ganando. se aburran ustedes y se lancen sobre el papel impreso. un fanático amante de la Humanidad. cual si hubiese estado aguardando a que dijese una palabra para agarrarse a ella—. con ínfulas de dictador —dijo Liputin. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS . vienen a ser novelas. pero. si se resuelve rápidamente la cosa cortando esos cien millones de cabezas.. —A usted. —En Rusia se espera ahora -dejó escapar el oficial. es casi real.

en las que ahora podemos confiar. . enearándose con el cojo. —Cómo entraría usted a formar parte de un “quinquevirato”. además. con extraordinaria atención. o atravesar ésta a todo vapor. ha dicho bien —dijo Verjovenskii. los oficiales rebulléronse. paseando la vista por la concurrencia. me inclino más a una solución humana —exclamó el mayor—. Yo estoy enteramente de acuerdo con que hablar liberal y elocuentemente es muy agradable. aquí no hay “peros” que valgan —interrumpióle Verjovenskii. hace versitos. De sobra comprendo que yo. yo no sé hablar.” Es posible que eso sea una metáfora. encierra su personal Suiza de bolsillo. Era una de las cabezas firmes del gobierno. Evitando discusiones (porque no vamos a estarnos hablando treinta años sobre los treinta que ya hace que se viene hablando). así que puede uno recibir más pronto los subsidios que le envíen de la amada patria.. mire usted: le aconsejo que se vaya a Dresde y no a ninguna isla del Pacífico. según creo. sobre todo. Pero ¡emigre usted! Y. En resumen: un tesoro en una tabaquera. desate las manos y dé a la Humanidad libertad para organizarse socialmente y en la realidad... —No. no en el papel. se come. cada día se recluta mayor número de adeptos. por el contrario. Aquí. opto yo también. y en tercer lugar. naturalmente. —Todos. que necesito una contestación franca. Gritan: “Cien millones de cabezas. está cerca de la frontera rusa. con mil años de anticipación en el papel. seguían el debate. en unos cien años. si yo se lo propusiera? —espetóle de pronto Verjovenskii. finalmente. Hasta hablaba claramente del “quinquevirato”. Un momento más. podremos prescindir de usted. Prodújose un revuelo. llegaremos al extremo de que nos contagiaremos también nosotros. imperioso y tajante—. pero como todos optan por eso. sobre todo las señoras y los oficiales. por más recetas que le extienda usted. padrecito. sino quinientos millones de cabezas? Tengan presente. al venir aquí y reunirlos a ustedes. nos perderemos. todos los demás. Bueno. que consiste en leer novelas sociales y en decidir cancillerescamente de antemano el destino de los hombres. Principalmente. Pero el cojo.De modo que usted tampoco se opone? —dijo Verjovenskii. de suerte que todos. es una buena idea. Bueno. nosotros todavía no vamos a abandonar la obra común. En segundo lugar. si. —j. esa ciudad nunca fue invadida por ninguna epidemia. cayó en la trampa. Es preciso comprender.. —Yo. sino que. y de ahí que se presenten tantos soldados y la obra se fortifique tanto. Liputin.. por lo demás. mientras que obrar. —No. no obstante todas las desventajas manifiestas que usted presiente. se nos corromperán esas fuerzas lozanas. una nueva religión viene a sustituir a la antigua. Emigrar. pero que. pero ¿cómo temerle a eso. Todos comprendían que el de los cien millones de cabezas se encontraba acorralado. Y dejó las tijeras sobre la mesa.. Virguinskii escuchaba con cierta tristeza. finalmente. —Yo estoy decidido por cruzarla a todo vapor —gritó con entusiasmo el colegial. —Usted... lo confieso. de seguro. de seguro que le teme a la muerte. y así. no ciento. como hombre culto.Crean ustedes —y descargó un significativo golpe en la mesa— que con esa propaganda sólo conseguirán provocar la emigración y nada más. —Yo tampoco —asintió Líamschin. les preguntaré a ustedes qué es lo que les parece mejor: si el camino lento. es algo aburrido. Acabó visiblemente triunfal. he venido aquí para comunicarles unas cosas. o si son ustedes partidarios de una solución rápida. y usted es hombre estético y ha sido profesor de literatura. al que siguió luego otro y después alguien más. Añadiré. si se dan largas al asunto. sonreía. finalmente. Todos parecieron estremecerse.. cada vez. encierra grandes tesoros de arte. pero no puedo darles ninguna en tanto no sepa cuál es su manera de pensar. —La elección. le ruego a toda la honorable compañía no me ponga a votación. —Yo también —asintió Líamschin. porque usted. sea la que fuere. Pero. si con los lentos ensueños librescos el despotismo. señor. sino que franca y sencillamente diga qué es lo que más le agrada: el paso de tortuga por la charca. cuando el despotismo en todo ese tiempo puede tragarse los buenos bocados que a ustedes les pasan por delante de la boca y ustedes dejan escapar. El hombre enigmático descubríase demasiado pronto. que al enfermo incurable de ningún modo se le cura. pues. y todos se habrían puesto a hablar al mismo tiempo. veo que casi todos ustedes optan por las proclamas —dijo. nervioso. por lo demás. y usted. todos —clamó una mayoría de voces.. todavía con más indiferencia que antes y como aburrido—. estoy obligado a darles explicaciones (otro nuevo descubrimiento). maligno. sin embargo... En primer lugar. Esto para la inspiración poética. Pero. —Todos nos sentimos hombres honrados y no nos apartamos de la obra común —dijo el cojo—. y aguardaban a ver en qué terminaba aquello. —Señores. no deja lugar a duda —murmuró un oficial. hubo de chocarles a todos el que Verjovenskii hubiese ido allí con cosas que “comunicarles” y prometido él mismo hablar de ello en seguida.

todos rompieron a hablar. Haga el favor. o se quedaría en su casa. previendo todas las consecuencias. observar que las respuestas a semejantes preguntas son condicionales. qué pregunta?. Están en plena libertad de hacerlo. Agitábanse en distintos sentidos. y que nuestra discusión nos ha llevado demasiado lejos.. ¿iría a denunciarlo. —Señores. y. aquí no valen mañas. pero. poniéndose un tanto encarnado—. se hace. si debemos separarnos o permanecer juntos. Aunque nosotros hayamos dado nuestra adhesión.. O acaso temen ustedes las denuncias? ¿Es que entre nosotros puede encontrarse ahora algún espía? La emoción empezaba a ser extraordinaria.. no obstante.. y no sólo por esta noche. pero estaba muy irritado. 316 FEDOR M.. La respuesta a la preguntajn cará claramente. —Una pregunta que pondrá las cosas en claro.Qué pregunta.En qué forma extraña? —Pues que esas preguntas no se formulan así. es únicamente por no destruir. —d. ¿qué derecho tenía usted a conducirse así? ¿Qué plenos poderes los suyos para hacer tales preguntas? —é. piénsenlo ustedes un momento: ¿es verdad que están ustedes todos dispuestos? (tDispuestos a qué? La pregunta era vaga... si hemos de seguir reunidos o si hemos de coger en silencio nuestros gorros e irnos cada cual por su lado. —Señores.) —Claro que todos. Verjovenskii volvióse rápidamente hacia la concurrencia con un aire de fingida alarma. sino que nos interrogaba simplemente. El cojo acometió al vuelo a Verjovenskii: —Pennítame usted. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS —Pero ¿no se resentirán luego conmigo por haber dado tan aprisa su conformidad? Porque casi siempre les ocurre así.. por tanto. así o asá. —Usted nos ha arrancado la contestación de que estamos dispuestos a la acción inmediata. ¿No es así? Pero.. —Por qué a mí primero? —Porque usted es el que ha dado lugar a todo esto. pero esa pregunta también es ofensiva. sea la que fuere. —A mi juicio. Yo no he pensado en filiar a nadie. usted me inquieta mucho —volvió a encararse con el cojo—. nunca pude imaginar que aquí fuera preciso hablar de cosas casi inofensivas a solas. a solas. —Dispense usted. y nadie tiene derecho a decir de mí que yo haya filiado a nadie. esperando el acontecimiento? En este punto los parece. —Todos los demás mirábanse los unos a los otros. como usted quiera: queda usted en plena libertad.: —Así son todos ustedes! Están dispuestos a llevarse medio año discutiendo para derrochar elocuencia liberal y concluyen luego votando con todos. Permítame usted que me dirija a usted el primero y 5encaro con el cojo. de dónde saca usted eso? —exclamó Verjovenskii. por lo menos. no.Por qué no se le ocurrió decir eso antes? ¿Por qué no contestó usted? Se mostró conforme.. estaba seguro de que usted sería el primero en darse por ofendido.—Yo. pero terriblemente capciosa.. —sonó la respuesta. —Pero ¿de dónde saca usted eso. sino que únicamente me he limitado a recabar opiniones. —é. si así es —prosiguió Verjovenskii—. Lo ponía de manifiesto todo.. el más comprometido de todos sería yo. Señores. hacía pensar que usted no tenía en absoluto plenos poderes ni derecho alguno. Pero. por lo demáS..res pueden ser diversos. y no en una reunión de veinte personas que no se conocen —espetóle el cojo. sin embargo. les propongo que contesten a una pregunta. fijese usted en que... la pregunta se nos ha hecho en una forma muy extraña. la atolondrada franqueza de su pregunta principal. —Pues de que la filiación. tenga la bondad. —clamaron todos. . muchos se revolvían. no se apure. Pero si ahora me muestro conforme con todos. —Enséñeme usted. cual si empezara a inquietarse grandemente. Aunque.. —dijo aquél. para que lo sepa. por curiosidad personal. —Si cada uno de nosotros estuviera enterado de que se preparaba un crimen político. y luego se arrepiente. considero un deber explicarles a todos que todo eso es una estupidez. claro que si quieren.

y en silencio se encaminó a la puerta. La observación surtió efecto sorprendente. que allá voy yo.. ¿Denunciaría usted o no denunciaría? —continuó VerjoveflSk V fijese usted que con toda intención me dirijo a usted. Kirillov. sino que no ha hecho más que formularla. Schátov se había levantado. ¿Quién lo recibió? ¿Quién es ese individuo?.. —Schátov. y al mismo tiempo que él.no podría contestar más concretame0t? —Yo no he sido nunca agente de la policía seroeta ijo aquél. Aquél. no dijo una palabra. quería decirle algo.Y qué tengo yo que ver con que ustedes estén comprometidos? —rió Stavroguin. —. Salieron. —. ¿denunciaría usted. efectivamente. . al otro pico de la mesa. permítanme ustedes —gritó el cojo—. tampoco Stavroguin quiere contestar a la pregunta —gritó entonces la estudiante. nadie denun aria —clamaron muchas voces. —Permítanme ustedes. —Stavroguin estará allí —concluyó Kirillov—. Todos miráronse unos a otros. por debajo de los lentes miraba fod inquisidor. —Bueno. —Pero ¿qué hacen ustedes conmigo? —balbuceó. —En cambio. señor mayor.Por qué se levanta ese señor? —gritó la esio ante. —Nadie denunciaría. nosotros todos hemos contestado a la pregunta. —Si fuese un delator.Quién le había invitado?. Schátov? —gritó la dueña de la casa. seguido de Kirillov. —La pregunta! ¡La pregunta! 318 FEDOR M DOSTOIEVSKI —jYa está la prueba! —gritó una voz. ¿Quién es ese tal Schátov? — surgieron preguntas. Verjovenskii corrió tras ellos hasta el corredor. con furiosa mirada. —Stavroguin también se ha levantado. que hasta dejó de mntestar. Volvieron a sonar gritos y exclamaciones. habíase levantado... y no que ha escupido y se ha ido —observó uno. en silencio.. cogiendo a Stavroguin del brazo y tirando de él con todas sus fuerzas. como espís Y villano que eres! —gritóle desde la puerta Schátov. tenía el gorro en la mano y miraba a Verjovenskii. Yo no he sido nunca agente de laP0la secreta. señores. Stavroguin sí le es a usted indispensable. —Pero nosotros estamos comprometidos y usted no —gritaron varias voces. Allí se lo demostraré. Tengan en cuenta que el señor Verjovenskii no ha contestado tampoco a la pregunta. y si usted supiera que alguien queris matar y robar a otro. ¿Por qué usted se va tan en silencio? —No veo la necesidad de contestar a esa pregunta que a usted le interesa —murmuró Stavroguin. Todos han de contestar lo mismo. —j. ¿Por qué se ha levantado usted.. a un vulgar mortal.tiró el brazo. mire que eso no le conviene _gít0 Verjovenskii ambiguamente. a ti sí te conviene. y se fue. re. Stavroguin echóse a reír fuerte en la cara misma del cojo. señor Stavroguin —interpelóle bruscamente la dueña de la casa—. —Permítame usted. pero vacilaba. daría parte? —Sin duda. Me es indispensable. —Haga el favor de ser más concreto. En silencio. —Vaya usted en seguida a casa de Kirillov. efectivamente. pero es que ése es un caso ji1yaqa sería una denuncia política. —. —Pennítame usted que lo interpele ahora. —Claro que “no” denunciaría! —gritó con dobles bríos el cojo. naturalmente. Muchos saltaron de sus asientos. —No habrá sido provechosa tardíamente? —observó un tercero. pero los ojos le echaban chispas. pero se contenía. Stavroguin. —No denunciaría. cada vez más crispado. —Ni nadie aquí lo ha sido —sonó de nuevo una voz—. Tenía el rostro pálido y enfurruñado. —Es Schátov. ¡ indispensable! —Para mí no lo es! —decidió Stavroguin.Sí o no? ¿Denunciaría usted o no defluflcja —gritó Verjovenskii.Que qué tiene usted que ver? ¿Que qué tiene usted que ver? —oyéronse exclamaciones. Pregunta de más. no se El cojo se amoscó tanto. y se fue. ¡Aquí nohaY delatores! —é. —Fue provechosa! —clamó otro. habría disimulado.

—No lo creo. —Yo no le entrego a usted a Schátov —dijo. —Ahora va usted a ver con quién vivo —murmuró para sí Kirillov—. —En resumen: ¿dará usted o no dará ese dinero? —gritóle Stavroguin con furiosa impaciencia. se le escapaban palabras impensadas. ¿no comprende? Oiga usted. leyó la carta. —Es posible que no quiera. 1 Así que puede usted pagar esos mil quinientos rublos de su bolsillo. y se lo mostró a Stavroguin. llegó allá en el mismo instante en que Stavroguin y Kirillov llegaban a la puerta. dos mil rublos. —Ya usted aquí? —observó Kirillov—. no depende de mí. Piotr Stepánovich se estremeció. —Pero otros pueden no defenderlo a usted. pero de pronto se contuvo. —Bueno. se detuvo. pero habiendo recapacitado en que no valía la pena.. —Pues que vaya. Daba muestras de cierta confusión. —Usted se equivoca. Si usted lo desea. 5 . o algo ha hecho ya! ¡Usted. —cCómo decía usted que vivía solo? —preguntó Stavroguin al pasar por la antesala. o. Piotr Stepánovich. pagar por otro. como mínimo. Está bien. Entre.. ttL)UK M.. que a mí me da todo lo mismo. Stavroguin. mil quinientos. Fíjese bien. pudiendo impedirse. Mi madre le ha dado a usted siete u ocho mil rublos por conducto de Stepán Trofimovich. Además. en silencio. que a nada respondía. efectivamente. Nikolai Vsevolódovich ya había hecho ademán de apartarlo de la puerta.. junto al samovar.Es posible que no lo desee? —observó. Aquél lo miró serio. En su carrera recordó una calleja por la que se podía llegar más pronto a casa de Filippov. ambos se miraron el uno al otro. Apenas hubieron entrado. Los tres se sentaron.. y mañana por la noche se lo expido para Petersburgo o para donde él quiera. Entren.. ¿Es que usted le tiene tanto apego al dinero? —Pero ¿es que hace falta dinero? —Irremisiblemente. —dijo riéndose él mismo de sus palabras. Stavroguin se levantó de la silla. Démelos usted mañana u hoy mismo. usted empieza a bromear!. ¿y qué? —inquirió. se plantó de espaldas contra la puerta. Le aseguro a usted que es muy posible que se vaya mañana a ver a Lembke. a quien únicamente amenaza es a usted. —Ese bribón lo hará como lo escribe —explicó Verjovenskii—. —Ah Stavroguin! ¡Usted sabe algo.CAPÍTULO VIII EL ZAREVICH IVÁN Salieron. como cerrando la salida. temblábanle las comisuras de los labios. ya dispuesto. eso para mí es ofensivo. yo he gastado ya bastante. y. hundiéndose en barro hasta las rodillas. Stavroguin: esto es tan sólo un juego de palabras. —No daré el dinero. hablaba imprudentemente. dirigióse a la referida calleja. —Yo no tengo por qué echar de aquí a Maria Timoféyevna! —. —Y a usted también. finalmente. UUSIOIEVSK1 LOS DEMONIOS 321 —Pero a usted le ha entregado su padre una cantidad en pago de su finca —observó Nikolai Vsevolódovich tranquilamente—.. con Maria Timoféyevna. Yo no quiero. y. usted le dirá cómo debe conducirse.. —Ah. Y como está a las órdenes de usted. Piotr Stepánovich pensó en volver a la “sesión” para ordenar aquel caos. y dos minutos después ya estaba corriendo por toda la ciudad en seguimiento de los que se habían ido. sonriendo. a mí no me amenaza lo más mínimo. y que empezaba a hervir. echóse a reír. —Cómo que vaya? Sobre todo. cuando Verjovenskii sacó del bolsillo el anónimo que le cogiera a Lembke. habla en broma! Tenía el rostro contraído. con una risa inmotivada. Stavroguin lo miraba con asombro. de pronto. maquinalmente. imitóle en un santiamén Verjovenskii y.

—Se encuentra aquí. bueno. Verjovenskii imploraba. ¿es verdad que usted pensaba asesinarlo? —exclamó Nikolai Vsevolódovich.IÇl tunante que no lo tenga. echando fuego por los ojos—. sea un poco más imbécil! Aunque. Su cuenta es grande. lo lanzó con todas sus fuerzas lejos de sí y atravesó la puerta. proporcionarle con ello ocasión a Fedka para asesinarlo. pero entrar en el cuarto no quería.. —tFue a buscarle el propio Fedka? —profirió Verjovenskii afanosamente. acababa de llevarlo allí Kirillov. llevo escondido un puñal. hagamos las paces! —balbuceó con un susurro convulsivo. como Fedka. imploradores. usted no cree. a usted le asustan las proporciones. y no hay quien me coja.. dispongo de él. Stavroguin. Verjovenskii alcanzóle en la puerta cochera. Estaba en pie y sonreía. Unos grupitos más. pero. ¿quiere? ¿No? ¿Por qué no me contesta? Dígame qué es lo que quiere que haga. demonio? —exclamó Stavroguin con viva cólera y estupefacción—. Entróle rabia. y así tendré por todas partes pasaportes y dinero. por lo visto. cogiendo a Verjovenskii por os cabellos con la mano izquierda. desde la sombra. observando a los presentes. Ahora hay poquísimas inteligencias propias. ¡aunque sólo eso sea! ¡Aunque sólo eso sea! Y refugios seguros. En el umbral. Virguinskii es un hombre purísimo. ¿no? —inquirió Stavroguin. pero quiero hacer las paces con usted. Oiga usted: en la bota.. sin duda. usted.. Entre tanto. Piotr Stepánovich volvióse rápidamente. sea usted mismo un poco más imbécil. al cual le están quitando o le quitaron ya su más preciado bien. Oiga usted: le entregaré a Schátov. pero yo conozco su flaco. Líamschin es el único que no lo tiene. estaba allí en el umbral. parecía la suya enteramente otra cara.. Fedka. Pero no habría dado treinta pasos cuando aquél alcanzólo de nuevo.. Pero él mismo afirmará lo que digo. adelantándose a cada minuto y cogiendo de un codo a Stavroguin. y parecía dirigirle una interrogante mirada. Había algo que no comprendía. La inflexión de su voz no era la misma. Oiga usted. pero. piensa adquirir sobre mí un poder. dándole mil quinientos rublos a Lebíadkin.. Al ligarme con un crimen.. ahora todo el mundo piensa con cerebro ajeno. —Oh. No hay rILJUK M. Era un hombre que aún no ha vuelto en sí. ¿quiere? —Según eso. en . Usted quiere con ese cemento unir indisolublemente a su pandilla. pero corrió tras él. L)UIO1IV. Pero yo. fuese de la casa. Sé que usted piensa que yo deseo deshacerme también de mi mujer. ahí está. con un medio pellico. cambio. Liputin es un tunante. No eran aquéllas ni la misma mirada ni la misma voz de siempre. para oír nuestra discusión o ver el dinero en las manos. probablemente sin notarlo él mismo—. ni siquiera de hacía un momento en la habitación.. y quedó atónito. probablemente. Hace un momento echó usted 4 en persona a Schátov.. —Alto! ¡Ni un paso! —gritó. pedía. cual si estuviera en su casa. usted sabía de sobra que él no había de decir: “No denunciaré”.. vino. más que nosotros diez veces. y que lo sea. —Toda esa gente es imbécil —escapósele a Stavroguin sin querer. pero sin gorro. míreme usted de cerca: ¿soy yo su hombre? Pues déjeme en paz. y que me . que mentir en su presencia lo tendría por una ruindad. mire. que todo se vendrá abajo. de amarillos reflejos. casi loco. se lo cedo. ¡hagamos las paces! Stavroguin lo miró finalmente. escudriñaban cautamente el aposento. —Oiga usted: mañana le llevaré a Lizaveta Nikoláyevna. pero yo. adelantóse un nuevo personaje. —Pero ¿qué falta le hago yo. pero no se detuvo ni se volvió. Karmazínov tiene razón al decir que no hay a qué agarrarse. ¿No cree usted que armaremos tumulto? Tal tumulto armaremos. Karmazínov tiene mucho talento. pero al mismo tiempo inflexible.—Yo hace poco le dije por qué necesita usted la sangre de Schátov —clamó Stavroguin. y lo miró con sus ojos de antes. Sus negros ojos. ¿para qué le hago a usted falta? Usted no me pierde de vista casi desde que vine del extranjero. pero no lo logró. cogiéndolo por un codo. —Reconciliémonos! —balbuceó una vez más—. ¿Es algún secreto? ¿Qué talismán soy yo para usted? —Oiga usted: armaremos tumulto —balbuceó aquél rápidamente y como delirando—. fuera de sí. —Pero ¿qué le pasa a usted? —exclamó Stavroguin—. su precio es también mil quinientos rublos. Nikolai Vsevolódovich se encogió de hombros. y sin aguardar respuesta. —Pero ¿por qué quiere usted a Schátov? ¿Por qué? —con jadeante carrerilla prosiguió. hagamos las paces. —dijo Stavroguin tendiendo la mano. —Hagamos las paces. enseñando sus blancos dientes iguales. usted teme. usted porfia para que. —Sí. Diez secciones como ésta nada más en Rusia. Las explicaciones que me ha dado hasta ahora son puro delirio. no es usted tan inteligente como para decirle eso. ¿Y por qué ellos son unos imbéciles? Algunos no son tan necios. porque. Stavroguin trató de zafarse. Aquél no respondió. mire. ¿no es eso? Pero ¿para qué ese poder? ¿Para qué diablos le hago yo falta a usted? De una vez para siempre.

Es un ideal. de la ciencia y los talentos. fomentaremos la borrachera.ra en él el espionaje. y en la esclavitud. ¡y nosotros lo tendremos a usted! —Déjeme usted. algo especial le ocurre —y Stavroguin volvió a mirarlo. El Papa. impersonalidad absoluta. lo cultivaré. Las inteligencias superiores no pueden menos de ser despóticas. De pronto fue y le besó la mano. Todo quedará reducido a un común denominador: igualdad completa. pero yo amo los ídolos! ¡Usted es mi ídolo! Usted no ofende a nadie. iguales. En los casos extremos. —Schigálev es un hombre genial! ¿Sabe usted que es un genio por el estilo de Fourier? Pero más atrevido que Fourier. ¡Ja. ja. Según él. consentirá enseguida. y siempre producen más daño que beneficio. eso es magnífico. y yo soy su gusano. plicio. pero hay que organizar la obediencia. figu. a mí precisamente me hace falta un hombre como usted. Yo soy un amante de la belleza. —Tiene cosas buenas su manuscrito —prosiguió Verjovenskii—. pero a mí déjeme en paz. cuando se pasa a la democracia. Mire usted: yo pensaba darle el mundo al Papa. pero una vez en treinta años.. a Shakespeare se le lapida. Obediencia completa. ¡Ha inventado la “igualdad”! —Tiene la fiebre y delira. hasta el Ejército. por esa ingenuidad. “Suponiendo que esté borracho. Stavroguin: igualar las montañas. rebajar el nivel de la cultura.. únicamente para no aburrirse. no la schigaievschina. Los esclavos han de tener quien los gobierne. de pronto. arriba. la schigalevschina. Que salga a pie y descalzo y se muestre a la plebe. la calumnia y el asesinato. no ha habido aún libertad ni igualdad. “Ved hasta donde me han conducido!”. Sólo falta que el Papa acepte la Internacional. —tSe excluye usted? —se le escapó a Stavroguin de nuevo —Y a usted. la igualdad. Nosotros mataremos el de. todavía! Usted debe de sufrir. de sólo una cosa no hay bastante: de obediencia. Las inteligencias superiores siempre se apoderaron del Poder y se convirtieron en déspotas. que dejo al Papa! ¡Al diablo la schigalevschina! Al diablo el Papa! Nosotros necesitamos el mal del día. hay que expulsarlas o imponerles el su-. como todos los filántropos. Se . Cada uno les pertenece a todos y todos a cada uno. y todo el mundo se inclinará ante él. A mí. y todos le odian. y. que la aceptará. y todos. ahogaremos a todos los genios en su infancia. ¡Oh. Con usted nadie se propasa a ponerle la mano en el hombro. y Schigálev desprecia el trabajo de negros. Frío corrióle por la espalda a Stavroguin. cosa del porvenir. ¿Acaso los nihilistas no aman la belleza? ¡Lo único que no aman son los ídolos. El alto nivel de la ciencia y los talentos sólo se obtiene merced a altas inteligencias superiores. el sol. A usted no se le da nada de sacrificar la vida: la suya y la ajena. Es indispensable sólo lo indispensable: he aquí la divisa del globo terráqueo en lo sucesivo. Todos esclavos. de eso nos ocuparemos nosotros. Soy nihilista. _—Stavroguin. ¿Es que usted no cree que con nosotros dos hay de sobra? —Coja usted a Schigálev. a Copérnico se le sacan los ojos. hasta cierto límite. Usted es el guía. ¿lo sabía usted? ¡Todavía los conserva. ¿dónde se habrá emborrachado? —pensó—. los chismorreos.seo. y para los esclavos. es una idea magnífi. so borracho! —murmuró Stavroguin. _Basta! ¡Oiga usted. se pondrán a comerse unos a otros. Pero es necesaria también la emoción.ca. porque la schigalevschina es un artículo de joyería. es encantador. sin el despotismo. Usted es precisamente como es necesario que sea. más fuerte que Fourier. En cuanto al abuelo. El ansia de cultura es de por sí un ansia aristocrática. No le queda otro recurso. basta de ciencia! Y sin ciencia hay material bastante para mil años. pero amo la belleza. viniendo obligado a la delación. Ante todo.. y a nuestros pies.. Schigálev es un orfebre y un estúpido.. ¡ahí tiene usted la schigalevschina! Los esclavos tienen que ser esclavos. Yo no conozco a nadie sino a usted.. y no queremos altas inteligencias superiores.busquen. Hemos aprendido un oficio. me lo sé a usted de memoria! ¡Lo miro mucho de soslayo desde un rincón! Usted tiene hasta candor e inocencia. Armaremos disturbios. A Cicerón se le corta la lengua. fomentaremos una licencia inaudita. pero en el rebaño debe haber igualdad: ¡ahí tiene usted schigalevschina! ¿Le parece raro? Pues ¡yo estoy por la schigalevschina! Stavroguin esforzóse por apretar el paso y llegar cuanto antes a su casa. y apretó el paso. los gobernantes. sobre todo. Descubrirán un grupo y quedarán los otros. y el amor llevan consigo el deseo de propiedad. y sufrir sinceramente. Es necesario el trabajo negro. usted es guapo! —exclamó Piotr Stepánovich. El aburrimiento es una sensación aristocrática. la delación. todo miembro de la sociedad ha de observar a los otros. En el mundo. ¡Estoy por Schigálev! ¡No hace falta cultura. somos gente honrada y no necesitamos más: he ahí la reciente respuesta de los obreros ingleses. ja! Diga usted: ¿es una necedad? —Basta —murmuró Stavroguin con disgusto. y a usted todos le temen. y con susto retiró la suya. El deseo y el dolor para nosotros. nada de ridícula. recuerde usted mis palabras. nosotros a su alrededor. usted los mira a todos con timidez. ¿Acaso con el coñac?” —Oiga usted. Un aristócrata. Usted es un aristócrata tremendo. la schigalevschina. ¡No sabe usted que es guapo! Lo más estimable en usted es que a veces parece ignorarlo. casi con fruición—. Ambos caminaban sin detenerse. con la schigalevschina no habrá deseos. Oiga usted: el Occidente tendrá al Papa. La familia . Schigálev buscará también la emoción.

¿a quién? —A quién? —Al zarevich Iván. De otra parte. porque ¡porque. DOSTO1EVSKI LOS DEMONIOS J2 uno solo en Rusia ha ideado el primer paso y sabe cómo ha de darlo. se emborrachan los hijos.” ¡Oh. —Loco! —murmuró Stavroguin.. los habrá. la obediencia de los colegiales y de lo imbéciles ha alcanzado su más alto grado. —cA quién? ... ¡He ahí lo que hace falta... casi un deber. qué lástima que no haya proletarios! Pero los habrá. hasta ahora. por doquiera. egoísta. hacía furor la tesis de Littré. “sangrecita fresca” para que se acostumbre.. —Un tunante. yo mismo he visto a un chico de seis años que llevaba a su casa a su madre ebria. nuestros!. A Karmazínov le he prometido empezar en mayo y acabar por la Intercesión. un apetito bestial.. de una depravación inaudita. ja. y ellc mismos lo ignoran. cruel. y que los otros no hacen más “que dar palos de ciego y pegarles a los suyos. pero he ideado el primer paso. podrían emborracharse aún más? ¡Ah. en que el hombre se convierta en un ser asque rosO cobarde. y en voz alta se dice: “Doscientos palos o saca un litro de aguardiente. El jurado que absuelve de todos los crímenes. Los ade ministradores. los que hacen blazx. —Oiga usted: nosotros al principio. ¡Hay muchos Schigáleves! Pero un solo hombre. Bueno.. El colegial que mata a un campesino para experimentar emo ción. ¿Sabe usted que ese siervo se ha respetado a sí mismo más que Karmazínov? Lo vapuleaban y no ha abandonado a sus dioses. —Lástima también que nos hayamos entontecido! —murmuró Stavroguin.” ¡Ah.. una idea en u bote: Colón sin América... no conoció el cinismo. Esos no hacen más que estorbar. por lo menos una noble protesta. Porque yo soy un tunante. ¿Por qué se ríe usted? No incurro en contradicción. ¡no a mí mismo! ¡Yo soy un pícaro. Verjovenskii. nuestro. y ya el crimen no es una locura. El abogado que defiende el ase sinato de un individuo culto. Nosotros proclamamos la destrucción.. sin usted no soy más que un cero.. ¿Por qué me mira usted? Usted. los enviaremos por cuarenta años a un desierto. a eso iba.. La gente se emborrachar se emborrachan las madres.. sin disciplina no comprendo nada. no obstante emplear para el insulto las más crudas palabrotas. Bt< fiscal que teme mostrarse en el juicio poco liberal. es la primera vez que le oigo hablar así. —Es posible que esté delirando. sabe usted uná cosa: ¿a cuántos cogemos con sólo las ideillas ya preparadas? Cuando sa} de Rusia. sino que es un político cualquiera. inaudito. ¿Pronto? ¡Ja. es posible! —asintió su interlocutor... ruin. ja! Lástima que tengamos tan poco tiempo por delante. no tiene nada de socialista. cos clásicos o muerden. Si es menester. y empezará la revuelta! Se armará un pandemónium como todavía no lo ha visto el mundo. es menester articular los huesecillos. a eso vamos. nos falta tiempo. No en balde le he besado a usted la mano. deje usted que crezca esta generación! ¡Lástima únicamente que no haya tiempo para aguardar.. vuelvo.. usted me es necesario. —Bueno.. si no.... ¿No sabe usted que ya somos enormemente fuertes? Loa.. nuestro. no un socialista. Pero una o dos generaciones depravadas son ahora indispensables. y echó a andar otra vez. nosotros pondremos en su lugar. y todavía lo tendrán a honra.. tirándole a cada momento Stavroguin de la manga derecha-—. Sólo contradigo a los filántropos y a la schigalevschina. según la cual el crimen es una cura. Vamos. FEDOR M.. Stavroguin? Pues que el pueblo ruso. Se cubrirá de tinieblas Rusia.. ¿Cree usted que eso me alegró? Cuando caigan en nuestras manos los curaremos. Recurriremos al incendio. los literatos. ¿Quiere usted saber quién soy yo? Pues voy a decirle en seguida quién soy. una vanidad de proporciones des’ medidas. El dios ruso ha huido ya ante el alcohol. Yo le encontraré a usted en esos grupos voluntarios que pegarán tiros. esa ideílla es tan seductora! Pero es menester. venskii.. Stavroguin plantósele delante y miró de hito en hito sus extraviados ojos. armaremos tumultos —dijo Verjo.. ¡ja. Y sin usted soy una mosca.. sino precisamente el buel4 sentido... hablando de prisa—. ja! ¿Sabe usted lo que le digo.. Echaremos a volar leyendas. nuestros no son solamente los que degüellan y queman. Ese hombre soy yo. las iglesias están desiertas. —Oiga usted. es ya nuestro. ¡Bueno. es nuestro. Ya se lo he dicho: penetraremos en e mismo pueblo. un ambicioso. Yo.detuvieron. a pesar de todo. nuestro.. e* ya nuestro. atropellándose de un modo horrible. a los profesores se les ha reven tado la vesícula de la hiel. y para procurarse dinero no tenía más remedio que matar. Nunca a Schigálev se le ocurrirá el primer paso. por lo visto. ja[ Oiga usted: yo los tengo contados a todos: el maestro que se burla con sug chicos de Dios y de su cuna. además. no un socialista! ¡Ja. llorará la Tierra por los antiguos dioses. todos los que hagan falta.. Sabe usted una cosa. un tunante. si tuviéramos tiempo! Es una desgracia. Usted. ¿cómo no ha de matar el hombre culto si necesita dinero? Pero esto son sólo ligera muestras.. alegando que el asesino tiene más cultura qu sus víctimas. Para lo cual nos será útil toda “partida” sarnosa. mientras que KarmaZínov ha renegado de los suyos. Pero es menester que también la gente crea que nosotros sabemos lo que deseamos. Y. y ésta le iba diciendo unas palabrotas hediondas. y lo hago con estupefacción —dijo Nikolai Vsevolódovich—. terriblemente nuestros. ¡oh.

hervía el samovar. Pero aquí habrá una fuerza.. —j. arrogante. sotros! —Fantasías! —dijo Stavroguin. —Stavroguin.. sin América. por fin. Trae una nueva verdad y “se oculta”. La puerta de la casa se abrió. mañana despacho a Maria Timoféyevna. parecía algo borracho—. con un tierno susurro. Difundiremos leyendas superiores a la de los skoptsi. surgirá una fuerza nueva. ¿Quiere usted que le lleve a Liza mañana mismo? —Pero ¿qué tendrá? ¿Será que de veras está loco? —sonrió Stavroguin. todo muchik sabrá que existe en tal sitio un árbol en cuyo hueco está mandado depositar las instancias. Pero usted no es Iván Filíppovich: usted es guapo. lo inventé a usted al verlo. sobre todo. —No le interesa. ¡Sobre todo. Aunque mire usted. no le creo. y qué leyenda se puede inventar! Y. . Grupos. así tiene que ser. ¡y qué fuerza: inaudita! Nosotros no necesitamos Sino una vez la palanca para levantar el mundo. existe. pero nadie lo ha visto: se oculta. La noticia era horrible. y se veía un vaso de té servido. se le puede también enseñar. “se oculta”. pero al mismo tiempo con un aire de indudable triunfo.. lo han visto!” Y a Iván Filíppo vich. Comprenda usted que ya le tengo apuntadas muchas cosas en su cuenta y no puedo dejarlo ir. quedo. no se me habría ocurrido nada. ya se mostrará.. nos ocurrió un lance. dios-saboath. conocemos su plan! —Diremos que “se oculta” —murmuró Verjovenskii. pero nadie lo ha visto. se me puede asustar con sólo una sonrisa con ésa. —óPara qué? —replicóle Nikolai Vsevolódovich. entre tanto. ¡Usted miente. dispúsose a subir la escalera. Inmediatamente corrí a casa de Stepán Trofiniovich. ¿Sabe usted lo que quiere decir esta frase: “se oculta”? pero ya se mostrará. Es necesaria. Yo. ya lo sabía yo! —exclamó Verjovenskii en un arranque de irreprimible rabia—. . en mitad de la habitación. también lo vieron remontarse al cielo en un carro... ¡No hay en la tierra otro como usted! Yo lo inventé en el extranjero. sin dinero. a nadie. buen°. mirando con honda estupefacción al enajenado—. efectivamente. y que un soldado había hecho con todos ellos un paquete y “se los había llevado en una carretilla”. En cada cantón. señorito puerco. quinqueviratos. y se detuvieron en la puerta.—iAl zarevich Iván. co sus “propios” ojos lo vieron. a usted! Stavroguin recapacitó un instante. tres. participándome que al señor “lo habían registrado”. a uno solo.Por qué.. Si de diez mil atiende una sola demanda. Pero nosotroj7 inventaremos dos o tres juicios de Salomón. lo mirará y los vencerá.. inclinándose a su oído—: yo le serviré de balde. y s? derrumbará el tinglado.. tiene la aureo1 del sacrificio.. ¡Oh. y por ella suspiran. a las ocho. sólo no. . pero para entonces. ya. Vaya... Una maiaua. seria y severamente. ¡Por primera vez! ¡La edificaremos “nosotros”. ¡Ah. ha de contestae! CAPITULO IX REGISTRAN LA CASA DE STEPÁN TROFÍMO VICH A todo esto. nada de prensa. vamos por nuestra América? —y por última vez cogióle de la mano Verjovenskii. guin con maligna sonrisa. dos. —j. Oiga usted: no se lo mostraré a nadie. un Colón sin América. por ejemplo. _1tavroguin! —gritóle aquél—-. los cuales habían ido allá e incautádose de los papeles. ¡Todo se alzará! 326 FFD0R M.Por qué se ríe usted y con esa malignidad? No me asuste usted.. sólo lograba vislumbrar que habían efectuado el registro unos funcionarios. degenerado.De modo que cuenta usted en serio conmigo? —preguntó Stavra. El existe. más de tres no puedo. —LUn impostor? —inquirió de pronto. sin contestar. y mañana mismo le llevo a usted a Liza. que. por qué no quiere usted? ¿Tiene miedo? Pero ¡si yo lo he elegido a usted porque usted no le tiene miedo a nada! ¿Es acaso una insen4 satez? Pero si es que yo soy. A todo esto. que a mí me llenó de asombro y a Stepán Troflmovl lo exasperó. pero.. como un dios. Stavroguin. ¿acaso Colón. vicioso. a usted. Lo encontré en una disposición de ánimo admirable: agitado y presa de gran emoción. no pretende nada para sí. vino a llamarme de su parte Nastasia. la leyenda! Usted los vencerá. Y se correr4 una voz por toda la tierra: “Lo han visto. pasaba por sensato? Stavroguin callaba. Encima de la mesa. y se encrespará el mar. Pero ¿qué ha hecho el socialismo? Destruyó las viejas fuerzas y no aportó ninguna nueva. todos no vendrái con demandas.. y entonces idearemos el modo de hacer una cons trucción de piedra. usted tiene apetito de lobo!.. al principio no podía entender nada. entre cien mil. ¡Le doy a usted de plazo un día. —Oiga usted —díjole Verjovenskii. y soy ahora como un niño. habían llegado a su casa. DOSTOIEVSKI LOS DIMONiOS 327 —j. Y se quejará con un lamento la tierra: “La nueva ley viene”. Si no le hubiese yo mirado a usted desde un rincón.

—Oh. Pero yo anduve con ellos de pillo a pillo.. Luego. y que si nada encontraba. je 1 ‘assure. mais digne. y con vehemencia.pero intacto y olvidado. Enfin. Inmediatamente. vous comprenez? Me miró con inquietud.. yo mismo se lo di.. y hasta hielo. m ‘en souviens. Ji se tenait ó distance.22 Tipo de polizonte. Acuéstese . trii Mitrich? Yo. naturalmente. qui me doit encore quinze bIes. —. con la tapa. Aquello era absurdo. recuerdo que él mismo me dijo que sería mejo decir nada. _No. nadie sabe nada. se lo ruego. Enfin. porque él sólo había venido para “ver”. desde ese punto de vista. It partail. enjin. y r más..... Así es como se anuflCl’. y figúrese usted. sin advertir sus movimientos. El puis.. loul ça. cuando ui hombre es desgraciado. Stepán Trofimovich. al parecer.”. “de pronto”. Todo eso se lo llevó. yo me deshice en preguntas. sólo a usted lo he mandado llamar. le confieso a usted que estoy muy cansado. pero. yo se lo di todo. porque eso que me cue un sueño. J’élais surexcilé. ¿Había ido solo Blümer? ¿En nombre quién? ¿Con qué derecho? ¿Cómo se había atrevido? ¿Qué explicaciói bía dado? —II élail seul. criliques el politiques... e’ sese con más exactitud.. pero que se había quedado prudentemente en el vestíb Habrá que preguntarle a Nastasia: ella está más enterada. y al darme esas explicaciones sobre su veni22 El original ruso dice: seriex. croyez v” Enfin.. De entre los libros.. un tas de choses... no me objete usted ni me desaliente. je m y connais. je n ‘ai pas trop c pris. it parlail. Todo eso me lo han inca tado. me pidió que le dejase “revisar” mis libros y manuscritos. Mire usted: si se enterasen en la poblajÓfl’ mes ennemis. Naturalmente. J’élais cL calme.. vingi ans queje m’yprépare. un funcionario del Gobierno. sino solamente a mis libros. Vous le connaisez? Quelque chose d’hébété et de trés sevére.. HDOR M. le rogué mucho que ocultara lo ocurrido. qui deux fois m ‘a manqué de polilesse el qu ‘on a rossé ¿1 plaisir année chez celle charmante el belle Nastasia Pávlovna. cogióme de la mano. Pero siéntese usted y beba una tacita de té. siendo yo quien todo me lo decía. oui. y las manos le tiemblan.. subalterno.. equivocadamente: enjani. por Dios. Aunque temo haberme echado a llorar. mon ami. pues nada pasaría. vino enviado por Lembke. e ‘esl celé. cuando alguno de sus íntimos lo sorprendía con aquel camisón. nada más. La carretilla la había e do en la tienda. lo rogué mucho y hasta temo haberme rebajado. y ¿qué gano con ver a t. un ejemplar encuadernado de La Campana. Yo estaba durmiendO todavía. Está pálido. Dios! ¿Cómo es posible hacer todo eso? Pero. raide etsérieux. Le abrí todos los cajones y ‘ tregué todas las llaves. por lo demás. cuando tienen que habér con personas decentes. que le gané al whist.. los papeles y cartas el quelques unes de mes ches hisloriques. “esos. mente.. Quelque chose de béte et d’aliemand dans la physonomie. oui je. ¿No haría bien en ponerme una venda COfl vinagre a la cabeza? ¿Qué le parece a usted? _Desde luego que sí —exclamé—. DOSTOIEVSKI LOS DEFvIONIOS 329 da.. it avail l’air de croire queje rai sur tui inmédiatemenl el queje commencerai é le ballre comme Taus ces gens du has élage sonl comme ça. Nastasía que el soldado lo metió todo en la carretilla y luego lo cubrió con la oui.Pardon. Así que aca mos la cosa en amis. el rien de plus. diose prisa a ponerse el chaleco y la levita. j ‘ai oublié son noS. Sí.24 quand it se cacha dans son boudoir. ji a empioyé ce mo!. hay que ordenarle a Nastasia que cierre la puerta y que no deje entrar a nadie. 11 s ‘appele Rosenthal. aunque. pero al yerme. parecía imaginarse que yo. je suis loul-é-fail conlenl.. Commenl. Cher.. —Enfin. entrecortadas y salpicadas de inútiles pormenores supe que a las siete de la mañana se había presentado allí. por lo demás. el puis. eligió la edición de Herzen hecha en el cxi ro. —Cher. porque no hay nada más insufrible sino el que. excepto. creo que habló. había alguien q 1 ‘anlichambre.23 it a consenli. savez vous? prononcé le nom de Tetíatnikof y yo pienso que ése era el que se L quedado en el vestíbulo. cuatro copias de mi el. acudan a su lado cien amigos y le hagan ver lo estúpido que ha sido. ¿A qué conduce el escándalo? ProcedaOS por el momento en amis.. Aunque también había algún otro. es mejor sin garantías. je m ‘en souviens. Sí. el PUiS ó quoi bon ce procureur. soit dil en passanl.. un ami! —respiró a plenO pulmón—. y por SUS palabras incoherentes. No tenía intención de prenderme. r_. Está usted muy agitado. Vestía su camisa roja de costumbre. cosa que antes no hacía. Stepán Trofimovich daba vueltas alrededor de la mesa y de un picO a otro. aquí al lado.. ce cochon de notre Crocureur. Ni qué decir tiene que yo en seguida lo comp todo. que me propuso un procurad y hasta me parece que a Dmitrii Mitrich. —No será Blümer? —Blümer. a mí también me parecía estar soñando. como aguardando mi respuesta. J’élais surex voyez vous. Le referí mi vida. ¿Quién podía comprender nada de eso? Y: nuevo lo asedié a preguntas.. —Pero ¿de modo que él le ofreció a usted las medidas y garantías pr pias de estos casos y usted fue y las rechazó? — exclamé con amistoso enoi 23 El texto ruso dice. bien seul. por lo demás. Vallé. Ji n ‘es! pas du pays. 1L muy poco.

y a todas luces dio por ofendido. casos extremos. Voyez vous: tocante a la ropa interior.. aunque que él había procedido “con picardía” y había rehusada Sin duda. sobre todo. los trajes. con asombro. Pero ella misma se fue. antes. es decir. Vendrán. eso les impone. qué iban a hacer ahora conmigo.. poema’? Usted ha perdido el juicio. se llevó la palma de la mano diestra a la mejilla y púsose a contemplarlo con plañidero aspecto. y para engañarlos he dejado siete rublos en el po-f. en el forro del bolsillo del chaleco. Pero yo —y bajó la voz. Luego Nastasla se subió en una silla y procedió a encender en un rincón una lamparita delante de una imagen. Mire usted: y allí también. —jSeñor! ¡Quién va a venir! ¿Quién va a prenderle a usted? —Voyez vous. antes no había allí tal lámpara.. Una idea salvaje. al irse. DOS1OIEVSKI LOS DEMONIOS llegarán a quitármelo. con el consiguiente asombro de mi parte. Observé que él no hacía más que mirar a la puerta y escuchar del lado del recibimiento. no puedo sufrir esa piedad rusa. hija de Paula.. . Pienso que el chaleco no [ 1 24 Anastasia. según él decía.. de amigo a amigo: ¿no pertenec usted a alguna sociedad secreta? Y vean ustedes.. Stepán Trofimovich. pero yo insistí.. mon cher: yo le pregunté sin rodeos. Cierto también que le habían propuesto un procedimiento mj legal. ¿Es que por eso van a detener a nadi Yo estaba sencillamente furioso. me prenderán y ¡fu!. dejándome un capote de soldado. —Un telegrama! ¿Referente a usted’? ¿Por las obras de Herzen y por. —Quién puede saber en nuestros tiempos por qué le irán a detener uno’? —enigmático. dígame usted. “todo cuanto poseo”. desapareció el hombre. sino ante la idea de que por eso fueran a detenerle. pero se fue sin Contestarme. —Seguramente ha mediado en esto algún telegrama de Petersbu —dijo de pronto. 330 FEI)OR M. —Mejor habría usted hecho en preguntarle a dónde lo iban a deportar! —exclamé con la misma indignación. No se decidía a curarse.. que había surgido ahora de pronto.usted.. se me ocurrió pronto. encima de mesa. haba perdido el juicio. tiente usted. no estaba seguro de si pertenecía o no a alguna sociedad secreta.. porque Dios sabe dónde tendré que doi. voyez voUs —dijo mirándome significativamente—y chaque momenl. Pero ¿qué caso extremo podía ser aquél? He ahí lo me desconcertaba. —Eloignez-la con cualquier pretexto —insinuóme él desde el diván—. —Ya se dejaba traslucir también eso en mi pregunta. y deje para después su narración. Quand on a de ces choses-lé dans sa chambre el qu ‘Qn vient vous arréler. Saltaba a la vista que no día haber ni tal detención ni tal registro. hay alguna calderilla. Después de despachar lo de la lámpara. se los pueden llevar si quieren. —JI jiaul élre prél. Yo. exclamó. mirando a la puerta por la cual había salido Nasta51a— tengo escondidos treinta y cinco rublos. Stepán Trofimovich. Verdad que todo aquello ocurría con anterioridad a las l yes actuales. absurda. y. aquí. después de mirarme con picardía—. descanse. y no tienen más remedio que decir que han visto. —Fui yo quien lo dispuse así en seguida que ésos se fueron —murmuró Stepán Trofimovich. podía el gobernador.. monedas. sin duda. y yo mojé una toalla y se la lié a la cabeza. El hizo una mueca. no por mi increpación. sin que lo sepa nadie. el puis ça m ‘embéle. Nastasia nos trajo una tacita de vinagre.esta noche! Yo bajé la cabeza ante tamaña insensatez. el de abrigo. Nastasia quedóse en pie junto a la puerta. observé aquello. en una época tan reciente. Yo me sentaré a su lado y esperaré.

cuando en unión de ella. ¿quién pue decir? Piensas que no perteneces a ninguna. y. Se ocultó la cara con su pañuelo de seda rojo. sino a otra cosa. con mi hijo.. En el curso de la conversación recordó él que Blümer se haba incautado de dos proclamas que allí encontró.Cómo según se mire? —Cuando perteneces de todo corazón al progreso y. y tomó a dar paseos por la habición. se lo juro óje vous jure! (hasta lágrimas fluían d sus ojos). al mismo tiempo. pateando el suelo. Chel! cher.Qué vergüenza? Pero ¡si es todo lo contrario! Crea usted. sí! Mcremitieron diez —respondió con enojo (me hablaba tan pronto en un tono e acritud y altivez como con la mar de quejumbre y humildad)—. en aquel mismo instante. De pronto. DOTOIEVSKl LOS DEMONIOS 333 Un minuto después díjome. así que Blümer sólo pudo encontrarme dos. Stepáiy Trofimovích..26 Apenas me escuchaba. como queriendo asustar. que todo esto se aclarará hoy mismo y quedará resuelto a s favor. cher! —sentóse de pronto junto a mí y quedóseme mi rando lastimeraimente a los ojos— Cher yo no le temo a Siberia. salía depronto echándose a llorar.. teniéndolo a honra. nuestro predicador.. hasta le dababia. caes en cuenta de que sí perteneces.. y por nadajel mundo me habría soltado. enía una necesidad enorme de que yo lo tranquilizara. Pero mire usted. con ces pritsfort de la lácre té? ¡Oh. —Le temo a la vergüenza —balbueó misteriosamente. voyes i’ous.? —Oh. como el subteniente de marras. convulsivamente. pero yya había dispuesto de ocho. algo extraordinari que hasta entoinces se había hecho fuer2a para no decirme. Yo veía bien que ahora no podía pasarse sin mí.. Siento a veces quejeferaj té-has quelque escndre! Oh. 331 todos nosotros. puede que yo me lance allí sobre alien y la emprenda a mordiscos con él. que la alemana interpreta como 5OSOtros 332 FEDOR M.. con esos enredadores.. —iCómo prolamas! —exclamé con estúpido susto—. —Soy perdido. echóla hacialí. ¿es que usted no me conoce? —exclamó morbosamente—. Y de pronto echóse a llorar.. dejó caer allí una percha. Finalmente. y a llorar como un chico que ha hecho una diallura.. Nos co4 rán. po a todo esto iba pasando el tiempo y no llegaba la kibit/ca.. y no iede ser —observé.. pero. tan perfecta ignorancia de la realidad cotidiaa resultaba conmovedor y al par desagradable.. je le sens. Piotr Stepánovich. sin dejar de hablarme.—Según se mire. Me inspraba una lástima enorme. derramando ardentísimas lágrimas.. mirándolo bien. que tan altiva y magníficamente se había sostenido por encima 4k 25 Coche. que por algún motivo había salido de la cocina la antesala. —Savez-vous?_se le escapó de pronto—. Aquel hombre. —i. y la aguardaba aquella mañam misma. Quedéme allí. si no nos dejan olvidados en una casamata. Aunque eso es un disparate. y. Dios! —Bah!. Todas mis seguridades y excitaciones a la tranquilidad rebotaban en 1 como guisantes en un muro. —Vous me meez ayee ces gens-lá! ¿Es que usted supone que yo puedo alternar con esc tunantes.ose colorado de indignación. me propo4 fundar allí una Revista.. Nastasia. en espera de los azotes con que lo ha de castigar el maestro. pero al aclararse lo ocurrido. Me lanzó una irada extraña: asustada y. aite el que nos inclinábamos tan de corazón... levantándose del diván. nuestro oráculo. gritóle Nastasia que se volviese a la cocina. Tan plena.. pero Lieden haberlo confundido con alguien. ¿Acaso usted. no me deje solo! Ma carrzére est finie aujrd ‘hui. A mí se fl* vino todo abajo. miránd)me desolado. Y de pronto p. por espacio de cinco minutos. —Jan seguro está usted de que m perdonarán? . Creía evidentemente en lo que la kibitka ni más Ii menos que en que yo estaba allí a su lado. pero mirando a cada instante a la ventana yescuchando del lado del recibimiento. 26 En alguna verslespañola se suprime el símil. y en ese sentido halaba sin parar. que durante veinte años había sido nuestt#’ profeta. Esa es la raíz de todo. nuestro patriarca. Entonces nos escabullimosJ ellos se olvidaron de nosotros. Efeivamente cada vez estaba más enfurecido contra alguien y por algo. por fin.. —. no obstante. y permanecimos juntos dos oras largas. y todo eso por las obras de hsrzen y un poemita. nuestro KU kólnik... a Siberia por toda la etCt nidad. sspendió sus lloros. Corría éstas copiosas. y estuvo llol!i que te llora. pero ahora han vuelto a acordarse. nos harán subir a una kibitka25 y march!. no se vaya usted. Nuestro diálogo proseguía sin ilacSn. Adiviné por su aspecto que quería decirme. Stepán TrofimoVich dio un respin y quedóse como muerto en su sitio. en seguida.. —Cómo es posible eso de pertenecer y no pertenecer? —Cela date de Petersbourg.

Yo también bajé la vista. y si no encuentran nada. et puis les femmes. amigo mío. se perdió mi vida! ¡Veinte años de una dicha tan cumplida con ella.. Pero supongamos que me perdonan. no puedo!.. —Pero ¿quién va a azotarle a usted? ¿Dónde? ¿Por qué? —inquirí. levantándome también.. saltó del diván. pero ¿es que usted ha creído en ellas hasta ahora? Me eché a reír... y no una viruta: tengo mis derechos y quiero hacerlos valer. en Skvoréschnikii..Dónde hacen esas cosas?27 —Ah cher __-murmuró casi en mi oído—. sá abre el suelo. Ha recibido un telegrama. “pues peor” — añadió de pronto. de pronto..Esç nadie lo ignora.... yo no deploro nada. que las traducciones intercalan. si no. me miró. cerró los ojos y permaneció echado unos veinte minutos. con toda sinceridad. que me lleven a Siberia. . que me pierdanj pero. Soy un ciudadano y un hombre. Iré yo mismo. ¿quién lo creerá en este poblacho? C ‘est incraisemblable.. ya le he dicho que yo. lanzóse al espejo. —No comprendo. —Cómo “peor”? —Sí. —Se le ocurrirá —murmuró con convicción profunda—. no es miedo. que me prenda. a mí. de suerte que yo llegué a pensar si se habría quedado dormido o amodorrado... Se alegrará. —Stepán Trofimovich. a usted. fábulas viejas.. —Ella no sabrá nada.. ¡Por nada del mundo. a sus pies. —Pero ¿a qué.—Pero ¿qué es eSO de “perdonar” ¡Qué palabras! ¿Qué ha hecho ted para eso? ‘Yo le aseguro que usted ro ha hecho nada. Esta me parece. se despidió de 27 En nuestra edición rusa falta ese renglón.... te meroso de que hubiera perdido el juicio. un pensador.. mirandome con aire enajenado. En veinte años no he reivindicado mis derechos. que me prenda! 1 . —.. Cher.. —No puedo sufrir más! —dijo con voz entrecortada—. —Amigo mío. n. ¡que me prenda. un poeta... ¡Oh. Que dira-t-elle si se entera! Consternado.. ¿por qué no le da usted parte en seguida a Varvara Petrovna de lo sucedido? —le propuse. además. ¿por qué? Si usted no ha hecho nada! —Peor que peor: verán que no he hecho nada. Cher. in pinadamente.. Stepán Trofimovich. aguardando no sabíamos qué.. Es un deber.. —Qu en savez VOUS? Toda mi vida ha sido. un hombre ante el cual se ha inclinado ella por espacio de veintidós años. y ¿cómo desengañarla? Le parecerá inverosímil. que me vuelven a traer acá y no me hacen nada. Yo le doy un arma contra mí para toda la vida. —Ni siquiera se le ocurrirá semejante cosa. y mire usted! Se cubrió la cara con las manos.. a Arkángel.. y me azotarán. Está obligado a contármelo todo. —Amigo mío. se trataba ya de una idea fija. ¡Si quieren perderme. que es la primera vez que le hablo. y de pálido que estaba se puso todo rojo. estoy obligado a ello. pero en secreto. Volvió a acostarse. el azotado no lo va a contar. y cae usted en una trampa hasta la mitad del cuerpo!.. yo le itemo a otra cosa (de nuevo el susurro. cuando los dos temíamos.. Elle me soupçonnera toute sa vie.. incorporóse ávidamente.Y está usted también seguro de que luego le llevarán a Petersburgo? —Amigo mío. ellos lo record rán todo.Adónde? —inquirí yo. —j. De pronto. el sombrero nuevo y el bastón.. —Pero a usted. Ella y yo hemos hablado muchas veces de eso en Petersburgo. Y.. —Dios me libre de hacerlo —estremecióse y saltó de su sitio—.. con trémulas manos se hizo el nudo de la corbata y con voz tonante gritóle a Nastasia que le diese el paletó. pero ahora los exijo.. Desde el punto y hora que ella... Diez mil veces me lo he representado en la imaginación. ma carriére est fine.. porque a usted nada ha de pasarle. No se atreverá a atormentarme. después de lo que nos dijimos al despedirnos en Skvoréschnikii! ¡Nunca! Los ojos le centelleaban. pero la vergüenza. —(. a qué? —A que me azoten —profirió. Elle me soupcçonnera toute sa vie.. —Fábulas __exclamé. —A ver a Lembke. “peor”. a mí. es mi deber.. como amiga leal. todo.. Se pondrá muy afligida.. se alegrará. ¡No puedo. —jFábulats! Por algo corren estas fábulas. el aire asustado yjt misterio). donde hacen esas cosas. ya no tengo apego a la vida. adivinando—. quitóse de la frente la toalla.. Continuamos juntos creo que una hora o más todavía. sin proferir palabra.. hasta ese punto me resulta usted extraño esta mañana.? Pues allí. ql4j me priven de los derechos civiles. pues de todos modos seré hombre perdido.... —áDónde.

pero no aplaudo u disposicj de espíritu: fíjese usted en lo que parece y cómo se dispone aír allá.. ponerse todos de rodillas e invocarle como a la misma Providencia.. acepto su sacrificio. Así que mire: vamos a entrar los dos juntos.. aunque sólo fuese porque quienes los habían redactado. aunque temiendo ya mucho por él—. niegan lo de la selección. que.. cerrando la fábrica y despidiendo a los operarios. pudiera ser me se lanza usted allí sobre alguien y la emprendiera a mordiscos. lo confieso. y que habían ido a reclamar por su cuenta únicamente. Yo quería negarme. como Fedka. además.. sea! —si santiguó— A llons! “Bueno. Una hora antes de salir a la calle Stepán LOS DEMONIOS 335 Trofímovich y yo. sencillamente. —Cher —dijo. atender alas señoras colocar a los invitados en su sitio. a ser posible. sólo hasta la puerta. alinearse correctamente en su vestíbulo y. obreros de la fábrica de los schpigúiines.. en ausencia de los patronos. O. y como la Policía. buen amigo! CAPÍTULO X FILIBUSTEROS. casi en silencio. o como sea. sacrficio de a go sincero.. pero hasta la puerta. no los habrían comprendido ni jota. sosteniendo que setenta hombres habrían sido demasiados para formar una comisión. a la cual se habían dirigido. es decir. de que tanto se habló luego. Me escuchaba moviendo la cabeza pero sin comprende. no había existido en absoluto. —Es posible que entre con usted en la casa —interrumpíl. fe seraj calme! Yo me siento en este instante a la huteur de to ce qu ‘il y a de plus sacré. una pandilla de individuos. con un documento escrito. UNA MAÑANA FATAL El lance que nos ocurrió en el camino fue también asombroso Pero es menester contarlo todo por su orden. aunque Piotr Stepánovich. usted no tiene derecho a comprometerse más con mi com3añía. sino decididamente un movimiento político. hacia la lamparilla— cher. esparcióse por la población. por conducto de Visotsk que contaban conmigo y me invitaban a esa fiesta matinal. Otros. eso es lo mejor —pensé yo al salir con él al prtal—. sobre todo. Pero. descontentos. que los trabajadores no habían leído en absoluto tales escritos clandestinos. no quería terciar en su pleito. —Yo lo aplaudo a usted —díjele con toda intención. En el camino precóamente hubo de ocurrirnos un lance aún más desconcertante. —No esperaba de usted menos. A mi juicio. Luego han asegurado que eSOS setenta individuos habían sido elegidos entre los obreros que trabajaban en la fábrica. estoy perfectamente convencido de que. no hacía falta para eso plante ni comisión. e es preferible a estarse ahí roído por la pena.. efectivamente.. Y. de los más insolentes. hasta ahora no se ha puesto en claro. acaso Liputin y algún otro más. y fue notada por muchos cOfl curiosidad. y que llevarán como distótivo un la blanco y rojo en el hombro izquierdo.. en orden deliberado. lo nás tranquil mente posible. de suerte que aquel “plante” de la fábrica. Verdadramente. Efectivamente. y que. Nos detuvimos en la puerta. En resumidas cuentas: que si mediaban allí influjos o instigaciones. iPobre amigo. Mi personal opinión es. hasta hoy. isea. DOS FOIEVSKI Lanzó aquellas exclamaciones chillando y pateando el sudo. los había robado descaradamente a todos: hecho que no admitía ya la menor duda. y puede que más._. usted m está oblig do. ncluyéndom en el número de los delegados. era natural que pensasen en ir directamente a avistarse con el “mismo general”. al parecer nada. pero.. de parte de ese estúpido Comité. er yez-moi. sea como fuere. Ayer comunicaron. tendiendo la mano a un rincón. histórico: el pueblo ruso ha gustado siempre de hablar con el “propio general”. hubiesen tratado previamente de alborotar a los trabajadores (y de ello abundan indicios harto firmes). por pura satisfacción y aunque tal diálogo no conduzca a nada. de unos setenta hombres.. porque ése es el medio antiguo. donde había un total de novecientos. aunque los hubiesen leído. Jifa éfre digne et calme avec Lembke. con el objeto de que fueran a avistarse con el gobernador y. pese a toda la crudeza de su estilo.. peo ahora ¿p qué no entrar en la casa con el pretexto de tener una explicadón con luli Mijaílovna?. los trabajadores estaban. y que acah definitivamente de trastornar a Stepán Trofimovich. —Pero yo iré con usted. Voy derecho a meterme n la boca d león. —Yo mismo voy a entregarme. recabasen de él justicia contra el administrador de aquéllos. habíanlo hecho con extraordinaria oscuridad. obraban instigados por escritos clandestinos. Caminaban correctamente.. y que. Otros aún afirmaban que aquellos setenta hombres no eran simplemente rebeldes. sí.334 FEDOR M. En e camino le sentará bien el aire fresco y se serenará nos volvercmos a casa nos acostaremos Pero yo no contaba con la huéspeda. aquella partida componíase de los más resentidos. y puéstose . En el número di esos seisj yenes que están llamados a inspeccionar ci servicio. y que. en cuanto él asomase. además. yo nunca habría creído esto. no me esperaba de nuestro amigo semejante fogosdad como la que mostró esa mañana. hasta el punto (e que yo.

que los corresponsa]es transmitieron a sus periódicos de la capital. naturalm. además. aun suponiendo que hubiesen entendido algo de su propaganda. secundaron a Fedka dos obreros. y además. por lo demás. Los dos últimos días había tenido con él dos conferencias secretas y confidenciales. afanosa inquietud. acslorándose.. los trabajadores encamnáronse en pandilla a una plaza delantera de la casa del gobernador.” Pero estoy convencido de que el pobre Andrei Antónovich no deseaba ninguna revuelta ni para llamar la atención de Petersburgo sobre su persona. porque de los demá no se llegó a decir nada semejante. quehizo fruncir las cejas al jefe de la fuerza. . sujetán. muy descabelladas. que hasta su casamiento había conservado su inocencia. Fuese de ello lo que fuere. se enloquecían. sencillamente de que Ilia Ilich. al jefe de la sección primera. No puede decirse otro tanto de Fedka: éste. tres y. acusados también de in 1 336 FEDOR M.urdo todavía más grande es lo de que concentraran allí soldados con la tayoneta calada. no obstante. En el incendio ocurrido en la ciudad tres días después. que habría lamentado hubiese resultado un absurdo. y. seguramente no habría sido más que con dos. Pero en el caso presente no arremetió contra nadie. llevó al pobre Andrei Antónovich a ese famoso establecimiento de Suiza. por primera vez. al principio en pequeños grupos. un murmullo correcto y misterioso y una seria. que. Sonaron gritos sobrehumanos. La Policía compareció inmediatameite. tuvo más suerte que Piotr Stepánovich. hasta la llegada del gobernador. dióles órdenes en tono amenazante de que se dispersaran. Se trata. ni que fuese menester pedir no sé adónde. dose a una correa que con toda intención llevaba al bdo. por vía de ensayo. ciitáronse en el acto los gorros. queda aún una pregunta por contestar: ¿cómo a una insignificante. el cual marchó en d coche de la Policía a Skvoréschniki. según dicen. Por lo que se refiere al plante. como con toda intención. tomáronla por una “sublevación” que amenazaba con LOS DEMONIOS 337 derribar los cimientos del orden? ¿Por qué el propio Lembke se obstinó en esa idea. y luego en columna cerrada. y cuando “los corceles.. sabedor de que allí. y hasta tal punto se encariñó con esa idea. Pero confieso que para mí. para regar al pueblo. fue tan sólo a esos cinco. veinte minutos después de haberle avisado su emisario? Yo supongo —es mi opinión personal— que aquél. juzgó conveniente pintarle a von Lembke aquellos grupos con esos colores.nte. fueron detenidos en el distrito otros tres obreros. vaya. esa idea se la había sugerido el propio Lembke. de cuanta policía tenían a su alcance. Pero si se admite siquiera que precisamente aquella mañana empezaron a manifestarse claros . condulidos hasta el libertinaje”. no se hJlaba en aquel momento en su casa. aunque al apear. Ab. Es un disparate lo de que llegase en una Iroila y desde el coche mismo iniciara el ataque. al presentarse allí. enviando a casa de Lenbke. como una estatua. ¿tenía él la culpa de que. suscitando el entusiasmo de todes los comerciantes del Gostinyi Dvor levantábase él en pie cuan largo era ci el coche. al separarse de von Lembke—. sin que hubiera salido nada de estas pláticas. pero de las que Ilia llich infirió que su jefe se aferraba mucho a la idea de las proclamas y de las investigaciones hechas por alguien a los obreros de la fábrica para inducirlos a una revuelta social. después de conferenciar con el administrador de la fábrica. a fin de impedirle llegar a la verdadera comprensión del asunto. se había dirigido von Lembke en su calesa. probablemete de aquí fue de donde sacaron eso de las bombas. como un rebaño de corderos que han dado contra ura tapia. pasando revista a toda la ciudad. fwrzas de artillería y cosacos: son esos chismes en los que no creen ya ni sus riismos inventores. además. hacía media hora.. “Quiere llamar de algún modo la atención de Petersburgo —pensó nuestro cuco Ilia Ilich.se al vuelo del droschki no pudiera menos de lanzar algina palabra fuerte. según parece. La versión más fidedigna hay que suponer que es la de que echaron mano para contener al pueblo. Me han contado que no bien llegaron allí. En la población. la cosa está en nuestras manos. en vez de un puesto tranquilo y una Mienchen ingenua. y contestaron lacónicamente que ellos querían hablar con el “nismo general”. era evidente que estaban animados de una resolución firme. Este prefirió aguardar la llegda del propio von Lembke. a lo sumo. es decir. les gritó que ni uno de ellos se libraría del agua. y extendía la mano derecha a lo lejos. lo hubiese elevado hasta su altura una princesa cuarentona? Sé de un modo casi terminante que aquella mañana fatal iniciáronse las primeras señales claras de ese estado que. desde el priner momento. Era un funcionario sumamente escrupuloso. donde ahora parece haber recobrado nuevas energías. un mes después. cinco. DOSTOIEVSKI cendio y robo. Luego abrieron las bocas en direción al vestíbulo y aguardaron. y allí s formaron correctamente y en silencio. con toda iritención. gustábale pasír a la carrera en su coche de trasera amarilla. permaneciendo destocados acaso media hoa. pero no tardó en sucederles el ensimismaniento. vulgar pardilla de reclamantes —verdaderamente de setenta hombres—.con ellos al habla. Y. según ahora está indiscutiblemente comprobado. hízolo únicamente para no perder su popularidad. Pero si Fedka logró inducirles a una acuación directa e inmediata. desde el primer instante. por telégrafo. los obreros fabriles de fijo habrían dejado en seguida de escuchar cualquier insinuación como cosa estúpida y en absoluto impertinente. Absurdo también lo de que llevasen bombas de incendio con agua. Pero los obreos estaban obstinados.

usted es la causa de que todos aquí me miren con desprecio. aunque con su desdén característico. silencio. Nuestro matrimonio consistía únicamente en que usted todo etiempo. a cada paso yie un modo humillante. me contó a mi un trozo de esa historia).. señora. Sea usted. es el caso que ella decidió en aquella ocasión no entemecerse. yo acepté este puesto sólo por usted.. sin comprender sus sutiles y amplias miras políticas? ¿Estaría enojaa por sus estúpidos y aturdidos celos de Piotr Stepánovich? Fuese como fuse. Entonces. incluso. no se apresure. digo. al parecer) su manera de tratar a Andrei Antónovich. definitivamente. tdo. se lo exponía todo. pero ¡yo no estoy dispusto a permitirlo. por otra parte justas. DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 339 un tercer piso. que ya la víspera pudieron apreciarse síntomas análogos. a creer en Dios. por primera vez. a las tres. y. que un gobernador está obligado. por consiguiente. me he visto obligado a demostrarle a usted que no y insignificante. pero.ie un extremo a otro de la alfombra de su budoir. y yo todo el tiempo. pero. había llegado al colmo”. pero con usted. imbécil y hasta vil. ¡usted es quien los ha puesto en esa disposición’ Clamaha que la cuestión femenina la suprimiría. veinticuatro horas. “todo” hirviendo.. también su esposa”. y ya no con aire triunfal. que voy a perderlo definitivamente9 Pero al llegar a ese punto lulia Mijaílovna. lo nIlo es que es verdad!. me consta. sino que somos algo así con) dos seres abstractos que se encuentran en un globo para buscar la verdac” No había duda que se aturrullaba y no atinaba con la forma debida paa sus ideas. dos. a hora ya avanzada.. “jEscupo en la expresión! —chilló inmJiatamente al advertir una sonrisa de ella—. como en el matrimonio. que aquellos miasmas los ahuyentaría: que aquel estúpido festival por suscripción a beneficio de las institutrices (el diablo cargue con ellas!) lo suspendería al otro día por la mañana. en cambio. Me consta. es posible admitir también. que no podía tragar a aquellos pollitos. le compete. supongan ustedes que la propia lulia Mijaílovna. comprendió ella hasta qué punto estaba minado su marido. se puso furioso y dijo a gritos que “a permitía que negase a Dios”. sin ilación.! Y ¿cómo ha pagado usted? —DOntinuó—. que no tengo nada de imbécil y a todos admiro por mi obleza. de suerte que Julia Mijaílovna se vio obligada a levantar con grave dignidad. tiempo adelante. y se asustó horriblemente. por poco que tenga (y ¡yo no tengo poco!). finalmente. sól puede haber un centro: dos es imposible. No estamos en el boudoir de una amante. cada vez más exasperado ante el profundísimo silenio de Julia Mijaílovna. que a la primera institutriz que al día siguiente se echase a la cara la expulsaría del gobierno “con un cosaco. soy ya un hombre sin aptitudes. Empezó por decirle que de él se reía todo el mudo. recapacitar y ablandarse. secamente. a cada instante. Por último. pasó al sentiientalismo y rompió a llorar (Sí. dígame usted: ¿no es humillante esto para ambos?” Al llegar aquí dio en patear aprisa y a menudo con ambos pies sore la alfombra. sepa usted quelesde ahora están de más las risas y los arrumacos de la coquetería femenia. sin hacer uenta que eran las tres de la madrugada y la inusitada emoción de que veftpresa a Andrei Antónovich. a llorar). sin embargo. hiciese lo que hiciese. sino diez como él. el caso fue que lo escuchó. que ella se vio obligada a levantarse de la cama. y se sentó en un diván. Aquella exigencia era hasta tal punto obstinada. “Fue usted. por rumores sumamente íntimos (bueno. me ha estado demostrando que soy u ser insignificante. señora. porque poseo aptudes. ha llegado el momento. de pronto. acreditada ya más de una vez y que más de una vez también lo había exacerbado hasta la enajenación. señora.indicios de “algo”. y que a mí me consta? ¿Sabe usted que oonozco los nombres de cuatro de esos tunantes y que voy a perder el juicio. y. dos centros de poder. durante.. le manifestó que también ella estaba hacía .. en cambio. la despertó y le exigió que escuchase “su ultimátum”. ¡lo de menos es la frase. que yo habría podido. pasase lo que pasase. porque. y. aunque no tan evidentes. una. señora. con indignación y con los papillotes.. sólo por suimbición. es imposible salir airos porque yo a su lado.. ¿Sabe usted. que Andrei Antónovich fue a las habitaciones de su mujer la noche antes. a darse golpes de pecho durantcclflco minutos quizá. quien me sacóle mi anterior estado. señora. a usted. ¿Sonríe usted sarcástica? No cante victoria. a juicio mío. usted. se trastornó y dejó oapar que sentía celos de Piotr Stepánovich. y no sólo éste. pero ella disimuló su espanto y se obstinó más que nunca en mantener su actitud. y aunque se lanzase a la ventana para arrojarse a la calle desde 338 FEDOR M. que cerraría su “imperdonable salón sin fe. y usted ha establecido dos —uno en mi departamento. habría sabido deseipeñar bien este puesto. La manera de lulia Mijaílovna consistía en un silencio despectivo. rompió su silencio y. preocuparse de su marido y salir a la defensa de su talento. manera insoportable para un hombre sensible! ¿Caigaba Julia Mijaílovna a su marido por sus yerros de los últimos días y po estar celosa de sus facultades administrativas? ¿Es que estaba disgustada on él por sus críticas de su conducta con los jóvenes y con toda nuestra soedad.. sepa usted.. con usted al lado. y lo “conducían de la nariz”. dijese él lo que dijese. “y que. Hubiera debido. Dando paseos arriba y abajo conio fuera de sí. no lo permito! ¡En el servicio. y a veces hasta por espacio de tres días. Serenóse él al punto. ¡eso es! ¡Así! ¡Así! —chillaba—. señora. por propia dignidad. Dos centros no 1ieden coexistir. el (ro en su boudoir—. Tenía ella (como todas las mujeres casadas. que “a usted. sabe usted —clamó— que en la fábrica andan conspirando algunos de esos gandules amiguitos suyos. la verdad. No.. Dándose al punto cuenta de qe había cometido la mayor torpeza. sino más bien “casi” contrita —porque la mujer nunca se arrepiente “del todo”—.

haz el favcr. )tras veces al divertido funcionario Millevois. con la cabeza envuelta en 1 cobertor. pero él fue y se puso a contemplar unas lorecillas. demostrarle que se conocen sus pensamientos y encauzarla luego a nuevos fines. inopinadamente. le soiriera como antes. al contrario. un reloj antiguo de pared que había tenido uince años atrás en ptersburgo. con efecto. de todo punto imperhentes. fija desolación en el alma. pero que por aquello no estaba dispuesta ni remotamente a perder el juicio.. se le ríe en la cara al marido que osa mostrarse celoso. una personalidad solemnemente . como fulminado llevóse las manos al pecho. de estar a su lado cinco minutos. ¡Oh!. “iüh! Pero ¿qué uta hace el coche?” Miquinalmente abrió un grueso libro que había sobr la mesa (a veces consiltaba a la suerte por medio de un libro. dar media vuelta y regresar a la ciudad. que llegaba en aquel preciso nomento en coche y que afirmó después que. por le que se refería a los tales granujas. y tan burdamente. de pronto. Desconcertado por la noticia. consecutivo a sus últimas palabras. que ano de ellos era ya asesor de colegio. Más bien pienso que no s acordaba para nada de las flores. tres veces no. que gana cien mil rublos de sueldo y hace un papel de coqueta. huyó a su despacho tal y como estaba vestido. no obstante las indicaciones del cochero y del jefe de la primera sección de Policía.” Pero ante aquel latiguillo. Sintiendo que le flaqueaban las pirnas. una viejecita de clase noble que hací ya mucho tiempo vivía en casa de Julia Mijaílovna. quedó anonadado él mismo. cosa rara. Vciíansele a la memoria algunas cosas deshilvanadas. sino que. 340 FEDOR M. Así se expresaba el cochero. y cómo yendo los dos junto una vez por el Parque Aleksándrovskii habían cogido un gorrión. de septiembre. ni almuerzo. agitaba alginos restos lamentables de moribundas y amarillas flores.. se fijase en él. ni jefe de Policía. pero que todo aquello era una necedad. DOSTOIEVSKI ¡COn el puño levantado! No lo dejó caer.con objeto de examinar aquel sitio con miras a la segunda fiesta. mujer insensata. y que así lo tenía convenido desde hacíatres días con la misma Varvara Petrovna. a casa e Varvara Petrovna Stavróguina. alentar a la juventud. pero venenosa —exclamó rompienio de una vez todas las cadenas—. ¿Querría él cmpararse y comparar a su destino con aquellas secas y marchitas flores. era posible fuese el propio Piotr Stepánovich el principal inductor de esas maquinaciones delictivas. ni funcionario que llara a avisarle de que los miembros de la sociedad tal aguardaban a su presíen te aquella mañana. más de prisa. lanzó un quejdo y. Sofia Antóflovna. al soplar. echóse en la cama. y así permaneció dos horas: sin dormir.) Escupió y corrió a montar en el coche. a eso de las diez. De cuano en cuando temblábale todo el cuerpo con un calofrío doloroso. ¿qué pasó en aquel instante po Andrei Antónovich? Al saber que Piotr Stepánovich había vuelto a engañarle. Von Lembke fue a arrojarse por la ventana. lo perdonara. recordólo todo de un golpe. no por la ventana. como las que se oyen en el teatro francés cuando una actriz parisiense. ante Anlrei Antónovich. y al que se le había caído el minutero. Allí. se arrojó. estrepitosa. con una risa larga. que se adentraba por el campo. Su alma estaba ávida de Julia Mjaílovna. a mí ya ne LOS DEMONIOS 341 daba qu pensar”. sino que inmediatamente corrió como un loco al departamento de JuliaMijaílovna. Le salió esta ez: Tout esi pour le inieu. has de saber que yo voy a mandar premIer ahora mismo a tu indigno amante. Apenas si podía aguardar.Sabes tú. con furiosos ojos. riendo. y dióse una fuerte palmada n la frente. y entonces él rechinó los dientes. con una jedra en el corazón y con una sorda. en Skvoréschnikii.. yo p. pálido como ur difunto. Al despertarse. Julia Mijaílovna. Antes de llegar a la muralla me ma:dó parar otra vez. por ejemplo. las diez. esperando conducirlo todo a términos de armonía. había encontradoa su superior con un hacecillo de amarillas flores en la mano. y que durmió con fruic5n y tuvo sueños seductores. saltó bruscarnte de la cama. Julia —dijo jadeando con voz implorante—. explicóle que aquélla. sino a todos (mentía). que se quedaría drmjdo a eso de las siete de la mañana. extendíase un adusto pisaje. no recibía a nadie. alostadas por el otoño y las heladas? No lo creo. Recuerdo el tiempo que hacía aquela mañana. si no.. pero ventoso. sin sentirlo. (Voltaire. & pronto.x dans le meilleur des moes possibles. miró a la que reía: “. y que. y recorndo luego. con altibajos. con gran acompañamiento. lo arrojo delante de ti por la ventana. se a1eó del coche y echó a andar a campo traviesa. no. sino sobre su mujer. puede que ella lo mimise. verdaderamente. abriéndo) a la ventura y leyend en la página de la derecha los tres primeros renlones)..tiempo al tanto de esas delictivas maquinaciones. de verla. poniéndose verde de ira. ya proyeqida para dentro de dos semanas. sacdido todo el cuerpo con convulsivos espasmos. Pienso que earía durmiendo hasta 1a8 siete de la mañana sin notarlo. no sólo conocía a aquellos cuatro. Candide. febril. tratar de hacerla razonable y. El referido efe. se reía de él y se franqueaba con ella tanto. había tenido a bien dirigirse. lo cargaré de hierros y lo enviaré a n castillo.. distribuid en tres coches. y.. sin pensar. ¡A Skvoréschnikii!” Elcochero contó luego que el señor no dejó de metrle prisa en todo el canino. ni Blümer.nsaba que por algunaneceSidad. pero de prontD se detuvo.. ya segados los trigos hacía tiempo. Arjrei Antónovich volvióss a sus habitaciones y mandó que enganchasen en da el coche.. y así se detivo mucho rato. evocaba. que él lo tomaba harto en serio y. sabes tú. el viento. pero. nunca había tenido más fc en su talento. “Iá de prisa. de pronto. no oía ni quería comprender Isda. rompió en el acto a rtír. enDambio. sabes tú que yo puedo hacer cualquier cosa?” Pero otra vez acometióle a ella un violento acceso de risa. pero que al llegar a las inmediaciones de la cisa señorial le mandó. y antes que con él. era un día bueno y claro. púsose como fuera de sí: “Has de saber. por último. a una actuación más sensata y prudente.

pero sabiendo ‘ sintiendo con todo su 5Cr que infaliblemente había que hacer algo. al jefe de aquéllos. hijo de Juan. con toda intención). inopinadamente para él mismo y con esa misma sigitaneidad decidióse. había exclamado “iQué infamia!” y escupilo. pero ¡qué dificil sería que hubiese podido ftrmarse alguna idea clara ni ninguna intención definida al detenerse el code ante su residencia oficial! Pero no bien hubo divisado aquel grupo conpacto y firme de “insurgentes”. puedan detenerse en mitad de la falda? Como Andrei Antónovich habíaSe distinguido toda su vida por la ecuanimidad de su carácter por nada del inundo había gritado nunca ni pateado el suelo. En primerlugar. como tampoco mis conjeturas Se conocen. La revuelta era para él evidente. etc. nos contrataron a razón de cuarenta. era todavía huésped reciente de nuestra ciudad. peo de la nobleza. la cual.. hicieron inlención de postrarse de linojos. que no se le había apartado un momento de la imaginación desde el día tes. pero preocupado tdavía. que pasal por allí en aquel instante. eladminiStrador. con voz aun más chillona y estúpida.administrativa. En la ciudad hay revumlta. el aborrecido Piotr Stepínovjch ¡Azotes!”. cuando toda la sangre se le agolpó al corazón. cual si estuviera en casa tranquilamente y m su despacho. Seguía plantado. —ISeñor!. la cogieron y le dieron de azotes. a la mtad de los amotinados.. su iniciación en toda dase de procedimientos y su innato desparpajo. a tres no cree que llegaran. ¡Ay! And’ei Antón0v no podía entender nada. Flibustíerov. por lo menos.. apeóse del coche. Abmurdo también lo de que a una señora pobre. Excelencia. sino que hasta abrieron en la población ura suscripción pública a sir favor. etc. Tú no puedes hablar. Avdotia Petrmna TarapígUu1. Castigados poi lo demás. sin embargc. “piotr Stepánovich. impotente (impotente. lo mismo que un rato antes la kibitka ara Stepáhl Trofimovich. —Fura gorros! —dijo con voz apenas perceptible y jadeante—. dirigióse despacito a la calesa. debería teierlos apercibidos de antemano el previsor jefe de Policía.” Era imposible entender nada. pensativo. álido. Corrió el rulior de que habían azotado. los azotes aparecieren con demasiada prisa. a juzgar po. Excelencia.. Hasta se estremeció y e llevó un dedo a la frente: “Schpigulin!” En silencio. —Jilibusteros?29 —exclamó Andrei Antónovich. Sobrevino un silencio mortal. Saltando del coche. pero ya se había listinguido y dado que hablar por su celo desmedido. grir5 de modo todavía más inpinado. pero sin el menor indicio de asombro ni de acordarse lo más mínimo ¿e su calesa y de su cochero. volvíal a recordarle a Piotr SW.. —Eljefe de la primera sección. nunca habían oído hablar allí de la tal Tarapíguina.. Por eso la prendieron y también “le sentaifl la mano”.. al ¡olver a su asilo de hacer una visita. Pero los ojos de los “revoltosos” que lo asaeteaban entre el grupo. Imagno que durante el trayecto se le representarían dolorosamente muchas coss interesantes. el cordón de policías. algunos hechos. Un muchacho empezó a santiguarse. aún tenía las florecjllas en la man). —l Schpigulin! Algo pareció recordarle aquel nombre de “Schpigulin”. por eso misma resultaba más peligroso que el trineo se le escapaoe de pronto montaña ahajo. —Ah! ¿Cómo? —inquirió. —Filibtuteros! . con cara seria. y al ver lo que ocuTía. sólo fueron dos individuos.cano con el apellido del policía. por ctra parte. Este incidentm no sólo salió en los periódicos. el subsiguiente desenlace del asunto. inpulsada por la natural curioirdad. es másoasta se incomodaron al referirles yo los rumores que habían llegado a lis oídos.. 28 Basilo. tiempo después.. encarándose con él Andrei Antónovich. Yo en persona fui a inforLarme al asilo. 29 Retru.los más exactos testim)niOS y mis propias inducDiones. Muchos hablaron entre nosotros de cierta asilada. que se le cortó de pronto. yo mismo pude leer el episodio de la tal señorm. El jefe saltó al coche detrás de él. Recordé luego especialmente esa inexistente . de pronto. Pero por lo que hace a lo demás. en esto ago hincapié. muchos temas. 342 FEDOR M. clamaron: “Exctlencia. por lo visto. DSTOIEVSKJ LOS DEMONIOS 343 Fue aquello como las montañas por l Cuaresma: ¿es posible ue los trineos. efectivamente..-. acaso.. no son tan exactos los informes. y cm un gran aplomo. ties o cuatro hombres. Vasilii Jvánovich 28 Flbustíerov. y sin pnocuparse lo más mínimo del aspecto de loco que presentaba su jefe. __SOflÓ una voz entre el grupo. pero los otros digron tres zancadas hacia delante y. montó en ella y mandó que lo condu?sen a la ciudad. en la corespondencia de uno de los periódicos petersbu’guescs. y la general ansiedad cm que todos lo aguardaban. ¡De rodillas! —chilló inopinadamente.flOVCh: su “instigador’. Todo empezaba a girar en tomo suyo. lanzados desde arriba. He aquí cmo ocurriÓ la cosa desde el principio. sin saber aún qué hacer. Se han sublevado los obreros de Schpigulin. Y qué? Pues que ahora resulta que no ha exisido nunca entre nosotros ninguna asilada llamada Tarapigui na. Yo mismo cortribuí con veinte copeicas. anuncióle de golpe y porrazo que “en la población reimba intranquilidad”. quizá.-gritó. tOdos a una. —E$ mismo. habría acertado a pasar por aquella plaza y detenídose entre los grupos de mirones.

inchnó su oído hacia Stepán Trofimovich. Si aquí. II Lembke. había vuelto la cabeza. —. omándolo. —Ah! Es. —“iDe ése!” —exclamó ruél. Y. Mon heure a sonné... y de pronto. que si no nos han pegado ha sido. —Yo. —El asesor de colegio retirado. Excelencia —respondió Stepán Trofímovich. saludado dignamente con la cabeza. repitió su nombre. yo más cerca de la puerta. gracias a Lembke. ¿quién eres? —y avanzó aptando el puño—. lo habra cogido por el pescuezo. Fubustíerov desistió. sin patear el suelo n darme gritos como a un chiquillo. Istintivamente me lanzo en seguida a buscarlo en el lugar más peligroso. quería yo conducirlo. pero con atenión.. Tomamos asiento. ¡No onsentiré ese festival! ¿Una conferercia? ¿Una conferencia? —exclamó. Así permanecimos por esacio de diez minutos. a l derecha. ¿(ué es lo que usted solicita? —Al conirario. Usted tiene un porvenir una carrera por delante. es posiblque ya tuviese él ganas de lir de allí. uted se ha señalado de un modo.. rocando la plaza. fijóse en Stepán Trofimovich como recapacitando. si hda por actuar libremente? Y temblando de indignaciir y con unas ganas de provocación desmedidas. —. entró con paso rápido. por un solicitante vulgar. En la sala de recibir nos sentarus y aguardamos. no consiento eso —y de pronto e enfadó enormemente—. que estaba a dos pasos de nosotros y ns miraba con tamaños ojos.. de pronto. orque con Stepán Trofimnovich estuvo a punto de ocurrir lo mismo que cc ella (caso de que hubiera eoistido realmente).QuiérI es? —murmuró.. por suerte. más lejos. mirónos distçaído. —A casa. Stepán Trofimciich Verjovenskii. apuntó con su delator ded índice amenazador a Flibustíerov.. furoso. pero me entrícuriosidad y me detuve un ruomento a interrogar al primer transeúnte.Avdotia Petrovna. aunque algo apostaría que apenas si se había enterado aún de qú se trataba ni de con quién estaba ablando.. mientras que yo. Caballero. El suizo me conocía. Eso es un asalto a la sociedad. Tenía el aspecto de un hombre que se apercibe a inmorse por la Patria. malhumorado e impaciente. es el propagandista. No toleio a la juventud. Yo cogí a tepán Trofimovich y lo saqué de entre el gentío. Un momato más. Perplejo. El sombrero. de achas alas. y sin dedicarnos su atención dipúsose a entrar en su gabinete. . yo tengo la culpa. sino en extreos distintos.tud! —y Lembke pareció estrmecerse.. surtió efeDto. Lembke. Yo no he venido a pedir. sino reivindicar mis derechos... morboso y desesperad(haré observar que conocía personalmente a Stepán Trofimovich).El ncmbre? ¿El nombre? —inquirió Lemke con impaciencia. miro y veo cue ya no está a mi lado Stepán Trofimovich. sin volvcr hacia él la cabeza ni apartar su mirala de Stepán Trofimovich. Por lo demás. —Estuvo hoy en mi casa a practicar un regislo un funcionario que obraba así en nombre de Su Excelencia. hizo un gesto ccn la mano. yo le exiqué que íbamos a ver a Judía Mijaílovna. an nosotros. filibusterismo. Yo no quería dejar solo a mi amigo. —Vaya usted allá. con paciencia. efectivanente: estaba ya en la misma entraña del suces Recuerdo que lo cogí de un brazo. cundo.. sin duda. pero Stepán Trofimovich sde plantó delante y le cerró el paso La alta figura de Stepán Trofimovich a ninguna otra parecida. Lembke se detuvo. es decir. n sé por qué me daba el corazón que también a él iba a escapársele el trinemontaña abajo. es más: es posible que co él guardase alguna relación aquel rumor estúpido acerca de la Tarapígu:a. al oir aquellos gritos.. Adelantóse con paso firme! vestíbulo de la residencia del gobernador. que le expongo a usted. directamente a la residencia del gobernador. pero estimaba supeluo decirle nada. ¿Quián es “ése”? Y tú. inirándome sereno y arrogantecon desmedida autoridad: —Cher —me dijo con ve en la que parecía temblar alguna cuerda rota—. Sobre todo no acabo de explio-me cómo se me escabulló ¿e entre las manos no bien hubimos llegado la plaza.. por el contrario. Excelencia. aunque on unos ojos muy estúpidos. ¿a qué aguardar nada de “ése”. su esposa de usted me ha solicittdo a mí para que lea mañana en su festival. como si de pionto adivinase algo. caballero. —.. No hace más que repatir proclamas. Stepán Trofimovih.. él. proceden tan sin remilgos. en la plaza.A qu viene? —y con un autoritario laconisro. Su Excelencia seguía mirándole. caballero. . pero él. se lo sujeta ba con la mano izquierda. ciego de cólera—.. que simplemente en el ulterior desarrollo del infundio lo tomron y o convirtieron en esa al Tarapíguina. ¿is usted profesor? ¿Profesor? —Un tierpo tuve el honor de dar conferencias ala juventud en la Universidad de*** —A la j1. —tPara e1 festival? No habrá tal festival. ¿Quién eies tú? —clamó furioso. pero. finalmente. así que desuría. de pronto. . Presintiendo algo anuy desagradable. .. no uno al lado del otro. como interplando al jefe de Policía. perplejo. a casa —insistí o—. escoltad por el jefe de Policía. portador de alguna instanci. con más arrogancia todavía. moendo pensativo la cabeza y apoyadas leve344 FFDOR M DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 345 mente ambas manos en el bastón. y. sin duda.ven. —Desearía que me tratase usted más cortésmen. amigo río.

en pandilla.. en casa de la generala Stavróguina. por ejemplo. Piotr Stepánovich ya por cuatro veces le había insinuado que a . DOSTOIEVSKI LOS DEMONIOS 34/ daba cuenta cabal.. probablemente sólo sería un momento. Aquella inesperada y dolorosa exclamación. Le interrumpieron. luego. Volvióse rápidamente al jefe de Policía. Una vez en un teatro.. En mi juventud fui testigo de un lance característico.. Yo. lanzóse camino de Skvoréschniki. Tema usted.. —Vous ne faites que des bétises —increpóle Lembke con enojo y rabia. Era aquél. En aquel instante. —dijo Lembke con crispada sonrisa—. ya se lo habían comunicado a Julia Mijaílovna al llegar a la ciudad. que por no sé qué casualidad se había quedado en su casa y no había tomado parte en la excursión. todos estos frutos.. todo esto no ha pasado. bajó la cabeza. y supongo que precisamente por encontrarse allí Stepán Trofímovich y porque todo lo con él relacionado. —Excelencia —observó Stepán Trofimovich—. no obstante toda su gran energía.ba! Usted. si es posible. estuve. dejóse ver la encorvada. y de pronto se puso todo encarnado. dijo exactamente lo mismo que ahora acaba de decir Su Excelencia: “Me equivoqué.. quién sabe. Todo esto.... no una conferencia. Creo haberle visto a usted hace un momento en l