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RXPLICACION FALSA DE MIS CUENTOS Obligado © traicionado por mi misma a decir cémo hago mis cuentos, recurriré a explicaciones exteriores a ellos, No son completamente natu- rales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me seria antipético. No son dominados por una teoria de la conciencia. Esto me seria extre- madamente antipatico. Preferirta decir que esa intervencién es misteriosa. Mis cuentos no tienen estructures Idgicas, A pesar de la vigilancia cons- tante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En an momento dado pienso que en un rincdén de mit nacerd una planta. La em- piezo a acechar creyendo que en ese rincén se ba producido algo raro, Pera que podria tener porvenir artkstico, Seria feliz si esta idea no fra- casara del todo. Sin embargo, debo esperar yn tiempn ignorado: no sé cémo bacer germinar la planta, ni cdmo favorecer, ni cuidar su crecimien- to, slo presiento 'o deseo que tenga bojas de poestas; 0 algo que se trans- forme en poesta si la miran ciertos ojos. Debo cuidar que no ecupe mucha espacto, que no pretenda ser bella o intensa, sino que sea la planta que ella misma esté destinada a ser, y ayudarla a que lo sea. AL misrao tiempo vila ceecerd de acuerdo a un contemplador gl que no bard mucho caso si él quiere sugerirle demastudas intenciones q grandezas. Si es una planta ducis de st misma tendré una poesia natural, desconocida por ella misna. Ella debe ser como una persona que vivird no sabe cuinto, con necesi- dudes proptas, con un argulla discreto, un poco torpe y que parezca im- Pravisedo. Ella ntisma no conocera sus leyes, aunque profundamente las tenga 9 la conciencia no las alcance. No sabré el grado y la m' aera en que la conciencia intervendrd, pero en iltima instancia impondrd su voluntad. Y ensefiard a la conciencta a ser desinteresada, Lo mds seguro de tado es que yo no sé cémo hago mis cuentos, por- que cada uno de ellos tiene su vida extraia y propia. Pero también sé que viven peleando con lu concieneia para evitar los extranjeros gue ella tes recomienda 216 LAS HORTENSIAS A Marte Luise Au Lavo de un jardin habfa una fSbrica y los ruidos de las méquinas se metfan entre las plantas y los drboles. Y al fondo del jardin se vefa una casa de patina oscura. El duefio de Ia “casa negra” eta un hombre alto. Al oscusecer sus pasos lentos venian de la calle; y cuando entraba al jardin y a pesar del ruido de Jas méquinas, parecla que los pasos mas- ticaran el balasto. Una noche de otofis, al abrir la puerta y entornar los ojos para evitar la luz fuerte del hall, vio a su mujer detenida en medio de Ja escalinata; y al mitar los escalones desparramindose hasta Ja mitad del patio, le patecié que su mujer tenfa puesto un gran vestido de mar- mol y que la mano que tomaba la baranda, recogfa el vestido. Ella se dio cuenta de que 4 venfa cansado, de que subirfa al dormitorio, y esperd a una sonrisa que su matido Megara hasta ella, Después se besaron, 3 —Hoy los muchachos tetminaron las escenas... —Ya sé, pero no me diges nada. Ella lo acompafié hasta la puerta del dormitotio, le acaricié Ja nariz con un dedo y lo dejé solo, El tratarfa de dormir wn poco antes de Ja cena; su cuarto oscuro sepatarfa las prencupaciones del dfa de los pla- ceres que esperaba de ta noche. Oyé con simpatia come en la infancia, el stido atenuado de las méquinas y se durmid. En el suefio vio una luz que salfa de la pantalla y daba sobre una mesa. Alrededor de la mesa habfa hombres de pie. Uno de ellos estaba vestido de frac y decfa: “Es necesario que la marcha de la sangre cambie de mano; en vez de it por las arterias y venir por las venas, dehe ir por las venas y venit por las arterias”. Todos aplaudieron e hicieron exclamaciones; eotonces el hombre vestido de fruc fie a un patio, monté a caballo y al salir galopando, en medio de Jas exclamaciones, las herraduras sacaban chispas contra las piedras, Al despertar, el hombre de lt casa negra recardé el suefio, re- conociS en la marche de le sangre lo que ese mismo dia habla ofdo decir 217 —en ese pafs los yehfculos cambiarfan de mano— y tuvo una sontisa. ) Después se vistié de frac, volvié a recordar al hombre del suciio y fue j al comedor, Se acercé a su mujer y micntras le metfa Jas manos abiertas en el pelo, decta; : —Siempre me olvido de traer un lente para ver cémo son las plantas , que hay en el verde de estos ojos; pero ya sé que el color de la piel lo consigues froténdote con aceitunas. ) Su mujer le acaricié de nuevo 1a nariz con el indice; después lo hun- dié en la mejilla de él, hasta que el dedo se doblé como una pata de mosca y le contesté; ) —i¥ yo siempre me olvido de traer unas tijeras para recortarte Jas cejas!—, Ella se senté a la mesa y viendo que él salia del comedor le ) preguntd: —¢Te olvidaste de algo? y Quin sabe. - El volvié en seguida y ella pensé que no habia tenido tiempo de ba- blar por teléfono. —2No quieres decirme a qué fuiste? —No. —Yo tampoco te diré qué hicieron hoy los hombres. El ya le habla empezado a contestar: —No, mi querida aceituna, no me digas nada hasta el fin de la cena. Y se sitvié de un vino que recibla de Francia; pero las palabras de su mujer habfan sido como pequefias piedras caidas en un estanque donde vivian sus manfas; y no pudo abandonar Ia idea de lo que esperaba ver ) esa noche. Coleccionaba mufiecas un poco més altas que las mujeres normales. En un gran salén habfa hecho construir tres habitaciones de vidrio; en la més amplia estaban todas las mufiecas que esperaban el ) instante de ser clegidas pata tomar parte cn cscenas gue componfan en las otras habitaciones. Esa tarea estaba a cargo de muchas personas: en ’ primer término, autores de leyenda (en pocas palabras debia expresar ) Ia situacién en que se encontraban las muficcas que aparecfan en cada habitacién); otros artistas se ocupaban de Ja escenograffa, de los vestidos, ) de la misica, etc. Aquella noche se inaugurarfa la segunda exposicién; él ) la mirarfa mientras un pianista, de espaldas a él y en el fondo del saldén, ejecutarfa Jas obras programadas.- De pronto, cl duefio de la casa negra ) se dio cuenta de que no debfa pensar en eso durante la cena; entonces sac6 del bolsillo del frac unos gemelos de teatro y traté de enfocar la ) cara de sa mujer. isiera saber si Jas sombras de tus ojetas son producidas por vegetaciones. . . } Ella comprendié que su marido habfa ido al escritorio a buscar los | gemelos y decidié festejarle 1a broma. El vio una cipula de vidtio; y cuando se dio cuenta de que era una botella dejé los gemelos y se sitvié y 218