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San Serafín de Sarov (1759-1833) monje ruso

“Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.” (Jn


20,21)

“...sopló en su nariz un hálito de vida, y el hombre se convirtió en


un ser viviente.” (Gn 2,7) El soplo de vida que Adán recibió del Creador
lo llenó de sabiduría, de tal modo que nunca hubo ni habrá jamás un
hombre sobre la tierra que se le pueda comparar en ciencia y sabiduría.
Cuando Dios le ordenó dar nombre a todas las criaturas, Adán las llamó
por su nombre según su especie, según las propiedades y capacidades
que Dios les había conferido. (cf Gn 2,19)

Este don de la gracia divina sobrenatural le venía del soplo de vida


que había recibido. Permitía a Adán ver a Dios paseando por el paraíso,
comprendiendo sus palabras. También era capaz de conversar con
ángeles y de comprender el lenguaje de toda criatura viviente sobre la
tierra, de los pájaros, los reptiles... Todo aquello que se nos esconde a
nosotros, pecadores, después de la caída, quedaba manifiesto a Adán
antes de la caída... (Porque) Adán y Eva perdieron este precioso don de
la gracia de la Espíritu Santo. Antes de la venida al mundo de Jesucristo,
el Hombre-Dios, “aún no había Espíritu Santo, porque Jesús no había
sido glorificado.” (Jn 7,39)...

Cuando Nuestro Señor Jesucristo cumplió su obra de salvación,


una vez resucitado de entre los muertos, sopló sobre los apóstoles,
renovando así la vida de la que gozaba Adán y dándoles la misma gracia
que Adán había perdido. Aún esto no es todo. Les dijo: “Os conviene
que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros;
pero si me voy, os lo enviaré. Cuando venga el Espíritu de la verdad, os
iluminará para que podáis entender la verdad completa. El Espíritu
Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, hará que recordéis lo que
yo os he enseñado y os lo explicará todo.” (cf Jn 16,7.13; 14,26) Es la
gracia que él les había prometido: “gracia tras gracia” (Jn 1,16)